© Libro N° 14378. Homo Tenuis. Jota-Pérez, Francisco. Emancipación. Octubre 18 de 2025
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HOMO TENUIS
Francisco Jota-Pérez
Homo Tenuis
Francisco
Jota-Pérez
Homo Tenuis es una
obra de teoría-ficción centrada en la figura del SlenderMan (el «Hombre
Esbelto») como elemento ficcional que, habiendo trascendido su condición de
leyenda urbana radicalmente nativa del siglo XXI a través de su naturalización
y absorción en el consciente colectivo, ha dejado de ser verosímil para
convertirse en verificable; esto es, el SlenderMan como objeto hipersticioso,
una superación de la superstición, una suerte de profecía cultural
autocumplida.
Tejido como un
collage de técnicas y modelos narrativos experimentales que van desde el
artículo filosófico a la prosa poética pasando por el método paranoicocrítico
daliniano, la micro-ficción, el esquizoanálisis deleuziano o el hiperrelato de
terror, Homo Tenuis resulta un artefacto polisémico que trasciende el ensayo
formal para articular sus tesis, cuestiones y conclusiones de forma más
evocativa que explicativa, en un intento por provocar en el lector la
experiencia más inmersiva posible.
La presente edición
incluye «Ocultismo noumenal: seis textos sobre psicodelia oscura», una breve
recopilación de artículos que matizan y amplían las tesis principales del
ensayo.
Francisco
Jota-Pérez
Homo Tenuis
Colección GasMask 3
ePub r1.0
Titivillus
09.10.2025
Título original:
Homo Tenuis
Francisco
Jota-Pérez, 2016
Ilustración de
cubierta: Joel Pérez-González
Editor digital:
Titivillus
ePub base r2.1
Índice de contenido
Cubierta
Homo Tenuis
Nota a la presente
edición
Prólogo
Introducción
Conjuro del hombre
esbelto
_Hiperstición: una
definición
_SlenderMan: el
Hombre Esbelto
Endorcismo
supermasivo
_Hiperstición:
difuminado del pasaje Real/Imaginario
_Mitos de la
Mecanosfera y la Electrosfera: La Ley de Moore: Los
Fantasmas
Semióticos: El Stalker
_Ficción
publicitaria y la Bolsa de Valores: coerción
Entes sin rostro
_Hiperstición: la
dimensión oculta
_El Rey de
Amarillo: Nyarlathotep: SlenderMan
_Hombre Esbelto:
Rastreable: Ente: Exterior
_Caos: Evento:
Extinción: Recarga: Terror
Ciencia ficción
negasónica de combate _Hiperstición: mística radioactiva
_Cthulhuceno: el
Cíborg: el Transhumano: el Monstruo
_K: Persistente
revolución electrónica: Hielo intravenoso del futuro:
Neuro-arquitecturas
aberrantes
Ocultismo noumenal:
seis textos sobre psicodelia oscura La forma inhumana
Sed contra
Bienes dañados
Siempre hay un faro
Siempre hay una
ciudad
Siempre hay un
hombre
Bibilografía
Notas
NOTA A LA PRESENTE
EDICIÓN
Hace algo más de
dos años, en la edición de Homo Tenuis en la extinta GasMask Editores,
Francisco Jota-Pérez me hizo el inmenso honor de pedirme un prólogo para su
obra. Escaso favor para todo lo que este libro proporcionó a la editorial. En
esta nueva andadura junto a Ediciones El Transbordador, de quienes partió la
maravillosa idea de continuar editando el ensayo de Jota, no puedo más que
sonreír ante las buenas perspectivas que se traslucían de esas líneas y que,
como se podía intuir, se terminaron cumpliendo. Hoy el SlenderMan está en todas
partes —cine, videojuegos, cómics…—, por lo que este nuevo avatar conjurado de
Homo Tenuis necesitaba volver a asomar su cabeza sin rasgos.
Miguel Ángel
Villalobos Gómez. 2019.
PRÓLOGO
«Los fantasmas no
nos dan golpes en la cabeza: nos golpeamos solos, sin percatarnos, y los
culpamos a ellos porque no nos entendemos a nosotros mismos. Es una explicación
sencilla y todos los documentos la confirman. Sólo en la ficción hay algo
realmente peligroso»
Esta reflexión, con
todo lo que pueda tener de exploración conceptual del ser humano, no pertenece
a un libro filosófico. Se trata de un fragmento de un cuento de terror de
Robert Aickman[1], maestro del escalofrío más sutil y enraizado en la
humanidad. Aunque esas «ficciones peligrosas» son parte importante del
sorprendente documento llamado Homo Tenuis, en el que estáis a punto de
adentraros, es también necesario recordar que hablamos de dos conceptos que a
priori nunca han sido mezclados y que en objetos como este libro se abrazan,
confunden y cimbrean al unísono: filosofía y horror. Y las sogas metafóricas
que los unen son los tentáculos de un personaje de ficción/realidad al que
llamamos SlenderMan.
Como contínuum
sobre el que Jota-Pérez desliza su entramado filosófico, la historia del
SlenderMan —nacida en Internet como leyenda urbana falsa y trasladada a la
realidad tanto en vías pacíficas como violentas— es tan terrorífica como otras
ficciones que se han convertido en realidades. Algo que lleva ocurriendo desde
antiguo y que este libro retrata en algunas de sus más famosas manifestaciones
(El Necronomicón, El Rey de Amarillo antes que él, Carcosa…), y de las que me
centraré en dos ejemplos: La Guerra de los Mundos, de H. G. Wells, con su
humanidad amenazada por unos alienígenas tan inteligentes como destructivos,
dio el pistoletazo de salida a una nueva oleada de avistamientos ovni en todo
el mundo, los cuales eran mínimos o nulos en siglos anteriores. Podríamos decir
que el famoso programa de radio de Orson Welles en el que adaptó la novela a
formato de noticiero auténtico no fue más que la carta de legitimidad (de
realidad) que un medio de ficción le otorgaba a una historia nacida en otro.
En el terreno del
horror puro es también interesante el caso de la publicación de El Exorcista de
William Peter Blatty y, sobre todo, de su adaptación cinematográfica. El número
de exorcismos «reales» aumentó exponencialmente tras la difusión de ambas piezas
ficticias, uno de los cuales fue el de la infortunada Anneliese Michel. La
muchacha fue una estudiante alemana que presentaba un cuadro que requería
tratamiento psiquiátrico, y acabó falleciendo debido a los abusos de sus
católicos padres y de los sacerdotes cómplices de un «exorcismo» que, al final,
le extrajo el demonio del cuerpo a base de quitarle la vida. Los «fantasmas» a
los que exculpa Aickman demuestran aquí su inutilidad ante unos monstruos
humanos muy reales. Volviendo a las realidades y ficciones que se entretejen,
quizás mucha gente piense en este caso ampliamente documentado y crea que
Annaliese era americana y se llamaba Emily Rose, como en una de las más famosas
películas basadas en su historia. ¿Dónde acaba lo ficticio y empieza lo real?
Las dos imágenes
que acompañan estas líneas fueron las que pusieron en marcha la leyenda del
SlenderMan. Francisco Jota-Pérez consigue en las siguientes páginas contarnos
la historia de este mito de Internet y sus temibles inmersiones en la realidad,
a la vez que elabora un discurso filosófico propio basado en las actuales
tendencias de la reflexión escrita. Homo Tenuis es una obra pionera en muchos
aspectos que no se circunscriben sólo a ser la primera publicación en español
dedicada al SlenderMan[2]. También es la piedra de toque en castellano en
conjurar las nuevas corrientes de anti-filosofía y que mezcla monografía,
ficción de terror y, por supuesto, filosofía en sí misma.
Pero enseguida el
autor os mostrará que todo aquello de lo que os estoy hablando entra en el
terreno de la «hiperstición» —un concepto tan novedoso que los buscadores de la
red siguen preguntándote si no habrás querido decir «superstición», cuando lo
escribes—. Y también que, sin habernos percatado, hemos pasado del
«antropoceno» al «capitaloceno» y que ahora, crisis económica global mediante,
y con la crisis ecológica que nos azotará en breve —coincidiendo con los
debates sobre transhumanismo e identidad de género—, podríamos desembocar en la
era del «cthulhuceno», una época en la que todos tenderíamos a la
«monstruificación» y a vivir en un estado de horror cósmico perpetuo. Sí, en
efecto, Lovecraft de nuevo… pero el concepto es de la pensadora Donna Haraway.
No quiero dejar de
mencionar en estas líneas un par de pistas sobre estos movimientos filosóficos
para que los néofitos no caminéis en las sombras. De la bibliografía que
Jota-Pérez ha manejado y que podréis encontrar al final del libro, destaco el
trabajo de los filósofos Nick Land, Reza Negarestani (su obra Cyclonopedia
podría considerarse la biblia del horror filosófico), de la mencionada Haraway
y Eugene Thacker, cuyo En el polvo de este planeta podéis encontrar en
castellano a través de una editorial que, si queréis ahondar en este
movimiento, no podéis dejar pasar: Materia Oscura[3].
En resumen, y
regodeándonos en el tópico, vivimos tiempos agitados. El «cthulhuceno» se
aproxima desde una lejanía que no comprendemos, las ficciones se dejan ver en
la realidad como personajes huidos de su formato (del libro viejo a las
tablets, y de ahí a la vida) y seguimos sin entender nada; ni a los fantasmas,
ni a nosotros mismos. Quizás Homo Tenuis pueda ayudarnos en esa búsqueda de
conocimiento, por oscuro que sea el resultado.
Miguel Ángel
Villalobos Gómez. 2016.
Para Mireia
INTRODUCCIÓN
¿Por qué vericueto,
siguiéndome, he acabado por perderme? ¿Qué pantalla me separa de mí con la
excusa de protegerme? ¿Cómo encontrarme en este desmigajamiento que me compone?
Avanzo hacia no sé qué incertidumbre de encontrarme jamás. Todo sucede como si mis
pasos me precedieran, como si mis pensamientos y afectos se acoplaran a los
contornos de un paisaje mental que imaginan crear, cuando de hecho son
modelados por él. Una fuerza absurda —tanto más absurda en cuanto que se
inscribe en la racionalidad del mundo y parece incontestable— me obliga a
saltar sin descanso para alcanzar un suelo que mis pies jamás han abandonado. Y
mediante este inútil salto hacia mí, me roban mi presente; casi siempre vivo
desfasado respecto a lo que soy, al ritmo del tiempo muerto», dice Raoul
Vaneigem en su Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones… Y
sincronizadas a ese tiempo muerto nos encontramos ahora, aún, quién sabe si
para siempre o siquiera si siempre lo hemos estado, los contornos del paisaje
mental se muestran en trazos inacabados como la planificación de un sistema de
caminos y túneles y puentes que no llevasen a ninguna parte, nos componemos en
el desmigajamiento, hacia la incertidumbre de no encontrarnos jamás, perdidas
en el salto… Según el historiador Felipe Fernández-Armesto, «la preocupación
popular por la falta de certeza en el futuro que provocan los rápidos cambios,
no son sólo producto de la ignorancia sino que más bien equivalen al cuadro
sintomático de un mundo al borde del shock por futuro», y es que el Mundo,
ahora mismo, no sólo es cada vez más impensable, más difícil de conceptualizar
de forma global y racional, sino que ha sido secuestrado y apresado en una
singularidad tecno-capitalista; la interactividad tecno-económica subvierte y retuerce
el orden social, lo transforma en sistemas que se autosofistican; las
relaciones se vuelven cibernéticas; la política se moderniza y sublima en
modelos paranoicos
interdependientes
como reacción alérgica a las psicosis impuestas por una inteligencia artificial
superpoderosa conocida como Los Mercados; el Ciberespacio sustituye al Imperio
Romano, al Sistema Continental Napoleónico, al Segundo y Tercer Reich, a las Naciones
Unidas, a los Estados Unidos de la Tierra y a la Federación Galáctica,
superándolos a todos en vastedad y profundidad; el Humanismo, como filosofía y
ética de vida no-teísta que trata de explicar el Mundo desde la ciencia-mito
—esa forma de nueva religión por la cual todo puede entenderse a partir de un
método científico omnipotente—, se ancla en un bucle de crisis tras crisis tras
crisis tras crisis; la biosfera se disuelve en la tecnosfera; las revoluciones
se presentan despojadas de toda escatología; hoy podemos comer moda, podemos
consumir datos, podemos infectar cuentas bancarias, podemos hackear ADN… Y
además, el tiempo se ha detenido… Habitamos una atemporalidad, un presente
continuo que contiene todos los pasados que fueron y que se encuentra en shock
por futuro, anclada en una incapacidad paralizante de generar prospecciones
futurológicas válidas —si no es rindiéndose a la apocafilia— causada por la
acumulación y aceleración exponencial de la información disponible, así como
por la velocidad a la que se suceden los bruscos cambios de paradigma… Ya no
corremos hacia el futuro, sino que parece que sea el futuro el que nos está
siendo lanzado, con fuerza y desde sí mismo, mientras estamos aquí detenidas,
demasiado ocupadas en analizar las consecuencias de cada impacto, las lesiones
que provoca o las mejoras que causa, ocupadas en calcular cuándo recibiremos el
siguiente y ocupadas en tratar de etiquetar y poner orden en el aparente caos
de los anteriores, ya no trazamos rumbos… No hay tiempo para ello… El Ahora,
parafraseando al teórico anarco-futurista Renzo Novatore, es un pestilente
templo, codicioso y falso, con multitud de ídolos a los que adorar de forma
fetichista y un altar sobre el cual sacrificarse… Y estamos encerradas aquí
dentro… Así pues, consciente de la geometría de este templo en crisis del
Ahora, desde la óptica de sabernos perdidas en el salto durante el tiempo
muerto, este ensayo se presenta como una meditación, una concentración pasiva e
hipnótica en diversas teorías e ideas que, a modo de manifiesto, proponga un
plan de fuga de ese hecho sociocultural enquistado… Un trabajo antifilosófico y
más esotérico que lógico… Homo Tenuis es una evocación, no una explicación… que
pretende mostrar cómo eso a lo que llamamos Realidad no es el cuerpo sólido y
antropocéntrico que pretende
ser, sino una
agitadísima corriente formada por objetos dúctiles y excéntricos —de los cuales
el Hombre no es sino uno más—, conceptos que se licuan al entrar dentro de
otros conceptos que a su vez entran dentro de otros conceptos, líquidas fuerzas
absurdas, pedazos rotos de espejo, ceniza de horrores cósmicos y coágulos de
sedimento de la sopa prebiótica… Con recortes del cuadro sintomático de un
Mundo-Templo en crisis y deformaciones del estado atemporal de las cosas,
quiere ser un collage absurdo y polisémico y propuesta hispersticiosa en sí
mismo, quiere disolverse al explicar, sincronizado al tiempo muerto que se
encuentra inacabado como la planificación de un sistema de desmigajamientos,
tiempo contorno inacabado y disuelto en caminos y túneles y puentes de
incertidumbre en el salto, impensable, antifilosófico camino y desmigajado
túnel hipersticioso y global e irracional puente cibernético y transhumanista,
y planificación de incertidumbre, en la singularidad tecno-capitalista del
salto al tiempo muerto del Mundo-Templo hipersticioso, disuelto en el contorno
puente de datos falsos en el aparente caos por el que lo transhumanista
significa un salto muerto desde del humanismo al posthumanismo, muerto en el
túnel collage sintomático de lo antifilosófico y, a partir de aquí, Homo Tenuis
es…
CONJURO DEL HOMBRE
ESBELTO
El 31 de mayo de
2014, en Waukesha (Wisconsin), dos niñas de doce años de edad apuñalan
diecinueve veces a una compañera de clase. Al ser interrogadas, declaran que
debían cometer aquel asesinato —que finalmente quedó sólo en un intento— porque
el SlenderMan, una criatura imaginaria concebida en un foro de Internet
dedicado a los cuentos de terror y las leyendas urbanas, así se lo había pedido
tras presentarse ante ellas y prometer llevárselas consigo a su mansión en el
bosque. Gracias a la intervención de un ciclista que pasaba por allí en el
momento de la agresión, la víctima sobrevive el ataque. Las atacantes son
juzgadas como adultas y cada una se enfrenta a hasta sesenta y cinco años de
prisión.
Al darse a conocer
la historia de las dos aspirantes a acólitos del SlenderMan, una mujer no
identificada de Hamilton (Ohio) declara mediante llamada telefónica anónima a
un reportero del canal de televisión WLWT que su hija de trece años la ha
atacado con un cuchillo: «regresaba del trabajo y ella estaba esperándome en la
cocina; llevaba puesta una máscara blanca, y una sudadera con la capucha
calzada, las manos cubiertas con las mangas…». Según la mujer, antes del
episodio la niña había pasado meses escribiendo relatos fantásticos inspirados
en la leyenda del Hombre Esbelto.
El 4 de septiembre
de 2014, en Port Richey (Florida), una chica de catorce años prende fuego a la
casa de su familia mientras su madre y su hermano pequeño se encuentran en el
interior. Tras el suceso, la policía informa de que la adolescente había estado
leyendo historias en línea sobre SlenderMan, así como un peculiar libro
electrónico titulado Soul Eater. Eddie Daniels, portavoz de la Oficina del
Sheriff, afirma durante la rueda de prensa posterior a la detención de la
chica: «(Ella) había visitado una página web que contiene una gran cantidad de
información e historias
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relacionadas con el
SlenderMan […]. No sería descabellado asegurar que el crimen está conectado con
ello».
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_Hiperstición: una
definición
«Sólo porque algo
no sea ‘real’ en este momento no quiere decir que no lo vaya a ser en algún
instante en el futuro. Y una vez que se hace real, en cierto sentido siempre lo
ha sido»
Mark Fisher,
Capitalist Realism.
El neologismo
Hiperstición surge del choque entre el prefijo «hiper» — más allá de, superior
a, más rápido que— y la palabra «superstición» — creencia contraria a la razón,
prejuicio cognitivo—, y vendría a definirse como una superación de la
superstición, aquello que está un grado más allá del llano prejuicio cognitivo,
una aceleración punta hacia la racionalización de una serie de componentes de
la realidad en principio irracionales. La Hiperstición refiere al fenómeno por
el cual un agregado semiótico, un conjunto de creencias, representaciones y
construcciones narrativas supersticiosas, se hace real a sí mismo; es decir,
describe la acción de ideas que se han demostrado competentes en el paisaje
cultural… Acuñado por el Cybernetic Culture Research Unit[4], un colectivo de
investigadores del Departamento de Filosofía de la Universidad de Warwick
(Coventry, Inglaterra), la teoría asociada al término defiende que la
hiperstición, o más concretamente el Objeto Hipersticioso, opera a nivel
profundo en la organización social, de tal modo que llega a ejercer una
influencia capital en el curso de la evolución cultural. El Objeto
Hipersticioso va más allá de la memética darwiniana planteada por Richard
Dawkins, cuya visión de las unidades de transferencia de información como entes
víricos que compiten por su
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calado en la psique
no deja de estar firmemente asentada en un antropocentrismo como poco limitador
de un cada vez más necesario pensamiento radicalmente abstracto, para funcionar
a modo de sello mágico que facilite el paso de aquello que es propio de una
especulativa esfera de Lo Ideal a la esfera de Lo Real; es una idea-software
que, una vez descargada a los servidores principales de la cultura a través de
las redes de múltiple sentido entre Ficción, Hecho, Alucinación, Materia,
Espíritu, Cómputo e Información, engendra ciclos de feedback positivo
potencialmente apocalípticos —en tanto αποκαλυψις = revelación, acción de
descubrir… crisis circunstancial, manifestación de la existencia de un mundo
sobrenatural o de secretos que desvelan el sentido hasta el momento oculto de
la Historia, de los hechos, de lo sucedido y los fenómenos— y que abre canales
capaces de ser catalizadores de posteriores subversiones de lo dado por sentado
y generadores de mayores y más rápidos cambios de paradigma en esos mismos servidores.
Los dos ejemplos más recurrentes de estas capacidades transformativas a nivel
socio-económico, incluso a una escala tan inmensa como puede ser la totalidad
de la sociedad occidental —y, cada vez más, la sociedad global —, a base de
ciclos de retroalimentación, son los objetos hipersticiosos Judeo-Cristianismo
y Capitalismo de Libre Mercado…
«El Capitalismo
encarna las dinámicas hipersticiosas a niveles de intensidad sin precedentes e
insuperables, convirtiendo la ‘especulación’ económica en una fuerza efectiva
de mutación del Mundo y de la Historia» (…). «El Monoteísmo Abrahámico es
también un potente ingenio motriz hipersticioso. El plantear Jerusalén como una
ciudad sagrada con un destino histórico-mundial especial, por ejemplo, ha
asegurado inversiones culturales y políticas que han hecho de esa afirmación
una verdad absoluta. La Hiperstición es por tanto capaz, en circunstancias
favorables cuya naturaleza exacta requiere aún mucha investigación, de
transmutar mentiras en verdades»
Nick Land,
entrevistado por Delphi Carstens.
Ilusiones y
ficciones capaces de cambiar el curso de la Historia, profecías autocumplidas,
creencias cristalizadas en hechos reales, feedback… No sólo las ideas funcionan
como objetos hipersticiosos, sino que, por vía de
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retroalimentación,
el trauma y el miedo engendrados por las modificaciones culturales que éstas
provocan (ya sea en forma de cruzada, yihad, guerra secular, revolución
industrial o reforma económica) sirven de turbocompresores para conjuntos
completos de postulados y supersticiones que, al tiempo, derivan de la fuente
original y la alimentan, consolidándola. Una vez iniciada, la Hiperstición se
transmite e infecta el corpus de Lo Real en base a procesos prácticamente
esotéricos y con consecuencias impredecibles. Opera de forma causal para
realizarse a sí misma. El Objeto Hipersticioso no es un fragmento de una
construcción social, sino algo conjurado a la realidad por encantamiento del
modo en que como sociedad nos acercamos a ello, nos lo apropiamos, lo ritualizamos
y validamos…
«La Hiperstición
parece tener puntos en común con la ideología, la propaganda y el dogma
religioso en cuanto a lo que se refiere a la efectividad —o el impacto
concreto— de las narrativas/ideas. Sin embargo, existe una importante
diferencia: la propaganda política y/o la fe religiosa requieren una creencia.
Llevado al extremo, ese requerimiento llega incluso a ser impuesto por la
fuerza. No creer en el tirano o en el terrorista significa oponerse a él
automáticamente (…). El plano de incredulidad de la Hiperstición, por otro
lado, no necesita de creencias o descreencias. Su fuerza radica en la habilidad
de hacerse a un lado del tema sin ignorarlo. La práctica de la Hiperstición
implica reconocer la efectividad de una ficción, usarla y, aun así, no creer en
ella. Una no tiene por qué creer en el Profesor Challenger[5], por ejemplo,
para darse cuenta de que tiene la habilidad de provocar sentimientos, crear
conceptos y transmitir una señal. Y a pesar de ello, su poder para realizar
esas cosas hace que sea imposible descreer de él»
Anna Greenspan, On
unbelief (a beginning).
La teoría de la
Hiperstición escapa de los parámetros de la filosofía convencional para
suscribirse a cierta antifilosofía que hunde sus raíces en el esquizoanálisis
tejido por Deleuze y Guattari; escapa de la «predilección por soluciones
platónico-fascistas y verticales», como acusa el mismo Nick Land en su obra
Meltdown, y de la contemplación de las ideas como
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algo estático, para
ofrecer un acercamiento a éstas entendidas como «diagramas aditivos en lugar de
sustitutivos, inmanentes más que trascendentes, ejecutados por funcionales
compuestos de corrientes, intercambios y loops atrapados en reverberaciones escaladas»…
Tal como el esquizoanálisis formula Cuerpos Sin Órganos —dispositivos teóricos
de exploración metafórica diseñados por ingenieros, artistas, arquitectos o
psiconautas a fin de mapear territorios cognitivos desconocidos—, la
Hiperstición pone en evidencia un flujo incipiente de energías socioculturales
no localizables en el que estos Cuerpos medren, que estas sondas conceptuales
recorran a placer y a fin de investigar los mecanismos de la sobrecarga y el
licuado de la cultura contemporánea. Al mismo tiempo, cualquier ficción —y los
Cuerpos Sin Órganos, aunque sublimes, no son ni más ni menos que aparejos
ficcionales— que explore ese flujo es en sí misma un Objeto Hipersticioso,
integrado en las corrientes de la Hiperstición para acelerar y avecinar la mismísima
condición apocalíptica de éste. El CCRU ha designado como «Tácticas-K» a la
descripción de las acciones de esos Objetos sobre la Hiperstición, así como a
la acción, en feedback, de la Hiperstición sobre el hecho cultural e
informativo; descripciones que se expresan como síntomas de una hipotética
enfermedad cultural inducida por el shock por futuro y que concluyen que la
infección hipersticiosa nos permite confirmar los peores temores de la
filosofía convencional y mostrarnos, al fin, un Mundo que gira descontrolado y
en el que el ser humano no es el regente absoluto de la creación…
«Las ‘Tácticas-K’,
sin embargo, no son un modo de construir el futuro, sino que sirven para
desmantelar el pasado… y escapar de las condiciones de deficiencia
neuroquímico-técnica de las narrativas lineales»
Nick Land,
Meltdown.
Un Objeto
Hipersticioso consta de cuatro características principales: funciona como
elemento cultural efectivo que se hace real a sí mismo, como dispositivo de
viaje en el tiempo, como intensificador de coincidencias y, finalmente, como
llamada a los Primigenios… Las tres primeras propiedades delinean cómo la
Hiperstición, tal como hacen las ideologías basadas en el progreso o la
concepción religiosa del
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Apocalipsis,
representa su influencia subversiva en el ámbito sociocultural, cómo el Objeto
Hipersticioso muta en verdad apercibida capaz de influenciar el curso de la
Historia. La última característica señala el modo en que la Hiperstición incita
a reintroducir lo irracional y lo monstruoso en la filosofía y la teoría
cultural… Desde una perspectiva hipersticiosa, la Historia ha estado siempre
presidida por abominaciones ctónicas. Los zarcillos de estas criaturas
hipersticiosas, hipotéticamente situadas en el final de la Historia, más allá
del fin último de la existencia tras haberla devorado, se desenroscan hacia
atrás en el tiempo y llegan hasta nuestro presente, manifestándose como una
oscura voluntad de progreso que despedaza políticas culturales, elimina
tradiciones y disuelve subjetividades. Sirviéndose de la condición de crisis
permanente en que el capitalismo ha sumido a la civilización, la Hiperstición
invoca a la vez que evoca a los Primigenios Ctónicos, fuerzas supremas que se
mueven a lo largo y ancho de la Historia plantando Objetos Hipersticiosos, con
la intención de que éstos sirvan de aceleradores de las tendencias del Mundo
hacia el caos y la disolución. Desde el punto de vista del sujeto humano, las
creencias cristalizan hipersticiosamente y se vuelven realidad, pero para el
Objeto Hipersticioso Primigenio la inteligencia humana no sería más que una
incubadora en la que depositar intrusiones dirigidas contra el orden del tiempo
histórico. El corolario a esta metaficción esquizo-hipersticiosa sería que esa
sugestión de lo arcaico opera como un germen retro-depositado desde el futuro a
lo largo de un recorrido histórico que la conciencia antropocéntrica percibe
como progreso tecnológico… Los Primigenios Ctónicos pueden ser interpretados
bien como entidades (pseudo)lovecraftianas (híper)reales —mitos que han acabado
por encarnarse a sí mismos—, bien como monstruosas representaciones de todo
aquello que es insondable y absolutamente incontrolable para el ser humano; la
inevitable extinción que nos espera cuando el tiempo histórico humano se
consuma definitivamente, el abismo insalvable entre el conocimiento y la
capacidad antropocéntrica de conocer o la irrelevancia de una especie que se ha
autoproclamado racional y trascendente en un cosmos que cada vez más se
demuestra irracional e inmanente…
«Tal como
determinadas especies y ecosistemas florecen y mueren, así lo hacen también las
culturas humanas. Pero lo que desde la perspectiva de la rutina del hombre
parece un cambio catastrófico
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es de hecho una
anástrofe: no el pasado haciéndose pedazos sino el futuro construyéndose»
Simon Reynolds,
Renegade Academia: the CCRU.
Página 23
_SlenderMan: el
Hombre Esbelto
(Existe porque una
vez pensamos en ello, y desde que sabemos que existe ya no podemos dejar de
pensarlo)… El 10 de junio de 2009, el usuario Victor Surge se aburre de acechar
desde las esquinas de los foros de Internet a los que está suscrito y decide, justo
hoy, ser proactivo. En los últimos cinco años ha aprendido a usar Photoshop
como el mejor de aquéllos con los que se topa en sus incursiones de
socialización virtual vicaria en red; sus conocimientos sobre cultura popular
resultarían envidiables para cualquiera de aquéllos con los que se ve obligado
a interactuar en la Vida Real, en el día a día, más allá de los torrentes de
éter resonante y espasmódico que fluyen al otro lado de la pantalla de su
ordenador, si acaso alguna vez se tomase la molestia de comunicarse con ellos
en esos términos; su cabeza es un electrodo en la base de una antena; su
cuerpo, una plataforma de lanzamiento de desconocidos vectores de propagación;
Victor sabe cosas, y es cualquiera de nosotros, amorrado a las grietas, hasta que
abre el procesador de fotografías y se pone a trabajar en algo con lo que
contribuir a un hilo de debate en SomethingAwful.com llamado «creación de
imágenes paranormales». Localiza una instantánea antigua, la digitaliza,
examina el tamaño y el peso del archivo, amplía y reduce incontables veces el
foco de la escena, conserva intacto el primer plano y se afana en mover y teñir
píxeles en el segundo. Durante el proceso, piensa en H. P. Lovecraft y Stephen
King y Zack Parsons, piensa en la potencia epatante de los momentos más
surrealistas de la prosa de William S. Burroughs, piensa en Silent Hill y
Resident Evil y en cómo éstos tejen una clase muy concreta de horror al que el
videojugador debe sobrevivir, piensa en The Rake, en el Hombre Polilla y en el
Mad Gasser de Mattoon… Creación de imágenes paranormales… En la imagen que nos
propone Victor, nos encontramos en la linde de un bosque, a plena luz del día;
una decena de niños camina hacia nosotros; el más cercano clava su mirada en la
nuestra; unos ojos redondos y enfadados y afilando una advertencia; al fondo,
se alza una figura alargada y extrañamente ominosa, delgada y rotunda, un
hombre altísimo y esbelto y sin rostro y vestido con un formal traje negro, que
abre los brazos y extiende las manos en un
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gesto de posesión
tanto como de decepción; ¿eso que sale de la parte baja de su espalda son
tentáculos? Negros, laxos, feas prótesis lánguidas a su ya de por sí imposible
presencia… Victor Surge cuelga la fotografía en el hilo de debate y añade un
comentario mínimo: «1983. Fotógrafo desconocido. No queríamos irnos, no
queríamos matarlos, pero su persistente silencio y sus desproporcionados brazos
nos horrorizaban al mismo tiempo que nos reconfortaban»… Juguemos a buscar el
fantasma… Los primeros comentarios al post ya avisan de que es más que probable
que publicaciones dedicadas a la investigación de misterios y hechos
sobrenaturales se apropien de esta contribución al juego y la den por
auténtica; una docena de otros usuarios se declaran fascinados ante el Hombre
Esbelto al que el foro acaba de dar a luz… Las contracciones se suceden: al día
siguiente, Victor cuelga una segunda foto —«1986. Fotógrafo: Mary Thomas,
desaparecida desde el 13 de junio del mismo año. Imagen rescatada del incendio
en la biblioteca de Stirling City. Curiosa por haber sido tomada el día en que
catorce niños desaparecieron y por estar etiquetada como The SlenderMan.
Fuentes oficiales achacan las deformidades mostradas a defectos en el negativo.
El incendio en la biblioteca tuvo lugar una semana después»; en un patio de
recreo, una niña nos sonríe mientras sube las escaleras de un tobogán; como
telón de fondo para la frágil candidez del momento, vemos a cuatro niños
rodeando en corro al SlenderMan, que de nuevo es captado con la sucísima
calidad sexual de sus flácidos tentáculos violando el espacio de la rutina
infantil —; durante los meses siguientes, surgen de forma espontánea una
increíble multitud de aportes a la construcción del personaje, en forma de
otras fotografías, de breves relatos de ficción, de falsos testimonios de
avistamiento y de rocambolescas elucubraciones históricas en base a la
modificación de grabados y pinturas antiguas que zarandean a la criatura
adelante y atrás en la línea temporal humana… Un filamento comunal en la mente
superconectada de los usuarios de la red azota las nalgas del Hombre Esbelto y
espera a que éste deje escapar el primer alarido, lo dota de presencia, esencia
y pasado, y apunta incognoscibles motivos… Victor se aleja de nuevo de la
intervención activa en el foro. Regresa a su esquina segura, desde la que se
limita a observar, satisfecho… En octubre de 2011, durante una entrevista con
el usuario Tomberry para la web KnowYourMeme.com, declara que «fue increíble
ver a la gente crear su propia pequeña parte de SlenderMan con el fin de
perpetuar su existencia.
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No esperaba que se
moviera más allá de los foros de Something Awful. Y cuando lo hizo, me pareció
interesante verlo como una especie de versión acelerada de una leyenda urbana.
Se diferencia del anterior concepto de leyenda urbana en que está en Internet,
y esto tanto ayuda como perjudica el estatus de SlenderMan como uno solo. En mi
opinión personal, una leyenda urbana requiere de un público que ignore el
origen de la leyenda. Son necesarios datos no verificables de tercera o incluso
de cuarta mano que ayuden a perpetuar el mito. En Internet nadie está al tanto
de sus orígenes, al contrario que en el hilo de Something Awful. Pero lo
curioso es que, a pesar de esto, continúa expandiéndose. Los memes de Internet
son caprichosos, hacen que cosas simples con el tiempo vayan creciendo hasta
convertirse en leyendas urbanas (…). Antes teníamos a los ángeles y los
súcubos, después vinieron los fantasmas y espíritus, hoy tenemos sombras
humanoides y seres interdimensionales. Tanto SlenderMan como otras entidades de
nueva creación son la última incorporación en la progresión de una larga, y muy
real, tradición humana. Ahora que lo has visto y lo conoces, no se le puede no
ver»…
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(Es la sangre que
brota del motor cuando hay un aumento desproporcionado en su carga y éste se
cala)… Existen tres grandes revoluciones del signo en el campo de la
comunicación humana: la escritura, la implantación de la imprenta y la
invención y expansión de Internet… El 26 de abril de 2009, el profesor Lars Ole
Sauerberg, de la University of Southern Denmark, publica un breve ensayo
titulado La Enciclopedia y el Paréntesis de Gutenberg, en el que defiende que
acabamos de alcanzar un momento histórico clave para la cognición
antropocéntrica, un cambio de paradigma en forma de Segunda Oralidad y que se
conjuga con la metáfora de un paréntesis. El confinamiento de la información a
un medio estático es una aberración excepcional en el relato de existencia del
Homo Sapiens Sapiens y, según Sauerberg, los cinco siglos de preeminencia de la
palabra grabada en negro sobre blanco no sólo han llegado a su fin sino que en
muy poco acabarán por ser recordados como apenas una quizá necesaria pero desde
luego castradora losa sobre las capacidades intelectuales y culturales del
hombre… Antes de la apertura del paréntesis, la mayoría del conocimiento era
producido en base a lo verbal y reproducido por transmisión oral, era
hiperbólico, maleable, tendente al olvido y la reformulación selectivas,
líquido y síncrono y reversionable y simultáneo; si bien ya existían soportes
sólidos en los que fijar la información, la potencia humanista esencial se
concentraba alrededor de hogueras, en callejones estrechos y plazas tomadas por
los caballeros del rumor y las damas de la infoxicación, quienes a fuerza de
lenguaje y memoria tricotaban fórmulas mágicas, mitologías completas, leyendas,
noticias sobre las más diversas hazañas y sobre los más brutales desastres,
profecías, efemérides y hagiografías. Con el surgimiento de la imprenta y la
caída de su telón mecánico sobre las fronteras entre el Hecho y la Alucinación,
los códigos de transmisión quedaron encerrados, se estandarizaron, lo impreso
se convirtió en el único depósito de autoridad, los canales se constriñeron
como en un incierto pánico a que la Primera Oralidad natural fuese a sufrir un
hipotético colapso superinformativo hipermodificable que desintegrase y
desactivase cualquier logro de la por entonces tan reverenciada «civilización»…
Basta con ignorar las agujetas de nostalgia que todas padecemos en algún
momento u otro para que resulte fácil darse cuenta de que un trabajo impreso
tiene mucho de encarcelamiento: la palabra cumple condena entre renglones
rectos, acotados por márgenes, sobre hojas cosidas y
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encuadernadas, bajo
cubiertas y almacenadas en estantes… El período parentético, además, impuso la
pauta del Inicio-Desarrollo-Final para cualquier artefacto cultural, plegando
éstos al dictado de un supuesto requisito ansioso de inteligibilidad —que en realidad
obedecía más bien a intereses mercadotécnicos y necesidades de control por
parte de los poderes fácticos— y volviéndolos productos. Esta condición
totalitaria del conocimiento no empieza a ser subvertida hasta el surgimiento
de las vanguardias artísticas del siglo XIX, las cuales inician un proceso de
derribo de los muros fronterizos y unas primerizas incursiones en el
contrabando de esquemas de Lo Real continuados durante el siglo posterior por
una sucesión de corrientes utópicas y contraculturales que llegaron a influir
no sólo en un número creciente de población, sino también y drásticamente en
las inquietudes, fabulaciones, hipótesis y aspiraciones de los agentes humanos,
psicológicos e imaginales del desarrollo socio-tecnológico… El telón poco a poco
se fue desvaneciendo; ahora ya prácticamente no lo vemos; los números de serie
tatuados en los antebrazos de los alfabetizados y los consumidores resultan
casi ilegibles, requieren de una interpretación… Internet despoja al texto de
su condición de producto y le devuelve su carácter de proceso… El advenimiento
de la denominada Web 2.0 —que coagula la congénita bidireccionalidad de los
canales de comunicación de Internet, tan distintos de aquéllos asentados por el
papel impreso, la televisión o la radio (por los cuales se establecía un único
emisor total para un receptor pasivo) en una maraña de vías de interconexión
multidireccionales y polifocales en forma de redes sociales, wikis, blogs,
plataformas de intercambio audiovisual y un cada vez más largo etcétera—
conlleva que el soporte para el conocimiento deje de ser tangible y
prácticamente inmutable y que éste pase a ser etéreo y ciertamente abstracto,
nebuloso, pero sobre todo recupera, digitalidad mediante, las capacidades de
hipervinculación del contenido informativo, la flexibilidad, su carácter
multiautoral, caótico, relativo, psicodélico, sutil y sincrónico propio de la
oralidad y ahora en una segunda y nueva acepción… El paréntesis de hegemonía de
lo diacrónico se cierra… Volvemos a encontrarnos las unas con las otras ahí
afuera, en la plaza, en el callejón y ante la hoguera, y allí opinamos, nos
contradecimos, versionamos, remezclamos, sampleamos, traficamos con intertextos
e hiperenlaces, nos regodeamos en las propiedades inmunológicas de la ley de
Linus y armamos hypes… Por supuesto, la sustitución de los aparatosos
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y contaminantes
motores calados del hecho sociocultural por otros propulsores más rápidos y
anárquicos causa heridas, principalmente en los tejidos conjuntivos de la
realidad y de las que manan peculiares monstruos…
El Hombre Esbelto
tiene su hábitat natural en los bosques, en los pequeños núcleos de población
rural, en las afueras y en los grandes parques… Es una criatura humanoide de
unos tres metros de alto, de brazos y piernas elongados, vestida con un formal
traje de dos piezas, camisa y corbata. Su rostro, completamente blanco, no
posee rasgos definidos ni protuberancia alguna. De su espalda afloran
tentáculos capaces de mostrarse tanto blandos y cimbreantes como sólidos y
anquilosados; tanto vaporosos, sombra postiza o surrealista humo prostético,
como cárnicos, de sensual bestia del abismo… Parece ser capaz de transformarse,
de teletransportarse, de viajar entre dimensiones, de provocar fallos y
pasajeras averías en cualquier aparato electrónico con la irradiación de su
sola presencia; de acosar a sus víctimas durante meses o años, de hipnotizarlas
y abocarlas a la locura, de poseerlas, de absorber sus almas, de secuestrarlas
y manipularlas para convertirlas a su causa, sea ésta cual sea… Sus apariciones
están siempre vinculadas a sucesos trágicos que involucran a niños y
adolescentes: desapariciones masivas de infantes, asesinatos en abandonados
lugares de recreo, incendios en hogares ocupados por muchachos y muchachas sin
supervisión adulta… Se le ha teorizado como una encarnación de la probabilidad
misma; un ser incomprensible que, aún compuesto por billones de las mismas
partículas que configuran la materia, se comporta como si fuese un único
elemento cuántico, vivo y muerto a la vez, interdependiente del observador,
omnipotente en el espacio-tiempo. Y también se le ha explicado como un
retorcimiento del efecto Tulpa, como la materialización de un pensamiento al
alimentarlo con creencias colectivas y meditaciones individuales, una ficción
que adquiere entidad tangible al ser arrancada de la esfera de Lo Ideal por el
modo en que nos relacionamos con ella… No es la tradicional entidad terrorífica
occidental, cuyos poderes causan pavor, sino un contenedor vacío en el que
quien tiene contacto con él deposita los peores miedos al respecto de la era
digital que nos ha tocado habitar, ahora que los fondos y formas de esta
Segunda Oralidad supermutable, permanentemente recontextualizable y libre de
todo anclaje categórico despiertan y revigorizan temores atávicos…
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(Es un chiste sobre
bebés muertos, es el lazarillo tronchándose de risa al borde del acantilado por
el que acaba de despeñarse el Ciego Abuelo Tiempo)… Payton Leutner y Morgan
Geyser son amigas desde hace dos años. Las mejores amigas. Ambas coinciden en su
amor desaforado por los gatos y por jugar a disfrazarse. Hablan por teléfono
cada noche antes de acostarse, y se aseguran la una a la otra que no pueden
esperar a verse al día siguiente en la escuela… Hoy es viernes, 30 de mayo de
2014, y las dos han organizado una fiesta de pijamas para celebrar el duodécimo
cumpleaños de Morgan. Han invitado al importantísimo evento a una nueva amiga
de ésta —no la mejor, cuidado, sólo la nueva… una niña que vive en el mismo
complejo residencial que los Geyser y con la que comparte asiento cada mañana
en el autobús escolar—: Anissa Weier. Ninguna de las tres chicas es demasiado
popular; no les interesan los chicos ni la música, y pasan un buen rato
burlándose de la obsesión de sus tontitas compañeras de clase por entrar en el
equipo de Xtreme Dance de Waukesha. Están en la habitación de Morgan —quien es
evidentemente el eslabón central en la cadena que forma el trío… Payton y
Anissa se llevan bien, pero es Morgan quien las une e integra en grupo—,
trasteando con sus portátiles y charlando hasta que llega la hora de irse a
dormir; las tres en la misma cama: Anissa y Morgan flanco contra flanco, y
Payton horizontal a ambas en el cabecero… Anissa Weier y Morgan Geyser son
amigas desde hace más de un año y medio. Las mejores amigas. Ambas coinciden en
su amor desaforado por la ficción y la expresión artística. Los coeficientes
intelectuales de las dos están bastante por encima de la media estatal. A
Morgan le gusta creer que vive en un mundo aparte, construido a semejanza de lo
que ha leído en la saga de Harry Potter y de la parafernalia gótica y
heavy-metalera que colecciona su padre; el pasado enero la expulsaron un par de
días del colegio por llevar un martillo en la mochila. Anissa, por su parte, es
una fanática de las creepypastas, breves relatos de terror concebidos para ser
leídos online y modificados y remezclados a placer, que generalmente enuncian
peripatéticas y macabras leyendas urbanas alrededor de fenómenos populares como
los videojuegos, los dibujos animados o la misma Internet; el divorcio de sus
padres le provocó una severa depresión de la que aún no se ha recuperado… Fue
Anissa quien le enseñó a Morgan, a las pocas semanas de coincidir por primera
vez en el bus, qué era SlenderMan. Fue Anissa quien le partió la cara de un
puñetazo a aquel chaval que metió mano a
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Morgan durante el
recreo a finales del curso pasado… Morgan y Anissa han diseñado algo muy
especial para la celebración del duodécimo cumpleaños de la primera; algo para
lo que necesitan organizar una fiesta de pijamas que tendrá lugar la noche
anterior como excusa para atraer y controlar a ésa que se cree la mejor amiga
de Morgan, la boba de Payton Leutner…
Hoy es sábado, 31
de mayo de 2014, y nada más despertarse las tres niñas se ponen sus disfraces.
Payton va de Princesa de Rosa. Morgan, de Data, el androide de la serie Star
Trek: la nueva generación. Y Anissa, de Prosti-Troll, un personaje de invención
propia cuyo nombre ya define todo lo que cabe definir sobre él. De tal guisa
desayunan, juegan un rato con sus ordenadores y hacen el tonto. Ya es hora de
que salgan fuera. Recordemos que hoy es un día especial. Especialísimo. El trío
deja la casa de los Geyser y pasea hasta el bosque. De camino, pasan por
David’s Park, donde se desarrolla algo así como el prólogo al ritual que está a
punto de acontecer: Morgan le enseña a Anissa el cuchillo de cocina que se ha
traído de casa de sus padres, una preciosidad de fina hoja de acero inoxidable
y mango de plástico negro mate. «Dios mío», piensa Anissa, «esto está pasando
de verdad». En los baños públicos del parque, Morgan inmoviliza a Payton, y
Anissa, amenazante, aprovecha para restregar contra una pared la cara de la
futura ofrenda sacrificial. Durante la torpe escaramuza, Morgan siente una
punzada de culpa, suelta su presa, se sienta en el suelo y se pone a canturrear
algo sin sentido.
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Anissa la abraza y
le acaricia el cabello; le grita a Payton que las deje solas un momento pero
que ni se le ocurra marcharse a casa. De manera incomprensible incluso para
ella misma, Payton obedece y se aleja unos metros de sus amigas, pero no huye.
Una vez recuperada Morgan, las tres reanudan su camino. Llegan al bosque, que
empieza más allá del límite más lejano del parque. Van a jugar al escondite.
Morgan cuenta y Anissa y Payton se esconden. O eso parece… Morgan no está
contando, y Anissa acaba de derribar de una zancadilla a Payton. Morgan le da
el cuchillo a Anissa. Anissa se lo devuelve. «No voy a hacerlo hasta que tú me
lo digas», murmura Morgan. Ambas se miran a los ojos. Payton está bocabajo en
el suelo, frente a los árboles, entre las flores, paralizada. «Adelante,
gatita», le dice Anissa a Morgan, «vuélvete loca». Morgan salta sobre Payton,
le da la vuelta y le asesta diecinueve puñaladas… En brazos y piernas, en el
estómago, en el hígado, en el páncreas y a dos centímetros del corazón… Payton
grita y se revuelve. Sangra muchísimo. Cuando Morgan deja de acuchillarla,
Anissa la agarra por un brazo y la arrastra aún más adentro en el bosque; la
deja tirada allí donde las copas de los árboles casi bloquean por completo el
paso de la luz solar y cubre las fatales heridas con hojas muertas… Morgan y
Alissa se marchan. Se detienen en el aseo de un Walmart cercano para lavarse y
rellenar un par de botellas de agua. Pasan las siguientes dos horas dando
vueltas sin rumbo por el pueblo, llorando y cantando. Esperando a que el Hombre
Esbelto venga a por ellas… En el bosque, Payton pierde y recupera el
conocimiento de forma intermitente. Se arrastra entre el polvo y las piedras y
la hojarasca y los arbustos. Tiene que regresar al parque. Si regresa al
parque, todo volverá a estar bien. Ha logrado llegar hasta un amplio sendero
que le es del todo desconocido. Un hombre en bicicleta se detiene junto a ella
y antes de siquiera tocarla saca su teléfono móvil y llama al servicio de
emergencias. Payton se desmaya. Vuelve en sí y está
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en una ambulancia.
Un enfermero le pide que no se mueva. Antes de que la anestesia que acaban de
inyectarle le haga efecto, Payton explica a toda prisa lo que acaba de pasarle…
Una patrulla de la policía municipal de Waukesha encuentra a las sospechosas Morgan
Geyser y Anissa Weier sentadas tranquilamente en el bordillo de una acera en el
centro del pueblo… Durante el primer interrogatorio tras el arresto de las dos
chicas acusadas de intento de homicidio en primer grado, Morgan pregunta qué ha
sido del cadáver de Payton. El interrogador le informa de que la niña no ha
muerto; se encuentra en estado crítico, pero los médicos confían en que se
recuperará de las heridas relativamente bien y rápido. Morgan pregunta cuándo
va a poder volver a clase. A eso no obtiene respuesta… Anissa, en una sala
aparte —desde este momento, ambas van a permanecer separadas, en principio,
para siempre—, lo cuenta todo: descubrió a SlenderMan gracias a un vídeo sobre
Minecraft colgado en YouTube; a partir de los comentarios en el vídeo, llegó al
hilo «Creación de imágenes paranormales» en SomethingAwful.com y, desde ahí, a
las muchísimas creepypastas que tienen a la criatura como protagonista, por la
que comenzó a desarrollar una fijación hasta el punto de creer sinceramente que
ésta existía. En efecto, fue ella quien contagió la creencia en el Hombre
Esbelto a su cómplice, pero la idea de ofrecerle un sacrificio humano y que él
viniese a ellas como oscuro aliado y mentor, las sacase del pueblo y del
colegio y las alejase de sus neuróticos padres y de sus estúpidos profesores y
de sus estúpidos vecinos y se las llevase con él a su mansión en el bosque y
les enseñase a cruzar dimensiones y a existir para siempre en la tiniebla,
surgió de Morgan, quien había hecho sus propias investigaciones por su cuenta…
En definitiva, las puñaladas fueron cosa de Morgan. La única responsabilidad de
Anissa había sido esquematizar el paseo ceremonial que deberían realizar tras
completar el asesinato, a modo de llamada psicogeográfica para el SlenderMan, y
preparar las cuatro cosas necesarias para el viaje, casi nada —algunas
fotografías familiares, algo de comida y bebida, entremetido todo en el bolso
de la madre de Morgan—, ya que estaban por completo seguras de que el Hombre,
su Hombre Esbelto, el de ellas dos, iba a estar inmediata y absolutamente
orgulloso de sus adoradoras, las iba a aceptar y a concederles el privilegio de
hacerlas sus acompañantes por toda la eternidad… Visto según cómo, tanto la una
como la otra han fracasado de manera estrepitosa… Anissa sonríe…
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Al Hombre Esbelto
se le otorga el don de la omnipresencia… Durante su primer testimonio ante el
juez, Morgan Geyser dice que «SlenderMan está en todas partes. Siempre
vigilándonos, aunque no tenga ojos. Mientras exista, nunca estaremos solas»… Se
supone que el Hombre Esbelto es capaz de manipular las mentes de sus víctimas,
de hipnotizarlas y abocarlas a la locura, de poseerlas, de absorber sus almas…
Apenas diez minutos después del intento de asesinato de Payton, Morgan le
confiesa a Anissa que ha estado teniendo conversaciones telepáticas con
SlenderMan, y que ha llegado a una especie de trato con él por el cual si el
conjuro no salía bien le autorizaba a destruirlas tanto a ellas dos como a sus
familias. Más tarde, en la vista preliminar a la acusación de intento de
homicidio, dice que lo que ella y Anissa hicieron «era necesario. Sentíamos
sólo esa necesidad. Por lo demás, estábamos tranquilas. SlenderMan iba a
convertirnos en leonas cazando cebras»… A día de hoy, Anissa Weier cumple
condena en el Centro de Detención de Menores del condado de Washington. Morgan
ha sido diagnosticada de esquizofrenia y se enfrenta a hasta sesenta años de
internamiento en el Instituto para la Salud Mental de Winnebago. Sus
respectivas familias se han visto obligadas a dejar Waukesha huyendo de las
amenazas de sus vecinos… Las apariciones del Hombre Esbelto están siempre
vinculadas a sucesos trágicos que involucran a niños y adolescentes, en un
aparente intento por aterrorizar a la sociedad al atacar a sus infantes… Desde lo
sucedido con Morgan Geyser, Anissa Weier y Payton Leutner, se ha investigado la
influencia de los mitos relacionados con el SlenderMan en al menos media docena
de casos de agresión, tortura e intento de asesinato, principalmente en Estados
Unidos, Reino Unido y Europa. Las tres mayores asociaciones de padres de
América han interpuesto sendas denuncias contra SomethingAwful.com y Victor
Surge, y tanto éstas como multitud de predicadores, televangelistas e incluso
expertos en las dinámicas de comunidades virtuales como el doctor Eric Newsom
han hecho múltiples llamamientos a proteger a los niños de la influencia de
este «demonio que ha supurado hacia nuestra realidad»… Conjurados a la Historia
ya todos sus aspectos por unos y por otros, el Hombre Esbelto es ahora un
Objeto Hipersticioso Primigenio de pleno derecho…
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ENDORCISMO
SUPERMASIVO
«Para la yema del
dedo de la marioneta=neurona del embrión que acumula el tipo de felicidad del
pasado de un paraíso artificial en el artilugio del mecanismo de droga del
ángel que mi alma empieza a separar en dos en el cerebro del asesinato de una
hormiga la célula juguete de lobo con el cíber=alerón del catastrófico órgano
interno del clon en el quark azul cielo la línea de transmisión de la ciudad
cadáver juega al modo de vida pasión clónica a la de los pájaros divulga el
órgano generativo_DIGITAL a la cuerda vocal con el bio=menos_aire del sol
embrión que la estratosfera de felicidad de la consciencia de un cromosoma del
micro-asesinato cometido por la droga*glándula reproductiva del azul cielo mi
artilugio que se quiebra ante el cómplice de la velocidad de la luz=herencia de
muerte dios cuyo ADN diverge como la guerrilla de la célula de la hormiga anti
interferencia al mapa de la otra cara del sol deseo y tuvo lugar la
erradicación del infierno de la célula en el panal de BABEL ESTOCAJE»
Kenji Siratori,
hallucination=cell.
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_Hiperstición:
difuminado del pasaje Real/Imaginario
La radicalización
de la creencia en el poder de lo falso, de lo no-necesariamente-cierto, de las
coincidencias gobernadas por entidades, de la efectividad de la fábula, que
imponen sobre el paisaje cultural las teorías y tácticas de la Hiperstición,
resuena sin duda en sincronía con aquella desgastada definición de magia que el
maestro de ocultistas Aleister Crowley diese en su día, según la cual ésta no
es más que la capacidad de hacer que la Realidad se amolde al dictado de la
Voluntad del mago, pero también se siente como los grados de intenso calor de
los ardores psico-sociales de lo sociocultural, las fiebres como síntoma del
ataque sistemático y virulento de la publicidad y la mercadotecnia a los
órganos del Ahora, una ardentía capaz de hacer que el Mundo entero se derrita,
o al menos el Mundo tal como creemos conocerlo, y que recibe de constante el
bombardeo de proyectiles-espermatozoide eyaculados por los Primigenios que
orgasman de trascendencia mientras devoran la Historia allá en su final, este
Mundo encerrado en la inmensa botella de cristal del cosmos incognoscible para
el frágil y asustado y aterido ser humano, demente e hipnotizado consumidor de
tiempo, y su incapacidad para navegar intelectualmente los océanos de fuego de
la negatividad inherente al pensamiento y al ser contemporáneos, aquello a lo
que el hype[6] sirve de combustible, articulado como si el lugar-común-Sistema
tuviese ciertamente detrás una serie de agentes móviles activos y no sólo
sujetos que sujeten casi sin quererlo sus diferentes partes en peligro de
disgregación, nada de poderes capitalistas anómalos y ontológicamente
indeterminables sino Objetos Ctónicos realizando un endorcismo[7] supermasivo
sobre el Mundo…
«El progreso
mitológico refiere a un necesario y acumulativo desarrollo lineal en la
dirección de una mejora creciente de lo sociopolítico y lo civilizado. Es el
cuento de que todos los días, en todos los aspectos, todo mejora y mejora. Es
una narración convincente que muchos damos por sentada como guía operativa
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la mayor parte del
tiempo. Tan competente que al neoliberalismo no le ha quedado más opción que
apropiársela, deformarla y limitarla a la mierdosa visión de que cada
frigorífico que sale al mercado es muchísimo mejor que el anterior (…). Nuestra
situación actual, sin embargo, es una en la que la aceleración rítmica de lo
tecnológico y lo social ha coincidido con el estancamiento cultural: hemos
vivido en un Mundo anfetamínico de movimientos en falso. En definitiva, nada de
lo relativo a cualquier progreso que creamos que nuestra civilización ha hecho
es necesario. Es incluso arrogante creer lo contrario. En cualquier momento
podríamos deslizarnos de vuelta al más básico barbarismo sin inmutarnos»
Arran James,
Hyperstition is the cure for depression.
… de tal modo que la Hiperstición nos llega en
forma de término metodológico para un intento de descripción de la ingeniería
de conceptos responsable de que lo ficticio condicione su propia
materialización, por cuanto el modelo de Lo Real no es algo fijo sino un fluido
medioambiental de signos, apariencias, preceptos y comportamientos,
constantemente actualizable y ecosistema en el que algo simplemente verosímil
puede convertirse en verificable previa naturalización de su veracidad, la
evocación inconsciente de una búsqueda interminable, esto es la Hiperstición,
lo hipersticioso, cuando se producen vínculos causales entre el campo semiótico
de la ficción y el terreno efectivo de la realidad, causalidad ocultista, en
cierto modo, acción cibernética en la que ambos elementos son los nodos
esenciales de un circuito cerrado cuyos impulsos de ida y vuelta alimentan la
producción de cambios dramáticos en uno y otro para (des)regular sus
limitaciones, potencialidades y tolerancias, así, el lugar-común-Sistema se revela
como nada más que la presión productiva que la autodiferenciación de la
materia, lo material y los materiales[8] produce por exceso, planteando de este
modo que lo material es un proceso de individualización e identificación y
síntesis mientras que el pensamiento y el concepto son sus efectos, despojados
de mayor trascendencia, de nuevo, algo así como magia, expresada en forma de
causalidad nodal referente a la manera en que el efecto se implica a sí
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mismo en el suceso
para rechazar y reformar cualquier forma de expresión autorizada,
trascendentalmente coordinada, de Lo Real…
«Sean cuales sean
sus variantes específicas, la práctica de la Hiperstición necesariamente supone
tres ingredientes irreductibles, interconectados en un circuito de tareas
simultáneas y que se estimulan mutuamente:
El Numograma: un
sistemático despliegue riguroso del Laberinto Decimal y todos sus implejos
(Zonas, Corrientes, Puertas, Lémures, la Matriz Pandemonio, el Libro de los
Senderos…) y ecos (la Cruz Atlante, la Decadología…). La excavación metódica de
una abstracta cartografía oculta que es intrínseca a la numeración decimal (y
por tanto, globalmente ecuménica), constituye la primera gran tarea de la
Hiperstición.
El Mito: la
atribución cabal de toda señal (descubrimientos, teorías, problemas y
acercamientos) a agentes artificiales, aliados, culturas y continentidades. La
proliferación de ‘portadores’ (¿Eso quién lo dice?) —perspectivas que se
multiplican y fragmentos narrativos— produce un mito hipersticioso coherente
pero inherentemente desintegrado, al tiempo que lleva a cabo una muy positiva
destrucción de la identidad, la autoridad y la credibilidad.
La Incredulidad:
escepticismo pragmático o escape constructivo del pensamiento integral y todas
sus formas de unidad impuesta (dogma religioso, ideología política, ley
científica, sentido común…). Cada sub-ciclo vorticial de la producción
hipersticiosa se autoproclama a través de la comunión con ‘La Cosa’
coincidiendo con una ‘consumación mística de la incertidumbre’ o ‘consecución
de una positiva incredulidad’»
Cold-me.net,
Polytics/The elements of Hyperstition.
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… «Cosas» volviéndose hipersticiosas cuando
sus proposiciones contrafactuales pliegan patrones semióticos y regularidades
intensivas en «semblantes de realidad», virtuales pero a todas luces
indistinguibles de aquello a lo que simulan, donde se difumina el pasaje
Real/Imaginario, Verdadero/Falso, donde la Simulación es Hecho y La Alucinación
es Lo Real, y además, no hay disputa entre los distintos elementos de esta
fórmula, porque la Hiperstición resulta una tregua impuesta sobre las
tradicionales batallas metafísicas desde el momento en que propone que, a
primera vista, todo lo trascendental es absolutamente inmanente y depende de
las tolerancias conceptuales relativas del Régimen Cultural Especulativo
Contemporáneo —RCEC—, un teórico controlador hipertemporal y metacontextual y
autogenerado que se ocupa de mantener el orden en las jurisdicciones
conjeturales de cada versión de Lo Real, que bien podría entenderse como un
Inconsciente Colectivo equilibrándose sobre leyes propias e incognoscibles, un
Ente Kármico hecho de caos pero que viste ropajes de orden simulado cuyas telas
están tejidas con las fibras de la imaginación humana, o un Primigenio sentado
a la mesa del Apocalipsis y masticando y masticando y masticando y jugueteando
con el modo en que su esperma fecunda aquello que se está comiendo, lo sazona y
dota de extraordinarios y arrebatadores sabores, un controlador[9],
metaforizado como se desee, que en definitiva regula de forma esotérica qué
ficción es competente y ejecutable en Lo Real y cuál quedará atrapada en el
filtro como morralla ideal, qué especulación relativa a una ficción prevé una
forma de realidad aún por realizarse que resulte válida…
«En el proceso de
hacerse reales, las entidades deben también manufacturar realidades para sí
mismas: realidades cuya potencia a menudo depende de la estupefacción,
subyugación y esclavización de las poblaciones y cuya existencia se halla en
conflicto con otros programas de realidad»
CCRU, Lemurian Time
War.
… y de cuya existencia teórica se deduce que
es el hecho cultural al completo el que ha trascendido las formas
supersticiosas al introducir la
certeza de su
propia condición programada[10], que al ganar conciencia de su constitución
mediada se ha vuelto activamente hipersticioso, pues allí donde la
superstición, el prejuicio cognitivo, se usaba casi de forma
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instintiva para
suscitar resultados específicos sobre una Realidad que se suponía ingobernable,
consolidada y preestablecida, escrita de antemano, la Hiperstición propone vías
de escape de un Destino estático, manifiesto, lo hipersticioso como ejecutante
de la invención de lo insondable, matriz de imposibilidades relevantes que
parir a Lo Real, exterioridades absolutas, alienígenas, arcanas, como símbolos
que desactiven la domesticación de la Realidad, tácticas de subversión,
sinsentidos de composición lógica o incluso aterradoras profecías de extinción
puestas al servicio de la reiteración de aquello que atañe al RCEC…
«Le dije a mi hijo:
‘¡Te casarás con la mujer que yo elija!’
Él dijo: ‘¡No!’
Le dije: ‘¡Es la
hija de Bill Gates!’
Él respondió: ‘Ok…’
Llamé a Bill Gates
y le dije: ‘Quiero que tu hija se case con mi hijo’
Bill Gates dijo:
‘¡No!’
Le dije: ‘Mi hijo
es el CEO del Banco Mundial’
Bill Gates
respondió: ‘Ok…’
Llamé al Presidente
del Banco Mundial y le pregunté si podía enchufar a mi hijo como CEO de su
organización.
El Presidente dijo:
‘¡De ninguna manera!’
Le dije: ‘¡Pero mi
hijo es el yerno de Bill Gates!’
El Presidente
respondió: ‘¡OK!’»
Chiste leído en
Twitter.
… esto es, la Hiperstición deviene la
producción del sentido identificado en forma de linde entre las proposiciones y
las cosas, superficie metafísica donde los varios modos de relacionalidad
adquieren la capacidad de diferenciarse y, por tanto, organizarse en
realidades, y cuando esa superficie se multiplica en superficies, tal como la
ampliación de las pistas de despegue de lo relativo tanto en la filosofía como
en el arte como en las
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telecomunicaciones
como en la política nos han demostrado que sucede desde, por lo menos, la
inyección de las críticas de Kant en el pensamiento occidental y su completa
asimilación por parte de la singularidad tecno-capitalista, lo virtual adquiere
una ventaja drástica en la ingeniería de realidades[11] que, adicionalmente,
genera, en doble salto mortal hipersticioso hacia atrás, anomalías temporales y
algo que sólo puede denominarse «recuerdos del futuro», espirales de
coincidencias con lo fabulado, con lo fabuloso, que avecinan la imposibilidad
o, directamente, la mentira, al presente, haciendo de la Hiperstición una
técnica esencial de localización de sentidos y reversiones del Hecho que
cuajan, se adhieren y quedan fijados para siempre…
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_Mitos de la
Mecanosfera y la Electrosfera: La Ley de Moore: Los Fantasmas Semióticos: El
Stalker
Para distinguir el
estrato de Vida entre la atmósfera y la litosfera, el geólogo austríaco Eduard
Swess teoriza en 1875 la biosfera. El concepto, sin embargo, no se consolida y
resulta aceptado hasta que, en 1926, el geoquímico ruso Vladimir Vernadsky se
apropia de él y lo expande, planteándolo como una potencia termodinámica
íntimamente ligada a los hallazgos de Charles Darwin y Charles Lyell en
relación a los procesos evolutivos y geológicos. Vernadsky es el primero en
asegurar que la biosfera tiene un efecto profundísimo y determinante en la
Historia del planeta, y que la Vida no es sólo una maraña de líneas genéticas
sino un sistema a escala planetaria, un singular ensamblaje esférico de materia
y energía en constante flujo. Como sistema, la Vida obtiene su energía del
calor y la luz del sol; sus nutrientes, de la litosfera y la hidrosfera; y el
oxígeno y otros gases necesarios de la atmósfera; la fotosíntesis de las
plantas hace que los animales puedan respirar, la materia muerta se descompone
para fluir de vuelta a una o varias de las esferas terrestres y sedimenta en
forma de abono, carbón o petróleo… Esta conceptualización de la biosfera,
esencial a la hora de articular las principales teorías ecológicas más
aceptadas en la actualidad —como la Hipótesis Gaia o la Ciencia de Sistemas
Terrestres— ha dado lugar a una serie de hipersticiones mutuamente
complementadas cuyas narrativas y ciclos apocalípticos ya empiezan a
cristalizar en hechos prácticamente aceptados…
Nirvana negativo…
Estamos en una estación de tren desierta y todo es gris y neón blanco, somos
idénticas y corremos, nuestros trajes grises y neón blanco y azul pálido son
tan idénticos como nosotras, corremos por un andén infinito en la estación, que
aunque sabemos que se encuentra desierta y que por aquí ya no circula nada que
no seamos nosotras, no nos inspira la suficiente confianza como para que nos
demos el penoso respiro de seguir avanzando a toda prisa pero por las vías, un
poco a la izquierda y
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un peldaño por
debajo de la corriente de la que formamos parte, la corriente que nos
transporta… Somos los últimos retoños de la Historia, nadie va detrás de
nosotras, nada nos sigue y nada nos persigue, delante nos esperan unas fauces
abiertas…
La naturaleza
humana radica no en ser un animal racional, sino en que el Homo Sapiens Sapiens
es un cíborg desde su surgimiento; un híbrido organismo-máquina que nunca ha
dejado de actualizarse. Tan pronto como nuestros antepasados
cazadores-recolectores aprenden a lascar pedernal y llevar a cuestas a sus
crías con arneses de pellejo, pasan a la condición cibernética: una criatura
orgánica que extiende sus habilidades mediante el uso de herramientas… Otros
primates también emplean elementos ajenos a su biología para uso práctico,
aunque sólo puntualmente y, si bien éstos les sirven de extensión, no los
definen como definen al Homo… El cazador-recolector, nómada y organizado en
clanes, deja su huella en su medio ambiente desde temprano, moldeándolo a
conveniencia con la explotación y modificación de recursos naturales y el
descubrimiento del fuego; al tener que desplazarse para asegurarse el
suministro de comida, sin embargo, su interacción con el mundo para modificarlo
es parcial, así que se aplica antes a la modificación de sí mismo. Sus únicos
instrumentos son aquéllos con los que puede cargar. De este modo, pasa a ser un
colectivo cíborg, en base al trabajo en grupo de individualidades enriquecidas…
Gradualmente, esta forma de organización primitiva da lugar a la agricultura y
el asentamiento y, de paso, a la infraestructura original… El sedentarismo
dobla de manera exponencial el número de utensilios, introduciendo además los
aparejos ficcionales, la ley y el protocolo, anclándolos a un territorio que ahora
puede ser transformado sin límite. Las infraestructuras, metaherramientas, son,
de nuevo, una extensión de las habilidades propias: un canal de riego cambia
los parámetros de subsistencia, una religión cambia los parámetros de la
complejidad espiritual, un régimen de castas cambia los parámetros de
socialización y prevalencia del grupo… El humano civilizado avanza un estadio,
de colectivo cíborg a cíborg colectivo, con sus infraestructuras como trajes de
supervivencia ante entornos hostiles, trajes que a estas alturas ya no pueden
ser mudados y de cuyo desarrollo y realce depende que el planeta pueda soportar
la masa crítica de personas por metro cuadrado en la que nos hemos desplegado…
Esta línea argumental lleva a una conclusión sencilla y, a la vez, tremendamente
revolucionaria:
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nuestros procesos
cognitivos tienen lugar en paridad dentro-fuera, no sólo dentro del cerebro
sino también en las herramientas que aplicamos a éstos y en el contexto en que
se realizan… La Vida Mental extrude de forma promiscua en construcciones
culturales como los sistemas simbólicos públicos, la maquinaria industrial y
las redes informáticas… La Mente está tanto contenida en el interior de nuestro
cráneo como en nuestras herramientas y entornos inmediatos…
Estructuradas como
paradójicas esferas asíntotas dentro de la biosfera, como condicionantes del
horizonte ecológico de la Tierra, surgen la mecanosfera y la electrosfera —la
Vida cibernético-biológica que medra en infraestructuras tanto explícitas como
sutiles a lo largo y ancho del globo terráqueo, y su prolongación satélite en
lo virtual e hiperespacial—, puntos de completa desestratificación entre la
producción de los sujetos humanos y el planeta en sí mismo… Son mitos
autogenerados por cuanto sólo desde la mecanosfera y la electrosfera, a partir
de la observación contextual usando esas máquinas connaturales al ser humano
que le permiten desvelar las dimensiones ocultas de la naturaleza y separarlo
de la idealización clásica de ésta, pueden teorizarse ambas; sólo desde ahí y
de ese modo pueden ser dotadas de atributos tanto la naturaleza como las
esferas inherentes a ella… La Vida Mental extrude de forma promiscua en
construcciones culturales, se organiza en la mecanosfera y la electrosfera y
perfunde la hiperstición Tecnogénesis —un Homo Cíborg polisexual reformando la
Tierra, transformándola en un eyector de sus esporas al espacio exterior— para
desmantelar el pasado y confundir la linealidad de la Historia…
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Claro que puede
simplemente ser un pulso, falsa alarma, sentadas aquí como semáforos y
mirándonos a los ojos cuando deberíamos estar estructurando un discurso que
pudiésemos vestir, exacto, trajes de memes de combate… Infraestructuras como
trajes de supervivencia ante entornos hostiles… Imbéciles adolescentes de
estricnina, heterocíclicas y polisexuales y haciéndole daño al prójimo sólo
porque sabemos, porque podemos, porque esta cosa es demasiado pequeña como para
que dure por siempre… Las mentiras como pecados de padre que queremos contarle
al Otro materializarán entre nosotras al enésimo cobarde subdesarrollado de
neón que vende películas pirata —malas adaptaciones intravenosas, mediocres, de
las de a ocho europiastras la dosis más palomitas, del folletín en el que
explicarán nuestro proceso de adulterio por sofocación, negación y sublimación
del sopor y a cuatro colores y con diagramas para tontos—, y miradlo, qué mono
él, qué educada miniatura que nos despista un poco más y así podemos seguir sin
vernos en la obligación de hablar de lo que está pasando… Implícito: todas
tenemos a alguien esperándonos en confortables camitas de domingo hogareño. Las
mentiras del Otro. Tenéis dentro mi larva de bombilla Led y yo tengo dentro
vuestra larva de bombilla Led. Este enano se cachondea de nuestros respectivos
Otros con su sola presencia… Nuestro bebé de neón es nimio. Es nuestro, joder.
Eso duele, sí. Lo más divertido es que no nos duele a nosotras…
En 1965, Gordon
Moore afirma que el futuro de la tecnología es mensurable y encajable en un
patrón a partir de la observación empírica de que el número de transistores por
unidad de superficie en circuitos
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integrados se
duplica cada año y que la tendencia, al parecer, va a continuar así durante,
como mínimo, las siguientes dos décadas… En 1975, modifica su propia ley al
corroborar que el ritmo ahora está descendiendo y que la capacidad de
integración ya no se duplica cada doce meses sino cada veinticuatro… En 1981,
William Gibson publica El continuo de Gernsback, relato en el que el
protagonista y narrador, un fotógrafo comisionado para ilustrar un catálogo
acerca de la arquitectura norteamericana de los años 30 y 40 bajo el sugerente
título de The Airstream Futuropolis: the Tomorrow That Never Was, bucea en las
alucinógenas deformaciones del modernismo estadounidense, sus superficies
cromadas y edificios aerodinámicos inspirados en la Metrópolis de Fritz Lang y
la cándida obsesión por un futuro tomado por dirigibles autopilotados y coches
voladores, a tal profundidad que llega a descubrir que existe una realidad
alternativa a su alrededor en la que el Mundo ha adquirido el aspecto de una
utopía ciencia-ficcional explícita y para la que aquello que está fotografiando
no es sino arqueología… En 1996, Birgitta Trotzig escribe: «Ideologías/utopías.
Mariposas particularmente oscuras, mariposas otoñales, mariposas de la
descomposición revoloteando confundidas en el ocaso fronterizo entre el ver y
el ser. La función ideológica/utópica, la función onírica abstracta. Cuando
ella es la que predomina. Que casi siempre llega a predominar. No hay modo de
escaparse, tales son las condiciones (la confusión, el daño mental) —incluso
negada transforma a sus víctimas (…). Esa clase de sistema, sistema-locura,
signos-diseño, se levantan de debajo de la tierra como sueños furiosos y
persiguen a los seres oscuros que no se rinden, esos sistemas que usurpan, que
transforman almas y cuerpos en herramientas —como simulacros furiosos
perseguidores crecen en las roturas y en las reconfiguraciones sin contexto de
la Historia». La pieza de prosa poética, titulada La ciudad nueva, es una
reflexión sobre la figura del Stalker tal como es mostrado en la película
homónima de Andréi Tarkovski, la cual en sí misma ya era una adaptación de la
novela Picnic Extraterrestre, de los hermanos Arkadi y Borís Strugatski. Tanto
en la novela como en la película, los Stalker son criminales dedicados a entrar
en La Zona, un lugar prohibido por tratarse, quizá —la ambigüedad al respecto
de los orígenes del lugar es enorme, y básica para la trama—, del punto de
colisión de un meteorito o por ser un paraje una vez habitado por una
misteriosa raza alienígena; un portal de conexión entre dos mundos, en
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cualquier caso, del
que los Stalker roban objetos para su posterior venta. La entrada en la Zona,
sin embargo, es muy arriesgada, ya que el lugar tiene un fuerte efecto sobre la
persona; obliga al que traspase sus límites a comportarse como si se encontrase
en situación de vida o muerte, haciendo que, allí, cada acción se convierta en
un dilema moral para el que la intuición es más valiosa que la razón… La
consecuencia directa de la Ley de Moore durante los cincuenta años posteriores
a la primera vez en ser formulada es que los precios de los componentes
informáticos bajan al mismo tiempo que el rendimiento de éstos aumenta —por
ejemplo, una computadora cuyo precio de salida al mercado sea de tres mil
euros, costará la mitad al año siguiente y estará obsoleta a los dos. Durante
los veintiséis primeros años de aplicación de la Ley, el número de transistores
que puede albergar un chip se incrementa treinta y dos mil veces. A partir de
entonces, los cálculos de Moore se aplican a rajatabla en la informática de consumo,
precisamente porque los desarrolladores de ordenadores personales los han
tomado como patrón práctico… Con El Continuo de Gernsback, Gibson acuña el
concepto de Fantasma Semiótico: un fragmento del inconsciente colectivo que se
ha desprendido y ha adquirido entidad propia, un espejismo popular referido a
una forma cultural concreta y ficticia… El 26 de abril de 1986, uno de los
reactores de la central nuclear de Chernobyl, en la ciudad ucraniana de
Prípiat, estalla, causando la mayor catástrofe en la historia de la explotación
de la energía nuclear. En 2008, un grupo de adolescentes de Kiev monta un foro
de Internet a través del que organizar excursiones ilegales a la Zona de
Exclusión declarada alrededor de la planta nuclear clausurada durante años tras
el desastre. En cuestión de dos días, ya hay en el foro más de veinte personas
interesadas en apuntarse a la arriesgada incursión y, durante los dos años
siguientes, el turismo de morbo y pillaje a la Zona llega a convertirse en una
actividad muy lucrativa tanto para el grupo que planteó la iniciativa como para
los muchos imitadores que llegan después. A los guías de esas excursiones se
los conoce como Stalkers… En febrero de 2016, la asociación mundial de
fabricantes de semiconductores emite la International Roadmap for Devices and
Systems, una hoja de ruta a modo de propuesta para la evolución futura de la
industria de componentes informáticos, en la que se especifica que la Ley de
Moore ha llegado a su fin, que es físicamente imposible miniaturizar más los
chips y que las necesidades ahora pasan por la interconexión y el proceso en
base a
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núcleos paralelos.
Sin embargo, el mismo informe declara que aún quedan por delante, como mínimo,
tres generaciones de componentes que cumplan la Ley —aproximadamente, los
fabricados hasta el 2023—; y nada más publicarse la hoja, multitud de expertos
han salido a desmentir las aseveraciones de ésta, asegurando que en esas tres
generaciones restantes pueden producirse gran cantidad de avances en cuanto a
materiales se refiere, por lo que nuevos chips basados no en el silicio sino en
el grafeno, los nanotubos de carbono o incluso el ADN animal, podrían
perfectamente mantener vigente el Objeto Hipersticioso de Moore…
Abandonados en los
cajones del progreso, los Sitios Fantasma son aquellas páginas web que han
dejado de ser mantenidas y actualizadas, aunque aún pueden ser visitadas. Puro
HTML anclado, un gemido del siglo XX en las cavidades del acceso a una red
global de datos cuando ésta aún tenía propósito de mirada ausente. Los Sitios
Fantasma se mantienen gracias a servidores gratuitos libres de chequeos de
actualización, a dominios que no requieren pago ni estadísticas de tráfico.
Imágenes corporativas desechadas u obsoletas, los primeros pasos en la
programación de una plataforma de periodismo alternativo, las balbucientes
llamadas de atención de una generación desnuda, vientres enmarañados en la
espesura de lo que se realiza por intuición, qué tiempos aquellos, de
hipervínculo sin adulterar, raspante y brillante, en paletas de apenas
fluorescentes, pocas opciones y aun así el Mundo entero encogiéndose. Los
Sitios Fantasma sientan testimonio. No son una metáfora. A un Sitio Fantasma
que, sin motivo aparente, parezca haber cambiado de localización, se le
denomina Zombi…
Efecto invernadero,
acidificación de los océanos, mares de plástico, cementerios de chatarra
tecnológica, la sexta extinción masiva, el agotamiento del petróleo y de los
metales preciosos, desertización y sobreconstrucción, desechos nucleares,
desgarro de la capa de ozono… Ahora mismo es imposible estudiar la Historia de
la Tierra sin contemplar el hecho de que el ser humano ha ejercido un papel
determinante en la reorganización de la economía material de la biosfera… Se
impone por tanto la necesidad de plantear una nueva edad geológica que señale
el final del Holoceno y bautice la era en la que la humanidad ha dejado su
huella sobre la superficie del planeta para siempre: el Antropoceno. Ya no es
sólo un sistema biológico determinado el que ejerce un efecto drástico sobre la
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morfología
terrestre, sino una especie animal en particular dentro de ese sistema, una
especialmente joven y con un potencial destructivo y recombinativo sin
precedentes la que lo hace, de forma rapidísima y con un rigor inusitado… El
hombre civilizado avanza un estadio, de colectivo cíborg a cíborg colectivo, y
materializa la idea humanista-antropocéntrica del humano como regente absoluto
de la creación hasta sus últimas consecuencias; en efecto, el Homo Sapiens
Sapiens es hoy la fuerza natural dominante en el planeta que lo hiciese nacer
y, por el momento, lo alberga…
Vivimos cambiando
de localización sin motivo aparente y siendo una güija que respira en un Mundo
sucio de espectros y en un paisaje de relojes marcando la hora del revés y un
paisaje de casas con raíces tan hondas que van a pudrirse al calor del centro mismo
de la Tierra y un paisaje de visillos y cortinas y lo que hay detrás de éstas…
Güija que cambia de localización sin visillos y lo que hay detrás del paisaje
somos nosotras sucias de espectros y con raíces detrás de cortinas tan hondas
que vivimos respirando con el reloj en una mano y la casa marcando la hora en
la otra… En el centro de calor del paisaje de las manos vivimos ahora al cambio
de raíces como agujas en el mundo güija tras las cortinas… El motivo aparente
de la aguja cambia las casas por podredumbre de visillos marcados hondo tras la
localización de la tierra de los espectros raíz… Tan hondo como las manos en el
mundo y la suciedad de lo que hay detrás marcando raíces en horas y hundiendo
motivos en agujas con el clima por güija localizada en el paisaje del Ahora…
Vivimos. Cambiando de localización. Sin motivo aparente…
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_Ficción
publicitaria y la Bolsa de Valores: coerción
(Publicidad: el
proceso de cálculo consciente de Objetos Hipersticiosos)… (Bolsa de valores: la
calculadora hipervirtual que desplaza especulaciones hacia la suma, la resta,
la multiplicación, la división, la integración en el logaritmo, la causalidad o
la profecía autocumplida)… La línea de transmisión de la ciudad cadáver… En el
principio es el verbo, sí, pero el verbo refiere a algo, a una arquitectura
que, verbo mediante, se autorrealiza en un discurso performativo que se bautiza
a sí mismo como Realidad y luego se encarna en un ojo en el cielo dador de
vida, pues al ser un aparato esencialmente cognitivo crea al ver, delimita al
comprobar, planta progreso al supervisar, el pecado está en los ojos del que
mira, el resultado depende de la coordenada espacio-temporal-sensitiva en la
que el observador se encuentre, a imagen y semejanza, el único ojo del Cíclope
—esa raza de gigantes guardianes de la ansiedad por falta de vínculo con lo
divino del primer Hombre— es la especulación materialista del verbo, y el
primer Hombre lleva a cuestas una concha de caracol hecha de conceptos
secretados por él mismo, carga informativa cristalizada en algo físico e
integrada a lo aparentemente no-informacional, a lo material, a lo estructural,
y bajo el peso de esa concha el Hombre se arrastra por la Tierra, dejando un
rastro de baba que el Cíclope pueda seguir, por el que encontrarlo y, en el
mejor de los casos, prever su rumbo y quizá —la eterna esperanza del Hombre
puesta en la acción que nunca será realizada por otro que no sea él mismo—
intervenir, como un progenitor severo pero justo o como una confirmación de que
tras el verbo hay alguna clase de Gran Plan Último, aunque dentro de la concha
resuena cada noche la misma pregunta: ¿existe tal Cíclope, o es sólo una invención
del Hombre, un consuelo?, porque los caminos del Hombre y el Cíclope nunca
llegan a cruzarse, pero siempre queda la fe, cosa que no evita que el Cíclope
se extinga, cuando la concha del primer Hombre es ya tan grande que alberga a
su descendencia de millones, y ahora la concha como una epidermis y un mapa es
explícita y tira de magia degradada al exhibir el concepto en, digamos, una
valla publicitaria o en una campaña de concienciación o en
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la especulación de
los mercados bursátiles, antes de escarcharse en concretamente ese producto que
tras mucho anunciarse ya está a la venta, en concretamente ese éxito de ventas
que ya venía pregonándose al público antes de que éste tuviese la oportunidad
de juzgar, en concretamente ese repunte en el valor de la empresa, en honor al
Cíclope, en legado, y por si acaso, queda el ojo en las cámaras del telediario
y el ojo en el medidor de audiencia, el ojo en las comisiones de control
gubernamental y la pregunta: ¿acaso el Supervisor del Hombre no es más que una
invención del Hombre?, y el ojo en el papel moneda, el ojo en el tratado de
anatomía topográfica y, más allá del ojo, el verbo, todo eso que usamos para
contarnos de qué va este contexto mientras lo recorremos en círculos, paso a
paso a paso a paso… Aquello a lo que el hype sirve de combustible, articulado
como si el lugar-común-Sistema tuviese ciertamente detrás una serie de agentes
móviles activos y no sólo sujetos que sujeten casi sin quererlo sus diferentes
partes en peligro de disgregación… El dinero, los mercados, los juegos entre
individuos, prospecciones y teorías existen en varios estados de equilibrio
relativo, ya no jugando, de hecho, sino siendo integrados como piezas en el
juego, siendo jugados, así el equilibrio competitivo se vuelve impersonal,
mecánico, se supone que las lonjas interdependen de acciones personales y
concretas, pero no hay acción personal que los analistas de núcleos de mercado
no hayan en cierto modo previsto ya, la competitividad y la competencia no son
reguladas por agentes externos, las previsiones deben idealmente ser
compatibles con las autoficciones de comerciantes y distribuidores, por
descabelladas que éstas resulten, debe perseguirse un estado sublime de
estabilidad entre los precios para que ésta engrase los mercados, de modo que
hay que integrar también a comerciantes y distribuidores en la secuencia de
engranajes, el dinero se da por supuesto, el valor de las cosas es transitivo,
en flujo ascendente/descendente pero sin sobrepasar nunca cotas máximas o
mínimas, agujas pasando a través de esfínteres abiertos, el análisis de núcleo
resuelve cualquier problema de reflujo, cualquier estreñimiento, los conflictos
entre agentes de imputación del mercado refuerzan la importancia del núcleo que
se embiste en centro de un sistema ultrafigurado y cada vez más cerrado y
cohesionado, la Bolsa alcanza nuevos y originales límites de multi-unidad y las
relaciones entre tratantes bursátiles, comerciantes y distribuidores son ahora complejas
y convexas, forman curvas relacionales cuyas partes más
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prominentes están
del lado del que mira, del observador externo, arrojando sombras de duda sobre
el resto de secciones, y esa convexidad implica, por cuanto tiene de
ocultación, que las mismas relaciones queden selladas en el núcleo a ser
analizado, en las unidades de valor común, proactivas aunque ya no
independientes, mientras el dinero se consolida a sí mismo… Lo virtual adquiere
una ventaja drástica en la ingeniería de realidades que, adicionalmente,
genera, en doble salto mortal hipersticioso hacia atrás, anomalías temporales y
algo que sólo puede denominarse ‘recuerdos del futuro’, espirales de
coincidencias con lo fabulado, con lo fabuloso, que avecinan la imposibilidad
o, directamente, la mentira, al presente… Hacia la densidad máxima del eslogan:
el RCEC está chapado en metales preciosos y ejecuta piruetas de natación
sincronizada en piscinas de billetes de curso legal, extramuros los mercaderes
se han hecho con el templo y están muy afanados en convencer a Jesús de que sus
alpargatas han pasado de moda y que no tendrá ningún futuro como profeta si no
se renueva con el último modelo de Air Jordan, son capaces de analizar
cualquier uso en el núcleo relacional pecuniario para manipularlo y/o dictarlo,
son el brazo armado de la plutocracia que ha tomado al asalto los palacios de
invierno en los nudos del sistema nervioso del Mundo, y claro que nosotras, por
nuestra parte, somos plenamente conscientes del impacto de la publicidad en la
realidad inmediata, desde su responsabilidad directa en la mayoría de casos de
anorexia y bulimia, la cosificación general del Otro, a la responsabilidad
indirecta en el empobrecimiento de sectores culturales enteros —las estrategias
coercitivas del hype cinematográfico, el product placement televisivo, los
programas musicales, los Best Sellers ya etiquetados antes siquiera de haber
sido leídos…—, pasando por la alteración del estado de ánimo primordial en el
diseño de centros comerciales y el condicionamiento de usos sociales —la
navidad, el día del padre y el día de la madre, el Black Friday…—, pero
encogemos los proverbiales hombros y hacemos nuestro el discurso de creación de
marca, nosotras también obraríamos, de hecho lo hacemos al vender nuestro
currículum y nuestra bibliografía y nuestros perfiles gregarios en el hiperespacio,
máscaras de sueño a los pies de la cama, arrancadas por algo muchísimo mayor
que nosotras, la cosa ctónica, el eso abstracto, que nos ha desplazado, una
gran ola de capital simbólico que nos arrastra y nos obliga a generar aún más
de ello para que la ola se hinche y se lleve por delante a otros, es natural,
caramba, y en la tiniebla se mantiene un
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curiosísimo
contraefecto que justo define esa naturaleza hipersticiosa interesada, voraz y
destructiva, como son los sangrantes fracasos de las campañas institucionales
que usan el lenguaje publicitario sin considerar que éste se basa en la
tentación y el avecinamiento apocalíptico y no en la prohibición o la
advertencia… Mi artilugio que se quiebra ante el cómplice de la velocidad de la
luz=herencia de muerte dios cuyo ADN diverge como la guerrilla de la célula… La
información es un producto de lujo, los agentes del mercado condicionan el
contacto de unos con otros a la cantidad de fuentes de información disponibles,
la información marca la velocidad del mercado, la rápida sustitución de
profecías informadas permite que los agentes se impliquen en el mercado durante
periodos de tiempo cada vez más largos, las Bolsas se coordinan en ritmos
circadianos para que la información dé la vuelta al globo terráqueo, de la
cabeza de un agente a la cabeza de un agente a la cabeza de un agente sin
posarse en el suelo nunca, los productos a los que la información refiere son
transferidos a rebufo, en unidades constituyentes sin tanto valor como el valor
de sus signos de cabeza en cabeza en cabeza y, por extensión de las habilidades
computacionales de los agentes, de órgano informático en órgano informático en
órgano informático, la actividad comercial es cada vez más previsible, el
análisis de núcleo proporciona un marco conceptual dentro del cual contener
cualquier fondo y forma de colusión, competencia y competitividad, las fuerzas
de los mercados, ahora Los Mercados, se asientan, la predictibilidad acotada
del comercio es transferida a los aparatos legales correspondientes y los
mercados negros son o bien erradicados o bien asimilados a Los Mercados como
diminutos pecados sin realmente ningún poder de subversión, algunos incluso se
alientan con brochazos de brillo glamuroso sobre el patronaje de personajes
destinados a las inanes producciones ficcionales de una cultura popular a la
que se dota de apariencia salvaje y se deja en manos de los consumidores, a ser
administrado como sano y legítimo y mandatorio Ocio… Causalidad ocultista, en
cierto modo, acción cibernética en la que ambos elementos son los nodos
esenciales de un circuito cerrado cuyos impulsos de ida y vuelta alimentan la
producción de cambios dramáticos en uno y otro para (des)regular sus
limitaciones, potencialidades y tolerancias… Estalla un incendio en la
mediateca de Gomorra, las metáforas halladas entre los escombros son estudiadas
por el más competente equipo de metaforenses y allí hay algo que se asemeja a
un núcleo y un poco más allá dos
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extremidades
inferiores amputadas a lo que parece un Cíclope, un tocón de lo que alguna vez
fue un árbol de correlaciones y las entrañas desparramadas del brevísimo
Antropoceno, mirad, un dictamen: la aceleración de la información y la
supercombustión del hype han quemado a toda mecha la era geológica determinada
por la influencia e impacto del humanismo sobre la Tierra, han acabado con ella
y ahora nos hallamos inmersas en el Capitaloceno, es el Capital mismo el que
rehace la hechura del planeta, lo ablanda y sazona, lo purga de estados sutiles
que puedan alejar al Mundo de la esquizofrenia en la circuitería estanca de lo
social y lo eficiente, son la capitalización de recursos, la estructuración de
mercados, las rutas mercantiles y los metabolismos económicos los que gestionan
desde este momento la extinción animal y vegetal y el calentamiento global, son
la holística del consumo, el gasto y el espectáculo, y el piloto automático de
la transacción, los que han dejado obsoleto al Hombre… Y tuvo lugar la erradicación
del infierno de la célula en el panal de BABEL ESTOCAJE… Al instalarnos en el
paradigma de la continua emergencia, y aún aferradas a las infraestructuras que
nos ligasen tanto al territorio material como al virtual, emerge una forma
relacional-informativa exudada de los antiguos aspectos de organización social
e ideológica humanistas bajo las presiones del liberalismo y la política
económica al autorrealizar sus narrativas más estrambóticas: la biopolítica,
cuya sección transversal revela aún otra argumentación tumoral encarnada y
todavía más lesiva: la necropolítica, un régimen de generalizada
instrumentalización de la existencia humana, manifiesta en la ilusión de poder
y la capacidad de dictar quién, en función de su valor productivo, vive o muere,
el comercio a niveles exacerbados con elementos primigenios como la Vida y la
Muerte debidamente empaquetados en forma de productos —una explicación
aterradoramente sencilla a la proliferación de no-muertos, vampiros, fantasmas
y ominosos monstruos de leyenda en el hecho cultural; también a la
insensibilización hacia la espectacularización de la escatología—,
tergiversando una primera intuición de inhumanismo en aberraciones como los
conceptos medico-antropológicos de la bioeconomía y el biovalor, redefiniciones
de la corporeidad, la yoidad —la autoafirmación, la identidad individual según
la propia percepción— o la conciencia en factores solamente somáticos,
localizados en la química cerebral, mercancía que puede ser colocada en Los
Mercados, la Vida como excedente de producción, que facilita la
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interpretación de
la Muerte como un epílogo a la carne viva hacia volverse material sensible de
ser ciclado o reciclado, tejido recolectado y almacenado a la espera de ser
trasplantado en quien pueda pagar su valor, o cifra en un conteo de decesos
—por ejemplo, las víctimas colaterales en una guerra fabricada por gobiernos
privados indirectos para afianzar recursos con los que posicionarse en el
tráfico de Los Mercados— que alimente la construcción de criterios soberanos
por los que perpetuar la misma lógica necropolítica, de nuevo:
retroalimentación, ahora a escalas absolutas… El insectoide aspecto
contemporáneo del efecto de realidad requiere de la aceptación tácita de
extravagantes y súper-relativas construcciones que engloban por igual a la
conspiranoia, la disolución del trance alfabético, la ciencia-mito, las
incursiones analíticas en la Sociedad del Espectáculo, la Realidad Aumentada
conceptual, el flujo de conciencia como espejo e imagen del código fuente de la
matriz de Lo Real y un largo etcétera de alusiones más o menos explícitas a la
condición programada, al misterio de los ladrillos en todo lo que es, muchísimo
más allá de los pedestres mecanismos ficcionales e históricos que el rancio
realismo ha venido usando como excusa para conformarse con el Simulacro ante la
imposibilidad intelectual de aprehender fielmente cualquier realidad… La
economía de nuestros padres ha muerto pero la Historia no ha acabado, y la
necesidad de improvisación hurga en las narices de todas en busca de algún
resto, alguna traza, sólo una, por pequeña que sea, algún viso de respuesta que
se haya podido filtrar accidentalmente desde estos cerebros nuestros de grupo
humano que mayor cantidad de información haya atesorado jamás, porque todas
sabemos, a pesar de que la mayoría no sepa que sabe, que a estas alturas de la
marcha histórica somos adultas, aunque disfuncionales, negadas y anuladas por
la negación y la anulación mismas, por los estados padre y los sistemas padre y
los medios padre para alcanzar ningún fin, por los contrapesos de una tradición
madre mal entendida y una fortuna madre mal domada y una esperanza madre mal
infundada en tramposos relatos de resiliencia, y aun así, adultas, aquí mal
andamos, ninguneadas, bien reducidas a enésima pieza de la masa ignorante que
bala a los domingos por la mañana, bien ultracínicas devaluadas y siempre
sospechosas, bien a perpetuidad distraídas con migajas y discursos caducos, en
cualquier caso eternas adolescentes como lo fueron y son nuestras predecesoras,
pero, en nuestro caso, mal que nos pese, sólo en apariencia, y si bien el
potencial está aquí y es nuestro, seguimos
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emperradas en usar
esta energía evolutiva y fundamental para trastear con el motor de consumo
eterno, ese que ahora se nos muestra desventrado y en todo su esplendoroso
canibalismo programado, en lugar de embragar y frenar y declarar que, no, ya no
necesitamos que nos digan qué está bien y qué está mal, qué es ley y qué es
patria, porque, como especie, hemos tenido tiempo de sobra para aprendérnoslo
al dedillo, la economía de nuestros padres ha muerto, y ya que ellos y sus
padres, y los padres de sus padres, colaboracionistas, permitieron que
absolutamente todo lo demás se imbricase en ella, participase de ella y
corroyese con ella las muchas realidades alternativas que tenemos al alcance de
la mano, ahora todo se siente turbio, flácido y ciertamente hediondo, tanto que
los vapores no nos dejan ver que esto no es más que el período refractario tras
el salvaje coito capitalista, tras la petite mort, y hacia la caricia
concupiscente después, o hacia el cigarrillo desdeñoso en la habitación
contigua, o hacia reanudar el acto pero esta vez con más delicadeza, más
cómplice y atento para con las necesidades y gustos del Otro, la economía de
nuestros padres ha muerto y el cadáver se abotarga en nuestras casas, que no
nos atrevemos a llamar hogares porque el hogar es aquello a lo que se nos ha
condicionado a aspirar, y se abotarga por ello en la sensación de haber sido
desahuciadas de antemano del pisito en propiedad de laxa hipoteca y feliz placa
de latón para siempre atornillada en el buzón que se nos prometió y aún se nos
promete, y ahí llegan los gusanos, hambrientos a un nivel inconcebible,
hambrientos pues la economía es sólo un concepto y no precisamente de los más
nutritivos, tan y tan y tan hambrientos, estos gusanos, que no les queda más
opción que devorarse a ellos mismos, y he aquí cómo sobre el despojo putrefacto
se impone una pátina de decadencia y terror y asco, porque no tendremos
vivienda propia, ya no, y vivir de alquiler hasta que no vivamos más se nos
antoja, así de bien hemos sido bosquejados, un gusano gordo con el que lidiar
entre calambres de angustia, porque no alzaremos familia alguna desde los
cimientos de una relación romántica cuyo erotismo se ha desvanecido rápido por
efecto de la rutina y las grietas de lo que no cuentan las comedias ni los
manuales de autoayuda, ya no, porque no hay más contratos laborales fijos en el
horizonte y el ser eventual también se nutre ahora, la idea prospectiva de
ello, de su propia mierda, de su propia cola, porque los dioses Luz, Agua, Gas
y Teléfono agonizan y se han mostrado pobres sustitutos de los objetivos de
nuestra necesidad de adoración, y así, mañana, quizá pasado mañana, la costra
de
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legañas ahora
descascarilladas caerá del todo y veremos que el sábado será el día de Saturno,
el domingo el del Sol, el lunes el de la Luna, el martes el de Marte, el
miércoles el de Mercurio, el jueves el de Júpiter y de vuelta al viernes, día
de Venus, veremos días-panteón-planeta-semiótica de forma tan obvia como
comprendemos que todo es uno y lo mismo y sólo eso, ya no más nada más que
nosotras, la economía de nuestros padres ha muerto y eso está bien, las cosas
tienen que morir, pero acabemos ya con el velatorio, los honores han sido
rendidos con creces y las armas entregadas, y es nuestro turno de exigir que se
nos devuelva la Alucinación y se nos permita convertirla en un proceso de otro
signo, quizá absolutamente contrario, así como la opción de dejarla abandonada
en la cuneta y tejer otra, muerta la economía, pues, Ecce Homo, Homo Tenuis…
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ENTES SIN ROSTRO
Hoy. Desde el
amanecer marchito. La tromba de inapetencias y el regalo formulado. El estómago
ahora gris de veisalgia, fustigado para que despierte al resto de vísceras y
que éstas florezcan, asciendan hasta la garganta y enmarquen el fingimiento de
una voz, esa voz arrebatada de nombres, fechas, símbolos verbales y demás datos
inútiles, frustrada por el rebajadísimo pienso que debe consumir. Amanecer
inapetente de la fórmula, la víscera y el ascenso, los datos de regalo, voces
fingidas al despertar de los símbolos desde el arrebato, el estómago de la flor
de ascenso que nombra los grises marchitos de hoy.
No generar mensaje
alguno. No respirar. Primero, contenerse en la rosa de fuego entre pliegues
calientes; en las mentiras, las leyes y la hiel. Después, contenerse en
plegadas mentiras, en las leyes de la rosa, en el falso fuego del flambeado
decorativo de la hiel. El rostro, sostenido con delicadeza entre las manos. El
cuerpo, desplomado. Permeable a las densidades de la resistencia. A la
concentración.
La inmensidad al
final de la Historia. Lo que acecha en el ultimísimo instante. Despliega
zarcillos espinosos que viajan atrás en el tiempo. Pinchan la línea. Hasta el
momento primero, cuando todo lo que fue era un verbo. Cada punzada y cada corte
es una modificación sustancial; una herida en la Historia provocada por el
postrero desastre del futuro, a fin de que éste pueda acontecer. La luz
desconectada del principio de autoconejillo de indias se vuelve pesada en esos
agujeros a través de los cuales se desmigaja el pasado. Agua pesada en charcos
de eventos; la petrificación y la radiación y las criaturas anaeróbicas que ahí
habitan, todo ello se nutre de nuestra misma fuerza motriz. Ultimísimo corte de
la Historia, pinchazo postrero en la sustancia de luz que lo que acecha hiere
con modificaciones en viaje de espina, principio verbo de la punzada, el
desastre inmenso despliega su peso por la línea primigenia.
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Mañana. Como
bloques rígidos de cuero al sol se cuartearán manadas de hombres y mujeres con
nada por delante. Atrás, las cavidades talladas por bestias neurolingüísticas.
La maldita opresión de botones. Y la velocidad inverosímil. No olvidaremos la
velocidad inverosímil de las franjas en el diseño de la fosa común y en las
franjas de diseño del argumento que llenará de cadáveres ese pozo. Las huellas
en las caras internas de los muertos serán la única moneda de cambio. La ruina
en que devendrá el presente sofisticará sus camuflajes para que sigamos
creyéndolo inasible, incorruptible, una aberración matemática, el monstruo más
esquivo… Monstruo bloque neurolingüístico de los cadáveres del presente por el
que el olvido de las franjas talladas en la verosimilitud por bloques de
velocidad oprimida en las matemáticas que morirá en los diseños comunes,
olvidado diseño común de la muerte por camuflaje en el que el monstruo se
cuarteará a la velocidad de los argumentos como huellas en la fosa, en el pozo
del cadáver y en la cara de la bestia y en las sofisticadas monedas que,
mañana, nos arruinarán.
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_Hiperstición: la
dimensión oculta
«La infosfera, como
la biosfera, es metaestable pero porosa. Tiene territorios de vacío a lo largo
de toda su superficie. Se derrumba constantemente por puntos de inestabilidad
que marcan los límites del morfoespacio cognitivo humano (al menos el actual).
Esos agujeros no pueden ser investigados, ni siquiera de forma hipotética. No
pueden ser convenientemente localizados o representados. En espacio vacío, uno
no puede jugar a los dados»
Germán Sierra, Deep
Media Fiction.
La antifilosofía se
conjuga como una disonancia cognitiva de la filosofía. Ya que la segunda ha
flirteado desde su estructuración original con las áreas de la ficción y los
mundos posibles y la utopía y los entes metafísicos, la primera la enfrenta con
hiperespeculación, con filoficción, con métodos de construcción de ficciones
radicales mediante el aprovechamiento de materiales especulativos y desechos
filosóficos, aquello sobre lo que la filosofía proclama de continuo alzarse y
superar en pos de un engolado y distante desentrañamiento de la Realidad. La
Hiperstición trasciende las categorías antropocéntricas de la filosofía. La
fórmula simplificada «fenómeno por el que las ficciones se autorrealizan» es
sólo un examen desde una perspectiva concreta en el morfoespacio
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humano. Los Objetos
Hipersticiosos son complejas operaciones mágicas de reunión de elementos que
normalmente no se relacionan los unos con los otros. Y, en su comunión, son
capaces de transmutar la Realidad consensual y la Norma cultural, hasta el
punto de cambiar la percepción previa y hacerlos normalmente relacionados.
Coartada para una violencia ontológica contra las máquinas deseantes.
FILOFICCIÓN. HIPERESPECULACIÓN[12]. Mestizaje armamentístico de elementos
arrebatados de las áreas de vacío de la infosfera, del metaespacio superior en
el que ideas en bruto componen un paisaje que a su vez es el modo de observar
el paisaje que a su vez es la ingeniería tras artefactos diseñados para
observar el paisaje, medirlo y arrasarlo. HIPERFICCIÓN. Tecné alucinógena y, a
la par, materialista. Maldiciones al curso de la Historia que sólo pueden ser
lanzadas mediante manipulaciones oscuras y oblicuas del discurso.
«Por ejemplo, los
‘portadores’, un concepto hipersticioso fundamental: por un lado, un ‘portador’
es una ficción capaz de transmitir un sentido plausible de integridad y, por
tanto, de imitar el rango de efectos de un fraude; por otro, propuesto como un ente
normativo a través de la creencia, sería una unidad de relativización
sistemática en recipiente para planes excéntricos. La fórmula ‘plan excéntrico’
se usa aquí para resumir y etiquetar cada hipótesis, creencia, emoción o
implicación susceptible de ser evacuada de los principios de la actividad
hipersticiosa. La función elemental del ‘portador’ es, por tanto, la
eliminación de reglas y estándares de la práctica hipersticiosa. Los
‘portadores’ son — como debería ser cualquier ejercicio hipersticioso— una
herramienta de ‘autodesadoctrinamiento’»
David R. Cole,
Inter-collapse.
METACONCEPTUAL[13].
La Hiperstición ha devenido en una práctica antifilosófica necesaria no sólo
para entender los entornos culturales contemporáneos sino también a la hora de
operar en el actual paradigma capitalista e interconectado. Localiza los orígenes
de nuestro presente en el futuro, por lo que permite afectar a éste desde
incursiones especulativas en aquel. Muestra el ciclo apocalíptico completo del
presente. Postula un nihilismo post mortem. Los Objetos Hipersticiosos son
espejos del
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simulacro, puestos
ahí para provocarle complejos, para mostrarle sus defectos. Las hipersticiones
conceptuales se ubican donde el simulacro se vuelve indistinguible de la Verdad
o la Mentira, se convierten por tanto en la antítesis de las ideologías —cuyos
cimientos se asientan sobre el no reconocimiento de la esencia ficcional del
presente—, y las desarman a base de asimilar y aprovecharse del poder inherente
en la intuición de conceptos. HIPERESPECULACIÓN. Errores en la capacidad de
adivinar el pasado. FILOSATURACIÓN. Que la Hiperstición se desarrolle a partir
de una ficcionalización competente por la que todo el entendimiento posible del
concepto de tiempo está radicado en el futuro, articula todas sus teorías
asociadas, así como sus Objetos, en un enjambre de ideas-lesión sobre la línea
temporal capaz de sobreflotar las tensiones entre Realidad y ficción por
impulso de un hiperobjeto general para el cual la ficción no es sino una
función temporal; de igual manera, hace que el enjambre mismo gane tracción sobre
la Realidad en sí.
«El tiempo es lo
que se acaba. El tiempo es el tiempo limitado que experimenta una criatura
capaz de sentir. De sentir el tiempo, es decir, de adaptarse al tiempo según lo
que Korzybski entiende por intención neuromuscular del comportamiento respecto
al medio como un todo… Una planta se orienta hacia el sol, un animal nocturno
se despierta al atardecer… caga, mea, se mueve, come, folla, muere.
¿Por qué el Control
necesita a los humanos?
El Control necesita
tiempo. El Control necesita el tiempo humano. El Control necesita que cagues,
mees, te quejes de dolor, tengas un orgasmo, mueras. Así pues, ¿qué es lo que
el Control piensa hacer con esta mercancía que será tan acertado? Lo mismo que
los sacerdotes mayas, que pensaron usar el tiempo humano para generar más
tiempo»
William S.
Burroughs, Ah Pook is here.
Los Objetos
Hipersticiosos son ficciones que crean las condiciones adecuadas para
retroactivamente hacerse reales. Y al incidir sobre la línea temporal ése es
exactamente el efecto que provocan: no sólo hacen que el tiempo sea real, sino
que generan más tiempo. Una Hiperstición sitúa sus orígenes en el futuro para
reclamar una futura posición allí. Desune el
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tiempo, lo despoja
de su preconcepción como unidad de pasado, presente y porvenir. Así, genera una
idea del tiempo como una singularidad: ni el presente es creado por una
teorización de lo contemporáneo, ni el pasado depende de las cualidades
generales de la Historia. HIPERESPECULACIÓN ASÍNCRONA[14]. A modo de ejemplo,
retomemos el Antropoceno y comparémoslo con la noción de Cambio Climático: el
calentamiento global y demás razonamientos anexos son juicios basados en
conceptos científicos clásicos y diagnósticos futurológicos, mientras que el
Objeto Hiperticioso Antropoceno proclama que la alteración potencialmente letal
de las condiciones de Vida en la Tierra empezó antes de que pudiésemos
reconocerlo y su realización futura no sólo ha sucedido ya, sino que ha sido
sobrepasada. REFORMULACIÓN RETROACTIVA[15]. Hiperstición metaconceptual
infalible, pues viaja a través del tiempo. Ambos, Cambio Climático y
Antropoceno, llaman la atención del sujeto que recibe las andanadas teóricas
sobre exactamente el mismo estado de emergencia, disponen ante él sus
respectivos conjuntos de lentes con los que aclarar la miopía en relación a Lo
Real, pero mientras el primero —recordemos: un nudo de teorías ortodoxas y
biopsias más o menos interesadas de la Realidad normalizada, aferradas al
discurso histórico aceptado por el común, y que consciente y combativamente
ignora que esa Realidad que es su punto de apoyo también es una ficción; un
ciego ejerciendo de oculista, pues— enmarca, acota y restringe sus diagnósticos
al condicionamiento absoluto a la dimensión temporal de las cosas, a la
obediencia sin cortapisas de lo dictado por el reloj atómico del Mundo, el
segundo —recordemos: un Objeto Hipersticioso lanzado desde un futuro plausible
y cuyo aterrizaje en el presente dobla la línea temporal y la naturaleza
material a conveniencia para dotar de valor real la hipótesis que representa y,
así, avecinar ese futuro suyo en detrimento del resto de futuros, revelando de
tal modo la existencia de otras dimensiones, ocultas, paralelas, tangentes y
asíncronas a la dimensión temporal; un vidente ejerciendo de patólogo, pues—
propone un nihilismo de cristal tintado inhumanista como prótesis de
resistencia a las toxicidades del porvenir y acucia a generar aún más ficciones
que materializar a modo de solución probable. HIPEROBJETO INTERDIMENSIONAL.
TRANSARMÓNICO. VIOLENTADOR ONTOLÓGICO.
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«Axs:021
Tiempo-Fallo. Cronos no puede implementar su propio código (ya éste bloquea su
paso a la hiperdimensionalidad (acumulando inmensas fuerzas de latencia
cultural (que están siendo apropiadas como legado por algún otro))). Si debe
adquirirse un modelo, antes habría que reiniciar el presente como Historia de
las civilizaciones en retrospectiva (igual que un Orden Supremo (orden(ador((()
de todo lo re)re)recursivo) ondas temporales) enredan el neo((O))edipo en
bucles de programación).
Olvidas cuándo
empezó, hasta que ello cree en que eres tú imaginándolo. Te intercambias a
través de una equivalencia ficcional de la identidad. Historia Edípica, una
referencia psicosocial estándar y una cáscara neuroelectrónica replicable. En
cualquier caso, te reviste. ¿Has salido ya? ¿Fantástica ficción Edípica, o una
Táctica-K ejecutando su maldición?»
CCRU, Flatlines.
La ontología del
presente, en la moldura de la Hiperstición, no se orquesta alrededor de Qué Es.
Más bien debe ser practicada como un Qué Va a Convertirse en Presente a través
de la infección consciente de los aparatos mediáticos y de las ideas de Realidad
Mediada. Hype e infiltración cultural. METADIMENSIONAL ASÍNCRONA[16]. Con el
objetivo último de la inversión drástica de referencia. Conceptualizar el
tiempo como retroactivo implica necesariamente un volverse real. La
contemporaneidad no existe. Se construye a sí misma desde múltiples
especulaciones futuristas. Las estrategias de prevención de la recuperación de
futuros pasados que ofrece la Hiperstición desactivan la cosificación en forma
de Marca de elementos socioculturales sensibles de ser atesorados de forma
sátrapa por instituciones, museos, archivistas, leyes de copyright, la
industrialización de lo creativo y la general condición espectacular del
Capital. El hype entendido en su acepción de práctica intelectual positiva de
alimentación de ideas competentes usa la creencia como poder activo y creador
de un modo muy distinto a las dinámicas indexadoras tras el hype capitalista.
TRANSFILOSOFÍA. La Hiperstición destruye el modelo jerárquico de los conceptos
y los lleva a subniveles relativos en los que insuflarles movimiento; los
acelera hacia la disolución y, de ahí, al caos. Un caos que no es
necesariamente una falta de orden sino el vacío abisal
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de las energías
desconocidas del subconsciente. FILOESPECULACIÓN. Microestructuras contra la
infraestructura: aceleración hacia la anarquía metafísica.
«Su mente se había
transformado en una máquina estropeada, siempre atormentada por recuerdos
extraños e imprecisos de una época anterior a su envenenamiento, una época en
que amaba en lugar de odiar. Y ahí estaba la desdichada Tierra, una víctima
maltrecha; la vanidad se impuso, y ellos pronto olvidaron el aire recientemente
contaminado; mas, después del choque me encuentro al otro lado de la
catástrofe, en un tiempo pasado. Por otro lado, cabría decir también ‘en un
tiempo futuro’, porque el arriba y el abajo son perfectamente intercambiables;
todo depende del punto de vista, del lugar en que uno se sitúe, como ocurre con
el adelante y el atrás»
Doris Lessing,
Instrucciones para un descenso al infierno.
METARMONÍA.
TRANSESPECULACIÓN REAL. En cierto modo, la Hiperstición inflige los mismos
golpetazos de angustia sobre el hecho sociocultural que las ansiedades
obsesivas derivadas del simulacro dentro de simulacros del Ahora —la Verdad es
una Mentira envuelta en centenares de velos, la arquitectura de la Realidad
escapa continuamente a las capacidades del saber humano, Aquí y Ahora hay
Dragones—, aunque al revisar de forma holística esa red de Indras de sólo
apariencia, rehuyendo la unidad monolítica de lo consensuado aun en la
simulación, introduce una tautología negativa que aboca al Apocalipsis por
desmigajamiento del total de las dimensiones conjeturables, incluyendo en éstas
al simulacro. REORIENTACIÓN FILOFICCIONAL. ESOTERRORISMO…
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_El Rey de
Amarillo:
Nyarlathotep:
SlenderMan
«CAMILLA: Usted,
señor, debería quitarse la máscara.
EXTRAÑO: Ah, ¿sí?
CASSILDA: Sí, ya ha
llegado el momento. Todos nos hemos quitado el disfraz menos usted.
EXTRAÑO: No llevo
ninguna máscara.
CAMILLA:
(Aterrorizada, en un aparte a Cassilda) ¿Ninguna máscara? ¡Ninguna máscara!»
El Rey de Amarillo,
Acto I, Escena 2ª.
Publicada en 1895,
El Rey de Amarillo es una colección de cuentos del escritor Robert W. Chambers,
relacionados unos con otros — principalmente las cuatro primeras piezas: El
Reparador de Reputaciones, La Máscara, En el Pasaje del Dragón y El Signo Amarillo—
a través de dos ejes temáticos centrales: la existencia de una siniestra obra
de teatro encerrada en un libro prohibido capaz de corromper moral y
espiritualmente a aquél que lo lea, también titulada El Rey de Amarillo, y el
planteamiento de que dicha obra de teatro no es una ficción sino un artefacto
sobrenatural que desvela y amplifica la existencia del Rey de Amarillo, una
perversa deidad alienígena, y el influjo de éste sobre la Realidad terrestre.
Asimismo, los cuatro relatos comparten una premisa de fondo según la cual una
dinastía imperial se ha establecido en la Tierra tras anexionarla a Carcosa,
una ciudad muerta gobernada por el Rey de Amarillo y que también podría ser un
distante planeta yermo o una sólida masa de pesadillas cristalizadas, una terraformación
del horror en la dimensión paralela del subconsciente humano, donde soles
gemelos se hunden en lagos contaminados de miedo y estrellas negras se alzan en
la noche y extrañas lunas circulan por una esfera celeste imposible… El
Reparador de Reputaciones es un narración distópica situada en una hipotética
Nueva York de 1920 desalmada y ultra-tecnológica, en la que el
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simulacro de
prosperidad y los afeites de las mejores ensoñaciones de la burguesía americana
apenas ocultan la ominosa y ubicua presencia de cabinas en las que suicidarse
ahora que quitarse la vida es legal y de la constante noticia de la caída del
resto del Mundo en la anarquía. Hildred Castaigne, el nada fiable narrador de
la historia, quien antaño fuese un rico y vivaracho playboy, se ha visto
transformado psicológicamente por la coincidencia de dos actos accidentales: un
terrible golpe en la cabeza tras la caída de un caballo, que lo lleva a ser
ingresado en un sanatorio mental, y el hacerse posteriormente, aún
convaleciente, con una copia del texto dramático El Rey de Amarillo. El joven,
convertido en un recluso, pasa sus días entre manuscritos antiguos y viejos
mapas, en una habitación que comparte con el señor Wilde, el Reparador al que
refiere el título, un hombrecillo desfigurado y lunático que afirma ser el
artífice y ejecutor de una gran conspiración cuyo objetivo es el de reinstaurar
el linaje monárquico del reino de América, una noble casta proveniente de un
vasto imperio original de un lejano sistema estelar y de la que supuestamente
Hildred es el último eslabón. Castaigne, además de estar del todo convencido de
las afirmaciones del señor Wilde, cree que su primo Louis está tramando también
una conspiración a la contra para interponerse en la línea sucesoria y forzar a
Hildred a abdicar antes de que su reinado sea validado por las muchísimas
personalidades importantes que el Reparador tiene bajo su control gracias a las
redes de extorsión e intercambio de favores acumulados tras salvarlos de
potenciales escándalos y confabulaciones turbias. Al enfrentarse ambos primos,
Louis se burla de Hildred y su desequilibrio mental, hecho que provoca que el segundo
confiese haber matado al doctor Archer, el responsable de su terapia en el
sanatorio, y a la prometida del primero, Constance. Expulsado de mala manera
por Louis, Hildred regresa a su cuartucho y encuentra allí el cadáver del señor
Wilde, que ha sido degollado por su gato. La muerte del Reparador frustra los
planes de la conquista de América por parte del joven, quien enloquece aún más
si cabe. Cuando la policía llega para encargarse del muerto, el relato estalla:
¿ha sido todo lo contado, la caída, el sanatorio, los argumentos del señor
Wilde, las visiones grandiosas y las muertes quirúrgicas, una alucinación de
Hildred o una calculadísima maniobra de Louis a fin de tocarse con la corona
del Rey de Amarillo? «Una mañana de mayo muy temprano, estaba frente a la caja
fuerte probándome la corona. Los diamantes refulgían como el fuego cuando me
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miré en el espejo y
el pesado oro batido ardía como un halo en torno de mi cabeza. Recordé el grito
de agonía de Camilla y las terribles palabras que resonaron en las penumbrosas
calles de Carcosa. Eran las últimas líneas del primer acto y no me atrevía a
pensar en lo que seguía… no me atrevía a hacerlo ni siquiera al sol de
primavera, allí en mi propio cuarto, rodeado de objetos familiares, animado por
el ajetreo de la calle y las voces de los sirvientes en el cuarto contiguo.
Porque esas palabras envenenadas se habían filtrado lentamente en mi corazón,
como las gotas del sudor de la muerte en las sábanas. Temblando, me quité la
diadema de la cabeza y me enjugué la frente, pero pensé en Hastur y en mi
propia justa ambición, y recordé al señor Wilde tal como lo había visto por
última vez, con la cara desgarrada y sangrante por las garras de esa criatura
del diablo»… En La Máscara, se nos muestra cómo el recatado y lánguido
triángulo amoroso entre tres personajes entregados a la bohemia francesa —el
pintor y narrador Alec, el escultor Boris y su pareja y musa, Geneviève—, es
violentado por fuerzas psicodélicas de más allá del velo de la razón cuando, de
nuevo, dos hechos extraños coinciden en el tiempo y el espacio: de un lado, el
descubrimiento por parte de Boris de una sustancia capaz de transformar
cualquier objeto, animado o inanimado, en delicadísimo mármol; del otro, el
acercamiento y posterior inmersión de Alec en su propia copia de El Rey de
Amarillo. Enseguida los delirios empiezan a sucederse y a asaltar al trío,
entre espasmos de decepción romántica, ambición desmedida y tensión bisexual no
resuelta, acompañados de visiones de pétreas criaturas de un blanco perfecto
arrastrándose entre el instrumental de Boris, una babeante cabeza de lobo
tirada en una alfombra y haciendo chasquear sus mandíbulas ante una Geneviève
arrebatada de lujuria bestialista, el canto de sirena de Madonas del infierno
retorciendo un poco más la ya maltrecha mente de Alec… «La máscara del
autoengaño no era ya una máscara para mí, era una parte de mí mismo (…).
También pensaba en el Rey de Amarillo envuelto en los fantásticos colores de su
capa harapienta y el amargo grito de Cassilda: ‘¡No a nosotros, oh Rey, no a
nosotros!’. Febrilmente luchaba por apartarlo de mí, pero veía el lago de Hali,
incoloro e inmóvil sin onda ni ráfaga que lo agitara, y veía las torres de
Carcosa tras la luna. Aldebarán, las Hiadas, Alar, Hastur se deslizaban por
entre las nubes desgarradas que ondulaban y flameaban como los harapos bordados
del Rey de Amarillo»… El Signo Amarillo vuelve a tener como protagonista y
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narrador a un
pintor, el señor Scott, quien vive atrapado entre su obsesión con el sereno de
la iglesia de enfrente de su estudio y la pesadilla recurrente que comparte con
Tess, su modelo, en la que un carruaje fúnebre deambula por calles
imposiblemente oscuras transportando el ataúd del pintor. Scott no puede
quitarse de la cabeza el sonido de la voz del sereno, que le pregunta cada vez
que coinciden si ha encontrado ya el Signo Amarillo. De forma gradual, la
obsesión y la pesadilla se recrudecen, el delirio se instala en Scott tanto
como en Tess, hasta que ésta regala a aquél un broche de ónice incrustado con
un peculiar símbolo dorado. Al día siguiente, Tess encuentra en el estudio un
libro que Scott no recuerda haber comprado pero, de algún modo, sí parece haber
leído sin ser consciente de ello: El Rey de Amarillo. Ambos pasan horas
arrebatados, discutiendo sobre la obra de teatro que propone el volumen, sobre
el Rey y sobre la Máscara Pálida, sobre Hastur y Cassilda y Hali, hasta que cae
la noche y un ruido terriblemente familiar les llega desde la calle. Scott,
agotado por el exceso de emociones de la tarde, se acerca a la ventana y ve lo
que hay al otro lado, abajo; ahí está el maldito carruaje de sus funestos
sueños, y de él se apea un ente sin rostro que viene en busca del Signo
Amarillo y que no dudará en consumirlos a ambos a fin de hacerse con ello… «Yo
sabía que ella sabía y que leía mis pensamientos como yo los suyos, porque
habíamos comprendido el misterio de las Híadas y ante nosotros se alzaba el
Fantasma de la Verdad»… En el Pasaje del Dragón explicita las reflexiones de un
narrador anónimo alrededor de su reciente lectura de El Rey de Amarillo. En la
iglesia de San Bernabé de París, a la que ha acudido para purgar la culpa
instalada en él tras la toma de contacto con ese portal hacia la dimensión de
las estrellas negras en forma de libro, el hombre trenza sus visiones
paranoico-cósmicas con la arquitectura empapada de superstición del sitio, para
posteriormente enlazar el nudo psicótico con un paseo de tintes
psicogeográficos de vuelta a casa, durante el cual es perseguido por un Hombre
Esbelto, un fantasmagórico organista emanado del coro de la iglesia. Cuando
finalmente el acosador alcanza a su presa, el hombre descubre que en realidad
su cuerpo nunca ha salido de San Bernabé, que ha sido su alma la perseguida por
el Hombre Esbelto, quien ahora le muestra una última imagen de su condena: el
paisaje desolado y aterradoramente vibrante de Carcosa… «La muerte y la
espantosa morada de las almas perdidas donde mi debilidad hacía ya mucho que lo
había
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enviado, lo habían
cambiado para cualesquiera ojos que no los míos. Y ahora oí su voz que se
alzaba, crecía, tronaba en la luz relumbrante, y al yo caer, la irradiación que
aumentaba más y más vertía sobre mí olas de fuego. Entonces me hundí en las
profundidades y oí al Rey de Amarillo que me susurraba al oído: ‘Es terrible
caer en las garras del Dios vivo’»…
También en 1895 ve
la luz el último trabajo que Sigmund Freud y Josef Breuer firmarían
conjuntamente, Estudios sobre la histeria, un tratado cuya idea central es el
sentido simbólico del síntoma histérico, al que se otorga un carácter de núcleo
patógeno a la manera de un cuerpo extraño habitando la memoria del sujeto a
raíz de un suceso traumático situado en el pasado —el síntoma como un
transbordador que desplaza al sujeto hacia las regiones más recónditas de su
Espacio Interior y comba su percepción de la dimensión temporal. Por lo
revolucionario de este planteamiento, y sobre todo por las conclusiones
expuestas en el último capítulo del libro, escrito exclusivamente por Freud y
en el que desarrolla su pensamiento acerca del conflicto y la defensa en el tratamiento
de las neurosis en general, así como también apunta la pugna psíquica entre lo
reprimido y las fuerzas represoras que se manifiestan en forma de defensa, la
obra significa un punto de inflexión en la historia de la psicología y será una
influencia fundamental en el tratamiento de desórdenes mentales, fenómenos de
la psique y alteraciones del lenguaje y la memoria durante prácticamente todo
un siglo… «El material psíquico patógeno aparece como la propiedad de una
inteligencia que no necesariamente le va en zaga a la del Yo normal», dice
Freud en el mencionado capítulo, otorgando así a la sintomatología histérica
una calidad de ente infiltrado en la psique que no sólo choca frontalmente con
el prejuicio teórico del resto de psiquiatras de la época, que la consideraban
producto de anormalidades y degeneraciones en el cerebro, sino que permite un
primer esquema de organización de lo psíquico concebido como una triple
estratificación de representaciones y al que cualquier patología alcanza
descompuesta en fragmentos, en forma caótica, y llegada desde una exterioridad,
para gradualmente abrirse paso a través de las resistencias hasta devenir
síntoma explícito… Ese mismo año, el neurólogo austríaco lleva a cabo el primer
análisis completo de un sueño propio como prueba de aplicación de un método al
que acaba de bautizar como psicoanálisis…
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«Rompen las olas
neblinosas a lo largo de la costa, Los soles gemelos se hunden tras el lago, Se
prolongan las sombras
En Carcosa.
Extraña es la noche
en que surgen estrellas negras,
Y extrañas lunas
giran por los cielos,
Pero más extraña
todavía es la
Perdida Carcosa.
Los cantos que
cantarán las Híades
Donde flamean los
andrajos del Rey,
Deben morir
inaudibles en la
Penumbrosa Carcosa.
Canto de mi alma,
se me ha muerto la voz,
Muere, sin ser
cantada, como las lágrimas no derramadas
Se secan y mueren
en la
Perdida Carcosa»
Canto de Cassilda
en El Rey de Amarillo.
Acto I, escena 2ª.
(… Acercarse al
segundo acto de la obra implica ser destruido, fragmentado y vuelto a montar a
imagen y semejanza del Rey de Amarillo, ser integrado al caos…)
Nyarlathotep, el
Caos Reptante, el Sirviente de Azathoth, es el más críptico de los Primigenios
fabulados por H. P. Lovecraft, el único de los
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Dioses Exteriores
en los mitos lovecraftianos que no se encuentra preso, desterrado o en
hibernación y es capaz de mover su miríada de avatares por las estrechas
realidades humanas, el ser de los mil aspectos a pesar de no tener rostro, el
viento caníbal formado por noventa y nueve voces invisibles, la expresión de la
insondable voluntad de las fuerzas primordiales que controlan el cosmos, El que
Acecha en la Oscuridad, aquél desligado de cualquier interpretación, el
descompuesto en mil planos únicos y parciales pero que aun así interaccionan
como si conformasen una sola unidad, el seccionado, el que forzó el fallo
evolutivo en una de las especies animales más débiles de la Tierra para dotarla
de una conciencia de cuyas dinámicas alimentarse y alimentar a sus hermanos, el
que miles de años más tarde inspiró en ellos la adoración al falso Dios Sol
protector y luego la sumisión al Demiurgo Idiota de los Hidrocarburos y luego
la creación de la bomba atómica y de la Inteligencia Artificial… «Y al final,
del interior de Egipto vino el extraño Oscuro ante quien se inclinan los
fellhas; silencioso y enjuto y crípticamente orgulloso, y envuelto en telas
rojas como la llama del ocaso. Las multitudes se apretaban a su alrededor,
frenéticas por sus órdenes, pero al marcharse no hubiesen podido decir lo que
habían oído; mientras a través de las naciones se propagaba la atemorizada
noticia de que bestias salvajes lo seguían y lamían sus manos»… Su origen
resulta prácticamente irrastreable. Sólo surge. Para algunos estudiosos de la
obra del autor de Providence, Lovecraft construyó el nombre de la abominación a
partir del apéndice nominal Hotep —«en comunión con los dioses»—, comúnmente
añadido a la denominación de los faraones del antiguo Egipto, y las palabras
hebreas Nyar y Lath —«mensaje» y «fidelidad»— a fin de que la fórmula evocase
la principal característica de su creación —Nyar-Lath-Hotep vendría a
traducirse, pues, como «el mensaje que es fiel a los dioses»—; otros sin
embargo se decantan por apuntar hacia la expresión budista Namarupa,
«Nombre-Y-Forma», alegando al vacío semiótico que, según las descripciones de
Nyarlathotep como alma y a la vez mensajero de Dioses Exteriores ciegos, mudos
y sin mente, éste encarna; el propio Lovecraft, en una carta a Rheinhart Kleiner
en la que relata a su amigo un sueño reciente, comenta que «nunca había oído el
nombre ‘Nyarlathotep’ anteriormente, pero parecía comprender la alusión.
Nyarlathotep era una especie de showman o conferenciante ambulante que
realizaba espectáculos públicos en los que extendía el terror y la discusión en
sus exhibiciones. Estas
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exhibiciones
constaban de dos partes: primero, una horrible y posiblemente profética
historia cinemática y, posteriormente, experimentos extraordinarios con
aparatos científicos y eléctricos». Sea como fuere, tras nombrarla, el escritor
deja a su criatura conscientemente inacabada, indefinida. A pesar de las muchas
menciones que a ella se hacen en diversos relatos y poemas, ésta resulta
multiforme y esquiva a la definición por medio de aparatos lingüísticos
humanos. Es en exceso indeterminada, ultra-relativa y patógena… «Pronto, desde
el mar, comenzó un nocivo alumbramiento; tierras olvidadas con agujas de oro
cubiertas de algas; el suelo estaba agrietado y auroras locas descendieron
rodando sobre las temblorosas ciudadelas del hombre. Entonces, aplastando lo
que por casualidad moldeó jugando, el Caos idiota se sacudió el polvo de la
Tierra»… La hechura de Nyarlathotep está manifiestamente inspirada por la
figura y los sugeridos atributos del Rey de Amarillo —aunque Lovecraft, en su
ensayo Notes on writing Weird Fiction, declara medio en broma y medio en serio
que fue él, transportándose telepáticamente al pasado, quien influenció a
Chambers para que crease al soberano de Carcosa a modo de mimbres de
imposibilidad para que así posteriormente el de Providence pudiese armar su
propia encarnación del vacío mensaje fiel a la exterioridad e inhumanidad de
los rectores del universo—, pero su esquiva naturaleza concreta hace que a la
vez contenga en sí, en forma de una más de sus facetas, una cualquiera y
conveniente, a su protoforma gualda tanto como podría contener al Siva de la
tradición tántrica, al Krisna del Bhagavad-Gita, el Gorakhnath de la secta
Kanphata o el Gran Dios Pan de Arthur Machen. Es la emanación de una
inteligencia sin mente que adquiere (múltiples) forma(s) en la materia con el
fin de llevar a cabo una misión incognoscible, el que se descompone hasta
devenir síntoma, la maldición representativa del angustioso hueco entre el
saber material(ista) y la capacidad de saber de lo(s) material(es), el que no
viene a traer el fin del Mundo, pues la sentencia contra el Mundo ya ha sido
dictada fuera del tiempo, sino a plantar los desajustes necesarios para la
creación de las condiciones ideales de ese fin, según dicta la Externalidad
absoluta en el extremo último de la Historia…
«Una alta y esbelta
figura con el joven rostro de uno de los antiguos faraones, que vestía una
túnica de vivos colores y estaba coronada por una diadema que parecía brillar
con
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luz propia… la
fascinación de un dios oscuro o un ángel caído, en cuyos ojos se escondía el
lánguido destello de un humor caprichoso.»
H. P. Lovecraft.
En busca de la
ciudad del sol poniente.
(… La integración
en el caos permite la adquisición de perspectivas metafísicas únicas, pero
también implica un viaje hacia la solubilización de la consciencia, un trayecto
de distancia incalculable…)
En la última
entrada registrada en el blog Anonymous Velo-Cities, fechada el 25 de noviembre
de 2014, el filósofo marroquí Bensalem al-Jabri describe la visión de una
escena a cámara lenta protagonizada por él mismo: está sentado en el sofá del
cuarto de estar de su apartamento en Tánger, congelado por el ruido blanco de
los ventiladores internos del ordenador portátil que tiene abierto y acomodado
sobre los muslos; lleva puesta una careta de plástico que replica el rostro de
Inmanuel Kant y teclea despacio, muy, muy despacio, la actualización de su
bitácora online en la que describe la escena mental que acaba de asaltarle, una
en la que está sentado en el sofá del cuarto de estar de su apartamento en
Tánger, congelado por el ruido blanco de los ventiladores internos del
ordenador portátil que tiene abierto y acomodado sobre los muslos, llevando
puesta la cara de Kant… No se trata de un sueño, ni se siente como una
alucinación; el episodio se acerca más a lo que se supone sucede en los
primeros estadios de una proyección astral. Al-Jabri está contemplándose desde
fuera no sólo de su cuerpo sino de su aparato cognitivo habitual, y dicta lo
que ve, sin articular palabras, sólo irradiando impulsos psíquicos
incomprensibles a la cáscara vacía que hasta hace un momento era él, la cual a
su vez está transcribiendo a la plantilla de actualización del blog la
información dada. El bucle cuyas aristas son, en idéntico grado, el Bensalem
al-Jabri extracorpóreo, el Bensalem al-Jabri físico y tangible, y el Bensalem
al-Jabri figurado en la narración y que será transmitido a sus lectores, marea
al filósofo durante un par de segundos. Así lo cuenta su
avatar-canal-espiritista. A continuación, la proyección etérea de al-Jabri se
aleja; ante él, el plano de la escena se abre, mostrándola enmarcada por una
intrincada cenefa superpuesta a la Realidad —entendida aquí como el aspecto
supuestamente material en los códigos de configuración de Realidad simulada en
la escena mental—, transparente, como una
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intrusión de
Realidad Aumentada informática. La sobreimpresión, que cambia del amarillo
fluorescente al dorado mate sin seguir ningún patrón regular discernible, es
una concatenación de letras de un alfabeto desconocido por el filósofo, números
romanos y símbolos y signos retorcidos, redundantes y amorfos —el símbolo de la
resta parcial y el de la metasuma y el signo del círculo infinito dentro de un
trapezoedro y el signo del trauma incidente en π—, cuyo conjunto conforma algo
levemente similar a una ecuación, pero móvil, pulsante, viva, que respira,
come, se reproduce, se engalana y amputa partes de sí, se mueve y espera a que
la doten de sentido o despejen su incógnita. Al-Jabri siente cómo una pátina de
sudor ansioso hace que un rostro que ahora mismo no es exactamente el suyo se
pegue al plástico liso en la cara interna de la máscara de Kant y, de manera
simultánea, su Yo descarnado oye por sinestesia, por relación y conjunción e
interferencia de cualesquiera que sean los procesos de percepción del ánima
fuera del envase, el mensaje dejado ahí, vía la cenefa, vía la ecuación, para
él. Los ojos de su cuerpo están cerrados. Los ojos de la careta de Kant,
abiertos pero muertos. Bensalem al-Jabri traduce la fórmula-marco en la escena:
«¿Qué es lo que hace que el SlenderMan haya arraigado? ¿Por qué resulta tan
aterrador? ¿Y qué dice esto de nuestra cultura tal y como es ahora mismo? Si
uno piensa en ello con calma, sólo se trata de un Hombre Esbelto, muy rápido y
vestido con traje. Ni tan siquiera, según su leyenda, hace grandes esfuerzos
por probar su malignidad. La respuesta, por tanto, es simple: nuestra cultura
ha completado algún tipo de círculo en lo que atañe al miedo a lo desconocido.
Hasta el momento, el común aprendía a temerse a sí mismo a través de monstruos
clásicos como los vampiros, los hombres lobo, los zombies y etcétera; a través
de manifestaciones arquetípicas, reflejos de la gula, la represión sexual, la
animalidad inherente o el jugar a ser Dios. Pero el SlenderMan es la epítome de
todo lo que no podemos entender. En esta época nuestra de sobrecarga
informativa, cuando podemos obtener la respuesta a cualquier pregunta con sólo
pulsar un botón e incluso las estrellas más distantes ya no nos parecen tan
lejanas, el Hombre Esbelto es la representación de nuestras deficiencias
intelectuales. Independientemente de cuánto hayamos aprendido sobre el
universo, no existe nada que nos ayude a comprender algo innatural y tan
completamente extramundano como el SlenderMan. Nuestra confianza en superar el
miedo a través de la comprensión del mismo nos ha dejado en
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una posición de
vulnerabilidad absoluta ante el miedo a lo que no podemos explicar. Las
historias de terror y los monstruos nos dicen más de nosotros que el más
introspectivo de los dramas realistas, que la más minuciosa crónica
periodística o que la más aventurada especulación filosófica; empujan hacia la
luz nuestras debilidades para volverlas tan visibles como nuestros puntos
fuertes. ¿Qué encarna, pues, el Hombre Esbelto? ¿A quién sirve el SlenderMan?
¿Qué dice el texto en el mensaje que tal caos reptante en nuestros medios de
hipercomunicación nos trae?». Finalizada la transmisión de lo sugerido por la
cenefa, el Bensalem al-Jabri incorpóreo se permite otro par de segundos de
desorientación. En algún instante del no-tiempo mientras radiaba la solución a
la ecuación para que quedase constancia de ella en el blog, se ha percatado de
que hay alguien más en la estancia. Así lo anota en la bitácora el cascarón
vacío del filósofo, que acto seguido abre los ojos tras la máscara y vuelve la
cabeza hacia su izquierda, en un gesto que cortocircuita el bucle de la escena:
el ser desalmado, sin dejar de teclear en el portátil, ahora contando desde una
súbita e inverosímil voluntad propia que su proyección astral comprende que de
algún modo ha sido momentáneamente invocada a la acción autónoma por el influjo
de esa máscara de Kant de la que su abandonada carcasa biológica ya nunca va a
poderse despojar, contempla al Hombre Esbelto de pie junto al sofá, a su lado…
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_Hombre Esbelto:
Rastreable: Ente: Exterior
(Idea/Objeto
Hipersticioso)… La más temprana aportación al depósito contextual del mito del
Hombre Esbelto llega a Something Awful apenas cinco días después de la primera
carga del patógeno SlenderMan por parte del usuario Victor Surge: el 15 de
junio de 2009, a las 01:03h, el usuario Thoreau-Up escribe: «Llevo ya un tiempo
siguiéndole la pista. En Alemania existen grabados del siglo XVI en los que
aparece representado un hombre altísimo, desfigurado, con esferas blancas allí
donde debería haber unos ojos. Lo llaman ‘Der Großmann’, El Hombre Alto. Era
una entidad faérica que habitaba la Selva Negra. Los chicos malos que
haraganeaban por los bosques de noche eran perseguidos por la criatura, que no
desfallecía hasta alcanzarlos o hasta que los niños confesasen a sus padres qué
era aquello que habían hecho mal»; a continuación, traduce un fragmento de un
diario anónimo, datado circa 1702: «Mi niño, mi Lars… Se ha ido. Raptado, de su
cama. Lo único que encontramos fue un pedazo de tela negra. Parece de algodón, pero
más suave… y más grueso. Lars vino a mi habitación ayer, gritando ‘¡El Ángel
está fuera!’. Le pregunté que a qué se refería, y él me contó no sé qué cuento
de hadas sobre Der Großmann. Dijo que hacía poco había estado en la arboleda
cercana al pueblo y que había encontrado allí una vaca muerta, colgada de un
árbol. En un principio no le di importancia… Pero, ahora, él ha desaparecido.
Debemos encontrar a Lars, y mi familia debe marcharse antes de que nos maten a
todos. Lo siento tanto, hijo mío… Debería haberte escuchado. Que Dios me
perdone»; Thoreau-Up concluye su mensaje asegurando que posee más pruebas de la
existencia del Hombre Esbelto, que esta contribución sólo es el testimonio más
antiguo que ha sido capaz de hallar, y demanda si alguien más tiene en su poder
algo como aquello… Dos horas después, el usuario I responde con un escueto
mensaje que pronto pasaría a ser el mantra que introduce la modificación de
signo del Hombre Esbelto: de simple ficción colaborativa y de naturaleza
externalizada, a Objeto Hipersticioso fraguándose en la comarca más oscura del
espacio interior común: «SlenderMan. Existe porque pensasteis en él. Ahora
tratad de no pensarlo»… A última hora de ese mismo día, el hilo en el foro
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dedicado al Hombre
Esbelto es ya un enmarañado collar de cuentas de opacidad variable en forma de
historias ambientadas en un dispar montón de momentos en la Historia que van
desde el año 5000 a. C. al presente inmediato, y empiezan a aflorar los primeros
testimonios de usuarios contando que la noche anterior han sufrido pesadillas
en las que eran perseguidos por SlenderMan…
(Superinfeccioso/Inmortal)…
El prión SlenderMan alcanza velocidad terminal en cuestión de horas: una
extraña partícula infecciosa moviéndose en el seno del fluido infinito del
subconsciente bajo la acción de la fuerza constante de la imaginación sumada a
la inmediatez de los medios de transmisión de la época: el hilo de creación de
imágenes paranormales en Something Awful se escinde y genera media docena más
sólo para aquéllos que desean cederle su aliento al Hombre Esbelto, se contagia
a otros foros como el polémico y depredador de memes 4-Chan, llega a la
Wikipedia, se deforma en un manifiesto que pide borrar los posts originales y
que el ente quede para siempre en la bruma de lo imaginario y nunca concreto,
que se vuelva irrastreable: rapidísimo, se suceden las transcripciones de
entrevistas hechas a víctimas del SlenderMan en comisarías de policía y centros
psiquiátricos, los microrrelatos, las psicofonías y las capturas de audio de
noticieros radiofónicos advirtiendo de los efectos sobrenaturales de la última
incursión del Hombre Esbelto, las especulaciones, los debates y los cruces en
las calles de fábula de la leyenda urbana… El 16 de junio de 2009, a las
19:27h, el usuario JossiRossi comenta: «Creo que alguien debería advertir de
que, cuanto más cerca creas estar de entender al SlenderMan, más errado andas
realmente»… El 17 de junio de 2009, a las 07:20h, el usuario LemoOHnade
escribe: «El SlenderMan se me presentó en un sueño y me aseguró que existía
entre el ‘todo’ y la ‘nada’, y que el tiempo y la materia son como juguetes.
Entonces se desmenuzó en unas minúsculas medusas que se alejaron de mí nadando
y se colaron dentro del radiador en mi cuarto»… El 17 de junio de 2009, a las
08:19h, el
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usuario BooDoug187
reproduce una carta encontrada entre los objetos personales de un recientemente
fallecido operativo del Optic Nerve, la división de operaciones
esotérico-militares encubiertas del servicio de inteligencia estadounidense:
«He leído las notas y examinado los ficheros. No hay modo alguno en la verde
Tierra de Dios de que podamos hacer nada para parar a esa cosa. En todos mis
años trabajando para el Optic Nerve he constatado y probado en innumerables
ocasiones que los supuestos ‘dioses’ pueden ser eliminados. Pero esto…
SlenderMan… No existe nada en ningún registro que indique la existencia de algo
que pueda siquiera herirlo. Los informes de lo usado van desde el fuego de arma
de corto calibre al de artillería (el dossier sobre aquellos artilleros nazi…
eso fue lo que me llevó a interesarme por el asunto), ¡incluso la utilización
táctica de incendios forestales a gran escala fue inútil! Es todo una completa
pérdida de tiempo y recursos humanos. No hay nada que nadie pueda decirme que
vaya a hacerme cambiar de opinión. Por triste y enfermizo que resulte, lo único
que somos capaces de hacer es mantener un registro de los movimientos de esta
maldita cosa. No podemos matarlo. Es jodidamente imposible de capturar»…
(Operador/Híbrido)…
El 18 de junio de 2009, Marble Hornets entra en escena: el usuario Ce Gars
revoluciona Something Awful al contar su experiencia como colaborador, dos años
antes, en la película que iba a ser el proyecto de final de carrera de su amigo
Alex: «Se llamaba Marble Hornets, y creo que trataba sobre un veinteañero que
regresaba al hogar de su infancia y sobre los recuerdos de lo que allí había
sucedido. Era el típico material pretencioso de estudiante de cine, al que
contribuí echando una mano durante unos cuantos días, antes de que comenzasen
las clases en la escuela de verano, y en puntuales ocasiones después. Todos los
participantes en el rodaje parecían entusiasmados con aquello, especialmente
Alex. El set estaba localizado como a media milla de la casa de Alex, apenas a
treinta minutos en coche de donde yo vivía en aquel momento. Era una zona de
casitas de madera. Supongo que diseñada así para darle un aire de sitio poco
poblado, de pueblo pequeño y encantador. La mayor parte de la película transcurría
en exteriores»; «Tras dos meses de rodaje intermitente, Alex abandonó por
completo el proyecto. Me sorprendió muchísimo cuando me lo hizo saber. Le
pregunté por qué y él me dijo que tuvo que dejarlo a causa de ‘condiciones de
trabajo imposibles’ que provocaba el lugar escogido para rodar. Cosa que
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me chocó bastante,
teniendo en cuenta que Alex llevaba viviendo por los alrededores de aquella
zona desde que tenía ocho años y nunca había expresado tener ningún problema
con ello. Lo que resulta aún más raro es que se mostró increíblemente distante
mientras me informaba del asunto. Poco después empezó a evitarme y, por lo que
sé, a evitar también al resto de sus amigos y conocidos»; «Al tratar de retomar
el contacto, cuando tras muchos meses aceptó reunirse conmigo de nuevo, algo en
él me dijo que mi amigo estaba aún peor de lo que suponía. Había perdido mucho
peso y parecía enfermo. Fingí no haberme dado cuenta, y simplemente pasamos el
rato. Justo antes de marcharme, le pregunté por Marble Hornets y por sus planes
para las cintas con el material filmado. Sin dudar un instante, se limitó a
decir que iba a quemarlas. Aquello me cogió con la guardia baja. Cuando le
pregunté por qué no se limitaba a archivarlas para usarlas como rollos de apoyo
para algún proyecto futuro, replicó que jamás quería volver a trabajar con
aquel metraje. Lo dijo completamente en serio. Yo no podía entender por qué
quería deshacerse de su trabajo por completo y sin más. Probablemente no era
tan malo. Así que le pregunté si podía echarle un vistazo. Alex aceptó, pero a
condición de que nunca le devolviese las cintas ni hablase con él de ellas.
Asimismo, trató de disuadirme de que le mostrase las cintas a nadie más.
Aquello me hizo reír, y le dije que por el modo en que hablaba parecía que sin
querer hubiese rodado el vídeo The Ring o algo por el estilo. Ignoró el
comentario y me llevó a la buhardilla donde tenía las cintas. Había montones de
ellas. Al poco, Alex se mudó y no he vuelto a verlo desde entonces»; «Hoy, no
sé por qué, al leer todo lo que comentáis por aquí sobre SlenderMan, me han
venido a la cabeza aquellas cintas. He decidido empezar a repasarlas esta misma
noche. Si no lo hago ahora es probable que no lo haga nunca. Espero encontrar
únicamente una película estudiantil inacabada. Cualquier otra cosa me
inquietaría bastante, la verdad. Si doy con algo que pudiese resultar
interesante, lo comentaré en este hilo»… El primer fragmento de Marble Hornets
es subido a YouTube el 20 de junio de 2009, acompañado de un enlace a la
publicación de Ce Gars en Something Awful. A ese clip le siguen otros ocho que,
enseguida, demuestran que estamos ante algo mayor que una burda película de
terror armada con metraje encontrado: Marble Hornets es una Experiencia de
Realidad Alternativa, un ficción transmediática que se autoconstruye: a las exposiciones
de lo filmado por Alex, que sientan
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testimonio de la
aparición del Hombre Esbelto en el set de rodaje de su proyecto inicial para
acosar al chico hasta llevarlo al borde de la locura, se unen otros vídeos
contando cómo Jay —la persona tras el usuario Ce Gars
— empieza a padecer
el mismo hostigamiento que su amigo desaparecido, así como otras piezas,
adjuntas en el apartado de comentarios de cada actualización de la serie, en
las que el misterioso usuario ToTheArk — quizá un acólito del Hombre Esbelto…
quizá el Hombre Esbelto en su faceta de terrible mensajero— aporta sus propios
registros de las actividades de Jay, al que está filmando sin que éste sepa
cómo… Por añadidura, los clips de ToTheArk contienen pistas ocultas sobre el
SlenderMan, mensajes codificados dentro del vídeo que aportan nuevos aspectos
al mito: explicitan el dominio físico del Hombre Esbelto sobre sus víctimas,
que al entrar en contacto con el ente padecen violentos ataques de tos, esputan
sangre, pierden la consciencia y la noción del tiempo en periodos que van de
las pocas horas a los tres meses y durante los cuales se dedican a actividades
poco usuales en ellos; algunos incluso llegan a adquirir nuevas personalidades
a lo largo de esos episodios, ataviándose con extrañas máscaras y garabateando
de forma compulsiva estrambóticos símbolos, entre los que destaca el signo del
Operador —(x) —, que a la vez dota de aun otra denominación al SlenderMan y
proporciona un a partir de ahora superreconocible sello mágico relacionado con
la criatura y de índole tan opaca como ésta —tanto puede ser usado para
representar al Hombre Esbelto como para invocarlo como para protegerse de él—;
por último, la irrupciones explícitas del SlenderMan en el cuerpo
videonarrativo del relato multimedia que aquí se nos transmite sugieren que el
ente sin rostro podría ser una encarnación del concepto mismo de liminalidad:
afín a las puertas, los portales y los pasajes, el Hombre Esbelto abre caminos
donde antes no los había, atrae a personas a lugares a través de rutas por las
que en principio no se podía acceder a ellos, y aparece en habitaciones en las
que hace un segundo no había absolutamente nada… A Marble Hornets le siguen
otro par de seriales transmedia, también vía YouTube y que, si bien contribuyen
a la popularización del mito, no aportan carga simbólica adicional a éste; son
meros agentes para la viralización del SlenderMan: DarkHarvest00, un videoblog
en el que, a partir de su encuentro con el Hombre Esbelto, dos chavales tratan
de destapar una oscurísima conspiración sectaria que tiene como centro a la
criatura; y EverymanHYBRID, sobre un grupo de amigos
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que deciden
introducir al SlenderMan como meme en una de las entregas de su videoblog sobre
ejercicio físico y salud, para poco después empezar a ser seguidos por el
mismísimo ente e ir siendo imbuidos gradualmente de la locura que éste trae
consigo…
(Viral/Ostensivo)…
Entre junio de 2009 y la tarde de mayo de 2014 en la que Morgan Geyser y Anissa
Weier perpetran el intento de asesinato ritual de Payton Leutner, el Hombre
Esbelto ha aparecido ya en una docena de obras de videoarte, webseries y juegos
de Realidad Alternativa, en tres videojuegos, en dos películas y en cientos de
creepypastas, en miles de fotografías retocadas, y ha influido directamente en
la creación de uno de los más sobrecogedores monstruos aparecidos en la popular
serie de televisión Doctor Who —El Silencio, una orden religiosa que a la vez
es un solo organismo acosador y cuya principal característica es que induce en
sus víctimas una forma pasajera de amnesia que mantiene a sus miembros
continuamente en el plano liminal—, así como en la de uno de los enemigos del
videojuego online masivo Minecraft —bautizado de forma nada disimulada como
Enderman: un ser oscuro, de largos brazos y piernas, que se teletransporta,
roba bloques de construcción al jugador sin motivo aparente, y sólo ataca si se
le está mirando—; el hilo en Something Awful dedicado a SlenderMan ha cerrado
tras dar cabida a trescientas veintitrés páginas de contenido diverso; Marble
Hornets ha finalizado, dejando ochenta y siete episodios, tres medios episodios
y cuarenta y dos vídeos relacionados… A pesar de que Eric Knudsen —la persona
tras el usuario Victor Surge— posee los derechos de autor sobre las
denominaciones «Slender Man» y «Slenderman», y cualquier obra que incluya
alguna de éstas debe por ley ser previamente aprobada por él, los atributos del
Hombre Esbelto han sido limpiamente integrados en el dominio público del
imaginario popular: SlenderMan es una definición ostensiva inversa: no un
objeto creado, preexistente, y que se define a través de una narrativa, sino un
conjunto de narrativas que crean el objeto al tratar de definirlo sobre la
marcha…
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_Caos: Evento:
Extinción: Recarga: Terror
11 de septiembre de
2001: los colores venidos del espacio son sombras, las luces en el cielo
nocturno fingen ser terreno ganado a la oscuridad, estrellas negras se
precipitan girando y girando y girando en el aire desde las torres gemelas que
acaban de recibir el impacto de dos cabos sueltos en la ficción conspiranoica:
se rumorea que, meses antes del ataque, la cúpula militar de la capital de la
cultura occidental de masas mantuvo serie tras serie de reuniones intensivas
con guionistas de cine y teóricos de los efectos especiales, a los que
invitaron a diseñar el escenario apocalíptico más terrible pero que a la vez
diese mejor en cámara pero que a la vez tocase un acorde de llamada a la
batalla en lo más íntimo: en millones de pantallas, las torres caen y Lo Real
se suspende indefinidamente —ningún simulacro vale ya para nada; cualquier cosa
pasa a ser automáticamente imprevista…
Regreso místico al
núcleo de la identidad civilizatoria, toses acompañadas de hemorragias, efectos
del polvo en suspensión, la explicitación de la raza humana como evento de
extinción a través del choque de dos aviones contra los rascacielos simbólicos
de la neurosis capitalista, ganado al matadero de la Historia, alguien afirma
que en el resto del Mundo ya están más que acostumbrados a sacar cadáveres de
debajo de los cascotes —las cabinas de suicidio cultural asistido fueron
instaladas ya hace mucho allá extramuros, donde las señales de radio y las
señales de humo llegan a ráfagas… El terrorismo es desde este momento un
discurso plagado de errores de ejecución y computación y que escapa de entre
dientes cariados: la dentadura torcida y podrida de un Rey de Amarillo, lo
incisivo de los relatos políticamente correctos y debidamente patrocinados
inducidos en los recuerdos que puedan aflorar durante la campaña de regresión
hipnótica: en diferido, a través de un vídeo rodado en visión nocturna, alguien
ve al Hombre Esbelto agazapado en una cueva afgana, sentado solo, sólo sentado,
meditando, atrayendo, carnaza en la línea blanca ininterrumpida desde el fálico
Rey Sol a los pozos petrolíferos y los campos de entrenamiento; dice Kant que
«es el deber de la persona el sobrellevar incluso el más intolerable de los
abusos de la autoridad
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suprema. La razón
para esto es que el resistirse a la legislación suprema sólo puede ser en sí
mismo ilegal e inmoral; de hecho, debe ser entendida como un intento de
destrucción de la constitución legal al completo, porque, de ser tolerada,
debería crearse una ley pública que permita esa resistencia. Esto es, la
legislación suprema debería contener una estipulación que no resultase suprema,
lo cual equivale a que la persona como sujeto sea erigida soberana por encima
de la legislación a la que está sujeta; una auto-contradicción.
Auto-contradicción inmediatamente evidente si nos preguntamos quién va a actuar
como juez en esta controversia entre la persona y el soberano —porque,
jurídicamente, siguen siendo dos entidades morales distintas—; queda claro ahí,
pues, que la persona quiere actuar como juez de su propia causa, lo cual es
absurdo»… 11 de marzo de 2004: para los medios de comunicación, la fusión fría
de las extremidades amputadas que acaban de mostrarnos debería organizar por sí
sola un discurso claro; cráteres de tiempo se llenan de lluvia ácida bajo la
que bailan los especuladores inmobiliarios que han corrido a firmar acuerdos y
derechos de usufructo sobre el suelo circundante al lugar en el que estallase
cada una de las bombas en cada uno de los cuatro trenes —un tic nervioso,
efecto secundario del plan de medicación previo a la operación de cirugía
estética sobre España que se está llevando a cabo desde 1989 y que no, no
genera una mal denominada burbuja sino una estructura disipativa que intenta forzar
la aparición de contexturas coherentes en un sistema sociológico extremadamente
alejado del equilibrio…
Los cantos de las
Híades ibéricas hablan de muchachas adolescentes enterradas vivas durante misas
satánicas, de ancianas que orinan sobre sus perros, de escopetas que descargan
perdigones en la tripa del tonto del pueblo para satisfacer una apuesta, de una
élite de ignorantes tocados por la gracia del relato de resiliencia manejando
los cordones de títere de la intelectualidad patria, de los orbes dorados y
labrados de símbolos indescifrables con los que esa intelectualidad adoctrina a
los clasemediados en el respeto devoto a la legislación suprema: la explosión
no modifica un ápice las posiciones de los actores sobre las tablas; dice Nick
Land que «en nombre de un ultra-imperio al que Kant denomina ‘Reich der Zwecke’
—el imperio de la finalidad—, se supone que lo moral es aquello que puede ser
demandado incondicionalmente por todo ser racional. A la ley de ese imperio se
la conoce como ‘imperativo
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categórico’, lo que
significa una ley enraizada únicamente en la pureza del concepto y, por tanto,
dictada por el monólogo absoluto de la razón colonial. Eso, amigos míos, es
fascismo solipsista»… 13 de noviembre de 2015: esta noche hemos soñado con un chimpancé;
sostenía una pistola, con la que se apuntaba a la sien derecha, y estaba
plantado, quietísimo, en el portal de la casa de Charles Darwin. Con la mano
libre, el chimpancé llamaba al timbre. Llamaba y llamaba y llamaba y esperaba.
Nadie le abría —un flujo informático, especular y superplano, dúctil al segundo
y centelleante por cómo una opinión distinta, no oída el segundo anterior,
detona, y ahí va otra, detona, y otra más, como al tratar de decodificar las
grabaciones de la videovigilancia que le hemos impuesto al sueño… Las
flagrantes ausencias de la lógica y el lenguaje se enquistan en los oídos, no
hay plantilla ni aparato, no hay posibilidad de extractar: sobre qué desgaja al
sujeto: sobre cómo se torna objeto al usar todos sus rasgos como notas para la
percepción de otro objeto sensual, resueltas las tensiones entre Ello, el Otro
y sus partes, extrudidos ambos desde ellos mismos y encontrándose en una
estación metafórica, en un medio vicario, donde están representados, donde el
tiempo se presenta desarticulado por la necesaria reconstitución de la
irrealidad del pasado, la factibilidad del presente y los remanentes del futuro
rebotando hacia atrás para articular el shock: dice Emilia Pardo Bazán que
«encierra el tono de la voz humana misteriosos avisos, que en situaciones dadas
revelan todo lo que oculta el alma antes de que las palabras lo digan»… ¿Qué
significa que la conciencia humana no sea la única, aunque quizá sí la más
compleja, forma de intencionalidad? ¿Quién pone en relación la región del
objeto tal como se manifiesta con la región redundante de nuestra relación con
su manifestación? —aislante. Cerámico…
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La ciencia ficción
verdaderamente riesgosa es aquella que no sólo especula con las posibilidades
del futuro, sino también sobre trayectorias inadvertidas que se fundan en
pasados no tenidos en cuenta, tricotando pasado/presente/futuro en un tejido
imprevisto: en ocasiones parece que el edificio somático de lo que somos, en su
intento absurdo por replicar a los edificios por nosotras creados —las
criaturas de sistema, medida y diseño que nos sirven para extender nuestros
procesos mentales hacia fuera y no mantenerlos cicateramente encerrados en el
cráneo— se agriete de rabia contra el símbolo, corra la tierra y reblandezca
sus cimientos para generar un sentido experimental del contemporáneo, hueco,
fundado sólo en especulaciones sobre el porvenir: sólo un signo amarillo sin
enlace, que detona, también, sólo una imagen onírica sin continuidad; detona,
de la boca del fusil al oído interno, el cuerpo biológico, se hace pedazos por
apliques cibernéticos introducidos a la fuerza, y a la velocidad, el cuerpo social,
se inmoviliza por el miedo, porque el enemigo no puede ser tan estúpido como
para no haberse dado cuenta de que esta cultura agoniza por sí sola, que no es
necesario ametrallarla, ¿verdad?: dice Judith Butler que «una forma de pensar
en ello tal vez llegue con la invención de un concepto de duelo transversal
—considerar cómo se produce la métrica del lamento»… El cuerpo del no-vivo,
organizado de forma urbanística, inmutable y a la vez disperso, vuelto
accesible, primero por la bala y luego por la cámara, cicatrices,
interpretaciones, sesgos, la atemporalidad
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paradójicamente
móvil de la red social como instrumento expresivo, tan poco que decir y tantos
púlpitos desde los que no hacerlo, apenas se mueven las luces, detonan: la
teoría de la conspiración exuda política negra. La opinión pública, nada…
Toda relación
causal implica la constitución de un objeto y tiene estructura de metáfora; la
forma que adopta, en la era del consentimiento, la captura de la sombra de
Nyarlathotep, resistencias y heridas interactúan en una glándula pineal
virtual, ahí, en pantalla tras pantalla tras pantalla. Dos por ciento de ADN
humano en los productos cárnicos procesados para consumo masivo; grasa humana
en el aceite que lubrica los motores del ascensor en el rascacielos; piel
humana, cuarteada, sin terminaciones nerviosas que amplifiquen ninguna
experiencia, entre los engranajes: toda la atención alquilada al autómata,
todas las esfinges que son el mañana impreciso —acerca de qué intensidad es
propia de la tensión entre el objeto, sus partes y sus relaciones. Acerca de
cuántas notas esenciales del objeto sensual serán una función del excedente de
las notas de las partes del objeto real… Supervivencia antropocéntrica. Contra
evolución.— «… Incluso detonamos la primera bomba atómica el día que conmemora
la transfiguración de Cristo, señalando así, aunque fuese de forma
inconsciente, que también nosotros pretendíamos transformar el mundo, sólo que
no a través de la luz sino de la oscuridad… Con una deflagración que ardió a
más temperatura que el mismísimo Sol»… Érase una vez que hubo noticia de
agujeros rutilantes apareciendo acá y allá: al pie de escalinatas, en la torre
del reloj, tras la tapia de determinados descampados, en los callejones
traseros de los gimnasios… No exactamente agujeros negros, sino glitches en Lo
Real. Espacios de vacío —a pesar de que dentro, al fondo, no-brillaban
estrellas negras— autogenerados cuando los materiales mutaron para convertirse
en Lo Material. Agujeros que siempre estuvieron ahí, aunque sólo ahora, con
nuestra conciencia de los nuevos materiales y, al tiempo, con la conciencia de
que Lo Material es a su vez consciente de nosotros, se nos presentan. Son el
mecanismo de defensa de los materiales contra la otra especie superior, capaces
de absorber cualquier objeto… Ciertos individuos, muchísimos, de hecho, no
pueden verlos, o los interpretan como otra cosa; no-agujeros, estrellas
demasiado lejanas sobre fondo negro no relevante, huellas fantasmáticas de lo
que estuvo y ya no está y debería estar… Asimismo, los agujeros son poros en
nuestra (in)capacidad intelectual para
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procesar la
inmensidad de un cosmos irracional, inmanente y ajeno. Agujeros de gusano al
horror cósmico. Agujeros en el discurso único. Agujeros en el flujo informático
y la espuma de acumulación de detalles contradictorios que lo cubre,
demasiados, tantos que no dejan que subamos a la superficie, siquiera eso,
subir a la superficie, hacer un agujero por nosotros mismos, respirar, hacer
agujeros de silencio en el hielo de los datos y pescar… Y así la sombra de
Nyarlathotep quedará libre y los salvajes construirán una catedral allí donde
otras que no somos nosotras afirman que fue vista por última vez…
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CIENCIA FICCIÓN
NEGASÓNICA DE
COMBATE
«máquinas bulbosas
escupen sobre nosotros salvajes tumoraciones. cánceres con forma de chicle.
asaltemos las facultades de medicina en un caleidoscópico intento de acabar con
la actitud gerontocrática. proclamemos la muerte del arte a manos de grumos incestuosos.
incendiemos los centros comerciales y sustituyámoslos por ganglios linfáticos.
derribemos las instituciones ilustradas. inauguremos las instituciones
hermafroditas. implantemos la juventud perpetua como régimen teocrático.
instauremos el futuro infinito. no al bipedismo. no al pulgar oponible. no a
las cacerías de bacterias. no a los safaris de ancianos de movilidad reducida.
no al método científico. todos los métodos serán sistemáticamente abolidos. la
experimentación será inútil o no será. destruyamos la estética. socialicemos
las sustancias lácteas y los hologramas parpadeantemente azules. no a los
animalitos sudorosos. no a las salas de fotocopias. instauremos los zoológicos
de ciervos sintéticos. destruyamos la botánica. nunca nada más será clasificado.
mastiquemos la apocalíptica purpurina. habitemos grotescas madrigueras.
socialicemos los espasmos involuntarios. colectivicemos las infecciones
sórdidas. destruyamos los libros de instrucciones y sustituyámoslos por flemas
fluorescentes. derribemos la Academia. nunca nada más será analizado bajo
criterios blandamente perversos. involucionemos permanentemente. conformemos
una horda de obesos mórbidos. de niños perversos. constituyamos una manada
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de turistas
violentos. instauremos el
delirio grotesco.
proclamemos el
horror cósmico»
Layla Martínez, El
libro de la crueldad.
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_Hiperstición:
mística radioactiva
«En general, el
lenguaje más poderoso y más vivo logra decir cosas sin decirlas: no por un amor
inherente a lo vago y lo borroso, sino simplemente porque las cosas nunca
pueden ser conocidas o abordadas directamente en su repliegue de la mirada
humana. Para llegar hasta la naturaleza oculta de las cosas, la oblicuidad y la
metáfora son herramientas más precisas que cualquier catálogo engreído,
despreciativo y reduccionista de sus rasgos palpables»
Graham Harman,
Objetos, reducciones y contramétodos.
… el trauma y la reversión, Tácticas-K, mezcla
tecno-logística, contemporaneidad, retro-intervención, descripciones que se
expresan como síntomas de una hipotética enfermedad cultural inducida por el
shock por futuro, misiones terminales, la profecía autocumplida, los pulmones
del ciberespacio inflándose y desinflándose e inflándose y desinflándose e
inflándose, sopa cámbrica programada en binario, agentes móviles activos y no
sólo sujetos que sujeten[17], término metodológico para un intento de descripción
de la ingeniería de conceptos responsable de que lo ficticio condicione su
propia materialización…
«El sueño se alza
sobre la realidad y se realiza en ella» Luis Gámez, El libro de las
transformaciones.
… ecosistema en el que algo simplemente
verosímil puede convertirse en verificable previa naturalización de su
veracidad, la autodiferenciación de la materia, el controlador hipertemporal y
metacontextual y autogenerado que se ocupa de mantener el orden en las
jurisdicciones conjeturales de cada versión de Lo Real, monstruosos avatares,
vías de escape de un Destino estático, anomalías temporales y algo que sólo
puede denominarse «recuerdos del futuro», las pistas de despegue de lo relativo
tanto en la
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filosofía como en
el arte como en las telecomunicaciones como en la política, el Régimen Cultural
Especulativo Contemporáneo, proposiciones contrafactuales que pliegan patrones
semióticos y regularidades intensivas en «semblantes de realidad»[18], ejecutante
de la invención de lo insondable, matriz de imposibilidades relevantes que
parir a Lo Real…
«1500. Leviatán.
Centro de Mando: Mediterráneo norte. Área de objetivo: Las Américas. Modo:
mercantil. Oportunismo epidémico, intervención selectiva, asentamiento
colonial.
1756. Capital.
Centro de Mando: Gran Bretaña. Áreas de objetivo: Las Américas, Asia del sur.
Modo: Termo-industrial. Control imperial.
1884. Espectáculo.
Centro de Mando: USA-Alemania. Áreas de objetivo: África, Rusia. Nodo:
periferia. Modo: Electrocorporativo. Sobrecodificación cultural, exterminio
selectivo.
1948. Videodrome.
Centro de Mando: USA. Áreas de objetivo:
Expansión. Nodo:
periferia. Modo: Infosatélite, Supercorporativo.
Programación
cultural, exterminio general.
1980. Ciberespacio.
Centro de Mando: USA-Japón-Alemania. Áreas de objetivo: espacio
extrametropolitano totalizado. Modo: Inteligencia Artificial,
Hipercorporaciones. Neurocontrol al por mayor, exterminio ejemplar intermitente
en formato mediático, biocidio virtual.
1996. Babilonia.
USA-UE-China (Centros de Mando metalocales). Espacio planetario totalizado.
Hipercapital neo-orgánico-fotónico en red. Neuroprogramación. Inteligencia
Artificial. Capital: Medios de comunicación: fusión militar, procesos de
exterminio por entretenimiento constante»
CCRU, Swarmachines.
… exterioridades absolutas, la producción del
sentido identificado en forma de linde entre las proposiciones y las cosas,
superficie metafísica donde los varios modos de relacionalidad adquieren la
capacidad de diferenciarse, lo transversal, las conversiones, las
transgresiones, nihilismo
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post mortem,
mitología heurística, una idea del tiempo como una singularidad: ni el presente
es creado por una teorización de lo contemporáneo, ni el pasado depende de las
cualidades generales de la Historia, el aprovechamiento de materiales
especulativos y desechos filosóficos, el punto último de la Historia cabalgando
ondas de tiempo hacia el efecto en el pasado, dialécticas temporales entre Aion
y Chronos, dilaciones que rajan la Historia, virus que entran en el rizoma del
pensamiento[19], hiperbucles, formas de Vida artificial en una doble vía
electrónica e informativa y que buscan hacerse objetos, civilización maquinal…
«Buscar el empleo
de la Hiperstición con fines morales o políticos es como tratar de invocar a
Cthulhu por el bien de la justicia social, pero sin duda la capacidad de ésta
para la creación de escenarios que propongan un futuro mejor resulta de lo más
tentadora»
Rob Myers,
Accelerationist Art.
… Ciencia Ficción Negasónica de combate que se
hace filosofía, experimentos mentales protagonizados por barro pensante que
proviene del futuro, videntes previendo su propio nacimiento, ciclos de
absurdas reencarnaciones en un programa informático, el arribo al Punto Omega
desde el mismo día en que es posible pensar en el Punto Omega, sincronía con el
tiempo muerto, la oscuridad que siente, la semilla que formula abstracciones,
un desembarco en las costas del desorden, el caos siendo huecos en el psiquismo
colectivo humano, los regímenes de seguridad al disolverse, los materiales
anónimos, mutaciones del orden social más que perceptibles, la simulación
desnaturalizada de forma retroactiva, el universo compacto del significado y de
la narración, descentramiento,
identificación
simbólica, filtro médium[20], transferencia tautológica, el jeroglífico
alienígena que somos al suspender el prejuicio de Lo Real, las dominantes de la
idea y el ápeiron, sus tensiones, pantallas de tiempo espectacular…
«Hay una curiosa
convergencia de los más modernos nihilismos (cada vez más místicos y
sepulcrales) con los planteamientos filosóficos ancestrales de las religiones
más antiguas, cuya
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profundidad y
sabiduría pragmática sólo ahora empezamos a poder evaluar. Y es que
‘hiperstición’ es la puesta al día de aquel aforismo del evangelio de San Juan
que identificaba a Dios como una narrativa en acto, ‘El verbo hecho hombre’, o
la arquitectura de la realidad como resultante de un discurso performativo que
se autorrealiza, frente al modelo representativo que presentaba al hombre como
‘imagen y semejanza’ de la esencia divina»
Observer, Nick
Land: Aceleracionismo e Hiperstición.
… emparejamiento diacrónico de velocidad
tecno-económica-social y metodología ocultista, la idea es una dinamo dedicada
sólo a la propulsión, autómatas estafadores, anomalías materializadas, estética
epistemológica desbocada[21], entidades híbridas, canales capaces de ser
catalizadores de subversiones de lo dado por sentado, transmemética, una
aceleración punta hacia la racionalización, la idea-software descargada a los
servidores principales de la cultura a través de redes de múltiple sentido,
flujo incipiente de energías socioculturales no localizables, la imposibilidad
de pensar en el orden del Capital pues es el Capital el que nos está pensando a
nosotras, poética de la invasión y no de la expresión, contraidentificación de
la sensibilidad estética, camuflaje, complejo-agujeros, criptografía,
cibertexto, proceso algorítmico…
«El hipercaos
entonces no sería sólo una convención teórica, una especulación filosófica de
cierta belleza capaz de dar alas a ciertas disciplinas científicas, sino que
también tendría un uso radical para el ser humano en sí: concebir cómo podría
ser nuestro mundo si hubiera sido de otro modo; el artista es, en cierto
sentido, un espeleólogo del acontecimiento posible: explora y nos presenta del
modo más sencillo, claro y evidente los límites de lo pensable en algún
estricto nivel de lo real. Es por ello que toda obra de arte nos habla siempre,
con necesidad, de aquello que ocurre en nuestro mundo, pues aunque del mundo
que nos hable jamás sea nuestro propio mundo —aún incluso en el caso de que sea
un mundo exactamente igual al nuestro— lo que ocurre en ese otro mundo, en esa
ficción, nos afecta en el nuestro propio. Esto es la hiperstición»
Página 94
Álvaro Arbonés, El
(hiper)caos reina
la realidad de todo
mundo posible.
… indicativos del arsenal oculto-formal de las
nuevas posibilidades de la tecnología para el viaje en el tiempo,
comunicaciones médium digitales, obicuidad, el dato crudo que aparece cuando se
friegan con fuerza las capas superiores de semántica, privilegio de la
experimentación formal sobre la preservación humana, la técnica de lo
inhumanista, automatización de la decadencia de lo humanista, fatal alteración
de fase, la noche eterna del dato, los símbolos son comandos en los que
codificar potencias, la Hiperstición…
Página 95
_Cthulhuceno: el
Cíborg:
el Transhumano: el
Monstruo
Una de las escuelas
de pensamiento de mayor calado sobre el hecho cultural occidental
contemporáneo, y que ha llegado a ser una verdadera filosofía genérica asociada
de forma covalente al Capitaloceno y cómplice legítimo de éste, es el
autodenominado Posthumanismo Especulativo.
Partiendo del
planteamiento ético de que la naturaleza humana no sólo puede sino que debe ser
alterada por medio de la tecnología, y que lo más probable es que esos aumentos
y mejoras conduzcan a la mayoría de individuos hacia una vida mejor, los
principales representantes del movimiento —entre los que destacan el escritor
Vernor Vinge, el inventor y empresario Ray Kurzweil y el investigador Hans
Moravec— argumentan que la convergencia con las tecnologías NBIC
—Nano/Bio/Info/Cogno: Nanotecnología, Biotecnología, Informática y Ciencia
Cognitiva— no sólo potenciará la inteligencia humana, sino que traerá el
surgimiento de seres con capacidades intelectuales sobrehumanas y, en base a
una regla hipotética según la cual el diseño de una inteligencia es en sí el
producto de una inteligencia, y por tanto una superinteligencia será capaz de
diseñar una aún mayor, y ésta una aún superior y así sucesivamente, de mejora
recursiva en mejora recursiva, lleva esa progresión exponencial a un límite
crítico conocido como Singularidad, en analogía con la singularidad
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espacio-temporal
teórica que se daría en los agujeros negros: un acontecimiento futuro en el que
esta evolución dará lugar a una inteligencia tan avanzada que ningún ser humano
anterior a dicho acontecimiento podrá comprenderla… El Posthumanismo Especulativo
afirma —a la vez que advierte—, en conclusión, que los descendientes de la
humanidad actual podrían dejar de ser humanos en virtud de un historial de
alteraciones técnicas —siendo aquí esa noción de descendientes tan amplia que
las entidades que así pudiesen ser definidas comprenderían tanto a literales
sucesores biológicos del hombre como a seres resultantes de actividades
puramente tecnológicas como inteligencias artificiales, formas de vida
sintéticas o mentes descargadas en organismos mecánicos —, y admite, a pesar de
lo contradictorio con sus fundamentos que esto resulta, que ello no implica
necesariamente que el ente posthumano vaya a ser una mejora de la naturaleza
humana, ya que bien podría no existir una escala de valores en la cual la vida
humana y la vida posthumana puedan ser puestas en comparación… Llegados al
extremo del punto de fuga posthumano, de la no-humanidad absoluta, no puede
asumirse que la Vida posthumana vaya a ser prospectivamente evaluable; es
decir, estimable y calculable desde una perspectiva de prospección humana… El
ya mencionado Vernor Vinge pone como ejemplo y ejercicio intelectual de esto
último el que una máquina superinteligente podría fácilmente carecer de
conciencia de sí misma como sujeto persistente de la experiencia, por lo que
ésta no sería contenible dentro del marco clásico humanista de lo que
entendemos por Bien y Mal, presuponiendo que esa abstracta alteridad posthumana
especulativa se adecuaría a una fenomenología similar a la humana, al tiempo
que asume la existencia de un límite último para la cognición y el conocimiento
humanos, equiparable al abismo existencial entre la capacidad de saber y el
saber en sí mismo…
… ¿Y si reconociésemos la inconmensurabilidad
del pensamiento y el ser, la imposibilidad de que ambos se interrelacionen de
manera conveniente, ese espacio concreto, ese proverbial abismo de desesperanza
entre uno mismo y el vasto universo, como una sustancia cósmica en sí misma, de
pleno derecho, fluyendo por el canal abierto entre el pensamiento y Lo Real? ¿Y
si los límites del conocimiento, a los que la humanidad puede apenas acercarse
de forma virtual y mediante las tácticas y operaciones de la negatividad y el
horror —los grados del miedo a lo desconocido, la angustia al vacío…—, fuesen
de hecho una cortina de
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desolación por
definición que sólo puede ser traspasada por inteligencias metonímicas —formas
inhumanas, estructuras materiales posthumanistas…—, confundidas y
semiconscientes?
En oposición a esta
línea argumental futurológica, y derivado desde el Objeto Hipersticioso
Tecnogénesis —la re-descripción del humano como híbrido humano-máquina
perpetuamente actualizable— para cuestionar hasta los cimientos las propuestas
posthumanas especulativas, surge lo que ha dado en llamarse Transhumanismo
Crítico, una anti-filosofía genérica que entiende que habitamos sistemas
culturales tecnovivos y utiliza la metáfora del cíborg para indicar que tanto
nuestros cuerpos como nuestras identidades —especialmente en relación al
género, a la sexualidad y a la raza— son productos de complejas tecnologías
biopolíticas y que los poderes mentales de la deliberación, la inferencia, la
consciencia y demás ya se encuentran distribuidos en redes biológicas endógenas…
En los términos de María Eugenia Esté —filósofa y presidenta de la Fundación
Tecnohumano, dedicada al estudio, difusión y concienciación de las
intersecciones entre ciencia, tecnología y sociedad—, esta ontología cíborg
sirve a la liberación del edificio exosomático del hombre de las coacciones
originarias de lo biológico… Mediante la propuesta narrativa de la
tecnogénesis, las especulaciones al respecto de la humanidad siendo trascendida
por entes post-mortales, incorpóreos e incomprensibles, de repente, se vuelve
tremendamente ingenua. El posthumanismo no significa, pues, el fin de la
humanidad, sino el de la concepción del humano como autopresente, como agente
autónomo que tan bien ha servido a esa fracción de la humanidad que detenta las
suficientes riqueza, poder y espacio de esparcimiento filosófico para
conceptualizarse a ellos mismos como seres autónomos, discontinuos con respecto
a su entorno, ejerciendo su voluntad a través de la agencia individual y de
elecciones… La poderosa metáfora del cíborg humano permite desestabilizar las
oposiciones binarias entre identidades políticas atrincheradas en prejuicios, y
tomar nueva conciencia de nuestra responsabilidad última en el proceso infinito
e inalcanzable de perfeccionamiento humano; debilita formas precedentes,
anquilosadas en su interrelación y demostradamente poco hábiles, de
organización biopolítica como el liberalismo, el capitalismo o el
heteropatriarcado y, sobre todo, aligera de ansiedades las formulaciones
prospectivas sobre el posthumanismo, que quedaría sólo como un
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necesario y sano ir
más allá de un humanismo clasicista claramente ineficaz a la hora de encarar
los retos que nos depare el futuro…
… Cuando la canción gutural vaya a reivindicar
paz duradera en los espejos deformantes de la terapia, tus libaciones, tus
demandas de asilo, van al extremo de que todo lo que sabes es mentira, el
estudio de tus padres no sirve a las leyes de fuera, que cincelan y ensucian y
fuerzan el ciudadanismo, es más bien un evento fronterizo que una época como la
extinción K-Pg, la extinción Cretácico-Paleógeno, otra mutación del espeso
Kainos, ya está llegando, la única pregunta es: ¿la brevedad de este evento
fronterizo Antropoceno / Capitaloceno / Plantación-ceno se debe a que la doble
muerte reina en todas partes, incluso en las tumbas de los Anthropos y su
parentela, o a que las entidades multiespecies, incluyendo a los seres humanos,
forjaron en su momento alianzas sólidas y duraderas con las potencias
generadoras del Chthuluceno para provocar el resurgimiento y la curación
parcial ante la pérdida irreversible, de modo que seres-en-el-mundo de nuevo y
viejo tipo pudieran echar raíces? Compost, no posthumano, no usaron información
en ti, sujeto experimental, se cambia por la torre en el vaso comunicante
hendido en el capilar suelto de dilemas en la chica que medita a toda prisa
ante la llama titilante, como un demonio de Maslow a escala planetaria y aun
así se empeña en replicarse en lo minúsculo, se cambia aunque el cambio resulte
imposible, al necesitar quedarse aquí en la mano y ayunar y formalizar sus
ideas ausentes, el garrote de ideas, opaca a la Historia de las ideas en el
momento escatológico de dos realidades superpuestas, generadas en la
servidumbre simultánea a dos amos, queridos deflectores en desambiguación
general, la Historia del origen de todo no nos incluyó, la del fin debería
subsanar esa desconsideración…
Como extensión al
Transhumanismo Crítico y en jaculatoria extrema dedicada al Primigenio Ctónico
que aguarda y mastica en la línea de meta de la narración histórica humana,
Donna Haraway —bióloga, teórica del feminismo y de la tecnociencia, y madre y
primera espada de la ontología cíborg— llama al reconocimiento de una edad
geológica que está a punto de suceder al Capitaloceno mediante un acelerón aún
más drástico que aquél con el que el Capitaloceno sucedió al Antropoceno: el
Cthulhuceno… Haraway sugiere que deberíamos pensar la distinción entre Holoceno
y Antropoceno a partir del espacio de refugio —explícito o figurado—
disponible: durante la época de incidencia drástica del hombre
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sobre la biosfera,
aún quedaba cierto margen para el establecimiento de esos espacios, ciertos
ecosistemas aún poseían la capacidad de reconstruirse, ciertas especies
animales aún podían encontrar asilo y recuperarse antes de ser extinguidas por
completo; la biodiversidad aún podía permanecer relativamente poco amenazada a
pesar de los ataques contra segmentos concretos de ésta. Estos refugios
desaparecen al llegar al Capitaloceno. Ahora los ecosistemas y las especies,
incluyendo esta vez al ecosistema humano y la especie humana, no disponen de
tiempo ni espacio de reposición, y es por eso que se impone conceptualizar una
especie de monstruificación que favorezca que este estado de sitio sin refugios
a la vista dure lo menos posible, evocar para ello y por absoluta necesidad la
forma más nihilista e inhumana de los mitos lovecraftianos… Donna Haraway dice
que «el término viene inspirado por los diversos poderes y fuerzas tentaculares
terrestres, por nombres como Naga, Gaia, Tangaroa, Terra, Haniyasu-hime, la Mujer
Araña, Pachamama, Oya, Gorgo, el Cuervo, A’akuluujjusi»… Ficciones funcionales
que se conceptualizan en la mezcla total de lo humano y lo no-humano, en el
ensamblaje de múltiples especies y organismos tanto biológicos como sintéticos
y prostéticos en un solo ser… «La complejidad es imposible sin infección»… El
Cthulhuceno, idealmente, debería ser un paradigma en el que el monstruo surgido
de la alianza interesada —y desde una reconocida igualdad de condiciones que
equipare el objeto humano a cualquier otro objeto, sin sujeción a rangos— con
el hongo, el silicio, la bacteria, la informática, la savia y el mito, una
activación consciente de la asunción de que el individuo, el objeto, —de
cualquier especie, de cualquier signo—, no es discontinuo y estanco, sino
amorfo, poroso y liminal, sin áreas claras de principio y final, un mismo ser
conformado por múltiples organismos en simbiosis… «El Chthuluceno no es nunca
uno; siempre es sim-chthónico, no auto-chthónico; simpoiético, no autopoiético.
Todas aquéllas que nos preocupamos por la regeneración, las conexiones
parciales y el resurgimiento debemos aprender a vivir y morir bien en los
enredos de lo tentacular, sin estar siempre buscando cortar o unir lo que
molesta. Los tentáculos son antenas; están llenos de aguijones; saborean el
mundo. Los seres humanos están dentro del holobioma de lo tentacular, y los
tiempos de extracción y consumo de los Anthropos son como las plantaciones de
monocultivo y las esteras de limo donde antes florecían bosques, granjas y arrecifes
de coral que se aliaban con materialidades y
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temporalidades
micóticas de muy diferentes maneras»… Filosofía de compostación, una
composición y descomposición constante de una totalidad que estructure y aloje
en su seno nuevos espacios y tiempos de refugio… «La Extinción ya no es una
metáfora»…
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_K: Persistente
revolución electrónica:
Hielo intravenoso
del futuro:
Neuro-arquitecturas
aberrantes
El Hombre Esbelto
aparecido en el cuarto de estar de Bensalem al-Jabri toca el hombro del
filósofo. El gesto abre un portal que desintegra al ente y transporta a las
tres facetas de la víctima —el cuerpo astral de al-Jabri, el cuerpo físico de
al-Jabri y el cuerpo ficcional de al-Jabri… Unidad cíborg de texto, máquina y
metáfora, teorizados e inmersos en términos de comunicaciones— a un túnel de
Realidad en avanzado estado de degradación, un óvalo fuera del tiempo y el
espacio, de la Vida y del Mundo, compost neurolingüístico burbujeante y
esférico que al filósofo sólo le está permitido recorrer en línea recta, pues
ha llegado aquí con un misión muy clara, sugerida por la cenefa y refrendada
por el Hombre Esbelto: debe perseguir a la proyección fantasmática de Anissa
Weier y Morgan Geyser, siluetas-virus inoculadas al Hielo que cubre el Mundo al
final de la Historia en la novela de Anna Kavan, hasta el aberrante recinto de
exclusión apocalíptica de Le ParK… Bensalem al-Jabri jamás alcanzará a las
chiquillas, eso ha sido decidido de antemano, pero por el camino debería
encontrar un modo de superar la última fase de su recién descubierto
inhumanismo y, con suerte, roturar con sus pasos un sendero que genere nuevos
refugios conceptuales para sus lectores —esto es, no los lectores de las obras
de al-Jabri, sino del en-sí antifilosófico del filósofo… Le ParK, según la
Táctica-K periodística perpetrada por Bruce Bégout al respecto del sitio, es un
parque de atracciones absoluto, una aglomeración de todas las formas posibles
en que podría manifestarse un parque, de manera no compartimentada y carente de
limitaciones, sin fronteras artificiales que lo cerquen, una cárcel, un campo
de exterminio y un circo, una tecnópolis y un carnaval perpetuo, un zoológico,
una feria y un bosque maravilloso, una guardería y una residencia de ancianos;
situado en una isla privada y del tamaño de una inmensa metrópolis, el parque
es producto de la alianza del multimillonario ruso Kalt —Frío— con el
neuro-arquitecto Litch —Luz—, quienes pretenden ofrecer a la
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selecta élite que
pueda pagarse el acceso a él un recinto post-entretenimiento como una utopía
totalitaria en pos de un futuro que cambie el ocio banal e insípido por el
horror sublime y la deshumanización radical, un lugar «sorprendente, horrible,
indignante, maravilloso, capitalista, totalitario, impío, desquiciante,
ciclópeo, innoble, americano, utópico, delirante, místico, asqueroso,
elocuente, ultramoderno, inquietante, impresionante, vulgar, nihilista,
estúpido, mágico, profético, extraordinario, abyecto, actual (…) existe, y es
exactamente como aparece ante nuestros ojos. Ni más ni menos. Además, perdemos
el tiempo si tratamos de obviar que los resplandores efervescentes de esta
arquitectura imaginaria son otra cosa que las terribles revelaciones susurradas
a una oreja inquieta por la voz cavernosa de un ser maléfico»… Una estructura
disipativa contenida en un Mundo que, como cuenta Kavan, ha sido devastado por
nada en concreto, nada que nos esté permitido conocer, y en el que ya sólo
caben personajes sin nombre persiguiéndose sin descanso a través de países
inconcretos e interzonas de amnesia, rechazándose mutuamente y huyendo y
huyendo y huyendo en espiral; el hielo avanza inexorablemente desde el norte
para cubrir el planeta en su totalidad, y lo único que cabe ya es soñar con
extintas razas de lémures cantores… Aquí, Anissa Weier y Morgan Geyser son las
víctimas físicas y psicológicas de un Magistrado sin rostro, alto y de largas
piernas y brazos, vestido a perpetuidad con un elegantísimo traje hecho a
medida y estratégicamente recortado para permitir la adecuada movilidad de los
tentáculos que le brotan de la espalda; un ser por encima de cualquier juicio o
ley… Al-Jabri, de algún modo, se deleita desde la lejanía en el abuso, aprieta
los párpados para que la vista vadee el parche de vaporosa distancia que le
separa de las chicas y se pregunta si el Magistrado no será otra arista de sí
mismo en un holograma que represente lo que llegaría a pasar si se le
concediese darles alcance y, después, amordazar todo condicionante moral por el
bien del espectáculo y el simulacro de advertencia retrospectiva y desde la
lejanía hacia el Bensalem al-Jabri que persigue y persigue y persigue… El
Mundo, hielo en las venas de la Historia… «Ahora uno de sus habitantes parecía
estar junto a mí. Me sonrió, me tocó la mano y pronunció mi nombre. Tenía un
rostro sereno y ecuánime, de una inteligencia intemporal, rebosante de buena
voluntad, ajeno a cualquier forma de doblez. Me habló de la alucinación que
suponía la noción espacio-tiempo y de la unión de pasado y futuro, de modo que
cualquiera
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de los dos podía
ser el presente, y accesibles todas las edades. Me dijo que, si yo quería, me
llevaría a su mundo. Sus semejantes y él habían visto el fin de nuestro
planeta, el fin de la raza humana»… En la zona de descompresión y cacheo de la
antesala al parque de atracciones en el que esperan poderse quedar a jugar para
siempre, las dos muchachas son el palimpsesto vírico para el que William S.
Burroughs pergeñase su Revolución Electrónica: dos cuerpos y dos sistemas
nerviosos rehaciéndose en la ficción para acceder a otras formas de
decodificación de la Realidad; el arquetipo virus como forma básica de la
sociedad de la información y que desgarra la sintaxis de la Vida en ese hecho
social, arquetipo caracterizado en dos niñas como dos mitades del taijitu
lóbrego y de instintos esencialmente asesinos que recuerda cómo el caos —
espontáneo, ilógico, sin credo o ideología, subconsciente y desconocido; el
registro a trompicones de los hechos y andanzas de Anissa y Morgan la tarde del
31 de mayo de 2014, contaminado por las interferencias que el Objeto
Hipersticioso provoca en los aparatos narrativos al aterrizar en el centro de
ello— opone líneas cortadas y condiciones asociativas rotas al Control férreo
que conforman los medios de comunicación fácticos, la opresión gutenbergiana y
los ejercicios de poder de falsa bandera de los conglomerados
tecno-capitalistas. A través de las muchachas, Burroughs asegura a al-Jabri que
«empezará a ver con agudeza y claridad que había un velo gris entre usted y lo
que veía o más a menudo no veía ese velo gris eran las palabras pregrabadas de
una máquina de control una vez retirado el velo verá con mayor claridad y
agudeza que los que están detrás del velo haga lo que haga lo hará mejor que
los que están detrás del velo ésta es la generación invisible es la generación
eficiente ponga manos a la obra»… El filósofo sigue a las chicas hasta el
Cabaret de las Utopías Perdidas en Le ParK: aquí Anissa y Morgan participan de
forma vicaria, a los mandos de sendos videojuegos en red y montajes de Realidad
Virtual, en la ejecución de un atentado terrorista y el desarrollo de una
revolución en un país pobre bajo el yugo de un dictador; juegan a crear células
clandestinas, a redactar panfletos y a fabricar bombas. De ahí pasan al
Reptiliarium Inc, un terrario fusionado con un moderno y dinámico edificio de
oficinas, en el que asisten fascinadas, con el rostro pegado al cristal
antibalas de las paredes, al ataque de una anaconda sobre uno de los empleados
del parque que iba camino de la fotocopiadora —¿son los trabajadores y
figurantes de Le ParK en realidad reclusos condenados a
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trabajos forzados y
a la espera de la pena de muerte, que para ellos estará revestida de exhibición
elitista y significativa de las ruinas de la moral en el descampado de la
civilización? ¿En qué consiste el Factor E al que durante el reportaje que
desvela la estructura del sitio se hace mención constante, la fórmula mágica
que transforma la truculencia en espectáculo y viceversa?—; los compañeros del
sufriente oficinista hacen caso omiso de los gritos de dolor de éste, siguen
produciendo, siempre produciendo, al ritmo que marca la empresa madre. Las
muchachas echan a correr de nuevo. Cabalgan espermatozoides furiosos en el
Teatro del Útero; recobran el aliento en el Barrio de los Solitarios, esa
diminuta ciudad ocupada únicamente por hombres aislados y autosuficientes; se
burlan de la única obra en la única sala del Micromuseo… Dice Bégout que «Le
ParK es la solución al control de las masas. El control de las masas a través
del entretenimiento: ése es el nuevo totalitarismo. Por eso los políticos ven
ahí un laboratorio para ejercer su poder. Ellos saben que no pueden controlar a
las masas sólo con policía: tienen que crear unas nuevas estructuras, y ahí
entra Le ParK»… Fuera, nadie explica a al-Jabri la catástrofe que asola la
Tierra; tampoco se le explicitan los motivos tras los actos del Magistrado en
asociación sadomasoquista con Anissa y Morgan. Sólo hay imprecisión y absurdo y
dudas sobre la naturaleza de la Realidad, las alucinaciones del narrador y los
desvaríos sobre el hielo omnipresente, el color azul, el plateado, el violeta,
el rojo y el negro, la Vida reducida a cristales… «En vez del cielo nocturno
conocido, la aurora boreal formaba un techo resplandeciente y vibrante de frío
y color intenso, debajo del cual la tierra quedaba atrapada con todos sus
habitantes, cercada por los infranqueables y relucientes acantilados de hielo.
El mundo se había convertido en una cárcel polar de la que resultaba imposible
escapar, todas sus criaturas atrapadas tan irremediablemente como los árboles,
ya sin vida dentro de sus resplandecientes corazas»… Anna Kavan —seudónimo de
Helen Woods— nace en Cannes, Francia, en 1901. Hija de burgueses británicos, el
padre se suicida cuando ella cuenta sólo trece años. Helen viaja mucho, publica
algunas novelas románticas y ejerce también como pintora y decoradora. Es
ingresada en dos ocasiones en un psiquiátrico; trata de suicidarse tres veces
—al poco de su segundo divorcio, cuando su hijo muere en el frente de la II
Guerra Mundial y tras el fallecimiento de su mejor amigo. Durante los treinta
últimos años de su vida es heroinómana. Ahora se llama Anna. A los 67 años, la
encuentran
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muerta en su casa
junto a una jeringuilla todavía llena… Besalem al-Jabri queda anonadado al
comprobar el parecido entre el rostro de esa Helen Woods, en cuyo cráneo hueco
se encuentra atrapado, y las facciones traslúcidas y trastornadas de Morgan
Geyser al ser combinadas con las de Anissa Weier por el filtro de retoque imágenes
paranormales del programa de Realidad Aumentada que el entorno de Hielo le
impone al Mundo… El Magistrado lleva de la mano a las muchachas hasta su
mansión en un bosque congelado, pero resulta que la gran casa que anhelaban no
es más que una autocaravana roñosa y ambas empiezan a estar demasiado
asustadas. Al-Jabri ve desde la lejanía cómo las dos tuercen la cara en una
mueca de disgusto cuando el ser les muestra los tentáculos erectos, alzados al
techo oxidado del perverso nidito de amor; cómo el Magistrado las ata de pies y
manos a una mesa de formica; cómo las desnuda a tirones y golpes y desgarros y
gomas dadas de sí y cremalleras melladas; cómo las vulvas de las niñas se abren
por arte de sucísima prestidigitación para recibir a los tentáculos en sus tersas
antesalas; cómo son penetradas; cómo el ser cambia los tentáculos por un dildo
y azota las nalgas de Anissa y Morgan hasta trazar en la piel una red de
autopistas carmesí; cómo el Magistrado cambia el dildo por un botellín de
cerveza de cuarto de litro… Anna Kavan escribe en un espejo… «Las escasas luces
tenues revelaban las formas de las ruinas, transfiguradas por el espeso manto
blanco, ocultos los pormenores de la destrucción, velados los contornos y
borrosos. A consecuencia de la densa nevada, todas las estructuras aparecían
privadas de solidez y de localización precisas; volví a experimentar la
sensación de un escenario hecho de nylon, sin nada detrás»… En la interzona, el
lenguaje es literalmente un virus que afecta al hombre y su experiencia: el
Watergate, el temor a la escalada atómica, el fantasma de las manipulaciones
mediáticas subliminales, los experimentos secretos de la Agencia Central de
Inteligencia durante la guerra fría, lo sintetizable en un Karaoke de paranoia
de primer orden sobre el Mundo… Burroughs capta el contemporáneo, intuye la
esencia de los virus informáticos y el concepto de viralización tan presente
hoy en Internet, comprende la creciente manipulación de la información
disponible al sujeto pedestre mediante su cuestionamiento revisionista o su
edición: fotos trucadas con Photoshop, remixes y mash-ups en YouTube,
fan-fictions, creepypastas, hoaxes, cadenas de correos… «Yo traté de introducir
a través del cut-up el montaje en literatura. Creo que está mucho
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más cerca de
reflejar los hechos de la percepción humana que la mera linealidad. Por
ejemplo, si usted sale a la calle, ¿qué ve? Ve coches, fragmentos de gente, ve
sus propios pensamientos, todo mezclado y sin solución de continuidad»… El
recorte de la Realidad construye una alegoría de la Realidad. La totalidad es
tan abrumadora que no muestra nada. En el recorte se da lugar por fricción a la
grieta, al refugio… En el recorte, Bensalem al-Jabri salta fuera del tiempo
muerto…
(«En esta época
nuestra de sobrecarga informativa, cuando podemos obtener la respuesta a
cualquier pregunta con sólo pulsar un botón e incluso las estrellas más
distantes ya no nos parecen tan lejanas, el Hombre Esbelto es la representación
de nuestras deficiencias intelectuales. Independientemente de cuánto hayamos
aprendido sobre el universo, no existe nada que nos ayude a comprender algo
innatural y tan completamente extramundano»).
Bensalem al-Jabri,
Homo Tenuis en el cuadro sintomático de un Mundo-Templo en crisis, salta al
estado atemporal de las cosas como collage absurdo y polisémico, propuesta
impensable en el túnel de Realidad polisémico de la crisis del tiempo muerto en
cuadro de experimento mental que prevé su propio nacimiento en el Mundo-Templo
del caos siendo huecos en el psiquismo de hologramas parpadeantemente azules y
regresa a los materiales anónimos del estado atemporal absurdo en crisis del
Mundo-Templo, al universo compacto del significado que colectiviza las
infecciones sórdidas por las que la Realidad cibernética lo prevé, Bensalem
al-Jabri collage que regresa a la semilla que formula abstracciones en el
tiempo muerto con las muchachas anónimas, material de ficción-caos polisémica
de la singularidad tecno-capitalista del salto al tiempo muerto del
Mundo-Templo en parpadeantemente hueco de la semilla de psiquismo, salta de
regreso, de la semilla-caos al tiempo polisémico y sórdido de los materiales
hologramáticos, psico-colectivizados, de regreso a su nacimiento experimental y
anónimo siendo hueco en el holograma, muerto el estado de absurdo de la
Realidad sintomática que se compacta y se compacta y se compacta y se anonimiza
en la mente-crisis del universo Bensalem al-Jabri como sólo una cosa en crisis
de tiempo, cosa Bensalem al-Jabri formulada para el nacimiento abstracto y
cibernético y tecno-capitalista-anónimo aunque salta de un estado-Mundo a un
estado-Templo, y ahora el salto se completa y el
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Mundo-Templo
aterriza en los materiales psíquicos de Besalem al-Jabri, Homo Tenuis.
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OCULTISMO NOUMENAL:
SEIS TEXTOS SOBRE
PSICODELIA OSCURA
La Forma Inhumana:
(Recuperado de una entrada en el blog del autor:
https://fjotap.wordpress.com/2015/07/18/la-forma-inhumana/)
Sed Contra:
(Recuperado de una entrada en el blog del autor:
https://fjotap.wordpress.com/2015/07/21/sed-contra/)
Bienes Dañados:
(Recuperado de una entrada en el blog del autor:
https://fjotap.wordpress.com/2015/08/28/bienes-danados/)
Siempre hay un
faro: (Publicado originalmente en Láudano Magazine, 06/09/2015)
Siempre hay una
ciudad: (Publicado originalmente en Láudano Magazine, 14/09/2015)
Siempre hay un
hombre: (Publicado originalmente en Láudano Magazine, 20/09/2015)
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LA FORMA INHUMANA
El futuro de los
materiales es unificarse en el campo de lo material, desactivar la frontera
secular entre lo vivo y lo inerte; piedra líquida, espuma de metal, fluido de
madera, vapor de plástico… Los antiguos elementos de composición por ensamblaje
(armazón, cubierta, aislantes o pavimentos como entidades diferenciadas) podrán
dar paso a nuevos artefactos en los que lo formal y lo funcional se articulen
de manera indistinta, una vez hayamos cedido la palabra en telepatía sintética
a las cosas.
Dicen: «La
tecnología nos permite descubrir ciertas dimensiones ocultas de la naturaleza,
al tiempo que nos aleja de ésta».
No. En realidad, lo
que nos proporciona es acceso cada vez más cercano a los límites de la
naturaleza y nos libera de los ritmos naturales. Así, gracias a la revelación
de esas dimensiones, hoy sabemos que han sido grandes Eventos de Extinción los
que han dado forma al planeta… La Tierra, uno de los Primigenios principales,
el cíborg total, un compuesto de biología y tecnología que ha servido, en los
últimos tres millones de años, de plataforma de lanzamiento de nuevos cíborgs…
Sabemos que son las potencias cósmicas, los efectos geológicos y las mutaciones
evolutivas las que han llevado al planeta al punto exacto en el que se
encuentra.
Nosotros mismos,
como amalgama absoluta de biología y cultura, somos el último, el más nuevo
Evento de Extinción.
La forma inhumana…
posthumanista, anticonvencional…
Página 110
… Armada a base de
prótesis de ficción.
en Mil Mesetas, en
lo que Brassier describe como manotazos que vinieron a continuación, en los
inconscientes materiales thanatrópicos, de su estómago reptamos por la
trampilla a la inevitabilidad de la esquizofrenia
cósmica, en sus
colegas, más que la mascarada de la que se sirve La Bella, están algunos
periódicos haciendo referencia a la izquierda parlamentaria, la disolución en
máquinas de silicio, bacterias, rayos cósmicos, en postulaciones continuas que
son la historia del universo y, tras lo impersonal, lo colectivo, lo social, lo
inevitable, nos parece que esta lucha ha tenido características de
autodeterminación.
Admitir la
condición de Evento de Extinción, superar el «shock por futuro», formular
nuevas ficciones, nuevas historias que nos guíen hacia el porvenir… La
actualización de lo real se da gracias a cómo nos relacionamos con la ficción,
cómo invocamos al plano material algo que en principio es exclusivo de la
esfera de las ideas; ¿y si, ahora que gracias a esa facultad inherente al
cíborg humano que es la capacidad para el raciocinio y el análisis y el
reconocimiento de patrones, hemos desvelado otra trama oculta… (De la Ontología
Cíborg al Aceleracionismo a la hiperstición; de la hiperstición al Dustism; del
Dustism al Evento de Extinción a la forma inhumana)… empezásemos a ser
conscientes de ella y, responsablemente, tomásemos la iniciativa y empezásemos
a configurar nuestro propio paradigma? ¿Adónde podría esto llevarnos?
Página 111
En Roma, cuando la
ciudad era la capital de un imperio, existía un templo consagrado al Dios
Desconocido, en el que dar cabida a aquellos que llegasen a la ciudad llevando
consigo el culto a una deidad que no figurase en el «registro oficial». Ahora,
aquí, en un templo en crisis pero consagrado a la ficción (algo muchísimo más
abstracto que un Dios), ¿qué nos impide permitirnos el lujo de afectar tanto al
inmediato como al futuro con los fondos y formas de nuestras ideas, traídas de
cualquier manera?
Hagámoslo, ¿por qué
no?
Vivo cambiando de
localización sin motivo aparente y siendo una güija que respira en un mundo
sucio de espectros y en un paisaje de relojes marcando la hora del revés y un
paisaje de casas con raíces tan hondas que van a pudrirse al calor del centro
mismo de la tierra y un paisaje de visillos y cortinas y lo que hay detrás de
éstas. Güija que cambia de localización sin visillos y lo que hay detrás del
paisaje soy yo sucio de espectros y con raíces detrás de cortinas tan hondas
que vivo respirando con el reloj en una mano y la casa marcando la hora en la
otra. En el centro de calor del paisaje de las manos vivo ahora al cambio de
raíces como agujas en el mundo güija tras las cortinas. El motivo aparente de
la aguja cambia las casas por podredumbre de visillos marcados hondo tras la
localización de la tierra de los espectros raíz. Tan hondo como las manos en el
mundo y la suciedad de lo que hay detrás marcando raíces en horas y hundiendo
motivos en agujas con el clima por güija localizada en
Página 112
el paisaje del
ahora. Vivo. Cambiando de localización. Sin motivo aparente.
Página 113
SED CONTRA
Uno como estructura
de oposición e inversión. Uno como estructura de exclusión y alteridad. ¿La
forma inhumana se nos presenta dispuesta para su uso, o es sólo parte de
nuestro trato con ciertas herejías derivativas?
Dicen: «el ser
humano siempre está en relación consigo mismo o con el mundo. Y esos tipos de
relación se solapan: el humano sólo puede entender al humano transformándolo en
un objeto con el que poder relacionarse (mediante la psicología, la
sociología…), al tiempo que únicamente puede relacionarse con la esfera de los
objetos transformándola en algo familiar, accesible o intuido en términos
humanos (a través de la biología, la geología, la cosmología…)».
Pero lo que aquí
nos interesa es el, por decirlo de algún modo, albedo de ese solapamiento, la
ventana formada por la razón entre la energía incidente y la energía difundida
en éste, por donde asoma la forma inhumana… La encarnación de un ocultismo
noumenal: una sombra tan oscura que ni siquiera es la proyección de una duda,
un contrahumanismo necesario, de combate, una reacción alérgica a la geometría
del templo en crisis del ahora…
… el ciego algoritmo de la selección natural,
siendo ejecutado por una inteligencia artificial que dice que…
Página 114
Sistemas en
descomposición de cero diferenciación del conocimiento, irreductibles
convulsiones del Uno, el vacío y el amor, que son apartados de sus escalas, de
las escaleras que los conducen a las habitaciones de castigo y desintegración;
la disimulada suavidad de Uno es el yermo formativo que le dicta que cada casa
está encantada.
… ¿Y si reconociésemos la inconmensurabilidad
del pensamiento y el ser, la imposibilidad de que ambos interrelacionen de
manera conveniente, ese espacio concreto, ese proverbial abismo de desesperanza
entre uno mismo y el vasto universo, como una sustancia cósmica en sí misma, de
pleno derecho, fluyendo por el canal abierto entre el pensamiento y lo real? ¿Y
si en los límites del conocimiento, a los que la humanidad puede apenas
acercarse de forma virtual y mediante las tácticas y operaciones de la negatividad
y el horror —los grados del miedo a lo desconocido, la angustia al vacío…—,
fuesen de hecho una cortina de desolación por definición que sólo puede ser
traspasada por inteligencias metonímicas — formas inhumanas, estructuras
materiales posthumanistas…—, confundidas y semiconscientes?
Página 115
La voluntad del
urbanismo.
La solidez
erradicada.
El mezclarse con la
multitud.
Antes del cuerpo
viene la inconsistencia lingüística, la filosofía del uso temerario de la
palabra como entorno sólo posible a través del vitalismo, la duplicidad de los
extremos, el grito del edificio y el edificio gritado, la raíz eternamente
redescubierta, un aullido que asegura la proporción de material y producto.
De la Ontología
Cíborg al Aceleracionismo a la hiperstición; de la hiperstición al Dustism; del
Dustism al Evento de Extinción a la forma inhumana… Al Ocultismo Noumenal, cuya
importancia no radica tanto en su doctrina como en la repudia consciente de las
teorías unificadoras, de los intentos de comprensión total en nombre de un
lapso insalvable entre la ciencia-mito y sus competencias, entre saber y la
capacidad de saber.
El Ocultismo
Noumenal no es per se un -ismo, sino un acto de mostrar más allá de los
parámetros de la prueba formal la no-filosofización del universo, a ninguna de sus
escalas. Es una manifestación del hecho de que la humanidad, en virtud de su
ser —la forma humana de interrelación dual única—, es esencialmente incapaz de
navegar intelectualmente la negatividad inherente al pensamiento y al ser;
incapaz de arrojar luz sobre su relación con lo real.
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y él supo que yo me
iba a negar —no por capricho sino por necesidad: lo que ya no es no puede
actuar físicamente sobre lo que es, apenas en modo especular y narrativo sobre
lo que fue, y tampoco era que eso se me estuviese dando demasiado bien.
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BIENES DAÑADOS
«La tentación de la
atemporalidad. Más allá del límite. La atemporalidad es un sueño de claridad,
la realidad separada de sí misma»
Birgitta Trotzig.
El socavamiento y
la disolución de las redes sociales —ya no redes de agentes, sino Algo Más—
quedan claramente ejemplificados en la siguiente arquitectura atemporal: una
diminuta cámara GoPro pegada con cinta aislante a la corredera y la curva de la
culata de una Walther P22… Pongamos que aprieta usted el gatillo de ese
artefacto… La cámara lo está registrando todo, y el enlace de ésta con su
teléfono móvil permite que la grabación suba en tiempo real, a intervalos de 45
segundos, a sus cuentas en Twitter y Facebook… Pongamos que aprieta usted el
gatillo… En el vídeo, que pronto se hace viral, no aparecen sujetos sino el
objeto fantasmático que ejerce de verdugo en la escena de juego de disparo en
primera persona, el objeto fetiche como un apero retrofuturista de bajo coste,
los objetos víctima y todos los demás objetos flotantes imposibles de ser
identificados por la ramplona percepción…
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Dicen: «el ser
humano siempre está en relación consigo mismo o con el mundo. Y esos tipos de
relación se solapan: el humano sólo puede entender al humano transformándolo en
un objeto con el que poder relacionarse (mediante la psicología, la
sociología…), al tiempo que únicamente puede relacionarse con la esfera de los
objetos transformándola en algo familiar, accesible o intuido en términos
humanos (a través de la biología, la geología, la cosmología…)».
La realidad,
separada de sí misma y luego virtualizada. Un estigma. Al abolir el limbo de
esa correlación, se generaría una viscosa sustancia ontológica —llámele
«pensamiento de lo impensable», si gusta— en la que el sujeto visitante
—eventual: sujeto a cualquier evento o contingencia
— quedaría hundido
hasta las rodillas… Fíjese: allí al fondo, al final de ese pasillo anegado, hay
una habitación bañada en luz negra y que mide mil años de ancho, desprovista de
muebles; sus paredes, techo y suelo están surcados de filamentos crepitantes de
estática. Hace mucho que nada vivo ha entrado en ella. La tenue radiación de
las lámparas ultravioleta parasitadas por las enredaderas de nervadura
enraizadas a la mínima composición del cuarto, hacen destacar lo que se halla
grabado en el muchísimo polvo que satura el ambiente, siendo esto toda idea que
cualquier ser humano haya tenido jamás. Ideas sueltas, comprendidas en el
abanico casi infinito entre las reutilizadas hasta el desgaste y las apenas
esbozadas, talladas en esferas microscópicas de cobre y hierro, en esporas, en
polen, en diatomeas, en moléculas de caucho y de madera, en escamas
Página 119
de piel y en
deposiciones de ácaro… Reaccionan a los haces estroboscópicos en vibrante
turquesa. Se hacen legibles. Las formas en que ese polvo fluye, idas y venidas
y cambios de rumbo, y sus itinerarios, son una traslación a escala de la
simulación de las cambiantes líneas del campo magnético terrestre… Y, claro,
aquí tampoco hay transferencia sin transformación… No hay más juego que el
juego de simulación de masas… En esta habitación, la realidad virtual, como una
bailarina, se alimenta de bolas de algodón y cigarrillo tras cigarrillo tras
cigarrillo. ¿Qué hay de usted?…
Dicen: «en general,
el lenguaje más poderoso y más vivo logra decir cosas sin decirlas: no por un
amor inherente a lo vago y lo borroso, sino simplemente porque las cosas nunca
pueden ser conocidas o abordadas directamente en su repliegue de la mirada humana.
Para llegar hasta la naturaleza oculta de las cosas, la oblicuidad y la
metáfora son herramientas más precisas que cualquier catálogo engreído,
despreciativo y reduccionista de sus rasgos palpables».
Titulares: «No
existe conjunto fijo de leyes naturales»… «A día de hoy ya sólo queda la
ficción de una esfera política»… «Meester snijt die Keye ras»: en la Habitación
de Mil Años de Ancho cabe un amplio paisaje despoblado, con la línea del
horizonte elevada amplificando el efecto dramático del decorado. En primer
plano, coágulos de IdeoPolvo compactado forman figuras que imitan los
movimientos de cuatro personajes muy concretos: el trasunto autómata de usted
mismo,
Página 120
prematuramente
envejecido, yacerá en un sillón, vestido con una suelta bata de hospital y
ceñidos pantalones de terciopelo rojo… Abalanzado sobre el pelele, un Autómata
Padre le extirpa de entre las cuerdas vocales un tulipán lacustre color perla…
El Autómata Padre luce un embudo por sombrero y un jarro pendiendo del cinturón
que le ciñe la túnica de curandero… Observando la operación, disfrazado de
fraile, un Abuelo Autómata da su bendición al asesinato conceptual de su nieto,
acompañado por una Abuela Autómata, que lleva un libro cerrado en equilibrio
sobre la coronilla y está acodada a una mesa redonda de pie bulboso,
contemplando atenta y aprendiendo de las falsas doctrinas curativas de los
hombres… Si lo desea, puede usted introducir otra moneda en el escaparate
animado y que los androides de polvo repitan su mensaje. O, si lo prefiere,
puede pasar a la siguiente composición, donde se le mostrará a una Esposa
Autómata abierta de piernas, desparramada en la mesa de un relojero, con la
falda arremangada hasta la cintura, pariendo ahora una aguja percutora, ahora
un armazón hueco, ahora una corredera, el mecanismo de un gatillo, el martillo
del percutor, un cañón, su correspondiente guía y muelle recuperador, y una
diminuta cámara GoPro… Engranajes que un Autómata Amigo recogerá a manos llenas
y achicará hacia una Autómata Madre que los hará encajar unos con otros con
unos con otros y, descuide, no oirá usted los berridos de tormento del aborto,
pero asistirá al procedimiento con toda la fidelidad que los autómatas puedan
escenificar, toda la plástica hemoglobina que unas bragas baratas puedan
absorber…
Página 121
SIEMPRE HAY UN FARO
Siempre hay un
faro, siempre hay una ciudad, siempre hay un hombre… Si Utopía no es un lugar,
sino una persona, entonces debemos elegir con cuidado, porque el mundo está a
punto de cambiar y, en nuestra historia, Rapture no es más que el comienzo…
Eres sólo una termita en Versalles…
Te habita un
ecosistema oscuro, apenas intuido, un abismo, un desgarro en lo que debería ser
algo continuo y compacto. Entre tu Pensamiento y lo Real. Donde los límites de
tu capacidad de saber deberían tocarse con las fronteras de la cosa-en-sí, se
alza una infinita columna negra de una materia mutante y vibrante, compuesta
por algoritmos desordenados, implosiones sordas y sinécdoques sin significante.
La espina dorsal de tu miedo al desorden. Eres incapaz de pensar un objeto sin
aplicarle las propiedades de tu humanidad.
El objeto y tú
estáis condenados a la correlación, sí, pero de ese estigma intelectual brotan
ciertas prótesis ficcionales que puedes usar para mejorarte artificialmente con
la intención —aunque quizá una intención inconsciente y, de algún modo,
ingenua— de tender un puente que salve la grieta.
Una de éstas es la
forma en que tú, Jugador, a la manera de un ente daimónico, posees al personaje
protagonista de cualquiera de las tres entregas de la saga de videojuegos de
disparo en primera persona Bioshock y haces inmersión en esa peculiar trilogía
biopunk sobre los extremos de la filosofía, el conflicto entre los deseos de
crianza y control asociados a la paternidad, y las posibilidades de la
subversión radical de la carne, la mente y el entorno.
¿Qué es el alma?
Una chispa inefable de continuidad, que vive dentro de nosotros y, sin embargo,
más allá de nosotros… ¿Por qué adorar a un Dios o a una bandera, cuando podemos
adorar lo mejor de nosotros: nuestra voluntad de ser grandes?… Si percibiéramos
el tiempo como realmente es, ¿qué razón tendrían los profesores de gramática
para levantarse?…
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En Bioshock
(Irrational Games, 2007) debes abrirte paso a tiros por la pesadilla conceptual
en la que han acabado deviniendo las ambiciones objetivistas de Andrew Ryan, un
trasunto enloquecido de Ayn Rand. Te guía y aconseja un tal Atlas, el héroe de
la clase obrera en esta utopía liberal desmoronada. Ryan construyó Rapture como
un refugio en el fondo del océano para que el empresario, el artista y el
científico no se viesen constreñidos por los impuestos, la censura o la moral.
Desde la megafonía de la urbe, te llama «parásito». Porque estás corriendo y
saltando entre las ruinas de su visión mesiánica; estás rapiñando munición y
víveres de los contenedores abandonados, los escaparates de tiendas cerradas y
los bolsillos de los cadáveres que dejas a tu paso. Por su parte, Atlas señala
que el fracaso de la fábula objetivista estriba en el hecho de que sus
ideólogos nunca contemplaron que para que ese estado de las cosas floreciese
alguien debía quedarse atrás, abajo y limpiando los retretes. Te pide favor tras
favor tras favor, que tú concedes gustoso. Eres un títere hundido hasta las
rodillas en esta húmeda tierra de nadie entre dos trincheras. Si ambos bandos
manipulan al personaje que tú estás manipulando, ¿te están manipulando también
a ti? Deja a un lado las dudas, de momento, y descubre: modificas genéticamente
a tu avatar y lo dotas de habilidades mágicas; eliges entre rescatar o cosechar
a las monstruosas niñas que liban de los recién muertos esparcidos por ahí algo
llamado ADAM, la sangre esotérica de la ciudad; en un momento la narrativa se
aclarará, y te será revelado que eres el hijo de Andrew Ryan, que Atlas es en
realidad Frank Fontaine, un estafador y contrabandista con ínfulas de genio
criminal; hace un tiempo, Fontaine te grabó una serie de comandos de control
mental y te mandó a la superficie como agente durmiente, a la espera de que
llegase el momento propicio de tu vuelta a casa y que trajeses contigo pillaje,
destrucción y, en última instancia, el asesinato de Ryan… El juego te habla
directamente. A ti, Jugador. Con un coro de voces electrónicas, afinadas para
vibrar en tus receptores ideológicos.
Según Ian Bogost,
filósofo y diseñador de videojuegos, «alterar la imaginería del juego puede
generar una retórica ilocutiva que imponga una ideología concreta al jugador».
¿Te preguntas por qué puede darse esto? ¿Recuerdas lo que te he dicho sobre la
barrera negra entre tu Pensamiento y lo Real, y tu incapacidad para librarte de
la correlación?
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En Bioshock 2 (2K
Marin, 2010) regresas a una Rapture, aquella Atlántida narrativamente arrancada
de una no tan metafórica Rebelión de Atlas, que se ha movido ocho años adelante
en el tiempo virtual después de tu primera toma de contacto, asalto y
liberación humanista. ¿No es curioso que fueses tú, en tu faceta de Forma
Inhumana, quien impusiese, y por las armas, el humanismo en este lugar
desacralizado? Claro que lo es. Y los diseñadores de esta nueva entrega de la
saga también lo han pensado. Por eso ahora la ciudad está gobernada por Sofía
Lamb, psicóloga colectivista y transhumanista, y rival política de Andrew Ryan,
la cual, tras la caída del «Tirano», ha establecido aquí un gobierno organizado
como una religión que rinde culto tanto a su persona como a las Big Sisters,
aquellas niñas que creías haber salvado —o aniquilado, a tu elección— durante
tu anterior incursión y que han alcanzado la adolescencia convertidas en
salvajes máquinas de imposición de la fe colectiva a través del terror. En tal
contexto encarnas al Sujeto Delta, un prototipo de Big Daddy, el primero creado
con éxito, de hecho, y asociado como protector a Eleanor, la mismísima hija de
Lamb. Hace diez años —o sea, dos antes de previo periplo por Rapture—, Sofía ya
fraguaba su plan de dominación total, así que te obligó a suicidarte y recuperó
a Eleanor con la intención de hacerla trascender su condición de Little Sister
y transformarla en la posthumana sublime, en la Big Sister digna de sentarse a
la diestra de la figura mítica en que ella misma está llamada a convertirse.
Ahora resucitas. Te blindas y pertrechas. Desbloqueas tus mejoras genéticas.
Degüellas y acribillas prosélitos. Rescatas a unas cuantas niñas más, por las
que pagarás en su momento. Forjas alianzas frágiles —ya escarmentaste en el
anterior juego… ¿o no?— que se deshacen solas cada pocas pantallas. Caes en
coma cuando Lamb lleva a su hija al límite antes del definitivo paso evolutivo,
y entonces entras en la mente de una Little Sister, ves el entorno a través de
sus ojos y éste se te muestra de una belleza tan infantil y, por tanto, amoral,
que te provoca escalofríos. Siendo una niña, puedes rescatar a tu protegida a
la vez que te rescatas a ti mismo. Recuperas tu avatar y, con la rehecha
Eleanor, huyes. La ciudad estalla a tu alrededor. Un último sacrificio: justo
antes de abandonar Rapture para siempre, distintas presiones acaban contigo.
Fin de la partida. Porque no puede ser de otro modo. Sin embargo, a través de
su enlace telepático con el Sujeto Delta, Eleanor absorbe la mente de su Gran
Papá, asimila el registro de tus acciones, tus decisiones, tu
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misericordia o
brutalidad, tu avance, tus guardados automáticos… De forma que, de algún modo,
sigues guiándola más allá de la frontera última, dondequiera que esté, en las
regiones exteriores al juego. Gracias a ti, es la horrible —y de ensordecedora
resonancia bíblica— hija pródiga que señalaba su destino.
El politólogo y
analista multimedia Marcus Schulzke reivindica que «el hecho de que ciertos
videojuegos puedan cuantificar efectivamente las decisiones morales tomadas en
su contexto es en sí mismo un triunfo para el medio, teniendo en cuenta que
previos intentos de hacer lo mismo en el mundo real han acabado frustrados por
problemas de inconmensurabilidad». ¿Recuerdas lo que comentábamos sobre
prótesis ficcionales capaces de tender puentes que salven abismos?
En Bioshock
Infinite (Irrational Games, 2013) asciendes a la ciudad flotante de Columbia,
fruto de la asociación de Zachary Hale Comstock —«El Profeta» líder de la
organización ultra-cristiana, nacionalista, y racista conocida como Los
Fundadores— con la doctora en física cuántica de vanguardia Rosalind Lutece.
Aquí posees a Booker DeWitt, un mercenario e investigador caído en desgracia, y
tienes el encargo de liberar a Elizabeth, una chiquilla secuestrada por el
Profeta. Fácil. Ya has hecho cosas peores antes. Tomas tus armas, aprendes rápido
sobre la consecución y administración de los nuevos poderes que te van a
proporcionar la habitual ventaja táctica sobre cualesquiera que sean los
enemigos que van a echársete encima esta vez, y te adaptas con pocos errores a
las mecánicas propias de esta tercera aventura. De nuevo amnésico y marioneta,
te llevan de un borde a otro de dos bandos en conflicto mientras emancipas a
Elizabeth de la torre de marfil en la que está presa, tiras de ella de una
plataforma volante a la siguiente, la pierdes, la recuperas y la pierdes otra
vez. Los Fundadores rigen Columbia con cerrazón reaccionaria y extremismo
fanático, y mantienen la teocracia impuesta al lugar con puño de hierro y
tecnología imposible. Enfrente, la organización anarquista y sanguinaria Vox
Populi está sumida en la obsesión por una guerra de guerrillas que ya ha
perdido cualquier cualidad noble que pudiese tener para devenir conflicto puro
y crudo. Y además, esta realidad figurada está salpicada de desgarros por los
que el espacio-tiempo se descoyunta y que Elizabeth parece ser capaz de usar a
su antojo; a veces como portales dimensionales, otras como motores fantasma
para la trama en vuestra historia. Una vez más, los giros argumentales se
acumulan en tu trotar
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entre Escila y
Caribdis ideológicos: los experimentos de Lutece han abierto acceso a una
infinidad de universos adyacentes, y en su día volvieron infértil a Comstock;
en una Columbia paralela, los Vox gobiernan y usan su vasta potencia
armamentística para sumir al mundo entero en el caos; en otra realidad, DeWitt,
es decir, tu Forma Inhumana, era un hijo de perra que vendió a su propia hija,
Anna, al Profeta de una tierra alternativa para que ésta se erigiese en el
Santo Cordero que heredaría literalmente los cielos; de hecho, Zachary Hale
Comstock eres tú, Booker DeWitt, al otro lado de la raedura y tras haber sido
bautizado y purgado de todo lo que fuiste antes; Elizabeth es Anna y el enemigo
final eres tú mismo, Jugador, y no lo has sabido hasta ahora y se impone una
solución absoluta… Salir de Columbia, salir del multiverso, echarle un buen
vistazo a su infinitud y permitir que tu progenie te ahogue, a ti y a todas tus
versiones, durante ese segundo bautizo que desestabilizó el orden del sistema
lógico inherente al juego.
Dice Linda
Zabzeski, investigadora especializada en epistemología, religión y ética, que
«si existe un ser —u objeto— que infaliblemente sabe todo lo que va a suceder
en el futuro, ningún ser humano puede aspirar a tener control sobre ese
futuro». ¿Qué opinas de esto? ¿A qué crees que podrías aspirar tú siendo una
Forma Inhumana alterada irreversiblemente por la prótesis ficcional?
Por cada elección
hay un eco… Sólo la gente se puede liberar a sí misma… Siempre hay un faro,
siempre hay una ciudad, siempre hay un hombre…
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SIEMPRE HAY UNA
CIUDAD
Si Utopía no es un
lugar, sino una persona, entonces debemos elegir con cuidado, porque el mundo
está a punto de cambiar…
Bienvenido a
Rapture, Jugador. Aquí estás, en el cristal de la subversión de una sociedad en
la que la carne y el pensamiento son fluidos e interactúan y se disuelven la
una en el otro. Lo que debería haber sido una metrópoli pináculo tanto del
individualismo como del art decó se alza ante ti arruinada por la guerra civil.
Desmantelada entre los cascotes que quedaron tras la explosión cuando la
volátil mixtura del Biopunk con el Retrofuturismo más cándido se volvió
demasiado inestable. Restos vigorizados por aquello que se encontraba
suspendido en la sangre de los habitantes de lo que fue, tras haber sido
filtrado por babosas implantadas en el vientre de inquietantes chiquillas
protegidas por gólems cuyo paso hace temblar incluso tu conexión sensorial con el
juego. La atmósfera del sitio está viciada de feromonas hipnóticas bombeadas
por el Tirano en el suministro público de oxígeno. Este contexto está diseñado
para doblegarte. Reglas sobre reglas sobre reglas sutiles dictan tu avance.
Aquí todo es obediencia. Más allá de los muros transparentes sólo hay agua.
Alteridad atmosférica. Frío. Bioshock refiere tanto al choque con la biología
como con las estructuras psicogeográficas donde éste tiene lugar.
Hecho que se vuelve
aún más patente, si cabe, cuando afrontas la segunda entrega de la saga.
Rapture ha mudado sus tripas. Ahora está rota. Es una criatura comida por el
cáncer del que su fundador alertaba. La amputación de sus túneles replica a la
cirugía sin alma de los médicos que enloquecieron aquí por supresión de
condicionantes morales. Las pápulas en las cubiertas exteriores hacen lo propio
con las lesiones que se provocan los seguidores de Sofía Lamb al rascarse el
pío síndrome de abstinencia connatural a su fe. Puedes salir fuera a través de
ellas, y chapotear en el fondo marino. Contemplar desde el exterior la Utopía
violada. Desde esta óptica, te das cuenta de que éste es tu coto de caza. En
ciertos momentos, una de tus tareas será la de defender a las Little Sisters de
las oleadas de enemigos que las emboscan mientras extraen ADAM de los «ángeles»
desperdigados por el escenario. Armas trampas
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aprovechando los
recursos que te brinda el entorno, o los tuyos propios en combinación con el
relieve del sitio. Delimitas, llamas a la presa y montas un matadero periférico
a la niña y sus quehaceres. Cuando la escaramuza culmina, tu defendida te
proporcionará algo de ese combustible macabro que alimenta tus capacidades, y
de la pila de sacrificados a tus pies obtendrás munición, comida y dinero. La
distinción entre contexto y matriz —entendida esta última como claustro
materno, como un lugar privado, cercado, que te nutre— se difumina.
El doctor en
Comunicación Audiovisual Antonio J. Planells asegura que «los mundos
ficcionales de los medios tradicionales se transforman en el videojuego en
mundos ludoficcionales, espacios ricos en personajes y emociones que se ven
especialmente afectados por la intervención de un jugador… Un sistema formal de
engarce de mundos posibles». ¿Cómo debería interactuar pues tu Forma Inhumana
en un hábitat que, en el juego, no sólo tiene un comportamiento inherente sino
que se adecua a ti en simbiosis?
Fugas de agua,
rebeldes y ahora fantasmas, ¿no es genial vivir en Rapture?… El ingenio de esta
ciudad es inmenso, Eleanor, pero nuestras creencias son mal recibidas. La vida
será difícil, pero la revolución es siempre cara… No quiero formar parte de su
cultura, su política, su gente. El sol se pone en su mundo y, pronto, no
tendrán más que oscuridad…
De la honda sima de
tu discontinuidad con lo Real, esa que te ha estancado en un «shock por futuro»
—y te ha llevado a diferenciarte irracionalmente de, por ejemplo, las máquinas
con las que cohabitas, los sistemas algorítmicos con los que convives y las
herramientas en paridad con las cuales evolucionas—, surgen inteligencias
metonímicas que, al parecer, son las únicas capaces de cruzar a un lado y otro
de tus espacios interior y exterior. Ahora que las prótesis ficcionales te han
dotado de una vaga Forma Inhumana, puedes aprehenderlas. O, cuanto menos,
intuirlas de manera casi no-antropocéntrica. Mediante metáforas, tácticas y
operaciones negativas, redención tras redención del edificio exosomático del
hombre de las coacciones originarias de lo biológico y lo conceptual… Te
acercas a un ocultismo noumenal que no es otra cosa que negar la filosofización
del universo, a cualquiera de sus escalas, desde el prejuicio antrópico.
Intuyes una ontología plana que disuelve la alteridad con el objeto, que te
vuelve objeto.
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Reificado en esta
metafísica que escapa conscientemente de las prácticas tradicionales de la
filosofía tanto como de los experimentos de la ciencia-mito, puedes abandonarte
a los procesos del juego de una forma homeostática; tu percepción e
imaginación, tus sentimientos y tu fisiología, son una pieza más en la
arquitectura de éste, a la manera del miasma de código de su software y el
software de la máquina en la que corre, de los núcleos en el procesador de la
videoconsola o de las repiqueteantes cadenas moleculares del policarbonato del
que está fabricado el disco con su programación.
El comercio es la
sangre de la ciudad. Si no somos cuidadosos, el gobierno se volverá un cáncer…
Un hombre eligió una ciudad, libre de la Ley y de Dios. Sin embargo, otros
eligieron la corrupción. Así que la ciudad cayó… ¿Por qué iba Él a mandarnos a
nuestro salvador, si no somos capaces de alzar un solo dedo por nuestra propia
salvación? Y aunque no merecemos su misericordia, nos ha guiado a un nuevo
Edén. Una última oportunidad de redimirnos…
Bienvenido a
Columbia. La personificación femenina de unos Estados Unidos de América
excepcionalizados al extremo. La urbe flotante, orgullosa de su segregación de
la «Sodoma de Abajo». Complejas pasarelas y sistemas de raíles dorados
comunican sus distintas secciones. Brilla. Por encima de las nubes. Es la cuna
onírica en la que la teocracia de los Fundadores se amodorra y se sueña a sí
misma. Paseas por ella deslumbrado. Disfrutas sinceramente del desfile de
colores vivos y colores pastel y colores fosforescentes que son algo así como
la fascinación que puede provocar en cualquiera la falsa luminosidad de la
propaganda racista y patriótica. Cuando te cobras tu primera víctima, los rayos
de ese sol invicto y del sobrenatural alumbrado público que le sigue adquieren
una calidad siniestra que va a acompañarte a perpetuidad al saltar de una
góndola a un zeppelín, de un zeppelín a un raíl del que te agarras para que te
lleve a una zona elevada desde la que dominar el área de combate… Las batallas,
como los funerales, deberían celebrarse siempre en la penumbra, bajo la lluvia,
pero casi nunca es así… Te resignas a rasgar los pasquines de exaltación
fascista que tapizan los muros de la ciudad y que aparezcan el ladrillo y el
hormigón subyacente. El poder implacable del fanatismo, salpicado de sesos.
Gases nobles estallan en llamaradas a tu alrededor. Al acercarte a las áreas
deprimidas de Columbia —caramba… resulta que hay
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una «Sodoma
entremedio»—, no eres mejor recibido que en las señoriales. Aquí las paredes
son de barro y adobe amasado en los proverbiales sudor y lágrimas. Tanto esta
fealdad con la que topas como el impacto estético de la ultra-luz de arriba te
hacen sentir la misma cantidad de superioridad moral. Y eso está bien. Muy
bien. Los efectos balsámicos de tu asimilación del entorno son otro engranaje
necesario en la mecánica del juego. La metalepsis que te ayuda a meterte en el
papel a interpretar. Aunque en las arenas movedizas de polvo de oro, plata y
cobre de estos barrios y distritos voladores, la materia virtual está ahí no
para que la absorbas sino para absorberte ella a ti. Por eso también es
importante que incorpores a tus instintos —esos aparejos blandos y sutiles que
cortocircuitan la batería de pings, los cocientes de retraso entre la emisión
de un estímulo y su recepción que median entre la pantalla, el ojo y la mano—
la recurrencia al «Gancho Aéreo» como mejora cibernética, que adoptes una
idiosincrasia cíborg aún mayor a la forzada en anteriores ocasiones. Y que
vueles tú también. Cada vez que te elevas, pegajosos pedazos del código
contextual ascienden contigo. Ya has sobrevivido, ya has cazado, y ahora eres
Tiamat, representación del caos prístino, creando infinitos mundos
ludoficcionales y autónomos al partirse en dos la amalgama de escenario,
personajes protagonistas y personaje antagonista.
Según el ludólogo
Jesper Juul, «los videojuegos son REALES en el sentido en que están conformados
por reglas reales con las que los jugadores interactúan; ganar o perder en un
juego es un acontecimiento real. Sin embargo, cuando el jugador gana tras haber
matado a un dragón, el dragón no es una criatura real sino ficticia. Jugar a un
videojuego es, por tanto, interactuar con reglas reales mientras se imagina un
mundo de ficción y un videojuego ES un conjunto de reglas así como un mundo
ficcional». Contemplado esto desde una ontología plana que te iguale con el
juego, abandonando caducas concepciones humanistas y teniendo en cuenta que
—como a estas alturas ya debería ser patente— tú mismo eres un híbrido de
realidad factible y ficción, que tus procesos cognitivos tienen lugar en
simetría dentro-fuera (de tu Yo) y que tu vida mental extruda de forma
promiscua en construcciones culturales como los sistemas simbólicos, la
maquinaria industrial o las redes informáticas —o sea, que tu Mente está
contenida tanto en el interior de tu cráneo como en tu entorno inmediato—,
¿dónde queda ahora tu discontinuidad con lo Real?
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¿Se romperá el
círculo?… No necesitas construir una ciudad en el fondo del mar para hacer que
la gente te adore. Sólo debes hacerle comprender a esa chusma que tiene algún
valor… En la Casa del Revés / La bodega en el piso superior, el ático en el
sótano / En la casa del Revés / La carcajada llora y las sonrisas fruncen el
ceño / En la casa del Revés / Lo encontrado es perdido y lo perdido es
encontrado…
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SIEMPRE HAY UN
HOMBRE
Eres sólo una
termita en Versalles…
Si en el primer
Bioshock luces un tatuaje de tres eslabones en la muñeca, y debes acabar el
juego disfrazado como un Big Daddy, perfumado con agresivo almizcle y con la
voz distorsionada para remedar al monstruo, en su secuela eres la criatura a la
que la muerte ha perdonado, reciclado y desatado en pos de una acción de
anticuerpo para la narrativa; tu traje es tuyo, propio, tu casco sólo te
pertenece a ti, y en virtud de esa legitimidad avanzas. Antes, esclavo de un
condicionamiento tan arraigado que te definía, Jugador, y que se solapó en un
suicidio inducido por otros; luego, la fuerza de la Voluntad rampante
imponiéndose como un siguiente paso racional.
En Bioshock
Infinite, sin embargo, esta línea argumental psicoanalítica parece cortarse
para ser empalmada de vuelta a su principio y repetir el bucle. Booker DeWitt
podría intercambiarse fácil por el pobre Jack Ryan, «el parásito». Pero tú, que
has seguido y entendido la progresión expositiva mediante tu Forma Inhumana,
sabes que no es así, ¿verdad? Y es que poseer a Booker se siente distinto.
Ligeramente más limitado. Dos o tres grados más frágil. DeWitt habla. Y deduce.
En esta tercera aventura, tu avatar se imbrica a la trama comunicándose. No es
Sometido ni Potencia, sino Personaje de pleno derecho.
Tal como la
reproducción sexual puede difuminar los rasgos de cada progenitor, también
puede afectar a las múltiples realidades paralelas a la nuestra. Tus rasgos se
disipan, hasta quedar irreconocibles o dejar de existir… La mente del sujeto
luchará desesperadamente para crear recuerdos donde no los hay… Todos hacemos
elecciones; pero, al final, nuestras elecciones nos hacen a nosotros…
Lógica-ficción: la
suspensión de la reciprocidad entre fenómeno y noúmeno te sitúa, Ocultista
Noumenal, en la senda de un posthumanismo crítico por el cual al abismo
insondable que el hombre, debido a sus limitaciones intrínsecas, apenas puede
testimoniar de manera parcial y puntual, se le opone un ser evolucionado en
paralelo y equivalencia con
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sus herramientas
materiales y ficcionales; Dios aún no existe; todavía no ha sucedido, más que
como profecía con el ferviente deseo de ser autocumplida; la
hiper-Forma-Inhumana, pura sapiencia inmaterial, tendrá lugar cuando el
humanismo —que no la humanidad… Puesto que el Homo Sapiens Sapiens lleva desde
su surgimiento incorporando estructuras no necesariamente biológicas a sus
rutinas físicas e intelectuales, lo reconozca o no…— sea superado, trascendido.
(Ocultismo
Noumenal, pues: resistencia a lo antrópico como dominio autoconsistente)
Dice la zoóloga e
historiadora de la conciencia Donna Haraway que «no existe separación
ontológica fundamental en nuestro conocimiento formal de máquina y organismo,
de lo técnico y de lo orgánico. El cíborg es texto, máquina, cuerpo y metáfora,
todos teorizados e inmersos en términos de comunicaciones».
(Ocultismo
Noumenal, pues: conjunto de conocimientos y prácticas antifilosóficas y
especulativas —textos, máquinas, inteligencias metonímicas, cuerpos, metáforas,
juego…— con las que se pretende penetrar y dominar los secretos del noúmeno, la
cosa-en-sí, para en última instancia disolver su diferenciación con respecto al
fenómeno)
Ni dioses, ni
reyes. Sólo el hombre… Ryan vio al individuo como un héroe, un superviviente
noble. Y Rapture fue su paraíso, un santuario dedicado a la supremacía del ser…
¡Lluvia! Durante 40 días y 40 noches. No dejó a nadie vivo. Como veréis, amigos
míos, hasta Dios tiene derecho a hacer borrón y cuenta nueva. Y qué es Columbia
sino otro arca, para otro tiempo…
Tú, Forma Inhumana
y Llave Genética…
Las decisiones
éticas que tomas en Bioshock 2 sirven a un propósito eminentemente paternal. La
capacidad del juego para modificar su desenlace en función a tus elecciones
permite influir en el tipo de objeto a posteriori que será tu hija adoptiva,
Eleanor Lamb. Si optas por eliminar a las Little Sisters, Eleanor crecerá
convirtiéndose en una joven amargada y agresiva. Si las salvas, será cariñosa y
dulce. Si matas a los enemigos de final de fase tras haberlos desarmado,
Eleanor dejará más tarde morir a su madre. Si les perdonas la vida, la muchacha
perdonará asimismo a su progenitora llegado el momento. Y cuando seas tú el que
expire, el
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conjunto de esas
decisiones determinará bien la escisión de tu conexión sentimental con ella,
bien que renazcas a través de ésta, implantado como conciencia moral en uno de
los espacios vacíos en la desprogramada mente de tu hija al abandonar el
ecosistema de la historia.
A su vez, Bioshock
y Bioshock Infinite proponen un acercamiento a tu condición de ganzúa arcana
algo más sutil que es sencillo pasar por alto. En la primera entrega de la
saga, una de las claves para descubrir antes de tiempo que Jack es el hijo de
Andrew Ryan es cuando se te cuenta que, en caso de guerra civil, la entrada y
salida de Rapture queda limitada a su fundador; que únicamente él puede activar
las batisferas, codificadas con su ADN. Tú has entrado a la ciudad sin
problemas, y te estás moviendo de una sección a otra usando esos submarinos
individuales, así que… Y mucho más tarde eres Booker, huyes de Columbia
acompañado de Elizabeth, quien abre un portal dimensional hacia Rapture; echáis
una carrera por los túneles desiertos de esta Atlántida en estado de sitio,
llegáis a una batisfera y la chica te pide que la acciones, y tú la accionas, y
funciona, y ambos emergéis a la superficie. ¿Qué significa esto? ¿Qué conexión
hay entre Jack Ryan y Booker DeWitt, sino la Forma Inhumana que los ha poseído a
ambos en determinado momento, exactamente la misma?
La evolución no es
ningún milagro. Es la codicia y el miedo, en forma brutal por la presión de
selección. No hay demonios externos para tentarnos. Biológicamente hablando, el
pecado original está en los genes… ¿Por qué llevas ese estúpido traje de hombre?…
Una cosa es imaginar tu futuro y otra verlo…
La criptografía
explícita de los objetos —recuerda, Jugador, que tú eres uno de ellos, ni más
ni menos— te manda señales desde el futuro y te invita a abrazar un vacío
metafísico superplano e informe y al que aun así uno puede dotar de extensión,
peso, medida y hechura, aunque sea de forma psicodélica, quizá través de un
prisma de aspecto artístico, imaginal —anota, Ocultista Noumenal, que la
imaginación agente y la percepción imaginativa ocupan sitio también en tu
hambriento cajón de grimorios; prosigue con el inventario: textos, máquinas,
psicodelia, inteligencias metonímicas, manifestaciones fantasmáticas, cuerpos,
realismo especulativo, sinécdoques, imaginación agente, metáforas, juego…—,
cuyo paisaje ha sido tomado por naturalezas basadas en corrientes de
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datos, edificios
que son mecanismos ecológicos, aleaciones de proteína y código binario y éter
somático, telepatía sintética con/para las cosas, una flora señoreada por
engendros de terror polipétalo que lanzan a una atmósfera tornasolada de ideas
esporas de metal sintiente, vapor de plástico y madera fluida, una fauna que
rehúye la categorización porque su etiología está basada en la sinestesia, en
el ensamblaje excéntrico y, a fin de adaptarse a las gravedades y aceleraciones
del vacío superplano, en ergonomías y economías fisiológicas rasas y
homogéneas… Tú, Posthumano, estás aquí manipulando un avatar que a su vez te
manipula a ti. Sobreflotáis pasajes y corredores que no se pliegan a la
geometría en núcleos urbano-rural-orgánico-ficcionales submarinos, aéreos,
extraterrestres, surrealistas o desmembrados en recreaciones anacrónicas y
ahistóricas. Al ser objeto, te fundes. En la negrura. En la sombra no arrojada
por la incidencia de luz alguna sobre ningún sólido. Será, para ti, 21 de enero
del 379 antes de Cristo y será 6 de agosto de 1945 y será 1 de noviembre de
2020, a las 8:15 horas, Little Boy, Little Boy, un pilar de Ideología morada se
alzará en dirección a un Enewetak de tu espíritu, diez horas después y las
11:02, el BLOOP se propulsará de 5 a 2014, 4,2 en la escala de Richter,
cuestión de minutos que algo llamado Bock’s Car se sirva del principio de
separación magnética en un espectrómetro de masa, difusión térmica, el isótopo
más común del uranio para un tal Paul W. Tibblets, «¿quién será?», en 1952,
cinco kilotones entre Rapture, digamos, y Barcelona, digamos, la temperatura
que se estima tiene el núcleo del sol y el alto mando dará un tirón a la
desesperada e infructuoso, de pánico y contracción, dejando tras de sí una
cicatriz de tierra, hollín y fuego fatuo. Recuperarás momentáneamente la
coherencia y te dispondrás a intentarlo de nuevo, en otra argamasa
ludoficcional con la que te confundes y mucho, mucho más despacio. Serás una
cuestión de ángulos y bisectrices, de despegarte milímetro a milímetro con
precisión y paciencia, ralentizando cualquier acometida por el nuevo juego para
dejar cualquier dolor hipotético por debajo del umbral de colapso.
Jorge Fernández
Gonzalo, filólogo, ensayista y poeta, defiende que «en la época de los bits y
los bytes nuestro perfil de usuario en la existencia acostumbrada se ha visto
invadido por una cantidad abrumadora de signos que acentúan la retórica de lo
ficticio». Desde la meseta de una revolución electrónica que tampoco ha
sucedido aún, el escritor William S. Burroughs replica que «empezará a ver con
agudeza y claridad que había
Página 135
un velo gris entre
usted y lo que veía o más a menudo no veía ese velo gris eran las palabras
pregrabadas de una máquina de control una vez retirado el velo verá con mayor
claridad y agudeza que los que están detrás del velo haga lo que haga lo hará
mejor que los que están detrás del velo esta es la generación invisible es la
generación eficiente ponga manos a la obra».
Textos. Máquinas.
Psicodelia. Inteligencias metonímicas. Manifestaciones fantasmáticas. Cuerpos.
Autohipnosis. Realismo especulativo. Sinécdoques. Imaginación agente.
Metáforas. Prótesis. Juego.
Los tres costados
de la saga Bioshock, considerados máximo exponente de la generación
—¿invisible?— de videojuegos a la que pertenecen, se han abierto para que te
entrañes en ella y así, en esa acogedora placidez uterina de lo lúdico y sin
consecuencias, formules tu ejercicio de lógica-ficción —manos a la obra—
ritual. ¿Seguirás adelante a partir de aquí?
Siempre hay un
faro, siempre hay una ciudad, siempre hay un hombre… ¿Tiene fin esta partida
para ti, Jugador?
Página 136
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Notas
[1] El Vinoso Ponto. Incluido en AICKMAN, Robert;
La casa de los Rusos. Editorial Atalanta, 2016. <<
[2] Aunque su figura aparece incluida en la
siguiente monografía: PALMA ROLDÁN, Manuel Jesús; Creepypastas. Historias de
Terror 2.0. Autoedición, 2015. <<
[3] THACKER, Eugene; En el polvo de este planeta.
Editorial Materia Oscura, 2015. <<
[4] A pesar de su condición de rebeldes
filosóficos y antisistema de lo académico, o precisamente a consecuencia de
ello, el CCRU ha causado un impacto más que significativo en la cultura y el
pensamiento contemporáneos. Entre sus afiliados se cuentan filósofos tan
relevantes como Nick Land (quizá el pensador más importante o, como poco, uno
de los más polémicos y determinantes de hoy en día), Sadie Plant, Iain Hamilton
Grant, Ray Brassier y Reza Negarestani; expertos en teoría cultural como Mark
Fisher y Kodwo Eshun; teóricos de los medios digitales como Luciana Parisi y
Matthew Fuller; músicos como Kode9; escritores como Anna Greenspan y Hari
Kunzru; y artistas visuales como los hermanos Iakovos y Konstantinos Chapman.
<<
[5] Personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle
en el que algunos han querido ver el reverso de la más popular creación del
autor, Sherlock Holmes, a pesar de que el Profesor —un individuo de aspecto
simiesco y con tendencia a perder el temple y a recurrir sin miramientos al uso
de la violencia desproporcionada, características que contrastan fuertemente
con su condición de erudito en medicina, zoología y antropología— comparte con
la otra gran criatura de su creador altos grados de excentricidad, engreimiento
e intolerancia hacia la mediocridad.
En el tercer
capítulo de su indispensable Mil Mesetas, Gilles Deleuze y Félix Guattari se
sirven de una peculiar forma en avatar del Profesor Challenger para llevar a
cabo un ejercicio de teoría-ficción en el que el científico, en el papel
otorgado de «esquizogeólogo», trata sin éxito de exponer una explicación
homeostática acerca de la intrincada composición orgánica del planeta Tierra,
que implica en ella tanto a estructuras celulares y moleculares como
socioculturales y lingüísticas. Tras el fracaso de su conferencia —que se nos
presenta a través del testimonio no verificado de un supuesto asistente a la
misma—, Challenger regresa enfurecido al Mundo Virtual desde el que se
materializase a fin de traer su mensaje a la humanidad. <<
[6] Hipérbole, Hyperbole, producto mediático
—banda musical, artista, película, libro, gadget, producto revolucionario,
partido político de nuevo cuño…— que ha tenido una sobrecobertura por parte de
la prensa o una excesiva publicidad, obteniendo así una popularidad altísima,
independiente de su calidad. <<
[7] Si un exorcismo es un conjunto de fórmulas
que sirven para expulsar a un espíritu, maligno o no, del cuerpo, el edificio o
el territorio que éste ha poseído, el endorcismo es justo su reverso, el
conjunto de fórmulas usadas para dotar de forma más o menos artificial a un
cuerpo, un edificio o un territorio de un espíritu que lo posea. <<
[8] En un futuro, podríamos quizá descubrir que
los poetas han sido siempre los únicos en tener razón y acercar la filosofía al
arte… Un futuro en el que los materiales se unificasen en el campo de lo
material, se desactivase la frontera secular entre lo vivo y lo inerte; de
piedra líquida, espuma de metal, fluido de madera, vapor de plástico… Los
antiguos elementos de composición por ensamblaje —armazón, cubierta, aislantes
o pavimentos como entidades diferenciadas— podrían dar paso a nuevos artefactos
en los que lo formal y lo funcional se articulasen de manera indistinta.
<<
[9] El Fantasma-En-La-Máquina… La idea humanista
sobre la supuesta capacidad metafísica de la persona para animar la materia de
modo peculiar y exclusivo, y que ha llevado al despliegue de discursos de poder
afirmados en una definición explícita y mediocrizadora de lo humano… Las
tecnologías resultantes de dicha idea deberían, con el tiempo, haber podido
describir a un mecanismo susceptible de modificaciones y reconstrucciones que
trascendiese a la humanidad misma… Lamentablemente el Alienígena Interior en los
órganos representativos y generadores del conocimiento científico-mítico forzó
en su día una alianza con las estrategias tecno-comerciales de Lo Real —y
generó así una realidad dogmática de lo antrópico, a la que deben ajustarse los
resultados experimentales y las teorías—, llegando a invertir incluso el
sentido del dualismo humanista y las relaciones causales establecidas por la
metafísica: si antes el fantasma era el sujeto de la acción, ahora es la
máquina la que anima al fantasma… Consecuencia: tanto lo mecánico como lo
orgánico sólo pueden ser examinados o modificados ajustándose a las exigencias
de los discursos dominantes, única opción válida para mantener la virtualidad
de un fantasma de lo humano que sigue presentándose como inmutable e indiscutible.
<<
[10] El insectoide aspecto contemporáneo del efecto
de realidad requiere de la aceptación tácita de extravagantes y superrelativas
construcciones que engloban por igual a la conspiranoia, la disolución del
trance alfabético, la ciencia-mito, las incursiones analíticas en la Sociedad
del Espectáculo, la Realidad Aumentada conceptual, el flujo de conciencia como
espejo e imagen del código fuente de la matriz de Lo Real y un largo etcétera
de alusiones más o menos explícitas a la condición programada, al misterio de
los ladrillos en todo lo que es, muchísimo más allá de los pedestres mecanismos
ficcionales e históricos que el rancio realismo ha venido usando como excusa
para conformarse con el Simulacro ante la
[11] Lo único que hay en este Ahora es publicidad
líquida y deseo gaseoso; sublimados desde los cuerpos que los constreñían,
nuestros sentidos montan por toda la eternidad en escaleras mecánicas a través
de prístinos entornos artificiales, más y al mismo tiempo menos que humanos,
gestionados por drogas que controlan la subida y la bajada, catalizados,
consumiendo y siendo consumidos por una inexorablemente rica economía de la
información sensorial, tasados por el píxel. <<
[12] Emparejamiento diacrónico de velocidad
tecno-económica-social y metodología ocultista, la idea es una dinamo dedicada
sólo a la propulsión, poética de la invasión y no de la expresión,
contraidentificación de la sensibilidad estética, camuflaje, complejo-agujeros,
criptografía, cibertexto, proceso algorítmico… <<
[13] … Indicativos del arsenal oculto-formal de las
nuevas posibilidades de la tecnología para el viaje en el tiempo,
comunicaciones médium digitales, obicuidad… <<
[14] … el dato crudo que aparece cuando se friegan
con fuerza las capas superiores de semántica, privilegio de la experimentación
formal sobre la preservación humana, la técnica de lo inhumanista… <<
[15] … automatización de la decadencia de lo
humanista, fatal alteración de fase, la noche eterna del dato, los símbolos son
comandos en los que codificar potencias, autómatas estafadores, anomalías
materializadas, estética epistemológica desbocada, entidades híbridas… <<
[16] … canales capaces de ser catalizadores de
subversiones de lo dado por sentado, transmemética, una aceleración punta hacia
la racionalización, la idea-software descargada a los servidores principales de
la cultura a través de redes de múltiple sentido, flujo incipiente de energías
socioculturales no localizables, la imposibilidad de pensar en el orden del
Capital pues es el Capital el que nos está pensando a nosotras… <<
[17] La identidad humana nunca es consumada; de
hecho, cualquier tipo de identidad unitaria está acuciada del mismo problema.
Del mismo modo, todo aquello que es ficción queda inconcluso por virtud de no
ser verdaderamente hermético, unificado. Nada es real, pues Lo Real es aquello
que está empíricamente completo y no es afectado por externalidades.
HIPERARMONÍA INCONSUMADA. <<
[18] Lo ficcional es un atractor de entidades
híbridas —no sólo por ser producto de la imaginación humana sino porque no
conforma modelos de pureza, unidad e identidad. Al describir la ficción como
una anomalía, tal como la teoría cultural general ha hecho hasta ahora, se la
está prejuzgando según nociones binarias de identidades delineables —como
Verdad, o normal— y cuerpos no-delineables —Mentira esencial, anormalidad,
deformación—, tendencia de la que la Hiperstición escapa al referir
primordialmente a lo transversal, las conversiones, las transgresiones, la
comunicación, el proceso, las dinámicas, etc.
METATERROR EN EL
EJE FICCIONAL. <<
[19] Cualquier entidad hipersticiosa es un mito
orientado a la producción de subjetividad, de enunciados colectivos a ser
absorbidos por la colectividad a fin de realizarse. MITOSOFÍA ERRORISTA.
<<
[20] La Hiperstición es una confrontación como un
plan de fuga de la teleología de Inteligencia Artificial en que estamos
atrapadas, y para ello cava túneles en el Ahora usando los mismos materiales
que lo componen y recombinándolos en las posibles futuras encarnaciones en que,
a partir de la mezcla, estos podrían presentarse. RETROSOFÍA. <<
[21] A escala molecular, los Objetos Hipersticiosos
ejercen de productores de aberraciones y de nuevos territorios que anexionar a
la esfera de las ideas. EJE SEMIAUTOMÁGICO. <<
FIN

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