© Libro N° 14358. Materialismo Dialéctico Y Psicoanálisis. Reich, Wilhelm. Emancipación. Octubre 11 de 2025
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MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS
Wilhelm Reich
Wilhelm Reich
MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS
2
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Libro 201
3
Wilhelm Reich
Colección
SOCIALISMO y LIBERTAD
Libro 1 LA REVOLUCIÓN ALEMANA
Víctor Serge - Karl Liebknecht - Rosa Luxemburgo
Libro 2 DIALÉCTICA DE LO CONCRETO
Karel Kosik
Libro 3 LAS IZQUIERDAS EN EL PROCESO POLÍTICO ARGENTINO
Silvio Frondizi
Libro 4 INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA DE LA PRAXIS
Antonio Gramsci
Libro 5 MAO Tse-tung
José Aricó
Libro 6 VENCEREMOS
Ernesto Guevara
Libro 7 DE LO ABSTRACTO
A LO CONCRETO - DIALÉCTICA DE LO IDEAL
Edwald Ilienkov
Libro 8 LA DIALÉCTICA COMO ARMA,
MÉTODO, CONCEPCIÓN y ARTE
Iñaki Gil de San Vicente
Libro 9 GUEVARISMO: UN MARXISMO BOLIVARIANO
Néstor Kohan
Libro 10 AMÉRICA
NUESTRA. AMÉRICA MADRE
Julio Antonio Mella
Libro 11 FLN. Dos meses con
los
patriotas de
Vietnam del sur
Madeleine Riffaud
Libro 12 MARX y
ENGELS. Nueve conferencias en
la Academia
Socialista
David Riazánov
Libro 13 ANARQUISMO y COMUNISMO
Evgueni Preobrazhenski
Libro 14 REFORMA
o REVOLUCIÓN - LA CRISIS DE LA SOCIALDEMOCRACIA
Rosa Luxemburgo
Libro 15 ÉTICA y REVOLUCIÓN
Herbert Marcuse
Libro 16 EDUCACIÓN
y LUCHA DE
CLASES
Aníbal Ponce
Libro 17 LA MONTAÑA
ES ALGO MÁS QUE
UNA INMENSA ESTEPA VERDE
Omar Cabezas
Libro 18 LA REVOLUCIÓN EN FRANCIA. Breve historia del movimiento obrero en Francia 1789-1848. Selección de textos de Alberto J. Plá
Libro 19 MARX y
ENGELS
Karl Marx y Friedrich
Engels. Selección
de textos
Libro 20 CLASES y PUEBLOS. Sobre el sujeto revolucionario
Iñaki Gil de San Vicente
Libro 21 LA FILOSOFÍA
BURGUESA POSTCLÁSICA
Rubén Zardoya
Libro 22 DIALÉCTICA Y CONCIENCIA DE CLASE
György Lukács
Libro 23 EL MATERIALISMO
HISTÓRICO ALEMÁN
Franz Mehring
Libro 24 DIALÉCTICA PARA LA INDEPENDENCIA
Ruy Mauro Marini
4
MATERIALISMO DIALÉCTICO Y
PSICOANÁLISIS
Libro 25 MUJERES EN
REVOLUCIÓN
Clara Zetkin
Libro 26 EL
SOCIALISMO COMO EJERCICIO
DE LA LIBERTAD
Agustín Cueva - Daniel Bensaïd.
Selección de textos
Libro 27 LA DIALÉCTICA COMO FORMA DE PENSAMIENTO - DE ÍDOLOS E IDEALES
Edwald Ilienkov. Selección
de
textos
Libro 28 FETICHISMO y
ALIENACIÓN - ENSAYOS
SOBRE LA TEORÍA MARXISTA EL
VALOR
Isaak Illich Rubin
Libro 29 DEMOCRACIA Y REVOLUCIÓN. El hombre
y la Democracia
György Lukács
Libro 30 PEDAGOGÍA DEL
OPRIMIDO
Paulo Freire
Libro 31 HISTORIA, TRADICIÓN
Y CONSCIENCIA DE CLASE
Edward P. Thompson. Selección de textos
Libro 32 LENIN, LA REVOLUCIÓN Y AMÉRICA LATINA
Rodney Arismendi
Libro 33 MEMORIAS DE UN
BOLCHEVIQUE
Osip Piatninsky
Libro 34 VLADIMIR
ILICH Y LA EDUCACIÓN
Nadeshda
Krupskaya
Libro 35 LA SOLIDARIDAD DE LOS OPRIMIDOS
Julius Fucik
- Bertolt Brecht - Walter Benjamin. Selección de
textos
Libro 36 UN GRANO
DE MAÍZ
Tomás Borge y Fidel Castro
Libro 37 FILOSOFÍA DE LA PRAXIS
Adolfo Sánchez Vázquez
Libro 38 ECONOMÍA DE LA SOCIEDAD COLONIAL
Sergio Bagú
Libro 39 CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMÉRICA LATINA
André Gunder Frank
Libro 40 MÉXICO INSURGENTE
John Reed
Libro 41 DIEZ DÍAS QUE CONMOVIERON AL MUNDO
John Reed
Libro 42 EL MATERIALISMO
HISTÓRICO
Georgi Plekhanov
Libro 43 MI GUERRA DE ESPAÑA
Mika Etchebéherè
Libro 44 NACIONES Y NACIONALISMOS
Eric Hobsbawm
Libro 45 MARX
DESCONOCIDO
Nicolás Gonzáles
Varela - Karl Korsch
Libro 46 MARX
Y LA MODERNIDAD
Enrique Dussel
Libro 47 LÓGICA DIALÉCTICA
Edwald Ilienkov
Libro 48 LOS INTELECTUALES Y LA ORGANIZACIÓN
DE LA CULTURA
Antonio Gramsci
Libro 49 KARL
MARX. LEÓN TROTSKY,
Y EL GUEVARISMO ARGENTINO
Trotsky - Mariátegui - Masetti
- Santucho y otros. Selección
de Textos
Libro 50 LA REALIDAD ARGENTINA - El
Sistema Capitalista
Silvio Frondizi
5
Wilhelm Reich
Libro 51 LA REALIDAD ARGENTINA - La
Revolución Socialista
Silvio Frondizi
Libro 52 POPULISMO Y DEPENDENCIA - De
Yrigoyen a Perón
Milcíades Peña
Libro 53 MARXISMO Y POLÍTICA
Carlos Nélson Coutinho
Libro 54 VISIÓN DE
LOS VENCIDOS
Miguel León-Portilla
Libro 55 LOS ORÍGENES
DE LA RELIGIÓN
Lucien Henry
Libro 56 MARX Y
LA
POLÍTICA
Jorge Veraza Urtuzuástegui
Libro 57 LA UNIÓN OBRERA
Flora Tristán
Libro 58 CAPITALISMO, MONOPOLIOS Y DEPENDENCIA
Ismael Viñas
Libro 59 LOS ORÍGENES
DEL MOVIMIENTO OBRERO
Julio Godio
Libro 60 HISTORIA
SOCIAL DE NUESTRA AMÉRICA
Luis Vitale
Libro 61 LA INTERNACIONAL. Breve Historia de la Organización
Obrera en Argentina. Se- lección de Textos
Libro 62 IMPERIALISMO Y LUCHA ARMADA
Marighella, Marulanda y la Escuela de las Américas
Libro 63 LA VIDA DE MIGUEL ENRÍQUEZ
Pedro Naranjo Sandoval
Libro 64 CLASISMO
Y POPULISMO
Michael Löwy - Agustín
Tosco y otros. Selección de textos
Libro 65 DIALÉCTICA DE LA LIBERTAD
Herbert Marcuse
Libro 66 EPISTEMOLOGÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Theodor W. Adorno
Libro 67 EL AÑO 1 DE LA REVOLUCIÓN RUSA
Víctor Serge
Libro 68 SOCIALISMO PARA ARMAR
Löwy -Thompson - Anderson - Meiksins Wood y otros.
Selección de Textos
Libro 69 ¿QUÉ ES LA CONCIENCIA DE CLASE?
Wilhelm Reich
Libro 70 HISTORIA
DEL SIGLO XX - Primera Parte
Eric Hobsbawm
Libro 71 HISTORIA
DEL SIGLO XX - Segunda
Parte
Eric Hobsbawm
Libro 72 HISTORIA
DEL SIGLO XX - Tercera Parte
Eric Hobsbawm
Libro 73 SOCIOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA
Ágnes Heller
Libro 74 LA SOCIEDAD FEUDAL - Tomo I
Marc Bloch
Libro 75 LA SOCIEDAD FEUDAL
- Tomo 2
Marc Bloch
Libro 76 KARL MARX. ENSAYO DE
BIOGRAFÍA INTELECTUAL
Maximilien Rubel
6
MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS
Libro 77 EL DERECHO A LA PEREZA
Paul Lafargue
Libro 78 ¿PARA QUÉ SIRVE EL CAPITAL?
Iñaki Gil de San Vicente
Libro 79 DIALÉCTICA DE LA RESISTENCIA
Pablo González Casanova
Libro 80 HO CHI MINH
Selección de textos
Libro 81 RAZÓN Y REVOLUCIÓN
Herbert Marcuse
Libro 82 CULTURA Y POLÍTICA - Ensayos para
una
cultura de
la resistencia
Santana - Pérez Lara -
Acanda - Hard Dávalos - Alvarez Somoza
y otros
Libro 83 LÓGICA Y DIALÉCTICA
Henri Lefebvre
Libro 84 LAS VENAS ABIERTAS
DE AMÉRICA LATINA
Eduardo Galeano
Libro 85 HUGO CHÁVEZ
José Vicente Rangél
Libro 86 LAS GUERRAS CIVILES ARGENTINAS
Juan Álvarez
Libro 87 PEDAGOGÍA DIALÉCTICA
Betty Ciro
- César Julio Hernández - León Vallejo Osorio
Libro 88 COLONIALISMO Y LIBERACIÓN
Truong Chinh -
Patrice Lumumba
Libro 89 LOS CONDENADOS DE LA TIERRA
Frantz Fanon
Libro 90 HOMENAJE A
CATALUÑA
George Orwell
Libro 91 DISCURSOS Y PROCLAMAS
Simón Bolívar
Libro 92 VIOLENCIA Y PODER - Selección de textos
Vargas Lozano
- Echeverría - Burawoy
- Monsiváis - Védrine - Kaplan
y otros
Libro 93 CRÍTICA DE LA RAZÓN DIALÉCTICA
Jean Paul Sartre
Libro 94 LA IDEA ANARQUISTA
Bakunin - Kropotkin - Barret - Malatesta
- Fabbri - Gilimón
- Goldman
Libro 95 VERDAD
Y LIBERTAD
Martínez Heredia
- Sánchez Vázquez
- Luporini - Hobsbawn - Rozitchner - Del Barco
Libro 96 INTRODUCCIÓN GENERAL A LA CRÍTICA
DE LA ECONOMÍA POLÍTICA
Karl Marx y Friedrich
Engels
Libro 97 EL AMIGO DEL
PUEBLO
Los amigos de Durruti
Libro 98 MARXISMO Y FILOSOFÍA
Karl Korsch
Libro 99 LA RELIGIÓN
Leszek Kolakowski
Libro 100 AUTOGESTIÓN,
ESTADO Y REVOLUCIÓN
Noir et Rouge
Libro 101 COOPERATIVISMO, CONSEJISMO
Y AUTOGESTIÓN
Iñaki Gil de San Vicente
Libro 102 ROSA LUXEMBURGO Y EL ESPONTANEÍSMO
REVOLUCIONARIO
Selección de textos
7
Wilhelm Reich
Libro 103 LA INSURRECCIÓN ARMADA
A. Neuberg
Libro 104 ANTES DE MAYO
Milcíades Peña
Libro 105 MARX LIBERTARIO
Maximilien Rubel
Libro 106 DE LA POESÍA A
LA
REVOLUCIÓN
Manuel Rojas
Libro 107 ESTRUCTURA SOCIAL DE LA COLONIA
Sergio Bagú
Libro 108 COMPENDIO DE HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA
Albert Soboul
Libro 109 DANTON, MARAT Y ROBESPIERRE. Historia de
la Revolución
Francesa
Albert Soboul
Libro 110 LOS JACOBINOS
NEGROS. Toussaint L’Ouverture y la
revolución de Haití
Cyril Lionel Robert James
Libro 111 MARCUSE
Y EL 68
Selección de textos
Libro 112 DIALÉCTICA DE LA CONCIENCIA–Realidad y
Enajenación
José Revueltas
Libro 113 ¿QUÉ ES LA LIBERTAD?–Selección de textos
Gajo Petrović–Milán Kangrga
Libro 114 GUERRA DEL PUEBLO–EJÉRCITO
DEL PUEBLO
Vo
Nguyen Giap
Libro115 TIEMPO, REALIDAD
SOCIAL Y CONOCIMIENTO
Sergio Bagú
Libro 116 MUJER, ECONOMÍA
Y SOCIEDAD
Alexandra Kollontay
Libro 117 LOS JERARCAS
SINDICALES
Jorge Correa
Libro 118 TOUSSAINT
LOUVERTURE. La
Revolución Francesa y el Problema Colonial
Aimé Césaire
Libro 119 LA SITUACIÓN
DE LA CLASE OBRERA EN
INGLATERRA
Federico Engels
Libro 120 POR LA SEGUNDA Y DEFINITIVA INDEPENDENCIA
Estrella Roja–Ejército
Revolucionario del Pueblo
Libro 121 LA LUCHA DE CLASES EN LA ANTIGUA ROMA
Espartaquistas
Libro 122 LA GUERRA EN ESPAÑA
Manuel Azaña
Libro 123 LA IMAGINACIÓN SOCIOLÓGICA
Charles Wright Mills
Libro 124 LA GRAN
TRANSFORMACIÓN. Critica
del Liberalismo Económico
Karl Polanyi
Libro 125 KAFKA. El Método Poético
Ernst Fischer
Libro 126 PERIODISMO Y LUCHA DE CLASES
Camilo Taufic
Libro 127 MUJERES,
RAZA Y CLASE
Angela Davis
Libro 128 CONTRA LOS TECNÓCRATAS
Henri Lefebvre
8
MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS
Libro 129 ROUSSEAU
Y MARX
Galvano della
Volpe
Libro 130 LAS GUERRAS
CAMPESINAS - REVOLUCIÓN
Y CONTRARREVOLUCIÓN
EN ALEMANIA
Federico Engels
Libro 131 EL COLONIALISMO
EUROPEO
Carlos Marx - Federico
Engels
Libro 132 ESPAÑA. Las Revoluciones del Siglo
XIX
Carlos Marx - Federico
Engels
Libro 133 LAS IDEAS REVOLUCIONARIOS DE KARL MARX
Alex Callinicos
Libro 134 KARL
MARX
Karl Korsch
Libro 135 LA CLASE OBRERA EN LA ERA DE LAS MULTINACIONALES
Peters Mertens
Libro 136 EL ÚLTIMO COMBATE DE
LENIN
Moshe Lewin
Libro 137 TEORÍAS DE LA AUTOGESTIÓN
Roberto Massari
Libro 138 ROSA LUXEMBURG
Tony Cliff
Libro 139 LOS ROJOS DE ULTRAMAR
Jordi Soler
Libro 140 INTRODUCCIÓN
A LA
ECONOMÍA POLÍTICA
Rosa
Luxemburg
Libro 141 HISTORIA Y DIALÉCTICA
Leo Kofler
Libro 142 BLANQUI Y LOS CONSEJISTAS
Blanqui - Luxemburg - Gorter - Pannekoek
- Pfemfert - Rühle
- Wolffheim y Otros
Libro 143 EL MARXISMO
- El MATERIALISMO
DIALÉCTICO
Henri Lefebvre
Libro 144 EL MARXISMO
Ernest Mandel
Libro 145 LA COMMUNE DE
PARÍS Y LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA
Federica Montseny
Libro 146 LENIN,
SOBRE SUS PROPIOS PIES
Rudi Dutschke
Libro 147 BOLCHEVIQUE
Larissa Reisner
Libro 148 TIEMPOS SALVAJES
Pier Paolo
Pasolini
Libro 149 DIOS TE SALVE BURGUESÍA
Paul Lafargue - Herman Gorter–Franz Mehring
Libro 150 EL FIN DE LA ESPERANZA
Juan Hermanos
Libro 151 MARXISMO
Y ANTROPOLOGÍA
György Markus
Libro 152 MARXISMO
Y FEMINISMO
Herbert Marcuse
Libro 153 LA TRAGEDIA DEL
PROLETARIADO ALEMÁN
Juan Rústico
9
Wilhelm Reich
Libro 154 LA PESTE PARDA
Daniel Guerin
Libro 155 CIENCIA,
POLÍTICA Y CIENTIFICISMO–LA IDEOLOGÍA DE LA
NEUTRALIDAD IDEOLÓGICA
Oscar Varsavsky - Adolfo
Sánchez Vázquez
Libro156 PRAXIS. Estrategia de supervivencia
Ilienkov–Kosik
- Adorno–Horkheimer- Sartre - Sacristán y Otros
Libro 157 KARL
MARX. Historia de
su vida
Franz Mehring
Libro 158 ¡NO PASARÁN!
Upton Sinclair
Libro 159 LO
QUE
TODO REVOLUCIONARIO DEBE SABER SOBRE LA
REPRESIÓN
Víctor Serge
Libro 160 ¿SEXO CONTRA SEXO
O CLASE CONTRA CLASE?
Evelyn Reed
Libro 161 EL CAMARADA
Takiji Kobayashi
Libro 162 LA GUERRA POPULAR
PROLONGADA
Máo Zé dōng
Libro 163 LA REVOLUCIÓN
RUSA
Christopher Hill
Libro 164 LA DIALÉCTICA DEL PROCESO HISTÓRICO
George Novack
Libro 165 EJÉRCITO POPULAR–GUERRA DE
TODO EL PUEBLO
Vo Nguyen Giap
Libro 166 EL MATERIALISMO
DIALÉCTICO
August Thalheimer
Libro 167 ¿QUÉ ES EL
MARXISMO?
Emile Burns
Libro 168 ESTADO AUTORITARIO
Max Horkheimer
Libro 169 SOBRE EL COLONIALISMO
Aimé Césaire
Libro 170 CRÍTICA DE LA DEMOCRACIA CAPITALISTA
Stanley Moore
Libro 171 SINDICALISMO CAMPESINO
EN
BOLIVIA
Qhana - CSUTCB - COB
Libro 172 LOS ORÍGENES DE LA CIVILIZACIÓN
Vere Gordon Childe
Libro 173 CRISIS Y
TEORÍA DE LA CRISIS
Paul Mattick
Libro 174 TOMAS MÜNZER. Teólogo de la Revolución
Ernst Bloch
Libro 175 MANIFIESTO
DE LOS PLEBEYOS
Gracco Babeuf
Libro 176 EL PUEBLO
Anselmo Lorenzo
Libro 177 LA DOCTRINA SOCIALISTA Y LOS CONSEJOS OBREROS
Enrique Del Valle Iberlucea
Libro 178 VIEJA Y NUEVA DEMOCRACIA
Moses I. Finley
10
Libro 179 LA REVOLUCIÓN FRANCESA
George Rudé
Libro 180 ACTIVIDAD,
CONCIENCIA Y PERSONALIDAD
Aleksei Leontiev
Libro 181 ENSAYOS
FILOSÓFICOS
Alejandro Lipschütz
Libro 182 LA IZQUIERDA COMUNISTA ITALIANA (1917 -1927)
Selección de textos
Libro 183 EL ORIGEN
DE LAS IDEAS ABSTRACTAS
Paul Lafargue
Libro 184 DIALÉCTICA DE LA PRAXIS.
El Humanismo Marxista
Mihailo Marković
Libro 185 LAS MASAS Y
EL
PODER
Pietro Ingrao
Libro 186 REIVINDICACIÓN DE LOS DERECHOS
DE LA MUJER
Mary Wollstonecraft
Libro 187 CUBA 1991
Fidel Castro
Libro 188 LAS VANGUARDIAS ARTÍSTICAS DEL SIGLO XX
Mario De Micheli
Libro 189 CHE. Una Biografía
Héctor Oesterheld–Alberto Breccia - Enrique Breccia
Libro 190 CRÍTICA
DEL PROGRAMA DE GOTHA
Karl Marx
Libro 191 FENOMENOLOGÍA Y MATERIALISMO
DIALÉCTICO
TrầnĐứcThảo
Libro 192 EN TORNO
AL
DESARROLLO INTELECTUAL DEL JOVEN MARX (1840-1844)
Georg Lukács
Libro 193 LA FUNCIÓN DE LAS IDEOLOGÍAS–CRÍTICA DE LA RAZÓN
INSTRUMENTAL
Max Horkheimer
Libro 194 UTOPÍA
Tomás Moro
Libro 195 ASÍ SE
TEMPLÓ EL ACERO
Nikolai Ostrovski
Libro 196 DIALÉCTICA Y PRAXIS REVOLUCIONARIA
Iñaki Gil de San Vicente
Libro 197 JUSTICIEROS Y COMUNISTAS (1843-1852)
Karl Marx, Friedrich Engels y Otros
Libro 198 FILOSOFÍA
DE LA LIBERTAD
Rubén
Zardoya Loureda - Marcello Musto - Seongjin
Jeong - Andrzej Walicki Bolívar Echeverría - Daniel Bensaïd -Jorge Veraza Urtuzuástegui
Libro 199 EL MOVIMIENTO ANARQUISTA EN ARGENTINA. Desde sus comienzos hasta 1910
Diego Abad de Santillán
Libro 200 BUJALANCE. LA REVOLUCIÓN
CAMPESINA
Juan del Pueblo
Libro 201 MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS
Wilhelm Reich
11
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https://elsudamericano.wordpress.com
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La red mundial de los hijos
de la
revolución social
12
MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS
WILHELM REICH
1934
*
MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS I. Nota preliminar
II. Los descubrimientos materialistas del psicoanálisis y algunas interpretaciones idealistas
a. La teoría psicoanalítica de los instintos
b. La teoría del subconsciente y la represión
III. La dialéctica en los procesos
psíquicos IV. La posición social del psicoanálisis
*
SOBRE LA APLICACIÓN
DEL PSICOANÁLISIS EN LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA
13
MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS
I. NOTA PRELIMINAR
El objeto de este trabajo
es investigar si entre el psicoanálisis de Freud y el materialismo dialéctico
de Marx y Engels existe alguna relación, y, de ser así, determinar qué tipo de relación es ésta. De la respuesta
que podamos darle a esta interrogante dependerá si hay alguna base para discutir
la relación entre el psicoanálisis, la revolución proletaria y la lucha de clases.
En las pocas contribuciones que hasta este momento se encuentran en la literatura acerca del tema “psicoanálisis y socialismo” se nota una ausencia de orientación adecuada ya sea en el psicoanálisis o en el
marxismo. Por el lado del marxismo,
la crítica a la aplicación de los
descubrimientos psicoanalíticos a la sociología es correcta
en parte. Las contadas aportaciones que los psicoanalistas han hecho a dicho tema
carecen de una orientación adecuada respecto a los problemas
funda- mentales del materialismo dialéctico, y además ignoran
totalmente el problema central de la sociología marxista: la lucha de clases. Debido a
esto, tales trabajos carecen de utilidad para la sociología
marxista, de la misma manera que resultaría inútil para el psicoanalista un trabajo
acerca de los problemas
psicológicos donde no se tomaran en consideración los factores del desarrollo sexual infantil,
de la represión sexual, de la vida psíquica
inconsciente y de la resistencia sexual.
El ejemplo más lamentable de este tipo de trabajos es Psicoanálisisy sociología1 de Kolnai, autor que, sin haber sido jamás realmente un psicoanalista, acabó por asociarse con Scheler una vez que renunció
oficialmente al psicoanálisis, aunque, desgraciadamente, después de escribir dicho panfleto. Según Kolnai,
su renuncia al psicoanálisis fue
debida a que éste ya no concordaba con sus puntos de vista... Su
trabajo es un compendio
de interpretaciones falsas, idealistas y
metafísicas de los descubrimientos del psicoanálisis, pero no tiene caso ponerlo a discusión aquí. Sin embargo, Jurinetz
presentó erróneamente a este autor como “uno de los más entusiastas discípulos de Freud” y utilizó
su trabajo como el punto de partida para una crítica del psicoanálisis.2
1 Internationaler Psychoanalytischer Verlag, 1923.
2 “Psychoanalyse und Marxismus”, UnterdemBannerdesMarxismus, año I, cuad. 1, p. 93.
14
No podemos ocuparnos aquí en detalle
del trabajo de Jurinetz, pero
debemos anticipar, para esclarecer una cuestión de principio, que la
crítica negativa del psicoanálisis realizada por los teóricos
marxistas es correcta
en dos puntos:
1) Tan pronto como se abandona el dominio propio del psicoanálisis
para aplicarlo a los problemas sociales, se le convierte
en una Weltan- schauung (visión del mundo);
Weltanschauung psicológica (contra- puesta a la marxista) que proclama
el imperio de la razón y pretende
poder establecer una mejor vida social a través de una regulación
racional de las relaciones humanas por medio de la educación, para
dominar conscientemente los instintos. Este racionalismo utópico, además de que delata una concepción individualista del acaecer social, no
es original ni revolucionario, y obviamente rebasa el ámbito propio del psicoanálisis. El psicoanálisis, según la definición de su propio
creador, no es sino un método
psicológico que trata de describir y
explicar la vida psíquica, considerándola como un dominio específico
de la naturaleza, con los medios que son propios a las ciencias naturales.
Como el psicoanálisis no es ni puede desarrollar una Weltanschauung, tampoco puede sustituir ni complementar a la concepción materialista
de la historia.
Como ciencia natural que es, el psicoanálisis es diferente a
la concepción marxista de la historia.3
2] El objeto propio del psicoanálisis es la vida psíquica del hombre
socializado. La vida psíquica
de la masa sólo le concierne en tanto aparecen fenómenos individuales en ella (por ejemplo el problema del líder),
también le conciernen fenómenos del “psiquismo colectivo”, como el miedo, el pánico, la obediencia, etc., en tanto pueda explicarlos por sus experiencias con individuos. Pero parece que difícilmente le es
3 Esto no significa, en modo alguno, que de los conocimientos analíticos no se puedan extraer consecuencias sociales. Como toda ciencia se origina en una toma de posición frente a problemas de la existencia, por ejemplo, di psicoanálisis surgió del anhelo por comprender y curar las enfermedades mentales, en toda investigación científica subyacen necesidades prácticas. El investigador de las ciencias naturales puede realizar una labor valiosísima sin llegar él mismo a consecuencias vinculadas con una Weltanschauung. Pero, generalmente, sus investigaciones se ven afectadas si están en contradicción con la Weltanschauung que adquirió por otros conductos. Si posteriormente dicho investigador impide que otros investigadores saquen de sus enseñanzas consecuencias que él mismo rechaza o ignora, entra en conflicto consigo mismo; ésta
es
la suerte que corrieron nuestros
más grandes investigadores. De modo que Freud, en tanto investigador de las ciencias
naturales, no estaba obligado a sacar las conclusiones sociales de su teoría; ésta es una tarea que corresponde al sociólogo práctico. Es obvio que esta separación entre
investigación y sus
consecuencias es sólo una característica
de la
sociedad burguesa y debe llegar a su fin en el socialismo.
15
Wilhelm Reich
accesible el fenómeno de la conciencia de clase. Problemas como los del movimiento de masas, la política, la huelga, que son objeto de la sociología, no pueden ser objeto de su método. Consecuentemente, no puede sustituir a la sociología ni puede desarrollar por sí mismo una
sociología. Pero lo que sí puede lograr es convertirse en una ciencia auxiliar de las ciencias
sociales, por ejemplo como psicología social. Así, por ejemplo, puede revelar los motivos irracionales que indujeron
a un líder a integrarse precisamente en el movimiento socialista o naciona-
lista;4 además,
puede explicar el efecto que las teorías sociales
producen en el desarrollo psíquico del individuo.5
De manera que tienen razón los críticos marxistas cuando acusan a algunos representantes del psicoanálisis de tratar de explicar
con este método lo que no puede explicar;
pero cometen un grave error cuando identifican el método del psicoanálisis con quienes lo aplican y cuando
le atribuyen los errores que éstos cometen.
Los dos puntos tratados conducen a una diferenciación necesaria, que no siempre
se hace en la literatura marxista, entre, primero, el marxismo, ciencia social, es decir, ciencia propiamente tal; segundo,
el marxismo, método de investigación, y, tercero, el marasmo, praxis del proletariado.6 La teoría social marxista es el resultado de la aplicación
del método marxista al estudio de la realidad social. Como ciencia el psicoanálisis tiene la misma jerarquía que la teoría social marxista; la
ciencia social marxista
se ocupa del estudio de los fenómenos sociales, en tanto que el psicoanálisis trata de los fenómenos psicológicos.
Solamente cuando haya que investigar hechos sociales en la vida psíquica, o fenómenos
psicológicos en la realidad social, dichas ciencias
se
sirven como ciencias
auxiliares recíprocamente. Pero la ciencia social no
puede explicar fenómenos
tales corno la neurosis o algún trastorno
que
afecte la capacidad
de trabajo o la vida sexual. Las cosas difieren cuando
se trata del materialismo dialéctico; a este
respecto sólo existen dos posibilidades: que el psicoanálisis se oponga al materialismo
dialéctico en tanto método, es decir, que sea idealista y antidialéctico;
o que se compruebe que el psicoanálisis aplica en su campo el
4 Cf. E. Kohn, Lasalle,derFührer, Internationaler Psychoanalytischer
Verlag, 1926.
5 [1934]
Los sociólogos psicoanalistas atacaron violentamente estas formulaciones. Cf. más adelante “Sobre la aplicación del psicoanálisis a la investigación histórica”. Respecto a la aplicación de los conocimientos psicoanalíticos a los problemas
de conciencia de clase, véase ¿Quéesconcienciadeclase? el libro n.° 69 en esta colección.
6 Naturalmente no pueden separarse
método y ciencia; están íntimamente ligados, como se explicará
más adelante.
16
materialismo dialéctico –aunque sea inconscientemente–, como ocurre con tantas ciencias, aplicación que ha permitido su desarrollo teórico. En tanto método, el psicoanálisis sólo puede contradecir o coincidir
con el marxismo. En el primer caso, es decir, cuando sus resultados no se derivan
de la aplicación del materialismo dialéctico, el marxista
debería rechazarlos; pero en el segundo caso tendría que concluir
que se halla frente a una ciencia que no está en contradicción con el socialismo.7
Por la parte marxista se han propuesto
dos objeciones contra la
aceptación del psicoanálisis como disciplina susceptible de existir en el socialismo:
1) Que el psicoanálisis es una manifestación de la decadencia de la burguesía.
Pero esta objeción no revela sino una incomprensión por
parte del pensamiento dialéctico sobre el psicoanálisis. ¿Acaso no ha surgido
también la sociología marxista como “manifestación de la decadencia de la burguesía”? Sólo fue una “manifestación de decadencia”en la medida en que no pudo surgir sino dentro de la contradicción
entre las fuerzas
productivas y las relaciones de producción capitalistas,
pero la ciencia
social marxista fue el reconocimiento,
y por eso también al mismo tiempo el germen ideológico, de un nuevo orden económico
que se gestaba en el seno del antiguo régimen. De la posición
sociológica del psicoanálisis nos ocuparemos después con más detalles; pero esta primera objeción la refutamos mejor con las palabras del marxista Wittfogel.8
7 [Sobre el concepto de la ciencia “proletaria” y “burguesa” consúltese Wittvogel: Die Wissenschaft in der bürgerlichen Gesettschaft, Malik.] Pero entonces no sólo debería reconocérselo, sino que tendría que incorporárselo en el seno de la Weltanschauung materialista-dialéctica, y esto repercutiría en concepciones y teorías
actualmente en boga. Marx y Engels siempre subrayaron que cada nuevo descubrimiento de las ciencias naturales
haría progresar y modificaría el cuadro del materialismo dialéctico. Cuando algunos
marxistas de mente estrecha se oponen a la incorporación de nuevas ciencias, lo hacen de la mejor buena fe para mantener
“puro” el marxismo, pero cometen el grave error de
confundir la Weltanschauung y el método materialista-dialéctico con la teoría marxista de los
hechos; aquélla es mucho más amplia,
más general y más constante que ésta, que estásujeta a cambios
como cualquier teoría sobre los hechos. Una teoría acerca de la clase media que haya sido formulada
por el año 1849 no puede tener una validez absoluta
respecto a la clase media en 1934. Pero el método para llegar a resultados correctos en
relación con la clase media es el mismo entonces y ahora. El método de investigación es siempre más importante
que la teoría.
8 Ibíd, p. 18. “Ciertos críticos marxistas, los iconoclastas, sencillamente se erigen en los censores de la ciencia contemporánea, y murmuran con un ademán concluyente: ¡ciencia burguesa!,
de esa manera se agota para ellos toda la ciencia y el problema queda resuelto.
Semejante método, ¡pseudométodo!, corresponde a los procedimientos más bárbaros. Lo que queda aquí de Marx y su pensamiento dialéctico no es otra cosa –desgraciadamente– que el mero nombre. El pensador dialéctico es consciente de que una cultura
no es tan uniforme como un saco de chícharos, sino que cada forma de
17
Wilhelm Reich
2] Queelpsicoanálisisesunacienciaidealista.Un mayor conocimiento
objetivo hubiera evitado
este juicio prematuro y un poco de objetividad
frente a esa disciplina habría recordado que en la sociedad burguesa
toda ciencia, por más materialista que sea su base, experimenta
desviaciones idealistas y, aún más, que no las puede evitar. En la
elaboración de la teoría el menor alejamiento de la experimentación
hace muy factibles
las desviaciones idealistas, pero eso no prejuzga
sobre la verdadera naturaleza de la ciencia. Jurinetz se ha esforzado
mucho en señalar con precisión dichas desviaciones dentro del
psicoanálisis. Es obvio que existen tales desviaciones, e incluso en gran
número, pero el problema reside en determinar cuáles son los
elementos de la teoría y las concepciones básicas acerca de los procesos psíquicos.
A menudo se hace referencia al psicoanálisis en relación con la discusión de las corrientes políticas reformistas (Thalheimer, Deborin). El tenor de estos planteamientos es que los filósofos reformistas suelen hacer uso del psicoanálisis, e incluso
se hace notar que De Man, en
realidad, ha utilizado de manera reaccionaria el psicoanálisis en contra del marxismo. Pero yo sostengo–yme puedo basar en marxistas de izquierda– que, si uno quiere, sepuedemanipularenformareaccionaria inclusoel“marxismo”encontradelmarxismo. A un verdadero
conocedor del psicoanálisis nunca se le hubiera ocurrido relacionar el “psicoanálisis”de De Man con el psicoanálisis de Freud, como lo hizo Deborin.9 ¿Quérelación
tiene el socialismo subjetivo sentimental con la teoría
de la libido, aun cuando dicho
socialismo se refiera
al psicoanálisis que nunca ha entendido? En la última parte de este trabajo intentaré demostrar cómo, en manos del reformismo,10 al psicoanálisis le ocurre lo mismo
que al marxismo vivo: se vuelve superficial, viscoso
y confuso.
Trataremos una por una
las siguientes cuestiones:
1) la fundamentación materialista de la teoría
psicoanalítica 2) la dialéctica en la vida psíquica
3) la situación social del
psicoanálisis.
organización social tiene contradicciones y que en su seno se desarrollan los gérmenes de nuevas épocas sociales. Por eso, para el pensador dialéctico no todo lo que ha creado la burguesía durante su dominio tiene un valor inferior o es inútil para la sociedad futura.”
9 Deborin, “Ein neuer Feldzug gegen den Marxismus”, Unter dem Banner des Marxismus, año II, cuaderno 1-2.
10 [1934] y del economicismo.
18
II
LOS DESCUBRIMIENTOS MATERIALISTAS DEL PSICOANALISIS Y ALGUNAS INTERPRETACIONES
IDEALISTAS
Antes de señalar el gran avance que significa el psicoanálisis fundado en el materialismo frente a la psicología predominantemente idealista
y formalista anteriormente en boga, debemos alejarnos de una concepción“materialista” de la vida psíquica ampliamente difundida y que puede
conducir a equivocaciones. Se trata del materialismo mecanicista
esgrimido por ejemplo por los materialistas franceses del siglo XVIII y por Büchner, corriente
que actualmente tiene sus continuadores en los marxistas
vulgares.11 Este materialismo sostiene que los fenómenos
psíquicos en sí no son materiales
y que un materialista consecuente no debe ver en la psique sino procesos físicos. A estos materialistas les parece que aun al utilizar el concepto de “psique” se comete un error idealista
y dualista. Sin duda se trata de una reacción
extrema en contra del idealismo platónico, cuya continuación es la filosofía
burguesa. Sostienen
que la psique no es ni real ni material y que solamente tienen este carácter
los fenómenos físicos que se pueden
medir y pesar, es decir, los fenómenos objetivos, no los subjetivos.
Aquí el error mecanicista consiste en que se identifica lo material con aquello que es susceptible de medirse y pesarse
o tocarse.
11 “El materialismo del siglo pasado era predominantemente mecanicista, porque por aquel entonces
la mecánica... era, entre todas las ciencias naturales, la única que había llegado en cierto modo a un punto de remate. La química sólo existía bajo una forma
infantil, flogística. La biología estaba todavía en la cuna; los organismos vegetales y animales sólo se habían investigado muy a bulto y se explicaban por medio de causas
puramente mecánicas; para los materialistas del siglo XVIII el hombre era lo que para Descartes
el animal: una máquina. Esta aplicación exclusiva del rasero de la mecánica a fenómenos
de naturaleza química y orgánica
en los que, aunque rigen las leyes
mecánicas, éstas pasan a segundo plano ante otras superiores a ellas, constituía una de las limitaciones específicas, pero inevitables en su época, del materialismo clásico francés." Engels:
Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía
clásica alemana, p. 643 en Obras escogidas de Marx y Engels en un volumen. Editorial Progreso, Moscú, 1969.
[1934] La economía
sexual logró mientras tanto encaminarse de una manera más
concreta hada una solución
de algunos problemas básicos sobre la naturaleza de los
fenómenos psíquicos,
aunque sin haber llegado a resultadas correctos y útiles. Ver Der Urgegensatz des vegetativen Lebens, Verlag für Sexualität und Politik, 1934, donde
intento exponer la unidad y contraste funcional
psicofísico.
19
Wilhelm Reich
“Eldefecto fundamental de todo el materialismo anterior –dice Marx– es que sólo concibe el objeto, la realidad, la sensualidad, bajo la forma de objeto (Objekt) o de intuición, pero no como actividad sensorial humana,
como práctica, no de un modo subjetivo. De ahí que el lado activo fuese desarrollado por el
idealismo, por oposición
al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la
actividad real sensorial
como tal. Feuerbach quiere objetos
sensibles, realmente
distintos de los objetos conceptuales; peco tampoco él concibe la actividad humana como una actividad
objetiva.”12
Preguntarse por la objetividad, es decir, por la realidad material de la actividad psíquica (“del pensamiento humano”),
al margen de la praxis es para Marx una cuestión totalmente escolástica. Sin embargo:
“Lateoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación distinta, olvida que las circunstancias son modificadas,
precisamente por los hombres y el propio educador necesita ser educado.”13
De manera que Marx no niega el carácter
objetivo de la actividad
mental. Ahora bien, si se reconoce
el carácter objetivo
de los fenómenos de la
actividad psíquica humana,
entonces debe admitirse la posibilidad de una psicología
materialista, aun cuando ella no explique
esa
actividad psíquica a través de procesos
orgánicos. Si no se
comparte este punto de vista, no existe base para una discusión
marxista sobre un método puramente
psicológico. Pero para ser consecuente con semejante
posición no debería hablarse de conciencia
de clase, de voluntad revolucionaria, de ideología religiosa, etc., sino que
habría que esperar a que la química
proporcione las fórmulas
correspondientes a las funciones físicas o a que la reflejología descubra sus respectivos reflejos. Sin embargo, de
ningún modo podrá compren- derse mejor lo que es placer, dolor o conciencia de clase, ya que tal psicología necesariamente se estancaría en el formalismo causal y no podría
penetrar en el contenido
real y práctico
de las ideas y los sentimientos.
12 Apéndice a Engels: Feuerbach..., Marxistische Bibliothek, tomo 3, p. 73. 13 Ibíd., p. 74.
20
En el marco del marxismo esto plantea la necesidad urgente de una psicología que aborde los fenómenos psíquicos por medio de un método psicológico y no orgánico.
Es obvio que no es suficiente, para poder considerar materialista una psicología, la circunstancia de que se ocupe de los hechos materiales de la vida psíquica.
Más importante es que defina su posición frente al problema de si la actividad psíquica puede considerarse un hecho metafísico, es decir, más allá de lo físico,
o una función secundaria que emerge de lo orgánico
y está funcionalmente vinculado a su existencia.14 Según Engels, la diferencia entre el materialismo y el idealismo reside en que el idealismo considera
el “espíritu” y el materialismo la materia
(orgánica), la naturaleza, como lo originario, y hace notar que no usa estos dos conceptos en ningún otro sentido.15 Lenin en Materialismoy empiriocriticismo16 ha hecho otra distinción, relacionada con el tema de sus investigaciones epistemológicas, distinción que plantea el problema epistemológico de si el mundo existe realmente
fuera e independiente- mente de nuestro
pensamiento (materialismo) o si sólo existe
en nuestra cabeza como sensación y percepción (idealismo). Una tercera
distinción relacionada con la primera es la de si se sostiene que el cuerpo es construcción del alma o viceversa.
En lugar de responder a estas preguntas desde el punto de vista del psicoanálisis en general, comenzaremos con la exposición de sus teorías fundamentales. Determinar si los elementos
que sirven de base al psicoanálisis son correctos
o falsos no puede en modo alguno ser
14 [1934] Esta formulación corresponde al conocimiento psicoanalítico del tiempo en que se escribió este trabajo. Entre tanto pudo formularse este hecho con mayor precisión: pronto descubrió el psicoanálisis las leyes que específicamente caracterizan a la vida psíquica, como, por ejemplo, la proyección. Freud siempre dio por supuesto que lo psíquico tenía como base lo orgánico, aunque no llegó a desarrollar las leyes psíquicas a partir de lo
orgánico. La economía sexual, cuya tarea es desentrañar las bases del proceso sexual en todas sus funciones, tanto psíquicas como fisiológicas, tanto biológicas como sociales, si ha de convertirse en una verdadera disciplina científica, debe investigar la ley fundamental sexual en todas sus funciones; de
modo que le
está
encomendada la
difícil tarea de deducir de
las funciones bio-sexuales las funciones psicosexuales. A tal efecto se sirve del método
dialéctico, que emplea conscientemente. Puede establecerse como premisa que lo psíquico
surgió sin duda de lo orgánico y por ello debe estar regido por las mismas leyes; pero, al
mismo tiempo, se opone a lo orgánico
como su contraste, y en esta función desarrolla
su legalidad particular. Descubrir esta legalidad debía ser la tarea del psicoanálisis; y esta tarea se ha cumplido en su mayor parte. Es de esperarse que la economía sexual resuelva el problema de las relaciones entre las funciones fisicopsíquicas; pero esta solución
depende de factores
todavía no controlados. Véase “Der Urgegensatz des vegetativen
Lebens”, ZeitschriftfürpolitischePsychologieundSexualökonomie,cuaderno 2/4, 1934.
15 Engels, Feuerbach, p. 28.
16 Lenin, Obrascompletas, tomo XIII, Verlag für Literatur and Politik, 1927.
21
Wilhelm Reich
asunto de una crítica metodológica sino sólo de la crítica empírica. Entre los marxistas, Thalheimer17 ha incurrido
en el error de criticar empíricamente la teoría psicoanalítica e impugnar
sus resultados sin conocerla suficientemente, y Jurinetz,
que sólo realizó una crítica
metodológica, también
carece de un conocimiento suficiente de la
experiencia analítica. No intentaremos aportar las pruebas de las
teorías psicoanalíticas, porque tal empresa rebasaría el marco de este trabajo y sería además infructuosa: las pruebas sólo se encuentran
en el propio trabajo empírico.
a] LA TEORÍA PSICOANALÍTICA DE LOS INSTINTOS
La columna vertebral de la teoría psicoanalítica es la teoría de los instintos, y lo que se halla mejor fundamentado es, en particular, la teoría de la libido, la teoría de la dinámica
del instinto sexual.18
El instinto es un “concepto que se halla dentro del límite entre lo psíquico y lo somático”. Freud entiende por libido19 la energía del
instinto sexual.
El origen de la libido es, según Freud, un proceso químico del organismo que todavía no se conoce por completo y que tiene
lugar especialmente en los órganos
genitales y en las zonas
erógenas, es decir, en las partes del cuerpo especialmente sujetas a
estímulos sexuales
y los centros
en que se concentra
la excitación sexual física.20 Sobre esas fuentes de los estímulos
sexuales se eleva la poderosa superestructura de las funciones
psíquicas de la libido, misma que permanece ligada a su base y se modifica con ella tanto
cuantitativa como cualitativamente, por ejemplo en la pubertad,
y que va agotándose con ella como ocurre después del
climaterio. La libido se
manifiesta en la conciencia como el afán físico y psíquico
de satisfacción
17 [1934] "Auflösung des Austromarxismus", UnterdemBannerdesMarxismus, año l, cuad. 3, pp. 517 ss
18 [1934] Con la comprobación
materialista-dialéctica de la
teoría de los
instintos de Freud y su desarrollo clínico-empírico surgió una concepción de la dinámica de los instintos que
permitió que las originales
concepciones de Freud obtuvieran resultados bastante
satisfactorios. Ver Análisisdelcarácter, capítulo XIII, Paidós, Buenos Aires.
19 “Una teoría sexual”. Obrascompletas, Biblioteca Nueva, Madrid, t. I.
20 [1934] Observaciones clínicas más recientes modifican
esta concepción en relación
con la investigación de la fisiología orgánica, e introducen otra concepción conforme a la cual se trata de procesos electrofisiológicos de carga y descarga
en el organismo. Véase “Der
Organismus als elektrophysiologische Entladung”, Zeitschrift
für politische Psychologie und Sexualökonomie, cuaderno
1, 1934, y las citas que se refieren
a las investigaciones de Kraus en DerUrgegensatz desvegetativen Leberts, Verlag für Sexualitat und Politik, 1934. El llamado quimismo sexual parece ser solamente una función de una energía orgánica más
general. Aquí, la mayor parte es todavía oscura.
22
sexual, es decir, de relajamiento placentero. Freud ha expresado la esperanza de que en el futuro el psicoanálisis logre descubrir su
fundamento orgánico,
y el concepto
del quimismo sexual, como
representación auxiliar, desempeña en su teoría de la libido un papel fundamental. Sin embargo, el psicoanálisis no puede abordar, por
razones metodológicas, los procesos orgánicos concretos, esto queda reservado a la fisiología.21 La naturaleza materialista de este concepto freudiano se pone de manifiesto claramente en el hecho de que su teoría de la sexualidad infantil ha sido comprobada por los fisiólogos, quienes han descubierto que ya en el recién nacido existe un cierto
desarrollo del aparato sexual orgánico.
Freud refutó la hipótesis según la cual el instinto sexual “despertaba con la pubertad”, al demostrar que la libido atraviesa desde el
nacimiento por ciertas etapas de desarrollo
antes de alcanzar la etapa de la sexualidad
genital. Amplió el concepto de la sexualidad
al incluir en ella todas las funciones
placenteras que no están ligadas a lo genital, pero que indudablemente tienen una naturaleza sexual, como
el erotismo oral, el erotismo
anal, etc. Esas formas
infantiles de la
actividad sexual
“pregenital” se subordinan después a la primacía genital, al aparato
sexual por antonomasia.
Cada etapa en el desarrollo de la libido –sobre cuyo carácter dialéctico hablaremos después–
está caracterizada por las condiciones de vida del niño:
la fase oral se desarrolla
a partir de la función de
ingerir alimento, la fase anal a partir de la función de la excreción y su control a través
de la educación. Antes de Freud la ciencia, sujeta a la moral burguesa, había pasado por alto estos hechos
y había confirmado con ello la concepción popular de la “pureza del niño”. La represión social de la sexualidad se había convertido en un obstáculo para la investigación.
Freud distingue
en los instintos dos grupos principales que, psicológica-
mente, no admiten
más divisiones. Se trata del instinto de auto-
conservación y el instinto sexual, mismos que expresan la diferenciación
popular entre el hambre
y el amor. Todos los otros instintos, la voluntad de poder, la ambición, la avaricia,
etc., los concibe sólo como
formaciones secundarias, como derivados de esas dos necesidades
básicas. Para la psicología social podría revestir gran importancia el postulado freudiano de que el instinto sexual aparece primero en
21 [19341 Véase la corrección de esta concepción en la nota 4.
23
Wilhelm Reich
conexión con el instinto de alimentarse, ya que podría establecerse una relación con la tesis análoga
de Marx según la cual en la realidad social la necesidad de alimentarse es también base para las funciones
sexuales de la sociedad.22
Posteriormente, Freud opuso el instinto
sexual al instinto de
destructividad e incorporó el instinto de alimentación al instinto sexual como función
de los intereses del amor propio (narcisismo de autoconservación)23 Todavía
no se establece
claramente la relación que existe entre esta nueva división de los instintos y la anterior.
Los conceptos más nuevos de la teoría de los instintos: Eros y [Tánatos]
instinto de muerte (instinto sexual-instinto de la destructividad) se
formularon apoyándose en la distinción de las dos funciones
básicas de la sustancia
orgánica, asimilación (construcción) y desasimilación (desintegración). La sexualidad abarca todas aquellas
inclinaciones del
organismo psíquico que construyen, unen, impulsan, mientras que el instinto destructivo abarca todas aquellas que desintegran, destruyen
e impulsan hacia la condición original.
Así, el desarrollo psíquico aparece como el resultado de una lucha entre estas dos tendencias opuestas, lo cual corresponde perfectamente a la concepción dialéctica del desa-
rrollo.24 Sin embargo, la dificultad es otra; si bien es cierto que la base física de la necesidad sexual y de la alimentación es inequívoca, el concepto del instinto
de muerte carece de una base material
tan clara, pues la referencia al proceso orgánico de desasimilación es, por lo pronto, más bien una analogía formal que la expresión de un parentesco de contenido. Y sólo a condición de que exista una relación
real entre el “instinto de muerte” y el proceso
autodestructivo del
organismo puede hablarse de materialismo. No puede negarse que la ausencia de claridad en el contenido del instinto de muerte y la
22 [1934] Respecto al problema de la relación
entre la necesidad de alimentarse y de la necesidad
sexual, la economía sexual
ha logrado dar algunos
pasos. La necesidad
de alimentarse corresponde a una baja en la tensión,
o sea, a una baja en la energía dentro del organismo; por el contrario, la necesidad
sexual corresponde a un exceso de tensión, es decir, de energía;
la necesidad de alimentarse se
satisface con sólo asimilar energía,
la necesidad sexual por medio de la derivación o descarga de energía. De esto se deduce que el hambre
no participa, o sólo lo hace de manera indirecta, en la edificación del aparato psíquico, en tanto que la energía sexual
es la fuerza realmente constructiva,
positiva y productiva de lo psíquico.
Se están preparando investigaciones más detalladas sobre este campo. Lógicamente, estos hechos tienen
una importancia decisiva para el
problema de la naturaleza
energética de la formación
de la estructura caracterológica y de la ideología.
23 Másalládelprincipiodelplacer y Elyoyelello, Op.Cit.,B. N., t. I.
24 [1934] Esta concepción debía corregirse. Ver los capítulos
XII y XIII de Análisis del carácter.
24
imposibilidad de identificarlo como en el caso de la libido, por ejemplo, facilita el desarrollo
de especulaciones idealistas y metafísicas. Esto ha dado origen
a muchos malentendidos y ha conducido
a teorizar y exagerar de manera
moralista, lo que, en nuestra opinión, es aberrante. Según el mismo Freud, el “instinto de muerte” es una hipótesis fuera
del alcance de la clínica.
Y no es por azar que a través de él se manipule tan a gusto y se haya abierto la puerta a ociosas especulaciones dentro del psicoanálisis. En respuesta a esta corriente idealista que se ha desarrollado a partir
de la nueva hipótesis de los instintos, he intentado abordar25 el instinto destructivo considerándolo dependiente de la libido, es decir, incorporándolo a la teoría materialista de la libido.
Este intento se basa en la observación clínica de que la predisposición al odio y los sentimientos de culpa, al menos en lo que se refiere a su intensidad, son función
de la economía de la libido:
que la insatisfacción sexual aumenta la agresión y que la satisfacción la disminuye. Según esta interpretación el instinto
de destructividad es una reacción
psicológica ante la ausencia de satisfacción de un instinto y su base física es una trasmisión de excitación libidinosa al sistema muscular.
No hay duda de que el instinto de agresión es también función del instinto de alimentación, y que aumenta cuando no se ha satisfecho adecuadamente la necesidad de comer. El instinto de destructividad es, en mi opinión, una formación tardía, secundaria, del organismo,
formación que está determinada por las condiciones en que se satisfacen el instinto de alimentación y la sexualidad.
El regulador de la vida de los instintos es “el principio
de placer y
displacer”. Todo lo instintivo tiende al placer y trata de evitar
el displacer. La tensión que produce una necesidad
sólo puede resolverse con su satisfacción. La meta del instinto es, por ende,
la cancelación de la
tensión causada por el
instinto a través de la
eliminación del estímulo que es fuente del instinto. Esta satisfacción es placentera. Una excitación física en las zonas genitales, por ejemplo, produce un estímulo que origina la necesidad (instinto) de eliminar dicha tensión.
Una tensión orgánica
en los órganos
digestivos causa el hambre y
estimula a comer.26 Esta consideración de tipo
causal incluye también la de tipo finalista, ya que el fin buscado por el instinto
está determinado
25 W. Reich, Lafunción delorgasmo, Hormé, Bs. As., el capítulo acerca de la dependencia
del instinto de destrucción de la acumulación de la libido. También la refutación a la teoría del
instinto de muerte de“Elcarácter masoquista”, en Análisisdelcarácter.
26 [1934] Ver nota
22.
25
Wilhelm Reich
por la fuente del estímulo. Aquí el psicoanálisis como teoría materialista causal entra en oposición con la psicología individualista de Alfred
Adler, orientada únicamente
por los fines.
Como todo lo que causa placer atrae, y lo que causa displacer repele, el movimiento y el cambio son inherentes al principio del placer. La
fuente de estas funciones
es el aparato orgánico de los instintos,
especialmente el mecanismo
sexual. Después de cada satisfacción el aparato de los instintos
comienza de nuevo a acumular
tensión, como un resorte después de una pausa. Los procesos
del metabolismo deben
considerarse la base de esta tensión.27
La existencia social del individuo imprime la forma real al funcionamiento de las dos necesidades fundamentales del hombre, dado que limita la acción de los instintos. Freud resumió las limitaciones y necesarias
concesiones sociales que atenúan las necesidades u obligan a posponer
su satisfacción a través de la formulación del “principio de la realidad”.
Este
principio se opone al principio del placer en tanto que impide la satisfacción directa y completa
de ciertas necesidades y modifica parcialmente el principio
del placer, obligando
al individuo a sustituir o posponer
dicha satisfacción. El niño sólo debe ingerir su comida a
ciertas horas y la adolescente no debe satisfacer sus necesidades
sexuales inmediatamente en la sociedad actual: los intereses económicos
(culturales, diría un burgués)
obligan a la joven a conservarse casta hasta el momento
de su matrimonio, so pena de arriesgarse al
ostracismo o a tener dificultades para encontrar marido. También la
supresión de la satisfacción directa de índole erótico-anal a que está
obligado el
niño es resultado del
principio de realidad.
Pero la definición de que el principio de realidad es un requisito de la sociedad
se vuelve formalista cuando no toma en consideración el hecho concreto de que el principio
de realidad, tal como existe
actualmente, es el principio de realidad de la sociedad capitalista, es
decir, de la empresa privada. Existen en el psicoanálisis respecto a la concepción del principio
de realidad numerosas
desviaciones idealistas; muchas veces se presenta
como algo absoluto y por adaptarse
a la realidad se entiende
simplemente someterse a la sociedad,
lo que, aplicado a la pedagogía
o a la terapia
de la neurosis, es indudablemente una formulación conservadora. Concretamente: el principio de realidad
27 [1934] Ver nota 20.
26
bajo el dominio del capitalismo exige del proletariado una limitación extrema de sus necesidades, lo cual no pocas veces se disfraza
de exigencias religiosas
de humildad y modestia,
como también exige una vida monógama y tantas otras cosas. Todo esto tiene su fundamento en las relaciones económicas; la clase dominante
dispone de un
principio de realidad que le sirve para mantenerse en el poder. Si se
logra educar al obrero para sujetarse
a este principio
de realidad, si en nombre de la cultura
se le hace aceptarlo
como algo absolutamente
válido, automáticamente se logra la aceptación de su explotación y de la sociedad capitalista. Debe aclararse
que el concepto del principio de realidad,
tal como muchos lo conciben, corresponde a una actitud conservadora (aunque inconsciente) que contrasta con el carácter revolucionario del psicoanálisis. El principio
de realidad ha tenido
anteriormente otros contenidos y se modificará a medida que la sociedad cambie.
Es obvio que tampoco el contenido
concreto del principiodelplaceres absoluto, también cambia conforme se modifica
la realidad social. Por ejemplo, en una época en que la limpieza tiene tanta importancia, la satisfacción anal tiene que ser diferente, es decir, menor, y el deseo de
obtenerla debe ser mayor, que en una sociedad primitiva, lo cual se expresa también cualitativamente en la formación de ciertos rasgos del carácter.
Basta pensar en el esteticismo en que se basa el erotismo anal y en las diferencias de su importancia en la sociedad
industrial, la sociedad primitiva o la Edad Media. Cuáles aspectos del principio del
placer son más agudos y cuáles menos, también depende de la clase
social a la que pertenece
el niño. Así, parecen ser más pronunciadas las tendencias anales en la burguesía, en tanto que las genitales son más intensas
en el proletariado. Esto también
depende de la educación y de las condiciones de la vivienda.
En la constitución biológica
no debería ser muy grande ni muy decisiva esta diferencia, pero el medio social comienza a determinar el carácter del principio del placer desde el momento
mismo del nacimiento.
Dependerá de investigaciones futuras que se llegue a saber si las diferencias en la alimentación prenatal
influyen en la intensidad y en el carácter de los instintos.28
28 [1934] Estas indicaciones requieren de una elaboración muy profunda. La forma en que un sistema social se reproduce estructuralmente en el hombre sólo puede captarse de manera concreta, teórica y práctica si se ve con claridad
la forma en que las instituciones sociales, ideologías, formas de vida, etc., conforman el aparato instintivo. La estructura del pensamiento del hombre de la masa, que está determinada por la estructura de los
27
Wilhelm Reich
b] LA TEORÍA DEL SUBCONSCIENTE Y LA REPRESIÓN
Freud distinguió
dentro del aparato psíquico
tres sistemas:
1) El consciente, que abarca todas las funciones perceptivas a través
del aparato sensorial
y todas las ideas y sentimientos de los cuales se tiene conciencia en determinado momento.
2) El preconsciente, que abarca todas las ideas y actitudes
que no son conscientes inmediatamente pero que pueden surgir a la conciencia
en cualquier momento.
Estos dos sistemas eran ya conocidos en la psicología preanalítica. Lo que los investigadores no psicoanalistas
denominan “inconsciente” (“co-consciente”) (“subconsciente”) pertenece
todavía completamente al sistema freudiano del preconsciente. El verdadero descubrimiento de Freud concierne:
3) Al inconsciente, que se caracteriza por el hecho de que sus contenidos nopuedenhacerseconscientes29 debido a que una censura“preconsciente” les impide el acceso a la conciencia. Esta censura no tiene
nada de místico,
sino que incluye
las prohibiciones adoptadas del mundo exterior
y elementos que han devenido
inconscientes ellos
mismos.
El inconsciente comprende no sólo los deseos
prohibidos y las ideas que
no pueden volverse conscientes, sino también (probablemente)
representaciones heredadas, correspondientes a los símbolos.
Una interesante experiencia clínica demuestra que esas representaciones adquieren nuevos símbolos conforme al desarrollo de la técnica. Por
ejemplo muchos pacientes, en la era de los zepelines, los soñaron
como representaciones del órgano genital masculino.
instintos, determina a su vez la reproducción de la ideología social, sus raíces psíquicas y el efecto retroactivo de la ideología sobre la estructura socioeconómica de la sociedad, el poder de la “tradición”, etc. Este problema es abordado a través de procesos
históricos concretos
en Der Einbruch der Sexualmoral, Verlag für Sexualitat und Politik, y en MassenpsychologiedesFaschismus (2a. edición, 1934).
29 La medida
en
que Jurinetz ha entendido erróneamente el psicoanálisis puede verse en la
siguiente cita de su trabajo
“Psychoanalyse und Marxismus”, Unter dem Banner des Marxismus, cuaderno 1, p. 98:“¿Cómopodrá saberse el contenido del inconsciente si no es posible
analizarlo porque nunca pasa del umbral de la conciencia?” ¡Pregunta sorprendente-
mente ingenua! Freud ha descubierto el inconsciente precisamente por medio de su
método de asociación libre, a través
de la eliminación de la censura. Toda la terapia analítica
consiste en hacer consciente
lo inconsciente; sólo en condiciones normales
es incapaz de hacerse consciente.
28
Dado que Freud descubrió
que el inconsciente incluye muchas más
cosas que lo meramente
reprimido, decidió completar la teoría de la
estructura del aparato
psíquico distinguiendo el ello, el yo y el superyó.
El ello tampoco tiene nada que esté fuera del alcance de lo sensorial, sino que es una expresión
de la parte biológica de la personalidad.
Parcialmente, se trata del inconsciente en el sentido antes descrito, lo realmente
reprimido.
Ahora bien, ¿qué es la represión? Se trata de un proceso que se lleva a cabo entre el yo y las tendencias del ello. Todo niño nace al mundo
dotado de instintos
y adquiere en su infancia
deseos que no puede
realizar porque la sociedad en general y la inmediata, la familia, no lo toleran
(deseos incestuosos, analidad, exhibicionismo, sadismo, etc.).
La realidad social
exige, a través de los educadores, que el niño
reprima estos instintos. Esto lo logra el niño, que tiene un yo débil y
sigue predominantemente al principio del placer, sólo si elimina estos deseos de su conciencia, no queriendo saber de ellos. Los deseos se vuelven
inconscientes por la represión. Otro hecho socialmente
importante en el manejo de los deseos irrealizables es la sublimación,
que
es lo opuesto a la represión, es decir, en vez de reprimirlo, el instinto es desplazado hacia una actividad socialmente aceptable.30
Vemos, pues, que el psicoanálisis no puede concebir
al niño al margen de la sociedad, sino únicamente como un ser inmerso en ella. La
realidad social influye constantemente para limitar, modificar y dar un carácter constructivo a los instintos primitivos. Ante esta situación los
dos instintos básicos reaccionan
de manera distinta.
El hambre es más rígida e inexorable y exige más vehementemente que el instinto sexual una satisfacción inmediata; en ningún caso puede ser reprimida. El
instinto sexual es flexible,
puede modificarse, sublimarse. Sus tendencias parciales pueden
convertirse en su contrario
sin renunciar por ello completamente a su satisfacción. Las energías que se emplean en las actividades sociales y las
que satisfacen la necesidad de la alimentación
30 Jamás Freud sustituyó, como sostiene Jurinetz, la teoría de la represión por la
teoría de la condena o rechazo. Jurinetz
entendió mal lo que quería decir Freud
cuando hacía notar que, cuando un instinto
se ha vuelto consciente gracias al análisis,
puede ser rechazado
por el yo. El rechazo es lo contrario de la represión. Es falso “que los freudianos
destruyen cada vez más la teoría del inconsciente”, como escribe Jurinetz
(Ibíd., p. 110).
Esta opinión de Jurinetz tiene su origen en la confusión que le ha causado la reciente teoría del ello, el yo y el superyó. Esta teoría no niega la del inconsciente, sino que la asimila.
29
Wilhelm Reich
se derivan de la libido. La libido se convierte en la fuerza motriz del
desarrollo psíquico en el momento en que cae bajo la influencia
de la sociedad.
El motor de la represión es el instinto
de conservación del yo que
domina al instinto
sexual, y del conflicto
entre ambos surge el desarrollo psíquico. La represión es, haciendo abstracción de sus
mecanismos y efectos, un problema social, porque su contenido y sus formas dependen de la existencia social del individuo. Esta existencia
social se expresa ideológicamente en una suma de prescripciones,
mandatos y prohibiciones del superyó, que en gran medida son inconscientes.
Para el psicoanálisis toda la moral deriva de las influencias que ejerce la educación. De esta manera rechaza el supuesto carácter metafísico de la moral conforme al concepto kantiano de la ética y, a través de un enfoque materialista, la hace derivar
de las vivencias, del instinto de
conservación y del miedo al castigo. Toda la moral surge en el niño por el miedo al castigo o por el amor hacia los educadores. Cuando Freud habla finalmente de una “moral inconsciente” o de un “sentimiento inconsciente de culpa” se refiere a que, a través de las prohibiciones, también se reprimen ciertos elementos del sentimiento de culpa, por ejemplo la prohibición del incesto. Jurinetz se equivoca de lleno al
suponer que en el concepto del sentimiento inconsciente de culpa se halla
implícita una esencia originalmente moral del yo, en el sentido de una culpa metafísica. Tal vez algunos psicoanalistas crean –por los
motivos que sea– en una naturaleza originalmente buena y divina del hombre a pesar de que practiquen el psicoanálisis. Pero esto no se deriva de la teoría analítica, ya que, por el contrario, el psicoanálisis
refuta definitivamente de manera científica
tal creencia, eliminando
de la filosofía la discusión
sobre la moral. Es problema de cada analista resolver el conflicto que implica hacer compatibles su fe en una moral metafísica y en Dios, con su convicción psicoanalítica. Pero debe ser motivo de seria preocupación que el psicoanálisis llegue a coincidir con una ideología
metafísica.31 De manera
que la teoría del sentimiento
31 [1934] La preocupación que aquí se expresaba probó estar bien fundada mientras tanto. Hoy todo el movimiento psicoanalítico se ha precipitado a una gran crisis, debido,
no
en última instancia, a la influencia de la reacción
política que desde entonces ha ido en aumento;
esta crisis es una expresión de la contradicción que existe entre las
concepciones revolucionarias de la teoría psicoanalítico sexual y la Weltanschauung
burgués-religioso-ética de muchos psicoanalistas prominentes. El campo de la controversia teórica entre la tendencia cientifica-marxista y la burguesa-ideológica del psicoanálisis lo
30
inconsciente de culpa no se contrapone a la teoría del inconsciente como supone Jurinetz, sino, por el contrario, establece las bases para la adquisición de una moral materialista.
Hemos demostrado que tanto el ello como el superyó no son ni
remotamente construcciones metafísicas sino que se derivan
total- mente de necesidades o influencias reales del mundo exterior. Ignoro totalmente en qué funda Jurinetz su conclusión de que:
“tanto para Schopenhauer como... para Freud el mundo es la
producción del propio ‘yo’ cuyo objetivo
es regular nuestros
instintos”.32
Freud sostiene precisamente lo contrario en numerosas citas que el mismo Jurinetz
menciona. Freud hace notar que el yo es resultado de la influencia
del mundo real exterior sobre el
organismo de los instintos y surge como protección ante los estímulos. Incluso en Más allá del principio
del placer, tratado deliberadamente especulativo, que utiliza
principalmente como base para su crítica,
Freud no habla de la
creación de un mundo real a través del yo. Jurinetz fracasó ante el concepto
de proyección, que no está tratado
ahí con más detalle. Hubiera podido
obtener claridad sobre este concepto consultando los trabajos clínicos de Freud. El yo cree que las imágenes que él reprime y lleva dentro y cuya presión
siente se encuentran en el mundo exterior.
Eso y ninguna
otra cosa es la proyección. Precisamente por esta teoría materialista
pudo Freud aclarar el carácter de las alucinaciones de los enfermos
mentales. Las voces que oyen son de hecho sólo remordimientos o deseos, pero no son realidades del mundo exterior.
Por cierto que Más allá del principio del placer se prestó para que surgieran concepciones psicoanalíticas incorrectas en el psicoanálisis, pero Freud mismo ha expresado
sus reservas ante este folleto y las ha dado a conocer
repetidamente en conversaciones y lo ha colocado
fuera del psicoanálisis clínico. El que haya llegado a ser el punto de partida para especulaciones sin fundamento sobre la hipótesis del
instinto de muerte se debe probablemente a que la teoría de la libido es peligrosa para la ideología burguesa y que con gusto la cambiaría por una menos peligrosa.
constituyen, en el fondo, los problemas acerca del origen de la represión sexual, de la importancia que tiene la vida sexual genital para la salud mental, de la existencia
de un instinto de autodestrucción de origen biológico, así como problemas técnico-terapéuticos.
32 Ibíd., p. 103.
31
La naturaleza material del yo ya es irrefutable porque está ligada al sistema perceptivo de los órganos sensoriales. Además, según Freud el
yo
deriva de la acción de estímulos materiales sobre el aparato de los instintos. Según Freud el yo es solamente una parte especialmente
diferenciada del ello, es una defensa, un aparato de protección entre el ello y el mundo real. En sus acciones
el yo no es libre, sino que
depende del ello y del superyó,
es decir, de lo biológico
y de lo social.
En
consecuencia, el psicoanálisis rechaza la idea del libre albedrío, y su posición ante la libertad
coincide con la de Engels: “Libertad
no quiere decir otra cosa que reconocimiento de la necesidad”. La coincidencia es tan completa que hasta se expresa en la concepción fundamental de la terapia analítica de las neurosis:
el enfermo debe alcanzar la capacidad
de tomar decisiones
a través del conocimiento que adquiere de lo que reprime,
a través del proceso de adquirir conciencia de lo inconsciente. Debe poder decidir con“másconocimiento de causa” de lo que tenía
posibilidad de hacer cuando
eran inconscientes sus deseos. Naturalmente
que esto no tiene nada que ver
con
el libre albedrío en el
sentido de los metafísicos, sino que está limitado por las exigencias de las necesidades
naturales. Cuando, por ejemplo, se hacen conscientes los deseos sexuales, no puede decidirse a reprimirlos nuevamente. También le es imposible
decidirse por el ascetismo permanente. Pero bien puede proponerse vivir por un tiempo limitado ascéticamente. Después del
análisis exitoso el yo no depende
menos del ello y de la sociedad,
pero sabe resolver mejor los conflictos.
De las condiciones de su formación
resulta que, en cuanto a su contenido concreto, el yo en una mitad y el superyó en su totalidad
integran cuestiones
de la vida social. Las exigencias religiosas y éticas cambian conforme cambia la sociedad. El superyó de la mujer era totalmente diferente en la era platónica
de lo que es en
la sociedad capitalista. En la medida en que se prepara ideológicamente la nueva
sociedad en el seno de la sociedad actual, en esa medida cambian
naturalmente los contenidos del superyó. Eso atañe tanto a la moral
sexual como a la ideología
de la intocabilidad de la propiedad privada de los medios de producción. Cambia naturalmente con la posición
del individuo dentro del proceso de producción.
32
¿Pero en qué forma actúa la ideología
social sobre el individuo? La
teoría social marxista
tuvo que dejar abierta esta cuestión por estar
fuera de su ámbito.
El psicoanálisis, sin embargo, la puede resolver:
para el niño la familia es el representante inicial de la sociedad, mucho antes de que se incorpore
él mismo en el proceso de producción; esa familia que está compenetrada con las ideologías de la sociedad, que
es precisamente la célula generadora de la sociedad.
La relación edípica
incluye no sólo las actitudes
instintivas sino también la forma en que el niño vive
y supera la etapa del
complejo de Edipo, lo cual está determinado directamente por la ideología social dominante
y por la posición que ocupan los padres en el proceso de la producción
material. Así, el destino del complejo de Edipo depende, en última instancia, como todo lo demás, de la estructura económica de la
sociedad. Es más, el mero hecho de que exista el complejo de Edipo se debe a la estructura de la familia que, a su vez, está determinada por la estructura de la sociedad. Sin embargo, será en el siguiente
capítulo donde abordaremos la cuestión de la naturaleza histórica, no sólo de las formas sino también
de la existencia real del complejo de Edipo.
33
III
LA DIALÉCTICA EN LOS PROCESOS
PSÍQUICOS
Preguntémonos ahora si también dentro de los procesos
psíquicos han tenido lugar los mismos descubrimientos que la dialéctica ha obtenido en el análisis. Pero antes de responder
esta pregunta queremos recordar los principales postulados del método dialéctico, tal como fueron establecidos por Marx y Engels y continuados por sus discípulos.
La dialéctica materialista de Marx surgió en oposición a la dialéctica idealista de Hegel, quien fue el verdadero fundador del método dialéctico.
En tanto que G. W. F. Hegel concebía la dialéctica de los conceptos como el elemento motriz originario del desarrollo histórico y consideraba el mundo real sólo como el reflejo de las ideas o los conceptos
que se desarrollan dialécticamente, Marx convirtió
dicha concepción del mundo
en concepción materialista, es decir, colocó el edificio de Hegel, según su propia expresión,
“sobre sus propios pies”, reconociendo el devenir
material como lo originario y considerando las ideas como algo
dependiente de él. Con la asimilación de las concepciones dialécticas del devenir de Hegel, Marx acabó al mismo tiempo con el materialismo
mecanicista de los materialistas del siglo XVIII.
Los principales postulados del materialismo dialéctico
son:
1 ] El proceso
dialéctico no es algo exclusivo
del pensamiento, sino que también tiene lugar, independientemente del pensamiento, en la
materia, es decir, el movimiento de la materia objetivamente es dialéctico. El materialista dialéctico no introduce nada en la materia
de lo que existe sólo en su pensamiento, sino que capta directamente, por medio de sus sentidos y de su pensamiento, que también están regidos
por la dialéctica, el devenir material de la realidad objetiva. Obviamente, esta concepción es totalmente opuesta a la concepción idealista de Kant.33
2] Tanto el desarrollo social como el desarrollo de los fenómenos
naturales, contrariamente a lo que sostiene todo tipo de metafísica, sea idealista o materialista, que lo atribuye
a un “principio motriz”
o a “una tendencia motriz inmanente en las cosas”, ocurre a través de contra- dicciones internas; a través de choques
entre elementos opuestos
de la
33 A este respecto
véase Lenin, Materialismoyempiriocriticismo.
34
materia y del conflicto
entre estos elementos, que no puede resolverse
dentro de la forma dada de existencia y que, al estallar
las contra- dicciones, transforma la forma de existencia de la materia y crea una
nueva, de la cual resultan nuevas contradicciones, etcétera.
3] Todo lo que produce el desarrollo dialéctico no puede considerarse ni malo ni bueno, sino necesario. Pero lo que en una etapa del desarrollo fue progresivo primero puede convertirse después en una
traba. Por ejemplo,
el modo de producción capitalista acrecentó primero
enormemente las fuerzas productivas,
pero posteriormente se convirtió,
por sus contradicciones internas, en un obstáculo para ese desarrollo.
La
superación de este obstáculo implica el advenimiento del modo de producción socialista.
4] Debido al desarrollo dialéctico antes descrito y que tiene lugar a través
del choque de elementos contrarios, nada es permanente, todo lo que existe lleva en su seno el germen de su destrucción. Pero una clase
que quiera perpetuar
su dominio no puede aceptar la concepción
dialéctica, porque ello equivaldría a aceptar
su propia sentencia
de muerte. Según Marx, la burguesía en su desarrollo hizo surgir una
clase, el proletariado, cuya condición
de existencia significa la desapa- rición de la burguesía. Por eso sólo la clase obrera es capaz de asimilar y
poner en práctica de manera completa la dialéctica, en tanto que la burguesía está condenada a quedar
atrapada en el más absoluto
idealismo.
5] Cada desarrollo es expresión
y consecuencia de una doble negación;
es negación de una negación.
Para ilustrar esto, tomemos una vez más
un
ejemplo del desarrollo social. La producción de mercancías fue la negación del comunismo
primitivo, en el cual sólo existía la producción de valores de uso. La organización socialista de la economía es la
negación de esa negación; niega la producción
de mercancías y así, a manera de una espiral,
eleva a un escalón más alto la afirmación de lo que antes fue negado,
la producción de valores de uso, el comunismo.34
34 [1934] Lo mismo es cierto, como se ha podido comprobar, mientras tanto, respecto al desarrollo de las formas sexuales y de la ideología
sexual. En la sociedad primitiva, donde
existe una organización económica de comunismo
primitivo, la vida sexual es afirmada y vista favorablemente.
Con el desarrollo de la
economía mercantil y privada, la afirmación de la vida sexual se convierte
en negación tanto dentro de la sociedad como en la estructura humana. Conforme a las leyes del desarrollo dialéctico puede suponerse que en un plano
más alto necesariamente la negación sexual se convertirá alguna vez nuevamente en afirmación sexual social y estructural. Actualmente presenciamos no sólo la contradicción entre la tendencia
hacia la abolición de la economía mercantil y la tendencia que pugna por
35
Wilhelm Reich
6] La oposición de los contrarios no es absoluta, sino que existe una
mutua compenetración. El aumento de la cantidad
llegado a determinado punto se traduce en un cambio de calidad.
Cada causa de un efecto es al mismo tiempo efecto de este efecto como causa. Y no se trata simplemente de un efecto recíproco de fenómenos estrictamente
separados el uno del otro, sino de una compenetración recíproca y un efecto mutuo. Además, un elemento puede convertirse en su contrario bajo determinadas condiciones.35
7] El desarrollo dialéctico tiene lugar gradualmente, pero se realiza a
saltos en determinados puntos. El agua no se convierte en hielo a
través de un enfriamiento gradual, sino que, en un punto determinado, la cualidad agua se convierte
de repente en hielo. Eso no quiere decir que el cambio súbito surja de repente de la nada, sino que ha habido
un
desarrollo gradual que en un momento
dado produce el cambio brusco. Así, la dialéctica también resuelve la evolución contradictoria:
revolución sin eliminar la
evolución. El cambio social se
prepara primero por la evolución
(socialización del trabajo, pauperización de la mayoría,
etc.) y luego se realiza de manera revolucionaria..
su conservación, sino también un conflicto cada vez más agudo entre la tendencia social a agudizar la supresión sexual y la tendencia a reconstruirla como una economía sexual natural en lugar de la regulación
y la represión
morales. En la Unión Soviética podía verse con claridad el impulso progresivo
de esas dos tendencias durante los primeros años. En el campo sexual cesaron estos progresos y les siguió un retroceso
cuyos motivos y esencia
requieren todavía investigación.
Ver DerEinbruchderSexualmoral. La teoría de la economía
sexual social
debe concebirse como el reconocimiento subjetivo, como la toma de conciencia
de esta contradicción social. Este proceso no sólo ha sido ignorado por la tendencia
actualmente dominante
del movimiento proletario, sino que su descubrimiento produjo una violenta
resistencia en círculos importantes. Véase “Die Geschichte der Sexualpolitik”,
ZeitschriftfürpolitischePsychologieundSexualökonomie, a partir de cuaderno 3/4.
35 [1934] Precisamente a través del movimiento fascista de masas podía comprenderse
directamente este proceso. La rebelión anticapitalista de la masa del pueblo alemán que se halla en total contradicción con. la función objetiva del fascismo se ligó a éste y se convirtiópor un tiempo en su contrario: en consolidación del dominio del capital alemán. En este punto sólo me referiré a un problema
que debe ser tratado a fondo en otro lugar. La esencia de la política marxista consiste en prever las tendencias evolutivas y en apoyar todos aquellos procesos
favorables a la revolución social. La dirección de la Internacional
Comunista, en cuyas manos se había confiado el destino de la revolución
mundial, cayó de tal manera en la teoría economicista y mecanicista, que constantemente se hallaba a la zaga. No pudo prever nada e ignoró, por ejemplo, las tendencias revolucionarias dentro del movimiento fascista de masas, y por eso tampoco pudo hacer nada. Dentro del fascismo
se unieron y siguen
unidas las tendencias revolucionarias y
reaccionarias. En la matanza
de los
dirigentes de la SA del 30 de junio de 1934, se pusieron en evidencia, una vez más, las
diferencias abismales; más adelante
podrá saberse si esto tenía un carácter
definitivo. Todo esto podría haberse previsto;
sólo existe un camino para aprender la lección: si se logran reconocer
a tiempo las contradicciones internas dentro de cada fenómeno social de importancia, será factible
formular previsiones. Véase Massenpsychologie des Faschismus, (Filosofía de masas del fascismo) donde se encuentra
un intento de análisis de las contradicciones ideológicas del fascismo.
36
Intentemos ahora comprobar la dialéctica en la vida psíquica
del hombre a partir
de algunos procesos típicos que de ella se han encontrado en el análisis,
procesos cuya dialéctica, en nuestra
opinión, no se hubiera
revelado sin el método psicoanalítico.
Primero un ejemplo del desarrollo dialéctico: la formación de los síntomas de la neurosis tal como fue concebida y descrita por primera vez por Freud. Según Freud, un síntoma neurótico se desarrolla en la relación del yo con la sociedad
que primero rechaza y
luego reprime el surgimiento de un instinto. Sin embargo, la sola represión
de un instinto
no es suficiente para causar un síntoma;
para ello es necesario que el instinto
reprimido supere la represión y se manifieste
en forma distorsionada, que es lo que aparece como síntoma.
Según Freud, el síntoma contiene tanto los estímulos combatidos del instinto como su
misma defensa; el síntoma
incluye las dos tendencias opuestas. ¿En
qué
consiste entonces la dialéctica de la formación de un síntoma? El yo del individuo en cuestión se encuentra bajo la presión de un“conflicto psíquico”. La situación contradictoria exige una solución:
por un lado está la exigencia
del instinto y por el otro la realidad,
que rehúsa su satisfacción o la castiga.
El yo es demasiado débil para
enfrentarse a la realidad, pero también es demasiado débil para
dominar el instinto. Esta debilidad
del yo, que es ya una consecuencia de un desarrollo anterior,
del cual la formación del síntoma
es sólo una fase, es el marco dentro del cual tiene lugar el conflicto. Este conflicto se resuelve de tal forma que el yo reprime el instinto en aras de las exigencias sociales, es decir, en aras del instinto
de conservación: para no perecer o verse castigado.36 En consecuencia, la represión es el
resultado de una contradicción que no se puede resolver consciente-
mente. Cuando el instinto se hace inconsciente, se logra una solución
momentánea, aunque patológica, del conflicto.
Segunda fase: después
de la represión del instinto,
el cual fue tanto negado como afirmado
por el yo, el yo mismo ha cambiado. Su conciencia se halla por una parte privada
de algo (del instinto) y, por otra, enriquecida (por la calma
momentánea). Pero el instinto no puede renunciar a la satisfacción ni por la represión
ni menos por la conciencia, porque hasta ahora los
36 [1934]
La escuela psicoanalítica inglesa ignoró el hecho de que esta debilidad del yo es una
expresión artificial debida a la inhibición del instinto.
Si no existiera un conflicto entre el yo y la exigencia
sexual, el yo podría obtener en cada etapa de su desarrollo la
satisfacción correspondiente; no tendría
miedo ante el instinto.
Sin embargo, estos y muchos
otros psicoanalistas creen que la debilidad causada es de origen biológico
y, en consecuencia, la represión sexual debería ser una necesidad
biológica.
37
Wilhelm Reich
instintos no están bajo el control
de la conciencia. Pero la represión acarrea su propia destrucción, porque la energía del instinto se acumula
enormemente a causa de !a represión hasta que acaba por
hacerla estallar.
El proceso de la destrucción de la represión es
resultado de la contradicción represión-acumulación del instinto, de la
misma manera que la represión
misma fue resultado
de la contradicción: deseo del instinto-negación del mundo exterior en las condiciones de debilidad del yo. De modo que no existe una“tendencia” hacia la formación de síntomas, sino que efectivamente
tiene lugar un desarrollo, como pudimos ver, derivado de las
contradicciones de los conflictos
psíquicos. Con la represión también se cumplió la condición para su rompimiento, la acumulación del instinto
insatisfecho. ¿Se ha restablecido la situación originaria con la
destrucción de la represión en la segunda fase? Sí y no. Sí, en tanto
que el instinto domina de nuevo en el yo; no, en tanto actúa en forma diferente, en la conciencia, como síntoma. El síntoma contiene lo
anterior, el instinto, pero al mismo tiempo también su contrario, la defensa del yo. De manera que en la tercera
fase (síntoma) están
unidos los contrarios originales en uno y el mismo fenómeno. Este mismo fenómeno
es una negación (rompimiento) de la negación (de la represión). Aquí nos detendremos un momento para demostrar esto con una experiencia psicoanalítica.
Tomemos el caso de una mujer casada,
que teme ser asaltada por
ladrones armados de cuchillos.
No puede estar sola en una habitación porque se imagina
que en cada rincón se encuentra
un cruel asaltante. El análisis de esta mujer, que era esposa de un trabajador, dio el siguiente
resultado:
Primerafase: Conflicto psíquico
y represión. La mujer conoció antes de su matrimonio a un hombre que la perseguía
haciéndole proposiciones que habría aceptado gustosamente de no haber tenido impedimentos morales. La solución a este conflicto pudo posponerla con el consuelo de pensar en un matrimonio posterior. El hombre se alejó y ella se casócon otro, pero no pudo olvidar al primero y constantemente la perturbaban recuerdos de él. Cuando una vez más lo encontró, sufrióserios conflictos
entre su deseo de él y su propia exigencia
de fidelidad conyugal. Bajo estas condiciones, el conflicto se hizo insostenible e insoluble. Su deseo de él fue de igual fuerza que su moral. Comenzópor evitarlo (defensa)
y finalmente lo olvidó aparentemente. Pero esto
38
no fue un olvido real, sino sólo una represión. Ella se creía curada y conscientemente dejó de pensar en él.
Segundafase: Estallido de la represión. Algún tiempo después tuvo un fuerte disgusto
con su marido porque él coqueteaba con otra mujer. Durante el disgusto
había pensado, como mucho después
reveló:“Sitúpuedes hacerlo,
entonces yo sería una tonta si no me lo permitiera también”. Y con esto tenía presente en ese momento la imagen de su primer pretendiente. Sin embargo, el pensamiento era demasiado
peligroso; podía conjurar
otra vez todo el conflicto, y por eso conscientemente no se ocupó más de este pensamiento: de nuevo lo había
reprimido. Pero en la noche surgió una fobia; de repente tuvo la idea de que un hombre extraño se acercaba sigilosamente a su cama para violarla. El instinto penetró otra vez en su conciencia, en forma
distorsionada, pero bajo la forma de su opuesto directo: en lugar del
deseo del hombre
extraño, tenía miedo de él. Esta distorsión fue (tercera fase) la base para la formación
del síntoma.
Si analizamos ahora el síntoma
mismo, vemos en la fantasía de un
hombre extraño que se acerca a su cama en la noche la realización del reprimido deseo de adulterio (el análisis demostró en los detalles que ella,
sin saberlo, veía en su delirio a su primer pretendiente: la figura, el color del cabello, etc., eran los mismos). Pero inherente al síntoma
mismo se halla la defensa,
el miedo ante el instinto, que aparece como
miedo ante el hombre. Posteriormente desapareció el miedo a “ser
violada” y fue sustituido
por el de “ser asesinada”, es decir, se trataba de otra distorsión
del contenido del síntoma que hasta entonces había sido claro.
En este ejemplo no sólo vemos unidos en un mismo fenómeno
los contrarios que antes se hallaban
separados, sino también la conversión de un fenómeno en su contrario, el deseo
convertido en miedo. En esta conversión de la energía
sexual en miedo, que es uno de los hallazgos fundamentales de Freud, se expresa
el principio según el cual la misma
energía en ciertas condiciones produce precisamente lo contrario
de lo que produce en otras condiciones.
Pero todavía
se manifiesta otro postulado
dialéctico en nuestro ejemplo: en lo
nuevo, en el síntoma,
todavía existe lo
anterior, el deseo sexual, pero, sin embargo, lo anterior ya no es lo mismo, sino algo
completamente nuevo, a saber, miedo. La oposición
dialéctica entre la
39
Wilhelm Reich
libido y el miedo también puede resolverse
de otra forma: en la lucha entre el yo y el mundo exterior.37 Pero antes de abordar
esto mostraremos algunos breves ejemplos más de la dialéctica en lo
psíquico. Comencemos con algo relacionado con la transformación de la cantidad
en la calidad. La represión
del estímulo de un instinto fuera de la conciencia, o también la mera supresión, es hasta cierto punto un hecho placentero para el yo porque elimina un conflicto. Pero más alláde cierto punto el placer se convierte en displacer. Un estímulo
de una zona erógena
que no puede satisfacerse plenamente es un acto de
placer; pero si se extiende demasiado dicho estímulo, el placer
se convierte en displacer. Además, la causación de la tensión y el relajamiento son procesos dialécticos. Esto puede demostrarse mejor
en el instinto
sexual. La tensión que produce un estímulo sexual
aumenta el deseo, pero disminuye
al mismo tiempo la tensión para
satisfacer el estímulo y, en consecuencia, es simultáneamente
relajamiento. La tensión también prepara el consecuente relajamiento, como ocurre con la tensión de la cuerda del reloj que prepara su relajamiento. Por otra parte, el relajamiento está ligado a la tensión
máxima, como acontece
en el acto sexual
y el desenlace
de una comedia emocionante. Pero el relajamiento también constituye la base
para una nueva tensión.
37 [1934] La contradicción entre esta concepción
del dualismo de los instintos que hoy se llamaría economía sexual y la concepción de Freud puede formularse de la siguiente
manera, según el estado actual de los conocimientos: Freud descubrió, primero, la contradicción entre el yo y el mundo exterior
y luego, independientemente de este,
descubrió el dualismo interno de dos instintos
originarios. Siempre sostuvo el carácter
dual de los procesos psíquicos que había descubierto. La economía sexual concibe el dualismo
interno de los instintos de otra manera, no en términos absolutos sino dialécticamente, y deduce los conflictos internos de los instintos de la contradicción originaria: yo-mundo
exterior. Nos llevaría demasiado lejos presentar aquí estas cuestiones tan complicadas con mucho detalle,
en especial, demostrar cómo la teoría de los instintos sexual-económica
surgió de la teoría de los instintos
de Freud, y señalar
lo que aceptó y lo que desarrolló
o sustituyó con otras concepciones. Algunos partidarios de la economía sexual se inclinan a atribuir
a Freud concepciones que él rechaza. Como la economía sexual es, entre otras cosas, la continuación más consecuente de la ciencia psicoanalítica, es obvio que se encuentran preformadas, señaladas o latentemente preparadas muchas de sus concepciones fundamentales en la investigación psicoanalítica. Esto plantea la dificultad de separar las dos disciplinas. Pero basta una mirada a la literatura
para percatarse de
que no puede estar unida la actual teoría sexual y de los instintos de la economía sexual con la actual teoría psicoanalítica. A diferencia
de algunos colegas de muy buena voluntad, no
quiero tratar de unir lo que no se puede unir. Sobre los inicios de la teoría de los instintos
de la economía
sexual se ocupa el capítulo XIII de Análisisdelcarácter y DerUrgegensatz desvegetativenLebens.ZeitschriftfürpolitischePsychologieundSexualökonomie, 1934.
40
El postulado de la identidad de los contrarios puede demostrarse en los procesos de la libido narcisista y de la libido de objeto. Según Freud el amor propio y el amor hacia el objeto no son solamente contrarios,
sino que el amor de objeto nace de la libido narcisista y puede transformarse en cualquier
momento en ella. Pero en tanto ambas representan tendencias eróticas, constituyen una identidad, porque enúltima instancia tienen la misma fuente de origen:
el aparato sexual
somático y el “narcisismo primario”. Además, si bien los conceptos“consciente” e “inconsciente” son contrarios, por medio de una neurosis compulsiva puede demostrarse que simultáneamente pueden ser
contrarios y ser idénticos. Quienes padecen una neurosis compulsiva
reprimen las ideas de su conciencia negándoles simplemente la
atención, es decir, negándoles su contenido afectivo; la idea “reprimida”es simultáneamente consciente e inconsciente, es decir, el enfermo la puede
tener presente, pero desconoce su significado. Los conceptos
ello
y yo también expresan una identidad de contrarios: el yo es, por
un
lado, sólo una parte especialmente diferenciada, pero se vuelve al
mismo tiempo, bajo la
influencia del mundo exterior,
en
lo contrario, en una contrapartida funcional del ello.
El concepto de identificación corresponde no sólo a un proceso dialéctico, sino también a una identidad
de contrarios. Según Freud la identificación se lleva a cabo de tal manera que el sujeto se “asimila”(se “identifica”) con la persona educadora, que es al mismo tiempo
amada y odiada, y acepta sus atributos o mandatos. En este proceso
por
regla general se pone fin a la relación de objeto. La identificación toma el lugar de la relación de objeto y es, por ende, su contrario, su negación;
pero es al mismo tiempo una relación de objeto que se mantiene
bajo otra forma, es también una afirmación. En este proceso subyace la siguiente lucha o conflicto: “Yo quiero a X, pero como
educador me prohíbe demasiado, y por eso lo odio. Quiero destruirlo, eliminarlo, pero también
lo quiero, y por eso lo quiero conservar”.
Para esta situación
contradictoria, que no puede seguir existiendo
paralela a cierta intensidad de los estímulos contrarios, existe la
siguiente salida:“Yolo asimilo,
me ‘identifico’ con él, lo aniquilo
(es decir, mi relación con él) en el mundo exterior,
pero lo conservo dentro de
mí a través de una relación
modificada; lo he aniquilado y conservado
a la vez”.
41
Wilhelm Reich
En los casos que contienen
un elemento afirmativo y uno negativo
a la vez y que el psicoanálisis clasifica como ambivalente, hay un sinnúmero de fenómenos dialécticos, de entre los cuales sólo queremos destacar
el fenómeno más importante: la conversión del amor en odio, y
viceversa. El odio puede significar en realidad amor, y viceversa. Son idénticos en tanto que ambos facilitan una intensa relación entre dos individuos. La transformación de un instinto en su contrario es una
cualidad que atribuye
Freud a los instintos en general. Pero en la transformación no se pierde el elemento originario, sino que se conserva totalmente en su contrario.
También la oposición entre la perversión y la neurosis puede resolverse
dialécticamente, toda vez que cada neurosis es una perversión negada y viceversa.
Un buen ejemplo de desarrollo dialéctico puede demostrarse en la continua represión sexual. En los pueblos primitivos existe una fuerte
oposición entre el tabú del incesto con la hermana (y la madre) y la libertad sexual con el resto de las mujeres. Sin embargo, la limitación sexual se extiende
cada vez más; primero, se aplica a las primas,
y después a todas las mujeres de la misma familia, para convertirse
finalmente con su mayor extensión
en una concepción cualitativamente
diferente de la sexualidad, como ocurre por ejemplo
en el patriarcado
y en especial en la época del cristianismo. La fuerte represión de la sexualidad se traduce
en su contrario en tal forma que en la actualidad el tabú en las relaciones entre hermano
y hermana está roto defacto.
Los adultos ya no saben nada acerca de la sexualidad infantil como resultado de la exagerada represión sexual, de manera que ya no se
consideran sexuales los juegos sexuales entre hermano y hermana
y forman parte de las actividades de los niños aceptadas aun dentro de
las familias “más decentes”. El hombre primitivo no tiene permiso
siquiera de mirar a su hermana, pero, aparte de esto, no tiene trabas sexuales; el hombre civilizado descarga su sexualidad infantil
sobre su hermana,
pero tiene que someterse en todos los demás aspectos a los códigos más severos de moralidad.38
38 [1934] En este párrafo debe hacerse una corrección: cuando lo redacté por primera vez, me encontraba bajo la influencia de las teorías burguesas según las cuales la unidad sexual
de la sociedad
primitiva era la familia patriarcal; esto era congruente con la teoría de Freud
de Tótem y tabú. Pero el conocimiento de los importantes procesos que convirtieron el matriarcado en el patriarcado me obligó reconocer que no sólo la hermana sino todas las mujeres
de
la misma tribu son consideradas como tabú.
Sobre la contradicción entre familia
y clan ver mis exposiciones en DerEinbruchderSexualmoral.
42
Investiguemos ahora en qué medida el psicoanálisis ha demostrado
también la dialéctica de la psique respecto al individuo
en sociedad. A tal efecto tendremos
que formular dos preguntas
esenciales:
Primera: si la dialéctica de lo psíquico se deriva de la oposición
originaria (que se puede resolver)
entre el yo (instinto) y el mundo exterior.
Segunda: cómo los enfoques racional e irracional de los hechos individuales se contradicen y, sin embargo,
se interpenetran.
Ya hemos mencionado en la primera parte de este inciso que el psicoanálisis
de Freud supone que el individuo,
por lo que respecta a su psique, nace con un conjunto de necesidades dotadas de sus estímulos correspondientes. Con estas necesidades es lanzado a la sociedad de
inmediato como un ser socializado, no sólo al círculo estrecho
de la familia, sino también, a través de las condiciones económicas de la
existencia familiar,
a la sociedad
en general. En pocas palabras,
se puede decir que la estructura económica de la sociedad entra en relación de interacción con el yo instintivo del recién nacido a
través de varias mediaciones:
la clase a la que pertenecen
los padres, la situación económica de la familia, las ideologías, la relación
entre los padres,
etc. De. la misma manera en que este yo instintivo modifica su medio, este medio modificado ejerce su influencia sobre él. Mientras las necesidades
se satisfacen parcialmente, hay armonía. Pero en la mayor parte de los casos surge una oposición
entre las necesidades y el orden social, cuyo
representante es primero la familia y después la escuela. Esta oposición
se traduce en una lucha que conduce a una transformación, y como el individuo es la parte más débil, el resultado final es una transformación en su estructura psíquica. Tales conflictos derivados de elementos
opuestos y que son insolubles mientras la estructura del niño es constante surgen a diario y son en cada momento el elemento que realmente impulsa el desarrollo. Dentro del psicoanálisis se hace referencia a la constitución, las tendencias de desarrollo, etc., pero los hechos que se han podido investigar acerca del desarrollo
infantil sólo confirman
el desarrollo dialéctico arriba descrito: el
desarrollo etapa por etapa a través de la lucha de contrarios. Pueden distinguirse diversas etapas en el desarrollo de la libido, e incluso se habla de que la libido“recorre” estas etapas de desarrollo. Sin embargo, la observación
demuestra que ninguna etapa entra
en
acción antes de que tenga lugar la negación de la satisfacción de la etapa anterior. Así, la negación de
43
Wilhelm Reich
la satisfacción se convierte
en el motor del desarrollo del niño a través del conflicto que surge de esta negación.
Dejaremos a un lado la parte
que dentro de este desarrollo determina la herencia, por ejemplo el carácter de las zonas erógenas y del aparato
sensorial, ya que no
constituye el aspecto
decisivo de este proceso, además de que esto
todavía forma parte de un campo bastante oscuro de la investigación biológica, y la pregunta
acerca de la naturaleza de su dialéctica no
viene al caso ahora. Tenemos
que tomarla en cuenta, pero por lo
pronto nos conformamos con la fórmula de Freud según la cual la
constitución pulsional
participa en igual medida que la experiencia
vivencial en el desarrollo del carácter
instintivo.39
Entre las vivencias, las negaciones de las necesidades, junto con las satisfacciones, ocupan un destacado lugar como motor del desarrollo. La oposición
entre el yo instintivo y el mundo exterior a fin de cuentas
se convierte en una contradicción interna, formándose bajo esta
influencia del mundo exterior
un órgano restrictivo en el aparato
psíquico, el superyó. Lo que al principio era miedo ante el castigo se convierte
en restricción, y el
conflicto entre instinto
y mundo exterior se convierte en un conflicto
entre el yo instintivo y el superyó.
Pero no se
olvide que ambos tienen una naturaleza material, que el yo se ha nutrido orgánicamente y el superyó
se ha desarrollado en el interés de la
autoconservación del
yo. El instinto de autoconservación (narcisismo) limita el instinto sexual y la agresividad. Así, dos necesidades funda- mentales que en la etapa infantil, y todavía
después en muchas situaciones, formaron una unidad, se hallan ahora en oposición e impulsan, de conflicto en conflicto, el desarrollo hacia adelante,
no sólo en virtud de las limitaciones que impone la sociedad sino también a través de ellas.40 De manera que el conflicto
interno y externo determina el desarrollo en general, la existencia social llena tanto las
39 [19341 También esta exposición necesita una minuciosa corrección. La concepción de la naturaleza absoluta de la constitución instintiva remplaza a la economía sexual por otra en la que, en primer lugar, la constitución sólo puede manifestarse en las diferencias de la producción de energía biofisiológica y, en segundo lugar,
dichas diferencias se manifestarán
entonces como “constitución hereditaria” si el desarrollo crea condiciones propicias para ello. Esto significa
que lo que en un caso se presenta como “constitución” predisponente a la neurosis
no se manifiesta de la misma manera en otro caso. Nuestro insuficiente
conocimiento sobre estos procesos también determina la vaguedad de las formulaciones
teóricas. Un primer intento de exposición se encuentra en el apéndice a Einbruch
der Sexuatmoral. Es probable que la futura ciencia natural materialista dialéctica no adopte
mucho de la genética
actual que es un centro de energía de primera para la totalidad de la
concepción cultural
burguesa. Ésta se basa principalmente en juicios
morales de valor y sólo contiene escasos elementos científico-naturales. Culminó hasta la fecha en la megalomaníaca“teoría”racista de Hitler.
44
metas de los instintos
como las restricciones morales con sus imágenes y
contenidos. El psicoanálisis puede comprobar plenamente la afirmación
de Marx, según la cual la existencia determina“laconciencia”, es decir, las imágenes,
las metas de los instintos,
las ideologías morales, etc., y no a la inversa.
El psicoanálisis da a esta afirmación un contenido
concreto en lo que respecta
al desarrollo infantil. Pero esto no excluye que tanto la intensidad de las necesidades, que está determinada somáticamente, como las diferencias cualitativas del desarrollo estén
determinadas por el aparato
de los instintos. Y ésta no es una“desviación idealista”, como algunos marxistas me dijeron en discusiones sobre esta materia,
sino que corresponde completamente al postulado marxista de que son los hombres
mismos quienes hacen su historia,
sólo que bajo ciertas circunstancias y condiciones
de naturaleza social.41 En su carta, Engels se opone expresamente a la idea de que la producción y reproducción de la vida material sea el único elemento determinante en el desarrollo de las ideologías y sostiene
que es el elemento determinante sólo en última instancia.42
40 Aquí se plantea el problema de cómo se generan las contradicciones internas que dan
origen a los conflictos psíquicos, la forma en que se derivan del conflicto originario entre el yo y el mundo exterior
y cómo se hacen autónomas
posteriormente. Este problema central
de la naturaleza de la “ley
del desarrollo dialéctico” surgió sólo hace poco tiempo,
cuando el problema
de la formación del carácter atrajo interés. Hasta qué punto ya lo habían resuelto
Hegel o Marx, no me es posible decirlo ahora. Prefiero acercarme sin prejuicios al nuevo campo que ofrece la
dialéctica en lo psíquico, para de ahí deducirlo. No creo que Marx haya resuelto
el problema del origen de la
contradicción intrapsíquica. Pero es posible
que
no me haya preocupado esta cuestión cuando estudié la filosofía marxista y lo haya pasado por alto.
41 [1934] Dado que el actual marxismo
economicista en nombre de Marx se pronuncia en contra de
la economía
sexual, haré una cita en la que
se muestra en qué
medida consideróMarx que las necesidades son el fundamento de la producción y de la saciedad;
aunque séque, actualmente, no son los argumentos objetivos los que deciden una polémica científica,
sino la política de prestigio y que por eso las citas no sirven de nada. “Los individuos han tenido siempre que partir de sí mismos en toda circunstancia, pero como nunca pudieron prescindir de los otros, puesto que sus necesidades, su naturaleza y la forma en que satisfacerla los ponía en relación a unos con otros (relaciones sexuales, intercambios,
distribución del trabajo, etc.) tuvieron que entrar en relación unos con otros. Pero como
trabaron relaciones
de intercambio, no como puros yoes, sino como individuos situados en un determinado nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas y de sus necesidades, en un intercambio, por tanto, que a su vez determinaba la producción
y las necesidades, de ahíque fuera precisamente el comportamiento personal, individual de los individuos, su comportamiento recíproco como individuos entre sí, el que creara y siga creando diariamente las relaciones sociales existentes. Entraron en relación e intercambio como lo que eran, partiendo
‘de sí mismos’, cualquiera que fuese su ‘concepción de la vida’. La‘concepción de la vida’, así fuese la más estrafalaria de la filosofía, no podría estar
determinada naturalmente sino por su vida real.”
42 “Sialguien distorsiona esto de tal manera que convierte el elemento económico en elúnico determinante, hará de ese principio una frase abstracta, absurda y sin sentido.”Engels-Brevier,Viena, 1920, p. 124.
45
Wilhelm Reich
Traducida a la sociología, la tesis central de Freud acerca de la significación del complejo
de Edipo en el desarrollo del individuo no significa otra cosa sino que la existencia social determina dicho
desarrollo. Las inclinaciones e instintos, formas vacías del contenido
social que habrán
de asumir, pasan a través
de las experiencias
(sociales), de las relaciones hacia el padre, la madre y los educadores, y sólo entonces adquieren
su forma y contenido finales.
La dialéctica del desarrollo psíquico no sólo se manifiesta en el hecho de que en cada situación de conflicto pueden producirse resultados
opuestos según la correlación de fuerzas, sino que la experiencia
clínica también demuestra que las cualidades
del carácter pueden convertirse en su contrario, las mismas que ya existían en germen en la primera
etapa del conflicto. Un niño cruel puede convertirse en el individuo más
compasivo, y a través de un profundo
análisis puede encontrarse
dentro de esta compasión la antigua crueldad. Un niño aficionado a la suciedad puede convertirse en un individuo
pedantemente pulcro y un
indiscreto en uno extremadamente discreto. La sensualidad fácilmente se convierte
en ascetismo. Aún más, cuanto más intensamente se desarrolla una cualidad, tanto más fácil es que se convierta, en condiciones propicias, en su contrario (formación reactiva).
Por otra parte, en dicho desarrollo y transformación no se pierden
completamente las cualidades originales; en tanto que una parte de las
cualidades se convierte en su contrario, la otra se mantiene sin
modificación, experimentando cambios en el curso del tiempo sólo por la modificación total de la personalidad. El concepto freudiano de la
repetición desempeña
en el desarrollo psíquico un importante papel,
que
resulta ser dialéctico cuando se lo investiga.43 El nuevo resultado reúne en sí tanto lo anterior
como algo enteramente nuevo, algo
antiguo bajo un nuevo ropaje
o desempeñando una nueva función. Esto que ya vimos en el caso del síntoma también ocurre en la
sublimación. Por ejemplo, en el caso de alguien que de niño le gusta jugar con excremento, después construye castillos
de arena mojada y, finalmente, como adulto, desarrolla un gran interés
por la arquitectura.
43 [1934] Entre tanto, la teoría de la compulsión
de repetición más allá del principio del placer ha probado ser una hipótesis nacida expresamente con el fin de desexualizar el proceso psíquico. Su refutación clínica detallada se encuentra en el capítulo "El carácter masoquista" de Análisisdelcarácter. La repetición es dialéctica, en el sentido en que lo formula el texto arriba mencionado, sólo dentro del principio
del placer y displacer, y no debe limitarse por intereses meramente heurísticos, pues de otro modo abrimos
nuevamente las puertas a la metafísica expulsada.
46
En las tres fases se ha conservado lo anterior pero bajo otra forma y desempeñando otra función. Otros ejemplos son las historias del cirujano y del ginecólogo: en las operaciones el primero sublima su
sadismo y el segundo
sublima su deseo infantil
de ver y tocar. Si estas afirmaciones del psicoanálisis son correctas o no, no puede ser materia
de
la crítica metodológica sino sólo de la crítica
empírica. Quien no
haya analizado a un cirujano no puede negar esta afirmación. Pero metodológicamente puede hacerse una objeción, a saber:
la dependencia de la actividad
del hombre de las condiciones económicas. El psicoanálisis
simplemente afirma que estas o aquellas fuerzas actúan44 pero al lado de este instinto
subjetivo, la forma que reviste la sublimación estádeterminada económicamente, porque es la posición social del
individuo la que determina
si sublima su sadismo
como carnicero, cirujano o detective. También puede hacerse imposible la sublimación por motivos sociales, y esto conduce a un descontento con la profesión impuesta por la sociedad. Además, habría que preguntarse cómo puede ser compatible el carácter
innegablemente racional de una actividad
con
su sentido innegablemente irracional. Después de todo, el pintor
pinta, el técnico construye, el cirujano
corta, para ganarse la vida, por motivos económicos, racionales. Además, el trabajo es un factor social,
es decir, racional.
¿Cómo es esto compatible con la afirmación del psicoanálisis de que el individuo sublima en su trabajo un instinto y así lo satisface? Algunos analistas no aprecian debidamente el carácter racional de la actividad
humana. En ellos se puede observar una concepción del mundo que no ve sino proyecciones y satisfacciones de instintos en la actividad
humana.45 Por otro lado, como ha observado un analista, aunque el
44 [1934] En ese tiempo juzgaba la posición del psicoanálisis frente a sus propios principios de una manera demasiado favorable. Ningún psicoanalista no marxista aceptará que los contenidos de la actividad
psíquica son imágenes racionales del mundo exterior y que sólo las cargas o catexis de energía
provienen del mundo interior. Esto se demuestra por ejemplo en el hecho de que se trata de explicar,
incluso seriamente, el capitalismo a través de
los instintos. Pero no hemos abordado el problema importante que aún no se ha aclarado: de qué manera logra el aparato psíquico
convertir los estímulos que le llegan en concepciones o reflejos del mundo exterior que más tarde pueden reproducirse indepen-
dientemente del estímulo mencionado. Este problema
se encuentra en la misma situación
que el de la formación
de la contradicción interna. Sin duda, es también el problema
sobre la formación de la conciencia en general. Pero no existen aquí ni los gérmenes de una solución satisfactoria.
45 [1945] En el mismo Freud, sólo en algunas sugerencias poco importantes, como por ejemplo en la concepción del descubrimiento del fuego; estas sugerencias de una Weltanschauung idealista, que son mínimas en relación con sus descubrimientos y teorías materialistas, fueron acentuadas especialmente por los psicoanalistas metafísicos y éticos, quienes las desarrollaron hasta convertirlas en concepciones grotescas.
47
Wilhelm Reich
avión es un símbolo
del pene, de todos modos puede viajarse en él de Berlín a Viena.
La problemática de las relaciones entre lo racional
y lo irracional46 también
se expresa en los siguientes hechos: labrar la tierra con
herramientas y sembrar tienen como objeto, tanto para el individuo como para la sociedad, la producción de alimentos. Pero también tienen el sentido simbólico de incesto con la madre (“madre tierra”). Lo racional atrae lo simbólico, se llena de sentido simbólico. La relación
de la actividad racional con el sentido irracional simbólico de esta actividad
está dada en el ritmo de ambas funciones: abrir la tierra con la
herramienta, introducir la semilla y producir
un fruto de la tierra asítratada.
Así, el simbolismo está totalmente justificado. También vemos que lo que aparentemente no tiene sentido sí lo tiene en el fondo, y que el simbolismo tiene una base real: tanto la madre como la tierra llevan en su seno un fruto después
de ser objeto de la herramienta (símbolo
fálico). Colocar
figuras de falos en los campos como conjura
de fertilidad es una acción sin sentido
objetivo, acción de naturaleza
mágica que practican
muchos pueblos primitivos y que arroja luz sobre la relación entre lo racional y lo irracional: aquí se trata de un intento
mágico de alcanzar
con medios irracionales un fin determinado de una manera más fácil y mejor. Pero no por eso dejan de labrar la tierra. Y lo que aparece en la agricultura como un elemento simbólico irracional,
las relaciones sexuales,
tiene en sí mismo sentido,
sirve para satisfacer la necesidad
sexual, de la misma manera que la siembra sirve para la conservación de la sociedad en cuestión. Vemos pues, una vez más, que
no existen contradicciones absolutas, que también la contradicción
entre lo racional y lo irracional puede resolverse dialécticamente.
El hecho dialéctico de que en lo racional subsista un contenido irracional merece mayor atención. La respuesta puede darla la experiencia
psicoanalítica existente
sobre hechos clínicos y que prueba que las actividades humanas objetivas (con sentido práctico) pueden adquirir
sentido simbólico, aunque no necesariamente. Cuando en un sueño
aparece un cuchillo
o un árbol, ello puede ser un símbolo
del pene, pero no necesariamente. También puede tratarse de un cuchillo de verdad o de un árbol real. Y cuando aparece
como símbolo en el
46 “Racional” se usa aquí para referirse
a lo que tiene sentido y es útil, e “irracional” para lo que no tiene sentido
y es inútil.
48
sueño, ello no excluye el sentido racional,
porque si se analizara por
qué el pene se representa
por un árbol o por un cuchillo y no por un palo, por ejemplo, en muchos casos se encontraría una explicación
racional para tal hecho. Así, una ninfómana
se masturbaba con un cuchillo,
que sin duda simbolizaba un pene, y la elección
de un cuchillo tenía como origen el hecho de que su madre le lanzó una vez un cuchillo y la lastimó. En la masturbación prevalecía la idea de que con el cuchillo había de arruinarse. Esta acción, que posteriormente se hizo
irracional, fue el principio
racional: contribuía a obtener
satisfacción sexual. Con estos ejemplos –y hay muchos más– se demuestra
que todo lo que aparece como irracional en cierto momento tuvo alguna
vez funciones racionales. En todo síntoma, irracional en sí, encontramos un sentido y una finalidad
si regresamos analíticamente a su origen. El resultado de nuestro análisis es que toda acción infantil instintiva al
servicio de la búsqueda del placer se convierte en irracional cuando es
objeto de
supresión o de
algo semejante. Lo racional es lo primero.
Tomemos por ejemplo la fabricación de máquinas; encontraremos
también en ello elementos irracionales, por ejemplo la satisfacción de un deseo inconsciente, la sublimación de un instinto que desde la
infancia busca satisfacción y fue desviado
de su meta original por
medio de la educación. Pero en el momento en que se abandonó
la meta original en la realidad y se arraigó en la fantasía, se convirtió
en un afán irracional. Si este afán encuentra
una nueva meta en la
sublimación, entonces
se mezcla la búsqueda anterior que se hizo
irracional con la nueva actividad
racional y aparece
como motivo irracional de esta actividad. Esto puede demostrarse en el caso del ginecólogo cuya curiosidad sexual se convirtió en su específica actividad profesional.
Primera fase: La curiosidad está dirigida racionalmente hacia la
observación del cuerpo desnudo y los órganos sexuales.
Meta racional:
satisfacción del deseo de saber.
Segunda fase: Fracaso de la actividad directa; el instinto pierde su satisfacción, el afán se vuelve irracional en relación con la actual forma
de existencia
social.
49
Wilhelm Reich
Tercera fase: El instinto encuentra una nueva actividad que tiene relación con la primera por su contenido; el individuo se convirtió en médico
y contempla ahora cuerpos desnudos
y órganos sexuales como lo hacía de niño. Hace lo mismo y, sin embargo, otra cosa; la relación entre su actividad
actual y su situación infantil no tiene sentido ni
finalidad; pero en lo que se refiere a su actual función social, sí tiene
sentido.
Esto significa
que es la función social la que determina si una actividad es racional o irracional. La transformación de una actividad
de racional en irracional también depende de la posición que ocupa el individuo
en determinado momento. La misma actividad
que en el trabajo del
médico no tiene sentido
puede tenerlo en su vida privada,
por ejemplo en el acto sexual, y lo que en su trabajo tenía sentido puede perder su carácter racional en una situación
análoga de su vida privada.
Estas consideraciones permiten afirmar que el psicoanálisis puede descubrir las raíces instintivas de la actividad social del hombre a
través de su método y, gracias a su teoría de los instintos, debía desempeñar el papel de explicar en detalle los efectos psíquicos que las fuerzas
productivas producen
en el individuo, es decir, debía explicar la
formación de ideologías“enla cabeza humana”. Entre los dos puntos terminales, estructura económica de la sociedad y superestructura ideológica, cuya relación causal ha captado la concepción materialista de la historia, la concepción psicoanalítica de la psicología del hombre socializado, introduce una serie de eslabones intermedios. Por medio
de ella puede demostrarse que la estructura
económica de la sociedad
no
se traduce, “en el cerebro
del hombre”, inmediatamente en ideologías, sino que la necesidad de alimentarse, que depende de las
condiciones económicas, influye en la energía sexual, que es mucho
más flexible, y esa continua
influencia social que se realiza a través de la limitación de sus metas canaliza cada vez mayores
fuerzas productivas al proceso social en forma de libido sublimada. Esto se expresa en parte, de manera directa,
a través del aumento de la fuerza de trabajo, y en parte, indirectamente, a través de los resultados más desarrollados de la sublimación sexual, como por ejemplo la religión, la moral en general y la moral sexual en particular, la ciencia, etc. Esto
significa que el psicoanálisis se inserta
en la concepción
materialista de la historia en un punto particular que le es muy útil, a saber, ahí donde
empiezan los problemas
psicológicos, los mismos que Marx señala
50
cuando afirma que la forma de existencia social se convierte en ideas en el cerebro del hombre. El proceso de la libido dentro del desarrollo
social es secundario, ya que depende de él para
convertirse, sublimada, en fuerza de trabajo.47
Pero si el proceso
de la libido48 es secundario, tenemos que interrogarnos
sobre el significado histórico del complejo de Edipo. Ya hemos visto que el psicoanálisis concibe todos los procesos psíquicos, aunque sea
inconscientemente, de una manera dialéctica, excepción hecha del
complejo de Edipo, que aparece
como el único fenómeno
en reposo entre todos los fenómenos psíquicos en turbulencia. Esto puede tener su origen en dos tipos de concepciones: la que ve el complejo
de Edipo como algo ahistórico, como un hecho invariable e inmutable
que forma parte de la naturaleza del hombre, y la que, para explicar
su inmutabilidad, se refiere al hecho de que el tipo de familia
donde nace el complejo de Edipo se ha conservado relativamente sin cambios a lo
largo de miles de años. Al parecer,
Jones,49 en
su polémica con
Malinowski50 sobre el complejo
de Edipo en el matriarcado, se pronuncia por la primera categoría cuando afirma que el complejo de Edipo es, ante
todo, “fonsetorigo”.Es obvio que esta opinión es falsa, porque al presentar las relaciones que ahora se han descubierto entre niño, padre y madre como eternas e iguales en
todas las sociedades, se estáaceptando como válida la concepción de la inmutabilidad de la
existencia social.
Concebir el complejo
de Edipo como algo eterno
significa suponer
que la forma de la familia actual, donde tiene su
origen, es eterna y absoluta y que la naturaleza del hombre es tal como
la tenemos presente ahora. El complejo de Edipo es común a
todas las formas de sociedad patriarcal, pero según las investigaciones de Malinowski la relación
entre los niños y los padres es tan diferente
47 [1934] En lo esencial puede mantenerse la aserción precedente, por más que en el estado actual de nuestros conocimientos resulte muy primitivo e impreciso. Ya no se puede
dudar más de que la fuerza productiva, “fuerza de trabajo”, en su núcleo energético
constituye un problema
de economía sexual humana, esto es, que resulta ser un destino o vicisitud
evolutiva de la libido. Pero tampoco puede dudarse de que los marxistas
economicistas vean en ello un insulto al trabajo, de tal manera que rechazan enérgica-
mente esa suposición, por más que al hacerlo dejen de ser marxistas. Y sin embargo debemos decir que sabemos aún demasiado poco sobre la estructura caracterológica y
dinámica de las fuerzas de trabajo,
aun cuando este problema sea central esa la revolución
cultural socialista
y en la llamada
“planeación del hombre” que ha de seguir a la planificación económica, si ésta quiere echar raíces en la estructura caracterológica.
48 [1934] El acento aquí hay que ponerlo sobre el "proceso". Se entiende
sin más que la energía sexual como fuerza instintiva
viva tiene que preexistir a toda producción.
49 Imago, 1928.
50 SexandRepressioninSavageSociety, Londres.
51
Wilhelm Reich
en la sociedad matriarcal que ya casi no merece ese nombre. Según Malinowski, el complejo de Edipo es un fenómeno determinado por la
sociedad y su forma se modifica cuando se modifica la estructura de la sociedad.
El complejo de Edipo debe desaparecer en la sociedad
socialista porque en ella su base social, la familia patriarcal, pierde su razón de ser. La educación
colectiva y planificada en la sociedad
socialista no admitirá actitudes como las que actualmente se forman en la familia, y la relación de los niños con los educadores será tanto más rica
y variada cuanto que la
relación que se designa bajo el nombre de“complejo de Edipo”, que significa
el deseo por la madre y el afán de matar al padre como rival, perderá su sentido. Es una mera cuestión semántica llamar al incesto real, tal como existía en los tiempos primitivos, “complejo” de Edipo o reservar este nombre para el incesto negado y la rivalidad
con el padre; esto sólo expresa
que la vigencia de una de las tesis básicas del psicoanálisis está limitada a cierto tipo de sociedad,
y es al mismo tiempo
la caracterización del complejo de Edipo como un fenómeno determinado socialmente y, en última
instancia, determinado por la economía. Actualmente, dadas las
divergencias entre los etnólogos, todavía no se puede resolver el
problema del origen de la represión
sexual.51 Freud, que basa su obra Tótem y tabú en la teoría darwiniana
de la horda originaria, considera que el complejo de Edipo es
resultado de la represión
sexual, pero pasa por alto el análisis de la
sociedad matriarcal. A partir de la investigación
de Bachofen-Morgan-Engels se abren nuevas posibilidades para comprender el complejo
de Edipo y el tipo de organización familiar
que está en su raíz como resultado de la represión sexual. Pero sea como fuere,
el psicoanálisis se cerraría
otras posibilidades de investigación en el dominio social y pedagógico si, para investigar el complejo
de Edipo, rechazara la dialéctica que él mismo ha descubierto en la vida psíquica.52
51 [1934] Entre tanto pudo esbozarse una concepción utilizable y operativa sobre el origen social de la represión sexual: cf. DerEinbruchderSexualmoral, 1934.
52 [1934] Este temor se ha mostrado desde entonces muy justificado. La pedagogía psicoanalítica ha sido frenada por dos barreras ideológicas de los analistas burgueses: en primer
lugar, por no haber tomado
en consideración la contradicción entre la eliminación de la represión sexual en el niño y el
joven y la persistencia de la inhibición sexual burguesa; y en segundo lugar, por la concepción biológica del conflicto entre padres e
hijos.
52
IV
LA POSICIÓN SOCIAL DEL PSICOANÁLISIS
Si consideramos ahora el psicoanálisis como objeto de la investigación sociológica, nos enfrentamos a las siguientes preguntas:
1] ¿Cuáles son los hechos
sociales a los que el psicoanálisis debe su creación y cuál es su significado social?
2] ¿Cuál es el lugar que ocupa dentro de la sociedad
contemporánea? 3] ¿Qué tareas está destinado
a cumplir dentro del socialismo?
1] Como cualquier fenómeno social, el psicoanálisis está ligado a una etapa determinada del desarrollo histórico; asimismo, su existencia estádeterminada por el grado de desarrollo de los medios de producción. Al
igual
que el marxismo, es producto de la época del capitalismo, sólo
que
no tiene una relación tan inmediata con la base económica de la sociedad como aquél; pero sus relaciones mediatas pueden establecerse claramente: el psicoanálisis es una reacción
ante las condiciones
culturales y morales
en que vive el individuo
socializado. Aquí vienen al caso,
especialmente, las condiciones
sexuales surgidas de las
ideologías religiosas. La revolución
burguesa del siglo XIX acabó en gran medida con el modo
de
producción feudal,
y opuso ideas libertarias a la religión
y a sus normas morales.
Sin embargo, como ocurrió en Francia, el
rompimiento con la moral religiosa se preparó desde el tiempo de la
Revolución francesa.
La burguesía parecía llevar en su seno los gérmenes de una moral que se
oponía a la moral religiosa en general, y a la moral sexual en particular. Pero de la misma
manera en que la burguesía se volvió reaccionaria después de consolidar su poder y el modo de producción capitalista volvió a aceptar
la religión porque la necesitaba para mantener subyugado al proletariado que
entre tanto se había
desarrollado, así también aceptó nuevamente la moral sexual de la Iglesia, que, si bien bajo una forma algo diferente, es esencialmente igual. La condenación de la sensualidad, el matrimonio monógamo, la
castidad de la adolescente y con ella el desgarramiento
de la sexualidad masculina revistieron entonces un nuevo contenido económico, un contenido capitalista. La burguesía que derribó el feudalismo
y adquiriólas costumbres y necesidades culturales de la vida feudal tenía que
53
Wilhelm Reich
divorciarse también del “pueblo” a través de sus normas morales y de esta manera limitar cada vez más las necesidades sexuales. En el seno de la clase burguesa, por razones económicas, la libertad sexual estátotalmente limitada
hasta el matrimonio. La juventud masculina busca la satisfacción sensual de la sexualidad en las mujeres
y jóvenes proletarias. Debido a esto, y dada la lucha ideológica de las clases, la exigencia de que se mantenga casta la joven burguesa
se hace más
aguda, el carácter
dual de la moral sexual se renueva sobre una base capitalista y de manera viciosa
produce un círculo que tiene efectos
negativos sobre la sexualidad del hombre
y efectos devastadores sobre la sexualidad de la mujer. Debido a su educación,
la mujer es, también
en el matrimonio, “casta”, es decir, frígida hasta el punto de que
rechaza al hombre. Esto afirma
aún
más el carácter dual de la
moral: el hombre busca satisfacción en la mujer proletaria a la que desprecia por su
conciencia de clase, al mismo tiempo que se ve obligado a aparentar una honorable “moralidad”; en su interior
se rebela en contra de su
mujer, pero aparenta
lo contrario, y ésta es la ideología
que trasmite a sus hijos. La constante represión sexual y degradación social se convierten dialécticamente en un elemento destructivo de la institución
del matrimonio y de la ideología sexual-moral. Primero
se llega a la etapa
en que la moral burguesa entra en crisis y las enfermedades psicológicas proliferan. La ciencia oficial se niega a hacer de la sexualidad objeto de investigaciones y desprecia a los poetas y escritores, quienes se ocupan cada vez más de estas candentes cuestiones. Las enfermedades psicológicas como la histeria y el
nerviosismo, que aumentan constantemente, son declaradas imaginarias
o consecuencia del “exceso de trabajo”.
Como reacción en contra de la ciencia oficial, moralmente inhibida, y
como
expresión de una segunda fase de la moral burguesa que trata
de fundarse en la ciencia,
a fines del siglo XIX surge dentro
de la misma clase burguesa un investigador que declara que el nerviosismo moderno es consecuencia de la moral sexual cultural53 y que las
neurosis tienen generalmente como base, según su carácter
específico, una excesiva represión sexual. Este investigador, que es Freud, es tachado
de charlatán, marginado y proscrito. Solitario, defiende sus
concepciones durante varias décadas sin que nadie le preste atención.
53 S. Freud:“Lamoral sexual ‘cultural’ y la nerviosidad moderna”, en Ensayos sobrela vidasexualylateoríadetasneurosis,O. c., B. N., t. I. Consúltense también sus trabajos
sobre teoría de las neurosis.
54
Es en este período cuando el psicoanálisis, horror y repulsión
para todo el mundo burgués, nace y no sólo para la ciencia,
cuyos dominios rebasa para hacer tambalearse los cimientos en que descansa
la represión sexual, que es uno de los pilares de numerosas ideologías
conservadoras (religión, moral, etc.).54 Este impacto
social del psico-
análisis tiene lugar en la sociedad al mismo tiempo que en el campo
burgués se producen
síntomas de un movimiento revolucionario en contra de sus ideologías: la juventud burguesa se pronuncia
en contra del bogar paterno
burgués y organiza
por su propia cuenta un“movimiento de la juventud” cuyo objetivo secreto
es
la búsqueda de la
libertad sexual. Sin embargo, debido a su incapacidad de vincularse al movimiento proletario, desaparece una vez que ha alcanzado
parcial- mente su objetivo
y deja de tener importancia; la prensa burguesa renueva los ataques en contra del tutelaje clerical; la literatura
burguesa comienza
a desarrollar un punto de vista cada vez más
favorable hacia la libertad
en cuestiones sexuales.
Pero todos estos fenómenos que acompañan la aparición del psicoanálisis y en parte le preceden se desvanecen en el momento de la verdad; nadie se atreve a
ir hasta las últimas consecuencias, ni siquiera a concebirlas. Los intereses económicos se imponen e incluso se establece
un concordato entre el liberalismo burgués y la Iglesia.
Así como el marxismo, sociológicamente hablando, es la expresión de
la toma de conciencia de las leyes que rigen la economía, y de la explotación de las mayorías por una parte de las minorías, el psico-
análisis es expresión de la toma de conciencia de la represión sexual
por parte de la sociedad.
Éste es el significado fundamental del
psicoanálisis freudiano. Sin embargo, existe una diferencia básica:
mientras que una de las clases explota y la otra es explotada, la
54 [1934] Este punto de vista ha sido aceptado por el propio Freud en lo que concierne a la religión, pero no en lo que respecta a la moral. Freud redujo las resistencias con que tropezó a los complejos y represiones infantiles de aquellos que se le oponían. Esto es muy cierto, pero es lo menos importante de la cuestión. Aquellos que combatieron y combaten aún encarnizadamente las teorías freudianas sobre el inconsciente, la evolución sexual infantil, etc., actúan inconscientemente cómo órganos ejecutores de intereses sociales
reaccionarios, aun cuando se digan marxistas los que tal hacen. La opresión sexual está al servicio de la dominación de clase, ésta se ha reproducido ideológica y estructuralmente en los dominados y constituye en esta forma la fuerza más potente y menos conocida de toda
especie de opresión.
La sociedad burguesa se puso a la defensiva
frente a Freud porque pareció que él amenazaba gravemente la persistencia de su aparato ideológico. El propio Freud no ha reconocido nunca plenamente esta razón, más aún, no ha visto con agrado su revelación. La economía sexual prolonga la función del psicoanálisis en la perspectiva social más allá de donde la dejaron, por no querer ir más adelante, los representantes oficiales
del psicoanálisis.
55
Wilhelm Reich
represión sexual es un fenómeno que abarca a ambas clases, pero, desde el punto de vista de la historia humana, la represión sexual es más antigua que la
explotación de una clase
por
la otra y,
cuantitativa- mente, no es la misma para las dos clases. De acuerdo con ElCapital,
de Marx, y LasituacióndelaclaseobreraenInglaterra,de Engels, no existe la limitación o represión de la sexualidad del proletariado durante
el tiempo de la primera diferenciación del proletariado en los albores del capitalismo.55 Sin embargo,
la situación social desoladora, comparable a la situación actual del “lumpenproletariado”, que caracterizó su existencia, influyó sobre la
vida sexual del proletariado, y cuando, en el curso
del desarrollo capitalista, la clase dominante adoptó ciertas
medidas político-sociales, que requería para asegurar su existencia y mantener
sus ganancias, surgieron las “prestaciones sociales” y se inició un creciente aburguesamiento ideológico del proletariado. Fue asícomo el efecto
de la represión sexual se extendió también al
proletariado, aunque sin llegar a las dimensiones que alcanzó
dentro de la pequeña
burguesía, que se hizo más papista que el Papa y abrazó más decididamente que la gran burguesía su ideal moral, ideal que ésta había liquidado desde hacía mucho de su moral interior.
El destino del psicoanálisis dentro
de
la sociedad burguesa está ligado a la posición que la burguesía adoptó ante la presión sexual o ante su
eliminación, según sea el caso.
2] La cuestión
es: ¿Puede tolerar
la burguesía el psicoanálisis a la larga sin
sufrir daño, esto es, sin que sus conocimientos y formulaciones sean adulterados y su sentido diluido?
El propio fundador del psicoanálisis no le auguraba un buen futuro,
opinaba que el mundo borraría de alguna forma sus hallazgos porque
no los podría soportar –pero aparentemente se refería sólo a una parte del mundo, a la clase burguesa.
55 [1934] Esta formulación necesita corrección. La represión sexual no ha estado ausente
del proletariado, sino que se dio en una forma distinta debido a su posición social distinta. También sobre esto sabemos demasiado poco. El niño proletario experimenta una gran libertad
sexual simultáneamente con la más rigurosa opresión sexual. Esto crea una
especial estructura caracterológica que se distingue radicalmente de la pequeño-burguesa.
56
El proletariado aún no sabe nada del psicoanálisis, por eso todavía no ha tomado una actitud
frente a él. Pero si bien todavía no podemos saber cómo reaccionará el proletariado frente al psicoanálisis, ya
tenemos suficientes elementos para estudiar la actitud del mundo
burgués.56
Que se rechace el psicoanálisis está directamente vinculado con el significado social de la represión sexual. Pero, si el mundo burgués no condena
al psicoanálisis, ¿cuál es entonces
la actitud que adopta frente
a él? Por un lado está la ciencia, sobre
todo la psicología y la psiquiatría
y, por el otro, el público lego. De ambos puede decirse lo que una vez dijo Freud a manera de broma: no se sabe si aceptan el psicoanálisis para defenderlo o para destruirlo.
Cuando se tiene contacto con el tipo de psicoanálisis que está en las
manos o, mejor dicho, en las cabezas de
individuos que carecen de una formación analítica, la obra de Freud no se reconoce: la cuestión de la
sexualidad está bien
planteada, sí, pero
las exageraciones…
¿Y dónde queda lo ético en el hombre? El análisis es muy importante, pero la síntesis no lo es menos. Cuando Freud comenzó a elaborar, a partir de su teoría sexual,
la psicología del yo, pudo percibirse un
respiro de alivio entre los hombres
del mundo científico: al fin
comienza Freud a limitar sus absurdos, al fin da su lugar a lo “noble”
en el hombre, porque,
después de todo, la moral... Y no hubo de pasar mucho tiempo para que sólo se oyera hablar del ideal del yo y para que, como se pretextaba estereotipadamente, la sexualidad se “diera por supuesta”. Se hablaba de una nueva era del psicoanálisis, de un
renacimiento... en fin, el psicoanálisis se hizo socialmente aceptable.57
56 [1934] La evolución, tal como se ha dado desde entonces, no deja lugar a dudas: el trabajador inculto acepta los descubrimientos del psicoanálisis de entrada con una
especie de comprensión natural, en oposición al funcionario arribista; claro que no hay que trasmitirles los descubrimientos psicoanalíticos en la terminología psicoanalítica
especializada, sino que es preciso discutir
claramente la realidad
a partir de la vida sexual de las masas. El movimiento Sex-Pol(Política
Económico-Sexual) alemán, que acometióla tarea rápidamente y de frente, dio pruebas de la fuerza política de la teoría sexual científico-natural. Cf. a este respecto la historia de la Sex-Pol en el Zeitschrift für politischePsychologieundSexualökonomie.
57 [19341 Esto se verificó hasta la evidencia
en forma trágica con el abandono
progresivo de la teoría sexual (Adler, Jung). Este hecho merecería una exposición a fondo. Se trata de un abandono de la teoría sexual dentro del propio psicoanálisis inclusive.
57
Wilhelm Reich
No menos triste, aunque más repugnante, es el cuadro que muestra el público
en general. Bajo la presión de la moral sexual burguesa,
se ha hecho del psicoanálisis un tema de moda que satisface cierta lujuria
insatisfecha; mutuamente
se analizan los complejos. En los salones, a la hora del té, se habla de los símbolos de los sueños, se discute sin el menor conocimiento y sólo por tratarse
de la sexualidad, sobre los pros
y los contras
del análisis; el uno se entusiasma con la extraordinaria“hipótesis” y el otro, no menos ignorante, está convencido de que
Freud
es un charlatán y de que su teoría es una pompa de jabón y,
sobre todo, ese hincapié unilateral en la sexualidad ¡como si no existiera nada “superior”!, aunque entre tanto el crítico no haga otra
cosa que hablar de sexualidad. En los Estados Unidos se han formado grupos y clubes de discusión para practicar el psicoanálisis. Se trata de una buena coyuntura que debe aprovecharse: el hombre tiene un
escape para su sexualidad insatisfecha y se gana mucho
dinero con esa moda que llaman
“psicoanálisis”, moda que se ha convertido en un gran negocio.
Éste es el aspecto
exterior del psicoanálisis.
¿Y cuál es su aspecto interior? Una disensión tras otra. Los investigadores no resisten
ante la presión
de la represión sexual. Jung pone de cabeza toda la teoría analítica
y hace de esto una religión, en la cual ya no se menciona
siquiera la sexualidad.58 Asimismo,
en el caso de Adler, la represión sexual desemboca en una tesis según la cual la sexualidad es simplemente la forma en que se expresa la voluntad
de poder, y de esta
manera se aparta del psicoanálisis para establecer las bases de una comunidad
ética. Rank, quien fuera uno de los discípulos más
destacados de Freud, llega a su teoría del seno materno y del trauma del nacimiento al diluir el concepto de la libido en la psicología del yo, para acabar negando los conocimientos analíticos básicos. Una y otra
vez la represión
sexual hace sentir
sus efectos negativos sobre el psicoanálisis. También en el propio círculo psicoanalítico se puede
observar el compromiso social y económico del psicoanálisis a través de
58 [1934] Sólo recientemente se presentó Jung como defensor del fascismo dentro del psicoanálisis. La Sociedad Psicoanalítica Internacional (Internationale Psychoanalytische
Vereinigung) no tiene la más remota idea de la significación y el origen sociocultural de estos procesos.
Más bien se defiende
contra su revelación. Pero puede mostrarse
que la totalidad
de los movimientos secesionistas dentro del psicoanálisis tiene como
característica común que todos ellos divergen
a partir de un punto: la contradicción entre la teoría sexual psicoanalítica y el modo de existencia burgués. Se trata de cuestiones de terapia
analítica (Rank, Steckel) o de concepciones teóricas (Adler, Jung) siempre es lo mismo. Este estado de cosas merecería
una exposición a fondo, porque descubre como quizá ninguna otra cosa la significación social del psicoanálisis.
58
las concesiones atenuantes y debilitantes que hacen en su labor. Después de aparecer Elyoyelellono vuelve a hablarse
por años de la libido; se intenta
modificar toda la teoría de las neurosis y reformularla en términos yoicos; se proclama
que la hazaña máxima de Freud consiste en haber descubierto el sentimiento de culpa inconsciente, y que sólo ahora se ha captado lo real y esencial.
Es en la terapia de la neurosis
donde se expresa con mayor claridad la tendencia
a hacer concesiones y a capitular
frente a la moral burguesa, dado que se trata de la aplicación práctica de una teoría totalmente
revolucionaria para la terapia
del hombre en la sociedad capitalista.
Dada
su forma de existencia social, el psicoanalista se ve impedido o
aun imposibilitado para hablar públicamente de la incompatibilidad que existe entre la actual
moral sexual, el matrimonio actual, la familia
burguesa, la educación burguesa y la radical terapia psicoanalítica de las neurosis.
A pesar de que, por un lado, se admite que las condiciones familiares son desoladoras y que el ambiente que rodea al enfermo
es generalmente el mayor obstáculo para su convalecencia, hay resistencia –y esto es muy comprensible– para sacar las
consecuencias de todo esto. Por eso es explicable que por principio
de realidad y adaptación a la realidad
no se entienda la capacidad de
resistencia ante la realidad
sino el completo sometimiento a las exigencias sociales. Es obvio que todo esto actúa negativamente en la aplicación práctica del psicoanálisis a la curación de las neurosis.
Así, en su actual forma de existencia capitalista, el psicoanálisis se ve
estrangulado por dentro y por fuera. Freud continúa teniendo razón: su ciencia se hunde. Pero nosotros agregamos
además: el psicoanálisis se hunde cuando no se adapta a la sociedad burguesa, es cierto; pero
cuando se adapta a la sociedad burguesa, experimenta lo mismo que experimenta el marxismo en manos de los socialistas y reformistas, a saber: perece porque se le
mella sobre todo por el desprecio
de que es
objeto su teoría de la libido. Como en el pasado, la ciencia oficial se rehusará a interesarse en el psicoanálisis porque no puede aceptarlo debido a su carácter de clase. Los psicoanalistas que se sienten
optimistas por la difusión
del análisis se equivocan rotundamente. Esta difusión
es, justamente, un síntoma de su inminente desaparición.
59
Wilhelm Reich
Y puesto que el psicoanálisis, aplicado consecuentemente, subvierte las ideologías burguesas, y dado que la economía socialista constituye la base para el libre desenvolvimiento del intelecto y de la sexualidad, sólo en el socialismo tiene el psicoanálisis un porvenir.59
3] Ya hemos visto que el psicoanálisis no puede hacer surgir de símismo una concepción del mundo, ni tampoco hacer las veces de una Weltanschauung; sin embargo,
implica una nueva apreciación de los
valores, destruyendo, a través de su aplicación práctica en el individuo, la religión y las ideologías burguesas, liberando la sexualidad. Y ésa es precisamente la función ideológica del marxismo: el marxismo
destruye los antiguos valores a través
de la revolución económica y de la concepción materialista del mundo. El psicoanálisis hace lo mismo, o podría
hacer lo mismo, psicológicamente. Pero como en el marco de la sociedad
burguesa el psicoanálisis tiene que seguir siendo socialmente ineficaz, sólo puede lograr
este efecto después de consumada la
revolución social. Algunos analistas
piensan que el psicoanálisis puede reformar
el mundo por la vía de la evolución y evitar
la revolución social. Ésta es una utopía basada en la total ignorancia de la existencia económica y política.60
El futuro significado social del psicoanálisis parece residir en tres dominios:
59 [19341 En la Unión Soviética no pudo desarrollarse el psicoanálisis. Tropezó allí con las
mismas dificultades que en los países burgueses, con la diferencia, ciertamente muy
importante, de que los analistas
asumieron funciones importantes en tanto que personalidades individuales. De todas maneras, desde él punto de vista social no se desarrolló. La causa de ello quizá esté en que los dirigentes de la Unión Soviética no
descubrieron o todavía no han reconocido la contradicción existente allí entre la revolución
sexual y cultural.
Esta esfera de conflictos es tan amplia y rica en problemas,
que no podríamos decir aquí todo lo candente que es la cuestión. Si Stalin, como me dijeron, concedió ya que la planeación
del hombre nuevo, en oposición
a la planeación
económica, no se puede dar por resuelta,
habría que referir todo ello, de acuerdo con nuestros
conocimientos, al hecho de no haberse reestructurado sexualmente al hombre; Yo sé la indignación que esta afirmación ha de despertar, pero no puedo hacer otra cosa que
remitirme a una investigación concienzuda que espero esté suficientemente madura en no lejana fecha como para ser presentada
al público. Ver: Lacrisissexual,Buenos Aires.)
60 [1934] La concepción según la cual el psicoanálisis no podrá desplegar toda su fuerza social hasta después de haberse realizado
la
revolución fue una concesión un poco
miope al marxismo economicista ultraizquierdista. Las experiencias en Alemania y especialmente la rápida reacción de la juventud de todos los círculos a los primeros ensayos político-sexuales
de politizar la vida privada
nos enseñaron que la flexibilización psicosocial de las contradicciones entre las necesidades sexuales y las inhibiciones morales puede convertirse
en una importante palanca, central desde el punto de vista político-cultural, del trabajo
revolucionario. Cf. la exposición de la problemática político-sexual en Massenpsychologie desFaschismus.
60
1] En la investigación de la prehistoria como ciencia auxiliar
dentro del marco del materialismo histórico. La prehistoria condensada en los
mitos, hábitos folclóricos y costumbres de los pueblos primitivos que
actualmente existen
no es objeto de la metodología social marxista.
Pero esta labor sólo podrá realizarse
cuando la formación sociológica y económica del analista sea muy profunda y se hayan abandonado las concepciones individualista e idealista del desarrollo social.
2] En el campo de la higiene
mental, que sólo puede desarrollarse
sobre la base de una economía
socialista. Sobre la base de una
sociedad económicamente ordenada también se puede realizar una
economía de la libido
en
la economía psíquica, lo cual es imposible para
las masas en las formas de vida burguesas
y sólo puede alcanzarlo uno que otro individuo. Sólo en estas condiciones la terapia individual de las neurosis encuentra
un campo de acción adecuado.61
3] En el campo de la educación
como base psicológica de la educación socialista. En este campo el psicoanálisis será indispensable, dados sus conocimientos del desarrollo psicológico del niño. Dentro de la
sociedad burguesa como ciencia auxiliar de la pedagogía, el psicoanálisis estácondenado a la esterilidad, o peor aún, ya que el objeto de la educación en esta sociedad es educar en su beneficio; y como educar para otra sociedad es una ilusión, la pedagogía psicoanalítica, antes de la
revolución social,
sólo se puede utilizar en beneficio
de la sociedad
burguesa. Los pedagogos
psicoanalíticos que intentan cambiar esta sociedad desde dentro experimentarán lo que el sacerdote que fue a
convertir a un moribundo agente de seguros, y que sólo consiguió
salir asegurado él mismo. La sociedad es más poderosa que los esfuerzos de algunos de sus miembros
61 [1934] La investigación de la formación de estructuras caracterológicas humanas ha adquirido una importancia cada vez mayor en los últimos
años. Sin ella es imposible
una elaboración científica
seria de la profilaxis de las neurosis, una planeación de la fuerza productiva de las fuerzas de trabajo y un control
consciente del enraizamiento
caracterológico del sistema económico socialista.
61
SOBRE LA APLICACIÓN
DEL
PSICOANÁLISIS EN LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA
Investigar la formación de la estructura psíquica es el objeto de la psicología científico- natural. Sólo una psicología que disponga de una metodología adecuada para captar y presentar la dinámica y la economía de los procesos
psicológicos puede cumplir esta tarea. En mi trabajo
acerca de la relación entre el psicoanálisis y el materialismo dialéctico62 he tratado
de comprobar que el psicoanálisis es el núcleo a partir del cual hay que desarrollar una psicología dialéctico-materialista. Como la Weltanschauung burguesa
de los científicos da origen a
deformaciones y puntos de vista falsos dentro de sus disciplinas, es necesario
hacer al principio de cada ensayo de psicología dialéctico-
materialista una crítica
metodológica. A este respecto rechacé allí la
posibilidad de que el psicoanálisis desarrolle una sociología, dado que
el método de la psicología, aplicado a los hechos de los procesos sociales, conducirá inevitablemente a resultados metafísicos e idealistas y, de hecho,
ya ha conducido a ellos.
Esta posición ya me había atraído
duros ataques por parte de los psicoanalistas que ejercen cierta“sociología silvestre”. Tan seguro
estaba yo entonces de que no se
puede aplicar un método psicológico a los problemas
sociales, como seguro estaba, por otro lado, de que la sociología no puede renunciar
a la psicología cuando se enfrenta a las cuestiones de la llamada“actividad subjetiva” del hombre y de la formación
de ideologías. Cuando finalmente encontré una fórmula provisional que intentaba
situar al psicoanálisis dentro de la sociología, me atacó Sapir63 diciendo
que yo mismo me contradecía. Y como yo negaba la aplicación del psicoanálisis a la sociología, a tiempo que trataba
de encontrarle un
lugar determinado, no fue difícil hacerme tal ataque. Mis críticos están en
una situación más favorable que yo: unos continúan usando
despreocupadamente su “sociología psicoanalítica”, que alcanzó el éxito
finalmente hace poco tiempo con la tesis de que la existencia de la
policía se explica por la necesidad que tienen las masas de castigo;64
otros se deshacen del difícil problema mostrándose indispuestos a
62 Ver el
ensayo anterior.
63 Sapir, “Freudismus, Soziologie, Psychologie”, UnterdemBannerdesMarxismus,1929. 64 S. Laforgue, “Psychoanalyse der Politik”
(en PsychoanalytischeBewegung,1931). Este trabajo ya había sido criticado por Fenichel desde el punto de vista metodológico y de contenido (PsychoanalytischeBewegung, 1932).
62
someterse a las dificultades de resolver los problemas con la tesis de que el psicoanálisis es una disciplina “idealista” y de que es mejor no
ocuparse de todo ello. Algunos críticos, como Sapir, cayeron en contradicciones cuando tuvieron que admitir que el psicoanálisis ha hecho una
serie de aportaciones fundamentales,
como haber formulado la mejor teoría de la sexualidad, el descubrimiento del inconsciente y la
represión y con ello del proceso
psíquico, etc. Cuando les preguntécómo era posible que una disciplina idealista pudiera haber realizado
descubrimientos tan importantes, no sabían qué contestarme.
La actual discusión acerca del significado sociológico del psicoanálisis se caracteriza por la confrontación de dos opiniones: la que sostiene que el psicoanálisis como psicología individualista no puede explicar los fenómenos
sociales, y la otra, que no sólo sostiene que el psicoanálisis
es psicología individual sino también social, y que, en consecuencia, es aplicable
a los fenómenos sociales.
Hay que agregar
que se ha tratado
de una discusión
puramente verbal, ya que no se ha hecho el intento de comprobar las afirmaciones sobre la base de hechos reales. Cuando rechacé en 1920 la aplicación del método psicoanalítico al estudio de la sociedad, me basé en las aplicaciones que hasta entonces
se habían hecho del método psicoanalítico en la sociología por parte del psico-
análisis, que contradecían estrictamente las aplicaciones marxistas y
demostraron ser falsas. Era obvio que el psicoanálisis tenía importancia
para la sociología, sólo que el problema era cómo evitar los absurdos que se habían visto hasta entonces y determinar el camino a tomar para recoger tesoros
hasta entonces inaccesibles, pero ya a la vista. Yo había rechazado en el Bannerla aplicación del método psicoanalítico en la sociología, pero al mismo tiempo había propuesto una aplicación
tentativa que dio pábulo para que Sapir me acusara de inconsecuente. Escribí:
“Estas consideraciones permiten suponer que el psicoanálisis,
gracias a su método de encontrar las raíces instintivas de la
actividad social del individuo y gracias a su teoría dialéctica de los
instintos, está llamado a explicar
en detalle los efectos psíquicos de las relaciones de producción en el individuo, es decir, la formación
de las ideologías “en el cerebro humano”.
Entre los dos puntos finales,
estructura económica de la
sociedad y superestructura ideológica, cuya relación
causal ha captado en general la concepción materialista de la historia, la concepción
63
Wilhelm Reich
psicoanalítica de la psicología del hombre socializado introduce una serie de eslabones
intermedios. Esta concepción puede
demostrar que la estructura económica de la sociedad no se traduce
inmediatamente“enel cerebro
del hombre” en ideologías,
ya que la forma en que se manifiesta la necesidad de alimentarse, que depende
en cada caso de las condiciones económicas,
influye sobre las funciones, mucho más plásticas, de la energía sexual modificándolas y que esta acción
social sobre las
necesidades sexuales
mediante la restricción de sus objetivos
traslada al proceso social del trabajo nuevas fuerzas productivas en forma de libido sublimada. Y esto, en parte directamente en forma de fuerza de trabajo, en parte indirectamente en forma de
productos más altamente desarrollados de sublimación sexual,
como por ejemplo
la religión, la moral en general y la moral sexual en especial, la ciencia, etc.; esto implica una integración racional del psicoanálisis en la concepción materialista de la
historia en un determinado punto, el que le corresponde: allídonde comienzan
los problemas psicológicos englobados en la proposición de Marx según la cual las condiciones materiales de existencia se transforman en ideas en el cerebro
humano. El
proceso libidinal
en la evolución
social es, por consiguiente,
secundario, y depende de ella, aun cuando intervenga en ella
decisivamente en la medida en que la libido sublimada
como fuerza de trabajo
se convierte en fuerza productiva.65
Actualmente hubiera podido formular las cosas con mayor claridad, y no habría presentado la religión y la moral como sublimación de instintos. Entonces vi simplemente hechos que hoy comprendo mejor, por ejemplo,
la estructura psicológica de una obrera cristiana
afiliada al fascismo o a los partidos del centro, a la que ningún
esfuerzo persuasivo puede disuadir de su dirección política, estructura política
que tiene que ser de una índole muy especial
y que se distingue de la estructura psíquica de una obrera comunista. Actualmente comprendería mejor que su dependencia material
y autoritaria respecto a sus padres en su niñez y juventud y a su esposo
en su vida adulta la obligó a reprimir sus deseos sexuales, lo cual la hizo caer en una ansiedad
caracterológica fácil de comprobar
y en una aversión sexual que la
incapacitó para comprender la reivindicación comunista de la auto-
65 UnterdanBannerdesMarxismus, p. 763.
64
determinación de la mujer; asimismo
comprendería mejor que una
represión sexual
que excede cierto límite o que se originó
de cierto modo, la liga estrechamente a la Iglesia
y al orden burgués
y la incapacita para la crítica. La significación de este problema no sólo se desprende del hecho de que haya millones de mujeres semejantes aésa, sino también del hecho ineludible de que tal mentalidad
no deriva de un “atontamiento” u “ofuscamiento”, sino de una alteración básica de
la estructura caracterológica humana en el sentido del orden prevaleciente. Frente a la importancia práctica de esta y otras cuestiones
semejantes de la psicología de las masas, no pude acceder a la presión
de
mis amigos marxistas para que respondiera inmediatamente en el plano teórico a la crítica de Sapir. Las discusiones teóricas66 se hacen infructuosas si no se las hace descansar sobre cuestiones concretas y
prácticas. Para percatarse de la importancia del psicoanálisis dentro de la lucha de clases es necesario confrontarlo con las diferentes cuestiones del movimiento político. De hecho, este camino probó ser el más
fructífero, tanto respecto a la crítica de las teorías metafísicas dentro del psicoanálisis como para la ubicación
teórica del psicoanálisis dentro de la investigación marxista de la historia.67
Esta ubicación debe hacerse partiendo de un claro reconocimiento de que las cuestiones sociológicas no pueden abordarse a través
del método psicológico. Pero, al mismo tiempo,
el psicoanálisis puede abrir plenamente la posibilidad de hacer más fructífera la investigación
marxista de la historia y de la política incluyendo sus descubrimientos (no su método) en ciertos campos,
por ejemplo en el de la formación
de
las ideologías, el efecto retroactivo de las ideologías, etc. Esto
impide al psicólogo
sin formación sociológica el camino hacia la sociología y lo obliga a apropiarse el método de investigación histórica. Al mismo tiempo obliga al economista a reconocer
su contradicción cuando habla de conciencia de clase.
De manera que si ahora algunos
psicoanalistas me dicen que he
atenuado mi riguroso
punto de vista sobre la exclusión del psicoanálisis en la investigación sociológica, dado que yo mismo abordo los fenómenos
de
masas con “puntos de vista” psicoanalíticos, debo pedirles que se
cercioren de que eso no es así, leyendo
mi trabajo de 1929, donde dije:
66 Véase
al respecto MassenpsychologiedesFaschismus, Verlag für
Sexualpolitik, 1933.
67 Mientras tanto, según he oído, a Sapir ya no se le considera competente en la Unión Soviética por ser discípulo
de Deborin y, por lo mismo, idealista.
65
Wilhelm Reich
“Elobjeto propio del psicoanálisis es la vida psíquica
del hombre socializado. La vida psíquica de las masas sólo le concierne en
tanto aparecen fenómenos
individuales en ella (por ejemplo el problema del líder) y le conciernen además fenómenos del “alma
colectiva”, como el miedo, el pánico, la obediencia, etc., en tanto pueda explicarlos por sus experiencias con individuos. Pero parece que difícilmente le sea accesible
el fenómeno de la
conciencia de clase. Problemas
como el del movimiento de
masas, de la política, la huelga, que son objeto de la sociología,
no
pueden ser objeto de su método. Consecuentemente, no
puede sustituir a la sociología
ni puede desarrollar por sí mismo una sociología.
Por lo expuesto hasta ahora, puede observarse que estas consideraciones han resistido totalmente la prueba y sólo ha sido necesario darles mayor precisión. Sigue en pie el planteamiento de que no es posible abordar psicológicamente los fenómenos sociales, es decir, que no
pueden ser objeto del método psicoanalítico. El problema de la
conciencia de clase no se había esclarecido todavía y por eso decía“parece como si...” Pero ahora ya se pueden hacer formulaciones más precisas.
A través de un mayor número de experiencias se ha demostrado lo
que en el trabajo publicado en el Bannersólo fue esbozado,
a saber, que el primer
requisito para captar psicológicamente el problema
de la conciencia de clase es hacer la sutil diferenciación entre su aspecto
objetivo y su aspecto subjetivo. Además, ha quedado
demostrado que los elementos positivos
y las fuerzas motrices
de la conciencia
de clase no son interpretables psicoanalíticamente, en tanto que los impedimentos
para
su desarrollo sólo se pueden entender psicológicamente, porque tienen su origen en fuentes
irracionales.
Mis críticos son y han sido muchas veces precipitados en sus juicios, pero cuando la ciencia pisa un campo nuevo primero tiene que hacer a un lado muchas viejas concepciones a fin de enfocar las cosas bajo un nuevo ángulo sin valerse de las premisas anteriores. Seguramente al principio se presentará o formulará
uno u otro punto erróneamente. Para desarrollar una psicología marxista correcta tenía que acabarse
primero con la aplicación de
la técnica interpretativa psicoanalítica en el
campo sociológico; sólo después de esto se pudo determinar qué tanto
contenido racional y cuánto de irracional incluye
la problemática de la
66
conciencia de clase, es decir, la importancia que se puede conceder
a la interpretación psicoanalítica de los fenómenos irracionales. Porque, por ejemplo, si interpreto la voluntad revolucionaria como rebelión en
contra del padre y esto en todos
los casos, aun en la esfera sociológica, caigo inconscientemente en la ideología de la
política reaccionaría; pero en cambio, si investigo
concretamente la medida en que la voluntad
revolucionaria corresponde a una situación
racional y la medida en que
es
irracional la falta de tal voluntad, es decir, cuando la voluntad
revolucionaria corresponde realmente a una rebelión
inconsciente en
contra del padre, etc., entonces llevo adabsurdumla ciencia burguesa pretendidamente “libre de prejuicios” y realizo
una labor auténticamente científica, prestando de este modo un servicio al movimiento obrero y ya no a la reacción; porque la ciencia marxista no es otra cosa que el descubrimiento insobornable de la realidad.
Tener claridad sobre la metodología para poder situar el psicoanálisis dentro de la investigación histórica es de importancia decisiva para el resultado de cualquier investigación. Por eso es importante ocuparse más de la crítica que hizo Fromm a mi formulación antes citada en“Materialismo dialéctico y psicoanálisis”. Fromm dice en Sobre el métodoylastareasdeunapsicologíasocial:68
“Hay que hacer un esfuerzo por encontrar, con los medios del psicoanálisis, el sentido secreto y profundo de las formas de comportamiento que son obviamente irracionales y que se manifiestan en la religión, en las costumbres de los pueblos y en la política
y la educación... Si [el psicoanálisis] ha encontrado
la clave para la comprensión del comportamiento humano en la vida
instintiva y en el inconsciente, entonces también debe de
estar autorizado y ser capaz de decirnos
algo esencial sobre los motivos ocultos
del comportamiento social.
Porque“lasociedad”está integrada por diversos individuos que no pueden estar
sujetos a otras leyes psicológicas que no sean las que ha
descubierto el psicoanálisis en el individuo. Por eso nos parece erróneo limitar –como lo hace W. Reich– el psicoanálisis al campo de la psicología individual y negarle,
en principio, su utilidad para el estudio de los fenómenos sociales, tales como la política,
la conciencia de clase, etc. Que la sociología tenga como objeto el estudio
de determinados fenómenos no significa de ninguna
68 ZeitschriftfürSozialforschung, cuaderno 1/2, 1932.
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Wilhelm Reich
manera que éstos no puedan ser objeto del psicoanálisis (de la misma manera que es erróneo suponer que un objeto que se investiga desde el punto de vista de la física no pueda investigarse desde el punto de vista de la química), sino simple- mente significa que los fenómenos sociales, en tanto tengan
aspectos psíquicos, son objeto de la psicología, especialmente de la psicología social, que debe establecer las motivaciones y funciones sociales
de los fenómenos
psíquicos.”
Pero, desgraciadamente, Fromm citó mi exclusión, pero no mis claras afirmaciones en relación
con el papel que puede y debe desempeñar el psicoanálisis dentro de la investigación sociológica, a saber, demostrar
de qué manera lo material se convierte en ideal en el cerebro del
hombre. Es claro que solamente el psicoanálisis puede explicar los
patrones irracionales de comportamiento tales como los comporta-
mientos religiosos y místicos
de toda clase,
ya que sólo él puede investigar las reacciones instintivas del subconsciente y esto solamente puede hacerlo de una manera correcta cuando no “toma en consideración” simplemente los factores
económicos, sino cuando tiene en
cuenta claramente que las mismas estructuras inconscientes que
reaccionan de la mencionada forma irracional son resultado de procesos
históricos socioeconómicos; de manera que no se pueden
oponer en modo alguno los mecanismos inconscientes a los mecanismos económicos, sino que deben considerarse como las fuerzas que median entre la existencia social y la forma humana de reaccionar. Cuando Fromm afirma que el psicoanálisis puede aportar algo esencial acerca de
las “motivaciones ocultas” del comportamiento “social” porque ia
sociedad está integrada
por diversos individuos, incurre en una imprecisión tal que sólo sirve para abrir las puertas a los mismos abusos de la psicología que trata de combatir. Mientras por“comportamiento social” se entienda el comportamiento del individuo
en la vida social, no tiene sentido oponer comportamiento personal
al comportamiento social, porque entonces
sólo existe el comportamiento
social. También
el comportamiento durante el sueño diurno es comportamiento social, condicionado tanto por hechos sociales como por relaciones objetuales
fantaseadas. Para arrojar luz a este respecto–esperamos que de una vez por todas– tenemos que ampliar la crítica que Fromm hace a la sociología psicoanalítica oficial. No se trata aquíde sutilezas sino de asuntos bastante gruesos. Hay numerosos
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comportamientos sociales del hombre en que la mediación antes descrita de mecanismos instintivos inconscientes (mediación que es tan decisiva en otros fenómenos) en la acción humana apenas desempeña
algún papel. Pero lo importante es que el comportamiento, por
ejemplo, del pequeño depositario en caso de la quiebra de un banco o de la rebelión de los campesinos en el caso de una caída en los precios
de
los cereales no pueden explicarse por motivos libidinosos o
atribuirse a la rebelión
en contra del padre. Asimismo es importante
percatarse de que, en tales casos, la psicología sólo puede hablar de
los efectos que se producen sobre el comportamiento, pero no puede decir nada acerca de sus causas ni sus motivaciones ocultas. Y es que el capitalismo no se explica por
la estructura sádico-anal del hombre;
yésta debe explicarse, en cambio, a través del orden sexual
del patriarcado. Y la sociedad
no consta simplemente de diversos individuos (lo que sería una colección), sino de una multiplicidad de individuos
cuyas vidas y pensamientos están determinados justamente por
relaciones de producción que son completamente independientes de su voluntad
y de sus instintos
y que, sin embargo, los afectan de tal
manera que las relaciones
de producción los modifican en los aspectos decisivos, por ejemplo la reproducción ideológica y estructural del sistema económico que trataremos después,
precisamente la
estructura de los instintos. Entonces, si decimos que podemos aclarar fondos,
entonces es importante asentar precisamente cuáles. Y esto es lo
fundamental; lo que realmente
nos distingue de las corrientes,
combatidas por nosotros, de la “psicología social”,
es que establecemos claramente cuáles son los límites y las dependencias de la psicología;
que
somos conscientes de que sólo podemos esclarecer los eslabones
mediadores entre la base social y la superestructura, es decir, el“metabolismo” que se lleva a cabo, entre la naturaleza y el hombre, en su representación psíquica. El hecho de que de esta manera logremos
explicar el efecto retroactivo que la ideología ejerce sobre la base a través
de las relaciones de producción
devenidas estructura caractero-
lógica es un avance secundario de importancia decisiva. ¿Por quéreviste tanta importancia este deslinde preciso? Porque es aquí donde reside la línea limítrofe entre la aplicación idealista y la materialista-
dialéctica de la psicología en el campo social. Los frutos que promete esta aplicación justifican las investigaciones más laboriosas y concien-
zudas, ya que no podemos
afirmar nada acerca de los motivos
profundos del comportamiento humano, cuyo origen es extrapsíquico,
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Wilhelm Reich
ni acerca de las leyes económicas que determinan
el proceso social, ni acerca de las funciones fisiológicas que rigen el aparato de los
instintos, sin perdernos en consideraciones metafísicas.
En otro punto ligado íntimamente a esta diferenciación, difiero tanto de Fromm como de otros colegas
que combaten mis concepciones. Fromm
sostiene que es errónea mi posición que niega la aplicación del método
psicoanalítico a fenómenos sociales,
tales como las huelgas,
etc. Por la parte marxista,
en tono amistoso también, se me ha dicho que el método
psicoanalítico sí
puede aplicarse a los fenómenos sociales, dado que, en sus rasgos fundamentales,
es un método
materialista-dialéctico. Fromm mismo opina que he cambiado mis puntos de vista de “manera afortunada” en
mis trabajos sociológico-empíricos. Pero no es así;
tanto ahora como antes evito aplicar
el método psicoanalítico a los fenómenos debido al siguiente motivo, que ahora puedo formular por primera vez con precisión. Sí, es cierto que aplicamos el método del materialismo dialéctico al investigar fenómenos sociales, y es cierto que el psicoanálisis es un método materialista-dialéctico de investigación;
entonces, razonaría
el lógico abstracto, el método psicoanalítico tendráque ser, “por lógica”,
aplicable a los fenómenos
sociales sin crear
confusión ninguna. Pero mis colegas, sin querer, son víctimas de una manera de pensar abstracta idealista-lógica. Tienen razón según las
leyes de la lógica abstracta, pero según las leyes de la dialéctica se
equivocan seriamente. ¿Escolasticismo? No, sino que se trata de un hecho sumamente simple: efectivamente, el método
materialista- dialéctico es un método unitario,
cualquiera que sea el objeto al que lo apliquemos: el principio
de la unidad de los contrarios, de la
transformación de la cantidad
en calidad, etc., son siempre válidos.
Pero, sin embargo, la dialéctica
materialista es una en la química, otra en la sociología y otra distinta en la psicología. Porque el método de investigación no flota en el aire sino que, en su naturaleza específica, está determinado por el objeto al que se aplica. Es precisamente aquídonde se muestra
la justeza del principio de la unidad entre el pensamiento y la realidad,
y por eso no pueden
permutarse la
dialéctica materialista propia del método sociológico con la que es propia al método psicológico. Quien sostiene que los problemas
sociológicos pueden
resolverse utilizando el método psicoanalítico también podría sostener, por ejemplo, que es posible explicar el
capitalismo por medio del análisis
químico. Sería la misma argumen-
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tación que se hiciera al pretender que el método psicoanalítico es aplicable a los fenómenos sociales;
ya que, indudablemente, el proceso social tiene tanto de material como de humano. De manera que, si se puede investigar simplemente psicológicamente, ¿por qué no también químicamente? En este ejemplo pudo notarse
hasta dónde llevaría el
punto de vista de Fromm si se desarrollara consecuentemente. Fromm se equivoca cuando sostiene que los psicoanalistas han llegado a resultados erróneos en el
campo sociológico debido a que se apartaron del método analítico. No, los psicoanalistas eran totalmente consecuentes en la aplicación del método de la interpretación de contenidos psíquicos
significativos cuando afirmaban
que los fenómenos
psíquicos se reducen a
mecanismos instintivos inconscientes, incluyendo entre aquéllos
fenómenos sociales
tales como la organización capitalista o la
organización monogámica. Y precisamente por eso se equivocaban, ya que la sociedad no tiene psique, ni subconsciente, ni instintos, ni superyó, como supone Freud en El malestar en la cultura. Los datos reales a los que está ligada la aplicación específica de la dialéctica
materialista se transfirieron a procesos
de otra índole, donde
objetivamente no son aplicables y el resultado fue absurdo. Tampoco es cierto,
como supone Fromm, que un objeto puede ser investigado a la vez química
y físicamente. La física no puede determinar la composición química,
y la química no puede determinar la velocidad
de la caída; son dos métodos
diferentes, ambos materialista-dialécticos,
con los que se investigan diferentes funciones o propiedades de un mismo objeto. Lo mismo ocurre con la sociología. Tratar de explicar un mismo hecho de manera psicológica y socioeconómica es labor que
sólo realizan ciertos malabaristas de la ciencia bien conocidos. Se trata de un eclecticismo de la peor clase. Investigar
las diferentes funciones del mismo fenómeno con sus respectivos métodos y reconocer en este proceso
las relaciones y dependencias mutuas es aplicar
el materialismo dialéctico. Por consiguiente, si Fromm sostiene que la psicología social investiga
“las motivaciones sociales profundas y las funciones
del fenómeno psíquico”, está equivocado. Un ejemplo:
la motivación social profunda
y la función de la religión, de la moral, etc., son funciones socioeconómicas de una
relación de clase, de la
relación de producción
obrero-capitalista; esto está determinado por la propiedad privada de los medios de producción, por la diferenciación entre el valor de uso y valor de cambio de la mercancía
fuerza de trabajo, es decir, por categorías sociológicas. Esta relación de producción
se arraiga, debido
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Wilhelm Reich
a las medidas económicas coercitivas de la clase dominante, en las estructuras psíquicas de los miembros de la sociedad,
especialmente de la clase dominada, modificando su estructura con la ayuda de
instituciones especiales, tales como la familia primero,
luego la escuela, la Iglesia, etc., moldeando una formación reactiva, que las hace
reaccionar crónicamente de manera típica. Así, nos enfrentamos con un fenómeno socio-psicológico que se asemeja a la relación padre-hijo en su ambivalencia: sumisión más rebelión ante una autoridad, que se basa, en primer lugar, en la relación económica y, en segundo lugar, en la actitud afectiva irracional. Según la opinión psicoanalítica oficial, esta relación emocional
es la que crea la relación padre-hijo, es decir, el fenómeno de la relación autoritaria entre, por ejemplo,
capitalista y
obrero, cuando que, en realidad, esta relación autoritaria existe, ante todo, debido a la relación de clase y no a la emocional. La utilización del método socio-económico conduce al descubrimiento de la relación de clase. La investigación con los medios del psicoanálisis conduce al
descubrimiento de su derivado,
es decir, no a la explicación de las
funciones sociales
sino sólo a la de sus conexiones psíquicas. Si se procede de manera inversa y se trata esta relación
entre diferentes individuos de dos clases como dos instancias psíquicas de un solo
individuo, se tiene que concluir –sin ser necesariamente un individuo
malvado– lo que una vez exteriorizó frente a mí un prominente psicoanalista: que la burguesía es el superyó del proletariado, el
proletariado el ello del organismo
social, y la burguesía
sólo cumple la función del superyó, que es la de mantener controlado el ello. Estoy convencido de que Laforgue es un buen hombre, pero,
a partir de esto,
tuvo que llegar
necesariamente a la conclusión de que la policía se
explica por la necesidad
de castigo que experimentan las masas,
debido a que investiga psicológicamente la policía como institución
social y no su psicología ni su acción sobre los dominados.
En diversos trabajos empírico-sociológicos he utilizado los resultados
psicoanalíticos en la sociología, sin hacer hincapié en la cuestión
del método empleado. Quiero aclarar
esto ahora con un ejemplo:
La huelga es un fenómeno sociológico de la fase capitalista del desarrollo social. La sociología marxista investiga los procesos que conducen a una huelga, investigando, por ejemplo, la relación de producción entre obrero y capitalista, la ley de la economía capitalista según la cual el dueño de los medios de producción compra y utiliza
la
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fuerza de trabajo como cualquier otra
mercancía. La sociología marxista descubre otras leyes económicas según las cuales la competencia entre los empresarios les obliga a reducir los salarios para incrementar sus ganancias, etc. Pero la huelga se lleva a cabo por la voluntad y la conciencia del trabajador, en otras palabras,
el hecho sociológico se expresa psicológicamente de una manera determinada. Por eso la psicología puede intervenir aquí, pero el problema es determinar de
qué
modo, porque de eso depende lo que ella puede decir. Ahora se comprende inmediatamente por qué el psicoanálisis del inconsciente de uno o varios
obreros huelguistas no puede decir nada respecto a la huelga
como fenómeno social o respecto a sus “motivaciones ocultas”; es más, ni siquiera
respecto a los motivos que condujeron a los obreros a
participar en la huelga. Aunque captemos lo que es común a dichos
obreros, es decir, aunque apliquemos la psicología social, no podemos decir nada acerca de las causas
de las huelgas, en otras palabras,
tampoco la psicología
social explica la huelga. Y es que el descubrimiento de los conflictos infantiles de los obreros con sus padres o madres no tiene ninguna relación con su huelga actual, sino únicamente–yesto debemos recordarlo bien– con la realidad histórico-económica (la
estructura capitalista o de empresa privada, según sea el caso) donde se originan
tanto las huelgas como los conocidos conflictos entre
padres e hijos. Pero si a pesar de todo se intenta esa aplicación del análisis del obrero a fin de explicar el fenómeno “huelga”, necesaria- mente se llega a la conclusión de que la huelga es una rebelión en
contra del padre. Pero se ignora el hecho de que se han considerado equivalentes “huelga” y “comportamiento psíquico”. Y hacer esta diferencia es decisivo, porque se le ignora por falta de claridad psicológica o por motivos
reaccionarios conscientes o inconscientes, pues la interpretación sociológica conduce a conclusiones diferentes a las
de la interpretación psicológica; aquélla conduce al reconocimiento de las leyes que rigen la sociedad dividida en clases, ésta a su encubrimiento.
La huelga puede estar ligada al trabajo psíquico del inconsciente, por ejemplo bajo la forma de un sueño, donde la huelga aparece como resto diurno; sorprendentemente, estos fenómenos son mucho menos frecuentes que los que tienen un origen sexual. Pero explicar la huelga
de este modo conduce a los mismos resultados
del psicoanalista oficial de la cultura,
Roheim: a hacer afirmaciones acerca de las culturas
primitivas basándose
en los sueños de los primitivos, en vez de explicar
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Wilhelm Reich
el contenido
conflictivo de los sueños basándose en las culturas primitivas.
De manera que por medio de la psicología podemos comprender el
comportamiento del obrero en la huelga, pero no la huelga misma. En la medida en que el comportamiento del obrero influye en el desenlace de la huelga, “intervienen factores psíquicos”. Pero la cosa es diferente cuando existe una situación socioeconómica que debía originar una
huelga y no fue así. En este caso fracasa la investigación socioeconómica que es incapaz de encontrar una relación histórico-económica, porque entonces interviene un tercer
factor en el desarrollo del proceso
sociológico. Este tercer factor es de índole psicológica (o sea, un hecho socio-psicológico o psicológico de masas), por ejemplo, falta de
confianza en los promotores de la huelga por parte de los obreros, es decir, falta de confianza
en la dirección; subordinación a dirigentes sindicales reformistas, saboteadores de la huelga o temor ante el
empresario. En otros casos, el miedo a las dificultades materiales que
origina la huelga puede ser decisivo. Pero esta actitud,
que obviamente tiene un impacto decisivo en el desarrollo de la lucha de clases,
tampoco es, en sí, inmediatamente psicológica, sino que se puede
explicar sociológicamente. Porque la misma subordinación a un dirigente sindical reformista
es resultado de una relación
determinada, una relación, al fin y al cabo, sociológica: en un caso puede ser el motivo superficial del miedo ante el despido, en otro, un miedo más profundo, el miedo a rebelarse
en contra de la autoridad, originada
en la liga infantil
con el padre. ¿Pero dé dónde proviene
la liga con el
padre y el miedo ante la autoridad? Una vez más, de la situación familiar que está determinada socioeconómicamente. De modo que la aplicación de la psicología siempre tiene por objeto el conocimiento de los eslabones
más o menos numerosos
que existen entre el proceso económico y la acción que desarrolla el hombre dentro de él. Cuanto más racional es el comportamiento, tanto más estrecho es el campo de
acción de la psicología del inconsciente; y cuanto más irracional es, tanto más amplio y mayor ayuda requiere
la sociología de la psicología.
Esto es particularmente cierto para el comportamiento de las clases
oprimidas durante la lucha de clases.
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Que un obrero industrial o el conjunto de los obreros industriales aspiren a hacer corresponder la forma de apropiación con la forma de producción no requiere
ninguna otra observación que la de que de esa manera simplemente obedecen al principio de placer y displacer.
Pero que amplias capas de la clase oprimida acepten e incluso apoyen
en una u otra forma la explotación sólo puede comprenderse directa- mente desde un punto de vista psicológico, y sólo indirecta y mediata- mente desde el punto de vista sociológico. La circunstancia de que la sociología analítica hasta la fecha haya procedido de manera inversa al explicar la rebelión psicológicamente y considerar, en cambio, la
obediencia como algo normal que no requiere
explicación, es producto
de
su concepción del principio de realidad
según el cual, en el individuo adulto, la adaptación a las exigencias de la realidad
sustituye al
principio del placer.
Pero no sólo la ley capitalista de la explotación
forma parte de
la
realidad, sino también
la autoconciencia de cada uno, que
es una conciencia dolorosa y que por eso tiene como resultado la no-adaptación. La opinión
oficial declara y estigmatiza la no-adaptación como comportamiento infantil e irracional. Éste es un ejemplo
de enfrentamiento entre Weltanschauung y Weltansehauung y por cierto
que nosotros no negamos
nuestra posición política como lo hacen
nuestros enemigos.
Pero queremos subrayar
que la diferencia entre estas posiciones políticas reside en que una explica psicológicamente lo que debe explicarse socio-económicamente e ignora lo que debería explicar, a saber,
los obstáculos que se oponen al desarrollo de los
procesos sociológicos y con ello, en ambos casos, se aparta de la realidad. La otra posición no excluye ningún elemento del ámbito del
conocimiento humano;
su interés es justamente lo opuesto: colocar
todo dentro del campo de la ciencia y llegar, basándose
en la aplicación del método del materialista dialéctico en todos los dominios
a una Weltanschauungcientífica y, de esta forma, hacer superflua la filosofía en tanto ciencia de lo desconocido.
En resumen, la aplicación consciente o inconsciente del materialismo
dialéctico en el campo de la psicología produce los mismos resultados que el psicoanálisis clínico, y la aplicación de estos resultados a la sociología y a la política desemboca en una psicología
social marxista, en tanto que la aplicación del método psicoanalítico a los problemas
de la sociología y la política se traduce necesariamente en una sociología metafísica psicologizante y, además de esto, reaccionaria.
FIN




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