© Libro N° 12366. El Concepto De Praxis En Lenin.
Sánchez Vázquez, Adolfo.
Emancipación. Marzo 30 de 2024
Título original: ©
El Concepto De Praxis En Lenin. Adolfo Sánchez Vázquez
Versión Original: © El Concepto De Praxis En Lenin. Adolfo
Sánchez Vázquez
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Guillermo Molina Miranda
EL CONCEPTO DE PRAXIS EN LENIN
Adolfo Sánchez Vázquez
El
Concepto De Praxis En Lenin
Adolfo
Sánchez Vázquez
EL CONCEPTO DE PRAXIS EN LENIN
Adolfo Sánchez Vázquez
Filosofía
y política en “Materialismo y empiriocriticismo”
De 1908
data uno de los escritos filosóficos más importantes de Lenin; el
otro, de 1914-1916, lo constituyen sus Cuadernos filosóficos. ¿Qué
alcance filosófico y práctico-político tiene el primero de ellos?; ¿qué es lo
que lleva a Lenin a polemizar con los seguidores rusos de una
“variedad del idealismo”?; ¿por qué se ocupa este dirigente
revolucionario de cuestiones, al parecer, distantes de la lucha política
directa como la “cosa en sí”, la “verdad objetiva”, la materia,
la “unidad del mundo”, el espacio, el tiempo y otras semejantes? Lenin no
se había interesado hasta entonces con tanta atención por las cuestiones
filosóficas y él mismo se consideraba por aquellos días “un marxista de
filas en materia de filosofía”. 1
En su
prólogo a la primera edición de Materialismo y empiriocriticismo
fija claramente su tarea, refiriéndose a “toda una serie de escritores que
pretenden ser marxistas«: “…indagar qué es lo que ha hecho desvariar a
esas gentes que predican bajo el nombre de marxismo, algo increíblemente
caótico, confuso y reaccionario”. 2 Se trata de defender
el marxismo frente a una filosofía —el “machismo”— que, como “variedad
del idealismo, es, objetivamente, un instrumento de la reacción, un portador de
la reacción”. 3
La
defensa del marxismo como filosofía del partido revolucionario tiene ya de por
sí para Lenin un significado político. Pero este significado se
vuelve más transparente si se tienen en cuenta las circunstancias históricas:
ofensiva de la reacción y reflujo de las acciones revolucionarias. Esto da lugar
a un ablandamiento de ciertos intelectuales que llegan a abjurar de la
revolución y el socialismo. Y estos efectos ideológicos alcanzan incluso,
dentro del partido bolchevique, a un grupo de discípulos rusos de Ernst
Mach, encabezado por Bogdánov, entre los que figuran Basárov, Lunacharsky y Shuliátikov.
Estos filósofos, los empiriocriticistas, miembros del partido, constituyen a su
vez un grupo político —los otzovistas— que sustentan posiciones políticas
opuestas a las de Lenin respecto a la participación en la III
Duma (ellos se pronuncian por la retirada total del parlamento).
Todo este
conjunto de circunstancias hace que Lenin sienta la necesidad
de defender el marxismo frente a una “variedad del idealismo” y, con
mayor tesón aún, cuando ve que esa filosofía idealista se hace pasar por
marxista y, a mayor abundamiento, cuando sus exponentes son miembros del
partido marxista revolucionario. Ahora bien, todo lo anterior podría llevar
fácilmente a la conclusión de que, en fin de cuentas, lo que persigue Lenin
es vencer con un arma filosófica a un grupo político dentro del partido.
Semejante conclusión vendría a reforzar la imagen practicista o tacticista que
de Lenin han trazado algunos de sus críticos burgueses. Pero
el propio Lenin que tan rotundamente ha puesto de relieve los
nexos entre filosofía y política no piensa que el tránsito de una a otra sea tan
directo. En carta a Gorki escribe por ese tiempo: «...Obstaculizar
la labor orientada a hacer funcionar en el partido obrero la táctica de la
socialdemocracia con disputas sobre la superioridad del materialismo o de la
doctrina de Mach… sería una torpeza inadmisible”.
Ahora
bien, para Lenin la defensa del marxismo es ya de por sí una
tarea política revolucionaria que no puede ser soslayada y, menos aún, cuando
esa defensa tiene que ser asumida dentro del partido mismo. Esa tarea se ha
vuelto indispensable aunque la defensa del marxismo entrañe la crítica de las
posiciones filosóficas de un grupo que, en el interior del partido, mantiene
una posición política divergente. En suma, lo que encontramos en Materialismo
y empiriocriticismo no es un filosofar al servicio de un objetivo
político inmediato (derrotar políticamente a los “otzovistas”), sino el
filosofar como crítica de una filosofía reaccionaria que habla “en nombre
del marxismo”, lo que entraña una tarea política. Y esto explica que el
político práctico se haya elevado, o haya descendido, al plano general y
abstracto de las cuestiones filosóficas.
Idealismo,
materialismo y práctica
Los
discípulos rusos de Mach pretenden haber superado la división
de idealismo y materialismo al propugnar una doctrina de los “elementos del
mundo” o sensaciones, que serían neutrales respecto de lo físico y lo
psíquico. De acuerdo con ellos, lo que llamamos «materia” o «mundo
exterior” sólo sería un “aspecto de nuestras sensaciones”.
Aunque Lenin haya caído en cierto esquematismo al enfrentarse
a esta nueva forma de idealismo así como en el error de situarla en la línea
solipsista de Berkeley y no en la trascendental de Kant,
él ha visto —y ha visto bien— que la filosofía empiriocriticista, como doctrina
del mundo, es idealista. El uso de estos términos aparentemente neutrales: “elementos”,
«sensaciones” o “experiencia” en un sentido subjetivo, sin
significado objetivo, hacen de esa filosofía supuestamente conciliable con el
marxismo, una versión más del idealismo en cuanto que niega: a) la existencia
del mundo exterior, de la realidad objetiva; b) la objetividad del conocimiento
como reflejo de la realidad. A esto contrapone Lenin la tesis
propia de todo materialismo acerca de la primacía del ser, de la materia, sobre
la conciencia en el doble plano señalado ya por Engels: ontológico
(la materia es lo primario y la conciencia lo derivado) y gnoseológico (la
conciencia refleja o reproduce el mundo exterior que existe independientemente
de ella).
En Materialismo
y empiriocriticismo se reafirman categóricamente las tesis
enguelsianas. En un apartado que lleva el título de: “¿Existía la naturaleza
antes que el hombre?”, Lenin afirma: “La materia es lo
primario; el pensamiento, la conciencia, la sensación son el producto de un
alto desarrollo“ 4 y esta prioridad se expresa también al
decir que existe la realidad objetiva como fuente de nuestras sensaciones.
Reconocida esta prioridad ontológica de la materia sobre la conciencia, de lo
reflejado sobre lo que lo refleja, Lenin sostiene frente a la
tesis idealista de que el mundo exterior es un “aspecto de nuestras
sensaciones» que la única conclusión “que el materialismo coloca
conscientemente como base de su gnoseología, consiste en que fuera de nosotros
e independientemente de nosotros existen objetos, cosas, cuerpos, que nuestras
sensaciones son imágenes del mundo exterior«. 5 El
conocimiento es, pues, como Lenin dice también, copia o
reflejo de la realidad que existe fuera e independientemente de nuestra
conciencia, lo que es asimismo la convicción del “realismo ingenuo«.
Tal es
ciertamente la tesis del materialismo o su verdad elemental en la relación
sujeto-objeto. Ahora bien, esta tesis —tal como la sostiene y expone Lenin—
no puede dejar de suscitar en nosotros algunas reflexiones. Con referencia a la
prioridad ontológica de la naturaleza o de la materia, ya Marx había
reconocido en sus obras de juventud (Manuscritos económico-filosóficos de
1844 y La ideología alemana) que para él esa prioridad no
estaba en cuestión. 6 Pero el joven Marx nos
hace ver también que para él, o sea para el materialismo que él sostiene y al
cual no renunciará jamás, la cuestión no es esa. Marx no trata
de separarse del idealismo para hacerse materialista pura y simplemente por el
reconocimiento de la anterioridad de la naturaleza con respecto al hombre, o de
la prioridad del ser sobre el pensamiento, o del mundo exterior sobre la
conciencia. No se trata para él de invertir la relación entre dos términos
(naturaleza-hombre, sujeto-objeto, conciencia-mundo), considerados en su unidad
por el idealismo, dejando a ambos, tras de romper esa unidad, en una relación
puramente exterior. Para Marx se trata de una nueva unidad, no
ya la establecida en y por el sujeto, en y por la conciencia, en la cual —como
en el caso del empiriocriticismo— lo objetivo se disuelve en lo subjetivo.
Para Marx se trata de la unidad de hombre y naturaleza, de
sujeto y objeto que se da en y por la praxis, como actividad práctica humana
transformadora de la realidad natural y social.
En este
sentido, Marx supera tanto el idealismo que sólo concibe la
actividad del hombre en forma subjetiva, abstracta como el materialismo que ve
el objeto como algo exterior o simple objeto a contemplar al margen de la
actividad del sujeto. Tal es la distinción que Marx hace tanto
del idealismo como del materialismo anterior, en su Tesis I sobre
Feuerbach. 7
Si desde
este materialismo nuevo, práctico, marxiano, volvemos ahora a la crítica
de Lenin al idealismo de los discípulos rusos de Mach,
vemos clara mente que hace esa crítica desde el punto de vista del materialismo
tradicional, o sea, desde el punto de vista del materialismo «elemental”
o de “todo materialismo” que es justamente el que Marx critica
y pretende superar. Lo que falta en la crítica leniniana es precisamente lo que
distingue al materialismo de Marx del tradicional, es decir:
la relación sujeto-objeto, hombre-naturaleza, conciencia-mundo por mediación de
la. praxis.
El punto
de vista de Lenin es, en este sentido, anterior a la
superación de idealismo-materialismo propuesta en la Tesis I sobre
Feuerbach y de ahí que se instale dentro de la oposición que Marx señala
y supera con su materialismo práctico. Lenin se sitúa, por
tanto, en el materialismo anterior, premarxiano, para el cual sujeto y objeto
se dan en una pura relación de exterioridad.
Lenin tiene
razón desde el punto de vista de ese materialismo tradicional: “Materialismo
es el reconocimiento de los ‘objetos en sí’, o de los objetos fuera de la
mente…” 8 pero no la tiene, o es insuficiente, si se trata
del materialismo de Marx que ve el objeto como producto social
de la actividad práctica humana. Y es justamente la práctica lo que Lenin deja
en la sombra cuando trata de rescatar la objetividad disuelta en el idealismo
de los machistas rusos.
Se podrá
objetar tal vez que la práctica no está ausente de Materialismo y
empiriocritícismo. Y, en verdad, hay ahí referencias a ella puesto que se
habla de la Tesis II sobre Feuerbach y, ante todo, tenemos el
apartado entero del capítulo II titulado “El criterio de la práctica en la
teoría del conocimiento«. Y, ciertamente, hay que reconocer que en este
punto Lenin dice cosas acertadas e importantes. Así, por
ejemplo, cuando distingue entre “el éxito de la práctica humana» para el
materialista y “el éxito” para el solipsista (o pragmatista) entendido
como «todo aquello que ya necesito en la práctica”. 9 En
el primer caso, el éxito demuestra «la concordancia de nuestras
representaciones con la naturaleza de las cosas que percibimos”. 10 Y
es también un acierto que Lenin señale que el criterio de la
práctica nunca es definitivo o completamente suficiente: “…El criterio de la
práctica en el fondo nunca puede confirmar o refutar completamente una
representación humana cualquiera.» 11 Lo que quiere decir
que ese criterio es el de la práctica considerada social e
históricamente. Lenin acierta también al establecer un nexo
entre el criterio de práctica y el materialismo: “Si incluimos el criterio
de la práctica en la base del conocimiento, esto nos lleva inevitablemente al
materialismo…”. 12
Podríamos
señalar, sin embargo, que si la introducción del criterio de práctica cierra el
paso al idealismo también lo cierra al materialismo tradicional, contemplativo,
que Lenin ahora parece dejar atrás. Pero este paso no puede
darlo mientras reduzca el papel de la praxis —como lo reduce en Materialismo
y empiriocriticismo— a criterio de verificación y no lo vea —en cuanto
actividad transformadora de la naturaleza y la sociedad— como fundamento del
hombre, de la historia y el conocimiento. Sólo así se puede cumplir lo que
propugna el propio Lenin: «El punto de vista de la vida, de la
práctica, debe ser el punto de vista primero y fundamental de la teoría del
conocimiento.” 13 Y asimismo este punto de vista se podrá
extender, al superar las concepciones idealista y materialista tradicional, de
la gnoseología a la teoría del hombre, de la sociedad y de la historia.
¿Cómo se
puede explicar esta fidelidad de Lenin al materialismo
criticado por Marx y, en consecuencia, su omisión de la praxis
como horizonte filosófico fundamental? Anton Pannekoek y Karl
Korsch abordaron hace tiempo esta cuestión. Pero Pannekoek a
la vez que embellece un tanto la filosofía empiriocriticista funda demasiado
mecánicamente la analogía entre las concepciones filosóficas de Lenin y
el materialismo burgués del siglo XVIII en la semejanza de la lucha que se
libraba en Rusia contra el absolutismo con “la dada tiempo atrás por la
burguesía y los intelectuales de Europa Occidental”. 14 Korsch,
por su parte, acerca exageradamente el machismo ruso al materialismo marxiano
hasta el punto de ver en la definición de Bogdánov del mundo
físico como la “experiencia socialmente organizada” la solución «realmente
materialista y proletaria del problema planteado por Marx en las Tesis sobre
Feuerbach”, o sea, la necesidad de concebir el mundo como praxis. Ahora
bien, a nuestro juicio, no se puede identificar la “experiencia socialmente
organizada» —que no rebasa el nivel intersubjetivo— con la práctica en su
sentido marxista: como actividad subjetiva y objetiva a la vez. Pero hay que
reconocer que Korsch fue de los primeros en advertir la
involución leniniana a una concepción no dialéctica y premarxiana de las
relaciones entre el pensamiento y el ser, y entre la teoría y la práctica, en
Materialísmo y empiriocriticismo. 15
La razón
fundamental del olvido en que Lenin —genial revolucionario
práctico— tiene a la práctica en el plano teórico, está en su inserción en la
tradición filosófica marxista que arranca del Engels del
Anti-Dühríng, empeñado en elaborar una concepción filosófica general en la que
se pierde el papel cardinal que a la praxis asignaba Marx. Y esa
inserción se refuerza en Lenin con la ayuda del pensador que,
hasta el final de su vida, él tuvo por el marxista más grande de Rusia y su
maestro indiscutible: Plejánov. Y ello no obstante sus divergencias
políticas. La crítica de Lenin al idealismo en su Materialismo
y empiriocritícísmo es una crítica plejanoviana en la que falta el
principio praxeológico fundamental.
El
objetivo que se traza Lenin en esta obra es de orden
político-práctico, pero perfectamente legítimo: criticar una “variedad del
idealismo” que se hace pasar por marxista. Y para esto tiene que recurrir
necesariamente al marxismo como filosofía, entendido por él ante todo como
materialismo. Por esta razón, al idealismo de los lejanos continuadores rusos
de Berkeley le opone los principios de todo materialismo, sus
verdades elementales. Pero, como hemos tratado de demostrar, esos principios
elementales —que son los del materialismo anterior no bastan para una verdadera
crítica marxista. Ahora bien, Lenin no siente la necesidad de
ir más allá de ese marco general y elemental de todo materialismo. Por otro
lado, tampoco habría podido hacerlo de la mano de Plejánov.
La
dialéctica a la vista
Entre
1914 y 1916 la atención de Lenin en su exilio ginebrino se
concentra en el estudio a fondo de la Ciencia de la lógica de Hegel.
Sus comentarios, notas al margen e incluso sus interjecciones se recogen, junto
con los relativos a Heráclito, Aristóteles, Leibniz,
etc, en sus Cuadernos filosóficos, publicados por primera vez en
1929-1950. Lenin lee, estudia y anota a Hegel en
los años de la primera Guerra Mundial, años en que se enconan las
contradicciones del capitalismo y entra en bancarrota la Segunda Internacional
y con ella la concepción evolutiva, pacífica del desarrollo social a la vez que
maduran objetivamente las condiciones para un salto revolucionario. En esas
circunstancias no puede considerarse una coincidencia casual que Lenin se
interese por la dialéctica como método de conocimiento del movimiento de lo
real, particularmente de la sociedad y la historia.
Desde
esta perspectiva se comprende también que concentre su atención en la
dialéctica hegeliana, una de las fuentes del pensamiento de Marx. Lenin lee
a Hegel en su obra más idealista y abstracta para esclarecerse
a sí mismo los problemas del desarrollo dialéctica en un momento en que
estallan las más agudas contradicciones y se convierte en una necesidad vital
conocerlas, orientarse en el laberinto de ellas y encontrar su superación por
la vía de la lucha revolucionaria. De este modo, la tarea de comprender la
dialéctica como el método más adecuado de conocimiento del devenir real se
convierte en una tarea teórico-práctica, impuesta por las exigencias de una
compleja y tormentosa época de guerras, crisis y revoluciones. Y a ella se
consagra Lenin en su retiro de Ginebra a través de la lectura
cuidadosa de la oscura Lógica hegeliana que suscita sus notas
densas y apretadas entre signos de admiración y también entre alguna que otra
carcajada. Pero, en definitiva, la teorizacíón que alcanza en sus notas
sobre Hegel su nivel más abstracto aparece determinada por la
práctica, es decir, como tarea teórica necesaria para impulsarla en una época
de agudas y violentas contradicciones.
La
dialéctica del conocimiento
La
dialéctica es el problema central en las notas de Lenin sobre
la lógica hegeliana, pero tratado ante todo a un nivel gnoseológico y
metodológico. Problemas como el de las relaciones entre el pensamiento y su
objeto, la teoría del reflejo, la crítica del idealismo y el papel de la
práctica en el proceso cognoscitivo, emparentan por su carácter gnoseológico
los Cuadernos con su obra filosófica anterior, Materialismo
y empiriocritícismo. Pero aquéllos, por las razones que veremos, distan
mucho de ser un simple desenvolvimiento de esta última; en los Cuadernos no
sólo hay un enriquecimiento de algunas tesis suyas sino también en otras,
fundamentales, una verdadera rectificación. Asimismo, por lo que toca a la
cuestión que nos interesa especialmente -la cuestión de la praxis—, Lenin supera
la pobreza y unilateralidad de su planteamiento anterior. Y lo supera
precisamente al concebir dialécticamente el proceso de conocimiento.
Veamos a
grandes rasgos esa dialéctica como instrumento metodológico indispensable para
poder captar la dialéctica de lo real.
Mientras
que en su obra anterior la atención de Lenin se concentra en
el materialismo, en los Cuadernos se vuelca en la dialéctica.
La clave de ella, su esencia, la encuentra en la “unidad de contrarios”;
por esto dice que la dialéctica “puede ser definida como la doctrina de la
unidad de los contrarios”. 16 Así concebida es la ley de
toda realidad. De acuerdo con su carácter fundamental, Lenin da
al antagonismo, a la lucha, un sentido absoluto, mientras que la unidad la
considera relativa. “La unidad (coincidencia, identidad, equivalencia) de
los contrarios es condicional, temporal, transitoria, relativa. La lucha de los
contrarios mutuamente excluyentes es absoluta, como son absolutos el desarrollo
y el movimiento.» 17 Esta perspectiva de lucha con su
carácter absoluto imprime a la dialéctica su contenido revolucionario.
El
conocimiento no puede escapar a esta perspectiva dialéctica impuesta por el
movimiento de lo real, y el esfuerzo principal en la lectura leniniana tiende
precisamente a aplicar la dialéctica a la esfera de conocimiento. La concepción
dialéctica del proceso cognoscitivo obliga a Lenin a revisar
sus ideas anteriores y, en particular, su teoría del reflejo al subrayar
vigorosamente tres características del conocimiento: a) como proceso de
desarrollo; b) como actividad del sujeto y c) como proceso que incluye a la
práctica.
Cuando Lenin quiere
subrayar lo que es esa dialéctica para Hegel extrae, entre
otros, este pasaje suyo que “resume bastante bien… lo que es la dialéctica”:
“El conocimiento se va desarrollando de contenido en contenido… El resultado
contiene su propio comienzo y el desarrollo de este comienzo lo ha enriquecido
con una nueva determinación.” 18
Lenin hace
suya esta idea maestra de Hegel. Pensamiento y objeto se hallan en
relación, pero esta tiene que verse no como una relación estática, inerte sino
dinámica, como un proceso, en movimiento, eterno e infinito, porque de acuerdo
con el carácter absoluto de la lucha de contrarios es eterna e infinita la
contradicción entre el pensamiento y el objeto. “El conocimiento es la
aproximación eterna, infinita, del pensamiento al objeto. El reflejo de la
naturaleza en el pensamiento del hombre debe ser entendido no ‘en forma
inerte’, no ‘en forma abstracta’, no carente de movimiento, NO CARENTE DE
CONTRADICCIONES, sino en el eterno PROCESO del movimiento, en el surgimiento de
las contradicciones y su solución.» 19
La idea
del conocimiento como movimiento infinito, como proceso, estaba ya apuntada
ciertamente en Materialismo y empiriocriticismo como
aproximación de nuestros conocimientos a la verdad objetiva, pero es ahora
cuando adquiere toda su plenitud. Esta idea la expresa Lenin en
diferentes formas, a saber: movimiento de lo abstracto a lo concreto, de la
percepción viva a la práctica pasando por el pensamiento abstracto, de la idea
subjetiva a la verdad objetiva a través de la práctica, de la sensación al
pensamiento, etcétera.
En este
movimiento la esencia se muestra a diferentes niveles de profundidad. Lo que en
un momento determinado se presenta como una esencia profunda deja paso, en
otro, a otra más profunda. De este modo, en el proceso de conocimiento, esencia
y fenómeno se relativizan. Lo que se mantiene es dicho proceso como paso
incesante a una esencia cada vez más profunda. “El pensamiento humano se
hace indefinidamente más profundo, de la apariencia a la esencia, de la esencia
de primer grado, por decirlo así, a la esencia de segundo orden y así
hasta el infinito… no sólo las apariencias son transitorias, móviles, fluidas,
demarcadas sólo por límites convencionales, sino que también es así la esencia
de las cosas.” 20
Pero el
conocimiento no sólo se inscribe en un proceso de esencias sino que él mismo
como reflejo es también un proceso; es decir, no sólo es dinámico sino activo.
El conocimiento es actividad, lo que echa por tierra la idea del reflejo pasivo
o reflejo en el espejo, de inspiración sensualista o empirista, que podía
encontrarse todavía en Materialísmo y empiriocriticismo (recuérdese
su idea del conocimiento como “calco”, “copia” o “imagen”
del mundo exterior).
El
conocimiento es una actividad, un proceso en el curso del cual se recurre a una
serie de operaciones y procedimientos para transformar los datos iniciales
(nivel empírico) en un sistema de conceptos (nivel teórico). Elevándose así de
lo concreto a lo abstracto, constituye por ello mismo una actividad
cognoscitiva creadora. Lenin señala a este respecto que se
trata de una actividad necesaria justamente para poder aproximar el pensamiento
al objeto, para reproducirlo intelectualmente. “El pensamiento al elevarse
de lo concreto a lo abstracto no se aleja —si es correcto…— de la verdad, sino
que se aproxima a ella.” 21 Es decir, la actividad del
conocimiento como elevación de lo concreto a lo abstracto es condición
indispensable para la reproducción intelectual del objeto.
Así,
pues, el reflejo no es un acto simple e inmediato —al nivel de la sensación—
sino un resultado que se alcanza en la fase del pensamiento abstracto, como
producto de un proceso de transformación de lo inmediato en conceptos. “El
conocimiento es el reflejo de la naturaleza por el hombre. Pero no es un reflejo
simple, inmediato, total, sino el proceso de una serie de abstracciones, la
formación y el desarrollo de los conceptos.” 22 Se trata,
pues, de la construcción del objeto pero no en un sentido kantiano (para Kant no
habría propiamente más objeto que ése) ni hegeliano (pues lo que se constituye
es un objeto idea] y no real), pero ciertamente se trata de una actividad
creadora: la producción de un objeto teórico.
Con lo
anterior no hemos dicho aún lo más importante del planteamiento de Lenin,
a saber: que esta actividad teórica, reflejo activo o reproducción conceptual
del objeto que constituye propiamente el conocimiento se vincula necesariamente
con la práctica. Llegamos así al problema medular del papel de la práctica en
el conocimiento, lo que nos obliga a considerar primero lo que Lenin entiende
por práctica.
La
práctica como actividad dirigida a un fin
Al
caracterizar la práctica como “actividad del hombre dirigida a un fin«23 Lenin subraya
su aspecto consciente, subjetivo. Pero la práctica opera sobre un mundo
objetivo que se encuentra ante el hombre y le impone límites a su actividad.
Para transformarlo real, efectivamente, tiene que tomar en cuenta su legalidad.
“En su actividad práctica, el hombre se ve ante el mundo objetivo, depende
de él y determina su actividad de acuerdo con el.» 24
La
práctica no es, por tanto, una actividad puramente subjetiva; el mundo objetivo
al determinarla hace de ella una forma del proceso objetivo; la otra es la
naturaleza. “Dos formas del proceso objetivo: la naturaleza (mecánica y
química) y la actividad del hombre, dirigida hacia un fin.” 25 No
se puede separa una forma de otra, lo subjetivo de lo objetivo, los fines del
hombre hacia los cuales se dirige la actividad práctica y el mundo objetivo. “En
realidad, los fines del hombre son engendrados por el mundo objetivo y lo
presuponen —lo encuentran como algo dado, presente.” 26
Recordemos
la dicotomía hegeliana de idea teórica e idea práctica de acuerdo con la cual
en la primera el sujeto toma su determinación del objeto mismo, mientras que en
la segunda el sujeto tiene el mundo objetivo ante sí como irreal ya que la
objetividad es una determinación del actuar del sujeto. Al leer a Hegel con
clave antropológica y materialista, Lenin ve en el hombre el
impulso “a darse objetividad en el mundo objetivo a través de sí mismo y a
realizarse (cumplirse)”. 27 Es lo mismo que dice Marx,
con otros términos, en El capital: al transformar la naturaleza (o
sea: al darse una objetividad en el mundo objetivo), el hombre transforma su
propia naturaleza (se realiza a sí mismo). 28
La
práctica supone, pues, un mundo objetivo, pero con ella tenemos una nueva
objetividad, no dada en la naturaleza. Y esta nueva objetividad se hace
necesaria porque la que el hombre encuentra dada, presente, no le satisface: «Es
decir, que el mundo no satisface al hombre y éste decide cambiarlo por medio de
su actividad.” 29 Así, pues, la práctica existe
necesariamente como medio para cambiar un mundo que no satisface al hombre,
pero Lenin insiste —contra toda interpretación idealista,
subjetivista— en que ese mundo existe y resiste a la práctica. “El ‘mundo
objetivo’ procede por su propio camino y la práctica del hombre, ante ese mundo
objetivo, encuentra ‘obstáculos en la realización’ del fin, e incluso
“imposibilidad.” 30
Lenin insiste
en algo que ha buscado constantemente en su práctica política: conocer la
realidad o situación objetiva para poder cumplir los fines trazados. El
desconocimiento de ella, por el contrario, tiene consecuencias negativas para
su realización, es decir, para la práctica. “El incumplimiento de los fines
(de la actividad humana) tiene su causa en el hecho de que la realidad es
tomada como inexistente, de que no se reconoce su existencia objetiva (la de la
realidad)«. 31
Ahora
bien, el conocimiento de la realidad objetiva permite, lejos de excluirla,
afirmar la “objetividad verdaderamente existente”, o sea, aquella que es
producto de la actividad práctica humana. “La actividad del hombre… cambia
la realidad exterior, suprime su determinación (= altera tal o cual de sus
aspectos o cualidades) y de tal modo le elimina las características de
apariencia, exterioridad y nulidad, y la torna existente en sí y por si (= objetivamente
verdadera)”.32 Con lo cual tenemos que esa nueva realidad u objetividad
producida por el hombre es la objetividad verdaderamente existente. Lenin,
ahora sí, asimila en toda su profundidad el concepto de objeto del materialismo
práctico de Marx en sus Tesis sobre Feuerbach.
Este concepto de objeto, o de objetividad, entraña un concepto de práctica que
rebasa el marco estrictamente gnoseológico y que se podría caracterizar, con
base en los Cuadernos filosóficos, por las siguientes notas: a) es
una actividad del hombre dirigida a un fin; b) en la cual se transforma un
mundo objetivo (la objetividad dada, presente) y c) cuyo resultado es una
objetividad verdaderamente existente.
La
práctica en el proceso de conocimiento
Teniendo
a la vista este concepto de práctica podemos detenernos ahora en la relación
entre conocimiento y práctica, o también en el papel de ésta en el
conocimiento. Por lo pronto, registremos lo que ya se ha reconocido en Materialismo
y empiriocriticismo: la práctica como criterio de verdad, de la verdad
objetiva o de la objetividad del conocimiento. Lo que el conocimiento debiera
dar, dice ahora Lenin, es “…el objeto en su necesidad, en sus
relaciones multilaterales, en sus movimientos contradictorios, an-und für sich“. 33 Y
agrega, leyendo a Hegel con su propia clave, que “…la
práctica del hombre y la humanidad es la prueba, el criterio de la objetividad
del conocimiento”.
Pero Lenin no
se detiene en esto. Y se comprende: en primer lugar, porque para entender por
qué la práctica es criterio de verdad se precisa entender la relación de
conocimiento y práctica no como algo exterior sino en su vinculación
intrínseca. Se necesita tener una visión del proceso cognoscitivo que no estaba
en Materialismo y empiriocriticismo y que es precisamente la
consideración de la práctica desde dentro, como parte integrante, elemento o
fase de dicho proceso. Lenin expresa claramente que “el
proceso de conocimiento… incluye la práctica humana y la técnica“. 34 Lenin la
sitúa unas veces al final de proceso: “De la percepción viva al pensamiento
abstracto, y de éste a la práctica: tal es el camino dialéctica del
conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva.” 35 Otras
presenta la práctica como una fase por la que ha de pasar el conocimiento: “La
verdad es un proceso. De la idea subjetiva el hombre avanza hacia la verdad
objetiva a través de la ‘práctica’ (y la técnica)”. 36 Pero,
de un modo u otro, hay que incluir la práctica en el proceso cognoscitivo, pues
—como dice Lenin: “Lo que hace falta es la unión del
conocimiento y la práctica.” 37
Así,
pues, el problema de la práctica ya planteado en Materialismo y
empiriocriticismo vuelve a plantearse: «...La actividad práctica
del hombre debe llevar su conciencia a la repetición de las diferentes figuras
de la lógica, miles de millones de veces, a fin de que esas cifras puedan
obtener la significación de axiomas.» 38 Pero la inclusión
de la práctica en el proceso cognoscitivo le priva de la exterioridad con que
se presentaba dicho criterio en la obra anterior. Ciertamente, la introducción
de la práctica como criterio de verdad es ahora consecuencia necesaria de su
inclusión como fase o elemento necesarios del proceso de conocimiento. Y esto
lo ha visto claramente Lenin apoyándose en Hegel:
«…En Hegel la práctica sirve como eslabón en el análisis del proceso de
conocimiento y, por cierto, como transición hacia la verdad objetiva. Por
consiguiente, Marx se ubica claramente al lado de Hegel cuando introduce el
criterio de práctica en la teoría del conocimiento: Véanse las Tesis sobre F
euerbach.” 39
¿Por qué
remite Lenin a esas Tesis? Porque en ellas, o más
exactamente en la Tesis II, se dice que el problema de la verdad
del pensamiento no es teórico sino práctico; debe resolverse en la práctica y,
al margen de ella, es un problema escolástico. Lo que quiere decir a su vez
que, aislado de la práctica, no hay conocimiento (o pensamiento verdadero),
pero entendiendo la relación entre ambos términos de un modo intrínseco. Ahora
bien, si no hay pensamiento sin práctica, tampoco hay práctica sin pensamiento,
ya que es una actividad humana dirigida a un fin, consciente. El criterio de
verdad no es, pues, exterior al conocimiento sino interno a él en cuanto que la
práctica entra necesariamente en el conocimiento.
Así,
pues, vista desde el lado gnoseológico, la práctica es parte integrante del
conocimiento, y de ahí su unión intrínseca; pero como actividad humana que
transforma el mundo objetivo, dándose así el hombre nueva objetividad, requiere
a su vez como parte o elemento de ella el pensamiento. En Lenin vemos
claramente la unidad de los dos términos, así como su distinción. Y no sólo
esto sino también la superioridad de uno sobre el otro. “La práctica es
superior al conocimiento (teórico), porque posee no sólo la dignidad de lo
universal, sino también la de la realidad inmediata.” 40
Dentro de
la unidad de conocimiento y práctica hay una distinción relativa que le permite
a Lenin establecer la superioridad de la práctica sobre la
teoría. Y funda esta superioridad en que la práctica, posee, justamente por el
elemento teórico, cognoscitivo que incluye necesariamente, “la dignidad de
lo universal”, pero asimismo en cuanto que la práctica opera sobre la
realidad inmediata, está en relación con ella y produce una nueva realidad (una
nueva objetividad), tiene también la concreción, la inmediatez de la realidad.
Con esto
podemos dar por terminado nuestro examen de la concepción leniniana de la
praxis por lo que toca a la relación entre práctica y conocimiento, concepción
que podemos resumir así: a) la práctica forma parte del conocimiento; b) el
conocimiento sólo existe en su relación con la práctica. Pero en esta unión que
no excluye la distinción, la práctica tiene la primacía porque ella es, a la
vez, abstracta y concreta, universal y concreto-real.
Reconsideración
del idealismo y el materialismo
A la luz
de esta primacía de la práctica debemos ver ahora cómo considera Lenin las
diferencias, convertidas en oposiciones, de subjetividad y objetividad así como
de idealismo y materialismo, que habíamos encontrado en Materialismo y
empiriocriticismo. Siguiendo a Hegel, Lenin ve
que esas diferencias son relativas y que el no tener en cuenta su relatividad
es lo que determina que ambos términos aparezcan en su unilateralidad de un
modo absoluto. 41 Y lo que permite su relativización es
justamente la práctica. “De la idea subjetiva el hombre avanza hacia la
verdad objetiva a través de la práctica (y de la técnica).” 42
La teoría
del reflejo, tal como se exponía en su obra anterior, presentaba al sujeto y al
objeto, a la idea subjetiva y a la verdad objetiva, sin la mediación de la
práctica. Ahora es esta última la que mantiene la diferencia, pero también sus
límites entre lo subjetivo y lo objetivo. Tan unilateral es considerar que las
determinaciones del objeto sólo son puestas por el sujeto como pensar que éste
se limita a absorber (a reflejar) las determinaciones que extrae del objeto.
Lenin hace
suyo lo que dice Hegel contra el «idealismo subjetivo”
y el «realismo«, y este realismo entre comillas es el que, según Hegel,
«considera el concepto subjetivo como una identidad vacía que absorbe las
determinaciones del pensamiento desde fuera”. 43 En
concordancia con esto, Lenin hace suya también la
formulación hegeliana en la que se expresa la superación de lo subjetivo y lo
objetivo. “Muy bueno es el §225 de la ENCICLOPEDIA donde el ‘conocimiento’
(teórico) y la ‘voluntad’, la ‘actividad práctica’, son descritos como dos
aspectos, dos métodos, dos medios de abolir la ‘unilateralidad’ de la
subjetividad y la objetividad?.“ 44 La primera
unilateralidad es la del idealismo; la segunda, la del materialismo.
La
distinción y unidad de lo subjetivo y lo objetivo, su relativización y el papel
de la práctica en ella, significan que Lenin ha superado el
materialismo tradicional a la vez que revalúa el idealismo. En este sentido no
se puede dejar de subrayar su acercamiento a la Tesis I sobre Feuerbach.
El idealismo ya no es en los Cuadernos filosóficos un simple
instrumento reaccionario como se le consideraba en Materialismo y
empiriocriticismo. Desarrolla el momento activo del conocimiento, pero
desconoce el verdadero punto de partida (el “primer comienzo”) que es lo
real y no ve que el objeto producido en esa actividad sólo se da en relación
con la práctica. A su vez, la práctica no sólo está en el curso del proceso
cognoscitivo sino al final en cuanto que el conocimiento se objetiva en ella.
Por esto dice Lenin: «El ‘primer comienzo’ es olvidado y
deformado por el idealismo. El materialismo dialéctica es el único en haber
vinculado el ‘comienzo’ con la continuación y el fin.“ 45
El
idealismo no puede ser considerado simplemente absurdo. Hay en él algo racional
—como reconoce Marx en su Tesis I sobre Feuerbach— que Lenin valora
a la vez que señala la exageración idealista: “El idealismo filosófico es
desarrollo unilateral, exagerado, de uno de los momentos reales del
conocimiento.”46 Y en cuanto que el conocimiento es
actividad teórica, abstracta, está dada la posibilidad del idealismo “ya en la
primera abstracción elemental”. 47 Es decir, está dada si el
momento activo del conocimiento es aislado de la actividad práctica. En la
exageración del momento real, activo y en su aislamiento radica, pues, la
unilateralidad del idealismo. Por ello afirma Lenin: “El
idealismo filosófico sólo es absurdo desde el punto de vista del materialismo
burdo, simplista, metafísico.» 48 O sea, es absurdo desde
el punto de vista del materialismo criticado por Marx en la
citada Tesis I, que ignora precisamente lo que el idealismo
desarrolla, el momento activo del conocimiento y que no toma en cuenta —al igual
que el idealismo— la práctica. Con lo cual tenemos que si el idealismo deja
fuera la práctica para reconocer unilateralmente la actividad teórica, el
materialismo deja fuera tanto una como otra.
Lenin puede
decir por todo esto que el materialismo tiene una concepción metafísica y no
dialéctica del conocimiento; que deja de ver a éste en su movimiento, como un
proceso del que forma parte necesariamente la práctica.
“La
dialéctica como conocimiento vivo… he ahí un contenido inmensamente rico en
comparación con el materialismo ‘metafísico’, cuya desdicha fundamental es su
incapacidad para aplicar la dialéctica a la Bildertheorie [teoría del reflejo],
al proceso y desarrollo del conocimiento.” 49
Ahora
bien, esta crítica del materialismo metafísico es aplicable al propio Lenin y
tiene, por tanto, el carácter de una verdadera autocrítica en cuanto que él,
en Materialismo y empiriocriticismo, tampoco ha aplicado la
dialéctica al conocimiento; es decir, en cuanto que no lo ha considerado como
un proceso activo del que forma parte la práctica, si bien ha reconocido su
papel, desde fuera, como criterio de verificación. Y esa crítica es tanto más
aplicable a Lenin si se tiene en cuenta —a la luz de la concepción
dialéctica que halla su fuente en las Tesis sobre Feuerbach— que su
crítica anterior del idealismo no la hace en el espíritu de esas Tesis sino
del materialismo tradicional criticado, a su vez, en ellas.
Pero en
cierto modo, aunque oblicuamente, Lenin reconoce la
insuficiencia de su posición anterior. En efecto, su crítica actual a Plejánov,
fuente de su actitud filosófica en Materialísmo y empíriocriticismo,
es su propia auto-crítica:
“1.
Plejánov crítica al kantismo (y al agnosticismo en general) mas desde un punto
de vista materialista vulgar que desde un punto de vista dialéctico
materialista, en la medida en que no hace más que rechazar sus razonamientos a
limine en lugar de corregirlos (como Hegel corrigió a Kant), profundizarlos,
generalizarlos y ampliarlos, demostrando las conexiones y las transiciones de
todos y cada uno de los conceptos.
«2. Los
marxistas criticaron (a principios del siglo XX) a los kantianos y a los
discípulos de Hume más bien a la manera de Feuerbach (y de Büchner) que de
Hegel.” 50
Si en el
punto 1 lo que Lenin tiene presente sobre todo es el
conocimiento como proceso viendo, por tanto, cada concepto en sus conexiones y
transiciones, en el punto 2 lo que hace ver es el carácter materialista
contemplativo de la crítica —la suya anterior— del idealismo “a la manera de
Feuerbach ”.
Recapitulación:
Lenin, teórico de la praxis
Si la
praxis es actividad subjetiva y objetiva, conocimiento teórico y práctica,
superación de la unilateralidad de la subjetividad y la objetividad, podemos
comprender la importancia que Lenin concede a la teoría,
importancia que se pone de manifiesto en su propia actividad teórica y práctica
política. La teoría no es exterior a la práctica, a la vez que esta última
forma parte de la producción teórica. Desde que inicia su actividad revolucionaria, Lenin ha
tenido conciencia de que las posiciones prácticas en la lucha real involucran
posiciones teóricas. Allí donde la práctica política se estanca, deforma o
desvía hay que ver también —pues «la subjetividad está en los actos mísmos”—
un estancamiento, deformación o desviación teóricos. Ya en una obra tan
temprana como Quiénes son los “amigos del pueblo” (1894) vemos
claramente el contenido práctico de su actividad teórica: acabar con las
ilusiones, apoyarse en el desarrollo efectivo y no en el deseable; o también: “señalar
la salida de este orden de cosas que es indicada por el desarrollo económic0«. 51 La
teoría se vuelve práctica; ella permite despertar conciencias, agitar, etc,
pero, dice asimismo Lenin, a condición de que responda: a) a las
demandas del proletariado; b) a exigencias científicas. O sea: para Lenin,
la función práctica de la teoría (su condición de respuesta a exigencias
prácticas, del proletariado) se halla vinculada a su carácter científico,
vinculación que es propia del marxismo o de la teoría y la práctica políticas
inspiradas por él.
La unión
de ambos aspectos es, a juicio de Lenin, lo distintivo de
la teoría de Marx ya que «por su misma
esencia es una teoría crítica y revolucionaria”, y aclara
inmediatamente que crítica significa aquí materialista, científica. “Esta
teoría se plantea directamente como su tarea poner al descubierto todas las
formas del antagonismo y de la explotación de la sociedad moderna, seguir su
evolución, demostrar su carácter transitorio, lo inevitable de su conversión en
otra forma y ser-oir así al proletariado para que éste termine lo antes
posible, y con la mayor facilidad posible, con toda explotación.” 52
La teoría
marxista es científica y, justamente por serlo, sirve al proletariado. Este
servicio no es casual, ya que la teoría existe en función de una práctica —la
del proletariado— y como parte de ella. Así, pues, en la teoría misma se dan
indisolublemente unidos su carácter científico y su naturaleza práctica
revolucionaria. Por ello, agrega Lenin, el marxismo “une un
rígido y supremo cientifismo siendo como es la última palabra de la ciencia
social y el revolucionarismo, y los une no casualmente… sino que los une en su
teoría misma con lazos eternos e indisolubles”. 53
Tenemos,
pues, que la función práctica de la teoría estriba en ayudar al proletariado en
su lucha y, por tanto, en su encontrarse en los actos mismos (racionalidad
práctica), pero sólo puede ayudarle (hacerse presente en esos actos) como
teoría científica. He ahí por qué Lenin habla de “lazos
internos e indisolubles” entre su cientifismo y su revolucionarismo; el
cientifismo se vuelve necesario para poder formular normas, programas o
consignas fundados, no utópicos, sin que por ello la ciencia tenga que desnaturalizarse.
Por el contrario, la “verdadera consigna de lucha” de la ciencia es,
según Lenin, “saber presentar objetivamente esta lucha como
producto de un determinado sistema de relaciones de producción, saber
comprender la necesidad de esta lucha, su contenido, el curso y las condiciones
de su desarrollo”. 54
Hay un
objetivo general en el marco del cual se inscribe para Lenin el
conocimiento y la programación política, a. saber: la “destrucción completa
y definitiva de toda explotación”. Y ello cualquiera que sea el nivel de la
abstracción o el grado de inmediatez o urgencia del programa politico. La
teoría para Lenin como conocimiento cientifico de la realidad
historico-social que se aspira a transformar de acuerdo con fines
revolucionarios, es pues no sólo reflexión sobre la praxis sino ante todo teoría
de la praxis, teoría que surge de la práctica, la sirve y a la vez está en la
práctica misma como parte necesaria e indisoluble de ella.
NOTAS
1. Carta
a Gorki, 25 dc febrero de 1908, en: V. I. Lenin, Obras completas, trad. esp.
de la 43 edición rusa, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1958-1960, t. 13,
pp. 456-457. (Todas las citas de Lenin se hacen por esta edición.)
2. V. I.
Lenin, Materialismo y empiriocriticisma, en: Obras completas, t. 14, p. 18.
3. Lenin,
“Los que nos niegan», Obras completas, t. 17, p. 68.
4. Lenin,
Materialismo y empiriocriticismo, ed. cit., p. 74.
5. Ibid.,
p. 102
6. Cf. C.
Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844, en: C. Marx y F. Engels,
Escritos económicos varios, trad. de W. Roces Grijalbo, México, D. F., 1962,
pp, 117, 123 y C. Marx y F. Engels, La ideología alemana, trad. de W.
Roces, EPU, Montevideo, 1959, pp. 46-47.
7. C.
Marx, Tesis sobre Feuerbach, en: C. Marx y F. Engels, La ideologia alemana,
ed. cit., p. 633.
8.
Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, ed. cit., p. 25.
9. Ibid,
p. 138.
10. Ibid.
11. lbid,
p. 141.
12.
Ibid., p. 149.
13.
Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 141.
14. Cf.
Anton Pannekoek, “Lenin filósofo” y Karl: Korsch, “La filosofía de Lenin”, en:
K. Korsch y A. Pannekoek, Lenin filósofo, trad. de J. Garzón, Ed. I-Iadise,
México, D. F., 1972.
15. lbid,
p. 37.
16.
Lenin, Cuadernos filosóficos, en: Obras completas, t. 8B, p. 214.
17. Ibid»
p. 352.
18. Ibid,
p. 223.
19. Ibid,
p. 188.
20.
Ibid., pp. 245-246.
21. Ibid,
p. 165.
22.
Ibid., p. 176.
23.
Ibid., p. 181.
24. Ibid.
25.
lbid., p. 182.
26. Ibid,
p. 183.
27. Ibid,
pp. 204-205.
28. C.
Marx, El capital, I, trad. de W. Roces, Fondo de Cultura Económica,
México-Buenos Aires, 1964, p. 130.
29.
Lenin, Cuadernos filosóficos, p. 205.
30.
Ibíd., p. 206.
31. Ibid,
p. 210.
32. Ibid,
p. 210.
33. Ibid,
p. 203.
34.
Ibid., p. 195.
35. Ibid,
p. 165.
36.
Ibid., p. 193.
s7. Ibid.,
p. 20s.
38.
Ibid., p. 184.
39.
Ibid., p. 184.
4o.
Ibid., p. 206.
41.
Ibid., p. 20o.
42.
Ibid., p. 193
43.
Lenin, Cuadernos filosóficos, p. 200.
44. lbid.
45. lbid.
46. Ibid,
p, 284.
47.
Ibid., p. 354.
48. Ibid,
pp. 363-364.
49.
Lenin, Cuadernos filosóficos, p. 354.
50.
Ibid,, pp. 173-174.
51.
Lenin. Quiénes son los «amigos del puebla”, en: Obras completas, t. l, p. 314.
52.
Lenin. Ibid, p, 347.
53. Ibid.
51 Lenin.
Quiénes son los «amigos del puebla”, en: Obras completas, t. l, p. 314.
52 Lenin.
Ibid, p, 347.
54.
Ibid., p. 348

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