© Libro N° 6519.
Artículos Escogidos De MD En Español. Martí
Ibáñez, Félix. Emancipación. Octubre 5 de 2019.
Título
original: © Artículos Escogidos De MD En Español. Félix Martí Ibáñez
Versión Original: © Artículos Escogidos De MD En Español. Félix Martí
Ibáñez
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Miranda
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ARTÍCULOS ESCOGIDOS DE MD EN ESPAÑOL
Félix Martí Ibáñez
CONTENIDO
Presentación
Arte
y Medicina
Botánica
y Medicina
Deportes
y Medicina
Florencia
Nightingale
Globos
y Ciencia
Gran
Bretaña y la Medicina
La
Historia Clínica
Las
Maravillas de Eolo
Minerva
Nordica
Navidad
y Medicina
Poesía
y Medicina
Profeta
de la Pluma
Presentación
Hace
muchos años atrás tuve la oportunidad de leer una revista MD
EN ESPAÑOL en la casa de mi novia, hoy mi mujer, cuyo padre era
médico.
Tanto me agradó su presentación, la variedad de temas tratados, situación poco
común en revistas similares dedicadas a la profesión médica, el estilo de
redacción y el material mismo de la impresión tipográfica, que hoy, después de
cincuenta años, he recolectado ciertos ejemplares y he seleccionado algunos de
sus artículos más destacado y los he puesto a disposición de nuestros lectores.
El Dr. Félix Martí Ibáñez en su despacho de Director General de MD
Es
una revista diferente a cuantas habitualmente nos llegan dentro de nuestras
respectivas profesiones, ya que en ella se reúne el arte y la ciencia, en una
magnífica unidad de adaptación, sirviendo al médico, al artista, así como al
profesional en general, con todos sus valiosísimos artículos.
MD
EN ESPAÑOL, es una revista exquisita y de honda factura espiritual, que
llegó como un regalo generoso de su fundador, director y articulista principal,
Dr. Félix Martí Ibáñez, a quienes creemos que la cultura literaria del hombre
constituye una de las bases más sólidas de su personalidad.
Félix
Martí Ibáñez nació en Cartagena en el año 1911; provincia de Murcia,
España. Hijo de Félix Martí Alpera; afamado pedagogo europeo; autor de
numerosos textos. Su tío fue Vicente Blasco Ibáñez; autor de Los Cuatro
Caballos del Apocalipsis. Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad
de Barcelona. Entre sus maestros se contaron Gregorio Marañón; Agustín
Pedro-Pons y Augusto Pi-Suñer.
Obtuvo su título de Bachiller y continuó en Facultad de Medicina de Madrid para
recibir el doctorado en Medicina.
Fue pionero al abordar la sexología en la década de los años 30 desde su
consultorio en el barrio de Gracia. Director general de Sanidad y Asistencia
Social de la Generalitat de Cataluña, impulsó una tarea de reorganización de
los servicios sanitarios, poniendo en marcha un nuevo sistema de medicina
social y preventiva. Entre sus proyectos, destaca la creación de «liberatorios»
para prostitutas, de centros de información sexual para jóvenes y un Instituto
de Ciencias Sexuales.
Fue autor de la primera ley sobre interrupción voluntaria del embarazo aprobada
por decreto de la Generalitat en diciembre de 1936.
Después de graduarse estalló la guerra civil en España y prestó sus servicios
médicos al ejército Republicano. Fue herido y trasladado al Hospital de
Barcelona.
Al final de la guerra con la derrota de los Republicanos cruzó a pie los
Pirineos y tuvo que soportar los atropellos perpetrados por la policía francesa
en los refugiados españoles en París. Viajó a Nueva York en donde fue nombrado
Profesor y Director del Departamento de Historia de la Medicina del Colegio
Médico de Nueva York y editor del Medical Doctor News Magazine (MD), la revista
médico-cultural de más impacto en aquella época.
En 1949, inició sus labores en el periodismo médico-literario en los Estados
Unidos, con éxito extraordinario y en 1956 fundó la revista MD dedicada a los
médicos en la cual escribió las páginas más amenas sobre diferentes temas, en
bellísimos ensayos en los cuales hacia malabares con las palabras para deleite
de todos sus lectores.
Como escritor, su obra trató temáticas que van desde la historia de la
medicina, la psiquiatría, la sexología médica, hasta novelas y cuentos
infantiles, en inglés y castellano.
Decía entre otras cosas:
“Estoy
plenamente convencido de que el estudio de la historia de la Medicina depara al
estudiante, primero, y al médico, después, un instrumento extraordinario para
conocer el pasado de su profesión; analizar sobre su base el presente de la
misma y vislumbrar su futuro.
Medalla conmemorativa del Dr. Félix Martí Ibáñez
"Si
los pueblos del mundo escribieran más a amigos en otras naciones, habría mayor
comprensión y acercamiento entre ellos. Porque el retorno al arte epistolar es
un retorno a la cortesía sin la cual el hombre retrocede a la selva; pese a que
sepa usar un teléfono o dictar un telegrama”.
El Dr. Martí Ibáñez fue un trotamundos incansable; después de uno de sus
periplos comentó: "Me hallaba abordo de un jet japonés que se estrelló
partiéndose en dos, durante una granizada, cuando aterrizábamos de noche en
Tokio…”
Félix Martí Ibáñez murió súbitamente en Nueva York de un infarto al miocardio
en 1972.
Patricio
Barros
La
relación del artista con la naturaleza es doble: Es su esclavo y es su señor.
Es su esclavo en cuanto que tiene que trabajar con elementos terrenos para ser
entendido; mas, es su señor en cuanto que somete esos elementos terrenales a
sus elevadas intenciones y los utiliza a voluntad.
GOETHE:
Conversaciones con Eckermann, 1827.
Frontispicio del incunable de la obra de Vesalio, De Humani
Corporis Fabrica (1543). El hombre barbado de la parte superior
derecha, se cree es J. Oporinus, editor del libro.
Aunque
a primera vista pudiera parecer que media un abismo entre el médico
científicamente preparado y el artista creador, la historia demuestra que con
frecuencia ambos han trabajado mano a mano en beneficio de la humanidad.
La antes citada opinión de Goethe, acerca de las relaciones del artista con la
naturaleza podría, con pequeñas modificaciones, ser aplicada al médico. Todos
los grandes médicos han sometido los "elementos terrenales" de la
ciencia poniéndolos al servicio de las "más elevadas intenciones".
Cuando William Osler, uno de los grandes maestros de la medicina de todos los
tiempos, considerando los hechos en su más amplia perspectiva histórica se
refería a la medicina como arte, hacía algo más que emplear una mera figura
retórica.
En este breve estudio MD explora las épocas en que medicina y arte compartían
por igual el honor de la colaboración.
Antigüedad.
El hombre primitivo creía que la enfermedad era debida a una influencia
demoníaca ejercida por un espíritu o enemigo; para combatir los males, el
curandero utilizaba sustancias naturales, como las hierbas, o empleaba su arte.
Con frecuencia era también un artista que preparaba encantamientos y fetiches
para aplacar la hostilidad de los poderes misteriosos. Una de las primeras
representaciones conocidas de la figura humana es la Venus de
Willendorf, pequeña estatua de piedra que muestra a una mujer con
esteatopigia, descubierta en 1908 en depósitos del período auriñaciense (de
hace 40.000 a 15.000 años). Algunos sostienen que se trata de un símbolo
simpático-mágico de fertilidad, similar en su intención a las escenas de caza
pintadas en las cuevas prehistóricas. Otros ejemplos de arte mágico-médico
primitivo son las "muñecas de sustitución" empleadas en la isla de
Nias (Indonesia) para ahuyentar a los demonios de la enfermedad, y las efigies
representativas de espíritus maléficos, utilizadas por los punan de Borneo. La
historia escrita nos enseña que los primitivos sacerdotes babilónicos
preparaban, con la colaboración de artistas, figuras de arcilla representando
el hígado (considerado el órgano más vital) que dividían en cuadrados y cubrían
con inscripciones proféticas. Estas eran empleadas para la adivinación [1].
A los antiguos artistas egipcios parecía fascinarles la representación de temas
médicos: los bajorrelieves de la pirámide de Sakkara (c. 2500 a. de C.)
muestran intervenciones quirúrgicas en las manos, pies y dorso, procedimientos
de circuncisión, masaje y parto.
Discóbolo griego (c. 480 a. de C.): une belleza y exactitud anatómica
En
esta edad única dominaba al artista y al médico la misma pasión por observar.
El hombre que se convirtió en el dios egipcio de la medicina, Imhotep (nacido
c. 3000 a. de C.), combinó en su vida las artes del médico y el arquitecto.
Como arquitecto dirigió la construcción del monumento más antiguo que existe:
la pirámide de Sakkara, cerca de El Cairo.
En la Grecia de Hipócrates, arte y medicina confluyen por primera vez en la
historia como un acontecimiento de importancia. En esa Edad de Oro, los
artistas esculpieron formas puras de belleza anatómica, en tanto que el iatros hipocrático
buscaba fundamentar la medicina sobre un profundo estudio de la naturaleza.
Aunque el conocimiento hipocrático de la anatomía era escaso (excepto en lo
relativo al esqueleto) debido al horror a la disección anatómica de cadáveres,
este fértil período demostró que tanto el artista como el médico se habían
liberado de gran parte de la magia y simbolismo de las épocas primitivas y se
unían para considerar al ser humano individualmente como modelo.
Sarcófago romano (c. 220). La anatomía imprecisa revela la escasa
importancia que tenían los estudios anatómicos, en la Roma de aquellos tiempos.
Según
la doctrina hipocrática, "es necesario empezar por las cosas más
importantes y fáciles de reconocer. Debe estudiarse todo lo que se puede ver,
sentir y oír, todo lo que se pueda identificar y usar".
El historiador E. H. Gombrich manifiesta que para el artista de la escuela de
Praxíteles: "La vieja idea de que era importante mostrar la estructura
corporal... impulsó al artista a explorar la anatomía ósea y muscular y crear
una representación convincente de la figura humana, visible incluso bajo las
vestiduras".
La escultura de Policleto, representando a un joven guerrero en lucha con una
amazona muestra lo que parecería ser una hernia crural; sólo 2000 años después
demostró la moderna disección y experimentación que la supuesta hernia no era
sino el músculo pectíneo fuertemente contraído, no visible en reposo aunque sí
en la posición del atlético guerrero [2].
En dramático contraste con el gran despertar del arte y la medicina en Grecia,
tenemos el letargo (si no la decadencia) en que vivieron estas dos actividades
en la cultura romana. Durante la mayor parte de esta época, artistas y médicos
merecieron la misma escasa consideración.
Como resultado, cuando no copiaron directamente los modelos griegos, los
artistas romanos pasaron sobre los detalles anatómicos, ignorando el ideal
griego de armonía y belleza.
La medicina científica se estancó en la medida en que se estancó el arte.
Edad
Media.
En esta época de desprecio por el cuerpo humano y ansiosa especulación por la
vida futura, la medicina retornó en gran parte a la magia y hechicería. Los
dibujos anatómicos fueron rígidos y simbólicos, copiados una y otra vez por
artistas que sabían tan poco de anatomía como los mismos médicos. Todavía se
conserva un manuscrito de Bruselas, perteneciente al siglo IX, mostrando
diferentes posiciones del feto en el útero grávido. En los siglos XI y XII se
usaban miniaturas para ilustrar textos médicos, como la Cirugía de
Roger, con procedimientos quirúrgicos para tratar pólipos nasales, hernia,
hemorroides y cataratas.
Un manuscrito del siglo XIII contiene uno de los primeros dibujos de una
autopsia, mostrando al médico que sostiene el hígado del paciente.
En muchos de los manuscritos del siglo XIV se observa una serie de cinco
dibujos esquemáticos de seres humanos en cuclillas, representando los sistemas
óseo, nervioso, muscular, venoso y arterial; a veces se agregaba un sexto
dibujo mostrando la mujer grávida o los órganos reproductores masculinos y
femeninos. La posición era casi siempre idéntica, así como también ciertas
particularidades anatómicas: bazos de forma de suela de zapato, hígado con
cinco lóbulos, corazón y pulmones como avellanas y úteros con cinco cavidades y
la sugerencia de una sexta. Estas figuras no eran originales y se las supone
copias de un modelo del siglo III.
El Antropologium (1501) de Magnus Hundt y la Margarita
Philosophica (1503) de Gregor Reisch, contienen ilustraciones
convencionales entre las que se encuentran: un maniquí que mana sangre, para la
enseñanza de la sangría; el maniquí del zodíaco, mostrando las supuestas
relaciones de los órganos con los signos zodiacales; el "hombre
planetario", en el cual los signos del zodíaco son reemplazados por
planetas, y el "hombre de las heridas", ilustrando los sitios donde
deben colocarse las ligaduras. El libro de Reisch también contiene una vista de
los órganos torácicos y abdominales y la más antigua representación esquemática
del ojo.
El primer texto médico impreso, con ilustraciones originales, es el Fasciculus
Medicinae, compilación de varios tratados de uroscopía, embarazo,
sangría, epidemias y cirugía, debida al médico germano Johannes de Ketham,
publicada en Venecia en 1491.
Verrocchio (1435-1488) fue el primer artista que preparó moldes del cuerpo
humano para su empleo en las escuelas médicas. Sus figuras desolladas,
modeladas artística y fielmente en cera, terracota o yeso, o esculpidas en
mármol, muestran todos los músculos en acción.
Renacimiento.
Con el gran renacer de las ideas clásicas, el arte y la ciencia sacudieron mil
años de estancamiento.
Miniatura medieval del siglo XV, en la que se observa la preocupación por
los detalles realistas, relegando el valor estético a un plano secundario.
A
medida que las humanidades desafiaron a las divinidades y se rompieron los
inmovilizantes grillos de la escolástica medieval, el hombre del Renacimiento
procuró aproximarse a la naturaleza, contemplando internamente sus pensamientos
y externamente su cuerpo. En la visión del humanista el hombre se convirtió en
la medida de todas las cosas.
La nueva y excitante idea de la individualidad humana estimuló el estudio de
las formas y funciones del hombre, impulsando a la medicina a aunar una vez más
sus fuerzas con las del arte. El artista del Renacimiento luchó por la
exactitud anatómica y al dibujar el cuerpo humano no pasó por alto defecto
óseo' o muscular alguno.
Unos pocos genios se interesaron por la anatomía, en beneficio propio. Miguel
Ángel (1475-1564) creó cuerpos de un poder y dinamismo jamás superados,
utilizando modelos vivos y disecando cadáveres comprados a sepultureros. En su
estudio, trabajando a la luz de una bujía encajada en el ombligo de un cadáver,
estudió la forma humana tanto externa como internamente. Su David, La
Virgen y el Niño y las portentosas figuras de la
Capilla Sixtina, muestran lo bien que aprendió su lección.
Rafael (1483-1520) pintó figuras turgentes y lozanas con anatómica fidelidad;
en La Virgen Desfalleciente el esqueleto parece derrumbarse
bajo el peso del cuerpo. Su Transfiguración, inconclusa,
ilustra bellamente los relieves musculares, el contorno lumbar y la espalda en
flexión de una mujer arrodillada.
Con este autorretrato, Alberto Durero ayudó al diagnóstico de su dolencia.
Los
estudios anatómicos de Durero (1471-1528) relacionados con la figura humana se
publicaron en cuatro volúmenes: dos describen sus proporciones en conjunto o
como miembros separados, en relación con una escala determinada; el tercero se
refiere a las proporciones, según reglas matemáticas y el cuarto muestra
figuras en acción. Uno de sus dibujos más curiosos (enviado por el artista a su
médico) lo representa señalando con el dedo una zona dolorosa
(¿esplenomegalia?).
El genial Leonardo da Vinci inició una nueva era en el arte anatómico.
Contribuyó poderosamente a ello la creencia de que sólo la observación
cuidadosa y la exacta reproducción de las partes del cuerpo permitirían
descubrir sus mecanismos funcionales.
Los cadáveres fueron los libros de texto de Leonardo. En colaboración con Marco
Antonio della Torre (1478-1511), uno de los médicos más famosos de su tiempo,
trabajó en el necrocomio del Santo Spirito, de Roma, disecando
unos 30 cadáveres a base de los que realizó más de mil bocetos.
En sus dibujos del cráneo humano, Leonardo demostró por primera vez la
existencia de los senos frontal y maxilar; inventó un método de demostración
anatómica que consistía en inyectar cera derretida en los ventrículos
cerebrales para determinar sus contornos y ramificaciones.
Muchos de los dibujos del artista se refieren al sistema cardiovascular; Da
Vinci fue el primero en describir las aurículas como compartimientos separados;
descubrió la banda ansiforme y sugirió que su función consistía en evitar la
sobredistensión cardíaca. Sus dibujos de los sistemas respiratorio y
reproductor son, en general, exactos [3].
Con la publicación en 1543 de De Humani Corporis Fabrica de
Andrés Vesalio, quien había realizado sus estudios en París y Padua
(1514-1564), se consumó el más famoso matrimonio entre el arte y la medicina.
Dicha obra es el primer texto completo ilustrado de anatomía humana; se ha
clasificado como el libro más significativo en la historia de la medicina y una
de las obras de arte más hermosas. En la Fabrica, el texto de
Vesalio está complementado con ilustraciones atribuidas por algunos a Stephen
van Calcar, discípulo del Tiziano. La calidad de sus dibujos revela que el
artista prestó mucha atención a la disección de cadáveres; algunos opinan que
su conocimiento de la anatomía igualaba al de Vesalio.
Al mismo tiempo existen razones para creer que Vesalio, que era por su parte un
hábil dibujante, realizó muchos de los bocetos anatómicos sobre los cuales se
basaron las ilustraciones.
El fondo de las láminas correspondientes al sistema muscular está formado por
un paisaje continuo, identificado por Harvey Cushing como la región que rodea
las Termas de Abano, cerca de Padua, en la que, entre otras cosas, pueden verse
las ruinas de una terma romana. Se dice que los paisajes fueron pintados por
Domenico Campagnola, quien entonces trabajaba como dibujante en el estudio de
Tiziano.
La portada de la primera edición de la Fabrica es una soberbia
obra de arte de aquel período, tanto desde el punto de vista de la composición
como del grabado. Muestra a Vesalio rodeado de estudiantes, colegas,
autoridades locales, rector de la universidad, dignatarios de la Iglesia y
nobles.
Utilizando el método intuitivo, el Dr. Sebastián Egbertsz (1563-1621),
explica, como cualquier pedagogo moderno, su cotidiana lección de anatomía.
Este
libro marcó una época y cristalizó todo el arte creado por los pintores del
Renacimiento, dando a la medicina sólidas bases anatómicas. Trece años después
de la publicación de la Fabrica, el anatomista Juan Valverde y
el pintor Gaspar Becerra, ambos españoles, produjeron juntos la Historia
de la composición del cuerpo humano, recreando así la gran obra de
Vesalio. Valverde corrigió el orden de la descripción y mejoró la morfología;
los dibujos siguieron el estilo de la Fabrica, aunque
mejorados tanto artística como científicamente.
Otros tantos ejemplos de fructífera colaboración entre artistas y anatómicos
son las láminas dibujadas por el pintor veneciano de Musis para Eustaquio, y el
frontispicio que se considera diseñado por Paolo Veronese para la famosa De
Re Anatomica de Realdo Colombo.
A medida que se iban perfeccionando las técnicas de impresión y grabado durante
los siglos XVIII y XIX, fue posible reproducir relaciones anatómicas más
complejas. Notables por sus exactas ilustraciones son: la anatomía, de Caldami;
el atlas de los nervios uterinos, de Tiedemann, y el Útero
grávido, de William Hunter (1774) [4].
Durante el siglo XIX el perfeccionamiento de las técnicas de grabado y
fotografía y, como consecuencia del fotograbado, impulsaron notablemente el
progreso de la enseñanza de la anatomía.
Leonardo, en sus dibujos anatómicos, se preocupó por la exactitud.
Pero
este siglo vio también la ruptura de la dos veces milenaria, aunque esporádica,
asociación del arte y la medicina en el desarrollo de la anatomía. Desde
entonces ambas artes se complementaron en algunos campos, sobre todo en el de
la educación médica y en algunas ramas de la terapéutica.
En pintura y escultura, arte y medicina se apartaron en este siglo con toda la
fuerza explosiva de los átomos en proceso de fisión. En tanto que, hasta
entonces, ambos habían buscado la verdad en la forma humana, en lo sucesivo el
arte se inclinó hacia el cubismo y surrealismo imaginativos, mientras la
medicina perseguía meticulosamente la exactitud científica.
La musculatura del cuerpo humano fue bellamente presentada en forma
científica por Andrés Vesalio en la Fabrica.
El
artista del siglo XX hizo pedazos la anatomía penosamente construida por sus
antecesores; luego reconstruyó las figuras conforme al modelo de un transitorio
arte genérico.
Mientras tanto, el científico médico contemporáneo reducía el cuerpo humano a
sus más minúsculos componentes celulares y moleculares, y el médico dividía al
paciente según diversas especialidades. Donde Praxíteles e Hipócrates habían
visto el cuerpo humano y la naturaleza, como una unidad, los médicos y artistas
del siglo XX utilizaron la paleta y el microscopio para hacer resaltar las
partes sobre el todo.
El último vínculo discernible entre el arte y la medicina fue posiblemente
expresado por el movimiento surrealista (ya pasado de moda), gran parte de cuyo
ímpetu se debió a las teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud y sus
discípulos. Según los surrealistas, el verdadero arte sólo puede provenir del
subconsciente del artista, repositorio de rica fantasmagoría [5].
Dibujo de Van Rymsdyk en El útero grávido, obra de W.
Hunter (1774)
Habiéndose
divorciado de la anatomía, el arte se entregó en brazos de la psiquiatría. Y lo
que espera ser analizado, es cuál de ambas se benefició de la unión.
Arte
terapéutico.
En un aspecto menos exótico que el de la pintura abstracta, la psiquiatría
obtuvo cierto provecho del arte. Sabiendo que a través de todos los tiempos el
hombre ha expresado y liberado sus emociones e ideas por medio del arte, los
médicos emplearon este impulso con fines terapéuticos.
En el Hillside Hospital de Nueva York, los pacientes mentales son
estimulados para que revelen los conflictos del subconsciente por medio de la
pintura.
Se
halló que la pintura y el modelado son medios eficaces para canalizar la
energía creadora en casos de enfermedad física, especialmente cuando limita los
movimientos del paciente. El trabajo artístico le hace olvidar su dolencia, le
ayuda a pasar el tiempo y favorece la convalecencia.
Dos trabajos de un esquizofrénico: izquierda, al iniciarse su tratamiento;
derecha, al terminar el tratamiento
La
psiquiatría emplea el arte con dos finalidades: como medio terapéutico y de
rehabilitación y para facilitar el diagnóstico de las enfermedades mentales.
Por medio de la pintura como disciplina objetiva, los pacientes aprenden a
afrontar las relaciones normales en lo que se refiere a línea,
color y perspectiva y, en consecuencia, a afrontar la realidad.
Algunos psicóticos, incapaces de comunicarse verbalmente, sienten el impulso
urgente de crear y en muchos casos de comunicarse por medio de la obra de arte.
La pintura permite al psicótico transformar sus imágenes inconscientes en
formas simbólicas, proporcionando al psicoterapeuta valiosa información
psicológica.
En La mujer frente al espejo, Picasso desintegra la
anatomía humana
El
arte de los esquizofrénicos suele exhibir características similares: tendencia
a llenar el cuadro ocupando todos los espacios disponibles, a crear formas
rígidas y estereotipadas, e hipertrofia de los símbolos.
Veamos una historia clínica: Una muchacha esquizofrénica de 19 años de edad fue
clasificada como un caso casi incurable. Había fracasado el coma insulínico, el
electrochoque, el narcoanálisis y la terapia de grupo. Incapaz de comunicarse
de palabra normal, la paciente comenzó a pintar. Sus cuadros eran
extravagantes, sombríos, constrictivos, aunque mostraban algún
orden y propósito. En varios cuadros hizo los mismos comentarios sobre objetos
similares, simbolizando sus temores y su concepto de sí mismo y del mundo. Por
fin llegó a poder comunicarse con el psiquiatra en el lenguaje del simbolismo,
explicando lo que sus cuadros significaban para ella.
Arte y
hospital.
El arte aplicado desempeña una función terapéutica en la concepción y decorado
de los hospitales modernos. Diseño exterior e interior, muebles, color y
materiales se integran en un todo armonioso que afecta emocionalmente a los
pacientes y al personal.
Los niños responden alegremente a los colores brillantes en las salas y
consultorios pediátricos. En las salas de espera se utilizan colores fríos; en
las ortopédicas, cálidos y brillantes, y en las de fisioterapia, suaves y
descansados. Los corredores y salones de recreo se decoran con colores
estimulantes que impulsan a la pronta ambulación. Muchos hospitales modernos
utilizan cuadros originales o reproducciones clásicos o abstractos en sus
salas, corredores o salones, para crear un ambiente cálido y amable.
Arte
médico.
Harvey Cushing (1869-1939), el famoso neurocirujano de Boston, instaba siempre
a los estudiantes de medicina a cultivar su talento artístico, manifestando que
es más fácil dibujar que describir una fractura. Poniendo en práctica su propio
consejo, Cushing ilustraba sus historias clínicas con notable habilidad.
El dibujante más sobresaliente en el campo de la medicina de los tiempos
modernos fue Max Broedel (1870-1941). Artista e investigador médico consumado,
Broedel, natural de Alemania, vino a América en 1894 para ilustrar el
libro Operative Gynecology, del Dr. Howard Kelly. En 1911
estableció el departamento de arte médico en la Universidad de Johns Hopkins,
el primero en su género en el mundo.
Filosofía.
Aunque distintos en apariencia, el artista y el médico son, desde un punto de
vista filosófico, sorprendentemente similares. Según el bioquímico Prof. Philip
Siekevitz, del Instituto Rockefeller, "el racionalísimo mundo de la
experimentación descansa sobre nada más ni nada menos que la fe inalterable en
la lógica del método experimental. Esta fe no se apoya en
hecho alguno... no es en manera alguna menos intensa que la que ennoblece al
místico en su búsqueda del amor o invade al artista en busca de la belleza.
Así, el científico es como el artista y el místico en la fe que deposita en su
poder de describir la Verdad, según la ve, a la luz de su conciencia".
El Dr. Karl Sudhoff, uno de los grandes historiadores médicos modernos [6] de la
tierra de Goethe, escribió hace medio siglo: "Aquel a quien se le ha
revelado la vocación samaritana de médico en toda su plenitud, ya no pregunta
cuáles son las hebras que entrelazan la medicina con el arte; él aprecia con un
solo golpe de vista el brillante y maravilloso cañamazo que forma la medicina
con todas las artes, cómo sus hilos se entrecruzan formando el tejido que las
convierte en grandes benefactoras de la Humanidad".
Colofón.
William Osler dijo en una ocasión que arte y medicina son amantes exigentes.
Bien pudo haber agregado que a lo largo de la historia, medicina y arte parecen
haber compartido la misma amante.
Botánica y Medicina
Junio de 1965
Prefirió
estudiar el poder de las plantas, su valor curativo sin
propósitos degloria, ejercer aquel arte sereno.
Virgilio
/ LA ENEIDA
Desde
el mismo instante en que un liquen se adhirió débilmente a la roca, toda vida
en la tierra ha dependido de las plantas. Nacida en un mundo verde, la especie
humana, al igual que las especies animales, obtuvo sus primeros alimentos y
medicinas del reino vegetal.
El conocimiento de las plantas se inició en la historia al servicio de la
medicina, y así continuó hasta mediado el tiempo en que se registra la vida de
la Humanidad. Hoy, la botánica médica es sólo una rama de la gran familia de
especialidades; a partir del estudio y clasificación de las plantas, la
botánica, con ritmo creciente, se convirtió en un estudio de la vida misma.
Se registra en la actualidad un renacimiento médico-botánico: los
"cazadores de plantas" siguen incansables mientras en los
laboratorios los investigadores tratan de revaluar los principios activos
contenidos en las viejas medicinas de origen vegetal.
Conocimientos
clásicos.
Al legendario emperador Shen Nung, dios chino de la medicina e inventor del
arado, se le atribuye haber compilado el primer catálogo de hierbas medicinales
de su país en el tercer milenio a. de C. Del mismo período provienen los textos
médicos egipcios con sus drogas vegetales citadas unos 1000 años después en el
Papiro de Ebers. Los asirios eran expertos horticultores que conocían las
diferencias sexuales de las plantas y fecundaban artificialmente sus palmas
datileras, muchos siglos antes de que un herbario de Nínive preparara en el
siglo VII a. de C. el primer catálogo conocido de las plantas mesopotámicas.
Era ya antiquísimo el conocimiento de una inmensa cantidad de plantas
medicinales cuando los griegos convirtieron el saber tradicional en un cuerpo
de conocimientos basados en la observación sistemática, dando así nacimiento a
la botánica como ciencia.
Se atribuye a Teofrasto, discípulo de Aristóteles y sucesor suyo, la primera
clasificación de las plantas y descripción de sus partes, métodos de
germinación, ecología y formas de crecimiento. Su fuente principal fue el
jardín botánico del Liceo, que le legara Aristóteles, aunque es probable que
dispusiera también de ejemplares traídos por Alejandro al regreso de sus
conquistas en Asia. Sus textos Historia de las plantas y Causas
de las plantas, son los primeros clásicos de la botánica; aunque
aceptaba la generación espontánea, describió correctamente las diversas formas
de reproducción y diseminación natural de las plantas.
En tiempos de los romanos, Plinio el Viejo enriqueció la ciencia descriptiva
con una gran cantidad de observaciones correctas e incorrectas, obtenidas de
las más diversas fuentes registradas con escaso espíritu crítico; 16 de sus 37
volúmenes tratan de las plantas, y de ellos, 9 están dedicados a sus virtudes
medicinales.
El médico griego Pedanio Dioscórides, contemporáneo de Plinio, viajó también
muy extensamente, pero fue un botánico más exacto, logrando reunir una enorme
cantidad de conocimientos mientras era cirujano de las legiones romanas. Su
herbario ilustrado en cinco tomos constituyó durante siglos la obra clásica
sobre materia médica.
Los árabes se distinguieron como horticultores, herbarios y farmacéuticos, mas
apenas les interesó la botánica como ciencia, la mayoría se limitó a traducir y
citar a Dioscórides, excepción hecha del incansable coleccionista de plantas
Ibn Baithar, moro español de Málaga, cuyos viajes le llevaron a través del
Norte de África, Egipto, Grecia, Arabia y Mesopotamia, hasta Damasco, donde
murió en el año 1248.
Egipcios recolectando lirios, según un bajorrelieve de la época de los
faraones. En los papiros de Edwin Smith y de Ebers (ca.
1700-1550 a. de C.) se menciona la farmacopea empleada en la medicina egipcia.
A
diferencia de sus contemporáneos de Arabia y Europa, escribió sólo sobre lo que
había visto, describiendo unas 1.400 plantas, principalmente de valor
medicinal. En la Europa del siglo XIII Alberto Magno, filósofo y teólogo suevo,
que terminó vistiendo los hábitos de monje, dirigió el movimiento de los
enciclopedistas aportando algunas observaciones originales; aprovechando que
las reglas dominicas le obligaban a viajar a pie, se dedicó a través de Europa
a enriquecer sus conocimientos botánicos.
Progresos
en el Renacimiento.
El Renacimiento ha dado lugar al desarrollo de las ciencias figurando la
botánica entre las primeras en beneficiarse con la impresión de herbarios
hermosamente ilustrados, algunos de naturaleza hortícola como el del inglés
John Gerard, otros escritos por eruditos como Andrea Cesalpino, médico papal.
Además los viajeros volvían con estudios sobre nuevas plantas, revelando en
Europa la muy cultivada botánica empírica, de los indios del Nuevo Continente;
botánicos médicos enviaron a sus respectivos países exóticos ejemplares desde
América y el Oriente. Gracias al descubrimiento del microscopio, los médicos
anatomistas Marcello Malpighi, en Bolonia, y Nehemiah Grew, en Coventry,
iniciaron el estudio de la anatomía de las plantas. Pertenece también a este
período el descubrimiento de la polinización por el viento e insectos, y la
producción de ejemplares híbridos.
Grabado de Stradanus sobre el guayaco y su empleo contra la sífilis,
recomendado por Ulrich von Hutten en 1519.
La
enorme cantidad de nuevas plantas descritas y bautizadas llevó el caos a los
sistemas taxonómicos entonces existentes; la tarea de ordenarlo correspondería
a Karl von Linné, o Carolus Linnaeus (1707-78), quien en el transcurso de su
prolongada y serena vida de profesor de la Universidad de Upsala, Suecia,
completó su clasificación binaria de las plantas, nombrando cada una de ellas
según su género y especie. Su sistema de 24 clases de plantas, basado en las
características sexuales era, según su propia confesión, artificial, y mezclaba
en un mismo grupo plantas no relacionadas naturalmente, por lo que consideraba
su clasificación transitoria, hasta que se pudieran establecer los grupos
naturales. Su nomenclatura binaria subsistió, aunque pronto se hicieron
modificaciones en las clasificaciones: de la escuela francesa partió el sistema
básico de los "órdenes" o familias, basado en la anatomía, que en
gran parte todavía persiste en la actualidad.
Dibujo de un manuscrito de Don Felipe Guamán Poma de Ayala, que da idea de
que los incas cultivaban hierbas medicinales, como la Erythroxylon
coca, fuente de la cocaína
La
teoría darwiniana de la evolución dio lugar a muchos años de controversia en
las ciencias naturales y eventualmente originó una clasificación del mundo
vegetal en cuatro divisiones (filas) reflejando un concepto general de
evolución progresiva: talofitas, o plantas avasculares, comprendiendo los
hongos y algas; briofitas (musgos y hepáticas) con un comienzo de
diferenciación tisular; pteridofitas, integradas por los helechos, con tejidos
diferenciados aunque sin semillas, y espermatofitas, con semillas y tejidos
completamente diferenciados.
Las angiospermas [7] dominan
el reino vegetal por su complejidad y número, comprenden las dos terceras
partes de las especies conocidas, e incluyen la mayoría de las plantas visibles
y que sirven para la alimentación humana.
Mediante el empleo de elementos radiactivos los paleobotánicos calculan que la
vida vegetal comenzó en nuestro planeta hace unos dos mil millones de años, y
que las plantas terrestres se originaron hace unos 500 millones de años.
Asimismo consideran que el desarrollo de las especies portadoras de semillas ocurrió
varias veces, en diversos períodos. Algunas plantas fósiles se desarrollaron
con éxito en una época determinada para luego desaparecer por completo sin que,
aparentemente, dejaran descendientes.
La
nueva botánica.
Con la mayor parte del reino vegetal, descrito y clasificado, el principal
trabajo de los botánicos por muchos siglos parece haberse completado, por lo
que hoy se discute seriamente si la botánica clásica de los taxonomistas y
sistematistas constituye ahora una parte agotada de la ciencia o si podría
sobrevivir como una ciencia computadora capaz de abrir nuevos horizontes a los
especialistas.
El centauro Quirón enseña a su discípulo Esculapio el empleo de la centaura
(Cnicus benedictus) para tratar la congestión hepática y la dispepsia.
Una página del libro Nova plantarum (1651), por Francisco Hernández, usado
como texto de botánica en la América española.
Portada de The Herball, por John Gerard (1651).
Manuscrito medieval con un dibujo de la mandrágora. Como se creía que su
raíz emitía aullidos enloquecedores, se la desenterraba con perros
En
la botánica moderna predominan las especialidades destinadas al estudio de la
vida a través de sus manifestaciones en las plantas: citólogos y genetistas
apenas establecen diferencia alguna entre los materiales de estudio, animales y
vegetales, ya que ambos songobernados por principios similares.
Los procesos relativos a la vida vegetal y animal, de acuerdo con las más
recientes investigaciones bioquímicas y biofísicas, muestran un notable
paralelismo. Uno de los primeros, fue el descubrimiento de las semejanzas entre
la clorofila de las plantas y la hemoglobina de los animales. En recientes
estudios de foto-periodicidad se halló que el pigmento que absorbe la luz,
llamado citocromo por sus descubridores del Departamento de Agricultura de los
Estados Unidos, parece ser una porfirina, sustancia perteneciente al grupo de
los pigmentos respiratorios comunes a los reinos vegetal y animal, y formado
por la degradación tanto de la hemoglobina como de la clorofila.
Fotosíntesis.
Está a punto de resolverse el gran enigma biológico de cómo las plantas
utilizan la energía solar, para crear nutrimentos a partir del agua y aire,
iniciando así el ciclo que permite la vida terrestre. La fábrica microscópica
que trabaja con la luz solar es el cloroplasto portador de la clorofila,
alojado en las células clorofílicas de las plantas verdes. Los primeros pasos
del proceso son de orden electroquímico; los rayos solares, actuando sobre la
clorofila sensible a la luz, originan la expulsión de electrones de dicha
sustancia; estos electrones experimentan una serie de conversiones dando lugar
a la producción de ATP (trifosfato de adenosina) y nucleótido piridina
reducido; de estos dos compuestos proviene la energía necesaria para tomar el
hidrógeno del agua y el carbono del anhídrido carbónico de la atmósfera, con el
fin de producir el alimento básico que abastece al mundo.
El descubrimiento de que el ATP rico en energía es sintetizado en el
cloroplasto, arrojó nueva luz sobre otro misterio biológico: el de la
transferencia de energía intracelular.
Desde hace mucho se sabe que el ATP es el común transportador de energía,
liberándola para la contracción muscular y el impulso nervioso; también se sabe
que, después, el ATP se reconstruye en las mitocondrias por la respiración, que
el cloroplasto cumple este proceso de recarga, o fosforilación, por medio de la
energía solar sola y sin consumo de oxígeno.
Circulación
vegetal.
Las andanzas de la savia fascinaron a Malpighi, anatomista del Renacimiento,
quien efectuó por primera vez el clásico experimento de ceñir la corteza
exterior de un árbol, observando que la parte superior se hinchaba; verificó
así la circulación de la savia, tanto hacia abajo partiendo de las hojas, como
hacia arriba a partir de las raíces. Stephen Halles, eclesiástico inglés del
siglo XVIII que se hizo famoso al medir la velocidad y presión
sanguíneas en el caballo, fue el primero en medir la circulación de la savia;
su método, basado en la determinación del peso de la planta, se utilizó
prácticamente sin modificaciones hasta el advenimiento de las técnicas con
trazadores radiactivos.
Dos de estos últimos, el C14 y el P131 han sido los principales elementos
usados para el conocimiento de la circulación vegetal, que es continua en ambas
direcciones; el agua y los minerales de la tierra, suben desde las raíces para
luego volver a ellas; los compuestos orgánicos sintetizados en las hojas descienden
a las raíces, donde forman sustancias nuevas que después ascienden hasta el
follaje.
San Alberto Magno (m. en 1280) maestro de Santo Tomás de Aquino, y autor de
notables observaciones botánicas.
En
la calabaza joven se ha comprobado que las sustancias tardan media hora en
circular desde las hojas a las raíces; el regreso de los compuestos
neoformados, desde la raíz hasta el extremo de la planta, invierte unas tres
horas.
Las principales arterias de la planta están constituidas por el xilema, formado
por conductos de células leñosas muertas que transportan principalmente agua y
minerales desde las raíces, y el floema, compuesto por células cribosas vivas a
través de las cuales circulan los productos de la fotosíntesis y otras
sustancias desde las hojas a las raíces, y a las flores, frutos y brotes.
Se desconoce la manera exacta cómo se realiza la circulación a través de estas
células vivas; mas a través del xilema parece tratarse de un proceso puramente
físico. La circulación varía según la sustancia; y así, por ejemplo, mientras
el fósforo es sumamente móvil y circula por ambas arterias, difundiéndose de
una a otra, el calcio circula sólo por el xilema. En la práctica, estas
diferencias determinan las maneras de emplear fertilizantes, herbicidas,
pesticidas y sustancias de crecimiento que regulan la floración y maduración.
El estudio de las enfermedades de las plantas ha permitido descubrir un
equivalente vegetal de las afecciones cardiocirculatorias humanas, que suele
atacar al algodón, tomate y otras hortalizas, y árboles, aniquilándolos; el
microorganismo patógeno es un hongo del suelo que invade el sistema
circulatorio del vegetal y destruye sus paredes, cuyos fragmentos forman
coágulos gelatinosos que terminan por obstruir los conductos, ¡dando así lugar
a un cuadro bastante similar al de la trombosis humana!
Karl von Linné, Carolus Linnaeus (1707.78), sistematizó la botánica mediante
su clasificación binaria de las plantas nombrándolas por su género y especie
Factores de crecimiento.
Es bien sabido que de la duración del día, dependen la floración y caída de
pétalos, frutos y hojas; recientes investigaciones han demostrado que las hojas
son los órganos de las plantas que "miden" el tiempo. Dos notables
tipos de plantas fotoperiódicas son: las de día largo y las de día corto;
algunas se caracterizan por un doble requerimiento para la floración, ya sea
día corto o día largo. La comprobación de que el órgano sensible a la luz es la
hoja, se ha efectuado mediante experimentos en los que se indujo la floración
después de exponer sólo una o dos hojas a la cantidad de luz diurna necesaria;
también se han injertado hojas expuestas al sol, en otra planta no expuesta,
induciendo la floración de esta última.
Hace unos treinta años se realizó el sorprendente descubrimiento, contrario a
la creencia científica sostenida hasta entonces, de que el reino vegetal
produce hormonas como el reino animal, las cuales regulan las fases del
crecimiento.
Desde su hallazgo en 1926 por el estudiante holandés de botánica, Frits W.
Went, las auxinas, como se llamó originalmente a estas hormonas, han sido
extensamente empleadas en horticultura para acelerar el arraigo, evitar la
caída prematura del fruto y destruir las malezas. Se han aislado recientemente
del ácido nucleico calentado y del coco, nuevas hormonas llamadas cinetinas,
que también favorecen el crecimiento y parecen estimular la formación de
brotes. Investigadores japoneses hicieron el sensacional descubrimiento de las
giberelinas, originalmente aisladas del hongo parásito del suelo Fusarium
moniliforme, y ahora de numerosas plantas.
Caricatura de Charles Darwin por Waddy. Su teoría originó la clasificación
filogenética del reino vegetal.
Desde
el punto de vista de su estructura química, las giberelinas no se relacionan
con ninguna de las hormonas vegetales antes conocidas; más de 100 especies han
respondido a su empleo con un aumento en la velocidad de germinación de las
semillas, crecimiento y división celular de raíces y retoños, y producción del
fruto; algunas variedades enanas crecieron hasta la talla normal, plantas en
forma de roseta desarrollaron tallos, y almácigos de lechuga se transformaron
en ensortijadas viñas.
El problema de hasta qué punto el crecimiento es una propiedad intrínseca de
las células especializadas, o depende de factores externos, quedó solucionado
gracias a un notable experimento, en el cual células adultas de zanahoria, que
habían dejado de crecer, dieron lugar a plantas nuevas cuando se las colocó en
una solución nutritiva normal a la cual se habían agregado factores de
crecimiento, como las cinetinas. En este estudio se demostró que la potencia de
dichos factores puede ser tal, que promueva la regresión de células adultas a
la etapa de la división celular, con los cambios cromosómicos correspondientes.
El investigador Armin C. Bramo, del Instituto Rockefeller, realizó un estudio
de naturaleza opuesta, convirtiendo células tumorales en tejido normal. Para
ello obtuvo células libres a partir de un tumor de la planta de tabaco, las
cultivó por separado y las inoculó en retoños de la planta, donde se
desarrollaron normalmente bajo la poderosa influencia de la planta normal. Esto
demuestra la existencia de potentes fuerzas inhibidoras del crecimiento,
capaces de restablecer la normalidad funcional de células que crecían
exageradamente.
Investigaciones biofísicas han permitido comprobar la existencia, en células
vegetales, de trastornos eléctricos similares a las alteraciones de la
conducción nerviosa en los animales; se ha logrado medir el potencial
bioeléctrico de las raíces y parece haber pruebas de la existencia de un
sistema de autorregulación (feedback), con sus característicos
tipos de oscilación, que podría estar relacionado con el "reloj
biológico" o sentido del tiempo innato que se ha sospechado siempre en la
materia viva.
Cazadores
de drogas.
La antigua alianza de la botánica con la medicina perdura en la actualidad.
Durante sus siglos de estancamiento, la medicina estimuló a la botánica
mediante los jardines de plantas medicinales, la enseñanza de la botánica como
parte de la materia médica, y los conocimientos trasmitidos y conservados por
enciclopedistas y herbarios; a su vez, la botánica proporcionó a la medicina el
80 por ciento del arsenal terapéutico hasta bien entrado el siglo actual.
En la década del 30 la medicina comenzó a independizarse de la botánica con el
descubrimiento de las drogas sintéticas. Apenas pasaron 25 años más y de nuevo
la ciencia volvió sus ojos a la naturaleza; hoy exploradores botánicos en
número creciente se aventuran por selvas y desiertos para arrancar sus
milenarios secretos a curanderos y herbolarios y volver a sus respectivos
países con una buena colección de plantas exóticas.
El más notable descubrimiento de este tipo en los tiempos modernos loa sido el
de la famosa Rauwolfia serpentina, arbusto del Himalaya, usado
más de 30 siglos por los médicos ayurvédicos como antipirético y droga eficaz
contra las picaduras de ofidios, disentería, insomnio y alienación mental.
Introducida en Europa como sedante hace unos 300 años, era sólo conocida por
unos pocos médicos europeos.
En el año 1952 químicos de la casa Ciba aislaron de ella unos pocos cristales
de reserpina, y expediciones enviadas para obtener mayores cantidades de
materia prima, descubrieron una especie africana de la misma planta. Poco después,
las ventas de derivados de la rauwolfia alcanzaban la suma de 30 millones de
dólares anuales. La era de los tranquilizadores había comenzado.
La industria farmacéutica, las instituciones oficiales, universidades y
fundaciones privadas invierten todos los años enormes sumas en la búsqueda de
nuevos fármacos de origen vegetal; en esta tarea colaboran botánicos,
misioneros médicos y herbolarios indígenas, que envían a los laboratorios
incontables muestras, acompañadas de sus probables virtudes terapéuticas según
la tradición local.
Se está investigando una colección peruana de vegetales activos contra la
diarrea, parásitos intestinales, angina y reumatismo, y contra los piojos de
las aves; así como una raíz africana que se mastica y se supone proporciona
fortaleza y resistencia a los que caminan por la selva. De los muchos miles de
ejemplares estudiados, sólo unos pocos poseen principios activos, y es posible
que su eficacia en el lugar de origen se deba principalmente a factores
psicológicos.
Ilustración del Dr. R Thornton, de Trinity College, Cambridge,
indicando la clasificación de Linneo.
También
se ha comprobado que pequeñas diferencias en las especies y el momento de la
cosecha, afectan al grado e importancia de los agentes químicos de la planta y
se sugiere que ciertos conocimientos de tipo mágico sobre el momento y lugar de
obtener las hierbas potentes, podrían estar empíricamente justificados. Algunas
plantas poseen las virtudes terapéuticas que se les atribuyen, como en el caso
de una pequeña cereza de Puerto Rico, tradicionalmente utilizada contra el
resfrío, que es muy rica en vitamina C.
En los Estados Unidos, el Colegio de Médicos Evangelistas está examinando toda
la flora californiana, con el apoyo financiero del Servicio de Salud Pública;
el Instituto Nacional del Cáncer y otras instituciones auspician estudios de la
flora regional, realizados por especialistas de las universidades de Texas y
Arizona.
Los hombres de ciencia que sueñan con hallar un remedio contra el cáncer en su
propia huerta, han sido alentados por las extraordinarias propiedades de
la Vinca rosca, o vincapervinca, planta herbácea de la familia
de las apocináceas, que da flores azules y se cultiva en los
jardines: el endocrinólogo canadiense Dr. R. L. Noble observó que las hojas de
este arbusto son usadas por los indígenas de Jamaica contra la diabetes, y por
su parte el químico Gordon H. Svoboda, de los Laboratorios Lilly, aprendió,
durante la Segunda Guerra Mundial, que en las Filipinas eran usadas con el
mismo fin.
Los investigadores esperan descubrir aplicaciones terapéuticas de las
plantas que utilizan los jíbaros del Ecuador para reducir las cabezas.
Ambos
científicos habían trabajado sin saber uno del otro, pero después de la
comunicación de sus resultados en 1958, el Dr. Noble y su colega químico C. T.
Beer, decidieron unir sus esfuerzos a los de los investigadores de Lilly. Los
alcaloides de la vincapervinca parecen ejercer una acción selectiva contra las
neoplasias, y uno de ellos ha merecido ya la aprobación oficial para su empleo
contra la enfermedad de Hodgkins generalizada, mientras que otro se ha mostrado
clínicamente eficaz contra la leucemia infantil aguda.
Una vez descubierta una droga, el paso siguiente es hallar la forma adecuada o
económica de obtener la materia prima. De las numerosas especies de
vincapervinca, entre las que se encuentra la conocida Vinca
minar, también llamada mirto, que cubre el suelo, sólo la Vinca
rosca parece contener los preciosos alcaloides, yen minúsculas
cantidades, habiendo aislado los químicos 43 distintos, que en total
constituyen el 0,7 por ciento de la planta. Un arbusto leñoso se desarrolla en
los trópicos, y ahora se cultiva en la India. Incluso las drogas sintéticas
pueden requerir una sustancia natural para alguna etapa de su producción.
Miembro del Museo Botánico de la Universidad de Harvard, EE.UU.,
coleccionando hierbas medicinales entre las tribus maku, en el Vaupés,
Colombia.
En
el año 1949 el gobierno y varias firmas farmacéuticas de los Estados Unidos
emplearon 10 millones de dólares en la búsqueda de un precursor de la
cortisona, enviando seis expediciones a la selva africana a la búsqueda de
semillas de estrofantos que contuvieran los grupos hidroxílicos indispensables
para la síntesis del esteroide. El estrofanto se halló en abundancia,
obteniéndose semillas de unas 20 variedades mediante el concurso de pigmeos
capaces de escalar árboles de más de 30 m. de altura, pero ninguna con el grupo
molecular buscado. Irónicamente, poco después se comprobaba que el yam, o ñame,
más fácil de obtener en el vecino país de México, contenía el precursor
anhelado, y desde entonces se cultiva para producir cortisona, esteroides
sexuales y muchos otros compuestos químicos.
Entre las históricas plantas medicinales de que ahora forman parte las modernas
rauwolfia y vinca, figuran en el recetario de todo médico práctico las
siguientes especies:
Papayo somniferum, o amapola del opio, conocida de los
egipcios y probablemente también de la Helena de Hornero, quien, después de
regresar de Troya, la sirvió a su esposo y huéspedes; sus propiedades
narcóticas e hipnóticas eran conocidas en la Europa del siglo XVIII; la morfina
fue aislada a comienzos del siglo XIX y sintetizada en 1952.
Digitalis purpurea, empleada con varios fines
medicinales desde la antigüedad, como ingrediente de numerosos menjunjes en la
Edad Media y como especifico en la hidropesía; la digital se obtiene aún de
fuentes naturales.
Atropa belladonna, mortal sombra de la noche,
componente indispensable de ungüentos de curanderos y caldos de brujas;
introducida en la medicina europea en el siglo XVI, y todavía hoy en uso.
Cinchona calisaya, llamada así en homenaje a la
condesa de Cinchón, virreina del Perú, quien la introdujo en el mundo
civilizado; crece naturalmente en las laderas de los Andes, desde Colombia a
Bolivia; su corteza, llamada de los jesuitas o peruana, era conocida de dichos
sacerdotes para tratar la malaria en Perú hacia 1600; llevada a Europa por los
exploradores españoles, se introdujo en Inglaterra en 1655; su principio
activo, la quinina, fue sintetizado en 1945.
Chondodendrum tormentosum, Strycnos toxifera y similares,
origen del curare, veneno de las flechas de algunas tribus sudamericanas;
conocidas de los europeos en el siglo XVI. La forma empleada hoy como relajante
muscular fue descubierta en 1938.
Ricinos communis, o planta del castor, especie
herbácea anual de gran tamaño, nativa del África tropical; sus semillas son
fuente del aceite de castor, laxante rápido y eficaz que
todavía se obtiene partiendo de su origen primitivo.
Erythroxylon coca, de cuyas hojas se extrae la
cocaína; los primeros colonizadores de Perú y Bolivia observaron que los
aborígenes masticaban hojas de cocapor sus efectos anestésicos y para combatir
la fatiga; la cocaína fue aislada en 1858 y desde entonces se han sintetizado
muchas drogas similares, pero las hojas del arbusto continúan siendo la fuente
normal de esta droga.
Cephaelis ipecacuanha, o ipeca, con cuyas raíces los
indios brasileños preparaban cocimientos para combatir la disentería; en forma
secreta fue introducida en Francia en el siglo XVII; desde 1912, en que se
aisló su alcaloide, llamado emetina, fue un remedio de elección contra la
disentería amebiana, hasta que se reemplazó por los antibióticos y drogas
sintéticas.
Spirac ulmaria, planta común de cuyas flores se aisló
en 1839 el ácido salicílico, que después daría origen a la aspirina; los
herbarios medievales recomendaban el uso de la corteza y hojas del sauce para
combatir la fiebre; el ácido salicílico fue encontrado en numerosas plantas y
sus derivados metílicos intervienen en la composición de diversos ungüentos
calmantes; su forma sintética, obtenida en 1859, se utiliza enmedicina desde
1885.
Colofón.
La Naturaleza, siempre pródiga, encierra todo un arcano de compuestos químicos,
producidos con incomparable uniformidad por el inmenso laboratorio que es el
reino vegetal.
Deportes y Medicina
Junio de 1964
Hace
cuatro años la flor y nata de los atletas aficionados del mundo competía en el
estadio de los juegos olímpicos, en Roma, con motivo de la XVII Olimpíada,
reminiscencia de los antiguos juegos griegos. Mientras millones de seres
humanos se entregan a una u otra forma del deporte en busca de salud, honores o
por puro amor a la competencia, MD revisa aquí algunos de los aspectos médicos
de los deportes modernos.
Atletismo
antiguo.
Hasta en los más primitivos grupos humanos se ha hallado alguna forma de
competición en los juegos: variedades de lucha, lanzamiento de objetos,
carreras o saltos. Ciertos juegos son meras variantes de la caza; otros tienen
un valor simbólico de protección a la tribu.
Los deportes han florecido en todas las civilizaciones antiguas: las contiendas
con arco eran especialmente favoritas de egipcios y asirios; también lo era la
lucha en sus varias y atrayentes formas.
Hace 2.000 años las tribus del Asia Central ya jugaban al polo, que llegó a ser
el deporte favorito de los jinetes persas.
La juventud espartana se educaba en dromos y gymnasia, centros
de la antigüedad clásica en los que la naturaleza era el escenario preferido
para sus juegos y ejercicios físicos
Se
dice que los guerreros del conquistador Tamerlán practicaron este juego en
Damasco con las cabezas de sus enemigos; el polo emigró hacia el Este jugándose
en China y el Tíbet (en donde adquirió el nombre de pulu) y llegó
a Europa a través de los ingleses que residían en la India.
El juego de pelota era popular entre los antiguos: los egipcios lo practicaban
simplemente lanzándola al aire, arrojándola o haciendo juegos malabares;
utilizaban una pelota de 7,5 cm. de diámetro rellena de paja o junquillos.
Los irlandeses sostienen que el balonmano y el hurling (juego
parecido al hockey) son de origen céltico; dice la leyenda que Finn McCool
inventó el hurling y que Cuchulain era tan aficionado y
diestro en este deporte que en una ocasión llevó una pelota sobre un palo
curvado sin dejarla caer durante 15 km.
El lacrosse, juego nacional canadiense, es probablemente el deporte más antiguo
de Norteamérica; lo jugaban las tribus indias canadienses, llamándolo bagataway.
Los jinetes persas, que se vanagloriaban de poseer caballos excelentes,
cultivaban el polo.
Juegos
griegos.
Los griegos creían que los dioses habían fundado el deporte en competencia con
el hombre; para los mortales el descollar en atletismo era tanto como parecerse
a los dioses. Predominaban los deportes de combate; no obstante, el juego de
pelota a mano, el hockey en campo de hierba, el balompié, el tejo y el tiro de
herradura también eran populares.
Las espartanas, que se dice fueron las mujeres más bellas de Grecia, se
ejercitaban en carreras, palestra, salto, natación, equitación, lanzamiento de
jabalina y disco.
A la edad de 7 años, los chicos ingresaban en el agoge, donde
se les fortalecía con gimnasia, carreras, boxeo, palestra, caza, equitación,
tiro con arco y juegos de pelota; a los efebos se les llamaba "jugadores
de pelota", probablemente por ser ésta su ocupación principal. Casi todos
los primeros vencedores olímpicos fueron dorios, mientras que de la XV a la L
Olimpíada fueron espartanos.
Los festivales atléticos griegos, derivados de complicados ritos funerarios
para honrar a los héroes, se celebraron más tarde en honor a las deidades. Se
conocen hoy día, por lo menos 40 festivales atenienses cuya duración era de
unos 70 días. Los más importantes de los juegos panhelénicos eran las
Olimpiadas cuadrienales que duraban 5 días y consistían en competiciones de
carreras pedestres, a caballo y de cuadrigas, palestra, boxeo, pancration [8], y el
pentatlón, compuesto de carreras, lucha, lanzamiento de disco y jabalina y
salto con lastre.
Zeus y Hércules fueron los legendarios fundadores de los juegos; el primer
campeón del que se tiene noticia fue un elio llamado Coroebos, vencedor en la
carrera de 200 m. en el año 766 a. de C.; el último lo fue un boxeador armenio
llamado Verastades. Abolidos por el emperador Teodosio en el año 394, los
juegos revivieron en Atenas en 1896.
Las juventudes romanas se entrenaban en el Campus Martius, a
lo largo del Tíber, practicando deportes tan marciales como la caza, la lucha,
el boxeo, el lanzamiento de piedra y lanza.
El juego de pelota era la forma favorita de entrar en calor antes del baño; los
baños de Stabian, en Pompeya, tenían boleras con bolas de piedra.
Juegos
medievales.
En la Edad Media el deporte favorito de los caballeros eran las justas,
establecidas en 1466 por el conde de Worcester en Inglaterra.
Muchos deportes modernos se remontan a esta época: cricket, fútbol y billar
aparecieron en Inglaterra; golf y curling en Escocia; el patinaje sobre hielo
ganó popularidad en Holanda. La esgrima reemplazó gradualmente a la lucha con
espada; en el siglo XIV los alemanes se batían en duelo con florete; los
italianos perfeccionaron el estoque, mientras que los ingleses se batían con
espadón.
El tenis llegó a ser el juego favorito de reyes y nobles; se dice que Luis X
murió de un enfriamiento contraído mientras lo jugaba.
Otros deportes populares del Medievo eran la caza y el tiro con arco; el rey
Enrique II de Inglaterra se vio obligado a proscribir el fútbol en el siglo XII
porque sus súbditos estaban descuidando la práctica del arco; por la misma
razón monarcas posteriores prohibieron el juego del tejo, el lanzamiento de
pesos y el golf.
Deportes
modernos.
La mayoría de los deportes modernos florecieron en los siglos XVIII y XIX;
algunos, como el tenis de mesa, constituían innovaciones, otros (por ejemplo,
juegos de raqueta similares al tenis) eran deportes antiguos, revividos o
modificados. He aquí la evolución y organización de algunos de los deportes más
populares.
Boxeo.Había ido decayendo desde el tiempo de los romanos, pero en
1719 el inglés James Figg se proclamó a sí mismo campeón de boxeo a puño
desnudo. Jack Broughton introdujo más tarde el boxeo científico, estableciendo
las reglas para el London Prize Ring (hacia 1743) que
prohibían dar patadas y golpear por debajo del nivel del cinturón. El marqués
de Queensberry creó en 1867 las reglas que anunciaron una nueva era en el
pugilismo.
Rugby.Hasta que en 1823 William Ellis, estudiante de la escuela
de Rugby de Inglaterra, alzó la pelota con sus manos y echó a correr con ella,
el fútbol se había jugado con los pies solamente. La Unión Inglesa de Rugby,
establecida en 1871, reglamentó el juego, que se convirtió en profesional en
Inglaterra en 1895.
La antigüedad del golf en Norteamérica tiene antecedentes como esta
fotografía, la primera tomada de este deporte campestre en Nueva York,
precisamente en el St. Andrews Golf Course de Yonkers, en
1888.
Campo y pista.Eclipsados
desde los tiempos antiguos los juegos de campo y pista, en 1849 se volvieron a
celebrar en Woolwich, Inglaterra; 15 años más tarde, Oxford y Cambridge
competían en el primer encuentro universitario. El subsecuente desarrollo de
clubes atléticos en Europa revivió la popularidad de este deporte.
Tenis.El interés por el tenis resucitó con su introducción en el
País de Gales por Walter C. Wingfield, en 1873.
Los primeros campeonatos de Wimbledon se jugaron en 1877; la competición por la
Copa Davis se inició en el 1900. Jugado a lo largo de todo el Imperio
Británico, se ha hecho especialmente popular en Australia.
Golf.En 1774 se fundó en Escocia el Royal and Ancient
Golf Club of St. Andrews, cuyas reglas todavía rigen las competiciones
internacionales. En 1860 se jugó el primer torneo abierto británico, pero el
juego disfrutó solamente de una popularidad limitada hasta después de la
Primera Guerra Mundial.
Bolos.En una tumba egipcia de 5.200 a. de C. se encontraron
objetos de un juego muy parecido al moderno de los bolos. Este deporte se ha
practicado por siglos en Alemania y los Países Bajos. En un principio se jugaba
con nueve bolos, y después se dictó una ordenanza que prohibía el juego de los
"nueve bolos", jugándose desde entonces con diez bolos. Este deporte,
muy popular en los Estados Unidos, se ha extendido a casi todos los países del
mundo.
Balompié. Aunque se ha pretendido ver el origen del
fútbol o balompié en el juego llamado harpaston por los
griegos, en el follis, versión romana del mismo, en el soule, que
se jugaba en Bretaña y Picardía por siglos, o en el calcio, de
Florencia, no puede hablarse de fútbol propiamente dicho hasta el
descubrimiento casual, en el siglo XI, de la macabra diversión de "patear
la cabeza del danés". Poco después de que los invasores daneses
abandonaron Inglaterra, donde habían gobernado tiránicamente por un cuarto de
siglo, unos trabajadores que hacían excavaciones en Chesterton en el año 1070
dieron con un cráneo que tomaron por el de un déspota danés, y tratando de
vengar las humillaciones sufridas por los ingleses, uno de los trabajadores
arremetió a puntapiés contra el cráneo; los otros le siguieron, y pronto el
campamento devino en "campo de fútbol". Como el cráneo era muy duro
para los que iban descalzos, uno más avisado tuvo la ocurrencia genial de
llevar una vejiga de vaca inflada, con la que la diversión resultó menos
macabra y más cómoda para los descalzos.
En una u otra forma este deporte se conservó en Inglaterra, hasta el siglo XIX
en que la afición a los juegos al aire libre y el espíritu de rivalidad
deportiva entre los colegios lo generalizaron en todas las islas británicas.
Pero siendo la situación harto confusa porque había tantos reglamentos como
colegios en el Reino, surgió el Football Association, que se
abrevió en assoc para terminar en soccer. El
primer partido de fútbol llevado a cabo bajo las nuevas reglas se celebró en
Londres, en 1866, entre los equipos de Sheffield y Londres.
Los comerciantes, ingenieros, estudiantes y marinos ingleses llevaron el juego
a Europa y América. En 1904 se fundó la Federación Internacional de Fútbol
Asociación, más conocida por las siglas F.I.F.A.
Los británicos que trabajaban en las minas de Rio Tinto, en Huelva,
introdujeron este deporte en España hacia 1878. En 1898, los ingenieros
ingleses de las minas de Vizcaya formaron el club Atlético de Bilbao. Desde
entonces, el fútbol español se ha elevado aalturas jamás imaginadas por los
inventores de este juego. Sus equipos han participado en las principales
competencias mundiales. En 1920 los jugadores españoles asombraron al mundo en
la Olimpíada de Amberes al derrotar al equipo de Dinamarca que era el favorito;
vencieron a Suecia, Italia y Holanda. En la siguiente Olimpíada, en París
(1924), Ricardo Zamora fue la estrella máxima del campeonato. La última gran
intervención de Zamora fue en 1934 en la competencia por la Copa Mundial,
jugada en Italia; el triunfo correspondió a Italia, pero los honores fueron
para el equipo español. Volvieron a participar en este torneo en el Brasil en
1950 y en 1962 en Chile.
El campeón olímpico de tiro al blanco, K. Takacs, húngaro, zurdo después de
amputársele el brazo derecho
En
tiempos recientes se ha destacado internacionalmente el equipo Real Madrid,
ganador de la Copa de Europa en los años 1956 (París), 1957 (Madrid), 1958
(Bruselas), 1959 (Stuttgart) y 1960 (Glasgow). Sus jugadores, Di Stéfano, Gento
y Zarraga han sido la admiración en todas las canchas de Europa y del mundo.
En España se juegan dos campeonatos internos: el de la Copa, desde 1902 y el de
la Liga, desde 1928.
El fútbol estaba llamado a un renacimiento en Sudamérica, particularmente en
Argentina, Brasil y Uruguay, cuyos equipos han conquistado los mayores lauros
en las competencias internacionales.
Un equipo de cricket formado por residentes británicos en Buenos Aires, decidió
en1860 mantenerse en forma practicando en invierno el fútbol soccer. Cinco
años después se fundó el Buenos Aires F. C. Poco a poco los ingleses fueron
sustituidos por inmigrantes italianos, y el deporte despertó el fervor popular.
Los argentinos causaron una magnífica impresión en las Olimpiadas de Ámsterdam
en 1928 y en los juegos por la Copa Mundial celebrados en Montevideo en 1930.
El británico R. Bannister bate la marca de 1.600 m
En
Brasil, el fútbol fue introducido por marineros ingleses en São Paulo en 1891 y
Río de Janeiro en 1902, año en que se fundó el Fluminense, equipo que todavía
existe. En 1958, el Brasil ganó el Campeonato de la Copa Mundial en Estocolmo
derrotando al equipo de Suecia 5-2. En Chile (1962), obtuvo los mismos honores
al vencer a Checoslovaquia 3-1, en Santiago. En Estocolmo se distinguieron sus
jugadores Djalma Santos, Didi, Garrincha y el adolescente Pelé como verdaderos
artistas del balón. Por extraño que parezca, en el campeonato sudamericano
celebrado en Buenos Aires (1959), el Perú se impuso al Brasil 5-3.
Río de Janeiro cuenta con el estadio de fútbol más grande del mundo, Maracaná,
con capacidad para 200.000 espectadores.
El primer equipo de fútbol fundado en el Uruguay fue el Albión. Nació en 1886
en Montevideo por obra de William Poole, profesor inglés de la Universidad. A
éste siguieron otros muchos equipos establecidos por ingenieros ingleses de los
ferrocarriles.
Muy pronto los uruguayos asimilaron la técnica inglesa, adaptándola a sus
características físicas e introduciendo en el juego la ligereza, la precisión y
sobre todo la gracia de su estilo que habría de ser la admiración del mundo.
Bill Tilden, norteamericano varias veces campeón de tenis.
Conquistaron
varias veces el campeonato mundial: en las Olimpiadas de París (1924), de
Ámsterdam (1928), la Copa Mundial en Uruguay (1930) y en Brasil (1950), y el
campeonato sudamericano en 1917, 1920, 1923, 1924, 1926 y 1942.
Otros equipos sudamericanos, como el del Perú, que ganó el campeonato
sudamericano en Lima (1939), y el Paraguay, que lo ganó en la misma ciudad en
1953, han participado activamente en torneos internacionales. Chile llegó a las
finales en los juegos por la Copa Mundial en Brasil (1950) y su famoso equipo
Colo Colo ha exhibido un fútbol elegante en Europa y América. Chile fue la sede
del último campeonato por la Copa Mundial (1962) en el que Brasil resultó
vencedor.
Biotipología atlética.
La mayor parte de los atletas de talla son mesomorfos y ectomorfos. Los atletas
de potencia (nadadores, lanzadores de peso y de disco) suelen ser mesomorfos;
también lo son los fornidos lanzadores de peso que combinan poder y agilidad y
que generalmente poseen brazos largos con mucho alcance.
Cornelia Gastelaars, holandesa, ganó para el sexo débil el campeonato
mundial de natación.
Los
levantadores de pesos y los luchadores por lo general son musculosos
mesomorfos, con extremidades relativamente cortas.
Los ectomorfos, dotados de piernas y muslos relativamente largos, suelen
descollar en carreras, saltos, vallas y pértiga. Los endomorfos sufren la
desventaja de su exceso de grasa corporal, excepto los nadadores de resistencia
en los que el tejido adiposo adicional los protege del frío.
La característica en los de baloncesto es la estatura: un hombre de menos de
1.80 m. es considerado bajo; en un profesional de primera categoría el promedio
viene a ser de unos 1.90 m.
Los campeones de carreras de fondo por lo regular poseen una alta toma de
oxígeno: la mayor parte ostenta una capacidad de 4 o más litros; Roger
Bannister, el primer hombre que corrió 1.600 m en 4 minutos, tenía una toma de
5,16 litros. Las pruebas espirométricas indican también que un buen atleta
posee una pausa apneica significativamente más alta que la del hombre joven
común.
En la Olimpíada de 1956, el ciclista colombiano J. A. Luque no finalizó su
prueba por haber sufrido una aparatosa caída.
Jugadores norteamericanos después de un partido de fútbol, relajan los
músculos en agua agitada eléctricamente.
Muchos
atletas en forma ostentan bradicardia: la estrella de baloncesto Dolph Schayes,
del Syracuse Nationals, tiene un pulso normal de 48 que
asciende a 120 en el medio tiempo, para descender a 82 poco después del juego.
Un campeón de atletismo puede tolerar cifras de pH tan bajas como 6,8; una
concentración de ácido láctico de 200 mg por 100 c.c., en comparación con una
persona corriente que sólo soportaría un pH sanguíneo de 7,2 y una
concentración de ácido láctico de 70 mg por 100 c.c.
Aunque los miólogos son todavía incapaces de medir sutiles diferencias de
eficiencia muscular, se sabe que los atletas bien entrenados tienen, por lo
general, una musculatura más densa y mayor fuerza por libra de peso corporal
que el hombre corriente. Otras características son la firmeza de los tejidos
corporales y la menor cantidad de grasa en los músculos.
Un estudio realizado en la Universidad de Illinois sobre 70 de los mejores
atletas americanos elucidó que los nadadores poseen un cuerpo fuerte y flexible
con un sistema cardiovascular bien desarrollado; los atletas de pista y los
lanzadores de peso resultaron ser más rápidos: corredores de velocidad,
corredores de obstáculos, lanzadores de peso, saltadores de pértiga y
saltadores de altura y longitud respondían rápidamente a estímulos de luz y
sonido, mientras que los nadadores lo hacían con más lentitud. El pulso de 14
figuras estelares de la pista dio un promedio de 49, el de 21 nadadores dio 65.
Algunos detalles: la amplitud sistólica promedio en 14 jugadores de baloncesto
universitario aumentó de 1,78 cm a 2,18 cm desde septiembre a diciembre, para
descender a 1,68 cm en mayo. La amplitud diastólica, la oleada diastólica y la
presión sanguínea sistólica demostraron una tendencia similar; solamente la
presión diastólica aumentaba uniformemente su eficacia, para descender de 66 mm
de Hg en septiembre a 38 en mayo.
La creencia popular de que los atletas sufren de una hipertrofia cardíaca
denominada "corazón de atleta" está generalmente descartada. Algunos
atletas poseen un corazón grande, como Bannister (25% sobre lo normal) y el
corredor de 400 m (cuarto de milla) Herb McKenley (con 15 % sobre lo normal);
pero esto queda compensado con la existencia de otros atletas de corazón
pequeño. El doctor Joseph B. Wolffe, del Valley Forge Heart
Hospital de Norristown, Pensilvania, refiere que un aumento de peso
del corazón puede hallarse en atletas en buena forma, pero que el de su tamaño
en relación con el peso corporal, carece de importancia.
A la edad de 60 años, el famoso corredor de fondo americano Joey Ray, que tenía
un corazón pequeño (11,3 % inferior al normal), era aún capaz de correr los
1.600 m en 6 minutos y 24 segundos. Jesse Owens, de 40 años de edad, con un
corazón mucho más grande, no era capaz de lograr marcas tan buenas como las de
Ray en pruebas de resistencia.
Entrenamiento.
Los experimentos llevados a cabo por el doctor Cureton en el Physical
Research Laboratory de la Universidad de Illinois, han refutado
algunos de los dogmas generalmente aceptados en el entrenamiento físico
moderno, por cuanto demostraron que para lograr un incremento de la eficacia
cardiovascular lo más idóneo es un entrenamiento de esfuerzo prolongado que
fuerce al organismo elevando sus combustiones.
Algunos de los beneficios de un entrenamiento rítmico de esfuerzo prolongado
son un pulso más lento, presión arterial más baja, aumento del tono vagal y una
probable disminución del colesterol sanguíneo. También se cree que se
neutraliza el exceso de adrenalina; una de las teorías es que el lactato de la
sangre, producido por el entrenamiento, equilibra la adrenalina alcalina, lo
cual relaja al atleta.
Es sabido que el entrenamiento retarda la aparición de aterosclerosis aunque se
discute el mecanismo que da lugar a ello. Una explicación es que la elevada
actividad flexibiliza las fibras del músculo liso de los vasos sanguíneos
evitando que la grasa se deposite en su superficie.
A pesar de la contraria evidencia clínica, algunos médicos todavía restringen
la actividad física en aquellos pacientes que sufren de soplos sistólicos de
origen valvular; en 1928 la alemana Linda Radke, desoyendo los consejos de su
médico a este respecto, persistió hasta lograr la corona olímpica femenina de
los 800 metros.
Edad.
Los mejores años para los atletas varían con los diferentes deportes: los
jugadores de hockey alcanzan su cumbre entre los 24 y 25; los jugadores de
bolos, a los 34. En béisbol de liga mayor, el lanzador alcanza su condición
óptima a los 27; los otros jugadores logran a los 28 años de edad su formación
completa.
Comparando las causas de muerte entre 87 jugadores de fútbol americano de la
Universidad de Harvard y hombres de vida corriente de Massachusetts, se puso de
manifiesto que un porcentaje algo menor de los atletas había sucumbido de
enfermedad cardiovascular. De los antiguos atletas, 25 padecieron de enfermedad
coronaria; la comparación de este grupo con el de los ex jugadores de fútbol
reveló que los primeros habían practicado menos ejercicio físico y habían
ganado más peso que el grupo testigo.
Las pruebas llevadas a cabo con 52 antiguos campeones de atletismo (edad
promedio 44,39) indicaron que los ex atletas eran más mesomorfos, más lineales
en estructura ósea, poseían menos grasa y una mayor densidad de tejido que el
hombre de edad mediana.
Dieta.
Un atleta puede ingerir 7.000 calorías diarias sin engordar, siempre que su
entrenamiento sea lo suficientemente enérgico. El problema de alimentar a un as
del atletismo es el mismo que puede plantear el alimentar al hombre común.
Gianfranco Peris con la simbólica antorcha en la Olimpiada de 1960.
Los
atletas rinden más con alimentos a los que están habituados; un porcentaje
usual es aproximadamente el siguiente: 10 a 15 % de proteínas, 20 a 35 % de
grasas y el resto de hidratos de carbono.
Un tema de controversia es el valor relativo de las grasas y
carbohidratos como combustible para el músculo. Una diferencia es que los
carbohidratos pueden ser metabolizados en medio anaerobio y las grasas no. Está
también demostrado que hay un gasto menor de energía por unidad de trabajo
(cerca de un 4 %) cuando el combustible es un hidrato de carbono.
A algunos atletas les agrada completar su dieta con miel y azúcar (para
prevenir la hipoglucemia), aceite de germen de trigo, tabletas de dextrosa y
otros potingues, a los que se concede generalmente más valor psicológico que
fisiológico.
Mujeres.
En los últimos años ha habido una creciente participación de la mujer en el
deporte, y no es raro que una estrella femenina iguale o mejore la actuación de
un buen competidor masculino.
Es una falacia común creer que los deportes alteran la menstruación normal de
las atletas entrenadas; el hecho es que el ciclo continúa inmutable y varias
marcas se han establecido durante la menstruación. Los datos acerca del grado
de fertilidad y partos en mujeres que fueron previamente atletas son todos
normales y demuestran que el estado funcional de los músculos de la pelvis y
del periné es excelente.
Lesiones.
Un estudio realizado sobre los atletas que participaron en los Juegos del
Imperio Británico y del Commonwealth en 1958 confirmó la muy
difundida creencia de que la mayor parte de las lesiones son causadas por los
deportes que conllevan contacto físico. Los principales resultaron ser el
rugby, el balompié, el polo, lacrosse, boxeo y lucha; demostraron ser deportes
relativamente seguros el levantamiento de peso, ciclismo, pista y campo,
natación, remo, esgrima, tenis, golf y bolos en césped.
Boxeo. Las lesiones más serias son las cerebrales,
cuya repetición da lugar al llamado síndrome punchdrunk, que
en el argot español de boxeo equivale a calificar al boxeador de
"sonado". Una versión demostró que el boxeo fue responsable de 29
muertes en 5 años.
Béisbol o pelota base. Son frecuentes las lesiones de
las manos, extremidades y cabeza; pocas de ellas son graves. El único
fallecimiento en la historia de las ligas mayores ocurrió en 1920 a
consecuencia de un impacto directo de la pelota en la cabeza.
Esquí.Abundan las fracturas, laceraciones, heridas penetrantes,
dislocaciones, magulladuras y torceduras, siendo las piernas la parte más
vulnerable de la anatomía.
Fútbol norteamericano. Los más serios y los que
causan un mayor número de desgracias son aquí los traumatismos craneales; las
torceduras, contusiones, concusiones, fracturas y dislocaciones suelen ser
frecuentes.
Psicología.
Una parte de la razón que explica la fabulosa hazaña de Roger Bannister de
superar la barrera de los 4 minutos en los 1.600 m puede hallarse en el
resultado de la prueba de la personalidad de los 16 factores de Cattell. Se
calificó extraordinariamente alto en los factores E y Q-2, lo que indica
dominio e independencia de espíritu; alcanzó también muy alta puntuación en el
factor F, lo que sugiere ánimo en lugar de desaliento.
Es sabido que existe una gran diferencia entre la fuerza máxima de un atleta
(límite fisiológico) y la que pone de manifiesto en un tiempo dado (límite
psicológico). Un estudio demostró que la hipnosis pudo ayudar a seis atletas a
aumentar en un 30 % el promedio de su fortaleza.
Colofón.
Los deportes, tan antiguos como la civilización, se han convertido en
espectáculos públicos que proporcionan fabulosos ingresos económicos a los
empresarios, promotores y a los deportistas profesionales; mas siguen siendo
poderosos auxiliares del médico y del educador en su doble misión de conservar
y mejorar la salud física y mental de la juventud.
Florencia Nightingale
Junio de 1964
Una
frágil viejecilla de cabellos blancos se sumergió blandamente, hace de ello
cincuenta años, en una siesta de la cual nunca despertó; con ella desapareció
una de las grandes personalidades de la era victoriana: la indomable Florencia
Nightingale.
Florencia Nightingale, retrato a mano hecho por su
hermana. Parthenope cerca de 1850.
Esta
mujer singular había vivido a través de los 90 años en los cuales Inglaterra
alcanzó su supremacía comercial, industrial y militar, a través de una
portentosa centuria durante la cual la medicina dejó atrás los restos de
superstición que aún tenía, para adquirir la categoría de ciencia. Florencia
Nightingale estableció las bases de la gran tradición actual del cuidado de los
enfermos en el mundo.
Comienzos.
Florencia Nightingale nació el 12 de mayo de 1820 en Florencia,
Italia, donde sus padres se hallaban haciendo un extenso viaje por Europa. El
apellido familiar era Shore, perteneciente a una antigua familia de Yorkshire;
su padre, William Edward Shore, lo cambió por Nightingale en 1815, como
condición para poder heredar una fortuna de su tío abuelo.
El padre era hombre culto; la madre regía la vida de una familia victoriana
acomodada, bien relacionada socialmente: brindaban generosa hospitalidad, iban
de visita a las casas de campo, daban bailes durante la temporada social de
Londres y viajaban por Europa.
Tanto Florencia como su única hermana Parthenope [9] gozaban
de grandes simpatías: Florencia era linda, vivaz, divertida; su hermana era
menos atractiva y más frívola.
Al natural cariño que sentía Florencia por su padre se añadía una marcada
afinidad: ambos amaban la exactitud, eran idealistas y sufrían períodos
mentales que alternaban entre la tristeza y el buen humor. Al padre le
preocupaban profundamente los vastos problemas de reforma social que por aquel
entonces agitaban a muchas mentes en Inglaterra. Y tanto él como Florencia
habían oído acerca de la labor creadora que Elizabeth Fry había estado
realizando para reformar las espantosas condiciones existentes en las cárceles
y para establecer cocinas en beneficio de los necesitados.
Como la mayoría de los ricos terratenientes de su época, la señora de la casa y
sus hijas visitaban a los pobres y enfermos de sus propiedades, haciendo el
entonces popular papel de la Dama Pródiga. La pobreza y sufrimientos de la
humanidad empezaron a preocupar intensamente a Florencia y, si por una parte le
atraía la vida brillante que podría disfrutar con sólo desearlo, por otra le
contrariaba malgastar frívolamente su existencia.
Todavía muy joven tenía inclinaciones metafísicas y era miembro de la Iglesia
episcopal; creía firmemente en la intervención divina en los asuntos humanos. A
los 17 años, escribió en su diario: "Dios me habló y me llamó a su
servicio".
Cuando contaba 24 años, la familia recibió la visita del Dr. Samuel Dridley
Howe, médico norteamericano que había dedicado su vida al servicio de la
humanidad, especialmente de los lisiados, y luchando contra la esclavitud; su
esposa, Julia Ward Howe, era una apasionada reformadora social [10].
Florencia preguntó al Dr. Howe si él creía que era inapropiado para una joven
inglesa dedicarse a trabajos de caridad en hospitales. Su respuesta fue:
"Sería inusitado, y en Inglaterra cualquier cosa inusitada se estima como
inapropiada. Mas yo te digo que sigas adelante si ése es tu
deseo".
Estas palabras, procedentes de un hombre de tan elevada posición moral, fueron
sin duda decisivas para cambiar la vida de Florencia. Un año más tarde solicitó
permiso a su familia para hacer estudios de enfermera en el cercano hospital de
Salisbury, del cual era director médico un amigo de los Nightingale, el Dr.
Richard Fowler.
Florencia Nightingale es la "Dama con la Lámpara", que atendió a
los heridos del Hospital Barraca de Escútari, con más de dos mil pacientes.
La
familia se sintió ultrajada, empezando así largos años de disgustos, escenas de
histerismo, amargas recriminaciones, años de agotamiento nervioso que fueron la
causa de marcadas consecuencias psicosomáticas que afectaron a Florencia años
más tarde. Las enfermedades crónicas de Parthenope y los dolores de cabeza de
su madre se achacaron a Florencia; su padre buscó más frecuente refugio en el
club.
Uno de los enamorados de Florencia, el apuesto y simpático hombre de mundo
Richard Monckton Milnes, después de cortejarla pacientemente por llueve años,
le exigió una respuesta definitiva. Florencia escribió en su diario:
"Poseo una naturaleza intelectual que requiere satisfacción y en él la
encontraré. Poseo una naturaleza apasionada que requiere satisfacción y en él
la encontraré. Tengo una naturaleza moral, activa, que requiere la satisfacción
que no podré encontrar en la vida que lleva él. No podría satisfacerme a mí
misma pasando mi vida al lado de él, haciendo vida de sociedad y cuidando de
las cosas domésticas. Atarme a una continuación, a una exageración de mi vida
actual, sin esperanza de otra mejor, sería al poco tiempo intolerable para mí".
La campaña familiar contra Florencia adquirió proporciones absurdas: aunque
contaba casi 30 años la trataban como si fuese una indisciplinada colegiala,
regían todos sus pasos, leían su correspondencia y vigilaban todas sus
actividades.
Nuestro Ángel de la Luz auxiliando a los soldados heridos en uno de los
campos de batalla de la guerra de Crimea
Mientras
tanto, Florencia había tenido noticias acerca del trabajo del ministro
protestante alemán Theodor Fliedner (1800-64), quien había organizado la
primera Sociedad de Prisiones en Alemania en 1826, fundada entonces en
Kaiserswerth, uno de los primeros hospitales para pobres, regentado por
diaconisas. Escribió Florencia: "He ahí mi hogar, he ahí mis hermanos y
hermanas trabajando. Allí está mi corazón, y allí, confío, estará algún día mi
cuerpo".
En 1831 la familia se vio obligada a capitular, no sin prorrumpir en finales y
violentas escenas de histerismo. Su padre le concedió una pensión anual de 500
libras (cuyo equivalente sería hoy día de unos 15.000 dólares) y Florencia
marchó a Kaiserswerth para seguir un curso de enfermería de tres meses, al cabo
de los cuales entró como interna en la hermandad de San Vicente de Paúl en
París, para ampliar aún más sus estudios. Regresó a Londres en julio de 1853 y
tomó a su cargo la dirección del Sanatorio para Institutrices.
Enfermera.
Cuando Florencia Nightingale entró en este campo, la ocupación de enfermera en
los países anglosajones no era una vocación, ni una profesión. La mayoría de
las enfermeras de hospitales no sabían más que hacer camas y preparar
cataplasmas; antes de utilizarse las gráficas de temperatura, a casi ninguna se
le exigía que supiera leer y escribir.
Fragmento de una carta dirigida por la famosa enfermera a los
supervivientes de la carga de la Caballería ligera.
Las
principiantas cocinaban y hacían la limpieza para sus superioras y los
pacientes. Aquellas que demostraban sagacidad e inteligencia llegaban a ser
enfermeras del departamento de cirugía, por las cuales Florencia sentía gran
admiración. Algunas enfermeras hacían guardias nocturnas por un año o más; eran
las que recurrían a la ginebra, lo cual ayudó a desprestigiar la profesión.
Sin embargo ya se había iniciado la reforma en la época en que Florencia era
aún una niña, tanto en hospitales como en instituciones privadas. Elizabeth Fry
había visitado también Kaiserswerth a comienzos de 1800 regresando a Inglaterra
con la firme determinación de fundar una escuela para enfermeras y diaconesas
al estilo de Fliedner, que era el equivalente protestante más aproximado a
órdenes católicas tan dedicadas como las Soeurs de Charité [11].
En su primer empleo en el Sanatorio para Institutrices, Florencia hizo instalar
ascensores para aliviar el trabajo de las enfermeras, abrió ventanas para que
penetrara el aire fresco, insistió en que se fregara el suelo con frecuencia,
se lavara la ropa de los pacientes y se les bañara. Reorganizando la compra de
provisiones pudo ahorrar suficiente dinero para aumentar los salarios de las
enfermeras, que eran lastimosamente bajos.
También aprendió el arte de la intriga: daba al comité del hospital la impresión
de que las reformas habían sido sugeridas por los médicos, y a éstos hacía
sentir que eran ellos los que habían originado las mejorías [12].
Crimea.
A mediados del siglo XIX, los avances de Rusia para expandirse en el sureste de
Europa traían seriamente alarmadas a las otras potencias europeas,
especialmente por la amenaza rusa de engullirse a Turquía.
La causa inmediata de la Guerra de Crimea fueron las disputas entre Rusia y
Francia sobre el derecho de acceso a la Tierra Santa, entonces en manos de
Turquía. En octubre de 1853, Turquía declaró la guerra a Rusia, y cinco meses
más tarde Francia y Gran Bretaña fueron sus aliados [13].
A los pocos meses de haber entrado Inglaterra en la lucha, el país fue
profundamente conmovido por los despachos del corresponsal de guerra William
Howard Russell de el Times, enviados desde Crimea.
En el cruce inicial del Mar Negro, 30.000 hombres fueron hacinados en escasos y
pequeños vehículos de transporte, y la mayoría de su equipo hubo de quedar
atrás. Después de la primera batalla, los cirujanos militares no contaban con
vendajes, tablillas, cloroformo o morfina. Los heridos yacían en el suelo o sobre
esteras rodeadas de inmundicia. Se practicaban amputaciones sin anestesia,
mientras los enfermos permanecían sentados sobre cubos o yacían sobre derruidas
puertas; los cirujanos trabajaban a la luz de la luna porque no había velas ni
lámparas.
Al estallar una epidemia de cólera, millares fueron atacados y al igual que los
heridos, eran amontonados en resquebrajados barcos y enviados a Escútari.
Russell comunicó que mientras los heridos ingleses eran virtualmente
desatendidos (pues sólo contaban con la asistencia de ordenanzas de mala
voluntad), los franceses recibían los servicios de las bondadosas y bien
entrenadas hermanas enfermeras, con lo que su índice de mortalidad era más
bajo. El 12 de octubre de 1854 apareció una carta en el Times instando
a las mujeres inglesas a ofrecer sus servicios como enfermeras; dos días más
tarde, Florencia escribía a Sidney (luego Lord) Herbert, entonces Secretario de
Estado para Asuntos de Guerra [14], pidiéndole
permiso para llevar consigo unas cuantas mujeres a Crimea como enfermeras,
pagando ella los gastos por su propia cuenta. Esta carta se cruzó con una de
él, en la cual le pedía a ella que se hiciera cargo del Establecimiento para
Enfermeras en el Oriente.
Fotografía de Florencia Nightingale hecha cerca de 1900 a la
edad de 90 años.
A
los cinco días se embarcó con 38 enfermeras, 24 de ellas hermanas de la
caridad, católicas y anglicanas, y el resto sin preparación alguna, llegando al
arruinado e insano hospital de Escútari el 4 de noviembre.
Diez días antes de su llegada se había librado la Batalla de Balaklava [15], y el día
anterior, la de Inkerman, dejando ambas un enorme saldo de muertos.
Florencia dio comienzo a su tarea en el enorme Hospital Barraca de Escútari,
que con una superficie de más de 8 Km. de camas, con medio metro entre cada
cama, albergaba a más de dos mil pacientes. Gran número de soldados padecía de
disentería, además de heridas supurantes.
No se lavaba la ropa de los enfermos y la de cama sólo se lavaba con agua fría;
los almacenes del hospital no contaban con palanganas, toallas, jabón ni escobas.
La orina y las heces se vaciaban en grandes canales de madera en los
pabellones, sin cuidarse de que no se desbordaran.
Los primeros pasos de Florencia para organizar la administración fueron:
adquirir 30 cepillos de fregar, alquilar y equipar una casa para lavandería y
poner a las esposas de los soldados al pie de los lavaderos. Centenares de
heridos arribaban medio desnudos, y consiguió para ellos 6.000 camisas y 2.000
pares de medias.
Muchas de las necesidades inmediatas tenían que ser adquiridas en el mercado
local, debido a la ineficacia del sistema de comisariato; para ello Florencia
usó fondos reunidos por el Times, y aun de su propio
bolsillo [16].
El problema de llevar enfermeras a Crimea había sido planteado antes de
embarcarse el ejército, y fue rechazado por las autoridades militares. Cuando
Florencia y sus compañeras arribaron, fueron recibidas con indiferencia y
cierto antagonismo. Diez días después de su llegada escribía lo siguiente:
"Hemos tenido suerte con nuestros jefes médicos. Dos de ellos son unos
brutos y cuatro son ángeles; es ésta una tarea que convierte en ángeles o
demonios a los hombres y también a las mujeres".
Aunque al cabo de poco tiempo algunos médicos incompetentes y otros miembros
del personal, consideraban a Florencia como a una demoníaca administradora,
ella siempre supo mostrar su lado angelical hacia los heridos iniciando así su
futura fama.
Millares de cartas llegaban a Inglaterra dando cuenta de su incansable devoción
hacia los pacientes. Trabajaba de día como enfermera y hacía grandes recorridos
nocturnos llevando consigo una linterna, por lo cual fue apodada con el famoso
mote de "Dama con la Lámpara", para luego retirarse a su
aposento separado por un biombo en la sala principal, donde escribía veintenas
de cartas e informes para las autoridades de su patria. En especial para la
autoridad superior del Ejército, Secretario de Estado para Asuntos de Guerra.
Los pertrechos o bien llegaban a un puerto equivocado o eran amontonados en los
muelles hasta que se echaban a perder, pues los encargados del
aprovisionamiento no podían obtenerlos sin antes batallar con el acostumbrado
papeleo burocrático. La idea de adquirir los suplementos necesarios en el
mercado era descartada por considerársela absurda.
En la primavera de 1855 Florencia cruzó el Mar Negro para ir a los hospitales
de Crimea. Al contrario de Escútari, los edificios estaban allí separados por
grandes distancias, lo cual obligaba a caminar kilómetros enteros sobre caminos
accidentados. La fiebre de Crimea la enfermó gravemente.
La noticia de su enfermedad fue recibida con profunda tristeza tanto en el
ejército como en Inglaterra. Cuando fue conducida a Escútari, un soldado que
presenció su llegada escribió: "No había nada más triste que ver a
nuestra benefactora llevada en camilla desde el muelle, lo mismo que cualquiera
de nosotros".
Al restablecerse rehusó abandonar su trabajo hasta que el último barco con
tropas había partido. Comunicó a Herbert en 1856:
"El objetivo de mi viaje se ha logrado, y mis mujeres no han
padecido hambre ni sufrimientos".
Florencia Nightingale regresó a Inglaterra en agosto de 1856, cuatro meses
después de haber sido firmado el tratado de paz [17].
Tanto la prensa como el público le tenían preparada una gran recepción, pero
ella se escabulló de incógnita retirándose a su casa de campo de Lea Hurst, en
Surrey.
Gozaba ahora de una inmensa popularidad, como heroína, especialmente entre las
clases humildes; parientes de los soldados a quienes ella había atendido. Hojas
sueltas con versos y una especie de biografía a precios populares se vendían
por doquier. En todos los periódicos (incluyendo Punch) aparecieron
poemas en su loor; se imprimió papel de cartas con su retrato como adorno, y su
imagen apareció en estampas sentimentales, figurines de porcelana chinos y aun
en bolsas de papel para compras. Se dio su nombre a botes salvavidas, niños,
calles, valses, carreras de caballos. Los victorianos de entonces tenían pasión
por los anagramas: uno estaba basado en su nombre: Flit on,
cheering angel.
Reformas.
Desde su regreso a Inglaterra hasta su muerte, llevó una vida de semi inválida
sin que hasta el presente haya sido satisfactoriamente aclarado este punto.
Desde 1857 hasta 1910 yació en cama o en un sofá, o estuvo sentada en una
silla, sin recibir a más de un visitante cada vez.
Durante este tiempo trabajó intensamente; escribió innumerables cartas y notas,
leyó montones de estadísticas, escribió libros e informes [18]. Sostenía
correspondencia con estadistas de todo el mundo, doctores eminentes y oficiales
de salud pública.
No estuvo paralizada en forma alguna, ni jamás se le diagnosticó ninguna
enfermedad orgánica. Una hipótesis es que las antiguas violentas escenas con su
familia le produjeron un síndrome psicosomático bien entendido hoy en día:
cualquier oposición desagradable a sus deseos le producía palpitaciones
cardíacas, hiperapnea, dolores de cabeza y pseudoangina.
A través de los años su semi-invalidez le sirvió de pretexto para no tener que
aparecer en público o perder el tiempo en funciones sociales, permitiéndole
rehusar ver a nadie que le fuera desagradable, y concentrarse en su trabajo. La
manifiesta hipocondría que se trasluce en su correspondencia, le sirvió para
que aumentara la simpatía que por ella sentían sus amigos y disminuyera la
antipatía de sus enemigos.
Las dos áreas principales de su actividad después de la guerra fueron la
reforma de los establecimientos médicos militares y la organización de escuelas
para entrenamiento de enfermeras, con incursiones aisladas al campo de los
problemas médicos en la Guerra Civil y la higienización de los campesinos
indios.
Se lanzó a la enorme tarea de trazar un programa práctico innovador para el
ejército: después de seis meses de trabajo, ayudada por su devoto amigo el Dr.
John Sutherland, produjo cerca de mil páginas sobre la situación médica militar
en paz y en guerra, en sus notas referentes a La salud,
eficiencia y administración de los hospitales del Ejército
Británico, que sigue siendo la obra más importante sobre la
administración de hospitales militares.
En seis secciones detalladas examinó las causas del desastre de Crimea y sus
posibles remedios, citando hechos y cifras, dando listas, planes, dietas y
demostrando que los malos alimentos y vestidos inadecuados llevaban
indefectiblemente a la derrota.
Recomendó la creación de cuatro subcomités que pondrían las barracas y
hospitales militares en higiénico orden, ventilándolos, calentándolos e
iluminándolos adecuadamente; fundarían un departamento de estadísticas para el
ejército; instituirían una escuela médica militar; reconstruirían por completo
el departamento médico del ejército, revisarían las regulaciones relacionadas
con los abastecimientos y establecerían nuevas garantías para la promoción de
las oficiales médicas.
De todos los departamentos del gobierno le llegaban requerimientos urgentes
sobre casi todos los aspectos de la salud pública; y de todo el mundo iban a
consultarla higienistas, expertos en medicina militar y constructores de
hospitales.
Ideó un cuestionario para ser enviado a cada estación y hospital militar en
India, solicitando información específica sobre salud y asuntos higiénicos.
Ella misma analizó las respuestas, que llenaron un cuarto entero, demostrando
que por años la proporción de mortalidad en el ejército británico en la India
había sido de 69 por cada mil. No había alcantarillado, las barracas estaban
superpobladas e impropiamente construidas y los hospitales estaban aún en peores
condiciones.
Ideó un inmenso proyecto de irrigación para combatir el hambre y la sequía,
bajo su dirección (aunque nunca fue a la India) se construyeron carreteras y
escuelas, se excavaron pozos, se remodelaron cárceles y se reconstruyeron
hospitales.
En sus revolucionarias Notas sobre hospitales (1859) probó que
el alto índice de mortalidad, entonces invariable en los grandes hospitales, se
podía prevenir. Este vigoroso libro tuvo un éxito de venta excepcional. Planos
para nuevos hospitales le eran sometidos para su aprobación desde docenas de
países; tenía que escribir centenares de largas cartas a ferreteros, ingenieros
y constructores sobre, por ejemplo, la canalización de las aguas y el color más
adecuado para las paredes de los hospitales.
El público agradecido hizo una subscripción reuniendo 45.000 libras (225.000
dólares) para el Fondo Nightingale, con el fin de fundar una escuela para
enfermeras. La primera se inauguró en el St. Thomas' Hospital, de
Londres en 1860, con 15 principiantas. En el mismo año se publicaron sus Notas
sobre enfermería, destinadas a las mujeres que cuidaban niños en sus
casas, y a aquellas que pensaban hacerse enfermeras. En Inglaterra se vendieron
15.000 ejemplares en un mes y el libro se difundió por todo el continente
europeo.
El St. Thomas' Hospital, de Londres. Inglaterra, donde se
inauguró la primera escuela Nightingale para enfermeras en 1860.
Durante
la Guerra Civil norteamericana, fue consultada por los dos bandos acerca del
sistema de hospitales militares; y al aumentar la tensión entre Inglaterra y la
Unión, el ministerio de Guerra le pidió dibujara un plan para el transporte de
hombres y material al Canadá.
Después de 1872 su influencia en el ministerio de Guerra terminó al perder sus
amigos el poder político, pero permaneció atrincherada en la Oficina para la
India; por muchos años era de rigor que todo virrey recién nombrado le hiciera
una visita. Pudo asimismo mejorar las condiciones de los sanatorios y asilos en
Inglaterra.
En 1901 perdió la vista y su mente empezó a fallar, yaciendo a veces por horas
en estado de coma. Sin embargo, batalló para conservar la vida, y diariamente
hacía que le leyeran el Times, biografías y artículos plenos
de interés. Uno de sus libros favoritos era Strenuous Life de
Teodoro Roosevelt.
Colofón.
Su lámpara se extinguió a los 93 años y tres meses. Y hoy en día, después de
cincuenta años más, el respeto otorgado a las otrora soezmente vejadas
enfermeras, brilla con luz perdurable porque es ésta una profesión difícilmente
superada en la tierra.
Globos y Ciencia
Enero de 1967
Grabado publicado entre 1783 y 1830 ilustrando un curioso
proyecto para un transporte aéreo.
Bien,
os vais al cielo.
Idos con Dios y con
mi real bendición.
LUIS XVI
En
la mañana del 19 de septiembre de 1783 la enorme muchedumbre esparcida por los
jardines de Versalles convergía entusiasmada en un patio de amplias
proporciones en el que se había erigido una plataforma adornada con elegantes
tapices. Un gallo, un carnero y un pato eran los que menos participaban del
entusiasmo general suscitado por el globo Montgolfier, un extraño aparato que
colgaba fláccidamente entre dos altos postes, y del que todo París había venido
hablando hacía varias semanas.
Joseph Montgolfier, fabricante de papel que, con su hermano Etienne, ideó
los globos con aire caliente que llegaron a ser conocidos como montgolfières.
Los
Montgolfier, Joseph, de 42 años de edad y su hermano menor Etienne, eran unos
fabricantes de papel en Annonay, una aldea próxima de Lyon. Su globo era un
aparato de 21 metros de altura y 12 de diámetro, pintado de azul y oro que se
hallaba suspendido de unas cuerdas y bajo el cual colgaba la jaula de mimbre
que contenía los animales. Unos obreros encendieron una hoguera de paja y por
medio de un paño en forma de embudo dirigieron el calor hacia el cuello del
globo.
La bolsa se fue inflando y desplegando y luego silenciosa y suavemente, con sus
brillantes colores resplandeciendo al sol, el magnífico globo se elevó con la
jaula balanceándose impulsada por el viento. Mientras muchos espectadores
vitoreaban entusiasmados otros se santiguaban.
En septiembre de 1783, ambos hermanos lanzaron un globo cuya barquilla
contenía una jaula con varios animales
El
globo flotó sobre el campo durante ocho minutos para aterrizar suavemente a dos
kilómetros y medio de distancia. El rey, altamente complacido, concedió la
Orden de San Miguel a los Montgolfier, disponiendo que se acuñase una medalla
de oro con sus perfiles y la leyenda: Pour avoir rendu
l'air navigable.
Uno de los primeros en acudir al lugar donde el globo había aterrizado con los
animales a salvo, fue el físico de 27 años Jean-François Pilâtre de Rozier,
amigo de los Montgolfier, quien en aquel momento decidió que sería el primero
en surcar los aires en un aparato sin mandos.
Los Montgolfier le prestaron toda clase de ayuda y el joven científico realizó
varias ascensiones preliminares en un globo cautivo, para demostrar que era
posible conservar el fuego en la barquilla y mantener de este modo el
suministro de aire caliente durante el vuelo. Cuando todo estaba dispuesto para
la primera ascensión llegaron las desalentadoras noticias de que el rey se
negaba a dar su beneplácito. Un cortesano influyente, el marqués
François-Laurent d'Arlandes, se ofreció a interceder a condición de que se le
permitiese tomar parte en el primer vuelo.
El intrépido francés Tesu-Brissy, montado a caballo, hizo su
espectacular ascensión en Limoges, Francia, en 1786
Con
la ayuda de la duquesa de Polignac, amiga íntima de la reina, logró persuadir
al rey quien finalmente exclamó exasperado: "De acuerdo, tornad dos
criminales, encadenadlos al globo y soltadlo".
Se dice que el marqués exclamó: "Pero Señor, ¿dejar que dos criminales
sean los primeros en remontarse al grandioso cielo de Dios? ¿Negaríais a los
caballeros de vuestro reino el privilegio de elevarse más cerca de Él y
desplegar así ante el mundo la gloria de Francia?". El rey capituló y en
la diáfana mañana del 21 de noviembre de 1783 el nuevo Montgolfier de 14 metros
de diámetro fue instalado entre los postes de apoyo en el jardín del Cháteau de
la Muette, en el Bosque de Boloña. Aunque se había anunciado que se trataba de
un experimento estrictamente científico y que no se permitiría la entrada al
público, acudió un gran gentío incluyendo al Delfín y toda su corte.
El globo azul y dorado era piriforme y estaba suntuosamente decorado con flores
de lis y los doce signos del zodíaco en su parte superior, una ele mayúscula,
inicial del rey, en la parte central, mientras que la parte inferior estaba
adornada con máscaras, águilas y guirnaldas. De la boca colgaba una parrilla de
hierro y alambre sobre la que ardía el fuego que los ayudantes atizaban con
paja y lana creando una nube de humo negro.
La muchedumbre observaba con expectación cómo la gran envoltura de lienzo
forrada en papel se inflaba lentamente y los vientos se tensaban. El gentío
vitoreó a Pilâtre de Rozier y a D'Arlandes cuando subieron a la barquilla elegantemente
vestidos con trajes de terciopelo azul, medias blancas y tricornios emplumados.
A las dos menos seis minutos fue soltado el globo el cual se remontó lentamente
mientras sus dos pasajeros saludaban con el sombrero y hacían reverencias. En
su relato de lo que fue el primer viaje aéreo del hombre, cuenta D'Arlandes que
se hallaba tan embelesado contemplando París desde lo alto que con frecuencia
se olvidaba de avivar el fuego, por lo que su compañero le amonestaba diciendo:
"Si sigues mirando al río pronto te bañarás en él; más fuego mi querido
amigo, más fuego".
El viaje distó de ser apacible; el globo descendió bruscamente para elevarse
más tarde de un modo errático; varias chispas perforaron la cubierta amenazando
incendiar las cuerdas; en un momento dado el aparato perdió altura acercándose
peligrosamente al Sena.
Veinticinco minutos después de haber despegado, tras alcanzar una altitud de
900 metros y haber cubierto una distancia de casi 15 kilómetros, los primeros
aeronautas de la historia descendieron sin tropiezos inaugurando así la era de
la aviación.
Precursores.
Durante ciertos períodos de su polifacética carrera, Leonardo da Vinci estuvo
obsesionado con la idea de construir una máquina voladora mas nunca se le
ocurrió utilizar un aparato más ligero que el aire.
La idea del aeróstato no germinó hasta que en el siglo XVIII físicos de
distintos países comenzaron a estudiar la naturaleza del aire. Galileo y
Torricelli habían demostrado con anterioridad las propiedades del vacío lo que
en 1670 llevó al jesuita italiano Francesco de Lana a postular que cuatro
esferas de cobre de poco espesor ascenderían si se les hiciese el vacío. El
experimento fracasó porque su autor, un simple aficionado, ignoraba los efectos
de la presión atmosférica.
Se cree que otro jesuita, el brasileño Laurenço de Gusmáo, logró hacer ascender
en 1709 un globo en miniatura lleno de aire caliente en presencia del rey Juan
V. El aparato consistía en un recipiente cubierto de lona en forma de artesa,
lleno con lo que un testigo presencial describió como "diversos vapores,
quintaesencias y otros ingredientes". Al inflamar la mezcla el aparato se
elevó un poco, pero en su descenso se incendiaron varias de las colgaduras. Se
dice que el rey tomó el asunto con amable buen humor.
Pilâtre de Rozier quien, con el marqués d'Arlandes, fue uno de los primeros
aeronautas.
El
químico inglés Henry Cavendish descubrió el hidrógeno en 1766, notificando a la
Royal Academy que su "aire inflamable" era mucho menos denso que el
aire. Joseph Black, químico, médico y profesor de medicina de la Universidad de
Glasgow, propuso a sus estudiantes llenar una vejiga ligera (la alantoides de
una ternera) con hidrógeno, pero el experimento nunca se llevó a cabo.
Un científico italiano llamado Tiberius Cavallo intentó un experimento similar
pero al no hallar un recipiente lo suficientemente ligero acabó por hacer
pompas de jabón con hidrógeno, las cuales se elevaron hasta el techo.
El químico inglés Joseph Priestley publicó a partir de 1744 sus experimentos
acerca de la naturaleza del aire, los que al aparecer en revistas francesas
fueron leídos por los Montgolfier aficionados a los experimentos científicos.
La viuda de Blanchard, reemplazó a su esposo como aeronauta,e hizo una
histórica demostración durante las bodas de Napoleón con María Luisa.
Un
día estando sentado delante de la chimenea en Aviñón, el mayor de los hermanos
descubrió, que bolsas de papel llenas de aire procedente del hogar ascendían al
techo. Al repetir el experimento con una bolsa de seda que le proporcionó la
dueña de la casa escribió entusiasmado a su hermano diciéndole: "Adquiere
tafetán y cuerdas y presenciarás uno de los hechos más asombrosos del
mundo".
Su primer globo de aire caliente se elevó a 21 metros; construyeron luego otro
tan grande que rompió las cuerdas que lo sujetaban y se remontó alrededor de
unos 1.800 metros. A pesar de que hicieron una demostración de su aeróstato en
presencia de los miembros de la Academia de Ciencias, no tenían una idea clara
de que un globo se eleva porque el aire caliente se rarifica y ejerce una
presión ascendente; ellos atribuían la fuerza ascendente a cierto gas
desconocido o a la recientemente descubierta electricidad.
Globo en el que Blanchardy Jeffries cruzaron el Canal de la Mancha, en 1785.
Trabajando
por su cuenta pero con autorización de la Academia de Ciencias, un físico de 27
años llamado Jacques-Alexandre Charles llevó a cabo experimentos con globos.
Con la ayuda de los hermanos Robert construyó una bolsa de seda revestida de
goma de cuatro metros de diámetro, inflándola con el hidrógeno de Cavendish que
había obtenido vertiendo ácido sulfúrico sobre limaduras de hierro y recogiendo
el gas que se desprendía. El 27 de agosto de 1783 el primer globo de hidrógeno
se elevó desde el Champ-de-Mars en París ante unas 50.000 personas. Entre ellas
se encontraba Benjamín Franklin, quien al ser interrogado por un escéptico
acerca de la utilidad del invento le respondió mordazmente: "¿Para qué
sirve un recién nacido?".
El primer globo de hidrógeno sin tripulantes tuvo un fin ignominioso: al
aterrizar, los despavoridos campesinos lo acribillaron con sus horcas y
atándolo a la cola de un caballo lo arrastraron hasta hacerlo trizas. A partir
de entonces una severa orden real prohibió al pueblo apoderarse de los globos,
garantizando que se trataba solamente de sacos llenos de aire.
Diez días después del vuelo de Pilâtre de Rozier y de D'Arlandes, Charles y uno
de los hermanos Robert realizaron el primer vuelo tripulado en un globo de
hidrógeno. Trescientas mil personas se congregaron en los jardines de las
Tullerías para contemplar el comienzo del viaje que en dos horas llevaría a los
aeronautas a Nesle, situado a 43 kilómetros do París, donde Robert descendió
dejando que Charles siguiera el vuelo solo. Al aligerarse de peso, el globo
ascendió a 2.700 metros lo que permitió al físico contemplar dos puestas de sol
en un mismo día. Más tarde escribiría: "Nada podrá igualar el momento
de intensa emoción que me invadió al alejarme de la tierra. No era mero placer
sino absoluta felicidad".
Al alcanzar mayor altura sintió frío y otalgias debidas al descenso de presión,
a pesar de lo cual aterrizó a salvo. Tras este vuelo introdujo casi todas las
características del globo actual: una bolsa de seda con barniz impermeable y
cubierta con una red; una válvula de escape en la parte superior para dar
salida al gas; el cuello y lastre para regular la altitud. Fue además el
primero en llevar consigo un barómetro, para medir la presión atmosférica.
Afición.
Los globos hicieron tal furor en Europa que pronto se convirtieron en motivo de
decoración de porcelanas, tabaqueras y jarrones. Se soltaron globos llevando
pasajeros ávidos de emociones, trapecistas, usándose también como plataforma
para lanzar fuegos artificiales. Joseph Montgolfier construyó un globo gigante
de 38 metros de altura y 30 metros de diámetro que él mismo decidió tripular.
Abrumado por los que querían acompañarle, se decidió por Pilâtre de Rozier y
otros cinco; cuando embarcaron se vieron obligados a defenderse con sus espadas
de la muchedumbre decepcionada. A los 15 minutos de vuelo la bolsa sufrió un
desgarro, el aire caliente escapó y el globo descendió vertiginosamente. A
pesar del impacto nadie resultó herido, pero a partir de entonces Montgolfier
decidió permanecer en tierra firme.
Hacia finales del siglo XVIII se llevaron a cabo numerosas hazañas: un tal
Tétu-Brissy se elevó por un período de 11 horas, parte de ellas en medio de una
fuerte tormenta. En otra ocasión deleitó a los parisienses realizando uno de
sus vuelos montado a caballo. André Garnerin efectuó en 1797 el primer salto en
paracaídas lanzándose desde un globo sobre París.
Globos tendiendo cables sobre barcos para protegerlos contra el bombardeo de
aviones en picada durante la Segunda Guerra Mundial.
La
travesía del Canal.
El turbulento Canal de la Mancha constituía un reto tentador para los audaces
aeronautas. El primer vuelo en dirección oeste-este fue intentado en enero de
1785 por Jean-Pierre François Blanchard y un médico de Boston llamado John
Jeffries, que había emigrado a Inglaterra y se hallaba a la sazón trabajando
con el famoso cirujano John Hunter. El acomodado Dr. Jeffries, ferviente
aficionado a la aeronáutica, organizó el vuelo, sufragó todos los gastos e
incluso se comprometió a abandonarla barquilla en el momento que fuese
necesario aligerar el globo.
El globo azul y castaño llevaba una barquilla en forma de bañera equipada con
un timón, cuatro remos y una hélice movida a mano. Aunque el francés había
realizado ya una docena de ascensiones, aparentemente ignoraba que un globo
impulsado por el viento no puede ser gobernado a menos que lleve algo
arrastrando por el suelo que ofrezca resistencia. Preparándose para cualquier
contingencia los viajeros cargaron la barquilla con 15 kilogramos de lastre,
dos anclas marinas, chalecos salvavidas de corcho, una colección de
instrumentos musicales, pesados volúmenes científicos, una pequeña biblioteca,
objetos de arte y un buen surtido de alimentos y coñac.
Durante el sitio de París, en la guerra franco-prusiana, Gambetta huyó de la
ciudad en globo paraintentar organizar un ejército de refuerzo.
El
vuelo comenzó sin ningún contratiempo y el globo surcó el aire majestuosamente
sobre la costa de Dover. El Dr. Jeffries fue el primero en entusiasmarse con la
escena que se le ofrecía a la vista. Inexplicablemente el globo comenzó a
perder altura y tuvieron que deshacerse del lastre. El aeróstato se elevó de
nuevo, pero un poco más tarde descendió otra vez acercándose peligrosamente al
agua. El Dr. Jeffries quiso arrojar al mar los instrumentos musicales, pero
Blanchard optó por los libros y mientras discutían, la barquilla rozó la cresta
de una ola y el saco de libros se fue por la borda.
A mitad de camino el globo volvió a perder altura. Blanchard remó
frenéticamente y el Dr. Jeffries se puso al timón en un intento de gobernarlo
consiguiendo tan solo dislocarse una muñeca. Al fracasar estos esfuerzos
lanzaron por la borda el resto de los libros, remos, comida y, finalmente, se
deshicieron de todo cuanto instrumento y utensilio pudieron excepto los
chalecos salvavidas, los cuales se colocaron. Algo más tarde, habiendo
eliminado ya los ornamentos de la barquilla, se resignaron a una zambullida en
las aguas heladas. Escribió el Dr. Jeffries: "Como todo era inútil
empezamos a desnudarnos. Blanchard echó primero por la borda una de sus
chaquetas y el sobretodo; yo me deshice de mi única chaqueta y a continuación
Blanchard sacrificó la que le quedaba así como los pantalones. Para entonces yo
estaba tan preocupado que, como médico, se me ocurrió provocarnos el vómito y
arrojar así lo que habíamos comido, pero esta medida no fue necesaria".
Grabado que ilustra la catástrofe del Le Géant, elglobo más
grande de su tiempo construido por el francés Félix Tournachon en 1853.
Avistaron
la costa francesa, pero el globo continuaba su inexorable descenso. Blanchard
trepó por el cordaje con la intención de retrasar la zambullida y arrojó un
zapato que golpeó a su compañero en la cabeza. Después se despojó de la
chaqueta, camisa, sombrero, bufanda, quedándose en calzoncillos. Insistió en
que Jeffries hiciese otro tanto, pero el médico declaró que, de ahogarse lo
haría al menos decentemente vestido.
Por suerte el barómetro comenzó a descender cuando volaban sobre la costa
francesa y el globo se elevó, alcanzando la máxima altitud de todo el viaje.
Blanchard, casi desnudo, tiritaba sin cesar y al Dr. Jeffries, que había echado
por la borda sus botas, se le entumecieron los pies. A las tres en punto de la
tarde el globo descendió en una zona boscosa a unos 20 kilómetros de Calais. El
Dr. Jeffries, asiéndose a un puntal, se inclinó para alcanzar la rama más alta
de un árbol. Luego abrieron la válvula y los aeronautas descendieron a tierra
firme, sanos y salvos.
Momento de iniciarse en Suiza la ascensión de los globos que se disputarían
el campeonato de velocidad.
Cinco
meses más tarde el aire cobraba sus primeras víctimas. Pilâtre de Rozier y el
constructor de su globo intentaron atravesar el Canal de la Mancha cruzando de
Francia a Inglaterra en un aparato que utilizaba una mezcla de aire caliente e
hidrógeno. Si bien estaban al corriente de las propiedades explosivas del
hidrógeno, confiaban en poder eliminar la pérdida de gas y controlar la altitud
mediante un cilindro de aire caliente instalado debajo de la bolsa. Media hora
después de haberse remontado, se inflamó el hidrógeno, estalló y ambos
tripulantes hallaron la muerte. Esta tragedia marcó el ocaso de los globos de
aire caliente a los dos años de haberse inventado.
Blanchard actuó por toda Europa y llevó a cabo el primer vuelo libre en
Filadelfia en el año 1793. Era portador de un salvoconducto otorgado por el
presidente George Washington, que se encontraba entre los espectadores, en el
cual se requería de todos los ciudadanos que no le pusieran trabas ni le
sometiesen a vejaciones sino que, por el contrario, "honrasen a su país
acogiendo con hospitalidad a una persona tan distinguida por sus esfuerzos
cultivando un arte que podía ser útil a la humanidad".
El globo de Blanchard fue impelido sobre el río Delaware, descendiendo en una
granja de Nueva Jersey, donde fue abordado por dos recelosos individuos armados
de mosquetes. El aeronauta les mostró el salvoconducto expedido por Washington
y, sacando una botella de vino, brindaron los tres por Francia y los Estados
Unidos.
Inglaterra tardó en aceptar el nuevo deporte porque muchos ciudadanos
distinguidos creyeron que podría amenazar su aislamiento. El primer ascenso fue
llevado a cabo por James Tytler en 1784 y, en 1821, Charles Green amenizó la
coronación de Jorge IV llevando a cabo el primer vuelo en un globo lleno de gas
de hulla, más barato que el hidrógeno, pero con menor poder de ascensión y más
peligroso. Green con dos compañeros estableció un record de larga distancia al
recorrer en dieciocho horas 780 kilómetros de Londres a Weilburg, Alemania,
volando de noche sobre Francia y Bélgica. Introdujo también valiosas
innovaciones al idear la cuerda guía, la cual, regulando la ascensión de
acuerdo con el peso que arrastraba por el suelo, vino a sustituir la descarga
de lastre al volar sobre terreno llano, controlando también la velocidad en
sentido horizontal.
El norteamericano John Wise, llevó a cabo unas 500 ascensiones durante los
cuarenta años de su carrera e inventó la faja de desgarro, la cual, permitiendo
desinflar instantáneamente el globo al aterrizar, eliminaba el peligro de ser
arrastrada por vientos fuertes.
En 1859, confiando en cruzar el océano a favor del viento oeste reinante, Wise
partió de St. Louis llevando el primer cargamento de correo aéreo. El globo,
denominado Atlantic, llevaba un bote salvavidas que fue arrojado
sobre el lago Ontario. El vuelo acabó en Henderson, Nueva York, casi en
desastre al precipitarse el aparato entre las copas de los árboles "como
un elefante enloquecido en la selva". A pesar de todo, el recorrido de
1.290 kilómetros estableció una marca que no fue superada en medio siglo.
Veinte años más tarde, todavía activo a pesar de sus 71 años, el aeronauta
desapareció en vuelo sobre el lago Michigan y ni él ni su globo jamás fueron
hallados.
La
guerra.
Había transcurrido casi una década de vuelos cuando los militares comenzaron a
realizar pruebas con el nuevo medio de transporte. Durante la Revolución
Francesa, en 1794, el coronel Jean Marie Coutelle se remontó en un globo
cautivo, en el que permaneció nueve horas durante el cerco de Maubeuge.
Napoleón utilizó globos para la observación en el cerco de Mantua y llevó a
sus aérostiers a Egipto al año siguiente, pero el equipo fue
capturado por los ingleses y, finalmente, Napoleón disolvió el cuerpo de aérostiers
en 1802.
En la guerra franco-prusiana de 1870-71, cuando las fuerzas alemanas asediaron
París tras la derrota del ejército francés, los globos desempeñaron un
importantísimo papel al convertirse en el único medio de comunicación entre la
sitiada ciudad y el mundo exterior. Durante cuatro meses, setenta y seis globos
transportaron unos tres millones de cartas y numerosos pasajeros. El vuelo más
espectacular fue el de León Gambetta, miembro del gobierno provisional tras la
caída de Napoleón III quien se trasladó en globo a las provincias con el fin de
reclutar un ejército y acudir en auxilio de la capital.
La primera ciudad en sufrir un ataque aéreo fue Venecia cuando durante el
Risorgimento italiano resistió heroicamente, en 1848-49, el asedio de las
fuerzas austríacas, incluyendo bombas de 15 kilos que caían sobre los sitiados
desde globos no tripulados.
Alberto Santos Dumont inspeccionando el motor de su dirigible, según un
grabado de 1901.
En
los primeros meses de la Guerra Civil norteamericana, el meteorólogo de New
Hampshire, Thaddeus Lowe, apremió al gobierno de la Unión para que enviase
observadores en globos cautivos. Llevó a cabo la primera comunicación con
tierra enviando un mensaje telegráfico al presidente Lincoln en la Casa Blanca.
Lincoln dio su consentimiento para la creación de un Cuerpo de Globos y Lowe y
sus compañeros volaron sobre los campos de batalla de Virginia durante dos
años. Pero pronto se llegó a la conclusión de que no compensaba desde un punto
de vista económico y el Cuerpo fue eliminado en 1863.
Los primeros globos cautivos empleados en la Primera Guerra Mundial no
resultaron precisamente idóneos para la observación, ya que eran inestables e
inútiles cuando soplaban vientos de más de 32 kilómetros por hora. El Caquot,
de fabricación francesa, era capaz de resistir vientos de 113 kilómetros por
hora, y con el tiempo se introdujeron mejoras haciendo los globos más
fusiformes y equipándolos con aletas estabilizadoras. Durante la Segunda Guerra
Mundial se utilizaron globos cautivos para elevar cables de acero y rollos de
alambre por encima de ciudades, barcos e instalaciones militares con el fin de
evitar que los aviones enemigos pudiesen descender lo bastante como para
bombardear en picada.
Deporte.
Un globo cautivo para pasajeros constituyó la máxima atracción de la Exposición
de París en 1867 y durante el medio siglo siguiente las ascensiones en globo
gozaron de igual favor en ferias y carnavales de Europa y de los Estados
Unidos. Los aeronautas asombraron a las multitudes con sus proezas que incluían
números de trapecio a gran altura, ballets aéreos y saltos en paracaídas.
El francés Félix Tournachon, el primero en sacar una fotografía de París desde
el aire, construyó el globo más grande de la época que bautizó con el nombre
de Le Géant. La barquilla de dos pisos contaba con cocina, comedor,
dormitorios, una imprenta y una cámara oscura. En el vuelo inaugural se
encontraba entre los pasajeros Julio Verne, quien 10 años más tarde publicaría
sus novelas de fantásticos viajes. Después del segundo vuelo, la gigantesca
nave explotó.
Los
dirigibles.
"La nube envuelta en una bolsa" dio alas al hombre, pero tenía sus
desventajas: en el montgolfière, era preciso atizar el fuego constantemente y
la ligera diferencia de densidades entre el aire caliente y el frío era difícil
de mantener. El charlière tampoco estaba libre de defectos: El gas que se
soltaba para reducir altura no se volvía a recuperar y si esto se hacía a gran
altitud, el globo tendía a deformarse. Además, los aeronautas lucharon durante
más de un siglo contra el inconveniente de no poder gobernar el globo, lo que
no lograron a pesar de haberse ensayado numerosos mecanismos de dirección y
propulsión, tales como distintas barquillas, velas, parasoles, hélices movidas
a mano, chorros de aire comprimido y vapor.
El joven teniente Jean-Baptiste Marie Meusnier casi alcanzó esa gloria al
llegar a la conclusión de que para que un globo fuese dirigible habría de ser
fusiforme y no alterarse al descender, lo que se lograría por medio de un globo
pequeño inflado dentro del globo principal. Basándose en esta idea, diseñó en
1785 el primer dirigible que contaba con una cabina y era impulsado por tres
hélices, pero fue muerto en acción antes de poder llevar a la práctica su idea.
El zepelín Hindenburg al incendiarse en 1937 durante las maniobras
de aterrizaje en Nueva Jersey, EE.UU.
El
honor de haber construido el primer dirigible que transportase pasajeros
correspondió al francés Henri Giffard quien, en 1852 acopló un motor de vapor
de tres HP bajo un globo de forma alargada, conectándolo luego a una hélice de
tres paletas y realizando un recorrido de 27 kilómetros a la velocidad de 8
kilómetros por hora.
La solución surgió en 1885 cuando el alemán Karl Benz construyó el primer
automóvil práctico con motor a gasolina. Trece años más tarde el brasileño
Alberto Santos-Dumont heredero de una fortuna en cafetales, instaló el motor de
su automóvil en un globo, llegando así a ser el primero en volar en una
aeronave autopropulsada.
Gay-Lussac y Biot en el globo desde el cual estudiaron las
variaciones del magnetismo terrestre y la composición de la
atmósfera.
El
apuesto brasileño llegó a construir y pilotar hasta 12 dirigibles pequeños. Su
deporte favorito era remontarse sobre los concurridos bulevares de París,
descender cerca de un café de moda, tomar el aperitivo y elevarse de nuevo. En
una ocasión una joven cubana llamada Aída de Acosta se apoderó de su globo
volando sobre los bulevares mientras Alberto la seguía pedaleando furiosamente
una bicicleta, al tiempo que le daba instrucciones y ánimos a voz en grito.
Los primeros dirigibles prácticos aparecieron en los albores del siglo XX. El
constructor más famoso fue el conde alemán Ferdinand von Zeppelin quien fabricó
el dirigible basado en una estructura de duraluminio y tejido que contenía el
hidrógeno en varios compartimientos independientes, que en 1910 comenzó a
transportar pasajeros sobre el Lago Constanza a 72 kilómetros por hora.
Durante la Primera Guerra Mundial los zepelines, como se les llegó a denominar,
realizaron 159 incursiones sobre Inglaterra arrojando 220 toneladas de bombas.
Estas incursiones resultaban extremadamente costosas dado que los lentos y
pesados aparatos ofrecían un fácil blanco para los aviones de caza.
El Hindenburg, orgullo alemán, realizó diez viajes de ida y vuelta entre
Alemania y los Estados Unidos en 1936, a 125 kilómetros por hora, transportando
pasajeros. El 6 de mayo de 1937 el gigante de 241 metros de longitud llegó a
Lakehurst, Nueva Jersey, con 91 personas a bordo y cuando se preparaba para
aterrizar el hidrógeno se inflamó envolviendo en llamas al aparato. Perecieron
36 personas y muchas otras sufrieron quemaduras graves.
A pesar de que los aviones de reacción podrán cruzar el Atlántico en dos horas,
algunos entusiastas predicen el retorno de los dirigibles bajo un nuevo diseño
aerodinámico que los haga más veloces y capaces de transportar enormes
cantidades de carga.
Exploración y
ciencia.
Al igual que había sucedido antes con el Canal de la Mancha, el Polo Norte
constituyó un reto para los aeronautas del siglo XIX. De los muchos intentos
frustrados para alcanzar el techo del mundo ninguno resultó más trágico que el
del aeronauta explorador sueco Salomon August Andree. Su primer tentativa en
1896 no llegó a realizarse, pero al año siguiente partió por fin en un globo
llamado el Eagle. Trágicos accidentes abrumaron a los
expedicionarios desde el principio; cuando Andree y sus compañeros alcanzaron
la latitud 82 grados 56 minutos norte se vieron obligados a descender y, al no
poseer ropas suficientes, perecieron todos de frío sin que sus restos se
hallaran hasta 1930. Entre ellos se encontró el diario de Andree describiendo
la falla que inutilizó al globo y la penosa jornada de diez semanas sobre las
heladas e inhóspitas tierras.
El dirigible Norge, que condujo a Roald Amundsen al Polo
Norte en 1926.
En
1926 Roald Amundsen, el más grande de los exploradores árticos, conquistó el
Polo Norte a bordo del dirigible semirrígido Norge, acompañado de
16 hombres entre los que se contaban Lincoln Ellsworth, explorador ártico
norteamericano y patrocinador de Amundsen, y Umberto Nobile, diseñador del
aparato.
Los científicos reconocieron la importancia del globo libre como instrumento
para el estudio de la física y la fisiología. En 1804 los vuelos de dos
eminentes científicos franceses, Jean-Baptiste Biot y Joseph Gay Lussac,
proporcionaron valiosa información sobre el descenso de la humedad a grandes
altitudes y la constancia de la fuerza magnética terrestre.
Sesenta años más tarde el meteorólogo y miembro de la Royal Society de
Inglaterra, James Glaisher, estableció las bases científicas de la Meteorología
al fotografiar formaciones de nubes, correlacionar los cambios de temperatura
con la altitud, demostrar la existencia de cristales de hielo en la atmósfera
superior, al calcular el contenido de ozono en la atmósfera y formular las
primeras tablas sobre los puntos de condensación.
El profesor Piccard, izquierda, y Max Cosyns, centro, junto a la esfera
de aluminio que los llevó a la estratosfera en 1931.
Gastón
Tissandier y sus dos compañeros Joseph Crocé-Spinelli y Théodore Sivel, fueron
los primeros en utilizar oxígeno durante un vuelo, tras haber sido aleccionados
acerca de su uso por Paul Bert, catedrático de Fisiología de la Facultad de
Ciencias de París. Bert, que dejó la abogacía por la medicina, había
investigado los efectos causados por la presión atmosférica en hombres y
animales, si bien fue más famoso en su época por sus importantes estudios sobre
los injertos de la piel.
Bert preparó una mezcla de nitrógeno y oxígeno, advirtiendo a los aeronautas
que su propósito de utilizarla tan sólo a grandes alturas era arriesgado. Pero
no tuvieron en cuenta su advertencia y ascendieron a 8.700 metros quedándose
paralizados e incapaces de manejar el aparato de oxígeno. Escribió Tissandier:
"A los 6.600 metros... me sentí entumecido... Crocé se halla jadeando.
Sivel cierra los ojos... cuerpo y mente son cada vez más débiles. Se siente un
bienestar interior... pronto me encontré tan débil que incluso no podía girar
la cabeza para mirar a mis compañeros. Quise gritar que nos hallábamos a 7.800
metros, pero tenía la lengua paralizada. De repente cerré los ojos y me
desplomé sin fuerzas perdiendo toda memoria posterior". El globo
descendió por sí solo y cuando tocó tierra sólo Tissandier se hallaba con vida.
Audouin Dollfus en la barquilla suspendida de los 100 globos
meteorológicos llenos de hidrógeno que ascendió hasta la estratosfera.
En
1887 Bert publicó su monumental trabajo sobre la Fisiología de la altitud
titulado La pression barométrique. Sus experimentos con cámaras
hipobáricas y ascensiones en globo le proporcionaron valiosos datos acerca de
los gases sanguíneos, la enfermedad de los caissons y los
efectos tóxicos del oxígeno hiperbárico. Demostró que los principales síntomas
del mal de altura se deben no a la disminución de la presión total, sino a la
reducción de la presión parcial del oxígeno. Este trabajo clásico, fue la base
de todos los estudios posteriores sobre la fisiología de la altitud, lo que le
consagró como el padre de la Medicina aeronáutica.
Globos
en el espacio.
Las fronteras geográficas del hombre se ampliaron en sentido vertical cuando el
físico suizo Auguste Piccard revolucionó el principio de los vuelos a gran
altura con su esfera hermética de aluminio en la cual, en 1931, alcanzó una
altitud de 17 kilómetros, penetrando así por primera vez en la estratosfera.
Tres años después, su hermano gemelo Jean alcanzó casi los 18.000 metros. La
marca de la época fue establecida en 1935 por A. M. Stevens y O. A. Anderson
quienes con el Explorer II alcanzaron los 21.718 metros.
En 1951 David Simons, médico de la Fuerza Aérea llevó a cabo uno de los vuelos
más minuciosamente estudiados en la historia de la medicina con su ascensión de
30.454 metros, convirtiéndose en el primer ser humano que alcanzó el hasta
entonces inexplorado espacio. En el Explorer II, un auténtico laboratorio
volante, los científicos estudiaron las radiaciones cósmicas y sus posibles
efectos genéticos en los organismos vivos.
Los posibles adelantos futuros que se puedan alcanzar en la astronáutica
estarán supeditados a que los globos sigan proporcionando información acerca
del funcionamiento de los componentes de los vehículos espaciales y de las
reacciones psicológicas de sus tripulantes.
Colofón.
Las siguientes palabras proféticas de James Galisher sirven como corolario a
los esfuerzos del hombre para alcanzar las estrellas: ¡Quién osará
fijar un límite a la curiosidad humana y señalar la frontera donde la
Naturaleza detenga al astronauta diciéndole: "hasta aquí sí, pero más allá
no!"
Gran Bretaña y Medicina
Enero de 1968
Insignia y lema de la Orden de la Jarretera y, centro, emblema del Colegio
de Médicos, reproducidos de la portada de Pharmacopoedia Londinensis, primera
farmacopea publicada en Inglaterra, impresa por John Marriot en 1632
Este
trono real de reyes, esta isla sometida a su cetro, esta tierra de majestad,
esta sede de Marte, este otro Edén, este semi paraíso, esta fortaleza que la
Naturaleza ha construido para defenderse contra la invasión y el brazo armado
de la guerra, este florido plantel de hombres, este pequeño universo, esta
piedra preciosa engastada en el mar de plata que le sirve de muro o
de foso de defensa alrededor de un castillo, contra la envidia
de naciones menos venturosas, este trozo bendito, esta tierra, este reino, esta
Inglaterra
Shakespeare
EL REY RICARDO II
John Arden, notable cirujano inglés del siglo XIV a quien se considera el
primer tratadista de la proctología.
Pese
haber comenzado tarde en la historia de la ciencia, y verse abrumadas durante
mucho tiempo por guerras intestinas o contra poderosos vecinos, Inglaterra,
Escocia e Irlanda se han anotado muchos triunfos en los anales de la medicina.
Gran Bretaña fue la cuna de ilustres innovadores, clínicos y cirujanos, muchos
de ellos intrépidos individualistas que roturaron sus propios caminos, a veces
equivocados, pero siempre independientes en el pensamiento y la acción. Entre
William Harvey y Joseph Listar median apenas dos siglos y medio, mas en tan
corto lapso Gran Bretaña no sólo alcanzó para sí la gloria en Medicina, sino
que también dejó una herencia científica brillante a sus hijas de ultramar,
Estados Unidos y Canadá.
Comienzos.
La obra más completa sobre medicina anglosajona, titulada Lacnunga, revela
que las primitivas prácticas curativas prenormandas eran una mezcla heterogénea
de restos de medicina griega conservados a través de la latina, de
prescripciones del decadente Imperio romano, de teurgia bizantina, de magia
pagana teutónica y céltica, y de ritos del cristianismo.
Grupo de damas de la Edad Media consultando a un médico, cuyo asistente,
extrema derecha, aguarda, bolsa en mano, el pago de los honorarios.
En
Escocia e Irlanda los jefes de los clanes contaban entre sus servidores con un
médico, el que disponía de veinte dependientes y podía concurrir a los
banquetes; los médicos de mayor categoría formaban parte de los consejos de
estado. Estos médicos reales podían también ejercer privadamente y cobrar
honorarios de acuerdo con una escala que variaba según el rango del paciente.
La medicina se convirtió en una profesión en Inglaterra, después de la
conquista normanda, cuando el rey Guillermo y sus nobles trajeron con su
séquito hombres que habían estudiado en las escuelas médicas de Italia y
Francia. Generalmente la medicina popular estaba en manos de los barberos,
boticarios y curanderos.
Atuendo, instrumentos y quehaceres de un médico de la era isabelina, según
un grabado de la época.
Las
numerosas guerras en que Britania se vio envuelta durante la Edad Media
originaron una clase de cirujanos que se agregaban a los jefes militares y eran
recompensados con dádivas o, más frecuentemente, con el producto de botines o
rescates. Estos aventureros acabaron formando hermandades que prosperaban
durante las guerras mientras languidecían en los tiempos de paz.
El más famoso miembro de esta agrupación fue John Arden o de Arderne (1307 -
ca. 1390), quien había estudiado en Montpellier y sirvió en la Guerra de los
Cien Años en Francia. Era un cirujano práctico, de sólidos conocimientos, que
trataba las heridas de manera simple procurando siempre evitar las
supuraciones. Se le considera el primer tratadista de proctología: inventó una
operación para la fístula anal, que le valió gran fama en una época en que
muchos hombres pasaban gran parte de su vida cabalgando. Su farmacopea estaba
compuesta principalmente de jabón negro, azufre, arsénico, ajenjo, vitriolo y
estiércol de paloma. Uno de sus contemporáneos, John of Gaddesden (1280-1361),
formado en Oxford, fue probablemente el primer médico nombrado oficialmente en
la corte inglesa por Eduardo II. Su obra principal, el famoso tratado Rosa
Anglica, resumen de la práctica médica medieval, data de 1314, y se
halla mencionado en los Cuentos de Canterbury, de Chaucer.
En esta época en que se abusaba de los placeres de la mesa, se daba gran
importancia a las virtudes terapéuticas de la frugalidad en el comer, según la
doctrina de la Escuela de Salerno. En el Liber niger, que
trata de la corte de Eduardo III, se menciona, entre las funciones del médico
de la corte, la de aconsejar al rey sobre los alimentos más beneficiosos para
su salud.
Renacimiento.
El comienzo del desarrollo de Inglaterra suele situarse hacia 1485, época de la
ascensión al trono de Enrique VII, después de la Guerra de las Rosas. Se estima
que en aquel tiempo la población del país ascendía a unos cuatro millones de
personas; siervos casi ya no existían, la nobleza había sido diezmada y
arruinada por la guerra, y una nueva clase de comerciantes emergía rápidamente.
La creciente demanda de lana inglesa desató una menda convulsión social: los
campesinos fueron brutalmente expulsados de sus tierras, que fueron utilizadas
para el pastoreo de ovejas, y como resultado apareció el azote de los
vagabundos y salteadores de camino.
Más, por lo general, las condiciones de vida mejoraron a un grado nunca
alcanzado antes: se regularon los precios y salarios; la agricultura prosperó;
el número creciente de comerciantes requirió más aprendices y la nueva clase de
hacendados acomodados proporcionó abrigo y comida a miles de campesinos.
Los principales trastornos que aquejaban a las personas acomodadas, gota y
cálculos vesicales, eran debidos a los excesos en el comer y el beber. El
escorbuto era un flagelo común, hasta que a un médico de Cambridge, William
Butler, se le ocurrió agregar a la cerveza hierbas como la llamada,
precisamente, "del escorbuto", y otras ricas en vitamina C. La sarna
era tan generalizada, que se la llamaba "escozor inglés" y los
británicos, al igual que sus vecinos europeos, eran víctimas del sarampión,
viruela, tuberculosis, tifus (tabardillo), sífilis y disentería.
Las peores epidemias de este tiempo eran la peste y una extraña enfermedad
llamada el mal del sudor. La peste siguió siendo endémica en Britania después
de 1349, año de la Muerte Negra, que aniquiló a media población; la peor
epidemia ocurrió en 1563, cuando mil personas morían semanalmente en Londres.
El mal del sudor (sudor anglicus) que curiosamente afectó sólo
a Inglaterra, se caracterizaba por fiebre elevada, escalofríos, hormigueos,
intenso dolor pericárdico, disnea, pulso rápido e irregular, vómitos, delirio y
estupor; la aparición de un sudor profuso pronosticaba restablecimiento o
muerte dentro de las 24 horas.
La
era de los Tudor.
El comienzo de una tendencia definida en la medicina inglesa se debe a un
pequeño grupo de médicos-filósofos, con una amplia cultura general aunque
estrecho concepto del método experimental en medicina, que trataban de
comprenderla a través de los textos de los antiguos, astrología y "magia
natural", en vez de la observación atenta del enfermo; mas, a pesar de
ello, contribuyeron a cerrar la brecha entre el dogma eclesiástico y los
conocimientos clásicos, fundando así los cimientos de la verdadera ciencia.
En esta época de transición se destaca la figura de Andrew Borde (1490-1549),
monje cartujo graduado en Montpellier, quien viajó extensamente por Europa y el
Cercano Oriente y escribió un libro titulado La dietética de la
salud (1542), primer texto de medicina publicado en inglés, que
alcanzó extraordinaria popularidad entre los profanos. Entre sus parientes se
encontraba el mismo Thomas Cromwell, lord gran Chambelán de Enrique VIII, y fue
varias veces enviado por el rey como embajador no oficial a varias cortes
europeas. Era un apasionado de los buenos vinos y cervezas, se mofaba de sus
colegas demasiado solemnes y usaba el mirto como una especie de curalotodo. Fue
encarcelado por mantener en su casa tres mujeres livianas y acabó sus días,
enfermo de "fiebre de la prisión".
Uno de los más distinguidos médicos eruditos de la época fue Thomas Linacre o
Lynaker (1460-1524), graduado en Padua, quien mantenía correspondencia con
todos los grandes hombres de ciencias y letras de Europa. Fue nombrado médico
de la corte de Enrique VIII, a quien persuadió en 1518 a que fundara el Colegio
de Médicos de Londres.
Andrew Borde, célebre médico de la época de los Tudor, según un grabado
inspirado en un lienzo de Holbein.
Thomas Linacre (1460-1524) y Thomas Sydenham (1624-89)
Thomas Willis (1621-75) y Sir Astley Paston
Cooper (1768-1841)
William Stokes (1804-78) y Sir Alexander Fleming (1881-1955)
Sir Henry Hallett Dale (1875-1968)
La
estrella más rutilante de la siguiente generación de médicos ingleses fue John
Caius, Keys, en inglés, (1510-73) quien, siguiendo los pasos de Linacre,
profundizó muchas ramas de la ciencia, especialmente medicina, zoología y
botánica. Estudió primero en Cambridge y luego se graduó en Padua, ciudad ésta
donde se alojó en casa de un joven anatomista llamado Andrés Vesalio.
Caius llegó a ser un profesional famoso y amasó una considerable fortuna, que
empleó en la investigación científica. En 1558 hizo una cuantiosa donación a su
viejo colegio de Cambridge, cuyo nombre se cambió por el de Conville y Caius;
en él se graduaron muchas personalidades eminentes.
La cirugía progresó gracias a Thomas Vicary, Cirujano Mayor del rey, quien en
1540 unió al gremio de Barberos con el de Cirujanos, según licencia otorgada
por Enrique VIII. Este acontecimiento fue inmortalizado en un cuadro de Holbein
el Joven (1543) que aún se conserva en el Real Colegio de Cirujanos. También
escribió el primer texto de cirugía en inglés.
En Escocia, el más antiguo registro de una asociación de cirujanos data de
1505, año en que los "cirujanos y barberos" solicitaron del consejo
municipal que se les otorgara un cadáver de ajusticiado por año, para efectuar
estudios anatómicos.
Hacia fines del período de los Tudor, la medicina estaba dividida entre:
boticarios, dedicados al expendio de hierbas y drogas; cirujanos, expertos en
amputaciones, sangrías, reducción de luxaciones y fracturas, y
curación de heridas; y médicos, versados en conocimientos
trasmitidos mediante textos en griego, latín y árabe (con predominio del
ocultismo), aunque con poca experiencia práctica y curiosidad científica. A la
muerte de la reina Isabel, ocurrida en 1603, el terreno estaba preparado para
el comienzo de la edad de oro de la ciencia.
Progreso científico.
En los 80 años de la vida de William Harvey, la ciencia en Inglaterra alcanzó
un elevado sitial en Europa, al punto de que de cada diez libros publicados
sobre ciencias naturales, nueve lo eran en idioma inglés. Durante dicho
período, la mitad de la población europea pereció de resultas de la Guerra de
los Treinta Años entre protestantes y católicos; Inglaterra sufría las
consecuencias de sus propias luchas intestinas para probar si el poder absoluto
de los reyes debería prevalecer sobre los deseos de un parlamento.
A pesar de la guerra fratricida, hombres cultos de ambos bandos continuaban
reuniéndose e intercambiando el fruto de sus investigaciones en las ciencias
naturales: química, botánica, física, matemáticas y medicina. Así formaron el
"Colegio Invisible", que se reunía en los salones de unos u otros, o
en el Gresham College, de Londres. De estas reuniones surgió
en 1662 la Sociedad Real, cuyos presidentes habrían de ser las más ilustres
figuras de la ciencia del país.
Uno de los miembros más retraídos de este grupo intelectual era William Harvey
(1578-1657), quien por extraña paradoja había nacido en el día de April
Fool's Day [19]en el pequeño
pueblo pesquero de Folkestone; se graduó en el Caius College, de
Cambridge, doctorándose después en la Universidad de Padua.
Escudo de Harvey en el atrio de la Universidad de Padua.
William Harvey (1578-1657), que fuera médico de Jacobo I y de
Carlos I, mostrando a este último los diferentes vasos sanguíneos de un ciervo.
Harvey
ejerció la medicina en Londres sin verdadera dedicación, pues parecía más
interesado en estudiar anatomía comparada, lo cual no obstó para que fuera
nombrado médico de Jacobo I y luego de Carlos I. Este último le concedió libre
acceso a los parques reales para sus estudios de zoología.
En Padua había aprendido, al lado de Fabricio de Acquapendente, que las venas
poseen válvulas y, experimentando con perros, demostró de manera concluyente
que la sangre circula continuamente por todo el cuerpo, debido al impulso del
corazón que actúa como una bomba. Por falta de microscopio, no pudo observar
los vasos capilares que unen las arterias con las venas.
Ya hacia el año 1616 había dado conferencias sobre este tema en el Colegio de
Médicos, mas el libro que habría de hacer época, Exercitatio anatomica
de motu cordis et sanguinis in animalibus (llamado, más
brevemente, De motu cordis), no apareció hasta 1628, después
de haber completado sus experimentos.
Este breve tratado, escrito en deficiente latín, originó una gran controversia,
dividiendo al mundo médico en dos facciones: una lo apoyaba mientras la otra
(sobre todo en Francia) lo atacaba. El mismo Harvey no tomó parte en la furiosa
controversia, dejando que sus partidarios defendieran su descubrimiento.
La última muestra de su genio fue la publicación, en 1651, de su obra Exercitationes
de generatione animalium, notable contribución al conocimiento de la
embriología. Murió el 3 de junio de 1657, a los 80 años de edad, colmado de
gloria y asegurada su inmortalidad.
Durante la época del barroco, también las fraternidades médicas se trabaron en
debates sobre las funciones del cuerpo humano sano o enfermo; mientras los
yatrofísicos creían que la clave residía en el estudio de la fisiología, los
yatroquímicos sostenían que el secreto residía en la química de los humores,
como saliva, jugo pancreático y bilis.
El jefe de la escuela yatroquímica en Inglaterra fue Thomas Willis (1621-75),
de la Universidad de Oxford, quien describió por primera vez la presencia de
azúcar en la orina de los diabéticos y la enfermedad conocida hoy con el nombre
de miastenia gravis. Su Cerebri anatome (1664) fue el mejor
estudio del sistema nervioso en su época, comprendiendo la primera descripción
del undécimo par, o espinal (nervio de Willis) y las arterias comunicantes de
la base del cerebro (círculo de Willis).
Indiferente a las discusiones y polémicas que se suscitaban por doquier, un
médico llamado Thomas Sydenham (1624-89), graduado en Cambridge, se dedicó a la
tarea de tratar eficientemente a sus pacientes, propugnando el estudio clínico
inmediato de cada caso antes que elaborar hipótesis teóricas. Sostenía que cada
enfermedad tiene su individualidad, que puede estudiarse como el botánico
estudia una planta.
En realidad, Sydenham abogaba por un retorno a la tradición hipocrática [20] sosteniendo
que la causa de todas las enfermedades debe buscarse en la naturaleza y que la
curación se debe a ella misma, guiándose por un secreto instinto. Su
terapéutica consistía en dieta, purgantes y flebotomía, y aconsejaba también el
aire libre y los ejercicios para conservar la salud. Fue uno de los primeros
médicos en emplear la quina, recientemente introducida del Perú y en prescribir
el hierro contra la anemia.
William Hunter (1718-83) durante una conferencia sobre anatomía ante la Real
Academia, lienzo por Zauffely.
A la
pluma de Sydenham se deben las mejores descripciones de enfermedades como la
viruela, paludismo, poliartritis, tuberculosis, escarlatina (que diferenció del
sarampión), una forma del mal de San Vito (corea de Sydenham), e histeria.
También formuló un tipo de láudano, que se conoce con su nombre y escribió un
tratado clásico sobre la gota (Tractatus de podagra, 1683)
enfermedad de la que padecía.
La mejor lección de Sydenham a la posteridad es que, en la ciencia, cada factor
debe ser estudiado experimentalmente; esto habría de caracterizar al espíritu
de los hombres del siglo XVIII, inquisitivos y críticos, convencidos de que la
razón apoyada en la ciencia puede descubrir todos los secretos de la
naturaleza.
Primera reunión de la Sociedad Médica de Londres, fundada en 1773 por John
Coakley Lettsom, que es la más antigua organización médica de la capital
británica.
Este
enfoque intelectual británico, iniciado anteriormente por Francis Bacon, fue
desarrollado por el filósofo David Hume, maestro del escepticismo y partidario
del sentido común en el campo de la filosofía y de la moral; y por John Locke,
padre del empirismo inglés.
El más brillante exponente de esta filosofía en la medicina fue John Hunter
(1728-93), tosco y enfermizo escocés que comenzó como ayudante de la famosa
escuela privada de anatomía de Windmill Street, en Londres, que regentaba su
hermano William (1718-83). En su propio laboratorio John realizó centenares de
experimentos en animales, para probar toda clase de teorías, que descartaba
implacablemente cuando no podía confirmarlas. Su curiosidad era insaciable con
respecto a todas las manifestaciones de la naturaleza y disecó y preparó la
colección de 13.000 piezas que a su muerte pasaron a integrar el Museo
Hunteriano. Puede considerársele como el fundador de la Patología quirúrgica.
Llevan su nombre el conducto de Hunter (espacio triangular entre el músculo
aductor largo o mayor y el músculo vasto externo), el chancro de Hunter
(chancro duro) y la operación de Hunter (ligadura arterial cerca del corazón).
Varios de sus discípulos habrían de ser los más grandes cirujanos del siglo
siguiente. Entre éstos se contaba Edward Jenner (1749-1823), médico rural de Gloucestershire,
quien durante 28 años estudió las relaciones entre la viruela, el azote del
siglo, y la vacuna. El 14 de mayo de 1796 vacunó al niño de 8
años James Phipps, con material proveniente de una ordeñadora afectada de
vacuna; ocho semanas más tarde inoculó al niño pus de un caso virulento de
viruela, sin que el pequeño contrajese la enfermedad.
La primera inmunización contra la viruela, que tuvo efecto en. Inglaterra el
14 de mayo de 1796: Edward Jenner (1749-1823) inocula a James Phipps el pus
extraído a una ordeñadora afectada de vacuna.
La
Real Sociedad rechazó las conclusiones de Jenner, quien fue blanco del ridículo
y diatribas. Mas cuando su Inquiry into the Causes and Effects of
Variolae Vaccinae fue publicado privadamente en 1798, su
descubrimiento fue confirmado por otros y le llovieron los honores.
Durante este siglo la obstetricia realizó notables progresos en Gran Bretaña,
terminando por eliminarse los obstáculos que impedían a los hombres atender
partos. William Hunter publicó un atlas, Anatomy of the Human Gravid
Uterus, magníficamente ilustrado. William Sinellie (1697-1763), médico
rural, se trasladó a Londres donde sus clases sobre obstetricia adquirieron tal
fama que miles de estudiantes concurrían a ellas. Su Theory and
Practice of Midwifery, (1752), basarlo en la experiencia personal,
destruyó muchas de las supersticiones en boga en la época.
El centro más famoso de enseñanza médica en el siglo XVIII fue Edimburgo, donde
ya en 1681 se había fundado un Real Colegio de Médicos. Allí se destacó la gran
dinastía de los tres Monro, de quienes Monro primus y secundas fueron
los más notables.
La escuela quirúrgica prelisteriana de Edimburgo produjo figuras tales como
Benjamín Bell (1749-1806), cuyo System of Surgery fue el
primer ensayo en inglés de presentar el arte de la cirugía en una forma amplia
y comprensiva. John Bell (sin parentesco alguno con el anterior), quien vivió
entre los años 1763 y 1820, se destacó por su pericia en cirugía vascular.
Junto con su hermano Charles, preparó las ilustraciones para su magna Anatomy of the
Human
Otros cirujanos notables de Edimburgo fueron Robert Liston (1794-1847), primer
cirujano británico que empleó la anestesia con éter, y James Syme (1799-1870),
quien se hizo famoso por sus operaciones articulares. Otro cirujano escocés de
fama mundial fue Sir James Young Simpson (1811-70), quien introdujo el empleo
del cloroformo en obstetricia e inició la construcción de hospitales de campo
en todo el país.
Hacia comienzos del siglo XIX empezó a brillar la estrella de la escuela de
Dublin, que produjo un notable grupo de médicos famosos, como Robert James
Graves (1796-1853), quien fue el primero en describir el tipo de bocio que
lleva su nombre y en cuya tumba se lee: "Alimentó a los febriles";
William Stokes (1804-78), colega del anterior, y muy experto en el arte de
diagnosticar, quien describió, junto con John Cheyne ( 1777- 1836), el tipo de
respiración conocido con el nombre de ambos. Stokes también colaboró con otro
colega en la descripción del igualmente clásico síndrome de Stokes-Adams
caracterizado por súbitas crisis de inconsciencia. Otros epónimos de esta
escuela fueron: el pulso de Corrigan, descrito por Sir Dominic Corrigan
(1802-80) y la fractura radial de Colles (también llamada de Pouteau-Colles en
los países latinos) en honor de Abraham Colles (1773-1843), quien también
formuló la ley de que el niño afectado de sífilis congénita no infecta a la
madre.
En esta gran época de la medicina clínica inglesa se distinguieron los
"Grandes hombres del Cuy" (famoso hospital de Londres): Richard Bright
(1789-1858), quien describió la insuficiencia renal crónica conocida con su
nombre; Thomas Addison (1793-1860), cuyo nombre se asocia a la anemia
perniciosa e insuficiencia suprarrenal, y Thomas Hodgkin (1798-1866), primero
en describir la linfogranulomatosis, hoy también llamada enfermedad de Hodgkin.
Uno de los nombres más egregios del campo científico en la era victoriana fue
el de Joseph Lister (1827- 1912), médico cuáquero, discípulo y yerno de Syme,
cuyos denodados esfuerzos para introducir la antisepsia en cirugía le valieron
la inmortalidad. Un hito histórico fue el año 1865 cuando Lister empleó ácido
fénico como antiséptico, por primera vez, para operar una fractura. Dos años
más tarde se publicaba en The Lancet un informe detallado
sobre el nuevo procedimiento. Sus colegas tardaron en aceptarlo, mas Lister no
cejó ante las burlas y la oposición, y logró ver coronados sus esfuerzos con el
éxito: fue el primer médico en la historia de Inglaterra ennoblecido con la
dignidad de par del reino, y además fue objeto de los más altos honores en el
mundo occidental.
Por curiosa paradoja, mientras Gran Bretaña se convertía en la nación más
poderosa del mundo, extendiendo su imperio por doquier y dominando los mercados
mundiales, su medicina pasaba a segundo lugar, eclipsada por los nuevos
descubrimientos franceses y el desarrollo de las escuelas médicas alemana y
vienesa.
Reformas.
Una de las razones de este atraso pudo haber sido que durante la mayor parte de
la época victoriana los médicos se vieron mezclados en querellas internas y
agitaciones públicas reformistas. Mientras la escena política continuaba
convulsionada por las diversas Leyes de Reforma, el mundo médico continuaba
envuelto en sus propios conflictos. A consecuencia de ello, el país se vio
plagado de incontables practicones, ignorantes y presuntuosos, del tipo
satirizado por el caricaturista Thomas Rowlandson, y audaces charlatanes, cuyas
víctimas se contaban entre los pobres y los ricos por igual. Se formaron
numerosas sociedades locales para proteger los intereses de los verdaderos
médicos, mas el estrecho provincialismo inglés impidió la formación de un cuerpo
médico nacional.
Desde el mismo día en que fundara The Lancet en 1823, Thomas
Wakley emprendió una cruzada en pro de reformas médicas tanto dentro como fuera
del Parlamento, y la creación de un organismo global para el gobierno de la
profesión médica. Minúsculas "guerras civiles" estallaron por todas
partes y diversas sociedades médicas de provincia pretendían
ejercer el dominio, clamando por su reconocimiento oficial, todo ello en medio
de un diluvio de improperios.
Finalmente, la Asociación Médica y Quirúrgica Provincial, fundada por el Dr.
Charles Hastings en 1832, se transformó en 1855 en la Asociación Médica
Británica (British Medical Association). Tres años más tarde
se logró el primer fruto de décadas de agitación, bajo la forma de la Ley de
Calificación Médica de 1858, que estableció un organismo para el gobierno de la
profesión médica: el Consejo Médico General.
La principal tarea del Consejo consistía en publicar un Registro
Médico anual con los nombres de todos los médicos autorizados para el
ejercicio profesional, estimular la educación médica y editar la Farmacopea
Británica. Bajo la nueva ley sólo los médicos registrados eran
legalmente reconocidos y podían extender certificados de defunción o ser
nombrados funcionarios médicos. El Consejo también obtuvo la autoridad para
castigar a los miembros culpables de "conducta infamante".
Mientras estas reformas tenían lugar en una atmósfera de luchas intestinas,
otra reforma silenciosa, de distinta naturaleza, se realizaba en todo el país:
miles de médicos generales, por sus virtudes y consagración al deber, creaban
una nueva imagen de la profesión en la opinión pública del país. El hombre que
hacía visitas a domicilio desafiando las inclemencias del tiempo, por una
pequeña o ninguna retribución; y el consejero prudente que ayudaba a toda la
familia a solucionar sus problemas, encarnaba la imagen ideal del médico rural
británico, tal como se la retrataba en la literatura victoriana a través de las
páginas de Jane Austen o de Anthony Trollope.
Salud pública. Otra preocupación del mundo médico victoriano fue la salud
pública; la revolución industrial había transformado a Gran Bretaña en próspera
y poderosa, mas había creado también focos de miseria y enfermedad. Las
epidemias frecuentes terminaron por convencer al gobierno y clases adineradas
de que las enfermedades no reconocen fronteras sociales y que la salud de cada
uno depende de la salud de todos, lo cual dio origen al moderno concepto de la
salud pública.
En una medida sin precedentes, el gobierno británico nombró un comité de tres
médicos [21] para
investigar las condiciones de vida de los pobres; el estado de su salud, los
peligros que le amenazaban y las enfermedades más prevalecientes. Las
conclusiones a que llegó este comité fueron incorporadas por el secretario
Edwin Chadwick a su informe de 1842 que conmovió a la nación.
Se demostró que la insuficiente provisión de agua potable y la falta de higiene
pública eran las principales causas de enfermedades. La epidemia de cólera de
1848 causó tal efecto en la opinión pública que en el mismo año se creaba el
Comité General de Sanidad, el primero en su clase, reconociéndose así por
primera vez que el gobierno es responsable de la salud de la nación.
La principal figura en el campo sanitario durante la época de la reina Victoria
fue Sir John Simon (1816- 1904), patólogo del Hospital Santo Tomás, quien fue
nombrado jefe del departamento médico de los Lores del Consejo Privado (sucesor
del primer Comité de Sanidad). Simon se rodeó de un grupo de abnegados médicos
que se dedicaron a estudiar incansablemente los aspectos sociales del cólera,
viruela, disentería y tuberculosis, la sanidad en la industria y minas,
viviendas y alimentación, exponiendo sin temor los abusos y proponiendo
remedios. Su labor colocó los cimientos de la epidemiología moderna e inculcó
en la mentalidad general las primeras nociones de higiene pública y privada.
Hospitales.
Según la leyenda, un clérigo llamado Rahere tuvo en 1123 una visión en la cual
San Bartolomé le ordenaba construir una iglesia y hospital en el suburbio
londinense de Smithfield, mandato que el clérigo reverentemente cumplió
fundando así el más antiguo hospital de la ciudad.
Pabellón de un hospital londinense en 1808. A fines del siglo se
introdujeron numerosas reformas.
Aparte
de asilos de leprosos y apestados, Gran Bretaña padeció durante muchos siglos
de un lamentable atraso en materia de hospitales, a diferencia de sus vecinos
del Continente, y nada existía en ella que se pudiera comparar al Hótel-Dieu de
París, o al hospital de 2.000 camas de Milán.
Hasta el siglo XVI, todos los hospitales se hallaban bajo el gobierno de la
Iglesia, y sufrieron un golpe de muerte cuando Enrique VIII disolvió los
monasterios donde se alojaban miles de enfermos e inválidos, acción que causó
horror en Europa. El hospital de San Bartolomé fue restablecido en 1544, y
tiempo después Eduardo VI concedió un subsidio al de Santo Tomás para la
asistencia de 300 pobres. Durante unos dos siglos estos dos fueron los únicos
hospitales en Londres.
El espíritu de filantropía que predominó en Gran Bretaña durante el siglo XVIII
originó la fundación de más de 100 hospitales y dispensarios, incluso
maternidades y casas de expósitos. Un librero llamado Thomas Guy, quien había
hecho fortuna durante la fiebre de especulación en los Mares del Sur, fundó el
gran hospital que aún lleva su nombre.
El primer hospital especializado del país fue el Bethlehem Royal
Hospital (llamado Bedlam, por una corrupción del nombre), vuelto a
fundar en 1547 por Enrique VIII para el tratamiento de los enfermos mentales;
durante mucho tiempo fue una diversión de la sociedad londinense ir a Bedlam a
reírse de los infortunados lunáticos por la módica suma de un penique.
La inmensa expansión del Imperio bajo la égida de la reina Victoria permitió a
los británicos familiarizarse con tipos y costumbres de tierras extrañas,
despertando un ferviente interés por las enfermedades tropicales. El médico y
misionero David Livingstone había pensado que el paludismo estaba, de alguna
manera, relacionada ron los mosquitos, y Sir Patrick Munson, llamado el padre
de la medicina tropical, demostró en 1877 que la Wuchereria bancrofti origina
la elefantiasis a partir de su introducción en el organismo por la picadura de
un Culex. Al médico, poeta y matemático Sir Ronald Ross (1857-1932) estaría
reservada la gloría de descubrir cómo el parásito del paludismo se desarrolla
en las vísceras del anofeles, lo que le valió el Premio Nobel en 1902.
Página opuesta: Reunión de un Consejo Ejecutivo, agrupación de voluntarios
formada por médicos y otros profesionales que tienen a su
cargo la administración local de la Sanidad Nacional.
El
espíritu que inspiró la reforma de los hospitales y enfermería fue durante
muchos años Florence Nightingale, la heroína de la Guerra de Crimea. Gracias a
sus infatigables esfuerzos, Gran Bretaña fue una guía universal en estas
materias, Meca a la que dirigieron sus miradas los celosos reformistas de todo
el mundo.
Especialización.
Alejado del clamor de las luchas reformistas, un pequeño grupo de especialistas
contribuía a mantener flameando el pendón de la ciencia británica frente a la
formidable competencia de las naciones del Continente.
Obreros londinenses del transporte sometidos a exámenes torácicos en grupos,
lo que es posible gracias a microrradiografías obtenidas con equipos
proporcionados por el Ministerio de Salud a partir de 1942
John
Hughlings Jackson (1835-1911), considerado el padre de la neurología británica,
introdujo el concepto de que los movimientos voluntarios son causados por
impulsos nerviosos originados en la corteza cerebral; sus estudios de los
efectos de las lesiones cerebrales llevaron al conocimiento de la epilepsia hoy
llamada jacksoniana. Con todo, durante este período Gran Bretaña estuvo muy
lejos de los notables avances neurológicos realizados en España, Alemania,
Francia e Italia.
Una importante escuela de fisiología fue la creada en la Universidad de
Cambridge por Sir Michael Foster (1836-1907), entusiasta investigador de la
cardiología y fundador de la primera Sociedad de Fisiología del país. Uno de
sus discípulos, Sir Charles Scott Sherrington, habría de ser mundialmente
famoso por sus descubrimientos en neurología y, en 1932,
compartir con E. D. Adrian el Premio Nobel por sus trabajos sobre la función de
la neurona.
Casi igualmente famoso es Sir Henry, Hallett Dale, quien también hubo de
compartir (en 1-936) el Premio Nobel por su descubrimiento de que la
acetilcolina es el agente químico de trasmisión del impulso nervioso.
En el campo de la patología y de la inmunología, la figura principal en los
siglos XIX y XX fue Sir Almroth Edward Wright, ardiente partidario de la
vacunoterapia y descubridor de la opsonina, anticuerpo que vuelve a las
bacterias más sensibles a la fagocitosis; su método de la vacunación contra la
tifoidea salvó incontables vidas durante la Primera Guerra Mundial.
Trabajaba bajo la dirección de Wright en el hospital St. Mary de Londres un
médico escocés llamado Alexander Fleming, cuya mayor pasión era la
microbiología. En el otoño de 1928 una espora de Penicillium
notatum (frecuente productor del moho del pan y queso), penetrando en
el laboratorio probablemente a través de una ventana abierta, se depositó en un
cultivo de estafilococos y poco tiempo después las colonias microbianas,
misteriosamente, se disolvían.
A partir de la perspicaz observación de Fleming, nació una nueva era en la
lucha contra las infecciones, aunque la aplicación práctica de la penicilina
debía aguardar el trabajo de Howard Florey y Ernst B. Chain durante la Segunda
Guerra Mundial. Los tres compartieron el galardón Nobel en 1945, y Fleming y
Florey recibieron títulos nobiliarios.
Medicina actual. Al cabo de incontables debates, controversias y concesiones
mutuas, Gran Bretaña comenzó hace 19 años una nueva era en la historia de su
medicina, con la creación del Servicio Nacional de la Salud, inaugurado el 5 de
julio de 1948, que hoy engloba a unos 65.000 médicos.
La Ley del Servicio Nacional de la Salud impone al Ministerio de Sanidad la
obligación de "promover en Inglaterra y Gales el establecimiento de un
amplio Servicio de Salud para asegurar el mejoramiento de la salud física y
mental de los habitantes de Inglaterra y Gales y la prevención, diagnóstico y
tratamiento de sus enfermedades". La misma obligación fue impuesta al
Secretario de Estado para Escocia.
Sir Charles Scott Sherrington (1861-1952), quien en 1932 compartió el Premio
Nobel de Fisiología y Medicina con E. D. Adrian por sus descubrimientos sobre
la función de la neurona.
El
Servicio de Salud británico actual tiene como principio básico la libertad de
elección: médicos y enfermos pueden participar en él, o actuar
independientemente. Todo paciente tiene el derecho de elegir su médico, y éste
de no atender determinado paciente. Cualquier persona puede hacer uso parcial
del Servicio, y al mismo tiempo consultar a un médico privado si así lo desea;
asimismo, un médico puede pertenecer al Servicio y, concurrentemente, mantener
el ejercicio privado de su profesión.
La administración de este Servicio de Salud corre a cargo de Consejos
Ejecutivos locales, compuestos de siete médicos, tres dentistas, dos
farmacéuticos, ocho miembros elegidos por las autoridades sanitarias locales y
otros cuatro por el Ministerio de Sanidad; cada Consejo es asesorado por
comités médicos, dentales, farmacéuticos y oculistas, locales integrados por
miembros profesionales y no profesionales.
Para ser atendido por un médico, el paciente inscribe su nombre en una lista
del Consejo Ejecutivo local, que entonces lo asigna al médico elegido.
Teóricamente, el número máximo en cada lista no puede exceder de 4.000, pero el
promedio es de 2.300. Los honorarios per capita ascienden al
equivalente de cuatro dólares, que suponen un promedio de ingreso anual de
8.000 dólares por médico. Si un médico limita su clientela a un número que
fluctúa entre 500 y 1.500, recibe un honorario mayor por cada consulta.
Además, percibe honorarios adicionales por servicios obstétricos, así como por
la asistencia de pacientes ocasionales como los turistas extranjeros, por la
enseñanza a asistentes, tareas clínicas y concurrencia a escuelas y fábricas.
Se permiten deducciones a los impuestos por gastos particulares, y a los
médicos rurales se asignan sumas generosas para cubrir sus gastos de
transporte. A los médicos ancianos con pocos pacientes, o jóvenes que están
formando su clientela, se pagan honorarios especiales.
Una de las críticas que se han hecho a este sistema es que obliga al médico a
atender un número excesivo de pacientes, no permitiéndole tiempo suficiente
para ninguno. Un estudio realizado en la importante ciudad de Manchester
demostró que los médicos generales con numerosa clientela trabajan de treinta a
treinta y cinco horas semanales en sus consultorios, tienen menos llamadas
nocturnas y pueden disfrutar de tres de cada cuatro fines de semana, gracias a
un sistema de rotación establecido entre colegas.
La relación existente entre el médico británico y el Estado es sumamente
complicada, y obedece a la tradicional desconfianza británica hacia la
centralización. Cada médico se halla bajo contrato con el
Consejo Ejecutivo local, el que, pese a ser parte del mecanismo estatal, es
gobernado por miembros voluntarios; a su vez, el consultor es contratado por la
Junta Regional de Hospitales, que es también un organismo del Estado bajo el
control de voluntarios. Estas dos estructuras periféricas, cuyo personal está
compuesto por ciudadanos voluntarios, actúa corno amortiguador entre el médico
y el Estado, salvaguardando la autonomía local y permitiendo una flexibilidad
que no sería posible si todo el sistema administrativo fuera dirigido por la
maquinaria burocrática, como es el caso cuando existe una verdadera
socialización de la medicina.
Cuando surgen disputas o conflictos entre los médicos y el Estado, éstos son
resueltos por un Consejo Médico, que opera mediante un método de investigación
y arbitraje. Gracias a esta modalidad británica, el Servicio Nacional de la
Salud es una estructura bastante flexible que se modifica constantemente según
lo aconseja la experiencia.
Aproximadamente el 95 por ciento de la población de Gran Bretaña utiliza el
Servicio Nacional de la Salud, aunque en los últimos años de prosperidad se
advierte un creciente número de personas afiliadas a los planes privados de
seguros de enfermedad, similares a los que existen en otros países, como
Estados Unidos. Las principales razones de esta tendencia radican en que estos
pacientes "semiprivados" no están obligados a esperar un turno para
ser atendidos en consultorios a veces atestados, y que en los casos de
hospitalización pueden obtener habitaciones más cómodas.
La situación hospitalaria en Gran Bretaña constituye una de las principales
preocupaciones del Ministro de Sanidad. Cuando el Servicio fue iniciado en
1948, heredó, aproximadamente, 2.800 hospitales provistos de unas 500.000
camas; en la mitad de los casos se trataba de establecimientos anticuados
construidos en el siglo XIX y totalmente inapropiados para aplicar los modernos
procedimientos de diagnóstico y los tratamientos ambulatorios. Por otra parte,
los hospitales construidos durante la última guerra eran edificios temporarios,
inadecuados para satisfacer los requerimientos de los tiempos de paz.
El año 1962 el Ministerio elaboró un vasto proyecto de diez años de duración,
para reorganizar los servicios sobre la base de las posibles necesidades de la
nación en 1975. Este plan requiere la inversión de 560 millones de dólares en
el primer quinquenio y 840 en el segundo; prevé la construcción de 90 modernos
hospitales y la reconstrucción de otros 134, más numerosos proyectos de
modernización de los equipos existentes.
Andrew F. Huxley, izquierda, y Alan L. Hodgkin, derecha,
hombres de ciencia británicos que compartieron el Premio Nobel de
Fisiología y Medicina de 1963 con el australiano Sir John C.
Eccles por sus investigaciones sobre los mecanismos iónicos que intervienen en
la excitación e inhibición en las regiones periférica y central de la membrana
de la célula nerviosa.
Otro
enfoque de los problemas sanitarios nacionales contempla la creación de centros
de salud, correspondientes a los que existen en muchas comunidades
norteamericanas, que permitirán unir a diez o más médicos para compartir los
mismos equipos e instalaciones.
Educación.
El aspecto más desconcertante del sistema británico es la educación de los
futuros profesionales, típico ejemplo de la mentalidad del país que evidencia
el fuerte espíritu individualista que prevalece en la medicina nacional.
Durante la mayor parte del siglo pasado existía un sistema según el cual el
aprendizaje de la medicina se realizaba de manera práctica bajo la tutela de un
experimentado profesional; sólo quienes podían costearse los estudios se
matriculaban en las pocas universidades existentes, para graduarse. Las leyes
actuales requieren la obtención de una matrícula profesional, que puede ser
otorgada por 21 autoridades distintas, cuyas normas varían según los casos. Los
títulos requeridos para ejercer la medicina son: Bachelor of
Medicine, o M.B. y Bachelor
of Surgery, o B.Ch. (Licenciado en Medicina y
Licenciado en Cirugía, respectivamente); el siguiente en importancia es el
de Doctor of Medicine, o M.D. (Doctor en
Medicina), cuya obtención varía según la universidad: sea mediante una tesis o
un examen, o ambos.
El Real Colegio de Médicos y el Real Colegio de Cirujanos otorgan, luego de
exámenes extremadamente rigurosos, los codiciados diplomas de Miembro y Fellow,
(M.R.C.P. y F.R.C.P. respectivamente), indispensables para poder
desempeñarse como consultor o especialista.
Investigación médica.
En Inglaterra las investigaciones son principalmente dirigidas por el
Medical Research Council, establecido en 1920 y compuesto por
doce miembros de los cuales dos deben representar a la Cámara de los Comunes y
la Cámara de los Lores, siendo los restantes miembros médicos o científicos.
Además de una suma anual de la Tesorería, el Consejo recibe donaciones
privadas, algunas muy importantes de fundaciones británicas y norteamericanas.
Mantiene su propio Instituto de Investigaciones Médicas y numerosos centros de
estudios en todo el país. Tanto los científicos como las universidades reciben
fondos para la investigación y el Consejo también otorga becas a
estudiantes y graduados.
La
Asociación Médica Británica.
Fundada al cabo de muchas décadas de luchas partidistas, la Asociación Médica
Británica (British Medical Association, o BMA) reúne a más del
80 por ciento de los médicos británicos, a los que representa en los aspectos
éticos, económicos y políticos. Una vez al año, un Cuerpo Representativo
compuesto por 300 a 400 médicos elegidos por las ramas y grupos de la
Asociación en todo el país, determina las normas oficiales, que son
puestas en práctica por el Consejo, que se reúne cuatro veces
al año en Londres. Los numerosos comités llevan a cabo las tareas menos
importantes. La Asociación publica el mundialmente famoso British
Medical Journal y otras revistas de especialidades médicas.
Colofón.
Como fiel reflejo de las características nacionales del pueblo británico, su
medicina se destaca por la honestidad de sus principios científicos, su genio
para la conciliación y su humanitarismo basado en el sentido común.
La Historia Clínica
Marzo de 1968
"Anotad,
Anotad, Anotad y registrad siempre lo excepcional, conservad y comparad
vuestras observaciones. Comunicad o publicad breves informes sobre todo lo que
es extraordinario o nuevo...Registrad lo que viereis; anotad el día y la hora;
no esperéis."
SIR
WILLIAM OSLER
Médico del siglo XVII examinando la orina de un paciente. Susruta, médico
hindú que, además de realizar uroscopias, interrogaba a sus pacientes, les
palpaba y medía el cuerpo, olía el sudor y probaba la orina.
Desde
que el gran medico de Cos registrara en sus papiros los síntomas de los males
que aquejaban a sus pacientes, la historia clínica ha sido uno de los
instrumentos más importantes de la medicina. Hoy, la comunicación de un caso
clínico no es el mero relato de una enfermedad aislada, sino la biografía
biológica, completa aunque concisa, de un ser humano. Resume su herencia y
hábitos; su constitución, carrera, fisiología y psicología; su ambiente y,
siempre que fuera posible, la etiología y evolución de la enfermedad. Además de
su evidente importancia para el diagnóstico, pronóstico, tratamiento y
epidemiología, la historia clínica documenta la diligencia y sabiduría del
médico. MD registra aquí la historia de la anamnesis que, a lo largo de la
historia, ha reflejado el estilo y calidad de la atención médica.
Cánones.
Hace unos 4.500 años, el más antiguo canon médico chino, Nei Ching, consideraba
al interrogatorio, observación, auscultación y palpación, como los cuatro
pilares del examen clínico. El canon aconsejaba al médico interrogar al
paciente sobre sus gustos y aromas preferidos y sus sueños; que observase el
color de la piel y lengua, y el tono de la voz. También recomendaba
correlacionar las once variedades de pulso con la respiración, y sus diferentes
ritmos con las diversas enfermedades. El pulso vacilante que se siente
"como guijarros en una fuente", indicaría la existencia de
mucho yin, o mucus. Cuando el shamán o brujo primitivo interrogaba
a un paciente, solía preguntarle si había violado un tabú, ofendido a algún
dios o pasado por alto un fetiche; lo hacía para saber contra qué espíritu
demoníaco debía dirigir sus exorcismos, a fin de extirpar el mal. El baru de
los babilonios, comparable a un auxiliar de la clínica, interrogaba al paciente
e investigaba los signos indicadores del pronóstico, después de lo cual
transfería el caso al ashipu, especializado en terapia mágica.
Ciencia y superstición se mezclaban en las enseñanzas de Susruta, médico hindú
que comenzaba por estudiar el semblante, vestimenta y lenguaje del enviado del
paciente; una vez junto a éste, lo interrogaba cuidadosamente, palpaba su
cuerpo, comprobaba el olor de su transpiración y sabor de su orina, terminando
por realizar complicados cálculos de las medidas corporales, que relacionaba
con la longevidad, por lo que se le considera uno de los primeros
antropometristas. El anónimo cirujano que describió las 48 historias clínicas
que figuran en el Papiro Edwin Smith, agrupaba los traumatismos
según los órganos; a él se deben la vívida descripción de un cráneo fracturado
"como un pote de cerámica", y la de la fractura de una vértebra
cervical en un hombre que sufrió una caída. Estas historias indican que dicho
médico conocía la pérdida de la palabra y las parálisis resultantes de las
lesiones cerebrales, aunque, al igual que otros médicos del antiguo Egipto,
rehusaba tratar los casos de mal pronóstico. En cuanto al Papiro de Ebers,
recomendaba palpar los tumores y el pulso para "sentir el corazón que se
expresa mediante los vasos de las extremidades".
Catástasis.
Las historias clínicas hipocráticas, o catástasis, consideraban la totalidad
del hombre, su ambiente y época de la vida. El médico examinaba cuidadosamente
a los pacientes, determinando la fecha de comienzo de la enfermedad; y mediante
el "juicio y razonamiento", trataba de averiguar su causa. En una
ocasión Hipócrates descubrió que una epidemia de parálisis se debía a la
ingestión de una leguminosa, preguntando a los enfermos qué habían comido.
Reconociendo el valor de los fracasos, tanto como el de los éxitos, escribió:
"He descrito estas experiencias deliberadamente, pues creo en la
importancia de aprender a partir de los fracasos, y conocer las causas que los
originan". Durante 1.700 años sus 42 casos fueron las únicas historias
clínicas válidas, y todavía hoy no tienen rival sus descripciones de la
"nariz afilada, ojos hundidos, sienes deprimidas", orejas frías y
contraídas, y semblante oscuro o lívido de los enfermos agudos graves, que
presentan la facies hipocrática, familiar para todo estudiante de medicina.
Entre los precursores en el campo de la clínica figuran Rufo de Éfeso,
izquierda, que describió la peste bubónica, y Areteo de Capadocia, a quien se
debe una gráfica descripción de la pleuresía, la neumonía y la diabetes.
En
la primera obra exclusivamente dedicada al interrogatorio médico, Rufo de
Éfeso, un ecléctico del siglo I a quien se debe la descripción original de la
peste bubónica, critica a un colega por confiar sólo en los signos físicos,
pues "se debe interrogar al paciente; con la ayuda de estas preguntas
es posible reconocer más exactamente algunos de los fenómenos importantes de la
enfermedad y tratar mejor al paciente". Otro clínico famoso fue Areteo
de Capadocia, maestro del estilo, que escribió importantes obras sobre las
causas, signos y tratamiento de las enfermedades agudas y crónicas, legándonos
gráficas descripciones de la pleuresía, neumonía, diabetes y tétanos;
diferenció la parálisis cerebral de la espinal, y la psicosis maníaco-depresiva
de la melancolía involutiva. Jactándose de la agudeza de su razonamiento al
diagnosticar la enfermedad hepática de un colega, Galeno demostró la
importancia de observar no sólo al enfermo sino también el ambiente que lo
rodea. En los excrementos del paciente comprobó signos de retención biliar, y
al mirar disimuladamente una mesa advirtió un frasco con jarabe de hisopo, lo
que le permitió deducir, sin más, que el mal afectaba al hipocondrio derecho
del enfermo, con gran asombro de los circunstantes. Su rápida capacidad de
razonar y sus conocimientos anatómicos también se pusieron de manifiesto en
otra ocasión, en que el sofista Pausanias había tenido un accidente como
consecuencia del cual presentaba adormecimiento de las extremidades;
correctamente, Galeno diagnosticó que el filósofo sufría de una lesión
cervical. Basándose en una mezcla de galenismo y astrología caldea, la mayoría
de los médicos medievales observaban las estrellas y componían horóscopos para
formular el pronóstico, desdeñando los síntomas de sus pacientes. Excepción
notable fue Rhazés, quien practicaba la medicina al estilo hipocrático y dejó
más de 200 obras sobre medicina, matemáticas, filosofía y astronomía.
En la preparación de sus enciclopédicos tratados de medicina, se inspiró en
numerosas fuentes, aunque también incluyó historias clínicas originales,
basadas en cuidadosos exámenes de los casos. En su clásica descripción de la
viruela, establece que la erupción "es precedida de fiebre continua, dolor
de espalda, comezón nasal y terrores durante el sueño". El famoso Q'anun
o Canon, en cinco volúmenes, de Avicena, que revela la pasión musulmana por
las clasificaciones, incluía originalmente historias clínicas en un apéndice
que, por desgracia, se ha perdido.
Consilia.
En el transcurso del siglo XIII se originó en Bolonia una nueva forma de
literatura médica: los Concilia, o libros de historias clínicas del
maestro Taddeo Alderotti, el médico más famoso de la época. Fue médico del papa
Honorio IV, quien le recompensó espléndidamente [22], y Dante lo
inmortalizó en sus versos, llamándole "hijo de Hipócrates".
Los Consilia se diferenciaban de las rígidas obras
escolásticas, presentando relatos más íntimos de los pacientes, sus males y las
diarias visitas de los médicos. Se conocen unas 300 de estas obras, de
diferentes autores, que contienen reales historias clínicas, cartas a colegas y
consejos a pacientes imaginarios recomendando remedios y alimentos para
diversos males. Una de las primeras observaciones sobre cálculos biliares se
encuentra en el libro de historias clínicas de Gentile da Foligno, de Padua; un
caso de úlcera gástrica, en los escritos de Hugo Senensis; y otro de parálisis
con afasia, en los Gens-iba de Baverius de Baverii, del siglo XV. Arnaldo de
Vilanova, elegante y prolífico escritor de Montpellier, de quien se dice que
jamás modificó una línea una vez escrita, incluyó muchas de sus historias
clínicas en su Breviarium practicae.
Observaciones.
Los adelantos en las ciencias fundamentales y el renacimiento de la medicina
hipocrática se reflejaron en las observaciones de los médicos renacentistas. En
el año 1450, el cardenal Nicolás de Cusa (Nicholas Krebs) sugirió determinar la
frecuencia del pulso y la respiración. En el siglo siguiente, Sanctorius
inventó un pulsilogium y un termómetro, y se pesó en una
balanza; mas los datos correspondientes al peso, frecuencia cardiaca y
respiratoria, y temperatura, no comenzaron a incluirse en las historias
clínicas sino muchos años después.
Portada del Nei Ching, el más antiguo canon médico chino, que, entre los
métodos de examen, citaba el interrogatorio, el reconocimiento, la
auscultación y la palpación
En su erudito tratado La historia clínica, el historiador de la
medicina Pedro Laín Entralgo, de Madrid, opina que las observaciones eran más
científicas, objetivas, intelectuales, humanísticas y estéticas que los Consilia.
Fueron escritas en forma de coherentes narraciones sobre seres humanos, a
diferencia de los relatos medievales sobre pacientes cuya importancia quedaba
relegada a la vida futura.
Página iluminada de una traducción al latín (siglo XV) de las obras de
Rhazés
A
Paracelso le fascinaba lo oculto, la astrología y la alquimia; mas, en lo que
respecta al médico, comprendió la importancia de que "lo que sus ojos
ven y sus manos tocan es su maestro". Paracelso, peripatético que
alternaba con gitanas, comadronas y adivinos, y atendía a los pobres, no
desdeñaba los remedios populares y fue uno de los primeros en apreciar la
ecología de la enfermedad. Escribió sobre las afecciones profesionales de los
mineros tiroleses y la relación entre el cretinismo y el bocio endémico.
La práctica común de diagnosticar las enfermedades por el examen de la orina
fue condenada por el médico isabelino Robert Recorde, para quien no es digno de
llamarse médico aquel "tan arrogante que cree saberlo todo, y desdeña
escuchar al paciente, sobre todo si no lo conocía antes". El médico
español Dr. Francisco Bravo, que ejerció en México y escribió una de las
primeras obras de medicina publicadas en el Nuevo Mundo (Opera medicinalia),
aconsejaba investigar con los sentidos antes de decidir sobre el aspecto
interno de una enfermedad. William Harvey, entre cuyos pacientes se contaba
Francis Bacon, sostenía que el primer deber del médico es "investigar
de qué se trata, antes de averiguar dónde se encuentra". La mayor
parte de sus Medical Observations se han perdido, mas entre
los casos que perduran figura un relato preciso de la insuficiencia ventricular
que sufría su amigo, Sir Robert Darcy.
Libros
de historias clínicas.
Breves historias de los males de sus pacientes, los remedios prescritos y un
elevado porcentaje de "curas" figuran en el registro diario
del Dr. John Hall, yerno de Shakespeare. Dicho libro, titulado Select
Observations on English Bodies [23],
contiene dispersas descripciones de los cólicos de su mujer, convulsiones de su
hija, o una puérpera que "cayó en una fiebre errática con horror, calor
y sacudidas", así como también una receta del autor, preparada con
polvo de tráquea de gallo y cuervo para curar a un muchacho "que se
orinaba en la cama".
Gentile da Foligno, de Padua, autor de una de las primeras observaciones
sobre los cálculos biliares.
Thomas
Sydenham, quien revivió los conceptos hipocráticos sobre la historia clínica,
fue "muy cuidadoso de no escribir sino sobre lo que es producto de la
atenta observación". Clasificaba las enfermedades agudas en biológicas
y animales, y las crónicas en biográficas y humanas; describió el sarampión,
influenza y escarlatina, la corea que lleva su nombre y la gota de que padecía.
En una de sus historias, refiere el caso de un enfermo llorón, que había sido
sangrado, purgado y sometido a ayuno por otro médico, al que devolvió la salud
y la alegría prescribiéndole pollo asado y un litro de vino. Antes de haberse
fracturado una pierna durante una helada mañana, el distinguido médico Sir
Percival Pott había empleado poco tiempo en historias clínicas; mas durante su
forzado reposo se dedicó a escribir sobre fracturas y en particular sobre la
suya. Posteriormente describió casos de tuberculosis vertebral, mal de Potty,
cáncer del escroto en deshollinadores. En su dolorida descripción del mal de
los deshollinadores, que habría de ser la primera asociación conocida entre una
neoplasia y un carcinógeno, expresaba: "En su infancia suelen ser
tratados con gran brutalidad y sometidos al hambre y al frío; se los empuja
dentro de estrechas chimeneas, a veces calientes, donde son lastimados y casi
sofocados, y sufren quemaduras; y hacia la época de la pubertad suelen ser
víctimas de una muy molesta, dolorosa y fatal enfermedad ... que parece derivar
del hollín acumulado en los pliegues del escroto". Otro médico cuyas
historias clínicas reflejan su conocimiento de la importancia de los hábitos y
antecedentes sociales del enfermo, es Johann Jacob Wepfer, conocido como el
Hipócrates de Suiza del siglo XVII. Atribuye la glotonería de un paciente
apoplético al hambre que había sufrido cuando niño, y expresa que si bien le
agradan las copas "de manera alguna rinde culto a Baco".
Casos
clásicos.
Las descripciones originales de muchas enfermedades suelen hallarse en antiguas
historias clínicas. El trabajo sobre difteria, escrito por Guillaume de Baillou
en 1576, se basa en tres pacientes que "parecían respirar como si
se estuvieran secando". Nicolás Tulp describió la enfermedad en "un
corpulento marinero... atacado en medio de la noche por una grave constricción
de la faringe". Entre los casos famosos del siglo XVIII, descritos en
historias clínicas que han perdurado, figuran: el registrado por Thomas
Cadwalader, de una mujer sana y fuerte, que enfermó de osteomalacia; el de
Giovanni Morgagni, que se refiere a un piadoso sacerdote cuyo bloqueo cardíaco
describió magistralmente; o el de Mattliew Dobson, quien observó la presencia
de glucosa en una paciente internada en el Hospital de Liverpool. John
Fothergill escribió la historia clínica de "un caballero con tendencias
a la gordura, aunque activo y de hábito muy nervioso, mediana estatura y cutis
fresco". Acerca de la administración de digital a una paciente de
hidropesía, William Withering manifiesta que al principio vaciló, pues "una
desfavorable terminación habría tendido a desacreditar una medicina que
prometía ser de gran beneficio para la humanidad... Mas estas consideraciones
pronto cedieron paso al deseo de salvar la vida valiosa de esa persona".
Arnaldo de Vianova, cuyo Breviarium practicae contiene muchas historias
clínicas; izquierda: Corte longitudinal del riñón en una hidropesía, según un
dibujo por Richard Bright.
El
hipertiroidismo, conocido también como enfermedad de Parry, de Graves o de
Basedow, fue descrito en seis casos de la ciudad de Bath, por Caleb Parry en
1825, en tres por Robert Graves diez años después, y en otros tres por Karl von
Basedow un lustro más tarde. Todos eran del sexo femenino, y uno de los de
Graves había sido diagnosticado de histeria. El cretinismo fue descrito por el
Dr. Thomas Curling en una niña de diez años y otra de seis meses de edad, 23
años antes de que Sir William Culi diagnosticara la enfermedad en dos mujeres
adultas. Además de la languidez y gruesa lengua de las pacientes, Sir William
notó que el delicado óvalo del rostro de una de las enfermas había ido
cambiando progresivamente hasta volverse redondo "como la luna llena al
salir".
Clínicos.
En tanto que la medicina del siglo XVIII se enseñaba principalmente por medio
de libros y conferencias, se establecieron cátedras de medicina clínica en
Edimburgo en 1741, y en Oxford en 1780; en 1745 Gerhard van Swieten organizó en
el Burgerspital de Praga una clínica que publicaba boletines sobre los trabajos
realizados. A comienzos del siglo XIX el médico francés Louis Martinet
recomendaba a sus estudiantes determinar la historia familiar, constitución,
idiosincrasias y "simpatías" de cada caso, tanto en estado de salud
como de enfermedad. En marcada oposición con este método inquisitivo, el médico
británico Dr. Peter Latham, que se hallaba empeñado en descifrar la Piedra de
Rosetta, trataba de diagnosticar sólo mediante su vista, antes de interrogar al
paciente.
Johann Jacob Wepfer, quien tomaba en consideración los antecedentes sociales
del paciente.
René
Laënnec, uno de los primeros grandes clínicos del siglo XIX, amplió mediante su
estetoscopio el alcance auditivo del médico y sin más que sus cinco sentidos
estableció el diagnóstico físico de las enfermedades cardíacas y pulmonares. Su
lúcida descripción de la neumonía sirvió de modelo durante muchos años a los
estudiantes de medicina; sus notables descripciones de los estertores se
basaban en ejemplos tales como "fuelles cuyas válvulas no hacen ruido...
sales en un vaso expuesto a suave calor, o el sonido que se produce al soplar
en una vejiga seca". Richard Bright, uno de los tres famosos médicos del
Guy's Hospital, era muy hábil para el dibujo e ilustraba hermosamente sus
historias clínicas. Su descripción de la enfermedad renal, que hoy lleva su
nombre, se encuentra en su Report on Medical Cases, aparecido en
1827. Para su colega Thomas Addison las historias clínicas eran una obsesión:
se afirma que era capaz de volverse atrás cabalgando 15 Km., si juzgaba que
había omitido alguna pregunta importante al visitar a un enfermo. En su
obra Efectos constitucionales y locales de la enfermedad de las
cápsulas suprarrenales, describió la debilidad y extraño color ahumado de
la piel de los pacientes hoy llamados addisonianos. Thomas Hodgkin, quien era
primariamente patólogo, también incluyó breves historias clínicas y resultados
de la autopsia en sus publicaciones sobre la enfermedad del tejido linfoide,
hoy conocida como Mal de Hodgkin. Pierre Bretonneau parece haber sido un
excéntrico de las historias clínicas, que llevaban muchas horas; es posible que
haya padecido de narcolepsia, pues le ocurría adormecerse mientras interrogaba
a un paciente, aunque podía reasumir el asunto al segundo de despertarse.
Bretonneau, conocido por sus trabajos sobre la tifoidea, recomendaba a su
sirviente que preguntara a los pacientes si tenían dolor de garganta o fiebre.
Durante su juventud, el médico de Dublín Robert Graves había viajado
extensamente por Europa, observando los métodos de estudio, y al regresar a su
país contribuyó a implantar la enseñanza al lado de la cama del enfermo.
Recomendaba a sus estudiantes escribir historias clínicas, examinar a los
pacientes y llevar registros, idea que habiendo sido ridiculizada primero, fue
ampliamente adoptada después. Fueron varios los médicos que consideraron la
idea de tomar la temperatura de los enfermos después de que Fahrenheit
inventara su termómetro, pero este importante procedimiento no entró en la
práctica general hasta después de los estudios de los cambios térmicos corporales
realizados en el siglo XIX. Se ha dicho que el médico alemán Karl Wunderlich,
quien realizara muchas detalladas observaciones sobre la temperatura orgánica
en diferentes enfermedades, "convirtió la fiebre, de una enfermedad, en
un síntoma". Los adelantos en microscopia, bacteriología y fisiología,
y el desarrollo de nuevos instrumentos y técnicas durante el siglo XIX,
contribuyeron a ampliar el radio del diagnóstico médico. En las historias
clínicas comenzaron a incluirse los resultados de los exámenes hematológicos
después de que Etienne Jules Marey realizara, por primera vez, el procedimiento
en 1853; y de los reflejos, cuando Adolph Stick sugirió su importancia varios
años más tarde. También se registraron en las historias clínicas los resultados
del examen de órganos internos, como consecuencia de la introducción del
oftalmoscopio por Helmholtz; del esofagoscopio por Adolph Kussmaul; del cisto,
uretro y rectoscopio por Max Nitze; del gastroscopio por Johann von
Mikulicz-Radecki; del broncoscopio directo por Gustav Killian, y del
descubrimiento de los rayos X por Roentgen. El cardiólogo británico James
Mackenzie, quien perfeccionó un polígrafo para el registro de los movimientos
cardíacos, jamás se basaba sólo en los instrumentos o signos físicos para
obtener un diagnóstico exacto, sino que reconocía la extraordinaria importancia
de interrogar hábilmente al enfermo. Sostenía que las historias clínicas de los
médicos privados son ricas fuentes, no explotadas, de investigaciones, las
cuales pueden revelar la incidencia de las enfermedades en una comunidad mucho
mejor que otros estudios. Sir William Osler, uno de los más grandes clínicos de
todos los tiempos, poseía todas las cualidades requeridas para efectuar la
historia clínica ideal: juicio clínico, curiosidad, cuidadosa observación, don
de escuchar con simpatía, maneras agradables y gracia literaria. Aconsejaba a
los estudiantes vivir en el hospital y prestar siempre atención a los hechos
poco comunes y tomar notas exactas e inmediatas de sus observaciones. Les
recordaba que no existen dos casos iguales, que "un dedo en la garganta y
otro en el recto hacen buenos diagnósticos", y advertía a los médicos
jóvenes: "Que la palabra sea tu esclavo y no tu amo". Osler
llegó a anotar sus propias enfermedades en su libro de historias clínicas,
aunque ponía en ellas menos cuidado que en las de sus pacientes. A pesar de
haberse vacunado varias veces, contrajo viruela en las salas del Hospital
General de Montreal, y más adelante utilizaba su caso para demostrar que la
vacuna que no prende, no asegura inmunidad. Estudiando las historias clínicas
de 36.000 pacientes atendidos en la última década del siglo XIX, el
neurocirujano Harvey Cushing observó que sólo 32 casos de tumor cerebral habían
sido diagnosticados correctamente en vida, y que los dos operados fallecieron.
Fue él quien introdujo la práctica de registrar continuamente la tensión
sanguínea durante las intervenciones y perfeccionó las técnicas
neuroquirúrgicas a punto tal que sólo menos de nueve por ciento de sus últimos
635 casos fallecieron. Dedicaba tanto cuidado al registro de sus fracasos como
al de sus éxitos, y solía seguir sus casos muchos años después de haber sido
operados. Sostenía que los estudiantes deben aprender a pensar como clínicos ya
desde los comienzos de su carrera e "interpretar y registrar cuanto
pueden ver, oír y tocar, y quizá también oler o gustar, al lado de la cama del
enfermo". Entre las más preciadas posesiones de Gregorio Marañón se
contaban las 85.000 historias clínicas de los casos que había atendido. Se
levantaba casi de madrugada y durante las primeras horas del día revisaba en su
escritorio las historias del día anterior, antes de la visita a los enfermos
del hospital General de Madrid, y trataba con sus colegas acerca de los casos
más interesantes. De los más de 700 trabajos y 63 libros publicados, el que más
apreciaba era Diagnóstico etiológico. A partir de sus detalladas historias,
describió muchas manifestaciones de trastornos hormonales, una nueva forma de
bocio exoftálmico y el interesante fenómeno de que la menopausia ocurre a una
edad anterior en las mujeres obesas, rubias y flemáticas, que en las delgadas,
morenas y sanguíneas. En sus obras se trasunta el pensamiento de que nada
humano debe ser ajeno al médico y que para ser un gran clínico se requiere
"infinita compasión". El psicoanálisis agregó una nueva
dimensión a la historia clínica, al registrarse también los fenómenos del
subconsciente. Aunque según el Dr. Ernest Jones, las historias psicoanalíticas
son demasiado voluminosas e imposibles de leer, algunos de los resúmenes de
Freud son más fascinantes que novelas, como lo demuestran los casos de
Dora,"El hombre lobo", "El hombre con las ratas"
y el Pequeño Hans, quien, cuando aún no había cumplido los cinco años de edad,
fue atacado de la fobia de que un caballo le mordería.
Celebridades.
A partir de las biografías de los hombres célebres pueden reconstruirse
historias clínicas bastante completas. La súbita enfermedad de Buda después de
una comida copiosa, sus dolores lancinantes, sed y hemorragia fatal han sido
diagnosticados como el producto de una úlcera duodenal; la fiebre elevada,
pleuresía y muerte de Carlomagno al cabo de una semana de enfermedad, se
atribuyen a neumonía lobar. El mes de agonía sufrido por Guillermo el
Conquistador, después de ser lesionado por el pomo de su arzón, sugiere la
posibilidad de un absceso abdominal, con peritonitis. Sobre la base de los
informes relativos a la enfermedad que puso fin a la vida de George Washington,
algunos piensan que pudo haber sido difteria; mas teniendo en cuenta la ausencia
de la infección en otras personas de la casa, la mayoría cree que se trató de
angina estreptocócica. El diagnóstico retrospectivo de la enfermedad de
Jonathan Swift, quien padecía de crisis de vértigo, sordera y zumbidos de
oídos, ha sido sensibilización histamínica, del tipo descrito por médicos de la
Clínica Mayo. Las notas dejadas por los médicos de Napoleón, y ciertas
deducciones, parecen indicar que el gran Corso sufrió en distintas épocas de su
vida de: inanición, déficit vitamínico, paludismo, tuberculosis pulmonar,
cistitis, epilepsia menor, sarna, isquemia cerebral y hepatitis amibiásica.
También se ha dicho que padeció del síndrome de Frohlich, y, según el informe
de la autopsia, el general habría fallecido de úlcera péptica perforada, con hemorragia
y peritonitis. La historia clínica del caso del presidente norteamericano James
A. Garfield, quien falleció 11 semanas después de haber sido atacado a balazos
en 1881, revela las consecuencias infortunadas de un mal diagnóstico complicado
con un mal tratamiento. Los médicos que lo asistían pasaron por alto signos tan
evidentes de lesión espinal como dolores en las piernas y pérdida del control
vesical e intestinal. No extrajeron el proyectil creyendo que se hallaba
alojado en la parte inferior derecha del abdomen, cuando en realidad estaba
detrás del peritoneo, a la izquierda del páncreas. Una de las razones del error
fue el empleo de un instrumento inventado por Alexander Graham Bell, que
localizó el proyectil a 25 cm. del lugar donde estaba realmente alojado.
Autohistorias.
Según el aforismo de Stephen Paget, "para ser un médico perfecto hay
que haber sido un paciente"; incontables médicos han demostrado su
conocimiento de ciertas lesiones o enfermedades, escribiendo sus propias
historias clínicas. Tal es el caso de Ambroise Paré cuando refiere cómo se
fracturó la tibia y el peroné izquierdos, al recibir una coz de su caballo. El
célebre cirujano dirigió con precisión al colega que lo trataba detallándole
todas las maniobras del procedimiento y sugiriéndole que olvidara la amistad
que los unía, durante la dolorosa reducción de la fractura compuesta. Entre los
muchos médicos que registraron sus crisis de jaqueca, figuran el Dr. Hubert
Airy, quien veía imágenes de vívidos colores, y Sir James Mackenzie, quien padecía
de la forma centelleante [24]. Este último
refiere que en una ocasión los fenómenos visuales comenzaron al iniciar una
apendicetomía, desaparecieron durante la intervención y reaparecieron 15
minutos después de finalizarla.
Consultorio del Dr. John Hall en Stratford-on-Avon y portada de su
obra Select Observations on English Bodies, arriba, recopilación de
historias clínicas en las que anotaba tanto los síntomas como el tratamiento
prescrito.
El
Dr. John Floyer, quien sufría de asma, escribió la historia de su propio caso y
John Arbuthoot, autor del Ensayo sobre los efectos del asma en los
cuerpos humanos, parece referirse a sí mismo al describir "un
enfermo de asma cuya gravedad fue aumentando con los años, hasta volverse
intratable e incurable". Se han registrado casos semejantes de
acromegalia (Dr. Leonard Mark), enfermedad de Meniére (Sir Robert Simon) y
litiasis renal (Dr. James Jurin); este último fue el primer médico del Guy's
Hospital de Londres. El Dr. George Cheyne, uno de los numerosos médicos que
sufrieron de gota, describió esa enfermedad en dos publicaciones, así como
también su obesidad, neurastenia e hiperclorhidria. Cuando tenía 57 años de
edad, Sir Alfred B. Garrod escribió que, a diferencia de Sydenham, no podía
realizar una descripción personal de la gota, mas 13 años después pasó a
engrosar la legión de las víctimas de este mal e ideó la prueba que lleva su
nombre para la demostración de la uremia de los gotosos.
El Dr. Gregorio Marañón, rodeado por sus alumnos, examinando a
un paciente, según un dibujo por Elías Salaverría. Entre los más
valiosos tesoros del ilustre endocrinólogo español figuraban sus 85.000
historias clínicas
Una
notable historia clínica, publicada en 1955, cubre los últimos 14 años de la
vida del fisiólogo Dr. Walter B. Cannon. Cuando el gran fisiólogo descubrió que
padecía de micosis fungoides, sugirió que la práctica de biopsias repetidas
podría contribuir a arrojar alguna luz sobre el cuadro de esta confusa
enfermedad cutánea. Como buen experimentador que era, ensayó diversas dietas,
una vacuna de escherichia, vitaminas A y D y rayos X, que le
produjeron algún alivio. A medida que el mal progresaba, aparecieron una
infección piógena, leucemia linfática, carcinomas bazocelular y epidermoide y
parálisis facial bilateral. Continuó trabajando en su laboratorio y viajando
extensamente; en 1945 fue atacado por una infección pulmonar que lo llevó a la
tumba a los 74 años de edad. Los médicos que estudiaron el caso piensan que la
intensa exposición del sabio a los rayos X, durante sus experimentos, fue un
factor predisponente y que la micosis condujo a la degeneración maligna de las
células afectadas. Muchos médicos fallecieron como consecuencia de enfermedades
sobre las que habían publicado importantes trabajos basados en el estudio de
otros casos. El cirujano George Fowler, quien escribió un Tratado sobre
el apéndice, murió de apendicitis; Samuel Osborne Habershon, conocido por
su obra Enfermedades del estómago, fue víctima de una úlcera
gástrica fatal; Sir William Gull, autor de un tratado sobre la fibrosis
arteriocapilar, murió de hemorragia cerebral. Después de la muerte del Dr.
Hermann Nothnagle, experto en angina se hallaron en su mesa de noche unas notas
en las que se leía: "Ataques de estenocardia con crisis dolorosas
extremadamente intensas, pulso muy variable durante el ataque, primero lento,
alrededor de 50-60, muy regular, muy tenso; luego otra vez rápido,
80-90..." Además de legar valiosas informaciones a la posteridad, los
médicos-pacientes pueden haber obtenido cierto alivio al escribir sus propios
síntomas. En la novela Les Thibaults del escritor francés
Roger Martin du Gard, un médico que anota diariamente el progreso de su lenta y
dolorosa agonía por los efectos de los gases de guerra, escribe: "He
tratado de ahuyentar a los fantasmas que me atormentan, relegándolos al
papel". El diario de ese médico, escrito en forma de una historia clínica continua,
combina hábilmente el registro de la temperatura, informes de laboratorio y
complicaciones progresivas, con reflexiones sobre la vida y la muerte. Otra
obra de Martin du Gard describe la historia clínica de Père Thibault y su
muerte por uremia. Estos libros son tan populares entre los estudiantes de
medicina de París, que tan pronto como son puestos a la venta, desaparecen de
los puestos instalados en los quais del Sena.
Casos
de la literatura.
Muchos autores han introducido artísticamente historias clínicas y referencias
médicas en la urdimbre de sus relatos. La esclava de Las mil y una noches
demuestra su sabiduría al califa diciéndole que el diagnóstico de la enfermedad
se basa en las acciones del paciente, su excreta, dolores, efluvios,
características de las manos, color de los ojos y "espalda
encorvada". Entre las 440 referencias médicas que se encuentran en las
obras de Shakespeare figuran: los síntomas de sífilis en Timón de
Atenas; la angina en Enrique VI; los montañeses bociosos,
de La tempestad. Cervantes, en el Prólogo de Los trabajos
de Perniles y Segismunda, relata sus males y su sed inextinguible al
estudiante de medicina, quien le responde: "Esta enfermedad es de
hidropesía, que no la sanará toda el agua del Mar Océano, que dulcemente se
bebiese. Vuesa merced, señor Cervantes, ponga tasa al beber, no olvidándose de
comer, que con esto sanará, sin otra medicina alguna". En la
descripción de la hemorragia cerebral sufrida por el Père Goriot, Balzac hace
decir al estudiante de medicina que se debe escuchar la palabra del viejo para
determinar si la memoria, el juicio o la percepción están afectados, si habla
de cosas o emociones, y así deducir la extensión del daño. Según Sir Russell
Brian, "Dickens observaba las enfermedades con la aguda visión del más
experto clínico, registrando lo que veía y lo que le decía el enfermo... en
relatos de que podría enorgullecerse un médico experimentado". A
Dickens pertenecen descripciones notablemente exactas de traumatismo craneales,
tales como las que se encuentran en El amigo común y Grandes
esperanzas, y de los ataques epilépticos de Anthony Chuzzlewit. Otros
ejemplos son el parapléjico abuelo Smallweed, de Bleak Mouse y
el obeso niño narcoléptico que continuamente se queda dormido en Aventuras
de Pickwick. Muchas heroínas de novelas de la época victoriana padecían de
tuberculosis pulmonar, lo que se explica por la frecuencia de la tisis en
aquellos tiempos. Como un ejemplo de los numerosos casos de este carácter que
figuran en las obras de Emily Brontë, puede citarse a la joven y grácil Frances
Earnshaw, de cutis fresco y ojos brillantes, mencionada en Cumbres
borrascosas, quien perdía el aliento al subir las escaleras. Alejandro
Dumas, hijo, tomó como ejemplo para la heroína de su novela La dama de
las camelias, a su amante consumida por la tisis. En La montaña
mágica, Thomas Mann escribe vida de los enfermos tuberculosos de Davos.
Gustave Flaubert, hijo y hermano de médicos, refleja en sus obras sus
conocimientos médicos, aunque algunas veces tardó semanas enteras para escribir
una sola página de sus historias clínicas. En Madame Bovary describe la
desdichada operación hecha a Hipólito, cuyo pie equino semejaba "la
pata de un caballo de epidermis rugosa, tendones salientes y largos dedos cuyas
uñas negras parecían de hierro". Al relatar vívidamente la muerte de
Emma por intoxicación arsenical, se refiere al gusto amargo, sed constante,
ojos dilatados, facies cianótica y débil pulso "que se
escapaba de entre los dedos... como una cuerda de arpa a punto de romperse".
Antes de que el Dr. Silas Weir Mitchell publicara sus estudios sobre miembros
fantasmas en Injuries of Nerves, se refirió al mismo caso en una
breve novela titulada The Case of George Dedlow, cuyo protagonista,
un médico, experimenta extrañas sensaciones después de perder sus brazos y
piernas. El famoso neuropsiquiatra y autor escribió también una popular obra
titulada Hugh Wynne, e incluyó originales observaciones científicas
en sus numerosas novelas y cuentos. Muchos de sus personajes son dipsomaníacos
o sicóticos.
El Dr. Stephen Paget, quien aconsejaba a los médicos llevar historias
clínicas de sus propias dolencias.
En Characteristics describió
un caso de doble personalidad. Somerset Maugham, quien dijo alguna vez que su
experiencia en el consultorio externo del St. Thomas Hospital había contribuido
a desarrollar su talento literario, utilizó muchas de sus observaciones
clínicas para escribir sus obras. Su primera novela, Liza de Lambeth,
conmovió al Londres victoriano con la descripción de las enfermedades
prevalecientes en los barrios pobres. La manera como el joven Philip Carey
registra una historia clínica en Ataduras humanas, revela que
conocía bien los procedimientos para obtener de los pacientes la información
requerida, pues "Philip prosiguió con sus preguntas, algunas sin
importancia, y otras hábilmente destinadas a lograr que la paciente descubriera
cosas que presumiblemente desearía ocultar".
El Dr. Harvey Cushing durante una intervención quirúrgica. El gran
neurocirujano, que introdujo la práctica de registrar la presión sanguínea en
cirugía, seguía por años el progreso de sus pacientes.
Un
ejemplo más reciente de historia clínica en la novela, es la del parapléjico
protagonista de la obra de Georges Simenon Les Anneaux de Bicétre.
Valor
histórico.
Las historias clínicas, esenciales para el diagnóstico, tratamiento y
pronóstico de los casos individuales, también han contribuido a clarificar la
historia general de los períodos en que vivieron los pacientes, desempeñando
así un papel de gran importancia epidemiológica. Según diversos pasajes de la
Biblia, se deduce que la lepra, escrófula, hidropesía, disentería y apoplejía
eran conocidas en aquellos tiempos y que probablemente Job sufría de eczema y
Nabucodonosor de psicosis. Antiguas descripciones revelan que las epidemias
seguían las rutas de las caravanas, que el paludismo pudo haber contribuido a
la caída de Roma y que epidemias de peste coincidieron con el comienzo y fin de
la Edad Media. A partir de relatos sobre la fiebre amarilla sufrida por los
soldados de Napoleón en Haití, se deduce que después de la epidemia, Francia
consideró la conquista del Nuevo Mundo con más cautela. Los primeros indicios
sobre la existencia de los microorganismos y vectores de las enfermedades contagiosas,
hoy establecida sobre bases experimentales, surgieron de historias clínicas.
La Dra. Alice Hamilton, una de las precursoras en el campo de la medicina
industrial
Desde
la época en que John Otto descubriera, en 1803, la herencia cruzada de la
hemofilia, estudiando las historias clínicas de los descendientes de una cierta
señora Smith, de Nueva Inglaterra, dichas historias han servido para probar la
existencia de muchas enfermedades hereditarias.
La importancia de las ocupaciones, pasadas y presentes, de los enfermos, surgió
ya en el siglo XVII a partir de las observaciones de Bernardino Ramazzini,
quien describió la intoxicación mercurial de los doradores, vértigo y ciática
de los alfareros y tuberculosis de los mineros y albañiles. Durante la epidemia
de intoxicación saturnina ocurrida en Devon en 1767, Sir George Baker se
lamentaba de que los médicos dejaran de considerar lo evidente, y basándose en
historias clínicas y experimentos, probó que la causa estaba en las prensas de
sidra. Las historias de mujeres y niños ocupados en la fabricación de luces de
bengala permitieron comprobar el papel del fósforo blanco en la etiología de la
necrosis del maxilar inferior, dolorosa enfermedad descrita por Lorinser en
Viena en 1833.
El Dr. Walter B Cannon, quien dejó constancia de la evolución, de la micosis
fungoides que le aquejó durante sus últimos 14 años de vida.
Con
frecuencia se requieren muchos informes para descubrir los peligros de algunos
tóxicos industriales, pues éstos pueden afectar a sólo una pequeña proporción
de las personas expuestas, requerir contacto continuo, o producir síntomas
muchos años después.
Sir James Mackenzie, quien estudió su propia migraña
La
Dra. Alice Hamilton, precursora en este campo de la higiene, descubrió en
diversas fábricas los orígenes de epidemias de intoxicación saturnina, destacó
los peligros de la exposición a los hidrocarburos clorinados y óxido nitroso, y
demostró que la anemia espástica o "dedo muerto" de los mineros se
debía a las constantes vibraciones de los martinetes. Al estudiar un brote
epidémico de psicosis maníaco-depresiva y parálisis, ocurrido en la década de
1930, descubrió que se trataba de intoxicación por disulfuro de carbono
utilizado en una fábrica de rayón.
La prevención y el tratamiento fueron dificultados tanto por los secretos de
fabricación de la compañía y su escaso espíritu de colaboración, como por el
desconocimiento del síndrome entre los psiquíatras llamados a atender los
casos.
Recientemente los expertos atribuyeron 37 casos fatales y 54 no fatales de
cardiopatía ocurridos en ciertas secciones de Québec, Canadá, y Omaha y
Minneapolis, EE.UU., a la ingestión de cerveza. Todos habían bebido entre tres y
siete litros diarios, mas sus síntomas no eran típicos de cardiopatía
alcohólica, y además residían en zonas diferentes. Se investigaron ciertos
aditivos, como el cobalto que se emplea para mejorar la espuma, y la papaína
que disminuye la viscosidad, resultando ambos tóxicos para el miocardio.
Métodos
modernos.
Todo estudiante de medicina debe saber que una buena historia clínica responde
a los seis interrogantes que guían al buen cronista: quién, qué, cuándo, dónde,
cómo y por qué. El arte de obtener la información necesaria requiere
curiosidad, persistencia, tacto y simpatía. Si bien cada caso es único y debe
ser considerado como tal, en general se acepta que cada paciente debe ser
primero interrogado sobre sus principales molestias, permitiéndosele que las
describa en sus propios términos. Así como Friedrich von Müller recomendaba no
percutir ideas dentro del tórax, los médicos impacientes no deben introducir
ideas en la boca de sus enfermos. El segundo paso debería ser la historia
familiar, según algunos, en tanto que otros creen preferible discutir primero
la enfermedad actual, que ocupa el primer lugar en el pensamiento del paciente.
Esto incluye la recomendación de considerar determinados detalles durante el
interrogatorio de los antecedentes personales y familiares, y el estado actual.
En relación con la gran importancia que se concede a los factores
psicosomáticos, hoy la historia clínica incluye mayores detalles relativos al
estado mental y emocional, cultura, trabajo y antecedentes sociales y
económicos del paciente. Se debe precisar la cantidad exacta de tabaco y
alcohol consumidos; algunos que se llaman "moderados" fuman dos o más
paquetes de cigarrillos y beben cuatro cócteles, dos whiskies y un litro de
vino o más diariamente. Ciertas preguntas claves actúan como el gatillo que
desencadena una andanada de detalles de gran valor. Se aconseja a los
estudiantes revisar los sistemas en lógica sucesión, realizar exámenes
minuciosos y requerir los análisis comunes o específicos más indicados. Aun en
los exámenes de medicina preventiva practicados a personas "sanas"
por médicos en sus consultorios privados, deben anotarse los resultados de
pruebas tales como recuento globular, eritrosedimentación, análisis de orina y,
en las de mayor edad, colesterolemia, electrocardiograma y radiografía del tórax.
Esencial para la historia de los pacientes alérgicos es la consideración de sus
animales caseros. El estudio de los casos neurológicos suele incluir: 22
reflejos distintos; estado de los nervios craneales; sensibilidad al dolor,
tacto, temperatura, vibración y posición; estado mental y motor, palabra,
escritura y capacidad de lectura. Antes, la mayoría de los hospitales sólo
registraban el ingreso de los pacientes hasta que a partir del siglo XIX
comenzaron también a mantener archivos de historias clínicas. La lista de los
puntos dignos de mención, registrados en las historias clínicas del Hospital
Middlesex, de Inglaterra, en 1867, difícilmente podría ser mejorada hoy. El
archivo de las historias clínicas presenta, por el espacio requerido, problemas
difíciles de resolver. En el Hospital Nacional de Paralíticos y Epilépticos de
Londres, por ejemplo, las historias encuadernadas de los casos atendidos desde
1863 [25] hasta
1946, cuando se inauguró un moderno archivo, ocupan centenares de metros de
anaqueles. Las modernas historias de los hospitales pueden contener hasta 100
páginas repletas de notas de médicos, practicantes y enfermeras, gráficas,
informes y resultados de análisis. Una buena historia debe ser tan precisa y
cuantitativa que pueda ser registrada en papel milimetrado, y tan completa que
responda a cuestiones que se planteen en el futuro. Para el Dr. Laín Entralgo,
la historia clínica "es el arte de ver, oír, entender y describir la
enfermedad humana" y requiere "idoneidad, integridad, claridad,
precisión y elegancia". Se ha expresado que sería muy bueno que los
pacientes escribieran sus propias historias clínicas, en casos especiales como
los de urgencia o viajes. El Dr. David Rutstein, profesor de medicina
preventiva de Harvard, ha preparado un simple y conciso Registro del estado de
salud, bajo la forma de una guía con espacios apropiados para que cada persona
anote su grupo sanguíneo, hipersensibilidad a ciertos antibióticos, accidentes,
operaciones, vacunas y sueros, enfermedades infecciosas, resultados de análisis
y radiografías, y otros datos semejantes. El Dr. Rutstein espera no producir
neuróticos con este procedimiento, sino proporcionar a médicos y pacientes un
medio eficaz para la salvaguardia de la salud y la vida.
Problemas
jurídicos.
Parece ser muy antiguo el empleo de archivos médicos e historias clínicas para
dilucidar en casos legales. Un papiro del siglo IV refiere que un médico
acompañado de un agente de la justicia examinó a un hombre herido, determinando
la existencia de excoriaciones, equimosis sobre el párpado izquierdo e
hinchazón escrotal. Los informes clínicos suelen ser requeridos por las cortes
en juicios criminales, civiles o por mal ejercicio de la medicina, y son
importantes en casos de seguros e indemnizaciones por accidentes del trabajo.
Técnica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin ante una
computadora que recoge datos clínicos suministrados por los propios pacientes.
También
son necesarios para las pólizas de "riesgo especial" y, en muchos
países, para determinar los beneficios por incapacidad dentro de los sistemas
del Seguro Social. Los médicos suelen quejarse del tiempo perdido en llenar
formularios y planillas, mas en algunos sitios de los
Estados Unidos, por ejemplo, cerca de la mitad de sus ingresos proviene de
estos tipos de seguros. En Gran Bretaña, donde existen formularios especiales
del Servicio Nacional de la Salud, un médico manifestó que "un buen
archivo de historias clínicas es el mejor sistema de ahorro de trabajo que se
haya inventado para el clínico general".
Críticas.
No faltan quienes critican el trabajo de escritorio que obliga a médicos y
enfermeras a perder tiempo llenando fichas, mientras el cuidado de los enfermos
se relega a ayudantes y voluntarios. El cirujano inglés Bryan Brooke, quien
sostiene que el valor científico de las historias clínicas ha sido
sobreestimado, escribe irónicamente: "¿Cómo puede la persona que
escribió la historia adivinar que algún investigador, años más tarde, querría
saber si el signo de Pumpernikel estaba presente en un caso de contusión de la
rodilla?" Un estudio recientemente realizado en los Estados Unidos
sobre las historias clínicas de 90 conocidos internistas, demostró que por lo
menos una tercera parte adolecía de deficiencias. De 280 examinadas, sólo la
mitad contenía una lista de los síntomas, en 40 por ciento se había omitido la
molestia principal, en 33 por ciento faltaban los antecedentes personales y
familiares, y en 28 por ciento la ocupación del paciente.
Computadoras.
Es posible que algún día las computadoras electrónicas resuelvan el problema de
registrar, archivar, correlacionar y proporcionar inmediatamente la enorme
cantidad de datos que pueden contener las historias clínicas. Las computadoras
pueden formular diagnósticos, pronósticos y evaluar los tratamientos. Jamás
podrán sustituir el oído sensible, el ojo inquisidor o la mano hábil del
médico, mas quizá algún día puedan reemplazar las historias clínicas, tal como
se las ha entendido hasta ahora. El director del Centro de Automación de
Londres ha manifestado que la capacidad de las computadoras "para
analizar masas de datos con la mayor rapidez, les permite formular conclusiones
superiores, en muchos casos, a las que son posibles para la inteligencia humana".
Se han ensayado numerosos métodos para obtener historias directamente de los
propios enfermos. El Índice Médico Cornell consta de una serie
de preguntas a las cuales los pacientes deben contestar simplemente sí o no;
después las respuestas son transferidas a tarjetas perforadas. En el Examen
de Salud Multifásico, del Grupo Médico Permanente, los pacientes colocan
tarjetas previamente perforadas, en las secciones marcadas sí o no en bandejas
especiales. En la Facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin, EE.UU.,
los pacientes de alergia se sentaban ante computadoras especiales que
proyectaban en una pantalla preguntas a las que podían responder
"sí", "no", "no sé" o "no comprendo"
apretando los botones correspondientes, registrando así sus padecimientos en la
máquina. A la mayoría le agradaba el procedimiento, cuyos resultados parecieron
ser superiores a los de la toma de antecedentes realizada por el médico. Además
de sus extensas aplicaciones en problemas de investigación, las computadoras se
han utilizado para tabular hallazgos de autopsia y exámenes de laboratorio.
Algunos problemas dependen de las diferencias entre los procedimientos para
resultados de investigaciones, con respecto a los métodos terapéuticos o de
administración hospitalaria; otros, de las diferencias entre diversos médicos
con respecto a la realización de la historia o a la evaluación de los síntomas.
Se anticipa que cuando se pongan en práctica procedimientos más avanzados, las
computadoras centrales que tabulen datos procedentes de todos los hospitales
revelarán, entre otras cosas, un aumento de las enfermedades contagiosas y de
las anomalías congénitas. Un sistema de esta naturaleza hubiera llamado la
atención sobre el nacimiento de niños deformes en diversos sitios, antes de que
los efectos de la talidomida hubieran causado demasiados daños.
Colofón.
Según el historiador de la medicina Dr. Félix Martí Ibáñez, "una buena
historia clínica permite diagnosticar hoy la enfermedad de un esclavo de los
faraones egipcios o de la Roma Imperial, de un guerrero del tiempo de los
incas, o de un emperador de la dinastía Ming, o un dux de Venecia o un rey de
la dinastía austriaca en España".
Las Maravillas de Eolo
Enero de 1967
¡Bufad,
vientos, y haced
que estallen vuestras mejillas!
El Rey Lear, SHAKESPEARE
En
el principio de todas las cosas, la diosa Eurínome surgió desnuda del Caos,
danzó sobre el mar originando el viento, lo tomó y, frotándolo entre las manos,
formó la gran serpiente Ofión, con quien se unió para comenzar la obra de la
creación.
Como en tiempos mitológicos, el hombre es todavía hoy juguete de los vientos
y a menudo su trágica víctima; y aunque ha surcado el espacio cósmico no ha
logrado aún dominar la turbulenta atmósfera que lo rodea.
Física
Ya en la antigüedad Hipócrates definió el viento como "una corriente de
aire en movimiento". Durante miles de millones de años estas corrientes
han actuado con el agua, cual inmensas y misteriosas manos, para moldear el
perfil de la tierra. Cada segundo los vientos extraen del mar 16 millones de
toneladas de agua en forma de humedad, redistribuyéndola en todo el globo junto
con el frío, calor y sequedad, para regular la temperatura del planeta.
En 1643, Evangelista Torricelli inventó el barómetro, que le permitió comprobar
las variaciones de la presión atmosférica. Esta es de 1 Kg. por cm2 al nivel
del mar, equivalente al peso de una columna de mercurio de 760 mm de altura y 1
cm. de diámetro. Sin embargo, Torricelli no advirtió la influencia de la presión
atmosférica sobre el origen del viento.
El origen de la Meteorología (palabra derivada de la Meteorológica de
Aristóteles), como verdadera ciencia, se remonta al año 1854, en que un
desastre naval francés ocasionado por una tempestad durante la Guerra de Crimea
indujo a Napoleón III a encargar a Urbain Leverrier, descubridor del planeta
Neptuno, el estudio de los vientos.
Midiendo el viento en el Observatorio de Greenwich, en 1880, en los albores
de la meteorología.
La
primera carta universal de los vientos fue trazada en 1841 por Matthew Fontaine
Maury, oficial de la marina norteamericana, permitiendo a los capitanes de
barcos navegar con viento a favor para reducir la duración de sus viajes. En
1855, Maury publicó su Geografía física del mar, en la cual se compilaban por
primera vez todas las observaciones hechas sobre los vientos reinantes y
corrientes oceánicas. Desde entonces, el hombre ha aprendido que la profundidad
de la atmósfera es 75 veces mayor que la del océano más profundo, y que la
presión atmosférica es mayor en la capa gaseosa próxima a la tierra, que
comprende el dos por ciento de la altitud total de la atmósfera.
Torricelli, inventor del barómetro, sucedió a Galleo como profesor de
filosofía y matemáticas en Florencia.
En
la troposfera inferior los altibajos de la presión atmosférica cubren la tierra
de elevaciones y depresiones etéreas, cada una de las cuales representa un
sistema de vientos que gira alrededor de un núcleo de elevada o de baja presión
atmosférica. Cuando los vientos comienzan a girar alrededor de un núcleo de
presión y se cierran sobre un punto central, forman un sistema de presión
elevada o baja: el primero, o anticiclón, significa tiempo relativamente
despejado; el segundo, o ciclón, tiempo nublado.
Globo terráqueo y vientos circundantes, según un grabado de Durero, 1525.
El
viento posee una tendencia natural a descender desde las capas de alta presión
atmosférica, a las de baja presión. Las variaciones de presión debidas a la
naturaleza del aire, extremadamente sensible a la transferencia de calor,
aumentan dicha tendencia. Por lo tanto, la acción recíproca de las corrientes
de aire adquiere gran intensidad. Los vientos reinantes que soplan a través de
la superficie terrestre son fuertemente impelidos por variaciones de la presión
atmosférica originadas por variaciones térmicas. Aunque en menor grado, los
cambios de la presión barométrica también determinan la velocidad y dirección
de los vientos locales.
El ímpetu inicial de los vientos proviene de la rotación de la tierra, que
arrastra las capas inferiores de la troposfera provocando una corriente de aire
a lo largo de la superficie terrestre. Este viento no sopla uniformemente, sino
en forma de ráfagas alternadas con calmas. La velocidad de rotación de la
tierra no es uniforme: desde unos 1.600 km por hora en el ecuador disminuye
gradualmente hasta llegar a casi cero en los polos. Las diferencias en las
velocidades de rotación provocan la desviación de los vientos de la superficie:
hacia la derecha en el hemisferio septentrional, hacia la izquierda en el
meridional, virando en dirección a los polos. Este fenómeno denominado efecto
de Coriolis [26], origina
todos los vientos en la primera curva de su rotación. En el hemisferio
septentrional los vientos rotan en el sentido de las agujas del reloj alrededor
de las zonas altas de presión, y en sentido contrario alrededor de las bajas;
en el meridional ocurre lo opuesto.
Los vientos superficiales no sólo son desviados a medida que rotan con la
tierra; también son constantemente impedidos por la fricción y la temperatura.
Estos vientos pueden ser forzados a escalar montañas, cambiando su dirección
con la altura por un fenómeno de desviación conocido como la espiral de Ekman,
o ser impulsados hacia arriba por corredores de aire turbulento. Cuando soplan
sobre masas de agua forman rizos en ondas invisibles correspondientes a las
olas marinas. Esto causa un desequilibrio entre las ondas invisibles del viento
y las olas marinas, produciendo las blancas crestas de las olas.
Cuando sopla sobre terrenos accidentados, el viento superficial se topa con
miles de obstáculos dando origen a corrientes ascendentes. El viento impulsado
en dirección vertical forma corrientes irregulares que producen turbulencias, o
mezcla en escala gigantesca elementos físicos como calor, velocidad y humedad a
una celeridad fantástica. Constantemente se libra una guerra de los vientos entre
masas de aire en conflicto térmico o direccional; las luchas más enconadas
tienen lugar por debajo de los 200 metros de altura.
Un poco por encima del nivel de fricción superficial flotan masas hinchadas de
aire precedidas por bruscos descensos térmicos (frentes). Su análisis comenzó
poco después de la Primera Guerra Mundial, cuando los meteorólogos noruegos
descubrieron masas de aire muy homogéneas desde el punto de vista de su
temperatura y humedad, de 800 a 8.000 km de extensión. Estas adquieren su homogeneidad
en las regiones originarias, polares o tropicales, marítimas o continentales,
cuyo clima imitan.
Izquierda: Urbain Leverrier (1811-77), cuyo nombramiento por Napoleón III
para investigar los vientos dio origen a la ciencia de la meteorología.
Derecha: Matthew Fontaine Maury, quien ideó la primera carta de los vientos y
en 1855 publicó Geografía física del mar, obra clásica sobre la moderna
oceanografía.
Transportadas
por los vientos, las masas de aire están en permanente estado de transición, y
su parte inferior experimenta en múltiples sitios cambios de temperatura y
humedad causados por los accidentes de la superficie terrestre. Las masas de
aire frío persignen a las calientes, según la tendencia de los vientos
originados en zonas de elevada presión a soplar rotando en sentido contrario a
las agujas del reloj hacia una zona de baja presión. El choque de dos masas de
aire provoca un brusco cambio de presión con subsecuente liberación de energía,
o el desplazamiento gradual de una masa por otra. Cuanto mayor sea la
diferencia térmica a lo largo de los frentes, más violenta será la descarga de
energía.
Sobre las masas de aire soplan altos vientos cuya naturaleza intrigó a Benjamín
Franklin. En el año 1944 durante la Segunda Guerra Mundial, un bombardero B-29
norteamericano volando hacia el Japón súbitamente cesó de avanzar, quedando
como suspendido en el aire, casi impulsado hacia atrás. El avión estaba enfrentando
un viento que soplaba del Oeste a más de 450 km por hora y que los japoneses
acababan de descubrir. Meteorólogos de la Universidad de Chicago lo bautizaron
con el nombre de jet stream.
Dos de estas corrientes siguen rumbos separados a través de la troposfera
superior, soplando a la velocidad media de unos 120 km por hora, que puede
alcanzar la de 450 o más. Estos vientos fluctuantes rodean la tierra a una
altura de 0 a 12 km a unos 35 grados al Norte y al Sur, variando
caprichosamente de latitud y .altura, y arrastrando consigo los vientos menores
originados por debajo.
Más arriba, donde el aire está muy enrarecido, a la altura de unos 100 km en la
ionosfera, el radar ha permitido descubrir vientos de 1.000 km de velocidad; en
1949 se observaron vientos de 1.700 km por hora durante una tormenta magnética
a 150 km de altura. Sólo ahora se está empezando a comprender el significado de
los vientos que soplan a grandes alturas. No se conoce bien su papel en las
lluvias radiactivas, aunque se sabe que tanto la ceniza volcánica como el polvo
radiactivo pueden ser transportados en forma de partículas a gran altura en la
atmósfera y tardan años en descender a la troposfera. Una vez en esta última,
son devueltos a la tierra por precipitación.
Los vientos que soplan a gran altura y los superficiales constituyen el vasto y
turbulento sistema eólico, causado por la rotación de la tierra, el efecto de
Coriolis y la fricción. Las diferencias de la presión atmosférica debidas a
variaciones térmicas desde el ecuador a los polos contribuyen a generar y
perpetuar este sistema.
Tipos
Los vientos superficiales pueden ser de dos tipos: reinantes y locales. Los
vientos reinantes que soplan con bastante regularidad miles de kilómetros
durante la mayor parte del año son los alisios, los occidentales y los
orientales que se originan en los polos: cada uno se encuentra íntimamente
vinculado a una de las tres capas correspondientes de baja presión que rodean
la tierra; zona de calmas ecuatoriales, calmas de Cáncer y frente polar.
Los nombres de los vientos derivan de los puntos cardinales en que se originan.
En general, el viento Norte es seco, de escasa velocidad y trae consigo días
brillantes. El viento Sur es cálido, suele mitigar el frío del invierno y
aumenta la humedad en verano. El viento Este es cálido y húmedo. Los vientos
del Oeste suelen aumentar el frío del invierno y mitigar el calor del verano.
Los alisios, fríos y secos, son los más estables de los vientos reinantes.
Soplan desde el Este, atravesando diagonalmente los flancos de la amplia franja
de aire húmedo y cálido que rodea la tierra a la altura del ecuador. Entre los
vientos alisios y los occidentales, en dirección paralela a los jet streams que
soplan mucho más arriba, se encuentran las calmas de Cáncer.
Cartas de vientos: Las líneas gruesas representan las zonas de los jet
streams, que en el mes de julio soplan más hacia el norte. Las flechas bajo el
jet stream meridional indican vientos reinantes del Oeste, mientras que las
circundadas por trazos finos corresponden a los alisios.
Los
vientos occidentales, fríos y huracanados, soplan perpendicularmente desde la
zona anterior en dirección a los polos, en sentido contrario a los alisios.
Fotografía de un huracán tomada por un satélite meteorológico a 760 km sobre
la superficie terrestre. Véase la dirección de la tormenta que gira en sentido
contrario a las manecillas del reloj.
Los
vientos polares del Este modifican la dirección diagonal por tercera vez,
volviendo a la de los alisios a medida que su frígido soplo originado en los
polos atraviesa una estrecha franja de baja presión donde los vientos
occidentales y orientales se calman: la inestable zona del frente polar.
Más conocidos que los vientos estables o reinantes son los de carácter local o
estacional, cuya fuerza se origina en violentos contrastes de presión sobre
montañas y mares. Algunos pueden causar, en las personas, reacciones
patológicas que van desde la postración a la paranoia, o producir anemofobia,
temor morboso al viento. En algunos juicios se ha tenido en cuenta el efecto de
estos extraños vientos sobre algunas mentes, en crímenes cometidos bajo su
influencia.
Los pequeños cambios de la presión atmosférica pueden causar brisas en las
costas, debido a diferencias en la capacidad de calentarse o enfriarse de la
tierra con respecto al agua.
En los días de verano, la tierra se calienta con mayor rapidez que las aguas
profundas. A medida que el aire caliente se eleva sobre la superficie
terrestre, ocupa su lugar un viento más frío que sopla del mar, el cual a su
vez también se calienta repitiéndose el ciclo. Durante la noche se invierte el
fenómeno.
Los vientos de más de 120 km por hora son una amenaza para los peatones.
Este
constante movimiento de capas cálidas y frías, y sus resultantes cambios de
presión, impulsa permanentemente ráfagas de viento, hacia la tierra de día y
hacia el mar de noche. En términos oceánico y continental, las brisas
terrestres y marinas en gran escala forman los monzones, reversibles según las
estaciones del año, que soplan con máxima intensidad sobre la India y Mar
Meridional de la China.
Durante el invierno se desarrolla un inmenso sistema de elevada presión en el
medio del continente asiático; vientos fríos y secos se desplazan al Sudoeste
hacia un enorme sistema de baja presión estacionado en la zona cálida del Mar
de Arabia y la Bahía de Bengala. En verano, el monzón, cual rostro de Jano,
muestra su otra faz; el continente se calienta con mayor rapidez que el mar
profundo, formando una vasta cuenca de baja presión sobre gran parte del centro
y sur del Asia, mientras sobre los mares se forma una enorme zona de elevada
presión.
Una vez completamente desarrollado, el inmenso sistema de baja presión que se
extiende sobre la India absorbe el aire más frío del sistema de elevada presión
que se halla sobre el océano. El viento marino húmedo y frío se calienta a
medida que sopla hacia el Noreste a través de la India hasta la barrera nevada
del Himalaya. A su vez, las corrientes aéreas frías que descienden del Himalaya
fuerzan al viento que se aproxima, a elevarse y liberar su humedad, dando lugar
a lluvias torrenciales cuyo centro es Assam y que a veces duran hasta 40 días.
De manera parecida, montañas y valles originan un ciclo de intercambio, en el
que el aire frío desciende por las laderas durante la noche y el caliente
asciende durante el día. La diferencia entre las presiones altas y bajas en
barlovento y sotavento, puede causar corrientes que ascienden lentamente hasta
la cima para después descender violentamente. El foehn es un
viento cálido del Sur que sopla descendiendo a lo largo de las laderas
septentrionales; el bora es un frío viento del Norte que
desciende por las laderas meridionales.
El primero sopla desde el Mediterráneo llevando consigo calor y humedad; cuando
alcanza las estribaciones de los Alpes comienza a ascender y pierde su humedad,
convirtiéndose en un viento cálido y seco a medida que se eleva, mientras su
humedad asciende rápidamente a la cima formando una nube llamada foehn.
Una vez que este viento llega a las cumbres, comienza a absorber ávidamente la
humedad de la nube foehn, y cuando desciende por los Alpes suizos,
funde la nieve y aumenta la temperatura hasta en 25 grados en 24 horas.
El foehn, violento y de corta duración, suele soplar durante uno o
dos días, aunque en ocasiones se prolonga hasta una semana; la nieve puede
fundirse con tanta rapidez que inunda el valle o desencadena aludes.
Las gentes pueden experimentar un sentimiento opresivo cuando la nieve se
derrite y el ominoso rumor de los aludes se acerca más y más a las aldeas del
fondo de los valles. Este puede ser un factor que incita a la violencia. El
viento foehn sopla un promedio de 48 días anuales, principalmente
entre marzo y mayo.
Un viento del tipo del foehn que barre las laderas de las
Montañas Rocosas desde Wyoming en los Estados Unidos hasta Canadá, es el chinook.
Este viento cálido y seco, que sopla a través de zonas boscosas, representa un
peligro de fuego. Los williwaws son variaciones del chinook que
soplan en los fiordos de las Aleutianas.
El bora es un viento que excede los 150 km por hora a medida
que desciende por las laderas sudoccidentales de los Alpes Dináricos hacia la
costa dálmata; circula con demasiada rapidez como para elevar su temperatura, a
menudo lleva hielo y nieve hasta el Adriático. El bise es un viento Norte, frío
y seco, que sopla hacia abajo por los Alpes suizos y franceses.
La fuerza del viento ha sido aprovechada de varias maneras: izquierda, para
bombear agua;, centro, y para accionar molinos y para navegación a la vela,
izquierda.
En
los valles cálidos del Ebro y el Ródano sopla el mistral, viento Norte seco
originado en Europa Central por un sistema de baja presión sobre el Golfo de
Lyon, que pasa entre los Alpes y los Pirineos. El mistral sopla .en Marsella
durante la tercera parte del año, produciendo sobre los nervios un efecto
similar al que se atribuía al chillido de la mandrágora recién arrancada, a
veces volcando vagones de ferrocarril y haciendo sentir sus efectos hasta el
Norte de África. Al igual que el foehn puede desencadenar
crisis patológicas o de violencia, y se dice que en parte fue responsable de la
automutilación que se infligiera Van Gogh en Arles. Las ventiscas de las zonas
árticas y antárticas arrancan la nieve del suelo y la proyectan con fuerza,
alcanzando en la Antártida velocidades superiores a los 150 km por hora. Estos
vientos favorecen el congelamiento, pues la piel se enfría según la relación
que existe entre la velocidad del viento y la temperatura. Los miembros de una
persona congelada no deben ser frotados, sino masajeados en el sentido de la
corriente venosa para favorecer la circulación de retorno lo más rápidamente
posible. En los casos graves, el mejor tratamiento consiste en poner al
paciente en contacto directo con el calor de otro cuerpo.
Meteorólogos de la Armada de los Estados Unidos, en McMurdo Sound, en la
Antártida, examinando un aparato en forma de bomba llamado
"saltamontes", que hace las veces de estación automática portátil.
Dicho aparato es lanzado en paracaídas en regiones apartadas del globo y al
tocar tierra, se alza sobre patas por medio de aire comprimido y recoge y
transmite información meteorológica.
La
contraparte de la ventisca es el siroco [27] que
cubre al sol, llena el aire de polvo y arena, calcina la vegetación, produce en
el hombre y animales un agotamiento enervante y paraliza todas las formas de
vida. Los nombres locales de los vientos cálidos quo soplan desde el Sahara y
desiertos de Arabia cambian según su intensidad y las diversas regiones; un
siroco o tormenta de arena de grandes proporciones, llamado simún en Egipto,
puede levantar un camello.
Mitología
Los aborígenes australianos de la Edad de la Piedra consideraban al viento como
un tótem. Los hombres del período neolítico adivinaron la existencia de los
cuatro puntos cardinales gracias a los claros signos proporcionados por los
vientos. La esvástica, uno de los más difundidos símbolos antiguos, cuyas
barras suelen ser representadas por pájaros, muy bien puede haber tenido
originalmente el mismo significado que las simples líneas cruzadas de la
brújula moderna.
Los griegos creían que Eolo era el guardián de los vientos, nacidos de Eos, la
Aurora, y Astrea, el Titán. Borcas era el viento Norte, Noto
el Sur, Euro el Este y Céfiro el Oeste. Según Hornero, Eolo
dio a Ulises un saco de cuero con todos los vientos menos uno, para ayudar al
viajero a retornar al hogar. A la vista de Itaca los hombres de Ulises,
devorados por la curiosidad, abrieron el saco desatando sobre ellos mismos la
furia de los vientos.
Heródoto relata cómo los psylli de la antigua Trípoli le declararon la guerra
al viento porque éste les secaba las fuentes de agua. Cuando avanzaban en el
desierto, fueron atacados por enormes ráfagas del simún que, cual gigantescos
ejércitos, los ahogaron en nubes de arena.
Fuerza
El viento es una fuerza tremenda capaz de arrollar cuanto obstáculo encuentra
en su camino. En 1805 el almirante de la armada británica Francis Beaufort
estableció una escala de doce velocidades para clasificar los vientos según su
intensidad.
La Escala de Beaufort, que ha estado en uso desde entonces, comprende todas las
velocidades, desde la próxima a cero de la calma chicha hasta las superiores a
100 km por hora de los vientos huracanados. Se utilizan cuatro tipos de
anemómetros, todos basados en un mecanismo de hemisferios cóncavos que giran
más velozmente a medida que aumenta la intensidad del viento.
El huracán era desconocido en Europa hasta que Colón, en su segundo viaje, se
aventuró en el Mar de las Antillas, donde los caribes adoraban al dios Huracán,
capaz de desatar la furia de los cielos y transformar las mansas aguas en un
infierno de olas rugientes. En 1502, 20 naos españolas fueron hundidas por los
vientos de un huracán ocasionando la muerte de 500 tripulantes.
Para determinar el estado del tiempo, los miembros del Servicio de
Guardacostas de los Estados Unidos comprueban la dirección y velocidad de las
corrientes de aire y hacen gráficos meteorológicos con la ayuda de un teodolito
y de una brújula giroscópica.
Los
huracanes son ciclones tropicales originados en el sistema ecuatorial de baja
presión en el Atlántico Oriental. Mientras se desatan lluvias torrenciales en
la zona periférica donde los vientos giran a enormes velocidades, el tiempo
suele ser bueno en el núcleo u ojo del huracán, cuyo diámetro de algo más de 20
km está bordeado por un círculo de vientos huracanados que cubren una extensión
de 300 y hasta 600 km.
Los esfuerzos para identificar, trazar en mapas y pronosticar los huracanes
progresaron sólo después de la Segunda Guerra Mundial gracias al empleo del
radar. Los satélites meteorológicos Tiros, el primero de los cuales fue lanzado
en 1960, han aportado nuevos datos que todavía están siendo estudiados.
Entre otras medidas para combatir los huracanes se ha sugerido estallar una
bomba de hidrógeno en su camino, y arrojar en el mar a su alrededor sustancias
químicas para evitar la evaporación del agua, fenómeno que según se cree,
aumenta la potencia del huracán.
Los nombres de los huracanes tropicales varían según las zonas geográficas:
tifones en el Pacífico, ciclones en el Océano Indico. El ciclón tropical de
1737, el peor registrado en la historia, levantó olas de cerca de 12 metros de
altura en la Bahía de Bengala cerca de Calcuta, causando la muerte de un cuarto
de millón de personas.
Más furiosos que los huracanes son los vientos pequeños y de menor duración que
forman los tornados. Con el perfil de un embudo que alcanza hasta 300 metros de
diámetro, tienen tal violencia que pueden arrancar la lana de la piel de las
ovejas e incrustar briznas de paja en las paredes de cemento.
En algunos países como Estados Unidos o Australia, los tornados o remolinos
desatan su furia al caer la tarde, avanzando a velocidades de 8 a 60 km por
hora; duran desde cinco segundos hasta tres horas, en cuyo lapso pueden
recorrer 400 km y más. Cuando se forman sobre el agua (trombas o mangas), su
fuerza es menor debido a su pesado contenido hídrico, mas al avanzar sobre la
tierra firme se convierten en tornados adquiriendo inusitada violencia.
Una de las más vividas experiencias personales con respecto a la furia de los
tornados es la de un granjero de Kansas, que cuando corría para ponerse a salvo
de un torbellino, éste revoloteó en torno a él. Refiere que al mirar hacia el
oscuro vórtice que se cernía sobre él advirtió que estaba cruzado por
innumerables relámpagos, mientras que a su alrededor silbaban los vientos
despidiendo un pronunciado olor a gas.
Los tornados giran vertiginosamente sobre sí mismos en forma de espiral a
velocidades de 300 a 800 km por hora, pero su mayor potencia destructiva
proviene de la enorme fuerza de succión ejercida por su vórtice, o embudo. La
presión barométrica en el extremo de succión del embudo puede descender hasta
50 mm.; un impacto directo puede de hecho causar la explosión de un objeto, por
la súbita reducción de la presión atmosférica normal. Niños y animales han sido
levantados por la fuerza de succión y, por extraño que parezca, depositados
indemnes sobre árboles o techos a gran distancia; se conocen casos de vagones
de ferrocarril que fueron lanzados a 30 metros, lluvias de peces en zonas
alejadas de las costas, y paredes literalmente pulverizadas en casas cuyos
habitantes no sufrieron el menor daño.
Utilidad. Transportando polen, el viento ha sido el sembrador natural desde la
edad de los helechos, cuando las primeras plantas evolucionaron a partir de los
mares primitivos para hermosear las fértiles orillas.
El hombre ha aprovechado el viento para impulsar sus navíos en sus viajes de exploración,
comercio o aventura hacia comarcas más allá del horizonte, para mover las aspas
de los molinos donde el grano se convierte en harina, extraer agua de las
entrañas de la tierra, o como fuerza motriz para pequeños dínamos y
aserraderos. El hombre se deja llevar por el viento cuando se lanza en
paracaídas o levanta el vuelo en frágiles planeadores, y hasta los más
poderosos aviones suelen aprovechar las corrientes de aire para aumentar su
velocidad. En los modernos túneles de viento los expertos pueden estudiar los
efectos del stress y esfuerzos producidos por las fuerzas aerodinámicas sobre
las estructuras aeronáuticas y así perfeccionar los nuevos modelos.
Sin embargo, aunque el hombre es capaz de analizar los vientos mediante el
radar, trazar su recorrido, clasificarlos y medirlos, todavía no ha podido
utilizar sino una mínima fracción de la fuerza inmensa que desencadenan los
vientos, cuya enorme potencia podría originar suficiente energía para alimentar
las fábricas de energía eléctrica de los Estados Unidos durante un siglo.
Colofón
Viento, agua y fuego son los tres elementos de la naturaleza que actuando
ciegamente son causa de destrucción y miseria y administrados científicamente
por la mano del hombre, fuente de tranquilidad, bienestar y riqueza.
En
una época de violentos contrastes entre cortesanos y puritanos, y de
pasiones, más violentas aún, entre católicos y protestantes, una mujer asombró
a Europa por su brillo y excentricidad: Cristina, "rey" de Suecia.
Subió
al trono en una época en que Inglaterra y Francia se veían desgarradas por la
guerra civil y toda Europa se hallaba sumergida en las últimas y sangrientas
convulsiones de la Guerra de los Treinta Años. Durante su breve reinado
introdujo importantes reformas sociales y económicas y sembró en Suecia las
primeras semillas de la cultura barroca.
Su
niñez.
Nació Cristina en Estocolmo el 8 de diciembre de 1626; era hija del rey Gustavo
II (Gustavo Adolfo) y de la princesa María Leonor, hija mayor del Elector de
Brandeburgo. Cosa rara en aquellos tiempos, fue éste un matrimonio por amor; el
rey adoraba a su esposa y ella, por su parte, no vivía más que para él.
Cuando nació Cristina, ya su madre había visto morir a otras dos hijas en la
infancia. Los principales astrólogos del reino habían predicho que la nueva
criatura sería un varón. Si el rey se sintió decepcionado, no lo manifestó.
Maqueta del que fue castillo real de Estocolmo, construido en el siglo XIII
y destruido por el fuego en 1697.
En
sus Memorias, Cristina afirma que se mostró encantado y
exclamó: "Espero que mi hija sea para mí igual que un hijo".
Cuando tenía cuatro años, su padre reunió el mayor ejército habido jamás en
Suecia y partió para la guerra. Pero antes ordenó a sus tropas que prestaran
juramento de fidelidad a su hija. Se presentó en el Riksdag (parlamento)
con la niña en brazos e hizo que todos los miembros prometieran que, caso de
ser muerto, aceptarían sin reservas a Cristina como "rey". Dos años
más tarde, Gustavo II moría misteriosamente en un brumoso campo próximo a
Lützen.
El rey había nombrado un Consejo de Regencia formado por cinco nobles, bajo la
dirección del conde Axel Oxenstierna, canciller del reino y uno de los más
sagaces administradores y hábiles diplomáticos de su tiempo. A la par que el
docto Johannes Matthiae instruía a Cristina en literatura clásica y ciencias,
el canciller le daba lecciones de política práctica.
Gustavo hizo constar en su testamento que su esposa no había de actuar como
regente ni intervenir para nada en los asuntos del país. Tampoco debía
inmiscuirse en la educación de la niña. La muerte de su marido originó accesos
de histeria y conducta extraña en María Leonor.
El canciller declaró a los regentes: "Es necesario que la joven reina sea
educada en virtudes reales, lo que no puede hacerse mientras viva con la reina
madre. Por lo tanto, debe ser separada de ella".
María Leonor fue desterrada a una propiedad real en el campo, bajo custodia, y
desde entonces la vida de Cristina sufrió un cambio radical. Fueron quemados
sus vestidos de niña y reemplazados por prendas varoniles y se le cortó su
rubio y largo cabello. Unos oficiales se encargaron de imponerla en asuntos
militares, designándosele preceptores para enseñarle matemáticas, lenguas
extranjeras, ciencias, historia, los intrincados laberintos de las finanzas, y
familiarizarla con las obligaciones de un monarca. Más tarde escribía Cristina:
"Mis inclinaciones personales secundaban maravillosamente los deseos de mi
padre, pues sentía una invencible antipatía por los dichos y hechos de las
mujeres. Tanto sus vestidos como sus costumbres eran para mí
insoportables".
Un historiador contemporáneo dice que a los quince años Cristina maldecía como
un artillero, discutía con la maestría de un retórico y tenía los modales de un
soldado de caballería de la guardia escogida de Gustavo Adolfo, que sentía
adoración por ella. Asistía a las revistas vestida con casaca roja y pantalones
de montar, saludaba como un hombre y hasta se retorcía las guías de un
imaginario bigote, lo que encantaba a las tropas.
Cuando cumplió dieciséis años, fue su madre a visitarla a Estocolmo, quejándose
amargamente a Oxenstierna de que hubiera convertido a su hija en un monstruo.
Advirtióle asimismo que ningún príncipe de Europa querría casarse con una mujer
que tenía aspecto de hombre y se comportaba como tal.
El canciller fue lo bastante perspicaz para comprender la justeza de la
observación; como reina casadera, Cristina podía ayudar a Suecia formando
poderosas alianzas. Dio, pues, instrucciones contrarias: la joven llevaría ropa
de mujer, excepto cuando hacía ejercicio; dos señoras de la nobleza la
enseñarían a comportarse como una dama.
Cristina protestó con violencia, pero Oxenstierna se mantuvo firme. Resignada,
decidió obedecer los deseos del canciller: se dejó crecer el pelo, se interesó
por los cosméticos y se mandó hacer un lujoso vestuario. El día de su
coronación lucía suntuosos ropajes en su carroza abierta, a pesar del frío,
ceñida sobre su rubia cabellera la corona de hierro de su padre. Fue durante
este período cuando alguien la calificó como la "Minerva del Norte".
Izquierda: El conde Axel Oxenstierna, jefe del Gobierno de la Regencia
durante la minoría de edad de Cristina. Centro: Gustavo II, quien pese a amar a
la reina María Leonor (derecha) la excluyó de la Regencia.
En
su primer discurso al Riksdag, la reina provocó cierto asombro
al declarar que era enemiga de las "guerras, causa de tantas muertes y
desventuras que imponen pesadas cargas a los súbditos y dificultan nuestros
intentos de alcanzar el destino que el Señor nos ha señalado". Suecia
estaba por entonces empeñada en dos guerras: la extendida y sangrienta Guerra
de los Treinta Años y una pequeña guerra con Dinamarca. La inesperada
declaración de la joven reina parecía insinuar que estaba dispuesta a negociar
la paz en ambos casos.
Todavía creía el conde Oxenstierna en tal momento, que seguía teniendo
firmemente en susmanos el destino de Suecia. En 1645, al año escaso su
coronación, la reina concertó en secreto la paz con Dinamarca, entrando
seguidamente en negociaciones para poner fin a la Guerra de los Treinta Años.
En la Paz de Westfalia, firmada en 1648, renunció a la mayor parte de los
territorios conquistados por el genio militar de su padre o adquiridos por la
brillante diplomacia de Oxenstierna. El pueblo estaba lleno de alborozo por la
paz, en tanto que Oxenstierna y los principales diplomáticos de Europa se
quedaban aturdidos ante la voluntaria renuncia del poderío de Suecia.
En los asuntos internos, la actitud de la reina igualmente radical. Ni los
nobles ni el clero pagaban impuestos, recayendo el pesado fardo de lascargas
públicas en los campesinos y artesanos. La reina Cristina dio la orden
contraria: nobles y clérigos, en adelante, pagarían los impuestos más elevados.
Cristina, en 1655, recibiendo en Roma la bendición del Papa Alejandro VII,
después de haber abdicado el trono de Suecia.
Otorgó
nuevos privilegios a las ciudades, impulsó el comercio, la industria y la
minería. En 1649 promulgó la primera ley que hacía obligatoria la enseñanza
elemental para ambos sexos, lo cual era un paso revolucionario para la época.
La ciencia y la literatura florecieron como nunca, y por vez primera ocuparon
cátedras profesores extranjeros en la Universidad de Upsala.
Mujer de asombrosa energía, Cristina se levantaba a las cuatro de la mañana,
después de no más de tres o cuatro horas de sueño, empleaba quince minutos en
arreglarse y dedicaba cinco horas a la lectura. Se ocupaba de los asuntos de
Estado durante cinco o seis horas, daba un largo paseo a caballo, dormía una
siesta y se disponía para una noche de baile, flirteo y discusión intelectual.
Cristina escuchaba ávidamente los relatos del embajador francés acerca del
salón literario de la marquesa de Rambouillet (el primero de este género), en
el que brillaban Madame de Sévigné, la duquesa de Montpensier, Corneille,
Malherbe, el abate Bossuet y el ingenioso duque de la Rochefoucauld. La reina
enviaba agentes por toda Europa para comprar bibliotecas y obras de arte
renacentista. Invitó a su corte a muchos de los principales científicos,
filósofos y artistas, mas fueron pocos los que se mostraron dispuestos a dejar
las comodidades de París o Londres para trasladarse a un país frío, considerado
por muchos como bárbaro. Unos cuantos aceptaron su invitación, entre ellos René
Descartes (para quien envió un barco de guerra), quien se encontró con que la
reina quería hablar con él de ciencia y metafísica a las cinco de la mañana en
una biblioteca helada. Al poco tiempo Descartes enfermó de pulmonía y murió.
Estas aficiones literarias y científicas no eran obstáculo para la vida amorosa
de la reina. Tras un breve amorío con su primo Carlos Gustavo, el primer amor
de su vida fue el joven Magnus Gabriel de la Gardie, hijo de un famoso general.
La baronesa Matilde von Echner, amiga y confidente de la reina, anotó en su
diario que el joven permanecía en el aposento de Cristina hasta las primeras
horas de la mañana. Su ardor fue recompensado con una extensa propiedad en el
Báltico y el título de conde; pese a no contar más que veintitantos años y
carecer de experiencia, le fue otorgado el brillante puesto de embajador sueco
en Francia.
La mayor preocupación del Consejo de la reina era el casamiento de ésta, a fin
de que diese un heredero al trono. Fueron muchas las proposiciones, incluyendo
la de Felipe IV de España, pero la reina las rechazó todas, confiando a su
amigo, el embajador francés, que antes prefería morir que casarse.
Finalmente resolvió el problema nombrando sucesor a su primo Carlos Gustavo,
quien fue reconocido como tal por el Riksdag en 1650.
Ana María Luisa de Orleáns, duquesa de Montpensier, conocida como la
Grande Mademoiselle, quien Cristina visitó durante su estancia en
París.
Por
esta época, la reina mostraba un desinterés cada vez mayor por los asuntos de
Estado, y en el verano de 1651 anunció a su Consejo que deseaba abdicar. Este
se negó a aceptar su proposición, tras lo cual se entregó Cristina a una vida
de disipación y extravagancias sin par en corte alguna de Europa.
Cuando subió al trono, los gastos de la corte no llegaban al tres por ciento
del presupuesto nacional; en su último año de reinado alcanzaron el veinte por
ciento. Nombró pares a casi todos sus amantes, creó en total 17 condes, 46
barones y 428 nobles de rango inferior. Para procurarles los recursos
adecuados, vendió o hipotecó propiedades de la corona que representaban una
renta anual de más de un millón de coronas oro.
Tanto el Consejo como el Parlamento estaban consternados, y el último desafuero
fue cuando, después de un apasionado lance amoroso con el embajador español,
Don Juan Pimentel, la reina, sin contar con nadie, concertó una alianza con
España, un Estado totalmente fuera del radio de interés de Suecia. Este acto
fue abrumadoramente repudiado por el Riksdag, produciéndose
seguidamente motines callejeros y clamando la multitud: "¡Que abdique!
¡Que abdique!".
En 1654 estaban tan deseosos los suecos de verse libres de su reina, que el
Parlamento se apresuró a aceptar sus demandas de una elevada pensión y una
espectacular ceremonia de abdicación. Su renuncia al trono produjo pasmo en
todas las cortes de Europa.
Libertad.
Vestida de hombre, Cristina se puso en marcha hacia la frontera danesa
acompañada de su fiel baronesa von Echner y de un numeroso séquito. La mayoría
de los 30 coches que componían su comitiva iban atestados de libros y objetos
de arte (comprados con fondos del Estado) que en vano rogó Oxenstierna que
Cristina los dejara como patrimonio de Suecia.
A lo largo de todo el recorrido, Cristina atrajo las miradas de los curiosos,
incluyendo a la propia reina de Dinamarca, quien disfrazada de criada pudo
contemplarla muy de cerca. Cristina promovió un nuevo escándalo al pasar la
noche en una posada danesa con una cortesana que al principio la tomó por un
hombre.
Pimentel se reunió con ella en Bruselas, y poco después escribía Cristina a una
amiga de Estocolmo: "Estoy perfectamente y he sido recibida con todos los
honores; congenio con todo el mundo menos el príncipe de Condé. Voy al teatro y
a lastiendas de esta ciudad, que me tientan con frecuencia.
"Mis principales ocupaciones son comer bien, dormir bien, estudiar un
poco, charlar y reír, distraerme con comedias francesas, españolas e italianas,
y pasar el tiempo agradablemente. Sobre todo, ¡se acabaron los sermones! Siento
el mayor desprecio por todos los predicadores".
El cardenal Decio Azzolino a quien el Papa nombró consejero de la reina
Cristina
y que llegó a ser su más fiel amigo.
Lo
que sólo sabían sus más íntimos amigos era que durante el período en que se
entregó a la disipación, Cristina había sido secretamente instruida en la fe
católica romana por dos jesuitas que pasaban por intelectuales italianos. Las
razones de su conversión han sido largamente discutidas: algunos opinan que fue
sincera; otros, que lo único que pretendía era escandalizar a las gentes
piadosas y puritanas que desaprobaban su conducta.
Fue recibida en el seno de la Iglesia Católica en la catedral de Innsbruck, en
medio de una ceremonia tan solemne como una coronación.
La acción de Cristina, tan poco tiempo después de terminarse la cruenta Guerra
de los Treinta Años, escandalizó a los protestantes, de quienes fuera su padre
el más noble campeón, y alentó a las naciones católicas en su constante lucha
con el protestantismo.
Aunque la reputación de Cristina era conocida del Papa Alejandro VII, supuso
éste que una mujer que renunciaba al trono para abrazar el catolicismo tenía
que ser persona de profundas convicciones y que abrigaba el propósito de
dedicar su vida a las buenas obras. No pudo menos que quedar sorprendido cuando
Cristina se presentó en San Pedro a horcajadas en un caballo, vestida con
pantalones rojos ricamente bordados en oro, una camisa de lame de oro con
cuello abierto, y tocada con un sombrero emplumado.
Alquiló Cristina el Palacio Farnesio y abrió un salón literario. El grupo se
reunía una vez por semana para leer poesías, hablar de filosofía y oír música.
Algunos miembros de la nobleza romana, que al principio rivalizaron en sus
invitaciones a Cristina, pronto encontraron ofensivas sus maneras excéntricas y
arrogantes y empezaron a desairarla. Cuando el Papa le pidió que en su próxima
entrevista con él se presentara vestida de mujer, le escandalizó al presentarse
ante él llevando un transparente vestido de color azafrán, tradicional en las
prostitutas romanas. Alentó las atenciones de un viejo cardenal perteneciente a
una familia patricia, y prorrumpió en sonoras carcajadas cuando le vio aparecer
como un trovador al pie de su ventana pulsando el laúd y dándole una serenata.
Entre tanto, su séquito, alentado por su escandalosa conducta, hizo del Palacio
Farnesio un lugar vergonzoso; convirtieron parte de él en casino de juego,
celebraban verdaderas orgías y vendían en provecho propio objetos de valor
incalculable. Cuando Cristina decidió trasladarse a París en 1656, se dice que
el Papa exclamó; "Nuestra ciudad se quedará más tranquila con la
partida de nuestra hija".
París.
Aunque Cristina se veía libre de los cuidados del Estado, una nueva
preocupación la dominaba ahora; la falta de dinero. Su pensión era generosa,
pero rara vez la recibía íntegra del gobierno sueco.
La razón que la impulsaba a ir a Francia era pedir al cardenal Mazarino el pago
de la deuda que desde tiempo atrás tenía Francia con Suecia; asimismo
alimentaba la secreta esperanza de persuadirle a que arrebatara el reino de
Nápoles a España y la hiciera reina de dicho país.
Hizo Cristina una entrada triunfal en París, vestida de rojo de pies a cabeza
(hasta sus botas habían sido teñidas para que hiciesen juego con su traje de
terciopelo) y ostentando una magnífica pluma negra en el sombrero. Con un par
de pistolas al cinto, empuñando una leve fusta de plata dorada y montada en su
favorito corcel blanco, saludaba a la multitud.
El mundo elegante de París rivalizaba en atenciones a Cristina. Hizo ésta una
feliz impresión en la famosa Ana María de Orleáns, duquesa de Montpensier,
conocida como "la Grande Mademoiselle", que había apoyado a las
fuerzas del príncipe de Condé contra las tropas del rey en el breve y fracasado
levantamiento de 1652 (la Fronda). Temporalmente exilada en Fontainebleau, la
Grande Mademoiselle se quedó encantada de la visita que le hizo Cristina,
escribiendo luego; "Su Majestad me produjo la impresión de un hermoso
muchacho de tez pálida, ojos de azul intenso y marcada nariz aguileña. Tiene
asimismo la costumbre masculina de arrellanarse en las butacas..."Pero
estas imperfecciones resultan insignificantes cuando se considera el conjunto
de su persona. Su conversación me pareció notable, tanto de forma como de
fondo. Habló de varios asuntos, y en todo lo que decía se expresaba de manera
grata... En resumen, es extraordinaria".
Escena del film La reina Cristina, 1934, protagonizado por
Greta Garbo y John Gilbert, una de las más románticas biografías
cinematográficas en la que se destacan la enérgica personalidad de la
reina y sus conflictos espirituales.
Pero
a los pocos meses Cristina había disgustado a toda la corte francesa, incluida
la Grande Mademoiselle, que la tildó de salvaje. El cardenal Mazarino le hizo
un pago parcial de la deuda francesa, y se deshizo de ella dándole a entender
que tendría en cuenta su plan de hacerla reina de Nápoles, y que se comunicaría
con ella en el momento oportuno.
Nueva
visita a Francia.
Dominada por el deseo de conquistar Nápoles, Cristina notificó a Mazarino que
al siguiente verano pensaba trasladarse de nuevo de Roma a París. El cardenal
trató de disuadirla enviándole corteses mensajes a lo largo de todo el
trayecto, rogándole que permaneciera en Aviñón, en Lyon, en Nevers, dondequiera
que se encontrase en el momento, hasta tanto pudiera él dedicar la máxima
atención a su proyecto, pero Cristina insistió y el cardenal se vio obligado a
invitarla a residir en Fontainebleau, recientemente abandonado por la Grande
Mademoiselle.
Durante su estancia, Cristina se hizo culpable del más sensacional asesinato
del siglo, suceso que conmovió a todo el mundo occidental. Por orden suya, su
caballerizo mayor y en otro tiempo amante, el marqués Giovanni Carlo
Monaldeschi, fue asesinado.
Aunque Europa pensó que Cristina había hecho asesinar a Monaldeschi porque éste
le había sido infiel, la verdadera razón fue que descubrió que el italiano era
un agente secreto al servicio de España. Monaldeschi reveló a Madrid los planes
secretos de Cristina para adueñarse de Nápoles, exagerando la posibilidad de la
ayuda francesa para dar más valor a su información. Cristina le obligó a
confesar su traición y le mandó ejecutar.
Los estudiantes de París se amotinaron, Cromwell envió una protesta al gobierno
sueco y el Riksdag habría dejado de pasarle su pensión a no
ser porque Carlos Gustavo, temeroso de perder el trono, insistió en que se le
siguiera dando por respeto a la memoria de los antepasados de su prima.
Azzolino.
Dado que Cristina no tenía más que 34 años cuando volvió a Roma caída en
desgracia, temía el Papa que empleara el resto de lo que podía ser una larga
vida en seguir abochornando a la Iglesia. Pero siguió la sugerencia de un sabio
consejero, el cardenal Decio Azzolino, en el sentido de que cesarían todas las
habladurías acerca de Cristina si los hombres que ocupaban los altos puestos le
dedicaban las atenciones corrientes y la recibían sin alharacas.
El Papa nombró a Azzolino administrador de la casa de Cristina, concedió a ésta
una pensión, la recibió en audiencia privada y le dijo que le permitiría vivir
en el hermoso Palacio Riario si se comportaba en debida forma.
Despidió Azzolino a los rapaces criados y cortesanos parásitos del Palacio
Riario; rodeó a Cristina de personas respetables y se dedicó a
poner sus cuentas en orden. Este hombre, compasivo e inteligente, fue el mejor
amigo que tuvo a lo largo de toda su vida.
Aunque corrían rumores de que eran amantes, no es posible creer que un hombre
tan calculador como Azzolino, que ambicionaba convertirse en Secretario de
Estado del Vaticano, si no en Papa, arriesgara su reputación manteniendo
relaciones ilícitas con una mujer tan conocida.
Nuevos
proyectos.
En 1860, a la muerte de su primo el rey, regresó Cristina a Suecia para pedir
al Consejo de Regencia que la nombraran heredera del hijo de Carlos Gustavo,
Carlos XI, muchacho enfermizo que presagiaba corta vida. Los regentes habían
enviado unas tropas de caballería a la frontera danesa para impedir que
Cristina entrara en Suecia, pero ésta logró convencer a los soldados, veteranos
de los ejércitos de su padre, quienes, en lugar de cumplir su cometido, la
escoltaron hasta Estocolmo. Con el fin de evitar disturbios, los regentes
mandaron que se dispararan 21 cañonazos en honor de Cristina, pero ésta se
quejó de que el saludo no constara de 101. Luego, acompañada de su séquito y de
dos sacerdotes, se trasladó a su antiguo palacio.
Instaló una capilla católica en el palacio y asistía a los servicios religiosos
haciendo alarde de su fe. En cierta ocasión en que un prominente obispo
luterano le insinuó que seguramente estaría arrepentida de haber cambiado de
religión, le amenazó con mandarle castigar por esas palabras que, según ella,
eran una grave ofensa. Recordando el episodio de Monaldeschi, los regentes
decidieron mantener a Cristina arrestada en su palacio y proteger al obispo con
una fuerte guardia.
Imposibilitada de ver a los nobles, a quienes necesitaba para que la nombraran
heredera al trono, se mostró dispuesta a salir de Suecia si el gobierno le
pagaba la correspondiente pensión. Hecho así, residió una corta temporada en
Hamburgo, donde intentó despertar interés en una última cruzada contra los
turcos, pero casi nadie la tomó en serio.
Otra escena del film sobre la soberana sueca, en la que aparece con atuendo
masculino, con su amante español, llamado don Antonio en la película.
Poco
después de la abdicación del rey Casimiro de Polonia, y de acuerdo con la
antigua ley polaca, el trono vacante había de ser ocupado por elección
figurando Cristina entre los muchos nobles (incluidos el príncipe de Condé y el
príncipe Carlos de Lorena) que aparecían como candidatos. Dada su regia cuna,
Cristina fue por un momento considerada por los electores polacos, pero tan
pronto como se negó a aceptar el compromiso de casarse con quien se le
designara por esposo fue elegido un príncipe polaco.
Cristina hizo un último viaje a Suecia en 1661 con el objeto declarado de
recorrer el país. Los agentes suecos encargados de vigilar su correspondencia y
visitantes, aseguraron al gobierno de Estocolmo que esta vez no se trataba de
ninguna intriga para obtener el trono. Los regentes le hicieron un gran
recibimiento y un grupo de nobles la acompañó en su viaje de placer; mas no
tardó Cristina en escandalizar a la nación al oír misa públicamente en cada
parada de su recorrido.
Al decirle los regentes que tenía que practicar su religión en privado o dejar
el país, Cristina salió de él como una exhalación para no volver nunca más.
Regresó a Roma, donde su amigo, el culto cardenal Giulio Rospigliosi, acababa
de ser elegido Papa con el nombre de Clemente XI y Azzolino era ya Secretario
de Estado del Vaticano.
Los
últimos años.
Excepto ocasionales disputas con el reformador pontífice Inocencio XI, Cristina
pasó los últimos 20 años de su vida en relativa calma, rodeada de sus libros,
pinturas y otros tesoros, en el Palacio Riario. Sus problemas económicos eran
ahora mucho menores; siguió conservando su pequeña corte de artistas e
intelectuales y ayudando a los que lo necesitaban.
Cristina escribió sus Memorias, asombroso compendio de
desnudas verdades, de medias verdades y de mentiras descaradas, y de una serie
de aforismos que fueron entonces muy celebrados, aunque ahora se consideran
triviales. No abandonó ya sus ropas de mujer, y sólo de tarde en tarde promovía
escándalos.
Un teólogo inglés que la visitó en su vejez, la encontró encantadora, "pequeña
y rechoncha, con papada y aspecto risueño". Cristina y él discutieron
de lingüística. En febrero de 1689 cayó enferma de paludismo, seguido de
erisipela. Parecía recuperarse cuando recayó, muriendo apaciblemente en el mes
de abril. Aunque había dispuesto que se le hiciera un sencillo funeral, el Papa
la mandó enterrar en San Pedro con gran pompa y solemnidad, deseoso de que su
tumba constituyera un recuerdo imperecedero del triunfo del catolicismo: la
conversión de la hija de un gran rey protestante.
Colofón.
Por el papa Inocencio XI: "¡E donna!".
Navidad y Medicina
Diciembre de 1963
La Estrella de Oriente, por H. Warren, de la Colección Real Británica
Nieva,
nieva ya, hijos míos.
Cuán bella y silenciosamente
baja a la tierra ese maná
de los campos!
Parecen flores los copos
F. PI Y MARGALL
Charles
Dickens expresó el deseo, hace más de un siglo, de que el espíritu de bondad y
benevolencia nacido en la Navidad durase todo el año. Lo mismo desean muchos
médicos al observar los daños somáticos causados por los sentimientos de
hostilidad y la falta de amor al prójimo.
El médico no duda de que los ligeros trastornos gastrointestinales ocasionados
por la humana glotonería en las fiestas de Navidad, queden sobradamente
compensados con los beneficios psicosomáticos del buen humor, la alegría
familiar, la tregua en las rivalidades, la reanudación de los lazos de amistad,
la generosidad y la mayor conciencia de los vínculos fraternales, que se
derivan de la Navidad.
Llevada de un benévolo espíritu de investigación, MD revela algunos de los
ingredientes que forman parte de la complicada terapéutica navideña, con sus
ritos, tradiciones medievales y costumbres modernas, todo ello administrado al
"paciente" alrededor del 25 de diciembre con acompañamiento de
villancicos y tintineo de campanillas.
La
fecha.
El año del nacimiento de Cristo se fija vagamente entre el año 8 y el 4 antes
de nuestra era. Hay menos precisión aún en cuanto al día. Los primeros
cristianos creían que Jesús había nacido un día 25, pero los meses incluían de
marzo a diciembre. A mediados del siglo IV, la Iglesia romana fijó finalmente
el 25 de diciembre como el día de la Natividad y el 6 de enero corno el de la
Epifanía o Adoración de los Reyes Magos.
Según el Evangelio de San Mateo (Capítulo 2), los Reyes Magos de Oriente dicen
a Herodes que han divisado la estrella del Rey de los Judíos; más tarde la
misma constelación les sirvió de guía hasta que se detuvo donde estaba el Niño
Jesús.
Desde entonces, la estrella de la Natividad ha interesado por igual a teólogos
y astrónomos. Los astrólogos de aquella época registraron una asombrosa
conjunción (le planetas ocurrida alrededor de noviembre de 747 Anno Urbis
Conditae, que corresponde al año 7 a. de C. Otra teoría es que podría tratarse
de una de las apariciones periódicas del cometa Halley. Después de observar una
noca (estrella temporal) en 1604, el astrónomo Johannes Kepler pensó que podría
ser la misma que anunció en Belén el nacimiento del Mesías.
La elección del 25 de diciembre como el día de la Navidad por los primeros
cristianos, no fue obra del azar; la fecha coincidía con diversas fiestas
celebradas en todas las regiones del Mediterráneo y de Europa, a saber: Las
Saturnalia romanas (fiestas orgiásticas en honor al dios Saturno); las
Sigillaria (fiesta de las muñecas); las Brumalia (el nacimiento del sol) y las
Juvenalia (festival de la juventud); Hanukkah (fiesta de las luces) establecida
en 165 a. de C. entre los judíos por Judas Macabeo; la antiquísima fiesta de
Mitra, para celebrar el nacimiento del dios-Sol, que coincidía con el solsticio
de invierno y la fiesta del retorno del sol, celebrada por los britanos,
sajones y escandinavos paganos. A medida que el cristianismo iba extendiéndose
gradualmente por toda la región comprendida entre Bizancio e Irlanda,
interminables tradiciones paganas se fueron incorporando a los actos propios de
la festividad navideña.
Desde que se eligió oficialmente el 25 de diciembre, la Iglesia cristiana tuvo
una lucha constante contra introducción de costumbres paganas en la celebración
de la Navidad. Cerca del año 200 d. de C., Tertuliano denunció el empleo de
árboles de Navidad; pero hacia el siglo VI, el papa Gregorio I aconsejaba a sus
prelados permitir aquellas costumbres inocentes del pueblo a las que podía
darse una interpretación cristiana.
Plantas
simbólicas.
Probablemente la más pagana de las costumbres navideñas es el uso del acebo, la
hiedra y el muérdago. La hiedra ceñía las sienes de Baco; el acebo, que también
se utilizaba en las Saturnalia, devino más tarde en símbolo de la corona de
espinas de Cristo (las bayas eran las gotas de sangre). En las canciones
populares de la Edad Media, el acebo desempeñaba el papel masculino, en tanto
que a la hiedra correspondía el femenino, y ambos se hallaban en constante
rivalidad. Otra creencia era que el acebo representaba el arbusto flamígero
desde el cual Moisés oyó la voz de Jehová. En muchos países europeos se
atribuían al acebo virtudes mágicas contra brujas y duendes.
El muérdago parasitario fue la rama dorada que permitió a Eneas visitar el
infierno, según la narración de Virgilio en la Eneida; los romanos lo
consideraban como un símbolo de esperanza y de paz. Para los druidas célticos
era una panacea que servía como específico contra todas las enfermedades y de
antídoto contra todos los venenos [28].
El origen de la simpática costumbre de besarse bajo el muérdago, es pura
conjetura. Los antiguos escandinavos sentían tal reverencia por esta planta,
que si en un bosque dos enemigos se encontraban bajo ella, mantenían una tregua
hasta el día siguiente. Algunos folkloristas asocian el muérdago con ritos
matrimoniales primitivos. Un hecho curioso es que esta costumbre osculatoria
está limitada a los países anglosajones.
El
árbol de Navidad.
En una Nochebuena, en el siglo VIII, un monje misionero inglés llamado Winfrid
taló un roble utilizado en la antigua Germanía por los paganos para ofrecer sus
vidas en sacrificio. Un abeto brotó milagrosamente en las cercanías, y el monje
(que sería más tarde San Bonifacio) lo adoptó como emblema del cristianismo.
Esta historia del origen del árbol de Navidad es tan digna de creencia como
cualquier otra aceptada por los folkloristas.
San Nicolás de Myra, obispo del siglo IV, famoso por su generosidad
El
hecho es que el árbol de Navidad se originó en Alemania, y según la tradición
popular se atribuye a Martín Lutero. La primera alusión a su empleo en la
Navidad se remonta a 1605, pero la costumbre se difundió muy poco durante los
dos siglos siguientes. Finlandia la adoptó alrededor del año 1800; en
Inglaterra el primer árbol de Navidad fue instalado, según se afirma, en 1829
por la princesa alemana Leven. El príncipe Alberto, esposo de la reina
Victoria, instaló uno en el castillo de Windsor en 1841, después de lo cual
quedó asegurada la popularidad del árbol. El primer abeto adornado en Estados
Unidos se atribuye a un tal August Imgard, de Wooster, Ohio, en 1847: causó tal
maravilla que los vecinos se atropellaban para contemplarlo [29].
El árbol ya llevaba luces en tiempos de Lutero, pero no se sabe a ciencia
cierta cuándo comenzaron a colgarse regalos en sus ramas. El aporte de Estados
Unidos a la tradición del árbol de Navidad consiste en los primeros árboles
iluminados instalados por las municipalidades en la vía pública, idea que fue
imitada por los centros comerciales y posteriormente llevada a los hogares,
donde los árboles, con sus luces multicolores, iluminan el césped frente a las
casas.
En Inglaterra y Estados Unidos se decoran, por regla general, con bombillas
eléctricas de colores; en Alemania, en cambio, son tradicionales las velas.
Después de la última guerra los árboles de Navidad con estrellitas luminosas
han invadido hasta el Ginza de Tokio.
Santa
Claus.
Hubo una vez en el siglo IV un obispo de Myra (entre Bodas y Chipre) de corazón
tan bondadoso que gozaba repartiendo regalos entre los pobres aunque se
disgustaba si se los agradecían. Con el tiempo llegó a ser San Nicolás, patrono
de los marineros, de los niños, de los comerciantes y viajeros, y de los
donantes anónimos de presentes. Los primeros colonos holandeses de Nueva York
celebraban su día (el 6 de diciembre) repartiendo regalos entre los niños. Con
el nombre de Santa Claus fue introducido en Inglaterra en el siglo XVIII como
el dispensador secreto de los regalos de Navidad.
El Santa Claus americano a principios del siglo XIX no tenía fisonomía ni
indumentaria características; algunas veces llevaba una túnica larga, de tipo
sacerdotal; otras, una chaqueta guarnecida de pieles. La típica figura actual
del jovial gordinflón fue popularizada por el caricaturista Thomas Nast en la
revista Harper's Weekly.
En los Estados Unidos la antigua costumbre de disfrazarse el amo de la casa de
Santa Claus está cediendo su lugar al Santa Claus de los grandes almacenes.
Este es ahora un profesional (la mayoría de ellos son actores sin empleo) que
trabaja por horas percibiendo un estipendio de tres dólares la hora a base de
una semana de 40 horas y de $4.50 los sábados y días festivos, por considerarse
tiempo extra.
A mediados de diciembre y durante siete días, los romanos honraban al dios
Saturno. Biondi plasmó en su Saturnalia el espíritu de la fiesta pagana
En
la tienda Macy's, en Manhattan, los barbudos Santas se relevan para recibir la
bulliciosa visita diaria de unos 12.000 niños que van a confiarles su secreto:
los juguetes que desean en la Navidad [30].
Un fenómeno curioso de la postguerra es la popularidad alcanzada por Santa
Claus en otros países. En Italia, por ejemplo, el viejo bonachón del traje rojo
está desplazando a Befana, la bruja buena de la tradición navideña italiana
(equivalente a la Babushka rusa). En Hispanoamérica, los niños ahora esperan
recibir juguetes el 25 de diciembre y el 6 de enero, con los Santas y los
árboles de Navidad. Japón tiene también sus Santa Claus, generalmente
encarnados por muchachas de formas tentadoras [31].
La
fiesta.
Los platos y licores servidos tradicionalmente en la celebración de la Navidad
son probablemente una combinación de todos los que se consumían en diversas
fiestas paganas y que se le fueron incorporando en el curso de los siglos. El
más antiguo plato ritual en Inglaterra fue la cabeza de jabalí, mencionada en
un banquete real de Navidad efectuado en 1170. En el villancico Wynken de
Worde, de 1521, se cantaba:
Alegraos,
más o menos, milores,
porque esto ha ordenado
nuestro mayordomo
que os anime esta Navidad
la Cabeza del Jabalí con mostaza.
El
Household Book, de 1512, del duque de Northumberland, menciona que cinco cisnes
fueron servidos el día de Navidad. Otro plato favorito fue el pavo real, en
cuyo pico flameaba una esponja saturada de licor. El pavo figuró por primera
vez en una comida de Navidad en 1524; la avutarda conservó su popularidad hasta
el siglo XVIII. En un festín de Navidad, de Ricardo II (1367-1400), que duró
varios días, los 10.000 convidados engulleron 28 bueyes, 300 ovejas,
innumerables piezas de caza y aves.
El budín de Navidad, muy apreciado todavía en Inglaterra, comenzó como un
manjar de trigo cocido con leche, pasas, azúcar y especias; poco a poco se le
fueron agregando diversos ingredientes hasta que finalmente (alrededor del
siglo XVII), tomó la forma actual del budín inglés.
En 1770, Sir Henry Grey sirvió un pastel de Navidad confeccionado con los
siguientes ingredientes:
0,70 hectolitros de harina,
9 kilos de mantequilla,
4 gansos y
2 pavos,
además
de conejos, patos, perdices, mirlos y palomas; medía poco menos de 3 metros de
circunferencia y pesaba unos 75 kilogramos.
La moderna calefacción central ha desterrado casi por completo esta típica
costumbre de quemar el nochebueno, que arrastran los invitados.
Dibujo simbólico de lo que sería una cena de Nochebuena, de acuerdo con un
relato dickensiano, sin que falten ni el budín ni el buen vino.
Árbol de Navidad en el Hospital Middlesex de Londres, Inglaterra, en tiempos
de la filántropa inglesa Florencia Nightingale (1820-1910)
Entrando con la cabeza de jabalí, óleo por Mayer.
Dibujo por F. Barnard que alude a la costumbre de besar a la pareja debajo
del muérdago.
Los deportes de Navidad solían, ser interrumpidos en la Nueva Inglaterra del
siglo XVII, por el gobernador y sus gendarmes.
La
tradicional empanada de carne, de nuestros días, es una modesta descendiente de
esos ilustres antepasados, aunque los puritanos, que se oponían a la fiesta de
la Navidad, la calificaron como "una mezcolanza de superstición del
demonio y todas sus obras".
El
brindis.
Los ingleses tienen (o hasta hace poco tenían) su ponche de Navidad, y los
norteamericanos la yema mejida o caldo de la reina. Ninguna de estas dos
bebidas se remonta al wassail [32] sajón,
bebida escanciada en la pascua de Navidad. Sus ingredientes: vino, huevos
batidos, manzanas asadas, azúcar, nuez moscada, clavo y jengibre, y se servía
caliente. En la Inglaterra anterior a la época de los puritanos, la cuenca de
wassail se llenaba y bebía generosamente durante la mayor parte de los doce
días de Navidad. Era una cuenca noble: la que puede verse todavía en la
Universidad de Oxford tiene capacidad para 37 litros, con un cucharón de un
cuarto de litro.
Los
aguinaldos.
Algunos historiadores atribuyen el origen de los regalos de Navidad a la
costumbre romana de dar strenae el primer día del año. Los teólogos creen que
esta tradición simboliza los regalos ofrendados al Niño Jesús por los Reyes
Magos. En la época del cristianismo, la costumbre ha estado más o menos en
boga, según los tiempos. Los puritanos proscribieron los aguinaldos (y la
fiesta de la Navidad misma) mediante una ley en 1644; alrededor de 1830 se
produjo un gran alboroto cuando un sacerdote católico prohibió los aguinaldos
entre parientes o entre novios jóvenes. En la Inglaterra victoriana, el
intercambio de regalos entre un hombre y una mujer significaba por lo común un
compromiso matrimonial que no siempre terminaba en la vicaría.
Con un gasto en aguinaldos que se calcula en 18 mil millones de dólares, esta
costumbre es actualmente en los Estados Unidos un gran aliciente para la
industria y el comercio. De esta suma, según el Wall Street Journal, las
empresas norteamericanas gastan mil millones en aguinaldos para sus empleados,
representantes y clientes pasados y futuros [33].
Los psiquiatras miran con malos ojos la costumbre, todavía generalizada, de
relacionar los aguinaldos que se dan a los niños por su buena conducta, con o
sin el consentimiento de Santa Claus. Alegan que esta actitud constituye una
forma cobarde de soborno por parte de los padres, que engendra falsía y
hostilidad en los niños.
En cuanto a los regalos que los adultos se hacen entre sí, pueden representar
la "bondad y benevolencia", mencionadas por Dickens, o tentativas
subconscientes para acallar los sentimientos de culpa por la hostilidad
manifestada el resto del año; o bien una tentativa de "comprar" algo
de afecto para el próximo año. Cualquiera que sea el motivo, la costumbre no da
muestras de desaparecer.
Las
tarjetas de Navidad.
Algunas veces se atribuye el origen de esta costumbre relativamente moderna al
artista W. C. T. Dobson, de la Real Academia Inglesa, quien en 1845 obsequió a
sus amigos con litografías de un dibujo que había hecho para simbolizar el
espíritu de la Navidad.
Contraste entre un árbol de Navidad en Park Avenue, de Nueva York, y la Cruz
formada por la combinación de luces en las ventanas de un edificio.
O
quizás podría haber sido su colega de la Academia, J. C. Horsley, quien diseñó
una tarjeta para Sir Henry Cole en 1846. Las primeras tarjetas impresas en
Inglaterra tenían un diseño muy sencillo: un petirrojo, una ramita de acebo o
de muérdago y el consabido saludo. Los precursores de la impresión de tarjetas
de Navidad en los Estados Unidos fueron principalmente alemanes como Louis
Prang, que instaló su negocio en Roxbury, Massachusetts, en 1874.
A partir de entonces, las tarjetas de Navidad se han inspirado en casi todos
los temas posibles, inclusive la innovación última que consiste en estampas de
un humorismo picante. Los eclesiásticos condenan el uso de temas mundanos y los
psiquiatras consideran el recibo de una montaña de tarjetas como el deseo de
reforzar una dudosa popularidad. Mientras tanto, los fabricantes y vendedores
de tarjetas en los EE.UU. hacen su agosto, con un ingreso anual de 150 millones
de dólares y la Oficina de Correos, por su parte, se beneficia con 50 millones
de dólares por concepto de la venta de sellos. Una firma comercial de Chicago
hizo erigir la "tarjeta de Navidad más grande del mundo"
representando la Sagrada Familia, con una altura de doce pisos y una
instalación eléctrica suficiente para iluminar 260 hogares durante un mes.
Hostilidad
de los puritanos.
La idea de que la fiesta de Navidad era obra del demonio se originó en círculos
de la Iglesia reformada de Escocia en el siglo XVI. Sus jerarcas (Knox,
Melville) vituperaban a la Iglesia romana y todas sus actividades, inclusive
las fiestas religiosas no mencionadas en el Nuevo Testamento. En 1583, la
Glasgow Kirk Session condenó a cinco personas a una penitencia pública por
haber celebrado "la fiesta supersticiosa llamada Navidad". Por el
contrario, en 1633 el puritano William Prynne sufrió la mutilación de las
orejas por haber denunciado (entre otras diversiones) las festividades de
Navidad. En 1656, el puritano Hezekia Woodword publicó un tratado con un título
notable: "El día de la Navidad, el antiguo día de fiesta de los idólatras
en honor de Saturno, su dios-ídolo, el día de reunión de los papistas, el día
de la idolatría del hombre supersticioso, el día de la pereza de la multitud,
el día de trabajo de nuestro enemigo Satanás... Tomando a pecho las costumbres
paganas, las supersticiones papales, los trajes descarados, las temibles
provocaciones, las horribles abominaciones cometidas contra el Señor y su Hijo
Jesucristo en aquel día y en los siguientes".
Una consecuencia del interregno puritano en Inglaterra fue despojar a la
Navidad de gran parte de su contenido religioso. Al reanudarse la celebración
de la Navidad en la Restauración, la conmemoración se había degradado hasta el
punto de convertirse en una verdadera fiesta pagana.
En vez de villancicos alabando al Niño de Belén, caballeros fanfarrones
cantaban loas a las empanadas de carne y al budín.
El espíritu puritano echó raíces en las colonias de Nueva Inglaterra, donde una
ordenanza de Massachusetts de 1659 dispuso que quienquiera que fuese
sorprendido celebrando la fiesta de la Navidad debiera ser castigado con una
multa de cinco chelines.
Mas las olas de inmigrantes procedentes de Europa, con sus pintorescas fiestas
navideñas, contribuyeron a suavizar la austeridad americana, aunque todavía hay
sectas que se niegan resueltamente a reconocer la Navidad como una fiesta
religiosa cristiana.
Así comienzan a sentir los niños las emociones de las fiestas navideñas.
Hoy
día en Escocia sólo una minoría de personas festeja la Navidad; la mayoría se
reserva para Hogmany, el último día del año.
Psicología.
No obstante Dickens, algunos psiquiatras del siglo XX miran la Navidad con
recelo. Uno de ellos ha descrito un "síndrome" que prevalece desde el
día de Acción de Gracias (el último jueves de noviembre) hasta el Año Nuevo y
se caracteriza por ansiedad, depresión, nostalgia, irritabilidad y el deseo de
encontrar una solución mágica a los problemas. Los pacientes suelen provenir de
hogares disueltos y tienen dificultad en establecer vínculos emocionales
estrechos; el espíritu de la fiesta agudiza su ansiedad característica.
Otra teoría de los psiquiatras es que algunas neurosis, en particular las
causadas por una rivalidad familiar latente desde la infancia, pueden
exacerbarse en la época de Navidad. El símbolo del Nacimiento de Cristo puede
también despertar recuerdos ingratos de rivalidad frustrada entre hermanos.
Otra observación es que la idea de la muerte puede impregnar la mente de
personas en las cuales los conflictos psíquicos se intensifican con el espíritu
alegre de la temporada.
Quizás sea verdad que la Navidad, con su gran variedad de creencias primitivas,
ritos religiosos, vínculos familiares, obligaciones sociales, costumbres
conformistas, deba agitar un conjunto de fuerzas psicodinámicas que yacen en
estratos profundos del subconsciente y que normalmente se mantienen inhibidas
durante el resto del año.
También salta a la vista que las fiestas de Navidad son un oasis verdeante en
un paisaje gris como es el que por lo general prevalece en el siglo XX. Las
ramas de muérdago y abeto recuerdan a los habitantes de las grandes ciudades
escenas campestres de cañadas y bosques; las centelleantes lucecitas de los
árboles de Navidad iluminan las calles oscuras o el lóbrego paisaje del campo;
la música neutraliza los estímulos auditivos normalmente deprimentes o los
ruidos discordantes. La elección de los regalos y los preparativos en el
ornamento de sus envolturas estimulan la imaginación; la emoción de la sorpresa
activa las glándulas endocrinas. Para todos, menos para los infortunados
neuróticos, la Navidad es un día del año que se espera con ansiedad y se goza
plena y entusiásticamente.
Como dijo Charles Dickens, "¿quién puede ser insensible a la efusión de
sentimientos generosos y al honrado intercambio de afectos, que abundan en esta
época del año? Una fiesta de Navidad en familia: que sepamos, ¡no hay nada más
delicioso! Parece haber algo mágico en el mismo nombre de la Navidad. Se
olvidan los celos y discordias insignificantes, y se despiertan los
sentimientos sociales en almas que no los han conocido... los corazones
bondadosos que han suspirado por unirse, pero a los que les ha impedido hacerlo
un falso orgullo y una fementida dignidad, vuelven a encontrarse, ¡y todo es
bondad y benevolencia! Ojalá que la Navidad durase todo el año (como debía ser)
y que los prejuicios y pasiones que deforman lo mejor de nuestra naturaleza
nunca se manifestaran entre aquellos que siempre deben estar libres de tales
sentimientos".
Colofón.
La Navidad parece ser la propia y mejor medicina de sí misma. MD ofrece sus
cordiales saludos y mejores deseos a todos los médicos y a sus familias, que
están preparando con emoción y alegría la dosis anual de este notable
remedio.
Poesía y Medicina
Marzo de 1965
La
poesía es una traducción la de la naturaleza
MIGUEL
DE UNAMUNO
Por
algo uno de los primeros poemas de Europa es un himno a Apolo, dios de la
poesía y de la medicina, dos artes que, en la mente de los antiguos griegos,
aparecían como íntimamente ligadas entre sí.
Desde tiempos muy remotos el hombre comenzó a atribuir poderes mágicos tanto a
la poética como al arte de curar: las tablillas de barro cocido de Mesopotamia
y los papiros de Egipto llevan inscritos versos muy sugestivos para consagrar
remedios e instrumentos, preparar al enfermo para el tratamiento y ayudar al
médico en su labor curativa. En este trabajo, MD explora los históricos nexos
entre la poesía y la medicina.
Fuentes.
Al parecer es tan vieja como el hombre mismo su profunda necesidad que le
impele a expresarse en rítmicas cadencias, utilizando palabras a menudo de por
sí incomprensibles, pero que parecen poseídas del extraño poder de remover las
emociones.
Moneda griega de plata de fines del siglo VI a. de C. con la efigie de
Apolo. Este dios, padre de Esculapio, encarnaba los atributos de la poesía,
profecía, música y el arte de curar.
La
vena poética era considerada como inspiración divina rayana en la locura;
cuando el poeta invocaba a un dios, los oyentes aceptaban la expresión poética
como la propia voz de la divinidad.
El texto egipcio, abajo, es un conjuro contra las enfermedades de la mujer. En
las sociedades primitivas actuales, los curanderos y brujos aún combinan los
conjuros con sus remedios empíricos.
A medida que evolucionó el lenguaje, el hombre aprendió a invocar este poder
mediante ritos y encantaciones para dominar las fuerzas ocultas; la magia de la
expresión poética se convirtió en aliado natural del arte de curar lesiones y
enfermedades. Desde tiempo inmemorial curanderos y brujos combinaron el poder
de los encantamientos, con sus mágicos y empíricos remedios, como todavía
ocurre en las sociedades primitivas y en muchas otras del mundo actual donde
ejerce sus funciones esa mujer que es mezcla de pitonisa y curandera.
Retrato de Safo pintado en una ánfora de mediados del siglo V a. de C. Safo,
cuyos apasionados versos líricos originaron nuevas formas poéticas e influyeron
en Catulo y Ovidio, vivió en la isla de Lesbos a principios
del siglo VI
En
la Grecia antigua la poesía conservó su magia medicinal: Orfeo, según la
leyenda era, además de músico un aedo, adivino y médico, cuyos encantamientos y
mágicas fórmulas apaciguaban a los dioses y libraban al paciente de las
impurezas que causaban las enfermedades; su discípulo Musaeus también era
médico poeta, maestro de oráculos y del arte de curar. El centauro Quirón,
fundador de la medicina griega y maestro de Esculapio, enseñó a los héroes
griegos más ilustres la caza y el arte de curar.
La
métrica.
Los profetas y bardos o aedos de la antigüedad producían una poesía rica en
imágenes, pese a que sus medios de expresión poética eran los primitivos del
ritmo, la aliteración y la repetición: en el atrio del jefe tribal, el bardo
podía fascinar a la concurrencia con la mera recitación modulada de largas
relaciones de nombres y lugares, algo comparable a las bíblicas genealogías.
La apoteosis de Homero, óleo de Ingres pintado en 1827. Homero, primer poeta
de Europa, al parecer vivió hacia el año 800 a. de C. En su cuadro alegórico,
Ingres muestra a Dante, Shakespeare, Racine y Molière, entre los grandes poetas
del mundo que rinden homenaje al autor de la Ilíada y la Odisea. (Museo del
Louvre).
Los
poemas de Hornero son los primeros escritos con unidad de pie y versificación;
el hexámetro dactílico de las epopeyas homéricas se convirtió en el metro
clásico de los poemas heroicos. La isla de Lesbos contribuyó a la lírica con
las odas de Safo y Alceo, y Píndaro elevó a la más refinada expresión poética
una variedad de composiciones líricas de diversas regiones griegas; durante la
edad de oro de Atenas los poetas trágicos introdujeron numerosas formas
métricas en el coro. Los poetas de Grecia y Roma apenas usaban la rima,
probablemente porque les parecía demasiado similar a las prosaicas coplas de la
plebe y, por lo tanto, algo indigno del verdadero poeta. Cuando los primeros
cristianos adoptaron el latín como lengua de la Iglesia, alguna cantilena popular
quedó incorporada en las letanías, posiblemente a título mnemotécnico [34].
A lo largo de la Edad Media se cultivó una rica poesía popular en latín bajo o
vulgar y lenguas vernáculas, a base de una ingeniosa gama de rimas y formas
métricas. El capítulo de la poesía en latín se cierra con los goliardos,
clérigos y estudiantes vagabundos y monjes exclaustrados que corrían la tuna
haciendo de rapsodas o juglares; al mismo tiempo los trovadores provenzales
empleaban los dialectos del romance para cantar, en la corte de nobles damas,
sus intrincadas rimas de amores galanos y aventuras de caballeros andantes,
mientras en la Alemania medieval siguen su ejemplo los Minnesingers.
Poesía
médica.
Entre la clase médica el cultivo de la poesía en latín fue una tradición que
duró centenares de años. La poesía había servido desde tiempos remotos para
educar la memoria, así, se mantuvieron vivos a través de la Edad Media y se
publicaron en el Renacimiento los tratados en verso sobre venenos y mordeduras
ponzoñosas, de los que fue autor el médico y poeta jónico
Nicandro; el De herbis de Aemilius Macer; los versos sobre
la triaca de Andrómaco, el célebre arquíatra de Nerón, y los
de Quinto Sereno sobre el tratamiento de enfermedades comunes.
El más famoso de los poemas didácticos medievales es el Regimen
Sanitatis Salernitanum, escrito por la escuela de Salerno entre los
siglos XI y XIII. Se publicaron unas 300 ediciones con una variación de 352 a
3.520 estrofas y apareció en muchos idiomas; hasta que existieron los libros de
texto impresos, se transmitió oralmente a través de miles de médicos. Sin
pretensiones en cuanto a valor literario, contiene, sin embargo, frecuentes
ejemplos de versificación fácil y agradable, incluyendo rimas tan felices como
las siguientes:
"Quale,
quid et guando, quantum, quotes, ubi, dando".
Un
médico español de la corte real, Don Francisco López de Villalobos, escribe
unos años después del descubrimiento de América por Cristóbal Colón las 74
estrofas de su poema sobre la sífilis (Sumario de la medicina
con un tratado sobre las pestíferas bubas, 1498), en el cual
se combinan la elegancia del estilo literario y la claridad del concepto
médico.
Retrato de Dante, en la catedral de Florencia. Dante mostró gran interés por
la medicina de su tiempo.
Treinta
y dos años más tarde se publicó sobre la misma enfermedad el
clásico poema del médico veronés Girolamo Fracastoro, Syphilis sive
morbos gallicus, que incluye la descripción médica y el tratamiento
del morbo gálico o mal francés encuadrado en un mito griego.
Los médicos comenzaron a escribir como los literatos, cuidando mucho la
elegancia del estilo, ofreciendo obras didácticas a la vez que amenas. En todo
tratado era indispensable la dedicatoria y el prefacio en latín versificado.
Muchos, siguiendo a Fracastoro, escribieron en verso la obra completa, como
Scevola de Sainte-Marthe en su tratado sobre el embarazo y la infancia,
La paidotrofia o arte de criar y cuidar al niño, y Claude
Quillet, pionero de los estudios de eugenesia y herencia biológica en la
obra La calipedia o arte de procrear niños hermosos, que fue
publicada en 1655.
La versificación se extendió a ensayos tan dispares como: baños calientes,
anatomía, hipocondría e histeria, la chinchona, la leucorrea, las heridas del
hígado y el uso del té.
Izquierda, Girolamo Fracastoro versificó Syphilis sive morbus
gallicus, su estudio clásico de dicha enfermedad venérea.
Derecha, Regimen Sanitatis Salernitanum, es el más famoso
poema médico-didáctico de la Edad Media.
En
el siglo XVII dos médicos franceses ponen en verso los aforismos de Hipócrates;
uno de los médicos de Luis XIV catalogó en hexámetros la nomenclatura de los
músculos, y el cirujano del duque de Orleans escribió unas notas sobre los
huesos explicando en prosa la parte anatómica y en verso la funcional.
Digno de mención, entre los últimos médicos que escriben sus obras didácticas
en verso, es el Dr. Erasmus Darwin, abuelo del autor de la teoría de la
evolución, cuya Zoonomía constituye uno de los primeros ensayos
que se hayan escrito sobre el evolucionismo; el Dr. Erasmus Darwin renunció su
cargo de médico de la corte de Jorge III prefiriendo retirarse al tranquilo
ejercicio de la medicina; escribió un buen número de largos poemas médicos y
científicos, siendo el más famoso The Botanic Garden que se
publicó en 1792. Poco después, la costumbre de escribir voluminosos tratados
médicos en verso pasó de moda, salvo entre curanderos ambulantes, quienes se
valían de versos ampulosos para anunciar sus conferencias y panaceas.
Médicos
poetas.
Son muy contados los médicos poetas que han alcanzado la gloria en ambas artes,
medicina y poesía; mas las raíces de esta tradición son muy remotas: Nicias, el
amigo de Teócrito (siglo III a de C.), hizo sus estudios en la isla de Cos y
practicó tanto la medicina como la poesía en Mileto. El gran poeta dedicó dos
de sus famosos idilios al joven médico y le envió un poema
para consolarle cuando sufrió del mal de amores: "Parece ser que no hay
remedio para el mal de amores, Nicias, ni bálsamos ni ungüentos, mas tú no
debes ignorar, siendo médico y amado de las musas, que sólo la Doncella Pieria
lo puede curar"; y después, siendo Nicias más afortunado en el amor,
Teócrito envió a la desposada un epitalamio y una rueca de marfil.
Albrecht von Haller, izquierda, amigo de Goethe, se distinguió como poeta y
como médico. Derecha, Dr. Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin, fue uno de
los últimos poetas médico-didactas.
Quizás,
el médico más joven que se conoce en la historia de la medicina sea Wang Wei
(alrededor de 699-759), quien fue aprobado a los 14 años como médico rural
durante la dinastía Tang. Fue uno de los mejores poetas y pintores paisajistas
de su época.
Los médicos del Renacimiento fueron apasionados de ambas artes: de Vesalio se
conoce por lo menos un soneto, bien inspirado pero mal escrito en latín;
Francesco Redi escribió sus poemas siendo médico de la corte de los duques de
Toscana; en la época isabelina el inquieto Thomas Campion cambia la abogacía
por la medicina y produce algunas de las poesías líricas más conocidas de este
período.
En el siglo XVIII, Albrecht von Haller, amigo de Goethe y considerado por sus
contemporáneos tan grande como éste, es un genio comparable a los del
Renacimiento. Era botánico, fisiólogo, filósofo y estadista que al embarcarse
en sus notables investigaciones médicas, iba precedido de la fama e influencia
que ejerció en el mundo de la poesía alemana.
Tobias Smollett, izquierda, cultivó la medicinay las letras hasta los
42 años de edad enque se dedicó de lleno a la literatura.Edward Jenner,
descubridor de la vacunaantivariólica, escribió poemas bucólicosde gran encanto
y fina observación.
Durante
el mismo siglo, un médico rural, Edward Jenner, era también poeta
bucólico y su poesía está llena de encanto y amorosa
percepción de la Naturaleza; amigo y alumno de John Hunter, Jenner era un
consumado naturalista que se dio maña para componer su Address to a
Robin (Canto al petirrojo).
La medicina reivindica como suyos muchos poetas para quienes el ejercicio
médico fue pasajera ocupación; el gran poeta John Keats es uno de los mejores
ejemplos: nacido en la pobreza, aprendiz de un cirujano rural y enfermero en el
Hospital Guy, a los 21 años se graduó con lauros en el Apothecaries
Hall. Considerándose a sí mismo sin vocación para la cirugía y
atormentado con la obsesión de que la tuberculosis le llevaría muy joven a la
tumba, abandonó la medicina y febrilmente se dedicó a escribir hasta el momento
de su muerte (Roma, 1821).
Friedrich Schiller, el amigo de Goethe y también poeta de primera magnitud, en
sus veintitantos años seguía la carrera de su padre como cirujano del ejército
cuando comenzó a escribir; olvidó completamente la medicina a los 30 años,
dejando el servicio militar por la carrera de hombre de letras y de erudito
historiador.
Francis Thompson (1859-1907), el torturado místico, es otro médico al estilo de
Keats. The Hound of Heaven es el más conocido de sus poemas.
En la lejana India, Sir Ronald Ross dejó de lado el maltrecho microscopio donde
por fin había visto el parásito del paludismo, para escribir los versos de su
famoso poema en el cual da gracias a Dios por haberle permitido descubrir el
misterioso secreto. Por su parte Sir Charles Scott Sherrington también logró
combinar poesía y medicina; sus históricos hallazgos en la fisiología del
cerebro y el sistema nervioso son armonioso eco de su alma de poeta, extasiado
ante los maravillosos secretos de la vida.
Lengua
española.
Midiendo los quilates del pensamiento poético, hemos de considerar dentro de
este campo literario a Gregorio Marañón, el sabio endocrinólogo español que a
tanta y tan bella prosa como ha escrito añadió más de un soneto que lo han
hecho digno de figurar como astro con luz propia en el firmamento de la poesía
española.
Más conocido en el mundo de las letras como dramaturgo y poeta que como médico,
es el español Vital Aza, autor de chispeante ingenio. Entre sus composiciones
relacionadas con la medicina se destaca el satírico poema A mi médico.
Manuel Acuña, estudiante de medicina mexicano, a quien sus contemporáneos
auguraban el más brillante porvenir, se suicidó a los 24 años, tras haber
escrito Ante un cadáver, uno de sus mejores poemas, y su Nocturno
a Rosario.
Un distinguirlo médico mexicano, educador y diplomático, el
Dr. Enrique González Martínez, encontró tiempo para escribir un buen número de
obras poéticas, editar varias antologías y, además, publicar artículos y obras
de ciencia política.
Internacionalmente famoso como diplomático y hombre de letras, fue el Dr.
Francisco Castillo Nájera, durante largo tiempo embajador de México en los
Estados Unidos.
Sir Charles Scott Sherrington, derecha, describió en poesía su asombro ante
las maravillas fisiológicas. Sir Ronald Ross, izquierda, descubridor del
parásito del paludismo, fue además un destacado poeta
Francisco Castillo Nájera, médico, poeta y diplomático, fue embajador de su
país, México, en los Estados Unidos. José Rizal, filipino, derecha, héroe y
mártir y políglota extraordinario, se destacó como médico, así
como por sus novelas y poesías.
El
más famoso de los mártires de habla hispana entre los médicos poetas, es sin
duda alguna, el filipino José Rizal, que fue fusilado a los 35 años como jefe
de la lucha por la independencia de su país; en apenas la mitad de una vida,
logró distinguirse como médico, novelista, gran patriota e inspirado poeta. Ya
en capilla compuso las conmovedoras estrofas de Mi último adiós.
Estados
Unidos.
Entre los médicos norteamericanos que alcanzaron fama como poetas resalta el
sabio profesor de Harvard, Oliver Wendell Holmes (1809-94), cuyas lecciones de
anatomía, salpicadas de buen humor, han sido recordadas por muchas generaciones
de estudiantes. Era todavía un médico joven cuando publicó su penetrante
estudio sobre la fiebre puerperal, y frisaba los 50 cuando se inició en el
mundo de las letras con el volumen de geniales ensayos titulado The
Autocrat of the Breakfast Table; a lo largo de muchos años escribió
poemas como The Chambered Nautilus, Old Ironsides y The
Wonderful One Hoss Shay, consagrados por las antologías
norteamericanas. Rimador fácil, supo compaginar el trabajo serio de la medicina
con jocosas poesías como Stethoscope Song, A Professional
Bailad.
El recientemente fallecido Dr. William Carlos Williams fue reconocido como
poeta laureado, aunque no coronado, de la profesión médica estadounidense; la
rica y generosa contribución del Dr. Williams en ambas artes durante una larga
vida de trabajo y dedicación comenzó en 1909. Sus obras perduran como un
poético recuerdo de la entrañable participación del médico en la vida de sus
pacientes, desde el nacimiento hasta la muerte.
Psicodinamia.
La aureola de inspiración divina o mágica que desde el principio rodeó a la
poesía no empalidece aun en los tiempos modernos: los poetas reconocen que la
inspiración creadora es un impulso extraño, potente, que linda en la locura.
Alexander Pope escribía: "Sáciate de las aguas pierias o no las
toques". Shelley confesaba sentirse febril y casi fuera de sí cuando se
sentía apresado por el impulso creador; Goethe relató que componía sus poemas
de noche corno si estuviera soñando; muchos poetas han manifestado que algunos
de sus versos, y hasta poemas completos, han venido a su mente en forma
espontánea.
Los poetas de la antigüedad imploraban a Apolo o a las musas que les
concedieran la inspiración; los poetas románticos la lograban a veces a través
del alcohol o de narcóticos. Coleridge despertó de uno de sus sueños de opio
para escribir rápidamente el bien conocido fragmento de su Kubla
Khan y más tarde explicó que al despertar sabía el poema completo,
pero que, siendo interrumpido mientras lo escribía, nunca más pudo rememorarlo.
Oliver Wendell Holmes, uno de los grandes maestros de la medicina norteamericana,
escribió poemas considerados ahora como clásicos.
Algunos
investigadores, como el médico-criminólogo César Lombroso y el médico-autor
húngaro Dr. Max Nordau, han estudiado el estro considerándolo una forma de
demencia o degeneración; en su discutido trabajo en dos tomos titulado Degeneración (1892),
el Dr. Nordau establecía un nexo entre la degeneración y el genio creador.
En 1935 un grupo de psicólogos intentó estudiar el acto de la creación poética
en condiciones de laboratorio: reunieron a un grupo de 55 poetas conocidos y a
un grupo testigo formado por 58 personas de distintas vocaciones (abogados,
maestros, científicos, ingenieros, secretarias y amas de casa), quienes a lo
más habían escrito una o dos poesías como ejercicio escolar.
Para establecer una norma básica, ambos grupos recibieron una prueba de
vocabulario. A cada participante se le enseñaron grabados para que seleccionara
el tema sobre el que habría de escribir. Todos manifestaron haber pasado las
mismas etapas creadoras: preparación (pensamiento consciente), incubación
(pensamiento latente), inspiración (composición) y verificación (revisión).
Todos ellos escribieron una poesía, cuyo valor fue examinado por un jurado
calificador que dictaminó lo siguiente: las mejores poesías correspondieron a
los poetas.
Durante el apogeo del psicoanálisis freudiano, el Dr. Wilhelm Stekel en su
obra Poesía y neurosis, publicada en 1923,
conceptuó que el poeta no era un psicótico sino un neurótico que a través de la
poesía va liberando sus inhibiciones. Según él, las cartas y autobiografías de
muchos poetas románticos, revelan el odio que sentían hacia el padre y amor
hacia la madre.
Destacó, además, la homosexualidad de muchos poetas, sobre todo entre los
clásicos griegos, amén de los que tratan de incesto, de amor y odio entre
hermanos y de las alucinaciones.
Norman Bethune, derecha, médicocanadiense, expresó en poesía sucompasión
ante el dolor humano.El psiquíatra Merrill Moore,izquierda, escribió más
de50.000 sonetos sui generis.
El
propio Sigmund Freud consideró al "artista" (inclusive el poeta) como
un ser que vive de espaldas a la realidad dando rienda suelta a sus deseos en
un mundo de fantasía.
Carl Gustav Jung buscó el origen de los arquetipos simbólicos de las grandes
obras poéticas en el inconsciente colectivo. Muchos médicos y filósofos han
advertido la facultad de los poetas para encontrar las profundas verdades
humanas. Karl Jaspers subraya el hecho de que sólo a través de un largo estudio
de los grandes poetas puede el psicólogo llegar a poseer la intuición e
imaginación que le permitan comprender la mente humana, sana y enferma.
En estudios recientes se vincula al poeta con el lector, el subconsciente con
el preconsciente, a través de un complicado mecanismo de comunicación
emocional; se considera la fuente de inspiración del poeta como un proceso
mental primario infraconsciente, de donde brotan símbolos plenos de
significado. El Dr. Ernest Kris en sus Exploraciones psicoanalíticas
del arte (1952) formula esta teoría: "Cuando el nivel psíquico se
acerca al proceso primario... acuden a la mente palabras, fantasías e imágenes,
porque llevan una carga emocional; este proceso primario posee en grado sumo la
propensión a abarcar con un solo símbolo múltiples referencias, logrando así
satisfacer a la vez varias necesidades afectivas. Los sueños son el mejor
ejemplo de este proceso, pero también puede descubrirse en la producción
poética".
La gama de significados que encierran las palabras e imágenes explica la
obscuridad de muchas obras maestras de la poesía; éste es uno de sus valores
especiales, tanto para el poeta como para el lector, ya que de su propia
ambigüedad surge el potencial emotivo del símbolo y su capacidad de satisfacer
las diferentes necesidades emocionales. Debido a esta ambigüedad, el lector
puede hacer su propia interpretación. Además, este proceso no ocurre en el
primer plano de la conciencia, sino en la preconciencia.
Los artificios poéticos contribuyen a aumentar el valor de las ambigüedades: el
metro, la rima y la construcción poética modifican el lenguaje corriente
dándole nuevos significados y creando problemas de interpretación y de
recreación por parte del lector. La metáfora es en sí un artificio de los
procesos primarios: característica de los sueños es la tendencia de equiparar
imágenes, sobre todo las que suscitan reacciones emocionales similares y que
escapan a la mente despierta, preocupada con los problemas prácticos de la
vida.
El Dr. Wilhelm Stekel,derecha, en Poesía y neurosis, 1923,
postuló quelos poetas son individuosque liberan sus represionesneuróticas a
travésde la poesía. Al estudiar la naturaleza del impulso creador, Carl Gustav
Jung (derecha) trazó los símbolos arquetipos empleados por los grandes poetas,
atribuyendo su origen al inconsciente colectivo.
La
metáfora sirve a los procesos psíquicos comunes al arte y al sueño con la
multiplicidad de sus ambigüedades y, al mismo tiempo, porque también representa
la integración de dispersos y dispares elementos en una sola imagen.
El poeta ejerce cierto grado de dominio consciente sobre las imágenes que
acuden del subconsciente; con poco dominio, su poema puede resultar
incomprensible; con mucho, corre el peligro de intelectualizarlo. Las normas
poéticas son tan sutiles que eluden el análisis intelectual; entre los trucos
más sonados se recuerda el de una revista intelectual australiana que publicó
una verdadera ensalada bibliográfica como si fuera la obra de un nuevo poeta.
El crítico Max Eastman una vez usó los versos escritos por un psicópata como
ejemplo de la obra de Gertrude Stein.
William Carlos Williams, médico de aldea, cobró famainternacional corno
poeta.Su obra ha ejercido unagran influencia en los poetasjóvenes de habla
inglesa.
El
Dr. Anton Ehrenzweig dice que la diferencia entre la buena y la mala poesía
reside en el hecho de que el poetastro suele arrancar las palabras e imágenes
de sus raíces subconscientes, empleándolas sólo por su belleza superficial.
La
poesía como terapia.
Robert Lynd se quejó una vez de que los médicos prescribían con más frecuencia
lechuga que poesía. Según la teoría catártica de Aristóteles, el valor
terapéutico de la poesía reside en su poder de estimular y descargar la fuerza
emocional de una manera segura, a través de pasiones como el miedo, la piedad o
el fervor religioso, con menos probabilidades de un desequilibrio de la razón.
El valor terapéutico de la poesía ha servido en determinados pacientes para
ayudarles a desahogar emociones profundas como la muerte de un familiar;
asimismo, ayuda a aliviar los problemas de la soledad, de la depresión y del
resentimiento. Ciertos psiquíatras han recomendado a sus pacientes la lectura
de las tragedias de Shakespeare o de los clásicos griegos para que, a través de
estas obras, comprendan sus propios problemas emocionales. Estos médicos hacen
destacar que el enorme poder terapéutico del método se apoya en la favorable
reacción del paciente, cuando observa que sus más íntimas experiencias han sido
compartidas por otros seres humanos; el paciente descubre que la emoción que
encierran las palabras e imágenes del poeta, son la expresión de sus propios
sentimientos.
La poesía ha resultado ser muy eficaz en la psicoterapia colectiva: el Dr. Eli
Greifer [35] ha
empleado su método en la Clínica Psiquiátrica del Hospital Cumberland de
Brooklyn, N.Y. Los mismos pacientes del grupo ayudan a seleccionar los poemas
leyéndolos en alta voz, individual o colectivamente; algunas veces llegan hasta
a aprenderlos de memoria. El grupo también comenta y discute la vida y la obra
del poeta en cuestión; a los pacientes se les alienta para que escriban poesías
para el grupo. También se combinan la poesía y la música como parte del
tratamiento: se cantan salmos, himnos y poemas con acompañamiento musical.
Colofón.
El poeta Robert Graves observó: "Una bien seleccionada antología es un
dispensario completo de medicina contra los trastornos mentales más comunes,
pudiendo emplearse lo mismo para prevenirlos que para curarlos".
Profeta de la Pluma
Enero de 1967
Herbert George Wells, novelista, periodista, sociólogo, historiador y
valeroso defensor de la justicia social y de la paz
Hace
más de un siglo, en una humilde casita en Inglaterra un recién nacido
"espumajeaba, escudriñaba y hacia esfuerzos por .apresar al universo en
sus frágiles manecitas". Así describe .Herbert George Wells su iniciación
en la vida, características que habían de formar parte de su personalidad a lo
largo de su existencia; escudriñó sin cesar a la humanidad, espumajeando de
placer o de irá por lo que veía, esforzándose siempre por asir al mundo y
moldear lo según su propio y más noble concepto.
De su pluma fluyó el prodigioso caudal de unos cien libros y folletos. Aunque
siempre insistió en que lo que escribía no era sino mero periodismo, sus fieles
admiradores afirman que ya a principios de siglo, Wells escribía sobre la
década actual. Parecía poseer un extraño donde profecía: predijo la bomba
atómica y los vuelos aerocósmicos mucho antes de que se convirtieran en
realidad; ya en la Inglaterra victoriana vislumbró los cataclismos y las
guerras que habían de sacudir a un mundo al parecer seguro y bien cimentado.
Orígenes.
H. G. Wells nació .el 21 de septiembre de 1886 en Bromley, hoy un suburbio de
Londres, el menor en una familia de cuatro hijos, tres hermanos y una hermana
que murió muy niña.
Ilustración para su obra La Guerra de los Mundos
Su
padre, Joseph, fue un jardinero que con el tiempo llegó a la humilde posición
de pequeño tendero. Al igual que el hijo, era un hombre inquieto,
individualista, con un temperamento que a menudo le llevaba a desatender sus
negocios para dedicarse a otros asuntos que le interesaban más. Pintaba,
coleccionaba plantas, leía con avidez, jugaba al cricket con la misma pasión
que emitía sus contundentes opiniones.
Cuando el joven Wells se dedicó a la polémica, su padre henchido de felicidad
decía: "Algún día la gente hará pedazos a H. G.: ahora sólo empieza a
atacar a todo el mundo". Más algunas de las opiniones de Wells eran tan
atrevidas que ni el padre las podía compartir. Cuando en su obra Ana Verónica
Wells propugnó la libertad sexual para la mujer, su padre lo consideró como una
admirable norma de conducta para las mujeres jóvenes, "enseñándoles lo
que debían evitar".
Joseph Wells, padre del escritor, inquieto, preocupado y arrogante a veces,
fracasó como propietario de una modesta tienda. Sarah, la madre, fue descrita
como una mujercita sufrida.
Su
madre, Sarah, era piadosa, amable y muy sufrida. Wells la recuerda como "una
mujer pequeña, angustiada, dedicada a batallar sola contra la austeridad y
pobreza de nuestro hogar, que se esforzaba por mantener limpio, por tener a sus
hijos aseados, bien vestidos, alimentados e instruidos, para conservar las
apariencias". La madre se desvivía cuidando a Herbert George, a base
de grandes cantidades de aceite de hígado de bacalao para fortalecerlo. Con el
fin de salvaguardar su mente tierna de los conocimientos perniciosos, pegaba
tiras de papel sobre las ilustraciones de sus libros de lectura en los que
aparecía la imagen del diablo.
La casa en que se crió Wells constaba de cinco pequeños cuartos apiñados en un
estrecho edificio donde el padre había instalado su tienda. La cocina se
hallaba en el sótano, ventilada sólo por una reja que daba al nivel de la
calle. Uno de los primeros recuerdos del muchacho fue el ruido de las pisadas
de la gente que pasaba por la calle en eterna procesión, hecho que relató posteriormente
en La miseria de las botas.
Detrás de la casa había un patio de unos nueve metros, con unas cuantas plantas
marchitas, un retrete, una alcantarilla por lo común llena de desperdicios, un
pozo y un amplio basurero donde de niño Wells se divertía jugando con cáscaras
de huevo, pedazos de hojalata y formando paisajes montañosos con las cenizas.
A los siete años de edad, el niño se fracturó una pierna, mas como los huesos
no soldaron en la forma debida fue preciso realizarle una resección. Años más
tarde declaró que gracias a la larga convalecencia descubrió, a través de los
libros que su padre le suministraba, los deleites de la lectura, afición que
siguió cultivando después en las bibliotecas y visitando puestos de libros. En
su adolescencia leyó con fruición a Voltaire, Tom Paine, Platón, Chaucer,
Dickens, Scott e Washington Irving. Además, ya había tenido la oportunidad de
leer una edición no censurada de Los viajes de Gulliver. Mientras
leía, concebía sueños fantásticos, imaginándose que encarnaba a personajes
heroicos como Oliver Cromwell, Napoleón y Washington.
Empezó sus estudios cuando tenía seis años de edad en la Academia Comercial de
un tal Mr. Morley, a cuya escuela de un solo cuarto, acudían los alumnos que
aspiraban a ser tenedores de libros. En esa lúgubre aula se estudiaba
aritmética, caligrafía, nociones de francés e historia. Wells describió al
maestro como un ser impasible, austero y aburrido "con el aspecto
pomposo de una enciclopedia". Wells aprobó las asignaturas
sobresaliendo en todas ellas, pese a su aburrimiento y reprimida rebeldía. Poco
a poco se fue desarrollando en él un espíritu individualista, reflejado en su
actitud escolar, frente a sus padres y a toda autoridad.
A los catorce años terminó sus estudios escolares y se empleó sucesivamente
como dependiente en un almacén de paños, en una botica y de nuevo en un almacén
de paños; sus padres querían que aprendiera un oficio pero a Wells le hacía
infeliz la idea. Finalmente abandonó el almacén amenazando con ahogarse si no
respetaban su decisión. Se salió con la suya y la crisis emocional le
proporcionó una lección que jamás olvidó y que a menudo citaba a lo largo de su
vida: "¡Si la vida no te parece buena, cámbiala; si anhelas algo con
pasión, tómalo y al diablo con las consecuencias!"
Wells en aquella época era un mozo de 17 años, rebelde, desaliñado, poco
instruido y sin perspectivas para el futuro. Por pura casualidad tuvo la
fortuna de que le ofrecieran un puesto de maestro auxiliar en la escuela
elemental de Midhurst, en el condado de Sussex, mas estuvo a punto de malograr
la oportunidad cuando se opuso al sacramento de la confirmación. Aunque se había
declarado ateo, transigió de mala gana; después de someter al cura a un
minucioso examen sobre sutilezas teologales, el joven Wells preguntó si del
dogma podía aceptar el espíritu antes que la letra, a lo que el atormentado
cura replicó: "Creo que sería mucho mejor así".
Wells en 1886 en una pose típica de humorismo estudiantil. Su maestro de
biología fue Thomas Henry Huxley, quien influyó en su formación.
En
la escuela, Wells participó en un pequeño fraude al matricularse en una serie
de clases en que era el único alumno con el fin de que el director pudiera
ganar premios por la excelencia del alumno; para Wells, el resultado fue un
atiborramiento de cursos de fisiología, geología y ciencias generales. Un año
más tarde se trasladó a Londres donde estudió pedagogía en la Escuela Normal de
Ciencias. Siguió cursos de biología bajo T. H. Huxley, el único profesor que
hasta entonces le causó honda impresión. En las clases de Huxley halló "una
interpretación sistemática y lúcida sobre la vida, las formas y apariencias de
la vida, la urdimbre de la vida, la vida del pasado y lo que ofrece en el
presente. Ese año en la clase de Huxley fue, sin lugar a dudas, el más
importante en mi vida estudiantil".
Isabel Wells, izquierda, y Amy Robbins, primera y segunda
esposa, respectivamente, del escritor, cuyo último matrimonio duró 33 años,
pese a los frecuentes devaneos amorosos del esposo
Wells
sobresalió en la clase de Huxley, mientras que en las de los otros profesores
su mente solía divagar. Pronto se dedicó con ahínco a participar en los debates
de un club dedicado sólo a este objeto y en la fundación de un periódico
también estudiantil del que formó parte. Se convirtió en un reformador radical,
luciendo con orgullo corbata roja por las calles de Londres, alumbradas a gas,
cuando se dirigía a las conferencias sobre el socialismo. Esta vida agotadora
iba unida a su desaliño personal, agudizado por la pobreza; llevaba ropa raída,
apenas comía, y perdió tanto peso que en una ocasión uno de sus profesores le
obligó a aceptar una invitación a comer a pesar de las protestas inspiradas por
su amor propio.
Después de tres años, sufrió las consecuencias de la intensa vida que hacía:
fracasó en los exámenes finales y dejó los estudios sin lograr ningún título.
Sin embargo, según él, su preparación estaba completa. "Dejad que os
diga, comentó, lo que tenía. Tenía al hombre bien colocado en el gran esquema
del tiempo y el espacio. Lo conocía a la perfección por lo que era, finito mas
no final, un ser todo él transigencias y adaptaciones. Había visto todo eso y
muchas cosas más en mis clases de disección y embriología. Lo había confirmado
en un curso de paleontología, y había tomado las medidas de todo el proceso
mediante la escala estelar en un curso de astrofísica". Estaba
plenamente convencido de que ya poseía la sabiduría suficiente para compartirla
con el mundo.
Herbert George Wells con George Bernard Shaw y su esposa, en 1902, un año
antes de convertirse en miembro de Fabian Society
El
hombre.
A los 21 años Wells se colocó como maestro en la poco renombrada Holt
Academy, en Wrexham, Gales. Debido a que el lugar le aburría, Wells
decidió pasar el tiempo experimentando en el campo de la literatura; uno de sus
primeros trabajos fue publicado en un semanario literario de la época. Años más
tarde comentaba Wells al respecto: "Fue un éxito de dudoso mérito. Se
trataba de un cuento cursi, sentimental y falso pero su triunfo incrementó mi
vana ilusión de que había dado con la clave de lo que es hacer literatura".
Más cuando las editoriales empezaron a rechazarle sus manuscritos se puso a
analizar seriamente el problema. Conforme iba forjando su propio estilo, leía
con avidez a las figuras literarias de la talla de Shelley, Keats, Heine,
Whitman, Holmes, Hawthorne, Stevenson.
Wells practicaba deportes durante sus ratos de ocio, afición que parece
haber heredado de su padre. En la fotografía, patinando en hielo en Suiza, en
1911.
En
un accidente sufrido mientras jugaba al fútbol se lesionó un riñón. Trató de no
interrumpir sus labores docentes, pero se desmayó en plena clase debido a una
fuerte hemorragia. Al ser examinado por un médico, éste descubrió que Wells
sufría de tuberculosis. Para reposar fue enviado a una casa de campo donde su
madre servía de ama de llaves. Durante meses estuvo gravemente enfermo,
sufriendo una hemorragia tras otra y quemando sus pañuelos ensangrentados para
que su madre no se afligiera.
En ocasiones era presa de profundas melancolías y en otras asumía una actitud
filosófica de absoluto desprendimiento; una vez pasada la crisis, solía reírse
de su propio comportamiento: "Durante casi cuatro meses estaba muriendo
con inmensa dignidad. Algo que Plutarco hubiera inmortalizado. Escribí —con
lápiz acongojadoramente tembloroso—a todos mis amigos íntimos. Vi el odio y la
ambición en toda su pequeñez. Perdoné a mis enemigos y ellos a su vez
reconocieron mi nobleza de espíritu".
Pronto se aburrió de sus posturas dramáticas y decidió aliviarse: "Un día
de primavera, arrastrándome, salí solo para contemplar, quizá por última vez,
el cielo y la tierra. Por casualidad me encontré con una muchacha que al tratar
de saltar un seto se había enredado la falda en unos abrojos. La charla entre
ella y yo fue de lo más amena. Hablamos de esto y aquello y me olvidé por
completo de que yo era un hombre condenado a morir".
Antes de comenzar un partido de tenis, en California, en compañía de la
actriz Paulette Goddard
Un
hecho que molestaba a Wells durante su larga convalecencia era que se expresaba
como un antipuritano, pero a la vez corría el peligro de morir en castidad; tan
pronto como mejoró su salud se trasladó a Londres para poner coto a la
situación. Solicitó los favores de una prostituta pero la experiencia le causó
honda desilusión. A raíz de esa aventura se retrajo por un tiempo dedicándose
en su soledad a las más fantásticas visiones eróticas.
Escena de Half a Sixpence, comedia musical que triunfó en
Londres y Nueva York, basada en Kipps, novela
humorística de Wells
Le
fue difícil encontrar un nuevo empleo y una vez más se halló en la penuria. Se
vio obligado a vivir en lúgubres tugurios donde pagaba cuatro chelines por
semana. En una ocasión fue tal su indigencia que no tenía con qué comprar un
sello de correo para enviar una tarjeta a su familia pidiendo auxilio.
Finalmente obtuvo un puesto mal pagado como maestro auxiliar en Henley
House School, y al mismo tiempo logró licenciarse. El año siguiente, a
los 24 años de edad, fue nombrado instructor en una escuela preparatoria, y
debutó como escritor de temas trascendentes al publicar El
redescubrimiento de lo singular en la Fortnightly
Review, revista quincenal londinense.
A los 25, modestamente establecido, contrajo matrimonio con su prima Isabel
después de un noviazgo de cinco largos años por su enfermedad y su pobreza. A
las pocas semanas de casados, Wells se dio cuenta de que jamás podrían
congeniar. El era, por temperamento, impetuoso, parlanchín y afecto a las
discusiones; ella, en cambio, era tímida y retraída por lo cual le molestaban
las ideas radicales de su marido y no podía compartir sus entusiasmos. El
matrimonio se mantuvo precariamente durante tres años, pero mucho antes de
disolverse, Wells había establecido relaciones amorosas con una estudiante
llamada Amy Catherine Robbins, a quien había conocido cuando era profesor en la
escuela preparatoria.
Refiriéndose al idilio, comentó Wells: "Nos prestábamos libros;
intercambiábamos apuntes; y nos las arreglábamos para dar un
paseo una o dos veces por semana y tomar el té. Fue una amistad cimentada en la
más perfecta creencia de que no conduciría a nada, y no obstante, siguió".
Y añade: "De repente me di cuenta una noche de que yo quería la forma de
vida que para mí simbolizaba Amy y que la vida que hacía con mi mujer era
insostenible".
Surgió otra crisis: Wells sufrió una recaída en su tuberculosis, tan aguda que
se vio obligado a dejar su empleo como profesor; en el curso de su
convalecencia llegó a una conclusión radical. Abandonó a Isabel y vivió en
concubinato con Amy en un lúgubre apartamiento, cifrando todas sus esperanzas
en tener éxito como escritor.
Aún enfermo e indigente, Wells se recluyó en su nuevo hogar y trabajó
frenéticamente para mejorar su suerte; escribió una serie de artículos,
críticas y cuentos para las revistas Pall Mall, The National Review y
National Observer. En menos de un año publicó su primera novela de
tema futurista, La máquina del tiempo. Desde el momento en que
apareció, en 1895, fue un éxito de librería, proporcionándole al autor 100
libras que le cayeron como del cielo. En ese mismo año Wells fue nombrado
crítico teatral de Pall Mall, convirtiéndose de inmediato en
discutida personalidad en los círculos literarios londinenses.
Wells se divorció entonces de Isabel, comentando al respecto: "Lo que
pasa es que las mujeres muchas veces confunden la posesión con la pasión y
cuando uno las abandona no es que se les parta el corazón; lo que les indigna
es que uno repudie lo que ellas consideran sus derechos de posesión".
Maugham comentó en una ocasión que las conquistas amorosas de Wells eran un
tanto inexplicables ya que "su aspecto físico no era demasiado agradable.
Era gordo y feo. En una ocasión le pregunté a una de sus amantes qué era lo que
le atraía en él. Esperé que ella se refiriera a la agudeza mental de Wells y a
su temperamento alegre; nada de eso. Me dijo que su cuerpo olía a miel".
Amy se cansó de las conquistas amorosas de Wells y de la constante agitación en
que vivía su marido; por consentimiento mutuo acordaron que ella se mudara a su
propio apartamiento, en el que jamás puso pie Wells. Siguió viviendo con él y
compartiendo sus problemas, pero cuando se cansaba, se retraía a su apartamiento.
A pesar de cierto distanciamiento, los dos sentían un recíproco y profundo
cariño y Wells siempre buscó apoyo en ella. Después de 33 años de matrimonio
ella murió víctima de cáncer. En sus últimos momentos Wells, acongojado, le
tomó la mano y a medida que perdía el conocimiento, ella murmuraba: "Estoy
lista para el sueño eterno".
Por un tiempo, Wells se hundió en una profunda depresión espiritual; más tarde
se recobró, dedicándose de nuevo a la literatura y a los viajes. Recorrió medio
mundo, sólo con el fin de entrevistarse con Stalin y Roosevelt, esperando
convencerlos de que se unieran para evitar la guerra que se cernía sobre
Europa. Mas su característico optimismo empezaba a flaquear; ya no confiaba en
el triunfo de la razón. Conversando con W. Somerset Maugham se quejaba:
"Hace treinta años que vengo pregonando lo mismo, pero nadie me
escucha". Con sutil cinismo respondió Maugham: "Eso era lo malo. Se
había repetido demasiado".
La
obra.
En su voluminosa producción literaria se revelan sus cuatro distintas
personalidades como intelectual: el Wells profeta de las deslumbrantes
revoluciones tecnológicas, el novelista que evoca imágenes de una juventud
mancillada, el reformador social que aboga por la necesidad de cambios
radicales, y el educador que profundiza en los misterios de la vida.
Raymond Massey, izquierda, en una escena del film con el argumento de Historia
de los días futuros, de Wells, 1936. Años más tarde el actor Orson
Wells radió una versión de su otra obra, La guerra de los
mundos, con tal dramatismo que quienes no la escucharon desde el
principio creyeron que se avecinaba una invasión de seres del espacio.
Su
primer éxito como escritor lo obtuvo en el campo de la ciencia ficción con la
serie de obras que inició con La máquina del tiempo y siguió
con La visita maravillosa, La isla del doctor Moreau, El hombre
invisible, La guerra de los mundos, Los primeros hombres en la luna, El
manjar de los dioses e Historias del tiempo y el
espacio; todas aparecieron antes de 1905. Sobresale en ellas la
fecundidad de su extraordinaria imaginación: cuando escribía sobre los vuelos
aerocósmicos dejó de lado toda la complicada tecnología que dichos vuelos
suponen e "inventó" simplemente una sustancia tan opaca a la gravedad
como lo es la madera a la luz. En su mayoría, en las historias proyecta un sano
optimismo, aunque entre líneas se descubre a menudo cierta nota de premonición.
Wells predijo los vuelos antes de que los hermanos Wright llevaran a cabo su
famoso experimento; predijo además que con el tiempo los aviones serían
portadores de armas, que en las guerras del futuro desaparecerían las líneas de
combate y que inevitablemente la población civil se vería envuelta en las
hecatombes bélicas. Con fervor esperaba que en vista de esto el mundo se
opusiera a todo conflicto armado.
Escena del film La máquina del tiempo, 1960, en el que el
inventor de una máquina viaja en el futuro y ve entre las diversas etapas
degenerativas de la evolución de la vida una de maldad en la que simiescos
Morlocks devoran a la hermosa Eloi, y otra en que el sol y la tierra están a
punto de desaparecer.
En
una segunda serie de obras se dedicó a presentar en fauna patética la situación
de la clase media pobre, en contraste con los esplendores que caracterizaron la
era edwardiana en Inglaterra. Reflejando sus propias experiencias, creó El
amor y Mr. Lewisham, Kipps, La historia de Mr.
Polly y Tono Bungay, todas ellas consideradas desde el punto de vista
artístico como sus mejores obras por la autenticidad de los personajes y del
ambiente de pobreza, ternura y aspiraciones frustradas que plasma con singular
maestría.
Después de 1910 abandonó el género puramente novelístico valiéndose cada vez
más de sus personajes para delinear grandes proyectos con fines a la redención
del hombre por medio de la ciencia y la razón. Anticipaciones y Una
moderna utopía ya contenían gérmenes de dichos mensajes redentores.
Perfeccionó la técnica en obras tales como Ana Verónica, El
nuevo Maquiavelo, Matrimonio, La magnífica
investigación, Juana y Pedro y El mundo de
William Clissold. Sus temas favoritos eran el socialismo, la libertad
sexual y el derecho universal.
Su tendencia a la polémica a menudo deslucía el estilo pero prestaba vigor y
pasión a su obra. A quienes se quejaban de que no cumplía con las obligaciones
del artista, Wells contestaba con desdén: "Soy periodista y me niego a
presumir de artista. Escribo como camino, porque lo que quiero es llegar a un
punto y escribo rectamente porque así se llega más pronto."
En años posteriores empezó a abrigar dudas sobre la trayectoria de su vida y la
del mundo. El resultado fue una serie de tentativas literarias un tanto
confusas que sólo se aclararon al estallar la Primera Guerra Mundial.
Su obra más importante, publicada en 1920, fue Esquema de la Historia, a la que
contribuyeron con su asesoramiento cuatro egregios eruditos. Este monumental
panorama histórico de más de 1.000 páginas lleva como subtítulo: Una historia
sencilla de la vida y de la humanidad.
Según Wells la Historia debe considerarse como una aventura de la Humanidad
cuyo propósito es lograr la paz social e internacional mediante la justicia y
la equidad entre las distintas naciones del mundo. Contrastando con los textos
de historia tradicionales que hablan de reinados, linajes y campañas militares,
la historia de Wells trata de épocas, razas y naciones.
La obra fue muy discutida cuando apareció porque presentaba enfoques
revolucionarios sobre geología, biología, arqueología, etnología y ciencias
políticas. La tesis que presentaba era que la humanidad debía prepararse para
el gran futuro que se vislumbraba, un futuro con una sola religión, un solo
sistema de instrucción mundial, un mundo sin ejércitos y sin desempleados, una
organización para la investigación científica, un gobierno democrático para
todas las naciones y un orden económico según el cual los recursos naturales
serían explotados en beneficio común, reflejo de las ideas socialistas que
profesaba Wells en aquella época.
Decía Wells: "A lo largo de veintitrés siglos, la historia ha venido
desarrollando y perfeccionando la interacción y la clarificación de estas
ideas. Poco a poco y cada vez más el hombre se da cuenta de que la hermandad
universal es una realidad, que las guerras y la opresión son innecesarias y que
la humanidad toda tiene un propósito común. Es como el albor del sentido de la
responsabilidad que se experimenta en la juventud. La humanidad está llegando a
su mayoría de edad".
Una década después, Wells publicó Ciencia y vida, en que compendiaba sus ideas
sobre biología, sociología e historia. Ciencia y vida fue escrita en
colaboración con Julian Huxley, nieto de su antiguo profesor, y con su hijo G.
P. Wells. En esta obra Wells sostenía la tesis de que el hombre puede valerse
de sus descubrimientos científicos para eliminar problemas que afectan al
bienestar de la sociedad, tales como el hambre y la enfermedad.
En 1933 lanzó un destello final de su desbordante optimismo en Historia de los
días futuros, mas después se volvió satírico, a veces amargado, vaticinando que
la evolución del hombre no lo llevaría al triunfo sino a la extinción de su
especie.
Escena del film Los primeros hombres en la luna, 1964, obra en la
que Wells profetiza inventos de carácter destructivo, como la bomba atómica
En
1945, viejo, enfermo y desilusionado, presenciando la guerra que había predicho
y que no había podido evitar, lanzó al mundo su última invectiva en Mind
at the End of Its Tether.
Desde tiempo atrás Wells había abrigado la sospecha de que terminaría pensando
así. Ya en El mundo liberado (1914) había puesto en labios del protagonista de
la obra: "No sé por qué ha de juzgarse la vida por su último hilo de
vitalidad. Si ahora me falta el ánimo y desespero, y si paso por una fase de
dolor e ingratitud y olvido sombrío antes de morir, no hagas caso de lo que
digo al final".
Aun antes, en La historia de Mr. Polly (1910) había expresado
el pensamiento que le sirviera como artículo de fe toda su vida: "El
hombre entra en la vida para buscar y hallar la belleza, para servirla, ganarla
y aumentarla, para enfrentarse con todo y atreverse a todo, dándole poca
importancia a la muerte siempre y cuando los ojos moribundos sigan clavados en
ella".
El Sr. H. G. Wells previendo el porvenir, caricatura por Max Beerbohm
De
la obra en conjunto surgía un acorde dominante: Wells había decidido en su
juventud que si no le gustaba la vida podía cambiarla y hasta el fin de sus
días siguió implorando a la humanidad a que siguiera su ejemplo. Esta actitud
tuvo un enorme impacto sobre sus coetáneos y si Wells no logró el fin que se
había propuesto, se debió a que se había impuesto la tarea infinita de
aprehender el universo.
Últimos
días.
En 1934, a los 68 años, Wells publicó su franco y divertido Experimento
en autobiografía; fue una obra prematura pues aún le quedaban 12 años
de vida y muchos libros que escribir.
Estaba en pleno idilio con su última amante cuando escribió esas memorias; la
mujer era una eslava alta, fuerte y escultural que lo asombró un poco al
aceptar de buena gana sus ideas relativas a la independencia femenina; en
teoría se declaraba partidario de esa independencia, mas en la práctica quería
que las mujeres se desvivieran por él. Wells escribió la autobiografía en la
casa solariega que poseía su amante en Estonia; más tarde, como era su
costumbre, la convirtió en protagonista de su obra Brunilda.
Al volver a Londres, se instaló cómodamente en su residencia de Regent's Park,
donde presidía las elegantes veladas que se celebraban por su inspiración.
Continuamente se veía rodeado de numerosos admiradores que hacían peregrinación
para estrecharle la mano. Wells los recibía alegre y parlanchín
o ceñudo y silencioso, según fuera su estado de ánimo.
Un periodista que entrevistó a Wells en sus últimos años, lo describió como un
viejecito desaliñado y distraído que deambulaba por la casa como "un
conserje que acababa de levantarse de su siesta del domingo". Más cuando
Wells empezaba a hablar se efectuaba una asombrosa transformación. Comenta el
periodista: "De inmediato me di cuenta del incomparable don que poseía de
hacer que los lugares comunes se convirtieran en algo interesante, gracias a
sus palabras henchidas de vitalidad y color".
A veces se sentaba cerca de una ventana mirando absorto un dibujo que había
trazado en la pared de su garaje, y que sintetizaba las ideas que lo habían
obsesionado toda su vida: el mural representaba la evolución del hombre desde
sus más remotos principios y llevaba la leyenda: "Energía sin límites para
el bien y el mal. ¿Tenéis el talento, tenéis el deseo de salvar la vida?"
A pesar de su inquebrantable resistencia se le esfumó la vida el 13 de agosto
de 1946 cuando tenía 79 años. En una ocasión había vaticinado que llegaría a
los 97. Otra de sus profecías tampoco se cumplió: declaró que había vivido
antes de su tiempo y que estaba destinado a caer en el olvido.
Dibujos humorísticos hechos por el propio Wells en una carta en la que le
preguntaban el final de la obra La guerra de los mundos.
Colofón.
El obituario que Wells escribió para sí mismo es lapidario: "Lo más
interesante de Wells fue su renuencia a aceptar la inferioridad social que al
parecer había sido su destino, y la tenacidad con que insistió en desempeñar su
papel como ciudadano libre en un nuevo mundo que surgía de las ruinas".
Notas:
[1] Los modelos de notable exactitud
anatómica, incluyen la vesícula biliar, el colédoco y la vena porta.
[2] El pectíneo estaba muy
desarrollado en los atletas griegos. Este músculo escapó a la observación de
muchos artistas posteriores
[3] Pero su famoso boceto del coito es
una caricatura lamentable e inexacta
[4] Treinta y uno de los 34, grabados
de cobre, anatómica y artísticamente perfectos, que representan el útero
grávido en tamaño natural, fueron realizados por Jan van Rymsdyk
[5] No es algo totalmente nuevo. Los
antiguos se referían a la poesía como "divina locura" y los lienzos
de El Bosco (1450?-1516) fueron precursores del surrealismo
[6] Fue su sucesor en la cátedra Henry
E. Sigerist (fallecido en 1957), destacado historiador médico
contemporáneo y autor de numerosas obras sobre las interrelaciones entre el
arte y la medicina.
[7] Pertenecientes a las
espermatofitas y dotadas de semillas encerradas en un ovario.
[8] Salvaje y violenta combinación de
boxeo y lucha grecorromana
[9] Antiguo nombre de Nápoles, lugar
de su nacimiento, como el de su hermana había sido Florencia.
[10] Más
conocida hoy en día como autora del Himno de Batalla de la República
[11] Obra
que en efecto realizó su cuñada
[12] Escribió
Florencia a su padre: "Esto, si lo supieran, sería mi ruina"
[13] Cerdeña,
(casi toda Italia entonces), se unió a los aliados en 1855
[14] Años
antes, Florencia había trabado amistad con la familia Herbert en Italia.
[15] Donde
tuvo lugar la carga suicida de la caballería ligera
[16] Acerca
de esto escribió Florencia: "Estoy vistiendo al ejército británico"
[17] Los
resultados fueron indecisos
[18] Sólo
las notas y cartas existentes en el Museo Británico ascienden a 150 volúmenes
[19] Primer
día de abril en que se hacen bromas pesadas; corresponde al día de los Santos
Inocentes, celebrado en España e Hispanoamérica el 28 de diciembre.
[20] Más
tarde se le llamó el Hipócrates inglés
[21] Los
Dr. Thomas Smith, Neil Arnott y James Kay
[22] Una
vez exigió al papa 10.000 escudos de oro por haberle curado de una enfermedad
peligrosa.
[23] Recientemente
publicado, con una biografía de Hall, por la viuda del Dr. Edward Joseph.
[24] También
Sir John Herschel, el astrónomo, y el médico Sir Charles Wheatstone, han dejado
vívidas descripciones de las auras que preceden al ataque.
[25] Algunas
contienen interesantes notas del Dr. Hughlings Jackson, entre ellas el caso de
un afásico que a la mañana siguiente de escuchar los acordes de God
Save the Queen, durante un concierto en el hospital, comenzó a balbucear
las palabras del himno.
[26] En
honor de Gustave-Gaspard Coriolis, matemático francés ( 1792- 1843 )
[27] Norman
Douglas, en Viento Sur, describe al siroco como "ráfaga reseca cuyo
aliento cálido y pegajoso apresura la muerte y putrefacción"
[28] En
el siglo XVII, los médicos ingleses y holandeses lo recetaban para la epilepsia
[29] El
primer árbol de Navidad en la Casa Blanca de los Estados Unidos, se debe al
presidente Franklin Pierce (1853-57).
[30] Un
muchacho de la era atómica pidió una vez un contador Geiger
[31] Una
tienda anunció recepcionistas Santa Claus en diminutos trajes de baño.
[32] Del
sajón wes hal = ¡salud!
[33] Un
regalo desconcertante dado por una firma comercial fue el de unas espaditas
importadas del Japón.
[34] Por
ejemplo en el Dies irae: Dies irae, dies illa, Sovet Saeclum in Favilla,
Teste David cum Sibylla.
[35] Originador
y promotor de la terapia con poesía en el hospital estatal Creedmoor

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