© Libro N° 14018. Conversaciones
Sobre Freud. Wittgenstein,
Ludwig. Emancipación. Julio 5 de
2025
Título Original: © Conversaciones Sobre Freud. Ludwig
Wittgenstein
Versión Original: © Conversaciones Sobre Freud. Ludwig Wittgenstein
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
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Ludwig Wittgenstein
Conversaciones
Sobre Freud
Ludwig Wittgenstein
En estas
discusiones Wittgenstein se mostraba crítico con Freud. Pero también ponía de
relieve cuánto interés encierra, por ejemplo, lo que Freud dice sobre la noción
de «simbolismo onírico» o su sugerencia de que al soñar estoy «diciendo algo»
en algún sentido. Intentaba separar en Freud lo valioso y el «modo de pensar»
que quería combatir.
Me contó que cuando
estaba en Cambridge antes de 1914 pensaba que la psicología era una pérdida de
tiempo. (Aunque no era un ignorante en ella. Le escuché explicar a un
estudiante la ley de Weber-Fechner de un modo que no podía provenir simplemente
de la lectura del artículo de Meinong o de sus discusiones con Russell.) «Pero
algunos años más tarde leí algo de Freud y quedé muy gratamente sorprendido.
Había allí alguien que tenía algo que decir.» Creo que esto era poco antes de
1919. Y durante el resto de su vida Freud fue uno de los pocos autores que
consideró dignos de leer. En la época de estas discusiones acostumbraba a
hablar de sí mismo como de «un discípulo de Freud» y de «un seguidor de Freud».
Admiraba a Freud
por las observaciones y sugerencias de sus escritos, por «tener algo que decir»
incluso allí donde, según su opinión, estaba equivocado. Por otro lado, pensaba
que la enorme influencia del psicoanálisis en Europa y América era perjudicial,
«aunque pasaría mucho tiempo antes de liberarnos de nuestra sumisión a él».
Para aprender de Freud hay que ser crítico, y el psicoanálisis por lo general
lo impide.
Hablé una vez del
daño que se produce al escribir, cuando un autor intenta introducir el
psicoanálisis en su relato. «Por supuesto, no hay nada peor», dijo. Siempre
estaba dispuesto a ilustrar con relatos lo que Freud quería decir, pero
recurría a historias escritas con independencia del psicoanálisis. Una
vez, Wittgenstein
estaba refiriendo algo que Freud había dicho y el consejo que le había dado a
alguien, y uno de nosotros replicó que tal consejo no parecía muy sabio. «¡Oh,
ciertamente que no!», dijo Wittgenstein. «Pero sabiduría es algo que yo nunca esperaría
de Freud. Inteligencia sí, pero no sabiduría.» Sabiduría era algo que admiraba
en sus narradores favoritos: en Gottfried Keller por ejemplo. El tipo de
crítica que ayudaría en el estudio de Freud tendría que ir a lo profundo, y eso
no es corriente.
RUSH RHEES
WITTGENSTEIN
(Notas de R.R.
tomadas tras una conversación, verano de 1942.)
Cuando estudiamos
psicología podemos sentir que hay algo en ella de insatisfactorio, alguna
dificultad con respecto al sujeto entero de estudio: la causa es que tomamos a
la física como nuestro ideal de ciencia. Pensamos en formular leyes como en la
física. Y entonces nos damos cuenta de que no podemos usar el mismo tipo de
«métrica», las mismas ideas de medición que la física. Esto resulta
especialmente claro cuando intentamos describir fenómenos: las mínimas
diferencias perceptibles de los colores; las mínimas diferencias perceptibles
de la longitud, etc. Parece que aquí no podemos decir: «Si A=B, y B=C, entonces
A=C», por ejemplo. Y esta clase de dificultad se extiende a todo este asunto.
O supongan ustedes
que quieren hablar de causalidad en el ámbito de los sentimientos. «El
determinismo se aplica a la mente tanto como a los objetos físicos.» Esto es
oscuro, porque cuando pensamos en leyes causales de objetos físicos pensamos en
experimentos. No tenemos nada parecido en el ámbito de los sentimientos y de la
motivación. Y, a pesar de eso, los psicólogos pretenden decir: «Tiene que haber
alguna ley», aunque no se ha encontrado ley alguna. (Freud: «¿Quieren decir,
caballeros, que los cambios en los fenómenos mentales son guiados por el
azar?») Mientras que a mí lo que me parece importante es el hecho de que en
realidad no haya leyes así.
La teoría de los
sueños de Freud. Él pretende decir que, sea lo que sea lo que suceda en un
sueño, siempre se descubrirá que está conectado con algún deseo que el análisis
puede sacara la luz. Pero este procedimiento de la libre asociación, etc., es
curioso, porque Freud nunca muestra cómo sabemos dónde hay que parar, dónde
está la solución correcta. Unas veces dice que la solución correcta, o el
análisis correcto, es aquella que satisface al paciente. Otras dice que es el
médico quien sabe cuál es la solución correcta o el análisis correcto del
sueño, mientras que el paciente no lo sabe: el médico puede decir que el
paciente está equivocado.
No parece que sea
evidente la razón por la que llama correcto a un cierto tipo de análisis y no a
otro. Tampoco lo es la afirmación de que las alucinaciones, e igual los sueños,
son realizaciones de deseo. Suponga que una persona hambrienta tiene una alucinación
de comida. Freud quiere decir que una alucinación de cualquier cosa requiere
una energía tremenda: no es algo que pueda suceder normalmente, sino que la
energía se genera en las circunstancias excepcionales en las que el deseo de
comida de una persona es incontenible. Esto es una especulación. Es el tipo de
explicación que nos inclinamos a aceptar. No se propone como resultado de un
examen detallado de variedades de alucinaciones.
Freud en sus
análisis proporciona explicaciones que mucha gente se siente impulsada a
aceptar. Él enfatiza, por el contrario, que la gente se siente des-impulsada a
ello. Pero si una explicación es tal que la gente siente rechazo a aceptarla,
es muy probable que sea también de las que la gente se siente impulsada a
aceptar. Y, de hecho, esto es lo que el caso de Freud ha puesto de manifiesto.
Tomemos la idea de Freud de que la ansiedad es siempre de algún modo una
repetición de la ansiedad que sentimos en el nacimiento. Él no afirma esto
aportando pruebas: no podría. Pero es una idea que posee una atracción
considerable. Posee la atracción de las explicaciones mitológicas, que dicen
que todo esto es una repetición de algo que ha sucedido antes. Y cuando la
gente acepta o adopta esto, ciertas cosas le parecen mucho más claras y
fáciles. Así sucede también con la noción de inconsciente.
Freud pretende
encontrar pruebas en recuerdos sacados a luz en el análisis. Pero a partir de
cierto momento ya no está claro hasta qué punto esos recuerdos río se deben al
analista. En cualquier caso, ¿muestran ellos que la ansiedad era necesariamente
una repetición de ansiedad original?
El simbolismo en
los sueños. La idea de un lenguaje onírico. Piensen en la interpretación de un
cuadro como imagen de un sueño. Un día en Viena yo (L.W.) visité una exposición
de cuadros de una joven artista. Había uno que representaba una habitación vacía
parecida a un sótano. Dos hombres con sombrero de copa sentados en sillas. Nada
más. Y el título: Besuch («Visita»). Al verlo dije inmediatamente: «Esto es un
sueño». (Mi hermana describió el cuadro a Freud, y éste le dijo: «Oh, sí, se
trata de un sueño muy común» relacionado con la virginidad.) Adviertan que el
título es el que lo cataloga como sueño, con lo que no quiero decir que la
pintora soñara algo parecido mientras dormía. Ustedes no dirían de cualquier
cuadro «Esto es un sueño». Y esto muestra que existe algo parecido a un
lenguaje onírico.
Freud menciona
varios símbolos: los sombreros de copa son normalmente símbolos fálicos; los
objetos de madera, como las mesas, son mujeres; etc. Su explicación histórica
de esos símbolos es absurda. Podríamos decir que no se la necesita para nada:
es la cosa más natural del mundo que una mesa signifique eso.
Pero el soñar -el
usar este tipo de lenguaje-, aunque puede usarse en referencia a una mujer o a
un falo, también puede usarse sin referencia alguna a ellos. Si se muestra que
a menudo algunas actividades se llevan a cabo con un fin determinado -golpear a
alguien para infligirle dolor-, apuesto cien contra uno a que bajo otras
circunstancias diferentes también se llevan a cabo y no con ese propósito.
Puede que él sólo quisiera golpearlo sin pensar en causarle dolor alguno. El
hecho de que nos inclinemos a interpretar el sombrero como un símbolo fálico no
quiere decir que la artista necesariamente se estuviera refiriendo de algún
modo a un falo cuando lo pintó.
Consideren esta
dificultad: si un símbolo en un sueño no es comprendido no parece ser símbolo
alguno. Entonces, ¿por qué llamarlo así? Pero supongan que tengo un sueño y
acepto una interpretación determinada de él. Entonces -cuando superpongo la
interpretación al sueño- ya puedo decir: «Ah, sí, la mesa evidentemente
corresponde a la mujer, esto a aquello, etc.»
Supongan que hago
rayas en una pared. De algún modo eso se asemeja a escribir, pero es una
escritura que ni yo ni nadie reconocería o entendería. Así que digamos que
garabateo. Luego comienza un analista a formularse preguntas, a buscar
asociaciones, etc.; y así llegamos a una explicación de por qué hago eso.
Entonces ya podemos correlacionar las diferentes rayas que hice con los
diferentes elementos de la interpretación. Y podemos referirnos al garabateo
como a una especie de escritura, como al uso de un tipo de lenguaje, aunque no
fuera entendido por nadie.
Freud reivindica
constantemente su condición de científico. Pero lo que ofrece es especulación,
algo previo incluso a la formación de hipótesis.
Él habla de superar
resistencias. Una «instancia» es engañada por otra «instancia». (En el sentido
en que hablamos de «un juzgado de segunda instancia» con autoridad para revocar
la sentencia de un tribunal inferior -R.) Se supone que el analista es más fuerte,
y capaz de combatir y superar el engaño de la instancia. Pero no hay manera de
mostrar que el resultado entero del análisis no pueda ser «engaño». Es algo que
las gentes se inclinan a aceptar y que les hace más fácil seguir ciertos
caminos: hace que ciertos modos de conducta y pensamiento les resulten
naturales. Han abandonado un modo de pensar y han adoptado otro.
¿Podemos decir que
hemos expuesto la naturaleza esencial de la mente? ¿No podría haberse tratado
el asunto entero de otro modo?
WITTGENSTEIN
(Notas tomadas
después de conversaciones en 1943; Rush Rhees.)
Sueños. La
interpretación de los sueños. Simbolismo.
Cuando Freud habla
de ciertas imágenes -la imagen de un sombrero, por ejemplo- como símbolos, o
cuando dice que la imagen «significa» tal y tal cosa, está hablando de
interpretación; y de lo que puede hacerse que el soñador acepte como
interpretación.
Es característico
de los sueños el que con frecuencia le parezca al soñador que requieren una
interpretación. No es nada corriente sentirse inclinado a redactar un sueño
diurno, o a contárselo a alguien, o a preguntar: «¿Qué significa?» Pero los
sueños parecen encerrar algo enigmático y especialmente interesante en sí
mismos, de manera que sentimos la necesidad de interpretarlos. (A menudo se han
considerado como mensajes.)
Parece haber algo
en las imágenes oníricas que tiene cierta semejanza con los signos de un
lenguaje. Como podrían tenerla una serie de marcas sobre papel o sobre arena.
Podría no haber ninguna marca que reconociéramos como un signo convencional de
cualquier alfabeto conocido y a pesar de ello podríamos tener un fuerte
sentimiento de que debe tratarse de un lenguaje de algún tipo: de que las
marcas significan algo. Hay una catedral en Moscú con cinco cúpulas. En cada
una de ellas existe un tipo diferente de configuración curvilínea. Da la fuerte
impresión de que esas diferentes formas y disposiciones han de significar algo.
Cuando se
interpreta un sueño podríamos decir que se lo coloca en un contexto en el que
deja de ser enigmático. En cierto sentido el soñador vuelve a soñar su sueño en
contextos tales que su aspecto cambia. Es como si se nos presentara un trozo de
lienzo en el que hubiera pintada una mano y una parte de una cara y ciertas
otras formas colocadas de un modo enigmático e incongruente. Supongan que ese
trozo esté rodeado por una considerable extensión de lienzo blanco, y que en
ella pintamos formas -digamos un brazo, un torso, etc.- que sirven de
transición y se completan con las formas del trozo original; y que el resultado
nos hace decir: «Ah, ahora veo por qué es así, cómo todo se organiza de esta
manera, y qué eran esos diferentes trozos...», etc.
Mezcladas con las
formas del trozo de lienzo original podría haber ciertas formas de las que
diríamos que no se compaginan con el resto de las figuras del lienzo ampliado;
no se trata de partes de cuerpos de árboles, etc., sino de trozos de escritura.
Podríamos decir esto de una serpiente, por ejemplo, o de un sombrero o de cosas
semejantes. (Ellas serían como las configuraciones de la catedral de Moscú.)
No todo lo que se
hace al interpretar sueños es del mismo tipo. Hay un trabajo de interpretación
que, por así decirlo, pertenece todavía al sueño mismo. Al considerar lo que es
un sueño es importante considerar también lo que le sucede, cómo cambia, por ejemplo,
cuando se le pone en relación con otras cosas recordadas. Al despertar la
primera vez un sueño puede impresionarnos de varias formas. Se puede sentir uno
aterrorizado y ansioso; o, si se ha puesto por escrito el sueño, puede
experimentarse una especie de excitación, se puede sentir un interés muy vivo,
sentirse intrigado por él. Si después uno recuerda ciertos sucesos del día
anterior y relaciona con ellos lo que ha soñado, esto ya produce una
diferencia, cambia el aspecto del sueño. Si se reflexiona sobre el sueño, eso
le lleva a uno a recordar ciertas cosas de la primera infancia, lo que le
deparará aún otro aspecto diferente. Y así sucesivamente. (Todo esto tiene
relación con lo que se dijo respecto a soñar el sueño otra vez. En cierto
sentido, esto pertenece aún al sueño.)
Por otro lado, se
podría formular una hipótesis. Leyendo el relato del sueño puede predecirse que
es posible llevar al soñador a recordar ciertas cosas. Y esta hipótesis podría
verificarse o no. Se puede llamar a esto un tratamiento científico del sueño.
Freier Einfall
[«libre asociación»- Trad.] y realización de deseos. Hay varios criterios para
la interpretación correcta: por ejemplo, (1) lo que dice o predice el analista
basándose en su experiencia previa; (2) aquello a lo que al soñador se le lleve
por freier Einfall. Sería interesante e importante que esos dos criterios
coincidieran en general. Pero sería extravagante pretender (como parece hacer
Freud) que deben coincidir siempre.
Lo que sucede en la
freier Einfall probablemente está condicionado por una multitud de
circunstancias. No parece haber razón para decir que tiene que estar
condicionado solamente por el tipo de deseo en el que está interesado el
analista y del que tiene razón en decir que ha debido desempeñar algún papel.
Si ustedes quieren completar lo que parece ser un fragmento de un cuadro,
quizás habría que aconsejarles que no se rompan la cabeza pensando cuál es el
camino más probable que seguía la pintura, sino que, en lugar de ello, miren
fijamente a la pintura y, sin pensar, hagan el primer trazo que se les ocurra.
En muchos casos éste podría ser un consejo muy útil. Pero sería asombroso que
siempre produjera los mejores resultados. Qué trazo hagan es probable que esté
condicionado por todas las cosas que suceden en ustedes y en torno a ustedes. Y
si yo conociera uno sólo de los factores presentes, ello no me diría con
certeza qué trazo iban a hacer ustedes.
Decir que los
sueños son realizaciones de deseo es muy importante, ante todo porque ello
apunta al tipo de interpretación buscada, el tipo de cosa que sería una
interpretación del sueño. Frente a la interpretación que dice que los sueños
son simples recuerdos de lo sucedido, por ejemplo. (No sentimos que los
recuerdos exijan una interpretación del mismo modo que sentimos eso de los
sueños.) Y ciertos sueños son, evidentemente, realizaciones de deseo; corno los
sueños sexuales de los adultos, por ejemplo. Pero parece confuso decir que
todos los sueños son realizaciones alucinatorias de deseo. (Freud ofrece muy a
menudo lo que podríamos llamar una interpretación sexual. Pero es interesante
el que, entre todos los relatos de sueños que ofrece, no haya un solo ejemplo
de sueño sexual explícito. A pesar de que tales sueños son tan comunes como la
lluvia.) En parte porque esta afirmación no parece concordar con sueños que
surgen de la ansiedad más bien que del deseo. En parte porque la mayoría de los
sueños que Freud considera han de verse como realizaciones de deseo camufladas;
y en ese caso, simplemente, no realizan el deseo. Ex hipothesi no se permite
que el deseo se satisfaga y, en lugar de ello, se alucina otra cosa. Si se
burla el deseo de este modo, entonces el sueño difícilmente puede llamarse una
realización suya. También resulta imposible decir si es el deseo o es el censor
el burlado. Aparentemente, ambos, y el resultado es que nadie queda satisfecho.
De modo que el sueño no es una satisfacción alucinatoria de nada.
Es probable que
haya muchas clases diferentes de sueños y que no haya un único modo de
explicación para todos ellos. Igual que hay muchos tipos diferentes de chistes.
O igual que hay muchos tipos diferentes de lenguaje.
Freud estaba
influido por la concepción de la dinámica del siglo XIX, una concepción que ha
influido en todo el tratamiento de la psicología. Él quería encontrar una única
explicación que mostrara qué es soñar. Quería encontrar la esencia del sueño. Y
hubiera rechazado cualquier propuesta que sólo fuera parcialmente correcta.
Tener razón en parte hubiera significado para él estar completamente
equivocado, no haber descubierto realmente la esencia del sueño.
WITTGENSTEIN
(Notas de
conversaciones, 1943, R. R.)
¿Es un sueño un
pensamiento? ¿Soñar es pensar algo?
Supongamos que
ustedes consideran que un sueño es un tipo de lenguaje. Como un modo de decir
algo o como un modo de simbolizar algo. Podría tratarse de un simbolismo
metódico, no necesariamente alfabético, parecido al chino, por ejemplo.
Después, podríamos encontrar, quizás un modo de traducir ese simbolismo al
lenguaje del habla ordinaria, a los pensamientos ordinarios. Pero entonces la
traducción habría de ser posible en ambos sentidos. Y, empleando la misma
técnica, habría de ser posible también traducir pensamientos ordinarios al
lenguaje de los sueños. Pero, como Freud reconoce, esto nunca se ha hecho ni
puede hacerse. Así que podríamos poner en duda que el soñar sea un modo de
pensar algo, que sea un lenguaje siquiera.
Obviamente, hay
ciertas semejanzas con el lenguaje.
Supongan un dibujo
en un tebeo fechado poco después de la última guerra. Podría contener una
figura de la que ustedes dirían que es, obviamente, una caricatura de
Churchill, y otra señalada de algún modo con una hoz y un martillo, de manera
que dirían de ella que es obvio suponer que se refiere a Rusia. Supongan que el
título del dibujo faltara. Incluso entonces, a la vista de las dos figuras
mencionadas, podrían estar seguros de que el dibujo entero, obviamente,
intentaba gastar alguna broma respecto a la situación política de la época.
La cuestión es si
estará siempre justificada su suposición de que hay algún chiste o alguna broma
que sea la broma que quiere gastar esa caricatura. Quizás el dibujo entero no
tiene en absoluto una «interpretación correcta». Podría decir: «Hay indicios -como
las dos figuras mencionadas- que sugieren que la tiene». Y yo podría responder
que quizás esos indicios son todo lo que hay. Aunque haya conseguido una
interpretación de esas dos figuras, puede que no exista motivo para decir que
tiene que haber una interpretación semejante del dibujo entero o de cada uno de
sus detalles.
La situación puede
ser semejante en el caso de los sueños.
Freud preguntaría:
«¿Qué le hizo siquiera soñar esta situación?» Alguien podría responder que no
es necesario que haya habido algo que le hiciera soñar eso.
Parece que Freud
tiene ciertos prejuicios acerca de cuándo una interpretación puede considerarse
completa, y por lo tanto también acerca de cuándo requiere que se la complete,
de cuándo se necesita una interpretación ulterior. Supongan que alguien ignorara
la tradición de los escultores de hacer bustos. Si ese alguien topara con el
busto terminado de un hombre cualquiera podría decir que obviamente se trata de
un fragmento y que ha tenido que haber otras partes suyas que juntas formen el
cuerpo entero.
Supongan que
localizan ciertas cosas en el sueño que pueden interpretarse al modo freudiano.
¿Hay algún motivo siquiera para suponer que tiene que haber una interpretación
para todo lo demás que aparece en el sueño? ¿Que tiene sentido alguno preguntar
cuál es la interpretación correcta de ese resto?
Freud pregunta:
«¿Me está pidiendo que crea que hay algo que sucede sin causa?» Pero esto no
significa nada. Si bajo «causa» incluyen ustedes cosas tales como causas
fisiológicas, entonces hay que decir que no sabemos nada acerca de ellas y que
en ningún caso son relevantes para la cuestión de la interpretación.
Ciertamente no pueden deducir de la pregunta de Freud la aseveración de que en
el sueño cualquier cosa ha de tener una causa, en el sentido de un
acontecimiento pasado con el cual esté conectada por asociación de ese modo.
Supongan que
consideráramos un sueño como un tipo de juego que juega el soñador. (A
propósito, no hay siempre una única causa o una única razón por la cual los
niños jueguen. Es ahí donde generalmente se equivocan las teorías del sueño.)
Podría haber un sueño en el que se juntaran figuras de papel de forma que
compusieran una historia, o en el que se unieran de cualquier otra forma. Los
materiales podrían reunirse y conservarse en un álbum de recortes lleno de
figuras y anécdotas. El niño podría entonces coger varios trozos del álbum de
recortes para ponerlos en su construcción; y podría coger una figura
considerablemente grande porque hay algo en ella que le interesa e incluir
también el resto simplemente porque estaba allí.
Compare la cuestión
de por qué soñamos con la de por qué escribimos historias. No todo es alegórico
en una historia. ¿Qué significaría que intentáramos explicar por qué alguien ha
escrito precisamente esta historia y precisamente de este modo?
No hay una única
razón por la que la gente hable. Un niño pequeño balbucea a menudo por el mero
placer de hacer ruido. Ésa es también una razón por la que hablan los adultos.
Y hay otras muchas innumerables.
Freud parece
influido constantemente por la idea de que un sueño es algo que requiere una
tremenda fuerza mental: seelische Kraft. Ein Traum findet sich niemals mit
Halbheite ab. [«Un sueño nunca se conforma con medianías» -Trad.] Y piensa que
la única fuerza suficientemente poderosa para producir las alucinaciones
oníricas hay que encontrarla en los deseos profundos de la primera infancia.
Esto puede ponerse en duda. Suponiendo que sea verdad que las alucinaciones en
estado de vigilia requieren una fuerza mental extraordinaria, ¿por qué las
alucinaciones oníricas no han de ser algo completamente normal mientras se
duerme, sin que requieran ninguna fuerza extraordinaria en absoluto?
(Comparen la
pregunta: «¿Por qué castigamos a los delincuentes? ¿Es por un deseo de
venganza? ¿Es para impedir la repetición del delito?» Y así sucesivamente. La
verdad es que no hay una única razón. El castigo de los delincuentes es una
institución. Personas diversas apoyan esto por razones diversas, y por razones
diversas en casos diversos y en momentos diversos. Algunas lo apoyan por un
deseo de venganza, otras quizá por un deseo de justicia, otras por un deseo de
impedir la repetición del delito, y así sucesivamente. Y así se aplican las
penas.)
WITTGENSTEIN
(Notas de una
conversación, 1946, R. R.)
He estado repasando
con H. La interpretación de los sueños de Freud. Y ello me ha hecho sentir
hasta qué punto hay que combatir todo este modo de pensar.
Si tomo uno
cualquiera de los relatos oníricos (relatos de sus propios sueños) que Freud
ofrece, por el uso de la libre asociación puedo llegar a los mismos resultados
que él consigue en su análisis, a pesar de que no era mi sueño. Y la asociación
procederá según mis propias experiencias, y así sucesivamente.
El hecho es que
siempre que ustedes están preocupados por algo, por alguna dificultad o por
algún problema importante en su vida -el sexo, por ejemplo-, no importa el
punto del que partan, la asociación volverá a llevarles final e inevitablemente
al mismo tema. Freud hace notar cómo después del análisis el sueño parece muy
lógico. Y por supuesto que lo parece.
Podrían comenzar
con cualquiera de los objetos que hay sobre esta mesa -que ciertamente no están
puestos ahí por la actividad onírica de ustedes- y podrían encontrar que todos
ellos podrían conectarse formando un modelo con aquél; y el modelo sería, del mismo
modo, lógico.
Se puede llegar a
descubrir ciertas cosas sobre uno mismo por este tipo de libre asociación, pero
eso no explica por qué ocurrió el sueño.
En relación con
esto Freud se refiere a varios mitos antiguos y pretende que sus
investigaciones han explicado ahora cómo sucedió que alguien pensara o
propusiera un mito de esa clase.
Pero en realidad
Freud ha hecho algo diferente. No ha dado una explicación científica del mito
antiguo. Lo que ha hecho es proponer un nuevo mito. Por ejemplo, el atractivo
de la idea de que toda ansiedad es una repetición de la ansiedad del trauma del
parto, no es sino el atractivo de una mitología. «Todo es resultado de algo que
ha sucedido hace mucho tiempo.» Casi como referirse a un tótem.
Poco más o menos lo
mismo podría decirse de la noción de Urszene [«escena primordial»- Trad.]. A
menudo su atractivo consiste en que proporciona una especie de patrón trágico a
la vida propia. Todo es repetición de un mismo patrón establecido hace mucho tiempo.
Como una figura trágica, que cumple los designios que las parcas le impusieron
al nacer. Mucha gente tiene en algún momento serios apuros en su vida, tan
serios que hacen pensar en el suicidio. Es probable que esto aparezca como algo
sórdido, como una situación que es demasiado sucia para ser objeto de una
tragedia. Y entonces puede ser un inmenso alivio el poder mostrar que lo que
sucede es, más bien, que la vida propia sigue el patrón de una tragedia, la
realización y repetición de un patrón que fue determinado por la escena
primordial.
Por supuesto,
existen dificultades en determinar qué escena es la primordial: si es la escena
que el paciente reconoce como tal o si es aquella cuyo recuerdo produce la
curación, En la práctica esos criterios están mezclados unos con otros.
Es probable que el
análisis cause daño. Porque, aunque se puedan descubrir en su transcurso
diversas cosas sobre uno mismo, hay que mantener una actitud crítica muy
fuerte, aguda y persistente para reconocer y ver más allá de la mitología que
se nos ofrece e impone. Hay algo que nos induce a decir: «Sí, por supuesto, eso
tiene que ser así». Una mitología poderosa.

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