© Libro N° 13466. Enrique Krauze: Convencido,
Convertido. La Apuesta Por La Libertad. Alonso, Román. Emancipación.
Febrero 1 de 2025
Título Original: ©
Enrique Krauze: Convencido, Convertido. La Apuesta Por La Libertad. Román
Alonso
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Enrique Krauze: Convencido, Convertido. La Apuesta Por La Libertad. Román
Alonso
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© Edición,
reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Convencido, Convertido
La Apuesta Por La Libertad
Román Alonso
Enrique Krauze:
convencido, convertido
La apuesta por la libertad
Román Alonso
Enrique Krauze: convencido,
convertido
La apuesta por la libertad
Por Román
Alonso el 19 enero, 2025
Krauze ha
querido deletrearnos a todos: hacer de la vida de nuestros libertadores y
opresores un retrato colectivo: un espejo objetivo que nos permita interrogar a
la violenta esfinge del pasado mexicano. Sólo por eso su obra merece más
lectores: la sociedad mexicana necesita mirar su pasado y su presente en un
mural no ideologizado.
Sombras
del pasado
Hacia
1972 Enrique Krauze Kleinbort (Ciudad de México, 1947) participó en un ataque
contra Plural, la revista cultural dirigida por el poeta
Octavio Paz. El historiador lo recordaría en un artículo de 1994 (“Por el
camino de Paz”):
Departamento
de David Huerta, colonia del Valle, 1972. La plana mayor del suplemento
cultural de Siempre! Preside nuestro caudillo cultural, Carlos
Monsiváis. Asiste, si no recuerdo mal, la unidad completa: Manjarrez, Pereyra,
Blanco, Aguilar M., Aguilar C. y yo. De pronto, alguien explica el motivo de
nuestra reunión: “Hay que darle en la madre a Paz”. Monsiváis, con buen
sentido, duda: es el poeta, es el mejor. Yo disiento también, un poco: “¿No
sería preferible leerlo o releerlo?” La propuesta parricida se aprueba por
mayoría.
Junio de 1972. Ataque sorpresa al “bastión del liberalismo reaccionario y
burgués de la cultura mexicana”: la revista Plural. Objetivo:
“expulsar del discurso” a los “intelectuales liberales” que tenían por valores
absolutos la libertad de expresión y la democracia. El teniente H. A. C. y el
cabo E. K. —mea culpa máxima— escriben un texto donde sostienen que “a
nuestra imprecisa cultura nuestros intelectuales sólo pueden oponer una finta o
una herida, no una obra”. En el número de agosto, las “Letrillas” de Plural nos
tratan con benevolencia: nos llaman “pareja de siameses intelectuales, un medio
cerebro con dos cabezas”. Yo estaba feliz de que alguien en Plural me
deletreara. Desde hacía meses —esquirol intelectual, liberal embozado— era un
lector secreto de la revista enemiga.[1]
Mucho
tiempo después, durante una conversación con el novelista Mario Vargas Llosa,
el historiador aceptaría que, erróneamente,
La
generación mía, la generación siguiente, consideró que Octavio Paz se había
vuelto súbitamente reaccionario. Yo, por supuesto, fui un tránsfuga de mi
generación y a los dos años decidí salir del grupo aquel e incorporarme a Plural, porque
a mí las páginas de Plural, los ensayos de Zaid, de Paz […] no
sólo me convencieron, sino que […] me convirtieron en un liberal.[2]
El viraje
intelectual es comprensible si pensamos, como Krauze, que en aquellos años
Octavio Paz puso en claro el pasado de México en más de un sentido y que muchos
de los ensayos políticos y económicos de Gabriel Zaid, ese solitario solidario,
tuvieron la claridad y la clarividencia de un teorema.
Hacia
1975 Krauze debutaría en Plural como reseñista de libros. Y en
1976 cerraría el ciclo con un escrito sobre el intelectual Daniel Cosío
Villegas (1898–1976), su maestro recién fallecido.
Después
del paso por aquel Damasco intelectual que sería la revista Plural el
historiador haría lo posible para saldar su deuda moral. Desde entonces, el
liberalismo —esa forma de negación de todo fanatismo e intolerancia— sería su
credo político. El liberalismo político, para Krauze, “Más que una ideología es
una actitud: una disposición a razonar y argumentar, no a imponer; a demostrar
y fundamentar, no a vociferar”.
Enrique
Krauze se transformaría en un liberal de la estirpe de Daniel Cosío Villegas.
Algún parentesco conquistaría también con los liberales mexicanos del siglo
XIX.
Ante
todo, el compromiso de Krauze ha sido con la libertad, con el diálogo
civilizado que promueve la tolerancia y el ejercicio de la razón. Para usar
palabras de Fernando Savater (Las preguntas de la vida): “diálogo
entre iguales que se hacen cómplices en su mutuo sometimiento a la fuerza de la
razón y no a la razón de la fuerza”. (Ya se sabe que “Para un liberal la prensa
y la libertad de expresión ocupan un sitio sagrado”.)
En todo
caso, con el paso de los años, Enrique Krauze se transformaría en un liberal de
la estirpe de Daniel Cosío Villegas. Algún parentesco conquistaría también con
los liberales mexicanos del siglo XIX —entre otros: Ignacio Manuel Altamirano,
Guillermo Prieto y Melchor Ocampo—, aquellos estoicos que eran “fiera,
altanera, soberbia, insensata, irracionalmente independientes”.[3]
Finalmente,
tras la muerte del auténtico Plural en 1976 debido al golpe
orquestado por el presidente Luis Echeverría contra el periódico Excélsior, casa
de la revista, Krauze acompañaría a Octavio Paz, Gabriel Zaid, Alejandro Rossi,
Salvador Elizondo, José de la Colina y otros escritores mexicanos del siglo XX
en la puesta en marcha y operación de una empresa cultural independiente: la
revista Vuelta (1976–1998).
Empresario
de la historia
Krauze
escribiría en aquellos años numerosos ensayos —uno de los mejores: “Por una
democracia sin adjetivos”—. Desde las páginas de Vuelta fustigaría
a los que consideraba los viejos cultos irracionales: “los cuatro ‘ismos’
sagrados y consubstanciales de la vida latinoamericana: populismo, militarismo,
ideologismo y estatismo”.
Contra
los fatalismos históricos de moda Krauze sostendría siempre que “el hombre es
el empresario de la historia”. Hay que recordar que para el historiador liberal
La
historia es un proceso abierto; sujeto, es verdad, a la acción de fuerzas
impersonales, azarosas y supra–personales, pero esencialmente abierto a la
libre voluntad emprendedora de los hombres. La historia nos condena a la
perplejidad pero no a la impotencia.[4]
Tal
visión —verdadera apuesta por la libertad— coincidiría con la del poeta Octavio
Paz, quien consideraba a la historia como “el lugar de la prueba”.
Ahora
bien, si la desmemoria es la madre de la mentira (Christopher Domínguez
Michael), la empresa de restauración histórica de Krauze ha sido un esfuerzo
por apadrinar una verdad sin adjetivos.
Contra la
mentira Krauze emprendió la crítica del “poder personificado”, de “las
ideologías y la ortodoxia” —sobre todo la marxista y la priista—. En América
Latina había que criticar a los dictadores y a los guerrilleros, ambos
“retóricos y violentos”; en México, a quienes se sirvieron de la historia con
fines de legitimación política (Caras de la historia, La historia
cuenta). Contra las inquisiciones ideológicas de su tiempo Krauze
escribiría Textos heréticos. La crítica la realizaría desde la
historia: sería una crítica apasionada que esgrimiría el saber contra el poder.
El
presente
Krauze es
un escéptico de las ideologías. Su postura vigilante ha sido crítica de los
populismos y totalitarismos de cualquier signo. En general, la suya es una obra
crítica de los fanatismos de identidad que se ocultan bajo las máscaras de la
nacionalidad, la clase, la raza y la religión. Por eso, si Krauze ha sido
intolerante, lo ha sido con la intolerancia. Y no sin razón. Ya lo decía Karl
Popper (“Tolerancia y responsabilidad intelectual”): “Si concedemos a la
intolerancia el derecho a ser tolerada, destruimos la tolerancia”.
El
proyecto de Krauze podría entenderse como una labor sin concesiones encaminada
a defender “las libertades formales, la libertad de expresión y la democracia”;
a edificar una plaza pública donde sea posible el diálogo pulcro y el debate
más libre de las ideas.
Parece
casi natural, entonces, que un intelectual con tal temple se convirtiera en
empresario cultural, fundador y director de empresas intelectuales: Clío, México
Nuevo Siglo y Letras Libres. Las dos primeras —una empresa
editorial y una productora— han buscado hacer llegar la historia en forma de
libros y documentales a un público más amplio (“La misión de la televisión”).
La tercera es una revista cultural fundada en 1999 que —como heredera de Plural y Vuelta—
le ha puesto casa nueva a la disidencia; a la diversidad y a la tolerancia; a
la crítica literaria y política; a la calidad editorial sin medias tintas.
Vuelta a
Plutarco
Siguiendo
el ejemplo de Cosío Villegas, Krauze ha sido un crítico riguroso de la silla
presidencial. En La presidencia imperial. Ascenso y caída del
sistema político mexicano (1940–1996) retrataría el estilo personal de
gobernar de los presidentes mexicanos, desde Ávila Camacho hasta Carlos Salinas
de Gortari. Y en libros como Biografía del poder y Mexicanos
eminentes se encargaría críticamente de algunos personajes
representativos del México político y cultural.
Su
predilección por la biografía —el retrato verbal— es evidente. Como biógrafo,
Krauze se encuentra próximo a Ralph Waldo Emerson —cuya consigna era “volver a
Plutarco”— y lejano a Thomas Carlyle —aquel “apologista del poder absoluto, del
alma germana y sus mitos telúricos”—.
Sus
biografías —auténticos “retratos plutarquianos”— llegan a ser litografías
literarias: obras sensibles a las luces y sombras del pasado. Con ellas Krauze
no busca alimentar cultos a la personalidad ni erigir monumentos a los mitos:
lee a través de los siglos para iluminar “el pasado que habita el presente de
los pueblos”, sobre todo el de México (La presencia del pasado).
Krauze
busca no escribir historias sino vidas en varios actos: narrar la forma en la
cual los individuos influyen en los destinos colectivos.
Entre
otras, son memorables sus entrevistas con Jorge Luis Borges, Isaiah Berlin y
Octavio Paz (en libro: Travesía liberal; en
televisión: “Conversaciones con Octavio Paz. El laberinto y el
liberalismo”); su crítica al novelista Carlos Fuentes (“La comedia mexicana de
Carlos Fuentes”) y al expresidente mexicano Carlos Salinas de Gortari (“Nuevo
Intelectual orgánico del PRI”); al político Andrés Manuel López Obrador (“El
mesías tropical”) y al dictador venezolano Hugo Chávez (El poder y el
delirio).
Se podría
decir que, como admirador de Plutarco, Krauze busca no escribir historias sino
vidas en varios actos: narrar la forma en la cual los individuos influyen en
los destinos colectivos.
Su pasión
liberal —que a veces alcanza fervores casi religiosos— se enlaza con su amor
por la historia. Pasión por el pasado de las ideas y por las vidas de los
hombres que las encarnaron, bajo la convicción de que “la historia no es una
fuerza impersonal: tiene caras, sentimientos, pasiones, ideas y creencias”.
Al final,
Enrique Krauze es un historiador espiritual: aquel preocupado en perfilar las
construcciones espirituales —las ideas, los ideales y las ideologías— de las
épocas.
El poder
es el centro de su sistema intelectual —el historiador ha buscado siempre cómo
limitar o manipular su funesta gravedad—. Christopher Domínguez Michael acertó
hace años al apuntar (Servidumbre y grandeza de la vida literaria, Joaquín
Mortiz, México, 1998, p.32):
Krauze
afirmó recientemente que su generación ha vivido más fascinada por el poder que
por la cultura. De ser así, su Biografía del poder es el libro
de un escritor atrapado por la oprobiosa y la magnética atracción de ese astro.
En todo
caso, en su obra “la historia no deja de irradiarse de literatura”.
Seguramente, porque para Krauze “Es el matrimonio entre historia y literatura
lo que quizás distingue la obra [histórica] inmortal de la buena obra”.
El estilo
intelectual
Enrique
Krauze: Saulo liberal, historiador del sustantivo y del espíritu; Enrique
Krauze: crítico de los autoritarismos, polemista combativo; Enrique Krauze:
empresario cultural independiente; Enrique Krauze: amigo y patrocinador —como
Gabriel Zaid— del anarquista catalán Ricardo Mestre; Enrique Krauze: el
escritor que parece, por su estilo, el más británico entre los historiadores
mexicanos —su temple liberal hace pensar en un Isaiah Berlin latinoamericano—.
En
efecto, como Isaiah Berlin, Krauze se dedicaría a escribir, con “suave
devoción”, la vida de los “grandes hombres (con minúsculas, virtuosos,
limitados)” que tuvieron un lugar central en la historia —política e
intelectual— de nuestro país (Siglo de caudillos, De héroes y
mitos, Retratos personales).
Su
apostolado histórico nos ha dejado libros fundamentales; páginas elegantes que
merecen guardarse en el librero de la historia mexicana.
Su obra
es múltiple: abarca la historia de las instituciones, el análisis de la
política local e internacional, la biografía política y cultural —que incluye
las vertientes populares: escritos sobre deportistas, actrices y cantantes— y
el retrato grupal de las generaciones.
“Este
país desmemoriado suele ser cruel con sus mejores hombres, por eso importa
combatir el olvido; por eso, ahora y siempre, importa recordar.”
Tal vez
Krauze ha querido deletrearnos a todos: hacer de la vida de nuestros
libertadores y opresores —hombres “ejemplares o detestables, pero todos
decisivos en su momento”— un retrato colectivo: un espejo objetivo que nos
permita interrogar a la violenta esfinge del pasado mexicano. Sólo por eso la
obra de Krauze merece más lectores: la sociedad mexicana necesita mirar su
pasado y su presente en un mural no ideologizado.
Finalmente,
para iluminar el estilo intelectual y la historia personal de Enrique Krauze
—descendiente de inmigrantes polacos—, podríamos decir lo mismo que él ha dicho
de Gabriel Zaid —hijo de inmigrantes palestinos—:
Porque es
hijo de inmigrantes […] aprecia el valor de tener una patria, y por eso la
estudia y la sirve. Su prosa es, en sí misma, una lección moral de pulcritud,
objetividad y decencia, en un medio propenso a las ideas hechas, la simulación
y la mentira.[5]
Tuvo
razón Enrique Krauze al escribir que “este país desmemoriado suele ser cruel
con sus mejores hombres, por eso importa combatir el olvido; por eso, ahora y
siempre, importa recordar” (Mexicanos eminentes). No está de más
decir que sus ensayos, críticos y bien fundamentados, son como los de sus
maestros —Gabriel Zaid y Octavio Paz—: también convencen, convierten. ®
Referencias
—AA.VV., El
temple liberal. Acercamiento a la obra de Enrique Krauze, compilación
de Fernando García Ramírez, Tusquets Editores, México, 2009.
—Christopher Domínguez Michael, Servidumbre y grandeza de la vida
literaria, Joaquín Mortiz, México, 1998.
—Daniel Cosío Villegas, La constitución de 1857 y sus críticos, SepSetentas/Diana,
México, 1980.
—Enrique Krauze, Biografía del poder, Tusquets Editores,
México, 2012.
—Enrique Krauze, Caras de la historia, Joaquín Mortiz, México,
1983.
—Enrique Krauze, Daniel Cosío Villegas. Una biografía intelectual, Tusquets
Editores, México, 2007.
—Enrique Krauze, De héroes y mitos, Tusquets Editores, México,
2015.
—Enrique Krauze, El poder y el delirio, Tusquets Editores,
México, 2009.
—Enrique Krauze, La historia cuenta, Tusquets Editores,
México, 1998.
—Enrique Krauze, La presencia del pasado, Tusquets Editores,
México, 2015.
—Enrique Krauze, La presidencia imperial. Ascenso y caída del sistema
político mexicano (1940–1996), Tusquets Editores, México, 1997.
—Enrique Krauze, Mexicanos eminentes, Tusquets Editores, México,
2012.
—Enrique Krauze, Personas e ideas, Editorial Vuelta, México,
1989.
—Enrique Krauze, Por una democracia sin adjetivos, Joaquín
Mortiz/Planeta, 1986.
—Enrique Krauze, Retratos personales, Tusquets Editores,
México, 2007.
—Enrique Krauze, Siglo de caudillos, Tusquets Editores,
México, 2015.
—Enrique Krauze, Textos heréticos, Grijalbo, México, 1992.
—Enrique Krauze, Travesía liberal, Tusquets Editores, México,
2004.
Notas
[1] Anota
Guillermo Sheridan: “Aun en el mero registro de lo anecdótico, me parece
relevante que el primer contacto entre ellos [Paz y Krauze] haya ocurrido en la
discrepancia” (“Krauze: cultura e iniciativa” en El temple liberal, Tusquets
Editores, México, 2009, p. 25). “Por el camino de Paz” (Reforma, 13
III 1994).
[2] “Enrique Krauze conversa con Mario Vargas Llosa”, Círculo de Bellas Artes
de Madrid, 7 de octubre de 2011, dentro de la programación con motivo del X
aniversario de la edición española de Letras Libres.
[3] Daniel Cosío Villegas, La constitución de 1857 y sus críticos,
SepSetentas/Diana, México, 1980, p.120.
[4] Enrique Krauze, Textos heréticos, Grijalbo, México, 1992,
p.206.
[5] Enrique Krauze, Retratos personales, Tusquets Editores,
México, 2007, p.125.

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