© Libro N° 14023. Contra La
Escuadrilla Lafayette. Wolfe, Gene.
Emancipación. Julio 5 de 2025
Título Original: © Contra La Escuadrilla Lafayette. Gene
Wolfe
Versión Original: © Contra La Escuadrilla Lafayette. Gene Wolfe
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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CONTRA LA ESCUADRILLA
LAFAYETTE
Gene Wolfe
Contra La
Escuadrilla Lafayette
Gene Wolfe
¿Recuerda usted el relato Como Perdí La Segunda Guerra Mundial Y
Contribuí A Rechazar La Invasión Alemana? Pues aquí tienen ahora otro cuento en
el mismo estilo, y por el mismo autor que aquel. Gene Wolfe del que pueden leer
en español la novela "La quinta cabeza de Cerbero" en Ediciones
Acervo, y el cuento "La muerte del doctor Isla" en las antologías
Universum de Terry Carr publicadas por la colección argentina Andrómeda, es un
escritor realmente peculiar, que se aparta de todas las normas. Puede que a usted,
personalmente no le gusten este tipo de relatos. Pero para tranquilidad de su
conciencia le diremos que precisamente éste mereció, en el año de su
publicación 1972, el premio Nebula a la mejor historia corta. Lo cual quiere
decir que no todo el mundo opina como usted.
He construido una réplica perfecta de un Fokker triplano, si exceptuamos
el tipo de pintura del fuselaje. Mide cinco metros y setenta y cinco
centímetros de largo y tiene un ancho de ala de siete metros y diecinueve
centímetros, igual que el original. El motor es una copia auténtica de un
Oberursel UR II. Tengo un torno y una fresadora y he construido la mayoría de
las piezas del motor yo mismo, aunque algunas debí encargarlas a una compañía
de Cleveland, y la mayor parte de los componentes eléctricos fueron hechos en
Louisville, Kentucky.
Al principio esperaba haber conseguido un motor original, y escribí mis
primeras cartas a Alemania con esa idea en mente, pero no fue posible; hay sólo
unos cuantos, y por lo que yo pude averiguar ninguno en manos privadas. El
Oberursel Worke ya no está en existencia. Pude realizar mis planes a pesar de
todo, mediante la cooperación de algunos aficionados alemanes. Hice un nuevo
plano de mi proyecto, traduciendo yo mismo el alemán que fue necesario, y lo
envié a Cleveland. Un hombre del periódico vino a tomar algunas fotos cuando el
Fokker estaba casi listo para volar, y estimé entonces que había empleado más
de tres mil horas en la construcción. Hice todo el fuselaje y el ensamblaje yo
mismo, y también la hélice.
He intentado hacerlo todo tan parecido a la realidad como fuera posible,
y hasta tengo dos ametralladoras 7.92 mm Maxim "Spandau" montadas
justo al frente de la carlinga. Naturalmente que no están cargadas, pero si
acopladas al motor con el mecanismo interruptor del Fokker Zentralsteuerung.
La cuestión de la pintura me creó un problema con un hombre de Oregon,
con el que mantenía correspondencia, que volaba en un Nieuport Ecout. La
pintura auténtica, como ya deben saber ustedes, era extremadamente inflamable.
El quería saber si yo la había usado, y cuando le dije que no empezó a
criticarme. Tal como expliqué entonces, quiero demasiado al Fokker para
exponerme a que se incendie, y si Antony Fokker y Reinhold Platz hubieran
tenido pintura a prueba de fuego la habrian utilizado. Esto no dejó satisfecho
al hombre de Oregon y finalmente se puso tan pesado que ya no contesté sus
cartas. Sigo creyendo que lo que hice fue correcto, y si tuviera nuevamente la
oportunidad volvería a repetirlo.
Precisé de un remolque especialmente construido para trasladar el
Fokker, y cambié mi coche por un camión para arrastrarlo y transportar piezas y
repuestos, pero procuro dejarlo en un pequeño campo que hay cerca de aquí donde
tengo alquilado un hangar, y moverlo lo menos posible por las carreteras.
Cuando hago esto, debido al ancho de la carga, he de conducir muy lentamente y
utilizar exclusivamente ciertas carreteras. La gente siempre se para a mirar
cuando paso, y algunas veces puedo oír como desde los porches llaman a otras
personas para que salgan a verme. Creo que, particularmente, les interesan las
tres alas del Fokker, y será muy raro que lo vea alguna vez un veterano de la
guerra... casi siempre un hombre que fuma pipa y tiene un bastón. Cuando puedo
oír los comentarios son bastante estúpidos, pero disfruto viendo como una luz
emerge en los ojos de los que miran.
La mayor parte del tiempo el Fokker está en su hangar en el campo y
ustedes no me reconocerían cuando me dispongo a volar. Hay una cruz negra
pintada sobre la puerta de mi camión, pero no significaría nada para ustedes.
Supongo que no significaría nada para ustedes ni siquiera si me hubieran visto
salir el día que vi al globo.
Era uno de los primeros días de la primavera, con una sensación de
frescor en el ambiente realmente indescriptible. Tres días antes me había
elevado por primera vez aquel año, yendo después del trabajo y volando con un
tiempo más bien malo con muy poca luz; un vuelo de invierno, realmente. Ahora
era sábado y todo había cambiado. Recuerdo como revoloteaba mi bufanda mientras
estaba hablando con el mecánico en el campo.
El viento era bueno, viniendo de la parte más ancha del campo hacia mi,
llegando bajo las alas del Fokker y levantándolo como a una cometa antes de
haber recorrido treinta metros. Giré ligeramente entonces, echando una buena
mirada al campo, con toda la hierba, verde y renovada, empezando a brotar, y
ajustándome las gafas.
¿Han estado alguna vez en una carlinga abierta viendo las riostras de
las alas temblar y la tierra oscilando abajo, muy lejos ? No hay cosa parecida.
Eché hacia atrás el timón, sin parar, y ascendió cada vez más hasta que me
encontré mirando hacia abajo la espalda de todos los pájaros, y no podía
asegurar cuál de los pequeños tejados que contemplaba era el de mi casa o el de
la fábrica donde trabajaba. Luego dejé de mirar abajo y lo hice hacia arriba y
muy lejos, siempre acordándome de observar por encima de mi hombro el sol donde
los S.E. 5 del Royal Flying Corps acostumbran a fluctuar como dragones
voladores, invisibles a causa del resplandor.
Luego miré a lo lejos y vi, casi sobre el horizonte, un punto naranja.
Entonces no sabía, naturalmente, lo que era; pero hice señales a los otros
miembros del comando Jagstaffel y viré hacia él, con el Fokker estremeciéndose
ante el desafío. Aquello se movía con el viento, es decir, alejándose de mi
porque el viento era de cola, y nos dirigimos hacia él, elevándonos
constantemente.
En realidad no era rojo naranja como yo había pensado al principio. Se
trataba más bien de mil colores y matices, con rojos, amarillos y blancos
predominando. Me elevé hacia él casi verticalmente con el timón tirado hacia
atrás, casi hasta el suelo. Debido a ello no habia podido ver, al principio, la
cesta que pendía del aerostato. Luego me coloqué a su altura y estuve dando
vueltas alrededor a cierta distancia. Fue entonces cuando me di cuenta de que
era un globo. Después de un momento vi también que era un modelo construido a
la vieja usanza con una cesta de mimbre para los pasajeros, y que había alguien
en ella. Por el momento me interesaba más la profusión de los colores y
proseguí girando alrededor lentamente hasta que pude verlos mejor. Los azules
de un huevo de Pascua y los negros, los rojos, blancos y amarillos.
Lo comprendí todo cuando divisé a la muchacha. Ella era la pasajera, una
mujer muy hermosa que llevaba faldas almidonadas y cuyo cabello castaño rizado
caía sobre sus hombros desnudos. Me hizo señas y fue entonces cuando entendí.
Las damas de Richmond lo habían confeccionado para el ejército
Confederado, utilizando para ello sus vestidos de seda. Recordé haber leído
algo sobre ello. La muchacha de la cesta me tiró un beso y yo le hice señas,
intentando comunicarle que ninguno de los hombres de mi escuadrilla podría
causarle ningún daño; que habíamos pensado en principio que su artefacto
pudiera haber sido un globo de observación francés o italiano, pero que en el
futuro ella no debía temer a ningún arma al servicio del Flugzeugmeisterei del
Kaiser.
Estuve volando en círculos alrededor del aerostato por algún tiempo,
mientras ella se giraba lentamente para seguir el movimiento de mi aeroplano, y
hablamos lo mejor que pudimos mediante gestos y sonrisas. Finalmente, cuando
observé que el combustible se estaba terminando, le indiqué que debía irme. La
muchacha se acercó a un recipiente oculto por el borde de la cesta y asió una
botella marrón apada con un corcho, defectuosamente modelada. Volé mucho más
cerca del globo hasta que pude ver la casi destrozada etiqueta de color
amarillento. Era una botella original, uno de los refrescos mas antiguos.
Mientras la observaba la mujer destapó el envase, bebió y, simbólicamente, me
ofreció la bebida.
Luego debí marcharme. Volví al campo pero me vi obligado a tomar tierra
con la última gota de mi combustible cuando me hallaba a medio kilómetro.
Naturalmente realimenté el Fokker rápidamente y volví a despegar, pero no pude
encontrar el globo.
Nunca he podido volver a localizarlo, aunque vuelo casi cada día y
siempre que el tiempo lo permite. Sólo veo un cielo vacío y unos cuantos
aviones. Algunas veces, a decir verdad, me pregunto si las cosas no habrían
sido diferentes en caso de que hubiera utilizado, una vez terminado el Fokker,
la pintura original auténtica e inflamable. Ella era tan real... De vez en
cuando, al llegar la noche, pienso que la veo a lo lejos, por encima de las
nubes, y prosigo mi vuelo tanto como puedo a través del silencioso firmamento
con el Fokker estremeciéndose a mi alrededor y con la válvula de paso abierta
al máximo.
Pero únicamente está el sol.
FIN

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