© Libro N° 14357. Psicoanálisis, Feminismo Y Marxismo. Langer, Marie. Emancipación. Octubre 11 de 2025
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PSICOANÁLISIS, FEMINISMO
Marie Langer
Psicoanálisis,
Feminismo
Y Marxismo
Marie Langer
Marie Langer
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Libro 277
Imagen de tapa:
mural “La educación” Miguel Alandia Pantoja La Paz, Bolivia.1960
Marie Langer
Colecció́n
SOCIALISMO y
LIBERTAD
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
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La red mundial de
los hijos de la revolució́n social
Marie Langer
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO
Y MARXISMO
* FREUD Y LA SOCIOLOGÍA
* RELACIÓN ENTRE LO COGNITIVO
Y LO AFECTIVO
* LA MUJER, LA LOCURA Y LA
SOCIEDAD
* CODA AL TEMA DE LA MUJER
* FEMINISMO Y SEXUALIDAD
* PLANIFICACIÓN FAMILIAR E
IMPERIALISMO
* PSICOANÁLISIS, LUCHA DE
CLASES Y SALUD MENTAL
* LA MUJER: SUS LIMITACIONES Y
POTENCIALIDADES
* PATOLOGÍA FEMENINA Y
CONDICIONES DE VIDA
* ACERCA DEL “SOCIALISMO Y EL
HOMBRE EN CUBA” DE ERNESTO CHE GUEVARA
* LA INSTITUCIÓN
PSICOANALÍTICA
* ANÁLISIS GRUPAL
INSTITUCIONAL EN LA CLASE OBRERA
* LA VEJEZ, MI VEJEZ
* LO QUE EL GRUPO ME DIO
* UN POCO DE MEMORIA Y DE
HISTORIA...
* PSICOANÁLISIS Y/O REVOLUCIÓN
SOCIAL
* TERRORISMO DE ESTADO.
EFECTOS PSICOLÓGICOS EN LOS NIÑOS
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
FREUD Y LA
SOCIOLOGÍA
Tengo el honor de
hablarles hoy –en el día que corresponde al centenario del nacimiento de Freud–
de él y su influencia sobre la sociología.1 Me decidí a hablarles de
sociología, aunque no soy socióloga y como hubiera podido elegir como tema la
influencia que los descubrimientos de Freud han tenido sobre la antropología,
la pedagogía, el estudio y la comprensión de las religiones o cualquier otra
disciplina, cuyo objeto de estudio primordial es el hombre y su forma de ser.
Elegí el tema de sociología por varias causas. Lo que sé, donde me siento en
casa, sería el tema de Freud y el análisis. Pero no se puede hablar de Freud y
el análisis en una breve conferencia. Del análisis hablamos aquí, en este
local, siempre, desde años y siempre nos quedará mucho que hablar. Y también
hoy, al hablarles de sociología, el análisis será lo central del tema. Pero hoy
no se trata de hablar directamente del análisis, la obra trascendental de
Freud, sino de la influencia que sus descubrimientos tuvieron sobre otros
territorios afines, mostrando así la facultad de fecundación que su pensamiento
tuvo sobre las ciencias del hombre. Creía haber elegido la sociología,
casualmente, por azar, y porque estaba segura de poder demostrar esta facultad
en el terreno sociológico, como en cualquier otro. Hasta que, al empezar a leer
trabajos sociológicos, al darme cuenta qué alejados estamos todavía, no de
hecho, pero sí de expresión, sociólogos y analistas, y al estudiar, reflexionar
y discutir sobre el tema, me di cuenta que Freud tenía razón, que no hay “punto
de urgencia” del momento actual. Tanto el psicoanálisis, en su evolución y
maduración, como la sociología en la sociedad misma han llegado a una
encrucijada, donde no solamente pueden, sino deben acercarse y encontrar la
¡forma de trabajar, en el terreno debido, en común. Tanto nosotros, los
psicoanalistas, como ellos, los sociólogos, cada uno de su lado, pero con la
tendencia a integrar mutuamente nuestro trabajo en lo que se refiere a los
problemas candentes de la actualidad. Y tanto ellos, como nosotros debemos
adquirir consciencia de nuestra responsabilidad frente a ellos. Responsabilidad
que nosotros tenemos por la herencia que Freud nos dejó y que nos autoriza y
obliga a participar conscientemente en la solución de los problemas sociales,
más allá de un enfoque estrictamente terapéutico.
1 Publicado en Revista de Psicoanálisis, Tomo
XIII, n.° 3, de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
17
Marie Langer
Con todo, aun para
hablar de sociología, tengo que empezar hablando de análisis –aunque a
nosotros, los analistas, nos reprochen a menudo que nos cueste hablar de otro
tema. Empezaré, enumerando los más importantes descubrimientos de Freud con
respecto al hombre. Después veremos su aplicación a la sociología.
Freud, acercándose
al enfermo, al neurótico, descubrió primeramente en él que las causas de sus
síntomas y actuaciones eran dobles. Las conocidas y manifestadas por él, las
conscientes, pues, y otras de igual o, como se pudo ver pronto, mayor
importancia, que él desconocía y, en parte, no había conocido nunca. Ya antes
de Freud, algunos filósofos, algunos poetas habían vislumbrado la existencia
del inconsciente. Pero era Freud, quien lo descubrió y estudió sistemáticamente
y demostró a través de todos sus pequeños indicios y manifestaciones hasta
dónde este mundo desconocido dentro de todos nosotros era la base de todos
nuestros actos, pensamientos y afectos, el suelo que nos nutre, el refugio que
nos envuelve siempre de nuevo.
El segundo gran
descubrimiento de Freud era su comprender, paulatino y a pesar de su propio
extrañamiento, del alcance de la sexualidad para todos nosotros y todo lo que
abarca esta sexualidad más allá de lo estrictamente genital, su participación
en todas nuestras relaciones y, de nuevo, sus raíces profundas que tienen su
arraigo en la primera infancia. Descubre cómo el ser de un algo que desconoce
el medio ambiente, que está centrado solamente en sí mismo, se convierte,
impulsado por sus necesidades libidinosas, sexuales en último término, o de
relación objetal, en un ente social.
Finalmente nos
queda hablar del enfoque que Freud dio a toda la vida, su enfoque dualista y,
por eso, intrínsecamente dinámico, el enfoque de los dos grandes instintos,
Eros y Tanatos. Para Freud siempre el enfoque de todo problema era dinámico,
basado en la lucha entre dos fuerzas. Primeramente estaba centrado en el
contraste entre consciente e inconsciente, después entre las fuerzas del yo o
de autoconseryación y las fuerzas libidinosas y finalmente Freud definió el
dualismo más amplio, la lucha entre Eros, la vida y Tanatos, la muerte.
Les pido disculpas
por esta exposición mía, por dos causas: Una, haberles hablado de conceptos, ya
tan conocidos por Uds. y la otra, por haberme referido a conceptos tan
importantes en tan pocas palabras. Pero me pareció inevitable. Hubiera tenido
que enumerarlos, para hablar de cualquier tema relacionado a la influencia de
Freud sobre ciencias afines y no puedo
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PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
exponerlos dándoles
en tiempo todo el valor que tienen porque esto significaría hablar muchas,
muchísimas horas seguidas.
Veamos ahora, más
brevemente todavía, y admitiendo plenamente lo muy fragmentario de la
exposición, algo de sociología y psicología. Ambas ciencias tienen una
interrelación obvia. Han sido difundidas estando en una relación de
interdependencia recíproca. Una se refiere a los seres humanos, unidos en
grupos y sociedades con sus instituciones y ya, para explicar el funcionamiento
y las peculiaridades de éstas, a la célula del conjunto, la familia y a su
átomo, el individuo. La otra, la psicología, se ocupa en primer enfoque del
átomo, del ser aislado, para estudiarlo en su ambiente inmediato –la familia– y
mediato – el grupo social, profesional, nacional, etc.–. Comprendemos las
instituciones y sus cambios, si comprendemos sus integrantes, los hombres y su
evolución y comprendemos a éstos a través de cómo instituciones externas los
condicionan y cómo ellos condicionan a éstas.
Sin embargo, la
sociología no tenía siempre este enfoque. La psicología tampoco. O a una
psicología estática, meramente descriptiva, como en mucho lo era la psicología
clásica, correspondía o una sociología igualmente estática o una alejada del
hombre como entidad psicofísica. Tomemos como ejemplo el marxismo, teoría
sociológica anterior a Freud en unos decenios. El marxismo como concepto es
dinámico, se basa en un enfoque dialéctico de la historia humana. Pero no
incluye en este enfoque aspectos psicológicos, porque todo su dinamismo está
únicamente en función de la evolución de los medios de producción y el hombre
como entidad psicológica está definido en función de su lugar frente a estos
medios, su pertenencia a determinada clase social y su lucha derivada de esto.
No discutiré lo acertado o erróneo del concepto marxista. Lo traje solamente
para mostrar cómo una teoría sociológica, anterior a Freud, pudo ser muy
dinámica, pero prescindiendo totalmente de un enfoque psicológico, quedando así
incompleta.
Igualmente, si
tomamos el darwinismo en su aspecto sociológico, admiramos su carácter
evolutivo o no estático, pero también chocamos de nuevo con su prescindencia de
la psicología humana en un nivel algo más complejo.
Tomemos ahora dos
ejemplos de la sociología clásica: La sociología positivista, de Comte,
prescinde simplemente de lo psicológico, incluyéndolo en el terreno de la
biología o de la sociología. También la sociología ya contem-poránea de Freud,
como la escuela de Durkheim no pudo integrar la psicología dentro de su
disciplina. Intentó resolver el problema psicológico en
19
Marie Langer
la sociología,
creando una psicología ad hoc, cuyos valores –ética, moral, etc.– aparecieron
como surgidos de la nada, como inherentes al hecho social, sin que se explicara
el cómo de su aparición en el individuo, ni de su evolución en la sociedad.
O, aunque la
sociología, por ser el objeto básico de su investigación el hombre, tiene que
tomar en cuenta su psiquismo, no puede llegar a enfoques más dinámicos, más
profundos y completos, mientras que la psicología no viniera a su encuentro,
ofreciéndole este enfoque. Y no es precisamente la psicología, que puede
hacerlo, sino justamente el psicoanálisis.
Porque la
psicología clásica, limitándose a expresiones aisladas de la personalidad
humana o a sus estratos superficiales, no sirve para explicar en su totalidad
las relaciones existentes entre el individuo y su ambiente social. El
psiocanálisis tiene y ofrece los elementos necesarios, aunque, para comprender
las relaciones humanas en su totalidad, tendrá que integrarse con una
sociología dispuesta a esta integración.
¿Cómo el
psicoanálisis puede preparar y, en parte y en sus principios por lo menos, ya
concretar esta síntesis? Ocurre debido a dos líneas de investigación de Freud y
sus continuadores, dos líneas que se cruzan a menudo. Una consiste en los
descubrimientos sobre la evolución del niño. Freud nos mostró cómo éste se
convierte de un ser aislado y asocial, hablando en sentido psicológico, en una
persona social, con múltiples vínculos complejos y diferenciados, de fines
diversos con su medio ambiente. El análisis nos hace comprender, pues, cómo el
hombre se vincula y adapta a su ambiente y cómo influye sobre él. O cómo va
hacia el ambiente y se proyecta en él. La segunda línea corresponde al proceso
inverso. Ahí Freud nos muestra cómo el medio ambiente, los padres, los primeros
objetos irrumpen en el niño, influyen sobre él. Cómo el niño introyecta, es
decir incluye dentro de su personalidad partes e imágenes de los personajes del
mundo externo. Es obvia la contribución fundamental que las teorías de Freud
aportan a la comprensión de las relaciones humanas, relaciones entre el
individuo y su sociedad, si él era quien nos mostró el mundo interno,
inconsciente, desconocido, hasta entonces, que existe dentro de cada uno de
nosotros y su vinculación, sus cambios e intercambios constantes que ocurren
detrás de nuestra observación consciente entre éste y el mundo externo,
conocido. Pero también este mundo extemo y familiar tomó otras características
al revelársenos su dualismo entre actuaciones concretas, visibles y causas
diferentes, opuestas a menudo, e inconscientes.
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PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Ubicaré en el
tiempo, con unas pocas palabras, la evolución de Freud, que le hizo sobrepasar
los límites que su enfoque primitivo, el del médico, dedicado únicamente a
curar al enfermo, le había trazado. Su primer encuentro con los problemas
psicológicos ocurrió cuando él se acercaba a sus enfermos. Entendió que para
curarlos, tenía que comprenderlos y conocer las causas de sus síntomas. La
búsqueda de estas causas lo llevó a ocuparse de la infancia de ellos y
descubrir ahí los complejos patógenos. Después de la muerte de su padre, Freud
empezó su autoanálisis o situarse a sí mismo en el lugar del enfermo y objeto
de investigación. Verificó entonces la existencia del complejo de Edipo en sí
mismo, en su propia infancia, estableciendo así un nexo entre neurótico y
normal, niño y primitivo. Freud al descubrir los primeros conflictos
interpersonales que sufre el niño y realizar la importancia duradera que
adquieren para la evolución del hombre y toda la vida posterior, entró en el
terreno de la sociología. De ahí surgió Tótem y Tabú, su primera obra
sociológica importante. Mientras que la muerte de su padre le había llevado a
este enfoque, la caída del emperador y del imperio austríaco al final de la
primera guerra mundial, reforzó esta línea. Se había perdido un mundo social
que, para los que lo configuraban, había parecido casi perenne. Una cadena de
revoluciones, de grandes cambios sociales pasó por Europa, transformando
definitivamente a la vieja Rusia, país, al cual Freud había estado ligado por
muchos de sus pacientes. En Austria él pudo ver las masas agitadas que le
hicieron recordar la horda primitiva de su hipótesis desarrollada en Tótem y
Tabú. No creo que sea casual que Freud dedicara los años siguientes a
diferenciar y elaborar los conceptos del yo, ello y superyo y de adjudicar a
este último la responsabilidad de nuestras tendencias conservadoras. El superyo
perpetúa los conceptos de nuestros antepasados, haciéndonos reacios a cambios
sociales que, enfocados de un punto de vista material, en sí serían factibles.
Estudió las funciones del yo, sus posibilidades y limitaciones en su trabajo de
establecer contacto con el mundo externo, de asimilarlo e influir sobre él. Nos
habla de su papel de coordinador entre exigencias instintivas del patrimonio
del ello, la conciencia moral, perteneciente al campo del superyo y el mundo
externo. Así sentó la base para todos los estudios posteriores de relaciones
entre mundo interno y externo, entre objetos reales e introyectados,
pertenecientes al mundo de fantasías inconscientes. En esta época aparece
justamente su obra más importante, del punto de vista sociológico, la
Psicología de las masas y análisis del yo, en la cual aclara a través de qué
mecanismos –identificación, introyección– los hombres se unen entre ellos y
cómo cada uno adquiere características de los demás y logra integrar
simultáneamente los más distintos grupos sociales. Es
21
Marie Langer
esta obra que nos
permite adquirir un nuevo enfoque de los movimientos sociales del pasado y del
presente.
Pasemos revista,
muy brevemente, a todas las obras sociológicas de Freud y a su método de
trabajo. En Tótem y Tabú compara la conducta social de los primitivos con lo
descubierto en el análisis de sujetos neuróticos y normales, llegando así a
aclarar el significado del totemismo y a demostrar su carácter de religión
primitiva. Entra en discusión abierta con los sociólogos y antro-pólogos de su
época. El análisis de distintos tabúes lo lleva a descubrimientos importantes
sobre el origen de las prohibiciones del incesto y de la familia. Su hipótesis
sobre el origen de la familia fue aceptada por unos, rechazada por otros. Pero
no creo que lo más importante de esta obra sea lo acertado o erróneo de su
hipótesis, sino el descubrimiento de un nuevo método de investigación o sea de
la aplicabilidad del análisis individual como instrumento importante a la
sociología, antropología, etc., o, tomando el término más general que Hartmann
usa en un estudio parecido (aparecido en Psicoanálisis de hoy) a las ciencias
sociales.
Mientras que el
tema de la familia está siempre presente en los, trabajos de Freud –de la
familia como primer y más importante contacto del niño con el mundo externo–,
el de las religiones vuelve en dos obras más. Una es de carácter sociológico
–El futuro de una ilusión– y la otra, su última reconstrucción histórica. En
ésta –Moisés y el monoteísmo– vuelve de nuevo al estudio del origen de la
religión y al de su propio pueblo, el judío. Es interesante que una de estas
obras se refiera al futuro y la otra al pasado remoto. Freud trata a la
humanidad como a un solo enfermo, cuya historia hay que conocer bien y
perseguir hasta la primera infancia –la casi prehistoria, en este caso– para
comprender su sintomatología actual, todos nuestros problemas religiosos,
ideológicos y sociales actuales y poder enfocar con optimismo su futuro. Aunque
Freud haya sido un espíritu sumamente escéptico, nos muestra en El futuro de
una ilusión todo su optimismo, basado en su confianza en la ratio –la razón–
del hombre.
Otras obras
sociológicas de Freud se refieren al presente. En La moral sexual cultural y la
nerviosidad moderna enfoca por primera vez un tema social para descubrirnos
todo el conflicto que surge entre el individuo y su sociedad por las
necesidades instintivas de éste en lucha contra las exigencias y represiones de
la comunidad. Este mismo tema vuelve más tarde en El malestar en la cultura. Si
en el primer trabajo nos muestra el conflicto entre instintos sexuales y
sociedad, en este último el tema central es la lucha
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PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
existente entre los
instintos agresivos del individuo y la civilización. Mientras que en Tótem y
Tabú aplica al estudio de la sociedad primitiva conceptos adquiridos a través
de análisis individuales, en El malestar en la cultura nos proporciona un conocimiento
totalmente nuevo acerca de los sentimientos de culpabilidad y del destino que
sufren las agresiones durante el desarrollo del superyo.
Ya cité como obra
fundamental a La psicología de las masas y el análisis del yo. En ella
encontramos el mismo intercambio fructífero de descubrimientos pertenecientes
al terreno social e individual. De nuevo Freud entabla una discusión directa
con diversos sociólogos, rebatiendo sus argumentos y modificando sus teorías.
La discusión versa sobre el carácter específico de las masas –es decir grupos
sociales– y sus relaciones con su conductor. Es ahí donde Freud introduce en
todo su alcance los conceptos de identificación. Nos demuestra así como el
conocimiento profundo del individuo y de sus mecanismos psicológicos puede
servirnos de base para comprender los distintos procesos sociales y políticos
que ocurren en diversos grupos sociales.
He reseñado
brevemente los trabajos concretamente sociológicos de Freud. Testimonian el
gran interés que Freud tenía por este tema y su convicción de que la psicología
ni puede, ni debe limitarse al estudio de un ente hipotético, el hombre aislado
de su ambiente. Que el hombre siempre actúa en función de su grupo social,
cuyas principales figuras introduce dentro de su psiquismo desde un principio,
para después, de adulto, contribuir a su vez, a formar a otros y a la sociedad.
Que el mismo
énfasis sobre la importancia de lo sociológico en el sentido más amplio de la
palabra fue compartido por muchos de sus colaboradores, lo muestra una serie
importante de estudios. Para nombrar algunos, cito las contribuciones
fundamentales a la comprensión de la mitología, que nos ofrecen los trabajos de
Rank, a los estudios de Reik sobre la religión o sobre diversos temas
antropológicos, a Roheim que ha sido el primer psicoanalista que se convirtió
en un Fieldworker, es decir, antropólogo de campo, que convivía durante largas
épocas con los primitivos, para aplicar los conoci-mientos que Freud le había
ofrecido, verlos confirmados en su esencia y necesitados de alguna modificación
en la gran prueba de la práctica.
Están también las
escuelas disidentes del psicoanálisis. Alfred Adler que centró toda su teoría
psicológica alrededor de conflictos de rivalidad, de deseo de dominio, de
problemas de minusvalía, es decir, en último término, de dificultades del
individuo frente a la sociedad. Karen Horney que abandonó a
23
Marie Langer
Freud,
reprochándole descuido de los aspectos sociales. ¿Me podrán preguntar por qué
cito los disidentes, si mi tema es Freud y la sociología? Justamente por eso,
porque gran parte de lo valioso que tienen sus teorías y que han permitido la
sobrevivencia de sus escuelas, consiste en lo que se han llevado,
conscientemente o no, admitiéndolo o no, del psicoanálisis. Es cierto que han
ampliado el enfoque sociológico de Freud, aunque a costa de la importancia que
él dio a los factores instintivos. Pero si lo pudieron hacer, era justamente
por haber sido antes psicoanalistas, y no psicólogos clásicos, es decir, por
haber estudiado y trabajado con un enfoque psicológico que intrínsecamente
contenía lo social. También hablo de ellos para contestar al reproche que han
hecho a Freud, al irse de él, de que el psicoanálisis sería una teoría
decadente que dejaba de lado los aspectos sociales. Evidentemente el análisis
no cubre todos estos aspectos, ni pretende hacerlo. Pero en teoría no es
decadente. Lo que es en la práctica, depende de la aplicación que le damos
nosotros, los psicoanalistas. Freud mismo nunca negó la importancia de los
factores sociales en el desarrollo de las neurosis o de la evolución
psicológica en general. Mostrándonos siempre que los planteos básicos son
comunes a todos los seres humanos, comprobó justamente que la diferenciación
entre ellos proviene de las diferencias de ambientes y figuras que lo rodean,
principal-mente durante su primera infancia.
La mejor
comprobación del interés por lo social que Freud mostró y despertó en sus
colaboradores y continuadores sea tal vez el hecho que en la actualidad ya haya
estudios y trabajos en común entre psicoanalistas y sociólogos, a pesar de la
dificultad que plantea una terminología y métodos distintos de trabajo. Que
esta dificultad puede ser vencida y con suma utilidad científica para ambas
especialidades, lo comprueba, p. ej., el libro de Kardiner y Linton: El
individuo y su sociedad, escrito por un psicoanalista y un antro-pólogo. Para
poder colaborar se pusieron de acuerdo en lo metodológico y definieron y
crearon un idioma técnico común.
Para seguir en este
camino y poder ampliarlo, debemos vencer la desconfianza existente entre
psicoanalistas y sociólogos, desconfianza basada en el temor de que cada uno,
al entrar en contacto científico con el otro, podría perder algo de su ciencia
y de sus convicciones. Freud nos enseñó que la desconfianza entre naciones
vecinas las lleva a exagerar y sobrevalorar las diferencias que existen de
hecho entre ellas, por temor de perder, si no, su individualidad. Lo mismo nos
ocurre a nosotros en nuestras ciencias afines, cuando vigilamos cada uno con
demasiada cautela su punto de vista, siempre dispuestos a acusamos mutuamente
de caer en sociologismos o psicologismos.
24
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Otra prueba
reciente de la aplicabilidad del análisis en el terreno social –y no
exclusivamente de investigación sino en la práctica de la terapia– sería el
desarrollo de una psicoterapia de grupo de corte psicoanalítico. Su base son
los conceptos de Freud en general y en especial los desarrollados por él en La
psicología de las masas y el análisis del yo. Su aplicabilidad directa a la
terapia colectiva proviene de los crecientes conocimientos adquiridos sobre las
relaciones objétales, gracias a los estudios primeramente de la escuela
psico-analítica húngara y después inglesa. Basándose en estos conocimientos
varios psicoanalistas –cito a Bion, Foulkes, Riekman y Esriel– se acercaron a
la psicoterapia colectiva, convirtiéndola en análisis de grupo. En nuestro
medio posteriormente un grupo de psicoanalistas, reunidos en la Asociación de
psicología y psicoterapia de grupo, desarrolla y estudia esta técnica.
En Inglaterra y en
los Estados Unidos la técnica surgida del análisis de grupo y de la
psicoterapia colectiva en general ha sido usada en la industria con fines de
aliviar conflictos y tensiones. También en la Argentina, debido a su creciente
desarrollo industrial, se empieza a aplicarla. Vemos aquí cómo el análisis
entra de lleno en un terreno francamente social y político. Observamos el mismo
fenómeno, al enterarnos, que métodos psicoanalíticos son usados para averiguar
por medio de cuestionarios e influir por propaganda adecuada la ideología y
opinión pública.
Queramos o no, el
psicoanálisis, por su trascendencia, por haber desbordado desde hace mucho y
casi desde un principio las limitaciones de un mero método terapéutico, más por
su evolución y madurez alcanzada actualmente, ha entrado en el campo social y político.
Ha entrado también, porque este otro campo tiene su evolución y sus necesidades
de buscar soluciones más completas. Pero si las cosas son de esta manera, es
importante, tomar consciencia de ello, para que cada uno pueda tomar posición y
para que cada uno se dé cuenta de la responsabilidad que asume frente a la
sociedad a través de su trabajo. Freud nos mostró que no se puede estudiar la
psicología del hombre como ente aislado porque la sociedad en la cual vive
influye sobre él y él sobre ésta. Freud nos hizo adquirir consciencia de estos
procesos. Parece haber llegado el momento de tomar el mismo enfoque frente a
nuestro trabajo como psicoanalistas. Debemos considerarlo y ubicarlo dentro de
la sociedad con sus influencias e interacciones mutuas y debemos tomar
consciencia de las modificaciones en la realidad externa, social, que pueden
ser consecuencia de nuestro trabajo y nuestros descubrimientos.
25
Marie Langer
Para terminar,
espero haber demostrado, lo que sostuve al principio de esta breve charla: Que,
como el objeto de investigación de Freud ha sido el hombre en toda su
profundidad y complejidad, puede mostrarse su influencia sobre cualquier
ciencia del hombre. Y eso reza especialmente para la socio-logía, que se dedica
a la investigación y comprensión de las relaciones interhumanas, en su estudio
del juego dinámico de fuerzas entre individuo y sociedad en sus aspectos
conscientes e inconscientes.
Julio-Septiembre de
1956
Marie Langer
26
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
RELACIÓN ENTRE LO
COGNITIVO Y LO AFECTIVO
Participación en
las Jornadas Teóricas de Psicología auspiciada por el Centro de Neurología y
Psicología Aplicada y por la Federación Argentina de Psiquiatras.
Participantes: Dra.
Marie Langer, Dr. Emilio Rodrigué, Dr. José Jtzinghson, Dr. E Berdichevski,
Lic. Narciso Benbenaste. Coordinador Dr. Juan Azcoaga.
En principio quiero
reiterar las dificultades que tengo en relación a esta mesa redonda y que ya
expliqué cuando me invitaron. ¿En qué consiste mi dificultad? Yo pienso que
para conseguir un intercambio realmente comprensivo y fecundo deberíamos
constituirnos en grupo de estudio que por lo menos tuviera un año de trabajo.
Como el doctor Azcoaga expuso al resumir la primera jornada usamos diferentes
esquemas referenciales. Esquemas que debieran ser explicitados, aclarados entre
nosotros... eso sí sería un trabajo útilísimo.
Así que me temo que
esta noche cada uno quedará con su monólogo, aunque después nos interroguemos
mutuamente. Pero de todos modos es un principio y vale la pena. Es un
principio, importante.
Para empezar
abordaré el concepto de discontinuidad. Freud instituyó una discontinuidad.
Cuando fundó el Psicoanálisis produjo un salto cualitativo entre la psicología
clásica y la reciente disciplina. El psicoanálisis es algo nuevo, una nueva
ciencia que seguramente revolucionará el propio concepto de “ciencia” pero que
tiene un campo bien definido: el campo del inconciente. Campo bien definido;
definible desde el marxismo.
Con el
psicoanálisis estamos, entonces, ante un conocimiento nuevo, de por sí, que nos
trae tanto la teoría del conocimiento, como la teoría de los afectos.
En términos
marxistas: ¿Por qué sería importante el reconocimiento del inconciente? O de
otro modo ¿En qué puede aportar? ¿Cómo puede complementar el psicoanálisis a
una teoría marxista del hombre?
27
Marie Langer
Tal vez sería más
interesante invitar alguna vez a O. Masota, a Raúl Sciarreta, y a otros que se
dedican tanto, actualmente, a investigar el posible entendi-miento mutuo entre
psicoanálisis y marxismo, y poder hacerles a ellos estas preguntas, Yo, admito,
que tengo muchas limitaciones para responder. Con todo hay un cierto parecido,
una cierta analogía, entre el descubrimiento de Freud y el descubrimiento de
Marx.
Ambos, detrás de
una experiencia real, (el individuo o la sociedad) descubren las leyes que
rigen, condicionan o motivan su existencia manifiesta.
Cuando Freud funda
el psicoanálisis, instituye el inconciente y el inconciente permite entender el
contexto lógico que une hechos tan aparentemente alejados, aislados, diferentes
y dispares como pueden ser los lapsus, la expresión lúdica de un niño, un gesto,
el relato de un sueño. Son las leyes que rigen el inconciente, las que dan
coherencia a estas producciones.
La noción de
inconciente, de por sí, es contradictoria. Significa que si existe un
inconciente existe, también, un conciente y viceversa. Obviamente la conciencia
siempre está reconocida por la psicología clásica pero no como tal, no en su
forma dialéctica: en la medida que no se tenía en cuenta la noción de
inconciente y en cuanto se ignoraba el conflicto entre ambas instancias. La
conciencia no era desde el marxismo objeto científico.
Tendría que
hablarles, ahora, de lo cognitivo y de lo emotivo. El inconciente contiene lo
emotivo y para que llegue a lo conciente y se transforme en pensamiento lógico,
y en adquisición de conocimientos, se necesita un traspaso que muchas veces es
limitado: en la primera teoría de Freud, por la censura, en la segunda teoría
de Freud sería por el yo, o por la angustia que en el yo despiertan ciertas
emociones.
Entonces vemos como
las emociones, o un conflicto emocional, limitan la adquisición de
conocimientos analíticos. Eso está muy claro para los analistas de niños, pero
también para la gente que se dedica a la educación y tienen conocimientos
analíticos. Es notorio como el niño puede ser impedido en su capacidad de
adquirir conocimientos, y a veces inhibido en la adquisición de conocimientos
muy definidos como por ejemplo las operaciones de suma, por un conflicto
emotivo, por un conflicto celoso que no le permite sumar a papá y mamá juntos,
o a los miembros de su familia.
Ahora este
conflicto imprime una conciencia limitada. Yo sé que el término que aplico se
usa desde el marxismo como una capacidad limitada para adquirir conocimientos.
28
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
De todos modos
Freud centró, como ustedes saben, toda su investigación en la problemática
sexual, en la angustia frente al sexo, angustia dé castración, etc., en la
angustia frente a un conocimiento muy concreto, muy físico que es el
reconocimiento que el niño hace de la diferencia de sexos.
Y Freud, además,
daba mucha importancia a la limitación de la capacidad del conocimiento que
impone el adulto, más el adulto de entonces, padres de principio de siglo, al
conocimiento sexual de los niños; y decía que tanto el presentarle a los niños
un dios, como presentarle a los niños la cigüeña, es decir, tapar la curiosidad
natural y el deseo natural del niño de adquirir conocimientos, con mentiras o
con ilusiones, perturbaba seriamente su capacidad presente y futura de adquirir
conocimientos.
Un punto donde tal
vez se pueda hablar del conocimiento como algo muy importante es en el
tratamiento analítico, y eso sería la manera de curar. El tratamiento analítico
es una terapia y su finalidad es aliviar los trastornos y bregar para que el
individuo pueda amar mejor, gozar mejor y trabajar mejor. Esa es la definición
de Freud. Pero además, es para que sepa conocerse mejor o adquirir un
conocimiento frente a sí mismo, de sí mismo.
Y de vuelta estamos
en el vehículo muy íntimo entre conocimiento y emoción. Uds. saben, supongo,
que en el análisis, el campo de curación o el campo terapéutico, es el campo
transferencial, donde a través de la reactualización emocional (lo intelectual
solo no basta, de ninguna manera) la persona adquiere gracias a la actitud del
analista –interpretativa– un conocimiento nuevo, cualitativamente nuevo, y
profundo de sí mismo.
Finalmente, algo
que nos falta en Freud, donde Freud tenía conciencia limitada, es obviamente en
lo social. En este sentido, ya les dije antes, Marx funda el materialismo
dialéctico, el materialismo histórico, explica la lucha de clases, el mecanismo
real subyacente a nuestra sociedad; y Freud, a nuestra conciencia. Pero a lo
que Freud no pudo llegar, porque estaba sumergido en la situación, es a
contemplar la sociedad o reconocer la sociedad en sentido marxista. Por eso, en
este nivel, cuando Freud se mete en el campo social y cuando opina sobre la
sociedad incurre en contradicciones y distorsiones que se impone reinvestigar a
la luz del psicoanálisis. Como lo describió el Dr. Berdichevski, el paralelo
entre Freud y Marx, es que las conductas pueden tener motivaciones que no son
concientes. Pero creo que hay una definición que hay que aclarar: lo no
concierne, en el sentido de no leído, de no conocido, de no aprendido, no es
inconciente en términos analíticos.
29
Marie Langer
En términos
analíticos lo inconciente es algo que está dentro de uno pero que no puede
surgir a la conciencia. No que uno tendría que tener el derecho de tomarlo de
afuera como estudiar determinados libros que la censura nos impide estudiar.
Freud ha tomado
estas analogías de lo social es decir, tanto la represión como la censura,
obviamente son metáforas tomadas directamente de la situación social existente.
¿En qué sentido
coincide la falsa conciencia de Marx y el inconciente de Freud? El doctor
Berdichevski definió antes la falsa conciencia como la ideología de las clases
dominantes y es cierto que en el niño esa falsa conciencia, también, se
instala. Pero ocurre que no coincide, o no coincide totalmente, con lo que para
el psicoanálisis es lo reprimido en el niño.
Es necesario
aclarar que lo reprimido no sólo es lo reprimido en la vida adulta sino que,
para Freud, la represión opera desde un principio, originando el inconciente, y
que sólo después existen contenidos que retienen hechos concientes o que
podrían hacerse concientes y que, represión mediante, se tornan inconcientes o
no logran concientizarse.
En la represión
secundaria, o en el inconciente resultado de la represión secundaria, hay mucho
que coincide con la falsa conciencia en el sentido marxista. El niño se cria
dentro de su familia, pero la familia mediatiza la ideología de las clases
dominantes, sea familia perteneciente a éstas o sea una familia perteneciente a
los oprimidos. Igualmente las dos familias tienen esta ideología e imponen
entonces al niño reprimir y aumentar esta falsa conciencia.
Finalmente lo del
inconciente. Sí, yo me imagino al hombre nuevo que, esperamos, surja en la
sociedad sin clases. Creo que también tendrá inconciente, creo que
dialécticamente no podemos imaginarnos al hombre sin conflictos. Desde ya que
el conflicto será distinto y habrá menos, supongamos, porque buscamos un hombre
más feliz, pero desde ya que también tendrá inconciente.
Y a este nivel dije
ya que, el psicoanálisis es algo complementario al marxismo, puede dar
explicaciones individuales dentro de todo un esquema que abarca al hombre total
dentro de su sociedad total. Igualmente el conflicto individual seguirá
existiendo.
30
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
En la exposición
inicial, afirmé que la idea de Freud era que la persona tenía que conocerse a
sí misma; que haya conciencia donde antes hubo inconciente. Que (en su primera
versión por lo menos) llene todas las lagunas amnémicas de la infancia, etc.
Esto es: el conocimiento de sí misma.
Supongo que en el
análisis pretendemos más que el conocimiento de sí mismo. Pretendemos que este
conocimiento vaya junto, también con el conocimiento del mundo y de los demás.
Porque si no, sería una situación totalmente aislada y no una situación que se
desarrolla entre dos, entre “otros”.
El conocimiento de
sí mismo el paciente lo adquiere a través de la reactualización corregida con
el analista, transfiriendo sobre él todos sus objetos y conflictos
trascendentes. Entonces, adquiere conocimiento de sus relaciones con los demás,
y ahí, creo, entra lo social, aunque no ha sido explícitamente destacado como
una finalidad del análisis. Está tal vez muy indirectamente en la pretensión de
Freud que el hombre analizado pueda trabajar mejor. ¿Qué significa esto? Que,
creo, entra toda la ideología. Y entra la ideología del analista y del
paciente, en interacción.
Marie Langer
31
Marie Langer
LA MUJER, LA LOCURA
Y LA SOCIEDAD
La ponencia de
Franca Basaglia me gustó mucho. Era pensada, crítica y casi abarcativa.
Concuerdo con la mayoría de sus planteos, pero no en cómo inició su discurso,
parafraseando lo dicho por Franco. Decía que era optimista con respecto a la
razón que tuviéramos las feministas, pero pesimista con respecto a la práctica.
Yo no soy pesimista2 frente al progreso de la liberación de la mujer en la
práctica. Hay un largo camino, tanto para nosotras como para los hombres, para
transformar una opresión de miles de años en igualdad, pero hemos logrado más
en este siglo que en toda nuestra historia conocida. Si no fuera así, ¿habría
entre ustedes que nos escuchan y cuestionan a las normas sagradas, tantas
mujeres? ¿Podemos negar el paso adelante que significa la independencia
económica de la mujer de clase media o de la obrera calificada? ¿O lo que los
anticonceptivos actuales, a pesar de todas sus fallas, nos han dado a nivel de
independencia sexual y familiar? ¿O la legalización del aborto, conquistada ya
en tantos países? Por eso insisto que, aunque el camino sea largo, aunque nos
falte mucho por lograr, mucho también hemos logrado ya.
Pero veamos el tema
específico de esta ponencia: la locura de la mujer. Cuando me propusieron este
título, me quedé perpleja en un primer momento. ¿Hay realmente diferencias
entre el delirio de un hombre y de una mujer? Pero, reflexionando un poco, vi
que sí, que obviamente las había. Si nos queremos imaginar a un hombre que
enloqueció, decimos que se cree Napoleón. Pero una muchacha loca estaría más
inclinada a identificarse con la virgen María. Y si interpretáramos este
delirio, veríamos que el ideal de esta niña consistió en haberse embarazado,
sin placer, ni pecado, de un hijo mesiánico. –En este encuentro, al ofrecernos
los compañeros “psiquiatrizados” sus dolorosos testimonios, Steve, destinado
desde que naciera por sus padres al sacerdocio, nos habló de su delirio
místico.
Sí, existen
delirios y locuras diferentes para cada sexo, porque todo delirio responde no
tanto al propio sujeto, sino al pensamiento y mandato de otros, de los padres,
quienes nos configuraron y no nos permitieron pensar por nosotros mismos, pero
también de padres que, a su vez, fueron “pensados” por la sociedad.
2 Publicado en Antipsiquiatría y Política,
del IV Encuentro Internacional de Alternativas a la Psiquiatría. Ed.
Extemporáneos S.A. Cuernavaca, México 1978
32
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
¿Qué significa
entonces que alguien se identifique con Napoleón, el varón exitoso y
omnipotente, o con la virgen inmaculada o, en el caso de Steve, con quien lucha
contra un ángel azul, repitiendo el sueño del patriarca Jacobo del viejo
testamento? Y, además, ¿qué es y qué significa ser “loco”?
En alemán usamos la
palabra “verruckt” que podría traducirse como “dislocado”. En español, los
términos “loco”, “loca” vienen del latín, de “locus”, lugar. Eso parece
contradictorio, pero si lo tomamos dialécticamente, no lo es tanto. El “loco”
está dislocado en su relación con la “realidad” (perdonen las comillas, pero
sería demasiado complicado entrar en este tema), pero está en su lugar, en el
locus que la sociedad le adjudica. Quien se cree Napoleón, cumple con las
cualidades que ésta adjudica al hombre: ser conquistador, poderoso, penetrante,
etc. Y la mujer que, aunque se imagina virgen, se sueña madre, también cumple
exactamente, aunque esté dislocada, con un papel adjudicado: nada de sexo, todo
por la maternidad; nada de proyecto propio, todo para el hijo que la redime de
su vacío. Y también Steve, sin darse cuenta, cumplió con un mandato, con el de
sus padres. ¿Pero, cómo ubicar al homosexual pasivo y travestí, que no cumple
al tomar el papel femenino? Es loco, dislocado, al renunciar al poder que le da
su sexo. Por eso le dicen “loca”, como a la prostituta, dislocada de su deber
de mujer y madre pura que le adjudica la sociedad. Pero igualmente está en su
lugar, porque la prostitución garantizó durante siglos y milenios la integridad
de la familia.
Pero volvamos a
Steve, y a la locura de la mujer. Cuan dolorosa fue la historia de Steve y
cuanto sufrimiento iatrogénico. Con todo, nos habló de la lucha con el ángel
azul, transmitía fuerza y ternura. Ahora no quisiera más hablarles de esta
locura dolorosa, pero creativa, llena de ángeles, guerreros y vírgenes, sino de
otra, mucho más cotidiana, frecuente y triste y nada espectacular, pero sí de
una locura meramente femenina. Para eso resumiré brevemente los resultados de
una investigación que realizamos siete años atrás Sylvia Bermann, otros
compañeros y yo, en Buenos Aires. Fue en el servicio de psicopatología, ubicado
en un barrio obrero, que ella dirigía. Nos había llamado la atención cuántas
mujeres, alrededor de los 30 años, esposas de obreros calificados, es decir,
viviendo sin apremios económicos grandes, pero también sin ninguna posibilidad
de lujo, acudían espontáneamente al servicio. Sus quejas se parecían
monótonamente: tristeza, frigidez, un poco de histeria, otro poco de
hipocondría, algo paranoides con las vecinas y con la suegra, y muy ligadas a
la mamá. Tensión y disputa entre madre y esposo equivalía a una catástrofe. Los
hijos –allá no se tienen más que 2 ó 3–ya iban a la escuela,
33
Marie Langer
ya daban poco
trabajo. Soñaban las madres que un día estos hijos serían patrones o
universitarios. Pero ahora ni ellos ni el esposo lograban llenar el vacío de
sus vidas.3
Centraremos nuestra
investigación alrededor de varios ejes: hogar versus trabajo remunerado en el
mundo laboral, y las carencias a nivel de placer sexual y de intereses
culturales, sociales o políticos. Y nos encontramos con el vacío que había
enfermado a estas mujeres. Las que habían trabajado antes de nacer sus hijos,
hablaban generalmente con nostalgia de esa época, a pesar de la doble jornada
de trabajo y de los sueldos bajos. Sí, en ese entonces habían sido distintas.
Pudimos comprobar que estas mujeres, encerradas en sus hogares, carentes de
estímulos, con excepción de la televisión y los chismes de vecinas, enfrentadas
con las exigencias familiares, habían perdido su autoestima. Se habían
infantilizado y, por mero aburrimiento, por cierto muy comprensible, sufrían de
depresiones y otros síntomas que justificaban sus quejas constantes. En suma,
padecían una locura gris. Mujeres como éstas vimos revivir en nuestros grupos
terapéuticos hospitalarios, cuando logramos, solidarios los integrantes del grupo
y el equipo coordinador, romper su aislamiento y encierro mental y despertar su
interés en estudios, actividades comunitarias o políticas. Y muchas, junto con
un proyecto propio, un existere per se, nos diría Franca, redescubrieron
también el placer sexual.
Pudimos verificar,
de este modo, que la neurosis y la depresión del ama de casa no están
determinadas biológicamente, sino por el papel que le adjudica la sociedad.
Pero, podría argumentarse que hay crisis psicológicas de la mujer causadas por
factores hormonales y por eso, consecuencia de su sexo. De los tres cuadros de
“locura femenina” que describiré ahora, eso parecería válido para la psicosis
puerperal y la depresión menopáusica.
La psicosis
puerperal no es frecuente pero parece ser la exageración de un fenómeno muy
conocido y habitual: la depresión post partum. Esta suele interpretarse como el
duelo de la madre por la pérdida del vínculo íntimo con su hijo, de quien el
parto la separa, aunque lo recupere de otra manera al darlo a luz. Es cierto
esto. Sin embargo, la depresión post partum también contiene otro elemento
importante que se pone de manifiesto con toda
3 Ya sé que las
amas de casa no son las únicas que carecen de un proyecto propio. Una
investigación realizada por el departamento de Medicina del Trabajo de la
Universidad de Buenos Aires en 1973, demostró que el obrero muy a menudo ya a
los 30 años, no espera nada para sí mismo, sino delega sus proyectos para el
futuro en sus hijos.
34
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
crudeza en la
psicosis puerperal: el pánico de que, al tener un hijo, una deje de ser la que
era y tenga que asumir el destino y carácter de la propia madre. Nunca más se
será libre y muchacha. Nunca más.
Hace un tiempo tuve
la oportunidad de observar este proceso en una joven mujer. Hija de una madre
abandonada, amargada, que se sacrificaba por criar y educar a sus tres niñas,
sin embargo Alicia había sido una muchacha vital, desafiante, orgullosa y creativa.
Había logrado salirse, por lo menos geográficamente, del círculo familiar y del
ambiente provinciano opresivo. Fue brillante y sumamente popular én la
Universidad. Trabajaba y estudiaba. Se casó “edípicamente”, si puede decirse
así, con un hombre mayor y de posición. Hasta ahí todo iba todavía más o menos
bien. Pero el nacimiento de su primer hijo la quebró. El niño nació bien y
sano, pero ella se quedó en cama, llorando desconsoladamente, descuidando al
niño, a la casa y a su propio cuerpo, durante largos meses. La vida había
perdido todo atractivo para ella. Pudimos comprender posteriormente lo que le
había pasado. Al haber dado a luz a su hijo, sintió horror y desesperanza por
el temor de haberlo perdido todo, de no ser más ella, sino de tener que sufrir,
en adelante, el destino gris de su propia madre.
La depresión
menopáusica es otra locura femenina, determinada, según los libros, por cambios
hormonales. Franca nos dio una descripción brillante del sufrimiento de la
mujer de cierta edad. Pero ¿este sufrimiento es de toda mujer o de la que
existe solamente en función y al servicio de su familia? ¿De la mujer que
cumple con su papel de vivir “por los demás”? Ya sé, y desde ya también por
experiencia propia que envejecer nos pone tristes. Más, si queremos la vida.
Pero esto ocurre tanto al hombre como a la mujer. O quizá más a la mujer que,
en nuestra sociedad, pierde tanto más pronto sus oportunidades amorosas y
sociales que el hombre. Pero también esta situación está variando
favorablemente: una mujer que hoy en día todavía es considerada una compañera interesante,
tanto en lo sexual como en sus actividades profesionales y sociales, antes era
descartada. Fue al principio de siglo que Freud desaconsejó . tomar una mujer
mayor de 35 años en análisis, ya que a esta edad su vida y destino sería
difícilmente modificable. Es cierto, alrededor de los 45 años la mujer ¿sufre?,
no, no es la palabra adecuada, está en un proceso de cambio hormonal. Pero si
tiene su proyecto vital, su identidad propia y no únicamente la de esposa y
madre, no perderá ni sus vínculos amorosos, ni su placer sexual, ni sus
intereses, aunque haya perdido su menstruación y su fertilidad. Creo que nunca
vi este cuadro psiquiátrico que se llama depresión menopáusica y para cuya
curación lo único que nos
35
Marie Langer
ofrece groseramente
la psiquiatría son 5 ó 6 electro-shocks en una mujer de este tipo.
Si les hablo ahora
de “locas de amor” obviamente no uso un término psiquiátrico, sino popular.
Juana la loca, reina viuda de España, entró en la historia por (aunque
dislocada por el amor a su esposo muerto) ser ejemplo para la mujer española.
Así hay que ser, siendo mujer y esposa. Ella estaba perfectamente en su lugar
programado por la sociedad.
Esta es vieja
historia. Pero también ya pasó más de un siglo, desde que Flaubert nos
describiera la triste locura de Madame Bovary. Pero el “bovarismo” sigue actual
entre nosotras, las mujeres de clase media. Y estar enamorada, nos dice una
feminista norteamericana, lamentablemente se convierte para muchas mujeres en
una ocupación de tiempo completo. No hemos cambiado tanto, muchas de nosotras,
desde que otra "loca de amor", la monja portuguesa medieval, Mariana,
escribiera desencantada a su caballero francés, que apenas ahora caía en cuenta
de haber estado más enamorada de su amor que de él.
El amor es
lindísimo, el amor vale la pena. Igualmente la pasión y el placer, pero cuando
las fantasías del príncipe azul que tiene que venir para liberarnos, para
defendernos, para enaltecer nuestra belleza y mantenernos, nos paralizan
absorbiendo nuestra vitalidad y capacidad de independencia y de un verdadero
compañerismo, entonces corremos muchos riesgos. Y es ahí, donde perdemos
nuestra posibilidad de una real liberación.
Si analizamos las
tres locuras femeninas que describí, vemos que en la psicosis puerperal
enloquece la desesperación por creerse obligada a adoptar el papel femenino
asignado, mientras que en la depresión menopáusica proviene del sentirse
vaciada por la pérdida de este papel, y el “bovarismo” de la rebelión contra el
lugar programado, pero sin la capacidad de ocupar otro, realmente propio.
Llegados a este
punto, dejemos de lado lo hormonal, porque nos enfrentamos con otro planteo: la
alternativa del proyecto propio de la mujer versus el que le asigna la
sociedad. Este, desde ya, nos es bien conocido. Consiste en la Reproduccion,
con mayúsculas. Nuestro deber es la reproducción biológica de la fuerza de
trabajo. Y estas tres tareas que se imbrican y se sobreponen, se desarrollan
“naturalmente” dentro del marco de la familia. Claro, hubo cambios. En un país
como México ya no se estimula la fertilidad múltiple. Paradójicamente las
mujeres debemos el gran salto que significa en nuestra
36
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
liberación el
perfeccionamiento de los anticonceptivos, alcanzando en los últimos decenios, a
hombres blancos, occidentales, ya que son ellos, los que deciden, diseñan y
subvencionan las investigaciones, que empezaron a preocuparse por el
crecimiento demográfico de indígenas y mestizos del Tercer Mundo. También a
nivel biológico las mujeres nos hemos convertido ahora en ejército de reserva.
¿Qué quiero decir con esto? A nivel laboral se ha demostrado que el Estado
facilita el trabajo de la mujer en épocas de guerra o de coyuntura, pero en
épocas de crisis es ella la primera a quien se despide. Comparte en muchos
países europeos este destino con el “psicótico rehabilitado”. Pero en nuestro
siglo ya no se maneja solamente su fuerza de trabajo de esta manera, sino
también su fertilidad según necesidades superiores. Fue MacNamara quien, años
atrás, propuso limitar los créditos otorgados por Estados Unidos a los países
latinoamericanos que aceptasen sus normas de planificación familiar. Resulta de
este modo que mientras en unos países se intenta disuadir a la mujer de tener
muchos hijos, en otros se la estimula con premios y subsidios a una maternidad
múltiple. En ambos casos se opera aparentemente en favor de ella y de su
realización. Antes todo esto era más sencillo. Dar hijos a la patria era el
deber más sagrado de la mujer.
Viajando
últimamente por los Andes venezolanos preguntamos por un camino. “Cuando
lleguen a “La loca” –nos contestaron los lugareños– tienen que doblar”. Pronto
nos dimos cuenta que “La Loca” era un lugar de referencia importante. Quisimos
conocerlo. En un cruce de varias carreteras, sobre un cerro bajo, fácilmente
alcanzable por unas escaleras de piedra, se yergue una estatua gigantesca, en
bronce, representando a una mujer indígena. Con cara desencajada levanta la
derecha en alto, los 5 dedos extendidos. El antebrazo izquierdo sale de la
túnica a la altura del ombligo y su mano muestra el índice y el pulgar, como
señalando algo. Un poema, grabado en placa de bronce, enaltece a la mujer y su
destino: Es una madre que durante la guerra de independencia perdió la razón al
perder a sus 7 hijos en la lucha. Enloqueció al enterarse de su muerte y desde
entonces deambulaba por la región gritando constantemente: “Eran siete, eran
siete”, y señalando el número con sus dedos.
Esta mujer cumplió
su deber con la patria: Siete hijos varones, siete soldados muertos en la
guerra. Se enloqueció. Y, aunque le digan “La Loca”, le erigieron un monumento,
como ejemplo de mujer. Siete hijos muertos es para enloquecer a cualquiera.
Pero yo me pregunté otra cosa. ¿Esta pobre mujer sabía el porqué de esta
guerra? ¿Sabía para qué causa murieron sus hijos? ¿Y
37
Marie Langer
para ella, pobre e
indígena, era su causa o la de los grandes señores, para los cuales las grandes
palabras de patria e independencia tenían un sentido tan distinto y unas
consecuencias concretas y prácticas tan diferentes? Debe haber sido su
incomprensión que junto con su inmenso dolor pesaba sobre su mente enloquecida
y, ya que deambulaba sola, solitaria, también la falta de solidaridad de los
demás. Igualmente, sin preguntárselo, la transformaron en heroína y en ejemplo,
apropiándose su dolor.
Reparé en ella,
porque tenía en mente a otras “locas” que aparecen con cierta frecuencia en las
noticias sobre Buenos Aires en los periódicos: Las locas de Plaza de Mayo. Son
madres y esposas de desaparecidos que se juntan silenciosamente cada jueves en la
histórica plaza. Ahí exigen, a través de su presencia silenciosa, a las
autoridades militares que actualmente gobiernan el país, que les devuelvan a
sus seres queridos. Las llaman las locas. Pero, ¿por qué? Supongo, por varias
causas: Es locura enfrentar al gobierno; varias de ellas ya fueron detenidas y
se desconoce su paradero. ¿O son locas –malas mujeres– porque no cumplieron con
su misión de sujetar al esposo, de educar al hijo, a la hija en la sumisión?
Tal vez. Sin embargo no son locas, ni se enloquecieron de angustia y dolor, ni
son únicamente mujeres que reclaman desde su papel femenino, porque ellas sí
comprenden esta guerra. No sé si todas, pero muchas de ellas comparten el
proyecto de los hijos, de los esposos que, por esta misma causa, perdieron la
libertad y, tal vez, la vida.
Franca nos dijo que
la mujer debiera lograr “existir para sí misma”. Las locas de Plaza de Mayo han
dado un paso más. Tienen un proyecto que les pertenece, pero que comparten con
sus hijos, sus esposos y sus compañeras. En otras palabras, su existir, su proyecto
vital está insertado, aunque sea personal, para ellas mismas, en el deseo y en
la lucha común por la transformación de toda una sociedad.
Al hablarles de la
triste locura del ama de casa, del sufrimiento estéril de la loca de amor, del
temor a la maternidad de muchas mujeres, no quise decir que no hay que amar, ni
tener hijos, para poder vivir la propia vida. De ninguna manera. Pero para, al
finalizar, contarles quiénes son, para mí, y para muchas, las mujeres dignas de
toda admiración, hablaré primero de Giséle Halamí. Ella nació todavía en la
Argelia colonial, con todas las desventajas posibles. Era árabe, era pobre y a
su padre le dio tal vergüenza que su mujer hubiera dado a luz a una niña que
durante semanas negó, frente a las preguntas de sus compañeros de trabajo, que
el alumbramiento ya había tenido lugar. En su libro autobiográfico, Giséle
Halamí nos cuenta de su
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PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
infancia pobre, de
su marginación, de su lucha para poder estudiar. También nos habla de su primer
aborto, realizado sin anestesia, después de haber entrado al hospital sangrando
por las maniobras primitivas y clandestinas para interrumpir el embarazo. Relata
cómo el médico, al oir sus gritos de dolor le dice que así está bien, que esta
experiencia le servirá de lección. Le sirvió, aunque de otra manera a como él
se imaginó. Giséle, siempre trabajando, ganándose penosamente la vida, estudia
derecho en París. Recibida, vuelve a Argelia para dedicarse a la defensa de los
patriotas. Los dolores provocados por la inducción de su segundo aborto la
sorprenden en plena audiencia judicial. Tuvo amantes, tiene marido, tiene 2
hijos y “la lección” dolorosa del aborto ilegal le sirvió. Fue ella quien
encabezó el movimiento francés, finalmente victorioso, para la legalización del
aborto. Describe su vida junto con esta larga lucha en su libro: La causa de
las mujeres.
Muy distinta es
Domitila. O no tanto. También sus padres se afligen al nacer ella mujer.
También proviene de un ambiente paupérrimo, pero ella nunca salió de su
pobreza. Es boliviana, hija y esposa de minero de la mina Siglo XX. Estudia la
escuela primaria con grandes sacrificios. Trabaja desde muy pequeña para
subsistir y colaborar con la manutención de sus hermanas menores. También de
ella disponemos de un testimonio que relata su vida sacrificada, pero de
luchadora pertinaz4 Ya casada y madre de varios hijos –tendrá 7 hijos vivos y
uno muerto al nacer por el maltrato que sufre en la cárcel– entra a militar en
el Comité de Amas de Casa de la mina Siglo XX. Pero estas amas de casa no
sufren de una “locura triste”. Luchan, a la par de los hombres, contra la
miseria y la explotación. Domitila se transforma en líder de esta organización
y, más allá, en dirigente obrera. La designan delegada a la tribuna del año
internacional de la mujer (México, 1975). Ahí observa y escucha atónita las
reivindicaciones de diferentes grupos de mujeres. Había venido a México para
denunciar la explotación inhumana que sufre el proletariado de su país. Había
esperado aprender nuevos caminos para la lucha de liberación del pueblo
boliviano. Pero no puede compartir los problemas de las otras congresales. Ni
le interesaba la fundación de un sindicato de las lesbianas norteamericanas por
sus derechos legales, ni tampoco la lucha contra el hombre. Pero finalmente
Domitila se ubica en la tribuna. Junto con otras latinoamericanas, exiliadas
muchas de ellas, logra transmitir en un momento su problemática común. Esta
consiste, según
4 Si me permiten hablar..., testimonio de
Domitila, recogido por Moema Viezzer, Siglo XXI Ed., México.
39
Marie Langer
Domitila, “no en
pelearnos con nuestros compañeros, sino que, con ellos, cambiar el sistema en
que vivimos por un otro, donde hombres y mujeres tengamos derechos a la vida,
al trabajo, a la organización”.
Sí, para mí estas
dos mujeres son ejemplos. Tienen compañero, tienen hijos, pero no delegan su
propia realización en el amor o en la familia. Tienen su proyecto propio,
compartido con muchos. Y saben luchar. Esto constituye la mejor protección
contra la locura específica de la mujer.
México 1978
Marie Langer
40
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
CODA AL TEMA DE LA
MUJER5
“Feminista es quien
tiende a mejorar la condición de la mujer en el mundo. Es feminista toda mujer
u hombre que toma conciencia de la opresión de que es objeto la mujer.”
Yvette Roudy
Lo que diré ahora
no será novedad para los lectores de literatura feminista. Tal vez estas
palabras contengan una mínima aportación original; tal vez todo está ya dicho o
escrito. Me importa menos su novedad que la posibilidad de que tengan algún
valor para los lectores que no se habían definido nunca antes como “feministas”
y que ahora se reconocen en la cita de Yvette Roudy.6 Pretendo hacer un breve
bosquejo, fantasioso tal vez, o hipotético, pero que para mí contiene una
explicación del surgimiento del patriarcado y del porqué sólo ahora existe la
posibilidad de que este período termine y de que aparezca una sociedad en la
cual la mujer deje de ser una marginada.
Empezaré por citar
a Ernest Borneman7 un investigador convencido de que en la época prehistórica
existió una sociedad matrista. Destaco de él una tesis que me parece central y
que se origina en el paso de una comunidad sustentada en la caza, la pesca y la
recolección, y que era matrista, a una sociedad de pastoreo, patriarcal. En
efecto: según Borneman, la aparición de la domesticación trae consigo el inicio
del patriarcado y de la propiedad privada (el ganado fácil de contar y
repartir, origina la apropiación individual y está en la base de la aparición
del dinero: pecunia –de pecus=ganado– significa en latín dinero). Ahora bien,
ser pastor permite hacer una observación fundamental: mientras que los animales
machos y adultos no cambian de cuerpo ni se multiplican, las hembras, una vez
montadas, quedan preñadas y dan a luz nuevos animales (por lo demás, Borneman
supone que de esta manera el ganado se transforma en el primer capital que, en
cuanto tal, rinde interés). Así pues, simultáneamente, el ganado enseña al
hombre la conexión entre coito, embarazo y parto, hasta entonces desconocida en
muchos lugares, y se constituye en el primer capital privado.
5 Publicado en Memoria, Historia y Diálogo
Psicoanalítico; Marie Langer-Jaime Palacio-Enrique Grinsberg. Folios Ediciones
S.A. México 1981.
6 La mujer, una
marginada, Editorial Pluma, Bogotá, 1980.
7 Das Palriarchat:
Ursprung und Zukunft unseres Gesellschaftsystems, [El patriarcado: origen y
futuro del sistema de nuestra sociedad] S. Fischer Verlag, Frankfurt am Main,
1975.
41
Marie Langer
En El origen de la
familia, Engels sostiene que sólo con la formación de un excedente de
producción, con la creación de un sobreproducto, empieza tanto la posibilidad
de una herencia como la de transformar a integrantes de otras comunidades,
apresados en acciones guerreras, en esclavos. Esto nos resulta familiar en la
figura de los pastores patriarcales y guerreros del Viejo Testamento; pero
Engels asegura también que el patriarcado, es decir la dominación de la mujer,
tiene su origen en el deseo del hombre de dejar en herencia sus bienes a los
descendientes procreados por él. No estoy convencida de que este factor de
“legitimidad” haya sido decisivo; me parece que es proyectar una necesidad
psicológica moderna, ligada a nuestra sociedad e ideología, a una época
pretérita. En Roma, por ejemplo, se dejaba en herencia una fortuna, o el propio
Imperio, de la misma manera al hijo biológico que al biológicamente ajeno,
adoptado.
Los comienzos de la
dominación de la mujer pueden Ver vistos de otra manera: si el esclavo es
valioso porque produce más de lo que consume, el hijo también lo es; la mujer,
capaz de dar hijos, se transforma de un ser libre en “capital”, como lo es la
hembra del ganado. Es decir, también da “interés”, y puesto que este “interés”
es producto de su unión sexual, es necesario apropiarse de ella, coartar su
libertad y sus deseos para poder gozar de su capacidad reproductiva. Poco a
poco se quedará confinada a la esfera doméstica, sujeta a severas normas
“morales” para que ponga sus huevos en el nido propio. Es, a mi entender, de
esta manera como su capacidad de dar a luz a quienes serán los hombres y
mujeres del mañana se transforma de un poder, de algo que era su fuerza y
conformaba su posición elevada en la sociedad primitiva, en causa de su
perdición, su sojuzgamiento. Y junto con la mujer se reprime al niño: el pater
familiae es el amo absoluto.
Según Borneman, el
patriarcado surge con la transformación de los cazadores en pastores.
Obviamente esta transformación no ocurrió en todos los lugares en los que, sin
embargo, reconocemos la existencia del patriarcado aunque también encontremos,
en ritos y figuras de diosas de fertilidad, la existencia del matrismo o del
matriarcado anteriores. En América, por ejemplo, particularmente en México,
conocemos las limitaciones sexuales estrictas a que las sociedades
prehispánicas sometieron a la mujer confinándola a su función reproductiva
(entre los mexicas solamente la muerte en parto podía equipararla, en el más
allá, con el guerrero caído, con el hombre). Cuando vemos en el fresco
tcothiuacano el sacerdote que riega con su semen la tierra fértil para fecundarla
en la ceremonia que inicia la siembra, sabemos que el hombre prehispánico ha
descubierto ya lo mismo que el pastor. Tal vez en
42
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
estas comunidades
debemos relacionar el descubrimiento coito-embarazo-parto con la agricultura
alrededor de la cual giran casi todos los mitos.
En cualquier caso,
el hombre del patriarcado intenta borrar todas las huellas del poder femenino
primitivo. Se adjudica su capacidad: Eva sale de una costilla de Adán y Palas
Atenea de la cabeza de Zeus. Por eso en la Roma antigua y en otros muchos pueblos
un niño es considerado parte de la familia sólo cuando el padre lo levanta del
suelo y, alzándolo, lo “da a la luz”. Por eso existe en muchas comunidades la
“couvade” (mientras que la mujer está pariendo discretamente en un lugar
alejado, su compañero, rodeado de amigos, se queja ruidosamente de un trabajo
de parto espectacular y ficticio). Por eso, también, Napoleón definió a la
mujer como un árbol cuyos frutos pertenecen al hombre, su jardinero. Por
eso..., y podríamos acumular innumerables “por eso”. Y si pensamos un momento
en el Génesis debemos tal vez interpretar que es por la envidia que el hombre
siente frente a las capacidades creativas de la mujer que Jehová condena a la
mujer a dar vida con dolor.
¿Existió realmente
el matriarcado? ¿Son suficientes las pruebas de que disponemos? Desde Darwin,
Bachofen, Engels (y Borneman es una afinación de éstos) se ha convertido en una
tradición de la izquierda creer por lo menos en una sociedad matrista en el inicio
de la historia de la humanidad. No disponemos todavía de un corpus de
investigación que complete las reflexiones que Marx hace en los Formen
(Formaciones económicas precapitalistas) y que seguramente nos ayudaría a
movernos con mayor seguridad en este terreno. Por otra parte, nuestra mística
feminista (indispensable en la lucha) puede muchas veces llevarnos a hacer
afirmaciones no del todo válidas científica-mente. La evidencia histórica más
reciente, por su parte, no siempre es favorable a la hipótesis de la existencia
del matriarcado. Podemos decir, sí, que no todo el tiempo la mujer estuvo
sometida; podemos decir que aun cuando los sistemas de parentesco matrilineales
no signifiquen el matriarcado previo, sí hablan de la importancia de la mujer
en las sociedades que los practicaron. Pero, sobre todo, podemos afirmar con
absoluta certeza que, ya en tiempos históricos, el papel de la mujer en muchos
pueblos altamente civilizados no fue siempre secundario. El Código de Hamurabi
legisla sobre una base de gran igualdad e independencia de la mujer en
Babilonia (¿el escándalo de otros pueblos contemporáneos frente al
“libertinaje” de Babilonia no provendrá de las libertades sexuales de que
gozaba la mujer?). En Grecia, el papel de la mujer degeneró desde los tiempos
homéricos a la época clásica en que la mujer es meramente una esclava paridora
y un objeto,
43
Marie Langer
parte del menaje de
casa. En Roma, a pesar de la importancia histórica de tantas mujeres cuyos
nombres conocemos, la mujer es tratada como imbécil frente a la ley y no puede
firmar un contrato o servir de testigo, mucho menos ocupar cargos públicos. Sin
embargo, si hemos de creer a Herodoto, en Egipto las cosas ocurrían de modo muy
diverso: las mujeres eran el sexo dominante y la cantidad de reinas egipcias
parece probarlo. En Esparta la igualdad de los sexos era casi total: las
mujeres podían mezclarse libremente con los hombres en cualquier parte, tenían
voz y voto en los asuntos públicos...
La Edad Media
siguió el modelo romano (¿éste había seguido el griego y el etrusco?) que
terminó por dominar los usos de todas las comunidades que poblaron la Europa
medieval. El cristianismo, ¿cómo transición con el poder romano?, no hizo sino
fortalecer el dominio masculino a pesar de reconocer un alma a la mujer; sólo
hay que recordar las atrocidades que escribe San Pablo para confirmarlo: el
hombre no cubre su cabeza en la iglesia porque es la gloria de Dios; la mujer
es la gloria del hombre y no debe hablar en el templo, etc.
En América, el
sometimiento de la mujer parece tener las mismas caracte-rísticas, básicamente,
que en Europa y en Asia; sin embargo, tampoco faltan comunidades en que la
mujer tiene derechos... En síntesis, podría decirse que ha habido épocas
históricas en que la mujer comparte derechos con el hombre, como en Esparta o
en Egipto o en Babilonia (sin embargo, yo estaría mucho más con Borneman cuando
dice que en estas sociedades podemos observar restos del matriarcado).
He dicho que no
disponemos de un cuerpo de investigación suficiente para probar la existencia
del matriarcado, pero tampoco lo tenemos para probar su inexistencia. Sea como
fuere –y aunque pongo en duda la validez de Tótem y Tabú porque Freud se basa
ahí, para hacer la reconstrucción de nuestra prehistoria, en el complejo
edípico de un niño de principios del siglo XX– podría pedirse la misma validez
para demostrar la existencia del matriarcado en el pasado. O, por el contrario,
sostener como lo hace Marina Moller Gambaroff8 que “por lo menos a nivel
psicológico el matriarcado existe antes que el patriarcado”. Podemos
interpretar la historia matriarcal como el mito proveniente de la experiencia
personal de cada uno de nosotros en cuya vida, después de una madre
todopoderosa que nos alimentó no según nuestros méritos sino según nuestras
necesidades –condición que define el logro
8 Emanzipation machi Angst [Emanciparse da
miedo], Kursbuch Verlag, Berlín, 1977 (Kursbuch 47).
44
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
futuro de una
sociedad comunista y que supuestamente habría regido en la sociedad matrista–
apareció el padre como “ley”, interrumpiendo nuestro idilio con ella.
Lo cierto es que a
partir de un cierto momento, que puede tener ubicación distinta en la historia
según la sociedad, la mujer quedó confinada en la esfera doméstica realizando
el “trabajo invisible” (Isabel Larguía), es decir, produciendo hijos y restituyendo
diariamente la fuerza de trabajo de su compañero. ¿Qué pasó con su sexo?
Masters y Johnson sostienen que la capacidad de goce de la mujer primitiva fue
ilimitada (un trasunto de esta capacidad es el mito en el que Tiresias, que ha
sido hombre y mujer, asegura en una disputa entre dioses que es la mujer quien
más goza en el amor). Para poder construir la sociedad basada en la familia, la
autoridad paterna y la prohibición del incesto para volver dócil a la mujer,
tuvo que reprimirse su avidez sexual. Esta represión coincide con el origen de
la “civilización” y la historia escrita. ¿Fue necesario que el hijo reprimiera
su deseo por la madre, pero que también ella se viera obligada a reprimir su
sexo y, en consecuencia, su deseo por el hijo, facilitando así la represión en
el varón, para que apareciera la historia escrita y patriarcal?
Al privilegiar la
función reproductora, la sexualidad y la capacidad de goce de la mujer estaban
de más, porqué podían llevarla a la infidelidad y al abandono del hogar. Es
cierto que la mujer quedó convertida en un objeto altamente sexualizado, pero
como objeto sexual del y para el hombre. Eso explica que precisamente en
Oriente, de cuyo erotismo intenso nos hablan Las mil y una noches, las mujeres
llevan una vida sumamente restringida, destinada a dar hijos y placer al hombre
e incluso, si es necesario, a trabajar para él. Que su propio placer no cuenta
está demostrado por la práctica, frecuente en las sociedades musulmanas, de la
clitoridectomía, es decir, de la amputación ritual del clítoris, el órgano más
altamente erógeno de la mujer y que no tiene otra función que la de la
excitación sexual y el placer. De este modo, se verá menos tentada a la
infidelidad sin por eso perturbar el goce del hombre.
¿Cómo se logró que
las mujeres aceptaran esta posición que les fuera asignada? ¿Que ellas mismas
aceptaran desarrollarse, poco a poco, en inferioridad de condiciones psíquicas
y mentales? ¿Que la mayoría de ellas admitiera finalmente esta supuesta ”inferioridad
natural” y quedaran “colonizadas desde dentro”, para usar la terminología de
Frantz Fanón?
45
Marie Langer
Wilhelm Reich diría
que esta aceptación pasiva fue la consecuencia de la represión sexual a que se
vieron sometidas... Pero dijimos al principio que la psicología del ser humano
es la resultante de dos vertientes, la sociológica y la biológica. Y mientras
que esta última siguió y fue supuesta inmutable, la posición social de las
mujeres, así como las estructuras familiares, sufrieron en el transcurso de la
historia y de cada sociedad cambios múltiples; ninguno tan definitorio, sin
embargo, como el provocado por la conquista de los hombres del dominio
patriarcal.
Sí; la mayoría de
las mujeres aceptó a lo largo de la historia su posición, la consideraron, lo
mismo que los hombres, como “natural”, es decir, definida biológicamente o,
también, como expresión de la voluntad divina. Pero no todas acataron el orden
y la mayoría de las que se rebelaron tuvieron que sufrir las consecuencias.
Cito solamente el caso extremo de Olimpia de Gouges. Fue ella quien, durante la
revolución francesa, elaboró la Declaration des droits de la femme et
citoyenne. Pero haber creído que el lema revolucionario de “Liberté, égalité et
fraternité” abarcaba también a las mujeres, le costó la cabeza en la
guillotina.
Había medios más
persuasivos para mantener a la mujer en su lugar o hacer que lo retomara si por
causas económicas lo había abandonado. En Inglaterra, las mujeres proletarias
del siglo pasado que trabajaban en las fábricas abandonaban a sus hijos en el hogar
o los llevaban también a trabajar. A nadie de las clases dominantes le parecía
mal que lo hiciesen, pero sí que tuvieran muchos hijos. Malthus sostenía que
los pobres no debían aumentar su número en la Nación, porque la reproducción de
muchos pobres podía ser causante de guerras y hambruna y de la degeneración de
la raza: dos hijos por pareja era lo deseable. ¿No hace pensar esto en el
momento en que Mac Namara quería limitar la ayuda económica estadounidense a
América Latina a los países dispuestos a aceptar la planificación familiar?
Anna Davin9 nos
describe cómo este criterio cambió radicalmente, al estallar en 1899, la guerra
del imperio inglés contra los Boers. Se necesitaban muchos soldados, y soldados
que casi exclusivamente provenían de las capas humildes de la sociedad. Precisamente
por pobres, muchos se presentaron como voluntarios; la guerra les Ofrecía la
oportunidad única de buena comida, buena ropa, en fin... Pero resultaba que de
cada cinco voluntarios solamente dos estaban en condiciones físicas para
resistir las fatigas de la guerra. Surgió una gran campaña para la educación y
el esclarecimiento de las
9 Anna Davin, “Maternitá e imperialismo”, en
Nuova DWF. (Donna. Woman. Femme. Quaderni di studi internazionali sulla donna),
n. ° 6/7, 1978, Roma.
46
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
madres ”ignorantes”
y culpables, ya que por abandonar a sus hijos y alimentarlos insuficientemente,
estaban dañando el futuro del Imperio y de la raza.
Al principio de
nuestro siglo el malthusianismo como ideología estatal estaba superado y todos
los gobiernos exigían muchos hijos a las madres. Para convencerlas debía, según
John Bums, un diputado liberal de la época, “darse dignidad y pureza a la maternidad
con todos los medios disponibles”. De esta manera se pretendía conseguir el
consenso de las mujeres para aceptar su “destino natural”.
La rebelión contra
este destino había empezado cerca del fin del siglo pasado. Linda Gordon10 nos
habla del movimiento de “maternidad voluntaria” surgido en esta época en los
Estados Unidos. Las mujeres exigían el derecho de planificar el número de sus hijos,
pero como el uso de los anticonceptivos, bastante primitivos e inseguros por
cierto en esta época, les parecía amoral, propusieron como método la
abstinencia sexual. Dos tendencias pertene-cientes a este movimiento declararon
que esto significaba para ellas el mismo sacrificio y la misma disciplina en
dominar sus impulsos “animales” que para los hombres; es decir, tuvieron la
osadía de sostener que la mujer también siente deseos.
Pero si por las
guerras las mujeres como proveedoras de futuros soldados habían sido condenadas
a una maternidad constante que las ataba al hogar, paradójicamente también por
una guerra, la Primera Guerra Mundial, empezó su liberación o, para ser más exacta,
la liberación de la mujer, de las clases dominantes. Pero son estas clases que
“producen” la ideología dominante de la sociedad.
Ya en 1951, en la
primera edición de Maternidad y Sexo describía este cambio:
“...de pronto, las
mujeres de los diversos países beligerantes, cuyo único campo de acción había
sido el hogar y su núcleo social, y cuya única función era tener hijos y
educarlos, y que vivían en dependencia económico-social, primeramente de sus
padres y después de sus esposos, se vieron incitadas a ocupar en todos los
terrenos el lugar del hombre. Realizaron exitosamente tareas que hasta entonces
se habían considerado irrealizables para ellas y obtuvieron, junto con su
inclusión en el proceso de trabajo, plena independencia y responsabilidad. Una
vez terminada la guerra, el cambio ya se había hecho irreversible.
10 “Maternitá voluntaria”, en Nuova DWF. Op.
cit.
47
Marie Langer
“La mujer de la
clase media en 1914 [en la primera parte de este libro describo, cómo mi madre
y sus amigas vivieron esta situación] respondió con tanto entusiasmo al llamado
de las autoridades a abandonar su hogar y empezar a trabajar, no únicamente por
patriotismo, sino por estar disponibles psicológica y materialmente. La
generación anterior, en su época, ocupada por numerosos embarazos y la crianza
difícil de muchos hijos, no habría podido hacerlo, pero ella, la mujer burguesa
de principios de siglo, tenía un número reducido de hijos y se sentía
desperdiciada en su hogar vacío. Los progresos de la medicina habían disminuido
la mortalidad infantil y ponían a disposición de la pareja métodos
anticonceptivos bastante eficaces y hasta el aborto realizable ya sin mayores
riesgos físicos y legales”.
Es cierto lo que
dije ahí con respecto al cambio de la posición de la mujer; sin embargo,
todavía durante toda la primera mitad de nuestro siglo se mantiene la
idealización de la maternidad tal vez no como la única, pero sí la más noble
función femenina. Desde luego que estos conceptos cambian según la situación
económica y política de cada época histórica. Mientras que Hitler, por ejemplo,
exige al principio a las mujeres muchos hijos de raza pura (vuelve el tema de
la “raza”, ya preocupación del imperialismo inglés) y que se dediquen
plenamente a ellos, en la medida que progresa la guerra y empieza a faltar
fuerza de trabajo y alimentos, las llama para que abandonen de nuevo el hogar.
Juliet Mitchell
describe la situación de la posguerra en Inglaterra y Estados Unidos. Los
hombres volvían de la lucha y encontraban sus puestos de trabajo ocupados por
mujeres ¿Cómo hacer que, después de haber prestado eficazmente un servicio tan
importante vuelvan al hogar junto a sus hijos, muchos de los cuales hasta
entonces habían sido atendidos en guarderías y hogares infantiles? Sostiene
Mitchell que no es casual que precisamente en esta época surjan en Estados
Unidos las investigaciones de Spitz que describen el “hospitalismo” y
demuestran cómo una institución, de por sí bien llevada, daña al niño pequeño,
si le falta cariño maternal. Por cierto, dice también que este cariño puede ser
sustituido por el vínculo con una enfermera u otra persona, dedicada a darle
afecto estable. Pero esta parte de su investigación se suele olvidar. Mientras
tanto, en Inglaterra Melanie Klein y Winnicott descubren la importancia enorme
del primer vínculo madre-hijo para la salud mental futura del niño. No dudo de
la buena fe de estos investigadores, ni del valor de sus descubrimientos, pero
ellos, como los
48
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
científicos que
describieron la “madre esquizofrenizante” en la misma época de posguerra fueron
usados y apoyaban, sin querer, ni saberlo, la misma línea que los
investigadores de los que habla Maternitá e imperialismo que acusaron a las
madres obreras de ser responsables del hambre de sus hijos, de su salud
precaria y de la derrota del imperio.
Mientras que para
Juliet Mitchell el auge de la importancia del vínculo madre-hijo sería un
ejemplo de cómo la ciencia tampoco es neutra, sino sigue en sus investigaciones
el interés político del momento, del establishment (el estudio de Bruno
Bettelheim11 en un kibutz israelí que demuestra que los niños, separados de sus
padres desde sus primeros días de vida y criados en pequeños grupos de iguales
son distintos de nuestros niños, pero de ningún modo más enfermos, obtuvo mucho
menos publicidad), Elisabeth Badinte12 sostiene que la acusación a las madres,
por cierto, también para ella dependiente de factores económicos, viene de
mucho más lejos. Para ella Rousseau, a través de su Emile fue el primer
ideólogo que condenaba a la mujer al sacrificio total en pos de su maternidad y
la declaraba prácticamente única responsable de la salud mental y física del
niño. Poco a poco Rousseau convenció a filósofos, teólogos y mujeres que ellas
debieran “naturalmente”, instintivamente, ser dedicadas, sacrificadas y gozar con
el sacrificio. Según ella, el último ideólogo de esta corriente será, ciento
cincuenta años más tarde, Freud y después, muchos de sus seguidores. Habla de
Helene Deutsch, quien describe el parto como orgasmo masoquista y critica, a su
vez, a Melanie Klein y especialmente a Winnicott por su insistencia en la
importancia desuna madre, fiel al modelo de Sofie, la esposa ideal de Emile.
Pero también cuestiona a Winnicott por dejar al padre totalmente afuera de la
crianza. Subraya cómo, desde Freud hasta Lacan, se da mucha importancia al
papel del padre dedicado al mundo de afuera. En última instancia, es un padre
símbolo de lucha, de progreso y éxito; un padre con función simbólica,
representante de la palabra y la ley.
Estas serían dos
opiniones feministas que explican el por qué nosotras, las madres, siempre nos
sentiríamos culpables. Pero existe también una explicación psicoanalítica, con
la cual yo, por otra parte, concuerdo, ya que todos nuestros sentimientos son polideterminados
y no solamente consecuencia de factores ideológicos. Analíticamente diríamos
que se declara culpable a la madre por el rencor reprimido, inconsciente, pero
vigente todavía, que el adulto, la adulta, sintió de muy niño contra esta madre
11 Los niños del sueño, Siglo XXI, México, 1974
12 L’amour en plus, histoire del’amour maternel.
XVII-XX. siécle, Flammarion, París, 1980.
49
Marie Langer
omnipotente de su
primera infancia por las frustraciones y carencias inevitables que ella le
impusiera o de las cuales, aunque ella no fuera la responsable, él igualmente
la acusó.
Pero volvamos al
aspecto social: si la mujer tuvo oportunidad de demostrar en la primera mitad
de nuestro siglo que sus capacidades no eran inferiores a las del hombre, sólo
en la segunda mitad, con la preocupación por la “explosión demográfica” se
pretende llevar masivamente a la mujer de los países en desarrollo a la
limitación o hasta a la renuncia a la maternidad, y ésta pierde prestigio.
Entonces los poderosos deciden dedicar grandes sumas a la investigación de
métodos anticonceptivos baratos y de uso fácil. También se difunde la ligadura
de las trompas, irreversible hasta ahora, para esterilizar a la mujer, muchas
veces en contra de su propia voluntad. La práctica correspondiente para el
hombre se usa poco. Surge la pildora, por cierto también con todas sus secuelas
fisiológicas y psicológicas, según el caso; pero gracias a la pildora y al
dispositivo intrauterino la “maternidad voluntaria” se hace realidad factible.
Desde entonces el
coito está para la mujer tan libre de consecuencias como para el hombre. Placer
y amor están por primera vez separados, también para ella, de la procreación. Y
la maternidad que, si estamos en lo cierto, ha sido objeto de la envidia del
hombre, provocadora de su avidez y causa, por eso, de la derrota femenina, se
ha vuelto mucho menos sagrada y admirable, pero además controlable según la
voluntad de la mujer o la pareja. Se ha vuelto mucho más compartida.
La autonomía del
acto amoroso frente a la maternidad equivale, de hecho, a un cambio biológico
de la mujer. Por eso ahora, y junto con la tecnificación que quita toda
importancia a la diferencia de la fuerza física de los sexos, están dadas las
condiciones para una verdadera igualdad de derechos y/deberes entre mujer y
hombre, de un verdadero compañerismo.
Pero si la
psicología es la resultante de lo biológico y lo social y si en ambos terrenos
hubo cambios significativos ¿cómo cambió, cómo cambiará la psicología de la
mujer? Imposible decirlo; difícil de generalizar, porque todos estos cambios
varían de sociedad en sociedad, de una capa social a otra. Mientras que Simone
de Beauvoir todavía sostiene que una mujer, para realizarse necesita renunciar
a la maternidad, las mujeres más jóvenes generalmente no piensan así. Es cierto
que especialmente en los países desarrollados muchas renuncian al hijo, pero
también es cierto que la
50
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
mayoría no está
dispuesta a hacerlo. Surgió un fenómeno nuevo en Europa que se da también en
México: el de la profesional soltera que, generalmente alrededor de los treinta
y cinco años, decide tener un hijo.
¿Pero esta “nueva
mujer” que tiene oportunidades con las cuales sus abuelas ni soñaron, es feliz?
Yo la conozco bien, desde adentro, a través de muchos años de práctica
psicoanalítica, yo diría que sí, que en todo caso es más feliz que las
pacientes de Freud. Pero tiene sus conflictos. Un pedido a los jóvenes
psicoanalistas y psicoterapeutas, especialmente a los colegas hombres: ayúdenle
a resolverlos. No les digan, como lo hizo la generación psicoanalítica
anterior, basándose en los conceptos de Freud sobre la envidia del pene, que es
por ésta que quieren emprender tal o cual estudio, abordar ésta u otra
responsabilidad fuera del hogar. No la carguen de culpa, si su niño está
enfermito o agresivo en el jardín de infantes o se hace pipí en la cama. Es
cierto, puede ser, porque ella trabaja o porque se está divorciando, pero
muchos hijos de madres a la antigua hacen lo mismo. Además, no somos perfectos,
ni nosotros, los padres, ni nuestros hijos. Y, más aún, como Freud siempre
insistió, somos resultado de nuestra herencia biológica, nuestra constitución y
sí, también de los acontecimientos de nuestra infancia. Por eso, no culpen a
las madres de todo, sino analicen mejor sus rencores con la propia madre,
rencores que a veces, en un salto a través de la contra-transferencia, se
desplazan a sus pacientes. Sí, las madres parecen siempre las culpables; las
mujeres en general, en la cama también. Espero que ya se habrán convencido,
antes de leer este texto, de que una mujer no tiene porqué renunciar al placer
que puede obtener de su clítoris, que no tiene porqué renunciar a éste, como
creía Freud, para ser “verdaderamente femenina”.
Las mujeres que
vemos en análisis (pero también las que no están en esta situación) se sienten
fácilmente culpables precisamente por sus logros. Es por la
“tradición-prejuicio”, para tomar un término de Isabel Larguía.13 Se sienten
jaladas por tantas exigencias tan diversas. Pero ¿cómo cumplir bien y estar
bien en el trabajo, si su cabeza está con el niño? Hoy, lunes, por ejemplo, ¿la
empleada habrá vuelto después de su fin de semana libre? ¿No fallará el
transporte escolar? Por suerte, su compañero no es machista, entiende,
comparte, pero igualmente, le da a entender a veces que su madre guisaba tanto
mejor, que su casa de infancia, sin tanto aparato, relucía de limpieza y que
sus camisas siempre estaban bien planchadas y con todos los botones en
13 “El sector más explotado de la historia”, en
Fem., vol. 4, núm. 15. México, 1980.
51
Marie Langer
su lugar. ¡Cuántas
discusiones por estos malditos botones de camisa, mientras que la esposa más
feminista del mundo nunca reprochará a su compañero que él no le arregló el
dobladillo descosido de su falda!
Sí, por favor,
terapeutas y analistas, ya que ella no está castrada, aunque esté insegura con
respecto a sus derechos y capacidades, por favor no la castren ustedes. Una
meta importante del análisis de esta mujer sería que ella comprendiera como
Freud nos lo explicó para el hijo varón frente a su padre, que también para la
hija es causa de culpabilidad haber logrado superar a su madre. Es esta
culpabilidad desplazada que se racionaliza al pensar que una es tanto peor como
esposa y madre de los que fue ella. Esta culpabilidad proviene de la vieja
rivalidad con mamá, a quien ahora se ha ganado. Para que esta victoria no sea
demasiado resonante, mejor amargarse, mejor decir que una, al no saber coser,
ni guisar como ella, es una nulidad. Otra meta sería también ayudarla para que
se dé cuenta de que el cariño materno no se mide cuantitativa, sino
cualitativamente. O, dicho en otras palabras, que una madre amargada y
encerrada en su hogar e irritada con los niños, su casi única compañía y objeto
de dominio, suele dar menos que otra que viene llena de estímulos del afuera y
les dedica sólo un tiempo limitado, pero bien dedicado.
Hablemos de otra
paciente, de una a la antigua: la mujer, ama de casa, cincuentona, que sufre la
famosa “depresión menopáusica”. ¿Cómo no estar deprimida, si la meta de su
vida, si su único “producto visible” fueron estos hijos que ya se alejaron de
casa, en la cual ella, desocupada al fin, espera diariamente la vuelta del
afuera de un esposo que ya no se interesa mayormente en ella? Por favor no la
manden al psiquiatra, para que la medique, ni al ginecólogo para que intente la
magia del rejuvenecimiento a través de las hormonas. Entiéndanla, ayúdenla; que
ella se entienda y tal vez encontrará todavía otra alternativa, algo que hacer
esta vez en el afuera, para sentirse útil en este mundo.
Pero dejemos por el
momento el enfoque psicológico y volvamos al enfoque social: a pesar de los
logros de la mujer actual su participación en puestos directivos y de decisión
sigue siendo mínima. Es cierto que algunas mujeres, Margaret Tatcher, por ejemplo,
o Golda Meir –omito adrede las que llegaron a su puesto por ser viudas o hijas
de estadistas famosos– hayan alcanzado este poder, pero también es cierto que
eso es excepcional.
52
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
¿Cómo lograr una
verdadera igualdad de derechos y oportunidades, que satisfaga a ambos
integrantes de la pareja? Los movimientos feministas intentan lograrlo, pero no
todos. Están quienes centran su militancia en la lucha contra el hombre. Para
entender esta actitud e intentar modificarla, nos puede servir la comprensión
psicoanalítica. Marina Moeller Gambaroff14 define la hostilidad contra el
hombre como un síntoma, es decir como compromiso entre lo reprimido y la
defensa. Sostiene que la angustia y hostilidad que provoca el intento de
emancipación proviene de la primera relación con la madre y se desplaza
secundariamente sobre el hombre, pero también que sólo la elaboración de esta
primera conflictiva capacita a la mujer para emanciparse realmente y luchar con
eficacia contra el patriarcado.
La lucha contra el
patriarcado no debe confundirse con una lucha contra el hombre. La mujer que
rechaza al hombre y ve, como único vínculo posible, el que puede existir con
otra mujer, regresa a la relación preedípica. Instalada en ésta, intenta
reestablecer su idilio con una madre generosa y omni-potente, negando su propia
hostilidad y la otra imagen, la de la madre omnipotentemente terrorífica.
Desplaza a ésta sobre el hombre y apacigua simultáneamente a la madre interna
renunciando con ese fin a su vagina, su capacidad de emancipación y autonomía,
como también a su maternidad: en síntesis, renuncia al hombre, heredero del
padre, y a todo lo que él podría darle.
He reivindicado en
estas páginas al feminismo, pero no por cierto a la corriente hostil al hombre.
¿Para qué se necesitan movimientos feministas, si los partidos de la izquierda
defienden los derechos de la mujer y si la lucha feminista divide y, por eso,
debilita la pugna contra el sistema? Este argumento, antes clásico y casi
irrefutable, actualmente ya no se mantiene. Ya somos muchas –y muchos también–
los que sostenemos que feminismo sin marxismo no puede lograr un cambio
estructural, pero también que los partidos marxistas no son suficientes como
para luchar verdaderamente por los derechos y las necesidades de la mujer.
Comprueba eso que en los organismos directivos tanto de los partidos marxistas
en los diferentes países capitalistas, como en los países socialistas,
nosotras, las mujeres, estamos totalmente en minoría, con el resultado de que
las necesidades sociales de las mujeres y, especialmente de las madres, son
insuficientemente atendidas.
14 Según la autora, las madres que provocan en
sus hijas esta constelación, son, a la vez mujeres reprimidas y frenadas por
sus condiciones de vida. Esto las lleva a abusar de su omnipotencia en relación
con la niña –también con el niño, pero eso excede nuestro tema– para defender
un lugar de poder y proveedor de autoestima. De esta manera intensifican la
hostilidad inherente a cualquier relación de dependencia, y, por eso, la
necesidad de represión.
53
Marie Langer
Pienso, por
ejemplo, en la segunda jornada de trabajo a cargo, principalmente, de la mujer.
¿Por qué ocurre
eso? No porque los hombres sean “malos”; de ninguna manera. Ni porque pequen de
mala fe. En teoría estaban dispuestos como consta en escritos desde Bebel hasta
Fidel Castro, a conseguir para la mujer la igualdad de posibilidades y derechos
en todos los niveles. Y en la práctica revolucionaria de hecho ocurre así.
Todos sabemos de la participación activa de la mujer en las guerras de
liberación en Argelia, por ejemplo, o en América Latina. Entre las primeras
medidas tomadas por el soviet supremo en 1917 figuró una modificación total de
la legislación con respecto a la mujer y sus derechos. Lenin fue, sin duda
feminista, aunque no hubiera aceptado esta definición. Pero una vez consolidado
el nuevo sistema, todo parece volver casi a la situación anterior. La mujer
argelina, con excepción de una minoría de intelectuales, retomó el velo. Ocurre
esto porque los dirigentes, pero también todo el pueblo que representan, han
sido educados a la antigua, en familias tradicionales, porque como dice Lenin, es
difícil cambiar las costumbres o, como nos demuestra Freud, nuestro superyo, es
decir, nuestras normas, juicios y prejuicios éticos nos son heredados por
nuestros abuelos, de generación en generación.
Hay que ser mujer,
hay que haber experimentado en carne propia nuestra inseguridad, nuestras
dudas, nuestra sobrecarga y marginación, para reconocer todo lo que hay que
cambiar. ¿Qué hacer entonces y cómo movilizarnos adecuadamente sin quitar, sino
sumando fuerzas con nuestros compañeros, nuestros aliados naturales?
En Italia y en
España me comentaron un fenómeno interesante. En un primer momento del auge de
los partidos marxistas de los últimos años –la España post-Franco, la Italia
con un partido comunista casi mayoritario– las mujeres votaban masivamente por
estos partidos, ya que sus líderes, en la lucha preelectoral les habían
prometido defender reivindicaciones feministas como la despenalización del
aborto, la ley de divorcio, etc. Sin embargo, una vez terminada y, a menudo
ganada, la lucha electoral, los dirigentes partidarios vieron muchas otras
prioridades y temieron que lo prometido a las feministas pudiera chocar a los
compañeros hombres, pero también a un gran número de mujeres temerosas del
cambio y de su posible libertad mayor. Las que los habían votado por sus
promesas, posteriormente incumplidas, empezaron a organizarse, a ingresar en
movimientos feministas. En las elecciones siguientes les negaron el voto. Hubo
una baja electoral de la izquierda, resultado
54
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
también de este
proceso. Debido a esta baja en el período posterior la izquierda tomó mucho más
en serio lo prometido: se lograron cambios importantes. Muchas mujeres
volvieron a los partidos y los movimientos feministas, bastante anarquistas en
su estructura, disminuyeron su lucha. Se produjo así un movimiento dialéctico
importante, en el cual los partidos fueron revitalizados e impulsados a la
lucha por las necesidades femeninas, por el vaivén de las feministas.
Se pudo, pues,
impulsar a los partidos tradicionales de izquierda desde afuera. Yvette Roudy,
miembro de dirección del Partido Socialista Francés nos describe el trabajoso
proceso de cómo lograr un cambio desde dentro de un partido y de los
sindicatos. Es ella también quien sostiene que no podrá haber igualdad sin
socialismo, porque el capitalismo patriarcal –y no existe otro– es una escuela
de desigualdades.
Con esta frase,
linda por veraz, también por sintética y, por eso apta para ser la última de
este libro, lo iba a dar por terminado. Pero, cuando ya casi todo estaba
escrito, tropecé, por casualidad con la historia del amor maternal de E.
Badinter. Así, estuve a tiempo, para incluir unas líneas referidas al papel
ideológico de Rousseau y cómo sus conceptos sobre la psicología femenina
influyeron la teoría respectiva de Freud.
Hice dos
descubrimientos que me impactaron y que quiero comentar todavía. Primero:
entendí mi antipatía por Rousseau. Seguro que leíamos Emile en el Realgymnasium
y que conocí, por eso, a Sofie, compañera modelo para un hombre ideal. Sofie
era dedicada, sacrificada, totalmente entregada al hogar y a la maternidad. No
era demasiado inteligente, pero sí práctica. No era discutidora, ni ambiciosa.
Frágil y vulnerable, encontraba apoyo, guía y protección en su esposo.
Nosotras, las mujeres, debíamos ser como ella, nos decía implícitamente Jean
Jacques. Parece que no me gustó este discurso; lo reprimí, lo olvidé. Ahora
entiendo por qué reaccionaba siempre con burla irónica cuando alguien alababa
el famoso lema de Rousseau, el “retournons à la nature” que, para mí debe haber
significado retornar a Sofie.
Segundo
descubrimiento: mi madre, aun con sus contradicciones y rebeliones, era una
madre rousseauniana. Empecé este libro hablando de mi madre y lo terminaré
comprendiéndola mejor.
55
Marie Langer
Al establecer
Badinter el vínculo entre Rousseau, Freud y sus seguidores, especialmente
Helene Deutsch, recalca que la tríada característica de la “mujer femenina”, el
“pasividad, masoquismo y narcisismo” ya viene de ciento cincuenta años atrás.
Claro, la argumentación es nueva. Freud sostiene que el narcisismo mayor de la
mujer es un intento de compensación de su falta de pene. Por eso disminuye
gracias a la maternidad, ya que el niño significa para su inconsciente un
sustituto fálico. Helene Deutsch argumenta que el masoquismo femenino es
resultado de la vuelta “biológica” de la actividad dirigida primitivamente
hacia el mundo, hacia sí misma, hacia dentro de la niña.
Ya que descubrí a
mi madre como rousseauniana, pero también porque pertenecía a la generación de
pacientes de Freud, revisé mis recuerdos, viendo si le cabían las tres
características femeninas. Pero antes algo con respecto al narcisismo: años
atrás, al escribir sobre la mujer, sus limitaciones y potencialidades15
sostuve, basándome en el concepto de Isabel Larguía sobre el trabajo invisible
de la mujer, que su posesividad frente a los hijos se debe a que éstos son el
único producto visible y perdurable que a la gran mayoría de ellas se permite
producir. Son estos hijos que, si son bien logrados, testimonian el valor y la
integridad materna. Ahora, al reflexionar sobre el narcisismo femenino que
disminuye con la maternidad, me resultó claro que efectivamente los hijos, como
único producto etc., son cargados con el narcisismo de su madre. Y me hacía
recordar a mi madre y a una escena irritante para mí de niña y muchas veces
repetida: Mamá, palpándome y verificando que era sana y robusta, solía decir:
“Esta sí me ha salido bien”. Yo prometía ser un producto fuerte y perdurable.
¿Y el masoquismo
femenino? Es cierto, mi madre era masoquista y siempre dispuesta a sacrificarse
por sus hijas. Vivió sus últimos años prácticamente en la miseria, sin aceptar
ninguna ayuda y cuidando una pequeña fortuna que le había quedado. Esta era destinada
para nosotras, en herencia, especialmente para proteger la vejez de mi hermana.
Sí, como muchas otras, ésta era una actitud sacrificada, “maternal” y
masoquista, digna de Sofie. Pero cuando mi madre tenía la oportunidad, como lo
describo en las primeras páginas de este libro, de ser activa, de dedicarse a
algo, con pasión, y fuera del hogar, este masoquismo desaparecía como por
encanto. En resumen, diría que la tríada femenina existe, pero como
superestructura de determinada época, ya condenada a desaparecer.
15 Véase Cuestionamos n.° 2
56
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Descubrí que mi
padre también estaba marcado por esta tríada y su ideología. Por eso,
despertando mi protesta y mis celos edípicos, solía decir: “Mi Gretl es una
santa”. Mi madre desde luego no era santa, y por suerte, diría ahora, pero
tenía derecho a este título por el mero hecho de su maternidad. Y también, es
cierto, por haber sido muy solidaria y nada prejuiciosa con mi padre, cuando
realmente tuvo problemas, pero eso es otra historia. A veces nos miraba papá, a
nosotras tres, a su mujer y a sus hijas y decía lleno de compasión: “Pobres
mujeres, con lo que sufren por lo que tienen adentro”. Eso también venía de
Sofie. Eramos genitalmenle frágiles y vulnerables. Por eso entendí tan bien a
Melanie Klein, cuando conocí su concepto de “castración interna, femenina”,
concepto que Freud tapó con el horror del complejo de castración del varón a la
vista del misterioso genital de la mujer. De chica, al caminar por las calles
de Viena, solía leer las chapas de las puertas que indicaban los consultorios
médicos y sus especialidades. Solía preguntarme –preguntar a los adultos no
tenía sentido, no me hubieran respondido– por qué había tantas chapas que
decían “Frauenarzt”, médico de mujeres (ginecólogo en español es más discreto).
Y me preguntaba, por qué no existía el “Mannerarzt” y si realmente éramos tanto
más enfermizas que ellos.
Al final de este
libro creo haber encontrado el denominador común del marxismo, el psicoanálisis
y el feminismo, los tres intereses fundamentales de mi vida. Este denominador
común es la conciencia: la conciencia para poder lograr el cambio.
México 1981
Marie Langer
57
Marie Langer
FEMINISMO Y
SEXUALIDAD
Dedicaré una pocas
líneas16 al tema de la sexualidad femenina, para comentar después unos aportes
a la discusión sobre “el deseo natural de procrear” y sobre “el instinto
materno”. Esta discusión hubiera sido, unas décadas atrás, inimaginalbe. La
propongo debido a la presencia de Gisele Halimi, luchadora exitosa en Francia
por el derecho de la mujer de disponer de su propio cuerpo. A ella la acusaron,
como a todos los que luchan por este derecho, de atentar contra el “instinto
materno” y, por ende, contra la moral y la naturaleza. De ahí mi planteo de
discutir si existe realmente tal instinto y aún suponiendo que fuera así, si el
ser humano en su larga evolución y lucha por el dominio de la naturaleza no
demostró su capacidad de moldear las exigencias instintivas, según las
necesidades e imposibilidades socioeconómicas y culturales.
Antes quisiera
ejemplificar, al hablar de la sexualidad femenina, cuan social-mente
determinadas somos.
Hasta hace
relativamente poco fueron los hombres quienes, escribiendo sobre nuestra
sexualidad, dictaminaban qué y cómo debiéramos sentir, nosotras las mujeres.
Sus investigaciones demostraban, junto con nuestra inferioridad intelectual y
nuestro infantilismo afectivo, nuestra predisposición magnífica para la
maternidad. La descripción de nuestra sexualidad resultaba más bien pobre.
Solían, además, generalizar, sin tomar en cuenta la pertenencia a la historia,
clase y sociedad de las diferentes mujeres. Recién en las últimas décadas son
mujeres las que lograron dedicarse al tema. Debemos a la antropóloga Margaret
Mead, por ejemplo, el conocimiento de la existencia de “sociedades frígidas” y
otras, donde se supone que la gran mayoría de las mujeres gozan violentamente.
Debemos a la escritora Doris Lessing el conocimiento de la precariedad y de la
dependencia emocional de la capacidad orgástica de ciertas “mujeres liberadas”
de clase media y país desarrollado. El informe Hite nos ofrece la gama enorme
de variedades de formas de goce de la mujer norteamericana, blanca, de clase
media.
Podría seguir
ejemplificando con las investigaciones de Masters and Johnson o con la
literatura feminista muy abundante sobre el tema. Pero me limitaré al
comentario de una paciente de clase obrera argentina quien, años atrás, tuve
que entrevistar en un servicio psicosomático de ginecología. Cuando
16 Publicado en el Seminario: “Feminismo,
Política y Movimientos Feministas”. 1-3 marzo 1982. Centro de Estudios
Económicos y Sociales del Tercer Mundo. México.
58
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
pregunté a esta
mujer cuarentona y desgastada sobre su vida sexual, me contestó: “Mi esposo es
muy considerado. Como sabe, cuan cansada estoy de noche, no hace ya uso de mí,
sino se arregla fuera de casa”.
Ella me demostró,
de forma para mí dramática, cuan moldeable es el instinto sexual. Veamos ahora,
a través de los comentarios sobre dos libros, como ocurre lo mismo con el
“instinto maternal”.
Tres hombres Gunnar
Heinsohn, sociólogo, Rolf Knieper, abogado y Otto Steiger, economista escriben
sobre la “Teoría general de población de la era moderna” (Allgemeine
Bevolkerungs-theorie der Neuzeit, Suhrkampverlag 1979). Los autores sostienen
que el deseo de descendencia no es innato, sino el resultado del interés de la
clase dominante. Este, a su vez, depende de las relaciones de producción y la
ganancia correspondiente. La decadencia de la Roma tardía fue resultado del
hecho que los esclavos ya no estaban interesados en tener descendencia, con el
resultado de falta de brazos para el trabajo y para la guerra. Esclavos y
proletarios lograron no tener hijos ya que en Roma junto con la desintegración
de las familias patridas, el infanticidio, el aborto y anticonceptivos
primitivos estaban a la orden del día. La necesidad de superar la disminución
constante de la población trabajadora fue una de las causas que llevó junto con
el hecho que desde el final del siglo II d.C. muchos esclavos y proletarios se
habían transformado en pequeños campesinos, necesitados de herederos que
trabajen su tierra, a la adopción de la religión cristiana. Era ésta y su
herencia judía la que reestablecía la familia patriarcal en decadencia y
prohibía el infanticidio y el acto sexual infertil. Sin embargo no se logró
impedir que las parteras mantengan y amplíen su vieja sabiduría en métodos
anticonceptivos y de aborto.
Según los autores
fue recién al principio de la época moderna cuando el auge de un nuevo
mercantilismo –la nueva economía representada por Jean Bodin– lleva a una
eliminación radical de estas medidas limitantes del crecimiento de la población
y de sus causantes. Según los autores la decisión de aumentar la población por
todos los métodos factibles sería la causa del –hasta la eliminación masiva de
seres humanos en los campos de concentración nazi– más horrendo crimen y
masacre de la humanidad: la persecución, tortura y matanza de millones de
mujeres, acusadas de brujería y trato con el diablo, pero de hecho por ser
conocedoras de vieja sabiduría ginecológica, adquirida durante siglos y
milenios. A través del terror –la letra con fuego entra– se impone la nueva
consigna: no hay que tener los hijos , de los cuales uno puede
responsabilizarse, sino los hijos que Dios manda. El placer sexual
59
Marie Langer
de la mujer es
secundario y hasta indecoroso, lo importante es su función de madre. La familia
adopta la moral cristiana, el “deseo natural de descendencia” y la maternidad y
paternidad sin límites. Esta evolución provoca en nuestro siglo la explosión demográfica
del tercer mundo junto con una liberalización de normas en el mundo
desarrollado. Resurge la lucha por la libertad del aborto, se descubren
anticonceptivos cada vez más seguros y mejores y se planifica a la familia. Sin
embargo, en los países desarrollados esta planificación implica a menudo tener
un sólo hijo o prescindir del todo de descendencia.
Las ventajas de una
vida libre de las preocupaciones que causa la crianza de los hijos, parecen de
más peso para muchas parejas, que el supuesto “deseo natural del hijo”.
En resumen, los
autores sostienen que, la causa y el recuerdo del horrendo crimen cometido
contra las brujas fue reprimido, hasta por los marxistas y sustituido por la
creencia de un instinto maternal.
La tesis de los
autores me pareció muy estimulante y digna de tomar en cuenta. No concuerdo con
las deducciones que hacen para el futuro, o sea, que la única manera de
aumentar de nuevo la disposición de las mujeres a la maternidad sería
transformar a ésta en fuente de ingreso y, cuasi, en profesión. Creo que en
este punto la integración de una mujer al equipo de autores hubiera sido de
bastante utilidad.
Mencionaré ahora
nuevamente “el amor en más” (L’amour en plus) de Elizabelh Badinter, que
demuestra que no siempre bastaba, tener hijos, para despertar al instinto y
amor maternal. Ella describe, como, desde el siglo XVII en adelante, hasta bien
entrado el siglo pasado, la población urbana francesa solía desembarazarse de
sus recién nacidos mandándolos al campo, al cuidado de amas de leche
campesinas. El resultado fue una mortalidad infantil enorme y una baja
preocupante a la larga, para los gobernantes, del índice de aumento de la
población. Demuestra la autora, a través de su libro, como las madres de
entonces carecían totalmente de “instinto maternal”, pero también, como éste
fue creado, “el amor forzado” lo llama Badinter, con el tiempo por el desarrollo
de una filosofía y moral impuesta. Fue Rousseau, quien inventó a través de la
pareja ideal, Emile y Sofie, a la mujer suave, indefensa, de inteligencia
práctica y dedicada totalmente a la atención del esposo y a la crianza de sus
hijos. Sostiene que Freud y sus seguidores, especialmente Helene Deutsch,
Melanie Klein y Winnicott, serían los últimos herederos de la ideología
roussoniana. Predice una época nueva, en la cual ya
60
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
no toda, la
responsabilidad para la crianza y salud mental de los hijos, recaiga sobre la
madre, sino donde se estaría despertando el “instinto paterno”. Daré como
ejemplo el éxito de taquilla que obtuvo, unos años atrás la película “Kramer
vs. Kramer” como también una nueva modalidad en los divorcios. Hay madres que
deciden, “hacer su vida” y padres, de quedarse con los hijos.
México 1982
Marie Langer
61
Marie Langer
PLANIFICACIÓN
FAMILIAR E IMPERIALISMO
El tema17 me
interesó desde hace mucho. Además sabía que en la Argentina, a pesar de sus 8
habitantes por kilómetro cuadrado, existen en salas de ginecología y
obstetricia, servicios de Planeamiento Familiar, mantenidos por subsidios
norteamericanos y llamativamente bien equipados. Suelen disponer de varios
psicólogos, sociólogos y asistentes sociales rentados.
Años atrás, durante
la recepción de un congreso, escuché cómo la esposa de un diplomático
estadounidense alababa la labor médica que realizaba su nuera:
“Trabaja en el
Centro de Family Planning en el ghetto negro de Chicago. Me dice a menudo que
no tendríamos que preocuparnos tanto por el poder negro y él futuro, siempre
que se siga apoyando la labor de estas instituciones. Allí logran convencer a
muchas mujeres. Si se puede seguir trabajando en esta línea, dentro de pocos
decenios habrán resuelto el problema negro pacíficamente”.
En ese entonces
suponía que se “convencía a muchas mujeres” para que usen la píldora o la
espiral. Pero la lectura del abundante material de propaganda de la Asociación
Internacional (con sede en Nueva York) para la Esterilización Voluntaria, me
aclaró el malentendido. Se trata de la vasectomía en el hombre y la ligadura de
trompas en la mujer, que son “la manera más segura para evitar embarazos no
deseados”. Los deseados también, ya que el método es definitivo.
Pero es un método
útil para Estados Unidos. En Puerto Rico, p.e., el arte de persuasión sumado a
la pobreza ya dieron resultados muy alentadores. En 1965 un tercio de las
mujeres entre 20 y 49 años fue esterilizado. Pero lamentablemente “en América
Latina, donde el problema de la explosión demográfica es casi tan grande como
en la India” (parece que desconocen los datos de la Argentina o de Bolivia p.
ej.) la esterilización voluntaria no tiene adeptos. Puerto Rico es, gracias a
la influencia norteamericana, una excepción significativa.
El éxito del método
allá se merece un estudio profundo (seguramente financiado por la Asociación)
para ver “cómo podría lograrse lo mismo en otros países latinoamericanos”.
17 Publicado en Gaceta Psiquiátrica, Órgano
Oficial de la Federación Argentina de Psiquiatras. Octubre 1973 n.° 14
62
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Pero en la India la
pobreza reinante parece tan grande, que métodos psicológicos de persuasión son
prescindibles:
“El estímulo
ofrecido en la India a hombres oscila entre 1.30 y 4.50 dólares. Parece un
testimonio trágico del compromiso del individuo con la sociedad, si es seducido
a vender definitivamente su capacidad de reproducción por unos pocos dólares”.
¿Hay que
esterilizar a la gente pobre o hay que combatir la pobreza? Ellos la combaten
así, esterilizando. Luchan por un fin noble, Contra un gran peligro. El Prof.
Ehrlich, de la Stanford University, autor de La bomba de la población declara
que la vasectomía es un instrumento importante para la sobrevivencia del género
humano. El Dr. Harrison Brown advierte que la intranquilidad social y hasta la
guerrilla podrían ser la consecuencia del hambre. Ya que la gente teme morirse
de inanición, recurre a la violencia. “Situaciones con toda la violencia de
Vietnam podrían surgir en otros lugares”. “Para evitar guerras, el sentido
común nos indica –dice otro colaborador del proyecto– que únicamente la
aplicación de un programa vigoroso de planeamiento familiar, incluyendo
esterilización voluntaria, tiene alguna chance de éxito. Los que trabajan por
la paz y los que trabajan para este tipo de programas son aliados naturales, ya
que luchan por la misma causa”. ¿No les alegra que tengamos ahora nuevos
aliados?
La organización
dispone también de una psiquiatra. El material de propaganda está lleno de
estadísticas, color de rosa, donde el casi 100% de los interrogados
posteriormente aseguran que están contentos de haberse sometido a la
esterilización.
La Dra. Helen Edey
dice al respecto: “las estadísticas, resultado de los cuestionarios tomados
después de la operación no son científicas ni debida-mente controladas”. Además
supone que quien asegura estar plenamente satisfecho con su esterilidad, niega las
consecuencias psicológicas, para no enfrentar un hecho ya irreversible.
Octubre 1973
Marie Langer
63
Marie Langer
PSICOANÁLISIS,
LUCHA DE CLASES Y SALUD MENTAL
Mucho se ha dicho
en estos últimos años, del psicoanálisis como instrumento del status quo y como
terapia disponible únicamente para una élite.
Es por eso que
creemos vale la pena transmitir una experiencia, aunque ésta haya quedado
trunca, en la cual se intentó poner el psicoanálisis al servicio de la salud
mental de la clase obrera.
Al pretender
nosotros, un grupo grande de psicoanalistas, utilizar nuestros conocimientos en
la práctica hospitalaria, seguimos a Gramsci, que exige a los intelectuales,
(los técnicos) poner todo el bagaje de sus conocimientos a disposición del
proyecto del proletariado.
Trabajamos desde
este enfoque en la Argentina, país latinoamericano, cuyas características
sociopolíticas de esta época pasamos a sintetizar a fin de inscribir nuestra
experiencia en el marco histórico en el que se dio. Es un país potencialmente
rico, con un desarrollo dependiente primero de Inglaterra y luego dé EE.UU. La
población es blanca (pocos indígenas sobrevivieron a la conquista aunque en la
clase baja hay mestizos). La clase dominante está constituida por latifundistas
(oligarquía vacuna) y por industriales en auge desde la primera época
peronista. La cúspide militar proviene de ambos sectores. La clase media,
sólida, y fuerte, se compone de pequeños comerciantes, pequeños industriales y
empleados. Entre ellos y entre sus hijos universitarios, el conocimiento es un
valor fundamental: ofrece una alternativa de progreso social.
Debido a esta clase
media inquieta, compuesta en su mayoría por inmigrantes o sus descendientes y
colmada de contradicciones, el psicoanálisis que emerge de los años 40, tiene
un desarrollo y un poder ideológico único. La Asociación Psicoanalítica Argentina
formó psicoanalistas que aprendieron a aplicar su técnica exitosamente y en
forma clásica en su consultorio privado.
No obstante,
algunos siempre intentaron trabajar psicoanalíticamente en los servicios
hospitalarios, enfrentándose con múltiples dificultades. Queremos ejemplificar
con un caso extremo, en el cual el terapeuta, “buen analista”, procedente de
clase alta y carente de cualquier formación marxista, no logra establecer
contacto con sus pacientes de clase baja. Eso lo llevó a transformar la
dificultad de encontrar un código común en un obstáculo insalvable.
64
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Publicó su
experiencia en un trabajo, en el cual nos habla de la imposibilidad de un
diagnóstico frente a estos pacientes villeros (“Nunca supimos diferenciar si
nuestro paciente padecía de psicosis, psicopatía o debilidad mental”) y su
tratamiento. Sostiene que el pobre es incapaz de conceptualización y basándose
en un trabajo norteamericano, encuentra que también en la Argentina la
colaboración del paciente de clase baja es nula, mientras que se recurra
únicamente al uso de la palabra.
Nuestra concepción
difiere fundamentalmente de ésta, aunque al ponerla en práctica hemos
introducido ciertas variantes, que describiremos más adelante, en la técnica
psicoanalítica clásica de terapia grupal.
Volvemos al país,
1966 de nuevo dictadura militar. En la “noche de los bastones largos” se
desmantela la Universidad. Los servicios psiquiátricos más reaccionarios no son
tocados, pero los jóvenes psiquiatras de izquierda recurren por primera vez,
frente al vacío científico oficial a la Asociación Psicoanalítica. El ámbito
institucional del psicoanálisis, casi aséptico hasta entonces, se contamina con
sangre joven que nos trae sus conocimientos, pero también su NO a la
psiquiatría manicomial y su preocupación social.
La dictadura
militar se desgasta, crecen las luchas populares. Se cambia de dictador de
turno. Sobreviene el Cordobazo, una lucha armada que dura tres días y
transcurre en Córdoba, centro de la industria pesada y, en 1918, cuna de la
reforma universitaria.
La lucha se
generaliza en el país y muchos intelectuales adquieren conciencia política y se
cuestionan su inserción y su praxis. En el curso de este proceso dos grupos
importantes de psicoanalistas salen de su institución con una crítica política
a la teoría y práctica que ésta enseña y permite. Otro grupo, de psiquiatras
marxistas, olvidan su fobia y prejuicios frente al psicoanálisis y juntos
confluyen en y militan desde la Federación de Psiquiatras, entidad, gremial,
científica y política. Pronto se amplía la base y, entre la Asociación de
Psicólogos, la Asociación de Psicopedagogos y la Federación de Psiquiatras se
forma la Coordinadora de Trabajadores de la Salud Mental, con su Centro de
Docencia e Investigación que imparte enseñanza de psicoanálisis y marxismo.
Una apertura
política se vuelve posible gracias al desgaste y desprestigio creciente del
partido militar, las luchas de la clase obrera, la actividad de la guerrilla
peronista y marxista, y las presiones de los partidos políticos tradicionales,
que obligan a Lanusse a asumir una “actitud democrática”. Esta
65
Marie Langer
se plasma en
elecciones relativamente condicionadas a partir de las cuales el voto popular
masivo conquista –por breve tiempo– el control de parte del aparato
gubernamental, pero no el poder efectivo que permanece finalmente en manos de
la derecha, cuyos agentes más visibles son los militares y los monopolios
multinacionales.
El espacio político
y social que abre este limitado retroceso de la reacción, permite aperturas en
una serie de campos, entre ellos, el de nuestra actividad. En el plano de la
psiquiatría se amplían y cobran una nueva vida y línea los Centros de Salud Mental
y los servicios hospitalarios de psicopatología (Ya no seguimos intentando
implantar la bibliografía norteamericana ideologizada y ajena a nuestras
necesidades).
En este momento
empieza nuestra experiencia, parecida, sin duda a la de muchos servicios.
Sabíamos de la precariedad del proyecto, pero sentimos que debíamos aprovechar
el espacio ideológico que la coyuntura política e histórica nos ofrecía.
Pasamos a describir
la Institución, donde desarrollamos nuestra labor clínica. Se trata de un
hospital general en una población suburbana, la de más alta densidad, del gran
Buenos Aires. Un servicio de psicopatología, ya limitado a consultorio externo,
desmantelado y pauperizado con únicamente dos profesionales rentados. Hemos
contado con el apoyo lúcido de las autoridades del servicio, que habían en los
últimos años superado su desconfianza por el psicoanálisis y, aunque nó
colaboran con nosotros en la tarea concreta, la facilitaban con todos los
medios a su alcance.
Destacamos esto, ya
que toda labor institucional, tendiente a un verdadero cambio social se vuelve
de por sí subversiva, y su evolución y duración depende de una interacción
compleja entre las personas que la llevan adelanté, las autoridades de la
institución y la lucha política dentro de la sociedad en la cual la institución
está inscripta. En concreto: una labor como la nuestra fue posible, mientras la
situación política de la Argentina parecía prerrevolucionaria, se volvió fácil
durante el breve período de la presidencia de Cámpora (el slogan “El pueblo al
poder” caracteriza a esta época) y se tornó más y más dura después, a medida
que la derecha peronista reconquistaba y se afianzaba en el poder. Terminó
bruscamente con el cierre de éste como de los demás servicios similares, días
después que la Junta Militar asumiera el poder en la Argentina. Simultáneamente
se cierran los centros progresistas de Salud Mental.
66
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Los pacientes:
provenían del barrio obrero, en el que funcionaba el servicio. Algunos vivían
en casas de material, otros en viviendas precarias de la villa miseria. Los
hombres eran en su mayoría de extracción obrera; trabajaban como tales o como
pequeños comerciantes, o se desempeñaban en un oficio independiente. Algunos
provenían de clase media baja. Las mujeres eran en su gran mayoría casadas y
únicamente amas de casa, aunque hubiera alguna empleada y obrera entre ellas.
Casi todos los pacientes habían abandonado el estudio en el primario escolar,
unos pocos recién en el secundario. Algunos habían recurrido al servicio de
psicopatología por darse cuenta de “sufrir de los nervios”, pero muchos, ya que
nuestro consultorio estaba inserto en un hospital general, fueron derivados por
ptros servicios, como clínica médica, endocrinología, neurología, etc.
El equipo
terapéutico: éramos varios terapeutas con experiencia en psico-terapia
psicoanalítica de grupo. Organizamos los equipos de tal manera, que siempre
hubiera dos coterapeutas experimentados, en lo posible un hombre y una mujer.
Asistían además, como observadores participantes, varios psicólogos o
psiquiatras jóvenes. Intervenían espontáneamente. El entrar gradualmente y,
según el ritmo personal en la tarea interpretativa, facilitaba a los neófitos
su aprendizaje. Según sus capacidades, se transformaron, en el curso de la
terapia, en coterapeutas que, a su vez, podían formar nuevos equipos. Como
todos teníamos el mismo derecho a intervenir, también podíamos discrepar con
las interpretaciones dadas por otro.
De esta manera se
enriquecían las interpretaciones, abarcando contradicciones y enfoques más
globales, pero también desmitificando ante el paciente, la palabra santa del
analista. Así se establecía un diálogo más fluido entre terapeutas e
integrantes del grupo.
Ninguno de nosotros
estaba pago en el servicio, pero los mayores nos financiábamos este y otros
trabajos con nuestro consultorio privado, mientras que los jóvenes recibieron
de esta manera una formación práctica, desde ya gratuita, que de otra forma,
difícilmente hubiera estado a su alcance. Para su formación teórica disponían
de los cursos del Centro de Docencia e Investigación. Ya que todos estábamos
ligados al trabajo gremial y político de la Coordinadora, entidad que
mencionábamos antes y que nos abarcaba como trabajadores de la salud mental,
poco a poco formábamos un código y un proyecto común. También nuestra técnica y
nuestras expectativas cambiaron y se consolidaron sobre la marcha. Pero en esta
época muy caliente hubo poco tiempo para la teorización y conceptualización de
nuestra
67
Marie Langer
experiencia; recién
ahora lo podemos intentar, pero en ese entonces sabíamos, desde ya, que no
éramos terapeutas “neutrales”, porque no existe neutralidad en una sociedad de
clases, y, que la supuesta neutralidad que se exige y se enseña en las
asociaciones psicoanalíticas oficiales es, de hecho, complicidad con el
sistema.
Hablaremos ahora de
nuestra meta y técnica terapéutica aunque no la tuviéramos clara desde un
principio. A nivel de meta práctica hablamos de 3 tipos de enfermos: 1) Los que
vinieron a resolver un conflicto o una crisis actual: éstos se quedaron poco
tiempo y no pretendemos que hayan obtenido modificaciones importantes;
resolvieron su conflicto actual por encontrar a otros que los escucharon y los
acompañaron en su problema. 2) Los que nos fueron derivados de otros servicios
con los cuales intentamos juntos entender el conflicto subyacente a su dolencia
psicosomática, para que logren prescindir de esta defensa autodestructiva, y 3)
Los que venían a modificar una conducta o un sufrimiento “neurótico”. Con ellos
la meta sería que logren discriminar y asumir la propia responsabilidad en
esto, la de su familia y de la sociedad. Esto en mayor o menor grado es también
válido para todos los pacientes. Implica un cuestionamiento de la familia y de
la sociedad, que alivia de vivencias de fracaso y de sentimientos de culpa, a
menudo inconscientes, que se desarrolla en la interacción de los integrantes
del grupo y de los terapeutas. Es importante, ya que en nuestra sociedad
competitiva nos inculcan que cada uno solo es responsable de sus éxitos y
fracasos.
Concordamos con
Pichón Riviere que todo proceso de curación implica un aprendizaje. Pero
subrayamos que para que se logre y para que la persona que necesitaba en su
momento la ayuda terapéutica, pueda después seguir adelante sin terapia, deberá
haber adquirido no solamente insight en los problemas psicológicos que la
llevaron a la enfermedad, sino también los instrumentos necesarios, para
entender cómo la sociedad y el lugar que ocupa en ella condicionó su propia
vida. Pero tampoco esta toma de conciencia será operativa si no aprende
simultáneamente a salirse de su aislamiento y adquirir vínculos solidarios, más
allá de su pequeño mundo privado.
Insistimos en la
solidaridad, porque pudimos observar como el proceso terapéutico de los grupos
evolucionaba en la medida en que ésta se consolidaba no obstante las
rivalidades-tensiones y ambivalencias existentes. Pero también porque conocemos
la estrategia fundamental del capitalismo que, gracias al aislamiento al que
nos somete, transforma millones de seres
68
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
humanos en polvo
humano (Lukács) y lograr así, manipularlos con facilidad. Así nos expone al
desamparo y a la dependencia y nos priva de la posibilidad de establecer
vínculos libidinosos. Como única seguridad nos ofrece la competencia y eficacia
individual.
En la medida que
contraponemos a la competencia enfermante que nos impone el sistema social
dominante, la solidaridad y creamos lazos de cooperación, nuestra meta de salud
se vuelve subversiva. Lleva al obrero, a la esposa, al niño, a cuestionarse el
porqué de su dependencia.
No adoctrinábamos
en los grupos, no pretendíamos formar células de militantes, pero sí, trabajar
con los pacientes concretos y los medios y la técnica posible para lograr una
salud, contradictoria con las propuestas del sistema. Nosotros pertenecíamos a otra
clase que nuestros pacientes, pero teníamos este proyecto en común con ellos.
Describiremos ahora
las modificaciones técnicas que aprendimos con nuestros pacientes y con la
institución sobre la marcha, aunque nuestro marco de referencia seguía siendo
psicoanalítico. Pero nuestro manejo posible del tiempo era distinto. No puede
pedirse, por ejemplo, a un ama de casa que abandone su hogar, gastando en
transporte, regularmente durante años, recurriendo a la vecina para que le
cuide a sus niños y pidiendo al esposo que se prepare la comida. Su tiempo
vale, igualmente vale el tiempo del obrero. Nuestros pacientes privados tienen
muchas posibilidades de manejar su horario. Esta variable tiempo, nos llevaba a
evitar la regresión profunda; nunca quedábamos en silencio (tipo Bion),
interpretábamos poco en transferencia, pero no dejábamos de hacerlo, si se
trataba de volver consciente el resentimiento frente a los o al terapeuta o a
los compañeros del grupo, como también su idealización al servicio de la
dependencia infantil. Enfatizábamos más la problemática actual, sin por eso,
prescindir, de la historia de cada integrante. Excepcionalmente recurríamos a
una breve dramatización de alguna escena traumática del paciente, para que él
pudiera unir mejor su pensar, comprender y sentir, encuentro fundamental en
toda terapia.
Aunque generalmente
nuestras intervenciones fueron interpretativas, con algunos pacientes no era
factible prescindir del todo de una medicación. Había en cada equipo, un
integrante a cargo de ésta, quien medicaba en la medida que fuera estrictamente
necesario y discutido con el paciente. Este recurría generalmente al psiquiatra
una vez terminada la sesión grupal. La
69
Marie Langer
asistencia al grupo
de un profesional, también experto en esta tarea, permitía un dosaje mínimo y
adecuado de los psicofármacos.
No condenábamos
como acting out los encuentros de los miembros del grupo terapéutico, sino los
considerábamos enriquecedores, ya que estaban al servicio de la terapia.
Ejercitaban la solidaridad del grupo.
No explicitábamos
que nuestro trabajo no recibía remuneración económica. Para nuestros pacientes
éramos médicos y psicólogos del hospital, cuyo pago a nadie se le ocurrió poner
en duda. Pero nos abstuvimos de aclarar eso para que ellos no se sientan atendidos
por filantropía, idealizándonos y, frenando por eso la transferencia negativa.
En estos grupos
comparábamos una vez más, que una terapia analítica es perfectamente operativa,
aunque el paciente no pague por su atención. Freud, mucho tiempo atrás y a
nivel de consultorio privado y análisis clásico de seis veces por semana,
mantuvo que un tratamiento gratuito no era factible ni para el psicoanalista,
por causas económicas obvias, ni para el analizado ya que aumentaría mucho sus
resistencias. Haber trasladado esta afirmación al trabajo institucional,
haberla mantenido durante medio siglo, implica una ideologización, cuya base
monetaria es evidente. Nosotros, en nuestros grupos tuvimos justo la impresión
opuesta: la ausencia de un contrato económico entre pacientes y terapeutas
facilitaba la labor y limpiaba el campo transferencia! de interferencias. El
paciente podía proyectar situaciones múltiples en nosotros, pero nunca sentirse
mercancía.
Explicitábamos que
los jóvenes terapeutas que asistían al grupo, estaban incluidos en el equipo a
los fines de su formación. Ejemplificamos las ventajas de esta veracidad con el
siguiente material: en el mes de vacaciones la pareja terapéutica mayor “papá y
mamá” no atiende. El grupo queda a cargo de un joven psiquiatra. Este es
recibido en las primeras sesiones con burlas irónicas y resentimientos “Los
padres se van, para hacer el amor y pasarlo bien. Ellos, los pacientes-hijos
quedan al cuidado de un hermano mayor”. Pero en el transcurso del mes cambió la
actitud del grupo. Frente a la interpretación consecuente de la dependencia
infantil de los integrantes: “¿qué podemos hacer sin mamá y papá?” y de la
parálisis subsiguiente, disminuye la trans-ferencia negativa. Se llega a un
enfoque más realista: “¿de qué nos sirve criticar sistemáticamente cada
interpretación del joven?” y después al “¿qué podemos hacer juntos y con él,
sin nuestros grandes terapeutas?”. Finalmente se produce un trabajó fructífero,
gracias al logro de una
70
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
coparticipación de
todos, solidarios con el joven y dispuestos a colaborar con su formación.
Esto nos lleva a
otro ítem importante: La transferencia se establece, en circunstancias
favorables, con la institución que sirve de continente, más allá de las
técnicas que la componen. Pero esto se da únicamente si la institución comparte
el proyecto terapéutico.
Para hablar ahora
de indicación y contraindicación de nuestra psicoterapia deberemos recurrir a
diagnósticos psiquiátricos y psicoanalíticos. Nos moveremos pues, en esta
terminología, aclarando antes que estamos al tanto de la ideologización de la
nosografía psiquiátrica y la larga discusión que suele provocar. Pero nuestro
uso de ella es muy relativo. Prescindir del todo de ésta terminología
implicaría entrar en el juego de las palabras, para redescribir en otros
términos, menos culpógenos tal vez, lo que todos sabemos.
No se nos planteó,
en las entrevistas de admisión, atender en los grupos psicóticos graves, ya que
nuestro servicio carecía de internación. No aceptábamos pacientes traídos por
sus familiares por crisis agudas, con peligro de suicidio. Pero, si en el curso
de la terapia grupal surgía este riesgo para un integrante, confiábamos que el
grado de solidaridad adquirido por el grupo le serviría de contención. Esta
expectativa nuestra nunca fue defraudada, aunque el equipo terapéutico
trabajara una sola hora semanal con cada grupo.
Rechazábamos
hipocondríacos u otros cuadros de aislamiento narcisístico tan grave, que no
pudiera esperarse que llegue a una interacción positiva con los demás
integrantes.
Aceptábamos sin
problemas, a “psicópatas” y “perversos”. Consideramos, como indicación casi
absoluta para una terapia grupal inmigración y exilio. El grupo tiene, en estas
circunstancias, una función doble: la normalmente terapéutica y la de ofrecer
arraigo y solidaridad al recién llegado.
Tropezamos, un día,
con una contraindicación no pensada previamente; por desconocimiento, casi
incluimos en un grupo a un policía, yerno de un comisario. Al darnos cuenta de
su ocupación e ideología concomitante desechamos esta posibilidad, ya que
podría poner en peligro la discusión franca de la situación política del
momento en el grupo, transformarse en alcahuete y estereotiparse en un papel
fijo de perseguidor.
71
Marie Langer
Hablaremos ahora de
nuestros pacientes y, en primer lugar del ama de casa de clase baja. Ellas
formaban parte importante de las que buscaban nuestra ayuda. El ama de casa
está actualmente en el centro de interés de feministas y marxistas; se discute
su doble explotación –triple para la esposa de un obrero de país dependiente–
ya que produce y reproduce la fuerza de trabajo del obrero sin recibir
remuneración. Se analiza su psicología, condicionada por su no participación en
la producción de valores de cambio. Y en general con respecto a la mujer se
critica como ideologizado el concepto freudiano de su supuesta inferioridad y
castración.
Nosotros no
entraremos aquí en la polémica; nuestro enfoque surgirá del material clínico.
Se basa, en la práctica, en una intervención realizada con anterioridad a
nuestra experiencia en el servicio. En ésta estudiamos la patología, los
factores desencadenantes, y la personalidad premórbida de un número de amas de
casa de extracción proletaria que recurría al consultorio externo por cuadros
de ansiedad, somatizaciones, frigidez, etc. Seguíamos en nuestra investigación
las líneas principales del enfoque ya clásico de Wilhem Reich: La reclusión en
el hogar de la esposa del obrero y su dependencia económica de él que es
explotado a su vez aumenta su represión sexual la vuelve reaccionaria que
repercute en sus hijos. Pudimos demostrar cómo el ama de casa se enferma y se
infantiliza en estas circunstancias, cómo se reduce su mundo a la pequeña
familia y vecindad, cómo se refuerza regresivamente su dependencia de la madre
y de la suegra y cómo efectivamente, en el transcurso de los años, el único
contacto que suele mantener con el esposo es el sexual, pero como rutina,
transformado en una tarea doméstica más. Ella ni pretende ya, recibir o dar
cariño y, menos aún, gozar de esta unión.
Frustrada,
careciendo de autoestima, delega sus proyectos vitales en los hijos,
desquitándose al mismo tiempo con ellos de sus carencias y repitiendo así su
propio condicionamiento. Finalmente se enferma, para recuperar un lugar más
importante en la familia. Eran estas amas de casa las que más provecho sacaron
del grupo.
72
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
HISTORIALES
CLINICOS:
Susana, mujer
agradable de unos treinta años, esposa de un ferroviario, nos fue derivada por
el servicio de clínica médica a causa de una hipertensión escencial. Callada
durante largo tiempo, escuchaba con sumo interés las discusiones de los demás.
Sin embargo una vez se dedicó casi una sesión entera a Susana; fue cuando ella
planteó su temor pánico ante la inminencia de un viaje a su pueblo natal. Ahí
se iba a enfrentar con su suegra temida, dueña de su esposo y rival de ella. En
esta oportunidad las interpretaciones del grupo y los terapeutas lograron
disminuir su temor; volvió contenta de su viaje. Desde entonces comenzó a
participar más activamente en el grupo y a formar lazos amistosos,
especialmente con Ramón, muchacho homosexual del que hablaremos más adelante.
Un día llega, sonrojada y feliz; –“No necesito venir más. Ya me curé”. –nos
explica–. –“Ya sé que no tengo la presión alta, sino calentura no más”–.
Gracias a las explicaciones que Ramón le había dado en el café, había hablado
sinceramente con su esposo, por primera vez, sobre sus dificultades sexuales y
como él debiera actuar, para que ella pudiese gozar. Así logró superar su
frigidez, subyacente a su trastorno de presión.
Elena, casada con
un ex paracaidista que, debido a un accidente, tuvo que colocarse como empleado
gráfico, llega al grupo por un estado depresivo y de ansiedad. Durante meses se
limita a quejarse de su esposo, porque éste tenía una amante y se despreocupaba
de ella y de los hijos. Costó tiempo, hasta que Elena pudiera mostrar los
autorreproches que se escondían detrás de esta acusación y confesar en el grupo
que ella también tenía un amante. Gracias a la reacción comprensiva y no
moralista de los demás, como a las interpretaciones de los terapeutas, pudo
recién entrar en su problemática real: era imposible para ella separarse de su
esposo, pues su amante estaba casado y no dispuesto a un divorcio y ella no
podía mantenerse sola y, menos aún, mantener a sus hijos. No sabemos cuál fue
su salida ulterior, pero empezó a trabajar antes que terminara el grupo. De
todos modos, la terapia le sirvió para transformar un problema ficticio y, por
eso enfermante, en otro real.
Alcira, la
mantenida, joven divorciada y atractiva, consulta por estados de ansiedad y
trastornos de tipo de conversión histérica. Está cargada con todas las
ambiciones y todos los prejuicios de clase media baja. Es cursi. Su amante,
gracias al cual puede económicamente dedicarse a preparar el ingreso a
medicina, comparte cuidadosamente su tiempo libre entre ella y su propio
73
Marie Langer
hogar. Cuando él
llega del trabajo, ella debe estar libre, y esperarlo con la comida lista y la
cama preparada. Además ella no lo quiere. El, bastante mayor que Alcira, es un
sindicalista burócrata de tercera línea, fóbico, machista y casado.
En una terapia
individual previa, Alcira se había afianzado en sus estudios, pero sin cambiar
su sintomalología, ni su problemática vital. En el grupo se decide, a pesar de
las protestas de su amante, a buscar trabajo. Encuentra un empleo afín a su
carrera, en una clínica. Luego rompe con él; simultáneamente mejora bastante de
sus síntomas.
María, ama de casa,
casada, es derivada por el servicio de pediatría, porque, debido a su
“nerviosidad”, trataba mal a sus dos hijos. Las cosas con su marido tampoco
iban bien, ya que se había vuelto frígida en estos últimos años. “El sexo no le
interesa más, tiene otras preocupaciones más serias”. Lo único que le interesa
es la salud de su hermana, mucho menor que ella y a su cargo, que sufre de un
aneurisma. En cualquier momento puede tener un accidente grave.
María no se siente
cómoda en el grupo; no quiere seguir viniendo. “¿De qué le sirve, si su
problema no puede ser resuelto con palabras?”. Y el discurso de los demás no le
interesa, pues siente las preocupaciones de los otros ajenas a ella. Recién a
raíz de una experiencia dolorosa y parecida de otro integrante del grupo (el
nacimiento y muerte de un niño con malformación congénita grave), se descongela
de golpe, interviene y comienza a contar, fríamente, pero después con todo su
dolor, una parte de su vida que nunca había mencionado. Y descubrimos, bajo esa
preocupación absorbente y enfermante por su hermana, el duelo por la muerte de
un hijito suyo, con malformación cardíaca. La enfermedad última y la muerte de
este niño había ocurrido, años atrás, en circunstancias muy especiales. El
personal del hospital de niños, donde estaba internado su hijo, estaba de
huelga. Esta falta de atención apresuró, tal vez, el desenlace final.
María junto con un
grupo de madres, concordaba políticamente con la huelga y ayudaba, como podía,
para suplir la falta de personal. El clima de solidaridad que vivían estas
madres configuró una experiencia gratificante. Pero también, y eso era lo más
difícil de admitir para ella, se sintió aliviada por la muerte de un niño
irremediablemente inválido (Por eso fue reprimido y dio lugar a un duelo
congelado que paralizó su desarrollo y aprendizaje vital,18 ya que es
18 Fernando Ulloa
(Comunicación personal).
74
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
sustituido en
castigo, por la preocupación constante por su hermana). Este proceso
inconsciente se aceleró dramáticamente. El cambio que María experimentó, cuando
había podido comprender y elaborar toda esta situación fue espectacular. Ella
logró en un lapso muy breve, recuperar su personalidad anterior y también su
militancia. De alguien encerrado en una problemática fija, limitante e
insoluble, se transformó en una persona interesada de nuevo en su esposo, sus
hijos, y en el mundo.
Pronto decidió no
necesitar más de la terapia; pero, al despedirse de nosotros, nos entregó a
cada uno un volante del Partido al cual había ingresado.
Después de un
tratamiento de algunos meses María se dio de alta, Susana también. Pero, ¿los
pacientes tienen derecho a eso? En términos clásicos de terapia analítica eso
sería una resistencia a combatir con múltiples inter-pretaciones. Nuestro
criterio era distinto. Si buscamos que el paciente se independice, si confiamos
que aprendió algo en el grupo, lo creemos con pleno derecho a decidir por sí
mismo, pero, y eso es importante y vuelve menos riesgoso el desprendimiento,
también con el derecho, de recurrir de nuevo al grupo cuando lo necesite.
Lina, mujercita
frágil y poco llamativa, se sentía infeliz y peleada con todos. Era obrera.
Quería seguir trabajando. Militaba. Tenía el proyecto de estudiar en el colegio
nocturno; pero estaba casada, tenía un hijo y una suegra con la que convivía.
Esta era su rival invencible. Cuando su marido le pedía algo, ya la suegra se
lo había alcanzado. Cuando pretendía, en el poco tiempo disponible, preparar
una comida para su marido o su hijo la suegra ya lo había hecho.
El grupo le da un
primer consejo operativo: que coloque un tabique en la cocina, prescinda de la
ayuda de la suegra y asuma las dificultades que eso le iba a traer. El tabique
sirvió, por que simbolizaba la distancia oportuna de su suegra y la intimidad mínima,
necesaria para la convivencia con su esposo. Mejoran las relaciones familiares.
Logrado eso se retira del grupo, argumentando falta de tiempo.
En ese momento las
circunstancias le imponían un mayor compromiso político en su trabajo en la
villa miseria. Pasan seis meses y Lina vuelve. Había disminuido sus horas de
trabajo y había entrado en un colegio nocturno para adultos. La represión en la
villa había aumentado muchísimo. Dos veces habían baleado el local del partido
en el cual trabajaba. Además estaba
75
Marie Langer
embarazada. Como
todo se complicó y ella sentía que sola no podía enfrentar las situaciones,
había decidido su vuelta al grupo.
Siguió por un
tiempo y se retiró de nuevo. No sabemos qué pasó después, pero, relatamos su
historia, no sólo para ejemplificar la fuerza y el espíritu de lucha de una
militante de la clase obrera, sino también para aclarar, cómo sentimos nuestra
función. Como ya dijimos, no pretendíamos siempre lograr en nuestros pacientes
cambios profundos, ni altas definitivas. Pero sí sentíamos como nuestra
obligación fundamental, estar disponibles para cuando cualquiera de ellos
necesitara volver, por precisar de ayuda. Podría decirse que respetábamos mucho
más la realidad vital de los que atendíamos, que lo que suele hacerse en un
tratamiento psicoanalítico clásico.
Isabel: pero no
todos nuestros pacientes eran héroes. Isabel respetaba el sistema. Gorda y
carenciada sexualmente, de 40 años, analfabeta del interior del país, con una
infancia maldita sin padre, era viuda de un gendarme que nunca se dignó casarse
con ella, aunque tuvieron juntos tres hijos. Isabel vivía en la villa con la
pequeña pensión que sus hijos recibían como huérfanos del finado gendarme. La
ayudaba, además, su hija mayor. Esta era todo su orgullo y su esperanza.
Gracias a ella saldrá de la miseria. Sus hijos varones no servían para eso; el
menor, por su poca edad, y el mayor, porque era "medio hippy" y
peronista de izquierda. Ella también era peronista, desde ya adoraba al
general; pero era como se debía ser, una peronista de las de antes.
Aprendimos mucho de
Isabel. Hubo mucha discusión en el grupo gracias a ella. Por ejemplo, cuando
contaba satisfecha que en una huelga en la fábrica, donde su hija se
desempeñaba como capataza, ésta se había puesto del lado de los propietarios.
Isabel tuvo su
momento de felicidad cuando, entre el hijo del "judío de la fábrica"
(el dueño) y su nena (la capataza), parecía darse un idilio amoroso. Pronto se
iban a casar. Era patético, verla a Isabel en el grupo, con las cejas
depiladas, en preparación para el casamiento. Pero cuando el compromiso
fracasó, su orgullo herido no le permitió, seguir en el grupo.
Pasamos ahora a
describir el material y destino de tres pacientes hombres.
Primero Ramón, del
cual ya hemos hablado en conexión con Susana. Ramón, muchacho corpulento,
inteligente, de 28 años y extracción de clase media baja, homosexual
desafiante, llegó al grupo por una depresión grave que le impedía trabajar,
amar y terminar sus estudios secundarios. Ramón se siente
76
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
víctima, y con
causa, de sus padres. Mientras que a su hermano le dieron el tratamiento
adecuado a la criptorquídea que padecía, con él, que tuvo el mismo problema,
aplicaron un experimento hormonal con resultados desastrosos. Ramón quedó
estéril y con unos senos, debidos a altas dosis de hormonas, que tuvo que
eliminar a través de cirugía estética. Era, a pesar de su apariencia imponente,
arrogancia y agresividad verbal, un homosexual pasivo. Desarrolló una
transferencia erótica intensa con el terapeuta hombre del equipo, a quien
amenazaba con suicidio o con enloquecerse, si éste no se ocupaba más de él. Sin
embargo, con ciertas pacientes mujeres podía ser muy tierno y fraternal.
Especialmente les ayudaba en la comprensión de su problemática sexual, como también
en cómo manejar adecuadamente y sin dañarlos a sus hijos varones. Ramón
aprovechó la experiencia del grupo en un máximo, tal como nosotros, los
terapeutas, también aprovechamos su capacidad de comprensión e interacción con
los demás.
Citamos su caso
para demostrar que la homosexualidad en sí, no constituye, según nuestra
experiencia, una contraindicación a la terapia grupal. Pero tampoco creemos
que, por lo menos en América Latina, la homosexualidad pueda servir de bandera
de liberación. Ni nuestra problemática, ni la salida social necesaria pasan por
este terreno.
Hablaremos ahora de
Ramiro, obrero metalúrgico a quien no pudimos ayudar. Apareció en el grupo
enviado por neurología, con el diagnóstico de simulador. Necesitaba una renta y
arrastraba lamentablemente una pierna. Era un hombrecito vencido, de unos 40 años,
que aparentaba mucho más. No tenía familia, su mujer lo había abandonado con
sus hijos. Dos veces asumió su condición de clase. En la primera ocasión se
discutía acaloradamente la “ejecución” por un grupo guerrillero de un burócrata
sindical, corrupto y poderosísimo. El intervino bruscamente, cuando una
integrante del grupo defendía al muerto por ser padre de familia. Con suma
violencia contó como este mismo sindicalista, 20 años atrás, lo había humillado
y traicionado a él y a su gremio. La segunda oportunidad se dio cuando la misma
mujer, sobrina de un pequeño propietario de fábrica, le ofreció un puesto de
sereno. El aceptó encantado, pero a las pocas semanas renunció con violencia a
su trabajo, “porque éste no era digno, sino en la práctica, tarea de policía y
espía de los compañeros” que trabajaban ahí. A Ramiro no lo pudimos ayudar
porque sus necesidades concretas eran demasiado urgentes y, efectivamente, no
podían ser satisfechas con palabras. Pronto comenzó a faltar y finalmente
desapareció del grupo.
77
Marie Langer
Finalmente Juan,
que fue causante de una larga y esclarecedora discusión ideológica, enfocada
tanto desde el punto de vista psicoanalítico y social. Juan, lindo muchacho de
unos 28 años, pobre, aunque tuviera en España parientes adinerados, estaba
casado con una muchacha ambiciosa, que se atendía en otro grupo. De joven había
entrado en la policía, para poder ganarse la vida. Sin embargo renunció cuando
lo quisieron usar, primera-mente, para matar pequeños ladrones y después, como
provocador en una manifestación obrera. Luego procuró mantenerse como
electricista.
Durante la
presidencia de Cámpora se ofrecía el reingreso a la policía a quienes se habían
ido por discriminación política, con pago de todos los haberes; Juan podía
tomar este camino, obteniendo así los medios para que su mujer salga de la
villa, de la casita precaria y disponga de baño propio y cocina. Si se decidía
a esto ella lo amaría mucho.
Se discutió esto
durante toda la sesión se analizó entre todos qué era ser policía. Juan no dijo
nada al final, pero ya no defendía su proyecto. Recién en sesiones posteriores
nos enteramos que había renunciado a él.
Al revisar estos
historiales y recordar muchos otros que no describimos aquí, podemos definir
mejor cuál fue nuestra meta terapéutica.
Pero antes
quisiéramos recalcar de nuevo: no encontramos dificultades específicas para
aplicar nuestros conocimientos psicoanalíticos. Los pacientes entendían
nuestras interpretaciones; tenían mayor o menor capacidad de insigth, igual
como ocurre entre burgueses; estaban tan capacitados como nuestros analizandos
de consultorio privado, para pensar y hablar en lugar de actuar. Pero algunos,
muy carenciados, tenían una enorme necesidad de esta hora, durante la cual
tenían defecho de escuchar y ser escuchados; que alguien se interesara por su
destino y fuera testigo de éste, era mucho más inmediato y por eso más
apreciado y terapéutico de lo que es para nuestros pacientes privados.
Sin embargo, cuando
faltaban los medios mínimos para susbistir como en el caso de Ramiro,
fracasábamos.
Nuestra meta
terapéutica: Hemos descrito logros relativos y también fracasos. En términos
generales podríamos decir qué nuestra meta era –aparte de las mejorías
sintomáticas– ayudar a nuestros pacientes a perder, o disminuir, por lo menos,
prejuicios sexuales y sociales y liberarse relativamente de la ideología de la
clase dominante. Era también lograr descubrimientos
78
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
súbitos, al
debilitarse la represión y los sentimientos de culpa inconscientes. Era poder
adquirir conciencia y una visión diferente de sí mismos y del mundo. Era
conseguir que comprendan cómo habían sido condicionados para ocupar el lugar
que la sociedad les adjudicaba y, poder tomar decisiones, en un clima de
solidaridad, que ofrecían una salida a su situación (muchos comenzaron a
estudiar, algunos a interesarse activamente en el proceso social).
Resumiendo
podríamos decir, que muchos de ellos se acercaron, durante el breve lapso que
durara nuestra labor, al grado de salud posible que permitiera su historia y
condición vital en el momento histórico y político que atravesaba nuestro país.
Traemos esta
experiencia sabiendo que no puede ser repetida tal cual en otro lugar y
momento. Sin embargo esperamos que ayude a los compañeros que buscan soluciones
parecidas a encontrar una alternativa factible.
México 1982
Marie Langer y
Alberto Siniego
79
Marie Langer
LA MUJER: SUS
LIMITACIONES Y POTENCIALIDADES
...para el campo
psíquico el territorio biológico desempeña en realidad la parte de la roca viva
subyacente. La repudiación de la femineidad (por la mujer) puede ser otra cosa
que un hecho biológico, una parte del gran enigma de la sexualidad.
Freud, Análisis
terminable e interminable.
La mujer no sería
psicológicamente un hombre castrado, sino que ya habría nacido como hembra.
Ernest Jones,
resumiendo los aportes de Melanie Klein.
Tomar como
axiomática a la envidia del pene en la mujer es antibiológico, ya que eso
presupone que la mitad de la raza humana estaría disconforme con su sexo.
Karen Horney, Sobre
la génesis del complejo de castración femenino.
Si las mujeres
creen que su situación dentro de la sociedad es una situación óptima, si las
mujeres creen que la función revolucionaria dentro de la sociedad se ha
cumplido estarían cometiendo un grave error. A nosotros nos parece que las
mujeres tienen que esforzarse mucho para alcanzar el lugar que realmente deben
ocupar dentro de la sociedad.
Fidel Castro,
Discurso, 1966.
La mujer es el
producto más deformado de la sociedad de clases.
Isabel Larguía,
“Contra el trabajo invisible”.
80
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
I
Estas citas, tan
polémicas y contrapuestas, resumen, por un lado, la historia tumultuosa del
concepto psicoanalítico de Freud de la supremacía del hombre y de la envidia
del pene de la mujer, y sintetizan, por el otro, el criterio cubano con
respecto a ella. Los cubanos son, desde Lenin, los primeros que replantean
específica y científicamente este problema, tratado con anterioridad por Marx y
especialmente por Engels. Reunidas, nos colocan en otra vuelta de espiral
frente a la vieja problemática de la igualdad y diferencia de los sexos, como
también frente al viejo dilema de prioridades, causas, efectos e
interrelaciones entre los factores biológicos y socioeconómicos que forman la
psicología del ser humano y determinan sus capacidades.
Intentaré una
confrontación, para ver dónde estas líneas de pensamiento que, obviamente, se
contradicen también concuerdan o se complementan, aunque esto ocurra en
diferentes niveles.
Empecemos desde el
lado psicoanalítico con una breve reseña de los criterios de Freud, de Horney y
de Melanie Klein. Freud estudió, primero y principal-mente, el desarrollo de la
sexualidad infantil en el varón. Para él, el sexo “estándar” era el masculino.
Después atribuyó a la mujer el mismo desarrollo hasta el momento en que la niña
se da cuenta por primera vez de la diferencia anatómica entre los sexos,
reconocimiento que, según él, generalmente ocurre a los tres o cuatro años de
edad.
Dice que la niña
reacciona siempre frente a este descubrimiento, con un sentimiento inmediato de
envidia, deseando tener ella misma un genital masculino, sintiéndose inferior y
despreciando a su propio sexo. La inter-pretación que ella encuentra a su falta
de pene es la de haber sido castrada. Este proceso psicológico sería
independiente del ambiente social de la niña. Pasada la primera desilusión, la
niña llega solo paulatinamente y a través de muchos conflictos, a reconciliarse
con su propio sexo, pero generalmente subsiste durante toda su vida cierto
resentimiento por su femineidad. Además, su falta de pene, que considera casi
un defecto orgánico, tiene como consecuencia indirecta una inferioridad en el
plano psicológico, cultural y moral.
81
Marie Langer
Freud explica esta
inferioridad por el diferente destino del complejo edípico en ambos sexos.
Mientras que en el varón el temor a la castración lleva a una renuncia total al
amor incestuoso hacia la madre y, de esta manera, a la disolución (Untergang en
alemán) del complejo, la niña, que no teme un ataque físico, por sentirse ya
castrada, primeramente espera recibir el pene del padre, para transformar luego
este anhelo en el deseo de tener un hijo con él. La ecuación pene-niño queda
vigente en el inconciente de ella porque no ha sido destruido, sino únicamente
reprimido su amor sexual hacia el padre. Por eso su superyó y conciencia moral
se constituyen de una manera menos tajante que en el varón. Suponemos que esta
sería la aportación psicoanalítica para entender el espíritu menos
revolucionario y más reformista de la mujer, como también su capacidad para la
espera y la ensoñación, representada con maestría en la Odisea por Penélope.
En el camino de su
maduración la niña sufre un proceso arduo y penoso que a menudo no llega a un
final feliz, ya que debe trocar su actividad primitiva en pasividad, abandonar
a su primer objeto de amor –la madre– por el padre, y desplazar su zona de placer
sexual de su pene diminuto, es decir de su clítoris, a la vagina. Si no logra
eso, no habrá alcanzado su femineidad, en la cual el hijo simboliza un
sustituto del pene.
El concepto según
el cual la envidia del pene es el eje de la psicología femenina fue aceptada
por todos los primeros colaboradores de Freud y sigue, para la gran mayoría de
los psicoanalistas, aún hoy en vigencia. Sin embargo, no es casual que hayan
sido principalmente psicoanalistas mujeres, en primer lugar Karen Horney luego
Melanie Klein, quienes hayan cuestionado este enfoque y descubierto el carácter
eminentemente defensivo de la envidia del pene.
Según Karen Horney
la niña envidia al varón porque él posee un órgano genital visible, que puede
mostrar y tocar, lo que implica también que él sí puede cerciorarse, cuando
quiere, de que está intacto y no ha sufrido la castración, es decir, un daño
genital. K. Horney critica como antibiológica la posición psicoanalítica de
tomar como axiomática la envidia fálica y ver en el hijo principalmente un
sustituto del pene anhelado. Es biológicamente absurdo suponer que la mitad de
la raza humana esté disconforme con su sexo. Si concordamos con Fidel Castro en
que “las mujeres tienen que esforzarse mucho para llegar a alcanzar el lugar
que realmente deben ocupar dentro de la sociedad”, admitimos que efectivamente
la mitad del género humano debería estar insatisfecha con su sexo. Pero creemos
que en la
82
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
actualidad esto ya
no es un hecho biológicamente determinado, sino que se debe a otras causas,
aunque en una época lejana la distribución de papeles entre los sexos, tan
desfavorable a la mujer, se haya basado en la mayor fuerza varonil y la
posesión del pene.
Los conceptos de
Freud sobre la psicología de la mujer fueron duramente criticados por marxistas
y feministas como desligados del proceso histórico y tendientes a considerar la
familia patriarcal y capitalista como inamovible, es decir, en último término,
como reaccionarios. Basándose en este criterio rechazaron, a menudo, todo el
psicoanálisis. Sin embargo, por desconoci-miento, nunca entraron a la discusión
las investigaciones de Melanie Klein.
Menos en Buenos
Aires, tal vez. Dentro y fuera de la Asociación Psicoanalítica Argentina fueron
consideradas, durante mucho tiempo, como básicas. Pero con cierto tinte de
moda, lo que hace que actualmente sean suplantadas, a menudo, por “la vuelta a
Freud” o por Lacan, quien no se preocupó mayormente por el problema femenino.19
Personalmente creí que la vuelta a Freud es necesaria. A mí también, y
especialmente a nivel técnico, me ha dado mucho. Admito también que hubo
exageración en el seguimiento de los kleinianos. Pero no deberíamos prescindir
de ciertos conceptos de Melanie Klein que son fundamentales e indudablemente
operativos, especialmente en lo que concierne a la sexualidad femenina. Me
refiero a la reparación, la fantasía inconciente y la castración femenina.
Freud, maestro en descubrir lo latente, se quedó frente a la genitalidad
femenina y la envidia del pene en lo manifiesto, y dejó de lado lo imaginario.
Para Melanie Klein
la envidia del pene y la frecuencia de una actitud viril en la mujer, sería
defensiva. La niña pequeña, simultáneamente con su amor por la madre, también
la odió por las frustraciones tempranas, sentidas durante la lactancia, y por
sus celos del padre y su envidia por todo lo que imagina que la madre tiene
adentro. Porque ésta, en las fantasías inconcientes de la niña, no tiene
solamente los pechos llenos de leche deseada, sino también la panza llena de
niños que el pene de papá le da. Ataca y destroza en estas mismas fantasías a
los contenidos de la barriga de mamá (no solamente en fantasías, ¿vieron cómo
los niños pequeños patalean la panza de mamá, y especial-mente cuando ésta está
embarazada?) pero teme por eso mismo la venganza
19 Pero finaliza una breve aportación al tema:
“Propuestas destinadas a un Congreso sobre Sexualidad Femenina”, con el
siguiente párrafo que si lo entendí bien, contribuye a nuestro planteo: “¿Por
qué en fin la instancia social de la mujer permanece trascendente con relación
al contrato que propaga el trabajo?; y especialmente ¿es por su efecto que se
mantiene el estatuto del matrimonio en la decadencia del paternalismo?”
83
Marie Langer
de su madre y que
ésta la haya destruido internamente. Claro, lo mismo podría temer el varón, ya
que él también odia y patalea. Pero él puede cerciorarse (Karen Horney) de que
está intacto. Su genital no es invisible. Ve, toca y usa a su pene y lo admira
en su funcionamiento. La niña le envidia esta misma ventaja y defensivamente,
por temor de haber sufrido ya la castración retaliativa en su interior, lo que
equivale a nunca poder llegar a ser mujer (temor a la castración femenina), se
imagina, deseando siempre de nuevo, que ella también tiene pene, hasta
convencerse, reiteradamente también y con dolor, de que nunca lo tuvo o que ya
lo ha perdido.
Así se enfrentan,
en el terreno psicoanalítico, tres tesis radicalmente diferentes: la mujer se
siente por causas biológicas, es decir por su falta de pene, inferior y como un
varón castrado (Freud); la mujer acepta su sexo, aunque frente a las ansiedades
tempranas, debidas a su configuración anatómica, pasa por una etapa durante la
cual, defensivamente y por su temor de no ser intacta internamente, anhela
poseer un pene (Melanie Klein); y la mujer, en su primera infancia, envidia al
varón porque dispone de un órgano sexual visible y tocable, el pene (Karen
Horney).
Del lado marxista,
Castro afirma, lisa y llanamente, que aun en Cuba, donde tienen pleno acceso a
cualquier profesión y actividad, las mujeres deberían estar disconformes con su
situación y Larguía nos habla de la mujer como “del producto más deformado de
la sociedad de clases”.
Su primer trabajo
sobre el tema publicado junto con Dumoulín en 1972, por la Casa de las Américas
(Cuba), ya es clásico y fundamental para nuestra discusión. Por oso citaré
literalmente algunas partes y resumiré otras despreocupándome por el espacio
que utilice. Aprendí mucho a través de la lectura de este artículo.20
Empecemos:
“La familia, en su
forma conocida por nosotros, surge con la disolución de la comunidad
primitiva... La ‘casa’ surge como primera forma de empresa privada, propiedad
del jefe de la familia, para la producción, el intercambio y la competencia con
las demás casas y para la acumulación del plusproducto21 (...) No había sido
siempre así. En la comunidad primitiva, el trabajo y las demás actividades
sociales se realizaban en común, y tanto la propiedad como las relaciones de
parentesco reforzaban estos lazos colectivos.
20 Isabel Larguía y John Dumoulin, ”Hacia una
ciencia de la liberación de la mujer”.
21 Es decir en el momento en el cual el hombre
aprende a producir más de lo que consume.
84
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
“Fue solo con el
surgimiento de la familia patriarcal que la vida social quedó dividida en dos
esferas: la esfera pública y la esfera doméstica.
“Estas dos esferas
tuvieron una evolución desigual: mientras en la primera se producían grandes
transformaciones históricas, la segunda, que evolucionaba más lentamente,
operaba como freno de la primera.22
“Con el desarrollo
del intercambio mercantil y de la división de la sociedad en clases, todos los
cambios económicos, políticos y culturales tuvieron su centro en la esfera
pública, mientras que en el hogar solo se consolidó la familia individual como
actualmente la conocemos.
“La mujer fue
relegada a la esfera doméstica por la división del trabajo entre los sexos, al
tiempo que se desarrollaba a través de milenios una poderosísima ideología que
aún determina la imagen de la mujer y su papel en la vida social.”
Hasta aquí se trata
de un resumen inteligente de conceptos elaborados por Marx y Engels en común
(La Ideología alemana) y posteriormente por Engels (El origen de la familia, la
propiedad privada y el Estado). Pero lo que sigue es, que yo sepa, el aporte original,
sumamente esclarecedor, de Larguía y Dumoulín. Antes de citarlo, una breve
aclaración: mientras que Freud nos habla de lo biológico como la “roca viva”,
base de las tan diferentes características de ambos sexos, obviamente los
autores marxistas también consideran lo biológico como básico, pero lo toman
estrictamente dentro de sus límites funcionales. Engels adjudica a las
diferentes funciones de hombre y mujer, en el proceso procreativo, la primera
división de trabajo, y Larguía Dumoulín destacan que, de las tareas que
clásicamente se adjudican a la mujer, solo la reproducción y la lactancia son
determinadas biológicamente, mientras que la educación y el cuidado de los
hijos, como la labor en la casa, de por sí no son trabajos fijados al sexo. Pero
tienen una característica muy especial: son “trabajo invisible”. ¿Qué quiere
decir? Cito:
“A partir de la
disolución de las estructuras comunitarias y de su reemplazo por la familia
patriarcal, el trabajo de la mujer se individualizó progresivamente y fue
limitado a la elaboración de valores de uso para el consumo directo y privado.
Segregada del mundo del plusproducto, la mujer se constituyó en el cimiento
económico invisible de la sociedad de clases. Por el contrario, el trabajo del
hombre se cristalizó, a través de diferentes modos de
22 Mientras que los hombres ya llegan a la huna,
el hogar y lugar de trabajo de las mujeres sigue siendo “un miserable taller
individual”.
85
Marie Langer
producción, en
objetos económicamente visibles, destinados a crear riqueza al entrar en el
proceso de intercambio. En el capitalismo, ya sea como propietario de los
medios de producción o como operador de los mismos, por medio de la venta de su
fuerza de trabajo, el hombre se define esencialmente como productor de
mercancías. Su posición social se categoriza gracias a esta actividad y su
pertenencia a una u otra clase se determina según la situación que ocupe dentro
del mundo creado por la producción de bienes para el intercambio.
“La mujer,
expulsada del universo económico creador de plus-producto, cumplió, no
obstante, una función económica fundamental. La división del trabajo le asignó
la tarea de reponer la mayor parte de la fuerza de trabajo que mueve la
economía, transformando materias primas en valores de uso para el consumo
directo. Provee de este modo a la alimentación, al vestido, al mantenimiento de
la vivienda, así como a la educación de los hijos.”
O dicho de otra
manera: si el obrero tuviera que pagar, fuera de su hogar, por su comida, la
limpieza de su ropa y la crianza de sus hijos, necesitaría, para su
subsistencia, un sueldo mucho mayor, y la plusvalía, o sea el beneficio, la
ganancia de su patrón, sería mucho menor. De esta manera, nuestro mundo
capitalista basa su subsistencia y rentabilidad en el trabajo invisible da la
mujer, ama de casa, independientemente de que ella trabaje, además, fuera del
hogar. En este caso, el trabajo invisible se transforma en su segunda jornada
de trabajo, que se agrega a su otra labor. La familia patriarcal es sagrada y
considerada como biológicamente predeterminada e inamovible por el sostén que
la mujer en su hogar da al sistema. Es por eso también que la derecha suele
unir en un solo lema “patria, familia y propiedad”.
La primera división
de trabajo se implantaba, pues, sobre las diferencias anatómicas de los sexos.
Las funciones procreativas de la mujer se ligaban al hogar y determinaban su
mayor debilidad física y su dependencia de la protección del hombre para la crianza
de los niños. Esta necesidad facilitaba, a su vez, la perpetuación de su
sumisión económica. Todo esto es archisabido. Pero se suelen dejar de lado en
este análisis dos hechos fundamentales. 1) Solo en nuestro siglo el sexo se
independiza de la procreación y la mujer asume en general el control de su
fertilidad. Por otra parte, 2) la diferencia de fuerza física relativa y
parcialmente producto de una educación diferente, se vuelve solamente absoluta
en las marcas máximas de rendimiento de las olimpíadas, pero ya no cuenta en la
vida diaria altamente mecanizada.
86
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
II
Tanto para los
marxistas como para los psicoanalistas la evolución psicosocial tan distinta de
la mujer y del hombre arranca desde las diferencias sexuales. Pero obviamente
analizan las consecuencias de esta situación de manera diferente. Precisamente
por eso me parece interesante que puedan descubrirse analogías e
interrelaciones. Veámoslo con respecto a las consecuencias de lo “invisible”,
característica que se refiere tanto al trabajo de la mujer, como a sus
genitales.
Concretamente:
¿cómo influye psicológicamente el trabajo invisible en la mentalidad de la
mujer que lo realiza? Supongo que todos tenemos claro a que se refiere Larguía,
cuando lo define así: El ama de casa, por ejemplo, cocina durante horas.
Produce algo, importante y necesario: la comida. Pero, ¿cuál es el destino de
este “producto”? Su consumo inmediato transcurre generalmente sin pena ni
gloria o con pena, a través de comentarios típicos: “No me gusta eso” (los
niños). “¿Por qué, si ya sabes que quiero el bife bien cocido o bien crudo,
nunca aprenderás a hacerlo así? ¿Es pedir tanto por parte de un hombre que
viene cansado del trabajo?” (el marido). O con gloria: “Realmente excelente.
¡Dame la receta!” Con estos comentarios nos movemos ya en la clase media y
quien habló en último término es la visita. Después se levanta la mesa, se
lavan los platos y cuando todo esté finalmente limpio y ordenado como había
estado antes, el trabajo realizado durante horas efectivamente, se ha vuelto
invisible. Lo mismo podríamos decir de la limpieza, de la manutención de la
ropa, etcétera. Pero lo que aquí nos interesa es cómo influye esta situación
conciente o inconcientemente en la “disconformidad de la mujer con su sexo” y
en su carácter y destino.
De hecho, el
trabajo invisible aísla y deprime. Carece de estímulos, de prestigio y de
remuneración económica directa. Ataca la autoestima. Por todos estos factores
“promueve y mantiene una mentalidad burguesa”.23 Y a veces llega a enfermar.
Además, efectivamente, ínfantíliza. Todo eso se sabe. Pero, a menudo, sin
saberlo realmente, no es fácil medir el grado de aisla-miento y regresión que
provoca.
Freud nos asegura24
que la mujer, preocupada por su familia y poco capacitada para la sublimación,
cela con hostilidad al varón que, se brinda a la sociedad y al progreso
cultural.
23 Kate Randall, “La conciencia es una
prioridad”, en Para la liberación del segundo sexo, Buenos Aires, Ediciones de
la Flor, 1972.
24 Sigmund Freud: “El malestar en la cultura”,
Obras completas.
87
Marie Langer
Muchos sociólogos y
políticos han señalado que la mujer de clase obrera vota generalmente por la
derecha, es decir, por el anticambio y en contra de su propio porvenir.
Las últimas
elecciones chilenas demostraron de nuevo que gran parte de las mujeres de clase
obrera votan contra los partidos marxistas, y de este modo contra sus propios
intereses. Para Wilhelm Reich25 la inclinación de la mujer de votar por la
familia, la propiedad privada y la patria, proviene de haber ínternalízado como
único papel femenino posible el que le impone la sociedad capitalista, es
decir, el de la madre desexualízada. Este voto es consecuencia de la represión
sexual que ella sufre, y sirve, simultáneamente, para perpetuarla. Hoy en día
diríamos que la mujer está colonizada desde adentro.
Es cierto que en la
semana siguiente a las elecciones chilenas muchas mujeres argentinas vílleras y
de clase obrera votaron contra la dictadura militar y por el peronismo. Pero no
todas ellas lo hicieron por la “patria socialista”. Sin embargo, todas votaron
a Perón, porque habían quedado fíeles a Evita a pesar de todas las promesas y
toda la represión de 18 largos años. Evita había logrado movilizar a las masas
femeninas de bajo nivel económico y ganarlas para el cambio. Al romper el
esquema psicosocial vigente para la mujer argentina en general, y para una
primera dama muy especialmente, había creado un liderazgo femenino, único en la
historia. Desde ya que su figura merecería un estudio aparte y a fondo.
Quisiera destacar aquí solo algunos elementos aislados: el poder de Evita no
radicaba únicamente en la ayuda concreta que daba a las masas femeninas, ni en
haberles brindado la oportunidad de tener voz y voto y una dignidad que antes
nunca habían conocido, sino que les hablaba en su idioma y despertaba y respondía
a sus sentimientos. Cuando Evita hablaba, generalmente no con un discurso
lógico, ni se dirige a una conciencia de clase abstracta, sino a la mujer tal
cual es, con todas sus fuerzas frenadas y con todas las limitaciones que le
impone el papel al cual la sociedad de clases la limitó.
Además, en sus
discursos se alternan dos figuras muy diferentes: la compañera Evita a menudo
es el “gorrión humilde” que vale solamente por su amor al General, para
convertirse de golpe en otra lúcida y reivindicadora de su sexo: “Ha llegado la
hora de la mujer redimida del tutelaje social y ha muerto la hora de la mujer
relegada a la tangencia más ínfima con el verdadero mundo dinámico y
moderno.”26
25 Wilhelm Reich, Psicología de masas del
fascismo, Buenos Aires, Editora Latina, 1972.
26 Eva Perón: Mensaje a las mujeres. 1949
88
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Sin embargo, no
fueron todas estas reflexiones, sino una observación concreta en el hospital la
que hizo que Sylvia Bermann, otros compañeros del servicio y yo empezáramos una
investigación al respecto, a través de una encuesta.27 Nos llamó la atención el
gran número de amas de casa de clase media baja o clase obrera que concurrían
al servicio de psicopatología con cuadros depresivos. Cito:
“En la gran mayoría
de las pacientes que interrogamos, el cuadro por el que habían consultado puede
definirse como una depresión reactiva en una personalidad inmadura. El resto
sufre de estados depresivos poco definidos. En su sintomatología se observa la
presencia de angustia vaga, deseos de llorar, labilidad, falta de madurez
afectiva y frigidez. Alrededor de la mitad sufre de algias hipocondríacas.”
Estas mujeres no
siempre habían sido así. Generalmente se acordaban con nostalgia de la época en
la cual salían de su casa para trabajar. Dejaron el trabajo para atender a los
niños que, ahora, ya habían crecido. Generalmente los esposos eran buenos y la
situación económica no demasiado abrumadora. Pero la vida sexual les interesaba
poco. Sus diversiones –salidas– se limitaban al núcleo familiar, como,
regresivamente, todas sus alegrías y penas. En la mayoría de los casos la
depresión que durante largo tiempo fue mero aburrimiento, se desencadenó
abiertamente por la pérdida de uno de los padres o un disgusto con la madre o
con uno de los hijos. Vivían apegadas a mamá. Estaban llenas de tabúes y miedos
al “qué dirán”. El mundo entraba en su casa casi exclusivamente a través de los
vecinos. Cocinaban, fregaban, atendían al marido, a los padres, a los hijos y
necesitaban enfermarse, para recibir algo de mimos y estímulos. La catástrofe
mayor podía darse en un conflicto de lealtad típico. ¿Si mamá y el esposo se llevan
mal, a quién hay que hacer caso?
Incluimos en
nuestra encuesta, en contraste con investigaciones hechas por otros autores que
ya demuestran lo neurotizante de la vida del ama de casa, dos factores que nos
parecían fundamentales: la vida sexual marital que se había vuelto muy pobre y
la carencia de toda ideología activa. Y llegamos a plantearnos si en la
psicoterapia a seguir deberíamos aconsejar alguna actividad comunal o
ideológica. No nos animamos a sugerir que vuelvan al trabajo, por dos causas
obvias: 1) la desocupación actualmente imperante en
27 Sylvia Bermann, Marie Langer, Horacio
Mazzini, Francisco Ortega y Sonia Zanatti, Patología femenina y condiciones de
vida, trabajo presentado en el V Congreso Nacional de Psiquiatría, Córdoba,
1972.
89
Marie Langer
nuestro país y 2)
lo agotador de la segunda jornada de trabajo que tiene que cumplir la mujer de
clase obrera, cuando vuelve de la fábrica.
Una pequeña
observación al margen: en nuestros países subdesarrollados la mujer de clase
media puede trabajar profesionalmente y evitar así tanto la segunda jornada
como el tedio del confinamiento al trabajo invisible, ya que dispone de
servicio doméstico barato. O, como antes la mujer de la burguesía podía
mantener su “pureza” física y virginidad, virtudes dudosas, pero entonces muy
apreciadas, a costa de las prostitutas, ahora la mujer de clase media mantiene
su hogar y su mente a costa de la chica del interior y sin formación que se le
ofrece como sirvienta.
A esta altura de
nuestras reflexiones lo característico de la mujer podría condensarse en la
palabra “invisible”. Tanto para marxistas, como para psicoanalistas su anatomía
define su destino. Para los marxistas, ello ocurre casi en los albores de la
humanidad; al llegar el hombre al poder crear instrumentos de trabajo que le
permitieron producir más de lo necesario para su subsistencia, limita a la
mujer al hogar y a las tareas ligadas a la crianza de los hijos y al
mantenimiento de la fuerza de trabajo. Esta situación la condena al trabajo
“invisible” y persiste hasta ahora, determinando toda su caractero-logía
específica. Para la gran mayoría de los psicoanalistas su genital “invisible” y
su desconocimiento consecutivo de su capacidad procreativa y de goce la
inferioriza y la conflictúa, para confinarla posteriormente en el hogar. La
familia su función en ella son la meta de su evolución “normal”.
Esta familia,
cimiento de la sociedad de clases, produce una superestructura ideológica que
dificulta reconocerla como elemento histórico pasajero y que hasta casi impide
pensar con claridad sobre la mujer.
Supongo que es por
eso que recién con Larguía y Dumoulín, se haya descubierto el valor económico y
el freno revolucionario que implica el trabajo invisible de la mujer. Hay más
analogías entre lo biológico y lo social. Como cada comida, preparada con esmero,
desaparece en pocos minutos, cada menstruación responde a un trabajo biológico
invisible que fue inútil, ya que no dio fruto. Hasta el mismo orgasmo femenino
–objeto de discusiones acaloradas entre psicoanalistas y feministas– recién
gracias a la tecnología moderna y al ingenio de Masters y Johnson, pudo perder
su carácter de misterio e invisibilidad y fue estudiado y verificado
objetivamente.
90
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
El único producto
visible y duradero que logra la mujer dentro de su vida hogareña, es el hijo. Y
a su amor y atadura por este hijo se agrega, posesivamente, su necesidad de
mostrarlo a los demás y de educarlo de manera que testimonie su propio valor,
frente al terror creciente de perderlo, cuando él sea adulto y se independice,
robado por otra mujer.
Todos somos
cómplices de la limitación de la mujer al trabajo invisible. Hasta Juan XXIII
cuando dice que “Dios y la naturaleza dieron a la mujer diversas labores que
perfeccionan y complementan la obra encargada a los hombres” y, desde ya, hasta
los psicoanalistas. Según Kate Millet:
“La psicología ha
reemplazado a la religión como fuerza conformista del comportamiento social, de
modo que se puede catalogar a cualquier actividad que vaya contra el statu quo,
considerado norma, como conducta desarreglada, lamentable o peligrosa.”28
Traeré un ejemplo
al respecto: analizo, actualmente, en el hospital, a un grupo de mujeres. Tengo
a dos jóvenes psicólogas como observadoras participantes. Profesionalmente
están bien formadas. O deformadas, como decía mi amiga Diana, del Centro de
Docencia e Investigación, cuando hablamos de la dificultad de enseñar y, por
eso, de aprender un psicoanálisis distinto. Mis observadoras dicen exactamente
lo que yo hubiera dicho tiempo atrás. Veamos: una mujer joven de clase obrera y
precaria situación económica, que espera su primer hijo, cuenta cómo intenta
estudiar, para evitar en el futuro la vida mezquina que lleva su madre. “Usted
quiere superar a su mamá”, le dice una de las psicólogas. Esta es una
interpretación “correcta” y aparentemente nada más.
Ya que la joven
quiere estudiar medicina, todavía podría haberse agregado algo al respecto de
su rivalidad transferencial. Pero latentemente –y somos especialistas de lo
latente– es una intervención ideológica y culpógena, porque implica que eso
–querer superar a mamá– está mal. Pero, ¿por qué está mal, querer superar a la
madre de una? ¿Y por qué da culpa? Porque así nos lo enseñaron. Este es nuestro
superyó que sirve para que uno no “supere” a los padres y para que la familia y
el mundo queden tal cual es.29 La
28 K. Millet, “Política sexual”, en Para la
liberación del segundo sexo, Bs. As., Ed. de la Flor, 1972.
29 Discutiendo este ejemplo con una amiga mía
que aprecio también como colega, ella sostuvo que no era cierto que, años
atrás, hubiera interpretado así. Ni muchos otros analistas tampoco. Que además,
"usted quiere superar a su mamá" no era una interpretación, sino un
señalamiento. Es cierto que sobresimplifico. Ocurre porque estoy polemizando.
Es cierto también que Freud, cuando afirma que superar al propio padre genera
culpa, se refiere justo a una culpa irracional que el análisis debiera poder disolver.
Pero es cierto también que a menudo se interpreta culpógenamente por la
inconciente contaminación ideológica que sufre nuestro instrumento.
91
Marie Langer
chica que quiere
estudiar y que además ¡oh escándalo! no está feliz con su embarazo, sigue
hablando: “Usted rivaliza con su marido”, acota la otra psicóloga. Este trabaja
y estudia. Lo mismo hace ella, pero cuando tenga el niño le será casi imposible
seguir su carrera. Sin duda la observadora tiene razón. ¿Pero, en sí, está mal
rivalizar en un ambiente donde el hombre tiene poco y la mujer nada? Bueno,
ella tiene su embarazo, como le recalca una integrante del grupo. Mientras que
el esposo tiene, como el padre también, pene, aclara otra, con cierta
experiencia previa de psicoterapia analítica hospitalaria. Es cierto, estamos
hechas así. ¿Pero implica esta diferencia biológica que no se debe pretender
cambiar de destino? ¿Cambiar cómo? ¿Individualmente? Yo, sabiendo que el marido
de la chica embarazada, además de trabajar y estudiar, milita en la izquierda,
resumo:
“Es cierto que
usted pretende llegar a más que su madre y tener la misma oportunidad que su
marido. ¿Y por qué no? Está en su derecho. Pero hay dos caminos para lograrlo:
luchar únicamente para salir una misma o luchar, simultáneamente, para que
todos salgan y la vina deje de ser mezquina.”
Tal vez valga la
pena detenernos acá para analizar en detalle tres intervenciones terapéuticas.
Interpretar significa verbalizar explícita –o implícitamente– lo latente que la
otra persona expresa a través de muchas señales, pero especialmente de su discurso.
Se interpreta usando un esquema referencial –el psicoanalítico–, un instrumento
–el propio inconciente–, y además interviene en el proceso toda la personalidad
del que interpreta, es decir, también su concepción del mundo.
Al decir: “Usted
quiere superar a mamá” se interpreta estrictamente en un nivel edípico,
dirigiéndose a la niña dentro de la mujer adulta que sigue compitiendo con su
madre por papá. La segunda interpretación (usted rivaliza con su marido) apunta
a la envidia fálica, es decir, al complejo edípico negativo y tiene la
finalidad implícita que la paciente asuma esta envidia, la descarte
posteriormente y adopte una actitud “femenina” hacia el marido-padre, aceptando
al niño como sustituto del pene anhelado. Curiosamente, en nuestra paciente
esto equivaldría a que renunciara primero a sus estudios para después, cuando
la situación económica, gracias al esfuerzo conjunto de la pareja, lo permita,
renunciar también a su trabajo. Dicho más concreta-mente: las dos interpretaciones
estrictamente edípicas tienden a transformar a una mujer “rebelde” en sumisa
ama de casa y paciente futura de nuestra encuesta antes mencionada. Dedicada
plenamente al trabajo invisible del
92
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
hogar, vivirá “como
mamá” en dependencia emocional total de su marido-padre y de su hijo, único
producto visible y sustituto del pene. Será más infantil que el hombre con
menos capacidad de sublimación, ya que también ahora cela, como Freud lo
describe, de la actividad política de su marido. Pero, ¿la mujer es así, o la
sociedad la moldea de esta manera?
Sin embargo, las
dos psicoterapeutas habían interpretado de buena fe y sin ninguna intención
conciente de apoyar a esta sociedad, al poner de modelo a la familia
patriarcal. En ellas lo latente era su ideología en favor de la sociedad de
clases.
Tomemos ahora mi
interpretación. La primera parte retoma el nivel edípico, pero intenta
implícitamente que la paciente discrimine entre sus deseos infantiles y sus
derechos de mujer adulta. Pero la segunda parte (“Pero hay dos caminos, para
lograrlo: luchar únicamente para salir una misma o luchar simultáneamente para
que todos salgan y la vida deje de ser mezquina”) apunta a otra parte del drama
edípico y de la historia humana y alude no al marido-padre, sino al marido
hermano.
Tótem y Tabú es un
elemento importante en la teoría de Freud. Plantearé después una duda que tengo
al respecto que, sin embargo, no anula lo que quiero decir ahora. Según Freud,
la horda de los hermanos se alió para matar al padre tirano que los explotaba y
que, para conservar su posesión sobre las mujeres de la horda, los expulsaba
cuando llegaban a la madurez sexual. Una vez que lo mataron, lo devoraron en
comida totémica, lo endiosaron y lo introyectaron como superyó. Después,
obedeciendo ya a este superyó y para que la tragedia no se repitiese,
renunciaban al incesto con las madres y hermanas de la horda. Al hablar del
complejo edípico que, individualmente y como fantasma repite este
acontecimiento histórico, nos referimos casi siempre a la prohibición para el
varón del amor incestuoso hacia su madre y del ataque celoso contra el padre.
Pero dejamos de lado otra situación igualmente prohibida y reprimida por el
superyó que es previa al crimen edípico: la alianza entre los hermanos. Podemos
deducir que, según esta hipótesis, lo más “criminal”, y por eso lo más
prohibido y reprimido por este superyó paterno, es vencer los celos mutuos
entre hermanos para destronar al padre o, ampliado a la sociedad, anteponer la
solidaridad entre compañeros al bienestar individual y familiar y al respeto
por la autoridad instituida.
93
Marie Langer
Al hablarle a la
paciente del “segundo camino” le señalo implícitamente que no confunda a su
marido con su padre, sino que lo equipare simbólicamente con su hermano, para
aliarse con él y con otros compañeros contra el sistema, como lo puede haber
hecho en su infancia contra los padres, pero ahora de manera adulta y con una
meta en común.
III
Es difícil tomar
distancia para descubrir cómo la ideología imperante se filtra en la ciencia, y
cómo, en la nuestra, mezclamos criterios biológicos, psicológicos y culturales,
para mantener a la familia. Tomemos como ejemplo a la lactancia, función biológica
de la mujer que está en un paulatino proceso de desaparición. Yo, como otros
psicoanalistas, estaba hasta hace poco convencida de la importancia del
amamantamiento y del valor fundamental de una relación madre-hijo intensa para
la salud mental de ambos.
¿Pero realmente
importa tanto la alternativa pecho o mamadera? O, para dar un paso más (y creo,
el decisivo), ¿realmente está mal que en los países socialistas muchos niños se
críen desde la segunda semana de vida en guarderías? Creo que está bien. Creo que
una jardinera con vocación, que dispone además de todos los medios necesarios y
trabaja un solo turno al día, está mucho más preparada que una madre,
generalmente nerviosa, cansada y a menudo exasperada, para criar a un niño.
Supongo, además, que es esta crianza colectiva la que atenta realmente contra
la propiedad privada. Y vi, además, niños llamativamente sanos, alegres,
seguros, en estas guarderías del Este. Pero inclusive allí les cuesta pensar
que eso está bien. Porque el superyó, según Freud, o la fuerza de las
costumbres, según Lenin, son difícilmente modificables. Por eso las directoras
de las guarderías casi se disculpaban, al informarnos que muchos de los niños
estaban desde muy chiquitos con ellas. Una jardinera en Berlín Este explicó
cómo se cuidaba para que los niños no la quisieran más que a mamá.
94
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
¿Pero está mal que
un niño quiera más a su jardinera que a mamá? Todavía eso no está demostrado.
Además, el amor no se mide. Tiene cualidades diferentes según el vínculo que se
establezca. Un niño que no dependa totalmente de la madre, como una madre que
no necesite totalmente al niño, ni le sacrifique otros intereses y necesidades,
aprenderán desde el principio una relación más equilibrada e igualitaria.
¿Y el padre? Para
que un niño desarrolle bien su identidad sexual en este mundo de dos sexos,
necesita de un contacto temprano con ambos y el padre le falla a menudo, tanto
en la sociedad capitalista, como en la socialista. Aquí, entre nosotros, los
padres separados a menudo son los que mejor cumplen con su papel, al dedicarse
al niño unas cuantas horas por semana, intensa y seriamente, como si fuera una
profesión. Pero en la sociedad socialista, como lo sugiere Margaret Randall30
para Cuba, debería haber jóvenes que colaborasen en los círculos infantiles. El
niño necesita el contacto físico con un hombre. Estudiantes, maestros y
psicólogos debieran dedicarse a atender y jugar con los chicos y a enseñarles,
jugando, a adquirir su identidad física y a las niñas su esquema corporal
complementario. No hace falta que un varón juegue con armas, ni una niña con
muñecas, para que cada uno pertenezca realmente a su sexo. Pero necesitan de
presencias y vínculos tempranos con ambos sexos, para identificarse con uno y diferenciarse
de otro, sin que eso determine una ideología.
Hay que investigar
mucho con respecto a todo eso. Afortunadamente en Cuba se realizan ahora
estudios muy serios que comparan la evolución psicosocial de niños criados en
guarderías y círculos infantiles con otros que recién entran a la sociedad
cuando asisten a la escuela.
Corremos el riesgo
de romper la familia. ¿Pero es generalmente una institución tan sana? Nosotros,
los psicoanalistas, que vivimos de los errores cometidos por la familia en la
infancia de nuestros pacientes, deberíamos haber sabido cuestionarla tiempo atrás.
De todos modos, desde hace unos cuantos años, Laing, Cooper y otros lo hicieron
con inteligencia y lucidez. Pero, ¿por qué tardamos tanto? Porque cuestionar el
vínculo madre-hijo no implica únicamente un ataque a la familia actual,
cimiento de la sociedad de clases, sino a nuestra propiedad privada más íntima
y absoluta, al vínculo tal vez más posesivo existente, donde los hijos
pertenecen a los padres y aprenden de ellos una identidad, basada en la
posesión.
30 Margaret Randall, “La conciencia es una
prioridad”, en Para la liberación del segundo sexo, Buenos Aires, Ediciones de
la Flor, 1972.
95
Marie Langer
Cuando la mujer
pueda ser realmente creativa en un trabajo visible, ¿seguirá necesitando tanto
de su hijo como único producto suyo y mejor que el de los demás? y ¿seguirá
delegando sus deseos, ambiciones y ansias del futuro en él?
¿Pero las mujeres
seguirán dispuestas para el embarazo y el parto si el Estado se encarga del
cuidado y la crianza de los hijos y éstos ya no serán posesión de la madre,
porque además tendrá otras gratificaciones? ¿Si no hubiese más sacrificios,
primero de la madre y luego del hijo, si ya no se desarrollara el amor culposo
y culpógeno que conocemos, sino un vínculo nuevo, las mujeres aceptarían ser
madres? Seguro, y por dos causas fundamentales: seguirá existiendo en la pareja
que se ama el anhelo de concretar y perpetuar este amor a través de un hijo, y
seguirá existiendo en la mujer el deseo de realizarse en toda su capacidad
biológica. Pero, sin duda, habrá también parejas que renunciarán al propio
hijo, porque pretenderán realizarse de otra manera y se negarán a querer menos
a los hijos ajenos que a un hijo propio.
Pero volvamos a la
mujer que conocemos. Si su capacidad de procreación, que se desarrolla
largamente de manera invisible, la recluyó en el hogar y favoreció, hasta
ahora, la perpetuación del papel que le asigna la sociedad de clases, lo
biológico y lo económico configuran su psique y se expresan en un mismo
simbolismo. La casa que alberga a ella y a su familia se convirtió en imagen y
símbolo de lo femenino. Una mujer embarazada contiene, alimenta y cría con su
cuerpo, como lo hace en el hogar. Y, además, la mujer espera. De niña espera la
transformación futura de su cuerpo, mucho más espectacular que la del varón.
Después espera a cada menstruación como señal del trabajo invisible que se
opera dentro de ella. Embarazada, espera durante nueve largos meses con miedo y
deseo al niño que lleva adentro. Y mientras espera, cada día, al marido que
vuelve a casa, fantasea con el amor o con las futuras hazañas de sus hijos.
Esta fantasía la
llena y la absorbe. De esta manera logra conformarse con su papel, ya que
“estar enamorada puede ser un trabajo full-time para una mujer, como lo es una
profesión para el hombre”.31 Ya más que medio siglo atrás Alexandra
Kollontai,32 mujer inteligente y hermosa; única integrante femenina del primer
Comité Central del victorioso partido bolchevique en 1917, aboga por la
igualdad de derecho sexual y de trabajo de la mujer y la
31 Shulamith Firestone, “El amor”, en Para la
liberación del segundo sexo, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1972.
32 Alexandra Kollontai, Autobiographic einer
sexuell enanzipierten Kommnunistin (Autobiografía de una comunista emancipada
sexualmente), Munich, Rogner & Bernhard, 1970.
96
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
insta a combatir su
tendencia al enamoramiento romántico que la limita en la lucha y en el trabajo.
Por toda esta modalidad Madame Bovary fue representante típica de la mujer
burguesa del siglo pasado. También actualmente la mayoría de las mujeres dedican
gran parte de su tiempo y de sus afectos al adulterio romántico real o
fantaseado o lo viven, por delegación, a través de lecturas como “Radiolandia”
o el “Para Tí”. Su enorme capacidad de fantasear y esperar, sea o no
consecuencia del destino edípico femenino, frena a la mujer de muchos modos y
sirve y es fomentado por el sistema.
En su capacidad y
vicio de esperar siempre, sigue además al modelo primario de su femineidad: el
óvulo, la célula más grande del organismo humano, espera inmóvil la llegada y
el embate del ejército de espermatozoides, de las células más movedizas y aventureras,
para dar entrada a uno solo. Uno solo ganará y dará al óvulo el premio de la
supervivencia.
¿Pero qué estamos
cuestionando si, tomada de esta manera, toda nuestra conducta sexual y social
parece biológicamente predeterminada? ¿Pero realmente lo está? ¿O se trata de
una “analogía grosera” como lo llama Lacan? El homo sapiens superó lo
estrictamente biológico hace mucho. ¿Y la fragilidad del embarazo? ¿Pero
realmente es tal? ¿Cuántas de las muchachas que en estos años argentinos
difíciles cayeron presas como guerrilleras estaban embarazadas? Y Frantz Fanon
relata en la Sociología de una revolución33 que bastaron unos pocos años para
que la mujer argelina, invisible durante siglos detrás de los muros del harén y
de su velo, expusiera su rostro limpio y orgulloso, como su cuerpo entero, para
luchar junto con sus compañeros.
IV
En la primera parte
de este trabajo contrapuse los conceptos psicoanalíticos y marxistas sobre la
mujer, que convergían en una característica particular de ella, y ajena al
hombre: en lo “invisible”.
Intenté demostrar
en la segunda parte cómo esta “invisibilidad” de su sexo y de su trabajo, que
es causa y consecuencia de factores biológicos y socioeconómicos, le marcó los
límites de su papel social y configuró nuestra ideología, para cuestionar en la
tercera parte la fatalidad de su destino.
33 Frantz Fanon, Sociología de una revolución,
México, Era, 1968.
97
Marie Langer
Hasta ahora me
sentí segura, porque todo lo dicho es observable en nuestra realidad y
pertenece a la mujer que conocemos. Pero en esta última parte de mi exposición
quisiera adentrarme, confrontando de nuevo lo escrito por Freud y Engels, en un
futuro que creo posible.
Espero no caer, por
eso, en la ciencia ficción, ni en el pecado intelectual del idealismo. Creo
que, si seguimos consecuentemente las líneas ya trazadas del pasado que
observamos en el presente, la predicción de lo vislumbrable para el futuro se
vuelve legítima.
Tengo, sin embargo,
plena conciencia de que la lucha política diaria exige jugarse, en un trabajo
de hormiga, en las circunstancias existentes, con todas sus contradicciones,
pretendiendo en el nivel ideológico ampliar paulatina-mente dentro de uno y de los
demás el campo de la conciencia posible. Es necesario tener presente esta
limitación, ya que cualquier exigencia superpurista y superradicalizada se
vuelve, en la práctica, contrarrevolu-cionaria.
Freud, en El
malestar en la cultura, al referirse a la Unión Soviética, sostiene que abolir
la propiedad privada quita a la agresión humana uno de sus más poderosos
instrumentos, pero no el más fundamental. Este está en el campo de las
relaciones sexuales, donde los celos, la envidia y la necesidad de posesión del
objeto amado, provocan los sentimientos de hostilidad más violentos del hombre.
Si se eliminara también esta fuente de odio, dando completa libertad sexual,
sucumbiría la familia, célula germinal de la civilización. Sería difícil prever
qué evolución ulterior tomaría esta última, pero puede predecirse –dice Freud–
que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana seguirían
existiendo.
Hace 43 años34 que
Freud escribió este trabajo. Bastó este tiempo transcurrido, para que la
libertad sexual ya sea casi un hecho y la transformación radical de la familia
se está volviendo previsible. Tal vez no interesa tanto, en este contexto, el
destino futuro de la agresividad. Se resolverá sobre la marcha. Además, recién
entonces podrán determinarse qué parte de ésta pertenece a “inagotables
tendencias intrínsecas de la naturaleza humana” y cuánta agresión está
provocada por la injusticia social. Pero voy a otra cosa.
34 En el momento de aparecer esta 2a edición de
“Cuestionamos”, hace casi 6 décadas que Freud escribió el trabajo de
referencia. (N. Ed.)
98
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
En este siglo
nuestro, en el cual se decidió la marcha definitiva hacia el socialismo35
ocurre un fenómeno muy especial: en los países capitalistas y altamente
industrializados surgen como islas los intentos de una nueva convivencia
fraternal. Mientras en los países socialistas se tiende, sobre la base
económica de la socialización de los medios de producción y a través de la
educación comunitaria (condición previa indispensable para que la mujer pueda
integrarse de lleno en el proceso), a crear un vínculo nuevo e igualitario
entre hombre y mujer, entre padres e hijos.
Lo que Freud
describe en Tótem y tabú como hipótesis del crimen edípico y germen de toda
civilización, parece pertenecer mucho más a los albores de la familia
patriarcal (cuyas características nos llegaron a través del Viejo Testamento y
de otros escritos) que a la horda primitiva. En esta regía, según Engels, una
forma de unión sexual que dejaba muy poco margen para los celos.
“La tolerancia
recíproca entre los machos adultos y la ausencia de celos constituyeron la
primera condición para que pudieran formarse esos grupos extensos y duraderos
en cuyo seno únicamente podía operarse la transformación del animal en
hombre.”36
I. Larguía sostiene
en su estudio sobre el trabajo invisible37 que “quien lo realizaba fue, a causa
de ello, separado de la economía de la sociedad y de la historia”. ¿O de la
prehistoria, como Marx denominó a todas las épocas humanas hasta que lleguemos
a abolir la explotación del hombre por el hombre?
Yo soy del siglo
veinte.
Siento orgullo de
serlo.
Yo me alegro de
estar donde estoy:
En medio de los
nuestros y luchando por un mundo mejor...
– “Para de aquí a
cien años, amor mío...”
– No: mucho antes y
a pesar de todo.
35 No quiero resistir a la tentación de citar al
poeta Nazini Hikmet (Antología poética, Buenos Aires, Quetzal, 1968, para que
él nos hable de nuestro siglo El siglo veinte:
– “Poder dormirse
ahora Y despertarse dentro de cien años, querido…”/ No querida, eso no: / Yo no
soy un desertor, Ni me asusta mi siglo, Mi siglo miserable, escandaloso. / Mi
siglo corajudo, grande, heroico. / Yo nunca me quejé de haber nacido demasiado
pronto.
36 La bastardilla es mía.
37 J. Larguía, “Contra el trabajo invisible”, en
La liberación de la mujer: año 0, Buenos Aires, Granica Editor, 1972.
99
Marie Langer
Mi siglo cuyos
últimos días serán bellos,
Mi siglo agonizante
y renaciente.
Esta terrible noche
que desgarran alaridos de aurora,
Mi siglo estallará
de sol, querida,
Lo mismo que tus
ojos.
Pero no basta, para
eso, con la socialización de los instrumentos de trabajo. “La edificación de la
sociedad socialista no comenzará más que en el momento en el cual obtengamos la
igualdad de la mujer”, decía Lenin en el año 1917 y además, “la igualdad ante
la ley no es aún la igualdad en la vida”.38
Si, según Engels,
el hombre pudo salir de su animalidad recién al renunciar a sus celos y unirse
fraternalmente en su lucha contra la naturaleza y por la vida, tal vez, en otra
vuelta de la espiral, para que el hombre salga de la prehistoria y entre de lleno
en su historia, hombre, mujer e hijos necesitarán renunciar a la mutua
posesión.
Buenos Aires, abril
de 1973
38 Cita tomada de Mirta Henaut. “La mujer y los
cambos sociales” en Las mujeres dicen basta, Buenos Aires, Ediciones Nueva
Mujer, 1972.
100
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
PATOLOGÍA FEMENINA
Y CONDICIONES DE VIDA
“Las alienaciones
se dan por capas. La más exterior, la más reciente en una historia de una vida,
es la de las relaciones con el patrón. Es la más fácil de detestar y de
combatir. La más profunda es la que separa los sexos, se instaura en el
nacimiento y se profundiza en lo más lejano, hasta lo más inconciente del yo,
hasta tal punto que parece natural.
Es la primera de
las alienaciones y será la última en desaparecer. Cuando el revolucionario
libere a todos los proletarios, a todos los colonizados, se dará cuenta que le
falta todavía liberarse a sí mismo.”
INTRODUCCIÓN
Este trabajo es una
comunicación preliminar. Presentaremos ahora los resultados provisorios de una
encuesta basada en el estudio de veinte casos, para ampliar nuestra
investigación posteriormente, con las modificaciones que la experiencia
adquirida nos sugiera, a un total de cien encuestadas en las mismas
condiciones. Luego confrontaremos los resultados con otros, obtenidos de
mujeres que trabajan como asalariadas.
La idea de esta
investigación surgió de una observación empírica, es decir, de la frecuencia de
cierto cuadro de “depresión neurótica en personalidad inmadura” en mujeres que
concurrían al consultorio externo de nuestro servicio y que eran todas amas, de
casa, pertenecientes a la clase obrera y a la clase media baja.
Aunque consideremos
el trabajo productivo alienante en nuestra sociedad, vemos como más alienante
aún el “trabajo invisible” que la mujer del obrero desempeña en su hogar. Desde
ya sabemos que el obrero es explotado, como también que la obrera que trabaja
fuera de su casa tiene una doble tarea, a menudo extenuadora. Igualmente
pensamos que, una vez que los niños no absorban toda su atención, debería, en
bien de su salud mental, salir de su hogar. El trabajo doméstico, como única
tarea, carece de estímulos, aísla y embrutece. Por no ser remunerado, no
favorece la autoestima, ni el aprecio de los demás.
101
Marie Langer
Al ama de casa le
falta el contacto humano y la comunicación, los intereses comunes y la
solidaridad que la fábrica o el taller ofrecen a su esposo. Ella participa de
la sociedad sólo a través de sus familiares y vecinas, o, pasivamente, a través
de los medios masivos de comunicación (la radio, la TV, tal vez el cine) que le
impone la ideología de la clase dominante, y le ofrecen como modelo la imagen
de una mujer que poco tiene que ver con ella. Así le enseñan a conformarse con
su plena dedicación a las tareas “femeninas”, le inculcan ideales de arreglo y
de diversión que de por sí son discutibles por considerar a la mujer como mera
consumidora y transformarla en mercancía, y, que a la vez, no están a su
alcance. Su exclusión del proceso productivo visible y asalariado la coloca en
dependencia económica absoluta del esposo, y su falta de autoestima y su
reclusión en el hogar, en dependencia afectiva de sus vecinas, y especialmente,
de su madre o suegra.
Su ubicación social
la mantiene o la vuelve regresivamente infantil. Pasado el noviazgo y el primer
entusiasmo marital, ya no goza sexualmente. Esto pertenece, como diversión y
placer, al hombre. Siguiendo a Isabel Larguía39 diríamos que su dedicación exclusiva
al hogar la separa de la economía, de la sociedad, y de la historia.
Ya existen
investigaciones que demuestran el carácter neurotizante de la labor del ama de
casa, pero no se preocupan por dos elementos que, por considerarlos
fundamentales, hemos incluido en nuestra encuesta: la degradación paulatina de
la vida sexual marital para la esposa y su falta frecuente de interés en lo
ideológico o social. En el curso de nuestro estudio descubrimos otros factores
que explicitaremos después.
EL CUESTIONARIO
Realizarnos esta
investigación en el Servicio de Psicopatología del Policlínico “R.
Finochietto”. Seleccionamos para ella, entré los pacientes que concurren al
consultorio externo, a las madres de familia que consultaban por una
sintomatología neurótica y que trabajaban dentro de su hogar. Para poner a
prueba nuestra hipótesis (que entre el cuadro neurótico de estas pacientes, su
vida rutinaria carente de estímulos, su falta de placer sexual y de
posibilidades de sublimación a nivel laboral y/o ideológico existe una
correlación) elaboramos un cuestionario que sirvió de guía para las entrevistas
realizadas por los médicos y psicólogos del Servicio. Al trabajar
39 Isabel Larguía. “Contra el trabajo invisible”
en La liberación de la mujer: año 0. Casa de las Américas. Ed. Granica, Buenos
Aires, 1972.
102
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
ahora con los datos
obtenidos de esta primera experiencia piloto, realizada con veinte mujeres,
descubrimos ciertas fallas en nuestro cuestionario que serán corregidas para la
investigación posterior.
Tomamos los datos
sociodemográficos y económicos de la familia de origen y de la familia actual.
Intentamos aclarar las condiciones culturales dentro de las cuales fueron
educadas nuestras pacientes a través de preguntas sobre su escolaridad, su
reacción frente a la menarca y la menstruación, sus conflictos de adolescencia,
la reacción de sus familiares frente a sus problemas y amoríos, la valoración
de la virginidad y la actitud frente a los noviazgos, Preguntamos también si,
de solteras, habían trabajado fuera de casa, si lo habían hecho con gusto, y si
consideraban que su trabajo había sido adecuadamente remunerado.
Con respecto a su
vida de casada preguntamos por qué y cuándo habían dejado de trabajar fuera de
casa. Investigamos las características de su vida sexual marital. Entramos en
el terreno cultural, al interesamos por el manejo del dinero en la pareja y como
se desarrollaba la vida social. Si salían, cuáles eran sus diversiones, cuál su
contacto y preferencia con los medios de comunicación de masas. Finalmente
intentamos indagar sobre su ideología a través de preguntas sobre su
pertenencia y actividad religiosa y política y su posición sobre las
posibilidades de su cambio social. Si deseaban tal cambio, ¿por qué medios
debería ser obtenido? Para ver si enfocaban de distinta manera las
posibilidades sociales del hombre y la mujer del futuro, les pedíamos información
sobre el destino que deseaban para su hijo varón o su hija mujer (existentes o
fantaseadas). Preguntamos también qué pensaban del trabajo doméstico, cómo
podría hacerse más llevadero, y si en una futura sociedad debería ser
remunerado.
LA POBLACIÓN
La edad del grupo
de mujeres indagadas oscila entre 18 y 65 años, la edad promedio es de 38 años;
el 90% argentinas; la mayoría con educación primaria incompleta. La mitad
procedía de un medio rural; más del 50% eran hijas de argentinos y un 25% de
origen italiano. El 70% se dedicaba a las tareas domésticas, y las restantes
eran trabajadoras por cuenta propia, pero en tareas que realizaban dentro del
hogar. Más del 90% de los esposos eran trabajadores activos, buena proporción
trabajadores por cuenta propia, luego trabajadores especializados o no,
empleados y pequeños comerciantes.
103
Marie Langer
El nivel
socioeconómico de la familia de origen era obrero en la gran mayoría, y en
alrededor de la mitad de los casos, la madre había trabajado fuera de casa. El
nivel socioeconómico de la familia actual es también obrero o de clase media
baja. Resulta significativo el hecho que en buena proporción (21%) las
pacientes convivían con sus madres en la misma casa o en el mismo terreno.
En la gran mayoría,
el cuadro por el que habían consultado puede definirse como una depresión
reactiva en una personalidad inmadura (72.2%). El resto sufre de estados
depresivos pero definidos. En su sintomatología se observa la presencia de
angustia vaga, deseos de llorar, labilidad, falta de madurez afectiva y
frigidez. Alrededor de la mitad sufre de algias hipocondríacas y una proporción
algo menor de inquietud.
Todas ellas
trabajaron antes y debieron dejar su ocupación entre los 20 y 30 años,
generalmente porque nacieron los hijos. Preguntadas al respecto dicen que
anhelan tal actividad, no tanto por el monto de la remuneración, sino porque
les permitía salir de la casa.
En la actualidad,
en la gran mayoría, el esposo mantiene la familia. Consideran como
desencadenante de su enfermedad, fundamentalmente problemas vinculados al
esposo o a los hijos.
VIDA SEXUAL
Las enfermas
expresan un elevado porcentaje de conflictos en su adolescencia y juventud, por
problemas con sus padres que las vigilaban constantemente. La mayor parte
admite un solo novio, el ulterior marido; el 90% valora altamente la virginidad
y el 80% de ellas se casó virgen. Aunque la mitad de ellas se refiere a las
relaciones sexuales como satisfactorias, esto contrasta con que sólo una ínfima
minoría de ellas toma a veces la iniciativa. Esto nos lleva a deducir
insinceridad en sus respuestas; pareciera que tienen vergüenza en declararse
frígidas. Pensamos además que la pregunta debe profundizarse y formularse
mejor. Niegan relaciones extramaritales y tienen un promedio bajo de hijos:
2.2, lo que coincide con el general de la Capital. La mayoría de los hijos fue
deseada. Los dos tercios de ellas utilizaban prácticas anticonceptivas, la gran
mayoría coito interrupto. Sólo un cuarto de ellas admite celos del compañero;
el 90% se casó enamorada, pero un tercio le ha perdido el cariño a su marido.
Parece que la mujer de origen rural es más sincera en expresar su
insatisfacción sexual que la nacida en medio urbano.
104
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
¿La mayor cultura
urbana enseña a ser poco sincera? Contrasta con el resto una mujer que entró
por error en nuestra encuesta, pues su sintomatología no concuerda con la
seleccionada; es la única paciente que declara tomar también la iniciativa en
su vida amorosa, satisfactoria por otra parte, trabaja y es dirigente sindical
y política.
ESPARCIMIENTO Y
VIDA SOCIAL
En casi dos tercios
del grupo, el marido entrega a la mujer todo su salario, como suele suceder en
los estratos obreros. Las salidas se realizan con el marido y/o los hijos, pero
siempre dentro del ámbito familiar. Es decir, se trata más de salidas geográficas
que psicológicas –que permiten un real esparcimiento– y no se gasta nada en la
diversión de la mujer, salvo el aparato de TV, que la inmoviliza dentro de su
hogar.
IDEOLOGÍA
La gran mayoría
acepta la actividad política tanto para la mujer como para el hombre, pero
ninguna la practica (salvo la excepción antes mencionada); permanecen pasivas y
encerradas en su ámbito familiar. La totalidad quiere que las cosas cambien,
pero en general se oponen a los cambios violentos y son partidarias de las
elecciones y del uso de la persuasión. Las pocas que piensan en el uso de la
fuerza creen que la actividad política es cosa de hombres.
La mitad opina que
el trabajo de la mujer en la casa debería ser pago, lo que está indicando
conciencia de insatisfacción. Sin embargo, la correlación más alta se da entre
aquellas cuyo trabajo anterior fue insuficientemente remunerado y las que
piensan que el trabajo doméstico debe ser compensado monetariamente. A pesar de
las características rutinarias de éste, parecería que si fuera pago podría
compensarlas de las penurias pasadas.
Tales los
resultados parciales y provisorios, de la encuesta preliminar, que parecen
confirmar nuestra hipótesis. Si la investigación, ampliada y complementada con
grupos de control, (mujeres en actividad hogareña y trabajadoras que no
consultan por sintomatología neurótica) también lo confirmara, deberíamos
plantearnos como segundo paso la orientación de la psicoterapia. Primero, toma
de conciencia sobre el conflicto fundamental, orientación luego hacia un nuevo
estilo de vida que elimine los factores neurotizantes y a la realización de
tareas laborales o ideológicas.
105
Marie Langer
COMENTARIOS FINALES
El interés de esta
investigación surgió del deseo de analizar las condiciones de vida y la
patología de la mujer de nuestra clase obrera, por una parte, y de estudiar,
por la otra, las condiciones armónicas de una estructura familiar
disarmónicamente estructurada. En ésta la mujer perpetúa su papel de
dependencia y sometimiento más llevadero dentro de la familia extendida
tradicional, dentro de la cual se comunican e intercambian intereses y
objetivos y se comparten tareas. Diferente y abrumador es el desempeño de su
papel en la actual familia nuclear, con su correspondencia retaceada, su
atmósfera enrarecida por la escasez de contactos afectivos, su aislamiento y
soledad. En un desesperado intento de conservar aquellos lazos proverbiales,
muchas de las mujeres de esta investigación se adhieren a la figura de sus
madres, pero este estereotipo no resuelve sino que complica las cosas,
impidiendo una sana individualización.
Por otra parte
surge del estudio y del contacto reiterado con nuestras pacientes, que el
hombre termina desentendiéndose de la vida sexual y afectiva de estas mujeres,
y de su empobrecimiento espiritual surge el creciente distanciamiento. El
compañero no acepta que trabaje fuera de la casa, pero tampoco le brinda
frecuentemente (la índole sacrificada de su trabajo se lo impide) las
posibilidades de un esparcimiento sano y variado y de amistades compartidas.
Pero lo cierto es
que la mujer del obrero, ella misma anteriormente explotada, tampoco encuentra
en las perspectivas de una ocupación (como no la halla su compañero) las
posibilidades de una real liberación, aunque viva nostálgica-mente la época de
una mayor independencia, mientras trabaja. Surge entonces, lo que ha sido
descripto como la contradicción fundamental del feminismo mientras:
“la obrera sólo
aspira a dejar un trabajo agotador, la burguesa reivindica, por el contrario,
el derecho al trabajo que la libere económicamente y le permita participar de
la vida social. Las universitarias y las burguesas quieren las mismas
posibilidades de carrera que los hombres, y luchan contra la falta de
calificación que significa el trabajo parcial, mientras que las obreras ven en
él, por el contrario, una mejora a corto plazo de su actual situación, que
equivale a un doble trabajo: el de la fábrica y el del hogar.”
106
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
He aquí la raíz de
porqué estas mujeres de clase obrera no encuentran en el trabajo su instrumento
liberador y optan por una domesticidad que, aunque agobiadora, lo es menos que
la explotación impuesta por el patrón. Esta aparente liberación en el hogar da
origen a la patología que aquí analizamos. Tal el precio de las aspiraciones
pequeño-burguesas de quienes, más que combatir, pretenden integrarse a la
sociedad de consumo, sin advertir su canto de sirena.
Hace más de un
siglo, el gran socialista alemán August Babel –quien en la era pre-freudiana
jerarquizó y subrayó la trascendencia de la vida sexual– expresaba que “el
problema de la mujer no constituía sino un aspecto de la cuestión general
social que agita todos los espíritus y corazones y aquel problema no puede
tener solución sino cuando éste lo tenga”. Esta premisa es cierta, pero nos
preguntamos ¿se ha solucionado el problema de la desigualdad femenina y se ha
liberado en los países que ya se han liberado del yugo del capitalismo? No
estamos seguros. Como bien expresa Isabel Larguía,
“la ausencia de una
teoría específica y actual del problema femenino hace que en los países en
revolución surjan de nuevo las viejas tendencias biologistas que siempre han
servido para justificar la explotación de las mujeres”.
Como especialistas
en salud mental corresponde que analicemos la sub-ordinación de las relaciones
humanas a la política. Sin una estructuración armoniosa de las mismas no podrán
crearse las condiciones de una vida política y social que colme plena y equilibradamente
las potencialidades humanas. Aunque la inversa también es válida. Tal vez lo
decisivo de los problemas de la mujer es que trascienden los problemas de la
mujer misma, en la medida que implican los hijos, la familia, la sociedad.
¿Debe mantenerse, perfeccionada, la estructura de la familia? ¿Debe separarse a
los hijos de los padres? La mujer, ¿debe gozar de absoluta autonomía y
emanciparse de sus obligaciones hogareñas? ¿Debe enfatizarse el puritanismo
revolucionario? ¿Qué importancia debe darse a la sexualidad en la nueva
sociedad? Estas y muchas otras son las cuestiones que un estudio teórico del
rol femenino debe resolver.
107
Marie Langer
El tan mentado
hombre nuevo implica la mujer nueva. Esto importa no sólo un cambio en las
estructuras fundamentales de la sociedad, sino la deter-minación conciente de
una actitud distinta, que libera los tabúes sexuales que subyugan a la mujer (y
también al hombre) a partir de una exploración y estudio científico del
problema que los teóricos de la transformación social han dejado de lado. Este
es, en último término, el objetivo de este trabajo.
México 1978
Silvia Bermann,
Marie Langer, Horacio Mazzini,
Francisco Ortega,
Sonia Zanotti.
108
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
ACERCA DEL
“SOCIALISMO Y EL HOMBRE EN CUBA” DE ERNESTO CHE GUEVARA
Bajo el título El
socialismo y el hombre en Cuba, el Che, plantea una problemática crucial: una
vez alcanzado el poder ¿cómo se logra crear un socialismo que transforme al
hombre si, justamente, se necesita del hombre nuevo para construir un
socialismo encaminado hacia el comunismo y libre de los vicios de la burocracia
y del nacionalismo?
El Che advierte:
“Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas
melladas que nos legara el capitalismo... se puede llegar a un callejón sin
salida” e insiste en la importancia de elegir correctamente el instrumento de
movilización de las masas. Instrumento que debe ser de índole moral,
fundamentalmente, sin olvidar los estímulos materiales, sobre todo de
naturaleza social.
El hombre nuevo.
Los estímulos morales y los estímulos materiales. La estrecha unidad dialéctica
entre el individuo y la masa. En resumen: Para llegar al socialismo una vez
hecha la revolución: ¿cómo nos liberamos de las trabas del pasado?
El Che diferencia
entre “vanguardia” y “masa”. La “masa”, ese ente multi-facético no es, como se
pretende, la suma de los elementos de la misma categoría que actúa como un
manso rebaño y si, como en verdad, sigue sin vacilar a su “vanguardia”, es
porque la “vanguardia” ha sabido ganarse esa confianza; ha podido interpretar
los deseos, las aspiraciones del pueblo y luchado y bregado sinceramente por el
cumplimiento de las promesas hechas. “Vanguardia” y “masa” es el diálogo de dos
diapasones cuyas vibraciones provocan registros inéditos. Vibraciones en un
diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el climax con un final abrupto,
coronado por gritos de lucha y de victoria.
La “vanguardia” se
constituye, obviamente, por hombres; hombres que, dada su dedicación total al
proyecto revolucionario, preanuncian, ya, se asemejan, al hombre nuevo; el
hombre nuevo sería quien, gracias a un cambio cualitativo en su individualidad,
superó el conflicto entre ambiciones, necesidades personales y familiares y el
bien común.
Sin dudas para
muchos de nosotros el Che es el modelo contemporáneo del hombre del futuro.
Como
psicoanalistas, se nos plantean dos preguntas:
109
Marie Langer
a) ¿Qué explicación freudiana puede darse para
comprender al revolucionario?
b) ¿Qué cambios psicosociales debemos alentar
para reducir a un mínimo –y finalmente borrar– las diferencias entre el
individuo que pertenece a la masa y el individuo que pertenece a la vanguardia?
El hombre descrito
por Freud nace en el seno de una familia patriarcal de roles fijos. El hijo
pequeño pretende a su madre que es “propiedad privada” del padre. (Ahí, sacando
esas comillas, se vislumbra una posibilidad importante de cambio). Quiere poseerla
y eliminar al padre. Por temor a éste reprime sus deseos, renuncia a ella,
introyecta al padre como Super Yo (instancia Moral) y se identifica con él.
El cambio social es
lento porque llevamos dentro nuestro los conceptos y mandatos de nuestros
padres, a su vez formados por los conceptos y mandatos de nuestros abuelos.
Pero no sólo Lenin habla de la dificultad de cambiar las costumbres. Freud,
también, con esta explicación. Y así, mientras que para los marxistas la
familia es la célula económica de la sociedad capitalista, para los
psicoanalistas, la familia patriarcal es la base psicológica de la estabilidad
y permanencia del sistema.
Además, el hombre
vive, desde que nace, en la búsqueda del placer que aprende, durante su
infancia, a supeditar al principio de realidad. (El reproche de idealista
contra Freud se justifica, entre otros, en este terreno, porque “la realidad”
no es definida como perteneciente a determinado sistema social y porque la
familia patriarcal es considerada como inmutable).
Este individuo
freudiano, vive en un antagonismo constante entre sus deseos y las exigencias
limitativas que la sociedad le impone. También su vida, la vida del ser humano
en general, consiste en una lucha constante entre el Eros y el Tánatos (entre
la Pulsión de Vida y la Pulsión de Muerte) donde siempre, finalmente, Tánatos
sale victorioso. Así, mientras Marx nos habla del hombre alienado del
capitalismo, Freud descubre, en el antagonismo entre individuo y Estado el
creciente “malestar en la cultura”
Quisiera dar otra
explicación para este “malestar” que evidentemente también existe en las clases
dominantes, que es característico de nuestro capitalismo decadente y se expresa
en necesidad vacua de consumo, en adicción a drogas, en suicidios, depresiones,
etc., de las cuales las clases dominantes no están excluidas. (Podría hablar de
mayor incidencia de
110
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
neurosis en la
clase dominante y psicosis en la clase obrera y marginada, pero nos aleja del
tema).
Vivimos en un
estado constante de anomia. Anomia significa que no podemos vivir según los
preceptos morales que nos inculcan desde pequeños. Padecemos de un sentimiento
de culpa vago y constante porque simultánea-mente nos exigen la “carrera de
lobos” y el amor al prójimo. Estamos en contradicción y culpa permanente, no
solamente los miembros de la clase dominante, sino también el proletario a
quien impusimos nuestra doble moral.
Un autor
psicoanalítico, cuyo trabajo sucumbió a un olvido tendencioso –Fritz
Sternberg–40 sostiene que Freud pudo descubrir el mecanismo de la represión,
referido a lo sexual, porque simultáneamente el advenimiento y sostenimiento
del capitalismo impuso una represión máxima de culpa por el robo de la
plusvalía. Hace para eso un análisis histórico. Describe cómo, tanto en la
antigüedad como en el medioevo la explotación era abierta y aceptada. Recurre a
una cita de Marx (El 18 Brumario de Luis Bonaparte, 1869) para aclarar que
hasta el advenimiento del capitalismo las luchas se desarrollan entre clases
dominantes, por la distribución del aporte de los dominados. No existían las
condiciones para que surgiera una conciencia de clase. Por eso los esclavos, en
los pocos intentos de rebelión que surgieron frente a las condiciones de vida
ya totalmente insoportables, luchaban pero no por la liberación general, sino
por dejar de ser esclavos, para transformarse en dueños; no para transformar la
sociedad.
Recién con el
advenimiento del capitalismo surge, junto con la posibilidad de que los
explotados adquieran conciencia de clase, la posibilidad y necesidad en la
clase dominante de negar la explotación. Esta ya no es tan visible, como en la
antigüedad y en el feudalismo, porque es un mismo trabajo el que mantiene al
obrero y da plusvalía al propietario de los instrumentos de producción. Además
en la superestructura ideológica ya rigen los lemas de la Revolución Francesa
de libertad, igualdad y fraternidad. Nace la contradicción a nivel moral y
simultáneamente, por primera vez, la lucha se da por la renta y entre la clase
dominante –con mala conciencia y obligada a negar el robo– y la clase dominada.
Según Stemberg este aumento de la represión en general permitió a Freud,
descubrir la represión respecto a lo sexual. No pudo descubrir la otra parte,
porque estaba inmerso en su clase. Si lo hubiera podido, había sido un gran
revolucionario: pero esto ya es otro tema.
40 F. Stemberg. "Marxismo y
represión", en Marxismo, Psicoanálisis y Sexpol. Ed. Granica, Buenos
Aires, 1972.
111
Marie Langer
La “clase
dominante” sufre, por eso, de mala conciencia reprimida, causa de malestar y
diversa sintomatología. Pero la clase dominada ¿cómo se explica que sucumba a
intereses ajenos? ¿Cómo se explica que en la Alemania del 30’s, por ejemplo,
muchos de los obreros marxistas hayan sido seducidos por el nacionalsocialismo?
Aquí caben dos
respuestas:
1) A partir del vínculo que en un primer
momento tuvieron con el Fürher, basado en la doctrina aparentemente popular
expuesta por Hitler. Esto generó una cierta predisposición psicológica qué
impidió ver lo obvio; que eludió el dolor de la desilusión pero no permitió,
cuando todavía estaban a tiempo, evitar la catástrofe.
2) Es esta “predisposición psicológica” la que
explica cómo la clase dominada adopta la ideología de la clase dominante
adversa a sus intereses; cómo entra la ideología dominante en la clase
dominada.
Volvamos a Freud.
La importancia de la primera infancia, el Super Yo, la identificación con el
padre. Pasemos a Wilhelm Reich: la familia patriarcal, el autoritarismo del
padre, la represión sexual de la madre; todo esto lleva al niño a ser un
reprimido, es decir, temeroso, incapaz de pensar hasta las últimas
consecuencias y dispuesto a someterse a un Führer autoritario, siendo a su vez
el día de mañana, un padre autoritario o una madre dependiente, inhibida (que
vota por la derecha). R. Laing y –también D. Lagache– nos mostraron cómo un
niño es para los padres aún antes de nacer, un polo de expectativas, de anhelos
e ilusiones; cómo la familia define así el lugar que tendrá que ocupar en la
sociedad.
Aquí viene lo que
E. Pichón Riviére describió como “resistencia al cambio”; resistencia que se
apoya en dos ansiedades específicas: la ansiedad depresiva (pena por lo
conocido que se pierde) y ansiedad paranoide (miedo a lo desconocido que se
avecina). Aquí vendría, también, mi concepto de que la necesidad de la
propiedad privada es inducida en el niño a través del primer vínculo exclusivo
con la madre y de su amor posesivo. Y es posesivo, no tanto por lo “biológico”
que equivale a decir “natural y por eso inmutable”, no tanto por la dependencia
generada por la total indefensión del cachorro humano, sino porque la mujer,
excluida generalmente del proceso de producción, pone en el niño, único
producto visible y perdurable de ella, todas sus necesidades.
112
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Después entra el
padre en la relación madre-hijo, con sus celos, pero también con su exigencia
de que el hijo lo continúe. El padre se liga menos porque, aunque alienado,
participa del proceso de producción. Pero se liga más en los países
capitalistas de gran explotación, por el desgaste rápido que sufre. (Aquí, en
la Argentina, se hicieron investigaciones en el Instituto de Medicina del
Trabajo que indirectamente vienen al caso. Llamó la atención de los
investigadores que obreros de 30, 35 años ya se sientan tan desgastados física
y psicológicamente que todo su “proyecto vital” está desplazado en los logros
(en la carrera de lobos) que esperan de y para sus hijos.
En resumen: desde
ya que el cambio de las masas es un cambio lento y dialéctico, pero para que
sea definitivo se necesita un cambio fundamental en la estructura de la familia
patriarcal y en el sistema de crianza.
No obstante el
cambio se da y se dio antes. Y, obviamente, existe una vanguardia y existe el
Che.
¿Qué factores
permiten, hablando siempre en términos psicoanalíticos pocos usados, salirse de
algo que, tomando a Freud, Reich, Lagache y Laing, parece un círculo cerrado?
El Che define, en
su trabajo, como la masa se vuelve revolucionaria. Es gracias a la experiencia
y gracias al vínculo con un líder auténticamente revolucionario que expresa
anhelos, que no defrauda, que interactúa con ellos, etc. Pero, hablando
psicoanalíticamente ¿cómo puede describirse lo que pasa en la masa tanto en el
diálogo con el líder revolucionario, como en sus momentos y acciones heroicas?
En síntesis: ¿qué
es lo grandioso e inolvidable de una experiencia de masas? Freud describe en
Psicología de las masas y el análisis del yo el proceso, como principalmente
basado en la identificación de todos con el líder y en la sustitución del super
yo individual por él. El ocupa ahora el lugar del Ideal del Yo. Además estando
unidos por los mismos sentimientos hacia él, superamos nuestras rivalidades
infantiles, reprimidas, condenadas ya en la infancia. Todos somos iguales. (¿Y
la carrera de lobos que nos impone la sociedad capitalista? La situación de
igualdad frente al líder y “la causa” nos libera de una contradicción
fundamental).
113
Marie Langer
Quisiera agregar
algo a esta exposición de Freud. Al estar en una manifestación, por ejemplo, o
al escuchar al líder en un diálogo como lo describe el Che, nos liberamos,
pasajeramente de un individualismo que nos fue impuesto desde el vamos pero que
es también una carga muy pesada.
La masa es
valiente; sumergido en la masa el individuo se olvida de sus intereses
mezquinos y hasta vitales. Aprendió desde siempre que tiene que cuidarse y
progresar, para dar satisfacción a sus padres o seguridad a sus hijos, porque
es propiedad de ellos y porque son de su propiedad. Recién en la masa, donde no
es propiedad de nadie, porque antepone una causa común, logra una
individualidad cualitativamente diferente, sumamente placentera, donde se
siente liviano y hasta disminuyen las necesidades físicas básicas –hambre,
cansancio– y se libera del miedo, porque está libre. Si sucumbe, la masa lo
sustituirá. Esta mezcla de libertad y unión, de solidaridad, permite esta
sensación, casi orgástica, que implica la experiencia revolucionaria.
El psicoanálisis es
un instrumento para entender al hombre, para comprender sus motivaciones y,
también, las trampas que lo limitan y lo inhabilitan para el cambio. Quiérase o
no, el psicoanálisis ha sido influido por la Historia e influye, aunque los analistas
puristas no lo acepten, en la ideología del paciente y, desde ya, en el público
en general.
El psicoanálisis
fue aceptado por la misma sociedad que reaccionó en su contra y se escandalizó,
ante sus “verdades”; fue absorbido por el sistema y llegó a convertirse en su
aliado. Se ha transformado en la psicología oficial y es parte útil de los aparatos
ideológicos del Estado capitalista.
Pero, así como es
usado por la reacción, la revolución no debería renunciar a tener en cuenta el
psicoanálisis apelando a él y con él para fines más dignos. Creo, estoy
firmemente persuadida, puede servir para el cambio.
7 de Octubre 1974
Marie Langer
114
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
LA INSTITUCIÓN
PSICOANALÍTICA41
Me interesa
especialmente dilucidar cómo la institucionalización del psicoanálisis
trasforma y distorsiona la praxis de esta ciencia y limita –sin pretenderlo,
desde luego– su desarrollo científico.
Se ha dicho muchas
veces que Freud y el psicoanálisis fueron revolucionarios, y sin duda alguna
modificaron profundamente nuestro conocimiento del hombre. Pero el hecho de que
los psicoanalistas al institucionalizarse se hayan trasformado en pilares de la
superestructura del sistema, en aparatos ideológicos del estado, como los
define Althusser, merece una investigación más detenida. Intentaré aportar algo
a esta empresa.
Freud, en su
búsqueda del saber olvidado de sus pacientes, descubre la represión. La define
como una instancia que impide que los deseos rechazados, lo criticable y
moralmente inaceptable, llegue con claridad a nuestra conciencia. Pero esos
deseos reprimidos ejercen, desde el inconsciente, su poder de múltiples
maneras. Freud los describe como pulsiones instintivas en búsqueda de
gratificaciones de tipo oral, anal y genital. Estas gratificaciones se reprimen
cuando están reñidas con nuestra ética.
Pero ¿cuál es la
ética de nuestra civilización occidental y cristiana? Existe actualmente una
contradicción obvia entre la ética que introyectamos desde nuestra infancia y
la realidad del mundo en que vivimos. Freud estudió profundamente esta
contradicción a nivel de lo sexual, pero dejó de lado el nivel económico.
Veamos esto: mientras que en el medioevo, por ejemplo, la pobreza era aceptada
como “natural” y compensada en la otra vida (serán los pobres los que llegarán
al goce del paraíso, mientras que los ricos tendrán tan pocas probabilidades de
entrar ahí como el famoso camello de pasar por el ojo de una aguja) en nuestra
época, más incrédula, esta metáfora ya no sirve para arreglarnos con nuestra
conciencia. Ya desde pequeños vivimos en un estado de anomia. Porque mientras
que nos enseñan en religión y en moral que todos los hombres somos iguales, con
los mismos derechos y posibilidades, independientemente de la raza, clase y
credo, de hecho no lo somos. ¿Vieron la expresión de extrañeza y perplejidad que
muestran
41 Extractado de la conferencia “Vicisitudes del
Movimiento Psicoanálitico Argentino”. México, julio de 1974. Razón, Locura y
Sociedad. Siglo XXI, México. 1978, pp. 56-84
115
Marie Langer
nuestros bien
cuidados hijos cuando por primera vez tropiezan con el problema del hambre y de
la miseria? Pero cuando nos preguntan respecto del porqué de la existencia de
niños pobres solemos contestarles con la misma hipocresía, con que nuestros
padres nos contaron el cuento de la cigüeña cuando les preguntábamos por el
sexo.
¿Qué consecuencia
nos trae esta contradicción ética y la mentira y la represión consecutiva? Para
aclarar este contexto expondré el resumen de un artículo sumamente importante y
¿justo por eso? olvidado. Su autor, Fritz Sternberg,42 pertenece a este pequeño
grupo de freudo-marxistas –ese nombre terrible que ya no es adecuado– de los
años treinta. Mientras que Freud descubre la represión de los impulsos
inaceptables y de lo éticamente incómodo a través de lo expresado por sus
pacientes individuales, Sternberg, para extender después este concepto a toda
la sociedad, toma el camino opuesto. Analizando las diferentes formas de
producción y explotación, denuncia la represión que deviene de la existencia de
una clase dominante, del hecho de la explotación capitalista. El conocimiento
de todo esto es reprimido, porque reconocerlo es “incómodo” y se ha vuelto
éticamente inaceptable. Además, es un saber peligroso, porque su divulgación
incitaría aún más a los explotados a la lucha de clase. “Saber” de la explotación
significa ponerla en duda y no aceptar al sistema capitalista como “natural” y,
por eso, incambiable.
No siempre fue así.
Sternberg destaca una diferencia decisiva entre todas las formas de producción
anteriores y la del capitalismo. Éste, obviamente, no inventó la explotación
del hombre por el hombre. Pero adoptó una forma nueva. Y a cada forma de producción
corresponde, como superestructura, su propia moral. En la antigüedad la
esclavitud respondía a una explotación abierta, totalmente admirada e incluida
en el sistema. Por eso los griegos, fervorosos paladines de la democracia, no
se daban cuenta siquiera que ésta no era tal, porque excluía a los esclavos.
Una sociedad sin clases era inimaginable. También en el medioevo la explotación
de los siervos era abierta. Concretamente, diferenciado en tiempo y espacio,
podía distinguirse la explotación del campesino del trabajo que debía realizar
para subsistir con su familia. Cuatro días por semana trabajaba, por ejemplo,
para el señor feudal, en el territorio de éste y tres, en su pequeña parcela
para producir lo necesario para su mantenimiento y reproducción. La explotación
era concreta y consciente. El señor sabía que explotaba, el campesino se sabía
explotado.
42 Fritz Sternberg: “Marxismo y represión”, en
Marxismo, psicoanálisis y sexpol, Buenos Aires, Granica, 1972.
116
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Nadie podía negar
esta situación que saltaba a la vista. Además, para qué negarla si de todos
modos era incambiable, ya que tanto el esclavo como el campesino carecían de
conciencia de clase. Las condiciones para ésta no estaban dadas.
La situación cambió
con el advenimiento del capitalismo. La explotación del obrero industrial ya no
es concretamente visible y separable en tiempo y espacio. El trabajo dedicado a
su mantención y su producción no difiere del dedicado al plusvalor. Si el plusvalor
no fuera negable, los economistas burgueses forzosamente también lo hubieran
descubierto. Pero ¿por qué lo niegan? Y ahí Sternberg equipara “negación” con
“represión”.43 Porque es un conocimiento “incómodo” y peligroso frente a
explotados que, gracias a la forma de producción capitalista, adquieren
conciencia de clase y asumen conscientemente la lucha por una sociedad sin
clases. Frente a la exigencia de la clase obrera de eliminar la explotación y
el plusvalor, la contestación de la clase dominante consiste en la negación: no
existe la explotación; es un invento demagógico de los socialistas. Pero para
que esta negación sea eficaz, para que los capitalistas puedan, con “buena
conciencia”, luchar de día eficazmente contra la clase obrera y dormir tranquilos
de noche, la negación se convierte en represión, con todas las consecuencias
que esto implica. Desaparecen otras palabras del diccionario de las teorías
económicas burguesas y, en general, el pensamiento y la filosofía de la clase
dominante sufren las distorsiones provenientes de esta represión. Lo que
Sternberg demuestra, en su trabajo, respecto de Nietzsche y Schoppenhauer,
intentaré ejemplificarlo con los temas de estudio del pensamiento
psicoanalítico institucionalizado.
El ser humano
reprimía siempre, en todas las épocas. Pero únicamente en el capitalismo se
impuso tal hipertrofia de la represión que se dieron las condiciones objetivas
para que Freud la descubriera y estudiara a fondo, a nivel individual e
instintivo. Mas como él mismo estaba sumergido en el pensamiento y la ideología
de su clase, limitó su estudio a lo sexual y al drama de la familia de su
sociedad y clase, aceptando a esta familia como “natural” e inmutable. Hasta
aquí Sternberg.
43 Freud, al distinguir entre la represión y la
negación, define a esta última de esta manera: “Negar algo, en nuestro juicio
equivale en el fondo a decir: esto es algo que me gustará reprimir”. Sigmund
Freud, La negación, en Obras completas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1948 tomo
III.
117
Marie Langer
Freud, casi
contemporáneo de Marx, y actuando en una sociedad y en una capa social en la
cual la discusión del marxismo pertenecía a lo cotidiano, nunca le dedicó más
que unas cuantas frases polémicas. Pero esta negación también tuvo sus
consecuencias e impuso, además, determinado sello a las instituciones
psicoanalíticas.
Para ejemplificar:
Werner Kemper, hombre de unos 70 años, analista didáctico –primero en Berlín,
después en Río de Janeiro y ahora de nuevo en Berlín– me envió hace algún
tiempo un apartado autobiográfico.44 En éste describe el clima reinante en la
sociedad psicoanalítica berlinesa al principio de la época nacional-socialista:
“Hasta bien
entrados los años treinta estábamos tan absorbidos por el psicoanálisis que,
inclusive los colegas judíos casi no percibieron las señales de alarma de
afuera, pertenecientes al gran acontecimiento mundial. Finalmente, sin
preparación interna o externa previa, fuimos arrollados por los
acontecimientos”.
Para Kemper, ahora,
a posteriori, esta ceguera del grupo es inexplicable y se pregunta por las
causas.
“¿Fue
escotomización, falta de educación cívica y de comprensión? ¿Fue ingenuidad,
optimismo cómodo? De todos modos era una defensa inconsciente para no prever
una evolución probable que, si la hubiéramos detectado, habría destruido todos
nuestros deseos y esperanzas profesionales y personales.”
Esta defensa
inconsciente, esta incapacidad de evaluar adecuadamente una realidad externa,
política y social proviene de la represión descrita por Sternberg.
Nosotros nos
proponíamos salvar al mundo a través del psicoanálisis. Y no sabíamos, algunos
lo ocultaron conscientemente, otros lo tenían reprimido, que como miembros de
la clase dominante salvábamos únicamente a nuestros analizandos que pertenecían
a la misma clase y participipaban como nosotros de la explotación. Nos
sentíamos una élite intelectual, pero no nos dimos cuenta que nuestra
asociación, junto con la ciencia que ofrecía, estaba determinada para mantener
el valor económico del título de psicoanalista y del psicoanálisis mismo, a
costa de otros competidores que excluimos de los
44 Werner Kemper, Psychotherapie in
Selbstdarstellungen, Hans Huber Bern, Stuttgart, Viena, 1973.
118
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
beneficios.
“Únicamente es psicoanalista, y tiene el derecho de llamarse así, quien
pertenece a una sociedad psicoanalítica, miembro de la Asociación
Psicoanalítica Internacional.” Encontramos a esta frase, con variaciones, en
los reglamentos de todas las sociedades psicoanalíticas “oficiales”. Creo que
es la única vez que una ciencia es definida a través de una pertenencia
institucional. Esta norma es la base del prestigio científico y poder económico
que ofrecerá y manejará la institución. Estábamos en eso, sin darnos cuenta que
de un grupo de personas con buenas intenciones nos habíamos transformado en
sostenedores de un aparato ideológico del estado.
No acuso. Pues
pudimos tomar conciencia por un acto de voluntarismo, en tanto habíamos
sucumbido a la represión, descrita por Sternberg. Pero, ¿es correcta la
aplicación del término represión frente a la explotación capitalista? Según
Freud la represión es la respuesta a impulsos libidinosos moralmente no
admisibles. Nunca nos hemos preguntado, aunque aplicábamos el psicoanálisis a
tantos enigmas, qué podía significar la apropiación a nivel inconsciente.
Significa robo; robo en todas las etapas del desarrollo psicosexual. Significa
robar el pecho y la leche, y lo que ahora es latente era manifiesto y admitido
en la época en la cual un ama de leche paga alimentaba y daba cariño maternal y
calor al niño pudiente a costa de su propio hijo abandonado. Si el dinero se
equipara en el inconsciente con excrementos sobrevalorados, apropiarse es robar
y vaciar a nivel anal. Ya que en esta sociedad de consumo las mujeres de
nuestra clase compran belleza y se convierten a su vez en objetos comprables,
la acumulación del plusvalor se convierte en robo de potencia y en dominio a
nivel fálico. Además, robamos Eros, para usar el término más general, y robamos
años de vida y de proyecto vital. Si miran en la calle nomás, con ojos
dispuestos a ver, observarán, por ejemplo, la diferencia física en fuerza y
juventud de un hombre o una mujer de 40 años de nuestra clase que están en la
plenitud de su vida, con alguien del pueblo de la misma edad.
Pero aunque esta
diferencia salte a la vista, según tengo entendido no ha sido objeto de
estudios psicológicos. Sin embargo, últimamente los compañeros que se
desempeñan en el Instituto de Medicina de Trabajo investigan la relación entre
diferentes clases y capas sociales, años de vida y proyecto vital. Llegaron a
la conclusión de que mientras el hombre y la mujer de clase media, de treinta a
treinta y cinco años, sienten que “tienen la vida por delante”; a su vez el
obrero y la obrera de la misma edad, bien que gastados por su labor malsana y
agotadora en el proceso de producción, interrogados respecto de su futuro, lo
delegan todo en los hijos. Hay que trabajar más todavía, hay que
119
Marie Langer
hacer horas extras
o dos turnos para poder solventar la educación de los hijos. Ya que uno está
reventado, que por lo menos los hijos sean profesionales y se liberen así de la
fábrica.
Actualmente a
nosotros, padres analistas o analizados, ya no nos es difícil aclarar a
nuestros hijos pequeños cómo se hacen o cómo nacen los niños, pero nos cuesta
hablarles de la muerte, por nuestra propia impotencia frente a ella. Y no
sabemos cómo explicarles la miseria y el hambre, por la culpa que nos da ser
cómplices del sistema. Cuando, obligados por las circunstancias, tenemos que
enfrentar las preguntas de nuestros hijos, el niño responde con susto e
incredulidad. La noción reprimida del robo permanente, del cual participamos
como clase, es causa de mala conciencia, la que, poco a poco, se trasforma en
mala fe y en malestar en la cultura. Pero es justo esta causa del malestar, la
que Freud omite en su investigación.45
Este malestar y las
consecuencias de la represión para los procesos de pensamiento y conocimiento
son generales. Pero se manifiestan en mayor grado en los núcleos
psicoanalíticos por dos razones: 1) nuestra vocación de curar y reparar entra
en una contradicción muy grande con nuestra complicidad con el sistema; y 2)
nosotros dedicados constantemente a levantar represiones y dar y adquirir
conciencia de situación, pagamos más caro que otros por nuestra mala fe social.
Repito, éramos un
grupo selecto, culto, inquieto, de buena voluntad. Trabajábamos mucho y
ganábamos bien. Tratábamos a gente como nosotros, les enseñábamos, a través de
interpretaciones adecuadas, a resolver con suma rapidez sus problemas;
económicos y, más lentamente por cierto, sus dificultades sexuales. Pero,
igualmente reprimida, en el fondo, sufríamos de mala conciencia. Frente a ésta,
como frente a cualquier represión, se ponen en marcha diferentes mecanismos de
defensa y surgen transacciones y alianzas corruptas.
¿Cómo son nuestras
instituciones en general? Mientras que los primeros analistas llegaron a Freud,
fascinados por su gran descubrimiento y dispuestos a enfrentar la indignación y
resistencia que les oponía la sociedad, en oportunidad en que el psicoanálisis
no rendía ni a nivel económico ni de prestigio sino que era una gran aventura
intelectual, nosotros, los epígonos, los psicoanalistas institucionalizados
desde hace años, atraemos a la juventud por ser modelos de Salud Mental y de
status. Nos consideran envidiables.
45 Sigmund Freud, El malestar en la Cultura, en
Obras completas, op. cit. t. III.
120
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Armando Bauleo46
nos describe como “fuente de identificación”, ya que “damos permanentemente la
imagen de libertad”. Somos libres en los honorarios, en los horarios, en la
producción intelectual y hasta en los instintos; para nosotros no existe ningún
tipo de represión, nuestros comportamientos a lo sumo son sólo “ajustados” a la
realidad [...]. En las instituciones analíticas no se rivaliza ni se compite
[...]. El mundo ideal se va instalando provocando la envidia, el anhelo, el
proyecto y hasta la ambición desesperada de quienes no pueden desarrollarse en
esta sociedad”.
Destaqué antes el
grado de malestar que, en contraste con la imagen que damos, reina en el
pequeño campo de las sociedades psicoanalíticas, justo cuando ya se han
impuesto y no tienen que luchar más contra un ambiente hostil. Creo que todo
analista de pertenencia larga a una asociación estaría de acuerdo conmigo sobre
este punto. En esta oportunidad intento analizar las causas de este malestar
que el candidato a analista desde ya desconoce. Su expectativa es bien
distinta. Espera que, al trasformarse en analista, es decir en persona dedicada
a curarse y curar a los demás, se liberará del malestar que tiñe a toda nuestra
sociedad. Sin embargo poco a poco percibe que, al entrar en la carrera y en la
institución, en lugar de salvarse de conflictos, los agravó.
Freud nos brindó el
psicoanálisis para poder curar ciertos cuadros neuróticos muy concretos, para
comprender mejor nuestras motivaciones secretas y para seguir investigando en
la línea que él nos había trazado. Nosotros, idealizándonos e idealizando su método,
para reforzar así la represión de nuestro saber social, esperábamos
transformaciones y armonías totales y pensábamos que con un análisis bastante
prolongado y profundo nos íbamos a convertir en superhombres. (Hasta se pensó
salvar al mundo. ¿Se acuerdan, los mayores de entre ustedes, cuántas veces se
oía durante la guerra fría que si Roosevelt o Eisenhower y Stalin se analizaran
el destino del mundo sería resuelto?)
Y trasmitimos esta
esperanza, hecha promesa, a núestros seguidores. Todo esto ocurría a pesar de
que Freud nos previno contra estas ilusiones,47 y aun sabiendo a priori que las
personas que deciden dedicarse al psicoanálisis son más conflictivas (y necesitadas
de reparar) que el hombre común. Cuando nos dimos cuenta de nuestras
limitaciones, ya era tarde. Y para mantener la
46 Armando Bauleo, “Psicoanálisis y salud”, en
Los síntomas de la salud. Psiquiatría social y psicohigiene, Buenos Aires,
Cuarto Mundo, 1974.
47 Sigmund Freud, Análisis terminable e
interminable, en Obras completas, op. cit., t. III.
121
Marie Langer
imagen pública y
publicitada, callábamos hacia afuera nuestras críticas y desilusiones y nuestro
saber sobre las debilidades de los mandarines del psicoanálisis, los analistas
didácticos. Protegíamos nuestra imagen en alianzas corruptas, con una jerarquía
férrea.
Dije antes que
Freud nos trazó cierta línea para nuestras investigaciones. Que ésta no
desemboca en el descubrimiento de la represión de nuestro sentimiento de culpa
por el robo del plusvalor –apropiación en la que se basa nuestra sociedad
capitalista– tiene su lógica. Freud estaba demasiado absorbido por su obra,
demasiado necesitado de tranquilidad social para fortalecerla suficientemente;
estaba también demasiado ligado a sus analizados, que eran de su clase o de
clase alta (a veces pienso si Freud no rechazó también a la Unión Soviética tan
rotundamente porque muchos de sus primeros pacientes pertenecían a la
aristocracia rusa), como para cuestionarse el sistema en que vivía. Pero que
nosotros, tantos años después de Freud, no hayamos entrado seriamente, y no
extrapolando, en el campo social, se explica por nuestra institucionalización
profesionalista. Un pensador tan sabio y viejo como Bion48 predijo que los
próximos descubrimientos psiconalíticos provendrán probablemente desde fuera de
las sociedades, ya que éstas, de continente protector de un pensamiento
revolucionario se habían transformado en su traba.
DISCUSIÓN
Pregunta: ¿No cree
que el psicoanálisis, al introducirse en el sistema gubernamental, haría
tambalear el status del aparato, aquí, en México?
Langer: Realmente
sé muy poco de México; es la segunda vez en mi vida que vengo aquí. Pero no
creo. En algún momento de nuestra gran euforia analítica, me acuerdo, se dijo
que si Stalin o Roosevelt se analizaran se terminaría la guerra fría. Pero a
esto respondo: 1) que no se analizan, y 2) que la guerra no hubiera terminado
por eso.
El psicoanálisis
institucionalizado no es apolítico; forma parte del aparato ideológico del
estado; es como la educación o como los medios de comunicación de masa. No es
apolítico. Es aparentemente apolítico, pero no lo es. Y el psicoanálisis de
izquierda, si se puede llamar así, tiene muchas tareas científicas que
realizar. Una de éstas es elaborar el concepto de
48 Conferencia de Bion en la Asociación
Psicoanalítica Argentina, 1972.
122
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
realidad en Freud.
¿Qué quiere decir concepto de realidad? Y el concepto de realidad, de todos
modos es del adulto, que lo trasmite al niño, y es la realidad de la clase
dominante. ¿A qué llamamos realidad? La neutralidad valorativa del analista no
existe; nadie de nosotros es capaz de ser neutral frente a lo valorativo; todos
tenemos nuestro esquema de valores, conscientes e inconscientes. Entonces,
según el criterio consciente o inconsciente de realidad y de meta social del
psicoanalista, se forma su concepto de salud mental. Y este concepto de salud
mental también ya es totalmente ideologizado.
– Estamos en el
análisis institucionalizado. No creo que pueda haber acá otro destino, si
supongo en serio, y así lo hago, que la institucionalización del psicoanálisis,
que lleva a la estratificación de una sociedad analítica, al poder del saber, a
la represión de la explotación y a los diferentes mecanismos de defensa que
pueden ser la huida hacia el cientificismo, la huida hacia la vida fetal, la
huida hacia lo que fuera, pero huida al fin.
Pregunta: ¿De qué
manera actúan los psicoanalistas del grupo disidente fuera del consultorio, de
su trabajo profesional?
Langer: En parte,
actúan directamente en política, en parte no; lo que contesté antes. Después,
actúan principalmente en la Universidad de este momento. En Argentina la
Universidad estuvo por mucho tiempo aplastada; y con el advenimiento de la
dictadura de Onganía muchos profesores afines habían renunciado. Desde entonces
no se podía colaborar con ella porque el curriculum de cada uno pasaba por la
CIA. Me temo que sigue pasando por la CIA; pero igualmente, en la actualidad la
izquierda está en la universidad. Entonces ésa es una colaboración, el trabajo
en los hospitales es otra colaboración, el trabajo en el Centro de
Investigación y Docencia Gremial también lo es.
Pregunta: ¿Cómo se
lleva a cabo la terapia analítica individual por parte de los analistas
marxistas, y de qué manera se aplica el marxismo a esta terapia?
Langer: No hacemos
otra terapia analítica, sino enfocamos de otra manera, creo. Lo que yo les dije
antes: no hay analista cuyo esquema de valores no influya en lo que dice a su
paciente. O, tomemos estrictamente una sesión analítica: hay un cúmulo de asociaciones
libres; el psicoanalista elige inconsciente y espontáneamente tal o cual línea;
después, frente a cada problema, toma ésta o aquella actitud. Yo diría, de una
manera un poco general, que si hubo un cambio tenemos que mencionar que tal vez
estamos
123
Marie Langer
ahora en favor de
análisis más breves, que estamos muy en la vuelta a Freud; pero no hay en la
técnica, ni en la teoría de la técnica, estrictamente modificaciones producidas
por el marxismo. Lo que si hay, por ejemplo, es un cambio en la actitud de la gente,
pues, en los últimos años, me vienen a ver y dicen: “quisiera analizarme con
alguien ideológicamente afín”; ustedes conocen el concepto de Freud del
psicoanalista impersonal y “pantalla”, del cual el paciente no debiera saber
nada. Yo estrictamente mando pacientes a analistas ideológicamente afines, para
que entiendan la problemática total de su analizado.
Pregunta: Dice
usted que el psicoanálisis de izquierda tiene muchas tareas científicas que
realizar. Sin embargo, ante su afirmación respecto de que los psiconalistas
actúan en forma aislada, me pregunto: ¿no deberían actuar en forma colectiva
para reabrir sus tareas de revalorización crítica, que usted menciona?
Langer: Miren, si
digo “aislado”, no lo es tanto, pues siempre hay grupos de estudio y equipos de
gente que trabajan juntos. Yo digo no institucionalizado. Tal vez valdría la
pena ver cuáles pueden ser los temas importantes a discernir; uno de ellos es el
concepto de realidad, como les dije antes; otro sería el concepto de salud
mental. Pero tal vez lo más importante sea la ubicación de la ideología y las
motivaciones inconscientes en cada historia individual, es decir donde se liga
psicología social y psicoanálisis; sería en la familia: es allí donde hay que
ver cómo entra la ideología de la clase dominante en la persona.
Pregunta: ¿Qué nos
puede decir de la técnica analítica? ¿Qué de Wilhelm Reich y su influencia, y
su idea de prevención del fascismo y de las neurosis?
Langer: Yo siento
que la técnica analítica freudiana está bastante retrasada en relación a la
teoría del psicoanálisis. No sé hasta dónde en la actualidad se está trabajando
en la práctica más por la prevención que por la cura de las neurosis.
Trabajo como
analista y he cambiado en el sentido de no tomar tan estrictamente el encuadre.
Pero esos son detalles que tal vez después se van a discutir en un seminario en
el cual se puede profundizar más. Pero lo que usted dice de Wilhelm Reich es
otra cosa, Wilhelm Reich tuvo una época politizada, sumamente politizada,
cuando perteneció al Partido Comunista Alemán, antes de la toma del poder por
los nazis. Sus conceptos analíticos estaban, podrían haber estado en lo
preventivo si hubiera tenido el poder;
124
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
pero como no lo
tenía estaba en lo propagándístico, en la idea de poder atraer masas de
personas jóvenes y separarlos del peligro del fascismo a través de toda su
teoría sobre la importancia de la sexualidad, etc. Análisis del carácter, es
análisis nomás, es análisis donde él enfoca determinada línea de trabajo. Y lo
muy posterior, lo del orgón etc., ya no tiene nada que ver con el análisis, ni
con política, está fuera. Entonces, por ejemplo, lo que Reich hizo en política,
analíticamente, en la época del movimiento Sex-pol, podría ser aplicado o
podría tener su utilidad preventiva de neurosis en cualquier estado que esté
dispuesto a aplicarlo. Este estado forzosamente tendría que ser un estado de
izquierda, porque todo el enfoque va contra la familia patriarcal. Y, según
Reich –y ahí le creo totalmente–, ir contra la familia patriarcal es prevenir
contra el fascismo; además, y simultáneamente, es prevenir contra la neurosis.
Pregunta: Pero del
psicoanálisis caracterológico en sí, que difiere bastante del análisis ortodoxo
freudiano, creo que es aplicable aún dentro de un sistema capitalista.
Langer: El análisis
caracterológico de Reich es un análisis muy sistematizado, pero no es un
análisis revolucionario, de ninguna manera. Es una modalidad técnica, pero no
más que eso. Ahí no vería lo revolucionario de Reich, pero sí en su trabajo
sobre la psicología de las masas y el fascismo. En su trabajo estrictamente
técnico de la época analítica puede haber algún aporte técnico, pero ningún
cambio fundamental, ni revolucionario.
Pregunta: ¿Qué
opina de los conceptos vertidos ayer por el doctor Basaglia?
Langer: Basaglia
tiene un mérito enorme, cual es estar en una praxis de lucha, en una praxis
revolucionaria, en donde sus conceptos sobre la institución psiquiátrica
concuerdan con sus conceptos marxistas. ¿Qué opino yo de lo que opina él del
psicoanálisis? Tenemos alguna aclaración que hacer todavía; ayer quedamos en
que lo vamos a aclarar porque no sé si él diferencia entre lo aceptable y lo no
aceptable del análisis o lo rechaza totalmente. Si fuera así, tendríamos una
divergencia a este nivel; si fuera un no a la institución psicoanalítica, tanto
como su no frente a la institución psiquiátrica, concordaríamos totalmente.
Supongo que la cosa debe estar en medio.
125
Marie Langer
Pregunta: ¿Qué
opina del movimiento de liberación femenina?
Langer: Hay varios
movimientos de liberación; entre otros hay uno que es bastante lesbiano; pero
no es lo que más me preocupa. Mi preocupación central respecto de los
movimientos más bien lesbianos, es que no quieren realmente un cambio de clase
sino que quieren tomar lo peor de los “derechos” de los hombres en una sociedad
patriarcal-capitalista. Miren, los movimientos de liberación de la mujer están
integrados o no, porque hay muchos –en Argentina tenemos tres–, en partidos
políticos. Yo creo, como lo mencioné antes, que la liberación de la mujer se da
dentro de una sociedad liberada. Lo que sí importa destacar es que, por
ejemplo, Fidel Castro, está totalmente en favor de profundizar y seguir en el
movimiento de liberación de la mujer, en Cuba misma, porque dice que tampoco
allí la mujer logró, al menos por ahora, la liberación. Pero desde ya no se va
a liberar si no se libera la sociedad. Ahora, que un subgrupo de liberación
femenina que está totalmente dentro del sistema sea lesbiano o no, no me importa,
como en general ni me molesta ni me importa que una sea lesbiana o no,
homosexual o no; la cosa no pasa por ahí.
Franco Basaglia:
Después de esa crítica a la institución, realmente queda muy poco del
psicoanálisis, pues el psicoanálisis se identifica con una agencia de
adaptación a una sociedad represiva.
Langer: Queda poco
y queda mucho. Ahora contestaría de nuevo al compañero que me preguntó por qué
sigo analizando. Queda mucho si tomamos en cuenta toda la importancia del
inconsciente, y del inconsciente que determina nuestras actitudes, y que puede
aclararse, hacerse consciente, hacerse racional, dentro de lo que llamamos
racionalidad; porque también la racionalidad puede ser una racionalidad de
clase dominante, o no, o puede ser una racionalidad de lucha. Como lo dije
antes de la realidad. ¿Qué más queda? Queda la aplicación en los tratamientos
psicoterapéuticos en general, donde necesitamos los instrumentos que debemos a
Freud. Freud dedujo su teoría: el complejo de Edipo, etc., de la familia
existente. Nuestros pacientes tienen esa familia existente, y la comprensión
analítica nos puede ayudar a mejorar y disminuir los desastres que hizo la
familia en cada situación, tomando en cuenta justamente también los otros
conceptos básicos freudianos, el de la transferencia por ejemplo. Pero con eso
no quiere decir que debiéramos seguir con esta familia, sino al revés, pues en
las generaciones futuras el reflejo inconsciente de la situación familiar será
muy distinto. Queda también el concepto de mecanismos de defensa y otros más.
Pero espero que lo que no quede sea la ideología de las sociedades analíticas.
126
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Pregunta: ¿Cómo
podríamos relacionar el psicoanálisis, considerado exclusivo de la clase
privilegiada, con el pensamiento de izquierda?
Langer: Hasta ahora
el psicoanálisis, ejercido privadamente, es sumamente caro; ha sido privilegio
de la gente de dinero. Creo que las indicaciones van cambiando. Creo que a la
larga, en una sociedad cambiante, el psicoanálisis también puede ser un instrumento
muy importante para el especialista. Las diferencias técnicas de psicoterapia
analítica, que se están elaborando, o que simultáneamente incluyen también
otros aportes, serán el tratamiento de preferencia o el tratamiento más
general. Aún no sé qué hacer con la pregunta respecto del pensamiento de
izquierda. El hecho de que el psicoanálisis haya sido de gente privilegiada
tiene que ver con el pensamiento de izquierda, pues uno no puede dejar de decir
que, si el psicoanálisis es útil, se presenta como otra ventaja para los ricos;
y sigo creyendo que es útil siempre que sea ejercido de una manera útil.
Entonces los privilegiados tienen un privilegio más, cual es el acudir al
análisis; y los no privilegiados tienen una carencia más, que es no ser atendidos
de la mejor manera posible en su problemática psicológica.
Pregunta: ¿Qué tipo
de compromiso adquiere el paciente cuando es atendido en forma gratuita, cuando
se supone que el pagar estimula el progreso del paciente?
Langer: El pagar no
estimula el progreso del paciente. Se puede trabajar perfectamente sin pago
alguno. Además es un absurdo que se haya dicho siempre que es necesario pagar,
porque nos olvidamos que el ejercicio actual del psicoanálisis engloba adultos neuróticos,
adultos psicóticos y niños. Y nunca los psicóticos ni los niños pagaron sus
tratamientos por sí mismos, y nunca los psicoanalistas, que cobraron a los
familiares, se sentían por eso en infracción con la teoría psicoanalítica.
Pregunta: ¿Qué nos
puede decir sobre Fromm? ¿Es verdaderamente un psicoanalista de izquierda?
Langer: Ustedes
conocen mejor a Fromm que yo; vive desde hace muchos años en México. Yo creo
que ha sido un psicoanalista de izquierda, pero esto ocurrió muchos años atrás,
pues actualmente se deslizó hacia la mística, lo que para mí no vale.
Pregunta: ¿Cree
usted que una interpretación de tipo social penetra más rápidamente en el rol
nacional que una interpretación de tipo individual arcaico?
127
Marie Langer
Langer: Así no se
entiende bien. Miren, quisiera plantearla de otra forma: ¿Cómo se pueden
diferenciar criterios de salud? En un seminario sobre técnicas, un analista
presenta un candidato diciendo: “se trata de un ingeniero casado, etc., que
viene a tratarse por tal sintomatología sexual y por tal otra cosa, y es un
hombre exitista”. Entoces yo les diría, si un analista define así a un paciente
exitista, entonces tiene el criterio de que eso es un síntoma. Yo me imagino
perfectamente a otro analista que ve a otro paciente, lo define, tac, tac, tac,
y dice: “es una persona exitosa”; el analista que lo define como “exitoso”
estaría dentro del aparato ideológico, mientras que la persona que dice
"exitista" tiene un enfoque social diferente. Desde ahí, uno u otro
van a interpretar de manera diferente el mismo material. Pero no es la
contestación directa de su respuesta, porque así no se la puede contestar.
Pregunta: ¿Cómo se
afronta el problema de la pérdida del proyecto vital a temprana edad en un
sistema que obliga a ello a través del mecanismo de producción en serie y de la
pertenencia a la familia?
Langer: Se puede
estudiar, se puede investigar, se puede ver cómo se puede colaborar en el
cambio social, pero no se puede resolver. Yo considero que el psicoanálisis
tiene muy poco valor terapéutico desde este punto de vista, ya que sólo se
aplica a un número muy reducido de personas. Ahí estamos en algo cualitativo y
cuantitativo del psicoanálisis; obviamente el psicoanlálisis puede ser
integrado útilmente en prevención, pero también muchas veces lo es al revés, es
decir en favor del sistema. Ahora bien, el psicoanálisis como valor curativo es
también relativo; lo admito totalmente. De nuevo, frente a cierta
sintomatología está muy bien. Para mí, el mayor mérito del psico-análisis, para
las personas que sí tienen el privilegio o pueden darse el lujo –llámenlo como
quieran– de analizarse, es que se conozcan y que puedan adquirir cierta
sinceridad frente a las propias mentiras y la propia hipocresía; la propia, la
ajena y la del sistema.
Pregunta: ¿Cómo
sugiere que se solucionen las dificultades entre el compromiso del científico
con la objetividad y el compromiso ideológico para la cura de las
psicopatologías?
128
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
M. Langer: El
compromiso del científico con la objetividad –ahí estamos de vuelta con el
problema de qué es objetividad, qué es realidad– en las ciencias sociales no
existe; en la ciencia, esta interrelación humana no la hay. Yo, frente a un
síntoma, puedo decir que es patológico; ahí puedo tener objetividad. Ayer se
habló mucho de qué es enfermedad mental y qué no lo es. Pero supongamos que una
persona adulta sana no puede cruzar la calle; yo puedo decir con objetividad
que padece de una agorafobia, y que debiera curarse. Ahí no se trata de un
compromiso ideológico. Pero frente a todo lo otro, el carácter, el estilo de
vida, etc., no puede haber objetividad. Vuelvo al ejemplo de antes: el criterio
de “exitismo” o “exitoso”. Pero cada una de las personas que diagnostica así,
suele sentirse subjetivamente objetivo.
129
Marie Langer
ANÁLISIS GRUPAL
INSTITUCIONAL
EN LA CLASE
OBRERA49
“En el nivel humano
hay que distinguir por lo menos dos niveles de análisis, dos escalones: el
nivel genérico-individual y el nivel genérico-social [...] al hombre no lo
podemos entender sino comprendiendo a la sociedad simultáneamente”50
“¿No cree usted que
su profesión se presta a una coartada frente a la revolución social en nuestro
país?”, pregunta una estudiante brasileña a Igor Caruso. Él le contesta que
desde luego no considera deber de todo especialista unirse a las guerrillas, pero
que piensa que «el psicoanálisis correcto es el primero en mostrar claramente
los conflictos en los que se encuentra un individuo y que es él quien le abrirá
los ojos para percibir y reestructurar el medio ambiente».51 Sí, pero ¿qué es
un “análisis correcto”? De todos modos es un proceso que transcurre en una
relación bipersonal, en el cual no solamente el analizando debe poner toda su
personalidad, sino también el analista. De la ideología consciente e
inconsciente de éste, de su esquema de valores y de sus convicciones dependerá
mucho que el paciente aumente su enajenación o que aprenda, en el transcurso de
la cura, a “percibir y reestructurar el medio ambiente”.
Freud postuló para
el psicoanalista la sangre fría y la objetividad del cirujano. Sin embargo,
sabemos desde hace tiempo que esto no es factible ni deseable. Los estudios
sobré contratransferencia nos demostraron claramente cómo nuestros sentimientos
influyen en él proceso analítico. Erikson nos habla de la importancia de
nuestro esquema de valores. Racker52 nos demuestra que la meta de salud mental
del analista lo guía forzosamente en la terapia para lograr que su paciente
corresponda a ésta. Dice:
49 Publicado en El Psicoanálisis como teoría
crítica y la crítica política al psicoanálisis coordinado por Ewald H. Englert
y Armando Suárez. Siglo XXI Editores. México 1985.
50 A. Caparros, Mesa redonda sobre “Ideología y
psicología concreta”, Cuadernos de psicología concreta, n.° 1, Buenos Aires,
1969.
51 Igor A. Caruso, Psicoanálisis, marxismo y
utopía, México, Siglo XXI, 1974, p. 9.
52 H. Racker, Estudios sobre técnica
psicoanalítica, Buenos Aires, Paidós, 1959.
130
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
“las ocurrencias y
las posiciones contratransferenciales que aparecen ante nosotros como un
obstáculo deben ser tomadas como valioso instrumento en el devenir de nuestra
tarea analítica. Es indispensable un análisis sistemático de la
contratransferencia en la tarea para no perder de vista este instrumento:
nosotros agregamos que la contra-transferencia se siente desde el analista como
totalidad; obviamente, entonces, su ideología permea a través de este fenómeno
y quedará inscripta en el modelo de sus intervenciones.”
Pero a pesar de los
múltiples estudios sobre contratransferencia –podríamos aumentar casi
ilimitadamente las citas– existe en los medios psicoanalíticos un tabú especial
dirigido a cuestionar la neutralidad del analista: ¿será por temor a que
nuestros críticos y enemigos pretendan reducir el complejo proceso analítico al
nivel de la sugestión, reprochándonos que adoctrinamos a nuestros pacientes?
¿O, en ciertos países latinoamericanos, por temor a que el dictador en turno
nos cierre nuestras instituciones? No creemos que sea tanto eso, sino que el
analista que analiza solamente en el interior de su propia clase escotomiza
fácilmente el problema;
“reprimimos la
culpa, que nos da ser cómplices del sistema; pero también la noción reprimida
del robo permanente del cual participamos como clase es causa de la mala
conciencia que, poco a poco, se transforma en mala fe y en malestar en la
cultura”.53
De todos modos vale
la pena analizar y ejemplificar, aunque sucintamente, los diferentes ítems en
los cuales la neutralidad consciente del analista nos parece una ilusión.
Empecemos por el diagnóstico ya que éste involucra nuestro criterio de salud
mental, concepto muy vapuleado en las últimas décadas. Frente al síntoma
concreto nos es fácil ponernos de acuerdo: es enfermizo que un hombre adulto no
pueda salir solo a la calle o estar en su casa. Además, él se queja de esta
limitación. Pero frente a lo egosintónico puede surgir la duda. En una
supervisión el analista presenta a uno de nosotros a su paciente con estas
palabras: “Se trata de un ingeniero, casado, de 35 años, que sufre de
impotencia. Es inteligente y exitista.”
–“Pero ¿también
exitoso?” fue la pregunta. –“Sí, pero necesita a todo precio el éxito.” –“Usted
es marxista”, fue el próximo comentario.
53 M. Langer, “Política y psicoanálisis”,
Cambio, T. I, núm. 1, México, Extemporáneos, 1975.
131
Marie Langer
Y sí, lo era,
porque lo que a otro analista le hubiera parecido una virtud –o un área libre
de conflictos– a él le resultaba un rasgo de caracteropatía.
Sigamos con la meta
del análisis para el analista, ya que ésta pertenece también a nuestro criterio
de salud mental. Tiempo atrás vino una paciente a ver a uno de nosotros. Era
una mujer agradable, inteligente, de origen francés. Tenía 34 años, era casada,
con dos hijos prepúberes. Por las circunstancias de la guerra su familia tuvo
que abandonar Francia antes de que ella pudiera terminar sus estudios
secundarios. Llegada a Buenos Aires tuvo que trabajar. Más tarde intentó varias
veces rendir los exámenes de bachillerato para poder estudiar medicina. Pero
cada vez que intentaba concurrir a un colegio nocturno o estudiar sola para
rendir los exámenes como libre, era presa de una angustia tal que pronto tuvo
que renunciar. Aparte de esta dificultad tenía otros problemas, especialmente a
nivel sexual, con su esposo. Entró en un grupo de psicoterapia psicoanalítica.
Evolucionó muy bien y en el curso de dos años mejoró en muchos aspectos y
logró, además, aprobar su bachillerato y su examen de ingreso a medicina. Por
subsistir esta dificultad a nivel sexual con su esposo, pero también por estar
interesada en hacer la experiencia de un psicoanálisis individual, planteó al
grupo un cambio de terapia. Se le recomendó un buen analista. Al cabo de un
tiempo, su primera terapeuta se encontró con él.
–“¿Qué fue de
Renée?”, le preguntó. –“Evoluciona muy bien, es una linda paciente.”
–“¡Ah! ¿sí? –dijo
entusiasmada– qué bueno que está bien. Entonces ya habrá presentado el examen
de anatomía
–¿no?”
–“No –le contestó
enfáticamente y con cierta expresión de asco–, dejó la medicina; pero está
esperando un tercer hijo.”
Creemos que e!
ejemplo es claro: para nuestro colega la norma de salud mental a alcanzar por
esta paciente era renunciar a sus estudios (su afán de estudiar ¿tendría que
ver para él con la envidia del pene?), dedicarse al hogar y tener otro hijo,
cuya crianza la ocuparía los próximos años, mientras que para la primera
terapeuta la meta deseable era que lograra una actividad subliminatoria y
vocacional, para la cual la sentía muy capacitada. La paciente, obviamente,
tenía ambas posibilidades y ambos deseos, pero en conflicto. Por eso, sin que
la primera ni el segundo terapeuta se propusieran influir en ella, se adaptó
sin embargo plásticamente a sus deseos.
132
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
La modalidad y la
Weltanschauung del analista se expresan de muchas maneras. Ya el arreglo de su
consultorio denota algo de su gusto y personalidad. Mediante sus honorarios
elige o descarta a ciertos pacientes. Pero hay otra metacomunicación más sutil:
las asociaciones que él selecciona para interpretar su tono de voz, etc. En
resumen, diríamos que no existe la neutralidad y que Caruso, y con mucha honra,
pertenece a la categoría de los analistas que tienen una conciencia muy
definida de su Weltanschauung. Es ésta, justamente, la que le lleva a ejercer
un psicoanálisis utopista –en el sentido que él da a esta palabra– y
cuestionador. Y la que, además, le hace definir al ser humano como “ente
genérico, y esto preferentemente en su interacción recíproca con el sistema
económico que él ha creado, pero que también lo enajena.”54
En este contexto y
en la lucha contra esta enajenación nos parece imprescindible citar la
aportación decisiva de Paul Parin. Este autor muestra en su artículo sobre la
“Crítica de la sociedad en el proceso de interpretación”,55 basándose en el
material clínico y en su interpretación, presentado en un congreso
internacional y por un analista “clásico” que seguramente se considera neutral,
esa misma falta de neutralidad de la que estamos hablando. Sostiene después que
el analista debiera incluir en su actividad interpretativa una profunda crítica
de las fuerzas y leyes que gobiernan nuestra sociedad. Esto es necesario tanto
por la influencia inconsciente, formativa y transformadora de la macrosociedad
en la estructura psíquica del paciente, como por las limitaciones inherentes a
la función del juicio de realidad, aun en un aparato psíquico maduro y regido
por el principio de realidad. Estas limitaciones provienen de la introyección
de los valores dominantes en la sociedad.
Parin subraya
también la necesidad para el futuro analista de profundizar, en su análisis
didáctico, en su situación social y en el significado inconsciente de su
ideología.
Estamos totalmente
de acuerdo. Pero ¿cómo lograr eso, si justamente se enseña en casi todas las
instituciones dependientes de la Asociación Psicoanalítica Internacional este
psicoanálisis “neutral” que cuestionamos? La omisión del contexto social,
comprensible en los primeros años de las instituciones analíticas, se
transformó en negación en la medida en que cambiaron, de ser agrupaciones
científicas a ser corporaciones de profesio-
54 M. Langer, op. cit.
55 P. Parin, “Gessellschaftskritik im
Deutungsprozess”, en Psyche, Heft XXIX, Stuttgart, 1975.
133
Marie Langer
nalistas, y con
ello pilares del sistema. Se volvieron elitistas, y no sólo por el elevado
costo de la formación, sino por el tipo de enseñanza que transmitieron. Por eso
estimamos tanto a los círculos psicoanalíticos creados por Caruso, que están
abiertos a todo trabajador en el ámbito de la salud mental y que comparten con
su fundador su preocupación social, y a menudo, su Weltanschauung.
Pero igualmente se
corre el riesgo del elitismo si el análisis no se pone al alcance de sectores
más amplios y si tanto el analista como el analizado pertenecen siempre a la
misma clase. Esta situación puede dificultar el cuestionamiento que Caruso
propone. Según Parin se escotomiza fácilmente la satisfacción narcisista que se
obtiene en la actuación agresiva y masoquista de los intereses de estatus y de
clase, si analista y analizando los comparten.
Estas notas se
referirán tanto a otra forma de enseñanza como a la práctica con la clase
social diferente a la del analista. Desde ellas intentaremos dialogar con la
utopía, conscientes del riesgo que corremos de incurrir en una coartada social
favorable al sistema.
Tratamos de
implementar los conceptos psicoanalíticos grupales y la concepción dramática de
la coterapia en una institución hospitalaria. Nuestra teoría fue
psicoanalítica; su objeto, el inconciente, no como abstracción, sino el
inconsciente del paciente concreto. Nuestra técnica: la interpretación. Nuestra
metodología: el juego transferencia/contratransferencia, entendido como algo
que se juega entre pacientes y equipo terapéutico, abarcando también a la
institución.
Nuestra experiencia
fue posible gracias a una coyuntura política que parecía llena de esperanzas
para todo el país (Argentina, 1972) y que, con respecto a nuestro campo,
ofreció toda una serie de aperturas. Cobraron, en ese momento, nueva vida los
centros de salud mental y los servicios hospitalarios de psicopatología. Se
buscaba afanosamente atender las verdaderas urgencias de los pacientes,
entender su problemática dentro de su clase y su país y se desterraba la
bibliografía norteamericana, ideologizada y ajena a nuestras necesidades.
A esta época
pertenece nuestra experiencia, parecida sin duda a la de muchos otros
servicios. Sabíamos de la precariedad del proyecto, pero sentíamos que debíamos
aprovechar el espacio ideológico que nos ofrecía la coyuntura política e
histórica.
134
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
En Argentina la
entidad hospital constituye una suerte de organización crónica de la pobreza de
recursos; está caracterización es válida para los países subdesarrollados como
el nuestro, donde la dependencia económica del imperialismo se traduce en todas
las instancias.
Pasemos a describir
la Institución donde desarrollamos nuestra labor clínica. Se trata de un
hospital general en una población suburbana, la de más alta densidad
demográfica, del Gran Buenos Aires. Un servicio de psicopatología ya limitado a
la consulta externa, desmantelado y pauperizado, con sólo dos profesionales a
sueldo. Debemos destacar que el personal profesional voluntario, entre los que
nos contábamos, llegó a contar con aproximadamente cuarenta elementos que
laboraban en este servicio, donde se les ofrecía formación a cambio de
asistencia. Este puñado de voluntarios estaba constituido en su gran mayoría
por psiquiatras y psicólogos jóvenes y por algunos con mucha experiencia, como
era el caso de dos de nosotros.
Si este trabajo se
hizo posible a pesar de todos estos inconvenientes, es principalmente debido al
apoyo lúcido y decidido de la jefa del servicio, la doctora Silvia Bermann,
quien, sin ser ella misma psicoanalista, colaboraba con nosotros en la tarea concreta
y la facilitaba con todos los medios a su alcance.
Destacamos esto
porque toda labor institucional tendiente a un verdadero cambio social se
vuelve por sí misma subversiva y su evolución y duración depende de una
interacción compleja entre las personas que la llevan a cabo, las autoridades
de la institución y la lucha política dentro de la sociedad en la cual la
institución está inscripta. En concreto: una labor como la nuestra fue posible
mientras la situación argentina parecía prerrevolucionaria (1972), se volvió
fácil durante el breve período de la presidencia de Cámpora (el slogan: “El
pueblo al poder” caracteriza a esta época, 1973) y se tornó cada vez más
difícil a medida que la derecha peronista reconquistaba y se afianzaba en el
poder. Terminó bruscamente en 1976 con el cierre de este servicio, así como de
los demás similares, días después de que la Junta Militar asumiera el poder en
la Argentina. Simultáneamente se cierran los últimos centros progresistas de
salud mental.
No hubiera sucedido
esto si la respuesta de los servicios a la demanda de los pacientes hubiera
sido autoritaria o paternalista, es decir, acorde con las relaciones de poder
del sistema y reproduciéndolas.
135
Marie Langer
Los pacientes
Provenían del
barrio obrero en el que funcionaba el servicio. Algunos vivían en casas de
material, otros en viviendas precarias de la villa miseria. Los hombres eran en
su mayoría de extracción obrera; trabajaban como tales o como pequeños
comerciantes, o se desempeñaban en un oficio más o menos independiente. Algunos
provenían de la clase media baja. Las mujeres eran en su gran mayoría casadas,
muchas con obreros, y se desempeñaban únicamente como amas de casa. Pero hubo
también alguna empleada u obrera entre ellas. Casi todos los pacientes habían
abandonado los estudios en la primaria escolar y sólo unos pocos en la
secundaria. Algunos habían recurrido al servicio de psicopatología por darse
cuenta de que “sufrían de los nervios”; pero muchos, ya que nuestro servicio
estaba inserto en un hospital general, fueron derivados por otros servicios,
tales como el de clínica, endocrinología, neurología, etcétera.
Hablaremos de la
formación de los equipos de coterapia grupal. Estos equipos estaban formados
por dos terapeutas con amplia experiencia, de preferencia una mujer y un
hombre, y dos o tres terapeutas jóvenes, de menor o ninguna experiencia. Juntos
coordinaban un grupo de diez o doce pacientes.
Para que un joven
terapeuta fuera incluido en el equipo poníamos como condición principal que
hubiera terminado o estuviera al menos en análisis, sea individual o de grupo.
Con esto intentábamos garantizar que los cotera-peutas tuvieran el mínimo
posible de conflictos que obstaculizaran, desde la transferencia recíproca, la
comunicación dentro del equipo; por ejemplo recreando figuras dramáticas
cristalizadas del tipo padre/hija; pareja erotizada, es decir, imágenes,
situaciones, vínculos, que se sobreimprimieran en los demás miembros del equipo
impidiéndoles “entrar” y “salir” (identificarse y tomar distancia).
Esta inclusión de
terapeutas jóvenes se posibilita por la explicación a los pacientes de la
diferente formación teórica y la desigual experiencia clínica de los miembros
del equipo, lo que por un lado alivia las angustias de los jóvenes y, por el
otro, evita la presencia de un secreto que dificultaría grandemente la tarea.
Los coterapeutas se reunían entonces como resultado de la elección mutua. Los
ámbitos de discusión y de supervisión institucional otorgaban el medio en que
se daba la posibilidad del conocimiento, suficiente como para destacar los
modelos de tratamiento de cada uno, su estilo personal y su nivel de formación,
y cotejar los acuerdos y desacuerdos que habrían de permitir la coherencia
básica del equipo.
136
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
En cuanto al grado
y nivel de participación, éste se iba dando de acuerdo con las posibilidades
interaccionales de cada coterapeuta. Con esto queremos decir que nuestra línea
de trabajo planteó un “no” rotundo al papel de observador silencioso.
La participación de
todo el equipo permitió implementar la transferencia institucional. De esta
manera, la salida eventual de uno u otro terapeuta no interrumpía el trabajo
grupal, sino que se transformaba en material importante de análisis.
De la formación
técnica de los coterapeutas
Decíamos más arriba
que nuestra práctica tuvo un carácter asistencial y docente al mismo tiempo. Es
decir, que aplicábamos el psicoanálisis en la práctica institucional
hospitalaria y los jóvenes obtenían la formación complementaria, sistemática,
en nuestro Centro de Docencia e Investigación, de la Coordinadora dé
Trabajadores de Salud Mental.56 En este ámbito confluían la formación teórica y
la práctica político-gremial. Allí nuestros compañeros jóvenes tomaban
seminarios de distintos niveles de complejidad, que se iban alcanzando
simultáneamente en tres áreas: 1] Teoría psico-analítica, psicopatología
psicoanalítica, técnica psicoanalítica, y teoría y técnica psicoanalítica de
grupos. 2] Materialismo histórico y materialismo dialéctico. 3] Discusión y supervisión
de la aplicación de la teoría, esto es, de la praxis.
En los seminarios
del CDI se llevaba a cabo, un minucioso estudio que tenía como culminación
elaboraciones monográficas sobre los temas tratados. Estas monografías se
realizaron preferentemente en grupos pequeños que funcionaban como equipos.
En cada unidad de
aprendizaje se contaba con un ámbito de discusión sobre los temas tratados por
distintos docentes: allí se trabajaban las dudas sobre los materiales
bibliográficos, que eran expuestos en un primer momento de información.
Esta tarea de
enseñar y aprender dio lugar a un complejo mecanismo de retroalimentación
positiva que llegó a hacer que este Centro de Docencia e Investigación contara
con el apoyo unánime de los jóvenes terapeutas y de los viejos esclarecidos que
habían abandonado la institución analítica (la Asociación Psicoanalítica
Argentina).
56 CTSM formada por tres gremios: Federación
Argentina de Psiquiatras, Asociación Argentina de Psicólogos y Asociación
Argentina de Psicopedagogos.
137
Marie Langer
En lo que hacía a
nuestra tarea clínica en la institución hospitalaria, existía el complemento
indispensable inherente a toda formación práctica psico-analítica: la
supervisión. Se llevaba a cabo en el seno de nuestro “Grupo de Reflexión”,
situación grupal coordinada por dos de nosotros, que atendía a la dilucidación
de los conflictos que pudieran aparecer en el campo de operación de la clínica.
Este funcionamiento, grupal también en el momento de la recuperación de la
experiencia y la elaboración, hacía más coherente nuestra práctica
docente-asistencial.
El modelo de
capacitación entre terapeutas de muy distintos caudales de conocimientos
permite que se sumen los esfuerzos en una tarea no encaminada a la conquista,
el mantenimiento del poder o el liderazgo (saber es poder), sino creando
condiciones reales de aprendizaje solidario.
De la técnica. La
coterapia como situación dramática. Fue tan imbricada la tarea clínico-docente,
que se nos hace muy difícil separar arbitrariamente el aprendizaje de la
técnica del quehacer clínico. Si lo estamos intentando en este trabajo de
elaboración de la experiencia es sólo para presentarla con la máxima claridad
posible y con la esperanza de transformarla en un antecedente útil para otros.
Comenzaremos
diciendo que nuestros jóvenes compañeros aprendían trabajando en el campo mismo
y acompañados tan de cerca por los compañeros más experimentados, que
compartían con ellos la experiencia total. Los jóvenes terapeutas en su
participación desempeñaban un papel testimonial, a la vez que por ser un
miembro “no ritualizado” del polo coordinador podían identificarse más
fácilmente con un paciente y desempeñar así el papel de enlace viabilizador de
vínculos fluidos entre paciente y terapeuta, recíproca-mente.
La intensa
identificación con un paciente y su material deja de ser riesgosa en la
coordinación coterapéutica, ya que el coterapeuta que entra en esta situación
tiene la garantía de no quedar “atrapado” en ella, gracias a la presencia
participadora del que queda fuera de la situación.
El carácter
dramático de nuestra coterapia se acentúa en el “diálogo inter-clínico”.
Llamamos así tanto a la habitual complementación que de una manera natural va
tejiendo la trama de las sucesivas intervenciones de los distintos coterapeutas
como a aquellas situaciones en que estos últimos establecen un diálogo real
entre sí. Es aquí donde, con adecuado interés y
138
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
criterio clínico,
es decir, de una manera que no sea salvaje, se da la oportunidad de introducir
aquellos comentarios que aparecieron al comienzo como inoportunos, por
constituir opiniones distintas e incluso divergentes y hasta opuestas entre los
coterapeutas y que son por lo general postergadas para un momento posterior al
acto terapéutico mismo, ya sea en una ulterior reelaboración llevada a cabo por
los propios terapeutas en el seno de una supervisión, o simplemente en
comentarios de pasillo.
Es, en fin, una
suerte de supervisión y regulación de la tarea en el acto clínico mismo.
Es frecuente que
sean los propios pacientes los que estén terciando en el diálogo y aclaren muy
lúcidamente lo que podrían parecer puntos de vista distintos y hasta
incompatibles. No interpretábamos, en los casos de intervenciones de ese tipo,
la competencia en forma castradora, ya que técnicamente opinábamos que estas
intervenciones eran generalmente elementos enriquecedores en el proceso de la
cura. Aclarar todo esto es importante, porque un grupo terapéutico hospitalario
reproduce las condiciones clasistas de la sociedad, ya que de facto, en el
hospital, el enfermo y el terapeuta pertenecen a distintas clases sociales y se
tiende a establecer vínculos de asimetría y sometimiento que ya estaban
implícitos en la relación médico-paciente habitual. Hay que asumir claramente
esta asimetría explicándola como tal ante el paciente hospitalario,
precisamente por toda la invalidez que determina su padecimiento y por las
limitaciones a que está sometida su clase social; pero esta actitud técnica
apunta a lograr el máximo grado de reciprocidad posible. Es decir, que el
paciente pueda abrigar la expectativa de que aquella asimetría será alguna vez
corregida, pero no porque él sea en cierta forma el terapeuta, sino porque él
recuperará su validez en forma de salud y conciencia posible. Entonces, desde
allí, tenderá precisamente a romper situaciones cristalizadas de dominación.
Nuestra experiencia
nos confirmó que este manejo clínico otorga al ámbito grupal en el que se
desarrolla el proceso de la cura la seguridad psicológica que es de tan
fundamental importancia como el recordar, repetir y elaborar. Asegura a cada
miembro que no va a correr el riesgo de la excesiva e inmanejable proyección
sobre él de las habilidades, ni tampoco de las ineptitudes, de los otros, que
lo transformarán en un líder abrumado y sobreexigido o en el portardor de la
miseria del grupo.
139
Marie Langer
Debemos agregar
que, en cuanto a la conducción clínica, existen al menos dos peligros. De un
lado está el autoritarismo regresivo, del otro la seducción demagógica. Ambos
peligros plantean, al tener que tomar decisiones clínico-técnicas, la necesidad
de tomar una actitud distante de ambos polos para alcanzar la veracidad
pertinente. Hemos observado las diferentes caracte-rísticas que adquiere el
fenómeno de la transferencia en el vínculo terapéutico bipersonal y
pluripersorial (grupal), sobre todo en nuestro caso de coterapia, donde la
proyección de aspectos antinómicos tiene destinatarios distintos en las figuras
de los diversos coterapeutas. Señalar con pertinencia los fenómenos que
determinan estas proyecciones multidireccionales en el diálogo interclínico
facilita la ruptura de los intentos de repetición, por parte del paciente, de
vínculos atrapantes, es decir, de estereotipias que fueron precisamente las que
lo enfermaron (por ejemplo, vínculos del tipo comensal simbiótico entre madre e
hijo). Es entonces desde nuestra técnica de implementación plástica y dinámica
del diálogo interclínico y de la inter-pretación desde donde pueden irse
produciendo modificaciones reales en nuestros pacientes.
Por lo expuesto
hasta ahora se observará que nuestro papel se caracterizó por el alto nivel de
participación: muy pocas veces el grupo quedó en silencio sin que
interviniéramos (al estilo de Bion), ya que no era la regresión más profunda el
objetivo buscado. Por eso interpretamos poco en la transferencia, pero nunca
dejamos de hacerlo si se trataba de volver consciente el resentimiento frente a
los terapeutas o a los compañeros del grupo, o en los casos de idealización al
servicio de la dependencia infantil. Dimos mayor importancia a la problemática
actual, sin por eso prescindir de la historia de cada integrante.
Nuestras
intervenciones fueron preferentemente interpretativas, incluyendo lo social
cada vez que lo creímos pertinente. A menudo un miembro del equipo terapéutico
interpretaba lo estrictamente analítico, mientras otro acotaba la comprensión
del contexto social fundante.
Con algunos
pacientes no fue factible prescindir de una mediación. Había en cada equipo
coterapéutico un integrante a cargo de aquélla, pero sólo resultaba en la
medida en que fuera estrictamente necesario y una vez discutido con el
paciente. Este a su vez recurría generalmente al psiquiatra una vez terminada
la sesión grupal. La asistencia al grupo de un profesional también experto en
esta tarea permitía una dosificación mínima y adecuada de psicofármacos.
140
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
No condenábamos
como acting out los encuentros de los miembros del grupo fuera del marco
terapéutico; más bien los considerábamos enriquecedores, ya que estaban al
servicio de la terapia. A nuestro juicio la abreviábamos así y ellos
ejercitaban la solidaridad grupal. Pensábamos que este hecho prolongaba, más
allá del encuadre, la acción terapéutica del grupo y tenemos la seguridad de
que ésta tenía mucho más de una hora y media semanal de acción, que era el
tiempo que contractualmente debía la institución atender a los pacientes. Esto,
por ejemplo, dio un marco de contención cuando se presen-taron situaciones
críticas graves, incluido el riesgo de suicidio.
Nos hubiera gustado
transcribir interpretaciones nuestras, así como los correspondientes mecanismos
grupales. Sin embargo no nos es posible: No disponemos de anotaciones de esa
época, que se prestaba mucho a la acción y poco, más allá de la reflexión inmediata,
a la acumulación de material. Y el material que tuvimos, quedó allá. Sin
embargo trataremos, muy suscintamente, de presentar el historial de una de
nuestras pacientes, tal vez la más pobre. Con él queremos dejar lo más claro
posible cuan necesario consideramos que, tanto desde el equipo como desde los
integrantes del grupo, se hiciera inteligible para todos, pero sobre todo para
lo pacientes, cuánto de su destino y enfermedad pertenecía a ellos y cuánto era
resultado de una sociedad que los enfermaba. Así podían aliviar la persecución
de su superyo, que los acusaba de ser los únicos responsables de sus “pecados”
y de sus fracasos. El ejemplo más claro es el de María Elena, quien, como
tantos otros, tuvo un largo proceso como integrante del grupo.
María Elena es una
mujer de 32 años. Casada, es madre de una hija de 15 años y de dos varones, uno
de 14 y otro de siete.
Consulta por
depresión y nos llega derivada por el Departamento de Adolescentes del servicio
y por el de Gineco-obstetricia.
El primer contacto
con el hospital fue motivado por una amenorrea de la hija, cuyo diagnóstico
último resultó ser un embarazo, seguido de un aborto provocado.
Al intentar María
Elena enterarse de lo sucedido, la respuesta de su hija fue: “No lo diré para
no destruir tu matrimonio.” Esto no hacía más que poner a María Elena ante la
dramática consumación del incesto de su hija. Sus racionalizaciones la
conducían a sentirse única y absoluta depositaría de la culpa. En las primeras
sesiones nos decía: “Él no es responsable, no conoció a sus padres, desde muy
pequeño se crió en un orfelinato... ¡Qué destino!”...
141
Marie Langer
Rompía en llanto y
realimentaba su culpa: “Pero no puedo separarme... aunque para todos mi hija
será la vergüenza.”
María Elena
trabajaba haciendo el servicio doméstico en la casa de una socióloga de una
zona cercana al hospital. Había cursado la escuela primaria hasta el tercer
grado. Debido a las severas carencias que sufrió en su infancia, intentaba
repararlas todas en la estructuración de su familia. Su esposo era un joven de
34 años, obrero, persona muy querida en la villa por su actitud colaboradora y
reivindicativa de las necesidades que compartían con ellos ese medio.
María Elena, desde
el principio, tuvo que recurrir, por nuestra indicación, al uso de
psicofármacos antidepresivos que le permitieran la conexión básica con el
grupo; no para negar su depresión, sino para posibilitar la comunicación y la
creación de nuevos vínculos, ya que la culpa y la vergüenza la inundaban.
Vimos entonces la
importancia de la historia individual que nos permitió comprender cómo, con su
complicidad inconsciente, la hija repitió el drama edípico de la madre. Ella no
conoció a su padre, pero los distintos padrastros que su madre le proporcionó
se aprovecharon sexualmente de ella en la única habitación de la que disponía
la familia; ya desde pequeña había espiado las relaciones sexuales de su madre.
En este contexto era importante que María Elena comprendiera que su historia no
era resultado de su “maldad”, sino producto de múltiples determinaciones,
incluyendo sin duda las condiciones paupérrimas en las que se había criado y
desarrollado.
Quizá por eso mismo
había idealizado tanto la familia “estable” que había logrado finalmente y por
eso vivió la “brusca revelación” del incesto padre-hija, que debía haber
percibido antes, como justo castigo de Dios.
En el análisis
pudimos mostrarle cómo ella había participado activamente en la situación por
sentimiento inconsciente de culpa. Teniendo dos habitaciones a su disposición,
a menudo compartía ella con el hijo menor una de ellas, mientras el esposo
compartía la contigua con su hija. Pero mientras que ella era solamente
cariñosa con su hijito, hizo actuar en su hija su propio deseo edípico, al
mismo tiempo realizado y frustrado (un padrastro no es al fin y al cabo el
padre).
142
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
La labor del grupo
fue intensa y lejos de provocar rechazo y horror María Elena despertó
sentimientos de comprensión y simpatía. El vínculo edípico transferencia! que
estableció con uno de nosotros le permitió, gracias a la interpretación,
recordar episodios de su infancia ya olvidados (reprimidos) y ligar los hechos
para elaborarlos.
María Elena
perteneció tres años al grupo. Evolucionó muy favorablemente, superó la grave
depresión y al año ya prescindía de los psicofármacos. Por la misma época se
separó de su esposo y se mudó a otro lugar.
Al final intentó
rehacer su vida estableciendo un vínculo amoroso con un obrero de una fábrica
de la zona. Ya antes había ingresado al colegio nocturno para concluir sus
estudios primarios. Los cambios físicos que observamos fueron notables:
desaparecieron su ceño fruncido y su rictus labial.
El recuperar su
historia le abrió una posibilidad de cambio real en lugar de una reparación
fantaseada.
Este es tan sólo el
sucinto relato de la evolución de un caso, si bien quizá el más dramático de
todos los que conocimos y tratamos.
Finalmente, este
intento nuestro de trabajar psicoanalíticamente en grupo dentro de los
servicios hospitalarios generales no pretende ni más ni menos que señalar una
apertura y la posibilidad de deselitizar la salud mental y el conocimiento.
México 1985
Marie Langer,
Alberto Siniego, Fernando Ulloa
143
Marie Langer
LA VEJEZ, MI VEJEZ
Diría que hay
cuatro territorios específicos de la vejez57: el deterioro progresivo de la
salud, la marginación, la sexualidad negada y la muerte que se avecina. Tengo
una vejez privilegiada por estar sana y no ser marginada; me enfrento con los
otros dos territorios, pero con todo tengo una vejez bastante retrasada frente
a mi edad.
“Lo relativo a la
vejez, ya que mi interés en este momento es tal vez más lo social que lo
analítico, se refiere a algo que solía comentar un colega, en Buenos Aires, que
justo estaba estudiando marxismo. Decía que se había dado cuenta que no sólo
robamos, tomamos plusvalía de la clase obrera, sino también años de vida. Eso,
tan sencillo e indudablemente cierto, es importantísimo. En una investigación
en medicina del trabajo –hecha por Sylvia Bermanm– se vio, en entrevista con
obreros, que el obrero, la obrera, promedio de 35 años, al preguntárseles por
sus planes para el futuro hablaban de los hijos y no hablaba de sí mismos. Ya
habían delegado en los hijos el resto de sus vidas, mientras que una persona
clase media de 35 años es todavía una persona joven, con proyectos propios. Eso
demuestra cuan relativa es la vejez y cuan ligada a la clase social.
“A principios de
siglo, y fines del siglo pasado, si hablábamos de clase media, una mujer de 35
años estaba en la "edad difícil", porque se estaba volviendo vieja.
Hoy en día, por suerte para ustedes, ya no es así. Pero en el campesinado, en
el proletariado, las mujeres de esa edad pueden ya ser viejas, les faltan los
dientes, tienen problemas físicos y están acabadas.
"La cuestión
de la clase se manifiesta también de otra manera. Si una persona busca trabajo
a los cuarenta años ya se le considera vieja, excepto si se pertenece a
determinada capa social donde, al revés, ¡cuán valiosa es su experiencia!
“Los analistas –yo
soy psicoanalista aunque me interesa lo social– en especial somos privilegiados
en este terreno laboral. Freud trabajó hasta el final prácticamente, enfermó de
cáncer vivió y trabajó hasta más allá de los ochenta años; lo mismo Melanie
Klein. De todos los colegas que conozco yo soy la más vieja. Eso es una
sensación rara, aislante. ¡No conozco a nadie que sea tan viejo como yo! tengo
71 años, casi 72, y voy a trabajar hasta el final. Los analistas decimos:
“Ojalá que la cabeza nos dure”, no necesitamos más.
57 Publicado en Revista FEM. Volumen IV n.° 24.
Agosto-Octubre 1982.
144
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
“Un problema
importante de la vejez es la marginación, y ésta depende principalmente del
trabajo. La marginación a nivel del trabajo genera la dependencia, de los
hijos, de los nietos, etcétera. Crea muchos problemas. No les voy a hablar de
la neurosis del que se jubila porque es algo muy sabido y estudiado. Pero
hablando de la mujer, la mujer que no trabaja y que enviuda, tiene una
dependencia terrible de los hijos y los nietos. Mi hijo mayor alguna vez me
dijo; “No eres una abuela militante, como tu consuegra, sino que eres solamente
una abuela simpatizante”. Yo le dije: “¡Claro que sí!, o tal vez sea un abuelo,
porque yo sigo trabajando”, “¿Cuál era la función de los abuelos? Cuando yo
estoy con mis nietos mayores podemos discutir sobre la existencia de Dios o les
puedo explicar las ideas de Marx sobre la plusvalía. En la Argentina les enseñé
a montar a caballo. Pero no voy a tejer ¡no! me niego totalmente a tejer, salvo
un saquito para cada nieto, y a crochet, es decir, son seis horas de trabajo;
mas no porque tema asumir el papel de la abuelita que teje, sino porque ya no
sirve para mucho.
“La vejez, en la
clase obrera campesina, donde lo corporal es tan importante, es muy penosa. Más
en los lugares donde no hay seguro social correspondiente; y en la mayoría de
los países capitalistas obviamente no lo hay. En cambio la vejez en ciertas profesiones,
donde se puede trabajar hasta el final, pierde una parte de su amargura.
“La marginalidad de
los viejos se expresa también, además de lo que ya comenté sobre la situación
laboral, en la intolerancia cotidiana hacia ellos: no hay espacios donde sean
aceptados.
“A mí me falta
también el proceso de envejecimiento de las personas a mi alrededor. Yo enviudé
a los 55 años y desde entonces soy mujer sola. Generalmente no he tenido
ninguna conexión con gente de mi edad –ya desde Argentina; casi todas mis
amistades son, por lo menos, trece, catorce años más jóvenes que yo–.
Una excepción muy
especial es quien fue mi analista: Richard Sterba, con sus 84 años, es un viejo
muy especial; estuvo todavía en las famosas reuniones de los miércoles de
Freud. Cuando alguien me consulta por una tesis sobre la histeria del
psicoanálisis le sugiero siempre que escriba a Sterba. Hace poco fui a
visitarlo a él y a su mujer, mayor que él, en su casa de verano en Vermont.
Salimos diario a caballo los dos y yo me sentí, de golpe, tan joven... era la
más joven en la casa, me tocaba a mí buscar un chair, arrimar una silla.
Me sentí
absurdamente feliz.
145
Marie Langer
“El tipo de trabajo
que tenemos los psicoanalistas nos permite, además, tener poca conciencia de
nuestro envejecimiento. No nos jubilamos, no hay límite –siempre que la cabeza
nos dure– y en la medida que no te jubilas, sigues funcionando bien, simultáneamente
sigues manteniendo tu independencia, no sólo económica, sino de intereses
también.
“Yo no percibo la
imagen que doy. Para mí, yo no he cambiado, siempre he sido así. En Austria mi
forma de ser era un poco escandalosa, pero no mucho. En Argentina, cuando
llegué, sí llamaba la atención. La manera de vivir allá era más atrasada que la
que yo estaba acostumbrada a vivir en Austria.
“Yo me acuerdo que
cerca de los cuarenta años, justo, sí, a los cuarenta, yo me declaré vieja y
seria, pero después algo cambió. Tuve mi última hija a los 43 años y empecé
muchas cosas nuevas después. En mi casa de Buenos Aires había una fotografía
mía con mi marido, él de 48 años y yo de 40. Cuando yo tenía 50 años un nietito
mío ve esa foto y dice: “Aquí estás con Marx, pero pareces mucho más vieja” y
yo le contesté: “Claro, porque hace mucho tiempo de esta foto”. Tommy, el padre
del niño, se indignó: “Por favor no me enloquezcas al chico con esas paradojas”
me dijo. Pero no lo sentí paradoja. Lo sentí tal cual. Yo era más vieja a los
cuarenta que a los cincuenta, y se me notaba físicamente. Eso depende del
momento vital, en mi caso el momento en que fui más vieja fue a los cuarenta
años.
“¿Cómo se me fue
dando la vida cuando enviudé? Al enviudar –me di cuenta después– analíticamente
hablando, enloquecí. Creo que si uno enviuda después de un largo matrimonio uno
se psicotiza; no, no estaba visiblemente psicótica; trabajaba como siempre, me
movía como siempre, pero sí estaba internamente loca. Un largo matrimonio
significa una interacción constante –más allá de si se ama o se odia, siempre
se interactúa– y cuando la pierdes de golpe te falta el interlocutor que, por
cierto, lo traes adentro, pero destruido, muerto... hasta que te rehaces... y
lo rehaces a él dentro tuyo...
pasa tiempo. Yo lo
he observado después en otros, observado analíticamente, y me ha servido mucho
para trabajar con las personas que analizaba; aparentemente se funciona como
normal, pero se está loco, es decir dislocado. Ahora bien, ya pasados los primeros
seis meses, tal vez más, entonces sí, empecé una nueva vida, con realizaciones
totalmente nuevas que, finalmente, me llevaron a México. Conseguí mucho en
estos últimos años, cuando ya vieja debería haber terminado con la posibilidad
de cambios y nuevas aperturas.
146
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
“México me costó la
pérdida de mis amigos. Yo no perdí a mis amigos por vejez, sino por exilio.
Pero, por otra parte, estando en México, de golpe, recuperé Europa mucho más de
lo que la tenía, y conocí Ccntroamérica, fui a los Estados Unidos, –trabajo en
la Universidad– lo que me importa mucho. México me dio mucho y, de vuelta, todo
este mucho es ajeno a la vejez: tener un trabajo institucional, por ejemplo; al
principio dije, en broma y con cierta amargura, “Bueno, tendré que trabajar en
la UNAM durante ocho años para, finalmente, a los 72 ó 73 años, ser inmigrada”.
Ahora que estoy cerca me lo tomo de otra manera y pienso, cuando sea inmigrada
seguiré nomás. A un nivel rejuvenece empezar de nuevo, aunque es duro…
“Los otros dos
territorios –sexualidad y muerte–, mmmm... suenan bien juntos, sexualidad y
muerte. Sexualidad... como ya les dije, si no hubiera tenido que irme de Buenos
Aires habría sido distinto. Pero, hablando en términos generales, y esto se ha
dicho mucho en estos últimos años, hay un prejuicio de la sociedad que implica
una injusticia hacia los viejos, y consiste en la negación de su sexualidad.
Como siempre, las mujeres tenemos la peor parte en eso. Un hombre viejo puede
ser bien visto –antes no era así, antes lo consideraban viejo verde– deseando y
teniendo relaciones sexuales; una mujer vieja... ¡no!. Analíticamente eso es
claro. La condena de la sexualidad de la mujer mayor es la realización de una
antigua fantasía infantil. Los niños la expresan a veces cuando dicen a mamá:
“Ya verás cuando yo sea grande y tú seas chica”. Se ha comprobado
científicamente que la sexualidad nunca termina, que hasta el final tenemos
deseos sexuales; necesidades, sí, menos, pero el deseo persiste.
“¿Mis padres? Mi
padre murió a los 74 años, mi madre a los 83. La última tarde, horas antes de
que muriera mi padre tuvimos una larga conversación. Fue nuestra despedida. Él
estaba muy enfermo y yo lo fui a visitar –vivía fuera de Buenos Aires– y
charlamos horas. Obviamente él sabía que se iba a morir, porque hizo algo así
como una síntesis; me preguntó qué me había parecido su actitud ante tal u otro
problema de mi infancia y adolescencia, hasta que yo le dije: “Debo irme porque
tengo que darle el pecho a la chiquita” y él me contestó: “Bueno, anda nomás,
pero entonces ¿no lo hemos hecho tan mal, verdad?”.”¡De ninguna manera lo has
hecho mal” le dije y tuve que irme. Llegué a casa y me llamó mi madre para
decirme que él había muerto. Tenía plena conciencia y mucha claridad. Fue una
conversación linda, linda... de dos, tres horas... donde él recapitulaba su
historia. Mi historia, los errores que pudo haber cometido, la situación en la
que estaba yo, nuestra relación…
147
Marie Langer
“Con mi madre la
situación es mucho más compleja. Ella murió en Viena, y yo estaba en Buenos
Aires cuando ella enfermó de gravedad. Yo estaba con una fractura de fémur por
una caída de caballo. No podía haber viajado, de ninguna manera... lo que creo,
para ser totalmente sincera, que eso me alivió. Pero si hubiera estado en otra
situación, hubiera ido. Mi madre, cuando enviudó, me dijo que mi padre le había
dicho muchas veces: “¿Y quién te va a cuidar a tí cuando te toque?” Y ella le
había contestado que iba a hacer lo que siempre le habían dicho sus
institutrices cuando era chiquilla: “Voltéate hacia la pared y duérmete”, y que
así se iba a morir. Y cumplió, así se murió, volteada hacia la pared, sola,
pero tranquila. La encontraron muerta a la mañana siguiente.
“¿Temor a la
muerte? No creo tener un temor especial. Tengo el temor de todo el mundo, o
menos tal vez, porque conozco a través del análisis a las personas que intentan
contrarrestar la muerte con su hipocresía. Yo no soy hipocondríaca. Ahora, no
me la puedo imaginar; me cuesta, sí, no sé cómo es. Freud sostiene que nadie
puede imaginarse realmente, ni creer que se va a morir.
“En Nicaragua pensé
mucho sobre el tiempo. Fui dos veces a trabajar allá y la segunda vez tuve un a
gripa antes de ir; la primera vez estuve tensa. Bien, salí de México con la
gripa sintiéndome viejísima e inútil –creo que en general uno se siente así con
gripa– pero una vez allá se me desapareció totalmente. Tenía una sensación de
felicidad básica todo el tiempo, más allá de cualquier tarea, hasta el momento
de salir. Me di cuenta en este segundo viaje lo que Nicaragua era para mí. Me
di cuenta de que allá no soy vieja ni joven... soy atemporal... y lo vivo como
si la República Española, la vieja república, hubiera ganado y yo estuviera
colaborando en la reconstrucción... es... una continuidad... y al fin, y de
golpe estoy ahí. El último domingo fui a la entrega de títulos de propiedad de
los campesinos, por la Reforma Agraria, estuve cuatro horas bajo el sol
tropical, parte parada, parte sentada. Creo que era la más vieja de las cinco
mil personas que estaban ahí, y no me cansé. ¡No me cansé! Pero era por eso,
porque no era yo, sino lo que hubiera sido... ¡para qué hablamos de la vejez!
allá ya no soy vieja ni joven.
“¿Qué por qué la
gente no me ve vieja? Creo que tiene que ver con el contacto con los demás, con
la productividad. Si la gente no te trata como vieja, no te ve vieja. Si la
gente me llama no es para tomar el té con una viejita a la que hay que
distraer, sino para que les recomiende un analista, para que opine sobre un
tema de tesis, etc. Como la causa del contacto no es de
148
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
cortesía con una
persona vieja, no me ven vieja, ni me siento tal, mientras que las atiendo.
Claro, ser analista ayuda. Tengo mucho contacto con mujeres jóvenes y conozco
su problemática; estoy en vinculación con mis hijos jóvenes –yo soy una madre
muy vieja– y no me es ajeno lo que les pasa.
“Yo me rebelé
contra la moral de mi época cuando era chica, y esta rebelión es válida para
hoy día también. Me es natural que la mujer luche por la despenalización del
aborto, eso lo oi desde chiquita; me es natural, aunque en mi casa no lo era,
que la mujer pueda tener relaciones sexuales como el hombre…
“Cuando tuve a mi
hija menor, Verónica, lamenté ser madre vieja durante el embarazo. Me dio
vergüenza mi panza. Yo encanecí muy tempranamente y pensaba: "¡Uff! si la
gente me ve en la calle van a pensar que tengo un tumor”. ¡Me dio vergüenza!
Pero una vez nacida Verónica, ya no. Además a Tommy, el mayor, lo tuve a los 29
años. A los 36 fui a una fiesta en su colegio y Tommy me dijo después: “Mamá me
dio vergüenza”, “¿Por qué?” le pregunté, “Por tener una mamá tan vieja, tienes
el pelo blanco” ¿Ven? de vuelta la contradicción de la vejez, a los 36 años era
una madre vieja, a los 43 no lo era más.
“Cómo vive una su
cuerpo tiene que ver con muchas cosas, y eso ha cambiado con los años, con la
historia. La vergüenza ante el cuerpo viejo de la mujer ha sido una constante,
pero está cambiando. “Cuando la mujer cambie su imagen corporal, la sexualidad va
a prolongarse para ella. No es que no sea larga, sino que rio la asume hasta el
final. La sexualidad es de toda la vida. Fischer, quien hizo estudios
fisiológicos sobre los sueños (frecuencias, etc.), lo demostró
experimentalmente. Colocaba en niños, jóvenes, hombres y viejos un aparato que
medía las erecciones (obviamente es más fácil medir la excitación sexual en
hombres que en mujeres) y comprobó que Freud tenía razón, que los sueños son
eróticos. Hasta en los hombres de más de ochenta años el “ereccionómetro” daba
señales de vida, aunque menos intensas. Para las mujeres lo mismo es válido.
Ahora bien, como necesidad, la sexualidad va bajando poco a poco, eso es
cierto. Aunque también es un problema de tipo social. ¿Por qué baja? ¿Causas
hormonales, o porque ya no hay con quién? ¿Porque lo sociológico influye en lo
psicológico y éste en lo hormonal? Socialmente no es aceptado. En Europa hay
una actitud diferente al cuerpo y la sexualidad. La gente envejece muchísimo
más tarde de lo que envejece en nuestros países. Y eso sin que las mujeres se
hagan ningún tipo de operaciones, como sucede en los Estados Unidos.
149
Marie Langer
“¿El lifling? Yo me
lo hice cerca de los 60. Expliqué a mis hijos que me deprimía cada mañana, al
ver mi cara en el espejo. Por eso había decidido “arreglarla”.
“Sobre la relación
de la mujer con el espejo se podría decir mucho. La perplejidad y la tristeza
al mirarse al espejo y el no reconocimiento del todo, porque internamente uno
se queda más o menos como ha estado, y externamente cambia. Es muy desconcertante
y nada agradable.
“¿No han visto
alguna vez a una linda adolescente con expresión desolada, mirándose fijamente
en el espejo? “¿Qué te pasa?” le preguntas. “Estoy horrible” te dice. Pero la
misma chica puede mirar y admirarse al día siguiente con cariño y coquetería.
Freud nos dice que la mujer distribuye, debido a su falla de pene, su
narcisismo sobre todo su cuerpo y cara. Eso la vuelve vanidosa y dependiente de
su imagen. La explicación de Melanie Klein me convence más. Según ella,
nosotras, las mujeres, con nuestros genitales escondidos en el interior del
cuerpo, tenemos muchas fantasías catastróficas sobre el estado en que se
encuentran. Cuando nos sentimos malas, dañinas o también castigadas por algo,
–el deterioro físico, la vejez también puede vivirse así– imaginamos el
interior de nuestro cuerpo como podrido, deshecho. Creo que es esto, este
estado de nuestro interior, lo que pretendemos verificar, proyectándolo sobre
nuestra imagen en el espejo. Junto con él comprobamos también el estado de
nuestros objetos internos. ¿Están intactos o dañados? ¿Nos siguen queriendo?
“Hablando de los
objetos internos y la vejez, hay un artículo muy lindo de Melanie Klein al
respecto. Trata de la vejez y la soledad y sostiene que, aunque viejos, aunque
más solos, si estamos en buenas relaciones con estos objetos internos no
sentimos penosa la soledad, porque estamos, soñando, pensando, acompañados por
ellos.
“Tiempo atrás fui a
Cancán. Hice sola la excursión a Tulúm, y al lago Xel- Há. En Tulúm subí y bajé
la pirámide; en el lago renté un snorkel y unos anteojos y me metí a seguir los
pescaditos. Entonces una mujer, mexicana, de provincia, joven de unos 35 o 38
años, me dijo:
“Explíqueme algo,
yo la he observado durante todo el día; usted subió y bajó la pirámide, y yo ya
no puedo hacer nada ¿qué hace usted? ¿hace relajación, yoga, es vegetariana?
¿qué hace?, dígame”. ¿Yo qué le iba a decir? y de repente ¡me acordé! ¡KH3!
150
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Le dije “tomo KH3,
una medicina de la Dra. Asían de Rumania, que la venden en Europa, en la
Argentina, pero también en puertos libres, en Cancún hay. Hay que tomarlo desde
los cuarenta y cinco años”. Yo me puse de propaganda, tipo esos anuncios de
televisión; nunca lo escondo, lo digo como se lo dije a esa señora. Aunque no
sólo es el KH3, tiene que ver mucho mi tipo de vida..., pero cómo explicar eso.
Junio 1982
Marie Langer
151
Marie Langer
LO QUE EL GRUPO ME
DIO
Al intentar
escribir unas líneas sobre “el grupo” para este libro58, se me mezclan pasado y
presente.
El pasado: hace ya
tantos años que expliqué a Emilio Rodrigué –él publicó esta conversación
posteriormente– que el grupo terapéutico que veíamos en la clínica de la calle
Oro y el “homo gestaltensis” de ciencia-ficción tenían mucho en común. Que esto
explicaba a aquello. Pero entonces no sabía que, muchos años después, formaría
parte de un “profesor, si puede llamarse así, gestaltensis”, experiencia
compartida apasionadamente con otros once integrantes. Antes de hablar de ésta
aventura, relataré mis experiencias con el grupo, que desembocaron finalmente
en ese hecho.
Trabajar como
terapeutas de grupo, descubrir indicaciones y ver los logros curativos nos
fascinó a todos. A cada uno a su manera. Para mí, aparte de mi gusto frivolo de
entonces por la ciencia-ficción, significaba, al fin, no atender únicamente en
tratamiento individual de analista didáctico serio de encuadre rígido a los
colegas jóvenes o a una élite económica de clase media y alta, sino poder
empezar a realizar el viejo sueño de Freud, su sueño de Budapest. No tengo la
cita a mano, estoy de paso en Buenos Aires, pero su sueño era más o menos el
siguiente:
“Llegará el día en
el que también los desposeídos tendrán acceso al beneficio del psicoanálisis,
que una neurosis será atendida con la misma premura que una enfermedad
infecciosa o quirúrgica y que estos tratamientos serán gratuitos, aunque, por
cierto, como se aplicarán en hospitales y otras instituciones, tendrá que
mezclarse el oro puro del psicoanálisis con otros elementos de eficacia más
rápida, pero de menos valor”.
Freud pensaba en
sugestión e hipnosis. Pero nosotros, desde 1955, en Buenos Aires encontramos
como camino la aplicación del psicoanálisis a la terapia de grupo. Claro, no lo
descubrimos realmente. Fue descubierto en Inglaterra durante la segunda guerra
mundial. Pero fuimos los primeros, un grupo de “fundadores”, unas catorce,
quince personas, que empezamos con este trabajo, por cierto también en privado
pero sí, y donde nos dejaron, con entusiasmo y gratuidad, en hospitales, dando
asistencia a quienes necesitaban ayuda psicológica.
58 Publicado en Lo grupal 2. Colección Polémica.
Ediciones Búsqueda. Mayo 1985. Bs. As.
Argentina.
152
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
De nuestra primera
experiencia como psicoanalistas, terapeutas de grupo, surgió un libro,
actualmente ya convertido en un clásico: Psicoterapia del grupo, enfoque
psicoanalítico escrito por León Grinberg, Marie Langer y Emilio Rodrigué.
Actualmente ya no concuerdo con ciertos enfoques, creo que ninguno de nosotros
tres trabajamos ahora estrictamente de esta manera, pero hay muchos conceptos
que siguen válidos. Además, el entusiasmo con el cual este mini-grupo de
autores escribía, nos facilitó producir un libro sumamente didáctico.
En 1957 fue el
primer Congreso Latinoamericano de Psicología de Grupo de Buenos Aires. En 1959
el siguiente, en Santiago de Chile. Le siguieron otros, pero paulatinamente
decayó el entusiasmo junto con las posibilidades de trabajar en hospitales y
centros de salud. Hasta cerca del final de los 60, la Argentina empezó a
moverse de nuevo; a pesar de la dictadura de turno, podía trabajarse en algunos
lugares. Estaba el Servicio de Lanús, dedicado a psiquiatría comunitaria y por
ahí en el 70 empezamos a trabajar en coterapia, Fernando Ulloa y yo, en el
Servicio de Psicopatología a cargo de Sylvia Bermann, en Avellaneda. Sylvia
captó enseguida el valor social de esta terapia realizada en un hospital
ubicado en un barrio obrero. Ya no trabajábamos con la rigidez de antes. Ya no
existía el observador callado, llamado a menudo el “convidado de piedra”. Ulloa
y yo trabajábamos acompañados por observadores participantes, jóvenes
psicólogos con voz y voto, que aprendían así el oficio difícil de terapeuta.
Esto era su práctica. Recibían su formación teórica en el C.D.I. (Centro de
Docencia e Investigación), que dependía de la Coordinadora de Trabajadores de
Salud Mental. Para los miembros de la Asociación de Psicólogos y de la
Federación de Psiquiatras, los seminarios del C.D.I., dictados por
psicoanalistas salidos de APA, eran prácticamente gratuitos.
Estos grupos nos
aportaron mucho. Aprendimos a tratar pacientes de otra clase. Verificamos que
también un villero entiende perfectamente una interpretación psicoanalítica,
siempre que no se hablara en difícil, pero también aprendimos que la realidad
existe y que no todo fracaso es neurótico y que hay que aprender a discriminar
entre lo que es nuestro y lo que nos causa la injusticia social. Y también que,
solidariamente, se puede luchar contra ésta. Adaptación activa, lo llamaba
Pichón Riviére.
Mencioné antes que
ex miembros de la Asociación Psicoanalítica Argentina enseñaban en el C.D.I. La
ruptura se había dado en 1971. Por causas ideológicas y políticas. Fuimos dos
“grupos” de compañeros que salimos de
153
Marie Langer
APA. Plataforma y
Documento. De nuevo, como con la fundación de la “Asociación de Psicoterapia y
Psicología de Grupo” se dio un fenómeno grupal creativo que nos hizo hacer
nuevas experiencias importantes. En este último caso descubrimos que se podía
vivir y trabajar fuera de la protección asfixiante, a la larga, de la
institución psicoanalítica. Que se podía seguir enseñando. Y que recién se
podía pensar con libertad. Era un grupo coyuntural. Al tiempo nos disolvimos.
Quedó la experiencia, quedó un libro: Cuestionamos, que se reeditará dentro de
poco y quedó, aunque muchos de nosotros se fueron al exilio, compañerismo. No
es casual que este libro, para el cual escribo esta páginas, reúna a algunos
que pertenecíamos a Plataforma.59
Cuando compilé a
Cuestionamos y elegí este título, tuve en mente el famoso “J’acuse” de Zola. Y
mi artículo terminó con esta frase: “Esta vez no renunciaremos ni al marxismo
ni al psicoanálisis”. Eran épocas optimistas. Los años: entre 1971 y 1973. Es
cierto, Lanusse. Pero no comparable con las dictaduras de estos últimos años
terribles. Y después la primavera breve de Cámpora. Y después... Ya saben cómo
fueron las cosas.
Tuve que irme de la
Argentina a fines del 74. No creo que la Triple A se enojó conmigo por mi
artículo en Cuestionamos. No estaban aficionados a la lectura. Fue más bien por
mi actividad en la Federación de Psiquiatras y en la Universidad, donde
trabajaba como profesora asociada. Poco después de mi ida, Otalagano –entonces
rector de la Universidad de Buenos Aires– declaró que, por su propio bien,
psicoanalistas y marxistas debieran mudarse rápidamente a París, Moscú o Tel
Aviv. Y a él sí, la Triple A lo escuchaba. Mientras, yo me había ido a México.
Allá, como
“Trabajadores de Salud Mental Argentinos en México”, formamos un nuevo grupo
solidario. Atendíamos a los que llegaban escapados de cárcel y tortura o
dolidos por la pérdida de seres queridos. Y todos, pacientes y terapeutas,
sufrimos por la pérdida de nuestro proyecto político y de la patria. Trabajando
juntos nos ayudábamos mutuamente.
Pero “El Proyecto”
con mayúscula, es decir, un proyecto que entusiasma y da sentido a la vida, más
allá de la pequeña problemática cotidiana, lo encontramos mucho más tarde,
lejos de casa, cerca de México. Lo encontramos en Nicaragua. Todos habíamos
seguido, en diarios y televisión, ansiosamente la lucha de liberación contra
Somoza. Una brigada sanitaria
59 M. Langer, E. Pavlovsky, A. Bauleo y H.
Kesselman
154
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
argentina se
incorporó a ésta poco tiempo después del triunfo y se quedaron unos meses más
para ayudar en la construcción de un sistema nuevo de salud. Pero fue recién en
junio de 1981, a raíz de un congreso de sanitaristas, que el decano de la
entonces única Facultad de Medicina de Nicaragua, ubicada en León, ofreció a.
Sylvia Bermann que se hiciera cargo de Salud Mental. Ella no podía dejar
México. Tenía compromisos ineludibles. Pero propuso formar un equipo. Entre
doce personas íbamos a formar un solo profesor. Un profesor “homo
gestaltensis”.
En septiembre del
81 aterrizamos los tres coordinadores: Sylvia, Nacho Maldonado y yo, en el
aeropuerto Augusto César Sandino. El clima reinante, a pesar del aire y de los
colores tropicales, me retrotrajo a otra época y otro país, el aeropuerto de
Santiago de Chile, donde aterricé el día de la asunción del compañero
presidente Salvador Allende.
No les contaré cómo
es esta nueva Nicaragua, “tan violentamente dulce”, como la llama Julio
Cortázar en su último libro. Él sabe transmitirlo, yo no. Contaré solamente lo
profesional, nuestra primera reunión con el Departamento de Salud Mental de la
Facultad de Medicina de León. El Departamento estaba a cargo de la enseñanza de
psicología médica y psiquiátrica y de la atención del ambulatorio de
psicopatología del Hospital Universitario. Además, ya había cambiado el
curriculum de la Facultad para crear el “médico” que necesitaba la nueva
Nicaragua; se incluía en el estudio de cada año trabajo concreto de prevención
primaria con la población a cargo de los estudiantes. Es el programa del “Eje
Estudio y Trabajo” y también con éste debería colaborar el Departamento.
El Departamento de
Salud Mental –con el cual nos reunimos para discutir en qué debiera consistir
nuestra colaboración– se componía de dos psiquiatras biologistas,
reaccionarios, que “empastillaban” a sus pacientes y nunca los escuchaban (por
eso nos pareció muy adecuado que uno de ellos, poco tiempo después, en Miami,
trabajara de veterinario, mientras el otro vendía casetes en Honduras), de dos
psicólogos muy jóvenes, buenos sandinistas, y una trabajadora social. Era ella
quien entendía mejor lo que pasaba a la gente. Cuando los psiquiatras se
quejaron de que tenía una larga lista de pacientes, nosotros dijimos al
unísono: “¡Pero debieran hacer terapia de grupo!”. A eso contestó el joven
sociólogo: que claro que sí, que él ya lo había pensado y que al día siguiente
iba a empezar su primer grupo. Lo apoyamos fervorosamente. Pero al salir le
pregunté desde qué abordaje teórico iba a trabajar. “Del marxista”, me contestó
con naturalidad, “ya sabemos cómo son
155
Marie Langer
las condiciones de
trabajo, etcétera, etcétera”. Ahí nos dimos cuenta que tendríamos que enseñar
seriamente tanto elementos básicos de psicoanálisis como de grupo. Empezamos a
elaborar un plan mínimo. El inconciente existe. Todos somos conflictivos. La importancia
de la historia y sexualidad infantil. Transferencia y contratransferencia.
Todos eran conceptos, eran los puntos básicos. Y además entramos, cada uno de
nuestros equipos, en coterapia rotatoria con los terapeutas.
De este primer
contacto y de los siguientes surgieron muchas tareas diversas que nunca uno
solo de nosotros podría haber abarcado. Colaboración en preparación de parto
psicoprofiláctico, clases de pediatría, asesoramiento en medicina del trabajo,
desde ya en psicología módica, diseño de una investigación para segundo año del
“Eje Estudio y Trabajo” sobre la salud de los 15.000 escolares de León, terapia
de familia, educación sexual a impartir a los psicólogos –ahora ya hay cuatro
en León– para que la transmitiesen, a través de los estudiantes de medicina a
los maestros. Y, bien pronto, el MINSA (Ministerio de Salud) nos pedía grupos
Balint para enfermeras y médicos. A esto se agregaban los cursos que dimos en
el hospital psiquiátrico de Managua, donde estamos, en parte, a cargo de la
formación de los residentes de psiquiatría –no son muchos, unos tres o cuatro
cada año– y en parte intentamos transformar psicólogos con formación
conductista y trabajadores sociales en psicoterapeutas. En Managua damos un curso
completo de teoría psicoanalítica, otro sobre grupo y otro sobre terapia
familiar: para el individuo en la familia el enfoque se basa en los
conocimientos psicóanalílicos, para las relaciones familiares en lo sistémico y
para la inserción de la familia en la sociedad, en lo marxista.
Ahora bien, nunca
una sola persona, un solo profesor podría haber abarcado todos estos
conocimientos y técnicas tan diversas. Pero, no somos uno, somos un grupo, un
equipo, llamado un poco complicadamente: Equipo de Salud Mental
Internacionalista México-Nicaragua. Somos doce profesionales, psicólogos,
médicos, una psicopedagoga, todos con formación psicoanalítica. Somos
argentinos, mexicanos y un chileno.
Todas las
exigencias tan diversas surgieron poco a poco. Solía haber un nuevo pedido en
cada viaje. Pero también temas, planes que desaparecieron. De todos modos, ya
en el primer viaje se nos plantearon muchas exigencias. Volvimos a México,
donde el Equipo nos esperaba ansioso, feliz, hipomaníaco y preocupado a la vez.
¿Cómo hacer, cómo organizamos, para cumplir con las expectativas, puestas en
nosotros? Decidimos, y cada decisión fue tomada
156
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
entre lodos
reunimos cada lunes a la noche, de viajar, cada mes, dos de nosotros, cuyas
tareas, sin embargo prepararíamos entre nosotros. Pero también nos reunimos en
grupos pequeños para temas muy especializados. A más de tres años desde este
primer viaje seguimos el mismo esquema. Cada segundo jueves del mes viajan dos,
que se complementan científicamente. Viernes y sábados dan los cursos en el
Psiquiátrico de Managua. Domingo viaje a León. Allá, en lo posible, llegamos a
una playa lindísima y primitiva – Poneloya– donde, entre baño y baño damos los
últimos toques a las clases del lunes. Lunes, martes y miércoles nos dividimos
entre el Departamento de Salud Mental de la Facultad –Departamento ahora muy
mejorado y dirigido por un ex-residente de Managua en cuya formación hemos
participado–, y el Ministerio de Salud. Preferimos trabajar juntos, de a dos
–como las monjas de antes cuando se les permitía salir al mundo– pero a veces
no va, hay dos tareas simultáneas importantes y las atendemos por separados.
Miércoles a la noche volvemos a Managua –son 70 kilómetros no más –, jueves y
viernes supervisiones y coterapia en el Psiquiátrico y sábado a primera hora el
vuelo de vuelta.
Eso es lo formal.
Lo otro, lo “homo gestaltensis” es difícil de describir. Y no fue fácil de
vivirlo al principio. Algunas personas salieron del equipo. Fueron sustituidas
por otras. Después, en octubre ‘83, Sylvia volvió a la Argentina, en marzo ‘84
lo hacía Alicia Stolkiner –analista de niños–, pero además con un vasto
conocimiento teórico, y Nora Elichiri, nuestra excelente psicopedagoga. Fueron
graves pérdidas, pero entraron tres personas nuevas, se adaptaron, el equipo
los asimiló.
Aunque tengamos que
enseñar materias muy diversas, nuestro eje central es el grupo. Grupo de
admisión, grupo terapéutico, grupo familiar, grupo Balint. Además, gracias al
hecho que nos encontráramos con una psicóloga cordobesa con muy buena formación
psicoanalítica y de terapia grupal, pero dedicada en Managua a otras tareas,
pudo lograrse que unos ocho trabajadores de Salud Mental del Psiquiátrico
entrasen con ella en un grupo terapéutico preformado. Y logramos también,
gracias a la ayuda de una organización alemana –médico internacional con sede
en Frankfurt– que donasen al hospital psiquiátrico una videocasetera. Así nos
posibilitan exponer en Managua nuestro trabajo con grupos y grupo familiar,
realizado en la Clínica de la Facultad de Psicopatología de la UNAM
(Universidad Nacional Autónoma de México).
157
Marie Langer
Sí, nunca dudamos
que para Nicaragua, un país en cambio y en vía al socialismo, el grupo era lo
adecuado. Aunque desde el grupo estamos ahora por dar el paso a psiquiatría
comunitaria y prevención primaria. Pero, ¿cuáles son los elementos específicos
de los grupos “nica”, más allá de los mecanismos de curación que se dan en
cualquier grupo terapéutico?
Más allá de
“identificación proyectiva e introyectiva” de “reacciones espejo”, de evitar
los roles estereotipados, etc., está la socialización del dolor por los
muertos, del stress constante que se vive, y también, por qué no, la
socialización del odio contra el invasor. Ya Frida Fromm Reichmann, al hablar
de neurosis de guerra traumática habla de la importancia de estos mecanismos.
Nos preguntan a menudo, cuáles son las características de nuestros pacientes
Nicas. Son el stress constante que se expresa en “dolor de nuca” y “dolor de
cerebro” y un síndrome que denominamos “duelo congelado”. (Fernando Ulloa usó
este término una vez para una paciente nuestra del hospital Avellaneda). Duelo
congelado: hubo y hay tantos muertos y no hubo tiempo de llorarlos. En estos
casos también la terapia familiar puede ser la indicación más adecuada. Me
acuerdo, p.e., de una muchacha que padecía de una psicosis histérica desde la
muerte en combate de su hermano mayor, para que mamá no se dé cuenta de esta
pérdida, por su preocupación por ella.
Sí, socializar odio
y dolor en el grupo, que de esta manera más que nunca ofrece un lugar de
pertenencia y solidaridad.
Lo que los “Nicas”
necesitan ahora, dentro y fuera del país, a nivel nacional e internacional, es
justo eso: solidaridad. Nicaragua es un país pequeño, asediado, con sus
fronteras invadidas, porque quiso liberarse de una dictadura sangrienta, porque
quiere buscar su camino propio hacia el socialismo. Tiene economía mixta. Hay
libertad de expresión. Es pluri-partidario. Realizó, con gran sacrificio
económico, elecciones democráticas y limpias. No hay culto de la personalidad.
El único culto que rinden es a los muertos, y los retratos de dos grandes
muertos se ven en todos los lados. Son de César Augusto Sandino y de Carlos
Fonseca.
158
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Quienes lucharon
por la liberación, fueron tres grupos políticos de izquierda. Finalmente se
unieron y permitieron así el triunfo. Conseguido éste formaron su gobierno
equitativamente con nueve miembros, tres de cada tendencia. Fueron nueve
compañeros que se complementaban, que reflexionaban juntos y juntos tomaron sus
decisiones. Formaron un grupo creativo, capaz de guiar a Nicaragua durante
estos cinco años y medio difíciles. Ahora sí hubo elecciones, ahora sí tendrán
presidente. Pero Daniel Ortega, presidente electo, ya declaró que no iba a
dejar las decisiones últimas a un solo hombre, aunque haya sido elegido para
eso, sino que seguirán gobernando el país el mismo grupo de nueve compañeros de
lucha. Nicaragua es una experiencia única. Hay que protegerla.
México, enero 1985.
Marie Langer
159
Marie Langer
UN POCO DE MEMORIA
Y DE HISTORIA...60
...En un cierto
momento comuniqué a mi madre que había decidido ingresar en otro colegio, un
Gymnasiwn que me permitiera la entrada en la universidad. Así empezó en
realidad la pelea. Ella comenzó a buscar colegios cercanos pero sólo había de
varones. Aun cuando hubieran podido aceptarme porque ocasionalmente admitían
mujeres, mi madre se negó finalmente porque los baños eran sucios y yo podía
enfermar. Había también un colegio del Estado, muy exigente, sólo para mujeres,
pero demasiado lejos y yo tendría que levantarme muy temprano para llegar a
tiempo y podría enfermar por eso. También fue descartado. En realidad tenía
muchas objeciones para que yo entrara en cualquier colegio. La pérdida de ese
año escolar me costó mucho porque me recibí de médico en 1935, cuando por el
austrofascismo ya me fue imposible ingresar en un servicio hospitalario por ser
judía. Todavía un año antes tal vez me habría convertido en una verdadera
médica.
Finalmente llegué a
la Schwarzwald Schule y éste ha sido uno de los acontecimientos fundamentales
de mi vida. Era un Realgymnasium privado que permitía el acceso a la
universidad, dirigido por una feminista de cuya importancia no me di cuenta
sino hace unos tres o cuatro años cuando viajé a Viena. En esa ocasión, un
escritor entró en contacto conmigo, como con todas las ex-alumnas que podía
ubicar, para preguntarme sobre la directora y mi experiencia escolar porque
estaba escribiendo acerca de la influencia cultural y política de Frau Dr.
Schwarzwald en la Viena de esa época. Ella tenía en 1922 unos cuarenta años y
había estudiado en Suiza porque en esa época en Austria no habría podido hacer
una educación superior. En Zürich esta mujer había estudiado en la primera
universidad europea que admitió mujeres, en donde también se formaron las
terroristas rusas. En Viena fundó este colegio privado muy caro para las
alumnas que podían pagar; no demasiado para las de medianos recursos y lleno de
becas para las que no podían pagar. La Schwarzwald Schule tenía, pues, una
línea feminista a priori y una línea marxista, y Frau Doktor Schwarzwald era
una mujer libre, de pelo corto y gris, casada con el director de un Banco.
Solía llevar a sus amantes al colegio y contratar excelentes profesores
marxistas muy comprometidos políticamente.
60 Publicado en Marie Langer, Jaime del Palacio
y Enrique Guinsberg: Memoria, Historia y Diálogo Psicoanalítico. Folios
Ediciones S.A., México, 1981
160
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Había un clima en
el colegio que lamentablemente aproveché poco; además, en casa no me lo
permitían. Nunca pude ir a las colonias de vacaciones en las que se impartía
toda una formación política y cultural socialdemócrata. Cuando recientemente me
entrevistó este hombre que escribía sobre la Schwarzwald Schule y supo que yo
había sido comunista, se quedó perplejo porque la escuela, que desde luego fue
cerrada por los nazis, era un núcleo totalmente socialdemócrata. En cuanto al
feminismo, creo que una anécdota describe los ideales femeninos que sostenía el
colegio. A los quince años me enamoré y me hice amante de mi primer novio,
Peter, que era un pésimo alumno de un colegio elegante y católico. Era noble;
de la baja nobleza, pero poseía un título (Freiherr von). En una ocasión nos
citamos en la pista de patinaje sobre hielo a las doce de la mañana, así que
los dos debíamos escapar de la escuela. Yo pretexté un malestar y la maestra me
preguntó de qué sufría. Fingiendo mucho pudor le contesté que me había venido
la menstruación. Me envió a la dirección y ahí, explicó a la directora la causa
de mi malestar, entonces ésta me dijo:
“Esta vez puedes
irte, pero recuerda que si quieres que te respeten como a un hombre; si quieres
estudiar y trabajar igual que un hombre, no te quejes nunca más de este tipo de
malestares”. Jamás volví a usar el pretexto de ser mujer para “no poder”. Creo
que es extraño que entre las mil cosas que te pueden decir en una escuela o en
la vida alguna te marque tanto como esta respuesta me marcó a mí.
En otra ocasión la
directora llamó a mi madre. “Por favor –le dijo– nunca más permita que el
chofer se pare frente al colegio. Tampoco permita que su hija venga a la
escuela con abrigo de piel. Es muy desagradable para las alumnas que no pueden
tener estos lujos”. La profesora de francés y alemán era nuestra tutora,
nuestro Klasenvortand, es decir, la responsable directa de las alumnas, era
diputada socialdemócrata por la municipalidad de Viena. El profesor de historia
daba su clase desde el materialismo dialéctico; el profesor de latín era
también marxista; en fin, era una colegio muy especial.
Mi mejor amiga,
Ruth, era sumamente pobre, siempre en el límite del hambre. Pertenecía a una de
esas familias de judíos que habían sido arrojados desde la frontera ruso-polaca
a Viena después de la guerra; una de esas familias de cuyos hijos se habían ocupado
mi madre y mi tía. Ruth vivía en un edificio que tenía unos ocho departamentos
pequeñísimos por piso. Eran cuatro hermanos y los padres, y disponían solamente
de dos habitaciones y la cocina. La llave del agua estaba en el pasillo y había
sólo una por piso. Ibamos
161
Marie Langer
siempre juntas al
colegio porque ella pertenecía a ese gran número de becarias pobres; durante
mucho tiempo no quiso que entrara en su casa. Tomábamos el tranvía o yo pasaba
a buscarla con el chofer.
No tenía conciencia
de cuánto me influía el colegio y su ambiente. Conscientemente estaba absorbida
por mi amor por Peter; no sé si por el amor o por la prohibición de mi madre de
estudiar en serio. Por eso mantuve el penúltimo lugar hasta el último año del
bachillerato. Recuerdo que cuando tenía catorce o quince años, mientras estaba
en el tercer año del bachillerato, Tommy Schwartz cursaba el último en la misma
escuela que mi primo Geo, por eso lo conocí. En una ocasión, durante el recreo,
Tommy escribió en el pizarrón de su clase: “El profesor Tal me puede lamer el
culo”. Esto, que en español suena terrible, es el insulto más común en Austria
y Baviera. No tenía ninguna originalidad, pero al fin era una majadería.
El profesor Tal
leyó lo escrito e hizo que expulsaran a Tommy Schwartz sin respetar ninguna de
las formalidades del caso; es decir, sin convocar en un Concilio Abeundi a
todos los profesores.
Tommy subió a un
quinto piso, se ató las manos y se arrojó. No conocí suficientemente a este
muchacho como para explicarme su carácter y su suicidio que ahora no atribuiría
fundamentalmente al incidente escolar. Pero manifiestamente esa era la causa.
Se organizó entonces la primera manifes-tación de estudiantes de secundaria de
la historia de Austria. Nos dieron la alcaldía de Viena para hacer un mitin
monstruo. Había banderas rojas y mucha indignación en los oradores y en los
asistentes. Nunca más volvió a ocurrir algo semejante. Después de esa
manifestación se eligieron delegados para cada división escolar (yo lo fui al
final de mis estudios en el colegio).
Soy una madre
vieja, pero pude entender la adolescencia militante y sexualmente libre de mis
hijos porque vengo de una época parecida. Me impresiona solamente que en Viena
ocurrió en los primeros veinte y en Argentina cincuenta años después; a México
aún no llega. Es cierto que las dos experiencias terminaron trágicamente, pero
no del todo. ¿Acaso una consecuencia de aquella época no es el espléndido
desfile del primero de mayo que vi en Viena hace tres años? No es la
revolución, no es la liberación del proletariado, pero puede respirarse en
Austria y muy libremente.
162
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Me han preguntado a
menudo cómo, en época tan lejana, es que yo, muchacha entonces, pude salir de
mi ambiente familiar, estudiar y militar en la izquierda. Creo que gracias al
apoyo de mi padre y de mi colegio. Eramos cuatro en esa generación familiar: dos
primos, hijos de mi tío Alfred, hermano de papá y de mi tía Steffi, hermana de
mamá y nosotras dos, Gucki y yo. Genéticamente hablando éramos cuatro hermanos.
Vivíamos en la misma casa y nos criamos casi juntos. Geo, mi primo mayor, tiene
una historia extraña y trágica que en buena parte es el resultado de esas
violentas contradicciones que había en mi ambiente burgués, judío, vienes. Fue
el noviecito de mi infancia. Pero bastante más tarde, a los 17 años más o
menos, leí la interpretación de los sueños de Freud y empecé a interpretar los
míos. Así me di cuenta, desconcertada, que, a pesar de mi enamoramiento por
Peter, mi inclinación incestuosa por Geo seguía vigente.
163
Marie Langer
PSICOANÁLISIS Y/O
REVOLUCIÓN SOCIAL
I
En los años 30, en
Viena, la juventud intelectual era atraída apasionadamente por el psicoanálisis
y el marxismo. Hoy en día61 en Buenos Aires, la juventud que conozco discute y
se dedica con igual interés a estos dos grandes temas. Ocurre esto, aunque vivimos
bajo el signo de múltiples, rápidos descubri-mientos e innovaciones que
conspiran contra la supervivencia de ideas e ideales. Sin embargo hay un cambio
entre el abordaje de la juventud y de los mayores de antes y ahora. En Viena,
en los años 30, los psicoanalistas maduros convencieron a los jóvenes de que
psicoanálisis y marxismo eran excluyentes. Se tenía que elegir entre uno y
otro.
Tal vez no sea
demasiado difícil retrotraernos, aquí, en Viena, a esos años 30 anteriores a la
gran catástrofe. ¿Pero cómo revivir el clima? La Wiener Vereinigung trabajaba
de lleno, con pleno entusiasmo, aunque con sus miembros muy afligidos por la
enfermedad de Freud. Todos los que ocupaban cargos importantes todavía tenían
contacto con él. Estaban bajo su poderosa influencia, y ante cualquier problema
finalmente se recurría a la palabra del Herr Professor. Para ellos no existía
un mundo sin Freud. Y juzgaban lo qué pasaba en el mundo en función del
análisis. Confiaban en que bastaba con que fueran suficientemente cautelosos
para sobrevivir con él. Esperaban, a pesar de todas las señales, la misma
estabilidad en la cual había transcurrido la mayor parte de sus vidas, hasta la
guerra y la revolución.
¿Y los jóvenes?
Estos habían crecido leyendo a Freud y Marx, y sin conocer la estabilidad.
Habían nacido poco antes de o durante la Primera Guerra Mundial, habían
aprendido de chicos que hasta los emperadores caen, y para llegar a su colegio
habían pagado 34.000 Kronen por el boleto de tranvía. Estaban alertas e
inquietos, no creían en la estabilidad ni entendían a sus mayores. Además, ya
no podían conocer personalmente a Freud.
1930. Recién había
aparecido El malestar en la cultura. “Al abolir la propiedad privada –sostiene
Freud, sin mucho énfasis– se sustrae al hombre un instrumento sin duda muy
fuerte para ejercer su amor a la agresión, pero de ningún modo el más fuerte de
todos”. Según Jones, Freud no estaba satisfecho con el libro.
61 Trabajo presentado en el XXVII Congreso
Internacional de Viena, 1971, Cuestionamos!, Garnica Editor, Bs. As. 1971.
164
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
En la misma época,
Freud comenta al embajador Bullit que “una nación que supo producir a Goethe,
no puede echarse a perder”.
1931. Viena sigue
gobernada por los socialdemócratas, el psicoanálisis continúa su progreso
victorioso y tanto tiempo esperado.
1932. Hubo
problemas con Wilhelm Reich, quien –cito a Jones– hizo publicar un trabajo que
culminaba con la tesis sin sentido de que lo que habíamos llamado instinto de
muerte es un producto del sistema capitalista. Freud deseaba comentar este
trabajo aclarando que el psicoanálisis no tenía ningún interés político, pero
renunció a nacerlo porque Bernstein le advirtió que “eso equivaldría a una
declaración de guerra a los soviets”. Cabe preguntarse, si en la Viena de 1932
los psicoanalistas no temieron más al comunismo que al nacionalismo.
¿Puedo entrar en
escena? En 1932 estudié un semestre en Alemania. Asistí a un mitin gigantesco
de los nacionalistas. Escuché al Führer. De regreso en Viena, empecé a militar
en la izquierda. Me pareció absurdo entregarse sin pelear. Meses después
comencé mi análisis. Ya no leía más a Freud, porque al principio de un
tratamiento era contraindicado. Reforzaba las resistencias. Por eso no me
enteré de la crítica vehemente y ya “equivalente a una declaración de guerra a
los soviets” que Freud hizo en The question of a Weltanschagung (1932).
Leyéndola ahora, uno se pregunta si no se trataba de un desplazamiento y si no
se atacaba tan duramente al comunismo porque prudencia y wishfull thinking
impedían declarar la guerra al fascismo, el verdadero adversario.
1933. Freud (cito a
Jones) escribe a Marie Bonaparte: “Cuánta suerte tiene usted por poder estar
sumergida en su trabajo sin tener que enterarse de todas estas cosas horribles
que suceden en el mundo [...] La gente teme que las extravagancias nacionalistas
alemanas puedan extenderse a nuestro pequeño país. Hasta me previnieron que
huyera ya mismo a Suiza o Francia. Eso es absurdo; no creo que aquí exista
algún peligro [...]” Nosotros los jóvenes politizados, pensábamos distinto.
1934. Febrero de
1934. ¿Se acuerdan? Durante días los cañones destruyeron los grandes blocks de
las viviendas obreras, orgullo máximo del gobierno socialdemócrata. Este
también cayó en ruinas. Fueron ejecutados los líderes jóvenes de la
socialdemocracia, ésta fue declarada ilegal, el austrofascismo clerical tomó el
poder, y Freud, si bien con amargura, se apoyó en él. No publicará Moisés y el
monoteísmo para no atraer su ira. Mientras tanto, en
165
Marie Langer
Alemania, el
Instituto Psicoanalítico sufre un “proceso de nivelación” (Gleichschaltung).
Este implica la renuncia de todos los miembros judíos, la prohibición del
análisis didáctico y la eliminación del nombre de Freud de los textos. Sus
libros ya habían sido quemados. Además, se debía evitar la terminología
analítica, “por eso el complejo edípico debía figurar bajo otro sinónimo”
(Jones, loc. cit.)
Fue en 1935 cuando
la Vereinigung tomó una decisión de largo alcance, no descripta por Jones. En
Austria ya se habían prohibido todos los partidos de oposición. Más de la mitad
de la población pertenecía a ellos, y éramos muchos los que militábamos clandestinamente.
En Alemania habían arrestado a un analista, cuando un paciente que actuaba en
la oposición fue detenido por la Gestapo en la entrada de su consultorio.
Enteradas se reunieron las autoridades de la Wiener Vereinigung y decidieron
que, para preservar al análisis, a la sociedad analítica y a sus integrantes,
se prohibía a los analistas ejercer cualquier actividad política ilegal y
atender personas que estuviesen en esta situación. Esta medida colocó a los
integrantes de la Vereinigung en un grave conflicto de lealtad, no solamente
frente a su ideología política, siempre que la tuviesen, sino frente a su ética
profesional. Quedaron en la práctica tres callejones sin salida frente al
paciente que militaba en la ilegalidad: interrumpir su tratamiento, prohibirle
seguir con su actividad, o aceptar, en una alianza no explicitada, que
prosiguiera con ella, sin hablar mucho de la cuestión. Estimo a mi analista
didáctico que se decidió por la última opción; se lo agradezco, y le agradezco
también que poco después diésemos por finalizado, amistosamente, mi análisis.
1936. Freud escribe
en una carta a Barbara Low: “...El mundo se está convirtiendo en algo muy
triste que marcha de cabeza hacia su rápida destrucción, y esto es el único
paliativo para mí...”
Nos arrestan a los
integrantes de un grupo de médicos, por trabajar “en favor de la paz”. (Parece
actual, piénsese en Vietnam). No nos pueden demostrar nada, y recuperamos la
libertad después de dos días. Una amiga y colega se entera del episodio y lo comenta
en su análisis. Su analista lo debe de haber comentado a su vez con otros (¿y
el secreto de diván?) ya que me cita el doctor Bibring, muy indignado. He
infringido la nueva regla de abstinencia política. Mi caso será tratado y
probablemente me expulsarán. Recurro a mi analista y evito la sanción. Me llama
Federn para amonestarme con cariño paternal. (En ese momento su hijo también
estaba preso).
166
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
Pero yo había
entendido que se tenía que elegir entre psicoanálisis y revolución social. Al
poco tiempo me fui a la España republicana para combatir allí al fascismo, como
médico de las Brigadas Internacionales.
Dejemos los años
30. Vayamos a Plataforma, Roma 69, a Buenos Aires, a Montevideo, a Estados
Unidos, y la marcha sobre el Pentágono. O todavía no. Ya que me tomé de
ejemplo, tendré que hablar también de los muchos años durante los cuales opté
por el análisis. Seguiré, pues, muy personal.
1939. La muerte de
Freud y el principio de la Segunda Guerra Mundial nos sorprendieron en un
pueblo del Uruguay. Lavaba los pañales de mi hijo y cocinaba para pensionistas.
1942. Logramos
trasladarnos a Buenos Arres. El pequeño grupo de psico-analistas argentinos me
recibió muy amistosamente. Al poco tiempo fundamos la Asociación Psicoanalítica
Argentina (APA). Había vuelto al análisis sin renunciar a la política. USA y
URSS eran aliados y, en la Junta de la Victoria, comunistas, radicales y
monárquicos trabajaban por un fin común. En “Austria libre” encontré un campo
de acción no vedado.
1945. Termina la
guerra caliente contra el fascismo y comienza la guerra fría contra la Unión
Soviética y contra el comunismo. Los Estados Unidos caen bajo el macartismo. En
la Argentina sube Perón. De nuevo no hay que llamar la atención ni meterse en
la izquierda. Hay que mantenerse quieto, para que la joven Asociación
Psicoanalítica no corra peligro. Aun así, diré en honor nuestro que nunca
prohibimos en la APA la militancia política de manera tajante y absoluta, como
se hizo en Viena. Pero había un clima aislacionista que la condenaba. Entonces
renuncié al marxismo.
Analizando ahora mi
decisión encuentro causas muy personales, y otras, comunes probablemente a
muchos de nosotros, los que habíamos emigrado. Tuvimos que rehacernos una
posición, durante cierto tiempo carecimos de un título nacional que nos
autorizara a trabajar legalmente, nos sentíamos inseguros y extraños en este
nuevo país. No conocíamos lo bastante su historia y estructura política, nos
asustaba su policía. Nuestro acento nos traicionaba como ajenos. Estábamos
cansados de luchar y teníamos muchos miedos.
167
Marie Langer
Pero hubo otra
serie de factores: yo pertenecía a una generación que había creado una Sociedad
Psicoanalítica. Era mi turno dé asignar el primer lugar entre mis intereses al
progreso y la difusión del psicoanálisis. Ahora esto era mi vida. ¿Podría haber
sido de otro modo? Creo que sí. Pero elegí la solución más fácil: aceptar, a
cambio de mi ideología, una Veltanschauung psico-analítica, aunque ésta, según
Freud, no existe como tal. E indudablemente Freud tiene razón.
Pero, además, el
camino hacia la izquierda estaba cerrado.
El stalinismo
impuso a los psiquiatras comunistas en la Argentina –y, supongo, también en
otros lugares– despreciar al psicoanálisis a priori, atacarlo como idealista y
como último manotón de un sistema en derrumbe, y proclamar a la reflexología
como única teoría y práctica válida para un psicoterapeuta militante. Parecía
así evidente que mis mayores en Viena habían tenido razón: debía elegirse entre
psicoanálisis y marxismo.
¿Cómo y cuándo se
produjo el cambio? No lo sé. Se anunció a través de publicaciones aisladas, de
discusiones tímidas dentro y fuera de la institución. Pero la actividad
política de cada uno se desarrollaba irregularmente y en secreto. Ha sido un
largo proceso que evolucionó latentemente en muchos lugares y en muchos
analistas, alimentado por la escalada de violencia y desigualdad en el mundo,
facilitado por el deshielo en la Unión Soviética y estimulado por el
surgimiento de la nueva izquierda. Debemos mucho a los intelectuales
norteamericanos que encontraron una nueva estrategia para combatir el sistema y
su guerra. Estamos en deuda con mayo del 68, en París. Pero para nosotros, los
argentinos, la fecha clave del cambio es el año 1969, en Rosario, Córdoba y
Buenos Aires. En ese entonces el Instituto de Psicoanálisis se adhirió a la
huelga general, declarada contra la represión violenta de obreros y
estudiantes, y Jorge Mom, como presidente de la Asociación hizo pública nuestra
protesta.
Desde entonces un
número significativo de analistas aborda el tema social abiertamente y de una
nueva manera. Ya somos muchos los que llegamos a la conclusión de que
psicoanálisis y revolución no son excluyentes, y perdimos la fobia al mundo de
fuera de nuestra institución.
168
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
II
Freud y Marx, cada
uno desde su abordaje, crean nuevas ciencias que dan nueva conciencia al
hombre. Ambos descubren, detrás de una realidad aparente, la materia y los
procesos invisibles que son motor de su historia y de su ubicación actual.
Freud en lo psicológico y Marx en lo histórico-social vuelven comprensibles el
pasado y presente del hombre. Ambos, al operar sobre su conciencia, lo hacen
más dueño de su destino.
Freud y Marx son
revolucionarios, cada uno en su campo específico. Ambos tienen mucho en común
en su metodología –la dialéctica– y en su ideología –Darwin, el ateísmo, el
interés puesto en la humanidad–. Los sistemas creados por ellos son
complementarios. El marxismo define al hombre abstracto, exponente de su clase
en determinado momento histórico y determinada sociedad. El psicoanálisis toma
como objeto de investigación al hombre concreto, regido por su propia historia.
Según Cooper el psicoanálisis
“descubre el punto
de inserción del hombre en su clase. Es decir, descubre la familia particular
como mediación entre la clase y el individuo. La familia se constituye en y por
el movimiento general de la historia, y en la profundidad y opacidad de cada infancia
particular es vivida como absoluto”.
Adoptar el criterio
de complementariedad entre psicoanálisis y marxismo, es decir, de la
no-contradicción entre ambos, no debilita sino que enriquece nuestra ciencia, y
nos ayuda a reubicarnos en un mundo en crisis ya ubicar a nuestro paciente
dentro de él. Nosotros, los analistas, nos sentimos vulnerables frente al mundo
actual, más allá de nuestra pertenencia de clase. Nuestra práctica profesional,
la dedicación al mundo interno, la reclusión en el campo bipersonal, todo esto
nos vuelve inermes y fácilmente dispuestos a reducir, junto con nuestro
analizando, una realidad candente y actual a fantasías arcaicas y
transferenciales. Acostumbrados a manejar con tranquilidad las fantasías más
escabrosas, aprendimos en los largos años de nuestro análisis y transmitimos a
nuestros analizados una profunda desconfianza ante todo proyecto de acción. E.
Rodrigué define como nuestra caracterología profesional “una actitud valorativa
que considera al 'pensar' como básicamente bueno, mientras que el ‘actuar’
siempre está tomado como a punto de convertirse en acting out” . Sin embargo,
sabemos que pensar y actuar debieran integrarse.
169
Marie Langer
Bauleo sigue la
linea de Rodrigué al afirmar que padecemos de una imagen ideal de un paciente y
su terapeuta, “cuyo vínculo, alejado de toda contaminación social, estaría
fundamentado en un discurso asociativo limpio e interrumpido solo por
interpretaciones que contienen la neutralidad de los dioses”. Esto puede
parecer exagerado , pero me temo que es así en ciertos casos. El artículo de
Bychowski “Social clima and resistence in psychoanalysis” sirve de ejemplo.
Frente a un
paciente promiscuo, Bychowski se queja de que “las mujeres se le entregaron con
suma facilidad...” y se encuentra “una y otra vez jugando con el deseo
obviamente utópico de que el paciente encontrara una joven parecida a las de su
propia generación y tradición”. Frente a otro paciente, extraña las
“antiguamente establecidas y tradicionales reglas de cortejo y entrega sexual”.
Obviamente, el
ambiente social no ayudó a este analista a lograr que el paciente adoptara su
criterio de salud con respecto al sexo. Pero la discrepancia entre analista y
paciente es aún mayor en el nivel político, cuando Bychowski nos habla de la
hostilidad no resuelta de sus analizandos, “que se dirige contra el orden
social, contra el sistema o contra algunos de sus representantes”. Se queja de
que “un movimiento estudiantil de protesta o pacifista sirve de oportunidad
para la descarga y racionalización de una hostilidad destructiva que de esta
manera no sólo se vuelve aceptable para el superyo, sino hasta aprobada y bien
recibida por el ideal del yo”. Es cierto, pero interpretar el NO a la sociedad
norteamericana actual únicamente como expresión de “hostilidad no resuelta
contra las figuras parentales”, o la protesta no resuelta contra la guerra de
Vietnam como “transferencial”, nos quita toda una dimensión social. Si a toda
pretensión de crítica y cambio se la reduce a “resistencia”, el análisis se vuelve
efectivamente cómplice del establishment, adaptativo en el peor sentido de la
palabra, y constituye una racionalización por parte del analista de su anclaje
en el pasado y su apego a las ventajas que el orden establecido le ofrece.
El analista
prejuzga, además, al ver únicamente agresión donde en último término existe
también creatividad y deseo de reparación o Eros. Pero admito que nos faltan
estudios clínicos y esclarecimiento teórico al respecto, y esta falta nos
limita. Puede llevarnos a elegir el camino más fácil y tildar de psicopática la
acción que entendemos solamente con unilateralidad. Por eso el término
“psicopatía” se convirtió, según Malfé,
170
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
“de una categoría
diagnóstica algo imprecisa, en adjetivo que traduce una valoración negativa de
todo aquel cuya conducta se aparta de lo que se espera de él".
¿Pero qué se espera
de él? Eso dependerá de cada analista y de su idea (o ideología) de la
normalidad (o norma), que junto con la personalidad de cada paciente
configurará su criterio de salud respecto de él. ¿Y la neutralidad del
analista? Ya no creemos en ella, como tiempo atrás dejamos de creer en el
“analista-espejo”. Bychowski nos habla claramente de su wishfull thinking. No
somos computadoras y todos tenemos wishfull thinking respecto de nuestros
analizandos. Nuestros deseos difieren según la ideología que profesamos: eso es
todo. Mientras que para Bychowski la realidad externa actual se ha convertido
en causa de perturbación y resistencia al análisis, para Laura Achard de
Demaría y colaboradores, configura un factor que hay que incluir en el campo, y
pertenece simultáneamente a analista y analizando.
Ellos entienden
“que aislarse y prescindir del proceso histórico social, lejos de constituir
una actitud neutral [del analista] es un modo activo de tomar posición”, y “en
un país en crisis social y frente a episodios de conmoción nacional, debe ser
abordado en la sesión –a veces como punto de urgencia– el destino del objeto
común, además de tratar los hechos externos en los planos transferenciales y de
relación de los objetos internos”. La omisión del hecho social se genera o se
mantiene por complicidad inconciente del paciente y del analista, como
resultado de las resistencias y contrarresistencias de ambos.
¿Pero qué
pretendemos, me preguntarán, nosotros los analistas que hablamos también de
Marx y de revolución social? ¿Queremos adoctrinar a nuestros analizandos, en
contra de toda técnica y ética analítica? De ninguna manera, pero creemos
indispensable tener conciencia de que influimos en la evolución total de ellos.
Lo mostraré con un ejemplo, burdo por su claridad.
El psicoanálisis
implica un esquema referencial básico (la ciencia creada por Freud), un
instrumento técnico (la interpretación) y un analista determinado que, dentro
del encuadre, aplica el instrumento técnico a su paciente. Este viene, a su
vez, con su problemática e ideología personales. Entre ambos se desarrolla el
proceso. Desde luego que hay situaciones límites, en las cuales, frente a
determinado analizado, todos estaremos de acuerdo en interpretar como acting
out determinada iniciativa sexual o política. Pero en la mayoría de los casos,
dependerá de la ideología del analista que lo hecho por su
171
Marie Langer
paciente sea
analizado como acción (buena palabra), o actuación (mala palabra). En este tema
se centró finalmente la discusión de Plataforma de Roma. Mientras que un grupo
de analistas defendía de buena fe conciente su “neutralidad”, otro grupo
insistía en que la participación de los analizandos en la marcha al Pentágono
fue interpretada como acting out por los profesionales que ideológicamente la
rechazaron, y con otra connotación, no peyorativa y hasta, según el contexto,
como logro, por los analistas que eran adversarios activos de esta guerra.
Bychowski pertenece
al primer grupo. Sin embargo, es él quien hace (loc. cit.) un planteo
histórico-político interesante: propone revisar y analizar las
racionalizaciones y los prejuicios vigentes en Estados Unidos del siglo pasado,
los cuales permitieron a la clase dirigente mantener y defender la esclavitud.
Todos concordamos con su condenación implícita de una institución que
legitimaba el abuso total y permitía a los dueños satisfacer, a través del
poder absoluto sobre otros “su amor a la agresión”. Con este planteo vuelvo al
presente y a una idea de Freud que encara nuestro sistema actual:
“Al abolir la
propiedad privada se sustrae al hombre un instrumento sin duda muy fuerte para
ejercer su amor a la agresión, pero de ningún modo el más fuerte de todos.”
Esta frase es muy
importante. Desde luego, desborda mis posibilidades en este trabajo. Da para
mucho. De ella puede arrancar una discusión enriquecedora para psicoanálisis y
marxismo. Freud, de este modo define, analíticamente, al sistema capitalista
como basado en el amor humano a la agresión, usufructuado por los dueños de los
medios de producción, ya que es estrictamente esta la propiedad privada que
pretende abolir el comunismo. Así nos señala los factores psicológicos que
sirven simultáneamente de sostén y de racionalización a la sociedad de clases.
En tema tan amplio me limitaré a hacer algunos planteos.
1) Si el amor a la agresión sustenta a nuestro
sistema actual, inevitablemente los que la ejercen sufren sentimientos de culpa
inconcientes, mientras que las víctimas de esta agresión sienten rabia,
impotencia, sometimiento o, a su vez, deseo y necesidad de ejercer la
violencia.
2) Los sentimientos reprimidos en ambos lados
aumentan el malestar de nuestra cultura.
172
PSICOANÁLISIS,
FEMINISMO Y MARXISMO
3) Sobre los criterios de salud. Si la
afirmación de Freud es correcta, la indefinición manifiesta de muchos pacientes
frente a lo social, corresponde a una represión o negación y debe ser abordada
en el análisis. Una vez más, no hablo de adoctrinar, pero sí de pesquisar las
causas de esta indiferencia y de considerarla como síntoma. Esta problemática
exige exhaustivas investiga-ciones clínicas.
4) Freud sostiene que la agresión no ejercida
es introyectada en el superyo y aumenta así nuestro malestar. Pero supongo que
una sociedad más racional ofrecerá posibilidades más aceptables para
instrumentar esta agresión de manera útil y no culpógena. Hay un juego
dialéctico en la historia del hombre que no concuerda con una predicción
unilineal. Tomemos como ejemplo la evolución de la relación entre los sexos.
Freud reconoce en la dominación del objeto sexual el campo en que utilizamos
nuestro instrumento más fuerte para ejercer “el amor a la agresión”. Sin
embargo, la relación entre los sexos está orientándose hacia una libertad y
falta de necesidad de posesión que Freud nunca hubiera podido imaginar. Esto se
debe al logro de la independencia económica por parte de la mujer, y al uso de
nuevos y fáciles anticonceptivos que convierten el acto sexual en tan libre de
consecuencias para la mujer como siempre lo fue para el hombre. Pero también y
sin duda se debe a todo lo que Freud aportó con respecto al sexo. Por eso no
dudo del valor que podría tener nuestro aporte psicoanalítico para el bienestar
dentro de una nueva sociedad.
5) Ya funcionan muchos grupos de estudio
interdisciplinario entre marxistas y psicoanalistas. Hay otros, especialmente
dedicados al tema de "psicoanálisis y crisis social". Investigar a
fondo esta relación vale la pena. Si nos limitamos a enfocar la crisis social
únicamente como resistencia (Bychowski, loc. cit.) y nos quedamos soñando con
el pasado, porque el presente es conflictivo, repetimos el error de los años
30. Así dañamos a nuestra ciencia.
1958. Cuba, y se
fueron los analistas.
1970. Chile, y
muchos analistas ya preparan su éxodo.
No sé el cuándo de
los otros países. Pero no queremos que las cosas sucedan así. Para que nuestra
ciencia sobreviva en la nueva sociedad que se avecina, y para que pueda
complementar con su conocimiento psicológico lo creado en otro nivel, esta vez
no renunciaremos ni al marxismo ni al psicoanálisis.
Buenos Aires,
septiembre de 1970.
Marie Langer
173
Marie Langer
TERRORISMO DE
ESTADO.
EFECTOS
PSICOLÓGICOS EN LOS NIÑOS
EPILOGO62
Buenos Aires. 1987
Desde el exilio lo
nuestro siempre fue un saber de todos los horrores que pasaron aquí, en nuestra
Argentina. Fue un saber lleno de odio e impotencia. Lo único que pudimos hacer
allá, en México, fuera de cualquier peligro, era la denuncia y si, también, la
ayuda psicológica a los que vinieron destrozados de aquí. Por eso, aunque no
trabajamos allá con niños en grupo, reconozco mucho de lo vivido por ustedes.
La neutralidad
terapéutica desde ya no corre. Ser neutral frente a estos criminales nos sería
imposible y antiético. Además, ¿Cómo crear el necesario espacio de confianza,
si uno, aunque simulando, se mostrara neutral?
Nuestro trabajo fue
tanto más fácil que el vuestro. Igualmente con cada preso, ex torturado, como
con cada familiar sobreviviente, a quienes pudimos ayudar a rehacerse, teníamos
la sensación de haber ganado una, aunque ínfima batalla, contra los militares
que pretendían haberlos destrozado definitivamente.
El trabajo de
ustedes es mucho más difícil y novedoso. Devolver a estos niños la imagen
restaurada de los padres, insultados durante años por los medios de
comunicación, es fundamental para su autoestima y su evolución. Tienen razón
cuando hablan en las conclusiones de la importancia de la tarea clínica, pero
además de la necesaria resolución desde lo político-social, mediante una
respuesta de justicia y un ejemplificador castigo a todos los responsables de
su dolorosa pérdida, sin lo cual esos niños no vislumbrarían... la recuperación
de valores de justicia, libertad y verdad que aún se les deben.
Sin embargo, cuando
este libro aparezca, temo que ya se haya puesto el “punto final” al drama que
desde luego no terminará por eso.
Igualmente ustedes,
tenaces, valientes y creativos, seguirán luchando por y con estos “niños
célebres”, y la técnica “psicosocial” descrita aquí servirá tal vez para
rescatar a otros niños guatemaltecos, salvadoreños, etc., de nuestra dolida
América.
62 Tomado de: Movimiento solidario de salud
mental. Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas. Comp.
Victoria Martínez. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1987
174
FIN

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