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Libro N° 14353. Psicología De La Enseñanza. Talízina.




© Libro N° 14353. Psicología De La Enseñanza. Talízina.  Emancipación. Octubre 11 de 2025

 

Título Original: © Psicología De La Enseñanza. Talízina. 

 

Versión Original: © Psicología De La Enseñanza. Talízina. 

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

PSICOLOGIA

DE IA ENSEÑANZA

N. Talízina


Biblioteca depsicolasía soviética



PSICOLOGIA

DE IA ENSEÑANZA

N. Talízina

 

 

 

 

 

IE!nl

EDITORIAL PROGRESO MOSCU

1988


 

Traducido del ruso por Ana Clavijo Redacción literaria:  Eliana Farías


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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©H3Aa'J'eJlloC'lBO  MocI<OBCI<Oro  ylDIBepCHTeTa,  1984©Traducción al español Editorial Progreso,  1988

Impreso en la URSS

T 0304000000-027 149_88 014(01)-88

ISBN  S-01-000622-7


 

A mi querida madre, María Vasz1ievna  Talízina,

amiga abnegada y fiel

De l a  a u t o r a


 

 

 

Es muy satisfactorio para míque este libro  se haya edi­tado en espafiol. Creo que dará a conocer a mis colegas una de las vías que siguen los psicólogos soviéticos en  la elabora­ción de la teoría del estudio y en la utilización de sus logros en la práctica de  la ensefianza.

El libro contiene los resultados del peñeccionamiento de la dirección del proceso  de estudio que hemos trazado en el primer trabajo -Problemas teóricos  de la. enseñanza  pro­gramada*-, dedicado al análisis de los principios de la teo­

ría general de la dirección que deben tomarse en cuenta al

estructurarse los programas de enseñanza. En el presente li­bro se analizan l as teorías psicológicas del proceso de estudio d e una persona. Se presta especial atención en determinar las posibilidades de estas teorías en  la realización de las exigencias de la cibernética con arreglo  a la dirección del proceso de estudio.

Se examinan tres concepciones: la  formación por etapas de las acciones mentales,  la  behaviorista y la de  la asociación y el reflejo. AdemAs, se exponen  aquí algunos resultados de los trabajos experimentales {ealizados a base de la teoría  de la  formación por  etapas  de las acciones mentales, cuyo  autor es el psicólogo soviético P.Y. Galperin y que consideramos como la base psicológica más adecuada para dirigir el proce­so de estudio. Por una parte, se muestran las posibilidades para dirigir el proceso de asirililación de los conceptos cien­tíficos y, por otra, la formación de los métodos de la  activi­dad cognoscitiva.

La elección de las teorías está  determinada  por situación real de las cosas: estas teorías representan los principales  en­foques actuales del estudio  en la ciencia psicológica y, todas

N.  Talfzina. Problemas teóricos de la enseñanza programada.

Moscú, 1 969.

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ellas, en uno u otro grado, se reflejaron en  la esfera  de  la en­señanza programada.

En la actualidad, la teoría behaviorista suscita una desi­lusión general. La teoría cognoscitiva de la enseñanza, que sustituye paulatinamente al enfoque behaviorista de la en­señanza del hombre, es más afín  a la teoría  del carácter acti­vo  que tomamos como base  en  el presente libro.

Al analizar los problemas de dirección del proceso de asimilación de los conocimientos -tema de este  libro-, qui­siéramos llamar la atención de los  lectores sobre lo siguiente.

Las tesis cibernéticas necesarias para el análisis de las teorías psicológicas del estudio y la comprensión del enfque, examinado por nosotros, de la programación del pro­ceso de asimilación, se exponen en el primer capítulo, que desempeña el papel de eslabón de enlace entre el presente libro y el anterior.

La teoría del estudio que compartimos permite proyec­tar tipos de actividad  cognoscitiva que, si son asimilados por los alumnos, les abren amplias posibilidades de avanzar en forma independiente en esta rama  de los conocimientos. Las numerosas investigaciones realizadas sobre un material de

objetos distinto dan pie para pensar que el ulterior trabajo e n esta dirección permitirá resolver e l problema d e los meca­nismos psicológicos de las capacidades intelectuales y dirigir de manera eficaz  su formación.

La posibilidad de estudiar los tipos eficaces de la activi­dad cognoscitiva normativa por  vía teórica, y no modelán­dolos a base del estudio sólo de aquellos que utilizan los hombres en su vida, permite a la teoría del estudio adelan­tarse a la práctica llevándola en pos suyo.  Y es, precisamen­te, a lo  que aspira cualquier teoría científica, éste  es el senti- do de su existencia.

En el plano práctico, la ampliación del frente de traba­jos en esta esfera permitirá resolver, al mismo tiempo, dos problemas actuales de la instrucción moderna: preparar al hombre para la actividad en condiciones que cambian rápi­damente, asegurarle la posibilidad de orientarse indepen­dientemente ante fenómenos nuevos, liberarlo de  la instruc­ción complementaria o de la capacitación. Además, esta vía de la enseñanza desocupa bruscamente a los alumnos, libe­rándolos de la necesidad de guardar gran número de tipos particulares de conocimientos ya preparados. Al mismo tiempo, el dominio de los correspondientes tipos  de activi-

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dad cognoscitiva permite a una persona producir indepen­dientemente estos tipos particulares de conocimientos y

orientarse fácilmente en ellos.

La teoría examinada no sólo dispone de métodos de proyección de tipos eficaces de actividad cognoscitiva, sino también de principios de dirección del proceso de asimila­ción de esta actividad. Por esto, ante la práctica de la en­señanza se abre la posibilidad de una formación garantizada de tipos programados de actividad cognoscitiva con cualida­des trazadas de antemano en todos los alumnos. Con el carácter masivo que tiene hoy d ía la instrucción, esta posibilidad es muy actual. La teoría del carácter activo del estudio incluye no sólo el análisis operacional de las  accio­nes que forman el proceso de enseñanza, sino también el aspecto motivacional-objetivo de la actividad humana. Es precisamente aquí donde se manifiesta el sentido personal del estudio en un hombre, los mecanismos de la formación de los nuevos intereses cognoscitivos y muchas otras cosas importantes para  la comprensión de la actividad humana.

En el presente libro, este aspecto no era objeto de un examen especial, lo cual, sin embargo, no significa que lo subestimemos.

En abril de 1984 el  Soviet Supremo de la URSS aprobó

Orientaciones fundamentales de la reforma de la escuela de enseñanza general  y profesional. La reforma pretende  elevar la labor de la escuela a un nivel cualitativamente nuevo, eli­minar las deficiencias que existen en su actividad, asegurar en los estudiantes el profundo dominio de las bases de las ciencias. La reforma permitirá mejorar la enseí'ianza y la educación de las j óvenes generaciones, contribuyendo al progreso económico, sociopolítico y espiritual de la socie­dad  soviética.

Comprendiendo el carácter inconcluso de la concepción de la ensefianza programada que ofrecemos y lo discutible de algunas tesis que aquí se entregan esperamos, sin embar­go, que este libro desempeñe un papel positivo  y atraiga la atención sobre la teoría psicológica de la enseñanza como apartado importantísimo de la base teórica de la enseñanza programada.

Quiero destacar mi profundo reconocimiento a A. N. Leóntiev, uno de los fundadores de la  escuela  psicoló­gica soviética, por su inapreciable ayuda en la realiza­ción  de este libro.


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Considero un grato deber agradecer a mi profesor P. Y. Galperin, cuyas ideas constituyen la base  de este libro, así como a los p rofesores D. V. Elkonin, la docente Z. A. Réshetova y a otros compafteros que conocieron el manuscrito del libro en las diferentes estapas de trabajo, hi­cieron importantes observaciones y dieron valiosos consejos.

Expreso asimismo mi gran gratitud a los colaboradores de la cátedra de psicología pedagógica y pedagogía de la Universidad de Moscú que participaron directamente en las investigaciones expuestas en el libro, en la discusión y tam­bién en la preparación del manuscrito  para  su publicación.

Quiero agradecer igualmente a la Editorial Progreso  por la  edición de mi libro en  espaftol.

N. F. TaUzina


 

Introducción


 

 

 

 

 

 

 

 

El progreso científico-técnico  ha promovido una serie  de tendencias que caracterizan todas las esferas de la práctica social. Figuran entre ellas la unión de la  ciencia  con la prác­tica,  el cambio de  la  correlación de las funciones que  cumple el hombre : su liberación cada vez mayor de las funciones de ejecución, el crecimiento ininterrumpido de la importancia de las funciones de dirección y, por último, la automatiza­ción: tipos nuevos de actividad humana se transfieren cada

vez más a las máquinas.   .

Estas tendencias se manifiestan igualmente  en la instruc­ción -una de las esferas de actividad humana-, concretán­dose en la idea de la enseñanza programada. En realidad la esencia de la idea de la ensef'l.anza programada, promovida por B. F. Skinner, consiste en el llamamiento a elevar la  efi­cacia de la dirección del proceso de estudio utilizando los logros de la psicología experimental y las máquinas de en­sef'l.anza (Skinner, 1 954; Skinner, 1 965, 1968). La optima­ción de  la  dirección  del proceso  de estudio del hombre  cons­tituye el contenido y, al mismo tiempo, el objetivo de la ensef'l.anza programada. La psicología y la técnica modernas. son medios p ara alcanzar este  objetivo.

La función del profesor no sólo era comunicar conoci­mientos, sino también dirigir el proceso de asimilación. Los logros de la ciencia, la revolución técnica crearon las posi­bilidades para elevar el nivel de dirección del proceso  de es­tudio a una altura esencialmente nueva. Al mismo tiempo, estos mismos factores colocaron. la práctica de la enesef'l.an­za ante la necesidad de aumentar el volumen  y mejorar la ca­lidad de los conocimientos de los alumnos, de su prepara­ción para una instrucción ininterrumpida, lo cual es impo­sible sin elevar la eficacia tanto de la dirección del proceso de  asimilación como del trabajo  de estudio en su conjunto .

De esta manera, el  mismo desarrollo histórico de la so-

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ciedad condicionó no  sólo el surgimiento  de  la  idea de la en­señanza programada, sino que también garantizó su amplia difusión.

Para elegir el camino más productivo para elaborar esta idea es importante analizar, por un lado, la correlación de las tendencias encarnadas  en ella y, por  otro, las vías perfila­das de su desarrollo.

Las tendencias señaladas, reflejadas en la idea de la en­señanza programada, están objetivamente interrelacionadas, y esta relación debe tomarse en cuenta al elaborarse  e intro­ducirse la enseñanza programada. Ante todo, la  optimación de la dirección del proceso de estudio presupone apoyarse en todo el conjunto de datos científicos modernos que tie­nen relación con este problema. Por  eso, para elevar el nivel de dirección del proceso de estudio del hombre  no  son  sufi­cientes sólo los logros de la psicología experimental. No es menos importante utilizar los datos de una serie de otras ciencias, en primer término de la cibernética, que es la ciencia de la dirección. Pero en la cibernética no encontra­mos sino las exigencias generales de una dirección eficaz, cuya realización es imposible sin considerar la originalidad del proceso dirigido. De ahí que Ja  elaboración de problemas de la  enseñanza programada debe apoyarse simultáneamente también en las ciencias que estudian las particularidades específicas  del proceso  de  estudio.

Dicho con otras palabras, el  desarrollo  y la introducción de la enseñanza programada pueden ser  exitosos  sólo  con  el apoyo en la teoría general de la dirección y en la teoría psi­cológico-pedagógica de la enseñanza. Es importante desta­car que las exigencias cibernéticas no sólo deben realizarse teniendo en cuenta las peculiaridades del estudio del hom­bre, sino ser igualmente adecuadas a la naturaleza de este proceso. En principio puede resultar que lo  específico de la dirección de  la instrucción es tal que  exigirá  que la cibernéti­ca  revise  algunas de  sus tesis  o su ulterior desarrollo.

Por otra parte, la confrontación de las exigencias ciber­néticas con los conocimientos psicológicos y pedagógicos sobre el proceso de estudio permite destacar un círculo de

problemas psicológico-pedagógicos sin resolver, cuya solu­ción es necesaria  para  una dirección eficaz del proceso de es­tudio.

Hablando de la automatización del proceso docente en relación con la  enseñanza programada  en condiciones  de una


 

instrucción de masas, cabe subrayar que las exigencias a los medios técnicos de la enseñanza las plantean las particulari­dades de los programas de enseñanza. Pero como los  progra­mas de enseñanza científicamente fundamentados deben es­tructurarse a base de los principios de la teoría general de la d irección y de la del estudio, las últimas dos esferas  presen­t an, al  fin de cuentas, exigencias también a los medios de automatización.

De modo que la esencia de la idea de la enseñanza pro­gramada consiste  en elevar la eficacia de la dirección del pro­ceso de estudio por medio de conocimientos modernos so­bre la dirección y el carácter específico  del proceso de estu­dio, con el apoyo en la técnica moderna. Es natural que los aspectos mencionados de la enseñanza programada pueden ser estudiados de manera relativamente independiente. No

obstante, es necesario tener en cuenta la relación existente entre ellos, cuyo eslabón rector es una representación cien­tífica moderna sobre las regularidades del proceso de estu­dio. Mas, el análisis de las vías que seguía y sigue actualmen­te el desarrollo de la enseñanza programada muestra, en pri­m er lugar, que la solución de sus tareas se realiza, como re­gla, sin el apoyo en u na adecuada base científica ; en segun­do lugar, que los medios técnicos de la enseñanza programa­da se elaboran sin tener en cuenta su dependencia de la naturaleza del proceso de estudio y, en tercer lugar, que durante la elaboración d e aspectos aislados de la idea de la enseñanza programada se pierde  con frecuencia el contenido fundamental de esta idea: la optimación de la dirección del proceso de estudio. Como consecuencia, surgen direcciones independientes que rebasan los marcos de la enseñanza pro­gramada.

El primer hecho -la subestimación de la importancia de una teoría científica adecuada- constituye la base, por lo m enos, de tres vías de desarrollo de  la enseñanza programa­da: la unilateralmente psicológica, la u nilateralmente ciber­nética y la empírica.

La vfa unilateralmente psicológica parte de B. F. Skin­ner, fundador de la enseñanza programada. Sus partidarios tratan de resolver los problemas de la dirección del proceso de estudio apoyándose únicamente en teorías psicológicas, de las cuales la behaviorista obtuvo la mayor difusión. Por primera vez esta teoría fue utilizada  por Skinner como base científica en la  dirección  del proceso de estudio.


)


 

Se emprenden igualmente tentativas de utilizar la  teoría gestaltpsicológica. Mas éstas no han dejado  por ahora huellas notables en  la rama dada.

En la URSS, un número cadavez mayor de  investigado­res acuden a la teoría de la formación por etapas de las ac­ciones mentales propuesta por P. Y. Galperin a principios de los años 5 0 y, durante todos  estos años, elaborada teórica y experimentalmente por él, sus discípulos y continuadores.  A veces se oyen exhortaciones a utilizar -para construir los programas de enseñanza- la teoría de la asociación y el re­flejo, cuyos autores son los psicólogos soviéticos D. Bo­goiávlenski, N. Menchínskaia e Y. Samarin.

La deficiencia de esta vía consiste en que, al optimarse la dirección del proceso de estudio, se hace caso omiso de los logros de la cibernética, que es la ciencia sobre las leyes generales de la dirección.

Los partidarios de la vfa unilateralmente cibernética de dirección del proceso de estudio tratan de apoyarse sólo en la cibernética. Esta corriente es conocida con el nombre de la pedagogía cibernética. El análisis de sus trabajos muestra que, de hecho, pertenecen a ella tanto las investigaciones sobre la pedagogía cibernética como las de cibernética pe­dagógica.

La confusión de estas dos ciencias distintas perjudica  el desarrollo de ambas. Las investigaciones cibernéticas del proceso de estudio se orientan al análisis de la enseñanza como de un sistema  cibernético. Estos trabajos están inevita­blemente vinculados a la formalización de los fenómenos pedagógicos, a la abstracción respecto de su contenido  con­creto. El proceso de enseñanza, siendo un tipo complejo y

original de dirección, puede descubrir nuevas regularidades ante la cibernética. Estas regularidades, abstraídas del pro­ceso de enseñanza, pueden conducir a la formulación de condiciones complementarias importantes para la dirección de una clase determinada de procesos. La legitimidad y la importancia de semejantes trabajos para la cibernética son indiscutibles. Pero cuando se realizan bajo el rótulo de in­vestigaciones en pedagogía cibernética, o sea, como investi­gaciones pedagógicas, suscitan una protesta natural de mu­chos especialistas en pedagogía, porque ven  en  la formaliza­ción de la actividad pedagógica el peligro de la desideologi­zación de su ciencia, de que ésta pierda sus particularidades específicas. La protesta se transforma con frecuencia  en pro-


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testa en contra de que, en general, la pedagogía recurra a la cibernética como tal. Por eso importa diferenciar estos enfo­ques científicos distintos.

Al mismo tiempo, al solucionarse tanto los problemas pedagógicos como los cibernéticos,  la predilección por el en­foque unilateralmente cibernético y la subestimación de la teoría psicológica de la enseñanza llevan a que se transfieran al proceso de estudio las peculiaridades de otros procesos menos complejos. En particular, la  dirección  de  los sistemas técnicos se identifica con la del proceso de  estudio.

La vfa empfrica de la elaboración e introducción de la enseñanza programada es la más típica. Sus partidarios me­nosprecian las teorías cibernética y psicológica. La elabora­ción de los programas de enseñanza, al igual que  la solución de las tareas relacionadas con  su  realización, se apoyan aquíen la experiencia pedagógica y el sentido común. En  el me­

jor de los casos se utilizan sólo algunos elementos de  la cien­cia cibernética o psicológica.

La poca productividad 4el enfoque empírico está de­mostrada por la propia vida: más de veinte años de trabajo siguiendo esta vía no condujeron a un avance sustancial en la solución  de ningún problema de enseñanza programada.

La segunda de las peculiaridades, señaladas por  nosotros más arriba, del desarrollo de la idea de la enseñanza progra­mada -trabajo aislado con los medios técnicos de enseñan­za- llevó a la aparición de gran número de distintos disposi­tivos de enseñanza no adecuados a la naturaleza del pro­ceso de asimilación. Como resultado  de ello, se hizo  típica la situación en que no son las peculiaridades del proceso de estudio las que determinan las exigencias a los medios téc­nicos de enseñanza, sino, por el contrario, el proceso de enseñanza se adapta a las posibilidades técnicas de las máquinl!-S.

La automatización de las funciones del pedagogo puede llevar a que tenga mlts tiempo libre; pero  no siempre, ni mu­cho menos, a la elevación del nivel de dirección  del proceso de asimilación de los conocimientos ni, por consiguiente, a la calidad de su asimilación. La elaboración de los medios técnicos de enseñanza separada de las bases psicológico-pe­dagógicas del proceso de estudio y del objetivo de la en­señanza programada -la elevación de la eficacia de  la direc­ción del proceso de estudio- condujo muy en breve a que esta corriente  rebasara los marcos de  la enseñanza programa-

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da y se desarrollara  como una  corriente  independiente, cuya línea principal la constituyó la elaboración de dispositivos de control que permiten automatizar, completa o parcial­mente, la realización de toda clase de exámenes. En losúltimos tiempos se desarrollan impetuosamente el cine y la televisión de estudio destinados a sustituir o ayudar al pro­fesor como  fuente  de nuevos conocimientos.

Tanto éstos como muchos otros medios de automatiza­ción del proceso de estudio no conducen a la elevación del nivel de dirección del estudio. Pero ya que la etapa de una amplia preparación e introducción de  los medios técnicos de enseñanza comenzó con la aparición de la idea de la en­señanza programada, hasta ahora cualquier automatización del proceso de estudio no sólo se considera frecuentemente como referida a la enseñanza programada, sino que, a veces, se identifica  con esta última.

Cabe señalar que la sustituciónde la enseñanza  programa­da por la automatización no sólo es errónea en su esencia, si­no que es nociva: frenó  el desarrollo de  esta valiosa idea  sur­gida de manera lógica. Esto ocurrió porque la automatiza­ción de algunas funciones del profesor no condujo a elevar la calidad de la asimilación de los conocimientos. Más aún, la aplicación de medios técnicos no adecuados al carácter específico del proceso de estudio llevaba al empeoramiento de su calidad, lo cual, como es natural, suscitaba un desen­gaño entre los prácticos. Pero en la situación creada de­silusionarse de la fuerza de la técnica significaba decepcio­narse de la enseñanza programada Por eso actualmente no sólo muchos profesores prácticos sino también numerosos especialistas consideran que la enseñanza programada no

justificó las esperanzas cifradas en  ella que su hora ya


había- pasado.

Una corriente más, desprendida de la enseñanzaprograma­

da, es la organización científica del trabaj o de estudio. Esta corriente reflej a la tendencia a la unión de la ciencia con la práctica en forma más completa que la enseñanza programa­da. En realidad, esta última está orientada sólo  a asegurar la dirección científicamente fu ndamentada del proceso de es­tudio, pero no resuelve problemas tales como el contenido

de los fines de la enseñanza en condiciones del progreso , científico-técnico, los principios de la estructuración de la asignatura, la normación del trabajo de estudio y muchos

otros que no pueden resolverse exitosamente sin el apoyo en

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la ciencia moderna. De esta manera, la enseñanza programa­da como elaboración de los principios científicamente fun­damentados de dirección del proceso de estudio constituye sólo parte de este  asunto.

Finalmente, la  idea de la enseñanza programada condujo al surgimiento de la corriente cuyo objetivo es la optimación de la dirección del proceso de estudio y educación en su conjunto, ante todo, la optimación de la dirección admi­nistrativa.

Aunque en los dos casos se trata de la dirección del pro­ceso de estudio, se investigan y estructuran de hecho siste­mas distintos de dirección con objetos diferentes de direc­ción. En el caso de la enseñanza programada, como objeto de dirección interviene el proceso de estudio; con la direc­ción administrativa, el objeto de dirección puede ser, por ejemplo, la colectividad de un grupo estudiantil o la de un curso. En los dos casos, para la organización de una direc­ción eficaz debe ser realizado el mismo sistema de exigencias de la teoría general de la dirección. Sin embargo, la realiza­ción cada vez debe operarse refractándose en las leyes específicas del proceso dirigido (objeto) que no coinciden en los casos indicados.

El análisis realizado muestra que las tendencias engen­dradas por el progreso científico-técnico  entraron en la esfe­ra de la  enseñanza  a través  de la idea de la enseñanza progra­mada. Pero desde el principio adquirieron un carácter  inde­pendiente de desarrollo y muy pronto perdieron la ligazón

orgánica con los problemas de la enseñanza programada, convirtiéndose en corrientes  autónomas.

La enseñanza programada presupone las investigaciones en todas estas direcciones, pero conforme a la dirección del proceso de estudio.

Vemos, de esta manera, que el desarrollo y la introduc­ción de la enseñanza programada pueden ser exitosos única­mente observándose las siguientes condiciones: en primer lugar, teniendo en cuenta las regularidades específicas del proceso de estudio, conocidas de la psicología y la pedago­gía modernas; en segundo lugar, realizando consecuen­temente las exigencias señaladas por la teoría general de la dirección; en tercer lugar, utilizando los medios  de automa­tización, ya que la dirección del proceso de  asimilación con la enseñanza de las masas es imposible sin su aplicación. Di­cho con otras palabras, la elaboración de la idea de la en-


 

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sefianza programada incluye los siguientes aspectos: a) la elección de la teoría psicológica de  estudio que  responda de la manera mis completa a las particularidades específicas de la enseñanza del hombre; b) la fonnulación y la realización de las exigencias a la dirección del proceso de estudio pre­sentadas por la teoría general de la dirección; c) la creación del complejo de los medios técnicos de enseñanza orienta­dos al modelo elegido de enseñanza que satisfacen las exi­gencias de la teoría general de  la dirección.


 

C a pítu l1

EXIGENCIAS  A LA TEORIA PSICOLOGICA DE LA ENSEÑANZA COMO BASE DE LA DIRECCION  DEL ESTUDIO


 

 

 

 

La teoría soviética de la enseñanza, como rama de la ciencia  psicológica, debe satisfacer los principios  metodoló­gicos de la psicología  que se desprenden  de la interpretación marxista de la psiquis y la conciencia humana. En la etapa actual la tarea principal consiste en realizar consecuente­mente estos  principios  en todas las teorías particulares rela­cionadas con ramas aisladas de la ciencia psicológica, llevar estos principios hasta su realización experimental concreta.

La segunda tarea importante consiste en analizar,  según estos principios, todo lo acumulado en la rama dada de la psicología. Esta tarea también se  les plantea a quienes se de­dican a elaborar las bases psicológicas de la enseñanza pro­gramada desde el punto de vista de la psicología soviética. La cuestión reside en  que Skinner no  sólo formuló la idea de la enseñanza programada, sino que también elaboró la va­riante de la enseñanza programada basada en  la comprensión behaviorista del proceso de estudio. Lamentablemente, no todos los partidarios de la enseñanza programada, ni mucho menos, supieron separar la esencia de la idea de la variante concreta de su realización. En la URSS, el análisis de la práctica de la enseñanza programada muestra que ésta no se

ha liberado aún de la influencia de la variante behaviorista.·En estas condiciones es especialmente importante analizar tanto las etapas principales de formación de los principios de la psicología soviética como  su contenido concreto.

 

§l. FORMACION DE LOS PRINCIPIOS

DE LA PSICOLOGIA SOVIETICA

En los años 20, ante los psicólogos soviéticos se planteóla tarea de reestructurar consciente y planificadamente la ciencia psicológica a base de la filosofía marxista. Por una

 

IS


 

parte, era necesario superar en la psicología el subjetivismo, el fenomenalismo, liquidar la separación de la psiquis de la vida real del hombre como portador de las relaciones socia­les. Por otra parte, se necesitaba superar el mecanicismo burdo que eliminaba el carácter específico de lo psíquico y que  llevaba a la liquidación  de la psicología como  ciencia.

El primer paso importante fue dado en esta dirección por L. S. Vigotski, quien ya en sus trabajos tempranos mos­tró que el defecto fundamental tanto de la psicología subjtivo-idealista como de la reflexología consiste en la separa­ción de la psiquis de la conducta (Vigotski, 925), lo cual conduce inevitablemente al mecanicismo en el análisis  de  la conducta y, de hecho, a este mismo idealismo subjetivo en la comprensión de la psiquis. "La psiquis sin la conducta -escribía Vigotski- no existe, como tampoco  existe la con­ducta sin la psiquis" (Vigotski, 926, pág. 4 ).

De tal manera, en estos trabajos de Vigotski se sentó el principio de la unidad de la psiquis y de la actividad, elabo­rado posteriormente por una serie de  psicólogos soviéticos y que actualmente constituye uno de los principios rectores de  la psicología soviética.

Vigotski indicó que para la comprensión de la psiquis, de la conciencia, hay que salir de sus  marcos, dirigirse a la propia vida del hombre, a las condiciones concretas  de su existencia. Consideró que en  la base del desarrollo de la con­ciencia del hombre se encuentra el desarrollo de sus actitu­des prácticas hacia la realidad. Pero Vigotski no establecía con ello una dependencia directa entre la conciencia y la práctica del individuo, considerando como  lo  principal en el desarrollo de la psiquis del hombre la asimilación  de la expe­riencia social. De esta suerte, el mérito en  la promoción del enfoque social, histórico, como principio rector de la psico­logía del hombre, le pertenece igualmente a Vigotski (León­tiev, 1 965). Estas tesis fueron concretadas en la teoría  his­tórico-cultural de Vigotski ( 956a, 956b), donde intentóanalizarlas peculiaridades de la psiquis del hombre como.de­terminadas por lo específico  de  su vida en  la sociedad.

El trabaj o del hombre se caracteriza por la aplicación de los instrumentos  que  mediatizan sus actitudes hacia las con­diciones de existencia. Es esta mediatización la que diferen­cia el nexo que relaciona al hombre con el mundo de su interacción con los animales.

La mediatización como particularidad de  la actividad

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práctica  de  los hombres condujo a los  correspondientes cam­bios en su psiquis; ésta también se vuelve mediatizada.  Dife­rentes signos (sei'iales) sirven de instrumentos que mediati­zan los procesos psíquicos del hombre. Los instrumentos de trabajo están dirigidos hacia el exterior y conducen a los cambios de los objetos de la realidad circundante; los instru­mentos-signos  se dirigen hacia el interior  y llevan a los  cam­bios de los procesos psíquicos.

Los signos tienen al principio una forma externa, mate­rial, y luego se interiorizan haciéndose internos, ideales. El principal sistema de signos que mediatizan la actividad psí­quica del hombre lo constituye el  lenguaje; éste también re­corre el camino de la interiorización: al principio  el lenguaje se utiliza para la comunicación con otras personas y des­pués, individualmente, en  el plano del lenguaje  interior.

.El lenguaje surgió como una forma social específica de las relaciones entre los hombres, engendrada por su práctica social. Las peculiaridades esp�cíficas de la psiquis del hom­bre se engendran, de esta manera, no por la misma práctica humana, sino por las nuevas relaciones sociales entre los hombres (el habla) surgidas sobre su base, por los productos de su cultura (el idioma). De ahí la naturaleza cultural e his­tórica  de la psiquis humana (Leóntiev, Luria, 1 956).

El papel de los instrumentos-signos reside en que éstos, mediatizando los procesos psíquicos, llevan precisamente a los cambios en su estructura, lo cual, en opinión de Vigot­ski, constituye la principal característica de estos procesos. Vigotski muestra que el desarrollo de las estructuras psíqui­cas mediatizadas lleva a la aparición de nuevos nexos entre las funciones psíquicas aisladas, lo cual, a su vez, conduce a la reestructuración de las propias funciones. De esta mane­ra, para comprender las peculiaridades de un proceso psíqui­co aislado, es necesario recurrir al análisis de la estructura­ción del sistema de estos procesos en su conjunto. La con­ciencia, sei'iala Vigotski, tiene estructura sistémica. Dicho con otras palabras, la mediatización no conduce al cambio de algunas funciones psíquicas, sino a la formación de  nue­

vas relaciones interfuncionales.

El enfoque sistémico del análisis de la psiquis abría el ca­mino para superar el funcionalismo, lo que constituía igual­mente una importante tarea de la psicología soviética. La conciencia no se convertía en suma  de  algunos procesos psí­quicos invariables, sino en un sistema dinámico.


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La utilización de los instrumentos-signos ofrece al hom­bre la posibilidad de dominar su conducta,  dirigir sus proce­sos psíquicos que, de inferiores, naturales, no mediatizados y arbitrarios, se convierten en superiores, sociales, mediati­zados y voluntarios. De este modo; los instrumentos de mediatización surgen primero como externos, materiales, que se utilizan en condiciones de actividad conjunta,  colecti­va, para la organización de la conducta de otras personas. Paulatinamente se convierten en internos, psíquicos, que  se utilizan individualmente para dirigir su conducta,  su psiquis.

En la teoría histórico-cultural la aproximación de la psi­quis a la actividad externa, práctica, sigue varias líneas. En primer lugar, las particularidades de la actividad  práctica de los hombres intervienen como las determinantes del carác­ter específico de su psiquis. En segundo lugar, la estructura­ción de la psiquis humana se examina por analogía con la es­tructura de su actividad laboral. Finalmente, las funciones psíquicas mediatizadas surgen al principio en el proceso de la actividad exterior conjunta; el lenguaje y otros instrumen­tos-signos intervienen al principio como sus elementos. "To­da función psíquica superior en el desarrollo del niño apa­rece dos veces en el escenario : la primera vez, como una ac­tividad colectiva, social, o sea, como una función interpsí­quica, y la segunda vez, como actividad individual, como modo interno de pensar del niño, como una función intra­psíquica"  (Vigotski, 1956c, pág. 449).

Para dominar su conducta, dirigir su psiquis, el hombre se apoya al principio en los objetos exteriores y sólo des­pués, sobre la base de la mediatización exterior, adquiere la capacidad de hacerlo mentalmente, al apoyarse en las ideas internas que son ahora elementos de la actividad psíquica.

Lo psíquico, como resultado de la transformación  de lo exterior, material, se muestra por Vigotski sólo aplicado al eslabón mediatizador-"instrumento". Los mismos procesos psíquicos que mediatizan este "instrumento" no se mues­tran como transformados de  lo  externo. En el plano teórico, el reconocimiento de un nexo genético entre  la forma inter­na, psíquica, de actividad y la actividad  externa (como acti­vidad de partida para la primera) lo extiende Vigotski a to­da la psiquis. "Toda función psíquica superior pasa necesa­riamente en su desarrollo por el estadio  externo" (Vigotski,

1 960, pág. 97). Pero es importante subrayar que, al anali­zar los problemas de la interiorización, no  sólo acentuaba el


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traspaso de la conducta externa al interior (este hecho se resaltaba también antes en reiteradas ocasiones). Para él lo principal consistía en que se trasladaba al interior la expe­riancia social. "Para nosotros, decir -hablando de un pro­ceso- que es 'externo' significa decir 'social"' (Vigotski,

960, pág. 97). Dicho de otra manera, la interiorización le da la posibilidad de mostrar concretamente la naturaleza social de la psiquis del hombre. Parafraseando la conocida tesis de C. Marx, Vigotski escribía : "Lanaturaleza psicoló­gica del hombre representa el conjunto de las relaciones so­ciales transferidas al interior y convertidas en funciones de la personalidad y formas de su estructura" (Vigotski, 1 960, págs. 198-199).

Aunque sentó las  bases del principio de la unidad de la actividad externa  de la psiquis y del enforque de la psiquis del hombre como social por su naturaleza, Vigotski no lo­gró realizarlas consecuentemente y en las investigaciones psi­cológicas concretas cayó preso del intelectualismo  contra  el cual  luchaba Al conceder u na importancia decisiva a los ins­trumentos, Vigotski indicaba que éstos podían cumplir sus funciones sólo porque son siempre reflejo de algo y tienen para una persona un determinado significado. Esto sucede también durante la utilización tanto de  los instrumentos in­ternos como de los externos. De ahí se desprende que el proceso de desarrollo de las formas mediatizadas de la psi­quis es, de hecho, un proceso de desarrollo de los  significa­dos. Es en la palabra donde el significado  está  representado en la forma más  característica. Por consiguiente, la tarea re­side en observar cómo la palabra adquiere su significado. Pero como Vigotski no veía la diferencia entre  el significado y el concepto, sometió  al estudio  experimental el proceso  de formación de los conceptos. El desarrollo de los conceptos apareció para Vigotski como la línea principal del desarrollo de la conciencia. El nivel de desarrollo de los conceptos del hombre determina, en opinión de Vigotski, tanto las pecu­liaridades del  reflejo del mundo  por aquél como  las posibili­

dades de la acción práctica dentro del mismo. En cambio, el desarrollo de los conceptos está condicionado por la activi­dad conjunta del niño y el adulto que abre ante el primero la  "zona  de desarrollo próximo"  (Vigotski, 193 5 ) .

Así, apareció e n el sistema de Vigotski e l peligro real de la salida de la comunicación a primer plano, de la pérdida de las relaciones prácticas del hombre con la realidad como


 

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las que determinan el desarrollo de la conciencia. El niño se convertía no en un sujeto que operaba reahnente con el mundo de las cosas, sino sólo en un ser comunicable. Esta interpretación del papel de la comunicación encerraba la amenaza  del intelectualismo, del idealismo (Galperin, 1959).

De esta manera, la investigación del papel de los instru­mentos en la formación de la psiquis del hombre realizaba las aspiraciones de  Vigotski de sacar a la conciencia de su es­tado encerrado dentro del sujeto, explicar su esencia con  las fuerzas que se hallan fuera  de él.  No obstante, el instrumen­to sacado de la actividad y tomado independientemente ad­quirió un significado exagerado, lo cual condujo, de  hecho, a la pérdida de la actividad y, a su vez, al intelectualismo,  a un encerramiento dentro de la conciencia. El significado, considerado por Vigotski como unidad de la conciencia in­

dividual, resultó determinante de la estructura de la psiquis humana,  del nivel de su desarrollo.

No obstante, ello no fue consecuencia de las tesis  <k par­tida de Vigotski, sino de la realización insuficientemente adecuada de éstas en su teoría histórico-cultural de la psi­quis. La tesis de partida de Vigotski sobre el  papel  determi­nante en el desarrollo de la psiquis de las actitudes prácticas del hombre hacia la realidad es indudable. Mas, en vez de esclarecer el papel del trabajo en el desarrollo de la psiquis humana, Vigotski se limitó a investigar el papel de los instru­mentos. Pero la existencia de los  instrumentos, con toda  su importancia, no agota la característica de la actividad labo­ral. Vigotski  no analizó  la influencia que ejercen sobre la psi­quis humana las nuevas relaciones que se forman entre los hombres en el proceso de su actividad laboral. Además, al indicar la naturaleza histórico-social de la psiquis humana, contrapuso ostensiblemente los procesos naturales, psíqui­cos, a los sociales. Dicho de otra manera,  al enfocar el desa­rrollo de la psiquis humana, los procesos sociales, por una parte, y los naturales, por  otra, los consideraba él  como  dos esferas diferentes de los procesos psicológicos (Leóntiev, Luria, 956, pág. 25).

La crítica de la teoría del desarrollo histórico-cultural de la psiquis no significaba la renuncia  de la psicología  soviética a las tareas para la solución de las cuales se creó esta teoría ni a las vías de principio de su solución trazadas por Vigot­ski.

La superación de las deficiencias de la  teoría de Vigot-

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ski, la ulterior aproximación de la actividad  práctica y la psi­quis, así como el desarrollo del principio de la  condicionali­dad social de la psiquis humana los encontramos en  los tra­bajos  de S. Rubinshtéin, A. Leóntiev y sus colaboradores.

Basándose en los trabajos de  Marx, Rubinshtéin  propuso examinar la actividad del  hombre como objeto de  la  psicolo­gía (Rubinshtéin, 1934). M ás tarde esta tesis fue precisada por él: la psicología no debe estudiar la actividad como tal, sino sus peculiaridades psicológicas (Rubinshtéin, 1 935).

Posteriormente, Rubinshtéin precisó una vez más el ob­jeto de la psicología. Esta "precisión" significaba de hecho la renuncia a la actividad como objeto de la psicología:

". . .toda p sicología que c omprende qué es lo que estáhaciendo, estudia la psiquis,  y sólo la psiquis" (Rubinshtéin, l 940a). Pero la renuncia a la actividad como objeto de la psicología no significaba la renuncia al estudio de su papel en la formación y el funcionamiento de la psiquis. Por el contrario, Rubinshtéin proclamó el principio de la unidad de la psiquis y de la actividad: ". . .al realizarse realmente  en los d istintos tipos d e actividad concreta, los procesos psíquicos se forman en ella" (Rubinshtéin, l 940b). Sin embargo, la correlación concreta de la actividad y de la p siquis él no la reveló ni en el plano teórico ni en el psicoló­gico-experimental. La cuestión de la superación del eterno dualismo de la actividad práctica externa y de la psiquis como fenómeno interno, ideal, permaneció sin resolver.

"En los psicólogos subjetivos la psiquis aparece sin la conducta, y en los reflexólogos -escribía Vigotski (1925 , pág. 78)- la conducta aparece sin la psiquis. Pero tanto allícomo aquí la psiquis y la conducta no son una cosa, sino dos." La declaración de la unidad de la psiquis y de la actividad no conduce por misma a la desaparición de las

dos cosas. Para esto hay que poner de manifiesto, en esen­cia, en  qué constituyen un todo único.

Esta tarea, a nuestro juicio, fue resuelta por Leóntiev. La principal objeción, seftalada por Leóntiev al analizar de manera crítica la teoría histórico-cultural de Vigotski, con­siste en lo siguiente: no son los conceptos (ni, por consi­guiente, los significados ni los signos ni los instrumentos),  si­no la actividad real  que une al organismo con la realidad cir­cundante, la que determina el desarrollo tanto de la concien­cia en su conjunto como de algunas funciones psíquicas (Leóntiev, l 947a).


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La esencia del enfoque de Leóntiev sobre la  psiquis con­siste en que, d esde el principio, la abordó no como se abor­dan los fenómenos que acompañan la vida del organismo, sino como los procesos que realizan la vida. La psiquis se considera no como cierto complemento subjetivo a la acti­vidad vital del organismo, sino como la forma de la propia actividad vital.

Al considerar el proceso de las relaciones mutuas reales, prácticas, del organismo con el medio circundante, León­tiev mostró que la misma lógica de su desarrollo condujo a la necesidad de la aparición de lo psíquico. La b6squeda del criterio de lo psíquico por primera vez se dirige a través del análisis de los lazos objetivos del organismo y del medio. Leóntiev propone considerar, como criterio objetivo de  esta

forma especial de la actividad vital -la psiquis-, la  existen­cia de la excitabilidad en el organismo respecto a las influen­cias del medio que no tienen importancia vital directa, pero que, por  la relación  objetiva con otras influencias que tienen importancia vital directa,  cumplen la función de señales, me­diatizan las relaciones del organismo con estímulos directa­mente importantes. Esta sofisticación de las relaciones del

organismo con el medio fue motivada, como supone León­tiev, por el paso de la vida en un medio homogéneo, no  for­mado desde el punto de vista del objeto, a la vida  en un  me­dio discreto. Para descubrir en  este  medio los estímulos que tienen importancia vital directa, el organismo se veía  obliga­do a realizar la b6squeda, orientarse en este medio, refle­jarlo.

Al analizar los datos experimentales en la rama de la zoopsicología, obtenidos tanto por Leóntiev como por otros investigadores, el científico llega a la conclusión de que el tipo de mecanismo que realiza la adaptación  de  los animales a los cambios del medio no puede servir de criterio 6nico de desarrollo de su psiquis. El se pronuncia en contra  del siste­ma tradicional de desarrollo de los animales: instinto -há­bito - intelecto. Leóntiev mostró  que, al destacar las  princi­pales etapas del desarrollo de la psiquis de los animales, se d ebe, ante todo, tomar en cuenta la estructura objetiva de la actividad de los animales,  que los relaciona  con el medio  am­biente y determina la forma en que reflejan la realidad. A base de este enfoque (seg6n  las formas de reflejo).destaca las siguientes etapas: la de la psiquis sensorial elemental, la de la psiquis perceptiva y la del intelecto.


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Leóntiev mostró asimismo de qué modo  el cambio de  las condiciones de existencia lleva al cambio en la estructura de la actividad (conducta) de los animales, lo cual, a su vez, conduce al cambio de las formas de reflejo. Con  ello indica que entre el desarrollo de las formas de reflejo y el de la estructura de la actividad nunca existe correspondencia directa: las formas de reflejo parecen quedarse a la zaga de la estructura de la actividad. Mostrando los distintos tipos de la estructura de la actividad y las diferentes formas de reflejo en los animales Leóntiev subraya, al mismo tiempo, que todos ellos permanecen dentro de los marcos de las leyes instintivo-biológicas.

Analizando las condiciones de surgimiento de la con­ciencia humana, Leóntiev muestra que también en este caso las particularidades de la estructura de la actividad, que se convirtió en trabajo ahora y que se subordina no a los ne­xos naturales, sino sociales, engendran las peculiaridades de la psiquis. .

La actividad, que relaciona al sujeto con el mundo, la convirtió Leóntiev en objeto de la psicología (Leóntiev, 1947a). Ante todo dirigió su atención al estudio de la es­tructura de la actividad. El objetivo y el motivo como los principales elementos de la actividad hecha conciencia fue­ron objetivizados por él, comprendidos no como emociones internas, sino  como objetos externos que dirigen la  actividad del sujeto. De esta manera, el motivo de la actividad es in­terpretado por él no sólo como una necesidad del sujeto de algo, sino como una necesidad objetivada, como el objeto

que mueve al sujeto a la acción.

Leóntiev distingue los conceptos de  actividad, acción,

operación. Bajo actividad entiende los procesos que realizan una actitud vital, activa; del sujeto hacia la realidad. Un ras­go característico de la actividad es la coincidencia  del moti­vo y del objetivo : se motiva ésta por el objetivo a cuyo lo­gro está dirigida (Leóntiev, 1965). "Los principales compo­nentes de algunas actividades humanas los constituyen las acciones que las realizan. Llamamos acción al proceso subor­dinado a la representación del resultado que debe alcanzar­se,  o sea el proceso subordinado a un objetivo  consciente. Al igual que el concepto  del motivo se correlaciona  con  el de la actividad, el concepto del objetivo se correlaciona con  el de la acción" (Leóntiev, 1972, pág. 104). De  esta suerte, León­tiev determina de acción como un proceso orientado, im-


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pulsado no por su objetivo, sino por el motivo de la activi­dad que la acción dada realiza. Un rasgo  característico  de  la acción, a diferencia de la actividad, lo  constituye la no  coin­cidencia del motivo y del objetivo ( Leóntiev, l 947b y

965). Leóntiev determina las operaciones como métodos por medio de los cuales se realiza la acción; de este modo, las operaciones corresponden no al motivo ni al  objetivo de la acción, sino a las condiciones en las  cuales está dado el

objetivo (Leóntiev, 1 947a, 975 ) . Las operaciones se for­man de las acciones: ".. .cuando el objetivo de la acción for­

ma parte de otra acción como condición de su·cumplimien­to, la primera acción se  transforma  en método  de realización de la segunda, en una operación consciente" (Leóntiev,

1 965' pág. 298).

Leóntiev introdujo asimismo el concepto del sentido de la actividad (de las acciones) para el sujeto que él compren­de como la relación entre el motivo y el objetivo (Leóntiev,

1 947a, pág. 82). El sentido, en el caso dado, interviene co­mo la relación  entre dos cosas que  cumplen funciones deter­minadas en la actividad y que  constituyen  sus elementos es­tructurales. El sentido, escribe él, interviene como una rela­ción que, de hecho, se realiza por la vida, por la actividad del sujeto (ibíd. , pág. 8 1 ) .

Al subrayar e l carácter in stintivo-biológico d e l a activi­dad de los animales, Leóntiev muestra  que esto determina la estrechez de su reflejo psicológico de la realidad  circundan­te. Todo  lo  no relacionado con las necesidades biológicas del animal no es reflejado por éste, no existe para él : "en los animales no existe un reflejo estable y objetivo de los obje­tos de la realidad" (ibíd., pág. 56). Esta peculiaridad de la psiquis se explica por la estructura  de la actividad  de los  ani­males; en ella, lo que dirige la actividad siempre coincide con el motivo. Por consiguiente, los animales no tienen ac­ciones; la actitud del animal hacia el objeto es inseparable del objeto, no existe independientemente. Esto mismo ex­plica la ausencia en los animales de  una actividad verdadera­mente  conjunta que se caracterice por una división conscien­te de las funciones.

La actividad del hombre posee una estructura completa­mente distinta. El trabajo como actividad específicamente humana se caracteriza no sólo por la utilización de los ins­trumentos, sino también por su carácter  colectivo. La acti­tud del  hombre hacia el mundo está  mediatizada no sólo  por


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el instrumento, sino igualmente por la actividad de otras personas con las que éste entra en  relaciones de  producción (Marx, 956; Marx y Engels, 955).

La división de las funciones laborales entre  varias  perso­nas conduce por primera vez a la aparición de la acción. El móvil que impulsa al individuo dado a la acción puede al­canzarse únicamente como resultado del cumplimiento, por cada uno de los participantes en el trabajo colectivo, de su acción. Cada acción, tomada por separado, no alcanza su

objetivo, de por carece de sentido vital para el individuo. De esta manera, las condiciones sociales de la actividad exi­gen necesariamente el surgimiento de nuevas formas de la psiquis que garanticen el reflejo por el individuo de la rela­ción entre el motivo objetivo de la acción y su objeto, el

objetivo final. Leóntiev llama a la forma de la psiquis,qu�descubre para el hombre esta relación como una relación suya, una conciencia razonable, pensante, del hombre. De modo que "junto con el nacimiento de la acción, esta  'uni­d ad' principal de la actividad del hombre, surge igualmente

. la 'unidad' básica, social por su naturaleza, de la psiquis hu­mana: el sentido razonable para el hombre  de la  orientación de  su actividad" (Leóntiev, 947a,  pág. 68).

La separación, para el sujeto, del objeto de la actividad respecto a la actitud hacia este  objeto  conduce a que los ob­jetos comienzan a intervenvir en una actitud estable hacia las necesidades de la colectividad, adquieren determinados significados que generalizan, cristalizan la experiencia social y la fijan en el lenguaje. El significado objetiviza para el

hombre el  sentido de lo que éste  refleja (ibíd . , págs. 7 9-80). Leóntiev plantea de una manera radicalmente nueva el

problema  de la característica psicológica de la  conciencia. Se sabe que la tradicional p sicología burguesa consideraba que debe estudiarse en la conciencia sólo lo que se halla dentro de ella, o sea, algunos fenómenos psíquicos y sus relaciones. Al igual que Vigotski, Leóntiev considera que las particulari­dades de la conciencia no se reducen a las de algunos fenó­menos y procesos psíquicos; la conciencia tiene su propia característica psicológica: la originalidad de  la estructura in­terna, condicionada por las peculiaridades de la estructura de la actividad externa, práctica,  d el sujeto. De esta manera, al establecer las particularidades de la conciencia el autor rebasa sus límites, supera el carácter encerrado de la con­ciencia dentro del sujeto,  propio de  la psicología burguesa, y


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abre, de esta suerte,  la posibilidad de mostrar, al resolver los problemas psicológicos concretos, cómo la existencia deter­mina la  conciencia. "La verdadera explicación de la concien­cia -escribe Leóntiev- se halla.. . en las condiciones sociales y los métodos de la actividad que crea su necesidad, en la ac­tividad laboral" (Leóntiev, 975, pág. 29).

Al destacar el significado y el sentido personal como las principales "generatrices" de la estructura interna de  la con­ciencia, Leóntiev señala que, en el proceso del desarrollo his­tórico, sus relaciones, reflejo de las actitudes objetivas del hombre hacia la naturaleza y hacia otras personas, que se iban creando en condiciones de formaciones socioeconó­micas distintas, llevan a una estructura diferente  de  la con­ciencia.

El enfoque de la psiquis como forma de la actividad  vi­tal del organismo, que surge y se desarrolla como resultado del cambio de las condiciones de vida, dio la posibilidad a Leóntiev de sacar a la psiquis de su encerramiento dentro del sujeto y comprender sus relaciones con la actividad ex­terna.del hombre.

Al principio la psiquis y la conciencia formaban parte, como elementos integrantes, de la actividad práctica de los hombres, y estaban indisolublemente ligados con ésta. El proceso de división del trabajo condujo paulatinamente a la aparición del trabajo intelectual y físico. En el caso del tra­bajo intelectual la forma de lo psíquico la adquieren ya no algunos elementos aislados de la actividad ni acciones aisla­das que la componen, sino la actividad en  su conjunto. Des­tacándose al principio dentro de la actividad práctica, los procesos psíquicos adquieren luego motivaciones indepen­dientes, es decir, se trasforman en tipos especiales precisa­

mente de la actividad (Leóntiev, l 947a).

Dicho en otros términos, la  actividad práctica externa se interioriza adquiriendo la forma de la actividad interna, ideal. Sin embargo, al tomar la forma de lo psíquico y haciéndose relativamente independiente, no deja de repre­sentar la actividad, o sea,  los procesos dirigidos a la solución de tareas vitales que surgen en el proceso de la interacción del suj eto con el mundo. La actividad psíquica no se vuelve puramente espiritual, esencialmente opuesta a la actividad externa p ráctica. Ello p ermitió a Leóntiev eliminar la

oposición dualista de  la actividad interna, a la actividad de la conciencia, a la actividad externa, mostrar que el proceso de


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la conciencia y la actividad externa no son dos cosas distin­tas, sino  dosformas  de un todo único : de la actividad con esto, una de estas fonnas es engendrada por  la segunda, y deriva de ella. Estas dos fonnas están unidas entre me­diante transiciones mutuas, transformaciones mutuas, en lo cual reside la manifestación principal, decisiva, de  la unidad de la psiquis y de la actividad. Estas dos fonnas de actividad "en igual medida, pero de manera diferente, unen al hombre con el mundo circundante que es reflejado a consecuencia de ello en su cabeza" (Leóntiev, 965 , pág. 3 3 ) . "Las dos constituyen p rocesos h echos conciencia que' forman el sentido. En su comunidad se revela precisamente la indivi­sibilidad de la vida íntegra del hombre que  se manifiesta en dos formas: la material y la ideal" (�eóntiev, 1 947a, pág. 99). La unidad de la actividad exterior, práctica, y la inte­rior, psíquica, se expresa, asimismo, en que tienen una estructura igual. En  la actividad psíquica, señala Leóntiev, al igual que en la práctica, hay que distinguir la actividad propiamente d icha, las acciones y las operaciones. La comunidad de la estructura de la actividad externa y de la actividad psíquica hace posibles sus transiciones y transfor­maciones mutuas; la actividad interna incluye permanente­mente algunas acciones y operaciones externas, y la desarro­llada actividad práctica exterior, las acciones y las operacio­nes internas,  de pensamiento (Leóntiev, 947a y 1 96 5 ) .

L a tradicional p sicología burguesa subrayaba constante­mente la dependencia sólo de la actividad externa respecto a la interna; de la práctica frente a la psíquica. Leóntiev planteó el problema de la dependencia inversa : de la activi­dad interna, psíquica, respecto a la actividad externa, prác­tica. El científico mostró convincentemente la primacía de

la actividad externa práctica, tanto en la filogenia como en la ontogenia. Esta idea aproximó  de  lleno a la psicología so­viética  a la realización de  la  conocida tesis  de Marx de  que lo ideal no es otra cosa que lo material, transplantado a la  ca­beza  humana y transformado en ella (Marx, 95 5 , pág. 1 9).

El objeto de la psicología no era ya, de esta manera,  la psiquis, sino la actividad hecha conciencia, cuyos elementos estructurales pueden intervenir tanto en su forma externa, material, como en la interna, psíquica. La actividad  psíquica no es sino un tipo particular de la actividad humana, genéti­camente relacionado con el externo, material, como de par­tida para ella. Leóntiev indicó directamente que "la activi-

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dad , independientemente cie su forma, entra en el objeto de la ciencia  psicológica, aunque, se sc>breentiende,. de un modo completamente distinto a como eJitra en el obJeto de otras

ciencias" (Leóntiev, 1 975 , pág. 12�·

Este enfoque del objeto cambia bruscamente e l camino del desarrollo de la ciencia psicológica. Hasta ahora siem­pre partía, de hecho, de la conu.aposición de lo externo y lo interno, de lo material y lo ideal, mientras que ahora co­menzó a "partir de la verdadera imidad de la psiquis  y de la actividad del sujeto y a investigar sus relaciones mutuas. in­

ternas y sus transformaciones JilUtuas" (Leóntiev, 965 , pág. 27).

En los trabajos de Leóntiev tµitbién se tiace el enfoque histórico, social de la psiquis humana. El señaló que en el hombre hay que distinguir no <JOS -como se consideraba hasta entonces en la psicología-, ;ino tres tipos de experien­cia. Si en los animales existe una experie11cia congénita, biológicamente hereditaria, y una experiencia individual

que se estructura sobre ésta el hombre tiene un tipo más

q

 


de experiencia, a saber, el  ue t¡Simila durante la vida ("se

apropia") de la práctica históricO-Social, la experiencia de la hwnanidad; es en este proceW especial , que se distin­gue por sus mecanismos, donde ¡e forman en el hombre  las capacidades específicamente ht.manas. Esta experiencia,

subraya Leóntiev, no puede sei identificada con la expe­

riencia individual en el sentido �stricto de esta palabra. Se diferencia de esta última no stlo por su contenido, sino también por el mecanismo de frincipio de su asimilación (apropiación).

Más adelante Leóntiev prorr<>vió la hipótesis sobre los "órganos funcionales del cerebrl", que consiste en que el mecanismo fisiológico de las rmciones psicológicas supe­

riores, específicamente humams, lo  constituyen los pro­

cesos sistémicos que surgen soJre la  base de las "asocia­

ciones" cerebrales especiales q!e se  forman Y   consolidan

en el hombre durante su vida 3 que juegan el papel de ór­ganos de estas funciones psíqucas. La importancia teórica de esta hipótesis consiste en qil permite eliminar la vulgar contraposición de lo biológico Y lo social en el hombre y mostrar la naturaleza histórica, �cial de él en su unidad.

La línea teórica examinada >btuvo un amplio desarrollo

experimental. Se destacaron ma serie de  orientaciones

de investigación encabezadas pr L. Bozbóvich, A.  Zapo-

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rózhets, P. Z índenko, D. Elkonin y otros. Corno resultado de ello, en la actividad del hombre no sólo fue destacada una precisa estnctura psicológica, sino que cada elemento suyo tuvo una característica psicológica. Algunos procesos psíquicos fueror estudiados en dependencia del lugar queéstos ocupan en la estructura de la actividad, en dependen­cia del sentido �ital de esta actividad para el hombre (Gal­

perin, 1 959).

Estos trabajos tuvieron enorme importancia para supe­rar el subjetivismo en las investigaciones psicológico-expe­rimentales, para esclarecer la dependencia de la psiquis res­pecto a la vida real del sujeto en condiciones de los tipos concretos de su actividad. En particular, fue investigada la actividad del estudio corno uno de los principales tipos de la actividad hunana. Se mostró que durante el proceso de estudio se hace  conciencia sólo lo que ocupa un lugar  es­tructural del o�etivo directo de una u otra acción que en­tra en la activid:td dada. Esto permitió comprender de una manera nueva los principios de lo intuitivo, consciente y activo del estudio. Se resolvía de una manera nueva en es­tas investigaciones el problema del desarrollo de algunas funciones psíqucas (la memoria, la atención, etc.) Para lograr que el al1mno sea más atento a uno u otro objeto, hay que plantearle tareas en cuya solución este objeto

ocupe en su  actividad el lugar estructural del objetivo. Se trata, escribe Leóntiev, "no de las peculiaridades de la atención del nifo corno de cierta capacidad de su concien­cia, sino de las  peculiaridades de su actividad" (Leóntiev,

1 947b, pág. 4). Es verdad que tal solución del problema es posible sólo il la atención corno actividad interna ya se ha formado, cuando la tarea consiste sólo en dirigirla a uno u otro objeto. Esto no anula la tarea de la formación de una nueva acfüidad interna, por eso Leóntiev plantea el problema de las vías de la educación de nuevas  acciones in­ternas. Para ell:>, escribe, no es suficiente sólo exigir el planteamiento de las correspondientes tareas. Al igual  que Vigotski, Leóntiev estima que la principal vía es la acción conjunta del adtllto y el niño. Con la particularidad, indicaél, de que el adulto d ebe exteriorizar la acción que se exige, mientras que el niño debe cumplir para esta ac­ción t eórica expresada exteriormente. Considerando que tampoco en estas condiciones se logra siempre el resultado apetecido, Leóntiev señala la necesidad del elemento intui-


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tivo, de la utilización de objetos reales que sirven de  apoyo externo de las acciones internas. Cabe notar especialmente que Leóntiev destaca la importancia de utilizar "allí don­de esto es posible, las acciones de los alumnos, externas por su forma" (ibíd., pág. 5).

De esta manera, Leóntiev no sólo expuso la tesis sobre la psiquis como actividad externa transformada, sino que abordó de lleno su realización en el proceso de la ontoge­nia. La investigación sistemática de este problema es un mérito de Galperin y sus colaboradores.

Los trabajos de Vigotski, Leóntiev, Rubinshtéin, y sus partidarios condujeron, a fines de los años 40,  a tres  princi­pios fundamentales que constituyen la base de la psicolo­gía soviética: 1) el enfoque del carácter activo del objeto de la psicología; 2) el reconocimiento de la naturaleza so­cial de la actividad psíquica del hombre; 3) el reconoci­miento de la unidad de la actividad psíquica y de la activi­dad  extema, práctica.


 

§2. PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

DE LA PSICOLOGIA SOVIETICA

1 . Enfoque del carácter activo del objeto de la lJSicología

Este principio significa que la psiquis se entiende no como un fenómeno de la conciencia, sino como forma de la actividad vital del sujeto, que asegura la solución de de­tenninadas tareas en el proceso de su interacción con el mundo. El hombre (sujeto) interviene como un principio activo y no como un simple receptor de lo psíquico. No cumple sólo las acciones prácticas externas sino también las acciones psíquicas. La psiquis no es simplemente el cuadro del mundo, el sistema de imágenes, sino la activi­dad, el sistema de acciones y operaciones unidas por el mo­tivo y el objetivo.

El enfoque del carácter activo de la psiquis cambia sus­tancialmente el objeto de la psicología. Ahora no debe es- . tudiar algunas funciones psíquicas (la atención, la volun­tad, las emociones, etc.), sino el sistema de la  actividad. Al­gunas funciones, entrando en la actividad, ocupan en ella un d eterminado lugar estructural, cumplen cierto papel funcional. Naturalmente, las regularidades de la actividad

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no pueden reducirse a las regularidades de algunos elemen­tos suyos o a la suma de estas regularidades. Dicho con

otras palabras, el objeto de la psicología -la actividad- es sistémico por su naturaleza y debe estudiarse como siste­ma. He aquí por qué un enfoque del carácter activo de la psiquis no puede ser realizado mediante una simple  sustitu­ción de los términos: la actividad de la atención en vez de la función de la atención, la actividad emocional en vez de la función emocional, etc. Esta sustitución de los términos no cambia nada en esencia, ya que algunas funciones nunca forman actividad.

La diferencia de principio del enfoque del carácter acti­vo del objeto de la psicología respecto a todos los demás consiste en que se somete al análisis el proceso real  de la in­teracción  del hombre con el mundo tomado en su integridad y que transcurre como proceso de solución de la tarea. Todos los enfoques anteriores "sacaban" de este sistema de actividad elementos aislados y, haciendo abstracción de

ellos·respecto al sistema, los análizaban por solos. En virtud de ello, el defecto principal de la psicología subjeti­vo-idealista consiste en la separación de la psiquis del hombre de su vida real, de su actividad. El behaviorismo, por el contrario, "depuró" la conducta real de la psiquis, convirtiéndola en conjunto de las reacciones exteriores.

A nivel psicológico, la actividad es una unidad de  la vida mediatizada por el "reflejo psicológico, cuya función real consiste en que orienta al sujeto en el mundo de los obje­tos" (Leóntiev, 975, pág. 82). De ahí se  desprende que  las características más importantes de la actividad son  su  carác­ter de objeto (orientación a cierto objeto  material o ideal) y de sujeto (se realiza por una persona concreta).

El objeto de la psicología ha cambiado sustancialmente·también en otro aspecto : la psicología no debe  estudiar sólo la actividad psíquica pura, lo cual seria una limitación. En cambio, un caso típico es la existencia en la actividad de componentes tanto psíquicos  como no psíquicos que, ade­más, en el proceso de funcionamiento pueden cambiar su forma.

El enfoque del carácter activo del objeto de la psicología planteó de una manera nueva la cuestión de la unidad del análisis psicológico. La exigencia general  a la unidad del  aná­lisis de cualquier proceso reside en que ésta no debe perder el carácter específico del fenómeno analizado. Vigotski su-


 

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brayaba que la psiquis h ay que descomponerla no  en  unida­des más sencillas, sino en unidades específicas de  ella, en las que se conservan en la forma más simple todas sus cualida­des y propiedades. La descomposición en elementos atín más sencillos, escribía él, conduce a la pérdida del carácter específico del fenómeno analizado y, al mismo tiempo, del carácter específico de su ciencia (Vigotski, 956ch). Si que­remos explicar, por ejemplo, por qué el agua apaga el  fuego, escribía Vigotski, no d eb emos descomponer el agua en ele­mentos: el hidrógeno arde, y el oxígeno mantiene la igni­ción. Sólo si podemos sustituir el análisis que descompone la unidad en elementos por uno que desmiembra unidades complejas en unidades relativamente sencillas, que no pue­den descomponerse más y que representan en  su forma  más sencilla unidades inherentes a un todo, sólo entonces pode­mos esperar que nuestro análisis nos lleve a una solución sa­tisfactoria d e la tarea (Vigotski, 956ch, pág. 47 1 ) .

Por cuanto la actividad constituye el objeto d e l a psico­logía, el análisis de aquélla debe hacerse en unidades que conserven todas las peculiaridades específicas de la activi­dad. Como una unidad así interviene la acción. La acción tiene la misma estructura que la actividad: el objetivo, el motivo, el objeto sobre el cual está orientada, un determnadojuego d e operaciones que realizan  la acción, un modelo según el cual es realizada por el sujeto; constituye un acto de su actividad vital real. Finalmente, la acción, al igual que la actividad, es subjetiva, o sea,  pertenece al sujeto  y siempre interviene como  actividad de u na personalidad  concreta.

La elección de la acción como unidad  del análisis psico­lógico no significa subestimar las imágenes. Las imágenes,  al igual que la operación, son los elementos más sencillos de la actividad psíquica,  en los que  se pierde el cafacter específico de la psiquis como actividad. Por eso el enfoque dado exige

el estudio de las imágenes no tomadas por mismas, sino como elementos de las acciones, de la actividad. Las imáge­nes, tanto sensoriales como conceptuales, ocupan en la acti­vidad del suj eto un lugar estructural o d el objeto (objeto de la acción), o del modelp, según el cual la acción se realiza. De este  modo,  el análisiS en  unidades de  las acciones no con­duce a la pérdida de las imágenes,  pero elimina su autoac­tividad, la posibilidad admitida voluntaria o involuntaria­mente  de su interacción inmediata.

La relación de las imágenes con las acciones y las opera-


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ciones interviene siguiendo varias líneas. En primer lugar, las acciones son un medio de fonnación de  las imágenes; ni una sola imagen, ni sensorial ni abstracta, puede obtenerse sin la correspondiente acción d el sujeto. La imagen es siempre re­sultado, producto de determinadas acciones. La percepción como imagen sensorial es resultado de  las acciones de la per­cepción, producto de la "apercepción". El concepto es pro­ducto de las acciones mentales, etc. En segundo lugar, las

operaciones constituyen el mecanismo psicológico de las imágenes. La actualización  de la imagen, su restablecimiento por el suj eto es siempre el cumplimiento por éste (aun ins­tantáneo) de las operaciones que se hallan en la base de la imagen, entran orgánicamente en ésta (Galperin, 957 ) . Porúltimo, la utilización de la imagen en el proceso de la solu­ción de diferentes tareas opera asimismo mediante su  inclu­sión en una u otra acción.

De esta manera, aunque la ligazón entre las imágenes y las acciones es bilateral, el papel rector le pertenece a la ac­ción. La imagen sin la acción del  sujeto no puede  ni formar­se, ni restablecerse, ni utilizarse. De  aquí se deduce que diri­

gir la formación de las imágenes es posible sólo mediante las acciones.

La acción como unidad del  análisis de la actividad se ex­pone por primera vez en  los trabajos de Leóntiev (véase, por ejemplo, Leóntiev, 946), luego en los de Rubinshtéin.

Rubinshtéin, al fu ndamentar la elección de esta unidad del análisis, decía que para comprender los multiformes fe­nómenos psíquicos en su s interrelaciones internas esenciales "hay que encontrar, ante todo, la 'célula' en la que pueden descubrirse los embriones de todos los elementos de la psi­cología en su unidad". (Rubinshtéin, 946, pág. 7 3 ) . Hay que encontrar una unidad psicofísica, prosigue él, que en­cierre los principales elementos de la psiquis en sus relacio­nes mutuas reales, d etenninadas por las condiciones materia­les concretas y por las relaciones mutuas del individuo con el mundo que lo rodea. "...Esta célula es cualquier acción como unidad de su actividad" (ibídem). Siendo acto tanto de la actividad práctica como de la teórica, "la acción  como 'unidad' de la actividad, tomada en su contenido  psicológi­co , es un acto que dimana de determinados motivos y es di­rigido a un objetivo determinado; teniendo en cuenta las condiciones en que este objetivo se alcanza, la acción inter­viene como solución de la tarea que se plantea ante el indi-


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viduo" (ibídem, pág. 1 74).

De esta manera, la acción como unidad del análisis psi­cológico entró en Ja  psicoJogía soviética junto con el recono­cimiento de Ja necesidad de un enfoque deJ carácter activo deJ objeto de la psicología. No obstante, pese al reconoci­miento general de este enfoque, la acción como unidad del análisis no encontró amplia aplicación en las investigaciones psicológicas concretas. He aquí por qué durante la elabora­ción de la teoría de  la enseñanza es importante no sólo reco­nocer como actividad el proceso de estudio, sino también anaJizar este proceso en unidades de  acciones.


 

2. Naturaleza social del desarrollo psíquico del hombre

El modo social de vida de los hombres  condujo  a que el progreso de la humanidad empezara a determinarse no por las leyes biológicas, sino por las sociales. La experiencia de especie del hombre dejó de fijarse mediante los mecanis­mos de la herencia, comenzando a consolidarse con losmé­todos sociaJes específicos: en los productos de la cultura material y espiritual. El desarrollo de Jos individuos huma­nos no siguió el camino del despliegue de la experiencia de especie hereditaria interna, sino el de  la asimilación de la  ex­periencia externa, social, fijada en los medios de produc­ción, en los libros, en el Jenguaje, etc. El hombre no nace con modos ya listos de pensamiento, con conocimientos ya listos sobre el mundo ni descubre nuevamente las leyes lógi­cas de pensamiento ni  las leyes  de la  natura)eza que  la socie­dad conoce: todo eJlo lo  asimila  como experiencia  de  las  ge­neraciones mayores. Se sobreentiende que el hombre muJti­plica la experiencia, pero hace esto sólo después de asimilar Ja experiencia que tiene la sociedad y basándose en ella.

De este modo, la asimilación de Ja experiencia de las generaciones pasadas empezó a jugar un determinado papel en Ja formación de) individuo. La enseñanza y Ja  educación son tipos especiaJmente organizados de la actividad conjun­ta de Jas generaciones mayor y menor, en e) proceso de la cual las últimas asimiJan Ja experiencia de las generaciones anteriores. Ello no significa, en absoluto, que Jas premisas naturales fijadas mediante mecanismos hereditarios dejaran de tener toda importancia; por eJ contrario, intervienen  co­mo condiciones indispensabJes de) desarrollo psíquico del

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hombre: "Hay que nacer con cerebro  humano para transfor­marse en hombre", escriben Zaporózhets y Elkonin ( 964, pág. 8).

La enseñanza y la educación, por una parte, y el conjun­to de particularidades anatómico-fisiológicas  congénitas,  por

otra, son fenómenos de distinta índole y no se los puede co­locar en una misma fila. Las primeras constituyen  una  fuen­te del desarrollo psíquico, las segundas, sus condiciones ne­cesarias.

La comprensión  de la educación, de la enseñanza como fuente del desarrollo psíquico  del hombre, fue introducida en la psicología soviética por Vigotski  ( 935 , l 956c). Como se sabe, Vigotski distinguía dos niveles de desarrollo de las posibilidades del  niño: el nivelactualde desarrollo, como  re­sultado de los ciclos ya concluidos de desarrollo, y la zona de desa"ollo próximo , lo que se encuentra en el proceso de formación, "el día de mañana" del  desarrollo.

Al examinar la enseñanza como fuente del desarrollo es necesario destacar en el proceso de la enseñanza el eslabón que determina directamente el efecto desarrollador. Vigot­ski consideraba que la enseñanza realiza su papel rector a través del contenido de los conocimientos asimilados: hay que introducir  en la enseñanza un contenido orientado no al nivel actual de desarrollo, sino a la zona de desarrollo próxi­mo. Si se orienta sólo a las peculiaridades formadas del de­sarrollo la enseñanza quedará a la zaga y no lo conducirá  en pos suyo.

Sin embargo, incluso los conocimientos destinados a la zona de desarrollo próximo dan el efecto de desarrollo (al igual que el efecto de asimilación) sólo si los estudiantes rea­lizan las acciones cognoscitivas adecuadas al contenido de estos conocimientos, o sea, dirigidas al esclarecimiento de sus propiedades esenciales. Con ello, el proceso de enseñan­za no puede ser limitado sólo a la comunicación entre el que enseña y el que estudia, la actividad d e los alumnos debe  es­tar orientada al mundo de las cosas, sin  las cuales  no pueden transmitirse los conocimientos que constituyen  el contenido de la enseñanza. Dicho en otros términos, no se puede trans­mitir los conocimientos acumulados sobre el mundo sos­layando este mundo y pasando por  alto, dentrode él, la prác­tica de la persona, a la cual estos conocimientos se transmi­ten. La generación mayor no puede transmitir los conoci­mientos que posee por el contacto directo de las concien-


 

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cías, o sólo por la comunicación a través  del  lenguaje con la generación menor.

Se sabe  que los clásicos del  marxismo-leninismo subraya­ban que el desarrollo del reflejo del mundo por el sujeto se realiza a medida que el sujeto influye activamente sobre el mundo (Lenin, 963). Esto significa que todas las riquezas ideales acumuladas por la humanidad y representadas por el sistema de conceptos y leyes científicas, de formas creadas de pensamiento, no pueden transmitirse a la generación si­guiente ya preparados, mediante la "transplantación" de una cabeza a otra. La nueva generación puede  asimilar todo esto sólo con la ayuda de su propia actividad orientada al mundo de las cosas sobre las cuales queremos transmitir los conocimientos. El deseo de transmitir los nuevos conoci­mientos inmediatamente en forma verbal, sólo a través de la comunicación por medio del lenguaje soslayando el mundo de  las  cosas  y de  las acciones con éste  significa, desde el pun­to de vista de la filosofía, examinar la psiquis como reflejo no del mundo exterior, sino como reflejo de la conciencia de los  hombres.

El papel de la generación mayor reside en  que ésta orga­niza la actividad de la nueva generación con  el mundo de las cosas de manera que  pueda descubrir  ante ella los aspectos y las regularidades que deben asimilarse. De este modo, cada generación nueva recibe los conocimientos sobre el mundo sólo a través del contacto con éste, pero los conocimientos no se descubren con esto nuevamente, sino que son  transmi­tidos por la generación mayor por medio de las cosas y a tra­vés de una organización especial de la actividad de la  nueva generación con  estas cosas.

Por consiguiente, el efecto de la enseñanza y el desarro­llo es resultado directo de la actividad de los alumnos que los vincula al mundo circundante. Su carácter, por una par­te, y el grado en que es dirigida por la persona que enseña, por otra, son las vías principales de elevación de la calidad de la asimilación, del efecto desarrollador de la enseñanza.

De lo dicho se desprende que las generaciones mayores transmiten a la nueva no sólo el conjunto de los objetos  so­ciales materiales e ideales, sino  el sistema de los métodos so­cialmente elaborados de las acciones con ellos. Cada objeto en la sociedad cumple su función socialmente refrendada, y cada uno de ellos fija un determinado modo de acción conél. El hombre puede utilizar debidamente uno  u otro objeto


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únicamente  cuando domina este modo. Así, el niño  sólo em­pieza a utilizar la  cuchara como "instrumento" especial "pa­ra comer", cuando aprende  a tomar  correctamente la cucha­ra, o sea, cuando domina el modo, elaborado en la sociedad, de acción con ella. Por analogía, el hombre utiliza  el concep­to para la clasificación de los objetos, para su comparación, etc., sólo cuando domina los métodos lógicos correspon­dientes, los modos  d e acciones que incluyen  un determinado sistema de operaciones mentales que se cumplen según una regla determinada.

De esta suerte, las acciones son los componentes recto­res en el proceso de asimilación  de la experiencia. Sin domi­narlas el mundo de las cosas (materiales  e ideales) permane­ce cerrado para el hombre.

Hablando d el proceso de asimilación, Leóntiev subraya que para dominar "el producto de la actividad humana hay que realizar una actividad adecuada a la representada en  di­cho producto" (Leóntiev, 960, pág. 1 ). La tesis de León­tiev de que la actividad está representada, objetivada en el

objeto, debe comprenderse  no en el  sentido de que las accio­nes se encuentran en el objeto ya preparadas como en una especie de "hucha" socialallí no las  hay ni las  puede haber. El sentido de esta tesis reside  en  que el carácter  de las accio­nes con el objeto está condicionado por sus peculiaridades; el objeto parece Uevar la impronta del modo de  acción con­sigo mismo. Las acciones, las operaciones  necesarias para do­minar cualquier objeto no sólo no se contienen en el  mismo, sino que "la capacidad para estas operaciones  no puede for­marse en el niño bajo la influencia del mismo instrumento

(objeto. -N.T. )" (Leóntiev, 1 960, pág. 1 2).

En los trabajos de Leóntiev s e destaca que  para la asimi­lación de la parte operacional de la experiencia humana no son suficientes los propios objetos de la cultura material y espiritual. Si el cumplimiento de una actividad adecuada en relación con estos objetos lo considera Leóntiev como la primera condición necesaria para la asimilación de la expe­riencia social, como segunda condición interviene la comuni­cación con la generación mayor. "Aunque estas operaciones están objetivamente representadas  en el instrumento, para el niño, subjetivamente, sólo están dadas en él. Se le descubren sólo porque sus actitudes hacia el mundo de los objetos son mediatizadas por sus actitudes hacia los hombres. Los adul­

tos le muestran al niño el modo de acción con el instrumen-


 

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to, le ayudan a utilizarlo adecuadamente, es  decir, estructu­ran en él las operaciones instrumentales" ( Leóntiev, 960, pág. 2).

Al mostrar lo específico del modo social de fijación de la experiencia, Leóntiev habla de que las "propiedades  y las capacidades" humanas "adquieren una forma material  objtiva" ( Leóntiev, 965 , pág. 36 ), de que la actividad de las

generaciones anteriores está representada en  el  producto so­cial ( Leóntiev, 960, pág. ). Sin embargo, Leóntiev no precisa qué tipo de actividad se encarna en el producto : la que condujo a la creación de este producto (objeto) o la que se realiza con él, para la  cual  este objeto ha sido creado. Por su contenido, se trata de tipos diferentes de actividad : la  ac­tividad para fabricar, por ejemplo, una cuchara se  diferencia sustancialmente de la actividad para utilizarla como instru­mento con que se come. Leóntiev no las diferencia porque en la lógica de los problemas que elabora  esto no tiene gran importancia ; las dos actividades están representadas en una forma original en objetos sociales.

No obstante, sobre esta base se le objeta  a veces a León­tiev y a sus continuadores de que ellos, supuestamente, re­ducen el proceso de formación de las capacidades humanas a la asimilación de los modos  de objeto de la  acción formados en la sociedad y niegan la  importancia que tiene para su for­mación el proceso de creación de estos objetos ( Rubin­shtéin, l 960b; Slávskaya, 968). El proceso de creación de los objetos sociales está relacionado también con la asimila­ción de los modos  de objeto de las acciones. Pero  en este ca­so intervendrá como objeto no lo que se fabrica (éste será el objetivo final de la actividad), sino lo que sirve  para fabricarlo. La composición operacional de estos dos tipos de acciones será también diferente. Es natural que durante el proceso de enseftanza sea necesario diferenciar estos dos tipos de a cciones sustancialmente distintos: después de ensenar al niño cómo se usa la cuchara, no le enseñaremos cómo hay que fabricarla ; al enseñar al hombre a utilizar las

leyes de la·ciencia, no le indicaremos aún las v ías para descubrirlas.

El proceso de separación de las acciones adecuadas a los

objetos sociales (materiales e ideales) constituye una tarea especial no sólo para el nii'l o. Representa con frecuencia una seria tarea también para los mayores, con la particularidad de que esto atafte tanto a los modos de acciones necesarios


 

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para la creación de  los objetos sociales como a los  modos de acciones de su  utilización.

Cualquier objeto social, cualquier modo de su fabrica­ción y su u tilización, antes de convertirse  en patrimonio so­cial funciona como patrimonio personal, individual. El  obje­to interviene como social sólo cuando tiene fijado  un deter­minado modo  de  acción con él,  cuando el objeto  está creado para cumplir ciertas funciones en  la sociedad. El paso de  los

objetos (productos) y los modos de acciones del plano per­sonal al plano social transcurre de  diferente manera.

En el caso de objetos de la  cultura material los  modos de acciones con ellos tienen expresión ex terior, se prestan más fácilmente a la fijación en el lenguaje. En los objetos de la cultura espiritual el proceso de esclarecimiento y objetiviza­ción de los modos adecuados de acciones con ellos  opera de manera mucho mfls compleja. Tomemos como ej emplo las artes plásticas. Los cuadros,  las esculturas se  han creado para suscitar en el h ombre  un  placer estético, para  lo cual  el  hom­bre debe asimilar el modo adecuado de acción con ellos y la generación mayor d ebe ayudarle en  esto. El contenido de la actividad que asegura el esclarecimiento del  contenido  artís­tico de las obras de arte no es conocido lo suficientemente hasta ahora, aunque estos objetos aparecieron hace muchísi­mo tiempo. Claro que también en este caso la generación mayor ayuda, en cierta medida, a la menor a dominar la actividad necesaria, pero el conocimiento insuficiente de  es­

ta actividad conduce frecuentemente a que el modo  adecua­do no logra formarse del todo, o se forma durante largo tiempo mediante una orientación paulatina a las acciones correctas,  mediante  una  larga experiencia práctica.

Ya que el modo de acción no interviene en este caso como objeto especial de asimilación (no ocupa en la activi­dad que se realiza el lugar estructural del objetivo, según A. Leóntiev) -incluso si se forma-, no se hace suficiente conciencia, no puede actualizarse voluntariamente ni, por consiguiente, objetivarse para ser transmitido a otras perso­nas. Estos casos están muy difundidos.  La generación  mayor posee una actividad adecuada a uno u otro objeto  social, pe­ro no se hace conciencia de su contenido. Por ej emplo, el matemático puede realizar con éxito la demostración  a la in­versa de un  teorema, pero no  puede  in dicar el  contenido  y la sucesión de las acciones y operaciones mentales que  se cum­plen en esto; por ello, tampoco puede estructurar en sus


 

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alumnos la actividad, orientada hacia  un determinado  objeti­vo, para demostrar los teoremas.

Tampoco es fácil separar en el objeto social la  actividad que lleva a su creación. Como decía  Marx, en el producto del  trabajo desaparece el proceso de  trabajo. Además,  el mis­mo producto puede obtenerse mediante una actividad sus­tancialmente diferente. He aquípor qué  muchos secretos de la producción de los objetos murieron  junto con los hom­bres que los dominaban. El productoquedó, y en  determina­do sentido representa la actividad  de su crea<Jor, pero desta­carla, es una tarea que no siempre, ni mucho menos, se re­suelve con facilidad.

En los casos en que los modos de acción son conocidos,éstos han obtenido la objetivación en la forma verbal. Mu­chos de ellos fueron descritos, o sea, fijados en una forma social específica en la que se guardan para las generaciones posteriores.

De esta manera, los modos de  acción formados  en  la so­ciedad y adecuados al  sistema de  objetos  sociales, no se  con­tienen en los mismos objetos, sino que se dan  por ellos. Es­tas acciones existen la  mayoría  de las veces como elementos de la actividad práctica y teórica de los hombres, se objetivi­zan  parcialmente  y se  fijan  con la ayuda del  lenguaje.

Las acciones, necesarias a un hombre moderno, pero aún no objetivizadas, no  pueden  ser conscientemente formadas y

orientadas en la nueva generación. Para establecer su conte­nido se necesita el  análisis de los objetos sociales (materiales e ideales) con los que están relacionadas y, también, de la actividad de los hombres (material e ideal) que los poseen. Sólo las acciones objetivizadas pueden intervenir como ob­

jeto de asimilación y ser conscientemente asimiladas.


 

3.  Unidad de la psiquis y de la actividad

Este principio  es reconocido por todos los psicólogos so­viéticos, pero se comprende de diferente manera. La  mayo­ría acepta este principio en la in terpretación de Rubin­shtéin : la psiquis y la conciencia  no  sólo se manifiestan, sino que  se forman en la actividad (Rubinshtéin, 946)Como ya se ha señalado, el reconocimiento de la unidad de la psiquis y de la actividad sin esclarecer las relaciones concretas en­tre ellas no conduce a la superación d el d ualismo, de la

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contraposición de lo externo a lo interno, de lo material a lo ideal. Los trabajos de Leóntiev, com o ya se ha mos­trado, condujeron al esclarecimiento concreto de u na serie

de aspectos de la unidad de la actividad externa y de la psiquis.

Las investigaciones de Leóntiev y de su escuela estaban

orientadas, ante todo, a estudiar la estructura de la activi­dad, la dependencia de algunos procesos psíquicos respecto a su lugar en la estructura de la actividad. Se  mostró que la unidad de la psiquis y de la actividad externa reside en que las dos representan actividad, que estos dos tipos de activi­dad tienen estructura idéntica. Otro aspecto de Ja unidad de la actividad práctica externa y de Ja actividad psíquica fue esbozado por Leóntiev en su tesis de que Ja actividad psíquica, interna, representa una actividad material y externa transformada. Siguiendo a Vigotski, subraya que  es necesario "ver en la primera el  fruto, la copia  de  la segunda :

su estructura y sus leyes" (Leóntiev, l 947a, pág. 9 7) .

E n correspondencia con esta tesis l a actividad psíquica se forma no simplemente en el proceso de la  actividad prác­tica, sino de Ja actividad práctica. Tal comprensión de lagé­nesis de lo psíquico d imana de la interpretación marxista d e l a psiquis como de l o secundario respecto a J a existencia y de la comprensión de la psiquis como actividad . Por  cuanto la psiquis es una actividad, entran  en ella no sólo  los objetos ideales (las representaciones, Jos conceptos) , sino, igualmen­te, las operaciones ideales. Lo primario, lo material para las imligenes (las representaciones, los conceptos, etc. ) son Jos

objetos exteriores. Como lo primario para las nuevas accio­nes psíquicas en su conjunto aparecen las acciones externas, materiales; ademlis las  acciones materiales del propio sujeto, y no de otras personas, ya que no se trata de la formación de la imagen de la acción, sino de la acción ideal.

El desarrollo de dicho principio  exigía una  respuesta a Ja cuestión de cómo se forman las nuevas acciones in ternas, cuál es la vía concreta de su transformación  de acciones ex­ternas, prácticas, cuáles son las principales características de la acción como unidad de cualquier actividad , d e qué siste­ma concreto de acciones se fonnan los distintos tipos de la actividad psíquica  in terna. El mérito de  encontrar respuestas a todas estas interrogantes le  pertenece a Galperin, quien ex­puso Ja teoría de la formación por etapas de las acciones mentales.


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Galperin, basándose en los principios mencionados y los datos experimentales acumulados en la psicología soviética (los trabajos de B. Anániev, V. Asnin, E . Guriánov, L. Zan­kov, A. Zaporózhets, B. Zeigárnik, P. Zínchenko, G. Kos­tiuk, A. Leóntiev, A. Luria, N. Menchínskaia, A. Smirnov, B. Teplov, P. Shevariov, D. Elkonin y otros), trazó el cami­no del  ulteriordesarrollo del principio de la unidad de la  acti­vidad psíquica y práctica, de la actividad interna  y externa.

Siguiendo a Vigotski y Leóntiev, Galperin señaló que los nuevos tipos de la actividad psíquica se asimilan al principio en forma externa, material, y luego  se  transforman en forma interna, psíquica (Galperin , 954). Esta transformación si­gue el camino del sistema de las características (parámetros) independientes; la combinación de sus cambios cualitativos constituye una serie de etapas, cuya sustitución lógica for­ma el proceso de la transformación d e la actividad material, externa en actividad psíquica, interna. En el curso de este proceso los objetos exteriores ele la actividad se sustituyen por sus imllgenes -representaciones, conceptos- , y las ope­raciones prácticas se transforman en operaciones mentales, teóricas.

La teoría de Galperin abrió el camino  al  estudio psicoló­gico concreto de la  propia  actividad psíquica  convirtiéndose en instrumento de la estructuración de sus formas y tipos dados. El mérito de Galperin consiste en que no se  limitó a tesis generales sobre la actividad ni simplemente destacó la acción como unidad del análisis de la actividad psíquica, sino que convirtió la investigación de la génesis de las accio­nes mentales (psíquicas) en método de estudio de la activi­dad psíquica y se planteó la tarea de analizar los tipos con­cretos de la actividad psíquica d esde el ángulo de las accio­nes  mentales que los componen (Galperin, l 965a).

4. Las exigencias a la teoría de la enseñanza derivadas de  los principios de  la psicología soviética

Los principios de la psicología  soviética exigen examinar el proceso de estudio como actividad. El enfoque del carác­ter activo del proceso de estudio exige analizarlo como un sistema íntegro, como un proceso real de  solución de las ta­reas que tiene planteadas el hombre histórico social, sujeto d e esta  actividad.

La actividad del sujeto siempre responde a alguna necesi-


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dad suya, está dirigida al objeto capaz de satisfacer  esta ne­cesidad. Este objeto impulsa y dirige la actividad del sujeto. Debido a esta interpretación de la actividad, el estudio re­presenta una actividad propiamente dicha  sólo cuando satis­face la necesidad cognoscitiva. Los conocimientos a cuya asimilación  está  orientado el  estudio intervienen en este caso como un motivo en el que encontró su representación m terializada la necesidad cognoscitiva del alumno. Al mismo tiempo, intervienen también como el  objetivo de esta activi­dad. Si el alumno no tiene esta necesidad, no estudiará o es­tudiará para satisfacer alguna otra necesidad. En el último caso, el estudio ya  no representa actividad, puesto que la asi­milación de los conocimientos no conduce de por a la  sa­tisfacción de la necesidad del sujeto, sino que sirve sólo de

objetivo intermedio. En este caso el estudio constituye una

acción que realiza otra actividad; los conocimientos, siendo

objetivo de la acción, no cumplen las  funciones del motivo, ya que el proceso de estudio no es motivado por ellos,  sino por el fin por el cual el  alumno estudia, lo que conduce a la satisfacción  de la necesidad que esto encierra.

Independientemente de la necesidad a cuya satisfacción está dirigido el estudio, específica o no para él, se realiza siempre por la acción o una cadena de acciones. Una misma actividad puede ser realizada mediante distintas acciones y , por e l contrario, u n a misma acción puede realizar las dis­tintas actividades (Leóntiev, 97 5 ) . Por consiguiente, la acción tiene una independencia relativa.

La investigación del estudio presupone, de esta manera, dos aspectos del análisis : a) por parte de la necesidad a cuya satisfacción está dirigido ; b) por parte de las acciones que lo componen.

El análisis del proceso de estudio en unidades de accio­nes se diferencia  sustancialmente tanto del análisis funciona­lista como del análisis del estudio según el sistema behavio­rista. En particular, el enfoque del carácter activo da la po­sibilidad de comprender el estudio como un proceso verda­deramente activo por parte del alumno. El alumno no inter­viene como un organismo que reacciona pasiva y ciegamente al estímulo, subordinándose a la  lógica del reforzamiento, si­no que va al encuentro del objeto de la acción, investigándo­lo tanto a él como las condiciones en las que está dado.

A la luz del enfoque del carácter activo, el proceso de  es­tudio no representa la actualización y el desarrollo de las

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funciones (capacidades) abstractas d el pensamiento, de la memoria, de la atención, etc. , d adas primariamente, como esto se  deducía  de la  viej a psicología idealista, ni tampoco el proceso de fonnación del sistema de reacciones exteriores, examinadas como respuesta directa al estímulo, lo cual de­riva del behaviorismo. El estudio es el proceso d e asimila­ción por los alumnos  de  d istintos tipos de actividad humana, y, por consiguiente, d e las acciones que las realizan.

Tal enfoque del estudio no significa privarlo del pensa­miento, la memoria y otros procesos psíquicos, sino quesó­lo representa otra comprensión de  su naturaleza, del  destino funcional y del origen. Debido a la naturaleza social de la psiquis del hombre la gente no nace con capacidades del p ensamiento, de la memoria, etc., listas,  todo ello lo  asimila d urante su vida, convirtiendo la experiencia social en expe­riencia personal. C o n ello, la psiquis no se forma como un

j u ego d e funciones abstractas, sino que  forma tipos indepen­dientes de actividad p síquica o entra como componente en

otros tipos de actividad. Así, la atención, sin fonnar una ac­tividad independiente, desempeña en esta última una fun­ción de control (Galperin, l 95 8 b; Galperin, K abilnítskaia,

1 974). De manera análoga la memoria  asegura  la  correlación de las acciones actualizadas con  lo precedente  y lo  próximo,

o sea, in terviene como regulador d e aspectos provisionales d e la actividad  humana ( Liaudis, 976).

Ello significa que en el proceso de enseñanza está plan­teada la tarea  de la formación  d e tipos  determinados de  acti­vidad, ante todo de la cognoscitiva, y no de funciones abs­tractas d e la  memoria, el pensamiento, la atención, etc.

El enfoque del proceso de estudio como de la actividad exige igualmente un examen distinto de principio de la co­rrelación de los conocimientos, las habilidades y los hábitos. Los conocimientos no  d eben oponerse a los hábitos y las ha­bilidades que representan las acciones con propiedades de­tenninadas, sino analizarse como su parte integrante. Los conocimientos no p ueden ni asimilarse ni conservarse fuera de las acciones del alumno.

El criterio de los conocimientos es en igual medida inse­parable de las acciones. Saber es siempre realizar alguna  ac­tividad o acciones relacionadas con los conocimientos d dos. El saber es un concepto relativo. El grado (calidad) de la asimilación de los conocimientos se d etermina por la variedad y el carácter de los tipos de actividad en  los cuales


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los conocimientos pueden funcionar.

De esta manera, en  vez de dos problemas -transmitir los conocimientos y formar las h abilidades y los hábitos de su aplicación- la enseñanza tiene planteado sólo uno : formar los tipos de actividad q ue incluyan desde el principio un sis­tema dado de conocimientos y que aseguren su aplicación d entro de los l ímites previstos de antemano.

Conforme a l p rincipio de la naturaleza social de las leyes del d esarrollo psíquico  d el hombre, la teoría d e la enseñanza d ebe partir de que la formación d e las posibilidades  cognos­citivas de las personas a las que se enseña opera no mediante el esclarecimiento y e l desarrollo d e las capacidades congéni­tas, sino mediante la asimilación de los tipos y modos de la actividad cognoscitiva que forman la e xperiencia cognosciti­va de la humanidad, objetivada o fijada parcial o completa­me n te con los medios sociales.

Dicho con otras palab ras, la teoría de la enseñanza debe estar d i rigida a l estudio d e las leyes de la transformación de los fenómenos de la conciencia social en fenómenos d e la conciencia individual. Cuando los tipos necesarios de accio­nes y los modos de su cumplimiento no están objetivados ni fij ados como componentes d e la experiencia social, sino que e x isten como hechos de la conciencia individual, la teoría  de la enseñanza d ebe indicar el camino de su esclarecimiento (objetivación) y fij ación que los hacen accesibles a la asimi­lación.

El principio d e la unidad d e la psiquis y d e la actividad externa señala a la teoría de la enseñanza la v ía para trasla­dar los modos de la actividad cognoscitiva del plano de la conciencia social al de la conciencia in dividual. El enfoque de la actividad psíquica como secundaria, como la externa transformada, exige que cualquier nuevo tipo de actividad cognosci t iva sea introducido en el proceso d e estudio en su forma e x terna, como actividad material.

La teoría d e la enseñanza d ebe igualmente indicar las lí­neas principales del proceso d e transformación de la forma externa, material, de la actividad cognoscitiva en forma in­terna, psíquica.

La teoría d e la enseñanza que no cumple las exigencias que se derivan de los principios metodológicos fundamenta­les d e la psicología marxista no puede constituir, natural­mente, una base psicológica productiva d e dirección del pro­ceso de estudio por ser imp ropia para su naturaleza.


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§   3.  LA ENSE�ANZA S EGUN LA TEORIA GENERAL

DE LA DIRECCION


B aj o d irección se entiende en Ja  cibernética una influen­cia sobre e] objeto (proceso) que se ha elegido de la multi­tud de in fluencias posibles teniendo en cuenta el objetivo planteado, e] estado d el  o bjeto (proceso), sus  características y lleva al mejoramiento del funcionamien to o del desarrollo d el objeto d ado, o sea, a la aproxima ción del objetivo (Ler­n er, 967, págs. 0+ 05 ).

Dirigir no significa aplastar, imponer a] proceso Ja mar­cha que contradice su naturaleza, sino, por e ] contrario, te­ner a] máximo en cuenta Ja n aturaleza de] proceso, concor­d ar cada influencia e n el proceso con su lógica. A l dirigir el proceso de estudio, como c ualquier o tro proceso, la libertad aparece como una n ecesidad conocida.

Todos Jos tipos de d irección pueden dividirse en d i rec­ción aislada y c íclica. E l primer tipo es Ja d irección sin enlace d e retorno y, por consiguien te, sin la regulación de la marcha del proceso d irigido por parte del sistema de direc­ción. El segundo tipo presupone lo uno y Jo otro. Se trata de un modo m ás eficaz d e d irección y el  más característico d e la cibernética.

La d irección cíclica, a su vez, puede realizarse d e dife­rente manera: a) según el principio de la llamada "caj a ne­gra", cuando el enlace d e retorno y, por consiguiente , la regulación del proceso se realizan sólo teniendo en cuenta "la salida", e] producto fina] del proceso ( l a v ía q ue con­d uce a este proceso q ueda desconocida) ; b) según e] princi­pio de la 11amada "caja blanca ( transparente)". En este caso el enlace d e retorno proporciona las in formaciones sobre e] p roceso de la obtención d e ] p roducto final.

A J resolver la cuestión sobre la elección del tipo y del principio de Ja d irección es necesario tomar en considera­ción una serie de factores : la complejidad del proceso  d irigi­do, el grado de conocimiento de sus regularidades, etc. Se recurre a la dirección según el principio de la "caja negra", como s e sabe, cuando l a s in formaciones n ecesarias sobre e l sistema, sobre l a s posibles interferencias que in fluyen en e11a, etc., son d esconocidas. Y aunque algunos autores ( Beer,

963) consideran que lo específico de la  dirección cibernéti­ca es p recisamente e l p rincipio d e la "caja negra", la mayo­ría indica el carácter limitado de  sus posibilidades y la nece-

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sidad del paso, donde esto es posible, del análisis del sistema de dirección a nivel de macroenfoque (según el principio de la "caja negra") al análisis  a nivel de microenfoque (según el principio de la "caja blanca"). En particular, se indica que sólo el conocimiento de la estructura del sistema, de sus es­tados transitorios da la posibilidad de obtener la direcciónóptima del sistema ( Liapunov, Yablonski, 963).

En el caso de la enseñanza y la educación la personali­dad del hombre, los diferentes tipos d e la actividad psíquica humana constituyen el "objeto" de la dirección. Para repre­sentar la complejidad de estos procesos es suficiente indicar que el número más  grande que encierra cierto sentido real es el número de estados del cerebro.

Al elegir el principio de la dirección es necesario tomar en cuenta que entre la influencia que se ejerce en el hombre y la reacción exterior no existe relación unívoca. Así, al re­solver un problema de matemáticas pueden conducir a una misma respuesta del alumno los tipos sustancialmente dife­rentes de la actividad cognoscitiva: e n u n caso, esto puede ser resultado de la memoria ; en otro, resultado de la refle­xión independiente. Se sabe que una respuesta correcta pue­de obtenerse incluso con operaciones erróneas.

Considerando que la tarea principal de la enseñanza es la formación de los métodos racionales de la actividad cognos­citiva, debemos reconocer que la dirección según el princi­pio de la "caja negra" no es e fectiva en el caso dado. La pe­dagogía debe buscar las vías de control de la actividad cog­noscitiva en su conjunto y no sólo de sus resultados.

Durante el proceso de enseñanza las acciones de los estu­diantes se determinan no sólo por la influencia en ellas y el estado de su actividad psíquica en el momento presente, sino por toda la historia anterior de su enseñanza. Además, durante la enseñanza surgen variables in termedias nuevas que introducen complicaciones complementarias en este proceso. He aquí por qué al dirigir la actividad del estudio es necesario utilizar todos l os conocimientos psicológicos que se poseen sobre ella para optimar esta actividad. Se so­breentiende que la psicología y la pedagogía de la enseñanza están lejos de penetrar por entero en las regularidades de la actividad cognoscitiva. No obstante, ésta ya no es para ellas una "caja negra'', ni mucho menos: disponen ya de la canti­dad suficiente de conocimientos sobre su formación y fun­cionamiento.


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Lo d icho significa que, aplicada a la enseñanza  y la edu­cación , merece examen la dirección c íclica que se realiza se­gún el principio de la "caj a blanca (transparente)". La reali­zación de esta d irección es posible al cumplirse el siguiente sistema de exigencias presentadas por la cibern6tica : ) indi­car el objetivo d e la d irecció n ; 2) establecer  el estado de par­tida del proceso dirigido; 3) determinar el programa d e in­fluencias que prevea los principales estados transitorios del proceso ; 4) asegurar la recepción  d e la in formación según un d eterminado sistema de parámetros sobre el estado del pro­ceso d irigido, o sea, el aseguramiento del enlace d e retorno sistemático; 5) gara n tizar el tratamiento de la in formación

obtenida por el canal del enlace de retorno, la elaboración de las in fluencias correctoras (reguladoras) su realiza­ción* .

Estas exigencias presuponen la elaboración d e dos tipos de programas de dirección (enseñanza) : los principales y los correctores (reguladores) . El programa principal de d irec­ción (enseñanza) se prepara antes de que empieza a funcio­n ar el sistema de dirección. Durante su elaboración se tiene en cuenta el estado d e p artida del proceso d irigido y sus es­t ados transitorios cualitativamente originales (en el caso de la enseñanza, las principales etapas del proceso de asimila­ción). El p rograma de regulación (corrección) se elabora du­rante el proceso de d irecció n (enseñanza) a base  del análisis d e los datos  obtenidos  por el canal d el enlace  de retorno .

Examinemos las exigencias destacadas aplicadas al pro­ceso de la enseñanza.


 

l . El objetivo de la dirección (el objetivo de la enseñanza)

La dirección siempre lleva un carácter orientado hacia un objetivo. En unos casos su objetivo consiste en mantener el proceso (objeto) dirigido en uno u otro estado dado de antemano o en no permitir que rebase determinados l ímites. En otros casos el objetivo de la d irección  reside , por el con­trario, en el cambio del estado del proceso dirigido, en lle­varlo hasta el estado trazado de antemano. Durante la en-

"'  Uno de los primeros en analizar el proceso de  estudio como sis­tema fue R. Glaser (G laser, 962). Más tarde este enfoque fue desa­rrollado en una serie de trabajos (véase, por ejemplo, L. Stolurow,

1 963 ; P. Hodge, 1 967 y otros).


 

se ñanza tiene lugar el segundo caso: introduce cambios d tenninados en la actividad cognoscitiva de los alumnos.

El análisis de los objetivos de la enseñanza debe  realizar­se al principio al macronivel, indicando todos los cambios que es necesario in troducir en la personalidad d el estudian­te en el n ivel dado d e la enseñanza o en el proceso  d e estu­d io de la a signatura d ada. El contenido concreto de los  objtivos de la enseñanza  se detenni n a por una  serie de factores, ante todo, por las condiciones socio-históricas y. de clase en que vive el hombre, por las posibilidades concretas del estu­d iante en la etapa d ad a d e la enseñanza, por el carácter de las tareas para cuya so lució n se prepara , etc. Después  de es­to se necesita el m icroanálisis. Al d etenninar los  objetivos  de la enseñanza a este nivel, el análisis debe llevarse  hasta la in­d icación de tipos concretos de la  actividad cognoscitiva que es necesario fonnar y d e sus características: e l grado d e ge­neralización, el nivel de a utomatización, etc. Con ello es im­portante tener en cuenta que la enseñanza está relacionada con todos los aspecto s de la personalidad humana : intro­d uce cambios no sólo en la actividad cognoscitiva de los es­tudiantes, sino también en la moral, la estética, etc.


 

2.  Estado de partida de la actividad psíquica de los alumnos

El estado de preparación d e los alumnos para el estudio atañe no sólo a los tipos intelectuales, cognoscitivos d e la ac­tividad psíquica, abarca todos los aspectos de la personali­d ad humana. Al igu al que en e l caso de los obj e tivos de la enseñanza, el análisis del estado de partida de la actividad psíquica de las personas a las q ue se enseña debe ser realiza­do a dos niveles: ) estableciendo la correspondencia del de­sarrollo psíquico del estudiante con los objetivos  planteados en la etapa d ada de  la enseñanza o en el estudio de la asigna­tura dad a ; 2) estableciendo la existencia de los conocimien­tos concretos y d e las acciones cognoscitivas necesarios para la fo nnación del tipo d ado de la actividad cognoscitiva.

Es natura l que al principio se realiza el d iagnóstico so­b re el nivel general de desarrollo de los estudiantes y se esta­b lece su nivel de preparación para el estudio en la etapa d ada o para el estudio de la asignatura d ada. Al verificarse la existencia de los conocim i e n tos y hábitos necesarios previos p u ede haber d os  casos : a) todos los conocimientos y hábitos

 

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necesarios están presentes; b) p arte de los conocimientos y hábitos previos no están formados o formados no con Josín­d ices necesarios  para la a similación de los nuevos conocimien­tos y hábitos. En el primer caso, en el p rograma d e en­señanza se prevé la formación sólo de nuevos conocimientos y hábitos d eterminados por el objetivo de la enseñanza ; en e l segundo, al principio se fonnan los eslabones que faltan del sistema d e conocimientos y hábitos previos, y, después, de los previstos  por e l objetivo  de la enseñanza.

El análisis d e l estado de partida de la a ctividad psíquica puede ser realizado también para esclarecer las peculiarida­des individuales de los estudiantes. Estos d a tos se utilizan para individualizar los programas de enseñanza, para adap­tarlos a las peculiaridades de Ja actividad psíquica de los alum n os ; la individualizació n en el caso dado no se refiere al contenido d el p rograma d e enseñanza (qué debe enseñarse ) , sino a l m o d o y la  rapidez d e s u presentación.


 

3 .   Los p rincipales estados del proceso de asirniJación

El éxito en el logro del objetivo (estado final) depende d irectamente del conocimiento d e los  p rincipales estados in­termedios y de su sucesión (Gill, 966). El programa d e di­rección del proceso de estudio d ebe asegurar, por consiguien­te, el paso d e los tipos, en formación, d e la actividad psí­q uica a través d e la s principales etapas cualitativas de este p roceso. Se puede indicar el contenido concreto de estas etapas y su sucesión sólo recurriendo a las regularidades es­pecíficas del proceso dirigido, en nuestro caso , a la teoría del estudio. Las peculiaridades d e las etapas del proceso de asi m i lación determinan tanto e l programa fu ndamental de la enseñanza como, e n grado considerable, el programa de regulación.

 

4. Enlace de retorno en la enseñanza

La comprensión del enlace de retomo en la ci bernética n o es u n ívoca. Algunos autores lo analizan como influencia inversa del proceso sobre mismo : ejerce influencia en el medio ambie n te q ue, a su vez, in fluye en él de manera nue­va. Si esta influencia conduce  al aumento de los significados

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de las variables reguladas, tiene Jugar el enlace d e retorno positivo ; si lleva a su d isminución, se  trata del enlace de re­tomo negativo . Tal comprensión del enlace de retorno la encontramos en S. Bcer ( 963), P. Koss ( 9 5 8 ) y otros. Así, Beer escribe que el sentido del enlace de retomo consiste en que "el mismo movimiento (de las variables -N. T. ) m ás alláde los marcos de las limitaciones suscita la aparición de la influencia dirigente. Estos dos factores están inseparable­mente ligados" ( B ccr, 963, pág. 48). Es esencial para la interpretación d ada del enlace d e retomo que la marcha  del proceso d irigido en el presen te actúe en su desarrollo en el futuro. Con ello se in cluye en el contenido del enlace de retorno tanto la etapa de la obtención de la infonnación sobre el estado del o bjeto dirigido por el d irigente como la

acción reguladora d e este últin10.

Existe una segunda in terpre tación del enlace de retorno que limita su contenido a la etapa de la obtención de las in­formaciones sobre la marcha del p roceso dirigido. Así, por ejemplo, N. Viner señala que la función del enlace de retor­no consiste en registrar el cumplimiento o incumplimiento de la o rden (programa) (Viner, 958 ) . A. Liapunov y S.Yablonski in terpretan e l enlace de retorno como informa­ción sobre el estado del sistema d irigido que va al sistema que d irige ( 964). E sta in terpretación d e la función del enlace de retorno está expuestaen u na serie de otros trabajos.

El siguiente sistema de hechos habla a favor de esta in­terpretación del enlace de retorno : en primer lugar, la pri­mera interpretación del enlace de retorno presupone la exis­tencia de contactos mecánicos d irectos entre el objeto diri­gido y el d irigente (tipo regulador de Watt). l . N óvik ( 9 6 ) indica con certeza que la existencia de tales contactos no es característica de la dirección cibernética. El carácter  especí­fico de la última consiste en que la d irección se realiza me­d iante señales que llevan una determinada in formación, lo cual no p resupone la existencia obligatoria d e contactos di­rectos e n tre el objeto dirigido y el dirigente. Puede servir de ejemplo la d irección a d istancia, cuando el  objeto dirigido y el d irigente están separados por una larga d istancia.

En segundo lugar, e l funcionamiento  de dos etapas de la d irección, incluidas en la p rimera interpretación del enlace de retorno, puede ser igualmente separado uno de otro. En realidad, la in fluencia reguladora no siempre se determina sólo por la infonnación sobre el estado del objeto d irigido


 

) 1

1·


 

en el momento dado. En muchos casos se realiza teniendo en cuenta la infonnación recibida  anteriormente y acumula­d a en la memoria del sistema d irigente. En estos casos, entre la obtención de las in formaciones sobre la marcha del pro­ceso en el sistema  d irigido y la in fluencia reguladora (correc­tora) tienen lugar las etapas de d irección tales como la adop­ción d e la resolución y la elaboración del algoritmo de su realización. Por consiguiente, la  recepción de las in formacio­nes del objeto dirigido y la corrección  no siempre están u ni­d as directamente. Más aún, a veces se d an casos cuando en­tre las etapas aisladas  de la  d irección se introducen conscien­temente demoras: la obtención de la infonnación sobre el

objeto d irigido p uede ser separada en el tiempo del proceso de la realización de esta i n formación con fines  de dirección

( Berg, 96 ). Por último, durante la dirección no siempre se necesita la corrección : si el proceso dirigido se desarro­lla en correspondencia con el programa, el objeto dirigente no ejerce en él ninguna influencia complementaria. Consi­guientemente, no h ay la segunda etapa de la  dirección, pero la obtención de las informaciones sobre la marcha del pro­ceso dirigido. Teniendo  en cuenta todo lo dicho, en adelante comprenderemos b ajo enlace  de retomo sólo la recepción  de las informaciones  sobre la  marcha del proceso dirigido * .

L a corrección d el proceso d e asimilación que se  realiza como resultado de la u tilización de estas in formaciones la consideraremos como una de las etapas  independientes de la dirección.

La realización del enlace de retorno* aplicada al proceso d e estudio presupone la solución d e dos problemas. En pri-

En principio, el término enlace de retorno puede aceptarse en la primera interpretación, o sea, para designar las dos etapas menciona­das de dirección en su conjunto. Pero entonces es necesario introducir un término especial para designar la etapa d e la recepción de la infor­mación sobre el objeto dirigido.

* El concepto d e enlace de retorno está relacionado con el surgi­miento de la cibernética ( 948). N. Viner introdujo este concepto so­bre la base de la generalización d e los datos, ante todo, en la radiotéc­nica y la teoría de la regulación automática. Sin embargo, la necesi­dad d el enlace de retorno en la conducta  de  los animales y la actividad del hombre fue hecha conciencia por los fisiólogos y psicólogos mu­cho antes. Desde el aspecto práctico, su importancia se puso de relieve ya en el siglo XIX (véase, por ejemplo, los experimentos de J. M . Stra­tton de 8 96- 897, Stratton, 897). Esto se llevó hasta su conciencia­

ción teórica en los trabajos de E.  Thorndike ( 1 935 ), l. PávlOv ( 1 95 l a),

P. Anojin ( 1 9 3 5 ), NBernshtéin ( 1 934, 1 947).


 

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mer lugar, l a d eterminación del contenido del enlace d e re­tomo : la separación del conju nto de las características con­troladas teniendo en cuenta, por un lado, los objetivos  de la enseñanza, y por otro, la teoría psicológica de la enseñanza que se toma como b ase al confeccionarse los programas de enseñanza. La regla general consiste en que se someten al control las p rincipales características in dependientes del proceso, el cambio conjunto d e las cuales conduce al paso de u n estado  cualitativo a otro.

En segundo lugar, la determinación de la frecuencia del enlace de retomo. En la cibernética está comunmente reco­nocida la tesis de que cuanto más  frecuentemente se realiza el control del proceso, m ás alta es  la eficacia  de la dirección. Se considera caso ideal e l llamado enlace de retorno de ras­treo. Los in tentos de trasladar mecánicamente esta tesis al proceso de estudio no tuvieron éxito. Esto se explica por q ue, en principio, el  control en e l proceso  de  estudio cumple no sólo la función de enlace d e retomo, sino, igualmente, la función de reforzamiento, y está relacionado asimismo con la esefera motivacional del estudiante (Talízina, l 969a).

5 .    Regulación ( corrección ) del proceso de estudio

Las informaciones sobre el proceso de  enseñanza  recibi­d as mediante el enlace de retorno permiten introducir  en él las correcciones necesarias. Desde e l punto de  vista ciberné­tico la regulación (corrección) puede  realizarse por  tres vías :

) reacción a los cambios previstos de la situación (en este caso, según los indicios indirectos, se anticipan las influen­cias nocivas sobre el sistema  y en correspondencia con su ca­rácter se reestructura el programa) ; 2) reacción a los cam­bios ya producidos en la situación ( la corrección d el progra­ma se realiza en correspondencia con las condiciones cam­biadas del trabajo del sistema ; en el p rimero y el segundo casos la corrección permite evitar las desviaciones en el pro­ceso dirigido, ya que se hace antes de que las condiciones cambiadas ejerzan u na  in fluencia nociva sobre este proceso) ; 3) reacción a los errores (en este caso tienen lugar desvia­ciones en el curso del proceso bajo el efecto de unas u otras influencias nocivas sobreél , mientras que la corrección del programa se realiza de acuerdo con el carácter de las desvia­ciones a base del análisis  de los errores).

Conforme la  d irección del proceso de estudio pueden


 


utilizarse, en p rincipio, las tres v ías. Sin embargo, en la prác­tica de la enseñanza  p rogramada la corrección se hace, como regla general, p or la tercera  vía : reacción a los e rrores de los alumnos. En el programa se in troducen los cambios que to­man en cuenta el carácter de los errores y que penniten li­quidarlos. En la enseñanza programada se da preferencia al tipo dado d e corrección porque  el enlace de retorno se reali­za sólo por  un parámetro : el  cumplimiento correcto de la ta­rea por los estudiantes. Es natural que  con semej ante conte­n ido del enlace de retorno o tros tipos d e corrección son im­p osibles. Para su u ti lización es necesario controlar el conte­nido y el sistema principal de las características de la activi­dad cognoscitiva que lleva hacia u n a u otra respuesta. Ade­m ás, debe conocerse  la lógica del d esarrollo de estas caracte­rísticas: los principales estados transitorios  en su formación .

Cabe señalar asimismo que durante la enseñanza, la co­rrección del programa puede realizarse no sólo con la e xisten­cia o previsión de errores, sino iguahne n te con su ausencia  e incluso con la ausencia de señales de su posible aparición. A claremos esto. La originalidad de la enseñanza como sis­tema de d irección consiste, a n te todo, en que el obje to diri­gido -el proceso de estudio, asimilación-- se realiza siempre por un individuo concreto. La complej i d ad y l a gran varie­dad de factores personales son tan grandes que, al compo­nerse el p rograma principal, no p ueden ser tomados  en cuen­ta por completo . Con la enseñanza colectiva el programa principal de enseñanza, en el  m ejor d e los casos, puede adap­tarse sólo a cierto sistema de peculiaridades tipo, caracterís­t icas de u n determinado grupo de alumnos. M a s en el proce­so de enseñanza de alumnos concretos pueden descubrirse algunas peculiaridades complementarias, cuya consideración p ermite a estas personas alcanzar más rápidamente el obje­tivo propuesto. Por ejemplo, el programa de enseñanza para la etapa dada de asimilación prevé u n determinado número de tareas. Sin embargo, para algunos estudiantes fue sufi­ciente sólo una parte de estas tareas  para recorrer esta etapa. Evidentemente, para estos estudian tes conviene corregir el p rograma reduciendo el número de tareas en l a etapa d ada y hacer pasar el proceso de asimilación a l a etapa  siguiente. Como vemos, la corrección, efectivamente, puede realizarse en la situación cuando n o hay errores y la probabilidad de

su aparición p rácticamente· se reduce cero.

El  contenido concreto de las influencias reguladoras se


 

detennina, primero, por e l carácter de las  in forma ciones re­cibidas mediante el enlace de retorno y, segundo, por laló­gica interna d el proceso d e estudio. Ya que en la pedagogía la psicología existen d iferentes representaciones sobre la lógica del proceso de estudio, la solución de esta cuestión depende de la teoría q ue  se toma como base. De este  modo, con un mismo objetivo d e la enseñanza  la teoría  elegida de­tennina tanto e l sistema concreto de características registra­d as por medio del enlace de retorno, como el sistema de in­fluencias reguladoras. La probabilidad del logro del objetivo d epende, naturalmente, del grado en que  la teoría elegida es adecuada a la n aturaleza del proceso de estudio.


 

6. Exigencias a la teoría de la enseñanza

d erivadas de la teoría general de la dirección

El a nfllisis de la enseñanza como uno de los tipos de di­rección muestra que el carácter específico de este proceso exige una dirección  cíclica, realizada según el principio de la "caja blanca". Para llevar a cabo esta dirección la teoría de la enseñanza d ebe d isponer de datos q u e permiten resolver las siguientes  tareas.

l . Indicación precisa del objeto (proceso) de la direc­ción. Teniendo en cuenta los p rincipios de la psicología soviética podemos decir que como tal objeto interviene el proceso de asimilación ( "apropiación", según A. Leóntiev) por los estudiantes de los d istintos tipos de la actividad, en primer lugar, d e la  cognoscitiva.

2. Indicación del sistema d e características (variables)  in­d ependientes d el o bjeto de la dirección. El conocimiento del sistema d e variables es necesario tanto para d etenninar el contenido de  la infonnación, q ue se debe recibir por el  canal d el enlace de retorno, como para ejercer influencias correc­toras  sobre el p roceso d irigido.

3. I n d icación d e los principales estados  transitorios  (eta­pas fundamentales) del p roceso d irigido. Como se ha señala­do, la d irección según el p rincipio de la "caja blanca" pue­de ser realizada sólo cuando se  conocen los estados transito­rios del p roceso. El conocimiento de sus principales estados pennite elaborar el programa de la d irección adecuado a la naturaleza d e este proceso y la lógica de su paso de un esta­do cualitativo a o tro.


 

 

 


*    *    *


De esta manera, el análisis de las exigencias metodológi­cas y cibernéticas muestra que para realizar el desarrollo de la enseñanza programada, elegido por nosotros, es necesaria una teoría de la enseñanza que considere el proceso de estu­dio como formación de la actividad cognoscitiva de los alumnos, que disponga del sistema de características inde­

pendientes·de esta actividad y del conocimiento de las eta­pas fundamentales de su formación como paso del plano de la experiencia social al de la experiencia individual. Satisface estas exigencias sólo una teoría : la teoría de la formación por etapas de las acciones mentales formulada por Galperin

a principios de los años 5de nuestro siglo, que él ha estado elaborando junto con sus colaboradores y partidarios. Consi­deramos conveniente comenzar por esta teoría el análisis de las teorías modernas de la enseñanza.


 


C a pít u 1    1

TEORIA DE LA FORMACION POR ETAPAS DE LAS ACCIONES M ENTALES


 

 

 

 

 

Esta teoría considera el estudio como un sistema  de de­terminados tipos d e actividad cuyo cumplimiento conduce al alumno a los nuevos conocimientos y hábitos. "Acorde­mos llamar estudio -escribe Galperin- toda a ctividad , ya que como resultado en su ejecutor se forman nuevos cono­cimientos y habilidades o los antiguos conocimiento s y ha­bilidades adquieren nuevas cualidades" (Galperin , 1965b, pág. 5 ). Cada tipo d e actividad del estudio es, a su vez ,

u n sistema d e acciones unidas por un motivo que, en su con­

junto, aseguran el logro del objetivo de la actividad de la que  forman p arte.

El análisis del estudio debe empezarse por la separación de la actividad que  el que estudia debe cumplir para  resolver la tarea que se le plantea; luego hay que pasar a la separa­ción de las acciones que la forman y, después, al análisis es­tructural y funcional del contenido de  cada  una  de ellas.

De esta m anera, el  eslabón central  de esta teoría es la ac­ción como u nidad de la actividad del estudio, como unidad de cualquier actividad  humana.  A nivel de  acción haremos el análisis de  la teoría d ada.

 

§l PARTES ESTRUCTURALES Y FUNCIONALES

DE LA ACCION

Como ya se ha señalado, el cumplimiento de la acción por el sujeto presupone siempre la existencia de  determina­do objetivo que, a su vez, se alcanza  sobre la base de  cierto motivo. La acción e stá siempre d irigida al objeto  material  o ideal .

El cumplimiento d e la acción por el sujeto  presupone la existencia en el últim o de una determinad a representación tanto de la acción  que  se  cumple como de las condiciones en

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las que esta acción se cumple. El portador de las acciones e x aminadas es siempre el sujeto de la acción. Finalmente, toda acción incluye u n determinado conju nto de operacio­nes que se cumplen en u n orden determinado y en corres­pondencia con d eterminada regla. El cumplimiento consecu­t ivo de las operaciones forma el proceso del cumplimiento d e la  acción.

En Ja teoría d ada la imagen de la acción y la del medio donde se realiza la acción se unen en un elemento estructu­ral único  sobre cuya b ase transcurre la dirección de la acción y q ue se llama base orientadora de la acción (Galperin,

958 b, 959 , 976). La base orientadora de la  acción es ne­cesario distinguirla del sistema  de  condiciones objetivamente necesarias para el cumplimiento exitoso de la acción. Este sistema de condiciones está relacionado: a) con las peculiari­d ades del o bjetivo y d el  objeto de la acción; b)  con el caráter y el orden de las operaciones que entran en la acción ; c) con los rasgos peculiares de los instrumentos utilizados, etc. (Galperin, 965 a, pág. 2 9 ; 965 b, pág. 6). Estas condciones in fluyen en el éxito  de la acción independientemente d e si el estudiante se hace conciencia de ellas o no. Así, por ejemplo, al j ugar al ajedrez eléx ito de la j ugada se determna objetivamente por el grado en que esta jugada asegura la in teracción de las figuras y el control de los campos en el tablero.

La base orientadora de la acción es el sistema de condi­ciones en el que realmente se  apoya el hombre al cumplir  la acción. Puede coincidir con la objetivamente necesaria, pe­ro puede, igualmente, no coincidir. Frecuentemente el hom­bre toma en cuenta sólo parte de las condiciones objetiva­mente necesarias, mas a veces in cluye  en la  base orientadora de su s acciones a lgo q ue sobra. Así, por ej emplo, al resolver el problema de "construir con 6 fósforos cuatro triángulos equiláteros sin romper los fósforos", muchos suj etos inclu­y en en la b ase orientadora de sus acciones la exigencia de

"hacerlo sobre un p la no", aunque el enunciado del proble­ma no estipula esta l imitación.

Recordemos que bajo actividad se entiende un proceso de solución por el hombre de tareas vitales impulsado por el

objetivo a cuya consecución está orientado. En cambio, Ja acción se impulsa  n o por su  objetivo, sino por el motivo (ob­j etivo) d e la actividad de la que forma parte. Las operacio­nes son los modos por medio de los cuales se realiza la ac-


 

ción. Asf, por ejemplo, la solución de un problema de arit­mética, al coincidir el motivo y el objetivo, constituirá ac­tividad. El sumar, supongamos, dos  números de varias cifras -lo que, resolviendo el problema, hace el alumno-, será ac­ción, y el sumar en estos números los d ígitos y los decima­les, será operación. De acuerdo con esta comprensión , los conceptos de acción y operación son relativos. Lo que en una etapa  de  la en8eñanza interviene  como acción, en otra se hace operación. Por otra parte, la acción puede convertirse en actividad, y al contrario. Si, por ejemplo, el estudiante ejecuta al principio las tareas sin in terés, si es guiado sólo por el deber, p or la obligación de estudiar o la comprensión de la imposibilidad de resolver sin ellas otras tareas, in tere­santes para él, el proceso de solución de cada una de estas tareas significa que el estudiante realiza la acción. Pero  si en alguna etapa estas tareas lo in teresaron por  m ismas, si sin­tió u n interés cognoscitivo hacia ellas, el proceso de realiza­ción de estas mismas tareas se convirtió en actividad, ya que el motivo se sobrepuso al objetivo y coincid con él . Si el alumno recorriera las etapas eºx aminadas en sentido contra­rio, realizaría el paso de la actividad  a la acción.

Por cuanto en adelante no se examinará la correlación concreta de los m otivos y fines al resolver el alumno unas u

otras tareas, no es necesario d iferenciar estrictamente los procesos que representan acciones y los que son actividad. Esto, se  sobreentiende, no significa en absoluto  que conside­remos este aspecto como no esencial. Por el  contrario, com­prendemos bien la importancia de los in tereses cognosciti­vos para una enseñanza exitosa, pero en el caso dado limi­t amos  el análisis, fundamentalmente, al n ivel  de acción.

La acción por las funciones que se cumplen puede estar dividida en tres p artes : "En toda acción humana hay partes

orientadora, de ejecución y control" (Galperin, l 958b, pág. 34)* . L a p arte orientadora de la acción está relacionada con la utilización por el hombre del conjunto de condicio­nes concretas, necesarias para el exitoso cumplimiento de la acción d ada, que entraron en el contenido de la  base orien­tadora de la acción. La parte ejecutora -parte de trabajo de la acción- asegura la s transfonnaciones dadas en el objeto


 

En los trabajos di! Galperin a veces se  separa como las principa­les partes sólo la  orientadora y la ejecutora, mientras que la orientado­ra,  a su  vez, se d ivide en la propiamente orientadora y la de control.


 

de la acción (ideales o materiales). La parte de  control  de  la acción está dirigida a seguir la marcha de la acción, a con­frontar los resultados obtenidos con  los modelos  dados. Con

su ayuda se  hace la corrección necea    tanto en la parte

orientadora como en la ejecutora de la acción.

En las distintas acciones del hombre estas partes tienen grados diferentes de complejidad, ocupan volúmenes distin­tos. No obstante, su presencia simultánea en todas las accio­nes es obligatoria, ya que sin  ello la acción no puede ser cumplida. De esta manera, cualquier acción del hombre re­presenta una especie de original microsistema de dirección que incluye un "organismo de dirección" (la parte orienta­dora de la acción), un "organismo de trabajo" (la parte  eje­cutora de la acción), un mecanismo que observa y compa­ra (la  parte de  control de la acción).


 

§2. CARACTERISTICAS DE LA ACCION

"La acción del hombre transcurre siempre a uno u otro nivel; . . .la acción posee siempre uno u otro grado de genera­lización, se produce con el volumen diferente de las opera­ciones y con el grado diferente de asimilación" (Galperin,

l 965a, pág. 0). De esta suerte, cualquier acción del sujeto puede ser descrita indicando el grado de formación de sus principales características. A las características independien­tes (parámetros) de la acción se refieren: a f o r m a, e 1 c a rác t e r g e n e r a i z a d o , e 1 c a rác t e r d e p e g a d o y e 1 c a rác t e r a s i m i 1 a d o (carácter automatizado, rapidez, etc.) (Galperin, 95 4 y 95 9).

L a f o r m a d e a c c ión caracteriza el grado (nivel) de apropiación de la acción por  el sujeto: el aspecto princi­pal de los cambios de la acción en el camino de  su transfor­mación de externa (material)  en interna (mental). Dicho con

otras palabras, la forma de acción caracteriza la medida de  la interiorización de la acción. Rn este camino se distinguen tres formas fundamentales de  la acción: la material,  la verbal externa y la mental. Además se destacan la  forma  materiali­zada, afín  a la material, y la perceptiva, que es, en cierto gra.­do, intermedia entre la material (o materializada) y verbal externa.

Las formas material y materializada de la acción son  las de partida. Su peculiaridad consiste en que el objeto de la

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acción se da al estudiante en  forma de  objetos reales (forma material de la acción) o en forma de modelos,  esquemas, di­bujos lineales  (forma materializada de la acción). En ambos casos la acción se cumple como realmente transformadora. La idea sobre la forma material  de la acción aplicada a la es­cuela primaria la puede dar una medición, la cuenta de los

objetos. Puede servir de ejemplo de acción materializada la

operación del cálculo ejecutada con objetos representados, esquemas (por ejemplo, el alumno cuenta con el dedo unos circulitos o palitos representados en el manual). Las  formas material y materializada de la acción permiten descubrir an­te el alumno el contenido de la acción: la composición de sus .operaciones, su carácter consecutivo,  etc. , así como ejer­cer el control objetivo del cumplimiento de cada  una  de las

operaciones que forman parte de él.

Las acciones perceptivas reflejan la capacidad de ver y

oír. Puede servir de ejemplo la acción de contar los  objetos con los ojos. Son objeto de estas acciones los objetos mate­riales exteriores o los modelos y tos esquemas  (objetos ma­terializados), pero con la ayuda de acciones perceptivas no se producen ningunos cambios en estos objetos : se trata de acciones teóricas. La forma perceptiva de acción surge como resultado de la transformación de la acción material o mate­rializada (Galperin, 965a).

La forma verbal externa* de la  acción se caracteriza por el hecho de que el objeto de la acción está representado en forma verbal exfema -oral o escrita-, el proceso de trans­formación de este objeto transcurre también en forma ver­bal externa: en fonna de razonamiento  en voz alta  o descri­biendo su marcha. En esta forma  la acción adquiere  ya  el ca­rácter de la teórica, ideal, pero aún inaccesible  a la  observa-

Galperin llama esta forma verbal en voz alta ( l 96Sa, pág. 1 O). Sin embargo, teniendo en cuenta las investigaciones posteriores en las que se utilizaba exitosamente el lenguaje escrito que, al igual que el

oral, es un  tipo  d e lenguaje externo, consideramos conveniente unir es­tas dos formas  llamándolas verbales externas. La forma verbal en voz alta representa uno de los dos tipos de la forma externa de  la acción. En los trabajos de P.  Galperin la fijación de los elementos de la acción en el lenguaje escrito se  examina como modo de su materialización (véase, por ejemplo, Galperin, l 96Sa, 1 966, etc.). Suponemos que se trata de una variedad de la forma verbal externa de la acción, aunque comp�endemos que en esta forma la objetivación, la representación exterior de la acción está expresada mb que en forma de lengua ha­

blada�    Partimos de que el lenguaje escrito es lenguaje.


 

6 1


 

ción ex tcrior, obje t iva.

La fonna mental d e la acció n si�n i fica q ue la acdón se realiza ..para sí", sus e leme ntos estruc t u rales son las repre­sen tacion es, los conce p tos, las operaciones que se ej ecutan

. .para sí". La posibilidad de cumplimiento de la acción com­p let ame nt e en forma me n tal significa que la acción n:corriótodo el camino de l a i n teriorización convirtién d ose de e x ter­n a en interna.

En cada u n a de estas fonnas pueden estar represen t ados tocios o algunos de los e lementos estructurales de la acción . Por ejemplo, e l hombre suma e n l a mente dos números. E n es t e caso t oda la acción e s tá representada en fonn a me nt a l .

Es una fonna "pura" de la a cción. Si  eh ombre por ej em­

plo, trabaja en un torno, l a parte ejecutora se ex terna, ma­terial, las operaciones orientadoras pueden estar en un a foma perceptiva, verbal e x tern a o me ntal, y el o bj e to de la ac­ción, e xterno, material . Aq uí la acción no tendrá forma "p ura". Esta se determi n a según l a forma en q ue

está representado e l objeto sobre e l cua l recae la acción y , lo principal, las operaciones que transforman este obje to * . Así. en n uestro caso, el objeto d e la acció n está representad o en l a forma ma terial, las operaciones ejecutoras son reah ne n tl' transformadoras. Por consiguiente, la acción tiene una for­ma material. Si las  operaciones ejecutoras no se realizan con

las manos, sino con la vista (con los ojos) , llamaremos per­ceptiva la acción. Tanto las operaciones materiales como las percept ivas pueden realizarse lo existiendo objetos mariales o materializados de l a acción, su combinación con ot ra forma de objetos es imposible. De manera a náloga considraremos la acción como verbal cxtema si las operaciones ejcutoras tienen una fom1a verbal ex terna ( oral o escrit a) , cte.

E l c a rá c t e r g e n e r a l i z a d o d e l a a c c ión caracteriza la med ida de separación d e las propiedades d e l

objeto, esenciales para e l cumpl i mien to de l a acción , de en­t re otras, no esenciales.

* P. Galperin supone que "mientras las operaciones conservadas exijan  soportes d e objeto aunque sean insignificantes, la acción se  detie­

ne a un nivel material (a materializado)" (Galperin, 959 , pág. 45 2 ). M as si se acepta este criterio no podremos d istinguir la forma mate­rial (materializada) de  la  acción de la forma perceptiva : los  soportes  d e

objetos  tienen lugar en  a mbos  casos.  S u d iferencia consiste  e n l a forma de las operaciones que se cumplen : en el primer caso son las manos que transfonnan realmente  las operaciones, y en el  segundo,  las opera­ciones  ideales  del  ojo.


 

E l c a rá c t e r d e s p l e g a d o d l a a c c 1 o n muestra si todas las operaciones, que o riginariamente formban parte de la acción, se cumplen por el h ombre. A medida de la fonnación de la acción la co:nposición de las operacio­nes que se cumplen se reduce, la acción se vuelve reducida.

E 1         c a rá  e t e a s m 1     a d d e   1     a c c ión    in­

cluye las características de la acción tales como la facifülad del cumplimiento, el grado de automatización y la rapidez del cumplimiento. Al principio el cumplimiento de la acción se realiza haciendo conciencia de cada una de las operacio­nes, d� modo lento ; pero paulat i n amente la acción se va automatizando y el ritmo de su cump l i miento aumenta.

Las características e x ami n adas de la acción se llaman . como ya se ha señalado, indepen dientes; ninguna de ellas es consecuencia de la otra. Ello significa que durante el proce­so de la formación de la acció n se exigen detem1 i n adas con­diciones necesarias para la fonnación de cada una de ellas.

Este grupo de característica� puede denominarse asimis­mo grupo de características primarias. Además de ellas, la acción tiene toda una serie de p ropiedades secundarias, d pendientes de las primeras y que son e fecto de las primeras.

las propiedades secundarias se refieren e 1 c a rá c t e r r a z o n a b 1 e, e 1 c a rác t e r c o n s e i e n t e y algu­

nas otras.

1           c a rá  c t e  r   r a z o n b 1     e   dla acción se deter­

mina por el carácter esencial dlas condiciones a las que se

orienta el hombre que realiza la acción dada. E l carácter ra­zonable se detennina, en primer lugar, por el cont e ni do de la base orientadora de la acció n : tienen que entrar en e lla las condiciones esenciales ; en segundo lugar, por el carácter ge­neralizado de la acció n : cuanto más generalizada es la ac­ción, tanto más razonable es. El carácter razonable de la ac­ción depende del carácter desplegado de las formas p r i m a­rias d e l a acción; cuanto más plename n te está representada la acción ante el alumno, más adecuadamen te asimila éste su lógica.

1                c a rác t r   c o n s c e t e    del cumplimiento

consiste en la posib ilidad de no sólo cumplir correctamente la acción, sino tamb n de fu n damentar en fonna verbal su cumplimiento correcto : el hombre puede darse cuen t a de lo q ue está haciendo y por q (Galperin, 965 b, pág. 6 ) .

El carácter conscien te de l a acción de pende de l a pleni­tud de la represen lación de la acción e n la forma verbal ex-


 

tl.l


 

terna y de la calidad de la asimilación de esta forma de ac­ción por el alumno.

Galperin se limita generalmente a estas d os característi­cas secundarias. No obstante, puede destacarse una serie  de

otras características. En particular, in tervienen  como propie­dades secundarias de la acción sus características tan impor­tantes  como el carácter abstracto  y la solidez.

E 1 c a rác t e r a b s t r a c t o d e 1 a a c c ión con­siste en la posibilidad de su cumplimiento c<,>mo acción ge­neralizada, sin el apoyo en el contenido emocional de los

objetos. Es evidente que esta propiedad es resultado del cambio de la acción por su forma : el desarrollo  de todos  los elementos estructurales de la acción hasta su forma mental. Con ello el objeto  de  la acción, e l contenido de la base orien­tadora de la acción y también, evidentemente, su produc­to (objetivo) deben estar representados en la forma concep­tual. Además, la acción debe estar generalizada, o sea, per­feccionada según el parámetro de la generalización.

L a s o i d e z d e 1 a a c c ión, comprendida  como posibilidad de su cumplimiento algún tiempo después  de su formación, es resultado de la generalización, de la  automati­zación.

Detengámonos más detalladamente en las características fundamentales de la acción.


1 . La forma de la acción

La forma de partida de la acción puede ser material o materializada. La diferencia entre estas formas no atañe al lado operacional: en los dos casos las operaciones se realizan con las  manos  llevando una forma material. La  diferencia re­side  en la forma de representación principalmente del objeto de la acción. En el caso de la forma materializada sirve de

objeto de la acción, como se ha señalado, no  el m ismo obje­to, sino su sustituto, el modelo. Se sobreentiende que éste sustituye al objeto real sólo cuando contiene aquellos aspec­tos que constituyen propiamente el objeto de asimilación. Como se  sabe, Leóntiev introdujo la d iferencia entre el obje­to y el objeto de la  acción. El aspecto  del objeto, el conjun­to de propiedades al que está directamen te orientada la ac­ción es, precisamente, el objeto de la acción ( Leóntiev, 947b).

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De modo que todos los  sustitutos del  objeto deben con­tener el objeto de la  acción  o simplemente  serlo. La  segunda exigencia consiste en que el objeto d ebe estar representado en una forma emocion al, evidente. En el caso del dibujo o dibujo linealestaexigencia se  realiza en virtud de sus peculia­ridades como modos gráficos de representación de los  obje­tos. Es algo más compleja la cuestión de los modelos. El concepto de modelo tiene numerosísimas acepciones*. En particular, V. Shtoff ( 966) d a la siguiente definición de es­te concepto: un objeto parecido en algún aspecto a otro  ob­

jeto. Es en este sentido que empleamos el término "modlo". El modelo, escribe Shtoff, es siempre una estructura­ción concreta, notoria en una u otra forma o grado, final y accesible para su observación o para una acción práctica. El modelo representa e l objeto en una forma simplificada, abs­tracta. El carácter palpable del modelo puede ser diferen­te. En unos casos sus elementos que  se perciben por  los sen­tidos dan la posibilidad de construir la imagen emocional del objeto modelado. Estos modelos son necesarios cuan­do el objeto de asimilación lo constituyen estos elementos y sus propiedades representadas de manera emocional. Sin embargo, pueden u tilizarse iguahnente los modelos cuyos elementos no tienen n ingún parecido con los elementos del

objeto modelado; pueden representarse en forma gráfica las relaciones entre estos elementos. Estos modelos se utilizan cuando el objeto de la asimilación no lo constituyen los pro­p ios elementos que forman el objeto, sino sus relaciones (por ejemplo, las espaciales).

De modo que, cuando  hablamos del carácter manifiesto, tenemos en cuenta no el objeto en su conjunto, sino el lado suyo, aquellas propiedades suyas que deben estudiarse, o sea, el objeto de la asimilación. Por esta  razón pueden utili­zarse los modelos de varios tipos: a) modelos geométrica­mente semejantes al objeto modelado (moldes, modelos es­paciales de las moléculas, de los cristales, etc.) ; b) modelos que no reproducen las relaciones geométricas, espaciales, si­no la d inámica de los procesos estudiados, las distintas de­

pendencias y relaciones, las estructuras, etc. Estos modelos se caracterizan por la similitud física con el objeto modela­do, la identidad de las leyes de su funcionamiento; c) mode-

* En la literatura d edicada a la modelación, los  dibujos lineales y los  esquemas se incluyen también en los modelos.


 

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322


 

los que no tienen similitud física ni geométrica con el ob­jeto. Entre estos modelos y el objeto modelado existe una relación de analogía, estructural o funcional. La  elección de uno u otro modelo se determina por el objetivo de la en­señanza: qué es lo q ue se destaca e n el objeto  como objeto de asimilación propiamente d icho. Los modelos que se u ti­lizan para materializar la acción deben ser isomorfos al  obje­to modelado, o sea que entre el modelo y el o bjeto modela­do debe haber  u na correspondencia  m u tua u n ívoca respecto a las propiedades que constituyen el obje to de la asimila­

ción.

Cabe señalar asimismo q ue, al asimilarse la forma mate­rializada de la acción, los modelos pueden sustituir no sólo el obje to de la acción, sino  los o bj etos q ue forman parte del contenido del modelo : del contenido d e la base orientadora de la acción. En este caso, e l modelo sirve con frecuencia de modelo generalizado d el aspecto del objeto que debe asimi­larse y que hay q ue destacar en los objetos propuestos  para el análisis. Dicho de otro modo, el  modelo encarna, en el ca­so dado, el objeto de la asimilación. Así, en la investigación realizada por L. Aidárova ( 966), durante la asimilación de la composición morfológica de la palabra y las funciones q ue puede cumplir cada parte de la palabra, como modelo se da un modelo espacial gráfico, isomorfo a la composi­ción morfológica de la palabra. Consiste de un cuadrilátero alargado, d ividido e n un número de pequeños cuadriláteros igual al de las unidades morfológicas en Ja palabra. Al anali­zar las palabrns propuestas, los alumnos cada vez "sobre­ponen" este modelo-muestra a la palabra y destacan en ella los d iferentes elementos estructurales existentes. En la in­vestigación examinada este modelo se d aba  como un dibujo­esquema, pero puede se r construido igualmente de m anera que permita a Jos alumnos realizar las operaciones con las m anos.

Al analizar la forma de partida de la acción es  importan­te establecer Ja eficacia comparativa de las formas material y materializada, y dentro de esta última, la eficacia de los d istintos tipos de materialización. En segundo lugar, es im­portante esclarecer q elementos estructurales de Ja acción es  necesario materializar en primer Jugar.

La teoría examinada no tiene aún respuestas exhaustivas a estas interrogantes : dichos problemas se  están estudiando. Como ejemplo, nos d etendremos e n Ja investigación realiza-


 

h 6


 

da por nosotros conju n tamente con V . Nikoláeva  (Talízina, Nikoláeva, 96 ). Sirvieron d e material de  experimentación los conceptos geométricos in iciales. Se comparaban dos  for­mas de partida de la acción : a) la acción material en todos los eslabones fundamentales; b) la acción materializada, el tipo y el grado de materialización fueron distintos en estos grupos de sujetos. Fueron sujetos de la investigación 30 alumnos de los quintos grados, de resultados medianos, que no estudiaron geometría ( l O personas en cada uno de los tres grupos).

En el primer grupo, como objetos de la acción se presen­taban los objetos reales ( la mesa, el libro, etc. ) , el modelo de las características se d aba igualmente con la ayuda del ob­jeto real ( por ejemplo, sirvió de modelo de la l ínea recta el borde de la encuadernación de un libro). En el segundo gru­po, como objetos y modelo de la acción se daban los  mode­los geométricos. Así, de ejemplo de la l ín ea recta servía e l borde de u n a regla; de  ejemplo d e un ángulo recto, el mode­lo del ángulo recto, etc. La correlación del objeto con el modelo la realizaban los sujetos de los dos grupos mediante la superposición del modelo  a l objeto. En el tercer grupo, se daban como objetos de la acción y como modelo los dibujos lineales geométricos. La comparación del objeto con el mo­delo de la acción podía realizarse sólo con la vista. Al dar a conocer la acción e l experimentador indicó a los sujetos  de todos los grupos las características del concepto, necesarias y suficientes, mostró su existencia en el modelo y el modo de. su  utilización al incluirse los obje tos en un concepto.

Durante la asimilación de la forma de partida de la ac­ción las tareas en todos los grupos eran de contenido análo­go y de igual dificultad. La asimilación de las fonnas poste­riores de la acción en los sujetos de todos los grupos era completamente igual: todos los sujetos resolvían las mis­mas  tareas  en la m isma forma.

Se trabajaba con los siguientes conceptos: "la l ínea rec­ta", "el ángulo'', "la perpendicular", "los ángulos adyacen­tes". Después de la serie de enseñanza, a los sujetos de to­dos los grupos se les d aba una misma serie de tareas  de con­trol en las que se exigía denominar los objetos q ue conte­n ían figuras conocidas, mostrar las figuras conocidas en los

objetos presentados por el  e x p erimentador, representar  la fi­gura en d iferentes posiciones en el espacio, encontrar las  fi­guras conocidas cuando forman parte de otras figuras. Ade-

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más, se les proponía resolver independientemente varias ta­reas  para aplicar los conceptos formados.

No se descubrió una diferencia notable  entre los grupos. Los sujetos de todos los grupos realizaron correctamente la mayor parte de las tareas (véase tabla ).

T a b l a


 

Nbmero NÍlmero  d e Nbmero de  tareas Nbmero  de  tareas de tareas resueltas correcta e resueltas  de manera sujetos presentadas independientemente, errbnea,  en %

en %

1 630 94,3 5,7 11 630 92,7 7,3 m 630 86,5 1 3,5

Vemos que la enseñanza tuvo el mayor éxito en el grupo donde los sujetos tenían que ver con objetos reales (1 gru­po). El mayor número de dificultades las tuvieron los suje­tos que tenían que ver sólo con dibujos lineales (111 grupo). Con ello, más de la mitad de los errores indicados fueron cometidos al asimilarse la forma de partida (materializada) de la  acción. Ya que tanto el objeto de la acción como el modelo fueron dados como  dibujo  lineal,  los sujetos podían hacer la comparación sólo  aproximadamente, sin sobreponer realmente el modelo al objeto. En una serie  de casos, los su­

jetos de este grupo colocaban la tarjeta con el modelo para darle al modelo la misma posición en el  espacio  que ocupaba el dibujo lineal, objeto de la acción; trataban  de  separar la fi­gura que se buscaba con el dedo. Ello testimonia que el esla­bón rector lo constituye la parte operacional que tiene que estar obligatoriamente p resentada en la forma material (cumplirse con las manos). Pero esto, a su vez, presenta determinadas exigencias al modelo y al objeto de la acción:

por lo menos, uno de ellos debe estar presentado en forma apta para la acción manual. En  los primeros dos grupos esta exigencia fue cumplida; en el tercero no, lo cual llevó a las dificultades.

Las tareas de la serie de control, en  las que el sujeto de­bía indicar los objetos que corresponden a uno u otro con­cepto e incluir los objetos y las imágenes presentados por el

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experimentador en el concepto correspondiente, fueron cumplidas por todos los sujetos. No obstante, también  en el caso dado los integrantes del 111 grupo (el del "dibujo li­neal") realizaron la tarea peor que los de  otros grupos: men­cionaron un número menor de objetos, descubrían más len­tamente las figuras conocidas en los objetos que se les pre­sentaban.

En todos los demás tipos de tareas los sujetos de este grupo mostraron también índices más bajos que los de otros grupos. El carácter de los errores de los sujetos de este gru­po muestra que no tuvieron  plena conciencia ni hicieron una d iferenciación precisa de las características esenciales de los conceptos.

De esta suerte, la investigación mostró que la materiali­zación de los elementos estructurales de la acción  debe reali­zarse de tal manera  que asegure las condiciones para cumplir materialmente las operaciones. En lo que se refiere  a la elec­ción del tipo de materialización, esto, en el caso dado, no tenía importancia sustancial.

Lo testimonian igualmente  los resultados de  otra investi­gación nuestra (Talízina, l 95 7a), en la que variaban los ti­pos de materialización (dibujo lineal,  modelo)  cuando se da­ba la base orientadora de la acción, lo cual no repercutió ni en el proceso de formación de los conceptos ni en los resul­tados finales.

Tampoco se descubrió d iferencia sustancial según los re­sultados entre las formas material y materializada de presen­tación de los objetos. Sin embargo, sobresalió aquí  una  par­ticularidad: el grupo que trabajaba con objetos reales, al cumplir la tarea de control que exigía del sujeto  la represen­tación de figuras geométricas en las distintas posiciones en el espacio, mostró un resultado aproximadamente en un 20% peor que otros grupos. Y lo principal es que no  se  trataba de d ibujos lineales de las figurasgeométricas, sino  de  dibujos de los objetos.

Esto puede explicarse por el  hecho de que los sujetos,  al trabajar todo el tiempo con objetos reales y sin tener mode­lo donde el  objeto de  estudio  fuera presentado en forma abs­tracta, no lograron separarlo independientemente de otras propiedades de los objetos, quedando aquél fundido con ellos. La enseñanza no exigía sino establecer la existencia (o la ausencia) de las características esenciales en el objeto, pe­ro no su abstracción respecto a otras propiedades del obje-

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to ni su representación en una fonna "depurada". Es una tarea especial que, con d iferentes fonnas de partida de la ac­ción, no se resuelve con la misma facilidad. Evidentemente, Ja existencia del modelo en el que ya se ha  hecho  la  separa­ción del objeto d e estudio de la multitud d e otras propieddes de los objetos, ayuda a los  alumnos a separar este objeto en o tros o bjetos concretos.

El saber hacer abstracción de u nas u otras propiedades d e los objetos no siempre se fonna por m ismo, y esto lo evidencian t ambién los  hechos establecidos por  otros experi­mentadores consistentes en que la solución de tareas es  más fácil cuando se trata de un obje to hecho abstracción, y no en objetos reales. Asíse ha establecido  que los problemas de aritmética con un contenido abstracto se resuelven másfá­cilmente q ue las t areas con un argumento ( R . Natadze,

95 7 ; E. Fléshner, 95 8 ; P. Yakobsón, 95 8 ; V . Yaroschuk, 959 ) .

E s necesario señalar que e n los trabajos experimentales tempranos realizados a base de la teoría en cuestión, la materialización de la ac­ción no fue completa (Talízina, l 9 5 7 a ; Galperin,  TaUzina, 95 7 ). Pri­mero, al fonnarse los conceptos geométricos, las tareas se presentaban en forma escrita e iban acompañadas de un dibujo lineal. Sin  embargo, el dibujo lineal no siempre correspondía a las  condiciones de la  tarea. Por eso los sujetos se  veían obligados a aplicar las características no  al dibujo lineal, sino a las condiciones presentadas en forma escrita. El

objeto de la acción intervenía, de esta manera, en fonna de lenguaje escrito. Segundo,  las características se  daban escritas en  una tarjeta. La tarjeta pennite materializar prácticamente sólo el orden de aplicación de las características. Mientras que las propias características se dan en una fonna externa, pero no material ni materializada, sino verbal. El lenguaje escrito pennite objetivar más plenamente el contenido de las características que la lengua hablada, pero sigue siendo habla, como lo indica con certeza en su libro E.  K abánova-Meller ( 968). Con  tal for­ma de objeto y modelo tampoco era posible la fonna material de las

operaciones. Finalmente, en estos trabajos no hubo tampoco materia­lización ni regla lógica de inclusión en el  concepto, ni precepto que in­d icara el orden o contenido de  las operaciones realizadas. Lo uno y lo

otro fonna parte del contenido de la base  orientadora de la acción de inclusión en el concepto.

No obstante, sería erróneo considerar que, al d arse las caracterís­ticas en fonna de modelos, ya so braba su inscripción en una tarjeta. En la investigación examinada más arriba (Talízina, Nikoláeva, 96 I )

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dividirnos a los sujetos de cada uno de los tres grupos en dos subgru­pos; a un subgrupo, complementariamente al modelo materializado, se le daba una tarjeta que tenía escritas las características sustanciales para la acción (subgrupo A), mientras que  el segundo subgrupo  (B) no recibía esta tarjeta.

Resultó que en todos los grupos los sujetos del subgrupo A d ieron resultados algo mejores que los sujetos del subgrupo B. La diferencia fue especialmente notable en el tercer grupo (el de "dibujo lineal"):

en el proceso de enseñanza el subgrupo A hizo casi dos veces menos errores que el subgrupo B (29  contra 56). Esto se explica por el hecho de que los modelos de las características, sin su complementación con la forma verbal de representación, no pueden cumplir su papel. En el subgrupo B el experimentador, al principio, tenia que mencionar cons­tantemente las características y el orden de su aplicación, o sea, de todos modos, complementar los modelos con el lenguaje, pero con el lenguaje hablado. La diferencia entre los su bgrupos muestra, por eso, de hecho, la relativa eficacia de las formas escrita y oral de comple­mento verbal de los modelos materializados  de las características.

Cabe señalar que el papel d el lenguaje no se limita al modelo. La forma verbal d ebe acompañar todo el proceso de cumplimiento de la acción en forma de partida. Las  formas material (materializada) y ver­bal de la acción parecen ir paralelamente. Con la forma material (ma­terializada) de cumplimiento de la acción se crea simult!neamente su forma verbal. Sólo con esta condición resulta posible el paso a la for­ma verbal de  la  acción, su paulatina liberación de la  materialización.

La forma verbal  externa es la segunda en  la vía de la in­teriorización de la acción, de su transformación en la men­tal.

En los primeros años de la elaboración de  la  teoría  exa­minada se aplicaba sólo la forma verbal de la acción en voz alta (lengua  hablada). En los últimos años, cuando la  investi­gación rebasó los marcos del experimento de laboratorio, empezó a utilizarse la forma de lenguaje escrito. Esta varie­d ad de la forma verbal de la acción se ha utilizado de la ma­nera más p lena y consecuente en e l trabajo de M . Volóvich ( 968) para la formación de  conceptos y acciones geométri­cos iniciales. El experimento evidenció que la organización de la acción verbal externa en forma  de  lenguaje escrito per­mite formar conceptos y acciones mentales de pleno valor. Sin embargo, la teoría no dispone de datos que permitan realizar el análisis comparativo de estos dos tipos de la for­ma verbal e x terna  de la  acción ni indicar las particularidades


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de la  realización de cada uno de ellos.

Es natural q ue la forma de lenguaje escrito pueda  ser uti­l izada sólo después de que el hombre domine el lenguaje es­crito como tal. Por ello, con los niños de edad preescolar y de la primaria se u tiliza generalmente la forma de lengua hablada. En esta forma de  la acción, el  "lenguaje se convier­te en portador de todo el proceso : tanto de la tarea como de la acción" (Galperin, 959, pág. 454).

La acción verbal es el  reflejo de la acción material o ma­terializada. Su contenido de objeto sigu� siendo el mismo ( compárese el sumar los palitos y el cálculo oral), pero la forma cambia cualitativamente.

Galperin indica que en el proceso  d e asimilación de esta n ueva forma de la acción el alumno debe  orientarse tanto a su contenido de objeto como a la expresión verbal de este contenido. Si la unidad de estos dos aspectos de la acción verbal se altera, la acción resulta  defectuosa. La orientación sólo a la forma verbal conduce al formalismo de los conoci­mientos y las habilidades asimiladas. Si el alumno se orientaúnicamente al contenido del objeto, sin reflejarlo en el len­guaje, resulta  capaz de resolver sólo  el círculo de tareas prác­ticas donde la  orientación es suficiente en el plano de la per­cepción. En este caso no se forma la habilidad para reflexio­n ar, fundamentar en la práctica  la  solución obtenida  (Galpe­rin, 959 , pág. 4 5 5 ) .

El forma lismo d e las acciones verbales que  s e forman se produce generalmente cuando la forma verbal se introduce saltando la material (o materializada). El formalismo es posible igualmente cuando la forma verbal no se prepara al asimilarse la forma material ( materializada), sino  que la  sus­tituye inmediatamen te. Y , porúltimo, si la forma material (materializada) de la acción se asimila separada de la  verbal no se sustituye  oportunamente por esta última, tiene lugar la automatización de la forma material (materializada), de hecho de valor in completo, que se hace habitual y conduce a la reducción de la acción del alumno al círculo de t areas prácticas.

La formación de la forma verbal de pleno valor de la ac­ción presupone una d eterminada medida de generalización de su forma material que significa, en particular, "que del contenido concreto de los objetos se separan los  rasgos y las propiedades sustanciales para la acción y que son su objeto específico" (Galperin, 959, pág. 456). Sólo después de ello

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es posible la  transfonnación de  la  acción en  fonna verbal :

las propiedades separadas se fijan  a las palabras y se convier­ten en sus significados. A h ora es posible la separación de es­tas propiedades de los objetos, su utilización en fonna de abstracciones, en fonna de objeto verbal de pleno valor. U n camino análogo recorre l a acción en  s u conjunto. "Sólo gra­cias a que las palabras  tienen b ase material  y en este sentido son cosas materiales (no sólo materiales, sino también mate­rializadas) e l alumno puede operar con ellas ( y a través de e llas, con sus significados) de igual manera que con cuales­quiera o bjetos materiales" (Galperin, ibídem).

Por último, e s im portante recalcar q ue el traslado de la acción al plano verbal no significa el saber explicar cómo hay que actuar, sino el saber cumplir la  acción en forma  ver­bal. Así, cuando se le enseña a su mar, el niño no debe  expli­car cómo hay que sumar dos números, sino  sumar oralmete, es decir, resolver la correspondiente tarea cumpliendo la acción que se está fonnando e n forma  verbal.

La forma mental  de la acción c;s  la final en el  camino de la transformación de la acción de externa en interna. En lo referente a la forma mental de la  acción conviene dar varias explicaciones, y a q ue el contenido de este concepto n o siempre s e entiende adecuadamen te. En particular, en l a li­teratura  se señala la in compatibilidad de los  siguientes  aspec­tos de la acción mental: a) el reflejo psíquico de la acción material externa, b) la acción dirigida a las imágenes de los

objetos y los fenómenos del mundo exterior, c) el saber cumplir en la mente una detenninada acción de objeto (Sa­marin, 95 8). En realidad, todos estos  aspectos de las  accio­nes mentales son completamente compatibles. El primero d e ellos subraya la idea de q ue la acción mental por sugé­nesis está relacionada con la acción material y es su reflejo. Y esto significa q ue la acción mental incluye los m ismos ele­mentos q ue incluía la material, pero todas ellas se hicieron ahora ideales. En vez de las cosas reales se convirtieron en

objeto de la acción sus imágenes, la transformación real se sustituyó por  la ideal, e tc. Dicho con otras palabras, ya t ene­mos que ver con una acción d irigida a las imágenes, de lo cual se habla en la segund a tesis. La acción, al  convertirse en mental, no perd su objeto, sigue siendo de objeto; pero si antes el sujeto cumplía la acción como práctica, transfor­m ando lo s objetos exteriores, ahora la realiza en la mente, transfonnando las imágenes de estos objetos. Como vemos,

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la  comprensión de la  acción mental como tal -en la que son

o bjeto las imágenes de los objetos y fenómenos del mundo exterior y su composición operacional se realiza mentalmen­te, p ara s í-, señala unívocamente lo específico de las acciones mentales.

Algunos opositores consideran que "bajo acción mental es  más correcto  entender cualquier acción  relacionada con la solución de cualquier tarea, con la elección del modo de ac­ción, d e la h ipótesis, de las deducciones, etc." ( Samarin, ibíd. , pág. 5 8). Con ello no se puede estar de acuerdo. Realmente, admitamos que tenemos que resolver la  siguien­te tarea: colocar los muebles en la habitación. A n tes de ha­cerlo, cualquier persona juiciosa  pensará, evidentemente,có­mo hacerlo mejor, en q orden d istribuirlos, etc., o sea, presenciaremos la elección del modo de acción, la planifica­ción; mas, pese a todo ello, es poco probable que alguien re­conozca que los muebles fueron colocados como resultado de una acción mental. Es una  acción práctica, pero como to­da acción práctica, tiene una parte orientadora que, por símisma, no soluciona l a tarea, pero asegura s u solución me­diante la parte ejecutora que, en el caso dado, es  puramente práctica.

O tros autores creen que en la teoría examinada por ac­ción mental se entiende el "saber cumplir de manera auto­matizada operaciones d istintas" (Menchínskaia, 960, pág. 60). Esto no es  así. La automatización es otra caracte­rística de la  acción que  puede tener lugar bajo cualquier for­ma de la acción: material, verbal, mental. Por otra parte, la acción puede ser mental, pero no automatizada (Galperin, Talízina, 957 ; G alperin , 95 8, etc.) . No todas las acciones mentales, ni mucho menos, se cumplen de modo automati­zado. Sin embargo, toda acción mental, al repetirse  numero­sas veces, puede adquirir  un carácter automatizado.

La transformación de la acción verbal externa en mental sigue, ante todo, el camino de la transformación del lenguaje en voz alta en su imagen sonora. "En la mente -escribe P. Galpcrin - la forma de sonido del lenguaje se vuelve representación, imagen sonora de la palabra" (Galperin,

9 5 9 , pág. 457). Esta nueva forma de la acción tiene al principio una base de articulación precisamente expresada, por  eso G alperin llama la primera forma de la  acción mental "lenguaje e x terno para sí". Se trata ya de una acción interna, pero q ue  aún parece estar dirigida al exterior, a otra


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persona (a m isma como a otra persona). No obstante, muy rápidamente esta forma de acción se transforma en propiamente mental. La acción se realiza ahora en forma del lenguaje in terno, se h ace p ropiamente individual, pa­ra sus adentros, para sí, aquí ya no se dirige a otra per­sona. Pero su contenido de objeto también en esta forma sigue siendo el mismo que en la forma de partida. La acción mental conserva, naturalmente, también su n aturaleza social.


 

2. Carácter generalizado de la acción

Tanto en la psicología soviética como en la extranjera gran número de trabajos están dedicados al problema de la generalización de los conocimientos y las habilidades. En es­tas investigacionesse presta la p rincipal atención a las propie­dades gracias a las cuales se opera la generalización, desde el punto de vista de su naturaleza física, su carácter sustan­cial, la importancia en la solución  d e las tareas, etc. ( Shvach­kin, 9 5 4; B oguslávskaia, 958 ; K a tona, 940; A usübel,

1 968; Radford a n d Burton, 974, e tc.). L o s resul t ados ob­tenidos condujeron a la separación de determinados pel­d años de la generalización en la o ntogenia  ( Vigotski, l 9 5 6 a ; Shvachkin, 954 ; Sálmina, 960). U n número considerable de trabajos se dedican al estudio del papel de algunos fac­tores en el proceso de la generalización : al papel de la pala­bra (Liublínskaia, 954; Frádkina, 960) ; al papel de las va­riaciones de los rasgos no esenciales (Zíkova, 95 0 ; Men­chínskaia, l 966a).

D . Bruner, D. Goodnow y G. Austin d estacaron toda una serie d e condiciones que  influyen sobre la actividad que conduce a la generalización : las particularidades de la com­prensión por el sujeto de la tarea q ue tiene planteada, e l ca­rácter de los ejemplos con los que se encuentra en el pro­ceso de la generalización; las consecuencias previstas de las acciones que cumple ; el carácter de las limitaciónes que se imponen a la actividad del sujeto; las particularidades de la apreciación d e las acciones por él realizadas ( B runer, Good­now, A ustin, 9 56).

S. Rubinshtéin mostró la  importancia para e l proceso de generalización de las operaciones tales como el análisis, la abstracción, la síntesis ( Rubinshtéin, 958 ) . Cabe señalar

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as1m1smo que la generalización en sus trabajos se entiende como uno de los principales procesos de pensamiento. El en­foque de la psiquis como de la actividad exige precisar la generalización como "proceso fundamental d e pensamien­to", determinar su lugar en el sistema de la actividad. En la teoría de la formación por e tapas de las acciones mentales  la generalización se considera como una de las caracter(sticas fundamentales d e cualquier acción. Por consiguiente, la ge­neralización no se limita  a la  e sfera del pensamiento.

Para formar acciones  cognoscitivas con una medida dada d e generalización es imp ortante saber el  mecanismo psicoló­gico de la generalización : la dependencia de la generaliza­

ción respecto a las partes estructurales y funcionales de la acción.

En las investigaciones se mostró q ue el proceso de gene­ralización depende del carácter de las acciones orientadoras d irigidas a los  objetos generaJizados (Zaporózhets, 964 ; Po­d iákov, 977).

Las investigaciones que realizamos conjuntamente con E. Konstantínova, J. Tióplenkaia, G. B aráeva, E. Kochúro­va, U. López mostraron que la generalización de la acción y de los obje tos a los que está  dirigida se realiza  únicamente según las propiedades que forman parte de su base orienta­dora. Se sobreentiende q ue la generaJización puede realizar­se sólo según las propiedades inherentes a todos los objetos de la clase d ada. Sin embargo, el  mismo hecho de la existen­cia de propiedades comunes en los objetos no conduce a la generalización según ellas, o sea, el proceso de generaliza­ción no se encuentra en d ependencia  d irecta de las propieda­des generales de los objetos con las que opera el hombre. Así, al estudiar el proceso d e solución d e problemas de geo­m etría establecimos q ue los alumnos de los VI-VII grados d e la escuela media d an una definición incompleta de con­ceptos como ángulos adyacentes, ángulos verticales, etc. Además, pasan por encima de las características esenciales q ue poseen permanentemente todos los  objetos  que se refie­ren a este concepto. Por ejemplo, en la definición de losán­gulos adyacentes fue o mitida la característica "tienen un la­do común". A unque todos los  ángulos adyacentes que veían los alumnos tenían obligatoriamente un lado común, y los alumnos lo percibían. M ás aún, lo representan obligatoria­mente cuando se les p ide que dibujen los ángulos adyacen­tes. No obstante, este lado común no  se vio reflejado ni for-


 

parte del contenido del concepto, tampoco sirvió para generalizar los objetos (Talízina, 950).

Resultados absolutamente iguales fueron obtenidos en la investigación q ue realizamos conju n tamente con E. K ons­tantínova (Talízina, 957 b) con el material de las nociones geométricas  iniciales: la l ínea recta, el ángulo, la perpendicu­lar. Fueron sujetos 2 5 alumnos del V grado que no estudia­ban aún geometría que en otras  asignaturas  tenían las  no­tas de "2" y "3 ".

L a particularidad d e l a enseñanza consistía  e n que en to­d as las tareas que recibían los alumnos, las figuras se repre­sentaban en los dibujos en una posición estrictamente  igual en el espacio. De este modo, una característica no esencial -la posición en el e spacio- acompañaba constantemente las características esenciales de las figuras. La enseñanza se es­tructuraba de tal manera que los alumnos, desde el princi­pio, se orientaban sin falta al sistema destacado d e caracte­rísticas esenciales.

En la serie de control d e las· tareas se presentaban a los alumnos, por una parte, los objetos que se referían a los conceptos d ados, pero que tenían la posición más variada en el espacio. Por otra parte, se presentaban los objetos que se encontraban en una misma posición en el espacio, exterior­mente se parecían a los objetos q ue los alumnos conocían durante el estudio, pero q ue no se referían a los conceptos d ados (por ejemplo, se daban líneas oblicuas parecidas a las rectas perpendiculares). Además, se les proponía a los suje­tos representar varios objetos distintos q ue se refiriesen a los conceptos estudiados.

Todos resolvieron  e xitosamente la serie de control  de las tareas. Así, de las 44 tareas relacionadas con la identifica­ción de la línea recta {participaron 2 4 sujetos, cada uno de ellos cumplió 6 t areas), 39 fueron realizadas correctamen­te. A l realizar las  tareas p ara  identificar  el ángulo y las rectas perpendiculares no se cometió ni un solo error. El segundo tipo de tareas se realizó con igual éxito : cada uno de los su­

jetos represen no menos de tres figuras en distintas posi­ciones en el espacio.

De esta suerte, al asegurar la orientación al sistema de características esenciales las c aracterísticas generales no esenciales de los objetos n o formaron parte del contenido de la generalización, aunque estaban presentes en todos los ob­

jetos con q ue t rabajaban los alumnos. Esto se manifestó con


 

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especial relieve en la in ve st igación q ue realizamos  conjunta­mente con U . López ( Lópcz, 969). Tomamos como mate­rial experimental la s figuras  geométricas análogas a las  utili­zadas en las investigaciones de Vigotski - Sájarov. Fueron esenciales (identificadoras) la magnitud de la base y la altura de la figura. En d ependencia  d e su tamaño, todas las figuras, a l igual q ue en las investigaciones d e Vigotski - Sáj arov, se d istribuían en cuatro c lases : "bat" ( figuras no  altas con base pequeña); "dek" ( figuras altas con base pequeña) ; "rots" ( fi­guras no altas con b ase grande) ; "mu p" ( figuras al tas con base grande).

Hicimos del color y la forma p ropiedades  no esenciales, pero comunes y permanentes para todos los objetos de la clase, ya q ue las investigaciones de la psicología infantil mostraron q ue p recisamen te estas características son las más significativas para los niños, q ue fueron precisamente Jos su­

j etos d e nuestra in vestigación. Participaron en los experi­mentos 00 n iños cubanos de se is años a seis años y n ueve meses. Se estructuraron cinco se ries e xperimen tales en cada una de las cuales tomaron parte 20 niños.

En la p rimera se rie de  experimentos, los obje tos de cada una de las cuatro clases tenían constantemente el mismo co­lor: las "bat" siempre eran rojas, la s "dek" azules, etc. ; Ja forma constituía una característica variable. En la segunda serie de experimentos, por el contrario, cada clase de objtos tenía su forma constante, m ientras que el color era una característica variable. En la tercera serie d e experimentos, las figuras de cada c lase tenían constantemente la misma forma y e l mismo color. De esta manera, e n estas series el color, la forma, o e l color y la forma j untos eran objetiva­mente características identificadoras. B asándose en ellas se podía catalogar con seguridad la figura entre una u otra clase. Pero, como se ha indicado, estas características no se incluían en la base orien tadora de Ja acción de identifica­ción. En Ja cuarta serie cada clase de figuras tenía su color, pero todas las figuras de las cuatro clases tenían la misma fonna (cilindros). En la q uinta serie, por el contrario, cada clase de  objetos tenía su forma, pero los obje tos  de todas las clases tenían el mismo color ( rojo). De esta manera, en lasúltimas dos series las figuras tenían tanto las características generales no esenciales que, objetivamente, podían ser iden­tificadoras (el color en la c uarta  serie, y la forma en la quin­ta) como las q ue no podían servir d e características identifi-


 

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cadoras (la forma en la cuarta serie y el color en la quinta), ya que eran comunes para las figuras de  todas las clases. Las características esenciales, desde el p rincipio, fueron introdu­cidas en el contenido de la base orientadora de la acción de identificación. Al  cumplir la acción en fonna material  los su­

jetos utilizaban los patrones (medidas) que se les  daban, por medio de los cuales establecían las d imensiones de la base y la altura de las figuras y, basándose en el esquema lógico  de inclusión en el concepto, detenninaban si la figura dada se refería a la correspondiente clase de objetos. Recibían igual­mente todas las indicaciones necesarias sobre el contenido d e las operaciones q ue debían cumplir y sobre el orden de su cumplimiento.

Al realizar la forma material de la acción, para la mitad de los sujetos de cada grupo (subgrupo A) se creaban las condiciones complementarias que facilitaban la separación en las figuras de la comunidad del color (la fonna) : las figuras i dentificadas no se quitaban, d ej ándoselas en el campo de percepción de los sujetos. La segunda mitad de cada grupo (subgrupo B) no tenía estas condiciones: las figuras identificadas se  quitaban y los sujetos  percibían cada vez sólo la figura con la  q ue  trabajaban.

Después de enseñar a los sujetos de todas  las  series se les daba un mismo sistema de  tareas de control. Las principales fueron las tareas de identificación : a) de las nuevas figuras en las que cambiaban las características no  esenciales, hasta este momento comunes y pennanentes para los objetos de la clase dada: se introducían los colores ( las  formas)  caracte­rísticos, en e l proceso de la enseñanza, de las figuras  de otras clases, o un color ( fonna) que no se encontraba del todo en los experimentos de enseñanza; b) de las figuras que tenían el mismo color ( forma) que las figuras de la clase dada  que se presentaban en los experimentos de enseñanza, pero  que no tenían características esenciales (una o dos) del concep­to dado. Las tareas se daban en dos fonnas: la presentación inmediata de nuevas figuras y su descripción verbal por el experimentador. Además, se les proponían a los sujetos las tareas para clasificar los objetos y componer descripciones de  las figuras  de la clase d ada.

Los resultados de la investigación  mostraron  que  e l 42% de los sujetos tomaba conciencia de la existencia de un co­lor (o forma) permanente en los o bjetos que se les presenta­ban, con la particularidad de que la  mayoría de ellos lo  des-


 

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cubrió al formar ya el primer concepto. Sin embargo, la identificación de los objetos según estas características du­rante la enseñanza tenía lugar sólo en 65 casos de 7.420, lo cual constituye el 0,9%. Pero también en estos  casos los su­

jetos utilizaban las características no por mismas,  sino  co­mo identificadoras, que testimoniaban la existencia en el ob­jeto de otras: una determinada magnitud de la superficie de la base y la altura. La serie de control de las tareas fue reali­zada exitosamente por los sujetos de todos los grupos y sub­grupos. Algunos errores  que constituían, al identificarse las figuras presentadas directamente, el 2,6%, y durante la iden­tificación según la descripción, el 5%, no fueron resultado de la orientación a las características no esenciales, sino re­sultado de una identificación incorrecta de las propiedades esenciales (poca exactitud en la medición, un  análisis incom­

pleto de la descripción, etc.).

De 1 00 niños, sólo en tres se encontraron errores rela­cionados con la orientación al color o la forma. Estos erro­res constituyen el 5- 0% del total de  tareas realizadas por es­tos  sujetos.

Hay que señalar que la mayoría de los niños cumplíará­pidamente y sin vacilar lo más mínimo  las tareas planteadas.

De esta manera, las  investigaciones mostraron que la ge­neralización se realiza no simplemente sobre la base de lo común que hay en  los objetos, que  es una  condición  necesa­ria, pero insuficiente: la generalización se realizasiemprese­gún las propiedades de los objetos  que entraron en la com­posicwn de la base orientadora de las acciones  dirigidas  al análisis de estos objetos.

Esto significa que la dirección  de  la generalización de las acciones cognoscitivas y de los conocimientos que forman parte de ellas debe pasar por la estructuración de la activi­dad de los alumnos, mediante el control del contenido de la base orientadora de las correspondientes acciones,  y no sólo asegurando la comunidad de propiedades en  los objetos pre­sentados.

La regularidad indicada permite explicar los defectostí­picos en la generalización de los conociinientos que se en­cuentran en la práctica de la enseñanza. Así, volvamos a los casos en que los alumnos, al percibir constantemente el lado común en todos los ángulos adyacentes en el plano visual y al recibir la indicación de su necesidad a través de la defini­ción del concepto, no lo incluyen, de todos modos, en el


 

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contenido de la generalización. Ocurre  esto porque la carac­terística "el lado común" fue aprendida por los estudiantes, pero no los orlentó en la solución de tareas que tenían plan­teadas. El análisis que hemos realizado de problemas esco­lares para la aplicación del concepto "ángulos adyacentes" mostró que en todos estos problemas en el enunciado se da­b an los ángulos contiguos, es decir, los ángulos que tienen un lado  común. De este modo, para obtener la respuesta, los alumnos tenían que verificar constantemente la existencia de una sola característica -si estos ángulos componen en  su conjunto 80°-, la cual agotaba el contenido de la base

orientadora de las acciones de los alumnos. Por ello, el contenido del concepto "ángulos adyacentes" estaba limitado para muchos alumnos sólo por esta característica ("dos ángulos que componen en su conjunto 1 80º"). "El lado común", sin entrar en el contenido de la base  orienta­dora de las acciones, tampoco entró en el contenido de la generalización.

Se explican fácilmente los casós difundidos en  que  la ge­neralización sigue las características generales, pero no esen­ciales. Ya que en la enseñanza escolar se  da al alumno, en el mejor de los casos,  la composición de las características a las cuales debe orientarse (a través de la  definición), pero no se asegura la orientación a ellas en el  proceso de la actividad, estas características no siempre entran, ni mucho menos, en la composición de la base orientadora de la acción. La base

orientadora activa los alumnos la construyen en estos casos ellos mismos, incluyendo en ésta ante todo las característi­cas del  objeto  que se encuentran en la superficie. Como con­secuencia, la generalización no se realiza según las caracte­rísticas de la definición, comunes y permanentes en los ob­

jetos de la clase dada, sino según las casuales  y las no  esen­ciales.

Por el contrario, en cuanto el sistema de características necesarias y suficientes se introduce en  la composición  de  la base orientadora de la acción y se asegura la orientación sis­temática a ellas y sólo a ellas, al cumplirse todas las tareas propuestas la generalización sigue el  sistema dado  de  propie­dades. Otras propiedades generales de  los objetos que  no  en­traron en la  composición de la base orientadora  de  las accio­nes de los sujetos no ejercen influencia alguna en  el  conteni­do de la generalización. Esto significa, en  particular, que de acuerdo a los datos recibidos  las variaciones de las propieda-


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des no esenciales no son, en absoluto, obligatorias para ob­tener la generalización según el sistema de las esenciales; pa­ra ello es suficiente sólo  la inclusión  del correspondiente  sis­tema de propiedades esenciales en el contenido de la base

orientadora de la acción del hombre. De manera que el pro­ceso de generalización no se determina directamente por el

objeto de las acciones,  sino que está mediatizado por la  acti­vidad del sujeto: el contenido de la base orientadora de  sus acciones.

Esta regularidad ofrece, igualmente, la posibilidad de comprender de qué modo transcurre la diferenciación entre las propiedades esenciales y las generales: el hombre refleja, como esenciales, no todas las propiedades  generales de los

objetos, sino las que entraron en el  contenido de la base

orientadora de sus acciones.

Las investigaciones realizadas mostraron asimismo que la

opinión existente en la psicología infantil acerca del papel rector del color y la forma en la generalización en los niños, es correcta sólo en condiciones espontáneas. En condicio­nes de formación dirigida la generalización sigue desde el principio el sistema dado de características que pueden ser no evidentes. Ademfls, la existencia en los objetos de las propiedades generales evidentes no ejerce influencia media­namente esencial sobre la marcha y el contenido de la generalización.

Estos datos coinciden completamente con los resultados

obtenidos con los niños de edad  preescolar y los de primaria por otros investigadores (Aidárova, 1 964; Davídov, 966b, 1 972 ; Elkonin, 956). La importancia esencial de estos re­sultados consiste en que cambian la idea sobre las posibili­dades de la edad infantil. Si el proceso de generalización  se desarrolla de manera espontánea (o en considerable  medida espontánea), resulta típica la generalización según el mate­rial (Galperin, l 965b), o una generalización empírica (Daví­dov, 972). Si este proceso se dirige, pueden obtenerse con los niños de dicha edad una generalización completa según las regularidades (Galperin, l 965a), o la generalización teó­

rica (Davídov, 1 972).

Para dirigir el proceso de generalización es importante conocer los estados cualitativos fundamentales de este pro­ceso. Lamentablemente, aún  no están separados. No obstan­te, se sabe que el carácter de generalización  dentro de la  for­ma material (materializada) se distingue sustancialmente de


 

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la generalización en la fonna verbal Su principal diferencia reside en que en el primer caso las propiedades del objeto esenciales  para la acción, separadas como  resultado  de  la ge­neralización, se utilizan sólo existiendo estos objetos, en li­gazón indestructible con ellos. Todas las formas posteriores de la acción, como las articulatorias, crean las condiciones para separar las propiedades esenciales de los objetos exte­riores, para convertirlos en una especie de objetos, al pare­cer, independientes (Galperin, 959, pAg. 456). De esta ma­nera, aunque la fonna y la generalización de la acción  no es­tán relacionadas una con  otra por medio de  las relaciones de causa y efecto, cada una  de ellas influye  en la otra, condicio­nando el paso al siguiente peldaño genético.


 

3.  Carácter desplegado y asimilado de la acción

El hecho de la "reducción" de las acciones mentales a medida que se van formando es hace tiempo conocido. Fue advertido por primera vez no en la psicología,  sino  en la lt'r gica, que desde hace  tiempo  describe las deducciones menta­les reducidas conocidas con el nombre de entimemas. El entimema en el sistema de la lógica es un fenómeno ajeno. En realidad, desde el punto de vista de la lógica, puede ha­ber en el caso dado dos variantes: a) la deducción se hace sin tener en cuenta la premisa grande, pero en este caso es lógicamente inconsistente, ya que no responde a las  exigen­cias de la ley de fundamento  suficiente, b) la premisa grande se tiene en cuenta, pero no  se expresa en el lenguaje externo

o interno desplegado: en este  caso, entre el entimema  y una deducción completa común y corriente no existe ninguna diferencia, ya que para la lógica  es indiferente la forma de lenguaje en la que está representada la gran premisa en el proceso de la deducción, lo que importa es que esté repre­sentada.

Dicho con otras palabras, el entimema no es un hecho lógico sino psicológico. La esencia de  este hecho consiste en que en una determinada etapa del desarrollo de la  actividad mental parte de los conocimientos y parte de las operacio­nes mentales adquieren una forma nueva, especial de exis­tencia: "se tienen en cuenta", se les toma en  cuenta durante el proceso de pensamiento, pero no se actualizan ni se con­vierten en objeto de la concienciación.

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Por primera vez una descripción detallada de estos he­chos en la psicología fue realizada por P. Shevariov ( 941 ), a quien se debe iguahnente el mérito del estudio sistemático del proceso de reducción de la actividad mental formada con el material de objeto diferente (Shevariov, 959). Las investigaciones llevadas a cabo bajo su dirección mostraron que este fenómeno tiene lugar al formarse, de  hecho, cuales­quiera acciones y habilidades mentales. Se descubrió asi­mismo que "la ausencia" d e la actividad mental de algunos eslabones tiene lugar no en las etapas iniciales, sino en las etapas finales de su formación (Shevariov, 957 ) .

Así, en la investigación  que  realizamos bajo  l a dirección de She­variov, sobre el material de solución de problemas de geometría, re­sultó que el nfimero de  deducciones  completas se  reduce al pasar de los alumnos de los grados inferiores a los de los grados superiores. Los alumnos del VI grado recurrían a las deducciones completas  con una frecuencia 13 veces mayor que los adultos. Entre los alumnos de la misma clase los  alumnos débiles recurrían casi 3 veces más frecuen­temente a las deducciones completas que los que estudiaban muy bien (Talizina, l 957c).

Presenta considerable interés el estudio de  la naturaleza y la lógica del proceso de  reducción: cuáles  de los eslabones de la actividad mental se eliminan primero, cuáles permane­cen como hechos conciencia permanentemente, etc. Por ahora no hay un cuadro completo del proceso de reducción. En las investigaciones realizadas se han obtenido sólo algu­nas informaciones que esclarecen este proceso. Así, los tra­bajos de N. lndik ( 95 1 ) y de A. Sokolov ( 1 954) mostra­ron que los primeros en eliminarse son  los  elementos  funda­mentadores (orientadores) de la actividad mental. Los ele­mentos operativos (ejecutores) sufren  reducción más tarde.

Nuestra investigación ( 1 957c) mostró que las operacio­nes orientadoras primero participan en el proceso de solu­ción de las tareas, en forma de operaciones  hechas concien­cia actual tanto  al realizarse las operaciones de ejecución  co­mo al cumplir las de control. Luego se utilizan en esta forma sólo para el control Más tarde los elementos orientadores cumplen todas sus funciones en  forma de los no hechos con­ciencia actual.

La ausencia de la  actualización de  determinados elemen­tos de la actividad mental no significa siempre su paso a una forma especial ("sé que esto lo sé"), que en caso de  necesi-

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dad puede ser sustituida por la hecha conciencia actual. En una serie de casos, esto es índice no de la reducción  del  pro­ceso, sino de su carácter defectuoso. Así, Sokolov ( 1 954) sefiala que en el proceso por él investigado de  solución de ta­reas de la física, la ausencia de los juicios fundarnentadores era, con frecuencia, resultado de la incomprensión y no re­sultado  de la  reducción lógica del proceso.

Hechos análogos fueron descubiertos por nosotros al analizar el proceso de solución de problemas de geometría (Talízina, l 957c). En el caso de la reducción  lógica de la ac­tividad mental, los elementos no actualizados conservan la capacidad para restablecerseasí, los sujetos reproducían  los

j uicios fundamentadores cuando les pedimos demostrar lo correcto de las acciones realizadas. En los casos en que  la no actualización de algunos eslabones  de la actividad mental  no fue resultado  de la  reducción, los sujetos  no reproducían  na­da o reproducían las tesis que no podían servir de funda­mentación de las acciones realizadas por ellos.

La conservación en la conciencia del alumno de laló­gica objetiva de  la  acción reducida, de la posibilidad de la  re­producción de los elementos desaparecidos constituye, pre­cisamente, la conciencia. Tiene lugar cuando la acción al principio se forma con todas sus operaciones y cuando  estas

operaciones intervienen como objetos de especial asimila­ción, o sea, son acciones. En los casos en que, como  señala con certeza Leóntiev, la acción se forma mediante un aj us­te práctico, sin hacer conciencia de todas las operaciones que la forman, su traslado a la forma de las actualmente conscientes resulta imposible  (Leóntiev, 1 947b).

La comprensión de la reducción no como de un proceso de desaparición irreparable de los elementos de la actividad mental, sino como un proceso de su paso a la forma espe­cial de existencia, permite explicar la poca eficacia  de la for­mación de las acciones inmediatamente en su forma reduci­d a. En estos casos, la  lógica d e la  acción  resulta no esclareci­da, no hecha conciencia por el sujeto y no existe para él ni en el plano de  lo actualmente consciente ni en el plano  de lo actualmente inconsciente.

La reducción de las acciones cognoscitivas está descu­bierta no sólo en el pensamiento, sino igualmente en  la me­moria. Así, por ejemplo, G. Miller y sus coautores sefialan que en el proceso de la memorización de sílabas sin sentido los n uevos alumnos estructuran dependencias jerárquicas


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;omplejas, mientras que los alumnos "experimentados" si­�en un camino más "directo" (Miller, Galanter, Pribram, l 965). Anteriormente, hechos análogos fueron descritos de­:alladamente por A. Smirnov ( 948).

En la investigación d e N. Belov, realizada bajo la direc­;ión de Galperin, se les enseñaba a los  alumnos a hacer con­;iencia de las reducciones, se hacía objeto de la  asimilación :1 mismo principio de la reducción. Resultó que  esto ayuda l los sujetos a hacer conciencia de las reducciones y , en

Jtros casos, a trasladar el principio asimilado (Belov, 95 6 ; }alperin, 1 959).

La originalidad indicada del proceso de reducción de la :omposición operacional de las acciones que se formaban 1ignifica que el programa de enseñanza debe asegurar la asi­nilación de la acción en su forma desplegada. La acción re- 1ucida es su estado genéticamente más tardío y, lo princi­>al, en su forma reducida la acción funciona íntegramente iólo cuando el hombre tiene la posibilidad de restablecerla m su forma desplegada.

"El mecanismo psicológico de una acción íntegra -es­:ribe Galperin- no está limitado  por su actividad  orientado­

·a que  se realiza directamente. En este mecanismo se incluye :odo el sistema de formas anteriores de la acción dada que lirectamente ya no se realizan, pero se tienen en cuenta y :on ello aseguran la conservación en  la  conciencia del alum- 10 de la lógica objetiva de la acción reducida: su carácter :onsciente" (Galperin, 1 9 5 9, pág. 452). Dicho  con  otras pa­abras, la acción "según la fórmula" (tipo "cinco por cinco :on veinticinco") debe ser resultado de la  transformación  de as acciones desplegadas, el fin del proceso, y no  su  objetivo nicial.

E 1 c a rác t e r a s i m i a d o es la  propiedad  menos :studiada de la acción. El principal contenido del carácter 1similado lo constituye la automatización de la acción : el 1ombre realiza paulatinamente cada vez un mayor número le operaciones sin hacer conciencia de ellas. Hay  fundamen­

o para pensar que  la automatización está relacionada con  el n ecanism� de la reducción: las  operaciones que no se cum­>len, sino que sólo se tienen en cuenta desaparecen, eviden­emente, del plano de lo actualmente consciente, pero se :onservan al nivel de lo in consciente.

El carácter asimilado, al igual que el carácter reducido, e manifiesta en la rapidez d el  cumplimiento de la acción, en


 

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la facilidad. Siendo una línea independiente del cambio de la acción, el carácter asimilado, no obstante, puede frenar  el cambio de la acción por su forma. Si la acción en  su  forma material o materializada alcanza un cumplimiento automati­zado, se transforma con mucha dificultad en forma verbal. De esto dimana que el programa de enseñanza debe asegu­rar, ante todo, la transformación de la acción por su for­ma: su realización hasta la forma dada de antemano sin la automatización de las fonnas intermedias. El  carácter asimi­lado de la acción en estas formas debe conservarse al nivel del cumplimiento consciente, y la automatización  se  realiza sólo después  de que la acción es asimilada en  forma dada.

".. .Todas las formas intermedias de la acción -escribe Galperin- deben asimilarse sólo hasta un grado determi­nado: hasta un cumplimiento libre y correcto, pero no más, hasta la asimilación sin indicios de automatización" (Gal­perin, l 965 a, pág. 9).


 


§3. TIPOS DE LA BASE O RIENTADORA D E LA ACCION

Como se ha indicado, la acción incluye las partes orien­tadora,  ejecutora y de control.

Las investigaciones mostraron que el papel decisivo en la formación de la acción lo desempeña la parte orientadora (Réshetova, 95 6 ; Galperin y Pántina, 95 8 ; Zaporózhets,

1 9 60, etc.), que determina la rapidez de la formación y la calidad  de la acción.

La parte orientadora de la acción está dirigida : a) a la construcción correcta y racional de la parte ejecutora (Pán­tina, 1 95 7 ; Réshetova, 95 9 ; Sachk6, Galperin, 1 968) ; en . estos casos, su contenido consiste en tomar en cuenta las condiciones objetivamente necesarias para la estructuración correcta (y racional) de la parte ejecutora dada de antema­no, y b) a asegurar la elección ra cional de uno de los po­sibles cump lim ientos. Esta función de la parte orientadora de la acción  aparece con precisión al ser analizadas las accio­nes relacionadas con el juego  de  ajedrez. En  realidad,  la par­te orientadora de la acción debe garantizar una elección  co­rrecta de la jugada correspondiente. Esto es lo principal. En lo que se refiere a la parte eje cutora de la  acción elegida,  en este caso es muy sencilla : el paso de la figura de un campo en el tablero de ajedrez a otro, de acuerdo a las reglas de  la

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jugada de la figura dada En este caso, al cumplir la parte

orientadora de la  acción el   homb re  debe utilizar para la

orientación no sólo el sistema de condiciones que aseguren el correcto paso de la figura de un campo a otro (parte ejecutora de la acción), sino también las particularidades de las posiciones ajedrecísticas que determinan la elección de unajugada (Talízina, Yákovlev, 968).

De esta manera, la parte orientadora asegura,  en  esencia, no sólo la ejecución correcta de la acción, sino, igualmente, una elección racional de uno de los posibles.cumplimientos. El hombre, al cumplir la parte orientadora de la acción que asegura las funciones indicadas, se apoya en ello en la base

orientadora de la  acción. Naturalmente el éxito de la parte

orientadora de la acción depende, ante todo, del contenido de la base orientadora que puede ser  sustancialmente dife­rente. Las investigaciones mostraron que la eficacia de la base orientadora no depende de la forma en que está repre­sentada (material, materializada, verbal externa, etc.), pero depende sustancialmente del grado de generalización de los conocimientos que forman parte de ella (puntos de

orientación) y de la plenitud del reflejo en ellos de las condiciones que d eterminan objetivamente el éxito de la acción. La eficacia de la formación de la acción depende también de cómo el alumno recibe la base orientadora (Galperin, l 958b, 95 9, l 965a, etc. ) . Desde el punto de vista de la plenitud (suficiencia) la base orientadora de la acción puede ser completa, incompleta* , sobrante. Por el carácter  generalizado, la base orientadora de la acción puede estar representada en su forma particular y por ello servir para un caso concreto, aislado, pero también puede estar representada en su forma generalizada que refleja la esencia de toda una clase de casos particulares y, por consiguiente, servir para la orientación en cada uno de  ellos. Por el modo d e obtención de la base orientadora de la acción puede haber los siguientes casos: a) la base orientadora de la  acción se da al alumno en su forma ya preparada, b) se  elabora porél independientemente. La elaboración independiente de la base orientadora de la acción puede operarse, a su vez, por

No hay que confundir esta característica con la medida del des­pliegue de la parte orientadora de la acciónla  reducción de  la acción puede tener lugar tanto  cuando está estructurada sobre una base orien­

tadora objetivamente suficiente como cuando la base orientadora es,

desde el principio, objetivamente incompleta, insuficiente.


 

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dos vías distintas: mediante "pruebas y errores" en el mis­mo proceso de cumplimiento de la acción o mediante una aplicación consciente del modo (método) general de elabo­ración de la b ase orientadora de la acción. Este último puede ser recibido por el alumno en su forma ya preparada

o encontrado por él independientemente.


 

1Característica general de los tipos de la base

orientadora de la acción

Las diferencias en el carácter generalizado, la plenitud  y el modo de obtención de la base orientadora de la acción pueden servir de  fundamento para separar sus distintos tipos (Galperin, 95 8 a, 95 9, 96 5 a Galperin, Pántina, 1 95 8).

Por vía experimental fueron descubiertos cuatro tipos de la base  orientadora de  la acción, pero teóricamente  puede haber muchos más (véase tabla 2)..

T a b l 2

Característica de        Característica    Característica de

la base orientadora de la base orlen- la base orientadora No. segCm su carácter tadora según la según el modo  de

generalizado        plenitud         obtención

Concreta Incompleta Elaborada indepen- dientemente

2           Concreta          Completa       Se da preparada

3 Generalizada Completa Elaborada indepen- dientemente

4 Generalizada Completa Se da preparada 5 Generalizada Incompleta Se da preparada

6 Generalizada Incompleta Elaborada indepen- dientemente

7 Concreta Completa Elaborada indepen- dientemente

8           Concreta          Incompleta    Se  da preparada

 

Como vemos, p or vía teórica pueden obtenerse ocho  ti­pos distintos de la base orientadora de la acción. Los tres primeros fueron los primeros en establecerse  por vía  experi-

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mental (e l cuarto, algo más tarde). Iniciaremos el análisis por ellos.

El primer tipo se caracteriza por una composición in­completa de la base orientadora, los orientadores están re­presentados en su forma  particular y los separa el  mismo su­

j eto por medio de pruebas ciegas. El proceso de formación de la acción sobre una base  orientadora así avanza muy len­tamente, con un gran número de errores. La acción formada resulta sensible a los cambios m ínimos de las condiciones del cumplimiento.

El  segundo  tipo de la  base orientadora de  la acción se ca­racteriza por la existencia de todas las condiciones necesa­rias para un cumplimiento correcto de la acción. Pero  estas condiciones se dan  al sujeto,  primero,  en forma preparada y, segundo, en forma particular que sirve para la orientación sólo en el caso dado. La formación de la acción con una base  orientadora así  avanza rápidamente y sin errores. La ac­ción formada es más estable que en el  primer  tipo de orien­tación. No  obstante, la esfera de  la transferencia de la acción está limitada por la similitud  de  las condiciones concretas de su cumplimiento.

La base orientadora del tercer tipo tiene una composi­ción completa, los orientadores están representados en su forma generalizada, característica para toda una clase  de fe­nómenos. En cada caso concreto la base orientadora de la acción la  elabora el sujeto independientemente por medio del método de generalización que se le da. A la acción for­mada sobre la base orientadora del tercer tipo le son inhe­rentes  no sólo  la rapidez y el p roceso, carente de faltas,  de la formación, sino también una gran estabilidad, la amplitud del traslado.

En lo que atañe al primero y al tercer tipo cabe  agregar que, aunque ambos se caracterizan por una  separación inde­pendiente de los puntos de referencia,  los modos de esta se­paración son diferentes: en el caso del primer tipo, mediante "pruebas y errores" ; en el caso del tercero, por medio del método dado a los alumnos. En principio, es posible tam­bién el caso en que el hombre  no sólo  separa independiente­mente el sistema de puntos de referencia en cada caso con­creto, utilizando el método que se le da, sino que encuentra independientemente el mismo método. Esto constituirá ya una verdadera creación.

Los datos experimentales, realizados sobre un contenido

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de objeto distinto -los hábitos gráficos (Pántina, 1 9 5 7), las nociones de gramática (Aidárova, 1 968; Zhdan, Gojlerner, 1 972), la enseñanza de producción (Réshetova, 1 95 9), la aritmética inicial (Galperin y Gueórguiev, 1 960c ; Sáhnina, 1 968; Sójina, 968), el juego de ajedrez (Talízina, Yákov­lev, 968), etc.-, mostraron convincentemente la elevada

eficacia de las acciones formadas sobre una base orientado­ra del tercer tipo.

Para ilustrar nos detendremos en  tres investigaciones. En la investigación de N. Pántina ( 957) se formaba en los

niftos la acción de la escritura. En el grupo en que la en­seftanza se realizaba sobre la base orientadora del  primer ti­po el experimentador mostraba al niño la letra-modelo que había que escribir separando sus elementos, y daba aproxi­madamente la siguiente explicación ( aplicada a la letra

"i"): "Empezaremos a escribir aquí (muestra), seguimos la línea baj ando hasta aquí (muestra), bajamos y redondeamos ahora hacia la línea de abajo, aquí (muestra), luego dobla­

mos para arriba y seguimos hasta.este  cruce (muestra)". Des­pués de ello el niño emprende una acción independiente  te­niendo ante el modelo del resultado  final: la letra dada (o su elemento). En el  curso del cumplimiento de la  acción  por el nifto, el experimentador indica los errores cometidos y ex­plica cómo hay que corregirlos. Si es necesario, vuelve a ex­plicar mostrando cómo hay que obtener el resultado dado. La enseñanza sigue hasta que e l niño dibuje la letra (o su ele­mento) tres veces seguidas sin equivocarse. Después de ello,

según el  mismo  esquema, se enseñaba la siguiente  letra,  etc. Como vemos, la base orientadora es incompleta: el

alumno recibe sólo algunas indicaciones de cómo hay que realizar la acción. Por eso, un cumplimiento correcto se lo­gra sólo después de numerosas pruebas. Así,  para escribir co­rrectamente la primera letra se necesitaron 74  repeticiones. Pero después de  aprender a escribir correctamente  una letra, el alumno  no podía separar de inmediato la  base orientadora de la acción, adecuada a la segunda: la base orientadora de la acción era particular y servía sólo para la primera letra.

Para escribir correctamente una nueva letra,  el alumno debía buscar nuevamente los puntos de referencia necesarios, lo cual  necesitó 63 repeticiones.

Al utilizar el segundo tipo de la base orientadora de la acción la enseñanza de la escritura tenía la siguiente forma:

se  le  daba al niño e modelo de la  letra (producto de la ac-


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ción), pero con ello se dibujaba en el papel un sistema de puntos siguiendo el cual era fácil cumplir la parte ejecutora de la acción y obtener la silueta necesaria.  El niño aprende  a copiar estos puntos y, siguiéndolos,  a escribir la letra. En es­te caso, el niño recibe  todos los puntos de referencia necesa­rios de una vez, mas siiven  sólo para obtener la silueta dada. Al aprender a poner los puntos en los sitios necesarios, el niño escribe correctamente  la letra. Pero estos puntos no  sir­ven para escribir otra letra. Mas el niño no puede ni separar ni dibujar en el papel el sistema de otros puntos, adecuados a la silueta de la siguiente letra. Y el maestro debe dar nue­vamente los puntos de referencia necesarios, y el niño, asi­milar una  base orientadora p articular más, etc.

En este caso la enseñanza se realiza  con  mucho más éxi­to que en el primero: para escribir correctamente la prime­ra letra, en vez de 74 repeticiones bastan sólo 22; para la segunda, 1 7, etc. El éxito lo asegura la  base orientadora completa, pero la transferencia es débil a causa del carácter particular de la última.

La ensefianza sobre una base orientadora del tercertipo se opera de manera sustancialmente distinta. El experimen­tador no da un sistema hecho de puntos de referencia, sino que explica el principio de su separación: hay que poner los puntos de apoyo en los sitios de la letra donde la línea que la compone cambia de dirección. Se le enseña al nifto en el ejemplo de una letra, y después le piden que lo haga en variasletras tipo del alfabeto.

Como vemos, en este caso, el contenido de la base orien­tadora es otro: no es el sistema de puntos de referencia particulares, sino el principio generalizado (las "unidades" de la silueta) aplicable en cualquier caso particular, ya que cualquier silueta puede ser dividida en uno u otro número de partes respecto a la dirección relativamente invariable. La utilización de este principio se asimila con varios ejemplos p articulares. Con ello, los  últimos intervienen no como ob­

jetos de asimilación, sino como medios de  asimilación de lo común que constituye la esencia no sólo de cada uno de ellos, sino de cualquierotro caso particular. Los alumnos se­paraban independientemente el sistema de puntos de  apoyo (estructuraban el contenido de la base orientadora de  la ac­

ción) aplicado a cualquier letra y rápidamente aprendían a reproducirla de modo correcto. Así, para escribir correcta­mente la primera letra  se necesitaron 4 repeticiones (en vez

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de 74 en el primer grupo), d e la segunda letra, 8, y comen­zando por la octava letra los alumnos escribían correctamen­te cualquier letra en la primera prueba. Los alumnos de este grupo fueron capaces de transferir  el método asimilado  a la reproducción prácticamente de cualquier silueta: de las le­tras del alfabeto latino, árabe y georgiano,  de los dibujos de los objetos, etc. Es importante señalar otra cosa: la acción asimilada se aplicaba exitosamente en las nuevas condicio­nes: al escribir en una sola línea y sin líneas (Pántina, 1 957 ) .

Resultados análogos s e obtuvieron durante nuestra investigación de la enseñanza inicial del ajedrez (Talízina, Yákovlev, 968).

El análisis de la lógica del  ajedrez  y, en particular, de  los errores típicos que cometen los ajedrecistas principiantes,

permitió separar una serie·de condiciones que es necesario tomar en consideración en todas las etapas del partido de ajedrez: 1 ) la correlación material de sus fuerzas y de las del competidor, 2) la in teracción sus fuerzas, 3) la  ocupación del espacio, 4) la oportunidad de las operaciones para orga­nizar la interacción de  las fuerzas y para ocupar el espacio.

Se les enseñaba a los alumnos a resolver problemas fáci­les  para dar mate  al rey  solo : con el rey  y la reina; con el rey y dos torres; con el rey y una torre con el rey y dos alfiles. Durante la enseñanza sobre la base del primer tipo  de orien­tación las condiciones indicadas no  se esclarecían en  absolu­to, se le mostraba al alumno sólo la  parte ejecutora  de la so­lución y el modelo del "producto" final : la posición mate. Durante la enseñanzasobre la base del segundo tipo de  orien­tación se esclarecía todo el sistema de condiciones de las que depende el éxito del juego. Pero se hacía esto siempre en forma válida únicamente para la posición concreta dada. Así, por ejemplo, se indicaba que la jugada dada es más fuer­te que la otra, porque corta el paso al competidor a unos u

otros campos  y simultáneamente permite entrar en interac­ción con una u otra figura, etc. Durante  la enseñanza según el tercer tipo de la base orientadora todas las condiciones mencionadas se introducían en una  forma generalizada. Los alumnos empezaban primero a orientarse en cada una de ellas y,  después,  teniéndolas todas en  cuenta, a analizar inde­pendientemente  las posiciones concretas.

Durante la enseñanza de los tres  grupos se registraba si los alumnos alcanzaban el objetivo planteado, el tiempo en que se alcanzaba, el número y la calidad de  las jugadas reali-


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zadas por los sujetos, el número de veces  que el experimen­t ador mostró la solución del problema, la posibilidad de transferencia de las habilidades formadas. Durante la en­señanza de acuerdo al primer tipo de la base orientadora de las acciones, la solución del problema de partida (mate al rey solo del  competidor d ado con el  rey y la reina)  avanzaba muy lentamente. El profesor tuvo que mostrar a cada uno de los alumnos, tres o cuatro veces, la vía para resolver la ta­rea. El mejoramiento del juego avanzaba mediante memori­zación y reproducción paulatinas de las jugadas del experi­mentador. Por término medio, el problema se solucionaba en 55 jugadas con un gasto de tiempo de 34 minutos (el problema puede ser resuelto en jugadas). La calidad del

juego era baja: después de la primera demostración las jugadas correctas constituyeron, como término medio, el 25% del total de las jugadas hechas. Durante las últimas demostraciones, cerca  del 5 0% . Hay que notar que  los suje­tos de este grupo no podían explicar por qué hacían una u

otra jugada Esto testimonia el  carácter mecanicista de la re­solución, la incomprención por los sujetos de la lógica interna del ajedrez. Por eso, el menor cambio en el enuncia­do del problema (otra posición inicial de las mismas figuras) exigía repetir la enseñanza. No se descubrió, naturalmente, la transferencia a las nuevas tareas (dar mate al rey solo del competidor con el rey y dos torres, con el rey y dos alfiles, etc.). De esta manera, con el primer tipo de la base orienta­dora de la actividad, los alumnos adquieren habilidades de tipo particular, que se aplican exitosamente sólo en las condiciones concretas en  que habían sido asimiladas.

La enseñanza con el segundo tipo de la  base orientadora de la actividad de los alumnos avanzaba con un éxito mu­cho mayor: todos los sujetos de este grupo resolvieron el problema en la primera prueba La solución se alcanzó, co­mo término medio, en 2 jugadas y 6 minutos. Además, la calidad del juego era considerablemente más elevada: las ju­gadas correctas constituyeron  el 7 6%  del total de jugadas.

Las habilidades adquiridas descubrieron una mayor in­dependencia respecto a las condiciones concretas de solu­ción del problema dado: todos los sujetos resolvieron en la primera prueba la tarea con una nueva posición inicial de  las figuras. No obstante, el tipo particular de puntos de referen­cia dificultaba el cumplimiento de las acciones en condicio­nes nuevas. Cuanto menor era la similitud  con  el enunciado


 

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del problema de partida, con mayor dificultad avanzaba la solución del nuevo problema, aparecían más pruebas y erro­res, mlls tiempo se necesitaba para lograr el objetivo. Los problemas en que el enunciado se diferenciaba considerable­mente del de p artida (dar mate al rey solo con el  rey y dos alfiles), resultaron superiores a las fuerzas de los sujetos de este grupo.

La enseñanza con el tercer tipo de la base orientadora de la actividad permitió obtener resultados que  superan  en mu­cho los obtenidos en los primeros dos grupos. Los sujetos de este grupo resolvieron el problema de partida en la primera prueba gastando 3 minutos. Los integrantes de este grupo no hicieron jugadas erróneas. El cambio de la posición inicial de las figuras no condujo al empeoramiento del juego: todos los sujetos resolvieron el problema rápidamente sin hacer una sola jugada errónea. Resolvieron también p roblemas completamente nuevos, mucho más complejos (dar mate al rey solo con el rey y dos afliles, con el rey y una torre).

Resultados iguales fueron obtenidos en la investigación de Z. Réshetova e l. K alóshina ( 968) dedicada a la forma­ción de  un método general de elaboración de una tecnología racional para l abrarpiezas al cumplir trabajos  "complejos".

Durante la enseñanza ordinaria los especialistas son los encargados de preparar la tecnología (de la base orientado­ra) de la fabricación de piezas. Los obreros son responsables

de la ejecución. Es natural quepara cumplircada·tareaparticu­

lar  nueva el    obrero necesita recibir indicaciones (base

orientadora), que se le dan en  forma preparada (en el mejor de los casos, la orientación del segundo tipo). Durante  la en­

señanza experimental fue u tilizado el tercer tipo de la base·

orientadora de las acciones. Sus posibilidades se mostraron en el ejemplo de tener que fo rmar el método  de elección de la sucesión racional para elaborar algunas superficies de la pieza.

La verificación previa de las posibilidades de los sujetos (alumnos del IX grado)  mostró que sólo el  7%  pudo analizar correctamente las condiciones tecnológicas que determinan la elección de la sucesión de la elaboración. Ni  un solo  suje­to pudo indicar la solución acertada. No poseían ni  conoci­mientos ni habilidades indispensables para una tecnología acertada de tratamiento. Después de enseñarles el método de elección de la sucesión racional de la elaboración de la

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pieza según el tercer tipo de orientación, en la  solución de tareas nuevas (que no tenía la serie de enseñanza de los ex­perimentos) el 98,8% de los alumnos analizaron correcta­mente las condiciones  que determinan  la elección  de la suce­sión de  la  elaboración; el  99,6%  eligió correctamente  la  suce­sión de la elaboración y el 00% maquinizó correctamente la pieza. Más aún, los alumnos supieron transferir el método adquirido no sólo a la elaboración de  las nuevas p iezas de  la misma clase (árbol), sino también a las piezas  de otra clase (casquillo). Los índices de la calidad de su trabajo fueron  los siguientes: eJ. 86,8% de los casos realizó acertadamente el

análisis de·las condiciones tecnológicas que determinan la elección del orden de la elaboración; el 00% hizo una elec­ción correcta del orden de la elaboración y el 1 00%  maqui­nizó correctamente las piezas.

Como vemos, pese a las diferencias sustanciales en el contenido de objeto de las acciones asimiladas (el hábito de escribir, el j uego de ajedrez, las habilidades profesionales de producción) y en la edad  de  los sujetos (párvulos, edad esco­lar menor y j óvenes), los resultados de la enseñanza son idénticos. Las acciones con una base orientadora del tercer tipo se caracterizan por la rapidez y la asimilación práctica­mente sin errores, la estabilidad frente  al cambio de  las con­d iciones y la amplitud de la transferencia.

El cuarto de los tipos separados de la base  orientadora se caracteriza por que los puntos de referencia se dan  en forma generalizada, o sea, característica no para el caso particular, sino para toda su clase.  Con  ello, el sistema de puntos de re­ferencia es completo, suficiente para el cumplimiento co­rrecto de la acción en todos los casos que se refieren a la clase dada. Por último, la base orientadora  de la acción  se da en forma preparada y no es separada inclependientemente por el suj eto.

Este tipo de la base orientadora se realiza habitualmente d urante la formación d e las acciones lógicas como  indepen­dientes del contenido concreto del objeto. Como ejemplo, examinemos la formación de la acción de la inclusión en  el concepto que utilizamos en reiteradas ocasiones durante la formación de conceptos con una estructura conjuntiva de las características. La asimilación de un concepto concreto (supongamos, la bisectriz de  un ángulo) tenía  lugar como re­sultado del cumplimiento por los alumnos de  las tareas para incluir los objetos  en este concepto. Para asegurar el exitoso

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cumplimiento de estas tareas, es necesario introducir en la b ase orientadora de la acción de la inclusión en el  concepto no sólo el sistema de características necesarias y suficientes del concepto dado (la bisectriz del ángulo), sino  también la regla lógica de la inclusión. Además, puede introducirse tan­to en forma concreta, válida sólo para el concepto  dado (el segundo tipo de la base orientadora de la acción), como en forma generalizada, que sirve para incluir los objetos en cualquier  concepto con una estructura conjuntiva de  losín­dices (el cuarto tipo  de  la base orientadora  de  la  acción). Es­to se logra cuando se les indican  a los  alumnos las exigencias no en forma concreta, que refleja el contenido de  las carac­terísticas del concepto d ado (en el caso de  la bisectriz: a)lí­nea recta, b) divide el ángulo en dos p artes iguales), sino en su forma generalizada (el objeto debe poseer el conjunto de los  índices necesarios y suficientes  del  concepto  dado).

Por analogía, la parte lógica se da no en forma particu­lar, sino en la generalizada. La forma particular en el  caso de la bisectriz sería la siguiente: l. Si la línea: ) es recta, 2) pa­sa a través del vértice del ángulo, 3) divide el ángulo en dos partes iguales, en este caso es bisectriz; 11. Si  la  línea: ) no es recta o 2) no pasa a través del vértice del ángulo, o 3) no divide el ángulo en dos  p artes iguales, esta línea no es bisec­triz, etc.

La parte lógica de la base orientadora de la acción del re­conocimiento, en el caso de su presentación en forma gene­ralizada, tiene el siguiente aspecto: "El objeto se refiere al concepto dado sólo en el caso de  poseer todo  el  sistema de características necesarias y suficientes, lo cual se  representa esquemáticamente de la siguiente manera:

1     +

2 +                 +

n +

Si  el objeto no tiene aunque sea uno de ellas, no puede

·referirse al concepto dado, lo que, esquemáticamente, se re­presenta así:

1 + (?) 2 + (?)

n -


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7 -322


 

Si no se sabe nada aunque sea de alguno de estos índi­:es, aun con la presencia de los restantes, la respuesta sigue iendo indefinida: no se sabe si el objeto pertenece o no al :oncepto dado. Esquemáticamente esto se representa de la iguiente manera:

1     (?)

2 (?)    ?

n ?

Las investigaciones mostraron que la acción de la inclu­:ión en el concepto con semejante base orientadora, siendo 'ormada durante el trabajo con un concepto cualquiera, se :raslada después, sin enseñanza complementaria, a cuales­¡uiera otros conceptos con  la misma estructura  lógica de  las :aracterísticas. Pero en ello, cada vez se exige la indicación lel sistema concreto de características necesarias y suficien­:es del concepto q ue constituyen la parte de objeto (espe­:ífica) de la base orientadora de la acción de la inclusión y¡ue cada vez se d an en forma y a lista : el  segundo  tipo de la >ase orientadora de la acción (Mashkova, 95 6 ; Talízina, l 95 7 a; Talízina y Kochúrova, 96 5 , etc.).

De este modo, prácticamente, la base orientadora de la tcción de la inclusión en el concepto consta de dos partes :

a específica (sistema concreto de características), construi­la según el segundo tipo de orientación, y la lógica, cons­:ruida según el cuarto tipo de orientación. Se diferencia del :ercer tipo en que el alumno, en el caso dado, al encontrarse ;on un concepto  nuevo no separa cada vez  de nuevo la parteógica de  la base  orientadora  de  la acción,  recurriendo almé­

:odo asimilado, sino que la recibe en forma preparada du­:ante la asimilación del primer concepto y posteriormente  se )ríenta a ella en el trabajo con todos los demás conceptos ;on la misma estructura de las  características. Pero, a dif�encia del segundo tipo, estos orientadores se dan no en  for­na particular, característica del concepto  concreto dado,  si- 10 en forma generalizada, y en esta forma generalizada en­:ran en el  contenido de  la parte lógica de  la base orientadora le la acción de la inclusión en el concepto. Así, suponga­nos, con el concepto "isla" el alumno concibe  la caracterís­:ica "parte del suelo" como la  primera característica, y la

'rodeada por todas partes por el  agua" como la  segunda.

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Claro que hay que establecer, respecto a todo concepto,  quécaracterística  debe considerarse la primera y cuál la segunda. Sin embargo, en nuestro caso este  problema no  estaba plan­teado ante el alumno, y a que el sistema concreto de caracte­rísticas del nuevo concepto se daba indicando su  orden.

El quinto tipo de la base  orientadora de  la acción  es  asi­mismo posible en principio. Se diferencia del que examina­mos en  que se da al alumno un sistema de puntos de referen­cia insuficiente para un cumplimiento correcto de la acción dentro de la esfera cuyos límites se determinan por el grado de generalización de  los puntos de referencia separados.

Puede servir de ejemplo la mencionada parte lógica de la base orientadora de la acción de  reconocimiento, cuando se da al alumno omitiendo algunos puntos de referencia. Por ejemplo, el reconocimiento de los objetos que no pertene­cen  al concepto dado se limita al siguiente  caso:

· 1 + 2 +

n -

La base orientadora resulta incompleta; no asegura el cumplimiento correcto de la acción de  reconocimiento, por ejemplo, en  el siguiente caso :

1      +

2 ?

-

El sexto  de los tipos separados por nosotros es  igualmen­te posible. La diferencia entre  éste y el  anterior consiste sólo en que la  base  orientadora generalizada, pero incompleta, no se da en forma preparada, sino  que se separa independiente­mente por el  sujeto. La acción con una base  orientadora así, al igual que en el caso anterior, conducirá, al solucionarse unos problemas de la rama dada, al resultado correcto, y en la  solución de o tros, al erróneo.

El séptimo tipo de la b ase orientadora de  la acción  según dos características -por el tipo particular de los puntos de referencia y la plenitud-, coincide con el segundo, pero  di­fiere del último por el modo de obtención de la base orien-


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tadora. La base orientadora del séptimo tipo  se separa por el sujeto independientemente. Este  tipo de la base  orientadora es característico, por ejemplo, de los artesanos que actúan teniendo en cuenta todo el sistema de condiciones que ase­guran las acciones sin errores, la alta calidad de la produc­ción, pero su surtido, en este caso, es extraordinariamente  li­mitado.

Y, finalmente, es muy posible el octavo tipo de orienta­ción: se da al alumno un sistema particular, incompleto en forma preparada. Se trata, en nuestra opinión, del tipo más difundido de orientación en la ensefíanza tradicional. En la escuela, el maestro da, por regla general,  a los alumnos indi­caciones concretas concernientes a la escritura de algunas letras, las soluciones de un problema concreto dado, etc. Los puntos de referencia que suele indicar el maestro no agotan las condiciones necesarias para un cumplimiento co­rrecto de las acciones, lo cual conduce  a que los alumnos co­metan errores.

Los últimos  cinco tipos de la base orientadora de la ac­ción exigen ulteriordiscusión y análisis.


 

2.  Posibilidades de  programación de tipos eficaces de la  base orientadora de  la acción

Como ya se ha sefíalado, fueron sometidos a prueba de experimento los primeros cuatro tipos de la base orientado­ra de la acción. El tercer tipo resultó ser el más productivo. El segundo puesto por la productividad lo ocupa el cuarto tipo, pero sus posibilidades están limitadas por los marcos de las acciones lógicas. Entre  los demás tipos de la base orien­tadora de la acción el segundo merece la atención. Cuan­do es necesaria una rápida formación, sin errores, de  las ac­ciones aplicadas en condiciones concretas, el segundo tipo de orientación puede ser u tilizado exitosamente. Su ventaja consiste e n que e l propio proceso d e separación d e un siste­ma completo  de puntos de referencia, objetivamente necesa­rios para el funcionamiento exitoso de la acción en las con­diciones dadas, es re lativamente  sencillo.

Los demás tipos de orientación presentan, quizás, sólo un interés teórico: como variantes, posibles en  principio, de la base orientadora de la acción. En lo  que se  refiere  a su  efi­cacia, puede. afirmarse que los tipos con una base orienta-

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dora in completa no pueden ser productivos. El séptimo ti­po, restante, es evidentemente afín al segundo por su pro­ductividad. La probabilidad de utilización de este tipo es muy baja: en este caso, el contenido de la  base orientadora de la acción no lo programa el profesor, sino que lo encuen­tra independientemente el hombre  en el  proceso  d el cumpli­m iento de la acción. Mas, la separación  del sistema completo de condiciones que predeterminan objetivamente  el éxito de la  acción representa, aun  en condiciones partic'l,llares, una ta­rea ardua.

Es natural que  la atención de los investigadores esté cen­trada, ante todo, en la base orientadora del tercer tipo. De todos los tipos analizados el tercero es el que  responde más plenamente a las exigencias modernas que se le presentan a la actividad humana. Al mismo tiempo, el proceso de sepa­ración del contenido objetivo de las condiciones que asegu­ran la exitosa aplicación de las acciones en la rama dada, constituye la principal  dificultad en la vía de la programación de  la base orientadora del tipo d ado. "El tercer tipo  de orien­tación y enseñanza exige una revisión mucho más profun­da de las asignaturas de estudio. La separación de las princi­p ales unidades del material, del método de su análisis y de

las reglasgenerales de  su combinación exige una distribución y un esclarecimiento completamente distintos de lo que se acepta en  la metodología moderna. Semejante  reelaboración de la asignatura .de estudio constituye la principal dificultad en  la  realización del  tercer tipo"  (Galperin, 1 965a, pág. 32).

¿Cómo se resuelve la cuestión de las vías y los métodos de la reconstrucción del material estudiado en correspon­dencia con las exigencias del tercer tipo  de orientación  en la asignatura? Los investigadores suelen seguir la vía empírica destacando paulatinamente lo general, lo esencial, que se en­cuentra más allá del gran  número.de  fenómenos particulares de la esfera dada. Generalmente , esto requiere tiempo y es­fuerzos considerables. Aduciremos como ejemplo la  recons­trucción de las reglas de puntuación de  la lengua rusa, reali­zada  por M. Mikúlinskaia ( 972).

En la actualidad, para hacer correctamente la puntua­ción en el texto ruso es necesario aprender más de doscien­tas reglas. Cada una de ellas se estudia independientemente, es decir que en la b ase orientadora de la acción de reconoci­miento entran las peculiaridades de la situación lingüística indicadas en la regla concreta dada. El  alumno  se apoya pre-


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cisamente en ellas cuando tiene que h acer la puntuación. Es la orientación según el segundo  tipo. Si se  toma  en cuenta el número indicado de reglas, quedará claro cuánto tiempo se necesita para ensefiarle al alumno a emplear cada una de  es­tas reglas y lo difícil que es, escribiendo algo, resolver cuál de estas reglas hay que aplicar en el caso dado.

Mikúlinskaia analizó estas reglas desde el punto  de vista de las funciones que cumplen y mostró que  toda esta varie­d ad de reglas está dirigida al cumplimiento de tres fun­ciones: unión (de las palabras o de las oraciones), división (de las palabras o de las oraciones), separación (de las palabras o de las oraciones). En esto reside la esencia, mientras que las numerosas reglas representan las distintas variedades de manifestación de esta esencia. Durante la enseftanza experimental Mikúlinskaia enseftó  a orientarse en las fünciones que  cumplen  los signos de la puntuación, o sea que  se les ensefíaba a los alumnos a reconocer  la situación de la unión, la división, la separación, formando con esto en ellos el sistema necesario de acciones, y luego se daban las posibles variantes de los signos para la realización de cada una de  estas  funciones.

Como vemos, al pasar del segundo tipo de  orientación al tercero, cambia sustancialmente no sólo el contenido de la base orientadora de las acciones, sino también el  contenido de la ensefianza en su  conjunto : en vez  del estudio de  las re­glas para hacer la puntuación se les  dan a los alumnos cono­cimientos sobre las funciones que estas reglas cumplen. En vez de formar acciones para aplicar cada una de las reglas se forma la acción de reconocimiento de las funciones indica­das.

En una serie de casos, la orientación del tercer tipo exi­ge la reestructuración no sólo de un apartado o incluso de una asignatura, sino de todo un ciclo de asignaturas. Puede servir de ejemplo la investigación de  Z. Réshetova e l. K aló­shina. El objetivo consistía en preparar a un operador de amplia capacitación, que debía dominar todos los tipos  de maquinado en varias máquinas herramienta (tomos, fresa­doras, mortajadoras de dientes, etc.). Para ello el  especialista debía dominar los principios que forman la base de  todas las tecnologías particulares y, orientándose con estos princi­pios, elaborar independientemente  cualquiera  de las tecnolo­gías teóricamente posibles. Con este fin, en vez de tres asignaturas ("Tomos", "Instrumentos de corte", "Tecno-


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logía") se propuso una sola: "Tecnología de la elaboración en máquinas herramienta". Se cambió de principio  la  lógica del análisis: comúnmente, el análisis va de la máquina hacia la pieza que puede elaborarse en ella; los experimentadores iban de la pieza a la máquina lo cual permitió descubrir "la máquina como sistema funcional, cuyas propiedades se determinan por las de las piezas para elaborarlas cuales estádestinada" ( Réshetova, 973, pág. 5 0). Al analizar los principales parámetros técnicos de las piezas -la forma geométrica, las dimensiones, la disposición mutua de las superficies e laboradas, etc.- los autores buscaban las particularidades constructivas y funcionales de la máquina que garantizan estos parámetros.

Como resultado de ello cambió de principio tanto el contenido de las asignaturas estudiadas como el de  la activi­dad de los alumnos. En vez de la exposición en forma ya lis­ta de los principios de trabajo de cada máquina se les en­senaba a los alumnos -armándolos del  correspondientemé­todo- a elaborar  independientemente estos principios. Con este fm se formaba en ellos la habilidad para elaborarinde­pendientemente los principios de trabajo de la mllquina (la cinemática de los organismos ejecutores de la máquina) y de la herramienta (la forma del filo) necesaria para fabricar la pieza de cualquier forma dada, o sea que se les ensenaba a resolver las tareas para elaborar los modos  de  obtención del producto dado (piezas de determinada forma).

Dicho con otras palabras, fueron separadas las principa­les unidades estructurales, que forman toda la variedad de fenómenos particulares, y las reglas generales de su  combina­ción en fenómenos concretos. Resultaron ser unidades gene­rales para las piezas de todas las  formas las líneas de produc­ción (no menos de dos), cuyas leyes de combinación se  dan, en primer  lugar, por la función  de estas líneas (una -la ge­neratriz- es una línea real; la otra -la orientadora- es una línea ideal, orienta el movimiento de la generatriz); en se­gundo lugar, por el ángulo (la generatriz debe colocarse bajo un ángulo determinado respecto  al plano  de la orientadora); y en tercer lugar, por  la forma (las  líneas pueden tener for­ma distinta). Variando estos factores de uno por uno o por grupos, se puede obtener toda la variedad de las superficies existentes.

De esta suerte, se estructuró un sistema de acciones en cuya base orientadora no se incluyeron las propiedades par-


 

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ticulares de algunas piezas, sino  las propiedades y relaciones de principio que forman la base de toda la variada produc­ción fabricada en  las mllquinas. Esto significa que la orienta­ción se hizo según el tercer tipo.

Se dieron, naturahnente,  a los alumnos los modos de en­contrar las principales unidades estructurales. Esto les per­mitió descomponer la superficie de cualquier forma en uni­dades fundamentales. Mas esto es poco para analizar mflqui­nas. Hubo que establecer para ello las dependencias  funcio­nales de las unidades estructurales de las mflquinas y las he­rramientas de las de la forma de la superficie. Resultó que  a las líneas de la superficie de las piezas en  la máquina  les co­

rresponden movimientos que son elementos comunes para todas las mllquinas. Las leyes de agrupación de los movi­mientos que dan una u otra cinemática del tomo correspon­den a las leyes de la combinación de las líneas, con la par­ticularidad de que, en el casogeneral,el númerode movimien­tos corresponde  al de líneas de producciónla trayectoriade los movimientos, a la forma  de las líneas  de  producción, etc.

Después de asimilar todas las unidades destacadas y sus correlaciones, los alumnos podían idear independientemente los principios de trabajo  de la máquina (la  cinemática de  sus

organismos de trabajo) y la herramienta  (la forma del filo) indispensables para obtener superficies de cualquier forma dada (Kalóshina, 972, 1 974).

Réshetova, al analizar las particularidades del tercer ti­po de la base orientadora de las acciones y la nueva estruc­tura de las asignaturascorrespondiente al tipo dado de orien­tación, mostró que, de hecho, en este caso se realiza un enfoque sistémico de la rama estudiada de conocimientos (Réshetova, 1 97 , 973). En relación con ello se abre la po­sibilidad de seguir -en la estructuración del tercer tipo de  la base orientadora de la acción- no la vía empírica, sino utili­zando los métodos del análisis sistémico del objeto de  estu­dio.

Con el enfoque sistémico de la variedad de fenómenos particulares de la rama estudiada la primera tarea  consiste en la separación del invariante del sistema y en la consideración de algunos casos como variantes particulares. "En esto  resi­de la tarea fundamental del análisis que  consiste en la reduc­ción de las diferencias dentro de un todo a una base única que las engendra, a su esencia" (Davídov, 972, pág. 3 ).

En la investigación que acabamos de analizar intervienen 


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