© Libro N° 13576. Fundamentos De La Escuela
Del Trabajo. Pistrak, M. Emancipación. Marzo
8 de 2025
Título Original: ©
Fundamentos De La Escuela Del Trabajo. M. Pistrak
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Fundamentos De La Escuela Del Trabajo. M. Pistrak
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© Edición,
reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
FUNDAMENTOS DE LA ESCUELA DEL TRABAJO
M. Pistrak
(1888 - 1940)
Fundamentos
De La Escuela Del Trabajo
M. Pistrak
(1975)
ANTOLOGÍA PARA EL MAESTRO
Presentación
Un movimiento Pedagógico está en marcha entre nosotros, con la
resistencia colectiva, el esfuerzo cotidiano y la voluntad de hacer del proceso
educativo un acto de
creatividad y realización humana, dando vida a los
gérmenes de la nueva escuela. En nuestras iniciativas en ciernes, descansa la
posibilidad de trascender la reproducción rutinaria y crítica de los planes
predeterminados por los centros de poder financiero transnacional, por las
autoridades educativas y en los últimos años por las corporaciones que
como franquicias gratuitas tienen en nuestras escuelas un mercado
cautivo con grandes ganancias aseguradas.
Junto a la ofensiva contra el normalismo y la
desaparición de las licenciaturas en educación preescolar y primaria en
la UPN, es decir a la desprofesionalización del magisterio,
se han impuesto en la escuela nuevos niveles de pragmatismo, conductismo e
instrumentalismo, como elementos de una estrategia de destrucción de la docencia.
La tarea de reproducir pautas, conocimientos dados como verdades absolutas que
no admiten réplica porque así lo dice el programa computarizado hecho por
alguien desconocido y hasta enigmático, el hastío de la rutina, de
hacer todos los días lo mismo, inhibe el hábito de estudio,
el gusto de leer, la capacidad de asombro, la actividad indagatoria, el deseo
de descubrir, de conocer y de transformar. Otros planean por nosotros, preparan
clases, formulan lecciones, elaboran exámenes, definen
parámetros de evaluación en función del tipo de sociedad que les interesa
formar; nos suplantan paulatinamente intentando reducir nuestra labor a ser
sólo interventores o facilitadores educativos.
La reforma educativa neoliberal tiene como una de sus líneas
estratégicas, desarmar al docente del conocimiento de la cultura
universal, del manejo racional de la ciencia, pero sobre todo despojarlo de
siglos de cultura pedagógica, cuya semilla viene de esa vocación de nuestros pueblos
originarios, de cultivar a sus nuevas generaciones en una
relación de respeto con la naturaleza y con sus semejantes,
de amor al trabajo creador y creativo, de búsqueda incesante de respuestas a
los fenómenos sociales y naturales, disposición a la participación activa y consciente en la organización y las actividades comunitarias. Aunque la ofensiva
es gigantesca y envolvente, no estamos derrotados, la batalla de las ideas no está terminada.
Nuestro Movimiento Pedagógico en marcha es la reserva
ética y cultural de los educadores populares; es la braza
que se niega a extinguirse, es la memoria histórica que nos
convoca a la coherencia y a la consecuencia, a la acción y
la recuperación del derecho a conocer y a pensar. Nunca
serán suficientes o plenos nuestros saberes para entender
el mundo y transformarlo, para ir al ritmo del desarrollo cultural,
construyendo la trascendencia, lo inédito, y en ello y con ello forjando las
nuevas generaciones. Con esta Antología, pretendemos promover el diálogo-debate
con planteamientos que problematizan las razones de educar, las tareas de
la escuela y de los educadores, en contraste con nuestra práctica concreta;
como acto de repensar y en su caso de reformular nuestros saberes.
Esta Antología forma parte de la Biblioteca del Maestro, que pretendemos
colectivamente integrar, convencidos de que necesitamos bastos saberes para
construir una nueva perspectiva económica, política, social y educativa,
es decir, para ir delineando el horizonte de la patria justa, libre
y democrática.
Fundamentos de La Escuela del Trabajo
Pistrak
"¿Qué tipo de hombres en la etapa revolucionaria en que vivimos
actualmente (y que será probablemente muy larga) exige de nosotros la sociedad?
A la pregunta podemos darle la siguiente respuesta: La fase en que vivimos es
una época de lucha y de construcción que se hace de abajo hacia arriba, y que
sólo será posible y benéfica en la medida en que cada miembro de la sociedad
comprenda claramente lo que es preciso construir y cómo es preciso hacerlo. La
solución del problema exige la presencia y el desarrollo de las siguientes
cualidades:
1) Aptitud para trabajar colectivamente y para encontrar
espacio en un trabajo colectivo.
2) Aptitud para analizar cada problema nuevo como organizador.
3) Aptitud para crear las formas eficaces de
organización." PISTRAK
INDICE:
Presentación 7
Prefacio del autor 13
Teoría y práctica 15
La escuela del trabajo en la
fase de transición------------ 19
El trabajo en la escuela------------------------------------------ 29
La enseñanza 69
La auto-organización de los alumnos----------------------- 99
PRESENTACIÓN
M. M. Pistrak (1888-1940) fue un educador del pueblo ruso. Sobre su
biografía casi no existen registros. Lo que sabemos es que sus
reflexiones pedagógicas, elaboradas a partir de su propia
práctica de profesor y de militante socialista, tuvieron mucha influencia en la
educación de la República Soviética, especialmente al final de la década de
este siglo
XX que se despide, en pleno proceso de la construcción de
la sociedad revolucionaria. En una fase posterior, bajo la conducción
stalinista, la obra de Pistrak dejó de ser
divulgada, lo que tal vez explique por qué sabemos tan
poco sobre él.
Pistrak es considerado un seguidor de ideas políticas y
pedagógicas de Nadezhka Krupskaya, compañera de
Vladimir I. Lenin, y junto con él una de las grandes dirigentes del
proceso revolucionario de octubre de 1917. Krupskaya fue una de las primeras
pedagogas marxistas, y participó activamente en la construcción de lo que sería
un sistema público de educación vinculado al proyecto de la sociedad
socialista.
Fue también contemporáneo de Antón Makarenko, de Pavel Blonsky, de
Vassili Lunatcharsky y de Vassili Sujomlinsky, grandes educadores y pedagogos
ligados a este proyecto. Cada uno con sus prácticas, estudios y reflexiones,
y también con algunas polémicas entre sí, ayudaron a construir lo que
hoy se conoce en la historia como una pedagogía socialista: una
pedagogía centrada en la idea del colectivo y vinculada al movimiento más
amplio de transformación social.
La obra Fundamentos de la Escuela del Trabajo, escrita en
1924, después de una primera versión que circuló en Rusia un año antes, es
la única contribución de Pistrak que llegó
hasta nosotros, y que fue editada en lengua portuguesa.
Ella sistematiza su experiencia pedagógica en la conducción de la Escuela
Lepechinsky, y en el contacto con otras escuelas primarias de su época,
buscando traducir para el
plano de la pedagogía escolar los ideales, las concepciones,
los principios y los valores del proceso revolucionario inicial en la Unión
Soviética.
Su mayor contribución fue haber comprendido que para transformar la
escuela, y para ponerla al servicio de la transformación social no basta
alterar sus contenidos de la enseñanza. Es necesario cambiar el objetivo de la
escuela, sus prácticas y su estructura de organización y funcionamiento,
volviéndola coherente con los nuevos
objetivos de formación de ciudadanos, capaces de
participar activamente en el proceso de construcción de la
nueva sociedad. Esta visión de Pistrak, hoy ya incorporada
a diversas prácticas y reflexiones sobre la escuela, no era consenso entre los
pedagogos soviéticos de su época. La mayoría de ellos estaban más preocupados
en cómo modificar el programa de estudios de las escuelas de modo que fueran un
espacio de difusión de las ideas socialistas.
Fundamentos de la Escuela del Trabajo es un libro bastante
estudiado en los cursos de formación de profesores especialmente en las últimas
décadas. Los tres aspectos centrales de la obra de Pistrak que son objeto de
discusión de los educadores: las reflexiones sobre la relación entre la
escuela y el trabajo; la propuesta de auto -organización de los estudiantes; y
la organización de la enseñanza a través del sistema de complejos temáticos,
siendo este último el que llama más la atención, por la relación que tiene con
la
reflexión sobre los temas generadores, propuestos por
Paulo Freire.
Para que podamos hacer una interlocución pedagógica con Pistrak hoy, es
necesario disponerse a entender su pensamiento, así como su lenguaje, en el
contexto en que fue elaborado. O sea, leer a Pistrak pensando en lo que
significó para él y para otros pedagogos de este mismo movimiento político
pedagógico, estar discutiendo sobre pedagogía escolar, en un momento
post-revolucionario, en que los esfuerzos se concentraban en el objetivo de
consolidar una revolución, a través de dos tareas básicas: la reconstrucción de las organizaciones sociales y del Estado;
y la lucha permanente contra la reacción
capitalista mundial y las fuerzas reaccionarias internas al propio
bloque de países que componían, en aquella época, la llamada Unión Soviética.
Es en este contexto que se puede comprender por qué Pistrak
identifica, dos aprendizajes principales que se
deben esperar de los educandos: saber luchar y saber construir. Es
también en este contexto que se comprende por qué discutir sobre una escuela
del trabajo y por qué definir como sus dos grandes fundamentos: las
relaciones de la
escuela con la realidad actual y la auto-organización de los
estudiantes. La gran preocupación de Pistrak era cómo la escuela podría ayudar a consolidar la revolución socialista,
y para esto lo fundamental que veía era la formación de los
sujetos desde este proceso, no en el futuro, sino en el presente. Para Pistrak,
los niños y los jóvenes tenían un lugar destacado en la construcción de la
nueva sociedad soviética. Pero para esto necesitaban ser educados al mismo
tiempo con mucha firmeza ideológica y política en los principios y valores de
la revolución, y con mucha
autonomía y creatividad para ayudar a recrear las prácticas
y las organizaciones sociales.
En este sentido, la obra de Pistrak no debe ser leída como un
manual más, sino como el registro de un proceso de construcción pedagógica, o
construcción de una pedagogía social, como él mismo decía. La
actualidad de la obra de
Pistrak está especialmente en el diálogo que se puede
hacer en torno a las cuestiones que movieron su práctica y su pensamiento
pedagógico. Estas cuestiones, tal vez más que respuestas dadas, continúan
siendo retos extremadamente actuales. La principal de ellas dice cómo vincular
la vida escolar, y no sólo en el discurso, con un proceso de transformación
social, haciendo de ella un lugar de educación del pueblo para que se asuma
como sujeto de
construcción de la nueva sociedad. ¿Hay cuestión más
actual para todos los que estamos discutiendo un proyecto popular para el país?
Las reflexiones de Pistrak sobre la escuela forman parte de un
movimiento pedagógico muy fecundo, porque está inspirado y es inspirador de
prácticas sociales que no
comienzan ni terminan en la escuela en sí misma. En este
sentido hay algunos legados que se pueden extraer de su obra en su propio
tiempo, y que sirven como interlocución para nuestra práctica de
educadores. Me gustaría destacarlas en una pequeña síntesis:
1.- Pensar y hacer una escuela que sea educadora del pueblo.
En aquel momento de transición, donde todo estaba siendo reconstruido,
estaba claro que para los dirigentes, -Y Lenin especialmente defendía esto,- de
que la escolarización del pueblo era la base de las transformaciones culturales
necesarias en el proceso de construcción colectiva de la nueva sociedad. Sin un
proceso educativo intencional del Estado Soviético el pueblo podría quedar
alienado del movimiento de transformación y entonces la revolución no se
consolidaría. Pistrak fue uno de los educadores de este período que se impuso
como reto reconstruir también la
escuela, de modo que dejase de ser un espacio de las
elites, y fuera en cambio un lugar de formación del pueblo, todo el pueblo,
preparándolo para una actuación social más activa y crítica. La Escuela del
Trabajo de Pistrak es la escuela de los trabajadores, de la clase trabajadora,
vista como sujeto social de la revolución, y con demandas de educación propias
de este desafío histórico.
2. Educación es más que enseñanza.
Pistrak defendía que era necesario superar la visión de que la
escuela es solo un lugar de enseñanza, o de estudios de contenidos, por más
revolucionarios que éstos sean. El dijo: es necesario pasar de la
enseñanza a la educación; de los programas a los planos de vida. O
sea, en su propuesta pedagógica la escuela solamente atiende los objetivos de
educación del pueblo, si consigue relacionar los diversos aspectos de la vida
de las personas. Decía que la escuela necesitaba volverse un centro de
vida infantil, donde el trabajo, el estudio, las actividades culturales y
políticas formaran parte de un mismo programa de formación, y que la escuela
debería ser lo suficientemente dinámica para ir
ajustando este programa a las necesidades de los
educandos y de los procesos sociales en cada momento.
3.- La vida escolar debe estar centrada en la actividad productiva.
Esta es una de las grandes lecciones que podemos interpretar de su
obra. En la medida en que la
escuela asume la lógica de la vida, y no de una supuesta
preparación teórica para ella, es necesario romper con una pedagogía de la
palabra, centrada en el discurso y en el repaso de contenidos (diríamos, una
pedagogía "de la saliva y del gis") y construir una pedagogía
de la acción. En la Escuela del Trabajo de Pistrak los niños y los jóvenes
se educan produciendo objetos materiales útiles, y prestando servicios
necesarios a la colectividad. A través de estas actividades productivas es que
buscan desarrollar un estudio más profundo y significativo de la
llamada realidad actual, al mismo tiempo que van aprendiendo
habilidades, comportamientos y posturas necesarias para su desarrollo humano, y
su integración social.
4.- La escuela necesita vincularse al movimiento social y al mundo del
trabajo.
No se trata pues, de construir en la escuela una vida
aparte, con actividades que sean meros artificios
didácticos. Pistrak decía que una escuela-laboratorio nunca
conseguiría sustituir a la realidad palpitante de la vida. Por
esto su pedagogía incluía algunos aspectos fundamentales
en esta perspectiva: el trabajo social de la escuela, el desarrollo de los
estudiantes mayores en actividades productivas de la sociedad en general, la
preocupación por la apropiación del conocimiento de la ciencia del trabajo
y de su organización, el vínculo de la auto-organización de los educandos en la
escuela con el llamado movimiento de los pioneros, o con el
movimiento de la Juventud Comunista,
que fueron las formas organizativas construidas en la
época, para una participación activa y específica de los niños y los
jóvenes en la construcción de la sociedad socialista.
5.- La auto-organización de los educandos como base del proceso
pedagógico de la escuela.
Pistrak argumentaba que esta era una gran transformación histórica a ser
realizada en la escuela: la participación autónoma, activa y creativa de los
niños y jóvenes, de acuerdo con las condiciones de desarrollo de cada edad, en
los procesos de estudio, de trabajo y de gestión de la escuela. Por
auto-organización Pistrak entendía la construcción de colectivos infantiles o
juveniles a partir de la necesidad de realizar determinadas acciones
prácticas, que pueden empezar con la preocupación de garantizar la higiene de
la escuela, y llegar a la participación efectiva en el Consejo Escolar,
ayudando a elaborar los planes de vida de la escuela. O sea la
auto-organización de los niños no
debe ser vista como un juego, sino como una necesidad,
una ocupación seria de quien está encargado de las responsabilidades sentidas y
comprendidas. El gran objetivo pedagógico de esta cooperación infantil
consciente era efectivamente educar para la participación social igualmente
consciente y activa. La valoración era que solamente teniendo un espacio propio
de organización, no tutelado, sino acompañado por los educadores, los educandos
efectivamente se asumirían como sujetos de su proceso educativo. Observaba
entonces que el colectivo infantil no podría ser algo impuesto, pero sí
una construcción de abajo hacia arriba, a partir de una intencionalidad
pedagógica gradual, y que produjese el involucramiento real de los niños.
El vínculo con las organizaciones políticas más amplias, a su vez, garantizaría
la unidad con los objetivos, principios y valores de la revolución.
6.- Pensar en la manera de desarrollar una enseñanza que
sea coherente con el método
dialéctico de interpretación de la realidad.
La opción construida por Pistrak fue lo que llamó sistema
de los complejos, que en verdad, era para él más que un método de
enseñanza; era un intento de organizar el programa de la escuela pensando en la
dimensión del estudio íntimamente ligada al trabajo técnico, a la auto-
organización de los educandos, y al trabajo social de la
escuela. Se trata de organizar la enseñanza a través de
temas socialmente significativos, y a través de ellos
estudiar la dinámica y las relaciones existentes entre aspectos diferentes de
una misma realidad, educando así a los estudiantes para una interpretación
dialéctica de la realidad actual. Y a medida que se consigue establecer
vínculos entre varias dimensiones de la vida escolar,
podemos tener estudios desdoblados en acciones, y
acciones produciendo necesidades de estudio. También podemos garantizar que
sean los propios colectivos de estudiantes los que aseguren la organización necesaria para
las actividades de enseñanza e investigación. En su libro Pistrak hace un
desarrollo didáctico detallado de todo este sistema, que hoy ya tiene
diferentes experiencias prácticas de interpretación. La lección principal es la
que afirma que es posible y necesario encontrar formas de sustituir la
enseñanza libresca y academicista, por una enseñanza realmente preocupada por
el estudio de la realidad y de su transformación. Es decir la relación entre los temas a ser estudiados, la forma de hacer este estudio,
y sus relaciones con el conjunto de las prácticas que constituyen la vida de
una escuela.
7.- Sin teoría pedagógica revolucionaria no hay práctica pedagógica
revolucionaria.
Según Pistrak, quienes deben construir la nueva escuela son los
educadores, junto con los educandos y sus
comunidades. Pero para esto los educadores no pueden ser
tratados como meros ejecutores o seguidores de manuales
simplificados. Deben ser estimulados y preparados para dominar las teorías
pedagógicas que permiten reflexionar sobre la práctica de tomar decisiones
propias, construyendo y reconstruyendo prácticas y métodos de educación.
En
este sentido Pistrak demuestra en su obra que fue ejemplo
de lo que defendía. Como educador buscó mejorar su práctica a través del
estudio riguroso de la dialéctica marxista, y también de las diversas teorías
pedagógicas discutidas en su época. No sólo construyó una nueva práctica, sino
también elementos de una nueva teoría
pedagógica de inspiración socialista y marxista.
Estas lecciones, que ciertamente no agotan el legado pedagógico y
político de Pistrak, pueden servir como referencia para nuestra interlocución
con su obra y, principalmente para la reflexión sobre nuestra práctica de
educadores, o para la observación de las escuelas y otros espacios de educación
que conocemos. Tenemos la responsabilidad humana y social con el mejoramiento
efectivo de la educación del pueblo, y esto es lo que está en juego al hacer la
lectura y relectura de libros como éste.
Porto Alegre, mayo de 2000 Roseli Salete Caldart.
PREFACIO DEL AUTOR *
En este libro incluí conferencias, intercambio de opiniones, relatorías
concernientes a la educación social, realizados en reuniones o cursos de
actualización para profesores de educación primaria.
Por otro lado, se trata del resultado del trabajo práctico del autor en
la comunidad escolar subordinada al Narkompross (Comisariado de Instrucción
Pública) también llamada Escuela Lepechinsky. Por tanto, el libro no es un
manual puramente práctico, sino, es antes
que todo, la expresión de la doctrina de la pedagogía social que
se desarrolló y probó su validez a través del trabajo práctico y de los
problemas que el puso en cada momento a la escuela.
Cuando empezamos el trabajo de la escuela, con un
grupo de compañeros pedagogos, no teníamos ni el programa ni
la base teórica precisa que habrían sido necesarios para resolver los
problemas; no sabíamos muchas veces exponerlos ni formularlos, y tampoco nos
dábamos cuenta de la existencia de determinadas dificultades concretas.
Pero teníamos una voluntad apasionada de estudiar, como marxistas, las
cuestiones pedagógicas fundamentales y de educar a nuestros niños en el
espíritu comunista. En la medida en que procurábamos este objetivo general,
enfrentando las dificultades prácticas, fuimos descubriendo toda una serie de
ideas de pedagogía social: y ellas se fueron volviendo cada vez más
sólidas en el proceso de nuestra lucha y de los encuentros que tuvimos con los
maestros de educación primaria en diversos momentos y en
diferentes lugares, permitiendo que tomáramos conciencia de la experiencia de
otras escuelas y demás instituciones infantiles.
Como autor de este libro, me limité a formular, a sintetizar ideas
fundamentales para el público: mis compañeros de trabajo, en ciertos espacios,
podrán encontrar sus pensamientos, palabras, y en ciertos momentos,
sus fórmulas.
Sentí la necesidad de escribir el libro no solamente porque
el traduce el pensamiento de algunos de mis compañeros de trabajo, de un grupo
de pedagogos marxistas, sino también porque el contacto permanente con los
maestros de primaria me convence cada vez más de que nuestras ideas son
comprendidas por el maestro soviético, son
accesibles a él, faltando sólo una formulación precisa de las
propias ideas.
Por eso me vi obligado a escribir el libro de prisa: y así, en muchos
momentos, falta claridad y precisión en la redacción, lo que provoca que
la esencia de nuestra concepción no sea integralmente desarrollada.
Algunas veces me vi obligado a limitarme a la exposición de una serie
de ideas, en vez de dedicarme al estudio profundo de la concepción de la
escuela, como habría sido deseable y necesario.
Agosto de 1924. PISTRAK
* El texto de la actual edición francesa es el texto de la segunda
edición rusa (1925) corregido y resumido por el autor. (Nota del editor
francés).
TEORÍA Y PRÁCTICA
En reuniones que tuve en los últimos años con muchos compañeros en
congresos, conferencias, cursos, debates, etc., siempre observé un mismo
fenómeno: el maestro de primaria procura ávidamente respuestas detalladas a una
parte de cuestiones prácticas, metodológicas, didácticas y otras. "¿Cómo
actuar en este caso?". "¿Cómo aplicar ésta o aquella parte del
programa?". "¿Cómo organizar en la escuela éste o aquel
trabajo?", etc.
Estudiando centenares de preguntas hechas por escrito a
los relatores en diferentes lugares, se percibe fácilmente que el grueso de los
maestros se apasionen principalmente
por cuestiones prácticas; pero la teoría los deja indiferentes,
fríos, par no hablar de estados de ánimo todavía menos receptivos.
En principio, no son hostiles en relación a la teoría: la indiferencia
de la mayoría de maestros en relación a nuestra pedagogía teórica es simple
consecuencia del hecho de que ésta se basa aun en las antiguas teorías
pedagógicas que nos fueron transmitidas por los pedagogos
reformistas pequeño-burgueses, de la escuela progresista de Alemania o de
América.
Todavía son populares entre nosotros las concepciones de
Kerschensteiner, de Ley, de Duy, de Scharrelman y de otros más; aparecen lado a
lado con las nuevas concepciones relativas a la escuela soviética del trabajo.
Las innovaciones introducidas entre nosotros son consideradas como correcciones
inevitables debidas a la revolución, pero no pasan de simples correcciones de
las verdaderas teorías pedagógicas, sin que las correcciones puedan alterar los
principios de estas teorías. De ahí deriva un amplio eclecticismo y la certeza
aparente de que la teoría necesaria es conocida y asimilada hace ya mucho
tiempo.
Por otro lado, la mayoría de los maestros considera a la teoría como una
creación autónoma de la psicología, de la
pedología y de la pedagogía experimental, como un sistema
independiente objetivando su propio desarrollo sin relación con la
práctica.
La mayoría de los maestros no tienen una conciencia clara
del hecho de que la pedagogía marxista es y debe ser,
antes que nada, una teoría de pedagogía social, ligada al desarrollo de los
fenómenos sociales actualmente dados e interpretados desde el punto de vista
marxista.
"Nuestro trabajo en el dominio escolar consiste en derribar
a la burguesía, y declaramos abiertamente que la escuela fuera de la vida,
fuera de la política, es una mentira y una hipocresía", así hablaba Lenin
en el Primer Congreso de Enseñanza (25 de Agosto de 1928).
"En toda la línea de la educación, nos parece imposible
conservar la antigua concepción de una educación
apolítica; nos parece imposible poner el trabajo cultural fuera de la
política".
"Esta concepción dominaba y domina la sociedad burguesa,
pero la idea de una educación apolítica o neutra no pasa de
una hipocresía de la burguesía, un medio de engañar a las masas. La burguesía
dominante en los países capitalistas entretiene cuidadosamente este
engaño".
"En todos los estados burgueses, son muy íntimas las
relaciones entre el aparato político y la enseñanza, aunque
la sociedad burguesa no pueda ¡reconocerlo (subrayado por
el autor); entre tanto, esta sociedad educa a las masas a través de la iglesia
y por intermedio de todas las organizaciones que se basan en la propiedad
privada."
"No podemos dejar de plantearnos francamente la cuestión,
reconociendo, abiertamente, a pesar de las viejas mentiras, que la
educación no podría ser independiente de la política." (Lenin,
discurso en la Conferencia de los educadores políticos 3-12-1920).
Bastan estas pocas líneas en que, como de costumbre,
Lenin expone este punto brutal, clara y simplemente, para
comprender que no podemos actualmente poner ningún
problema escolar abstraído de las cuestiones de política general.
Mientras tanto, frecuentemente aún, usamos arcaísmos pedagógicos sin
someterlos a un análisis cuidadoso. Admitimos una serie de "axiomas"
heredados del régimen pre-revolucionario, y los aceptamos como la
verdad absoluta, y sólo tratamos de adaptarlos a las
necesidades revolucionarias.
Es evidente que el maestro ruso, que hasta ayer consideraba las
tendencias pedagógicas americana y reformista europea como innovadoras, acepte
sin una crítica seria estas tendencias supuestamente nuevas;
contra esto es que debemos luchar.
Para trabajar en forma útil y con éxito en la nueva escuela soviética,
es fundamental comprender lo siguiente:
Primero, sin teoría pedagógica revolucionaria, no puede
haber práctica pedagógica revolucionaria. Sin una teoría de
pedagogía social, nuestra práctica nos llevará a una acrobacia sin finalidad
social utilizada para resolver los problemas pedagógicos en base a las
inspiraciones del momento, caso a caso, y no con base en concepciones sociales
bien determinadas.
Es necesario desconfiar y enfrentar con certeza los antiguos valores,
toda la enseñanza debe sufrir una revisión de
valores a la luz de la pedagogía social, justificada en
función de la escuela soviética. Sin una justificación previa de este tipo, es
imposible preguntar, por ejemplo, cómo debe ser impartida esta o aquella
materia.
Porque, antes de hablar sobre métodos de enseñanza específicos de
cualquier disciplina, es preciso en primer lugar, demostrar por qué ella es
necesaria; después, con base en las respuestas, definir cuáles deben de ser
enseñadas y sólo después habrá que atender el problema
del método adecuado. Y se puede tener la certeza de que la respuesta a la
cuestión de saber si tal o cual materia son
necesarias y por qué lo son, será completamente diferente
nuestra escuela de lo que se estipulaba en la antigua escuela.
Constatamos entonces, a propósito de los problemas de la vida escolar,
que sólo la teoría nos da el criterio indispensable para optar, evaluar y
justificar todo lo que hacemos en la escuela. El educador que no dispone de
este criterio no podrá trabajar de forma útil en la escuela; el se perderá sin
encontrar el camino, sin guía, sin saber el objetivo a ser alcanzado.
En segundo lugar (y en consecuencia de lo que ya fue dicho), la
teoría marxista debe ser adoptada como una nueva arma capaz de garantizar
la transformación de la escuela, y es preciso adoptarla sin modificaciones en
la práctica de todo trabajo escolar.
El objetivo fundamental de la re-educación, o simplemente, de la
educación del maestro, no es proporcionarle un conjunto de indicaciones
prácticas, sino armarlo de manera que él mismo sea capaz de crear un buen
método, basándose en una teoría sólida de pedagogía social; el objetivo es
encaminarlo a la senda de esta creación.
Este método, ¿no es natural por el simple hecho de que nuestra escuela
está viva, es activa, y no académica ni escolástica? No podemos aplicar las
mismas reglas a todas las condiciones escolares: sería un
comportamiento contrario a la propia esencia de nuestra escuela. Pero, si
esto es verdad, es evidente que un buen método para una escuela sería tal vez,
malo para otra; es necesario, por lo tanto, desarrollar en el maestro, a toda
costa, la aptitud para la creatividad pedagógica; si
no, será imposible crear la nueva escuela.
En la mayoría de los casos, según algunos autores, los
pedagogos no son creativos, sino artesanos. No se les
puede exigir una invención creadora. Pero esta opinión no nos parece inexacta.
Todo hombre es más o menos creativo, y es cierto que, en una colectividad,
todos somos creativos.
Es claro que un maestro aislado, abandonado a sí mismo,
no encontrará nunca la solución indispensable al problema
al cual se enfrenta; pero si se trata de un trabajo colectivo, de
análisis colectivo del trabajo de una escuela, el esfuerzo no dejará de ser un
trabajo creador, y esto ya fue probado por la experiencia de las reuniones
regionales de maestros de primaria.
En tercer lugar, la teoría pedagógica comunista sólo se volverá activa y
eficaz cuando el mismo maestro asuma los valores de un militante social activo.
Para esto el antiguo régimen no nos preparó: en vez de conocimientos sociales
exactos, recibimos muchas nociones escolásticas inutilizables y quedamos
abrumados con su peso, que nos empuja hacia atrás, impidiéndonos crear
libremente y liberarnos de los preconceptos nocivos.
Necesitamos tener esto en consideración en el programa de reeducación y
ya desde hace tres años, la mitad del tiempo de trabajo esta dedicada a la
preparación sociológica de los maestros.
En relación a esto, es necesario dejar claro que, independientemente de
los resultados generales dados por la re-educación de los maestros o por
su co-educación los resultados de su educación marxista serán buenos. Y el
conocimiento del método marxista debe significar más de la mitad del
conocimiento de la teoría y las concepciones comunistas sobre la educación.
Es necesario que cada educador se
vuelva un militante social activo; se trata de una obligación no sólo
del maestro de primer grado (ya convencido de esta necesidad), no sólo del
profesor responsable del curso de sociología en la escuela de segundo
grado (esto es obvio), sino también de cualquier especialista: matemático,
físico, químico o naturalista . Dentro de uno o dos años, la experiencia
demostrará que, sin esta condición, será imposible trabajar en el seno de la
nueva escuela.
¿"Pero dónde está, entonces, esta teoría comunista de la
educación"?, se preguntará el lector". "O su libro no formula
una teoría que sea sólida, rigurosa y clara." Nuestro objetivo no es formular esta teoría: sólo ahora es que ella
comienza a surgir para nosotros, en el contexto de nuestra práctica
escolar guiada por el marxismo. Todavía no está escrita y apenas empieza a
hacerse sentir. Este libro no pretende formular una exposición al respecto, se
trata solo del resultado de la práctica pedagógica y de la perspectiva de
divulgar una experiencia determinada. En el libro, intentamos poner una serie
de cuestiones escolares,
escogidas entre los más importantes, analizándolos desde e
l punto de vista de nuestros objetivos pedagógicos. No pretendemos dar las
respuestas; y mucho menos pretendemos resolver los problemas. Nos
limitamos a formularlos, seguros de que será más fácil resolverlos con una
exposición más clara."
LA ESCUELA DEL TRABAJO EN LA FASE DE TRANSICIÓN.
¿Qué es la escuela del trabajo? ¿Qué debe ser actualmente, durante la
fase revolucionaria de la dictadura del
proletariado cercada por la dictadura imperialista? Esta es
la única manera posible de formular la cuestión pedagógica.
En la medida en que la escuela no es un fin absoluto,
tampoco puede tener finalidades educacionales absolutas,
y por eso mismo no tendría condiciones de crear una individualidad
armónica abstracta, basándose en métodos invariables dictados por la ciencia de
los niños (psicología y paidología) para realizar sus objetivos. La escuela
reflejó siempre su tiempo y no podría dejar de reflejarlo; siempre estuvo al
servicio de las necesidades de un régimen social determinado y, si no fuese
capaz de eso, habría sido eliminada como un cuerpo extraño inútil.
La escuela siempre fue un arma en las manos de las clases
dirigentes. Pero éstas no tenían ningún interés en revelar el
carácter de clase de la escuela: las clases dirigentes no pasaban de una minoría,
una pequeña minoría
subordinando a la mayoría a sus intereses, y es por eso que
se esforzaban por enmascarar la naturaleza de clase de la
escuela, evitando colaborar en la destrucción de su propia dominación.
Al contrario, uno de los problemas de la revolución social es
exactamente el demostrar la naturaleza de clases de la escuela en el contexto
de una sociedad de clases.
Desarrollar la educación de las masas, condición de la consolidación de
las conquistas y de las realizaciones revolucionarias, significa hacerlas
comprender sus intereses de clase, las cuestiones vitales y urgentes que
derivan de la lucha de clases, significa darles una conciencia más clara y más
exacta de los objetivos sociales de la clase victoriosa.
La revolución y la escuela deben actuar paralelamente, porque la escuela
es un arma ideológica de la revolución.
De esta forma debe formularse la cuestión de saber lo que debe ser la
escuela del trabajo.
¿Pero cómo encontrar respuesta a esta interrogante? ¿En
los embriones de escuela del trabajo que se formaron en Europa Occidental o en
América? ¿Habrá una relación de continuidad entre el ideal de los mejores
pedagogos reformistas de la burguesía y la escuela del trabajo soviética?
En la realidad, sólo se puede hablar de continuidad, desde punto de vista que
nos interesa: en la medida en que se establezca una continuidad entre el
régimen burgués y la revolución proletaria. Entre la escuela nueva y las mejores
escuelas antiguas hay apenas una continuidad dialéctica y revolucionaria, de la
misma forma que el nuevo régimen nace del antiguo, gracias a sus
contradicciones internas.
Ciertas concepciones, cierta terminología, ciertas formas
exteriores y secundarias pueden transmitirse de la antigua
a la nueva escuela; pero el objeto de la educación, su
organización, sus objetivos deben ser nuevos; las ideas y
los métodos relativos al trabajo, a la auto-dirección, que la nueva escuela
hereda de la pedagogía burguesa, deben ser esclarecidos, comentados e
interpretados bajo una nueva luz que se enraíza en los nuevos objetivos de
la educación, que a su vez, depende enteramente de los problemas y de los
objetivos de la construcción revolucionaria considerada en su conjunto .
La esencia de estos objetivos es la formación de un hombre que se
considere como miembro de la colectividad internacional constituida por la
clase obrera en lucha contra el régimen agonizante y por una vida nueva, por un
nuevo régimen social en el que las clases sociales no existan más. En términos
más concretos, es necesario que la nueva
generación comprenda, en primer lugar cuál es la
naturaleza de la lucha sostenida actualmente por la humanidad; y en segundo
lugar, cuál es el espacio ocupado por la clase explotada en esta lucha; en
tercer lugar, cuál es el espacio que debe ser ocupado por cada adolescente; y
finalmente, que cada uno sepa, en sus respectivos
espacios, sostener la lucha por la destrucción de las formas inútiles,
sustituyéndolas por una nueva edificación.
La educación comunista debe orientar a la escuela en función de estos
objetivos, tomándolos como base de su trabajo pedagógico.
Por lo tanto, en la base de la escuela del trabajo de la actual
fase deben encontrarse los siguientes principios:
1. Relaciones con la realidad actual;
2. Auto-organización de los alumnos.
En los últimos años, el pensamiento pedagógico comunista afirmó varias
veces lo que se debería entender por realidad actual. Repitámoslo rápidamente
una vez más. La realidad actual es todo lo que, en la vida social de nuestra
época, está destinado a vivir y a desarrollarse, todo lo que se agrupa
alrededor de la revolución social victoriosa y que sirva en la organización de
la vida nueva. La realidad actual es también la fortaleza capitalista asediada
por la revolución mundial. En resumen, la realidad actual es el
imperialismo en su última fase y el poder soviético considerado como ruptura
con el frente imperialista, como brecha en la fortaleza del capitalismo
mundial. (Definición de Schulguine).
Estos dos fenómenos deben ser estudiados como constitutivos de los dos
polos de la realidad actual; pero ésta debe ser comprendida con el
concepto de lucha en
torno a la ruptura, una lucha cada vez más amplia, cada
vez más profunda y cada vez más áspera hasta la victoria
de la revolución. Todo lo demás sólo puede ser calificado como los resquicios
en el seno de la realidad actual. Son las ruinas del pasado en el presente: el
telégrafo, la electrificación, la Internacional Comunista, las
comunicaciones aéreas Moscú-China, los acontecimientos en
China, todo esto es la realidad actual. La religión, el trabajo rural basado en
el arado manual, la rotación trienal, significan las ruinas del pasado.
El objetivo fundamental de la escuela es, por tanto,
estudiar
la realidad actual, penetrarla, vivir en ella. Esto no quiere
decir, ciertamente, que la escuela no deba estudiar la ruinas del
pasado: no, debe estudiarlas, pero con la
comprensión de que sólo son eso, ruinas del pasado y de
que su estudio debe ser iluminado a la luz de la realidad actual en el sentido
indicado arriba, a la luz de la lucha contra el pasado y de la transformación
de la vida que debe llevar a su liquidación.
Pero no basta estudiar la realidad actual; el lector dirá que toda y
cualquier escuela lo hace: la escuela debe educar a los niños de acuerdo con
las concepciones, el espíritu de la realidad actual; ésta debe invadir la
escuela, pero de una forma organizada; la escuela debe vivir en el seno de la
realidad actual, adaptándose a ella y reorganizándola activamente, esto nos
permite formular ciertas deducciones al respecto del carácter de la enseñanza
comprendida como el estudio de la realidad actual.
La primera deducción se relaciona con el objetivo de la
educación: nuestro concepto de la realidad actual nos
obliga a revisar el objetivo de la enseñanza tradicional, heredado de la
escuela antigua, y nos capacita a abandonar sin piedad toda una serie de
disciplinas, o aspectos del curso, siempre y cuando tornen difícil la
comprensión de la realidad actual, apartándose de las nociones esenciales sin
las cuales no se podría comprender la realidad actual. Esto no se
refiere sólo a la historia en general o a la historia de
la literatura: todo el mundo entiende la necesidad de modificar completamente
estas disciplinas; no se trata tampoco de negar simplemente las tendencias
"clásicas" de nuestra antigua escuela. Ahora se trata de una revisión
completa del propio objetivo de enseñanza, de la introducción en el programa de
los estudios necesarios, la correcta comprensión de la realidad actual, de la
introducción de nuevas disciplinas desconocidas para las
escuelas de hasta este momento: la concepción marxista
de los fenómenos sociales, el programa de historia
necesario para la comprensión de la explicación de la realidad actual, las
ciencias económicas, las bases de la técnica, los elementos de la organización
del trabajo, todo esto debe comenzar inmediatamente a formar parte de la
escuela; la enseñanza de las ciencias naturales, de la física,
de la química, deben ser concebidas de una forma diferente, con
visión a nuevos objetivos; el estudio de los fenómenos naturales será un punto
muy importante para su utilización en la industria y en la producción. La
antigua actitud contemplativa adoptada para estudiar las ciencias naturales
debe ser superada.
Las mismas matemáticas pueden deshacerse de todo lo que servia,
según los antiguos metodólogos, para pulir el cerebro y agilizar el
pensamiento (lo que las matemáticas elementales de la escuela antigua eran
precisamente incapaces de hacer); por otro lado, ellas recogerán en las
matemáticas superiores recopilarán todo lo que es esencial
en cualquier estudio de las ciencias naturales contemporáneas que, a la vez,
asumen en la nueva escuela: como ya afirmé, un carácter productivo.
La segunda deducción se refiere a los métodos de trabajo.
El objetivo que los alumnos deben atender no sólo se
refiere a estudiar la realidad actual, sino también dejarse impregnar por ella.
La consecuencia es que los antiguos métodos de enseñanza ya no sirven más, es
necesario estudiar los fenómenos en sus relaciones, su acción y la dinámica
recíprocas, es necesario demostrar que los
fenómenos que están aconteciendo en la realidad actual
son simplemente partes de un proceso inherente al desarrollo histórico en
general, es necesario demostrar la esencia dialéctica de todo lo que existe,
pero una demostración de este tipo sólo es posible en la medida en que la
enseñanza se concentre alrededor de grupos de fenómenos constituidos en objetos
de estudio; así la cuestión de la enseñanza unificada, de la concentración
de la enseñanza por complejos, se torna, en una cuestión
candente; el tema del método que ahora está en vigor no
es simplemente la de una cuestión de una asimilación
mejor y más completa de estos o aquellos estudios; se trata de un asunto que se
relaciona con la esencia del problema pedagógico, con el conocimiento de los
fenómenos actuales en sus relaciones y dinámica recíprocas, esto es, con la
concepción marxista de la pedagogía.
La investigación de los métodos de enseñanza unificada, el
asunto de la concentración de la enseñanza, apasionaron a
los pedagogos en los últimos años. Es una señal de los tiempos que vivimos.
Pero es necesario que las
investigaciones tengan una base teórica; es necesario saber
claramente porque se realizan, cuáles son los objetivos de
la enseñanza unificada, por qué ello es necesario. Respondemos que es necesaria
para poder educar a los combatientes al servicio de los ideales de la clase
obrera, de los constructores de la nueva sociedad.
El estudio del dinamismo, de los cambios, y de la acción recíproca de
los fenómenos lleva al problema de la enseñanza activa o pasiva, a la necesidad
de aplicar el principio
de investigación al trabajo escolar. Aquí también la
escuela busca arduamente nuevos caminos.
Nuestra concepción de base nos indica la dirección a seguir en las
investigaciones, y también el asunto del objeto de la enseñanza; nuestra
concepción, aquí también, nos permite proponer fundamentos sólidos, impidiendo
errores.
La tercera deducción se refiere a la educación en general. Todo el mundo
está de acuerdo en que es imposible separar la educación primaria de la
educación en general. Mientras tanto, no pensamos que estas dos partes del
trabajo pedagógico tengan la misma base socio-pedagógica, que el conjunto de
los objetivos sociales sea claro para el pensamiento pedagógico. Nuestro punto
de vista determina claramente este trabajo.
Refiriéndonos a la realidad actual, decíamos que era el imperialismo y
la URSS. Pero la escuela puede enfrentar el estudio de la realidad actual de
dos formas: o la estudia como un objeto exterior, sin determinar la propia
posición en relación a ella- y entonces tendremos una escuela de enseñanza
libresca; o por otro lado la escuela tomará posición frente a la realidad
actual, por lo tanto el presente será estudiado desde un punto de vista bien
determinado; entonces, y sólo entonces, la escuela será capaz de educar al
niño porque, le dará a cada alumno la posibilidad de
contestarse a la interrogante "yo, alumno, ¿qué espacio
debo ocupar en
la realidad actual, en la lucha que contiende
entre reacción y revolución, entre el pasado y el presente?,"- Es
necesario, de hecho, llevando el estudio de la realidad actual hasta este
punto, inculcar en la nueva generación que cada adolescente debe ser, el mejor,
ya es un soldado involucrado en la lucha, debiendo asumir el objetivo de
armarse de los conocimientos necesarios para
apoyar la lucha, estudiando convenientemente las armas
del adversario y aprendiendo a emplearlas en el interés de la revolución,
y sabiendo también al mismo tiempo, utilizar prácticamente sus propias armas:
en otras palabras, su objetivo debe ser adquirir la ciencia.
El proletariado mundial se arma para la lucha, el trabajador ruso
asegura con un brazo el fusil que sirve para defender sus conquistas, o
sea, en conclusión, las conquistas de la revolución mundial, y con otro brazo
asegura el cincel y el martillo que sirven para la reedificación lenta y
obstinada de lo que fue destruido y también para la edificación de lo
que aún no ha sido intentado. Lucha y
construcción al mismo tiempo: luchar y construir,- esto debería ser
aprendido por cada uno de nuestros alumnos; la escuela debe explicar a cada uno
los objetivos de la lucha, contra lo que debemos luchar y con qué medios, lo
que cada alumno debe crear y construir, y cómo. Si resumiéramos ahora las
deducciones que formulamos al respecto de la enseñanza, diremos que el
contenido de la enseñanza debe servir para armar al niño para
la lucha y para la creación del nuevo orden, que los métodos de trabajo deben
permitir la utilización práctica de estas armas y que los objetivos de
enseñanza y de educación consisten en una transformación de los conocimientos y
las concepciones activas. Tales deducciones permiten resolver toda una serie de
problemas escolares. Así, y en particular, pueden ser justificadas:1.- la
asimilación de las nociones fundamentales de la filosofía marxista, pero esta
asimilación, lejos de ser abstracta y dogmática, debe de consistir en un
ejercicio
activo, diríamos así mismo que debe consistir en una
transformación del mundo - y esta concepción se halla en la
base de nuestros programas escolares; 2.-La necesidad de
la educación activa que concretice la ciencia, permitiendo
asimilar el método científico de acuerdo con los objetivos
fijados- y esto introduce el trabajo en la escuela; 3.- La formación y
la dirección de las preocupaciones infantiles- o
sea, lo que llamamos de organización de
la apropiación de la vida por los niños.
El marxismo no sólo nos da un análisis de las relaciones sociales, no
solamente el método de análisis para comprender la esencia de los fenómenos
sociales en sus relaciones recíprocas, sino también el método de acción eficaz
para transformar el orden existente en un sentido determinado por el análisis.
Es por eso que la escuela debe educar al niño en el espíritu marxista,
haciendo lo necesario para que el alumno perciba orgánicamente el método
marxista y también el sentido de su acción.
Es evidente que la escuela no podrá enseñar una completa
y sólida concepción del marxismo científico y filosófico, ni
puede tampoco transformar en un sistema completo y
sólido las ideas materialistas acumuladas por los alumnos a través de sus
experiencias y hábitos cotidianos, pero, si la propia escuela de segundo grado
no es capaz de llegar
a este resultado, puede y debe al menos educar a los
alumnos en el espíritu marxista, con el objetivo de darles el sentido marxista,
la “intuición” marxista indispensable para analizar y estudiar todos los
fenómenos sociales.
El trabajo de la escuela, como base de educación, debe estar ligado
al trabajo social, a la producción real, a una actividad concreta socialmente
útil, sin que pierda su valor esencial, su aspecto social, reduciéndose, de un
lado a la adquisición de normas técnicas, y, de otro a procedimientos
metodológicos capaces de ilustrar este o aquel detalle de
un curso sistemático. Así, el trabajo se volvería anémico, perdería su base
ideológica.
Analizaremos un poco más el sentido de las preocupaciones
del niño. Es necesario, de una vez por todas, liquidar toda
una serie de prejuicios "científicos" todavía profundamente
arraigados en la pedagogía. Siempre recibimos las
siguientes críticas: "Ustedes violentan al niño, ustedes no
toman en consideración las cosas que interesan a una
determinada edad, ustedes ignoran la biogénesis
(desarrollo de la vida), la ciencia demuestra que un niño en una edad
determinada, se interesa por esto o aquello y ustedes quieren forzarlo a
interesarse por la política y por la Revolución. Este es un asunto de adultos.
Sólo más tarde el niño aprenderá."
Sería ridículo negar que, en edades diferentes, el niño visualiza
indistintamente los fenómenos exteriores, concibiéndolos de forma diferente.
Es evidente que cada edad tiene sus particularidades y esto debe ser
seriamente considerado por la escuela. Pero hay una distancia entre esta verdad
y la determinación de las
preocupaciones del niño de acuerdo con su edad. Las
formas de intelecto infantil son simplemente las formas asumidas por las
preocupaciones del niño, pero estas preocupaciones en sí mismas, son
alimentadas por la vida exterior, por el medio social del niño; se trata
simplemente de las formas en las cuales se procesa un cierto contenido, pero de
ningún modo el contenido depende de las propiedades del cerebro en desarrollo;
depende completamente de los fenómenos exteriores de la existencia, y
antes que nada, de los que resultan de las relaciones sociales establecidas
entre los hombres.
La escuela tiene el derecho de hablar de la formación y de la
dirección de las preocupaciones del niño, en un sentido determinado, si es que
desea educar al niño.
No vemos por qué la escuela deba tomar la psicología
actual del niño y sus preocupaciones eventuales como base
y punto de partida de su trabajo; esta psicología y estas eventuales
preocupaciones son simplemente productos de muchas influencias desorganizadas y
frecuentemente contradictorias entre sí.
Pensamos que la escuela debe asumir el control de la mayor parte de
estas influencias, organizándolas en un
sentido determinado y haciendo su trabajo sobre
una base que ésta domina.
Tomando una vez más, la realidad actual como referencia, encontramos la
dirección perfectamente determinada con base en la cual debemos conformar las
preocupaciones del niño.
Todo lo que se dijo permite comprender nuestra actitud en
relación a la Juventud Comunista y al movimiento comunista de niños, que
nosotros consideramos como factores pedagógicos muy poderosos con una gran evidencia, y no regresaremos
al asunto.
La cuestión de la realidad actual está íntimamente ligada a la realidad
de la autoorganización de los niños (o auto- dirección); la concepción de
autoorganización en sí misma no tiene nada de nuevo, pero, en relación a
esto, como en relación al punto anterior, el problema de los objetivos
desempeña un papel primordial.
Cuando la pedagogía burguesa imaginaba el concepto de autoorganización
de los niños, pretendía basarse solamente en las particularidades psicológicas
de los niños y, en consecuencia, excluir la política de la escuela, pero, en la
práctica, ella sólo se adaptaba a las exigencias de un régimen social
determinado.
La auto-organización de los alumnos en las escuelas occidentales y
norteamericanas pretende alcanzar objetivos específicos de la educación de
clase, aunque lo niegue. La afirmación que hacemos aquí es exacta,
suficientemente reconocida y, desde el punto de vista marxista, se trata de una
cosa enteramente natural.1
Para facilitar nuestra exposición, pensamos que es
necesario formular esta cuestión de la forma más clara posible, determinando su
aspecto social y también los objetivos de la escuela soviética.
1 1 Schulguine.
Cuestiones fundamentales de la educación social.
¿Qué tipo de hombres, en la época revolucionaria en que vivimos
actualmente (y que será probablemente muy larga) exige de nosotros? A la
pregunta podemos dar la siguiente
respuesta: La etapa en que vivimos es una etapa de lucha
y de construcción, que se hace de abajo hacia arriba, y que eso sólo será
posible y benéfica a condición de que cada miembro de la sociedad comprenda
claramente lo que es preciso construir (y esto exige la
educación en la realidad actual) y cómo es necesario
construir. La solución del problema exige la presencia y el desarrollo de
las tres siguientes cualidades: 1) Aptitud para trabajar colectivamente y para
encontrar espacio en un trabajo colectivo; 2) Aptitud para analizar cada
problema nuevo como organizador;
3) Aptitud para crear las formas eficaces de organización.
La aptitud para trabajar colectivamente sólo se adquiere en el trabajo
colectivo; se trata, por lo tanto, de un problema que la escuela tendrá que
enfrentar. Pero la aptitud para
trabajar colectivamente significa también que se sabe dirigir
cuando es necesario y obedecer cuando es preciso. Para atender este objetivo es
necesario en la auto- organización de los niños, que todos, en la medida de lo
posible, ocupen sucesivamente todos los lugares, tanto las funciones dirigentes
como las funciones subordinadas.
La aptitud para analizar cada problema nuevo como organizador presupone
hábitos de organización adquiridos
durante el desempeño de diversas funciones ejercidas por
el niño en el contexto de diferentes organismos. Este resultado sólo puede alcanzarse en una auto-organización
de formas muy flexibles, adaptándose incesantemente a los
nuevos problemas y a los nuevos objetivos, lo que es
posible cuando la escuela no es algo cerrado, sino que, por el contrario,
vive y está en contacto con la realidad, que está siempre presentando nuevos
problemas de una diversidad muy grande.
Es inútil insistir mucho tiempo sobre la importancia que conferimos a la
aptitud para crear formas eficaces de la organización. Sus características sólo
podrán ser
desarrolladas en nuestros niños en la medida que ellos
gocen de una libertad y de una iniciativa suficiente para todos los
asuntos relativos a su organización.
De hecho, todos estos resultados sólo serán atendidos si la
autoorganización es admitida sin reservas. Es necesario reconocer de una vez
por todas que el niño y, sobre todo el adolescente, no se preparan sólo para
vivir, sino que ya viven una verdadera vida. Deben consecuentemente
organizar esta vida. La auto-organización debe ser para
ellos un trabajo serio, comprendiendo obligaciones y serias
responsabilidades. Si quisiéramos que los niños conserven
el interés por la escuela, considerándola como su espacio vital, como su
organización, es necesario nunca perder de vista que los niños no se preparan
para volverse miembros de la sociedad, ellos ya lo son, ya tienen sus
propios problemas, intereses, objetivos, ideales, ya están ligados a la vida de
los adultos y del conjunto de la sociedad.
La consecuencia de todo lo que fue dicho es que, para nosotros la
autoorganización tiene una importancia fundamental desde el punto de vista de
la pedagogía social, pretendiendo objetivos determinados, y esto es lo
que define la posición de la escuela a este respecto.
Acabamos de indicar a grandes rasgos las consideraciones
en las cuales se debe basar el trabajo de la escuela en la fase de transición.
Más adelante desarrollaremos los diferentes aspectos del problema escolar, pero
el asunto que pusimos al inicio del capítulo queda resuelto.
Los dos factores: realidad actual y auto-organización, que determinan el
carácter de la escuela soviética del trabajo, se basa en el mismo principio: la
concepción marxista y
revolucionaria de los objetivos de la escuela durante
nuestra fase histórica de desarrollo vertiginoso.
La organización de la escuela en esta bese ofrece a los
niños un medio sólido en el cual se desarrollará un espíritu social fuerte,
alegre y capaz de crear la nueva generación.
"¿Pero dónde está el trabajo? Se preguntará el lector. Fue
intencionalmente que tratamos ligeramente este asunto,
(que parece tan importante) de "la relaciones entre el trabajo y la
ciencia", cuestión tan discutida en el mundo pedagógico y cuya respuesta
se desprende todo lo anteriormente dicho. Abstraer del problema del trabajo
en la escuela de todo el programa de estudios escolares, aislando la
cuestión de las relaciones entre el trabajo y ciencia, significa renunciar a
encontrar una solución mínima aceptable para el problema. En función de la
forma como abordamos el problema general, el trabajo ocupa un lugar esencial en
el tema de la realidad actual. En el fondo, podríamos definir la realidad
actual de la siguiente forma: Luchas por las reformas sociales nuevas del
trabajo. A partir de ahí el trabajo se encuentra en el centro del debate,
introduciéndose en la escuela como un elemento de importancia social y
socio-pedagógica destinado a unificar a su alrededor todo el proceso de
educación y de formación.
EL TRABAJO EN LA ESCUELA
1.- La práctica de los años anteriores
La cuestión del trabajo en la escuela es una de las más importantes. Sin
embargo, es exactamente la cuestión menos estudiada y la experiencia de
ocho años adquirida
sobre el asunto por nuestras escuelas es la menos
conocida. Es más, se trata de una cuestión que apenas comienza a tener la
importancia debida.
Pero no podrá quedar mucho tiempo sin respuesta. Las nuevas corrientes
de la pedagogía comunista la sitúan cada vez en primer plano y, a partir de
ahora, es necesario prepararse para discutirla en gran escala, en todas las
escuelas. Lo primero que hay que hacer es descifrar la experiencia acumulada.
¿Cómo se situó la cuestión del trabajo desde la proclamación, entre
nosotros, del principio de la escuela del trabajo? Podemos distinguir tres
etapas o corrientes principales.
La primera corriente, que es una corriente "pedagógica," tomó
prestada la solución del problema de
ciertos pedagogos reformistas burgueses. Desde su punto de vista
se trata antes que nada, de un problema de metodología.
La cuestión se plantea de la siguiente forma: la escuela tiene un programa
de enseñanza anticipadamente definido,
esto es, una lista de temas que deben ser estudiados en
esta o aquella disciplina. La "disciplina" determinada es estudiada
de varias maneras: libro, excursión, laboratorio, etc. Pero la pedagogía nos
enseña que es recomendable, para asimilar lo que se enseña, además de las
impresiones visuales y acústicas, el empleo de impresiones musculares; es
necesario, por tanto, recurrir al trabajo manual, de ahí a la escultura, al
diseño, al trabajo con papel, diferentes tipos de modelado, trabajo manual en
general.
Este punto de vista fue ampliado durante los primeros años de
revolución: las diferentes formas de trabajo manual
citadas anteriormente, contribuyeron al aumento del
trabajo físico, al cual se debe su carácter "productivo" (en
el sentido más estrecho de la palabra), quiere decir, se
crearon algunos talleres en la escuela.
El método se basaba en la concepción según la cual, para asimilar el
curso, era necesario ilustrar para el trabajo el mayor número posible de
momentos de una determinada disciplina, buscando identificar los trabajos
manuales correspondientes a los cursos.
Era así que se buscaba establecer las "relaciones entre el trabajo
y la ciencia". Más, en la práctica, el trabajo entraba en la escuela de
forma desordenada, sin ningún plan de conjunto, sin ninguna concepción teórica;
ocupaba un lugar completamente secundario, desempeñando sólo un papel auxiliar
en los estudios.
Lo que importaba en la escuela era el programa de
estudios; el trabajo se subordinaba y se adaptaba a él.
Es evidente que el trabajo no tenía ninguna continuidad, ninguna unidad,
dividiéndose en una serie de pequeños trabajos sin ninguna relación.
Esta manera de exponer el asunto no resuelve en absoluto
el problema de las relaciones entre el trabajo y la ciencia. El
problema aquí es sustituido uno por otro: el de la relación
entre los diferentes cursos y algunos pequeños trabajos.
Son cuestiones completamente diferentes.
La segunda corriente era más audaz: Situaba en la base del
trabajo escolar un trabajo manual cualquiera tomado en su
integridad, un oficio al cual se adaptaba todo el programa de enseñanza.
Tales intentos fueron hechas en varios lugares con modificaciones más o
menos considerables, pero no dieron buenos resultados en ninguna parte.
La causa del fracaso era la misma que la primera corriente: era el
propio problema que no estaba correctamente
situado. En ambos casos se sustituía la relación entre el
trabajo y la ciencia por la relación de los diferentes cursos con el
trabajo del taller, con la diferencia de que, en el último caso, era el trabajo
manual realizado en los talleres, el que dominaba, subordinando el programa de
enseñanza (que también era definido anticipadamente) y adaptándolo a sí
mismo. En ausencia de principios con directores comunes, los dos ramos del
trabajo escolar, trabajo manual y clases teóricas, eran independientes uno en
relación a otro, y su enlace era puramente eventual, cuando se producía, pero
no era ni podía ser constante.
Además de eso, la propia base del método no era buena, porque los
mejores talleres, y la misma industria, se consideraron como un sistema técnico
cerrado, como un órgano de producción aislado, si fueran abstraídas del
conjunto de la economía soviética e introducidas en la escuela sin ser
incorporadas a la dinámica de la realidad actual, perderían a tal punto todo y
cualquier valor que el trabajo perderá su carácter social.
La tercera corriente, que es la más difundida, es también la más simple,
porque sólo quiere resolver el problema de la ciencia y del trabajo en la
escuela, tratando de demostrar su inexistencia.
La teoría es verdaderamente simple: el trabajo, cualquier trabajo, es
una base excelente de educación, permite
resolver los problemas de educación exclusivamente, más
no los de enseñanza. Gracias al trabajo el hombre se vuelve disciplinado y
organizado: es necesario enseñar el amor y la estima por el trabajo en general.
El trabajo eleva al hombre y le trae alegría; educa el sentimiento
colectivista, ennoblece al hombre y es por eso que el trabajo, y
particularmente el trabajo manual de cualquier tipo, es precioso como medio de
educación.
La ciencia queda aparte. No es necesario buscar la relación entre el
trabajo y la ciencia. Si la relación existe en casos aislados, muy bien, en
caso contrario, no tiene importancia.
Los resultados arrojados por estas tres corrientes no
permitieron resolver el problema; es más, su fracaso
produjo una cuarta corriente, que apareció durante los dos o tres
últimos años terribles de guerra civil y de hambre: nuestra escuela se
reestablece y se fortalece, pero hasta el momento el trabajo todavía desempeña
en ella un papel muy pequeño. Es hasta ahora que se empieza a hablar
seriamente del trabajo en la escuela. El cuerpo docente, en su mejor parte,
estudia decididamente los nuevos programas, pero estudia sólo la parte
referente ala enseñanza.
La falla puede ser explicada por los fracasos sucesivos experimentados
en este camino y también por el hecho de
que los órganos centrales y las escuelas dedicaron todos
sus esfuerzos a la revisión del objetivo de enseñanza a la
luz de los nuevos programas.
2. Posición del problema
Cada una de las corrientes anteriormente explicadas, evidentemente
tienen características positivas, pero ninguna de ellas por sí mismas, o
juntas son capaces de resolver el problema del trabajo en la escuela
contemporánea, y esto simplemente porque todas consideran el trabajo de
una forma abstracta, como una disciplina aislada y separada de su aspecto
principal, que es la preocupación por la realidad actual. De la misma forma que
es imposible imaginar una escuela soviética aislada, separada de la vida y situada
en las condiciones ideales de una isla deshabitada, también es imposible
imaginar el trabajo manual en la escuela a no ser como una parte del
problema general del trabajo de los niños y los
adolescentes en el sistema soviético, como una parte del trabajo social.
Si el problema es analizado de esta forma, la cuestión de la relación
entre el trabajo y la ciencia pierde todo el sentido, o mejor dicho, se vuelve
parte de un problema general. El problema sólo pudo ser observado cuando la
enseñanza se separaba de la educación. Nuestra escuela debe eliminar esta
separación. El trabajo es un elemento integrante de la relación de la escuela
con la realidad actual, en este nivel
hay una fusión completa entre la enseñanza y la educación.
No se trata de establecer una relación mecánica entre el trabajo y la
ciencia, pero sí de convertirlos en dos partes orgánicas de la vida escolar,
esto es, de la vida social de los niños.
Los nuevos programas permiten la resolución parcial del problema: ellos
surgen como el método marxista para enseñar a conocer y a dominar la realidad
actual por medio de la escuela. Y es por eso que la columna vertebral
de estos programas 2 comprende el estudio del trabajo
humano. No se trata de estudiar cualquier tipo de trabajo
humano, cualquier tipo de dispendio de energías
musculares y nerviosas, sino de estudiar el trabajo socialmente útil, que
determina las relaciones sociales
de los seres humanos. En otras palabras, aquí se trata del
valor social del trabajo, como ya fue referido antes, esto es, de la base sobre
la cual se edifican la vida y el desarrollo de la sociedad. El programa habla
sólo del estudio del trabajo humano. Pero esto no significa estudiar
exclusivamente el trabajo exterior a la escuela, el trabajo de los adultos; si
la escuela queda en estos limites, no recibirá ningún beneficio del valor
educativo del trabajo; es necesario modificar esta concepción, y la modificación
necesaria puede quedar formulada de la siguiente forma: en la base del trabajo
escolar deben estar el estudio del trabajo humano, la participación en ésta o
aquella forma de trabajo, y el estudio de la participación de los niños en
el trabajo.
En la revisión de los nuevos programas, es necesario responder a las
siguientes preguntas:
1.- ¿Qué forma y qué tipo de trabajo podemos indicar para
cada edad?
2.- ¿En qué aspecto de un cierto tipo de trabajo será necesario
concentrar la atención? ¿Cuál es el valor relativo de los diferentes aspectos
del trabajo?
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2 2 Formulados en tres
columnas: La Naturaleza del Hombre, el Trabajo, la Sociedad, en
edición rusa y francesa.
3.- ¿Cuál es la relación existente entre esta o aquella forma de trabajo
ejecutado en la escuela y el trabajo de los adultos en general, o sea, cuáles
las finalidades sociales de un trabajo escolar determinado?
4.- ¿Cómo armonizar el trabajo y el programa escolar, o
sea, cómo realizar la síntesis entre la enseñanza y la educación?
5.- ¿Cuáles métodos generales de educación deben ser observados en el
trabajo?
3. Los trabajos domésticos
Durante los primeros años de la Revolución, en muchas escuelas, y
principalmente en las escuelas infantiles, los trabajos domésticos fueron
establecidos por principio: no existía más personal que el estrictamente
pedagógico, ¡no hay en absoluto necesidad de personal técnico!. Era necesario
que todo fuese hecho por cada quien; cocinar,
lavar la ropa, plancharla, juntar leña, etc. Es difícil decir si el
método era una consecuencia de nuestra pobreza material
o de las concepciones nuevas. Nos inclinamos por la
primera razón, pero creemos también que la necesidad de utilizar el trabajo de
los niños se transformó en principio y que se buscó a toda costa fundamentarlo
en una teoría. El tiempo pasó y, como el péndulo de un reloj,
regresamos para el otro extremo: en las escuelas infantiles los trabajos
domésticos pasan cada vez más a un segundo término y,
en las escuelas, no existen más.
No somos partidarios de ninguno de estos puntos de vista. Los trabajos
domésticos ejecutados por los niños son frecuentemente nocivos para su salud,
perdiendo un tiempo precioso para el estudio: se trata, por tanto, de algo
inaceptable. Generalmente, tales trabajos no son agradables y si, además
de eso, son cansados, se vuelven
rápidamente en una pesada carga obligatoria, un presidio
en miniatura, cuyo resultado es exactamente lo inverso de aquello que se
pretende, porque las tareas, en vez de despertar el amor por el trabajo (que puede ser
desarrollado por una tarea de fácil ejecución), provocan la repugnancia
de los niños.
Por otro lado, pensamos que es imposible renunciar a todo tipo de
trabajo doméstico, porque éste permite adquirir una serie de buenos hábitos,
que introducen la civilización en el seno de la familia y sin los cuales sería
imposible pensar en la creación de un “nuevo modo de vida” del que
se habla tanto en este momento. Ahora, el “nuevo modo de vida” es uno de los
pasos más importantes en el camino de la nueva civilización.
Es necesario entonces imaginar los trabajos domésticos desde el punto de
vista de la lucha que se entabla para alcanzar una fase superior o, para ser
exactos, como un terreno favorable al florecimiento de esta fase superior.
La higiene personal (cuidado del cuerpo, los dientes, la ropa, la
cama, los libros, los útiles en general, etc.) se debe tornar un hábito, una
cosa esencial, sin la cual no se pueda vivir, un hábito tan sólido que sea
imposible volver a la suciedad, a las condiciones de vida anti-sanitarias.
Desde el punto de vista social, esta condición es indispensable en la lucha
contra las epidemias, contra las enfermedades contagiosas, los parásitos, las
enfermedades sociales, el despoblamiento, etc. Y este punto de vista social,
que es un aspecto de la lucha entablada por el poder soviético contra la pesada
herencia de la ignorancia y el oscurantismo, debe guiar siempre la opción por
los hábitos que el trabajo doméstico puede suscitar, implantar y desarrollar.
La formación de los hábitos así definidos debe estar íntimamente ligada a la
cultura física; cada norma debe ser explicada al niño y comprendida por él como
una norma necesaria para la salvaguarda social de la salud.
Hábitos y normas deben ser pensados en relación con los nuevos programas
formulados para los primeros años de la escuela, porque estos programas
conforman abundante documentación útil para la enseñanza y la ejecución del
trabajo doméstico. También en relación a la aplicación de
nuevos programas, el trabajo doméstico introduce
entonces, de forma gradual en el conjunto de las tareas
escolares; el trabajo doméstico se amplía y se profundiza
constantemente, y no debe, bajo ninguna
hipótesis, terminar al final del complejo que le corresponda:
el estudio del complejo definido como: "salvaguarda de la
salud", es sólo el comienzo, una introducción al trabajo
doméstico correspondiente.
La suciedad, la falta de higiene, el desprecio por la organización en la
vida cotidiana, deben ser vencidos en la escuela, con la
"racionalización" del trabajo doméstico.
Los resultados pueden y deben ser alcanzados sin que los niños necesiten
ejecutar todas las tareas domésticas, y éstas deben ser
analizadas desde el punto de vista de su valor social.
Los trabajos colectivos se limitan a la limpieza de las habitaciones, a
la manutención del orden y de la limpieza, a la participación en las tareas de
la cocina y en el servicio durante las comidas (distribución, etc). No hay
ninguna necesidad de que los niños realicen todas las tareas, porque serán
malhechas, en la medida en que algunas exigen una real especialización (por
ejemplo la cocina). Es necesario atender a las necesidades particulares de cada
institución infantil para escoger las tareas que pueden ser realizadas
colectivamente y que son capaces de desarrollar hábitos de vida colectiva, sin
olvidar que se trata también de escoger formas de trabajo que no sean penosas,
agotadoras,
evitándose de esta manera resultados negativos
constatados cuando se abusó del método.
La vida colectiva todavía es una aspiración de realización bastante
difícil para nosotros. Entretanto, es claro que esta aptitud es ahora
particularmente necesaria porque significa
no sólo una mejoría de las condiciones actuales de vida,
sino también la posibilidad de comenzar un nuevo modo de vida.
Si quisiéramos desarrollar la vida colectiva, los comedores colectivos,
los clubes, restaurantes, etc., debemos formar entre los jóvenes no solamente
la aptitud para este tipo de
vida, sino también la necesidad de vivir y de trabajar
colectivamente sobre la base de la ayuda mutua, sin
coacciones recíprocas. Este es el único terreno que
podemos escoger si quisiéramos obtener resultados
positivos en la lucha que se entabla por un nuevo modo de vida.
La costumbre de vivir colectivamente puede y debe ser formada entre los
niños teniendo como base las tareas domésticas colectivas, desarrollándose
entre ellos el sentimiento y la comprensión de la necesidad y de
la utilidad social de estas tareas: es necesario que los niños perciban el
gran papel social desempeñado por todos estos pequeños hábitos en la
transformación del conjunto de nuestra vida.
Es necesario, por lo tanto, que todas las tareas domésticas útiles y que
pueden ser hechas por niños, sean organizadas desde el punto de vista de su
utilidad y necesidades sociales. Pero no se puede perder de vista -y esto
es igualmente importante- la explicación científica de las diferentes etapas
del trabajo. Generalmente, esta cuestión ni siquiera llega a ser contemplada.
Lavamos, limpiamos, barremos, pero nos preguntamos ¿por qué lo hacemos? ¿Y cómo
podríamos volver estas fases del trabajo más fáciles, más higiénicas, etc.? Es
necesario suscitar todas estas preguntas entre los niños, facilitándoles las
respuestas correspondientes; es necesario que el cerebro de ellos trabaje en el
sentido de la explicación científica del trabajo doméstico.
Sería un engaño defender la abolición de las tareas
domésticas porque serían una forma de trabajo
ultrapasada, destinada a ser rápidamente sustituida por formas más modernas
como, por ejemplo, comedores colectivos, lavanderías colectivas, guarderías,
etc. No se puede creer que estas cosas bonitas sean vulgarizadas en
poco tiempo, olvidándose de las ciudades pequeñas y de
los poblados donde vive la mayor parte de la población y donde estas cosas
buenas sólo se desarrollarán mucho más tarde, en último lugar, y hasta que más
de una generación haya pasado por la escuela. En fin, la existencia de
instituciones sociales de este tipo no dejará de obligarnos a
un mínimo de tareas domésticas. También es necesario afirmar claramente
que el control social del funcionamiento de instituciones de este tipo solo
será efectivamente eficaz si los hombres que se interesan por ellas se
entendieran para organizarlas racionalmente.
Constatamos por lo tanto, la gran importancia de las tareas domésticas
en la escuela, en la medida en que podamos utilizarlas para transmitir a los
niños ciertos hábitos socialmente útiles, influenciando tal vez a la familia
por medio de los niños. Pero es necesario evitar que las tareas sean penosas.
Es necesario dosificarlas, de manera que los resultados no sean lo contrario de
lo que se pretende, pero también es necesario no caer en el polo opuesto,
excluyendo estas tareas de la escuela: el método consiste
en considerarlas desde el punto de vista de su utilidad social.
4. Trabajos sociales que no exigen conocimientos
especiales
Es la segunda forma de trabajo que la escuela puede realizar. Puede ser
considerada como una ampliación de las tareas domésticas.
Basándonos en el mismo principio de utilidad social, podemos y debemos
inducir a los niños a toda una serie de tareas, por ejemplo, la limpieza y la
conservación de jardines y de parques públicos, la plantación de árboles (Día
del Árbol), la conservación de las bellezas naturales, etc.
Estas tareas no son necesariamente constantes ni periódicas:
frecuentemente son trabajos eventuales, y esta es una razón de más para inducir
a los niños a cumplirlos, formando la comprensión de su significado social.
Podremos estimular la participación en la preparación de clubes de obreros o de
jóvenes, en ocasiones festivas, en la organización de campos de juegos y de
deportes, en una u otra campaña política, etc.
En este sentido la provincia es más rica en posibilidades
que la gran ciudad, porque la escuela aparece en el poblado
como un centro cultural de gran importancia, permitiendo que se vean más
claramente las posibilidades de su utilización. En relación a esto, conviene
enfatizar el papel
que la escuela desempeña en los poblados desde el punto
de vista de la medicina y la higiene sociales.
Todas estas formas de trabajo extraescolar, en su conjunto, terminan
constituyendo el trabajo social de la escuela como centro cultural. El campo
del trabajo social en la escuela es mucho más amplio para nosotros y, si
enfatizamos aquí los trabajos que no exigen conocimientos especiales,
fue porque resolvimos considerar sólo las formas de trabajo
accesibles para los niños de casi todas
las escuelas de primer grado.
Para que los trabajos de este tipo tengan éxito, no basta simplemente la
iniciativa de la propia escuela: es necesario que todas nuestras instituciones
sociales y todos los organismos estatales, que todas las organizaciones
comprendan el gran papel que la escuela puede
desempeñar en relación a este punto, revelando más iniciativas cuando se trate
de usar la escuela para estos trabajos; es necesario, por lo tanto, que la
iniciativa sea bilateral.
Es evidente que los resultados aislados están lejos de ser
suficientes. Es necesario que la concepción de la educación
social penetre en las más amplias masas, así como en todas
las organizaciones sociales y en todas las instituciones estatales.
Es necesario que cada ciudadano considere a la escuela como un
centro cultural capaz de participar en una u otra actividad social; la escuela
debe conquistar el derecho de control social en cualquier campo, el derecho y
el deber de decir su palabra en relación a todos los acontecimientos, y el
deber de modificar la vida en una dirección determinada.
Cuando este punto de vista sea admitido por todo el
mundo, nuestra escuela se tornará viva.
Regresaremos a este asunto mas tarde, en relación a otro
aspecto del trabajo escolar.
5. Los talleres
La cuestión de los talleres escolares ha sido ampliamente
discutida desde hace mucho tiempo. Están muy de moda en
nuestras escuelas, con resultados positivos bastante discretos. La institución
pasó por varias fases
sucesivamente y merece la atención general.
La concepción de los talleres escolares se impuso naturalmente como una
preocupación esencial cuando, después de la Revolución de Octubre, fueron
proclamados los principios de la escuela del trabajo, sobre todo después
de la publicación del reglamento sobre la Escuela única del trabajo (Octubre de
1918), en que se hablaba de trabajo productivo en el interior de la escuela. La
concepción, digámoslo así, se reafirmaba por sí mismo ante el educador.
Las escuelas y los establecimientos para niños se
lanzaron en la organización de los talleres escolares de todo tipo. No se podía
concebir a la escuela del trabajo de otro modo.
De hecho, los talleres son necesarios a la escuela, sirviendo como
instrumentos de educación basada en el trabajo, si no quisiéramos limitar a la
escuela a un estudio puramente teórico del trabajo humano.
Evidentemente, si queremos que los niños comprendan verdaderamente lo
que es la técnica de la gran industria, no podemos limitarnos a mostrarla o
facultar a la lectura de todo lo que se dice al respecto. Los niños deben tocar
el material, convenciéndose por la práctica de las ventajas y del grado de
perfección que esta o aquella forma de trabajo conlleva, deben comprender las
diversas variantes del progreso al nivel de las máquinas-herramientas y de las
máquinas-motrices. Es necesario participar del trabajo para comprender la
esencia de la división del trabajo. Para comprender el trabajo de una máquina,
se requiere sentir
directamente lo que es de hecho la mecanización de la
producción. Ahora, el taller profesional puede propiciar
todo eso.
En función de la adquisición de ciertos hábitos en el contexto del
taller, posibilitando cultivar en los niños una actitud activa en relación a la
producción, el taller escolar aparece también como el punto de partida de una
serie de hilos que conducen a la producción real. Y el interés de los niños se
despierta exactamente por esas relaciones.
No se puede negar tampoco que el artesanado tiene una gran
importancia, aún hoy, en nuestra producción.
El trabajo en un taller escolar puede estar ligado al estudio de los
oficios artesanales urbanos y rurales, su valor específico en el conjunto de
nuestra economía, de la ideología del artesano, etc. El taller aparece, por lo
tanto, no como una etapa inferior en el camino de la gran industria, sino
como un campo inmediato de experiencia y de comparaciones.
Pero, para que el taller pueda alcanzar esta finalidad, es necesario que
satisfaga ciertas condiciones:
1.- Es necesario, de preferencia, organizar talleres donde se trabajen
los productos más conocidos desde el punto de vista técnico y en la vida
común, o, más simplemente, son prioritarios los oficios más conocidos. En
primer lugar, los talleres donde se trabajen los metales y la madera porque,
por un lado, tales materias primas son, en sí mismas muy difundidas, y por otro
lado, tiene una importancia considerable en la fabricación de instrumentos y
utensilios de todo tipo.
Para los niños menores (1º, 2º y, en parte, 3er año del primer
grado), pueden ser empleados en el tejido, en el papel, en el cartón:
corresponden bastante al gusto de los pequeños.
2.- El instrumental y los métodos de trabajo deben ser tan variados como
sea posible. Desde el punto de vista técnico,
se trata de una condición muy importante por las siguientes
razones: en el fondo, el instrumental necesario para poder
trabajar la mayoría de los materiales se reduce a un
número relativamente restricto de instrumentos simples; se trata sobre todo, de
variaciones en el empleo y la adaptación del mismo instrumento en relación
a la materia
que se trabaja. El cincel, el escoplo, el cepillo, el formón, las
tijeras, la guillotina o cortapapeles, la hoz, etc., no pasan de
diferentes adaptaciones de cuña. Pero cuanto mayor sea la variedad del
instrumental más recursos tendrá el alumno para comprender la mecánica,
teniendo más facilidad para sentir la esencia del maquinismo, sobre todo si usa
personalmente las diferentes herramientas.
Familiarizándose con un instrumental complejo, el alumno comprenderá
fácilmente la correspondencia
más conveniente entre una herramienta y un material
específico, y también cuáles son los mejores medios para trabajar el material;
comprenderá la razón de ser de los diferentes tratamientos aplicados a un mismo
producto según los diferentes acabados (cepillado, ajuste, ensamble en un
taller de ebanistería, por ejemplo). Así, el alumno dispondrá de una serie de
hábitos, que podrán ser fácilmente extendidos a un conjunto más amplio de
materiales; no tendrá ninguna dificultad para comprender la producción
industrial, que no pasa de ser un tipo de producción un poco más complicado. Y
el cambio de un material a otro estará íntimamente ligado al gusto del niño por
la técnica que ya empezó a dominar en el taller.
Deben preferirse los talleres dotados de bancos el trabajo así
desarrollado facilitan al alumno las condiciones para estudiar la técnica de la
producción a gran escala, sobre todo si los bancos poseen una fuerza motriz
cualquiera. Talleres de este tipo posibilitan el desarrollo de la iniciativa de
la escuela en lo que a la técnica se refiere.
Desde el punto de vista del trabajo de la madera y el metal es
totalmente válido, en cuanto a la costura y la zapatería no tienen ningún
valor.
3.- Los talleres deben posibilitar a los niños la más amplia
creatividad técnica. O sea, los diferentes objetos elaborados
en un determinado taller deben ser tan numerosos y variados como
sea posible; es necesario tener la posibilidad de variar y de combinar de
diferentes formas los materiales trabajados de acuerdo con diversos objetivos.
La consecuencia es que se debe dar entera libertad de
desarrollo a la aptitud para la creación técnica. Partiendo de
aquí, puede comprenderse porque, por ejemplo, un taller de
zapatería no tiene ningún valor: con un instrumental ordinario ella sólo da
condiciones para la fabricación del zapato; se puede, a lo más, variar el
modelo. Mucho más variado, por ejemplo, es un taller que trabaje con papel, y
aún incomparablemente más amplio es el campo de acción abierto por un taller de
carpintería o ebanistería o un taller mecánico. Claro, su superioridad reside
en el hecho de que estos talleres pueden no sólo producir objetos de consumo,
sino también los más variados instrumentos de producción.
Conferimos una enorme importancia a la creación técnica. Toda la
creación, técnica, científica, artística, es la aptitud para combinar
subconscientemente los elementos
constitutivos que contribuyen a la producción del objeto
que se quiere crear, y a la aptitud para escoger
instintivamente de una serie de combinaciones, aquellas
que son mejores. Cualquier hombre posee tales aptitudes
en mayor o menor grado: es necesario que la escuela las desarrolle por todos
los medios a su disposición, y este es el objetivo de los nuevos métodos
pedagógicos basados en la actividad y en la investigación de los alumnos. La
creación técnica está lejos de ocupar el último lugar entre los diversos tipos
de creación. Más este tipo de creación es particularmente importante en una
época como la nuestra, caracterizada por una construcción rápida y por el
establecimiento de las bases del nuevo régimen. Si no
dispusiéramos de una juventud activa, curiosa, y
totalmente apta para la creación técnica, una juventud capaz de construir el nuevo
mundo más rápidamente y mejor que el de nosotros, será imposible
transformar el conjunto de nuestra economía, para que supere, en el correr
de los próximos años, el progreso técnico de la Europa Occidental y de
América.
Es fácil constatar que las tres condiciones que deben caracterizar los
talleres escolares están íntimamente ligadas entre sí, engendrándose
mutuamente.
Y observamos que los talleres que atienden a estas condiciones trabajan
la madera y los metales. Es
recomendable para los grupos formados de alumnos
menores (en función de su edad y de la naturaleza de sus preferencias) los talleres
donde se trabaje con tejidos, tela, papel, cartón, madera comprimida.
La madera y los metales, además de su importancia como materiales de
construcción, así como en la casa, sirven también de materias primas para la
fabricación de herramientas, de medios de producción; ningún ramo de
producción puede prescindir de talleres auxiliares
mecánicos o de carpintería. El estudio del trabajo en madera o en los
metales es la introducción a la técnica en general, la base de la técnica
general.
El taller se utilizará en la escuela, antes que nada, para desarrollar
en los alumnos hábitos de trabajo bien definidos, y necesarios, -esto es, en
beneficio de la educación general, sobre todo en nuestro país, caracterizado
por un modo de vida primitivo- tales hábitos nunca serían excesivos.
No negamos otra ventaja de los talleres: su eventual utilización desde
el punto de vista de la enseñanza; o mejor aún, no negamos su papel didáctico
al cual se ha dado la importancia predominante y exclusiva que ya
mencionamos anteriormente.
Pero, si los talleres tienen una importancia capital, es porque sirven
de punto de partida para el estudio y la comprensión de la técnica moderna y la
organización del trabajo. Decimos “punto de partida”, porque los
estudios de este tipo en la escuela de 2º
grado deben concentrarse sobre todo en la gran industria; mientras
tanto, sólo se llega a la gran industria después de pasar por métodos de
producción más simples en el interior de un taller bien organizado y bien
montado.
El trabajo inmediato en un taller, por sí mismo, en la medida en
que proporciona el contacto directo entre el alumno y las herramientas y los
materiales, prepara el terreno para un real estudio comparativo de las formas
de trabajo más complejas.
En un taller escolar, se encuentran todos los elementos de la
máquina moderna y todas las particularidades características de la producción
industrial.
Y los niños podrán aprender estos elementos muy fácilmente, si el
trabajo en el taller es correctamente organizado.
En relación a esto, es necesario, antes que nada, insistir en el estudio
del instrumental y de los bancos de diferentes tipos; el taller constituye por
sí mismo un objetivo independiente, no será algo auxiliar de la física, muy por
el contrario. Se parte de conocimientos adquiridos sobre el
instrumental y sobre los bancos, podremos alcanzar el
grado siguiente para iniciar el estudio de los elementos de toda máquina. Tales
conocimientos amplían el círculo de problemas que pueden ser propuestos al
respecto de las máquinas-motrices y de las máquinas-herramientas de cualquier
tipo de producción. El estudio de los métodos de trabajo en el taller
(ofreciendo la posibilidad de llegar a la construcción técnica) posibilitará,
tal vez, la organización del propio trabajo del taller escolar bajo la forma de
la mecanización más simple, sobre todo cuando se intenta fabricar
colectivamente ciertos objetos. Después de haber asimilado los principales
métodos técnicos, se puede organizar la división del trabajo sobre una base mucho
mayor, cuanto más variado sea el equipamiento del taller. Estudiando y
registrando por escrito la intensidad y la productividad del trabajo, con o sin
división de trabajo, se da un paso muy importante en la dirección de la
producción industrial.
Es así que el taller escolar puede ofrecer, cuando se llegó a un cierto
grado en la escuela (por ejemplo durante el
sexto o séptimo año escolar), una introducción completa y
suficiente a la técnica general de la producción moderna. Y esta es la
finalidad capital del taller escolar.
La escuela tiene además un objetivo del mismo género: enseñar a
organizar científicamente el trabajo y, en relación a esto, el taller
constituye un campo de acción muy amplio; regresaremos al asunto más tarde.
De todo lo anteriormente dicho se concluye que el trabajo en el
taller escolar debe ser productivo, y esta obligación, a su vez, determina la
organización y el programa de los trabajos producidos en el taller.
En lo que se refiere al programa de trabajo, nunca será demasiado
insistir en esta idea fundamental; todo lo que el
taller hace está al servicio del estudio del trabajo, y el taller
no produce objetos sin utilidad práctica.
Se trata de una necesidad ya aceptada por casi todo el mundo y, si
insistimos en el asunto, es porque antiguos directores de trabajos de las
escuelas profesionales no quieren reconocer aún lo que es obvio.
Es necesario que el taller escolar produzca objetos útiles y necesarios.
¿Serán utilizados para la organización de la escuela, de una oficina, de un
club, o serán vendidos? Esto no tiene ninguna importancia. Sólo una cosa debe
ser considerada: el trabajo de los niños necesita, a final de cuentas, producir
un objeto material útil, siendo que la utilidad y la necesidad del producto
aparezcan claramente en el espíritu de los niños. Los niños deben comprender
claramente que, desde el punto de vista de sus propios intereses, los objetos
son necesarios para su escuela, su club, su campamento de pioneros, etc., o
para la venta organizada en beneficio de su empresa, sea cual fuere.
Esta concepción de programa de trabajo impone una
selección metódica de las encomiendas hechas al taller,
una selección metódica de los objetos necesarios, de forma que gradúen las
dificultades de fabricación y la complejidad de los métodos. Así, la
fabricación y el trabajo del taller
podrán volverse cada vez más complejos, llevándose al
taller cada vez mas cerca de la gran industria, introduciéndose por
ejemplo, la división del trabajo y la mecanización.
La condición de sólo fabricar objetos útiles y necesarios nos lleva a la
cuestión de la organización del taller.
Si el alumno produce en el taller objetos totalmente terminados (las
reparaciones son más difíciles y exigen conocimientos más amplios), puede y
debe ser capaz de calcular el tiempo necesario para la fabricación de un
determinado objeto, los materiales empleados en el taller,
el consumo de materias primas provocado por la
fabricación de un tal producto. Esta contabilidad nos llevará a una serie de
nuevos conceptos, de nuevas cuestiones, como el cálculo de los materiales
necesarios para la fabricación de un determinado objeto, y a partir de ahí, al
previo establecimiento de un esquema de trabajo para la producción del objeto,
a la preparación del esquema con todos los cálculos que esto supone, o sea, al
ordenamiento detallado de la fabricación de un objeto encomendado; el tiempo
empleado a la fabricación de un determinado objeto será comparado al tiempo
empleado para el mismo trabajo por un compañero más experimentado, al tiempo
exigido para llegar al mismo objetivo a través de un trabajo colectivo, por un
sistema de división del trabajo, siendo que el conjunto de este estudio
producirá una serie de datos a ser utilizados fuera de la escuela, en el
contexto del estudio de la producción; además de eso, el alumno adquirirá
gradualmente la facultad de
prever el tiempo necesario para el cumplimiento de un trabajo
encomendado. Si nos explayamos en lo que ya se dijo todos los informes
relativos al precio de los materiales y al salario, tendremos todos los
elementos que constituyen el cálculo y el presupuesto detallados y formulados
previamente.
Llegamos así al punto de la organización económica del taller, a los
elementos de la administración que deben ser
conocidos por los niños. Todas estas cuestiones estudiadas
y resueltas en el curso del trabajo realizado por los niños en el taller
posibilitarán, más tarde la comprensión de ciertos
problemas económicos y, particularmente, las bases de la
economía nacional. Evidentemente tales conocimientos
deberán ser aún utilizados durante los estudios relativos a
la gran industria.
En las regiones donde el trabajo a domicilio es desarrollado (Kustari),
pensamos que sea racional la creación de talleres escolares correspondientes al
tipo de trabajo a domicilio practicado en la región. Este punto es muy
importante, porque corresponde a las decisiones tomadas por la XIV Conferencia
del Partido y por el último Congreso de los Soviets en relación a la política
de desarrollo de las cooperativas de producción: estas decisiones
previeron la mejoría de las situaciones de los Kustaris y el desarrollo de su
trabajo. No es posible olvidar también que aún durante mucho tiempo los
Kustaris formaron la reserva donde la industria reclutará obreros altamente
calificados.
En relación al desarrollo de la cooperación de producción
y al trabajo de los Kustaris, la escuela, considerada como centro
cultural, podrá desempeñar un papel reducido, pero sensible. Pero la
organización de talleres especializados de este tipo sólo puede ser justificada
en caso de que su ejemplo pueda influenciar favorablemente a
la población, en que la escuela puede ofrecerles a la población
indicaciones capaces de mejorar su trabajo, sus condiciones de vida (y la
escuela hará esto mediante el estudio del trabajo local, valiéndose de la
técnica más moderna).
Se trata, por lo tanto, de un problema muy difícil, porque supone, por
un lado, una organización de talleres escolares especiales, mejores que los
existentes en la región, y, por
otro lado, la obligación de la escuela se vuelve un órgano
de producción serio, una unidad de producción en el sentido más amplio de la
expresión.
Si no se tiene la certeza de poder realizar este trabajo, es mejor no
intentarlo para no comprometer a la escuela a los ojos de la población,
perdiendo, así cualquier tipo de influencia cultural sobre ella.
6.- El trabajo agrícola
Esta forma de trabajo no suscitó ninguna discusión en un principio;
probablemente porque nuestra agricultura es aún
simple y las masas de campesinos, en su mayoría, usan
para arar instrumentos simples. Es probable también que la
discusión haya sido evitada porque esta forma de trabajo
no es estrictamente profesional, más está ligada a la vida y a la
actividad humana en una condición puramente naturales.
Mientras tanto, las escuelas o instituciones infantiles urbanas,
y las escuelas de pequeñas poblaciones enfrentan condiciones
absolutamente diferentes en relación al trabajo agrícola.
No hablaremos ahora de la Escuela de la juventud campesina, que empieza a surgir: lo que nos interesa es el
trabajo agrícola en las escuelas "politécnicas" y de formación
básica. Sólo nos referimos a la escuela de 1er grado y a todos los tipos de
escuelas urbanas de 2º grado que, pueden tener un campo escolar en función de
su localización geográfica en la periferia de las ciudades, o pueden
transferirse al universo rural para continuar sus trabajos (trimestre
primavera-verano y parcialmente otoño). Sería necesario aumentar, de un
lado los albergues infantiles de la ciudad y, de otro, las comunidades
infantiles situadas en las haciendas soviéticas, en los antiguos
conventos, en las grandes propiedades agrícolas.
El segundo principio en el cual la escuela del primer grado del campo
debe tener un área (de media a una hectárea), donde se trabaje racionalmente,
es reconocido por todo el
mundo. Si quisiéramos elevar seriamente el nivel de
nuestra agricultura, si quisiéramos divulgar ampliamente
los nuevos métodos perfeccionados de trabajo agrícola y de economía rural, la
escuela deberá ser situada en la vanguardia de este trabajo, porque ésta es el
centro cultural que influencia directamente al niño desde una tierna
edad e indirectamente a toda la población campesina. No se trata, por
tanto, de especialización agrónoma, sino simplemente de una escuela que enseñe
a los niños a trabajar racionalmente, proporcionándoles un
equipamiento científico general suficiente para trabajar
racionalmente una pequeña área escolar, considerando su edad y fuerza.
El trabajo social principal del maestro y de la escuela debe consistir
en la mejoría constante de la agricultura, de la economía rural y de las
condiciones de vida de los campesinos; el trabajo debe ser hecho con la
ayuda de la escuela y a través de ella. En la medida en que se atiendan las
necesidades del agricultor, la escuela se volverá
indispensable para él, desempeñando un gran papel en
toda su vida; y así veremos desaparecer la desconfianza
que se manifiesta en algunas partes en relación a ella. Cuando el campesino
perciba que la escuela le es útil, que lo ayuda a mejorar su vida y su
trabajo, el ausentismo escolar durante la primavera y el verano disminuirá
rápidamente. Se constata, entonces, que el problema esencial es acercar a la
escuela a las necesidades de la economía y de la vida campesina.
En lo que se refiere a la escuela de la ciudad, la cuestión se plantea
de una forma completamente diferente. Consideramos incuestionable que en
nuestra época, toda escuela debe estar, en menor o mayor medida, en contacto
con la agricultura. Al asunto de
la alianza entre los obreros y los campesinos, entre la
ciudad y el campo,
durante mucho tiempo será para nosotros una cuestión de
actualidad candente. El trabajo de la escuela no se limitará, por lo tanto, a
estudiar la economía rural, sino también a divulgar en el campo la influencia
cultural de la ciudad. Todo ciudadano de la URSS debe conocer más o menos
la economía rural, porque, de una u otra forma, deberá participar en el trabajo
de fortalecimiento de la alianza necesaria entre la ciudad y el campo. Pero si
la escuela no debe limitarse al estudio de la economía rural,
cualquier tipo de escuela urbana debe, por mínimo que sea,
participar directamente en el trabajo agrícola; cada alumno,
que permanezca en la escuela, debe tener la posibilidad de comprender
directamente lo que es el trabajo agrícola. Esto es posible y necesario no sólo
durante el estudio de la naturaleza -realizado desde el punto de vista de la
producción- sino también para conocer el campo y el trabajo
social entre los campesinos.
Los obstáculos materiales vuelven la plena realización de este plan muy
difícil, sobre todo en los grandes centros. Pero es necesario enfrentarlos
gradualmente y de forma definitiva. Las dificultades materiales no deben servir
de pretexto para el surgimiento de argumentos teóricos contra la organización
de este trabajo, como ya se ve en ciertas escuelas de la capital que se
refieren a la escuela de verano como una escuela aparte y diferente a la
escuela de invierno, basándola en juegos, en actividades deportivas,
en la cultura física, etc.
Todo esto es muy bueno, pero se vuelve muy malo si estos son los límites
(aumentándose algunas excursiones al campo) del programa de trabajo de la
escuela de verano; Pensamos también que el trabajo
escolar no puede ser del mismo tipo durante todo el año: variar
el carácter del trabajo y de la vida escolar en relación con las estaciones del
año es para nosotros una de las condiciones importantes de la cultura física.
La variación será sensible sobre todo durante el período de la escuela
de verano, o sea, en la primavera y en el verano, mientras tanto, para ser
más precisos, pensamos que, al mismo tiempo, debemos relacionar, en
proporciones razonables, a la escuela de verano –al menos en lo que se refiere
a una parte del efectivo escolar- al trabajo agrícola.
Es necesario retomar un poco el caso de las colonias de descanso, de las
ciudades y comunidades infantiles que disponen de sus propias áreas en las
haciendas soviéticas, etc. Se trata de un excelente tipo de organización
infantil, siempre y cuando estas comunidades no se encierren en sí mismas,
permaneciendo abiertas al mundo exterior. Por lo tanto, en este mismo caso, hay
puntos que merecen un examen muy serio.
En primer lugar, y más de una vez, el mismo problema: se
exagera en la superficie de las áreas asignadas a los niños,
y en la práctica, frecuentemente, se concluye que el
trabajo sobrepasa a sus fuerzas. Por exceso de celo, las administraciones
locales, pretendiendo garantizar la vida
material de los albergues infantiles, les atribuyen haciendas
demasiado grandes, olvidándose de que no pueden de
forma alguna ser trabajadas exclusivamente por los niños. Un simple
cálculo prueba que un niño de 10 a 15 años, después de haber trabajado en el
salón de clases un tiempo determinado, y largo, no puede garantizar con el
trabajo agrícola en la hacienda la comida, la ropa, el calzado, el
mantenimiento del establecimiento, la luz, la calefacción, el
material escolar y la remuneración de todo el personal técnico. Es
imposible la realización integral en este plano,
al menos actualmente, en función de nuestra técnica agrícola atrasada, de la
falta de un capital de base suficiente, de la pobreza general de los precios
relativamente bajos de los productos agrícolas; pero este resultado es
parcialmente posible, y necesario. De ahí se derivan las
siguientes consecuencias:
1.- La extensión de la hacienda no debe ser superior a la capacidad de
exploración efectiva por parte de los niños. La extensión debe ser tanto más
reducida cuanto los métodos de trabajo sean imperiosamente los
más avanzados - por que esta hacienda debe servir de modelo- o sea, la
intensidad de la exploración debe alcanzar el máximo posible.
2.- El trabajo agrícola debe ser considerado un
problema pedagógico.
Esto no quiere decir que se van a subestimar las consideraciones
administrativas; por el contrario, pensamos que el trabajo agrícola, como
problema pedagógico, debe contener toda una parte administrativa y económica.
Todo esto debe estar íntimamente ligado. Pero nuestro método excluye el posible
agotamiento de los niños en trabajos manuales, perjudicial al aprendizaje
teórico, en la medida en que estas dos formas de trabajo se relacionan entre
sí; de hecho, la enseñanza es perjudicada actualmente por la independencia
práctica entre estas formas de trabajo, en función de la presión de las
necesidades económicas.
Lo que es necesario estudiar ahora es el objetivo del trabajo agrícola
de la institución infantil en relación a la población, esto es, el objetivo
del trabajo racional. El trabajo agrícola
sólo se volverá un factor de educación social cuando sea
tomado como punto de partida, comparándose con el trabajo análogo
realizado en otros lugares, en el sentido de comprender el rumbo y la
importancia de nuestra lucha por las formas de trabajo perfeccionadas. Hablando
más claramente, el trabajo en la escuela debe contribuir para la comprensión de
la alianza entre la ciudad y el campo y, en
función de esto, para la comprensión de todos los
problemas contemporáneos principales. Observando estas condiciones, la escuela
debe hacer lo posible por alcanzar este resultado. La situación de una colonia
infantil con su
respectiva área es mucho más favorable que la de la
escuela urbana con su taller, porque la explotación del área puede y debe ser
mejor que el de una hacienda cualquiera, en tanto el taller escolar de una
escuela urbana siempre estará bajo una fábrica cualquiera. La agricultura en la
escuela puede permitir el desarrollo de la idea de la cooperación, de
perfeccionamiento del trabajo agrícola, de la intensificación de la agricultura, de la electrificación, etc.
La escuela urbana no tiene gran importancia como centro cultural, bajo
la sombra en el contexto de otros centros, en tanto, en el campo, la escuela
con su trabajo rural es el centro cultural más importante. El objetivo central
no sólo es económico, sino, antes que nada,
político, perteneciendo, en consecuencia, al dominio de la
pedagogía social. Es así que se debe imaginar la
exploración y el trabajo racional del área escolar: la escuela debe preparar a
los organizadores de la sociedad del mañana. Este ángulo de análisis permitirá
por un lado,
transmitir al trabajo de los niños, el carácter social que le es
indispensable y, por otro lado, sintetizar los aspectos económicos y
pedagógicos de este trabajo.
Hay un criterio muy preciso para saber si el trabajo de los niños en la
escuela cumple sus objetivos culturales: es el de la atención, el aprecio de la
población; si la población aprecia, ama a su escuela, a su institución
infantil, es porque la institución está a la altura de su tarea social; en
caso contrario, tenemos la prueba de que el trabajo de la institución está mal
organizado pedagógicamente.
La mayoría de las instituciones infantiles conquistó un lugar de honor a
los ojos de los campesinos, obteniendo resultados alentadores. Se percibe,
entonces, que damos una gran importancia al trabajo agrícola de la
escuela. Esta importancia es tanto mayor cuando sabemos que, en
primer lugar, vivimos en un país en que los campesinos pequeños y medianos
forman la abrumadora mayoría de la población y, en segundo lugar, que la
escuela puede hacer mucho mas que lo que el productor desde el punto de vista
técnico, apareciendo como un auténtico guía para el perfeccionamiento de los
métodos y de los instrumentos de producción de toda la economía rural.
7. La fábrica
Es muy lamentable que debamos constatar que esta forma de
participación de los niños en el trabajo no exista en la escuela de formación
básica; en ningún lugar (excepto la escuela de fábrica) los alumnos trabajan en
los bancos de las fábricas.
Pero esto es una exigencia de la lógica de los nuevos programas.
La participación de la escuela de trabajo de la fábrica es el problema
primordial de la educación de la juventud contemporánea. Analicemos más de
cerca el fundamento teórico del problema.
Si consideramos la fábrica antes que nada como un
conjunto técnico, situando los aspectos técnicos de la producción que ahí se
desarrollan en base a la "escuela de producción", es evidente que no
tenemos ninguna cuestión de principio que resolver. Antes que nada porque, si
consideramos a la fábrica de esta forma, ella no ejercerá ninguna
influencia práctica en la educación social, no
habiendo entonces dificultades desde este punto de vista.
El asunto se analizará de la misma forma como ya se hizo al hablar de los talleres. Es más, los talleres
convenientemente organizados presentaron desde el punto de vista de la
"metodología de la enseñanza", un campo de acción más vasto que el
de una fábrica especializada.
Pero nosotros consideramos que la fábrica debe ser analizada de una
forma completamente diferente. Es necesario analizarla como un fenómeno típico de la
realidad actual, ubicándola en sus relaciones amplias y complejas con la vida
ambiental
La fábrica se manifiesta así, no como un fenómeno aislado
a ser estudiado sin gran interés por la escuela, sino como
un núcleo donde se concentra toda la realidad actual considerada en sus
principales manifestaciones; como un
arma de innumerables filos, articulando fenómenos
aislados; como la encrucijada de numerosas entradas; como un gran pórtico
abierto para el mundo.
La gran producción es antes de todo, el punto de unión entre la técnica
y la economía, consideradas en su
conjunto, y desde este punto de unión parten las puntas en
dirección a los múltiples fenómenos de la vida.
Obsérvese, por ejemplo, la fuerza motriz de una fábrica. Su estudio o el
estudio de la fuente de su energía nos lleva ala cuestión de la transformación
de la energía en general; de las diferentes fuentes de energía, de las
máquinas-motrices (técnica); de ahí pasamos a la geografía económica de las
diferentes fuentes de energía y a la lucha mundial que se entabla por su
dominio, lo que, a su vez se basa en las posibilidades técnicas contemporáneas
de utilización de estas fuentes; a los problemas y a los objetivos que se
propone la URSS en el dominio de la energética en general
y de la electrificación en particular. La cuestión de la fuerza motriz de la
fábrica se encuentra como se ve, íntimamente relacionada a las principales
cuestiones económicas y políticas soviéticas y mundiales, incluyéndose ahí la
lucha imperialista por la división del mundo con base en la distribución de la
energía. Es por lo tanto evidente que estamos, a fin de cuentas, encarando los
problemas existentes de la construcción socialista por el dominio de
la energética.
Del estudio de las materias-primas -punto de partida de la
producción- pasamos al problema de su control, de su
preparación, o sea, al estado de la geografía económica, de la
agricultura y la economía rurales, de la elaboración de las
materias-primas agrícolas; así, y más de una vez, la
cuestión de la técnica y de la tecnología aparece ligada a la economía.
Los niños observan, por otro lado, que las necesidades de la industria
nos muestran los problemas de la economía rural, y la cuestión de la
alianza entre el proletariado y el campesinado será aclarada desde este punto
de vista.
El estudio de la máquina-herramienta conlleva una serie de puntos
económicos, sin hablar de la técnica, que, a final de cuentas, se basa en la
física, en la mecánica, en las matemáticas y la química. Y esto nos lleva a las
cuestiones relativas a la fabricación de las máquinas-herramientas, a las
materias-primas, a su producción, a la extracción y el trabajo de los metales;
al problema de la lucha mundial que se mantiene por el control de estas
materias-primas, que se combina con la otra lucha por las fuentes de energía,
constituyendo en el punto cardinal de la realidad actual conforme la definición
dada con anterioridad. Aludimos en esta parte al fundamento de la lucha
imperialista. Por otro lado, el tema de las máquinas-herramientas nos lleva al
análisis del problema principal y vital de nuestra industria, esto es, a la
elevación del rendimiento del trabajo y toda
una serie de variados asuntos que se relacionan con esto,
así como con el estudio de los medios para su realización.
Surgen más tarde los problemas relativos al producto fabricado, a su
venta, al consumo, a los mercados, al comercio, a la cooperación; todos estos
problemas nos hacen regresar de nuevo al tema de la alianza del
proletariado con el campesino, punto fundamental de nuestra economía y nuestra
política.
La relación entre una producción determinada y otra análoga, por
intermediación de una sociedad, de un sindicato, una administración de la
industria soviética, nos lleva al análisis de los fundamentos del régimen
soviético. A la relación de una producción determinada con otras sin las
cuales ésta no puede existir (materias-primas, energía,
máquinas, productos auxiliares) permite la comprensión de la relación
intrínseca del conjunto de la economía de la URSS y de toda la economía
mundial -esto es, de los temas relativos a las diferentes combinaciones
industriales-.
Pero esto no pasa de ser sólo un aspecto del problema. Si tomamos ahora
el estudio del obrero como punto de partida, encontramos también toda una
serie de relaciones: el obrero, su salario, el sindicato, el obrero de hoy y el
de antes, su vida, su relación con el campesino (esta vez
desde el punto de vista de las condiciones de vida y no desde el punto de
vista económico), el Partido, la juventud comunista, la situación de la mujer,
el trabajo de las mujeres, etc.
Evidentemente, analizamos apenas una parte muy pequeña de las relaciones
existentes entre la fábrica y la vida. Toda la realidad actual desemboca en la
fábrica. Es necesario imaginar a la fábrica como el centro de una amplia y
sólida tela de araña, de donde parten innumerables hilos, unidos entre sí para
formar los múltiples nudos de la vida. Esta tela es el esqueleto, la armadura
de toda la realidad actual, el objetivo central de la atención de nuestra
escuela.
La actitud de la escuela en relación a la fábrica deriva de esta forma
de analizar a la propia fábrica: la escuela no estudiara solo a la fabrica;
consideramos que el trabajo principal de la escuela es hacer que el alumno
comprenda y capte todos y cada uno de los hilos que se relacionan con la
fábrica. Los estudios lo llevarán a varias cuestiones científicas o, más
exactamente, a toda una serie de temas científicos y prácticos para los cuales
la escuela deberá proporcionarle repuestas a través de la formación básica y de
la educación. El trabajo escolar asumirá entonces a los ojos del alumno su
plena justificación, su plena importancia, su carácter necesario, así como un
significado social
determinado y amplias perspectivas. Entonces será más
fácil pasar al trabajo social de los niños y de toda la escuela.
Es así que se crea la síntesis tan buscada entre el trabajo y
la ciencia. Esta no es obtenida de una forma directa, sino gracias a la educación en el trabajo.
La consecuencia de todo lo anteriormente dicho es que el estudio de la
industria, de la fábrica no debe ser, bajo ninguna hipótesis, algo indiferente
a la escuela, un estudio objetivo, exterior al alumno y a sus sentimientos. La
fábrica no debe ser extraña para nosotros, sino, por el contrario muy
próxima, de manera que se nos atienda de cerca,
respondiendo a las preocupaciones de los niños, creando
sus convicciones, que serán posteriormente desarrolladas por la escuela.
Hablando más concretamente, los niños deben de interesarse por la fábrica y
relacionarse íntimamente con ella.
El trabajo en la escuela bajo otras formas (trabajo en los talleres,
trabajo agrícola, etc.) completa o prepara de variadas formas esta concepción
de la industria.
Este es, por lo tanto, el problema fundamental.
¿Se puede resolver sin la participación directa de los niños en el
trabajo de la fábrica? Consideramos que no.
Sólo el contacto directo y constante con la fábrica
en su vida cotidiana, con el obrero, con el aprendiz- y desde que el
alumno viene a la fábrica, no en calidad de espectador o de excursionista sino
en calidad de trabajador que intenta comprender prácticamente el trabajo
fabril- sólo un contacto semejante, reafirmamos, puede provocar las emociones
necesarias a la educación social: en caso contrario, la enseñanza no
tendrá alma, digámoslo así, o sea, la educación escolar estará mutilada de
su mitad esencial.
De ahí por que, a nuestro ver, el asunto del trabajo -trabajo directo-
en la fábrica es de extrema importancia.
La concepción que tenemos del problema nos posibilita aclarar así mismo
las formas de trabajo.
Antes que nada, es necesario saber que el trabajo de la fábrica no puede
de ninguna forma ser sustituido por el trabajo del taller, por muy bien
organizados que éstos sean, como, por ejemplo, los talleres de la escuela de
fábrica.
Es indispensable que el alumno participe en el trabajo productivo lado a
lado con el obrero o con el aprendiz. Cualquier otra forma de trabajo no pasará
de ser un sustituto incapaz de llegar al mismo objetivo.
En la selección de una fábrica (si fuera posible escoger), la variedad y
la importancia de la técnica no deben ser consideradas. Claro que es bueno
tomar una producción de
técnica variada, por ejemplo, la textil o la metalúrgica. Pero
pensamos que, en el fondo, esta cuestión no tiene gran importancia; la escuela
de la especialidad tampoco desempeña un papel importante; dejemos este problema
al criterio del médico que cuidará de la salud de los niños; lo que es
importante, desde el punto de vista psicológico, es que los niños tengan el
sentimiento de colaborar en la producción; lo que también es importante es que
tengan la libertad de estudiar a la fábrica en todas sus partes.
Consideramos una condición indispensable el contacto íntimo de los
niños con la población obrera de la fábrica, con su vida, su trabajo, sus
intereses y preocupaciones; la participación en todas las manifestaciones de la
vida de la fábrica (asambleas generales, cooperativas, clubes, juventud
comunista, célula del Partido, fiestas revolucionarias, eliminación del
analfabetismo, etc).
Nuestra manera de exponer el asunto nos posibilita
también a discernir cuál es la mejor edad a partir de la cual
los niños pueden participar en el trabajo de la fábrica. Considerándose el
trabajo previo en los talleres,
definido como propedéutico al trabajo de la fábrica, considerándose igualmente
la edad impuesta por las condiciones del
trabajo fabril y los amplios problemas expuestos por la fábrica a los
niños, no se podrá hablar de trabajo en la fabrica a no ser
después del 6º año de estudios, o más exactamente tal vez,
a partir del 7º, por ejemplo, durante un trimestre (de invierno).
Pero tales condiciones están en un nivel teórico, y el lector preguntará
si existen las condiciones para realizar estos principios en la práctica.
Desafortunadamente ellos son, aún hoy, irrealizables en
una mayor o menor medida, pero en el futuro -y este futuro
en condiciones favorables puede darse entre 3 a 5 años- estos principios
constituirán la única pedagogía comunista conveniente a la escuela de siete
años, en los grandes
centros o en las proximidades de las grandes fábricas.
Las dificultades prácticas surgen de dos lados: de la escuela y de la
fábrica. Si el trabajo del niño en la fábrica es un tema central para nuestra
escuela, esto aún no ocurre en la fábrica; y considerándose la situación actual
de nuestra industria, no pensamos que sea posible poner este tema a
la orden del día. Actualmente, desde el punto de vista de la industria, se
atiende sólo el nivel anterior a la guerra; es innegable que la recuperación se
procesó al lado de la transformación de la industria, pero a pesar de todo, aún
no encuentra una situación provisoria para el aprendizaje en que sea posible
marchar tranquilamente para la reorganización comunista de la economía: no
estamos aún en una progresión lineal, no hemos terminado
nuestra penosa ascensión en medio de abismos y precipicios.
Después de lo que se ha dicho, podría parecer un lujo que
nuestra industria se ocupara desarrollo general de un
asunto que es secundario -pero esto es sólo una apariencia: lo que parece
secundario hoy para nuestra industria está lejos de ser secundario para el de
nuestra economía
Los problemas actuales no se limitan a la preparación de buenos
especialistas, a la introducción de una técnica perfeccionada, a la formulación
de estrategias industriales, a la relación de nuestra industria con la
economía rural. Todos estos problemas pueden ser resueltos gracias al
apoyo directo y enérgico de la masa de los trabajadores, interesados directa e
indirectamente en nuestra economía: este es un axioma de nuestro régimen
soviético. Pero es la escuela la que prepara el material humano de la industria.
Será indispensable el más íntimo contacto entre la
escuela y la economía, si queremos tener hombres que
comprendan claramente los principios de nuestra obra constructiva, participando
activamente en su elaboración y asumiéndola como cosa suya.
Los problemas del tercer frente (formación básica) están íntimamente
ligados a los del segundo frente (economía).
La tendencia a extender y a reforzar la relación de la escuela con
la economía comienza a crecer. La iniciativa, como siempre, pertenece a la
Juventud Comunista. De forma general, podemos decir que la idea va
tomando forma: constatamos que ya existe un decreto del Narkompross sobre
"la Escuela del Trabajo junto a la
Fábrica", en que la conferencia Pan-Rusa votó a favor de
una resolución detallada relativa a la escuela de 2º grado, ya en
determinados lugares este tipo de escuela empieza a organizarse.
No hay todavía referencias al trabajo directo de los niños en la fábrica
en ninguno de los documentos relativos a la escuela de 2º grado. Y mientras
esto pasa, es evidente que la escuela debe estar ligada a la vida y las
preocupaciones de la masa obrera, a la producción y al trabajo social de
la fábrica. Pero pensamos que los decretos del Nakompross no serán suficientes
para organizar y reglamentar este tipo de escuela; solamente la vida y la
experiencia nos podrán indicar el método conveniente.
Sea como fuere, debemos prepararnos y preparar a la
escuela para esta evolución. Es necesario que el
Nakompross proponga el asunto al poder soviético, al Partido y al conjunto
de los trabajadores; será necesario organizar una amplia campaña para la
educación social, de manera que el administrador, el ingeniero, el intendente,
el obrero, comprendan la importancia del trabajo infantil, la importancia de la
escuela del trabajo; es necesario que la población se interese por la escuela y
por los problemas escolares; debemos atender este resultado lo más pronto
posible antes de avanzar más.
8. El trabajo improductivo
Como el propio término lo dice, se trata de formas de actividad que no
producen valores materiales. Pero la denominación no es válida; si nos servimos
de ella, es porque no conocemos otra mejor.
Entran en la categoría de trabajos improductivos:
a) El trabajo del funcionario del Estado o de las
instituciones sociales: secretariado, oficinas, agencias, el aparato soviético,
etc., y el trabajo de los que garantizan el funcionamiento de las empresas
industriales: comité de fábrica, contabilidad y administración, oficina
de estadística, órganos sindicales, etc.;
b) El inmenso dominio de la cooperación en
todas sus formas (consumo agrícola, crédito, producción), y el comercio
del Estado;
c) El trabajo del educador (escuela,
centros infantiles, jardines de niños, biblioteca, clubes, etc.);
d) El trabajo de salubridad y médico en todas sus formas.
Tales servicios necesitan de un ejército de trabajadores con aptitudes
profesionales inferiores y medias. La formación racional y soviética de estos
trabajadores constituye un asunto tan importante como la formación del obrero
calificado. En la medida en que avanzamos, este asunto se vuelve cada vez más
grave, revistiendo un carácter actual cada vez más claro.
La escuela no tiene el derecho de concebir esta formación de una
forma estrecha, limitándose a inculcar en sus alumnos algunos hábitos técnicos
que les permitan ganarse la vida. Si impusiéramos cuadros tan estrechos a
la preparación profesional, transformaríamos a la escuela en cursos de
“estenografía, dactilografía y contabilidad”, que serían idénticos a los cursos
anteriores a la Revolución. La
escuela, por el contrario, y antes que nada, debe aprender
a ver todas estas funciones como trincheras en las manos
del proletariado comprometido con la construcción del nuevo régimen. Cada
uno de los tipos de trabajo citados anteriormente, debe ser considerado por la
escuela como una forma de actividad socialmente útil y necesaria. El alumno
debe concebir todas estas formas de trabajo como partes integrantes de la obra
constructiva de los soviets, como un trabajo útil y necesario en su respectivo
lugar.
Si pusiéramos el tema en este nivel, sería evidente que los
"trabajos improductivos" deben estar integrados a la
escuela como elementos de educación social.
Pero este tipo de trabajo puede tener un espacio en la escuela de dos
formas.
Antes que nada, podrá tratarse de una actividad unilateral de los niños,
importante para la escuela, pero con la responsabilidad de los alumnos limitada
a los propios órganos de la escuela.
Queremos hablar de esta actividad que es posible a partir
de la escuela de 1er grado y que objetivamente no
presupone aún una colaboración sensible de los niños para
el trabajo social de los adultos (aunque subjetivamente los
niños pueden tener la certeza de que están colaborando).
Se trata, por ejemplo, de entrevistas e investigaciones de todo tipo que los
niños (también los de 1er grado) realizan
sobre varios asuntos. El objetivo de estos trabajos es
interno a la escuela; los órganos y las instituciones exteriores a la
escuela no consideran seriamente el trabajo de los niños; tales trabajos,
digámoslo así, sirven a las necesidades de la escuela, tomando en consideración
las finalidades de la educación. Pertenecen a este tipo los trabajos de los
pioneros, por ejemplo, la documentación sobre los impuestos en géneros, la
redacción de cartas para los analfabetas, las colectas de dinero para la Cruz
Roja, etc. También se incluyen las tareas públicas de la escuela para las
cuales ésta es colectivamente responsable, sin que
los alumnos tengan responsabilidades personales definidas.
Este tipo de actividad empieza casi en el primer año de la
escuela y se vuelve cada vez más complejo; en esta
medida, se aumenta la responsabilidad de la escuela en el que se refiere a los
órganos exteriores, volviendo a su trabajo gradualmente bilateral, esto quiere
decir, socialmente útil y necesario.
Pero, si la actividad unilateral se desarrolla cada vez más en la
escuela –y este tipo de trabajo será tanto más difundido en cuanto menos la
escuela se encierre en sí misma-, la actividad bilateral sólo es abordada
raramente en el orden del día, a pesar de su gran importancia. En lo que se
refiere a la escuela de 2º grado, esta importancia aparece muy claramente en
relación a los objetivos de este tipo de escuela.
Nuestro sistema escolar empieza a tomar una forma cuyo esbozo es el
siguiente:
En la base, la escuela elemental del 1er grado, con una duración de
cuatro años, es decir, la escuela de formación básica, que rápidamente se
volverá obligatoria para todo el mundo.
En las regiones industriales es la escuela de siete años
la que debe volverse obligatoria. La escuela de fábrica se concibe como
continuación de la escuela de 7 años, asumiendo la responsabilidad de ofrecer,
después de la formación básica de siete años, la enseñanza profesional
suficiente para una determinada industria.
En el campo, la escuela elemental debe ser continuada por la escuela de
la juventud campesina, con una duración de tres años: el conjunto forma una
escuela específica de 7 años de formación agrícola y conforme a las necesidades
de la economía rural.
Aún falta la discusión del 2º grado, el tema de la escuela de
9 años. ¿Cuál es su lugar?
Ante todo, la escuela de 2º grado no puede servir únicamente como grado escolar preparatorio a la
enseñanza superior, y esto por diferentes razones.
La principal es que la gran mayoría de los alumnos de 2º grado no
continúa sus estudios, quedándose en este.
El 2º grado debe, por esta razón, ser algo completamente diferente. ¿Se
trata de un tipo más elevado de escuela
elemental? Esto sucederá cuando nuestra situación
material, cuando el nivel de nuestra información básica, cuando las condiciones
políticas venideras exigieran este tipo superior de escuela elemental.
Pero en este momento ella se limitaría a ser privilegio de una
minoría insignificante, y semejantes privilegios no son concebibles.
Sólo una solución posible; se trata de conferir al 2º grado
un objetivo determinado, correspondiente a los problemas
y a las necesidades que aparecen en el curso de la construcción soviética
.
Es evidente que no se trata de cerrar las puertas de la
escuela superior a los alumnos provenientes del 2º grado:
los alumnos más aptos deben tener condiciones para continuar sus estudios; pero
éste no es el único objetivo del 2º grado; ni tampoco su
objetivo principal.
La escuela del 2º grado debe buscar alcanzar un objetivo determinado; es
por eso que su 2º ciclo debe comprender una serie de estudios prácticos que
preparen a los alumnos para las tareas administrativas e intelectuales
(trabajos materialmente improductivos). Todo esto ya está decidido, además, por
el Narkompross. Pero la aplicación posterior de los principios adoptados puede
ser imaginada de varias maneras, manifestando varios puntos sujetos a debate.
Un plan de estudios estrictamente profesional llevaría
necesariamente al empobrecimiento de la formación
general -la especialización realizada de esta manera quedaría carente de una
visión indispensable sobre la realidad actual, sobre el problema general de
la construcción soviética. El alumno tendrá todo el tiempo
para transformarse en algún engrane de una máquina muy compleja, pero
correremos el riesgo de que él no tenga el tiempo necesario para conocer el
lugar exacto que le corresponde como engrane de esta máquina y para comprender
la estructura general y el funcionamiento total de esta máquina. Por el
contrario, todas las formas de esta actividad "improductiva",
conforme fueron descritas antes,
exigen del 2º grado, en primer lugar, una buena
preparación general, y sólo un cierto grado de preparación
especial, porque el objetivo del 2º ciclo no es el mismo que el del instituto
técnico: éste forma "jefes, directores, líderes" y el otro forma
"auxiliares".
Otro tema polémico: el carácter de la propia especialización. La
cuestión se plantea de la siguiente forma: si los estudios profesionales
duran sólo dos años con un mínimo obligatorio de formación básica, ¿no sería
mejor concentrarlos en una especialidad bien definida, o en un ramo particular
de una determinada profesión? O, al contrario, teniendo en cuenta la necesidad
de conservar un mínimo de formación básica, ¿no sería mejor que la escuela se
limitara a preparar una especie de introducción de conjunto a la
especialización práctica?
En el fondo, el problema puede ser resumido al siguiente punto: ¿De qué
trabajador de base tenemos necesidad (se trata, es claro, de los trabajos
"improductivos")? ¿Un trabajador de este tipo necesita de una
preparación general suficiente o del dominio completo de una sola forma de
trabajo? Pensamos que él necesita de las dos, o mejor, de las tres: de una
buena preparación general, de una buena introducción de conjunto al estudio de
una determinada profesión y de un conocimiento perfecto de una forma precisa de trabajo. De hecho, un maestro de primaria rural
será mediocre maestro si no sabe trabajar con un adulto, ni
ayudar a las personas a formar un jardín de niños o un campo de juego; un
contador soviético que no conoce las diferentes formas de cooperación no nos
servirá de nada.
Pero aún más es necesario saber si la escuela puede formar
trabajadores de este tipo. Es aquí que empiezan las
divergencias propiamente dichas. A nuestros ojos la
escuela no puede o no tiene las condiciones para cumplir íntegramente con
esta tarea.
El objetivo de la escuela es formar a los niños para que puedan, en
plazo breve, con un gasto mínimo de energía y fuerza, pagando a la vida un
tributo mínimo por el aprendizaje, adquirir la experiencia necesaria para
convertirse en trabajadores completos.
Resumiremos entonces el problema de la siguiente forma:
1.- La escuela debe dar a los alumnos una formación básica social y
técnica suficiente para permitirle una buena orientación práctica para la vida.
2.-La escuela debe asumir antes de todo un carácter práctico con el
fin de facilitar al alumno la transición entre la escuela y la realidad
integral de la existencia, a fin de capacitarlo para comprender su medio y para
dirigirse autónomamente.
3.- La escuela debe acostumbrar al alumno a analizar y explicar su
trabajo de forma científica, enseñándole a elevarse del problema práctico a la
concepción general teórica, a demostrar iniciativa en busca de soluciones.
Poner el problema de esta forma es declarar ipso facto que
una especialización estrecha y profunda no sería justificable ni en el mismo 2º
ciclo de 2º grado! Por otro lado, esto implica al mismo tiempo una organización
a criterio de la formación social y técnica y una amplia utilización, en un
ramo determinado, de la actividad práctica del niño. Esta actividad, debe estar
relacionada, por un lado, a la formación básica, y por el otro, a los
principios teóricos que orientan el estudio de los temas profesionales.
En la reorganización del 2º ciclo, debemos considerar el trabajo
práctico del niño como uno de los problemas más importantes.
La escuela se propone formar hombres susceptibles de
ejercer el empleo de auxiliar o de ayudante. ¿Será que es
necesaria una especialización teórica para esto? ¡No! Pero, sí, la
capacidad de ejecutar de hecho el trabajo. Una capacidad de este tipo
puede ser adquirida sólo en la práctica del trabajo verdadero, en el ambiente
de la vida real, (esto es, en la fábrica, en el taller, en la tienda, en la
oficina, etc.) y no en una “escuela-laboratorio” que nunca tendría las
condiciones de sustituir a la realidad palpitante de la vida. Desde este
principio no se debería concluir que "la escuela-laboratorio" no
sirve para nada; ella es útil, pero su área debe delimitarse cuidadosamente.
En la medida en que la actividad "auxiliar" desempeñe un gran
papel en el trabajo escolar, también en la escuela de 1er grado, es
necesario reforzarla en el 2º ciclo, volverla más rigurosa, más seria,
atribuyéndole una serie de responsabilidades; o sea, es necesario: 1) que
los niños de 2º ciclo de 2º grado estén relacionados
durante determinado número de horas por semana, o durante un plazo
prolongado, a alguna institución del Estado, a algún establecimiento o a alguna
organización económica, etc.; 2) que el trabajo no sea un ejercicio artificial,
adhiriéndose en el marco de la institución o de la empresa y respondiendo, en
lo que se refiere a las proporciones que toma y a las responsabilidades que
promueve, a las necesidades de este organismo;3) que el trabajo sea explicado y
profundizado en la escuela de una manera científica y social.
Los niños son responsables por este tipo de trabajo, al mismo
tiempo, en la escuela y en la institución interesada. La organización del
trabajo en la escuela, de acuerdo con la tendencia que tratamos de desarrollar
en este libro, prepara a los niños para esta actividad doblemente responsable.
El alumno parte de las obligaciones comprendidas por el tipo más simple de
trabajo, se va adaptando a los hábitos técnicos del trabajo y llega al trabajo
social de la escuela, en el cual participa como miembro de la colectividad
escolar. Finalmente, se opera el pasar a la práctica individual con una
responsabilidad individual junto a las organizaciones sociales y a las
instituciones públicas externas a la
escuela. Evidentemente, esta forma de trabajo debe ser
realizada de preferencia en los últimos años escolares. Ella facilita la
supresión de las barreras que
separan a la escuela de la vida. La entrada del alumno en la vida
después de la escuela deja de ser un salto a lo desconocido, volviéndose una
transición muy fácil y, cuanto más pase desapercibida, mejor será para el
alumno.
***
Puesto que estamos tratando un asunto preciso y limitado, es
imposible ofrecer explicaciones más detalladas sobre el 2º ciclo de 2º
grado. Desearíamos tener sólo las
observaciones del principio que se derivan de nuestra
forma de imaginar la actividad práctica de los alumnos. Se trata de tres
observaciones que estudiaremos sucesivamente.
1.- No es necesario crear un gran número de grupos de alumnos por
categorías profesionales;
2.- Cabe discernir tres etapas en la actividad práctica al transcurrir
el 2º grado;
3.- El paso de la escuela a la vida real debe ser
realizado imperceptiblemente.
La conclusión fundamental, que tal vez sea suficiente para resolver
completamente el problema de la formación profesional, puede ser resumida de la
siguiente forma: podemos desarrollar la especialización del alumno en
una determinada profesión hasta el más alto grado sin crear toda una serie de
subdivisiones. Evidentemente, los agrupamientos por categoría
profesional son necesarios,
porque es muy raro que sea posible admitir a todos los
niños en la práctica en condiciones idénticas; en la mayoría de los casos, será necesario ubicarlos en diferentes
empleos del mismo ramo; por ejemplo en relación a la actividad práctica del
ramo de la "enseñanza": en el jardín de niños, en la escuela de 1er.
grado, en los pioneros, en la sala de lectura, en el club, en la biblioteca. En
la práctica una clasificación de este tipo sería casi inevitable para el grupo
de trabajo de enseñanza. (De la misma forma para el grupo de trabajo de la
cooperativa: colaboración en la contabilidad, en las tiendas cooperativas, en los almacenes
o en la administración, etc.). Simultáneamente a estos aprendizajes,
todos los niños pertenecientes a un determinado grupo recibirán los
conocimientos teóricos
fundamentales comunes a todas las subdivisiones del grupo.
Sería entonces natural: 1) respetar el gusto y la aptitud del alumno en
la elección del empleo y en la constitución de los grupos; 2) crear condiciones
para que el aprendizaje colectivo de la teoría general sea acompañado por un
trabajo independiente, por tareas individuales relacionadas a la actividad
práctica atribuida al alumno y susceptible de contribuir a la explicación
teórica de esta actividad; 3) garantizar, en la dirección del trabajo del
alumno, la presencia de especialistas que supervisarán el trabajo práctico
efectuado por los niños.
La segunda conclusión se refiere a las diferentes etapas de la actividad
práctica del 2º ciclo. Podemos
destacar tres: etapa de orientación, etapa de realización, y etapa de
iniciativa. Llamaremos a la primera etapa de orientación – en
el transcurso del octavo año escolar. En este momento el alumno entra por
primera vez en contacto con la práctica real, por ejemplo, como observador o
como auxiliar. Durante esta etapa, él acumula nuevas e importantes
impresiones, observa, comprende lo esencial de los problemas técnicos. Esta
etapa es importante en la medida en la que permite al alumno la comprensión de
las formas de trabajo que él observa, sus dificultades reales, sus
relaciones con la realidad, haciendo brotar en el espíritu del alumno los
problemas teóricos fundamentales relacionados con determinada profesión. De
esta forma, es posible proceder a una revisión teórica de los principios
fundamentales, específicos, de los distintos ramos de la
actividad y pasar a la segunda etapa, esto es, a la
ejecución de un determinado trabajo en el interior de la institución o de la
empresa más adecuada, a la transformación del alumno en un trabajador
real con un empleo preciso, aunque este trabajador no pase en este momento de
la condición de auxiliar.
Durante la segunda etapa, habrá una íntima relación entre la
actividad práctica, la formación básica y la formación técnica. Gradualmente,
se pasará a la tercera etapa, al trabajo de iniciativa. Este trabajo consiste
en resolver un problema práctico determinado. De hecho, veamos como
pensamos este asunto: en el segundo año (tal vez en la segunda mitad del año),
cuando los estudios secundarios terminen, cada alumno debe realizar una tarea
de larga duración, durante algunos meses, relacionada con su formación
práctica; debe realizar un proyecto sobre un determinado tema. Un proyecto de
este tipo debe:1) comprobar la aptitud del alumno para vencer
las dificultades de un problema y para investigar las soluciones posibles;
2) reforzar y profundizar en las normas de
investigación, la habilidad en utilizar los datos teóricos, etc.;
3) revelar la orientación del alumno en su especialidad; 4) presentar,
en fin, un interés práctico y una importancia real en la especialidad escogida
por el alumno.
Para examinar el proyecto presentado, se consultan especialistas, de
preferencia los directores de los ejercicios prácticos. Más aun, sería
preferible que los propios especialistas propusieran los temas de los
proyectos, para garantizar eventualmente la utilización práctica de los
resultados del trabajo.
No es difícil descubrir que las diferencias de la naturaleza existentes
entre las tres fases determinan, en gran medida, el carácter de la
actividad práctica durante el segundo ciclo. A una etapa
determinada corresponde una determinada forma de actividad.
La tercera conclusión se refiere al paso de la escuela a la vida.
Como ya dijimos anteriormente, la actividad práctica
de los niños permite el paso casi insensible de los bancos
de la escuela hacia una participación efectiva en la vida práctica.
Particularmente, en la etapa de “proyectos” e “iniciativa” modifica el carácter
tradicional del “fin de los estudios”. Tenemos aun el hábito de imponer a los
alumnos que llegaron al fin de sus estudios escolares el paso por un purgatorio
de pruebas de todos los tipos y nombres: ensayos, trabajos trimestrales, trabajos prácticos, revisión
de los conocimientos, etc. !Simple camuflaje de los exámenes infernales!
Seguido siempre, y sin que se pueda evitar este mal, un término de escolaridad
que implica una cantidad ininterrumpida de nociones puramente teóricas
extraídas de apostillas, y, más aun, se trata de un trabajo puramente verbal y
formal, un cúmulo de conocimientos adquiridos especialmente para realizar un
examen. En vez de disminuir progresivamente el estudio, este es llevado,
normalmente, hasta el límite extremo, interrumpiéndose entonces bruscamente su
desdoblamiento y enviando a los
adolescentes a la vida, donde se debatirán como
cachorritos tirados al río. Nosotros proponemos lo contrario. Mucho tiempo
antes del término de los estudios (seis meses antes), se abandona todo el
trabajo puramente teórico (gradual y previamente reducido); el alumno dedica
todo su tiempo exclusivamente a la práctica y al proyecto que debe ejecutar por
sus propios medios en el sentido de facilitar su entrada a la vida: de hecho,
el alumno tiene ya la responsabilidad sobre su propio trabajo.
Pocos grupos por categoría; tres fases en la actividad práctica; paso
insensible a la vida real, estos son, a nuestro ver, los principios que deben
regir la participación de los niños en los trabajos “auxiliares” y las
conclusiones de carácter específico del segundo ciclo del segundo grado.
***
Pero ahora enfrentamos un problema de otro orden. Es evidente que los
"trabajos auxiliares" de los alumnos interesan no sólo a la escuela,
sino también, en una medida
no menor, a las instituciones públicas, económicas y
sociales en que los alumnos van a trabajar. Hasta entonces los alumnos eran
admitidos en el trabajo (donde se realizaban opciones de este tipo) después de
acuerdo entre la escuela y alguna organización. Los acuerdos de este tipo
tenían, en la mayoría de los casos, un carácter puramente privado. Pero si
ponemos, en toda su amplitud, el problema del trabajo de los niños en el
interior de las diferentes
instituciones y empresas, será imposible resolver la
cuestión de modo aleatorio. Esto significa que el problema debe ser tratado en
su conjunto y resuelto por la vía
legislativa y por todo el Estado. No se puede estar sometido
al azar de las circunstancias locales para la obtención de una
reglamentación racional de la actividad práctica del niño.
Las escuelas que dirigen a sus alumnos en
el sentido de una práctica de este tipo, deben unir esfuerzos para
promover la formulación de una reglamentación legislativa.
9. El problema de la organización científica del trabajo
a) Actualidad del problema y elección del método pedagógico
apropiado
El problema de la organización científica es un problema absolutamente
actual, de importancia capital para la URSS, porque se sitúa en función o, más
exactamente, como
consecuencia de los siguientes problemas: reconstrucción y,
sobre todo, transformación del conjunto de nuestra economía. La
organización científica del trabajo que nació y se desarrolló en América y
Europa Occidental con la finalidad de intensificar la producción,
reforzando la explotación del obrero y aumentando las ganancias del capitalismo,
puede y debe proponerse entre nosotros como un objetivo enteramente opuesto:
volviéndose, entre nosotros, el medio mas eficaz de aumentar la
producción, de utilizar
racionalmente la energía del trabajo, de reformar metódica
y económicamente la administración, la organización científica del trabajo (que
es actualmente un medio de explotación) se metamorfosea en medio de la
liberación. Pero la organización científica del trabajo, en función de esta
transformación radical, exige para desarrollarse otros elementos y otras
condiciones en relación al Occidente capitalista. Si en el
capitalismo la organización científica del trabajo se hace de arriba para
abajo, según un plan determinado, fría y estrictamente concebido, en
el sentido de extraer del obrero en 8 horas (y, en
muchos lugares, de 10 a 12 horas) el máximo que él puede ofrecer, cuando está
en condiciones de plena salud, después cuando sea necesario, dejarlo en la
calle con cuarenta años, incapaz de trabajar, exprimido como un limón,
sustituyéndolo por un obrero sano y fuerte, encontrado en la gran reserva de
fuerzas humanas, si esto sucede en el capitalismo, nosotros al contrario,
sólo podemos realizar la organización científica del trabajo de
abajo para arriba, atrayendo
la atención de las masas obreras para este tipo de organización, suscitando un
cierto entusiasmo alrededor de estos problemas, figurando esta organización
científica como un medio para consolidar lo que ya realizamos en términos
de revolución social.
Para obtener resultados positivos en términos de organización científica
del trabajo, es necesario, entre nosotros motivar las propias masas
trabajadoras, en la mayor medida posible, asimilar y a llevar a la
práctica la ideas comprendidas bajo el nombre de organización científica del
trabajo.
Si es así -y si las cosas suceden exactamente así- el problema de
la organización científica del trabajo asume una gran importancia,
convirtiéndose para la escuela, que forma y prepara la actividad de las masas
populares una cuestión actual que es indispensable introducir en la enseñanza
de una u otra forma.
***
Esto se puede hacer de dos formas: la primera -y la más simple- consiste
en introducir en la escuela una nueva
disciplina, "la organización científica del trabajo", en escribir
los manuales correspondientes y empezar con el
aprendizaje desde el 2º grado. El segundo método, más difícil, más minucioso,
más "lento", significa organizar todo el trabajo escolar, en
particular todo el trabajo práctico de la escuela, en el terreno de la
organización científica del trabajo.
Defendemos con todas nuestras fuerzas el segundo método contra el
primero, antes que nada porque la organización científica del trabajo no es
todavía una ciencia susceptible de ser simplificada, de manera que pueda
convertirse en objeto de enseñanza escolar. Nos encontramos aún en la fase
de la creación de la organización científica del trabajo
en cuanto ciencia, buscamos el camino, sembrando
semillas. Es prematuro y arriesgado creer que sea actualmente posible la vulgarización
por la escuela de los principios científicos de la organización del trabajo.
En segundo lugar, la organización científica del trabajo es inconcebible
separadamente de sus aplicaciones a la realidad. Se trata de una disciplina que
solo tiene sentido considerada en sus aplicaciones prácticas. Si
nuestro objetivo es que los niños de hoy, los futuros obreros de la Rusia
Soviética, puedan concebir incesantemente nuevas adaptaciones de la
organización científica del trabajo, es indispensable que sean educados en la
misma base de la organización científica del trabajo. Claro, intentamos organizar
la escuela y la enseñanza con bases marxistas; entretanto, es improbable que
alguien pueda pensar en introducir el marxismo en la escuela bajo su
forma filosófica, económica e histórica como disciplina escolar. Es dudoso
que esto sea accesible, en general, aún para los
alumnos mas avanzados de 2º grado; sólo algunos niños
más desarrollados intelectualmente podrían comprender este tipo de
enseñanza, y para ellos podríamos organizar simplemente un grupo de estudios.
Pero, para la mayoría de los niños, pretendemos sólo alcanzar el siguiente
objetivo: que tengan un sentido real de los principios marxistas en todos los
casos, que se cree en ellos una especie de
sentimiento marxista que servirá de base para forjar en
ellos una mentalidad marxista. El problema de la organización
científica del trabajo debe ser planteado de la misma forma. No es
indispensable enseñar la organización científica del trabajo como una
disciplina diferente, pero es
absolutamente necesario que los niños vivan diariamente
en la atmósfera de la organización científica del trabajo, que, diariamente, se
convenzan de su importancia
y utilidad, que ella impregne toda su vida escolar,
volviéndose parte integral de las preocupaciones de los niños y de los
objetivos que ellos pretenden alcanzar, orgánicamente ligada a su vida
y a sus hábitos cotidianos. Así, el gusto por esta especie de asuntos y
temas se desarrollará entre los niños de una forma natural. Y entonces
nuestro objetivo será plenamente alcanzado.
b) La introducción en la escuela de los elementos de la
organización científica del trabajo
¿Con qué método introducir estas preocupaciones y hábitos
en la vida? El problema se presenta en dos aspectos,
porque se puede considerar sobre dos aspectos la propia organización
científica del trabajo, ya sea analizando el trabajo individual, o por el contrario, el trabajo colectivo.
Uno de los problemas comprendidos por la organización científica del
trabajo es el estudio de los métodos de normalización del trabajo individual.
Se entiende por esto la normalización de los movimientos y los
esfuerzos musculares, esto es, la investigación de
los comportamientos económico (en relación al tiempo y al desgaste de
energía muscular y nerviosa), basados en la repetición automática y casi
inconsciente de una serie de movimientos que permiten hacer determinado tipo de
trabajo, por ejemplo, pulir, lijar una superficie plana, etc. El
problema comprende también la elección de un plan racional de disposición
en el espacio de las mesas de trabajo, del instrumental, del material, de
suerte que todo esté en un lugar determinado y racionalmente escogido, etc.
El estudio científico de la normalización de los movimientos y los
esfuerzos musculares es muy difícil y constituye
probablemente un problema imposible para ser analizado
en la escuela; pero los otros puntos citados antes pueden y deben ser
estudiados a partir de cualquier forma de trabajo físico, empezando, por
ejemplo, por la limpieza de un vaso, barrer un patio y terminando por el
trabajo en un torno. En relación a esto es importante atraer la
atención del alumno sobre la necesidad de registrar el tiempo con reloj
en mano, sacando conclusiones del análisis del registro realizado, en
una palabra, es necesario familiarizar a los niños con el
interés presentado por la organización científica del trabajo,
mostrándoles a través de ejemplos
prácticos y precisos cómo esta es necesaria, y cómo
pueden ser conseguidos excelentes resultados con medios simples, desde el
primer momento de "racionalización", o sea, con la ayuda del simple
buen sentido.
Cuando pasamos del trabajo individual al trabajo colectivo,
enfrentaremos otro grupo de problemas: se tratar de establecer proyectos
racionales para la realización de un
cierto trabajo por la colectividad; de organizar regularmente
o periódicamente el trabajo en una institución más o menos compleja; de
organizar un aparato administrativo o ejecutivo, etc.. Los problemas de este
tipo tienen gran importancia en la vida, y sobre todo en la escuela,
porque en la escuela estamos, la mayor parte de las veces, en desarrollo
de un trabajo colectivo; en particular, toda la
actividad desarrollada en el dominio de la autonomía
escolar se resume en un esfuerzo para crear una buena organización; la propia
escuela, finalmente, es una organización amplia y compleja. El problema de educar a
los alumnos en la observación de las normas de organización, imaginado
como problema escolar, no exige
propaganda ni explicaciones. Pero puede ser resuelto de
una forma más o menos natural, y es por eso que es necesario el estudio de los
diferentes elementos de la organización.
La introducción de los elementos de la organización científica del
trabajo en todo lo que se diga respecto a la organización de la escuela se
explicaría de la siguiente forma. Todo trabajo realizado colectivamente por los
niños: puede acompañarse por una reunión los sábados en la escuela,
organización de una fiesta o de una reunión, una excursión a un lugar de
interés; el ejercicio de la autonomía escolar puede dividirse en tres partes:
1) Un plan de trabajo previamente formulado, donde se hace efectiva la división del trabajo en el tiempo y en el
espacio, la distribución de los individuos y de las tareas; 2) La
realización del trabajo, con participación inmediata de los niños, la
realización del plan previsto, y 3) El balance del trabajo
realizado, o sea, las constataciones referentes a la ejecución del
trabajo, el análisis de estos datos, su
clasificación, en fin, la crítica y las conclusiones pertinentes.
Es así como el trabajo del niño debe ser entendido. Empezando por los
casos más simples, debemos acercar
a los niños gradualmente al problema más complicado, que
es la división del trabajo en el seno de la colectividad, debemos guiarlos
hasta la formulación de proyectos de organización estimulándolos a presentar,
según un análisis
directo de los hechos, el balance previo de todas las
condiciones y de todas las circunstancias necesarias. La realización del
trabajo, en la mayoría de los casos, no será estrictamente de acuerdo con el
plan trazado, y casi siempre hasta se apartará de él. Pero es necesario
que los niños aprendan a identificar, durante la realización, las
infracciones al plan previsto, o mejor, a formular con rigor el
balance de todo tipo de trabajo. El balance es un trabajo
importante. Pero los datos de éste no deben ser
acumulados exclusivamente por el placer de calcular como muchas veces se hace,
lamentablemente; los datos deben servir de base para el estudio de todo el
mecanismo de
trabajo. Las consideraciones correctas contribuirán para
que aparezcan, antes que nada, las causas fortuitas que impedirán la
realización del trabajo de acuerdo al plan adoptado, o sea, las causas ajenas a
nosotros e imprevisibles. Después llegamos a las que omitimos o no previmos en
un tiempo oportuno, y todavía tenemos facilidad de hacerlo. En último
lugar tenemos los errores y faltas que fueron cometidas en la elaboración de
los planes, en función de la insuficiencia de nuestra experiencia a nivel de
trabajo organizado. Una crítica de este tipo de trabajo posibilitará, en el
futuro, la discusión sobre modificaciones útiles en el plan primitivo,
dirigiéndose la investigación en el sentido de nuevas formas de
organización. Así, desarrollaremos entre los niños no solo la práctica
de normas de organización, sino también les enseñaremos el gusto por las
formas racionales de planear y de calcular, esto es, el gusto por los
problemas fundamentales de la organización científica del trabajo.
Esbozamos sólo un esquema del trabajo, que puede ser modificado y
alterado en diferentes direcciones. No insistimos más: que la escuela sea capaz
de inspirarse ampliamente en este esquema.
Lo importante es la voluntad de enraizar en la escuela los elementos de
la organización científica del trabajo. Es necesario que estas concepciones
impregnen la atmósfera en que vivirán los niños. En los años superiores,
esta preocupación puede, durante el año escolar, ocupar un lugar mas
importante, asumiendo la forma de un estudio
teórico de algunas generalidades relativas a la organización
científica del trabajo. Pero es solamente en estos límites que se
puede hablar de "enseñar" la organización científica del trabajo.
¿Será una tarea fácil? ¡No! Introducir de esta forma los elementos de la
organización científica del trabajo en la
escuela es una tarea difícil,
porque la organización científica del trabajo no está muy
difundida, y porque
nosotros mismos no formamos el personal y no concebimos el
trabajo pedagógico con base en la organización científica del trabajo, por
falta de hábitos, gusto y conocimientos necesarios. Mientras tanto, la
organización científica del trabajo será introducida en la escuela paso a paso,
como un compañero indispensable del trabajo escolar. Comenzando por los
trabajos auxiliares, acompañando igualmente al trabajo en el seno de las
instituciones y de las empresas, y el trabajo individual del alumno, hasta
llegar a la comprensión de los principios teóricos generales.
10. Conclusiones: lugar y papel del trabajo en la escuela soviética.
Podemos extraer una tesis fundamental de todo lo que fue dicho: el
trabajo en la escuela no puede ser concebido sin que se consideren los
objetivos generales de la educación.
No es el trabajo en sí mismo, el trabajo abstracto, como si fuera dotado
de una virtud educativa natural e independiente de su valor social, que debe
servir de base para la enseñanza del trabajo manual.
El trabajo en cuanto puro gasto de energía cerebral o muscular -un gasto
que puede llegar a ser inútil- tiene una importancia mínima en relación a nuestros
objetivos en la educación. En esta concepción de trabajo se puede
introducir todo, incluso la infernal tarea de decorar manuales en las vísperas
de los exámenes. No negamos un cierto valor al esfuerzo personal en la
enseñanza, pero es una pequeña parcela de un problema más general relativo
a la educación comunista.
No, la base de la educación comunista es antes que todo el trabajo
imaginado en la perspectiva de nuestra vida moderna, el trabajo concebido desde
el punto de vista social, en la base sobre la cual se forja
inevitablemente una comprensión determinada de la realidad actual, el
trabajo que introduce al niño desde un principio en la actividad socialmente
útil.
Y para solidificar la base de la educación comunista, no basta llevar a
los niños a estudiar el esfuerzo realizado por la actividad humana, es
necesario al mismo tiempo adaptar esta actividad a las fuerzas de su edad, es
necesario orientar a los niños para que participen en el trabajo social de
forma activa, de forma consciente, socialmente aclarada: así nacerá un
conjunto de impulsos interiores, un tal tipo de emociones que influenciarán la
transformación del estudio pasivo, de las cosas bonitas en un método definido
como indispensable para llevar a la práctica convicciones personales llenas de
energía, de entusiasmo y de impetuosidad revolucionarias.
Ahí está la diferencia del principio que separa nuestra escuela del
trabajo de la escuela de los reformistas burgueses en Europa y en América. Tres
conclusiones esenciales surgen de nuestra actitud en relación al trabajo.
La primera dice respecto a la naturaleza de la educación, la
segunda trata del papel cultural de la escuela del trabajo. Y
la tercera necesita las relaciones entre la ciencia y el trabajo.
a) Naturaleza de la educación.
¿Qué es la educación en el sentido exacto del término?.
Someter a un hombre a la educación social, y ofrecerle datos para
resolver la antítesis "yo y el otro", "individuo y
sociedad", o sea, es dotarlo de principios que le
posibilitarán una valoración moral de su propia persona, como miembro de la
sociedad, la determinación de su propio espacio en esta gran lucha por la
existencia, que se
ha vuelto tan áspera actualmente. No podemos continuar
en el camino que, en las mejores circunstancias, teníamos antes de la
Revolución: "Mira, tú tienes los conocimientos
útiles, y ahora decide
tú mismo cómo vas a actuar, cómo vas a valorar la
sociedad en la que vives". Decimos: "en las mejores
circunstancias", porque, generalmente, los conocimientos transmitidos en
la antigua escuela deberían llevar a una formación estrictamente autoritaria
por su naturaleza y contenido. Sólo los ciegos no notarían esto. La escuela
soviética debe ser organizada de forma tal que el propio niño se vea obligado
diariamente, por la dinámica de la misma vida escolar, a situarse en su lugar,
para después resolver, la cuestión "yo y los otros" y resolverla de
la única forma justa. La escuela debe actuar de una forma que al responder a
esta cuestión sea una necesidad personal e irresistible para el niño, una
necesidad que se haga sentir prácticamente. Esto quiere decir que el niño se
encontrará frecuentemente, incesantemente, ante problemas que no pueden dejar
de ser expuestos por la vida y que exigen una respuesta sin ambigüedades.
Este objetivo sólo puede ser alcanzado a través de un mecanismo
preciso: la actividad de los niños, una actividad práctica, una
actividad importante y considerable desde su punto de vista. El
mecanismo se basa, por lo tanto, en el trabajo imaginado desde el punto de
vista social, en tareas prácticas durante las cuales el niño sentirá la
necesidad de instruirse teniendo en la mira un objetivo social
determinado. Consideramos así al trabajo en la escuela
ante todo, como un fenómeno de orden social. Es por esto que dedicamos mucha
atención al trabajo social de la
escuela, concebido como una de las formas más
importantes del trabajo colectivo.
b) Papel cultural de la escuela del trabajo
La segunda conclusión trata del papel cultural de la escuela del
trabajo.
No hay contradicción entre considerar a la escuela como un centro
cultural para la población vecina y el pensamiento pedagógico de Europa
Occidental y de América; nada
de eso: ciertos representantes de esta concepción pedagógica
y democrática imaginan que solamente a través de la
escuela, "por la vía pacífica del progreso gradual", es que
se puede alcanzarse un futuro mejor, realizar la felicidad del
hombre. Entre este punto de vista y el nuestro hay una diferencia profunda y de
doble naturaleza: de principio y de práctica.
Para nosotros, marxistas, la escuela forma parte de la superestructura
ideológica edificada en base a la producción, en bases sociales bien
definidas que no dependen de la voluntad de los individuos y de los
reformistas. En la sociedad dividida en clases, la escuela servirá a los
intereses de las clases dominantes, o abiertamente -y entonces no habría
condiciones para atribuirle un papel realmente cultural, esto es, ponerla al
servicio de la liberación de las clases explotadas, que componen la mayoría de
la población; o de forma disimulada- y entonces el cuerpo docente se toma
objetivamente, el instrumento de las clases dominantes sin que, subjetivamente,
asuma esto de forma consciente. Es
más, los maestros imaginan a veces muy honestamente que
están contribuyendo para el libre progreso de la
civilización. En este caso, y esto sucede muchas veces en
los países avanzados, en nuestro tiempo, en el que se levanta la consigna
"democrática", el maestro subjetivamente honesto y dedicado a la
civilización se enfrenta con el impasse de las contradicciones de clase.
En los Estados Unidos se observa hace veinte o veinticinco años un
perfeccionamiento considerable de los métodos de producción agrícola.
Ahora, en ciertos estados, se debe atribuir exclusivamente
a las escuelas rurales los resultados obtenidos al nivel de desarrollo de la
cultura intensiva.
¿Será que la situación del arrendatario que obtiene una doble
colecta de espiga mejoró? Tal vez, pero, en todo caso, la proporción no fue la
misma. El trabajo del arrendatario es mucho más intenso, más lo mejor de
su trabajo es llevado por los grandes bancos, por las compañías exportadoras de
cereales, gracias a la intervención de las cooperativas
enteramente avasalladas por los bancos. ¿Cuáles son, por
lo tanto, los intereses defendidos por esta escuela en su papel de centro
cultural? ¿Todo esto no es claro?
Los elementos mas avanzados del cuerpo docente norteamericano sienten
profundamente la anomalía de la situación, pero desgraciadamente comprenden mal
su
razón de ser. Los mejores maestros demócratas y pacifistas
empiezan a tomar conciencia de que la solución "teórica" del problema
de la educación es muy difícil, si es que no imposible. Y esto es completamente
cierto si se pretende
resolver el problema de educación en América "sin tocar en
el resto".
Con la escuela soviética las cosas pasan de manera completamente
diferente. Con la toma de poder, en octubre de 1917, por la alianza entre los
obreros y los campesinos, significó un salto "del reino de la necesidad al
reino de la libertad". O sea, después de haber tomado el poder, las
fábricas y refinerías, después de haberles expropiado a los propietarios la
tierra y de fábricas y vencido a las clases dominantes, el proletariado dirige la transformación integral
de la vida en el interés de las grandes masas de trabajadores; a partir de
ahora la marcha de las cosas no obedece más, ciegamente a las leyes de la
producción, que son independientes de la voluntad humana (reino de la
necesidad), porque las propias relaciones de producción están en las manos del proletariado
y son conscientemente dirigidas por la clase dictadora en el sentido del bien
común (reino de la libertad). Todo el sentido de una revolución social está en
que los procesos que hasta entonces escapaban a la voluntad humana ahora
son subordinados y controlados por ella.
Los términos del problema cambiaron completamente. El trabajo
cultural, y la acción de los "pioneros de la civilización"
(kulturtraeger), que antes de la toma del poder por el proletariado, no tenía
ninguna utilidad para las masas populares, enfrentándose con el impasse de las
contradicciones propias al régimen de clases, asume
un valor y una importancia hasta entonces desconocidos.
Lenin, principalmente, en sus últimos artículos mostró la
grandeza y el futuro del nuevo trabajo cultural; véase, por ejemplo, el
texto "Sobre la cooperación":
"Lo que acabamos de hablar al respecto de los cooperativistas
utópicos, puede perfectamente aplicarse a los reformadores escolares utópicos,
a los pedagogos que creen en la influencia exclusiva de la educación".
"El aspecto fantástico de los planes de los antiguos
cooperativistas, comenzando por Robert Owen, no es exactamente el sueño de
transformar pacíficamente a la sociedad moderna por el socialismo sin tomar en
consideración el problema fundamental, que es el problema de la lucha de
clases, de la toma del poder político por la clase obrera y el aplastamiento de
la clase dominante, ¿de la clase de los explotadores? Tenemos, entonces,
razón de considerar este socialismo "cooperativista" como algo
puramente fantástico, algo romántico, aún cuando estos sueños son "tierra
a tierra": ¡transformar, a través de simples cooperativas,
enemigos de clases en colaboradores de clase y de lucha de clases en paz entre
las clases!"
Pero veamos cómo las cosas cambiaron y cómo éstas “ahora” se
encuentran, ahora que el poder está en las manos de la clase obrera, que
el poder político de los explotadores está aniquilado y que todos los medios de
producción se encuentran en las manos de la clase obrera.
"Ahora tenemos el derecho de decir que el simple desarrollo de la
cooperación es idéntico para nosotros al desarrollo del socialismo, y que, al
mismo tiempo, nos obliga a reconocer un cambio radical en nuestro punto de
vista respecto al socialismo. La transformación radical consiste en lo
siguiente: anteriormente, el centro de gravedad se encontraba y debía
encontrarse en la lucha política, en la revolución, y en la conquista del
poder, etc. Pero. Ahora, el centro de gravedad se desplaza en la
dirección del trabajo pacífico "cultural" (subrayado por
Pistrak). Si no existieran las relaciones internacionales, la necesidad de
luchar para defender nuestras posiciones en el plano internacional, yo diría
que el centro de gravedad se ubica para nosotros en
dirección del trabajo intelectual. Pero si abstraemos este
aspecto de las cosas y nos limitamos a las relaciones económicas
internas, el centro de gravedad de nuestro trabajo se encontrará ahora en el
trabajo intelectual".
Después de indicar el problema de la transformación de nuestro aparato
de Estado, Lenin continúa: "Nuestro segundo problema es el trabajo
intelectual para el campesino: el objetivo económico que este trabajo de
civilización pretende alcanzar es el establecimiento de la cooperación: si
atendiéramos a la cooperación completa, tendríamos cimientos sólidos en la base
socialista."
"Pero el establecimiento de la cooperación implica tal progreso
cultural de parte de la clase campesina (precisamente en cuanto a la gran masa
que representan) que esta cooperación completa no es posible sin una
revolución intelectual." (Subrayado por Pistrak).
"Esta revolución intelectual es suficiente para que nos convirtamos
en un país enteramente socialista."
No es necesario demostrar al lector dos cosas: primero, el inmenso papel
que la escuela debe y va a desempeñar en esta revolución cultural y, segundo,
el hecho de que la acción cultural de la escuela no chocará con el impasse de
las contradicciones insolubles, porque nosotros empezamos por el lado opuesto
al que era aconsejado por la “teoría” en cuestión, porque nuestra revolución
política y social precedió a la revolución intelectual, pero esto no
significa que no tengamos ahora que enfrentar la revolución intelectual.
Esta es la diferencia de principio que nos separa de los países
burgueses desde el punto de vista del papel cultural de la escuela. Entre
nosotros, la obra cultural de la escuela es incomparablemente mayor y, lo que
es más importante, tenemos todas las oportunidades de éxito, al contrario de lo
que pasa en la sociedad burguesa.
***
De esta constatación surge una diferencia práctica. La obra
cultural de la escuela no puede ser efectuada sin que nuestro esfuerzo
esté ligado al trabajo general de construcción; la obra cultural de la escuela
no constituye un sistema completo por sí mismo, destinado a corregir las
injusticias del régimen social "por medios intelectuales". Este
papel se le atribuye a la escuela en virtud de la transformación general de la
vida definida por la expresión
"transición a la forma socialista", o sea, se trata de un
papel auxiliar en el contexto de todo un proceso suscitado únicamente por la
voluntad de los trabajadores.
Esto significa, en primer lugar, la participación en el trabajo general
y, en segundo lugar, la existencia de formas de
trabajo específicas, encargadas de vincular estrechamente
a la escuela y la vida (trabajo social de la escuela); esto significa también,
el máximo desarrollo de los métodos colectivos de trabajo, y la escuela, en
relación a esto, como conjunto constituido, puede y debe ser una colectividad
de trabajo organizado.
La conclusión de que es necesario integrar gradualmente a cada niño en
las actividades prácticas deriva también de la perspectiva de atribuir a la
escuela un papel de centro cultural.
c) Relaciones entre la ciencia y el trabajo,..
La tercera conclusión se refiere a las relaciones entre el trabajo y la
ciencia. En función de todo lo que se dijo anteriormente, es claro que sería
ingenuo plantear el tema de la siguiente forma: ¿debemos tomar el grupo de los
trabajos manuales como base para la adquisición de los conocimientos formales
relativos a las diferentes materias del programa?
Si ponemos el asunto de esta forma (nunca se intenta ponerlo de otra
forma), todo el problema se reducirá a una cuestión de método; y, en
consecuencia, el tema es planteado sin relación con los objetivos generales de
la escuela.
¿Cómo tratamos entonces este problema? Antes de todo es necesario
considerar el hecho de que ni el trabajo ni los conocimientos constituyen fines
por sí mismos. No se trata solamente ni de la ciencia por sí misma, ni del
trabajo por sí mismo, sino de algo más general, algo exterior a la ciencia
y al trabajo, de algo que define claramente el lugar de la ciencia y del
trabajo en el sistema general de la educación. Se trata de los objetivos
generales que la educación del ser humano se debe proponer alcanzar a favor
del nuevo régimen, del régimen soviético. Considerando estos objetivos, definiremos
el trabajo como una participación activa en la construcción social, dentro y
fuera de la escuela, y la ciencia como una práctica generalizada y
sistematizada que orienta completamente esta actividad, de manera que cada
uno pueda ocupar el lugar que le corresponde. La actividad manual en
la escuela no sirve para unir la enseñanza y el trabajo, ella esta en
íntima relación con el objetivo general de la vida. En esta medida es
claro que ciertas prácticas manuales pueden ser realizadas en la escuela sin
relación inmediata con las "disciplinas" impartidas y que los
conocimientos científicos "teóricos", aún los abstractos, pueden,
eventualmente, ser aprendidos por sí mismos, sin aplicación al tipo de trabajo
manual correspondiente. Lo principal es que el trabajo y los conocimientos
científicos tengan el mismo objetivo, que la práctica sea generalizada y
sistematizada por la teoría, que la práctica, a fin de cuentas, se base en
leyes teóricas. Es esencial, sin duda, que los conocimientos teóricos que no
tengan valor intrínseco sean aprendidos con la ayuda del trabajo, pero es
necesario sobre todo, que el trabajo y la ciencia sean sintetizados en nuestra
marcha general para el régimen socialista, si quisiéramos alcanzar
nuestros objetivos pedagógicos por medio de su unidad indisoluble.
No estableceremos la relación necesaria entre el trabajo y la
ciencia perdiéndonos en las sutilezas al respecto del aprendizaje manual, o
considerando por sí mismas las condiciones teóricas de los trabajos prácticos.
Esta relación es la síntesis natural entre la teoría y la práctica: esta
síntesis es, de hecho, fácilmente accesible a la inteligencia de los niños,
debiéndose basar en trabajos que tengan una razón precisa de ser y un carácter
claro de utilidad social.
LA ENSEÑANZA
1. Objeto y carácter de la enseñanza.
Ya indicamos en el primer capítulo el contenido de la enseñanza, y cómo
estamos obligados a revisar el sentido tradicional de esa palabra. La solución
general puede ser
formulada así: por "formación básica" (enseñanza
elemental) se debe entender a la suma de conocimientos o de hábitos y el grado
de técnica adaptados a una
determinada edad, que conduzcan directa y plenamente a
la comprensión marxista de la vida moderna. El único objetivo de la enseñanza
es alcanzar este resultado.
Estas cuestiones se resuelven actualmente en la escuela de 1er grado. A
pesar de todos los defectos del programa escolar oficial adoptado para la
escuela de primer grado, defectos inherentes a toda primera tentativa, el
programa responde completamente a estas cuestiones.
El trabajo posterior del Consejo de Educación3 relativo a las disciplinas de enseñanza del 1er grado consistirá
probablemente en un cuidadoso estudio de la práctica escolar y en un
perfeccionamiento del programa a la luz de esta experiencia. Todavía será
necesario tomar las medidas esenciales que nos encaminarán en el sentido del
establecimiento de la auténtica escuela soviética, brindándole atención
constante a la escuela del 1er grado, sobre todo en el campo, al trabajo social
de la escuela.
En la medida en que los objetivos generales de clase que inspiraban a la
antigua escuela fueran destruidos sin ser sustituidos, llegamos a una especie
de anarquía en las disciplinas: en vez de los objetivos particulares de cada
disciplina, se disciplinaron a los objetivos generales, cada disciplina comenzó
a valorar sus propios objetivos independientes, levantando así barreras entre
ésta y las vecinas. Esta situación sigue predominando en algunas partes,
impidiendo la correcta ubicación del problema.
3 Si la situación de la escuela del primer grado es bastante buena, esto mismo no acontece con la escuela
del segundo grado.
El problema se atacó sólo en relación a la sociología; los maestros
especialistas en áreas de física, matemáticas, historia natural, difícilmente
abandonan sus concepciones tradicionales sobre el valor intrínseco de estas
disciplinas.
Es necesario entonces, establecer claramente el siguiente principio: el
objeto de la enseñanza no es la ciencia pura, trasladada a la
escuela y adaptada a la edad del niño.
En los niveles superiores del trabajo científico se produce una
separación subjetiva entre la ciencia pura y
su aplicación práctica inmediata. El
trabajo científico subjetivo del investigador
tiene por objetivo la ciencia pura, la ciencia
por sí misma, en la escuela debe ser enseñada sólo como
un medio para conocer y transformar la realidad de acuerdo con lo s objetivos
generales de la escuela. En su inmensa mayoría, los alumnos que salen de la
escuela van a ser trabajadores directamente relacionados con la realidad
inmediata, y no sabios. Por esto no deben implantarse los métodos puramente
científicos del laboratorio a la escuela de las masas, a la escuela que tiene
como finalidad la educación social. La concepción de que los
niños del futuro, durante su vida práctica, no tendrán ningún contacto con la
"ciencia pura", pero que es necesario, enseñarles, cueste lo que
cueste y sea como fuere, revela un desconocimiento absoluto del objetivo a ser
atendido. En la escuela debemos enseñar sólo lo que puede ser útil más tarde.
Esto no quiere decir que neguemos la necesidad de fortalecer los
conocimientos científicos. Nada de eso, no debemos reducirlos, debemos
ofrecerlos de una forma más científica que en la antigua escuela. Sin que se
pueda decirse que estamos exagerando, podemos decir que la antigua escuela
ofrecía un mal sustituto de la ciencia, y de
una ciencia que nunca tenía aplicación práctica para la
vida. ¡Que los especialistas sociólogos o los especialistas de letras se acuerden
de sus experiencias! ¿Será que se utilizaron en sus prácticas de enseñanza, de
sus conocimientos en matemáticas (trigonometría) y en física
(de la forma como se enseñaba en la universidad)?
Podemos responder con certeza: casi nunca. Y no fue porque no tuvieran oportunidad de aplicar estas nociones
científicas, sino porque los antiguos conocimientos
escolares eran inaplicables. Estos tenían la cualidad de poder ser
olvidados fácilmente y definitivamente, aún después de los más feroces
exámenes. Nuestra escuela no necesita de una "ciencia" de este tipo.
Debemos ofrecer en la escuela sólo conocimientos científicos que no sean
olvidados y que se graben profundamente, cuya necesidad sea indiscutible ante
los ojos de los niños, conocimientos que correspondan a los objetivos
principales de la escuela, haciendo lo imposible para alcanzarlos. O sea, que
no nos importe la cantidad, sino la calidad de los conocimientos que
ofrecemos con la intención de ayudar a los alumnos a que se apropien
sólidamente de los métodos científicos fundamentales para analizar las
manifestaciones de la vida.
¡A que se apropien de los conocimientos indispensables
para conquistar la vida moderna! Esto significa que debemos por un lado, abandonar sin
lamentaciones grupos enteros de disciplinas escolares, conservando sólo lo
indispensable (la valoración de la necesidad de ésta o aquella disciplina será
hecha según los objetivos de la escuela), y por otro lado, valorar, reforzar y
enfatizar las disciplinas en un determinado aspecto de las cosas y en perjuicio
de otras, basándonos en el mismo criterio formulado anteriormente.
Esto posibilitará la agrupación de la enseñanza de
disciplinas aisladas e independientes en torno a los demás temas de estudio. En
la escuela una disciplina científica no es una materia absolutamente
independiente, definida únicamente por la ciencia a la que pertenece y sus
respectivos objetivos. Las diferentes disciplinas científicas analizan
verdaderamente la misma materia: ¿la realidad actual no es, digamos así,
polifacética?
El esquema del Consejo de Instrucción Pública presenta datos suficientes
para que se puedan precisar estos proyectos, concretizándolos en la realidad.
2. Programa de estudios y "plan de vida escolar"
Durante los primeros años de la Revolución, se
manifestó una hostilidad muy fuerte en relación a los programas
obligatorios oficiales (impuestos
por el Centro). El programa, se decía, limitará la creatividad del
maestro, el programa reglamenta su trabajo, infligiendo a la escuela el
suplicio de Procusto, el cual, como se sabe, ponía a sus víctimas en una cama,
cortando sus piernas, cuando eran mayores que la cama, o las extendía, cuando
eran muy cortas. El programa, se decía esterilizará, secará y debilitará
el pensamiento pedagógico, impidiendo la creación de una nueva escuela. En
resumen, estos eran los argumentos contra los programas obligatorios. La
tendencia era, en el fondo, una reacción contra la antigua escolástica, una
protesta contra la extinción del pensamiento del maestro.
La práctica no justificó las expectativas: el cuerpo docente liberado de
los grilletes de los programas no creó la nueva escuela. Hubo un fracaso en la
medida en que el maestro, habiendo recuperado su libertad de acción, no supo
qué hacer, perdió el rumbo, y, a pesar de sus esfuerzos, siguió
la línea de la menor resistencia, volviendo al método al que estaba
acostumbrado por las tradiciones, por los preconceptos pedagógicos persistentes
y por el hábito. Aquí
y allá se realizaron correcciones indispensables en el
trabajo escolar tradicional. Solo en raras excepciones, se encontró un maestro
abierto a lo nuevo, capaz de empezar
la reconstrucción de la escuela, cometiendo muchos
errores, vacilando y tropezando muchas veces. La razón fundamental del fracaso
residió en el hecho de que el programa ausente no fue sustituido por nada, y,
particularmente, el problema escolar no fue expuesto en una base marxista
estrictamente determinada y clara, susceptible de ofrecer al maestro un punto
de partida firme para sus propias investigaciones, un criterio de evaluación
para su trabajo, un hilo conductor.
En 1920-1921 se empezó a pensar en estas lagunas, y el Comisariado de
Instrucción Pública editó los "Programas modelos para la Escuela Soviética
Única" (y más tarde para la escuela de siete años). Los programas
tenían un carácter indicativo y no obligatorio. Según estas instrucciones
"las poblaciones" hacían sus programas locales, intentando,
después de examinar las condiciones propias, relacionar los
programas a la vida real. Los programas ayudaron bastante
a destruir muchas ideas falsas y muy arraigadas en los
maestros, pero no dejaban de ser imperfectos desde
muchos puntos de vista. Su defecto fundamental era la falta de un método único
para todo el trabajo escolar y, por otro lado, eran poco claras las relaciones
que se establecían entre ellos y los objetivos principales de la escuela.
Constituían esencialmente una reforma de las antiguas disciplinas y no la
revolución completa que era indispensable.
La aparición del Programa de Consejo de Instrucción
Pública marca un claro cambio revolucionario. De repente, el
asunto recibe una orientación totalmente diferente.
Seria superfluo exponer aquí la sustancia de ese programa. Insistiremos
sólo en sus características más importantes.
Por medio del programa se analiza la vida actual a través del método
marxista. Se analiza la realidad de nuestro tiempo, seleccionándose sus
elementos más importantes, más característicos desde el punto de vista
comunista, y esto se hace, naturalmente, de la forma mas accesible a una edad
determinada; en un segundo momento, se sintetizan todos estos elementos. Cada
parte del esquema que constituye el programa oficiales justificada
teniendo en cuenta los objetivos fundamentales de la escuela, siendo
sólo un eslabón de una corriente única.
El esquema integra todo lo que podemos exigir de un programa escolar.
Ofrece ante todo el criterio de selección de las disciplinas,
realizando una revisión de las disciplinas escolares y confirmando la necesidad
de cada una. Esto queda muy claro en lo que se refiere a la sociología, y
menos claro en lo relacionado a la historia natural; hay un defecto en
este punto.
El esquema del programa oficial indica también las
partes de cada disciplina que es necesario valorar, que debemos
enfatizar; indica también cuál debe ser el carácter del trabajo
pedagógico.
El esquema enfatiza claramente la importancia de la
técnica y de la tecnología en lo que se refiere a la física y a
la química, a la necesidad de estudiar las ciencias
biológicas en relación a la producción, y no de manera especulativa, la
relación permea entre la historia natural y la sociología (transición de
la técnica a la economía y viceversa), etc.
Finalmente, el programa oficial, en todas sus indicaciones, insiste en
las relaciones indispensables que unen todas las disciplinas escolares,
subordinándolas a la finalidad social propuesta por la escuela.
No se puede, por lo tanto, trabajar según el esquema a no ser a través
de la síntesis.
Es claro que no consideramos la forma actual del esquema
de programa oficial definitivo y perfecto. Hay errores en determinados lugares,
también se encuentran muchas generalidades y faltan ciertas consideraciones necesarias.
Pero en lo que se refiere a su base, el programa es indiscutible. Como
él representa una primera y aproximada solución, será ciertamente desarrollado
y precisado en el
futuro, sobre todo cuando pueda considerarse la
experiencia resultante de su aplicación. Pero para que esta
experimentación tenga pleno valor, es imprescindible que
el trabajo pedagógico sea suficientemente consciente de acuerdo con el esquema
del programa oficial, que el propio esquema sea correctamente comprendido. Es
exactamente en este punto que hay divergencias. Toda una serie de objetivos
esenciales no están siendo valorados en su justa dimensión .
Tenemos actualmente programas para el 1er. grado y para 1er. ciclo del
2º grado, esto es, para la escuela de siete años; los programas son elaborados
según el esquema del programa oficial y se refieren estrictamente a la
enseñanza. Entendemos bien que la sección pedagógica científica
oficial, encargada de proporcionar programas a todas las escuelas, debe
actuar de forma muy prudente, publicando sólo determinadas materias y de una
forma tal que puedan
ser introducidas sin dificultades en las escuelas de masas
del nivel medio. No tiene respuesta (y todos los datos lo prueban) que la
sección pedagógica oficial avanzará más, englobando todo lo que se dice
respecto a la escuela en la medida en que se vuelve posible recomendar a la
escuela con autoridad y seguridad innovaciones basadas en la
teoría y en la práctica.
Pero lo que se explica como prudencia comprensible en una institución
central de pedagogía científica, no debe, de ninguna manera, ser asumido en
forma de principio en la escuela. A pesar de todas las reservas, a pesar de
todas las indicaciones precisando que el trabajo de la escuela no sólo debe ser
trabajo de enseñanza, la escuela, cuando recibió los programas, los comprendió
y los aceptó casi exclusivamente como método de enseñanza, concentrando todos
sus pensamientos esencialmente en el siguiente problema: ¿Cómo enseñar según el
programa oficial?
Ahora, los programas que deben ser utilizados
inmediatamente por la escuela no deben ser sólo
programas de enseñanza. Deben ser programas y planes de
educación en el sentido amplio de esta palabra,
asumiendo que las escuelas no pueden vivir y trabajar
según una fórmula uniforme y estricta, por lo que no deben ser tratadas en la
misma forma, cada una debe valorar las condiciones especiales en las cuales es
obligada a trabajar, considerando condiciones económicas y administrativas,
costumbres, número de alumnos, dimensiones de los
salones de clase, organización material, etc. Entonces, también es evidente que
en primer lugar, nunca la institución central oficial podrá ofrecer programas y
planes aplicables a todas las condiciones. La institución central puede sólo
dar únicamente la línea general, las directrices esenciales y por
esto, lo que puede ofrecer no pasará de un esquema. En segundo lugar: es claro
también que cada escuela debe adaptar los programas y los planes de una
institución central a sus condiciones específicas.
Los programas elaborados por la escuela y para la propia
escuela no deben ser sólo programas de enseñanza.
Debemos también elaborar planes de trabajo manual de forma clara y
transparente; estos planes dependen, en gran medida de las condiciones locales.
Los programas deben contener todas las indicaciones útiles en relación a
las disciplinas de enseñanza y la actividad manual en sus diferentes formas.
Esta relación no debe ser interpretada sólo como un método de trabajo manual,
sino como un plan de educación básica referente a la marcha general de la vida
escolar.
Los programas deben ser formulados en armonía con la autonomía escolar.
Es necesario, al menos, que tomen en consideración la auto-organización de los
alumnos.
Cada escuela debe seleccionar una parte determinada del trabajo social,
debe tener "su trabajo social" preferido. El
trabajo social de la escuela será coordinado con todo el
plan de enseñanza y el conjunto de la vida escolar. Habrá una relación entre
los programas y el trabajo en los clubes, en los festejos, en los conciertos,
en las reuniones, etc.
Los programas deben indicar en qué medida la realización de las
tareas puede y debe estar relacionada con el trabajo de los pioneros de la
escuela y de las células de la Juventud Comunista.
La cultura física, la organización científica del trabajo, el trabajo de
grupos de estudio, las excursiones a lugares cercanos y lejanos, la escuela de
verano, todo debe ser integrado en los programas.
En resumen, los programas deben englobar toda la vida escolar, formando
un conjunto de las diferentes formas de actividad, ligadas entre sí por los
objetivos generales de la educación.
"Entonces ya no serán programas,
sino planes de vida" dirá
el lector. Es eso mismo, planes de vida. ¿Y por qué no
deberíamos pasar de los programas de enseñanza directamente a los planes
de vida?
¿La forma de desarrollo de nuestra escuela no nos encamina para este
resultado?
Los planes de vida, englobando también los programas de enseñanza en el
estricto sentido de la palabra, volviéndose una necesidad, porque la
escuela, como centro de formación de niños, se transforma en un centro de
vida infantil.
Actualmente, pensamos que es necesario ejecutar tres realizaciones:
1. - Es necesario cambiar de la enseñanza a la educación,
de los programas a los planes de vida.
2.- Es necesario obligar a que todas las escuelas elaboren,
con base en las formulaciones necesariamente
esquemáticas de los programas y las directrices generales definidas por la
institución central, planes detallados de trabajo, "planes de vida",
o para usar el término de moda,
"planes de producción". Es necesario elaborarlos con un
año de anticipación, considerándose las observaciones hechas anteriormente a
propósito de las condiciones particulares de cada escuela.
3.- Es indispensable que la institución central oficial generalice y
sintetice la experiencia, promoviéndola a gran escala. Este movimiento se
estimulará fortaleciendo
principios teóricos e indicaciones generales prácticas para
el desarrollo posterior de la escuela.
La necesidad de cada escuela de establecer planes anuales de vida
escolar todavía está determinada por otras consideraciones.
El año pasado, en la primera edición rusa de este libro, escribimos las
siguientes líneas:
"Observen las escuelas que son un poco mas dinámicas que
las demás, o las escuelas experimentales del Comisariado
de Instrucción Pública en la provincia. Ahí encontraremos la
autonomía, los grupos de estudio, el trabajo de los
pioneros, las células, etc. Pero éstas tienen un defecto general: los niños
están sobrecargados de trabajo, y no se trata sólo de un defecto, se trata de
un crimen."
Actualmente, tras un año de experiencias, podemos repetir con más fuerza
aún lo que decíamos entonces, porque, por un lado, la crítica formulada hace un
año es ahora aplicable a casi todas las escuelas, al menos en la ciudad, y, por
otro lado, el problema de la sobrecarga de trabajo se volvió un problema
candente hoy en día. Se habla mucho a este respecto, y se desarrollan campañas
sobre el asunto.
¿Porque los niños están sobrecargados de trabajo? ¿Es que las exigencias
de la vida en relación a la escuela, las
exigencias de la escuela y de la vida en relación a los niños
no son calculadas en relación al tiempo de que disponen los
niños, ni se basan en las fuerzas infantiles? De hecho, hay que considerar las
ocupaciones de un alumno activo: la célula de la Juventud Comunista y la
vanguardia de los pioneros exigen trabajo, la organización autónoma de los
alumnos tiene necesidad de fuerzas y de tiempo; es necesario y agradable
trabajar en el grupo de estudio; por ejemplo, mañana, es necesario hacer
un artículo para el periódico mural; en el taller hay trabajo atrasado; no nos
olvidemos de los ensayos porque tenemos próximamente una fiesta o un
aniversario, el trabajo en el destacamento4 o en el deporte, es necesario organizar las excursiones,
preparar las tareas, una de física, una de sociología, etc.
Por otro lado, observemos el trabajo de un pionero o de un miembro de la
Juventud Comunista; en la mayoría de los casos, él realiza en el destacamento o
en la célula casi el mismo trabajo que en la escuela. El pionero estudia los
fenómenos de la naturaleza cuando está en el campo, lee, escribe, dibuja,
trabaja en el taller; es miembro de la Juventud Comunista, estudia el papel de
la juventud en la
lucha revolucionaria del proletariado en general, se interesa
4 El “destacamento” de los pioneros al nivel de escuela. (nota del editor francés).
por los acontecimientos actuales, participa en la propaganda
anti-religiosa, lee libros sobre la historia del movimiento obrero y la
historia del Partido, etc. Pero todo esto ya forma parte, en mayor o menor
grado, del trabajo escolar. ¿Y todos estos campos en los que se ejerce la
actividad del alumno son tomados en consideración en el plan general del
trabajo? Frecuentemente no. Si lo hiciéramos, recapitulando todas las
ocupaciones del alumno de la escuela moderna, localizaríamos un buen número de
trabajos comunes que podrían ser agrupados y que se
hallan dispersos en diferentes partes de la vida escolar. Muchas disciplinas
podrían ser condensadas, anulándose la duplicación de las tareas. Más allá de
la condensación del trabajo, haríamos pasar un soplo de vida en una enseñanza
que no siempre le interesa al niño. La práctica de estas observaciones exige la
formulación de un plan de trabajo para todo el año escolar.
Es evidente que el plan de trabajo anual de la vida escolar
no debe tratar sólo de la "duplicidad de las tareas", y de la
necesidad de condensación de ciertas formas de trabajo;
debe también considerar las exigencias del desarrollo físico
que tratamos hasta aquí con una negligencia criminal. La
negligencia en relación al desarrollo físico deriva del hecho
de que, hasta hoy, nunca concebimos todos los aspectos de
la vida infantil, aún cuando sea una tarea de los
educadores, nos limitábamos a garantizar la enseñanza. El
resto de la vida del niño, fuera de la escuela, en la casa, no
nos interesaba… Ciertamente, esta negligencia se debía a la situación material
del maestro y de la escuela, pero el hecho no es menos real.
El plan de vida escolar obligará a la escuela a avanzar aún más,
conformándose espacios determinados, abandonando las partes menos importantes
del trabajo, en particular lo superfluo que todavía sobrecarga increíblemente
nuestros programas de estudio.
El plan de vida escolar, elaborado por cada escuela, para ella misma y
relativo a todo el año, es un complemento
necesario para los programas revisados por el Centro. Un
plan tan detallado facilitará bastante el trabajo escolar, fortaleciendo
bases científicas.
Vamos a lograr sustituir el programa de enseñanza por un sistema
de educación comunista basado en el esquema del programa oficial, a partir
de una doble acción: por un
lado el desarrollo de los programas actuales por el órgano
central con la preocupación de englobar de manera más amplia el conjunto de la
vida escolar; por otro lado, la adaptación de estos programas a cada determinada
escuela, a través de un plan detallado del conjunto de trabajo escolar.
Desde el punto de vista de los programas, la historia de nuestra escuela
acaba de completar un ciclo. Comenzamos negando los programas para liberar al
maestro de los grilletes que le impedían la creación de la nueva
escuela. Por la negación de la negación, con los nuevos programas,
conseguimos darle al maestro la posibilidad y, más que
esto, el deber de elaborar personalmente los planes de vida escolar.
Esta síntesis sólo es posible, porque el impulso creativo del pedagogo
puede, en este momento, tomar como punto de partida la base sólida dada por la
educación social.
2. El complejo.
El trabajo realizado con la ayuda del complejo (o centro de interés) es
erróneamente llamado método del complejo. Es un término mal elegido, porque
podemos utilizar diversos métodos usando el método del complejo: trabajo de
laboratorio, excursión, etc. Sería más exacto hablar del método experimental o
de organización del programa de enseñanza según los complejos.
El sistema del complejo es actualmente muy difundido y
generalmente reconocido en los medios pedagógicos. Pero
el concepto es interpretado de diferentes maneras y muy contradictorias. Todo
lo que fue escrito a este respecto no ofrece una idea muy nítida de lo que es
el sistema del
complejo en la escuela soviética. Salieron varios libros
sobre el complejo y el sistema del complejo y, en la
práctica, "el complejo se transformó en una especie de
`fetiche`, lo que estaba claro en el principio está ahora confuso
y transformado en acrobacia pedagógica". (Krupskaia).
Las interpretaciones actuales del complejo podrían ser resumidas de la
siguiente forma:
La primera interpretación del método nos lleva a tomar un objeto y
analizarlo desde el punto de vista de una disciplina cualquiera o de un
conjunto de disciplinas cercanas; por ejemplo, el pozo, que es analizado desde
el punto de vista del ciclo de las ciencias naturales, el estanque, el bosque
en cuanto a vegetación, etc. En el mismo nivel se sitúa la elección del reloj,
de la aurora y del crepúsculo, de la fogata, en relación a la física, etc.
Analizándose de esta forma el complejo, se resuelve el problema metodológico de
la introducción de las aplicaciones prácticas en el estudio de una determinada
disciplina, y esto es todo. Obsérvense los detalles del método:
La selección del objeto de análisis es determinada o por condiciones
fortuitas (preocupación accidental de los niños en presencia de un cierto
objeto en su campo visual) o por el método de esta o aquella disciplina,
que lleva a la elección de un determinado objeto en un momento dado para fines
de análisis.
Nada exige, por lo tanto, la sustitución de todo el antiguo programa por
otro basado en los complejos, porque, de hecho, éstos son utilizados de modo
fortuito.
El valor de estos complejos, usados como técnicas, no es discutible.
Pero una "x" interpretación del complejo no tiene nada en común con
la organización sintética de toda la enseñanza exigida por el esquema de
programa oficial del Consejo de Instrucción.
Más tarde, se comprendió el complejo como el desarrollo de ideas
sugeridas por un objeto, la concentración de todo el programa de enseñanza
sobre un objeto dado, durante un tiempo determinado. Fue un paso adelante en el
sentido de la concentración de la enseñanza. Pero en la práctica
surgieron: 1) cuestiones y dificultades que exigen ante
todo, un análisis teórico; 2) Errores que volvían el sistema del complejo casi
sin valor, desde el punto de vista de los objetivos de la escuela. Las
dificultades aparecieron sobre todo en la aplicación del sistema del complejo
en la escuela de 7 años y en la escuela de 2º grado. Se levantaron contra el
empleo del complejo en la escuela del 2º grado toda una serie de objeciones,
que buscan demostrar la imposibilidad de aplicarlo en los grupos superiores.
Creemos que las objeciones y las discusiones son el resultado de un mal
entendido, proveniente del hecho de que se esclareció de
una manera insuficiente toda una serie de temas relativos
al sistema de los complejos.
El sistema del complejo no debe ser considerado como una técnica
metodológica de organización del programa. Una opinión de este tipo nos lleva a
la identificación de los orígenes del sistema en la enseñanza de la antigua
escuela, volviendo a Uchinsky. Ahora, la perspectiva de encontrar una
continuidad, una afiliación de los métodos, lleva casi siempre al
oscurecimiento de la línea de demarcación trazada por la Revolución de Octubre
entre la antigua situación y la situación actual, desvalorizándose y situándose en segundo plano lo que es más importante en
el sistema de pedagogía social específico de la escuela soviética, o sea, el
llamado sistema del complejo.
Como ya observamos, el objetivo del esquema del
programa oficial es ayudar al alumno a comprender la realidad actual desde un
punto de vista marxista, esto quiere decir, estudiarla desde el punto de
vista dinámico y no estático. Se estudia la realidad actual por
el conocimiento de los fenómenos y de los objetos en sus relaciones
recíprocas, analizándose cada objeto y cada fenómeno desde puntos de vista
diferentes. El estudio debe mostrar las relaciones recíprocas existentes
entre los aspectos diferentes de las cosas, esclareciéndose la
transformación de ciertos fenómenos en otros, o sea, el estudio de la
realidad actual debe utilizar el método dialéctico. Sólo un
conocimiento de la realidad actual de este tipo es un conocimiento marxista.
De ahí deriva la necesidad de organizar las disciplinas del programa en
complejos, en la media en que este es el único
sistema que garantiza una comprensión de la realidad
actual de acuerdo con el método dialéctico. A partir de esta comprensión, el
sistema del complejo deja de ser para
nosotros simplemente una buena técnica de enseñanza,
para ser un sistema de organización del programa justificado
por los objetivos de la escuela.
Es desde este punto de vista que es necesario considerar el sistema del
complejo.
Aquí se expresa una serie de asuntos de orden práctico: primero,
la elección del objeto del complejo (tema del complejo) y la
relación entre los complejos; segundo, la forma de estudiar cada tema
del complejo; tercero, la organización de la enseñanza según el
sistema de los complejos; cuarto, la organización del trabajo de
los niños para el estudio de los temas según el sistema de los
complejos. Se trata, en la misma medida, de temas de orden metodológico y
de cuestiones de pedagogía social.
a) Selección de temas del complejo
La selección de los temas fundamentales no podría ser determinada, a
nuestra forma de ver, por la preocupación de construir un curso
sistemático en tal o cual disciplina. La selección del tema debe ser
determinado únicamente por las tendencias del esquema del programa
oficial. Cada complejo propuesto a los alumnos no debe ser algo fortuito,
ni un fenómeno o un objeto insignificante (sea cual fuere, en un momento
dado, la importancia propiamente escolar de este objeto), sino, por el
contrario, un fenómeno de gran importancia y de alto valor, como medio de
desarrollo de la comprensión de los niños sobre la realidad actual. En
el artículo "Los complejos", citado arriba, Krupskaia observa
con razón que "en cuanto los complejos que revelan las
relaciones reales fundamentales desarrollan en el espíritu del niño, los
complejos que son artificiales crean relaciones artificiales dificultan la
comprensión del niño sobre la realidad actual." "De ahí que",
agrega Krupskaia, "es importante no solamente que el sistema de los
complejos
exista en general en la enseñanza, de manera que sea
hecha una selección determinada de complejos capaces de probar de la forma mas
evidente la relación de todos los fenómenos."
Poner a toda una escuela a trabajar durante un mes o más
sobre un tema como "la vaca" sólo porque se pueden
enseñar muchas cosas a través de ella es "contribuir al
parto de los montes” (frase idiomática) que expresa lo inconcebible de esta
situación. Plantea la similitud con el desconocimiento respecto a los objetivos
de la educación. Casos como éste, entre tanto llegaron a existir.
Me acuerdo que, en 1918 o 1919, escuché a alguien dar un ejemplo a
propósito de la tesis de que la escuela debe corresponder a la vida, debiendo
estudiar el medio ambiente y no la escolástica, inaccesible a los niños:
"tú sales de la escuela, alguien tropieza con un ladrillo, el ladrillo
atrae la atención de los niños, se vuelve un tema de conversación, luego
entonces, el tema del ladrillo puede servir para transmitir una gran cantidad
de conocimientos o de hábitos, un cierto nivel de técnicas, de tal manera que
dos semanas no serán suficientes para hablar del asunto". Puede ser que
esto haya sido interesante en 1918. Pero, actualmente es inadmisible que se
defina el complejo sobre la base de un tema que interesó a los niños por pura
casualidad y que no tiene que ver con la realidad actual. Debemos renunciar
categóricamente a los complejos como el pozo, la fogata, la vaca, el
estanque, si son propuestos por grupos distintos y como temas
independientes. Estos objetos no tienen por sí mismos ninguna importancia en
relación a la realidad actual.
El criterio necesario para la selección de los temas debe buscarse en
el plano social y no en la pedagogía "pura". El
complejo debe ser importante, antes que nada, desde el
punto de vista social, sirviendo para comprender la realidad
actual (en el sentido indicado en el primer capítulo).
Un tema general puede ser descompuesto en una serie de temas diferentes.
En una serie de temas diferentes podemos encontrar asuntos de poco valor por sí
mismos. Pero si ellos constituyen eslabones indispensables en un marco general,
encadenándose al conjunto por relaciones de orden común, entonces justifican su
presencia, su
importancia y el lugar que ocupan, convirtiéndose en temas
admisibles y aceptables. Lo que debemos exigir es una
relación general con el tema fundamental y la selección de
un tema fundamental que tenga un valor real.
Este es el principio que preside la selección de un tema de complejo;
podemos sacar dos conclusiones;
En primer lugar, es necesario conservar una relación entre
los temas de complejos sucesivos. Sea cual fuere el valor
de cada tema, considerado aisladamente, no debemos separarlos unos de otros. El
estudio de los complejos en la escuela sólo se justifica en la medida en
que representan una serie de eslabones en una corriente única,
llevándonos a la comprensión de la realidad actual. Los temas deben
entrelazarse, observar una continuidad entre sí, en un
orden determinado, posibilitando una ampliación gradual del horizonte del
alumno, suscitando en los niños una concepción clara y nítida de nuestra vida y
nuestra lucha, y proporcionando una educación de tendencia determinada. Sólo
podremos alcanzar los objetivos atribuidos a la escuela concentrando las disciplinas
a través de este método dialéctico gradual. En cuanto al orden de continuidad
de los temas de los complejos, también es determinado por el esquema del
programa oficial.
b) Cómo estudiar cada tema
La segunda conclusión sirve de respuesta a la discusión
antes mencionada a propósito del método conveniente para el estudio de cada
complejo. Cada complejo puede ser analizado de dos formas: o como un asunto
preciso, delimitado; o como un asunto principal, encadenado por
múltiples relaciones con toda una serie de fenómenos no menos
importantes; como un fenómeno típico, relacionado con otros fenómenos análogos;
como un fenómeno que se arraiga en la vida social, contribuyendo para
determinarla. Explicaremos este pensamiento con un ejemplo:
En el programa del tercer año de la escuela de
primer grado, tenemos un tema: "El hombre". El tema comprende
la estructura del cuerpo humano, su alimentación, el trabajo de los
músculos y los nervios, la protección de su salud y del trabajo, etc.
Se puede analizar al hombre, desde el punto de vista biológico, pero
también se puede, a partir del mismo tema, imaginar el trabajo del hombre como
socialmente indispensable, planteando el problema del trabajo libre y el
trabajo dependiente, pasando a las formas sociales del trabajo, a la lucha
contra la explotación, a la revolución social; el problema de la alimentación
puede ser analizado por ejemplo,
en relación al problema cooperativo; el estudio
de la protección de la salud nos conduce al problema de las enfermedades
sociales, de la lucha que se entabla contra ellas, entre nosotros y los países
burgueses, a la medicina soviética, etc. Si absorbemos todos estos temas en el
complejo "El hombre" vamos inmediatamente a analizar la relación
existente entre este tema y el que sigue en el
programa: "la Revolución de Octubre". De hecho tenemos
un tema que puede ser analizado desde el punto de vista
de la lucha para garantizar un futuro mejor a las formas del trabajo humano,
liberando a los trabajadores del yugo de la explotación, etc. Estos dos
complejos "El hombre" y "La Revolución de Octubre" están
internamente relacionados, entrelazándose mutuamente, por llamarle de
alguna manera.
Naturalmente, la segunda manera de analizar el problema
es más justa porque, por un lado, posibilita al propio tema
del complejo a absorber toda una serie de fenómenos actuales que
proceden del mismo orden de ideas; por otro lado, esa forma de
actuar impide la subestimación de las
relaciones entre los complejos, obligando a su presentación
en forma de una corriente única que se despliega gradualmente.
La idea se puede explicar por el siguiente esquema: representemos un
tema preciso de complejo por medio de un círculo con una determinada
superficie. Si se limita el estudio del complejo a la superficie del círculo,
estaremos en posición de nuestro primer movimiento. Pero el tema dado está
ligado a otros fenómenos por toda una serie de relaciones, no cubre sólo la
superficie del círculo
determinado, pero a través de una serie de puntos
comunes, se extiende en dirección a la superficie de un círculo concéntrico de
un radio mayor que el suyo. Diremos que el complejo tiene una periferia que
nos posibilita escapar a los límites del objeto preciso dado y que lo
relaciona con fenómenos más generales. Cuando
formulamos una serie de complejos en un orden
determinado, no se debe olvidar que los complejos se
deben cubrir unos a otros; se crea así, entre los complejos, una
relación que no es en absoluto superficial, más se basa directamente en la
naturaleza de cada complejo. Esta forma de proceder posibilita una serie de generalizaciones partiendo
de cada complejo, y estas generalizaciones serán tanto más amplias y completas
cuando los niños sean mayores.
c) Organización de la enseñanza según el sistema de los complejos
La respuesta dada a las dos preguntas anteriores resuelve, en
realidad, el asunto de la importancia del complejo en relación a la
organización de la enseñanza en nuestra escuela; la respuesta lo revela como el
único sistema justo, el único capaz de seleccionar y de estudiar las disciplinas
de la enseñanza desde el punto de vista marxista. Más no
es difícil percibir que al no considerar las condiciones fundamentales
relativas a la selección de los temas, a su continuidad, a la preocupación
social que debe presidir el estudio y el trabajo de generalización, agotará el
sentido del sistema de los complejos, aunque se tuviera una excelente
organización del trabajo.
La organización del trabajo pedagógico de acuerdo con el complejo no
enfrenta ninguna dificultad en la escuela de 1er grado, en que todo el
grupo se encuentra bajo la dirección de un solo maestro. Por otro lado, en
cuanto estemos trabajando en la escuela de 1er grado en la enseñanza
preparatoria, la subordinación de las disciplinas de enseñanza al complejo no
tendrá tampoco dificultades.
Pero el problema es un obstáculo central en las clases superiores de la
escuela de 7 años y en la escuela de 2º grado, en los que los estudios no
son dirigidos por una sola persona, sino por un grupo de especialistas,
siendo mas difícil conciliar la práctica del curso impartido independientemente
en cada materia y la subordinación de todas las disciplinas de enseñanza al
complejo.
Para responder a esta interrogante de forma más o menos completa, en lo
que se refiere a la escuela de 2º grado, sería necesario analizar toda una
serie de hechos y ponerse de acuerdo en ciertos puntos discutibles.
El primer tema habla respecto a la duración del trabajo en un
mismo complejo. En relación a esto es necesario considerar la edad del
niño. En la escuela de 1er grado,
sobre todo en los primeros años, los niños no son capaces
de fijar la atención en un mismo tema durante un tiempo relativamente largo. En
estas condiciones, nos deberíamos adaptar a la edad de los niños, tratando los
temas durante una, dos, tres semanas al máximo.
En los dos grupos superiores, el estudio de un mismo complejo se puede
prolongar. El programa de tercero o cuarto año comprendería de 5 a 7 temas, o
sea, que cada
asunto sería adaptado a un mes o a seis semanas de
trabajo. Al mismo tiempo, los temas se vuelven más amplios, envolviendo
una cantidad mayor de fenómenos. Durante el quinto, sexto y séptimo año, el
estudio de los temas puede ser calculado en un tiempo mayor: de tres a cinco
meses; el séptimo año podría estar ocupado por un complejo único, lo que es
totalmente normal para el octavo y el noveno año de enseñanza.
En segundo lugar, al mismo tiempo en que se despliega el trabajo
en cada complejo, el propio complejo se vuelve más rico. Durante los
primeros años de enseñanza, elegimos temas concretos presentes en el campo
visual del niño;
fijamos su atención sobre el tema dado, pero sólo
indicamos superficialmente su relación con otra serie de fenómenos; con el
tiempo, el complejo se profundiza, aumentando considerablemente su superficie y
volviéndose aún más amplia la extensión de su anillo periférico. Las
generalizaciones ocupan cada vez más la atención, el estudio del fenómeno
dado asume cada vez más el valor de un punto de partida que sirve para que el
alumno asimile una serie de ideas, de conocimientos y de aptitudes
abarcando partes más extensas de la realidad actual. La
tarea de la escuela de 2º grado es también dar a los niños
la posibilidad de que se orienten en el contexto de la realidad actual. Pero el
trabajo debe profundizarse más, basándose en el estudio de los propios
fenómenos, en su correlación interna, en la lógica interna de su desarrollo. Es
sólo después de un estudio serio de los tipos, de los fenómenos aislados, que
se vuelve posible su análisis profundo, y la elaboración de una síntesis
posterior de estos fenómenos puede ser realizada de forma integral. (Krupskaia,
Los Complejos).
Tercer punto: ¿Cómo estudiar el complejo? El carácter del
trabajo realizado con base en el complejo cambiará
también con la edad de los niños. Durante los primeros
años de escolaridad, cuando el estudio del complejo dura solo dos semanas, se
puede fijar la atención de los niños
durante un período sobre el propio tema, sobre sus
aspectos precisos, y entonces se puede hablar de concentración cotidiana de la
enseñanza en base a un complejo determinado. Pero cuanto más crecen los niños,
tanto más se enriquece el complejo y más el trabajo se desarrolla. Este tema
puede ser entonces desagregado en una serie de temas secundarios, dirigiéndose
la atención de los niños en estos temas, hasta que seamos capaces de
mantener relaciones mutuas sólidamente enraizadas en el espíritu de los
niños. Más adelante, aún, el estudio de los complejos no sólo
comprenderá un grupo continuo de
enseñanza en torno a temas precisos, sino un trabajo sobre
cuestiones diversas simplemente subordinadas a una idea general:
la del tema seleccionado en el complejo.
Así, cuanto más avanzados estén los niños, más se
complica el proceso según el cual se requiere el desarrollo de su atención, y
mas difícil se vuelve dirigir en sentidos diferentes un trabajo que parte de
una única fuente. El método dialéctico del complejo debe ser mantenido en su
unidad en el curso de este trabajo.
Una organización del trabajo de este tipo, desempeñará su papel sobre
todo en la escuela de 2º grado. Aquí no es indispensable pues será imposible
organizar el trabajo de manera que cada aspecto del complejo sea estudiado
todos los días y desde el punto de vista de todas las disciplinas al mismo
tiempo. Esta manera de organizar el trabajo nos llevaría a un método estrecho,
que como, ya fue dicho antes, conduciría inevitablemente a un fracaso. El
complejo de la escuela de 2º grado no es una concentración de todas las
disciplinas de enseñanza, en todos los momentos, alrededor de un aspecto
cualquiera del tema dado, más la subordinación de estas disciplinas o materias
a una idea única, a un objetivo único para el cual se tiene el
complejo seleccionado.
Vean lo que el Programa de la escuela del 2º grado dice al respecto de
este asunto:
"Se trata de un error absoluto interpretar el sistema del
complejo en la escuela de 2º grado como una
simultaneidad perfecta del trabajo... todas las disciplinas estudiando el mismo
día y a la misma hora, durante el conjunto del trabajo, el mismo pequeño
aspecto del complejo. Un tal "encadenamiento" de todo el trabajo
escolar proviene de una visión simplista y lleva a la idea del complejo al
absurdo. El sistema del complejo por el complejo, el complejo concebido como un
fin en sí mismo, es inútil".
"Valoremos, por ejemplo, la eficacia de la siguiente técnica de
trabajo que busca inspirarse en el sistema del complejo:
en el contexto del estudio de un sociólogo sobre una
zapatería, el naturalista intentando contribuir “con el complejo”,
estudia a los animales cuya piel puede servir para la fabricación del calzado,
el químico se dedica, contra su voluntad, al curtido del cuero; el físico,
después de un gran esfuerzo, no encontrando nada para estudiar desde el punto
de vista de su especialidad, imagina como “tema”, estudiar el trabajo invertido
para agujerar la suela con una lezna: (instrumento de zapatero): en la clase de
alemán, se declinan las palabras zapatero, zapato, bramante (hilo que
usan los zapateros); el matemático plantea problemas
sobre la compra y venta de zapatos; en el curso de literatura se leen
historias donde aparece obligatoriamente la figura del zapatero, etc. Estas técnicas
no son raras. Mientras tanto todo esto no tiene nada que ver con el sistema del
complejo conforme definimos antes. Una organización del trabajo de este tipo es
nociva, según el sistema de los complejos; lo menos que se puede decir es que
constituye una acrobacia metodológica inútil."
"Nuestra concepción del complejo no tiene nada en común con este
método de trabajo. Las inevitables dificultades de
un método de trabajo no deben ser imputadas al sistema
del complejo en general". (Programa del 1er ciclo de 2º grado p. 9,
edición rusa).
Es indispensable determinar como debe hacerse la exposición de cada
materia o disciplina, el orden que se debe observar en cada curso; el lugar y
el objetivo de cada uno en la escuela. Esta es la mayor dificultad que
encontramos en la escuela del 2º grado. Actualmente, se puede considerar como
indiscutible que hay más de un método de exposición posible para cualquier
disciplina (aún
para las matemáticas). Una serie de nuevos manuales
probó muy claramente que este problema tiene varias
soluciones, y la selección de una de ellas depende en
última instancia de los objetivos que se quieren alcanzar. Es un error
considerar como una solución sólida la que es mas acorde a los métodos de una
determinada ciencia, porque, en primer lugar, la "metodología" de
esta ciencia (término no siempre claramente definido)
raramente corresponde al
sistema de exposición más aceptable, más cómodo desde
el punto de vista didáctico, y también porque los objetivos
de la ciencia pura y los de la enseñanza son muchas veces diferentes. Ya
hemos dicho muchas veces que ninguna disciplina escolar tiene y puede tener una
finalidad en sí misma en la escuela soviética. Las tareas y los objetivos
relativos a cada disciplina escolar están subordinados a los objetivos
generales de la escuela. Y son estos objetivos generales los que determinarán
la elección de tal o cual distribución de materias o disciplinas para los
cursos.
La elección va a depender particularmente de la clasificación de
las materias o disciplinas en el programa oficial y de los eslabones
subsecuentes de los complejos a los cuales se relacionan estas materias o
disciplinas. O sea, la distribución de las disciplinas a nivel de la sucesión
de los complejos influirá en la distribución de las materias o disciplinas por
varios años escolares; lo inverso sólo sucede ocasionalmente, cuando tal o cual
materia, en un período dado de trabajo escolar, se vuelve el centro alrededor
del
cual se agrupan todas las demás disciplinas. De esta
manera somos conducidos a rechazar no a la idea del curso sistemático
en general, sino a cualquier solución definitiva del problema; consideramos que
el orden del curso puede y debe ser modificado (dentro de ciertos límites)
según el objetivo general definido por la organización de las disciplinas en
complejos.
Después de aclarar estos diferentes aspectos, podemos responder a la
tercera interrogante fundamental: ¿Cómo organizar el trabajo pedagógico según
el sistema de los
complejos (sobre todo en las clases superiores del 2º
grado)? Pensamos de la siguiente manera: al comenzar el año, para un
determinado grupo, se previenen una serie (1- 2-3-) de temas en un determinado
orden. El colectivo del cuerpo docente analiza las características esenciales
de cada complejo, definiendo las tareas principales de cada materia; cada
especialista recibe las directrices de orden
general para conformar el programa de su trabajo. Con
base en las directrices, cada materia o disciplina (tratada separadamente por
el maestro interesado o por la Comisión de metodología) elabora un plan
de trabajo más o menos detallado. El maestro debe obedecer dos
directrices; en
primer lugar, debe discernir lo que un complejo dado exige
de una forma esencial de su especialidad para que la idea
fundamental del complejo pueda ser comprendida (es por
es o que cada maestro debe ser, en cierta medida,
sociólogo y marxista), y lo que él podría hacer en un grupo dado, con
una determinada cantidad de alumnos, enfrentando un determinado desarrollo
intelectual. En
segundo lugar, deberá imaginar en general como agrupar
de la manera más fácil, desde el punto de vista del método, sus disciplinas o materias. Combinando las dos necesidades,
unificando las dos directrices, el maestro tomará tal o cual decisión sobre el
lugar a ser ocupado y/o el papel a ser desempeñado por su especialidad en
el tema general, y es con base en esta síntesis que se organiza el programa de
la materia o disciplina en cuestión para todo el año.
Todos los programas elaborados de esta forma son reunidos durante la
tercera fase del trabajo, siendo examinados
por el grupo del personal pedagógico (o por un consejo
escolar), y, después de modificaciones y correcciones que pueden ayudar a una
mejor coordinación de las especialidades, los programas son
definitivamente aprobados e integrados en un plan general de
trabajo.
De hecho, sólo el examen colectivo de los programas particulares y su
subordinación a la concepción general representada por un complejo, pueden
garantizar el éxito del trabajo.
Un trabajo de este tipo sólo puede ser colectivo, sin el cual no se
conseguía nada. La condición indispensable para el éxito de los
complejos en la escuela del 2 º grado es la existencia de una íntima
solidaridad de trabajo entre los educadores, la subordinación de las
necesidades generales- en muchos casos puramente imaginarias- de cada
especialidad a los objetivos generales de la enseñanza.
¿Todas las disciplinas escolares, sin excepción, deben integrar el
complejo? Sería extremadamente deseable que todas formaran parte del trabajo
general. Pero, desgraciadamente, tenemos muy poca experiencia en el
método de los complejos, y muy pocos modelos de
complejos bien desarrollados, verificados por la práctica,
para que esta perspectiva pueda hacerse efectiva con éxito.
Ciertas disciplinas o materias escolares pueden escapar del marco de los
complejos sin prejuicio sensible, por ejemplo: la música; la cultura física;
las lenguas extranjeras, y en parte igualmente (más no siempre) ciertas
disciplinas artísticas, etc. No es necesario un esfuerzo especial para
introducir estas disciplinas o materias en el complejo. Todas las otras
disciplinas de los dos grupos fundamentales ciencias naturales y
matemáticas, sociología y lengua materna- sin excepción-, pueden y deben estar
subordinadas al tema general del complejo, aclarándose en éste o aquel aspecto
del mismo.
Puede suceder que un complejo dado no posibilite una amplia presentación
de una determinada especialidad. Es fácil comprender que, en relación a un tema
dado, la física, por ejemplo, no sea capaz de ofrecer resultados proporcionales
al tiempo que se le atribuye; en estas condiciones, no debemos dar a la física
todo el tiempo que tenía preescrito. Podemos reducir parcialmente el
trabajo de esta materia, dedicando estas horas de estudio a otra materia,
cuyo tiempo fijado no haya sido suficiente. El tiempo podrá ser restituido a la
física en un
tiempo posterior de trabajo. No es difícil combinar el trabajo de una
forma tal que, al final de cuentas, cada materia reciba la cantidad de horas
que se le asignó en el transcurso del año. Una combinación de este tipo puede
ser realizada tomando en cuenta el conjunto del año, pero no debe
ser promovida todas las semanas, como normalmente hacemos.
Al inicio, es posible que encontremos dificultades que parezcan como
obstáculos insuperables en el sentido de combinar diferentes materias en el
marco del tema del complejo. Preferimos una omisión temporal de la especialidad
a la formulación de una relación muy artificial, imperceptible o principalmente
oscura para los niños. Sólo la experiencia nos enseñará el
arte de batallar con el método del complejo. Cuanta más experiencia
tengamos, más fácilmente captaremos las relaciones existentes entre una
determinada materia y el complejo.
Para el trabajo colectivo sobre un único tema, es esencial calcular el
tiempo atribuido a cada materia. Es posible que el conjunto comience bien a
partir de un punto determinado, sin embargo, después de uno o dos meses,
aparezcan tantas divergencias que todo el trabajo se
pierde: una determinada especialidad ya terminó con el tema asignado, mientras
tanto otra apenas empieza su estudio, etc. El trabajo colectivo se perderá con
la falta de una buena evaluación del tiempo necesario.
Además de la experiencia (que enseña de manera casi infalible a combinar
exactamente el tiempo de trabajo), un medio importante para mantener intacta la
unidad de los estudios es establecer un balance periódico en la
práctica del trabajo del complejo, esto quiere decir, organizar el trabajo
colectivo de los educadores no solo para la elaboración del programa, sino
también para su aplicación.
Hasta aquí analizamos sólo un aspecto del problema: la elaboración del
plan del complejo. Faltan algunas palabras sobre la realización del propio
trabajo. Parece que ya quedó claro, en función de lo que se dijo, que la
práctica del sistema de los complejos durante los últimos años de enseñanza no
exige una relación cotidiana del conjunto
de la enseñanza, sino sobre todo un encadenamiento general
o enlace desde el inicio. Un enlace que debe ser retomado al final del
trabajo. A nuestra manera de ver, el trabajo sobre un tema específico comienza
de la siguiente manera: explicamos a los niños lo esencial del propio complejo,
mostrándoles por qué un complejo dado es importante, al hacernos posible
comprender tal o cual aspecto de la vida contemporánea, dándoles rápidamente
una visión general del conjunto del tema, explicándoles los temas
secundarios y las tareas particulares específicas de cada materia en ese
complejo. En seguida, empieza el trabajo independiente de
cada especialidad, pero de acuerdo con el programa y con
el plan cuyo principio de unidad es el tema general del complejo. En
la aplicación de una serie de temas particulares, en puntos diferentes
encontramos muchas veces puntos de contacto muy íntimos entre las materias
afines. Todo esto debe ser previsto en el plan previo,
incluyéndose el trabajo común en el ámbito de dos o tres
materias y las discusiones comunes. Pero no debemos
buscar puntos de contacto artificiales. Es mucho más importante que cada
disciplina no se pierda de vista, en su trabajo independiente, la
relación que la une al complejo general, y haga todo para esclarecerla, fijando
la atención
de los alumnos en la idea fundamental que es común a
todo el complejo.
Cuando el trabajo del complejo esté terminado, el alumno debe captar
perfectamente la unión interna de todo el asunto: para obtener el resultado, se
realiza un balance retrospectivo de este trabajo; este balance no tiene
solamente el valor de una revisión de conocimientos adquiridos por el alumno,
sino que debe sobre todo llevarlo a entender los resultados del trabajo y
las relaciones existentes entre los conocimientos adquiridos. El mismo complejo
es presentado a los alumnos una vez más en el curso de los debates, de las
exposiciones, de una reunión especial, de una conferencia de los alumnos, etc.
Pero, esta vez, será tratado no como un objetivo a ser alcanzado sino como algo
comprendido, asimilado, esclarecido por la realidad actual.
En el comienzo del trabajo teníamos, digámoslo así, el siguiente
objetivo: "Vean este objeto, este fenómeno, vean cómo es necesario
estudiarlo, y vean por qué es necesario comprenderlo". Al final del
trabajo diremos: "Los problemas tomados al principio fueron resueltos de
la siguiente forma; vean lo que resultó; observen la imagen que
tenemos delante de nosotros; entre todos los fenómenos de la vida, vean
los que ya comprendemos… A partir de ahora surgen nuevas perspectivas, problemas
nuevos nacen del complejo que acabamos de estudiar, su periferia nos lleva a un
tema nuevo, al siguiente eslabón de la corriente."
d) Organización del trabajo de los niños en el sistema del complejo
Llegamos ahora al cuarto y último problema de los que
se formularon antes: el trabajo de los alumnos en el sistema
del complejo. La respuesta, en realidad, ya está dada;
podemos resumirla de la siguiente forma: la organización
de las disciplinas o materias de enseñanza según el sistema del complejo sólo
tiene sentido y valor en la medida en que sean comprendidas por los
alumnos. Si ésta sólo está
presente en el espíritu del pedagogo, o está bien
organizada en el papel, y si la relación interno de la enseñaza no es
evidente para los alumnos, es mejor renunciar al complejo.
Si los niños captaran perfectamente la relación interna del trabajo,
tendremos condiciones ante todo, de no perder de vista la síntesis en la
organización del trabajo según el
sistema del complejo en la escuela del 2º grado, donde
cada materia debe disponer de bastante libertad para
dirigir su trabajo. Pero esto no es todo, es necesario comprender que el
sistema del complejo no es solo una técnica pedagógica: se trata del método
fundamental para analizar la realidad actual desde el punto de vista marxista. El
sistema de complejo tiene por objetivo capacitar al niño en el análisis de la
realidad actual a través del método dialéctico; y esto sólo puede conseguirse
en la medida en que él asimile el método en la práctica, comprendiendo el
sentido de su trabajo. Y es por esto que damos una importancia tan grande al
momento en que el niño toma conciencia del tema del complejo y al momento del
término de su trabajo. Es más, consideramos que la participación
inmediata de los niños en la elaboración de los planes
(sobre todo en la escuela de 2º grado) es una de las condiciones esenciales del
éxito del trabajo (daremos más detalles sobre este tema en el capítulo sobre
auto- organización). La respuesta a la cuarta pregunta es clara: el sistema del
complejo como técnica indispensable de conocimiento de la realidad actual,
debe, antes que nada, ser comprensible y clara para el niño.
Ya nos referimos anteriormente, y largamente, a la organización de las
materias de enseñanza. Pero nuestra
exposición sobre lo que debe ser un programa mostró que
no sólo las disciplinas de enseñanza se deben difundir en el tema del complejo.
Es necesario el máximo esfuerzo para que todos los aspectos de la vida escolar,
todo el trabajo y
toda la actividad de los niños sean englobados en el trabajo
unificado por una concepción común. Es así como se consigue una
unidad mayor de toda la vida escolar, aumentando en particular el valor
educativo de todo el trabajo.
Todo lo que ya se dijo anteriormente caracteriza muy claramente, a
nuestra manera de ver, la única interpretación del sistema de los
complejos, capaz de dar una justa aplicación al esquema y al programa
elaborados por el Consejo de Estado para la Instrucción. El esquema oficial
quedaría en la mitad del camino sin el sistema de los
complejos que organiza las disciplinas desde el esquema
del punto de vista dialéctico. Nuestra interpretación de la expresión "sistema
de los complejos" prueba que es aplicable a todos los niveles de la
escuela, siendo el más importante en el nivel superior. Para nosotros es
absolutamente falsa la visión, bastante difundida, de que el complejo sólo es
posible en la escuela de 1er grado, siendo inaplicable en el 2 º grado, a no ser
como el fruto de un malentendido y a costa de una interpretación fragmentaria.
Como vimos, la enseñanza según los complejos es totalmente aplicable a la
escuela de 2º grado sin perjudicar, o perjudicando muy poco, la libertad de
acción de cada disciplina separadamente. Y más aún, la enseñanza según los
complejos justifica el papel o el lugar de cada disciplina escolar (en el
contexto de la organización escolar) a los ojos de los niños, probando
claramente que el estudio de los fenómenos de la vida moderna exige técnicas
diversas y la aplicación de ciencias diferentes. Las ciencias no se cierran en
sí mismas; el sentido de los estudios científicos debe ser comprendido en el
término de la enseñanza, sino durante la propia enseñanza. En fin, el sistema del complejo
presupone (y es una hipótesis justa) que cada materia escolar analice una
determinada parte de una materia general concreta, proponiéndose, antes de
todo, dar al alumno el dominio de los métodos experimentales propios de
las ciencias.
Todo lo que expusimos hasta aquí sobre el complejo se relacionaba, sobre
todo, a la parte estrictamente didáctica de la educación. Fue conscientemente
que estudiamos el
problema en estos límites, porque así fue determinado por
los pedagogos y por que fue en este campo donde se manifestaron las
dificultades, las discusiones, las experiencias, los errores, las lagunas y los
resultados positivos.
Pero lo esencial no está ahí. Sería un error, en todo y por todo, o
simplemente, antes de todo, vincular los temas de enseñanza al
conjunto del trabajo escolar y en particular, el problema de la educación por
los complejos. El sistema de los complejos perderá la mitad de su valor, si su
estudio no está coordinado o en relación: 1) al trabajo real de los niños;
2) a la auto-organización de los niños (autonomía, organización de
"pioneros" y de la juventud), en la actividad social práctica interna
y externamente a la escuela.
Esta concepción resulta de la perspectiva que
desarrollamos en este libro. Nuestra tarea fundamental es hacer la enseñanza
escolar plenamente efectiva, renunciando al antiguo método puramente
intelectual. Es lo más difícil, pero es el problema pedagógico de más
actualidad. Enfrentamos un problema que nos es impuesto por la unidad de
objetivos característicos de la educación: es por esto que estamos
obligados a encadenar, unir el trabajo técnico, a la auto-organización de los
niños, el trabajo social de la escuela y la enseñanza propiamente dicha.
Es, por tanto, indispensable que hagamos el máximo esfuerzo para
resolver este problema.
¿Cuáles son los caminos que debemos seguir?
Adoptando el sistema de los complejos, debemos liquidar
los complejos "establecidos", los complejos estériles que los alumnos
solo estudian por inercia: debemos pasar, gradualmente, sin falta, hacia los
complejos generadores de acción. La razón de ser del complejo podría ser
la realización de una acción definida.
El educador es llevado inevitablemente a la organización de complejos de
acción para organizar convenientemente la
actividad profesional de los niños, según la perspectiva que
desarrollamos, para pasar del programa de enseñanza a los planes
generales de la vida escolar, para dirigir el trabajo social de la escuela, que
se centra en una determinada parte de la vida, de la cual él empezará a
ocuparse a partir de ahora.
Al final de este estudio sobre la naturaleza del sistema de los
complejos, no consideramos inútil subrayar una vez más, que a nuestra manera de
ver, la organización de la enseñanza en complejos no es el vértice de una larga
evolución, o la cúspide de largas investigaciones en el
dominio del método puro, una especie de punto de llegada
de intentos realizadas bajo el antiguo régimen, sino, al
contrario, una voluntad decidida y radical determinada por
la concepción marxista de la educación, según la definición
del programa oficial, un cambio que se explica por las nuevas concepciones
sociales y pedagógicas nacidas de la gran Revolución y fecundadas por sus
progresos.
4.-La organización del trabajo de los niños y el plan Dalton
En 1918, ya tan lejano, éramos dominados por la idea de que la
reorganización de la antigua escuela debería comenzar por la lucha contra los
viejos manuales, los viejos programas y el sistema de los deberes escolares.
Los tres obstáculos en el camino de la nueva escuela eran el programa, el
manual y los deberes escolares. Ahora, no es necesario decir que estos tres
símbolos exteriores de la antigua escuela no eran esenciales, sino la base
sobre la cual ellas se desarrollaron.
Adoptando una fórmula simplificada, podemos decir que
actualmente disponemos de nuevos programas radicalmente diferentes de los antiguos (no solamente por
la orientación, sino también por la forma, envergadura y estructura),
abandonamos el viejo manual, tomando cada vez mas otro tipo de trabajo
diferente al vaciado de un libro, pero que cambiamos poco en relación al
sistema de las tareas escolares.
El problema del manual, desde el punto de vista teórico, es
relativamente simple. Es evidente que el tipo antiguo no es
aceptable en la escuela donde introducimos un trabajo vivo, creativo. Se
terminó el viejo manual, que contenía toda la sabiduría escolar y que
necesitábamos aprender de principio a fin, incluyendo las
"letritas pequeñas"; éste debe ser sustituido por libros
profesionales, guías, antologías, índices bibliográficos, una documentación
científica, etc.
Pero hay un problema que es más difícil de resolver: se
trata de la dificultad práctica de ofrecer inmediatamente a la
escuela libros apropiados, porque ellos aún no han sido escritos, y es posible
que el autor de estos libros nuevos no sea conocido todavía. El libro nace y
nacerá de una forma progresiva. Actualmente nos obligan a contentarnos con los
libros viejos rejuvenecidos, de valor bastante dudoso.
Tenemos otro problema todavía más complejo: el establecimiento de una
organización de trabajo susceptible de sustituir el sistema de las tareas
escolares. El sistema de las tareas escolares fue criticado severamente varias
veces; porque el trabajo escolar se volvía fragmentado y desunido, formando una
imagen caleidoscópica del trabajo, y por eso fueron denunciados como absurdos
desde el punto de vista pedagógico, etc. Pero durante los años que siguieron a
la Revolución, nada de nuevo, ni mejor fundamentado, fue propuesto. El
"método del pequeño grupo" (en rigor no se trata de un método sino de
una organización de trabajo), que representa una copia limitada del sistema de
los "seminarios" aplicado en la enseñanza superior, no creó
una corriente viva, aún cuando sea parcialmente empleado en ciertas escuelas.
En relación a otros aspectos, la situación en la escuela
de 1er grado es mejor que en las clases
superiores de la escuela de siete años y en la escuela de 2º grado.
En la escuela de 1er grado, todo es más sencillo, en la medida en que se
dispone, la mayor parte del tiempo, de un solo maestro, y así él puede
organizar, basándose en sí mismo, todo el trabajo, pudiendo organizarlo según
su visión de las condiciones y las tareas propias del grupo en cuestión. En la
escuela del 2º grado y en la escuela de siete años, es necesario considerar que
los mismos alumnos tienen varios educadores a la vez.
Una de las causas que detienen las innovaciones, tal vez la más
importante, es la situación material del educador.
Esta causa esencial aumenta la inercia general, una inercia que no nos
deja salir de los caminos conocidos.
Mientras tanto, una serie de índices muestra que el impulso
fue dado. En todas partes la escuela busca nuevas formas
de organización del trabajo. La escuela de verano, principalmente
es un intento de introducir el trabajo con nuevas formas.
Las excursiones largas o rápidas, que son actualmente muy frecuentes,
provocan la aparición de nuevas formas de trabajo, condenando a las antiguas a
la desaparición gradual. Pero aún estamos dando los primeros pasos.
El problema es todavía tan poco conocido, la experiencia está tan
restringida, que no existen prácticamente datos de donde se puedan extraer
fórmulas generales, nos debemos limitarnos poner dos cuestiones generales, pero
necesariamente destinadas a desempeñar un papel en la investigación de nuevas
formas de organización del trabajo.
Ante todo, el tema del trabajo colectivo. Entendemos por
trabajo colectivo no solamente el trabajo común de los niños del mismo
grupo, en el mismo salón; esto siempre existió y existe en todas las escuelas.
Es más, no es una condición indispensable para nuestra perspectiva.
Por trabajo colectivo del grupo entendemos en primer lugar: la tarea
colectiva de grupo considerada como formando como unidad. Cada tarea puede ser
dividida entre varios subgrupos; cada uno hace entonces su trabajo,
pero teniendo consciencia de que es parte de un trabajo común. Este tipo
de trabajo merece ser llamado colectivo más que el trabajo del campo, en
que cada niño hace lo mismo, pero la responsabilidad es individual, cada uno
trabajando como una personalidad independiente. En segundo lugar, la unificación
del trabajo de los diferentes subgrupos es garantizada por la revisión en
común, la globalización del
trabajo, el balance. Una organización del trabajo de este
tipo revela a los niños el sentido de la división del trabajo; se
vuelve evidente para ellos que distintos esfuerzos, venidos de varios
lados, unidos, pueden realizar una tarea común. Esta técnica da buenos
resultados en el trabajo por complejos, en particular; a veces se trata de la
única forma posible de trabajo en este sistema.
En fin, entendemos por trabajo colectivo la responsabilidad colectiva
del trabajo. Ordinariamente, consideramos a cada alumno como responsable por su
trabajo individual. Y, de hecho, si un grupo no representa un colectivo
compacto, si la unidad de los niños es sólo el resultado de su unión
fortuita en un lugar de aprendizaje (observemos que esto
no constituye un estimulante lo suficientemente fuerte para justificar la
unidad a los ojos de los niños), la responsabilidad colectiva en realidad
significará una falta total de responsabilidad. Si nadie responde por nadie,
cada uno debe responder por sí mismo. Pero si tenemos un auténtico colectivo de
niños (sobre el papel de este colectivo, daremos más detalles en el capítulo
consagrado a la autoorganización), organizado con base en sus intereses
vitales, se puede hablar de responsabilidad colectiva, esto es, responsabilidad
recíproca, de cada uno de sus miembros y de cada uno de sus miembros por todos.
Planteando así el problema, se puede hablar de un grupo como una unidad.
Quien quiera que investigue nuevas formas de organización del trabajo,
debe pensar también en las exigencias del desarrollo físico de los
niños. El sistema de las tareas
escolares es ciertamente nocivo a
la salud de los niños y a su desarrollo normal.
Es indispensable considerar la necesidad de desarrollar no sólo la
inteligencia, también el cuerpo humano, (que podríamos llamar de su …), que, en
último análisis, determina el desarrollo intelectual. Además
de las formas de trabajo cotidianas y semanales, es
también indispensable cambiar el modo de trabajo anual
(en muchos lugares ya se introdujo medio día de libertad,
un día de club, esto es, un día por semana sin deberes escolares. La escuela de verano es el primer paso,
queremos creer que serán creados otros tipos de escuelas, de primavera, de
otoño, de invierno, etc.)
Entonces no habrá más necesidad de largos descansos,
indispensables actualmente tanto para los niños como para
los maestros: podemos decir que unos y otros, después del
trabajo de invierno, están prácticamente agotados por el cansancio.
Las dos cuestiones indicadas (trabajo colectivo y exigencias físicas)
están muy distantes entre sí, pero quien quiera encontrar nuevas formas de
trabajo, deberá aproximarlas y considerarlas en conjunto.
Podríamos, de verdad, limitarnos a estas observaciones generales. Y no
habríamos considerado la cuestión de la organización del trabajo en este libro,
a no ser por la necesidad de explicar, al menos como referencia,
el "método de laboratorio" de Dalton de quien tanto se
habla hoy.
El plan Dalton, es sin duda, el tema que está más de moda actualmente,
¿Cuál es el secreto del encanto que éste ejerce en nuestros maestros? ¿Por
qué tantas referencias a este plan?
La causa principal, a nuestra manera de ver, es que el plan de Dalton
elimina el sistema de los deberes escolares que desagrada a todo el mundo,
sustituyéndolo por otro sistema que no exige mucho tiempo del maestro. E.
Parkhurst, comentando el plan de Dalton, afirma: "El método de laboratorio
de Dalton destruyó sin piedad a la organización del tiempo. La organización del
tiempo es una verdadera maldición para el niño. La abolición de la organización
del tiempo es, en realidad, el primer paso en sentido de la liberación del
alumno."
Debemos, pues, plantear una pregunta: ¿Será que el plan
de Dalton nos ofrece, en sustitución al sistema de los deberes escolares,
nuevas formas de organización que correspondan enteramente a las tareas
y a los objetivos de la actual escuela soviética? ¿Podremos introducir, sin
restricciones en nuestra escuela, las mejores novedades
y los mejores productos de las mejores escuelas burguesas?
Es necesario desarrollar el hábito de la desconfianza y de la crítica en
relación a todos los productos que tienen la marca registrada de la burguesía y
son importados por nuestras escuelas. Esta crítica se
debe basar en nuestros principios de pedagogía social.
Desde este punto de vista podemos decir con certeza que el plan de Dalton,
aunque sea de gran valor para nosotros, presenta también inconvenientes y
puede, en determinados momentos, provocar efectos nocivos. Es necesario
condenar cualquier intento de organizar el trabajo según el plan de Dalton y
con ayuda de traducciones y de recopilaciones (Dewey, Parkhurst, etc.), que no
sean adaptadas a nuestros objetivos pedagógicos (y no
solamente a nuestras condiciones de trabajo).
De hecho, uno de los aspectos negativos del plan de Dalton (según los
documentos de que disponemos y según nuestra experiencia, insignificante hasta
el momento) es el egocentrismo de la enseñanza, no su individualización (esto
es una necesidad y un bien), pero exactamente su egocentrismo. El
sistema de los grupos y el trabajo de clase (o de grupo) impusieron, en cierta
medida, la organización del trabajo colectivo. Ya mencionamos
anteriormente que la noción de "trabajo colectivo" debería ser
ampliada; el trabajo de clase por sí mismo, está lejos de ser el ideal del
trabajo colectivo, no pasa de ser un elemento de este trabajo. Pero el plan de
Dalton destruyó el trabajo de clase, destruyó la clase como fenómeno de trabajo
colectivo, y esta destrucción está hecha no con el objeto de crear
un tipo más elevado de trabajo colectivo, sino para liberar al alumno de
su relación con el grupo, o porque esta exige mucho de él o porque está muy
atrasado en relación a él. Cada alumno responde sólo por sí mismo y por
su trabajo. La ausencia de cualquier índice de trabajo colectivo,
de índices que se encuentren en el propio método. Es más, el
alumno, según Parkhurst (es verdad que se trata de una técnica excepcional y
reservada a las clases inferiores), debe firmar un contrato formal e
individual con la institución, afirmando en la siguiente cláusula:
"Yo, abajo-firmante, alumno, alumno de tal o cual grupo, me
comprometo a realizar determinado trabajo en una disciplina dada."
(Fecha y firma)
Hasta los sindicatos amarillos en los países burgueses
luchan para obtener contratos colectivos, ¡y aquí aún estamos negociando
contratos individuales! La firma del contrato no pasa de ser un detalle
característico, pero que
muestra claramente cuánto nuestros principios de
formación difieren de los de América y de Inglaterra.
En la práctica, el sistema no nos lleva al trabajo colectivo como
nosotros lo entendemos, sino al trabajo individual; es tan raro que los niños
se reúnen de dos en dos o de tres en tres para trabajar. Ahora, que lo esencial
no es la relación formal del trabajo de pequeños grupos, sino el sentimiento de
trabajo realizado en común. Es precisamente lo que le falta al plan de Dalton.
El segundo defecto, causa de malos resultados en la práctica, es la
división del programa a través de una
distribución mensual. Una semana, un mes, dos semanas,
el plazo no es lo más importante, pero sin el hecho de que un plazo se haya
definido para la tarea. Somos
inevitablemente obligados a dividir maquinalmente en
varias partes el programa, que es en realidad indivisible. Cada trabajo es, en
cierta medida, un proyecto, y todos los ejemplos de "proyectos"
expuestos en los libros en cuestión muestran que las divisiones no corresponden a la
naturaleza de los temas elegidos, sino al tiempo disponible
para la realización del trabajo; el programa se observa
como un hilo único mecánicamente dividido en "proyectos".
Ahora, a través del sistema de los complejos, una división
de este tipo es nociva, porque el tema de un complejo no debe ser elegido en
función de su tiempo de duración, sino en virtud de su importancia. Puede durar
de una semana a un año. Es difícil dividirlo en partes arbitrarias. Esta
división puede representar sólo temas parciales del complejo total, que podrían
ser combinados, si quisiéramos, en un determinado plazo. Si el plan de Dalton
no fuera corregido y adaptado al sistema de los complejos, no podría ser
aplicado. Las correcciones deben tener por objetivo armonizar la unidad de
trabajo exigida por el sistema de los complejos y las técnicas del plan de
Dalton.
La realización sin restricciones del plan de Dalton nos lleva también al
reestablecimiento de los exámenes, y esto en su peor forma. Este defecto no es
absolutamente imputable al propio plan, pero aparecerá espontáneamente en la
práctica, si introducimos el plan de Dalton sin modificar nuestras condiciones
escolares. El sistema de clases colectivas entre nosotros desaparece casi
enteramente, porque cada alumno "emprende un trabajo" por materia y
cada mes. El medio mas fácil para evaluar el resultado (y el maestro es
conducido a esto contra su voluntad, en función del tiempo insuficiente de que
dispone), son las tareas escritas, las conferencias, las descripciones, los
gráficos y las respuestas orales.
Pero mientras la primera tarea no sea desarrollada, la segunda no podrá
llevarse a cabo. Así una vez por mes, veremos a los alumnos haciendo fila para
“entregar las tareas".
El sistema Dalton, que se preocupa sólo por la forma del trabajo, no
ofrece en nuestras condiciones escolares datos que posibiliten evaluar el éxito
del trabajo de cada alumno
en un momento dado (a no ser como saturación de datos
de los libros). Nos obligan a recibir las tareas todos los meses. En la
práctica, esto quiere decir lo siguiente: sustitución del examen anual, contra
el cual luchamos, ¡por ocho o nueve exámenes al año!
El sistema de los trabajos prácticos, la incapacidad de calcular el
tiempo que los alumnos necesitarán para aprender una determinada materia, la
perspectiva de obtener con el método de laboratorio durante el
año el mismo resultado que se obtenía normalmente con la "absorción
libresca", crean ahora un cuarto defecto: sobrecargar de los niños hasta
límites extremos. ¿Cuál es el resultado producido en nuestras condiciones
escolares?. Anteriormente, teníamos un grupo, una clase, un mal manual, y un
maestro; el plan de Dalton significa entre nosotros: la sustitución de la clase
por un laboratorio, la persistencia del mismo manual (aquí y ahí un poco
rejuvenecido), y la desaparición del maestro, en la medida
en que el propio alumno debe hacer casi todo, sin ninguna ayuda.
El maestro debe trabajar para formular las tareas del mes (promoviendo
variaciones en el trabajo, si quiere evitar la rutina) y recibir "las
tareas escolares": queda por lo tanto,
con muy poco tiempo para dirigir el trabajo de los niños.
Los niños son obligados a destinar mucho más tiempo para asimilar el curso sin
ayuda, sobre todo si introdujéramos, aunque sea parcialmente, el método
experimental. El plan de Dalton supone lógicamente que "las horas de
laboratorio" sean suficientes para el trabajo del alumno. Después del
trabajo escolar no debe haber necesidad de trabajo complementario en casa. En
la realidad (y la práctica se demuestra), los niños sacrifican todo el
tiempo
que pasan en la casa en la preparación del examen
mensual. Ni necesitamos hablar de esto, porque este
tiempo (que es largo) no esta previsto ni es previsible; digamos simplemente
que los niños no tienen más tiempo para ninguna otra actividad.
Todo esto no quiere decir que consideremos el plan de Dalton inaceptable
para la escuela soviética. No, algunos elementos del plan de Dalton tienen un
gran valor y debemos utilizarlos. Reconocemos en él tres aspectos
positivos: la independencia del trabajo (teniendo cuidado con la saturación de
libros); el resultado (pero que no sea sólo pura formalidad) y la
posibilidad de pasar al método experimental (y no sólo al de laboratorio),
aceptándose parcialmente el plan de Dalton, es necesario, en resumen, introducirle
una serie de modificaciones esenciales. En la forma en la cual el plan de
Dalton se presenta en los textos
de que disponemos, está lejos de ser una panacea contra
los antiguos métodos, y proporcionan un cierto prejuicio a los resultados ya
obtenidos en nuestra escuela.
Antes de introducir (o mejor dicho adaptar) entre nosotros el plan
de Dalton, debemos reforzar en la escuela una serie de disposiciones que sus
necesidades indican: el trabajo técnico, el programa oficial, el sistema de los
complejos, y la auto-organización de los alumnos. A estas disposiciones
reforzadas, es necesario sólo adaptar el plan de Dalton y no
lo contrario, aceptar el plan Dalton y adaptar el resto a
este plan.
En la adaptación del plan de Dalton, la auto-organización de los alumnos
desempeña un gran papel. La adaptación del plan debe servir de estímulo para
transportar a las grandes masas de alumnos a la organización inmediata del
trabajo escolar. El plan se debe transformar en el plan de ellos,
construido y realizado por ellos. Pero este tipo de adaptación
modificará profundamente el plan, y, en la medida que se cree un campo de acción más amplio para
los niños, habrá efectivamente la posibilidad de que se obtengan los resultados
tan proclamados por el plan de Dalton, al grado que, si intentáramos crearlos
desde arriba, no llegaríamos a obtenerlos nunca en nuestra
escuela soviética.
La experiencia del trabajo de acuerdo con el plan de Dalton en nuestra
escuela muestra que tenemos, cada vez más, conciencia de los defectos y las
imperfecciones del plan Dalton, que están siendo analizados y corregidos. El
plan Dalton "se sovietiza", y se “sovietiza” seriamente. En rigor, la
escuela soviética no creó aún un método soviético de laboratorio único e
integral, pero no hay necesidad real en este sentido, porque un plan
determinado tiene menos importancia que la concepción directriz relativa a la
independencia del trabajo de los niños.
La adaptación del plan de Dalton a nuestras condiciones soviéticas
suscita dos problemas esenciales, cuya solución exige esfuerzos colectivos de
la masa del cuerpo docente, y una larga experiencia susceptible de ser
formulada y generalizada.
El primero es de orden metodológico. Podríamos llamarlo problema
"de la tarea" propuesta para el trabajo independiente. Si proponemos
una tarea o un "orden de trabajos", los errores aparecerán
fácilmente, o formularemos la tarea de manera que cada paso del
alumno sea previsto (y entonces el alumno es obligado a realizar el programa
paso a paso, pasando por fases
determinadas, descritas con precisión), o indicaremos sólo
las líneas generales, y entonces el alumno será prácticamente incapaz de
ejecutar la tarea sin ayuda. Los
dos extremos son igualmente erróneos, pero es mucho más
difícil de encontrar en cada caso dado, la línea de conducta justa, que permita llevar al alumno al trabajo experimental realizado
por sus propios medios. Si consideramos que el trabajo de formación
escolar no debe ser exclusivamente "libresco" y estrictamente
confinado al laboratorio, debe
hacerse una investigación sobre la vida fuera de la escuela,
una participación práctica en la vida, es evidente que el problema se complica
todavía más.
El problema de la "tarea" a proponer para el trabajo
independiente se vuelve un problema general de método:
es el conjunto del método experimental en el trabajo de la escuela profesional
lo que está en juego. La documentación a nuestra disposición y nuestra propia
experiencia aún no nos ofrece soluciones satisfactorias para el problema:
y mucho menos conseguimos extraer los principios claros y generales que
determinan esta solución.
El segundo problema es puramente soviético: consiste en la adaptación de
los principios independientes de un determinado plan no solamente al trabajo de
formación, sino también al conjunto de la actividad del alumno, a su
actividad profesional y social.
El problema deriva directamente de nuestras ideas sobre el programa,
como fueron expuestas antes, deriva de nuestra concepción sobre el "plan
de vida escolar". Se explica también por las características de
auto-organización de los alumnos de las escuelas soviéticas. Esto nos lleva
directamente a un gran problema: la introducción de la organización científica
del trabajo en la escuela.
La extensión y ampliación del plan Dalton, sovietizando a todos los
tipos de trabajo propios de los niños, nos posibilitará resolver el doloroso
problema del exceso se trabajo y edificar la escuela tomando en cuenta
el desarrollo físico.
La auto-organización de los alumnos
1. El pasado y el presente
Wells escribió una novela siniestra y fantástica llamada La isla
del Doctor Moreau; se trata de un cirujano con talento, el doctor Moreau,
que, en laboratorios especialmente construidos en islas
desiertas, transformaba con el bisturí las diferentes partes del
cuerpo de diversos animales (perros, lobos, tigres, monos, etc.),
aproximándolos a la
estructura de los cuerpos humanos. A través de
operaciones complicadas y atrevidas, se llegaba casi a una semejanza entre el
cerebro de los animales y el cerebro humano. Su objetivo era desarrollar y
transformar estas fieras-humanas en seres intelectuales, enseñándoles la
palabra humana e inculcándoles ciertos principios morales. Aplicaba dos
principios fundamentales: en primer lugar, quería obtener una sumisión absoluta
a su voluntad y autoridad; en segundo lugar, quería introducir en la cabeza de
estas fieras-humanas los principios esenciales de una moral original, que
fueran asimilados como leyes absolutas, inquebrantables e inviolables.
¿"No se debe andar en cuatro patas, no se debe ladrar?, etc., esta es la
ley".
Él conseguía arraigar sólidamente estas prescripciones en
la cabeza de las fieras-humanas, repitiéndolas millares de veces. Pero como un
accidente hizo vacilar su autoridad y la creencia general en la necesidad de la
sumisión absoluta a su voluntad, todo el trabajo de Moreau es liquidado;
él muere, y sus fieras-humanas vuelven gradualmente al estado primitivo.
En esta sátira sutil "progresista" al gusto de Wells,
aparecemos como una imagen de la organización de los niños en la escuela
burguesa.
Esta se basa en dos principios: autoridad y absolutismo venidos de
arriba para abajo (o establecidos de una forma cualquiera), ¡rígidos e
inmutables!
El objetivo de la auto-organización de los alumnos en las
escuelas burguesas es, en la mayoría de los casos, ayudar
al maestro a mantener su autoridad; el martillo5 y el castigo salen de las manos del maestro gracias
"al progreso de la civilización" y son sustituidos por una
distribución de
funciones, destinada a salvaguardar un determinado orden escolar.
El sistema desemboca en una división sistemática y determinada de los
niños y en el refuerzo del régimen escolar en el sentido de la inmutabilidad.
La auto-organización, en ciertos casos, está muy desarrollada, asumiendo
la forma de una constitución sólida (escrita y revistiendo todos los atributos
exteriores de los actos administrativos) y con la visión de educar a los
niños en los sentimientos de la estima por la ley, por el documento
llamado "Constitución del Estado", y que fue concebido "de
arriba" por la gracia divina o que fue creado
en tiempos lejanos y maravillosos por los héroes
nacionales. Esta intención surge muy claramente en la República Infantil, de William
Reuben George, lo que es muy comprensible; el
objetivo que se persigue es la educación
de los jóvenes "criminales" que cayeron en la lucha contra
la ley, esto es, niños que desarrollaron muy francamente el sentimiento de la
necesidad de obedecer a la ley.
¿De dónde provienen los principios de auto-organización? No es difícil
ver que se dieron por el propio carácter del régimen capitalista.
De hecho, ¿cómo el estado burgués quiere educar a los niños? ¿De qué
ciudadanos tiene necesidad? Ante todo, de ciudadanos cuyo cerebro nunca pueda
concebir la
posibilidad de avalar las leyes "inmutables" del país. Desde
el punto de vista de la ley, toda revolución es ilegal.
La tendencia al mantenimiento del régimen exige que se cultive en los
ciudadanos (o en los vasallos) los sentimientos conservadores, esto es, la idea
de que la destrucción de las bases "constitucionales" equivale al
caos, a la anarquía, al salvajismo, a la desaparición de la
cultura y de la civilización; en una palabra, al regreso del
5 Símbolo de la autoridad judicial en ciertos países.(nota del traductor)
estado salvaje. Para alcanzar este resultado, trabajan no sólo la
auto-organización de la escuela, sino también el régimen escolar como un
conjunto, toda la política gubernamental, y toda la organización de la
existencia. Vean por qué, a pesar de la presencia de tantas condiciones
económicas exigiendo la revolución social en los países capitalistas, es tan
difícil cambiar al orden material establecido y la psicología conservadora de
las masas.
¿Cuáles son los deberes del ciudadano en la república "mas
democrática" del Occidente o de América? En primer lugar, él debe respetar
la ley; en segundo lugar de vez en cuando, en fechas determinadas, debe ir a
una urna de votación, votar por tal o cual candidato para funciones
administrativas o legislativas y eso es todo. El resto es confiado, a título de
delegación "a los representantes del pueblo", a través de cuales el
capital puede fácilmente dominar a las masas populares. La actividad y la
iniciativa personales de las masas son superfluas en las "verdaderas
democracias"; cualidades de este tipo a nivel de las masas populares
son consideradas más nocivas que útiles. En la medida en que el poder existe,
se le debe obediencia sin restricciones hasta que nuevas elecciones sean
libremente organizadas.
Estas características del régimen burgués, que ofrecen a la burguesía la
posibilidad de mantener su dominación, influyen en las formas y en la
naturaleza de la auto- organización escolar donde ésta exista.
Este es el antiguo estado de las cosas.
¿Y cuál es el nuevo? ¿Cuáles son las necesidades de nuestro
sistema soviético actual en lo que a la auto- organización escolar se refiere?
¿En qué se diferencia nuestro régimen político del régimen establecido en
los
Estados burgueses y democráticos? La característica propia
y esencial del régimen soviético es la participación
absolutamente indispensable de las masas en la
organización del Estado, su participación directa, basada en su iniciativa
personal. No tenemos democracia "pura y
completa" en el sentido burgués de la palabra; el derecho
de participar en las elecciones soviéticas no es concedido a elementos
no trabajadores, sino a los que trabajan, que son la mayoría (¿no representan
98% de la población?), no solamente tienen el derecho de
participar en las elecciones para los Soviets, más tienen todo el
interés en defender activamente a los Soviets, en ayudarlos, porque
los Soviets son de ellos, porque el poder está más en las manos de
los obreros y de los campesinos y actúa antes que nada por los
intereses de las masas trabajadoras. Consideren
atentamente las medidas más o menos importantes
tomadas por el poder soviético: en primer lugar, éste no actúa solo a través de
decretos "por lo alto", pero esto todavía no significa gran cosa: lo
mas notable es que el poder soviético, el partido, los sindicatos, hacen
amplia
propaganda en favor de cada medida, mostrando a las
masas cómo es necesario que ellas participen en la aplicación de las medidas,
trabajando persistentemente para darles una visión exacta de las
disposiciones tomadas, haciéndoles ver concretamente su interés directo en su
efectividad y el perjuicio que tales disposiciones deben causar a los
adversarios de clase.
La reforma monetaria, la cooperación, la lucha contra la sequía y sus
consecuencias, etc., son varios ejemplos que permiten constatar los esfuerzos
desarrollados para llevar a las masas a participar de la organización, a
elaborar una visión exacta de cada cosa, a participar activa y personalmente de
los Soviets. Estamos ante una auténtica actividad de las masas. Y, aún no
siendo "demócratas" en el sentido burgués, somos infinitamente mas
democráticos de lo que las "repúblicas democráticas" del mundo
burgués; nuestra democracia es una democracia revolucionaria y una democracia
de clase, tiene un carácter y una naturaleza completamente diferentes.
El último año es particularmente característico desde este punto de
vista (actividad y energía en crecimiento de las
masas). Basta ver las decisiones del Partido Comunista
sobre este asunto y las resoluciones de los Congresos de los
Soviets y del Comité Ejecutivo Central; basta dar una
mirada al trabajo de los propios Soviets, para quedar
convencidos de la importancia de la participación directa de las masas
en la organización del Estado.
Esta particularidad del régimen soviético -la iniciativa personal y la
actividad de las masas- se desarrollan,
cada vez más, en condiciones originales creadas por la
intensidad de nuestra vida, nuestra reconstrucción de la vida y por la
construcción del nuevo régimen. No aspiramos sólo a una colaboración activa de
las masas en la vida cotidiana, queremos que ellos se dediquen a una actividad
creativa real, participando en la transformación rápida
(exigida por las nuevas condiciones) de las características formales del orden
vigente. Las masas trabajadoras, utilizando la herencia del pasado, deben
construir, y
construir rápidamente, un nuevo y grandioso mundo. Es
esto lo que le da a la actualidad soviética un carácter original.
El régimen soviético presenta, en fin, una tercera particularidad: se
relaciona con la interpretación de la constitución como ley fundamental del
Estado.
Lenin muestra en una de sus obras, tal vez la más genial, El
Estado y la Revolución, que después de la toma del poder por el
proletariado, el Estado (el aparato del Estado) desaparece poco a poco. Cuanto
más se debilita la resistencia de la burguesía después de la toma del poder, y
más se consolida la base de la estructura del nuevo
régimen social, menos será necesario el instrumento que es la
dictadura del proletariado. O sea, el Estado como instrumento de
coacción se va a extinguir.
La contradicción característica puede ser formulada así: "El Estado
soviético (Estado o semi-Estado proletario, según
Lenin) debe ser cada vez más reforzado para que pueda
más fácilmente y más rápidamente extinguirse”, es
resuelta por el hecho de que el propio objetivo del Estado proletario es la
creación de un nuevo régimen social sin clases
De ahí deriva la particularidad característica de la
constitución soviética: su dinámica, su capacidad de
cambio en la medida que se aproxima a su objetivo final: el
comunismo. Si la constitución, la ley
fundamental de todo Estado burgués, es la propia expresión de la inmutabilidad,
de la infalibilidad y del conservadurismo político (de ahí viene su absolutismo
y su carácter estático), la constitución soviética es la expresión del derecho
revolucionario tomando conciencia de sí mismo y de la idea de
evolución en el sentido de objetivos definitivos. Es por esto que
concebimos la ley fundamental del semi-Estado proletario como la expresión de
la orientación consciente del movimiento en el sentido del régimen sin clases
– concepción totalmente diferente de la concepción
burguesa-, que busca inculcar en las masas una sumisión, absoluta y literal, a
las prescripciones inmutables de la sacrosanta Constitución.
Estas particularidades, evidentemente, diferencian profundamente el
régimen soviético del régimen burgués; en consecuencia, los objetivos de
la autonomía escolar,
determinados exclusivamente por éstas, serán radicalmente
diferentes en una y otra escuela.
Sería, por lo tanto, inútil y nocivo buscar los orígenes de
nuestra autonomía escolar en la antigua escuela,
intentando formular “¡relaciones hereditarias!". Los objetivos de la
autonomía escolar deben ser nuevos objetivos y para alcanzarlos es
necesario intentar nuevos caminos.
Para evidenciar nuestra perspectiva, tomamos como ejemplo la
diferencia entre las concepciones políticas de los Soviets y de la burguesía,
porque en relación a esto la diferencia de los objetivos de la autonomía surge
con la mayor claridad; Pero es evidente que el problema debe ser atendido más
ampliamente aún: los objetivos de la autonomía de los niños se establecen en el
marco de los objetivos fundamentales de nuestra educación.
Los objetivos fundamentales de la autonomía soviética (o mejor dicho de
la auto-organización) en la escuela soviética están indicados en el primer
capítulo.
Analicemos un poco más detenidamente los diferentes elementos de la
autonomía.
2. El colectivo infantil
Nuestra tesis fundamental es la siguiente: si la auto- organización de
los niños en la escuela soviética no se basara en la existencia del
colectivo infantil, sería una disposición abortiva.
Pero, se preguntará el lector, ¿cuál es la escuela "donde no hay
colectivo infantil?. Esto es verdadero, si se considera al colectivo como la
reunión accidental de una cierta cantidad de niños en un mismo lugar con vistas
a la formación, esto es, visualizando algo que se refiere sólo al aspecto
exterior de sus preocupaciones, un objetivo que no capta aún el interés
infantil.
Pero una cierta cantidad de niños, un simple agrupamiento cuantitativo,
una reunión accidental, no forma todavía un colectivo. Para hablar en el
lenguaje de los matemáticos, se puede comparar el colectivo a la integral, que
presenta propiedades diferentes, según las diferencias que la constituyen: así,
por ejemplo, se diferencian las propiedades del círculo de las de línea
curva, aún cuando ésta se constituya tan solo del total de segmentos
infinitamente pequeños cuya suma también constituye el círculo, esto es,
los pedazos de la línea recta. El colectivo es
una concepción integral y no un simple total referido a sus partes, el
colectivo presenta propiedades que no son inherentes al individuo. La cantidad
se transforma en calidad.
Los niños y también los hombres en general forman un
"colectivo" cuando están unidos por determinados
intereses, de los cuales tienen conciencia y que les son cercanos. Si
quisiéramos crear en la escuela un colectivo infantil, estamos obligados a
desarrollar estos intereses entre los niños, inspirándoles intereses nuevos.
Esto exige ante todo una organización del trabajo de la enseñanza en relación a
la edad de los niños. La enseñanza escolar, como
se hace normalmente, no es agradable a los niños, no les
atrae, no crea en ellos una tendencia interior a formarse, sobre todo si
no comprenden los objetivos de esta enseñanza. Pero, aun cuando el trabajo de
enseñanza sea excelente, no es capaz de crear, por sí mismo, suficientes
intereses para el establecimiento de un sólido colectivo infantil. La escuela
sólo permitirá un amplio desarrollo y una cohesión íntima del colectivo de
los niños en el momento en que sea el lugar (y el centro) de la vida infantil,
y no sólo el lugar de su formación; nosotros no llegaremos a decir que ésta
debe ser el lugar de su formación, si esta palabra no significa la ayuda que se
debe dar a los niños para que crezcan y asuman su propia educación,
reduciéndose simplemente a la "influencia" educativa del pedagogo
sobre un determinado niño.
Regresamos así, al punto ya analizado varias veces a través de otros
caminos, o sea, a la idea de que la escuela no debe solamente formar, sino
suscitar los intereses de los niños, organizarlos, ampliarlos, formularlos y
hacer de ellos intereses sociales. Podríamos así mismo formular el razonamiento
de la siguiente forma: la escuela debe transformar los intereses individuales,
las emociones de los niños, en hechos sociales, cimentando con base en esto el
colectivo infantil.
La necesidad del colectivo infantil deriva de la necesidad fundamental
de inculcar en los niños la actividad, la iniciativa colectiva, la
responsabilidad correspondiente a su actividad. El colectivo de los niños
creará, por el propio hecho de existir, la auto-organización.
Desde el punto de vista del maestro y de la escuela es necesario
distinguir dos tipos de auto-organización.
La organización del primer tipo esta principalmente destinada a ayudar
al maestro y a la escuela; se trata, en principio, de un asunto que parece
bastante extraño a las preocupaciones de los niños. De hecho, en este caso,
la auto-organización debe apoyar un régimen escolar
determinado, debe elaborar las formas que posibilitarán
una feliz aplicación del empleo del tiempo trazado por los adultos. De esta forma, tendremos muchas veces no la
reunión de los niños en un colectivo, sino, al contrario, una especie de
división, en la medida en que una parte de las funciones es transmitida por los
adultos a un cierto número de niños, que asumen la responsabilidad de gobernar
y dirigir a sus colegas, sin que éstos sean persuadidos de la
necesidad de obedecer. El elemento determinante aquí es
el régimen escolar establecido, sin que se consideren los niños; o sea, el
objetivo a alcanzar es la comodidad del maestro.
Esta técnica, aplicada indistintamente en cada caso, lleva a una serie
de errores. Todo el mundo conoce ejemplos de introducción de la
auto-organización por el maestro, de arriba para abajo, desde los primeros días
de clase. El esquema parece, en el papel, muy bien elaborado y muy cómodo, pero
su realización es sumamente penosa. La disciplina se vuelve imposible, es
necesario luchar con los niños difíciles, etc. Es necesario pensar en los
castigos y en otros medios parecidos de acción. Lo más grave es la aparición de
una duplicidad infantil, nociva desde el punto de vista pedagógico:
oficialmente, en la asamblea general, en las comisiones, en el comité de
enseñanza, etc., esto es, ahí donde se encuentre el maestro, donde se trate de
la escuela, la auto-organización procede e introduce el orden, etc., pero sigue
faltando el alma del niño, el niño como un conjunto está ausente, sólo está
presente una parte de él niño, una pequeñísima parte que no tiene casi nada en
común con los intereses y las tareas que están en la base
de la auto-organización.
La auto-organización tiene algo de extraño para el niño. Basta que el
maestro abandone por un corto tiempo las riendas (aún cuando haya conservado
para sí sólo la autoridad moral), y el orden establecido, la organización,
empiezan a desmoronarse por todas partes.
Este tipo de auto-organización (o, antes, esta concepción de la misma)
debe desaparecer, en último análisis, esto termina siendo un tipo
anti-soviético de auto-organización.
El segundo tipo se desarrolla gradualmente, en la medida
en que se desarrolla el colectivo de los niños, en la medida
en que el círculo de las preocupaciones infantiles se amplía, creciendo
la idea de la necesidad de la organización. Este tipo es más sólido, tiene una
base más amplia; y más, crea
condiciones favorables al surgimiento en los niños de
nuevos intereses, a la aparición de una curiosidad sana y mayor. La
organización en sí misma es fecunda para las tendencias no reveladas de los
niños. Pero este tipo de autoorganización implica la realización de
condiciones preliminares.
En primer lugar, la auto-organización de este tipo no puede
ser introducida bruscamente en el momento en que los
niños entran en la escuela; ésta comenzará a nacer en la medida que aparezca su
necesidad, en la práctica de una determinada acción.
Veamos el ejemplo conocido, aportado por una de las escuelas de siete
años de la capital de un distrito (en la región de Moscú).
Cuatro grupos de la escuela (de 1er grado) comenzaron a funcionar; no
había nada anticipadamente determinado, principalmente desde el punto de vista
de la higiene. En la práctica del trabajo escolar, influenciados por un pequeño
grupo de pioneros, y por adultos, etc., una parte de los niños comenzó
seria y enérgicamente a enfrentar los problemas de la higiene. Una comisión
sanitaria apareció; sus tareas comprendían no sólo el trabajo sanitario,
sino la enseñanza sanitaria y la propaganda de las ideas correctas al
respecto. Así, fue organizando un periódico sanitario con redacción y
colaboradores. Poco a poco, otras cuestiones o temas van apareciendo en el
periódico, y el se vuelve, a final de cuentas, un periódico escolar
general. Paso a paso, gracias al periódico, otras preocupaciones se analizan,
refiriéndose a los problemas de enseñanza, de la actividad social, etc. Un año
después, la auto-organización ya asumía formas bien desarrolladas y se volvió
una realidad.
La segunda cuestión habla respecto a la organización y a la naturaleza
del trabajo de enseñanza. Ya nos referimos
a este punto varias veces, analizando la visión debe haber
una fusión entre la enseñanza y el proceso general de
educación. El desarrollo regular de la auto-organización exige también
esta condición. Se debe organizar el trabajo de modo que la enseñanza sea
comprendida por el espíritu de los niños como una acción importante
para su vida. Sólo entonces el trabajo de formación se volverá una
necesidad para el niño, sirviendo a la auto-organización. Volveremos al
mismo tema más tarde, cuando hablemos de la
participación de los niños en el trabajo pedagógico.
El tercer punto se refiere al papel del pedagogo. Es
necesario decir francamente que, sin el auxilio de los adultos, los niños
pueden, tal vez, organizarse solos, pero son incapaces de, formular y
desarrollar sus intereses sociales, esto quiere decir, son incapaces de
desarrollar ampliamente lo que está en la propia base de la auto- organización.
Agregaríamos que el pedagogo no debe ser extraño a la vida de los niños, ni
limitarse a observarlos. Si
fuera así, ¿de qué serviría nuestra presencia en la escuela?
¿Exclusivamente por la enseñanza? Por otro lado, el pedagogo no debe
entrometerse en la vida de los niños, dirigiéndolos completamente, abrumándolos
con su autoridad y poder. Es necesario encontrar la línea de comportamiento
justa, evitando, sin duda, la opresión de la iniciativa de los niños, la
imposición de dificultades a su organización, pero permaneciendo, por otro
lado, el compañero mayor que sabe ayudar imperceptiblemente, en los casos
difíciles, y, al mismo tiempo, orientar las tendencias de los niños en buena
dirección. Para hablar de forma mas concreta, esto quiere decir que es
necesario suscitar en los niños preocupaciones cargadas de sentido social,
ampliarlas, desarrollarlas, posibilitando a los propios niños la búsqueda de
las formas de realización.
En la práctica, nos apartamos muchas veces de esta condición. Es
frecuente ver al director de la escuela infantil sentarse al lado del
secretario o del presidente de la
asamblea de los niños y dirigir su trabajo, casi redactando
el acta de la reunión, con miedo de que el niño cometa un error; él intenta,
por medio de ayuda directa, ¡que todo salga lo mejor posible! Pero así,
los niños no aprenden nunca a actuar por sus propios medios, tendrán
siempre la necesidad de ser ayudados.
Algunas veces, esta intromisión del educador es debida al deseo excesivo
de ser útil; en otros casos, es la
expresión del deseo de dirigir. Con base en estos hechos, se
encuentra la comodidad del maestro, la tendencia a dirigir la
auto-organización con el objetivo de fortalecer la forma que fue dada la vida
escolar por el maestro y por el conjunto del sistema.
Es perfectamente evidente que nosotros elegimos la auto- organización
del segundo tipo, basada en el desarrollo del colectivo infantil, o sea, la que
ayuda a inculcar en los niños el hábito de vivir y de trabajar en colectivo. Es
un camino más difícil de recorrer, enfrenta más dificultades, exige del maestro
un esfuerzo mayor, más reflexión, encontrando, algunas veces, riesgos, pero es
más seguro y, en todo caso, responde a los objetivos de la educación soviética.
3. Constituciones infantiles y justicia infantil
¿Las constituciones infantiles son admisibles y bajo qué
formas? ¿Cuál debe ser la naturaleza de la constitución?
¿Cuál su alcance en la auto-organización de los alumnos?
La respuesta está parcialmente dada por lo que fue dicho anteriormente a
propósito de la concepción soviética del Estado, de la concepción de la
constitución y de las consecuencias necesarias que de ahí resultan para la
escuela. Sería un grave error basar la auto-organización escolar en una
constitución otorgada de arriba para abajo, impuesta por el maestro, o lo que
es lo mismo sólo “propuesta por el maestro (aun cuando él quiera conseguir
objetivos muy loables) y aceptada voluntariamente por la asamblea general de
los niños. Las mejores intenciones producen en estos casos malos resultados:
los niños consideran la constitución como algo oficial y, en el mejor de los
casos, ella se volverá un dogma, una ley inmutable, no autorizando ninguna
violación, lo que no corresponde en absoluto a los objetivos de nuestra
educación. El mismo resultado es obtenido por constituciones elaboradas por los
propios niños, que desciende a detalles menores.
La constitución escrita obstaculiza las posibilidades de desarrollo de
la auto-organización. El elemento característico de la auto-organización de los
niños es la movilidad de sus formas, que se adaptan a la edad de los
niños y al nivel de sus preocupaciones sociales, en cuanto
la constitución contribuye a dar rigidez a esas formas, privándolas de su
flexibilidad, lo cual entorpece y traba el espíritu y el dinamismo de la
organización de los niños.
No vemos la necesidad de una constitución de este tipo
para la autonomía de los niños. Los esquemas de
autonomía producidos por la búsqueda de mejores formas
de organización por los niños, las directivas dadas a
diversas instituciones, todo esto puede ser llamado constitución, pero la
palabra cambia entonces de sentido. Una constitución de este tipo reflejará
simplemente, digámoslo así, el estado de la auto-organización en un momento
dado, el resultado obtenido por los propios niños en la organización de la vida
colectiva. El valor de esta constitución no deriva del hecho de que representó
una adquisición eminentemente grande e inmutable, disponiendo de la fuerza
invulnerable de la tradición y del dogma. Una constitución de este tipo
debe ser imaginada como un plan de actividad autónomo, que puede ser
cambiado en cada momento, cuando las circunstancias así
lo requieran. O sea, no se trata de armonizar la vida a la
constitución, sino la constitución a la vida, esto debe ser evidente para los
niños, deben tener conciencia de que la constitución está a su servicio, de que
cualquier asamblea general puede cambiar cualquier artículo de la constitución,
si esto fuese considerado útil y de acuerdo con los objetivos imaginados, de
que la constitución fue creada por ellos mismos, para sus propios objetivos y
teniendo en cuenta la utilidad social inherente a estos objetivos. La
constitución del colectivo escolar autónomo debe, por esto, ser eminentemente
flexible y dinámica.
Estamos obligados a ver el problema de la constitución infantil de esa
forma por la necesidad de confiar la creación de la auto-organización
directamente al colectivo de los
niños: éste colectivo se desarrolla, se fortalece,
adaptándolo a sus propias necesidades las formas de organización.
Es evidente, también, que somos adversarios absolutos de cualquier
constitución que reflejará la Constitución política, copiando simplemente las
instituciones del Estado y decretando las medidas a aplicar contra los que
violan las leyes.
***
Una de las consecuencias del tipo de constitución que defendemos es la
existencia de la justicia infantil.
Encontramos muchas veces la justicia infantil en la práctica soviética.
El problema tiene enorme importancia y vale la pena analizarlo un poco más
largamente.
¿Cuáles son las ventajas de la justicia infantil? En primer lugar, los
niños aprenden a tratar sus problemas unos con otros, a resolver sus conflictos
entre sí. La justicia ayuda también a formar el sentimiento de la
responsabilidad. Permite, en fin, evitar intromisiones en la vida de los niños:
gracias a la justicia infantil, el régimen determinado es apoyado por los
propios niños.
¿Estos resultados positivos (y no siempre son positivos) son suficientes
para contrarrestar los resultados negativos y los prejuicios que implica la
justicia infantil? ¿En qué esta justicia es perjudicial?
La justicia infantil, basada en la constitución, presupone formas
determinadas: jueces, partes, leyes según las cuales se juzga, un código penal
y, en fin, instituciones encargadas de ejecutar las decisiones de la justicia.
Encontramos este tipo de justicia, en su forma más perfecta, incluyéndose
milicia y prisión, en el ejemplo de la "República infantil" de
W. R. George. Pero, aún sin llegar a las caricaturas de George, no se
puede renunciar enteramente a las formas
estratificadas de la justicia infantil, porque, sin formas fijas,
tendríamos que basarnos sólo en la autoridad moral de la
justicia, y la justicia funcionaría según la conciencia de los
jueces y de su concepción social de la equidad y no de acuerdo con las
leyes estrictas. Rechazándose el elemento formal de la justicia, nosotros la
transformaríamos en un sistema cuyo único código sería la convicción íntima de
los jueces en éste o en aquel momento.
¿Sería mejor así? Lo dudamos. La imparcialidad es una de
las cualidades indispensables a la justicia. En nombre de la imparcialidad, el
representante de la ley y las diversas partes (acusación y defensa) tienen el derecho de refutar
tal o cual testimonio, para que los problemas personales y fortuitos no
influencien el veredicto.
¿La justicia infantil debe satisfacer esta exigencia? Claro
que sí. ¿Pero esto es posible en las condiciones escolares? No, porque, en la
escuela, lidiamos con un determinado tipo de colectivo, en que los niños se
encuentran todos los días, multiplicándose los lazos personales, las
inclinaciones
individuales, simpatías y antipatías, relacionando a los
niños a través de relaciones diversas. Muchos sentimientos personales,
accidentales, individuales, se mezclan al sentimiento social. En la medida en
que las condiciones subjetivas desempeñan un papel tan grande, ¿es posible
hablar de imparcialidad de la justicia? La respuesta es clara; la justicia
tendrá un gran valor si agregamos a estas circunstancias la informalidad, la
falta de leyes, ¿y si dejamos actuar sólo a la "conciencia social"?
Y, además de eso, consideren que el juez encontrará al acusado hoy mismo
en diferentes momentos, y volverán a encontrarse mañana, y después de mañana.
¿La acción judicial no saldrá afectada? Sin duda alguna; es necesario también
pensar que los niños no tienen la firmeza que se puede exigir de los adultos,
ni opiniones bien fundamentadas, ni convicciones que resistan a las
circunstancias y a las tendencias accidentales; si consideramos todo esto,
veremos que la justicia infantil es de hecho nefasta. No nos olvidemos tampoco de que no
hay decisión de justicia que agrade a todo el mundo, particularmente entre los
niños. En consecuencia, la justicia infantil, en vez de reforzar, destruirá el
colectivo de los niños; será, por lo tanto, nociva al trabajo de la educación.
Además de esto, estamos obligados a combatir la justicia infantil por
una u otra razón. La justicia infantil puede, en último caso, servir de medio
de acción al pedagogo, cuando su acción personal se vuelve impotente. Las
decisiones de justicia, el carácter de los asuntos tratados por la justicia, el
carácter de los castigos infligidos por la justicia, todo esto se volverá
fácilmente un medio de realizar las perspectivas del maestro que dirige la vida
escolar. Pero simplemente, el pedagogo podrá, a través de la justicia infantil,
castigar, actuar sobre unos por intermedio de otros, etc. Nacerá entonces la
enemistad entre los niños, y esto los dividirá, esto dificultará el desarrollo
del colectivo, o sea, nos empujará de regreso a la escuela burguesa.
La justicia infantil posibilita a los niños a "desenterrar los
crímenes" especializándose como jueces de instrucción, como conductores de
interrogatorios. Siendo parcial, esta justicia es el medio perfecto para
"ajustar cuentas" personales, de calumniar, de preparar trampas. En
verdad esta justicia corrompe y destruye el ambiente
infantil, (Schulguine).
¿Qué es lo que podría entonces sustituir a la justicia
infantil? La decisión de la asamblea general, que analiza colectivamente todas
las cuestiones que aparecen, los conflictos, todos los casos de violación de
las reglas, etc. La asamblea general es la expresión más alta del colectivo
infantil, no pudiendo ser acusada ni de subjetivismo, ni de parcialidad en la
solución de determinado asunto. Las discusiones de la asamblea general de los
niños educan y desarrollan el sentimiento colectivo, elevan la conciencia de
los niños a un alto nivel, y no "corrompen o destruyen los ambientes
infantiles". Todo lo que puede tener una influencia negativa en el sistema
de justicia infantil, asume
un carácter saludable en la discusión de la asamblea
general de los niños. Las resoluciones son colectivas, y no resoluciones
dictadas por circunstancias accidentales.
Al dirigir la acción de la asamblea general, el educador no dividirá a
los niños, ni estimulará la disolución del colectivo.
Y el propio carácter de la influencia ejercida por el educador
se transforma; el educador, el adulto, en la asamblea general de los niños, es
solo uno de los miembros de la asamblea, no tiene ningún derecho especial,
ninguna prerrogativa que tampoco sea propia de otros (y es precisamente así
como el problema debe ser ubicado), su influencia deriva sólo de su autoridad
moral, de su experiencia como compañero mayor. En estas condiciones, un
pedagogo de espíritu abierto usará su influencia con mucha prudencia,
interviniendo solo en casos de absoluta
necesidad, en el momento en que la asamblea se aparte
del buen camino y su participación en los debates sea esencial para evitar que
esto acontezca.
La justicia infantil debe desaparecer. Debe ser sustituida donde exista
por la discusión en la asamblea general de los alumnos.
4. Castigos y medios de acción
La asamblea general de los niños, al analizar determinado tipo de
infracción, pronuncia su veredicto e impone un determinado castigo. ¿Esto es
admisible? ¿Qué pensar del castigo?
Por otro lado, ¿cómo combatir las infracciones que se suscitan en la
marcha normal de la vida escolar? ¿Se debe castigar, como norma general? Estos
temas son frecuentemente discutidos por los educadores, pero desgraciadamente
son rara vez analizados por nuestras publicaciones pedagógica.
No queremos resolver ahora un problema tan vasto y tan difícil y,
además, esa no es nuestra intención. Quisimos sólo observar, en relación a
ciertos puntos, problemas que se relacionan al mismo tiempo con la
auto-organización de los alumnos.
Renunciamos definitivamente al castigo como tal, esto es,
al castigo infligido por la práctica de determinado delito. El sistema de los
castigos, aplicados por el educador,
puede ser considerado como irreversiblemente enterrado. Pero,
como ya dijimos, hay una línea de menor resistencia que el pedagogo
puede fácilmente tomar: se trata de la aplicación del mismo sistema de castigos
a través de los niños, particularmente gracias a la justicia infantil.
Eliminando la justicia infantil, que se inspira en reglas bien definidas,
liquidaremos para siempre este sistema de castigos.
Pero, renunciando al sistema de castigos, no podemos, a pesar de los
pesares, en la situación de inercia de la escuela, renunciar a las
medidas necesarias a la acción pedagógica en relación a determinado
tipo de delito, a la violación de la disciplina o infracción al régimen. En
cada caso concreto enfrentaremos dos cuestiones. En primer lugar, ¿qué medida
es aplicable en un caso determinado? Si la infracción no debe pasar desapercibida, ¿cómo actuar
con el niño en cuestión para que en el futuro asuma la conciencia de que su acto es inadmisible? En segundo
lugar, cada caso individual debe servir de oportunidad para mencionar el
siguiente asunto: ¿En qué medida el régimen escolar actual predispone a los
delitos, o sea, en qué medida nosotros mismos cometemos errores?.
De manera general, este segundo tema no es analizado
en la práctica. Este error dificulta la desaparición (en general, y
no para determinado tipo de alumno) de violaciones lamentables.
Si analizáramos atentamente la práctica, somos llevados a
la siguiente observación: el régimen escolar, la organización escolar son
inmutables, inquebrantables, establecidos de arriba hacia abajo por el
pedagogo, sin ninguna participación o con muy poca participación de los
niños. La sanción intenta acabar con el delito sin afectar al propio régimen.
La atención se concentra en las acciones infantiles
y no en los puntos débiles del régimen. Se asume la tarea
de adaptar a los niños al régimen establecido.
Si el pedagogo se basa en la auto-organización de los alumnos, no
realiza personalmente sus perspectivas, pero usa a los niños, forzándolos a
apoyar un régimen que les es extraño. En este caso, el
educador es obligado a apoyarse muchas veces en la fracción de los niños que están listos
para ayudarlo; la otra
fracción, muchas veces bastante importante, no reconoce el régimen pero se
somete a la primera fracción, a pesar de sus puntos de vista contrarios. Se
llega, así, al debilitamiento de la auto-organización en nombre de la
intangibilidad del régimen escolar.
Poco tiempo después, nos vimos obligados a constatar con amargura que
las infracciones no disminuyeron, que los niños no se volvieron más
"conscientes", que la autonomía tiene brechas, que los niños son
"externamente”, oficialmente, bien-portados, pero basta que el
educador se ausente por un rato, para que las cosas se transformen, etc.
En determinados momentos, el pedagogo evalúa de un
modo pesimista el alcance y la utilidad de la auto- organización en general y se muestra dispuesto a regresar
al antiguo régimen, a la organización garantizada sólo por los adultos.
No nos debemos engañar: no estamos hablando de situaciones teóricas, se
trata de la generalización de hechos auténticos, y el autor conoce una serie de
ejemplos de este tipo.
¿Dónde está el error entonces? Creemos que lo esencial del problema se
resume en dos condiciones que deben ser analizadas con detenimiento.
En primer lugar es necesario considerar el propio régimen
escolar. En la escuela, consideramos de modo general el alumno medio.
Pero existen diferencias en torno a este
concepto. El alcance de las diferencias varía según el niño,
y las diferencias pueden ser divididas en dos categorías: en un primer caso, la
importancia del fracaso no es
muy grande, el niño responde al régimen escolar dado y
nosotros decimos entonces que trabajamos con niños
"normales"; en el segundo caso, el grado de diferencia es
de tal orden que no puede dejar de alterar el régimen escolar, cuando los parámetros
escolares no convienen a determinados niños, nosotros los clasificamos
frecuentemente en la categoría de "anormales". Se puede aun descubrir
una tercera categoría: cuando la amplitud de
la diferencia esta en el limite del régimen escolar, el niño
esta en el limite que separa al niño “normal” del niño “anormal”, siendo
entonces caracterizado, muchas veces, como niño "difícil".
Nos encontramos frente a dos magnitudes: 1) un régimen escolar
determinado; 2) un fracaso cuyas dimensiones se dan en relación con
la norma. La segunda de estas magnitudes es muy poco variable, podría disminuir
muy poco y, cosa esencial, ella es innata al niño, que se debe a la
herencia, al ambiente en que creció el niño, etc. Pero la primera es casi
completamente de nuestra responsabilidad,
siendo creada por nosotros. Por razones desconocidas,
entre tanto, consideramos correcto emplear todos los esfuerzos para disminuir el segundo problema, y no
tratamos de cambiar la primera. Mientras tanto, parece evidente que cada caso
de diferencia en relación al régimen escolar debería, antes que nada,
incitarnos a revisar el problema, a observar en qué medida el
régimen escolar es la causa de esta diferencia, y después lo que
podemos y debemos hacer para ampliar el régimen, dejando de lado la
comodidad del educador.
Debemos, en segundo lugar, combatir las orientaciones inexactas
relativas a la auto-organización de los alumnos. La táctica del pedagogo no debe consistir en transmitir a
los niños un determinado régimen, sino tratar por todos los medios que estén a
su alcance para formular un régimen de acuerdo con el colectivo infantil e
indispensable a este colectivo.
Este principio obliga, antes que nada, a reforzar el colectivo
infantil, trabajando para que el régimen escolar se vuelva su
propio régimen, ocupando espacio en las preocupaciones colectivas
infantiles; es más, este régimen debe ser creado en gran medida por los propios
niños que, así, sentirán y comprenderán la responsabilidad que les incumbe en
su aplicación. Esta medida permitirá, por un lado, ampliar el
objeto de la actividad ejercida por el colectivo infantil y, por
otro lado, obligar a la escuela a transformarse y a ampliar el régimen escolar
en función a las preocupaciones del colectivo infantil.
Estas son las dos condiciones que deberán ser observadas por
aquellos que quieran crear, ante todo, un colectivo social infantil que sea
verdaderamente autónomo; esta forma de resolver el problema nos va a llevar,
cuando las deficiencias del régimen escolar hayan desaparecido, al desarrollo
de la conciencia soñado por el pedagogo.
¿Debemos entonces estar de acuerdo en todo con los niños, capitulando
ante una voluntad irracional? En lo que se refiere al régimen escolar, los
niños pueden, algunas veces,
desear y reclamar reglas absolutamente inadmisibles;
¿debemos satisfacer estas exigencias en nombre de los
directamente involucrados del colectivo? Es claro que no,
de otra manera quedaríamos a merced de las preocupaciones accidentales de
los niños. Y esta forma de actuar sería nefasta, porque estimularía los peores
instintos de los niños, exactamente los que no fortalecen el colectivo
infantil. Esta es la línea de acción justa: en primer lugar, llevar a los niños
a participar en la creación de un régimen que sea suyo, que sea razonable y que
corresponda al sistema general de la educación soviética, reservando
para el educador un papel de compañero mayor, consejero, auxiliar. En
segundo lugar, formar, dirigir, y desarrollar las preocupaciones de los niños,
aclararlas, partiendo de un punto de vista social determinado, o sea,
fortalecer el colectivo infantil, inspirándole el sentido de la
actividad social.
La diferencia de resultados obtenidos por los dos métodos ensayados en
Moscú en relación a los niños abandonados
revela cómo es importante la adopción de la línea justa en
la elección de los medios de acción y la manera de tratar
los colectivos infantiles. Aún muy recientemente, los niños
abandonados, recogidos por la Comisión Extraordinaria de lucha contra las
calamidades, eran llevados uno por uno a los diferentes albergues infantiles; llegaban a un ambiente
que les era completamente extraño y tenían enormes dificultades para adaptarse.
Estos niños deterioraban el ambiente infantil y aceleraban la descomposición
del colectivo de los niños, que ya era de por sí débil. Muchas veces los
inspectores del servicio no podían ubicar a los niños abandonados en los albergues, porque éstos
amenazaban con huir. Y de hecho, casi siempre, los niños
de la calle escapaban. Había de 10 a 12 casos de fugas repetidas por el mismo
problema. Constatamos, en el sureste de la URSS (Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas
), 100 casos de "fugas" en un refugio de 600
niños. Estos niños de la calle son frecuentemente
calificados como "anormales" de manera ligera por el pedagogo, que
los considera totalmente perdidos.
Pero en 1923-1924, La Comisión de los Menores adoptó una táctica
completamente diferente y comienza en Moscú una campaña contra la teoría de los
niños víctimas de "insuficiencia moral", entre los cuales se
encontraban los pequeños ladrones de las calles, los jóvenes carteristas, etc.
Se suprimieron numerosos refugios de bandas infantiles perfectamente
organizadas sobre la base de una original lucha por la subsistencia, -pandillas
de ladrones (que practicaban el robo a mano armada) carteristas, y también, muchas
veces, adictos a la cocaína, que ya tenían tres o cuatro años en la
drogadicción, pequeñas prostitutas, etc. Las bandas eran apresadas en conjunto
con sus respectivos jefes (una especie de líderes “Atama”6). No son
desintegradas, sino convertidas en pequeñas comunidades de trabajo. Se
exigen, de manera general, tres condiciones: no robar, no ingerir cocaína,
realizar un trabajo productivo, útil a la mayoría, de forma de ganar, así, una
parte de los alimentos de cada día. La colonia dispone de una casa común y
uno o dos administradores se quedan en ella. Uno de los objetivos de la
organización es romper con la autoridad absoluta del líder, basada en la
fuerza, sustituyéndola por la autoridad del colectivo, encargado de crear su
vida y su propia organización. Las experiencias de este tipo, de acuerdo con
los resultados obtenidos en algunos meses, superan, en ciertos casos,
todas las expectativas. El colectivo es tan unido que, no hay necesidad de
cerrar con llave los almacenes, (anteriormente, cada fugitivo, sin
excepción, se llevaba una almohada y un cobertor para venderlos); los casos de
fuga son muy escasos (algunas veces, el líder destituido no se puede contener).
La dimensión social que caracteriza la actividad de los niños, el sentimiento de que su vida tiene
6 Atamá, jefe absoluto de los cosacos, un pueblo que
vivía en la URSS (nota del traductor)
un sentido social, objetivando
grandes finalidades sociales, fortalece el colectivo infantil; se vuelven
conscientes de su
dignidad y se unen estrechamente. Conocemos un caso
muy interesante: en una de estas comunidades, entró sigilosamente, durante una
noche oscura, un pequeño ladrón, que fue descubierto por los niños. La comuna
lo
convenció de quedarse con igualdad de derechos. El aceptó.
La experiencia de las comunas de trabajo es, por lo tanto, plenamente
realizable, y el éxito fue comprobado por la exposición-bazar de los objetos
producidos en ellas, que son
exposiciones organizadas casi por completo por los niños.
La experiencia alumbra con una nueva luz el problema de los albergues. Es
lamentable que no podamos extendernos
más sobre un tema tan interesante, porque está fuera de
los límites del tema que nos ocupa.
¿Cuál es pues, el origen del éxito? Es que estos adictos a las drogas,
ladrones, prostitutas de 12 años, etc., que fueron ligeramente clasificados en
la categoría de niños "marcados por insuficiencia moral" e
irremediablemente perdidos, son, niños brillantes, activos, capaces, con gran
iniciativa, pero pervertidos por la vida, y que encuentran
condiciones cuando en el colectivo infantil tienen la posibilidad de
desarrollarse, de crecer por sus propios medios y de organizarse como una base
social. Todo se explica por el colectivo infantil.
5. Las tareas del colectivo escolar. Las formas de organización
De todo lo que hemos dicho, se deduce que la auto- organización de los
niños no es sólo un juego. Debe ser una necesidad, una ocupación seria de los
niños, encargados de una responsabilidad sentida y comprendida. La autonomía
escolar sólo se puede basar en un trabajo serio y que
implica responsabilidades.
La cuestión fundamental es la siguiente: ¿Cuál puede ser la actividad de
los niños? Pensamos que no hay ningún
problema escolar indiferente a los niños, y ellos pueden
participar en todos (ya sea ayudando a los adultos, o
resolviendo problemas por sus propios medios). Los
primeros trabajos que los niños pueden realizar, en los límites permitidos
desde el punto de vista médico, son los trabajos domésticos (que son la misma
base de la organización de los albergues infantiles). En la escuela, la primera
actividad puede estar relacionada con el estado
sanitario del predio, con la difusión de las normas
sanitarias, de hábitos civilizados, en la medida en que los niños estén
bien conscientes de estas ideas. En las escuelas en que los niños toman
café y desayunan, puede ser mejor tratar, en primer lugar, la organización de
la alimentación. Con el tiempo, se puede confiar a los niños el registro de los
alumnos ocupados con diferentes actividades, la organización de las
sesiones de lectura, resúmenes y exposiciones, la organización de las fiestas
escolares, de montar espectáculos, etc. Poco a poco nace un periódico escolar,
que refleje el conjunto de su vida escolar; y mas tarde, aparece una revista escolar. Poco a poco se
organizan diversos grupos de estudio. En fin, nace la necesidad de una
organización para la formación política y
general. La biblioteca se vuelve necesaria para este
objetivo (una o dos decenas de libros) puede ser dirigida
por los niños. Lentamente toda la organización del trabajo que no se relacione
con la enseñanza se encuentra así en manos de los alumnos. Y ellos participan,
parcialmente, hasta en la organización de la enseñanza.
Los niños pueden ser llevados a administrar la escuela financieramente,
si están conscientes de que el "haber" de la escuela no
pertenece más "a la corona", como era antiguamente, sino que se trata
de un "haber social", o sea, perteneciente a los propios niños. La
práctica del último año prueba que el suministro del material científico
escolar o
material de oficina, algunas veces hasta el mismo
suministro de alimentación caliente, pueden ser realizados con gran éxito por
las cooperativas escolares, que constituyen una de las formas de
auto-organización. La organización del trabajo en este o aquel salón, por
ejemplo, en el laboratorio (iniciando el inventario de los bienes, controlando
sistemáticamente los "animales vivos", los acuarios, la reparación de material, la preparación e
instalación de los nuevos aparatos), hasta la organización
de los alumnos por grupos en las salas de trabajo, preparación del material
didáctico, todo puede ser gradualmente confiado a los niños.
Todo lo que se dice respecto a la organización del trabajo
debe ser, en gran medida, puesto bajo la responsabilidad
de los niños. Analizamos antes, muy detenidamente los problemas del trabajo en
la escuela. Aún cuando no hemos dado indicaciones directas sobre el asunto, el
lector verá fácilmente que el trabajo en la escuela no puede ser
organizado sin la colaboración del colectivo autónomo de
los niños. Sólo se puede esperar el resultado pedagógico deseado con la
participación directa de los niños en la organización y en la dirección del
trabajo de la escuela.
Si la educación estuviera bien organizada, los niños enfrentarían una
serie de trabajos de carácter social: las células de las diferentes empresas,
el SOI (Ayuda Obrera Internacional), la Aviokhim (Sociedad para el Desarrollo
de la Química y de la Aviación), la ODN (Sociedad “Abajo el
Analfabetismo”), El Amigo de los Niños (Ayuda a los huérfanos de las guerras y
las catástrofes), solicitarían su adhesión. La escuela participa con un éxito
notable del trabajo en los campos (de acuerdo con las empresas industriales). Muchas veces ya se vio que las instituciones
se dedican regularmente a la liquidación del analfabetismo entre otras. La
auto-organización de los niños, debe ser orientada en este sentido.
Atribuimos una gran importancia a la relación entre las diferentes
instituciones infantiles. Uno de los defectos de
nuestras escuelas (sobre todo de las escuelas de las
grandes ciudades) y de los albergues infantiles es su aislamiento, su
separación en relación a la vida, y el
aislamiento es, a veces, tan grande, que los niños de 13 ó
14 años sólo tienen una visión muy vaga de la vida exterior.
El aislamiento de las escuelas es naturalmente menor que
el de los albergues infantiles, pero esto no disminuye en
nada la necesidad de fortalecer la relación con otras
instituciones infantiles. Ahora, esta relación debe ser una de las
tareas de la auto-organización de los niños.
En fin, la participación de los niños en el trabajo pedagógico debe ser
aun considerada como una tarea de la auto- organización. El trabajo pedagógico
de los niños, aunque frecuentemente olvidado, debe merecer la mayor atención.
De acuerdo con los antiguos Reglamentos de la Escuela Única del
Trabajo, la mitad del consejo escolar era formada por representantes de los
niños a partir del cuarto año de enseñanza. La práctica disminuyó la
proporción, y esto es lamentable. Pero este asunto no es muy importante. Lo
esencial es preguntarse por qué los niños participan en el consejo escolar.
Los niños deben participar en el consejo escolar para formar parte del
trabajo orgánico de la administración de la
escuela, para intervenir en todos los problemas
pedagógicos (y no solamente económicos). El miedo de que los niños dificulten
el trabajo e ignoren los problemas que están siendo tratados es sin fundamento,
sobre todo si los niños que participan en el trabajo orgánico del consejo
escolar se vuelven cada vez más conscientes de la responsabilidad ligada
a su trabajo, si su espíritu no distingue entre "nosotros" (niños) y
"ellos" (educadores), si consideran a los maestros como compañeros
mayores, íntimos y de mayor experiencia, pero deseosos de ser ayudados en el
trabajo. A partir de entonces los niños imaginarán la participación en el
consejo escolar (y las opiniones ahí formuladas) como algo serio.
El problema de la enseñanza por complejos se relaciona con la
participación de los niños en el trabajo del consejo escolar y de todas
las comisiones. Como demostramos en el
capítulo sobre la enseñanza, es esencial que los alumnos
(no sólo los educadores) conciban claramente lo que es la enseñanza sintética,
cuál es la finalidad del estudio de un complejo dado, en qué dirección se
desarrolla el trabajo basado en complejos, y el lugar ocupado por cada complejo
en la vida moderna. Ahora, todos estos problemas son discutidos en detalle por
el consejo escolar y en las
comisiones; a partir de ahí el alumno puede comprender
exactamente lo que hace y lo que hará la escuela en el campo de la
enseñanza.
Lo mismo ocurre en relación a los intentos de organizar el trabajo sin
deberes escolares (adaptaciones del plan de Dalton). El éxito de este plan,
basado en la independencia de los niños, su iniciativa y la conciencia de
su responsabilidad, depende de la medida en que tengan el sentimiento de que
son los creadores orgánicos de su escuela. Y este sentimiento sólo nacerá si
realmente ellos son los creadores. Esto es, en la medida en que
formen parte efectiva en el trabajo del consejo escolar.
Pero esta participación también es importante por otras razones. Nuestro
objetivo no es sólo formar ciudadanos obedientes a las leyes, tal vez ligados a
su régimen, a su Estado, y llenos de aprecio por él, sino hombres que
participen conscientemente en la organización del Estado Soviético por su
trabajo cotidiano, hombres conscientes y con sentimientos de que cada uno,
aisladamente, es responsable por la organización soviética. Es necesario
arraigar en los niños desde la escuela, que son parte integrante del Estado
soviético, el hábito de hacer directamente lo que estarán obligadas hacer en
una escala mayor en el futuro, aclarando que la participación en la
administración de la escuela es, al mismo tiempo, una participación en el
Estado soviético. De otra forma no daremos a los niños hábitos indispensables
de administradores. Abrir el consejo escolar a los niños no significa que sea
necesario renunciar a las reuniones particulares del colectivo de los
educadores. Por ejemplo, el problema sexual en la escuela, en relación al cual
debe elaborarse una línea de comportamiento general para aplicar a los
niños, puede exigir una consulta previa, o puede ser
indispensable una reunión particular, para no introducir la confusión en el
espíritu de los alumnos, por lo menos cuando no existen directivas claras para
todos los educadores en estos asuntos generales. Lo mismo, evidentemente,
cuando se discute el trabajo de un maestro que no está satisfaciendo, o su
comportamiento personal, etc. Pero todos estos casos constituyen excepciones
fuera de lo normal.
La participación de los niños en el trabajo pedagógico se manifestará
también en el momento de la recepción de los nuevos alumnos. Si quisiéramos
basar la
auto-organización en el colectivo infantil, es natural admitir que el colectivo ya
formado está interesado en el ingreso de nuevos miembros. Lo
importante no está en lo que saben los alumnos cuando entran en la escuela, es
más importante verificar si ellos pueden trabajar en un grupo determinado,
y si se van a entender con los niños que ya están en la escuela. Por
desgracia nunca se toma esto en consideración en la práctica.
Cuando constituyen un colectivo muy unido, los niños atribuyen,
entretanto, al problema una gran importancia, asumiendo la conciencia de su
pesada responsabilidad cuando ingresan los novatos.
Al momento que el autor escribe este libro, observa todos los días
la situación en una escuela en que los nuevos son recibidos, casi
exclusivamente por los veteranos. La recepción de los pedidos, las
informaciones para el llenado de los formularios, las conversaciones con los
nuevos sobre diferentes temas, sobre todo los problemas relativos a la
auto-organización todo esto es hecho por los niños. En la escuela de que
hablamos, todos los nuevos, salvo los que son verdaderamente inaceptables,
los analfabetos por ejemplo (se trata de una escuela de 2º grado) entran
inmediatamente a los grupos para los cuales son
candidatos, participando con los alumnos veteranos del trabajo normal del
grupo. Los niños deben, igualmente, como los educadores, tener una opinión
sobre los recién
llegados y expresarla, lo que es muchas veces decisivo en
lo que se refiere a la admisión de los nuevos en la escuela, una vez pasados
los 10 días obligatorios de prueba, impuestos a los candidatos. Para conocerlos
mejor, los alumnos antiguos hacen participar a los nuevos en los trabajos
domésticos, el arreglo de los laboratorios y de las aulas, los trabajos en los
talleres; organizan con ellos las reuniones de los sábados, la edición de los
periódicos y revistas, excursiones, etc.
Esta es aproximadamente la actividad desarrollada por la
auto-organización de los niños. Esbozamos sólo lo más representativo, porque es
imposible relatar todo: y lo esencial para nosotros era determinar el
carácter de esta actividad.
Pero ¿cuáles son las formas que la autonomía
escolar debe asumir? ¿Necesitamos de un Comité de Maestros? ¿De un
Comité Ejecutivo o de otras organizaciones? ¿Cuáles son las
comisiones necesarias? Muchas veces el cuerpo docente se plantea estas
preguntas. Pero no creemos que sean preguntas realmente esenciales. Las formas
de organización son cuestiones secundarias. Las bases de la organización son lo
importante. Y éstas son determinadas por el carácter del colectivo infantil;
podemos resumir el tema de la siguiente forma:
Todos los cargos del colectivo deben ser nombrados a
través de la elección de la asamblea general de los niños. Es
el principio fundamental del colectivo. El cuerpo docente no debe
nombrar a nadie para ningún cargo. La única excepción que podría ser tolerada
(y no siempre) es la relativa a la célula, por razones que serán
indicadas posteriormente.
La autoridad suprema del colectivo autónomo, a la cual todos rinden
cuentas, es la asamblea general de los alumnos, que se reúne
regular y
extraordinariamente cuando las circunstancias lo requieren. Cuando tenemos
una escuela relativamente pequeña de un determinado grado (220 a 300
alumnos del 1er ciclo de 2º grado), es deseable que la reunión de todos
los alumnos se realice al
menos una vez por mes. En las escuelas mayores nos
vemos obligados a organizar asambleas por edad, por
grupos o grados, que eligen a sus delegados a la asamblea que representará el
conjunto de la escuela. Pero aun en este caso estamos contra una división
sistemática por edades. Tenemos necesidad de reuniones comunes para todos los
alumnos (tal vez menos frecuentes), para desarrollar entre ellos el sentimiento
de relación con el colectivo escolar. Si no consideramos esta condición, puede
observarse a veces, que los niños se aíslan en su grupo, y
éste se opone al conjunto de los demás niños, asumiendo
un “espíritu corporativo" y sucede que el alumno ya no
comprende más la comunidad de los intereses escolares.
Los niños dejan de considerar las tareas de su escuela como tareas propias de
su grupo. No debe haber por lo tanto, ningún niño que no reciba una formación
de cualquier tipo relativa a la organización autónoma. Ningún niño debe ser
dispensado de las tareas ligadas al colectivo, o al trabajo de organización, de
carácter administrativo o ejecutivo. Cada uno debe participar de las tareas
comunes.
Aún hay un punto que merece nuestra atención: la duración de las
funciones elegibles y su valor educativo. Podemos observar muchas veces el
siguiente fenómeno: se eligen para diferentes cargos a los alumnos más
activos y más capaces; luego, después de un mes o dos, ellos se especializan en
su trabajo, adquieren experiencia y entonces realizan solos todo
el trabajo, en tanto que
la masa infantil permanece pasiva; aun más, la pasividad
crece porque todo se hace en función de los electos. En las elecciones posteriores,
los especialistas se vuelven a lanzar
como candidatos porque nuevos delegados, serían obligados
a comenzar a aprender y los electos ya saben de todo. Se forma así una elite de
especialistas, y el educador muchas veces contribuye para que esto suceda, porque ya
se habituó a trabajar con estos niños y sabe que ellos no arruinarán el aparato
de la organización autónoma, tan bien organizado exteriormente. El educador
sigue la línea de menor resistencia, porque busca su propia comodidad. Pero
cuando los especialistas han terminado su tiempo de
escuela o abandonan su cargo por una razón cualquiera, todo se viene abajo
y es preciso recomenzar todo de nuevo.
Se trata de una forma nefasta de proceder y radicalmente opuesta a los
objetivos propuestos por la auto-organización en la escuela soviética. De hecho
nuestro objetivo es dirigir el colectivo de los niños de manera que cada
miembro pueda administrar, cuando sea necesario, y también obedecer y
quedarse en las filas cuando se necesite. La candidatura de los mismos alumnos
para los puestos administrativos es tal vez muy cómoda, pero crea pequeños
"comisarios" que se separan frecuentemente de la masa de
los alumnos, y serían, más tarde, incapaces de ocupar puestos sin
importancia.
Por otro lado, la masa pierde la iniciativa, la acción, deja de
interesarse por la organización autónoma, monopolizada sólo por los más
capaces. En resumen, aparecen fenómenos radicalmente opuestos al régimen
soviético, al ideal del ciudadano constructor determinado por el régimen. Esta
forma de resolver el problema de la autonomía en la
escuela nos recuerda a los métodos burgueses.
Por esta razón, consideramos indispensable: En primer lugar, fijar
la duración de las funciones elegibles a tres
meses por lo máximo (la práctica prueba que hasta un
plazo de dos meses no es tan corto): En segundo lugar, orientar a los niños
para la renovación constante de los organismos elegibles, dando lugar a los
nuevos y haciendo “regresar a las filas” a los administradores veteranos.
Los dos asuntos están relacionados con otro problema importante. Como ya
dijimos, no atribuimos importancia a las formas precisas de la
auto-organización, y las directrices
dadas a los diferentes organismos que ésta conforma,
deben ser flexibles y susceptibles de evolución. Deben atender a los siguientes
criterios: 1. Cohesión del Colectivo; 2. Edad de los Niños; 3. Tareas
actuales de la organización autónoma; 4. Condiciones locales. Por estas
razones, los principios formulados no pueden ser generales y rígidos, para su aplicación en lugares y condiciones determinados. El
impulso creador de la organización que se observa en los niños debe
ser desarrollado cambiándose las formas de autonomía, adaptando esas formas a
las tareas y a las necesidades nuevas; la creatividad debe
ser el objeto de una educación, conforme a los objetivos
fundamentales dictados a la escuela por el período actual del poder soviético.
Cada vez que los organismos en funciones se retiran y transmiten sus poderes a
los recién electos, la asamblea general debe recibir un informe de los niños
que se retiran, los demás deben formular sus apreciaciones
sobre la actividad desempeñada y sus opiniones sobre lo
que consideran necesario cambiar para mejorar el trabajo.
La asamblea general discute las cuestiones detalladamente, introduciendo cambios en la estructura y
en la forma de la auto-organización. Como ya dijimos en relación a las
"instituciones infantiles", cambios y correcciones (que pueden ir
hasta la creación de nuevos organismos) deben hacerse efectivas siempre que las
condiciones cambien.
Llegamos así al problema de la organización científica del trabajo en la
escuela, concebida en sus relaciones con la auto-organización. Es innegable que
la autonomía escolar presenta un vasto campo para la aplicación de los
principios de la organización científica del trabajo.
Pero no consideramos necesario prolongar este asunto. Podemos aplicar
aquí todo lo anteriormente dicho sobre la organización científica en el primer
capítulo.
Ya analizamos principalmente las formas propiamente dichas de la
auto-organización, consideramos las formas duraderas, las tareas y estructuras
más o menos estables. Pero, bajo el nombre de auto-organización, comprendemos
muchas otras manifestaciones de la actividad
independiente de los niños en todos los campos posibles de la vida escolar. La
realización de una reunión, de una fiesta, de una excursión a un lugar más o
menos retirado, la entrada de los nuevos en la escuela, una exposición de
los trabajos escolares, etc., pueden ser realizados fuera de los límites de la
organización autónoma ordinaria, exigiendo la creación de organismos,
comisiones y grupos temporales, etc., que se desintegran cuando finaliza la
tarea encomendada. La creación de organismos de este tipo, por razones
temporales y actuales, puede ser propuesta por los órganos regulares del
colectivo autónomo o por la asamblea general, o aun más, por un organismo
existente (por ejemplo, la organización de una reunión especial por un grupo
teatral así como por una clase que pone un acontecimiento en el orden del día
de su trabajo escolar.)
Organismos especiales de este tipo no pueden ser previstos por la
constitución, si ella existe, ni ser controlados por la jurisdicción de los
órganos de autonomía existentes. Estas tareas aisladas ofrecen, muchas veces,
un campo vasto a la educación, posibilitando el desarrollo de hábitos de
organización entre los niños y la aplicación de los principios
de la organización científica. No podemos perder de vista
en casos semejantes la posibilidad de desarrollar hábitos de organización, y es
necesario trabajar, por todos los medios, para utilizarlos en el sentido de
desarrollar la iniciativa de los alumnos. Es un medio de fortalecer
considerablemente el sentimiento social entre los niños.
6.- El movimiento comunista entre los niños
El movimiento comunista de los niños o, para hablar a la antigua usanza,
el movimiento de los pioneros, se transformó en un hecho de gran
importancia que ninguna escuela o maestro puede eludir y tampoco ningún
problema escolar puede ser discutido sin que se tome
en consideración el movimiento. El hecho de que el
movimiento de los pioneros esté en vías de conquistar a la
mayoría de los alumnos en casi todas las escuelas (es casi
un hecho consumado en las escuelas urbanas) refuerza
singularmente las perspectivas de unión entre la escuela y
la realidad actual soviética, imprimiendo a la escuela un carácter
absolutamente original y garantizando la justa solución de los problemas
escolares fundamentales de los que ya hemos hablado. También es necesario
analizar con atención la naturaleza del movimiento de los pioneros y los
problemas que se plantean para la escuela en función de este movimiento.
No es nuestra tarea exponer detalladamente la naturaleza social, el
sentido y las formas de organización del
movimiento de los pioneros. Estos puntos están aclarados
en los textos que fueron escritos sobre el movimiento de los pioneros y para
los pioneros. Analizaremos sólo los asuntos que son los más importantes desde
el punto de vista de la escuela: las particularidades que el movimiento de los
pioneros presenta desde el punto de vista pedagógico, después, las relaciones
mutuas que deben existir entre la escuela y el movimiento de los pioneros; y,
en fin, el
problema de la dirección de este movimiento y del papel
del maestro.
El niño de diez a quince años concibe al mundo a su
manera y de forma muy diferente de la de los adultos. Atribuiremos sin
dificultades a esta concepción en particular del mundo en el espíritu de los
niños de esta edad el nombre de concepción "heroica".
La edad es sobre todo caracterizada por la atracción ejercida por
la literatura de aventuras: Julio Verne, Cooper, Aymard, Mayne, Read, etc., son
maestros del pensamiento infantil. Es la pasión de los viajes, de lo
desconocido, de las aventuras peligrosas, muchas veces pervertida por un gran
interés por la literatura de los detectives, de los Sherlock Holmes, de los
Pinkerton, etc., que domina en esta etapa. Fueron exactamente los niños de esta
edad los que asumieron con el mayor entusiasmo los romances de aventuras soviéticas de Mers Mend y Lori Len. En tiempos
de paz, la tendencia se manifiesta por el sueño de huir, como la espuma, en un
barco que esté partiendo para América (muchas veces con intentos de realización),
o de volverse un pirata famoso, un Atama; en tiempos de guerra, los niños
aspiran a correr al campo de batalla para realizar
hechos heroicos de guerra. La guerra imperialista y la
guerra civil ofrecieron muchos ejemplos de ese tipo.
Las tendencias agresivas en tiempos de paz asumían, a veces, la forma de
una guerra permanente y tradicional entre dos escuelas vecinas; algunas veces
los niños organizaban trincheras y la guerra explotaba
entre diferentes calles. De 1907 a 1909, en Polonia, se
observaban casos clásicos de vandalismo infantil, de vandalismo organizado. Era
la época del desarrollo generalizado del vandalismo polaco, una forma de
degeneración de las centurias revolucionarias constituidas en tiempos de
la reacción. Las formas originales de organización verificadas entre los niños
abandonados son debidas a la particularidad de esta edad. La literatura se
refiere muy bien a estas particularidades, sobre todo Tchekov que las
representó con una rara sutileza. (Montigomo, La Sierra del halcón).
El sueño de volverse fuerte, desarrollando los músculos, la
admiración por la fuerza física -característica distintiva de
los héroes- diferencia claramente esta edad. De ahí que se valoren tanto
a los fuertes, audaces, los más vivaces y más
inteligentes; por eso los demás se someten absolutamente
a estas individualidades fuertes y muy bien dotadas. También de ahí, por
que existen los jefes, líderes, como forma característica de organización
infantil.
Todas estas manifestaciones revelan solo, bajo formas diferentes, una
concepción del mundo heroico y fantástico.
En este momento del libro, el lector puede creer que somos partidarios
de la teoría ontogenética, contra la cual nos hemos pronunciado
categóricamente.
Se trata de un mal entendido y debe ser aclarado. Fue intencionalmente
que mencionamos antes una serie de manifestaciones externas de las tendencias
propias de esta fase de la infancia, para mostrar que es necesario distinguir
cuidadosamente dos cosas: la concepción particular del mundo propia de los
niños y sus preocupaciones sociales. Esto es totalmente diferente del principio
ontogenético, a veces transformando en una teoría pedagógica que
defiende la tesis de que la naturaleza de las preocupaciones sociales de los
niños está determinada por la ontogénesis, transferida al terreno
social. Esta opinión no es solo equivocada, ella es nociva y
profundamente reaccionaria, porque, partiendo de ella, se niega la posibilidad
y la necesidad de introducir la realidad actual social en la escuela. Esta
teoría pedagógica, equivocada y reaccionaria, lleva a la conclusión de que el
individuo, en
una determinada fase de su infancia, atraviesa una etapa
remota del desarrollo social de la humanidad, la etapa del
"vagabundo", de la vida nómada de una época cualquiera, y que, por
eso, es perjudicial vincular las preocupaciones del niño a nuestra lucha
revolucionaria actual, muy distante de esta época primitiva en la que se
estructura la mente infantil. Pero, en realidad, una cosa es la naturaleza de
las
preocupaciones vitales que animan a lo niños, y otra cosa
es la forma heroica asumida por las preocupaciones.
La naturaleza de las preocupaciones vitales, como ya vimos
en ejemplos anteriores, depende del medio, de la vida, de
la forma como se reflejan en la psicología de los niños los
acontecimientos actuales y, en lo que se refiere al
movimiento de los pioneros, los acontecimientos de la
época revolucionaria; aún desarrollando el principio ontogenético como una
teoría errónea y absolutamente contra-revolucionaria, la práctica escolar hacía
muchas veces lo contrario de lo que dictaba la teoría. ¿Será que la
creación de los “boy-scouts”, no es un intento de organizar a los niños y
de movilizarlos, según sus edades, al servicio de los objetivos
sociales de la burguesía? ¿Y la organización de los "batallones de
recreo" en las universidades, antes de la revolución, no será un intento
de los reaccionarios para explotar a los “jóvenes” en pro de objetivos ultra-
patrióticos? Por otro lado, ¿será que el régimen escolar ordinario, establecido
por los adultos, que conciben el mundo de una forma completamente diferente de
los alumnos, responde a las tendencias propias de los niños de una determinada
edad? Para ser consecuentes con la exaltación de la teoría ontogenética, sería
necesario cambiar la organización escolar, adaptándola, ante todo, de
acuerdo con las enseñanzas de esta teoría, a la edad de los niños.
La misma preocupación sobre este punto deriva, entonces, no sólo de
nuestra concepción sino también, y más aun, de la teoría ontogenética. Sin
embargo, en la práctica, se ignora muchas veces esta necesidad, ya que
resulta "incómoda" para el maestro; por otro lado, se dirige todo el
arsenal ontogenético contra la "política", contra la introducción de
la realidad actual en la escuela, por ser cómodo para el educador, que no
siempre es soviético y no se quiere molestar. El lector disculpará esta
disgresión involuntaria y la vehemencia del tono, pero una y otra son
provocadas por la enorme difusión de los preconceptos ontogenéticos y por los
argumentos empleados por los educadores que no son enteramente pro-soviéticos
contra los "movimientos políticos" (aunque se pueda constatar
una desaparición progresiva de este tipo de razonamiento).
Volvamos pues a nuestro asunto. Consideramos justa la siguiente idea: la
concepción fantástica y heroica
del mundo, propia de un niño en una determinada edad,
estimula el movimiento de las masas de los niños durante una etapa que es también una fase heroica de
la vida social. Lo que no pasa de ser un sueño infantil (y a los
niños de esta edad les gusta soñar: soñando, los niños viven a
veces una vida colorida y brillante) asume una forma real
en las épocas heroicas. La vida exterior, en estos períodos, se adapta a los
movimientos de las masas infantiles, el propio ambiente social favorece
el desarrollo de este tipo de movimiento. El autor no tuvo
tiempo ni posibilidades de reunir suficientes datos históricos para confirmar
esta tesis. Pero, a pesar de eso, tiene la certeza de que se trata de una tesis
verdadera.
Un hecho histórico célebre –la cruzada de los niños- puede ser
interpretado como uno de estos movimientos infantiles. El objetivo heroico se
relacionaba con una concepción fantástica del Oriente. El poderoso movimiento
de los adultos arrastraba también a los niños. Como era seductora la lucha
contra los "infieles", contra los sarracenos, la posibilidad de
realizar grandes hechos, arrebatar victorias,
etc., sobre todo para espíritus formados en las
concepciones del caballerismo feudal.
El propio autor tuvo oportunidad de observar, en 1905, el movimiento
revolucionario de los niños en un gran centro industrial de Polonia. En Lodz,
dos tercios de la población urbana eran constituidos por obreros industriales.
El movimiento revolucionario, tan fecundo en este período, sobre todo el
movimiento de junio de 1905, mantuvo su dinámica durante todo el año, agitando
igualmente a las grandes masas infantiles, que terminaron asumiendo una
forma de organización especial, el "pequeño bund"7. Millares de niños
participaban en el movimiento, tomaban lugares públicos (teatros) para la
realización de sus comicios, que eran dispersados por la policía,
participaban en las manifestaciones así como en los combates de barricadas,
distribuían panfletos, muchos de ellos tenían armas, etc. El régimen Zarista
aniquiló el movimiento en 1906, pero el permaneció latente aún por muchos años.
7 Bund, partido político de los Judíos Poloneses. (nota del traductor).
Pensamos que, si tratáramos el movimiento comunista de
los niños como un movimiento revolucionario de clases, como el movimiento
específico de los hijos del proletariado, no debemos perder de
vista las circunstancias antes mencionadas, que confieren al movimiento un
carácter especial. La fase heroica de la revolución social es fecunda para la
fase heroica del desarrollo del alma infantil y se sintetiza en el movimiento de
los pioneros. Es también fácil entender por qué el movimiento infantil engloba
preferentemente a los hijos de los obreros, esto es, los hijos de la clase que
dirige la lucha revolucionaria y la creación del nuevo mundo. Se comprende por
qué el está arraigado tan sólidamente en las fábricas, en las empresas, y por
qué su atracción es mayor que la de la escuela. Todo esto prueba que el
movimiento de los pioneros no es una "invención de la juventud
comunista"; en realidad, el no podía dejar de nacer y desarrollarse como
una fuerza natural. La juventud comunista sólo lo dirige, proporcionándole determinados
cuadros revolucionarios.
Es necesario también imaginar las formas de organización con base en las
particularidades de la edad infantil. La organización del movimiento infantil y
la naturaleza del trabajo (cuadros intermediarios, dirigentes, destacamentos,
reuniones, vida en el campo, cultura física, literaturas heroicas, actividad
independiente, etc.) son específicas
de la edad en cuestión, diferenciándose, por ejemplo, de lo que
se hace al nivel de la juventud comunista. La vida selecciona poco a poco
las formas de trabajo más eficaces, como fue probado por el desarrollo del
movimiento en los últimos años. Las formas de organización y la naturaleza del
trabajo, íntimamente ligado a los niños, son, al mismo tiempo, orientadas por
la concepción revolucionaria común. Esta última anima al movimiento, dándole
una sola alma y una sola base para su desarrollo, confiriéndole un carácter de
masa.
Es evidente que, si la escuela no asume plenamente el movimiento de los
niños, correrá el riesgo de volverse definitivamente algo carente de interés
para ellos.
Esta debe no sólo considerar el movimiento como un factor
pedagógico de la más alta importancia, sino también adaptarse a él en la
práctica de su trabajo.
¿Cómo encontrar puntos de contacto entre la escuela y el movimiento de
los pioneros? Antes que nada, en la comunidad de objetivos asumidos por la
escuela y por el movimiento de los pioneros y en la comunidad enorme de
preocupaciones relativas a la formación, en la medida en que
preocupaciones de este tipo caracterizan el destacamento de los pioneros, en
fin, en la identidad de objetivos relativos a la auto-organización y
a la educación profesional.
De todo lo anteriormente dicho, se deducen las
siguientes conclusiones:
1. El trabajo regular de la escuela
soviética exige el apoyo activo del colectivo infantil. Una actividad de este
tipo sólo se puede manifestar gracias al desarrollo de la auto- organización,
en la que el educador desempeña simplemente el papel de un compañero, de
un colaborador.
2. Los elementos de la auto-organización se encuentran, en
gran medida, integrados en el movimiento de los pioneros.
En todo caso, la solidez de la auto-organización colectiva, basada en las
preocupaciones sociales de los niños, es
mayor en los destacamentos de pioneros que en la escuela,
porque los destacamentos de pioneros están ligados a los centros de organización
naturales-la industria, la
organización industrial de los adultos.
3. El
destacamento de pioneros contribuye a forjar elementos sólidos de
auto-disciplina y de auto-organización escolar. De ahí porqué la vanguardia8 es la agrupación natural
de los niños organizados con la función de agrupar en
torno de sí misma a la masa no organizada, difundiendo elementos de
organización y de vida colectiva. La tarea del maestro es, entonces, utilizar
este proceso de organización del colectivo infantil, que es natural y
se desarrolla fácilmente, o
sea, se trata de cooperar para el desarrollo de
8 Vanguardia de los pioneros. (nota del editor Francés).
la auto-organización infantil en torno del núcleo fundamental
constituido por la vanguardia.
4. El colectivo infantil se
estructura alrededor de un trabajo determinado. Es, por lo tanto, indispensable
reforzar por todos los medios el trabajo de la vanguardia, dedicado a la
organización del colectivo escolar. En ninguna hipótesis debemos organizar este
tipo de trabajo de arriba para abajo: el debe ser
organizado por el propio colectivo infantil, o enteramente, por sus propios
medios, o contando con una cierta colaboración del maestro, considerada como
una simple contribución de un compañero más experimentado.
5. La escuela organiza
directamente (o por intermedio del maestro) sólo la parte del trabajo que no
puede ser realizada por los medios del propio colectivo infantil.
De ahí derivan una serie de consecuencias. La escuela debe esforzarse
por todas las formas para que la vida del club, el trabajo social, las fiestas
revolucionarias, etc., sean dirigidas por la auto-organización, cuyo
núcleo será la vanguardia de los pioneros, evitándose, así, en la medida
de lo posible, la duplicación de esfuerzos. De hecho, la existencia de dos
actividades paralelas solo podría desembocar en el aislamiento de la vanguardia
y en el debilitamiento de su influencia organizadora en la masa infantil.
La actividad infantil relativa a la enseñanza (investigaciones,
acumulación de conocimientos sobre la vida, sobre el trabajo social, etc.) debe
ser, tanto como sea posible, organizada también por el colectivo infantil,
destacándose ahí el interés particular de los pioneros.
Debemos, por lo tanto, evitar transformar la vanguardia en un órgano
restringido a la educación y a las actividades infantiles. El hecho de que la
escuela transfiera a los pioneros la dirección de la actividad en ciertos
campos significa simplemente que ella se adapta a los problemas escolares a
la existencia de un colectivo infantil, autónomo
y activo. Una transferencia de este tipo no implica
absolutamente la renuncia del maestro a su influencia, a la aportación
que le corresponde en la realización de estas actividades, o que él se limite a
las actividades ligadas a la enseñanza. Lejos de apartarse del trabajo y de la
vida de la vanguardia y del colectivo infantil, el maestro ve crecer su tarea y
responsabilidad, desempeñando un nuevo papel: el papel de un compañero cauteloso,
más indispensable, lleno de tacto, pero realmente activo y con más experiencia.
La vanguardia de los pioneros debe ser la verdadera
conductora y organizadora de la masa de los niños.
De manera general, se puede decir que el movimiento de
los pioneros tiene un gran futuro por delante. El papel que el maestro
puede desempeñar no es solo honorable, es un papel muy importante. Para esto basta
que él acoja el desarrollo del movimiento con el corazón abierto, comprendiendo
bien la tarea que se le toca.
Nos referimos tantas veces al tema del movimiento comunista infantil, en
sus puntos esenciales, que no necesitamos analizar más a detalle las relaciones
mutuas entre el movimiento de los pioneros y la autonomía escolar,
al menos en lo que se refiere a sus principios. Nos
limitamos a formular de manera general las observaciones fundamentales.
El movimiento de los pioneros, el destacamento o la vanguardia de los
pioneros no deben, bajo ningún concepto, sustituir la autonomía escolar. La
tarea del núcleo de los pioneros consiste en desarrollar la autonomía y por
consecuencia organizarla donde no exista.
Pero la organización de los pioneros, considerada como una de
las formas de la auto-organización infantil auténtica, puede en determinados
momentos modificar todo el régimen de la autonomía en la escuela. Las
modificaciones, en todo caso, aumentarán el valor de la autonomía, sin que sea
necesario, mientras tanto, atribuir una importancia exagerada al
perfeccionamiento de las formas anteriores. El desarrollo de la autonomía se
realizará observando tres principios: 1º La base sólida y única de la
autonomía será la cooperación infantil consciente; este es el elemento
esencial de la autonomía; 2º La autonomía será verdaderamente, realizada
por las propias fuerzas de los niños; el maestro será solo un amigo, el
compañero mayor, el colaborador más experimentado y más instruido.
Involuntariamente por la fuerza de las cosas, el maestro asumirá el lugar que
consideramos el mejor para él en la organización autónoma; 3º La
auto-organización, en la medida en que es parte integrante del trabajo de los
pioneros, englobara inevitablemente un círculo de actividad mayor que el campo que
le es comúnmente reservado en la escuela.
Siguiendo este camino, conseguiremos dar a la organización
autónoma de los niños un carácter auténticamente soviético, que es el objetivo
para el cual debemos dirigir todos nuestros esfuerzos.
7.-La Juventud Comunista
Las relaciones mutuas entre la Juventud y la escuela pueden ser
examinadas desde dos puntos de vista.
En primer lugar, debemos considerar las relaciones entre la Unión de la
Juventud Comunista de Rusia con la organización escolar y las cuestiones
de enseñanza en general. Desde este punto de vista,
encontramos una serie de particularidades exclusivamente soviéticas y
extremadamente interesantes. El segundo punto de vista
no es general, sino particular: se trata de las relaciones entre la escuela de
determinado lugar y la célula correspondiente a la Juventud Comunista.
En ningún país del mundo la participación directa de la juventud
organizada en el trabajo constructivo tomó, aun
de lejos, proporciones tan grandiosas como la URSS. Sólo entre nosotros es
posible una organización sólida, unida, contando con más de un millón de
jóvenes obreros y campesinos, ejerciendo una influencia directa sobre el
desarrollo y las características de la educación, participando directamente con
su dinamismo creador en el establecimiento de la nueva escuela. Aquí se
condensa la virtud profunda de los principios verdaderamente
democráticos de nuestro régimen; aquí está
la manifestación del papel desempeñado por las amplias
masas de trabajadores en la construcción de la nueva sociedad.
Desde el fin de la Guerra Civil, el problema de la escuela entró en el
orden del día de la Juventud. La juventud obrera y campesina tomó la iniciativa
de hacer avanzar la formación y educación de la generación mas joven. La
escuela de fábrica y empresa es un trabajo de la juventud comunista, nació, se
desarrolló y fortaleció gracias a su participación directa, y parcialmente,
bajo su dirección inmediata; la idea de crear la escuela de la juventud
campesina pertenece enteramente a la juventud
comunista, que la realiza con una dedicación y una perseverancia dignas de
notarse, de una forma tal, que este tipo de escuela goza de gran éxito. La
reorganización del 2º ciclo del 2º grado es también objeto del esfuerzo de la
Juventud Comunista. El interés despertado por la enseñanza de 2º grado es
parcialmente explicado por el hecho de que esta parte del sistema pedagógico
era anteriormente subestimado por la Juventud Comunista. Recientemente con
todo, la Juventud vuelve su atención nuevamente para el tema. La escuela de
siete años que surge en este momento, nació de un proyecto de la Juventud
Comunista. En resumen no hay en este momento ningún aspecto de enseñanza
popular que en mayor o menor medida, no sea objeto
de una intervención activa y positiva de la Juventud Comunista.
Si agregamos que las propias tareas de la Federación de la Juventud en
relación a sus miembros son, en gran parte, tareas de educación, si
consideramos que el movimiento de los niños, hasta entonces desconocido en la
historia, se encuentra también puesto bajo la dirección inmediata de la
Juventud Comunista, concluiremos que la construcción de cualquier tipo
de escuela soviética contemporánea es irrealizable sin la participación de la
Juventud Comunista.
La participación de la Juventud Comunista garantiza el éxito de la nueva
escuela, en la medida en que afirma la
existencia de una relación sólida entre la escuela y los
intereses del Estado Soviético, esto es, los intereses del proletariado
y de los campesinos. Es a través de la Juventud Comunista que el Estado
Soviético, o mejor, el Partido Comunista, garantice aquella relación y es
exactamente en función de esto que todo el trabajo es dirigido en íntimo
contacto con la Juventud Comunista, con la participación activa de los
representantes de la Juventud. Esto se verifica
del Narkompross (Comisariado del Pueblo para la
Educación) a los establecimientos locales.
Si consideramos el fenómeno desde el punto de vista de la escuela, desde
el punto de vista pedagógico, percibiremos que se trata de un hecho nuevo en la
historia de la escuela: la "auto-organización", o sea, la
participación independiente, colectiva, activa y creativa de la juventud en
la construcción de las instituciones escolares. Verificamos aquí una antítesis
total de la escuela burguesa, aparentemente democrática, pero, en realidad,
profundamente autoritaria; y la característica de esta auto- organización, que
puede ser definida como la comprensión clara de los objetivos generales
de la educación, es también la característica de nuestro régimen
soviético.
La amplia participación de la Juventud Comunista en la construcción de
la escuela, en la auto-organización de la juventud, nos deberá llevar a poner
en un plano secundario todas las imperfecciones locales y accidentales del
trabajo realizado por el joven comunista, sus insolencias, faltas de tacto,
malcriadeces, etc. El árbol no debe impedir al maestro ver el bosque; él debe
evitar la generalización de errores aislados, sacando de ahí conclusiones
incorrectas. Este problema fue muy bien formulado por el compañero Bukharin en
El Congreso de los Maestros de la URSS y
creemos que su idea fue perfectamente comprendida por
los maestros.
Pero en relación a esto, no es sólo la actitud favorable del maestro lo
que importa. Necesitamos de su ayuda efectiva, su colaboración, la
participación de sus conocimientos, de su experiencia y sus técnicas. El
cuerpo docente tiene como tarea trabajar para la creación de la escuela nueva
en íntima relación con la Juventud Comunista. Todos los
problemas de la vida escolar interesan normalmente a la
Juventud Comunista, y ninguno podrá ser realmente resuelto
de forma correcta sin su participación. Casi nunca nos referimos al papel de la
Juventud Comunista y a la importancia de su colaboración, porque analizamos
los temas que nos interesaban desde el punto de vista pedagógico,
pero es evidente que los problemas relativos al trabajo técnico en la escuela,
en el sentido amplio de la palabra, así como las cuestiones relativas a la
enseñanza, y sobre todo las que se relacionan con la auto-organización, no
podrían ser resueltas, sin la participación de la, o abstrayéndose de, la
Juventud Comunista.
Este razonamiento determina la respuesta al segundo asunto: ¿Cuál
es el papel que debe desempeñar en cada
escuela (de siete o nueve años) la célula correspondiente
de la Juventud Comunista?
La célula no debe tener en la escuela, ningún
derecho formal ni, en consecuencia, ningún privilegio. Consideramos
que el alumno comunista en la escuela es simplemente un elemento del
colectivo, igual a los otros. La tarea de la célula, su tarea productiva,
por decirlo así, es dinamizar el trabajo escolar y la vida escolar, imprimiendo
a este trabajo y a esta vida un carácter social a través de la participación de
sus miembros. Cada miembro de la Juventud Comunista debe ser el primero
y el más competente de los alumnos en relación a todos los problemas
de la escuela soviética; el joven comunista debe saber conquistar para él y
para la Federación de la Juventud la estima de la juventud no comunista; debe
saber abrirse camino en todas las instituciones ligadas a la auto-organización,
ganando la confianza de sus colegas por sus cualidades personales, su energía,
su actitud seria. El joven comunista debe tener influencia junto
a la masa no comunista, atrayendo su simpatía hacia la Unión de la Juventud y
dirigiéndola en el
trabajo social y en el trabajo de formación política. La célula
debe ser el núcleo de los mejores adolescentes, uniendo
a su alrededor el conjunto de
la masa por su autoridad moral y por el ejemplo de su
organización, dirigiendo la actividad de la masa y participando en el trabajo
de educación política y social.
Las observaciones realizadas en los últimos años prueban que hay
una importante y feliz transformación en las concepciones del educador
relativas al papel y al lugar de la Juventud Comunista en la escuela. Se trata
de la mayor garantía para un rápido y excepcional éxito en lo que se refiere a
la creación de la escuela soviética del trabajo.
M. M. PISTRAK (1888-1940)
*****
M. M. PISTRAK
Aunque no existen registros sobre su biografía, sabemos
que fue contemporáneo de los grandes educadores y pedagogos rusos, como
Makarenko y Krupskaia, ligados al proyecto pedagógico socialista: una pedagogía
centrada en la idea del colectivo y vinculada al movimiento más amplio de
transformación social. La obra Fundamentos de la
Escuela del Trabajo sistematiza su experiencia pedagógica en la conducción de la Escuela Lepechinsky.
Esta es la única contribución de Pistrak que fue traducida y editada en Brasil.
Muy utilizada en los cursos de formación de maestros, ponemos ahora este texto
a disposición de los luchadores sociales, como un instrumento de pedagogía.
Agradecemos al compañero Daniel Aarao Reis Filho, uno de los mayores
especialistas sobre literatura rusa, por la donación de los derechos de
traducción de esta obra.
La obra de Pistrak debe ser leída como el registro de un proceso de
construcción de una Pedagogía Social, como él mismo decía. Su
actualidad está en el dialogo que se puede entablar en relación a las
cuestiones que movieron su
práctica y su pensamiento Pedagógico, que continúan
siendo grandes desafíos.
¿Como vincular el plan de vida con un proceso de transformación social,
donde el estudio, el trabajo, las actividades culturales y políticas hagan
parte de un programa de formación del pueblo para que se asuma como sujeto
de la construcción de la nueva sociedad?.
Que la contribución de Pistrak posibilite a cada lector asimilar nuevos
elementos de la Teoría Pedagógica, cualificando su reflexión y práctica social,
construyendo y
reconstruyendo, siempre que sea necesario, nuevos
métodos de estudio e intervención social.
EDITORA EXPRESSAO POPULAR LTDA
Sao Paulo, Brasil. MST

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