© Libro N° 6790.
Nuevas Pistas de la Economía Mundial. Observatorio Económico Latinoamericano. Alai. Emancipación.
Diciembre 21 de 2019.
Título
original: © Nuevas Pistas de la Economía Mundial. Observatorio
Económico Latinoamericano. Alai
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Económico Latinoamericano. Alai
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Miranda
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NUEVAS PISTAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL
Observatorio Económico Latinoamericano-Alai
Perspectivas
al final de la 2da década del siglo XXI
En
el presente artículo vamos a repasar por los acontecimientos políticos y
sociales que marcan la pauta económica de la primera par-te del siglo. Un
referente es lo acontecido en la misma etapa en los siglos XIX y XX para ver si
estamos o no ante una señal auspiciosa. Lo que está claro es que se está ante
un horizon-te conflictivo que no tiene señales de acabar pronto.
Algunos
referentes de inicios de siglo XIX y XX
Al
final de la segunda década del siglo XIX, las repúblicas americanas culminaban
la etapa fi-nal de sus luchas por la independencia españo-la y España entraba
en una espiral de debilita-miento hegemónico frente a la industrial Gran
Bretaña y el liberalismo económico. De otro lado, los Estados germánicos, bajo
la influen-cia de Federico List, impulsaban una unión aduanera, la primera de
su tipo. La visión in-dustrialista de List subyacía a sus críticas al
liberalismo británico y los británicos, frente a España, se encargaron de
equipar y financiar a las tropas independentistas de Bolívar. Los ferrocarriles
a vapor de agua eran la tecnolo-gía del progreso y reducían las distancias. Las
migraciones masivas de España hacia América latina y de Gran Bretaña hacia
Estados Unidos marcaron huella.
Al
final de la segunda década del siglo XX, en 1919, se firmó el Tratado de
Versalles y se Oscar Ugarteche, es investigador titular del Instituto de
Investigaciones Económicas UNAM SNI/CONACYT, y coordinador del proyecto OBELA.
Oscar
Ugarteche
fundó
la primera organización multilateral: la Liga de las Naciones, con su oficina
de inteli-gencia económica, junto con la Organización Internacional del Trabajo
y la Organización Mundial de la Salud. La revolución rusa ha-bía triunfado en
noviembre de 1917 y la re-volución mexicana estaba en plena lucha. Se estaba en
los albores de la deflación de 1920 y del estancamiento europeo de la década de
1920. En China los europeos estaban consoli-dando Shanghái como un gran centro
comer-cial y Japón había establecido en la Península de Corea un poder militar.
Estados Unidos se había instalado en el Istmo de Panamá con el Canal recién
inaugurado y todos los imperios europeos fueron derrotados en la I Guerra
Mundial, salvo Gran Bretaña que comenzaría su declive como país altamente
endeudado con los Estados Unidos. El motor a combus-tión con combustible fósil
era la tecnología del progreso. Aviones, automóviles y barcos reducían las
distancias. Las migraciones masi-vas de post guerra desde Europa hacia el
con-tinente Americano marcaron a la mayor parte de los países.
Las
guerras y el mundo al que entramos1
El
final de la segunda década del siglo XXI se caracteriza por el debilitamiento
de los orga-nismos multilaterales ante un resurgimiento de nacionalismos
localizados en Europa, Es-tados Unidos y en menor medida en América Latina. Las
guerras, que debían ser preveni das por la Liga de las Naciones, y luego por
Naciones Unidas hoy son imprevisibles. Tras la proclama del fin de la historia
de Fukuya-ma, lo que se observa es que hay más guerras en simultáneo que nunca
en la historia pero que tienen una forma diferente. Son luchas entre sectores
de oprimidos y opresores, en algunos casos religiosas. Todas son en espa-cios
geográficos donde hay petróleo o gas y en todas está involucrado Estados Unidos
de alguna manera.
-
1 Datos básicos tomados de
https://www.britan-nica.com/list/8-deadliest-wars-of-the-21st-century y
elaborados con información complementaria de internet.
1
1. La segunda guerra del Congo (1998–2003)2
que se inició en el siglo XX en un área donde hay riqueza petrolera y minera
lleva desde 1998 tres millones de muertos y continúa con menor intensidad con
la presencia de 113,000 fuerzas de paz bajo el auspicio de Naciones Unidas
desde el 2003.
2. La guerra civil siria desatada tras la
inva-sión occidental a Irak y al mismo tiempo de la Primavera Árabe del 2011.
Tiene como actores a grupos políticos y religio-sos y a gobiernos como Estados
Unidos, Rusia, Turquía, Israel. Lleva 365,679 per-sonas muertas a febrero del
2019. (Syrian Observatory for Human Rights)3.
3. La guerra de Irak, que se inició en el
2003 con una invasión occidental bajo el argu-mento falso que habían armas de
destruc-ción masiva. Ha provocado, hasta inicios del 2019, 288,000 muertos.
4. La guerra de Afganistán4, iniciada en el
2001, poco después del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York y otros
blancos, por un grupo de 19 árabes saudíes asocia-dos a Al Qaeda, grupo
paramilitar religio-so. Lleva 100,000 muertos hasta febrero del 2019 entre los
de Afganistán y los civi-les muertos en Pakistán.
5. La Guerra de Boko Haram5, cuyo nombre
2 https://www.cs.mcgill.ca/~rwest/wikispeedia/
wpcd/wp/s/Second_Congo_War.htm
3 http://www.syriahr.com/en/
4 https://www.cfr.org/timeline/us-war-afghanis-
tan
5 https://bit.ly/2HkfmxF
significa
“la occidentalización es un sacri-legio”, que comenzó cuando se fundó el grupo
en Nigeria en el 2002, poco después de los ataques de Al Qaeda en Estados
Uni-dos. Se desarrolla en un país rico en pe-tróleo con una mala distribución
del ingre-so y con un proyecto de surtir a Europa a través de un oleoducto que
atraviese Áfri-ca. La consecuencia de esta guerra es el desplazamiento de 2
millones de personas.
6. La guerra Civil de Yemen, iniciada con
la Primavera Árabe, que fue una lucha por la permanencia en el poder del
presidente electo ‘Alī ‘Abd Allāh Sālih. Luego entra-ron a la lucha Al Qaeda,
apoyando a los rebeldes Houthi, y del otro lado Arabia Saudí, con el respaldo
de Estados Unidos al gobierno del presidente Hadi, que suce-dió a As Salih en
el 2015. Es un país rico en gas natural y minerales diversos. Lle-van 80,000
muertos desde el 2015 según Yemen for the Armed Conflict Location and Event
Data Project (ACLED)6.
7. El conflicto de Ucrania, que se inició
en el 2013 cuando el presidente pro-ruso de Ucrania, Viktor Yanukovich, rechazó
el acuerdo de asociación con la Unión Eu-ropea a favor de lazos más estrechos
con Rusia. Kiev, la capital ucraniana, estalló en protestas callejeras y los
manifestantes establecieron un campamento permanen-te en la Plaza de la
Independencia. Los enfrentamientos entre la policía (pro rusa) y los
manifestantes (pro europeos) se vol-vieron cada vez más violentos. El Acuerdo
de la Asociación entre Ucrania y la Unión Europea se firmó en marzo del 2014
bajo la presidencia de Oleksandr Turchínov.7 En el proceso, se desató la
violencia entre los sectores pro rusos y los pro europeos, lo que llevó a que
las fuerzas de seguri-dad del gobierno abrieran fuego contra los manifestantes.
La reacción violenta que se produjo en febrero del 2014 ba-rrió a Yanukovich
del poder, y él huyó a
6 https://www.acleddata.com/
7 https://www.politico.eu/article/the-eu-ukraine-association-agreement-a-potted-history/
2 540 mar/2019
Rusia.
Al mismo tiempo, en febrero del 2014 el ejército ruso invadió la Península de
Crimea para asegurar la salida rusa al Mar Negro, donde se encuentran las bases
navales rusas del Mediterráneo; estallan-do una guerra que lleva 13,000 muertos
y que ha convertido a Ucrania en la frontera entre Rusia y Europa. El tema es
el gas, los gasoductos que pasan por allí, y quién los controla. Una
característica de todas estas guerras es que las empresas siguen operando
mientras la guerra avanza. La guerra permanente es un nuevo rasgo de la
economía internacional.
La
falta de crecimiento de las economías de-sarrolladas adonde se dirige la mitad
de los migrantes ha dado lugar a sentimientos nacio-nalistas similares a los
existentes en la década de los años 1930, esta vez culpando a los mu-sulmanes.
La diferencia es que la existencia de musulmanes radicales armados e
ideologi-zados como un pueblo oprimido por Occidente los convierte en actores
en el conflicto armado no solo en la zona sur del Mediterráneo, sino al norte.
Esto es una diferencia sustantiva con los años 30. Este es un componente nuevo
de la economía internacional por el impacto de las remesas internacionales en
las economías de origen.
Migración
y capacidad
de
absorción Crecimiento medio simple
anualizado del PIB real antes y después de la recesión de 1974
La
consecuencia de la Prima-vera Árabe y las intervencio-nes de Occidente en
Libia, Irak y Egipto han dejado una estela de inmigrantes que in-tentan escapar
de sus países para descansar de la guerra y trabajar. Lo más cercano es Europa,
lo que ha lleva-do posiblemente a uno de los desplazamientos masivos más
significativos de la his-toria moderna. Del año 2000 al 2017, el número total
de migrantes aumentó casi 50%: de 173 a 258 millones de personas.8 La mitad de
este aumento ocurrió en países desarrollados, mientras que la otra mitad tuvo
lugar en países en desarrollo, según Naciones Unidas. En Améri-ca Latina, los
desplazamien-
tos
están asociados a cambios de gobierno sin elecciones o intentos forzados de
cambio, como en Honduras, Haití, y Venezuela, pero también, en general, a muy
poco crecimiento económico e insuficiencia de empleo.
8 https://www.un.org/development/desa/publica-tions/international-migration-report-2017.html
El
cuadro9 recorre 66 años de crecimiento económico de economías maduras, de 1950
a 2016. Lo que muestra es que, en primer lu-gar, las economías que menos
crecieron desde 1950 fueron Gran Bretaña, Estados Unidos y
9 Alan Freeman, “The sixty-year downward trend of
economic growth in the industrialised countries of the world”, GERG working
paper No.1, 2019, Univer-sity of Manitoba.
3
Dinamarca.
En segundo, lugar muestra como después de la crisis de 1974 el crecimiento se
redujo aún más en comparación con la prime-ra etapa, 1950 -1975. La diferencia
es que en-tre la primera y segunda etapas, el promedio de la primera etapa de
todas las economías maduras era superior al crecimiento america-no; en la
segunda etapa el promedio del cre-cimiento es igual al promedio de la economía
mayor. Es decir, hay una migración masiva hacia las economías desarrolladas que
tienen tasas de crecimiento bajas y a Estados Unidos en especial, que la tiene
más baja que el res-to. Esto produce las reacciones sociales fas-cistas,
cargadas de odio, racistas, xenófobas, que se observan en el discurso
estadunidense pero también en las reacciones populistas de derecha europeas con
las consecuencias sobre el proteccionismo y guerras comerciales.
El
motor real del crecimiento
El
escaso crecimiento de las economías madu-ras ha sido activado por dinámicas
internas, con la posible excepción de Alemania donde el peso externo es muy
alto. La tecnología de la década de los años 20 se agotó en los años 70 y desde
entonces se viene esperando un cambio en la energía con la que se mueven los
vehículos. Lo que ha ocurrido, mientras tanto, en estos cincuenta años es que
emer-gió la inteligencia artificial que nos permite no movernos y estar
conectados con otro lugar en tiempo real vía el Whatsapp y Skype así como por
Hangouts de Google, entre los más conocidos. Esto hace que la sociedad esté más
informada aunque no más comunicada, necesariamente. También permite que no se
deban de hacer y en esa medida es un vehículo de meta-transportación virtual.
A
pesar de eso, crece el número de vehícu-los de transporte con tecnología cada
vez más avanzada para comodidad del pasajero. Lo más avanzado será el vehículo
que sea lite-ralmente auto-móvil, sin chofer. Ese vehículo eléctrico, o
energizado por hidrógeno, será limpio y no calentará el ambiente. La
compe-tencia está en quien sacará estos vehículos al
mercado
más pronto. El funcionamiento de éstos va de la mano con lo dicho al inicio,
so-bre la telemática. La competencia es quién saca la red 5G antes y la coloca
en el merca-do. Todo indica que la empresa Huawei la tie-ne lista y la está
vendiendo, mientras Estados Unidos sabotea todo ese esfuerzo para no que-darse
atrás. Esa es la explicación lógica de la guerra comercial que hasta ahora les
cuesta a los consumidores americanos 165,000 millones de dólares y que impacta
sobre el 38% de las importaciones estadounidenses.10
La
competencia por los autos limpios sin cho-fer y con tecnología 5G es por el
momento el futuro inmediato para reactivar las economías maduras. Todo indica
que esto lo viene ga-nando China, sin embargo, (ver artículo de Armando Negrete
en esta edición) América Latina dentro de este juego continúa siendo la
despensa, donde China invierte para ase-gurar materias primas, entre ellos, el
litio y las tierras raras pero también petróleo y gas. En este, la competencia
espacial con Estados Unidos en el continente es muy fuerte.
Finalmente
El
mundo está marcado por guerras en zonas de producción de petróleo y gas. Estas
son ahora un rasgo de los tiempos y no eventos pasajeros. Son guerras que duran
más que las guerras mundiales y que tienen millones de muertos pero que no
generan un cambio tecno-lógico significativo como para sacar a Estados Unidos
de su trayectoria declinante de creci-miento. El futuro tecnológico está
compro-metido con el transporte y la telemática para hacer dicho transporte más
cómodo y eficien-te en términos de energía. La competencia por esto en la forma
de vehículos eléctricos o a hidrogeno, sin chofer, es posible, siempre y cuando
el control de la tecnología de redes 5G esté en las mismas manos occidentales
que los
10 The impact of the 2018 trade war on U.S.
prices and welfare, Mary Amiti, Stephen J. Redding and David E. Weinstein,
Discussion Paper DP13564, Published 02 March 2019, Centre for Economic Policy
Research, London.
4 540 mar/2019
vehículos.
La competencia parece estar incli-nada a favor de China y eso ha motivado una
guerra comercial costosa para Estados Unidos, cuyo déficit externo ha crecido
en este año pasado. El proteccionismo va acompañando las migraciones indeseadas
mientras Estados Unidos busca colocar a la economía en declive en una posición
de líder mundial, sin éxito en ninguno de los campos. Su déficit externo es
mayor y su desprestigio aumenta.11
Las
guerras ocurren en espacios donde hay pe-tróleo y gas, lo que indica que no
está echada la suerte de los combustibles fósiles todavía a pesar de los
efectos adversos que tienen. La guerra comercial con China no se inició el año
2018, ni tampoco la competencia por la red
11 “Donald Trump won little applause during
Mu-nich Security Conference — and Ivanka wasn’t too pleased”
https://bit.ly/2HdtW9R. “UN members laugh at Trump after claim his
administration has ‘accomplished more than almost any in US history”
https://ind.pn/2O70tSf. “Trump’s North Korea sum-mit failed because he doesn’t
understand what Kim Jong Un really wants” https://nbcnews.to/2H91lmn.
5G.
La resistencia a la migración tampoco es un fenómeno reciente. Lo que está
pasando es que se vienen acentuando las tendencias y las radicalizaciones de
derecha se van forta-leciendo conforme éstas se agudizan. Zizek12 nos dice que
cuando hay frustración política en la izquierda, esa población vira hacia el
ex-tremo de la derecha en búsqueda de respues-tas reales. Eso es lo que está
pasando. En medio de esto, el crecimiento tanto de Europa como de Estados
Unidos está más debilitado que antes. Los países orientales sentirán tam-bién
el efecto de la desaceleración occiden-tal, pero en un horizonte cinco veces
más alto de crecimiento del PIB que Occidente (1.4% vs 6.4%). América Latina va
a tener que escoger bien con quién comerciar y cómo desarrollar-se porque los
modelos pensados en mercados próximos están, por el momento, terminados sin una
transformación productiva, que por ahora no está a la vista.
12 Slavoj Žižek, Problemas en el paraíso.
Del fin de la historia al fin del capitalismo. Traducción de
Damià
Alou. Editorial Anagrama. Barcelona
www.obela.org
OBELA
es un programa de investigación de la UNAM (México) que estudia los impactos de
las políticas de crecimiento lideradas por las exportaciones, de los acuerdos
de integración y los Tratados de Libre Comercio, sobre
el
comportamiento de variables macroeconómicas. Estudia igualmente la integración
económica y financiera y los cambios de la Arquitectura Financiera
Internacional.
Desarrolla
sus trabajos desde una perspectiva latinoamericana para la comprensión y la
solución de los problemas económicos comunes a todos los países, y mantiene un
diálogo constante con el sector académico, organismos gubernamentales y
organizaciones de la sociedad civil.
Contacto:
Armando Negrete - negrete.f.armando@gmail.com
Responsable:
Oscar Ugarteche
5
Huawei
y la guerra comercial EEUU–China
La
guerra comercial
Donald
Trump inició, en enero de 2018, la guerra comercial más grande en la historia
del capitalismo. En su campaña, el entonces can-didato acusó a la economía
china de sostener prácticas desleales y un comercio injusto con EEUU, y
prometió que impondría “America first” en todos sus acuerdos comerciales. Fue a
partir de elevaciones arancelarias discrecio-nales, primero a lavadoras (20%) y
paneles so-lares (15%), dos meses después a acero (25%) y aluminio (10%), que
se lanzó a la difícil guerra arancelaria contra China con decretos
presi-denciales.
Desde
entonces, entre abril de 2018 y febrero de 2019, a través de cuatro rondas de
alzas arancelarias entre ambos países, se ha grava-do un acumulado de 113 mil
millones de dóla-res a 6,213 productos chinos y 250 mil millones de dólares a
6,843 productos estadouniden-ses. El 1 de diciembre de 2018, en la reunión del
G20, los presidentes Xi Jinping y Donald Trump acordaron una tregua a los
incrementos arancelarios durante un plazo de 90 días en el que se buscarían
resolver las diferencias. En lo que va de la guerra comercial, el más afec-tado
ha sido EEUU, pues en lugar de disminuir su déficit comercial éste ha aumentado
y el incremento de los aranceles ha sido, en reali-dad, absorbido por los
consumidores interme-
Armando
Negrete es técnico académico del Instituto de Investigaciones Económicas de la
UNAM, México, miembro del OBELA. Econo-mista, doctorante de Estudios
Latinoamerica-nos.
Armando
Negrete
dios
y finales estadounidenses, que han paga-do 4.4 mil millones de dólares al mes
en 2018. De otro lado el aumento en los costos de produc-ción está afectando la
rentabilidad de las em-presas y la trayectoria de las bolsas de valores.
Algunos ejemplos son: Caterpillar, Coca Cola, principal consumidor de aluminio
del mundo, y Eastman Chemicals, Fiat, Ford, General Mo-tors, y General Electric
cuya performance en las bolsas de valores es declinante.
Desde
un inicio, la posibilidad real de un acuerdo comercial era muy baja y difícil
de alcanzar. EEUU no pide incrementos en las importaciones chinas de productos
agrícolas y regulaciones formales del mercado de tec-nología y derechos de
autor, sino profundas transformaciones en la política industrial y desarrollo
tecnológico, así como estrictas res-tricciones en las transferencias de
tecnología y propiedad intelectual. A cambio, EEUU no ofrece a China ninguna
preferencia o tratado de libre comercio, sino sólo el cese de aumen-tos
arancelarios. De esta manera, la decisión de la economía asiática es casi
obvia: se ven-ció el plazo, como pasó el 1 de marzo, y no se llegó a ningún
acuerdo.
¿Qué
busca, en realidad, EEUU?
La
economía estadounidense arrastra, desde la década de los sesenta, una tendencia
a la baja en el ritmo del crecimiento de su economía. La última vez que creció
a más del 6% fue en 1984 y no logró sostener ese ritmo siquiera un año. A
partir de la liberalización de los mer-cados, en 1980, su PIB per cápita creció
1.61% en promedio anual y sólo 0.6% desde la cri-sis de 2007 (ver gráfico).
EEUU ha sostenido,
6 540 mar/2019
desde
1980, un saldo comercial crecientemen-te deficitario. Apoyadas sobre la
desregulación de los merca-dos, la apertu-ra comercial y el desarrollo de las
finanzas in-ternacionales,
las
empresas transnacionales estadounidenses extendieron una red global de
encadenamien-to productivo que concluye en EEUU y confor-maron una diná-mica
interna de
sobreconsumo
que importa más de lo que ex-porta y puede realmente consumir.
Esta
dinámica deslocalizó la producción esta-dounidense hacia países con mayores
niveles de productividad y menores costos, generó un aparato interno
industrial/productivo menos competitivo y provocó una caída sostenida en la
productividad del trabajo manufacturero. De manera contraria, China, mediante
su po-lítica de apertura comercial planificada y el establecimiento de zonas
francas industriales, desde 1980, atrajo esas cadenas productivas
manufactureras hacia sus costas y promovió su integración al mercado mundial
desde la esfera de la producción industrial con capital estadounidense,
esencialmente, pero también europeo.
De
este modo, con una economía planificada y política industrial desarrollista, la
economía china ha sostenido un ritmo de crecimien-to promedio del PIB per
cápita, entre 1980 y 2017, del 8.6%. La atracción de cadenas pro-ductivas
globales le permitió desarrollar un aparato industrial avanzado y, mediante la
inversión extranjera directa, la importación
de
tecnología y la ingeniería de reversa imple-mentadas en las zonas de desarrollo
industrial de alta tecnología, incorporarse a la carrera tecnológica y el
desarrollo de fuerzas produc-tivas de vanguardia. El desarrollo de esta
di-námica de industrialización y tecnificación ha llegado a un nivel tal que,
actualmente, China representa en 2018 una potencia tecnológica indiscutible.
El
caso Huawei
El
conflicto de EEUU contra Huawei permite observar, desde una dimensión
particular, la situación de desesperación que enfrenta la economía
estadounidense frente a su pérdi-da de liderazgo. Desde 2012, Huawei
Tech-nologies Co. Ltd y Zhongxing Telecommunica-tion Equipment Corp. (ZTE) han
estado bajo constantes agresiones por parte del gobierno de EEUU. En un reporte
especial publicado ese año por el Departamento de Seguridad Nacional,1 titulado
Problemas planteados por las compañías de telecomunicación Huawei y ZTE, se
identificó una supuesta amenaza a la seguridad nacional por las
vulnerabilidades en
1 https://bit.ly/2XSz3Bz
7
la
cadena de producción de telecomunicacio-nes. Desde entonces, se recomendó que
EEUU “debe ver con sospecha la penetración conti-nua del mercado de
telecomunicaciones por parte de las compañías de telecomunicaciones chinas” y
que “las entidades del sector priva-do en los Estados Unidos consideren los
riesgos de seguridad a largo plazo asociados con ha-cer negocios con ZTE o
Huawei para equipos o servicios”.
Este
ha sido el motivo por el cual el gobier-no de EEUU, desde la administración de
Ba-rack Obama, convirtió la batalla técnica de las telecomunicaciones en un
tema de segu-ridad nacional y, sobre esto, ha perseguido a las empresas y
gobierno chinos. Las dos em-presas citadas estuvieron desde entonces bajo
investigación por el Departamento de Estado, sin embargo, la cuestión se
complicó con el arribo del Presidente Trump al ejecutivo, pues las cuestiones
que antes eran resultas en un nivel diplomático a través de las instituciones
legales (incluso multilaterales) cayeron en el unilateralismo del mandatario.
En lugar de enfrentar el problema estructural, económico y tecnológico que
aqueja a la economía esta-dounidense a partir del desarrollo de su tecno-logía,
el fomento de la producción interna, el aumento de la productividad y el
incremento de la competitividad en el mercado mundial, la actual administración
decidió que la mejor ruta era hostigar al país, militar y económica-mente,
minar el ritmo de crecimiento chino, y bloquear su comercio.
El 1
de diciembre de 2018, el mismo día que acordó la tregua comercial en Buenos
Aires, detuvo la policía canadiense a Sabrina Meng, la CFO de Huawei e hija de
su fundador Ren Zhengfei, a solicitud del gobierno estadouni-dense, con la
acusación de encubrir una su-puesta violación de la empresa a las sancio-nes
estadounidenses contra Irán. Huawei es, según el último reporte de Worldwide
Tele-com Equipment Market 2018, la empresa de telecomunicaciones más importante
del mun-do, tanto por la red de producción y abaste-cimiento de productos
intermedios, como por el desarrollo de la nueva generación de tele-
comunicación
inalámbrica y su infraestructu-ra. La competidora más cercana es ZTE, otra
empresa china, con participación del Estado, también investigada y bloqueada
por EEUU.
La
realidad de la trama Huawei es el lanza-miento, desde agosto de 2018, de la red
ina-lámbrica 5G. La red 5G corresponde a una nueva generación de internet, de
conectivi-dad de los objetos y de telecomunicaciones. Su implementación permite
una conectividad 100 veces mayor, de 20Gb/s (la conectividad máxima de la
anterior 4G es 125Mb/s) y dismi-nuye la latencia (tiempo de comunicación) de 50
a 1 milésima de segundo, lo cual permite resolver muchos de los límites que
enfrentan el internet de las cosas, la conectividad remo-ta y la autonomización
de los objetos. Este desarrollo tecnológico corresponde a la última generación
de telecomunicaciones inalámbri-ca, una red que AT&T y Verizon trataron de
lanzar con anticipación, sin ningún éxito, en EEUU. La reacción en Estados
Unidos ha sido lanzar como 5G a un 4G plus. Aunque es cier-to que el potencial
de la red 5G no se podrá optimizar sin la combinación y desarrollo de fuerzas
productivas y tecnologías adecuadas, lo cual tardará varios años, el brinco técnico
que representa permite una nueva dimensión de producción, circulación y consumo
de las telecomunicaciones y del internet de las co-sas, en general. La red 5G
conformará un nue-vo paradigma tecnológico. Incluso con la base técnica que
existe ahora, las posibilidades inmediatas que ha generado permiten
trans-formaciones productivas, consuntivas, comer-ciales, militares, cívicas,
etc. Por ejemplo los mercados de valores que operen sobre una plataforma 5G
operarán cien veces más rápido que las que estén en 4G, lo que significa mu-cho
dinero en esos mercados.
El
desarrollo y control de la 5G representa, de este modo, la dirección y control
de este nuevo paradigma. Para EEUU, el hecho de que fuera China quién la
desarrollara primero y la lanzara al mercado mundial no sólo implica la
dependencia comercial de esta nueva matriz tecnológica, sino manifiesta el
derrocamien-to de la vanguardia tecnológica. De ninguna
8 540 mar/2019
manera
va a aceptar la superación tecnológica y productiva de la economía china y el
atraso en materia de telecomunicaciones. Esto sería aceptar la pérdida de
hegemonía y liderazgo en general, lo que es imposible.
Por
esta razón, antes de la detención de Meng, el gobierno americano envió misiones
a Aus-tralia y Nueva Zelandia2, primero, y a Gran Bretaña, Alemania y Bélgica,
luego, para sa-botear la venta de esos productos aduciendo que eran peligrosos
para la seguridad de Occi-dente. Luego vino que paralelo a la detención de
Meng, EEUU inició un proceso judicial con-tra la Huawei y ordenó otro bloqueo
comer-cial a las importaciones de productos, partes y piezas de 5G. Lo
paradójico es cómo, del mismo modo como ha procedido con la guerra comercial en
general, para atender un proble-ma estructural interno, las medidas contra la
corporación china, en particular, avanzarán por la única vía que pueden: el
bloqueo co-mercial. Mientras tanto, ya hay 40 países que se están adaptando
para comprar la red 5G.3
Perspectivas
de la guerra
El
actual escenario económico internacional ha comenzado a mostrar, a partir de la
gue-rra comercial iniciada en 2018, la situación real de los actores que
disputan la hegemonía mundial. La larga crisis que aqueja estructu-ralmente a
la economía estadounidense, con déficit en balanzas comerciales y de pagos
crecientes, poco crecimiento, baja produc-tividad y una profunda crisis
política, no se parece en nada a la estimada des-aceleración del 6.2% del
crecimiento anual de la economía china para 2019. Si bien una guerra comer-cial
no beneficia a nadie, China es la menos afectada.
2 Australia prepares to ban Huawei from 5G
project over security fears, https://reut.rs/2LdEkg7
Charlotte
Greenfield “U.S. asks allies to avoid Hua-wei’s equipment” -WSJ November 27,
2018, https:// reut.rs/2Eaw1Su
3 “South Korea Most Advanced in 5G Leader-
ship,
Arthur D. Little Analysis Finds”, https://bit. ly/2NYWsNb
En
el centro de la guerra comercial no están el déficit estadounidense y el
comercio des-leal chino, sino la batalla tecnológica en el desarrollo de grados
superiores de las fuerzas productivas. Si bien es cierto que esta batalla no se
expresa únicamente en el desarrollo de la 5G, sino que aparece en el desarrollo
de transportes autónomos, la transformación de la matriz energética, la
ingeniería genética, la biotecnología, etc., y se puede afirmar que la red 5G
representa un eje fundamental de esto. Similar a las sucesivas alzas
arancelarias a las importaciones chinas, el bloqueo tecno-lógico, que muy
posiblemente levante EEUU contra Huawei, conducirá irremediablemente a las
mismas conclusiones dentro de Estados Unidos: 1) encarecimiento de los
productos de consumo interno, 2) baja en la productividad por elevación de
costos de partes y piezas de importación, 3) incremento del déficit comer-cial
y pérdida de competitividad en el merca-do mundial, y 4) reforzamiento de la
pérdida de competitividad frente a la economía chi-na; 5) los mercados
financieros de Nueva York perderán competitividad porque no tendrán la
velocidad que sí tendrán sus contrapartes en Asia y Europa. Las protecciones
tardías no sal-van la competitividad.
La
posibilidad de un eventual acuerdo comer-cial entre EEUU y China, dadas las
condiciones actuales, es muy baja. La cuestión central es, entonces, cuánto
puede aguantar EEUU, con el déficit comercial más alto del mundo, una guerra
comercial con el exportador más importante. Por lo pronto, las empresas
es-tadounidenses han iniciado una relocalización de sus cadenas de producción:
Apple ha reubi-cado a Foxconn, una empresa clave, fuera de China, y Huawei ha
retornado la producción nacional a empresas suyas que se encontraban en el
exterior, incluso en EEUU. Para el resto del mundo es diferente, el problema
será has-ta dónde puede afectar el mercado mundial si el conflicto comercial
entre EEUU y China se mantiene y recrudeciera, especialmente en cuestiones de
comercio tecnológico.
9
Inteligencia
artificial y trabajo en América Latina
Introducción
Relacionar
el desarrollo de la Inteligencia Arti-ficial (IA) y el mundo del trabajo toca
necesa-riamente múltiples áreas de las ciencias socia-les, las humanidades y
las ciencias naturales. No es tarea fácil, entre otras, porque así como el
trabajo, la IA se analiza casi exclusivamente en términos del crecimiento de
las economías y los ingresos. Se despoja al trabajo de su carácter de
“institución forjadora de nuestra civilización” (Bourdieu, Pierre, 1996, p
89-90) y de las relaciones sociales como vehículo de realización humana. La IA
tiende a minar es-tas funciones y a deshumanizar el trabajo al limitar sus
espacios sociales. Es un debate en marcha que requiere amplia profundización.
El desenvolvimiento de la IA, como de toda evolución científica y tecnológica,
obedece a intereses bien establecidos, algunos de carác-ter militar y de
geopolítica, como la internet desarrollada a instancias y financiación militar
durante la guerra contra Vietnam, o los pro-gramas contra la malaria para la
salud de los ejércitos en las colonias, bien como estrategia corporativa para
desplazar competidores y do-minar los mercados. Pocas veces el objetivo
primigenio es el bien público, así, en el largo plazo brinde algunos. Aceptar,
sin salvaguar-dias los efectos de la IA y centrar el análisis en los trabajos
desplazados y los diagnósticos en políticas de adaptación es concebir el
desarro-llo tecnológico como un bien fatal, inmodifi-cable del crecimiento
económico.
Alicia
Puyana es doctora en economía por la U. de Oxford y profesora investigadora de
Flacso, México.
Alicia
Puyana
La
Inteligencia Artificial (IA), término acuña-do en 1956, surgió como
preocupación acadé-mica, política y de competencia industrial al terminar la
Segunda Guerra Mundial. Es un blanco móvil cambiante al ritmo de la
obso-lescencia tecnológica de máquinas, programas de cómputo, algoritmos o
apps, amén de que diversas disciplinas lo analizan desde su pers-pectiva.
La
IA comprende ya sistemas computacionales de capacidades y comportamientos de
interac-ción humana o capacidades flexibles de inter-pretar, aprender y usar
correctamente datos externos en tareas concretas. Estos procesos de IA se
agrupan en cuatro sistemas que: i) piensan como humanos. Enfoque que define
como humano el razonamiento de una máqui-na y presupone que éste se puede
conocer vía introspección o mediante experimentos psico-lógicos; ii) piensan
racionalmente. Se basan en procesos de razonamiento irrefutable, “la forma
correcta de pensar”. Parten de silogis-mos y de premisas correctas para
desarrollar notaciones definitorias de sentencias y relacio-nes; iii) actúan
como humanos. Con la “prue-ba de Turing”1 se define si una máquina actúa como
humano, si procesa el lenguaje natural, representa el conocimiento; razona o
aprende automáticamente; visualiza computacional y robóticamente; iv) actúan
racionalmente sin, necesariamente, realizar inferencias.
1 Diseñada en 1950, parte de la imposibilidad de
diferenciar entre entidades inteligentes indiscutibles y seres humanos.
10 540 mar/2019
¿Qué
tipo de Tabla
1. Categorías CIOU-08 según posibilidad de
trabajo
sustituyen?2 automatización
y nivel de calificación
Se
ha aceptado gene- CIUO-08 Nivel de calificación Posibilidad de
y salario automatización
ralmente que
los tra-
bajos realizables con 1. Directores y gerentes Alto Bajo
IA
tienden a ser: a) de 2. Profesionales
científicos e Alto Bajo
oficina, repetitivos: intelectuales
redacción de
reportes
3. Técnicos y profesionales de Alto y medio Bajo
o
elaboración de hojas
nivel medio
de
cálculo; b) conduc-
4. Personal de apoyo
ción
de taxis en carros Medio Alto
administrativo
autónomos; c) tareas
fabriles repetitivas 5. Trabajadores de los servicios
automatizadas;3 d) in- y vendedores de comercios y Bajo Bajo
formes
corporativos de mercados
ganancias, deportivos,
6. Agricultores y
trabajadores
de dietas o ejercicios,
calificados
agropecuarios, Bajo y
medio Bajo
basados
en minería de
forestales y pesqueros
datos; e) diagnósticos
7. Oficiales, operarios y
artesanos
médicos, recomenda- Alto
ciones de tratamien- de artes mecánicas y de otros Medio
tos.4 oficios
8.
Operadores de instalaciones y Medio Alto
Implicaciones
en el máquinas y ensambladores
mercado
laboral 9. Ocupaciones
elementales Bajo Bajo
Por
la naturaleza cam- 10. Ocupaciones
militares - Bajo
X. No clasificados en otra parte Bajo Bajo
biante
de la IA, si bien
Elaboración propia, basados en Clasificación
Internacional Uniforme de Ocupaciones de
es difícil calibrar su
impacto
en la dinámi- 2008 (CIUO-08). (La CIUO no arroja ni la
calificación ni el salario de cada ocupación, sí
permite clasificarlas para
este ensayo)
ca y
estructura en los
procesos
productivos y
del
mercado laboral, se innato,
necesario al crecimiento económico y
señala
la IA como determinante de la dinámica
lo asumen neutro al tipo de modelo y las polí-
del
empleo y los salarios futuros. Toman el
ticas para impulsarlo. Aceptar la neutralidad
Desarrollo
Tecnológico (DT), como un proceso
del DT ignora que se reparte disímilmente en-
2 Basado en Will a robot take your job?
https:// tre sectores y genera desigual
dinámica secto-
rial y disímil
crecimiento de la productividad y
www.bbc.com/news/technology-34066941
3 En Dongguan (China), 505 fábricas han
reempla- brechas
distributivas. Equivale a admitir que
zado
con robots unos 30,000 trabajadores. el
desempleo y la desigualdad económica son
4 Varios hospitales en Estados Unidos usan efectos fatales, no relacionados con las polí-
Watson,
la supercomputadora de IBM, para ticas
para reducir los costos de producción,
diagnosticar
y tratar diferentes tipos de cáncer alterar
los precios relativos del capital y el
y
con Visión (un software), detectan tempra- trabajo,
la función de producción y el tama-
namente
el cáncer de piel y realizan ciertas ño
y dinamismo de la demanda agregada. El
cirugías.
Shakr Makr es un barra robot desarro- desplazamiento
del trabajo por el capital no
llado
en el MIT, que hace de Barman y prepara ocurriría
si pari passu con los estímulos a las
cocktails
al gusto eliminando las ofertas rígidas.
11
Elaboración
propia con base en OIT, 2019
Gráfico
1. Distribución del empleo según ocupación por región (%)
tecnologías
se alentaran incrementos del pro-ducto iguales a la productividad y los
salarios se vincularan a ésta.
Una
de las primeras hipótesis (skill-biased te-chnological change) asumía que el DT
incre-
mentaría
los tra-bajos de mayor calificación y me-jor retribuidos, en detrimento de los
demás. Para otra, el DT reduce el costo capital, eleva la intensi-dad del
capital y la demanda de trabajo califica-do (capital–skill complementari-ty).
Hoy se exa-mina cómo la re-volución digital reemplaza traba-jadores de
califi-cación media que ejecutan tareas rutinarias, codifi-
cables
(routine-biased technological change). Todos constatan polarización del empleo,
mer-ma de empleos de media calificación y medio ingreso5 y creciente
participación de empleos en los extremos bajo y alto.6
La
Tabla 1, ilustra los resultados de la explo-ración del impacto en el trabajo en
América Latina.
Según
estimaciones de la Organización Inter-nacional del Trabajo (OIT), entre 1991 y
2018,
5 Los que realizan trabajos administrativos,
conta-bles, obreros de calificación media.
6 Según Autor (2010) en USA en el aumento de
la
polarización del empleo las décadas de 1990’s y 2000’s atribuible a la
automatización de la pro-ducción, mientras Goos, et al. (2009) encontraron
evidencia de que la tecnología profundizó la polari-zación del empleo en 16
economías europeas entre 1993 y 2006. Herrera, M et al (2019), encontraron los
mismos efectos en México.
ocurrieron
cambios significativos en la com-posición de la ocupación7 en América Latina y
el Caribe (ALyC) por tipo de trabajo desempe-ñado. Los cambios más amplios: la
caída de la participación de la ocupación 7 y el creci-miento de la 5 (gráfico
1). Son interesantes
los
contrastes en los cambios en ALyC respecto a América del Norte (AN) y Europa
Occidental (EO) (gráfico 1): AN y EO tienen una distribu-ción ocupacional más
equilibrada (sobre todo en 1991), mayor la participación de las ocupa-ciones 1,
2 y 3 (sobre todo en 2018) y menor peso de la categoría 7, la más robotizable.
Si
bien en las 3 regiones se profundizó la po-larización laboral entre 1991 y
2018, los cam-
7 Las personas en ocupación, o personas
ocupa-das, aquellas en edad de trabajar que, durante un período corto,
realizaban alguna actividad producti-va o de servicios por remuneración o
beneficios. Las personas ocupadas son las ocupadas y «trabajando», que laboraron
al menos una hora, y ocupadas pero «sin trabajar» debido a una ausencia
temporal o por disposiciones sobre el ordenamiento del tiempo de trabajo
(trabajo en turnos, horarios flexibles y licen-cias compensatorias por horas
extraordinarias) (OIT, 2019).
12 540 mar/2019
Gráfico
2. Cambio en la participación porcentual de la ocupación, 1991-2018 vidad 6, y a pesar
(puntos
porcentuales) de que
ésta dis-
minuyó considera-
blemente durante
el periodo 1991-
2018, en 2018 si-
guió
su predomi-
nio (excepto en
Argentina). Brasil,
Chile, Colombia y
México registraron
un crecimiento
importante en la
participación en la
ocupación 5, que
se consolidó como
la segunda más
Elaboración
propia con base en OIT, 2019 amplia en
2018.
bios
importantes en el caso de ALyC se regis-traron a la baja en la ocupación 7 y al
alza en las ocupaciones 5 y 2, mientras que el resto de las ocupaciones
presentaron en 2018 niveles de participación casi similares a los de 1991 (ver
gráfico 2). Llama la atención que, a dife-rencia de AN y EO, en ALyC no se
presentaron caídas en la participación de las ocupaciones 4 y 8, atribuible a
baja penetración de tecnolo-gía sustitutiva de trabajo a relocalización del
empleo a la maquila.
En
efecto, la relocalización de los empleos, efecto del DT se vincula con la
apertura de las cuentas comercial y de capital que impulsaron las tareas
rutinarias, realizables en cualquier localización y por trabajadores menos
cali-ficados y a salario bajos, (autor, 2010).8 Es asumible que la reducción de
la 4 y 8 en AN y EO resultara de la automatización y por relo-calización a
países en desarrollo, como ALyC, y pudieron estabilizar las ocupaciones 4 y 8
en la región.
Los
cambios por país (gráfico 3), sugieren que, en 1991, Argentina, Brasil, Chile,
Colombia y México tuvieron mayor ocupación en la acti-
8 Por ejemplo, empleos de procesamiento de
facturas, data entry, declaraciones de impuestos y tareas de ensamblaje.
Muchos trabajos
anuncian
grandes cambios ocupacionales al-
rededor
del mundo, en base a los avances en
Aprendizaje
Automático (Machine Learning,
ML),
que incluye Minería de Datos, Visión Ar-
tificial,
Estadística Computacional, Robótica
Móvil
(Mobile Robotics, MR). En efecto, en
una
o dos décadas un 47% del empleo actual
en
Estados Unidos, podría reemplazarse, ele-
vando
la polarización salarial y la desigualdad.
Hacia
el 2055, sería automatizado al menos el
30%
de las tareas en 60% del total de ocupa-
ciones
en la OCDE y en Estados Unidos, según
McKinsey
Global Institute (2017); y el Boston
Consulting
Group predice que para 2025, el
25%
del empleo sería reemplazado por soft-
ware
inteligente o robots en el Reino Unido.
No
obstante, algunos efectos de la digitali-
zación
ya agravan la precarización del em-
pleo:
en efecto “los sitios web de trabajo en
plataformas
de micro-tareas y el trabajo con
aplicaciones
de la economía de plataformas
podrían
recrear prácticas laborales que se re-
montan
al siglo XIX y futuras generaciones de
«jornaleros
digitales»” (OIT, 2019b, pág. 18).
Lo
cual demanda garantizar plena protección
social
y derechos laborales.
Arntz
et al (2016) consideran que se tiende a sobreestimar la posibilidad de
automatización de los trabajos al suponer que el conjunto de
13
Elaboración
propia con base en OIT, 2019
Gráfico
3. Distribución del empleo según ocupación por país (%)
actividades
de un empleo y no acti-vidades concretas son sustituibles, tampoco ciertas
cualidades
del trabajo, por ejem-plo, las habilida-des de comunica-ción e inteligencia
emocional, (ro-bot-proof skills), ausente en los robots, como lí-mite de la
susti-tución del traba-jo. Se asume que esas cualidades definidas
histó-ricamente como femeninas se de-sarrollarán, ele-vando la parti-
cipación
laboral femenina, el producto y los ingresos. Dado el cambio etario en los
países desarrollados, la mano de obra femenina en los en desarrollo, supliría
la demanda en ac-tividades del cuidado. Dada la heterógenea estructura
económica de los países, el margen de sustitución es variado, por lo que se
impo-nen análisis finos según los contextos particu-lares. Para países en
desarrollo, como ALyC, por los costos de la tecnología de punta, la velocidad
de la penetración del DT es más li-mitada que en la OCDE.
Por
todo lo anterior, se enfatiza la urgencia de tasar la IA en función de la
naturaleza socia-lizante del trabajo y del ser humano y de las connotaciones
morales de ésta y no restringir-la a los factores cuantitativos del crecimiento
y, en aras de la competitividad empresarial, aceptar prima facie, cualquier
tecnología que reduzca costos productivos.
Agradezco
a Mónica Santillán, Doctora en Economía por la UNAM su valiosa asistencia, sin
la cual este trabajo no hubiera visto luz. Las omisiones y errores son mi
responsabilidad exclusiva.
Bibliografía
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Herrera,
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Trayectoria durante 1987-2015”, en Puyana, A. y Rojas, M, Editores. (2019)
Desigualdad y deterioro de las condiciones laborales. Un círculo vicioso en
América Latina, FLACSO, México en imprenta
OIT.
(2019). ILOSTAT Database.
OIT.
(2019b). Trabajar para un futuro más promete-dor. Ginebra.
14 540 mar/2019
Países
en desarrollo y sus datos nacionales
Hay
dos maneras de ver la economía digi-tal.
Una es simplemente como la progre-siva automatización de los procesos de
pro-ducción, que ha estado en marcha durante muchos años y que ahora está
alcanzando un nivel inédito. Otra es verla como una discon-tinuidad distinta,
como lo fue la revolución industrial.
Esta última, a pocas décadas de algunos rápidos cambios
tecno-económicos, inicia un proceso que reforma nuestros siste-mas económicos,
sociales y políticos durante los siglos XIX y XX. Si bien la colonización del
Sur había comenzado antes, fue la industria-lización la que la consolidó como
un sistema económico global de extracción de recursos minerales de los países
en desarrollo y de ven-ta a éstos de productos manufacturados, ob-teniendo un
beneficio neto que originaba una
acumulación
continua de capital.
Este
proceso económico global de capital in-dustrial basado en el Norte, que extrae
la mayor parte del valor económico, ha sido un factor clave de las
desigualdades geo-econó-micas. Permanece incluso después de que los países
colonizados obtuvieran la independen-cia política, que se conoce como
neocoloni-zación. Durante la última parte del siglo XX, el control de las
cadenas de valor mundiales se da cada vez más a través de la posesión de la
propiedad intelectual. Al tiempo que gran parte de la industria manufacturera
se trasla-da a centros de mano de obra de bajo costo en el Sur.
Parminder
Jeet Singh es integrante de IT for Change, India, y de la Coalición Just Net.
Parminder
Jeet Singh
La
deliberada invisibilidad del valor económico de los datos
Lo
que está sucediendo ahora es que el ca-pital digital –que consiste en
competencias para recopilar y procesar datos, y convertir-los en inteligencia
digital– está reemplazan-do a la propiedad intelectual en la cima de las
cadenas de valor mundiales. Seis de las ocho principales empresas mundiales por
ca-pitalización bursátil son, hoy en día, empresas digitales y de datos, cuando
hace una década esta lista estaba dominada por gigantes indus-triales como GE y
Exxon. No sólo el nivel de dominación, sino también la velocidad con la que las
empresas digitales y de datos lo han logrado, son igualmente ilustrativas del
poder de lo digital y de los datos. Hasta las gigantes de la industria, la
agricultura y la informática, como GE, Monsanto-Bayer e Intel, se declaran
empresas centradas en datos. Hoy, las princi-pales empresas automovilísticas
temen menos la competencia entre ellas y más que Google o Apple puedan dominar
incluso el sector del transporte, dadas sus destrezas digitales y manejo de
datos.
¿Por
qué, cuando las salas de juntas de todas las empresas parecen estar totalmente
preocupadas con el valor económico de los datos, las discusiones sobre
políticas eluden este tema casi por completo? Este tema es, en efecto, difícil
y complejo, por muy impor-tante que sea. Pero quizás lo más significati-vo es
la economía política que está detrás del hecho de que no se lo tome con la
seriedad que requiere. Las potencias económicas y po-líticas del Norte –que
también controlan gran parte del relato digital a través de su financia-
15
ción
y otros tipos de influencia sobre los gru-pos de expertos, los centros de
investigación académica, etc.– tienen una resistencia activa a discutir este
tema. La norma actual por de-fecto es que quien recoge los datos se apropia de
todo su valor económico. Como dicen, “la posesión es el 90% de la ley”. Es esta
ley de la selva la que opera actualmente en lo que se refiere al valor
económico de los datos, a medida que es reconocido casi universalmente como el
recurso central de la economía digi-tal. Las empresas estadounidenses recopilan
y procesan la mayor parte de los datos del mundo en la actualidad y, por lo
tanto, están extrayendo miles de millones y billones de dó-lares de todo el
mundo. La UE y otros socios de EE.UU. miembros de la OCDE han optado por
seguirle el juego como fieles miembros del club de los países ricos.
El
Norte quisiera que el valor económico de los datos permanezca invisible, o que
(como en el caso de la UE) se vea ocultado por deba-tes restringidos a la
privacidad. En el mejor de los casos, con reticencia aceptan abordar la
propiedad individual de los datos e incluso la idea muy poco práctica de
monetizar dicha propiedad individual. Los estudios académi-cos del Norte han
permanecido casi totalmen-te confinados a estas áreas. Quiérase o no, esto ha
servido a los intereses digitales domi-nantes a nivel mundial para ganar tiempo
y protección para afianzar sus modelos de ne-gocio y su dominio económico
global. Pronto se convertirá también en dominación social, política y cultural.
Los países en desarrollo observan impotentes este futuro que parece inevitable.
Los estudios y la incidencia políti-ca por parte de la sociedad civil en el Sur
han aportado poco en este sentido, puesto que también siguen centrados en temas
de priva-cidad y propiedad individual de los datos.
Más
allá de la privacidad y demás demandas individuales de datos
Por
supuesto que no sería ni lógico ni pragmá-tico negar o menoscabar la
importancia de la privacidad. Los derechos civiles y políticos de
los
individuos, y la soberanía sobre su persona y su espacio vital, constituyen la
base misma de la vida civilizada. Pero al mismo tiempo, los datos, y la
inteligencia digital derivada de ellos, son el insumo base de una econo-mía
digital. El funcionamiento autónomo e inteligente de los procesos de producción
y otros sistemas sociales proporciona nuevas e inmensas eficiencias y
beneficios, al igual que lo hizo la mecanización para la revolución
in-dustrial.
En
primer lugar, se debe tomar colectivamente una decisión social y política sobre
qué tipos de datos no se deben producir y/o procesar, en absoluto, porque la
ventaja con respecto a un posible daño puede ser demasiada exigua. Pero la
decisión tiene que ser pragmática, en función del interés público más amplio.
Por ejemplo, es fácil decir que nunca se debe re-copilar datos de localización,
pero los siste-mas de transporte digital, como los servicios de viajes en
automóvil (incluso si son de la variedad cooperativa), no pueden funcionar sin
tales datos. Ciertos tipos de discurso de “negación de datos”, o de que “todos
los da-tos son tóxicos”, son quizás similares a los an-helos poéticos en la
Europa del siglo XIX por la pureza de la vida preindustrial (y hasta mucho más
tarde en los países colonizados). Tales reflexiones y literatura tienen un gran
valor. Sin embargo, las consideraciones económicas, especialmente las que
afectan al destino eco-nómico, político y social a largo plazo de los países,
también requieren ir más allá de ello. Incluso cuando se toma una decisión de
“no recoger ni procesar” ciertos tipos de datos, siempre habrá una gran
cantidad de datos – personales, sociales, de artefactos y natura-les– que será
necesario recoger y procesar, y de allí extraer la inteligencia digital.
Los
marcos económicos en torno a los datos deben mirar más allá de la privacidad.
Los da-tos son la materia prima de la economía digi-tal. El producto final es
la inteligencia digital, que es lo que tiene un valor económico real. Gran
parte de esa inteligencia, derivada de datos sobre personas, grupos y
comunidades, es básicamente “inteligencia sobre ellos”:
16 540 mar/2019
qué
hacen, cómo lo hacen, qué relaciones mantienen, probabilidades de
comportamien-to futuro, etc. A diferencia de lo que ocurre en el marco de la
privacidad, donde el lema es casi “no obtendrán ningún dato mío”, en una
economía digital muchas personas encuentran que tales datos y la “inteligencia
sobre ellas” les es útil, en manos de actores benignos que les ofrecen
servicios extremadamente bene-ficiosos. Éstos pueden ir desde servicios
di-gitales personales –que pronto serán del nivel de asistente digital– hasta
todo tipo de servi-cios relacionados con el transporte, la salud, la educación,
los medios de subsistencia, el comercio, etc. Ya sabemos que la inmensa mayoría
de las personas valoran enormemen-te estos servicios y se negarían a renunciar
a ellos. De hecho, empleados adecuadamente, podrían contribuir en gran medida
al bienes-tar humano, en un orden comparable al de la industrialización.
Por
lo tanto, la cuestión clave de la economía digital no es negar completamente la
entrega de los datos y la “inteligencia sobre uno mis-mo” (aunque algunos tipos
sí tendrían que ser simplemente negados). Se trata de (1) com-partirla sólo con
agentes de confianza que uti-lizarán dichos datos únicamente en beneficio de la
persona, y (2) mantener el control sobre cómo se utilizan. Es ese control el
que puede expresarse en términos de ser dueño de los datos propios y de la
“inteligencia sobre uno mismo”.
El
carácter de activo económico de los datos propios y de la inteligencia digital
de una per-sona es, por lo tanto, diferente de las cosas físicas, o incluso de
buena parte de la propie-dad intelectual, en el sentido de que estos últimos
pueden ser totalmente disociados y separados del lugar/creador/dueño original,
y su valor económico sigue subsistiendo “en sí mismo”. Por lo tanto, tiene
sentido ven-der bienes físicos o propiedad intelectual que uno/a pueda poseer.
Sin embargo, los datos y la inteligencia digital sobre un individuo o un grupo
tienen valor económico, principalmente al aplicarse a ese individuo o grupo en
parti-cular. Esto significa que su valor económico
no
puede ser nunca desprendido completa-mente del individuo/grupo en cuestión. Por
lo tanto, nunca es prudente vender datos o inteligencia sobre uno mismo. El
comprador de tales datos simplemente cobraría esa can-tidad al vendedor de
datos en dinero u otro tipo de costo de los servicios basados en da-tos que
proporciona. El comprador también se consideraría entonces plenamente
autori-zado a emplear la información resultante de la manera que mejor le
convenga, lo que, por la propia naturaleza de dicha información, es probable
que sea a expensas de la persona o el grupo que inicialmente proporcionó los
datos en cuestión, y a quiénes se refieren estos da-tos. Nunca podrá ser un
acuerdo beneficioso.
Propiedad
colectiva o comunitaria de los datos
Por
lo tanto, lo que realmente debería inte-resar a cualquier persona no es
monetizar los datos y la inteligencia digital sobre sí mis-ma, sino asegurarse
de que siempre se utili-cen de una manera que sea beneficiosa para ella. Las
numerosas iniciativas relacionadas con la monetización de los datos, incluida
una propuesta reciente del Gobernador del Esta-do de California en los EE.UU.,
de “dividendo digital”, son poco útiles, aparte de enturbiar aún más el debate
sobre la propiedad de los datos y su aplicación con sentido. Incluso la
monetización colectiva de los datos por parte de grupos y comunidades tiene un
sentido li-mitado si significa que el comprador obtenga derechos casi absolutos
para utilizar esos da-tos y la inteligencia resultante, para controlar y
explotar esos grupos y comunidades. Así de extremo es el tipo de poder que los
datos y la inteligencia digital ponen en manos de quie-nes los poseen. (Por
cierto, las empresas di-gitales que obtienen super ganancias deben, sin duda,
estar sujetas a impuestos adecua-dos, pero esto es distinto de la monetización
colectiva de los datos).
En
cuanto a la verdadera cuestión de poder garantizar que los datos y la
inteligencia digi-tal se empleen de acuerdo con los intereses de
17
quien
los proporciona, hay dos problemas in-terrelacionados. Existe una asimetría de
po-der extremadamente alta entre los individuos y las corporaciones digitales,
y expectativas completamente irreales de responsabilidad y mérito personal. Es
prácticamente imposible que los individuos emprendan esta tarea por sí mismos;
eso todos lo sabemos muy bien por la experiencia de varios años. Esto significa
que sólo el colectivo, que es lo suficientemente fuerte como para actuar de
manera fructífe-ra, puede garantizar que los datos y la inteli-gencia digital
sobre sus miembros se utilicen en su propio interés, y nunca de otro modo. Esto
establece la razón de ser de la propiedad colectiva o comunitaria (incluyendo
la comu-nidad nacional) de los datos y la inteligencia digital sobre los
miembros de un determinado grupo, comunidad o nación.
La
justificación de la propiedad colectiva de los datos se ve reforzada por
algunos hechos importantes. Gran parte del valor de los datos no está en los
datos individuales per se, sino en las relaciones entre los datos de diferentes
personas y grupos. Por lo tanto, este valor está ubicado socialmente. La
protección de datos personales sólo está disponible para los datos de
identificación personal. Pero supon-gamos que haya ciertos datos sobre algunas
personas que viven en una aldea, aunque es-tén anonimizados en relación con las
personas concernidas por separado. Estos datos comu-nes sobre lo que hacen y
cómo, sus preferen-cias, relaciones, etc. pueden ser utilizados para
beneficiarlas o perjudicarlas, indepen-dientemente de si dicho perjuicio o
benefi-cio es aleatorio con respecto a cuál de estas personas resulte
perjudicada o beneficiada en un momento dado. No hay ninguna razón que impida
que estos individuos como grupo estén justificados para poseer y controlar
juntos el uso de datos e inteligencia sobre ellos, de la misma manera que un
individuo lo hace por separado sobre sí mismo. Los posibles daños o beneficios
para las personas son casi igual de grandes. Por lo tanto, un grupo de
perso-nas debería poder poseer colectivamente los datos sobre ellos. Además,
aunque no estén personalmente identificables, muchos tipos
de
derivados de inteligencia a partir de datos tienen un enorme valor económico.
Es lógico que a quienes se refieren los datos originales, y que se puede
considerar que han contribuido a su generación, tengan un interés en su valor
económico.
Se
pueden dar muchos ejemplos que justifi-quen esta propiedad colectiva o
comunitaria de los datos. Es justo que los habitantes de una ciudad sean dueños
de los datos de des-plazamiento en la ciudad, y, por ejemplo, que no tengan que
recomprarlos a empresas digi-tales como Uber o Google para emplearlos en la
gestión inteligente del tráfico. Los agri-cultores deberían poseer
colectivamente los datos sobre sus campos, prácticas agrícolas, suelo local,
condiciones climáticas, etc., y no permitir que las empresas digitales utilicen
la inteligencia de esos datos para dictarles qué hacer unilateralmente. Y así
sucesivamente, prácticamente en todos los sectores.
La
geo-economía de los datos
Si
bien, al menos en la UE, se habla mucho en torno a los datos, y también sobre
diversos tipos de explotación por parte de las empresas de datos, se tiende a
ver el problema desde un marco de “empresas frente a consumido-res”. Esto
centra toda la atención en (1) la privacidad / propiedad personal de los datos
y
(2) la regulación de las plataformas, áreas
en las que se trabaja mucho en Europa. La UE no está tan interesada en el
aspecto geoeconómi-co de la dinámica entre países de la economía digital
mundial, porque quiere hacerle el jue-go a EEUU para mantener el dominio del
Norte sobre la economía mundial, incluso a medida que ésta se convierte en
digital. (Aunque, in-ternamente, la UE sigue siendo muy ambigua sobre el tema
porque se encuentra marginada de la economía mundial digital/de datos, casi
tanto como el Sur).
En
un contexto en el que sus economías digita-les en formación nacen en su mayoría
con ca-rácter mundial y siguen estando bajo la fuerte influencia, sino bajo
control, de corporacio-
18 540 mar/2019
nes
globales con sede en Estados Unidos, los países en desarrollo tienen
actualmente muy poca influencia para la autodeterminación económica en esta
área crucial. Para ellos, el primer paso político más importante sería
instituir la propiedad de los datos por parte de la comunidad (incluida la
comunidad na-cional), junto con las políticas, leyes y prác-ticas derivadas de
dicho marco. Esto por sí solo proporcionará el espacio económico, le-gal y
reglamentario –o podríamos decir la ar-cilla– necesario para comenzar a dar
forma a las economías digitales nacionales que mejor sirvan a los intereses de
sus ciudadanos, al tiempo que se maximicen las eficiencias digi-tales sin
precedentes y otros beneficios. Así como la industrialización requirió de
políticas económicas claras y consistentes, los países en desarrollo necesitan
las correspondientes políticas de industrialización digital para la era
digital.
Las
potencias económicas y políticas domi-nantes en el ámbito digital tienen mucho
in-terés en evitar que los países en desarrollo se den cuenta de la necesidad
de ser dueños de sus datos y, por lo tanto, de regular su libre circulación
mundial. Están empeñados enér-gicamente en insertar capítulos de comercio
electrónico en varios acuerdos comerciales mundiales. En la reciente reunión
anual del Foro Económico Mundial en Davos, en enero de 2019, anunciaron el
inicio de negociacio-nes sobre el comercio electrónico en la OMC sobre una base
plurilateral. El objetivo más importante, declarado abiertamente por sus
protagonistas, es garantizar la libre circula-ción global (léase apropiación)
de los datos. Si bien la mayoría de los países en desarrollo se quedaron al
margen, no pocos han caído en la tentación de estas negociaciones, con la
esperanza de que, como en cualquier caso tie-nen poco conocimiento del fenómeno
digital, estos acuerdos potenciales puedan ayudarles a desarrollar sus
economías e industrias digi-tales nacionales. La verdad es exactamente lo
contrario. Estos países se quedarán per-manentemente en el punto más bajo de
las cadenas de valor digital mundiales. Mediante el uso de sus datos y de la
inteligencia digi-
tal
derivada de ellos, todos sus sectores serán controlados digitalmente desde el
Norte, prin-cipalmente desde EEUU. Su propio pueblo y sus empresas se verán
relegados a realizar los trabajos de gama baja de fabricación tercia-rizada, de
logística, servicios locales baratos, mano de obra digital a destajo como el
etique-tado de imágenes, codificación de software, etc., y la mayor parte del
valor económico se extraerá hacia el Norte global. Equivale a una reedición de
la colonización industrial, quizás incluso peor.
Es
importante destacar que la dependencia de quien posee y controla la
inteligencia digital referida a un pueblo –sus actividades econó-micas,
políticas y sociales– es tan completa y ruin que, una vez atrapada en ella,
será casi imposible que una comunidad o nación pueda salirse. La analogía más
cercana tal vez sea la de la dependencia del cuerpo del cerebro. Si el cerebro
está controlado por intereses externos, queda poco que se podrá hacer al
respecto.
Explorando
caminos alternativos
Afortunadamente,
en los países en desarrollo están surgiendo algunas iniciativas positivas. La
India dio recientemente el primer paso ha-cia una estrategia de
industrialización digital al instituir el concepto de “datos comunita-rios” en
su proyecto de política de comercio electrónico1. Se lo ha puesto a disposición
del público para su consulta. La política sostiene que las comunidades son
dueñas de sus datos y que los datos nacionales son un activo sobe-rano que debe
emplearse para el propio desa-rrollo de un país. Argumenta a favor de
pro-porcionarlos selectivamente a las industrias nacionales y en contra de
permitir el acceso irrestricto a los mismos por parte de compa-ñías extranjeras
en el exterior. Se espera que esto ayude a desarrollar una industria y una
economía digital nacional sólidas. La política prevé la creación de marcos
jurídicos y técni-cos adecuados para estos fines.
1 https://dipp.gov.in/sites/default/files/DraftNational_e-commerce_Policy_23February2019.pdf
19
Podemos
esperar que otros países en desa-rrollo comiencen pronto a adoptar medidas
similares, y algunos de ellos ya han iniciado conversaciones internas al
respecto. Sin em-bargo, instituir la propiedad comunitaria de los datos y
desarrollar los marcos legales ne-cesarios es apenas un primer paso acertado.
Los países en desarrollo tendrán que crear una serie de nuevas instituciones
reguladoras y ha-bilitadoras relacionadas con los datos, por una parte, y
muchos tipos de infraestructura de datos y sistemas y proyectos de datos
comuni-tarios, por otra.
El
hecho de que un país sea dueño de sus datos nacionales no significa en absoluto
que el Es-tado obtenga un acceso libre a esos datos para controlar a sus
ciudadanos. Ello presenta una imagen aterradora de un estado autoritario de
datos, una tendencia que muchos gobiernos han estado mostrando en gran medida.
Sin embargo, tampoco se puede permitir que este peligro y este argumento se
empleen para ne-gar a las personas, las comunidades y las na-ciones su
independencia económica digital, su agencia y su desarrollo socioeconómico.
Esta es una trampa en la que muchos caen, incluso en el Sur. Entrar en un modo
de ‘negación de la economía digital’ sería muy peligroso para los intereses de
los pueblos de los países en
desarrollo.
Aquí, las lecciones históricas de la industrialización son, una vez más,
instruc-tivas.
Lo
que se necesita es algún tipo de nuevo con-trato social en torno a los datos,
expresado en el constitucionalismo de los datos, que consista en derechos
fundamentales relacionados con los datos, así como en disposiciones legales
ha-bilitantes. Se necesitan urgentemente muchas nuevas instituciones
relacionadas con los da-tos, que este artículo no alcanza para ahondar.
Mientras tanto, el desarrollo de las políticas de propiedad e infraestructura
comunitaria de los datos, por un lado, y la creación de marcos de protección de
datos y privacidad, por otro, son dos pasos iniciales importantes. Éstos deben
considerarse complementarios y no antagónicos entre sí. El proyecto de ley de
protección de datos de la India2 y los elementos relacionados con los datos de la
comunidad en el proyecto de política de comercio electrónico3 destacan y
expresan dicha complementariedad. (Traduc-ción ALAI)
2 https://www.medianama.com/wp-content/
uploads/Personal_Data_Protection_Bill2018.pdf
3 https://dipp.gov.in/sites/default/files/
DraftNational_e-commerce_Policy_23February2019.
pdf
20 540 mar/2019
El
crecimiento exportador en América
A lo
largo del Siglo XX la mayor parte de los
países americanos siguieron
sendas de crecimiento similares. Por ejemplo, entre
1890
y 1914, después de la larga depresión de 1872 a 1890, gozaron de un período de
cre-cimiento y expansión del bienestar de la po-blación, en parte explicado por
el auge de los precios de las materias primas que exportaban en volúmenes
crecientes. En muchos países surgió una burguesía nacional manufacture-ra y de
servicios moderna a la par de la Be-lle Époque. Esa modernización primera fue
acompañada, no obstante, por el predominio de las oligarquías ligadas a la
tierra y los re-cursos naturales, proclive a emprender nego-cios asociados con
el capital extranjero. La Primera Postguerra provocó inestabilidad de la
economía mundial y las economías america-nas experimentaron recesiones más o
menos severas, más o menos prolongadas, en función también del tamaño del
sector externo en la economía nacional que duró hasta mediados de los años
1920.1
Sin
embargo, tanto el auge de la preguerra como las dificultades de la entreguerra
dieron lugar al proteccionismo estadounidense a partir de 1921, y sirvieron
como barreras proteccionistas para las industrias nacionales. El crecimiento
manufacturero de los años 20 y 30 amortiguó en varios casos la recesión
externa, mientras que los índices de sustitución de importaciones au-mentaron
significativamente y diversas leyes de
1 L. Bértola y J. A. Ocampo. El Desarrollo
Eco-nómico de América Latina desde la independencia, México, FCE 2013.
Fidel
Aroche Reyes, UNAM aroche@unam.mx
Fidel
Aroche Reyes
promoción
industrial fueron emitidas en diversos países. Así, la ley de industrias del
Perú de 1940 es de las últimas en ser emitidas en esa serie de promoción en la
región. Argentina, Uruguay y Chile son de los primeros en torno a 1920. Mé-xico
tuvo la ley de Industrias de Transformación, en 1941 como corolario a una serie
de medidas de fomento industrial emitidas desde el final de la revolución.
La
Segunda Guerra Mundial fue un tercer mo-mento de crecimiento industrial y hacia
la II Posguerra la mayor parte de los Estados adop-taron francas políticas de
promoción industrial, asociadas al informe de CEPAL de 1949. Como resultado, el
crecimiento económico fue gene-ralizado y se entró en los llamados “años
ma-ravillosos”. Era parte del sentido común entre los economistas que el
desarrollo económico implicaba industrializar a los países, de modo que la
población gozara de empleo formal, in-gresos altos y mayor bienestar. La
industria, además, es el sector con la mayor capacidad de generalizar el
crecimiento del sistema eco-nómico entero.
Hacia
los años 1970s sin embargo, se generali-zaron las críticas a estas políticas y
a los apa-ratos productivos a los que habían dado lugar. Un argumento repetido
alude a la incapacidad de los industriales de exportar y competir en los
mercados internacionales. En muchos ca-sos, la producción era altamente
dependien-te de las importaciones de bienes de capital. Por otra parte,
considerables segmentos de la producción manufacturera estaban dominados por
empresas multinacionales, lo cual implica-ba una fuerte dependencia
tecnológica, si se considera que los diseños de los bienes y las
21
marcas
eran de propiedad de éstas. No obstan-te, los historiadores económicos han
llamado la atención al hecho de que para entonces ya existían exportaciones
crecientes de manufac-turas, si bien no eran predominantes.
Durante
los años 1970, diversos países mos-traron dificultades para continuar con los
pro-cesos de industrialización con el crecimien-to sostenido, sin embargo. La
inflación y los problemas de balance de pagos que surgieron tras el fin de
Bretton Woods en 1971, fueron ganando terreno. La realidad parecía dar la razón
a los críticos del crecimiento por la in-dustrialización. Argumentaban que era
nece-sario redirigir al aparato productivo hacia sec-tores donde las economías
fueran capaces de competir. La llamada “crisis de la deuda” de los primeros
años 1980 justificó generalizar las políticas de estabilización y las “reformas
es-tructurales” con el efecto de desmantelar los aparatos de promoción
industrial y promover el crecimiento exportador de las economías. Las
Instituciones Financieras Internacionales (IFIs) tuvieron un papel activo en el
diagnóstico de las economías y la adopción de tales reformas como soluciones.
El alza abrupta de la tasa de interés estadounidense a su record histórico en
1981 y el impacto de eso sobre el precio de las materias primas fue dejada de
lado de los análisis sobre la marcha de las economías ame-ricanas. Un resultado
importante de éstas fue la reorientación de los aparatos productivos en los
distintos países, que buscan exportar más como muestra del éxito de las
reformas.
Puede
hablarse ahora de al menos dos tipos de crecimiento exportador, el primero,
asociado con la formalización de Tratados de Libre Co-mercio (TLC) con los EEUU
y Europa y la ex-portación manufacturera, que corresponde con América Central,
México y la cuenca del Cari-be. Estos países exportan mano de obra barata
esencialmente. El segundo, está asociado con la exportación de materias primas,
que corres-ponde más a los países de América del Sur. En algunos casos la
adopción de estas estrategias de promoción exportadora ha llevado al
creci-miento por algunos períodos relativamente lar-gos (Chile); en otros, como
en México, el auge
exportador
se acompaña con el estancamiento de la economía.
En
efecto, durante los años 1990 y 2000 los países de América del Sur
experimentaron al-tas tasas de crecimiento, cuando la demanda era financiada
por los elevados precios de las materias primas en los mercados
internaciona-les. En la Argentina, el Brasil, Bolivia y el Uru-guay, por
ejemplo, los gobiernos de entonces adoptaron también políticas de distribución
del ingreso y de fortalecimiento del mercado inter-no; Colombia, Chile y el
Perú continuaron con políticas más ortodoxas. Salvo en Paraguay, Bolivia y el
Perú, la contracción de los precios de las materias primas significó el fin del
auge exportador. Además de ello, las políticas eco-nómicas han adoptado un
cariz más ortodoxo y pro-cíclico.
Al
calor de las reformas estructurales, como ya se ha dicho, diversos países
centroamericanos y caribeños,como Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Puerto
Rico, República Dominicana y Mé-xico, han abierto sus economías, promoviendo la
inversión extranjera y el establecimiento de plantas encargadas de la
manufactura de seg-mentos productivos intensivos en mano de obra poco
calificada (maquila). Este desarrollo se basa en la existencia previa de bases
industria-les que se reorientaron a las nuevas activida-des. De acuerdo con las
cuentas nacionales, sin embargo, las exportaciones de estos países han dado un
giro hacia la industria manufactu-rera y en algunos casos, como México, se
tra-ta de actividades intensivas en alta tecnología que han mostrado crecimientos
extraordinarios de las exportaciones.
Mirando
más de cerca, estas exportaciones per-tenecen a lo que se llama “cadenas
globales de valor”, es decir, se trata de producciones que importan casi la
totalidad de sus compo-nentes con el fin de reexportar buena parte de los
bienes producidos. Es decir, se añade mar-ginalmente valor a estas producciones,
aún si se trata de la última fase de la cadena de pro-ducción, como el ensamble
final y el empaque. Estas cadenas productivas, por supuesto, están
22 540 mar/2019
controladas
por em- Exportaciones de bienes y
servicios / PIB
presas multinacio-
1990- 1995- 2000- 2005- 2010- 2015-
nales responsables
1994 1999 2004 2009 2014 2016
de
la gestión de las
marcas,
los diseños y Paraguay 38,0% 45,2% 37,7% 47,4% 54,8% 52,2%
la
distribución de los
Bolivia 20,8% 18,7% 20,9% 28,8% 42,9% 38,6%
bienes
en los merca-
Costa Rica 33,6% 40,7% 46,0% 47,6% 34,3% 35,6%
dos mundiales, los
México 14,3% 22,6% 28,1% 31,1% 31,4% 34,7%
segmentos
producti-
vos
más rentables. Chile 26,7% 28,4% 33,1% 33,1% 36,5% 33,5%
Tanto
en el caso del Ecuador 31,5% 35,5% 35,6% 37,6% 27,2% 26,7%
Perú 13,6% 13,6% 17,6% 21,7% 26,2% 24,3%
modelo de reprima-
Argentina 7,3% 9,8% 12,5% 14,3% 17,7% 16,2%
rización de
las ex-
Colombia 15,4% 14,8% 16,7% 17,3% 16,6% 15,6%
portaciones
sudame-
ricano como
en el Brasil 7,9% 8,4% 11,6% 13,5% 10,6% 11,9%
de
las exportaciones Fuente:
obela.org
de manufacturas en
América Central y de los bienes que
ensamblan. En síntesis, en
México,
sin embargo, se trata de producciones este
modelo las exportaciones manufactureras
poco
relacionadas con la economía interna de
tampoco tienen posibilidades de constituirse
en
cada
país. En particular, no se crean encadena-
motores del crecimiento. Así el peso de las
ex-
mientos
hacia adelante y aquellos hacia atrás
portaciones en el PIB crece, pero el PIB no
crece
son
muy reducidos dado que los bienes de capi-
gran cosa en términos per cápita.
tal
fijo y circulante son mayormente importa-
dos. Los bienes primarios evidentemente son La historia muestra que el crecimiento
econó-
intensivos
en recursos naturales y no siempre
mico sostenido es un resultado de las estrate-
demandan
cantidades significativas de traba-
gias y las políticas que tienen ese objetivo.
Este
jo,
como es el caso de los minerales. Si las
no es un fenómeno que las fuerzas del mercado
empresas
productoras son extranjeras, buena
produzcan en libertad porque los agentes pri-
parte
del valor agregado se exporta al igual que
vados no se plantean este objetivo, concen-
los
bienes. Por estas razones, difícilmente
los
trándose en sus propios intereses. Es
necesario
sectores
exportadores se pueden convertir en
que un ente regulador sea quien oriente los
es-
motores
del crecimiento.
fuerzos hacia el crecimiento, dando incentivos
En
el caso del modelo exportador de manufac- positivos
y negativos para la actividad privada,
al tiempo que la complementa. Si se revisa la
turas,
como parte de las cadenas de valor, las
historia de los países hoy desarrollados, en
to-
plantas
ensambladoras de bienes para la expor-
dos los casos aparece el Estado como un actor
tación
no crean encadenamientos hacia atrás o
fundamental de los procesos de crecimiento y
hacia
delante, dado el carácter “internacional”
de desarrollo, ya sea mediante la intervención
de
las actividades que importan la mayor parte
directa en la economía, como productor de
de
sus insumos y los bienes de capital empleados
bienes –por ejemplo– o como responsable de la
y
exportan el grueso de la producción. Por otra
política económica. Por último, la historia de
parte,
una condición de este desarrollo es la
los modelos de crecimiento exportador recien-
presencia
de salarios reducidos que rentabilizan
temente puestos en práctica en América, son
la
inversión, justificados por la escasa producti-
resultado de la política económica practicada
vidad
del factor trabajo, producto de la misma
por Estados imbuidos de retóricas no interven-
naturaleza
de las actividades. Ello, sin embar-
cionistas, pero –finalmente– dando pauta a la
go,
implica que el consumo de estos trabaja-
senda de las economías.
dores
es reducido. No son el mercado objetivo
23
Tendencias
regionales e impactos en México:
La
industria del automóvil América del Norte
En
los albores del siglo xx, la fabricación de automóviles en gran escala fue todo
un acontecimiento económico y social, en la me-dida que al pasar la manufactura
de los ta-lleres artesanales a la producción en serie, el impacto en el
conjunto industrial fue tan pro-fundo que revolucionó las formas y las
dimen-siones de integración de las principales ramas productoras de los
materiales componentes –encabezados por los productos de hierro y acero– y con
ello, la producción de automóvi-les se transformó en la industria más exitosa
en
los países con alto desarrollo.
Al
mismo tiempo que este proceso se interna-cionaliza –saltando de Europa a los
constructo-res de Estados Unidos– capturando en su cre-ciente dinámica de
producción y consumo a enormes núcleos de población; la fabricación del
automóvil, en su acelerada expansión, ha tenido que resolver una de las más
complejas integraciones técnicas en tanto cientos de par-tes y componentes del
más diverso tipo tienen que confluir en los puntos fabricación, involu-crando
en esto a las más diversas y disímiles de las industrias, desde el acero
laminado hasta los plásticos; desde el caucho hasta el vidrio; desde los
textiles hasta las computadoras de viaje, etc. Todo ello, propicia su efecto
mul-tiplicador en las economías donde se produce.
En
el caso mexicano, en el que la Producción en Masa es introducida por las
empresas fa-bricantes, encontramos una fase de expansión
Huberto
Juárez Núñez es profesor investiga-dor titular, Facultad de Economía, BUAP,
Pue-bla México.
Huberto
Juárez Núñez
en
la fase conocida como Desarrollo Estabi-lizador y que tiene como característica
que la mayor parte de la producción automotriz, dominada por cinco grandes
transnacionales, tiene como destino el mercado interno. La crisis de los años
82 y 83 cancela esa ruta y con la emisión de los Decretos de Apoyo a la
Industria Automotriz de 1983 y 1989, se abre la fase exportadora. En este
trabajo, observa-remos la maduración de este proceso confir-mado por la firma
del Tratado de Libre Comer-cio de América del Norte (TLCAN) y reciente por el
Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA – sigla en inglés).
I
Para
el período 1983-1994 se pueden recono-cer entre los cambios más significativos
los siguientes:
a) Formación de Clusters estructurados en
torno a la empresa ensambladora con una nueva industria proveedora de origen
ex-terno, que hacia el final de la década de los ochenta desplaza a la
proveeduría de origen nacional.
b) Las nuevas integraciones industriales en
el país incluyen a la franja de plantas maqui-ladoras en el norte del país.
c) Un nuevo ingrediente, que se volvió de
uso intensivo en las décadas siguientes, fue la aparición de la subcontratación
(outsour-cing) de empresas que se incrustaron en las cadenas de valor.
d) Con la adopción del paradigma toyotista,
24 540 mar/2019
Gráfico
1. Producción Automotriz en MéxicoTotal,
exportación
y para Mercado Nacional 1981-2017 (unidades)
muy
pronto se avanzó en la homologación de la productividad del trabajo con los
es-tándares internacionales.
Todo
esto se tradujo en que, a mitad de los años 90, el ingrediente exportador se
trans-forma en el más dinámico, tal como se puede apreciar en el gráfico 1.
Y
como también se puede observar, de la se-gunda mitad de la década de los 90
hasta los años 2008-2009, se profundizó la dependen-cia de la producción para
exportación, con la singularidad de que cerca del 80% de este seg-mento tiene
como destino el mercado nortea-mericano (en 2017: 77.1% a EU; Canadá 8.9%;
Latinoamérica 7.3%; Europa 4.2% y Asia 1.0%. – Fuente: AMIA, 2018).
Por
esta razón, la recesión de la economía norteamericana de los años 2000-2004,
mos-tró la vulnerabilidad de las industrias de ex-portación en el país (junto a
los automóviles, el vestido y los electrónicos). Si se observa con detenimiento
el comportamiento de la producción automotriz, el comportamiento de
la
producción total y la exportación en esos años, encontramos que a partir del
año 2000, por cuatro años consecutivos la producción se contrae.
II
Transcurrida
la crisis internacional de los años 2008-2009, muy pronto pudieron observarse
que las transnacionales norteamericanas apli-caban, con el apoyo de su gobierno
y del sindi-cato UAW, un nuevo diseño de política produc-tiva que habría de
moldear la integración de los tres países de América del Norte.
Escribimos
en el año 2012 que:
“A
partir de este último período se empieza a escribir una nueva historia para
México, pues la restructuración de la industria en los EU, bajo la atenta
mirada del gobierno norteamericano, empieza el diseño de una estructura que
habrá de hacerse presen-te en los próximos años. Todo indica que la función de
las plantas mexicanas en el proyecto anticrisis no está incluida en los planes
relacionados a la innovación y al cambio de productos.
25
Grafico
2. Ventas en EEUU: automóviles y camiones ligeros (2007-2018)
(miles
de unidades)
1. Valor de Conte-nido Regional (VCR) 75%
para autos y ca-mionetas, aplicable en 4 incrementos graduados.
2. Valor de Conte-nido Laboral (VCL) de 40%
para autos y de 45% para camio-netas, aplicable en
4 incrementos.
3. “Las compras de acero y aluminio deberá
ser origina-rio de la región en, al menos un 70%”.
Elaborada
por Huberto Juárez Núñez con base en:
Wards
Auto 2017-2016. Automotive News 2017-2018.
“En
ese camino ya se intenta modificar el lugar de las unidades que fueron en la
última década la parte más exitosa de las ventas: las Light Trucks (LT) —SUVs,
Mini-vans, Vans, Pickups.” (Juárez, H. Pérez, P. Romero, Evolución y problemas
de la in-dustria manufacturera en México. p 204, 2013.UNAM.)
El
efecto es que, a partir de 2013, México es productor de automóviles y con ello
sujeto a una tendencia en el mercado norteamericano que pronto muestra sus
efectos. El gráfico 2, de las ventas de vehículos ligeros en EU mues-tra la
tendencia claramente: el consumo de autos empieza a descender y el resultado se
manifiesta claramente en los años 2017-2018, con cierres de plantas de autos
compactos en EU y Canadá y suspensión de inversiones pre-vistas en México, como
es el caso de la planta de Ford en San Luis Potosí (gráfico 2).
III
Después
de 13 meses de negociaciones, el 1 de octubre pasado se anunció que existía el
acuerdo USMCA. En cuanto a la Industria Au-tomotriz, los acuerdos son:
4. “Se definieron
tres categorías
de
autopartes: esen-
ciales, principales y complementarias,
cuyo
valor se estableció entre 75%, 70% y
65
%, dependiendo del tipo de autoparte”.
El
nuevo Acuerdo fue recibido con beneplácito por las gerencias de las
transnacionales, pero con cautela por especialistas en México. Como una forma
de salir al paso de las inquietudes respecto de lo que sucederá en México,
Ilde-fonso Guajardo, quien fuera representante de México en las negociaciones,
indicó inmediata-mente que el 70% de la industria en México ya estaba en
condiciones de cumplir con las nue-vas regulaciones. Por su lado, Eduardo
Solís, presidente de la AMIA, en su conferencia del 20 de octubre en el
CISAN-UNAM, confirmó el anuncio de Guajardo y además indicó que los porcentajes
del VCR serán un promedio corpo-rativo en los tres países y el VLR se
concentrará en EU y el Canadá. De acuerdo a esto, las cor-poraciones europeas y
asiáticas tendrán, en el mediano plazo, que elevar su promedio en Mé-xico
usando los promedios de sus plantas en EU y finalmente, si fuera necesario,
reorientar sus flujos de proveeduría hacia América del Norte, y para ello,
tienen tiempo suficiente para que, hacia principio del 2023, puedan cumplir con
las nuevas normas.
26 540 mar/2019
Pero
el problema de México en reali-dad no está ahí —esto es, no para las
transnacionales, sino para las cade-nas instaladas en México y los
traba-jadores—, los datos de la producción de 2017-2018 muestran ya el
pro-blema planteado por nosotros desde 2013. El cuadro 1 nos muestra que en América
del Norte los tres países han tenido bajas en la producción de autos, México la
más profunda con -17.38%, algo superior a la aconteci-do en la crisis de 2009.
Observando
de cerca el fenómeno, los resultados del último año mues-tran que la estructura
de producción de autos, la más importante en el país, se acerca límites muy
peligro-sos.
Si
atendemos la situación de tres casos, los más emblemáticos de la producción de
autos en México, cae-mos en la cuenta que la producción de los autos con
mayores niveles de penetración en el mercado en otros tiempos está en puntos de
no retor-no (cuadro 2).
Conclusión
El
efecto combinado de la ausencia de interlocutores mexicanos para establecer
condiciones a las transna-cionales en el sentido de garantizar resultados que
protejan la planta in-dustrial instalada y el empleo, junto a la capacidad de
las transnaciona-les automotrices para moverse libre-mente en función de sus
intereses y en respuestas directas a los compor-tamientos del mercado, ya han
pro-vocado anuncios en el sentido que se moverá o cancelará la producción de
autos. Es más que evidente que el primer golpe lo recibirán los traba-jadores
del automóvil en la región, pero especialmente en este país.
Cuadro
1
Producción
de autos 2017 2018 Variación
en
Norteamérica
Total
automóviles 3,254,406 2,943,329 -9.56
EEUU
Total
automóviles 759,012 692,948 -8.70
Canadá
Total
automóviles 1,903,567 1,572,783 -17.38
México
Total
automóviles 5,916,985 5,209,060 -11.96
Norte
América
Fuente:
Automotive News. 2019
Cuadro 2
Marca
/ lugar 2017 2018 Variación
Nissan
Aguascalientes y Cuernavaca
Nissan
March/micra 71,969 66,842 -7.1
(México)
Nissan
Note (México) 38,065 19,012 -50.1
Nissan
Sentra (México) 283,494 265,890 -6.2
Nissan
Tiida (México) 100,893 80,076 -20.6
Nissan
Tsuru (México) 22,001 - -100.0
Nissan
Versa (México) 119,661 80,565 -32.7
Chevrolet
City Express 16,515 1,050 -93.6
(México)
Nissan
Pickup / Chassis 121,066 101,410 -16.2
(México)
Nissan
NV200 23,710 20,046 -15.5
(México)
Ford
Cuautitlán y Hermosillo
Ford
Fiesta (México) 68,034 66,680 -2.0
Ford
Fusion (México) 204,672 180,151 -12.0
Lincoln
MKZ (México) 39,087 33,677 -13.8
Volkswagen
Puebla
Volkswagen
Beetle 35,251 22,304 -36.7
(México)
Volkswagen
Beetle 24,232 15,542 -35.9
Convertible
(México)
Volkswagen
Golf 95,022 48,641 -48.8
(México)
Volkswagen
Jetta 208,777 152,619 -26.9
(México)
Fuente:
Automotive News. 2019
27
Desintegración
regional, el viejo –y más certero– recurso de dominación
El
ciclo de gobiernos progresistas, iniciado con Hugo Chávez en 1999, encontró una
dé-cada y media después, un intento sincronizado por parte de las derechas
continentales por reagruparse. Éstas
confeccionaron una serie de acciones tácticas más sofisticadas, que buscaron
articular presión judicial, económi-ca y mediática para desmontar, entre otras
cosas, la centralidad del Estado en los asuntos económicos. Buscaron, sobre todo, desarmar una inédita
institucionalidad de cooperación regional que había encontrado su punto más
alto en la creación de la Comunidad de Esta-dos Latinoamericanos y Caribeños
(CELAC), en
2014.
El
“No al ALCA” de noviembre de 2005 debe comprenderse a partir de cuatro hechos
pun-tuales que coadyuvaron a su realización: el primero, cuando la III Cumbre
de las Améri-cas, en la ciudad de Quebec en 2001, había asumido un preacuerdo
en relación al ALCA, donde todos los países –con la sola excepción de
Venezuela– se habían comprometido a su firma en 2005, en Buenos Aires. El
segundo hecho, el golpe que Venezuela recibe en abril de 2002, que acelera un
proceso de radicaliza-ción en aquel país y que, sobre todo, refuerza la visión
de que ninguna nación podía soste-ner un proceso de ampliación democrática de
Luis
Wainer es sociólogo UBA / Mg. Estudios Latinoamericanos. Docente e investigador
UNSAM-UNDAV-UNAHUR. Coordinador Área de Estudios Nuestroamericanos Centro C. de
la Cooperación “Floreal Gorini”.
Luis
Wainer
manera
individual. El tercero, mayormente reconocido, fue la llegada a los gobiernos
de Argentina, Brasil y Uruguay, de tres dirigentes que calibraron una misma
sintonía –en gene-ral– en materia de integración y sobre aquel diagnóstico. El
cuarto y último, la firma de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de
Nues-tra América (ALBA) en diciembre de 2004, que asomaba no solo como a una
ruptura de los patrones neoliberales, sino porque se presen-taba como un
organismo “antiimperialista” y “anticapitalista”, que planteaba un
acerca-miento inédito entre naciones sudamericanas y caribeñas, sobre
principios ideológicos muy definidos1: complementariedad económica y
cooperación solidaria entre los países, para consolidar tratos especiales y
diferenciados en relación a los niveles de desarrollo de las economías
nacionales, pero apuntando a una amplia integración –inclusive no
esencialmen-te comercial y económica– política, cultural, social y científica2.
Si
el ALBA era por entonces una agenda alter-nativa al ALCA, el “No al ALCA” se va
a trans-formar en el hecho que posibilitó finalmente la creación de la Unión de
Naciones Surameri-canas (UNASUR) en 2008 y luego de la CELAC en 2010. Estos
serían ensayos más amplios que buscaban romper con los tradicionales
1 Lewit, A. “Emergencia y consolidación del
ALBA”, en Karg, J. y A. Lewit, Del no al Alca a Unasur. CCC, Buenos Aires,
2015.
2 Chávez, H. “De la integración económica a la
Al-ternativa Bolivariana para América Latina”, Caracas, 2003.
28 540 mar/2019
modos
de integración –fungidos a partir de la división internacional del trabajo y
del lugar de nuestras economías como proveedoras de productos de bajo valor
agregado– y bajo la premisa de reponer la discusión sobre el de-sarrollo.
Recursos
naturales y militarización como ejes de la integración
Sabemos
que América Latina ha realizado mu-chos esfuerzos por concebir nuevos modos de
integración, no sin dificultades. UNASUR y CELAC impulsaron grandes debates
sobre cuestiones sustanciales como, por ejemplo, la defensa de las democracias,
a sabiendas de su fragilidad en cuanto éstas afecten los inte-reses de las
elites políticas y económicas (así aparece, inclusive, en la Declaración
Especial sobre la Defensa de la Democracia y el Orden Constitucional de CELAC,
de 20113).
También
sobre el rol que la región debía ocu-par en un naciente mundo de
características multipolares y entonces, de múltiples esque-mas de integración;
el no menor debate sobre cómo se iba a relacionar la región con China en los
próximos años en materia de infraes-tructura y explotación de recursos
naturales. Otro de los puntos salientes, fue la búsqueda de crear una nueva
arquitectura financiera, a los efectos de protegerse de fondos especu-lativos,
al mismo tiempo que la necesidad de contemplar un límite a la hegemonía del
capi-tal financiero, buscando abrir paso a la inver-sión productiva4; en
consecuencia, el inicio de las dificultosas negociaciones para la creación del
Banco del Sur.
Importante
fue el rol de UNASUR buscando con-vertir los recursos naturales en el eje
central a partir del cual pensar el esquema de integra-ción, relacionado a la
necesidad de diagramar una política común de defensa, a partir del
3 CELAC, 2011, Caracas.
4 Landa, R. “El desafío de la historia y los
pasos hacia la integración continental desde CELAC”, en Karg, J. y A. Lewit,
Del no al Alca a Unasur. CCC, Buenos Aires, 2015.
Consejo
Suramericano de Defensa (en tiempos de una denunciada injerencia de los Estados
Unidos en Bolivia). También el de CELAC, en cuanto a las críticas hacia los
mecanismos tra-dicionales de “integración” como el Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca (TIAR), o la Organización de los Estados Americanos (OEA)
en pos de buscar desmilitarizar la región, como modo fundamental de protección
de los recursos naturales, a la vez que consagrar Amé-rica Latina como zona de
paz.
Entre
otros debates, lugar central ocuparon también las históricas causas de
liberación como la de Puerto Rico, la incesante condena al bloqueo a Cuba y el
incesante rechazo a la injerencia a Venezuela. Claro que también, la cuestión
Malvinas, que por primera vez se con-virtió en una causa regional, dado el foco
del conflicto puesto en el saqueo de los recursos naturales, además de
denunciar el colonia-lismo británico asociado a los intereses nor-teamericanos
en relación a la militarización del Atlántico Sur, como llave para el ingreso
al continente Antártico (principal reserva de agua dulce del planeta).
Desmontar
la institucionalidad emergente: indicadores de la desintegración
Desde
la VII Cumbre de las Américas en abril de 2015 en Panamá, el escenario regional
empezó a dar cuenta de algunas fisuras que marcaron el pulso de la actual fase
de desintegración. Aun-que la presencia de Cuba –luego de su expul-sión de la
OEA en 1962 por “incompatibilidad con el Sistema Interamericano”– prologaba un
encuentro histórico, sin embargo, la clave de época se jugaría en otro terreno:
fundamen-talmente la calificación planteada por parte de Estados Unidos a
Venezuela como “Amenaza a la Seguridad Norteamericana”, sería el hito central
sobre el cual se organizó el nuevo ciclo injerencista.
Se
planteaba en ese mismo tono el conflicto de Argentina con los fondos
especulativos en lo que era un significativo golpe de mercado, y el
29
ya
iniciado proceso de impeachment en Brasil; como pudimos ver temas determinantes
a la hora de golpear a los tres países más importan-tes de América del Sur y
clave para comprender el fin de los gobiernos de Cristina Fernández y Dilma
Rousseff, al mismo tiempo que el rit-mo de asedio internacional que adquirió,
desde entonces, la situación de Venezuela y que hoy expresa una profundización
de la intervención y el intento de golpe.
Algunos
prontos indicadores de la desinte-gración fueron, por ejemplo, la parálisis de
UNASUR frente al golpe de Estado en Brasil (y hoy en Venezuela), la crisis que
presentó Mercosur en torno a la posición por parte de Argentina, Brasil y
Paraguay buscando expul-sar a Venezuela o, por ejemplo, la aceptación del
gobierno argentino en cuanto a “remover los obstáculos” que impidiesen la
explotación británica en las Islas Malvinas y sus espacios marítimos
circundantes, como se conoció en el acuerdo del 13 de septiembre de 2016 entre
Gran Bretaña y Argentina.
Las
visitas de Barack Obama a Cuba y Argenti-na en 2016 dejaron al descubierto el
programa trazado para esta etapa por parte del Departa-mento de Estado
norteamericano5: además de la cuestión sobre el rol de las Fuerzas Armadas en
seguridad interior, se planteaba la instala-ción de bases militares y la
cooperación en ma-teria de seguridad hemisférica. Desde marzo de 2016, el
conocimiento sobre la intención de emplazar una nueva base militar en el
Atlán-tico Sur (Tierra del Fuego) irá caracterizando la escena injerencista, a
las que actualmente se suman otras en Neuquén, Jujuy y Misiones (conocidas
“rutas” del petróleo y del litio, y el Acuífero guaraní).
En
vistas de la recomposición, frente a Brasil y Venezuela, Argentina mostró
credenciales neo-coloniales: en ambos casos reconocien-do rápidamente al
gobierno golpista (Brasil) o hace unas semanas al “autoproclamado” Juan
5 Véase: Wainer Luis, “Argentina, de la opción
por el Atlántico Sur a la Alianza del Pacífico”, Alainet, junio de 2016.
Guaidó
(Venezuela). Además, como motor en la promoción de un grupo de países que
–ade-más de salir de UNASUR– debían consolidar un espacio de presión a
Venezuela y de crítica a las instancias regionales, como finalmente fue el
“Grupo de Lima”. Los giros políticos de Ar-gentina, Brasil, Chile y Ecuador
finalmente pu-sieron en jaque a UNASUR.
En
continuidad con el mencionado Decreto san-cionatorio de Obama de 2015, se puso
en mar-cha la “Orden Ejecutiva” propuesta por Donald Trump en agosto de 2017,
que implicó la pro-hibición de refinanciar los bonos de la deuda contraída con
el país del norte, un conjunto de sanciones a las transacciones privadas con el
Estado venezolano o con PDVSA, sumado al em-bargo de armas por parte de la
Unión Europea, a cierres unilaterales de cuentas del Estado en el exterior,
cancelación de pagos, depósitos y contratos.6
Una
serie de ejercicios militares norteamerica-nos en zonas estratégicas (Amazonía
brasileña, Patagonia y nordeste argentino y costas de Chi-le) se realizaron
frente a la pasividad de una CELAC que en otrora había hecho programa de la
denuncia de este tipo de acciones. UNASUR además, operó desde enero de 2017 sin
Secre-tario General, por falta de acuerdo, así como tampoco una agenda de
trabajo. Finalmente, seis países (Argentina, Brasil, Colombia, Para-guay, Chile
y Perú) suspendieron su participa-ción en el organismo a partir de abril de
2018.
Las
derechas regionales cuando acceden al go-bierno, a sabiendas del rol
estratégico de la institucionalidad regional, hacen programa ur-gente de su
desmonte. Sobre todo, cuando la conformación de esta inédita arquitectura
lati-noamericana, como hemos visto, buscaba cus-todiar la defensa de las
soberanías nacionales, los recursos naturales del continente y la am-pliación
de las fronteras democráticas. Todo ello, como condición necesaria para
finalmente discutir el desarrollo.
6 Véase: Wainer, Luis, “El chavismo triunfó otra
vez. La oposición en retirada hacia el plano de la presión internacional”,
Nodal, mayo de 2018.

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