© Libro N° 13290. De La Utopía Al
Autoritarismo. Cine Para Pensar. Carrión Castro, Julio César.
Emancipación. Diciembre 14 de 2024
Título Original: ©
DE LA UTOPÍA AL AUTORITARISMO. Cine para pensar. Julio César Carrión
Castro
Versión Original: © De La Utopía Al Autoritarismo. Cine Para
Pensar. Julio César Carrión Castro
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Guillermo Molina Miranda
DE LA UTOPÍA AL AUTORITARISMO
Cine
para pensar
Julio
César Carrión Castro
Cine para pensar
Julio César Carrión Castro
Julio César Carrión
Castro
DE LA UTOPÍA AL
AUTORITARISMO
CINE PARA PENSAR
Título: DE LA UTOPÍA AL AUTORITARISMO
Cine para pensar
Autor: Julio César Carrión Castro
Editor: Ediciones Ego Ludens
2024 Primera edición
Ibagué - Tolima -
Colombia
c
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INTRODUCCIÓN
Las llamadas
“tecnologías de la comunicación social” cine, radio, televisión, fotografía,
internet... han llevado, indiscutiblemente a la constitución de esa “sociedad
del espectáculo” que describiera Guy Debord, sociedad en la cual los aspectos
de la vida han sido atrapados por un entramado de apariencias, simulaciones,
fantasías y espectacularidad. Ya no se trata de simples imágenes que agobian,
sino que constituyen fundamento de las relaciones sociales que han llevado al
total uniformismo de las masas y al patológico comportamiento de la
competitividad y la figuración.
Ese propósito de
entender toda la vida como un espectáculo se alcanza, no solo por la
mediatización de todos esos aspectos de la comunicación, la investigación, el
trabajo y el entretenimiento, sino por la enorme dependencia y servidumbre
tecnológica que ello implica.
Dichos medios se han
convertido en instrumentos de control y regulación social al servicio de grupos
hegemónicos. Gracias a la supuesta “información”
que manipulas dichos
medios, se logró el aislamiento de lo individuos, de la auténtica participación
política y comunitaria, se les ha alejado de sus sueños y utopía, sometiendolos
totalmente al autoritarismo y a la infocracía que señalara Byung-Chul Han.
No obstante, queremos
afirmar que el cine también nos permite entender mecanismos de sometimiento y
control y, así mismo, vislumbrar posibilidades emancipatorias, nuevas opciones
para la realización de nuestra utopía
DE LA UTOPÍA AL AUTORITARISMO -Miradas desde el cine y la literatura-
“Las películas
complementan la vida real. Dan color a las encuestas de opinión pública.
Potencian nuestra conciencia de lo intangible y reflejan los cursos ocultos de
nuestra experiencia…”
Siegfried Kracauer
Premisas para la
posible realización de la utopía
Herbert Marcuse en “El fin de la
utopía” ha dicho:
“Todas las fuerzas
materiales e intelectuales necesarias para la realización de una sociedad libre
están presentes. Y el hecho de que no se apliquen efectivamente a ello se debe
exclusivamente a la movilización total de la sociedad existente contra su propia
posibilidad de liberación”. Con las fuerzas productivas
actuales es posible eliminar el hambre y la miseria, pero esto no se ha
cumplido y la concreción de la utopía no sólo soporta su permanente
aplazamiento, sino, por el contrario, pareciera que hay mayores probabilidades
de realización de las catastróficas y terribles distopías elaboradas
Bajo la experiencia
del llamado “socialismo realmente existente”, más que aproximarse, la utopía se
alejó; porque el socialismo centrado en la formación del hombre integral, se
extravió tras la búsqueda de procesos que garantizaran el aumento de la productividad
del trabajo, en el impulso a una civilización industrial que asume el progreso
ligado a la destructividad y a la barbarie ecológica, en la carrera
armamentista y el apoyo al complejo industrial-militarista, en la sumisión a
los trabajos alienantes, en la persistencia de las desigualdades sociales, la
negación de las libertades y, en general, en el mantenimiento de una pesada
maquinaria estatal.
Todos tenemos claro
que, a pesar de las predicciones de Marx –y de tantos otros socialistas,
libertarios y autoritarios–, la burguesía no ha producido “sus propios
sepultureros”, ni vemos cercano, ni posible, el triunfo del proletariado. Por
el contrario, el capitalismo aún es fuerte y no ha sido derrocado, aunque hoy
como ayer, en los orígenes del movimiento comunista, nos quede la esperanza de
alcanzar la “conquista de la democracia”, mediante un permanente compromiso con
el “ Principio esperanza”, y el empleo de múltiples formas de oposición
y resistencia.
Una nueva estrategia
para la transición al socialismo, para la realización de la utopía, debe
contemplar no sólo la abolición de la propiedad privada, sino las posibilidades
de un “giro hacia el interior”, hacia la subjetividad, reconquistar para el
marxismo su idealismo original, escarbar en todo aquello que hace posible la
aceptación de lo dado, así como los mecanismos que llevan a la formación de las
personalidades subalternas y autoritarias.
En todo caso es
evidente que los diversos modelos revolucionarios reputados de
marxista-leninistas, ya han sido históricamente superados.
PELÍCULAS PARA TRATAR
DE ENTENDER EL CARÁCTER AUTORITARIO Y EL ECLIPSE DE LAS UTOPÍAS
El uso del
término “fascismo” como categoría histórica, la utilización
banal y caprichosa de dicha noción, y de otras de más amplia tradición marxista
como la del “bonapartismo”, para caracterizar expresiones administrativas o
formas de gobierno de la actual etapa de la dominación capitalista, por parte
de nuevas expresiones del análisis de la política latinoamericana, ha
contribuido, según Atilio Borón, a ampliar la confusión reinante y a la
adopción de
estrategias
equivocadas para la confrontación a la hegemonía y la dominación burguesa.
“El punto de partida
más elemental para esta discusión requiere situar exactamente el nivel en el
cual se va a colocar el análisis del fascismo. No se trata aquí de estudiar a
la “personalidad autoritaria”, tal y como ella se revela a partir de la “marcha”
imparable del “progreso” la aplicación de la famosa escala “F” (por fascismo) y
con la cual las ciencias sociales norteamericanas de los años cincuenta
intentaron explicar el fenómeno del “totalitarismo”. Esta línea de análisis,
íntimamente vinculada a las necesidades propagandísticas originadas durante los
años de guerra fría, situaba el problema del fascismo a nivel del individuo:
había, por lo tanto, personalidades “fascistas” cuyo comportamiento coloreaba
la gestión de los “totalitarismos”, fueran éstos de derecha o de “izquierda”.
El fascismo quedaba así diluido como una mera prolongación en el plano del e s
t a d o y e l r é g i m e n p o l í t i c o d e l a s psicopatologías
individuales, y de paso la sociedad capitalista quedaba absuelta de culpa y cargo
por haberlo engendrado.
La perspectiva
teórica que hemos adoptado aquí nos conduce al estudio del estado capitalista
en su conjunto: el fascismo aparece entonces como una forma históricamente
determinada a partir de la cual una burguesía acorralada por sus antagonistas
domésticos y sus rivales externos reorganiza su hegemonía sobre las demás
clases de la sociedad e impone sus nuevas condiciones de dominación a sus
aliados y a sus adversarios. Comprender el fascismo nos exige, por
consiguiente, develar la naturaleza del nuevo “pacto de dominación” sellado por
las distintas fracciones de la burguesía y algunas categorías sociales como la
burocracia y las fuerzas armadas, merced al cual las clases dominantes tratan
de resolver en una dirección favorable a sus intereses una situación de crisis
orgánica. Toda vez que el deterioro en la capacidad hegemónica de la clase
dirigente hace que la supervivencia de la dominación burguesa pase a descansar
casi exclusivamente en la eficacia de las instituciones represivas. la
perspectiva teórica que hemos adoptado aquí nos conduce al estudio del estado
capitalista en su conjunto: el fascismo aparece entonces como una forma
históricamente determinada a partir de la cual una burguesía acorralada por sus
antagonistas
domésticos y sus
rivales externos reorganiza su hegemonía sobre las demás clases de la sociedad
e impone sus nuevas condiciones de dominación a sus aliados y a sus adversarios
como afirma Gramsci cuyas consecuencias son por una parte la perentoria liquidación
de la institucionalidad democrático-liberal y, por la otra, el acelerado
reemplazo de las dirigencias políticas tradicionales de la burguesía por
aquello que Harold Laski acertadamente denominara una “elite de forajidos”.
Confrontado ante una coyuntura crítica de la lucha de clases en donde palpita
una situación prerrevolucionaria el estado capitalista procede a la cruenta
pero efectiva desmovilización de la clase obrera y a la desactivación del
peligro insurreccional.
El profesor Borón,
tiene la razón al criticar el uso trivial e insubstancial de las categorías
históricas y políticas, sin embargo no compartimos sus apreciaciones respecto a
los estudios realizados acerca de los procesos referidos a la conformación de la
personalidad autoritaria y pretendemos, mediante el análisis de algunas
películas, hacer una especie de seguimiento a la formación de la personalidad
autoritaria y su incidencia en el ascenso del fascismo,
tal como se desprende
de las teorías freudianas, de los planteamientos teóricos de escritores como
Heinrich y Klaus Mann y por los estudios hechos por Horkeheimer, Adorno,
Marcuse, Erich Fromm, Wilhem Reich y otros destacados intelectuales de la
Escuela de Francfort, quienes a partir de sus rigurosos textos, analizaron la
genealogía, la formación y las particularidades del carácter y la personalidad
autoritaria, como uno de los fundamentos de la estructura de la sociedad
autoritaria burguesa que produce y reproduce en todas sus instituciones,
individuos sumisos que con su resignación cotidiana y sus ansias de
acomodamiento, permanentemente reeditan y revitalizan todo el sistema social en
su conjunto y permiten que esa “burguesia acorralada” reorganice su hegemonía.
No compartimos
aquellas perspectivas que ven el fascismo exclusivamente como una expresión
patológica de la personalidad de algunos individuos, pero tampoco aceptamos que
el fascismo sea solamente el resultado de una formación histórica determinada,
como una consecuencia lógica derivada solamente del desarrollo de las fuerzas
productivas y de las relaciones sociales de producción. Aquellos estudios
centrados únicamente en el examen de los
regímenes políticos,
en la constitución de los partidos políticos y su inserción en la estructura
del Estado, no toman en cuenta la relación de los individuos con la autoridad y
con los organismos de poder, los procesos de formación y degradación del carácter
y la influencia de los mecanismos de regulación y normalización social, como la
familia y la escuela. Este tipo de análisis, a su vez, pueden llevar a la
consideración de que “totalitarismos” no son más que “fenómenos aislados”,
equivocaciones o excepciones en el curso de la historia, distracciones en la
marcha triunfal de la civilización y del “progreso”, como lo han entendido los
teóricos liberales y algunos marxistas tradicionales que suelen desconocer el
factor individual en la historia y por supuesto en la génesis del fascismo.
Como lo ha dicho
Pedro García Olivo, “esta tesis, es grata a los políticos y a los
gobernantes, pues legitima la Democracia 'por contraste' (el monstruo habita
fuera de ella; es su contrario absoluto) y tranquiliza de paso a las
poblaciones -Auschwitz no se repetirá: hemos enterrado en sal su semilla-, no
carece de dificultades internas y mantiene algunas cuestiones en la penumbra:
aunque, una vez asentadas en el aparato del Estado, las formaciones fascistas
'minaron' desde dentro el régimen liberal, su robustecimiento electoral y su
ascenso político se produjeron en el
respeto y en la
observancia de las “reglas del juego”
democráticas -legalización, comicios,
alianzas... La
ciudadanía quiso el fascismo y la democracia lo
condujo hasta donde debía llegar: la cúpula del
Estado...”
Si bien
planteamientos como los esgrimidos por Atilio Borón comportan validez
histórica, no podemos desconocer, en primera instancia, que lo que solíamos
llamar excepcionalidad hoy constituye la regla, la norma cotidiana de
funcionamiento de los estados contemporáneos, inscritos ya en una especie de
fascismo democrático, pues, estamos seguros, la llamada democracia liberal
inexorablemente ha conducido a esta modalidad nueva, original, de “fascismo”
democrático, o democracia fascista, fenómeno que, paradójicamente, lo deja
entrever en sus planteamientos el propio Atilio Borón al afirmar en las
conclusiones del texto citado que, “una investigación concreta -para la cual
aquí no se ha hecho sino sugerir algunos criterios teóricos que podrían
orientarla- sobre estos regímenes, su naturaleza de clase y su funcionamiento,
y sobre el carácter del desarrollo capitalista en la periferia, permitirían
arribar a la conclusión de que las formas del Estado capitalista asumidas por
los clásicos del m a r x i s m o c o m o “ e x c e p c i o n a l e s ” s e h a
n transformado en la modalidad “normal” de dominación burguesa en el
capitalismo dependiente y periférico”.
Además, la presencia,
la naturaleza y la estructura de
la personalidad autoritaria, la
existencia de aquellos
individuos, incluso hasta sádicos y
necrófilos que,
como lo estudió Erich Fromm, permanecen
agazapados y latentes viviendo sus particulares e
insípidas vidas y haciendo un daño
limitado a los
estrechos marcos familiares o a sus cercanías
laborales, hasta “cuando las fuerzas
de la destrucción
y el odio amenazan anegar todo el
cuerpo político, esa
gente se vuelve enormemente peligrosa;
son los que
ansían servir al gobierno y ser sus
agentes para
aterrorizar, torturar y matar”.
No se trata, claro
está, de una especie de “naturaleza humana” atemporal y demoniaca, que
súbitamente irrumpe en el escenario histórico para imponer arbitrariamente su
agresividad o “malignidad”, sino, de un potencial de destructividad previamente
fomentado desde las estructuras educativas y reguladoras de la sociedades
burguesas, que aflora cuando específicas circunstancias sociales y políticas lo
reclaman, entonces estos individuos se consideran indispensables y sacan a
relucir sus ansias de poder, su oportunismo, su ardiente deseo de escalar
posiciones.
En todo caso no se
pueden hacer reduccionismos, ya que son muchos los factores que operan en el
proceso
de formación de la
personalidad, que favorecen o no la
estructuración de un carácter autoritario, tanto
referidos a los lazos familiares, como
los atinentes a
los espacios sociales y culturales en
que acontece la
vida particular y privada de estos
individuos.
Alice Miller en su
libro “Por tu propio bien” señala, por ejemplo, el papel devastador
de la familia y de la escuela en el condicionamiento temprano de los niños para
la formación de una personalidad autoritaria, gracias a la permanente promoción
de la obediencia y de la sumisión como principales elementos de la educación.
Dice Alice Miller: “Entre todas las figuras prominentes de Tercer Reich no
he encontrado a una sola que no hubiera tenido una educación rígida y severa.
¿No debería esto invitarnos a reflexionar?”
La “saludable
normalidad”, la adaptación acrítica a la normatividad social establecida,
produce en estas p e r s o n a s c a r e n c i a d e a u t o n o m í a y s i m
p l e acomodamiento . “Quienes han presenciado transformaciones políticas
bruscas se refieren una y otra vez a la asombrosa facilidad con que mucha gente
logra adaptarse a la nueva situación. De la noche a la mañana pueden defender
convicciones que se contradicen plenamente con las que defendían el día
anterior, sin que su actitud les choque. El ayer se desvanece para ellos con el
cambio de poder”. Permanecer fieles a sí mismos a sus sentimientos o a
sus convicciones, no
hace parte de la personalidad autoritaria que en el fondo es sumisa y
obediente.
Entendemos que el
cine constituye una crítica política y social, y que puede contribuir a los
procesos emancipatorios, por ello, trataremos de rastrear mediante el ciclo de
películas que hemos escogido, las tesis centrales y los fundamentos de la
conformación de este tipo de personalidad, que pareciera campear hoy en el
mundillo del capitalismo tardío que nos rodea y agobia.
Presentaré a
continuación algunos datos, opiniones, análisis y reseñas, tanto de los autores
de las obras en que se basan estos filmes, como de las propias novelas y
películas, para tener un mejor acercamiento al contexto socio-político e
histórico de las obras en mención
I. LA SUBALTERNIDAD
1.- El Ángel azul de Josef von
Sternberg (1930)
2.- El súbdito de Wolfgang Staudte
(1951)
3.- Mefisto de István Szabó (1981)
4.- El conformista de Bernardo
Bertolucci (1970)
5.- El portero de noche de Liliana
Cavani (1974)
6.- Saló -o los 120 días de Sodoma- de
Pier Paolo Pasolini (1976)
7.- La ola de Dennis Gansel (2008)
II. INDIVIDUO Y ESTADO
8.- 1984 de Michael Radford (1984)
9.- Sin novedad en el frente – de Lewis
Milestone
(1930)
10.- Jhonny cogió su fusil de Dalton
Trumbo
(1971)
11.- El odio de Mathieu Kassovitz
(1995)
12.- Hijos del hombre de Alfonso Cuarón
(2006)
Ensayista, novelista
y d r a m a t u r g o a l e m á n , n a c i d o e n L ü b e c k y p r i v a d o
d e s u nacionalidad alemana d u r a n t e e l r é g i m e n nacionalsocialista
en Alemania.
Después de 1910, Mann
comenzó a publicar su trilogía Das Kaiserreich
(El Imperio). Su
primer libro, Der Untertan, fue prohibido durante la Primera
Guerra Mundial, pero apareció en 1918 y obtuvo un gran éxito. La historia
siguió a la subida de la oportunista Diederich Hessling, cuyo padre dirige una
fábrica de papel.
Como su hermano menor
Thomas Mann, Heinrich escribió novelas sobre los distintos estratos de la
sociedad alemana y sobre la búsqueda de la propia r e a l i z a c i ó n . S u r
e t r a t o f r a g m e n t a r i o d e l provincianismo en Profesor
Unrat (1905) fue la base de la célebre película de von
Sternberg, El ángel azul (1930).
Los señalamientos de
Mann contra los aspectos autoritarios de la sociedad alemana de la etapa
anterior a la I Guerra Mundial se encuentran en su trilogía El imperio (1917-1925).
Durante el periodo de
la República de Weimar, Mann también escribió ensayos en los que insistía en la
necesidad de una verdadera democracia en Alemania. Tuvo que salir de Alemania
en 1933 cuando los nazis llegaron al poder y le retiraron la nacionalidad,
instalándose primero en Checoslovaquia y después en Estados Unidos, en Los
Ángeles.
La obra mayor de su
madurez, una novela histórica en dos partes sobre Enrique IV de Francia. El rey
Enrique IV (1935, 1938), trata de los usos justos del poder. La dureza en la
expresión de sus opiniones y su falta de precisión como escritor le impidieron
alcanzar reconocimiento inmediato, aunque recientes estudios críticos son más
positivos con su obra. (Fuente: Encarta)
- PROFESOR UNRAT -
Rubén Jaramillo Vélez
El título original de
esta novelita temprana de Heinrich Mann era: Professor Unrat -el fin de
un tirano, cuando apareció en 1905, provocando de inmediato escozor y
escándalo entre los burgueses de Lübeck -la ciudad natal del escritor- que la
consideraron una parodia infamante con la cual éste había querido mofarse de
las “buenas costumbres” y las severas tradiciones hanseáticas de la villa
portuaria, una de cuyas familias
patricias lo era
precisamente la del senador y cónsul Thomas Johann Heinrich Mann, el padre del
autor. Sin embargo, la obra se inmortalizó con el título de su versión
cinematográfica: la adaptación de Carl Zuckmayer que, con la actuación estelar
de Emil Jannigs y Marlene Dietrich, se convirtió, bien pronto después de su
estreno en Berlín en 1931, en uno de los primeros éxitos de resonancia mundial
de la cinematografía alemana. También en la traducción a otras lenguas se
prefirió desde entonces este título, el cual corresponde en el desarrollo de la
obra al nombre de una taberna y lugar de diversiones al que su protagonista -el
mencionado profesor- acude, obsesionado por conocer a la famosa cantante Rosa
Froehlich, de la cual, al parecer, se ha enamorado uno de sus odiados
discípulos del Liceo. El encuentro con la joven, bella, inocente y voluptuosa
artista cambiará por completo su vida. Se enamorará de ella y terminará
desposándola, convirtiendo su propia casa en una especie de garito, después de
verse obligado a abandonar la escuela y ser rechazado decididamente por sus
colegas y los padres de familia.
El profesor Unrat se
llamaba en realidad Raat, pero sus alumnos habían tomado por costumbre llamarlo
con
ese mote ofensivo,
por el cual era conocido en toda la ciudad: Unrat significa en alemán basura,
desecho. Aunque el viejo maestro de literatura y lenguas clásicas
tratara de aterrorizar de continuo a sus pupilos adolescentes con sus amenazas
e insultos, aunque en sus ademanes y en su forma de expresarse acusara una
peculiar solemnidad, tratando a todo momento de infundir un sentimiento de
temor y de mantener cierta aura de respetabilidad y dignidad, era en el fondo y
en realidad un pobre hombre, un individuo solitario e insignificante, el Spiessbürger, el
típico filisteo alemán. Mann, que se había iniciado como escritor con el siglo,
con una sátira mordaz sobre la alta sociedad y el mundo de las altas finanzas
berlinesas –“En el país de Jauja”, su primera novela, en la cual es
claramente perceptible el influjo de dos grandes realistas franceses: el Zola
de “Nana” y el Maupassant del “Bel-Ami”-, inauguraba
con esta obrita una indagación que iría a permanecer luego como obsesión a lo
largo de toda su producción literaria, pasando por “El súbdito” y
su gran novela sobre Enrique IV de Navarra, el rey bueno, el humanista y amigo
de Montaigne, su consejero, al que quiso presentar desde el éxito francés como
modelo y paradigma a la humanidad europea apesadumbrada
por la pesadilla del
fascismo, unos cuantos años antes de que estallara la segunda guerra mundial.
La obsesión por desenmascarar los mecanismos del poder, por mostrar de qué
manera éste deforma a los hombres, los escinde, los hace insinceros, mezquinos,
banales… En el caso que venimos analizando intentaba una representación
arquetípica de ese espécimen tan característico de la clase media alemana en la
era guillermínica: el pequeño burgués que se cree “algo especial” porque ha
tenido acceso a la “cultura” -en particular la cultura clásica- y desprecia a
los otros o los odia, aunque en realidad se desprecia y se odia a sí mismo, y
que lleva una vida miserable e ilusoria a base de compensaciones reactivas y
consuelos fantásticos que nunca logran hacerle olvidar efectivamente su soledad
y desamparo. Veámoslo en una página magistral en la cual el autor hace gala de
su extraordinaria capacidad de síntesis y su aguda intuición crítica.
“También Unrat en
su casa producía una impresión más bien mezquina; pero por lo menos tenía en su
cabeza la posibilidad de conversar sobre la gramática de sus obras con viejos
príncipes del ingenio -si acaso hubieran regresado- en su propia lengua. El mismo
era un desgraciado,
pobre, desconocido; nadie sabía cuál era la importante obra en la que trabajaba
desde hacía veinte años. Pululaba por entre el pueblo como un ser
insignificante, incluso se había convertido en objeto de burlas; pero estaba
convencido de pertenecer a las clases dominantes. Ningún banquero, ningún
monarca participaba tanto del poder y estaba más interesado que él en la
conservación del orden establecido. Se apasionaba por todas las autoridades y
en la intimidad de su estudio se llenaba de rencor contra los trabajadores que,
si hubieran alcanzado sus objetivos, habrían logrado probablemente que su
sueldo fuera algo mejor. Con aire sombrío advertía a los jóvenes profesores
asistente, todavía más tímidos que él y con los cuales se atrevía a hablar con
su tan característico lenguaje, contra los funestos afanes del espíritu moderno
por socavar los fundamentos de los establecido. Él los quería sólidos: una
iglesia influyente, sables marciales, una obediencia estricta y c o s t u m b
re s s e v e r a s . Y, s i n e m b a rg o , e r a personalmente en extremo
incrédulo y capaz del liberalismo más absoluto. Pero como tirano sabía cómo se
mantiene a los esclavos y cómo se debía contener a la chusma, al enemigo, a los
cincuenta mil pupilos rebeldes que le acosaban. Al parecer, su
alumno Lohman
mantenía relaciones con la artista Froehlich; Unrat se ruborizaba de sólo
pensarlo, y no podía ser de otra manera. Pero el alumno Lohman se convirtió en
un malhechor porque, por el disfrute de placeres prohibidos, se había sustraído
a la severa disciplina impuesta por el profesor. No era la ingenuidad moral lo
que hacía encolerizar a Unrat…”.
Nos encontramos aquí
con un boceto magistral que de algún modo anticipa el grande y más complejo
estudio sobre el carácter autoritario (o “masoquista”, como lo llamará años más
tarde el sicoanalista Erich Fromm) que nos presenta Mann en “El Súbdito”, la
primera novela de la trilogía sobre la era de Guillermo, el snob, en
la cual comenzará a trabajar justo después de publicar la novelita que venimos
comentando, de la manera más concienzuda. Pero descubrimos aquí ya lo
definitivo, eso que caracterizará su ethos de escritor y de
intelectual democrático: el temple moral, la voluntad de verdad, la
desconfianza frente a la arrogancia del poder y de quienes se identifican con
él.
Director: Josef von Sternberg.
Reparto: Eduard von
Winterstein, Emil Jannings, Hans Albers, Hans Roth, Kurt Gerron, Marlene
Dietrich, Reinhold Bernt, Rosa Valetti.
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la película
Sinopsis: El ángel
azul (Der Blaue Engel, 1930) cuenta la historia de la trágica caída de
un profesor alemán como resultado de su enamoramiento de una cantante de
cabaret de clase inferior. La película que se basa en la novela Profesor
Unrat, de Heinrich Mann, es un crudo ataque a la hipocresía y el
fariseísmo de la sociedad alemana en el período previo a la Segunda Guerra
Mundial.
El profesor Rath
(Emil Jannings) es un profesor respetado en su ciudad que además es temido por
sus alumnos. Cuando se enamora de Lola-Lola (Marlene Dietrich), la cantante de
cabaret y abandona su posición en la sociedad. El profesor asiste al cabaret "El
Ángel Azul" donde pretende sorprender a sus alumnos, sin embargo, lo que
encuentra son los encantos de Lola Lola, la cantante que lo seduce. El profesor
inicia así, un viaje a la degradación moral: abandona sus clases, se casa con
la cantante y viaja por el mundo con la compañía de Cabaret.
El Ángel Azul es la primera
película sonora alemana que tiene importancia, debido al “escándalo” que generó
la presencia de Marlene Dietrich. Quien se hizo famosa por el cautivador baile
en el que muestra sus piernas, por su sombrero de copa y su envolvente voz ronca.
ESPLENDOR Y MISERIA DE UN PEDAGOGO
Por Julio César
Carrión Castro
La corriente
intelectual, teológica y política que imperó durante toda la Edad Media,
ejerciendo una dictadura ética y espiritual a nombre de la Iglesia apostólica y
romana, bajo el nombre de Escolástica, delegó en los maestros una gran
autoridad ante todos los creyentes y, particularmente, frente a sus discípulos.
Autoridad que se puede sintetizar en la locución latina 'Magister dixit', que
significa “el maestro lo ha dicho”, con lo cual se pretendía establecer, y
hacer respetar, la supuesta preeminencia de los educadores sobre los demás
mortales. Argumento de autoridad blandido contra toda pretensión de desconocer
o socavar esa jerarquía y mando. Potestad conferida y encomendada a los
maestros, por parte de la Iglesia –Mater et magistra– y sus jerarcas, como
representantes de Dios acá en la tierra, y que algunos rebeldes pudieron llegar
a cuestionar. De esta manera fue investido el podercito de los educadores en
estas sociedades de la llamada civilización occidental y cristiana, como hemos
dicho, desde finales de la temprana Edad Media.
Heinrich Mann (1871 –
1950), hermano mayor de Thomas Mann, publicó en el año 1905 la novela Professor
Unrath –El fin de un tirano– con la intención, de burlarse de las “gentes de
bien”, de los
buenos burgueses,
defensores de las buenas costumbres y las tradiciones establecidas en la
rigurosa Alemania de finales del siglo XIX y comienzos del XX, enfatizando,
precisamente, en el sarcasmo frente a esa fingida autoridad de los maestros.
La obra es un
penetrante ensayo acerca de la formación y vigencia de la que, luego de los
análisis de Horkeheimer y Adorno, habría de denominarse “la personalidad
autoritaria”. Es el retrato de un muy opaco pero arrogante filisteo, de un
sujeto pequeño burgués, defensor acérrimo del statu quo, de las tradiciones y
de las estructuras de gobierno, que pretende imponer desde las aulas el respeto
por todo lo establecido y sancionado por los organismos de poder.
Como ya se ha dicho
en tantas oportunidades, la estructura de las personalidades autoritarias,
nacidas y establecidas bajo las reglas conductuales y de regulación social
funcionales a los intereses de los grupos hegemónicos, con sus normas e
instituciones, no obedece a la existencia de algunos sujetos sádicos,
“anormales” o afectados por malignas patologías, sino que, se trata de
individuos “normales” y muy bien “adaptados”, que permanecen agazapados,
llevando sus insulsas vidas y causando apenas un daño limitado en sus entornos
familiares, laborales o sociales. No se trata del afloramiento de una especie
de naturaleza humana demoníaca que, súbitamente irrumpe en el escenario
histórico para imponer arbitrariamente su
agresividad o
“malignidad”, sino, de un potencial de destructividad previamente fomentado
desde las estructuras educativas y reguladoras de las sociedades b u r g u e s
a s , q u e s u r g e c u a n d o e s p e c í fi c a s circunstancias sociales
y políticas lo reclaman. Es cuando estos individuos se consideran
indispensables y sacan a relucir sus ansias de poder, su oportunismo, su
ardiente deseo de obedecer y hacer cumplir las normas, para, de contera, ganar
“respetabilidad” y escalar posiciones.
En todo caso no se
pueden hacer reduccionismos, ya que son muchos los factores que operan en el
proceso de formación de la personalidad, que pueden favorecer la estructuración
de un carácter autoritario, tanto referidos a los lazos familiares, como los atinentes
a los espacios sociales y culturales en que acontece la vida particular y
privada de estos individuos. Alice Miller en su libro “Por tu propio bien”
señala, precisamente, el papel devastador de la familia y de la escuela en el
condicionamiento temprano de los niños para la formación de una personalidad
autoritaria, gracias a la permanente promoción del rigor, de la obediencia y de
la sumisión como principales elementos de la educación.
Esta pequeña novela
es, así mismo, una detallada descripción de la decadencia y ocaso, que ya
mostraba por entonces, la cultura burguesa, otrora impulsora de los intereses
emancipatorios y de la autonomía individual, que proyectara en sus orígenes el
revolucionario
movimiento humanista de la Ilustración. Es, también, una crítica a la moral
establecida y a toda esa mitología del “bien”, en que farisaicamente se
sostienen estas sociedades del simulacro y la apariencia. Todos esos mecanismos
ocultos de poder son puestos en evidencia por Heinrich Mann en esta obra que,
luego, en 1930 –hace algo más de 90 años–, sería llevada al cine por Josef von
Stemberg, bajo el título de “El ángel azul”.
La película, al igual
que el libro, se empeña en señalar la mezquindad y la bajeza intelectual y
moral de una sociedad compuesta por individuos carentes de a u t o n o m í a y
d e d i g n i d a d , p r e o c u p a d o s exclusivamente por las apariencias
y satisfechos plenamente en identificarse con las autoridades y las figuras de
poder.
El profesor Immanuel
Raat, a quien sus alumnos chistosamente llaman “Unrat” – en alemán
literalmente: “basura” – y quien es interpretado en el film por Emil Jannings,
es ese opaco catedrático que asume, precisamente una postura de autoridad a x i
o l ó g i c a y e p i s t e m o l ó g i c a , f r e n t e a s u s atemorizados
alumnos que, aparentan temerle, mientras se mofan a espaldas del prepotente
Magister, quien, cual cancerbero de la moral y las buenas costumbres, persigue
a sus adolescentes discípulos hasta el bar denominado Der Blaue Engel –El Ángel
Azul, en alemán– donde regularmente se presenta la corista –o stripper,
diríamos hoy– llamada “Lola”
–interpretada en el
filme por la bella Marlene Dietrich–, que logra provocar y obsesionar al
riguroso maestro, envolviéndolo con sus encantos, hasta hacer de él una especie
de esclavo. Entonces, el prepotente pequeño burgués, prevalido de ser docto,
sabio, erudito, ilustrado y poderoso maestro-policía, guardián de la moral, el
pensamiento y la cultura, rendido ante la dulce, bella y voluptuosa cantante,
renuncia a su ilusoria y falsa “dignidad” y termina, vergonzosamente,
convertido en un miserable payaso y rey de burlas, que acompaña las giras de la
artista.
Finalmente, el gran
Magister, ahora simple bufón, se ve forzado a retornar a su antigua ciudad
donde, por supuesto, le aguarda el escarnio público, de una sociedad, de unos
“ciudadanos de bien”, ya ganados para una conciencia abiertamente fascista y
totalitaria, que saludarían alborozados el triunfo electoral de su redentor y
mesías, Adolf Hitler y su partido Nazi, a comienzos del año 1933.
(novela de Heinrich
Mann)
Comentario de Rubén
Jaramillo Vélez
Heinrich Mann comenzó
a trabajar en esta novela ya en el invierno de 1906/1907. Entre sus papeles y
cuadernos de apuntes se han encontrado documentos muy interesantes, algunos de
ellos afectivos, que atañen a su problemática. Como la correspondencia con su
abogado -el doctor Maximilian Brantl, de München- a quien consulta en una carta
del 18 de noviembre de 1912 sobre la posibilidad de que un joven abogado recién
graduado, hijo de un ciudadano
prominente de Netzig,
pudiese ya, sin la debida experiencia en los tribunales, asumir la defensa de
Diederich Hessling, el “neoteutón”, protagonista de su novela. Y el 29 de
diciembre: “Mil gracias también por sus consejos en materia de derecho
procesal. Al ofensor de su majestad le alcanza ya el rayo divino”. El 1º de
enero de 1913 puede escribirle al mismo Hessling: “No puedo menos que
felicitarlo por su actitud. ¡Secar el polvo! Quien a usted se opone es
pulverizado. ¡Con leal y alemán saludo! H.M.”
De Balzac se cuenta
que preguntaba por el estado de salud de sus personajes en las reuniones
sociales, y Heinrich Mann se preocupaba por la buena preparación de sus
defensores. En sus memorias (1945) escribiría: “Me documenté sobre la novela
del burgués alemán bajo Guillermo II desde el año 1906. Terminé el manuscrito
en 1914, dos meses antes del estallido de la guerra que aparece cercano e
inevitable en el libro. También la derrota alemana. El fascismo también: si se
considera la figura del “sùbdito” desde la posteridad. Cuando lo concebí me
faltaba el concepto del fascismo que se veía llegar, pero no la intuición”.
La publicación por
entregas se había iniciado ya en enero del 14, tanto en la revista muniquesa
“Zeit im Bild” como en una revista literaria de San Petersburgo, que ya había
publicado traducciones de algunos relatos del autor. Con el estallido de la
guerra, en agosto, se suspendió la edición alemana, lo cual tuvo como
consecuencia el que la novela apareciera primero en idioma ruso, por entregas,
y luego como libro, ya en 1915. En 1916 se realizó una edición privada en
alemán, de sólo diez ejemplares. Pero con la revolución de noviembre y la caída
de Guillermo II se crearon condiciones más que favorables para su difusión. Su
primera edición en diciembre de 1918 consagró definitivamente al autor: se
vendieron cien mil ejemplares en las primeras seis semanas que siguieron a su
publicación.
“Historia del alma
pública bajo Guillermo II”, así reza el subtítulo de la novela en el
manuscrito del autor. Y su intención era precisamente ésa: describir
minuciosamente, con la conciencia de escritor social y estilo realista que
tanto admiraba en Zola, el “talante” de una época, las características y el
comportamiento de los pequeños grandes hombres grandilocuentes de su tiempo,
los filisteos de la burguesía, los súbditos autoritarios y arrogantes de ese
emperador snob que coleccionaba disfraces y no toleraba
pesimistas.
La caracterización de
Diederich Hessling, sin embargo, no sólo tiene el valor de transmitirnos una
imagen viviente del “tipo ideal” -si se quiere- que predominaba entre las
clases dirigentes de Prusia a comienzos del siglo. Al mismo tiempo, nos
presenta una descripción prodigiosa de un síndrome que sólo unos años más tarde
y con la generación que emergería de las cenizas del 14 llegaría a su crisis:
el del carácter autoritario. Heinrich Mann lo advierte en sus memorias: había
“intuido” un rasgo esencial de la contradicción de nuestro tiempo que en el
fascismo llegaría a su pleno desarrollo.
Es interesante
considerar que por la misma época en que Heinrich Mann trabaja en su novela
sobre el autoritario, otro intelectual de habla alemana -el doctor Sigmund
Freud, de Viena- meditaba sobre el fenómeno de la masa, la formación del
super-yo, la proyección mágica en el caudillo: las conciencias más lúcidas del
siglo presentían un trágico final que no resolvería su contradicción y buscaría
más bien perpetuarla por el terror.
También otros
discípulos de Freud -Wilhelm Reich, Siegfried Bernfeld, Erich Fromm- se
preocuparían por el asunto. Quienes hayan trajinado las páginas de la Psicología
de masas del fascismo (1933) o se hayan
apropiado de la
reflexión que acompaña a los Estudios sobre autoridad y familia (1936),
encontrarán en la obra de Mann una versión novelesca de la problemática,
complementada además con una reconstrucción maravillosa de las relaciones de
dominio, las costumbres y el “Zeitgeist” de la sociedad y época que describe.
El título original de
la obra es Der Untertan, que literalmente significa El
Súbdito. No sabemos por qué razones se decidió cambiarlo por El
Ultra en la edición de Editorial Planeta. Sería conveniente que en una
futura edición de esta por lo demás magnífica versión al español se le
restituyera su título original.
Publicado por primera
vez en el Magazín Dominical de “El Espectador”, septiembre 27
de 1981.
Prólogo de Heinrich
Mann a la segunda edición -Berlín, febrero 1929-
La novela El Súbdito
fue escrita entre los años 1912 y 1914. Los primeros apuntes datan de 1906; ya
por entonces se iban desarrollando, hasta cobrar rasgos de deslumbrante
parodia, las características tipológicas del alemán imperialista . ¿Qué
parodiaba? Aquel tipo de alemán, que no es invención del autor de esta historia
de su vida, parodiaba el orgullo patrio y la conciencia de su propia
masculinidad. Parodiaba la fuerza temible del poder, la máscara amenazadora que
revestía en la vida de la política y de los negocios, por todas partes;
parodiaba el ansia de poderío mundial. Careciendo como carecía de propia
responsabilidad y de iniciativa en los asuntos de su país, el tipo del súbdito
parodiaba, aunque parezca mentira, el Poder. Y parodiaba también el realismo,
reacio a conceder atención a nada que no pudiera tocarse con las manos ni
derrumbarse con los cañones; alardeaba de su desprecio por lo intangible, por
todo aquello que vive en el mundo de su espíritu, de su desdén hacia la idea,
eterna vencedora de todas las realidades. Y así, el tipo del súbdito llegaba a
parodiar la barbarie; no le
importaba nada la
larga tradición espiritual que, como alemán y como europeo, llevaba en el fondo
de su ser; esa tradición quedaba enterrada bajo las ansias del bárbaro
hambriento de dominio.
Juzgando por las
apariencias, su fracaso y el de su imperio se debieron a una torpe política;
pero no, fracasó y tenía que fracasar porque era falso, concebido como tipo de
hombre.
Cuando, años más
tarde, los acontecimientos se encargaron de confirmar la novela del súbdito y
ésta pudo por fin ver la luz pública, el súbdito pareció recobrar el
conocimiento. Por lo menos, se plantó en seco en su carrera, y, por un momento,
pudieron concebirse esperanzas respecto a su enmienda, ya que no conversión.
Por aquellos días
pudo leer él ya su novela, la primera edición de este Súbdito, en grandes
tiradas... Hace de esto diez años justos. Esta nueva edición la leerán ya otros
hombres, pero estos hombres carecen en su mayor parte de conciencia histórica.
La memoria de la mayoría de ellos no se remonta, de seguro, más allá de los
seis últimos meses. Cosa muy comprensible, por otra parte, pues el presente
acarrea, para ellos, se les alcancen las importantes enseñanzas que encierran
los ejemplos del pasado. Ni que puedan reconocer todo lo que aún perdura en
ellos de la herencia del
antiguo súbdito, y
los peligros, todavía vivos, que les acechan.
De todos modos, yo me
conformaría con que este libro, ya que no puede transformar a la vieja
generación, tuviese cuando menos, la virtud de ilustrar a una generación nueva.
También en una
República se puede ser verdadero súbdito. Para serlo, no hace falta
precisamente venerar ni remedar a un soberano. Basta con reverenciar y dejar
que obre por uno otro Poder, cualquiera que sea, acaso el del dinero. Con
doblegarse a su voluntad, como a los dictados del destino, sin hacer nada
eficaz para evitar, ya que otra cosa no sea, lo peor, la próxima guerra. Aún
nos preocupa menos el hacer leyes más justas, no el problema de la justicia
social, ni el de la justicia en términos generales. El súbdito sigue ostentando
la marca de siempre: su renuncia a la propia responsabilidad. No le importa
hacer intervenir a su conciencia en la marcha de los sucesos. Los deja
desarrollarse con un griterío de júbilo, como el súbdito de otros tiempos, o indiferente
y sumiso, como la mayor parte de los súbditos de hoy. Mala señal; tenemos
todavía mucho que aprender.
En estos diez años últimos hemos
aprendido bastante.
Hemos aprendido a no
cuadrarnos, a dudar de las cosas y a juzgar un poco de ellas por nuestra
cuenta. Y si todavía no sabemos defendernos como es debido, sabemos, al menos,
aproximadamente, quién es el que abusa de sus poderes sobre nosotros. No nos
regocijaremos ya tan fácilmente cuando veamos cernirse sobre nosotros alguna
catástrofe. No sentimos tampoco el menor deseo de vernos otra vez bajo la
férula del poder descarado, de ese poder que viste uniforme. Pero hay poderes
no uniformados, que son más pérfidos que los otros y tan crueles como pérfido.
Poderes que saben adónde van y lo que quieren. Sujetos como todos estamos a las
mediatizaciones económicas de estos poderes, tendemos con harta facilidad a
reputarlos fatales y necesarios, y abrazamos sin rechistar la pavorosa senda
que nos trazan. Todavía tenemos que aguzar mucho nuestro sentido de la
responsabilidad. Todavía tenemos que conceder mucha más atención de la que hoy
concedemos a nuestra seguridad y a nuestra dignidad humana, a nuestro orgullo viril.
Der untertan
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la película
Año de producción: 1951
País: Alemania
Dirección: Wolfgang Staudte
Intérpretes: Wernes Peters, Paul Esser,
Renate Fischer, Ernst Legal, Raimund Schelcher, Eduard von Winterstein
Argumento: Heinrich Mann (novela)
Guión: Wolfgang Staudte, Fritz Staudte
Música: Horst Hans Sieber
Fotografía: Robert Baberske
Duración: 97 min.
La película fue realizada en la
Alemania Oriental por Wolfgang
Staudte, es una crítica profunda al
autoritarismo imperialista
germánico.
.
Sobre el quehacer de un oportunista.
La película es una
sátira referida a un trepador llamado Diederich, en tiempos del Káiser
Guillermo II. Adaptación de la novela de Heinrich Mann, que muestra de manera
certera la decadencia intelectual y moral de la Alemania pre-nazi. Trata de un
personaje que desde pequeño aprende a estar con los que mandan y a aplastar a
los que considera inferiores, que no le sirven para alcanzar el éxito, o una
mejor posición social. De este modo se coloca siempre al lado de los poderosos,
de los dirigentes de la fábrica o adula a los líderes sindicales de turno.
La película El
súbdito le sirve a Rubén Jaramillo Vélez para hacer, como él dice,
"un análisis de la novela de Heinrich Mann con base en el cual se resume
la teoría freudiana de la ontogenia del carácter, ejemplificada en el caso del
carácter autoritario".
Esta figura del
súbdito, del pequeño burgués fascistoide, es exhibida socialmente a través del
ánimo de notoriedad, reconocimiento discriminador y un arribismo solapado
ejercido, además, con brutalidad física; e individualmente se manifiesta - como
lo categoriza el psicoanálisis- en una inseguridad continúa ligada al temor por
la pérdida del afecto paterno y al temor a la castración, al castigo.
La vida y la obra en
K l a u s M a n n e s t á n impregnadas de una doble influencia, por un lado,
la sombra de su padre, Tomas Mann, el más famoso escritor en lengua alemana del
siglo v e i n t e , d e o t r o , l a búsqueda incesante de una razón social
que oponer a la barbarie. Si por nacimiento accede a
los privilegios que
le proporciona la vasta cultura familiar, su comportamiento desinhibido tentado
siempre por toda clase experimentos le causa no pocos problemas en su juventud,
cosechando críticas que a veces van dirigidas a su encumbrado progenitor.
Desde que el nazismo se instala en
Alemania, Klaus
Mann clamará de forma incesante y a
través de todos
los medios a su alcance, artículos,
revistas literarias,
conferencias o congresos, contra el poder de los
bárbaros. Porque el nazismo implica, además de
violencia y brutalidad extremas, el fin
de las bases
morales, estéticas y
políticas de la civilización europea.
Su novela más
popular “Mefisto”, fue publicada por primera vez en Ámsterdam
en editorial Querido (1936), como ya había ocurrido con otras, no siendo
editada en Alemania occidental hasta 1981, y sólo tras dura batalla legal con
los herederos del actor Gustav Gründgrens, exmarido de su hermana Erika y
símbolo de la colaboración y arribismo en el gobierno de los nazis.
Novela de una carrera
La novela de Klaus
Mann, Mephisto -prohibida en Alemania hasta 1981- cuenta la
historia de Gustaf Gründgens, figura verídica que sirve de base para su
narración en torno al personaje ficticio, Hendrik Höfgen talentoso actor que
esconde sus vergüenzas detrás de las múltiples máscaras que su trabajo como
actor le brinda, en busca de evitar el rechazo y por el contrario, lograr
acomodarse a las diversas circunstancias políticas e ideológicas, hasta lograr
alcanzar lo que podemos señalar como la carrera de un oportunista
Klaus Mann vio en el
comediante Höfgen el símbolo “ d e u n r é g i m e n t o t a l m e n t e c o m
e d i a n t e , profundamente ficticio, irreal”. Señaló con precisión que “no
me interesó narrar la historia de un hombre determinado. Me interesaba describir
un tipo… y con él los diferentes medios … las condiciones
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la película
Director: István Szabó
País y Año: Alemania / Hungría /
Austria
Estreno: Alemania: 29 de abril de 1981.
Reparto: Klaus Maria Brandauer (Hendrik
Hoefgen);
Krystyna Janda (Barbara Bruckner);
Ildikó Bánsági
(Nicoletta von Niebuhr); Rolf Hoppe
(Tábornagy);
György Cserhalmi (Hans Miklas); Péter
Andorai
(Otto Ulrichs); Karin Boyd (Juliette Martens);
Christine Harbort (Lotte Lindenthal).
El actor Hendrik
Hoefgen, gran intérprete del personaje Mefistófeles de la obra El
Fausto, con el propósito de ascender en su carrera, y en el aprecio del
público, abandona su conciencia, reniega de ideales y puntos de vista políticos
-inicialmente socialistas- y, como si se tratase de una representación teatral,
se consagra a ser aceptado por los jerarcas del Nacionalsocialismo, llegando al
extremo de convertirse en uno de los principales publicista de la supuesta
revolución cultural que orienta el Partido Nazi y, en busca de Poco a poco el
actor se da cuenta de que en la vida real se ha convertido en un repugnante
Mefistófeles.
“Mis ojos no son mis
ojos,
mis piernas no son
mis piernas,
mi rostro no es mi
rostro, ni mi nombre es el mío … porque yo soy actor.
¿Y sabes qué es ser
actor? El actor es una máscara entre los hombres”.
Monólogo dicho por
Hendrik Höfgen, en la película Mefisto
-Un comentario-
Por: Julio César Carrión Castro
Disculpo al actor
todos los defectos del hombre, al hombre no le disculpo ninguno de los defectos
del actor.
Goethe
La autoridad opera
sobre los individuos de múltiples maneras desde la más temprana infancia. La
conciencia moral se forja a partir de la lucha establecida entre los impulsos
libidinales y la normatividad impuesta.
En sus estudios
sobre la formación del Yo, Freud evidenció cómo la familia, y particularmente
la figura paterna, son decisivas para fijar la relación que el individuo tendrá
con la autoridad a lo largo de su vida. Padres y maestros condicionan la
actitud de las personas frente a la autoridad y el poder. Esta es la fuerza que
ejerce el Superyo en la estructuración del Yo de cada individuo. A partir de la
identificación con las figuras parentales el niño va conformando su propia
mentalidad, hasta que literalmente logra zafarse al encontrar que dichas
figuras no coinciden con el ideal del Yo, que no responden a las expectativas
inicialmente establecidas. Pero en todo
caso esos momentos
de autoridad y de ruptura son fundamentales e imprescindibles para ingresar a
la mayoría de edad.
También es cierto,
como lo analizaron Horkheimer y Adorno en sus estudios sobre Autoridad
y Familia, que estos estadios de desarrollo normal de la personalidad
pueden ser alterados y mal utilizados, llevando a la formación de
personalidades deformadas, como la llamada “Personalidad Autoritaria”. Muchos
seres humanos interiorizan el padre aplastante, opresor, brutal, generándose en
ellos una reiteración, un querer repetir su propia historia. El Yo de los niños
aprende una muy pragmática estrategia frente al poder opresor y brutal: la
adaptación como mecanismo de defensa. De ahí surge, como compensación la
“satisfacción por el deber cumplido”, la obediencia como virtud incuestionable;
ese sentimiento de estar a la altura de las exigencias del poder, de identificarse
con la autoridad y el anhelo de ser reconocido por ésta, el temor al castigo y
a la pérdida del afecto. Las autoridades van siendo internalizadas en el
individuo con un Yo débil, estructurado desde la infancia mediante el doble
mecanismo de miedo-protección. En el fondo, ese temor hacia los poderosos y
fuertes, que contiene toda la mitología heroica expresa esa conformación de la
personalidad y es lo que emplean los gobiernos autoritarios; la impotencia y la
búsqueda de
compensación y
recompensa mediante la sumisión y la subalternidad.
Freud decía: “El
temor a las autoridades reales y al poder que invisten, la esperanza de
ventajas materiales, el deseo de ser amado y alabado por esas autoridades y la
gratificación surgida de la realización de ese deseo (menciones honoríficas,
ascensos, etc.), la posibilidad de establecer relaciones objetuales sexuales
-en especial homosexuales- con esas autoridades -aunque se trate de una
situación inconsciente y no concretada en la realidad- son factores cuya
fuerza, por lo menos, no es menor que el temor del Yo al Superyo”.
Por irracional que
parezca, el sometimiento a la autoridad, la adaptación a los mandatos, por
absurdos que estos sean, produce plena satisfacción; además el poder emplea
mecanismos y técnicas especiales para crear en los subordinados esa sensación
de satisfacción. Disfrutan masoquistamente de la subalternidad. Mucho más si
asumen que hacen parte del poder y pueden ejercer autoridad sobre otros a
quienes buscan atemorizar.
La conducta de
estos individuos con personalidad autoritaria casi siempre ha sido elaborada
mediante detallados procesos educativos que tienen como fundamento pedagógico
el rigor, esto es, la
autonegación, la
renunciación, el cultivo de la obediencia acrítica, esa serie de mecanismos que
les ha impedido acceder a su propio Yo.
Se pregunta Alice
Miller en su inquietante obra “Por tu propio bien”, que indaga por
las raíces de violencia presentes en la formación de los niños: “¿Qué
ocurre, en cambio, cuando ya no queda rastro alguno de esta vida porque la
educación fue un éxito rotundo y perfecto?” Como en el caso de los
jerarcas Nazis, por ejemplo, que fueron llevados por la severidad y
el rigor a una perfecta adaptación a las normas establecidas.
Este es el tema que
recoge la película de Istvan Szabo de 1981, basada en la novela Mefisto de
Klaus Mann (hijo de Thomas Mann), escrita en 1936, en la época del ascenso del
Nacional-socialismo en su patria, Alemania.
Mefisto se refiere a
la carrera de un oportunista. Klaus Mann vio en su cuñado, Gustaf Gründgens
(esposo de Erika Mann, de quien se divorció en 1929) ese tipo de personalidad
que venimos criticando. Se trataba de un individuo adaptable a las
circunstancias y a las conveniencias, pues este excelente actor dramático, que
llegó a representar maravillosamente a Mefistófeles, el personaje antagónico
del Fausto de Goethe, y quien tuvo militancia activa en el
movimiento
socialista de la Alemania de la República de Weimar, con el ascenso del
Nacional-socialismo se convertiría en un alto dignatario del Tercer Reich ya
que colaboró en la persecución de sus antiguos camaradas y supo granjearse el
cariño de los jerarcas. Se trata, obviamente, de esa especie de seducción que
el poder ejerce sobre los intelectuales; de esa condición de minoría de edad a
que se aplican muchos pensadores e intelectuales para garantizar supuestamente
el libre desarrollo de sus actividades, siendo el oportunismo y el trepadorismo
el sustrato de sus precarias “convicciones” ideológicas. Como lo anota el
profesor Rubén Jaramillo Vélez: “Desde sus orígenes en el Renacimiento... el
saber aparece vinculado al poder... requiriendo constantemente renovación
y readaptación”.
Hofsgen, el
personaje de la obra (y del film) nos establece frente a esa microfísica del
poder, con claridad cómo este tipo de actores -a fin de cuentas, personajes no
sólo de las obras que representan sino de sus propias vidas-, están siempre
ocultos tras diversas máscaras. Lamentablemente, repito, la escuela nos
condiciona a actuar en un mundo lleno de representaciones y enmascaramientos.
Los individuos cumplen múltiples roles simultáneamente: esposos y padres
cariñosos en el abrigo del hogar, son los mismos hombres de negocios fríos,
calculadores y desconsiderados. Se trata de la técnica de las
máscaras, del
ocultamiento y de la simulación, que hoy se difunde de una manera generalizada
y que se reconoce como virtud y astucia en un mundo regido por la insolidaridad
y la competitividad.
La actual
organización de la sociedad y la vigente estructura de la escuela en el mundo
en que vivimos, incluso después de la aparente derrota de fascismo, difunden la
heteronomía, no la autonomía; no se educa para oponer resistencia, para la
consistencia de yo, sino para la adaptación a las exigencias del poder y para
la simulación. La conformación de este tipo de p e r s o n a l i d a d e s , d
e e s t r u c t u r a s m e n t a l e s fragmentadas, se corresponde con la
racionalidad instrumental que impone el modo capitalista de producción en su
etapa actual.
P o d e m o s a fi
r m a r q u e l a s c o n d i c i o n e s d e fragmentación de la personalidad
se han ampliado, que la situación ha empeorado. El lenguaje de la flexibilidad
y de la adaptabilidad, tan socorrido en el medio empresarial, laboral e incluso
en el académico, significa la necesidad que tiene el sistema de poner en marcha
un aparato productivo, con funcionarios y trabajadores que sean polivalentes,
polifuncionales, esto es, que la avanzada tecnología y el desarrollo de los
mercados de hoy exigen el cambio continuo, lo que por supuesto, implica la
superación de las rutinas que el viejo fordismo había instaurado, pero también
conlleva a un mayor
desapego por el trabajo, a una mayor alienación de los trabajadores y claro, a
la carencia de estabilidad laboral y a la pérdida de los amparos prestacionales
y asistenciales, así como a la desaparición forzada de las luchas sindicales,
al i n s t a u r a r s e e l c o n c e p t o d e “ T r a b a j a d o r
independiente”. Además, como lo ha estudiado el sociólogo Richard Sennett en su
obra “La corrosión del carácter”, esta situación ha conducido a la formación
de personas sin identidad moral y a la desaparición de la vieja ética del
trabajo, al imponer tan solo el corto plazo, la trivialidad de lo cotidiano y
pasajero, dando prelación a los resultados empresariales en detrimento de los
seres humanos.
Publicado en el
periódico El Nuevo Día. Ibagué, abril de 2002
PELÍCULA EL CONFORMISTA (1970)
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la película
Título original Il conformista
Año 1970
Duración 108 min.
Director Bernardo Bertolucci
Guion Bernardo Bertolucci (Novela:
Alberto Moravia)
Música Georges Delerue
Fotografía Vittorio Storaro
Reparto Jean-Louis Trintignant,
Stefania Sandrelli,
Dominique Sanda, Pierre Clémenti,
Gastone
Moschin, Enzo Tarascio, Fosco
Giachetti, Jose
Quaglio
Productora Coproducción Italia-Francia;
Mars Films Produzione / Marianne Productions
Premios 1971: Nominada al Oscar: Mejor
guion adaptado
Sinopsis: Siendo niño, de
trece años, Marcello se ve turbiamente enredado por el chófer de su familia,
Lino Seminara, a quién dispara y cree haber matado. En consecuencia, Marcello
Clerici crece en la Italia fascista con un cierto complejo de culpabilidad, no
sólo por haber asesinado a un hombre, sino también por escrúpulos de tipo
moral. Su única obsesión es ser como los demás, lo que le impulsa a refugiarse
en el fascismo, no por ambiciones políticas, sino para confundirse en la
indiferencia y el conformismo. Se casa con Giulia, por el mismo motivo, para
hundirse en la vulgaridad. Al mismo tiempo, Marcello reconsidera la familia de
la que procede. El padre está recluido en una clínica para perturbados
mentales, y la madre, lleva una vida disipada, y aparentemente es toxicómana.
Marcello se pregunta, abrumado, que cómo puede ser un hombre normal,
proviniendo de tal familia. Llega a proponer al gobierno el irse a París para
matar al representante de los exiliados, que fue un antiguo profesor suyo. Con
el pretexto del viaje de novios, llega a París y entra en contacto con el
profesor. Aquí sale un poco de su indiferencia, queriendo retroceder en su
misión. Pero de nuevo se deja llevar por los acontecimientos, y asiste desde un
coche al asesinato del profesor, para, a continuación, seguir viviendo
procurando confundirse con un mundo vulgar. El 25 de julio de 1943, en una
manifestación que celebra el derrumbamiento del régimen fascista italiano,
reconoce entre la
muchedumbre el rostro
del chófer Lino, a quién creía muerto. Se desmoraliza al ver que ha
desperdiciado su vida por un sentido de culpabilidad que no tenía fundamento,
para olvidar algo que nunca había existido... Cuando tenía 13, años Marcello
Clerici le disparó a Lino, un homosexual adulto que intentó seducirlo. Años más
tarde, Clerici es un respetado ciudadano, profesor de filosofía y va a casarse
con Giulia. Pero Clerici se ha vuelto fascista, tiene contactos con el servicio
secreto fascista, y está dispuesto a combinar su luna de miel en París con un
atentado a un exiliado político italiano que había sido profesor suyo... Es la
historia de un tipo lleno de complejos que se une al movimiento fascista para,
e n t r e o t r a s c o s a s , r e p r i m i r s u i n c i p i e n t e
homosexualidad, fruto a su vez de un complejo de Edipo no resuelto.
Por: Julio César Carrión Castro
Bertolucci señala en
la película el precario significado y alcance que tiene la autonomía ética e
intelectual, frente al inmenso poder de la obediencia acrítica y la “entrega”
de aquellos sujetos, dispuestos a todo por cumplir con los mandatos e instrucciones
de los jefes y caudillos, aceptando irrestrictamente la anormal “normalidad”
impuesta por el fascismo.
Astucia, disciplina y obediencia
El Diccionario de la
Real Academia de la Lengua Española define Conformismo, conformista: De
conforme… Práctica de quien fácilmente se adapta a cualquier circunstancia de
carácter público o privado.
La película “El
conformista” de Bernardo Bertolucci, del año 1970, basada en la novela del
mismo nombre de Alberto Moravia –1951–, nos ilustra acerca del comportamiento
de un individuo, Marcello Clereci –representado en el film por el actor Jean
Louis Trintignant–, profesor universitario que, en los años treinta del pasado
siglo, en el período de ascenso de Benito Mussolini y el fascismo en Italia,
convenientemente se
hace militante fascista, a fin de sobrevivir en un medio que, política, social
y culturalmente repudiaba ya de manera abierta y mayoritaria, todas las
expresiones de autonomía intelectual y, por supuesto, el pensamiento crítico,
las ideas socialistas y la democracia.
Con el propósito de
congraciarse con las autoridades y con los grupos paramilitares y de policía
secreta encargados de mantener, tanto la “pureza” conceptual y teórica, como la
disciplina de los fasci italiani di combattimento y demás
seguidores del Partido N a c i o n a l , M a r c e l o a c e p t a
– h a b i e n d o s i d o previamente militante socialista, como el propio Duce
Benito Mussolini– el encargo de asesinar a Luca Quadri, su antiguo respetado
profesor, que se encuentra exiliado en París a cuenta de la persecución
fascista.
En el lenguaje
eufemístico y melifluo empleado por el fascismo, simplemente se trataría de
controlar las actividades molestas de ese profesor que desde el exterior
continuaba incitando a la rebeldía y al levantamiento popular contra el “orden”
establecido, se trataba de una persona estorbosa que no entendió que, con el
fascismo en el poder, “se terminó el tiempo de la reflexión y que ahora
es el tiempo de actuar”.
Bertolucci señala en
la película el precario significado y alcance que tiene la autonomía ética e
intelectual,
frente al inmenso
poder de la obediencia acrítica y la “entrega” de aquellos sujetos, dispuestos
a todo por cumplir con los mandatos e instrucciones de los jefes y caudillos,
aceptando irrestrictamente la anormal “normalidad” impuesta por el fascismo. Se
pregunta por qué la gente colabora con ese poder que les niega, les despoja y
les oprime y, desoladamente, concluye que muy pocos lo hacen por convicción o
fe en las tesis o argumentos del fascismo -muy escasos e insignificantes, por
cierto-, otros lo hacen por temor, pero la inmensa mayoría lo hace por
ambición, buscando beneficios personales y dinero. Entonces anteponen nociones
como “nación”, “patria” o “partido” a los intereses sociales, familiares o
sentimentales.
Para el fascista,
carente de reflexiones políticas sustentadas en la solidaridad, el análisis
intelectual, o en la ética, como hemos dicho, el crimen no es más que un paso
en su carrera oportunista por trepar; pierde todo asomo de autonomía, de
individualidad y de dignidad, aferrado a la obediencia y a la disciplina al
partido y a los jefes, asumiendo que está protegido con una especie de
“inmunidad de rebaño”, (para decirlo en ese tan socorrido lenguaje de hoy), que
entiende como patriotismo, lo cual significa estar dispuesto incluso hasta
ofrecer la vida para evitar que “el enemigo” triunfe. Porque el fascista cree
que siempre se está en guerra, contra los enemigos del “orden”, del Estado, de
la religión, de las tradiciones, de la
propiedad, etc. Ya se
trate de subversivos o de académicos, da lo mismo, hay que pelear, contra los
socialistas, los comunistas o los “castrochavistas”, hay que pelear siempre… Al
fascista le son indispensables las armas, disparar, si no lo hace él, por cobardía
o “recato”, en todo caso que otros lo hagan.
El sistema fascista
clásico, tanto como la contemporánea democracia fascista, claramente expresan,
como lo señala la cinta, la tremenda validez de la alegoría de la caverna
expuesta por Platón en el libro VII de “La República”, en que la
auténtica realidad es velada o encubierta por una serie de sombras que simulan
ser lo cierto, lo objetivo, la “verdad”, con la complacencia y beneplácito de
los gobernantes y sus súbditos.
La teatralidad de los
regímenes fascistas se capta no sólo en todas esas sombras y reflejos fatuos
con que nos agobian: Libertad, igualdad, Estado de derecho, democracia; en toda
esa mitología argumental melodramática que genera la mayor credibilidad entre
las masas, sino, en la promoción de esos caracteres hipócritas y acomodaticios
que, permiten que la mentalidad criminal sea prohijada y aceptada como un
simple acontecimiento pasajero de los hombres de bien que, en todo caso,
seguirán acatando el “orden establecido”, sea cual fuere, y continuarán siendo
sumisos, bien adaptados, conformistas.
PELÍCULA EL PORTERO DE NOCHE (1974)
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Director: Liliana Cavani
Actores: Gabriele Ferzetti, Charlotte
Rampling, Dirk
Bogarde, Isa Miranda, Giuseppe
Addobbati, Nino
Bignamini ...más
Il Portiere di notte
Italia, EE.UU.
01/01/1974
1 hora 52 minutos
Sinopsis. La acción
transcurre en la Viena de 1957. La esposa de un conocido director de orquesta
norteamericano reconoce en el portero nocturno del hotel donde se albergan al
oficial de las SS nazis que la custodiaba durante su internamiento y del que se
convirtió en forzada amante. Una historia de recelos mutuos, de relaciones
donde el odio y el deseo se entremezclan, donde lo odiado se recubre con el
manto de lo deseado. El trasfondo político de los grupos de antiguos nazis que
protegen el presente de sus compañeros por cualquier método tiene escasa
consistencia frente al drama personal de ambos protagonistas y de su mutua
atracción. La culpa como instrumento de poder. Y, sobre todo, vuelve a aparecer
la sombra de la voluntad autodestructiva de la víctima, surgida de sus deseos
masoquistas.
EL ESCÁNDALO DE 'EL PORTERO DE
NOCHE
Diego Galán - Madrid
Cuando se estrenó en
1974, El portero de noche levantó fuertes controversias. Esta historia de una
pasión sadomasoquista ambientada en parte en un campo de concentración nazi,
provocó protestas en varios frentes: unos lo hicieron por las escenas de sexo,
muy explícitas para entonces; otros, criticando la ambigüedad ideológica en el
tratamiento que hacía la directora Liliana Cavani del personaje de un oficial
de las SS. El caso es que “El portero de noche” fue una de esas
películas de los años setenta que no dejaron mudos a los más conservadores,
siempre dispuestos a hacer que el mundo gire a su antojo. En este sentido, poco
tiempo atrás, “El último tango en París”, de Bertolucci, se
había llevado la palma del escándalo.
Charlotte Rampling y Dirk Bogarde
A u n q u e
Liliana Cavani
y a h a b í a
t r a t a d o d e
denunciar los
totalitarismos
e
n s
u s
documentales
p a r
a l
a
televisión, con
El portero de noche
dio un paso más. "Todos somos víctimas o verdugos", replicó a
quienes la atacaban por su presunta humanización del personaje del
agente nazi. Los abusos sexuales de él sobre la joven judía encerrada en un
campo de concentración se transforman con el tiempo en una ardiente historia de
amor y dependencia de la que ninguno de los dos podrá liberarse. Los fantasmas
del pasado vuelven a tomar forma en ellos, conduciéndoles a una tenebrosa vía
sin salida.
Por: Julio César Carrión Castro
Amor, perversión y educación
El asunto se
desenvuelve en un hotel de Viena –Austria– en el año de 1957 (doce años después
de la caída del Tercer Reich). La película, de Liliana Cavani de 1974 trata de
un reencuentro; de la irrupción en el presente de los fantasmas del pasado, de
los recuerdos traumático-felices que agobian a dos personajes: Lucía –Charlotte
Rampling– y Max –Dirk Bogarde–, el tema se refiere a una paradójica confusión
entre víctimas y victimarios, a partir de los tremendos actos de tortura y
vejación impuestos por los nazis a sus desvalidas víctimas y del extraño amor
que surge de la descompuesta relación entre el torturador y su víctima. La
película nos lleva a reflexionar –y revisar– nuestros paradigmas éticos,
pedagógicos, políticos y culturales.
Ternura y perversión
se hacen presentes en esta afirmación-negación, en esta ambigüedad a que
convoca “el amor y sus demonios”. Se trata de un amor
malformado por la imposición de la obediencia que lleva a la sumisión y al
servilismo voluntario. La imaginación y lo macabro entran como componentes de
la erótica: ya Freud lo describía en la figura dual de Eros y Tánatos. Placer y
destructividad.
Portero de noche es
una mirada penetrante a la psique humana. Se ha considerado el erotismo como el
sexo imaginativo y, como nos enseñara el Marqués de Sade, la imaginación sólo
trabaja con la fantasía y no es posible la realización de ésta, sin que se rompa
en nosotros la “cordura” o la “normalidad”.
Es equivocado
considerar la atracción sexual como un simple asunto de la biología o de la
fisiología. El sexo, con todas sus derivaciones, implicaciones y perversidad,
es un asunto cultural, es construcción.
La relación sexual
siempre es generadora de ficciones. Como la poesía, el sexo crea una nueva
realidad, otra vida, otros mundos. Ya Leopoldo von Sacher-Masoch en su
novela “La venus de las pieles”, de 1870, estableció cómo el
dolor y la crueldad son aspectos anejos al amor y poseen, también, un
particular atractivo, un raro encanto.
Que el niño es un
“perverso polimorfo” estableció Freud. Cualquier resultado, cualquier
“perversión”, viene siendo un asunto de escogencia, de “construcción del objeto
del deseo”, o una transgresión a lo establecido por el principio de realidad.
Para reprimir los sentimientos hay variadas técnicas -abiertas o sutiles-.
Se reprime el
sentimiento, se reprime el pensamiento por la imposición de la obediencia. Los
métodos para
reprimir la
espontaneidad vital son múltiples y tienen que ver con la pedagogía. En este
sentido la educación es perniciosa, es pervertida. Nietzsche decía: “Sólo
lo que no cesa de doler permanece en la memoria…” Toda educación busca
encajar al individuo dentro de los patrones del principio de realidad (que
reprime el principio de placer).
La convicción
pedagógica que establece que el niño debe ser orientado desde los comienzos,
desde la más tierna edad, permite la injerencia del poder estatal en el alma
infantil escindiendo su espíritu. La enorme plasticidad, flexibilidad,
desamparo y disponibilidad del niño, lo convierten en objeto ideal de la
manipulación. Así sea por las pedagogías aversivas, por las pedagogías
invisibles o sutiles, o por el chantaje afectivo.
Que “la violencia es
la partera de la historia” se ha dicho; la gente golpea, maltrata y tortura,
para repetir su propia historia, por identificarse con algún poder que le
oprimió en la infancia y que no le permitió odiar. Todo comportamiento absurdo
o “anormal” –quien esté libre que tire la primera piedra– tiene su prehistoria
en la infancia. Generaciones educadas para guardar silencio y obedecer,
reclaman hoy el derecho a los más estridentes sonidos.
La historia del III
Reich muestra cómo lo monstruoso reside en lo “normal” o, como lo precisara
Freud: “la civilización engendra la barbarie”. Las víctimas de la seducción y
del engaño –que siempre acompañan al poder–, están ahí para corroborarlo. Todos
los jerarcas del III Reich tuvieron una educación rígida, rigurosa, severa.
Erich Fromm en su
obra “Anatomía de la destructividad humana” afirmó: “Entre
nosotros viven Himlers a millares, hablando socialmente, sólo hacen un daño
limitado, en la vida normal, aunque no debemos subestimar el número de personas
a quienes perjudican y que hacen decididamente infelices. Pero cuando las
fuerzas de la destrucción y el odio amenazan anegar todo el cuerpo político,
esa gente se vuelve enormemente peligrosa; son los que ansían servir al
gobierno y ser sus agentes para aterrorizar, torturar y matar”. Entre estas
gentes, preparadas por la pedagogía de la sumisión y el bloqueo de
los sentimientos, se reclutan no sólo los torturadores y sicarios, sino, en
términos generales, los militantes y activistas de las contemporáneas derechas;
las “inocentes” multitudes del actual neofascismo, que viven ocultos, pero
latentes, tras sus cotidianos enmascaramientos, en espera de esas
circunstancias.
¿De qué puede servir
la capacidad de permanecer frío ante el horror? Quien soporta el horror puede
infligirlo sin pena ni remordimiento. Se reprimen los propios
sentimientos, porque
previamente nos los han reprimido, gracias a la humillación cotidiana. Además,
como se asevera en el filme, cuando los fantasmas del pasado atropellan, “cuando
los fantasmas toman forma en la mente, no hay como escapar de ellos, ¿cómo
librarse de los fantasmas de la memoria, cuando terminan siendo parte de uno
mismo?” Ahí retorna el miedo y ya podemos encontrarnos,
definitivamente, sin salidas.
El cultivo y la
imposición de la obediencia por el ejercicio del poder (así sea tan escaso y
precario como el de padres, tutores y maestros, o tan fuerte y poderoso como el
de los curas, los politiqueros y los militares) impide que se alcance la
“Mayoría de edad” y el uso autónomo del propio entendimiento, como lo
propusiera Kant.
Ojalá que la
educación (como represión del pensamiento, y de los sentimientos, como
imposición de la obediencia y de la subalternidad), no tuviese el éxito que
tiene, para lograr que el erotismo y la ternura, que la sensibilidad y la
dependencia afectiva, no tuviesen que enmascararse y vivir la tremenda
morbilidad sentimental, cultural y social que Liliana Cavani describe en su
película.
El asunto de la
depravación sexual entre los nazis fue trabajado también por Pier Paolo
Passolini en la película “Saló” o “Las 120 jornadas de Sodoma” de
1976. La formación
del carácter autoritario, como prerrequisito del encumbramiento del fascismo,
se encuentra en “El ángel azul” de Josef von Sternberg de 1930, y en “El
súbdito” de Wolfgang Staudte, de 1951, ambas películas basadas en sendas obras
de Heinrich Mann –1871 – 1950. También en “Mephisto”, cinta de István Szabó de
1981, a partir de la novela homónima de Klauss Mann. Todas ellas auscultan
también esas e s t r u c t u r a s , s u p u e s t a m e n t e v e l a d a s ,
d e l comportamiento humano, patológicamente humillado y subordinado por las
autoridades. La escuela de Fráncfort, y particularmente Horkheimer y Adorno,
trabajaron esta temática a profundidad en sus estudios sobre “Autoridad y
familia”.
En todo caso tiene
sentido persistir en el reclamo para que Dionisos y Eros sigan iluminando al
mundo y al amor, con toda su locura, su desorden e incluso con sus
perversiones, pero sin la torcida intervención de los poderes familiar,
escolar, eclesiástico, militar, empresarial o estatal.
(Bologna 1922-Roma
1975) Es uno de los más g r a n d e s e s c r i t o r e s italianos del siglo
XX; se dedicó también al cine. Desde la literatura más íntima hasta el cine más
popular, Pasolini siempre fue firmemente poeta, con una clara huella de lo real
y de lo cotidiano.
En general mi vida
social depende exclusivamente de lo que es la gente. Digo “gente” con
conocimiento de causa, refiriéndome a lo que es la sociedad, el pueblo, la
masa, en el momento en que entra existencialmente (y acaso sólo visualmente) en
contacto conmigo. Es de esta experiencia existencial, directa, concreta,
dramática, corpórea, de la que nacen en el fondo todos mis discursos
ideológicos.
Con su compromiso
político, civil y artístico Pasolini tuvo como objetico principal el de
denunciar y contrastar la homologación cultural y el cambio antropológico de
los italianos . Él detectó dramáticamente estos dos aspectos en el consumismo
exasperado, en el condicionamiento llevado a cabo por los medios de
comunicación de masas, en las
condiciones del
subproletariado urbano.
“Tal compromiso
provocó, ante todo, una difusa hostilidad hacia él, la cual reveló también el
obscurantismo de aquellos que siempre intentaron obstaculizarle.”
Me han detenido,
procesado, perseguido, linchado durante casi dos décadas. Todo eso un joven no
puede saberlo... Puede que yo haya tenido la suficiente dignidad como para
esconder la angustia de uno que durante años y años esperaba cada día la
llegada de una citación del tribunal, y mirar a los quioscos con el pánico de
leer en los periódicos atroces noticias escandalosas acerca de su persona.
A pesar de eso, el
poeta intensificó progresivamente sus intervenciones, imprimiendo más
incisividad a unos blancos cada vez más terriblemente concretos, y engrosando
tanto las filas de sus amigos (aquellos movimientos políticos y culturales que
sintieron la necesidad de su presencia: todos los que han querido dialogar con
él más allá de polémicas desviadas o incluso de diferencias de fondo) como las
de los enemigos (los depositarios o los siervos de un poder que primero le
despreciaron como intelectual y homosexual, confinándole al limbo, y después,
viendo que el esfuerzo de encerrarlo en un gueto resultaba inútil, decidieron
mostrarle sus dientes).
Sin embargo, ni los
unos ni los otros podrán recordarle hoy, ya que su pensamiento estaba en
constante devenir y se apartaba de cualquier esquema, inspirándose a la vida,
de la que aceptaba las burlas más horribles, y con la que compartía las
contradicciones más pesadas.
Siempre he pagado, y
he ido desesperadamente hasta el final en todo. He cometido muchos errores,
pero desde luego no tengo remordimientos. Y ello porque, según escribe en
un poema de 1969: De nuestra vida soy insaciable / porque
algo único en el mundo jamás puede agotarse.
Pasolini ha sido
definido muchas veces como 'un testigo provocador'… En las dos palabras
'testigo provocador' hay, para empezar, un elemento-clave que ilumina, no ya la
personalidad de Pasolini sino, esencialmente, su fundamental relación con la
colectividad, a la que le sigue la grabación 'en caliente' de una sensación
rápida, todavía por codificar, que es justamente lo 'provocador'. Sobre un
individuo en cierto modo 'público' a menudo se arriesgan legítimos pronósticos,
y la carrera para adivinar con antelación sus pensamientos y sus reacciones
frente a esto o aquello puede resultar incluso poco vivaz. En el caso de
Pasolini -osaríamos decir sólo en su caso- este juego no empezaba; con él no.
Ha sido justamente esta característica suya la que le ha hecho conquistar sobre
el terreno el adjetivo 'provocador', un juicio obtuso
pero sincero, y
desarmante en el sentido de que cada uno puede leerlo, en positivo o en
negativo, según su perspectiva, pero en cualquier caso sin conseguir asirlo
nunca verdaderamente.
Este hombre, este
artista, fue asesinado en la noche entre el 1 y el 2 de noviembre de 1975.
En toda mi vida jamás
he ejercido una acción violenta, ni física, ni moral. No porque yo soy un
fanático de la no - violencia . La cual, si es una forma de autocostricción
ideológica, también es violencia. Nunca he ejercido en mi vida violencia
alguna, ni física ni moral, simplemente porque he confiado en mi naturaleza, es
decir en mi cultura.
SALÓ -O LOS 120 DÍAS
DE SODOMA- (1976)
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Ficha de la película
Italia-Francia, 1976.
Director: Pier Paolo Pasolini.
Productores: Alberto de Stefanis,
Antonio Girasante, Alberto Grimaldi.
Guión:Pier Paolo Pasolini, Sergio
Citti, Roland
Barthes, Maurice Blanchot, Pierre
Klossovski.
Música: Ennio Morricone.
Fotografía: Tonino Delli Colli, en
color.
Montaje: Nino Baragli, Tatiana Casini
Morigi, Enzo Ocone.
Diseño de producción: Dante Ferretti.
Duración: 117 minutos.
Salò o le 120
giornate di Sodoma (Saló o los 120 días de Sodoma) es una película de 1975 del
escritor y director de cine italiano Pier Paolo Pasolini, basada en el
libro Los 120 días de Sodoma del Marqués de Sade. Película
prohibida en muchos países, se desarrolla en la República de Saló, en 1944-45,
en el norte de Italia, durante la ocupación nazifascista. Está dividida en
cuatro segmentos que hacen paralelo con el Infierno de Dante: Anteinfierno,
Círculo de las manías, Círculo de la mierda y Círculo de la sangre.
Mussolini y la república de Saló
La República Social
Italiana (en italiano, Repubblica Sociale Italiana), llamada por muchos
historiadores República de Saló o República Social Fascista de Saló, fue un
Estado creado por Benito Mussolini en el norte de Italia y existió entre 1943 y
1945. Mussolini fue su primer y único jefe de Estado. Albergaba militares
nazi-fascistas de toda Europa: los ultraderechistas franceses, los nazis
alemanes o los cruces flechadas de Hungría, aliados de Adolf Hitler.
La República Social
Italiana comenzó a gestarse tras la maniobra que culminó en la destitución y
arresto de Mussolini el 25 de julio de 1943. Desde el mismo momento en que tuvo
noticia de estos hechos, el dictador alemán Hitler desconfió del nuevo Gobierno
de Pietro Badoglio y comenzó a preparar su respuesta ante la inminente
capitulación de Italia ante los
aliados. Los planes
de Hitler incluían, como punto fundamental, la liberación de Mussolini y su
restablecimiento en el poder, pese a las reticencias de muchos jerarcas nazis
al regreso del Duce: Hitler prefería que un nuevo Estado fascista facilitara la
acción de la Wehrmacht en territorio italiano antes que una abierta ocupación
que obligara a sus tropas a moverse entre un frente de vanguardia y otro de
retaguardia.
Así pues, tras el
anuncio oficial de la rendición italiana (8 de septiembre de 1943 [la firma del
acta de capitulación se había producido, en realidad, cinco días antes]), las
tropas alemanas entraron en Italia, tomando por sorpresa a su desprevenido ejército,
mientras el rey Víctor Manuel III y el mariscal Badoglio huían de Roma, dejando
el campo abierto al avance germano.
El 12 de septiembre
(cuatro días después de anunciarse la capitulación de Italia), un comando
alemán, dirigido por el capitán de las SS Otto Skorzeny llevó a cabo la
operación Roble, esto es, la liberación de Mussolini de su prisión en Gran
Sasso (Apeninos), más concretamente el hotel-refugio de Campo Imperatore donde
se hallaba retenido el antiguo dictador. Una vez liberado, Mussolini fue
llevado a Alemania y allí se entrevistó con Hitler.
Tras su destitución,
arresto, y liberación, en poco menos de dos meses, Mussolini lucía cansado de
las responsabilidades de la guerra y poco dispuesto a retomar el poder, pero
Hitler le instó a volver a Italia y formar allí un nuevo Estado fascista bajo protección
de la Wehrmacht, amenazando al Duce con instalar la administración militar
alemana en Italia y sujetarla a las mismas penalidades de un país ocupado en
caso de no aceptar. Ante tal presión, Mussolini volvió a Italia y se instaló en
Milán desde donde el 23 de setiembre anunció la creación del Partido Fascista
Republicano y, tres días después, la reanudación de la guerra al lado de
Alemania y Japón. De inmediato el Duce anunció la formación de un nuevo
gabinete republicano, aunque sus ministros días antes habían sido elegidos y
designados por el propio Hitler.
Sinopsis de la película
En una mansión cuatro
hombres poderosos, llamados el Presidente, el Duque, el Obispo y el Magistrado,
acuerdan casar a las hijas de cada cual en un ritual libertino. Con la ayuda de
varios colaboradores, secuestran a dieciocho jóvenes (nueve hombres y nueve
mujeres) y los conducen a un palacio cerca de Marzabotto. Con ellos están
cuatro exprostitutas, también colaboradoras, cuya función será la de contar
historias que exciten a los hombres poderosos, quienes entonces explotarán
sexual y sádicamente a sus víctimas.
La película presenta
3 de los 120 días transcurridos en el palacio, tiempo durante el cual los
cuatro hombres poderosos van concibiendo cada vez más aberrantes torturas y
humillaciones para su propio placer. Se divide en cuatro partes; en la primera,
el denominado Anteinfierno, sección más corta de la película, se muestran las
capturas de los jóvenes y un discurso por parte del Duque a las víctimas. Luego
pasa al Círculo de las Manías, liderado por la Señora Vaccari, una de las
prostitutas. En este se cuentan historias tomadas de la primera parte de la
novela de Sade, ninguna de las cuales incluye la penetración. Destaca una
escena en que las victimas aparecen desnudas, usando solo correas de perro,
siendo obligadas a comer carne del piso. Luego, se le da a una de las hijas un
panecillo lleno de clavos.
Comienza el Círculo
de la Mierda cuando varios personajes discuten haber asesinado a sus madres y
el hecho de que no se le debe nada a la madre simplemente por haber fornicado
con un hombre, un tema típico de Sade. Una de las victimas es escuchada llorando,
entristecida porque su madre fue asesinada cuando la capturaron, y es forzada a
comer las heces del Duque. Esto incita a la Sra. Maggi, prostituta de turno, a
contar las historias de retrete, que encantan a los señores. A los jóvenes se
les prohíbe "descargar" todo un día, para que al final, sus heces
sean servidas en un gran banquete. La coprofagia usada en el film es
aparentemente una
metáfora para los alimentos producidos en masa. Como curiosidad, las heces
fueron creadas con salsa de chocolate y mermelada de naranjas, además se hace
un concurso de los mejores traseros, el ganador supuestamente moriría en el
acto y al "ganador", Franco, se le asusta con una pistola descargada.
Este final al Círculo de la Mierda anuncia los horrores del siguiente segmento.
En el último circulo,
el de la Sangre, donde las historias de las prostitutas son mínimas y contadas
por la Señora Castelli, se celebra una boda gay entre algunos soldados y solo
tres de los cuatro señores, puesto que el Obispo los está casando. Un soldado
seduce a este último y tienen sexo. Luego, el Obispo se marcha a inspeccionar a
las víctimas en sus cuartos, donde cada una traiciona a otra: se descubre un
romance lésbico, una fotografía escondida, y finalmente, una intriga entre un
colaborador y la sirvienta negra, ambos son asesinados. Más tarde, las víctimas
que decidieron no colaborar con sus agresores, y las hijas de los agresores son
asesinadas de varias espantosas maneras: violadas antes de ser asesinadas,
desolladas, ahorcadas, marcadas, con penes y pezones quemados y con lenguas y
ojos extirpados. Los que si colaboraron, con la condición de que continúen
colaborando, serán conducidos con ellos a Saló. La última escena de la película
retrata la indiferencia a la violencia, y el conformismo de las
masas: dos
colaboradores, que acababan de presenciar y participar en la masacre,
aburridos, se ponen a bailar un vals juntos.
Toda la película es
una crítica a la sumisión, a la subalternidad, de unas masas adaptadas al poder
de los grupos hemónicos militares, religiosos o civiles.
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la película
Dirección: Dennis Gansel.
País: Alemania.
Duración: 108 min.
Elenco: Jürgen Vogel (Rainer Wenger),
Frederick Lau (Tim), Max Riemelt
(Marco),
Jennifer Ulrich (Karo), Christiane Paul
(Anke
Wenger), Elyas M'Barek (Sinan),
Cristina Do
Rego (Lisa), Jacob Matschenz (Dennis),
Maximilian Mauff (Kevin), Ferdinand
Schmidt-
Modrow (Ferdi).
Guión: Dennis Gansel y Peter Thorwart;
basado en el relato corto de William Ron Jones y en la obra de Johnny Dawkins y
Ron Birnbach. Producción: Christian Becker, Nina Maag y
Música: Heiko Maile.
Fotografía: Torsten Breuer.
Montaje: Ueli Christen.
Diseño de producción: Knut Loewe.
Estreno en Alemania: 13 Marzo 2008
Sinopsis: Al profesor
Rainer (Jürgen Vogel) le ha tocado orientar a los estudiantes del instituto en
el tema del autoritarismo, de la autocracia, a pesar de que este tema no es de
su agrado, dada su historia de hombre de izquierda. El docente prefiere enseñar
las ideas de la anarquía, pero su colega, el Dr. Wieland, profesor titular y de
más amplio reconocimiento en la institución, se niega a hacer el cambio.
Finalmente, el
profesor asume el trabajo pedagógico sobre el asunto. Los muchachos ya están
fastidiados de tratar la temática del fascismo, que se ha convertido en algo
rutinario y permanente en las instituciones educativas alemanas. Entonces un
estudiante comenta algo que despierta la reflexión del profesor: "¿Podemos
afirmar, entonces, que no es posible de nuevo la dictadura fascista en
Alemania?" Para probar la viabilidad de la construcción de este tipo de
mentalidades autoritarias, el profesor decide llevar a cabo un experimento con
la clase. Se constituye en una especie de “líder”, en una figura de autoridad
incuestionable. Ordena a los alumnos que se dirijan a
él guardando el
“debido respeto” y las normas de sumisión y obediencia que fija la pedagogía
represiva. De un momento a otro la clase establece los aspectos disciplinarios
de rigor, de obediencia y concentración requeridos. Rainer les apremia a la
"fuerza a través de la disciplina." Quienes rechazan las reglas del
juego son expulsados de clase. Estas nuevas reglas e imposiciones convencen a
la mayoría del curso e incluso a otros estudiantes no miembros de la clase.
En Los siguientes
días el profesor obtiene en vez del corriente desorden y ruido, una clase
ordenada y un comportamiento “impecable”. Deciden establecer máximas y
consignas para orientar sus quehaceres, como la de “fuerza a través de la
unidad” o "si todos trabajamos juntos, seremos más fuertes". Se
impone un uniforme distintivo de camisa blanca.
Algunos estudiantes
como Karo no aceptan el uniforme, ni los códigos, ni las consignas. El grupo,
entonces, la ignora y la rechaza. Los alumnos recogiendo sugerencias dan al
movimiento el nombre de La ola y fijan un especial saludo similar al
establecido por otros grupos de identidades colectivas y que les permite
establecer una especie de espíritu de cuerpo, de unidad incuestionable.
Este espíritu de
equipo resulta contagioso. El entusiasmo de los miembros de La ola es
imparable:
diseñan un logo,
crean un sitio web, montan su propio blog. La ola va ganando fuerza. El
profesor lo llama "Fuerza a través de la acción," un lema que sus
seguidores no tardan en hacer realidad: en una sola noche llenan las paredes de
la cuidad con grafitis con su logo. "Esta es nuestra señal ¡Vamos a darle
la vuelta a esta ciudad como una ola!"
La ola pareciera
adueñarse de toda la institución educativa. A los alumnos que no hacen el
saludo se les niega el acceso a la escuela. En ese momento, los estudiantes que
no aceptaron ese espíritu de cuerpo, esa unidad de criterios y de caracteres,
se enfrentan al profesor, que en el ínterin viene teniendo dificultades con su
esposa: En la sala de juntas están reunidos hablando sobre el propio Rainer.
Cuando Tim aparece para ofrecerse como guardaespaldas personal, es cuando el
educador comienza a darse cuenta de que las cosas han ido demasiado lejos y de
que está perdiendo el control de La ola.
La clase finalmente
se rebela. Durante la noche, alguien ha distribuido volantes con el lema de
“¡Paremos La ola!" . Las sospechas recaen inmediatamente sobre Karo. Pero
primero tienen que ocuparse del partido de wáter polo contra otro instituto. El
equipo tiene las gradas llenas de seguidores. Por todos lados pueden verse
camisas blancas. La atmósfera es perfecta, el equipo se entrega
al cien por cien,
están ganando el partido. De repente, el clima se descontrola. Karo y Mona se
han colado en el partido y empiezan a repartir folletos de "Paremos La
ola!" por todas partes. En ese momento se da una pelea entre los alumnos
del instituto rival y entre los propios jugadores del plantel. El árbitro
cancela el partido. Marco no puede creer lo que ha sucedido y se enfrenta a
Karo, en su furia, le golpea. La ola se ha convertido en algo imparable, en un
fenómeno de comportamientos sustentados en la obediencia y la subalternidad.
Asombrado por su propia reacción, Marco acude a casa de Rainer y le suplica que
ponga fin al experimento. La ola se ha descontrolado completamente. Rainer se
da cuenta de que todo ha ido d e m a s i a d o l e j o s . P e r o q u i z á y
a e s t a r d e ; fehacientemente se prueba la validez de la manipulación
caracterológica de las masas, la permanente vigencia de la reproducción y
reiteración pedagógica del comportamiento subalterno y de la personalidad
autoritaria, fenómeno que se encuentra en el fondo psicológico de las
estructuras totalitarias y fascistas.
En resumen la
película nos hace ver cómo las personalidades o caracteres autoritarios están
ahí, latentes, y pueden aflorar cuando las condiciones sociopolíticas los
reclama.
-Miedo, marginalidad
y guerra-
DE LA UTOPÍA A LA
DISTOPÍA
Por: Julio César Carrión Castro
Orígenes de la utopía
La idea de la utopía,
y de lo utópico en general como construcción imaginaria de un lugar perfecto,
con un gobierno ideal, con unas relaciones sociales sin contradicciones
antagónicas y en donde han sido eliminadas todas las formas de explotación y de
opresión, es tan antigua como la misma humanidad.
El sueño de una isla
de perfección y de abundancia ha existido desde siempre en la imaginación de
los poetas y habría de acompañar, como una incomprensible obstinación, a
aquellos navegantes que se aventuraban hacia el ignoto mar, hacia el Mar
Tenebroso de los antiguos, en la perspectiva no solo de alcanzar la
última Tule o el confín del mundo conocido, sino para explorar las
posibilidades de estas tierras fabulosas. En la Edad Media nadie ponía en duda
el relato platónico de la Atlántida y con el descubrimiento de
América se trató de encontrar el punto de fusión e identidad entre la historia
real y la ficción.
Pero el rumbo de las
utopías, como simples reflejos de lo subjetivo y como confrontación a una
realidad inadmisible, sería modificado a partir del racionalismo y de la
Ilustración, porque dejarían de ser ficticias, quiméricas e irrealizables y
pasarían a ser probables, realizables, factibles, bajo la dictadura de la idea
del «progreso», que sustituiría la del «eterno retorno» o la del «paraíso
perdido ». Ahora la meta estaría, indefectiblemente ligada a la construcción
del mañana. Ya la utopía no estaría más atada a la reactualización del pasado,
como lo proponían las viejas concepciones, ni sería un lugar ni un tiempo
imaginados e inalcanzables, sino un proyecto, una propuesta para la realización
objetiva de la esperanza en el futuro.
Utopías y antiutopías
Antecedentes
literarios, tratados políticos, descubrimientos y conquistas, colaborarían en
la puesta en marcha de la tradición humanística y doctrinaria, de lo que hoy
reconocemos como el utopismo que se multiplica en un gran número de corrientes,
estilos y propuestas. En todo caso, el ambiente del humanismo y el Renacimiento
fueron propicios para la profusión de este tipo de escritos. El empuje de todas
estas ideas de renovación y cambio, finalmente desembocaría en los procesos de
la Reforma Protestante y de la Contrarreforma Católica, que marcarían la
historia de Occidente.
Tomás Moro inició
esta tradición literaria, teórica y práctica, de una visión política centrada
en la crítica a la propiedad privada, la exaltación de la vida sencilla, el
amor fraterno, la comunidad de bienes, la ausencia del delito y, en general en
la perfectibilidad humana. Después de “La Utopía” se
escribirían muchas otras obras entre las que se destacan “La ciudad del
sol”, del dominico italiano Tomás Campanella, escrita en 1623 y “La
nueva Atlántida”, de Francisco Bacon, fundador del empirismo y del moderno
método científico. Pero no todas las utopías habrían de asentarse en el
optimismo histórico y en la fe en el hombre puro y sencillo, o en el
“progreso”, pues muchos otros autores señalarían las posibilidades del futuro
desde el escepticismo y la negatividad; es así como muchas utopías pesimistas,
distopías, o más precisamente anti-utopías, han venido poblando la literatura
moderna, desde distintas épocas y latitudes. Podríamos enumerar, en primer
lugar, “ La tempestad”, una de las últimas obras de William Shakespeare,
escrita en 1611, ya en su escéptica madurez, y cuya trama se desarrolla
supuestamente en una isla mágica, en donde se presenta el choque entre el mundo
civilizado y colonizador que representa el europeo Próspero y el mundo salvaje
que se identifica con el deforme Calibán (quien ha sido asimilado como símbolo
del hombre y la cultura americana, por el escritor cubano Roberto Fernández
Retamar, en su libro “Apuntes sobre la cultura en Nuestra América”,
de 1971). En 1638 el
inglés Francis Godwin escribe “El hombre en la luna”, una especie
de sátira con la que muy seguramente se inicia la llamada
literatura de «ciencia-ficción», de enorme desarrollo durante los siglos
subsiguientes. Jonathan Swift, en “Los viajes de Gulliver” (1726)
pintó también de manera cáustica y siniestra una utopía llena de
sorprendentes contrastes en donde las ideas de «progreso» y «civilización»
quedan desacreditadas.
Esta corriente
literaria de las anti-utopías que muestran un futuro desastroso para la
humanidad, de continuar la línea de «prosperidad» impuesta por los desarrollos
científicos y tecnológicos, y en general por la razón instrumental, tendría una
gran expansión durante el siglo XX, en especial con autores como George Herbert
Wells (1866-1946) quien escribió novelas de gran impacto y aceptación
como “La máquina del tiempo”, “El hombre invisible”, “La guerra de los
mundos”, “Cuando el durmiente despierta”, “La isla de doctor Moreau”, entre
muchas otras; Aldous Huxley con “Un mundo feliz” y
George Orwell con “La rebelión en la granja” y “1984”, obra
esta de un enorme contenido crítico, tanto a la sórdida proyección de un mundo
manipulado por los intereses del capitalismo tardío, como al propio
colectivismo stalinista que pesaba sobre las sociedades del denominado
«socialismo real».
Sólo ahora, cuando se
han dado los presupuestos económicos y sociales para la concreción práctica de
los viejos anhelos y sueños de la humanidad, es que se pueden proponer, desde
la utopía, teorías y tendencias políticas realizables en el ámbito de la auténtica
realidad. Como lo sostiene Ernst Bloch. El marxismo es la teoría que permite
dicho conocimiento y hace posible, teórica y prácticamente, el diseño del
futuro: «La conciencia progresiva labora, por eso, en el recuerdo y en
el olvido, no como en un mundo hundido y cerrado, sino en un mundo abierto, en
el mundo del progreso y su frontera».
Esta función de la
utopía como realización consciente de las esperanzas, dirigida a señalar las
posibilidades reales para la construcción del futuro, no descansa sólo en el
pormenorizado diseño de un «mundo feliz» (la sociedad comunista del mañana)
sino que se edifica también desde la anamnesis, es decir, desde el
imposible olvido; esa herencia que es preciso recoger. No en la versión de los
vencedores, sino en la de los vencidos, humillados y ofendidos, en la de los
derrotados. Así, por ejemplo, en la práctica y en la teoría de los anarquistas
que siempre han sido desconocidos, demeritados e invalidados por los vencedores
de izquierda o de derecha. Sus prácticas y teorías nos suministran un amplio
material de crítica no solo al desenvolvimiento del capitalismo, sino al del
«socialismo autoritario», o el marxismo, con el que
siempre polemizaron.
Estas teorías y acciones, a pesar de su sensatez, razón y lógica, siempre han
sucumbido. Debemos entender que en el estudio de los fracasos y de los
vencidos, puede haber más posibilidades de futuro que en el de las empresas
supuestamente exitosas.
La utopía y la razón de los vencidos
Walter Benjamin dijo
que «el pasado no es ciencia sino memoria» y que la memoria puede abrir los
expedientes que la ciencia ha archivado, es decir que, en todo caso, no podemos
cancelar el pasado, porque el pasado pagó el precio del progreso que algunos disfrutan
en el presente, cuando en realidad vivimos un presente cargado de injusticias y
de inequidad, presente que se edificó y organizó en el pasado. Como lo ha
expresado el filósofo español Reyes Mate: «La clave del conocimiento de
la historia está en el pasado y no en el futuro...» y propone
que «la ética política hoy tiene que hacer justicia a la injusticia de
la historia». Es decir, si permanentemente se nos dice que
hay que recordar para evitar que la historia se repita, es porque el proceso
histórico ha estado errado, por ello es importante, entonces, recordar para
hacer justicia, para que las víctimas cobren los daños, para que los opresores
rindan cuentas, para que paguen las deudas contraídas, por la explotación, por
el colonialismo, por la guerra.
La historia ha sido
escrita por los vencedores, «lo que llamamos cultura no es más que la
herencia acumulada y transmitida por los vencedores», pero el pasado
tiene aspectos inéditos que hay que revelar, que hay que mostrar; se trata de
las voces silenciadas, de los saberes subyugados y el conocimiento de los
vencidos; de las versiones no oficiales de la realidad. En pro de una clara
alternativa a los ideales del «progreso» y en favor del Principio
esperanza, hay que dar luz a esa parte oscura de la realidad, de la
historia, hurgar e indagar en lo oscuro, en la marginalidad, en el arrabal, en
el lumpen, en la pequeña historia. También en los hospitales, en los
manicomios, en las cárceles, en los cuarteles y en las escuelas se ha hecho la
historia de Occidente, como nos lo enseñó Michael Foucault. Con todas estas
huellas se puede rehacer la historia, dando importancia a quienes han carecido
de ella, a las anónimas víctimas que no registra la historiografía oficial.
La propuesta de
liberación del hombre determinada por el Racionalismo y la Ilustración, y
contenida ya en la exposición de Descartes en el “Discurso del método”, indicando
la necesidad de «hacernos dueños y poseedores de la naturaleza... para la
invención de una infinidad de artificios que nos permitan disfrutar sin ninguna
pena de los frutos de la tierra y de todas las comodidades que en esta se
encuentran», contenía la
impronta de la dominación y la opresión. El desencantamiento del mundo fue
viciado desde sus orígenes, por los intereses de lucro y de dominio; por la
alienación y por el sufrimiento de las mayorías. Por ello la utopía ha de
hacerse historia, para enfrentar esa dialéctica negativa basada en el
«progreso» entendido exclusivamente como aumento de la productividad, del
consumo y de la represión.
Si, como creía Weber,
la modernidad, la Ilustración, es un proceso progresivo irreversible de
racionalización, está demostrado hasta la saciedad, que dicha racionalización
ha sido un proceso continuo de instrumentalización y de pérdida de la libertad,
bajo el imperio de las relaciones sociales de producción capitalistas. La razón
realizada hasta el presente, ha sido parcial e incompleta y ha conducido a la
cosificación del hombre. La ciencia, antaño reputada como emancipadora, hoy
sabemos que es reificadora y destructora. No obstante, en los conceptos
de razón e ilustración, prevalece aún la utopía.
La razón no puede ser únicamente la razón dominante-destructora,
sino que hay en ella «momentos de verdad», ocultos si se quiere, pero que
afloran bajo determinadas circunstancias.
Por todo ello hay que
denunciar, no la Ilustración como dominio técnico de la naturaleza, sino la
perversión de la Ilustración como opresión y represión
sobre los seres
humanos… No podemos hacer abstracción de esa realidad, incluso se debe
entender, también, que en la llamada marcha triunfal de la historia, el
fascismo es aliado del progreso, no su negación. Dejando intactas las
relaciones de explotación del hombre por el hombre y la alienación, se ha
impuesto, de manera global, la ideología del progreso con destructividad,
generando las sociedades represivas y distópicas que conocemos, bajo la
etiqueta de fascistas, democráticas o socialistas,
resultando irrelevante el nombre, porque finalmente son exactas;
coinciden plenamente en el proyecto de proclamar la muerte del individuo,
mediante la permanente reglamentación de nuestras vidas, por la nivelación
gregaria de los gustos, por el triunfo de la mediocridad, el uniformismo y la
masificación. En resumen, por la sistemática destrucción de la individualidad y
la subjetividad; por la conversión de los humanos en simples rebaños, gracias
al empleo de violentos o sutiles mecanismos policivos y pedagógicos, establecidos
en estas sociedades tecnocráticas de vigilancia y de control.
Fragmentos del
ensayo Entre el fracaso y la esperanza. Publicado en la
revista Aquelarre número 6. Ibagué, Universidad del Tolima 2004
LA NOVELA “1984” DE GEORGE ORWELL
Sinopsis:
Se trata de un
anónimo funcionario llamado Winston que vive y trabaja en el futuro año de
1984, época en que las libertades individuales, políticas y sociales son
perseguidas de manera constante y brutal por parte de un gobierno que vigila
sistemáticamente a los ciudadanos, incluso dentro de sus casas. La sociedad
vive azarosamente bajo un permanente estado de excepción y de guerra frente a
países distintos sin comprender las causas ni los adversarios que varían a cada
momento. Bajo el temor permanente a la delación y la ignorancia de cuanto
acontece a su alrededor, las personas, y en particular Winston, sueñan con la
construcción de un mundo diferente.
Las acciones se
desarrollan en la ciudad de Londres, en el futuro año de 1984 -la obra fue
escrita en 1948- el partido único controla la nación de Oceanía (existen tres
estados: Oceanía, Eurasia y Asia oriental), bajo la dirección del Gran
Hermano, el líder que administra y dirige todo y cuya figura es casi divina
y quien se supone vigila todos los movimientos de los individuos. Existen
cuatro Ministerios (el de la verdad, el de la paz, el del amor y el de la
abundancia.) que se encargan de vigilar y modificar toda acción que
perjudique o
desacredite al partido. El Miniver, (Ministerio de la Verdad) donde trabaja
Winston, se encarga de la información, la educación y las bellas artes, el
Minipaz de los asuntos de guerra, el Minimor encargado de mantener la ley y el
orden y el Minindancia encargado de asuntos económicos. Los miembros del
partido son vigilados mediante unos aparatos llamados “telepantallas”, capaces
de captar sonidos e imágenes, mediante los cuales también les transmiten
noticias sobre los constantes triunfos del partido y del gobierno. El resto de
la población son los denominados “proles”, los cuales viven en las afueras en
condiciones pésimas de miseria y sin derechos. En general (exceptuando a los
miembros del partido interior) la sociedad vive en la pobreza y tiene hambre,
pero no se rebelan porque no conocen otra realidad; han sido engañados por el
partido, quien modifica el pasado, haciéndoles creer que tienen un nivel de
vida mucho más elevado que el que había en tiempos pasados.
Winston llega
sorprenderse a sí mismo con las cosas que escribe en su diario. Es decir, se da
cuenta de que incurre en un crimental, un “crimen mental”, por
atreverse a pensar en asuntos distintos a lo establecido oficialmente. Otro
día, durante los dos minutos del Odio -manifestación diaria destinada
únicamente al odio, durante los cuales los miembros del ministerio se reunían
para vociferar y expresar su odio a Golstein el
archienemigo del Gran
Hermano- Winston observa a un miembro del partido Interior “O´Brien” con el que
hay un cruce de miradas, Winston cree que éste se encuentra en su misma
situación, y que al igual que él, está contra el sistema. También le llama la
atención la presencia de una joven muy atractiva miembro de la liga juvenil
antisex, a la que odia sin ninguna razón, y a la que asocia (quizás por su
belleza) con los espías.
En otro de sus pocos
viajes al barrio prole, se cruza con la joven, y se da cuenta de que había sido
seguido hasta allí, entonces experimenta un sentimiento de querer acabar con
ella, se le ocurre que podría ser un miembro de la “policía del pensamiento”.
Winston se vuelve a cruzar con esta joven un par de veces, y empieza a estar
realmente preocupado, pues ésta pequeña espía podría denunciarlo, y podría ser
vaporizado.
Existe un movimiento
opuesto al Partido, llamado “la Hermandad”, liderado por Goldstein, que
pretende la revolución de la prole (80% de la población) para acabar con el
INGSOC.
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la película
Titulo: 1984 (España) Dirigida
por:Michael Radford
Protagonizada por:John Hurt, Richard Burton,
Suzanna Hamilton, Cyril Cusack, Gregor
Fisher
Estudios: Virgin (Prod.)
País: G.B.
Estreno: 10 de Octubre de 1984
Duración: 113'
Seudónimo de Eric
Arthur Blair (1903-1950), escritor británico políticamente comprometido que
ofreció un brillante y apasionado retrato de su vida y su época. Orwell nació
en Motihari, India, y estudió en el Eton College de Inglaterra gracias a una
beca. Prestó sus servicios en la Policía Imperial India destinado en Birmania,
de 1922 a 1927, fecha en que regresó a Inglaterra. Enfermo y luchando por
abrirse camino como escritor, vivió durante varios años en la pobreza, primero
en París y más tarde en Londres. Como resultado de esta experiencia escribió un
primer libro Sin blanca en París y Londres (1933), donde
relata las sórdidas condiciones de vida de las gentes sin
hogar. Días en Birmania (1934), un feroz ataque contra el imperialismo,
es también, en gran medida, una obra autobiográfica. Su siguiente novela, La
hija del Reverendo (1935), cuenta la historia de una solterona infeliz
que encuentra de manera efímera su liberación viviendo entre los campesinos. En
1936 Orwell luchó en el ejército republicano durante la Guerra Civil española
(1936-1939). El autor describe su experiencia bélica en Homenaje a
Cataluña (1938), uno de los relatos más conmovedores escritos sobre
esta guerra y en el que se hace responsable al Partido Comunista Español (PCE)
y a la Unión Soviética de la destrucción del anarquismo español que supuso el
triunfo de la Falange. El camino a Wigan Pier (1937),
escrita en esta misma
época, es una crónica desgarradora sobre la vida de los mineros sin trabajo en
el norte de Inglaterra.
Su condena de la
sociedad totalitaria queda brillantemente plasmada en una ingeniosa fábula de
carácter alegórico, Rebelión en la granja (1945), basada en la
traición de Stalin a la Revolución Rusa, así como en la novela satírica 1984 (1949).
Esta última ofrece una descripción aterradora de la vida bajo la vigilancia
constante del “Gran Hermano”. Cabe citar entre otros escritos, la novela Que
vuele la aspidistra (1936) y Disparando al elefante y otros
ensayos (1950), ambas consideradas modelos de prosa descriptiva,
y Así fueron las alegrías (1953), un recuerdo de sus difíciles
años de estudiante. En 1968 se publicaron en cuatro volúmenes sus Ensayos
Completos: Periodismo y Cartas.
Orwell murió de tuberculosis en enero
de 1950
Por: Julio César Carrión Castro
La guerra es la paz.
La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza.
George Orwell
Ante el enorme
despliegue realizado por los llamados medios masivos de comunicación, en apoyo
al montaje persecutorio que fiscales, procuradores magistrados y jueces,
realizan contra los gobernantes que no pertenecen a las viejas estructuras de
poder, interesados, según dicen, exclusivamente en el cumplimiento de la ley y
en la conservación del orden establecido.
Estas son las lamadas
Lawfere. Instrumentalización de la justicia, de golpe blando.
Considero pertinente
recordar que George Orwell en su novela “1984” denunció, de manera clara y
contundente, el papel que desempeñan los supuestos intelectuales encargados de
engañar conscientemente a las gentes del común mediante una fastidiosa actividad
rutinaria que, sistemáticamente, emplea procesos distractivos y de ocultamiento
de la realidad,
utilizados para
legitimar el poder, incluso sin tomar en cuenta flagrantes contradicciones y
arbitrariedades.
Esa ampulosa
actividad, esa saturación mediática que se suele denominar “periodismo”, fue
señalada por Orwell como un mecanismo valioso para lograr el control social,
por parte del poder del Gran Hermano. A esa estructura de
vigilancia y control, así como de propaganda del sistema disfrazada de
información, que busca el lavado de cerebros y la uniformidad de opiniones, la
denominó “doblepensar”, actitud y mentalidad “profesional” con
que están pertrechados todos los plumíferos del régimen: “Saber y no
saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen
mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones
sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la
lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella,
creer que la democracia es imposible y que el partido (de gobierno) es el
guardián de la democracia…”
La neolengua, que es
en la novela el recurso idiomático por excelencia de los defensores del poder
del Gran Hermano, permite a estos funcionarios de la verdad, manejar el
lenguaje de una manera cínica y acomodaticia a los intereses de quienes los
sostienen.
Así podemos comprender cómo estos
“periodistas”
señalan como
terroristas a los insurgentes, con quienes, por otra parte, se vienen
desarrollando conversaciones conducentes a tratados de paz, mientras
simultáneamente dicen esperar resultados positivos de estos diálogos (bueno
estos mismos oficiosos informadores o informantes, hacen eco a los
retardatarios militares que no cesan de llamar “bandoleros” a aquellos con
quienes está el Estado tramitando el fin del conflicto); los bombardeos
oficiales sobre la población civil son denominados por los militares y por
estos comunicólogos, “daños colaterales”; los atentados de la guerrilla que
afectan a la población inerme se señalan como “actos criminales” y los muertos
causados a la insurgencia fueron bandoleros neutralizados o “dados de baja”,
mientras que los militares que caen en combate se dice que fueron “asesinados”
y se les otorga siempre la condición de héroes de la patria... El propósito es
establecer una visión, una concepción, uniforme del mundo, difundida por los
medios de comunicación, según lineamientos fijados por los organismos
imperialistas, que ya han logrado que la llamada “información” sustituya todo
proceso intelectual independiente; que han convertido a los partidos políticos,
en empresas electoreras, que han hecho de s universidades simples tituladeros y
reducido la cultura a farándula…En todo ello está metida la mano de los
“periodistas”.
Este pequeño grupo de
fabricantes de consensos que son los “periodistas”, puestos al servicio del
poder, de s u s d o g m a s y d e s u s c o n t r a d i c c i o n e s ,
permanentemente están clamando por la “libertad de expresión” en otras partes,
haciendo eco meramente a los intereses empresariales de la denominada industria
de la información, y de conformidad con las patrañas establecidas por la
imperial Sociedad Interamericana de Prensa -SIP. Como lo ha dicho el profesor
Fernando Buen Abad, “en las empresas que han hecho de la información
una mercancía caprichosa y desleal con la verdad, el trabajo de los
“periodistas” se ha deformado hasta la ignominia de la esclavitud del
pensamiento y la explotación de personas obligadas a traicionar la conciencia (individual
y colectiva) sobre la realidad. Se vive diariamente un desfalco informativo en
contra de todo sentido común y se humilla la inteligencia de los trabajadores
de la información sometiéndolos a principios y fines empresariales cada día más
mediocres, corruptos y mafiosos”.
A pesar de todo ello,
hoy por hoy, el periodismo es una de las profesiones más promovidas, ponderadas
y deseadas en el diverso y abigarrado conjunto de ofertas universitarias que se
mueven en esta supuesta “sociedad del conocimiento”, que se publicita desde las
mismas empresas de la información y la manipulación mediática, como una clara
actividad
“ i n t e l e c t u a
l ” d e s a r r o l l a d a p o r e s c r i t o r e s comprometidos con una
forma particular de comunicación social y de literatura, lo que por tanto les
permite, astutamente, discutir, reclamar y hasta exigir, desde organismos
internacionales como la ya m e n c i o n a d a - p o d e r o s a e i n ú t i l
- S o c i e d a d Interamericana de Prensa, por la “libertad de expresión y de
opinión'', cuando en realidad defienden los intereses de los propietarios de
los grandes periódicos y agencias informativas, es decir, de los e m p r e s a
r i o s d e l a s m u l t i n a c i o n a l e s d e l a “información” quienes,
en última instancia son quienes definen el curso de la información, de las
noticias y hasta de la “opinión” de todos los plumíferos a sueldo de sus
nóminas…
Estas mafias han
logrado posicionar la función de sus lacayos, como lo corrobora el escritor
palestino Edwar W. Said, en su texto “Profesionales y aficionados”, escrito
con el propósito de intentar explicar el quehacer ético de los intelectuales,
periodistas, profesores y escritores: “La amenaza particular que hoy
pesa sobre el intelectual, tanto en Occidente como en el resto del mundo, no es
la academia, ni las afueras de la gran ciudad, ni el aterrador mercantilismo de
periodistas y editoriales, sino más bien una actitud que yo definiría con gusto
como profesionalismo. Por profesionalismo entiendo yo el hecho de que, como
intelectual, concibas tu trabajo como algo que haces
para ganar la vida,
entre las nueve de la mañana y las cinco de la tarde, con un ojo en el reloj y
el otro vuelto a lo que se considera debe ser la conducta adecuada, p ro f e s
i o n a l : n o c a u s a n d o p ro b l e m a s , n o transgrediendo los paradigmas
y límites aceptados, haciéndote a ti mismo vendible en el mercado y sobre todo
presentable, es decir, no polémico, apolítico y “objetivo”.
Nos encontramos con
que las instituciones universitarias forman hoy estos “profesionales”
periodistas, exclusivamente para satisfacer el mercado de una mediocre
pseudocultura que ellos mismos se encargan de reproducir; obsecuente a los
poderes establecidos, distorsionadora de los hechos y de la historia,
simuladora, consumista y farandulera, y que caracteriza todo este período de
decadencia y catástrofe del capitalismo tardío.
Ahora la labor de los
“intelectuales” es del tipo periodístico, consiste en manejar como recadistas o
mensajeros unos saberes que no dominan en su conjunto, ya que son ignorantes e
incapaces de tratar asuntos ajenos a los de sus especializaciones, son una
especie de “lisiados al revés”, como les denominara Nietzsche en su “Así habló
Zaratustra” ... personas a quienes les sobra demasiado de algo careciendo de lo
demás. Estos intelectuales de conveniencia, “puestos al calor del sol que más
alumbre”, están realmente es al
servicio de la
llamada industria del conocimiento, que promueve el uniformismo gregario en
materia cultural y educativa, y que bien entienden los llamados “académicos” o
profesores universitarios que han hecho de la neolengua y
del doblepensar un habitual modo de pensar y de
comportamiento, al asumirse como críticos de una administración (política o
académica), mientras obtienen ventajas personales y subvenciones de esa misma
administración, para asistir a eventos nacionales o internacionales, orgullosos
con las credenciales que ostentan -no siempre bien logradas-, que les permiten
competir con sus colegas, para la obtención de estas prebendas, y asistir en
representación de expresiones culturales, sindicales o políticas, que no se
cansan de considerar como expresiones válidas de la “democracia”.
Nació en Ossnabrück, el
22 de junio de 1898 y
murió el 25 de septiembre de 1970 en Locano, Suiza. Su verdadero nombre era E r
i c h P a u l R e m a r k . Estudió en la Universidad
de Münster y luego se alistó en el
frente durante l a P r i m e r a G u e r r a
Mundial. Las vivencias
que experimenta en el
conflicto quedarían
plasmadas en su primera novela Sin novedad en el frente.
Con este libro en que
critica el militarismo y defiende la valentía de todos aquellos que
participaron en la contienda alcanzó la fama de forma inesperada. Siempre
crítico con los actos bélicos, cuando se produce la llegada del nazismo fija su
residencia en Estados Unidos, donde se nacionaliza. En este país escribe
"Naufrago", "Arco de Triunfo", "Tiempo para amar,
tiempo para morir" etc.
-Novela de Erich
María Remarque-
Sinopsis: Paul Bäumer
pertenece a un grupo de soldados en el frente oeste de la Primera Guerra
Mundial. En un momento de tranquilidad en las trincheras se acuerda de sus días
en la escuela. Las charlas patrióticas de su maestro Kantorek habían c o n v e
n c i d o a l a c l a s e e n t e r a d e a l i s t a r s e voluntariamente.
Bajo el mando de su
rudo superior, el suboficial Himmelstoß, aprenden ya en la formación básica que
todos los valores inculcados hasta entonces en la escuela pierden su validez.
Les llevan al frente
oeste, donde un grupo de soldados veteranos dirigidos por el curtido Stanislaus
Katczinsky les instruyen sobre los peligros del frente.
Entre "Kat"
y Bäumer se crea una especie de relación padre-hijo. Paul aprende a sobrevivir,
a distinguir los diferentes proyectiles sólo por el sonido, también a encontrar
algo de comer en las más adversas circunstancias, para enfrentarse al enemigo
real - la muerte.
En una corta visita a
su casa Bäumer se da cuenta de cuanto le han cambiado sus vivencias en el
frente. Le resulta imposible contar a su familia las crueles experiencias
vividas en las trincheras. Decepcionado vuelve con las personas que le resultan
más cercanas, sus camaradas del frente.
En un ataque es
herido por metralla y pasa unas cuantas semanas en el hospital de campaña. En
los
meses siguientes, de vuelta en
el frente,
se va
desintegrando su
grupo. Salvo su buen amigo Tjaden, van muriendo los soldados uno tras otro por
los ataques de gas, las granadas, los disparos de metralleta o en la lucha
cuerpo a cuerpo. Hasta que finalmente él también, justo antes de acabarse la
guerra, es herido de muerte "en un día tan tranquilo y calmado, que el
informe del ejército se limitó a la frase: sin novedad en el frente".
La novela ha sido
llevada dos veces al cine. La primera filmación, estadounidense, fue dirigida
por Lewis Milestone en 1930 y obtuvo dos premios Oscar: al Mejor director y a
la Mejor película.
Menos popular, pero igualmente con
críticas positivas
se realizó un remake
en 1979, dirigido por Delbert Mann. En 1980 recibió un Golden Globe como mejor
película de televisión.
En 1983 Elton John
compuso una canción antibélica titulada All Quiet on the Western Front que hace
referencia a la película
(Fuente: Wikipedia
-Enciclopedia libre-)
LA PELÍCULA “SIN NOVEDAD EN EL FRENTE”
CÓDIGO QR
Link para descargar la película
Director: Delbert Mann, Lewis Milestone
Actores: Richard Alexander, Louis
Wolheim,
Lew Ayres, John Wray, Arnold Lucy, Slim
Summerville
Titulo: All Quiet on the Western Front
Pais: EE.UU.
Fecha de estreno: 01/01/1930
Duración: 2 horas 8 minutos
Especial: Estrenos de 1930
Por: Luís Martínez
González
Comentario: Memorias de una guerra
Es un hecho
incuestionable que las guerras no gustan a nadie, como también lo es que nadie
las gana. Tanto vencedores como vencidos sufren la pérdida de familiares y
otras penurias. Por tanto, deberían evitarse, pero la obcecación del ser humano
sigue llevándonos a ellas, cuando los ideales deben compartirse y debatirse
mediante el diálogo y el respeto.
De otra parte, el
papel básico del intelectual es sacudir a la sociedad y hacerla pensar. Debe
ejercer como guía de ella y estar siempre vigilante ante los desmanes de los
políticos y de otros grupos sociales.
Por todo ello, es muy
de agradecer que haya escritores como Erich María Remarque (Osnabrück,
Alemania, 1898-1970). Este novelista vivió de primera mano la crueldad de la
Primera Guerra Mundial y, conmovido por ello, dedicó el resto de sus días a
escribir durísimos alegatos antibelicistas.
Probablemente, el más
relevante de ellos sea 'Sin novedad en el frente', publicada por vez primera en
1928 en el periódico alemán 'Vossische Zeitung' y en forma de libro en 1929. Se
trata de un relato con indudables componentes autobiográficos.
Muestra a un grupo de
estudiantes alemanes que, imbuidos de los discursos patrióticos de su director
de escuela, acuden al frente de la Primera Guerra Mundial cargados de idealismo
e ilusionados con defender a su patria. No obstante, descubrirán rápidamente la
verdadera cara de la guerra, que consiste en combatir día a día e intentar
sobrevivir.
El propio autor
manifestó que no intentaba, con la novela, realizar una confesión ni una
acusación, ni mucho menos escribir una aventura, pues la muerte no lo es para
quiénes se enfrentan a ella cara a cara todos los días. Lo que realmente
deseaba es hablar de una generación de hombres a quienes, pese a haber escapado
de las bombas, la guerra destruyó.
El protagonista es
Paul Baurner -inconfundible trasunto del autor, pues escribe poemas y obras de
teatro-, que también ejerce el papel de narrador. Verá caer a casi todos sus
amigos y ello le hará reflexionar sobre las miserias de la guerra, pero también
hacernos ver el heroísmo de algunos muchachos, que entregan su vida sin saber
muy bien por qué.
No obstante, Remarque
incide en algo más: cuando los soldados regresan perdedores, el pueblo se
muestra desagradecido con su sacrificio y ellos no consiguen readaptarse a la
vida civil, lo cual constituye un drama añadido.
En suma, la novela,
que dio lugar a una secuela titulada 'El camino de la vuelta' (1931), aunque no
contiene ninguna estridencia, es uno de los más duros alegatos contra la guerra
que se hayan escrito jamás y su validez es, por ello, imperecedera.
DALTON TRUMBO, GUIONISTA EN EL RECUERDO
Por: Pepe Gutiérrez-Álvarez
Creo que vale la pena
recordar ese escritor y director, hombre de conciencia, y autor de algunos
trabajos inolvidables, aunque en su larga carrera hubieron muchos que no lo
fueron tanto, y algunos de ellos como Éxodo, cuesta perdonar aunque
habrá que tratar de comprender… Dalton Trumbo (Montrose, Colorado, 1905-Los
Ángeles, California, 1976), hijo de un sheriff (cabe recordar algunos tan
peculiares como el que encarnaba Walter Mattheu en Los valientes andan
solos), abandona la universidad, luego, ulteriores dificultades
económicas le fuerzan a un trabajo nocturno en una panadería. Permanece en la
“Davis Perfection Bakery” por espacio de casi nueve
años, hasta 1933.
Durante este período, inicia colaboraciones esporádicas en diversas revistas,
trabajos que él mismo recordará con cierta ironía…Por aquel tiempo, un artículo
propuesto a “Hollywood Spectator”, “Boot legging for Junior” le facilita el ingreso
en la misma, pero un año después la revista quiebra.
Nuevamente sin
trabajo es contratado por la Warner como lector. En 1937 trabaja para la
Columbia. Warner lo despide por no haber querido dimitir de la “Screen Writer's
Gulid”. De este período data la edición, en Gran Bretaña, de su primera novela
The Eclipse. Gracias a su prestigiado como novelista, es llamado
por la RKO, la más pequeña de las “majors”, para escribir guiones. Las razones
de su contratación evidencian la concepción literaria del lenguaje
cinematográfico que tenían los productores norteamericanos. A pesar de ser la
causa de su despido continúa colaborando en la “Screen Writer's Guild” y se
integra en diversos comités cuya acción era tan sugestiva y evidente como sus
propias siglas: “AntiNazi League”, “Joint anti-fascist Refugee Committee”, “Hollywood
Writers Mobilization”, “Committee for the Defense of Harry Budges”, etc. Trumbo
participa activamente también en los diversos comités de ayuda a los
republicanos españoles.
En 1938 escribe la
novela…Y Johnny cogió su fúsil, uno de los mayores alegatos
antimilitaristas que se
recuerden (y que aquí
editó Bruguera al calor de la versión fílmica), y también su primer escenario
importante “A man to remember”. Film catalogado de serie B, escrito en dos
semanas y rodado en quince días. En este guion y en el de Espejismo de
amor (Kitty Foyle), Dalton Trumbo logra un oportuno y remarcable
empleo del flash-back. “Kitty Foyle” (1940) es dirigida por Sam Wood, un
interesante cineasta conservador que más tarde se convertirá en un destacado
anticomunista y contra el cual Trumbo publicará un famoso panfleto. Entre 1940
y 1942 redacta numerosos guiones para la RKO, Columbia, Paramount, Universal,
MGM, etc., que no añaden nada nuevo a su carrera.
Esto coincide con su
integración plena en el engranaje industrial de Hollywood. Engranaje que obliga
a tan ridículos manejos como los acontecidos con el film “The remarkable
Andrew” que dirigió Stuar Heisler (1942). Trumbo propone para esta película un
escenario y la productora (Paramount) condiciona su rodaje a que previamente se
publique una versión literaria del mismo. Aparece el libro y quedan abiertas
las posibilidades de filmación. Disensiones en el rodaje provocan un
ofrecimiento para que sea el propio Trumbo quien dirija el film. Rechaza la
oferta. Luego llega la muy famosa, y un tanto ñoña Compañeros de mi
vida (Tender Cofrade), que sería dirigida por Dmytrik con
un reparto que reúne a Gingers Rogers y Robert Ryan, y que fue cribada por
contener una escena
en la que se dice que ser “camaradas” significa “compartir”, algo tan general
que hasta la Falange lo habría aceptado. Trabaja con Victor Fleming en Dos
en el cielo (A guy Namet Joe, 1943), con Spencer Tracy, título sobre
el cual Steven Spielberg realizó un “remake” que figura sin duda como lo peor
de su filmografía; vuelve a hacerlo con Spencer Tracy pero esta vez con Mervin
Le Roy en Treinta segundos sobre Tokio (1944), ambas por lo demás,
apologías del ejército norteamericano al que retrata como mandan los cánones,
tan noble como invencible. En 1944, con ocasión de la campaña presidencial, se
convierte en el “National Chairman of Writers for Roosevelt”. Al año siguiente
es corresponsal de guerra en el Pacífico y consejero en la Organización y
Fundación de las Naciones Unidas. Es igualmente redactor-jefe de “The
Screenwriter” fundada por la “Screen Writer's Guild”.
En octubre de 1947,
Dalton comparece ante el “Comité de actividades anti-norteamericanas” de la
Cámara de Representantes. Preside el siniestro J. Parnell Thomas de New Jersey,
y por el lugar manda también el no menos siniestro Richard Nixon de California.
Ya en marzo de aquel mismo año, la Comisión había anunciado su intención de
realizar una encuesta secreta sobre el comunismo en el cine. El principal motivo
de sospecha que regía contra Trumbo se basaba en una antigua defensa del líder
sindicalista de portuarios de San Francisco, Harry Bridges.
En efecto, Trumbo
había redactado el panfleto que lanzado por la “Liga Americana de Guionistas”
se opuso a la expulsión del australiano Bridges. Con todo, la razón legal de su
encarcelamiento fue su mantenida negativa a responder a las preguntas del Comité:
¿es o ha sido miembro, del partido comunista?, así como: pertenece a la “Screen
Writer's Guild”.
Los posteriormente
llamados “Diez de Hollywood” argumentaron en favor de su silencio el derecho
fijado en la enmienda primera a la Constitución: “El Congreso no podrá aprobar
ninguna ley conducente al establecimiento de religión alguna, ni a prohibir el libre
ejercicio de ninguna de ellas. Tampoco aprobará ley alguna que coarte la
libertad de palabra y de prensa”
Trumbo además de su
obligada participación en los interrogatorios, envió una carta a Parnell J.
Thomas en la que, dentro de unos moderados argumentos liberales, criticaba la
actuación del Comité por atentar a la libertad individual y a la libre
iniciativa de la empresa privada, transgrediendo derechos fundamentales
constitucionalmente reconocidos. De 1946 a 1960, Trumbo escribe cerca de
treinta y cinco guiones, en condiciones económicas de las más variadas. Alvah
Bessie, brigadista en España, lo cita como uno de los que lograron mantener con
mayor continuidad su labor.
Tres años más tarde
el Tribunal se negaba a revisar su caso. Trumbo con John Howartd Lawson fueron
los más duramente penados. El primero lo estuvo a doce meses de prisión que por
buena conducta se redujeron a diez. Es a partir de 1950 cuando inicia su trabajo
como guionista clandestino.
A raíz de su ingreso
en la “Federal Correctional Institution” de Ashland en el estado de Kentucky,
la Metro rescinde su contrato. Su último guión de esta época será “The prowler”
(1950), película aquí vista por TV y dirigida por Joseph Losey con Van Heflin y
Evelyn Keyes, que puede considerarse como una de las primeras (sino la primera)
película norteamericana que aborda sin titubeo la historia de un policía
corrupto y fascista, y con Huston como productor. Hugo Butler y Don Weiss
concluyeron el trabajo iniciado por él. Trumbo tiene que marchar por pies a
Méjico con Albert Maltz. La ausencia de Hollywood se prolongará por espacio de
cinco años durante los cuales su nombre resulta casi borrado del mapa.
El hecho de que
varios de los encartados pudieran continuar trabajando en el propio Hollywood
patentiza una actitud contradictoria y muy poco consecuente por parte de los
industriales y políticos del cine. ¿Razones? Quizás lo fuera el intento de
asegurar políticamente el mercado occidental para sus productos. En plena
guerra fría, la actitud del gobierno norteamericano para con sus trabajadores
del cine
garantizaba un rigor
ideológico acorde con las necesidades del momento. Mientras se mantuviera esta
“imagen de marca” poco importaba que s e c r e t a m e n t e v o l v i e r a n
a c o l a b o r a r l o s comprometidos en la persecución del Comité. Trumbo
fue uno de ellos. Un remake de Me perteneces (“You belong to
me”, 1941), realizado en 1950, cita a Trumbo en los genéricos. No obstante, él
no interviene en esta nueva versión del exitoso film de Wesely Ruggles que en
su día interpretaron Bárbara Stamwyck y Herny Fonda.
En 1956 se concede el
Oscar al mejor guion a un tal Robert Rich. Alguien que cuando se le nombra a la
hora de los premios no comparece en la entrega. Una serie de litigios por
plagio en contra de los productores del film, los hermanos King, obligan a descubrir
la identidad del guionista: Dalton Trumbo. Otros “blacklisted” que ganaron
Oscars fueron Michael Wilson y el actor Ned Young que firmó, bajo seudónimo, el
guion de Fugitivos (“The Defiant Ones”), la notable metáfora
antirracista de Stanley Kramer con Sidney Poitier y Tony Curtis. Durante esta
etapa clandestina trabaja con Michael Wilson, el guionista de la mítica La
sal de la tierra (“Salt of the Earth”, 1952). El seudónimo Richard
Bosley esconde a Wilson como Richard y a Dalton Trumbo como Bosley. Otros
seudónimos establecidos fueron Robert Rich (“The Brave One”, aquí estrenada en
TVE como El bravo, y resulta una entrañable e ingenua apología
“animalista” dirigida
por el anodino Irving Rapper), Sam Jackson (Espartaco), hasta que se
destapó. De hecho, Espartaco le proveerá de su mayor
prestigio. Desde entonces, se le reconocerá plenamente.
Como literato, Trumbo
alcanza reconocimiento público al aparecer “McCall's” bajo la firma de C.F.
Demaine, C.F. eran las iniciales de su esposa.
De este período data
una carta enviada a varios intelectuales, gran parte de ellos literatos, en
demanda de solidaridad con los afectados por la lista negra. Entre los
destinatarios figuraron William Faulkner, Ernest Hemingway, William Saroyan,
John Steinbeck y Tennesse W. Williams. Al primero le escribió en enero de 1957
las siguientes líneas: Durante el otoño de 1947, después de una serie
de audiencias tenidas por la Comisión de Actividades Anti-norteamericanas se ha
establecido una lista negra, en el seno de la industria cinematográfica. En los
nueve años que han seguido, más de trescientos escritores, directores, actores,
músicos y técnicos han sido alejados de su oficio y desposeídos de su pasaporte
que les habría permitido trabajar en el extranjero (…) Aquellos que permanecen
en la profesión trabajan bajo vigilancia de grupos privados, un representante
permanente de la Comisión en Hollywood y una organización administrativa que
certifica el patriotismo del artista. La lista negra, que se creyó por un momento
producto eventual de un período borrascoso, se ha
movimiento de los
Derechos civiles. A saber: el inteligente aprovechamiento de unos elementos
pensados como gran espectáculo y aparentemente “inofensivo” pero que permitían
una intencionalidad mucho más profunda que, además, llegó a calar entre los
espectadores, sobre todo entre los más jóvenes.
Su trabajo en Éxodo tiene
empero, una significación casi opuesta. Apresurado por Preminger terminó el
escenario en cuarenta y cuatro días, condicionado siempre por el antecedente
novelístico del muy reaccionario León Uris, que no duda en glosar y
“comprender” las fracciones más terroristas. Auténtica apología sionista que
escamotea toda las complicidades de las “democracias occidentales” con la
“Shoah” y que, aunque escapar al maniqueísmo habitual, lo cierto es que el
trato fílmico dado a los árabes (el único bueno es un colaboracionista
interpretado por John Derek que había sido Josué en Los diez mandamientos,
acaba siendo colgado por los suyos), no deja de poner en evidencia el gran
horror de la película: que los árabes estaban en sus tierras y que no habían
tenido nada que ver con el judeocidio. El error de Trumbo lo fue también de la
mayor parte de las izquierdas norteamericanas, sobre todo entre los elementos
de procedencia hebrea.
En 1962 trabaja en un
singular y torvo western para Robert Aldrich, El último atardecer (“The
Last Sunset”, 1962), que aunque los resultados no
convencieron al
propio guionista, lo cierto es que se trata de una gran película, injustamente
subestimada, con notables interpretaciones de Rock Hucson, Kirk Douglas,
Dorothy Malone, Corl Linney y Joseph Cotten.
En Los
valientes andan solos (“Lonely are the brave”, 1962) Trumbo adapta la
novela de un conocido escritor anarquista que desarrolla toda una metáfora
“primitivista” a través de un cow-boy, Jack Burns (Kirk Douglas) es el típico
cow-boy individualista y frenético de su libertad que opone a las instituciones
del naciente industrialismo su lucha y su huída. Antes Trumbo también escrito
el guión de otra gran película sobre los vaqueros, Cow-boy (1958), seguramente
el mejor “western” de Delmer Daves que sobresalió especialmente en este género.
El lector recordará el juego entre los dos protagonistas, el veterano y el
novato, magníficamente representados por Glenn Ford y Jack Lemmon.
Luego llegaron Castillo
de arena (The Sandpipers” (1965) crea nuevos conflictos a la labor de
Trumbo con Vincente Minnelli y de éste con las exigencias de la “diva”
Elizabeth Taylor, un tanto molesta por el tipo de papel adjudicado y de otra un
Minnelli con ideas muy personales sobre el problema a tratar. En este film
vuelve a reunirse con Michael Wilson. Sus últimos trabajos fueron sumamente
interesantes, aunque de aplicación irregular como son los casos de de El
hombre de Kiev (The Fixer, 1968), adaptación de la
novela de Bernard
Malumud sobre un caso muy similar al de Dreyfus sobre el que el marxismo ruso
desarrolló una gran labor (Lenin escribió bastante sobre la historia), y Orgullo
de estirpe (The Horseman, 1970), adaptación de la novela de Joseph
Kessel, y ambos dirigidos por John Frankenheimeir, lejos de sus registros más
próximos. Cabe citar además Hawai, de George Roy Hill que
sufre de problemas de montaje, y finalmente de Papillon, otra
adaptación literaria ilustre que fue dirigida por Franklin Schaffner, y que
cuenta con sus partidarios.
Independientemente de
s u a c t i v i d a d estrictamente política, Trumbo se nos aparece c o m o u n
g u i o n i s t a cómodo para el sistema d e p r o d u c c i ó n d e Hollywood.
Cómodo por su concepción de la obra cinematográfica c o m o u n t r a b a j o
parcelario. Finalizada su tarea como guionista se d e s e n t i e n d e d e l a
s
p o s t e r i o r e s
m a n i p u l a c i o n e s d e l g u i o n . Manipulaciones que sólo empiezan
a darse en sus últimos trabajos con directores conscientes de la necesaria
originalidad de su labor. Dentro de su larga
carrera, su tarea ha
consistido en adaptar a las necesidades del cine obras de autores tan opuestas
en su momento como León Uris y Howard Fast, aunque al final de la obra de éste,
las diferencias no eran tantas: ambos eran sionistas.
Al final de su vida
cinematográfica, Trumbo adapta su propia novela “Johnny got his gun” que se
había editado tres días antes de la declaración de la II Guerra Mundial. No es
hasta 1964 que acepta una de las repetidas propuestas para ceder los derechos a
una productora, concretamente a del mexicano Alatriste, productor de los films
de Buñuel. Trumbo trabaja con Buñuel durante dos semanas en Méjico. Regresa a
su país para concluir el guion, pero durante este intervalo, surgen
dificultades entre Alatriste y Buñuel durante el rodaje de Simón del
Desierto, y el proyecto se queda en el escritorio. Finalmente será su amigo
S. Lazarus, uno de los productores de La sal de la tierra, quien
con ayuda de varios amigos comunes logra el capital necesario para la
filmación. La sociedad productora es bautizada “Robert Rich Production”
recordando el seudónimo con el que ganó el Oscar en 1956.
Johnny es un soldado
mutilado de la Iª Guerra Mundial. Sin piernas, sin brazos, mudo, sordo, ciego
con las sensacionales tácticas como único sentido, además de su cerebro. A
través de ellos recuerda, sufre, imagina e intenta comunicarse. Los médicos que
lo atienden lo conservan artificialmente para estudiar su cuerpo como materia
ajena a toda posible
consciencia de
sufrimiento. Como rata de laboratorio, aislada de todo contacto. Sólo la
enfermera conseguirá relacionarse con él.
La trama no deja
lugar para el sentimentalismo ni la hipocresía. Johnny recuerda, imagina y
percibe su presente. Recuerda su primer amor y la relación con su padre, que
Trumbo reconoce en muchos aspectos autobiográfica. En el cuerpo descubre el
horror de la guerra y sueña su exhibición de feria en feria como testimonio de
la misma y de sus consecuencias. Como enfermo desea la muerte. Trumbo se vale
de los flash-back para explicar los sueños y recuerdos de Johnny. Flash-back
que son rodados en color a diferencia del blanco y negro de las secuencias del
hospital. Si bien algunos son inoportunos, la necesidad de otros es evidente.
El director procura huir del horror visual para poder elevar el nivel de su
crítica a planteamientos más elaborados. No sólo hay afecto para el personaje
sino también consciencia de un absurdo (la guerra) y crítica a unos interesados
responsables, o sea a los amos del mundo.
Por lo cual, se puede
afirmar que Dalton Trumbo combatió por la libertad y la igualdad hasta el
final, aunque a veces se equivocó de barricada.
De Wikipedia, la
enciclopedia libre
Johnny Got His Gun es una vívida
novela antibelicista publicada en 1939 por Dalton Trumbo quien también
escribiría el guion y dirigiría en 1971 la película homónima.
Johnny cogió su fusil
explica la historia de Joe Bonham, un soldado de la Primera Guerra Mundial
horriblemente mutilado en el frente. Joe está vivo, pero es sólo un torso sin
rostro. En una serie de flashbacks, el autor nos obliga a comparar la vitalidad
de una vida normal y corriente con el horror de la guerra y la muerte en vida
del protagonista.
Johnny cogió su fusil es la gran
novela antibelicista por excelencia. Publicada por primera vez en 1939, la
historia de Dalton Trumbo sobre un joven soldado americano terriblemente dañado
durante la Primera Guerra Mundial -sobrevive sin brazos, sin piernas, sin
rostro, pero con la mente intacta- fue un éxito inmediato. Esta conmovedora
novela marcó un punto y aparte para muchos americanos que crecieron con la
Segunda Guerra Mundial, y se convirtió en la novela anti sistema más popular de
la era de Vietnam.
No existe nada noble
al morir. Ni siquiera cuando mueres por honor. Ni siquiera cuando mueres como
el mayor héroe que el mundo haya visto. ¿Ni siquiera cuando eres tan grande que
tu nombre nunca será olvidado y quién es así de grande? Lo más importante es su
vida muchachos. Ustedes no son nada muertos, excepto para los discursos. No los
dejen burlarse más. No pongan atención cuando les den palmadas en los hombros y
les digan, ven con nosotros tenemos que pelear por la libertad o cualquier
palabra que usen, porque siempre hay una palabra.
Sólo digan, señor lo
siento, no tengo tiempo para morir, estoy muy ocupado y después den la vuelta y
corran como si el diablo los siguiera. Si ellos dicen cobarde, no presten
atención, porque su trabajo es vivir y no morir. Si ellos hablan sobre morir por
los ideales que son más grandes que la vida, ustedes le contestan, señor usted
es un mentiroso. Nada es más grande que la vida. No hay nada noble en la
muerte. Qué hay de noble en yacer en la tierra y pudrirse. Qué hay de noble en
no volver a ver la luz del sol. Qué hay de noble en que te vuelen las piernas y
los brazos. Qué hay de noble en ser un idiota. Qué hay de noble en ser ciego y
sordo e ignorante. Qué hay de noble en estar muerto. Porque cuando esté muerto
señor todo se habrá acabado. Ese es el fin. Será menos que un perro, menos que
una rata, menos que una abeja, que una araña, que un gusano blanco
arrastrándose en un
Usted está muerto señor y murió por
nada.
Usted está muerto señor. Muertor
muerto. Porque cuando esté muerto señor todo se habrá acabado. Ese es el fin.
Será menos que un perro, menos que una rata, menos que una abeja, que una
araña, que un gusano blanco arrastrándose en un depósito de estiércol.
Usted está muerto señor y murió por
nada.
Usted está muerto señor. Muerto.
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Título original Johnny got his gun
Año 1971
Duración 111 min.
Director Dalton Trumbo
Guion dalton trumbo (novela: Dalton
Trumbo)
Música Jerry Fielding
Fotografía Jules Brennen
Reparto Timothy Bottoms, Jason Robards,
Donald
Sutherland, Marsha Hunt, Diane Varsi,
Kathy Fields,
Charles Mcgraw
Productora World Entertainment.
LA FALACIA LIBERAL ANTE LOS REFUGIADOS Y LOS INMIGRANTES
Por Julio César Carrión Castro
Algunas películas
contemporáneas, que quiero recomendar, también dan cuenta del fenómeno de
exclusión, marginalidad, maltrato y explotación a que está sometida la
infraclase de los inmigrantes y demás seres de condición contradicha. Así, el
filme “El Odio” de Matthieu Kassovitz de 1995, narra la situación social
de un grupo de tres jóvenes marginados en los suburbios de París que tiene que
hacer frente al desempleo, a la constante persecución y a todo tipo de
presiones, solamente por su condición de inmigrantes. Les circunda un cotidiano
odio que les hace imposible la vida, llegando incluso a quedar atrapados en ese
mundo sin salidas, por las ansias de retaliación ante la muerte de un
compañero, asesinado durante un “interrogatorio” policiaco.
La película “Pan
y rosas” del británico Ken Loach, del año 2000, detalla la vida de los
trabajadores de las maquilas –en especial mujeres– que han logrado ingresar a
los Estados Unidos, luego de múltiples peripecias como “espaldas mojadas”,
teniendo que someterse a las arbitrariedades de los “coyotes” y de sus no menos
rapaces empleadores que les imponen toda degradación y hasta el comercio y el
chantaje sexual, para mantenerles sus exiguos empleos y
salarios, que
constituyen el único recurso para sostener su precaria existencia de
inmigrantes ilegales y para enviar dinero a sus familiares en México.
En la película “Hijos
del hombre” de Alfonso Cuarón (2006), que comenta Slavoj Zizek y cuya
acción transcurre hipotéticamente en el Londres del año 2027, se muestra la
tremenda decadencia londinense, con unos guetos y suburbios cubiertos de
basura, de escombros y de miseria, pero bajo la detallada vigilancia policiva
con videocámaras instaladas en todos los rincones de esa ciudad dividida
abruptamente entre la opulencia y la miseria, bajo un permanente estado de
emergencia y la acción de brigadas antiterroristas que en realidad actúan contra
las grandes masas de inmigrantes ilegales, de manera habitual y recalcitrante,
llegando incluso hasta los e n f r e n t a m i e n t o s a r m a d o s , c o n
a m p l i a s movilizaciones de tropas, ataques aéreos y bombardeos de unos
guetos que están ya proliferando bajo las actuales condiciones sociales de
estas grandes urbes. Es cuestión de esperar, pues, como lo expresara e el poeta
Jorge Zalamea, “hay ya silbos de llama en la brasa”.
El film transcurre durante el nada
lejano año de 2027.
Es decir, narra algo ya contemporáneo.
Todos estos filmes
coinciden en mostrarnos una catástrofe que no solo se vislumbra hacia el
futuro, sino que está presente, porque, como lo anota Cuarón,
“la tiranía del siglo
XXI, se llama democracia”. En la actualidad soportamos la carga de la pérdida
total de la vitalidad de las democracias liberales, el derrumbe de todas sus
promesas; el tercer mundo está incrustado en el primero, como lo denuncia Loach.
Existe en estas ciudades de las democracias occidentales –y no hay que esperar
al futuro para verlo– un mundo paralelo, invisibilizado, fantasmal, no
reconocido, pero que cada vez más constituye la metástasis del cáncer incubado
por la evangelización, el colonialismo, la opresión y la marginalidad
disfrazada de igualitarismo retórico. Se trata de una bomba de tiempo para las
sociedades opulentas. Sociedades opulentas y desperdiciadas que ya marchan
hacia la constitución del último hombre que predijera Nietzsche, manifiesto y
notorio, por una parte, en aquellos “ciudadanos” con plenos derechos, inmersos
en sus pequeñas vidas, con estúpidos placeres cotidianos; consumistas,
conformistas, nihilistas, tratando de vegetar en un apático hedonismo carente
de sentido y, por otra parte, estos seres de la infraclase privados de
derechos, de dignidad y de futuro, tratando de sobrevivir bajo las onerosas
condiciones del “orden” social establecido.
Inmigrantes,
refugiados, desplazados, marginales, prisioneros sin cargos, culpables sin
delito, muertos en vida, como se puede apreciar en los reclusos de Abu Grahib o
de Guantánamo. Ellos son la evidencia fehaciente de la nuda vida de que nos
habla Agamben, personas despojadas tanto de la nacionalidad y la
ciudadanía, como
hasta de la “humanidad”, personas que llevan “vidas indignas de ser vividas” en
quienes se ha consumado el paso no sólo a la infraclase, sino incluso a la
infrahumanidad, como lo previera el gran escritor H. G. Wells en su novela de
1899, “Una historia de los tiempos venideros”, en la cual pronostica
un tenebroso futuro en el que “poco más o menos, la sociedad estará dividida en
tres clases: los grandes ricos que tendrán en sus manos el monopolio de todas
las industrias y que habitarán los lugares superiores de los altos edificios,
para estar más cerca de sus vehículos volantes y del aire puro; los empleados,
funcionarios, médicos, hombres de leyes, clase intermedia que ocupará la parte
central de esos edificios; y en el piso bajo -en una especie de submundo- los
obreros –y demás excluidos sociales–, miserable población de siervos de
fábricas y de c a n t e r a s , a l i m e n t a d o s y v e s t i d o s
administrativamente” y convertidos en algo así como seres de otra especie,
biológicamente diferentes ya a los de los niveles superiores.
De Mathieu Kassovitz
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“Un tipo se tira por
la ventana desde un piso cincuenta. Mientras va cayendo piensa: de momento,
todo va bien, de momento, todo va bien… Lo importante no es cuánto tiempo estás
cayendo, sino cómo aterrizas.”
- En la escuela me
enseñaron que el odio engendra odio.
- Yo no fui a la
escuela. Soy de la calle, y en la calle te enseñan que si pones la otra mejilla
te dan por el culo.
Son fragmentos del guion de La
haine, dirigida en 1994 por el actor y director francés Mathieu Kassovitz
(recordado joven
romántico en Amelie o sacerdote contestatario ante la tibieza
vaticana frente al nazismo en Amén, de Costa Gavras, o director
de Los ríos de color púrpura, exitoso thriller francés). Esta
película rodada en un espléndido blanco y negro, de ritmo
trepidante y de un guion que roza la perfección fue su sorprendente debut
(premio a la mejor dirección en Cannes), y a diferencia de lo que podía
esperarse vista su carrera como actor deslumbró con esta demoledora crítica de
la sociedad francesa de finales de siglo XX.
La película cuenta 24
horas de la vida de tres jóvenes, Vinz (fenomenal, impresionante Vincent
Cassel), Saïd (Saïd Taghmaoui) y Hubert (Hubert Kounde; nótese la conservación
de sus nombres auténticos para la caracterización de los personajes), que
malviven en el parisino suburbio de Les Muguets trapicheando, deambulando por
ahí, sin trabajo, sin estudios y sin futuro más allá del día a día. Pero hoy es
distinto, porque los suburbios marginales de la Ciudad de la Luz, que aparece
hermosa y refulgente en las postales para turistas y reparte imágenes de glamour (sea
lo que sea que quiera decir eso) y placeres sibaritas por todo el mundo,
amanecen tomados al asalto por la policía, prácticamente en estado de sitio. La
razón no es otra que el agitado y violento combate nocturno que las fuerzas de
seguridad han librado contra un ejército de jóvenes de esos barrios tras la
paliza que Abdel Ichah, de sólo 16 años, ha recibido en una comisaría de
policía y que le ha ocasionado heridas que lo tienen a
las puertas de la
muerte, repitiendo la vieja ecuación “brutalidad policial = revuelta cada vez
más violenta”, un siniestro bucle que de vez en cuando, desde la lejana fecha
de los sesenta, sacude la vida nocturna de París y otras ciudades de Francia y
extiende en el tiempo un cúmulo de desgracias anónimas, con policías mutilados
o impedidos, jóvenes muertos por disparos, y una solución que no llega y que
nadie pretende que llegue para un problema sepultado bajo la alfombra de la
hipocresía.
El retrato de las
andanzas de estos tres jóvenes por la geografía que habitan es impresionante:
los bloques graníticos hechos con molde, los descampados, las azoteas, los
parques solitarios y sombríos, las plazas de juegos infantiles abandonadas,
tomadas por los camellos y traficantes, por los vendedores ilegales, por todo
aquel que tiene algo que ofrecer a cambio de unos francos o de género para
revender, túneles subterráneos llenos de graffitis, paradas de metro cerradas de
madrugada, vehículos policiales haciendo la ronda, y entre todo ese paisaje,
grupos de jóvenes que pretenden sobrevivir como pueden en un ambiente hostil,
donde el amigo puede convertirse en enemigo en apenas unos minutos, donde el
lenguaje es un ladrido permanente, donde no llegan las ayudas sociales, las
ofertas de empleo, la inserción social. Son Los olvidados del
próximo siglo XXI, los marginados para los que las reglas de la
moral burguesa, lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo, no significan nada, no
cuentan cuando de
luchar por la supervivencia diaria se trata. La frustración, el rencor, la
imposibilidad de abrirse un camino, la lucha estéril por lograr algo que les
está vedado es el criadero del odio. El brazo secular de esa acomodaticia
sociedad que les niega lo que a otros regala será el objetivo máximo de la
lucha: la policía, que a su vez, comprendiendo las causas profundas de la
situación se ve en el drama de tener que responder a palos cuando la extrema
violencia de los jóvenes supera el límite de paciencia que todo ser humano
tiene, y es partícipe también de esa frustración al entender que no puede dar
ninguna respuesta constructiva al problema, y que el propio poder la utiliza
para el camuflaje, el ocultamiento, el borrado de la contestación social a un
mundo injusto, obligada a actuar como carne de cañón que hace el trabajo sucio
que nadie debe ver.
La policía y los
jóvenes, ambos víctimas del mismo orden, establecen así una lucha sordomuda,
latente, continua, una guerra civil en toda regla en la que las víctimas somos
todos los que no pertenecemos a consejos de administración u obtenemos
dividendos en la bolsa, el odio alimentado con odio, la violencia como única
forma de sacudirlo, ejercida contra quien se tiene más a mano, la frustración
convertida en venganza ciega, en explosión de instintos reprimidos, en protesta
contra la injusticia de la vida, la falta de ayuda, y también contra la
ausencia de la propia
capacidad de los
jóvenes para luchar por otro futuro con otros medios, el rechazo a un orden
moral impuesto por quienes comen cada día y no tienen que preocuparse por el
futuro de sus hijos y que no da respuesta a la insatisfacción de quienes se
quedan fuera. Los tres muchachos alternan con otros de igual calaña en su
barrio, se pelean, se insultan, discuten, se evaden… Pero también hay lugar
para comprobar que bajo el telón de tanto odio, de tanto rencor, hay sitio para
los sentimientos sinceros, la amistad y la camaradería, aunque haya que
disimularla por el qué dirán.
24 horas en la vida
de unos chicos de los suburbios es el plazo que Kassovitz da para encontrar una
solución a tanto odio, y para ello utiliza metafóricamente la pistola que un
policía ha perdido durante el combate nocturno y que ha caído en manos de Vinz,
que pasa el día intentando decidir contra quién va a utilizarla como forma de
vomitar toda su violencia contenida, sin darse cuenta que matar a un policía
con su propia arma no sería más que otra calle sin salida, una nueva
frustración aún mayor cuando comprobara que nada se ha solucionado con esa
muerte, que su vida sigue siendo igual de precaria, que Les Muguets siguen
siendo un suburbio marginal. La esperanza la ponen Saïd y Hubert, que aun
habiendo crecido en el mismo ambiente hostil, son más contenidos, más
comprensivos, tienen mayor capacidad de asombro, de imaginación, de evocación,
aunque serán
devorados por la
misma vorágine de la que no pueden escapar, al igual que los policías
bienintencionados que sucumben igualmente al clima de odio. En ese aspecto la
dura escena final es el mensaje de pesimismo que Kassovitz envía: las víctimas
siguen siendo las mismas, cambian las generaciones, los rostros de los jóvenes
y de los agentes del orden, pero siguen y seguirán muriendo o sufriendo por
ambos lados, y alimentando un odio recíproco que debería dirigirse a otros
estamentos.
A la vista de los
hechos, Kassovitz no se equivocó. Aún hay restos en los descampados de las
marginadas afueras de París con rescoldos de las últimas revueltas de años
atrás, con un ministro del interior, el actual Presidente Sarkozy, personajillo
de las revistas del coeur que pasea sus asuntos privados en
primera plana, vomitando su odio desde la prensa hacia la “gentuza”
que “altera” el orden y la ley, como si el capitalismo salvaje que deja fuera a
un 30% de jóvenes (en algunas áreas suburbiales de París el desempleo entre la
juventud llega a superar el 70%) no supusiera alterar ese orden, o algo peor,
el derecho de una vida plena de una parte importante de la sociedad, no ya
inmigrante, sino francesa. Francia, tesoro de la cultura y sabiduría mundiales,
origen último del modelo de democracia en el que vivimos (y vuelvo a dejar
fuera intencionadamente la revolución americana, pese a ser anterior), es al
mismo tiempo un país socialmente anclado en un orden antiguo, anquilosado en
los
cincuenta, sin
respuesta para los franceses de segunda y tercera generación, y ni que decir
tiene, tampoco para los inmigrantes. Potencia colonial de baratillo (las
colonias importantes siempre eran británicas, los eriales, los yermos y los
pedregales eran colonias francesas), Francia se nutrió para las dos guerras
mundiales que padeció de carne de cañón de las colonias, fomentó su inmigración
a Francia para reconstruir el país tras 1945, se benefició del trabajo y los
negocios de toda una generación de senegaleses, argelinos, marroquíes,
vietnamitas, camboyanos, cameruneses, chadianos, congoleños, guineanos,
polinesios, antillanos o mascareños, pero olvida a sus hijos, nacidos
franceses, hijos de quienes se esforzaron por la metrópoli buscando una vida mejor,
los abandona en bolsas de marginación y los cataloga como presencias incómodas,
como recién llegados que no optan al derecho de ser plenamente francés. Su
protesta, su frustración, su odio por la injusticia de un orden que se
aprovechó de sus padres y quiere deshacerse de sus hijos, es el odio del que
nos habla Kassovitz, el mismo que Sarkozy contribuyó a encender. Kassovitz nos
dice que Vinz, Saïd y Hubert son tan seres humanos y tan franceses como los
policías, y también como esos personajes que no aparecen físicamente en la
película, pero que son protagonistas: quienes gracias a ese odio enconado en
los niveles más bajos de la sociedad viven tan a gusto sus cómodas vidas sin
sobresaltos ni tensiones,
quienes intentan
apagar el fuego con gasolina, quienes saben que hay que mantener la pelea en
otro campo para que nunca llegue a donde debe. En fin, Los “Sarkozys” de este
mundo.
(Children of men)
Sinopsis: La Tierra, año
2027. La esperanza de futuro es un recurso que escasea. Hace 19 años que nació
el último niño. Ante este inexplicable fenómeno, la raza humana empieza a
perder toda esperanza. La mayoría de la gente acepta lo inevitable y se deja
caer hacia el separatismo y nihilismo carentes de leyes, otros luchan por
defender un planeta unido y los derechos de la decreciente población. Gran
Bretaña, mediante una política militar imperialista, es el único país que ha
conseguido acallar las luchas internas, pero a cambio debe soportar la continua
llegada de inmigrantes ilegales a sus costas. Sin embargo, haciendo gala de una
política dura y totalitaria, los refugiados son internados en campos y
deportados. Nada de todo esto parece importarle a Theo (Clive Owen), un hombre
en estado de parálisis emocional. El antiguo activista convertido a burócrata
se protege contra los recuerdos de un doloroso pasado y la realidad de un
futuro sin sentido intentando no sentir nada. Los únicos hitos de su monótona
vida son las visitas que realiza a su viejo amigo Jasper (Michael Caine). Pero
todo esto cambia de repente cuando le llevan a ver a Julián (Julianne Moore).
La mujer, que fue su compañera sentimental y de armas, lidera una organización
ilegal que defiende los derechos de los refugiados. Julián sólo reaparece para
pedirle un favor a Theo: que consiga papeles para
que Kee (Clare - Hope
Ashitey), una joven perteneciente a su organización, pueda salir del país sin
problemas. Theo acepta, por Julián y también porque cobrará 5.000 libras. Debe
acompañar a Kee y a un puñado de compañeros de Julián en un complicado viaje
hasta llegar a la costa. Cuando lleguen, los miembros del casi mítico Proyecto
Humano, a través del cual las mentes más brillantes del mundo se esfuerzan en
formar una nueva sociedad, les ayudarán. Pero cuando unos terroristas atacan el
grupo, queda claro que Kee es mucho más que una refugiada; de hecho, sus
compañeros están dispuestos a morir por ella.
CÓDIGO QR
Link para descargar la película
Dirección: Alfonso Cuarón.
Países: Reino Unido y USA.
Año: 2006.
Duración: 109 min.
Interpretación: Clive Owen (Theo),
Julianne Moore
(Julian), Michael Caine (Jasper),
Chiwetel Ejiofor
(Luke), Charlie Hunnam (Patric), Claire-Hope
Ashitey (Kee).
Guion: Alfonso
Cuarón, Timothy J. Sexton, David Arata, Mark Fergus y Hank Ostby; basado en la
novela "Children of men" de P.D. James.
Producción: Marc Abraham, Eric Newman,
Hilary Shor, Tony Smith e Iain Smith. Música: John Tavener.
Fotografía: Emmanuel Lubezki.
Montaje: Alex Rodríguez y Alfonso
Cuarón.
Diseño de producción: Jim Clay y
Geoffrey Kirkland.
Vestuario: Jany Temime.
EL CHOQUE DE CIVILIZACIONES Y EL FIN
DE LA HISTORIA
-Seminario permanente
sobre la Utopía y tal vez
su única hija: la
Distopía-
Por: Slavoj Žižek.
Tomado de Utopías Negativas
El filósofo esloveno
reflexiona sobre el hedonismo apático y la pérdida de vitalidad de las
democracias liberales de los países de Occidente, tomando como disparador el
polémico film de Alfonso Cuarón, “Hijos del hombre”. “¿No es acaso la
permisividad extrema, además de las nuevas formas de apartheid social y control
basadas en el miedo, lo que caracteriza a nuestras sociedades?”, se pregunta. Y
afirma que los actuales conflictos étnico-religiosos son la forma de lucha más
conveniente para el capitalismo global.
En las historias de H
o l l y w o o d , e l magnífico telón de fondo histórico s ó l o s i r v e d e
p r e t e x t o p a r a contar “de qué
trata” la película en
realidad… del viaje iniciático del héroe o de la pareja. En Impacto
profundo, la ola gigante que arrasa la costa este de los Estados Unidos
sirve para la reunión incestuosa de la hija con su padre; en La guerra
de los mundos, la invasión de los alienígenas sirve para que Tom Cruise
reafirme su función paterna. No sucede lo mismo en Niños del hombre,
en la que el telón de fondo persiste y se mantiene constante.
En una típica
película de ciencia ficción de Hollywood, el mundo futuro podrá estar lleno de
insólitos objetos o inventos, pero hasta los cyborgs interactúan exactamente de
la misma manera que nosotros… o, más bien, como solíamos hacerlo en los v i e j
o s m e l o d r a m a s y p e l í c u l a s d e a c c i ó n hollywoodenses.
En Niños del hombre no hay nuevos aparatos y Londres se ve tal
cual es ahora, sólo que un poco más… Alfonso Cuarón ha enfatizado sus
potenciales poéticos y sociales: las tonalidades grises y la decadencia de los
suburbios cubiertos de basura, la omnipresencia de la video-vigilancia. La
película nos recuerda que, entre todas las cosas extrañas que podemos imaginar,
la más extraña de todas es la realidad. Hegel comentó hace mucho tiempo que el
retrato de una persona se le parece más que la misma persona. Niños del
hombre es la ciencia ficción de nuestro propio presente.
Estamos en el año
2027. La especie humana se ha vuelto infecunda y el habitante más joven de la
Tierra, nacido hace dieciocho años, acaba de morir en Buenos Aires. El Reino
Unido vive en estado permanente de emergencia: brigadas antiterroristas
persiguen a inmigrantes ilegales, y el poder estatal controla a la población
decreciente que vegeta en un hedonismo estéril. ¿No son acaso estos dos
aspectos -la permisividad hedonista, además de las nuevas formas de apartheid
social y control basados en el miedo- los que caracterizan a nuestras
sociedades? Y como dijo Cuarón, en una entrevista: “En muchos relatos del
futuro siempre aparece algo así como el Gran hermano, pero creo que ésa es una
visión de la tiranía del siglo XX. La tiranía actual se presenta con nuevos
disfraces… la tiranía del siglo XXI se llama 'democracia'”. Esta es la razón
por la que los gobernantes del mundo actual no son burócratas orwellianos
totalitarios, grises y uniformados, sino administradores democráticos
ilustrados y cultos, y cada uno o cada una con su propio “estilo de vida”.
Cuando el protagonista de la película visita a un viejo amigo, convertido en un
ministro de alto rango, ingresamos en algo así como el loft de una pareja gay
de clase alta de Manhattan.
Niños del Hombre no es,
obviamente, una película sobre la esterilidad como problema biológico. La
infertilidad de la que trata la película de Cuarón fue diagnosticada hace mucho
por Friedrich Nietzsche,
cuando percibió el
modo en que la civilización occidental avanzaba en dirección al Último Hombre,
una criatura apática, sin grandes pasiones o compromisos. Incapaz de soñar y
cansado de la vida, no asume ningún riesgo y sólo busca lo cómodo y lo seguro, una
manifestación de tolerancia hacia todos. El Último Hombre no quiere que le
destruyan sus ilusiones: por eso “acoso” es la palabra clave en su universo
mental. En su sentido más simple, el término designa hechos brutales de
violación, palizas y otras formas de violencia social que, sin duda, deberían
ser condenadas con toda severidad. Sin embargo, en el uso predominante, el
significado simple se desliza en forma imperceptible hacia la condena de
cualquier cercanía excesiva de otro ser humano real, con sus deseos, temores y
placeres. Dos tópicos determinan la actitud tolerante liberal de hoy hacia los
otros: el respeto hacia la otredad, la apertura hacia ella y el miedo obsesivo
al hostigamiento. El otro es aceptable mientras su presencia no sea invasora,
mientras el otro no sea realmente otro. La tolerancia coincide con su sentido
opuesto: mi deber de ser tolerante con el otro significa efectivamente que no
debo acercarme demasiado. Esto es lo que emerge cada vez más como el “derecho
humano”: el derecho a no ser acosado, es decir, a mantenerse a prudente
distancia de los otros.
Los juzgados de la
mayoría de las sociedades occidentales expiden en la actualidad una orden de
restricción cuando alguien demanda a otra persona por
acoso. Al acosador se
le puede prohibir legalmente acercarse con malas intenciones a la víctima, y
debe guardar una distancia de más de cien metros. Por necesaria que sea esta
medida, contiene, no obstante, una suerte de defensa contra la realidad traumática
del deseo del otro: ¿no resulta obvio que el despliegue abierto de la pasión
por y hacia otro ser humano es terriblemente violento? La pasión, por
definición, hiere a su objeto, y aun cuando el destinatario acepte gustoso
ocupar ese lugar, él o ella no pueden hacerlo sin experimentar asombro o
sorpresa. Ocurre incluso con la creciente prohibición de fumar. Primero, todas
las oficinas fueron declaradas “libres de humo”; después, los vuelos; después,
los restaurantes, los aeropuertos, los bares. Después -en un caso único de
censura pedagógica, que nos recuerda la práctica estalinista de retocar las
fotos de nomenclatura-, el servicio postal de los Estados Unidos borró el
cigarrillo en las estampillas que muestran la fotografía de Robert Johnson, el
guitarrista de blues, y la de Jackson Pollock, el pintor. El objetivo de estas
prohibiciones es acabar con el deleite excesivo y riesgoso del otro,
personificado en el acto de encender un cigarrillo e inhalar profundamente con
placer descarado. En efecto, como decía Jacques Lacan, después de la muerte de
Dios, ya nada está permitido.
En el mercado de hoy
encontramos una serie de productos despojados de su propiedad nociva: café sin
cafeína, crema sin grasa, cerveza sin alcohol... ¿Y qué podemos decir del sexo
virtual como sexo sin sexo, de
la doctrina de guerra
sin víctimas (de nuestro lado, por supuesto) de Colin Powell como guerra sin
guerra, la redefinición contemporánea de la política como el arte de la hábil
administración o política sin política, mientras que temas como esposas golpeadas
o violaciones incestuosas no son tomados en cuenta?
A los que
pertenecemos a los países del Primer Mundo se nos hace cada vez más difícil
siquiera imaginar una causa pública o universal por la que estaríamos
dispuestos a dar la vida. Pareciera ser, en efecto, que la grieta que separa el
Primer Mundo del Tercer Mundo se ahonda cada vez más en la oposición entre
llevar una vida larga y satisfactoria llena de riquezas materiales y
culturales, y dedicar la vida a una causa trascendente. ¿No es éste el
antagonismo entre lo que Nietzsche llama nihilismo “pasivo” y nihilismo
“activo”? Nosotros, en el Oeste, somos los Últimos Hombres, inmersos en los
estúpidos placeres cotidianos, mientras que los radicales musulmanes e s t á n
p r e p a r a d o s p a r a a r r i e s g a r l o t o d o , comprometidos con
la lucha nihilista hasta alcanzar la autodestrucción. No sorprende, pues, que
el único lugar en Niños del Hombre donde impera una extraña
sensación de libertad sea Blackpool, la ciudad aislada y convertida en un
campamento de refugiados administrado por sus propios habitantes, inmigrantes
ilegales, y al final de la película, bombardeados sin piedad por la fuerza
aérea. Aquí prospera la vida, con demostraciones militares fundamentalistas del
Islam, pero también con actos de auténtica solidaridad. No
sorprende, pues, que
allí aparezca el niño recién nacido.
En un debate sobre la
suerte de los prisioneros de Guantánamo en la NBC en 2004, uno de los
argumentos más extraños a favor de la aceptabilidad ético legal de su estatuto
era que “ellos fueron los que se salvaron de las bombas”. Puesto que eran el
blanco d e l o s b o m b a r d e o s e s t a d o u n i d e n s e s y l o s
sobrevivieron por azar, y puesto que el bombardeo era parte de una operación
militar legítima, no se puede censurar el hecho de que los hayan capturado
después del combate… Este razonamiento dice más de lo que pretende decir:
coloca al prisionero casi en forma literal en la posición de los muertos vivos,
los que de algún modo ya están muertos, de manera que ahora son casos de lo que
Giorgio Agamben llama Homo sacer, el que puede ser eliminado con impunidad
porque, ante los ojos de la ley, su vida ya no cuenta. Si se coloca a los
prisioneros de Guantánamo en el espacio “entre las dos muertes”, muertos desde
el p u n t o d e v i s t a l e g a l , a u n q u e e s t é n v i v o s
biológicamente, entonces el caso de Terri Schiavo, que atrapó nuestra
imaginación en marzo de 2005, plantea lo contrario. Schiavo sufrió un grave
daño cerebral en 1990 y los médicos nombrados por la Corte alegaron que estaba
en estado vegetativo permanente, sin esperanzas de recuperación. Mientras su
marido quería que la desconectaran para que muriera en paz, sus padres
argumentaron que podía
mejorar. El caso
llegó al nivel más alto del gobierno de los Estados Unidos, con la intervención
de la Corte Suprema y el presidente. Lo absurdo de la situación, vista en un
contexto más amplio, es asombroso: con millones de personas muriendo de sida y
hambrunas en todo el mundo, la opinión pública en los Estados Unidos se centró
en un caso particular de prolongación de una vida inerte, privada de todas las
características específicamente humanas. Estos son los dos extremos en los que
nos encontramos hoy con respecto a los derechos humanos: por un lado, los que
“se salvaron de las bombas” (seres humanos despojados de sus derechos); por
otro lado, un ser humano reducido a una simple vida vegetativa, pero amparada
por todo el aparato estatal.
¿Qué pasó con
nosotros? ¿Qué salió mal? Cualquier lector atento del Marqués de Sade no puede
dejar de notar la paradoja que surge cuando la afirmación sin restricciones de
la sexualidad sadeana la convierte en un ejercicio mecánico carente de
auténtica pasión sensual. Y cabría preguntarse si acaso no es fácilmente
discernible una inversión similar en el callejón sin salida de los Últimos
Hombres de hoy, los individuos “posmodernos” que rechazan las grandes metas y
se dedican a sobrevivir colmados de placeres cada vez más refinados y
estimulados en forma artificial. Si las antiguas sociedades jerárquicas
oprimieron las fuerzas vitales a través de sus rígidos sistemas ideológicos y
del aparato del Estado que los
impusieron, las
sociedades de hoy están perdiendo su vitalidad por medio de su hedonismo
demasiado permisivo: todo está permitido, aunque descafeinado y despojado de su
esencia.
Y lo mismo que se
aplica a nuestros placeres se aplica a nuestra democracia. Esta se va
convirtiendo cada vez más en una democracia descafeinada, despojada de su
esencia. Hace un siglo, G.K. Chesterton escribió: “Los hombres que empiezan a
luchar contra la Iglesia por el bien de la libertad y la humanidad terminan por
abandonar la libertad y la humanidad, aunque sea sólo para seguir luchando
contra la Iglesia”. Hoy, lo primero que tendríamos que añadir es que esto
también es válido para los partidarios de la Iglesia: ¿cuántos defensores
fanáticos de la religión comenzaron a atacar de modo feroz la cultura secular
contemporánea y terminaron por abandonar la religión? ¿Y no es verdad que, de
un modo estrictamente homólogo, los guerreros liberales están tan ansiosos por
combatir el fundamentalismo antidemocrático que van a terminar por abandonar la
libertad y la misma democracia, con el solo fin de combatir el terror? Su
pasión por demostrar que el fundamentalismo no cristiano es la amenaza
principal contra la libertad es tan poderosa que están dispuestos a defender la
posición de que debemos limitar nuestra propia libertad, aquí y ahora, en
nuestras sociedades supuestamente cristianas. Nuestros guerreros contra el
terror están dispuestos a destruir su propio mundo
democrático por odio
hacia el otro musulmán. Jonathan Alter, Alan Derschowitz y Sam Harris aman
tanto la dignidad humana que están dispuestos a legalizar la tortura -la
degradación extrema de la dignidad humana- para defenderla.
La modalidad
predominante de la política es la política del miedo: miedo a los inmigrantes,
miedo al delito, miedo a la impía depravación sexual, miedo al Estado excesivo
(que es la razón por la cual la Corrección Política es la forma liberal
ejemplar de la política del miedo). Este tipo de política siempre confía en las
manifestaciones aterradoras de hombres asustados. El gran acontecimiento en
Europa a principios de 2006 fue que las políticas anti inmigratorias empezaron
a formar parte de la “tendencia principal”: por fin habían cortado el cordón
umbilical que las relacionaba con los partidos de extrema derecha. De Francia a
Alemania, de Austria a Holanda, a los principales partidos les parece aceptable
insistir en el hecho de que los inmigrantes son huéspedes que deben adaptarse a
los valores culturales que definen a la sociedad anfitriona. Esa es la razón
por la cual “el choque de civilizaciones” es el mal de Huntington de nuestros
tiempos. Como dijo Samuel Huntington, al final de la Guerra Fría, la “cortina
de hierro de la ideología” ha sido reemplazada por la “cortina de terciopelo de
la cultura”. Esta visión tenebrosa puede parecer lo opuesto a la brillante
perspectiva del “fin de la historia” de Francis Fukuyama bajo el aspecto de
una democracia
liberal global. Quizá, sin embargo, el “choque de civilizaciones” SEA “el fin
de la historia”, es decir: los conflictos étnico-religiosos son la forma de
lucha que le conviene al capitalismo global. En nuestra época de “pospolítica”,
en que la administración social llevada a cabo por expertos reemplaza en forma
progresiva a la política propiamente dicha, la única fuente de conflictos
legítima que queda son las tensiones culturales (étnicas, religiosas).
Así, pues, para citar
el inolvidable lapsus freudiano del presidente Bush, no “malestimen” Niños
del Hombre: la última película de Cuarón pega justo en el blanco de nuestra
terrible y problemática situación.
Título original: The
Clash of Civilizations at the End of History.
SOCIEDAD ACTUAL
Por: Julio César Carrión Castro
-Una breve
descripción del manejo político contemporáneo, a partir de obras como “Un mundo
feliz” de Aldus Huxley, “1984” de George Orwell y la "Infocracia" de
Byung-Chul Han-
La literatura
distópica, futurista del siglo XX o, simplemente, “la literatura del miedo”
-como tan acertadamente la denominara el escritor Manuel Vázquez Montalbán-,
probablemente se inaugura con la novela “Un mundo feliz” que Aldous Huxley
publicara inicialmente en 1932 y que luego complementaría -en 1958- con “Nueva
visita a un mundo feliz”, en la que anticipaba el enorme poder de seducción,
encantamiento y deterioro humano que provocaría, tanto la popular utilización
de las drogas - l a d r o g a d i c c i ó n - , c o m o l o s d e s a r r o l l
o s tecnocientíficos, la asidua persistencia de banales espectáculos deportivos
y faranduleros, así como la omnipresencia de los medios de comunicación,
puestos al servicio de los organismos de poder, que llevaría, como ya lo
estamos viendo, no solo a la clonación y hasta la conformación de “fábricas de
niños”, (en sustitución del amor y de las relaciones sexuales) sino, asimismo,
a la “felicidad” de unas
masas subordinadas al
poder de los Estados-espectáculo, con sus “Centros de Incubación y
Condicionamiento”; con sus lemas de “Comunidad, identidad, estabilidad”, que
garantizarían, algo así como la “seguridad democrática y la confianza
inversionista” entre las enormes masas de un “precariado” sometido a una total
e inalterable mansedumbre y subalternidad generalizada, pero que, desde las
salas de cine, los escenarios deportivos y los más diversos ambientes llamados
“culturales” y “sociales”, se percibe como un sujeto acostumbrado y hecho para
la felicidad.
Un Mundo Feliz se
podría resumir en alcanzar: “Una dictadura perfecta que tendría apariencia de
democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos
ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud,
en el que, gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían la
servidumbre”
Identidad y
estabilidad social lograda gracias a la m a n i p u l a c i ó n m e d i á t i c
a , ( c o s a q u e y a e s prácticamente un hecho consumado). Pues como lo
afirmara el propio Huxley: “Si se quiere evitar la persecución, la liquidación
y otros síntomas de fricción social, es preciso que los aspectos positivos de
la propaganda sean tan eficaces como los negativos. Los más importantes
Proyectos Manhattan del futuro serán vastas encuestas patrocinadas por los
gobiernos
sobre lo que los
políticos y los científicos que intervendrán en ellas llamarán el problema de
la felicidad; en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su
servidumbre”. -Cabe señalar que el “ P r o y e c t o M a n h a t t a n ” , f u
e l a s u b r e p t i c i a investigación, puesta en marcha e incorporación de
las a r m a s n u c l e a r e s , p o r p a r t e d e l g o b i e r n o
norteamericano, dando validez a la terrible concepción de la “guerra total”,
que convertiría a la humanidad entera en “objetivo militar” con la complacencia
de unas “mayorías”, que se creen salvadas de males mayores gracias a la
irracional operación de un poder imperial que con las bombas de Hiroshima y
Nagasaki, fehacientemente impuso su dominio global-. Tema este que, más allá de
las simples encuestas pagadas y direccionadas, por los gobiernos, como lo
señalara Huxley, aparece hoy ampliamente publicitado y ponderado con películas
como “Oppennheimer” del año 2023, muy seguramente, bajo el control de los
organismos gringos de vigilancia y direccionamiento “cultural” que ellos mismos
imponen planetariamente-.
Luego vendría la
novela "1984", de George Orwell publicada hace precisamente 75 años,
en 1948, una obra clave para entender los mecanismos de vigilancia, control y
represión en que se sustentan esos "diversos" Estados-espectáculo que
publicitan los "derechos" y las obligaciones de esas ignorantes
montoneras humanas que suelen denominar
"La ignorancia
es la fuerza, la libertad es la esclavitud, la guerra es la paz...". Estas
consignas, por paradójico que parezca, por irracionales, aterradoras y
absurdas, al estar cargadas de contradicciones, incongruencias e incoherencias,
constituyen ya hoy en día, la base sustantiva del quehacer gubernamental de los
Estados contemporáneos, llámense totalitarios, autoritarios, despóticos o
graciosamente "democráticos"...
E l " d o b l e
p e n s a r " , e s d e c i r e l d e f e n d e r simultáneamente un
planteamiento, una idea y su contraria u opuesta, sin perder la cordura; la
"Policía del Pensamiento", encargada de establecer una especie de
ingeniería conductual o "pensamiento único"; el "Ministerio del
Amor", atento a la angustia y la desesperación de las masas; la constante
adulteración de la historia según los intereses de los gobernantes, la
persecución y aniquilamiento de todo contradictor o disidente, bajo la presunta
validez de las horas, los días y las semanas del odio, programadas y promovidas
por los acuciosos medios de información; el permanente espectáculo electoral
que se presenta como todo un ritual de consulta popular, mientras de manera
subrepticia se alcanzan los "acuerdos" entre los distintos grupos o
empresas electoreras disfrazadas con falsas ideologías y falsos " p r o g
r a m a s " , p a r a p e r p e t u a r s e fi n g i e n d o
contradicciones inexistentes entre ellos.
Toda esa farsa, toda
esa impostura y fingimiento que establece el "Gran Hermano" que
vigila, direcciona y castiga, ya hace rato que lo estamos viviendo y padeciendo
en el mundo moderno, en las abigarradas sociedades de masas de hoy, sumergidas en
unas deletéreas condiciones de existencia que las acerca a una animalidad
satisfecha; sociedades centradas en la manipulación lograda gracias a los
cotidianos espectáculos, a la ponderación de estúpidos ídolos del
"deporte", a la farandulería carente de toda dimensión estética y a
la "Infocracia", mediante la cual "el discurso se sustituye por
los datos. El procesamiento algorítmico del big data tiene que incluir a la
población. Los dataístas incluso afirmarían que la inteligencia artificial
escucha mejor que los humanos", llegando a conseguir que quien ofrezca
mejor espectáculo ganará en las farsas electorales, como, con tanta precisión,
lo denuncia Byung-Chul Han en su obra “Infocracia: La
digitalización y la crisis de la democracia”, publicada en el año 2022.
Debemos entender, en
todo caso, como nos lo aclara Byung-Chul Han que “En el estado de vigilancia de
George Orwell el Gran Hermano garantizaba una visibilidad constante: ´Big
Brother is watching you´. En el régimen de la disciplina, las medidas de localización
espacial
como el confinamiento
y el aislamiento, garantizan la visibilidad de los sometidos”, visibilización,
localización o detección lograda gracias a la propia
contribución de los
mismos vigilados, ya que ellos en las llamadas “redes sociales”, como queriendo
ponerse en venta, orgullosamente se desnudan; exponen con entusiasmo sus
supuestas “virtudes” y excelencias; quieren mostrar sus particularidades y
hasta sus intimidades. Se debe entender, asimismo que, Un mundo feliz de
Huxley, está en muchos aspectos más cerca de nuestro presente que el Estado de
vigilancia de Orwell, ya que la gente vive obnubilada por la diversión, el
consumo y el placer. Pues, “la obligación de ser feliz domina la vida”.
Los tiempos que
corren hacen necesario mantenernos alerta porque el Gran Hermano
permanentemente nos vigila y controla, desde los llamados medios de
comunicación, las redes sociales y demás artificios, haciéndonos creer que
representa el llamado Nuevo Orden Mundial, es decir, el mejor de los mundos
posibles, ese Estado Mundial que predijera Huxley, una "democracia
auténtica" que en realidad es fascismo, aceptado y promovido por unas
"mayorías", simples recuas de sujetos sometidos que ya entendieron
que "La ignorancia es la fuerza, la libertad es la esclavitud y la guerra
es la paz...".
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DE LA UTOPÍA AL AUTORITARISMO |
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- Premisas para la posible realización de la
utopía .......... |
1 |
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- Las peliculas
.................................................................. |
9 |
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- Heinrich Mann
............................................................. |
10 |
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- Profesor Unrat (El ángel Azul)
....................................... |
11 |
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- Esplendor y miseria de un pedagogo
.............................. |
12 |
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- El Súbdito
...................................................................... |
20 |
|
- Klaus Mann
................................................................... |
25 |
|
- Mefisto
.......................................................................... |
27 |
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- El Conformista
.............................................................. |
33 |
|
- El Portero de Noche
....................................................... |
38 |
|
- El escándalo de “el portero de noche”
............................ |
39 |
|
- Saló - o los 120 días de Sodoma -
................................... |
47 |
|
- La Ola
........................................................................... |
51 |
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INDIVIDUO Y ESTADO |
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Miedo, Marginalidad y guerra |
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- De la utopía a la distopía
................................................ |
54 |
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- Utopías y antiutopías
..................................................... |
55 |
|
- La utopía y la razón de los vencidos
............................... |
57 |
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- 1984
.............................................................................. |
62 |
- El
doblepensar.................................................................... 64
- Sin Novedad en el
Frente.................................................. 68
- Erich Maria
Remarque..................................................... 70
- Un duro alegato
antibelicista............................................ 71
- Johnny Cogío su
Fusil....................................................... 76
- Dalton Trumbo, guionista en el
recuerdo....................... 77
- La falacia liberal ante los
refugiados y los imigrantes 86
- El
odio................................................................................. 89
- Hijos del
Hombre............................................................... 94
- El choque de la civilización y el fin
de la historia........ 96
- Literatura distópica y sociedad
actual

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