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Libros Más Leídos

Libro N° 14358. Materialismo Dialéctico Y Psicoanálisis. Reich, Wilhelm.


© Libro N° 14358. Materialismo Dialéctico Y Psicoanálisis. Reich, Wilhelm.  Emancipación. Octubre 11 de 2025

 

Título Original: © Materialismo Dialéctico Y Psicoanálisis. Wilhelm Reich

 

Versión Original: © Materialismo Dialéctico Y Psicoanálisis. Wilhelm Reich

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://www.marxists.org/espanol/reich/materialismo-dial-y-psico-reich.pdf


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS

Wilhelm Reich


Wilhelm Reich


 

 

 

MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS

 

 

 

 

 

 

 

 

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MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Libro 201

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Wilhelm Reich

Colección

SOCIALISMO y LIBERTAD

Libro 1 LA REVOLUCIÓN ALEMANA

Víctor Serge - Karl Liebknecht - Rosa Luxemburgo

Libro 2 DIALÉCTICA DE LO CONCRETO

Karel Kosik

Libro 3 LAS IZQUIERDAS EN EL PROCESO POLÍTICO ARGENTINO

Silvio Frondizi

Libro 4 INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA DE LA PRAXIS

Antonio Gramsci

Libro 5 MAO Tse-tung

José Aricó

Libro 6 VENCEREMOS

Ernesto Guevara

Libro 7 DE LO ABSTRACTO A LO CONCRETO - DIALÉCTICA DE LO IDEAL

Edwald Ilienkov

Libro 8 LA DIALÉCTICA COMO ARMA, MÉTODO, CONCEPCIÓN y ARTE

Iñaki Gil de San Vicente

Libro 9 GUEVARISMO: UN MARXISMO BOLIVARIANO

Néstor Kohan

Libro 10 AMÉRICA NUESTRA. AMÉRICA MADRE

Julio Antonio Mella

Libro 11 FLN. Dos meses con los patriotas de Vietnam del sur

Madeleine Riffaud

Libro 12 MARX y ENGELS. Nueve conferencias en la Academia Socialista

David Riazánov

Libro 13 ANARQUISMO y COMUNISMO

Evgueni Preobrazhenski

Libro 14 REFORMA o REVOLUCIÓN - LA CRISIS DE LA SOCIALDEMOCRACIA

Rosa Luxemburgo

Libro 15 ÉTICA y REVOLUCIÓN

Herbert Marcuse

Libro 16 EDUCACIÓN y LUCHA DE CLASES

Aníbal Ponce

Libro 17 LA MONTAÑA ES ALGO MÁS QUE UNA INMENSA ESTEPA VERDE

Omar Cabezas

Libro 18  LA REVOLUCIÓN EN FRANCIA. Breve historia del movimiento obrero en Francia 1789-1848. Selección de textos de Alberto J. Plá

Libro 19 MARX y ENGELS

Karl Marx y Friedrich Engels. Selección de textos

Libro 20 CLASES y PUEBLOS. Sobre el sujeto revolucionario

Iñaki Gil de San Vicente

Libro 21 LA FILOSOFÍA BURGUESA POSTCLÁSICA

Rubén Zardoya

Libro 22 DIALÉCTICA Y CONCIENCIA DE CLASE

György Lukács

Libro 23 EL MATERIALISMO HISTÓRICO ALEMÁN

Franz Mehring

Libro 24 DIALÉCTICA PARA LA INDEPENDENCIA

Ruy Mauro Marini

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MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS

Libro 25 MUJERES EN REVOLUCIÓN

Clara Zetkin

Libro 26 EL SOCIALISMO COMO EJERCICIO DE LA LIBERTAD

Agustín Cueva - Daniel Bensaïd. Selección de textos

Libro 27 LA DIALÉCTICA COMO FORMA DE PENSAMIENTO - DE ÍDOLOS E IDEALES

Edwald Ilienkov. Selección de textos

Libro 28 FETICHISMO y ALIENACIÓN - ENSAYOS SOBRE LA TEORÍA MARXISTA EL VALOR

Isaak Illich Rubin

Libro 29 DEMOCRACIA Y REVOLUCIÓN. El hombre y la Democracia

György Lukács

Libro 30 PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO

Paulo Freire

Libro 31 HISTORIA, TRADICIÓN Y CONSCIENCIA DE CLASE

Edward P. Thompson. Selección de textos

Libro 32 LENIN, LA REVOLUCIÓN Y AMÉRICA LATINA

Rodney Arismendi

Libro 33 MEMORIAS DE UN BOLCHEVIQUE

Osip Piatninsky

Libro 34 VLADIMIR ILICH Y LA EDUCACIÓN

Nadeshda Krupskaya

Libro 35 LA SOLIDARIDAD DE LOS OPRIMIDOS

Julius Fucik - Bertolt Brecht - Walter Benjamin. Selección de textos

Libro 36 UN GRANO DE MAÍZ

Tomás Borge y Fidel Castro

Libro 37 FILOSOFÍA DE LA PRAXIS

Adolfo Sánchez Vázquez

Libro 38 ECONOMÍA DE LA SOCIEDAD COLONIAL

Sergio Bagú

Libro 39 CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO EN AMÉRICA LATINA

André Gunder Frank

Libro 40 MÉXICO INSURGENTE

John Reed

Libro 41 DIEZ DÍAS QUE CONMOVIERON AL MUNDO

John Reed

Libro 42 EL MATERIALISMO HISTÓRICO

Georgi Plekhanov

Libro 43 MI GUERRA DE ESPAÑA

Mika Etchebéherè

Libro 44 NACIONES Y NACIONALISMOS

Eric Hobsbawm

Libro 45 MARX DESCONOCIDO

Nicolás Gonzáles Varela - Karl Korsch

Libro 46 MARX Y LA MODERNIDAD

Enrique Dussel

Libro 47 LÓGICA DIALÉCTICA

Edwald Ilienkov

Libro 48 LOS INTELECTUALES Y LA ORGANIZACIÓN DE LA CULTURA

Antonio Gramsci

Libro 49 KARL MARX. LEÓN TROTSKY, Y EL GUEVARISMO ARGENTINO

Trotsky - Mariátegui - Masetti - Santucho y otros. Selección de Textos

Libro 50 LA REALIDAD ARGENTINA - El Sistema Capitalista

Silvio Frondizi

5


 

Wilhelm Reich

Libro 51 LA REALIDAD ARGENTINA - La Revolución Socialista

Silvio Frondizi

Libro 52 POPULISMO Y DEPENDENCIA - De Yrigoyen a Perón

Milcíades Peña

Libro 53 MARXISMO Y POLÍTICA

Carlos Nélson Coutinho

Libro 54 VISIÓN DE LOS VENCIDOS

Miguel León-Portilla

Libro 55 LOS ORÍGENES DE LA RELIGIÓN

Lucien Henry

Libro 56 MARX Y LA POLÍTICA

Jorge Veraza Urtuzuástegui

Libro 57 LA UNIÓN OBRERA

Flora Tristán

Libro 58 CAPITALISMO, MONOPOLIOS Y DEPENDENCIA

Ismael Viñas

Libro 59 LOS ORÍGENES DEL MOVIMIENTO OBRERO

Julio Godio

Libro 60 HISTORIA SOCIAL DE NUESTRA AMÉRICA

Luis Vitale

Libro 61 LA INTERNACIONAL. Breve Historia de la Organización Obrera en Argentina. Se- lección de Textos

Libro 62 IMPERIALISMO Y LUCHA ARMADA

Marighella, Marulanda y la Escuela de las Américas

Libro 63 LA VIDA DE MIGUEL ENRÍQUEZ

Pedro Naranjo Sandoval

Libro 64 CLASISMO Y POPULISMO

Michael Löwy - Agustín Tosco y otros. Selección de textos

Libro 65 DIALÉCTICA DE LA LIBERTAD

Herbert Marcuse

Libro 66 EPISTEMOLOGÍA Y CIENCIAS SOCIALES

Theodor W. Adorno

Libro 67 EL AÑO 1 DE LA REVOLUCIÓN RUSA

Víctor Serge

Libro 68 SOCIALISMO PARA ARMAR

Löwy -Thompson - Anderson - Meiksins Wood y otros. Selección de Textos

Libro 69 ¿QUÉ ES LA CONCIENCIA DE CLASE?

Wilhelm Reich

Libro 70 HISTORIA DEL SIGLO XX - Primera Parte

Eric Hobsbawm

Libro 71 HISTORIA DEL SIGLO XX - Segunda Parte

Eric Hobsbawm

Libro 72 HISTORIA DEL SIGLO XX - Tercera Parte

Eric Hobsbawm

Libro 73 SOCIOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA

Ágnes Heller

Libro 74 LA SOCIEDAD FEUDAL - Tomo I

Marc Bloch

Libro 75 LA SOCIEDAD FEUDAL - Tomo 2

Marc Bloch

Libro 76 KARL MARX. ENSAYO DE BIOGRAFÍA INTELECTUAL

Maximilien Rubel

6


 

MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS

Libro 77 EL DERECHO A LA PEREZA

Paul Lafargue

Libro 78  ¿PARA QUÉ SIRVE EL CAPITAL?

Iñaki Gil de San Vicente

Libro 79  DIALÉCTICA DE LA RESISTENCIA

Pablo González Casanova

Libro 80  HO CHI MINH

Selección de textos

Libro 81 RAZÓN Y REVOLUCIÓN

Herbert Marcuse

Libro 82  CULTURA Y POLÍTICA - Ensayos para una cultura de la resistencia

Santana - Pérez Lara - Acanda - Hard Dávalos - Alvarez Somoza y otros

Libro 83  LÓGICA Y DIALÉCTICA

Henri Lefebvre

Libro 84  LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA

Eduardo Galeano

Libro 85  HUGO CHÁVEZ

José Vicente Rangél

Libro 86  LAS GUERRAS CIVILES ARGENTINAS

Juan Álvarez

Libro 87  PEDAGOGÍA DIALÉCTICA

Betty Ciro - César Julio Hernández - León Vallejo Osorio

Libro 88  COLONIALISMO Y LIBERACIÓN

Truong Chinh - Patrice Lumumba

Libro 89  LOS CONDENADOS DE LA TIERRA

Frantz Fanon

Libro 90  HOMENAJE A CATALUÑA

George Orwell

Libro 91  DISCURSOS Y PROCLAMAS

Simón Bolívar

Libro 92  VIOLENCIA Y PODER - Selección de textos

Vargas Lozano - Echeverría - Burawoy - Monsiváis - Védrine - Kaplan y otros

Libro 93  CRÍTICA DE LA RAZÓN DIALÉCTICA

Jean Paul Sartre

Libro 94  LA IDEA ANARQUISTA

Bakunin - Kropotkin - Barret - Malatesta - Fabbri - Gilimón - Goldman

Libro 95 VERDAD Y LIBERTAD

Martínez Heredia - Sánchez Vázquez - Luporini - Hobsbawn - Rozitchner - Del Barco

Libro 96 INTRODUCCIÓN GENERAL A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

Karl Marx y Friedrich Engels

Libro 97  EL AMIGO DEL PUEBLO

Los amigos de Durruti

Libro 98  MARXISMO Y FILOSOFÍA

Karl Korsch

Libro 99  LA RELIGIÓN

Leszek Kolakowski

Libro 100  AUTOGESTIÓN, ESTADO Y REVOLUCIÓN

Noir et Rouge

Libro 101  COOPERATIVISMO, CONSEJISMO Y AUTOGESTIÓN

Iñaki Gil de San Vicente

Libro 102  ROSA LUXEMBURGO Y EL ESPONTANEÍSMO REVOLUCIONARIO

Selección de textos

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Wilhelm Reich

Libro 103  LA INSURRECCIÓN ARMADA

A. Neuberg

Libro 104  ANTES DE MAYO

Milcíades Peña

Libro 105  MARX LIBERTARIO

Maximilien Rubel

Libro 106  DE LA POESÍA A LA REVOLUCIÓN

Manuel Rojas

Libro 107  ESTRUCTURA SOCIAL DE LA COLONIA

Sergio Bagú

Libro 108  COMPENDIO DE HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Albert Soboul

Libro 109  DANTON, MARAT Y ROBESPIERRE. Historia de la Revolución Francesa

Albert Soboul

Libro 110  LOS JACOBINOS NEGROS. Toussaint L’Ouverture y la revolución de Haití

Cyril Lionel Robert James

Libro 111  MARCUSE Y EL 68

Selección de textos

Libro 112  DIALÉCTICA DE LA CONCIENCIARealidad y Enajenación

José Revueltas

Libro 113  ¿QUÉ ES LA LIBERTAD?Selección de textos

Gajo PetrovićMilán Kangrga

Libro 114  GUERRA DEL PUEBLOEJÉRCITO DEL PUEBLO

Vo Nguyen Giap

Libro115 TIEMPO, REALIDAD SOCIAL Y CONOCIMIENTO

Sergio Bagú

Libro 116  MUJER, ECONOMÍA Y SOCIEDAD

Alexandra Kollontay

Libro 117  LOS JERARCAS SINDICALES

Jorge Correa

Libro 118  TOUSSAINT LOUVERTURE. La Revolución Francesa y el Problema Colonial

Aimé Césaire

Libro 119  LA SITUACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN INGLATERRA

Federico Engels

Libro 120  POR LA SEGUNDA Y DEFINITIVA INDEPENDENCIA

Estrella RojaEjército Revolucionario del Pueblo

Libro 121  LA LUCHA DE CLASES EN LA ANTIGUA ROMA

Espartaquistas

Libro 122  LA GUERRA EN ESPAÑA

Manuel Azaña

Libro 123  LA IMAGINACIÓN SOCIOLÓGICA

Charles Wright Mills

Libro 124  LA GRAN TRANSFORMACIÓN. Critica del Liberalismo Económico

Karl Polanyi

Libro 125  KAFKA. El Método Poético

Ernst Fischer

Libro 126  PERIODISMO Y LUCHA DE CLASES

Camilo Taufic

Libro 127  MUJERES, RAZA Y CLASE

Angela Davis

Libro 128  CONTRA LOS TECNÓCRATAS

Henri Lefebvre

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MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS

Libro 129  ROUSSEAU Y MARX

Galvano della Volpe

Libro 130 LAS GUERRAS CAMPESINAS - REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN ALEMANIA

Federico Engels

Libro 131  EL COLONIALISMO EUROPEO

Carlos Marx - Federico Engels

Libro 132  ESPAÑA. Las Revoluciones del Siglo XIX

Carlos Marx - Federico Engels

Libro 133  LAS IDEAS REVOLUCIONARIOS DE KARL MARX

Alex Callinicos

Libro 134  KARL MARX

Karl Korsch

Libro 135  LA CLASE OBRERA EN LA ERA DE LAS MULTINACIONALES

Peters Mertens

Libro 136  EL ÚLTIMO COMBATE DE LENIN

Moshe Lewin

Libro 137  TEORÍAS DE LA AUTOGESTIÓN

Roberto Massari

Libro 138  ROSA LUXEMBURG

Tony Cliff

Libro 139  LOS ROJOS DE ULTRAMAR

Jordi Soler

Libro 140  INTRODUCCIÓN A LA ECONOMÍA POLÍTICA

Rosa Luxemburg

Libro 141  HISTORIA Y DIALÉCTICA

Leo Kofler

Libro 142  BLANQUI Y LOS CONSEJISTAS

Blanqui - Luxemburg - Gorter - Pannekoek - Pfemfert - Rühle - Wolffheim y Otros

Libro 143  EL MARXISMO - El MATERIALISMO DIALÉCTICO

Henri Lefebvre

Libro 144  EL MARXISMO

Ernest Mandel

Libro 145  LA COMMUNE DE PARÍS Y LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA

Federica Montseny

Libro 146  LENIN, SOBRE SUS PROPIOS PIES

Rudi Dutschke

Libro 147  BOLCHEVIQUE

Larissa Reisner

Libro 148  TIEMPOS SALVAJES

Pier Paolo Pasolini

Libro 149  DIOS TE SALVE BURGUESÍA

Paul Lafargue - Herman GorterFranz Mehring

Libro 150  EL FIN DE LA ESPERANZA

Juan Hermanos

Libro 151  MARXISMO Y ANTROPOLOGÍA

György Markus

Libro 152  MARXISMO Y FEMINISMO

Herbert Marcuse

Libro 153  LA TRAGEDIA DEL PROLETARIADO ALEMÁN

Juan Rústico


 

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Wilhelm Reich

Libro 154  LA PESTE PARDA

Daniel Guerin

Libro 155 CIENCIA, POLÍTICA Y CIENTIFICISMOLA IDEOLOGÍA DE LA NEUTRALIDAD IDEOLÓGICA

Oscar Varsavsky - Adolfo Sánchez Vázquez

Libro156 PRAXIS. Estrategia de supervivencia


IlienkovKosik - AdornoHorkheimer- Sartre - Sacristán y Otros

Libro 157  KARL MARX. Historia de su vida

Franz Mehring

Libro 158  ¡NO PASARÁN!

Upton Sinclair

Libro 159  LO QUE TODO REVOLUCIONARIO DEBE SABER SOBRE LA REPRESIÓN

Víctor Serge

Libro 160  ¿SEXO CONTRA SEXO O CLASE CONTRA CLASE?

Evelyn Reed

Libro 161  EL CAMARADA

Takiji Kobayashi

Libro 162  LA GUERRA POPULAR PROLONGADA

Máo dōng

Libro 163  LA REVOLUCIÓN RUSA

Christopher Hill

Libro 164  LA DIALÉCTICA DEL PROCESO HISTÓRICO

George Novack

Libro 165  EJÉRCITO POPULARGUERRA DE TODO EL PUEBLO

Vo Nguyen Giap

Libro 166  EL MATERIALISMO DIALÉCTICO

August Thalheimer

Libro 167  ¿QUÉ ES EL MARXISMO?

Emile Burns

Libro 168  ESTADO AUTORITARIO

Max Horkheimer

Libro 169  SOBRE EL COLONIALISMO

Aimé Césaire

Libro 170  CRÍTICA DE LA DEMOCRACIA CAPITALISTA

Stanley Moore

Libro 171  SINDICALISMO CAMPESINO EN BOLIVIA

Qhana - CSUTCB - COB

Libro 172  LOS ORÍGENES DE LA CIVILIZACIÓN

Vere Gordon Childe

Libro 173  CRISIS Y TEORÍA DE LA CRISIS

Paul Mattick

Libro 174  TOMAS MÜNZER. Teólogo de la Revolución

Ernst Bloch

Libro 175  MANIFIESTO DE LOS PLEBEYOS

Gracco Babeuf

Libro 176  EL PUEBLO

Anselmo Lorenzo

Libro 177  LA DOCTRINA SOCIALISTA Y LOS CONSEJOS OBREROS

Enrique Del Valle Iberlucea

Libro 178  VIEJA Y NUEVA DEMOCRACIA

Moses I. Finley

 

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MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS


 

Libro 179  LA REVOLUCIÓN FRANCESA

George Rudé

Libro 180  ACTIVIDAD, CONCIENCIA Y PERSONALIDAD

Aleksei Leontiev

Libro 181  ENSAYOS FILOSÓFICOS

Alejandro Lipschütz

Libro 182  LA IZQUIERDA COMUNISTA ITALIANA (1917 -1927)

Selección de textos

Libro 183  EL ORIGEN DE LAS IDEAS ABSTRACTAS

Paul Lafargue

Libro 184  DIALÉCTICA DE LA PRAXIS. El Humanismo Marxista

Mihailo Marković

Libro 185  LAS MASAS Y EL PODER

Pietro Ingrao

Libro 186  REIVINDICACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER

Mary Wollstonecraft

Libro 187  CUBA 1991

Fidel Castro

Libro 188  LAS VANGUARDIAS ARTÍSTICAS DEL SIGLO XX

Mario De Micheli

Libro 189  CHE. Una Biografía

Héctor OesterheldAlberto Breccia - Enrique Breccia

Libro 190  CRÍTICA DEL PROGRAMA DE GOTHA

Karl Marx

Libro 191  FENOMENOLOGÍA Y MATERIALISMO DIALÉCTICO

TrầnĐứcThảo

Libro 192  EN TORNO AL DESARROLLO INTELECTUAL DEL JOVEN MARX (1840-1844)

Georg Lukács

Libro 193  LA FUNCIÓN DE LAS IDEOLOGÍASCRÍTICA DE LA RAZÓN INSTRUMENTAL

Max Horkheimer

Libro 194  UTOPÍA

Tomás Moro

Libro 195  ASÍ SE TEMPLÓ EL ACERO

Nikolai Ostrovski

Libro 196  DIALÉCTICA Y PRAXIS REVOLUCIONARIA

Iñaki Gil de San Vicente

Libro 197  JUSTICIEROS Y COMUNISTAS (1843-1852)

Karl Marx, Friedrich Engels y Otros

Libro 198  FILOSOFÍA DE LA LIBERTAD

Rubén Zardoya Loureda - Marcello Musto - Seongjin Jeong - Andrzej Walicki Bolívar Echeverría - Daniel Bensaïd -Jorge Veraza Urtuzuástegui

Libro 199 EL MOVIMIENTO ANARQUISTA EN ARGENTINA. Desde sus comienzos hasta 1910

Diego Abad de Santillán

Libro 200  BUJALANCE. LA REVOLUCIÓN CAMPESINA

Juan del Pueblo

Libro 201  MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS

Wilhelm Reich

 

 

 

 

 

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Wilhelm Reich


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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La red mundial de los hijos de la revolución social

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS


 

MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS

WILHELM REICH

1934

*

MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS I. Nota preliminar

II. Los descubrimientos materialistas del psicoanálisis y algunas interpretaciones idealistas

a. La teoría psicoanalítica de los instintos

b. La teoría del subconsciente y la represión

III. La dialéctica en los procesos psíquicos IV. La posición social del psicoanálisis

 

*

SOBRE LA APLICACIÓN DEL PSICOANÁLISIS EN LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Wilhelm Reich


 

MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS

I. NOTA PRELIMINAR

El objeto de este trabajo es investigar si entre el psicoanálisis de Freud y el materialismo dialéctico de Marx y Engels existe alguna relación, y, de ser así, determinar qué tipo de relación es ésta. De la respuesta que podamos darle a esta interrogante dependerá si hay alguna base para discutir la relación entre el psicoanálisis, la revolución proletaria y la lucha de clases.

En las pocas contribuciones que hasta este momento se encuentran en la literatura acerca del tema “psicoanálisis y socialismo” se nota una ausencia de orientación adecuada ya sea en el psicoanálisis o en el marxismo. Por el lado del marxismo, la crítica a la aplicación de los descubrimientos psicoanalíticos a la sociología es correcta en parte. Las contadas  aportaciones  que  los  psicoanalistas  han  hecho  a dicho  tema carecen de una orientación adecuada respecto a los problemas funda- mentales  del  materialismo  dialéctico,  y además  ignoran totalmente el problema central de la sociología marxista: la lucha de clases. Debido a esto, tales trabajos  carecen de utilidad  para la sociología marxista,  de la  misma  manera  que  resultaría  inútil  para  el  psicoanalista  un  trabajo acerca de los problemas psicológicos donde no se tomaran en consideración los factores del desarrollo sexual infantil, de la represión sexual, de la vida psíquica inconsciente y de la resistencia sexual.

El  ejemplo  más  lamentable  de este  tipo  de  trabajos  es  Psicoanálisisy sociología1 de Kolnai, autor que, sin haber sido jamás realmente un psicoanalista, acabó por asociarse con Scheler una vez que renunció

oficialmente al psicoanálisis, aunque, desgraciadamente, después de escribir  dicho panfleto. Según  Kolnai, su  renuncia al  psicoanálisis fue debida a que éste ya no concordaba con sus puntos de vista... Su trabajo es un compendio de interpretaciones falsas, idealistas y metafísicas de los descubrimientos del psicoanálisis, pero no tiene caso ponerlo a discusión aquí. Sin embargo, Jurinetz presentó erróneamente a este autor como “uno de los más entusiastas discípulos de Freud” y utilizó su trabajo como el punto de partida para una crítica del psicoanálisis.2

1 Internationaler Psychoanalytischer Verlag, 1923.

2 “Psychoanalyse und Marxismus”, UnterdemBannerdesMarxismus, año I, cuad. 1, p. 93.

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MATERIALISMO DIALÉCTICO Y PSICOANÁLISIS


No podemos ocuparnos aquí en detalle del trabajo de Jurinetz, pero debemos anticipar, para esclarecer una cuestión de principio, que la crítica negativa del psicoanálisis realizada por los teóricos marxistas es correcta en dos puntos:

1)  Tan pronto como se  abandona el dominio propio del  psicoanálisis para aplicarlo a los problemas sociales, se le convierte en una  Weltan- schauung  (visión del mundo); Weltanschauung  psicológica (contra- puesta a la marxista)  que proclama el imperio de la razón  y pretende poder establecer una mejor vida social a través de una regulación racional de las relaciones humanas por medio de la educación, para dominar conscientemente los instintos. Este racionalismo utópico, además de que delata una concepción individualista del acaecer social, no es original ni revolucionario, y obviamente rebasa el ámbito  propio del psicoanálisis. El psicoanálisis, según la definición de su propio creador, no es sino un método psicológico que trata de describir y explicar la vida psíquica, considerándola como un dominio específico de la naturaleza, con los medios que son propios a las ciencias naturales. Como el psicoanálisis no es ni puede desarrollar una  Weltanschauung, tampoco  puede  sustituir  ni  complementar  a la concepción  materialista de la historia. Como ciencia natural que es, el psicoanálisis es diferente a la concepción marxista de la historia.3

2] El objeto propio del psicoanálisis es la vida psíquica del hombre socializado. La vida psíquica de la masa sólo le concierne en tanto aparecen fenómenos individuales en ella (por ejemplo el problema del líder), también le conciernen fenómenos del “psiquismo colectivo”, como el miedo, el pánico, la obediencia, etc., en tanto pueda explicarlos por sus experiencias con individuos. Pero parece que difícilmente le es

3 Esto no significa, en modo alguno, que de los conocimientos analíticos no se puedan extraer consecuencias sociales. Como toda ciencia se origina en una toma de posición frente a problemas de la existencia, por ejemplo, di psicoanálisis surgió del anhelo por comprender y curar las enfermedades mentales, en toda investigación científica subyacen necesidades prácticas. El investigador de las ciencias naturales puede realizar una labor valiosísima sin llegar él mismo a consecuencias vinculadas con una  Weltanschauung. Pero, generalmente, sus investigaciones se ven afectadas si están en contradicción con la Weltanschauung que adquirió por otros conductos. Si posteriormente dicho investigador impide  que  otros  investigadores  saquen  de  sus  enseñanzas  consecuencias  que  él  mismo rechaza o ignora, entra en conflicto consigo mismo; ésta es la suerte que corrieron nuestros más grandes investigadores. De modo que Freud, en tanto investigador de las ciencias naturales,  no estaba obligado a sacar las  conclusiones  sociales  de su teoría; ésta  es una tarea que corresponde al sociólogo práctico. Es obvio que esta separación entre investigación y sus consecuencias es sólo una característica de la sociedad burguesa y debe llegar a su fin en el socialismo.

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Wilhelm Reich

accesible  el  fenómeno  de  la  conciencia  de  clase.  Problemas  como  los del  movimiento  de  masas,  la  política,  la  huelga,  que  son  objeto  de  la sociología, no pueden ser objeto de su método. Consecuentemente, no puede  sustituir  a la sociología  ni  puede  desarrollar  por   mismo una sociología. Pero lo que   puede lograr es  convertirse en una ciencia auxiliar de las ciencias sociales, por ejemplo como psicología social. Así, por ejemplo, puede revelar los motivos irracionales que indujeron a un líder a integrarse  precisamente en el movimiento socialista  o naciona- lista;4 además, puede explicar el efecto que las teorías sociales producen en el desarrollo psíquico del individuo.5

De manera que tienen razón los críticos marxistas cuando acusan a algunos representantes del psicoanálisis de tratar  de explicar con este método lo que no puede explicar; pero cometen un grave error cuando identifican el método del psicoanálisis con quienes lo aplican y cuando le atribuyen los errores que éstos cometen.

Los dos puntos tratados conducen a una diferenciación necesaria, que no siempre se hace en la literatura marxista, entre, primero, el marxismo, ciencia social, es decir, ciencia propiamente tal; segundo, el marxismo, método de investigación, y, tercero, el marasmo, praxis del proletariado.6 La teoría  social  marxista  es  el  resultado  de  la aplicación del  método  marxista  al  estudio  de  la  realidad  social.  Como  ciencia  el psicoanálisis  tiene  la  misma  jerarquía  que  la  teoría  social  marxista;  la ciencia social marxista se ocupa del estudio de los fenómenos sociales, en tanto que el psicoanálisis trata de los fenómenos psicológicos. Solamente cuando haya que investigar hechos sociales en la vida psíquica, o fenómenos psicológicos en la realidad social, dichas ciencias se sirven como ciencias auxiliares recíprocamente. Pero la ciencia social no puede explicar fenómenos tales corno la neurosis o algún trastorno que afecte la capacidad de trabajo o la vida sexual. Las cosas difieren cuando se trata del materialismo dialéctico; a este respecto sólo existen dos posibilidades: que el psicoanálisis se oponga al materialismo dialéctico en tanto método, es decir, que sea idealista y antidialéctico;

o   que  se  compruebe   que   el  psicoanálisis   aplica  en   su   campo   el

4 Cf.  E. Kohn, Lasalle,derFührer, Internationaler Psychoanalytischer Verlag, 1926.

5 [1934] Los sociólogos psicoanalistas atacaron violentamente estas formulaciones. Cf. más adelante “Sobre la aplicación del psicoanálisis a la investigación histórica”. Respecto a la aplicación de los conocimientos psicoanalíticos a los problemas de conciencia de clase, véase ¿Quéesconcienciadeclase? el libro n.° 69 en esta colección.

Naturalmente no pueden separarse método y ciencia; están íntimamente ligados, como se explicará más adelante.

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materialismo  dialéctico  –aunque sea inconscientemente–, como  ocurre con  tantas  ciencias,  aplicación  que  ha  permitido  su  desarrollo  teórico. En tanto método, el psicoanálisis sólo puede contradecir o coincidir con el marxismo. En el primer caso, es decir, cuando sus resultados no se derivan de la aplicación del materialismo dialéctico, el marxista debería rechazarlos; pero en el segundo caso tendría que concluir que se halla frente a una ciencia que no está en contradicción con el socialismo.7

Por la parte marxista se han propuesto dos objeciones contra la aceptación del psicoanálisis como disciplina susceptible de existir en el socialismo:

1) Que el psicoanálisis es una manifestación de la decadencia de la burguesía. Pero esta objeción no revela sino una incomprensión por parte del  pensamiento dialéctico sobre  el psicoanálisis. ¿Acaso no ha surgido también la sociología marxista como “manifestación de la decadencia de la burguesía”? Sólo fue una “manifestación de decadencia”en la medida en que no pudo surgir sino dentro de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas, pero la ciencia social marxista fue el reconocimiento, y por eso también al  mismo  tiempo  el germen ideológico,  de  un nuevo  orden económico que se gestaba en el seno del antiguo régimen. De la posición sociológica del psicoanálisis nos ocuparemos después con más detalles; pero esta primera objeción la refutamos mejor con las palabras del marxista Wittfogel.8

7 [Sobre el concepto de la ciencia “proletaria” y “burguesa” consúltese Wittvogel: Die Wissenschaft in der bürgerlichen Gesettschaft, Malik.] Pero entonces no sólo debería reconocérselo, sino que tendría que incorporárselo en el seno de la Weltanschauung materialista-dialéctica, y esto repercutiría en concepciones y teorías actualmente en boga. Marx y Engels siempre subrayaron que cada nuevo descubrimiento de las ciencias naturales haría progresar y modificaría el cuadro del materialismo dialéctico. Cuando algunos marxistas de mente estrecha se oponen a la incorporación de nuevas ciencias, lo hacen de la mejor buena fe para mantener “puro” el marxismo, pero cometen el grave error de confundir la Weltanschauung y el método materialista-dialéctico con la teoría marxista de los hechos; aquélla es mucho más amplia, más general y más constante que ésta, que estásujeta a cambios como cualquier teoría sobre los hechos. Una teoría acerca de la clase media que haya sido formulada por el año 1849 no puede tener una validez absoluta respecto a la  clase media  en 1934. Pero el método para  llegar a resultados  correctos  en relación con la clase media es el mismo entonces y ahora. El método de investigación es siempre más importante que la teoría.

8 Ibíd, p.  18. “Ciertos  críticos marxistas,  los iconoclastas,  sencillamente se  erigen  en  los censores de la ciencia contemporánea, y murmuran con un ademán concluyente: ¡ciencia burguesa!, de esa manera se agota para ellos toda la ciencia y el problema queda resuelto. Semejante  método,  ¡pseudométodo!,  corresponde  a los  procedimientos  más  bárbaros.  Lo que queda aquí de Marx y su  pensamiento dialéctico no es otra cosa desgraciadamente– que el mero nombre. El pensador dialéctico es consciente de que una cultura no es tan uniforme como un saco de chícharos, sino que cada forma de

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2] Queelpsicoanálisisesunacienciaidealista.Un mayor conocimiento

objetivo hubiera evitado este juicio prematuro y un poco de objetividad frente  a esa  disciplina  habría  recordado  que  en  la  sociedad  burguesa toda ciencia, por más materialista que sea su base, experimenta desviaciones idealistas y, aún más, que no las puede evitar. En la elaboración de la teoría el menor alejamiento de la experimentación hace muy factibles las desviaciones idealistas, pero eso no prejuzga sobre  la verdadera naturaleza de  la  ciencia. Jurinetz se  ha  esforzado mucho en señalar con precisión dichas desviaciones dentro del psicoanálisis. Es obvio que existen tales desviaciones, e incluso en gran número, pero el problema reside en determinar cuáles son los elementos de la teoría y las concepciones básicas acerca de los procesos psíquicos.

A menudo se hace referencia al psicoanálisis en relación con la discusión de las corrientes políticas  reformistas  (Thalheimer, Deborin). El tenor de estos planteamientos es que los filósofos reformistas suelen hacer uso del psicoanálisis, e incluso se hace notar que De  Man, en realidad, ha utilizado de manera reaccionaria el psicoanálisis en contra del  marxismo.  Pero  yo  sostengo–yme  puedo  basar  en  marxistas  de izquierda– que, si uno quiere, sepuedemanipularenformareaccionaria inclusoel“marxismo”encontradelmarxismo. A un verdadero conocedor del psicoanálisis nunca se le hubiera ocurrido relacionar el “psicoanálisis”de De Man con el psicoanálisis de Freud, como lo hizo Deborin.9 ¿Quérelación tiene el socialismo subjetivo sentimental con la teoría de la libido, aun cuando dicho socialismo se refiera al psicoanálisis que nunca ha  entendido?  En  la  última  parte  de  este  trabajo  intentaré  demostrar cómo,  en  manos  del  reformismo,10 al  psicoanálisis  le  ocurre  lo  mismo que al marxismo vivo: se vuelve superficial, viscoso y confuso.

Trataremos una por una las siguientes cuestiones:

1) la fundamentación materialista de la teoría psicoanalítica 2) la dialéctica en la vida psíquica

3) la situación social del psicoanálisis.


 

organización social tiene contradicciones y que en su seno se desarrollan los gérmenes de nuevas épocas sociales. Por eso, para el pensador dialéctico no todo lo que ha creado la burguesía durante su dominio tiene un valor inferior o es inútil para la sociedad futura.”

9 Deborin,  “Ein neuer Feldzug gegen den Marxismus”, Unter dem Banner des Marxismus, año II, cuaderno 1-2.

10 [1934] y del economicismo.

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II

LOS DESCUBRIMIENTOS MATERIALISTAS DEL PSICOANALISIS Y ALGUNAS INTERPRETACIONES IDEALISTAS

 

Antes  de  señalar  el  gran  avance  que  significa  el  psicoanálisis  fundado en el materialismo frente a la psicología predominantemente idealista y formalista anteriormente en boga, debemos alejarnos de una concepción“materialista”  de  la  vida  psíquica  ampliamente  difundida  y que  puede conducir a equivocaciones. Se trata del materialismo mecanicista esgrimido por ejemplo por los materialistas franceses del siglo XVIII y por Büchner, corriente que actualmente tiene sus continuadores en los marxistas vulgares.11 Este materialismo sostiene que los fenómenos psíquicos en no son materiales y que un materialista consecuente no debe  ver en  la psique sino  procesos físicos. A estos materialistas les parece que aun al utilizar el concepto de “psique” se comete un error idealista y dualista. Sin duda se trata de una reacción extrema en contra del idealismo platónico, cuya continuación es la filosofía burguesa. Sostienen que la psique no es ni real ni material y que solamente tienen este carácter los fenómenos físicos que se pueden medir y pesar, es decir, los fenómenos objetivos, no los subjetivos. Aquí  el  error  mecanicista  consiste  en  que  se  identifica  lo  material  con aquello que es susceptible de medirse y pesarse o tocarse.

 

11 “El materialismo del siglo pasado era predominantemente mecanicista, porque por aquel entonces la mecánica... era, entre todas las ciencias naturales, la única que había llegado  en  cierto  modo  a un  punto  de  remate.  La  química  sólo  existía  bajo  una  forma infantil, flogística. La biología estaba todavía en la cuna; los organismos vegetales y animales  sólo  se  habían  investigado  muy  a bulto  y se  explicaban  por  medio  de  causas puramente mecánicas; para los  materialistas  del  siglo XVIII  el hombre  era lo que para Descartes el animal: una máquina. Esta aplicación exclusiva del rasero de la mecánica a fenómenos de naturaleza química y orgánica en los que, aunque rigen las leyes mecánicas, éstas pasan a segundo plano ante otras superiores a ellas, constituía una de las limitaciones específicas, pero inevitables en su época, del materialismo clásico francés." Engels: Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, p. 643 en Obras escogidas de Marx y Engels en un volumen. Editorial Progreso, Moscú, 1969. [1934] La economía sexual logró mientras tanto encaminarse de una manera más concreta hada una solución de algunos problemas básicos sobre la naturaleza de los fenómenos psíquicos, aunque sin haber llegado a resultadas correctos y útiles. Ver Der Urgegensatz des vegetativen Lebens, Verlag für Sexualität und Politik, 1934, donde intento exponer la unidad y contraste funcional psicofísico.

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“Eldefecto fundamental de  todo el  materialismo  anterior  –dice Marx– es que sólo concibe el objeto, la realidad, la sensualidad, bajo  la  forma  de  objeto  (Objekt) o de  intuición,  pero  no  como actividad  sensorial  humana, como práctica, no de un modo subjetivo. De ahí que el lado activo fuese  desarrollado  por  el idealismo, por oposición al  materialismo, pero  sólo  de  un  modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real sensorial como tal. Feuerbach quiere objetos sensibles, realmente distintos de los  objetos conceptuales;  peco tampoco él concibe la actividad humana como una actividad

objetiva.”12

Preguntarse  por  la objetividad,  es  decir,  por  la realidad  material  de  la actividad psíquica (“del pensamiento humano”), al margen de la praxis es para Marx una cuestión totalmente escolástica. Sin embargo:

“Lateoría  materialista  de  que  los  hombres  son  producto  de  las circunstancias y de la educación y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación distinta, olvida que las circunstancias son modificadas, precisamente por los hombres y el propio educador necesita ser educado.”13

De manera que Marx no niega el carácter objetivo de la actividad mental. Ahora bien, si se reconoce el carácter objetivo de los fenómenos de la actividad psíquica humana, entonces debe admitirse la posibilidad de una psicología materialista, aun cuando ella no explique esa actividad psíquica a través de procesos orgánicos. Si no se comparte este punto de vista, no existe base para una discusión marxista sobre un método puramente psicológico. Pero para ser consecuente con semejante posición no debería hablarse de conciencia de  clase,  de  voluntad revolucionaria, de  ideología  religiosa,  etc., sino que habría que esperar a que la química proporcione las fórmulas correspondientes a las funciones físicas o a que la reflejología descubra sus respectivos reflejos. Sin embargo, de ningún modo podrá  compren- derse  mejor  lo  que  es  placer,  dolor  o conciencia  de  clase,  ya  que  tal psicología  necesariamente  se  estancaría  en  el  formalismo  causal  y no podría penetrar en el contenido real y práctico de las ideas y los sentimientos.

12  Apéndice a Engels: Feuerbach..., Marxistische Bibliothek, tomo 3, p. 73. 13 Ibíd., p. 74.

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En  el marco del  marxismo esto plantea la necesidad urgente de  una psicología que aborde los fenómenos psíquicos por medio de un método psicológico y no orgánico.

Es  obvio  que  no  es  suficiente,  para  poder  considerar  materialista  una psicología,  la  circunstancia  de  que  se  ocupe  de  los  hechos  materiales de la vida psíquica. Más importante es que defina su posición frente al problema de si la actividad psíquica puede considerarse un hecho metafísico, es decir, más allá de lo físico, o una función secundaria que emerge de lo orgánico y está funcionalmente vinculado a su existencia.14 Según Engels, la diferencia entre el materialismo y el idealismo reside en que el idealismo considera el “espíritu” y el materialismo la materia (orgánica),  la naturaleza,  como  lo originario,  y hace  notar  que no usa estos dos conceptos en ningún otro sentido.15 Lenin en Materialismoy empiriocriticismo16  ha hecho  otra distinción, relacionada con el tema de sus investigaciones epistemológicas, distinción que plantea el problema epistemológico  de si  el mundo  existe realmente fuera e independiente- mente de nuestro pensamiento (materialismo) o si sólo existe en nuestra  cabeza  como  sensación  y percepción  (idealismo).  Una  tercera distinción relacionada con la primera es la de si se sostiene que el cuerpo es construcción del alma o viceversa.

En  lugar  de  responder  a estas  preguntas  desde  el  punto  de  vista  del psicoanálisis en general, comenzaremos con la exposición de sus teorías fundamentales. Determinar si los elementos que sirven de base al psicoanálisis  son correctos o falsos no puede  en  modo alguno ser

14  [1934] Esta formulación corresponde al conocimiento psicoanalítico del tiempo en que se escribió este trabajo. Entre tanto pudo formularse este hecho con mayor precisión: pronto descubrió el psicoanálisis las leyes que específicamente caracterizan a la vida psíquica, como,  por  ejemplo,  la  proyección.  Freud  siempre  dio  por  supuesto que  lo  psíquico tenía como base lo orgánico, aunque no llegó a desarrollar las leyes psíquicas a partir de lo

orgánico. La economía sexual, cuya tarea es desentrañar las bases del proceso sexual en todas sus funciones, tanto psíquicas como fisiológicas, tanto biológicas como sociales, si ha de convertirse en una verdadera disciplina científica, debe investigar la ley fundamental sexual en todas sus funciones; de modo que le está encomendada la difícil tarea de deducir de las funciones bio-sexuales las funciones psicosexuales. A tal efecto se  sirve del método dialéctico, que emplea conscientemente. Puede establecerse como premisa que lo psíquico surgió sin duda de lo orgánico y por ello debe estar regido por las mismas leyes; pero, al mismo tiempo, se opone a lo orgánico como su contraste, y en esta función desarrolla su legalidad particular. Descubrir esta legalidad debía ser la tarea del psicoanálisis; y esta tarea se ha cumplido en su mayor parte. Es de esperarse que la economía sexual resuelva el problema de las relaciones entre las funciones fisicopsíquicas; pero esta solución depende de factores todavía no controlados. Véase “Der Urgegensatz des vegetativen Lebens”, ZeitschriftfürpolitischePsychologieundSexualökonomie,cuaderno 2/4, 1934.

15 Engels, Feuerbach, p. 28.

16 Lenin, Obrascompletas, tomo XIII, Verlag für Literatur and Politik, 1927.

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asunto de una crítica metodológica sino sólo de la crítica empírica. Entre los marxistas, Thalheimer17 ha incurrido en el error de criticar empíricamente la teoría psicoanalítica e impugnar sus resultados sin conocerla suficientemente, y Jurinetz, que sólo realizó una crítica metodológica, también carece de un conocimiento suficiente de la experiencia analítica. No intentaremos aportar las pruebas de las teorías  psicoanalíticas,  porque  tal  empresa rebasaría  el  marco  de  este trabajo y sería además infructuosa: las pruebas sólo se encuentran en el propio trabajo empírico.


 

a] LA TEORÍA PSICOANALÍTICA DE LOS INSTINTOS

La columna vertebral de la teoría psicoanalítica es la teoría de los instintos, y lo que se halla mejor fundamentado es, en particular, la teoría de la libido, la teoría de la dinámica del instinto sexual.18

El instinto es un “concepto que se halla dentro del límite entre lo psíquico y lo somático”. Freud entiende por libido19 la energía del instinto sexual. El origen de la libido es, según Freud, un proceso químico  del  organismo  que  todavía  no  se  conoce  por  completo  y que tiene lugar especialmente en los órganos genitales y en las zonas erógenas, es  decir,  en  las  partes del  cuerpo especialmente sujetas a estímulos sexuales y los centros en que se concentra la excitación sexual física.20 Sobre esas fuentes de los estímulos sexuales se eleva la poderosa superestructura de las funciones psíquicas de la libido, misma que permanece ligada a su base y se modifica con ella tanto cuantitativa como cualitativamente, por ejemplo en la pubertad, y que va agotándose con ella como ocurre después del climaterio. La libido se manifiesta en la conciencia como el afán físico y psíquico de satisfacción

17  [1934] "Auflösung des Austromarxismus", UnterdemBannerdesMarxismus, año l, cuad. 3, pp. 517 ss

18  [1934] Con la comprobación materialista-dialéctica de la teoría de los instintos de Freud y su desarrollo clínico-empírico surgió una concepción de la dinámica de los instintos que permitió que las originales concepciones de Freud obtuvieran resultados bastante satisfactorios. Ver Análisisdelcarácter, capítulo XIII, Paidós, Buenos Aires.

19 “Una teoría sexual”. Obrascompletas, Biblioteca Nueva, Madrid, t. I.

20  [1934] Observaciones clínicas más recientes modifican esta concepción en relación con la investigación de la fisiología orgánica, e introducen otra concepción conforme a la cual se trata de procesos electrofisiológicos de carga y descarga en el organismo. Véase “Der Organismus als elektrophysiologische Entladung”, Zeitschrift für politische Psychologie und Sexualökonomie, cuaderno 1, 1934, y las citas que se refieren a las investigaciones de Kraus en DerUrgegensatz desvegetativen Leberts, Verlag für Sexualitat und Politik, 1934. El llamado quimismo sexual parece ser solamente una función de una energía orgánica más general. Aquí, la mayor parte es todavía oscura.

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sexual, es decir, de relajamiento placentero. Freud ha expresado la esperanza de que en el futuro el psicoanálisis logre descubrir su fundamento orgánico, y el concepto del quimismo sexual, como representación  auxiliar,  desempeña  en  su  teoría  de  la  libido  un  papel fundamental. Sin embargo, el psicoanálisis no puede abordar, por razones metodológicas, los  procesos  orgánicos concretos, esto queda reservado  a la fisiología.21 La naturaleza  materialista  de  este  concepto freudiano se pone de manifiesto claramente en el hecho de que su teoría  de  la  sexualidad  infantil  ha  sido  comprobada  por  los  fisiólogos, quienes han descubierto que ya en el recién nacido existe un cierto desarrollo del aparato sexual orgánico.

Freud  refutó la  hipótesis  según  la cual  el  instinto sexual  “despertaba con la pubertad”, al demostrar que la libido atraviesa desde el nacimiento por ciertas etapas de desarrollo antes de alcanzar la etapa de la sexualidad genital. Amplió el concepto de la sexualidad al incluir en ella todas las funciones placenteras que no están ligadas a lo genital,  pero  que  indudablemente  tienen  una  naturaleza  sexual,  como el erotismo oral, el erotismo anal, etc. Esas formas infantiles de la actividad sexual “pregenital” se subordinan después a la primacía genital, al aparato sexual por antonomasia.

Cada etapa en el desarrollo de la libido –sobre cuyo carácter dialéctico hablaremos después– está caracterizada por las condiciones de vida del niño: la fase oral se desarrolla a partir de la función de ingerir alimento, la fase anal a partir de la función de la excreción y su control a través de la educación. Antes de Freud la ciencia, sujeta a la moral burguesa, había pasado por alto estos hechos y había confirmado con ello la concepción  popular  de  la  “pureza  del  niño”.  La  represión  social  de  la sexualidad se había convertido en un obstáculo para la investigación.

Freud distingue en los instintos dos grupos principales que, psicológica- mente, no admiten más divisiones. Se trata del instinto de auto- conservación y el instinto sexual, mismos que expresan la diferenciación popular entre el hambre y el amor. Todos los otros instintos, la voluntad de poder, la ambición, la avaricia, etc., los concibe sólo como formaciones secundarias, como derivados de esas dos necesidades básicas. Para la psicología social podría revestir gran importancia el postulado freudiano de que el instinto sexual aparece primero en

21 [19341 Véase la corrección de esta concepción en la nota 4.

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conexión con el instinto de alimentarse, ya que podría establecerse una relación con la tesis análoga de Marx según la cual en la realidad social la necesidad de alimentarse es también base para las funciones sexuales de la sociedad.22

Posteriormente, Freud opuso el instinto sexual al instinto de destructividad e incorporó el instinto de alimentación al instinto sexual como función de los intereses del amor propio (narcisismo de autoconservación)23 Todavía no se establece claramente la relación que existe entre esta nueva división de los instintos y la anterior. Los conceptos  más  nuevos  de  la  teoría  de  los  instintos: Eros y [Tánatos] instinto de muerte  (instinto sexual-instinto de la destructividad) se formularon apoyándose en la distinción de las dos funciones básicas de la sustancia orgánica, asimilación (construcción) y desasimilación (desintegración).  La sexualidad abarca todas aquellas inclinaciones del

organismo psíquico que construyen, unen, impulsan, mientras que el instinto destructivo abarca todas aquellas que desintegran, destruyen e impulsan hacia la condición original. Así, el desarrollo psíquico aparece como el resultado de una lucha entre estas dos tendencias opuestas, lo cual corresponde perfectamente a la concepción dialéctica del desa- rrollo.24 Sin embargo, la dificultad es otra; si bien es cierto que la base física de la necesidad sexual y de la alimentación es inequívoca, el concepto del instinto de muerte carece de una base material tan clara, pues la referencia al proceso orgánico de desasimilación es, por lo pronto, más bien una analogía formal que la expresión de un parentesco de contenido. Y sólo a condición de que exista una relación real entre el “instinto de muerte” y el proceso autodestructivo del

organismo  puede  hablarse  de  materialismo.  No  puede  negarse  que  la ausencia de claridad en el contenido del instinto de muerte y la

22 [1934] Respecto al problema de la relación entre la necesidad de alimentarse y de la necesidad sexual, la economía sexual ha logrado dar algunos pasos. La necesidad de alimentarse corresponde a una baja en la tensión, o sea, a una baja en la energía dentro del organismo; por el contrario, la necesidad sexual corresponde a un exceso de tensión, es decir, de energía; la necesidad de alimentarse se satisface con sólo asimilar energía, la necesidad sexual por medio de la derivación o descarga de energía. De esto se deduce que el hambre no participa, o sólo lo hace de manera indirecta, en la edificación del aparato psíquico, en tanto que la energía sexual es la fuerza realmente constructiva, positiva y productiva de lo psíquico. Se están preparando investigaciones más detalladas sobre este campo. Lógicamente, estos hechos tienen una importancia decisiva para el problema de la naturaleza energética de la formación de la estructura caracterológica y de la ideología.

23 Másalládelprincipiodelplacer y Elyoyelello, Op.Cit.,B. N., t. I.

24 [1934]  Esta  concepción  debía corregirse. Ver  los capítulos XII  y XIII  de Análisis del carácter.

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imposibilidad de identificarlo como en el caso de la libido, por ejemplo, facilita el desarrollo de especulaciones idealistas y metafísicas. Esto ha dado origen a muchos malentendidos y ha conducido a teorizar y exagerar de manera moralista, lo que, en nuestra opinión, es aberrante. Según  el  mismo  Freud,  el  “instinto  de  muerte”  es  una  hipótesis  fuera del alcance de la clínica. Y no es por azar que a través de él se manipule tan a gusto y se haya abierto la puerta a ociosas especulaciones dentro del psicoanálisis. En respuesta a esta corriente idealista que se ha desarrollado a partir de la nueva hipótesis de los instintos, he intentado  abordar25 el  instinto  destructivo  considerándolo  dependiente de la libido, es decir, incorporándolo a la teoría materialista de la libido. Este intento se basa en la observación clínica de que la predisposición al odio y los sentimientos de culpa, al menos en lo que se refiere a su intensidad, son función de la economía de la libido: que la insatisfacción sexual  aumenta  la  agresión  y que  la  satisfacción  la  disminuye.  Según esta interpretación el instinto de destructividad es una reacción psicológica ante la ausencia de satisfacción de un instinto y su base física es una trasmisión de excitación libidinosa al sistema muscular.

No hay duda de que el instinto de agresión es también función del instinto de alimentación, y que aumenta cuando no se ha satisfecho adecuadamente la necesidad de comer. El instinto de destructividad es, en mi opinión, una formación tardía, secundaria, del organismo, formación que está determinada por las condiciones en que se satisfacen el instinto de alimentación y la sexualidad.

El regulador de la vida de los instintos es “el principio de placer y displacer”. Todo lo instintivo tiende al placer y trata de evitar el displacer. La tensión que produce una necesidad sólo puede resolverse con su satisfacción. La meta del instinto es, por ende, la cancelación de la tensión causada por el instinto a través de la eliminación del estímulo que es fuente del instinto. Esta satisfacción es placentera. Una excitación física en las zonas genitales, por ejemplo, produce un estímulo  que  origina  la  necesidad  (instinto)  de  eliminar  dicha  tensión. Una tensión orgánica en los órganos digestivos causa el hambre y estimula a comer.26  Esta consideración de tipo causal incluye también la de tipo finalista, ya que el fin buscado por el instinto está determinado

25  W. Reich, Lafunción delorgasmo, Hormé, Bs. As., el capítulo acerca de la dependencia del instinto de destrucción de la acumulación de la libido. También la refutación a la teoría del instinto de muerte de“Elcarácter masoquista”, en Análisisdelcarácter.

26 [1934] Ver nota 22.

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por la fuente del estímulo. Aquí el psicoanálisis como teoría materialista causal entra en oposición con la psicología individualista de Alfred Adler, orientada únicamente por los fines.

Como todo lo que causa placer atrae, y lo  que causa displacer repele, el movimiento y el cambio son inherentes al principio del placer. La fuente de estas funciones es el aparato orgánico de los instintos, especialmente el mecanismo sexual. Después de cada satisfacción el aparato  de los instintos comienza de nuevo a acumular tensión, como un resorte después de una pausa. Los procesos del metabolismo deben considerarse la base de esta tensión.27

La existencia social del individuo imprime la forma real al funcionamiento de las  dos necesidades  fundamentales del hombre,  dado  que limita la acción de los instintos. Freud resumió las limitaciones y necesarias concesiones sociales que atenúan las necesidades u obligan a posponer su satisfacción a través de la formulación del “principio de la realidad”. Este  principio  se  opone  al  principio  del  placer  en  tanto  que  impide  la satisfacción directa y completa de ciertas necesidades y modifica parcialmente el principio del placer, obligando al individuo a sustituir o posponer dicha satisfacción. El niño sólo debe ingerir su comida a ciertas horas y la adolescente no debe satisfacer sus necesidades sexuales inmediatamente en la sociedad actual: los intereses económicos (culturales, diría un burgués) obligan a la joven a conservarse casta hasta el momento de su matrimonio, so pena de arriesgarse al

ostracismo o a tener dificultades para encontrar marido. También la supresión  de la  satisfacción directa de  índole  erótico-anal a que  está

obligado el niño es resultado del principio de realidad.

Pero  la definición  de que el  principio  de realidad  es un  requisito  de la sociedad se vuelve formalista cuando no toma en consideración el hecho concreto de que el principio de realidad, tal como existe actualmente, es  el  principio  de  realidad de  la  sociedad capitalista, es decir,  de  la  empresa  privada.  Existen  en  el  psicoanálisis  respecto  a la concepción del principio de realidad numerosas desviaciones idealistas; muchas veces se presenta como algo absoluto y por adaptarse a la realidad se entiende simplemente someterse a la sociedad, lo que, aplicado a la pedagogía o a la terapia de la neurosis, es indudablemente una formulación conservadora. Concretamente: el principio de realidad


 

27 [1934] Ver nota 20.

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bajo el dominio del capitalismo exige del proletariado una limitación extrema de sus necesidades, lo cual no pocas veces se disfraza de exigencias religiosas de humildad y modestia, como también exige una vida  monógama  y tantas  otras  cosas.  Todo  esto  tiene  su  fundamento en las relaciones económicas; la clase dominante dispone de un principio  de  realidad  que  le  sirve  para  mantenerse  en  el  poder.  Si  se logra educar al obrero para sujetarse a este principio de realidad, si en nombre de la cultura se le hace aceptarlo como algo absolutamente válido, automáticamente se logra la aceptación de su explotación y de la sociedad capitalista. Debe aclararse que el concepto del principio de realidad, tal como muchos lo conciben, corresponde a una actitud conservadora (aunque inconsciente) que contrasta con el carácter revolucionario del psicoanálisis. El principio de realidad ha tenido anteriormente otros contenidos y se modificará a medida que la sociedad cambie.

Es obvio que tampoco el contenido concreto del  principiodelplaceres absoluto,  también  cambia  conforme  se  modifica la  realidad  social.  Por ejemplo,  en  una  época  en  que  la  limpieza  tiene  tanta  importancia,  la satisfacción anal tiene que ser diferente, es decir, menor, y el deseo de

obtenerla  debe ser  mayor, que  en  una sociedad primitiva, lo  cual se expresa también cualitativamente en la formación de ciertos rasgos del carácter. Basta pensar en el esteticismo en que se basa el erotismo anal y en las diferencias de su importancia en la sociedad industrial, la sociedad primitiva  o la  Edad  Media. Cuáles  aspectos  del  principio  del placer  son  más  agudos  y cuáles  menos,  también  depende  de  la  clase social a la que pertenece el niño. Así, parecen ser más pronunciadas las tendencias anales en la burguesía, en tanto que las genitales son más intensas en el proletariado. Esto también depende de la educación y de las condiciones de la vivienda.

En la constitución biológica no debería ser muy grande ni muy decisiva esta diferencia, pero el medio social comienza a determinar el carácter del principio del placer desde el momento mismo del nacimiento. Dependerá de investigaciones futuras que se llegue a saber si las diferencias en la alimentación prenatal influyen en la intensidad y en el carácter de los instintos.28

28  [1934] Estas indicaciones requieren de una elaboración muy profunda. La forma en que un sistema social se reproduce estructuralmente en el hombre sólo puede captarse de manera concreta, teórica y práctica si se ve con claridad la forma en que las instituciones sociales, ideologías, formas de vida, etc., conforman el aparato instintivo. La estructura del pensamiento del hombre de la masa, que está determinada por la estructura de los

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b] LA TEORÍA DEL SUBCONSCIENTE Y LA REPRESIÓN

Freud distinguió dentro del aparato psíquico tres sistemas:

1)  El  consciente,  que  abarca  todas  las  funciones  perceptivas  a través del aparato sensorial y todas las ideas y sentimientos de los cuales se tiene conciencia en determinado momento.

2) El preconsciente, que abarca todas las ideas y actitudes que no son conscientes inmediatamente pero que pueden surgir a la conciencia en cualquier momento. Estos dos sistemas eran ya conocidos en la psicología preanalítica. Lo que los investigadores no psicoanalistas denominan “inconsciente” (“co-consciente”) (“subconsciente”) pertenece todavía completamente al sistema freudiano del preconsciente. El verdadero descubrimiento de Freud concierne:

3) Al inconsciente, que se caracteriza por el hecho de que sus contenidos nopuedenhacerseconscientes29 debido a que una censura“preconsciente”  les  impide  el  acceso  a la  conciencia.  Esta  censura  no tiene nada de místico, sino que incluye las prohibiciones adoptadas del mundo exterior y elementos que han devenido inconscientes ellos mismos.

El inconsciente comprende no sólo los deseos prohibidos y las ideas que no pueden volverse conscientes, sino también (probablemente) representaciones heredadas, correspondientes a los símbolos. Una interesante experiencia clínica demuestra que esas representaciones adquieren nuevos símbolos conforme al desarrollo de la técnica. Por ejemplo muchos pacientes, en la era de los zepelines, los soñaron como representaciones del órgano genital masculino.


 

 

 

 

instintos, determina a su vez la reproducción de la ideología social, sus raíces psíquicas y el efecto retroactivo de la ideología sobre la estructura socioeconómica de la sociedad, el poder de la “tradición”, etc. Este problema es abordado a través de procesos históricos concretos en Der  Einbruch  der  Sexualmoral, Verlag für Sexualitat und Politik, y en MassenpsychologiedesFaschismus (2a. edición, 1934).

29  La medida en que Jurinetz ha entendido erróneamente el psicoanálisis puede verse en la siguiente cita de su trabajo “Psychoanalyse und Marxismus”, Unter dem Banner des Marxismus, cuaderno 1, p. 98:“¿Cómopodrá saberse el contenido del inconsciente si no es posible analizarlo porque nunca pasa del umbral de la conciencia?” ¡Pregunta sorprendente- mente ingenua! Freud ha descubierto el inconsciente precisamente por medio de su método de asociación libre, a través de la eliminación de la censura. Toda la terapia analítica consiste en hacer consciente lo inconsciente; sólo en condiciones  normales es incapaz de hacerse consciente.

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Dado que Freud descubrió que el inconsciente incluye muchas más cosas que lo meramente reprimido, decidió completar la teoría de la estructura del aparato psíquico distinguiendo el ello, el yo y el superyó.

El ello tampoco  tiene nada que esté fuera del alcance de lo sensorial, sino que es una expresión de la parte biológica de la personalidad.

Parcialmente, se trata del inconsciente en el sentido antes descrito, lo realmente reprimido.

Ahora bien, ¿qué es la represión? Se trata de un proceso que se lleva a cabo entre  el  yo  y las  tendencias  del  ello.  Todo niño  nace  al  mundo dotado de instintos y adquiere en su infancia deseos que no puede realizar porque la sociedad en general y la inmediata, la familia, no lo toleran (deseos incestuosos, analidad, exhibicionismo, sadismo, etc.). La realidad social exige, a través de los educadores, que el niño reprima  estos  instintos.  Esto  lo  logra  el  niño,  que  tiene  un  yo  débil  y sigue  predominantemente  al  principio  del  placer,  sólo  si  elimina  estos deseos  de  su  conciencia,  no  queriendo  saber  de  ellos.  Los  deseos  se vuelven inconscientes por la represión. Otro hecho socialmente importante  en el manejo  de los deseos  irrealizables  es la sublimación, que es lo opuesto a la represión, es decir, en vez de reprimirlo, el instinto es desplazado hacia una actividad socialmente aceptable.30

Vemos, pues, que el psicoanálisis no puede concebir al niño al margen de la sociedad, sino únicamente como un ser inmerso en ella. La realidad  social  influye  constantemente para  limitar,  modificar  y dar  un carácter  constructivo  a los  instintos  primitivos.  Ante  esta  situación  los dos instintos básicos reaccionan de manera distinta. El hambre es más rígida e inexorable y exige más vehementemente que el instinto sexual una satisfacción inmediata; en ningún caso puede ser reprimida. El instinto sexual es flexible, puede modificarse, sublimarse. Sus tendencias parciales pueden convertirse en su contrario sin renunciar por ello completamente  a su  satisfacción.  Las energías  que  se  emplean  en  las actividades sociales y las que satisfacen la necesidad de la alimentación

30  Jamás Freud sustituyó, como sostiene Jurinetz, la teoría de la represión por la teoría de la condena o rechazo. Jurinetz entendió mal lo que quería decir Freud cuando hacía notar que, cuando un instinto se ha vuelto consciente gracias al análisis, puede ser rechazado por el yo. El rechazo es lo contrario de la represión. Es falso “que los freudianos destruyen cada vez más la teoría del inconsciente”, como escribe Jurinetz (Ibíd., p. 110). Esta  opinión  de  Jurinetz  tiene  su  origen  en  la  confusión  que  le  ha  causado  la  reciente teoría del ello,  el yo y el superyó. Esta teoría no niega la del inconsciente, sino que la asimila.

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se  derivan  de  la  libido. La  libido se  convierte  en  la  fuerza  motriz del desarrollo  psíquico en el momento en que cae bajo  la influencia de la sociedad.

El motor de la represión es el instinto de conservación del yo que domina al instinto sexual, y del conflicto entre ambos surge el desarrollo psíquico. La represión es, haciendo abstracción de sus mecanismos y efectos, un problema social, porque su contenido y sus formas  dependen  de  la  existencia  social  del  individuo.  Esta  existencia social se expresa ideológicamente en una suma de prescripciones, mandatos y prohibiciones del superyó, que en gran medida son inconscientes.

Para el psicoanálisis toda la moral deriva de las influencias que ejerce la educación.  De  esta  manera  rechaza  el  supuesto  carácter  metafísico de la moral conforme al concepto kantiano de la ética y, a través de un enfoque  materialista, la hace  derivar de  las vivencias,  del  instinto de conservación y del miedo al castigo. Toda la moral surge en el niño por el miedo al castigo o por el amor hacia los educadores. Cuando Freud habla finalmente de una “moral inconsciente” o de un “sentimiento inconsciente  de  culpa”  se  refiere  a que,  a través  de  las  prohibiciones, también  se  reprimen  ciertos  elementos del  sentimiento  de  culpa,  por ejemplo la prohibición del incesto. Jurinetz se equivoca de lleno al suponer  que  en  el  concepto  del  sentimiento  inconsciente  de  culpa  se halla implícita una esencia originalmente moral del yo, en el sentido de una culpa metafísica. Tal vez algunos psicoanalistas crean –por los motivos  que sea–  en  una naturaleza  originalmente  buena y divina del hombre a pesar de que practiquen el psicoanálisis. Pero esto no se deriva de  la teoría analítica, ya  que,  por el  contrario, el psicoanálisis refuta definitivamente de manera científica tal creencia, eliminando de la  filosofía la  discusión sobre  la  moral. Es problema de  cada analista resolver el conflicto que implica hacer compatibles su fe en una moral metafísica y en Dios, con su convicción psicoanalítica. Pero debe ser motivo de seria preocupación que el psicoanálisis llegue a coincidir con una ideología metafísica.31 De manera que la teoría del sentimiento

31 [1934] La preocupación que aquí se expresaba probó estar bien fundada mientras tanto. Hoy todo el movimiento psicoanalítico se ha precipitado a una gran crisis, debido, no en última instancia, a la influencia de la reacción política que desde entonces ha ido en aumento; esta crisis es una expresión de la contradicción que existe entre las concepciones revolucionarias de la teoría psicoanalítico sexual y la Weltanschauung burgués-religioso-ética de muchos psicoanalistas prominentes. El campo de la controversia teórica entre la tendencia cientifica-marxista y la burguesa-ideológica del psicoanálisis lo

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inconsciente de culpa no se contrapone a la teoría del inconsciente como  supone  Jurinetz,  sino,  por el contrario,  establece las bases para la adquisición de una moral materialista.

Hemos demostrado que tanto el ello como el superyó no son ni remotamente construcciones metafísicas sino que se derivan total- mente  de  necesidades  o influencias  reales  del  mundo  exterior.  Ignoro totalmente en qué funda Jurinetz su conclusión de que:

“tanto  para  Schopenhauer  como...  para  Freud  el  mundo  es  la producción del propio ‘yo’ cuyo objetivo es regular nuestros instintos”.32

Freud sostiene precisamente lo contrario en numerosas citas que el mismo Jurinetz menciona. Freud hace notar que el yo es resultado  de la influencia del mundo real exterior sobre el organismo de los instintos y surge como protección ante los estímulos. Incluso en Más allá del principio del placer, tratado deliberadamente especulativo, que  utiliza principalmente como base para su crítica, Freud no habla de la creación de un mundo real a través del yo. Jurinetz fracasó ante el concepto de proyección, que  no  está  tratado ahí  con  más  detalle.  Hubiera  podido

obtener  claridad  sobre  este  concepto  consultando  los  trabajos  clínicos de Freud. El yo cree que las imágenes que él reprime y lleva dentro y cuya presión siente se encuentran en el mundo exterior. Eso y ninguna

otra cosa es la proyección. Precisamente por esta teoría materialista pudo Freud aclarar el carácter de las alucinaciones de los enfermos mentales. Las voces que oyen son de hecho sólo remordimientos o deseos, pero no son realidades del mundo exterior.

Por cierto que Más allá del principio del placer se prestó para que surgieran concepciones psicoanalíticas incorrectas en el psicoanálisis, pero Freud mismo ha expresado sus reservas ante este folleto y las ha dado a conocer repetidamente en conversaciones y lo ha colocado fuera del psicoanálisis clínico. El que haya llegado a ser el punto de partida para especulaciones sin fundamento sobre la hipótesis del instinto  de muerte se  debe  probablemente a que la teoría de la libido es  peligrosa  para  la  ideología  burguesa  y que  con  gusto  la  cambiaría por una menos peligrosa.

constituyen, en  el fondo,  los  problemas  acerca del origen  de la represión  sexual,  de la importancia que tiene la vida sexual genital para la salud mental, de la existencia de un instinto de autodestrucción de origen biológico, así como problemas técnico-terapéuticos. 32  Ibíd., p. 103.

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La naturaleza material del yo ya es irrefutable porque está ligada al sistema perceptivo de los órganos sensoriales. Además, según Freud el yo deriva de la acción de estímulos materiales sobre el aparato de los instintos. Según Freud el yo es solamente una parte especialmente diferenciada del ello, es una defensa, un aparato de protección entre el ello y el mundo real. En sus acciones el yo no es libre, sino que depende del ello y del superyó, es decir, de lo biológico y de lo social. En consecuencia, el psicoanálisis rechaza la idea del libre albedrío, y su posición ante la libertad coincide con la de Engels: “Libertad no quiere decir otra cosa que reconocimiento de la necesidad”. La coincidencia es tan completa que hasta se expresa en la concepción fundamental de la terapia analítica de las neurosis: el enfermo debe alcanzar la capacidad de tomar decisiones a través del conocimiento que adquiere de lo que reprime, a través del proceso de adquirir conciencia de lo inconsciente. Debe  poder  decidir  con“másconocimiento  de  causa”  de  lo  que  tenía posibilidad de hacer cuando eran inconscientes sus deseos. Naturalmente que esto no tiene nada que ver con el libre albedrío en el sentido de los metafísicos, sino que está limitado por las exigencias de las necesidades naturales. Cuando, por ejemplo, se hacen conscientes los deseos sexuales, no puede decidirse a reprimirlos nuevamente.  También  le  es imposible decidirse por el ascetismo permanente. Pero bien puede proponerse vivir por un tiempo limitado ascéticamente. Después del análisis exitoso el yo no depende menos del ello y de la sociedad, pero sabe resolver mejor los conflictos.

De las condiciones de su formación resulta que, en cuanto a su contenido concreto, el  yo en  una  mitad y el superyó  en  su totalidad integran cuestiones de la vida social. Las exigencias religiosas y éticas cambian conforme cambia la sociedad. El superyó de la mujer era totalmente diferente en la era platónica de lo que  es  en la sociedad capitalista.  En  la  medida  en  que  se  prepara  ideológicamente  la  nueva sociedad en el seno de la sociedad actual, en esa medida cambian naturalmente los  contenidos  del  superyó. Eso atañe tanto a la moral sexual como  a la ideología de la intocabilidad  de la propiedad  privada de los medios de producción. Cambia naturalmente con la posición del individuo dentro del proceso de producción.

 

 

 

 

 

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¿Pero en qué forma actúa la ideología social sobre el individuo? La teoría social marxista tuvo que dejar abierta esta cuestión por estar fuera de su ámbito. El psicoanálisis, sin embargo, la puede  resolver:

para el niño la familia es el representante inicial de la sociedad, mucho antes de que se incorpore él mismo en el proceso de producción;  esa familia  que  está  compenetrada  con  las  ideologías  de  la  sociedad,  que es precisamente la célula generadora de la sociedad.

La relación edípica incluye no sólo las actitudes instintivas sino también la forma en que el niño vive y supera la etapa del complejo de Edipo, lo cual está determinado directamente por la ideología social dominante y por  la posición  que  ocupan  los  padres  en  el  proceso  de  la producción material. Así, el destino del complejo de Edipo depende, en última instancia, como todo lo demás, de la estructura económica de la sociedad. Es más, el mero hecho de que exista el complejo de Edipo se debe a la estructura de la familia que, a su vez, está determinada por la estructura de la sociedad. Sin embargo, será en el siguiente capítulo donde  abordaremos  la  cuestión  de  la  naturaleza  histórica,  no  sólo  de las formas sino también de la existencia real del complejo de Edipo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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III

LA DIALÉCTICA EN LOS PROCESOS PSÍQUICOS

Preguntémonos ahora si también dentro de los procesos psíquicos han tenido  lugar  los mismos descubrimientos que la dialéctica ha obtenido en el análisis. Pero antes de responder esta pregunta queremos recordar los principales postulados del método dialéctico, tal como fueron establecidos por Marx y Engels y continuados por sus discípulos.

La dialéctica materialista de Marx surgió en oposición a la dialéctica idealista de Hegel, quien fue el verdadero fundador del método dialéctico.

En tanto que G. W. F. Hegel concebía la dialéctica de los conceptos como el elemento motriz originario del desarrollo histórico y consideraba el mundo real sólo como el reflejo de las ideas o los conceptos que se desarrollan dialécticamente, Marx convirtió dicha concepción del mundo en concepción materialista, es decir, colocó el edificio de Hegel, según su propia expresión, “sobre sus propios pies”, reconociendo el devenir material como lo originario y considerando las ideas como algo dependiente de él. Con la asimilación de las concepciones dialécticas del devenir de Hegel, Marx acabó al mismo tiempo con el materialismo mecanicista de los materialistas del siglo XVIII.

Los principales postulados del materialismo dialéctico son:

1 ] El proceso dialéctico no es algo exclusivo del pensamiento, sino que también tiene lugar, independientemente del pensamiento, en la materia, es decir, el movimiento de la materia objetivamente es dialéctico. El materialista dialéctico no introduce nada en la materia de lo que existe sólo en su pensamiento, sino que capta directamente, por medio de sus sentidos y de su pensamiento, que también están regidos por la dialéctica, el devenir material de la realidad objetiva. Obviamente, esta concepción es totalmente opuesta a la concepción idealista de Kant.33

2] Tanto el desarrollo social como el desarrollo de los fenómenos naturales, contrariamente a lo que sostiene todo tipo de metafísica, sea idealista o materialista, que lo atribuye a un “principio motriz” o a “una tendencia  motriz  inmanente  en  las  cosas”,  ocurre  a través  de contra- dicciones internas; a través de choques entre elementos  opuestos de  la

33 A este respecto véase Lenin, Materialismoyempiriocriticismo.

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materia y del conflicto entre estos elementos, que no puede resolverse dentro de la forma dada de existencia y que, al estallar las contra- dicciones,  transforma  la  forma  de  existencia  de  la  materia  y crea  una nueva, de la cual resultan nuevas contradicciones, etcétera.

3] Todo  lo que produce  el  desarrollo  dialéctico  no puede considerarse ni malo ni bueno, sino necesario. Pero lo que en una etapa del desarrollo fue progresivo primero puede convertirse después en una traba. Por ejemplo, el modo de producción capitalista acrecentó primero enormemente las fuerzas productivas, pero posteriormente se convirtió, por  sus contradicciones  internas,  en  un  obstáculo  para  ese  desarrollo. La  superación  de  este  obstáculo  implica  el  advenimiento  del  modo  de producción socialista.

4] Debido al desarrollo dialéctico antes descrito y que tiene lugar a través del choque de elementos contrarios, nada es permanente, todo lo  que  existe  lleva  en  su  seno  el germen de  su destrucción.  Pero  una clase que quiera perpetuar su dominio no puede aceptar la concepción dialéctica, porque ello equivaldría a aceptar su propia sentencia de muerte. Según Marx, la burguesía en su desarrollo hizo surgir una clase, el proletariado, cuya condición de existencia significa la desapa- rición de la burguesía. Por eso sólo la clase obrera es capaz de asimilar y poner en práctica de manera completa la dialéctica,  en tanto que la burguesía está condenada a quedar atrapada en el más absoluto idealismo.

5] Cada desarrollo es expresión y consecuencia de una doble negación; es negación de una negación. Para ilustrar esto, tomemos una vez más un ejemplo del desarrollo social. La producción de  mercancías fue  la negación del comunismo primitivo, en el cual sólo existía la producción de valores de uso. La organización socialista de la economía es la negación de esa negación; niega la producción de mercancías y así, a manera de una espiral, eleva a un escalón más alto la afirmación de lo que antes fue negado, la producción de valores de uso, el comunismo.34

34 [1934] Lo mismo es cierto, como se ha podido comprobar, mientras  tanto, respecto al desarrollo de las formas sexuales y de la ideología sexual. En la sociedad primitiva, donde existe una  organización económica  de comunismo primitivo,  la  vida  sexual  es  afirmada  y vista favorablemente. Con el desarrollo de la economía mercantil y privada, la afirmación de la vida sexual se convierte en negación tanto dentro de la sociedad como en la estructura humana. Conforme a las leyes del desarrollo dialéctico puede suponerse que en un plano más alto necesariamente la negación sexual se convertirá alguna vez nuevamente en afirmación  sexual  social  y estructural.  Actualmente  presenciamos  no  sólo la contradicción entre la tendencia hacia la abolición de la economía mercantil y la tendencia que pugna por

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6]  La  oposición  de  los  contrarios  no  es  absoluta,  sino  que  existe  una mutua compenetración. El aumento de la cantidad llegado a determinado punto se traduce en un cambio de calidad. Cada causa de un efecto es al mismo tiempo efecto de este efecto como causa. Y no se trata simplemente de un efecto recíproco de fenómenos estrictamente separados el uno del otro, sino de una compenetración recíproca y un efecto mutuo. Además, un elemento puede convertirse en su contrario bajo determinadas condiciones.35

7]  El  desarrollo  dialéctico  tiene  lugar  gradualmente,  pero  se  realiza  a saltos en determinados puntos. El agua no se convierte en hielo a través de un enfriamiento gradual, sino que, en un punto determinado, la cualidad agua se convierte de repente en hielo. Eso no quiere decir que el cambio súbito surja de repente de la nada, sino que ha habido un desarrollo gradual que en un momento dado produce el cambio brusco.  Así,  la  dialéctica  también  resuelve  la  evolución  contradictoria:

revolución sin eliminar la evolución. El cambio social se prepara primero por la evolución (socialización del trabajo, pauperización de la mayoría, etc.) y luego se realiza de manera revolucionaria..

su conservación, sino también un conflicto cada vez más agudo entre la tendencia social a agudizar la supresión sexual y la tendencia a reconstruirla como una economía sexual natural en lugar de la regulación y la represión morales. En la Unión Soviética podía verse con claridad el impulso progresivo de esas dos tendencias durante los primeros años. En el campo sexual cesaron estos  progresos  y les  siguió un  retroceso cuyos  motivos y esencia requieren todavía investigación. Ver DerEinbruchderSexualmoral. La teoría de la economía sexual social debe concebirse como el reconocimiento subjetivo, como la toma de conciencia de esta contradicción social. Este proceso no sólo ha sido ignorado por la tendencia actualmente dominante del movimiento proletario, sino que su descubrimiento produjo una violenta resistencia en círculos importantes. Véase “Die Geschichte der Sexualpolitik”, ZeitschriftfürpolitischePsychologieundSexualökonomie, a partir de cuaderno 3/4.

35 [1934] Precisamente a través del movimiento fascista de masas podía comprenderse directamente este proceso. La rebelión anticapitalista de la masa del pueblo alemán que se halla en total contradicción con. la función objetiva del fascismo se ligó a éste y se convirtiópor  un  tiempo en  su  contrario:  en  consolidación  del  dominio  del  capital  alemán.  En este punto sólo me referiré a un problema que debe ser tratado a fondo en otro lugar. La esencia de la política marxista consiste en prever las tendencias evolutivas y en apoyar todos aquellos  procesos favorables a la revolución  social. La dirección de la Internacional Comunista, en cuyas manos se había confiado el destino de la revolución mundial, cayó de tal  manera  en  la  teoría  economicista  y mecanicista,  que  constantemente se  hallaba  a la zaga. No pudo prever nada e ignoró, por ejemplo, las tendencias revolucionarias dentro del movimiento fascista de masas, y por eso tampoco pudo hacer nada. Dentro del fascismo se unieron y siguen unidas las tendencias revolucionarias y reaccionarias. En la matanza de los dirigentes  de la SA  del 30 de junio de 1934, se pusieron  en evidencia, una  vez  más,  las diferencias abismales; más adelante podrá saberse si esto tenía un carácter definitivo. Todo esto podría haberse previsto; sólo existe un camino para aprender la lección: si se logran reconocer a tiempo las contradicciones internas dentro de cada fenómeno social de importancia, será factible formular previsiones. Véase  Massenpsychologie des Faschismus, (Filosofía de masas del fascismo)  donde se encuentra un intento de análisis de las contradicciones ideológicas del fascismo.

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Intentemos ahora comprobar la dialéctica en la vida psíquica del hombre a partir de algunos procesos típicos que de ella se han encontrado en el análisis, procesos cuya dialéctica, en nuestra opinión, no se hubiera revelado sin el método psicoanalítico.

Primero un ejemplo del desarrollo dialéctico: la formación de los síntomas de la neurosis tal como fue concebida y descrita por primera vez por  Freud.  Según  Freud,  un  síntoma  neurótico  se  desarrolla en la relación del yo con la sociedad que primero rechaza y luego reprime el surgimiento de un instinto. Sin embargo, la sola represión de un instinto no es suficiente para causar un síntoma; para ello es necesario que el instinto reprimido supere la represión y se manifieste en forma distorsionada, que  es  lo  que  aparece  como síntoma. Según  Freud,  el síntoma  contiene  tanto  los  estímulos  combatidos  del  instinto  como  su misma defensa; el síntoma incluye las dos tendencias opuestas. ¿En qué  consiste  entonces  la  dialéctica  de  la  formación  de  un  síntoma?  El yo del individuo en cuestión se encuentra bajo la presión de un“conflicto psíquico”. La situación contradictoria exige una solución: por un lado está la exigencia del instinto y por el otro la realidad, que rehúsa su satisfacción o la castiga. El yo es demasiado débil para enfrentarse a la realidad, pero también es demasiado débil para dominar el instinto. Esta debilidad del yo, que es ya una consecuencia de un desarrollo anterior, del cual la formación del síntoma es sólo una fase, es el marco dentro del cual tiene lugar el conflicto. Este conflicto se  resuelve  de  tal  forma  que  el  yo  reprime  el  instinto  en  aras  de  las exigencias sociales, es decir, en aras del instinto de conservación: para no perecer o verse castigado.36 En consecuencia, la represión es el resultado de una  contradicción que no  se  puede  resolver  consciente- mente.  Cuando  el  instinto  se  hace  inconsciente,  se  logra una solución momentánea, aunque patológica, del conflicto. Segunda fase: después de la represión del instinto, el cual fue tanto negado como afirmado por el yo, el yo mismo ha cambiado. Su conciencia se halla por una parte privada de algo (del instinto) y, por otra, enriquecida (por la calma momentánea).  Pero  el  instinto  no  puede  renunciar  a la  satisfacción  ni por la represión ni menos por la conciencia, porque hasta ahora los

36  [1934] La escuela psicoanalítica inglesa ignoró el hecho de que esta debilidad del yo es una expresión artificial debida a la inhibición del instinto. Si no existiera un conflicto entre el yo y la exigencia sexual, el yo podría obtener en cada etapa de su desarrollo la satisfacción correspondiente; no tendría miedo ante el instinto. Sin embargo, estos y muchos otros psicoanalistas creen que la debilidad causada es de origen biológico y, en consecuencia, la represión sexual debería ser una necesidad biológica.

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instintos no están bajo el control de la conciencia. Pero la represión acarrea su propia destrucción, porque la energía del instinto se acumula enormemente a causa de  !a represión hasta que acaba por hacerla estallar. El proceso de la destrucción de la represión es resultado  de  la  contradicción  represión-acumulación  del  instinto,  de  la misma manera que la represión misma fue resultado de la contradicción: deseo del instinto-negación del mundo exterior en las condiciones de debilidad del yo. De modo que no existe una“tendencia” hacia la formación de síntomas, sino que efectivamente tiene lugar un desarrollo, como pudimos ver, derivado de las contradicciones de los conflictos psíquicos. Con la represión también se cumplió  la  condición  para  su  rompimiento,  la  acumulación  del  instinto insatisfecho. ¿Se ha restablecido la situación originaria con la destrucción  de  la  represión  en  la  segunda  fase?    y no.  Sí,  en  tanto que el instinto domina de nuevo en el yo; no, en tanto actúa en forma diferente, en la conciencia, como síntoma. El síntoma contiene lo anterior, el instinto, pero al mismo tiempo también su contrario, la defensa del yo. De manera que en la tercera fase (síntoma) están unidos los contrarios originales en uno y el mismo fenómeno. Este mismo fenómeno es una negación (rompimiento) de la negación (de la represión). Aquí nos detendremos un momento para demostrar esto con una experiencia psicoanalítica.

Tomemos el caso de una mujer casada, que teme ser asaltada por ladrones armados de cuchillos. No puede estar sola en una habitación porque se imagina que en cada rincón se encuentra un cruel asaltante. El análisis de esta mujer, que era esposa de un trabajador, dio el siguiente resultado:

Primerafase: Conflicto psíquico y represión. La mujer conoció antes de su matrimonio a un hombre que la perseguía haciéndole proposiciones que  habría  aceptado  gustosamente  de  no  haber  tenido  impedimentos morales.  La solución a este  conflicto  pudo posponerla con  el consuelo de pensar en un matrimonio posterior. El hombre se alejó y ella se casócon otro, pero no pudo olvidar al primero y constantemente la perturbaban  recuerdos  de él.  Cuando  una vez  más  lo encontró,  sufrióserios conflictos entre su deseo de él y su propia exigencia de fidelidad conyugal. Bajo estas condiciones, el conflicto se hizo insostenible e insoluble.  Su  deseo  de  él  fue  de  igual  fuerza  que  su  moral.  Comenzópor evitarlo (defensa) y finalmente lo olvidó aparentemente. Pero esto

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no  fue  un  olvido  real,  sino  sólo  una  represión.  Ella  se  creía  curada  y conscientemente dejó de pensar en él.

Segundafase: Estallido de la represión. Algún tiempo después tuvo un fuerte  disgusto con  su  marido porque  él  coqueteaba con  otra mujer. Durante el disgusto había pensado, como mucho después reveló:“Sipuedes hacerlo, entonces yo sería una tonta si no me lo permitiera también”. Y con esto tenía presente en ese momento la imagen de su primer pretendiente. Sin embargo, el pensamiento era demasiado peligroso; podía conjurar otra vez todo el conflicto, y por eso conscientemente  no  se  ocupó  más  de  este  pensamiento:  de  nuevo  lo había reprimido. Pero en la noche surgió una fobia; de repente tuvo la idea de que  un  hombre  extraño  se  acercaba  sigilosamente  a su  cama para  violarla.  El  instinto  penetró  otra vez  en  su  conciencia,  en  forma distorsionada,  pero  bajo  la  forma  de  su  opuesto  directo:  en  lugar  del deseo del hombre extraño, tenía miedo de él. Esta distorsión fue (tercera fase) la base para la formación del síntoma.

Si analizamos ahora el síntoma mismo, vemos en la fantasía de un hombre extraño que se acerca a su cama en la noche la realización del reprimido  deseo  de  adulterio  (el  análisis  demostró  en  los  detalles  que ella, sin saberlo, veía en su delirio a su primer pretendiente: la figura, el  color  del  cabello,  etc.,  eran  los  mismos).  Pero  inherente  al  síntoma mismo se halla la defensa, el miedo ante el instinto, que aparece como miedo ante el hombre. Posteriormente desapareció el miedo a “ser violada” y fue sustituido por el de “ser asesinada”, es decir, se trataba de otra distorsión del contenido del síntoma que hasta entonces había sido claro.

En este ejemplo no sólo vemos unidos en un mismo fenómeno los contrarios que antes se hallaban separados, sino también la conversión de un fenómeno en su contrario, el deseo convertido en miedo. En esta conversión de la energía sexual en miedo, que es uno de los hallazgos fundamentales de Freud, se expresa el principio según el cual la misma energía en ciertas condiciones produce precisamente lo contrario de lo que produce en otras condiciones.

Pero todavía se manifiesta otro postulado dialéctico en nuestro ejemplo: en lo nuevo, en el síntoma, todavía existe lo anterior, el deseo sexual, pero, sin embargo, lo anterior ya no es lo mismo, sino algo completamente nuevo, a saber, miedo. La oposición dialéctica entre la

 

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libido y el miedo también puede resolverse de otra forma: en la lucha entre el yo y el mundo exterior.37 Pero antes de abordar esto mostraremos algunos breves ejemplos más de la dialéctica en lo psíquico.  Comencemos  con  algo  relacionado  con  la  transformación  de la cantidad en la calidad. La represión del estímulo de un instinto fuera de la conciencia, o también la mera supresión, es hasta cierto punto un hecho placentero para el yo porque elimina un conflicto. Pero más alláde cierto punto el placer se convierte en displacer. Un estímulo de una zona erógena que no puede satisfacerse plenamente es un acto de placer; pero si se extiende demasiado dicho estímulo, el placer se convierte en displacer. Además, la causación de la tensión y el relajamiento son procesos dialécticos. Esto puede demostrarse mejor en el instinto sexual. La tensión que produce un estímulo sexual aumenta el deseo, pero disminuye al mismo tiempo la tensión para satisfacer el estímulo y, en consecuencia, es simultáneamente relajamiento. La tensión también prepara el consecuente relajamiento, como ocurre con la tensión de la cuerda del reloj que prepara su relajamiento. Por otra parte, el relajamiento está ligado a la tensión máxima, como acontece en el acto sexual y el desenlace de una comedia emocionante. Pero el relajamiento también constituye la base para una nueva tensión.


 

 

 

37 [1934] La contradicción entre esta concepción del dualismo de los instintos que hoy se llamaría economía sexual y la concepción de Freud puede formularse de la siguiente manera, según el estado actual de los conocimientos: Freud descubrió, primero, la contradicción entre el yo y el mundo exterior y luego, independientemente de este, descubrió el dualismo interno de dos instintos originarios. Siempre sostuvo el carácter dual de los procesos psíquicos que había descubierto. La economía sexual concibe el dualismo interno de los instintos de otra manera, no en términos absolutos sino dialécticamente, y deduce los conflictos internos de los instintos de la contradicción originaria: yo-mundo exterior. Nos llevaría demasiado lejos presentar aquí estas cuestiones tan complicadas con mucho detalle, en especial, demostrar cómo la teoría de los instintos sexual-económica surgió de la teoría de los instintos de Freud, y señalar lo que aceptó y lo que desarrolló o sustituyó con otras concepciones. Algunos partidarios de la economía sexual se inclinan a atribuir a Freud concepciones que él rechaza. Como la economía sexual es, entre otras cosas, la continuación más consecuente de la ciencia psicoanalítica, es obvio que se encuentran preformadas, señaladas o latentemente preparadas muchas de sus concepciones fundamentales en la investigación psicoanalítica. Esto plantea la dificultad de separar las dos disciplinas. Pero basta una mirada a la literatura para percatarse de que no puede estar unida  la  actual  teoría sexual y de los  instintos  de la  economía  sexual  con la actual teoría psicoanalítica. A diferencia de algunos colegas de muy buena voluntad, no quiero tratar de unir lo que no se puede unir. Sobre los inicios de la teoría de los instintos de la economía sexual se ocupa el capítulo XIII de  Análisisdelcarácter y DerUrgegensatz desvegetativenLebens.ZeitschriftfürpolitischePsychologieundSexualökonomie, 1934.

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El postulado de la identidad de los contrarios puede demostrarse en los procesos de la libido narcisista y de la libido de objeto. Según Freud el amor propio y el amor hacia el objeto no son solamente contrarios, sino que el amor de objeto nace de la libido narcisista y puede transformarse en cualquier momento en ella. Pero en tanto ambas representan tendencias eróticas,  constituyen una identidad,  porque enúltima instancia tienen la misma fuente de origen: el aparato sexual somático y el “narcisismo primario”. Además, si bien los conceptos“consciente” e “inconsciente” son contrarios, por medio de una neurosis compulsiva puede demostrarse que simultáneamente pueden ser contrarios y ser  idénticos. Quienes padecen una neurosis compulsiva reprimen las ideas de su conciencia negándoles simplemente la atención, es decir, negándoles su contenido afectivo; la idea “reprimida”es simultáneamente  consciente e inconsciente,  es decir,  el enfermo  la puede tener presente, pero desconoce su significado. Los conceptos ello  y yo  también  expresan  una  identidad  de  contrarios:  el  yo  es,  por un  lado,  sólo  una  parte  especialmente  diferenciada,  pero  se  vuelve  al mismo tiempo, bajo la influencia del mundo exterior, en lo contrario, en una contrapartida funcional del ello.

El concepto de identificación corresponde no sólo a un proceso dialéctico,  sino también a una identidad de contrarios.  Según Freud la identificación  se lleva  a cabo  de  tal  manera que  el  sujeto  se  “asimila”(se “identifica”) con la persona educadora, que es al mismo tiempo amada  y odiada,  y acepta  sus  atributos  o mandatos.  En  este  proceso por  regla general se pone fin a la relación de objeto.  La identificación toma el lugar de la relación de objeto y es, por ende, su contrario, su negación; pero es al mismo tiempo una relación de objeto que se mantiene bajo otra forma, es también una afirmación. En este proceso subyace la siguiente lucha o conflicto: “Yo quiero a X, pero como educador  me prohíbe  demasiado,  y por  eso  lo odio.  Quiero  destruirlo, eliminarlo, pero también lo quiero, y por eso lo quiero conservar”.

Para esta situación contradictoria, que no puede seguir existiendo paralela a cierta intensidad de los estímulos contrarios, existe la siguiente salida:“Yolo asimilo, me ‘identifico’ con él, lo aniquilo (es decir, mi relación con él) en el mundo exterior, pero lo conservo dentro de a través de una relación modificada; lo he aniquilado y conservado a la vez”.

 

 

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En los casos que contienen un elemento afirmativo y uno negativo a la vez y que el psicoanálisis clasifica como ambivalente, hay un sinnúmero de fenómenos  dialécticos,  de  entre  los cuales  sólo  queremos  destacar el fenómeno más importante: la conversión del amor en odio, y viceversa.  El  odio  puede  significar  en  realidad  amor,  y viceversa.  Son idénticos  en  tanto  que  ambos  facilitan  una  intensa  relación  entre  dos individuos. La transformación de un instinto en su contrario es una cualidad que atribuye Freud a los instintos en general. Pero en la transformación no se pierde el elemento originario, sino que se conserva totalmente en su contrario.

También la oposición entre la perversión y la neurosis puede resolverse dialécticamente, toda vez que cada neurosis es una perversión negada y viceversa.

Un buen ejemplo de desarrollo dialéctico puede demostrarse en la continua  represión  sexual.  En  los  pueblos  primitivos  existe  una  fuerte

oposición  entre  el  tabú  del  incesto  con  la  hermana  (y  la  madre)  y la libertad  sexual  con el resto  de  las mujeres. Sin embargo,  la limitación sexual se extiende cada vez más; primero, se aplica a las primas, y después a todas las mujeres de la misma familia, para convertirse finalmente con su mayor extensión en una concepción cualitativamente diferente de la sexualidad, como ocurre por ejemplo en el patriarcado y en especial en la época del cristianismo. La fuerte represión de la sexualidad se traduce en su contrario en tal forma que en la actualidad el tabú en las relaciones entre hermano y hermana está roto  defacto. Los adultos ya no saben nada acerca de la sexualidad infantil como resultado  de  la  exagerada  represión  sexual,  de  manera  que  ya  no  se consideran sexuales  los juegos sexuales  entre  hermano y hermana y forman parte  de las actividades  de los niños aceptadas  aun dentro  de las familias “más decentes”. El hombre primitivo no tiene permiso siquiera de mirar a su hermana, pero, aparte  de esto, no tiene trabas sexuales; el hombre civilizado  descarga su sexualidad infantil sobre su hermana, pero tiene que someterse en todos los demás aspectos a los códigos más severos de moralidad.38

38  [1934] En este párrafo debe hacerse una corrección: cuando lo redacté por primera vez, me encontraba bajo la influencia de las teorías burguesas según las cuales la unidad sexual de la sociedad primitiva era la familia patriarcal; esto era congruente con la teoría de Freud de Tótem y tabú. Pero el conocimiento de los importantes procesos que convirtieron el matriarcado en el patriarcado me obligó reconocer que no sólo la hermana sino todas las mujeres de la misma tribu son consideradas como tabú. Sobre la contradicción entre familia y clan ver mis exposiciones en DerEinbruchderSexualmoral.

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Investiguemos ahora en qué medida el psicoanálisis ha demostrado también la dialéctica de la psique respecto al individuo en sociedad. A tal efecto tendremos que formular dos preguntas esenciales:

Primera:   si  la  dialéctica   de   lo  psíquico   se  deriva  de   la  oposición

originaria (que se puede resolver) entre el yo (instinto) y el mundo exterior.

Segunda: cómo los enfoques racional e irracional de los hechos individuales se contradicen y, sin embargo, se interpenetran.

Ya hemos mencionado en la primera parte de este inciso que el psicoanálisis de Freud supone que el individuo, por lo que respecta a su psique, nace con un conjunto de necesidades dotadas de sus estímulos correspondientes.  Con  estas  necesidades  es  lanzado  a la  sociedad  de inmediato como un ser socializado, no sólo al círculo estrecho de la familia, sino también, a través de las condiciones económicas de la existencia familiar, a la sociedad en general. En pocas palabras, se puede decir que la estructura económica de la sociedad entra en relación de interacción con el yo instintivo del recién nacido a través de varias mediaciones: la clase a la que pertenecen los padres, la situación económica de la familia, las ideologías, la relación entre los padres, etc. De. la misma manera en que este yo instintivo modifica su medio, este medio modificado ejerce su influencia sobre él. Mientras las necesidades se satisfacen parcialmente, hay armonía. Pero en la mayor parte de los casos surge una oposición entre las necesidades y el orden social, cuyo representante es primero la familia y después la escuela. Esta oposición se traduce en una lucha que conduce a una transformación, y como el individuo es la parte más débil, el resultado final es una transformación en su estructura psíquica. Tales conflictos derivados de elementos

opuestos y que son insolubles mientras la estructura del niño es constante surgen a diario y son en cada momento el elemento que realmente impulsa el desarrollo. Dentro del psicoanálisis se hace referencia a la constitución, las tendencias de desarrollo, etc., pero los hechos que se han podido investigar acerca del desarrollo infantil sólo confirman el desarrollo dialéctico arriba descrito: el desarrollo etapa por etapa  a través  de  la  lucha  de  contrarios.  Pueden  distinguirse  diversas etapas en el desarrollo de la libido, e incluso se habla de que la libido“recorre” estas etapas de desarrollo. Sin embargo, la observación demuestra que ninguna etapa entra en acción antes de que tenga lugar la negación de la satisfacción de la etapa anterior. Así, la negación de

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la satisfacción se convierte en el motor del desarrollo del niño a través del conflicto que surge de esta negación. Dejaremos a un lado la parte que dentro de este desarrollo determina la herencia, por ejemplo el carácter de las zonas erógenas y del aparato sensorial, ya que no constituye el aspecto decisivo de este proceso, además de que esto todavía  forma  parte  de  un  campo  bastante  oscuro  de  la  investigación biológica, y la pregunta acerca de la naturaleza de su dialéctica no viene al caso ahora. Tenemos que tomarla en cuenta, pero por lo pronto nos conformamos con la fórmula de Freud según la cual la constitución pulsional participa en igual medida que la experiencia vivencial en el desarrollo del carácter instintivo.39

Entre las vivencias, las negaciones de las necesidades, junto con las satisfacciones,  ocupan  un  destacado  lugar  como  motor  del  desarrollo. La oposición entre el yo instintivo y el mundo exterior a fin de cuentas se convierte en una contradicción interna, formándose bajo esta influencia del mundo exterior un órgano restrictivo en el aparato psíquico,  el  superyó.  Lo  que  al  principio  era  miedo  ante  el  castigo  se convierte en restricción, y el conflicto entre instinto y mundo exterior se convierte en un conflicto entre el yo instintivo y el superyó. Pero no se

olvide que ambos tienen una naturaleza material, que el yo se ha nutrido orgánicamente y el superyó se ha desarrollado en el interés de la autoconservación del yo. El instinto de autoconservación (narcisismo) limita  el  instinto  sexual  y la  agresividad.  Así,  dos  necesidades funda- mentales que en la etapa infantil, y todavía después en muchas situaciones, formaron una unidad, se hallan ahora en oposición e impulsan, de conflicto en conflicto, el desarrollo hacia adelante, no sólo en virtud de las limitaciones que impone la sociedad sino también a través de ellas.40 De manera que el conflicto interno y externo determina  el  desarrollo  en  general,  la  existencia  social  llena  tanto  las

39  [19341 También esta exposición necesita una minuciosa corrección. La concepción de la naturaleza absoluta de la constitución instintiva remplaza a la economía sexual por otra en la  que,  en  primer  lugar,  la  constitución  sólo  puede  manifestarse  en  las  diferencias  de  la producción de energía biofisiológica y, en segundo lugar, dichas diferencias se manifestarán entonces como “constitución hereditaria” si el desarrollo crea condiciones propicias para ello. Esto significa que lo que en un caso se presenta como “constitución” predisponente a la neurosis no se manifiesta de la misma manera en otro caso. Nuestro insuficiente conocimiento sobre estos  procesos también  determina  la vaguedad de  las  formulaciones teóricas. Un primer intento de exposición se encuentra en el apéndice a Einbruch der Sexuatmoral. Es probable que la futura ciencia natural materialista dialéctica no adopte mucho de la genética actual que es un centro de energía de primera para la totalidad de la concepción cultural burguesa. Ésta se  basa  principalmente en  juicios morales de  valor y sólo contiene escasos elementos científico-naturales. Culminó hasta la fecha en la megalomaníaca“teoría”racista de Hitler.

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metas de los instintos como las restricciones morales con sus imágenes y contenidos. El psicoanálisis puede comprobar plenamente la afirmación de Marx, según la cual la existencia determina“laconciencia”, es decir, las imágenes, las metas de los instintos, las ideologías morales, etc., y no a la inversa. El psicoanálisis da a esta afirmación un contenido concreto en lo que respecta al desarrollo infantil. Pero esto no excluye que tanto la intensidad de las necesidades, que está determinada somáticamente, como las diferencias cualitativas del desarrollo estén determinadas por el aparato de los instintos. Y ésta no es una“desviación idealista”, como algunos marxistas me dijeron en discusiones sobre esta materia, sino que corresponde completamente al postulado marxista de que son los hombres mismos quienes hacen su historia, sólo que bajo ciertas circunstancias y condiciones de naturaleza  social.41 En su carta, Engels se opone expresamente a la idea de que la producción y reproducción de la vida material sea el único elemento determinante en el desarrollo de las ideologías y sostiene que es el elemento determinante sólo en última instancia.42

40  Aquí se plantea el problema de cómo se generan las contradicciones internas que dan

origen a los conflictos psíquicos, la forma en que se derivan del conflicto originario entre el yo y el mundo exterior y cómo se hacen autónomas posteriormente. Este problema central de la naturaleza de la “ley del desarrollo dialéctico” surgió sólo hace poco tiempo, cuando el problema de la formación del carácter atrajo interés. Hasta qué punto ya lo habían resuelto Hegel o Marx, no me es posible decirlo ahora. Prefiero acercarme sin prejuicios  al nuevo campo que ofrece la dialéctica en lo psíquico, para de ahí deducirlo. No creo que Marx haya resuelto el problema del origen de la contradicción intrapsíquica. Pero es posible que no me haya preocupado esta cuestión cuando estudié la filosofía marxista y lo haya pasado por alto.

41 [1934] Dado que el actual marxismo economicista en nombre de Marx se pronuncia en contra de la economía sexual, haré una cita en la que se muestra en qué medida consideróMarx que las necesidades son el fundamento de la producción y de la saciedad; aunque que, actualmente, no son los argumentos objetivos los que deciden una polémica científica, sino la política de prestigio y que por eso las citas no sirven de nada. “Los individuos han tenido siempre que partir de mismos en toda circunstancia, pero como nunca pudieron prescindir de los otros, puesto que sus necesidades, su naturaleza y la forma en que satisfacerla los ponía en relación a unos con otros (relaciones sexuales, intercambios, distribución  del  trabajo,  etc.)  tuvieron  que  entrar  en  relación  unos  con  otros.  Pero  como trabaron relaciones de intercambio, no como puros yoes, sino como individuos situados en un determinado nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas y de sus necesidades, en un intercambio, por tanto, que a su vez determinaba la producción y las necesidades, de ahíque fuera precisamente el comportamiento personal, individual de los individuos, su comportamiento recíproco como individuos entre sí, el que creara y siga creando diariamente las relaciones sociales existentes. Entraron en relación e intercambio como lo que eran, partiendo ‘de mismos’, cualquiera que fuese su ‘concepción de la vida’. La‘concepción de la vida’, así fuese la más estrafalaria de la filosofía, no podría estar determinada naturalmente sino por su vida real.”

42 “Sialguien  distorsiona  esto  de  tal  manera  que convierte  el  elemento  económico  en  elúnico determinante, hará de ese principio una frase abstracta, absurda y sin sentido.”Engels-Brevier,Viena, 1920, p. 124.

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Traducida a la sociología, la tesis central de Freud acerca de la significación del complejo de Edipo en el desarrollo del individuo no significa otra cosa sino que la existencia social determina dicho desarrollo. Las inclinaciones e instintos, formas vacías del contenido social que habrán de asumir, pasan a través de las experiencias (sociales), de las relaciones hacia el padre, la madre y los educadores, y sólo entonces adquieren su forma y contenido finales.

La dialéctica  del  desarrollo  psíquico  no  sólo  se  manifiesta  en  el  hecho de que en cada situación de conflicto pueden producirse resultados

opuestos según la correlación de fuerzas, sino que la experiencia clínica también demuestra que las cualidades del carácter pueden convertirse en  su  contrario,  las  mismas  que  ya  existían  en  germen  en  la  primera etapa del conflicto. Un niño cruel puede convertirse en el individuo más compasivo, y a través de un profundo análisis puede encontrarse dentro de esta compasión la antigua crueldad. Un niño aficionado a la suciedad puede convertirse en un individuo pedantemente pulcro y un indiscreto en uno extremadamente discreto. La sensualidad fácilmente se convierte en ascetismo. Aún más, cuanto más intensamente se desarrolla una cualidad, tanto más fácil es que se convierta, en condiciones propicias, en su contrario (formación reactiva).

Por otra parte, en dicho desarrollo y transformación no se pierden completamente las cualidades originales; en tanto que una parte de las cualidades se convierte en su contrario, la otra se mantiene sin modificación, experimentando cambios en el curso del tiempo sólo por la modificación total de la personalidad. El concepto freudiano de la repetición desempeña en el desarrollo psíquico un importante papel, que  resulta  ser  dialéctico  cuando  se  lo  investiga.43 El  nuevo  resultado reúne en tanto lo anterior como algo enteramente nuevo, algo antiguo bajo un nuevo ropaje o desempeñando una nueva función. Esto que ya vimos en el caso del síntoma también ocurre en la sublimación.  Por  ejemplo,  en  el  caso  de  alguien  que  de  niño  le  gusta jugar con excremento, después construye castillos de arena mojada y, finalmente, como adulto, desarrolla un gran interés por la arquitectura.

43 [1934] Entre tanto, la teoría de la compulsión de repetición más allá del principio del placer  ha  probado  ser  una hipótesis  nacida  expresamente  con  el  fin  de  desexualizar  el proceso psíquico. Su refutación clínica detallada se encuentra en el capítulo "El carácter masoquista" de Análisisdelcarácter. La repetición es dialéctica, en el sentido en que lo formula el texto arriba mencionado, sólo dentro del principio del placer y displacer, y no debe limitarse por intereses meramente heurísticos, pues de otro modo abrimos nuevamente las puertas a la metafísica expulsada.

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En  las  tres  fases  se  ha conservado  lo  anterior  pero  bajo  otra  forma  y desempeñando otra función. Otros ejemplos son las historias del cirujano y del ginecólogo: en las operaciones el primero sublima su sadismo y el segundo sublima su deseo infantil de ver y tocar. Si estas afirmaciones del psicoanálisis son correctas o no, no puede ser materia de la crítica metodológica sino sólo de la crítica empírica. Quien no haya analizado a un cirujano no puede negar esta afirmación. Pero metodológicamente puede hacerse una objeción, a saber: la dependencia de la actividad del hombre de las condiciones económicas. El psicoanálisis simplemente afirma que estas o aquellas fuerzas actúan44 pero al lado de este instinto subjetivo, la forma que reviste la sublimación estádeterminada económicamente, porque es la posición social del individuo la que determina si sublima su sadismo como carnicero, cirujano  o detective.  También  puede  hacerse  imposible  la  sublimación por motivos sociales, y esto conduce a un descontento con la profesión impuesta por la sociedad. Además, habría que preguntarse cómo puede ser compatible el carácter innegablemente racional de una actividad con  su  sentido  innegablemente  irracional. Después  de  todo, el  pintor pinta, el técnico construye, el cirujano corta, para ganarse la vida, por motivos económicos, racionales. Además, el trabajo es un factor social, es decir, racional.

¿Cómo es esto compatible con la afirmación del psicoanálisis de que el individuo  sublima en su  trabajo  un  instinto  y así  lo  satisface?  Algunos analistas  no  aprecian  debidamente  el  carácter  racional  de  la  actividad humana. En ellos se puede observar una concepción del mundo que no ve sino proyecciones y satisfacciones de instintos en la actividad humana.45 Por otro lado, como ha observado un analista, aunque el

44  [1934] En ese tiempo juzgaba la posición del psicoanálisis frente a sus propios principios de una manera demasiado favorable. Ningún  psicoanalista no marxista  aceptará que los contenidos de la actividad psíquica son imágenes racionales del mundo exterior y que sólo las cargas o catexis de energía provienen del mundo interior. Esto se demuestra por ejemplo en el hecho de que se trata de explicar, incluso seriamente, el capitalismo a través de los instintos. Pero no hemos abordado el problema importante que aún no se ha aclarado: de qué manera logra el aparato psíquico convertir los estímulos que le llegan en concepciones  o reflejos  del mundo  exterior  que  más tarde  pueden  reproducirse indepen- dientemente del estímulo mencionado. Este problema se encuentra en la misma situación que el de la formación de la contradicción interna. Sin duda, es también el problema sobre la formación de la conciencia en general. Pero no existen aquí ni los gérmenes de una solución satisfactoria.

45 [1945] En el mismo Freud, sólo en algunas sugerencias poco importantes, como por ejemplo en la concepción del descubrimiento del fuego; estas sugerencias de una Weltanschauung idealista, que son mínimas en relación con sus descubrimientos y teorías materialistas, fueron acentuadas especialmente por los psicoanalistas metafísicos y éticos, quienes las desarrollaron hasta convertirlas en concepciones grotescas.

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avión es un símbolo del pene, de todos modos puede viajarse en él de Berlín a Viena.

La problemática de las relaciones entre lo racional y lo irracional46 también se expresa en los siguientes hechos: labrar la tierra con herramientas y sembrar tienen como objeto, tanto para el individuo como para la sociedad, la producción de alimentos. Pero también tienen el sentido simbólico de incesto con la madre (“madre tierra”). Lo racional atrae lo simbólico, se llena de sentido simbólico. La relación de la actividad racional con el sentido irracional simbólico de esta actividad está dada en el ritmo de ambas funciones: abrir la tierra con la herramienta, introducir la semilla y producir un fruto de la tierra asítratada.

Así,  el  simbolismo  está  totalmente  justificado.  También  vemos  que  lo que  aparentemente  no  tiene  sentido    lo  tiene  en  el  fondo,  y que  el simbolismo tiene una base real: tanto la madre como la tierra llevan en su seno un fruto después de ser objeto de la herramienta (símbolo fálico). Colocar figuras de falos en los campos como conjura de fertilidad es una acción sin sentido objetivo, acción de naturaleza mágica que practican muchos pueblos primitivos y que arroja luz sobre la relación entre lo racional y lo irracional:  aquí se trata de un intento mágico de alcanzar con medios irracionales un fin determinado de una manera más fácil y mejor. Pero no por eso dejan de labrar la tierra. Y lo que aparece en la agricultura como un elemento simbólico irracional, las relaciones sexuales, tiene en mismo sentido, sirve para satisfacer la necesidad sexual, de la misma manera que la siembra sirve para la conservación de la sociedad en cuestión. Vemos pues, una vez más, que no existen contradicciones absolutas, que también la contradicción entre lo racional y lo irracional puede resolverse dialécticamente.

El hecho dialéctico de que en lo racional subsista un contenido irracional merece mayor atención. La respuesta puede darla la experiencia psicoanalítica existente sobre hechos clínicos y que prueba que las actividades humanas objetivas (con sentido práctico) pueden adquirir sentido simbólico, aunque no necesariamente. Cuando en un sueño aparece un cuchillo o un árbol, ello puede ser un símbolo del pene, pero no necesariamente. También puede tratarse de un cuchillo de verdad o de un árbol real. Y cuando aparece como símbolo en el

46  “Racional” se usa aquí para referirse a lo que tiene sentido y es útil, e “irracional” para lo que no tiene sentido y es inútil.

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sueño,  ello  no  excluye  el  sentido  racional, porque  si  se  analizara por qué el pene se representa por un árbol o por  un cuchillo y no por un palo, por ejemplo, en muchos casos se encontraría una explicación racional para tal hecho. Así, una ninfómana se masturbaba con un cuchillo, que sin duda simbolizaba un pene, y la elección de un cuchillo tenía como origen el hecho de que su madre le lanzó una vez un cuchillo y la lastimó. En la masturbación prevalecía la idea de que con el cuchillo había de arruinarse. Esta acción, que posteriormente se hizo irracional, fue el principio racional: contribuía a obtener satisfacción sexual. Con estos ejemplos –y hay muchos más– se demuestra que todo lo que aparece como irracional en cierto momento tuvo alguna vez funciones racionales. En todo síntoma, irracional en sí, encontramos un sentido y una finalidad si regresamos analíticamente a su origen. El resultado de nuestro análisis es que toda acción infantil instintiva al servicio de la búsqueda del placer se convierte en irracional cuando es

objeto de supresión o de algo semejante. Lo racional es lo primero.

Tomemos por ejemplo la fabricación de máquinas; encontraremos también  en  ello  elementos  irracionales,  por  ejemplo  la  satisfacción  de un deseo inconsciente, la sublimación de un instinto que desde la infancia busca satisfacción y fue desviado de su meta original por medio de  la educación. Pero  en  el momento en  que  se abandonó la meta original en la realidad y se arraigó en la fantasía, se convirtió en un afán irracional. Si este afán encuentra una nueva meta en la sublimación, entonces se mezcla la búsqueda anterior que se hizo irracional con la nueva actividad racional y aparece como motivo irracional de esta actividad. Esto puede demostrarse en el caso del ginecólogo cuya curiosidad sexual se convirtió en su específica actividad profesional.

Primera  fase: La   curiosidad   está   dirigida   racionalmente   hacia   la

observación del cuerpo desnudo y los órganos sexuales. Meta racional:

satisfacción del deseo de saber.

Segunda fase: Fracaso de la actividad directa; el instinto pierde su satisfacción, el afán se vuelve irracional en relación con la actual forma de existencia social.

 

 

 

 

 

 

 

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Tercera  fase:  El instinto encuentra una nueva actividad que tiene relación  con  la  primera  por  su  contenido;  el  individuo  se  convirtió  en médico y contempla ahora cuerpos desnudos y órganos sexuales como lo hacía de niño. Hace lo mismo y, sin embargo, otra cosa; la relación entre su actividad actual y su situación infantil no tiene sentido ni finalidad;  pero  en  lo  que se  refiere  a su actual  función social,    tiene sentido.

Esto significa que es la función social la que determina si una actividad es racional o irracional. La transformación de una actividad de racional en irracional también depende de la posición que ocupa el individuo en determinado momento. La misma actividad que en el trabajo del médico no tiene sentido puede tenerlo en su vida privada, por ejemplo en el acto sexual, y lo que en su trabajo tenía sentido puede perder su carácter racional en una situación análoga de su vida privada.

Estas consideraciones permiten afirmar que el psicoanálisis puede descubrir las raíces instintivas de la actividad social del hombre a través de su método y, gracias a su teoría de los instintos, debía desempeñar el papel de explicar en detalle los efectos psíquicos que las fuerzas productivas producen en el individuo, es decir, debía explicar la formación  de  ideologías“enla  cabeza  humana”.  Entre  los  dos  puntos terminales, estructura económica de la sociedad y superestructura ideológica,  cuya  relación  causal  ha  captado  la  concepción  materialista de la historia,  la concepción  psicoanalítica de la psicología del hombre socializado, introduce una serie de eslabones intermedios. Por medio de ella puede demostrarse que la estructura económica de la sociedad no se traduce, “en el cerebro del hombre”, inmediatamente en ideologías,  sino  que  la  necesidad  de  alimentarse,  que  depende  de  las condiciones económicas, influye en la energía sexual, que es mucho más flexible, y esa continua influencia social que se realiza a través de la limitación de sus metas canaliza cada vez mayores fuerzas productivas al proceso social en forma de libido sublimada. Esto se expresa en parte, de manera directa, a través del aumento de la fuerza de trabajo, y en parte, indirectamente, a través de los resultados más desarrollados de la sublimación sexual, como por ejemplo la religión, la moral  en  general  y la  moral  sexual  en  particular,  la  ciencia,  etc.  Esto significa que el psicoanálisis se inserta en la concepción materialista de la historia en un punto particular que le es muy útil, a saber, ahí donde empiezan los problemas psicológicos, los mismos que Marx señala

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cuando  afirma que  la forma de existencia social se convierte  en ideas en el cerebro del hombre. El proceso de la libido dentro del desarrollo social es secundario, ya que depende de él para convertirse, sublimada, en fuerza de trabajo.47

Pero si el proceso de la libido48 es secundario, tenemos que interrogarnos sobre el significado histórico del complejo de Edipo. Ya hemos visto que  el  psicoanálisis  concibe  todos  los  procesos  psíquicos,  aunque  sea inconscientemente, de una manera dialéctica, excepción hecha del complejo de Edipo, que aparece como el único fenómeno en reposo entre  todos  los fenómenos  psíquicos  en  turbulencia.  Esto  puede tener su origen en dos tipos de concepciones: la que ve el complejo de Edipo como algo ahistórico, como un hecho invariable e inmutable que forma parte de la naturaleza del hombre, y la que, para explicar su inmutabilidad, se refiere al hecho de que el tipo de familia donde nace el complejo de Edipo se ha conservado relativamente sin cambios a lo largo de miles de años. Al parecer, Jones,49 en su polémica con Malinowski50  sobre el complejo de Edipo en el matriarcado, se pronuncia por  la  primera  categoría  cuando  afirma  que  el  complejo  de  Edipo  es, ante todo, “fonsetorigo”.Es obvio que esta opinión es falsa, porque al presentar las relaciones que ahora se han descubierto entre niño, padre y madre como eternas e iguales en todas las sociedades, se estáaceptando como válida la concepción de la inmutabilidad de la existencia social. Concebir el complejo de Edipo como algo eterno significa suponer que la forma de la familia actual, donde tiene su

origen, es eterna y absoluta y que la naturaleza del hombre es tal como la tenemos presente ahora. El complejo de Edipo es común a todas las formas de sociedad patriarcal, pero según las investigaciones de Malinowski la relación entre los niños y los padres es tan diferente

47 [1934] En lo esencial puede mantenerse la aserción precedente, por más que en el estado actual de nuestros conocimientos resulte muy primitivo e impreciso. Ya no se puede dudar más de que la fuerza productiva, “fuerza de trabajo”, en su núcleo energético constituye un problema de economía sexual humana, esto es, que resulta ser un destino o vicisitud evolutiva de la libido. Pero tampoco puede dudarse de que los marxistas economicistas vean en ello un insulto al trabajo, de tal manera que rechazan enérgica- mente esa suposición, por más que al hacerlo dejen de ser marxistas. Y sin embargo debemos decir que sabemos aún demasiado poco sobre la estructura caracterológica y dinámica de las fuerzas de trabajo, aun cuando este problema sea central esa la revolución cultural socialista y en la llamada “planeación del hombre” que ha de seguir a la planificación económica, si ésta quiere echar raíces en la estructura caracterológica.

48 [1934] El acento aquí hay que ponerlo sobre el "proceso".  Se entiende sin más que la energía sexual como fuerza instintiva viva tiene que preexistir a toda producción.

49 Imago, 1928.

50 SexandRepressioninSavageSociety, Londres.

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en  la  sociedad  matriarcal que  ya  casi  no  merece  ese  nombre.  Según Malinowski,  el  complejo  de  Edipo  es  un  fenómeno  determinado  por  la sociedad y su forma se modifica cuando se modifica la estructura de la sociedad. El complejo de Edipo debe desaparecer en la sociedad socialista porque en ella su base social, la familia patriarcal,  pierde su razón de ser. La educación colectiva y planificada en la sociedad socialista no admitirá actitudes como las que actualmente se forman en la familia, y la relación de los niños con los educadores será tanto más rica y variada cuanto que la relación que se designa bajo el nombre de“complejo de Edipo”,  que significa el deseo por  la madre y el afán de matar  al  padre  como  rival,  perderá  su  sentido.  Es  una  mera  cuestión semántica llamar al incesto real, tal como existía en los tiempos primitivos, “complejo” de Edipo o reservar este nombre para el incesto negado y la rivalidad con el padre; esto sólo expresa que la vigencia de una de las tesis básicas del psicoanálisis está limitada a cierto  tipo de sociedad, y es al mismo tiempo la caracterización del complejo de Edipo como un fenómeno determinado socialmente y, en última instancia, determinado por la economía. Actualmente, dadas las divergencias entre los etnólogos, todavía no se puede resolver el problema del origen de la represión sexual.51 Freud, que basa su obra Tótem y tabú en la teoría darwiniana de la horda originaria, considera que el complejo de Edipo es resultado de la represión sexual, pero pasa por alto el análisis de la sociedad matriarcal. A partir de la investigación de Bachofen-Morgan-Engels se abren nuevas posibilidades para comprender el complejo de Edipo y el tipo de organización familiar que está en su raíz como resultado  de la represión sexual. Pero sea como fuere, el psicoanálisis se cerraría otras posibilidades de investigación en el dominio social y pedagógico si, para investigar el complejo de Edipo, rechazara la dialéctica que él mismo ha descubierto en la vida psíquica.52


 

 

 

 

 

 

 

51  [1934] Entre tanto pudo esbozarse una concepción utilizable y operativa sobre el origen social de la represión sexual: cf. DerEinbruchderSexualmoral, 1934.

52 [1934] Este temor se ha mostrado desde entonces muy justificado. La pedagogía psicoanalítica ha sido frenada por dos barreras ideológicas de los analistas burgueses: en primer lugar, por no haber tomado en consideración la contradicción entre la eliminación de la represión sexual en el niño y el joven y la persistencia de la inhibición sexual burguesa; y en segundo lugar, por la concepción biológica del conflicto entre padres e hijos.

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IV

LA POSICIÓN SOCIAL DEL PSICOANÁLISIS

 

Si consideramos ahora el psicoanálisis como objeto de la investigación sociológica, nos enfrentamos a las siguientes preguntas:

1] ¿Cuáles son los hechos sociales a los que el psicoanálisis debe su creación y cuál es su significado social?

2] ¿Cuál es el lugar que ocupa dentro de la sociedad contemporánea? 3] ¿Qué tareas está destinado a cumplir dentro del socialismo?

 

1]  Como  cualquier  fenómeno  social,  el  psicoanálisis  está  ligado  a una etapa determinada del desarrollo histórico; asimismo, su existencia estádeterminada por el grado de desarrollo de los medios de producción. Al igual  que  el  marxismo,  es  producto de  la  época  del  capitalismo, sólo que  no  tiene  una  relación  tan  inmediata  con  la  base  económica  de  la sociedad como aquél; pero sus relaciones mediatas pueden establecerse claramente: el psicoanálisis es una reacción ante las condiciones culturales y morales en que vive el individuo socializado. Aquí vienen al caso, especialmente, las condiciones sexuales surgidas de las ideologías religiosas. La revolución burguesa del siglo XIX acabó  en gran medida con el modo de producción feudal, y opuso ideas libertarias a la religión y a sus normas morales. Sin embargo, como ocurrió en Francia, el rompimiento  con  la moral  religiosa se  preparó  desde  el  tiempo  de  la Revolución francesa. La burguesía parecía llevar en su seno los gérmenes de una moral que se oponía a la moral religiosa en general, y a la moral sexual en  particular. Pero de la  misma manera en  que  la burguesía se  volvió reaccionaria después  de  consolidar  su  poder y el modo de producción capitalista volvió a aceptar la religión  porque la necesitaba para mantener subyugado al proletariado que entre tanto se había desarrollado, así también aceptó nuevamente la moral sexual de la Iglesia, que, si bien bajo una forma algo diferente, es esencialmente igual.  La condenación  de la sensualidad,  el matrimonio  monógamo,  la castidad de la adolescente y con ella el desgarramiento de la sexualidad masculina revistieron entonces un nuevo contenido económico, un contenido capitalista. La burguesía que derribó el feudalismo y adquiriólas costumbres y necesidades culturales de la vida feudal tenía que

 

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divorciarse también del “pueblo” a través de sus normas morales y de esta manera limitar cada vez más las necesidades sexuales. En el seno de  la  clase  burguesa,  por  razones  económicas,  la  libertad  sexual  estátotalmente  limitada hasta  el matrimonio.  La juventud  masculina busca la satisfacción sensual de la sexualidad en las mujeres y jóvenes proletarias.  Debido  a esto,  y dada  la lucha ideológica  de las clases, la exigencia de  que  se  mantenga  casta la joven  burguesa se  hace  más aguda, el carácter dual de la moral sexual se renueva sobre una base capitalista y de manera viciosa produce un círculo que tiene efectos negativos sobre la sexualidad del hombre y efectos devastadores sobre la sexualidad de la mujer. Debido a su educación, la mujer es, también en el matrimonio, “casta”, es decir, frígida hasta el punto de que rechaza al hombre. Esto afirma aún más el carácter dual de la moral: el hombre busca satisfacción en la mujer proletaria a la que desprecia por su conciencia de clase, al mismo tiempo que se ve obligado a aparentar una honorable “moralidad”; en su interior se rebela en contra de su mujer, pero aparenta lo contrario, y ésta es la ideología que trasmite a sus hijos. La constante represión sexual y degradación social se convierten dialécticamente en un elemento destructivo de la institución del matrimonio y de la ideología sexual-moral. Primero se llega a la etapa en que la moral burguesa entra en crisis y las enfermedades psicológicas proliferan. La ciencia oficial se niega a hacer de la sexualidad objeto de investigaciones y desprecia a los poetas y escritores, quienes se ocupan cada vez más de estas candentes cuestiones. Las enfermedades psicológicas como la histeria y el nerviosismo, que aumentan constantemente, son declaradas imaginarias

o consecuencia del “exceso de trabajo”.

Como  reacción  en  contra  de  la  ciencia  oficial,  moralmente  inhibida,  y como  expresión  de  una  segunda  fase  de  la  moral  burguesa  que  trata de fundarse en la ciencia, a fines del siglo XIX surge dentro de la misma clase burguesa un investigador  que declara  que  el nerviosismo moderno es consecuencia de la moral sexual cultural53 y que las neurosis tienen generalmente como base, según su carácter específico, una excesiva represión sexual. Este investigador, que es Freud, es tachado de charlatán, marginado y proscrito. Solitario, defiende sus concepciones durante varias décadas sin que nadie le preste atención.

53 S. Freud:“Lamoral  sexual ‘cultural’  y la nerviosidad  moderna”, en Ensayos sobrela vidasexualylateoríadetasneurosis,O. c., B. N., t. I. Consúltense también sus trabajos

sobre teoría de las neurosis.

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Es en este período cuando el psicoanálisis, horror y repulsión para todo el mundo burgués, nace y no sólo para la ciencia, cuyos dominios rebasa para hacer tambalearse los cimientos en que descansa la represión sexual, que es uno de los pilares de numerosas ideologías conservadoras (religión, moral, etc.).54 Este impacto social del psico- análisis  tiene  lugar  en  la  sociedad  al  mismo  tiempo  que  en  el  campo burgués se producen síntomas de un movimiento revolucionario en contra de sus ideologías: la juventud burguesa se pronuncia en contra del bogar paterno burgués y organiza por su propia cuenta un“movimiento de la juventud” cuyo objetivo secreto es la búsqueda de la libertad sexual. Sin embargo, debido a su incapacidad de vincularse al movimiento  proletario,  desaparece  una  vez  que  ha  alcanzado parcial- mente su objetivo y deja de tener importancia; la prensa burguesa renueva los ataques en contra del tutelaje clerical; la literatura burguesa comienza a desarrollar un punto de vista cada vez más favorable hacia la libertad en cuestiones sexuales. Pero todos estos fenómenos que acompañan  la aparición del psicoanálisis y en parte  le preceden se desvanecen en el momento de la verdad; nadie se atreve a ir hasta las últimas consecuencias, ni siquiera a concebirlas. Los intereses económicos se imponen e incluso se establece un concordato entre el liberalismo burgués y la Iglesia.

Así  como  el  marxismo,  sociológicamente  hablando,  es  la  expresión  de la toma de conciencia de las leyes que rigen la economía, y de la explotación de las mayorías por una parte de las minorías, el psico- análisis  es  expresión  de  la  toma  de  conciencia  de  la  represión  sexual por parte de la sociedad. Éste es el significado fundamental del psicoanálisis freudiano. Sin embargo, existe una diferencia básica:

mientras  que  una  de  las  clases  explota  y  la  otra  es  explotada,   la

54 [1934] Este punto de vista ha sido aceptado por el propio Freud en lo que concierne a la religión, pero no en lo que respecta a la moral. Freud redujo las resistencias con que tropezó a los complejos y represiones infantiles de aquellos que se le oponían. Esto es muy cierto, pero es lo menos importante de la cuestión. Aquellos que combatieron y combaten aún encarnizadamente las teorías freudianas sobre el inconsciente, la evolución sexual infantil, etc., actúan inconscientemente cómo órganos ejecutores de intereses sociales reaccionarios, aun cuando se digan marxistas los que tal hacen. La opresión sexual está al servicio de la dominación de clase, ésta se ha reproducido ideológica y estructuralmente en los dominados y constituye en esta forma la fuerza más potente y menos conocida de toda especie de opresión. La sociedad burguesa  se puso a la defensiva frente a Freud porque pareció que él amenazaba gravemente la persistencia de su aparato ideológico. El propio Freud no ha reconocido nunca plenamente esta razón, más aún, no ha visto con agrado su revelación. La economía sexual prolonga la función del psicoanálisis en la perspectiva social más allá de donde la dejaron, por no querer ir más adelante, los representantes oficiales del psicoanálisis.

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represión sexual es un fenómeno que abarca a ambas clases, pero, desde  el  punto  de  vista  de  la  historia  humana,  la  represión  sexual  es más antigua que la explotación de una clase por la otra y, cuantitativa- mente, no es la misma para las dos clases. De acuerdo con  ElCapital, de Marx, y LasituacióndelaclaseobreraenInglaterra,de Engels, no existe la limitación o represión de la sexualidad del proletariado durante el  tiempo  de  la  primera  diferenciación  del  proletariado  en  los  albores del capitalismo.55 Sin embargo, la situación social desoladora, comparable a la situación actual del “lumpenproletariado”, que caracterizó su existencia, influyó sobre la vida sexual del proletariado, y cuando, en el curso del desarrollo capitalista, la clase dominante adoptó ciertas medidas político-sociales, que requería para asegurar su existencia y mantener sus ganancias, surgieron las “prestaciones sociales” y se inició un creciente aburguesamiento ideológico del proletariado. Fue asícomo el efecto de la represión sexual se extendió también al proletariado, aunque sin llegar a las dimensiones que alcanzó dentro de la pequeña burguesía, que se hizo más papista que el Papa y abrazó más decididamente que la gran burguesía su ideal moral, ideal que ésta había liquidado desde hacía mucho de su moral interior.

El destino del psicoanálisis dentro de la sociedad burguesa está ligado a la  posición  que  la  burguesía  adoptó  ante  la  presión  sexual  o ante  su eliminación, según sea el caso.


 

2] La cuestión es: ¿Puede tolerar la burguesía el psicoanálisis a la larga sin sufrir daño, esto es, sin que sus conocimientos y formulaciones sean adulterados y su sentido diluido?

El  propio  fundador  del  psicoanálisis  no  le  auguraba  un  buen  futuro,

opinaba  que  el  mundo  borraría  de  alguna forma  sus hallazgos  porque no los podría soportar –pero aparentemente se refería sólo a una parte del mundo, a la clase burguesa.

 

 

 

 

 

 

55 [1934] Esta formulación necesita corrección. La represión sexual no ha estado ausente del proletariado, sino que se dio en una forma distinta debido a su posición social distinta. También sobre esto sabemos demasiado poco. El niño proletario experimenta una gran libertad sexual simultáneamente con la más rigurosa opresión sexual. Esto crea una especial estructura caracterológica que se distingue radicalmente de la pequeño-burguesa.

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El proletariado  aún no sabe nada del psicoanálisis, por eso todavía no ha tomado una actitud frente a él. Pero  si bien todavía no podemos saber cómo reaccionará el proletariado frente al psicoanálisis, ya tenemos suficientes elementos para estudiar la actitud del mundo burgués.56

Que se rechace el psicoanálisis está directamente vinculado con el significado social de la represión sexual. Pero, si el mundo burgués no condena al psicoanálisis, ¿cuál es entonces la actitud que adopta frente a él? Por un lado está la ciencia, sobre todo la psicología y la psiquiatría y, por el otro, el público lego. De ambos puede decirse lo que una vez dijo  Freud  a manera de  broma:  no  se  sabe  si  aceptan  el  psicoanálisis para defenderlo o para destruirlo.

Cuando  se  tiene  contacto  con  el  tipo  de  psicoanálisis  que  está  en  las manos o, mejor dicho, en las cabezas de individuos que carecen de una formación analítica, la obra de Freud no se reconoce: la cuestión de la

sexualidad está bien planteada, sí, pero las exageraciones…

¿Y dónde queda lo ético en el hombre? El análisis es muy importante, pero la síntesis  no lo es menos.  Cuando  Freud  comenzó  a elaborar,  a partir de su teoría sexual, la psicología del yo, pudo percibirse un respiro de alivio entre los hombres del mundo científico: al fin comienza Freud a limitar sus absurdos, al fin da su lugar a lo “noble” en el hombre, porque, después de todo, la moral... Y no hubo de pasar mucho  tiempo  para  que  sólo  se  oyera  hablar  del  ideal  del  yo  y para que,  como  se  pretextaba estereotipadamente,  la  sexualidad se  “diera por  supuesta”.  Se  hablaba  de  una  nueva  era  del  psicoanálisis,  de  un renacimiento... en fin, el psicoanálisis se hizo socialmente aceptable.57

 

 

56 [1934] La evolución, tal como se ha dado desde entonces, no deja lugar a dudas: el trabajador inculto acepta los descubrimientos del psicoanálisis de entrada con una especie de comprensión  natural, en oposición  al funcionario arribista; claro que no hay que trasmitirles los descubrimientos psicoanalíticos en la terminología psicoanalítica especializada, sino que es preciso discutir claramente la realidad a partir de la vida sexual de las masas. El movimiento  Sex-Pol(Política Económico-Sexual) alemán, que acometióla  tarea  rápidamente  y de  frente,  dio pruebas  de  la  fuerza  política de  la teoría sexual científico-natural. Cf. a este respecto la historia de la Sex-Pol en el Zeitschrift für politischePsychologieundSexualökonomie.

57  [19341 Esto se verificó hasta la evidencia en forma trágica con el abandono progresivo de la teoría sexual (Adler, Jung). Este hecho merecería una exposición a fondo. Se trata de un abandono de la teoría sexual dentro del propio psicoanálisis inclusive.

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No menos triste, aunque más repugnante, es el cuadro que muestra el público en general. Bajo la presión de la moral sexual burguesa, se ha hecho del psicoanálisis un tema de moda que satisface cierta lujuria insatisfecha; mutuamente se analizan  los complejos. En los salones, a la hora del té, se habla de los símbolos de los sueños, se discute sin el menor conocimiento y sólo por tratarse de la sexualidad, sobre los pros y los  contras del  análisis;  el  uno se  entusiasma  con  la  extraordinaria“hipótesis” y el otro, no menos ignorante, está convencido de que Freud  es  un  charlatán  y de  que  su  teoría  es  una  pompa  de  jabón  y, sobre todo, ese hincapié unilateral en la sexualidad ¡como si no existiera  nada  “superior”!,  aunque  entre  tanto  el  crítico  no  haga otra cosa que hablar de sexualidad. En los Estados Unidos se han formado grupos y clubes de discusión para practicar el psicoanálisis. Se trata de una buena coyuntura que debe aprovecharse: el hombre tiene un escape para su sexualidad insatisfecha y se gana mucho dinero con esa moda que llaman “psicoanálisis”, moda que se ha convertido en un gran negocio. Éste es el aspecto exterior del psicoanálisis.

¿Y cuál es su aspecto interior? Una disensión tras otra. Los investigadores no resisten ante la presión de la represión sexual. Jung pone de cabeza toda la teoría analítica y hace de esto una religión, en la cual ya no se menciona siquiera la sexualidad.58 Asimismo, en el caso de Adler, la represión sexual desemboca en una tesis según la cual la sexualidad es simplemente  la  forma en  que  se  expresa  la voluntad de  poder,  y de esta manera se aparta del psicoanálisis para establecer las bases de una comunidad ética. Rank, quien fuera uno de los discípulos más destacados de Freud, llega a su teoría del seno materno y del trauma del nacimiento al diluir el concepto de la libido en la psicología del yo, para  acabar  negando  los  conocimientos  analíticos  básicos.  Una  y otra vez la represión sexual hace sentir sus efectos negativos sobre el psicoanálisis. También en el propio círculo psicoanalítico se puede

observar el compromiso social y económico del psicoanálisis a través de

58 [1934]  Sólo  recientemente  se  presentó  Jung  como defensor  del fascismo  dentro  del psicoanálisis. La Sociedad Psicoanalítica Internacional (Internationale Psychoanalytische Vereinigung) no tiene la más remota idea de la significación y el origen sociocultural de estos procesos. Más bien se defiende contra su revelación. Pero puede mostrarse que la totalidad de los movimientos secesionistas dentro del psicoanálisis tiene como característica común que todos ellos divergen a partir de un punto: la contradicción entre la teoría sexual psicoanalítica y el modo de existencia burgués. Se trata de cuestiones de terapia analítica (Rank, Steckel) o de concepciones teóricas (Adler, Jung) siempre es lo mismo. Este estado de cosas merecería una exposición a fondo, porque descubre como quizá ninguna otra cosa la significación social del psicoanálisis.

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las concesiones atenuantes y debilitantes que hacen en su labor. Después de aparecer Elyoyelellono vuelve a hablarse por años de la libido; se intenta modificar toda la teoría de las neurosis y reformularla en términos yoicos; se proclama que la hazaña máxima de Freud consiste  en  haber  descubierto  el  sentimiento  de  culpa  inconsciente,  y que sólo ahora se ha captado lo real y esencial.

Es en la terapia de la neurosis donde se expresa con mayor claridad la tendencia a hacer concesiones y a capitular frente a la moral burguesa, dado que se trata de la aplicación práctica de una teoría totalmente revolucionaria para la terapia del hombre en la sociedad capitalista. Dada  su  forma  de  existencia  social,  el  psicoanalista  se  ve  impedido  o aun imposibilitado para hablar públicamente de la incompatibilidad que existe entre la actual moral sexual, el matrimonio actual, la familia burguesa,  la  educación  burguesa  y la  radical  terapia  psicoanalítica  de las neurosis. A pesar de que, por un lado, se admite que las condiciones familiares son desoladoras y que el ambiente que rodea al enfermo es generalmente el mayor obstáculo para su convalecencia, hay resistencia –y esto es muy comprensible– para sacar las consecuencias de todo esto. Por eso es explicable que por principio de realidad y adaptación a la realidad no se entienda la capacidad de resistencia ante la realidad sino el completo sometimiento a las exigencias sociales. Es obvio que todo esto actúa negativamente en la aplicación práctica del psicoanálisis a la curación de las neurosis.

Así,  en  su  actual  forma de  existencia capitalista,  el  psicoanálisis  se  ve estrangulado por dentro y por fuera. Freud continúa teniendo razón: su ciencia se hunde. Pero nosotros agregamos además: el psicoanálisis se hunde cuando no se adapta a la sociedad burguesa, es cierto; pero cuando  se  adapta  a la  sociedad  burguesa,  experimenta  lo  mismo  que experimenta  el  marxismo  en  manos  de  los  socialistas  y reformistas,  a saber: perece porque se le mella sobre todo por el desprecio de que es

objeto  su  teoría  de  la  libido.  Como  en  el  pasado,  la  ciencia  oficial  se rehusará a interesarse en el psicoanálisis porque no puede aceptarlo debido a su carácter de clase. Los psicoanalistas que se sienten

optimistas por la difusión del análisis se equivocan rotundamente. Esta difusión es, justamente, un síntoma de su inminente desaparición.

 

 

 

 

 

 

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Y puesto que el psicoanálisis, aplicado consecuentemente, subvierte las ideologías  burguesas,  y dado  que  la  economía  socialista  constituye  la base para el libre desenvolvimiento del intelecto y de la sexualidad, sólo en el socialismo tiene el psicoanálisis un porvenir.59


 

3] Ya hemos visto que el psicoanálisis no puede hacer surgir de mismo una concepción del mundo, ni tampoco hacer las veces de una Weltanschauung; sin embargo, implica una nueva apreciación de los valores, destruyendo, a través de su aplicación práctica en el individuo, la religión y las ideologías burguesas, liberando la sexualidad. Y ésa es precisamente la función ideológica del marxismo: el marxismo destruye los antiguos valores a través de la revolución económica y de la concepción materialista del  mundo. El psicoanálisis hace lo  mismo, o podría hacer lo mismo, psicológicamente. Pero como en el marco de la sociedad burguesa el psicoanálisis tiene que seguir siendo socialmente ineficaz, sólo puede lograr este efecto después de consumada la revolución social. Algunos analistas piensan que el psicoanálisis puede reformar el mundo por la vía de la evolución y evitar la revolución social. Ésta es una utopía basada en la total ignorancia de la existencia económica y política.60

El futuro significado social del psicoanálisis parece residir en tres dominios:

59 [19341 En la Unión Soviética no pudo desarrollarse el psicoanálisis. Tropezó allí con las mismas dificultades que en los países burgueses, con la diferencia, ciertamente muy importante, de que los analistas asumieron funciones importantes en tanto que personalidades individuales. De todas maneras, desde él punto de vista social no se desarrolló. La causa de ello quizá esté en que los dirigentes de la Unión Soviética no descubrieron o todavía no han reconocido la contradicción existente allí entre la revolución sexual y cultural. Esta esfera de conflictos es tan amplia y rica en problemas, que no podríamos decir aquí todo lo candente que es la cuestión. Si Stalin, como me dijeron, concedió ya que la planeación del hombre nuevo, en oposición a la planeación económica, no se puede dar por resuelta, habría que referir todo ello, de acuerdo con nuestros conocimientos,  al  hecho de no  haberse reestructurado sexualmente  al  hombre;  Yo    la indignación que esta afirmación ha de despertar, pero no puedo hacer otra cosa que remitirme a una investigación concienzuda que espero esté suficientemente madura en no lejana fecha como para ser presentada al público. Ver: Lacrisissexual,Buenos Aires.)

60 [1934]  La  concepción  según  la  cual  el  psicoanálisis  no  podrá  desplegar toda  su fuerza social hasta después de haberse realizado la revolución fue una concesión un poco miope al marxismo economicista ultraizquierdista. Las experiencias en Alemania y especialmente la rápida reacción de la juventud de todos los círculos a los primeros ensayos político-sexuales de politizar la vida privada nos enseñaron que la flexibilización psicosocial de las contradicciones entre las necesidades sexuales y las inhibiciones morales puede convertirse en una importante palanca, central desde el punto de vista político-cultural, del trabajo revolucionario. Cf.  la  exposición  de la problemática político-sexual en Massenpsychologie desFaschismus.

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1] En la investigación de la prehistoria como ciencia auxiliar dentro del marco del materialismo histórico. La prehistoria condensada en los mitos, hábitos folclóricos y costumbres de los pueblos primitivos que actualmente existen no es objeto de la metodología social marxista. Pero esta labor sólo podrá realizarse cuando la formación sociológica y económica  del  analista  sea muy  profunda  y se  hayan  abandonado  las concepciones individualista e idealista del desarrollo social.

2] En el campo de la higiene mental, que sólo puede desarrollarse sobre la base de una economía socialista. Sobre la base de una sociedad económicamente ordenada también se puede realizar una economía de la libido en la economía psíquica, lo cual es imposible para las masas en las formas de vida burguesas y sólo puede alcanzarlo uno que otro individuo. Sólo en estas condiciones la terapia individual de las neurosis encuentra un campo de acción adecuado.61

3] En el campo de la educación como base psicológica de la educación socialista. En este campo el psicoanálisis será indispensable, dados sus conocimientos del desarrollo psicológico del niño. Dentro de la sociedad burguesa como ciencia auxiliar de la pedagogía, el psicoanálisis estácondenado a la esterilidad, o peor aún, ya que el objeto de la educación en  esta  sociedad  es  educar  en  su  beneficio;  y como  educar  para  otra sociedad es una ilusión, la pedagogía psicoanalítica, antes de la revolución social, sólo se puede utilizar en beneficio de la sociedad burguesa. Los pedagogos psicoanalíticos que intentan cambiar esta sociedad  desde  dentro  experimentarán  lo  que  el  sacerdote  que  fue  a convertir a un moribundo agente de seguros, y que sólo consiguió salir asegurado  él  mismo.  La  sociedad  es  más  poderosa  que  los  esfuerzos de algunos de sus miembros

 

 

 

 

 

 

 

 

 

61 [1934] La investigación de la formación de estructuras caracterológicas humanas ha adquirido una importancia cada vez mayor en los últimos años. Sin ella es imposible una elaboración científica seria de la profilaxis de las neurosis, una planeación de la fuerza productiva de las fuerzas de trabajo y un control consciente del enraizamiento caracterológico del sistema económico socialista.

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SOBRE LA APLICACIÓN DEL PSICOANÁLISIS EN LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

Investigar la formación de la estructura psíquica es el objeto de la psicología científico-  natural.  Sólo una psicología que disponga de una metodología adecuada para captar y presentar la dinámica y la economía de los procesos psicológicos puede cumplir esta tarea. En mi trabajo acerca de la relación entre el psicoanálisis y el materialismo dialéctico62 he tratado de comprobar que el psicoanálisis es el núcleo a partir del cual hay que desarrollar una psicología dialéctico-materialista. Como la Weltanschauung  burguesa de los científicos da origen a deformaciones y puntos de vista falsos dentro de sus disciplinas, es necesario hacer al principio de cada ensayo de psicología dialéctico- materialista una crítica metodológica. A este respecto rechacé allí la posibilidad  de  que  el  psicoanálisis  desarrolle  una  sociología,  dado  que el método de la psicología, aplicado a los hechos de los procesos sociales, conducirá inevitablemente a resultados metafísicos e idealistas y, de hecho, ya ha conducido a ellos. Esta posición ya me había atraído duros ataques por parte de los psicoanalistas que ejercen cierta“sociología silvestre”. Tan seguro estaba yo entonces de que no se puede aplicar un método psicológico a los problemas sociales, como seguro estaba, por otro lado, de que la sociología no puede renunciar a la psicología cuando se enfrenta a las cuestiones de la llamada“actividad subjetiva” del hombre y de la formación de ideologías. Cuando finalmente encontré una fórmula provisional que intentaba situar al psicoanálisis dentro de la sociología, me atacó Sapir63 diciendo que yo mismo me contradecía. Y como yo negaba la aplicación del psicoanálisis a la sociología, a tiempo que trataba de encontrarle un lugar determinado, no fue difícil hacerme tal ataque. Mis críticos están en una situación más favorable que yo: unos continúan usando despreocupadamente su “sociología psicoanalítica”, que alcanzó el éxito finalmente hace poco tiempo con la tesis de que la existencia de la policía  se  explica  por  la  necesidad  que  tienen  las  masas  de  castigo;64

otros  se  deshacen   del  difícil  problema  mostrándose   indispuestos   a

62 Ver el ensayo anterior.

63  Sapir, “Freudismus, Soziologie, Psychologie”, UnterdemBannerdesMarxismus,1929. 64  S. Laforgue, “Psychoanalyse der Politik” (en PsychoanalytischeBewegung,1931). Este trabajo ya había  sido  criticado  por  Fenichel desde el  punto de  vista metodológico  y de contenido (PsychoanalytischeBewegung, 1932).

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someterse  las  dificultades  de  resolver  los  problemas  con  la  tesis  de que  el  psicoanálisis  es  una disciplina  “idealista”  y de  que  es  mejor  no

ocuparse de todo ello. Algunos críticos, como Sapir, cayeron en contradicciones cuando tuvieron que admitir que el psicoanálisis ha hecho una serie de aportaciones fundamentales, como haber formulado la mejor teoría de la sexualidad, el descubrimiento del inconsciente y la represión y con ello del proceso psíquico, etc. Cuando les preguntécómo  era  posible  que  una  disciplina idealista pudiera  haber  realizado descubrimientos tan importantes, no sabían qué contestarme.

La  actual discusión  acerca  del  significado sociológico del  psicoanálisis se  caracteriza por  la  confrontación de  dos  opiniones:  la  que  sostiene que el psicoanálisis como psicología individualista no puede explicar los fenómenos sociales, y la otra, que no sólo sostiene que el psicoanálisis es psicología individual sino también social, y que, en consecuencia, es aplicable a los fenómenos sociales. Hay que agregar que se ha tratado de una discusión puramente verbal,  ya que no se ha hecho el intento de comprobar las afirmaciones sobre la base de hechos reales. Cuando rechacé en 1920 la aplicación del método psicoanalítico al estudio de la sociedad, me  basé  en  las  aplicaciones que  hasta entonces se  habían hecho del método psicoanalítico en la sociología por parte del psico- análisis, que contradecían estrictamente las aplicaciones marxistas y demostraron ser falsas. Era obvio que el psicoanálisis tenía  importancia para  la  sociología,  sólo  que  el  problema  era  cómo  evitar  los  absurdos que se habían visto hasta entonces y determinar el camino a tomar para recoger tesoros hasta entonces inaccesibles, pero ya a la vista. Yo había rechazado en el Bannerla aplicación del método psicoanalítico en la sociología, pero al mismo tiempo había propuesto una aplicación tentativa que dio pábulo para que Sapir me acusara de inconsecuente. Escribí:

“Estas consideraciones permiten suponer que el psicoanálisis, gracias a su método de encontrar las raíces instintivas de la actividad  social  del  individuo  y gracias  a su  teoría  dialéctica  de los instintos, está llamado a explicar en detalle los efectos psíquicos de las relaciones de producción en el individuo, es decir, la formación de las ideologías “en el cerebro humano”. Entre los dos puntos finales, estructura económica de la sociedad y superestructura ideológica, cuya relación causal ha captado en general la concepción materialista de la historia, la concepción

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psicoanalítica de la psicología del hombre socializado introduce una serie de eslabones intermedios. Esta concepción puede demostrar que la estructura económica de la sociedad no se traduce inmediatamente“enel cerebro del hombre” en ideologías, ya que la forma en que se manifiesta la necesidad de alimentarse, que depende en cada caso de las condiciones económicas, influye  sobre  las  funciones,  mucho  más  plásticas,  de  la  energía sexual modificándolas y que esta acción social sobre las necesidades sexuales mediante la restricción de sus objetivos traslada al proceso social del trabajo nuevas fuerzas productivas en forma de libido  sublimada.  Y esto,  en parte directamente en forma de fuerza de trabajo, en parte indirectamente en forma de productos más altamente desarrollados de sublimación sexual, como por ejemplo la religión, la moral en general y la moral sexual  en  especial,  la  ciencia,  etc.;  esto  implica  una  integración racional del psicoanálisis en la concepción materialista de la historia en un determinado punto, el que le corresponde: allídonde comienzan los problemas psicológicos englobados en la proposición de Marx según la cual las condiciones materiales de existencia se transforman en ideas en el cerebro humano. El proceso libidinal en la evolución social es, por consiguiente, secundario, y depende de ella, aun cuando intervenga en ella decisivamente en la medida en que la libido sublimada como fuerza de trabajo se convierte en fuerza productiva.65

Actualmente  hubiera  podido  formular  las  cosas  con  mayor  claridad,  y no habría presentado la religión y la moral como sublimación de instintos.  Entonces vi simplemente hechos  que hoy  comprendo  mejor, por ejemplo, la estructura psicológica de una obrera cristiana afiliada al fascismo o a los partidos del centro, a la que ningún esfuerzo persuasivo puede disuadir de su dirección política, estructura política que tiene que ser de una índole muy especial y que se distingue de la estructura psíquica de una obrera comunista. Actualmente comprendería mejor que su dependencia material y autoritaria respecto a sus padres en su niñez y juventud y a su esposo en su vida adulta la obligó a reprimir sus deseos sexuales, lo cual la hizo caer en una ansiedad caracterológica fácil de comprobar y en una aversión sexual que la incapacitó para comprender la reivindicación comunista de la auto-


65 UnterdanBannerdesMarxismus, p. 763.

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determinación de la mujer; asimismo comprendería mejor que una represión sexual que excede cierto límite o que se originó de cierto modo, la liga estrechamente a la Iglesia y al orden burgués y la incapacita para la crítica.  La significación de este problema no sólo se desprende  del  hecho  de  que  haya  millones  de  mujeres  semejantes  aésa, sino también del hecho ineludible de que tal mentalidad no deriva de  un  “atontamiento”  u “ofuscamiento”,  sino  de  una  alteración  básica de la estructura caracterológica humana en el sentido del orden prevaleciente. Frente a la importancia práctica de esta y otras cuestiones semejantes de la psicología de las masas, no pude acceder a la presión de  mis  amigos  marxistas  para  que  respondiera  inmediatamente  en  el plano  teórico  a la  crítica  de  Sapir.  Las  discusiones  teóricas66 se  hacen infructuosas  si  no  se  las  hace  descansar  sobre  cuestiones  concretas  y prácticas. Para percatarse de la importancia del psicoanálisis dentro de la lucha de clases es necesario confrontarlo con las diferentes cuestiones del movimiento político. De hecho, este camino probó ser el más fructífero,  tanto  respecto  a la  crítica  de  las  teorías  metafísicas  dentro del psicoanálisis como para la ubicación teórica del psicoanálisis dentro de la investigación marxista de la historia.67

Esta  ubicación  debe  hacerse  partiendo  de  un  claro  reconocimiento  de que las cuestiones sociológicas no pueden abordarse a través del método psicológico. Pero, al mismo tiempo, el psicoanálisis puede abrir plenamente la posibilidad de hacer más fructífera la investigación marxista de  la historia  y de  la política  incluyendo  sus descubrimientos (no su método)  en ciertos  campos, por  ejemplo en el de la formación de las ideologías, el efecto retroactivo de las ideologías, etc. Esto impide al psicólogo sin formación sociológica el camino hacia la sociología y lo obliga a apropiarse el método de investigación histórica. Al mismo tiempo obliga al economista a reconocer su contradicción cuando habla de conciencia de clase.

De manera que si ahora algunos psicoanalistas me dicen que he atenuado mi riguroso punto de vista sobre la exclusión del psicoanálisis en la investigación sociológica, dado que yo mismo abordo los fenómenos de  masas  con  “puntos  de  vista”  psicoanalíticos,  debo  pedirles  que  se cercioren de que eso no es así, leyendo mi trabajo de 1929, donde dije:

66 Véase al respecto MassenpsychologiedesFaschismus, Verlag für Sexualpolitik, 1933.

67 Mientras tanto, según he oído, a Sapir ya no se le considera competente en la Unión Soviética por ser discípulo de Deborin y, por lo mismo, idealista.

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“Elobjeto propio del psicoanálisis es la vida psíquica del hombre socializado.  La  vida  psíquica  de  las  masas  sólo  le  concierne  en tanto aparecen fenómenos individuales en ella (por ejemplo el problema del líder) y le conciernen además fenómenos del “alma colectiva”, como el miedo, el pánico, la obediencia, etc., en tanto pueda explicarlos por sus experiencias con individuos. Pero parece que difícilmente le sea accesible el fenómeno de la conciencia de clase. Problemas como el del movimiento de masas, de la política, la huelga, que son objeto de la sociología, no pueden ser objeto de su método. Consecuentemente, no puede sustituir a la sociología ni puede desarrollar por mismo una sociología.

Por lo expuesto hasta ahora, puede observarse que estas consideraciones han resistido totalmente la prueba y sólo ha sido necesario darles mayor  precisión.  Sigue  en  pie  el  planteamiento  de  que  no  es  posible abordar psicológicamente los fenómenos sociales, es decir, que no pueden ser objeto del método psicoanalítico. El problema de la conciencia de clase no se había esclarecido todavía y por eso decía“parece como si...” Pero ahora ya se pueden hacer formulaciones más precisas.

A través de un mayor número de experiencias se ha demostrado lo que en el trabajo publicado en el Bannersólo fue esbozado, a saber, que el primer requisito para captar psicológicamente el problema de la conciencia de clase es hacer la sutil diferenciación entre su aspecto

objetivo y su aspecto subjetivo. Además, ha quedado demostrado que los elementos positivos y las fuerzas motrices de la conciencia de clase no son interpretables psicoanalíticamente, en tanto que los impedimentos para  su  desarrollo  sólo  se  pueden  entender  psicológicamente,  porque tienen su origen en fuentes irracionales.

Mis  críticos  son  y han  sido  muchas  veces  precipitados  en  sus  juicios, pero cuando la ciencia pisa un campo nuevo primero tiene que hacer a un lado muchas viejas concepciones a fin de enfocar las cosas bajo un nuevo  ángulo  sin  valerse  de  las  premisas  anteriores.  Seguramente  al principio se presentará o formulará uno u otro punto erróneamente. Para desarrollar una psicología marxista correcta tenía que acabarse primero con la aplicación de la técnica interpretativa psicoanalítica en el campo sociológico; sólo después de esto se pudo determinar qué tanto contenido  racional  y cuánto  de irracional  incluye la problemática  de la

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conciencia de clase, es decir, la importancia  que se puede conceder a la  interpretación  psicoanalítica de  los  fenómenos  irracionales.  Porque, por  ejemplo,  si  interpreto  la  voluntad  revolucionaria  como  rebelión  en contra del padre y esto en todos los casos, aun en la esfera sociológica, caigo inconscientemente en la ideología de la política reaccionaría; pero en cambio, si investigo concretamente la medida en que la voluntad revolucionaria corresponde a una situación racional y la medida en que es irracional la falta de tal voluntad, es decir, cuando la voluntad revolucionaria corresponde realmente a una rebelión inconsciente en contra del padre, etc., entonces llevo adabsurdumla ciencia burguesa pretendidamente “libre de prejuicios” y realizo una labor auténticamente científica,  prestando  de este modo  un servicio al movimiento obrero y ya no a la reacción; porque la ciencia marxista no es otra cosa que el descubrimiento insobornable de la realidad.

Tener  claridad  sobre  la  metodología  para  poder  situar  el  psicoanálisis dentro  de  la  investigación  histórica  es  de  importancia  decisiva  para  el resultado de cualquier investigación. Por eso es importante ocuparse más de la crítica que hizo Fromm a mi formulación antes citada en“Materialismo dialéctico y psicoanálisis”. Fromm dice en Sobre el métodoylastareasdeunapsicologíasocial:68

“Hay  que  hacer  un  esfuerzo por  encontrar, con  los  medios  del psicoanálisis, el sentido secreto y profundo de las formas de comportamiento que son obviamente irracionales y que se manifiestan en la religión, en las costumbres de los pueblos y en la política y la educación... Si [el psicoanálisis] ha encontrado la clave para la comprensión del comportamiento humano en la vida instintiva y en el inconsciente, entonces también debe de estar autorizado y ser capaz de decirnos algo esencial sobre los motivos ocultos del comportamiento social. Porque“lasociedad”está integrada por diversos individuos que no pueden estar sujetos a otras leyes psicológicas que no sean las que ha descubierto  el  psicoanálisis  en  el  individuo.  Por  eso  nos  parece erróneo limitar –como lo hace W. Reich– el psicoanálisis al campo de la psicología individual y negarle, en principio, su utilidad para el  estudio  de  los  fenómenos sociales, tales  como la política, la conciencia de clase, etc. Que la sociología tenga como objeto el estudio de determinados fenómenos no significa de ninguna

68 ZeitschriftfürSozialforschung, cuaderno 1/2, 1932.

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manera que  éstos  no  puedan  ser  objeto  del  psicoanálisis  (de  la misma manera que es erróneo suponer que un objeto que se investiga desde el punto de vista de la física no pueda investigarse desde el punto de vista de la química), sino simple- mente significa que los fenómenos sociales, en tanto tengan aspectos psíquicos, son objeto de la psicología, especialmente de la psicología social, que debe establecer las motivaciones y funciones sociales de los fenómenos psíquicos.”

Pero,  desgraciadamente,  Fromm  citó  mi  exclusión,  pero  no  mis  claras afirmaciones en relación con el papel que puede y debe desempeñar el psicoanálisis dentro de la investigación sociológica, a saber, demostrar de qué manera lo material se convierte en ideal en el cerebro del hombre. Es claro que solamente el psicoanálisis puede explicar los patrones irracionales de comportamiento tales como los comporta- mientos religiosos y místicos de toda clase, ya que sólo él puede investigar las reacciones instintivas del subconsciente y esto solamente puede hacerlo de una manera correcta cuando no “toma en consideración” simplemente los factores económicos, sino cuando tiene en cuenta claramente que las mismas estructuras inconscientes que reaccionan de la mencionada forma irracional son resultado de procesos históricos socioeconómicos; de manera que no se pueden

oponer en modo alguno los mecanismos inconscientes a los mecanismos económicos, sino que deben considerarse como las fuerzas que median entre la existencia social y la forma humana de reaccionar. Cuando Fromm  afirma  que  el  psicoanálisis  puede  aportar  algo  esencial  acerca de las “motivaciones ocultas” del comportamiento “social” porque ia sociedad está integrada por diversos individuos, incurre en una imprecisión tal que sólo sirve para abrir las puertas a los mismos abusos de la psicología que trata de combatir. Mientras por“comportamiento social” se entienda el  comportamiento del individuo en la vida social,  no tiene sentido  oponer  comportamiento  personal al comportamiento social, porque entonces sólo existe el comportamiento social. También el comportamiento durante el sueño diurno es comportamiento social, condicionado tanto por hechos sociales como por relaciones objetuales fantaseadas. Para arrojar luz a este respecto–esperamos que de una vez por todas– tenemos que ampliar la crítica que Fromm  hace a la sociología psicoanalítica  oficial.  No se  trata  aquíde sutilezas sino de asuntos bastante gruesos. Hay numerosos


 

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comportamientos sociales del hombre en que la mediación antes descrita de mecanismos instintivos inconscientes (mediación que es tan decisiva en otros fenómenos) en la acción humana apenas desempeña algún papel. Pero lo importante es que el comportamiento, por ejemplo, del pequeño depositario en caso de la quiebra de un banco o de la rebelión de los campesinos en el caso de una caída en los precios de los cereales no pueden explicarse por motivos libidinosos o atribuirse a la rebelión en contra del padre. Asimismo es importante percatarse  de  que,  en  tales  casos,  la  psicología  sólo  puede  hablar  de los efectos  que se producen  sobre  el  comportamiento,  pero  no  puede decir nada acerca de sus causas ni sus motivaciones ocultas. Y es que el capitalismo no se explica por la estructura sádico-anal del hombre; yésta debe explicarse, en cambio, a través del orden sexual del patriarcado. Y la sociedad no consta simplemente de diversos individuos (lo que sería una colección), sino de una multiplicidad de individuos cuyas vidas y pensamientos están determinados justamente por relaciones de producción que son completamente independientes de su voluntad y de sus instintos y que, sin embargo, los afectan de tal manera que las relaciones de producción los modifican en los aspectos decisivos, por ejemplo la reproducción ideológica y estructural del sistema económico que trataremos después, precisamente la estructura de los instintos. Entonces, si decimos que podemos aclarar fondos, entonces es importante asentar precisamente cuáles. Y esto es lo fundamental; lo que realmente nos distingue de las corrientes, combatidas por nosotros, de la “psicología social”, es que establecemos claramente  cuáles  son  los  límites  y las  dependencias  de  la  psicología; que  somos conscientes de que sólo  podemos  esclarecer los eslabones mediadores entre la base social y la superestructura, es decir, el“metabolismo” que se lleva a cabo, entre la naturaleza y el hombre, en su representación psíquica. El hecho de que de esta manera logremos explicar el efecto retroactivo que la ideología ejerce sobre la base a través de las relaciones de producción devenidas estructura caractero- lógica es un avance secundario de importancia decisiva. ¿Por quéreviste tanta importancia este deslinde preciso? Porque es aquí donde reside la línea limítrofe entre la aplicación idealista y la materialista- dialéctica  de  la  psicología  en  el  campo  social.  Los  frutos  que  promete esta  aplicación  justifican  las investigaciones  más  laboriosas  y concien- zudas, ya que no podemos afirmar nada acerca de los motivos profundos  del  comportamiento  humano,  cuyo  origen  es  extrapsíquico,

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ni acerca de las leyes económicas que determinan el proceso social, ni acerca de las funciones fisiológicas que rigen el aparato de los instintos, sin perdernos en consideraciones metafísicas.

En otro punto ligado íntimamente a esta diferenciación, difiero tanto de Fromm como de otros colegas que combaten mis concepciones. Fromm sostiene que es errónea mi posición que niega la aplicación del método psicoanalítico a fenómenos sociales, tales como las huelgas, etc. Por la parte marxista, en tono amistoso también, se me ha dicho que el método psicoanalítico sí puede aplicarse a los fenómenos sociales, dado que, en sus rasgos fundamentales, es un método materialista-dialéctico. Fromm mismo opina que he cambiado mis puntos de vista de “manera afortunada” en mis trabajos sociológico-empíricos. Pero no es así; tanto ahora como antes evito aplicar el método psicoanalítico a los fenómenos  debido  al  siguiente  motivo,  que  ahora  puedo  formular  por primera  vez  con precisión. Sí,  es  cierto que  aplicamos el  método del materialismo dialéctico al investigar fenómenos sociales, y es cierto que el psicoanálisis es un método materialista-dialéctico de investigación; entonces, razonaría el lógico abstracto, el método psicoanalítico tendráque ser, “por lógica”, aplicable a los fenómenos sociales sin crear confusión  ninguna.  Pero  mis  colegas,  sin  querer,  son  víctimas  de  una manera de pensar abstracta idealista-lógica. Tienen razón según las leyes de la lógica abstracta, pero según las leyes de la dialéctica se equivocan seriamente. ¿Escolasticismo? No, sino que se trata de un hecho sumamente simple: efectivamente, el método materialista- dialéctico es un método unitario, cualquiera que sea el objeto al que lo apliquemos: el principio de la unidad de los contrarios, de la transformación de la cantidad en calidad, etc., son siempre válidos. Pero, sin embargo, la dialéctica materialista es una en la química, otra en  la  sociología  y otra  distinta  en  la  psicología.  Porque  el  método  de investigación  no flota en el aire sino  que, en su naturaleza  específica, está determinado por el objeto al que se aplica.  Es precisamente aquídonde se muestra la justeza del principio de la unidad entre el pensamiento y la realidad, y por eso no pueden permutarse la dialéctica materialista propia del método sociológico con la que es propia al método psicológico. Quien sostiene que los problemas sociológicos pueden resolverse utilizando el método psicoanalítico también podría sostener, por ejemplo, que es posible explicar el capitalismo por medio del análisis químico. Sería la misma argumen-


 

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tación que se hiciera al pretender que el método psicoanalítico es aplicable a los fenómenos sociales; ya que, indudablemente, el proceso social tiene tanto de material como de humano. De manera que, si se puede  investigar  simplemente  psicológicamente,  ¿por  qué  no  también químicamente? En  este  ejemplo pudo  notarse hasta dónde llevaría  el punto de vista de Fromm si se desarrollara consecuentemente. Fromm se equivoca cuando sostiene que los psicoanalistas han llegado a resultados erróneos en el campo sociológico debido a que se apartaron del método analítico. No, los psicoanalistas eran totalmente consecuentes en la aplicación del método de la interpretación de contenidos psíquicos significativos cuando afirmaban que los fenómenos psíquicos se reducen a mecanismos instintivos inconscientes, incluyendo entre aquéllos fenómenos sociales tales como la organización capitalista o la

organización monogámica. Y precisamente por eso se  equivocaban, ya que la sociedad no tiene psique, ni subconsciente, ni instintos, ni superyó, como  supone  Freud  en El malestar en la cultura. Los  datos reales a los que está ligada la aplicación específica de la dialéctica materialista se transfirieron a procesos de otra índole, donde

objetivamente  no  son  aplicables  y el  resultado  fue  absurdo.  Tampoco es cierto, como supone Fromm, que un objeto puede ser investigado a la vez química y físicamente. La física no puede determinar la composición química, y la química no puede determinar la velocidad de la caída; son dos métodos diferentes, ambos materialista-dialécticos, con los que se investigan diferentes funciones o propiedades de un mismo objeto. Lo mismo ocurre con la sociología. Tratar de explicar un mismo hecho de manera psicológica y socioeconómica es labor que sólo realizan ciertos malabaristas de la ciencia bien conocidos. Se trata de un eclecticismo de la peor clase. Investigar las diferentes funciones del mismo fenómeno con sus respectivos métodos y reconocer en este proceso las relaciones y dependencias mutuas es aplicar el materialismo dialéctico. Por consiguiente, si Fromm sostiene que la psicología social investiga “las motivaciones sociales profundas y las funciones del fenómeno psíquico”, está equivocado. Un ejemplo: la motivación social profunda y la  función  de  la  religión,  de  la moral,  etc., son  funciones socioeconómicas de una relación de clase, de la relación de producción

obrero-capitalista;  esto  está  determinado  por  la  propiedad  privada  de los medios de producción, por la diferenciación entre el valor de uso y valor de cambio de la mercancía fuerza de trabajo, es decir, por categorías  sociológicas. Esta relación de producción se arraiga, debido

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las medidas económicas coercitivas de la clase dominante, en las estructuras psíquicas de los miembros de la sociedad, especialmente de la clase dominada, modificando su estructura con la ayuda de instituciones especiales, tales como la familia primero, luego la escuela, la Iglesia, etc., moldeando una formación reactiva, que las hace reaccionar crónicamente de manera típica. Así, nos enfrentamos con un fenómeno socio-psicológico que se asemeja a la relación padre-hijo en su ambivalencia: sumisión más rebelión ante una autoridad, que se basa,  en  primer  lugar,  en  la  relación  económica  y,  en  segundo  lugar, en  la actitud  afectiva  irracional.  Según la opinión  psicoanalítica  oficial, esta relación emocional es la que crea la relación padre-hijo, es decir, el fenómeno de la relación autoritaria entre, por ejemplo, capitalista y

obrero,  cuando  que,  en  realidad,  esta  relación  autoritaria  existe,  ante todo,  debido  a la  relación  de  clase  y no  a la  emocional.  La  utilización del  método  socio-económico  conduce  al  descubrimiento  de  la  relación de  clase.  La  investigación  con  los  medios  del  psicoanálisis  conduce  al descubrimiento de su derivado, es decir, no a la explicación de las funciones sociales sino sólo a la de sus conexiones psíquicas. Si se procede de manera inversa y se trata esta relación entre diferentes individuos de dos clases como dos instancias psíquicas de un solo individuo,  se  tiene  que  concluir  –sin  ser  necesariamente  un  individuo malvado– lo que una vez exteriorizó frente a un prominente psicoanalista: que la burguesía es el superyó del proletariado, el proletariado el ello del organismo social, y la burguesía sólo cumple la función  del  superyó,  que  es  la de  mantener  controlado el  ello.  Estoy convencido de que Laforgue es un buen hombre, pero, a partir de esto, tuvo que llegar necesariamente a la conclusión de que la policía se explica por la necesidad de castigo que experimentan las masas, debido a que investiga psicológicamente la policía como institución social y no su psicología ni su acción sobre los dominados.

En diversos trabajos empírico-sociológicos he utilizado los resultados psicoanalíticos en la sociología, sin hacer hincapié en la cuestión del método empleado. Quiero aclarar esto ahora con un ejemplo:

La huelga es un fenómeno sociológico de la fase capitalista del desarrollo social. La sociología marxista investiga los procesos que conducen a una huelga, investigando, por ejemplo, la relación de producción entre obrero y capitalista,  la ley de la economía capitalista según la cual el dueño de los medios de producción compra y utiliza la

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fuerza de trabajo como cualquier otra mercancía. La sociología  marxista descubre otras leyes económicas según las cuales la competencia entre los  empresarios  les  obliga  a reducir  los  salarios  para  incrementar  sus ganancias, etc. Pero la huelga se lleva a cabo por la voluntad y la conciencia del trabajador, en otras palabras, el hecho sociológico se expresa psicológicamente de una manera determinada. Por eso la psicología puede intervenir aquí, pero el problema es determinar de qué  modo,  porque  de  eso  depende  lo  que  ella  puede  decir.  Ahora  se comprende inmediatamente por qué el psicoanálisis del inconsciente de uno o varios obreros huelguistas no puede decir nada respecto a la huelga como fenómeno social o respecto a sus “motivaciones ocultas”; es más, ni siquiera respecto a los motivos que condujeron a los obreros a participar  en la huelga. Aunque captemos lo que es común a dichos

obreros, es decir, aunque apliquemos la psicología social, no podemos decir nada acerca de las causas de las huelgas, en otras palabras, tampoco la psicología social explica la huelga. Y es que el descubrimiento de los conflictos infantiles de los obreros con sus padres o madres no tiene  ninguna  relación  con  su  huelga  actual,  sino  únicamente–yesto debemos recordarlo bien– con la realidad histórico-económica (la estructura capitalista o de empresa privada, según sea el caso) donde se originan tanto las huelgas como los conocidos conflictos entre padres  e hijos.  Pero  si  a pesar  de  todo se  intenta  esa  aplicación del análisis  del  obrero  a fin  de  explicar  el  fenómeno  “huelga”,  necesaria- mente se llega a la conclusión de que la huelga es una rebelión en contra  del  padre.  Pero  se  ignora  el  hecho  de  que  se  han  considerado equivalentes “huelga” y “comportamiento psíquico”. Y hacer esta diferencia es decisivo, porque se le ignora por falta de claridad psicológica o por motivos reaccionarios conscientes o inconscientes, pues la interpretación sociológica conduce a conclusiones diferentes a las de la  interpretación  psicológica;  aquélla conduce  al  reconocimiento  de las leyes que rigen la sociedad dividida en clases, ésta a su encubrimiento.

La  huelga  puede  estar  ligada  al  trabajo  psíquico  del  inconsciente,  por ejemplo bajo la forma de un sueño, donde la huelga aparece como resto  diurno;  sorprendentemente,  estos fenómenos son mucho  menos frecuentes que los que tienen un origen sexual. Pero explicar la huelga de este modo conduce a los mismos resultados del psicoanalista oficial de la cultura, Roheim: a hacer afirmaciones acerca de las culturas primitivas basándose en los sueños de los primitivos, en vez de explicar

 

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el contenido conflictivo de los sueños basándose en las culturas primitivas.

De manera que por medio de la psicología podemos comprender el comportamiento del obrero en la huelga, pero no la huelga misma. En la medida en que el comportamiento del obrero influye en el desenlace de la huelga, “intervienen factores psíquicos”. Pero la cosa es diferente cuando existe una situación socioeconómica que debía originar una huelga y no fue así. En este caso fracasa la investigación socioeconómica que es incapaz de  encontrar  una relación  histórico-económica,  porque entonces interviene un tercer factor en el desarrollo del proceso sociológico. Este tercer factor es de índole psicológica (o sea, un hecho socio-psicológico o psicológico de masas), por ejemplo, falta de confianza en los promotores de la huelga por parte de los obreros, es decir, falta de confianza en la dirección; subordinación a dirigentes sindicales reformistas, saboteadores de la huelga o temor ante el empresario.  En otros  casos,  el miedo  a las  dificultades  materiales que

origina la huelga puede ser decisivo. Pero esta actitud, que obviamente tiene un impacto decisivo en el desarrollo de la lucha de clases, tampoco es, en sí, inmediatamente psicológica, sino que se puede explicar sociológicamente. Porque la misma subordinación a un dirigente sindical reformista es resultado de una relación determinada, una relación, al fin y al cabo, sociológica: en un caso puede ser el motivo superficial  del  miedo  ante  el  despido, en  otro, un  miedo  más profundo, el miedo a rebelarse en contra de la autoridad, originada en la liga infantil con el padre. ¿Pero dónde proviene la liga con el padre y el miedo ante la autoridad? Una vez más, de la situación familiar  que  está  determinada  socioeconómicamente.  De  modo  que  la aplicación de la psicología siempre tiene por objeto el conocimiento de los eslabones más o menos numerosos que existen entre el proceso económico  y la  acción  que  desarrolla  el  hombre  dentro  de  él.  Cuanto más racional es el comportamiento, tanto más estrecho es el campo de acción de la psicología del inconsciente; y cuanto más irracional es, tanto más amplio y mayor ayuda requiere la sociología de la psicología. Esto es particularmente cierto para el comportamiento de las clases

oprimidas durante la lucha de clases.


 

 

 

 

 

 

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Que un obrero industrial o el conjunto de los obreros industriales aspiren a hacer corresponder la forma de apropiación con la forma de producción no requiere ninguna otra observación que la de que de esa manera simplemente obedecen al principio de placer y displacer.

Pero que amplias capas de la clase oprimida acepten e incluso apoyen en  una  u otra  forma  la  explotación  sólo  puede  comprenderse  directa- mente desde un punto de vista psicológico, y sólo indirecta y mediata- mente  desde  el  punto  de  vista  sociológico.  La  circunstancia  de  que  la sociología analítica hasta la fecha haya procedido de manera inversa al explicar la rebelión psicológicamente y considerar, en cambio, la

obediencia como algo normal que no requiere explicación, es producto de su concepción del principio de realidad según el cual, en el individuo adulto, la adaptación a las exigencias de la realidad sustituye al principio del placer. Pero no sólo la ley capitalista de la explotación forma parte de la realidad, sino también la autoconciencia de cada uno, que es una conciencia dolorosa y que por eso tiene como resultado la no-adaptación. La opinión oficial declara y estigmatiza la no-adaptación como comportamiento infantil e irracional. Éste es un ejemplo de enfrentamiento  entre Weltanschauung y Weltansehauung y por  cierto que nosotros no negamos nuestra posición política como lo hacen nuestros enemigos. Pero queremos subrayar que la diferencia entre estas posiciones políticas reside en que una explica psicológicamente lo que debe explicarse socio-económicamente e ignora lo que debería explicar, a saber, los obstáculos que se oponen al desarrollo de los procesos sociológicos y con ello, en ambos casos, se aparta de la realidad.  La  otra  posición  no  excluye  ningún  elemento  del  ámbito  del conocimiento humano; su interés es justamente lo opuesto: colocar todo dentro del campo de la ciencia y llegar, basándose en la aplicación del método del materialista dialéctico en todos los dominios a una Weltanschauungcientífica y, de esta forma, hacer superflua la filosofía en tanto ciencia de lo desconocido.

En resumen, la aplicación consciente o inconsciente del materialismo dialéctico  en el campo  de la psicología  produce  los  mismos resultados que el psicoanálisis clínico, y la aplicación de estos resultados a la sociología y a la política desemboca en una psicología social marxista, en tanto que la aplicación del método psicoanalítico a los problemas de la sociología y la política se traduce  necesariamente en una sociología metafísica psicologizante y, además de esto, reaccionaria.



FIN

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