© Libro N° 13469. Gil De Biedma Contra La España Franquista. Un
Escritor Contra La Barbarie Y La Muerte. Martínez Hoyos, Francisco. Emancipación.
Febrero 1 de 2025
Título Original: ©
Gil De Biedma Contra La España Franquista. Un Escritor Contra La
Barbarie Y La Muerte. Francisco Martínez Hoyos
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Gil De Biedma Contra La España Franquista. Un Escritor Contra La Barbarie Y La
Muerte. Francisco Martínez Hoyos
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reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
GIL DE BIEDMA CONTRA LA
ESPAÑA FRANQUISTA
Un Escritor Contra La Barbarie Y La Muerte
Francisco Martínez Hoyos
Gil De Biedma Contra La
España Franquista
Un Escritor Contra La
Barbarie Y La Muerte
Francisco
Martínez Hoyos
Gil De
Biedma Contra La España Franquista
Un
Escritor Contra La Barbarie Y La Muerte
Por Francisco Martínez Hoyos el 23 noviembre, 2024
Gil de
Biedma fue testigo de una etapa dura de la historia de España y encarnó, con
sus poemas, el grito de libertad de una generación que se había hartado ya de
la opresión franquista.
“Homosexual
y altísimo poeta”, así definió José Agustín Goytisolo, el autor de las
míticas Palabras para Julia, a Jaime Gil de Biedma
(1929–1990), el gran escritor de la generación del 50, en la que lo encontramos
junto a colegas como Carlos Barral o Ángel González, entre otros. Sin embargo,
él nunca se tomó demasiado en serio este tipo de clasificación. Decía que los
grupos literarios no eran más que “promociones editoriales”. Lo que está claro
es que la suya fue una de las voces más intensas y originales de la literatura
española de la segunda mitad del siglo XX. Paradójicamente, nunca ganó ningún
premio. Sin embargo, esta falta de reconocimiento no impidió que ejerciera una
amplia influencia. Así lo demuestran los congresos y tesis doctorales dedicados
a su figura.
Hijo de
una familia aristocrática de origen castellano, su padre se estableció en
Barcelona para trabajar en la Compañía de Tabacos de Filipinas, en la que él
también iba a desarrollar una carrera como ejecutivo. Ésta no era su vocación,
pero le permitía disfrutar de una desahogada posición económica. Entre tanto,
se dedicaba a la poesía con su estilo que mezclaba elementos cultos y
coloquiales. Como otros jóvenes miembros de familias conservadoras, su
ideología se distinguió por un claro antifranquismo. Quiso afiliarse al Partido
Socialista Unificado de Cataluña, pero lo rechazaron por su homosexualidad.
La
editorial Cátedra, bajo el título Las personas del verbo, acaba
de publicar la primera edición crítica de su obra poética completa. Lo primero
que salta a la vista del lector es que no se trata de un libro especialmente
voluminoso, sobre todo teniendo en cuenta el espacio que ocupan los apartados
dedicados al estudio de su producción. Gil de Biedma, en efecto, no se
distinguió por ser demasiado prolífico. Tal vez por pereza, tal vez por el
tiempo que le robaba su trabajo empresarial. En 1968 publicó Poemas
póstumos, su último libro de versos, titulado así porque entendía que
la persona que había sido ya no existía. A partir de aquí se mantuvo en un
silencio a veces roto por alguna contribución aislada. Sobre el porqué de esta
renuncia a la poesía sólo podemos especular. Lo más probable es que un escritor
tan extremadamente perfeccionista tuviera miedo de repetirse.
La Guerra
Civil, la dictadura franquista y España ocupan un puesto principal entre sus
preocupaciones, por lo que su obra constituye una ventana para asomarnos a
nuestro pasado y enriquecer nuestra comprensión de éste.
Su obra
puede analizarse desde múltiples puntos de vista. Un acercamiento posible sería
a través de su crítica a la sociedad de su tiempo. La Guerra Civil, la
dictadura franquista y España ocupan un puesto principal entre sus
preocupaciones, por lo que su obra constituye una ventana para asomarnos a
nuestro pasado y enriquecer nuestra comprensión de éste.
En uno de
sus poemas, Infancia y confesiones, rememora, con un claro eco
del Autorretrato de Antonio Machado, su niñez en un entorno
bienestante al que se refiere como su “pequeño reino afortunado”. Fuera de este
mundo protegido, sin embargo, hay otro que el protagonista empieza a intuir:
“Se contaban historias penosas, inexplicables sucedidos donde no se sabía,
caras tristes, sótanos fríos como templos”. Así, de esta manera sutil, el autor
alude a los vencidos en la Guerra Civil, humillados por un régimen que se
dedica a pisotearles sistemáticamente. Su tragedia es algo que resulta por
completo desconocido en los círculos de la alta burguesía, que viven de
espaldas a los problemas del pueblo llano.
Durante
la Guerra Civil la familia Gil de Biedma se había refugiado en Castilla, en la
zona “nacional”. Allí, según confesión propia, pasó los años más felices de su
vida. Le quedó, de aquella experiencia, una nostalgia imborrable. En uno de sus
poemarios reconoce que aquel tiempo feliz fue el resultado de la catástrofe
colectiva puesto que, sin la contienda, no habría salido de casa: “Mi amor por
los inviernos mesetarios es una consecuencia de que hubiera en España casi un
millón de muertos”. Pero este recuerdo no tenía nada que ver con sus ideas. Una
cosa era como lo veía en 1939, con apenas diez años, y otra lo que pensaba en
los años cincuenta, cuando sus opiniones ya habían experimentado un cambio
sustancial. Ésta es una evolución común a muchos jóvenes de familias
franquistas, que descubrieron un mundo muy distinto al suyo en contacto con la
oposición clandestina.
Ha
descubierto que, ante lo injustificable, “por lo visto es posible decir no”.
Este verso seguramente es una referencia a Albert Camus, el humanista francés,
que había escrito que el hombre rebelde es el hombre que no acepta lo que no se
debe aceptar.
Gil de
Biedma creció en un país donde las autoridades, una vez sí y otra también, le
echaban la culpa de todo a las siniestras conspiraciones de masones y
comunistas. Por eso, en El arquitrabe, se burla con humor y
desenfado de estas paranoias. “Hay quien habla, también, del enemigo:
inaprensibles seres están en todas partes, se insinúan igual que el polvo en
las habitaciones”. El arquitrabe, como es sabido, es un elemento arquitectónico
que se utiliza para sostener el peso de una estructura. Aquí se convierte en
metáfora del sistema político que empieza a parecer menos sólido que antes. Gil
de Biedma escribe después de las movilizaciones estudiantiles de 1956, en la
que una juventud que no ha vivido la Guerra Civil pone en cuestión el
franquismo. Por eso la dictadura se ve amenazada: “El arquitrabe está en
peligro grave”.
El
escritor se rebela, en nombre de la vida, frente a un régimen que representa la
barbarie y la muerte. Ha descubierto que, ante lo injustificable, “por lo visto
es posible decir no”. Este verso seguramente es una referencia a Albert Camus,
el humanista francés, que había escrito que el hombre rebelde es el hombre que
no acepta lo que no se debe aceptar. La sublevación del poeta, en este caso, es
contra la soberbia de los vencedores de la Guerra Civil: “Media España ocupaba
España entera con la vulgaridad, con el desprecio total de que es capaz, frente
al vencido, un intratable pueblo de cabreros”.
La
humillación colectiva posee también una vertiente de género. De una forma que
nos estremece, Gil de Biedma nos habla de las mujeres republicanas obligadas a
prostituirse para sobrevivir: “Por la noche, las más hermosas sonreían a los
más insolentes de los vencedores”. Estas mujeres, hijas, viudas o esposas, han
de sustituir a sus hombres para sostener a sus familias y por eso han de sufrir
“los modos peores de ganar la vida”.
En los
eternos debates sobre el ser de España la contribución de Gil de Biedma resulta
ineludible. Sobre todo, por el celebérrimo poema Apología y petición,
del que se acostumbra a citar este desencantado fragmento: “De todas las
historias de la Historia sin duda la más triste es la de España, porque termina
mal”. El autor, en apariencia, viene a decir que España no solamente es un país
que fracasa sino un fracaso en sí. No tendría redención posible.
Pero, si
nos tomamos el trabajo de seguir leyendo, comprobamos enseguida que ése no es
el mensaje. Hay lugar para la esperanza porque el desastre viene dado por las
circunstancias, una dictadura que ha transformado el país en una inmensa
prisión, y no por una especie de ADN que condenaría para siempre a los
españoles: “Quiero creer que nuestro mal gobierno es un vulgar negocio de los
hombres y no una metafísica, que España debe y puede salir de la pobreza, que
es tiempo aún para cambiar su historia antes que se la lleven los demonios”.
La
poesía, como hemos podido comprobar, puede aportarnos claves importantes acerca
de las emociones con las que viven una época sus protagonistas. Gil de Biedma
fue testigo de una etapa dura de la historia de España y encarnó, con sus
poemas, el grito de libertad de una generación que se había hartado ya de la
opresión franquista, tanto en su vertiente siniestra como en sus tonterías
cotidianas. ®

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