© Libro N° 8291. Turismo Y Cultura. Relaciones, Contradicciones Y Expectativas. Barretto, Margarita. Emancipación. Febrero 13 de 2021.
Título
original: © Turismo Y Cultura. Relaciones,
Contradicciones Y Expectativas. Margarita Barretto
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Contradicciones Y Expectativas. Margarita Barretto
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TURISMO
Y CULTURA Relaciones,
Contradicciones Y Expectativas Margarita
Barretto
TURISMO Y CULTURA
Relaciones, Contradicciones
Y Expectativas
Margarita Barretto
Margarita Barretto
TURISMO Y CULTURA
Relaciones, contradicciones y expectativas
Colección PASOS edita, número 1 www.pasosonline.org
Turismo y Cultura . Relaciones, contradicciones y
expectativas / Margarita Barretto – El Sauzal (Tenerife . España): ACA y PASOS,
RTPC . 2007 . 176p . Incluida bibliografía .
1 . Turismo y cultura . 2 . Patrimonio . 3 .
Identidad . 4 . Autenticidad . I Barretto, Margarita . II . Título . III .
PASOS, Revista de Turismo y Patrimonio Cultural . IV . Serie
3(304 .2):3(316)(379 .85)
E d i t a : Asociación Canaria de Antropología .
PASOS, Revista de Turismo y Patrimonio Cultural P .
O . Box 33 . 38360 – El Sauzal Tenerife (España)
Dieño de cubierta: ast _ aluego
Depósito legal: TF 1024 ‐ 2007
ISBN (10): 84‐ 88429 ‐ 11 ‐ 8
ISBN (13): 978 ‐ 84 ‐ 88429 ‐ 11 ‐ 7
© 2007 . PASOS . Revista de Turismo y Patrimonio
Cultural
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TURISMO Y CULTURA
Relaciones, contradicciones y expectativas
ÍNDICE
Capítulo I
Turismo y Cultura; posibles relaciones teóricas. 9
Capítulo II
Influencias del turismo en las culturas receptoras: 37
discusiones contemporáneas.
Capítulo III
Relación entre visitantes y visitados. 57
Capítulo IV
Turismo cultural: Identidad, Autenticidad y 85
Tradición.
Capítulo V
Patrimonio, Gentrificación y Turismo. 103
Capítulo VI
Museos y Turismo. 137
Referencias Bibliográficas. 155
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Dedicado a Diana y a Fanny, dos enormes afectos tan
distantes en el tiempo y el espacio, que mientras yo escribía este libro, a
cada rato, del otro lado de la pantalla, tan lejos y tan cerca, aparecían en el
msn con sus “hola tía” y “hola tieta” acompañándome en mis largas jornadas de
trabajo.
AGRADECIMIENTOS
Por orden cronológica, quiero agradecer a las
personas cuya insistencia en que hiciera un libro en español sobre patrimonio y
turismo me incentivó. La historiadora Liliana Asfoura, co-directora de la
Especialización en Turismo Cultural de la Universidad Nacional de Tucumán,
Argentina y la arqueóloga Bubby Fuscos, responsable por las excavaciones de
Colonia del Sacramento, Uruguay.
También a Susana Rebuffo, cuya labor en la
Asociación Amigos del Museo Municipal Dr. Bautista Rebuffo y en la Comisión de
Amigos del Barrio Histórico me ha permitido difundir mis ideas e ideales entre
las personas dedicadas a turismo y cultura en la ciudad en que nací y que hoy
es patrimonio de la humanidad.
Agradezco al Prof. Agustín Santana, que se dispuso
a publicar este libro en forma electrónica, allá en la que para nosotros,
rioplatenses, es la “madre patria”.
Finalmente, agradezco muchísimo la lectura
cuidadosa de la antropóloga Raquel Modino, que de forma desinteresada se
dispuso a contribuir para que este texto fuera más comprensible.
PREFACIO
Este libro surge por dos motivos que se vienen
postergando hace unos años. Por un lado, era necesario actualizar El libro
Turismo e Legado Cultural, as possibilidades do planejamento, que ya traía
informaciones obsoletas, sobre todo en materia de museos y bienes declarados
patrimonio en el mundo. Al mismo tiempo, tenía una asignatura pendiente con
profesores y alumnos habla hispana que me piden hace mucho algo escrito en
español.
Al empezar a escribir, no obstante, los temas se
fueron ampliando y se trataron en más profundidad, a partir de una perspecitva
de rescate histórico de las discusiones a partir de los autores que se puede
considerar clásicos en cultura y turismo. Quedó, de esta forma, un libro
ligeramente diferente que aborda los diversos puntos de contacto que hay entre
turismo y cultura teniendo como marco la construcción de conocimiento.
Dentro de este nuevo contexto, la parte de las
posibilidades de la planificación iba quedando sin espacio y siendo que ya hay
otros libros prescriptivos sobre planeamiento, no pareció necesario reiterar
las fórmulas sino apenas, dar las bases teóricas para quien quiere pensar el
planeamiento de turismo cuando la cultura está en pauta.
Tampoco se describen muchos museos ni muchos
monumentos. La diversidad de museos y centros culturales, el dinamismo con que
nuevos aparecen (y algunos inexplicablemente cierran, como el Parque Oceánico
Cousteau de Paris) y las infintas posibilidades de
investigación que la internet ofrece hacen absolutamente desnecesario ocupar
papel en un registro que dentro de un año ya estará obsoleto. Se recomienda a
los interesados el site de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para
la Educación, la Ciencia y la Cultura) para asuntos relativos a Patrimonio de
la Humanidad y el site del Icom (Consejo Internacional de Museos) para la
información relativa a museos. En estos lugares podrán encontrar links para
documentos sobre preservación tales como la Carta de Venecia y otros
instrumentos. También se recomiendan los sites nacionales que se ocupan del
patrimonio, tales como el del IPHAN en Brasil y la Dirección Nacional de
Patrimonio y Museos en Argentina.
Capítulo I
Turismo y Cultura. Posibles relaciones teóricas
La complejidad y diversidad inherentes al turismo
han originado una enorme cantidad de definiciones, alrededor de una centena,
que varían de acuerdo a la formación de su autor.
En el presente contexto, basta decir simplemente
que el turismo es un fenómeno social que actualmente abarca el mundo entero
desde el punto de vista geográfico y todos los estratos y grupos sociales.
Abarca el mundo entero porque, a raíz del proceso
de internacionalización de las economías y de la cultura, así como de la
mejoría de los medios de comunicación y transporte, son muy pocos los lugares
que no reciben turistas.
Abarca todos los estratos y grupos sociales no
porque todos puedan ser algún día turistas, como dan a entender muchas
publicaciones, sino porque el fenómeno turístico alcanza, de alguna manera,
también a los que no lo practican. Aquello que en economía se llama “efecto
multiplicador del turismo”, que consiste en un modelo teórico de distribución
de la renta turística de un país entre los diferentes sectores de su economía
(ver Acerenza 1984: 104, Barretto 1996: 75), tiene su equivalente en la
sociedad, a lo cual ningún autor ha dado aún una denominación y que podríamos
designar, provisoriamente, como “efecto cascada”, figura que, coincidentemente,
rememora la imagen de cambio de niveles y de dispersión.
Los que practican el turismo, los turistas, están
relacionados, en primer grado, con los prestadores de servicios y la
interrelación de estos afecta de formas diversas a los otros miembros de la
sociedad, que se relacionan con los prestadores de servicios y,
circunstancialmente con los turistas; a su vez, de esta interrelación surgen
nuevos datos que afectan de manera diversa otro grupo o grupos de personas. Al
mismo tiempo los turistas se relacionan con otros turistas y la calidad de esta
relación se reviste de características peculiares.
Analizado de acuerdo con el modelo económico, los
componentes del turismo son, de un lado, los turistas, los consumidores que
constituyen la demanda; de otro lado, los creadores de atracciones turísticas y
la atracción en si misma que componen, juntamente con los prestadores de
servicios, la oferta.
Han sido elaborados, en los últimos cuarenta años,
cerca de 200 modelos para explicar el turismo como un sistema. Solamente en
lengua inglesa, Getz (1986: 24) identificó más de ciento cincuenta, que
subdividió en teóricos, de planeamiento y gestión, y predictivos. A su vez
divide los teóricos en totales, espacio-temporales, motivacionales, de impacto
general, de impacto económico, de impacto socio cultural, de impacto ecológico.
Los modelos sistémicos de planeamiento y gestión fueron subdivididos por este autor
en modelos de desarrollo de área, desarrollo de proyectos, gestión y marketing,
y modelo conceptual. Los de predicción fueron subdivididos en econométricos,
temporales y físicos.
Los más conocidos en Sudamérica, no obstante son
los sistemas de Beni (1990: 26), Ascanio (1992: 189) y Molina (1991: 40) (apud
Barretto, 1996) que demuestran la variedad de segmentos que el turismo abarca.
También se puede ver en Barretto (1996: 142), un ensayo de segmentación de las
actividades turísticas y de identificación de los protagonistas de cada una de
ellas.
Pero, a pesar de que algunos de los aspectos de la
planificación turística pueden ser teorizados con el modelo cibernético
(input-proceso-output - retroalimentación) el turismo como un todo puede ser
mejor entendido si se lo piensa como una estructura rizomática, aplicando la
propuesta de Deleuze (1973, apud Barretto 2003).
El rizoma es un elemento de la botánica . Se trata
de un tallo con una constitución específica, que se desparrama horizontalmente
por debajo de la tierra y en cualquier parte cría raíces formando nuevas
plantas totalmente independientes.
El rizoma se expande debajo del suelo de forma poco
controlable; va conectando arbitrariamente partes de una misma planta que al
mismo tiempo son independientes, que pueden ser cortadas y a su vez generar una
nueva serie de brotes al mismo tiempo interdependientes y con potencialidad de
independencia.
Deleuze aplica a las ciencias humanas algunos
principios del rizoma: conexión, heterogeneidad, multiplicidad y ruptura no
significativa. El rizoma está ínter conectado, pero no de forma homogénea de
acuerdo a un modelo; las conexiones son múltiples e imprevisibles y cualquier
parte puede ser cortada sin que afecte el todo y al mismo tiempo sin que esta
conexión sea afectada significativamente, una vez que puede generar nuevamente
su propia red, su propio “plató”, de acuerdo al concepto del autor.
El rizoma no puede ser explicado a través de
modelos estructurales preestablecidos, porque nunca se sabe como va a
evolucionar, como se va a extender y reproducir. Por otra parte, no se
reproduce como una copia fiel; nunca una parte generada a partir de una raíz
será igual a la otra.
Estas características y propiedades del rizoma
parecerían ajustarse más al fenómeno turístico que los modelos estructurales.
El turismo es un fenómeno que crece y se expande de forma bastante
incontrolable e imprevisible a través del tiempo y del espacio. En cada momento
y lugar en que se produce el fenómeno turístico se producen una serie de
relaciones que siempre son, en algún grado, diferentes y nunca totalmente
previsibles. Así como un brote de una planta rizomática nunca es idéntico a
otro, las situaciones de turismo no se reproducen, ni siquiera en el turismo
llamado técnicamente “de masa”, caracterizado por su fidelidad a ciertos
modelos estandarizados de comportamiento.
A los efectos de estudio y análisis, los diversos
componentes del fenómeno turístico pueden ser vistos como subsistemas
independientes que se relacionan con los otros a través de una estructura
rizomática.
El turismo no tiene un tronco principal sobre el
cual girar y a partir del cual expandirse. Es un entrelazado en el cual
circulan múltiples actores, que se relacionan en diversos grados de
dependencia.
Los turistas serían apenas viajantes si no
existiera el conjunto de equipamientos y servicios turísticos. El turismo
presupone la existencia de infraestructura turística (hoteles, restaurantes,
carreteras, aeropuertos) y de atractivos, que sin la intervención de los
planificadores de turismo serían apenas recursos brutos1. A su vez, los
servicios turísticos no tienen mucha razón de ser sin un recurso apto para ser
transformado en lo que técnicamente se llama “atracción turística” y sin
turistas que lo visiten.
Turistas, atracciones, recursos, servicios son
interdependientes pero autónomos. La interdependencia no implica que la ruptura
de cualquiera de las conexiones tenga consecuencias universales. El corte de
cualquier elemento puede ser subsanado y generar su auto-reproducción2.
Teniendo en mente la imagen de un tallo horizontal
en el cual, aleatoriamente, se forman raíces y nuevas plantas, se puede pensar
que cada una de ellas es uno de los innúmeros componentes del fenómeno, como
planteado hasta ahora, o se puede pensar en cada planta como un corte teórico
metodológico a partir del cual estudiar el todo.
El turismo incluye, de un lado, la planificación y,
del otro, la comercialización, que en determinado momento deben interactuar
pero que deben ser separados desde el punto de vista conceptual.
De la misma forma en que, en el caso de la
vivienda, están los arquitectos que realizan los diseños y los ingenieros que
ejecutan los proyectos, las constructoras que aportan grandes capitales y
construyen y, paralelamente las inmobiliarias que comercializan, existen los
“arquitectos” del turismo que son los planificadores3, los grandes capitalistas
que son las operadoras que “construyen” sus paquetes y que, paralelamente con
las agencias, comercializan un producto final, conocido como producto turístico
(traslado, estadía, paseos, etc.).
______________
1 Se llama
recurso al objeto de la naturaleza o de la cultura que, después de equipado, se
transforma en una atracción (para una mejor comprensión de estos conceptos ver
Barretto 1991)
2 Si por
cualquier razón no se puede visitar una atracción, se enc uentra otra para
substituirla; si una atracción dej a de recibir turistas, se buscan otros . En
ambos casos se crean nuevos subsistemas .
3 No ha de
ser coincidencia que en Venezuela la mayoría de los planificadores y estudiosos
de turismo sean arquitectos .
A quien
compete atender cada una de estas áreas en el turismo es lo que no parece estar
muy claro. En la visión de la mayoría, inclusive de las personas con poder de
decisión en las esferas gubernamentales, el turismo se reduce al viaje y la
planificación a la propaganda y la creación de paquetes4.
Esto, entre otras cosas, ha llevado, en el pasado,
a un planeamiento desordenado que no atiende a los intereses de las comunidades
receptoras ni a las directices de conservación de la naturaleza, sino apenas a
los intereses económicos de los grupos empresariales involucrados.
No obstante, existen niveles de planificación
(Barretto 1991: 20; Holanda 1985: 52 apud Barretto 1991) que van desde
políticas generales, con directrices para un determinado territorio
(generalmente una nación), hasta proyectos específicos. Estas políticas
generales deben ser de responsabilidad de organismos públicos gubernamentales
que contemplen tanto los intereses de los empresarios de turismo como los de
las comunidades receptoras (naturaleza incluida) y de los cofres públicos, así
como del bienestar de los propios turistas.
En gran parte de los países del mundo, y en
particular en América Latina, este planeamiento, llamado de tercer nivel, es
inexistente o parcialmente existente. La oferta turística es planificada por
los empresarios, detentores del capital que, como es natural, objetivan
maximizar sus lucros, sin tomar en cuenta las otras dos variables antes
mencionadas (población y naturaleza). Como máximo, cuidan del bienestar del
turista, una vez que la cuestión de la calidad es uno de los paradigmas
vigentes dentro de los sectores industrial y de servicios (ver Trigo 1996,
Yasoshima 1994).
Fuera de esta área, que se podría llamar de macro
planeamiento, la mayor parte de los emprendimientos turísticos, así como la
elaboración de paquetes, itinerarios y
__________
4 Los
paquetes (packages) turísticos son productos que incluyen translado, hospedaj
e, alimentación y a veces opciones como visitas a atractivos específicos, todo
dentro de un precio único, normalmente promocional .
14 Margarita
Barretto
similares que forman la oferta turística5 es una
incumbencia de las empresas privadas. La comercialización de estos productos
obedece a las técnicas comunes de marketing y las reglas comunes de mercado
vigentes en cada momento y país (propaganda, financiamiento, promociones,
etc.).
En otras palabras, desde el punto de vista
comercial, el turismo es un producto que se elabora con las materias primas de
la naturaleza (recursos naturales) o de la cultura material e simbólica
(recursos culturales), sumados a los equipamientos para prestar servicios de
recreación, alimentación y hospedaje a los que se llega a través del
transporte.
Este producto se ofrece en el mercado y es
adquirido por los interesados dentro de sus reglas . Muchos autores se refieren
al turismo como “la industria” y en muchos casos se trata de traducciones de la
lengua inglesa o de autores influenciados por estas traducciones. Sucede que en
inglés, la palabra industria tiene varios sentidos, entre ellos “un grupo
específico de empresas productivas o lucrativas” (Merrian Webster On Line).
Esta visión del turismo como comercio o industria,
algo por definición al márgen de los intereses académicos, ha sido la
predominante, lo que tiene que ver con la escasez de estudios científicos sobre
el funcionamiento de este fenómeno social.
Se podría decir que la gran paradoja del turismo es
que, aparentemente, hay un círculo vicioso por el cual a) la academia no se
interesa por investigar sobre turismo porque este constituye una actividad
marginal y b) esta actividad continúa marginal porque no tiene los subsidios
académicos para un planeamiento adecuado. Todo ello a pesar de haber en el
mundo un gran número de maestrías orientadas a la gestión económica del
turismo, dentro de lo que Tribe (1997) llama de saber procesual del mismo.
Sin perjuicio de que en la actualidad se investiga
más que hace treinta años, aún se puede afirmar que las ciencias sociales,
fundamentalmente, no han visto al turismo como un objeto digno de estudio,
entre otras cosas porque,
_______
5 Por más
detalle s sobre esta terminología ver Barretto 1991: 53, Boullón 1991: 88,
Acerenza 1991 :8)
generalmente, el desarrollo del turismo se ha dado
al sabor del mercado, de los intereses de los grandes capitales nacionales e
internacionales sin tomar en cuenta los demás actores sociales.
Y se ha desarrollado al sabor del mercado y no con
una participación de las comunidades afectadas (positiva o negativamente) por
falta de un aporte de la investigación socio-antropológica aplicada. Al mismo
tiempo, la práctica del turismo parece ser, para la academia, un objeto de poca
relevancia, porque los actores estarían practicando una actividad alienada, al
tiempo que los turistas continúan teniendo una oferta alienante por falta de
una investigación socio-antropológica capaz de transformar ese supuesto “ser
genérico” denominado “el” turista, en sujetos concretos particularizados.
Pero no solo el concepto de turismo ha sido objeto
de controversias . Si hay un concepto que ha generado polémica durante todo el
siglo XX, ha sido el de cultura. La ciencia que más se ha dedicado a su estudio
ha sido la antropología, partir de la cual varias definiciones han sido
elaboradas, discutidas y abandonadas.
Los antecedentes para el concepto de cultura
remontan al siglo XVIII en Alemania. El término Kultur emanaba de la burguesía
intelectual y tenía como significado cultivo, progresión personal rumbo a la
perfección espiritual. Se refería a cuestiones personales y nacionales. Estaba
asociado al de Bildun, que se refería a educación, instrucción, formación.
A partir de esos conceptos se fue configurando, en
las primeras décadas del siglo XIX, de un lado, una oposición entre
civilización y cultura y, de otro, entre los conceptos de civilización
imperantes en Francia y Alemania, respectivamente.
El concepto civilización empezó a ser usado en
1774, en Francia, para designar un conjunto de atributos tales como cortesía,
civilidad y conocimiento administrativo y un proceso que debe proseguir (Elias
1994: 62). Tenía un carácter homogeneizador dado que se refería a un conjunto
de valores de la sociedad que supuestamente contribuían para mejorarla y
alejarla de la barbarie Su origen estaba en la burguesía y conllevaba un ideal
expansionista.
El concepto francés e inglés de civilización se
puede referir a hechos políticos, económicos, religiosos o técnicos, morales o
sociales [...] a realizaciones pero también a actitudes o comportamiento de
personas [...] (Elias 1994: 24).
Ya el concepto alemán, Zivilization definía
exclusivamente los valores imperantes en la corte, en la nobleza y la realeza,
que eran considerados superficiales e
inauténticos por la intelectualidad universitaria
(intelligentsia), que comenzaba a introducir los conceptos de Kultur y Bildung,
Estos conceptos estaban en tensión, lo que fue observado en un primer momento
por Kant.
Por un lado, superficialidad, ceremonia,
conversaciones formales, por otro vida interior, profundidad de sentimientos,
absorción en libros, desarrollo de la personalidad individual (Elias 1994: 37).
A pesar de diferencias esenciales, el concepto de
Kultur tenía más puntos en común con el concepto francés de civilización. El
adjetivo Kultiviert (cultivado) se aproxima mucho al de “civilizado”.
La gran diferencia del concepto de Kultur con el
concepto actual de cultura es que se trataba de un concepto relacionado
estrictamente con el individuo, como entidad separada de la sociedad.
[...] El concepto alemán de Kultur alude
básicamente a hechos intelectuales, artísticos y religiosos y tiende a trazar
una nítida línea divisoria entre hechos de este tipo y hechos políticos,
económicos y sociales por otro...[...]la referencia al comportamiento, el valor
que la persona tiene por su mera existencia sin realizaciones, es muy
secundario...[...] el concepto de kulturell describe [...] el valor de
determinados productos humanos y no el valor intrínseco de la persona ...
(Elias 1994: 24).
Edward. B. Tylor en 1871, sintetizó en el vocablo
inglés “culture” los dos conceptos, afirmando que la cultura es ‘todo un
complejo que abarca conocimiento, creencias, arte, principios morales, leyes,
costumbres y otras aptitudes, hábitos adquiridos por el hombre como miembro de
la sociedad” (Laraia 1999: 25). Para Tylor, la cultura abarca prácticamente
todo lo que se puede pensar, excepto la biología (Kuper 2002: 83).
Aunque las definiciones se sistematizaron
posteriormente, ya el germen del concepto puede ser encontrado en Locke, quien
refutaba las afirmaciones comunes en su época (siglo XVII) sobre nuestro
comportamiento estar impreso en la mente humana. Al contrario, observaba que
siempre las costumbres de algunos, podrían ser condenadas por otros grupos
humanos. (Laraia 1999: 26).
El problema con el concepto de Tylor era que su
autor estaba condicionado por la teoría evolucionista de Darwin y entendía que
lo que hoy llamamos de diversidad cultural era un problema de evolución.
Habría, según él, pueblos que estaban en una etapa anterior a otros y habría
una etapa ideal a la cual todos un día llegarían.
A principios del siglo XX no solo se aceptó la
existencia de la cultura sino que también se aceptó su predominio sobre el
determinismo biológico. Esto agradaba no solo a algunos científicos sino
también a los religiosos (Kuper 2002: 33), lo que mucho contribuyó a la
difusión de la idea. No son nuestros genes los que determinan nuestro
comportamiento, como sucede en los animales, sino el proceso de endoculturación
propiciado por el medio.
Una de las primeras voces que se levantaron para
decir que la cultura nos hace y no la biología fue Franz Boas, que afirmaba que
tanto la raza como el sexo y la edad son construcciones culturales y no
naturales (Kuper 2002: 35). Esto parece comprobarse al analizar el tratamiento
que se da, por ejemplo, a los ancianos en diferentes grupos sociales. Alfred
Kroeber amplió el concepto, apuntando el carácter acumulativo de la cultura, en
lo que se refiere a acumulación de conocimientos (Laraia 1999: 50), y la vinculación
del medio con el desarrollo o no de determinadas condiciones genéticas, como,
por ejemplo, la genialidad para la música, para las artes o para la ciencia.
Si hubiera nacido en el Congo en lugar de en
Sajonia, Bach no podría haber compuesto ni siquiera una fracción de sonata
(Kroeber apud Laraia 1999: 47).
En lo que se refiere a la palabra civilización, en
1929 Lucien Febvre detectó dos usos: uno de ellos, para designar el conjunto de
características que un observador consigue registrar al estudiar la vida
colectiva de un grupo de seres humanos, incluyendo aspectos materiales,
intelectuales, morales y políticos de la vida social. (Kuper 2002: 47). El otro
sentido, se refería al propio estado del arte de la tecnología, la ciencia y la
configuración social de la Francia o de la Europa de aquel entonces. Era un concepto
que tenía embutidas las nociones de progreso y desarrollo.
Los humanistas, por su parte, sobre todo los de la
escuela alemana, durante mucho tiempo continuaron con la distinción entre
civilización y cultura. Para Alfred Weber la cultura era algo opuesto al mundo
material de la civilización y estaba restricta a las artes y la religión. Ya
Karl Mannheim entendía que las producciones culturales se originaban de
situaciones sociales y deberían ser entendidas como expresiones de determinados
intereses políticos y económicos. Freud, sin embargo, a principios del siglo XX,
se negaba a diferenciar cultura de civilización (Kuper 2002: 55).
En las primeras décadas del siglo XX, Max Weber
definía cultura como siendo “el legado de una parcela finita de la infinidad de
hechos del mundo sin significado, que tienen significado e importancia desde el
punto de vista de los seres humanos” (apud Kuper 2002: 59). Otros
intelectuales, como Matthew Arnold, identificaban cultura con un ideal de
refinamiento individual (Kuper 2002: 92), algo semejante a Kultur.
Años más tarde, en la década de 1950, Talcott
Parsons, inspirado en Weber, elaboró una definición que tuvo amplia aceptación
en el medio científico. La cultura sería, para él, un discurso simbólico,
colectivo sobre conocimientos, creencias y valores. Esta definición contrastaba
con la visión humanista, que entendía cultura como sinónimo de desarrollo
intelectual y espiritual de un individuo, grupo o clase . Para Parsons no era
sinónimo apenas del arte de la elite ni era lo mismo que la civilización humana
universal que había dado al mundo la ciencia, la tecnología y la democracia
(Kuper 2002: 38). Tampoco la cultura debía ser confundida con el sistema social
del que hacía parte (Kuper 2002: 98).
Siguiendo Weber y Parsons, Geertz, entendió que la
cultura podía ser interpretada, pero no explicada. Geertz (1989: 52) no niega
los componentes físicos y psíquicos; afirma que lo que debemos aprender a hacer
es separar lo que es biológico y psicológico en los hombres (aquí en el sentido
de especie humana), de lo que es cultural. Si bien hay propensiones que se
pueden observar en todos los hombres, la forma en que estas se van a llevar a
cabo, dependen de la cultura. Problemas similares son resueltos de forma
diferente en función de cada cultura. Todas las culturas tienen en común el
hecho de servirse de sistemas simbólicos, pero cada cultura da a los símbolos
significados diferentes. Cada cultura, al mismo tiempo, tiene sus sistemas de
valores propios, lo que impide que se pueda hablar de una cultura universal,
como en algún momento quisieron los humanistas franceses, sino que debemos
hablar siempre de culturas, en plural.
Geertz (1989: 56) propone un avance en el concepto
de cultura. No la ve apenas como un conjunto de hábitos, sino como “el conjunto
de mecanismo de control _planes, recetas, reglas, instrucciones_ para gobernar
el comportamiento”.
O sea, la cultura no es apenas la forma en que
resolvemos nuestros determinismos biológicos y nuestras necesidades
psicológicas, sino las reglas que nos llevan a resolverlos de esta u otra
manera.
Esta definición que es una de las más aceptadas en
la actualidad también ha recibido críticas y también se muestra parcial, porque
ignora los otros mecanismos sociales, económicos y políticos que también
gobiernan nuestro comportamiento.
Se puede prestar a posiciones conservadoras, que
expliquen, por ejemplo, la miseria por la cultura. No obstante, de acuerdo al
materialismo dialéctico, son las condiciones estructurales histórico económicas
que crean el ambiente de pobreza dentro del cual surge una cultura propia para
sobrevivir, lo que Oscar Lewis definió como cultura de la pobreza (Lewis 1961).
Un concepto muy en boga en los últimos años ha sido
el de multiculturalismo, un concepto relativista por el cual se considera que
todas las manifestaciones de todas las culturas deben ser respetadas. Sobre
esto hay una gran discusión académica, pues, si aceptamos lo anterior, “debemos
aceptar como legítimos el nazismo, la incineración de las viudas en la India o
el sacrificio de los niños mayas” (Sebrelli 2006).
A pesar de que no hay una definición acabada de
cultura, se ha llegado al consenso en ciertos aspectos. Es indiscutible que,
como dice Kuper (2002: 288), se trata de un sistema simbólico que se refiere a
ideas, a valores y a una actitud mental colectiva, y que los símbolos aparecen
de forma muy variada en un grupo humano. La capacidad de producir y entender
símbolos es, quizás, la característica más distintiva de los grupos humanos,
tanto en relación a las otras especies animales como entre los diferentes grupos
existentes.
La idea de cultura concebida al principio como
“alta cultura” dio lugar a una idea de cultura como civilización y
posteriormente a la noción de que todos tienen cultura, independiente del nivel
tecnológico.
Es indudable, también, que la cultura tiene una
gran influencia en el funcionamiento de la sociedad, al punto de que podemos
hablar de cultura política, cultura de las organizaciones, etc. Al mismo tiempo
está cada día más claro que no se puede pensar la cultura sin pensar en los
procesos políticos y sociales más amplios . Esto lleva a que, la
comercialización de la cultura, que en algunos momentos fue vista como algo
extraño y hasta condenable, pase a ser vista con más naturalidad, ya que la
comercialización hace parte de la sociedad contemporánea.
La cultura es parque de diversiones y bien de
consumo, es lo refinado y profundo, y lo mundano y extremo. Está
simultáneamente cruzada por la identidad, por la tradición y el cambio; es
recurso, muralla, disputa. Es la canción de cuna y la sinfonía en CD y la
mirada de un drogadicto al inyectarse. Es la colección de potes y
cacerolas....y
están todos para vender. Es lo que nos hace humanos
[...] no es algo separado de la política de comercio, de la religión o del odio
[...] que es cultura también (Hutnyk 2006:357).
No hay certeza de la medida en que la cultura deja
su impronta en la sociedad más amplia, pero es claro que la deja, al punto que
la reciente internacionalización de los procesos político-económicos no ha
conseguido la uniformización deseada por los detentores del poder económico
mundial, justamente por la resistencia de las culturas locales, aquello que
Giddens llama de reflexividad y sobre lo cual volveremos en capítulos
posteriores.
Dentro de este marco de inter-relaciones, también
se puede hablar de una “cultura del turismo”, pues el turismo es, también un
fenómeno cultural históricamente determinado. Hasta el siglo XIX, hizo parte de
la cultura de las élites, durante el siglo XX pasó a hacer parte de la cultura
de la clase media americana y europea occidental. Para algunos autores
(Robinson 1999 y Böröcz 1996) es una manifestación del capitalismo. En la
actualidad hace parte de la cultura de las clases altas y medias de todo el llamado
“mundo occidental”. Paulatinamente, se le agregan culturas “orientales”, como
la china o la japonesa y otras culturas llamadas “nativas” como por ejemplo la
esquimal, que comienzan el siglo XXI como grandes consumidores de turismo.
Podríamos decir que la cultura del turismo o las
culturas del turismo están constituidas por las reglas que rigen el
comportamiento de los turistas en la fase de preparación, durante sus viajes y
al regreso de los mismos, reglas estas que están socialmente determinadas.
Para ilustrar que se trata de una actividad
cultural socialmente determinada, se pueden citar casos en que el turismo fue
mal visto durante un determinado tiempo para una determinada clase social y en
la actualidad es diferente, cuando no, todo lo contrario.
La historia del turismo en Europa muestra que las
mujeres que viajaban comprometían su reputación. La inclusión en el mercado
turístico de las “damas bien nacidas” solo ocurrió con el advenimiento de los
viajes organizados por Cook (Craik 1997: 119). En Estados Unidos, sociedad
dedicada al trabajo antes de la II Guerra Mundial, un americano
[estadounidense] de pocos recursos que viajase al exterior por placer sería
censurado por la comunidad por violar la ética puritana del trabajo [...] en la
América contemporánea [Estados Unidos] quedarse en casa por falta de efectivo
sería considerado anticuado, ya que los costos de viaje se cargan fácilmente a
la tarjeta de crédito (Smith 2001: 17).
Lo que ha sido estudiado hasta ahora sobre
tipologías turísticas y sobre comportamiento de los turistas permite afirmar
que existen culturas turísticas diferentes en función de los grupos sociales
que las practican. La cultura turística de los viajeros de niveles
educacionales más bajos es diferente de la cultura turística de aquellos que
tienen más instrucción. Son diferentes las reglas para viajar, el por qué, el
para donde, y la forma.
Si bien muchas de las motivaciones son personales,
otras están totalmente impregnadas de la cultura del grupo de contacto o del
grupo de referencia, lo que tiene influencia en el antes y el después.
Cuando Cohen (1972) distingue entre formas
institucionalizadas y no institucionalizadas de turismo, está hablando de dos
culturas turísticas, cada una con sus códigos y reglas socialmente
determinadas. Dentro de los padrones culturales de la primera, lo aceptable y
deseable, lo que se espera de los individuos es que contraten un agente que les
organice todo el viaje, que vayan a los lugares donde todos fueron, que
disfruten de la confraternización con sus compañeros de viaje, (lo que hace
parte de la diversión), que traigan muchas fotografías para después compartir
con sus amigos y parientes.
Para la cultura de los que buscan formas no
institucionalizadas, este tipo de comportamiento es motivo de rechazo.
El explorador trata de evitar la ruta del turista
de masa y los lugares turísticos tradicionales (Cohen 1972: 174).
Dentro del grupo de contacto de estos últimos, las
reglas son otras: organizar el propio viaje, ir a lugares poco visitados,
interactuar con la población local y de preferencia evitar a los otros turistas
o por lo menos diferenciarse conceptualmente de estos, como ejemplifica la
campaña realizada en Inglaterra a partir de 1989 convocando a “vacaciones de
verdad”
[...] involucrando viaje en lugar de turismo, una
mirada romántica en lugar de una mirada colectiva y pequeños organizadores en
lugar de agentes de turismo de masa (Urry 1993: 95).
Otro aspecto que hace también parte de la cultura
turística es el comportamiento de los turistas en el lugar de vacaciones, que
si bien obedece a cuestiones personales, también refleja cuestiones culturales,
que pueden ser sintetizadas en la teoría del ritual de inversión propuesto por
Graburn (2001), que incluye los conceptos de liminariedad y communitas antes
trabajados por Turner en relación al turismo y por Van Gennep con referencia a
los ritos en general (apud Graburn 2001: 47).
En los ritos de paso, en todas las sociedades, hay
un momento en el que lo profano da lugar a una experiencia sagrada, de la cual
se vuelve transformado. Esto puede ser verificado también en el turismo. Hay un
tiempo profano, el cotidiano antes del turismo, están los ritos de preparación
del viaje y después el salto para el lugar y el tiempo de lo sagrado, que
Graburn (2001: 47) denomina experiencia liminoide . Después siguen los ritos de
reentrada para volver al tiempo y al espacio de lo profano.
Cuando los turistas salen de su ámbito cotidiano y
dejan sus rutinas de lado, entran en un mundo que está fuera de los límites,
donde las reglas son temporalmente suspendidas y de donde se regresa renovado.
La forma como se vive la situación liminoide es
algo determinado por la sociedad de origen, y define el tipo de cultura
turística, como ha sido demostrado por muchas investigaciones en estos últimos
quince años.
Por ejemplo, una de las características que define
la cultura de masas en el turismo es el hecho de sentirse en una dimensión
espacio temporal que está más allá del bien y del mal, donde todo es permitido.
Por eso mismo, en esta tipo de turismo se establece una relación especial de
complicidad (communitas) con los que están compartiendo ese espacio y ese
tiempo de forma circunstancial. Dentro de otros tipos de turismo, aquel practicado
por personas de nivel educativo más alto, no hay interés en formar una communitas
con otros turistas ni tampoco en ir contra las reglas locales.
No solo el turismo ha pasado a ser una
manifestación de la cultura contemporánea, sino que ha pasado a pautar
conductas. Las clases medias occidentales se están caracterizando como
sociedades en movimiento.
Las nuevas elites se sienten a gusto estando en
tránsito [...] Su visión del mundo es esencialmente la de un turista (Lasch
1995: 14).
La cultura del turismo incluye también la cultura
de las empresas del sector de turismo (Craik 1997: 113), que ha ido cambiando a
medida que las preferencias de los turistas cambiaron, como es el caso del
decreciente interés por el turismo llamado de sol y playa, considerado un
mecanismo de evasión tradicional desde 1950 y el creciente interés por otras
formas de experiencia relacionadas al enriquecimiento en los campos educativo y
cultural . La cultura del turismo ha ido cambiando también a medida que las exigencias
de los turistas en materia de calidad han aumentado, lo que ha obligado a
repensar los problemas de capacidad de carga, verificando la compatibilización
del uso de los recursos (Smith 2001: 111) así como a crear productos
especializados que respeten el medio ambiente y el patrimonio, que estimulen
las manifestaciones culturales y artísticas, y que permitan la reafirmación de
la identidad.
En otras palabras, y aunque pueda parecer una
tautología, la cultura del turismo ha cambiado a medida que avanza el gusto por
el denominado turismo cultural.
Una de las grandes críticas que el sector de la
cultura ha hecho al turismo, estigmatizándolo, es que este provoca
aculturación.
Al hablar de procesos de aculturación estamos
reconociendo la diversidad cultural. Si todas las culturas fueran iguales, la
aculturación no existiría.
La constatación de que hay culturas diferentes es
muy antigua, precede a la existencia del propio concepto de cultura. El
filósofo Confucio afirmaba, 400 años antes de Cristo que “la naturaleza de los
hombres es la misma, son sus hábitos que los mantienen separados”. El
historiador griego Heródoto, en la misma época, también reconoció que había
costumbres diferentes en lugares diferentes, así como el romano Tácito, en el
Siglo I DC, y Marco Polo en sus viajes en el siglo XIII. El filósofo francés
Montaigne, en el siglo XVI tenía un sentido muy claro del relativismo cultural,
lo que lo levó a afirmar que no era mucho más salvaje comer un ser humano que
quemarlo en la hoguera en aras de la fe (Laraia 1999: 11-13).
El turismo presupone la existencia de contingentes
de personas (turistas) que se desplazan de su lugar habitual de residencia,
hacia otro, durante un período de tiempo, con su carga de expectativas
provenientes de las más diversas fuentes (propaganda, amigos, etc.) y por los
más diversos motivos posibles.
Estas personas, que de una cierta forma están
realizando una migración temporal, yendo a vivir fuera de su casa durante un
tiempo, entran en contacto, con las comunidades locales, una vez que el
turismo, a no ser en casos muy excepcionales de visita a sitios arqueológicos
distantes, por ejemplo o similares, se practica en lugares donde hay habitantes
locales viviendo . Y aún en los casos en que no hay habitantes, los turistas
entran en contacto con los prestadores de servicios locales, ya que no existe turismo
sin ellos.
Dentro de las ciencias relacionadas con la
naturaleza, como geografía y biología, parece existir, hace ya algún tiempo,
una cierta noción de como se procesa esta interrelación del turista con el
medio. Los estudios coinciden en que la presencia de turistas puede ocasionar
daños irreparables al medio ambiente y han llevado al concepto de “capacidad de
carga”6 que no debe aploicarse apenas a los recursos naturales sino también a
la infraestructura básica
_____________
6 Carrying
capacity en el concepto original . Es la cantidad de uso que el ambiente fís
ico y biológico es c apaz de soportar para finalidad recreativa . Otra
interpretación es “cantidad de uso compatible con una recreación de buena
calidad” (Murphy 1985: 64)
urbana y turística del núcleo receptor.7 El estudio
de los impactos ambientales está bastante desarrollado, inclusive en América
Latina, donde ya hay lugares considerados santuarios ecológicos, como las Islas
Galápagos, en las cuales la presencia de turistas es estrictamente controlada8.
En lo que respecta a los estudios sobre la relación
intercultural, estos provienen, mayoritariamente, de la sociología y de la
antropología . El interés de las ciencias sociales por el turismo comenzó hace
más de veinte años, en Europa, con Hans Joachim Knebel y Jost Krippendorf y el
primer estudio antropológico habría sido realizado en 1963, en Méjico, por
Núñez (Nash 1996: 1). Aunque hay muchos autores que han realizado alguna
incursión por la socio-antropología del turismo, son pocos los que se han dedicado
específicamente a construir una ciencia social del turismo.
Al final de la década de 1970, Cohen, cuya enorme
contribución fue la creación de tipologías turísticas vigentes hoy en dia,
afirmaba la inexistencia de una sociología del turismo, que obligaba a utilizar
referenciales teóricos de la sociología en general para explicar los fenómenos
relativos al turismo, utilizando la lógica de la diferenciación.
El problema metodológico en el campo del turismo es
similar al encontrado en otros campos de la sociología aplicada. Estrictamente
hablando, no existe una sociología del turismo como camppo separado de la
teorización sociológica, así como no hay una sociología del deporte. Lo que
tenemos es la aplicación de teoríass sociológicas generales al campo específico
del turismo. Si existe una unidad en el campo no es por la existencia de una
teoría general del turismo sino debido a una serie de
___________
7 Se entiende
por infraestructura básica
urbana las calles, la red
eléctr ica,
telefónica, las galerías pluviales, e l a
gua corriente, el saneamiento, etc . Se
entiende por infraestructura turistica el conjunto de equipamientos
específicos, como hoteles,
restaurantes, transportadoras, aeropuertos,
etc .
(ver Barretto 1991: 53)
8 Curiosamente, uno de los países de América Latina
que optó por hacer del turismo su principal fuente de ingresos, el Uruguay, no
ha hecho ningún estudio de esta naturalieza .
características empíricas comunes que diferencian
el turismo de otros tipos de fenómeno social. La fronteras, no obstante, entre
turismo y los campos adyacentes, son frágiles. Existen muchos fenómenos de
transición” (Cohen, 1979: 31).
Comparando esta observación con otra realizada
prácticamente veinte años después, se constata que, a pesar de algunos
progresos, la escasez de material perdura.
El estudio antropológico del turismo, a pesar de la
demora en despegar -demora que parece estar relacionada con una falta de
respeto generalizada por el tema dentro de la cultura de la cual los
antropólogos provienen - se ha desarrollado hasta un punto donde las tendencias
generales son visibles y se pueden emprender análisis críticos substanciales
(Nash 1996:90).
Los estudios sociológicos realizados alrededor de
1960 versaron, en su mayoría, sobre los efectos negativos del turismo.
Constituyen la llamada “plataforma de advertencia” (Jafari 1994; Nash 1996;
Banducci 2001) en la cual también se encuentran geógrafos y biólogos.
Steil (2002: 69) nota la diferencia entre los
estudios sociológicos y los antropológicos, mostrando que los primeros
estuvieron, en su origen, más orientados a definir las motivaciones de carácter
funcional y estructural que dieron origen a la actividad turística, mientras
que los estudios antropológicos van a tener como marca distintiva la
preocupación de estudiar de que modo las poblaciones locales se van a integrar
con esta actividad. Para este autor, van a ser los estudios antropológicos los
que van a llenar el vacío entre las plataformas de defensa y advertencia.
Durante las primeras décadas del período Post
Guerra Mundial, auge del turismo de masas en Europa cundió la convicción de que
el turismo podría transformar drásticamente las economías locales de países
pobres . En aras de esta expectativa, se invirtió en construcciones a lado del
mar, se contaminaron ríos y mares y se divulgaron las bellezas naturales de los
países tropicales, así como la hospitalidad de sus respectivos pueblos.
En 1979 el sociólogo holandés Emanuel de Kadt dio
el puntapié inicial para una polémica que sacudiría los cimientos de las
convicciones del crecimiento económico a través del turismo, apuntando los
problemas ocasionados en las culturas receptoras desde el comienzo de la década
de 1960 hasta mediados de la de 1970. De Kadt se aventuró a decir que el
turismo trae más efectos adversos en la sociedad y la cultura que otros tipos
de desarrollo. En su condición de asesor para el Banco Mundial, de Kadt convocó
una serie de economistas, sociólogos, antropólogos y otros científicos, para
que presentaran estudios que permitiesen verificar si los proyectos de turismo
estaban cumpliendo su cometido, de elevar el nivel de vida de las poblaciones
más necesitadas, localizadas en el tercer mundo. La triste conclusión de este
seminario promovido por el Banco Mundial y la Unesco en 1976, en Washington fue
que había muy pocos estudios mostrando resultados exitosos. Por el contrario,
eran abundantes los estudios demostrando que, por falta de políticas nacionales
adecuadas, el dinero proveniente del turismo no estaba beneficiando a las
poblaciones más necesitadas como se esperaba, sino a los grandes
emprendimientos internacionales. Fue en este seminario en el que por primera
vez se discutió que el éxito del turismo depende de una integración con las
políticas nacionales de desarrollo y distribución de las riquezas, con el nivel
educacional de las personas y con la infra -estructura pre-existente. Lo más
triste no obstante, es que, pasados treinta años, aún muchos países del tercer
mundo, siguen sin entender esta dependencia del turismo de políticas nacionales
integradas, y continúan apostando en el desarrollo a través del turismo de
forma aislada y desvinculada de otros proyectos sociales.
La relación entre turismo, cultura y sociedad que
identifican los participantes del seminario es muy diversa, reforzando la idea
de que no se puede generalizar. Cada país responde diferentemente a los
desafíos del turismo en función de su propia historia y del tipo de turismo que
se implanta. La sociedad se ve altamente beneficiada con la generación de
empleos tanto en negocios que tratan directamente con el turista como en los
otros negocios que están asociados a la cadena productiva del turismo. No obstante,
esto a veces no es suficiente recompensa para los conflictos sociales que se
generan con la llegada de extraños que, dependiendo de la densidad de la
población, pueden ocasionar trastornos por su sola presencia, al usar la
infra-estructura que, en general, en los países del tercer mundo, es precaria.
Al mismo tiempo, las investigaciones de los
participantes del seminario mostraban una relación dual entre turismo y
cultura. La cultura en su sentido más amplio, se veía afectada por el turismo.
Inclusive aspectos positivos como la generación de empleos traían aparejados
conflictos de género o intergeneracionales, por ejemplo. Ya la cultura en
sentido estricto, por ejemplo las artes y manifestaciones folclóricas, aparecen
revitalizadas por el turismo. Una de las recomendaciones del seminario
inclusive fue la de dar usos turísticos al patrimonio arquitectónico.
Muchos efectos en la cultura parecen ser
indirectos, y se deben a cambios sociales . Uno de los casos más citados se
refiere a la etapa inicial de crecimiento del turismo, lo que muchos llaman el
boom turístico. En esta etapa vienen muchas personas de afuera para trabajar,
sobre todo en la construcción de equipamientos turísticos. Terminada esta
etapa, esas personas quedan sin trabajo, pocas son absorbidas por los negocios
turísticos, por cuestiones obvias de (falta de) capacitación y terminan
provocando cambios en la sociedad, que se reflejan en la cultura, en la forma
de vida cotidiana. En muchos lugares se ha detectado que forasteros, que han
visto frustradas sus expectativas de trabajo, pasan a tener actitudes
delictivas. Esto lleva a un cambio social que se refleja en lo cotidiano de las
personas, que pasan a tomar medidas para evitar asaltos, por ejemplo. El
fenómeno aparente es un cambio cultural (pasar de no preocuparse con la
violencia urbana a tener miedo de ella) provocado por el turismo . El estudio
del fenómeno permite ver una cadena de eventos más compleja, en una de cuyas puntas
está, efectivamente, el turismo, que, no obstante, no es el único agente de
aculturación.
En otros casos, los cambios culturales suceden por
la inmigración de mano de obra especializada para el sector turístico, personas
que se instalan a vivir en el lugar, trayendo sus costumbres y provocando, a
medio plazo, cambios más o menos perceptibles. Este ha sido el caso de la mayor
parte de los resorts y núcleos turísticos de las regiones menos desarrolladas
donde las grandes multinacionales traen su plantel de empleados calificados de
afuera (de Kadt 1979: 43).
Algo importante de resaltar es que los cambios
culturales, o la aculturación, no tienen por qué estar asociados a aspectos
negativos, de pérdida, lo que suelen dar a entender las obras de la plataforma
de advertencia. Hay cambios culturales que son positivos y negativos al mismo
tiempo, dependiendo del punto de vista de los actores. Uno de los cambios
culturales más frecuentes provocados por el turismo, encontrado en muchos
países por varios autores (de Kadt 1979; Tulik 1990), es la liberación de las
mujeres de la dependencia masculina al ingresar en el mercado de trabajo de los
servicios turísticos. Para las mujeres afectadas, es un proceso positivo; para
los padres y esposos que pierden el dominio sobre ellas, es un proceso
negativo. Desde el punto de vista del observador, es un proceso dual.
Otros de los cambios culturales observados se
refieren a la mentalidad de comunidades que vivían del sector primario, sea de
la agricultura o de la pesca, que migraron para el sector terciario, de
prestación de servicios (Brambatti 2006; Silva 2002) . En los casos de
comunidades pesqueras también se observa la migración de un sector primario a
otro: al vender sus casas frente al mar para turistas individuales o
emprendimientos turísticos, los pescadores pasan a ser agricultores en áreas
más retiradas de la costa. (de Kadt 1979; Silva 2002; Barretto,Burgos y Frenkel
2003).
El cambio de mentalidad también puede ser observado
en la comercialización de ciertas cosas antes impensables. Relatos de
investigadores de los años 1970 dan cuenta de la comercialización disimulada de
la visita a los templos de Bali (de Kadt 1979: 58). En las áreas rurales
actualmente se observa la cobranza por cosas que antes se ofrecían, como una
copa de vino de la casa (Brambatti 2006). Hasta en países desarrollados como
Holanda, los capitanes de los barcos que hacen los paseos por los canales de Amsterdam
“agradecen un pequeño gesto de apreciación por parte de los pasajeros” (Dahles
1999: 234).
No está en tela de juicio aquí si se debe o no
cobrar a un turista para que visite un templo o pruebe un vino, lo que parece
lógico dentro de las relaciones capitalistas, de las cuales el turismo hace
parte. Apenas se trata aquí de poner en evidencia el proceso de cambio
cultural.
Hay también relatos de casos en que los hábitos de
alimentación de la población más pobre cambian debido al alza de los precios
ocasionada por el turismo, asociada también al abandono de las actividades
agrícolas. Un caso diferente fue detectado por Heuser (2002) en una comunidad
agrícola que pasó a tener hábitos más saludables de consumo de alimentos cuando
los turistas se interesaron por sus experiencias con productos orgánicos.
Efectos positivos en el nivel general de la
educación formal también fueron detectados en Puerto Vallarta y en las Islas
Seychelles cuando comenzó la expansión del turismo. También el surgimiento de
clases medias donde no las había, en regiones pobres de España y en islas del
Pacífico. (de Kadt 1979: 48).
Pero hay otras investigaciones que demuestran otros
efectos en la sociedad, sobre todo relacionados con el turismo de masas.
Durante el auge de esta modalidad y debido a la generalización de la creencia
de que el turismo podía transformar drásticamente el escenario económico en los
países más desfavorecidos, la tendencia fue la de explotar todos los recursos,
sean naturales, culturales o históricos de la forma más lucrativa posible.
En países no tan desfavorecidos, también el
entusiasmo inicial con la expectativa de crecimiento mediante el turismo trajo,
a la larga, consecuencias negativas. Un ejemplo de esto es lo sucedido en la
región de Broome, noroeste de Australia, donde entre 1980 y 1990 hubo grandes
inversiones extranjeras en infra- estructura turística que llevaron a un
aumento de casi 60% de la población, con un enorme impacto cultural en una
región que estaba hasta entonces solamente comunicada por el océano (Whittaker
1997). Esto con el agravante de que a partir de 1991 hubo una involución en el
proceso que llevó al estancamiento económico, dejando los costos para la
población local.
Otro clásico de la década de 1970 es Sir George
Young que, analizando los efectos del turismo en el Reino Unido introdujo el
(ahora célebre) cuestionamiento sobre si el turismo era bendición o maldición,
cuando la mayoría solo pensaba en los efectos económicos positivos. (Brown
1998: 6).
Los efectos económicos positivos más importantes
estarían en la internacionalización del turismo, por la cual el dinero de los
países ricos iría a los países pobres. Esa internacionalización iría,
inevitablemente, acompañada de cambios culturales como consecuencia de la
introducción de “nuevos sistemas de relaciones en todos los sectores de
actividad, que trae cambios en todos los niveles de la vida social” (Lanfant
1980: 34).
Al contrario, varios son los autores provenientes
de la geografía o de las ciencias de la tierra que han advertido sobre los
llamados “impactos” negativos del turismo y han demostrado con sus
investigaciones que el crecimiento desordenado del mismo, la falta de
conocimiento sobre los problemas que podrían sobrevenir en el futuro próximo o
distante, acaban provocando daños muchas veces irreversibles en el ambiente
natural y en las culturas.
Picornell (1993) resume el estado del arte de los
estudios de los impactos de turismo en la década de 1980, mencionando, además
de sus investigaciones, las de Mathieson y Wall, Douglas Pearce, Georges Cazes.
Mathieson y Wall (1988 apud Picornell 1993) identifican impactos económicos,
sociales y ambientales, dejando claro que el nivel de estos impactos va a
depender de varios factores, entre ellos el nivel de desarrollo del área de
destino. Picornell afirma que el turismo afecta la forma de vida, los sistemas
de valores, el comportamiento individual, las relaciones familiares, los
estilos de vida colectivos, los niveles de seguridad, la conducta moral y
política, las expresiones creativas y la cultura tradicional, entre otras cosas
y agrega que “la mayoría de los estudios que analizan el impacto socio cultural
lo hacen desde una óptica negativa” y para estos efectos negativos creó él, en
1987, el sustantivo balearización (Picornell 1993: 75).
McIntosh y Goeldner (1986 apud Picornell 1993), por
su parte, atribuyen los siguientes efectos negativos al turismo: efecto
demostración, introducción de prostitución, drogas, juego, inseguridad,
xenofobia, racismo, desarrollo de actitudes serviles, trivialización de
productos artesanales, transformación de la cultura local en entretenimiento
para los turistas, marginación de la población autóctona (Picornell 1993:
75-76).
Otro autor citado es Figuerola (1976 apud Picornell
1993) que incluye también beneficios dentro de los impactos sociales y
culturales del turismo. Ésos son, para el autor, impacto en la estructura de la
población, transformación de las ocupaciones, transformación de los valores, de
la forma de vida tradicional, de los patrones de consumo. Del lado de los
beneficios, solamente beneficios para el turista (Picornell 1993: 79).
También lo que ha sido observado por los
investigadores es que el turismo reduce las poblaciones y su cultura, a objetos
de consumo, lo que ocasiona desajustes en la sociedad receptora (Jafari 1994:
12).
Hay libros que pueden ser considerados clásicos del
tema, como La Horda Dorada, de Turner y Ash, donde los turistas son comparados
con las hordas invasoras de antaño, que van destruyéndolo todo.
Cuentan episodios acaecidos después de la Primera
Guerra mundial cuando, de acuerdo con su evaluación, los estadounidenses se
aprovecharon de la destrucción provocada en Europa por la guerra y cometieron
verdaderos desmanes.
En el transcurso de los años veinte, construcciones
tan emblemáticas como “Great Loede” en Essex y Agecroft Hall, en Lancashire,
fueron desmanteladas, transportadas y reconstruidas
en los Estados Unidos (Turner & Ash 1992: 106)
En aquel momento los autores temían que con los
núcleos turísticos sucediera lo que sucede con cualquier producto de la
sociedad de consumo: cuando un producto deja de ser comprado, los fabricantes
lo descartan y substituyen por otro. Pero en el caso del turismo, el producto
son poblaciones enteras. ¿Qué va a pasar cuando los turistas no los quieran más
como objetos de consumo? No se puede tirar una población a la basura ...
Los autores llegan a decir que en los últimos 20
años la “industria” de los viajes ocasionó un cambio en los pueblos del
Mediterráneo en tal escala que ni siquiera Alejandro Magno, Julio Cesar, los
filósofos griegos o la iglesia católica consiguieron en el correr de dos mil
años.
Observación similar hace Arnaiz (1996: 157) para el
caso de Cancún, que trajo como consecuencia la descaracterización de la
población de origen maya de la región de Quintana Roo, (donde se encuentra
Cancún) que se insertó en el turismo de forma marginal, perdiendo su idioma, su
modo de vestir y su propio espacio a cambio de migajas desde el punto de vista
económico. De acuerdo con la autora, el turismo desplazó 65% de los habitantes
de Yucatán y Quintana Roo, efecto solo comparable al ocasionado por los españoles
hace cinco siglos.
En un libro muy polémico, el sociólogo catalán
Francisco Jurdao Arrones agrupa estudios realizados por científicos en varias
partes de España, inclusive en las Islas Baleares, en Hawai y en el Caribe
occidental. Todas estas regiones eran, en su momento, consideradas
subdesarrolladas y se creyó que el turismo iba a traer desarrollo económico.
Como contrapartida a un cierto desarrollo, distante del esperado, hubo un
proceso de neocolonialismo y de pulverización de las culturas autóctonas que
llevó a Jurdao Arrones (1992:13) a comparar al turismo a una invasión como
hicieron Turner y Ash.
“Invasiones sin ejércitos, pero invasiones que
colonizan y destruyen las estructuras económicas, políticas y sobre todo
culturales de los pueblos que sufren directamente los efectos del turismo”.
No obstante, esta afirmación no se puede
universalizar. Hay ejemplos en que culturas muy arraigadas no fueron afectadas
por el turismo, al contrario, se fortalecieron frente a los turistas, como será
visto en el próximo capítulo.
Los colaboradores de Jurdao Arrones relatan
situaciones paradigmáticas de cambios culturales provocados por el turismo y
hasta por el dinero generado por el turismo.
Erisman (1983: 337-361) verifica que la dependencia
económica del turismo reprodujo las relaciones existentes durante la época
colonial, llevando a una dependencia política y cultural. Los habitantes
locales pasaron a hacer todo lo que se esperaba de ellos para que agradasen al
tipo de turistas provenientes de Estados Unidos que querían reproducir su
sociedad cuando de vacaciones.
De Vries (1992: 215-240), también estudiando en las
Antillas, verificó los problemas derivados de la venta de tierras destinadas a
plantar alimentos desencadenando una cultura migratoria entre los jóvenes del
campo.
Vera Rebollo (1992: 241-300) acusa al turismo de
ser una actividad “desarticuladora de la estructura social, territorial y
administrativa”. Las formas tradicionales de producción, la pesca, la
agricultura y la producción cultural artesanal relacionada con ellas
desaparecieron cuando el turismo pasó a ser visto como un factor de progreso
por la sociedad local y la tierra pasó a cambiar de significado, y a ocupar el
lugar del capital dentro de los factores de producción.
Crick (1992: 339-403) a su vez, estudiando los
efectos del turismo en varios países del tercer mundo, verifica, entre otras
cosas, que el turismo introduce la cultura del desperdicio en sociedades de
escasez.
La literatura producida entre los años 1975-1985
sobre el tema “impactos” es prolífera en ejemplos de efectos negativos en el
medio ambiente natural y en la cultura en lo que respecta a valores y
costumbres, que traería aparejada entre otras el desprestigio de actividades
tradicionales (serpescador o agricultor, por ejemplo). Dogan (1989) realiza un
extensivo estudio de las investigaciones sobre los efectos negativos,
encontrando que al turismo se le atribuye la pérdida de tradiciones,
materialismo, aumento del índice de criminalidad, conflictos sociales,
superpoblación, deterioro ambiental, dependencia de los países
industrializados, pérdida de la identidad debido a que las poblaciones
receptoras creen que los turistas son portadores de una civilización superior
(Haulot apud Dogan 1989: 217), homogeneización de los alimentos, de las
ceremonias, del folclore para atender los gustos de los turistas (Göksan apud
Dogan 1989: 217), así como el debilitamiento de los lazos cooperativos y
solidarios tradicionales y su substitución por relaciones comerciales
(Bisilliat apud Dogan 1989: 218).
Interesante destaca que, no obstante este
relevamiento sobre el estado del arte de este tema, los casi cincuenta autores
citados por el articulista no presentan ejemplos de deterioración de bienes
materiales, edificios, monumentos o utensilios por parte de turistas9.
______
9 Las pocas
investigaciones que hay sobre depredación de patrimonio revelan que los actos d
e vandalismo suelen tener como protagonistas jóvenes de la localidad .
También en casos en que el turismo ha tenido
efectos muy negativos en ciertos aspectos, tales como las relaciones familiares
y sociales, o en los valores, en grupos étnicos aislados, como por ejemplo los
bosquimanos, estudiados por Hitchcock (1997) ha habido un lado compensatorio en
la revitalización de formas culturales, artesanías y otros aspectos
identitarios. Uno de los casos más comentados en la literatura que demuestra
estos efectos negativos es el de la ceremonia del Alarde en la pequeña ciudad de
Fuenterrabia, España, donde la intervención de un intendente vació de contenido
un ritual que tenía mil doscientos años de existencia (Greenwood 1989). El
vaciamiento de fiestas populares a partir de su institucionalización para
finalidad turística por parte del poder público, parece haber sido una marca de
la época de la dictadura franquista y puede ser visto en otras ciudades como
Zahara de los Atunes y Almonte. También en Cerdeña, las autoridades tomaron el
control de un monumento pre-histórico valorizado por la comunidad y,
transformándolo en un bien de consumo turístico, provocaron un cambio en el
sentimiento de los habitantes locales, que pasaron a verlo con indiferencia
(Odermatt 1996).
En los próximos capítulos veremos como este
paradigma de los impactos por turismo ha sido superado a medida que se
empezaron a reconocer otros agentes promotores de cambio. Los más importantes
son los medios de comunicación de masa, pero las decisiones políticas ocupan
también un papel central. Al mismo tiempo, el concepto de aculturación por
turismo va dejando lugar a otros conceptos como los de hibridación cultural,
cosmopolitismo y reflexividad (Santos y Barretto 2006).
Capítulo II
Influencias o efectos del turismo en las culturas
receptoras:
discusiones contemporáneas
La primera de las discusiones contemporáneas es el
uso del término impacto para definir la relación del turismo con las
localidades turísticas, lo que no quiere decir que el turismo no desempeñe
ningún papel . El turismo y los turistas provocan efectos en la cultura y en la
sociedad, ejercen influencias y tienen repercusiones de varios tipos en estas.
El concepto de impactos: “choque”, “huella
profunda”, “impresión o efecto muy fuerte” (Kapelusz 1993: 834) presupone un
medio inerte que recibe los choques, huellas o impresiones sin dar respuestas.
Cuando se trata de la sociedad específicamente, el
medio que recibe los choques es dinámico y responsivo. La sociedad no es un
medio inerte (tampoco lo es la naturaleza pero no es este el foro de
discusión).
Por lo tanto, parecería mejor hablar de efectos o
influencias. Por efectos, se entiende consecuencias, y por influencias,
acciones y efectos (Kapelusz 1993).
Brown (1998: 66) los utiliza como sinónimos,
definiendo impactos socio-culturales del turismo como los efectos en la gente,
su calidad de vida, valores, costumbres y creencias.
Pero como se vio en el capítulo anterior hay
quienes discuten que no se puede pensar en una relación causa-efecto sino que
hay que pensar las relaciones dialógicas entre el turismo y las sociedades
emisora y receptora, por lo tanto, en este momento, coexisten muchas visiones
respecto del turismo y las huellas que este deja en los lugares visitados.
Por otro lado, los estudios realizados actualmente,
contribuyen con la constatación de que, en determinadas circunstancias, el
turismo deja un legado positivo, apesar de no ser el objetivo principal de sus
promotores. De un lado, el turismo contribuye para la preservación de áreas
históricas o
3 8 Margarita
Barretto
naturales, ya que es necesario mantenerlas para
atraer turistas. Al mismo tiempo ha contribuido con el enriquecimiento del
repertorio de informaciones de las comunidades visitadas, para atender la
curiosidad de los turistas.
Lo investigadores que enfatizan los efectos
positivos del turismo pueden ser situados en la denominada “plataforma de
defensa”, que tuvo sus mayores exponentes en la década de 1970 entre los
economistas y administradores de empresas de turismo pero cada vez gana más
adeptos en las filas de aquellos dedicados a la preservación del patrimonio,
tales como antropólogos, historiadores y arquitectos, que han visto que la
utilización para fines turísticos puede aportar el dinero necesario para
restaurar y mantener los bienes declarados patrimonio. Al mismo tiempo, han
podido constatar que algunas manifestaciones culturales del patrimonio no
material han sido revalorizadas por la población autóctona a partir del interés
de los turistas en ellas.
Tulik (1990: 68) cita los beneficios que Mathieson
y Wall atribuyen al turismo, entre otros: estímulo a la rehabilitación de
sitios históricos, construcciones y monumentos; revitalización de actividades
tradicionales de áreas en decadencia.
Murphy (1985), al mismo tiempo que reconoce que ha
habido efectos importantes en las costumbres y el cotidiano, provocados por el
turismo en comunidades pequeñas, afirma que el turismo bien planificado ha
sustentado la conservación del patrimonio en Europa y ha provisto de medios
económicos a Canadá para conservar mucho de su patrimonio.
Un estudio hecho en Canadá reveló que 29% de los
gastos turísticos de Canadá tiene que ver con la visita a lugares históricos y
culturales. Esta cifra fue mayor que la suma de navegación, caza, ski y
acompañar deportes (Murphy 1985: 148).
Un caso paradigmático es el de las comunidades
indígenas de la costa oeste de aquel país, que han adoptado estrategias para
obtener beneficios del turismo cultural con el mínimo de fricciones posible, y
se puede decir que en dos décadas han conseguido hacer escuela en la
auto-gestión local de su
T u r i s m o y Cultura 3 9
turismo indígena. La participación de los líderes
comunitarios en el turismo apunta, en primer lugar, a reducir las desigualdades
entre las reservas y en ningún momento la cultura se ha comercializado. En
veinte años, los aborígenes canadienses han conseguido mostrar-se a los
visitantes como ellos son y han conseguido revitalizar artes y oficios antes
despreciados, así como recuperar el orgullo de sus tradiciones y la
comunicación inter-tribal e inter generacional. El turismo es para ellos una
nueva forma de expresión económica y cultural y su inserción en esta actividad
se ha hecho de forma profesional, con la creación de museos administrados por
los indígenas, operadores turísticos indígenas, productos artísticos
profesionalmente confeccionados, equipamientos turísticos administrados por
indígenas y centros culturales, donde se muestra la dinámica de la cultura
indígena.
El turista [...] que busca contactos étnicos y está
preparado para avanzar en sus imágenes de “indianidad” debe aceptar la
diversidad y el cambio cultural. [...]En la actualidad, mucho del turismo
cultural, aunque su foco sea mantener tradiciones pasadas, indirectamente ayuda
a cumplir las metas de recuperación y afirmación cultural. [...] Las
comunidades están orgullosas de tener nuevos equipamientos, oportunidades de
empleo y de capacitación. [...] Las diferencias generacionales disminuyen
cuando voluntarios jóvenes trabajan con los mayores que están recuperando
tradiciones y habilidades que en algún momento negaron. [...] El turismo no
precisa prostituir la integridad cultural ni transformarse en servilismo
(Norris Nicholson (1997 128).
Algo similar sucedió con los esquimales según el
relato de Smith (1989). Los turistas van a buscar los inuit de la literatura y
el cine; un modo de vida que no existe más. Con la creación de Centros
Interpretativos y Museos, los esquimales han conseguido mostrar el pasado y el
presente de su cultura a los visitantes, y el interés de estos últimos ha
tenido un efecto positivo en la recuperación de varias formas de arte y
artesanía, contrarrestando el efecto negativo de
4 0 Margarita
Barretto
otras formas de intervención en la sociedad
esquimal que, al contrario, habían llevado a la disminución de su autoestima.
Indirectamente el turismo de masas [...] ha
contribuido para el renacimiento de la cultura esquimal [...] Esto reafirma el
sentimiento de auto-estima étnico que había sido erosionado a principios de
este siglo [XX] por los misioneros y agentes de salud y educación en sus
esfuerzos para aliviar los entonces urgentes problemas de enfermedades, hambre
y accidentes que hacían parte de la cultura esquimal [...] el número de
artesanos se ha duplicado, el de talladores de marfil triplicado [...] muchos
de los talladores son jóvenes porque el oficio se enseña en la escuela (Smith
1989: 78).
También algo parecido fue detectado en Bali, donde
uno de los efectos del turismo fue la retomada de danzas y manifestaciones
artísticas tradicionales. Como resultado, la valorización de la cultura de Bali
por parte de los turistas es hoy parte constitutiva de la identidad de los
jóvenes balineses. Se abrieron centros culturales donde se cuida la calidad de
la producción artística presentada, y la población local coloca límites en los
aspectos de la cultura que pueden ser turistificados, lo que más adelante será
explicado a la luz de las teorías de la reflexividad.
Profesores verifican la calidad de las
representaciones artísticas y evitan que grupos mal entrenados se presenten y
han prohibido que se vendan entradas para ciertas actividades culturales, como
cremaciones (McKean 1989: 132).
Chambers (2000: 114) presenta una visión bastante
equilibrada de los diversos efectos que el turismo puede tener en relación a la
cultura material, reconociendo que en algunos casos contribuye para la
revitalización, y en otros para la pérdida de valor cultural en función de la
descontextualización de manifestaciones culturales. Entiende que son pocos los
casos en que se puede comprobar que el turismo es el mayor villano en la
perdida de tradiciones y que la posibilidad de comprar ropas baratas es responsable
en mucho mayor medida por ello. En el caso de los indios de
T u r i s m o y Cultura 4 1
Canadá y Estados Unidos, el autor verifica que ha
habido una revitalización de las artes y artesanías.
[...] el interés de los turistas ha ayudado a
revitalizar artes y artesanías tradicionales y quizás aún mejorar la calidad de
la producción. Esto es verdad [...] para muchos de los objetos de la cultura
material, tales como joyas y cerámica producidos por los indios del sudoeste de
los Estados Unidos (Chambers 2000: 112).
Autores que, a principios de los ´70, entendían que
el turismo ocasionaba impactos en la sociedad verificaron, sobre el terreno,
que los efectos no eran tan grandes como se pensaba, sobre todo si comparados
con los ocasionados por otros agentes sociales. Pi -Sunyer (1989) relata que en
las investigaciones realizadas en la Costa Brava (España) los habitantes de las
ciudades ven que pueden influenciar al turismo y no lo contrario. Inclusive hay
otras actividades que la población local considera más invasoras. El autor
cita, por ejemplo, los hechos acaecidos cuando una gran cantidad de anchoas
trajo cerca de 800 pescadores al lugar. Estos dejaron el mar sucio, apuñalaron
un turista y ocasionaron tantos trastornos que la población acabó
confeccionando panfletos en contra de su presencia en el puerto, haciendo eco
la noticias inclusive en los diarios de Barcelona.
A los ojos de la población local esta incursión
masiva [...] pareció un verdadero peligro para la habitabilidad, el bienestar y
las buenas relaciones con los turistas (Pi-Sunyer 1989: 197).
Lo anterior no quiere decir que se haya cambiado
radicalmente la forma de ver el turismo, hasta el punto de no reconocer ninguna
influencia negativa en la sociedad. A veces no es exactamente el turismo el que
ocasiona problemas sino sus atractivos, como en el caso de los casinos. En los
lugares donde se han instalado casinos como atractivo turístico (algo muy común
en la región central de Estados Unidos, en reservas indígenas inclusive, así
como en regiones de frontera en los países de América del Sur) ha habido
problemas con la población local que ha adquirido el vicio del juego (Hyland
1997: 157). Cuando este vicio se instala dentro da poblaciones sin poder
adquisitivo puede llevar a delitos
4 2 Margarita
Barretto
menores, como apropiación indebida de dinero cuya
guarda se ha confiado, a la desagregación familiar o a delitos mayores, como el
robo10.
Analizando el desarrollo del turismo en los países
que obtuvieron su independencia después de la Segunda Guerra Mundial, Smith
(2001: 108) afirma que “las influencias del colonialismo y la subsiguiente
importancia de los medios de comunicación han superado en mucho los efectos del
turismo en los cambios económicos y sociales” y hace un balance entre los
costes y beneficios del turismo. Dentro del aspecto sociocultural, identifica
aspectos positivos, tales como ampliación de las perspectivas sociales, la preservación
de los lazos familiares11, la movilidad social ascendente, la valorización del
legado cultural y de la identidad étnica, el estímulo a las manifestaciones
folclóricas y a la creación de museos. Como aspectos negativos, la autora
identifica lo que llama de “cocacolización”, o sea el mimetismo cultural
obedeciendo al modelo de Estados Unidos, la transformación de los turistas en
“cosas”, la deterioración de lugares históricos por exceso de visitación, la
comercialización de la cultura y el no respeto a los derechos de propiedad
intelectual así como la pérdida de identidad cultural frente a lo global.
Esto último parece contradictorio ya que antes
coloca que el turismo trae como beneficio la valorización de la identidad, pero
más adelante veremos que se trata de un proceso dialógico.
Hay también aquí un cambio importante en relación a
las discusiones del final del siglo XX, en lo que respecta a los turistas. Si
en el pasado eran vistos siempre como villanos y las poblaciones locales como
víctimas, la crítica de Smith sobre que los turistas son vistos como “cosas”,
trae el problema de que los turistas son, a veces, (mal) tratados por la
población local. Por lo general esta los ve apenas como portadores de dinero
del cual tratan de apoderarse por cualquier medio, sea vendiendo algo, prestando
un servicio,
10 E v id en
cia em p ír ica d e l a in v es tig a d o ra .
11 E s in t er es an te v er q u e en la d é c a d a d e 1 9 8 0 alg u n a s in v es tig aci o n e s al
c o n tr ar io cu
lp a b an a l tu r is mo p o r la d
e str u c ció n d e laz o s f
a m ili ar es p o r e l
c am b io d e v a lo r es p r o vo cad o p o r lo s
visit an t es .
T u r i s m o y Cultura 4 3
pidiendo limosna o, en última instancia, robando.
En gran parte de los casos, la “cosificación” del turista pasa por la
prestación de un servicio de mala calidad por el que se cobra muy caro.
Estudios realizados recientemente en comunidades
islámicas en Turquía (van Broeck 2001) o en África Occidental (Diagne 2004)
acusan los mismos problemas de ruptura familiar y pérdida de valores culturales
y sociales que los encontrados en la década de 1970. La cultura de la
solidaridad, del intercambio y de la hospitalidad dejaron lugar a relaciones
comerciales, la religión dejó de tener tanta influencia sobre el comportamiento
de las mujeres, sobre todo en el vestir, y la alimentación se fue occidentalizando
paulatinamente. La diferencia con las investigaciones de la década de 1970 es
que los autores contemporáneos, al entrevistar a la población local, encuentran
que ésta ve los cambios como positivos, y que el turismo es uno de varios
agentes de influencia, junto con las migraciones, los medios de comunicación,
los contactos comerciales, la urbanización, la industrialización y el propio
sistema educativo (van Broeck 2001: 172). Ven positiva la independización de
las mujeres y en algunos casos reportan que el turismo ha impedido que los
hijos se vayan a ciudades más grandes, por lo tanto, en lugar de ser un factor
de ruptura, ha sido un factor de cohesión familiar.
Los estudios de Dogan (1989) también demuestran la
dualidad de los efectos del turismo. Este investigador recopila una serie de
estudios de regiones que habían sido antes colocadas como ejemplo del daño
hecho por el turismo, diciendo que también este ha traído mayor democracia en
el área política (lo que será posteriormente endosado por Brown 1998),
modernización y orgullo étnico entre otras cosas.
Los cambios en la visión del turismo en relación a
la cultura también tienen que ver con la actual crisis de paradigmas que aqueja
al siglo XXI. Las certezas, los valores familiares, los ideales políticos se
están desintegrando paulatinamente en muchos ámbitos sociales, lo que lleva a
las personas a intentar buscar ejemplos de culturas que se mantengan como en
épocas pretéritas: con valores, con tradiciones, con identidades. Eso ha
llevado a que muchos turistas del hoy, al contrario de los de hace 50 años, quieran
4 4 Margarita
Barretto
ver como vive ese “otro”, en una suerte de búsqueda
por un paraíso que ha perdido con el desmoronamiento general de la ética que
asola gran parte de la sociedad post moderna.
Esta búsqueda de un cierto tipo de turistas, que no
se encuadran dentro del padrón de las masas, ha llevado a que muchas
comunidades se organicen para ofrecer un producto turístico que mantenga o
reviva características autóctonas, lo que ha hecho que el turismo, que antes
era visto como destructor de culturas, sea visto como impulsor de la
revitalización de las mismas.
El ejemplo de las comunidades indígenas de Canadá
es paradigmático de una alianza exitosa entre turismo y cultura, que beneficia
a las culturas autóctonas y enriquece a los visitantes. De acuerdo con Norris
Nicholson (1997: 199) el turismo indígena surge como una amalgama de varios
tipos de turismo que fueron surgiendo antes y durante el siglo XX: lo que ella
denomina turismo colonial, que podría ser equivalente al turismo científico, ya
que implica el interés institucional por conocer y explorar el nuevo territorio,
el turismo al aire libre, el disfrute de los paisajes, el turismo de intereses
especiales, el de aventura y el ecoturismo, estos últimos tres, surgidos en las
últimas décadas.
Lo que caracteriza este turismo es que se ofrece, a
los diferentes tipos de turistas, diferentes grados de integración con la
experiencia cultural y que la cultura indígena no está restricta a muestras de
arte y artesanía sino que incluye la gestión de agencias, medios de hospedaje y
otros tipos de servicios turísticos. La experiencia cultural consiste en estar
en un medio donde el pasado histórico y las tradiciones conviven con los modos
de producción del presente; donde la cultura indígena en su sentido más amplio
convive con la cultura “blanca” u “occidental”, pero no de una forma
subordinada en la que los indígenas son “atracciones” sino dentro de una
integración horizontal. Se trata de encuentros culturales en los que la
población autóctona administra los medios de producción y adquiere los
elementos de la otra cultura que le interesan, para redefinir su identidad.
Esto trae consecuencias positivas, directas e indirectas, para su sociedad que
de cierta forma compensan las negativas que ciertamente el proceso de
turistificación trae. Esto porque
T u r i s m o y Cultura 4 5
cuando las tradiciones, lenguajes, conocimientos y
habilidades han sido suprimidas y a veces prácticamente perdidas, la
recuperación cultural asume una importancia simbólica (Norris Nicholson 1997:
127).
Lo que sucede en los grupos indígenas de Canadá
demuestra que el turismo no tiene “necesariamente que prostituir la cultura”
(Norris Nicholson 1997: 128) sino que el turismo puede contribuir tanto para
recuperar tradiciones, como para incorporar nuevas formas de cultura y
tecnología. Permite la auto- afirmación aunque esta sea en detrimento de las
expectativas de los turistas, de ver “pueblos primitivos”.
Actualmente, mucho del turismo con base cultural
[...] indirectamente ayuda a cumplir las metas de recuperación y afirmación
cultural [...] Las comunidades tienen orgullo de las nuevas instalaciones, las
oportunidades de empleo y capacitación [...] El profesionalismo de un tallador
de madera o un gerente de un negocio local dan un sentido moderno a la
distinción cultural (Norris Nicholson 1997: 128).
Algo semejante puede ser encontrado entre los
indios Pataxó del noreste de Brasil, una “sociedad indígena que amplió su
patrimonio sociocultural a través de una trayectoria de etnodesarrollo
contextualizado en una arena turística” (Grünewald 2002: 206), para quienes el
turismo sirvió para reinventar revitalizar la producción artesanal y ampliar el
mercado para productos nativos (Grünewald 2002b: 7).
También los Cherokee estudiados por Duggan (1997:
48), con su Mutual Qualla de Artes y Oficios, han conseguido crear estándares
de autenticidad que mantengan viva una tradición artesanal de 400 años con
estrategias adaptativas que les permiten controlar los beneficios del turismo.
Desde mediados del siglo XX los Pataxó habían
enfrentado conflictos por sus tierras y a partir del momento en que
consiguieron insertarse en el movimiento turístico provocado por la atracción
ejercida por el primer marco del “descubrimiento” de Brasil, reorganizaron su
economía,
4 6 Margarita
Barretto
recuperaron sus tradiciones y hasta su idioma y
crearon un proyecto de turismo ecológico en una reserva forestal. Allí las
visitas son acompañadas por guías indígenas, que cuentan su historia y muestran
como relacionarse de forma armoniosa con la naturaleza. Es un proyecto de la
propia sociedad indígena, que supo luchar contra los inconvenientes y
aprovechar las (escasas) oportunidades creadas por el estado. Al mismo tiempo,
los indígenas _así como los balineses anteriormente mencionados_ han sabido mantener
su privacidad, reservando espacios donde los no-indios no pueden entrar, donde
los Pataxó rezan y hacen sus ceremonias sagradas. (Grünewald 2002).
El turismo no ha actuado como factor degradante de
la cultura. Al contrario, da a los Pataxó un estatus diferenciado dentro de la
región. El turismo estimula [...] una nueva producción cultural instrumental
[...] Los Pataxó emergen en la escena no como nativos aculturados [...] sino
como sujetos creativos e inventivos que pueden generar su propia cultura a
partir de elementos seleccionados de varios orígenes [lo que es] un proceso
creativo desarrollado y articulado por los Pataxó contra la “cultura blanca” dominante
representada por la baianidad hegemónica (Grünewald 2002a: 1011).
Los indios Zuni no permiten la entrada de extraños
a su pueblo, y venden sus artesanías en plata a los turistas a través de una
cooperativa a la entrada (Smith 2001: 113).
Los nativos del río Sepik, en Papua, Nueva Guinea
fabrican artesanías para turistas tomando como base ciertos aspectos estéticos
de los objetos rituales, no obstante los modifican de forma casi imperceptible
a los ojos de los extranjeros y de ninguna forma venden aquellos artículos que
no pueden ser vistos por mujeres de acuerdo a sus creencias (Meethan 2003: 21).
Los monjes tibetanos han conseguido reconstruir y
mantener templos gracias al turismo religioso. Este, al mismo tiempo, le ha
devuelto la dignidad a poblaciones tradicionales de la región del Himalaya
(Shackley 1999: 108), a pesar de que inicialmente hubo robo de arte sacra en
los
T u r i s m o y Cultura 4 7
templos y de que el turismo actuó como catalizador
de la occidentalización de esos países (Shackley 1999: 100).
En la actualidad ya no parece caber más la
discusión de si el turismo es una bendición o una maldición como en la década
de 1970. Desde el punto de vista económico sin duda fue una bendición para
mucha gente que vivía de forma miserable y que por lo menos en la actualidad
puede tener más oportunidades de trabajo, aunque más no sea con sueldos bajos o
inestables, y pasar a ser menos pobre. Desde el punto de vista de la cultura y
de la sociedad, sin duda muchos aspectos cambiaron y estos cambios pueden ser
positivos o negativos dependiendo de las circunstancias y del contexto
Un caso emblemático de estas contradicciones es el
estudio realizado por Pi-Sunyer, Thomas y Daltabuit (2001) en las comunidades
mayas del estado de Quintana Roo en México, lugar donde han venido sucediendo
muchos cambios sobre los cuales la comunidad local poco o nada puede hacer,
entre ellos la instalación de resorts turísticos. El contacto con la cultura
capitalista ha llevado los mayas a dar a la propiedad privada, por ejemplo, una
dimensión que antes no tenía. Las tierras eran comunales y quien quería tierras
propias era considerado egoísta. En la actualidad la idea de la propiedad
privada se ha afianzado, inclusive a partir del apoyo de la ideología religiosa
que, difundiendo la idea de una comunicación exclusiva con un dios, la
legitima, pues quien puede tener un dios propio puede tener una tierra propia.
Surgió también una nueva clase burguesa ligada a los negocios turísticos que se
aleja económica y culturalmente del resto de la población. El turismo ha
introducido, junto con los medios de comunicación, la cultura de consumo, ropas
de la “cultura blanca”, alimentos conservados que llevan a un deterioro en la
dieta y también medicamentos fabricados que substituyen las medicinas
tradicionales de los curanderos.
Estos mundos se mezclan: los turistas consumen y el
consumo es valorizado en la televisión. (Pi-Sunyer, Thomas y Daltabuit 2001:
137)
Varias conclusiones de esta investigación muestran
los nuevos enfoques contemporáneos sobre la aculturación por turismo. En primer
lugar que, a pesar de la nostalgia presente en los discursos, y la poca
remuneración por los trabajos realizados en el sector turismo, así como la
4 8 Margarita
Barretto
explotación laboral que existe, los encuestados
declaran que prefieren el estado actual de cosas con el turismo y no volver a
la anterior fase de agricultura de subsistencia. Otra es que los investigadores
vieron que el turismo no es el único factor de aculturación entre los mayas.
Finalmente, que la reacción ha sido variada en función de los intereses de cada
grupo, dado que tampoco la sociedad maya puede ser idealizada. Hay, como en
toda sociedad, tensiones entre edades, género, posición social y otras; no se
trata de un grupo homogéneo de “buenos salvajes” como parecía desprenderse de
los primeros estudios sobre el tema.
Esto sucede aún entre os bosquimanos, que
constituyen un grupo humano considerablemente unido y aislado, al punto de
haber sido elegido por Richard Leakey (1980) para interpretar vestigios
arqueológicos pré-históricos; hay diversidad de opiniones sobre la presencia de
turistas en la región; algunos no los quieren de ninguna forma y otros están
dispuestos a soportarlos a cambio de dinero (Hitchcock 1997).
Trabajos realizados en Florianópolis, estado de
Santa Catarina, Brasil, revelan algo semejante. Para algunos entrevistados, los
cambios producidos por el turismo fueron buenos, porque los hoteles ofrecen
puestos de trabajo para “los jóvenes”; para otros, son malos porque “los
jóvenes” pasaron a robar para poder vestirse como los hijos de los turistas
(Silva 2002).
Otros estudios en la misma isla muestran que, pasar
de propietario de medios de producción a empleado, no ha sido un gran problema
para algunas personas. Lago (1983: 92) comenta que, como antropóloga, se
sorprendió al encontrar personas que, habiendo sido en el pasado dueños de
medios de producción como red de pesca y campos para cultivar, buscaban ser
caseros en casas de veraneo. También encontró una maestra jubilada y otras
personas de relativo estatus dentro de la comunidad, que hacían este tipo de trabajo.
No obstante, profundizando en la etnografía de la región, pudo entender que
para esas personas lo más importante era la relación de compadrazgo que se
establecía con los turistas de veraneo, pues esta les permitía otros logros
sociales.
El habitante se siente más protegido si tiene una
relación, aunque sea subalterna, con las
T u r i s m o y Cultura 4 9
personas bien situadas económica y políticamente
(Lago 1983: 92).
Entre seguir luchando para vivir de la pesca
artesanal, actividad sacrificada y que no rinde desde los años 60 (en que la
pesca industrial pasó a predominar) y ser casero de una familia de turistas de
segunda residencia, o mozo de restaurante durante la temporada, muchas personas
prefieren lo segundo (Lago,1983; Lago 1996, Ouriques 1998, Silva 2002).
Lo mismo afirma Aramberri (2001: 272) con los
ejemplos de jóvenes del Mediterráneo que prefieren ser vendedores ambulantes a
estar todo el día arando al sol, buceando para buscar perlas o “salir a la
brava mar en canoas rudimentarias para volver con unos cuantos pescados”.
También Nogués-Pedregal (1996: 61) comenta como en la región de Cádiz (España)
las leyes ultramarinas llevaron a la disminución de la pesca y la alternativa
de los pescadores fue ir a trabajar como jardineros de las mansiones de los veraneantes.
Ejemplos de este tipo pueden ser encontrados en los estudios sobre las
poblaciones pesqueras de los cinco continentes.
Sobre la percepción de que el turismo no es el
único factor de aculturación, varios artículos de Valene Smith lo afirman. En
la introducción de Hosts and Guests, hace casi veinte años, la autora comenta
que una persona que entrevistó en Indonesia, le comentó que “el turismo no es
importante en nuestras vidas, vemos el mundo por la televisión todas las
noches” (Smith 1989: 9). Ella reconoce que hay ciertos problemas que se
agudizan con el turismo, como drogas, homosexualidad entre los jóvenes y
alcoholismo, pero que no están exactamente “ocasionados” por él . La misma
autora afirma que en las Filipinas la radio y la televisión en inglés han sido
factores importantes en la adquisición del lenguaje y de los hábitos europeos
(Smith 2001a).
En el caso de Tailandia, por ejemplo, las bases
militares han sido precursoras de lo que hoy se conoce como turismo sexual. De
acuerdo con Bem (2001) los prostíbulos y similares fueron legalizados a través
del Entertainment Act del año 1966 y utilizados para el programa de recreación
y descanso (Recreation & Rest Programme) de los soldados. Terminada la
guerra de Vietnam se hizo necesario encontrar otros
5 0 Margarita
Barretto
consumidores y fue allí donde se empezaron a
promover tours masculinos con motivación exclusivamente determinada.
Con el fin de la guerra de Vietnam en 1975 la
industria sexual ya estaba tan sólidamente establecida en Tailandia [...] que
el futuro de miles de personas, cuya supervivencia era hasta entonces garantida
por la entrada de los dólares de guerra, se vio seriamente amenazado. Con los
esfuerzos del gobierno tahilandés en transformar el país en un paraíso para el
turismo internacional, se puede imaginar para cual especie de placeres las
500.000 prostitutas existentes en aquel entonces estabam predestinadas. No demoró
mucho para que Bangkok se transformara en el burdel asiático por excelencia.
[...] los retirantes soldados americanos pasaram a ser sustituídos por una
clientela potencialmente oriunda de Jap´pn e de los países ocidentales europeos
[...] (Bem 2001: 97).
Una imagen muy utilizada por varios investigadores
ha sido la creada por Wood (apud Dogan 1989: 221) para expresar su discordancia
con la corriente de aquellas décadas que veía las culturas receptoras como
elementos estáticos que recibían los golpes. No se trata, decía Wood, de una
mesa de billar donde la bola que corre es el turismo y las que están estáticas,
la cultura.
Empezaba a tomar forma la idea de que el turismo,
como cualquier otra actividad, tiene lados positivos y negativos, de acuerdo a
determinadas condiciones históricas y sociales.
Al mismo tiempo, se empezaba a entender que el
turismo no solamente es la bola de billar que impacta, sino que a su vez, hay
otros factores que actúan como taco. El turismo produce efectos, si, pero al
mismo tiempo es afectado por otros factores que condicionan el tipo y la forma
de aquellos. Lo mismo sucede con los turistas, que también reciben la
influencia de la cultura visitada, que llevan de alguna forma para sus países
de origen, como es el caso de la actual onda de enoturismo en Inglaterra que empezó
con los turistas ingleses que visitaban Francia (Brown 1998: 74).
T u r i s m o y Cultura 5 1
Brown (1998) fue una de las primeras personas que
insistió sobre la relación del turismo con otras esferas de la vida pública y
privada, y sobre la necesidad de repensar la dicotomía bendición/maldición. Así
como Smith refiere su experiencia en Bali, Brown relata la experiencia de
Tucker (apud Brown 1998: 68) en una aldea de Turquía, donde “hay televisión en
casi todas las casas” y la gente está más influenciada por la propaganda de
jabón que por un puñado de turistas, que pasan por la puerta de sus casas todos
los días . Así como Smith (2001) lo hizo después, Brown reconoce una serie de
beneficios y una serie de inconvenientes, en todas las esferas, económica,
ambiental, social, política. Cita ejemplos donde hay prostitución como
consecuencia del turismo pero ejemplos donde el turismo ha contribuido con la
liberación cultural y económica de algunas mujeres; casos en que hay más
criminalidad debido al turismo pero casos en que el turismo impide que los
jóvenes se vinculen al crimen porque pueden tener algún tipo de trabajo; casos
en que el turismo ha estado fuertemente vinculado con las dictaduras, pero
también el caso de España en que el turismo tuvo mucho que ver con la rápida
transición a la democracia después de Franco.
Al igual que otros investigadores, demuestra que
las innovaciones provocadas por el turismo no son exclusivas del turismo y que
pueden ser buenas o malas en función de condicionantes históricas y políticas
de los países receptores.
[...] la propensión del turismo a generar impactos
buenos o malos depende en gran medida de quien va adonde y de los factores
_económicos, políticos y culturales_ que influencian las decisiones tomadas en
el destino (Brown 1998: 78).
En la actualidad prácticamente no hay discusión
sobre lo anterior y se puede sistematizar los efectos, como lo hizo Smith
(2001), siempre en función del tipo de turismo y del tipo de turistas.
En uno de los estudios más exhaustivos sobre el
tema, Haley, Snaith y Miller (2005: 656) sistematizaron los efectos positivos y
los negativos para el caso de la ciudad histórica de Bath en Inglaterra. Entre
los positivos colocaron que el turismo mejora la apariencia de la ciudad, que
mayor cantidad de turistas mejora la economía, que el turismo
5 2 Margarita
Barretto
aumenta las posibilidades de recreación, mejora la
calidad de vida, da la oportunidad de conseguir buen trabajo. Entre los
negativos, que los negocios turísticos ejercen mucha influencia en la política,
que falta control del gobierno sobre el turismo, que el turismo ocasiona daños
ambientales, aumenta los impuestos, trae más basura, complica el tránsito,
aumenta los precios de los inmuebles, reduce la calidad de la recreación al
aire libre, aumenta la criminalidad. Estas premisas están basadas en otros estudios
y no todas obtuvieron la concordancia de la población local en igual medida
durante la investigación llevada a cabo por los autores. Es interesante ver que
por un lado aparece que el turismo propicia más oportunidades de recreación y
al mismo tiempo que el turismo estropea la calidad de la recreación, lo que
refuerza la idea de que los efectos del turismo son extremadamente dependientes
de otras circunstancias.
También está bastante claro para los investigadores
que diferentes tipos de turistas ocasionan diferentes interferencia. En este
cambio de perspectiva ha tenido que ver la cuestión de la diversidad cultural,
que ha contribuído para que se entienda que los turistas, que tampoco son seres
genéricos uniformes.
Una de las investigaciones más completas y
científicas sobre el tema fue realizada por Stoeckle, Greiner y Mayocchi (2006)
en el norte de Australia y confirma que diferentes tipos de visitantes tienen
diferentes impactos económicos, ambientales y culturales, porque cada segmento
se comporta de manera diferente, contribuye de forma diferente con el lugar y
obtiene del lugar diferentes satisfacciones.
Considerar la diversidad cultural de los turistas
permitió la segmentación de los mercados y el surgimiento de formas de turismo
que, al contrario de lo que muestra la literatura de los años 70, han traído
efectos positivos, como, por ejemplo, la revitalización de lugares históricos y
tradiciones, tema al cual se retornará en el capítulo quinto.
También se constata en la literatura de las últimas
décadas que los turistas ya no son ni tan manipulables ni tan alienados como se
pensaba en años anteriores y que su presencia no es tan imperialista como se
creía (Nash 1989; 1996), pues también llevan influencias culturales del lugar
visitado para casa (Dogan 1989). También se especula que el turismo puede
rescatar su papel como instancia educativa de
T u r i s m o y Cultura 5 3
la sociedad como lo fue en los siglos XVII y XVIII
(Craik 1997: 119; Urry 1993; Barretto 1998), gracias a tours eminentemente
culturales relacionados con arte, patrimonio y museos.
Este último tipo de estudios –denominado por Jafari
“plataforma del conocimiento”– que enfoca a los sujetos protagonistas y la
relación entre ellos, son los que se han desarrollado menos, y los que la
ciencia social debe realizar. No solo serán útiles para construir un saber
académico puro, sino para contribuir al planeamiento del turismo en beneficio
de la sociedad como un todo, inclusive de los turistas, que, de acuerdo a una
de las tendencias más comunes dentro del mundo académico, son los grandes villanos
de la historia (depredadores, provocadores de desórdenes, invasores,
explotadores de niños para turismo sexual, etc.), pero que, en su mayoría,
apenas buscan descansar, pasar momentos gratos con su familia y realizar un
sueño de consumo.
Las discusiones contemporáneas vinculando cultura y
turismo han incorporado nuevos conceptos a los de
aculturación e impacto. Reflexividad, dialogismo,
cosmopolitismo hibridismo cultura y límites aceptables de cambio son algunos de
ellos
La reflexividad es, por definición, una respuesta
consciente a los estímulos, implica una elección. Este concepto, desarrollado
por Beck y por Giddens con diferencias sutiles, se refiere, de un modo general,
a la posibilidad de revisión permanente de todo conocimiento.
La reflexividad, en la modernidad, se refiere a que
la mayor parte de los aspectos de la actividad social y de las relaciones
materiales con la naturaleza pueden ser objeto de revisión crónica a la luz de
nuevos conocimientos (Giddens 1991:20).
Para Giddens, existen mecanismos que permiten un
distanciamiento en el tiempo y en espacio que propicia que las relaciones
sociales se desprendan de la sociedad tradicional inmediata. Podría ser
mediante este proceso que las personas re-elaboran elementos de la cultura
local, negociándolos con los elementos de la cultura mundial traída por los
turistas, sin encerrarse dentro de la tradición pero sin tampoco dejarse
seducir totalmente por la
5 4 Margarita
Barretto
mundialización. Esto se puede observar en las
diferentes respuestas dadas por diferentes sociedades a la presencia de
forasteros.
Otro concepto que puede contribuir para la
comprensión de los procesos de mudanza cultural que acompañan las relaciones
entre turistas y poblaciones visitadas es el de dialogismo, modo de pensar el
mundo que destaca la importancia de los procesos, las relaciones, las
dinámicas, la complementariedad y las contradicciones. En lugar de ver el mundo
pautado por la relación causa-efecto, como en la teoría de los impactos, la
aproximación dialógica ve los fenómenos sociales dentro de una reciprocidad
constante de conceptos, estructuras, agentes y políticas. Al mismo tiempo, no
presenta una visión romántica de integración, sino que ve el mundo como algo
negociado (Ooi 2002: 47) mediante un proceso de comprensión responsiva.
Tenemos también el concepto de cosmopolitismo,
desarrollado por Hannerz a partir de Merton, que contribuye así mismo para la
superación de la teoría de la aculturación por turismo . Sin perjuicio de que
se trata de un proceso que no alcanza a todas las personas y del cual han
muchos sectores excluidos, como alerta Bauman (2005: 13), se trata de una
habilidad por la cual los individuos se interesan por la coexistencia con otras
culturas, tratan de entender los códigos culturales y reflexionar sobre ellos.
Permite al mismo tiempo que las personas construyan sus identidades por
oposición a las otras, lo que no está necesariamente acompañado de
aculturación.
El cosmopolita puede abrazar la cultura extranjera,
pero no necesita comprometerse con ella. Siempre sabe como salir (Hannerz,
1995:240).
El concepto culturas híbridas tiene su origen en
teorías raciales actualmente en desuso, para definir mestizaje o cruzamiento.
Fue retomado por García Canclini (1990) para explicar el proceso histórico por
el cual se reinterpreta la cultura en América Latina, donde modernidad y
tradición se articulan de forma compleja
un continente heterogéneo formado por países donde,
en cada uno, coexisten múltiples lógicas de desarrollo (García Canclini 1990:
23).
T u r i s m o y Cultura 5 5
Bhabha (2002: 213) refiriéndose a las culturas post
coloniales, agrega al concepto de hibridez cultural, el de traduccionalidad y
de desplazamiento cultural. En un intento por apartarse de la teoría de la
dependencia, este autor propone que las culturas que se encuentran no se
subordinan, sino que hay mediaciones y traducciones que resultan en un proceso
de construcción de una nueva cultura, con cambios de significado.
La hibridación como resultado del turismo no es
algo totalmente aceptado tampoco. Meethan (2003) objeta que no se puede decir
que el turismo provoca la hibridación cultural ya que todas las culturas son
híbridas y Sansi (2005: 267) va aún más allá del proceso de hibridación,
recurriendo al concepto de mimesis proceso por el cual se incorpora la
identidad del otro como propia. Hay influencias y adaptaciones que constituyen
una mediación en la cual ciertos valores son intercambiados, apropiados y
transformados y para afirmar esto cita el ejemplo de la cultura afro brasileña
en la ciudad de Salvador, Bahía.
Estos intercambios operan a un nivel personal,
creando relaciones entre artistas primitivos, instituciones y turistas, los
artistas y su público, relaciones que transforman las identidades de estos
actores sociales.
Ya el concepto de límites aceptables de cambio
(LAC) fue propuesto por primera vez por Sydney Frissel en 1963, quien decía que
se era necesario permitir el uso de los parques nacionales (de Estados Unidos)
para recreación, el deterioro era inevitable y debía aceptarse, pero se debía
poner un límite a los impactos que se podían tolerar (Cole y Stankey 1998: 6)
Este concepto representa un avance en relación al de capacidad de carga, usado
desde la década de 1930, ya que incluye otras variables además de la cantidad
de visitantes, como modo de viajar, tamaño de los grupos, comportamiento,
tiempo de permanencia, así como formas de administración del espacio . Aplicado
a la cultura, se refiere a aquellos cambios que pueden ser aceptables en una
sociedad sin que ello signifique pérdidas substanciales en su identidad, tema
al que se volverá en próximos capítulos.
Capítulo III
Relación entre visitantes y visitados
Desde el origen del turismo de masas contemporáneo,
que puede situarse alrededor de 1950, después de la II Guerra Mundial, muchos
gobiernos y organizaciones internacionales colocaron en el turismo sus
expectativas de que este fuera un motor de desarrollo económico, y también de
intercambio cultural y entendimiento entre los pueblos. Se vaticinaba que el
turismo promovería el intercambio cultural entre visitantes y visitados, el
conocimiento del otro, la consciencia de la alteridad y, como consecuencia, la
paz mundial. La mayor difusora de esta idea fue la Organización Mundial del
Turismo tomando las afirmaciones de uno de los primeros teóricos de economía
turística, W. Hunziker, que entendía que el turismo se había transformado en un
instrumento que
constituye uno de los principales factores de
aproximación entre los pueblos y, como consecuencia, del mantenimiento de
relaciones pacíficas (apud Krippendorf 2001: 82).
No obstante, en 1980, al mismo tiempo que se
proclamaba que el turismo sería una fuerza para la paz y el entendimiento, las
organizaciones religiosas reunidas en la Coalición Ecuménica del Turismo del
Tercer Mundo denunciaban los daños provocados por esta actividad, diciendo
inclusive que “la idea de que este fenómeno favorece la paz y la amistad entre
los pueblos [es] un mito contemporáneo” (Crick 1992: 361).
La integración cultural entre los pueblos continúa
siendo una de las grandes esperanzas de todos los involucrados en las
cuestiones culturales, como lo demuestra la Recomendación de La Habana sobre
diversidad cultural y turismo, redactada durante el seminario del mismo nombre
(Unesco, 2003). Este documento retoma la importancia de la diversidad cultural
como un proceso que debe ser respetado y que debe ser tomado en cuenta al
elaborar políticas de turismo cultural, al tiempo que reconoce que el turismo puede
ser un medio eficaz para la preservación del
58 Margarita
Barretto
patrimonio y del diálogo entre las culturas.
También refuerza la necesidad de profundizar en la reflexión sobre la relación
entre turismo, cultura y desarrollo, incluyendo en esto las relaciones entre
visitantes y visitados, en las cuales debe prevalecer el equilibrio para
preservar la diversidad y para promover el desarrollo local.
Las investigaciones realizadas hasta la fecha, sin
embargo, no indican que los objetivos de entendimiento y aproximación se hayan
alcanzado. Al contrario, parecen indicar que se repiten, en el turismo, viejos
problemas que acompañan la historia social de la humanidad, tales como el
colonialismo cultural y la xenofobia y que las relaciones interpersonales
terminan siguiendo la lógica mercantil.
La relación entre visitantes y visitados varía en
cada caso, en función de una serie de circunstancias, favorables o
desfavorables, lo que obliga a los investigadores a tener mucho cuidado antes
de generalizar . No obstante, la mayoría coincide en que las relaciones entre
visitantes y visitados son transitorias y superficiales (Meethan 2003),
liminares, en el concepto de Turner 1982 (apud Ryan 2002: 954), algo que ocurre
al margen del tiempo y del espacio en un separación natural de lo cotidiano.
Hay pocos estudios en general, y esto en parte se
debe a las dificultades de encontrar una metodología adecuada para la
investigación de este fenómeno en sociedades complejas donde los turistas se
diseminan. Los lugares que podrían ofrecer una cierta facilidad son los
resorts, pero en ellos los turistas se relacionan apenas con prestadores de
servicios. Por otro lado, no es fácil conseguir autorización para investigar
dentro de estos espacios.
La mayor parte de las investigaciones llevadas a
cabo a partir de la década de 1970 enfoca comunidades con pocos habitantes, en
islas o lugares alejados de centros urbanos. Como dicen Chambers (2000: 58) y
Robinson (1999a: 131), entre otros, los antropólogos han elegido estudiar casos
donde la distinción entre población receptora y visitantes es clara, lo que
explica las pocas investigaciones sobre turismo urbano. Muchos de estos
estudios, sobre todo los de las décadas de 1970 y 1980 tienen en común colocar
a los turistas como los villanos y a la comunidad local como víctimas. Pero el
primer problema de estos estudios, es definir qué es una comunidad.
Turismo y Cultura 59
Cuando se habla de comunidades anfitrionas, se
tiende a pensar en un grupo homogéneo e inmutable, como si entre sus miembros
no hubiera jerarquías, clases sociales, divergencias político-ideológicas, de
intereses, luchas de poder y otras diferencias más. Pero las comunidades
raramente son homogéneas y sus características cambian con el pasar del tiempo.
El término comunidad define más una abstracción
conceptual que un conjunto de seres reales y se puede apoyar en algunos
aspectos, como por ejemplo en un cierto modelo de comportamiento que refleja
una determinada mentalidad, una serie de atributos culturales compartidos que
se traducen en aspectos visibles como lenguaje, vestimenta, culinaria,
festividades, tipo de vivienda y estilo de vida y en “aspectos ocultos como
creencias, ética y actitudes” (Pearce et al apud Singh 2003: 9).
Una vez que se trata de una “asociación de personas
que tienen fines o intereses comunes y viven bajo reglas específicas” (Kapeluz
1994: 393), cabe preguntarse de qué comunidad se habla en sociedades complejas,
teniendo en cuenta también que en la actualidad el mismo concepto de sociedad
está siendo revisto frente a las nuevas movilidades en los espacios reales y
virtuales (Urry 2000).
Al hablar de la relación entre visitantes y
visitados muchas veces se inventan comunidades, tanto turísticas como locales,
en el sentido de Benedict Aderson (1991) de comunidad imaginada, que es un
grupo que no se forma con la interacción cara a cara de sus miembros, sino más
en el plano de las ideas o de las afinidades.
Se puede hablar de la invención de comunidades
turísticas, que crean [...] estándares culturales que difieren tanto de los que
predominan en sus comunidades de origen como de aquellos [...] de una comunidad
local (Steil 2002: 73)
Los criterios de definición de comunidad pueden ser
geográficos, lo que lleva a definir comunidades que corresponden a los límites
territoriales y otras que se definen por su cultura o función social o por
aspectos de estas. Se puede hablar de una comunidad rural, de una comunidad
pesquera, de la comunidad científica, de una comunidad de
60 Margarita
Barretto
empresarios, de una comunidad de industriales, de
una comunidad religiosa, etc. Cuando el turismo se desarrolla en lugares
pequeños que todavía tienen características de comunidad porque sus miembros
son poco numerosos y tienen intereses en común, la tarea de estudiar la
relación entre visitantes y visitados es más fácil. Ya cuando se analiza el
turismo en sociedades complejas o en grandes ciudades, se puede decir que hay
relaciones diferentes entre diferentes comunidades de esta sociedad y los
turistas que la visitan.
De acuerdo con de Kadt (1979: 50) los encuentros
entre turistas y población local pueden ser categorizados, para análisis, en
tres situaciones: cuando los turistas compran bienes o servicios, cuando
turistas y residentes comparten espacios o cuando los turistas se dirigen
expresamente a los residentes en busca de informaciones. Para entender mejor el
primer caso es preciso tener en cuenta que el turismo es un acto practicado por
personas que realizan una actividad específica de recreación, fuera de sus ciudades
y se utilizan, para alcanzar sus objetivos, de equipamientos y servicios que
son, en sí, negocios.
La comunidad empresarial que hace los negocios
turísticos (el llamado trade turístico) tiene relaciones de mercado con los
turistas. El turista es un consumidor y la comunidad empresarial vende
productos y servicios. Se trata de una relación entre individuos (turistas) y
un sistema (de negocios turísticos) lo que la caracteriza como una “transacción
compleja” (Nash 1989: 44).
La relación entre los miembros de la sociedad que
no pertenecen al trade turístico es diferente, dependiendo, inclusive, del tipo
de turistas que llegan y de condicionantes histórico culturales de la sociedad
en cuestión. Un ejemplo muy ilustrativo de esto es presentado por Maoz (2006).
Mientras que los hindúes que trabajan con turismo critican a los mochileros
israelíes que los visitan, los otros hindúes que no trabajan directamente con
ellos, cuando los ven por la calle, les piden para sacarse fotos con ellos
porque admiran el grado de civilización alcanzado por Israel (Maoz 2006: 229).
Robinson (1999: 7) elabora un cuadro de referencia
con cuatro vértices, en cada uno de los cuales están los actores del conflicto
identificados en varias investigaciones. De acuerdo con este autor, los
conflictos se dan entre turistas y
Turismo y Cultura 61
comunidad local, entre los miembros de la comunidad
local entre sí, entre los turistas y el trade turístico y entre este y la
comunidad local. Muchos conflictos entre el trade y la población local son en
realidad provocados por agentes externos que dominan los negocios turísticos
desde el exterior, creando dependencia (Robinson 1999: 15).
Uno de los casos más dramáticos de conflicto entre
sectores de la llamada “comunidad local” es el estudiado por McNaughton (2006)
en una playa del estado de Kerala, en la India, donde durante la temporada
turística se verifica una gran afluencia de artesanos provenientes de estados
vecinos. Estos artesanos actúan y son vistos por los turistas como parte de la
comunidad local. No obstante, la comunidad local los ve como invasores y
usurpadores, a pesar de que lucran cobrándoles alquileres por los lugares donde
se instalan para vender sus artesanías . Los conflictos observados por la
investigadora incluyen hasta escenas de violencia física practicadas por
hombres de la comunidad local contra mujeres de artesanos (McNaughton 2006:
657).
Otro conflicto detectado dentro de las sociedades
locales es entre algunos miembros de la comunidad científica y los sectores de
negocios. Esto fue investigado para el caso de Grecia, donde los arqueólogos
quieren mantener intactos los sitios históricos mientras que algunos segmentos
de la población local quieren cambios que favorezcan la llegada de más turistas
(Karpodini-Dimitriadi 1999: 114). También es el caso de lugares donde la
identidad cultural es muy fuerte, como el descrito por Ireland (1999) en el
condado de Cornwall, oeste de Inglaterra, donde la compra del emprendimiento
turístico de Land´s End por empresarios privados desató una verdadera lucha
ideológica por parte de los defensores del patrimonio y nacionalistas de la
región.
Los conflictos entre los prestadores de servicios y
los turistas han sido catalogados en estas tres décadas en: cooperación,
hostilidad abierta y hostilidad velada (Maoz 2006). La cooperación consiste en
intentar adecuarse a las expectativas de los visitantes; la hostilidad velada
consiste en hacer de cuenta que se atienden las expectativas de los turistas,
aparentando ser lo que estos quieren que sean u ofreciendo productos falsos. En
el primer caso, los turistas tienen el poder; en el segundo caso, los locales.
62 Margarita
Barretto
Los conflictos también pueden ser observados entre
diferentes tipos de turistas. Varias situaciones en Europa muestran las
rivalidades entre ingleses y alemanes y entre diferentes turistas que comparten
la nacionalidad inglesa pero no su visión de naturaleza (Robinson 1999).
Volviendo a la relación visitante-visitado, ésta no
puede ser analizada sin pensar en las estructuras y procesos sociales más
amplios con los que está relacionada (Nash 1989: 45; Pi-Sunyer 1989: 189).
Tampoco puede ser analizada sin entender el proceso histórico de las relaciones
con la figura del “extranjero”.
La distancia entre el local y el forastero parece
ser algo inherente a las relaciones sociales, en la historia de la humanidad.
De acuerdo con Simmel (1950: 402) la condición de extranjero o forastero es
dialógica, pues está lejos y cerca al mismo tiempo, está físicamente en el
lugar pero a una prudencial distancia comportamental. De esta forma, “los
extranjeros nos son vistos realmente como individuos” (Simmel 1950: 403).
Por otro lado, según el mismo autor, desde los
tiempos más remotos de los que se tiene registro, inclusive pre-históricos, los
únicos extranjeros que llegaban a las comunidades eran los comerciantes. Se
puede inferir, por lo tanto, que ya la condición de extranjero se confunde con
el comercio desde aquel entonces, lo que contribuye a entender las actuales
relaciones mercantilizadas entre turistas y visitados.
Cuando la sociedad receptora es más pobre que la de
los visitantes, tiene menos progreso tecnológico y ocupa un estatus inferior en
el escenario internacional, la relación será asimétrica por cuestiones
estructurales . Casi siempre se han detectado sentimientos de superioridad por
parte de los turistas y lo contrario en la sociedad local, a pesar de que no
hay muchos estudios sobre las reacciones posteriores en esta ultima (Robinson
1999a).
Un estudio representativo de este problema fue
realizado en Barbados, donde 60% de los turistas entrevistados durante cuatro
años declaró haber sido acosado por vendedores, proxenetas, traficantes de
drogas, taxistas y otros prestadores de servicios. No obstante, los
investigadores observaron que lo que podía parecer un acoso
Turismo y Cultura 63
a los europeos era una técnica de ventas para los
nativos quienes
no podían entender por qué no podían conseguir un
pequeño beneficio. Después de todo, los turistas son extremadamente ricos y
aceptaban gratamente pagar precios desorbitados por la comida y las bebidas en
sus hoteles [...] Los vendedores priorizaban su propia subsistencia sobre la
comodidad de los turistas (Albuquerque y McElroy 2001: 60).
Los investigadores también observaron que las
conductas agresivas (insultos o abusos físicos) hacia los turistas parten de la
frustración de los vendedores en no poder vender sus servicios o mercaderías,
lo que se explica dentro de la lógica anterior. Personas percibidas como muy
ricas se encuentran con personas que viven en la más absoluta pobreza y la
impotencia de estas últimas, para conseguir algún beneficio de la presencia de
los primeros, se traduce en violencia.
Al contrario, hay casos en los que no se observan
conflictos a pesar de la distancia social. De acuerdo con Barke (1999) a pesar
de que el modelo español de explotación del turismo ocasionó grandes cambios
sociales y tuvo efectos notorios en ciertos aspectos de la cultura, existiendo
un gran potencial para el conflicto social, este no se ha observado
empíricamente. Los españoles han sido muy elásticos y han sabido adaptarse a la
presencia de los turistas, a los que consideran gente absurda, a la que podrían
hasta regenerar, si entendieran que vale la pena (Barke 1999:263). A esta
postura el autor la denomina socio- centrismo, o sea una total seguridad
respecto a su identidad, que estaría en la raíz de este proceso.
Algo semejante pudo ser observado por Puijk (1996:
221) en un pueblo de pescadores de Noruega, donde, debido a la cultura
igualitaria existente, a los turistas no se les otorga privilegios simplemente
porque pueden pagar, ni siquiera en los casos de atención médica, donde tienen
que dirigirse al hospital como cualquier persona común.
En lo que respecta a la comunidad de los
prestadores de
servicios, la relación siempre será asimétrica
independientemente de condición social, pues mientras que
64 Margarita
Barretto
los turistas están paseando, los segundos, trabajan
para garantizar el placer de los primeros.
Los ejemplos sobre estaciones de montaña en Suiza
presentados por Krippendorf (2001: 84) son elocuentes. Tratándose de uno de los
países con mayor igualdad social en el mundo, era de esperarse que turistas y
población local interactuasen como huéspedes y anfitriones. Esto parece ser
verdad en los casos de turistas muy antiguos que visitan el lugar desde hace
muchos años, pero no se confirma con las grandes masas que empiezan a llegar a
partir de 1970. Las relaciones con estas últimas son mecánicas y los locales se
cansan de tener que estar siempre alegres y dispuestas. En las ciudades
inglesas que antes eran grandes polos industriales, y que hoy se han
transformado en centros turísticos y recreativos, los trabajadores que
perdieron sus empleos en las industrias también se sienten marginados; bien
porque están desempleados y no pueden disfrutar de lo que los turistas
disfrutan, bien porque están trabajando en el sector turístico por sueldos
mucho más bajos que los que ganaban antes (Robinson 1999a: 146). No existe la
tensión entre riqueza y miseria que se observa en otros destinos, como el
caribe o la polinesia, pero existe la tensión entre el que está paseando y el
que está trabajando, asunto abordado de forma teórica por Nash (1989: 46).
Prueba de lo anterior es la diferencia de
relaciones que se establece con los nuevos tipos de turistas que han surgido en
los últimos años: los “turistas trabajadores” (working tourists), que
permanecen por más tiempo en los lugares, conviviendo con la población local,
integrándose a la rutina de la misma y compartiendo su ritmo de trabajo y sus
problemas . Las investigaciones realizadas por Pizam, Uriely y Reichel (2000)
en Israel con turistas trabajadores en las ciudades y en los kibbutz demuestran
que cuanto mayor es la interacción social entre éstos y los “anfitriones” más
favorable es el cambio de actitud hacia ésos y mejor la experiencia turística
(Pizam, Uriely y Reichel 2000: 405).
Los turistas, por su parte, también tienen
comportamientos diferentes, como se verá en el capítulo destinado a las
tipologías turísticas, no obstante las cuales hay puntos en común. Cohen (1984:
379) clasifica los encuentros entre visitantes y visitados como “esencialmente
transitorios, asimétricos y sin repetición, [donde] los
Turismo y Cultura 65
participantes buscan gratificación inmediata en
lugar de continuidad”. Para estas afirmaciones se basa en los estudios de
Smith, Pearce, Knox, Sutton, van der Berghe, Greenwood, Pi-Sunyer y otros
científicos de diversos lugares del mundo. Agrega Cohen que esa efemeridad de
las relaciones es la que da lugar a la explotación, al engaño, a la hostilidad
y a la deshonestidad, que son moneda corriente en la relación entre turistas y
población local justamente porque ninguna de las partes se siente comprometida
con las consecuencias de su acción (Cohen 1984: 379).
Hunter (2001: 43- 45) es aún más enfático cuando
afirma que estos encuentros efímeros hacen con que las relaciones entre
turistas y población local estén marcadas por la desconfianza. Los turistas,
paseando en su jaula de cristal, miran al “otro” o como una incógnita exótica o
como un objeto utilitario, pero en ambos casos, despersonalizado. Buscan
encontrar en ese otro aquella imagen que vieron en las revistas y si no la
encuentran desconfían que el visitado sea “real”.
Robinson (1999a) nota, también, al igual que otros
investigadores, que la relación entre los dos sistemas sociales, (el nativo y
el turístico), cambia a medida que aumenta la cantidad de turistas. Llega a
proponer el establecimiento de índices de capacidad de carga cultural, similar
al que se utilizó para la naturaleza, discutido en el capítulo anterior.
El aumento de la cantidad de turistas también hace
con que estos dejen de ser individualizados a los ojos de los residentes; pasen
a ser un ser genérico. Así la sociedad local pasa a relacionarse no con el
turista-persona sino con el estereotipo predominante en el imaginario social
sobre el mismo (Pi-Sunyer 1989: 189).
Varios autores han detectado etapas diferentes en
la relación entre visitantes y visitados. El estudio más conocido es el de
Doxey (1976, apud Cohen 1984: 381; Ruschmann 1997: 47; Santana 1997: 95), que
desarrolló un modelo evolutivo del cambio en las actitudes de la población
local para con los turistas . Primeramente, la población local reacciona con
euforia a la llegada de los turistas; después le siguen, la apatía y el
aburrimiento, y por fin, el antagonismo. Este modelo, elaborado a partir de un
estudio de caso en Niagara (Canadá) ha sido cuestionado, en primer lugar
66 Margarita
Barretto
porque la etapa de euforia no siempre sucede y, en
segundo lugar, porque la etapa de antagonismo se da cuando el turismo provoca
aún más diferenciación social en la población local, y cuando esta tiene que
competir con los turistas por recursos escasos, como el espacio,el agua, la
electricidad, etc . No obstante, es un modelo que sigue teniendo validez como
marco de referencia, como se pudo ver en Japón y Malasia durante la década de
1990 cuando la creación indiscriminada de campos de golf llevó a la falta de
agua en las poblaciones aledañas, destrucción de las florestas, desalojo de
agricultores y contaminación ambiental por los herbicidas que se usan para
mantener los campos (Robinson 1999: 14).
Los estudios de Boissevain (1996) confirman las
etapas de Doxey en muchas ciudades del Mediterráneo, tanto insulares como
continentales donde una población local relativamente pequeña ha tenido que
aprender a negociar con la presencia de turistas. El autor identifica
diferentes formas en que el antagonismo es elaborado: resistencia disimulada,
ocultamiento de determinadas formas de cultura, creación de barreras visuales,
aumento de los rituales, protestas organizadas y, finalmente, en casos poco
frecuentes, agresión.
La resistencia disimulada se puede observar
fundamentalmente en los prestadores de servicios, que trabajan con desgano o
negligencia mientras que otras formas se pueden observar en actitudes de la
población, que se burla de los turistas en determinadas circunstancias.
No obstante hay casos, como el presentado por Black
(1999) en que los turistas a pesar del tiempo transcurrido y de la cantidad, no
provocan ni efectos dramáticos en la cultura ni sentimientos de antipatía. En
un pequeño poblado de Malta, la autora encuentra una población muy segura de
los valores que quiere conservar, fundamentalmente el papel de la mujer en la
sociedad y la austeridad en el consumo, al mismo tiempo que una actitud muy
cordial hacia los extranjeros, con los que llegan a establecer inclusive lazos
de amistad.
A pesar de que hay ejemplos en los que el turismo
ha contribuido al entendimiento entre las personas y a la superación de
prejuicios (Amir y Ben Acir 1985; Reisinger 1994 apud Robinson 1999), en la
actualidad parece no haber
Turismo y Cultura 67
discusión sobre el hecho de que la relación entre
visitantes y visitantes presenta grados de conflicto que varían, también, de
acuerdo a la visión que la población local tiene de los extranjeros y en
función de experiencias anteriores con forasteros no turistas. Dependen de
prejuicios, de la rapidez con que se da el proceso de turistificación, de la
percepción que la población tiene sobre los beneficios económicos provenientes
del turismo, y de los costos sociales y ambientales (Gursoy, Jurowski y Uysal
2002). También tiene que ver con la competición por los recursos naturales o
por el uso de instalaciones, y del grado de distancia social y económica entre
visitantes y visitados (Robinson 2001). Al mismo tiempo, estudios recientes
siguen detectando que la relación de los turistas con las “comunidades” locales
es superficial y efímera cuando no se trata del sector que presta servicios
turísticos (Robinson 2001: 39). Esta aparente contradicción, –que haya
contactos efímeros pero que al mismo tiempo estos puedan generar conflictos de
diferentes grados–, da la dimensión de la complejidad de la relación visitante-
visitado.
El turismo es una actividad realizada por hombre en
sociedad. Como tal, tiene un importante grado de imprevisibilidad, por lo tanto
no se pueden generalizar las relaciones entre visitantes y visitados ni
predecir cómo serán en determinado momento y lugar.
Una retrospectiva de estas relaciones muestra que
nunca han sido tan próximas como se esperaría. Los relatos sobre el Grand Tour
ya dan cuenta de relaciones desiguales, no necesariamente por cuestiones
sociales o económicas. De acuerdo con Turner y Ash (1991) escritores como Lord
Byron, Mark Twain, Robert Browning y Wolfgang Goethe, entre otros, dejaron
registrados en sus obras que las dificultades de intercambio entre visitantes y
visitados _cuando no el conflicto_ no eran muy diferentes que en la época marcada
por el turismo de masas.
En la época del Grand Tour los representantes de la
aristocracia inglesa visitaban la pauperizada Roma y otras ciudades de lo que
después sería Italia, por ser la tierra donde estaban las ruinas del Imperio
Romano que permitían el contacto con la historia de la civilización. Los
contactos con las personas, sin embargo, estaban limitados a nobles en
decadencia, con los cuales los visitantes ya estaban
68 Margarita
Barretto
relacionados, y con las mujeres y hombres que
ejercían la prostitución o se prestaban como objetos sexuales sin remuneración.
Existía, inclusive, un mercado del amor; los curas
y nobles jóvenes concertaban encuentros entre los extranjeros pudientes y las
mujeres de la burguesía local. No era siquiera necesario recurrir a las
prostitutas (Turner & Ash 1991: 64).
A partir del momento que Thomas Cook incluye
miembros de la burguesía y de la clase obrera inglesa en sus viajes
organizados, aparecen las quejas sobre el desprecio que los turistas tenían por
las culturas locales. Turner y Ash (1991:
80) citan
un trecho extraído de un diario en el que un periodista irlandés se quejaba de
que los turistas se burlaban de las ceremonias religiosas (vale recordar que
Irlanda es católica mientras que en Inglaterra predomina el protestantismo), se
mofaban de la culinaria, criticaban las ropas, lo que para él, era una afrenta.
Si la relación entre visitantes y visitados ya era
distante
–cuando no conflictiva– en la época del grand tour,
con la estandarización propiciada por los viajes organizados esto se agravó, ya
que el grupo guiado solamente visitaba aquellos lugares que la empresa
predeterminaba, durante un período de tiempo muy corto, en el cual obtenía
apenas informaciones superficiales (Turner & Ash 1991: 85). En la
actualidad, se observa que cuando el número de turistas crece, éstos dejan de
ser individuos para ser estereotipos (Nogués Pedregal 1996: 59).
El colmo de ese desinterés por el conocimiento del
otro puede ser detectado en la década de 1960 –auge del turismo de masas–
cuando era común oír a los turistas afirmando que los lugares serían más
bonitos “si no fuera por los habitantes locales” (Turner & Ash 1991: 210).
En aquella década también se podía detectar que la
población local no tenía interés en aproximarse a los turistas. Un ejemplo es
el caso de Bali, provincia de Indonesia caracterizada por una gran estabilidad
cultural, estructuras sociales hereditarias y un fuerte sistema religioso en
torno del cual gira la sociedad. Por cuestiones históricas, culturales y
religiosas, las mujeres “en general
Turismo y Cultura 69
evalúan a los europeos, en lo que al contacto
físico se refiere, con repulsa, porque los encuentran groseros, velludos y
malolientes” (Turner & Ash 1991: 236). La población en general, a su vez,
actúa como si los extranjeros no existieran, considerándolos “no seres, sujetos
invisibles, espectros” (Geertz apud Turner & Ash 1991: 241).
Las investigaciones relatadas por de Kadt (1979:
51-52 en resorts del Caribe (que clasifica como “instituciones totales” donde
el turista, “pasa [un promédio de] veintidós horas de su día”) también
demuestran el poco deseo que los turistas tienen de conocer a los habitantes de
las ciudades donde están los enclaves turísticos. Son comunes las respuestas
del tipo “me gustaría conocer siempre que no interfiera con mis vacaciones”, o
“ya sé todo sobre ellos, leí en el folleto”
Al no haber contactos concretos, no hay intercambio
cultural sino el refuerzo de prejuicios. Como afirma Krippendorf (2001: 87) en
el imaginario de los turistas de masa europeos, los “otros” son pobres, sucios
y perezosos, pero felices. Para los nativos, los turistas son ricos, no
precisan trabajar y su vida es una eterna sucesión de vacaciones.
Los estudios de las décadas de 1970 y 1980 fueron
realizados, preferentemente, en el Caribe, donde la historia de relación entre
población nativa y extranjeros está impregnada de la experiencia de la
esclavitud. Otros lugares donde se hicieron investigaciones fueron las islas
del Pacífico, como las Trobriand, donde la palabra que definía turistas era
sodiya que quería decir soldado, una vez que estos eran los únicos forasteros
que los habitantes del lugar conocían.
Constataciones como esta llevaron, entre otros, a
Van den Berghe (apud Crick 1992: 378) a afirmar que los vínculos entre turistas
y locales son una parodia de relación humana, a Boudhiba (apud Crick 1992: 380)
a afirmar que la hospitalidad no pasa de una técnica de ventas, y a Turner y
Ash (1991: 375-6) a escribir que
es una estafa describir los anfitriones como seres
universalmente amistosos cuando en verdad existen abundantes corrientes de
resentimiento que afloran en todo momento [...] Es una auténtica
70 Margarita
Barretto
inmoralidad difundir la idea de que, por ser
turista, alguien puede borrar siglos de desconfianza y aislamiento.
Un caso emblemático de la relación entre visitantes
y visitados lo presenta Evans-Pritchard (1989) con su relato de la relación
entre los indios Navajo y Pueblo, de Estados Unidos, con turistas de su propio
país. En el momento de la investigación, los turistas demostraban ignorar todo
sobre los indígenas y estos, a sabiendas de ello, se burlaban de los primeros,
mofándose de su ignorancia sobre la cultura indígena contemporánea, haciendo
chistes sobre ellos y hasta ridicularizándolos en algunas piezas artesanales
(que por otro lado “los blancos” compran felices). Es un caso ilustrativo de
las contradicciones fundamentales de la relación entre visitantes y visitados,
cuando los visitados están en diferentes niveles de acceso a tecnologías y a
otros estándares de la civilización occidental.
Los turistas esperan encontrar un ser “primitivo”,
“no contaminado por la civilización urbana”. Paradójicamente, los visitados,
cuanto más pobres, más depositan en el turismo sus expectativas de progreso, de
integración al proceso civilizador y a la economía de mercado. Los turistas
buscan un ser primitivo cuyo deseo es obtener el dinero de los turistas para
dejar de ser primitivo y aproximarse del modo de vida de los visitantes.
[...] visto desde adentro [de las comunidades] el
turismo representa modernidad y cambio- pero, desde el exterior, el objeto
turístico es visto como exótico, primitivo e inmutable (Lanfant, Allock y
Bruner 1995: ix).
Uno de los enfoques posibles para analizar la
relación entre visitantes y visitados es la teoría del colonialismo cultural.
Estudios realizados en las Antillas por Núñez y Pérez (apud Erisman 1983)
indican que la relación depende del medio de hospedaje elegido por los
turistas. La relación es nula con los turistas que limitan su presencia al
interior de un resort y que no entran en contacto con la población. Erisman
(1983: 354) cita el ejemplo de Puerto Rico, donde, en los suburbios de San
Juan, hay mucha influencia cultural de los turistas, mientras que en el oeste
no la hay. Varía en
Turismo y Cultura 71
función de la clase social de los habitantes
locales. La clase dirigente se relaciona de una forma, adoptando o intentando
imitar los hábitos de los turistas, sobre todo en lo que se refiere a
estándares de consumo, pues ello es sinónimo de movilidad social ascendente.
Pero en muchos lugares el colonialismo cultural no
se verifica. En Bali, por ejemplo los artistas y artesanos pasaron a exaltar
las formas tradicionales y a comercializarlas dentro de la racionalidad
capitalista, pero sin perder los significados y las cualidades que les eran
características (McKean 1989). En el caso de los souvenirs, los balineses
aceptan hacer artesanías adaptadas al gusto y al poder adquisitivo de los
turistas de masa. No obstante, la artesanía auténtica, producida para los
dioses, continúa intacta en su calidad. Los balineses supieron difundir su arte
y su artesanía, adaptándose a las reglas internacionales de mercado, sin dejar
de rendir culto a sus divinidades, de mantener sus lazos comunitarios y
respetar sus creencias. Exigen respeto por parte de los turistas, no
permitiendo, por ejemplo, que participen de ciertas ceremonias, como
cremaciones. A un tiempo, tratan a los turistas con respeto, intentando mostrar
cada vez mejor su cultura, ayudándose para ello de antropólogos, historiadores
y lingüistas. Como resultado, los turistas valorizan las presentaciones
culturales y la población joven refuerza su identidad.
Mientras el reino de lo sagrado autentifica y
legitima la artesanía, la danza y el teatro de Bali, estas creaciones
estéticas, al mismo tiempo, tienen el estímulo económico de los turistas. Esta
involución ilustra las características peculiares de la tradición clásica y de
la modernidad, que se combinan para fortalecer la productividad cultural
balinesa y su identidad (McKean 1989: 130).
Un caso bastante semejante fue observado por
Grünewald (2003) entre los indios Pataxó, del estado de Bahía, Brasil, quienes
afirmaron su identidad de “indios turísticos” frente a los visitantes,
relacionándose con ellos de forma profesional. Fabrican artesanías para
exportación, que no dejan de ser auténticas por adecuarse a ciertos gustos
europeos. Al mismo tiempo, preservan los espacios sagrados de su cultura
introduciendo la figura del “pajé para turistas”, con lo que
72 Margarita
Barretto
evitan que el curandero de la tribu _que es una
figura sagrada_ se transforme en atracción turística. Se observa un cierto
paralelismo con lo que sucede en Bali, donde algunas danzas son alteradas de
forma imperceptible para los turistas, de tal forma que el significado que las
mismas tienen para la comunidad y para los dioses no sea
contaminado con una presentación “profana”. En la
comunidad Amish , de Estados Unidos, se puede observar el mismo fenómeno. Dogan
(1989: 223) informa que allí se mantiene una distancia discreta con los
visitantes y no se estimula el intercambio cultural más próximo entre estos
últimos y los habitantes locales. Se ha construido una “zona de frente”, o un
escenario, usando los términos de MacCannel (1999) que funciona, según
Boissevain (1999: 13), como un “cordón sanitario” para proteger los quince mil
habitantes del condado de Lancaster de los cinco millones de visitantes anuales
que quieren ver su modo arcaico de vida. Los turistas se concentran en una
región comercial con seiscientas atracciones entre museos, negocios, fábricas
de pretzels, imitaciones de casas tradicionales y otros atractivos turísticos
destinados a mostrar la cultura preservando las personas. De esta forma, los
Amish han podido mantener la coherencia e integridad de sus principios
religiosos, sin conflicto, viendo el turismo apenas como un factor económico.
En Andalucía, España, las romerías destinadas a
homenajear a la Virgen del Rocío se dividieron en dos, una, realizada en
Pentecostés, que se transformó en un espectáculo turístico y otra, denominada
“El traslado”, que los peregrinos que se consideran de pura cepa reservan para
si. La estrategia consiste en no divulgar el evento, no aceptar dinero del
poder público para el mismo, y realizarlo en agosto, un mes de calor
insoportable que, según los peregrinos, permite “mantener alejados a los
turistas”. A esto se suma que, por el calor, la procesión se hace por la noche
y con la virgen tapada, lo que dificulta las fotos y, por ende, desestimula a
los turistas (Crain 1996: 50).
En otra región de España, en la pequeña ciudad de
Zahara de los Atunes, la asociación de vecinos creó una fiesta, la Castañá,
para permitir lo que las fiestas tradicionales ya no permiten, que es la
confraternización
entre los lugareños, pues las fiestas fueron
institucionalizadas por el poder público para consumo turístico
(Nogués-Pedregal 1996: 67).
Turismo y Cultura 73
En el pequeño pueblito de Mellieha, Malta, la
Fiesta de la Virgen tiene dos momentos, una procesión, en la que participan
turistas y otro, dentro da la iglesia, exclusivo para los habitantes locales
(Black 1999: 139).
Otro caso que se asemeja a los anteriores es el
estudiado por Giovannini Jr. (2001) en la ciudad histórica de Tiradentes, en el
estado de Minas Gerais (Brasil). La comunidad católica realiza varias
procesiones, lo que ha llevado a congregar a muchos turistas que participan
efectivamente en algunas, como por ejemplo, la del Señor Muerto, que se da
durante la semana santa. No sucede lo mismo con la procesión del Señor de los
Pasos, que se lleva a cabo dos semanas antes, de forma reservada, para la
comunidad. “Se hace con tanto silencio y misterio que nos sorprende en la
calle” dice el investigador. Los turistas pueden contemplar y hasta sacar
fotos, lo que enorgullece mucho a los nativos, pero tienen que mantenerse
apenas como espectadores (Giovannini 2001: 163).
Durante trabajo de campo en la ciudad de Pomerode,
Santa Catarina, Brasil, entre los años 1998 y 2002 esta investigadora oyó a los
jóvenes del lugar decir que estaban de acuerdo en participar de la Fiesta
Pomerana y vestirse para los turistas en el mes de enero, siempre que les
permitieran, después, tener “su” fiesta.
Las reacciones a la presencia de turistas pueden
ser distintas inclusive dentro de una misma cultura, si no homogénea, muy
similar. El caso de los esquimales, investigado por Smith (1989) es
emblemático. Dos comunidades vecinas, pero con historias diferentes, la de
Kotzebue y la de Nome, reaccionaran de manera bien diferente frente al turismo.
En Kotzebue, algunas personas se dedicaban a contar, interpretar y re-crear la
cultura esquimal para los turistas. Al mismo tiempo, las comunidades de
pescadores intentaban ocultarse de los visitantes construyendo inclusive vayas
de madera, para no ser observados por ellos mientras faenaban las ballenas. En
Nome, la comunidad prefirió seguir trabajando en otras industrias y
confeccionar souvenirs de marfil para los turistas, pero que son vendidos en
otros lugares. La idea es no tener contacto con los visitantes.
En las islas griegas también se pueden ver
diferentes reacciones al turismo. Skyros es un ejemplo de como todo
74 Margarita
Barretto
puede suceder de forma diferente en los procesos de
turistificación. Por un lado, los primeros viajeros interesados en la isla iban
en pos de la cultura y del patrimonio. Solo después de ser un destino de
turismo cultural se transformó en un destino de sol y playa. Por otro lado,
fueron los emprendedores locales quienes se interesaron por los negocios
turísticos y no las multinacionales. Finalmente, al contrario de lo sucedido en
otros lugares, donde la población se siente invadida por los turistas, las
mujeres de Skyros, debido al valor que dan al arreglo y la limpieza de sus
casas, sentían placer y orgullo en abrirlas para los turistas y permitir que
les sacaran fotos (Zarkia 1999).
La relación entre visitantes y visitados tiene que
ver, también, con el tipo de turistas. En el caso de los esquimales, aquellos
turistas que Smith (1989) llamó de elite o alternativos, que tenían alto poder
adquisitivo y/o que preferían abrir sus propios caminos, pudieron conocer mejor
las comunidades. Los turistas de masa, que viajaban dentro de su “burbuja
turística” (metáfora utilizada para definir el paquete turístico estructurado)
no tenían oportunidad para contactos más instructivos.
No tenían oportunidad de aprender mucho sobre la
vida de sus compatriotas, los americanos esquimales, sufriendo un etnocentrismo
miope evidente a menudo entre los individuos de países industrializados cuando
visitan los llamados pueblos primitivos (Smith 1989: 82).
Un estudio semejante al anterior fue hecho por Peck
y Lepie (1989) en el estado de North Carolina, Estados Unidos. En tres pequeñas
comunidades verificaron diferentes formas de relación entre visitantes y
visitados. La primera comunidad estudiada, Oriental, recibía turistas,
veraneantes y jubilados que pasaban a residir en el lugar. Todos ellos fueron
siendo integrados a la comunidad en las diferentes organizaciones civiles, como
el Rotary Club. Ya en la comunidad vecina de Bath, una sociedad tradicional basada
en relaciones de parentesco, se estimulaba a los turistas a permanecer
solamente dos o tres horas en el lugar. Hay dos casas históricas, separadas por
docientos metros y se llegaba al colmo de aconsejar a los turistas que fueran
en auto para no favorecer el encuentro con los locales. En la tercera
Turismo y Cultura 75
comunidad Harkers Island, el conflicto por la
ocupación del espacio entre turistas y residentes llegó a precisar de la
intervención policial, cuando algunos turistas amenazaron con disparar armas de
fuego contra los niños que entraran a jugar a los patios de las casas de
veraneo, cosa que habían hecho siempre sin problemas (Peck y Lepie 1989: 214).
Otro caso interesante de como las comunidades se
relacionan es el del grupo étnico Kuna, de Panamá, que ha conseguido mantener
el turismo bajo control local, gracias, entre otras cosas, a una cohesión
social muy fuerte, que los diferencia del resto del contexto latino americano
contemporáneo . La actividad turística se da dentro de límites territoriales y
temporales. En la época de la investigación solamente algunas comunidades Kuna
tenían contacto directo con los turistas y sus miembros separaban muy bien el
tiempo que dedicaban a los visitantes de su tiempo para actividades personales.
Los Kuna reciben bien a los visitantes, pero hay
cosas que hacer, preparar la comida, dar de comer a los niños, por lo tanto,
así como se sienten felices cuando [los visitantes] llegan, están felices
cuando los ven partir (Swain 1989: 90).
Situación semejante a esta encontró Urbanowicz,
(1989:
113) en
la isla de Tonga, Polinesia, donde los habitantes estaban “extremadamente
felices cuando los navíos atracan con miles de pasajeros [...] que inyectan
miles de dólares en la economía durante ocho horas [y] están más felices
todavía cuando los buques zarpan al atardecer”.
Esto sucede, por un lado, porque la relación entre
visitantes y visitados es, entre otras cosas, una relación de competición por
productos escasos. En el reino de Tonga, gran parte de los alimentos precisa
ser importada, en parte para consumo local pero en gran parte para los
turistas, ocasionando un aumento en los precios, lo que se torna un grave
problema (Urbanowicz 1989: 111). Por otra parte, esta isla fue divulgada por
los promotores turísticos como un lugar donde los visitantes pueden ver la
“vida auténtica”, andar por las calles, observar y sacar fotos del cotidiano de
la población; mientras, los habitantes de Tonga “no toleran más ser vistos como
parte de un zoológico cultural” (Urbanowicz 1989: 113).
76 Margarita
Barretto
Esta analogía también fue utilizada por Krippendorf
(2001: 86) para definir lo que él observó en la mayor parte de los viajes de
los europeos para países del Tercer Mundo. Dice el autor que “lo que debería
ser un encuentro, sucumbe al síndrome del zoológico [en el cual] el autóctono
se transforma en espectáculo y tema de fotografías”.
Diez años más tarde, los pescadores noruegos
entrevistados por Puijk (1996: 222) también se sentían como “animales exóticos”
siendo fotografiados.
Los bosquimanos, nativos del desierto de Kalahari,
Botswana declararon a los investigadores que no les parece bien “que los traten
como animales en un circo” (Hitchcock 1997: 98). Ellos no solo se han sentido
parte de un zoológico humano sino que han sido en algunos casos tratados como
animales salvajes . Un nativo contó a Hitchcock que una vez fue obligado por la
operadora turística que lo contrató a correr delante de un jeep que llevaba
cazadores siguiendo un animal, y que su miedo era que los cazadores le pegaran
un tiro porque estaban todos alcoholizados (1997: 100).
Casos de hostilidad abierta contra turistas y de
agresión física no han sido registrados con frecuencia en la literatura
científica. Van der Berghe (1994: 124) y Evans -Pritchard (1988: 97 apud
Boissevain 1999: 20) relatan, respecti-vamente, un caso en que un turista fue
apedreado hasta la muerte en México porque estaba sacando fotografías de una
ceremonia religiosa, y otro en que un Navajo perforó a tiros los neumáticos del
auto de un turista que sacó fotos no autorizadas de su familia comiendo. Casos de
conflicto requiriendo inclusive intervención de la policía fueron comunes en la
década de 1990 en la ciudad de Florianópolis, Brasil, cuando hubo una gran
demanda de turismo de sol y playa por parte de turistas de masa provenientes de
Argentina . Schmeil (2002) pudo detectar que había xenofobia por parte de los
nativos y desprecio por parte de los turistas que venían en busca de un
estereotipo de país tropical y mujeres fáciles, vendido por las agencias de
turismo. Detectó también que la comunidad de comerciantes del barrio estudiado
daba más atención para los turistas argentinos, porque pagaban en dólares,
despreciando a los consumidores locales. También detectó que todos los
entrevistados, de alguna forma, intentaban explotar a los turistas cobrando
precios abusivos.
Turismo y Cultura 77
En el sur de esa misma isla, Oliveira (2003)
estudió las representaciones sociales que la población residente tenía sobre
los turistas y encontró que, a pesar de que las personas reconocen los
beneficios económicos de la presencia de visitantes, así como el estímulo a la
preservación ambiental provocado por el turismo, hay cierta hostilidad. Ésta se
puede observar en los paredones pintados con la frase “fuera haule” siendo
haule la palabra utilizada por los surfistas nativos para designar a los
forasteros.
Algo semejante en materia de manifestaciones
escritas fue observado por Boyd (2002: 227) en la ciudad de St Jacobs, Ontario,
donde vive una importante comunidad menonita. Un tren traía visitantes dos
veces por día y, en los patios de las casas, los habitantes colocaron
ostensivos carteles diciendo “no al tren”.
En Botswana ha habido casos en que los nativos
reciben a los turistas con carteles diciendo “no los queremos” o si no, se
esconden cuando los ven aproximarse (Hitchcock 1997: 103).
Las manifestaciones abiertas o disimuladas de
hostilidad contra el turismo de masas no son nuevas . La discusión sobre estos
problemas en foros internacionales llevó, en la década de 1980, a que la
Coalición Ecuménica del Turismo del Tercer Mundo–ECTWT propusiera un nuevo
orden turístico, tratando de implementar otros modelos posibles diferentes del
turismo de masa internacional, que agruparon como “turismo alternativo”
(Lanfant y Graburn 1992: 90-91). Este tipo de turismo, que fue catalogado
epistemológicamente dentro de la plataforma de conciliación de Jafari (2001),
tampoco ha tenido los resultados esperados en lo que se refiere a comunicación
y relación entre visitantes y visitados, por varias razones. Una de ellas, es
que sigue la lógica del desarrollo internacional que presupone que el turismo
es un producto de exportación y, la otra, que sigue utilizando de forma
instrumental a la población local, no apenas como mano de obra barata, sino
también como atractivo (Lanfant y Graburn 1992: 112).
Surgieron algunas propuestas para la integración de
los turistas con la población local, algo que se podría llamar turismo de
convivir. En lugares como Tonga, los tours dentro de vehículos climatizados
dieron lugar a recorridos a pie para
78 Margarita
Barretto
que los turistas tuvieran contacto directo con la
población, pudieran conversar, entrar a sus casas.
No obstante, los casos analizados muestran que se
trata de una “seudo” convivencia; lo que cambia es la distancia de la que el
visitante observa al visitado, quien continúa siendo, a los ojos del primero,
algo exótico que despierta su curiosidad, y al que muchas veces, no se respeta
en su intimidad ni en sus valores.
Casos de turistas observando a las personas en sus
jardines o entrando en las casas de familia sin ser invitados y hasta abriendo
los armarios de la cocina para ver lo que hay dentro, han sido registrados
(Droog 1991 apud Boissevain 1996: 8) . Esto ha llevado a que las personas
adquirieran hábitos que no tenían antes, como cerrar las puertas de entrada o
levantar paredones en los patios tal como hicieron los esquimales cuando los
turistas empezaron a tirar al suelo el mutum la carne de ballena que estaba secándose
al sol (Smith 1989:63).
Decir que formas alternativas al modelo de resort
promueven el intercambio es presuponer que el turismo se da entre iguales, cosa
que, en la actualidad, antropólogos y sociólogos están de acuerdo en que no es
así. Dann (1992) demuestra, con un estudio de más de quinientos casos en
Barbados (Caribe) las diferentes reacciones de los turistas cuando se los
invitaba a visitar los hogares de la población local. Relata que los turistas
visitan las residencias de los nativos por curiosidad, para ver como estos viven,
lo que recuerda las observaciones hechas a Urbanowicz por aquellos que se
sienten un zoológico humano.
Un estudio realizado en Zihuatanejo, México,
destino de excursionistas de cruceros marítimos demuestra que a pesar de todo
el discurso de la necesidad de integración entre visitantes y visitados los
primeros no se aventuran más allá de un radio de 200 metros alrededor del
puerto, por temor a perderse, a no entender el idioma o a la violencia, temor
este último reforzado por la presencia ostensiva de la policía turística
(Jaakson 2004: 57).
Aun entre europeos, la integración se ve
dificultada por la distancia social y por las circunstancias. Puijk (1996: 223)
observó en un pueblo de pescadores de Noruega que a veces alguien de un grupo
de turistas paraba para hablar con un
Turismo y Cultura 79
pescador, pero después lo dejaba hablando solo
mientras seguía comentando otras cosas con el grupo. El interés no pasaba de
una curiosidad momentánea fácilmente superada por el (des) interés del grupo.
En otra isla de Indonesia, Sulawesi, los funerales
fueron divulgados por el propio Estado como atractivo turístico y los turistas
pasaron a integrarse en los rituales, sobre todo por su riqueza estética. El
problema que se presentó fue que, de acuerdo con la tradición local, la
comunidad tiene el deber sagrado de ofrendar casa y comida abundante a toda
persona que participe de un funeral. Estas comunidades solo comían carne
durante estos funerales en que se consumían animales destinados al sacrificio
ritual. A partir del momento en que tuvieron que dividir su fuente de proteínas
con los turistas, estos se transformaron en un peso para los nativos:
alimentar una creciente cantidad de turistas
“invitados” porque el gobierno quiere estimular el turismo pasó a ser una carga
muy pesada para los campesinos (Crystal 1989: 149).
Este caso, que puede ser resumido dentro del modelo
de competición por recursos escasos no llevó a conflictos, pero sí a que
hubiera perdedores. La comunidad no podía cobrar por la presencia de turistas
por cuestiones rituales y los operadores turísticos de vez en cuando les
regalaban un cerdo. Los turistas, por su parte, les daban caramelos a los niños
que fueron, de a poco, transformándose en mendigos (Crystal 1989: 166), en una
relación totalmente asimétrica a pesar del intento oficial por integrar a los
turistas en experiencias auténticas locales. Es un caso emblemático en que la
cultura de una comunidad es objeto de consumo dentro de un paquete turístico,
sin que los portadores de esa cultura tengan ningún beneficio a cambio de ese
consumo, beneficio que va para el gobierno y los operadores privados que no les
dan nada a cambio, a no ser un cerdo de vez en cuando.
Los bosquimanos en Botswana sufren períodos de
sequías con la consiguiente escasez de otros alimentos, y muchas veces se ven
obligados a alimentar, gratuitamente, a turistas ricos que se aventuran por la
región de Kalahari sin provisiones suficientes. Al mismo tiempo, el gobierno
les impide cazar animales que siempre cazaron para su subsistencia, con el
argumento de que se debe preservar la
80 Margarita
Barretto
fauna para deleite de los turistas. Estos, no
obstante, pueden cazar en safaris. Para estos nativos, el turismo ha
significado tener que soportar las insolencias de los turistas y ser expropiado
de su tierra a cambio de bajos salarios y empleos temporales, para una ínfima
parte de la población (Hitchcock 1997).
En la actualidad el turismo rural parece ser la
forma más común de turismo de convivir, pues los turistas son huéspedes dentro
de la casa de los propietarios rurales y conviven con su familia
cotidianamente. Los resultados de este tipo de propuesta están siendo diversos,
de acuerdo a la cultura de los huéspedes y de los dueños de casa. Hay personas
que están felices por tener huéspedes permanentemente en casa, pero se quejan
de estar perdiendo espacio para su intimidad familiar, o de no tener más tiempo
para recibir amigos y parientes, de tener que estar siempre “de guardia” para
atender los turistas (Costa-Beber 2004).
En España, por ejemplo, Agustín Santana11 relata
que, de a poco, la oferta de alojamientos dentro de casa de los campesinos va
cediendo lugar a la construcción de alojamientos separados. Debido a las
implicaciones de tener permanentemente extraños dentro de casa, la propiedad
rural que se había transformado en hotel vuelve a la esfera privada de la
familia, y los huéspedes se alojan en algo más parecido a un hotel tradicional,
sin perjuicio de continuar participando de las actividades del día a día rural.
Estudios realizados con mochileros desmitifican las
afirmaciones de que el turismo que no obedece al formato masivo ofrece mayor
posibilidad de integración. La investigación de Maoz (2006) con mochileros de
clase media en la India, revela que los habitantes locales, a sabiendas de que
estos turistas buscan ávidamente muestras de autenticidad, se aprovechan de su
ingenuidad y los manipulan presentando una autenticidad teatralizada,
inventada. Se establece una “mirada mutua” en la que
[el habitante local] actúa en función de la mirada
del turista mientras que este último actúa de acuerdo a la mirada local y a lo
que los locales _que lo explotan_ esperan de él (Maos,2006: 225).
11 P e r so n
a l c o m m u n i c a t i o n
Turismo y Cultura 81
Los turistas que visitan a los bosquimanos en el
desierto de Kalahari, por definición serían no institucionalizados, o
exploradores, ya que se aventuran por lugares donde las masas no circulan. No
obstante su mirada hacia la población local no es la de quien quiere
integrarse. La mayoría de los turistas trata los nativos con desprecio,
invadiendo su privacidad como quien visita una exposición, exigiéndoles
atenciones y servicios que se niegan a remunerar y humillándolos de varias
formas . Una de ellas es la de reclamar que no viven de acuerdo al imaginario
que traían de ellos, hasta el punto de pedir reembolso del viaje; otra es la de
pedirles que se saquen la ropa occidental para sacarse fotos (Hitchcock 1997).
Un relevamiento hecho por Haley, Snaith y Miller
(2005:
649) sobre
los estudios realizados en los últimos 25 años parece indicar que hay una
relación entre la mayor concentración de turistas y una actitud negativa de la
población local hacia los mismos, por causa del barullo, la basura y otros
factores, como el alza de precios. No sería apenas una cuestión de tiempo de
exposición al turismo como pensaba Doxey, sino de densidad y de distancia
social, como sugiere Robinson (ver paginas 53 y 54). También tiene que ver la
distancia a la que las personas viven del lugar donde los turistas se
concentran, y el tiempo de residencia en el local. En varias investigaciones se
observa que los que mejor aceptan a los turistas son los miembroe de los
sectores más necesitados desde el punto de vista económico quienes piensan que
se pueden beneficiar con el dinero del turismo. Pero no es algo absoluto y
generalizado por lo tanto no se puede llegar a conclusiones inclusive porque
las (pocas) investigaciones hechas al respecto tienen técnicas diferentes y se
han encontrado tanto aquellos que aman como aquellos que odian al turismo
(Haley, Snaith y Miller 2005: 650).
En la actualidad, se puede decir que la relación
entre visitantes y visitados varía dentro de un amplio espectro, desde
situaciones de contacto cero hasta situaciones de intimidad dentro de la casa o
la aldea, desde situaciones de simpatía y creación de lazos de amistad hasta
situaciones de hostilidad.
También está muy claro para muchos investigadores
que cuando Valene Smith habla de anfitriones e invitados en su obra seminal
para el entendimiento de las relaciones
82 Margarita
Barretto
interpersonales y sociales en el turismo, lo hace
en sentido figurado y que esa dicotomía no constituye un paradigma que refleje
la realidad de las relaciones que se establecen entre visitantes y visitados.
Hay que incluir las categorías intermedias sugeridas por Crick (192), Urry
(1993) y Selwyn (1996) entre otros, tales como observadores, negociadores y
mediadores (McNaughton 2006: 647).
A partir del siglo XIX, en que los servicios
turísticos se profesionalizaron, los habitantes de los núcleos receptores no se
portan como anfitriones; al mismo tiempo, los turistas raramente son invitados,
aunque sean estimulados a visitar el lugar por planes oficiales del lugar.
Desde el punto de vista social y cultural siempre
serán forasteros y su relación con la población local siempre estará
influenciada por ello. Además de que la relación es, en la mayor parte de los
lugares turísticos, asimétrica.
En los países desarrollados, los servicios
turísticos son prestados por inmigrantes legales o ilegales provenientes de
países subdesarrollados, o con menor índice de desarrollo. Actualmente, en
Europa, el personal de limpieza de los hoteles proviene del norte de África o
de América del Sur. En Nueva York es difícil encontrar un taxista que hable
inglés, son latinos, hindúes, árabes. Como bien hace notar Urry (1993: 142), la
propaganda de turismo en Europa muestra siempre turistas blancos y prestadores
de servicios “no blancos”, lo cual no deja de ser una descripción bastante
aproximada de la realidad.
Por otro lado, en sentido estricto, para un
segmento de la población receptora, el turismo es un negocio, conducido por la
lógica de la sociedad capitalista, que obliga a la productividad y busca la
lucratividad. Debe ser por eso que las pocas investigaciones al respecto
revelan que los habitantes de un lugar que se benefician directamente del
turismo, porque tienen negocios en este ramo de actividad, no están interesados
necesariamente en la persona del turista, sino en el dinero que este trae.
Los turistas pasan a ser una especie de “mal
necesario”. Mal, porque su presencia molesta (competición por el espacio, por
recursos escasos, ostentación de riqueza, etc.). Necesario porque su dinero
hace falta.
Turismo y Cultura 83
Los turistas, a su vez, ven en el habitante local
apenas un instrumento para sus fines, alguien que presta un servicio que
precisan pero al cual quisieran poder desenchufar cuando no lo precisan más.
La gran paradoja del turismo es que pone en
contacto directo y próximo a personas que no se ven a sí mismas como personas
sino como entidades portadoras de algo que el otro necesita. El primero es un
consumidor, el segundo, parte de lo consumido.
Lo que se observa en esta relación es la tendencia
creciente de que los contactos sean cada vez más profesionales, a medida que,
los servicios turísticos se califican para atender un público más calificado
que demanda atención especializada.
Al mismo tiempo, surgen nuevas cuestiones que no
han sido investigadas. Algunos estudios demuestran que gran parte de las
corrientes turísticas actualmente está constituida por inmigrantes que viajan a
sus países de origen para visitar sus parientes. Es el único momento en que los
grupos étnicos de piel oscura no están sirviendo a los turistas sino utilizándo
los servicios que, a veces, ellos mismos suelen prestar. ¿Son ellos turistas en
su propio país? ¿Cómo se relacionan con los prestadores de servicio que,
durante el resto del año, son sus pares?
Estos inmigrantes-turistas están en un espacio de
hibridismo donde son, al mismo tiempo, huéspedes, anfitriones, mediadores y
negociadores de las culturas en que transitan, lo que está contribuyendo al
cambio de paradigmas actualmente en curso.
Capítulo IV
Turismo Cultural. Identidad, Autenticidad y
Tradición
Tipos de turistas
Como se ha dicho anteriormente, muchos turistas
buscan el reencuentro con el pasado, lo que parecería ser una respuesta al
proceso de internacionalización de la cultura, que se ha acelerado a partir de
la segunda mitad del siglo XX, y que ha traído aparejada la resignificación de
algunos conceptos y valores. Uno de ellos, es el concepto de identidad, aquel
concepto por el cual siempre las personas buscaron saber quienes son, buscaron
la seguridad de la pertenencia.
Encontrar o mantener algún tipo de identidad,
encontrar las raíces, aparece, en este momento histórico, como una necesidad
generalizada y se manifiesta en diferentes formas, desde guerras étnicas a la
creación de grupos de danzas folclóricas.
Partiendo de una perspectiva histórica, se puede
ver que la identidad fue vista de diferentes formas en diferentes períodos.
En épocas pretéritas, antes de la constitución de
los estados nacionales o en sociedades que aún no están incorporadas en el
proceso de la (llamada) civilización occidental, la cuestión de la identidad
está bastante clara. Las personas pertenecían a un clan, o a una tribu, o a la
clase de los siervos, o a una casta y creían que esto era un designio divino.
La persona nacía, vivía y moría teniendo la seguridad de cual era el grupo al
que pertenecía. Corresponde a esta situación la visión de la identidad como
algo esencial y fijo, una característica humana inmutable.
Era la época del llamado “sujeto del iluminismo”
(Hall 2001: 10-11) al se le atribuía una identidad fija. Nacía en una
determinada posición social (príncipe o plebeyo, por ejemplo) y moría en esta
posición . Al mismo tiempo se suponía que tenía un núcleo, algo así como una
“esencia”, que permanecía inmutable durante todas las etapas de su vida. El
sujeto se definía por su “mismicie” (Locke apud Hall 2001: 28).
86 Margarita
Barretto
En la modernidad, la identidad pasa a ser más
flexible, sujeta a cambios e innovaciones y depende en gran parte de la
relación con los otros. La identidad se manifiesta en la pertenencia a
determinados grupos: religiosos, políticos o a papeles sociales, como ser madre
o profesor. Las personas pasan a sentir que la identidad es una construcción
social.
Es la época del llamado “sujeto sociológico”, que
construiría su identidad (también inmutable durante toda la vida) de forma
interactiva con el medio, cambiando en función de condicionantes externas. La
identidad pasaba, en este concepto, a ser un mediador entre el interior del
sujeto y el mundo externo. Los aportes de la teoría psicoanalítica de Freud,
que dice que el sujeto se construye en relación a sus mayores, y de las teorías
marxistas que entienden que el sujeto se construye a partir de su historia, fueron
definitivas para esta nueva concepción (Hall 2001).
Finalmente, se llega al concepto de “sujeto post
moderno”, que no tiene una esencia unificada y estable, sino que es alguien que
tiene varias identidades, algunas de ellas contradictorias, identidades
múltiples que coexisten y se manifiestan en función de diversos factores,
externos o internos a él mismo. Es parte integrante de una sociedad que vive un
proceso de fragmentación en gran medida determinado; no tiene ni comportamiento
ni posturas siempre iguales a lo largo de su vida ni en todas las circunstancias
y está moldado por su historia y por su inconciente. La matriz contemporánea es
la de un sujeto que reacciona y se comporta de manera diferente en
circunstancias y grupos diferentes. Para algunos teóricos, inclusive, la
identidad está desapareciendo, disolviéndose en una sociedad de masas
mediatizada, racionalizada y burocratizada (Kellner 1992: 141-143).
El paradigma de la actualidad es que no hay
identidades fijas sino procesos de identificación. Estos son, para Castells
(2000) procesos de construcción de significado que tienen como base un conjunto
de atributos inter- relacionados. Siempre incompletos, constituyen una búsqueda
permanente, o, en las palabras de Bauman (2005: 91), una experimen-tación sin
fin.
De acuerdo con el concepto contemporáneo de
identidad, ésta es móvil, se forma y se transforma de acuerdo a
Turismo y Cultura 87
condicionantes biológicas, geográficas, e
históricas, como la memoria colectiva.
Internamente, los sujetos tienen varias identidades
que a veces entran en conflicto y, externamente, hay una multiplicidad de
identidades con las que cada persona se identifica en función de las
circunstancias. Hay identidad de clase, étnica, política, profesional, sexual
(Hall 2001) . Esto no quiere decir que la identidad se defina por el humor con
el que las personas se levantan a la mañana, ni que se justifiquen patologías
sociales o hipocresía bajo el rótulo de identidades cambiantes. No obstante, en
la actualidad, al contrario de lo que pasaba en siglos anteriores, una persona
que tenga una identidad fija pasa a ser vista como inflexible o como fracasada
(Bauman 2005: 60). Lo más común es que las identidades sean transitorias y
descartadas (Bauman 2005: 88).
Usando el concepto de difference12 de Derrida como
soporte teórico, Hall afirma que hay dos tipos de identidad, aquella del ser,
que da un sentido de unidad y comunidad y la identidad del devenir, que es un
proceso de identificación que muestra la discontinuidad en la formación de
nuestra identidad.
Otra forma de explicar la multiplicidad de
identidades la intentó Baudrillard (1987) con su concepto del sujeto fractal.
Inspirado en la teoría de los fractales de las ciencias exactas, el filósofo
francés sugiere que “el sujeto contemporáneo”13 está dividido en múltiples
partículas idénticas que contienen, cada una, al sujeto completo. En cada
ocasión predomina un fragmento sobre los otros, dándonos una personalidad
diferente, en el sentido etimológico de la palabra.
Se da una multiplicación de personas (del griego,
persona = máscara) cuya riqueza de facetas lleva a la idea de fractalidad
(Baudrillard 1987).
La fractalidad a la que alude Baudrillard tendría
su equivalente en lo que Bauman llama fragmentación del
12 Proceso de
constr ucción de la identi dad a tr avés de la diferen ciación del o tro y de
la producción de “efectos de frontera” (H all 1996) .
13 Y aquí entr
e comillas por que la autor a no entiende que exista un sujeto singular .
88 Margarita
Barretto
individuo contemporáneo. Pero, a diferencia de
Baudrillard, Bauman atribuye gran importancia al medio en esta fragmentación, a
la que ve estrechamente relacionada con la fragmentación de los conflictos
sociales y la minimización del papel de la clase social como factor de
identificación (Bauman 2005: 42) . También recuerda Bauman que mientras algunas
personas pueden elegir sus identidades, otras reciben identidades por
imposición social, a través de rótulos, estigmas y estereotipos contra los
cuales no pueden muchas veces luchar (Bauman 2005: 45).
Otros autores como Castells (2000: 23) hacen una
diferenciación entre identidades y papeles sociales, reservando el concepto de
identidad para los procesos más relacionados con ideales y los papeles sociales
con la acción. En ese caso, la afiliación política o religiosa pueden ser
marcas de identidad, mientras que ser madre o profesora son papeles sociales.
Lo que importa es que hoy se entiende que ni el
individuo ni la sociedad tienen un núcleo esencial e inmutable que otorgue al
individuo una identidad fija durante toda su vida. La identidad pasó a ser
entendida como algo social y no esencial.
Los medios de comunicación, la posibilidad de
traslados, la literatura, los deportes, todo contribuye para que cada vez el
individuo esté más integrado en el mundo, y sienta que pertenece a comunidades
desterritorializadas, imaginadas, cuyos miembros inclusive no se conocen, pero
comparten referencias importantes en común: una misma historia, una misma
tradición. De allí el surgimiento, en esta sociedad masificada, de las tribus
urbanas, comunidades imaginadas que se reúnen alrededor de símbolos, tales como
marcas de ropa, de conjuntos musicales, de ideales como la protección al medio
ambiente o de la más paradigmática de las comunidades: internet.
Los estudios de consumo cultural en diversos países
muestran que, en la nuevas generaciones, las identidades son menos organizadas
por los símbolos de la historia patria que por estas comunidades.
Resumiendo, la identidad entonces ya no se define
ni por cuna, ni por nacionalidad, ni por clase sino más bien por la pertenencia
a lo que Maffesoli (1998) llamó de "tribus" y
Turismo y Cultura 89
Anderson (1991) de comunidades imaginadas y que hoy
se ha popularizado bajo el nombre de comunidades virtuales.
Y ya no está muy claro si es la identidad de los
individuos que forma la comunidad o si es esta última que hace que los
individuos adopten determinado perfil.
Para Bhabha (2002: 66), la identificación no es la
afirmación de una identidad sino la producción de una imagen de identidad, lo
que implica en la transformación del sujeto en función de los otros.
La realidad que nos rodea actualmente es mucho más
amplia que la que rodeaba a nuestros antepasados, para quienes el límite del
mundo era el horizonte de su aldea. Canetti (1990: 73-74) observó que a medida
que transcurría el siglo XX, la realidad se ha ido haciendo creciente y más
exacta
hay aquí muchas cosas más, no solo
cuantitativamente [...] sino también en el aspecto cualitativo [...] Lo viejo,
lo nuevo y lo otro fluyen de todos lados.
Las tecnologías de la información y de la
comunicación han posibilitado colocar el acontecer del mundo dentro de casa
segundo a segundo, así como conocer los estándares culturales de todo el mundo
e imitarlos, si así se quisiera.
Todo esto ha llevado a una padronización de gustos,
actitudes, valores y expresiones que, por un lado, facilita la dominación
económica y cultural y, por otro, deja los lugares sin su “color local”,
llevando a que los individuos, en determinado momento, se pregunten “al final
¿quién soy? ¿de donde vengo? ¿cuales son mis raíces? ¿cual es mi historia?
El actual y violento resurgimiento de los
fundamentalismos parece demostrar que mantener alguna identidad, étnica, local,
regional, religiosa, ideológica, artística, parece ser esencial para que las
personas se sientan seguras, unidas a sus antepasados o a sus semejantes por
lazos extemporáneos y que trasciendan el espacio geográfico, a costumbres y
hábitos que le den seguridad, que les informan quienes son y de donde vienen .
En fin, para que las personas no se pierdan en el torbellino de informaciones,
90 Margarita
Barretto
cambios repentinos y cantidad de estímulos que
ofrece el mundo actual.
En este escenario en el que los individuos, en las
sociedades contemporáneas, buscan ávidamente alguna identidad “en la fiebre y
en la angustia” (Le Goff 1990: 476) en algunos casos de forma sangrienta, el
papel del turismo ha sido controvertido.
Como ya fue visto, a pesar de que siempre existe en
algunos círculos el temor de que este fenómeno de masas perjudique la
integridad del patrimonio, el turismo, que tiene como principal atractivo la
oferta cultural histórica, ha contribuido a mantener edificios, barrios y hasta
ciudades. La preservación, conservación y recuperación del patrimonio histórico
en sentido amplio, hace parte de un proceso de más envergadura que es la
conservación y recuperación de la memoria. Y la memoria es lo que permite que
los pueblos mantengan su identidad.
Se puede decir del legado cultural lo mismo que
Georg Simmel dijo sobre las ruinas: son la forma presente del pasado (Simmel
1919). Y en ello reside el encanto de estas, así como de las antigüedades.
La continuidad y la contigüidad con el pasado dan
seguridad, permiten trazar una línea en la que nuestro presente se encaja,
permite que sepamos más o menos quienes somos, de donde vinimos.
En otras palabras, el patrimonio pasó a ser visto
como nuestra garantía de identidad
porque atando su presente a su pasado, toda
sociedad está tratando de evitar ser tragadas por un Gran Todo Universal
(Lanfant, Allock y Bruner 1995: 40).
Y esto vale tanto para los turistas como para la
población local. Los primeros, porque buscan encontrarse con “lo diferente” y
la población local porque busca diferenciarse del forastero.
Como se verá en los capítulos siguientes, museos y
barrios revitalizados, en muchas partes del mundo, que realizan
teatralizaciones del pasado, se constituyen en atractivos turísticos. Estas
teatralizaciones muchas veces
Turismo y Cultura 91
están descaracterizadas por la trivialización de
rituales, o presentan una visión congelada en el tiempo; por eso han recibido
muchas críticas de la comunidad científica . No obstante, de alguna forma,
aunque sea imperfecta, este proceso ha contribuido a la conservación y hasta
recuperación de identidades locales, amenazadas en todas partes del mundo por
el avance de una cultura hegemónica que ha intentado imponerse durante las
últimas cinco décadas, en todas las formas de consumo.
Del lado de los visitados, todo parece indicar que,
al contrario de lo que se temía en la década de 1980, las identidades locales
no están sucumbiendo a la invasión de la cultura de los turistas sino que, en
muchos lugares, se han reforzado, aunque más no sea por intereses económicos.
De acuerdo con la teoría social de la identidad, el
proceso de identificación social está precedido de la categorización social y
la comparación. También de acuerdo con esta teoría, hay dos razones por las
cuales los individuos se identifican con un grupo, o porque ese grupo puede
darles estatus o porque son tan desfavorecidos socialmente que la
identificación con el grupo puede darles fuerza. Para los individuos lo
importante es destacarse, o como personas o como miembros de un grupo . Van
Rekom y Go (2006) realizaron un estudio en dos grupos sociales totalmente
heterogéneos, uno en Holanda y otro en Ecuador, en continentes diferentes;
verificaron que, cuando estos grupos vieron que sus tradiciones eran
valorizadas por los turistas, pasaron a asumir su identidad nativa. Sin negar
el componente económico de esta identificación, el resultado fue el
fortalecimiento de las identidades nativas, en uno y otro caso.
Como ya se dijo, las corrientes turísticas parten,
en su mayoría, de los doce países más ricos del mundo, con personas que quieren
ver algo de su “paraíso perdido”, o sea, algo de las formas de vida de una
sociedad que no ha llegado a la post modernidad (y a veces ni siquiera a la
modernidad. Así, parece necesario –para el biein de los negocios turísticos–
que determinadas comunidades de países sub desarrollados y consecuentemente
menos ricos, mantengan características tradicionales o pretéritas bajo el rótulo
de “autenticidad local”.
92 Margarita
Barretto
Desde 1961 en que Boorstin (1987) colocó al turismo
dentro de las varias “pseudo imágenes” que se presentaban en la época para
consumo del público estadounidense, se ha instalado una polémica que continúa
hasta hoy, tanto dentro de la antropología como de la sociología, con
resultados diversos en función del tipo de turistas observado. Boorstin (1987:
106), sostenía que los turistas raramente querían un auténtico producto de la
cultura visitada, la cual, por otra parte, generalmente, les resultaba ininteligible;
que se contentaban con los “pseudo- acontecimientos” preparados para ellos por
los agentes turísticos (1987: 102). Para Boorstin la experiencia turística del
período post guerra era homogeneizada, artificial, sin riesgos. El historiador
fue rebatido por MacCannel, que afirmó que ninguna de sus investigaciones
corroboran la afirmación de Boorstin, de que los
turistas quieren experiencias superficiales. Al contrario, los turistas
demandan autenticidad (MacCannel 1999: 104).
Él afirmaba que los turistas (si bien no todos)
querían ver la vida “como era vivida” pero no conseguían hacerlo (MacCannel
1999: 94).
Ambos estaban de acuerdo sobre lo que los turistas
(de masa) obtenían; solo discrepaban en lo que los turistas querían obtener.
MacCannel (1999: 95) utilizó los conceptos de Erwin
Goffman de front y back regions, palco y bastidores, para elaborar su teoría
del escenario (stage setting), región intermedia, de seis niveles, entre palco
y bastidores, donde se procede a la puesta en escena de los hechos. Del mismo
modo, en la actualidad se abren los ensayos de orquesta para el público, en una
región intermedia entre palco y bastidores, se abren las cocinas al público y
se realizan otro tipo de representaciones para los turistas, de una forma, a
veces, hiperreal. El contacto con los acontecimientos reales, decía él, está
reservado a una élite intelectual (MacCannnel 1999: 105).
Las discusiones sobre autenticidad llegaron al
punto de que se propone una distinción entre autenticidad “fría y objetiva” y
autenticidad subjetiva y existencial (Selwyn apud
Turismo y Cultura 93
Cohen 2002: 271), siendo la primera una especie de
autenticidad creada y la otra una autenticidad auténtica.
También fue propuesta una tipología de las
realidades turísticas, en función de la mayor o menor autenticidad de la
experiencia turística, que comprende el verdadero turista, el turista de
segunda orden, el turista ansioso, el antropológico y el espiritual (Redfoot
1984).
La nómina de autores que han discutido este aspecto
sería relativamente extensa, por lo tanto serán citados algunos nombres que han
adquirido gran relevancia en el escenario internacional, como Nelson Graburn,
Davydd Greenwood, Ian Munt, Erik Cohen y John Urry. Este último afirma, de un
lado, que los turistas de hoy saben que la autenticidad es fabricada y no le
dan importancia al hecho, siempre que la dramatización sea de buena calidad
(Urry 1993; 1995); esto porque el consumo de lugares se da de forma reflexiva
(utilizando para ello el concepto de reflexividad de Giddens). Sobre estas dos
ideas hay bastante consenso en la actualidad y ellas han ayudado a superar un
poco una discusión que estaba cada vez más impregnada de la subjetividad del
investigador. Varios autores siguen esta corriente de pensamiento, entre ellos
Cris Rojek (Rojek y Urry 1997).
De acuerdo al diccionario etimológico de la Real
Academia Española, auténtico es un adjetivo proveniente del latín y del griego
que se refiere a algo “acreditado cierto y positivo por los caracteres,
requisitos o circunstancias que en ello concurren”. De acuerdo con el
Diccionario Kapelusz (1993: 196) “se aplica a las cosas que son lo que
aparentan ser”.
De acuerdo con algunas corrientes de pensamiento,
lo auténtico es solamente aquello que es original, una muestra de los
primordios de la cultura, algo así como una esencia verdadera, una práctica
cultural que no puede estar contaminada por relaciones comerciales (Meethan
2003: 15). En el campo específico del turismo, el concepto de auténtico se
refiere a la cultura tradicional y sus orígenes, está asociado a lo genuino y
único (Sharpley apud Reisinger y Steiner 2006: 67). De acuerdo con esta
perspectiva, para que un “pueblo turístico” sea considerado auténtico, debe
continuar con los mismos rituales, las mismas costumbres, las mismas
herramientas y el mismo lenguaje de los ancestros. Autenticidad, es sinónimo de
congelamiento. La
94 Margarita
Barretto
autenticidad también ha estado asociada a la no
comercialización. Un bien cultural que se transforma en bien de consumo,
dejaría de ser auténtico (Shepherd 2002).
Reisinger y Steiner (2006: 67) afirman que la
cuestión de la autenticidad en turismo empezó a ser discutida en el ámbito de
los museos donde los expertos querían verificar si los objetos eran lo que
decían ser y valían lo que se pedía por ellos. Es un concepto tan fluido
(escurridizo según Cohen-Hattab 2004) que puede tener varias formas, inclusive
contradictorias, en función de las relaciones que se establezcan. Puede
pensarse en auténtico por oposición a una copia, (donde la copia sería lo
falso) o en auténtico como construido, donde la copia sería auténtica. Esto
está muy bien ilustrado por Shepherd (2002: 195) en sus estudios sobre el arte
de los artesanos de Newari, en Katmandú, cuya tradición milenaria es realizar
copias perfectas. También está la autenticidad dada desde afuera, por expertos.
En el caso del turismo, Little, Anderson y Brown (1994 apud Reisinger y Steiner
2006: 71) encontraron que, para los turistas, la autenticidad en el arte tiene
que ver con su peculiaridad, originalidad, trabajo manual, integridad histórica
y uso turístico. Ya Revilla y Dodd (2003 apud Reisinger y Steiner 2006: 71)
encontraron que los turistas asocian la autenticidad a apariencia, utilidad,
tradición, certificación, dificultad de obtención, fabricación local y precio.
De acuerdo con los autores, hay personas que piensan que están comprando algo
auténtico solamente porque es caro. De alguna forma esto coincide con el
concepto antropológico de autenticidad de Cohen (1991, apud Reisinger y Steiner
2006: 70), que se refiere a algo hecho a mano y con materiales naturales.
Culler (1981 apud Reisinger y Steiner 2006: 70) introduce el concepto de
autenticidad simbólica, para referirse a una autenticidad atribuida por los
turistas a objetos que, si bien ellos saben que no son originales, son símbolos
de la autenticidad del local visitado. En este rol podrían entrar gran parte de
los souvenirs que ya pasan por un proceso industrial pero no dejan de tener un
significado para los turistas, que los legitiman como auténticos llaveros o
auténticas camisetas del
Turismo y Cultura 95
lugar, confiriéndoles algo así como una
autenticidad turística14.
Cohen (1988 apud Grünewald 2002b) incorporó el
concepto de arte turístico, un arte que es auténtico en la medida que es
realizado por los artesanos de la región visitada, pero al mismo tiempo cambia
y se adapta a las demandas del mercado de consumo, como cualquier tipo de arte.
Se trata de “artes y oficios técnicos producidos para una audiencia externa”
(Cohen 1993 apud Grünewald 2002b: 7). Al mismo tiempo, Graburn (1976 apud
Grünewald 2002b: 15) recuerda que no podemos confundir el arte de los grupos étnicos
contemporáneos, existentes con el arte primitivo, de pueblos desaparecidos.
En el caso del arte indígena de la etnia Pataxó
(Bahía), por ejemplo, los trabajos artesanales son de creación reciente, son de
carácter decorativo y no utilitario. Se pueden ver tres tipos de artesanías,
las que representan la tradición indígena (arcos y flechas), las que
representan la tradición indígena e incorporan elementos de la cultura blanca
(pieza indígena con la inscripción “Recuerdo de Porto Seguro”), y las
artesanías de la cultura blanca confeccionadas por indígenas, como, por
ejemplo, ceniceros o carteras(Grünewald 2002b:
11) .
Cuando algunas personas les dicen que son aculturados y que su artesanía no es
“auténtica”, los indios responden que si lo son ya que son producidas por
ellos, en un contexto moderno al cual pertenecen (Grünewald 2002b: 17). Son
personas que viven en el mundo contemporáneo y que han revitalizado sus
tradiciones para insertarse en la economía capitalista vendiendo su arte y su
imagen, lo que hace de ellos auténticos indios turísticos (Grünewald 2002a:
1016).
De acuerdo con la perspectiva post moderna, la
autenticidad no es un fenómeno sino una construcción social, sujeta a
negociación (Reisinger y Steiner 2006: 69; Bruner 1994 y Hughes 1995 apud
Cohen-Hattab 2004: 61) que está contaminada con la cuestión de las identidades
políticas y sociales. No hay como definir el punto de inflexión donde lo
auténtico se transforma en inauténtico, donde lo puro pasa a ser impuro por la
contaminación con el otro y por intereses provenientes de las más diversas
áreas del quehacer humano.
14 Este
concepto lo han utilizado S teiner y R eisinger (200 6: 312) en otro contexto .
96 Margarita
Barretto
En el caso de los turistas, muchas veces lo
auténtico es lo que los folletos turísticos les informan que es auténtico. Se
han establecido algo así como estándares de autenticidad (Whittaker 1997: 38)
que determinan qué es lo que debe ser considerado fiel a una supuesta realidad
objetiva.
Un caso muy ilustrativo es presentado por Shepherd
respecto a la muralla china. Los turistas extranjeros que buscan la “auténtica
muralla” se decepcionan al ir a una muralla con infra-estructura turística en
Badaling, a pocas horas al norte de Beijing . Esta parte de la muralla fue
restaurada y dotada de infra- estructura, inclusive un vehículo rodado para
quienes no quieren caminar. Ya los turistas chinos no ven esta parte de la
muralla como inauténtica (Shepherd 2002: 191) y hasta la prefieren en función de
las comodidades que ofrece.
Otro de los grandes atractivos turísticos está
representado por los modelos y réplicas de ciudades o de barrios. Solo para
citar algunas, la ciudad en miniatura de Madurodam en La Haya (Holanda), el
parque Francia en Miniatura, a 15 Km. de Versailles, el Mundo en Miniatura, en
Victoria (Canadá), la Villa Modelo en Godshill, (Inglaterra), Mini Israel,
cerca de Tel Aviv, y la réplica de Jerusalén antigua tienen un enorme suceso
entre los turistas como auténticas representaciones de un pasado histórico, cultural
o religioso (Cohen-Hattab 2004). Sin contar con la playa artificial de Seagaia
en Japón que hace las delicias del público hace casi quince años. (Barretto
1993), y que es un auténtico representante de la alta tecnología japonesa.
Esto parece indicar que no se debe confundir
auténtico con antiguo o tradicional, ni con lo gratuito ni con lo intocado por
la tecnología contemporánea. Un micro-ondas o una computadora son objetos de la
auténtica cultura urbana post moderna Inclusive lo que hoy puede parecer falso
como una ciudad egipcia hecha en Hollywood para filmar una película, dentro de
unos años puede ser considerada un patrimonio que retrate nuestra época
(Boniface y Fowler 1993:148); de la misma forma, los trenes, que en el siglo XIX
fueron vistos como destructores del pasado, hoy son vistos como auténticos
medios de transporte del pasado. Disneylandia, por su parte, puede no ser fiel
a la historia, pero es un auténtico reino de la fantasía. O como dice Brown
(1998: 86) la realidad construida para los turistas en los países occidentales
[léase
Turismo y Cultura 97
europeos] no es menos auténtica que la de los
países subdesarrollados, o la de un resort, todo depende del patrón de medida.
Y con la actual tecnología que permite la creación de productos hiper reales no
solo el concepto de autenticidad está en jaque sino el de la propia realidad.
Para Hughes (1995: 796) en la actualidad, la
diferenciación es la única marca posible de autenticidad. En Inglaterra, por
ejemplo, las ciudades se promueven por su pasado industrial: el oeste, en
Yorkshire, por el hilado de lana, el sur por la manufactura del acero,
Lancashire por el hilado de algodón, Staffordshire por la porcelana, Gales del
Sur por la minería de carbón (Robinson 1999a: 150). Ya para Chambers (2000:
98), la autenticidad está determinada por el control que las personas tienen
sobre sus productos, por lo tanto los objetos de la cultura local fabricados
para el turismo son tan auténticos como cualquier otro objeto tradicional.
Brown (1998: 86), a su vez, propone que se deje de utilizar el concepto de
autenticidad como una categoría para analizar el turismo.
Hoy no cabe duda que hay turistas que buscan lo que
sería el aura de los objetos reales, mientras que otros disfrutan de
representaciones, copias y réplicas, siempre que estas tengan calidad . Tampoco
se discute que la cuestión de la autenticidad no es tan relevante cuando la de
la legitimidad del patrimonio turístico, que está dada por la capacidad del
mismo de responder a las necesidades de identificación de los turistas con una
historia coherente contada de forma amena, pero fidedigna.
Hay también límites de búsqueda de “autenticidad”,
inclusive en casos de turistas llamados alternativos. Dependiendo de las
condiciones locales, los turistas quieren vivir la vida de los otros dentro de
determinado horario, pero después quieren retornar a un lugar donde tengan las
comodidades a las que están acostumbrados en su vida cotidiana, sobre todo en
lo que se refiere a la higiene personal En otras palabras, todo lo tradicional
y autóctono es bienvenido ... siempre que haya agua caliente para bañarse.
La cuestión de la autenticidad es indisociable de
la tradición. Al tiempo en que las territorialidades están amenazadas por la
homogeneización global, se buscan tradiciones para construir una característica
capaz de distinguir una determinada región. La tradición, por su
98 Margarita
Barretto
parte, tiene una gran carga de nostalgia, de deseo
de retornar a un pasado idealizado . Investigaciones realizadas por Graburn
(2001) muestran que en algunas familias japonesas existe la costumbre de que
los abuelos lleven a sus nietos a pasar un fin de semana en el campo para
“vivir de forma tradicional”, y que algunos afro descendientes en Estados
Unidos llevan a sus hijos a jugar a los lugares donde habían jugado cuando
chicos, aunque hubieran cambiado de barrio y de estatus social.
Toda tradición es, en mayor o medida inventada en
algún momento y todas las tradiciones cambian con el tiempo, se adaptan a las
nuevas circunstancias. La mayor parte tiene un trasfondo histórico, algún
referencial del pasado y cuanto más remoto es el pasado y cuanto más igual a sí
misma la tradición se mantiene, más auténtica parece ser.
El concepto de tradiciones inventadas se refiere a
prácticas, generalmente gobernadas por reglas
tácita o explícitamente aceptadas y por un ritual de naturaleza simbólica, que
busca inculcar ciertos valores y normas de comportamiento por repetición, lo
que automáticamente implica continuidad con el pasado (Hobsbawm 2000: I).
Muchas de las ceremonias o de los rituales que hoy
vemos como tradicionales no tienen un origen remoto que se pierda en el tiempo.
Fueron creados hace cien o doscientos años, con una finalidad específica, como,
por ejemplo, la de crear un espíritu regional. Fue el caso de la ceremonia de
cambio de guardia en el palacio de Buckingham (Londres) (Canadine 2000:
101-164) y de los kilts escoceses, que
lejos de ser una vestimenta tradicional de las
Highlands fue inventado por un inglés después de la unión de 1707 (Trevor-Roper
2000:19).
Las tradiciones, así inventadas, han sido la
materia prima para el turismo cultural, así como para la industria de
souvenirs.
Un caso muy ilustrativo sobre como las tradiciones
se inventan para consumo turístico es la comparación realizada por Dahles
(1999), entre dos tours que se realizan por la ciudad de Amsterdam, uno que va
por agua mostrando el
Turismo y Cultura 99
pasado histórico que corresponde al imaginario de
los turistas, y otro que se introduce por los barrios mostrando la Amsterdam
contemporánea, con sus contradicciones y problemas.
Los indígenas ecuatorianos estudiados por van Rekom
y Go (2006) no tenían alfombras “tradicionales” hasta que vinieron los
turistas. La mayoría de las tradiciones mostradas por los Pataxó antes citados,
fueron inventadas a partir de 1960 (Grünewald 2002).
Lo que ha sucedido en los últimos años, en el campo
del turismo, es que se han inventado tradiciones que no tienen referentes en el
pasado, y cuya única función ha sido la de servir como atractivos turísticos
“culturales”. En realidad, son atractivos artificiales, ya que no se apoyan en
una historia verídica.
También el turismo ha apelado a ficciones
orientadoras para construir sus atractivos. Este concepto se ha utilizado en
principio vinculado a la idea de nacionalismo, en el área política, para
difundir determinadas ideas, Se trata de un conjunto de piezas literarias o
historiográficas que contribuyen para crear una determinada identidad
creaciones tan artificiales como ficciones
literarias, necesarias para darle a los individuos un sentimiento de nación,
comunidad, identidad colectiva y un destino común nacional (Shumway 1995: 13).
Los ejemplos de ficciones orientadoras son
numerosos, comenzando por la folletería con que se divulgan los “verdaderos
indios”, la “verdadera vida rural”, el festival “auténticamente tradicional”,
etc ., sin contar con aquellas piezas que divulgan los diferentes paraísos para
los viajantes (Aoun 2001).
Si las identidades han sido forjadas con
tradiciones inventadas y ficciones orientadoras sin respaldo histórico y
cultural, solo se puede tener como resultado, propuestas desarticuladas con los
supuestos portadores de una determinada identidad étnica.
Ni la tradición, ni la cultura, ni las personas,
permanecen absolutamente idénticas para siempre. En este sentido es
100 Margarita
Barretto
preciso concordar con aquellos que entienden que,
en algunos casos, “mantener” la identidad local, a través de las tradiciones
inmutadas equivale a tratar de impedir el proceso normal de evolución de las
sociedades y las personas.
En busca de la autenticidad se cae en lo que
Lanfant calificó de una contradicción pues el estado, en su discurso, utiliza
al turismo para llevar “progreso” socio económico a sectores menos favorecidos
de la sociedad, pero al mismo tiempo quiere que estas sociedades mantengan
rasgos tradicionales para consumo de los turistas.
Pretende modernizar las sociedades tradicionales y
al mismo tiempo alentarlas a hacer parte de un proceso de “involución cultural”
manteniendo sus tradiciones para mantener su imagen en el mercado turístico
internacional (1980: 38).
Es el caso, por ejemplo de los Vascos entre los
cuales la tradición sirve para la dominación política; es una “herramienta del
estado de opresión”, porque ellos lo que quieren es modernizarse (Lacey 2005:
12).
La búsqueda de elementos característicos y
diferenciales de cada cultura aparece así como una necesidad de mercado, y la
cultura “auténtica” pasa a ser la materia prima para la creación de un producto
turístico comercializable y competitivo a nivel internacional. El legado
cultural, transformado en producto de consumo, mercadería (o commodity) pierde
su significado; no es importante porque muestre las raíces de una nación, sino
porque trae divisas como atractivo turístico.
Si, al contrario, las tradiciones han sido
inventadas de una forma creíble y coherente, y se mantienen en un espacio
turístico, sin impedir el dinamismo de la cultura, los turistas serán
beneficiados con un producto genuino y la población local con un espacio de
recuperación de la memoria.
De esta forma, el turismo permite que se mantenga,
en lugares específicos, la época específica en que esa comunidad tuvo origen o
en la que hubo un hecho relevante . Permite que la comunidad, de alguna forma
se involucre en el proceso de recuperación de la memoria colectiva, de
reconstrucción de la historia, de verificación de las fuentes; permite,
inclusive,
Turismo y Cultura 101
que miembros de esa comunidad tomen, por primera
vez, conciencia del papel que su ciudad tuvo en determinado momento. En el caso
específico del nuevo mundo, la recuperación de tradiciones lleva a la búsqueda
de las raíces y de los ancestros, permitiendo la reconstrucción de la historia.
Un caso ilustrativo es el de la ciudad de Urussanga
en el sur del Estado de Santa Catarina (Brasil) donde, a partir de una idea de
marketing se “inventó” la italianidad para consumo turístico. Sólo que, en la
búsqueda de elementos para contar una historia fidedigna, los moradores crearon
fuertes lazos con Italia, con resultados que extrapolan la esfera cultural para
situarse en la económica y social, dando a los jóvenes descendientes de
italianos la posibilidad de ir a trabajar al país de sus abuelos (Savoldi
2001). Toda la ciudad, sin dejar su modo de vida contemporáneo, se involucró en
el proceso de reinvención de tradiciones para un escenario turístico, teniendo
como resultado una auténtica muestra de la identidad ítalo- brasilera que
presentan de una forma lúdica y entretenida en sus fiestas anuales.
Promoviendo el turismo cultural, estas personas
recuperaron tradiciones que les dieron como legado una auténtica tradición
ítalo-brasileña.
Capítulo V
Patrimonio, Gentrificación y Turismo
A partir de la última década del siglo XX, se
asiste a una demanda sin precedentes, desde el siglo XVIII, por lugares
históricos por parte de los turistas, lo que obedece, en parte,
a la actual
coyuntura mundial. Como ya se ha expresado antes, el proceso de
internacionalización ha provocado algo que puede ser llamado de nostalgia, las
personas tienen necesidad de sentirse ligadas emocionalmente con los lugares,
con el pasado de estos y con el suyo propio.
Como se ha dicho anteriormente, muchas veces se
puede encontrar referencia al turismo cultural con la expresión heritage
tourism que podría ser traducida por turismo patrimonial, pues abarca todo lo
que hace referencia al patrimonio histórico y a los monumentos, al legado
cultural de modo más amplio.
Una de las definiciones más amplias referidas al
turismo cultural o patrimonial ha sido dada por Boyd (2002: 213), que considera
que el patrimonio debe ser dividido en natural (lugares de belleza
extraordinaria), cultural (costumbres), industrial y personal (aspectos que
tienen significado para una persona o grupos de personas). También propone que
las formas de turismo recreativo practicadas dentro de un bien patrimonial, sea
natural o cultural, sean clasificadas como turismo cultural.
Santana (2003) también incluye el patrimonio
medioambiental dentro del patrimonio cultural integral, junto con el patrimonio
arquitectónico y artístico, el etnográfico, el arqueológico e histórico y el
documental.
Pero, ¿qué es el patrimonio?
Etimológicamente, patrimonio proviene del latín
patrimonium ( pater = padre y monium = valor reconocido) (www.etimo.it) y se
refiere a los bienes legados por los padres a los hijos o por una persona a sus
descendientes directos. Se aplica al conjunto de bienes que alguna persona o
institución tiene, y así se puede hablar de patrimonio
104 Margarita
Barretto
público, patrimonio privado o patrimonio nacional.
Tanto uno como otro pueden ser clasificados en patrimonio natural y cultural.
El primero está constituido por las riquezas que están en el suelo y el
subsuelo, como florestas o yacimientos. Ya el concepto de patrimonio cultural
admite una variedad de sub tipos, como patrimonio histórico, arqueológico,
industrial y otros que han ido surgiendo en la medida en que se amplia el
concepto de cultura.
Durante mucho tiempo se entendió patrimonio
cultural como sinónimo de obras de arte, más específicamente de las artes que
transcurren en el espacio: pintura, escultura, arquitectura. Las artes que
transcurren en el tiempo, como la danza, la literatura (teatro incluido) y la
música, al no tener la misma materialidad, se tornan más difíciles de
clasificar como “bienes” lo que los mantuvo alejados durante mucho tiempo de
las preocupaciones oficiales con la preservación.
La palabra patrimonio con la connotación que tiene
en la actualidad surge como una abreviación de un atributo de los monumentos
históricos durante la Revolución Francesa. Los documentos que justifican la
nacionalización de los bienes del clero y de la realeza alegan que estos son
patrimonio y herencia de todos (Choay 2001: 98). A partir de allí parece
haberse instituido un proceso de elipsis, en que se pasó a llamar simplemente
patrimonio al monumento declarado patrimonio de todos.
Ya la idea de monumento histórico es más antigua,
remontándose al siglo XV, en que se pasa a valorizar las ruinas antiguas de la
Roma Imperial. Los papas realizan las primeras acciones de preservación y
restauro de monumentos, así como de expropiación a pesar de haberlo hecho con
una actitud muy ambivalente, pues ellos mismos demolieron edificios antiguos.
Uno de los documentos más contundentes sobre la cuestión es la bula papal de
Pio II Piccolomini, de 1462, que establece que ciertas construcciones antiguas
deben ser preservadas por su importancia histórica y/o estética, determinando
que está prohibido a cualquier ciudadano, independientemente de su poder, so
pena de excomunión
demoler, romper, damnificar o transformar en cal,
de forma directa o indirecta, pública o secretamente, cualquier edificio
público de la
Turismo y Cultura 105
Antigüedad o cualquier remanente de edificios
antiguos [..] aunque se encuentren en las propiedades que le pertenecen (Choay
2001: 54).
Durante la Revolución Francesa los monumentos
históricos pasaron a ser patrimonio (propiedad, legado) de la nación, surgiendo
así el concepto un tanto metonímico de patrimonio nacional, con un significado
que, posteriormente, trascendió a la cuestión de la preservación, para
transformarse en un asunto geopolítico.
Poco tiempo después el Consejo de París estableció
oficialmente la distinción entre monumento histórico (función educativa) y
monumento (función doctrinaria). Y en 1790 un documento definió lo que es
monumento histórico nacional: castillos, abadías, monasterios, “todos aquellos
que pueden relatar los grandes acontecimientos de nuestra historia” (Choay
2001: 96).
Este concepto perduró hasta la primera mitad del
siglo
XX . El
patrimonio, conjunto de monumentos que constituyen la herencia de todos, fue
definido fundamentalmente por edificios considerados merecedores de cuidados
especiales y dignos de exhibición, antiguos palacios, residencias de nobles o
lugares que fueron palco de hechos relevantes para la historia política oficial
de determinado sitio.
Al mismo tiempo, a medida que se consolidaron los
estados nacionales, el monumento-patrimonio pasó a ser considerado un mediador
entre pasado y presente; un ancla capaz de dar una sensación de continuidad con
un pasado, de ser un referencial capaz de permitir la identificación con una
nación. Así como la identidad de una familia se define en función de objetos
heredados por varias generaciones, la de la nación se define por los bienes
asociados al pasado nacional, a los cuales se les atribuye la capacidad de
evocar el pasado y garantir la continuidad . Hasta el día de hoy, muchas de las
políticas de protección del patrimonio se deben a esta cuestión, habiendo por
lo tanto una gran carga ideológica en lo que se decide que debe ser digno de
preservación.
La idea de preservación comenzó en Inglaterra y
Francia con la revolución industrial, cuando se vio que los edificios iban
siendo substituidos por nuevas formas arquitectónicas y la sociedad empezaba a
contaminarse con la idea de un país
106 Margarita
Barretto
sin pasado (Choay 2001: 139), propia del nuevo
mundo sin memoria, haciendo alusión a Estados Unidos y Australia (Choay 2001:
182). Alrededor de 1850 varias voces se levantan para intentar impedir la
misma, entre ellas Víctor Hugo, Prosper Merimée y Viollet-le-Duc, conocidos
intelectuales de la época. Uno de los representantes de esta corriente
renovadora fue, años más tarde, el arquitecto Charles-Edouard Jeanneret (Le
Corbusier), cuyo proyecto de renovación de Paris implicaba lo que se llamó de
una destrucción innovadora.
Los escritores ingleses John Ruskin y WIliam
Morris, que instituyeron el concepto de patrimonio urbano (la ciudad como
monumento), llegaron ya en aquella época a sugerir organizaciones
supranacionales para preservar los monumentos. El primero propuso, en 1854, la
creación de una organización europea de protección a los bienes europeos y el
segundo buscó crear mecanismos de protección para la arquitectura árabe en
Turquía y Egipto . Ambos defendían que tanto el más glorioso edificio como la
habitación más humilde tenía el poder de comunicarnos con el pasado. (Choay
2001: 140) y, junto con otros arquitectos italianos, tabmién condenaban la
destrucción de ciudades antiguas para construir grandes avenidas.
Durante el siglo XIX predominó la idea del
monumento-patrimonio vinculado a la arquitectura. Esta era considerada “el
único medio del que disponemos para conservar vivo un lazo con un pasado al
cual debemos nuestra identidad” (Ruskin apud Choay 2001: 139).
A través del italiano Gustavo Giovannoni, poco a
poco la idea de una “arquitectura menor” se disemina por Europa y oriente medio
(Turquía y Egipto). Esto contribuye para modificar la idea de que solo la
arquitectura de lujo es digna de ser preservada y considerada un patrimonio de
todos (Choay 2001: 143).
A pesar de haber diferentes criterios sobre cómo
conservar los monumentos, fundamentalmente en lo que se refiere a la
restauración, la definición de los bienes que se deben declarar patrimonio y la
opinión sobre su uso, se mantuvo casi inalterada durante un siglo. En lo que
respecta a la conservación, alrededor de 1960, las teorías de Giovannoni fueron
retomadas para una restauración creadora, que incluye demoliciones siempre que
sean
Turismo y Cultura 107
necesarias a la propia valorización del patrimonio
que se quiere conservar.
Respecto a cuales bienes se deben conservar, en esa
década, al mismo tiempo, hay cambios conceptuales en otras áreas del
conocimiento que llevan a la inclusión de otros aspectos de la cultura dentro
de los bienes merecedores del título de patrimonio.
Uno de los cambios más significativos se produjo en
la historia, que desde sus primeros tiempos se restringió apenas a registrar
los grandes hechos políticos, como las grandes batallas y las grandes
conquistas.
La nueva historia empezó a germinar en 1939 con la
fundación de la revista Annales , por Fernand Braudel, Lucien Fébvre y Marc
Bloch y se consolidó después de la segunda guerra mundial (1939 a 1945). Este
nuevo enfoque se propuso estudiar, además de los eventos, por definición
coyunturales, las estructuras sociales, la historia económica, la geografía,
las instituciones y las mentalidades que les daban origen, buscando
continuidades e interrelaciones entre estos y los hechos políticos. Se pasó a
tomar en cuenta la historia social, concepto este introducido en 1725 por G.
Vico, con la propuesta de transferir el centro de interés de los estudios
históricos de las proezas personales, guerras, tratados y alianzas (la llamada
historia oficial) las costumbres, instituciones, formas de organización
económica y social, idiomas, artes, religiones, ciencias y climas de opinión.
(FGV 1986: 556). Esta historia social será la que pasará a contar, de forma
innovadora, el cotidiano de las personas.
La tendencia pasó a ser tomar en cuenta también la
llamada petit histoire (pequeña historia) que es la de las minorías, de los
desfavorecidos, así como enfocar las relaciones entre los diferentes segmentos
de las sociedades en estudio, y no solo los aspectos políticos. También se
proponía estudiar la vida doméstica, las condiciones de trabajo, las actitudes
hacia la naturaleza, la religión, la música, las formas de educación.
Tanto a partir de la historia como a partir de la
antropología se pasó a entender que los seres humanos producen no solamente
arte, sino también ciencia, técnica, saberes, máquinas, remedios, historia,
costumbres, recetas
108 Margarita
Barretto
de cocina, formas de relacionarse con los vecinos.
Todo ello constituye el legado cultural, la herencia que nos han dejado y que
dejaremos.
Como consecuencia, el patrimonio dejó de ser
definido por los edificios donde vivían los reyes, condes y marqueses y por las
esculturas que los decoraban, y pasó a ser definido como el conjunto de todos
los utensilios, hábitos, usos y costumbres, creencias y formas de vida
cotidiana de todos los segmentos que hicieron parte del pasado y hacen parte
del presente de las sociedades.
Si bien dentro del medio académico esta visión de
patrimonio es, prácticamente, consensual, en los ámbitos oficiales aún
prevalece el énfasis en la identificación de patrimonio con monumentos y con
manifestaciones de la llamada cultura material, los llamados bienes tangibles,
siguiendo la línea de los anticuarios del siglo XVI que privilegiaron la
cultura material sobre la tradición cultural y escrita (Choay 2001: 76).
No obstante, el siglo XX fue palco de mucho
esfuerzo para la normatización paulatina de la conservación del patrimonio. En
1913 se elabora una ley en Francia, por la cual se establecen dos categorías de
protección: la declaración de monumento histórico de interés nacional y la
inscripción en el Inventario extraordinario de los monumentos históricos, más
frecuente y que conlleva menos obligaciones. En 1931 se realizó la primera
conferencia internacional sobre monumentos, en Atenas (Choay 2001:
173) ; en
1962 André Malraux, entonces Ministro de cultura de Francia creó, inspirado en
las ideas de Giovannoni, la ley sobre áreas protegidas, que salvó muchas
ciudades europeas que pretendian seguir el modelo francés. Este pasó a se
conocido como “haussmanissación” por haber sido llevado a cabo por Georges
Engène Haussman, intendente en la época de Napoleón III.
Otro factor que dio fuerzas a la idea de
preservación cultural y urbana fue la experiencia de la colonización inglesa en
la India. Inglaterra tuvo una conducta preservacionista que fue imitada por
otras naciones colonizadoras, entre ellas Francia y llevó a repensar las
ciudades pré-industriales.
Turismo y Cultura 109
La estructura urbana pré-industrial y sobre todo
las pequeñas ciudades casi intactas todavía pasaron a ser vistas como frágiles
y preciosos vestigios de un estilo de vida original, de una cultura en
extinción, que debían ser protegidos incondi-cionalmente (Choay 2001: 193).
En la década de 1960, el entonces secretario
general de la Unesco_ viendo que en muchos lugares los monumentos se iban
deteriorando por falta de interés o de dinero para mantenerlos, promovió una
serie de encuentros que dieron como resultado final la convención sobre la
protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (Unesco 1972). El
detonador del proceso fue la construcción de la represa de Asuán, que habría de
destruir los monumentos del Valle del Nilo (Bosque Maurel 1996: 79). En el
referido documento se define lo que es patrimonio cultural y lo que es
patrimonio natural, y se dan directrices sobre cómo se debe proceder para su
salvaguarda y valorización.
Por patrimonio, la Unesco entiende “nuestro legado
del pasado, en el que vivimos y que vamos a pasar para las futuras generaciones
[ ...] fuentes insubstituibles de vida e inspiración” aclarando que el concepto
de Patrimonio de la Humanidad es universal, una vez que los lugares así
considerados pertenecen a todas las personas del mundo y no apenas a aquellos
nacionales del territorio donde los bienes se encuentran.
La convención de 1972 tuvo como misión:
• estimular a
los países para que firmen la Convención de Patrimonio Mundial y que aseguren
la protección de su patrimonio natural y cultural;
• estimular a
los estados parte de la convención a indicar sitios de sus respectivos
territorios para que sean incluidos en la lista de patrimonio de la humanidad;
• estimular
los estados parte a implementar planes de manejo y sistemas de envío de
información sobre el estado de conservación de sus sitios patrimoniados; ayudar
a los estados parte a
salvaguardarlaspropiedadesconsideradas
110 Margarita
Barretto
patrimonio de la humanidad proporcionando
asistencia técnica y capacitación profesional;
• dar
asistencia de urgencia a sitios patrimonio de la humanidad en peligro
inmediato;
• apoyar las
actividades realizadas por los estados miembros para conscientizar sobre la
preservación del patrimonio mundial;
• estimular
la participación de la población local en la preservación de su patrimonio
cultural y natural (http://whc.unesco.org/en/hist).
Una de las advertencias de la convención de 1972
era que el patrimonio cultural estaba cada vez más amenazado de destrucción,
tanto por el deterioro inevitable por causas naturales, como por cambios en las
condiciones económicas y sociales. Los factores naturales pueden ser
inundaciones, erosión, terremotos, inclemencias del tiempo en general. Los
factores antrópicos pueden ser de la más diversa naturaleza, desde vandalismo,
excrementos, emanaciones de combustible, descuido, falta de reparaciones, reparaciones
mal hechas hasta la simple la respiración (como en el caso de las cavernas).
El patrimonio cultural de la humanidad puede tener
la forma de monumentos, conjuntos y lugares (o sitios). Por monumentos se
entiende: obras arquitectónicas, de escultura y pintura monumentales, elementos
o estructuras de carácter arqueológico, inscripciones, cavernas y grupos de
elementos que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista de
la historia, del arte o de la ciencia.
Los conjuntos son grupos de construcciones,
aisladas o reunidas, cuya arquitectura, unidad e integración en el paisaje les
da un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del
arte o de la ciencia.
Los lugares son obras del hombre u obras conjuntas
del hombre y la naturaleza, así como las zonas, incluidos los sitios
arqueológicos que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista
histórico, estético, etnológico o antropológico.
La Unesco publica una lista de los lugares
designados patrimonio cultural de la humanidad, que, hasta el final del
Turismo y Cultura 111
año 2006 eran 644 (habiendo otros 24 que son
considerados mixtos y más de una centena que son naturales), en 138 países15.
Los países son, por orden alfabética, Afganistán, África del Sur, Albania,
Alemania, Argelia, Andorra, Argentina, Armenia, Australia, Austria, Azerbaijan,
Barein, Bangladesh, Belarus, Bélgica, Belice, Benin, Bolivia,
Bosnia-Herzegovina, Botswana, Brasil, Bulgaria, Camboya, Camerún, Canadá,
Chile, China, Colombia, Corea,Costa Rica, Costa de Marfil, Croacia, Cuba,
Chipre, Corea, Congo, Dinamarca, Dominica, Ecuador, Egipto, El Salvador,
Eslovaquia, Esolovenia, España, Estonia, Estados Unidos Etiopía, Finlandia,
Francia, Gambia, Georgia, Ghana, Grecia, Guatemala, Guinea, Haití, Holanda,
Honduras, Hungría, Islandia, India, Indonesia, Irán, Irak, Irlanda, Islas
Salomón, Israel, Italia, Japón, Jerusalén, Jordania, Kazakistán, Kenya, Laos,
Latvia, Líbano, Libia, Lituania, Luxemburgo, Macedonia, Madagascar, Malawi,
Malasia, Mali, Mozambique, Moldova, Nepal, Nueva Zelanda,
Nicaragua, Niger, Nigeria, Noruega, Omán, Pakistán,
Panamá, Paraguay, Perú, Filipinas, Polonia, Portugal, República Central
Africana, República Checa, República Dominicana Rumania, Rusia, Saint Kitts,
Santa Lucía, Senegal, Serbia, Seychelles, Sri Lanka, Sudán, Surinam, Suecia,
Suiza, Siria, Tailandia, Togo, Tunez, Turquía, Turmekistán, Uganda, Ucrania,
Reino Unido, Tanzania, Uruguay, Uzbequisán, Vaticano, Venezuela, Vietnam,
Yemen, Zambia y Zimbabwe.
La mayor concentración de monumentos se encuentra
en Europa, sobre todo en España, seguida de Italia, Alemania y Francia. La
India también tiene una cantidad equivalente de elementos registrados, lo que
refleja el concepto de patrimonio imperante durante los primeros años de
trabajo de la Unesco, relacionado principalmente a arquitectura de palacios,
asunto que será discutido más adelante.
Algunos de estos monumentos de la humanidad son muy
conocidos, difundidos primeramente por la literatura y después por el cine;
también por imágenes fijas, alguna de las cuales se han tornado símbolo. Solo
por citar algunas, las catedrales de Chartres y de Notre Dame o el palacio de
15 Una lista comp
leta detallada puede ser con sultada en
http://w hc . unesco . org/en/list/
112 Margarita
Barretto
Versalles así como las cavernas de Lascaux y Les
Eyzies, agrupadas como “cavernas decoradas del Valle de Vézère” (Francia), las
ciudades de Verona y Venecia, y las ruinas de Pompeya y Herculano (Italia), los
palacios de la Alhambra y El Escorial, las cavernas de Altamira y la
arquitectura de Gaudi (España), las medinas de Fez y de Marrakesh (Marruecos),
el palacio Taj Mahal (India), el Parque Nacional de [los dragones de] Komodo
(Indonesia), las pirámides de Giza (Egipto), la Acrópolis, el templo de Delfos,
el monte Athos y Rodas (Grecia), el sitio arqueológico de (la supuesta) Troya
(Turquía), la Plaza Roja y el palacio del Kremlin (Rusia), el antiguo templo
druida de Stonehenge, la Torre de Londres, la Abadía de Westminster y
Liverpool, la ciudad del conjunto musical Los Beattles (Inglaterra), la estatua
de la Libertad (Estados Unidos), la ciudad pré hispánica de Teotihuacán y las
minas de Guanajuato (México), La Habana Vieja (Cuba), la gran muralla y los
palacios imperiales de las dinastías Ming y Qing –más conocidos como la ciudad
prohibida– en China, el centro de las ciudades de Salzburg – donde nació W. A.
Mozart– y Viena (Austria), la ciudad de Petra (Jordania), popularizada por las
películas de Indiana Jones, el Parque Nacional del Lago Turkuna, en Kenya,
divulgado por el antes mencionado paleontólogo Richard Leakey en serie de la
emisora BBC.
También se pueden citar otros menos conocidos, como
el lugar donde se inició la revolución industrial, Ironbridge Gorge, en
Inglaterra, los acueductos romanos de Pont du Gard, en Francia, la ciudad de
Dubrovnik, en Croacia, las minas de sal en Wieliczka, Polonia, la ciudad de
Segovia en España, los sitios indígenas de Mesa Verde y Chaco Canyon en Estados
Unidos, las terrazas de cultivo de arroz en la cordillera en Filipinas o la
ciudad de Aleppo en Siria,
Otros lugares son tristemente conocidos, como el
campo de concentración de Auschwitz en Polonia, y el memorial de la paz de
Hiroshima (Genbaku Dome) en Japón.
En América del Sur se destacan, en Brasil los
centros históricos de las ciudades de Ouro Preto, Diamantina, Olinda, Salvador,
San Luís y Goiás así como las Misiones Jesuíticas, que abarcan también parte
del territorio de Argentina, Paraguay. En Argentina, la Cueva de las Manos, las
estancias de Córdoba, la Quebrada de Humahuaca y los parques de Ischigualasto y
Talampaya, que concentran el
Turismo y Cultura 113
más completo registro de fósiles del período
triásico; en Uruguay el único bien registrado es la ciudad histórica de Colonia
del Sacramento; en Ecuador, se puede citar el centro histórico de Quito y el de
Cuenca. Muy conocidas son las ruinas de Machu Pichu, la ciudad de Cuzco y los
misteriosos geoglifos de Nazca y Pampas de Jumana en Perú, así como los no
menos misteriosos monolitos de piedra de la Isla de Pascua –Parque Nacional
Rapa Nui– de Chile, país en el que también se destaca la ciudad de Valparaíso con
sus elevadores de montaña; en Bolivia, la ciudad de Potosí, el centro histórico
de Sucre y el centro de la cultura Tiwanaku. En Venezuela se pueden mencionar
la ciudad universitaria de Caracas y la ciudad de Coro, única en el Caribe que
conserva arquitectura mudéjar . En Colombia, el destaque es para Cartagena de
Indias, de gran importancia durante la época de la conquista y,en Surinam, la
ciudad de Paramaribo.
En 1976 la Unesco adopta una resolución para
incorporar lo que era considerado “patrimonio menor”, o sea, sectores urbanos
tradicionales, de valor étnico (Choay 2001: 223).
En la actualidad, de acuerdo con el WMF_World
Monnument Fund (Fondo Mundial de los Monumentos) por lo menos siete de las hoy
consideradas “maravillas del mundo” están en serio peligro de degradación por
la acción antrópica, ya sea por los cambios climáticos producidos por la
devastación de las florestas, la erosión, el exceso de visitantes, la
contaminación del aire por chimeneas industriales o, aún en esta época,
conflictos bélicos (Newsweek 2006). La lista publicada en la revista, sin
embargo, no corresponde a los 31 los sitios declarados en riesgo por la Unesco.
Algunos ejemplos de la lista oficial son Abu Mena en Egipto, por problemas de
jurisdicción sobre tierras agrícolas, la ciudad de Ashur en Irak, fundada en el
año 3000 AC, que corre el riesgo de se inundada por una represa, la parte
antigua de Jerusalén, con sus 220 monumentos, debido al conflicto político
religioso sobre su administración, la zona arqueológica de Chan Chan en Perú,
debido al efecto de las lluvias, los palacios reales de Abomey, en Benin,
afectados por un tornado (http://whc.unesco.org-/en/list).
Además de los bienes declarados patrimonio de la
humanidad, existen bienes que son registrados como patrimonio nacional,
provincial o municipal, en función de su
114 Margarita
Barretto
significado para estas respectivas esferas . Una
vez que se considera que el patrimonio es importante para mantener la
identidad, en muchos lugares se han implementado políticas de preservación para
evitar que la especulación inmobiliaria acabe con las construcciones históricas
que pueden jugar un papel en la cuestión identitaria. Estas políticas no son
neutras, sino que reflejan la ideología de los responsables y muchas veces se
pautan en criterios ambiguos, en función de intereses coyunturales, que cambian
según los cambios político administrativos.
Cuando se trata de bienes considerados patrimonio
nacional, en algunos países han sido tomadas medidas para evitar el contrabando
–o la venta a museos o coleccionadores– de material arqueológico, obras de arte
y otros objetos de valor patrimonial. Esto porque durante siglos, desde las
guerras napoleónicas hasta los días actuales, objetos de valor han sido
retirados de sus países de origen sin autorización.
El caso de los llamados “mármoles de Elgin” es el
más difundido, pero por supuesto no el único. Lord Tomas Bruce, Conde de Elgin,
más conocido como Lord Elgin, obtuvo autorización oficial en 1801 para llevarse
de Grecia parte de los mármoles del Partenón, como una especie de botín de
guerra y después vendió esa colección al Parlamento Británico que la donó al
British Museum. En 1940 el gobierno griego solicitó a Inglaterra la devolución
de los mármoles y en la actualidad está instalada la polémica a nivel mundial,
pues se trata de patrimonio de la humanidad que los intelectuales quieren ver
en su lugar de origen. No obstante, el saqueo de obras de arte de Grecia es
bastante más antiguo; según Choay (2001:33) se remonta a 146 a.C. cuando el
general romano L.A. Mumio saqueó Corinto llevando estatuas y pinturas para Roma
como ofrendas a los dioses. Muchas construcciones de Francia también ostentan
columnas y otros objetos transportados desde Grecia durante el primer milenio
de la era cristiana.
En épocas más recientes, edificios enteros fueron
llevados de Europa para Estados Unidos, piedra por piedra, como se verá más
adelante. Los antropólogos hicieron también su parte en muchos lugares,
llevando a los museos objetos rituales de los grupos que estudiaban, sin el
consentimiento de los mismos. En el año 1986, en Brasil, el Museo Paulista
dependiente de la Universidad de San Pablo devolvió un
Turismo y Cultura 115
hacha ritual a la tribu Krahô. Al final de la
década de 1990 en Argentina los indios ranqueles discutían la devolución o no
de los restos de seis jefes aborígenes que se encontraban conservados en el
Museo de Antropología de la ciudad de La Plata, que depende también de la
universidad.
Quien tiene autoridad para decidir lo que es
patrimonio, donde debe estar y a quien pertenece, es algo que todavía se
discute a pesar de transcurridos 170 años desde la creación de la primera
comisión de museos históricos en Francia, a casi 350 años de la publicación que
reúne los monumentos de Inglaterra en 1670 y a más de 400 de la creación de la
primera asociación de anticuarios de Londres (1585). No menos importante, es la
discusión sobre si hay un patrimonio reconocido por los vencedores, es porque
hay un patrimonio de los vencidos. ¿Quién se ocupa de este último? Determinar
lo que es digno de preservación es una decisión político-ideológica, que
refleja valores y opiniones sobre cuales son los símbolos que deben permanecer
para retratar una determinada sociedad en determinado momento, ya que el
patrimonio es un componente de la identidad.
Otro de los problemas que se presentaron ya desde
la las primeras expropiaciones de bienes por parte do Estado durante la
Revolución Francesa es que, con raras excepciones lo que se observa es que sea
cual sea el nivel del Estado que legisla sobre los bienes declarados
patrimonio, éste raramente los puede mantener y esto, si bien se nota más en
los países subdesarrollados no se aplica apenas a los mismos.
El hecho de que un monumento o una ciudad sean
declarados de interés patrimonial no trae aparejada la solución económica para
el mantenimiento de este bien. A partir del momento de la declaración hay un
plazo de cinco años para que el lugar empiece a recibir ayuda financiera,
debido a los trámites burocráticos. Tampoco trae la garantía de su integridad,
dado que hoy en día se transforma casi inmediatamente en una atracción
turística, lo que puede generar exceso de uso. Y, según el Centro de Estudios
de Preservación y Restauración de la Propiedad Cultural (ICCROM), salvo casos
excepcionales, como el de Roma, el dinero de los turistas no se reinvierte en
la conservación de los monumentos (Newsweek 2006: 50). No obstante, la
declaración es una de las únicas medidas capaces de contener
116 Margarita
Barretto
la presión de los especuladores inmobiliarios,
sobre todo en países pobres donde faltan fuentes de trabajo; la construcción
civil es uno de los rubros que ofrece más empleo a personas con menos
calificaciones profesionales, lo que constituye un gran argumento a favor de la
subsitución de construcciones antiguas por nuevas.
La polémica sobre cómo usar los bienes que son
considerados patrimonio, bien sea de la humanidad, de un país o de una ciudad,
se remonta también a la década de 1960, cuando el ya mencionado Ministro de
Cultura André Malraux crea las Maisons de la Culture, que serían adoptadas por
casi todos los países europeos y después en las Américas. Proyectos como estos,
de democratización de la cultura llevaron a lo que se dio en llamar la
“industria cultural”. La cultura va a pasar a ser un bien de consumo en todo el
mundo, a partir del modelo francés instalado en 1987 con la inauguración del
Museo d`Orsay.
Los monumentos y el patrimonio histórico adquieren
doble función [son] obras que propician saber y placer, colocadas a disposición
de todos, pero también productos culturales, fabricados, empaquetados y
distribuidos para ser consumidos. La metamorfosis de su valor de uso en valor
económico sucede gracias a la “ingeniería cultural”, gran emprendimiento
público y privado a servicio del cual trabajan un gran número de animadores
culturales (Choay 2001: 211).
Es justamente la animación cultural la que
despierta los primeros cuestionamientos, pues los animadores culturales dan
informaciones equivocadas o fantasiosas, y porque a veces la animación adquiere
más dimensión que el propio bien patrimonial (Choay 2001: 216). El crecimiento
exponencial de los visitantes a los monumentos, de un lado por su
democratización dentro de la población local y de otro por el creciente interés
de los turistas en visitarlos, trae otros cuestionamientos subsiguientes, sobre
el desgaste de tantos usuarios caminando, respirando, tocando, sin contar con
la reconversión de edificios históricos en oficinas, restaurantes, clubes
nocturnos, cafés y otros equipamientos relacionados al disfrute del tiempo
libre.
Turismo y Cultura 117
La reutilización fue discutida desde el siglo XIX
por el ya mencionado Giovannoni, quien decía que esta era una forma paradójica
de valorización, ya que se protegía el patrimonio del deterioro por falta de
uso, exponiéndolo a la destrucción por usurpación del uso (Choay 2001: 219).
Una propuesta para el mantenimiento del patrimonio
ha sido el reaprovechamiento por parte de empresas privadas para finalidades
diversas, respondiendo a las necesidades actuales: equipamientos recreativos,
oficinas, equipamientos turísticos.
Implícito en esta discusión está la cuestión de lo
público y lo privado . Para muchas personas, tanto dentro de la comunidad
científica como fuera de ella, el patrimonio debe permanecer público. Su
privatización sería una forma de alienación. Esta cuestión de la asociación
entre lo público y lo privado, entre patrimonio y negocios, ha sido resuelta en
algunos países después de la segunda guerra mundial, pero en otros todavía no.
En Estados Unidos la expresión “preservación
histórica” pasó a designar, de forma amplia, la recuperación y revitalización
de espacios urbanos y la transformación de edificios antiguos de importancia
notable para uso lucrativo. Ya en el siglo XIX habían sido tomadas algunas
medidas para conservar el patrimonio público, y en 1949 el congreso aprobó la
creación del Trust Nacional para la Preservación Histórica, una entidad
privada, educativa, sin finalidad lucrativa y a partir de cuya creación los
esfuerzos de preservación se multiplicaron. Alrededor de 1980 había cerca de
seis mil edificios históricos de propiedad del Trust abiertos al público
(Grolier 1996).
No obstante, de acuerdo con Cecil (1997:160), hasta
la década de 1960 se entendía que el patrimonio histórico debería ser
administrado por el Estado, atendido por voluntarios y visitado por escolares,
hasta caerse a pedazos por falta de mantenimiento. El autor empezó en 1968 a
tratar la propiedad histórica de Biltmore, en Asheville, Carolina del Norte con
las categorías aplicadas a cualquier equipamiento comercial, buscando lucro,
utilizando propaganda, abriendo una escuela de forestación, elaborando vinos entre
otras cosas. Como conclusión, en 1993, su renta era de 32 millones de dólares
anuales, cuando, en 1960 perdía un cuarto de millón de dólares por año.
118 Margarita
Barretto
En España, de acuerdo con Santana (1997) todavía no
se acepta plenamente la asociación de los negocios con el patrimonio pero,
últimamente, historiadores y antropólogos se han tenido que rendir ante las
evidencias de la vida cotidiana y, sin defender la expropiación del patrimonio
público se vieron obligados a elegir entre ver el patrimonio morir lentamente,
por el estrangulamiento de los presupuestos, o transformarlo en un producto
comercia-lizable, gracias a lo cual pueda continuar a cumplir su función educativa
en la sociedad.
Francia es el país que aún ofrece más resistencia
(Choay 2001).
Este es un tema sobre el cual hay muchas
discrepancias, tanto entre intelectuales y gobiernos, como entre miembros de la
intelectualidad y miembros de las entidades gubernamentales entre sí. Uno de
los argumentos es que la reutilización puede garantizar el dinero para la
conservación y restauro; otro de los argumentos es que es difícil garantizar
que la reutilización sea rentable.
La conversión en España, concretamente, de viejos
castillos [...] en hosterías [...] a veces de mucha calidad, no son una
salvaguarda del edificio (Bosque Maurel 1996: 86).
En el caso particular de los países del Cono Sur
(Argentina, Brasil y Uruguay), lo que las escasas investigaciones demuestran es
que, cuando estas políticas se aplican a edificaciones que ya son propiedad del
Estado, la sociedad pierde como un todo, pero no hay un choque frontal de
intereses, como sucede cuando se aplican a bienes particulares. Un bien de
particulares declarado “de interés patrimonial”, en esta región lleva,
automáticamente, a la pérdida de su potencial de comercialización . Y una de las
mayores aspiraciones de los propietarios de caserones antiguos es vender el
terreno o construir propiedad horizontal, sobre todo cuando se trata de una
herencia. Así la valorización histórico-patrimonial pasa a ser vista como un
factor negativo, no deseado, una amenaza al peculio familiar; se vive como una
expropiación. Se generan conflictos que pueden llevar a medidas extremas por
parte de los propietarios, como implosiones e incendios, o al simple
Turismo y Cultura 119
abandono, con la justificativa de que, si el Estado
declaró que su inmueble tiene valor histórico, ese debe mantenerlo.
Como resultado, lo que se obtiene son edificios
abandonados, o terrenos baldíos con escombros que, al contrario de lo que era
de esperar, afean las ciudades en lugar de embellecerlas. O peor, familias son
perjudicadas; personas que no quieren especular, que quieren mantener su casa
pero no pueden siquiera reparar daños normales ocasionados por el paso del
tiempo sin la anuencia de arquitectos especializados y técnicos de restauro,
cuyos honorarios no pueden pagar (Barretto, 2003a).
El Estado, por su parte, en este momento de auge
del neo liberalismo se retira hasta de las áreas donde es esencial, como la
salud y la educación básica, por lo cual es impensable que invierta dinero
público en el mantenimiento del patrimonio histórico. Se da entonces una
situación paradójica. El Estado declara que los edificios tienen valor
histórico para protegerlos de la destrucción rápida y la demolición, pero al
minimizar las posibilidades de utilización y aumentando las restricciones sobre
quien puede intervenir y cómo, los condena a la destrucción lenta del abandono,
sin dinero propio para mantenerlos y sin poder obligar a los propietarios a
hacerlo.
Si bien en la literatura internacional parece haber
un uso indistinto de las palabras conservar y preservar, siendo que en la
arquitectura se usa más la primera, es necesario hacer distinciones semánticas
para poder llegar a acuerdos mínimos de utilización del patrimonio. Preservar
significa proteger, resguardar, evitar que alguna cosa sea alcanzada por otra
que pueda hacerle daño. Conservar significa mantener, guardar para que haya
permanencia a través del tiempo.
Siendo que guardar es diferente de resguardar,
preservar el patrimonio implica mantenerlo estático e intocado, mientras que
conservar implica integrarlo en la dinámica del proceso cultural, lo que puede,
a veces, implicar la resignificación del bien y en este terreno también se dan
muchas discusiones.
Hay políticas que tienden a la preservación en el
sentido estricto de la palabra, a no dejar tocar los bienes, a no permitir
ninguna interferencia que pueda modificar su
120 Margarita
Barretto
esencia. Esto implica, muchas veces, dejar
edificios cerrados, por ejemplo o no permitir ninguna modificación que los haga
más habitables, como colocar aire acondicionado. Se entiende que cualquier
modificación o reutilización destruye el aura del bien cultural; es una “herida
a la realidad monumental” de acuerdo con Bosque Maurel (1996: 86).
Es preciso destacar que incluir los edificios en la
lista del patrimonio histórico supone que, para su restauro se deberá respetar
la continuidad de los sistemas tradicionales de construcción y no se podrán
alterar las características esenciales (www.international.icomos.org) No
obstante, en los interiores pueden ser realizadas modificaciones, se puede
colocar aire acondicionado, se pueden construir baños, etc. O sea, se puede
construir una residencia con todas las comodidades y la última tecnología, manteniendo
la fachada tal y como era doscientos años atrás. Esto para muchas personas hoy
constituye motivo de status y están dispuestas a pagar mucho dinero para vivir
o poner un negocio en una casa con valor histórico.Pero, en la opinión de gran
parte de los intelectuales y de los organismos gubernamentales, lo correcto
sería mantener la casona como era en su época, o en último caso, hacer un museo
o un centro cultural, siguiendo la línea francesa, propensa a la museificación
según Choay (2001: 161).
El problema, generalmente, es que el bien así
“protegido” se transforma en un equipamiento sin viabilidad financiera, que
pesa en el presupuesto del poder público y termina no cumpliendo la función
social que debería cumplir. El patrimonio mantiene su aura, pero no se
mantiene.
Paradójicamente, la preservación –en el sentido
etimológico visto anteriormente– acaba siendo una propuesta que lleva, muchas
veces, a la destrucción gradual del patrimonio, por falta de condiciones
financieras para obras de restauro o de mantenimiento simple. La conservación
es lo que permite evitar el deterioro de los bienes, o sea, lo que permite
protegerlos a largo plazo.
Uno de los usos más difundidos del patrimonio en
los últimos años en todo el mundo, ha sido el uso turístico, ya sea mediante la
instalación de medios de hospedaje o servicios de alimentación, casas de
cultura o para visitación mediante pago. Es un uso bastante polémico, que se
discutía ya en 1907, cuando empezaron los primeros viajes
Turismo y Cultura 121
organizados por T. Cook a las pirámides de Egipto y
se hicieron oir las primeras quejas de los intelectuales sobre “la implantación
intempestiva de hoteles en los alrededores de las pirámides y del número
excesivo de turistas” (Choay 2001: 172).
En la actualidad, los argumentos se refieren al
peligro de la presión por aumento de visitantes; la aparición de tiendas de
recuerdos, bares y otros equipamientos turísticos alrededor de los bienes de
interés patrimonial (Bosque Maurel 1996: 86).
A pesar del desgaste producido por la visitación, y
de algunos actos aislados de vandalismo por parte de los turistas, en ninguno
de los casos aparece el turismo como una amenaza para el patrimonio
(www.unesco.org/en/lista).
Al contrario, el turismo no sólo ha contribuido
para la conservación del patrimonio sino que en algunos casos ha sido la causa
del interés por el mismo, de su valorización y descubrimiento. La misma revista
Newsweek que denunciaba que Machu Pichu, Venecia, Los templos de Luxor y la
Gran Muralla China podían desaparecer por causa del exceso de visitantes,
publicaba en la página siguiente que los turistas han sido una de las mayores
fuerzas para la preservación del patrimonio . Cita el caso de los indios
Cayapas del noroeste de Ecuador y de los Mayas de Guatemala que han recuperado
sus tradiciones gracias al interés de los turistas, lo mismo los polacos de
Zakopane que han vuelto a producir queso de cabra ahumado después de haber
abandonado la tradición, o la restauración de las casas de madera de Kyoto
(machyia) que eran descartadas como basura dentro del proceso de
occidentalización de Japón. El autor del artículo llegó a afirmar que “ciudades
enteras deben su existencia al turismo” (Kerr 2006: 55).
Solo a título de ejemplo, para los arqueólogos y
científicos relacionados con patrimonio en Cerdeña, por ejemplo, el turismo
“fue una verdadera bendición” pues a partir del interés de los turistas empezó
un trabajo de excavación y recuperación de ruinas pre-históricas de la
civilización nuraghe (Odermatt 1996).
Desde la época del Grand Tour –cuando aún ni
siquiera se había aplicado el concepto de patrimonio a los monumentos– el
interés era por la arquitectura y los monumentos
122 Margarita
Barretto
construidos, relacionados con los grandes hechos de
la historia política. En la actualidad se buscan vestigios de la petit
histoire. Muchas personas no quieren ver apenas los lugares consagrados, como
la Torre Eiffel o el Coliseo; quieren aprender algo más, algo sobre personas
comunes y el cotidiano de las poblaciones.
Como consecuencia, en muchos lugares el turismo
cultural ha sido un factor de revitalización, de afirmación cultural y
económica. Por ejemplo entre los indígenas de la Columbia Británica en Canadá,
ya mencionados (Norris Nicholson 1997). Otro caso que puede ser citado es el de
la ya mencionada Biltmore House, en Carolina del Norte, Estados Unidos, la casa
de familia más grande del país, con 250 habitaciones, que pasó a tener su
principal fuente de renta en el aporte económico de turistas de alto poder adquisitivo
(Cecil, 1997) y se ha constituido hoy en uno de los hoteles más galardonados
del país, donde se hacen eventos al estilo de las familias abastadas de
principios del siglo XX, se practica el enoturismo y el turismo gastronómico
(www.biltmore.com), contrariando las afirmaciones antes transcriptas para el
caso de España.
Se podría hacer una larga lista de los lugares en
los que ha sido la demanda turística la que ha impedido que los bienes
declarados patrimonio sean demolidos, a pesar de las leyes, por la destrucción
modernizadora.
Ejemplos de emprendimientos exitosos hay muchos,
tanto de ciudades como de propiedades individuales y hasta de equipamientos.
Otro caso interesante es el relatado por Johnson
(1999), donde se combinan técnicas museológicas con el guiamiento turístico,
con un resultado excelente tanto para los dueños de casa, como para los
turistas y, sobre todo, para el legado cultural . La autora muestra las dos
facetas posibles del turismo patrimonial. De acuerdo a su análisis, el turismo
planificado por la Oficina de Turismo en el Parque Nacional del Patrimonio
Irlandés, una especie de museo al aire libre, se olvida de mostrar la secuencia
temporal de la historia, dando lugar a interpretaciones equivocadas del pasado,
escamoteando la complejidad de los procesos. En cambio los tours que son
realizados de acuerdo a las orientaciones de una organización independiente, el
National Trust , muestran las propiedades rurales, los muebles, las obras de
arte y
Turismo y Cultura 123
hasta la planificación del jardín, además de contar
la biografía de los propietarios. Esto demuestra que se puede mostrar la
historia de una forma provocativa, contextualizada e integrada con los procesos
nacionales. Se trata de la casa Strokestown en el condado de Roscommon a 90
millas de Dublín, una propiedad rural que fue abierta al público en 1987 y
dentro de la cual se cuenta la historia social del lugar en cuatro módulos:
historia económica y de la arquitectura de la casa; la casa durante los años
del Gran Hambre; historia de la familia y las relaciones de género; relaciones
sociales entre los nobles y los siervos. Estas últimas son muy evidentes en la
arquitectura, pues existe una serie de pasajes subterráneos antiguamente
utilizados para que los sirvientes se desplazaran por la propiedad, para
realizar sus tareas, permaneciendo “invisibles” a los señores. Inclusive es la
única casa que queda en Irlanda con un balcón en la cocina, cuya función era
permitir que la patrona pudiera dar las órdenes a los sirvientes sin mezclarse
en su espacio.
Este tipo de visita guiada sólo fue posible gracias
a un estudio muy cuidadoso de los archivos de la familia y, obviamente, a la
visión de mundo de los coordinadores del proyecto.
Otra de las diferencias que caracteriza esta
propuesta es que la casa está actualmente ocupada, por lo tanto hay una
continuidad entre pasado y presente. No existe el “congelamiento” tan criticado
por algunos científicos, como se verá en la parte del capítulo dedicada a
museos.
Equipamientos extremadamente originales son dos
albergues de la juventud instalados en Suecia. Uno dentro de un tren
desactivado y el otro, en un velero de 1888 (López Tarasido, 2002).
La cuestión de los usos turísticos también se
discute a partir de la óptica antes mencionada del aura del monumento, en una
especie de oposición entre lo sagrado (patrimonio) y lo profano (los negocios
turísticos). Lo que cabe preguntarse es si una tienda de souvenires – profana–
en un monumento no es mejor que la destrucción del monumento por la falta de
uso o de rubro para mantenerlo.
También se discute si, dado el proceso por el cual
se realiza la declaración de interés patrimonial de un
124 Margarita
Barretto
monumento, en el futuro el interés turístico de un
bien no va a ser más determinante que su valor histórico o cultural, para que
sea propuesto para registro. En este caso las razones económicas predominarían
y se haría la voluntad de los grupos de poder que se beneficiarían con los
negocios turísticos, a partir de la creación de un atractivo avalado por
organismos nacionales o internacionales; lo que, de alguna forma, en la
actualidad, está ocurriendo, conforme autorizados científicos europeos
comentan.
Los grupos interesados que promovieron la
declaración han sido movidos, al menos en parte, precisamente por esos
intereses turísticos [...] a pesar de los principios básicos con que funciona
el patrimonio de la humanidad [...] la declaración es una declaración turística
(Bosque Maurel 1996: 84).
Y no hay como negar que para los sectores público y
empresarial del turismo, el patrimonio es un recurso especialmente interesante.
Es gratuito, está allí, no está sujeto a sazonalidad y da estatus (Prats 1997:
43).
Otra cosa que se cuestiona es la visitación
indiscriminada por parte de los turistas; hay investigadores que se plantean
hasta que punto se puede dejar que el patrimonio sea usado por personas que
solo quieren recreación, que simplemente son consumidores pasivos, que no se
interesan por el significado cultural del lugar. Argumentan que es muy difícil
para el “hombre de a pie” entender los significados de ciertas cosas del pasado
(Boniface y Fowler 1993: 87-97). Para quienes aspiran a la democratización de la
cultura, resta el dilema de cómo, entonces, conciliar el derecho universal de
ir y venir con la necesidad de limitar las vistas a personas que realmente van
a comprender el lugar que visitan. En eso reside la importancia de los
mediadores culturales, también criticados en algunos círculos intelectuales,
como ya fue visto, y de la cobranza de entradas a la altura del valor de lo que
está siendo visitado.
Otro aspecto que hay que tomar en cuenta es que
tanto el concepto de patrimonio como el patrimonio en sí, son socialmente
construidos; y lo que se elige para ser declarado patrimonio obedece a razones
y a intereses del presente. Vivimos en una sociedad capitalista, donde la
economía mundial gira en torno del consumo de bienes y servicios. De
Turismo y Cultura 125
la misma forma que se puede hablar de negocios
turísticos, se debe reconocer que hay un mercado de patrimonio, así como hay un
mercado de arte (Boniface y Fowler 1993:127). Y no hay por qué considerar que
este mercado es una especie de profanación a la cultura. De acuerdo a los
especialistas “lo deseable es que [las ciudades declaradas de interés
patrimonial] sigan siendo ciudades vivas” (Bosque Maurel 1996: 86). No
obstante, no hay como huir de la actual coyuntura mundial en que “culturas
enteras se han convertido en espectáculo, ya sea para la televisión, ya sea
para el turismo cultural” (Prats 1997: 41), a menos que se produzcan cambios
radicales en los modos de producción. No se puede seguir pensando que el valor
de la cultura pertenece al universo de lo puro, trascendente y creativo, un fin
en si mismo, mientras que el valor económico es superficial, calculista, un
medio para un fin (Shepherd 2002: 190), reiterando la oposición entre lo
sagrado y lo profano. Es necesario aceptar que el comercio también es parte de
la cultura contemporánea, lo que no implica que la cultura no pueda
comercializarse de forma seria y respetuosa, y que la comercialización del
patrimonio no pueda contribuir con mejoras en la condición humana actual,
ayudando a las personas a encontrar o mantener su identidad y sus tradiciones.
Dentro de las discusiones referentes a la
comercialización de la cultura, quizás la más polémica sea la de la
gentrificación del patrimonio urbano.
En varias ciudades del mundo, a partir de cambios
en las actividades comerciales y otras dinámicas sociales, los centros de las
ciudades o las regiones portuarias fueron siendo abandonados.
A partir de la década de 1960 se empezó a dar, en
las ciudades, un proceso de descentralización, que, con un claro trasfondo
político de provocar la dispersión de las masas, llevó a la construcción de
centros administrativos y empresariales en barrios alejados . Eso hizo que los
centros sufrieran un deterioro progresivo, transformándose en áreas degradadas,
y condujo a un proceso llamado de suburbanización, en que las clases medias
buscaron vivir fuera del centro.
Otro de los cambios drásticos que tuvieron lugar a
partir de esa década se dio en el transporte de carga por vía
126 Margarita
Barretto
acuática. Al generalizarse el uso de los containers
para el transporte de carga directo de los camiones a los navíos, los galpones
que antes almacenaban las mercaderías en los puertos fueron quedando ociosos,
abandonados a los roedores, derruyéndose de a poco.
Al mismo tiempo, la llegada de la era post
industrial provocó la ociosidad de muchos espacios fabriles.
A partir de 1980, proyectos combinados del poder
público con la empresa privada llevaron a la revitalización de los centros y
barrios obreros, a la compra y restauro de inmuebles, a la reutilización de
viejos edificios y depósitos, antiguas fábricas, antiguas minas o industrias
que habían dejado de funcionar y a la recuperación de las características
históricas del lugar. Los inmuebles pasaron a tener utilidad cultural o
recreativa, las empresas volvieron a ocupar edificios históricos restaurados,
mejorando con ello su imagen, intelectuales pasaron a comprar casas antiguas
para vivienda y los turistas pasaron a circular.
Inglaterra tomó como modelo a Estados Unidos, y
pronto lo superó en proporción de emprendimientos. En la actualidad, en
Inglaterra existe la convicción de que los proyectos turístico- culturales y
recreativos son los que pueden equilibrar la economía de estas ciudades
desindustrializadas, en función inclusive del bajo precio de la mano de obra
requerida para el sector y han sido declarados prioritarios para las
inversiones públicas y privadas, no solo nacionales sino también de fondos de
la Unión Europea (Robinson 1999a: 141).
El concepto de gentrificación es un neologismo que
viene del vocablo inglés, gentrification, que podría significar ennoblecimiento
o refinamiento, ya que gentry quiere decir aristocracia, o gente fina, también
puede ser traducido como elitización. También se utiliza como sinónimo
“calificación” o “cualificación” en el sentido de dar calidad a los espacios.
Se puede encontrar también la palabra
revitalización aplicada al fenómeno, pero es preciso notar que se trata de
procesos diferentes. La revitalización no necesariamente trae aparejado el
cambio de clase social. De hecho los primeros trabajos de revitalización
urbana, los realizados en Bolonia (Italia) por ejemplo, en la década de 1960
eran proyectos destinados a las clases trabajadoras.
Turismo y Cultura 127
Se atribuye el uso por primera vez de la palabra
gentrification a la socióloga Ruth Glass, en 1964, que describía el proceso por
el cual los barrios obreros de Londres iban siendo “invadidos” por clases
medias altas y bajas.
Cabañas y alojamientos pobres y modestos –dos
cuartos arriba y dos abajo– han sido tomados [...] y se han transformado en
residencias elegantes y caras...Una vez que este proceso de gentrification
empieza en un distrito, se extiende rápidamente hasta que la mayor parte de los
ocupantes de la clase trabajadora son desplazados y todo el carácter social del
distrito cambia (http://members.ly-cos.co.uk/gentrification/whatisgent.html).
La gentrificación se refiere a una reestructuración
espacial profunda en varios sentidos y es un proceso que carga contradicciones
sociales. En primer lugar, se refiere a una expansión del área física del
centro; en segundo lugar, a la difusión del poder cultural del centro de la
ciudad y, finalmente, a un proceso de transformación del centro de la ciudad de
acuerdo a una cultura internacional de mercado. La gentrificación no implica el
uso turístico del lugar, pero ha llevado a que los lugares pasen a ser atractivos
para los turistas, en función de los equipamientos refinados que se instalan.
Tampoco implica recuperación de la historia, pero lleva indirectamente a ello,
con la reutilización de construcciones antiguas para nuevas finalidades.
Esta resignificación de edificios históricos
–declarados patrimonio o no – tiene otras consecuencias para la dinámica de
ocupación de los espacios urbanos, que ha merecido, de un lado, críticas
demoledoras y, de otro, la aprobación por parte de diferentes segmentos de la
comunidad académica. La mayor crítica ha devenido de la expulsión de las clases
menos favorecidas de estos espacios en función del aumento de precio de las
propiedades.
En la mayoría de los casos, antes de la
gentrificación los lugares eran habitados por personas que tenían una historia
en el mismo . Además, tenían empleos o sub-empleos en los alrededores. La
revalorización inmobiliaria llevó a la expulsión de estas personas de sus
casas, generalmente alquiladas, obligándolas a mudarse para barrios alejados,
lo
128 Margarita
Barretto
que, aliado a la precariedad del transporte urbano,
les ocasionó un gran perjuicio . Además de perder los lazos con su propia
historia, perdieron sus fuentes de trabajo. Esto puede ser visto desde
Anacostia, el barrio de Washington donde vivían afroamericanos, al centro de
Salvador, Bahía, pasando por la planta de gas de Amsterdam, Holanda. Se pueden
incluso encontrar varios movimientos de la sociedad civil contra la
gentrificación.
Sin duda, aquella dio más visibilidad a las
desigualdades sociales porque colocó islas de renovación en mares de
decadencia, utilizando la expresión de Zukin (1993: 188); mares estos donde
muchas veces predominaban la prostitución, los pequeños crímenes, el tráfico de
drogas, que impedían hasta que los miembros de la clase trabajadora que allí
vivían pudieran tener una vida tranquila. Esa parcela de la población fue sin
duda injustamente despojada de sus derechos de ciudadanía por un régimen
político y económico perverso, pero cabe preguntarse si no haber calificado los
barrios habría mejorado su situación de alguna forma.
En el caso de los espacios públicos, por ejemplo,
la gentrificación recupera plazas y parques para las clases medias, que los
mantienen con sus impuestos, lo que también es un derecho porque también es su
historia la que está en estos espacios.
Tampoco se puede compactuar con el discurso ingenuo
de quienes dicen que la calificación y el consiguiente aumento del turismo
traerán automáticamente nuevos empleos, a los que las personas pobres podrían
tener acceso; algo así como un efecto multiplicador mágico capaz de colocar
todos los habitantes de las áreas gentrificadas dentro de un mercado de
trabajo, y con un nivel salarial capaz de provocar una gran movilidad social.
Los estudios de caso realizados hasta ahora no parecen probar esto, ya que justamente
las personas con menos renta, con menos escolaridad también tienen dificultades
para conseguir empleos formales en el área de turismo y mucho menos en
servicios altamente cualificados como son los que se brindan en regiones
gentrificadas. Por el momento no se han encontrado estudios que comprueben que
la situación de las personas de menos ingresos que la gentricación expulsó de
los centros urbanos haya tenido alguna mejoría en su calidad de vida por el
aumento del turismo en el lugar. Al contrario, sí hay estudios que
Turismo y Cultura 129
demuestran la pérdida de calidad de vida sobre todo
en función de la distancia que los separa de sus lugares de trabajo.
Otras corrientes de pensamiento, sin negar los
perjuicios sufridos por el sector más pobre de la población, abservan que este
proceso representa un esfuerzo colectivo de las clases medias por apoderarse
del centro que, inclusive, ha frenado la destrucción de edificios históricos en
aras de la especulación inmobiliaria que fue moneda corriente en la segunda
mitad del siglo XX. La serie de empresas de servicios relacionados o no al
sector de turismo y/o de entretenimiento que se instalaron en ellas, han dinamizado
la economía, además de proporcionar un placer estético que no puede ser dejado
de lado, ya que la dimensión estética cada vez tiene más importancia para la
calidad de vida en la sociedad post moderna.
Las repercusiones positivas en el medio académico
han sido el crecimiento de la etnohistoria dedicada a la investigación de los
modos de vida, las relaciones de producción y representaciones del pasado y del
presente, a partir de la conjunción de varias disciplinas, como antropología,
geografía, historia de la tecnología, historia de las mentalidades y otras
(Hoyau apud Lumley 1988: 31). La contribución de la historia oral, área en la
que Inglaterra ha contribuido significativamente a partir de los trabajos de
Paul Thompson, también ha sido importante en estos procesos (Urry 1995: 151).
Estos procesos de calificación son lentos y su
éxito está relacionado con la participación de varios segmentos de la sociedad
civil que están de alguna forma involucrados, voluntaria o involuntariamente.
Cuando esto no sucede, el desplazamiento de la población local trae aparejado
un cambio de sentido de los lugares, que quedan reducidos a fachadas,
despojados de su significado. Pero la calificación de espacios, si está bien
lograda, se apoya y al mismo tiempo estimula la memoria colectiva, motor fundamental
para desencadenar un proceso de identificación del ciudadano con su historia y
su cultura.
El concepto de memoria colectiva, de acuerdo con
Halbwachs (1968: 36-37) tiene que ver con una memoria social, exterior al
individuo, extendida en el tiempo, que guarda archivados sucesos acaecidos hace
mucho. Esta
130 Margarita
Barretto
memoria es el envoltorio de las memorias
individuales y conserva, a su manera, los hechos que sucedieron en la sociedad
a la cual el individuo pertenece. Los individuos, a su vez, precisan de esa
memoria colectiva cuando quieren saber sobre hechos de los que no fueron
testigos y que forman parte de su pasado y de la comunidad a la que pertenecen.
Una crítica muy común dentro del medio científico,
sobre todo dentro de la antropología y de la historia ha sido que, en estos
casos, la preservación parte de una necesidad del mercado cultural y turístico
internacional. No obstante, los casos estudiados muestran que la recuperación
de la memoria colectiva, aunque sea para ser reproducida para los turistas,
conduce, en una etapa posterior, a la recuperación del “color local”, en un
ciclo de realimentación que lleva a una búsqueda por la recuperación del pasado.
Ya que hoy se hace cada vez más difusa la frontera
entre equipamientos para uso de los turistas y para la recreación de la
población, la recuperación de un centro histórico y la representación del
cotidiano de otro siglo, o un museo bien presentado de acuerdo con los actuales
paradigmas o la presentación de un espectáculo de danzas tradicionales, pueden
no ser apenas atractivos para los turistas que están de paso. Son también
herramientas para quien quiera enseñar o aprender historia de una forma entretenida.
La recuperación de la memoria lleva al conocimiento
del patrimonio y este a su valorización por parte de los propios habitantes del
local. Un monumento o edificio difícilmente será objeto de un acto de
vandalismo por alguien que conoce su significado, que conoce lo que representa
para su propia historia como ciudadano16. La crítica recae en la transformación
del patrimonio en un bien de consumo. El patrimonio deja de ser valioso por su
significado histórico o identitario y pasa a ser valioso apenas porque puede
ser vendido y, muchas veces, por empresas que no son ni siquiera locales, que
deciden, desde afuera, lo que debe ser puesto en valor.
16 E ntre 1986
e 1991 la
autora realiz ó un
trabajo de enseñanza
de historia a
tr avés de
un tour histórico por la ciudad en
Campinas, E stado de S an P ablo .
F ue
interesante ver como una estatua pasaba a ser “aquel abuelo sentado allá”
después
que los chicos se famili arizab an con la his toria del monumento .
Turismo y Cultura 131
Cabe preguntarse si hay alguna manifestación humana
actualmente que no se transforme, de algún modo, en un bien de consumo y si
transformarse en un bien de consumo no es preferible al lento pero inexorable
proceso de destrucción de los bienes, sea por la especulación inmobiliaria o
por la “modernización” impuesta por la industria cultural o por la
internacionalización de la economía que aspira igualar a todos bajo los mismos
logotipos y carteles. Tampoco hay como negar que los turistas son producto de la
sociedad de consumo.
A pesar del lado comercial de la recuperación del
patrimonio, muchos investigadores han encontrado lo que Boissevan llamó de
rituales de revitalización (Selwyn 1999:
249) ,
que son, por ejemplo, fiestas populares en las que no se permite la
participación de turistas, como se vio en el capítulo III al comentar la
relación entre visitantes y visitados. Estos rituales constituyen
revitalización sin gentrificación y sin comercialización. De la misma forma,
Prats (1997: 46) reconoce que hay “activaciones patrimo-niales” que han surgido
como contrapartida a la masificación del turismo y a fenómenos migratorios,
provocando dinámicas locales cuando la población autóctona “ha visto peligrar
su identidad”. Estas activaciones patrimoniales también son designadas por la
expresión “puesta en valor” y se refieren a procesos de selección, ordenación e
interpretación de elementos patrimoniales en función de intereses políticos
para dar soporte a determinadas corrientes identitarias o ideológicas (Prats
2005).
Al mismo tiempo, autores que critican al turismo
por sus aspectos predatorios en la naturaleza, como Mathieson & Wall (apud
Tulik 1990: 68-69) admitían, ya hace más de una década, que el turismo
estimulaba la existencia y rehabilitación de sitios históricos, construcciones
y monumentos, a partir de su transformación en recurso recreativo. Admitían
también que propiciaba la revitalización de actividades tradicionales que iban
cayendo en desuso, así como el redescubrimiento de sitios con propiedades
específicas y de ciudades históricas, estimulando la transformación de antiguas
habitaciones en acomodaciones turísticas donde se mantiene la estructura y las
características tradicionales. Específicamente en sus estudios sobre el turismo
en Indonesia y extendiendo la cuestión a los países subdesarrollados, Wall
(1997: 138)
132 Margarita
Barretto
afirma que el patrimonio debe ser conservado,
mejorado e inclusive usado. Debe ser visto como un recurso [turístico] que
puede ser administrado y compartido.
Para la mayor parte de los científicos que estudian
el fenómeno, la revitalización ha sido uno de los beneficios incontestables del
turismo y hay hasta quien arriesgue una explicación sobre el por qué.
El turismo contribuye a la revitalización de
culturas tradicionales, porque la necesidad de preservar, mostrar y adornar y
potenciar los recursos culturales, sólo surge cuando existe la oportunidad de
mostrar esos recursos a los otros (Dogan 1989:223).
En cuanto a los centros de las ciudades
revitalizados y/o gentrificados, el número crece día a día y sería imposible
registrarlos en este espacio. Los países que más ejemplos tienen son Estados
Unidos e Inglaterra. En el primero, se puede citar, apenas como ejemplo de
muchos otros casos, el barrio de Soho, Nueva York, con la transformación de
galpones industriales en lofts residenciales (Sotratti 2005:
101) o el
barrio chino de Washington; en el segundo, ciudades (antes) industriales como
Beaufort y Manchester, o los barrios de Battersea y Bellevue Road, en Londres.
Barcelona (España) es considerada una especie de modelo de revitalización y
llevó a la creación del movimiento Eurociudades. Otros centros revitalizados
son Lisboa (Portugal), Montpellier y el barrio de Le Marais en Paris (Francia),
o Friedrichstrasse en Berlin (Alemania). El centro de Varsovia fue revitalizado
después de la segunda guerra, como parte de un proyecto museológico. En América
del Sur se pueden citar, también solo a título de ilustración, los
centros históricos de varias ciudades de Brasil,
como Salvador (Bahía), Recife (Pernambuco), São Luís (Maranhão), São Paulo (São
Paulo); los barrios de Almagro (más precisamente el Abasto, donde empezó su
carrera el legendario cantor Carlos Gardel) y Palermo Viejo en Buenos Aires,
Argentina; el centro histórico de Quito, Ecuador.
Las áreas portuarias han sido las más beneficiadas
con proyectos de gentrificación. En Estados Unidos, se puede decir que hay un
proyecto de recalificación de áreas portuarias a nivel nacional. Solo para
citar algunos pocos, la
Turismo y Cultura 133
costanera de Chicago, Illinois la bahía de Boston,
Massachussetts, la de Chattanooga en Tenessee y la de Baltimore en Maryland así
como la costanera al sudoeste de la ciudad de Washington sobre el canal del
mismo nombre. En otros países podemos citar los más conocidos: Puerto Madero
(Buenos Aires, Argentina), Darling Harbour (Sydney, Australia), la ensenada
Victoria and Alfred (Ciudad del Cabo, Africa del Sur).
La participación de la población es fundamental
para el éxito de los proyectos, y lo que se evidencia es el compromiso del
sector privado.
Por ejemplo, en el caso de la calle Bom Jesús de
Recife se hizo un trabajo con los propietarios de bares para mostrarles los
beneficios que podrían obtener si invirtieran en las reformas de los locales,
lo que efectivamente hicieron.
En el centro de la ciudad de San Pablo fue creada
la Asociación “Viva o Centro” de la que participan personas físicas, y empresas
privadas, entre ellas varios bancos.
La bahía de Boston fue recuperada a partir de 1973
por una asociación mixta fundada por la Liga de Mujeres Votantes y la
Asociación de Navíos, que cuida del medio ambiente y la utilización correcta
del recurso. La de Chattanooga, con un fondo proveniente de los impuestos a
hoteles y similares sumado a donaciones privadas, con un complemento del
estado.
Algunas iniciativas oficiales internacionales
también existen, como por ejemplo el Sirchal (Seminario Internacional sobre
Revitalización de Ciudades Históricas de América Latina), con sede en Paris,
que realiza encuentros para debatir estas cuestiones de forma multidisciplinar,
el Cideu-Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico y Urbano, y el
RehabiMed, para la rehabilitación de las ciudades del Mediterráneo, estos
últimos estructurados a partir de la experiencia de Barcelona.
El caso del Pelourinho (Salvador, Brasil) ha sido
bastante criticado en los medios académicos justamente por la falta de
participación de la sociedad civil . También por la falta de una
compatibilización entre una propuesta de calificación relacionada al turismo
con los tipos de turistas y de productos turísticos ofrecidos en el lugar. Un
proyecto oficial
134 Margarita
Barretto
centralizador restauró el centro histórico, pero no
hubo quien diera continuidad a los trabajos a partir del sector privado, lo que
hizo con que los edificios se fueran deteriorando nuevamente. La población
local que residía en el lugar fue realojada por decreto, pero no hubo
inversiones privadas en comercio calificado y los ambulantes y mendigos
continúan como siempre, con técnicas agresivas eintimidadoras para los
turistas. Y cuando hay casas finas, como joyerías, por ejemplo, tienen esquemas
de seguridad que inhiben la entrada de turistas.
[...] se constata la incompatibilidad del poder de
inversión de los negocios y productos allí comercializados con los recursos
invertidos por los órganos públicos del estado [...]. Esto revela algunas
fallas en las estrategias económicas [...] extrema centralización del órgano
público [...] ausencia de participación del mercado local (Sotratti 2005: 223).
Se puede decir que no hubo revitalización, porque
el Pelourinho es un área totalmente turística y comercial, con un porcentaje
mínimo de residencias. De acuerdo con el registro del Departamento de
Patrimonio Inmobiliario, de 1307 inmuebles, apenas 185 son residenciales
(Sotrati 2005:
205) y que tampoco hubo gentrificación.
La revitalización, la gentrificación y la
musealización tienen muchos puntos en común, históricamente.
En el proyecto de acción cultural comunitaria
conducido por el Museo Arqueológico de Tunez en la década de 1970, la
experiencia cotidiana mostró la necesidad de comprometer a la población si se
quiere efectivamente mantener un proyecto de restauro.
Los especialistas del museo estuvieron encargados
de elaborar, junto con urbanistas y arquitectos, un plan para el restauro y la
conservación de la riqueza arquitectónica de la Medina, distrito de la ciudad
que tiene muchos sitios arqueológicos y que se estaba deteriorando debido al
crecimiento desordenado de la ciudad. Se limpiaron las fachadas y las veredas y
se reforzó la estructura de los edificios. Poco tiempo después, algunos
sectores empezaron a presentar, nuevamente, señales de deterioro. Entonces los
Turismo y Cultura 135
técnicos pensaron en la posibilidad de integrar a
los habitantes del distrito en la misión de recuperación. Para esto fue preciso
un trabajo de información y concientización sobre la riqueza cultural del
barrio y la necesidad de preservarlo. Al mantener contacto con la población,
los técnicos vieron las condiciones de marginalización en que la población
vivía, sin infraestructura sanitaria, sin escuelas, con alto índice de
delincuencia . Así siendo, la primera medida, antes de hablarles de
preservación, fue darles condiciones dignas de vida. De a poco la población fue
respondiendo positivamente al proceso y los habitantes del distrito se
transformaron en guardianes de su patrimonio. Como dice Galard (1971: 14 apud
Barretto 2000: 38) “hay condiciones sociales que dan fealdad a nuestra vida,
presiones económicas que nos impiden la percepción estética de la existencia”.
En la actualidad la Medina de Tunez, patrimonio de
la humanidad, tiene un sector gentrificado, un sector turístico y un sector
menos favorecido lo que reafirma lo dicho anteriormente, de que la
gentrificación y la turistificación no son garantía de bienestar para toda la
población, como algunos teóricos suelen vaticinar.
Otra ciudad patrimonio de la humanidad donde se
pueden identificar estos varios sectores es el Barrio Histórico de Colonia del
Sacramento ciudad fundada em 1680. Hasta la década de 1970 había un barrio
llamado Sur, donde vivían algunas familias tradicionales pero que, por estar
cerca del puerto se había transformado en un barrio de casas nocturnas.
La ciudad más amplia, constituída por diez mil
habitantes, ofrecía para aquellos que no provenían de una familia tradicional
adinerada (estancieros o comerciantes) tres opciones: ser obrero de una fábrica
de telas, ser empleado público por cuña política o emigrar.
En 1969 un arquitecto de la comunidad, Miguel Angel
Odriozola, que en la facultad estudiaba los vestigios de la antigua plaza
fuerte, encabezó la creación de una comisión honoraria del patrimonio. Con el
apoyo del Ministerio de Educación y Cultura empezaron las excavaciones e
investigaciones que, veinte años después, dieron frutos considerables para la
ciudad, tales como el título de Patrimonio de la Humanidad, en 1996. Junto con
la
136 Margarita
Barretto
revitalización del patrimonio se dinamizaron los
museos, se abrieron teatros y casas de cultura, también archivos que son
visitados por investigadores de varios países, ya que la ciudad tuvo una
importancia vital en las luchas entre España y Portugal durante la época de la
colonia, en las que Inglaterra también jugó importante papel. Estrategicamente
situada frente a Buenos Aires, Portugal la entregó a España a cambio del
territorio de las Misiones Jesuíticas. La recuperación de la memoria colectiva
hizo con que muchas de los habitantes del barrio y de la ciudad más amplia se
dieran cuenta lo que había significado su ciudad en el contexto de la
colonización, su importancia estratégica, la riqueza cultural de haber sido
ocupada, de forma alternada, por portugueses y españoles, con alguna presencia
de ingleses, durante sus cien primeros años.
En la actualidad es el destino de turismo cultural
más importante de Uruguay y uno de los más vendidos en Argentina. Se han
abierto hoteles internacionales, restaurantes regionales y otros lugares de
entretenimiento, dinamizándose la cadena productiva del turismo, lo que se
refleja en la disminución de la migración de los jóvenes, que tienen más
fuentes de trabajo.
Es un lugar donde el turismo de patrimonio ha
traído más beneficios que inconvenientes, a pesar de que carece de
planificación y políticas integradoras, como gran parte de las ciudades
históricas.
En estos procesos de revitalización con o sin
gentrificación, orientados o no para el turismo, lo ideal seria que museólogos,
arquitectos, urbanistas, historiadores, científicos sociales, turismólogos, y
otros, formen equipos multidisciplinares para una planificación integral dentro
de la metodología de la investigación participativa. Esta presupone que los
técnicos se involucren como sujetos de la acción, lo que es también una nueva
forma de pensar el turismo en relación a la cultura.
Capítulo VI
Museos y Turismo
De la misma forma en que la revitalización ha hecho
parte de propuestas museológicas, los museos hacen parte de los proyectos de
revitalización y/o gentrificación. Quizás el ejemplo más extraordinario sea el
Guggenheim de Bilbao (España) que prácticamente colocó esta ciudad en el mapa
turístico . Antes de su existencia, Bilbao era conocida (y evitada) apenas por
la violencia relacionada al ETA 17.
Los museos han pasado por grandes modificaciones a
partir de la segunda mitad del siglo XX, en que sufrieron una severa crisis
económica y de desvalorización social. Muchos son, en la actualidad atractivos
turísticos, lo que redunda en beneficios para propias comunidades receptoras,
ya que sus museos son revitalizados y hasta mantenidos por la actividad
turística18. Los cambios se realizaron en el contenido y en la forma, en el
papel social y en los espacios utilizados.
Tanto el Museion de la Grecia antigua, como las
colecciones surgidas en oriente en el siglo X y en occidente en el siglo XVI
fueron creados por las clases dirigentes: ciudadanos, aristocracia, clero,
burguesía, de acuerdo a su padrón estético y a sus necesidades e ideología. El
museo era el guardián de los tesoros de la clase dominante, principalmente
obras de arte y objetos exóticos resultado de botines de guerra o de viajes de
descubrimiento.
En el siglo XVII solamente viajeros distinguidos y
científicos podían apreciar las colecciones y jardines botánicos de los
príncipes europeos. A partir de 1700 la
17 Organización
separatista Vasca que utiliza el terrorismo en su campaña por un estado
independiente (www . britannica . com)
18 El caso de
Inglaterra es paradigmático en este sentido, donde el English Tourism Board
mantiene los museos . (Hewison 1987; Horne 1984; Urry 1995) . Fue el primer
país que institucionalizó la relación turismo y museos en 1992 (Robinson 1999)
138 Margarita
Barretto
Galería Imperial de Viena, el Palacio Quirinal de
Roma y el Escorial de España permitían la entrada del público mediante pago de
una tasa y la Galería de la Corte de Dresden (actual Alemania) facilitó las
visitas a partir de 1746. El Asmolean, en Inglaterra, considerado un museo
público, permitía la entrada de especialistas, estudiosos y estudiantes
universitarios, mientras que los museos que dependían de la Iglesia solo
permitían la entrada de invitados especiales, artistas y la elite gobernante.
Las colecciones reflejaban la vanidad de sus
dueños, mostrando riquezas, en la forma de obras de arte amontonadas.Ya los
llamados “gabinetes de curiosidades acumulaban cosas exóticas, raridades
_algunas falsificadas_ como la sirena o el unicornio marino19.
Hasta el siglo XVI los museos funcionaron en viejos
castillos o edificios cerrados. La primera construcción especial para museos
fue a Galería Ufizzi el Florencia donde estaba previsto el funcionamiento del
centro administrativo de la ciudad (las oficinas) en la planta baja y un primer
piso para exhibir las obras de arte de la familia Médici.
Entre 1795 y 1799 el Louvre innovó en la forma de
relacionarse con el público. Este museo surgió como resultado de la
estatización de colecciones de la realeza y el clero después de la revolución
francesa, y fue aumentado con los botines de guerra de Napoleón. Fue
considerado desde el principio un “museo del pueblo” donde cualquier persona
podía entrar si pagar. Su objetivo fundamental era educar a las personas en el
sentido de introyectarles los valores burgueses después de la revolución.
En Inglaterra, la situación no era la misma. Hasta
el siglo XIX el Estado no apoyó los museos, argumentando que “no era de
incumbencia del gobierno de Su Majestad dar lujos al pueblo” (Hudson 1987: 48).
Esta situación solamente cambiaría a partir de la Gran Exposición de productos
industriales de 1851, la cual tuvo dos grandes consecuencias, una fue la
creación del Museo de South Kensingston y, la otra, la de acabar con el mito de
que los obreros no estaban interesados en actividades culturales. El suceso de
la
19 El Museu
Británico, en 1753, aún tenia una sección de “Producciones Naturales y
Artificiales” (Stocking Jr . 1985: 7)
Turismo y Cultura 139
exposición entre la clase trabajadora fue de
fundamental importancia porque los dueños de colecciones alegaban que no
permitían la entrada del pueblo porque las personas eran analfabetas, no tenían
educación, eran propensas a la bebida y a los excesos y asociaban las
exposiciones a ferias y circos, de forma que, si visitaban sus colecciones
inevitablemente habría griterío y bullicio (Hudson 1987: 11).
De cierta forma es comprensible que una exposición
sobre las últimas novedades tecnológicas tuviera más sentido para la clase
trabajadora que obras de arte que estaban lejos de su comprensión, o que los
montones de objetos apiñados en las salas de los museos, sin lógica o estética
. Es preciso tener en cuenta que recién en 1884 el museo de Historia Natural de
Londres había implantado un sistema de clasificación basado en las
investigaciones científicas de Linneaus y había ordenado la colección de historia
natural de acuerdo con la teoría de Darwin.
A partir de la década de 1930, con los cambios
antes mencionados en el concepto de historia y con la revisión de métodos de
trabajo en la antropología, los museos entraron en un período de crisis.
La antropología se había apoyado durante muchos
años en las evidencias de la cultura material, guardada en los museos . Cuando
empezó el interés por la cultura simbólica y por las técnicas etnográficas de
campo, los museos dejaron de ser necesarios. A no ser para los estudios de
arqueología, las colecciones dejaron de ser importantes para la investigación
antropológica (Stocking Jr. 1985: 9).
A su vez, la historia pasó a dar importancia a
grupos sociales antes ignorados, y las innovaciones empezaron por el
redimensionamiento de la función pedagógica y social de la institución
museística, buscando una ruptura con lo tradicional, y una intensificación de
las relaciones con el público.
En 1946 se constituyó dentro de la Unesco el
Consejo Internacional de Museos (ICOM), con sede en París, con la misión de
discutir los rumbos de la museología, donde la actuación de los franceses
Georges Henri Rivière, Hugues de Varine-Bohan Germain Bazin y Marcel Evrard en
el cuestionamiento de los modelos tradicionales fue decisiva.
140 Margarita
Barretto
Esta institución, entre otras tareas, analiza y
determina cuales fueron los museos paradigmáticos en el pasado y cuales lo son
en el presente. De acuerdo con la última definición de la institución
el Museo es una institución sin finalidad
lucrativa, permanente, a servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al
público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone, para fines de
estudio, educación y disfrute, evidencia material del hombre y de su ambiente
(ICOM 2001).
Se agrega en el mismo documento que esta definición
de museos es independiente de quien lo administra, del territorio donde está,
de la estructura funcional o de las colecciones.
Dentro de esta definición de museos el ICOM,
además, encuadra
institutos de preservación y galerías de exposición
permanentes de bibliotecas y centros de documentación, sitios y monumentos y
sitios arqueológicos, etnográficos y naturales, sitios y monumentos históricos
que tengan naturaleza de museo que adquieran, conserven y comuniquen evidencia
material de la gente y su ambiente; instituciones que tengan y muestren
colecciones de especies vivas de plantas y animales, tales como zoológicos y
jardines botánicos, acuarios y viveros; centros de ciencia y planetarios; galerías
de arte no lucrativas; reservas naturales; organizaciones museísticas
internacionales, nacionales, regionales o locales, ministerios, departamentos o
oficinas
públicas responsables por museos [...];
organizaciones no lucrativas dedicadas a la
conservación, investigación, educación,
capacitación, documentación y otras actividades relacionadas con museos y
museología; centros culturales y otras entidades que faciliten la preservación,
continuidad y administración del
Turismo y Cultura 141
patrimonio tangible o intangible (viviente y creado
por actividad digital); otras instituciones que el Consejo Ejecutivo [...]
considere que tienen características de museo [...] (ICOM 2001).
Los cambios empezaron a implementarse en la década
de 1970, tanto en la museologia como en la museografia (técnicas de
exposición). Los museos de arte, por su propia especificidad fueron los
primeros en darse cuenta de la necesidad de “educar para ver”. Fueron
introducidas experiencias innovadores en el Museo Nacional de Cuba, en La
Habana y en el Museo de los Niños, creado en una sala del Museo de Bellas Artes
del Palais de Longchamp, en Marsella (Francia). Después de familiarizarse con
las técnicas artísticas, con la ayude de profesores, los visitantes podían
tocar las obras y realizar trabajos manuales así como discutir sobre las obras
expuestas. Otra de las innovaciones fue informar sobre la vida del artista y
las técnicas e instrumentos de trabajo . El pionero fue el Museo David
D´Angers, en el valle del Río Loire (Loira) en Francia, donde se muestra el
proceso de elaboración de las obras de arte, las herramientas, los moldes y
hasta los recibos de pago del artista.
Lo que se espera en la actualidad es que los museos
de arte no sean más “templos para connaiseurs” sino que sean lugares de
formación, información y placer estético.
Los museos de ciencia, cuyas colecciones
primeramente eran didácticas y después pasaron a ser ilustrativas, con dioramas
y, más adelante, mecanizadas, pasaron a transformarse en lugares de
experimentación científica . Se constituyeron las llamadas exposiciones hands
on en las que el público puede manipular elementos, teniendo como pionero al
Deutsches Museum de Munich. También se pasó a contar la historia social de la
industrialización del lugar donde el museo estaba localizado.
Los museos de historia tuvieron cuatro etapas desde
sus primordios hasta la década en estudio. Primeramente, en los siglos XVIII y
XIX, el interés recaía sobre la historia de Grecia, Roma y el Oriente Medio de
los tiempos bíblicos. Después vino la época del nacionalismo caracterizada por
una actitud romántica para con las guerras . Después de la segunda guerra
mundial es la etapa en que “el hombre común
142 Margarita
Barretto
empieza a salir de las sombras” y finalmente se
llega a la etapa actual donde existe la convicción de que todo lo que sucedió,
los grandes hechos, la pequeña historia, los detalles de lo cotidiano de la
aristocracia tanto como la de sus sirvientes es importante no solo para
entender el pasado sino para planificar el futuro, sobre todo evitando que
males se repitan.
En esto su evolución fue muy semejante a la de los
museos de antropología, que pasaron a mostrar las contradicciones entre los
diferentes grupos humanos, en lugar de restringirse a mostrar el aura de grupos
exóticos.
La década de 1970 marca, así, el comienzo de los
museos pluralistas donde todos los segmentos de la sociedad podrían estar
representados, inclusive las “minorías” históricamente silenciadas, cuidando de
no repetir el modelo de reificación de los objetos o de las culturas, sino de
mostrar sus relaciones dialécticas y conflictivas. Los museos pasan a ser
“zonas de contacto”, donde la estructura organizacional de la colección se
transforma en una relación histórica, política y moral, una serie de intercambios
cargados de poder y de tensión (Clifford 1997: 192).
A pesar de que todavía hay en el mundo muchos
museos tradicionales en los moldes del siglo XIX, se puede afirmar que, en
general, está habiendo cambios que integran a los museos dentro de la dinámica
contemporánea, como equipamientos educativos y también de recreación.
Existen en este momento diferentes tipologías de
museos, algunas oficialmente reconocidas, otras propuestas. Se pueden
clasificar los museos cuanto a su arquitectura. Hay nuevos paradigmas en cuanto
a la relación con el público, a la museografía (técnicas de exposición) y, lo
más importante, en cuanto al papel social que los museos deben desempeñar.
Desde el punto de vista de la arquitectura, están
los museos interiores, y los que funcionan al aire libre. Los primeros están en
edificios construidos o en edificios de valor histórico adaptado y van de
instalaciones muy sofisticadas especialmente planificadas, a los galpones
simples de los museos comunitarios.
No existe un paradigma arquitectónico de museos,
pero existen ciertas normas mínimas dictadas por el ICOM. La
Turismo y Cultura 143
arquitectura ideal es la que se proyecta en función
de las necesidades específicas de la(s) colección(es) del museo. La orientación
básica es que existan salas de exposición, por lo menos una para exposiciones
permanentes y otra para temporales, o un circuito principal de exposiciones y
otro secundario, reservas técnicas20 adecuadas a los objetos, laboratorios de
restauro y preparación, salas de investigación salas de administración,
auditorio para actividades de extensión, espacios para descanso y cafetería
(Giraudy et Bouillet 1990 apud Barretto 2000: 57).
Los museos que se encuentran en áreas externas
ocupan grandes extensiones de terreno y generalmente están fuera de los centros
urbanos. Pueden ser subdivididos en ecomuseos, museos al aire libre, site
museums y museos jardín. Estos últimos abarcan todas las modalidades de
zoológicos, jardines botánicos y similares, tales como parques con esculturas.
Los museos al aire libre ( open air museums) son
áreas en las cuales se reconstruyeron escenarios de gran realismo, en tamaño
natural, se reconstruyeron casas, ciudades, villas. El pionero fue Skansen, en
Suecia, fundado en 1891 por el profesor Arthur Hazelius, especialista en lengua
escandinava, que viajaba mucho por el interior de su país en función de sus
investigaciones y empezó a detectar que las costumbres tradicionales se iban
olvidando frente al desarrollo industrial. Empezó a comprar objetos de arte
tradicional y artesanías, organizando pequeñas exposiciones en Estocolomo y, en
la Exposición Internacional de Paris de 1878 introdujo una innovación a la que
llamó “cuadros vivos”, donde las personas representaban escenas cotidianas de
la vida rural sueca. Skansen ha recibido elogios y críticas. Elogios por
mostrar de forma amena el pasado de la cultura rural sueca y críticas por parte
de museólogos e historiadores sociales que dicen que se trata de un museo que
solo folkloriza, mostrando apenas parte de la vida de las personas, mostrando
las costumbres del campo de una forma
20 Sala donde
los objetos quedan depositados cuando no están en exposición . Deben tener
iluminación, temperatura y humedad controladas, así como filtros de aire para
evitar el acúmulo de ácaros . Deben tener mobiliario adecuado al acervo,
estantes, cajonres, mapotecas, soportes, todo ordenado y rotulado para
facilitar el acceso a las piezas .
144 Margarita
Barretto
romántica, sin tocar en los problemas de salud, o
en las arduas condiciones de trabajo que eran enfrentadas. También se dice que
realiza un recorte artificial porque la realidad es que ciudad y campo tuvieron
y tienen una interacción de la que surgen permanentes cambios que
retroalimentan ambos sectores.
Críticas aparte, el modelo cundió rápidamente por
Europa. Al año siguiente, en 1892 se abría el museo Kulturen, en Lund, Suecia.
En 1898 se fundó el Museo de Hallingdal, en Nesbyen, Noruega; en 1900 el Museo
de Historia Local Sagalund, en Finlandia, también por iniciativa de un
profesor; en 1901 el Museo de Maihaugen, en Lillehammer, con la colección del
dentista Anders Sandvig y en 1914 el Museo de Folklore de Trondelag, en
Trondheim, ambos en Noruega; en 1917 el Bauern Museum en la provincia alemana de
Westfalia, en 1918 el Museo al Aire Libre de Holanda, en Arnhem; en 1924 el
Museo Etnográfico de Latvia (Letonia), todos por las mismas razones que
impulsaron a Hazelius. En 1936 se abrió un pequeño museo en Olsztynek, Polonia
y otro en Rumania, considerado uno de los más grandes de Europa. Se trata del
Muzeul Na ţional al Satului Dimitrie Gusti, conocido también como Village
Museum, que ocupa 15 hectáreas a la orilla del lago Herăstrău, en Bucarest. En
la década de 1920 la idea fue importada para Estados Unidos, donde el primer
museo al aire libre, Greenfield Village fue fundado por Henry Ford em 1929. En
la actualidad, el Museo de Skansen recibe un millón, trescientos mil visitantes
por año, lo que no precisa ser comentado.
Un modelo diferente de museo al aire libre, calcado
en la escuela francesa y no en la sueca es el del Museo Nacional de Niger,
localizado en la capital del país, Niamey, que fue usado “para apoyar la acción
del gobierno en pro de la unidad nacional” (Toucet 1975: 35 apud Barretto 2000:
58).
Niger es un país africano de 1. 200 km2 localizado
al sur de Argelia y al norte de Nigeria, que fue colonia francesa entre 1922 y
1960. La construcción del museo, en 1958, siguió los moldes de Skansen . En un
terreno de 24 hectáreas se reconstruyó el país en todos sus aspectos, étnico,
cultural, artístico con un zoológico y un jardín botánico. No obstante, fue
concebido y organizado con dos objetivos: completar y
Turismo y Cultura 145
ampliar la enseñanza de la escuela primaria21 y
hacer con que los habitantes tomaran conciencia de su rico pasado22.
Las casas fueron reconstruidas con las técnicas
originales y para ello se trajeron los artesanos correspondientes de todas
partes del país. También se recuperó la historia oral, permitiendo que los
visitantes escuchen relatos, leyendas y canciones tradicionales y
enseñándoselas a los niños para mantenerlas vivas. En la década de 1970,
mientras Pablo Toucet fue su curador, el museo era un centro de acción social,
dándole empleo a personas desocupadas, en su mayoría emigradas de las áreas
rurales después de un gran período de seca, a las que se les enseñó arte y
artesanía. También fue realizado un trabajo pionero con deficientes físicos,
ciegos y parapléjicos que antes eran mendigos, a los que se les enseñó a
producir artesanía.
En la actualidad el museo abriga una cooperativa de
trescientos artesanos, que dan continuidad a las técnicas tradicionales, hay
talleres de teatro, seminarios y otras actividades educacionales y recreativas.
En este caso, hay una continuidad entre pasado y presente, con lo cual este
museo no puede ser criticado por haber hecho un corte en el tiempo como los
demás.
Inspirados en los museos al aire libre en lo que
respecta al espacio, los ecomuseos, creados en Francia, fueron cambiando de
características con el pasar de los años. En su formato original, concebido en
Francia, proponían una administración compartida entre autoridades oficiales y
comunidad local, con la colaboración de expertos contratados por el poder
público; pero en la actualidad son museos tradicionales desde el punto de vista
administrativo y la denominación está siendo usada asociada a la ecología, para
museos que tienen alguna propuesta de educación ambiental, como el Ecomouseo de
Itaipu, de gestión compartida entre Brasil y Paraguay. Este tipo de museos tuvo
sus bases en la década de 1950 cuando Georges Henri Rivière planificó el Museo
de Bretaña, en Rennes, con la base conceptual de la
21 Aún en la
década de 1990 el porcentaje de personas alfabetizadas en Niger era de 17%
(Enciclopédia Eletrônica Grolier) .
22 Los
historiadores romanos y árabes citan el comercio con la región, lo que nos
reporta a los siglos I e II de laa era cristiana (Enciclopédia Eletrônica
Grolier) .
146 Margarita
Barretto
petit histoire y de la etnografía y tomando algunas
ideas de los museos al aire libre de Skansen y de otros lugares de Europa.
Rivière definía al ecomuseo como siendo
un instrumento concebido, moldado y operado
conjuntamente por el público (autoridades y población local) [...] es un espejo
donde la población local se ve para descubrir su imagen y en el cual busca una
explicación para el territorio del que hace parte.[...] Es un espejo que la
población muestra a los visitantes para ser mejor comprendida, de manera que su
industria, costumbres e identidad inspiren respeto (Hudson 1992:29).
El primer ecomuseo que recibió esa denominación fue
el de Le Creusot, pero las experiencias pioneras fueron en Marquèze y Camargue.
El museo de Marquèze, un museo al aire libre al estilo de Skansen está
localizado dentro del Parque Nacional de Gascogna, donde se reconstruyeron
casas de madera, se trajo ganado, implementos agrícolas usados en el pasado,
artesanías y se mostraba al visitante un retrato del pasado histórico y de la
degradación del medio ambiente.
El Museo de Camargue está dentro del Parque
Regional del mismo nombre y su finalidad era mostrar a los visitantes la
originalidad y la riqueza natural y cultural de Camargue, así como la necesidad
de protegerlas y conservarlas. Toda esta información debería ser dada por
miembros de la comunidad local que deberían sentir que aquel museo les
pertenecía.
El ecomuseo de Le Creusot surgió por iniciativa de
Marcel Evrard y Hugues de Varine, en una región que había sido, desde el siglo
XVIII, una de las más prósperas de Francia, donde estaba instalada la industria
de armas y locomotoras de la familia Schneider, cristalerías, cerámicas y
carboneras. Esta familia dio quiebra después de colaborar con los nazis durante
la segunda guerra mundial, llevando a varios municipios de la región a un grave
declino económico. Al principio la idea era que el museo sirviera como terapia
Turismo y Cultura 147
para elevar la moral de la gente y crear nuevas
fuentes de trabajo.
Fue definido por Rivière y Varine como
un museo atomizado (éclaté), interdisciplinar, que
muestra al hombre en el tiempo y el espacio, en su ambiente natural y cultural,
invitando a toda la población a participar de su desarrollo por diversos medios
de expresión basados esencialmente en la realidad de los sitios, los edificios,
los objetos, las cosas reales más elocuentes que las palabras e imágenes que
invaden nuestra vida (http://www.eco-musee-creusot-montceau.fr/)
El ecomuseo ocupó un área de 500 km2, mitad urbana
y mitad rural, con 150 mil habitantes en dos comunidades, la de Le Creusot y la
de Montcleau-les-Mines, dentro de la cual toda planta, todo animal y todo
objeto eran considerados patrimonio. Era un museo atomizado en cuyo centro
estaba el castillo antes ocupado por la familia Schneider, en el cual se
guardaban colecciones de objetos que contaban la historia local. El personal de
este museo estaba constituido por un cuerpo de profesionales permanentes y de técnicos,
investigadores, animadores culturales y otros que deberían vivir en la
comunidad e integrarse a ella. La comunidad participaba dando ideas sobre la
programación, pero, por diversas razones, la experiencia no duró mucho.
Le Creusot tuvo ocho años dorados [...] alrededor
de 1986 estaba virtualmente en colapso [...] no obstante funcionó como uno de
los más
productivos laboratorios experimentales de
museología del siglo (Hudson 1992: 28).
A pesar del desaparecimiento de la filosofía
original, el ecomuseo fue la mayor innovación de los últimos 50 años y
contribuyó para mejorar la propuesta de muchos museos al aire libre . Sembró
también la idea de que los museos pueden ser foros de discusión de los
problemas del presente y no apenas vidrieras del pasado y pasó a ser descrito
como un “museo comunitario” (Varine 1993) identificado con una población en un
determinado territorio, que utiliza un legado cultural común para su
desarrollo.
148 Margarita
Barretto
Estos museos comunitarios provenientes de la
escuela francesa han tenido como carácter distintivo explícito, su pertenencia
a la comunidad y su desinterés en promover la visitación turística.
El primer museo de este tipo fue el de Anacostia,
localizado en un distrito de Washington poblado por afro descendientes, ya
mencionado en el capítulo anterior y que depende de la Smithsonian Istitution
responsable por doce museos en aquella ciudad. En este museo, que funciona en
una casa, fueron utilizadas técnicas museísticas para educar a la población en
el combate a las ratas, que eran el principal problema del barrio. La segunda
exposición fue sobre criminalidad . En la actualidad puede decirse que el museo
de Anacostia es un centro cultural de celebración y preservación de la cultura
afro-americana.
Otra experiencia interesante de la época pero con
diferente final fue el anexo del Museo Nacional de Antropología de México
conocido como Casa del Museo en el barrio de emergencia de Tacubaya, abierto en
1972 dentro de un proyecto de antropología social aplicada. Fue montada una
casa con técnicas tradicionales del local y las exposiciones pensadas para una
comunidad con muy baja tasa de alfabetización. Para que las personas se
sintieran a gusto en el local y como eran en su mayoría jóvenes y niños, se permitía
correr, jugar, entrar con animales domésticos, fumar. Cumplió la función de ser
un centro integrado donde las personas del barrio iban a tratar de solucionar
sus problemas y ese carácter asistencial es una de las razones por las cuales
el proyecto no tuvo continuidad. Sumado a problemas de orden financiera y
logística el museo cerró en 1975. Le siguió un segundo proyecto Casa del Museo
en Pedregal de Santo Domingo de los Reyes que duró solo de 1976 a 1979
(Hauenschild, 1988).
Esta y otras experiencias relatadas por la autora
en museos de Canadá parecerían demostrar que el papel de los museos no es
exactamente el de solucionar problemas socio económicos del lugar . Aquellos,
que, al contrario apostaron a proyectos educativos si han tenido continuidad.
Del otro lado del espectro, un tipo de museo que
viene perfilándose hace treinta años como exitoso de todo punto de vista es el
site museum que reúne las preocupaciones con patrimonio, revitalización,
museología, museografia y
Turismo y Cultura 149
turismo. La expresión puede ser traducida como
museos de sitio o museos en el lugar, y son definidos por el ICOM como
“concebidos e implantados para proteger la propiedad natural o cultural, móvil
o inmóvil, en su lugar original, o sea, preservada en el lugar en que tal
propiedad fue creada o descubierta (Hudson 1987:144). Se considera pionero de
este tipo de museo al Museo de Farnham, en Dorset, Inglaterra, implantado en
una propiedad heredada por Pitt Rivers (August Henry Lane Fox) en 1880 en la
cual realizó excavaciones durante los veinte años siguientes. Empezaron en
Europa y fueron adoptados inmediatamente en Estados Unidos, donde tuvieron gran
suceso comercial. Se han multiplicado rápidamente en el mundo entero porque son
más fáciles de mantener sin ayuda del estado que los museos tradicionales,
gracias a la gran aceptación por parte del público.
En los site museums las actividades museológicas
transcurren en forma de representaciones de lo cotidiano de un determinado
momento histórico elegido para ser congelado en el tiempo23, dentro de un
espacio delimitado en función de los vestigios preservados (edificios, calles,
casas, etc.).
Esto solo es posible si hay, previamente, un
trabajo de restauro del patrimonio, seguido de una resignificación del mismo y
de su utilización, en el presente, para fines didáctico-pedagógicos,
culturales, de entretenimiento, o mixtos. Además del obvio beneficio que esto
trae para la comunidad, existe el beneficio oriundo de la llegada de numerosos
turistas, millones por año, atraídos por este tipo de propuesta diferenciada.
En el continente europeo la visita a los museos,
así como a cementerios e iglesias, se practica desde el Grand Tour.
A pesar de ser un equipamiento sub utilizado en
América del Sur, tanto para la educación como para la acción comunitaria o para
la recreación, en el resto del continente americano la importancia de los
museos en el contexto cultural y turístico crece día a día. Se puede afirmar
que, actualmente, en Europa, los museos y el patrimonio son atractivos
turísticos por excelencia y esto por dos razones
23 Lo que
también ha sido objeto de crítica por parte de aquellos que entienden que la
historia no puede ser congelada .
150 Margarita
Barretto
ínter ligadas: el cambio en la mentalidad de los
museólogos y las consiguientes modificaciones en la museografía.
Durante muchos años los museólogos tuvieron una
actitud que Hudson (1987: 194) llamó de “purista”, posicionándose contra las
nuevas tecnologías y contra todo lo que significara una alianza con la esfera
comercial. Entendían que utilizar recursos de interpretación interfería con la
lectura del objeto (que tenía su propio lenguaje), que los auspicios de la
empresa privada transformarían la exposición en una feria y, el turismo, en un
parque de diversiones. De a poco algunos curadores se fueron dando cuenta de
que si continuaban al margen de la economía de mercado, esperando subsidios del
estado, provocarían el cierre de los museos, una vez que ya no hay mecenas como
en el pasado.
La cuestión del financiamiento de las actividades
museológicas sigue siendo algo muy delicado.
El Metropolitan Museum de Nueva York fue pionero,
en 1870, al crear un sistema de socios . Hoy en día es considerado un paradigma
del museo empresa, lo que también recibe críticas por parte de la comunidad
académica que dice que el museo pasó a ser un anexo de su boutique (Hudson,
1987: 57).
Por otro lado, la experiencia de acudir a
patrocinadores mostró ser peligrosa porque en algunas ocasiones el museo tenía
que seguir las orientaciones de la empresa que estaba pagando, que no por
casualidad, en inglés se define como paymaster, el amo que paga (Hudson,
1987:107). Esto generó en algún momento dependencia ideológica, lo que
obviamente no puede suceder en un museo.
Demasiados elementos para vender y el museo se
transforma en una galería de arte o un anticuario o, peor, en una tienda de
aeropuerto; demasiada ingerencia de los patrocinadores, se transforma en la voz
del sistema.
En la actualidad crece el número de museos que
buscan la auto sustentación, equilibrando la cobranza de entradas, con la venta
de souvenirs, reproducciones, catálogos, ofreciendo cursos, conferencias,
recitales y otros eventos artísticos; con la instalación de cafeterías y
restaurantes, que atraen gran cantidad de público, en su mayor parte, turistas.
Turismo y Cultura 151
Los turistas, a su vez, van a los museos motivados
por las nuevas formas de exhibición, que les permiten acceso a informaciones
sobre la realidad del lugar que están visitando, de una forma amena, pero con
cuño científico, lo que no se obtiene en un parque temático por ejemplo, donde,
de acuerdo con algunos críticos, se muestra lo que se ha dado en llamar
Distory, una historia para fines turísticos (Kirshenblatt-Gimblett 1997:
171)24.
Actualmente, en los museos, los visitantes se
integran en los escenarios montados, interactúan con elementos robotizados,
experimentan sensaciones, hacen experiencias científicas, juegan.
En lugar de intentar competir con las ciencias de
la comunicación y la informática, los museógrafos las usan en beneficio propio,
así como usan mucha tecnología de parques de diversiones.
Las técnicas de reproducción de lo real, tales como
la holografia, pasaron a ser utilizadas para preservar objetos raros y para
crear efectos especiales.
Las exposiciones se complementan con actividades
paralelas, talleres de manipulación, de estímulo a la
creatividad, videos informativos, teatralizaciones,
experimentos. Hay actividades esencialmente lúdicas dirigidas a niños, tales
como juegos, teatros de títeres, rompecabezas o esculturas comestibles y se ha
incorporado a los museos desde la década de 1990 la actividad de contar
historias. (Middleton 1992: 39 apud Barretto 2000: 68).
Los museos que más permiten la manipulación de
objetos son los de ciencias. Al pionerismo de Oppenheimer, que fundó el
Exploratorium, en San Francisco (California, Estados Unidos) en 1969 para que
los estudiantes pudieran ver el lado divertido de la ciencia, se siguieron
centenas. El más grande y diversificado en este momento es la Ciudad de las
Ciencias y de las Industrias de La Villette, Paris, que recibe tres millones y
medio de visitantes por año.
24 El caso más
polémico es DisneyWorld, parque temático para el que se dirigen la mayor parte
de las críticas de la comunidad científca europea y norteamericana . Disney
history, o Distory define una historia con poca fundamentación (Kirshenblatt -
Gimblett 1997: 171) .
152 Margarita
Barretto
En los museos de historia la gran modificación fue
que los objetos no se muestran aleatoriamente, sino contando una historia,
ilustrándola . En este sentido es emblemático el museo de la diáspora de
Jerusalén, que primero pensó en la historia que iba a contar y después fue a
buscar los objetos.
La innovación en la museografía fue llegando de a
poco a museos tradicionales. El Museo de Historia Natural de Londres, por
ejemplo, recién en 1992 colocó aparatos de televisión, video juegos
interactivos y dinosaurios robotizados (The Guardian 25/04/92 apud Barretto,
2000: 71).
A pesar de las críticas realizadas por autores como
Hewison a lo que él denomina industrialización del pasado en Inglaterra, ese
país es pionero en la asociación exitosa entre museos y turismo desde 1992
(Robinson,1999:4), asociación esta que permite la sustentabilidad económica de
los museos y la práctica de un turismo histórico responsable.
La Oficina Inglesa de Turismo (Tourism English
Board) se ha transformado en mayor inversor en los museos y publica anualmente
un Manual de Patrimonio Inglés. En una palabra, el turismo mantiene los museos
(Hewison 1987, Horne 1984, Urry 1995). A su vez, los museos, especialmente los
site museums y museos al aire libre son la principal atracción turística de
Inglaterra. Por ejemplo el museo al aire libre de Beamish, en el noreste del
país, con 350 mil visitantes por año, es la mayor atracción turística de la
región.
El trabajo realizado por el National Trust de aquel
país en la gestión del patrimonio cultural está siendo considerado un modelo en
todo el continente europeo. En segundo lugar, está Australia.
Los site museums y museos al aire libre han tenido
gran aceptación por el público en general y por los turistas en particular.
Esto se debe a que reúnen, al mismo tiempo, investigación científica rigurosa,
contextualización histórica y espacial y el elemento del placer estético y
paisajístico, ya que normalmente las exposiciones están pensadas para ser muy
accesibles a la interpretación del público, posibilitando al visitante el
contacto directo con los objetos y sus funciones. Al mismo tiempo, por estar en
lugares amplios, generalmente en las afueras, permiten actividades informales
en contacto con la naturaleza.
Turismo y Cultura 153
Ironbridge Gorge, un sitio de arqueología
industrial compuesto de 35 sitios históricos declarados patrimonio de la
humanidad y diez museos, situado sobre el Río Svern, en Inglaterra, es
considerado el site museum más grande del mundo. Fue el primero a combinar la
práctica museológica con los conceptos de rentabilidad que hasta la década de
1970 eran tabú en el área. En la actualiad recibe alrededor de 300 mil visitas
anuales.
Otro sitio de arqueología industrial importante es
el museo del Black Country, (país negro por el humo de la era industrial) cerca
de la ciudad de Birmingham, región central de Inglaterra, ambos oscilando
también en trescientas mil visitas anuales. El Museo Zuiderzee, en Holanda es
otro complejo histórico de gran visitación. Son 135 edificios en un parque al
que solo se llega por barco, que cuentan la historia naviera y pesquera de la
época de la compañía de las Indias.
Otros site museums que se pueden citar son los que
se han abierto en algunos campos de concentración de Europa, en Hiroshima y
Nagasaki en Japón,
Machu Pichu es considerado uno de los site museums
más importantes del mundo, así como Ratnagiri, en Jaipur, India.
Algunas casas donde vivieron personas célebres han
sido transformadas en museos, y puede decirse que son también museos de sitio.
En Canadá está la cabaña del Reverendo Josiah Henson, que inspiró la novela La
Cabaña del Tío Tom; en la ciudad de Alta Gracia (Córdoba, Argentina) la casa
donde vivió sus últimos años el compositor español Manuel de Falla, en
Valparaíso (Chile) la casa de Pablo Neruda y en La Habana, la de Ernest
Hemminway.
El site museum más conocido de Estados Unidos y
también pionero en su género (fue el segundo a ser fundado) es Colonial
Williamsburg, en el estado de Virginia, un centro histórico que fue
reconstruido como era en la época de la independencia del país, ya que la
región tuvo gran importancia en aquel momento. Allí actores representan
personajes de la época, oficios, actividades, inclusive presentaciones
nocturnas, como conciertos de clavicordio. (Olmert, 2000). Las atracciones y
posibilidades de experiencias son tantas y tan variadas que se puede optar por
un pasaporte semanal. Ha recibido cien millones de visitantes desde 1932 y en
el último reporte anual publicado
154 Margarita
Barretto
se contabilizaron 729.000 entradas vendidas
(http://www.his-tory.org/Foundation/Annualrpt05/index.cfm). Fuentes no
oficiales hablan de un millón y medio de visitantes, lo que es posible ya que
no es necesario comprar entradas si solamente se quiere pasear por las calles
del centro histórico sin participar de las representaciones.
Es, sin lugar a dudas, una de las mayores
atracciones de turismo cultural del mundo.
Parte del éxito de los site museums y de los museos
al aire libre reside en el hecho de que están alejadas de los centros urbanos,
lo que hace que solo sean visitados por personas realmente interesadas. Para
llegar a estos museos, es preciso desplazarse, planear un pequeño viaje y estar
dispuesto a pasar varias horas en el museo. No se trata de un lugar de paso, al
que se entra porque no hay nada mejor que hacer o donde se lleva los niños los
días de lluvia a falta de otras opciones. La visita a esos museos implica un
día al aire libre en el que las personas normalmente no visitan otros lugares.
Muchas veces no visitan todas las exposiciones, sino que vuelven en otro
momento, lo que también es estimulado por la política de renovación de
exposiciones y los eventos.
Otra parte del éxito es que son museos que ofrecen
lo que se podría llamar de “autenticidad posible”, si es que la autenticidad es
una categoría a ser aún discutida, como tratado en el capítulo IV.
Se defiende en este libro que, para el patrimonio,
la mejor opción para eludir la acción inexorable del tiempo parece ser la
conservación a través de proyectos de revitalización y/o gentrificación, que
permiten viabilizar económicamente el mantenimiento de los bienes culturales,
sea muebles o inmuebles, en lo que los organismos internacionales de
preservación del legado cultural, como el ICOM y la UNESCO parecen coincidir.
También se defiende la musealización como una forma
de mostrar el pasado histórico sin obligar a un congelamiento de las
poblaciones. La musealización permite la creación de microcosmos donde se
cuentan historias creíbles. Se puede reproducir un momento del pasado,
importante para la identidad de un determinado grupo social, dentro de los
márgenes aceptables de autenticidad, con las facilidades que las tecnologías
actuales ofrecen y calidad estética.
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Abreviaturas
UNESCO – United Nations Educational, Scientific and
Cultural Organization (Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura),
ICCROM – International organization for
conservation of cultural heritage. (Organización Internacional para la
conservación del patrimonio cultural)
ICOM – Internacional Council of Museums (Consejo
Internacional de Museos)
WTO – Word Tourism Organization (Organización
Mundial del Turismo)
Margarita Barretto es Doctora en Educación, en el área específica de Ciencias Sociales
Aplicadas, donde se ha dedicado al estudio epistemológico del turismo en el
marco de los desplazamientos humanos (migraciones temporales) y a la relación
de este fenómeno con la cultura, específicamente con el patrimonio y la
museología.
Es autora de una decena de libros sobre estos
temas, entre los que se destacan El mate, su historia y cultura, Turismo y
Legado Cultural, Turismo e identidad, una visión antropológica, Turismo,
políticas públicas y relaciones internacionales. También ha publicado cerca de
una centena de artículos científicos en revistas de Argentina, Brasil y España.
Se ha desempeñado como profesora de universidades
en Argentina, Brasil y Uruguay. También como asesora de entidades públicas
dedicadas al turismo y la cultura.
Coordina, en Brasil, el grupo CULTUS -Cultura,
Turismo y Sociedad, avalado por el CNPq (Consejo Nacional de Investigación).

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