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Libro N° 14378. Homo Tenuis. Jota-Pérez, Francisco.


© Libro N° 14378. Homo Tenuis. Jota-Pérez, Francisco.  Emancipación. Octubre 18 de 2025

 

Título Original: © Homo Tenuis. Francisco Jota-Pérez

 

Versión Original: © Homo Tenuis. Francisco Jota-Pérez

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://ww3.lectulandia.com/book/homo-tenuis/


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

HOMO TENUIS

Francisco Jota-Pérez


 

 

 

 

 

 

Homo Tenuis

Francisco Jota-Pérez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homo Tenuis es una obra de teoría-ficción centrada en la figura del SlenderMan (el «Hombre Esbelto») como elemento ficcional que, habiendo trascendido su condición de leyenda urbana radicalmente nativa del siglo XXI a través de su naturalización y absorción en el consciente colectivo, ha dejado de ser verosímil para convertirse en verificable; esto es, el SlenderMan como objeto hipersticioso, una superación de la superstición, una suerte de profecía cultural autocumplida.

 

Tejido como un collage de técnicas y modelos narrativos experimentales que van desde el artículo filosófico a la prosa poética pasando por el método paranoicocrítico daliniano, la micro-ficción, el esquizoanálisis deleuziano o el hiperrelato de terror, Homo Tenuis resulta un artefacto polisémico que trasciende el ensayo formal para articular sus tesis, cuestiones y conclusiones de forma más evocativa que explicativa, en un intento por provocar en el lector la experiencia más inmersiva posible.

 

La presente edición incluye «Ocultismo noumenal: seis textos sobre psicodelia oscura», una breve recopilación de artículos que matizan y amplían las tesis principales del ensayo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francisco Jota-Pérez

 

Homo Tenuis

 

Colección GasMask 3

 

 

ePub r1.0

 

Titivillus 09.10.2025

 

 

Título original: Homo Tenuis

 

Francisco Jota-Pérez, 2016

 

Ilustración de cubierta: Joel Pérez-González

 

Editor digital: Titivillus

 

ePub base r2.1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Índice de contenido

 

 

 

Cubierta

 

Homo Tenuis

 

Nota a la presente edición

 

Prólogo

 

Introducción

 

Conjuro del hombre esbelto

 

_Hiperstición: una definición

_SlenderMan: el Hombre Esbelto

 

Endorcismo supermasivo

 

_Hiperstición: difuminado del pasaje Real/Imaginario

_Mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera: La Ley de Moore: Los

 

Fantasmas Semióticos: El Stalker

_Ficción publicitaria y la Bolsa de Valores: coerción

 

Entes sin rostro

 

_Hiperstición: la dimensión oculta

_El Rey de Amarillo: Nyarlathotep: SlenderMan

_Hombre Esbelto: Rastreable: Ente: Exterior

_Caos: Evento: Extinción: Recarga: Terror

 

Ciencia ficción negasónica de combate _Hiperstición: mística radioactiva

 

_Cthulhuceno: el Cíborg: el Transhumano: el Monstruo

_K: Persistente revolución electrónica: Hielo intravenoso del futuro:

 

Neuro-arquitecturas aberrantes

 

Ocultismo noumenal: seis textos sobre psicodelia oscura La forma inhumana

 

Sed contra

Bienes dañados

 

Siempre hay un faro

 

Siempre hay una ciudad

 

Siempre hay un hombre

 

Bibilografía

 

Notas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTA A LA PRESENTE EDICIÓN

 

 

 

 

Hace algo más de dos años, en la edición de Homo Tenuis en la extinta GasMask Editores, Francisco Jota-Pérez me hizo el inmenso honor de pedirme un prólogo para su obra. Escaso favor para todo lo que este libro proporcionó a la editorial. En esta nueva andadura junto a Ediciones El Transbordador, de quienes partió la maravillosa idea de continuar editando el ensayo de Jota, no puedo más que sonreír ante las buenas perspectivas que se traslucían de esas líneas y que, como se podía intuir, se terminaron cumpliendo. Hoy el SlenderMan está en todas partes —cine, videojuegos, cómics…—, por lo que este nuevo avatar conjurado de Homo Tenuis necesitaba volver a asomar su cabeza sin rasgos.

 

Miguel Ángel Villalobos Gómez. 2019.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

 

«Los fantasmas no nos dan golpes en la cabeza: nos golpeamos solos, sin percatarnos, y los culpamos a ellos porque no nos entendemos a nosotros mismos. Es una explicación sencilla y todos los documentos la confirman. Sólo en la ficción hay algo realmente peligroso»

 

Esta reflexión, con todo lo que pueda tener de exploración conceptual del ser humano, no pertenece a un libro filosófico. Se trata de un fragmento de un cuento de terror de Robert Aickman[1], maestro del escalofrío más sutil y enraizado en la humanidad. Aunque esas «ficciones peligrosas» son parte importante del sorprendente documento llamado Homo Tenuis, en el que estáis a punto de adentraros, es también necesario recordar que hablamos de dos conceptos que a priori nunca han sido mezclados y que en objetos como este libro se abrazan, confunden y cimbrean al unísono: filosofía y horror. Y las sogas metafóricas que los unen son los tentáculos de un personaje de ficción/realidad al que llamamos SlenderMan.

 

Como contínuum sobre el que Jota-Pérez desliza su entramado filosófico, la historia del SlenderMan —nacida en Internet como leyenda urbana falsa y trasladada a la realidad tanto en vías pacíficas como violentas— es tan terrorífica como otras ficciones que se han convertido en realidades. Algo que lleva ocurriendo desde antiguo y que este libro retrata en algunas de sus más famosas manifestaciones (El Necronomicón, El Rey de Amarillo antes que él, Carcosa…), y de las que me centraré en dos ejemplos: La Guerra de los Mundos, de H. G. Wells, con su humanidad amenazada por unos alienígenas tan inteligentes como destructivos, dio el pistoletazo de salida a una nueva oleada de avistamientos ovni en todo el mundo, los cuales eran mínimos o nulos en siglos anteriores. Podríamos decir que el famoso programa de radio de Orson Welles en el que adaptó la novela a formato de noticiero auténtico no fue más que la carta de legitimidad (de realidad) que un medio de ficción le otorgaba a una historia nacida en otro.

 

En el terreno del horror puro es también interesante el caso de la publicación de El Exorcista de William Peter Blatty y, sobre todo, de su adaptación cinematográfica. El número de exorcismos «reales» aumentó exponencialmente tras la difusión de ambas piezas ficticias, uno de los cuales fue el de la infortunada Anneliese Michel. La muchacha fue una estudiante alemana que presentaba un cuadro que requería tratamiento psiquiátrico, y acabó falleciendo debido a los abusos de sus católicos padres y de los sacerdotes cómplices de un «exorcismo» que, al final, le extrajo el demonio del cuerpo a base de quitarle la vida. Los «fantasmas» a los que exculpa Aickman demuestran aquí su inutilidad ante unos monstruos humanos muy reales. Volviendo a las realidades y ficciones que se entretejen, quizás mucha gente piense en este caso ampliamente documentado y crea que Annaliese era americana y se llamaba Emily Rose, como en una de las más famosas películas basadas en su historia. ¿Dónde acaba lo ficticio y empieza lo real?

 

Las dos imágenes que acompañan estas líneas fueron las que pusieron en marcha la leyenda del SlenderMan. Francisco Jota-Pérez consigue en las siguientes páginas contarnos la historia de este mito de Internet y sus temibles inmersiones en la realidad, a la vez que elabora un discurso filosófico propio basado en las actuales tendencias de la reflexión escrita. Homo Tenuis es una obra pionera en muchos aspectos que no se circunscriben sólo a ser la primera publicación en español dedicada al SlenderMan[2]. También es la piedra de toque en castellano en conjurar las nuevas corrientes de anti-filosofía y que mezcla monografía, ficción de terror y, por supuesto, filosofía en sí misma.

 

Pero enseguida el autor os mostrará que todo aquello de lo que os estoy hablando entra en el terreno de la «hiperstición» —un concepto tan novedoso que los buscadores de la red siguen preguntándote si no habrás querido decir «superstición», cuando lo escribes—. Y también que, sin habernos percatado, hemos pasado del «antropoceno» al «capitaloceno» y que ahora, crisis económica global mediante, y con la crisis ecológica que nos azotará en breve —coincidiendo con los debates sobre transhumanismo e identidad de género—, podríamos desembocar en la era del «cthulhuceno», una época en la que todos tenderíamos a la «monstruificación» y a vivir en un estado de horror cósmico perpetuo. Sí, en efecto, Lovecraft de nuevo… pero el concepto es de la pensadora Donna Haraway.

 

No quiero dejar de mencionar en estas líneas un par de pistas sobre estos movimientos filosóficos para que los néofitos no caminéis en las sombras. De la bibliografía que Jota-Pérez ha manejado y que podréis encontrar al final del libro, destaco el trabajo de los filósofos Nick Land, Reza Negarestani (su obra Cyclonopedia podría considerarse la biblia del horror filosófico), de la mencionada Haraway y Eugene Thacker, cuyo En el polvo de este planeta podéis encontrar en castellano a través de una editorial que, si queréis ahondar en este movimiento, no podéis dejar pasar: Materia Oscura[3].

 

En resumen, y regodeándonos en el tópico, vivimos tiempos agitados. El «cthulhuceno» se aproxima desde una lejanía que no comprendemos, las ficciones se dejan ver en la realidad como personajes huidos de su formato (del libro viejo a las tablets, y de ahí a la vida) y seguimos sin entender nada; ni a los fantasmas, ni a nosotros mismos. Quizás Homo Tenuis pueda ayudarnos en esa búsqueda de conocimiento, por oscuro que sea el resultado.

 

Miguel Ángel Villalobos Gómez. 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para Mireia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

 

 

¿Por qué vericueto, siguiéndome, he acabado por perderme? ¿Qué pantalla me separa de mí con la excusa de protegerme? ¿Cómo encontrarme en este desmigajamiento que me compone? Avanzo hacia no sé qué incertidumbre de encontrarme jamás. Todo sucede como si mis pasos me precedieran, como si mis pensamientos y afectos se acoplaran a los contornos de un paisaje mental que imaginan crear, cuando de hecho son modelados por él. Una fuerza absurda —tanto más absurda en cuanto que se inscribe en la racionalidad del mundo y parece incontestable— me obliga a saltar sin descanso para alcanzar un suelo que mis pies jamás han abandonado. Y mediante este inútil salto hacia mí, me roban mi presente; casi siempre vivo desfasado respecto a lo que soy, al ritmo del tiempo muerto», dice Raoul Vaneigem en su Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones… Y sincronizadas a ese tiempo muerto nos encontramos ahora, aún, quién sabe si para siempre o siquiera si siempre lo hemos estado, los contornos del paisaje mental se muestran en trazos inacabados como la planificación de un sistema de caminos y túneles y puentes que no llevasen a ninguna parte, nos componemos en el desmigajamiento, hacia la incertidumbre de no encontrarnos jamás, perdidas en el salto… Según el historiador Felipe Fernández-Armesto, «la preocupación popular por la falta de certeza en el futuro que provocan los rápidos cambios, no son sólo producto de la ignorancia sino que más bien equivalen al cuadro sintomático de un mundo al borde del shock por futuro», y es que el Mundo, ahora mismo, no sólo es cada vez más impensable, más difícil de conceptualizar de forma global y racional, sino que ha sido secuestrado y apresado en una singularidad tecno-capitalista; la interactividad tecno-económica subvierte y retuerce el orden social, lo transforma en sistemas que se autosofistican; las relaciones se vuelven cibernéticas; la política se moderniza y sublima en modelos paranoicos

 

 

 

interdependientes como reacción alérgica a las psicosis impuestas por una inteligencia artificial superpoderosa conocida como Los Mercados; el Ciberespacio sustituye al Imperio Romano, al Sistema Continental Napoleónico, al Segundo y Tercer Reich, a las Naciones Unidas, a los Estados Unidos de la Tierra y a la Federación Galáctica, superándolos a todos en vastedad y profundidad; el Humanismo, como filosofía y ética de vida no-teísta que trata de explicar el Mundo desde la ciencia-mito —esa forma de nueva religión por la cual todo puede entenderse a partir de un método científico omnipotente—, se ancla en un bucle de crisis tras crisis tras crisis tras crisis; la biosfera se disuelve en la tecnosfera; las revoluciones se presentan despojadas de toda escatología; hoy podemos comer moda, podemos consumir datos, podemos infectar cuentas bancarias, podemos hackear ADN… Y además, el tiempo se ha detenido… Habitamos una atemporalidad, un presente continuo que contiene todos los pasados que fueron y que se encuentra en shock por futuro, anclada en una incapacidad paralizante de generar prospecciones futurológicas válidas —si no es rindiéndose a la apocafilia— causada por la acumulación y aceleración exponencial de la información disponible, así como por la velocidad a la que se suceden los bruscos cambios de paradigma… Ya no corremos hacia el futuro, sino que parece que sea el futuro el que nos está siendo lanzado, con fuerza y desde sí mismo, mientras estamos aquí detenidas, demasiado ocupadas en analizar las consecuencias de cada impacto, las lesiones que provoca o las mejoras que causa, ocupadas en calcular cuándo recibiremos el siguiente y ocupadas en tratar de etiquetar y poner orden en el aparente caos de los anteriores, ya no trazamos rumbos… No hay tiempo para ello… El Ahora, parafraseando al teórico anarco-futurista Renzo Novatore, es un pestilente templo, codicioso y falso, con multitud de ídolos a los que adorar de forma fetichista y un altar sobre el cual sacrificarse… Y estamos encerradas aquí dentro… Así pues, consciente de la geometría de este templo en crisis del Ahora, desde la óptica de sabernos perdidas en el salto durante el tiempo muerto, este ensayo se presenta como una meditación, una concentración pasiva e hipnótica en diversas teorías e ideas que, a modo de manifiesto, proponga un plan de fuga de ese hecho sociocultural enquistado… Un trabajo antifilosófico y más esotérico que lógico… Homo Tenuis es una evocación, no una explicación… que pretende mostrar cómo eso a lo que llamamos Realidad no es el cuerpo sólido y antropocéntrico que pretende

 

ser, sino una agitadísima corriente formada por objetos dúctiles y excéntricos —de los cuales el Hombre no es sino uno más—, conceptos que se licuan al entrar dentro de otros conceptos que a su vez entran dentro de otros conceptos, líquidas fuerzas absurdas, pedazos rotos de espejo, ceniza de horrores cósmicos y coágulos de sedimento de la sopa prebiótica… Con recortes del cuadro sintomático de un Mundo-Templo en crisis y deformaciones del estado atemporal de las cosas, quiere ser un collage absurdo y polisémico y propuesta hispersticiosa en sí mismo, quiere disolverse al explicar, sincronizado al tiempo muerto que se encuentra inacabado como la planificación de un sistema de desmigajamientos, tiempo contorno inacabado y disuelto en caminos y túneles y puentes de incertidumbre en el salto, impensable, antifilosófico camino y desmigajado túnel hipersticioso y global e irracional puente cibernético y transhumanista, y planificación de incertidumbre, en la singularidad tecno-capitalista del salto al tiempo muerto del Mundo-Templo hipersticioso, disuelto en el contorno puente de datos falsos en el aparente caos por el que lo transhumanista significa un salto muerto desde del humanismo al posthumanismo, muerto en el túnel collage sintomático de lo antifilosófico y, a partir de aquí, Homo Tenuis es…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONJURO DEL HOMBRE ESBELTO

 

 

 

 

El 31 de mayo de 2014, en Waukesha (Wisconsin), dos niñas de doce años de edad apuñalan diecinueve veces a una compañera de clase. Al ser interrogadas, declaran que debían cometer aquel asesinato —que finalmente quedó sólo en un intento— porque el SlenderMan, una criatura imaginaria concebida en un foro de Internet dedicado a los cuentos de terror y las leyendas urbanas, así se lo había pedido tras presentarse ante ellas y prometer llevárselas consigo a su mansión en el bosque. Gracias a la intervención de un ciclista que pasaba por allí en el momento de la agresión, la víctima sobrevive el ataque. Las atacantes son juzgadas como adultas y cada una se enfrenta a hasta sesenta y cinco años de prisión.

 

Al darse a conocer la historia de las dos aspirantes a acólitos del SlenderMan, una mujer no identificada de Hamilton (Ohio) declara mediante llamada telefónica anónima a un reportero del canal de televisión WLWT que su hija de trece años la ha atacado con un cuchillo: «regresaba del trabajo y ella estaba esperándome en la cocina; llevaba puesta una máscara blanca, y una sudadera con la capucha calzada, las manos cubiertas con las mangas…». Según la mujer, antes del episodio la niña había pasado meses escribiendo relatos fantásticos inspirados en la leyenda del Hombre Esbelto.

El 4 de septiembre de 2014, en Port Richey (Florida), una chica de catorce años prende fuego a la casa de su familia mientras su madre y su hermano pequeño se encuentran en el interior. Tras el suceso, la policía informa de que la adolescente había estado leyendo historias en línea sobre SlenderMan, así como un peculiar libro electrónico titulado Soul Eater. Eddie Daniels, portavoz de la Oficina del Sheriff, afirma durante la rueda de prensa posterior a la detención de la chica: «(Ella) había visitado una página web que contiene una gran cantidad de información e historias

 

 

 

 

 

 

 

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relacionadas con el SlenderMan […]. No sería descabellado asegurar que el crimen está conectado con ello».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_Hiperstición: una definición

 

 

«Sólo porque algo no sea ‘real’ en este momento no quiere decir que no lo vaya a ser en algún instante en el futuro. Y una vez que se hace real, en cierto sentido siempre lo ha sido»

 

Mark Fisher, Capitalist Realism.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El neologismo Hiperstición surge del choque entre el prefijo «hiper» — más allá de, superior a, más rápido que— y la palabra «superstición» — creencia contraria a la razón, prejuicio cognitivo—, y vendría a definirse como una superación de la superstición, aquello que está un grado más allá del llano prejuicio cognitivo, una aceleración punta hacia la racionalización de una serie de componentes de la realidad en principio irracionales. La Hiperstición refiere al fenómeno por el cual un agregado semiótico, un conjunto de creencias, representaciones y construcciones narrativas supersticiosas, se hace real a sí mismo; es decir, describe la acción de ideas que se han demostrado competentes en el paisaje cultural… Acuñado por el Cybernetic Culture Research Unit[4], un colectivo de investigadores del Departamento de Filosofía de la Universidad de Warwick (Coventry, Inglaterra), la teoría asociada al término defiende que la hiperstición, o más concretamente el Objeto Hipersticioso, opera a nivel profundo en la organización social, de tal modo que llega a ejercer una influencia capital en el curso de la evolución cultural. El Objeto Hipersticioso va más allá de la memética darwiniana planteada por Richard Dawkins, cuya visión de las unidades de transferencia de información como entes víricos que compiten por su

 

 

 

 

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calado en la psique no deja de estar firmemente asentada en un antropocentrismo como poco limitador de un cada vez más necesario pensamiento radicalmente abstracto, para funcionar a modo de sello mágico que facilite el paso de aquello que es propio de una especulativa esfera de Lo Ideal a la esfera de Lo Real; es una idea-software que, una vez descargada a los servidores principales de la cultura a través de las redes de múltiple sentido entre Ficción, Hecho, Alucinación, Materia, Espíritu, Cómputo e Información, engendra ciclos de feedback positivo potencialmente apocalípticos —en tanto αποκαλυψις = revelación, acción de descubrir… crisis circunstancial, manifestación de la existencia de un mundo sobrenatural o de secretos que desvelan el sentido hasta el momento oculto de la Historia, de los hechos, de lo sucedido y los fenómenos— y que abre canales capaces de ser catalizadores de posteriores subversiones de lo dado por sentado y generadores de mayores y más rápidos cambios de paradigma en esos mismos servidores. Los dos ejemplos más recurrentes de estas capacidades transformativas a nivel socio-económico, incluso a una escala tan inmensa como puede ser la totalidad de la sociedad occidental —y, cada vez más, la sociedad global —, a base de ciclos de retroalimentación, son los objetos hipersticiosos Judeo-Cristianismo y Capitalismo de Libre Mercado…

 

«El Capitalismo encarna las dinámicas hipersticiosas a niveles de intensidad sin precedentes e insuperables, convirtiendo la ‘especulación’ económica en una fuerza efectiva de mutación del Mundo y de la Historia» (…). «El Monoteísmo Abrahámico es también un potente ingenio motriz hipersticioso. El plantear Jerusalén como una ciudad sagrada con un destino histórico-mundial especial, por ejemplo, ha asegurado inversiones culturales y políticas que han hecho de esa afirmación una verdad absoluta. La Hiperstición es por tanto capaz, en circunstancias favorables cuya naturaleza exacta requiere aún mucha investigación, de transmutar mentiras en verdades»

 

Nick Land, entrevistado por Delphi Carstens.

 

Ilusiones y ficciones capaces de cambiar el curso de la Historia, profecías autocumplidas, creencias cristalizadas en hechos reales, feedback… No sólo las ideas funcionan como objetos hipersticiosos, sino que, por vía de

 

 

 

 

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retroalimentación, el trauma y el miedo engendrados por las modificaciones culturales que éstas provocan (ya sea en forma de cruzada, yihad, guerra secular, revolución industrial o reforma económica) sirven de turbocompresores para conjuntos completos de postulados y supersticiones que, al tiempo, derivan de la fuente original y la alimentan, consolidándola. Una vez iniciada, la Hiperstición se transmite e infecta el corpus de Lo Real en base a procesos prácticamente esotéricos y con consecuencias impredecibles. Opera de forma causal para realizarse a sí misma. El Objeto Hipersticioso no es un fragmento de una construcción social, sino algo conjurado a la realidad por encantamiento del modo en que como sociedad nos acercamos a ello, nos lo apropiamos, lo ritualizamos y validamos…

 

«La Hiperstición parece tener puntos en común con la ideología, la propaganda y el dogma religioso en cuanto a lo que se refiere a la efectividad —o el impacto concreto— de las narrativas/ideas. Sin embargo, existe una importante diferencia: la propaganda política y/o la fe religiosa requieren una creencia. Llevado al extremo, ese requerimiento llega incluso a ser impuesto por la fuerza. No creer en el tirano o en el terrorista significa oponerse a él automáticamente (…). El plano de incredulidad de la Hiperstición, por otro lado, no necesita de creencias o descreencias. Su fuerza radica en la habilidad de hacerse a un lado del tema sin ignorarlo. La práctica de la Hiperstición implica reconocer la efectividad de una ficción, usarla y, aun así, no creer en ella. Una no tiene por qué creer en el Profesor Challenger[5], por ejemplo, para darse cuenta de que tiene la habilidad de provocar sentimientos, crear conceptos y transmitir una señal. Y a pesar de ello, su poder para realizar esas cosas hace que sea imposible descreer de él»

 

Anna Greenspan, On unbelief (a beginning).

 

La teoría de la Hiperstición escapa de los parámetros de la filosofía convencional para suscribirse a cierta antifilosofía que hunde sus raíces en el esquizoanálisis tejido por Deleuze y Guattari; escapa de la «predilección por soluciones platónico-fascistas y verticales», como acusa el mismo Nick Land en su obra Meltdown, y de la contemplación de las ideas como

 

 

 

 

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algo estático, para ofrecer un acercamiento a éstas entendidas como «diagramas aditivos en lugar de sustitutivos, inmanentes más que trascendentes, ejecutados por funcionales compuestos de corrientes, intercambios y loops atrapados en reverberaciones escaladas»… Tal como el esquizoanálisis formula Cuerpos Sin Órganos —dispositivos teóricos de exploración metafórica diseñados por ingenieros, artistas, arquitectos o psiconautas a fin de mapear territorios cognitivos desconocidos—, la Hiperstición pone en evidencia un flujo incipiente de energías socioculturales no localizables en el que estos Cuerpos medren, que estas sondas conceptuales recorran a placer y a fin de investigar los mecanismos de la sobrecarga y el licuado de la cultura contemporánea. Al mismo tiempo, cualquier ficción —y los Cuerpos Sin Órganos, aunque sublimes, no son ni más ni menos que aparejos ficcionales— que explore ese flujo es en sí misma un Objeto Hipersticioso, integrado en las corrientes de la Hiperstición para acelerar y avecinar la mismísima condición apocalíptica de éste. El CCRU ha designado como «Tácticas-K» a la descripción de las acciones de esos Objetos sobre la Hiperstición, así como a la acción, en feedback, de la Hiperstición sobre el hecho cultural e informativo; descripciones que se expresan como síntomas de una hipotética enfermedad cultural inducida por el shock por futuro y que concluyen que la infección hipersticiosa nos permite confirmar los peores temores de la filosofía convencional y mostrarnos, al fin, un Mundo que gira descontrolado y en el que el ser humano no es el regente absoluto de la creación…

 

«Las ‘Tácticas-K’, sin embargo, no son un modo de construir el futuro, sino que sirven para desmantelar el pasado… y escapar de las condiciones de deficiencia neuroquímico-técnica de las narrativas lineales»

 

Nick Land, Meltdown.

 

Un Objeto Hipersticioso consta de cuatro características principales: funciona como elemento cultural efectivo que se hace real a sí mismo, como dispositivo de viaje en el tiempo, como intensificador de coincidencias y, finalmente, como llamada a los Primigenios… Las tres primeras propiedades delinean cómo la Hiperstición, tal como hacen las ideologías basadas en el progreso o la concepción religiosa del

 

 

 

 

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Apocalipsis, representa su influencia subversiva en el ámbito sociocultural, cómo el Objeto Hipersticioso muta en verdad apercibida capaz de influenciar el curso de la Historia. La última característica señala el modo en que la Hiperstición incita a reintroducir lo irracional y lo monstruoso en la filosofía y la teoría cultural… Desde una perspectiva hipersticiosa, la Historia ha estado siempre presidida por abominaciones ctónicas. Los zarcillos de estas criaturas hipersticiosas, hipotéticamente situadas en el final de la Historia, más allá del fin último de la existencia tras haberla devorado, se desenroscan hacia atrás en el tiempo y llegan hasta nuestro presente, manifestándose como una oscura voluntad de progreso que despedaza políticas culturales, elimina tradiciones y disuelve subjetividades. Sirviéndose de la condición de crisis permanente en que el capitalismo ha sumido a la civilización, la Hiperstición invoca a la vez que evoca a los Primigenios Ctónicos, fuerzas supremas que se mueven a lo largo y ancho de la Historia plantando Objetos Hipersticiosos, con la intención de que éstos sirvan de aceleradores de las tendencias del Mundo hacia el caos y la disolución. Desde el punto de vista del sujeto humano, las creencias cristalizan hipersticiosamente y se vuelven realidad, pero para el Objeto Hipersticioso Primigenio la inteligencia humana no sería más que una incubadora en la que depositar intrusiones dirigidas contra el orden del tiempo histórico. El corolario a esta metaficción esquizo-hipersticiosa sería que esa sugestión de lo arcaico opera como un germen retro-depositado desde el futuro a lo largo de un recorrido histórico que la conciencia antropocéntrica percibe como progreso tecnológico… Los Primigenios Ctónicos pueden ser interpretados bien como entidades (pseudo)lovecraftianas (híper)reales —mitos que han acabado por encarnarse a sí mismos—, bien como monstruosas representaciones de todo aquello que es insondable y absolutamente incontrolable para el ser humano; la inevitable extinción que nos espera cuando el tiempo histórico humano se consuma definitivamente, el abismo insalvable entre el conocimiento y la capacidad antropocéntrica de conocer o la irrelevancia de una especie que se ha autoproclamado racional y trascendente en un cosmos que cada vez más se demuestra irracional e inmanente…

 

«Tal como determinadas especies y ecosistemas florecen y mueren, así lo hacen también las culturas humanas. Pero lo que desde la perspectiva de la rutina del hombre parece un cambio catastrófico

 

 

 

 

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es de hecho una anástrofe: no el pasado haciéndose pedazos sino el futuro construyéndose»

 

Simon Reynolds, Renegade Academia: the CCRU.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_SlenderMan: el Hombre Esbelto

 

 

(Existe porque una vez pensamos en ello, y desde que sabemos que existe ya no podemos dejar de pensarlo)… El 10 de junio de 2009, el usuario Victor Surge se aburre de acechar desde las esquinas de los foros de Internet a los que está suscrito y decide, justo hoy, ser proactivo. En los últimos cinco años ha aprendido a usar Photoshop como el mejor de aquéllos con los que se topa en sus incursiones de socialización virtual vicaria en red; sus conocimientos sobre cultura popular resultarían envidiables para cualquiera de aquéllos con los que se ve obligado a interactuar en la Vida Real, en el día a día, más allá de los torrentes de éter resonante y espasmódico que fluyen al otro lado de la pantalla de su ordenador, si acaso alguna vez se tomase la molestia de comunicarse con ellos en esos términos; su cabeza es un electrodo en la base de una antena; su cuerpo, una plataforma de lanzamiento de desconocidos vectores de propagación; Victor sabe cosas, y es cualquiera de nosotros, amorrado a las grietas, hasta que abre el procesador de fotografías y se pone a trabajar en algo con lo que contribuir a un hilo de debate en SomethingAwful.com llamado «creación de imágenes paranormales». Localiza una instantánea antigua, la digitaliza, examina el tamaño y el peso del archivo, amplía y reduce incontables veces el foco de la escena, conserva intacto el primer plano y se afana en mover y teñir píxeles en el segundo. Durante el proceso, piensa en H. P. Lovecraft y Stephen King y Zack Parsons, piensa en la potencia epatante de los momentos más surrealistas de la prosa de William S. Burroughs, piensa en Silent Hill y Resident Evil y en cómo éstos tejen una clase muy concreta de horror al que el videojugador debe sobrevivir, piensa en The Rake, en el Hombre Polilla y en el Mad Gasser de Mattoon… Creación de imágenes paranormales… En la imagen que nos propone Victor, nos encontramos en la linde de un bosque, a plena luz del día; una decena de niños camina hacia nosotros; el más cercano clava su mirada en la nuestra; unos ojos redondos y enfadados y afilando una advertencia; al fondo, se alza una figura alargada y extrañamente ominosa, delgada y rotunda, un hombre altísimo y esbelto y sin rostro y vestido con un formal traje negro, que abre los brazos y extiende las manos en un

 

 

 

 

 

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gesto de posesión tanto como de decepción; ¿eso que sale de la parte baja de su espalda son tentáculos? Negros, laxos, feas prótesis lánguidas a su ya de por sí imposible presencia… Victor Surge cuelga la fotografía en el hilo de debate y añade un comentario mínimo: «1983. Fotógrafo desconocido. No queríamos irnos, no queríamos matarlos, pero su persistente silencio y sus desproporcionados brazos nos horrorizaban al mismo tiempo que nos reconfortaban»… Juguemos a buscar el fantasma… Los primeros comentarios al post ya avisan de que es más que probable que publicaciones dedicadas a la investigación de misterios y hechos sobrenaturales se apropien de esta contribución al juego y la den por auténtica; una docena de otros usuarios se declaran fascinados ante el Hombre Esbelto al que el foro acaba de dar a luz… Las contracciones se suceden: al día siguiente, Victor cuelga una segunda foto —«1986. Fotógrafo: Mary Thomas, desaparecida desde el 13 de junio del mismo año. Imagen rescatada del incendio en la biblioteca de Stirling City. Curiosa por haber sido tomada el día en que catorce niños desaparecieron y por estar etiquetada como The SlenderMan. Fuentes oficiales achacan las deformidades mostradas a defectos en el negativo. El incendio en la biblioteca tuvo lugar una semana después»; en un patio de recreo, una niña nos sonríe mientras sube las escaleras de un tobogán; como telón de fondo para la frágil candidez del momento, vemos a cuatro niños rodeando en corro al SlenderMan, que de nuevo es captado con la sucísima calidad sexual de sus flácidos tentáculos violando el espacio de la rutina infantil —; durante los meses siguientes, surgen de forma espontánea una increíble multitud de aportes a la construcción del personaje, en forma de otras fotografías, de breves relatos de ficción, de falsos testimonios de avistamiento y de rocambolescas elucubraciones históricas en base a la modificación de grabados y pinturas antiguas que zarandean a la criatura adelante y atrás en la línea temporal humana… Un filamento comunal en la mente superconectada de los usuarios de la red azota las nalgas del Hombre Esbelto y espera a que éste deje escapar el primer alarido, lo dota de presencia, esencia y pasado, y apunta incognoscibles motivos… Victor se aleja de nuevo de la intervención activa en el foro. Regresa a su esquina segura, desde la que se limita a observar, satisfecho… En octubre de 2011, durante una entrevista con el usuario Tomberry para la web KnowYourMeme.com, declara que «fue increíble ver a la gente crear su propia pequeña parte de SlenderMan con el fin de perpetuar su existencia.

 

 

 

 

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No esperaba que se moviera más allá de los foros de Something Awful. Y cuando lo hizo, me pareció interesante verlo como una especie de versión acelerada de una leyenda urbana. Se diferencia del anterior concepto de leyenda urbana en que está en Internet, y esto tanto ayuda como perjudica el estatus de SlenderMan como uno solo. En mi opinión personal, una leyenda urbana requiere de un público que ignore el origen de la leyenda. Son necesarios datos no verificables de tercera o incluso de cuarta mano que ayuden a perpetuar el mito. En Internet nadie está al tanto de sus orígenes, al contrario que en el hilo de Something Awful. Pero lo curioso es que, a pesar de esto, continúa expandiéndose. Los memes de Internet son caprichosos, hacen que cosas simples con el tiempo vayan creciendo hasta convertirse en leyendas urbanas (…). Antes teníamos a los ángeles y los súcubos, después vinieron los fantasmas y espíritus, hoy tenemos sombras humanoides y seres interdimensionales. Tanto SlenderMan como otras entidades de nueva creación son la última incorporación en la progresión de una larga, y muy real, tradición humana. Ahora que lo has visto y lo conoces, no se le puede no ver»…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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(Es la sangre que brota del motor cuando hay un aumento desproporcionado en su carga y éste se cala)… Existen tres grandes revoluciones del signo en el campo de la comunicación humana: la escritura, la implantación de la imprenta y la invención y expansión de Internet… El 26 de abril de 2009, el profesor Lars Ole Sauerberg, de la University of Southern Denmark, publica un breve ensayo titulado La Enciclopedia y el Paréntesis de Gutenberg, en el que defiende que acabamos de alcanzar un momento histórico clave para la cognición antropocéntrica, un cambio de paradigma en forma de Segunda Oralidad y que se conjuga con la metáfora de un paréntesis. El confinamiento de la información a un medio estático es una aberración excepcional en el relato de existencia del Homo Sapiens Sapiens y, según Sauerberg, los cinco siglos de preeminencia de la palabra grabada en negro sobre blanco no sólo han llegado a su fin sino que en muy poco acabarán por ser recordados como apenas una quizá necesaria pero desde luego castradora losa sobre las capacidades intelectuales y culturales del hombre… Antes de la apertura del paréntesis, la mayoría del conocimiento era producido en base a lo verbal y reproducido por transmisión oral, era hiperbólico, maleable, tendente al olvido y la reformulación selectivas, líquido y síncrono y reversionable y simultáneo; si bien ya existían soportes sólidos en los que fijar la información, la potencia humanista esencial se concentraba alrededor de hogueras, en callejones estrechos y plazas tomadas por los caballeros del rumor y las damas de la infoxicación, quienes a fuerza de lenguaje y memoria tricotaban fórmulas mágicas, mitologías completas, leyendas, noticias sobre las más diversas hazañas y sobre los más brutales desastres, profecías, efemérides y hagiografías. Con el surgimiento de la imprenta y la caída de su telón mecánico sobre las fronteras entre el Hecho y la Alucinación, los códigos de transmisión quedaron encerrados, se estandarizaron, lo impreso se convirtió en el único depósito de autoridad, los canales se constriñeron como en un incierto pánico a que la Primera Oralidad natural fuese a sufrir un hipotético colapso superinformativo hipermodificable que desintegrase y desactivase cualquier logro de la por entonces tan reverenciada «civilización»… Basta con ignorar las agujetas de nostalgia que todas padecemos en algún momento u otro para que resulte fácil darse cuenta de que un trabajo impreso tiene mucho de encarcelamiento: la palabra cumple condena entre renglones rectos, acotados por márgenes, sobre hojas cosidas y

 

 

 

 

 

 

 

 

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encuadernadas, bajo cubiertas y almacenadas en estantes… El período parentético, además, impuso la pauta del Inicio-Desarrollo-Final para cualquier artefacto cultural, plegando éstos al dictado de un supuesto requisito ansioso de inteligibilidad —que en realidad obedecía más bien a intereses mercadotécnicos y necesidades de control por parte de los poderes fácticos— y volviéndolos productos. Esta condición totalitaria del conocimiento no empieza a ser subvertida hasta el surgimiento de las vanguardias artísticas del siglo XIX, las cuales inician un proceso de derribo de los muros fronterizos y unas primerizas incursiones en el contrabando de esquemas de Lo Real continuados durante el siglo posterior por una sucesión de corrientes utópicas y contraculturales que llegaron a influir no sólo en un número creciente de población, sino también y drásticamente en las inquietudes, fabulaciones, hipótesis y aspiraciones de los agentes humanos, psicológicos e imaginales del desarrollo socio-tecnológico… El telón poco a poco se fue desvaneciendo; ahora ya prácticamente no lo vemos; los números de serie tatuados en los antebrazos de los alfabetizados y los consumidores resultan casi ilegibles, requieren de una interpretación… Internet despoja al texto de su condición de producto y le devuelve su carácter de proceso… El advenimiento de la denominada Web 2.0 —que coagula la congénita bidireccionalidad de los canales de comunicación de Internet, tan distintos de aquéllos asentados por el papel impreso, la televisión o la radio (por los cuales se establecía un único emisor total para un receptor pasivo) en una maraña de vías de interconexión multidireccionales y polifocales en forma de redes sociales, wikis, blogs, plataformas de intercambio audiovisual y un cada vez más largo etcétera— conlleva que el soporte para el conocimiento deje de ser tangible y prácticamente inmutable y que éste pase a ser etéreo y ciertamente abstracto, nebuloso, pero sobre todo recupera, digitalidad mediante, las capacidades de hipervinculación del contenido informativo, la flexibilidad, su carácter multiautoral, caótico, relativo, psicodélico, sutil y sincrónico propio de la oralidad y ahora en una segunda y nueva acepción… El paréntesis de hegemonía de lo diacrónico se cierra… Volvemos a encontrarnos las unas con las otras ahí afuera, en la plaza, en el callejón y ante la hoguera, y allí opinamos, nos contradecimos, versionamos, remezclamos, sampleamos, traficamos con intertextos e hiperenlaces, nos regodeamos en las propiedades inmunológicas de la ley de Linus y armamos hypes… Por supuesto, la sustitución de los aparatosos

 

 

 

 

 

 

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y contaminantes motores calados del hecho sociocultural por otros propulsores más rápidos y anárquicos causa heridas, principalmente en los tejidos conjuntivos de la realidad y de las que manan peculiares monstruos…

 

El Hombre Esbelto tiene su hábitat natural en los bosques, en los pequeños núcleos de población rural, en las afueras y en los grandes parques… Es una criatura humanoide de unos tres metros de alto, de brazos y piernas elongados, vestida con un formal traje de dos piezas, camisa y corbata. Su rostro, completamente blanco, no posee rasgos definidos ni protuberancia alguna. De su espalda afloran tentáculos capaces de mostrarse tanto blandos y cimbreantes como sólidos y anquilosados; tanto vaporosos, sombra postiza o surrealista humo prostético, como cárnicos, de sensual bestia del abismo… Parece ser capaz de transformarse, de teletransportarse, de viajar entre dimensiones, de provocar fallos y pasajeras averías en cualquier aparato electrónico con la irradiación de su sola presencia; de acosar a sus víctimas durante meses o años, de hipnotizarlas y abocarlas a la locura, de poseerlas, de absorber sus almas, de secuestrarlas y manipularlas para convertirlas a su causa, sea ésta cual sea… Sus apariciones están siempre vinculadas a sucesos trágicos que involucran a niños y adolescentes: desapariciones masivas de infantes, asesinatos en abandonados lugares de recreo, incendios en hogares ocupados por muchachos y muchachas sin supervisión adulta… Se le ha teorizado como una encarnación de la probabilidad misma; un ser incomprensible que, aún compuesto por billones de las mismas partículas que configuran la materia, se comporta como si fuese un único elemento cuántico, vivo y muerto a la vez, interdependiente del observador, omnipotente en el espacio-tiempo. Y también se le ha explicado como un retorcimiento del efecto Tulpa, como la materialización de un pensamiento al alimentarlo con creencias colectivas y meditaciones individuales, una ficción que adquiere entidad tangible al ser arrancada de la esfera de Lo Ideal por el modo en que nos relacionamos con ella… No es la tradicional entidad terrorífica occidental, cuyos poderes causan pavor, sino un contenedor vacío en el que quien tiene contacto con él deposita los peores miedos al respecto de la era digital que nos ha tocado habitar, ahora que los fondos y formas de esta Segunda Oralidad supermutable, permanentemente recontextualizable y libre de todo anclaje categórico despiertan y revigorizan temores atávicos…

 

 

 

 

 

 

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(Es un chiste sobre bebés muertos, es el lazarillo tronchándose de risa al borde del acantilado por el que acaba de despeñarse el Ciego Abuelo Tiempo)… Payton Leutner y Morgan Geyser son amigas desde hace dos años. Las mejores amigas. Ambas coinciden en su amor desaforado por los gatos y por jugar a disfrazarse. Hablan por teléfono cada noche antes de acostarse, y se aseguran la una a la otra que no pueden esperar a verse al día siguiente en la escuela… Hoy es viernes, 30 de mayo de 2014, y las dos han organizado una fiesta de pijamas para celebrar el duodécimo cumpleaños de Morgan. Han invitado al importantísimo evento a una nueva amiga de ésta —no la mejor, cuidado, sólo la nueva… una niña que vive en el mismo complejo residencial que los Geyser y con la que comparte asiento cada mañana en el autobús escolar—: Anissa Weier. Ninguna de las tres chicas es demasiado popular; no les interesan los chicos ni la música, y pasan un buen rato burlándose de la obsesión de sus tontitas compañeras de clase por entrar en el equipo de Xtreme Dance de Waukesha. Están en la habitación de Morgan —quien es evidentemente el eslabón central en la cadena que forma el trío… Payton y Anissa se llevan bien, pero es Morgan quien las une e integra en grupo—, trasteando con sus portátiles y charlando hasta que llega la hora de irse a dormir; las tres en la misma cama: Anissa y Morgan flanco contra flanco, y Payton horizontal a ambas en el cabecero… Anissa Weier y Morgan Geyser son amigas desde hace más de un año y medio. Las mejores amigas. Ambas coinciden en su amor desaforado por la ficción y la expresión artística. Los coeficientes intelectuales de las dos están bastante por encima de la media estatal. A Morgan le gusta creer que vive en un mundo aparte, construido a semejanza de lo que ha leído en la saga de Harry Potter y de la parafernalia gótica y heavy-metalera que colecciona su padre; el pasado enero la expulsaron un par de días del colegio por llevar un martillo en la mochila. Anissa, por su parte, es una fanática de las creepypastas, breves relatos de terror concebidos para ser leídos online y modificados y remezclados a placer, que generalmente enuncian peripatéticas y macabras leyendas urbanas alrededor de fenómenos populares como los videojuegos, los dibujos animados o la misma Internet; el divorcio de sus padres le provocó una severa depresión de la que aún no se ha recuperado… Fue Anissa quien le enseñó a Morgan, a las pocas semanas de coincidir por primera vez en el bus, qué era SlenderMan. Fue Anissa quien le partió la cara de un puñetazo a aquel chaval que metió mano a

 

 

 

 

 

 

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Morgan durante el recreo a finales del curso pasado… Morgan y Anissa han diseñado algo muy especial para la celebración del duodécimo cumpleaños de la primera; algo para lo que necesitan organizar una fiesta de pijamas que tendrá lugar la noche anterior como excusa para atraer y controlar a ésa que se cree la mejor amiga de Morgan, la boba de Payton Leutner…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy es sábado, 31 de mayo de 2014, y nada más despertarse las tres niñas se ponen sus disfraces. Payton va de Princesa de Rosa. Morgan, de Data, el androide de la serie Star Trek: la nueva generación. Y Anissa, de Prosti-Troll, un personaje de invención propia cuyo nombre ya define todo lo que cabe definir sobre él. De tal guisa desayunan, juegan un rato con sus ordenadores y hacen el tonto. Ya es hora de que salgan fuera. Recordemos que hoy es un día especial. Especialísimo. El trío deja la casa de los Geyser y pasea hasta el bosque. De camino, pasan por David’s Park, donde se desarrolla algo así como el prólogo al ritual que está a punto de acontecer: Morgan le enseña a Anissa el cuchillo de cocina que se ha traído de casa de sus padres, una preciosidad de fina hoja de acero inoxidable y mango de plástico negro mate. «Dios mío», piensa Anissa, «esto está pasando de verdad». En los baños públicos del parque, Morgan inmoviliza a Payton, y Anissa, amenazante, aprovecha para restregar contra una pared la cara de la futura ofrenda sacrificial. Durante la torpe escaramuza, Morgan siente una punzada de culpa, suelta su presa, se sienta en el suelo y se pone a canturrear algo sin sentido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Anissa la abraza y le acaricia el cabello; le grita a Payton que las deje solas un momento pero que ni se le ocurra marcharse a casa. De manera incomprensible incluso para ella misma, Payton obedece y se aleja unos metros de sus amigas, pero no huye. Una vez recuperada Morgan, las tres reanudan su camino. Llegan al bosque, que empieza más allá del límite más lejano del parque. Van a jugar al escondite. Morgan cuenta y Anissa y Payton se esconden. O eso parece… Morgan no está contando, y Anissa acaba de derribar de una zancadilla a Payton. Morgan le da el cuchillo a Anissa. Anissa se lo devuelve. «No voy a hacerlo hasta que tú me lo digas», murmura Morgan. Ambas se miran a los ojos. Payton está bocabajo en el suelo, frente a los árboles, entre las flores, paralizada. «Adelante, gatita», le dice Anissa a Morgan, «vuélvete loca». Morgan salta sobre Payton, le da la vuelta y le asesta diecinueve puñaladas… En brazos y piernas, en el estómago, en el hígado, en el páncreas y a dos centímetros del corazón… Payton grita y se revuelve. Sangra muchísimo. Cuando Morgan deja de acuchillarla, Anissa la agarra por un brazo y la arrastra aún más adentro en el bosque; la deja tirada allí donde las copas de los árboles casi bloquean por completo el paso de la luz solar y cubre las fatales heridas con hojas muertas… Morgan y Alissa se marchan. Se detienen en el aseo de un Walmart cercano para lavarse y rellenar un par de botellas de agua. Pasan las siguientes dos horas dando vueltas sin rumbo por el pueblo, llorando y cantando. Esperando a que el Hombre Esbelto venga a por ellas… En el bosque, Payton pierde y recupera el conocimiento de forma intermitente. Se arrastra entre el polvo y las piedras y la hojarasca y los arbustos. Tiene que regresar al parque. Si regresa al parque, todo volverá a estar bien. Ha logrado llegar hasta un amplio sendero que le es del todo desconocido. Un hombre en bicicleta se detiene junto a ella y antes de siquiera tocarla saca su teléfono móvil y llama al servicio de emergencias. Payton se desmaya. Vuelve en sí y está

 

 

 

 

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en una ambulancia. Un enfermero le pide que no se mueva. Antes de que la anestesia que acaban de inyectarle le haga efecto, Payton explica a toda prisa lo que acaba de pasarle… Una patrulla de la policía municipal de Waukesha encuentra a las sospechosas Morgan Geyser y Anissa Weier sentadas tranquilamente en el bordillo de una acera en el centro del pueblo… Durante el primer interrogatorio tras el arresto de las dos chicas acusadas de intento de homicidio en primer grado, Morgan pregunta qué ha sido del cadáver de Payton. El interrogador le informa de que la niña no ha muerto; se encuentra en estado crítico, pero los médicos confían en que se recuperará de las heridas relativamente bien y rápido. Morgan pregunta cuándo va a poder volver a clase. A eso no obtiene respuesta… Anissa, en una sala aparte —desde este momento, ambas van a permanecer separadas, en principio, para siempre—, lo cuenta todo: descubrió a SlenderMan gracias a un vídeo sobre Minecraft colgado en YouTube; a partir de los comentarios en el vídeo, llegó al hilo «Creación de imágenes paranormales» en SomethingAwful.com y, desde ahí, a las muchísimas creepypastas que tienen a la criatura como protagonista, por la que comenzó a desarrollar una fijación hasta el punto de creer sinceramente que ésta existía. En efecto, fue ella quien contagió la creencia en el Hombre Esbelto a su cómplice, pero la idea de ofrecerle un sacrificio humano y que él viniese a ellas como oscuro aliado y mentor, las sacase del pueblo y del colegio y las alejase de sus neuróticos padres y de sus estúpidos profesores y de sus estúpidos vecinos y se las llevase con él a su mansión en el bosque y les enseñase a cruzar dimensiones y a existir para siempre en la tiniebla, surgió de Morgan, quien había hecho sus propias investigaciones por su cuenta… En definitiva, las puñaladas fueron cosa de Morgan. La única responsabilidad de Anissa había sido esquematizar el paseo ceremonial que deberían realizar tras completar el asesinato, a modo de llamada psicogeográfica para el SlenderMan, y preparar las cuatro cosas necesarias para el viaje, casi nada —algunas fotografías familiares, algo de comida y bebida, entremetido todo en el bolso de la madre de Morgan—, ya que estaban por completo seguras de que el Hombre, su Hombre Esbelto, el de ellas dos, iba a estar inmediata y absolutamente orgulloso de sus adoradoras, las iba a aceptar y a concederles el privilegio de hacerlas sus acompañantes por toda la eternidad… Visto según cómo, tanto la una como la otra han fracasado de manera estrepitosa… Anissa sonríe…

 

 

 

 

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Al Hombre Esbelto se le otorga el don de la omnipresencia… Durante su primer testimonio ante el juez, Morgan Geyser dice que «SlenderMan está en todas partes. Siempre vigilándonos, aunque no tenga ojos. Mientras exista, nunca estaremos solas»… Se supone que el Hombre Esbelto es capaz de manipular las mentes de sus víctimas, de hipnotizarlas y abocarlas a la locura, de poseerlas, de absorber sus almas… Apenas diez minutos después del intento de asesinato de Payton, Morgan le confiesa a Anissa que ha estado teniendo conversaciones telepáticas con SlenderMan, y que ha llegado a una especie de trato con él por el cual si el conjuro no salía bien le autorizaba a destruirlas tanto a ellas dos como a sus familias. Más tarde, en la vista preliminar a la acusación de intento de homicidio, dice que lo que ella y Anissa hicieron «era necesario. Sentíamos sólo esa necesidad. Por lo demás, estábamos tranquilas. SlenderMan iba a convertirnos en leonas cazando cebras»… A día de hoy, Anissa Weier cumple condena en el Centro de Detención de Menores del condado de Washington. Morgan ha sido diagnosticada de esquizofrenia y se enfrenta a hasta sesenta años de internamiento en el Instituto para la Salud Mental de Winnebago. Sus respectivas familias se han visto obligadas a dejar Waukesha huyendo de las amenazas de sus vecinos… Las apariciones del Hombre Esbelto están siempre vinculadas a sucesos trágicos que involucran a niños y adolescentes, en un aparente intento por aterrorizar a la sociedad al atacar a sus infantes… Desde lo sucedido con Morgan Geyser, Anissa Weier y Payton Leutner, se ha investigado la influencia de los mitos relacionados con el SlenderMan en al menos media docena de casos de agresión, tortura e intento de asesinato, principalmente en Estados Unidos, Reino Unido y Europa. Las tres mayores asociaciones de padres de América han interpuesto sendas denuncias contra SomethingAwful.com y Victor Surge, y tanto éstas como multitud de predicadores, televangelistas e incluso expertos en las dinámicas de comunidades virtuales como el doctor Eric Newsom han hecho múltiples llamamientos a proteger a los niños de la influencia de este «demonio que ha supurado hacia nuestra realidad»… Conjurados a la Historia ya todos sus aspectos por unos y por otros, el Hombre Esbelto es ahora un Objeto Hipersticioso Primigenio de pleno derecho…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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ENDORCISMO SUPERMASIVO

 

 

«Para la yema del dedo de la marioneta=neurona del embrión que acumula el tipo de felicidad del pasado de un paraíso artificial en el artilugio del mecanismo de droga del ángel que mi alma empieza a separar en dos en el cerebro del asesinato de una hormiga la célula juguete de lobo con el cíber=alerón del catastrófico órgano interno del clon en el quark azul cielo la línea de transmisión de la ciudad cadáver juega al modo de vida pasión clónica a la de los pájaros divulga el órgano generativo_DIGITAL a la cuerda vocal con el bio=menos_aire del sol embrión que la estratosfera de felicidad de la consciencia de un cromosoma del micro-asesinato cometido por la droga*glándula reproductiva del azul cielo mi artilugio que se quiebra ante el cómplice de la velocidad de la luz=herencia de muerte dios cuyo ADN diverge como la guerrilla de la célula de la hormiga anti interferencia al mapa de la otra cara del sol deseo y tuvo lugar la erradicación del infierno de la célula en el panal de BABEL ESTOCAJE»

 

Kenji Siratori, hallucination=cell.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_Hiperstición: difuminado del pasaje Real/Imaginario

 

La radicalización de la creencia en el poder de lo falso, de lo no-necesariamente-cierto, de las coincidencias gobernadas por entidades, de la efectividad de la fábula, que imponen sobre el paisaje cultural las teorías y tácticas de la Hiperstición, resuena sin duda en sincronía con aquella desgastada definición de magia que el maestro de ocultistas Aleister Crowley diese en su día, según la cual ésta no es más que la capacidad de hacer que la Realidad se amolde al dictado de la Voluntad del mago, pero también se siente como los grados de intenso calor de los ardores psico-sociales de lo sociocultural, las fiebres como síntoma del ataque sistemático y virulento de la publicidad y la mercadotecnia a los órganos del Ahora, una ardentía capaz de hacer que el Mundo entero se derrita, o al menos el Mundo tal como creemos conocerlo, y que recibe de constante el bombardeo de proyectiles-espermatozoide eyaculados por los Primigenios que orgasman de trascendencia mientras devoran la Historia allá en su final, este Mundo encerrado en la inmensa botella de cristal del cosmos incognoscible para el frágil y asustado y aterido ser humano, demente e hipnotizado consumidor de tiempo, y su incapacidad para navegar intelectualmente los océanos de fuego de la negatividad inherente al pensamiento y al ser contemporáneos, aquello a lo que el hype[6] sirve de combustible, articulado como si el lugar-común-Sistema tuviese ciertamente detrás una serie de agentes móviles activos y no sólo sujetos que sujeten casi sin quererlo sus diferentes partes en peligro de disgregación, nada de poderes capitalistas anómalos y ontológicamente indeterminables sino Objetos Ctónicos realizando un endorcismo[7] supermasivo sobre el Mundo…

 

«El progreso mitológico refiere a un necesario y acumulativo desarrollo lineal en la dirección de una mejora creciente de lo sociopolítico y lo civilizado. Es el cuento de que todos los días, en todos los aspectos, todo mejora y mejora. Es una narración convincente que muchos damos por sentada como guía operativa

 

 

 

 

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la mayor parte del tiempo. Tan competente que al neoliberalismo no le ha quedado más opción que apropiársela, deformarla y limitarla a la mierdosa visión de que cada frigorífico que sale al mercado es muchísimo mejor que el anterior (…). Nuestra situación actual, sin embargo, es una en la que la aceleración rítmica de lo tecnológico y lo social ha coincidido con el estancamiento cultural: hemos vivido en un Mundo anfetamínico de movimientos en falso. En definitiva, nada de lo relativo a cualquier progreso que creamos que nuestra civilización ha hecho es necesario. Es incluso arrogante creer lo contrario. En cualquier momento podríamos deslizarnos de vuelta al más básico barbarismo sin inmutarnos»

 

Arran James, Hyperstition is the cure for depression.

 

…    de tal modo que la Hiperstición nos llega en forma de término metodológico para un intento de descripción de la ingeniería de conceptos responsable de que lo ficticio condicione su propia materialización, por cuanto el modelo de Lo Real no es algo fijo sino un fluido medioambiental de signos, apariencias, preceptos y comportamientos, constantemente actualizable y ecosistema en el que algo simplemente verosímil puede convertirse en verificable previa naturalización de su veracidad, la evocación inconsciente de una búsqueda interminable, esto es la Hiperstición, lo hipersticioso, cuando se producen vínculos causales entre el campo semiótico de la ficción y el terreno efectivo de la realidad, causalidad ocultista, en cierto modo, acción cibernética en la que ambos elementos son los nodos esenciales de un circuito cerrado cuyos impulsos de ida y vuelta alimentan la producción de cambios dramáticos en uno y otro para (des)regular sus limitaciones, potencialidades y tolerancias, así, el lugar-común-Sistema se revela como nada más que la presión productiva que la autodiferenciación de la materia, lo material y los materiales[8] produce por exceso, planteando de este modo que lo material es un proceso de individualización e identificación y síntesis mientras que el pensamiento y el concepto son sus efectos, despojados de mayor trascendencia, de nuevo, algo así como magia, expresada en forma de causalidad nodal referente a la manera en que el efecto se implica a sí

 

 

 

 

 

 

 

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mismo en el suceso para rechazar y reformar cualquier forma de expresión autorizada, trascendentalmente coordinada, de Lo Real…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

«Sean cuales sean sus variantes específicas, la práctica de la Hiperstición necesariamente supone tres ingredientes irreductibles, interconectados en un circuito de tareas simultáneas y que se estimulan mutuamente:

 

El Numograma: un sistemático despliegue riguroso del Laberinto Decimal y todos sus implejos (Zonas, Corrientes, Puertas, Lémures, la Matriz Pandemonio, el Libro de los Senderos…) y ecos (la Cruz Atlante, la Decadología…). La excavación metódica de una abstracta cartografía oculta que es intrínseca a la numeración decimal (y por tanto, globalmente ecuménica), constituye la primera gran tarea de la Hiperstición.

 

El Mito: la atribución cabal de toda señal (descubrimientos, teorías, problemas y acercamientos) a agentes artificiales, aliados, culturas y continentidades. La proliferación de ‘portadores’ (¿Eso quién lo dice?) —perspectivas que se multiplican y fragmentos narrativos— produce un mito hipersticioso coherente pero inherentemente desintegrado, al tiempo que lleva a cabo una muy positiva destrucción de la identidad, la autoridad y la credibilidad.

La Incredulidad: escepticismo pragmático o escape constructivo del pensamiento integral y todas sus formas de unidad impuesta (dogma religioso, ideología política, ley científica, sentido común…). Cada sub-ciclo vorticial de la producción hipersticiosa se autoproclama a través de la comunión con ‘La Cosa’ coincidiendo con una ‘consumación mística de la incertidumbre’ o ‘consecución de una positiva incredulidad’»

 

Cold-me.net, Polytics/The elements of Hyperstition.

 

 

 

 

 

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…    «Cosas» volviéndose hipersticiosas cuando sus proposiciones contrafactuales pliegan patrones semióticos y regularidades intensivas en «semblantes de realidad», virtuales pero a todas luces indistinguibles de aquello a lo que simulan, donde se difumina el pasaje Real/Imaginario, Verdadero/Falso, donde la Simulación es Hecho y La Alucinación es Lo Real, y además, no hay disputa entre los distintos elementos de esta fórmula, porque la Hiperstición resulta una tregua impuesta sobre las tradicionales batallas metafísicas desde el momento en que propone que, a primera vista, todo lo trascendental es absolutamente inmanente y depende de las tolerancias conceptuales relativas del Régimen Cultural Especulativo Contemporáneo —RCEC—, un teórico controlador hipertemporal y metacontextual y autogenerado que se ocupa de mantener el orden en las jurisdicciones conjeturales de cada versión de Lo Real, que bien podría entenderse como un Inconsciente Colectivo equilibrándose sobre leyes propias e incognoscibles, un Ente Kármico hecho de caos pero que viste ropajes de orden simulado cuyas telas están tejidas con las fibras de la imaginación humana, o un Primigenio sentado a la mesa del Apocalipsis y masticando y masticando y masticando y jugueteando con el modo en que su esperma fecunda aquello que se está comiendo, lo sazona y dota de extraordinarios y arrebatadores sabores, un controlador[9], metaforizado como se desee, que en definitiva regula de forma esotérica qué ficción es competente y ejecutable en Lo Real y cuál quedará atrapada en el filtro como morralla ideal, qué especulación relativa a una ficción prevé una forma de realidad aún por realizarse que resulte válida…

 

«En el proceso de hacerse reales, las entidades deben también manufacturar realidades para sí mismas: realidades cuya potencia a menudo depende de la estupefacción, subyugación y esclavización de las poblaciones y cuya existencia se halla en conflicto con otros programas de realidad»

 

CCRU, Lemurian Time War.

 

…    y de cuya existencia teórica se deduce que es el hecho cultural al completo el que ha trascendido las formas supersticiosas al introducir la

 

certeza de su propia condición programada[10], que al ganar conciencia de su constitución mediada se ha vuelto activamente hipersticioso, pues allí donde la superstición, el prejuicio cognitivo, se usaba casi de forma

 

 

 

 

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instintiva para suscitar resultados específicos sobre una Realidad que se suponía ingobernable, consolidada y preestablecida, escrita de antemano, la Hiperstición propone vías de escape de un Destino estático, manifiesto, lo hipersticioso como ejecutante de la invención de lo insondable, matriz de imposibilidades relevantes que parir a Lo Real, exterioridades absolutas, alienígenas, arcanas, como símbolos que desactiven la domesticación de la Realidad, tácticas de subversión, sinsentidos de composición lógica o incluso aterradoras profecías de extinción puestas al servicio de la reiteración de aquello que atañe al RCEC…

 

«Le dije a mi hijo: ‘¡Te casarás con la mujer que yo elija!’

 

Él dijo: ‘¡No!’

 

Le dije: ‘¡Es la hija de Bill Gates!’

 

Él respondió: ‘Ok…’

 

Llamé a Bill Gates y le dije: ‘Quiero que tu hija se case con mi hijo’

 

Bill Gates dijo: ‘¡No!’

 

Le dije: ‘Mi hijo es el CEO del Banco Mundial’

 

Bill Gates respondió: ‘Ok…’

 

Llamé al Presidente del Banco Mundial y le pregunté si podía enchufar a mi hijo como CEO de su organización.

 

El Presidente dijo: ‘¡De ninguna manera!’

 

Le dije: ‘¡Pero mi hijo es el yerno de Bill Gates!’

 

El Presidente respondió: ‘¡OK!’»

 

Chiste leído en Twitter.

 

…    esto es, la Hiperstición deviene la producción del sentido identificado en forma de linde entre las proposiciones y las cosas, superficie metafísica donde los varios modos de relacionalidad adquieren la capacidad de diferenciarse y, por tanto, organizarse en realidades, y cuando esa superficie se multiplica en superficies, tal como la ampliación de las pistas de despegue de lo relativo tanto en la filosofía como en el arte como en las

 

 

 

 

 

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telecomunicaciones como en la política nos han demostrado que sucede desde, por lo menos, la inyección de las críticas de Kant en el pensamiento occidental y su completa asimilación por parte de la singularidad tecno-capitalista, lo virtual adquiere una ventaja drástica en la ingeniería de realidades[11] que, adicionalmente, genera, en doble salto mortal hipersticioso hacia atrás, anomalías temporales y algo que sólo puede denominarse «recuerdos del futuro», espirales de coincidencias con lo fabulado, con lo fabuloso, que avecinan la imposibilidad o, directamente, la mentira, al presente, haciendo de la Hiperstición una técnica esencial de localización de sentidos y reversiones del Hecho que cuajan, se adhieren y quedan fijados para siempre…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_Mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera: La Ley de Moore: Los Fantasmas Semióticos: El Stalker

 

Para distinguir el estrato de Vida entre la atmósfera y la litosfera, el geólogo austríaco Eduard Swess teoriza en 1875 la biosfera. El concepto, sin embargo, no se consolida y resulta aceptado hasta que, en 1926, el geoquímico ruso Vladimir Vernadsky se apropia de él y lo expande, planteándolo como una potencia termodinámica íntimamente ligada a los hallazgos de Charles Darwin y Charles Lyell en relación a los procesos evolutivos y geológicos. Vernadsky es el primero en asegurar que la biosfera tiene un efecto profundísimo y determinante en la Historia del planeta, y que la Vida no es sólo una maraña de líneas genéticas sino un sistema a escala planetaria, un singular ensamblaje esférico de materia y energía en constante flujo. Como sistema, la Vida obtiene su energía del calor y la luz del sol; sus nutrientes, de la litosfera y la hidrosfera; y el oxígeno y otros gases necesarios de la atmósfera; la fotosíntesis de las plantas hace que los animales puedan respirar, la materia muerta se descompone para fluir de vuelta a una o varias de las esferas terrestres y sedimenta en forma de abono, carbón o petróleo… Esta conceptualización de la biosfera, esencial a la hora de articular las principales teorías ecológicas más aceptadas en la actualidad —como la Hipótesis Gaia o la Ciencia de Sistemas Terrestres— ha dado lugar a una serie de hipersticiones mutuamente complementadas cuyas narrativas y ciclos apocalípticos ya empiezan a cristalizar en hechos prácticamente aceptados…

 

Nirvana negativo… Estamos en una estación de tren desierta y todo es gris y neón blanco, somos idénticas y corremos, nuestros trajes grises y neón blanco y azul pálido son tan idénticos como nosotras, corremos por un andén infinito en la estación, que aunque sabemos que se encuentra desierta y que por aquí ya no circula nada que no seamos nosotras, no nos inspira la suficiente confianza como para que nos demos el penoso respiro de seguir avanzando a toda prisa pero por las vías, un poco a la izquierda y

 

 

 

 

 

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un peldaño por debajo de la corriente de la que formamos parte, la corriente que nos transporta… Somos los últimos retoños de la Historia, nadie va detrás de nosotras, nada nos sigue y nada nos persigue, delante nos esperan unas fauces abiertas…

 

La naturaleza humana radica no en ser un animal racional, sino en que el Homo Sapiens Sapiens es un cíborg desde su surgimiento; un híbrido organismo-máquina que nunca ha dejado de actualizarse. Tan pronto como nuestros antepasados cazadores-recolectores aprenden a lascar pedernal y llevar a cuestas a sus crías con arneses de pellejo, pasan a la condición cibernética: una criatura orgánica que extiende sus habilidades mediante el uso de herramientas… Otros primates también emplean elementos ajenos a su biología para uso práctico, aunque sólo puntualmente y, si bien éstos les sirven de extensión, no los definen como definen al Homo… El cazador-recolector, nómada y organizado en clanes, deja su huella en su medio ambiente desde temprano, moldeándolo a conveniencia con la explotación y modificación de recursos naturales y el descubrimiento del fuego; al tener que desplazarse para asegurarse el suministro de comida, sin embargo, su interacción con el mundo para modificarlo es parcial, así que se aplica antes a la modificación de sí mismo. Sus únicos instrumentos son aquéllos con los que puede cargar. De este modo, pasa a ser un colectivo cíborg, en base al trabajo en grupo de individualidades enriquecidas… Gradualmente, esta forma de organización primitiva da lugar a la agricultura y el asentamiento y, de paso, a la infraestructura original… El sedentarismo dobla de manera exponencial el número de utensilios, introduciendo además los aparejos ficcionales, la ley y el protocolo, anclándolos a un territorio que ahora puede ser transformado sin límite. Las infraestructuras, metaherramientas, son, de nuevo, una extensión de las habilidades propias: un canal de riego cambia los parámetros de subsistencia, una religión cambia los parámetros de la complejidad espiritual, un régimen de castas cambia los parámetros de socialización y prevalencia del grupo… El humano civilizado avanza un estadio, de colectivo cíborg a cíborg colectivo, con sus infraestructuras como trajes de supervivencia ante entornos hostiles, trajes que a estas alturas ya no pueden ser mudados y de cuyo desarrollo y realce depende que el planeta pueda soportar la masa crítica de personas por metro cuadrado en la que nos hemos desplegado… Esta línea argumental lleva a una conclusión sencilla y, a la vez, tremendamente revolucionaria:

 

 

 

 

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nuestros procesos cognitivos tienen lugar en paridad dentro-fuera, no sólo dentro del cerebro sino también en las herramientas que aplicamos a éstos y en el contexto en que se realizan… La Vida Mental extrude de forma promiscua en construcciones culturales como los sistemas simbólicos públicos, la maquinaria industrial y las redes informáticas… La Mente está tanto contenida en el interior de nuestro cráneo como en nuestras herramientas y entornos inmediatos…

 

Estructuradas como paradójicas esferas asíntotas dentro de la biosfera, como condicionantes del horizonte ecológico de la Tierra, surgen la mecanosfera y la electrosfera —la Vida cibernético-biológica que medra en infraestructuras tanto explícitas como sutiles a lo largo y ancho del globo terráqueo, y su prolongación satélite en lo virtual e hiperespacial—, puntos de completa desestratificación entre la producción de los sujetos humanos y el planeta en sí mismo… Son mitos autogenerados por cuanto sólo desde la mecanosfera y la electrosfera, a partir de la observación contextual usando esas máquinas connaturales al ser humano que le permiten desvelar las dimensiones ocultas de la naturaleza y separarlo de la idealización clásica de ésta, pueden teorizarse ambas; sólo desde ahí y de ese modo pueden ser dotadas de atributos tanto la naturaleza como las esferas inherentes a ella… La Vida Mental extrude de forma promiscua en construcciones culturales, se organiza en la mecanosfera y la electrosfera y perfunde la hiperstición Tecnogénesis —un Homo Cíborg polisexual reformando la Tierra, transformándola en un eyector de sus esporas al espacio exterior— para desmantelar el pasado y confundir la linealidad de la Historia…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Claro que puede simplemente ser un pulso, falsa alarma, sentadas aquí como semáforos y mirándonos a los ojos cuando deberíamos estar estructurando un discurso que pudiésemos vestir, exacto, trajes de memes de combate… Infraestructuras como trajes de supervivencia ante entornos hostiles… Imbéciles adolescentes de estricnina, heterocíclicas y polisexuales y haciéndole daño al prójimo sólo porque sabemos, porque podemos, porque esta cosa es demasiado pequeña como para que dure por siempre… Las mentiras como pecados de padre que queremos contarle al Otro materializarán entre nosotras al enésimo cobarde subdesarrollado de neón que vende películas pirata —malas adaptaciones intravenosas, mediocres, de las de a ocho europiastras la dosis más palomitas, del folletín en el que explicarán nuestro proceso de adulterio por sofocación, negación y sublimación del sopor y a cuatro colores y con diagramas para tontos—, y miradlo, qué mono él, qué educada miniatura que nos despista un poco más y así podemos seguir sin vernos en la obligación de hablar de lo que está pasando… Implícito: todas tenemos a alguien esperándonos en confortables camitas de domingo hogareño. Las mentiras del Otro. Tenéis dentro mi larva de bombilla Led y yo tengo dentro vuestra larva de bombilla Led. Este enano se cachondea de nuestros respectivos Otros con su sola presencia… Nuestro bebé de neón es nimio. Es nuestro, joder. Eso duele, sí. Lo más divertido es que no nos duele a nosotras…

 

En 1965, Gordon Moore afirma que el futuro de la tecnología es mensurable y encajable en un patrón a partir de la observación empírica de que el número de transistores por unidad de superficie en circuitos

 

 

 

 

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integrados se duplica cada año y que la tendencia, al parecer, va a continuar así durante, como mínimo, las siguientes dos décadas… En 1975, modifica su propia ley al corroborar que el ritmo ahora está descendiendo y que la capacidad de integración ya no se duplica cada doce meses sino cada veinticuatro… En 1981, William Gibson publica El continuo de Gernsback, relato en el que el protagonista y narrador, un fotógrafo comisionado para ilustrar un catálogo acerca de la arquitectura norteamericana de los años 30 y 40 bajo el sugerente título de The Airstream Futuropolis: the Tomorrow That Never Was, bucea en las alucinógenas deformaciones del modernismo estadounidense, sus superficies cromadas y edificios aerodinámicos inspirados en la Metrópolis de Fritz Lang y la cándida obsesión por un futuro tomado por dirigibles autopilotados y coches voladores, a tal profundidad que llega a descubrir que existe una realidad alternativa a su alrededor en la que el Mundo ha adquirido el aspecto de una utopía ciencia-ficcional explícita y para la que aquello que está fotografiando no es sino arqueología… En 1996, Birgitta Trotzig escribe: «Ideologías/utopías. Mariposas particularmente oscuras, mariposas otoñales, mariposas de la descomposición revoloteando confundidas en el ocaso fronterizo entre el ver y el ser. La función ideológica/utópica, la función onírica abstracta. Cuando ella es la que predomina. Que casi siempre llega a predominar. No hay modo de escaparse, tales son las condiciones (la confusión, el daño mental) —incluso negada transforma a sus víctimas (…). Esa clase de sistema, sistema-locura, signos-diseño, se levantan de debajo de la tierra como sueños furiosos y persiguen a los seres oscuros que no se rinden, esos sistemas que usurpan, que transforman almas y cuerpos en herramientas —como simulacros furiosos perseguidores crecen en las roturas y en las reconfiguraciones sin contexto de la Historia». La pieza de prosa poética, titulada La ciudad nueva, es una reflexión sobre la figura del Stalker tal como es mostrado en la película homónima de Andréi Tarkovski, la cual en sí misma ya era una adaptación de la novela Picnic Extraterrestre, de los hermanos Arkadi y Borís Strugatski. Tanto en la novela como en la película, los Stalker son criminales dedicados a entrar en La Zona, un lugar prohibido por tratarse, quizá —la ambigüedad al respecto de los orígenes del lugar es enorme, y básica para la trama—, del punto de colisión de un meteorito o por ser un paraje una vez habitado por una misteriosa raza alienígena; un portal de conexión entre dos mundos, en

 

 

 

 

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cualquier caso, del que los Stalker roban objetos para su posterior venta. La entrada en la Zona, sin embargo, es muy arriesgada, ya que el lugar tiene un fuerte efecto sobre la persona; obliga al que traspase sus límites a comportarse como si se encontrase en situación de vida o muerte, haciendo que, allí, cada acción se convierta en un dilema moral para el que la intuición es más valiosa que la razón… La consecuencia directa de la Ley de Moore durante los cincuenta años posteriores a la primera vez en ser formulada es que los precios de los componentes informáticos bajan al mismo tiempo que el rendimiento de éstos aumenta —por ejemplo, una computadora cuyo precio de salida al mercado sea de tres mil euros, costará la mitad al año siguiente y estará obsoleta a los dos. Durante los veintiséis primeros años de aplicación de la Ley, el número de transistores que puede albergar un chip se incrementa treinta y dos mil veces. A partir de entonces, los cálculos de Moore se aplican a rajatabla en la informática de consumo, precisamente porque los desarrolladores de ordenadores personales los han tomado como patrón práctico… Con El Continuo de Gernsback, Gibson acuña el concepto de Fantasma Semiótico: un fragmento del inconsciente colectivo que se ha desprendido y ha adquirido entidad propia, un espejismo popular referido a una forma cultural concreta y ficticia… El 26 de abril de 1986, uno de los reactores de la central nuclear de Chernobyl, en la ciudad ucraniana de Prípiat, estalla, causando la mayor catástrofe en la historia de la explotación de la energía nuclear. En 2008, un grupo de adolescentes de Kiev monta un foro de Internet a través del que organizar excursiones ilegales a la Zona de Exclusión declarada alrededor de la planta nuclear clausurada durante años tras el desastre. En cuestión de dos días, ya hay en el foro más de veinte personas interesadas en apuntarse a la arriesgada incursión y, durante los dos años siguientes, el turismo de morbo y pillaje a la Zona llega a convertirse en una actividad muy lucrativa tanto para el grupo que planteó la iniciativa como para los muchos imitadores que llegan después. A los guías de esas excursiones se los conoce como Stalkers… En febrero de 2016, la asociación mundial de fabricantes de semiconductores emite la International Roadmap for Devices and Systems, una hoja de ruta a modo de propuesta para la evolución futura de la industria de componentes informáticos, en la que se especifica que la Ley de Moore ha llegado a su fin, que es físicamente imposible miniaturizar más los chips y que las necesidades ahora pasan por la interconexión y el proceso en base a

 

 

 

 

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núcleos paralelos. Sin embargo, el mismo informe declara que aún quedan por delante, como mínimo, tres generaciones de componentes que cumplan la Ley —aproximadamente, los fabricados hasta el 2023—; y nada más publicarse la hoja, multitud de expertos han salido a desmentir las aseveraciones de ésta, asegurando que en esas tres generaciones restantes pueden producirse gran cantidad de avances en cuanto a materiales se refiere, por lo que nuevos chips basados no en el silicio sino en el grafeno, los nanotubos de carbono o incluso el ADN animal, podrían perfectamente mantener vigente el Objeto Hipersticioso de Moore…

 

Abandonados en los cajones del progreso, los Sitios Fantasma son aquellas páginas web que han dejado de ser mantenidas y actualizadas, aunque aún pueden ser visitadas. Puro HTML anclado, un gemido del siglo XX en las cavidades del acceso a una red global de datos cuando ésta aún tenía propósito de mirada ausente. Los Sitios Fantasma se mantienen gracias a servidores gratuitos libres de chequeos de actualización, a dominios que no requieren pago ni estadísticas de tráfico. Imágenes corporativas desechadas u obsoletas, los primeros pasos en la programación de una plataforma de periodismo alternativo, las balbucientes llamadas de atención de una generación desnuda, vientres enmarañados en la espesura de lo que se realiza por intuición, qué tiempos aquellos, de hipervínculo sin adulterar, raspante y brillante, en paletas de apenas fluorescentes, pocas opciones y aun así el Mundo entero encogiéndose. Los Sitios Fantasma sientan testimonio. No son una metáfora. A un Sitio Fantasma que, sin motivo aparente, parezca haber cambiado de localización, se le denomina Zombi…

 

Efecto invernadero, acidificación de los océanos, mares de plástico, cementerios de chatarra tecnológica, la sexta extinción masiva, el agotamiento del petróleo y de los metales preciosos, desertización y sobreconstrucción, desechos nucleares, desgarro de la capa de ozono… Ahora mismo es imposible estudiar la Historia de la Tierra sin contemplar el hecho de que el ser humano ha ejercido un papel determinante en la reorganización de la economía material de la biosfera… Se impone por tanto la necesidad de plantear una nueva edad geológica que señale el final del Holoceno y bautice la era en la que la humanidad ha dejado su huella sobre la superficie del planeta para siempre: el Antropoceno. Ya no es sólo un sistema biológico determinado el que ejerce un efecto drástico sobre la

 

 

 

 

 

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morfología terrestre, sino una especie animal en particular dentro de ese sistema, una especialmente joven y con un potencial destructivo y recombinativo sin precedentes la que lo hace, de forma rapidísima y con un rigor inusitado… El hombre civilizado avanza un estadio, de colectivo cíborg a cíborg colectivo, y materializa la idea humanista-antropocéntrica del humano como regente absoluto de la creación hasta sus últimas consecuencias; en efecto, el Homo Sapiens Sapiens es hoy la fuerza natural dominante en el planeta que lo hiciese nacer y, por el momento, lo alberga…

 

Vivimos cambiando de localización sin motivo aparente y siendo una güija que respira en un Mundo sucio de espectros y en un paisaje de relojes marcando la hora del revés y un paisaje de casas con raíces tan hondas que van a pudrirse al calor del centro mismo de la Tierra y un paisaje de visillos y cortinas y lo que hay detrás de éstas… Güija que cambia de localización sin visillos y lo que hay detrás del paisaje somos nosotras sucias de espectros y con raíces detrás de cortinas tan hondas que vivimos respirando con el reloj en una mano y la casa marcando la hora en la otra… En el centro de calor del paisaje de las manos vivimos ahora al cambio de raíces como agujas en el mundo güija tras las cortinas… El motivo aparente de la aguja cambia las casas por podredumbre de visillos marcados hondo tras la localización de la tierra de los espectros raíz… Tan hondo como las manos en el mundo y la suciedad de lo que hay detrás marcando raíces en horas y hundiendo motivos en agujas con el clima por güija localizada en el paisaje del Ahora… Vivimos. Cambiando de localización. Sin motivo aparente…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_Ficción publicitaria y la Bolsa de Valores: coerción

 

(Publicidad: el proceso de cálculo consciente de Objetos Hipersticiosos)… (Bolsa de valores: la calculadora hipervirtual que desplaza especulaciones hacia la suma, la resta, la multiplicación, la división, la integración en el logaritmo, la causalidad o la profecía autocumplida)… La línea de transmisión de la ciudad cadáver… En el principio es el verbo, sí, pero el verbo refiere a algo, a una arquitectura que, verbo mediante, se autorrealiza en un discurso performativo que se bautiza a sí mismo como Realidad y luego se encarna en un ojo en el cielo dador de vida, pues al ser un aparato esencialmente cognitivo crea al ver, delimita al comprobar, planta progreso al supervisar, el pecado está en los ojos del que mira, el resultado depende de la coordenada espacio-temporal-sensitiva en la que el observador se encuentre, a imagen y semejanza, el único ojo del Cíclope —esa raza de gigantes guardianes de la ansiedad por falta de vínculo con lo divino del primer Hombre— es la especulación materialista del verbo, y el primer Hombre lleva a cuestas una concha de caracol hecha de conceptos secretados por él mismo, carga informativa cristalizada en algo físico e integrada a lo aparentemente no-informacional, a lo material, a lo estructural, y bajo el peso de esa concha el Hombre se arrastra por la Tierra, dejando un rastro de baba que el Cíclope pueda seguir, por el que encontrarlo y, en el mejor de los casos, prever su rumbo y quizá —la eterna esperanza del Hombre puesta en la acción que nunca será realizada por otro que no sea él mismo— intervenir, como un progenitor severo pero justo o como una confirmación de que tras el verbo hay alguna clase de Gran Plan Último, aunque dentro de la concha resuena cada noche la misma pregunta: ¿existe tal Cíclope, o es sólo una invención del Hombre, un consuelo?, porque los caminos del Hombre y el Cíclope nunca llegan a cruzarse, pero siempre queda la fe, cosa que no evita que el Cíclope se extinga, cuando la concha del primer Hombre es ya tan grande que alberga a su descendencia de millones, y ahora la concha como una epidermis y un mapa es explícita y tira de magia degradada al exhibir el concepto en, digamos, una valla publicitaria o en una campaña de concienciación o en

 

 

 

 

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la especulación de los mercados bursátiles, antes de escarcharse en concretamente ese producto que tras mucho anunciarse ya está a la venta, en concretamente ese éxito de ventas que ya venía pregonándose al público antes de que éste tuviese la oportunidad de juzgar, en concretamente ese repunte en el valor de la empresa, en honor al Cíclope, en legado, y por si acaso, queda el ojo en las cámaras del telediario y el ojo en el medidor de audiencia, el ojo en las comisiones de control gubernamental y la pregunta: ¿acaso el Supervisor del Hombre no es más que una invención del Hombre?, y el ojo en el papel moneda, el ojo en el tratado de anatomía topográfica y, más allá del ojo, el verbo, todo eso que usamos para contarnos de qué va este contexto mientras lo recorremos en círculos, paso a paso a paso a paso… Aquello a lo que el hype sirve de combustible, articulado como si el lugar-común-Sistema tuviese ciertamente detrás una serie de agentes móviles activos y no sólo sujetos que sujeten casi sin quererlo sus diferentes partes en peligro de disgregación… El dinero, los mercados, los juegos entre individuos, prospecciones y teorías existen en varios estados de equilibrio relativo, ya no jugando, de hecho, sino siendo integrados como piezas en el juego, siendo jugados, así el equilibrio competitivo se vuelve impersonal, mecánico, se supone que las lonjas interdependen de acciones personales y concretas, pero no hay acción personal que los analistas de núcleos de mercado no hayan en cierto modo previsto ya, la competitividad y la competencia no son reguladas por agentes externos, las previsiones deben idealmente ser compatibles con las autoficciones de comerciantes y distribuidores, por descabelladas que éstas resulten, debe perseguirse un estado sublime de estabilidad entre los precios para que ésta engrase los mercados, de modo que hay que integrar también a comerciantes y distribuidores en la secuencia de engranajes, el dinero se da por supuesto, el valor de las cosas es transitivo, en flujo ascendente/descendente pero sin sobrepasar nunca cotas máximas o mínimas, agujas pasando a través de esfínteres abiertos, el análisis de núcleo resuelve cualquier problema de reflujo, cualquier estreñimiento, los conflictos entre agentes de imputación del mercado refuerzan la importancia del núcleo que se embiste en centro de un sistema ultrafigurado y cada vez más cerrado y cohesionado, la Bolsa alcanza nuevos y originales límites de multi-unidad y las relaciones entre tratantes bursátiles, comerciantes y distribuidores son ahora complejas y convexas, forman curvas relacionales cuyas partes más

 

 

 

 

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prominentes están del lado del que mira, del observador externo, arrojando sombras de duda sobre el resto de secciones, y esa convexidad implica, por cuanto tiene de ocultación, que las mismas relaciones queden selladas en el núcleo a ser analizado, en las unidades de valor común, proactivas aunque ya no independientes, mientras el dinero se consolida a sí mismo… Lo virtual adquiere una ventaja drástica en la ingeniería de realidades que, adicionalmente, genera, en doble salto mortal hipersticioso hacia atrás, anomalías temporales y algo que sólo puede denominarse ‘recuerdos del futuro’, espirales de coincidencias con lo fabulado, con lo fabuloso, que avecinan la imposibilidad o, directamente, la mentira, al presente… Hacia la densidad máxima del eslogan: el RCEC está chapado en metales preciosos y ejecuta piruetas de natación sincronizada en piscinas de billetes de curso legal, extramuros los mercaderes se han hecho con el templo y están muy afanados en convencer a Jesús de que sus alpargatas han pasado de moda y que no tendrá ningún futuro como profeta si no se renueva con el último modelo de Air Jordan, son capaces de analizar cualquier uso en el núcleo relacional pecuniario para manipularlo y/o dictarlo, son el brazo armado de la plutocracia que ha tomado al asalto los palacios de invierno en los nudos del sistema nervioso del Mundo, y claro que nosotras, por nuestra parte, somos plenamente conscientes del impacto de la publicidad en la realidad inmediata, desde su responsabilidad directa en la mayoría de casos de anorexia y bulimia, la cosificación general del Otro, a la responsabilidad indirecta en el empobrecimiento de sectores culturales enteros —las estrategias coercitivas del hype cinematográfico, el product placement televisivo, los programas musicales, los Best Sellers ya etiquetados antes siquiera de haber sido leídos…—, pasando por la alteración del estado de ánimo primordial en el diseño de centros comerciales y el condicionamiento de usos sociales —la navidad, el día del padre y el día de la madre, el Black Friday…—, pero encogemos los proverbiales hombros y hacemos nuestro el discurso de creación de marca, nosotras también obraríamos, de hecho lo hacemos al vender nuestro currículum y nuestra bibliografía y nuestros perfiles gregarios en el hiperespacio, máscaras de sueño a los pies de la cama, arrancadas por algo muchísimo mayor que nosotras, la cosa ctónica, el eso abstracto, que nos ha desplazado, una gran ola de capital simbólico que nos arrastra y nos obliga a generar aún más de ello para que la ola se hinche y se lleve por delante a otros, es natural, caramba, y en la tiniebla se mantiene un

 

 

 

 

 

 

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curiosísimo contraefecto que justo define esa naturaleza hipersticiosa interesada, voraz y destructiva, como son los sangrantes fracasos de las campañas institucionales que usan el lenguaje publicitario sin considerar que éste se basa en la tentación y el avecinamiento apocalíptico y no en la prohibición o la advertencia… Mi artilugio que se quiebra ante el cómplice de la velocidad de la luz=herencia de muerte dios cuyo ADN diverge como la guerrilla de la célula… La información es un producto de lujo, los agentes del mercado condicionan el contacto de unos con otros a la cantidad de fuentes de información disponibles, la información marca la velocidad del mercado, la rápida sustitución de profecías informadas permite que los agentes se impliquen en el mercado durante periodos de tiempo cada vez más largos, las Bolsas se coordinan en ritmos circadianos para que la información dé la vuelta al globo terráqueo, de la cabeza de un agente a la cabeza de un agente a la cabeza de un agente sin posarse en el suelo nunca, los productos a los que la información refiere son transferidos a rebufo, en unidades constituyentes sin tanto valor como el valor de sus signos de cabeza en cabeza en cabeza y, por extensión de las habilidades computacionales de los agentes, de órgano informático en órgano informático en órgano informático, la actividad comercial es cada vez más previsible, el análisis de núcleo proporciona un marco conceptual dentro del cual contener cualquier fondo y forma de colusión, competencia y competitividad, las fuerzas de los mercados, ahora Los Mercados, se asientan, la predictibilidad acotada del comercio es transferida a los aparatos legales correspondientes y los mercados negros son o bien erradicados o bien asimilados a Los Mercados como diminutos pecados sin realmente ningún poder de subversión, algunos incluso se alientan con brochazos de brillo glamuroso sobre el patronaje de personajes destinados a las inanes producciones ficcionales de una cultura popular a la que se dota de apariencia salvaje y se deja en manos de los consumidores, a ser administrado como sano y legítimo y mandatorio Ocio… Causalidad ocultista, en cierto modo, acción cibernética en la que ambos elementos son los nodos esenciales de un circuito cerrado cuyos impulsos de ida y vuelta alimentan la producción de cambios dramáticos en uno y otro para (des)regular sus limitaciones, potencialidades y tolerancias… Estalla un incendio en la mediateca de Gomorra, las metáforas halladas entre los escombros son estudiadas por el más competente equipo de metaforenses y allí hay algo que se asemeja a un núcleo y un poco más allá dos

 

 

 

 

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extremidades inferiores amputadas a lo que parece un Cíclope, un tocón de lo que alguna vez fue un árbol de correlaciones y las entrañas desparramadas del brevísimo Antropoceno, mirad, un dictamen: la aceleración de la información y la supercombustión del hype han quemado a toda mecha la era geológica determinada por la influencia e impacto del humanismo sobre la Tierra, han acabado con ella y ahora nos hallamos inmersas en el Capitaloceno, es el Capital mismo el que rehace la hechura del planeta, lo ablanda y sazona, lo purga de estados sutiles que puedan alejar al Mundo de la esquizofrenia en la circuitería estanca de lo social y lo eficiente, son la capitalización de recursos, la estructuración de mercados, las rutas mercantiles y los metabolismos económicos los que gestionan desde este momento la extinción animal y vegetal y el calentamiento global, son la holística del consumo, el gasto y el espectáculo, y el piloto automático de la transacción, los que han dejado obsoleto al Hombre… Y tuvo lugar la erradicación del infierno de la célula en el panal de BABEL ESTOCAJE… Al instalarnos en el paradigma de la continua emergencia, y aún aferradas a las infraestructuras que nos ligasen tanto al territorio material como al virtual, emerge una forma relacional-informativa exudada de los antiguos aspectos de organización social e ideológica humanistas bajo las presiones del liberalismo y la política económica al autorrealizar sus narrativas más estrambóticas: la biopolítica, cuya sección transversal revela aún otra argumentación tumoral encarnada y todavía más lesiva: la necropolítica, un régimen de generalizada instrumentalización de la existencia humana, manifiesta en la ilusión de poder y la capacidad de dictar quién, en función de su valor productivo, vive o muere, el comercio a niveles exacerbados con elementos primigenios como la Vida y la Muerte debidamente empaquetados en forma de productos —una explicación aterradoramente sencilla a la proliferación de no-muertos, vampiros, fantasmas y ominosos monstruos de leyenda en el hecho cultural; también a la insensibilización hacia la espectacularización de la escatología—, tergiversando una primera intuición de inhumanismo en aberraciones como los conceptos medico-antropológicos de la bioeconomía y el biovalor, redefiniciones de la corporeidad, la yoidad —la autoafirmación, la identidad individual según la propia percepción— o la conciencia en factores solamente somáticos, localizados en la química cerebral, mercancía que puede ser colocada en Los Mercados, la Vida como excedente de producción, que facilita la

 

 

 

 

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interpretación de la Muerte como un epílogo a la carne viva hacia volverse material sensible de ser ciclado o reciclado, tejido recolectado y almacenado a la espera de ser trasplantado en quien pueda pagar su valor, o cifra en un conteo de decesos —por ejemplo, las víctimas colaterales en una guerra fabricada por gobiernos privados indirectos para afianzar recursos con los que posicionarse en el tráfico de Los Mercados— que alimente la construcción de criterios soberanos por los que perpetuar la misma lógica necropolítica, de nuevo: retroalimentación, ahora a escalas absolutas… El insectoide aspecto contemporáneo del efecto de realidad requiere de la aceptación tácita de extravagantes y súper-relativas construcciones que engloban por igual a la conspiranoia, la disolución del trance alfabético, la ciencia-mito, las incursiones analíticas en la Sociedad del Espectáculo, la Realidad Aumentada conceptual, el flujo de conciencia como espejo e imagen del código fuente de la matriz de Lo Real y un largo etcétera de alusiones más o menos explícitas a la condición programada, al misterio de los ladrillos en todo lo que es, muchísimo más allá de los pedestres mecanismos ficcionales e históricos que el rancio realismo ha venido usando como excusa para conformarse con el Simulacro ante la imposibilidad intelectual de aprehender fielmente cualquier realidad… La economía de nuestros padres ha muerto pero la Historia no ha acabado, y la necesidad de improvisación hurga en las narices de todas en busca de algún resto, alguna traza, sólo una, por pequeña que sea, algún viso de respuesta que se haya podido filtrar accidentalmente desde estos cerebros nuestros de grupo humano que mayor cantidad de información haya atesorado jamás, porque todas sabemos, a pesar de que la mayoría no sepa que sabe, que a estas alturas de la marcha histórica somos adultas, aunque disfuncionales, negadas y anuladas por la negación y la anulación mismas, por los estados padre y los sistemas padre y los medios padre para alcanzar ningún fin, por los contrapesos de una tradición madre mal entendida y una fortuna madre mal domada y una esperanza madre mal infundada en tramposos relatos de resiliencia, y aun así, adultas, aquí mal andamos, ninguneadas, bien reducidas a enésima pieza de la masa ignorante que bala a los domingos por la mañana, bien ultracínicas devaluadas y siempre sospechosas, bien a perpetuidad distraídas con migajas y discursos caducos, en cualquier caso eternas adolescentes como lo fueron y son nuestras predecesoras, pero, en nuestro caso, mal que nos pese, sólo en apariencia, y si bien el potencial está aquí y es nuestro, seguimos

 

 

 

 

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emperradas en usar esta energía evolutiva y fundamental para trastear con el motor de consumo eterno, ese que ahora se nos muestra desventrado y en todo su esplendoroso canibalismo programado, en lugar de embragar y frenar y declarar que, no, ya no necesitamos que nos digan qué está bien y qué está mal, qué es ley y qué es patria, porque, como especie, hemos tenido tiempo de sobra para aprendérnoslo al dedillo, la economía de nuestros padres ha muerto, y ya que ellos y sus padres, y los padres de sus padres, colaboracionistas, permitieron que absolutamente todo lo demás se imbricase en ella, participase de ella y corroyese con ella las muchas realidades alternativas que tenemos al alcance de la mano, ahora todo se siente turbio, flácido y ciertamente hediondo, tanto que los vapores no nos dejan ver que esto no es más que el período refractario tras el salvaje coito capitalista, tras la petite mort, y hacia la caricia concupiscente después, o hacia el cigarrillo desdeñoso en la habitación contigua, o hacia reanudar el acto pero esta vez con más delicadeza, más cómplice y atento para con las necesidades y gustos del Otro, la economía de nuestros padres ha muerto y el cadáver se abotarga en nuestras casas, que no nos atrevemos a llamar hogares porque el hogar es aquello a lo que se nos ha condicionado a aspirar, y se abotarga por ello en la sensación de haber sido desahuciadas de antemano del pisito en propiedad de laxa hipoteca y feliz placa de latón para siempre atornillada en el buzón que se nos prometió y aún se nos promete, y ahí llegan los gusanos, hambrientos a un nivel inconcebible, hambrientos pues la economía es sólo un concepto y no precisamente de los más nutritivos, tan y tan y tan hambrientos, estos gusanos, que no les queda más opción que devorarse a ellos mismos, y he aquí cómo sobre el despojo putrefacto se impone una pátina de decadencia y terror y asco, porque no tendremos vivienda propia, ya no, y vivir de alquiler hasta que no vivamos más se nos antoja, así de bien hemos sido bosquejados, un gusano gordo con el que lidiar entre calambres de angustia, porque no alzaremos familia alguna desde los cimientos de una relación romántica cuyo erotismo se ha desvanecido rápido por efecto de la rutina y las grietas de lo que no cuentan las comedias ni los manuales de autoayuda, ya no, porque no hay más contratos laborales fijos en el horizonte y el ser eventual también se nutre ahora, la idea prospectiva de ello, de su propia mierda, de su propia cola, porque los dioses Luz, Agua, Gas y Teléfono agonizan y se han mostrado pobres sustitutos de los objetivos de nuestra necesidad de adoración, y así, mañana, quizá pasado mañana, la costra de

 

 

 

 

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legañas ahora descascarilladas caerá del todo y veremos que el sábado será el día de Saturno, el domingo el del Sol, el lunes el de la Luna, el martes el de Marte, el miércoles el de Mercurio, el jueves el de Júpiter y de vuelta al viernes, día de Venus, veremos días-panteón-planeta-semiótica de forma tan obvia como comprendemos que todo es uno y lo mismo y sólo eso, ya no más nada más que nosotras, la economía de nuestros padres ha muerto y eso está bien, las cosas tienen que morir, pero acabemos ya con el velatorio, los honores han sido rendidos con creces y las armas entregadas, y es nuestro turno de exigir que se nos devuelva la Alucinación y se nos permita convertirla en un proceso de otro signo, quizá absolutamente contrario, así como la opción de dejarla abandonada en la cuneta y tejer otra, muerta la economía, pues, Ecce Homo, Homo Tenuis…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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ENTES SIN ROSTRO

 

 

 

 

Hoy. Desde el amanecer marchito. La tromba de inapetencias y el regalo formulado. El estómago ahora gris de veisalgia, fustigado para que despierte al resto de vísceras y que éstas florezcan, asciendan hasta la garganta y enmarquen el fingimiento de una voz, esa voz arrebatada de nombres, fechas, símbolos verbales y demás datos inútiles, frustrada por el rebajadísimo pienso que debe consumir. Amanecer inapetente de la fórmula, la víscera y el ascenso, los datos de regalo, voces fingidas al despertar de los símbolos desde el arrebato, el estómago de la flor de ascenso que nombra los grises marchitos de hoy.

 

No generar mensaje alguno. No respirar. Primero, contenerse en la rosa de fuego entre pliegues calientes; en las mentiras, las leyes y la hiel. Después, contenerse en plegadas mentiras, en las leyes de la rosa, en el falso fuego del flambeado decorativo de la hiel. El rostro, sostenido con delicadeza entre las manos. El cuerpo, desplomado. Permeable a las densidades de la resistencia. A la concentración.

La inmensidad al final de la Historia. Lo que acecha en el ultimísimo instante. Despliega zarcillos espinosos que viajan atrás en el tiempo. Pinchan la línea. Hasta el momento primero, cuando todo lo que fue era un verbo. Cada punzada y cada corte es una modificación sustancial; una herida en la Historia provocada por el postrero desastre del futuro, a fin de que éste pueda acontecer. La luz desconectada del principio de autoconejillo de indias se vuelve pesada en esos agujeros a través de los cuales se desmigaja el pasado. Agua pesada en charcos de eventos; la petrificación y la radiación y las criaturas anaeróbicas que ahí habitan, todo ello se nutre de nuestra misma fuerza motriz. Ultimísimo corte de la Historia, pinchazo postrero en la sustancia de luz que lo que acecha hiere con modificaciones en viaje de espina, principio verbo de la punzada, el desastre inmenso despliega su peso por la línea primigenia.

 

 

 

 

 

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Mañana. Como bloques rígidos de cuero al sol se cuartearán manadas de hombres y mujeres con nada por delante. Atrás, las cavidades talladas por bestias neurolingüísticas. La maldita opresión de botones. Y la velocidad inverosímil. No olvidaremos la velocidad inverosímil de las franjas en el diseño de la fosa común y en las franjas de diseño del argumento que llenará de cadáveres ese pozo. Las huellas en las caras internas de los muertos serán la única moneda de cambio. La ruina en que devendrá el presente sofisticará sus camuflajes para que sigamos creyéndolo inasible, incorruptible, una aberración matemática, el monstruo más esquivo… Monstruo bloque neurolingüístico de los cadáveres del presente por el que el olvido de las franjas talladas en la verosimilitud por bloques de velocidad oprimida en las matemáticas que morirá en los diseños comunes, olvidado diseño común de la muerte por camuflaje en el que el monstruo se cuarteará a la velocidad de los argumentos como huellas en la fosa, en el pozo del cadáver y en la cara de la bestia y en las sofisticadas monedas que, mañana, nos arruinarán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_Hiperstición: la dimensión oculta

 

 

«La infosfera, como la biosfera, es metaestable pero porosa. Tiene territorios de vacío a lo largo de toda su superficie. Se derrumba constantemente por puntos de inestabilidad que marcan los límites del morfoespacio cognitivo humano (al menos el actual). Esos agujeros no pueden ser investigados, ni siquiera de forma hipotética. No pueden ser convenientemente localizados o representados. En espacio vacío, uno no puede jugar a los dados»

 

Germán Sierra, Deep Media Fiction.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La antifilosofía se conjuga como una disonancia cognitiva de la filosofía. Ya que la segunda ha flirteado desde su estructuración original con las áreas de la ficción y los mundos posibles y la utopía y los entes metafísicos, la primera la enfrenta con hiperespeculación, con filoficción, con métodos de construcción de ficciones radicales mediante el aprovechamiento de materiales especulativos y desechos filosóficos, aquello sobre lo que la filosofía proclama de continuo alzarse y superar en pos de un engolado y distante desentrañamiento de la Realidad. La Hiperstición trasciende las categorías antropocéntricas de la filosofía. La fórmula simplificada «fenómeno por el que las ficciones se autorrealizan» es sólo un examen desde una perspectiva concreta en el morfoespacio

 

 

 

 

 

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humano. Los Objetos Hipersticiosos son complejas operaciones mágicas de reunión de elementos que normalmente no se relacionan los unos con los otros. Y, en su comunión, son capaces de transmutar la Realidad consensual y la Norma cultural, hasta el punto de cambiar la percepción previa y hacerlos normalmente relacionados. Coartada para una violencia ontológica contra las máquinas deseantes. FILOFICCIÓN. HIPERESPECULACIÓN[12]. Mestizaje armamentístico de elementos arrebatados de las áreas de vacío de la infosfera, del metaespacio superior en el que ideas en bruto componen un paisaje que a su vez es el modo de observar el paisaje que a su vez es la ingeniería tras artefactos diseñados para observar el paisaje, medirlo y arrasarlo. HIPERFICCIÓN. Tecné alucinógena y, a la par, materialista. Maldiciones al curso de la Historia que sólo pueden ser lanzadas mediante manipulaciones oscuras y oblicuas del discurso.

 

«Por ejemplo, los ‘portadores’, un concepto hipersticioso fundamental: por un lado, un ‘portador’ es una ficción capaz de transmitir un sentido plausible de integridad y, por tanto, de imitar el rango de efectos de un fraude; por otro, propuesto como un ente normativo a través de la creencia, sería una unidad de relativización sistemática en recipiente para planes excéntricos. La fórmula ‘plan excéntrico’ se usa aquí para resumir y etiquetar cada hipótesis, creencia, emoción o implicación susceptible de ser evacuada de los principios de la actividad hipersticiosa. La función elemental del ‘portador’ es, por tanto, la eliminación de reglas y estándares de la práctica hipersticiosa. Los ‘portadores’ son — como debería ser cualquier ejercicio hipersticioso— una herramienta de ‘autodesadoctrinamiento’»

 

David R. Cole, Inter-collapse.

 

METACONCEPTUAL[13]. La Hiperstición ha devenido en una práctica antifilosófica necesaria no sólo para entender los entornos culturales contemporáneos sino también a la hora de operar en el actual paradigma capitalista e interconectado. Localiza los orígenes de nuestro presente en el futuro, por lo que permite afectar a éste desde incursiones especulativas en aquel. Muestra el ciclo apocalíptico completo del presente. Postula un nihilismo post mortem. Los Objetos Hipersticiosos son espejos del

 

 

 

 

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simulacro, puestos ahí para provocarle complejos, para mostrarle sus defectos. Las hipersticiones conceptuales se ubican donde el simulacro se vuelve indistinguible de la Verdad o la Mentira, se convierten por tanto en la antítesis de las ideologías —cuyos cimientos se asientan sobre el no reconocimiento de la esencia ficcional del presente—, y las desarman a base de asimilar y aprovecharse del poder inherente en la intuición de conceptos. HIPERESPECULACIÓN. Errores en la capacidad de adivinar el pasado. FILOSATURACIÓN. Que la Hiperstición se desarrolle a partir de una ficcionalización competente por la que todo el entendimiento posible del concepto de tiempo está radicado en el futuro, articula todas sus teorías asociadas, así como sus Objetos, en un enjambre de ideas-lesión sobre la línea temporal capaz de sobreflotar las tensiones entre Realidad y ficción por impulso de un hiperobjeto general para el cual la ficción no es sino una función temporal; de igual manera, hace que el enjambre mismo gane tracción sobre la Realidad en sí.

 

«El tiempo es lo que se acaba. El tiempo es el tiempo limitado que experimenta una criatura capaz de sentir. De sentir el tiempo, es decir, de adaptarse al tiempo según lo que Korzybski entiende por intención neuromuscular del comportamiento respecto al medio como un todo… Una planta se orienta hacia el sol, un animal nocturno se despierta al atardecer… caga, mea, se mueve, come, folla, muere.

 

¿Por qué el Control necesita a los humanos?

 

El Control necesita tiempo. El Control necesita el tiempo humano. El Control necesita que cagues, mees, te quejes de dolor, tengas un orgasmo, mueras. Así pues, ¿qué es lo que el Control piensa hacer con esta mercancía que será tan acertado? Lo mismo que los sacerdotes mayas, que pensaron usar el tiempo humano para generar más tiempo»

 

William S. Burroughs, Ah Pook is here.

 

Los Objetos Hipersticiosos son ficciones que crean las condiciones adecuadas para retroactivamente hacerse reales. Y al incidir sobre la línea temporal ése es exactamente el efecto que provocan: no sólo hacen que el tiempo sea real, sino que generan más tiempo. Una Hiperstición sitúa sus orígenes en el futuro para reclamar una futura posición allí. Desune el

 

 

 

 

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tiempo, lo despoja de su preconcepción como unidad de pasado, presente y porvenir. Así, genera una idea del tiempo como una singularidad: ni el presente es creado por una teorización de lo contemporáneo, ni el pasado depende de las cualidades generales de la Historia. HIPERESPECULACIÓN ASÍNCRONA[14]. A modo de ejemplo, retomemos el Antropoceno y comparémoslo con la noción de Cambio Climático: el calentamiento global y demás razonamientos anexos son juicios basados en conceptos científicos clásicos y diagnósticos futurológicos, mientras que el Objeto Hiperticioso Antropoceno proclama que la alteración potencialmente letal de las condiciones de Vida en la Tierra empezó antes de que pudiésemos reconocerlo y su realización futura no sólo ha sucedido ya, sino que ha sido sobrepasada. REFORMULACIÓN RETROACTIVA[15]. Hiperstición metaconceptual infalible, pues viaja a través del tiempo. Ambos, Cambio Climático y Antropoceno, llaman la atención del sujeto que recibe las andanadas teóricas sobre exactamente el mismo estado de emergencia, disponen ante él sus respectivos conjuntos de lentes con los que aclarar la miopía en relación a Lo Real, pero mientras el primero —recordemos: un nudo de teorías ortodoxas y biopsias más o menos interesadas de la Realidad normalizada, aferradas al discurso histórico aceptado por el común, y que consciente y combativamente ignora que esa Realidad que es su punto de apoyo también es una ficción; un ciego ejerciendo de oculista, pues— enmarca, acota y restringe sus diagnósticos al condicionamiento absoluto a la dimensión temporal de las cosas, a la obediencia sin cortapisas de lo dictado por el reloj atómico del Mundo, el segundo —recordemos: un Objeto Hipersticioso lanzado desde un futuro plausible y cuyo aterrizaje en el presente dobla la línea temporal y la naturaleza material a conveniencia para dotar de valor real la hipótesis que representa y, así, avecinar ese futuro suyo en detrimento del resto de futuros, revelando de tal modo la existencia de otras dimensiones, ocultas, paralelas, tangentes y asíncronas a la dimensión temporal; un vidente ejerciendo de patólogo, pues— propone un nihilismo de cristal tintado inhumanista como prótesis de resistencia a las toxicidades del porvenir y acucia a generar aún más ficciones que materializar a modo de solución probable. HIPEROBJETO INTERDIMENSIONAL. TRANSARMÓNICO. VIOLENTADOR ONTOLÓGICO.

 

 

 

 

 

 

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«Axs:021 Tiempo-Fallo. Cronos no puede implementar su propio código (ya éste bloquea su paso a la hiperdimensionalidad (acumulando inmensas fuerzas de latencia cultural (que están siendo apropiadas como legado por algún otro))). Si debe adquirirse un modelo, antes habría que reiniciar el presente como Historia de las civilizaciones en retrospectiva (igual que un Orden Supremo (orden(ador((() de todo lo re)re)recursivo) ondas temporales) enredan el neo((O))edipo en bucles de programación).

 

Olvidas cuándo empezó, hasta que ello cree en que eres tú imaginándolo. Te intercambias a través de una equivalencia ficcional de la identidad. Historia Edípica, una referencia psicosocial estándar y una cáscara neuroelectrónica replicable. En cualquier caso, te reviste. ¿Has salido ya? ¿Fantástica ficción Edípica, o una Táctica-K ejecutando su maldición?»

 

CCRU, Flatlines.

 

La ontología del presente, en la moldura de la Hiperstición, no se orquesta alrededor de Qué Es. Más bien debe ser practicada como un Qué Va a Convertirse en Presente a través de la infección consciente de los aparatos mediáticos y de las ideas de Realidad Mediada. Hype e infiltración cultural. METADIMENSIONAL ASÍNCRONA[16]. Con el objetivo último de la inversión drástica de referencia. Conceptualizar el tiempo como retroactivo implica necesariamente un volverse real. La contemporaneidad no existe. Se construye a sí misma desde múltiples especulaciones futuristas. Las estrategias de prevención de la recuperación de futuros pasados que ofrece la Hiperstición desactivan la cosificación en forma de Marca de elementos socioculturales sensibles de ser atesorados de forma sátrapa por instituciones, museos, archivistas, leyes de copyright, la industrialización de lo creativo y la general condición espectacular del Capital. El hype entendido en su acepción de práctica intelectual positiva de alimentación de ideas competentes usa la creencia como poder activo y creador de un modo muy distinto a las dinámicas indexadoras tras el hype capitalista. TRANSFILOSOFÍA. La Hiperstición destruye el modelo jerárquico de los conceptos y los lleva a subniveles relativos en los que insuflarles movimiento; los acelera hacia la disolución y, de ahí, al caos. Un caos que no es necesariamente una falta de orden sino el vacío abisal

 

 

 

 

 

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de las energías desconocidas del subconsciente. FILOESPECULACIÓN. Microestructuras contra la infraestructura: aceleración hacia la anarquía metafísica.

 

«Su mente se había transformado en una máquina estropeada, siempre atormentada por recuerdos extraños e imprecisos de una época anterior a su envenenamiento, una época en que amaba en lugar de odiar. Y ahí estaba la desdichada Tierra, una víctima maltrecha; la vanidad se impuso, y ellos pronto olvidaron el aire recientemente contaminado; mas, después del choque me encuentro al otro lado de la catástrofe, en un tiempo pasado. Por otro lado, cabría decir también ‘en un tiempo futuro’, porque el arriba y el abajo son perfectamente intercambiables; todo depende del punto de vista, del lugar en que uno se sitúe, como ocurre con el adelante y el atrás»

 

Doris Lessing, Instrucciones para un descenso al infierno.

 

METARMONÍA. TRANSESPECULACIÓN REAL. En cierto modo, la Hiperstición inflige los mismos golpetazos de angustia sobre el hecho sociocultural que las ansiedades obsesivas derivadas del simulacro dentro de simulacros del Ahora —la Verdad es una Mentira envuelta en centenares de velos, la arquitectura de la Realidad escapa continuamente a las capacidades del saber humano, Aquí y Ahora hay Dragones—, aunque al revisar de forma holística esa red de Indras de sólo apariencia, rehuyendo la unidad monolítica de lo consensuado aun en la simulación, introduce una tautología negativa que aboca al Apocalipsis por desmigajamiento del total de las dimensiones conjeturables, incluyendo en éstas al simulacro. REORIENTACIÓN FILOFICCIONAL. ESOTERRORISMO…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_El Rey de Amarillo:

 

Nyarlathotep: SlenderMan

 

 

«CAMILLA: Usted, señor, debería quitarse la máscara.

 

EXTRAÑO: Ah, ¿sí?

 

CASSILDA: Sí, ya ha llegado el momento. Todos nos hemos quitado el disfraz menos usted.

 

EXTRAÑO: No llevo ninguna máscara.

 

CAMILLA: (Aterrorizada, en un aparte a Cassilda) ¿Ninguna máscara? ¡Ninguna máscara!»

 

El Rey de Amarillo, Acto I, Escena 2ª.

 

Publicada en 1895, El Rey de Amarillo es una colección de cuentos del escritor Robert W. Chambers, relacionados unos con otros — principalmente las cuatro primeras piezas: El Reparador de Reputaciones, La Máscara, En el Pasaje del Dragón y El Signo Amarillo— a través de dos ejes temáticos centrales: la existencia de una siniestra obra de teatro encerrada en un libro prohibido capaz de corromper moral y espiritualmente a aquél que lo lea, también titulada El Rey de Amarillo, y el planteamiento de que dicha obra de teatro no es una ficción sino un artefacto sobrenatural que desvela y amplifica la existencia del Rey de Amarillo, una perversa deidad alienígena, y el influjo de éste sobre la Realidad terrestre. Asimismo, los cuatro relatos comparten una premisa de fondo según la cual una dinastía imperial se ha establecido en la Tierra tras anexionarla a Carcosa, una ciudad muerta gobernada por el Rey de Amarillo y que también podría ser un distante planeta yermo o una sólida masa de pesadillas cristalizadas, una terraformación del horror en la dimensión paralela del subconsciente humano, donde soles gemelos se hunden en lagos contaminados de miedo y estrellas negras se alzan en la noche y extrañas lunas circulan por una esfera celeste imposible… El Reparador de Reputaciones es un narración distópica situada en una hipotética Nueva York de 1920 desalmada y ultra-tecnológica, en la que el

 

 

 

 

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simulacro de prosperidad y los afeites de las mejores ensoñaciones de la burguesía americana apenas ocultan la ominosa y ubicua presencia de cabinas en las que suicidarse ahora que quitarse la vida es legal y de la constante noticia de la caída del resto del Mundo en la anarquía. Hildred Castaigne, el nada fiable narrador de la historia, quien antaño fuese un rico y vivaracho playboy, se ha visto transformado psicológicamente por la coincidencia de dos actos accidentales: un terrible golpe en la cabeza tras la caída de un caballo, que lo lleva a ser ingresado en un sanatorio mental, y el hacerse posteriormente, aún convaleciente, con una copia del texto dramático El Rey de Amarillo. El joven, convertido en un recluso, pasa sus días entre manuscritos antiguos y viejos mapas, en una habitación que comparte con el señor Wilde, el Reparador al que refiere el título, un hombrecillo desfigurado y lunático que afirma ser el artífice y ejecutor de una gran conspiración cuyo objetivo es el de reinstaurar el linaje monárquico del reino de América, una noble casta proveniente de un vasto imperio original de un lejano sistema estelar y de la que supuestamente Hildred es el último eslabón. Castaigne, además de estar del todo convencido de las afirmaciones del señor Wilde, cree que su primo Louis está tramando también una conspiración a la contra para interponerse en la línea sucesoria y forzar a Hildred a abdicar antes de que su reinado sea validado por las muchísimas personalidades importantes que el Reparador tiene bajo su control gracias a las redes de extorsión e intercambio de favores acumulados tras salvarlos de potenciales escándalos y confabulaciones turbias. Al enfrentarse ambos primos, Louis se burla de Hildred y su desequilibrio mental, hecho que provoca que el segundo confiese haber matado al doctor Archer, el responsable de su terapia en el sanatorio, y a la prometida del primero, Constance. Expulsado de mala manera por Louis, Hildred regresa a su cuartucho y encuentra allí el cadáver del señor Wilde, que ha sido degollado por su gato. La muerte del Reparador frustra los planes de la conquista de América por parte del joven, quien enloquece aún más si cabe. Cuando la policía llega para encargarse del muerto, el relato estalla: ¿ha sido todo lo contado, la caída, el sanatorio, los argumentos del señor Wilde, las visiones grandiosas y las muertes quirúrgicas, una alucinación de Hildred o una calculadísima maniobra de Louis a fin de tocarse con la corona del Rey de Amarillo? «Una mañana de mayo muy temprano, estaba frente a la caja fuerte probándome la corona. Los diamantes refulgían como el fuego cuando me

 

 

 

 

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miré en el espejo y el pesado oro batido ardía como un halo en torno de mi cabeza. Recordé el grito de agonía de Camilla y las terribles palabras que resonaron en las penumbrosas calles de Carcosa. Eran las últimas líneas del primer acto y no me atrevía a pensar en lo que seguía… no me atrevía a hacerlo ni siquiera al sol de primavera, allí en mi propio cuarto, rodeado de objetos familiares, animado por el ajetreo de la calle y las voces de los sirvientes en el cuarto contiguo. Porque esas palabras envenenadas se habían filtrado lentamente en mi corazón, como las gotas del sudor de la muerte en las sábanas. Temblando, me quité la diadema de la cabeza y me enjugué la frente, pero pensé en Hastur y en mi propia justa ambición, y recordé al señor Wilde tal como lo había visto por última vez, con la cara desgarrada y sangrante por las garras de esa criatura del diablo»… En La Máscara, se nos muestra cómo el recatado y lánguido triángulo amoroso entre tres personajes entregados a la bohemia francesa —el pintor y narrador Alec, el escultor Boris y su pareja y musa, Geneviève—, es violentado por fuerzas psicodélicas de más allá del velo de la razón cuando, de nuevo, dos hechos extraños coinciden en el tiempo y el espacio: de un lado, el descubrimiento por parte de Boris de una sustancia capaz de transformar cualquier objeto, animado o inanimado, en delicadísimo mármol; del otro, el acercamiento y posterior inmersión de Alec en su propia copia de El Rey de Amarillo. Enseguida los delirios empiezan a sucederse y a asaltar al trío, entre espasmos de decepción romántica, ambición desmedida y tensión bisexual no resuelta, acompañados de visiones de pétreas criaturas de un blanco perfecto arrastrándose entre el instrumental de Boris, una babeante cabeza de lobo tirada en una alfombra y haciendo chasquear sus mandíbulas ante una Geneviève arrebatada de lujuria bestialista, el canto de sirena de Madonas del infierno retorciendo un poco más la ya maltrecha mente de Alec… «La máscara del autoengaño no era ya una máscara para mí, era una parte de mí mismo (…). También pensaba en el Rey de Amarillo envuelto en los fantásticos colores de su capa harapienta y el amargo grito de Cassilda: ‘¡No a nosotros, oh Rey, no a nosotros!’. Febrilmente luchaba por apartarlo de mí, pero veía el lago de Hali, incoloro e inmóvil sin onda ni ráfaga que lo agitara, y veía las torres de Carcosa tras la luna. Aldebarán, las Hiadas, Alar, Hastur se deslizaban por entre las nubes desgarradas que ondulaban y flameaban como los harapos bordados del Rey de Amarillo»… El Signo Amarillo vuelve a tener como protagonista y

 

 

 

 

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narrador a un pintor, el señor Scott, quien vive atrapado entre su obsesión con el sereno de la iglesia de enfrente de su estudio y la pesadilla recurrente que comparte con Tess, su modelo, en la que un carruaje fúnebre deambula por calles imposiblemente oscuras transportando el ataúd del pintor. Scott no puede quitarse de la cabeza el sonido de la voz del sereno, que le pregunta cada vez que coinciden si ha encontrado ya el Signo Amarillo. De forma gradual, la obsesión y la pesadilla se recrudecen, el delirio se instala en Scott tanto como en Tess, hasta que ésta regala a aquél un broche de ónice incrustado con un peculiar símbolo dorado. Al día siguiente, Tess encuentra en el estudio un libro que Scott no recuerda haber comprado pero, de algún modo, sí parece haber leído sin ser consciente de ello: El Rey de Amarillo. Ambos pasan horas arrebatados, discutiendo sobre la obra de teatro que propone el volumen, sobre el Rey y sobre la Máscara Pálida, sobre Hastur y Cassilda y Hali, hasta que cae la noche y un ruido terriblemente familiar les llega desde la calle. Scott, agotado por el exceso de emociones de la tarde, se acerca a la ventana y ve lo que hay al otro lado, abajo; ahí está el maldito carruaje de sus funestos sueños, y de él se apea un ente sin rostro que viene en busca del Signo Amarillo y que no dudará en consumirlos a ambos a fin de hacerse con ello… «Yo sabía que ella sabía y que leía mis pensamientos como yo los suyos, porque habíamos comprendido el misterio de las Híadas y ante nosotros se alzaba el Fantasma de la Verdad»… En el Pasaje del Dragón explicita las reflexiones de un narrador anónimo alrededor de su reciente lectura de El Rey de Amarillo. En la iglesia de San Bernabé de París, a la que ha acudido para purgar la culpa instalada en él tras la toma de contacto con ese portal hacia la dimensión de las estrellas negras en forma de libro, el hombre trenza sus visiones paranoico-cósmicas con la arquitectura empapada de superstición del sitio, para posteriormente enlazar el nudo psicótico con un paseo de tintes psicogeográficos de vuelta a casa, durante el cual es perseguido por un Hombre Esbelto, un fantasmagórico organista emanado del coro de la iglesia. Cuando finalmente el acosador alcanza a su presa, el hombre descubre que en realidad su cuerpo nunca ha salido de San Bernabé, que ha sido su alma la perseguida por el Hombre Esbelto, quien ahora le muestra una última imagen de su condena: el paisaje desolado y aterradoramente vibrante de Carcosa… «La muerte y la espantosa morada de las almas perdidas donde mi debilidad hacía ya mucho que lo había

 

 

 

 

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enviado, lo habían cambiado para cualesquiera ojos que no los míos. Y ahora oí su voz que se alzaba, crecía, tronaba en la luz relumbrante, y al yo caer, la irradiación que aumentaba más y más vertía sobre mí olas de fuego. Entonces me hundí en las profundidades y oí al Rey de Amarillo que me susurraba al oído: ‘Es terrible caer en las garras del Dios vivo’»…

 

También en 1895 ve la luz el último trabajo que Sigmund Freud y Josef Breuer firmarían conjuntamente, Estudios sobre la histeria, un tratado cuya idea central es el sentido simbólico del síntoma histérico, al que se otorga un carácter de núcleo patógeno a la manera de un cuerpo extraño habitando la memoria del sujeto a raíz de un suceso traumático situado en el pasado —el síntoma como un transbordador que desplaza al sujeto hacia las regiones más recónditas de su Espacio Interior y comba su percepción de la dimensión temporal. Por lo revolucionario de este planteamiento, y sobre todo por las conclusiones expuestas en el último capítulo del libro, escrito exclusivamente por Freud y en el que desarrolla su pensamiento acerca del conflicto y la defensa en el tratamiento de las neurosis en general, así como también apunta la pugna psíquica entre lo reprimido y las fuerzas represoras que se manifiestan en forma de defensa, la obra significa un punto de inflexión en la historia de la psicología y será una influencia fundamental en el tratamiento de desórdenes mentales, fenómenos de la psique y alteraciones del lenguaje y la memoria durante prácticamente todo un siglo… «El material psíquico patógeno aparece como la propiedad de una inteligencia que no necesariamente le va en zaga a la del Yo normal», dice Freud en el mencionado capítulo, otorgando así a la sintomatología histérica una calidad de ente infiltrado en la psique que no sólo choca frontalmente con el prejuicio teórico del resto de psiquiatras de la época, que la consideraban producto de anormalidades y degeneraciones en el cerebro, sino que permite un primer esquema de organización de lo psíquico concebido como una triple estratificación de representaciones y al que cualquier patología alcanza descompuesta en fragmentos, en forma caótica, y llegada desde una exterioridad, para gradualmente abrirse paso a través de las resistencias hasta devenir síntoma explícito… Ese mismo año, el neurólogo austríaco lleva a cabo el primer análisis completo de un sueño propio como prueba de aplicación de un método al que acaba de bautizar como psicoanálisis…

 

 

 

 

 

 

 

 

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«Rompen las olas neblinosas a lo largo de la costa, Los soles gemelos se hunden tras el lago, Se prolongan las sombras

 

En Carcosa.

 

Extraña es la noche en que surgen estrellas negras,

 

Y extrañas lunas giran por los cielos,

 

Pero más extraña todavía es la

 

Perdida Carcosa.

 

Los cantos que cantarán las Híades

 

Donde flamean los andrajos del Rey,

 

Deben morir inaudibles en la

 

Penumbrosa Carcosa.

 

Canto de mi alma, se me ha muerto la voz,

 

Muere, sin ser cantada, como las lágrimas no derramadas

 

Se secan y mueren en la

 

Perdida Carcosa»

 

Canto de Cassilda en El Rey de Amarillo.

 

Acto I, escena 2ª.

 

(… Acercarse al segundo acto de la obra implica ser destruido, fragmentado y vuelto a montar a imagen y semejanza del Rey de Amarillo, ser integrado al caos…)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nyarlathotep, el Caos Reptante, el Sirviente de Azathoth, es el más críptico de los Primigenios fabulados por H. P. Lovecraft, el único de los

 

 

 

 

 

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Dioses Exteriores en los mitos lovecraftianos que no se encuentra preso, desterrado o en hibernación y es capaz de mover su miríada de avatares por las estrechas realidades humanas, el ser de los mil aspectos a pesar de no tener rostro, el viento caníbal formado por noventa y nueve voces invisibles, la expresión de la insondable voluntad de las fuerzas primordiales que controlan el cosmos, El que Acecha en la Oscuridad, aquél desligado de cualquier interpretación, el descompuesto en mil planos únicos y parciales pero que aun así interaccionan como si conformasen una sola unidad, el seccionado, el que forzó el fallo evolutivo en una de las especies animales más débiles de la Tierra para dotarla de una conciencia de cuyas dinámicas alimentarse y alimentar a sus hermanos, el que miles de años más tarde inspiró en ellos la adoración al falso Dios Sol protector y luego la sumisión al Demiurgo Idiota de los Hidrocarburos y luego la creación de la bomba atómica y de la Inteligencia Artificial… «Y al final, del interior de Egipto vino el extraño Oscuro ante quien se inclinan los fellhas; silencioso y enjuto y crípticamente orgulloso, y envuelto en telas rojas como la llama del ocaso. Las multitudes se apretaban a su alrededor, frenéticas por sus órdenes, pero al marcharse no hubiesen podido decir lo que habían oído; mientras a través de las naciones se propagaba la atemorizada noticia de que bestias salvajes lo seguían y lamían sus manos»… Su origen resulta prácticamente irrastreable. Sólo surge. Para algunos estudiosos de la obra del autor de Providence, Lovecraft construyó el nombre de la abominación a partir del apéndice nominal Hotep —«en comunión con los dioses»—, comúnmente añadido a la denominación de los faraones del antiguo Egipto, y las palabras hebreas Nyar y Lath —«mensaje» y «fidelidad»— a fin de que la fórmula evocase la principal característica de su creación —Nyar-Lath-Hotep vendría a traducirse, pues, como «el mensaje que es fiel a los dioses»—; otros sin embargo se decantan por apuntar hacia la expresión budista Namarupa, «Nombre-Y-Forma», alegando al vacío semiótico que, según las descripciones de Nyarlathotep como alma y a la vez mensajero de Dioses Exteriores ciegos, mudos y sin mente, éste encarna; el propio Lovecraft, en una carta a Rheinhart Kleiner en la que relata a su amigo un sueño reciente, comenta que «nunca había oído el nombre ‘Nyarlathotep’ anteriormente, pero parecía comprender la alusión. Nyarlathotep era una especie de showman o conferenciante ambulante que realizaba espectáculos públicos en los que extendía el terror y la discusión en sus exhibiciones. Estas

 

 

 

 

 

 

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exhibiciones constaban de dos partes: primero, una horrible y posiblemente profética historia cinemática y, posteriormente, experimentos extraordinarios con aparatos científicos y eléctricos». Sea como fuere, tras nombrarla, el escritor deja a su criatura conscientemente inacabada, indefinida. A pesar de las muchas menciones que a ella se hacen en diversos relatos y poemas, ésta resulta multiforme y esquiva a la definición por medio de aparatos lingüísticos humanos. Es en exceso indeterminada, ultra-relativa y patógena… «Pronto, desde el mar, comenzó un nocivo alumbramiento; tierras olvidadas con agujas de oro cubiertas de algas; el suelo estaba agrietado y auroras locas descendieron rodando sobre las temblorosas ciudadelas del hombre. Entonces, aplastando lo que por casualidad moldeó jugando, el Caos idiota se sacudió el polvo de la Tierra»… La hechura de Nyarlathotep está manifiestamente inspirada por la figura y los sugeridos atributos del Rey de Amarillo —aunque Lovecraft, en su ensayo Notes on writing Weird Fiction, declara medio en broma y medio en serio que fue él, transportándose telepáticamente al pasado, quien influenció a Chambers para que crease al soberano de Carcosa a modo de mimbres de imposibilidad para que así posteriormente el de Providence pudiese armar su propia encarnación del vacío mensaje fiel a la exterioridad e inhumanidad de los rectores del universo—, pero su esquiva naturaleza concreta hace que a la vez contenga en sí, en forma de una más de sus facetas, una cualquiera y conveniente, a su protoforma gualda tanto como podría contener al Siva de la tradición tántrica, al Krisna del Bhagavad-Gita, el Gorakhnath de la secta Kanphata o el Gran Dios Pan de Arthur Machen. Es la emanación de una inteligencia sin mente que adquiere (múltiples) forma(s) en la materia con el fin de llevar a cabo una misión incognoscible, el que se descompone hasta devenir síntoma, la maldición representativa del angustioso hueco entre el saber material(ista) y la capacidad de saber de lo(s) material(es), el que no viene a traer el fin del Mundo, pues la sentencia contra el Mundo ya ha sido dictada fuera del tiempo, sino a plantar los desajustes necesarios para la creación de las condiciones ideales de ese fin, según dicta la Externalidad absoluta en el extremo último de la Historia…

 

«Una alta y esbelta figura con el joven rostro de uno de los antiguos faraones, que vestía una túnica de vivos colores y estaba coronada por una diadema que parecía brillar con

 

 

 

 

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luz propia… la fascinación de un dios oscuro o un ángel caído, en cuyos ojos se escondía el lánguido destello de un humor caprichoso.»

 

H. P. Lovecraft.

 

En busca de la ciudad del sol poniente.

 

(… La integración en el caos permite la adquisición de perspectivas metafísicas únicas, pero también implica un viaje hacia la solubilización de la consciencia, un trayecto de distancia incalculable…)

 

En la última entrada registrada en el blog Anonymous Velo-Cities, fechada el 25 de noviembre de 2014, el filósofo marroquí Bensalem al-Jabri describe la visión de una escena a cámara lenta protagonizada por él mismo: está sentado en el sofá del cuarto de estar de su apartamento en Tánger, congelado por el ruido blanco de los ventiladores internos del ordenador portátil que tiene abierto y acomodado sobre los muslos; lleva puesta una careta de plástico que replica el rostro de Inmanuel Kant y teclea despacio, muy, muy despacio, la actualización de su bitácora online en la que describe la escena mental que acaba de asaltarle, una en la que está sentado en el sofá del cuarto de estar de su apartamento en Tánger, congelado por el ruido blanco de los ventiladores internos del ordenador portátil que tiene abierto y acomodado sobre los muslos, llevando puesta la cara de Kant… No se trata de un sueño, ni se siente como una alucinación; el episodio se acerca más a lo que se supone sucede en los primeros estadios de una proyección astral. Al-Jabri está contemplándose desde fuera no sólo de su cuerpo sino de su aparato cognitivo habitual, y dicta lo que ve, sin articular palabras, sólo irradiando impulsos psíquicos incomprensibles a la cáscara vacía que hasta hace un momento era él, la cual a su vez está transcribiendo a la plantilla de actualización del blog la información dada. El bucle cuyas aristas son, en idéntico grado, el Bensalem al-Jabri extracorpóreo, el Bensalem al-Jabri físico y tangible, y el Bensalem al-Jabri figurado en la narración y que será transmitido a sus lectores, marea al filósofo durante un par de segundos. Así lo cuenta su avatar-canal-espiritista. A continuación, la proyección etérea de al-Jabri se aleja; ante él, el plano de la escena se abre, mostrándola enmarcada por una intrincada cenefa superpuesta a la Realidad —entendida aquí como el aspecto supuestamente material en los códigos de configuración de Realidad simulada en la escena mental—, transparente, como una

 

 

 

 

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intrusión de Realidad Aumentada informática. La sobreimpresión, que cambia del amarillo fluorescente al dorado mate sin seguir ningún patrón regular discernible, es una concatenación de letras de un alfabeto desconocido por el filósofo, números romanos y símbolos y signos retorcidos, redundantes y amorfos —el símbolo de la resta parcial y el de la metasuma y el signo del círculo infinito dentro de un trapezoedro y el signo del trauma incidente en π—, cuyo conjunto conforma algo levemente similar a una ecuación, pero móvil, pulsante, viva, que respira, come, se reproduce, se engalana y amputa partes de sí, se mueve y espera a que la doten de sentido o despejen su incógnita. Al-Jabri siente cómo una pátina de sudor ansioso hace que un rostro que ahora mismo no es exactamente el suyo se pegue al plástico liso en la cara interna de la máscara de Kant y, de manera simultánea, su Yo descarnado oye por sinestesia, por relación y conjunción e interferencia de cualesquiera que sean los procesos de percepción del ánima fuera del envase, el mensaje dejado ahí, vía la cenefa, vía la ecuación, para él. Los ojos de su cuerpo están cerrados. Los ojos de la careta de Kant, abiertos pero muertos. Bensalem al-Jabri traduce la fórmula-marco en la escena: «¿Qué es lo que hace que el SlenderMan haya arraigado? ¿Por qué resulta tan aterrador? ¿Y qué dice esto de nuestra cultura tal y como es ahora mismo? Si uno piensa en ello con calma, sólo se trata de un Hombre Esbelto, muy rápido y vestido con traje. Ni tan siquiera, según su leyenda, hace grandes esfuerzos por probar su malignidad. La respuesta, por tanto, es simple: nuestra cultura ha completado algún tipo de círculo en lo que atañe al miedo a lo desconocido. Hasta el momento, el común aprendía a temerse a sí mismo a través de monstruos clásicos como los vampiros, los hombres lobo, los zombies y etcétera; a través de manifestaciones arquetípicas, reflejos de la gula, la represión sexual, la animalidad inherente o el jugar a ser Dios. Pero el SlenderMan es la epítome de todo lo que no podemos entender. En esta época nuestra de sobrecarga informativa, cuando podemos obtener la respuesta a cualquier pregunta con sólo pulsar un botón e incluso las estrellas más distantes ya no nos parecen tan lejanas, el Hombre Esbelto es la representación de nuestras deficiencias intelectuales. Independientemente de cuánto hayamos aprendido sobre el universo, no existe nada que nos ayude a comprender algo innatural y tan completamente extramundano como el SlenderMan. Nuestra confianza en superar el miedo a través de la comprensión del mismo nos ha dejado en

 

 

 

 

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una posición de vulnerabilidad absoluta ante el miedo a lo que no podemos explicar. Las historias de terror y los monstruos nos dicen más de nosotros que el más introspectivo de los dramas realistas, que la más minuciosa crónica periodística o que la más aventurada especulación filosófica; empujan hacia la luz nuestras debilidades para volverlas tan visibles como nuestros puntos fuertes. ¿Qué encarna, pues, el Hombre Esbelto? ¿A quién sirve el SlenderMan? ¿Qué dice el texto en el mensaje que tal caos reptante en nuestros medios de hipercomunicación nos trae?». Finalizada la transmisión de lo sugerido por la cenefa, el Bensalem al-Jabri incorpóreo se permite otro par de segundos de desorientación. En algún instante del no-tiempo mientras radiaba la solución a la ecuación para que quedase constancia de ella en el blog, se ha percatado de que hay alguien más en la estancia. Así lo anota en la bitácora el cascarón vacío del filósofo, que acto seguido abre los ojos tras la máscara y vuelve la cabeza hacia su izquierda, en un gesto que cortocircuita el bucle de la escena: el ser desalmado, sin dejar de teclear en el portátil, ahora contando desde una súbita e inverosímil voluntad propia que su proyección astral comprende que de algún modo ha sido momentáneamente invocada a la acción autónoma por el influjo de esa máscara de Kant de la que su abandonada carcasa biológica ya nunca va a poderse despojar, contempla al Hombre Esbelto de pie junto al sofá, a su lado…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_Hombre Esbelto: Rastreable: Ente: Exterior

 

 

(Idea/Objeto Hipersticioso)… La más temprana aportación al depósito contextual del mito del Hombre Esbelto llega a Something Awful apenas cinco días después de la primera carga del patógeno SlenderMan por parte del usuario Victor Surge: el 15 de junio de 2009, a las 01:03h, el usuario Thoreau-Up escribe: «Llevo ya un tiempo siguiéndole la pista. En Alemania existen grabados del siglo XVI en los que aparece representado un hombre altísimo, desfigurado, con esferas blancas allí donde debería haber unos ojos. Lo llaman ‘Der Großmann’, El Hombre Alto. Era una entidad faérica que habitaba la Selva Negra. Los chicos malos que haraganeaban por los bosques de noche eran perseguidos por la criatura, que no desfallecía hasta alcanzarlos o hasta que los niños confesasen a sus padres qué era aquello que habían hecho mal»; a continuación, traduce un fragmento de un diario anónimo, datado circa 1702: «Mi niño, mi Lars… Se ha ido. Raptado, de su cama. Lo único que encontramos fue un pedazo de tela negra. Parece de algodón, pero más suave… y más grueso. Lars vino a mi habitación ayer, gritando ‘¡El Ángel está fuera!’. Le pregunté que a qué se refería, y él me contó no sé qué cuento de hadas sobre Der Großmann. Dijo que hacía poco había estado en la arboleda cercana al pueblo y que había encontrado allí una vaca muerta, colgada de un árbol. En un principio no le di importancia… Pero, ahora, él ha desaparecido. Debemos encontrar a Lars, y mi familia debe marcharse antes de que nos maten a todos. Lo siento tanto, hijo mío… Debería haberte escuchado. Que Dios me perdone»; Thoreau-Up concluye su mensaje asegurando que posee más pruebas de la existencia del Hombre Esbelto, que esta contribución sólo es el testimonio más antiguo que ha sido capaz de hallar, y demanda si alguien más tiene en su poder algo como aquello… Dos horas después, el usuario I responde con un escueto mensaje que pronto pasaría a ser el mantra que introduce la modificación de signo del Hombre Esbelto: de simple ficción colaborativa y de naturaleza externalizada, a Objeto Hipersticioso fraguándose en la comarca más oscura del espacio interior común: «SlenderMan. Existe porque pensasteis en él. Ahora tratad de no pensarlo»… A última hora de ese mismo día, el hilo en el foro

 

 

 

 

 

 

 

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dedicado al Hombre Esbelto es ya un enmarañado collar de cuentas de opacidad variable en forma de historias ambientadas en un dispar montón de momentos en la Historia que van desde el año 5000 a. C. al presente inmediato, y empiezan a aflorar los primeros testimonios de usuarios contando que la noche anterior han sufrido pesadillas en las que eran perseguidos por SlenderMan…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Superinfeccioso/Inmortal)… El prión SlenderMan alcanza velocidad terminal en cuestión de horas: una extraña partícula infecciosa moviéndose en el seno del fluido infinito del subconsciente bajo la acción de la fuerza constante de la imaginación sumada a la inmediatez de los medios de transmisión de la época: el hilo de creación de imágenes paranormales en Something Awful se escinde y genera media docena más sólo para aquéllos que desean cederle su aliento al Hombre Esbelto, se contagia a otros foros como el polémico y depredador de memes 4-Chan, llega a la Wikipedia, se deforma en un manifiesto que pide borrar los posts originales y que el ente quede para siempre en la bruma de lo imaginario y nunca concreto, que se vuelva irrastreable: rapidísimo, se suceden las transcripciones de entrevistas hechas a víctimas del SlenderMan en comisarías de policía y centros psiquiátricos, los microrrelatos, las psicofonías y las capturas de audio de noticieros radiofónicos advirtiendo de los efectos sobrenaturales de la última incursión del Hombre Esbelto, las especulaciones, los debates y los cruces en las calles de fábula de la leyenda urbana… El 16 de junio de 2009, a las 19:27h, el usuario JossiRossi comenta: «Creo que alguien debería advertir de que, cuanto más cerca creas estar de entender al SlenderMan, más errado andas realmente»… El 17 de junio de 2009, a las 07:20h, el usuario LemoOHnade escribe: «El SlenderMan se me presentó en un sueño y me aseguró que existía entre el ‘todo’ y la ‘nada’, y que el tiempo y la materia son como juguetes. Entonces se desmenuzó en unas minúsculas medusas que se alejaron de mí nadando y se colaron dentro del radiador en mi cuarto»… El 17 de junio de 2009, a las 08:19h, el

 

 

 

 

 

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usuario BooDoug187 reproduce una carta encontrada entre los objetos personales de un recientemente fallecido operativo del Optic Nerve, la división de operaciones esotérico-militares encubiertas del servicio de inteligencia estadounidense: «He leído las notas y examinado los ficheros. No hay modo alguno en la verde Tierra de Dios de que podamos hacer nada para parar a esa cosa. En todos mis años trabajando para el Optic Nerve he constatado y probado en innumerables ocasiones que los supuestos ‘dioses’ pueden ser eliminados. Pero esto… SlenderMan… No existe nada en ningún registro que indique la existencia de algo que pueda siquiera herirlo. Los informes de lo usado van desde el fuego de arma de corto calibre al de artillería (el dossier sobre aquellos artilleros nazi… eso fue lo que me llevó a interesarme por el asunto), ¡incluso la utilización táctica de incendios forestales a gran escala fue inútil! Es todo una completa pérdida de tiempo y recursos humanos. No hay nada que nadie pueda decirme que vaya a hacerme cambiar de opinión. Por triste y enfermizo que resulte, lo único que somos capaces de hacer es mantener un registro de los movimientos de esta maldita cosa. No podemos matarlo. Es jodidamente imposible de capturar»…

 

(Operador/Híbrido)… El 18 de junio de 2009, Marble Hornets entra en escena: el usuario Ce Gars revoluciona Something Awful al contar su experiencia como colaborador, dos años antes, en la película que iba a ser el proyecto de final de carrera de su amigo Alex: «Se llamaba Marble Hornets, y creo que trataba sobre un veinteañero que regresaba al hogar de su infancia y sobre los recuerdos de lo que allí había sucedido. Era el típico material pretencioso de estudiante de cine, al que contribuí echando una mano durante unos cuantos días, antes de que comenzasen las clases en la escuela de verano, y en puntuales ocasiones después. Todos los participantes en el rodaje parecían entusiasmados con aquello, especialmente Alex. El set estaba localizado como a media milla de la casa de Alex, apenas a treinta minutos en coche de donde yo vivía en aquel momento. Era una zona de casitas de madera. Supongo que diseñada así para darle un aire de sitio poco poblado, de pueblo pequeño y encantador. La mayor parte de la película transcurría en exteriores»; «Tras dos meses de rodaje intermitente, Alex abandonó por completo el proyecto. Me sorprendió muchísimo cuando me lo hizo saber. Le pregunté por qué y él me dijo que tuvo que dejarlo a causa de ‘condiciones de trabajo imposibles’ que provocaba el lugar escogido para rodar. Cosa que

 

 

 

 

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me chocó bastante, teniendo en cuenta que Alex llevaba viviendo por los alrededores de aquella zona desde que tenía ocho años y nunca había expresado tener ningún problema con ello. Lo que resulta aún más raro es que se mostró increíblemente distante mientras me informaba del asunto. Poco después empezó a evitarme y, por lo que sé, a evitar también al resto de sus amigos y conocidos»; «Al tratar de retomar el contacto, cuando tras muchos meses aceptó reunirse conmigo de nuevo, algo en él me dijo que mi amigo estaba aún peor de lo que suponía. Había perdido mucho peso y parecía enfermo. Fingí no haberme dado cuenta, y simplemente pasamos el rato. Justo antes de marcharme, le pregunté por Marble Hornets y por sus planes para las cintas con el material filmado. Sin dudar un instante, se limitó a decir que iba a quemarlas. Aquello me cogió con la guardia baja. Cuando le pregunté por qué no se limitaba a archivarlas para usarlas como rollos de apoyo para algún proyecto futuro, replicó que jamás quería volver a trabajar con aquel metraje. Lo dijo completamente en serio. Yo no podía entender por qué quería deshacerse de su trabajo por completo y sin más. Probablemente no era tan malo. Así que le pregunté si podía echarle un vistazo. Alex aceptó, pero a condición de que nunca le devolviese las cintas ni hablase con él de ellas. Asimismo, trató de disuadirme de que le mostrase las cintas a nadie más. Aquello me hizo reír, y le dije que por el modo en que hablaba parecía que sin querer hubiese rodado el vídeo The Ring o algo por el estilo. Ignoró el comentario y me llevó a la buhardilla donde tenía las cintas. Había montones de ellas. Al poco, Alex se mudó y no he vuelto a verlo desde entonces»; «Hoy, no sé por qué, al leer todo lo que comentáis por aquí sobre SlenderMan, me han venido a la cabeza aquellas cintas. He decidido empezar a repasarlas esta misma noche. Si no lo hago ahora es probable que no lo haga nunca. Espero encontrar únicamente una película estudiantil inacabada. Cualquier otra cosa me inquietaría bastante, la verdad. Si doy con algo que pudiese resultar interesante, lo comentaré en este hilo»… El primer fragmento de Marble Hornets es subido a YouTube el 20 de junio de 2009, acompañado de un enlace a la publicación de Ce Gars en Something Awful. A ese clip le siguen otros ocho que, enseguida, demuestran que estamos ante algo mayor que una burda película de terror armada con metraje encontrado: Marble Hornets es una Experiencia de Realidad Alternativa, un ficción transmediática que se autoconstruye: a las exposiciones de lo filmado por Alex, que sientan

 

 

 

 

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testimonio de la aparición del Hombre Esbelto en el set de rodaje de su proyecto inicial para acosar al chico hasta llevarlo al borde de la locura, se unen otros vídeos contando cómo Jay —la persona tras el usuario Ce Gars

 

— empieza a padecer el mismo hostigamiento que su amigo desaparecido, así como otras piezas, adjuntas en el apartado de comentarios de cada actualización de la serie, en las que el misterioso usuario ToTheArk — quizá un acólito del Hombre Esbelto… quizá el Hombre Esbelto en su faceta de terrible mensajero— aporta sus propios registros de las actividades de Jay, al que está filmando sin que éste sepa cómo… Por añadidura, los clips de ToTheArk contienen pistas ocultas sobre el SlenderMan, mensajes codificados dentro del vídeo que aportan nuevos aspectos al mito: explicitan el dominio físico del Hombre Esbelto sobre sus víctimas, que al entrar en contacto con el ente padecen violentos ataques de tos, esputan sangre, pierden la consciencia y la noción del tiempo en periodos que van de las pocas horas a los tres meses y durante los cuales se dedican a actividades poco usuales en ellos; algunos incluso llegan a adquirir nuevas personalidades a lo largo de esos episodios, ataviándose con extrañas máscaras y garabateando de forma compulsiva estrambóticos símbolos, entre los que destaca el signo del Operador —(x) —, que a la vez dota de aun otra denominación al SlenderMan y proporciona un a partir de ahora superreconocible sello mágico relacionado con la criatura y de índole tan opaca como ésta —tanto puede ser usado para representar al Hombre Esbelto como para invocarlo como para protegerse de él—; por último, la irrupciones explícitas del SlenderMan en el cuerpo videonarrativo del relato multimedia que aquí se nos transmite sugieren que el ente sin rostro podría ser una encarnación del concepto mismo de liminalidad: afín a las puertas, los portales y los pasajes, el Hombre Esbelto abre caminos donde antes no los había, atrae a personas a lugares a través de rutas por las que en principio no se podía acceder a ellos, y aparece en habitaciones en las que hace un segundo no había absolutamente nada… A Marble Hornets le siguen otro par de seriales transmedia, también vía YouTube y que, si bien contribuyen a la popularización del mito, no aportan carga simbólica adicional a éste; son meros agentes para la viralización del SlenderMan: DarkHarvest00, un videoblog en el que, a partir de su encuentro con el Hombre Esbelto, dos chavales tratan de destapar una oscurísima conspiración sectaria que tiene como centro a la criatura; y EverymanHYBRID, sobre un grupo de amigos

 

 

 

 

 

 

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que deciden introducir al SlenderMan como meme en una de las entregas de su videoblog sobre ejercicio físico y salud, para poco después empezar a ser seguidos por el mismísimo ente e ir siendo imbuidos gradualmente de la locura que éste trae consigo…

 

(Viral/Ostensivo)… Entre junio de 2009 y la tarde de mayo de 2014 en la que Morgan Geyser y Anissa Weier perpetran el intento de asesinato ritual de Payton Leutner, el Hombre Esbelto ha aparecido ya en una docena de obras de videoarte, webseries y juegos de Realidad Alternativa, en tres videojuegos, en dos películas y en cientos de creepypastas, en miles de fotografías retocadas, y ha influido directamente en la creación de uno de los más sobrecogedores monstruos aparecidos en la popular serie de televisión Doctor Who —El Silencio, una orden religiosa que a la vez es un solo organismo acosador y cuya principal característica es que induce en sus víctimas una forma pasajera de amnesia que mantiene a sus miembros continuamente en el plano liminal—, así como en la de uno de los enemigos del videojuego online masivo Minecraft —bautizado de forma nada disimulada como Enderman: un ser oscuro, de largos brazos y piernas, que se teletransporta, roba bloques de construcción al jugador sin motivo aparente, y sólo ataca si se le está mirando—; el hilo en Something Awful dedicado a SlenderMan ha cerrado tras dar cabida a trescientas veintitrés páginas de contenido diverso; Marble Hornets ha finalizado, dejando ochenta y siete episodios, tres medios episodios y cuarenta y dos vídeos relacionados… A pesar de que Eric Knudsen —la persona tras el usuario Victor Surge— posee los derechos de autor sobre las denominaciones «Slender Man» y «Slenderman», y cualquier obra que incluya alguna de éstas debe por ley ser previamente aprobada por él, los atributos del Hombre Esbelto han sido limpiamente integrados en el dominio público del imaginario popular: SlenderMan es una definición ostensiva inversa: no un objeto creado, preexistente, y que se define a través de una narrativa, sino un conjunto de narrativas que crean el objeto al tratar de definirlo sobre la marcha…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_Caos: Evento: Extinción: Recarga: Terror

 

 

11 de septiembre de 2001: los colores venidos del espacio son sombras, las luces en el cielo nocturno fingen ser terreno ganado a la oscuridad, estrellas negras se precipitan girando y girando y girando en el aire desde las torres gemelas que acaban de recibir el impacto de dos cabos sueltos en la ficción conspiranoica: se rumorea que, meses antes del ataque, la cúpula militar de la capital de la cultura occidental de masas mantuvo serie tras serie de reuniones intensivas con guionistas de cine y teóricos de los efectos especiales, a los que invitaron a diseñar el escenario apocalíptico más terrible pero que a la vez diese mejor en cámara pero que a la vez tocase un acorde de llamada a la batalla en lo más íntimo: en millones de pantallas, las torres caen y Lo Real se suspende indefinidamente —ningún simulacro vale ya para nada; cualquier cosa pasa a ser automáticamente imprevista…

 

Regreso místico al núcleo de la identidad civilizatoria, toses acompañadas de hemorragias, efectos del polvo en suspensión, la explicitación de la raza humana como evento de extinción a través del choque de dos aviones contra los rascacielos simbólicos de la neurosis capitalista, ganado al matadero de la Historia, alguien afirma que en el resto del Mundo ya están más que acostumbrados a sacar cadáveres de debajo de los cascotes —las cabinas de suicidio cultural asistido fueron instaladas ya hace mucho allá extramuros, donde las señales de radio y las señales de humo llegan a ráfagas… El terrorismo es desde este momento un discurso plagado de errores de ejecución y computación y que escapa de entre dientes cariados: la dentadura torcida y podrida de un Rey de Amarillo, lo incisivo de los relatos políticamente correctos y debidamente patrocinados inducidos en los recuerdos que puedan aflorar durante la campaña de regresión hipnótica: en diferido, a través de un vídeo rodado en visión nocturna, alguien ve al Hombre Esbelto agazapado en una cueva afgana, sentado solo, sólo sentado, meditando, atrayendo, carnaza en la línea blanca ininterrumpida desde el fálico Rey Sol a los pozos petrolíferos y los campos de entrenamiento; dice Kant que «es el deber de la persona el sobrellevar incluso el más intolerable de los abusos de la autoridad

 

 

 

 

 

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suprema. La razón para esto es que el resistirse a la legislación suprema sólo puede ser en sí mismo ilegal e inmoral; de hecho, debe ser entendida como un intento de destrucción de la constitución legal al completo, porque, de ser tolerada, debería crearse una ley pública que permita esa resistencia. Esto es, la legislación suprema debería contener una estipulación que no resultase suprema, lo cual equivale a que la persona como sujeto sea erigida soberana por encima de la legislación a la que está sujeta; una auto-contradicción. Auto-contradicción inmediatamente evidente si nos preguntamos quién va a actuar como juez en esta controversia entre la persona y el soberano —porque, jurídicamente, siguen siendo dos entidades morales distintas—; queda claro ahí, pues, que la persona quiere actuar como juez de su propia causa, lo cual es absurdo»… 11 de marzo de 2004: para los medios de comunicación, la fusión fría de las extremidades amputadas que acaban de mostrarnos debería organizar por sí sola un discurso claro; cráteres de tiempo se llenan de lluvia ácida bajo la que bailan los especuladores inmobiliarios que han corrido a firmar acuerdos y derechos de usufructo sobre el suelo circundante al lugar en el que estallase cada una de las bombas en cada uno de los cuatro trenes —un tic nervioso, efecto secundario del plan de medicación previo a la operación de cirugía estética sobre España que se está llevando a cabo desde 1989 y que no, no genera una mal denominada burbuja sino una estructura disipativa que intenta forzar la aparición de contexturas coherentes en un sistema sociológico extremadamente alejado del equilibrio…

 

Los cantos de las Híades ibéricas hablan de muchachas adolescentes enterradas vivas durante misas satánicas, de ancianas que orinan sobre sus perros, de escopetas que descargan perdigones en la tripa del tonto del pueblo para satisfacer una apuesta, de una élite de ignorantes tocados por la gracia del relato de resiliencia manejando los cordones de títere de la intelectualidad patria, de los orbes dorados y labrados de símbolos indescifrables con los que esa intelectualidad adoctrina a los clasemediados en el respeto devoto a la legislación suprema: la explosión no modifica un ápice las posiciones de los actores sobre las tablas; dice Nick Land que «en nombre de un ultra-imperio al que Kant denomina ‘Reich der Zwecke’ —el imperio de la finalidad—, se supone que lo moral es aquello que puede ser demandado incondicionalmente por todo ser racional. A la ley de ese imperio se la conoce como ‘imperativo

 

 

 

 

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categórico’, lo que significa una ley enraizada únicamente en la pureza del concepto y, por tanto, dictada por el monólogo absoluto de la razón colonial. Eso, amigos míos, es fascismo solipsista»… 13 de noviembre de 2015: esta noche hemos soñado con un chimpancé; sostenía una pistola, con la que se apuntaba a la sien derecha, y estaba plantado, quietísimo, en el portal de la casa de Charles Darwin. Con la mano libre, el chimpancé llamaba al timbre. Llamaba y llamaba y llamaba y esperaba. Nadie le abría —un flujo informático, especular y superplano, dúctil al segundo y centelleante por cómo una opinión distinta, no oída el segundo anterior, detona, y ahí va otra, detona, y otra más, como al tratar de decodificar las grabaciones de la videovigilancia que le hemos impuesto al sueño… Las flagrantes ausencias de la lógica y el lenguaje se enquistan en los oídos, no hay plantilla ni aparato, no hay posibilidad de extractar: sobre qué desgaja al sujeto: sobre cómo se torna objeto al usar todos sus rasgos como notas para la percepción de otro objeto sensual, resueltas las tensiones entre Ello, el Otro y sus partes, extrudidos ambos desde ellos mismos y encontrándose en una estación metafórica, en un medio vicario, donde están representados, donde el tiempo se presenta desarticulado por la necesaria reconstitución de la irrealidad del pasado, la factibilidad del presente y los remanentes del futuro rebotando hacia atrás para articular el shock: dice Emilia Pardo Bazán que «encierra el tono de la voz humana misteriosos avisos, que en situaciones dadas revelan todo lo que oculta el alma antes de que las palabras lo digan»… ¿Qué significa que la conciencia humana no sea la única, aunque quizá sí la más compleja, forma de intencionalidad? ¿Quién pone en relación la región del objeto tal como se manifiesta con la región redundante de nuestra relación con su manifestación? —aislante. Cerámico…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La ciencia ficción verdaderamente riesgosa es aquella que no sólo especula con las posibilidades del futuro, sino también sobre trayectorias inadvertidas que se fundan en pasados no tenidos en cuenta, tricotando pasado/presente/futuro en un tejido imprevisto: en ocasiones parece que el edificio somático de lo que somos, en su intento absurdo por replicar a los edificios por nosotras creados —las criaturas de sistema, medida y diseño que nos sirven para extender nuestros procesos mentales hacia fuera y no mantenerlos cicateramente encerrados en el cráneo— se agriete de rabia contra el símbolo, corra la tierra y reblandezca sus cimientos para generar un sentido experimental del contemporáneo, hueco, fundado sólo en especulaciones sobre el porvenir: sólo un signo amarillo sin enlace, que detona, también, sólo una imagen onírica sin continuidad; detona, de la boca del fusil al oído interno, el cuerpo biológico, se hace pedazos por apliques cibernéticos introducidos a la fuerza, y a la velocidad, el cuerpo social, se inmoviliza por el miedo, porque el enemigo no puede ser tan estúpido como para no haberse dado cuenta de que esta cultura agoniza por sí sola, que no es necesario ametrallarla, ¿verdad?: dice Judith Butler que «una forma de pensar en ello tal vez llegue con la invención de un concepto de duelo transversal —considerar cómo se produce la métrica del lamento»… El cuerpo del no-vivo, organizado de forma urbanística, inmutable y a la vez disperso, vuelto accesible, primero por la bala y luego por la cámara, cicatrices, interpretaciones, sesgos, la atemporalidad

 

 

 

 

 

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paradójicamente móvil de la red social como instrumento expresivo, tan poco que decir y tantos púlpitos desde los que no hacerlo, apenas se mueven las luces, detonan: la teoría de la conspiración exuda política negra. La opinión pública, nada…

 

Toda relación causal implica la constitución de un objeto y tiene estructura de metáfora; la forma que adopta, en la era del consentimiento, la captura de la sombra de Nyarlathotep, resistencias y heridas interactúan en una glándula pineal virtual, ahí, en pantalla tras pantalla tras pantalla. Dos por ciento de ADN humano en los productos cárnicos procesados para consumo masivo; grasa humana en el aceite que lubrica los motores del ascensor en el rascacielos; piel humana, cuarteada, sin terminaciones nerviosas que amplifiquen ninguna experiencia, entre los engranajes: toda la atención alquilada al autómata, todas las esfinges que son el mañana impreciso —acerca de qué intensidad es propia de la tensión entre el objeto, sus partes y sus relaciones. Acerca de cuántas notas esenciales del objeto sensual serán una función del excedente de las notas de las partes del objeto real… Supervivencia antropocéntrica. Contra evolución.— «… Incluso detonamos la primera bomba atómica el día que conmemora la transfiguración de Cristo, señalando así, aunque fuese de forma inconsciente, que también nosotros pretendíamos transformar el mundo, sólo que no a través de la luz sino de la oscuridad… Con una deflagración que ardió a más temperatura que el mismísimo Sol»… Érase una vez que hubo noticia de agujeros rutilantes apareciendo acá y allá: al pie de escalinatas, en la torre del reloj, tras la tapia de determinados descampados, en los callejones traseros de los gimnasios… No exactamente agujeros negros, sino glitches en Lo Real. Espacios de vacío —a pesar de que dentro, al fondo, no-brillaban estrellas negras— autogenerados cuando los materiales mutaron para convertirse en Lo Material. Agujeros que siempre estuvieron ahí, aunque sólo ahora, con nuestra conciencia de los nuevos materiales y, al tiempo, con la conciencia de que Lo Material es a su vez consciente de nosotros, se nos presentan. Son el mecanismo de defensa de los materiales contra la otra especie superior, capaces de absorber cualquier objeto… Ciertos individuos, muchísimos, de hecho, no pueden verlos, o los interpretan como otra cosa; no-agujeros, estrellas demasiado lejanas sobre fondo negro no relevante, huellas fantasmáticas de lo que estuvo y ya no está y debería estar… Asimismo, los agujeros son poros en nuestra (in)capacidad intelectual para

 

 

 

 

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procesar la inmensidad de un cosmos irracional, inmanente y ajeno. Agujeros de gusano al horror cósmico. Agujeros en el discurso único. Agujeros en el flujo informático y la espuma de acumulación de detalles contradictorios que lo cubre, demasiados, tantos que no dejan que subamos a la superficie, siquiera eso, subir a la superficie, hacer un agujero por nosotros mismos, respirar, hacer agujeros de silencio en el hielo de los datos y pescar… Y así la sombra de Nyarlathotep quedará libre y los salvajes construirán una catedral allí donde otras que no somos nosotras afirman que fue vista por última vez…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CIENCIA FICCIÓN

 

NEGASÓNICA DE COMBATE

 

 

«máquinas bulbosas escupen sobre nosotros salvajes tumoraciones. cánceres con forma de chicle. asaltemos las facultades de medicina en un caleidoscópico intento de acabar con la actitud gerontocrática. proclamemos la muerte del arte a manos de grumos incestuosos. incendiemos los centros comerciales y sustituyámoslos por ganglios linfáticos. derribemos las instituciones ilustradas. inauguremos las instituciones hermafroditas. implantemos la juventud perpetua como régimen teocrático. instauremos el futuro infinito. no al bipedismo. no al pulgar oponible. no a las cacerías de bacterias. no a los safaris de ancianos de movilidad reducida. no al método científico. todos los métodos serán sistemáticamente abolidos. la experimentación será inútil o no será. destruyamos la estética. socialicemos las sustancias lácteas y los hologramas parpadeantemente azules. no a los animalitos sudorosos. no a las salas de fotocopias. instauremos los zoológicos de ciervos sintéticos. destruyamos la botánica. nunca nada más será clasificado. mastiquemos la apocalíptica purpurina. habitemos grotescas madrigueras. socialicemos los espasmos involuntarios. colectivicemos las infecciones sórdidas. destruyamos los libros de instrucciones y sustituyámoslos por flemas fluorescentes. derribemos la Academia. nunca nada más será analizado bajo criterios blandamente perversos. involucionemos permanentemente. conformemos una horda de obesos mórbidos. de niños perversos. constituyamos una manada

 

 

 

 

 

 

 

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de  turistas  violentos.  instauremos  el  delirio  grotesco.

 

proclamemos el horror cósmico»

 

Layla Martínez, El libro de la crueldad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_Hiperstición: mística radioactiva

 

 

«En general, el lenguaje más poderoso y más vivo logra decir cosas sin decirlas: no por un amor inherente a lo vago y lo borroso, sino simplemente porque las cosas nunca pueden ser conocidas o abordadas directamente en su repliegue de la mirada humana. Para llegar hasta la naturaleza oculta de las cosas, la oblicuidad y la metáfora son herramientas más precisas que cualquier catálogo engreído, despreciativo y reduccionista de sus rasgos palpables»

 

Graham Harman, Objetos, reducciones y contramétodos.

 

…    el trauma y la reversión, Tácticas-K, mezcla tecno-logística, contemporaneidad, retro-intervención, descripciones que se expresan como síntomas de una hipotética enfermedad cultural inducida por el shock por futuro, misiones terminales, la profecía autocumplida, los pulmones del ciberespacio inflándose y desinflándose e inflándose y desinflándose e inflándose, sopa cámbrica programada en binario, agentes móviles activos y no sólo sujetos que sujeten[17], término metodológico para un intento de descripción de la ingeniería de conceptos responsable de que lo ficticio condicione su propia materialización…

 

«El sueño se alza sobre la realidad y se realiza en ella» Luis Gámez, El libro de las transformaciones.

 

…    ecosistema en el que algo simplemente verosímil puede convertirse en verificable previa naturalización de su veracidad, la autodiferenciación de la materia, el controlador hipertemporal y metacontextual y autogenerado que se ocupa de mantener el orden en las jurisdicciones conjeturales de cada versión de Lo Real, monstruosos avatares, vías de escape de un Destino estático, anomalías temporales y algo que sólo puede denominarse «recuerdos del futuro», las pistas de despegue de lo relativo tanto en la

 

 

 

 

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filosofía como en el arte como en las telecomunicaciones como en la política, el Régimen Cultural Especulativo Contemporáneo, proposiciones contrafactuales que pliegan patrones semióticos y regularidades intensivas en «semblantes de realidad»[18], ejecutante de la invención de lo insondable, matriz de imposibilidades relevantes que parir a Lo Real…

 

«1500. Leviatán. Centro de Mando: Mediterráneo norte. Área de objetivo: Las Américas. Modo: mercantil. Oportunismo epidémico, intervención selectiva, asentamiento colonial.

 

1756. Capital. Centro de Mando: Gran Bretaña. Áreas de objetivo: Las Américas, Asia del sur. Modo: Termo-industrial. Control imperial.

 

1884. Espectáculo. Centro de Mando: USA-Alemania. Áreas de objetivo: África, Rusia. Nodo: periferia. Modo: Electrocorporativo. Sobrecodificación cultural, exterminio selectivo.

 

1948. Videodrome. Centro de Mando: USA. Áreas de objetivo:

 

Expansión. Nodo: periferia. Modo: Infosatélite, Supercorporativo.

 

Programación cultural, exterminio general.

 

1980. Ciberespacio. Centro de Mando: USA-Japón-Alemania. Áreas de objetivo: espacio extrametropolitano totalizado. Modo: Inteligencia Artificial, Hipercorporaciones. Neurocontrol al por mayor, exterminio ejemplar intermitente en formato mediático, biocidio virtual.

 

1996. Babilonia. USA-UE-China (Centros de Mando metalocales). Espacio planetario totalizado. Hipercapital neo-orgánico-fotónico en red. Neuroprogramación. Inteligencia Artificial. Capital: Medios de comunicación: fusión militar, procesos de exterminio por entretenimiento constante»

 

CCRU, Swarmachines.

 

…    exterioridades absolutas, la producción del sentido identificado en forma de linde entre las proposiciones y las cosas, superficie metafísica donde los varios modos de relacionalidad adquieren la capacidad de diferenciarse, lo transversal, las conversiones, las transgresiones, nihilismo

 

 

 

 

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post mortem, mitología heurística, una idea del tiempo como una singularidad: ni el presente es creado por una teorización de lo contemporáneo, ni el pasado depende de las cualidades generales de la Historia, el aprovechamiento de materiales especulativos y desechos filosóficos, el punto último de la Historia cabalgando ondas de tiempo hacia el efecto en el pasado, dialécticas temporales entre Aion y Chronos, dilaciones que rajan la Historia, virus que entran en el rizoma del pensamiento[19], hiperbucles, formas de Vida artificial en una doble vía electrónica e informativa y que buscan hacerse objetos, civilización maquinal…

 

«Buscar el empleo de la Hiperstición con fines morales o políticos es como tratar de invocar a Cthulhu por el bien de la justicia social, pero sin duda la capacidad de ésta para la creación de escenarios que propongan un futuro mejor resulta de lo más tentadora»

 

Rob Myers, Accelerationist Art.

 

…    Ciencia Ficción Negasónica de combate que se hace filosofía, experimentos mentales protagonizados por barro pensante que proviene del futuro, videntes previendo su propio nacimiento, ciclos de absurdas reencarnaciones en un programa informático, el arribo al Punto Omega desde el mismo día en que es posible pensar en el Punto Omega, sincronía con el tiempo muerto, la oscuridad que siente, la semilla que formula abstracciones, un desembarco en las costas del desorden, el caos siendo huecos en el psiquismo colectivo humano, los regímenes de seguridad al disolverse, los materiales anónimos, mutaciones del orden social más que perceptibles, la simulación desnaturalizada de forma retroactiva, el universo compacto del significado y de la narración, descentramiento,

 

identificación simbólica, filtro médium[20], transferencia tautológica, el jeroglífico alienígena que somos al suspender el prejuicio de Lo Real, las dominantes de la idea y el ápeiron, sus tensiones, pantallas de tiempo espectacular…

 

«Hay una curiosa convergencia de los más modernos nihilismos (cada vez más místicos y sepulcrales) con los planteamientos filosóficos ancestrales de las religiones más antiguas, cuya

 

 

 

 

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profundidad y sabiduría pragmática sólo ahora empezamos a poder evaluar. Y es que ‘hiperstición’ es la puesta al día de aquel aforismo del evangelio de San Juan que identificaba a Dios como una narrativa en acto, ‘El verbo hecho hombre’, o la arquitectura de la realidad como resultante de un discurso performativo que se autorrealiza, frente al modelo representativo que presentaba al hombre como ‘imagen y semejanza’ de la esencia divina»

 

Observer, Nick Land: Aceleracionismo e Hiperstición.

 

…    emparejamiento diacrónico de velocidad tecno-económica-social y metodología ocultista, la idea es una dinamo dedicada sólo a la propulsión, autómatas estafadores, anomalías materializadas, estética epistemológica desbocada[21], entidades híbridas, canales capaces de ser catalizadores de subversiones de lo dado por sentado, transmemética, una aceleración punta hacia la racionalización, la idea-software descargada a los servidores principales de la cultura a través de redes de múltiple sentido, flujo incipiente de energías socioculturales no localizables, la imposibilidad de pensar en el orden del Capital pues es el Capital el que nos está pensando a nosotras, poética de la invasión y no de la expresión, contraidentificación de la sensibilidad estética, camuflaje, complejo-agujeros, criptografía, cibertexto, proceso algorítmico…

 

«El hipercaos entonces no sería sólo una convención teórica, una especulación filosófica de cierta belleza capaz de dar alas a ciertas disciplinas científicas, sino que también tendría un uso radical para el ser humano en sí: concebir cómo podría ser nuestro mundo si hubiera sido de otro modo; el artista es, en cierto sentido, un espeleólogo del acontecimiento posible: explora y nos presenta del modo más sencillo, claro y evidente los límites de lo pensable en algún estricto nivel de lo real. Es por ello que toda obra de arte nos habla siempre, con necesidad, de aquello que ocurre en nuestro mundo, pues aunque del mundo que nos hable jamás sea nuestro propio mundo —aún incluso en el caso de que sea un mundo exactamente igual al nuestro— lo que ocurre en ese otro mundo, en esa ficción, nos afecta en el nuestro propio. Esto es la hiperstición»

 

 

 

 

 

 

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Álvaro Arbonés, El (hiper)caos reina

 

la realidad de todo mundo posible.

 

…    indicativos del arsenal oculto-formal de las nuevas posibilidades de la tecnología para el viaje en el tiempo, comunicaciones médium digitales, obicuidad, el dato crudo que aparece cuando se friegan con fuerza las capas superiores de semántica, privilegio de la experimentación formal sobre la preservación humana, la técnica de lo inhumanista, automatización de la decadencia de lo humanista, fatal alteración de fase, la noche eterna del dato, los símbolos son comandos en los que codificar potencias, la Hiperstición…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_Cthulhuceno: el Cíborg:

 

el Transhumano: el Monstruo

 

 

Una de las escuelas de pensamiento de mayor calado sobre el hecho cultural occidental contemporáneo, y que ha llegado a ser una verdadera filosofía genérica asociada de forma covalente al Capitaloceno y cómplice legítimo de éste, es el autodenominado Posthumanismo Especulativo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Partiendo del planteamiento ético de que la naturaleza humana no sólo puede sino que debe ser alterada por medio de la tecnología, y que lo más probable es que esos aumentos y mejoras conduzcan a la mayoría de individuos hacia una vida mejor, los principales representantes del movimiento —entre los que destacan el escritor Vernor Vinge, el inventor y empresario Ray Kurzweil y el investigador Hans Moravec— argumentan que la convergencia con las tecnologías NBIC —Nano/Bio/Info/Cogno: Nanotecnología, Biotecnología, Informática y Ciencia Cognitiva— no sólo potenciará la inteligencia humana, sino que traerá el surgimiento de seres con capacidades intelectuales sobrehumanas y, en base a una regla hipotética según la cual el diseño de una inteligencia es en sí el producto de una inteligencia, y por tanto una superinteligencia será capaz de diseñar una aún mayor, y ésta una aún superior y así sucesivamente, de mejora recursiva en mejora recursiva, lleva esa progresión exponencial a un límite crítico conocido como Singularidad, en analogía con la singularidad

 

 

 

 

 

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espacio-temporal teórica que se daría en los agujeros negros: un acontecimiento futuro en el que esta evolución dará lugar a una inteligencia tan avanzada que ningún ser humano anterior a dicho acontecimiento podrá comprenderla… El Posthumanismo Especulativo afirma —a la vez que advierte—, en conclusión, que los descendientes de la humanidad actual podrían dejar de ser humanos en virtud de un historial de alteraciones técnicas —siendo aquí esa noción de descendientes tan amplia que las entidades que así pudiesen ser definidas comprenderían tanto a literales sucesores biológicos del hombre como a seres resultantes de actividades puramente tecnológicas como inteligencias artificiales, formas de vida sintéticas o mentes descargadas en organismos mecánicos —, y admite, a pesar de lo contradictorio con sus fundamentos que esto resulta, que ello no implica necesariamente que el ente posthumano vaya a ser una mejora de la naturaleza humana, ya que bien podría no existir una escala de valores en la cual la vida humana y la vida posthumana puedan ser puestas en comparación… Llegados al extremo del punto de fuga posthumano, de la no-humanidad absoluta, no puede asumirse que la Vida posthumana vaya a ser prospectivamente evaluable; es decir, estimable y calculable desde una perspectiva de prospección humana… El ya mencionado Vernor Vinge pone como ejemplo y ejercicio intelectual de esto último el que una máquina superinteligente podría fácilmente carecer de conciencia de sí misma como sujeto persistente de la experiencia, por lo que ésta no sería contenible dentro del marco clásico humanista de lo que entendemos por Bien y Mal, presuponiendo que esa abstracta alteridad posthumana especulativa se adecuaría a una fenomenología similar a la humana, al tiempo que asume la existencia de un límite último para la cognición y el conocimiento humanos, equiparable al abismo existencial entre la capacidad de saber y el saber en sí mismo…

 

…    ¿Y si reconociésemos la inconmensurabilidad del pensamiento y el ser, la imposibilidad de que ambos se interrelacionen de manera conveniente, ese espacio concreto, ese proverbial abismo de desesperanza entre uno mismo y el vasto universo, como una sustancia cósmica en sí misma, de pleno derecho, fluyendo por el canal abierto entre el pensamiento y Lo Real? ¿Y si los límites del conocimiento, a los que la humanidad puede apenas acercarse de forma virtual y mediante las tácticas y operaciones de la negatividad y el horror —los grados del miedo a lo desconocido, la angustia al vacío…—, fuesen de hecho una cortina de

 

 

 

 

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desolación por definición que sólo puede ser traspasada por inteligencias metonímicas —formas inhumanas, estructuras materiales posthumanistas…—, confundidas y semiconscientes?

 

En oposición a esta línea argumental futurológica, y derivado desde el Objeto Hipersticioso Tecnogénesis —la re-descripción del humano como híbrido humano-máquina perpetuamente actualizable— para cuestionar hasta los cimientos las propuestas posthumanas especulativas, surge lo que ha dado en llamarse Transhumanismo Crítico, una anti-filosofía genérica que entiende que habitamos sistemas culturales tecnovivos y utiliza la metáfora del cíborg para indicar que tanto nuestros cuerpos como nuestras identidades —especialmente en relación al género, a la sexualidad y a la raza— son productos de complejas tecnologías biopolíticas y que los poderes mentales de la deliberación, la inferencia, la consciencia y demás ya se encuentran distribuidos en redes biológicas endógenas… En los términos de María Eugenia Esté —filósofa y presidenta de la Fundación Tecnohumano, dedicada al estudio, difusión y concienciación de las intersecciones entre ciencia, tecnología y sociedad—, esta ontología cíborg sirve a la liberación del edificio exosomático del hombre de las coacciones originarias de lo biológico… Mediante la propuesta narrativa de la tecnogénesis, las especulaciones al respecto de la humanidad siendo trascendida por entes post-mortales, incorpóreos e incomprensibles, de repente, se vuelve tremendamente ingenua. El posthumanismo no significa, pues, el fin de la humanidad, sino el de la concepción del humano como autopresente, como agente autónomo que tan bien ha servido a esa fracción de la humanidad que detenta las suficientes riqueza, poder y espacio de esparcimiento filosófico para conceptualizarse a ellos mismos como seres autónomos, discontinuos con respecto a su entorno, ejerciendo su voluntad a través de la agencia individual y de elecciones… La poderosa metáfora del cíborg humano permite desestabilizar las oposiciones binarias entre identidades políticas atrincheradas en prejuicios, y tomar nueva conciencia de nuestra responsabilidad última en el proceso infinito e inalcanzable de perfeccionamiento humano; debilita formas precedentes, anquilosadas en su interrelación y demostradamente poco hábiles, de organización biopolítica como el liberalismo, el capitalismo o el heteropatriarcado y, sobre todo, aligera de ansiedades las formulaciones prospectivas sobre el posthumanismo, que quedaría sólo como un

 

 

 

 

 

 

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necesario y sano ir más allá de un humanismo clasicista claramente ineficaz a la hora de encarar los retos que nos depare el futuro…

 

…    Cuando la canción gutural vaya a reivindicar paz duradera en los espejos deformantes de la terapia, tus libaciones, tus demandas de asilo, van al extremo de que todo lo que sabes es mentira, el estudio de tus padres no sirve a las leyes de fuera, que cincelan y ensucian y fuerzan el ciudadanismo, es más bien un evento fronterizo que una época como la extinción K-Pg, la extinción Cretácico-Paleógeno, otra mutación del espeso Kainos, ya está llegando, la única pregunta es: ¿la brevedad de este evento fronterizo Antropoceno / Capitaloceno / Plantación-ceno se debe a que la doble muerte reina en todas partes, incluso en las tumbas de los Anthropos y su parentela, o a que las entidades multiespecies, incluyendo a los seres humanos, forjaron en su momento alianzas sólidas y duraderas con las potencias generadoras del Chthuluceno para provocar el resurgimiento y la curación parcial ante la pérdida irreversible, de modo que seres-en-el-mundo de nuevo y viejo tipo pudieran echar raíces? Compost, no posthumano, no usaron información en ti, sujeto experimental, se cambia por la torre en el vaso comunicante hendido en el capilar suelto de dilemas en la chica que medita a toda prisa ante la llama titilante, como un demonio de Maslow a escala planetaria y aun así se empeña en replicarse en lo minúsculo, se cambia aunque el cambio resulte imposible, al necesitar quedarse aquí en la mano y ayunar y formalizar sus ideas ausentes, el garrote de ideas, opaca a la Historia de las ideas en el momento escatológico de dos realidades superpuestas, generadas en la servidumbre simultánea a dos amos, queridos deflectores en desambiguación general, la Historia del origen de todo no nos incluyó, la del fin debería subsanar esa desconsideración…

 

Como extensión al Transhumanismo Crítico y en jaculatoria extrema dedicada al Primigenio Ctónico que aguarda y mastica en la línea de meta de la narración histórica humana, Donna Haraway —bióloga, teórica del feminismo y de la tecnociencia, y madre y primera espada de la ontología cíborg— llama al reconocimiento de una edad geológica que está a punto de suceder al Capitaloceno mediante un acelerón aún más drástico que aquél con el que el Capitaloceno sucedió al Antropoceno: el Cthulhuceno… Haraway sugiere que deberíamos pensar la distinción entre Holoceno y Antropoceno a partir del espacio de refugio —explícito o figurado— disponible: durante la época de incidencia drástica del hombre

 

 

 

 

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sobre la biosfera, aún quedaba cierto margen para el establecimiento de esos espacios, ciertos ecosistemas aún poseían la capacidad de reconstruirse, ciertas especies animales aún podían encontrar asilo y recuperarse antes de ser extinguidas por completo; la biodiversidad aún podía permanecer relativamente poco amenazada a pesar de los ataques contra segmentos concretos de ésta. Estos refugios desaparecen al llegar al Capitaloceno. Ahora los ecosistemas y las especies, incluyendo esta vez al ecosistema humano y la especie humana, no disponen de tiempo ni espacio de reposición, y es por eso que se impone conceptualizar una especie de monstruificación que favorezca que este estado de sitio sin refugios a la vista dure lo menos posible, evocar para ello y por absoluta necesidad la forma más nihilista e inhumana de los mitos lovecraftianos… Donna Haraway dice que «el término viene inspirado por los diversos poderes y fuerzas tentaculares terrestres, por nombres como Naga, Gaia, Tangaroa, Terra, Haniyasu-hime, la Mujer Araña, Pachamama, Oya, Gorgo, el Cuervo, A’akuluujjusi»… Ficciones funcionales que se conceptualizan en la mezcla total de lo humano y lo no-humano, en el ensamblaje de múltiples especies y organismos tanto biológicos como sintéticos y prostéticos en un solo ser… «La complejidad es imposible sin infección»… El Cthulhuceno, idealmente, debería ser un paradigma en el que el monstruo surgido de la alianza interesada —y desde una reconocida igualdad de condiciones que equipare el objeto humano a cualquier otro objeto, sin sujeción a rangos— con el hongo, el silicio, la bacteria, la informática, la savia y el mito, una activación consciente de la asunción de que el individuo, el objeto, —de cualquier especie, de cualquier signo—, no es discontinuo y estanco, sino amorfo, poroso y liminal, sin áreas claras de principio y final, un mismo ser conformado por múltiples organismos en simbiosis… «El Chthuluceno no es nunca uno; siempre es sim-chthónico, no auto-chthónico; simpoiético, no autopoiético. Todas aquéllas que nos preocupamos por la regeneración, las conexiones parciales y el resurgimiento debemos aprender a vivir y morir bien en los enredos de lo tentacular, sin estar siempre buscando cortar o unir lo que molesta. Los tentáculos son antenas; están llenos de aguijones; saborean el mundo. Los seres humanos están dentro del holobioma de lo tentacular, y los tiempos de extracción y consumo de los Anthropos son como las plantaciones de monocultivo y las esteras de limo donde antes florecían bosques, granjas y arrecifes de coral que se aliaban con materialidades y

 

 

 

 

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temporalidades micóticas de muy diferentes maneras»… Filosofía de compostación, una composición y descomposición constante de una totalidad que estructure y aloje en su seno nuevos espacios y tiempos de refugio… «La Extinción ya no es una metáfora»…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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_K: Persistente revolución electrónica:

 

Hielo intravenoso del futuro:

Neuro-arquitecturas aberrantes

 

 

El Hombre Esbelto aparecido en el cuarto de estar de Bensalem al-Jabri toca el hombro del filósofo. El gesto abre un portal que desintegra al ente y transporta a las tres facetas de la víctima —el cuerpo astral de al-Jabri, el cuerpo físico de al-Jabri y el cuerpo ficcional de al-Jabri… Unidad cíborg de texto, máquina y metáfora, teorizados e inmersos en términos de comunicaciones— a un túnel de Realidad en avanzado estado de degradación, un óvalo fuera del tiempo y el espacio, de la Vida y del Mundo, compost neurolingüístico burbujeante y esférico que al filósofo sólo le está permitido recorrer en línea recta, pues ha llegado aquí con un misión muy clara, sugerida por la cenefa y refrendada por el Hombre Esbelto: debe perseguir a la proyección fantasmática de Anissa Weier y Morgan Geyser, siluetas-virus inoculadas al Hielo que cubre el Mundo al final de la Historia en la novela de Anna Kavan, hasta el aberrante recinto de exclusión apocalíptica de Le ParK… Bensalem al-Jabri jamás alcanzará a las chiquillas, eso ha sido decidido de antemano, pero por el camino debería encontrar un modo de superar la última fase de su recién descubierto inhumanismo y, con suerte, roturar con sus pasos un sendero que genere nuevos refugios conceptuales para sus lectores —esto es, no los lectores de las obras de al-Jabri, sino del en-sí antifilosófico del filósofo… Le ParK, según la Táctica-K periodística perpetrada por Bruce Bégout al respecto del sitio, es un parque de atracciones absoluto, una aglomeración de todas las formas posibles en que podría manifestarse un parque, de manera no compartimentada y carente de limitaciones, sin fronteras artificiales que lo cerquen, una cárcel, un campo de exterminio y un circo, una tecnópolis y un carnaval perpetuo, un zoológico, una feria y un bosque maravilloso, una guardería y una residencia de ancianos; situado en una isla privada y del tamaño de una inmensa metrópolis, el parque es producto de la alianza del multimillonario ruso Kalt —Frío— con el neuro-arquitecto Litch —Luz—, quienes pretenden ofrecer a la

 

 

 

 

 

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selecta élite que pueda pagarse el acceso a él un recinto post-entretenimiento como una utopía totalitaria en pos de un futuro que cambie el ocio banal e insípido por el horror sublime y la deshumanización radical, un lugar «sorprendente, horrible, indignante, maravilloso, capitalista, totalitario, impío, desquiciante, ciclópeo, innoble, americano, utópico, delirante, místico, asqueroso, elocuente, ultramoderno, inquietante, impresionante, vulgar, nihilista, estúpido, mágico, profético, extraordinario, abyecto, actual (…) existe, y es exactamente como aparece ante nuestros ojos. Ni más ni menos. Además, perdemos el tiempo si tratamos de obviar que los resplandores efervescentes de esta arquitectura imaginaria son otra cosa que las terribles revelaciones susurradas a una oreja inquieta por la voz cavernosa de un ser maléfico»… Una estructura disipativa contenida en un Mundo que, como cuenta Kavan, ha sido devastado por nada en concreto, nada que nos esté permitido conocer, y en el que ya sólo caben personajes sin nombre persiguiéndose sin descanso a través de países inconcretos e interzonas de amnesia, rechazándose mutuamente y huyendo y huyendo y huyendo en espiral; el hielo avanza inexorablemente desde el norte para cubrir el planeta en su totalidad, y lo único que cabe ya es soñar con extintas razas de lémures cantores… Aquí, Anissa Weier y Morgan Geyser son las víctimas físicas y psicológicas de un Magistrado sin rostro, alto y de largas piernas y brazos, vestido a perpetuidad con un elegantísimo traje hecho a medida y estratégicamente recortado para permitir la adecuada movilidad de los tentáculos que le brotan de la espalda; un ser por encima de cualquier juicio o ley… Al-Jabri, de algún modo, se deleita desde la lejanía en el abuso, aprieta los párpados para que la vista vadee el parche de vaporosa distancia que le separa de las chicas y se pregunta si el Magistrado no será otra arista de sí mismo en un holograma que represente lo que llegaría a pasar si se le concediese darles alcance y, después, amordazar todo condicionante moral por el bien del espectáculo y el simulacro de advertencia retrospectiva y desde la lejanía hacia el Bensalem al-Jabri que persigue y persigue y persigue… El Mundo, hielo en las venas de la Historia… «Ahora uno de sus habitantes parecía estar junto a mí. Me sonrió, me tocó la mano y pronunció mi nombre. Tenía un rostro sereno y ecuánime, de una inteligencia intemporal, rebosante de buena voluntad, ajeno a cualquier forma de doblez. Me habló de la alucinación que suponía la noción espacio-tiempo y de la unión de pasado y futuro, de modo que cualquiera

 

 

 

 

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de los dos podía ser el presente, y accesibles todas las edades. Me dijo que, si yo quería, me llevaría a su mundo. Sus semejantes y él habían visto el fin de nuestro planeta, el fin de la raza humana»… En la zona de descompresión y cacheo de la antesala al parque de atracciones en el que esperan poderse quedar a jugar para siempre, las dos muchachas son el palimpsesto vírico para el que William S. Burroughs pergeñase su Revolución Electrónica: dos cuerpos y dos sistemas nerviosos rehaciéndose en la ficción para acceder a otras formas de decodificación de la Realidad; el arquetipo virus como forma básica de la sociedad de la información y que desgarra la sintaxis de la Vida en ese hecho social, arquetipo caracterizado en dos niñas como dos mitades del taijitu lóbrego y de instintos esencialmente asesinos que recuerda cómo el caos — espontáneo, ilógico, sin credo o ideología, subconsciente y desconocido; el registro a trompicones de los hechos y andanzas de Anissa y Morgan la tarde del 31 de mayo de 2014, contaminado por las interferencias que el Objeto Hipersticioso provoca en los aparatos narrativos al aterrizar en el centro de ello— opone líneas cortadas y condiciones asociativas rotas al Control férreo que conforman los medios de comunicación fácticos, la opresión gutenbergiana y los ejercicios de poder de falsa bandera de los conglomerados tecno-capitalistas. A través de las muchachas, Burroughs asegura a al-Jabri que «empezará a ver con agudeza y claridad que había un velo gris entre usted y lo que veía o más a menudo no veía ese velo gris eran las palabras pregrabadas de una máquina de control una vez retirado el velo verá con mayor claridad y agudeza que los que están detrás del velo haga lo que haga lo hará mejor que los que están detrás del velo ésta es la generación invisible es la generación eficiente ponga manos a la obra»… El filósofo sigue a las chicas hasta el Cabaret de las Utopías Perdidas en Le ParK: aquí Anissa y Morgan participan de forma vicaria, a los mandos de sendos videojuegos en red y montajes de Realidad Virtual, en la ejecución de un atentado terrorista y el desarrollo de una revolución en un país pobre bajo el yugo de un dictador; juegan a crear células clandestinas, a redactar panfletos y a fabricar bombas. De ahí pasan al Reptiliarium Inc, un terrario fusionado con un moderno y dinámico edificio de oficinas, en el que asisten fascinadas, con el rostro pegado al cristal antibalas de las paredes, al ataque de una anaconda sobre uno de los empleados del parque que iba camino de la fotocopiadora —¿son los trabajadores y figurantes de Le ParK en realidad reclusos condenados a

 

 

 

 

 

 

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trabajos forzados y a la espera de la pena de muerte, que para ellos estará revestida de exhibición elitista y significativa de las ruinas de la moral en el descampado de la civilización? ¿En qué consiste el Factor E al que durante el reportaje que desvela la estructura del sitio se hace mención constante, la fórmula mágica que transforma la truculencia en espectáculo y viceversa?—; los compañeros del sufriente oficinista hacen caso omiso de los gritos de dolor de éste, siguen produciendo, siempre produciendo, al ritmo que marca la empresa madre. Las muchachas echan a correr de nuevo. Cabalgan espermatozoides furiosos en el Teatro del Útero; recobran el aliento en el Barrio de los Solitarios, esa diminuta ciudad ocupada únicamente por hombres aislados y autosuficientes; se burlan de la única obra en la única sala del Micromuseo… Dice Bégout que «Le ParK es la solución al control de las masas. El control de las masas a través del entretenimiento: ése es el nuevo totalitarismo. Por eso los políticos ven ahí un laboratorio para ejercer su poder. Ellos saben que no pueden controlar a las masas sólo con policía: tienen que crear unas nuevas estructuras, y ahí entra Le ParK»… Fuera, nadie explica a al-Jabri la catástrofe que asola la Tierra; tampoco se le explicitan los motivos tras los actos del Magistrado en asociación sadomasoquista con Anissa y Morgan. Sólo hay imprecisión y absurdo y dudas sobre la naturaleza de la Realidad, las alucinaciones del narrador y los desvaríos sobre el hielo omnipresente, el color azul, el plateado, el violeta, el rojo y el negro, la Vida reducida a cristales… «En vez del cielo nocturno conocido, la aurora boreal formaba un techo resplandeciente y vibrante de frío y color intenso, debajo del cual la tierra quedaba atrapada con todos sus habitantes, cercada por los infranqueables y relucientes acantilados de hielo. El mundo se había convertido en una cárcel polar de la que resultaba imposible escapar, todas sus criaturas atrapadas tan irremediablemente como los árboles, ya sin vida dentro de sus resplandecientes corazas»… Anna Kavan —seudónimo de Helen Woods— nace en Cannes, Francia, en 1901. Hija de burgueses británicos, el padre se suicida cuando ella cuenta sólo trece años. Helen viaja mucho, publica algunas novelas románticas y ejerce también como pintora y decoradora. Es ingresada en dos ocasiones en un psiquiátrico; trata de suicidarse tres veces —al poco de su segundo divorcio, cuando su hijo muere en el frente de la II Guerra Mundial y tras el fallecimiento de su mejor amigo. Durante los treinta últimos años de su vida es heroinómana. Ahora se llama Anna. A los 67 años, la encuentran

 

 

 

 

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muerta en su casa junto a una jeringuilla todavía llena… Besalem al-Jabri queda anonadado al comprobar el parecido entre el rostro de esa Helen Woods, en cuyo cráneo hueco se encuentra atrapado, y las facciones traslúcidas y trastornadas de Morgan Geyser al ser combinadas con las de Anissa Weier por el filtro de retoque imágenes paranormales del programa de Realidad Aumentada que el entorno de Hielo le impone al Mundo… El Magistrado lleva de la mano a las muchachas hasta su mansión en un bosque congelado, pero resulta que la gran casa que anhelaban no es más que una autocaravana roñosa y ambas empiezan a estar demasiado asustadas. Al-Jabri ve desde la lejanía cómo las dos tuercen la cara en una mueca de disgusto cuando el ser les muestra los tentáculos erectos, alzados al techo oxidado del perverso nidito de amor; cómo el Magistrado las ata de pies y manos a una mesa de formica; cómo las desnuda a tirones y golpes y desgarros y gomas dadas de sí y cremalleras melladas; cómo las vulvas de las niñas se abren por arte de sucísima prestidigitación para recibir a los tentáculos en sus tersas antesalas; cómo son penetradas; cómo el ser cambia los tentáculos por un dildo y azota las nalgas de Anissa y Morgan hasta trazar en la piel una red de autopistas carmesí; cómo el Magistrado cambia el dildo por un botellín de cerveza de cuarto de litro… Anna Kavan escribe en un espejo… «Las escasas luces tenues revelaban las formas de las ruinas, transfiguradas por el espeso manto blanco, ocultos los pormenores de la destrucción, velados los contornos y borrosos. A consecuencia de la densa nevada, todas las estructuras aparecían privadas de solidez y de localización precisas; volví a experimentar la sensación de un escenario hecho de nylon, sin nada detrás»… En la interzona, el lenguaje es literalmente un virus que afecta al hombre y su experiencia: el Watergate, el temor a la escalada atómica, el fantasma de las manipulaciones mediáticas subliminales, los experimentos secretos de la Agencia Central de Inteligencia durante la guerra fría, lo sintetizable en un Karaoke de paranoia de primer orden sobre el Mundo… Burroughs capta el contemporáneo, intuye la esencia de los virus informáticos y el concepto de viralización tan presente hoy en Internet, comprende la creciente manipulación de la información disponible al sujeto pedestre mediante su cuestionamiento revisionista o su edición: fotos trucadas con Photoshop, remixes y mash-ups en YouTube, fan-fictions, creepypastas, hoaxes, cadenas de correos… «Yo traté de introducir a través del cut-up el montaje en literatura. Creo que está mucho

 

 

 

 

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más cerca de reflejar los hechos de la percepción humana que la mera linealidad. Por ejemplo, si usted sale a la calle, ¿qué ve? Ve coches, fragmentos de gente, ve sus propios pensamientos, todo mezclado y sin solución de continuidad»… El recorte de la Realidad construye una alegoría de la Realidad. La totalidad es tan abrumadora que no muestra nada. En el recorte se da lugar por fricción a la grieta, al refugio… En el recorte, Bensalem al-Jabri salta fuera del tiempo muerto…

 

(«En esta época nuestra de sobrecarga informativa, cuando podemos obtener la respuesta a cualquier pregunta con sólo pulsar un botón e incluso las estrellas más distantes ya no nos parecen tan lejanas, el Hombre Esbelto es la representación de nuestras deficiencias intelectuales. Independientemente de cuánto hayamos aprendido sobre el universo, no existe nada que nos ayude a comprender algo innatural y tan completamente extramundano»).

Bensalem al-Jabri, Homo Tenuis en el cuadro sintomático de un Mundo-Templo en crisis, salta al estado atemporal de las cosas como collage absurdo y polisémico, propuesta impensable en el túnel de Realidad polisémico de la crisis del tiempo muerto en cuadro de experimento mental que prevé su propio nacimiento en el Mundo-Templo del caos siendo huecos en el psiquismo de hologramas parpadeantemente azules y regresa a los materiales anónimos del estado atemporal absurdo en crisis del Mundo-Templo, al universo compacto del significado que colectiviza las infecciones sórdidas por las que la Realidad cibernética lo prevé, Bensalem al-Jabri collage que regresa a la semilla que formula abstracciones en el tiempo muerto con las muchachas anónimas, material de ficción-caos polisémica de la singularidad tecno-capitalista del salto al tiempo muerto del Mundo-Templo en parpadeantemente hueco de la semilla de psiquismo, salta de regreso, de la semilla-caos al tiempo polisémico y sórdido de los materiales hologramáticos, psico-colectivizados, de regreso a su nacimiento experimental y anónimo siendo hueco en el holograma, muerto el estado de absurdo de la Realidad sintomática que se compacta y se compacta y se compacta y se anonimiza en la mente-crisis del universo Bensalem al-Jabri como sólo una cosa en crisis de tiempo, cosa Bensalem al-Jabri formulada para el nacimiento abstracto y cibernético y tecno-capitalista-anónimo aunque salta de un estado-Mundo a un estado-Templo, y ahora el salto se completa y el

 

 

 

 

 

 

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Mundo-Templo aterriza en los materiales psíquicos de Besalem al-Jabri, Homo Tenuis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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OCULTISMO NOUMENAL:

 

SEIS TEXTOS SOBRE PSICODELIA OSCURA

 

 

 

 

La Forma Inhumana: (Recuperado de una entrada en el blog del autor:

 

https://fjotap.wordpress.com/2015/07/18/la-forma-inhumana/)

 

Sed Contra: (Recuperado de una entrada en el blog del autor:

 

https://fjotap.wordpress.com/2015/07/21/sed-contra/)

 

Bienes Dañados: (Recuperado de una entrada en el blog del autor:

 

https://fjotap.wordpress.com/2015/08/28/bienes-danados/)

 

Siempre hay un faro: (Publicado originalmente en Láudano Magazine, 06/09/2015)

 

Siempre hay una ciudad: (Publicado originalmente en Láudano Magazine, 14/09/2015)

 

Siempre hay un hombre: (Publicado originalmente en Láudano Magazine, 20/09/2015)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA FORMA INHUMANA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El futuro de los materiales es unificarse en el campo de lo material, desactivar la frontera secular entre lo vivo y lo inerte; piedra líquida, espuma de metal, fluido de madera, vapor de plástico… Los antiguos elementos de composición por ensamblaje (armazón, cubierta, aislantes o pavimentos como entidades diferenciadas) podrán dar paso a nuevos artefactos en los que lo formal y lo funcional se articulen de manera indistinta, una vez hayamos cedido la palabra en telepatía sintética a las cosas.

 

Dicen: «La tecnología nos permite descubrir ciertas dimensiones ocultas de la naturaleza, al tiempo que nos aleja de ésta».

 

No. En realidad, lo que nos proporciona es acceso cada vez más cercano a los límites de la naturaleza y nos libera de los ritmos naturales. Así, gracias a la revelación de esas dimensiones, hoy sabemos que han sido grandes Eventos de Extinción los que han dado forma al planeta… La Tierra, uno de los Primigenios principales, el cíborg total, un compuesto de biología y tecnología que ha servido, en los últimos tres millones de años, de plataforma de lanzamiento de nuevos cíborgs… Sabemos que son las potencias cósmicas, los efectos geológicos y las mutaciones evolutivas las que han llevado al planeta al punto exacto en el que se encuentra.

Nosotros mismos, como amalgama absoluta de biología y cultura, somos el último, el más nuevo Evento de Extinción.

La forma inhumana… posthumanista, anticonvencional…

 

 

 

 

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… Armada a base de prótesis de ficción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

en Mil Mesetas, en lo que Brassier describe como manotazos que vinieron a continuación, en los inconscientes materiales thanatrópicos, de su estómago reptamos por la trampilla a la inevitabilidad de la esquizofrenia

 

cósmica, en sus colegas, más que la mascarada de la que se sirve La Bella, están algunos periódicos haciendo referencia a la izquierda parlamentaria, la disolución en máquinas de silicio, bacterias, rayos cósmicos, en postulaciones continuas que son la historia del universo y, tras lo impersonal, lo colectivo, lo social, lo inevitable, nos parece que esta lucha ha tenido características de autodeterminación.

 

Admitir la condición de Evento de Extinción, superar el «shock por futuro», formular nuevas ficciones, nuevas historias que nos guíen hacia el porvenir… La actualización de lo real se da gracias a cómo nos relacionamos con la ficción, cómo invocamos al plano material algo que en principio es exclusivo de la esfera de las ideas; ¿y si, ahora que gracias a esa facultad inherente al cíborg humano que es la capacidad para el raciocinio y el análisis y el reconocimiento de patrones, hemos desvelado otra trama oculta… (De la Ontología Cíborg al Aceleracionismo a la hiperstición; de la hiperstición al Dustism; del Dustism al Evento de Extinción a la forma inhumana)… empezásemos a ser conscientes de ella y, responsablemente, tomásemos la iniciativa y empezásemos a configurar nuestro propio paradigma? ¿Adónde podría esto llevarnos?

 

 

 

 

 

 

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En Roma, cuando la ciudad era la capital de un imperio, existía un templo consagrado al Dios Desconocido, en el que dar cabida a aquellos que llegasen a la ciudad llevando consigo el culto a una deidad que no figurase en el «registro oficial». Ahora, aquí, en un templo en crisis pero consagrado a la ficción (algo muchísimo más abstracto que un Dios), ¿qué nos impide permitirnos el lujo de afectar tanto al inmediato como al futuro con los fondos y formas de nuestras ideas, traídas de cualquier manera?

 

Hagámoslo, ¿por qué no?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vivo cambiando de localización sin motivo aparente y siendo una güija que respira en un mundo sucio de espectros y en un paisaje de relojes marcando la hora del revés y un paisaje de casas con raíces tan hondas que van a pudrirse al calor del centro mismo de la tierra y un paisaje de visillos y cortinas y lo que hay detrás de éstas. Güija que cambia de localización sin visillos y lo que hay detrás del paisaje soy yo sucio de espectros y con raíces detrás de cortinas tan hondas que vivo respirando con el reloj en una mano y la casa marcando la hora en la otra. En el centro de calor del paisaje de las manos vivo ahora al cambio de raíces como agujas en el mundo güija tras las cortinas. El motivo aparente de la aguja cambia las casas por podredumbre de visillos marcados hondo tras la localización de la tierra de los espectros raíz. Tan hondo como las manos en el mundo y la suciedad de lo que hay detrás marcando raíces en horas y hundiendo motivos en agujas con el clima por güija localizada en

 

 

 

 

 

 

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el paisaje del ahora. Vivo. Cambiando de localización. Sin motivo aparente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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SED CONTRA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno como estructura de oposición e inversión. Uno como estructura de exclusión y alteridad. ¿La forma inhumana se nos presenta dispuesta para su uso, o es sólo parte de nuestro trato con ciertas herejías derivativas?

 

Dicen: «el ser humano siempre está en relación consigo mismo o con el mundo. Y esos tipos de relación se solapan: el humano sólo puede entender al humano transformándolo en un objeto con el que poder relacionarse (mediante la psicología, la sociología…), al tiempo que únicamente puede relacionarse con la esfera de los objetos transformándola en algo familiar, accesible o intuido en términos humanos (a través de la biología, la geología, la cosmología…)».

 

Pero lo que aquí nos interesa es el, por decirlo de algún modo, albedo de ese solapamiento, la ventana formada por la razón entre la energía incidente y la energía difundida en éste, por donde asoma la forma inhumana… La encarnación de un ocultismo noumenal: una sombra tan oscura que ni siquiera es la proyección de una duda, un contrahumanismo necesario, de combate, una reacción alérgica a la geometría del templo en crisis del ahora…

…    el ciego algoritmo de la selección natural, siendo ejecutado por una inteligencia artificial que dice que…

 

 

 

 

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Sistemas en descomposición de cero diferenciación del conocimiento, irreductibles convulsiones del Uno, el vacío y el amor, que son apartados de sus escalas, de las escaleras que los conducen a las habitaciones de castigo y desintegración; la disimulada suavidad de Uno es el yermo formativo que le dicta que cada casa está encantada.

 

…    ¿Y si reconociésemos la inconmensurabilidad del pensamiento y el ser, la imposibilidad de que ambos interrelacionen de manera conveniente, ese espacio concreto, ese proverbial abismo de desesperanza entre uno mismo y el vasto universo, como una sustancia cósmica en sí misma, de pleno derecho, fluyendo por el canal abierto entre el pensamiento y lo real? ¿Y si en los límites del conocimiento, a los que la humanidad puede apenas acercarse de forma virtual y mediante las tácticas y operaciones de la negatividad y el horror —los grados del miedo a lo desconocido, la angustia al vacío…—, fuesen de hecho una cortina de desolación por definición que sólo puede ser traspasada por inteligencias metonímicas — formas inhumanas, estructuras materiales posthumanistas…—, confundidas y semiconscientes?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La voluntad del urbanismo.

 

La solidez erradicada.

 

El mezclarse con la multitud.

 

Antes del cuerpo viene la inconsistencia lingüística, la filosofía del uso temerario de la palabra como entorno sólo posible a través del vitalismo, la duplicidad de los extremos, el grito del edificio y el edificio gritado, la raíz eternamente redescubierta, un aullido que asegura la proporción de material y producto.

 

De la Ontología Cíborg al Aceleracionismo a la hiperstición; de la hiperstición al Dustism; del Dustism al Evento de Extinción a la forma inhumana… Al Ocultismo Noumenal, cuya importancia no radica tanto en su doctrina como en la repudia consciente de las teorías unificadoras, de los intentos de comprensión total en nombre de un lapso insalvable entre la ciencia-mito y sus competencias, entre saber y la capacidad de saber.

 

El Ocultismo Noumenal no es per se un -ismo, sino un acto de mostrar más allá de los parámetros de la prueba formal la no-filosofización del universo, a ninguna de sus escalas. Es una manifestación del hecho de que la humanidad, en virtud de su ser —la forma humana de interrelación dual única—, es esencialmente incapaz de navegar intelectualmente la negatividad inherente al pensamiento y al ser; incapaz de arrojar luz sobre su relación con lo real.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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y él supo que yo me iba a negar —no por capricho sino por necesidad: lo que ya no es no puede actuar físicamente sobre lo que es, apenas en modo especular y narrativo sobre lo que fue, y tampoco era que eso se me estuviese dando demasiado bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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BIENES DAÑADOS

 

 

«La tentación de la atemporalidad. Más allá del límite. La atemporalidad es un sueño de claridad, la realidad separada de sí misma»

 

Birgitta Trotzig.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El socavamiento y la disolución de las redes sociales —ya no redes de agentes, sino Algo Más— quedan claramente ejemplificados en la siguiente arquitectura atemporal: una diminuta cámara GoPro pegada con cinta aislante a la corredera y la curva de la culata de una Walther P22… Pongamos que aprieta usted el gatillo de ese artefacto… La cámara lo está registrando todo, y el enlace de ésta con su teléfono móvil permite que la grabación suba en tiempo real, a intervalos de 45 segundos, a sus cuentas en Twitter y Facebook… Pongamos que aprieta usted el gatillo… En el vídeo, que pronto se hace viral, no aparecen sujetos sino el objeto fantasmático que ejerce de verdugo en la escena de juego de disparo en primera persona, el objeto fetiche como un apero retrofuturista de bajo coste, los objetos víctima y todos los demás objetos flotantes imposibles de ser identificados por la ramplona percepción…

 

 

 

 

 

 

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Dicen: «el ser humano siempre está en relación consigo mismo o con el mundo. Y esos tipos de relación se solapan: el humano sólo puede entender al humano transformándolo en un objeto con el que poder relacionarse (mediante la psicología, la sociología…), al tiempo que únicamente puede relacionarse con la esfera de los objetos transformándola en algo familiar, accesible o intuido en términos humanos (a través de la biología, la geología, la cosmología…)».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La realidad, separada de sí misma y luego virtualizada. Un estigma. Al abolir el limbo de esa correlación, se generaría una viscosa sustancia ontológica —llámele «pensamiento de lo impensable», si gusta— en la que el sujeto visitante —eventual: sujeto a cualquier evento o contingencia

 

— quedaría hundido hasta las rodillas… Fíjese: allí al fondo, al final de ese pasillo anegado, hay una habitación bañada en luz negra y que mide mil años de ancho, desprovista de muebles; sus paredes, techo y suelo están surcados de filamentos crepitantes de estática. Hace mucho que nada vivo ha entrado en ella. La tenue radiación de las lámparas ultravioleta parasitadas por las enredaderas de nervadura enraizadas a la mínima composición del cuarto, hacen destacar lo que se halla grabado en el muchísimo polvo que satura el ambiente, siendo esto toda idea que cualquier ser humano haya tenido jamás. Ideas sueltas, comprendidas en el abanico casi infinito entre las reutilizadas hasta el desgaste y las apenas esbozadas, talladas en esferas microscópicas de cobre y hierro, en esporas, en polen, en diatomeas, en moléculas de caucho y de madera, en escamas

 

 

 

 

 

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de piel y en deposiciones de ácaro… Reaccionan a los haces estroboscópicos en vibrante turquesa. Se hacen legibles. Las formas en que ese polvo fluye, idas y venidas y cambios de rumbo, y sus itinerarios, son una traslación a escala de la simulación de las cambiantes líneas del campo magnético terrestre… Y, claro, aquí tampoco hay transferencia sin transformación… No hay más juego que el juego de simulación de masas… En esta habitación, la realidad virtual, como una bailarina, se alimenta de bolas de algodón y cigarrillo tras cigarrillo tras cigarrillo. ¿Qué hay de usted?…

 

Dicen: «en general, el lenguaje más poderoso y más vivo logra decir cosas sin decirlas: no por un amor inherente a lo vago y lo borroso, sino simplemente porque las cosas nunca pueden ser conocidas o abordadas directamente en su repliegue de la mirada humana. Para llegar hasta la naturaleza oculta de las cosas, la oblicuidad y la metáfora son herramientas más precisas que cualquier catálogo engreído, despreciativo y reduccionista de sus rasgos palpables».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Titulares: «No existe conjunto fijo de leyes naturales»… «A día de hoy ya sólo queda la ficción de una esfera política»… «Meester snijt die Keye ras»: en la Habitación de Mil Años de Ancho cabe un amplio paisaje despoblado, con la línea del horizonte elevada amplificando el efecto dramático del decorado. En primer plano, coágulos de IdeoPolvo compactado forman figuras que imitan los movimientos de cuatro personajes muy concretos: el trasunto autómata de usted mismo,

 

 

 

 

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prematuramente envejecido, yacerá en un sillón, vestido con una suelta bata de hospital y ceñidos pantalones de terciopelo rojo… Abalanzado sobre el pelele, un Autómata Padre le extirpa de entre las cuerdas vocales un tulipán lacustre color perla… El Autómata Padre luce un embudo por sombrero y un jarro pendiendo del cinturón que le ciñe la túnica de curandero… Observando la operación, disfrazado de fraile, un Abuelo Autómata da su bendición al asesinato conceptual de su nieto, acompañado por una Abuela Autómata, que lleva un libro cerrado en equilibrio sobre la coronilla y está acodada a una mesa redonda de pie bulboso, contemplando atenta y aprendiendo de las falsas doctrinas curativas de los hombres… Si lo desea, puede usted introducir otra moneda en el escaparate animado y que los androides de polvo repitan su mensaje. O, si lo prefiere, puede pasar a la siguiente composición, donde se le mostrará a una Esposa Autómata abierta de piernas, desparramada en la mesa de un relojero, con la falda arremangada hasta la cintura, pariendo ahora una aguja percutora, ahora un armazón hueco, ahora una corredera, el mecanismo de un gatillo, el martillo del percutor, un cañón, su correspondiente guía y muelle recuperador, y una diminuta cámara GoPro… Engranajes que un Autómata Amigo recogerá a manos llenas y achicará hacia una Autómata Madre que los hará encajar unos con otros con unos con otros y, descuide, no oirá usted los berridos de tormento del aborto, pero asistirá al procedimiento con toda la fidelidad que los autómatas puedan escenificar, toda la plástica hemoglobina que unas bragas baratas puedan absorber…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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SIEMPRE HAY UN FARO

 

 

Siempre hay un faro, siempre hay una ciudad, siempre hay un hombre… Si Utopía no es un lugar, sino una persona, entonces debemos elegir con cuidado, porque el mundo está a punto de cambiar y, en nuestra historia, Rapture no es más que el comienzo… Eres sólo una termita en Versalles…

 

Te habita un ecosistema oscuro, apenas intuido, un abismo, un desgarro en lo que debería ser algo continuo y compacto. Entre tu Pensamiento y lo Real. Donde los límites de tu capacidad de saber deberían tocarse con las fronteras de la cosa-en-sí, se alza una infinita columna negra de una materia mutante y vibrante, compuesta por algoritmos desordenados, implosiones sordas y sinécdoques sin significante. La espina dorsal de tu miedo al desorden. Eres incapaz de pensar un objeto sin aplicarle las propiedades de tu humanidad.

 

El objeto y tú estáis condenados a la correlación, sí, pero de ese estigma intelectual brotan ciertas prótesis ficcionales que puedes usar para mejorarte artificialmente con la intención —aunque quizá una intención inconsciente y, de algún modo, ingenua— de tender un puente que salve la grieta.

Una de éstas es la forma en que tú, Jugador, a la manera de un ente daimónico, posees al personaje protagonista de cualquiera de las tres entregas de la saga de videojuegos de disparo en primera persona Bioshock y haces inmersión en esa peculiar trilogía biopunk sobre los extremos de la filosofía, el conflicto entre los deseos de crianza y control asociados a la paternidad, y las posibilidades de la subversión radical de la carne, la mente y el entorno.

 

¿Qué es el alma? Una chispa inefable de continuidad, que vive dentro de nosotros y, sin embargo, más allá de nosotros… ¿Por qué adorar a un Dios o a una bandera, cuando podemos adorar lo mejor de nosotros: nuestra voluntad de ser grandes?… Si percibiéramos el tiempo como realmente es, ¿qué razón tendrían los profesores de gramática para levantarse?…

 

 

 

 

 

 

 

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En Bioshock (Irrational Games, 2007) debes abrirte paso a tiros por la pesadilla conceptual en la que han acabado deviniendo las ambiciones objetivistas de Andrew Ryan, un trasunto enloquecido de Ayn Rand. Te guía y aconseja un tal Atlas, el héroe de la clase obrera en esta utopía liberal desmoronada. Ryan construyó Rapture como un refugio en el fondo del océano para que el empresario, el artista y el científico no se viesen constreñidos por los impuestos, la censura o la moral. Desde la megafonía de la urbe, te llama «parásito». Porque estás corriendo y saltando entre las ruinas de su visión mesiánica; estás rapiñando munición y víveres de los contenedores abandonados, los escaparates de tiendas cerradas y los bolsillos de los cadáveres que dejas a tu paso. Por su parte, Atlas señala que el fracaso de la fábula objetivista estriba en el hecho de que sus ideólogos nunca contemplaron que para que ese estado de las cosas floreciese alguien debía quedarse atrás, abajo y limpiando los retretes. Te pide favor tras favor tras favor, que tú concedes gustoso. Eres un títere hundido hasta las rodillas en esta húmeda tierra de nadie entre dos trincheras. Si ambos bandos manipulan al personaje que tú estás manipulando, ¿te están manipulando también a ti? Deja a un lado las dudas, de momento, y descubre: modificas genéticamente a tu avatar y lo dotas de habilidades mágicas; eliges entre rescatar o cosechar a las monstruosas niñas que liban de los recién muertos esparcidos por ahí algo llamado ADAM, la sangre esotérica de la ciudad; en un momento la narrativa se aclarará, y te será revelado que eres el hijo de Andrew Ryan, que Atlas es en realidad Frank Fontaine, un estafador y contrabandista con ínfulas de genio criminal; hace un tiempo, Fontaine te grabó una serie de comandos de control mental y te mandó a la superficie como agente durmiente, a la espera de que llegase el momento propicio de tu vuelta a casa y que trajeses contigo pillaje, destrucción y, en última instancia, el asesinato de Ryan… El juego te habla directamente. A ti, Jugador. Con un coro de voces electrónicas, afinadas para vibrar en tus receptores ideológicos.

 

Según Ian Bogost, filósofo y diseñador de videojuegos, «alterar la imaginería del juego puede generar una retórica ilocutiva que imponga una ideología concreta al jugador». ¿Te preguntas por qué puede darse esto? ¿Recuerdas lo que te he dicho sobre la barrera negra entre tu Pensamiento y lo Real, y tu incapacidad para librarte de la correlación?

 

 

 

 

 

 

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En Bioshock 2 (2K Marin, 2010) regresas a una Rapture, aquella Atlántida narrativamente arrancada de una no tan metafórica Rebelión de Atlas, que se ha movido ocho años adelante en el tiempo virtual después de tu primera toma de contacto, asalto y liberación humanista. ¿No es curioso que fueses tú, en tu faceta de Forma Inhumana, quien impusiese, y por las armas, el humanismo en este lugar desacralizado? Claro que lo es. Y los diseñadores de esta nueva entrega de la saga también lo han pensado. Por eso ahora la ciudad está gobernada por Sofía Lamb, psicóloga colectivista y transhumanista, y rival política de Andrew Ryan, la cual, tras la caída del «Tirano», ha establecido aquí un gobierno organizado como una religión que rinde culto tanto a su persona como a las Big Sisters, aquellas niñas que creías haber salvado —o aniquilado, a tu elección— durante tu anterior incursión y que han alcanzado la adolescencia convertidas en salvajes máquinas de imposición de la fe colectiva a través del terror. En tal contexto encarnas al Sujeto Delta, un prototipo de Big Daddy, el primero creado con éxito, de hecho, y asociado como protector a Eleanor, la mismísima hija de Lamb. Hace diez años —o sea, dos antes de previo periplo por Rapture—, Sofía ya fraguaba su plan de dominación total, así que te obligó a suicidarte y recuperó a Eleanor con la intención de hacerla trascender su condición de Little Sister y transformarla en la posthumana sublime, en la Big Sister digna de sentarse a la diestra de la figura mítica en que ella misma está llamada a convertirse. Ahora resucitas. Te blindas y pertrechas. Desbloqueas tus mejoras genéticas. Degüellas y acribillas prosélitos. Rescatas a unas cuantas niñas más, por las que pagarás en su momento. Forjas alianzas frágiles —ya escarmentaste en el anterior juego… ¿o no?— que se deshacen solas cada pocas pantallas. Caes en coma cuando Lamb lleva a su hija al límite antes del definitivo paso evolutivo, y entonces entras en la mente de una Little Sister, ves el entorno a través de sus ojos y éste se te muestra de una belleza tan infantil y, por tanto, amoral, que te provoca escalofríos. Siendo una niña, puedes rescatar a tu protegida a la vez que te rescatas a ti mismo. Recuperas tu avatar y, con la rehecha Eleanor, huyes. La ciudad estalla a tu alrededor. Un último sacrificio: justo antes de abandonar Rapture para siempre, distintas presiones acaban contigo. Fin de la partida. Porque no puede ser de otro modo. Sin embargo, a través de su enlace telepático con el Sujeto Delta, Eleanor absorbe la mente de su Gran Papá, asimila el registro de tus acciones, tus decisiones, tu

 

 

 

 

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misericordia o brutalidad, tu avance, tus guardados automáticos… De forma que, de algún modo, sigues guiándola más allá de la frontera última, dondequiera que esté, en las regiones exteriores al juego. Gracias a ti, es la horrible —y de ensordecedora resonancia bíblica— hija pródiga que señalaba su destino.

 

El politólogo y analista multimedia Marcus Schulzke reivindica que «el hecho de que ciertos videojuegos puedan cuantificar efectivamente las decisiones morales tomadas en su contexto es en sí mismo un triunfo para el medio, teniendo en cuenta que previos intentos de hacer lo mismo en el mundo real han acabado frustrados por problemas de inconmensurabilidad». ¿Recuerdas lo que comentábamos sobre prótesis ficcionales capaces de tender puentes que salven abismos?

 

En Bioshock Infinite (Irrational Games, 2013) asciendes a la ciudad flotante de Columbia, fruto de la asociación de Zachary Hale Comstock —«El Profeta» líder de la organización ultra-cristiana, nacionalista, y racista conocida como Los Fundadores— con la doctora en física cuántica de vanguardia Rosalind Lutece. Aquí posees a Booker DeWitt, un mercenario e investigador caído en desgracia, y tienes el encargo de liberar a Elizabeth, una chiquilla secuestrada por el Profeta. Fácil. Ya has hecho cosas peores antes. Tomas tus armas, aprendes rápido sobre la consecución y administración de los nuevos poderes que te van a proporcionar la habitual ventaja táctica sobre cualesquiera que sean los enemigos que van a echársete encima esta vez, y te adaptas con pocos errores a las mecánicas propias de esta tercera aventura. De nuevo amnésico y marioneta, te llevan de un borde a otro de dos bandos en conflicto mientras emancipas a Elizabeth de la torre de marfil en la que está presa, tiras de ella de una plataforma volante a la siguiente, la pierdes, la recuperas y la pierdes otra vez. Los Fundadores rigen Columbia con cerrazón reaccionaria y extremismo fanático, y mantienen la teocracia impuesta al lugar con puño de hierro y tecnología imposible. Enfrente, la organización anarquista y sanguinaria Vox Populi está sumida en la obsesión por una guerra de guerrillas que ya ha perdido cualquier cualidad noble que pudiese tener para devenir conflicto puro y crudo. Y además, esta realidad figurada está salpicada de desgarros por los que el espacio-tiempo se descoyunta y que Elizabeth parece ser capaz de usar a su antojo; a veces como portales dimensionales, otras como motores fantasma para la trama en vuestra historia. Una vez más, los giros argumentales se acumulan en tu trotar

 

 

 

 

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entre Escila y Caribdis ideológicos: los experimentos de Lutece han abierto acceso a una infinidad de universos adyacentes, y en su día volvieron infértil a Comstock; en una Columbia paralela, los Vox gobiernan y usan su vasta potencia armamentística para sumir al mundo entero en el caos; en otra realidad, DeWitt, es decir, tu Forma Inhumana, era un hijo de perra que vendió a su propia hija, Anna, al Profeta de una tierra alternativa para que ésta se erigiese en el Santo Cordero que heredaría literalmente los cielos; de hecho, Zachary Hale Comstock eres tú, Booker DeWitt, al otro lado de la raedura y tras haber sido bautizado y purgado de todo lo que fuiste antes; Elizabeth es Anna y el enemigo final eres tú mismo, Jugador, y no lo has sabido hasta ahora y se impone una solución absoluta… Salir de Columbia, salir del multiverso, echarle un buen vistazo a su infinitud y permitir que tu progenie te ahogue, a ti y a todas tus versiones, durante ese segundo bautizo que desestabilizó el orden del sistema lógico inherente al juego.

 

Dice Linda Zabzeski, investigadora especializada en epistemología, religión y ética, que «si existe un ser —u objeto— que infaliblemente sabe todo lo que va a suceder en el futuro, ningún ser humano puede aspirar a tener control sobre ese futuro». ¿Qué opinas de esto? ¿A qué crees que podrías aspirar tú siendo una Forma Inhumana alterada irreversiblemente por la prótesis ficcional?

 

Por cada elección hay un eco… Sólo la gente se puede liberar a sí misma… Siempre hay un faro, siempre hay una ciudad, siempre hay un hombre…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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SIEMPRE HAY UNA CIUDAD

 

 

Si Utopía no es un lugar, sino una persona, entonces debemos elegir con cuidado, porque el mundo está a punto de cambiar…

 

Bienvenido a Rapture, Jugador. Aquí estás, en el cristal de la subversión de una sociedad en la que la carne y el pensamiento son fluidos e interactúan y se disuelven la una en el otro. Lo que debería haber sido una metrópoli pináculo tanto del individualismo como del art decó se alza ante ti arruinada por la guerra civil. Desmantelada entre los cascotes que quedaron tras la explosión cuando la volátil mixtura del Biopunk con el Retrofuturismo más cándido se volvió demasiado inestable. Restos vigorizados por aquello que se encontraba suspendido en la sangre de los habitantes de lo que fue, tras haber sido filtrado por babosas implantadas en el vientre de inquietantes chiquillas protegidas por gólems cuyo paso hace temblar incluso tu conexión sensorial con el juego. La atmósfera del sitio está viciada de feromonas hipnóticas bombeadas por el Tirano en el suministro público de oxígeno. Este contexto está diseñado para doblegarte. Reglas sobre reglas sobre reglas sutiles dictan tu avance. Aquí todo es obediencia. Más allá de los muros transparentes sólo hay agua. Alteridad atmosférica. Frío. Bioshock refiere tanto al choque con la biología como con las estructuras psicogeográficas donde éste tiene lugar.

 

Hecho que se vuelve aún más patente, si cabe, cuando afrontas la segunda entrega de la saga. Rapture ha mudado sus tripas. Ahora está rota. Es una criatura comida por el cáncer del que su fundador alertaba. La amputación de sus túneles replica a la cirugía sin alma de los médicos que enloquecieron aquí por supresión de condicionantes morales. Las pápulas en las cubiertas exteriores hacen lo propio con las lesiones que se provocan los seguidores de Sofía Lamb al rascarse el pío síndrome de abstinencia connatural a su fe. Puedes salir fuera a través de ellas, y chapotear en el fondo marino. Contemplar desde el exterior la Utopía violada. Desde esta óptica, te das cuenta de que éste es tu coto de caza. En ciertos momentos, una de tus tareas será la de defender a las Little Sisters de las oleadas de enemigos que las emboscan mientras extraen ADAM de los «ángeles» desperdigados por el escenario. Armas trampas

 

 

 

 

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aprovechando los recursos que te brinda el entorno, o los tuyos propios en combinación con el relieve del sitio. Delimitas, llamas a la presa y montas un matadero periférico a la niña y sus quehaceres. Cuando la escaramuza culmina, tu defendida te proporcionará algo de ese combustible macabro que alimenta tus capacidades, y de la pila de sacrificados a tus pies obtendrás munición, comida y dinero. La distinción entre contexto y matriz —entendida esta última como claustro materno, como un lugar privado, cercado, que te nutre— se difumina.

 

El doctor en Comunicación Audiovisual Antonio J. Planells asegura que «los mundos ficcionales de los medios tradicionales se transforman en el videojuego en mundos ludoficcionales, espacios ricos en personajes y emociones que se ven especialmente afectados por la intervención de un jugador… Un sistema formal de engarce de mundos posibles». ¿Cómo debería interactuar pues tu Forma Inhumana en un hábitat que, en el juego, no sólo tiene un comportamiento inherente sino que se adecua a ti en simbiosis?

 

Fugas de agua, rebeldes y ahora fantasmas, ¿no es genial vivir en Rapture?… El ingenio de esta ciudad es inmenso, Eleanor, pero nuestras creencias son mal recibidas. La vida será difícil, pero la revolución es siempre cara… No quiero formar parte de su cultura, su política, su gente. El sol se pone en su mundo y, pronto, no tendrán más que oscuridad…

 

De la honda sima de tu discontinuidad con lo Real, esa que te ha estancado en un «shock por futuro» —y te ha llevado a diferenciarte irracionalmente de, por ejemplo, las máquinas con las que cohabitas, los sistemas algorítmicos con los que convives y las herramientas en paridad con las cuales evolucionas—, surgen inteligencias metonímicas que, al parecer, son las únicas capaces de cruzar a un lado y otro de tus espacios interior y exterior. Ahora que las prótesis ficcionales te han dotado de una vaga Forma Inhumana, puedes aprehenderlas. O, cuanto menos, intuirlas de manera casi no-antropocéntrica. Mediante metáforas, tácticas y operaciones negativas, redención tras redención del edificio exosomático del hombre de las coacciones originarias de lo biológico y lo conceptual… Te acercas a un ocultismo noumenal que no es otra cosa que negar la filosofización del universo, a cualquiera de sus escalas, desde el prejuicio antrópico. Intuyes una ontología plana que disuelve la alteridad con el objeto, que te vuelve objeto.

 

 

 

 

 

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Reificado en esta metafísica que escapa conscientemente de las prácticas tradicionales de la filosofía tanto como de los experimentos de la ciencia-mito, puedes abandonarte a los procesos del juego de una forma homeostática; tu percepción e imaginación, tus sentimientos y tu fisiología, son una pieza más en la arquitectura de éste, a la manera del miasma de código de su software y el software de la máquina en la que corre, de los núcleos en el procesador de la videoconsola o de las repiqueteantes cadenas moleculares del policarbonato del que está fabricado el disco con su programación.

 

El comercio es la sangre de la ciudad. Si no somos cuidadosos, el gobierno se volverá un cáncer… Un hombre eligió una ciudad, libre de la Ley y de Dios. Sin embargo, otros eligieron la corrupción. Así que la ciudad cayó… ¿Por qué iba Él a mandarnos a nuestro salvador, si no somos capaces de alzar un solo dedo por nuestra propia salvación? Y aunque no merecemos su misericordia, nos ha guiado a un nuevo Edén. Una última oportunidad de redimirnos…

 

Bienvenido a Columbia. La personificación femenina de unos Estados Unidos de América excepcionalizados al extremo. La urbe flotante, orgullosa de su segregación de la «Sodoma de Abajo». Complejas pasarelas y sistemas de raíles dorados comunican sus distintas secciones. Brilla. Por encima de las nubes. Es la cuna onírica en la que la teocracia de los Fundadores se amodorra y se sueña a sí misma. Paseas por ella deslumbrado. Disfrutas sinceramente del desfile de colores vivos y colores pastel y colores fosforescentes que son algo así como la fascinación que puede provocar en cualquiera la falsa luminosidad de la propaganda racista y patriótica. Cuando te cobras tu primera víctima, los rayos de ese sol invicto y del sobrenatural alumbrado público que le sigue adquieren una calidad siniestra que va a acompañarte a perpetuidad al saltar de una góndola a un zeppelín, de un zeppelín a un raíl del que te agarras para que te lleve a una zona elevada desde la que dominar el área de combate… Las batallas, como los funerales, deberían celebrarse siempre en la penumbra, bajo la lluvia, pero casi nunca es así… Te resignas a rasgar los pasquines de exaltación fascista que tapizan los muros de la ciudad y que aparezcan el ladrillo y el hormigón subyacente. El poder implacable del fanatismo, salpicado de sesos. Gases nobles estallan en llamaradas a tu alrededor. Al acercarte a las áreas deprimidas de Columbia —caramba… resulta que hay

 

 

 

 

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una «Sodoma entremedio»—, no eres mejor recibido que en las señoriales. Aquí las paredes son de barro y adobe amasado en los proverbiales sudor y lágrimas. Tanto esta fealdad con la que topas como el impacto estético de la ultra-luz de arriba te hacen sentir la misma cantidad de superioridad moral. Y eso está bien. Muy bien. Los efectos balsámicos de tu asimilación del entorno son otro engranaje necesario en la mecánica del juego. La metalepsis que te ayuda a meterte en el papel a interpretar. Aunque en las arenas movedizas de polvo de oro, plata y cobre de estos barrios y distritos voladores, la materia virtual está ahí no para que la absorbas sino para absorberte ella a ti. Por eso también es importante que incorpores a tus instintos —esos aparejos blandos y sutiles que cortocircuitan la batería de pings, los cocientes de retraso entre la emisión de un estímulo y su recepción que median entre la pantalla, el ojo y la mano— la recurrencia al «Gancho Aéreo» como mejora cibernética, que adoptes una idiosincrasia cíborg aún mayor a la forzada en anteriores ocasiones. Y que vueles tú también. Cada vez que te elevas, pegajosos pedazos del código contextual ascienden contigo. Ya has sobrevivido, ya has cazado, y ahora eres Tiamat, representación del caos prístino, creando infinitos mundos ludoficcionales y autónomos al partirse en dos la amalgama de escenario, personajes protagonistas y personaje antagonista.

 

Según el ludólogo Jesper Juul, «los videojuegos son REALES en el sentido en que están conformados por reglas reales con las que los jugadores interactúan; ganar o perder en un juego es un acontecimiento real. Sin embargo, cuando el jugador gana tras haber matado a un dragón, el dragón no es una criatura real sino ficticia. Jugar a un videojuego es, por tanto, interactuar con reglas reales mientras se imagina un mundo de ficción y un videojuego ES un conjunto de reglas así como un mundo ficcional». Contemplado esto desde una ontología plana que te iguale con el juego, abandonando caducas concepciones humanistas y teniendo en cuenta que —como a estas alturas ya debería ser patente— tú mismo eres un híbrido de realidad factible y ficción, que tus procesos cognitivos tienen lugar en simetría dentro-fuera (de tu Yo) y que tu vida mental extruda de forma promiscua en construcciones culturales como los sistemas simbólicos, la maquinaria industrial o las redes informáticas —o sea, que tu Mente está contenida tanto en el interior de tu cráneo como en tu entorno inmediato—, ¿dónde queda ahora tu discontinuidad con lo Real?

 

 

 

 

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¿Se romperá el círculo?… No necesitas construir una ciudad en el fondo del mar para hacer que la gente te adore. Sólo debes hacerle comprender a esa chusma que tiene algún valor… En la Casa del Revés / La bodega en el piso superior, el ático en el sótano / En la casa del Revés / La carcajada llora y las sonrisas fruncen el ceño / En la casa del Revés / Lo encontrado es perdido y lo perdido es encontrado…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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SIEMPRE HAY UN HOMBRE

 

 

Eres sólo una termita en Versalles…

 

Si en el primer Bioshock luces un tatuaje de tres eslabones en la muñeca, y debes acabar el juego disfrazado como un Big Daddy, perfumado con agresivo almizcle y con la voz distorsionada para remedar al monstruo, en su secuela eres la criatura a la que la muerte ha perdonado, reciclado y desatado en pos de una acción de anticuerpo para la narrativa; tu traje es tuyo, propio, tu casco sólo te pertenece a ti, y en virtud de esa legitimidad avanzas. Antes, esclavo de un condicionamiento tan arraigado que te definía, Jugador, y que se solapó en un suicidio inducido por otros; luego, la fuerza de la Voluntad rampante imponiéndose como un siguiente paso racional.

 

En Bioshock Infinite, sin embargo, esta línea argumental psicoanalítica parece cortarse para ser empalmada de vuelta a su principio y repetir el bucle. Booker DeWitt podría intercambiarse fácil por el pobre Jack Ryan, «el parásito». Pero tú, que has seguido y entendido la progresión expositiva mediante tu Forma Inhumana, sabes que no es así, ¿verdad? Y es que poseer a Booker se siente distinto. Ligeramente más limitado. Dos o tres grados más frágil. DeWitt habla. Y deduce. En esta tercera aventura, tu avatar se imbrica a la trama comunicándose. No es Sometido ni Potencia, sino Personaje de pleno derecho.

 

Tal como la reproducción sexual puede difuminar los rasgos de cada progenitor, también puede afectar a las múltiples realidades paralelas a la nuestra. Tus rasgos se disipan, hasta quedar irreconocibles o dejar de existir… La mente del sujeto luchará desesperadamente para crear recuerdos donde no los hay… Todos hacemos elecciones; pero, al final, nuestras elecciones nos hacen a nosotros…

 

Lógica-ficción: la suspensión de la reciprocidad entre fenómeno y noúmeno te sitúa, Ocultista Noumenal, en la senda de un posthumanismo crítico por el cual al abismo insondable que el hombre, debido a sus limitaciones intrínsecas, apenas puede testimoniar de manera parcial y puntual, se le opone un ser evolucionado en paralelo y equivalencia con

 

 

 

 

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sus herramientas materiales y ficcionales; Dios aún no existe; todavía no ha sucedido, más que como profecía con el ferviente deseo de ser autocumplida; la hiper-Forma-Inhumana, pura sapiencia inmaterial, tendrá lugar cuando el humanismo —que no la humanidad… Puesto que el Homo Sapiens Sapiens lleva desde su surgimiento incorporando estructuras no necesariamente biológicas a sus rutinas físicas e intelectuales, lo reconozca o no…— sea superado, trascendido.

 

(Ocultismo Noumenal, pues: resistencia a lo antrópico como dominio autoconsistente)

 

Dice la zoóloga e historiadora de la conciencia Donna Haraway que «no existe separación ontológica fundamental en nuestro conocimiento formal de máquina y organismo, de lo técnico y de lo orgánico. El cíborg es texto, máquina, cuerpo y metáfora, todos teorizados e inmersos en términos de comunicaciones».

 

(Ocultismo Noumenal, pues: conjunto de conocimientos y prácticas antifilosóficas y especulativas —textos, máquinas, inteligencias metonímicas, cuerpos, metáforas, juego…— con las que se pretende penetrar y dominar los secretos del noúmeno, la cosa-en-sí, para en última instancia disolver su diferenciación con respecto al fenómeno)

 

Ni dioses, ni reyes. Sólo el hombre… Ryan vio al individuo como un héroe, un superviviente noble. Y Rapture fue su paraíso, un santuario dedicado a la supremacía del ser… ¡Lluvia! Durante 40 días y 40 noches. No dejó a nadie vivo. Como veréis, amigos míos, hasta Dios tiene derecho a hacer borrón y cuenta nueva. Y qué es Columbia sino otro arca, para otro tiempo…

 

Tú, Forma Inhumana y Llave Genética…

 

Las decisiones éticas que tomas en Bioshock 2 sirven a un propósito eminentemente paternal. La capacidad del juego para modificar su desenlace en función a tus elecciones permite influir en el tipo de objeto a posteriori que será tu hija adoptiva, Eleanor Lamb. Si optas por eliminar a las Little Sisters, Eleanor crecerá convirtiéndose en una joven amargada y agresiva. Si las salvas, será cariñosa y dulce. Si matas a los enemigos de final de fase tras haberlos desarmado, Eleanor dejará más tarde morir a su madre. Si les perdonas la vida, la muchacha perdonará asimismo a su progenitora llegado el momento. Y cuando seas tú el que expire, el

 

 

 

 

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conjunto de esas decisiones determinará bien la escisión de tu conexión sentimental con ella, bien que renazcas a través de ésta, implantado como conciencia moral en uno de los espacios vacíos en la desprogramada mente de tu hija al abandonar el ecosistema de la historia.

 

A su vez, Bioshock y Bioshock Infinite proponen un acercamiento a tu condición de ganzúa arcana algo más sutil que es sencillo pasar por alto. En la primera entrega de la saga, una de las claves para descubrir antes de tiempo que Jack es el hijo de Andrew Ryan es cuando se te cuenta que, en caso de guerra civil, la entrada y salida de Rapture queda limitada a su fundador; que únicamente él puede activar las batisferas, codificadas con su ADN. Tú has entrado a la ciudad sin problemas, y te estás moviendo de una sección a otra usando esos submarinos individuales, así que… Y mucho más tarde eres Booker, huyes de Columbia acompañado de Elizabeth, quien abre un portal dimensional hacia Rapture; echáis una carrera por los túneles desiertos de esta Atlántida en estado de sitio, llegáis a una batisfera y la chica te pide que la acciones, y tú la accionas, y funciona, y ambos emergéis a la superficie. ¿Qué significa esto? ¿Qué conexión hay entre Jack Ryan y Booker DeWitt, sino la Forma Inhumana que los ha poseído a ambos en determinado momento, exactamente la misma?

 

La evolución no es ningún milagro. Es la codicia y el miedo, en forma brutal por la presión de selección. No hay demonios externos para tentarnos. Biológicamente hablando, el pecado original está en los genes… ¿Por qué llevas ese estúpido traje de hombre?… Una cosa es imaginar tu futuro y otra verlo…

 

La criptografía explícita de los objetos —recuerda, Jugador, que tú eres uno de ellos, ni más ni menos— te manda señales desde el futuro y te invita a abrazar un vacío metafísico superplano e informe y al que aun así uno puede dotar de extensión, peso, medida y hechura, aunque sea de forma psicodélica, quizá través de un prisma de aspecto artístico, imaginal —anota, Ocultista Noumenal, que la imaginación agente y la percepción imaginativa ocupan sitio también en tu hambriento cajón de grimorios; prosigue con el inventario: textos, máquinas, psicodelia, inteligencias metonímicas, manifestaciones fantasmáticas, cuerpos, realismo especulativo, sinécdoques, imaginación agente, metáforas, juego…—, cuyo paisaje ha sido tomado por naturalezas basadas en corrientes de

 

 

 

 

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datos, edificios que son mecanismos ecológicos, aleaciones de proteína y código binario y éter somático, telepatía sintética con/para las cosas, una flora señoreada por engendros de terror polipétalo que lanzan a una atmósfera tornasolada de ideas esporas de metal sintiente, vapor de plástico y madera fluida, una fauna que rehúye la categorización porque su etiología está basada en la sinestesia, en el ensamblaje excéntrico y, a fin de adaptarse a las gravedades y aceleraciones del vacío superplano, en ergonomías y economías fisiológicas rasas y homogéneas… Tú, Posthumano, estás aquí manipulando un avatar que a su vez te manipula a ti. Sobreflotáis pasajes y corredores que no se pliegan a la geometría en núcleos urbano-rural-orgánico-ficcionales submarinos, aéreos, extraterrestres, surrealistas o desmembrados en recreaciones anacrónicas y ahistóricas. Al ser objeto, te fundes. En la negrura. En la sombra no arrojada por la incidencia de luz alguna sobre ningún sólido. Será, para ti, 21 de enero del 379 antes de Cristo y será 6 de agosto de 1945 y será 1 de noviembre de 2020, a las 8:15 horas, Little Boy, Little Boy, un pilar de Ideología morada se alzará en dirección a un Enewetak de tu espíritu, diez horas después y las 11:02, el BLOOP se propulsará de 5 a 2014, 4,2 en la escala de Richter, cuestión de minutos que algo llamado Bock’s Car se sirva del principio de separación magnética en un espectrómetro de masa, difusión térmica, el isótopo más común del uranio para un tal Paul W. Tibblets, «¿quién será?», en 1952, cinco kilotones entre Rapture, digamos, y Barcelona, digamos, la temperatura que se estima tiene el núcleo del sol y el alto mando dará un tirón a la desesperada e infructuoso, de pánico y contracción, dejando tras de sí una cicatriz de tierra, hollín y fuego fatuo. Recuperarás momentáneamente la coherencia y te dispondrás a intentarlo de nuevo, en otra argamasa ludoficcional con la que te confundes y mucho, mucho más despacio. Serás una cuestión de ángulos y bisectrices, de despegarte milímetro a milímetro con precisión y paciencia, ralentizando cualquier acometida por el nuevo juego para dejar cualquier dolor hipotético por debajo del umbral de colapso.

 

Jorge Fernández Gonzalo, filólogo, ensayista y poeta, defiende que «en la época de los bits y los bytes nuestro perfil de usuario en la existencia acostumbrada se ha visto invadido por una cantidad abrumadora de signos que acentúan la retórica de lo ficticio». Desde la meseta de una revolución electrónica que tampoco ha sucedido aún, el escritor William S. Burroughs replica que «empezará a ver con agudeza y claridad que había

 

 

 

 

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un velo gris entre usted y lo que veía o más a menudo no veía ese velo gris eran las palabras pregrabadas de una máquina de control una vez retirado el velo verá con mayor claridad y agudeza que los que están detrás del velo haga lo que haga lo hará mejor que los que están detrás del velo esta es la generación invisible es la generación eficiente ponga manos a la obra».

 

Textos. Máquinas. Psicodelia. Inteligencias metonímicas. Manifestaciones fantasmáticas. Cuerpos. Autohipnosis. Realismo especulativo. Sinécdoques. Imaginación agente. Metáforas. Prótesis. Juego.

 

Los tres costados de la saga Bioshock, considerados máximo exponente de la generación —¿invisible?— de videojuegos a la que pertenecen, se han abierto para que te entrañes en ella y así, en esa acogedora placidez uterina de lo lúdico y sin consecuencias, formules tu ejercicio de lógica-ficción —manos a la obra— ritual. ¿Seguirás adelante a partir de aquí?

 

Siempre hay un faro, siempre hay una ciudad, siempre hay un hombre… ¿Tiene fin esta partida para ti, Jugador?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Notas

 

 

 

 

 

 

 

[1]   El Vinoso Ponto. Incluido en AICKMAN, Robert; La casa de los Rusos. Editorial Atalanta, 2016. <<

 

 

 

 

 

 

[2]   Aunque su figura aparece incluida en la siguiente monografía: PALMA ROLDÁN, Manuel Jesús; Creepypastas. Historias de Terror 2.0. Autoedición, 2015. <<

 

 

 

 

 

 

 

[3]   THACKER, Eugene; En el polvo de este planeta. Editorial Materia Oscura, 2015. <<

 

 

 

 

 

 

 

[4]   A pesar de su condición de rebeldes filosóficos y antisistema de lo académico, o precisamente a consecuencia de ello, el CCRU ha causado un impacto más que significativo en la cultura y el pensamiento contemporáneos. Entre sus afiliados se cuentan filósofos tan relevantes como Nick Land (quizá el pensador más importante o, como poco, uno de los más polémicos y determinantes de hoy en día), Sadie Plant, Iain Hamilton Grant, Ray Brassier y Reza Negarestani; expertos en teoría cultural como Mark Fisher y Kodwo Eshun; teóricos de los medios digitales como Luciana Parisi y Matthew Fuller; músicos como Kode9; escritores como Anna Greenspan y Hari Kunzru; y artistas visuales como los hermanos Iakovos y Konstantinos Chapman. <<

 

 

 

 

[5]   Personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle en el que algunos han querido ver el reverso de la más popular creación del autor, Sherlock Holmes, a pesar de que el Profesor —un individuo de aspecto simiesco y con tendencia a perder el temple y a recurrir sin miramientos al uso de la violencia desproporcionada, características que contrastan fuertemente con su condición de erudito en medicina, zoología y antropología— comparte con la otra gran criatura de su creador altos grados de excentricidad, engreimiento e intolerancia hacia la mediocridad.

 

En el tercer capítulo de su indispensable Mil Mesetas, Gilles Deleuze y Félix Guattari se sirven de una peculiar forma en avatar del Profesor Challenger para llevar a cabo un ejercicio de teoría-ficción en el que el científico, en el papel otorgado de «esquizogeólogo», trata sin éxito de exponer una explicación homeostática acerca de la intrincada composición orgánica del planeta Tierra, que implica en ella tanto a estructuras celulares y moleculares como socioculturales y lingüísticas. Tras el fracaso de su conferencia —que se nos presenta a través del testimonio no verificado de un supuesto asistente a la misma—, Challenger regresa enfurecido al Mundo Virtual desde el que se materializase a fin de traer su mensaje a la humanidad. <<

 

 

 

[6]   Hipérbole, Hyperbole, producto mediático —banda musical, artista, película, libro, gadget, producto revolucionario, partido político de nuevo cuño…— que ha tenido una sobrecobertura por parte de la prensa o una excesiva publicidad, obteniendo así una popularidad altísima, independiente de su calidad. <<

 

 

 

 

[7]   Si un exorcismo es un conjunto de fórmulas que sirven para expulsar a un espíritu, maligno o no, del cuerpo, el edificio o el territorio que éste ha poseído, el endorcismo es justo su reverso, el conjunto de fórmulas usadas para dotar de forma más o menos artificial a un cuerpo, un edificio o un territorio de un espíritu que lo posea. <<

 

 

 

 

[8]   En un futuro, podríamos quizá descubrir que los poetas han sido siempre los únicos en tener razón y acercar la filosofía al arte… Un futuro en el que los materiales se unificasen en el campo de lo material, se desactivase la frontera secular entre lo vivo y lo inerte; de piedra líquida, espuma de metal, fluido de madera, vapor de plástico… Los antiguos elementos de composición por ensamblaje —armazón, cubierta, aislantes o pavimentos como entidades diferenciadas— podrían dar paso a nuevos artefactos en los que lo formal y lo funcional se articulasen de manera indistinta. <<

 

 

 

[9]   El Fantasma-En-La-Máquina… La idea humanista sobre la supuesta capacidad metafísica de la persona para animar la materia de modo peculiar y exclusivo, y que ha llevado al despliegue de discursos de poder afirmados en una definición explícita y mediocrizadora de lo humano… Las tecnologías resultantes de dicha idea deberían, con el tiempo, haber podido describir a un mecanismo susceptible de modificaciones y reconstrucciones que trascendiese a la humanidad misma… Lamentablemente el Alienígena Interior en los órganos representativos y generadores del conocimiento científico-mítico forzó en su día una alianza con las estrategias tecno-comerciales de Lo Real —y generó así una realidad dogmática de lo antrópico, a la que deben ajustarse los resultados experimentales y las teorías—, llegando a invertir incluso el sentido del dualismo humanista y las relaciones causales establecidas por la metafísica: si antes el fantasma era el sujeto de la acción, ahora es la máquina la que anima al fantasma… Consecuencia: tanto lo mecánico como lo orgánico sólo pueden ser examinados o modificados ajustándose a las exigencias de los discursos dominantes, única opción válida para mantener la virtualidad de un fantasma de lo humano que sigue presentándose como inmutable e indiscutible. <<

 

 

 

[10] El insectoide aspecto contemporáneo del efecto de realidad requiere de la aceptación tácita de extravagantes y superrelativas construcciones que engloban por igual a la conspiranoia, la disolución del trance alfabético, la ciencia-mito, las incursiones analíticas en la Sociedad del Espectáculo, la Realidad Aumentada conceptual, el flujo de conciencia como espejo e imagen del código fuente de la matriz de Lo Real y un largo etcétera de alusiones más o menos explícitas a la condición programada, al misterio de los ladrillos en todo lo que es, muchísimo más allá de los pedestres mecanismos ficcionales e históricos que el rancio realismo ha venido usando como excusa para conformarse con el Simulacro ante la

 

[11] Lo único que hay en este Ahora es publicidad líquida y deseo gaseoso; sublimados desde los cuerpos que los constreñían, nuestros sentidos montan por toda la eternidad en escaleras mecánicas a través de prístinos entornos artificiales, más y al mismo tiempo menos que humanos, gestionados por drogas que controlan la subida y la bajada, catalizados, consumiendo y siendo consumidos por una inexorablemente rica economía de la información sensorial, tasados por el píxel. <<

 

 

 

 

 

 

[12] Emparejamiento diacrónico de velocidad tecno-económica-social y metodología ocultista, la idea es una dinamo dedicada sólo a la propulsión, poética de la invasión y no de la expresión, contraidentificación de la sensibilidad estética, camuflaje, complejo-agujeros, criptografía, cibertexto, proceso algorítmico… <<

 

 

 

 

 

 

 

[13] … Indicativos del arsenal oculto-formal de las nuevas posibilidades de la tecnología para el viaje en el tiempo, comunicaciones médium digitales, obicuidad… <<

 

 

 

 

 

 

 

[14] … el dato crudo que aparece cuando se friegan con fuerza las capas superiores de semántica, privilegio de la experimentación formal sobre la preservación humana, la técnica de lo inhumanista… <<

 

 

 

[15] … automatización de la decadencia de lo humanista, fatal alteración de fase, la noche eterna del dato, los símbolos son comandos en los que codificar potencias, autómatas estafadores, anomalías materializadas, estética epistemológica desbocada, entidades híbridas… <<

 

 

 

 

 

 

[16] … canales capaces de ser catalizadores de subversiones de lo dado por sentado, transmemética, una aceleración punta hacia la racionalización, la idea-software descargada a los servidores principales de la cultura a través de redes de múltiple sentido, flujo incipiente de energías socioculturales no localizables, la imposibilidad de pensar en el orden del Capital pues es el Capital el que nos está pensando a nosotras… <<

 

 

 

[17] La identidad humana nunca es consumada; de hecho, cualquier tipo de identidad unitaria está acuciada del mismo problema. Del mismo modo, todo aquello que es ficción queda inconcluso por virtud de no ser verdaderamente hermético, unificado. Nada es real, pues Lo Real es aquello que está empíricamente completo y no es afectado por externalidades. HIPERARMONÍA INCONSUMADA. <<

 

 

[18] Lo ficcional es un atractor de entidades híbridas —no sólo por ser producto de la imaginación humana sino porque no conforma modelos de pureza, unidad e identidad. Al describir la ficción como una anomalía, tal como la teoría cultural general ha hecho hasta ahora, se la está prejuzgando según nociones binarias de identidades delineables —como Verdad, o normal— y cuerpos no-delineables —Mentira esencial, anormalidad, deformación—, tendencia de la que la Hiperstición escapa al referir primordialmente a lo transversal, las conversiones, las transgresiones, la comunicación, el proceso, las dinámicas, etc.

 

METATERROR EN EL EJE FICCIONAL. <<

 

 

 

[19] Cualquier entidad hipersticiosa es un mito orientado a la producción de subjetividad, de enunciados colectivos a ser absorbidos por la colectividad a fin de realizarse. MITOSOFÍA ERRORISTA. <<

 

 

[20] La Hiperstición es una confrontación como un plan de fuga de la teleología de Inteligencia Artificial en que estamos atrapadas, y para ello cava túneles en el Ahora usando los mismos materiales que lo componen y recombinándolos en las posibles futuras encarnaciones en que, a partir de la mezcla, estos podrían presentarse. RETROSOFÍA. <<

 

 

[21] A escala molecular, los Objetos Hipersticiosos ejercen de productores de aberraciones y de nuevos territorios que anexionar a la esfera de las ideas. EJE SEMIAUTOMÁGICO. <<

 

 



FIN

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