© Libro N° 13264. Una Ludoteca En La
Trinchera. Reflexiones Sobre Una Práctica En Salud Colectiva Y Psicoanálisis
Con Infancias. Schnidrig, Lucia. Emancipación.
Diciembre 7 de 2024
Título Original: ©
Una Ludoteca En La Trinchera. Reflexiones Sobre Una Práctica En
Salud Colectiva Y Psicoanálisis Con Infancias. Lucia Schnidrig
Versión Original: © Una Ludoteca En La Trinchera. Reflexiones
Sobre Una Práctica En Salud Colectiva Y Psicoanálisis Con Infancias. Lucia
Schnidrig
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
Reflexiones Sobre Una Práctica En Salud
Colectiva Y Psicoanálisis Con Infancias
Lucia Schnidrig
Una Ludoteca En La Trinchera
Reflexiones
Sobre Una Práctica En Salud Colectiva Y Psicoanálisis Con Infancias
Lucia
Schnidrig
Una
Ludoteca En La Trinchera
Reflexiones
Sobre Una Práctica En Salud Colectiva Y Psicoanálisis Con Infancias
Lucia
Schnidrig
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Territorios
actuales y Atención primaria de la salud
Un Centro
de Atención Primaria de la Salud (CAPS) emplazado en un territorio en los
márgenes de la ciudad de Santa Fe, en una esquina frontera entre dos barrios.
A primera
vista, basura por doquier, ranchos de chapas con otros restos de cirujeo como
muros, casas a medio terminar, entre calles de tierra y barro. El cartel del
CAPS baleado, un par de niños asesinados en la misma esquina y en sus
alrededores. Un zanjón a cielo abierto, que separa al barrio de su anterior.
Agua podrida que corre por allí y el altar del gauchito gil en uno de sus
extremos, sustituido por el Michel, que no fue gaucho ni lo mató la policía;
sino un varón, tío, padre y amigo protector del barrio, hacedor de comunidad,
armado y con sus intereses, pero cuidador con códigos de los suyos. A simple
vista, un centro de salud entre la basura y la guerra de nuestros días, con su
ídolo patriarca enaltecido como escudo. Esa guerra del capital, de la
desigualdad, el hambre, la sobrevida, el narcotráfico y el patriarcado que
durante los ocho años que trabajé allí, se ha recrudecido.
Los modos
de subjetivación y sufrimientos desplegados en este rincón del mundo, tienen
que ver con el paisaje que se habita. Con esto digo: la cotidianeidad barrial y
laboral de la comunidad, transcurre con incrementos de exposición a episodios
de enfrentamientos con armas de fuego en las calles todos los días
En el
barrio, el CAPS es la única institución del estado provincial allí. Hacia el
fondo, nos encontramos con un espacio municipal, la escuela de gestión privada
y sí, varias organizaciones sociales que en estos momentos se encuentran
desfinanciadas. Sabemos que cuando el Estado se corre, otros actores regulan la
cotidianeidad de la vida; el narcotráfico, es uno de ellos.
Fue
cuando escuché a Rita Segato (2018) hablar sobre las nuevas formas de la
guerra, y la centralidad que asume en ellas la pedagogía de la crueldad y el
mandato de masculinidad, que pude comenzar a nombrar cuestiones que observaba y
percibía en el consultorio y en el caminar por el barrio.
Los modos
de subjetivación y sufrimientos desplegados en este rincón del mundo, tienen
que ver con el paisaje que se habita. Con esto digo: la cotidianeidad barrial y
laboral de la comunidad, transcurre con incrementos de exposición a episodios
de enfrentamientos con armas de fuego en las calles todos los días, desde hace
varios años; robos reiterados en diferentes circunstancias; muertes de niños,
jóvenes y mujeres en disputas territoriales, con el dolor que afecta a
familiares y amigos; jóvenes que no encuentran un proyecto de vida que les sea
posible, sin ser soldaditos, narquitos o consumidores; consumo que aparece como
propuesta aliciente a esa sensación de ausencia de un porvenir materializable;
incrementos de suicidios ligados a la ausencia de un porvenir deseoso.
Me
refiero a los sufrimientos asociados que Bleichmar (2007) nombra como “la
autoconservación de la vida” donde la supervivencia biológica se contrapone a
la vida psíquica, representacional. Es decir, las mujeres, los jóvenes que se
subjetivan y sufren en estos territorios, saben lo que desean para sus vidas,
sueñan, pero su cotidiano los lleva a buscar medios que ellos mismos degradan
para sobrevivir.
Ulloa
(2012) llama sobrevivientes a aquellas personas que “[...] en sus años
infantiles, adolescentes y aun adultos, soportaron el fracaso de los
suministros elementales que provienen de la ternura: abrigo, alimento y buen
trato.” Principalmente, por parte del Estado, agrego. Y sigue Ulloa: “[...]
Cuando esas carencias son mayores, la constitución de la ética del sujeto
bordea inevitablemente la ética de la violencia. Esto es, sujetos jugados a la
violencia por la violencia misma.” Entonces: aquellos a quienes se les niegan
los derechos, ¿pueden defender una universalidad que los contó cómo excluidos?
Debo
confesarles que trabajar en territorio, desde una posición ética de compromiso
hacia el semejante, de acceso a los derechos humanos y propuestas prácticas de
restitución del malestar, puede resultar aterrador.
Si
pensamos en clave de derechos el anclaje de nuestras prácticas, entendemos que
estamos frente a un estado de situación de posderechos. Se trata más bien de la
presencia de los aspectos formales de los mismos, es decir, existen leyes que
aún los amparan, pero se encuentran erosionados por procesos que debilitan su
efectivización. (Luciani Conde, 2010).
Debo
confesarles que trabajar en territorio, desde una posición ética de compromiso
hacia el semejante, de acceso a los derechos humanos y propuestas prácticas de
restitución del malestar, puede resultar aterrador. Hacerse cargo, con nuestro
oficio, de las falacias de una sociedad sustancialmente injusta.
¿Cómo
ubicar (se) como psicóloga, practicante del psicoanálisis, trabajadora de salud
mental, en estos territorios?
Es Pedro
quien hace referencia a la Alemania nazi en mis comienzos como trabajadora en
el barrio, cuando salgo a la puerta del CAPS luego de un tiroteo y le pregunto:
¿qué pasó? “Habría que levantar un muro de Berlín por camino viejo,i así nos tapan las balas.”
Una
metáfora, Pedro usa una metáfora para hablarme de sus sentires. El imaginario
de gueto, encierro, deseos de cese y protección, nos lleva a preguntarnos: ¿qué
tiene de trinchera este territorio?
Pedro
relataba lo difícil de dormir a la noche, no poder moverse por el barrio, ni
salir por las broncas que “están por todos lados". Un estado de alerta
constante frente a amenazas reales en el barrio y otras ligadas a restos de
vivencias pasadas. Quizá lo que cuenta podría escucharse como delirio
persecutorio, pero no, es una vida en la trinchera, tan inhumana como aquella
de los orígenes.
Escucho
también una metáfora. ¿Una metáfora como trinchera?, metáfora de muro como
apelación al cuidado, a la resistencia al embate a su territorio, su vida. A
Pedro no lo vuelvo a ver, se mudó de barrio con toda su familia por las
amenazas que recibían, pero me hizo pensar las metáforas como trincheras. La
palabra como lugar de resguardo. ¿Qué pasa cuando la palabra es colectiva?
Centro de
Salud Las Lomas, verano de 2016, verano 2024
Durante
una siesta calurosa del 2016, mientras transitaba los primeros meses como
psicóloga, ingresaron por el pasillo de la sala de espera 6 niños entre 6 y 12
años con empuje de protesta gritando: “¡Queremos taller, queremos dibujar!”.
Hacía
algunos meses que habían asesinado un niño de 11 años en la esquina de Camino
viejo, niño partícipe del taller de fotografía que se realizaba en el CAPS
desde el año 2010, con jóvenes que se encontraban desafiliados de las
instituciones educativas y filiados a otros circuitos que los ponían en riesgo.
También
había desaparecido otro joven, de 13 años, y encontraron su cuerpo en un
basural. Niño hermano de los jóvenes que concurrían al taller. Niños cuya
muerte no fue indiferente para el equipo de salud, ni para sus familias, ni sus
amigos, tíos, sobrinos y vecinos.
El taller
estaba suspendido. Los niños en protesta resistiendo, para que el espacio no se
muera.
Sabemos
que, en la mayoría de las instituciones de salud, para que un niño sea atendido
o asistido, la norma plantea: primero, tener control de niño sano o estar
enfermo. Segundo, que algún adulto de la familia solicite un turno, bien
temprano a la mañana y lo encuentre, con el profesional médico, psicólogo u
odontólogo. La demanda que desborda vs los turnos siempre insuficientes es una
frecuente en el sistema de salud. Tercero, esperar por largas horas en la sala
de espera para ser atendido. Cuarto, el profesional médico escucha
principalmente al adulto que concurre, revisa al niño, aproxima un diagnóstico
(o bien realiza una serie de derivaciones a otros profesionales y
especialidades) y propone una terapéutica: medicación, estudios, especialistas.
Si el profesional es psicólogo/a, se realiza primera escucha con el/los adultos
significativos, generalmente mujeres, madres, abuelas, referentes de cuidados y
se brinda segunda entrevista con el niño/a.
Los
inicios de la práctica que aquí les comparto parten de una transgresión, una
fuga a la norma de lo asistencial para darle lugar, accesibilidad, a lo que
irrumpe por fuera, a lo que se muestra, como grito, protesta, palabra colectiva
de pedido de metáfora de estos niños. Se comienza al revés. Escuchándolos
primero, y luego buscando a sus referentes adultos.
Se ofrece
así otro espacio en el CAPS para estas infancias, inaugurando lo grupal, desde
el arte y el juego, como un modo posible de brindar salud en Un centro de
Atención Primaria de Salud.
De esas
primeras escuchas, los niños se presentan y hablan de rivalidades de las
familias del barrio por los apellidos, de tiros, de la llorona y de lo que les
gusta dibujar. Cuando dibujan, cuentan que una familia de flores duerme con
armas debajo de las almohadas. Que las flechas disparan todas a un soldado. Que
los zombis rodean una casa de militares.
Cuando
comenzamos a conocer a las familias de estos niños, a escuchar sus historias y
contextos de vida, ubicamos adultos tomados por el duelo de pérdidas
significativas recientes por violencias urbanas y migraciones a este barrio
tras estos episodios.
Los
enfrentamientos entre lo que ellos llaman "broncas" eran por
venganzas de muertes impunes de otros familiares, por la portación de ciertos
apellidos, por deudas de algunos de los jóvenes de las familias con el narco, y
a veces, por la territorialización de ventas de drogas.
Además,
los/as adultos/as significativos de estos niños/as se encontraban bajo la
desocupación permanente: al menos tres generaciones en sus familias de no tener
trabajo formal, hacinamiento en las viviendas, sobrevida cotidiana. Algunas
madres y padres, angustiados por no saber cómo garantizarles a los/as niños/as
alimento diario. Mujeres con historia de violencia de género con sus ex parejas
o parejas actuales.
Registramos
en este grito, una demanda de cuidado y un recurso comunitario de estos
niños/as para ejercer ciudadanía.
Pensamos
a la infancia como tiempo de constitución del psiquismo y producción de
subjetividad en términos intersubjetivos (Bleichamar, 2009) y la salud mental
como el recupero de los recursos psíquicos y colectivos de un sujeto y una
comunidad para afrontar los infortunios de la vida, incluso, de la muerte.
Ulloa (2012). Además, reconociendo que la Ley de Salud Mental 26.657 en su Art.
11 insta a las autoridades de salud de cada jurisdicción a coordinar un trabajo
entre ministerios como necesario para la concreción de dispositivos de
atención, promoción y prevención en salud mental, es que comenzamos a gestionar
y facilitar nosotros, como trabajadores, una práctica en salud para estas
niñeces y otras en el barrio.
Pronto se
fueron presentando más niños/as con historias parecidas en sus dibujos, con
síntomas de insomnio, problemas de aprendizaje de la lecto escritura y de
conducta en la escuela. Esto implicó darle mayor marco institucional a la
propuesta como ludoteca en salud para que el espacio se potencie.
Durante
los años 2017/ 2019 un plan de intervención estatal interministerial trabajó en
conjunto con el CAPS y le brindó artistas al espacio para que acompañen la
propuesta de un taller de títeres, además de otras intervenciones ligadas a la
generación de empleo y seguridad. Durante el periodo 2019/2023 fuimos los/as
trabajadores/as quienes presentamos a las autoridades que asumieron a nivel
provincial, el proyecto para su continuidad. Al mismo tiempo, comenzamos a
trabajar con el dispositivo sustitutivo en salud mental “La punta del
ovillo”-que funciona en el Hospital Mira y López desde el año 2012-, lo que nos
habilitó la posibilidad de darle marco institucional a la propuesta y pensar en
colectivo formas de trabajar con las infancias en lo público.
Los/as
artistas que trabajaron desde el 2016 hasta el 2023 en la Ludo en el barrio,
fotógrafos/as titiriteros y artistas plásticos, no tuvieron continuidad. Las
articulaciones intersectoriales e interministeriales necesarias para que
trabajadores de la cultura formen parte de las prácticas de salud, son
dificultosas para ser traccionadas solo por los/as trabajadores.
De igual
modo, como toda experiencia por fuera de la norma asistencial, instituida y
legitimada por los trabajadores del CAPS y niños/as, sigue siendo hasta la
actualidad, un espacio que resiste en los bordes.
¿Qué
sentido tiene jugar en medio de la guerra?
Me animo
a esbozar la idea de que las lógicas de este territorio de los márgenes de la
ciudad, producen efectos subjetivos y restos traumáticos en quienes lo habitan
Nos
referimos a guerra de trincheras, apelando a cómo algunos jóvenes y niños/as
hablan y juegan su territorio. Nos invitan a jugar a la guerra, a sentir lo que
ellos sienten, nos muestran la tragedia en sus pinturas.
Me animo
a esbozar la idea de que las lógicas de este territorio de los márgenes de la
ciudad, producen efectos subjetivos y restos traumáticos en quienes lo habitan.
Llamo “trauma colectivo de las guerras actuales” a aquello que, en contextos de
violencia, se singulariza en cada cual en relación a sus historias
significativas y, al mismo tiempo, se comparte en comunidad. Es allí donde nos
detenemos a escuchar, gestionar y ofrecer dispositivos de salud que produzcan
un efecto de trinchera como un modo de resguardo, de cuidado desde el juego y
la simbolización. Propuestas de otras armas como la pintura, la fotografía y
los títeres entre varios, con otros y otras dispuestos a la escucha y a jugar
con las infancias.
Como
psicoanalistas en el barrio, la escucha subjetiva está enlazada a una escucha
colectiva, que entrama un paisaje común, productor de sufrimiento psíquico y
social. La escucha subjetiva no es sin esto. Los modos de abordaje desbordan
los consultorios y nos invitan a la inventiva de otras formas.
Cuando a
Freud (1933) le preguntan, en ¿Por qué la guerra?, qué puede
hacerse para evitar el estrago que produce en las subjetividades la guerra, él
nos señala algunas reflexiones o caminos para estar allí. Ubica que, ante la
violencia del uno, su contrarresto es el poder de lo colectivo sostenido en el
tiempo y con enlaces libidinales en lazos sociales. Se trata de una forma de
encontrar en la cultura, un modo de transformación psíquica, subjetiva y social
que, si bien genera malestar, también nos salva. “Todo lo que promueve el
desarrollo de la cultura, trabaja también contra la guerra”, culmina. Estamos
ensayando estas ideas varios años después.
Nos
juntamos entre 15 niños/as de 6 a 12 años desde la mediación cultural con
propuestas de talleres de títeres, fotografía, pintura y narración, para
ofrecer el despliegue del juego y la simbolización. Pintamos como primer esbozo
de escritura, que permite decir, enunciar y transformar.
Heredamos
una cámara, y con ella salimos por el barrio a sacar fotos colectivas, tres
disparos cada uno/a y sigue el compañero/a. Usamos las herramientas de la foto
documental para imprimir esas fotos, detenernos a mirarlas, y elegir qué
queremos contar del barrio. Nos dictan poesías que los talleristas escribimos
sobre cada imagen. Hoy, algunos ya las escriben. Son ellos/as quienes se
documentan en su barrio, son ellos/as quienes eligen qué contar y cómo.
Descubrimos en estos registros, paraísos en la laguna, escenas cotidianas de
ternura entre ellos/as y sus familias, y lugares ficticios del despliegue del
terror.
Con la
producción de los títeres de cada uno/a, y la producción de dos ediciones de la
revista “Ojos de barrio”, trabajamos el contrarresto de lo pulsional en el
proceso de construir un objeto propio, que lleva trabajo, esfuerzo, proceso y
tiempo. Lo inmediato, lo evacuativo de los primeros tiempos, se encuentra
mediado, mesurado en una producción propia final. El resultado se comparte en
forma de muestra, sale del barrio, se presenta en el barrio, donde los/as
niños/as son protagonistas, con sus producciones y sus voces, de su hacer
ciudadanía.
Davoine
(2011), en su libro Historia y Trauma, señala cuatro principios:
Proximidad, inmediatez, esperanza y simplicidad como referencias seguras en la
clínica, para analistas enfrentados a las urgencias de los traumatismos o
paisajes donde reina el caos. Son principios que recupera de experiencias y
teorizaciones de psiquiatras y neurólogos que trabajaron en frentes de guerra,
y los nombra “Lecciones del Frente”.
Si bien
son categorías que se usan en la clínica o escucha individual, tomo dos de
ellas para pensar las posibles características de un espacio cultural en salud
para las niñeces en contextos de guerras actuales.
La
proximidad no es dato menor, porque circular en el barrio y alrededores no es
sin temor al ataque para algunos/as y es difícil salir cuando el transporte
público no está al alcance del bolsillo. Me refiero a construir espacios de paz
en la cercanía, para abrir puertas y dar acceso a una escucha de lo que allí
acontece.
Transferencia
portadora de esperanza, como característica de una experiencia de cuidado para
estas niñeces. Durante mis vacaciones, un niño de la ludoteca aparece en mis
sueños. Tenemos una conversación familiar, tomando un café, y lo escucho
decirme: “estamos acostumbrados a esto, pero podemos hacer otra cosa”.
Me despierto y vuelvo a escucharlo, ¿quién no se acostumbra a lo familiar, a lo
que nos subordina hacia un camino subjetivo y social cuasi determinado, de
repetición de un linaje familiar? Subjetividad subordinada al capital o
subjetividad de transformación. ¿Cómo pasar a otra cosa? Haciendo del Camino
viejo a esperanza, una apuesta de transformación.
Es la
posibilidad de crear lo que hace que una vida valga la pena de ser vivida. Es
la creatividad, lo que contrarresta el acatamiento. El acatamiento implica un
sentido de inutilidad, se vincula a la idea de que nada importa. Entonces,
vivir de forma creadora sería saludable, y el acatamiento, enfermizo. Winnicott
(1992) nos dice esto en su texto “Los orígenes de la creatividad”, pero también
nos advierte que esta capacidad se vincula con la calidad y cantidad de
experiencias ambientales facilitadoras de juego y cultura en los seres humanos.
En la
Ludo en el Barrio, nos resguardamos en el juego y la capacidad de crear,
simbolizar y enlazarnos para armar otra cosa, porque intentamos abrir otros
caminos, hacer circular la palabra y donar sentidos a lo que acontece como vía
de ligazón de lo traumático.
La Ludo
en el Barrio es un ensayo de comunidad, de ligazones amorosas y tiernas, de
habilitación del pensamiento y creatividad, de unión permanente y duradera de
varios desde hace más de 8 años. Como diría Freud, para contrarrestar la
violencia del uno y sostener los sueños. Es un espacio cotidiano y cercano que
posibilita interacciones diferentes a la violencia, reconociendo la palabra de
los/as niños/as, sus recursos subjetivos y comunitarios.
Ahora
bien, sabemos que, en unos años, los niños serán jóvenes. Ese lugar, diría
Bleichmar (2007),” donde el tiempo deviene proyecto y los sueños se tornan
trasfondo necesario del mismo.” Es urgente trabajar para la materialización
posible de los sueños de los jóvenes, para así evitar el riesgo de que el
porvenir sólo devenga una ilusión.
·
Bleichmar Silvia, La fundación de lo
inconsciente. Destinos de pulsión, destinos del sujeto, Amorrortu, Buenos
Aires, (2009)
·
Bleichmar, Silvia, Dolor país y después…, Libros
del Zorzal, Buenos Aires, 2007
·
Davoine, Françoise y Gaudillière Jean-Max, Historia
y Trauma. La Locura de las Guerras. Fondo de Cultura Económica, Buenos
Aires, 2011.
·
Freud, Sigmund, ¿Por qué la guerra?
(Einstein Freud), Amorrortu Editores, O.C. Tomo XXII, Buenos Aires, 1933
·
Ley de Salud Mental 26.657
·
Luciani, Conde Leandro, Revista
Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud “La protección
social de la niñez. Subjetividad y posderechos en la segunda modernidad”, Vol.
8, Nº. 2 (Julio - diciembre), 2010.
·
Segato Rita, Contra-pedagogías de la
crueldad, Prometeo libros, Buenos Aires, 2018.
·
Ulloa, Fernando, Novela Clínica
psicoanalítica, Historia sobre una práctica, Libros del Zorzal, Buenos
Aires, 2012
·
Winnicott, D. W. Realidad y Juego.
Gedisa, Buenos Aires, 1992
Lic.
Lucia Schnidrig
schnidriglucia28@gmail.com(link
sends e-mail)
*Lic. en psicología. Trabajadora de la Salud Pública ciudad de Santa Fe.
Practicante del psicoanálisis. Maestranda en Salud Mental. Docente FCJS UNL.

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