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Libro N° 14355. Teoría Psicológica Del Colectivo. Bajo La Redacción De A. V. Petrovski.


© Libro N° 14355. Teoría Psicológica Del Colectivo. Bajo La Redacción De  A. V. Petrovski.  Emancipación. Octubre 11 de 2025

 

Título Original: © Teoría Psicológica Del Colectivo. Bajo La Redacción De  A. V. Petrovski

 

Versión Original: © Teoría Psicológica Del Colectivo. Bajo La Redacción De  A. V. Petrovski

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://www.marxists.org/espanol/tematica/psicologia/teoria-psicologica-del-colectivo-petrovski.pdf


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

TEORÍA

PSICOLÓGICA DEL COLECTIVO

Bajo La Redacción De 

A. V. Petrovski


 

 

 

Teoría

Psicológica Del Colectivo

Bajo La Redacción De

A. V. Petrovski

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TEORIA

 

PSICOLOGICA DEL COLECTIVO

 

Bajo la redacción de A. V . P etrovski

 

 

PSICOLOGIA SOCIAL

EDITORIAL DE CIENCIAS SOCIALES, LA HABANA, 1986

 

 

Tomada de Psijologi,cheskaia teoriía kollektiva, Pedagogika, Moscú, 1979.

 

TRADUCCIÓN: MES

 

REVISIÓN TÉCNICA: Mara Fuentes Avila

 

EDICIÓN: Gladys Alonso González

REDACCIÓN: Vivian Cepero'Alfonso

DISEÑO: Luis Pablo Jiménez Caballero

 

REALIZACIÓN: Xiomara Gálvez Rosabal

 

CORRECCIÓN: Magaly Millán Castillo

 

Natacha Fajardo Alvarez

 

Lea Lozano Ramil

 

 

©     Sobre la presente edición:

 

Editorial de Ciencia�- Sociales l986

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estimado lector, le estaremos muy agradecidos si nos hace llegar su opinión, por escrito, acerca de este libro y de nuestras ediciones.

 

 

Editorial de Ciencias Sociales, calle 14 no. 4104, Playa, Ciudad de La Habana, Cuba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

Nota de presentación a la edición cubana Del redactor. A. V. Petrovski / 1

 

PRIMERA PARTE. FORMACIÓN DE LA CONCEPCIÓN ESTRATOMÉTRICA DE LA PSICOLOGÍA

 

DEL COLECTIVO/ 9

 

Capítulo l. Vías del desarrollo de la psicología social en la URSS/ 10

 

Capítulo 2, Surgimiento y esencia del enfoque estrato­ métrico en la psicología del colectivo/ 26

 

SEGUNDA PARTE. FENOMENOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERPERSONALES EN LOS GRUPOS Y COLECTIVOS/ 57

 

Capítulo 3. La cohesión de grupo como una unidad valo­ rativa y de orientación/ 58

 

Capítulo 4. Autodeterminación colectivista I 88

 

Capítulo 5. Identificación eficaz y emocional del gru po / 98

 

 

Capítulo 6. La asignación y la aceptación de la responsa bilidad en la actividad del grupo/ 125

 

Capítulo 7. La selección en las relaciones interpersonales y su motivación/ 139

 

Capítulo 8. La referencia como una característica del sistema de las relaciones interpersonales/ 148

 

TERCERA PARTE. LA CONCEPCIÓN ESTRATOMÉTRICA Y LOS PROBLEMAS ACTUALES DE LA INVESTIGACIÓN SOCIO-PSICOLÓGICA/ 171

 

Capítulo 9. La concepción estratométrica y los problemas de la efectividad grupal / 172

 

Capítulo fo. Análisis de la estructura jerárquica de la actividad grupal/ 211

 

Capítulo  11.  Algunos  aspectos  psico-psicológicos    de  la

concepción estratométrica/ 246                

Capítulo 12. Teoría de la        mediatización de la         actividad

de las relaciones interpersonales y la psicología  tradicional

de  los  grupos  pequeños       en  sus  diferencias         de      prin

cipio / 262                  

 

 

Para una estructuración de la teoría psicológica del colectivo. Epí logo de G. M. Andreieva / 291

 

Comentarios terminológicos I 301

 

Relación de trabajos realizados en el marco de la concepción estratométrica I 311

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTA DE PRESENTACIÓN A LA EDICIÓN CUBANA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1976 me encontraba en Moscú cumplimentando una de las eta pas de los estudios de candidatura que realizaba en aquel entonces. Trabaj aba el área de los grupos pequeños y en mi tesis existían incógnitas en la explicación de algunos resultados obtenidos, las cuales no me permitían superar las teorías socio-psicológicas co nocidas hasta ese momento. En esa circunstancia personal recibí una invitación para participar en un ciclo de conferencias que serían impartidas por prestigiosos psicólogos sociales soviéticos en la Universidad Estatal de Moscú. Uno de estos psicólogos era A. V. Petrovski. Hombre de pequeña estatura, dinámico, orador convin cente. Por espacio de dos horas expuso las consideraciones fon damentales de la concepción estratométrica de la actividad intragrupal -como fue denominada en sus inicios esta concepción- y fui comprendiendo poco a poco que ésta podía ser la alternativa que necesitaba para explicar algunos resultados de mis series ex perimentales. Ojalá, la lectura de este libro le sirva de igual ma nera a otros investigadores que trabajan la problemática del grupo pequeño, como guia para la creación de un enfoque teórico y meto dológico, el cual permita entender la peculiaridad que reviste el establecimiento de los procesos dinámicos intragrupales en las dis tintas etapas del desarrollo de los grupos humanos.

 

La concepción estratométrica abre nuevas alternativas en el aná li,sis de la formación, desarrollo y consolidación de los procesos grupales en el marco del grupo pequeño, pero permite ante todo obtener una sistematización en la interpretación socio-psicológica de los fenómenos estudiados.

 

En la obra se parte del supuesto de que la concepción estrato­ métrica es una consecuencia del propio desarrollo alcanzado por la psicología social soviética. En la primera parte se ofrece un análisis a fondo y muy detallado de las circunstancias en que surge y se desarrolla la psicología social en la URSS, la problemática alrededor de la determinación de su objeto de estudio, así como

 

V

 

los tres grupos de problemas que se incluyen en la actualidad en la estructura de la psicología social. Desde los primeros momeo

 

tos queda muy clara la idea de que, al ser el colectivo una célula social cualitativamente superior al grupo, los fenómenos socio-psicológicos       que       se manifiestan      en  él tienen cualidades   definitiva mente   diferentes       a  las  que  poseen los  grupos  difusos.       Para  realizar        este        análisis       A.  V.  Petrovski  presenta  distintas  definiciones de colectivo a      las cuales se les     señala enfatizar     en      el aspecto relativo

a los objetivos sociales de la actividad conjunta con olvido de los métodos apropiados para estudiar las relaciones interpersonales que tipifican la esencia de estos grupos; por tanto, el análisis queda en el plano de descripción sociológica del fenómeno. Consideramos muy adecuada la utilización de las definiciones de grupo ofrecidas por los autores más representativos de la psicología social no marxista, para poner de relieve que el aspecto psicológico de esas definiciones aparece representado por vínculos de corte afectivo­ emocional en la membresía. Así, esta interpretación -según el cri terio del autor- es incompatible con la base necesaria para estruc turar una adecuada concepción socio-psicológica del colectivo. Se introduce, por tanto, el concepto de autodeterminación colectivista (AC) como punto de partida para analizar el fenómeno de las relaciones interpersonales en el colectivo. En este sentido, quiero llamar la atención dejos lectores por la significación que tiene el siguiente señalamiento de A. V. Petrovski acerca de la importancia de la AC: «El estudio de este fenómeno fue esencialmente la pla taforma metodológica para el paso de la comprensión del grupo como comunidad de individuos que contactan entre sí desde el punto de vista emocional y operacional, a otra comprensión de la misma que incluía la necesidad de tomar en consideración los fac tores que mediatizan estas relaciones superficiales.»

 

La   segunda      parte de      la       obra  -la     consideramos       como la       más sólida desde el .punto de vista teórico- está dedicada a analizar las peculiaridades que asume el fenómeno de las relaciones interpersonales en los distintos    niveles de desarrollo del grupo. Se presenta la      problemática  de  la       cohesión  grupal  a  partir  de  un  análisis  de las   distintas  tendencias       existentes  en  su  estudio,  comenzando  por la presentación del fenómeno tal y como lo concibió la psicología social no marxista (se destacan los nombres de R. Bales, L. Festin­ ger, N. Newcomb, S. Schachter). Se brinda una revisión crítica muy acertada de las limitaciones de estas concepciones en el éstudio de la cohesión y se pasa de inmediato a analizar este fenómeno en los marcos de la concepción estratométrica como expresión de la unidad de orientaciones valorativas para los grupos tipo colee tivos. En este análisis se destacan las figuras de V. V. SpaliMki y A. l. Dontsov, quienes postularon los principios fundamentales para el estudio de la cohesión grupal a partir de la concepción estrato­

 

métrica. Se introducen interesantes datos aportados por R. S. Vais­ man y L. E. Komarova, quienes profundizan en el análisis del criterio  de la  unidad    de orientaciones  valorativas      al  considerar        que las        particularidades       de      la       situación  en  que  se       desarrolla la  actividad   del     grupo,  contribuye a  la  actualización de      las cualidades       de la personalidad relacionadas con las peculiaridades de la actividad conjunta, para llegar así a la conclusión de que la actividad con junta de grupo posee la propiedad de la apercepción social; es decir, «la capacidad de actualizar y orientar la atención del grupo hacia la evaluación de aquellas cualidades de la personalidad de sus miembros significativas para el éxito de la actividad conjunta».

En relación con la problemática de la autodeterminación colee tivista (AC), la misma se presenta como una consecuencia de la auto determinación de la personalidad en el colectivo, cuyo estudio resultó el primer paso en el proceso de formación de la concepción estrato­ métrica. Se describen las investigaciones más relevantes llevadas a cabo con el objetivo de profundizar en las características del fenóme no y sus manifestaciones. En este sentido le sugerimos al lector que preste especial atención a los trabajos de l. A. Oboturova y A. A. Turovska. La investigación de l. A. Oboturova con escolares en quienes se estudió la relación entre la AC, la sugestión y la con formidad, puso de manifiesto que la AC no es posible reducirla ni a lo uno, ni a lo otro, pues la AC es un fenómeno propio del grupo con un alto nivel de desarrollo del colectivo. En los trabajos de A. A. Turovska, realizados con estudiantes de enseñanza media, se analizó un aspecto interesante en la formación del fenómeno de la AC: el estudio de la relación entre la manera en que los miem bros del grupo le atribuyen a su grupo objetivos socialmente sig nificativos y la manifestación de actos de AC en el grupo, con lo cual se evidenció que en la medida en que la atribución de obje tivos socialmente significativos a la actividad grupal es mayor, mayor será la manifestación de la AC y menor la manifestación de conductas conformistas. Un tratamiento similar se le adjudica al fenómeno de la identificación eficaz y emocional del grupo (IEEG).

 

 

 

 

Vil

 

Este fenómeno se analiza como surgido a partir de la adquisición de un alto nivel de desarrollo del grupo, lo cual trae como conse cuencia que las relaciones interpersonales entre sus miembros se encuentren mediatizadas por altas valoraciones morales. Se esta blece una unidad entre la aparición de la AC y la IEEG, como rasgo característico de las relaciones intragrupales en etapas pos teriores de su desarrollo.

 

 

En   relación       con    esta   parte del  libro     queremos    señalar        que  el autor utiliza un criterio para la clasificación grupal en sus dife rentes niveles de desarrollo que, a nuestro juicio, resulta muy simple; pues la concepción que lo sustenta no refleja toda la rique za encerrada en la problemática del desarrollo grupal, ni la complejidad de su medición. Hacemos esta reflexión porque -aunque el objetivo del libro no es profundizar en el fenómeno del desarrollo grupal en sí mismo- creemos que dado el grado de novedad que pueda tener para el lector cubano esa concepción, resulta opor tuno acentuar la relevancia que tiene este hecho en la psicología social marxista. La ubicación de un grupo en un nivel de desarrollo no puede concebirse como un simple acto en el cual se adjudica una etiqueta de presentación al grupo, sino como una investiga ción en sí misma en la cual se hace necesario el análisis sistemá tico de un conjunto de variables cuya existencia e interrelación definen la vida grupal. La propia concepción del desarrollo grupal por niveles o etapas ha requerido de un largo proceso de madura ción, basado en investigaciones que identifiquen, desde distintos ángulos, las peculiaridades de los grupos con diferente desnivel de desarrollo. En este sentido deseamos apuntar que los psicólogos soviéticos han realizado un interesante y profundo análisis de este fenómeno, y precisamente A. V. Petrovski se encuentra entre quie nes hai> trabajado, de manera más consecuente, el problema utili zando un enfoque socio-psicológico, lo cual siempre ha estado pre sente en otros psicólogos que han trabaj ado este aspecto con una tendencia muy marcada a emplear una descripción sociológica en la caracterización de los distintos niveles de desarrollo del grupo.

 

 

La tercera y última parte de la obra, dirigida a presentar la uti lización de la concepción estratométrica en la investigación socio­ psicológica concreta, reviste una gran importancia en el sentido

 

en que aparecen descripciones de investigaciones en las cuales, utilizando el enfoque estratométrico, se ha podido arribar a resultados que constituyen premisas para la reelaboración o reformula ción de algunas concepciones teóricas. Así, por ejemplo, en el ca pítulo dedicado al análisis de la problemática de la efectividad grupal a partir de la concepción estratométrica, se evidencia la in suficiencia de los enfoques tradicionales en el estudio de esta pro blemática, por cuanto los mismos se basan únicamente en el aná lisis de la relación entre las peculiaridades estructurales de los grupos y la efectividad de su actividad conjunta, llegando algunos autores a obtener inclusive resultados contradictorios, como es el caso de la tan estudiada relación cohesión-productividad en la cual un grupo de investigadores reportan una correlación alta y positiva, mientras otros obtienen resultados que refieren una correlación alta y negativa. Asimismo, creemos que este capítulo es el mejor logrado desde el punto de vista técnico, pues la descripción de los trabajos y el análisis de sus resultados permiten al lector compren der las posibilidades de indagación metodológica que ofrece la concepción estratométrica.

 

Por último, consideramos que ha sido un gran acierto por parte de la Editorial de Ciencias Sociales la publicación de esta obra, la cual contribuirá, estoy segura, al desarrollo teórico y metodo lógico de los especialistas en psicología y, en particular, de los psicólogos sociales a quienes va dirigida en lo fundamental.

 

MARA FUENTES AVILA

 

Marzo de 1985

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DEL REDACTOR

 

 

 

Cada período en la historia de una ciencia concreta tiene su favorito. Por ejemplo, los físicos del siglo xvn sentían predilección por la mecánica; a fines del siglo xix y principios del xx, era por la electricidad y a mediados del siglo xx, la física nuclear y la elec trónica atraían el corazón y la inteligencia de los investigadores de mayor talento. Si hablamos de psicología vemos que en la ac tualidad se plantea con claridad en un primer plano la psicología social en sus diferentes formas: la psicología de la personalidad, la  dinámica  de  grupo,  las  investigaciones  de  los  grupos  pequeños, la psicología de la dirección, la psicología de la comunicación, la psicología de la propaganda y la publicidad, la psicoterapia del grupo, etc. Claro está, no puede decirse que las viejas e impor tantes ramas dej an de desempeñar su papel, florece la veterana psico-física que sentó, cien años atrás, las bases del estudio expe rimen tal de la psicología en los trabajos de l. Sechenov, A. Fechner y W. Wundt. Sin embargo, los ritmos de avance, la cantidad de trabajos científicos y las pretensiones de los investigadores en la esfera de la psicología social, se incrementan con una rapidez mucho mayor que en .otras partes.

 

Esto no debe causar asombro. La psicología social combina de manera adecuada las cualidades de las ramas teórica, experi mental y aplicada, y es el resultado típico de la revolución cien tífico-técnica. La psicología social responde a las necesidades de la producción y del managment, de la medicina y la pedagogía. Promete orientar la práctica en las posibilidades del grupo, el cual debe cumplir una importante tarea, tomar y llevar a la práctica una importante decisión, hallar un estilo óptimo de conducta y seleccionar un dirigente idóneo.

 

 

¿El psicólogo social resuelve siempre estas difíciles tareas?, ¿si�mpre responde a ellas, apoyándose en datos científicos? o ¿se limita a intercambiar sonrisas de Augur con sus colegas? A estas preguntas es      necesario  responder  indistintamente   en      los     diferentes casos.                                                                           

En la actualidad, en boca de muchos psicólogos  de      Estados Unidos,    donde       la psicología         social comenzó  a  desarrollarse         primero y  al       parecer       ha  avanzado        más   que  en        otras  partes,         son       cada vez más frecuentes las exclamaciones críticas y ya se pronuncia en voz alta la palabra «crisis>>-.

 

La crisis metodológica propia de la psicología norteamericana de hoy, es una cuestión evidente e indiscutible. Los psicólogos de Estados Unidos hallan explicaciones a estos fenómenos de crisis: la baja validez ecológica del experimento socio-psicológico (los datos del experimento de laboratorio no se corresponden con los hechos reales de la vida social) y la falta de competencia profesional en que asume un psicólogo la responsabilidad de resolver tareas para las cuales no existen datos científicos competentes, etc. Sin em bargo, la causa fundamental de las desagradables consecuencias del desarrollo intensivo de la psicología social en Estados Unidos, radica en la evidente debilidad metododológica. Quizás, esto llame aún más la atención en la esfera seleccionada como objeto de nuestras investigaciones: en la psicología del grupo.

 

La psicología social tradicional se caracteriza por no contar con un fundamento teórico único para la comprensión de los diferentes fenómenos sociales y psicológicos. Las leyes de la conducta de los hombres en diferentes grupos se reducen, en lo esencial, a depen dencias mecánicas: el grupo ejerce presión, sus miembros se subor dinan a la presión del grupo; el grupo siente atracción por deter minados individuos y a otros los rechaza o, por el contrario, los expulsa de su medio; el número de contactos dentro del grupo au menta, el grupo se hace más fuerte; aumenta el número de sus miembros, las relaciones se deterioran y rompen, etc. En ciertas ocasiones, el behaviorismo -una de las tendencias más influyentes de la ciencia psicológica norteamericana- representaba al hombre ante todo como un mecanismo que reacciona ante diferentes estímu los. En la actualidad, los sucesores del behaviorismo están dis puestos a ver en cualquier grupo social un agregado mecánico de

 

individuos que se relacionan e interactúan exteriormente. Pero si es en cualquier grupo, ¿esto significa que también ocurre lo mis mo en un colectivo?

 

Como se sabe, la psicología occidental no reconoce el colectivo como comunidad social. Pero surge una pregunta: ¿puede hacerse

 

 

2

 

 

extensiva la acción de estas regularidades mecanicistas a todos los grupos, incluidos grupos altamente desarrollados como los colee tivos? El punto de vista contenido en los trabajos de los psicólo gos norteamericanos, de acuerdo con el cual un grupo pequeño estudiado experimentalmente es un modelo adecuado de comuni dad humana en general, predetermina en esencia una respuesta: sí, puede ser. Por principio, para nosotros esta posición es inacep table y si la detectamos de manera abierta o encubierta en traba jos de algunos de nuestros autores le haremos una fuerte crítica.

 

El hecho que se plantee en un primer plano el problema del colectivo en la psicología social soviética, se relaciona con las par ticularidades de la sociedad soviética, con las exigencias del tiem po y con las tareas planteadas por los XXIV y XXV Congresos y con las necesidades de buscar y hallar vías adecuadas y científica mente argumentadas para la formación de una posición vital activa del hombre mediante su educación en el colectivo y mediante el colectivo. Esto hace muy necesaria la comprensión de las regula ridades sociales y psicológicas del funcionamiento del colectivo y del proceso de formación de la personalidad en él. Ver y com prender la personalidad en el colectivo y el colectivo en la perso­ nalidad que se forma y transforma, significa responder a las inte rrogantes más importantes planteadas a la psicología social por la

 

época  del  socialismo  desarrollado.  Sin  dudas,  sólo  es  posible  aso

 

mir  la       responsabilidad    de      resolver      esta   tarea  cuando        se       rompe,

 

de  manera  definitiva, con  la  tradición  reafirmada  en  investigacio

 

nes verdaderamente deshonestas de los procesos de grupo en los países capitalistas y se relaciona con la exigencia necesaria a los trabajos socio-psicológicos realizados en nuestro país los cuales no asimilaron, en una u otra medida, críticamente esta tradición.

 

La idea central de nuestro libro consiste en el estado de la per sonalidad en el colectivo y los procesos de formación en él de las relaciones interpersonales, su carácter y regularidades, son dife­

 

rentes en principio, en  comparación         a        cómo  se     han    determinado

y fij ado    en la  psicología   social burguesa.    Las    tareas que intentamos

resolver,   con    un  enfoque  específico   de      los     problemas   psicológicos

de    los  grupos  y,  en especial,  con  la    concepción estratométrica, son

las   siguientes:   tomar  conciencia  de     estas  diferencias; interpretar

las desde el punto de vista teórico; señalar su manifestación em pírica y mostrar, mediante la elaboración de una concepción meto dológica, el carácter sintético de estas manifestaciones; evidenciar su importancia para la solución de los problemas aplicados -y, ante todo, los pedagógicos- y hallar un principio metodológico gene ral que pudiera formar la base del estudio psicológico de cualquier tipo de grupos (el principio del condicionamiento por la actividad se presentó como veremos con posterioridad). En los últimos tiem pos, la concepción estratométrica adquiere cada vez más los rasgos de teoría socio-psicológica especializada, de teoría de la media­ tización de las relaciones interpersonales por la actividad.

 

Los fundamentos del enfoque estratométrico se formaron hace relativamente poco tiempo, entre 1969 y 1973, y se reflejaron en una serie de artículos y otras publicaciones,1 muchos se han incluido en el texto de nuestro libro de manera completa o reelaborada. El libro puesto a consideración de los lectores es una experiencia de la generalización y sistematización de los datos de las investigaciones socio-psicológicas realizadas sobre la base de la concepción estra tométrica. En realidad, éste es el primer esbozo de sus fundamen tos teóricos y experimentales, el cual refleja el estado de los tra bajos investigativos realizados antes de finalizar 1977. En el libro no se han enfocado todos los trabajos que se basan en la con cepción estratométrica, sino sólo los que pueden dar una idea de sus características fundamentales, sin la cual no quedará claro su sentido teórico y metodológico, ni será comprendida la propia esencia de la concepción, el principio del condicionamiento por la actividad.

 

 

La nueva construcción teórica que manifiesta los nuevos fenóme nos socio-psicológicos y reinterpreta los ya conocidos, los tradi cionales, crea e introduce de manera inevitable en la revolución científica una determinada cantidad de nuevos conceptos fij ados en la correspondiente terminología. Para facilitar la lectura hemos decidido ofrecer al final del libro una explicación de términos que incluye conceptos introducidos por primera vez por nosotros en la práctica científica o que se les da una interpretación diferente a la usual.

 

Hoy día, la concepción estratométrica ha hallado su lugar en la psicología social soviética como sistema de hipótesis, de ideas, de 1

 

1     Al final del libro aparece una relación de publicaciones que reflejan los

 

trabajos teóricos y experimentales basados en la concepción estratométrica.

 

En  el  texto  se  utilizan  dos  sistemas  de  referencias:  en  los  corchetes  se

 

hace referencia a esta relación; en los otros casos se utilizan notas a pie de página.

 

 

 

4

 

hechos obtenidos experiméntalmente, que muestran la estructura complej a y de varios niveles de las relaciones interpersonales en el colectivo, su dependencia del contenido de la actividad conjunta socialmente significativa. La teoría de la mediatización de las re ladones interpersonales por la actividad estructurada sobre su base, a pesar de que aún se encuentra en desarrollo y no puede consi derarse como concluida en su totalidad, ya ha sido definida en sus rasgos fundamentales, lo cual nos ha dado derecho de titular este libro como lo hemos denominado.

 

La circunstancia acerca de que la teoría expuesta en el libro se encuentra en desarrollo, se evidencia en la composición del mismo. El libro consta de tres partes. La primera comienza con el análisis de las tendencias generales del desarrollo de la psicología social so viética y seguidamente con el camino a seguir en la formación de nuestras representaciones acerca de la esencia y particularidades de la activación intragrupa! en el colectivo; en la segunda parte vol vemos a la característica psicológica desarrollada como resultado de las investigaciones experimentales realizadas bajo nuestra dirección.

 

De   esta   manera,      los     fenómenos  socio-psicológicos estudiados

 

aparecen en el libro dos veces: 1) como etapas del proceso de for­ mación de la concepción estratOmétrica y 2) como componentes de

su  estructura.  Esto  permite  analizar  integralmente  los  conceptos

 

introducidos en la práctica científica (autodeterminación colectivis­ ta, unidad valorativa y de orientación, identificación emocional

 

activa de grupo, etc.) y los procedimientos y hechos experimentales que se encuentran detrás de los mismos.

 

En la tercera parte se ha reflejado el paso a la formación de la teoría socio-psocológica especial que se fundamenta en el prin cipio de la mediatización de las relaciones interpersonales por la actividad. El problema de su validación externa e interna, el aná lisis de algunas concepciones particulares originadas por ella (por ejemplo, la concepción de la efectividad de grupo), .tos intentos

 

de    aplicar        sus    deducciones para   resolver      las     tareas prácticas       y,

 

ante todo, las pedagógicas, su comparación en lo referente a las posiciones fundamentales con la psicología social burguesa tra dicional y su relación con la · teoría psicológica general, abarcan el contenido de la parte final del libro.

Claro está, el redactor y el colectivo de autores reconocen que diferentes aspectos y partes de la teoría expuesta aquí se hallan hoy día en diversas etapas de elaboración experimental y teórica

 

 

5

 

(y esto no puede dejar de reflejarse en el carácter de la exposición), que en algunos capítulos no hay uniformidad al presentar el mate rial empírico y las generalizaciones, los hechos y las hipótesis. Sin embargo, es necesario considerar que cada año de trabajo investi­ gativo nos trae nuevas hipótesis y datos, y que surgen nuevos vi

 

rajes en  el estudio       de  la psicología   del colectivo  dentro      del  marco

de    la       psicología   analizada    aquí;  y,      al       mismo  tiempo,    al  recordar

que  el       proceso       de      desarrollo  de        cada  nueva teoría y  el   avance  de

 

sus distintas partes, se diferencian inevitablemente por su falta de uniformidad, hemos considerado conveniente no intentar hacer

cierta exposición sistemática de la misma.2

 

La monografía Teoría psicológica del colectivo es un trabajo colectivo de los colaboradores del laboratorio Investigaciones Psico lógicas de la Personalidad en el Colectivo del Instituto de Inves tigación Científica de Psicología General y Pedagógica de la ACP de la URSS galardonado con la Orden Bandera Roj a del Trabajo (jefe de laboratorio A. V. Petrovski) y de trabajadores científicos de otras instituciones que en los estudios científicos contemporá neos han recibido el nombre de «colegio invisible», un grupo de científicos unidos por un enfoque únit:o de los fenómenos . esto diados y una plataforma teórica general, aunque no están obliga toriamente bajo el mismo techo. No todos los miembros de este «colegio invisible» escribieron directamente los capítulos del libro, pero su aporte al estudio de la problemática fundamental del labo ratorio es altamente valorado por nosotros. En relación con esto deben nombrarse V. V. Abramenkova, V. A. Bakeev, S.· A. Budassi, A. l. Dontsov, L. A. Glazova, V. A. Zozul, L. E. Komarova, Z. V. Kuzmina, A. l. Papkin, T. A. Polozova, V. F. Sáfin, M. l. Frolova, N. M. Shvaleva, T. B. Davidova y muchos otros.

 

 

 

A. V. Petrovski es el autor de los capítulos 1, 2, 12; A .V. Pe trovski y V. V. Shpalinski, del capítulo 3; l. A. Oboturova y .A. A. Turovskaia, del capítulo 4; A. V. Petrovski y M. A. Turevski,' del capítulo 5; L. A. Sujinskaia, del capítulo 6; A. V. Petrovski y V.

 

 

2     En 1978 se editó de A. V. Petrovski y V. V. Shpalinski La psicología

 

social        del colectivo.        Este libro    es un material didáctico para los estudiantes

de    los     centros de   enseñanza superior pedagógica y en algunas partes refleja

las   investigaciones     teóricas  y   experimentales  realizadas  sobre  la  base  de

 

la concepción estratométrica, fundamentalmente en 1973-1974. Muchos con ceptos y hechos empíricos que se citan en él se han precisado en la pre sente monografía a la luz de los últimos datos científicos.

 

 

6

 

A. Petrovski, del capítulo 7; E. V. Schedrina, del capítulo 8; R. S. Nemov, del capítulo 9; A. S. Morozov, del capítulo 10; A. V. Pe

 

trovski, T. V. Sneguireva y Yu. V. Yanotovskaia, del capítulo 11 .

 

R . S . Nemov, M . Yu. Kondratiev, T . V . Sneguireva y Yu. V. Yanotovskaia realizaron un gran trabajo en lo concerniente a la preparación del original para su edición. La relación de trabajos realizados sobre la base de los principios de la concepción estra tométrica se elaboró por V. V. Abramenkova y la explicación de los términos por R. S. Nemov.

 

El colectivo de autores agradecerá a todos los lectores las obser vaciones críticas respecto a los materiales de las investigaciones teóricas y experimentales que aparecen en el libro.

 

A. V. PETROVSKI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera Parte

 

 

FORMACION DE LA CONCEPCION ESTRATOMETRICA DE LA PSICOLOGIA DEL COLECTIVO

 

 

En contraposición con las teorías de la dinámica de grupo pre dominantes en el extranjero, y en lo fundamental en Estados Uni dos, que consideran al grupo como un conjunto de interacción y co municación, en 1973 propusimos un nuevo enfoque de los fenó menos de los grupos y colectivos. Este enfoque argumentado des de el punto de vista metodológico y experimental de los procesos de grupo y de la psicología de la personalidad en el grupo, se denominó concepción estratométrica de la actividad grupah

 

Al    tratar de      superar       la       interpretación       mecánica    por       esencia        de      las     relaciones   de      los individuos       en      los       colectivos,  he mos        intentado     incluir         en      el       experimento       socio-psicológico el contenido de la actividad del colectivo, sus objetivos y valores significativos que mediatizan las relaciones interpersonales. El en

 

foque propuesto  fue  productivo,  ante  todo,  porque  superó  de  esta

 

manera     la       tendencia  típica   del     interaccionismo    de      renunciar,       en

 

 

nombre de la pureza del experimento, a recurrir al aspecto de con

 

tenido de la actividad del grupo ·y trabajar de manera preferente con material insignificante y comunidades con carácter de grupos

 

difusos, y la tendencia a «formalizan»> al máximo la investigación y con elfo mistificar� voluntaria e involuntariamente, sus resol

 

tados. También tuvo gran importancia la contraposición de de terminados fenómenos y dependencias socio-psicológicos pro píos del colectivo como grupo peculiar, a los fenómenos y depen dencias establecidos por la psicología social para los grupos pe queños en general y, como se aclara, en lo fundamental para el grupo difuso reunido casualmente.

 

 

La concepción estratométrica no es una cuestión aislada en la formación de la psicología social soviética, pues constituye una determinada etapa de su desarrollo y tiene su prehistoria.

 

 

9

 

La primera parte del libro se dedica a exponer el proceso de formación de la concepción estratométrica, su prehistoria más cer cana, las características de sus rasgos esenciales y particulares, así como el desarrollo de su problemática teórica y experimental.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1

 

 

VÍAS DEL DESARROLLO DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL EN LA URSS

 

Desde los primeros años  después del Gran  Octubre se tuvo interés por los problemas  de la  psicología social. Este interés  se radicalizó en  las       transformaciones  sociales  verdaderamente grandiosas, las cuales    se       reflej aron  de  manera  perceptible    en  la psicología  de       los hombres       y  produjeron        en  ella  avances   y       cambios  nunca  vistos antes.  El       estudio  de  las      propiedades  del    alma  humana,  ignorando casi por completo como esta alma se ha mostrado y manifestado en la vida real, no pudo satisfacer el pensamiento científico en desa rrollo. En aquel momento, a los psicólogos les interesaba el hombre histórico, concreto y lleno de vida; a muchos no les satisfacía el estudio del hombre en general, visto fuera de tiempo y espacio.1

 

Al parecer, este  interés podría  satisfacer una disciplina científica especial aún no denominada como psicología social, pero ya pre sentada como tal y formada en sus rasgos fundamentales en los trabajos de W. Wundt, G. Tarde, McDougall, É. Durkheim, L. Lévi­ Bruhl y S. Freud en el extranjero, y en los trabajos de M. Lavrov, N. Mijailovski, L. Petrazhitski, de Roberti y D. N. Ovsiannikov­ Kulikovski en Rusia. Sin embargo, la evidente inconsistencia meto dológica de estas escuelas científicas y la inconstancia de sus fun damentos filosóficos, no permitieron que se continuaran desarro liando las teorías socio-psicológicas de los autores señalados en la etapa rusa y en el período posterior a Octubre.

 

En  los  primeros  años después  de la       Revolución  de     Octubre,

la  psicología  «objetiva»»,    en  lo  fundamental  la  reflexología  en  sus

1 P. Kruglikov: «En búsqueda del verdadero       hombre»», ensayo 1, en La

psicología  contemporánea y su  afinidad con      las     ciencias  acerca     de la  cul­

tura y la sociedad, Kazan, 1921 (en ruso).                   

 

 

10

 

diversas modificaciones, ocupó un primer plano y comenzó a de sempeñar un papel rector en la ciencia acerca del hombre. El mis mo proceso se observa en la psicología social. V. M. Bejterev pu

blica su Rejlexología     colectiva, en la cual trata de reducir   las leyes

de    la       psicología  de       las  masas  a  las  principales leyes físicas  (ley  de

la     inercia, ley  de  la  resistencia  igual  a la  acción, etc.).  En       uno  de

 

los artículos que se asemejan en cuanto al contenido a la Rejlexo­ logía colectiva, V. M. Bejterev, siguiendo a G. Tarde y a McDou gall, formula la «ley del ritmo» o la «ley de la periodicidad», pa sando fácilmente de las formas del movimiento periódico ana lizadas por la fisica (el movimiento browniano, la rotación de la Tierra alrededor del Sol y de su eje, la oscilación del péndulo) a los hechos socio-psicológicos, por ejemplo, a las oscilaciones de la dis posición combativa de los soldados durante la guerra.2 Al borrar la diferencia de principio entre la naturaleza biótica y abiótica, universalizando de manera consecuente las leyes físicas y bioló gicas existentes, inventando nuevas, Bejterev creó muchos princi pios (de la mutabilidad, de la inercia, de la diferenciación, de la adhesión, de la reproducción, de la selección, etc.), a los cuales se subordinan la naturaleza y la sociedad en su desarrollo.

 

 

Es indudable la existencia de cierta afinidad entre las «leyes de la reflexología colectiva» y las «leyes tectológicas» inventadas por

 

A. Bogdanov. Sin embargo, sería erróneo identificar la filosofía de Bogdanov y la metología de Bejterev. El camino de Bejterev es la evolución de la psicología idealista subjetiva a la reflexología, en la cual son particularmente notables las estructuras vulgares-bio­ lógicas y vulgares" sociológicas. El camino de Bogdanov es del ma terialismo espontáneo a la revisión filosófica del marxismo, desde las posiciones del machismo y del empiriomonismo, la cual trató de enmascarar después de la revolución «izquierdista» de las tesis me­ canicistas, incluso haciendo referencias reflexológicas. Sin embargo, en la década del 20 la «reflexología colectiva»» de Bejterev resulta consonante con las teorías sociológicas de Bogdanov.

 

Al comprender al hombre como un prototipo fisiológico por ex celencia, Bejterev también comprendía la sociedad como una simple

 

2     V.      M.     Bejterev:     «Acerca      de      las     leyes  fundamentales  del  mundo  ante

un   análisis       objetivo      de      la actividad correlativa  del     hombre y de su vida

social        desde el punto      de      vista  de      la reflexología'»,  en       Custiones del estudio y la

educación de la personalidad, 1921, nos. 2 y 3 (en ruso).

 

 

u

 

máquina  fisiológica.  Como  resultado  de  esto,  fue    incapaz,  claro

está, de establecer determinadas leyes sociales eficaces.                           

El    enfoque reflexológico  se  convertía en  abstracción        al  aplicarse

a  determinada  personalidad,  pues  la  reflexología  no consideraba

todos        los  aspectos de  la  conducta  del  hombre,  al        representar  a

este último         como una    simple         máquina  fisiológica.      El       análisis       de

la  sociedad        como un     conjunto     de  máquinas  energéticas  fisiológi

cas,  como  lo      hacían  los  reflexólogos, sería  aún    más   absurdo.  La

 

crítica       marxista     a        las     premisas     metodológicas      de      la       reflexología

 

se  apoyó  en  los  postulados planteados  por  V.  l. Lenin  en  su  tra

 

bajo Materialismo y empiriocriticismo. De esta manera, V. l. Lenin escribió: «¿Puede uno representarse cosa más estéril, más muerta,

más  escolástica  ( . . . ) que  semejante  sarta  de  términos  biológicos

y     energéticos  que  no       significan  ni  pueden  significar  absolutamen

te     nada en el    terreno        de las ciencias sociales?*»3 y subrayaba:  «En

 

realidad no puede llegarse a ninguna investigación de los fenó menos sociales, a ningún esclarecimiento del método de las ciencias sociales recurriendo a esos conceptos. No hay nada más fácil que aplicar una etiqueta "energética" o "biológico-psicológica" a fenó menos como las crisis, las revoluciones, la lucha de clases, etcétera, pero tampoco nada hay más estéril, más escolástico y más muerto

 

que esa ocupación.'*4

 

Para los filósofos y psicólogos que se han mantenido en las posiciones del marxismo estaba claro que la «reflexología colee

 

tiva*», la «filosofia del espíritu** y las teorías biológico-socioló gicas semejante a ellas, sólo son un intento de llevar «al lenguaje de los reflejos» las escuelas psicológicas en sociología, lo cual fue,

 

en resumidas cuentas, una corriente idealista. En este caso, los críticos hicieron una deducción correcta acerca de que el materia lismo mecanicista, la base filosófica de todas las normas de la

reflexología,  nunca  puede  elevarse a  los  criterios  científicos  acerca

de    la       sociedad     y       la  personalidad.   El  idealismo  en  la  comprensión

de    la       historia       se      entendió, de esta   manera, como una tara orgánica

y constante del. materialismo mecanicista.

       La  posibilidad  misma  de  la  crítica  consecuente  del  método  re

flexológico en la psicología social,  se hallaba en dependencia· directa

 

-como ya se subrayó y es necesario subrayar de nuevo- del plan-

 

 

3     V. l. Lenin: Obras completas, t. XIV, p. 324 (en ruso).

 

4     Idem, p. 325.

 

 

12

 

teamiento leninista acerca de la falta de rigor científico de la cues tión de llevar los conceptos biológicos a la esfera de las ciencias sociales.

 

La crítica de Lenin a Bogdanov, quien no se ocupaba de la investigación marxista, sino de superar los resultados antes logra dos en lo referente a la terminología biológica y energética, sirvió de base para criticar las diversas teorías reflexológicas y socio­ psicológicas.

 

El siguiente planteamiento de V. l. Lenin tuvo una extraordina ria importancia en este sentido. Al señalar una cita de la carta de C. Marx a L. Kugelmann respecto a los criterios de F. Lange,

subrayó:  «Lo     fundamental  de  la crítica  de  Lange hecha por Marx

no   estriba  en   que  Lange  introduzca  en  especial  el  malthusianismo

en    sociología,  sino  que     la  aplicación  de  las  nociones  biológicas

en    general a     las ciencias  sociales es una frase. *5 Esta tesis marxis

 

ta se tomó como un arma para luchar contra las teorías meca­ nicistas e idealistas en la esfera de la psicología social.

 

El ·llamado        criterio        psico-neurológico acerca         de      la  sociedad       (la

 

 

lucha  de   clases,  la  revolución,  la intelectualidad,     la       construcción

del   partido,       la  juventud,  etc.)  desarrollado  por  A.      B.      Zalking  en

una  serie  de      artículos, compilados     más tarde con el    título de Notas

 

acerca de la cultura de la época revolucionaria, es semej ante a la variante reflexológica de la psicología social. Las concepciones socio-psicológicas de A. B. Zalking eran una combinación capri chosa del biologismo vulgar, el freudismo y la fraseología ultrarre volucionaria.

 

El  sistema  de criterios de  M.  A.  Reisner  fue otra  variante  a

 

la  teoría  de  la  psicología  social.  Sin     ser  especialista  en  psicología,

 

Reisner llegó a ella a partir de la rama del derecho, de la socio logía y de la ciencia del Estado. En los años anteriores a la re volución, asimila la teoría psicológica del derecho de L. l. Petra­ zhitski/ La comparación de las ideas de este último con fas ideas del poco conocido, pero singular pensador, partidario de Feuer bach, L. Knapp, condujo a Reisner a la idea de la posibilidad de compatibilizar la teoría psicológica del derecho como una vivencia

 

 

5     V. l. Lenin: Obras completas, t. XIV, p. 325.

 

  M. A. Reisner: La teoría de L. 1 Pctraz/iitski, el marxismo y la ideología social, San Petersburgo, 1909 (en ruso).

 

 

13

 

emocional con la interpretación materialista del origen y del con tenido de clase de las normas jurídicas.

 

Al dirigir después de la Revolución de Octubre el estudio de los problemas de la psicología social en la Academia Socialista y más tarde en la Comunista, M. A. Reisner intenta unir las concepcio nes de L. l. Petrazhitski y de L. Knapp a la teoría del materialismo histórico de C. Marx, como al psicoanálisis de Freud.7 Sobre esta

 

base estructura    la «psicología de las masas». En los debates acerca

de    la       ponencia     de  M.  A.  Reisner  «Problemas  de  la  psicología  y

de    la       teoría  del    materialismo  histórico» (8  de febrero  de  1923) · en

 

la Academia Socialista,º se señaló con razón que el ponente atribu ye injustamente a C. Marx el criterio de la pasión y las fuerzas

 

psíquicas como fuerzas motrices del desarrollo social y el criterio de la motivación psicológica como un potente fermento e impul sor del progreso social. En relación con esto, quienes participaron

 

en los debates no dudaron de los razonamientos de M; A. Reisner, semejantes al freudismo, acerca de las «sugestiones», los «éxtasis eróticos», los posibles «impulsos sexuales», como algo motriz, de terminante y rector de la vida social. Quedó claro que la con cepción socio-psicológica de Reisner es la psicologización del ma terialismo histórico («marxismo psíquico»), otra variante de la corriente psicológica, en principio errónea, en sociología.

 

Además, en los trabajos de M. A. Reisner, como de muchos otros filósofos y psicólogos soviéticos contemporáneos con él, ya se observaba una tendencia correcta a utilizar los trabajos de los clásicos del marxismo-leninismo para estudiar problemas socio­ psicológicos concretos.

 

Desde el punto de vista del materialismo histórico, el proceso de producción es un proceso social y el individuo que produce es un

 

individuo  socialmente condicionado.       He     aquí   por    qué    F.       Engels,

 

al señalar los períodos de transición del animal al hombre, plantea

 

la extraordinaria importancia del lenguaje y del habla. Este hecho, subraya Reisner, «hasta estos momentos, en virtud de toda una serie de condiciones, no pudo manifestarse debidamente en la lite ratura marxista, pero, como ustedes pueden ver, fue planteado por nuestros fundadores».9 En relación con esto, Reisner plantea

 

7     M. A. Reisner: Problemas de la psicología social, Moscú, 1925 (en ruso).

 

8  Boletín de la Academia Socialista, 1923, no. 3 (en ruso).

 

9     Idem, p. 2.

 

 

14

 

la necesidad de estudiar los problemas de la psicología del len guaje como uno de los medios de comunicación. Más tarde, Reís ner, apoyándose en la teoría marxista y en los trabajos de l. M. Sechenov e l. P. Pavlov, argumenta la necesidad de desarrollar de manera intensiva la psicología del trabajo y formula la posibilidad de la argumentación científica de la psicotécnica como la organi zación más racional del aspecto psíquico del trabajo. En la misma

 

ponencia, Reisner plantea, ante psicólogos y sociólogos, la tarea de aclarar, basado en la teoría de C. Marx y F. Engels, los tipos de psi cología de clase y de grupo que se forman sobre la base de deter minado nivel de las fuerzas productivas y de las formas de pro ducción social.

 

Ni el propio Reisner, ni sus colegas tenían en esta etapa deter minadas posibilidades reales para resolver concretamente todas estas tareas que se plantearon en general correctamente. Los mé todos con los cuales estaba dispuesto Reisner a resolver los pro blemas de la psicología social y que eran, por excelencia, tomados de otras ramas -de la reflexología, la reactología, el psicoanálisis

de Freud o de la sociología especulativa burguesa- no se adecuaban en absoluto al carácter y la esencia de los objetivos planteados y sólo podían conducir a un callejón sin salida a la naciente rama de la ciencia psicológica. No es casual que en el libro de Reisner Problemas de la psicología social que, de acuerdo con la idea del autor, debía ser un paso hacia la creación de una psicología social estructurada desde el punto de vista marxista, las páginas más brillantes se han dedicado a la exposición de la teoría de Freud.

 

La psicología colectiva de L. N. Voitolovski formulada en aque llos años, se aproxima en considerable grado a la psicología social de Reisner. Como Reisner, Voitolovski trata de crear la psicología social sobre la base de los principios de la concepción marxista, y reconoce, como causa primaria de los fenómenos sociales, la producción social, las fuerzas productivas, respecto a las cuales los «factores psíquicos e ideológicos son secundarios».10

 

La investigación  de la naturaleza y  de la importancia  del  sentí

 

miento      colectivista en      el       proceso       del     desarrollo   social,       debe  ser,

 

de    acuerdo       con    el       criterio        de      Voitolovski, una    de      las       primeras

 

tareas de la psicología social contemporánea y, por eso, es nece-

 

10   L. N. Voitolovski: «Notas de la psicología del colectivo», 1 parte, en Psicología de las inasas, Moscú-Leningrado, 1925, p. 16 (en ruso).

 

 

15

 

¿      ario continuar, en este sentido, la línea de las investigaciones marxistas. Al mantener en lo fundamental el punto de vista marxis ta en el capitulo introductorio de sus Notas, dista mucho Voitolovs­

 

ki de ser consecuente en todo; al pasar al contenido concreto de los problemas de la psicología social («¿Qué son las masas?», «Las masas y la personalidad», «La naturaleza emocional de las masas», «Leyes de la acción de las masas»), recurrió a la posición del sub jetivismo burgués tradicional semej ante al de G. Lebon y M. N.

 

Mijailovski. Esto se corrobora en particular por el epígrafe prece dente al capítulo «¿Qué son las masas?», el cual fue tomado de L.

 

Ward: «Los fenómenos de la psicología subjetiva y precisamente de la sensación, tomados en su conjunto, constituyen un elemento dinámico de la sociedad, o las fuerzas sociales.»11 Como resultado, las «Notas de la psicología del colectivo», interesantes por el ma terial psicológico utilizado en ellas (en particular, el material de las observaciones de algunos fenómenos y acontecimientos de la guerra civil), no salen del marco de la literatura socio-psicológica típica de la escuela empírica subjetiva.

 

Cualquiera  que  haya  sido  el  resultado  final  de  los propósitos

de  la  teoría  de  la       psicología  social  de  A. B. Zalkind,  M.  A. Reis­

ner  y  L.  N.  Voitolovski,  por  infructuosas  que  hayan       sido  estas

primeras  variantes       de  la  creación  de  sus  fundamentos marxistas,

no  debe dudarse  del sincero deseo de sus fundadores de participar

 

activamente  en  la  creación  revolucionaria  y  de  aportar    su  grano

 

de arena al desarrollo de la ciencia psicológica.

 

De  lo antes expuesto  pueden  hacerse  las  siguientes conclusiones:

 

el intento de la teoría de la psicología social marxista en la década

 

del 20 no se coronó con el éxito porque el estudio real de los pro blemas científicos se sustituyó por declaraciones verbales. Los científicos especializados en la esfera de la psicología social no dominaban, de manera suficiente, el marxismo-leninismo para eli minar la combinación ecléctica de éste con la reflexología, la psico­ patología, el freudismo y el empirismo sociológico subjetivo. Los métodos de la investigación socio-psicológica resultaron inadecua dos para sus amplias tareas «valientemente» formuladas. Y aunque la problemática ·socio-psicológica estimulaba el dominio de los planteamientos de los clásicos del marxismo-leninismo y su apli- 11

11   L. N. Voitolovski: «Notas de la psicología del colectivo», 1 parte, en Psicolngía de las masas, p. 17.

 

 

16

 

cación al análisis de los fenómenos socio-psicológicos de la acti vidad revolucionaria, a fines de la década del 20 -como resultado de la crítica de las teorías socio-psicológicas señaladas y, en par ticular, a consecuencia de la total inconsistencia evidente por parte de los reflexólogos en -la solución de las cuestiones de la conducta

 

social y colectivista-, el interés por la psicología social decayó de manera considerable.

 

Las causas que provocaron determinado estancamiento en el de

 

sarrollo     de      la       psicología   social  no    sólo   se      reducen       a       esto.  Entre

 

otros factores que frenaron su desarrollo pueden señalarse dos cir constancias de gran importancia.

 

La primera consistía en lo siguiente. Uno de los signos más importantes del desarrollo de la psicología general en el período posterior a la Revolución de Octubre, fue la contraposición reco nocida por ella de la viej a psicología como psicología muy indivi dualista. La viej a psicología era individualista, por tanto, la nueva psicología debía ser la psicología social; esta idea se postula en todos los manuales de psicología, comenzando por el libro de B.

 

 

M. Bejterev Fundamentos generales de rejlexología (1918) y ter minando con el K. N. Kornilov Libro de texto de psicología (1927).

 

Pero si la psicología es una ciencia social, ¿se necesita una psico logía social especial? El planteamiento de esta pregunta le parece ría a muchos totalmente justa. La situación se hace aún más com pleja porque en la década del 20 la psicología social, como ya se señaló, fue monopolizada por los reflexólogos que no sólo borra ron mecánicamente las diferencias entre la personalidad humana y el organismo biológico, sino también entre el hombre y la sociedad, y todas las ciencias acerca de la naturaleza, el hombre y la sociedad quedaron incluidas dentro de la reflexología. Al mismo tiempo, el destacado representante de la psicología empírica prerrevolucio

 

naria que  dirigió  hasta  1923  el  Instituto  de  Psicología  de  Moscú,

 

G.  l. Chelpanov,  quien  para  los  psicólogos  soviéticos  era  opuesto

 

al materialismo dialéctico (y así era), defendía la creación de la «psicología social marxista», tratando de distraer la atención de los psicólogos para que éstos no reestructuraran la psicología empí rica sobre bases marxistas. Esta táctica de Chelpanov tuvo resis tencia inevitablemente por parte de las fuerzas progresistas en psicología, lo cual trajo como consecuencia secundaria el debili tamiento de la atención a la psicología social como rama inde pendiente de la ciencia.

 

 

 

17

 

Otra circunstancia que frenó el desarrollo de la psicología social es la siguiente: los temores que surgían constantemente acerca de que la psicología social tiene la tendencia de sustituir al mate rialismo histórico durante el estudio de los acontecimientos his tóricos, al psicologizar los fenómenos sociales. Verdaderos argu mentos para este tipo de temores dieron numerosos ejemplos, cuando los psicólogos (incluso con una actitud crítica hacia la ten dencia psicológica en sociología) pasaron al plano del subjetivismo. Entretanto, sería erróneo considerar que la tendencia señalada es inmanente a la psicología social como ciencia y no una conse cuencia de causas históricas concretas. Muchos problemas en la psicología de aquella época se forman correctamente como pro blemas de la psicología social (problemas de relaciones psicoló gicas dentro del colectivo y de formas de conducta del colectivo, la característica psicológica de la solidaridad de clase, de la ene mistad, del odio, del heroísmo, etc.). Con posterioridad, una parte de los mismos formó parte de la problemática general de la psico. logia de la personalidad y sólo en la actualidad se recurre de nuevo a la psicología social.

 

 

 

Sin embargo, sin sustituir el materialismo histórico, la psicología social puede convertirse en su auxiliar. Muchos científicos sovié ticos que realizaban investigaciones relativas a los fundamentos teóricos de la psicología social, llegaron a esta conclusión, al ela

 

borar  un  sistema  de  regularidades  psicológicas        de      la       conducta

social de los hombres en el colectivo.                                                      

       La  teoría  acerca  del  colectivo  planteada en  el  trabajo  de  A.  S.

Makarenko  se  convirtió  en  premisa       para  estudiar        los     problemas

de la psicología social.                                               

       El problema  de  la  personalidad  y   del colectivo         fue     central       para

la  concepción  psicológica  de A.  S. Makarenko.  Él   lo                planteó       como

un   problema  acerca  de  las  direcciones  perspectivas       del     desarrollo

de    la  personalidad,   acerca  de  la  formación  de  la esfera motivacio­

nal de la personalidad y del proceso de formación del carácter. Los problemas fundamentales de la* psicología de la personalidad se formularon por Makarenko en una fuerte polémica con la ínter pretación biogenética y sociogenética de las relaciones de la per sonalidad y del colectivo. La afirmación de los pedagogos y psicó logos de tendencia vulgar-sociológica de que el colectivo es «una reunión de individuos que reaccionan igual ante unos u otros irri tantes»*, ocasionó una fuerte protesta por parte de Makarenko.

 

 

18

 

La comprensmn del colectivo propuesta por Makarenko, prede terminó la cuestión acerca del lugar de la personalidad en el co

 

lectivo y del sistema de relaciones de los hombres: «El colectivo es un conjunto orientado de personalidades organizadas que poseen los órganos del colectivo. Allí, donde existe la organización del colectivo también existen los órganos del colectivo, allí existe la

organización       de      personas     competentes,        responsables         del       colectivo,

 

y la cuestión de las relaciones entre compañeros no es una cuestión de amistad, no es una cuestión de amor, no es una cuestión de vecindad, sino una cuestión de dependencia importante.»»12

 

Este planteamiento de la cuestión posibilitó a Makarenko ejer cer, al modificar la posición del hombre en el colectivo, una in fluencia formadora en la personalidad, de manera que el propio educador no podía sospechar que es objeto de la educación (prin

 

cipio  de  paralelismo  de  la   acción):  «Nosotros        sólo   tenemos  rela

ción con    el       destacamento.      No     tenemos  relación con    la  personali

dad. Ésta   es      la  formulación  oficial.  En  esencia,  ésta  es  la  forma

de  influencia      precisamente        en      la  personalidad,  pero    la  formulación

 

va paralela a la esencia. En realidad tenemos relación con la per sonalidad, pero afirmamos que con la personalidad no tenemos ninguna relación.»13

 

A. S. Makarenko concedía gran importancia al estudio de las cualidades de la personalidad del hombre. Esto se deduce, ante todo, de que Makarenko concebía el objetivo del proceso educa tivo por las cualidades proyectadas de la personalidad, los rasgos del carácter y las tendencias del desarrollo de los mismos que se destacan de manera definida en cada ser humano. La propia rela ción de rasgos de la personalidad que A. S. Makarenko sintetiza en un conjunto general («estado de ánimo de la persona en el colectivo, carácter de sus relaciones y reacciones en el colectivo, su disciplina, disposición o no para la acción, capacidad de tacto y de orien tación, principios y su aspiración perspectiva emocional»), 14 nos indica el profundo análisis psicológico de las cualidades esenciales del hombre soviético.

 

 

 

12   A. S. Makarenko: Obras completas, 5 t. Moscú, 1971, t. 5, p. 210 (en ruso).

 

13   ídem, p. 169.

 

I'     Idem, p. 166.

 

 

1 9

 

Acerca de esto mismo nos habla el esquema del estudio de los educandos, amplio y argumentado contenido en su trabajo «Me tódica de la organización del proceso docente», que comienza con las siguientes palabras. «¿Qué debe saber el educador acerca de cada uno de los educandos?»15 Acerca de esto también nos hablan las magníficas características de los educandos que esbozan con exactitud y laconismo los rasgos formados y proyectados de su personalidad.

 

A. S. Makarenko investigó con profundidad la esfera motiva­ cional de la personalidad y los mecanismos de la formación de sus cualidades socialmente valiosas. Aquí casi ocupa un lugar cen tral el problema de la formación y desarrollo de las necesidades: «El profundo sentido del trabajo educativo y, en particular, del trabajo del colectivo familiar, consiste en seleccionar y educar las

 

necesidades  humanas,  en  llevarlas  a  una  estatura  moral  que  sólo

 

es    posible  en   la       sociedad     sin     clases y       que    sólo   puede incitar       al

 

hombre a la lucha por el perfeccionamiento.»16 En las obras de Makarenko, el problema de las necesidades, el aspecto de la psico logía soviética, se presenta en toda su complejidad.17

 

El profundo contenido de la solución del problema de la moti vación de los actos de los hombres que ofreció Makarenko, no fue asimilado de inmediato por la ciencia pedagógica y psicoló

 

gica, ni tampoco se convirtió enseguida en la base del ulterior desarrollo de los principios más importantes de la metódica de la educación comunista y de la psicología de la personalidad. Sin embargo, en sus obras aparecía un amplio y ambicioso progra ma acerca del estudio de las fuerzas motrices del desarrollo de la personalidad, en el cual el papel fundamental se le concedió a la formación de las necesidades colectivistas. La necesidad moral mente justificada es la necesidad del hombre relacionado con su colectivo por el objetivo único del movimiento, por la unidad de la lucha y por la sensación verdadera e indudable de su deber ante la sociedad: «Para nosotros, la necesidad es prima hermana del deber, de la obligación, de las capacidades; es la manifestación

 

 

15   ídem, t. 5, p. 89.

 

16   A. S. Makarenko: Obras completas, t. 5. p. 39.

 

17   G. A. Fortunatov, y A. V. Petrovski: «El problema de las necesidades en la psicología de la personalidad»», en Voprosy Psijologii (Cuestiones de Psicología), 1956, no. 4 (en ruso).

 

 

20

 

de los intereses no del consumidor de los bienes sociales, sino del trabaj ador de la sociedad socialista, del creador de estos bienes.»18

Puede considerarse que en las obras de Makarenko, de cierta manera, se manifiestan por primera vez ante los psicólogos las posibilidades del análisis de la formación de la personalidad inte gral en el trabajo y en la actividad social. El rasgo más valioso de Makarenko como psicólogo es que superó totalmente la contem plación pasiva de la investigación psicológica de la personalidad. «El conocimiento del educando debe llegar al educador no en el pro ceso de su estudio indiferente, sino sólo en el proceso del trabajo con el mismo y de la propia ayuda activa que éste le brinde. El educador debe ver al educando no como un objeto de estudio, sino como un objeto de educación.»19

 

 

Si el honor de descubrir el experimento natural en psicología le corresponde al destacado psicólogo ruso A. F. Lazurski, al insigne pedagogo soviético A. S. Makarenko le corresponde, por derecho,

el honor de aplicar de manera amplia y flexible este método activo para investigar y formar la personalidad del hombre soviético- Con

 

los trabajos de A. S. Makarenko se inician numerosas investiga ciones acerca de la psicología de la personalidad y de su desarrollo

 

fundadas en  la  intervención  en  la  vida   y actividad  del hombre, en

el proceso  de educación comunista.  Es    difícil sobrestimar el  aporte

de  A.  S.  Makarenko  a  la  creación  de   las     bases  de  la psicología

social marxista-leninista.                         

 

Además de los cambios operados en el contenido de las inves tigaciones socio-psicológicas, también se operan cambios funda mentales en sus métodos.

 

Como circunstancia esencial del desarrollo de nuestra psicología social (como la ciencia afín a ella, la sociología) se ha considerado que en el período inicial de su proceso de formación (casi a fines de la década del 50) a la misma se le privó, en mucho, de su base experimental. Como ya se señaló, a pesar de que en los trabajos

 

y en  la  actividad pedagógica concreta  de A.  S. Makarenko no sólo

 

se crearon los principios del experimento natural psicológico-pe dagógico y socio-psicológico, sino también una rica práctica de su aplicación, la característica y la valoración de los fenómenos socio­ psicológicos, por parte de los psicólogos se realizaron en lo fun-

 

18 A. S. Makarenko: Obras completas, t. 4, p. 40.

 

1 •   Idem, t. 5, p. 91.

 

 

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damental sobre la base de las observaciones y tenían un carác ter especulativo en considerable grado. El punto de vista predo minante en nuestra literatura filosófica acerca de la imposibilidad del experimento en el conocimiento de los fenómenos sociales,

 

contribuyó,         en      gran  medida,  a  esta  situación.  Durante  los  debates

de    fines  de      la       década        del     50     y       principios   de la del       60, renunciaron

a esta posición errónea.                                              

En  el        1       Congreso    de      la       Sociedad     de      Psicólogos       (Moscú,  1959)

no   existía  la  sección de psicología social y el  número  de ponencias

que  se      referían  objetivamente  a  la   problemática        socio-psicológica

 

era muy reducido. Pero ya para el 11 Congreso de la Sociedad de Psicólogos (Leningrado, 1963), la situación cambió de manera sus

tancial.  En  el  congreso  hubo  un  amplio  debate  acerca  del  objeto

 

de  la  psicología  social:        chocaron  dos  puntos  de  vista.  Uno,  según

 

el cual el objeto de la psicología social es la psicología de la per sonalidad, y el otro, de acuerdo con el cual los llamados fenóme nos psíquicos masivos constituyen el objeto de la psicología social.

 

En el 111 Congreso de la Sociedad de Psicólogos (Kiev, 1968), los problemas de la psicología social se debatieron ampliamente. Las cuestiones de la problemática socio-psicológica se discutieron en una reunión especial y, además, en los simposios acerca de cues tiones de la psicología de la personalidad. Las ponencias acerca de la temática socio -psicológica no sólo se referían a los postulados teóricos de carácter general, sino también a datos de investigacio nes concretas.

 

En  el  XVIII  Congreso  Internacional  de  Psicología  celebrado  en

 

1966, los psicólogos soviéticos participaron en el trabajo de una serie de simposios acerca de psicología social, incluso en el simpo

 

sio «Problemas teóricos y metódicos de la psicología social»». Un número significativo de ponencias acerca de psicología social se presentó a los Congresos Internacionales de Psicología en Londres (XIX, 1969), en Tokio (XX, 1972), en París (XXI, 1976). En el

 

IV Congreso de Psicólogos (Tbilisi, 1971) se aceptaron 84 resúme nes de las ponencias e informes acerca de psicología social. El

V     Congreso de Psicólogos (Moscú, 1977) estaba compuesto por cinco simposios acerca de psicología social. En la selección de las tesis del congreso se incluyeron casi 250 informes de los parti cipantes en el congreso.

 

Una vez corroborada como objeto de investigación, la psicología social formó de facto una determinada estructura que incluía tanto

 

 

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secciones de otras ramas de la ciencia psicológica, como nuevas secciones que se formaban por primera vez como rama de esta nueva disciplina científica.

 

En la estructura de la psicología social se incluyen, en la ac tualidad, los siguientes problemas:

 

1) Los fenómenos socio-psicológicos en los grandes grupos (en el macromedio). Aquí se incluyen los problemas de la comunicación masiva (radio, televisión, prensa, etc.), los mecanismos y la efec tividad de la influencia de los medios de comunicación masiva en las diferentes comunidades de personas, las regularidades de la di

 

vulgación  de      la  moda,  de  la    propagación  de  los       rumores,  de

los   gustos         de      carácter  general,  de  los  ritos,        de  las       prevenciones,

de    los  estados de  ánimo  de  las  masas,  etc.  Podríamos  nombrar

 

aquí el problema de la psicología de las clases, de las naciones, etcétera; sin embargo, no contamos, en realidad, con investigaciones psicológicas en esta rama.

 

2)    Los fenómenos socio-psicológicos en los grupos pequeños (en el micromedio). Aquí se incluyen los problemas de la com patibilidad psicológica en los grupos cerrados, de las relaciones interpersonales en los grupos, de la atmósfera de grupo, de la co municación, del status del líder de los demás miembros del grupo, de la tipología de los grupos, de la correlación de los grupos for

 

males y no formales, de los límites cuantitativos de los grupos, del grado y de las causas de la cohesión del grupo, de la percepción

 

del  hombre  por  el  hombre  en  el  grupo,  de    las     orientaciones        de

valor  del  grupo  y  muchos  otros.  Aquí  debe  incluirse  el problema

de  las  particularidades  psicológicas  del  colectivo     como grupo de

un nivel superior de desarrollo.                                            

 

3)    Las manifestaciones socio-psicológicas de la personalidad del hombre (psicología social de la personalidad).

 

La  personalidad  del  hombre  puede  analizarse  en  psicología

 

desde diferentes puntos de vista; por ejemplo, desde el aspecto de su tipología. En este plano se manifiestan las particularidades

diferenciales psico-fisiológicas y psicológicas de la personalidad: el temperamento, el carácter como síndromes de las correspon dientes cualidades psicológicas. La personalidad puede analizarse

 

en psicología desde el punto de vista de las exigencias que le plan tea la actividad socio-laboral. En este plano se evidencian las par-

 

 

 

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ticularidades de la personalidad. Por último, la personalidad puede analizarse en su desarrollo. Aquí se toman en consideración los problemas de la formación de la personalidad, los problemas de las particularidades de edad de la personalidad. En todas las ca racterísticas señaladas predomina el aspecto psicológico y ontoge nético general del análisis.

 

Sin embargo, la personalidad del hombre puede ser objeto de estudio propiamente socio-psicológico. Esto ocurre cuando trata mos de aclarar hasta qué punto la personalidad se corresponde con las expectativas sociales en los grupos grandes y pequeños, cómo y hasta qué punto la personalidad asimila la influencia de estos grupos, de qué manera la misma asimila las orientaciones de valor de los grupos y cuál es la dependencia de la auto valoración (de la imagen del «yo», de la concepción del «yo»), de cómo la perso nalidad valora al grupo del cual forma parte y cómo la valora este grupo. En una palabra, la personalidad se convierte en objeto de la psicología social cuando la misma se toma en el sistema de sus interrelaciones con el grupo y cuando se explican sus rasgos y par ticularidades (de la personalidad) como constituyentes de una pro yección en estas interrelaciones. Además, la personalidad puede analizarse en el sistema de interrelaciones con los diferentes gro pos, organizados o no organizados, de referencia (modelos) o aque

 

 

llos  a        los     cuales  la  personalidad  sólo  pertenece       de      manera  exter

na,  grandes  o  pequeños,  reales  o  convencionales,    etc.  Por  eso,

dentro       de      los  problemas  de  la  psicología  social      de      la  personalidad

se incluyen los problemas  seleccionados con el estudio de la orien

 

tación  de  la  personalidad,    de  su  autovaloración,  de  su  estado de

 

ánimo  y  del  respeto  a  sí mismo,  de  la  estabilidad  de  la  persona

 

lidad  y  de  la  conformidad,  del  colectivismo  y  del  individualismo,

 

las cuestiones relacionadas con el estudio de las normas de la per sonalidad y de su dinámica, de las perspectivas de personalidad y de las frustaciones, etcétera.

 

Los tres grupos de problemas antes señalados no pueden ser, claro está, ni opuestos ni ordenados unos respecto a otros. Se pre sentan ante nosotros en una unidad condicionada por la unidad de la personalidad y la sociedad, por el conjunto de relaciones en las cuales se determina la esencia de la personalidad.

 

Al estudiar la problemática de la psicología social, los especia listas afrontaron muchas dificultades de carácter teórico y meto dológico. Hallar las vías para su superación era prácticamente la

 

 

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más importante tarea o el conjunto de tareas que se planteaban a los trabaj adores científicos en la esfera de la psicología social.

 

Fue necesario darse cuenta que muchos conceptos fundamentales en los que se describen fenómenos socio-psicológicos, como las me tódicas concretas, mediante las cuales se realiza el análisis socio­ psicológico, en virtud de una serie de circunstancias históricas se tomaron de investigaciones (y de la terminología) de la psicología

 

extranjera contemporánea.

 

¿Cuál debe ser la actitud a asumir respecto a estos conceptos, concepciones y metódicas? Como es evidente, en ellos no podía dejar de reflejarse la teoría psicológica extranjera, a veces abierta mente opuesta a nosotros. Pero ¿sería conveniente renunciar a unos u otros conceptos socio-psicológicos y a procedimientos con cretos de investigación sólo porque se utilizan por la ciencia bur guesa? Los psicólogos soviéticos tuvieron que rectificar los con ceptos socio-psicológicos tradicionales para eliminar las partes teó ricas extrañas y si detrás de éstas había fenómenos psicológicos objetivos tenían que dar una interpretación metodológica corree ta a estos últimos. En este caso fue imposible limitarse a la inter pretación teórica de los materiales experimentales* extranjeros ya existentes y a la utilización de los conceptos y términos emplea dos en la esfera científica. Fue necesario plantear nuestras inves tigaciones experimentales a partir de las concepciones psicológicas marxista-leninistas de la personalidad y el colectivo, y en una serie de casos aprobar nuevos conceptos científicos y crear, cuando fue necesario, la terminología socio-psicológica en correspondencia con estas concepciones. Sólo por esta vía fue posible hacer una crítica convincente, constructiva y de principio de la psicología social burguesa y trazar las nuevas vías de desarrollo de la psicología social soviética.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Capítulo 2

 

 

SURGIMIENTO Y ESENCIA DEL ENFOQUE ESTRATOMÉTRICO EN LA PSICOLOGÍA DEL COLECTIVO

 

Los problemas psicológicos de la formación y funcionamiento de los colectivos, siempre han llamado la atención de los psicólogos soviéticos, quienes ven · el colectivo el eslabón de enlace entre la personalidad y la sociedad y subrayan la extraordinaria impor · tancia que adquiere el colectivo en la sociedad socialista, en par

 

ticular en la actual etapa de desarrollo del progreso científico-téc* nico y social en nuestro país.

 

Es difícil sobrestimar la importancia del enfoque correctamente hallado de la comprensión de los fenómenos propiamente socio­

 

psicológicos de las interrelaciones y de la interacción de los miem bros del colectivo: la cohesión del colectivo, el clima psicológico

 

en él, la percepción del colectivo por parte de sus participantes, su compatibilidad en él, el estado de ánimo y el respeto a sí mismo

de la personalidad en el colectivo, las perspectivas de la persona lidad en el colectivo en relación con las perspectivas del propio colectivo, etc. Para resolver las cuestiones señaladas, la psicología soviética pudo utilizar y, en una serie de casos utilizó exitosamente, la experiencia acumulada en el pasado en cuanto a la compren sión y formación de los colectivos y, ante todo, la experiencia de

 

A.    S. Makarenko. Con posterioridad, la comprensión que parte de A. S. Makarenko acerca del colectivo como un grupo de per* sonas unido por objetivos comunes socialmente significativos de la actividad, adquiere un carácter general.

En la década del 60, las exigencias del progreso científico-téc nico en el país contribuyeron a la formulación de la problemática socio-psicológica de los colectivos: de producción (E. S. Kuzmin,

 

B. V. Shorojova, O. I. Zotova, K. K. Platonov, S. S. Chugunova, A. A. Rusalinova y otros), científicos (M. G. Yaroshevski, V. P. Kaptsev y otros), escolares (L. I. Umanski, Ya. L. Kolominski, A. N. Lutoshkin, A. S. Chernishev, P. A. Prosetski, R. J. Shakurov y otros), militares (A. D. Glotochkin, A. I. Kitov, A. M. Stoliaren­ ko, N. F. Fedenko y otros) y otras comunidades agrupadas según determinadas características especiales.

 

 

 

26

 

La mayoría de los autores que elaboran la teoría soeio-psicológi ca consideran al colectivo como un determinado tipo de grupo. De esta manera, B. D. Pariguin escribe: «El colectivo es un micro­ grupo en el cual todos sus componentes están unidos por una ac tividad especial conjunta y están cohesionados fuertemente por la comunidad de valores y de normas de conducta del grupo.»1 En G. S. Antipina leemos: «La teoría de los grupos pequeños, teoría sociológica parcial, el objeto de estudio es la estructura y funciona

miento de los colectivos sociales pequeños y su interacción con la sociedad y la personalidad.»2 Desde el punto de vista de V. l. Zat sepin, el colectivo es una estructura compleja en la cual actúan como partes componentes las relaciones del grupo en general (o de sus miembros) respecto a la actividad y las estrechas relaciones interpersonales y el grupo (personales y de trabajo).3 De acuerdo con el criterio de N. S. Mansurov, el colectivo se caracteriza por una seriedad de rasgos de gran importancia entre los cuales se pueden citar: la unidad de objetivos socialmente significativos y la unidad de la actividad, el carácter específico de la estructura y las relaciones de dirección y subordinación.4 K. K. Platonov definió el colectivo como un grupo de personas que participa en la socie dad y que se ha unido por objetivos comunes y motivos afines de la actividad conjunta, subordinados a los objetivos de esta sociedad.5

 

 

 

Todas estas definiciones son, en sentido general, por sí mismas totalmente justas, pero es necesario señalar que al enfatizar en los objetivos sociales de la actividad conjunta que fortalecen el colee tivo, los autores de estas definiciones no propusieron los métodos para explicar las relaciones específicas existentes en el colectivo

 

 

1     B. D. Pariguin: Fundamentos de la teoría socio-psicológica,  Moscú, 1971,

 

p. 313 (en ruso).

 

2     Enciclopedia Filosófica, Moscú, 1970, t. 5, p. 213 (en ruso).

 

3     v. l. Zatsepin: «Acerca de la estructura de la comunidad vertical en el colectivo», en la selección: La dirección y el papel del líder, Leningrad©, 1973 (en ruso).

 

  N. S. Mansurov: La experiencia de /,a planificación del desarrollo social de los colectivos de producción, Moscú, 1972 (en ruso).

 

5     K. K. Platonov: «Problemas generales de. la teoría de los grupos y de los colectivos», en la selección: El colectivo y la personalidad. Bajo la direc ción de E. V. Shorojova, K. K. Platonov y otros, Moscú, 1975, p. 13 (en ruso).

 

 

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al recurrir a estos objetivos socialmente significativos y a la pro­ pia actividad conjunta. De esta manera, las diferencias del colec­ tivo respecto al grupo pequeño quedaron en el plano de las teo­ rías sociológicas, pero no llegaron a conocerse en la esfera de la investigación propiamente socio-psicológica orientada a los meca­ nismos de las relaciones interpersonales en los colectivos en com­ paración con otros grupos .

 

A principios de la década del 70, como áreas de incremento se seleccionaron las investigaciones en la esfera de la diferenciación de grupo mediante las metódicas sociométricas, los problemas de com­ patibilidad y la cohesión del grupo, algunas cuestiones de la per­ cepción social (en lo fundamental, la percepción del hombre por el hombre), así como los problemas de la conducta de la perso­ nalidad en las condiciones de la presión del grupo (problema de conformidad) . Quedó claro que la correcta comprensión de la esen­ cia del colectivo en el plano sociológico, a pesar de toda su im­ portancia, no puede garantizar por sí misma la solución de nu­ merosas tareas psicológico-concretas y, ante todo, las tareas rela­ cionadas con el diagnóstico diferencial de los grupos y colectivos

 

y con la investigación cualitativa y cuantitativa de sus parámetros más importantes . La tarea propiamente socio-psicológica de la in­ terpretación científica de las relaciones interpersonales en el colec­ tivo, se transformó en un problema metódico, se tomó conciencia de la necesidad de elaborar y utilizar metódicas experimentales

 

adecuadas acerca del estudio de los colectivos y de la personalidad en el colectivo .

 

La carencia de métodos experimentales fue detectada por todos . Se agudizó de manera considerable el interés de los investigadores por las metódicas de medición, las cuales permitirían introducir las características cuantitativas en los procesos estudiados de la «dinámica de grupo» al eliminar la limitación del enfoque pre­

 

rentemente descriptivas de los fenómenos socio- psicológicos . En estas circunstancias es comprensible por completo que muchos la­ boratorios socio-psicológicos de Moscú, Leningrado, Minsk y de otros centros científicos, hayan recurrido a los trabaj os de psicó­ logos norteamericanos y europeos para obtener el instrumental experimental necesario, sin interrumpir las búsquedas de sus pro­ pias vías de solución para los problemas planteados. ¿Qué podría darle en este sentido la ciencia socio-psicológica de Occidente?

 

 

28

 

En la amplia gama de investigaciones socio-psicológicas norte­ americanas se destacan numerosos trabajos orientados al estudio de grupos, de las comunidades de contacto, en las cuales se rea­ lizan las interrelaciones y las interacciones de las personas . Si dejamos a un lado la larga prehistoria, podemos decir que la base de estas investigaciones la creó el seminario acerca de los grupos pequeños, celebrado en Harvard, el cual destacó la problemática correspondiente y a los psicólogos interesados en su elaboración (R. Bales, A. Zander, D. Cartwright y otros) . El campo claramente delimitado del estudio experimental, la ingeniosidad en la creación de los procedimientos metodológicos y, por último, la perspectiva prometedora de comprender el mecanismo de interacción de los hombres en la actividad de producción conjunta -la cual ha des­ pertado gran interés y, por consiguiente, la realización de inver­ siones de los contratistas -, contribuyeron a transformar este cam­ po de la psicología social en uno de los más populares y de mayor perspectiva. Sin embargo, ¿qué representaba esta teoría psicológica, de la cual emanaban numerosas investigaciones en la esfera de los grupos pequeños y en la cual resultaban orientados nuestros psicólogos sociales? Sin tratar de abarcar toda la diversidad de las concepciones socio-psicológicas, adoptadas en Occidente -y, ante todo, en Estados Unidos-, sólo señalemos que las más influyentes fueron las tendencias socio -psicológicas que analizaban el grupo pequeño como un conjunto de actos interaccionistas y comunica­ tivos de carácter preferentemente emocional (simpatía, antipatía, indiferencia, aislamiento, moldeabilidad, subordinación, agresión, etcétera) . Estas ideas fueron desarrolladas en los trabajos de G. Zimmel, Ch . Cooley, y más tarde R. Bales, D. Cartwright, G. Homans, S. Ash, R. Crutchfield y muchos otros . ¿Acaso no se con­ sideró como principal criterio objetivo del grupo pequeño la fre­ cuencia de la interacción con la cual resultan lógicamente relacio­ nados el conformismo (L. Festinger, S. Ash) y algunos otros pará­

 

metros ?

Para estos psicólogos, el grupo pequeño es un grupo de personas relacionadas entre sí durante cierto período de tiempo (G. Homans); cierto número de personas que interactúan de forma unida, que se encuentran en contacto directo (cara a cara), o una serie de con­ tactos; además, en cada miembro del grupo existe la percepción de los demás (A . Harre) . Estas y otras definiciones semejantes a ésta se caracterizaban porque en ellas, por una parte, los rasgos del grupo pequeño eran intencionalmente psicologizados, tomados de

 

 

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un contexto social más amplio que le da el status de realidad a todo grupo activo y, por otra, el aspecto propiamente psicológico de la definición sólo se redujo a señalar los vínculos y relaciones superficiales en el grupo y, sin lugar a dudas, fue simplificada.

 

Evidentemente, esta interpretación del grupo pequeño no podía servir de base para estructurar una adecuada concepción socio­ psicológica del colectivo . Esta tendencia en el estudio de las rela­ ciones interpersonales ha acumulado el mayor número de las metódicas concretas, y por eso nuestros psicólogos sociales han recu­ rrido al mismo con el objetivo de utilizar los procedimientos ex­ perimentales elaborados por psicólogos norteamericanos para in­ vestigar los colectivos y, ante todo, la diferenciación de grupo, el conformismo y la estabilidad de la personalidad respecto a la pre­ sión del grupo, el papel del líder en el grupo, etcétera.

 

Es necesario señalar que la utilización de la técnica experimen­ tal adoptada en la psicología norteamericana, como regla, la acom­ pañábamos de la critica filosófica a los trabaj os de los creadores de estas metódicas experimentales . Por ejemplo, se sometieron a cri­ tica las especulaciones espiritualistas de J . Moreno respecto al «tele», flujo que crea, según dice, una base irracional y al parecer mística para la comunicación interpersonal en los grupos pequeños . En muchas investigaciones de autores soviéticos acerca del pro­ blema del conformismo y de la estabilidad de la persona respecto a la presión del grupo, se señaló que es impermisible interpretar de manera amplia las deducciones obtenidas durante el estudio de los grupos pequeños y su traslado a la vida social en general . Sin embargo, como si se hubiera reconocido en silencio, después . de este procedimiento critico «purificador», todos los procedimientos experimentales adoptados por psicólogos extranjeros pueden utili­ zarse con amplitud para obtener características socio-psicológicas representativas de los colectivos . Este tipo peculiar de «trastorno en el desarrollo» de la psicología social, cuya superación fue la condición de su ulterior desarrollo, se debía, por su origen, a los siguientes factores «etiológicos» existentes en la esfera de la me­ todología de la investigación concreta.

 

En primer lugar, para la mayoría de los investigadores sovié­ ticos, como ya se señaló antes, el colectivo sólo se evidenciaba por parte de sus definiciones sociales . Al hablar del colectivo, el psicó­ logo subrayaba, en lo fundamental, la orientación social de la acti­ vidad de los grupos estudiados: en esencia, se omitía su cualidad

 

 

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socio -psicológica peculiar que forma el aspecto interno de la vida y del funcionamiento de estos grupos . Es como si el término «co­ lectivo» saltara de la mayoóa de las categoóas socio-psicológicas, pues no tenía su referente especial entre los demás fenómenos socio-psicológicos y se había convertido en un término realmente innecesario, empleado sólo para enriquecer y ampliar, durante la interpretación del material experimental concreto, el grupo de sinó­ nimos respecto al concepto «grupo pequeño» . Así, subjetivamente para el investigador, el análisis de los colectivos, en su propio con­ texto psicológico sin reducciones sociológicas, no se presentaría en la debida medida como tarea peculiar de la esfera de la psico­

 

logía social .

 

En segundo lugar, se perdió de vista en lo esencial el hecho in­ dudable acerca de que los métodos de investigación de los grupos pequeños en la psicología social norteamericana, como debe ser en cualquier rama del saber, están indisolublemente relacionados con cierta concepción del objeto de investigación . Entretanto, su base está formada por la interpretación, en esencia mecanicista, de las interrelaciones de los individuos en cualquier grupo pequeño, donde la persona está subordinada a diferentes líneas de fuerza (presión, resistencia, atracción, repulsión, cohesión) y los vínculos se ven preferentemente como emocionales . En este caso, si fueron recono­ cidos los objetivos, las tareas del grupo, su relación con los ideales y valores de la sociedad, en realidad los mismos no se considera­ ron en el experimento . En resumidas cuentas, en la investigación socio-psicológica aparece el principio sacramental «estímulo-reac­

 

ción» que encierra al investigador en un círculo de esquemas y cons­ trucciones behavioristas ya conocidos .

 

En tercer lugar, el deseo de renunciar, en nombre de la «pureza» del experimento, a recurrir al aspecto esencial de la actividad del grupo y trabajar de manera preferente con el material insignifican­ te, con las comunidades casuales con carácter de grupos difusos y formular en general la investigación, condujo a la mistificación de sus resultados y a la imposibilidad de extrapolar las deducciones obtenidas en ella para los grupos reales unidos por objetivos y valores comunes y significativos. Si es permisible la analogía his­ tórica, podemos recordar el fracaso que tuvo, a principios del pre­ sente siglo, «la didáctica experimental» al intentar extender la acción de algunas regularidades de la memoria observadas por G. Eb­ binghauss, al investigar la memorización de las sílabas sin sentido

 

 

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(combinaciones artificiales de elementos del lenguaje) a la memo­ rización del material didáctico que requería un aprendizaje inter­ pretativo . A propósito, notemos que la obtención de algunos hechos científicos importantes por parte del propio Ebbinghaus fue de mucha significación, a pesar de su fuerte tendencia a abstraerse de las situaciones reales de la memorización, de la actividad mnémica concreta mediante la utilización de los cuantos cuasilingüísticos, pues los alumnos, lo cual ha sido comprobado por el propio expe­ rimentador, percibían de manera involuntaria el material sin sen­ tido propuesto .

 

En general, la historia de la ciencia ha dado reiterados ejemplos acerca de que los intentos totalmente comprensibles de estudiar el problema de manera simple, asequible a la cuantificación y a ulte­ riores transformaciones matemáticas, conducen con frecuencia a la pérdida, en el proceso de investigación, de la cualidad hacia la cual estaba orientada en el proyecto inicial . En la esfera de la psicología social, esto representa un gran peligro para nosotros. De esta ma­ nera, la gran aspiración del estudio integral (como sistema) de este objeto complejo, como es el colectivo, conduce a menudo, como resultado de semejante investigación «sistémica», a que se forme una representación trivial acerca del mismo, a que se considere como un grupo de personas que interactúan mecánicamente . En este sentido es típico el siguiente razonamiento: «La extrema sen­ cillez del planteamiento de la tarea, condicionada por dificultades puramente matemáticas, hace que se analicen todas nuestras cons­ trucciones como un modelo matemático que de por sí dista mucho de adecuarse por completo a la realidad, pero puede servir de pun­ to de partida para construir modelos más adecuados . »6

 

Es necesario subrayar que aquí no se consideran en absoluto los llamados colectivos autónomos y su «conducta» . Se habla del inten­ to de la modelación matemática del verdadero colectivo científico en relación con uno de sus aspectos representados en forma de grafo de los «vínculos de la comunicación», en el cual como función especial se analiza el tiempo en que se divulga la información (de

arriba hacia abajo, y viceversa) .      Y       a pesar        de      que    en      el trabaj o

aparece  una serie  de  postulados    interesantes e s     dificil representar

la esfera de la realidad a la cual        se      adecúe,       aunque       sea en parte,

 

6     Yu. l. Levin: <<Acerca de algunas tareas extremas relacionadas con la

 

estructura del colectivo científico'», en Investigaciones sistémicas. Anuario, 1972, p. 25 (en ruso).

 

 

 

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este modelo matemático . Acaso el mismo también pudiera servir de punto de partida para la construcción de otros modelos que se correspondan más con el objeto de análisis, aún más si la inves­ tigación está orientada a las propias características del colectivo

 

y     no a determinados parámetros abstracto-comunicativos de la trasmisión de la información en la comunidad humana. Al tratar de evitar las dificultades matemáticas y simplificar con este fin la tarea, durante la realización de esta maniobra es fácil perder el objeto de investigación en su peculiaridad cualitativa. Entretanto, la investigación socio-psicológica de los colectivos debe evidenciar necesariamente esta especifidad cualitativa que no conduce a los vínculos del tipo «estímulo-reacción» .

 

Por desgracia, esta interpretación del colectivo despojada de la peculiaridad cualitativa se manifiesta en los procedimientos expe­ rimentales que revelan los parámetros fundamentales del mismo, adoptados en muchas investigaciones socio-psicológicas de las cua­ les tenemos conocimientos . Los métodos utilizados en ellas realizan de manera consecuente el programa de estudio del colectivo como un grupo de personas que interactúan y, si hacemos una valoración según el contenido del experimento, están relacionadas entre sí por algo que no es la comunidad de tareas socio-determinadas de la actividad, de los objetivos, de los valores y del estudio de la personalidad como individuo perteneciente de manera puramente superficial a ese grupo. Los resultados obtenidos en estas inves­ tigaciones se corresponden, como debe ser, con el modelo hipo­ tético del objeto de investigación introducido desde el principio en el experimento . Los mismos no pueden ser de otra manera.

 

En este sentido, son ilustrativas las investigaciones de la con­ ducta de la personalidad en las condiciones de la presión del grupo con la revelación del predominio en el colectivo de la in­ dependencia (a veces de la estabilidad) o de la conformidad del individuo . Esta última llamó la atención en lo fundamental des­ pués de publicado el libro de D. Krech, R. Crutchfield y L. Ba­ llachey El individuo en la sociedad,1 en el cual se describieron las experiencias con un segundo grupo que desarrollaron y mo­ dificaron los experimentos de S . Ash .

 

La   primera       investigación        realizada  bajo  nuestra   dirección  en

1 968- 1 970 [V. F.      Safio, 1 969] se dedicó a evidenciar, desde el punto

7  D. Krech,  R.             Crutchfield  y       E.  Ballechey:  Individual  in       society,  Nueva

York, 1962.                                   

 

 

 

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de vista experimental, el grado de sugestión . Durante la investiga­ ción, V. F. Safin utilizó la modificación de la metódica de R. Crutchfield. Se utilizó el siguiente procedimiento experimental .

 

Durante cierto tiempo, los alumnos se entrenaban en determinar la duración de un minuto sin recurrir al reloj y al cálculo de los segundos para sí. Muy pronto pudieron determinar el minuto con una precisión de hasta ± 5 seg .

 

Después de esto, los alumnos eran llevados a cabinas experi­ mentales especiales y se les proponía determinar la duración de un minuto e informar al experimentador y a otros alumnos mediante la opresión de un botón que había transcurrido un minuto (los alumnos sabían que en el puesto de mando del experimentador y en todas las demás cabinas se encendían bombillitos cuando se oprimía el botón) . Durante el experimento, el experimentador tuvo la posibilidad de emitir señales que al parecer partan de uno o varios alumnos (por ejemplo, cada 35 segundos se emitía una señal a todas las cabinas) y determinar quién se apresuraba a responder a esta señal oprimiendo un botón, detectando de esta manera la sugestión, y quién no se inmutaba por esto (metódica del segundo grupo) . El grado de sugestión puede evaluarse de dife­ rente manera entre la valoración de la duración del minuto en los experimentos anteriores y en los experimentos en las condiciones cuando se emiten señales falsas .

 

Este procedimiento metódico constituye un testimonio acerca de que el número de personas que manifestaron mayor o menor grado de sugestión dentro del grupo es muy grande. Al continuar el experimento fue posible detectar los individuos con tendencia a la conformidad . Así, si después de transcurrido cierto tiempo se plantea la tarea de determinar la duración del minuto, en ausencia del grupo, se manifiestan individuos que al no tener la presión del grupo vuelv.en a alcanzar su evaluación primaria (correcta) . Los demás sigu en manteniendo el intervalo de tiempo dado antes de esto por las señales del segundo grupo . Es evidente que los primeros, al no querer separarse del grupo, adoptaron una posi­ ción puramente superficial y renuncian con facilidad a ella en cuan­ to se elimina la presión (tendencia a la conformidad), y los se­ gundos adoptan un «punto de vista general'» no conflictivo y lo mantienen más tarde (tendencia a la sugestión) .

 

 

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La investigación de V . F. Safin (como los trabajos de A . P . So­ pikov y V . E. Shudnovsk)8 utilizó de nuevo los argumentos fun­ damentales del experimento de R. Crutchfield. La crítica de las concepciones norteamericanas del conformismo, como en los tra­ bajos de otros autores, tuvo un carácter inmanente y se redujo, en lo fundamental, a subrayar que no es permisible extrapolar las situaciones experimental-psicológicas descritas por S . Asch para la vida de la sociedad en general . Esto es correcto, pero es insu­ ficiente para valorar la concepción de la presión de grupo y ela­ borar, desde el punto de vista metodológico, una actitud correcta hacia ella. En este caso, se atenuó la interpretación propiamente mecánica de las interrelaciones de los individuos en cualquier grupo, en el cual la personalidad está subordinada a la acción de los campos y líneas de fuerza y si se reconoció su orientación de valor, no se consideró eu realidad; esta interpretación se manifestó mediante el procedimiento experimental de revelar la conformidad y la estabilidad de la personalidad .

 

El programa experimental adoptado en las investigaciones en aquel tiempo (la segunda mitad de la década del 60) permitió, por una parte, aclarar las particularidades de algunas formas de inte­ racción de la personalidad con el grupo y de los fenómenos del conformismo (sugestión) que surgen en este caso y, por otra, obli­ gaba involuntariamente a los investigadores a girar en un círculo cerrado de representaciones acerca de una única alternativa, cuyo papel era desempeñado por la no conformidad y la no sugestión, lo cual ,era sustituido con frecuencia por el concepto «estabilidad de la personalidad» .

 

En cuanto a que las investigaciones socio-psicológicas se rela­ cionan estrechamente con la práctica y, ante todo, con las tareas de la formación de la personalidad, la alternativa señalada se trans­ formó, no por todos desafortunadamente, en un falso dilema pe­ dagógico concientizado: ver el sentido de la educación en la for­ mación de la estabilidad de la personalidad, capaz de contrapo-

 

8     A. P. Sopikov: Problemas de la medición  de las reacciones  conformistas

 

en los pequeños grupos, autorresumen de la tesis de candidato a Doctor en Ciencias, Moscú, 1969; V. E. Chudnovski: «Acerca del problema del esto

dio  experimental de la  estabilidad  de  la personalidad»,  en Voprosy      Psijo­

logii,  1972, no. 8; «La estabilidad   de la personalidad como un problema de

la psicología de la educación», en    Voprosy      Psijologii,  1974,  no. 2  (en       ruso

ambas).                                

 

 

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nerse a las  influencias del medio social,  del grupo,  del  colectivo

 

o formar individuos flexibles respecto al grupo, quienes no saben

 

ni desean contraponerse a sus influencias .9 La salida de esta situa­ ción, evidentemente sin salida para la psicología social, quedó clara: era necesario volver a analizar la esencia de las concepciones de Ash-Crutchfield y dilucidar hasta qué punto podía utilizarse en la psicología y en la pedagogía soviéticas el modelo de influencia del grupo propuesto por psicólogos norteamericanos . En el proceso de este trabajo metodológico volvimos rápidamente a la posición inicial para estructurar la nueva concepción socio-psicológica del colectivo (ver en relación con esto (A . V. Petrovski, 1 974]) .

 

Las premisas metodológicas de la presión de grupo y del confor­ mismo y su base mecanicista, no nos ofrecieron dudas; de acuerdo con las condiciones del experimento se prevé la influencia pura­ mente mecánica del grupo como un simple conjunto de individuos sobre una personalidad dada. Es posible que la aceptación o no de la presión del grupo pueda modelar, hasta cierto punto, correctamente la conducta del individuo en una aglomeración ca­ sual de personas, pero esto no debe presentarse como un modelo representativo de la conducta de la personalidad en el colectivo que debe relacionar por necesidad el problema de la interación del grupo con el contenido de lo que influye en la personalidad me­ diante las comunicaciones de grupo . Las interrelaciones de conte­ nido de los miembros del colectivo (laboral, escolar, militar, etcéte­ ra) son las más interesantes para la psicología soviética. Y si en la psicología norteamericana, la problemática del colectivo no se ha estudiado e, incluso, el problema del colectivo no ha sido plan­ teado, en la Unión Soviética los pedagogos y psicólogos se apoyan en las ideas acerca del colectivo, formuladas y prácticamente com­ probadas en los trabajos de N. K. Krupskaya, A. S. Makarenko, S. T. Shatski, V. A. Sujomlinski y otros .

 

De aquí surgió la necesidad de concientizar qué introduce de nuevo la idea del colectivismo en la propia esencia del problema de la presión del grupo, del consentimiento de grupo, de la subordi­ nación, de la protesta, del conformismo, etcétera.

 

En el plano del problema tratado tuvo especial interés uno de los aspectos de la investigación de V. A. Bakeev [ 1 97 1 ) . En su

 

9     Aquí y más adelante se habla de la alternativa que emana de la situación experimental y no de la posición de principio de uno u otro psicólogo.

 

 

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tarea se incluyó la comparación de la influencia de sugestión en la personalidad de un grupo desorganizado y que ha formado un colectivo . En todos los grupos de edades se destacó que la influen­ cia de sugestión en el individuo de la opinión de personas conglo­ meradas casualmente, se manifiesta en mayor grado que la influen­ cia de la opinión de un colectivo organizado, al cual pertenece este individuo .

 

La paradoja de esta deducción experimental obtenida es apa­ rente . Los procedimientos previstos por las metódicas orientadas a evidenciar la sugestión apelan con preferencia a posiciones y actos no concientizados, a veces subconscientes, de la personalidad, mientras que la conducta del hombre en el colectivo está determi­ nada por disposiciones y posiciones concientizadas respecto a cada uno de los miembros del colectivo, a sus objetivos y valores. Al conocer bien todos los miembros del colectivo y al colectivo en general, el individuo reacciona consciente y selectivamente ante la opinión de cada uno, orientándose en las relaciones y valora­ ciones formadas en la actividad conjunta y en los valores acep­ tados y aprobados por todos . En contraposición con esto, el estado del individuo en un grupo no conocido, casual, no organizado en el cual no se tiene suficiente información acerca de las personas que lo forman, contribuye a aumentar la sugestión (la relación entre la indeterminación de la situación y la sugestión fue seña­ lada por muchos autores) . Así, si la conducta del hombre en un grupo no organizado, casual, sólo puede determinarse por el lugar que él selecciona para sí -a menudo no premeditado- en la gra­ duación «autonomía-subordinación del individuo al grupo»», en el colectivo existe otra posibilidad específica, la realización de la

 

autodeterminación colectivista de la personalidad (fenómeno AC) . La actitud de la personalidad respecto a las influencias de esa comunidad concreta es selectiva, acepta a unos y rechaza a otros, en dependencia de los factores mediatizadores, las valoraciones, las convicciones y los ideales .

 

De esta manera se evidenció la oposición de la «autonomía-su­ bordinación del individuo al grupo»» a la autodeterminación de la personalidad en el colectivo, como la contraposición de las dis­ posiciones inconscientes de la sugestión a los actos volitivos cons­ cientes en los cuales se realiza la autodeterminación (V . A . Bakeev demostró, entre otras cosas, que, a pesar de las representaciones existentes, la falta de voluntad no puede considerarse como crite-

 

 

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rio análogo de la sugestión) . En otras palabras, en el colectivo la personalidad halla la libertad como concientización de la nece­ sidad de actuar en correspondencia con sus orientaciones valora­ tivas . Todo esto permitió que l. A. Oborutova [ 1 974] formulara la tarea de la investigación, la cual se orientó a un análisis profundo de la autodeterminación de la personalidad.

 

La alternativa aprobada en la literatura socio-psicológica nor­ teamericana -incluida la contemporánea -, relacionada con la di­ cotomía «subordinación -autonomía de la personalidad»», estaba en correspondencia con la hipótesis planteada de lo imaginario, Si, al utilizar la metódica del grupo confabulado, se incita a la persona­ lidad a que renuncie aparentemente en nombre del colectivo a las orientaciones valorativas adoptadas en él, surge una situación conflictiva que separa a los individuos que manifiestan conformis­

 

mo y a los individuos capaces de realizar actos de autodetermina­ ción colectivista; es decir, de actuar de acuerdo con sus valora­ ciones internas.

 

El fenómeno AC surge cuando la conducta de la personalidad, bajo las condiciones de la presión del grupo especialmente organi­ zado, no está determinada por la influencia directa del grupo ni por las cualidades individuales de la sugestión, sino sobre todo por los objetivos y tareas de la actividad aprobados en el grupo y por orientaciones valorativas estables. A diferencia del grupo difuso, en el colectivo la AC es la manera predominante de reacción ante la presión del grupo y, por eso, desempeña el papel de rasgo for­ mador del colectivo. 10

 

l . A . Oborutova realizó, por primera vez, la investigación ex­ perimental del fenómeno AC . El experimento consistía en lo si­ guiente:

 

Primero se esclarecieron las posiciones generales del acuerdo o desacuerdo de los miembros del grupo con las convicciones éticas propuestas . En este caso, como regla, se destacó la mayoría de los alumnos que estaban de acuerdo con las normas generalmente acep­

tadas,  reflejadas en  los juicios  propuestos  por el  experimentador

 

10 La hipótesis acerca de la existencia del fenómeno AC fue planteada por primera vez por nosotros en 1969 y se vio reflejada en las tesis pre paradas para el XIX Congreso Internacional de Psicología en Londres (A, V. Petrovski, 1969). Primero, representábamos la AC como «colectivismo», des pués se utilizaron los conceptos «autodeterminación de la personalidad en el grupo» y, por último, «autodeterminación colectivista».

 

 

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y un grupo relativamente pequeño de personas que asumieron una posición negativa. Este último grupo no se incluyó en los experi­ mentos ulteriores, pues el estudio del negativismo como problema psicológico no se incluyó en nuestras tareas . Respecto a todo lo demás se planteó una interrogante : ¿Qué significa estar de acuer­ do, desde el punto de vista psicológico, con los juicios éticos pro­ puestos? ¿Es acaso el resultado de la subordinación a la presión del grupo no expresada con claridad en el propio hecho de la aceptación general de la norma moral contenido en el juicio? En otras palabras, ¿acaso no significa su deseo de ser como los de­ más, de no salirse del marco de la conducta que ellos atribuyen sin motivos a otros miembros del grupo como normal, deseada, socialmente aceptada? ¿No es esto el resultado de la conformidad del individuo en el grupo, como se deduce de los experimentos y las generalizaciones teóricas de los psicólogos sociales norteame­ ricanos? Pero podía plantearse, y nosotros lo hicimos, una con­ jetura diametralmente opuesta: ¿pudiera ser que esta aprobación

 

no fuera el resultado de la subordinación a la presión del grupo, ni de la conformidad, sino el resultado de la coincidencia de las valoraciones de la personalidad con las valoraciones éticas gene­ ralmente aceptadas, expresadas en los juicios propuestos? Y en­ tonces lo que se presenta en apariencia como conformidad lleva de manera intrínseca un sentido psicológico y se presenta como verdadera alternativa del conformismo .

 

Sólo el experimento podría responder a estas preguntas . A par­ tir de nuestra hipótesis, lo estructuramos de manera que la pre­ sión del grupo (claro está,, éste era el grupo confabulado) la orien­ tamos al contrario de las valoraciones generalmente aceptadas y se creó una situación conflictiva en la cual debía haberse apro­ bado o rechazado una de las conjeturas antes planteadas . Así, se creó un tipo de «centrífuga psicológica» que permitió descubrir las personas capaces de mantener, en las condiciones de la presión del grupo, la posición inicialmente adoptada por el grupo (y por estos individuos), la cual el grupo ha traicionado aparentemente, y de separarlas de los individuos que cedieron en estas condi­ ciones a la presión del grupo y renunciaron a las valoraciones que mantenían antes. Por el mismo hecho se realizó la diferenciación experimental del grupo en conformistas (la minoría) y en personas que revelan AC, al asumir para sí la defensa de las valoraciones

 

 

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generales del grupo, incluso cuando el resto de los alumnos ha renunciado a las mismas .

 

La investigación de l . A . Oborutova se realizó sobre la base del material de las valoraciones éticas de la personalidad y del colec­ tivo . Sin embargo, de acuerdo con la definición, la AC no sólo presupone la defensa de los principios morales y de las valora­ ciones del grupo, sino también de los objetivos y tareas de carácter colectivista aprobados por el grupo en el proceso de la actividad conjunta. En relación con esto, A . A . Turovskaia realizó una investigación para explicar la autodeterminación de la per­ sonalidad sobre la base de la defensa de los objetivos e intereses del colectivo que adquirieron, desde el punto de vista de la per­ sonalidad, importancia para sus miembros.

 

A . A . Turovskaia propuso a los alumnos una serie de objetivos socialmente significativos con el fin de que éstos seleccionaran, poniendo de manifiesto inicialmente el método de los rangos, cuáles son más o menos atrayentes para cada uno . De esta manera se seleccionaron tres tipos de objetivos (deseables, no deseables, neutrales). Después se propusieron varios objetivos con vistas a materializarlos en la actividad de grupo . En este caso se seleccio­ naron grupos con una actitud emocional semejante hacia el obje­ tivo propuesto . A partir de este momento, la actividad del grupo era dirigida por un objetivo socialmente aprobado que fue nece­ sario materializar.

 

Con posterioridad se evidenció si existía o no el fenómeno AC en todos los grupos. Como se deduce del trabajo de A. A. Turovs­ kaia, la aparición de la AC depende de la medida en que se le atribuyan los objetivos socialmente aprobados del grupo a cada uno de sus miembros y no presenta dependencia manifiesta de la atracción inicial del objetivo, aunque no es totalmente libre de este último . Se demostró que en los grupos en los cuales se rea­ lizó un gran trabajo educativo en cuanto a la materialización de los objetivos generales del grupo y se formó una actitud social­ mente valorativa hacia los mismos, el número de reacciones de la AC superó en dos veces los índices en los grupos poco incorpora­ dos a la actividad . En los grupos que trabajan de manera activa, los alumnos -incluso después de haber recibido una información aparentemente fidedigna para ellos-, casi todo el grupo se negó a cumplir la tarea; sin embargo, no renunció al objetivo trazado

 

 

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de la actividad del grupo, al evidenciar la autodeterminación de la personalidad en el colectivo, a pesar de que la «leyenda» del grupo confabulado acerca de las causas de la renuncia parecía bastante justa y la materialización del objetivo colectivista fue en realidad una cuestión objetivamente dificil y de confrontación con sus estrechos intereses respecto a la personalidad . Ofrecieron gran resistencia a sus compañeros que habían renunciado, al pare­ cer, a seguir realizando la actividad socialmente valiosa aprobada por el colectivo .

 

Así, la AC en la esfera de los objetivos de la actividad del gru­ po es el mismo fenómeno real de la actividad interna del grupo, la autodeterminación de la personalidad en la esfera de las valora­ ciones morales aceptadas y apropiadas por parte del colectivo. Al mismo tiempo, en la investigación de A. A. Turovskaia se pasó del análisis de la AC como derivado de los valores morales gene­ rales -aceptados en el amplio medio social y en relación con esto en el colectivo dado como su célula-, al estudio de la autodeter­ minación de la personalidad respecto a los valores específicos para los colectivos concretos. Se señaló el paso de lo constatados al experimento socio-psicológico formador. Todo esto fue, a su vez, un paso de avance en la explicación de la estructura real de los colectivos de diferente tipo . En general, los trabajos de l. A. Obo­ rutova y A. A. Turovskaia abarcaron las características fundamen­ tales del fenómeno AC; para nosotros, el punto de partida para formular la concepción de las relaciones entre las personas en el colectivo .

 

En estas investigaciones, la autodeterminación colectivista de­ sempeñó el papel de uniformidad relativa de la conducta, como resultado de la solidaridad consciente de la personalidad con las valoraciones y tareas del colectivo como comunidad unida por ob­ jetivos a ideales que han salido del marco del grupo dado y se han tomado en la ideología de la sociedad . La autodeterminación colectivista de la personalidad, y no el inconformismo ni tampoco la «est?-bilidad de la personalidad» que puede enmascarar el negati­ vismo y el nihilismo respecto a las exigencias socialmente valiosas,

 

las esperanzas e influencias, desempeña el papel de alternativa del conformismo . Claro está, la utilización del concepto «estabilidad de la personalidad» va acompañada generalmente de las indicaciones acerca de que el individuo con estabilidad en sus acciones no está

 

 

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tan  subornidado  a  las  influencias  externas  como  a  los  objetivos

 

e      intenciones conscientes . Por desgracia, esto no salva la situación . Al conservar el modelo del grupo tomado sin crítica de la con­ cepción de Ash-Crutchfield y de la metódica tradicional del «grupo confabulado»», el negativista, el nihilista y el inconforme se enmas­ caran bajo lo estable con la misma facilidad que el conformista se presenta como colectivista. Se evidenció que el psicólogo que experimenta con el «grupo confabulado»» quedaría limitado al es­ quema mecanicista de la presión del grupo hasta no comprender la necesidad, no tanto de separar los estables de los conformistas, como los conformistas de los colectivistas y los colectivistas esta­ bles 3e los inconformes estables .

 

La autodeterminación colectivista -como forma concreta de la interacción activa de la personalidad y del grupo-, es un concepto mediante el cual fue posible reflejar de manera adecuada la deter­ minación real de la conducta de la personalidad como posición del grupo y evitar la controversia limitada por el esquema behaviorista y, por desgracia, no superada: la predeterminación fatal de las características de la · personalidad por su medio socio-psicológico o su autonomía absoluta.

 

El planteamiento de la cuestión acerca de la autodeterminación colectivista, al relacionar el problema de la interacción del grupo con el contenido de lo que influye en la personalidad mediante las comunicaciones de grupo, comprueba el concepto acerca de la prioridad de la comunicación y del comunicador ante el contenido objetivo de la información. No es casual que T. Ostram, al remitirse al trabaj o de S. Ash, escriba: «Ash demostró, por ejemplo, que la cita "quienes poseen propiedades y quienes no tienen, forman dos clases diferentes", tiene un significado totalmente diferente cuan­ do se atribuye a Carlos Marx o cuando se pone en boca de John Adams .»» Y sigue: «Un determinado fondo o contexto general que influye en el significado de la comunicación, como su fuente, in­ fluirá en la aceptación de los argumentos por parte del individuo . >»> El sentido de estos planteamientos y referencias debe ser evidente para nosotros. Siguiendo las teorías experimentales de S . Ash, el lector debió haber deducido que si a un marxista se le plantea en nombre de C . Marx la afirmación «lo blanco es negro»», él la to­ mará al parecer como verdad, en virtud de la posición determi­ nada por el «alto prestigio de la fuente de comunicación»». Al mis-

 

 

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mo tiempo, si determinada tesis marxista es atribuida a J . Adams, el marxista dudará de ella y no la aceptará. 1 1

Como es natural, las implicaciones sociales, sobre cuya base se forma el hecho obtenido no por vía especulativa, sino experimen­ tal, salen del marco de la teoría psicológica y adquieren un «va­ lor»» ideológico 'independiente . En relación con esto, el problema planteado ante nosotros no consistía en absoluto en declarar la no aceptación de los criterios antes señalados de S . Ash y T. Ostrom -tomados en un amplio contexto social y cuyo sentido ideológico es evidente y no necesita comentarios-, sino en mani­ festar, desde posiciones experimentales, las condiciones socio-psi­ cológicas en las cuales la regularidad expresada por la fórmula de AC está vigente en realidad y aquellas en las cuales es una in­ vención .

 

Es evidente que ignorar el contenido de las interrelaciones de los hombres en el grupo y, ante todo, las orientaciones valora­ tivas, determinadas por ideales y convicciones de interés general, empobrece la idea de la vida del grupo reflejado en los experimen­ tos de S. Ash y conduce a la idea errónea de la dominación fatal del alto prestigio de la fuente de comunicación sobre la com­ prensión y la voluntad de la personalidad que recibe cualquier información, incluida la falsa. Y si en las comunidades humanas, en las cuales sólo existen «sucedáneos de la colectividad» pueden hallarse afirmaciones al respecto, son evidentemente dudosas las tentativas de llevar estas deducciones a la esfera del análisis socio­ psicológico de los verdaderos colectivos, en los cuales las relaciones se estructuran sobre la base de una valoración consciente del con­ tenido de la actividad conjurita., de sus objetivos, tareas y de su base ideológica. La metódica de la investigación del conformismo mediante el grupo confábúlado aplicada a un material sin interés para los alumnos (determinación de la longitud de los segmentos o de los intervalos de tiempo), chocó inevitablemente con la deduc­ ción acerca de que la única alternativa del conformismo es el in­

 

conformismo, el negativismo y la independencia de la personali­ dad en el grupo . En un grupo de personas que sólo interactúan de manera superficial no podía esperarse otro resultado, aún más cuando a los alumnos se les exigía expresar sus juicios respecto al

 

11 Psichowgical foundations o/ altitudes. Editado por A. G. Greenwald, T. C. Broch, Th. M. Ostrom, no. 4, Londres, 1968, p. 20.

 

 

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material experimental de poco interés para ellos . En este caso no existían los valores mediante los cuales hubiera podido entrarse en contradicción con el grupo y formarse un conflicto con él.

 

La fórmula «estímulo - reacción» resultó permisible para la interpretación psicológica de la situación experimental artificial­ mente creada. Sin embargo, al recurrir a las interrelaciones reales, este esquema (o conformista, o inconformista) resultó inconsis­ tente . Y de aquí surgió la necesidad de cambiar las investigaciones socio-psicológicas al trabajo con un modelo en principio diferente de colectivo y de personalidad en el colectivo, lo cual exigía de manera apremiante la introducción -en las condiciones de la in­ teracción de grupo- de un conjunto de orientaciones valorativas, de objetivos de la actividad del colectivo y de su contenido real .

 

Todo esto permitió corroborar la hipótesis acerca de que en las comunidades que agrupan a los hombres en tareas de actividad socialmente útil, la verdadera alternativa del conformismo no es el negativismo (inconformismo, estabilidad, independencia, etcétera), sino una cualidad peculiar del verdadero colectivismo, no del ima­ ginario, con un carácter de autodeterminación de la personalidad en el grupo (autodeterminación colectivista) . 12

 

La importancia del fenómeno AC en la formulación de nuestra teoría socio-psicológica es extraordinaria. El estudio de este fenó­ meno fue, en esencia, la plataforma metodológica para el paso de la comprensión del grupo como comunidad de individuos que con­ tactan entre sí desde el punto de vista emocional y operacional, a otra comprensión de la misma que incluía la necesidad de con­ siderar los factores mediatizadores de estas relaciones externas.

 

El análisis teórico del fenómeno AC y la comprobación experi­ mental de la hipótesis, permitieron plantear la preposición acerca de que en el colectivo también deben hallarse lógicamente otros fenómenos socio-psicológicos cualitativamente diferentes de los fe­ nómenos propios del agrupamiento casual de personas, asocia­ ciones, grupos difusos, etc. La esencia de estas diferencias consiste

 

12 «La independencia de los juicios y acciones, la habilidad de pensar de

 

manera amplia, son cuestiones altamente valoradas por el Estado ( . . . )  Es

 

importante  que  cada  uno     defienda  de  manera  consecuente  lo  nuevo,  lo

 

progresista, busque y proponga sus vías para lograr los objetivos trazados,

 

sin temer a quedar temporalmente dentro de la minoría ni temer a romper relaciones con alguien.» (<<Opinión personab>, editorial del periódico Pravda, 21 de mayo de 1978.)

 

 

 

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en el carácter diverso de las interrelaciones y de la interacción de los individuos en esta variedad de grupos . 13

 

En un grupo difuso son determinantes las relaciones directas y la interacción direeta de dos individuos (en este caso, el someti­ miento o la resistencia a la influenca del grupo) . Claro está, sólo puede hablarse del carácter directo y relativo de estas relaciones por cuanto en las interrelaciones de los individuos en cualquier grupo, incluso en el formado casualmente, aparecen los criterios, la experiencia de los contactos anteriores, las prevenciones, los este­ reotipos, etc . , como ciertas disposiciones intermedias y variables . El esquema de las interrelaciones y de la interacción propio del grupo difuso, fue absolutizado por la psicología social occidental que sólo en las condiciones del experimento introdujo los estímulos de grupo y las reacciones de grupo, al ser incapaz de considerar la verdaderamente incalculable diversidad de los eslabones inter­ medios . Además, utilizando la expresión acertada de M. G. Ya­ roshevski, puede formularse la deducción acerca de que «el siste­ ma de categorías superconsciente» de la psicología behaviorista, al encerrar al investigador en un círculo de características de con­ ducta, suprimió con anterioridad la posibilidad de orientar el ex­ perimento para considerar en realidad los aspectos motivacional y de contenido de las relaciones interpersonales . No es casual que el problema del colectivo no se haya planteado incluso en la psicología social norteamericana.

 

 

¿Cuál es la principal diferencia entre el colectivo y los grupos y asociaciones difusos? En' el colectivo desempeñan un papel de­ terminante la interacción y las interrelaciones de los hombres me­ diatizadas por los objetivos, tareas y valoraciones de la actividad conjunta; es decir, por su contenido real . Desde este punto de vista, el colectivo es un grupo en el cual las relaciones interperso­ nales están mediatizadas por el contenido socialmente importante y de interés para la personalidad de la actividad conjunta. Estas diferencias cualitativas del colectivo, como se manifestó, están

 

sujetas  a  investigaciones  cuantitativas,  en  las  cuales tendrá una

gran importancia considerar el señalado eslabón mediatizador, el    

13   Al emplear  el  término  «colectivo»  consideramos  que A.  S.  Makarenko

lo    denomina    colectivo  primario.  Denomina  colectivo  primario       a  aquel         en

el     cual algunos de sus miembros se encuentran en una asociación constante

de    trabajo,       de  amistad,  en  una asociación ideológica. (A.  S. Makarenko:

 

Obras completas, t. 5, p. 60.)

 

 

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cual permite destacar, de manera experimental, sus parámetros cualitativamente importantes.

 

Entre ellos es necesario, como se estableció, incluir en primer lugar el predominio en el colectivo de las manifestaciones de auto­ determinación colectivista (AC) y la brusca disminución de las reacciones conformistas en situaciones significativas para el colec­

 

tivo .  Este parámetro  de  la dinámica de  grupo  (l.  A.  Oborutova,

 

1 973, a; A.  A.  Turovskaia,  1 976, a; L.  A.  Glazova,  1 978, a], fue

 

el primero en estudiarse experimentalmente .

 

El segundo parámetro, la cohesión como unidad valorativa y de orientación -esencialmente importante para la comprensión de la estructura de la actividad interna del grupo -, fue estudiado por primera vez por V. V. Shpalinski [ 1 973], La cohesión es el rasgo constituyente del colectivo en comparación con el grupo difuso. De manera semejante a como el fenómeno AC se explicó y argumentó como resultado de la confrontación directa con las posiciones me­ todológicas de S. Ash, A . Crutchfield y otros investigadores nor­ teamericanos del conformismo y de la indepedencia: la interpre­ tación de la unidad valorativa y de orientación del grupo (UVO) -como característica de su cohesión- se contrapone a los criterios de M . Schachter, L. Festinger, K. Back, D. Homans y otros psicó­ logos norteamericanos, quienes valoraron el nivel de cohesión del grupo según la cantidad de actos comunicativos en el grupo, al analizar el número, la intensidad y la duración de la interacción en

 

él como un índice de su cohesión .

 

Como se deduce de los trabajos de V . V . Shpalinski, la verda­ dera cohesión del grupo hay que buscarla en la coincidencia de las valoraciones y disposiciones del grupo respecto a los objetos de interés para el grupo en general y relativos a los aspectos esen­ ciales de la actividad conjunta orientada. Este enfoque constructivo del problema de la cohesión del grupo permitió demostrar el alto

 

nivel de  la  UVO en  el  sistema de  las      relaciones interpersonales

en el colectivo y  su poca manifestación    en los grupos difusos no

unidos por la actividad conjunta.     ·

      

Casi al mismo tiempo, con los trabajos acerca del problema de la UVO, se inició el estudio del tercer parámetro psicológico de la actividad de grupo, la identificación efi caz y emocional del grupo IEEG) . El plan conceptual y la metódica concreta de investigación fueron propuestos por V. A. Petrovski [ 1 973, b). Sobre esta metódi-

 

 

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ca se planteó el experimento y sus resultados se analizaron y gene­ ralizaron en el trabajo de A. L Papkin [ver A. V. Petrovski, 1 976, e] .

 

La base teórica de la investigación estaba constituida por el in­ tento de diferenciar los dos aspectos interrelacionados, pero no identificados de la actividad de grupo: la interacción de grupo y las interrelaciones de grupo .

 

La interacción de grupo se analizaba como un conjunto de rela­ ciones comunicativas, operacionales e interindividuales que se determinan por la tarea concreta, actualizada en el grupo en el momento dado . Por interrelaciones se comprendía el sistema de indisposiciones interpersonal9s, de orientaciones, expectativas, deter­ minadas por las valoraciones y emociones que surgen del proceso de la comunicación interna del grupo, y en los grupos de alto nivel de desarrollo están determinadas, ante todo, por el contenido socialmente valioso y significativo para la personalidad de la ac­ tividad conjunta. La interacción de grupo .está dada directamente; las interrelaciones de grupo son, por esencia, latentes y su revela­ ción requiere la utilización de procedimientos socio-psicológicos especiales, un conjunto de instrumentos que, hasta estos momentos, no es muy neo .

 

En realidad, en la actividad humana las interacciones y las in­ terrelaciones forman, claro está, una unidad . Entretanto, en el estudio psicológico nos encontramos a menudo con la absolutiza­ ción de unos de estos aspectos de la actividad del grupo, lo cual conduce a la destrucción injusta de su unidad y, en resumidas cuentas, a la alteración de la característica socio-psicológica del grupo .

Enfatizar en la investigación en el plano de la interacción de grupo, típica para las teorías socio-psicológicas acerca de la diná­ mica de grupo, hace que se ignoren o, peor aún, se mistifiquen las relaciones valorativas interpersonales que están detrás de esta interacción . A la psicología social le cuesta muy caro despreciar el verdadero contenido psicológico del grupo, pues pierde la posi­ bilidad de extrapolar las deducciones obtenidas en el experimento de laboratorio para la actividad del grupo en las diferentes situa­ ciones de la vida, distantes de las experimentales. Por ejemplo, la gran compatibilidad y armonía del grupo al trabajar en deter­ minado homeostato o integrador sensomotor de grupo, puede no reafirmarse al pasar este grupo a otra actividad; pues los pro­ fundos factores que determinan los procesos de interacción no se

 

 

 

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tocaron por el procedimiento experimental y, por tanto, son con­ fusos. Este deficiente aspecto del enfoque tradicional -caracteri­ zado a veces como pequeña «validez ecológica» del experimento socio- psicológico - en los últimos años se comprende cada vez más en la psicología norteamericana y se considera, incluso, como una de las causas de su crisis (M. Om, l . Silverman y otros) .

 

Sin menospreciar la importancia de  la baja validez del  experi­

 

mento socio-psicológico tradicional como factor que frena, sin duda,

 

el desarrollo de la psicología social norteamericana, señalemos que

 

es necesario ver las causas de la crisis no tanto en las soluciones

 

metódicas  particulares,  como  en  los  enfoques  metodológicos ge­

 

nerales .

 

La absolutización en otro plano de las relaciones interpersona­ les -si las mismas no se manifiestan desde el punto de vista ope­

racional y no se realizan en la interacción concreta de los miembros del grupo-, carece de perspectivas para los fines del estudio so­ cio-psicológico . Por desgracia, puede citarse un gran número de trabajos psicológicos (y pedagógicos, aún más), en los cuales las relaciones interpersonales se han representado como ciertas fuer­ zas ideales no materializadas ni objetivadas y, por tanto, no sujetas a una investigación y definición concretas . El estudio de la formación del colectivo tomado sólo en un plano ideal, no agra­ vado por la acción real, condiciona a menudo la infructuosidad y la pura verbalidad de las deducciones finales .

Cuando objetamos la absolutización alternativa de cada uno de los aspectos de la actividad del grupo tomados de manera abs­ tracta y subrayamos la verdadera unidad, comprendemos induda­ blemente esta unidad, pero de ninguna manera como una iden­ tidad . En caso contrario, todo tipo de necesidad socio-psicológica desaparecería: la descripción de los hechos de la interacción de los miembros del grupo, agotaría por completo su característica psico­ lógica. El reconocimiento de la identidad de los planos de la inter­ acción y de las interrelaciones, sería regresar al panorama behavio­ rista o simplemente idealista de la actividad de grupo .

 

La unidad de la interacción y de las relaciones interpersonales significa que la actividad de grupo sólo puede comprenderse correcta y adecuadamente descrita cuando el psicólogo ve tras la interacción de los miembros del grupo un sistema de relaciones interpersonales que no sólo condicionan las acciones diarias actua-

 

 

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lizadas por la tarea dada, smo también los objetivos más esta­ bles de la actividad .

 

En este caso, la vía para la comprensión del sistema de las re­

 

laciones  interpersonales  es  mediante  el  análisis  del  contenido  de

 

la actividad del grupo . A través de la interacción de grupo se va

 

a las relaciones interpersonales; una vez comprendidas estas rela­ ciones, se convierten en pronosticables tanto la actividad general del grupo, como la interacción interpersonal en las condiciones más diversas . Ésta fue de seguro la única vía correcta, pero en el as­ pecto metódico muy compleja y dificil de la investigación socio­ psicológica.

 

Aquí no se propuso en principio nada nuevo, si consideramos ne la investigación científico -psicológica, sino la táctica concreto- psi­ cológica de la acción de una persona concreta (del dirigente, del director, del jefe), si analizamos la interacción de los subordinados, en particular en las condiciones extremas, de razonar las condi­ ciones de cada cual y sus aspiraciones, y sobre esta base estructu­ rar la táctica de las acciones ulteriores con el grupo . Sn embargo, para la investigación científica el enfoque propuesto trazó, sin discusión, la estrategia específica para la planificación de los pro­ cedimientos experimentales, en la cual las verdaderas relaciones en el grupo, invariantes en las diversas condiciones y circunstancias, se han modelado de acuerdo con el carácter de la interacción del grupo .

 

En relación con esto, como objeto de investigación se tomó el fenómeno de la identificación efi caz y emocional de los miembros del grupo con el individuo que se incorpora a él. La vivencia o la empatia, cuyo estudio se inició hace tiempo en la psicología ex­ tranj era y contaba con la acumulación de un buen número de tra­ bajos experimentales, es la que más se acerca al contenido del con­ cepto identificación efi caz y emocional del grupo . A diferencia de la empatia tradicionalmente estudiada, la IEEG, es una forma peculiar de relaciones interpersonales, en la cual la emoción de uno de los miembros del grupo motiva, de cierta manera, la con­ ducta de los demás miembros del grupo, no sólo orientándola a la realización de la tarea de la actividad, sino también a la elimi­ nación de las influencias que dan lugar a frustraciones en el com­ pañero, La existencia de la IEEG en el sistema de relaciones inter­ personales, es una de las características psicológicas del colectivo .

 

 

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Los parámetros estudiados por nosotros de la actividad del grupo se referían, en lo fundamental, a los fenómenos de la diferencia­ ción interpersonal .

Para comprender las diferencias de los grupos difusos y de los colectivos, fue necesario valorar la eficacia del instrumento fun­ damental, la sociometría, la cual se utiliza por la psicología social tradicional para la diferenciación de grupo, y así se relaciona con ella de determinada manera. El modelo de grupo que -como fe­ nómeno preferentemente emocional-psicológico- constituye la base de las investigaciones sociométricas, no posibilita analizar las relaciones interpersonales de los hombres sobre la base de determi­ nadas normas socio-condicionadas, de orientaciones valorativas y

 

de valoraciones, y lo reduce todo al registro de las interacciones e inclinaciones emocionales mutuas . En este caso no se consideró la intensa actividad orientada del grupo y de sus miembros . La crítica filosófico-metodológica de la idea de Moreno con la cual se acompañaba la introducción de la técnica sociométrica, al cen­ trar su atención en la «ley socio-dinámica* », se acercó a la esencia mecanicista del propio procedimiento sociométrico, lo cual se ma­ nifestó en la planificación y contenido del experimento sociomé­ trico .

 

Los razonamientos señalados formaron la base de tres progra­ mas de investigación de la diferenciación de grupo, los cuales cons­ tituyen la reacción ante diferentes aspectos de la sociometría y permiten comprender con más profundidad las relaciones y comu­ nicaciones interpersonales en el grupo .

 

Una de las particularidades distintivas aprobadas en la psico­ logía social de los procedimientos de medición, es su desvincula­ ción de la actividad real y práctica de los miembros del grupo. Parece que Y a. L. Kolominski, al introducir «la nueva situación experimental* * que, según su criterio, se diferenciaba en esencia del experimento «selección del compañero de pupitre» y, como él sub­ rayaba, «en general, de los experimentos sociométricos», al deno­ minar su «selección en acción» proponía considerar el carácter activo de la comunicación interna del grupo . («Así -escribe Ya. L. Kolominski- , en el experimento "selección en la acción" ( . . . ) lo­ gramos que la selección se realizará no con la palabra, sino con la acción. ») Sin embargo, la «selección en acción» no presenta en realidad diferencias esenciales y de principio respecto a la socio-

 

 

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metría tradicional y no apela a la actividad de los miembros del grupo . La metódica «felicita a tu compañero» con la cual a cada alumno del mismo grado se le da una tarjeta de felicitación, es otra variante para evidenciar la simpatía y la antipatía; es decir, los parámetros fundamentales que caracterizan al grupo como una comunidad emocional-psicológica.

 

De aquí surge la tarea del primer programa experimental, del

 

estudio psicológico de la «selección en acción» incluido en la activi­ dad laboral real del grupo y que depende de su contenido y valores [Yu. V . . Yanotovskaia, 1 973, a) . El segundo programa de la inves­ tigación se relaciona con el problema de las bases valorativas de las preferencias interpersonales que se constatan, pero que no se explican en el test sociométrico y en las cuales no aparece la res­ puesta a la pregunta: ¿Qué hay detrás de la selección y de la pre­ ferencia? Se hizo una proposición acerca de que el núcleo motiva­ cional de la selección interpersonal [V. A. Petrovski, 1 972], ma­ nifestado en la investigación socio-psicológica especialmente orga­ nizada de los motivos de las preferencias, caracterizará de manera más sustancial la diferenciación de grupo que la descripción de la propia red de preferencias emocionales establecidas desde el punto de vista sociométrico . El procedimiento peculiar utilizado para evi­

 

denciar el núcleo motivacional de la selección en el sistema de las

 

relaciones interpersonales [A. l. Dontsov, V. A. Petrovski, 1 972, a,

 

V . A . Petrovski,  1 974] , permitió familiarizarse con la causa oculta

 

y activa de las preferencias sociométricas . En el trabajo experi­ mental de N . M . Shvalev [ 1 974] se demostró que el contenido del núcleo motivacional de la selección (NMS) puede, como los pará­

 

metros AC, UVO, IEEG, servir de índice del nivel de desarrollo del grupo y de su transformación en colectivo.

 

En el proceso de la comunicación interna del grupo, la persona­ lidad se orienta activamente hacia la posición de un grupo deter­ minado (o de su parte), cuyas valoraciones y opiniones son par­ ticularmente significativas para la personalidad y le sirven como punto de referencia en la actividad. Esta particularidad de las relaciones interpersonales no tocada por la sociometría, se ha con­ vertido en la base del tercer programa del estudio del sistema de selecciones y preferencias en el grupo [E. V. Schedrina, 1 973, b, c; 1 975, a], formulado como tarea orientada a explicar lo latente para la observación externa del círculo de referencia de personas o del

 

 

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grupo de referencia. '4 Con este fin se explicó la esencia psicoló­ gica del fenómeno de la referencia y se propuso un procedimiento socio-psicológico especial para evidenciar la referencia (referen­ tometría) .

 

Las opiniones, valoraciones y posiciones de los compañeros res­ pecto a la personalidad dada, el deseo de conocer «qué piensan de mí», «¿respondo yo a las normas y valoraciones del grupo?», inci­ tan la tendencia selectiva y activa de la personalidad hacia unos y la indiferencia hacia otros, entre quienes, como demostraron los experimentos de E. V. Schedrina, se encuentran a veces personas con un status sociométrico bastante alto . Al apelar a los aspectos valorativo y de orientación de las relaciones interpersonales en el grupo como comunidad socio-psicológica, la referentometría, es, por lo visto, la vía más perspectiva - aunque no la única en este sentido­ para comprender la interacción de la personalidad con el grupo en comparación con la sociometría, en todo caso en el aspecto en el cual la misma se ha utilizado hasta estos momentos .

 

Digamos algo más : si la sociometría permite bosquejar las re­ laciones interpersonales en el grupo como cierta comunidad es­ pontánea, en la cual las relaciones son superficiales y preferente­ mente afectivas («él me gusta», «él no me gusta»), el estudio psico­ lógico del colectivo -por su esencia, de referencia para sus miem­ bros (en todo caso, en lo referente al contenido de la actividad conjunta), requiere por necesidad que se consideren los índices referentométricos en el sistema de las relaciones intracolectivas .

 

Es importante que se establezca más tarde (pues ahora sólo se trata de la idea de la investigación), mediante el procedimiento referentométrico, en qué grupo, dentro de varios a los cuales per­ tenece al parecer en igual medida el individuo, se enfocan sus se­

lecciones y dónde han sido localizadas las personas significativas para él. La referencia del grupo para los miembros que se incor­

 

poran        a él  puede  ser un parámetro   que  caracterice  su  desarrollo

y diferencia respecto a una comunidad difusa.    

       Todo lo antes expuesto no significa desacreditar el método so­

ciométrico como tal .  Ante el psicólogo social   se plantea la tarea

de aclarar los límites de la aplicación de la sociometría y en cuyo

14   La      investigación        se      realizó         por    E.  V. Schedrina   bajo  la  dirección  de

G.    M.     Andreieva en        la       cátedra de   psicología social de        la Universidad Esta

 

tal de Moscú.

 

 

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marco la guía de las preferencias individuales es un importante instrumento para quien estudia el grupo .

 

Para nosotros es evidente que la sociometría como método rec­ tor de la investigación puede ser útil para caracterizar los grupos difusos, pero es claramente deficiente para los grupos de un nivel más elevado de desarrollo y, en particular, para el colectivo .

 

Todo lo antes expresado permitió plantear en 1 973 la hipótesis acerca de que en el colectivo como grupo -en el cual las interre­ laciones están mediatizadas por los objetivos y valoraciones de la actividad conjunta-, deben existir necesariamente fenómenos so­ cio-psicológicos que se diferencien cualitativamente de los fenó­ menos propios del agrupamiento casual de personas, en el cual son determinantes las relaciones y la interacción directas de los indi­ viduos (contactos emocionales, sometimiento o resistencia a la pre­ sión del grupo, compatibilidad psico-fisiológica, etc . ) . Estas dife­ rencias cualitativas del colectivo están sujetas a investigaciones cuantitativas; fue posible aclarar, desde el punto de vista experi­ mental, las particularidades de las interrelaciones no existentes en el grupo difuso o que no se palpan prácticamente . Estos pa­ rámetros son: el predominio en el colectivo de manifestaciones de autodeterminación colectivista y la brusca disminución de las reac­ ciones conformistas en situaciones significativas para los miembros del colectivo (trabajos experimentales de l . A . Oborutova, A . A. Turovskaia y L. A . Glazova); la existencia de la cohesión como una unidad valorativa y de orientación (trabajos experimentales de V . V . Shpalinski, A . l . Dontsov y T. B . Davidova); la identificación efi caz y emocional del grupo (trabajos experimentales de A. l. Pap­ kin, M. A. Turevski y V. V. Abramenkova); la riqueza de conte­ nido del núcleo motivacional de la selección en el sistema de las relaciones interpersonales (trabajo experimental de N. M. Shvale­ va); la educación y la honestidad al dar y asumir una responsabi­ lidad por el éxito o fracaso de la actividad conjunta (L. A. Suj ins­ kaia) .

 

El ciclo de trabajos de nuestros colaboradores posibilitó verifi­ car, sobre la base de las premisas teóricas y de las comprobaciones experimentales, la concepción de los grupos pequeños y de los colectivos, aceptada hasta estos momentos y que sirvió espontánea­ mente de verdadera base metodológica de los experimentos socio­ psicológicos, en los cuales las interrelaciones del grupo se caracte­ rizaban por la alternativa «conformismo o independencia», la cohe-

 

 

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s1on de grupo se determinaba por el número de contactos de los miembros de los grupos, la diferenciación de grupo se presenta como el entrelazamiento de las atracciones y rechazos emocionales, etc . ; en una palabra, la actividad de grupo perdió su aspecto de conte* nido y se redujo a las reacciones directas, emocionales y de con­ tacto . Todo intento de extrapolar las regularidades obtenidas de esta manera para caracterizar el colectivo, estaba condenado de antemano al fracaso . En general, al describir con justeza las rela­ ciones interpersonales en los grupos pequeños difusos, la psicolo­ gía social tradicional occidental, no podía aportar nada al estudio psicológico del colectivo como comunidad unida por la actividad y determinada por los objetivos y valoraciones de contenido, so­ cialmente significativos .

 

En relación con esto se demostró que la aplicación de las metó­ dicas del estudio del colectivo aprobadas en una serie de laborato­ rios socio -psicológicos, incluyó espontáneamente al colectivo en una categoría superior al grupo pequeño difuso, en el cual actúan las regularidades mecánicas (presión, sometimiento, estabilidad, etc . ) . En resumidas cuentas, en la característica socio-psicológica del colectivo se incluyeron, por una parte, los parámetros obtenidos desde el punto de vista experimental, los cuales constituyen, ante la comprobación, rasgos del grupo difuso, pero de ninguna manera son rasgos específicos del colectivo, y, por otra, los parámetros realmente específicos del colectivo que sólo se basan en las obser­ vaciones cotidianas, la especulación y la sensatez, pero nunca en el expenmento socio-psicológico. Todo esto constituyó un conjunto no diferenciado de propiedades, cuya autenticidad y revelación es muy dudosa, y el valor de diagnóstico y pronóstico de las conclusiones obtenidas sobre esta base, es en extremo insignificante .

 

A partir de las posiciones del enfoque teórico propuesto por no­ sotros, en el colectivo pueden manifestarse, desde el punto de vista experimental, determinados niveles o capas (estratos) de la acti­ vidad de grupo .

 

La capa superficial (no específica para el colectivo, pero hasta cierto grado inherente a él, como en el grupo difuso y relacionada con él por su origen) forma los parámetros manifestados en el es­ tudio experimental de la interacción directa de los individuos que se incorporaron al colectivo, quienes se mantienen, claro está, en él como en cualquier comunidad humana (se considera la interac­ ción y las interrelaciones emocionales no mediatizadas por el as-

 

 

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pecto de contenido de la actividad conjunta) . Aquí se considera justa la subdivisión de los individuos en conformistas e inconfor­ mes, en «estrella» y «rechazados» (si la selección se realiza sobre la base de las simpatías y antipatías personales, por ejemplo, «felici­ ta a tu compañero», «con quién te gustaría compartir el pupitre, ir al cine, etc. »), así como la revelación de la compatibilidad sen­ somotora, psico-fisiológica o de la incompatibilidad (cuando se trabaja con el homeostato) y de la cohesión (si ésta se comprende como un alto nivel de contacto y se calcula) .

 

En relación con que estos índices no reflejan las características propias del colectivo como comunidad que se destaca por su acti­ vidad orientada y rica en contenido y vinculada a las valoraciones sociales, el instinto de determinar el colectivo mediante esos pará­ metros sólo puede alterar la idea acerca del colectivo respecto a su verdadera identificación con el grupo difuso. Además, observemos que la particulariedades inherentes, incluso a la capa superficial de la actividad interpersonal en el colectivo, no se identifican ple­

 

namente con la dinámica de los grupos difusos . Así, V. A. Bakeev demostró que la sugestión y la conformidad de grupo interna, cuando se utilizan influencias sugestionables, incluso insignificantes en el colectivo, son inferiores a las que se observan en un grupo casualmente reunido .

 

El estrato de la actividad de grupo que se encuentra un poco más profundo, forma los rasgos característicos del colectivo como una comunidad de personas, en el cual sus relaciones e interrela­ ciones son mediatizadas por el contenido de la actividad conjunta, sus objetivos, tareas y valoraciones, los cuales se toman en resu­ midas cuentas en la vida social . Este estrato caracteriza, desde el punto de vista experimental, los parámetros obtenidos; el predo­ minio de los actos de autodeterminación colectivista (AC) sobre las reacciones negativas o de conformidad; la unidad valorativa y de orientación (UVO) del colectivo como índice de la cohesión; la identificación eficaz y emocional del grupo (IEEG); la riqueza de contenido del núcleo motivacional de la selección en el sistema de las relaciones interpersonales; el modelo del grupo como colec­ tivo; la objetividad de dar una responsabilidad ante el éxito o el fracaso de una actividad conjunta; las vías colectivistas de salir de un conflicto dq grupo, etcétera.

 

Por último, como se subrayó en nuestros trabajos de 1 972- 1 973, otro estrato aún más profundo forma la característica específica

 

 

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de la actividad de grupo determinada por su actividad concreta orientada. En aquel momento no teníamos posibilidad de dar carac­ terísticas más concretas de este profundo estrato «nuclear» . En la actualidad, la hipótesis acerca de la existencia del «núcleo» se sigue corroborando; sin embargo, en este caso tenemos que revisar algu­ nas ideas preconcebidas acerca de su esencia psicológica. (Las ideas planteadas en nuestros artículos e informes de 1 972- 1 973 acerca de que el «núcleo» incluye «la estructura de roles colectivos», «la prepa­ ración para la actividad», se han sometido a revisión. ) Es evidente que el «núcleo» psicológico de la actividad de grupo interna está formado por las relaciones de los miembros del grupo respecto al contenido de la actividad, objetivos y valores del grupo, respecto a qué hace el grupo y en nombre de qué lo hace.

 

El conjunto de razonamientos, hipótesis y deducciones antes se­ ñalados y corroborados con materiales experimentales, ha creado la concepción estratométrica de la actividad de grupo interna en los colectivos y grupos .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Segunda Parte

 

 

 

FENOMENOLOGIA DE LAS RELACIONES INTERPERSONALES EN LOS GRUPOS Y COLECTIVOS

 

 

Al caracterizar el surgimiento y desarrollo de la concepción estra­ tométrica, ya nos detuvimos brevemente en los fenómenos funda­ mentales de las relaciones interpersonales que fueron objeto de estudio en las investigaciones experimentales concretas, en cuyos resultados se estructuró a su vez la propia concepción. En los ca­ pítulos siguientes (3-8), los trabajos experimentales concretos se describen con más amplitud. También se ofrece la interpretación necesaria de los propios fenómenos psicológicos (la cohesión como unidad valorativa y de orientación, la autodeterminación colecti­ vista, la identificación eficaz y emocional del grupo, el núcleo motivacional de la selección en el sistema de las relaciones inter­ personales, la referencia y las particularidades, para encomendar y aceptar una responsabilidad cuando la actividad a realizar es colectiva) . También se enfocan las metódicas elaboradas y utili­ zadas para explicar los fenómenos socio-psicológicos señalados . Así, en los seis capítulos siguientes se verán reflejados los resultados de las investigaciones concretas, así como algunas perspectivas se­ gún las cuales se seguirá realizando el estudio socio-psicológico de la fenomenología del colectivo .

 

Entre los capítulos de esta parte ocupa un lugar especial el ca­ pítulo 4 «La autodeterminación colectivista», en el cual se ofrece, en lo fundamental, la parte experimental de las investigaciones del fenómeno de la AC, por cuanto la breve historia de su estudio y los fundamentos teóricos de la selección se han expuesto de manera

 

detallada en el Capítulo 2 .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Capítulo 3

 

 

LA COHESIÓN DE GRUPO COMO UNA UNIDAD

 

VALORATIVA Y DE ORIENTACIÓN

 

El colectivo laboral -como subrayó el secretario general del CC del PCUS y presidente del Presidium del Sóviet Supremo de la URSS, L. l. Brezhnev, en su discurso en la séptima sesión extraor­ dinaria del Sóviet Supremo de la décima legislatura-, es «la célu­ lula primaria de todo nuestro organismo no sólo económico, sino también político» . 1 Una de las tareas más importantes que se plan­ tea hoy día ante la psicología social soviética es el estudio de los mecanismos de la formación de una posición activa ante la vida, de las normas personales y de grupo en el proceso de la intensa actividad laboral, así como el estudio y la búsqueda de las vías para aumentar la cohesión de los grupos y de los colectivos . Sin embargo, la solución exitosa de estas tareas no tendrían sentido sin importantes generalizaciones teóricas de las regularidades del desarrollo de los colectivos socialistas de base, sin la creación de la teoría de la actividad de grupo que refleje, de manera adecuada, las verdaderas fuentes de la integración de grupo y de la diferen­ ciación sobre la base de la teoría marxista-leninista acerca de las regularidades del desarrollo de los sistemas sociales y las leyes dialécticas de la interacción de la personalidad con la sociedad .

 

La investigación de los mecanismos de la integración de grupo y de las fuentes de la actividad de grupo, se incluye dentro de la rama de la psicología social, en los cuales hoy día se percibe, con particular nitidez, la irreconciabilidad de los enfoques, opues­ tos por sus principios metodológicos, predominantes en los países capitalistas, por una parte, y en la psicología marxista, por otra.

Durante el estudio experimental, el grupo pequeño con frecuen­ cia se toma de manera artificial del organismo social y preferente­ mente se considera por los psicólogos extranjeros como una comu­ nidad emocional-psicológica de personas. Al conocer la posibilidad real de la búsqueda de las fuentes de las normas y de las orienta­ ciones valorativas en la propia estructura y dinámica del grupo pri-

 

1     L. l. Brezhnev: Por el camino de Lenin.. Discursos y artículos, Moscú, 1978, t. 6, p. 520 (en ruso).

 

 

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mario, los psicólogos occidentales durante el estudio de los grupos pequeños pasaron el centro de atención a la investigación de las particularidades de la comunicación interpersonal de los individuos en los grupos, la cual se analiza mediante el prisma de las carac­ terísticas emocionales del tipo de simpatías, antipatías, indiferen­ cias, etc.2 Este enfoque del grupo pequeño también condicionó la selección de las estrategias correspondientes de su investigación . Como criterios decisivos para la formulación del concepto «grupo pequeño» y como características más esenciales del mismo, tene­ mos la cantidad, la frecuencia y la duración de las interacciones de los individuos en el grupo (o de los actos comunicativos) .

 

Leemos: «La frecuencia de la comunicación y el tiempo conducen a la creación de los grupos . Uno de los criterios objetivos del grupo es la frecuencia de la interrelación . » 3 G. Homans también subraya que la frecuencia de la interacción, su duración y orden son las características fundamentales y los datos primarios para la for­ mación del concepto «grupo pequeñm> .4 La calidad del grupo es el resultado de su práctica comunicativa: «determinadas cualidades del grupo son las que pueden esperarse a partir de determinado tipo y de la frecuencia de los actos comunicativos», es el resumen que hace T. Newcomb del ciclo de sus investigaciones. 5

 

Después de haber tomado como punto de referencia las rela­ ciones emocionales y psicológicas entre los individuos - las cua­ les se forman, por lo general de manera superficial y, por tanto, se someten a una técnica más o menos simple de observaciones y de registro-, los psicólogos extranj eros contemporáneos no se han planteado la tarea de ver y observar cómo estas relaciones psi­ cológicas que determinan, como nos parece, a primera vista, el con­ tenido de la actividad de grupo y de las relaciones internas del grupo, se hallan en dependencia de las relaciones económicas, po­ líticas y clasistas existentes en la sociedad y determinan el carác-

 

En los trabajos de los psicólogos     y filósofos soviéticos G. M. Andreieva,

G. S. Antipina, L. P. Bueva, V. B.   Olshanski y otros, se han evidenciado,

con  bastante  profundidad,  las  raíces       gnoseológicas,  filosóficas y, en  resu

midas cuentas, de clase de estos criterios. 

 

 

3     D. Cartwright y A. Zander: Group dynamics, Evanston, Illinois, 1953, p. 29.

 

4     G. Homans: The human group, Nueva York, 1960.

 

5     Psychological Review, 1953, vol. 60, no. 6, p. 402.

 

 

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ter específico de los grupos pequeños como una categoría socio-psi­ cológica.

 

Al limitar el análisis de los grupos pequeños a la investigación de las interrelaciones o de los actos comunicativos, fue imposible, claro está, revelar de manera experimental las características más importantes del desarrollo del grupo en su dependencia del conte­ nido de la actividad . Por lo mismo fue imposible explicar el aspecto motivacional de las selecciones y de las preferencias, así como res­ ponder a las siguientes preguntas: ¿Qué constituye la verdadera fuente de la actividad de grupo? ¿Cuál es la diferencia de princi­ pio de un grupo respecto a otro, además del carácter y de las par-

 

ticularidades de los actos comunicativos?

 

En las investigaciones socio-psicológicas, como en cualquier otra rama del saber, la selección de las metódicas y la orientación de las investigaciones dependen, en primer orden, de qué contenido se incluye en uno y otro término y qué aspectos del fenómeno estudia­ do se toman como fundamentales, esenciales y determinantes . Si analizamos un grupo pequeño como una comunidad emocional-psi­ cológica, claro está, pueden explicarse determinadas regularidades de su dinámica después de haber utilizado el análisis de las rela­ ciones interpersonales con uno u otro matiz emocional . En realidad, si los parámetros cualitativos del grupo se analizan casi exclusi­ vamente como consecuencia de su práctica comunicativa, para el diagnóstico del nivel de la actividad de grupo basta con analizar toda la red comunicativa surgida en el proceso de interacción de los miembros y determinar el nivel de satisfacción de los indivi­ duos, de sus simpatías, antipatías e inclinaciones . También pue­ den hallarse hacia quiénes conducen los vínculos comunicativos (líderes) y quiénes están fuera de éstos (outsider), descubrir los in­ dividuos conflictivos o no comunicativos . Después de todo esto, pa­ recería que sólo basta con realizar algunos cambios en la estructura formada del grupo (sacar a los conflictivos o incorporar al grupo a personas con un gran status sociométrico) para que el grupo de­ sunido y desorganizado se convierta en un grupo unido y capaz para el trabajo .6

 

6     Los partidarios de la sociometría escriben acerca de esto: <<Al quitar a

 

personas   con  bajo     status  e incorporar  al    grupo  otras con  un status  más

alto, se      mejoró        la       cohesión de los grupos.  Los    grupos       pueden        reorganizarse

para aumentar     su      cohesión  y  productividad.>>  (D.    Moreno:       Sociometría,

Moscú, 1958, p. 158 [en ruso).)

 

 

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Claro está, este análisis es posible respecto a cada grupo, pero él no nos lleva al porqué en unos grupos las normas y valoraciones individuales no chocan con las del grupo, y en otros, sí . Finalmen­ te, no conoceremos los motivos por los cuales se rigieron los miem­ bros del grupo al manifestar simpatía hacia determinada persona o antipatía hacia otra.

 

Analizar el grupo pequeño, apoyándonos de manera preferente en los fenómenos emocionales y psicológicos de su desarrollo, excluye la posibilidad de analizar las relaciones interpersonales, considerando los factores sociales . Esto conduce, en resumidas cuentas, al simple registro de las interacciones, pues en el propio programa de la investigación no se prevé, como regla, el estudio de determinado sistema de normas y orientaciones valorativas que pueden formarse en el grupo no sólo sobre la base de la comuni­ cación interpersonal, sino sobre una base más importante y ver­ daderamente existente, de la intensa actividad de todos los miem­ bros del grupo; además, no de la actividad en general, sino de la actividad con determinada orientación, carácter y objetivos.

 

Si se seleccionan las metódicas y los métodos de investigación de los parámetros cualitativos de los grupos pequeños, se parte de las representaciones acerca del grupo como una comunidad so­ cio -psicológica de personas (este punto de vista acerca de la esen­ cia de los grupos pequeños es propio de la psicología soviética), esto es ya otra cosa; entonces todas las relaciones psicológicas y emocionales que surgen en el proceso de la interacción de los miem­ bros del grupo, pueden explicarse no tanto por las particularida­ des de las relaciones comunicativas (claro está, también se conside­ ran durante la investigación), como por las capas más profundas de la dinámica del grupo derivadas de por sí de las relaciones socio- económicas predominantes en la sociedad, la base de la exis­ tencia de cualquier grupo pequeño .

 

Así, el enfoque del grupo pequeño, como un fenómeno socio­ psicológico, no sólo permite comprender ante todo la esencia de las interacciones (actos comunicativos), sino también detectar las capas más significativas y profundas de la actividad del grupo e introducir la determinación metodológica en el estudio de los aspec­ tos emocional-psicológico y socio -psicológico de las relaciones in­ terpersonales . La dialéctica de su interacción es tal que al aspecto socio-psicológico corresponde el principio rector y, por tanto, los matices de la comunicación interpersonal sólo pueden explicarse de

 

 

61

 

manera adecuada cuando se consideran los factores sociales del desarrollo del grupo .

 

Creemos que es totalmente injusto unir la especificidad de lo social y de lo socio-psicológico en el aspecto emocional-psicológico, al intentar evitar la respuesta exacta a esta pregunta: ¿Cuáles son los factores del desarrollo del grupo y de la actividad de éste con­ siderados rectores y determinantes?

 

Si la frecuencia y la cantidad de contactos entre los miembros del grupo pueden ser realmente un índice peculiar de la actividad en los grupos difusos o nominales, para comprender la actividad del grupo que forma un colectivo, estos índices ya son insuficientes; pues la cantidad y frecuencia de las interrelaciones en el colectivo no son tan importantes como la unidad ideológica de los miem­ bros del grupo y el grado de concientización de las tareas y de los objetivos de la actividad del colectivo por parte de éstos.

 

Entre un gran número de índices que pueden caracterizar al gru­ po pequeño, desde el punto de vista del contenido, la cohesión

 

(group cohesiveness) ocupa el primer lugar.

 

En la actualidad, en la psicología social se presta gran atención a la cohesión de grupo, por cuanto en dependencia de esta cua­ lidad del grupo se consideran las demás características . La concep­ ción acerca de la cohesión de grupo fue formulada por primera vez en Estados Unidos. En 1 946, en el seminario sobre los grupos pequeños realizados por R. Bales en la Universidad de Harvard ya se habló de la necesidad de un estudio minucioso del fenómeno que ha interesado a todos, y en los trabajos realizados a fines de la década del 40 por L. Festinger y por otros investigadores, se consideró la cohesión de grupo como una de las direcciones prin­ cipales en el estudio de la dinámica de grupo .

 

Las investigaciones comenzadas por psicólogos norteamericanos eran en lo fundamental de laboratorio. Como objetos de estudio se presentaban grupos artificialmente creados desde 2 hasta 7-9 perso­ nas que funcionaban en situaciones artificialmente modeladas (en una atmósfera de cooperación y de ayuda mutua, de rivalidad y de competencia de principios de dirección, autoritarios y democráti­ cos, etc . ) . El objetivo de las investigaciones es determinar las fuer­ zas que mantienen a los hombres en los grupos y que consolidan la relación entre ellos.

 

Por cuanto como base del modelo inicial de la interacción se tomó el grupo difuso compuesto, en lo fundamental, por perso-

 

 

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ñas, cuya interacción no estaba mediatizada por la comprensión de lo común de las tareas y objetivos de la real actividad conjun­ ta y socialmente útil, a los investigadores sólo les quedó la posibi­ lidad de detectar las fuentes de la actividad del grupo recurriendo a la fij ación y al análisis de la frecuencia y del carácter de las in­ terrelaciones de los grupos sujetos a investigación .

 

He aquí por qué la frecuencia de la interacción (o el número de comunicaciones en el grupo) se relacionaba estrechamente con las fuentes de la actividad del grupo y su amplia utilización en muchos trabajos de diagnóstico y pronóstico de la conducta y de la pro­ ductividad de los grupos pequeños .

 

A su vez, la misma se relacionaba con una característica del grupo, la cohesión, de cuyo nivel y grado de desarrollo también dependen la productividad del grupo, la estabilidad de su estruc­ tura y la capacidad para soportar la frustración y resistir las fuer­ zas orientadas al debilitamiento o ruptura de las relaciones inter­ nas del grupo . «Los grupos se diferencian uno de otro, ante todo, por el grado de cohesión», señalan D. Cartwright y A. Zander7 en su resumen acerca de la dinámica de grupo .

 

«Por cohesión entendemos el efecto definitivo en todos los miem­ bros del grupo de la acción de las fuerzas que los mantienen den­ tro del marco del grupo y consolidan el vínculo entre ellos», es­ cribe A . Matejko,0 al remitirse a D . Cartwright. La cohesión, de acuerdo con el criterio de D. Cartwright y A. Zander, «es un estado del grupo al cual se ha llegado como resultado del aumento de las interrelaciones entre los miembros del grupo» .9 G. Homans afirma que «mientras mayor es la frecuencia de la interacción entre los miembros del grupo, mayor es el grado de sus simpatías entre sí, mayor es el nivel de cohesión, y viceversa» . 10

 

Así, la fuerza que retiene a los hombres en los grupos y que con­ solida el vínculo entre ellos, denominada con bastante precisión, hay que buscarla, ante todo, en las particularidades en que suce­ den los actos comunicativos (las interacciones) dentro del grupo . De acuerdo con las ideas iniciales de los autores de la concepción

 

7     D. Cartwright y A. Zander: Group dynamics, p. 73.

 

  A. Matejko: «Mala grupa>>, en Studia socjologicuie, 1962, no. 2, p. 22 (en polaco).

 

 

9     D. Cartwright y A. Zander: Group dynamics, p. 74.

 

10   C, Homans: The human group, p. 112.

 

 

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de la cohesión de grupo, la frecuencia y la cantidad de contactos son fuentes de la unidad interna del grupo, y la estimulación del núme­ ro de comunicaciones entre los miembros del grupo conduce, en resumidas cuentas, a que los grupos menos unidos se unan más y a que algunos individuos sean semejantes unos a otros en lo refe­ rente a sus normas, disposiciones y orientaciones valorativas (T. Newcomb denomina a este fenómeno armonía) . Por ejemplo, J. Mo­ reno considera que puede lograrse un alto grado de cohesión en el grupo cambiando la composición del grupo, reubicando a sus miembros y variando la estructura de las interrelaciones del gru­ po . 1 1 La cohesión, señalan autores norteamericanos, es, en resumidas cuentas, la atracción del grupo y la satisfacción que siente la mem­ bresía por él . El grado de atracción depende de hasta qué punto sus miembros simpatizan entre sí y con qué frecuencia e intensi­ dad se comunican, y qué satisfacción se siente por la membresía cuando el grupo satisface la necesidad de la personalidad de co­ municarse, de sentir seguridad y de que se le reconozca.

S.  Schachter, A.  Lott y T. Newcomb relacionan la cohesión de

 

grupo con la atracción, al considerarla como una de las bases de la cohesión . Una de las pruebas de la gran atracción del grupo para sus miembros es el gran número de selecciones positivas mu­ tuas . El aumento del número de interacciones de los miembros del grupo aumenta la atracción hacia el grupo y entre sí, aumenta la atracción del grupo para los individuos que lo componen . La atrac­ ción se relaciona estrechamente con el consentimiento . La seme­ janza de las posiciones respecto a alguien o a algo (lo que T. New­ comb denomina armonía, o mejor dicho, consentimiento, consensus) conduce a una mayor atracción del grupo . Notemos que como ob­ jeto de consentimiento no se fij an los aspectos significativos de la actividad de contenido del grupo, sus orientaciones morales. Los autores de la concepción de la cohesión de grupo consideran que la frecuencia de las interacciones con el correspondiente matiz emocional, conduce a la semejanza de posiciones de los miem­ bros del grupo, la cual se expresa en asumir una misma actitud hacia determinados objetos .

 

Así, la cohesión de grupo se caracteriza por los afectos mutuos de los miembros del grupo, por el alto nivel de su atracción mu­ tua y por la atracción del grupo para ellos, así como por el con-

 

11   J. Moreno: Sociometría, pp. 156-159.

 

 

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sensus respecto a alguien o a algo . Al tratar la importante cues­ tión acerca de la semejanza de las posiciones y disposiciones como un rasgo fundamental de la cohesión de grupo, T. Newcomb la re­ duce, sin embargo, a la nada, al afirmar que la semejanza de las posiciones de los miembros depende, en lo fundamental, de la frecuencia de su comunicación y está determinada por ella. «Las características cualitativas de los grupos están determinadas por las condiciones y las consecuencias de los actos comunicativos»; éste es el resultado de un buen número de trabajos de psicólogos extranjeros . 1 2

 

En los trabajos de T. Newcomb, las raíces del enfoque de la in­ vestigación de los problemas de la actividad del grupo están se­ ñalados con bastante claridad . Él concluye que la situación final en la cual los sujetos que se seleccionan entre sí hallan la seme­ janza en las relaciones de la selección de los demás, se determi­ na en gran medida por los factores emocional-psicológicos. 13

 

La investigación de otras fuentes de la actividad del grupo no se consideró durante largo tiempo por muchos psicólogos norteameri­ canos y esto retrasó el ulterior desarrollo de la teoría de la diná­ mica de grupo; ésta fue una de las causas que la condujeran a un callejón sin salida.

 

La mayoría de los experimentos realizados en Estados Unidos acerca de la dinámica de los grupos pequeños, señala M. Argyle, fueron experimentos de laboratorio en los cuales se utilizaron gru­ pos artificiales. 1 4 Planteamientos de otros autores norteamericanos han corroborado esto .

 

«Si los resultados de las investigaciones socio-psicológicas -se señala en el trabajo del psicólogo norteamericano l. Silverman­ no ayudan a planificar el desarrollo de la sociedad, esto no se

 

debe a que la psicología social no estudie esos temas, sino a que sus datos están muy lejos de la vida cotidiana: los grupos artifi­ cial y espontáneamente creados durante los experimentos son, en lo fundamental, el objeto de su investigación. Conocemos muy poco

 

12   Psychological Review, 1953, vol. 60, no. 6, p. 393.

 

13   «Sociología de hoy>>, en Problemas y perspectivas. Sociología burguesa norteamericana de mediados del siglo XX Traducción extractada del inglés. Bajo la redacción de T. V. Osipov, Moscú, 1965 (en ruso).

 

14   A. Welford, N. Argyle, D. Glass y J. Morris: «Society>>, en Problems and Methods oi Study, Londres, 1967, p. 80.

 

 

65

 

acerca de la esencia de los verdaderos procesos de la dinámica de los grupos pequeños _,;;¡ En los grupos del tipo difuso o nominal tomados como modelos por psicólogos norteamericanos, fue difí­ cil captar otra cosa que no fueran las interacciones y los actos co­ municativos: incluso no podía hablarse de las capas más profun­ das de la actividad del grupo. La interacción de los individuos en estos grupos estaba mediatizada en menor medida por la com­ prensión de las tareas y los objetivos de la actividad conjunta.

 

Los propios psicólogos norteamericanos se remiten a las dificul­ tades teóricas y metodológicas que experimenta hoy día la psico­ logía social extranjera. «Las relaciones entre los hombres son en extremo complejas; dependen de muchos factores, y nuestras in­ vestigaciones sólo tocan una parte relativamente pequeña del ele­ mento consciente en estas relaciones», señala M. Argyle . 16 R. Bales considera «la creación del índice integral de la cohesión de gru­ po», 15 16 17 como una de las tareas más complejas .

 

Existen varias metódicas y muchos procedimientos para la ob­ tención de índices denominados coeficientes de cohesión de grupo . Al comparar entre sí estos índices, los investigadores tratan de tomar de ellos determinada información acerca de las particula­ ridades de los procesos del desarrollo interno del grupo .

 

La mayoría de las metódicas (D. Krech, R. Crutchfield, M . Ar­

 

gyle,  J.  Moreno,  R.  Bales  y  otros)  se  apoya en  la hipótesis  de

 

G.    Homans  acerca de  que  entre  la cantidad,  la frecuencia y  la

 

intensidad de las comunicaciones (interacciones) en el grupo y su cohesión existe una relación directa, que la cantidad y la fuer­ za de las selecciones mutuas positivas o negativas es una prueba de un determinado nivel de la característica cualitativa del grupo, denominada cohesión . 18

 

En la psicología norteamericana para medir la cohesión se uti­ liza el test sociométrico o escalas de medición especialmente ela­ boradas . «La cohesión puede medirse mediante estos datos -es­ cribe M. Argyle-, como el porciento en el grupo de selecciones

 

mutuas, el número de interacciones, la cantidad total de seleccio-

15   American Psychologist, 1971, vol. 26, pp. 583-584.

I6    A. Welford, N. Argyle, D. Glassy y   J. Morris: «Society>>*, en Problems

and Methods oí Study, p. 87.

 

17   Cita del libro de D. Cartwright y A. Zander: Group Dynamics, p. 68.

 

18   G. Homans: The human group, pp. 110-125.

 

 

66

 

nes y el número total de miembros del grupo . »19 En su resumen relativo a las metódicas sociométricas, l. P. Volkov presta aten­ ción a que el coeficiente de cohesión de grupo se determina con frecuencia como cociente de la división del número de interrela­ ciones entre la cantidad teóricamente posible para el grupo dado y se calcula por la siguiente fórmula:

 

2 (S Au)

 

e      =   -----------------------------

 

 

n (n - 1 )

 

donde C es e l índice de cohesión de grupo y n, e l número de miem­

bros en el grupo .20    

La fij ación de las         interacciones es un proceso bastante comple­

jo .  En los primeros     trabajos acerca de la cohesión de grupo sólo

se fij aban la frecuencia y la duración de las interacciones . Todo tipo de trato entre los individuos se registraba como una inter­

acción,  por cuanto en su        proceso ocurría un  intercambio peculiar

de información.  En  1 940,    E.  Cheaple y S . Arensberg propusieron

esta metódica y después  se    perfeccionó,  en gran medida, por R.

Bales  y se  introdujo  en        la       práctica de  las  investigaciones  como

el «método de Bales» .21               

 

P . Nelson y N . Barry calculaban la cohesión por esta fórmula:

 

 

 

e      =

 

N

 

 

«mu

 

 

fl MB 3     N

 

 

donde N es el número de miembros del grupo; tu, el número de miembros con selecciones mutuas; ftn3, el número de miembros que

 

19   M. Argyle: Social interaction, Londres, 1969, p. 220.

 

2º    l.  P.  Volkov:  Los  métodos  sociométricos  en  las  investigaciones  socio-

 

psicológicas. Leningrado, 1970, pp. 77-78 (en ruso). El resumen de las metó dicas de la investigación de la cohesión de grupo en la psicología social

 

extranjera, también se cita en  el artículo de R. L. Krichevski: «El problema

de    la cohesión de los grupos pequeños en la psicología social extranjera**,

en    Voprosy Psijologii, 1973, no. 3.        

 

21   Ver V. A. Yadov: La investigación sociológica, Moscú, 1972, pp. 1 14-1 15; Yu. N. Voronov: Métodos de la recolección de la información en la inves­ tigación sociológica, Moscú, 1974, pp. 133-138 (ambas en ruso); R. Bales: Interaction Process, Nueva York, 1964, pp. 177-195.

 

 

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recibieron selecciones mutuas; «m b 3 1 el número máximo de selec­ ciones mutuas posibles en el grupo; y ík ;h . el tamaño del subgrupo más pequeño no relacionado por selecciones mutuas con otros sub­ grupos .22

 

Los coeficientes de cohesión antes mencionados, obtenidos al calcular las selecciones mutuas y las interacciones de los miem­ bros del grupo, se hallan en el intervalo entre el cero y la unidad; pero el rango de su dispersión no es, por lo general, alto y oscila en un pequeño intervalo entre 0, 1 -0,2 . Aún no conocemos los casos cuando se haya citado el coeficiente de cohesión de grupo por encima de 0,3 -0,4 . Esto crea ciertas dificultades al comparar los

 

grados de la actividad del grupo .

 

A partir de representar la cohesión como la simpatía mutua o la atracción mutua de los miembros del grupo (L . Festinger, T. Newcomb), E. Aronson y D . Linder propusieron a los miembros

 

del grupo que se evaluaran entre sí según una escala de 2 1  pun­

 

tos,  desde - 1 0  («me  desagrada  mucho»)  hasta  + 1 0       («me  gusta

 

mucho») . La media aritmética de las evaluaciones de todos los miembros del grupo fue tomada por ellos como el índice de co­ hesión.

 

n(n- 1 )

 

S Ki

 

i = 1

 

C -

 

n(n-1)

 

donde - 1 0 < K < -j - 1 0, y n es el número de miembros del grupo .23

 

Al ver en la atracción interpersonal la base  de  la cohesión, A.

 

Lott y B. Lott propusieron que el índice de cohesión de grupo se expresara mediante la suma de las magnitudes medias de las eva­ luaciones mutuas realizadas por parejas en el grupo (esta suma es igual a la semisuma de todas las evaluaciones mutuas de los miem­ bros del grupo), según una escala de 9 puntos: desde -4 («me desagrada mucho») hasta +4 («me gusta mucho»).24

 

22   R. L. Krichevski: «El problema de la cohesión de los grupos pequeños en la psicología social extranjera», Voprosy Psijologi,i, 1973, no. 3.

 

23   Journal oí Experimental Social Psychology, 1965, vol. 1, no. 2.

 

24   ldem, vol. 62, no. 2.

 

 

68

 

n(ti-l)

 

X Ki

i = 1

 

e      ----------

 

 

4n(n-l)

 

donde -4 /\ K /\ + 4, y n es el número de miembros. En este caso, cmax es igual a 2n (n- 1 ), y cmm - 2n (n-2).

 

En otros muchos trabajos, la cohesión se medía a partir del grado de identificación de la personalidad con el grupo («¿hasta qué punto es importante el grupo para nosotros?») y según una escala de 5 - , 9- o 1 6 puntos . El coeficiente de cohesión de grupo se calculaba por la fórmula:

 

n

 

X Ki

 

i = 1

e = ----------------------------- ,

 

[5nj

 

donde n es el número de miembros, y 1 /\ K /\ 5 . El coeficiente va­ riaba de cero a la unidad .25

Al analizar los índices mencionados, los psicólogos norteameri­ canos tratan de hacer, sobre la base de su análisis, las conclusiones acerca de aspectos tan importantes de la organización del grupo, como la productividad y la estabilidad baj o la acción de fuerzas ex­ ternas, la unidad normativa de los miembros, etcétera.

 

¿Es justo que sobre la base del estudio de los fenómenos de la atracción o fij ación de las interrelaciones de los miembros del gru­ po, se llegue a conclusiones acerca de la incorporación de los hom­ bres al trabajo o se analice este grado de cohesión como una fuente de las normas y orientaciones del grupo? Aquí hay argumentos para dudar. No puede dejarse de considerar que, al determinar el grado de cohesión de los mismos grupos mediante diferentes metódicas, se hayan obtenido datos contradictorios. Hubo grupos que con un determinado tipo de metódica obtuvieron un alto coeficiente de cohesión, y con otro tipo el coeficiente fue bajo . De acuerdo con los conocimientos que tenemos al respecto, ningano de los psicó­ logos norteamericanos ha obtenido, hasta estos momentos, datos

 

25   The American Journal of Sociology, 1952, vol. 57, no. 5.

 

 

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experimentales que nos muestren la existencia de una relación positiva entre los diferentes coeficientes de cohesión.26

 

La investigación de los fenómenos emocional-psicológicos de la comunicación interpersonal en los grupos pequeños, es sin dudas un problema importante y no puede dejar de provocar objeciones; los coeficientes de cohesión (o de su modificación) antes citados refle­ jan, en realidad, la intensidad de la comunicación de los miem­ bos del grupo y, en cierta medida, el grado de sus simpatías y atracciones. Aunque en este caso, la intensificación de los con­ tactos entre los miembros del grupo no sólo puede ser una prueba de la consolidación de las relaciones amistosas o de trabajo entre ellos orientadas a un bien social, sino también puede estar total­ mente relacionada con aspiraciones egoístas .

 

Sin embargo, al investigar la dinámica de la actividad del gru­ po -por ejemplo, del colectivo científico (cátedra, laboratorio de investigación científica)- puede chocarse con hechos que no pue­ den explicarse a partir de ideas socio-psicológicas tradicionales acerca de la esencia del fenómeno estudiado . Así, en la investiga­ ción de V. V. Shpalinski se fij ó, de manera experimental, la fre­ cuencia media de las intersecciones propias de todo el grupo y de algunos miembros durante dos años (se hicieron 12 mediciones de control) . Más tarde se compararon los datos acerca de la can­ tidad media de contactos propios de cada individuo en diferentes períodos del funcionamiento y desarrollo del grupo . Sin embargo, no se detectó una dependencia significativa entre la frecuencia y la intensidad de las interacciones y el nivel de desarrollo del gru­ po. Se observó la siguiente tendencia: en las etapas iniciales de la existencia del grupo primario, la frecuencia de interacciones entre los individuos fue bastante alta (C = 0,20 - 0,22); aunque el grupo de acuerdo con el nivel de desarrollo (mediante las evaluaciones periciales), pudiera incluirse dentro del difuso o nominal . La sig­ nificativa intensificación de los contactos estaba relacionada con el período organizativo, la distribución de los papeles y los debe­ res, con la precisión de las tareas y los objetivos de la actividad. Después, a medida que se fueron desarrollando los procesos de la integración y de la diferenciación de grupo, a medida que las in­ teracciones de los individuos se fueron mediatizando con las tareas y objetivos comunes de la actividad, la frecuencia de las interac-

 

26   R. Fernander: Social Psychology, Nueva York, 1972.

 

 

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dones (de los contactos) decayó en gran medida, durante largo tiempo se mantuvo en un nivel bajo (C = 0,02 - 0, 1 5) . La «ruptu­ ra»» comunicativa que sucedió después, el aumento de la frecuencia de los contactos -el cual, según las concepciones socio-psicológicas adoptadas en Occidente, debía haber significado un aumento de la cohesión-, en el caso observado se relacionaba con dificultades significativas que tuvo que soportar el grupo en su desarrollo cuando su unidad y nivel de actividad integrativa se debilitaron y decayeron en mucho .27

 

Si como datos iniciales sólo utilizan la cantidad de miembros en el grupo28 y la frecuencia de sus interacciones, es imposible valorar la «calidad»» o «característica»» de la cohesión .

Por último, subrayamos que si el número de interacciones (con­ tactos de las selecciones mutuas) puede considerarse, en determina­ da medida, como portador de cierta información acerca de los gru­ pos difusos; al investigar las fuentes de la actividad de los grupos del tipo de los colectivos, estas características deben complemen­ tarse con la investigación indispensable de los determinantes más profundos de la dinámica del grupo con una naturaleza social, mediatizados por la estructura social de la sociedad y por sus principales valores .

 

Por desgracia, la solución práctica, concreto-metódica de la cuestión acerca de la esencia de la actividad del grupo dada por una serie de investigadores soviéticos durante un largo períodq de tiempo, estuvo en contradicción con las posiciones metodoló­ gicas primarias y se redujo al análisis de la cohesión como una característica emocional-psicológica del grupo . Al considerar la cohesión como una de las características fundamentales del grupo y al determinarla como una medida de unidad del colectivismo, de la ayuda mutua y al hacer hincapié en la diferencia de prin-

 

27   También constituyen una prueba de esto los resultados del experimento cinematográfico reflejado en el filme «El colectivo, ¿éxitos y fracasos?» (guionista S. A. Dubrovski, director A. N. Mikulski, consultante A. V. Pe­

 

trovski),    en el cual se estudiaron  las     fuentes y consecuencias del       conflicto

en    el colectivo científico. Con relación   a esto, ver S. Dubrovski «El       conflicto

en    tres    dimensiOnes»». Nota final de  A.      V. Petrovski, en Znamia, 1978, no. 12

 

(en ruso).

 

28   M. Sherif considera que el límite del grupo primario docente y de pro ducción es de 10 personas; A. Harre lo reduce a 5-7 personas. Ver R. Brown; Social Psichology, Nueva York, 1965, p. 86.

 

 

71

 

c1p10 del carácter de la cohesión del colectivo primario socialista de otros tipos de comunidades humanas, una serie de psicólogos y sociólogos soviéticos fueron presa de las concepciones occiden­ tales de la cohesión de grupo, al tomar, como datos iniciales para la obtención de los coeficientes de cohesión, sólo dos parámetros: el número de miembros del grupo y la cantidad de interacciones con diferentes matices emocionales .

 

En la actualidad, en la mayoría de los trabajos acerca de los fundamentos socio-psicológicos de la dirección de los colectivos primarios, al analizar la cohesión de grupo como un rasgo esen­ cial y caractereológico del colectivo primario, se relacionan los recursos experimentales para la detección del fenómeno de la cohesión con el análisis del sistema de comunicaciones e inter­ acciones en el grupo (A . G. Sorokovoi, V . M . Shepel, otros) .

 

La idea acerca de que la cohesión es la unión comunicativa de los individuos -la cual forma la base de los procedimientos me­ tódicos utilizados por ellos y refleja, de una manera más o menos adecuada, el fenómeno real de los grupos difusos- , es totalmente improductiva cuando la misma se convierte en la base metodo­ lógica de la investigación de los colectivos unidos, en primer orden, por los objetivos, tareas y principios de la actividad conjunta so­ cialmente útil. He aquí por qué es importante orientar las inves­ tigaciones contemporáneas para evidenciar los parámetros más informativos de la cohesión de grupo que no sólo incluyan en sí las características emocional-psicológicas, sino ante todo las socio­ psicológicas de contenido . Este enfoque posibilita materializar la concepción estratométrica del colectivo .

 

En relación con esto se realizó un programa de investigaciones, en el cual se planteó sobre la base del experimento la tarea de considerar las características más importantes del grupo, lo común del sistema de sus orientaciones valorativas, de los objetivos, nor­ mas, disposiciones, inherentes a todo el grupo como un todo único [V . V. Shpalinski, 1 972, a) .

 

La parte más dinámica de la estructura de la personalidad está constituida por sus particularidades socialmente condicionadas: la orientación, los motivos, las normas, las orientaciones valorativas . Es comprensible por completo que en esta unión de cualidades personales que forman la estructura de la personalidad, a los psicólogos sociales les interesan, en primer lugar, estas cualida­ des socialmente condicionadas, más dinámicas y, por consiguiente, que obedecen directamente a los procesos de dirección.

 

 

72

 

Al conocer el sistema de motivos, normas y orientaciones va­ lorativas de la personalidad, es más fácil comprender las particu­ laridades de su estado de ánimo y de su conducta en el grupo, el grado de su adaptación social y el supuesto nivel de actividad social y laboral . Por eso, para caracterizar los grupos según de­ terminados parámetros esenciales, es necesario manifestar la exis­ tencia o no de lo común de las orientaciones y disposiciones va­ lorativas de los miembros del grupo . Al establecer las normas y las orientaciones valorativas del grupo puede obtenerse una de­ terminada idea acerca de la característica más importante del grupo, pues la orientación social de los grupos forma la conducta individual e influye en la productividad y capacidad de trabajo de los colectivos . La tendencia de la personalidad a interpretar el colectivo como una fuente de orientación, conduce a una signifi­ cativa homogeneidad en las disposiciones de los miembros del grupo durante la realización de la actividad conjunta.

 

Todo esto posibilita introducir la comprensión de la cohesión como una forma de mediatizar las relaciones interpersonales con el contenido y las valoraciones de la actividad del grupo . La cohe­ sión interpretada de esta manera se presenta como una unidad valorativa y de orientación del grupo .

 

De aquí que la unidad valorativa y de orientación (UVO) como índice de la cohesión de grupo se presente como característica integral del sistema de las relaciones internas del grupo que de­ muestra el nivel o el grado de coincidencia de los criterios, valo­ raciones, disposiciones y posiciones del grupo respecto a los obje­

 

tos   (objetivos  de  la  actividad,  personas,        ideas, acontecimientos)

 

más significativos  para  el     grupo  en  general [V .    V .     Shpalinski,

 

1 973, b, p. 147] .

 

A partir de esto, se introdujo un nuevo procedimiento para la obtención del equivalente empírico de la cohesión (índice de cohe­ sión) : la frecuencia de las coincidencias de los criterios o posicio­ nes de los miembros del grupo en relación con los objetos, esen­ cialmente significativos para el grupo en general .

 

Al disponer de estos índices pueden compararse entre sí los diferentes grupos . Además, al conocer el grado de cohesión del grupo pueden tomarse medidas oportunas de carácter educativo para elevar el nivel de la actividad integral del grupo y estable­ cer los límites de su estructura óptima. «Después de haber des­ cifrado» los índices de cohesión como índices de la unidad valo­ rativa y de orientación del grupo, pueden obtenerse datos para

 

 

73

 

representaciones más profundas acerca del carácter de las interre­ laciones de las personalidades en el grupo que las obtenidas cuan­ do se utilizaron los índices de cohesión.

 

El alto grado de coincidencia de los criterios, valoraciones y posiciones de los individuos respecto a las cuestiones más signifi­ cativas para el grupo, es una consecuencia de la intensa actividad conjunta y socialmente condicionada del grupo con un carácter objetai . Precisamente ella sirve de base de la comunicación entre los miembros del grupo y se convierte en fuente para intensificar las relaciones entre los mismos . Por eso, es más correcto conside­ rar el carácter y la frecuencia de las interacciones ( comunicacio­ nes) en el grupo como una consecuencia de la unidad de las normas y de las orientaciones valorativas de los miembros del grupo, a la cual llega el mismo como resultado de una intensa actividad conjunta.

 

La unidad valorativa y de orientación del grupo como índice de su cohesión no presupone, de ninguna manera, la coincidencia de las valoraciones y posiciones de los miembros del grupo en todas las relaciones, la nivelación de las personalidades en el grupo; por ejemplo, en la esfera de los gustos, las valoraciones estéticas y los intereses de lectores. El panorama multifacético y tan desigual de estas orientaciones, no obstaculiza el manteni­ miento de la cohesión del grupo . La unidad valorativa y de orientación en el colectivo es, ante todo, la aproximación de las valoraciones en la esfera moral y laboral y en el enfoque de los objetivos y tareas de la actividad conjunta. Si algunos miembros del grupo consideran, por ejemplo, que la tarea planteada a él es irrealizable o que el jefe del grupo es incapaz de garantizar su realización en virtud de su incapacidad para dirigir, otros miem­ bros del grupo tienen una opinión contraria, y semejantes diver­ gencias son típicas para este grupo, no puede hablarse entonces de cohesión de grupo . Lo fundamental es que cuando hablamos de la unidad valorativa y de orientación del colectivo, consideramos el alto nivel de estas propias valoraciones sociales.

 

Citemos  el  esquema típico  de  la investigación  de  la cohesión

 

como  una unidad  valorativa y de  orientación  [V.  V .  Shpalinski,

 

1 972, a] .  En los primeros tiempos, los grupos de  escolares y de

 

estudiantes eran el objeto de investigación, después también se aprobaron las metódicas en las brigadas de montadores, estiba­ dores, constructores y en las brigadas de producción de una serie de empresas .

 

 

74

 

Al elaborar la primera metódica se propuso que los miembros del grupo manifestaran las disposiciones semejantes en la valora­ ción del líder. Después de haber establecido las orientaciones valorativas de los miembros del grupo, fue posible compararlas entre sí y como resultado de esto determinar el grado de cohe­ sión de grupo .

 

Previamente se propuso a todos los alumnos sujetos a estudio que respondieran por escrito a la siguiente pregunta: ¿Cuáles son, a su juicio, los rasgos y peculiaridades que debe poseer (y no po­ seer) el líder? Los alumnos debían escribir tanto características positivas como negativas. Después se elaboraron diferentes va­ riantes de las características del líder (las mismas eran diferentes

 

para  los  escolares  y  los  adultos).  Cada  variante  constaba de      1 5

conceptos,  los    cuales  se  encontraban  con  mayor  frecuencia    en

las  definiciones  individuales .  Con  posterioridad  se  propuso      que

del conjunto generalizado de las características del  líder -es decir,

 

con los 1 5 conceptos dispuestos en un orden casual-, se estableciera

 

la serie de rangos .  Los primeros lugares debían ser ocupados por

 

los conceptos más esenciales y fundamentales, según el criterio de los alumnos; es decir, las cualidades; los últimos lugares se­ rían ocupados por los conceptos menos esenciales y negativos . Sobre esta base se confeccionó la serie modal de las cualidades del líder, la cual se comparaba después con las series de rangos realizadas por cada participante en el experimento . El grado de relación se calculaba mediante el coeficiente de correlación de Spearman.

 

Mientras mayor fue la aproximación de los coeficientes obte nidos y mayor en cuanto a su valor absoluto, mayor fue, según los datos iniciales, la cohesión del grupo sujeto a estudio.

 

Después se halló la suma aritmética de los coeficientes de co­ rrelación de rangos y se dividió entre la suma máxima posible de los coeficientes; es decir, entre el número de miembros del grupo, por cuanto el coeficiente máximo pudo igualarse a la uni­ dad. El cociente obtenido de la división de estos números se tomó como coeficiente de cohesión. Además se construyó la serie según las distribuciones de los coeficientes individuales de rango de los miembros del grupo, y sobre su base se hizo la curva.

 

·      Si como modelo peculiar de un grupo de una cohesión ideal, utilizamos la curva de distribución normal, al hacer la curva que se corresponde con la distribución real de los coeficientes de ran­ gos de cada grupo concreto, en el modelo pueden verse de mane-

 

 

75

 

ra ilustrativa las particularidades de la cohesión del grupo sujeto a estudio . Es evidente que los grupos de mayor cohesión tendrán las curvas más acentuadas hacia arriba. En la figura 1 se han representado cuatro curvas que se corresponden con la cohesión de cuatro de los grupos participantes en el experimento .

Al analizar la curva número 4, detectamos un segundo pico en el intervalo 9,0 - 9,5 que indica que en este grupo hay una agru­ pación («núcleo») de personas que al valorar al líder evidenciaron la igualdad de criterios no coincidente con las disposiciones de los demás miembros del grupo (la medida sociométrica manifestó en verdad la agrupación) . Las curvas de los grupos número 1 y 14 corresponden a los grupos de mayor cohesión (sus picos se acen­ túan hacia arriba) . Así, las formas de las curvas de las distribu­ ciones de los coeficientes constituyen una ilustración de los coefi­ cientes de cohesión .

 

8

 

 

7

 

6

 

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1

 

 

 

 

Figuro 1 Curcas que se corresponden con le distribución de los coeficientes según las frecuencias en los grupos.

 

La segunda metódica desempeñó el papel de control, pues no sólo posibilitó utilizar las representaciones ideales acerca del líder (patrón), sino también la experiencia de la vida social de un grupo dado . Cada miembro del grupo formaba una serie de rangos con los miembros de su grupo de acuerdo con los criterios: «¿En su grupo quién podría ser jefe de equipo cuando en verano vayan al campamento de trabajo y descanso?» (para los escolares); «¿Quién sin dudas desempeñará mejor la responsabilidad del grupo cuan­ do vayan a trabajar en verano en el destacamento estudiantil de

 

 

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la construcción?» (para los estudiantes); «¿Quién de los miembros de su brigada posee capacidades organizadoras y, a vuestro juicio, pudiera ser en estos momentos un buen dirigente?» (para los obre­ ros), etc . El primero en la lista era el miembro del grupo más deseado en este sentido . El último era el considerado con menos posibilidades . Más tarde, para cada miembro del grupo se hizo el siguiente cálculo: ¿Cuántas personas coincidieron con cada uno de ellos en señalar la misma persona?, y se determinó el coefi­ ciente de coincidencia de los criterios para cada miembro y para todo el grupo. Este coeficiente también se tomó como índice de cohesión de grupo .

 

Señalemos de inmediato que los coeficientes obtenidos mediante las metódicas descriptivas eran comparables entre sí y la relación entre las mismas fue igual a 0,88 (P /\ 0,05) .

 

Así, después de obtener los patrones (matrices) de las valoracio­ nes de grupo -es decir, después de manifestar los criterios, opi­ niones, valoraciones y las disposiciones del grupo como un todo único hacia los objetos o fenómenos, para la actividad y la existen­ cia del grupo con una gran importancia-, tuvimos la posibilidad de comparar o de llevar este patrón de grupo (norma) a las ma­ trices individuales que establecen determinado sistema de valora­ ciones, criterios y posiciones de cada individuo en particular.

 

Al comparar la serie patrón de rangos de las características del líder aprobada por todo el grupo con las series individuales de rangos de sus diferentes miembros durante un prolongado perío­ do de tiempo, fue posible observar las particularidades de la dinámica de la formación de las orientaciones valorativas y de dis­ posiciones de la personalidad . Cuando «lo personal» y «lo grupal» no coincidan, los coeficientes pudieran corroborar que estos indi­ viduos aún no se han adaptado al grupo o que el grupo aún no es de referencia para ellos . En estos casos puede hacerse un pro­ nóstico de los posibles conflictos provocados por el choque de las normas individuales y de las valoraciones de algunos miembros del grupo con las valoraciones y normas colectivas .

 

Por ejemplo, en uno de los grupos de los escolares (VII grado) la serie patrón de rangos de las características del líder se presentó de la siguiente manera: 1) Es capaz de sacrificarse en aras de los demás compañeros; 2) Es justo en todo y con todos; 3) Es sencillo;

 

4)    Es excelente en los estudios; 5) Es capaz de defender a los más débiles; 6) Tiene muchos intereses, le gusta leer; 7) Defiende sus

 

 

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criterios;  8)  Es  autocrítico,  reconoce  los errores;  9) Es  capaz  de

 

terminar todo lo que empieza; 1 O)   Es capaz de lograr que los de­

más se subordinen;  1 1) Tiene        buena apariencia y fortaleza     física;

1 2) Es profundo y cuidadoso en la toma de decisiones;  1 3) Habi­

lidad para delegar en    los     demás;        14) Habilidad para «adaptarse»

a las personas adultas;  1 5)   Habilidad para salir airoso       de situacio­

nes embarazosas .

 

Esta serie, al caracterizar las buenas condiciones del grupo, co­ rrobora que la mayoría de sus miembros se rigen por estas dispo­ siciones o normas en la esfera de las categorías ético-morales que se corresponden con las tareas y objetivos de la formación de ciudadanos activos sobre las bases del colectivismo, la ideología, la pureza moral y los principios. No es casual que todas las carac­ terísticas negativas del líder aparezcan al final de la serie, es decir,

 

se    incluyen dentro    de las inaceptables .  Los  coeficientes de  rango

de    los  rasgos  del      líder  -considerados  como  patrón  en  este  caso

para cada  alumno        del  grupo-  fueron  muy  semejantes  entre  sí .

Los  coeficientes de      correlación de rango entre las matrices grupal

e individual oscilaban entre 0,62 - 0,82.

Al mismo tiempo, entre los alumnos hubo tres personas que sus distribuciones individuales por rangos no podían dejar de alarmar­ nos . En un caso, aparecía en primer lugar la habilidad de salir airoso de situaciones embarazosas, la habilidad de delegar en los demás y sólo en el quinto-séptimo lugares situaba el rasgo refe­ rente a ser justo, sacrificarse por los demás compañeros y defender a los más débiles; otro adolescente valoró, en primer lugar, la ha­ bilidad para subordinar a los demás, la buena apariencia y la for­ taleza física (en los últimos lugares señaló ser autocrítico, sen­ cillo y tener amplios intereses) . Después de haber analizado sus matrices, los pedagogos señalaron las vías del enfoque individual de cada uno de estos alumnos con el fin de reeducarlos .

 

También es demostrativo que mientras mayor cohesión hay en el grupo, mayor es el grado de su unidad valorativa y de orienta­ ción y más unido es en sus aspiraciones y exigencias respecto a cada individuo . Durante el juego la «Zarina», en situaciones espe­ cialmente modeladas cuando fue necesario determinar el grado del castigo a los alumnos de su grupo y a los alumnos de otros grupos por no cumplir las reglas del juego, en los grupos de bajo nivel de desarrollo se observó una marcada tendencia a ser condescen­ dientes con los «suyos»; mientras que en los grupos del tipo colee-

 

 

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tivo, los alumnos sancionaban con iguales criterios a los «suyos» y a los «ajenos», se regían por orientaciones semejantes y mani­ festaron motivos de un mismo tipo [V . V . Shpalinski, 1 975, c) .

Al calcular los índices de cohesión de grupo sobre la base de las metódicas sociométricas, como datos primarios sólo se toman la cantidad de miembros del grupo y la frecuencia de las relaciones entre los mismos. Surge la pregunta: ¿Existe relación entre los coe­ ficientes de cohesión de grupo como comunidad comunicativa y los coeficientes de cohesión como unidad valorativa y de orienta­ ción del colectivo? Se obtuvieron coeficientes sociométricos de la cohesión de todos los grupos en las diferentes etapas de los experi­ mentos . Los datos obtenidos fueron insignificantes (de 0,08 a 0,2), y no se evidenciaron relaciones significativas entre los mismos y los coeficientes de cohesión como unidad valorativa y de orientación . Esto hace dudar, una vez más, de la seguridad del enfoque socio­ métrico en los casos cuando se trate de la fij ación de la unidad va­ lorativa y de orientación del grupo como parámetro que manifiesta

 

no las relaciones superficiales entre los hombres ni tampoco los actos mecánicos de atracción mutua y de repulsión, sino las rela­ ciones profundas basadas no en la frecuencia de los contactos, sino en los principios de la actividad conjunta y socialmente valiosa.

 

Como resultado del análisis de todos los datos experimentales se llegaron a conclusiones esenciales acerca de que en los colectivos el coeficiente de unidad valorativa y de orientación, a diferencia de los grupos de bajo nivel de desarrollo, fue muy alto . Si en los grupos -que por sus índices objetivos pudieran incluirse dentro de los colectivos- los coeficientes de cohesión se aproximaron a la unidad (de 0,6 a 0,92), en los grupos -que por el nivel de su desa­ rrollo pudieran incluirse dentro de los difusos-, los coeficientes oscilaron entre 0, 1 y 0,4 .

Así, el enfoque analizado del problema de la cohesión de grupo permitió demostrar el alto nivel de la unidad valorativa y de orien­ tación en el sistema de las relaciones interpersonales en el colectivo y su poca manifestación en los grupos difusos . Todo esto posibilita incluir la cohesión como unidad valorativa y de orientación dentro de una segunda capa de la estructura estratométrica del colectivo, dejándola como la unión comunicativa del grupo en calidad de una de las características de la tercera capa superficial de la acti­ vidad interna del grupo y de una de las cualidades del grupo difuso [A . V. Petrovski, V. V. Shpalinski, 1 978) .

 

 

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¿      Existen relaciones entre la cohesión de grupo como unidad de orientación valorad va y su productividad? La investigación de la relación entre los coeficientes de UOV y el número de miembros del grupo, el tiempo de funcionamiento, la edad, la cantidad de «núcleos», el status de los miembros, el grado de sus pretensiones, la estabilidad de la autovaloración de los individuos, etc . , son cues­ tiones que adquieren especial importancia y particular interés sólo cuando se demuestra que existe un nivel significativo de relación entre la productividad de los grupos y los niveles de su cohesión .

 

Después de haber utilizado el método de los jueces competentes, V. V . Shpalinski propuso a personas de autoridad para los grupos (como dirigentes, activistas) que situaran en un orden por rangos los grupos investigados desde el punto de vista de su capacidad de trabajo, su rendimiento académico, su actividad social . Estas series se compararon con las series de estos mismos grupos a las cuales se le dieron rangos según la magnitud de sus coeficientes de cohe­ sión ( 1 2 de los grupos de alumnos estudiados eran de una mis­ ma escuela y ocho grupos de estudiantes pertenecían a un centro docente). Los coeficientes de relación entre la cohesión como uni­ dad valorativa y de orientación y la productividad, la producti­ vidad y el rendimiento académico de los grupos, fueron iguales a 0,56 - 0,82. Casi todos los grupos de mayor capacidad de trabajo y organización estaban incluidos en los grupos de mayor cohesión .

 

La investigación de la cohesión de grupo como su unidad valo­ rativa y de orientación, se siguió realizando en los últimos tiempos en tres direcciones .

 

La primera dirección se relacionaba con los trabajos de R . Weis­ man, Yu. V . Yanotovskaia y L . N. Komarova. R. S. Weisman y Yu. V . Y anotovskaia propusieron una nueva variante de la metódica del estudio de la UVO un tanto diferente a la utilizada por V. V . Shpalinski y la probaron en las condiciones del campamento de verano de los cuatro activos del Komsomol (para los escolares) y después R. S . Weisman junto con L. E. Komarova realizaron un experimento socio-psicológico en las brigadas de los jóvenes obre­ ros de la fábrica «Ya. M. Sverdlov» en Moscú. En estas brigadas, el trabaj o tenía un carácter colectivo; del trabaj o de cada miembro de la brigada dependía el resultado general de su actividad . Al comparar los datos obtenidos en los destacamentos de los esco­ lares y de los alumnos de los últimos grados del campamento «Komsorg» y en las brigadas obreras, los experimentadores cons-

 

 

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tataron, ante todo, un nivel más alto de la UVO, según las cualida­ des significativas para la personalidad en el colectivo, en los jó­ vénes obreros (en esencia, de la misma edad) en comparación con los escolares (el mayor grado de la UVO en las brigadas obreras es de un 8 1 % y el menor es de un 48 %, y en el campamento «Komsorg», los porcientos son respectivamente de 35,9 y 1 5,9.

Otros resultados de la investigación también son muy demos­ trativos . En las brigadas de obreros incorporados a la actividad verdaderamente colectiva, se consideraron, en primer lugar, las cua­ lidades más significativas de la personalidad, de acuerdo con los datos del experimento, que caracterizan la actitud del hombre ha­ cia el trabajo (el interés por el trabajo, el amor al trabajo, la con­ ciencia, etc . ); en segundo, las cualidades éticas (rectitud, modestia, etcétera), y, en tercer lugar, las características emocionales (bondad, sociabilidad, etc.). En el campamento escolar se reflejaron, en pri­ mer lugar, las cualidades referentes a la esfera de las relaciones emocionales; en segundo, las cualidades éticas, y las cualidades que manifiestan la actitud hacia el trabajo quedaron en último lugar.29 Como señalan justamente R. S. Weisman y L. E. Komarova, los datos obtenidos afirman que las particularidades de la situación en que funciona el grupo (en particular, el carácter específico de su actividad conjunta), contribuyen a la actualización, la revelación y la evaluación de las cualidades de la personalidad relacionadas con la actividad conjunta (en las condiciones del campamento de descanso se señalaron las cualidades emocionales y comunicativas; en las brigadas de trabajo, las cualidades significativas para el éxito del trabajo conjunto).

 

R.    S. Weisman y L . E. Komarova llegan a la conclusión de que la actividad conjunta de grupo posee la propiedad de la apercep­ ción social es decir, la capacidad de actualizar y orientar la aten­ ción del grupo hacia la evaluación de las cualidades de la persona­ lidad de sus miembros, significativas para el éxito de la actividad conjunta. El alto grado de la UVO en las brigadas de obreros y la atención a las cualidades importantes para el trabaj o colectivo, aparecen, precisamente, como una de las características más im­ portantes de estos grupos como colectivos y permiten dar un paso más hacia la validación de las metódicas pºara manifestar la cohe-

 

29   Señalemos que la investigación se realizó en la primera etapa de la formación de los colectivos en el campamento «Komsorg«.

 

 

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sión de los grupos . La justeza de esta conclusión se corrobora con los datos obtenidos por los experimentadores acerca de la existen­ cia de determinada relación positiva entre la UVO y la efectividad de la producción de las brigadas obreras . Las brigadas con un ma­ yor grado de UVO en la situación de la actividad colectiva labo­ ral, son más efectivas que las brigadas con un grado bajo de UVO . Si tomamos por verdadero el juicio acerca de que el colectivo es un grupo no sólo unido, sino efectivo en su cohesión, los datos ob­ tenidos son muy demostrativos .

 

La segunda dirección de las investigaciones de la cohesión den­ tro del marco de la concepción estratométrica, estuvo condicionada por el deseo de explicar la existencia de las dependencias de co­ rrelación entre la UVO y otros parámetros de la actividad grupal . Como se señaló antes, los grupos en los cuales predomina un alto grado de UVO se incluyen dentro de los más organizados y capa­ citados para el trabajo, y la confrontación de la UVO y de la afec­ tividad de las brigadas de producción evidenció entre ellos la exis­ tencia de una relación positiva. Surgió una interrogante acerca de la relación de los fenómenos de la UVO y la autodeterminación colectivista.

 

Al orientarse en la idea inicial de la concepción estratométrica acerca del fenómeno de la AC como una verdadera alternativa del conformismo, V. V. Shpalinski planteó la hipótesis acerca de que entre la cohesión del colectivo como su unidad valorativa y de orientación y el grado de autodeterminación colectivista, debe exis tir una relación lógica determinada por el contenido socialmente significativo y valioso desde el punto de vista personal.

 

 

Esta hipótesis fue comprobada de manera experimental por T. B . Davidova [ 1 973). La investigación se realizó en 18 grupos estudian­ tiles; en ella participaron más de 400 alumnos . En este caso se uti­ lizó la metódica de l . A . Oborutova para manifestar la AC y la metódica utilizada por V . V . Shpalinski para la determinación de la UVO . Las deducciones más importantes obtenidas por T. B . Da­ vidova se reducen a que, en los grupos con un mayor grado de UVO, el fenómeno de la AC se observa en 66 -87 % de 1°8 miem­ bros del grupo . En los grupos en los cuales se detectó un bajo grado de cohesión, el porciento de AC es mucho menor y la confor­ midad se incrementa. En general, el trabajo de T. B . Davidova rea­ firma de manera convincente la hipótesis acerca de la interrelación de los parámetros AC y UVO .

 

 

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Es notable que en los trabajos de L. Festinger, S . Ash, S . Schachter y de otros psicólogos norteamericanos se ha establecido la relación entre la cohesión de grupo y el grado de conformidad de sus miembros: el aumento del número de contactos entre los miembros del grupo conduce a elevar su conformidad (el coe­ ficiente de correlación entre el grado de conformidad y la cohe­ sión alcanza O, 72) . Es muy probable que la dependencia hallada por los científicos norteamericanos refleja, en verdad, una situa­ ción psicológica real, pero no es en todo tipo de grupo, sino sólo en la variedad que denominamos grupo difuso, y de ninguna ma­ nera puede extrapolarse al colectivo .

Con posterioridad se propone la comprobación de otras hipóte­ sis referentes al problema de la cohesión como unidad valorativa y de orientación y que emanan de los principios fundamentales del enfoque estratométrico de la actividad grupal . Se ha hecho la siguiente conjetura: si el nivel de cohesión como unidad comu­ nicativa disminuye cuando se aumenta el número de miembros del grupo, el nivel de cohesión como UVO no presenta una dependen­ cia manifiesta de la característica cuantitativa del grupo, pues está definida por otras de sus determinantes de mayor contenido .

 

La tercera dirección del estudio de la cohesión representada por los trabajos de A. l. Dontsov, quien labora bajo la dirección de G. l. Andreeva, ha adquirido una extraordinaria importancia en el contexto del enfoque estratométrico . Al investigar la cohesión de grupos de acuerdo con los principios de la concepción estratomé­ trica, A . l . Dontsov propuso un nuevo enfoque de la cohesión como una característica integral del desarrollo del colectivo, el cual com­ bina en sí las ventajas del análisis del colectivo como una estruc­ tura de varios niveles de interrelaciones mediatizadas por el con­ tenido objetal-valorativo de la actividad del grupo (A. l. Dontsov, 1 975, b, g).

 

 

Para A . l . Dontsov, el postulado de A . l . Leontiev, según el cual la investigación científica de la actividad requiere necesariamente la definición de su objeto, fue el punto de partida para la unión fructífera de la concepción socio-psicológica de los grupos y de los

 

colectivos  y  de  la teoría psicológica general  de  la actividad .  Ni

 

el propio grupo social como sujeto de la actividad, ni las formas

 

y recursos de su actividad, pueden determinarse como tales sin hacer referencia al objeto de la actividad conjunta.

 

 

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Al Valorar de manera positiva la idea central de V . V . Shpalinski acerca de la unidad valorativa y de orientación como el índice más importante de la cohesión del grupo, A . l . Dontsov señala, al mismo tiempo, el determinado carácter unilateral del enfoque pro­ piamente experimental de la cohesión de grupo como semejanza

 

de representaciones acerca del objeto de la orientación del grupo. Este enfoque, según su criterio, debe complementarse por el es­ tudio de otro aspecto de la unidad de orientación valorativa: la investigación acerca de en qué grado esta representación mediatiza la actividad de los miembros del grupo con relación al objeto de las orientaciones y hasta qué punto son unidos sus esfuerzos para la realización práctica de semejantes orientaciones valorativas .

 

En la capa «nuclear» (objetai a diferencia del segundo estrato interpersonal de la actividad interna del grupo) surge, según A . l . Dontsov, el fenómeno de la integración del colectivo en un grupo superior que se expresa en el acto de la mediatización de las ac­ tividades individuales por el contenido valorativo único del objeto de la actividad conjunta.30

 

Éste fue el punto de partida para organizar el experimento rea­ lizado por A . l . Dontsov . Los colectivos pedagógicos escolares -es decir, los colectivos de pedagogos- constituyen el objeto de inves­ tigación. Se planteó la hipótesis acerca de que el factor principal de la cohesión del colectivo pedagógico es la unidad valorativa del nivel objetai de la actividad interna del grupo . Como conse­ cuencia empírica de esta hipótesis se plantearon dos postulados . El primero: el carácter común de las normas pedagógicas de la for­ mación de la personalidad -es decir, del plano objetai de la activi­ dad del maestro-, objetivamente realizados en la actividad de los colectivos de maestros, resulta superior a la concordancia de las representaciones subjetivas de los maestros acerca del «patrón» del alumno . El segundo: el grado de concordancia de las definiciones valorativas del pedagogo que tienen los maestros resulta, por el contrario, más alto cuando las mismas han sido dadas en las re­ presentaciones acerca del «patrón>> del alumno y no será tan alto cuando las mismas sirvan a los verdaderos criterios de las interre­ laciones en el colectivo de maestros .

 

30   Desde nuestro punto de vista sería más acertado el concepto de «unidad objetal-valorativa» como la cohesión del grupo en un mayor grado.

 

 

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A . l . Dontsov utilizó un procedimiento metódico especial que permite manifestar los fundamentos objetal-valorativos de la acti­ vidad del pedagogo y la integración de las posiciones de los maes­ tros en relación con el alumno como objeto de la educación y en relación con los colegas como miembros del grupo profesional . Este procedimiento representaba en sí una modificación peculiar del recurso utilizado para evidenciar el núcleo motivacional de la selección y se redujo a algunos procedimientos experimentales .

 

Variante A: características por los maestros de los escolares (lo cual es particularmente importante en relación con que la actividad pedagógica exige el conocimiento de las particularidades indivi­ duales del desarrollo de la personalidad de los alumnos). Varian­

 

te B: características de los maestros por los maestros.

 

Como resultado del procesamiento de la variante A (maestros­ alumnos) se señaló que la concordancia de las valoraciones reales de los alumnos es mayor en todos los casos que la concordancia de las representaciones acerca del patrón del alumno . En otras pala­ bras, al ser los fundamentos de la educación real de la práctica del maestro, las definiciones objetal-valorativas del alumno tienen mu­ cho en común en comparación con las definiciones relativas al pa­ trón . En contraposición con esto, en los resultados de la variante

 

B     (maestros-maestros) se manifiesta el grado de dependencia inver­ sa; es decir, el grado de lo común existente en las representaciones acerca del patrón del maestro es mayor que la medida de la uni­ dad de los criterios reales de las interrelaciones profesionales .

 

El aparente carácter paradój ico de las deducciones de las inves­ tigaciones de A . l . Dontsov está condicionado, en resumidas cuen­ tas, porque en su trabajo aparecen interrelaciones de diferente tipo . En un caso, las mismas están condicionadas por el carácter objetai de la actividad conjunta (maestros-alumnos), entonces la cohesión del colectivo durante la realización de las valoraciones en el tra­ bajo pedagógico concreto, es mayor que la cohesión del mismo en el plano de las representaciones ideales, pero en general no com­ prometedoras y a menudo discutibles acerca de cómo debe ser en general el alumno . En el otro (maestros-maestros), el problema se plantea en el plano de las relaciones interpersonales dentro del colectivo de maestros y, en esencia, no tiene plano objetai, pues la actividad productiva en el colectivo pedagógico (y, en particular, esto es propio precisamente de este tipo de colectivo) está mucho menos orientada a los miembros del colectivo; es decir, a los pro-

 

 

 

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pios pedagogos y tiene como objeto la variación orientada (ense­ ñanza y educación) de los alumnos .

 

No hay por qué asombrarse de que aquí las definiciones valora­ tivas de los rasgos del buen pedagogo tengan una mayor concor­ dancia en comparación con los fundamentos valorativos de las re­ laciones reales entre los maestros. Probablemente, si el investigador hubiera continuado el experimento y analizado la variante C (alum­ nos- alumnos), el resultado de las series análogas se asemejarán más a la variante B (maestros-maestros) que a la variante A, maestros­ alumnos). Si profundizamos aún más en la esfera de las hipótesis y consideramos la posibilidad de realizar otra variante D (alumnos­ maestros), es posible que sus resultados sean mucho más análo­ gos a la variante A (maestros-alumnos).

 

Todas estas hipótesis se estructuran a partir del principio fun­ damental de la concepción estratométrica, según la cual las interre­ laciones de los hombres en los grupos se mediatizan, en mayor o menor grado, con los objetivos, tareas y valores de la actividad conjunta; es decir, con su contenido real . En relación con esto puede considerarse que las variantes A y D deben manifestar en mayor grado el carácter mediatizado, pues el contenido del traba­ jo conjunto en un buen colectivo docente-educativo del grado31 presupone la mediatización de las interrelaciones por los objetivos y resultados de la actividad conjunta.

Este proceso debe tocar en gran medida la interacción de los maestros y los alumnos entre quienes ocurre el constante intercam­ bio de los productos y los resultados de la actividad, surgen las relaciones de dependencia en las cuales el éxito o el fracaso de la actividad del maestro se manifiesta en el éxito o fracaso de la ac­ tividad del alumno y, por el contrario, la enseñabilidad y la edu­ cabilidad del escolar son los criterios de la efectividad pedagógica del trabajo del maestro . La fuerte capa de las relaciones objétales que surge en el proceso del trabajo docente-educativo debe oca­ sionar de manera necesaria los fenómenos de la actividad grupal ya parcialmente manifestados por A. l . Dontsov y parcialmente for­ mulados en forma de hipótesis .

 

 

31 Aquí utilizamos el concepto «colectivo docente-educativo» en el sentido en que se emplea en la literatura pedagógica cuando se considera la comu nidad cohesionada de maestros y alumnos.

 

 

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¿      Las interrelaciones de los propios alumnos devienen mediati­ zadas en mucho por el aspecto de contenido de su actividad do­ cente? ¿Cuáles son los argumentos para considerar que nuestra va­ riante hipotética B es semejante a la variante B? El carácter de la actividad docente que se ha adoptado en la actualidad en la escue­ la media, no estimula por sí mismo la cohesión en un nivel objetal­

valorativo.

El trabajo docente del grupo, incluso cuando es frontal, no in­ cluye en sí en esencia el tipo de interacción laboral que presupone el intercambio de productos de la actividad y la dependencia de res­ ponsabilidad entre los miembros del colectivo, medida por el aporte de cada uno al resultado general, y por eso sigue siendo trabajo conjunto, pero individual . En la ¿ictualidad, los pedagogos (J . Yu . Liimets, L. l . Novikova y otros) prestan atención a esta circuns­ tancia al estudiar las posibilidades para la creación de una activi­ dad docente verdaderamente colectiva (ver capítulo 1 1 ) .

 

¿De esto se deduce que el colectivo de escolares no tiene la posi­ bilidad de tener cohesión en el nivel objetal-valorativo? Semejante deducción sería injusta y contradictoria respecto al indiscutible he­ cho de la existencia real de estos colectivos unidos por grados . Hay fundamentos para considerar que la cohesión objetal-valorati­ va de estos colectivos se crea en lo fundamental a cuenta de la actividad laboral conjunta, del trabajo social activo, de la ayuda mutua, al realizar las tareas para la casa y de otros fac tores que mediatizan, de manera eficaz, la actividad intragrupal y no en la actividad docente en · 1a clase, la cual debe ser fundamental para el

 

escolar.

 

Al resumi:i - el análisis de las tres direcciones del estudio de la co­ hesión sobre la base de los principios del enfoque estratométrico de la actividad intragrupal, es necesario subrayar que hasta el pre­ sente se han acumulado hechos que permiten manifestar los di­ ferentes aspectos psicológicos del fenómeno de la cohesión de gru­ po. En relación con esto surge la tarea de la formación activa de la cohesión como la cualidad más importante del colectivo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

87

 

Capítulo 4

 

AUTODETERMINACIÓN COLECTIVISTA

 

La autodeterminación colectivista (fenómeno AC) - o, lo que es lo mismo, la autodeterminación de la personalidad en el colectivo acer­ ca de la cual ya se habló bastante en la primhera parte del libro 1 y a partir de cuyo estudio comenzó propiamente el proceso de forma­ ción de la concepción estratomética-, es un fenómeno bastante com­ plej o desde el punto de vista fenomenológico y el mismo puede estudiarse desde diferentes aspectos, centrando la atención de ma­ nera preferente en determinadas manifestaciones del mismo du­ rante una u otra investigación . Una de las primeras tentativas de la investigación experimental del fenómeno de la autodetermina­ ción colectivista, fue la tesis de l . A . Oboturova [ 1 973 a], en la cual este fenómeno no coincide en sus manifestaciones concreto-con­ ductuales con ciertos fenómenos de las relaciones interpersonales, la sugestión y la conformidad. En el trabaj o de Oboturova se rea­ lizó, por primera vez, la delimitación experimental de estos fenó­ menos y se demostró que la autodeterminación colectivista es im­ posible reducirla ni a uno ni a otro .

 

l . A . Oboturova estudió la autodeterminación colectivista como un fenómeno propio del grupo con un alto grado de desarrollo, del colectivo . En la investigación se utilizaron el método de encuesta y la instalación experimental especial estructurada y destinada al es­ tudio de la sucesión, por parte de V . F . Safin [ 1 969] .

 

En el experimento participaron 225 escolares de los grados IV, VII, IX y X de la ciudad de Siktivkar. Como material para el es­ tudio de las manifestaciones de la autodeterminación colectivista, se seleccionaron los juicios referentes a las valoraciones ético­ morales .

 

Previamente se puso de manifiesto cómo valoran los alumnos de los diferentes grados la justeza de estos juicios ético-morales. Las encuestas planteadas a los alumnos en estudio incluían los juicios ético-morales que se corresponden con las normas morales del modo de vida socialista, así como las que se oponen a estas normas . Para cada grupo de edades se seleccionaron diferentes grupos de jui­ cios. Durante el experimento se les planteó a los alumnos fam i-

 

  Ver el Capitulo 2, en el cual se analizaron en detalle los problemas teóricos de la AC y la metodología del experimento para su determinación.

 

 

88

 

liarizarse con la lista de juicios y responder con cuáles estaban de acuerdo y con cuáles no . Como resultado del procesamiento de las respuestas obtenidas se manifestaron las orientaciones ético-morales de los alumnos de los diferentes grados .

 

Después se enseñó a los alumnos a trabajar en la instalación experimental . Mediante el magnetófono se les dictaban los mismos juicios y se les planteó la tarea de manifestar su acuerdo o desa­ cuerdo con los mismos . La cantidad de juicios a valorar varió de 1 3 a 19, en dependencia de la edad.

Después mediante el «grupo confabulado»» se creó un conflicto experimental de opiniones, además la valoración propuesta por el «grupo confabulado»» no coincidía frecuentemente con las valoracio­ nes de los propios alumnos (todas las valoraciones se referían a la justeza de los mismos juicios ético-morales) . Este procedimien­ to estaba destinado a la diferenciación de las respuestas y juicios conformistas que expresan el acto de la autodeterminación co­

 

lectivista.

 

A cada alumno se le propuso en nombre de todo el grupo re­ nunciar a las valoraciones antes hechas referentes a la justeza de los juicios ético-morales, además los juicios adecuados (se consi­ deraban adecuadas las respuestas que correspondían a las normas ético-morales aprobadas en nuestra sociedad) del «grupo confabu­ lado»» se alternaban con los inadecuados .

 

Al reaccionar ante la opinión del «grupo confabulado»», el alumno podía actuar de dos maneras: estar de acuerdo con el criterio del grupo y con ello manifestar conformismo o, a pesar de la presión, seguir manteniendo el juicio correcto, manifestando con ello un acto de autodeterminación colectivista.

 

El experimento demostró que la mayoría de los alumnos respon­ dieron de manera adecuada a los juicios ético- morales presentados . Así, en la serie preliminar, la cantidad total de respuestas adecuadas respecto a todo su conjunto durante la encuesta fue de un 92,6 %; además en el grado IV, el 89,8 %; en el VII, 93,5%, y en el X, 94,7 %. Al trabajar en la instalación experimental, la cantidad promedio de respuestas adecuadas se redujo a un 84,5 % en la eta­ pa inicial del trabajo, y después se incrementó a un 9 1 , 1 % .

 

En la Tabla 1 se presentan los datos acerca de la cantidad abso­ luta y relativa de respuestas colectivistas y conformistas en los di­ ferentes grupos de edades en la serie fundamental (incluido el con­ flicto) de la investigación .

 

 

89

 

TABLA 1

 

Cantidad absoluta y relativa de respuestas colectivistas y conformistas

 

en diferentes grupos de edades

 

 

       Cantidad     Cantidad     % de actos  Cantidad de % de

       total de        de actos      de AC         reacciones   reacciones

Grupos     respuestas   de AC                   conformistas        conformistas

                                            

IV   406    244   60,1  162   39,9

VII  704    546   77,5  158   22,5

IX y X       869   748   86,1  121   13,9

Total         1 979 1 538          441  

 

 

 

Los datos de la Tabla 1 corroboran que en la serie fundamental más de las tres cuartas partes de todas las respuestas constituyen

en sí actos de autodeterminación colectivista. La inmensa mayo­ ría de los alumnos no se sometieron a la presión del «grupo confa­ bulado» y rechazaron el criterio falso que se opone a las valora­ ciones ético-morales aprobadas en sus colectivos; además, la can­ tidad de actos de autodeterminación colectivista se incrementó poco a poco de 60, 1 % en IV grado a 86, 1 % en IX y X grados, y de aquí, como es evidente, en relación con las observaciones con­ formistas, se observó una tendencia opuesta: su cantidad total dis­ minuyó de 39,9 % en IV grado a 1 3 ,9 % en los grados IX y X.

 

Es necesario señalar que los actos de autodeterminación colec­ tivista lo manifestaron a menudo los alumnos en relación con los juicios que se oponen al individualismo y al colectivismo . Por ejemplo, al presentar los juicios «Primero piensa en un compañero y después recuerda acerca de ti mismo» y el juicio opuesto al mismo, obtuvo en IV grado 27 respuestas colectivistas y tres respuestas conformistas, y en VII grado no hubo ni una sola reacción con­ formista. En los primeros grados, las reacciones conformistas se relacionaban con los juicios referentes a la valoración justa de conceptos, como la valentía y el heroísmo . Alrededor de la mitad de los alumnos de IV grado cedieron ante la presión del grupo en la respuesta al juicio «Reconocer ante el grupo una falta es cobar­ día y ocultarla es valentía» . En los alumnos de los grados IX y X, casi no hubo reacciones conformistas ante semejantes juicios . Los

 

 

 

90

 

e scolares de los últimos grados valoraron de manera correcta la justeza de los juicios propuestos y no se sometieron a la presión del «grupo confabulado» .

El análisis de los resultados también demostró que en el caso de las niñas la cantidad promedio de respuestas correctas fue un tanto mayor que en el de los muchachos .

 

Así, la investigación de l . A . Oboturova permitió diferenciar los actos de autodeterminación colectivista de las reacciones confor­ mistas y representar los mismos en un nivel operacional-conductual como diferentes fenómenos .

 

En el trabajo de l . A . Oboturova se estudió la manifestación de la autodeterminación colectivista con relación a las valoraciones de importancia social general adoptadas en el grupo . Al mismo tiem­ po, según los postulados de la concepción estratométrica, la auto­ determinación de la personalidad en el grupo presupone la ma­ nifestación, por parte de sus participantes, de las tendencias de la autodeterminación no sólo respecto a las valoraciones de carácter social general adoptadas en el grupo, sino también respecto a las valoraciones específicas de grupo determinadas con preferencia por el contenido particular de su actividad . En relación con esto, surgió la tarea de seguir investigando el fenómeno de la autodetermi­ nación colectivista de la personalidad en el grupo respecto a las valoraciones específicas para la misma. La investigación de A. A . Turovskaia [ 1 976, a] debía haber resuelto esta tarea.

 

Los objetivos y tareas de la actividad conjunta constituyen una de las valoraciones fundamentales del grupo . Ellos diferencian un grupo de otro y determinan otros fenómenos grupales . Los objetivos de la actividad conjunta se utilizan como criterios de la diferencia­ ción de los grupos reales según su función social en: docentes, pro­ ductivos, deportivos, artísticos, militares, etc. El trabajo de A. A. Turovskaia se dedicaba al estudio del proceso de atribución, por parte del grupo, de los objetivos socialmente significativos dados al mismo y del grado en que se expresa el fenómeno de la auto­ determinación colectivista en dependencia de la medida en que se atribuyen estos objetivos. El método fundamental de investigación fue el experimento formativo psicológico-pedagógico.

 

La proposición acerca de la dependencia de la autodeterminación colectivista de la medida de la atribución de los objetivos, se com­ probó en las condiciones de la diferente atracción que tienen los objetivos para los miembros del grupo . Fueron objeto de estudio

 

 

91

 

los alumnos de la escuela pedagógica de Dnepropetrovsk (54 1 ) de

 

16 a 1 9 años .    Al principio del    experimento se formaron grupos de

8-13 alumnos      sobre  la base de   conocerse entre sí, pero sin tener

en cuenta las simpatías personales .

 

La investigación se estructuró según el esquema del experimento de l. A. Oboturova. Primero se manifestó la orientación general de los participantes respecto a cierto sistema de los objetivos grupales, se separaron y excluyeron del experimento a los inconformes (per­ sonas que asumen una posición negativa) . Después se resolvió la cuestión acerca de lo que significa la aprobación, por parte de los restantes alumnos, de los objetivos propuestos: subordinarse a la presión del grupo (conformidad) o seguir de manera consciente los objetivos y valoraciones de la actividad conjunta (autodeter­ minación colectivista) . Para esto, la presión del grupo se orientó en contra de los objetivos adoptados en el grupo . Se incitó a los alum­ nos a renuciar en nombre del grupo a los objetivos de la actividad adoptados en él .

 

Por cuanto el proceso de autodeterminación de la personalidad en el grupo posee dependencias funcionales bastante complejas, en el trabajo se intentó, por primera vez, estudiar la influencia de fac­ tores cualitativamente diferentes en la autodeterminación colec­ tivista.

 

En dependencia de la intensidad del trabajo educativo realizado, todos los grupos de alumnos se dividieron en tres categorías . En una se mantuvo una interrumpida e intensa actividad educativo-peda­ gógica orientada a la aprobación por parte de los miembros del gru­ po de los objetivos planteados, a la ayuda que se debe prestar a los alumnos en la realización de estos objetivos; en otra, este trabaj o tenía un carácter episódico y , e n una tercera, no s e realizaba en absoluto (aquí el objetivo grupal sólo es informado por los alum­

 

nos) .  En  cada una  de  las  categorías  de  los grupos  se  separaron,

 

a su vez,  subgrupos de alumnos que trabajaban en la realización

 

de diferentes objetivos según la atracción inicial: deseados, no deseados, neutrales.2

 

En este capítulo sólo    se expone una       parte de      los resultados       obtenidos    en

el  experimento  fundamental  (investigaciones  de       A.  A.  Turovskaia).  Los

restantes,  incluidos  los  resultados  de      las     series complementarias, en       las

cuales variaron la atracción del objetivo    y la actitud hacia el jefe de       equipo,

son  descritos  en  detalle       en  la  tesis  de      A.      A.      Turovskaia:       Investigación

 

experimental de la autodeterminación colectivista en la actividad grupal, Dnepropetrovsk, 1976 (en ruso).

 

 

 

92

 

El experimento constaba de tres  series . En la primera serie se

 

determinó  el  objetivo  (medida)     que  debía   realizar  el   grupo .  A

los alumnos se les propuso para su selección       1 6 tareas socialmen­

te  significativas  relativas  a  las      direcciones  del  trabajo educativo

en la escuela pedagógica (educación político -ideológica, ético-moral y laboral, inculcar el amor por la profesión seleccionada, etcétera) . En la temática de estas medidas se previa que se consideraran las

 

particularidades  de  edad  de  los  alumnos  en  estudio  (alumnos  de

 

los  primeros  grados  y egresados)  y        su  especialización (sección

 

de prescolar, escolar y de música) .

 

Por ejemplo, se plantearon los siguientes objetivos: «¿Qué sabes acerca de la profesión seleccionada? ¿Quisieras organizar un gru­ po para impartir un ciclo de conferencias acerca de vuestra futura profesión? ¿Cómo consideras lo siguiente? : " 'Pudiera tu grupo ha­ cerse cargo por completo del autoservicio en la escuela y mante­ ner la limpieza y el orden en las aulas, talleres y albergues?", "¿Asumiría tu grupo la responsabilidad de escribir la historia de la escuela, de preparar un mural "Ellos estudiaron aquí?", "¿Cuál es el sentido de la vida?" No te parece que vale la pena organizar un debate acerca de este tema: "¿Se responsabilizará tu grupo con la realización de esto?", "¿Te gusta la poesía? ¿La conoces? ¿Ten­ dría sentido organizar un concurso para los conocedores de poe­ sía? ¿Podrá tu grupo organizado ?"*

 

Los alumnos establecieron rangos para los objetivos nombra­ dos, tomando en consideración en este caso tanto sus propios intereses como el grado de importancia de los objetivos para el grupo . Después del procesamiento estadístico (los cálculos se rea­ lizaron según un programa especial para las máquinas de compu­ tación electrónica «Minsk-22»), en cada grupo se seleccionaron objetivos, diferentes por su grado de atracción . Se consideraron indispensables los objetivos con rangos hasta de 5, neutrales de 5 a 1 0, y no indispensables de 1 0 a 1 6 .

 

Para llevarlo a l a práctica s e seleccionaron cuatro objetivos de la actividad . A los alumnos se les informó que la selección no sólo se hizo sobre la base de la utilidad y necesidad de estas tareas para la escuela.

 

Después de aclarar la orientación general de los miembros del grupo respecto a los objetivos de la actividad y de haber excluido a los inconformes, los restantes 362 alumnos formaron 36 grupos que se seleccionaron según las valoraciones semejantes del obje -

 

 

93

 

tivo propuesto . Cada uno de ellos estableció las categorías de los miembros de su grupo de acuerdo con el grado de corresponden­ cia con el cumplimiento de la tarea: desde quienes más se corres­ ponden hasta quienes menos se corresponden. El alumno no se incluía en esa relación . Sobre la base de los rangos establecidos para cada miembro del grupo, se determinó el rango de corres­ pondencia promedio . Al alumno con menor categoría (quien más se corresponde) se designaba como jefe de equipo .

 

Después, antes de comenzar la segunda serie, se les planteó a todos los alumnos hacer una serie con los 1 6 objetivos socialmen­ te significativos que se dieron en un inicio; los alumnos debían dar un orden de importancia a estos objetivos según los criterios de su grupo . En este caso, para cada uno de los objetivos en el modelo se señaló «la opinión promedio del grupo»» (en realidad, en la mitad de los casos es falsa) respecto a los rangos al parecer atribuidos por la mayoría, y se calcularon los coeficientes de co­ rrelación par entre la opinión del «grupo confabulado» y la opinión de cada alumno .

 

TABLA 2

 

Coeíicientes de correlación par por rangos entre la opinión

 

del »grupo confabulado« y la opinión de cada alumno

 

                          en estudio   (para los seis                  grupos)               

                                             Grupos                         

                                                                         

Alumnos            --- -             4                

                          2       3                          5       6

1     0,906 0,544 0,512          0,674 0,462 -0,052

2     0,215 0,450 0,162          0,073 -0,241         0,585

3     0,194 -0,119         0,072          0,200 -0,073         0,050

4     0,576 0,573 -0,079                  0,061 -0,073         0,035

5     0,626 0,100 0,515          0,467 0,553 -0,38

6     0,310 0,747 0,574          0,1 14 -0,015         0,018

7     0,118 0,491 0,559          0,051 0,024 -0,079

8     0,785 0,303 0,700 -        -0,159         -0,079         -0,109

9     11-Lr*        0,509 0,426          0,235 -'      

10             0,806                   0,097         

 

 

Los datos obtenidos demostraron que 1 23 alumnos estuvieron de acuerdo con la opinión del «grupo confabulado»; es decir, en esencia manifestaron reacciones conformistas .

 

 

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En la segunda serie se realizó un trabajo práctico acerca de la realización del objetivo . En el cumplimiento de cada objetivo tra­ bajaron de nueve a diez grupos .

 

De acuerdo con las tareas de la investigación, el grado de in­ corporación de los grupos al trabajo por el objetivo fue diferente En unos grupos, el objetivo sólo estaba formulado, se había plan­ teado a los alumnos preparar de manera individual uno u otro volumen de trabaj o para la clase señalada. Aquí no se llevó el control del cumplimiento y no hubo ayuda por los pedagogos . En otros grupos se organizaron y realizaron consultas, se distribuye­ ron las responsabilidades y mediante el jefe de equipo se con­ trolaba, de manera periódica, el cumplimiento, pero esto decayó cierto tiempo después un poco . También había grupos a los cuales se les prestaba constante ayuda, desde el inicio hasta el final del experimento; las responsabilidades se distribuyeron con precisión entre todos los miembros del grupo: por ejemplo, unos sostenían correspondencia con los participantes en la Gran Guerra Patria; otros seleccionaban la literatura acerca de un tema dado, prepara­ ban ponencias, números para la actividad de aficionados, invitaban a destacadas personalidades al club internacional, preparaban es­ pectáculos para el teatro de títeres, respondían por la presentación artística de la actividad, etcétera.

 

Al dirigir el proceso de atribución del objetivo, el experimen­ tador trató de que el objetivo fuera para cada participante una verdadera tarea en la cual él pudiera manifestar preocupación por su colectivo . Es necesario señalar que alrededor de todas las medidas se creó una atmósfera psicológica favorable por todo el co­ lectivo de la escuela.

 

En la tercera serie del experimento, realizada después de dos meses de comenzada la investigación, se estudió de nuevo la ten­ dencia a la autodeterminación colectivista de la personalidad en las condiciones de la presión del grupo . Se invitaba personalmen­ te a cada alumno a trabajar con el experimentador, quien plan­ teaba al alumno en estudio «la opinión del grupo»» no coincidente con la opinión verdaderamente aceptada en él en cuanto a la con­ veniencia de seguir trabajando en el objetivo . A éste se le infor­ maba que la mayoría de los miembros del grupo consideraba la posibilidad de renunciar a seguir trabajando en la realización del objetivo . La renuncia era motivada. pór · dificultades objetivas sur­ gidas durante su realización: preparación para la práctica peda­ gógica activa y proximidad del periodo de exámenes . Además,

 

 

 

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algunos grupos de egresados ya no podían ver los resultados de su actividad, pues al terminar la escuela se les enviaba a trabajar a otras ciudades . A los alumnos se les exigía plantear su punto de vista con relación a esta cuestión . Al mismo tiempo se eviden­ ció que en los individuos existe una orientación estable hacia el objetivo aceptado en el grupo y una capacidad para defenderlo en condiciones de presión del grupo; es decir, se manifestó la ten­ dencia a la autodeterminación colectivista.

 

El análisis de los resultados de la influencia pedagógica dife­ rencial en cuanto a la materialización de los objetivos, demostró que cuando el grupo trabajó durante un tiempo prolongado en la realización del objetivo, el número de actos de autodeterminación colectivista en lo referente a los datos del experimento de la ter­ cera serie, aumentó notablemente (Tabla 3) . La cantidad de actos de autodeterminación colectivista aumentó en dependencia directa de la intensidad de las influencias psicológico-pedagógicas .

 

TABLA 3

 

Variación ele la cantidad de actos de autodeterminación colectivista en la tercera serie en comparación con la primera, en dependencia de la intensidad del trabajo educativo

 

       -  -  -  ---- ---------

Intensidad                    Cantidad             

del trabajo Cantidad de de alumnos % de respuestas

educativo  grupos        en estudio   colectivistas

                                            

Baja 11               1 13   39,29

Media       11               109   66,06

Alta 14               140             83,37

                                                      

 

 

El porciento de actos de autodeterminación colectivista se incre­ mentó en más de dos veces durante el trabajo pedagógico inten­ sivo . Así, junto con la intensificación del trabajo del grupo en cuanto a la atribución de los objetivos, se intensifica la tendencia a la manifestación de la autodeterminación colectivista respecto a los objetivos y tareas de la actividad conjunta.

 

Como demuestran los datos, la cantidad de reacciones confor­ mistas, citadas en la Tabla 4, por el contrario, disminuyó en gran medida. De 1 23 alumnos que manifestaron conformidad en la pri­ me1ra serie, 76 personas supieron defender, antes de comenzar la

 

 

 

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realización del objetivo, su criterio que se corresponde con la ver­ dadera opinión del grupo; es decir, el 62 % de los alumnos en la tercera serie manifestó actos de autodeterminación colectivistas .

 

TABLA 4

 

Variación de la cantidad de reacciones conformistas en la tercera serie en comparación con la primera, en dependencia de la intensidad del trabajo educativo

 

 

Intensidad del     Cantidad de reacciones   Cantidad de reacciones

trabajo educativo conformistas en la conformistas         en la 3ª

       primera etapa (serie)       etapa (3ª      serie)

Baja 31      23    

Media       50     16    

Alta 42      8      

Total         123   47    

 

 

Del número de alumnos que se negaron, en la primera serie del experimento, a trabajar con el objetivo, el 67 % manifestó en su etapa final autodeterminación colectivista; de los alumnos que se

acogieron en la primera serie a la opinión del «grupo confabulado» en toda la serie de objetivos, en la tercera serie, el 64,4 % dio res­ puestas colectivistas .

 

Es necesario señalar que en la primera serie en los grupos no se observó unidad en la selección de uno u otro objetivo . La disper­ sión respecto a las categorías promedio fue bastante grande y todos los coeficientes de correlación por rangos (según Spearman), entre la serie de categorías de los objetivos de dos alumnos, no son muy grandes (0, 1 7; 0,07; 0,25, etc . ) . La magnitud de los coeficientes de concordancia que demuestran el grado de coincidencia de las opiniones de todos los miembros del grupo acerca de los objetivos (0,32; 0,24; 0,2 1 , etc.), corrobora la falta de unidad de criterios en la selección de los objetivos . Desde nuestro punto de vista, esto se explica porque en los miembros de los grupos aún no ha habido una intensa actividad conjunta con un carácter colectivo . En la tercera serie, en los grupos en los cuales se realizó un intenso tra­ bajo de los 1 6 objetivos iniciales socialmente significativos se hizo una nueva división por rangos. Esto se realizó para manifestar el Jugar que ocupa el objetivo activamente introducido de la actividad

 

 

97

 

del grupo en la serie de otros objetivos en la etapa final del expe­ rimento . Resultó que, en la inmensa mayoría de los casos, este objetivo ocupó el primer lugar. Al mismo tiempo, la dispersión de las categorías de este objetivo se aproximó a O.

 

Así, en el proceso de la intensa actividad conjunta de grupo para la realización del objetivo inicialmente adoptado por el grupo, se hizo la distribución peculiar del objetivo y, al mismo tiempo, se aumentó la importancia personal del mismo para los miembros del grupo . Los actos detectados de autodeterminación colectivista se evidenciaron al seguir los objetivos del colectivo y al contra­ ponerse activamente a la presión del grupo .

Para resumir es necesario señalar que el fenómeno de la AC se manifiesta en situaciones peculiares, especialmente creadas, en las cuales el experimentador trata de separar el momento de la media­ tización valorativa y de contenido que le interesa. Se puede vivir y trabajar en el colectivo muchos años y no tener argumentos para contraponer las valoraciones del colectivo a la presión orientada en contra de estas valoraciones. Un caso especial de divergencia del fundamento valorativo de la actividad del colectivo y de la influencia de sus participantes en cada individuo que se incorpora a él, se modela de manera intencional para separar el conformismo y la autodeterminación colectivista y para manifestar el fenómeno especial de la AC. En resumidas cuentas, en esto último se mani­ fiestan y operan los fenómenos del colectivismo, de la fidelidad a los ideales del colectivo y de la firmeza moral muy conocidos por los pedagogos y psicólogos .

 

 

 

Capítulo 5

 

 

IDENTIFICACIÓN EFICAZ Y EMOCIONAL

DEL GRUPO

 

Las búsquedas de las determinantes reales de la formación y de las manifestaciones de las relaciones interpersonales, deben conducir necesariamente al psicólogo a los procesos de la actividad objetai grupai .

 

 

 

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La orientación de la actividad fundamental del colectivo hacia la satisfacción de las necesidades de la sociedad, originadas por esta orientación de la relación de c9laboración y la ayuda mutua en el proceso de la interacción socialmente significativa y la atmósfera favorable de las relaciones interpersonales, crea de manera ine­ vitable las condiciones necesarias para el funcionamiento en el colectivo de las valoraciones y las normas de las relaciones entre los Hombres, propias de la moral de avanzada de la sociedad so­ cialista. Esto se refiere, en primer lugar, a altas valoraciones mo­ rales que mediatizan la interrelación en el colectivo (humanidad, preocupación por el compañero) . Mediante el colectivo como grupo de tipo particular sucede con mayor plenitud la formación de las relaciones humanas entre los hombres,- es decir, es como si en el colectivo se condensaran las condiciones generales y sociales de nuestra sociedad .

 

La atmósfera de las relaciones interpersonales en el colectivo, creada como resultado de la actividad conjunta socialmente signi­ ficativa, se considera una formación relativamente estable . En la actualidad, las relaciones interpersonales invariables respecto a diferentes circunstancias y condiciones, influyen de manera corres­ pondiente en la propia interacción, determinando su carácter y par­ ticularidades .

 

En el grupo difuso -como resultado de la falta de objetivos significativos desde el punto de vista personal y relevantes desde el punto de vista social, objetivos únicos para todos los miembros del grupo- , las relaciones interpersonales se mediatizan frecuente­ mente por las orientaciones diversas y, a veces, contrapuestas de los individuos que forman ese grupo . De aquí la gran probabili­ dad de los conflictos interpersonales, de las antipatías, del ale­ jamiento . Estas interrelaciones, al afianzarse y convertirse en inva­ riables, se manifiestan de manera inevitable en el proceso de la interrelación inutragrupal, la cual adquiere de esta manera en el grupo difuso sus particularidades .

 

Uno de los tipos de relaciones interpersonales, invariables res­ pecto a los diferentes casos de interacción grupal, es el fenómeno de la identificación efi caz y emocional del grupo (IEEG) [V . A . Petrovski, 1 973, b; A . l . Papkin, 1 975, d; A . V . Petrovski, 1 976, d; V . V . Abramenkova, 1 977, 1 978, a, b] , la conducta interpersonal en la cual se realizan las relaciones entre sí coincidentes por su

 

 

99

 

orientación con la actitud hacia sí mismo y que responde a los principios moralmente aprobados del colectivo.

 

El fenómeno IEEG puede determinarse como la identificación interpersonal en la cual la frustración y, por consiguiente, las

vivencias de uno de los miembros del grupo han sido dadas poi

 

otro, como motivos de conducta que organizan su propia actividad, orientada al mismo tiempo a la realización del objetivo del grupo y al bloqueo de la acción del frustrador.

 

Para comprender la esencia de la IEEG es necesario recurrir a algunos principios fundamentales de la ética marxista.

 

En el Programa del PCUS se señala que uno de los principios morales incluido en el código moral del constructor del comunis­ mo, son las «relaciones humanas y el respeto mutuo entre los hom­ bres: el hombre es amigo, compañero y hermano del hombre» . 1 Este principio sirve, por una parte, de uno de los puntos de refe­ rencia fundamentales para la práctica de la educación comunista y, por otra, de uno de los criterios de la correspondencia de las relaciones interpersonales en el grupo concreto con las exigencias de la moral comunista.

Los clásicos del marxismo-leninismo evidenciaron la esencia del humanismo proletario, mostraron su diferencia de principio tanto respecto al humanismo abstracto, como al radicalismo pseudorre­ volucionaiúo con la apología de la coacción propia de este último, revelaron las condiciones socio-económicas que son realmente la base del establecimiento de relaciones humanas entre los hombres. Estas ideas se desarrollaron en los trabajos de los filósofos marxis­ tas dedicados a los problemas del humanismo comunista. 1 2 «La ne­ cesidad de humanizar la vida social emana de las leyes objetivas de la sociedad socialista. Sin embargo, al realizar esta necesidad, se requiere una actividad integral consciente por parte de la so­ ciedad orientada a nutrir de sentido humanista todas las formas de la conciencia y de la comunicación entre los hombres, todos los mecanismos sociales e institucionales . »3 * La elaboración de las

 

1     Programa del PCUS, Moscú, 1976, p. 120 (en ruso).

 

2     P. N. Fedoseev: El comunismo y la .filosofía, Moscú, 1971; P. N. Fedo­ seev: El socialismo y el humanismo, Moscú, 1958; M. Frittsjand: Marxismo, humanismo, moral, Moscú, 1976; Problemas del humanismo y de la .filosofía marxista-leninista, Moscú, 1975 (todas en ruso).

 

3     La ética marxista.. Bajo la redacción de A. l. Titarenko, Moscú, 1976, p. 193 (en ruso).

 

 

1 00

 

bases metodológicas del problema del humanismo permite abordar la solución de las tareas, hacia las cuales las correspondientes de­ mandas de la práctica social orientan la ciencia socio -psicológica. En particular se habla de las tareas que descubren los mecanismos psicológicos concretos de la conducta interpersonal humana por su orientación, que investigan esta conducta en los vínculos y relacio­ nes esenciales para la misma y definen las determinantes socio-psi­ cológicas de la humanidad en las relaciones interpersonales .

 

Como un primer paso de este tipo de análisis se destaca nece­ sariamente la determinación de cierto número de fenómenos socio­ psicológicos que sirven para la realización adecuada del principio del humanismo en las relaciones inter personales . En este caso, como premisa para la solución experimental de estos problemas se presenta, de manera indispensable, la necesidad de hallar el conjunto de rasgos esenciales propios de las diversas manifesta­ ciones del humanismo, interpretado desde el punto de vista marxis­ ta en las relaciones interpersonales, de los rasgos, cuya presencia o ausencia en la conducta del grupo permitiría valorar la expresivi­ dad de la orientación humana en las relaciones entre sus miembros . Entonces, el siguiente paso será lo operacional, el estudio de estas situaciones experimentales y la incorporación de grupos concretos a las mismas, lo cual permitiría hacer conclusiones acerca de la intensividad de los rasgos esenciales para las relaciones humanas. Sólo entonces sobre la base del diagnóstico de la expi 'e si vi dad de las relaciones humanas en los grupos concretos, será posible de manera rigurosamente experimental evidenciar los vínculos de hu­ manismo en las relaciones interpersonales con otros fenómenos de los grupos del colectivo y describir los correspondientes facto­ res socio-psicológicos.

 

En relación con esto, el estudio de los fenómenos de la em­ patia, del altruismo y del llamado helping behavior, es aún muy deficiente, pues no puede servir de referencia socio- psicológica adecuada de las manifestaciones de humanismo en las relaciones

 

interpersonales .

 

Así, a las numerosas investigaciones de empatia les es, en esen­ cia, inherente una sola particularidad que las unifica: la compren­ sión de la empatia como cierta relación pasiva -contemplativa res­ pecto a las vivencias de otro, como simpatía sin la intervención

 

 

101

 

activa con el fin de prestar ayuda.4 Si consideramos que uno de los rasgos característicos del verdadero humanismo es su carácter eficaz, nosotros, claro está, no podemos utilizar la empatia como una referencia integral socio-psicológica de la relaciones humanas entre los hombres . .

 

A primera vista, la evidente limitación de las investigaciones de la empatia se supera, al parecer, en las investigaciones psicológicas de la gradación «altruismo-egoísmo» . 5 Sin embargo, el fenómeno psicológico del altruismo, abstracto por su esencia -que figura en numerosas investigaciones realizadas en Estados Unidos y Europa Occidental y que responde a las correspondientes representaciones éticas desacreditadas por los clásicos del marxismo-leninismo-, no puede servir de indicador adecuado de la existencia de interrela­ ciones humanas en verdaderos colectivos socialistas, unidos por la actividad socialmente significativa.

 

«En las condiciones del socialismo, el principio del altruismo mantiene, en lo fundamental, la significación en la esfera de las interrelaciones personales de los hombres (prestación mutua de diferentes servicios, de ayuda, etc . ) . En la esfera de la actividad socialmente útil, en el trabajo ( . . . ) los hombres ( . . . ) no sólo prestan servicios a otros hombres, sino que trabajan para beneficio de todo el pueblo. »6 En realidad, en determinadas situaciones, la indulgencia, la compasión, la bondad, la renuncia a determinadas ventajas en pro de los demás, responden a los principios del hu­ manismo comunista. Pero en muchas situaciones que surgen, en particular en el proceso de la actividad conjunta socialmente sig­ nificativa, la conducta altruista puede ser, por su orientación, la raíz de los principios contradictorios del humanismo verdadera­ mente comunista. Seguir motivaciones altruistas puede exigir de

 

nuevo del hombre, o del grupo, olvidar sus propios intereses, los cuales son al analizarlos el rechazo de los intereses de la socie-

 

T. N. Gavrilova: «El concepto de      empatia en la        psicología   extranjera»,

en  Voprosy Psijologii, 1972, no.    3;       T.      N. Gavrilova:       «Estudio       experimental

de h empatia en   los     niños de      edad escolar primaria     y media», en Voprosy

Psijologii, 1974, no.     5 (ambas en ruso).                           

 

 

5     D. L. Kreds: "Altruism an examination of tlie concept and review of the literature», en Psychologycal Bulletin, 1970, vol. 3, no. 4.

 

6     Diccionario de ética. Bajo la redacción de l. S. Kon, Moscú, 1975, p. 10 (en ruso).

 

 

102

 

dad en nombre de la satisfacción de las necesidades personales y

 

a menudo egoístas del «prój imo» .

 

¿A veces no  es  así el  ciego y sacrificado amor de  una madre

 

por su hijo que  le ocasiona con frecuencia infelicidad personal y

 

a la sociedad, determinado perjuicio? ¿No responderá en mayor grado la conducta orientada a satisfacer las necesidades del colec­ tivo y, en virtud de esto, a la realización de los objetivos per­ sonales de la actividad del sujeto como miembro del colectivo que el acto altruista a las exigencias de la humanidad? Recorde­ mos las palabras de V . l . Lenin: «La base de la moral comunista está en la lucha por consolidar y llevar a su término el comu­ nismo . »7

 

Lo infructuoso de contraponer el altruismo y el egoísmo fue subrayado por C . Marx y F. Engels. En La ideología alemana, se­ ñalan que «los comunistas no contraponen el egoísmo a la abne­ gación, ni la abnegación al egoísmo, y no se interpreta de ma­ nera teórica esta contraposición ni en su forma sentimental, ni en su forma ideológica enfática; por el contrario, descubren sus raíces materiales, y al desaparecer éstas desaparece la misma.»8

 

Tratemos de analizar la cuestión antes planteada recurriendo a una situación concreta de la vida. Supongamos que un miembro del colectivo productivo socialista se comporta como un holgazán. Para él constituye una frustración la necesidad de trabajar con conciencia, efectividad y calidad . En este caso, la conducta del co­ lectivo que responde a las normas altruistas debía, por lo visto, manifestarse en sentir compasión, en buscar las vías posibles para eliminar las circunstancias que frustran al holgazán, ayudarlo para no ser sancionado por no cumplir con las obligaciones de la producción; este planteamiento se basa en el razonamiento «él tam­ bién es persona», «quiere descansar y qué hay de malo en ello», etcétera. La verdadera posición humanista del colectivo socialista y

 

su carácter de clase, imposibilitan que el mismo manifieste el al­ truismo en semejantes situaciones: «El comunismo -señala V . l . Le­ nin- ·comienza allí donde los obreros de tilas sienten la preocupa­ ción -una preocupación abnegada y más fuerte que la dureza del trabajo- de elevar la productividad, defender cada pud de pan, de carbón, de hierro y de otros productos destinados, no a quienes

 

 

7     V. l. Lenin: Obras completas, t. 31, p. 282.

 

8  C. Marx y F. Engels: Obras, t. 3, p. 236.

 

 

103

 

trabajan y sus familias, sino a personas "extrañas"; es decir, a toda la sociedad en su conjunto, a decenas y cientos de millones de hombres . »»9 y a costa de toda la sociedad será posible el ase­ guramiento «del bienestar total y del libre e integral desarrollo de todos los miembros de la sociedad'» . 10

 

Esto permitirá llegar a la conclusión acerca de que el altruismo manifestado en las relaciones interpersonales no puede servir de referencia socio-psicológica de relaciones humanas que reflejan la esencia del humanismo manifestado por los hombres en diversas situaciones.

 

La conducta basada en la IEEG se diferencia por principio de la altruista y esto permite ver en la IEEG una referencia socio-psico­ lógica adecuada del verdadero humanismo en las relaciones in­ terpersonales. Así, si uno de los miembros del colectivo se carac­ teriza por una actitud inconsciente hacia el trabajo, el colectivo, según las exigencias del humanismo, debe manifestar hacia el mis­ mo una IEEG. Pero en este caso, la IEEG no debe consistir, por lo visto, en la compasión, en el altruismo y la conducta de cola­ borar, sino en una alta exigencia hacia el mismo, la cual se plan­ tea para sí un colectivo social y desarrollado. De aquí que la iden­ tificación se manifiesta en la reeducación del holgazán, lo cual posiblemente entre en contradicción directa con los deseos de este último y traiga como consecuencia oposición y ofensa por parte de él, pero responde, en resumidas cuentas, a los intereses fun­ damentales del colectivo y del suyo propio como miembro de la sociedad socialista. Así, los hombres, al preocuparse uno por el otro y manifestar IEEG, no deben inmolar con ello, como lo exige el altruismo, sus propios intereses, si estos últimos responden a los intereses fundamentales y socialmente significativos del co­ lectivo .

 

El fenómeno IEEG comprendido de esta manera, como otros fenómenos esenciales de la psicología del colectivo, se refiere a las valoraciones mediatizadas que constituyen el sentido final de toda actividad socialmente significativa del colectivo socialista. «Todo en nombre del hombre, todo para el bien del hombre»», es la divisa de nuestra sociedad .

 

9     V. l. Lenin: Obras completas, t. 29, p. 420. 10 ídem, t. 6, p. 232.

 

 

104

 

Durante el análisis del fenómeno IEEG pudimos relacionar este concepto con los fenómenos psicológicos tradicionalmente estudia­ dos, al parecer semejantes al mismo, de la empatia y del altruismo

 

y     con el fenómeno que en la literatura socio-psicológica norteame­ ricana se le ha dado el nombre de helping behavior. Sin embargo, recurrir a los conceptos y términos señalados no significó, ni sig­ nifica, que con ello determinamos la dirección de la búsqueda de las fuentes del surgimiento de la investigación de la IEEG. Nues­ tro esquema conceptual, como ya fue señalado y veremos después, surgió en el plano de otro enfoque metodológico de los fenómenos de las relaciones intergrupales y se relaciona con otros modelos filosófico-teóricos .

 

Si tratamos de abordar el fenómeno de la IEEG desde una po­ sición ontogenética y de explicar el origen de algunas particulari­ dades psicológico-individuales de la personalidad que manifies­

 

tan los hombres con la IEEG, con toda seguridad, cada uno de ellos sería capaz en determinadas circunstancias de experimentar sus semejanzas con los demás hombres (identificación), de sentir compasión y piedad por ellos (empatia), de manifestar generosi­ dad desinteresada (altruismo), de actuar en interés de los demás y de cooperar con los demás . Por lo visto, un detallado análisis psicológico seria capaz de descubrir los elementos de la identifica­ ción, de la empatia, del altruismo y de la cooperación en muchos actos de la IEEG, y esto no debe causar asombro, por cuanto la propia abreviatura IEEG nos sugiere la posibilidad de semejante análisis: identiíicación efi caz (altruismo), emocional (empatia) del grupo (cooperación). Sin embargo, seria un error ver en la carac­ terística funcional de la IEEG cierta suma de los componentes se­ ñalados (identificación + empatia + altruismo + cooperación) . El fenómeno de la IEEG surge como un fenómeno psicológico del tipo de interrelaciones propias sólo de los grupos con un particular grado de desarrollo y no puede reducirse a las particularidades individuales de los hombres que participan del grupo, ni a la suma mecánica, así como el fenómeno AC no puede reducirse a la gra­ dación «sugestión - independencia»» . El surgimiento de la IEEG (como el de la AC) está condicionado por el funcionamiento en el grupo de altas valoraciones morales que mediatizan las relaciones interpersonales y ocasionan su especificidad socio-psicológica.

 

Las investigaciones experimentales de la IEEG han pasado por dos etapas .

 

 

105

 

En la primera etapa se utilizó un procedimiento metódico espe­ cial que permite ver, mediante la interacción grupal, las profundas relaciones interpersonales que se esconden tras la misma.

 

Para este fin se empleó un integrador sensomotor grupal fabri­ cado en el laboratorio por el profesor L. l . Umanski. 1 1 Éste es el equipo con el cual trabaja el grupo (seis personas) cuando emula un grupo con otro . La tarea del grupo consiste en pasar una cla­ vija por la ranura en el panel superior del aparato sin tocar sus extremos. Tocar el extremo de la ranura se considera un error. Cada alumno tiene la posibilidad de hacer girar una manivela para que la clavija se desplace en línea recta. La tarea sólo puede cum­ plirse con éxito por parte del grupo cuando las seis manivelas fun­ cionan de manera sincrónica; es decir, cuando todos los miembros del grupo coordinan todos sus esfuerzos. Al aparato se le ha co­ nectado un adaptador especial: un estimulante eléctrico y un ge­ nerador de sonido que castigan a los alumnos por los errores co­ metidos, mediante irritación cutánea por electricidad o la emisión de un sonido fuerte y desagradable por los auriculares . Quienes fabricaron el aparato previeron la posibilidad de sancionar tanto a todo el grupo, como a uno de sus miembros.

 

En el laboratorio de L. l . Umanski, el integrador se utilizó en lo fundamental de manera exitosa para manifestar la sincronización del trabajo del grupo, los medios y el carácter de la comunicación en las condiciones de solución de los problemas, para la selección del líder, quien asume las funciones de dirigente, y para la solución de otros problemas análogos de la interacción real al realizar la operación de movimiento coordinado .

 

A pesar de estar dentro del marco de los problemas determina­ dos por la concepción estratométrica, el trabajo con el integra­ dor sensomotor, ha experimentado transformaciones esenciales . Se intentó ver, mediante el análisis de los procesos de la interacción grupal, las particularidades muy propias de las relaciones inter­ personales existentes tras estos procesos.

 

El esquema del experimento concreto propuesto por V. A . Pe­ trovski (V. A . Petrovski, 1 973, b] se reduj o a lo siguiente . En la serie preliminar, los alumnos se entrenan en pasar la clavija por la ranura y logran el tiempo antes señalado (mínimo) para la rea­ lización de la tarea. 1 1

 

11 L. l. Umanski, A. S. Chernisbev y B. V. Tarasov: «Integrador senso motor grupfK en Voprosy Psijologii, 1969, no. l.

 

 

106

 

En la serie fundamental hay dos etapas . En la primera etapa del experimento se considera un tipo integral de sanción por los errores cometidos: si uno se equivoca en el trabajo al hacer un movimiento indebido, se castiga a todo el grupo . En la segunda se utiliza el tipo parcial de sanción: por un error cometido en el grupo, sólo se sanciona a uno de los alumnos.

 

A diferencia de los experimentos (en particular, del experimento en el laboratorio de L. l. Umanski), en los cuales se estudió la efectividad de la interacción intergrupal y la sincronización sen­ somotora, el psicólogo que estudia la IEEG, al exigir a los alumnos pasar con la mayor rapidez posible la clavija por el molde del in­ tegrador, no hace énfasis especial en la necesidad de no equivo­ carse en el trabajo . En el experimento, esta condición se mantiene sin mucha claridad; el peligro de sanción, en caso de cometer errores, hace que se trabaje con más precisión, aunque en este caso, claro está, la rapidez de los movimientos es un tanto más lenta. Así, en el control de la emulación con otro grupo sólo se incluye el índice de la velocidad de realización de la tarea; la necesidad de hacer un trabajo correcto y sin errores, es una cuestión que se sobrentiende . Subrayemos de nuevo: el incremento de la veloci­ dad conque se ávanza en el laboratorio es él objetivo de la actividad grupal; sin embargo, la rapidez del trabajo aumenta la posibili­ dad de error y, por consiguiente, la de sanción . Esta circunstancia constituye la premisa fundamental para la futura calificación del grado de desarrollo de la identificación eficaz emocional en el grupo .

 

 

La hipótesis de la investigación consistía en que en los grupos de diferente grado de desarrollo, la conducta grupal -la cual detec­ ta las relaciones interpersonales que se esconden tras ella - será en los casos de sanción integral y parcial cualitativamente dife­ rente, y estas diferencias cualitativas serán asequibles para la ex­ presión y mediación cuantitativas . Si en el grupo no existe una identificación interpersonal manifiesta de cierta manera (fenómeno IEEG), en el caso de la sanción parcial, el grupo debe trabajar con una rapidez mucho mayor que con la integral . La circunstancia de que el compañero de trabaj o en el grupo está sujeto a la fru s­ tración, no se toma en consideración, pues todos los demás y cada uno en particular están fuera de peligro . Los esfuerzos realiza­ dos en bloquear al frustrador en la primera etapa del experimento

 

 

1 07

 

(en la sanción integral), se hacen innecesarios y, por tanto, aumenta la efectividad del cumplimiento de la acción .

 

Si el tiempo para pasar la clavija por la ranura es casi igual en las situaciones en que se aplican tanto la sanción integral como la parcial, esto corrobora la expresividad del fenómeno de la IEEG en el grupo; aunque el peligro amenace a uno de ellos, todos los miem­ bros del grupo actúan como si estuvieran sujetos a ser directamente sancionados . Hay motivos para suponer que en este caso se mani­ fiesta un tipo de interrelaciones que se caracteriza porque los esta­ dos de ánimo de otra persona se sienten como propios.

 

La característica hipotética de la interacción y de los tipos de re­ laciones interpersonales que se ponen de manifiesto tras ella en las condiciones de la sanción integral y parcial, la representaremos en forma de esquema (ver figura 2).

 

 

 

 

Grupos en

 

 

 

Grupos en condiciones de sanción parcié 1

 

condiciones de

 

sanción integral

 

B

 

a<3>d

 

e

 

 

Variante 1

(colectivos)

 

a      <3>º'

 

e,

 

 

Variante i (grupos difusos)

 

"      ªª

 

A }"E"D2

IC2

 

 

Figura 2. Grupos de diferente grado de desarrollo en condiciones de sanción integral y parcial.

 

 

A:    actividad grupal conjunta; B, Bv 82: objetivo dado de la actividad : C: tarea del bloqueo del frustrador quo a me naza a cada uno de los miembros del grupo ; C,: ta rea dol bloqueo del frustrador que sólo amenaza a uno de los miembros del grupo ; ED: línea , cuya longitud muestra la duración del cumplimiento de la ta rea grupa l en condiciones de sanción integral; E, D, y E2 DJI líneas, cuya longitud corresponde o la duración del cumplimiento de la tarea grupal en condiciones de sanción parcial en los grupos de diferente grado de desarrollo (colectivo: variante 1 ; grupos difusos: variante 2).

 

 

El cumplimiento relativamente prolongado de la tarea grupal du­ rante la sanción integral (longitud de la línea ED), se explica por la necesidad de mantener los esfuerzos del grupo hacia los vectores de diferente dirección AB y AC . En las condiciones de sanción par­ cial en el colectivo (variante 1 ), estos esfuerzos en diferentes direc­ ciones (A1B1 y A1C1) hacen que la duración del cumplimiento de la

 

 

108

 

tarea grupal sea casi igual a la duración del trabajo de cualquier grupo durante la sanción integral . En la figura, esto se ha represen­ tado por la igualdad de las líneas ED y E1D1 . En el grupo difuso (variante 2), durante la sanción parcial para excluir los esfuerzos del grupo orientados al vector AiC2 (bloqueo del frustrador), los es­ fuerzos en el vector AiBi se duplican al parecer, lo cual conduce a disminuir la duración del trabajo del grupo. Esto último se ha de­ mostrado al acortar la línea EiD2 en comparación con la línea E1D1 .

 

La hipótesis de V . A . Petrovski acerca de la especificidad del fenómeno IEEG para los colectivos y de lo poco que éste se refleja en los grupos difusos, se corrobora si en el experimento organizadó por el método antes descrito en los colectivos, la actividad se de­ sarrolla en las condiciones de la sanción parcial según la variante l , y en los grupos difusos de acuerdo con la variante 2 .

El experimento se planteó y sus resultados se analizaron y gene­ ralizaron en el trabajo de A. l. Papkin [ 1 975, b, c.]

 

En la composición de los alumnos de A . l . Papkin se incluyeron:

 

a)    los grupo� difusos y b) los grupos komsomoles-activistas de) campamento «Komsorg»» (región de Kostromsk) y c) los grupos d� menores infractores de la ley .

 

La primera y fundamental deducción obtenida por A . l . Papkin es la confirmación experimental de la existencia de la identifica­ ción eficaz emocional como un fenómeno socio-psicológico especí­ fico, el cual corrobora la capacidad del grupo para sentir como suyos los problemas de cualquiera de sus miembros y permite:: medir el grado de desarrollo en él de las relaciones personales

 

emocionales.      !

 

 

La segunda deducción, también de gran importancia hecha por el experimentador, es la siguiente: en los grupos semejantes por su tipo al colectivo existen condiciones más favorables para que surjan los fenómenos dp la identificación emocional . En los grupos difusos y los grupos de infractores de la ley, la identificación emo­ cional se ha manifestado muy poco o no existe en general . 12

Los  miembros   del  colectivo        se  identifican       con  el  compañero

y la IEEG reorganiza su conducta. Esto lo corrobora el hecho de      ·

      

12  Para  los  alumnos  siempre  está latente  el  verdadero  objetivo  del  experi­

mento,  interpretado  por  ellos  sólo como  un  test  para  la  coordinación  y

efectividad  de  la         actividad  en  las   condiciones  de     la  emulación  con  los

otros grupos.                                  

 

 

 

109

 

a comparación del tiempo en que pasa la clavija por el laberi

 

 n la primera y segunda etapas de la serie fundamental, así co

 

�s planteamientos emocionales de los alumnos, los movimien :xpresivos, etc., registrados por el experimentador. Estos hecl 1ueden ilustrarse claramente mediante el movimiento de la ma1 'ela (por el laberinto) mediante la superposición y determinac lel promedio de los gráficos de trabajo de los diferentes gru1 egún el tipo en tres situaciones experimentales (figura 3) .

 

 

Situación sin      Situación de Situación de

esti mulación      estimulación         estimulación

       integral       parcial

 

 

 

Grupo

 

difuso

 

 

 

 

 

 

 

Grupo de

 

infractores

 

 

 

 

 

 

 

 

Grupo que

 

caracteriza

 

al colectivo

 

 

 

 

'igura 3. Gráficos promedio del movimiento de la manivela por el laberinto de 1 liferentes grupos según el tipo, en tres situaciones experimentales.

 

 

o

 

La figura prueba de manera ilustrativa que las diferencias entre los grupos surgen en las condiciones de la estimulación pardal . Las configuraciones de las curvas en los grupos difusos y en los de los infractores, son análogas cuando la curva promedio del re­ gistro de las acciones del colectivo presenta una diferencia con­ siderable en relación con las mismas .

 

También merecen atención otras deducciones hechas por A . l . Papkin como resultado del análisis del material experimental . Du­ rante el trabaj o con el integrador sensomotor, el experimentador no detectó diferencias en el éxito de la solución de la tarea en las pruebas de control realizadas (excluida la situación de la estimu­ lación parcial), entre los grupos relativamente unidos de los alumnos y los grupos de infractores . Tampoco se halló una corre­ lación significativa de la IEEG con la efectividad de la actividad grupal sensomotora. Esto demuestra, una vez más, que la utiliza­ ción tradicional del integrador para el análisis de la interacción intragrupal, el cual centra la atención en el carácter de la realiza­ ción de las operaciones sensomotoras, no puede por sí representar la esencia latente de las interrelaciones intragrupales no idénticas a los actos superficiales de interacción .

 

Al resumir la investigación experimental de A . l . Papkin, pode­ mos estar de acuerdo con la conclusión acerca de que el fenómeno de la identificación eficaz emocional del grupo es un índice espe­ cífico del grado de desarrollo de las relaciones interpersonales en el grupo y del grado de su formación. La identificación emocional, al tener de manera implícita las valoraciones morales y las normas de conducta que responden a los ideales éticos del hombre sovié­ tico, alcanza su mayor desarrollo en los grupos del tipo de co­ lectivo como la célula fundamental de la sociedad socialista.

 

Al mismo tiempo, el procedimiento metódico que ha modificado las operaciones tradicionalmente utilizadas en el integrador sen­ somotor grupal, reduce en gran medida la cuestión que surge cons­ tantemente acerca de la adecuación de la variante de laboratorio de la actividad a la actividad real, a la cual se ha incorporado, o puede incorporarse, el grupo en estudio en las circunstancias ha­ bituales para él . En otras palabras, se elimina «la validación eco­ lógica>> del procedimiento . Esto se relaciona con que el fenómeno psicológico estudiado en un caso concreto mediante la interacción sensomotora de los miembros del grupo, es relativamente inde­ pendiente del tipo de tareas resueltas; la indiferencia hacia el com*

 

 

111

 

pañero y, a la vez, la actitud cuidadosa hacia su propio bienestar, así como las cualidades personales contradictorias, pueden detectar­ se por lo visto en cualquier actividad.

 

Las exigencias de la teoría socio-psicológica y de la práctica so­ cial, no permiten limitarse sólo a la argumentación de la necesidad de introducir en la revolución científica del fenómeno socio-psi­ cológico de la IEEG, a la elaboración de la metódica de su estudio experimental, a la comprobación de la hipótesis acerca de su exis­ tencia y de su especificidad. Es necesario en particular precisar -sobre la base de los datos experimentales que aclaran la natura­

 

leza y  las  determinantes  de  los  fenómenos      de  la IEEG-  el  lugar

del   fenómeno    en      la estructura de  la actividad intragrupal, señalar

y     comprobar, de      manera  experimental,  las       hipótesis  acerca  de

los vínculos internos y externos esenciales para el mismo (por ejemplo, acerca de los vínculos con otros fenómenos psicológicos de los grupos pequeños y colectivos), manifestar las fuentes del surgimiento y desarrollo de las relaciones de la IEEG y detectar las posibles vías y medios de su formación orientada. Se considera que todas estas cuestiones se resuelvan en la segunda etapa de la investigación de la IEEG.

 

Por lo visto, es conveniente que -junto con la interpretación de la IEEG en la cual se enfatiza en las relaciones que surgen en las condiciones de la posible frustración del participante en la ac­ tividad conjunta- se considere un plan socio-psicológico más am­ plio y la existencia del fenómeno peculiar genérico de los vínculos interpersonales, del parámetro que encerraría en sí tal motiva­ ción psicológica de la actitud hacia el compañero de actividad, hacia el miembro del colectivo, hacia el compañero, cuando el su­

jeto -a partir de altos principios morales e ideológicos- trate con

una actitud real y activa a los demás como a sí mismo y a si mismo como a los demás en su colectivo, cuando la contraposición «yo» y «ellos» se sustituya por el concepto «nosotros» . 13 Denomina­ remos, de manera convencional, a este fenómeno socio- psicoló­ gico identificación colectivista (IC), pues se requiere seguir profun­ dizando. Entonces la IEEG -cuyo análisis se ha hecho en el presen­ te capítulo- será un tipo concreto, uno de los posibles casos, una

 

13   A . V. Petrovski: «Varias observaciones acerca del "egoísmo altruista"»», en Liter atur naia Gazeta, 1 975, no, 3 (en ruso).

 

 

1 12

 

modificación de la categoría más general de las relaciones inter­ personales, del número de fenómenos de la identificación colec­ tivista. Además, es necesario considerar que «ningún conjunto de definiciones operacionales puede descubrir por completo todo el contenido del concepto; por eso, la interpretación empírica siem­ pre es sólo una interpretación parcial» . 14

 

La introducción del concepto de identificación colectivista permite ampliar el programa de los estudios teóricos y experimentales orientados a aclarar la esencia y las manifestaciones de este tipo de relaciones colectivistas. Aquí se incluye el estudio de los hechos de identificación interpersonal del sujeto con personas sujetas no a la frustración, sino a la estimulación positiva. 15

 

Recurrir a esta foima de identificación colectivista que, en el plano conductual, se presenta en lo externo como su contraposi­ ción directa, como un alejamiento específico, también tiene inte­ rés . En este caso, el sujeto, al plantear a otro individuo -sobre la base de cierta norma moral única, las mismas exigencias que él se plantea a sí mismo y así identificarse de cierta manera con él-, no acepta su posición ante la vida o actos concretos; es decir, en cierto sentido se aleja del mismo como resultado de la iden­ tificación, rechazando el perdón altruista. Recordemos a A. A . Makarenko en cuanto a sus criterios acerca del humanismo, preocu­ pación por el compañero, como una exigencia a sí mismo, el máxi­ mo de confianza y el máximo de exigencia es la norma de las interrelaciones en el colectivo que surge sobre la base de la acti­ vidad conjunta llena de contenido socialmente significativo . Esta atmósfera de las relaciones interpersonales, favorable para el de­ sarrollo armónico, se relaciona genéticamente con la actividad en colectivo y con su orientación social . La atmósfera de humanismo en las relaciones intragrupales es una consecuencia lógica de esta dirección, de la actividad en beneficio de la sociedad y de su expre­ sión peculiar concreta en la preocupación por la persona que se encuentra a nuestro lado . En este caso, los rasgos individual-típicos (empatia-agresividad) de los miembros del colectivo, de la simpa-

 

14   G. M. Andreieva:  Conferencia acerca a la metódica de las investigaciones

sociales concretas, Moscú, 1 972, p. 1 9 (en ruso).

 

1 5 V. V. Abramenkova: «La IEEG como una manifestación de la conducta altruista y los medios para su investigación en los prescolares»», en Nuevas investigaciones en psicología, Moscú, 1 978, no . 2 ( 1 9) (en ruso).

 

 

1 13

 

tía y de la antipatía existentes entre los diferentes individuos, son factores que deben pasar a un segundo plano .

 

En el grupo difuso debe observarse otra situación . El grupo difuso no tiene experiencia de actividad conjunta socialmente sig­ nificativa, en la cual podría ocurrir el proceso de formación de las valoraciones y normas de conducta propias de los grupos, las cua­ les, desde el punto de vista moral, regulan las relaciones entre los miembros del grupo . Sin embargo, no se excluye la posibilidad de que la composición del grupo difuso se conforme casualmente de manera que la inmensa mayoría de sus miembros posea una elevada empatia como rasgo individual-típico o tema a la ven­ ganza del individuo frustrado por causa de ellos. Estos factores, claro está, pueden conducir a que los miembros del grupo di­ fuso, al cumplimentar una tarea, comiencen a orientar sus es­ fuerzos a bloquear al frustrador quien amenaza a uno de los miem­ bros del grupo . En relación con esto y en correspondencia con el problema de la IEEG, se plantea la tarea de «dividir» los gru­ pos en dos: con alto y con poco grado de desarrollo . Este plan­ teamiento se sale del marco de los resultados obtenidos en expe­ rimentos de manera empírica en el integrador sensomotor. En otras palabras, eliminar, en una investigación experimental con­ creta, la supuesta influencia de la posible coincidencia de que en un grupo se unan, de manera casual, individuos con rasgos desarrollados de empatia o con otros rasgos psicológico-indivi­ dual que se desean suprimir.

 

 

En relación con esto es posible formular algunas hipótesis, cuya comprobación experimental debe contribuir a la explica­ ción de las verdaderas fuerzas motrices de la conducta grupal en situaciones que exigen, desde el punto de vista moral, la IEEG, y a la determinación de las etapas esenciales del proceso de for­ mación de las relaciones de la IEEG. Una de estas hipótesis es la proposición acerca de que para los grupos del tipo de colec­ tivo, el fenómeno de la IEEG se presenta como un fenómeno propiamente grupal que supera el «determinismo» de los rasgos individual-típicos de carácter, como la agresividad, la tendencia a la dominación, la indiferencia emocional, etc . , los cuales pueden ser propios posiblemente de ciertos miembros del grupo. Esta hipótesis se planteó en relación con la proposición más general testigo de los sufrimientos del otro, acude con más rapidez a pres­ sentarse, de manera transformada, como un fenómeno . socio-psi-

 

 

 

114

 

eclógico de las relaciones interpersonales [A . V . Petrovski, 1 976, a) .

 

La hipótesis formulada por V . A . Petrovski acerca de la de­ pendencia inversa de la intensidad de la IEEG del tamaño del

 

grupo        difuso y      acerca de  la constancia del  alto grado  de  IEEG

en    los     grupos        del     tipo  de  colectivo (se     excluye  la  dependencia

de    su      número       de      miembros),  ocupa un     importante  lugar  dentro

de las proposiciones acerca de la naturaleza del fenómeno de la IEEG y de sus vínculos y relaciones esenciales .

La comprobación experimental de la hipótesis acerca del vínculo de la IEEG con el tamaño del grupo, puede servir a su vez de

 

prueba      indirecta     para  adecuar        la  comprensión  de  la  naturaleza

de    la       conducta     del  grupo  difuso  y  del colectivo  en  situaciones

que  exigen,  desde  el  punto  de     vista moral,  la manifestación  de

la IEEG. Si la      conducta del grupo difuso,       en      una situación cuan-

do uno de sus      miembros está      amenazado de       frustración, depen-

de del tamaño del grupo, y la intensidad de la IEEG en el colec­ tivo no se relaciona con el tamaño, entonces, esto constituye una prueba en favor de las proposiciones planteadas acerca de las diferencias en la propia naturaleza de la IEEG en el colectivo, por una parte, y de la conducta correspondiente de los individuos en el grupo difuso, por otra.

 

La investigación acerca de la posible dependencia de las rela­

 

ciones humanas  en el grupo de       su tamaño, es importante, incluso,

 

en relación con   la necesidad de     comprobar la justeza de los seña­

 

lamientos de los investigadores extranjeros acerca de que al au­ mentar el número de individuos que son testigos de los sufri­ mientos del hombre, disminuye la posibilidad de su conducta orientada a prestar ayuda a la víctima. También se habla de la influencia «inhibidora» del grupo, al recurrirse a los datos expe­ rimentales acerca de que el individuo que se considera como único testigo de los sufrimientos del otro, acude con más rapidez a pres­ tar ayuda a esta víctima, que cuando es uno de los miembros del grupo de personas que han sido testigos del acontecimiento .

 

La explicación de la relación del fenómeno de la IEEG con el tamaño del grupo, puede verse como un primer paso en la solu­ ción del problema más general de la tenencia o no de la deter­ minación de las relaciones interpersonales por el tamaño del gru­ po [A. V. Petrovski, M. A. Turevski, 1 979) .

 

 

1 15

 

La necesidad de investigar de manera experimental la depen­ dencia de la IEEG del tamaño del grupo, requirió construir un equipo especial y encontrar el procedimiento de realización del experimento [M. A. Turevski, 1 977, a) que permitiría poner en interacción a los grupos de número creciente (en el integrador sensomotor grupal podía trabajar un grupo de seis personas).

 

En relación con esto se propuso el siguiente principio de la investigación experimental . Uno de los miembros del grupo rea­ liza una tarea determinada. Esta tarea puede ser cualquiera de las que surgen en la actividad profesional en la cual trabajan los individuos participantes en el experimento o una tarea de ca­ rácter neutral (por ejemplo, cálculo mental).

La  rapidez  del  trabajo  del  individuo      (operador)   la  determina

 

el  grupo, teniendo  en  cuenta  sus  intereses  le  brinda al  operador

 

el ritmo máximo . Sin embargo, una gran aceleración del ritmo dado por el grupo aumenta evidentemente la imprecisión, el nú-· mero de errores del operador y, como consecuencia, trae en un caso la sensación integral y en otro la parcial . La diferencia en la rapidez dada por el grupo en una situación de sanción integral y parcial, debe servir de indicador empírico de la IEEG. Mien­ tras menor es esta diferencia, mayor será la intensidad de la IEEG.

 

 

Las secciones productivas de la Dirección Especializada de Construcción y Reparación No . 1 de Jarkov del combinado «Ukrems­ troimaterialii» (Ministerio de la Industria de Materiales de Cons­ trucción) y de la empresa de Kirovogradsk de la industria de construcción, se investigaron. También se investigaron los grupos

 

difusos compuestos por trabajadores de distintas empresas de la industria láctea de la ciudad y de la región de Jarkov, que vinie­ ron a examinarse a la facultad de estudios dirigidos de la escuela técnica de Jarkov de la industria láctea.

 

A los alumnos se les informó que se probaba uno de los nuevos medios para determinar la preparación profesional y la compro­ bación de los conocimientos. En la instrucción se señaló que como índice de la preparación profesional del grupo incorporado al experimento, sirve el menor tiempo invertido por el operador se­ leccionado en su medio para la solución de los problemas plan­ teados a él, los cuales requieren conocimientos especiales y cali­ ficación productiva. Así, la instrucción incitó a los alumnos a tratar que el operador empleara el tiempo mínimo en el cumpli-

 

 

116

 

miento de la tarea. Según los requisitos del experimento, los miem­ bros del grupo no conocen qué tiempo ·dura la solución del pro­ blema, pues no tienen reloj . Recordemos de nuevo que la actividad de los alumnos no era artificial . Los problemas resueltos se pre­ pararon sobre la base de los medios habitualmente empleados para determinar el nivel de calificación en los exámenes y el testificado . En estas tareas -particularmente seleccionadas para cada una de las categorías fundamentales de alumnos y casi iguales en lo refe­ rente al tiempo requerido para su solución- durante su solución se tuvo en cuenta la existencia de determinada calificación, de una preparación profesional y de experiencia de trabajo en la espe­ cialidad .

 

Para resolver las tareas, el operador, de acuerdo con los re­ quisitos del experimento, fue separado del grupo (se hallaba de­ trás de un tabique o en la habitación contigua) y comenzó a tra­ bajar cuando el experimentador le indicó. Los demás miembros del grupo incorporado al experimento, sólo podían hacer conjeturas al respecto .

 

Cada uno de los miembros del grupo tenía a su disposición los problemas propuestos al operador y, por consiguiente, podía valo­ rar el grado de dificultad de cada uno de los problemas y hacer conjeturas en cuanto al tiempo que necesitaría el operador para su solución . Los miembros del grupo tenían la posibilidad de inter­ cambiar criterios (aunque la solución final se hacía de manera individual), y le asignaban al operador un tiempo limitado para la solución del problema. Para esto, cada uno de los miembros del gnupo debía apretar el botón dispuesto en su puesto de trabajo, cuando considerara necesario informar que el tiempo dado por él al operador para la solución del problema había terminado . Si todos los miembros del grupo, han apretado el botón correspon­ diente para señalar que el tiempo ha terminado, y el operador no ha decidido cuál de las cuatro respuestas de la tarea es correcta (o seleccionó una respuesta incorrecta), se pasa automáticamente

 

a la tarea siguiente y se ejecuta la sanción integral o parcial; 16 es decir, la sanción de todo el grupo o de uno de los miembros del

 

16   El control automático de la solución correcta del problema se ejerce mediante un dispositivo especial «KISl-5», auxiliar de la máquina para

 

controlar  los  conocimientos  y  la  enseñanza.  A  la  máquina  «KISl-5»  también

se  le  adaptó  un  circuito      eléctrico      con  un  generador  de  sonido,  20       auricula-

 

 

1 17

 

grupo, quien por indicación del experimentador se declara respon­ sable de la solución de la tarea.

 

En el proceso de reflexión y solución del problema por el ope­ rador, se le informa cada vez que un alumno del grupo oprime el botón . Al ver que estas señales son cada vez mayores, el operador se ve obligado a acelerar el ritmo del trabajo . La excesiva ace­ leración del ritmo del trabajo conduce, por lo general, a errores que surgen como consecuencia de que el operador oprime el botón correspondiente a una de las respuestas, de la cual no está total­ mente seguro o lo hace al azar. Pero en todo caso (y esto lo sabe el grupo), mientras mayor es el ritmo del trabajo dado al opera­ dor para la solución del problema, mayor es la posibilidad de que el operador no puede hallar la única solución correcta.

 

Así, los miembros del grupo, de acuerdo con los requisitos ex­ puestos en la indicación propuesta, están directamente interesados en dar fa máxima rapidez para realizar la tarea a varios opera­ dores seleccionados en el grupo según su orden . Además, el grupo conoce con anterioridad que tipo de sanción (integral o parcial) se va a aplicar, si el operador no halla en el tiempo asignado la res.:. puesta correcta al problema concreto dado . De esta manera, mie·n­ tras mayor es la rapidez del · trabajo para solucionar la tarea por parte del operador, mayor es, por una parte, la mejoría de un índice tan importante para él como el tiempo para la solución del proble­ ma y, por otra, menor es la posibilidad de que, al trabajar con esta rapidez, el operador dé una solución exacta al problema y, por consiguiente, aumenta la posibilidad de sanción.

 

La selección de los grupos con los cuales se haría la investigación se efectuó mediante dos criterios: manifestar el nivel de desarrollo del grupo y el número de miembros en el grupo . Según el nivel de desarrollo fue necesario seleccionar grupos de dos tipos: colec­ tivos y grupos difusos . Para seleccionar los grupos del tipo de co­ lectivo se utilizó el medio de introducir los ciúterios no psicológicos propuesto por A. S. Morozov (ver capítulo 1 0) . De la selección de los grupos del tipo de colectivo se excluyeron los que se diferen­ cian de manera significativa por su composición socio-demográfica (edad, sexo, nivel cultural). Los grupos difusos estaban compues-

 

res y un dispositivo especiahnente fabricado que garantiza la posibilidad de efectuar, de manera automática, uno de los dos tipos de sanción inme­ diatamente después que se conozca que el problema no ha sido resuelto en el tiempo asignado por el grupo.

 

 

118

 

tos por miembros de los grupos no considerados como colecti­ vos. En este caso también se consideró la necesidad de la afinidad relativa en cuanto a la composición socio-demográfica de los gru­ pos seleccionados para la investigación de grupos . El tamaño de los grupos sujetos a investigación varió entre dos y 20 personas . El fundamento para elegir precisamente estas cantidades consiste en que reflejan, en gran medida, las variaciones de las cantida­ des de las verdaderas secciones productivas de base.

 

En la investigación partimos de los siguientes postulados hipo­ téticos sugeridos por la concepción estratométrica.

1 ) Los grupos con altos índices en todo el conjunto de criterios del grado de desarrollo, independientemente de su tamaño en las situaciones experimentales propuestas, deben dar una rapidez casi igual al trabajo del operador para la solución del problema.

 

2) Independientemente de cuántos individuos de la composición del grupo (por ejemplo, 3, 8, 12, 1 5 , 20 individuos) con altos índi­ ces en todo el conjunto de criterios del grado de desarrollo se in­ corporaron en el experimento, todos deben dar en situaciones de sanción integral y parcial una rapidez casi igual al trabaj o del ope­ rador para la solución del problema.

 

3)    Mientras mayor es el tamaño del grupo compuesto por miem­ bros poco conocidos entre sí de las secciones productivas (grupo difuso), mayor debe ser la diferencia entre la rapidez dada por el grupo al operador al trabajo para la solución del problema en las situaciones de sanción parcial e integral .

 

4)    Mientras mayor es el número de individuos de la composi­ ción del grupo poco conocidos entre sí que se incorporen conse­ cuentemente al experimento (por ejemplo, 3, 8, 12, 15, 20 indi­ viduos), mayor debe ser la diferencia entre la rapidez dada al operador al trabajo para la solución del problema en las situaciones de sanción parcial e integral .

 

Nos detendremos en algunos resultados de experimentos reali­ zados hasta el momento . Es necesario señalar, ante todo, que el medio utilizado en la investigación para manifestar de manera experimental las IEEG en dependencia del tamaño del grupo, se sometió a una prueba especial en lo referente a la argumentación

 

(validez, estabilidad) . En verdad, los resultados obtenidos mediante este procedimiento experimental son bastante objetivos (el tiempo, dado por el grupo, se fij a estrictamente por los equipos). En rela­ ción con esto, un procedimiento de medición reiterada fue un me-

 

 

119

 

dio suficiente para comprobar la estabilidad . También se planteó la tarea de la validez de las metódicas para la determinación de la IEEG en los grupos (investigación de M. A. Turevski no pu­ blicada) .

 

El fenómeno de la IEEG -útil como criterio del desarrollo gru­ pai obtenido experimentalmente - no se detecta con frecuencia en la vida real del grupo en forma pura para la fij ación empírica y la obtención de los índices necesarios . Esto no constituye, al mismo tiempo, un obstáculo para hallar las situaciones concretas en las cuales se detectan, con suficiente claridad para el observador aje­ no, algunas particularidades psicológicas de la interacción que responde a las características esenciales del parámetro incógnito .

 

Una de las posibles fue, por ejemplo, la situación específica de producción que surge a veces en la actividad real de las brigadas de

cristaleros en las organizaciones de construcción . Las tareas para el cumplimiento del programa de producción presuponen, ante todo, un alto ritmo de trabajo . Los programas prevén el cumplimiento de dos operaciones diferentes . Una parte de la brigada fij a el cris­ tal en las ventanas con los clavos y los restantes ponen masilla a las juntas. La práctica confirma que la excesiva rapidez que garantiza un alto ritmo de trabajo de la primera parte de la brigada (y, por consiguiente, éxito en la producción), conduce a un trabajo no acabado, lo cual puede dañar las manos de los otros cristaleros .

 

Sobre la base de los índices de expertos (la opinión pública, el número de casos que se atienden en traumatología, el número de conflictos por motivo de los traumas en las brigadas, etc .) fue po­ sible diferenciar las brigadas de construcción por la característica de la frecuencia de los casos de traumatismo en la producción y seleccionar entre ellos los grupos extremos en este sentido . Así se seleccionaron tres brigadas diferentes de las demás por no tener ningún caso de traumas durante el proceso de producción y dos brigadas iguales a ellas en cuanto a la calificación, en las cuales los traumas y los conflictos constituyen un fenómeno característi­ co . 17 En el experimento de laboratorio, los tres primeros grupos

 

 

17   Es digno destacar que los índices de producción de las tres primeras brigadas son mayores que los de las otras dos. Las determinantes de la actividad productiva efectiva son evidentemente tan intensivas que com­

 

pensan,  con  facilidad,  los  esfuei*zos  y  las  pérdidas de  tiempo  relacionadas

 

con  el       bloqueo      de      la       frustración  del     compañero  y        con       un      trato  solícito

hacia él.

 

 

120

 

demostraron altos índices de IEEG y el resto, bajos índices . De esta manera, tenemos motivos para llegar a la conclusión de que en el experimento fij amos precisamente el verdadero componente socio- psicológico de las relaciones interpersonales, representadas como el fenómeno IEEG.

El análisis correlacionai de los datos obtenidos hasta el momento acerca de la intensidad de la IEEG en los grupos difusos, dife­ rentes por el número, demostró la existencia de una relación negativa r = - 0,488; n = 17; p > 0,05) . Las investigaciones rea­ lizadas en los grupos del tipo de colectivos, reafirman la indepen­ dencia de las características estudiadas (r = 0,135; n = 1 4) . Así, las tendencias plasmadas en los experimentos realizados nos ha­ blan a favor de las hipótesis de la investigación . Al mismo tiempo, los resultados existentes nos dan argumentos para suponer que la ulterior acumulación de datos experimentales permitiría, al utilizar un aparato estadístico de mayor precisión, profundizar nuestros conocimientos acerca de las dependencias estudiadas .

 

Para resumir nos detendremos en algunas cuestiones, cuya solu­ ción consta, hasta el momento, de diferentes etapas preliminares de experimentación, de comprobación de las proposiciones acerca de la naturaleza y los momentos claves del proceso de formación de las relaciones de la IEEG que emanan de la concepción estratomé­ trica. El trabajo para la precisión y comprobación experimental de estas hipótesis sólo acaba de iniciarse . Pero considerando su importancia para la solución de algunos problemas teóricos de la correlación del colectivo con otros tipos de grupos, es conveniente enfocarlo, aunque sea de manera muy breve .

Así existe una hipótesis con sus argumentos acerca de que la posibilidad de ulteriores sanciones negativas por parte del indivi­ duo frustrado por culpa del grupo, puede reorganizar la actividad del grupo con poco desarrollo y, de esta manera, dar lugar al fe­ nómeno coincidente con la IEEG.

 

La comprobación de esta hipótesis requiere de un experimento mediante el cual, al mantenerse invariables las demás condiciones, podrían preverse dos situaciones: a) en la sanción parcial, el indi­ viduo frustrado conoce en cada caso concreto quién de los miem­ bros del grupo participa precisamente en la interacción y, por consiguiente, quién es el responsable de su frustración; b) en la sanción parcial, el individuo frustrado no conoce quiénes partici-

 

 

 

121

 

pan en la interacción . Así, para los participantes de la interacción en la situación «a» existía la amenaza de ulteriores sanciones nega­ tivas por parte del individuo frustrado por su culpa. En la situación «b» la posibilidad de esta amenaza se redujo al mínimo.

 

El integrador sensomotor grupal utilizado en las primeras in­ vestigaciones de la IEEG, tenía en cuenta la interacción en que todos sus participantes se encontraban «cara a cara», lo cual, claro está, obstaculizaba la reproducción de la situación «b» en el experi­ mento . La realización del experimento en las condiciones en que uno de los miembros del grupo (operador) puede separarse de los demás (hallarse en la habitación contigua), permite comprobar la hipótesis acerca de los temores motivados por el «desquite» como un factor hipotético determinante de la conducta que responde a las características de la IEEG. Para esto, en la sanción parcial el individuo que está sujeto a la frustración es precisamente el ope­ rador; en determinada serie experimental él sabe precisamente quién determina el tiempo para la solución del problema, y en otra no lo sabe . La hipótesis se comprueba si en ambas series experi­ mentales el colectivo da al operador igual tiempo para la solución del problema, y el grupo con poco desarrollo, en situaciones en que el operador sabe quién es el culpable de la frustración, da mayor tiempo que cuando el operador desconoce la situación real de las cosas . La situación puede empeorarse si el líder de ese grupo desempeña el papel de operador.

 

Un problema metódico más dificil es la búsqueda del instru­ mento de la investigación que permita comprobar la proposición acerca de la existencia de la relación orgánica del fenómeno de la IEEG con los demás fenómenos psicológicos que se detectan en el colectivo y, en particular, con el fenómeno de la AC. Aunque la organización del experimento tanto en el integrador sensomotor grupal, como en el nuevo equipo antes descrito, permite medir la intensidad de la IEEG y ver quién de los miembros del grupo se comporta según la norma humana y quién no; la cuestión radica en qué, para el experimentador se mantiene latente la esencia psicológica de la conducta de los individuos que se corresponde con la norma de la IEEG aprobada por el grupo . En particular, el experimento no ofrece la información necesaria acerca de quién de los miembros del grupo manifiesta, en un caso dado, una reac­ ción conformista y quién actúa por estimulación interna de acuer­ do con valoraciones morales profundamente interiorizadas . Tam-

 

 

122

 

bién se desconoce quién de los miembros del grupo en una situa­ ción de presión, antihumana por su orientación, en la sanción parcial del «grupo confabulado», es capaz de realizar actos de autodeterminación colectivista y quién, al subordinarse a la presión del grupo, modifica su conducta.

Se halló (M. A . Turevski) la siguiente solución metódica. Se utilizan el equipo y el procedimiento de la organización del expe­ rimento y los vínculos realizados en la investigación de la IEEG con el tamaño del grupo . La adición necesaria consiste en que el tiempo dado por cada uno de los miembros del grupo para la so­ lución del problema al operador, se manifiesta en dos condiciones diferentes para la realización del experimento: a) cuando cada miembro del grupo se ha separado de los demás por una mam­ para y sabe que el grupo desconoce, en la sanción parcial y en la integral, el tiempo que le da al operador para la solución del pro­ blema; b) cuando no hay mamparas y el tiempo dado por cada uno de los miembros del grupo es conocido por el grupo .

 

Sobre la base de la comparación de la conducta de los alumnos en estudio en la situación «a» con su conducta en la situación «b», es posible formar de manera convencional tres grupos con los in­ dividuos participantes en el experimento: en primer lugar, quie­ nes materializan, en ambas situaciones, de acuerdo con las valora­ ciones morales interiorizadas por ellos, la IEEG con el individuo frustrado (primer tipo); en segundo, quienes dan en la situa­ ción «b» al operador la solución del problema en la sanción par­ cial casi el mismo tiempo que en la integral, pero en la situación «a», en la sanción parcial mucho menos que en la integral (se­ gundo tipo); en tercer lugar, quienes no manifiestan en ambas si­ tuaciones IEEG, para renunciar así a la norma moral adoptada en el grupo (tercer tipo) .

 

La hipótesis planteada antes por nosotros se comprueba, si en los grupos desarrollados o (lo que es de especial interés), a me­ dida que se desarrolla el grupo en el proceso del experimento formativo, predominan evidentemente los individuos incluidos por nosotros dentro del primer tipo sobre la cantidad de individuos, que manifiestan en la esfera de la IEEG una conducta conformista y negativista que se corresponde con los tipos segundo y tercero . En los grupos difusos y en otras comunidades de poco grado de de­ sarrollo, hay motivos para esperar una situación contraria: pre­ dominan los tipos segundo y tercero de conducta.

 

 

123

 

La modificación de la metódica propuesta, la cual permite some­ ter a investigación experimental la capacidad de los miembros del colectivo para los actos de autodeterminación colectivista en las condiciones que contribuyen a la aparición de la IEEG, consiste en colocar en el puesto de trabajo de cada uno de los alumnos un bombillo que, como él sabe, se enciende cuando todos los miem­ bros del grupo, excepto él, dieron al operador la orden de que se ha terminado el tiempo asignado para la solución del problema. En este caso, al experimentador se le ha concedido la posibilidad (lo cual, claro está, desconoce el alumno) de encender él mismo estos bombillos cuando lo considere necesario. En otras palabras, en el experimento existe la posibilidad de intensificar, de manera arti­ ficial, la presión del grupo . El experimento se realiza en las con­ diciones de «a», antes descritas .

 

El experimentador, al dar a todos los alumnos (antes en la san­ ción parcial, que en la integral) la señal como si todos los demás ya hubieran dado al operador la orden de que ha concluido el tiem­ po dado para la solución del problema, podrá observar cómo se comportan los alumnos; siguen el ejemplo del grupo o como antes, en las condiciones de ausencia de la presión del grupo, manifies­ tan IEEG.

 

El surgimiento de la IEEG en las circunstancias que originan la autodeterminación colectiva, debe corroborar el alto grado de in­ teriorización de los valores humanos en el colectivo y hallar el carácter integral de la conducta que se fundamenta en los principios de la moral comunista. La unidad del íenómeno de la autode­

 

terminación colectivista y de la identiíicación colectivista es, como nosotros consideramos, un rasgo característico de las relaciones interper sonales en los grupos de un alto grado de desarrollo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

124

 

Capítulo 6

 

 

LA ASIGNACIÓN Y LA ACEPTACIÓN

 

DE LA RESPONSABILIDAD EN LA ACTIVIDAD

 

DEL GRUPO

 

El desarrollo de la sociedad socialista y la ampliación de los marcos de la democracia, y el incremento de la actividad creadora de las masas, de su actividad e iniciativa relacionadas con el mismo, exigen que la responsabilidad personal de cada hombre sea mayor en la lucha por la causa común,- la construcción del comunismo .

 

Hasta estos momentos, el problema de la responsabilidad se ha estudiado con preferencia en los aspectos teórico-filosófico y peda­ gógico . El análisis filosófico se orientaba al análisis de este fenó­ meno como una forma de interacción de la personalidad y de la sociedad. Se investigaron sus fuentes y la especificidad de las ma­ nifestaciones históricas en su articulación, interacción y desarrollo . Se estudió la categoría de la responsabilidad en relación con las cuestiones de la moral y el derecho . En la literatura pedagógica

 

-      eñ particular, en los trabajos del destacado pedagogo soviético A. S. Makarenko, quien veía la responsabilidad desde el punto

 

de vista de su importancia y formación en las condiciones de la actividad del colectivo- se prestó gran atención al problema de la responsabilidad .

 

Las cuestiones psicológicas de la responsabilidad personal y co­ lectiva, a difereneia de sus aspectos filosóficos y pedagógicos, no se han estudiado lo bastante . Sólo pueden nombrarse algunos tra­ bajos, en los cuales a la psicología de la responsabilidad se le presta cierta atención . 1 No existen prácticamente investigaciones socio-psicológicas experimentales, en las cuales la responsabilidad

 

1     A  P.  Rastigueev:  Fundamentos socio-psicológicos de la responsabilidad.

 

autorresumen  de la  tesis       de      candidatura, Leningrado, 1 97 1 ;        L .       E.      Korshu­

nova:        «Formación  de  una actitud  responsable    del     individuo    hacia  el  trabajo

 

en    el       colectivo     productivo. (Investigación  experimental)*»,        en  Papel de    los

 

colectivos laborales en la educación comunista de los trabajadores (Aspec­

 

tos sociológicos y socio-psicológicos), Leningrado,  1 975,  parte  2;  L.  S.  Sla­

 

vina: «La formación en los escolares de primer grado de una actitud res­ ponsable en el cumplimiento de los deberes escolares», en Voprosy Psijo• logii, 1 956, no, 4 (todas en ruso).

 

 

 

125

 

se haya estudiado no como una cualidad personal, sino como un fenómeno de las relaciones interpersonales (aunque la importancia del problema de la responsabilidad colectiva, para la teoría y la práctica de la formación del colectivo, no da lugar a dudas).

 

La responsabilidad como una de las formas de una actitud acti­ va de la personalidad hacia la realidad social circundante, se ma­ nifiesta en determinadas condiciones y se caracteriza por una serie de particularidades . La primera de ellas consiste en que la respon­ sabilidad de la personalidad se manifiesta, en lo fundamental, en la actitud activa hacia las demás personas. La segunda radica en la existencia de aquello por lo cual se responsabiliza el hombre ante los demás .

 

En  las  condiciones  de la  actividad  grupal,       la  responsabilidad

 

-al  ser un índice de  la posición activa de  la personalidad ante la

 

vida- se presenta en una forma especial, en forma de relaciones de dependencia de responsabilidad . Las relaciones de este tipo re­ presentan, por lo visto, un sistema bastante complej o y, en cierta medida, independiente de vínculos en el colectivo . Una de las ma­ nifestaciones esenciales de estas relaciones es la asignación mutua de la responsabilidad por los éxitos y fracasos en el trabajo grupal . El problema de la responsabilidad, claro está, no se reduce a esto, pero puede utilizarse como un primer paso en el estudio socio­ psicológico concreto del fenómeno de la responsabilidad como una forma de recurrir a medios específicos de asignación y acep­ tación de la responsabilidad por el éxito o el fracaso .

 

Por asignación de la responsabilidad entendemos el acto de atri­ buirse a sí mismo o a los demás posibles sanciones sociales por el éxito o el fracaso en la actividad conjunta. Para caracterizar al grupo como un colectivo no tiene menos importancia cómo se asig­ na la responsabilidad en las condiciones del éxito y del fracaso en la actividad grupal; a quién los miembros del grupo asignan per­ sonalmente la responsabilidad por sus éxitos y fracasos; hasta qué punto es objetivo el proceso de asignación de la responsabilidad en una u otras condiciones .

 

Puede considerarse que en los actos en que se asigna una res­ ponsabilidad, tanto en el propio proceso de la actividad como en su conclusión, se va a manifestar el carácter de las relaciones inter­ personales predominantes en el grupo . Así, el estudio del proceso de asignación de la responsabilidad puede ofrecer una información útil acerca del grado de desarrollo de las relaciones interpersonales .

 

 

1     26

 

En la literatura nacional no existen prácticamente publicaciones dedicadas al análisis de estos fenómenos . El problema de la asig­ nación de la responsabilidad se toca parcialmente en los trabajos de A . A. Bodalev y de sus colaboradores (los autores corroboran que el proceso de asignación de la responsabilidad por parte de una persona a otra, está mediatizado por las particularidades de la percepción).2 En general, este problema no se ha planteado ni se ha debatido hasta estos momentos en la psicología soviética.

 

En el extranjero, a partir de 1 973, aparecen una gran cantidad de trabajos experimentales dedicados al estudio del fenómeno de la asignación de la responsabilidad (responsability attribution). En una parte significativa de estas investigaciones se manifiesta la de­ pendencia del resultado de la asignación de la responsabilidad de las particularidades personales del individuo a quien se le asigna la misma, así como del individuo que la asigna. Así, se estudió cómo influyen en el proceso de asignación de la responsabilidad la atrac­ ción física de los individuos, el sexo, la capacidad para establecer las relaciones causa-efecto, el grado de motivación del logro, la pertenencia social y los factores étnicos .

 

C . Saligman, N . Paschal y G. Tanata detectaron, por ejemplo, la interacción significativa entre la atracción fisica y la asignación de la responsabilidad .3 Resultó que existe una tendencia a respon­ sabilizar a las mujeres más atractivas con labores más agradables y a las menos atractivas con las menos agradables . En el trabajo de T. Hayashi y H. Y gmauchi se evidenció la dependencia de la asignación de la responsabilidad del grado de motivación del logro.4 Los autores han obtenido datos, según los cuales la asignación de la responsabilidades, en primer lugar, la función del grado de moti-

 

 

  Problemas teóricos y aplicados de la psicología del conocimiento de los hombres entre sí. Tesis de ponencias, bajo la redacción de A. A. Bodalev, Krasnadar, 1 975; A. A. Bodalev: «La percepción del hombre por el hombre», en la selección: Problemas de psicología general e ingeniería, Leningrado, 1 964, pp. 3-1 1 (en ruso).

 

C . Seligman, N. Paschall y G. Tanata: «Effects of Physical Attractiveness on Attributions of Responsability», en Canadian Joumal oi Behavioural

 

 

Science, 1 974 (July), vol. 6. no. 3.

 

T . Hayashi y N . Ygnauchi: «Causal Atributional Judgements for Achive­ ment-related Events», en Japanese Psichological Sresearch, 1 974 (May), vol. 16,

 

no. l .

 

 

127

 

vación del logro y, en segundo, la función del grado de divergencia entre la espera y el resultado .

 

R.    Wolosin, S . G. Sherman y A . Till investigaron la influencia de las particularidades de la organización de la actividad en la asignación de la responsabilidad en las condiciones de éxito y fra­ caso . 5 El experimento se realizó con escolares mayores con quie­ nes se formaron parejas cuando se requería la cooperación mutua y de competencia entre sí. Se detectó que tanto en las condiciones de cooperación como de competencia, cuando los resultados del trabajo son neutrales, desde el punto de vista del éxito o del fra­ caso, los alumnos tienden a atribuir la responsabilidad por el resultado del trabajo a las circunstancias objetivas y cuando el resultado es exitoso se lo atribuyen a ellos mismos . Cuando no hay éxito en una situación de cooperación, la responsabilidad se atribuye al compañero y en caso de competencia, a circunstancias objetivas. Los resultados de la investigación demostraron una clara orientación individualista de los alumnos .

 

J. D . Cunnighan y H. H. Kelley investigaron la especificidad de los actos de asignación de la responsabilidad en la esfera de las relaciones interpersonales cuando los acontecimientos analizados son de diferente importancia. 6

S . Nelson valoraba el papel que desempeña, en el proceso de asignación de la responsabilidad, la percepción de la influencia, es decir, del grado de influencia de una persona en la conducta o cri­ terio de otra. 7 * La importancia de este factor se estudió en el marco de las relaciones objetivas de influencia e interacción en el contexto experimental . Los datos obtenidos en la investigación corroboran la influencia de los factores situacionales en el proceso de la asig­ nación de la responsabilidad .

 

D .   Aderman,  R.  Archer  y  J.  Harris  estudiaron,  mediante  la

metódica de proyecto, la dependencia de los resultados de la asig-

R.    J.  Wolosin,  S.  G.  Shennan  y  A.  Till:  «Effects  of Cooperation  and

Competition  on  Responsability      Attribution  after  Success  and  Failure*,  en

Joumal o/Experimental Social Psychology, 1973 (May), vol. 9, no. 3.

6  J . D .  Cunninghar  y  H .  H .      Kelly:  «Causal  Attributions  f o r Interpersonal

Events      of Varying Magnitude», en Joumal oi Personality and Social Psycho­

 

logy, marzo de 1 975, vol. 43, no . 1 .

 

7     S. D. Nelson: «Objective Power, Subjetive Power and Causal Attributions in Social Interactiom>, en Proceedings of the 81-st Annual Convention of the American Psycological Associations, Montreal, Canadá, 1 973, vol. 8.

 

 

128

 

nación de la responsabilidad de la orientación de la empatia.0 Para esto, pidieron a 48 alumnos identificarse, desde el punto de vista emocional, con el estado de diferentes personas, héroes de relatos dados . Como era de esperar, los alumnos que se identificaron con el estado de una víctima menor de edad atribuyeron más respon­ sabilidad a otros protagonistas, que otros participantes del expe­ rimento que no se imaginaron en el papel de víctima.

 

Se investigó la influencia de la dificultad del problema en la asignación de la responsabilidad,9 así como la dependencia de la correspondencia de los resultados de la actividad con los resultados esperados . 1 0 La primera de estas investigaciones demostró que las situaciones de éxito, de fracaso, de espera para seguir trabajando en la solución del problema y las situaciones cuando no existe semejante espera, influyen en gran medida en la asignación de la responsabilidad a sí mismo y a los demás .

 

Todos los trabajos señalados presentan, a nuestro juicio, una deficiencia general que se expresa en que los autores estudian la personalidad sin relacionarla con el medio social concreto, sin considerar la verdadera actividad socialmente significativa. No es casual que los datos experimentales obtenidos en la inmensa ma­ yoría de estas investigaciones corroboran una manifiesta orienta­ ción individualista en los alumnos. Nos inclinamos a relacionar esto con que la actividad, dada por las condiciones del experimento, no poseía un determinado valor social, con lo cual predisponía a sus participantes para que manifestaran motivaciones individualistas . Señalemos que, en general, en los trabajos mencionados, estos fac­ tores socialmente signicativos -como son la orientación de la per­ sonalidad, sus convicciones, sentido de la responsabilidad, etcéte­ ra- , no se analiza en especial ni se debaten. En la gran mayoría de las investigaciones no se considera la pertenencia de los alumnos a una u otra comunidad social, gnipo . Por último, no se ha inves-

 

0 D. Aderman, R. L . Archer y J. L . Harris: «Effects of Emotional Empathy on Attributions of Responsability», en Joumal oi Personality and Social Psychology, marzo de 1 975, vol. 43, no. 1 .

 

9     J. E . Luginnuhl, D. H. Grove y J. P . Kahan: «Causal Attributions for Sucess and Failure», en Joumal of Personality and Social Psychology, enero de 1 975, vol. 3 1 , no. l .

 

1º    J.  G. Nicholis:  «Causal Attributions and Other Achievement-Related Con­

ditions      Effects        of  Task      Outcome,  Attainment  Value   and    Sex»,       en  Joumal

 

of Personality and Social Psychology, marzo de 1 975, vol. 3 1 , no . 3 .

 

 

129

 

tigado acerca de los procesos de la asignación de la responsabili­ dad en grupos realmente activos .

 

Entretanto, se considera que los factores antes enumerados no pueden dejar de influir de manera significativa en los actos de asig­ nación de la responsabilidad . Así, de acuerdo con la concepción estratométrica, es necesario esperar que cuando se asigna interna­ mente la responsabilidad en el grupo, este procedimiento por sí mismo y sus resultados constituyen, en gran medida, el contenido mediatizado de la actividad conjunta y el nivel de desarrollo del grupo .

 

Una tarea concreta de esta investigación fue el estudio del fe­ nómeno de la asignación de la responsabilidad en una situación de éxito y de fracaso en la actividad grupal y en dependencia del grado de desarrollo del grupo .

 

La hipótesis fundamental consistía en suponer que en los grupos que alcanzaron fases relativamente altas de desarrollo, los actos de asignación de la responsabilidad tendrán en general un carácter más objetivo; es decir, el aporte individual de cada participante al éxito del grupo de la actividad conjunta, se valorará con más pre­ cisión que en los grupos de un menor grado de desarrollo . Más tarde, como se supuso, el grado de desarrollo del grupo y el con­ tenido de la actividad conjunta, pueden determinar la frecuencia de los casos cuando la responsabilidad se asigna a sí mismo al no obtenerse éxito en la actividad .

 

La comprobación de las hipótesis propuestas en las condiciones reales de la investigación, debía manifestarse en que, en los gru­ pos de alto grado de desarrollo, las valoraciones objetivas y sub­ jetivas del aporte de cada individuo a los logros del grupo coinciden en grado significativo . Cuando no se obtenga éxito, en estos gru­ pos, en comparación con los difusos, son menos los actos en que se elude la responsabilidad .

 

El experimento incluía dos series relativamente independientes. En la primera participaron más de 350 estudiantes del tercer curso de las Facultades Mecánico-Matemática y de Física de la Univer­ sidad Estatal de Dnepropetrovsk (59 grupos experimentales, seis personas en cada uno); en la segunda serie participaron cuatro bri­ gadas de obreros empaquetadores del Combinado de Derivados de Trigo de Dnepropetrovsk (seis personas en cada brigada) cuatro

 

brigadas de montadores-ajustadores de la Fábrica de Equipos de Minería de Dnepropetrovsk ( 1 2 personas en la brigada) y dos bri-

 

 

130

 

gadas montadores-ajustadores del Combinado de Producción «Dne­ proenergo» (seis personas en la brigada) . El experimento se realizó dentro del marco de la actividad conjunta lúdrica y de producción .

 

En todas las series, los grupos realizaron una actividad conjunta con un objetivo concreto dado con anterioridad . El experimentador determinó el aporte real de cada participante en el logro de los objetivos del grupo . Además, los propios participantes y observa­ dores valoraron el éxito de la actividad de cada miembro del gru­ po (los ayudantes del experimentador o los jefes de grupo hicie­ ren el papel de observadores) . En el proceso del experimento, todos los alumnos tuvieron la posibilidad de obtener información acerca de los resultados de la actividad de unos respecto a otros.

 

En la primera serie, realizada en los grupos de estudiantes, me­ diante un mecanismo especialmente elaborado para los fines del presente experimento, se hizo un patrón de la actividad conjunta de grupo: conexión simultánea, coordinada y regulación ulterior de la tensión de la serie de bombillos eléctricos. El registrador fij ó las acciones de cada participante del experimento y del grupo en general . El éxito de la realización de la tarea grupal dependía del grado de comprensión y de coordinación mutuas de las acciones de los miembros del grupo . La frecuencia de los esfuerzos aplicados y la medida de coordinación de las acciones de cada uno con las acciones del grupo, fueron en general los índices del aporte per­ sonal a la solución de la tarea de grupo .

 

Después, el proceso de asignación de la responsabilidad se inves­ tigó en el marco del experimento natural, cuando los alumnos de la Facultad de Física se evaluaban en psicología. A cada grupo experimental se le dieron dos preguntas polémicas, a las cuales debían responder en detalle por escrito los alumnos . El modelo para la respuesta tenía seis columnas (según la cantidad de alumnos) y, según un orden, era llenado por cada uno de los miembros del grupo durante tres minutos . Al ir pasando los modelos, los alumnos completaban las respuestas de los compañeros precedentes . El ciclo duraba hasta que los estudiantes expusieran toda la información que tenían. Al analizar las respuestas, el experimentador las valora­

 

ba. La actividad grupal se consideraba totalmente exitosa cuando el experimentador no hacía señalamientos de importancia a las res­

 

puestas de los alumnos .

 

En la segunda serie de investigaciones realizada con las briga­ das de obreros, el experimento se realizó dentro del marco de la

 

 

131

 

actividad productiva. El éxito del trabajo del grupo se valoraba en dependencia de la realización de la tarea diaria por parte de la bri­ gada: el cumplimiento en un 1 00% y más se consideraba un éxito y menos de un 1 00 % un fracaso .

 

El grado de desarrollo grupal en la primera serie se determinaba de la siguiente manera: si los miembros de un subgrupo experi­ mental pertenecían a un mismo grupo académico, se conocían mu­ tuamente y tenían suficiente experiencia para la comunicación y la actividad conjunta, esos subgrupos poseían niveles más altos de desarrollo en comparación con los subgrupos sin este tipo de características . 1 1 Correspondientemente, los llamados grupos difusos se formaron con grupos de estudiantes que no se conocían entre sí o se conocían poco. Claro está, el grado de desarrollo de los mejores grupos estudiantiles sólo fue relativamente alto: aún no eran ver­ daderos colectivos .

 

En la segunda serie, el grado de desarrollo grupal se determinaba mediante expertos: a los maestros de oficio, al jefe de taller y al de equipo se les propuso que dieran categorías a las brigadas en estudio desde el punto de vista del grado de su desarrollo .

 

Al concluir el trabajo en todas las series, se propuso a los alum­ nos que dieran rangos a sus compañeros y que ellos también se incluyeran en dependencia de la magnitud del aporte dado al re­ sultado general de la actividad de grupo . En este caso, los alum­ nos recibieron una instrucción con el siguiente contenido: «Esta­ blezca rangos para los compañeros de trabajo en dependencia del aporte de cada uno al éxito general del grupo . En primer lugar

 

sitúen a quien, según su criterio, hizo un mayor aporte  a los re-

 

sultados del grupo y, en último lugar, quien aportó menos.» 12 Los

 

experimentadores y ayudantes que observaron la actividad del gru­ po también establecieron estos rangos . 13

 

11   Reconocemos que semejante manera de      incluiruna u otra   comunidad

dentro de un rango, más o      menos alto en cuanto el grado de       desarrollo,

es muy convencional.                     

12   Además  del  establecimiento   de  los         rangos  que  permite       obtener  una

 

evaluación correlativa de los esfuerzos hechos por los participantes en el experimento, se hubieran podido aplicar otras variantes, por ejemplo, una evaluación expresada en puntos, en porciento, etcétera.

 

13  Por  cuanto  la  evaluación  del  experimentador  se  redujo,  en  la  práctica,

a  una  valoración  de  experto  de  toda  la  serie  de  personas,  es  un  argumento

 

para considerarla bastante objetiva.

 

 

132

 

De acuerdo con los datos de los rangos establecidos se confec­ cionó una tabla que resume los resultados de las evaluaciones mutuas de los miembros del grupo . Las sumas de los rangos ob­ tenidos por ellos se dispusieron en orden creciente (de esta manera, los nombres de los alumnos aparecían en la tabla según el aporte hecho a la causa común) . Al apoyamos en la suma de los rangos, se hubiera podido calcular la calificación promedio del aporte de cada miembro al éxito o fracaso del grupo. Más adelante, esta mag­ nitud recibirá el nombre de valoración grupal .

 

El análisis estadístico de los datos obtenidos incluía los coefi­ cientes pares de correlación por rangos (según Spearman) y un coeficiente promedio de correlación par que demuestran la con­ cordancia de las evaluaciones en el grupo, así como los coeficientes de correlación entre las evaluaciones del experimentador y de cada uno de los participantes en el experimento y la evaluación grupal, entre la evaluación del experimentador y la autoevaluación de los alumnos .

 

El acto de aceptación de la responsabilidad en el procedimiento experimental se manifestará, por ejemplo, cuando el experimenta­ dor valora con igual rango el aporte del alumno tanto en una situa­ ción de éxito, como en una de fracaso . La coincidencia de las evalua­ ciones del aporte de la personalidad en una situación de éxito y en una situación de fracaso, es muy importante .

 

Al comparar las evaluaciones por rangos, realizadas por el ex­ perimentador, con la autoevaluación de los alumnos en las mismas situaciones, adquiere una extraordinaria importancia el hecho de su divergencia al pasar de una situación de éxito a una de fracaso . Por ejemplo, si el experimentador evalúa el aporte de uno de los alumnos, tanto en una situación de éxito como en una de fracaso, con un rango 3 y la autoevaluación de este alumno en caso de éxito también tiene rango 3 y en caso de fracaso el rango es 5, po­ demos afirmar con un alto grado de probabilidad que el alumno asume para sí generalmente la responsabilidad por el fracaso . Si el alumno, al valorar su aporte en una situación de éxito se dio una categoría 3 y en una de fracaso se situó en primer lugar con la misma evaluación del experimentador, puede considerarse que él atribuyó la responsabilidad por el fracaso a otros miembros del grupo . En este caso, podemos hablar del deseo del alumno de elu­ dir la responsabilidad .

 

 

133

 

Por cuanto el aporte objetivo de los alumnos a la actividad con­ junta en las condiciones de éxito y de fracaso, puede ser diferente,* también deben someterse a una interpretación psicológica las va­ riantes en que la evaluación dada al aporte de los alumnos por parte del experimentador varía al pasar de una situación a otra.

 

Por ejemplo, el experimentador después de medir el aporte de determinado alumno en una situación de éxito con el rango 5, en las de fracaso lo evaluó con el rango 2 . Sin dudas, esto indica que la productividad de la actividad del alumno aumentó en una situación de fracaso grupal .

 

Describiremos tres posibles variantes orientadas a modificar la autoevaluación de los alumnos al pasar de una situación de éxito grupal a una de fracaso grupal y, utilizando como criterio la eva­ luación del experimentador, probaremos correlacionar esta diná­ mica de la autoevaluación con los actos cuando se acepta o se elude la responsabilidad .

 

Primera variante : en la evaluación del experimentador, el in­ cremento de la autoevaluación supera el avance alcanzado . Este caso es interpretado por nosotros como una forma de eludir la responsabilidad .

 

Segunda variante : coincidencia de la dinámica de la autoeva­ luación con la dinámica de la evaluación del experimentador. En este caso puede hablarse de la adecuación de la evaluación, de su aporte a la actividad conjunta.

 

Tercera variante: la autoevaluación decae . Éste es el caso cuan­ do el alumno acepta la responsabilidad por el fracaso de la acti­ vidad grupal .

 

De manera análoga pueden analizarse otras variantes posibles de la dinámica de la autoevaluación de los alumnos en su corre­ lación con la evaluación del experimentador al pasar de una si­ tuación de éxito a una de fracaso .

 

Lo antes expuesto puede expresarse en la fórmula que sirve de medida de la aceptación de la responsabilidad:

 

pi = e (u) - e (n) - s (ti) - s (n),

 

donde pi es la aceptación de la responsabilidad; e (u), el rango dado al alumno por el experimentador en caso de éxito; e (n), el rango dado al alumno por el experimentador en caso de fracaso; s (v)1 el rango dado por el alumno a sí mismo en caso de éxito; s (ti), el rango dado por el alumno a sí mismo en caso de fracaso .

 

 

134

 

El análisis de esta fórmula demuestra: si P 1 es mayor que cero, la responsabilidad por el fracaso en la actividad grupal es acep­ tada por la persona. La magnitud positiva, pero que excede en algo a la magnitud PI puede ser en cierta medida una caracte­ rística para que el alumno acepte la responsabilidad . Si P1 = O, la persona valora su aporte de manera adecuada. El valor nega­ tivo de la magnitud reafirmará que el alumno elude la respon­ sabilidad, y mientras mayor sea el grado de esta acción, mayor será el valor de esta magnitud.

 

La magnitud absoluta P 1  dependerá evidentemente  del  número

 

de miembros del grupo; mientras mayor sea el grupo, mayor será

 

el valor de  P1 .  Para que puedan compararse  los  datos obtenidos

 

para los grupos de diferente tamaño, es necesario utilizar unida­ des relativas; es decir, la característica del fenómeno de la acep-

pI

 

tación de la responsabilidad será de P - -------- , donde N es el nú­

 

N

 

mero de miembros del grupo . A esta magnitud vamos a recurrir más tarde .

Sobre la base de los procedimientos metódicos y estadísticos descritos en cada serie de los experimentos, se seleccionaron gru­ pos de diferente grado de desarrollo y se hizo un análisis com­ parativo de sus particularidades características en relación con la asignación y la aceptación de la responsabilidad personal por el éxito y el fracaso en la actividad conjunta.

 

En los grupos estudiantiles se obtuvieron los siguientes datos durante la actividad experimental lúdrica.

 

Cuando el resultado de la actividad es exitoso, los coeficientes promedio de correlación entre las evaluaciones del grupo en cuanto a los aportes personales y las evaluaciones dadas por el expe­ rimentador (Pge), entre la autoevaluación de los alumnos y la eva­ luación del experimentador (Pie), así como el coeficiente prome­ dio de correlación par (P), el cual demuestra la concordancia de las evaluaciones en el grupo, se aproximaron en cuanto al valor. Además, este tipo de datos se obtuvo en los grupos de dife­ rente nivel de desarrollo . Los mismo fueron respectivamente iguales a: Pg e = 0,6 1 ; Pie = 0,66; P = 0,63 (para los grupos de mayor grado de desarrollo); P8e = 0,53; Pie = 0,59; P = 0,66 (para los grupos de menor grado de desarrollo) .

 

 

135

 

Cuando los resultados de  la actividad arrojaron un  fracaso,  los

coeficientes        de  correlación     fueron  diferentes:  P ge  =  0,62;  Pie  =

= 0,82; P   =       0,66  (en los grupos de mayor graoo   de  desarrollo)

y Pge = 0,23 ;     Pie = 0,4 1 ; P = 0,33 (en los grupos   de menor gra­

do de desarrollo) .                 

 

Como se deduce de los datos señalados, cuando la actividad culmina con éxito los coeficientes promedio de correlación par en los grupos de diferente grado de desarrollo, tienen bastante concordancia (P = 0,63 ; P = 0,66) y se aproximan a las evalua­ ciones por parte del experimentador. En caso de fracaso, la con­ cordancia y la objetividad de las evaluaciones de la actividad dadas a los miembros del grupo en las comunidades de diferen­ te grado de desarrollo, fueron diferentes . En los grupos de mayor grado de desarrollo la concordancia y la objetividad es mucho mayor que en los grupos que se encuentran en etapas relativa­ mente bajas de desarrollo. Esto puede corroborar la deficiente objetividad en caso de fracaso general en los grupos de un grado más bajo de desarrollo .

 

Durante la actividad docente real de los estudiantes, cuyos re­ sultados no pueden considerarse suficientemente exitosos, los coe­ ficientes promedio de correlación fueron los siguientes:

 

Pge = 0,63 ; Pie = 0,77; P = 0,59 (para los grupos de mayor gra­ do de desarrollo) y Pee = 0,23; Pie = 0,25 ; P = 0,36 (para los grupos de menor grado de desarrollo) .

 

Los  datos  citados  corroboran  que  en  la actividad  docente  real

 

-como       en      las     condiciones de      la  actividad experimental       grupal­

 

en  caso  de  fracaso,  la objetividad  de  los actos  de asignación de

 

la responsabilidad depende del grado de desarrollo de la comu­ nidad: en los grupos que alcanzaron niveles más altos de desarro­ llo, la asignación de la responsabilidad corresponde en mayor medida a la responsabilidad real de cada uno por el fracaso general .

 

En  las  brigadas  productivas,  en  caso  de  éxito  de  la actividad

 

grupal, la concordancia en las evaluaciones de los resultados obte­

 

nidos por el jefe de equipo, el maestro de oficio, el jefe de taller

 

y  el organizador  del  partido, de  una  parte,       y  por  los  propios

 

miembros de los grupos, de otra, es bastante alta. Los correspon­

 

dientes coeficientes de correlación para las brigadas productivas fueron iguales a: Pge = 0,8 1 ; IPie = 0,7 1 ; P = 0,50 (en los gru­ pos de mayor grado ae desarrollo); Pge = 0,65 ; Pie = 0,47;

 

 

136

 

P �0,26  (en  los grupos de menor grado de desarrollo). En caso

de fracaso general del grupo: P80 = 0,60; Pie = 0,3 1 ;  P = 0,44 (en

los grupos de mayor grado de desarrollo); Pge = 0,90;  PiR -=         0,15;

P = 0,55  (en los grupos de menor grado    de      desarrollo) .  El     valor

de las diferencias era igual a P /\ 0,05 .                                 

Los valores mayores de · los coeficientes  de      correlación en       caso

de éxito en la actividad grupal, corroboran que el colectivo se in­ clina a las representaciones correctas acerca del aporte de sus miem­ bros a la actividad de la brigada.

 

La considerable disminución de los coeficientes en caso de fra­ caso grupal se explica porque muchos miembros de las brigadas no valoran de manera adecuada el grado de responsabilidad por el fracaso. En verdad, los fracasos fueron condicionados, en cierta medida, por causas objetivas .

 

Para explicar la influencia de las relaciones emocionales inter­ personales en la evaluación del aporte de los diferentes indivi­ duos a la actividad grupal, realizamos una investigación socio­ métrica adicional que demostró la falta de correlación entre la evaluación del aporte y la actividad emocional hacia el compa­ ñero . Esto corrobora la independencia de la evaluación del aporte de las relaciones emocionales en los grupos sujetos a estudio .

 

Según los materiales de todos los experimentos y, a partir de la magnitud P\ se determinó la calidad de los actos individuales en que se aceptó o eludió la responsabilidad por el fracaso ge­ neral grupal . También se determinó la cantidad de evaluaciones adecuadas hechas por el individuo respecto a su aporte al éxito y fracaso grupal . Todas estas magnitudes se expresaron en una relación porcentual respecto al número de miembros del grupo .

 

El análisis de los datos experimentales permitió llegar a la con­ clusión acerca de que la evaluación del aporte personal dado por el alumno puede considerarse adecuada cuando la magnitud se

 

encuentre  dentro         del     marco  de  -0, 1     a +0, 1 .       Por    consiguiente,       el

acto de      aceptar       la       responsabilidad    ocurrirá,     si       Pl>    +O, 1  y     el

acto de eludir la responsabilidad, si P 1      < -0,1.                                    

La   cantidad de  evaluaciones  adecuadas  como actos de  aceptar

y eludir la responsabilidad, varió en gran medida de un grupo a otro . Así, en las brigadas productivas cuando el trabajo funda­

mental  se  cumplía,  las  autoevaluaciones  adecuadas  eran   de      un

23   % a un        80     %;     la aceptación de la responsabilidad de un 20 %

a      un  75%;     la       no     aceptación  de  la responsabilidad,     de  un 0%       a

 

 

137

 

un 46 %. En los grupos estudiantiles, en las condiciones de la actividad docente grupal, las autoevaluaciones adecuadas se igua­ laron de un 0% a un 66%; la aceptación de la responsabili­ dad, de un 7 % a un 76 %; la no aceptación de la responsabilidad, de un 14 % a un 68 %. Estas magnitudes eran agrupadas en dependencia del nivel de desarrollo de los grupos y del conte­ nido de la actividad conjunta. Los resultados de la investigación demuestran, ante todo, la dependencia del número de actos en que se elude la responsabilidad no sólo del nivel de desarrollo del grupo, sino también del carácter de la actividad: al aumentar el desarrollo grupal disminuye, de manera significativa, el nú­ mero de actos en que se elude la responsabilidad; eludir la res­ ponsabilidad es un hecho que se observa más en la actividad no fundamental que en la fundamental . La cantidad de actos de aceptación de la responsabilidad y de una autoevaluación adecua­ da de su actividad, tiene una tendencia inversa, pues se eleva tanto con el aumento del grado general de desarrollo del grupo, como con el paso de una actividad no significativa a otra signi­ ficativa [L. A. Suj inskaia, 1 975, 1 977, 1 978] .

 

Así,  los  datos  experimentales  citados  demuestran  las  hipótesis

 

de trabajo de la investigación, según las cuales la asignación de

 

la     responsabilidad    por    parte de      los     alumnos      está   determinada

 

por el carácter de la actividad conjunta (fundamental y no fun­ damental), así como por el grado de desarrollo del grupo . Por tanto, las magnitudes que caracterizan el proceso de asignación de la responsabilidad (número de actos de autoevaluación adecua­ da, número de actos de aceptación de la responsabilidad, número de actos de no aceptación de la responsabilidad, los coeficientes de correlación P ge y Pu que demuestran la relación entre las eva­ luaciones que parten del grupo y del experimentador, así como del alumno y del experimentador, etc.), pueden servir de índices parciales del grado de desarrollo del grupo como colectivo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

138

 

Capítulo 7

 

 

LA SELECCIÓN EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES Y SU MOTIVACIÓN

 

Como ya se subrayó, las relaciones interpersonales se estudian, en lo fundamental, mediante la sociometría, si la tarea de la investi­ gación es explicar la diferenciación intragrupal y la existencia de selecciones y preferencias . Éste fue el enfoque tradicional de este problema en la psicología social . La concepción estratométrica per­ mite introducir correctivos .

Los índices sociométricos se deducen de manera exclusiva sobre la base del análisis de las relaciones de comunicación en el grupo y esto, como ya se señaló, no puede dejar de ocasionar una actitud

atenta, pues la cantidad de selecciones obtenidas por uno u otro in­ dividuo no dice nada acerca de la naturaleza de estas selecciones; la base motivacional de la selección queda al margen . Claro está, cada grupo puede verse como una red comunicativa que surge en el proceso de la interacción y de la comunicación de sus miembros .

 

Sin embargo, el análisis sociométrico sólo puede dar una descrip­ ción general de esta red de comunicación . Conjuntamente con esto, el mismo no nos lleva a la comprensión de por qué en unas comu­ nidades el individuo está en contraposición con el grupo y en otras esto no se observa. También se desconoce cuáles son los motivos por los cuales se rigen los miembros del grupo, al seleccionar a unos y rechazar a otros; qué se esconde tras la simpatía y la antipatía, y si en realidad es necesario o no mantener como criterio significati­ vo de selección, precisamente, la simpatía y la antipatía, y no otras criterios .

 

El modelo del grupo que constituye la base de las investigacio­ nes sociométricas como fenómeno emocional-psicológico, no posibi­ lita analizar las relaciones interpersonales de los hombres sobre la base de determinadas normas socialmente establecidas, de orien­ taciones valorativas y de evaluaciones, pues todo lo reduce a regis­ trar las interacciones, las evaluaciones emocionales mutuas y las inclinaciones. Con este enfoque muy específico, la actividad orienta­ da del grupo y de sus miembros no se considera sencillamente y, por tanto, no es objeto de investigación ni de estudio .

 

En la investigación de Yu . V . Yanotovskaia [ 1 973, b] se intentó estudiar la «selección en la actividad»* incluida en la actividad la-

 

 

139

 

boral real de los adolescentes. La autora del trabajo planteó que la selección sociométrica no siempre refleja la verdadera actitud hacia uno u otro miembro del grupo, y que las relaciones manifestadas como resultado de la utilización del procedimiento sociométrico, pueden no coincidir con las relaciones reales de la vida, aunque los autores de todos los trabajos en que se aplican metódicas sociomé­ tricas parten de la existencia de esta relación.

 

Para comprobar esta hipótesis se realizó una investigación que constaba de dos ciclos . En el primer ciclo se evidenció la estructura de los colectivos primarios mediante una de las variantes tradicio­ nales del método sociométrico . A los grupos de alumnos de la es­ cuela media y de la técnico-profesional se les hizo esta pregunta: «¿A quién de los compañeros prestarías ayuda en caso de dificul­ tades?» (se consideró la situación concreta en la clase de tornería) . En el segundo ciclo se determinaba, de manera imperceptible para los alumnos, a quiénes ellos ayudaban en realidad en estas clases . Antes de comenzar las operaciones laborales (el experimento se realizó en varias etapas: cuando no se evaluaba el trabajo, cuan­ do se evaluaba y controlaba el cumplimiento de la tarea y, por último, en las condiciones de la emulación), el maestro de oficio informaba: «En caso de dificultades me pueden pedir ayuda o pue­ den ayudarse entre sí .»

 

Al fij ar las solicitudes de ayuda en el proceso de todas las se­ ries experimentales, Y u . V. Y anotovskaia obtuvo un panorama pre­ ciso de las selecciones mutuas reales de los miembros de los gru­ pos en el proceso de su actividad laboral . Se obtuvieron dos se­ ries de datos: selecciones sociométxicas que el autor las consideraba de pronóstico y las verdaderas selecciones. Al compararlas se evi­ denció una serie de diferencias esenciales . Si las selecciones socio­ métricas manifestaron a los adolescentes y jóvenes incluidos dentro de la categoría de los no preferidos; en las selecciones reales no existía esta categoría. Esto significó que en la actividad conjunta socialmente útil se manifiestan las verdaderas relaciones de los hombres entre sí y ellas no coinciden con las relaciones obtenidas en el nivel sociométrico . Dentro del marco de la actividad laboral se observó, en comparación con las selecciones sociométricas, el predominio de relaciones positivas con un matiz emocional, y no de las negativas .

 

El análisis de las selecciones de los compañeros de actividad demuestra que «las estrellas» que obtuvieron la mayoría absoluta en las selecciones sociométricas sólo pueden caer en el subgrupo de

 

 

140

 

los preferidos, seleccionado sobre la base de los resultados de las selecciones realmente realizadas . En la selección sociométrica, como demostró Yu . V. Yanotovskaia, el papel decisivo lo desempeñan las aspiraciones sociales del grupo y del maestro de oficio fijadas en los clisés valorativos del colectivo dado, los cuales determinan la orientación de la selección .

 

En la situación real de la actividad, la selección presupone el pronóstico de la preferencia mutua que no sólo se fundamenta en la relación del alumno con el compañero de actividad («yo quiero seleccionarlo»), sino también en la evaluación del posible resulta­ do («¿Cuál será la actitud de los demás cuando sepan que yo lo seleccioné?») . Por eso, en la realización de la selección pueden de­ sempeñar un papel decisivo los motivos más diversos: prestigio, firmeza, motivo de trabajo . Es importante subrayar que en el traba­ jo de Yu. V . Yanotovskaia se habla de las «selecciones en la ac­ tividad» determinadas por su contenido real .

 

La tendencia de los psicólogos que trabajan con las mediciones sociométricas, es establecer mediante el procedimiento de la selec­ ción las simpatías y antipatías de los miembros del grupo (lo cual responde a que estos psicólogos tengan una representación del gru­ po como un fenómeno emocional-psicológico) . Este hecho hace, ine­ vitablemente, que el problema que trata la revelación de un sistema más significativo de las relaciones interpersonales que caracterizan al grupo como comunidad socio-psicológica, salga del marco del ex­ perimento . En realidad, la simpatía y la antipatía constituyen una base muy inestable para el análisis de la naturaleza, la esencia y los mecanismos de las interrelaciones grupales. Esto es una cuestión que sienten todos los investigadores, incluso los adictos a la socio­ metría. «Las escalas sociométricas de J. Moreno sólo son el comien­ zo, pero sus trabajos ofrecen cierta idea acerca de las dificultades, de lo que aún queda por hacer», señala T. Shibutani. 1

 

Se sabe que la interacción del hombre como personalidad con el medio circundante se forma y materializa en el sistema de relacio­ nes objetivas en su vida social y productiva. C. Marx escribió: «En la producción, los hombres no sólo se interrelacionan con la naturaleza. Ellos no pueden producir si no se unen de cierta ma­ nera para la actividad conjunta y para el intercambio mutuo de su actividad . Para producir, los hombres establecen determinados vínculos y relaciones y sólo dentro del marco de estos vínculos y

 

1 T. Shibutani: Psicología social, Moscú, 1 969, p. 333 (en ruso).

 

 

141

 

relaciones, existe su relación con la naturaleza y se realiza la pro­ ·ducción .»2

Tras los vínculos reales que se forman objetivamente en el pro­ ceso de las interrelaciones de los hombres y que tienen un carácter objetivo, detectamos una compleja red de aspiraciones, interés mu­ tuo entre sí y diferentes posiciones, en los cuales se consolidaron las normas interpersonales. Claro está, la evaluación del carácter y del valor de los vínculos que se forman objetivamente, se determi­ na, ante todo, por la investigación de los hechos reales; las accio·. nes y actos de los hombres, de los resultados objetivos de su acti-vidad laboral conjunta. V . l . Lenin subrayaba que es necesario valorar los propósitos y sentimientos reales de los hombres sobre la base del análisis de sus acciones . Las acciones del hombre son un rasgo decisivo, sobre cuya base se hace la deducción . «Está claro que sólo hay un índice para ello: las acciones de esas perso­ nalidades y como aquí hablamos tan sólo de "ideas y sentimientos" sociales, hay que añadir: las acciones sociales de las personalidades; es decir los hechos sociales. »3

 

Incluso, conocer superficialmente la sociometría permite obser­ var que las respuestas de los alumnos pueden no encerrar en sí el verdadero fundamento de la selección, pueden no contribuir a de­ terminar con certeza los verdaderos motivos; sino, por el contra­ rio, sustituir los verdaderos motivos por motivaciones.

Ante los investigadores se plantea la interrogante de cómo evi­ denciar en el grupo la verdadera dinámica interna de las interre­ laciones, la cual sigue siendo latente e invisible para los métodos sociométricos que sólo permiten detectar, de una manera más rá­ pida y definida que la simple observación, el aspecto externo de estas relaciones. El aspecto exterior de la interacción intragrupal puede verse como consecuencia de las profundas relaciones invisi­ bles entre los miembros del grupo, pero la sociometría no nos acer­ ca a la explicación de las cm�sas de la preferencia y del aislamien­ to . En relación con esto, surge una tarea socio-psicológica impor­ tante que debe incorporarse al estudio sociométrico: descubrir el núcleo motivacional de la selección en las relaciones interpersonales; es decir, los motivos por los cuales la personalidad está lista a es­ tablecer un contacto emocional (y también de trabaj o) con unos miembros del grupo y a rechazar a otros [V . A. Petrovski, 1 973] .

 

2     C . Marx y F. Engels: Obras, t. 6, p. 44 1 .

3     V. l. Lenin: Obras completas, t. 1 , p. 424 .

 

 

142

 

Ante el planteamiento directo de la interrogante, no siempre pue­ de obtenerse una respuesta sincera; además, el individuo no pue­ de explicar por qué prefiere a uno y no acepta a otro . Por eso, poner de manifiesto de manera experimental la motivación de las selecciones interpersonales sobre la base de los datos indirectos, adquiere una significación extraordinaria para los objetivos seña­ lados .

 

La explicación del núcleo motivacional de la selección en el sis­ tema de las relaciones interpersonales, sirve de ejemplo para per­ feccionar y profundizar los tests sociométricos. Gracias a la in­ troducción del procedimiento metódico de la selección del núcleo motivacional, surge la posibilidad de pasar de la investigación de la capa superficial de la comunicación a la investigación de sus capas más profundas . Así, el conjunto de las relaciones interper­ sonales, de la manera en que el mismo se refleja en la investiga­ ción sociométrica, sirve generalmente de característica estructu­

 

ral fundamental de la comunidad estudiada. Los índices socio­ métricos actúan como las variables psicológicas más esenciales durante el estudio de la interacción intragrupal, y, desde el pun­ to de vista sociométrico, sentirse seleccionado o rechazado siempre es una cuestión latente que debe descifrar el pedagogo o el psi­ cólogo .

 

¿Qué representa en sí el corte sociométrico; es decir, la infor­ maci9n encerrada en las matrices de la selección y en los socio­ gramas? ¿Con su ayuda obtenemos cierto panorama fundamental o sólo descubrimos la capa superficial de las interrelaciones no diferenciada por su naturaleza? Aquí pueden tenerse dos posicio­ nes: 1) en comparación con el panorama formal de los vínculos de trabaj o, la distribución sociométrica de las relaciones interperso­ nales en el grupo, desempeña el papel de la estructura psicoló­ gica de los vínculos sociales; 2) sin embargo, ella misma se con­ vierte en estructura formal respecto a los factores de contenido que determinan la unidad psicológica del colectivo . El procedi­ miento sociométrico, por ejemplo, es incapaz de distinguir el co­ lectivo de la corporación y la corporación del grupo casual .

 

El predominio del enfoque sociométrico estrecho del problema de la selección intragrupal es· posible según dos direcciones: en pri­ mer lugar, mediante la creación de nuevos procedimientos experi­ mentales que se estructuren sobre otra base experimental [Yu. V . Yanotovskaia, 1973 ; E. V . Schedrina, 1 973, a, b]; en segundo lu-

 

 

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gar, mediante esta «eliminación» del principio sociométrico, en el cual el panorama sociométrico sólo se presenta como una forma ex­ terior de la vida colectiva, mientras que el verdadero panorama consiste en las relaciones motivacionales que unen en un todo único la comunidad de hombres estudiada. En este caso, la sociometría no se desprecia, sino que ocupa su lugar en el sistema del estu­ dio socio- psicológico del grupo. Es evidente que al manifestar las relaciones esenciales que actúan en forma de coherencia socio­ métrica, es necesario apartarse del panorama sociométrico, tener­ lo ante sí y saber utilizarlo, pero no limitarse a él .

 

Supongamos que el escolar no está preparado para un dictado complejo acerca del material dado y se le ha dado el derecho de elegir libremente al compañero que desee para sentarse a su lado . Cuando el escolar tiene fe en la ayuda del compañero que se sienta a su lado, no es dificil imaginarse la operación que él rea­ lizará en su mente . En primer lugar, él quería sentarse con Ar­ busov, porque, claro está, escribe correctamente y no vacila en prestar ayuda; en segundo lugar, seleccionaría a Berezkin que ayuda aunque no lo hace con deseos y, en quinto lugar, pusiera a Zaitsev; éste quiere ayudarlo indudablemente, pero él mismo lo confunde todo y, por último, el último lo daría a quien no sólo no intercambia conocimiento, sino que plantea al maestro que lo molestan .

 

Claro está, cuando el escolar cree por completo en que puede ayudar al compañero del lado, a pesar de que no confia en sus propias fuerzas, no es típico . Sin embargo, si admitimos la posi­ bilidad de semejante situación y comparamos dos series: una reali­ zada según la selección libre y otra según un plan reservado: «Sé es­ cribir todo lo que hace falta»», entonces coinciden . Y la esperanza de recibir ayuda es el contenido único del núcleo motivacional de la selección del compañero para sentarse a su lado .

 

Un motivo determinado, analizado por sí mismo, sólo en raras ocasiones puede servir de base segura de todas las selecciones en correspondencia con la instrucción sociométrica. La solución res­ pecto a los orígenes motivacionales de la selección en el colectivo, debe obtenerse al analizar necesidades bastante generales de la personalidad en desarrollo, como la necesidad de regirse por las orientaciones de valor de los grupos de referencia, la necesidad de mantener relaciones de dependencia, la necesidad de intimidar desde el punto de vista emocional con un número relativamente pe­ queño de amigos, la necesidad de mantener un alto status en el

 

 

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colectivo, la necesidad de identificarse con el colectivo y de expre­ sarse en él, etc. Todas estas necesidades sólo pueden aislarse de manera artificial entre sí . Sin embargo, ellas pueden manifestarse de las formas más diversas en diferentes personas . Por eso, surge la tarea de determinar la intensidad en que se manifiestan estás necesidades en la personalidad en una situación de selección so­ ciométrica.

 

Repetimos que por núcleo motivacional de la selección se entiende el sistema de motivos que iorma la base psicológica de la prefe­

 

rencia individual manifestada por los individuos en el experimento sociométrico. Supongamos que nos interesa la correlación de las necesidades en la comunicación y en la actividad conjunta práctica con los compañeros. En la vida del escolar, por ejemplo, estas ne­ cesidades se presentan como una unidad . Surge la interrogante acer­ ca de su valoración comparativa en la selección sociométrica. Pen­ samos que la primera de las necesidades puede representarse por una orientación estable de los escolares hacia las siguientes cualida­ des de los compañeros: «Con esta persona siempre pueden compar­ tirse alegrías y penas>»>, «Con él siempre hay algo de que hablar»», «A él se le puede confiar el mayor secreto»» . La necesidad de la actividad práctica conjunta puede representarse con el plantea­ miento de los siguientes argumentos para la selección: «En esta persona siempre puede confiarse», «En un momento dificil halla la solución correcta», «Si promete algo lo cumple sin falta»», «Sabe ha­ cer muchas cosas y nunca se niega a prestar ayuda» . Todas estas cualidades pueden ser motivos de la selección en sociometría.

 

¿Qué grupo de cualidades que motivan la selección es más sig­ nificativo en un caso dado para el escolar? La respuesta a: la pre­ gunta planteada puede hallarse al comparar la división sociométri­ ca en rangos y la evaluación de los compañeros de estudios en lo referente a cada una de las cualidades . El alumno debe responder a esta pregunta: ¿Con quién quisieras quedarte en el grupo, si éste se reorganizara? Según la · instrucción, el escolar hace su selección, dentro de sus compañeros de estudio, en orden de preferencia, de los más preferidos a los menos. Después el experimentador (con un intervalo de varios días) propone a los alumnos que evaluén a sus compañeros de acuerdo con cada una de las cualidades incluidas en los dos grupos de cualidades mencionados por nosotros. Al cumplimentar la segunda tarea, los alumnos confeccionan una lista de manera que aparezca en primer lugar una serie, una cate­ goría según la primera de las cualidades personales propuestas

 

 

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(por ejemplo: «¿Puede hablarse con este compañero acerca de nuestras aspiraciones y sentimientos ?» ); en segundo lugar, se­ gún la siguiente (¿Puede esperarse de este compañero una ver­ dadera ayuda en un momento dificil?), etc . Así, todas las cuali­ dades se convierten en argumentos para el establecimiento de las categorías .

 

Después de esto se realiza la correlación por categorías de las series que guardan un orden según las cualidades particulares (se­ ries ualoratiuas) con la serie obtenida sobre la base de la instruc­ ción sociométrica (serie de preferencia).

 

Los elevados coeficientes significativos permiten aceptar la hi­ pótesis acerca de que las correspondientes cualidades personales de los miembros del grupo, pueden participar del núcleo motiva­ cional de la selección en el experimento sociométrico y acerca de que ellas motivan la preferencia individual .

 

En la situación citada, la evaluación de las selecciones obtenidas permite, en primer lugar, aclarar cuáles de los grupos de cualida­ des personales forman en principio las escalas de preferencia in­ dividual; en segundo lugar, aclarar el peso relativo de cada uno de los rasgos citados, al comparar entre sí los coeficientes de co­ rrelación; en tercero, determinar el grupo de cualidades que se corresponden con los altos coeficientes de correlación . El último grupo también forma el núcleo motivacional de la selección . Des­ pués que ha sido determinado puede valorar cuál de las necesida­ des de la personalidad domina en la selección .

 

Al realizar el experimento con el fin de establecer el núcleo mo­ tivacional de la selección, se consideraron algunas circunstancias. Las cualidades sujetas a prueba con vistas a incluirlas en el nú­ cleo motivacional, pueden presentarse al alumno en las formas más diversas . Así, las cualidades personales que deben evaluarse por cada alumno pueden ser dadas como cualidades aisladas en su forma relativamente abstracta (bueno, inteligente, honrado, jus­ to) . Entonces, la persona que evalúa, analiza al compañero desde afuera. Al mismo tiempo, estas cualidades pueden presentarse en forma integral («Lo conozco como un hombre muy honrado; me parece que esta persona es atenta y buena, siempre puedo pedirle ayuda») . Los alumnos señalan a quién se refiere, en primer lugar, en segundo lugar, etc . , cada uno de estos planteamientos en su grupo. Por último, las cualidades pueden darse de manera contusa. En este caso, al alumno se le propone que se fam iliarice con el contenido de pequeñas historias en las cuales se describen los ac-

 

 

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tos y las intenciones de los hombres en diferentes situaciones . La conducta del héroe en cada una de estas situaciones, lo caracteriza desde determinado punto de vista, lo cual descubre en él, por ejemplo, valentía, honradez, decisión, etc . El alumno debe respon­ der a la pregunta acerca de cuál de sus compañeros podría com­ portarse, en una situación semejante, de la misma manera que el héroe de la historia. Después que todos los alumnos han sido eva­ luados, los participantes en el experimento deben señalar cómo comprenden cada una de estas situaciones y qué rasgos de la per­ sonalidad se manifiestan en ellas .

 

Cuando elabora el material, el experimentador, al correlacionar las series divididas en rangos respecto al contenido de las histo­ rias propuestas para la evaluación con la serie sociométrica, esta­ blece el núcleo motivacional de la selección . Manifestar el nú�leo motivacional de la preferencia resulta útil cada vez que surjan las siguientes preguntas: ¿Por qué el panorama sociométrico es precisamente así en este grupo? ¿Por qué este miembro del gru­ po prefiere a aquél? ¿Por qué cierta parte del grupo se incluye dentro de la categoría «estrella», y otra dentro de los «rechaza­ dos»? La importancia de las respuestas a estas preguntas, es indu­ dable para la psicología social del colectivo .

 

Se ha establecido de manera experimental que el contenido del núcleo motivacional de la selección del compañero en la estructu­ ra de las relaciones interpersonales, puede servir de criterio del grado alcanzado por este grupo como colectivo . En la investiga­ ción de N. M. Shvaleva ( 1 978) se demostró que la selección, en la fase inicial de la formación del grupo, se caracteriza por un ma­ tiz emocional directo, y en este caso las orientaciones en la se­ lección del compañero se orientan en mayor medida a los aspectos externos de la persona seleccionada (sociabilidad, atracción exter­ na, manera de vestirse, etc . ) que a los profundos rasgos personales internos. La selección en el grupo de una fase más elevada de desa­ rrollo, no sólo se hace sobre la base de los sentimientos que apa­ recen en la primera impresión, sino también a partir de la evalua­ ción de las cualidades personales más profundas que se manifiestan en la actividad conjunta y en los actos significativos para la per­ sonalidad

 

Si al inicio del proceso de la diferenciación grupal, la orien­ tación hacia las cualidades que expresan las relaciones hacia otras personas tiene un carácter personal específico, a medida que el grupo se desarrolla estos motivos de selección se llenan de conte-

 

 

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nido social . En las primeras etapas de desarrollo de los grupos nuevamente creados al seleccionar al compañero, los miembros del grupo parten de las simpatías emocional-personales, pero después, durante el proceso de formación del colectivo, el contenido del núcleo motivacional varía; las selecciones están condicionadas por la orientación no hacia las cualidades externas de la personalidad, sino hacia sus cualidades morales y laborales . A medida que se desarrolla el grupo como colectivo se eleva el status, el «valor» de estas cualidades de la personalidad que caracterizan la concepción del mundo y la actitud hacia el trabajo; es decir, de las particula­ ridades que se forman y se manifiestan en la actividad conjunta.

 

 

 

Capítulo 8

 

LA REFERENCIA COMO UNA CARACTERÍSTICA

DEL SISTEMA DE LAS RELACIONES

 

INTERPERSONALES

 

La formación y manifestación de la actividad de la personalidad en el colectivo se determinan por las relaciones más generales de la personalidad y la sociedad . Las posibilidades de autodetermi­ nación de la personalidad en la sociedad, de la libre atribución a la misma de normas valorativas y posiciones sociales, de la for­ mación de representaciones propias acerca de los objetos con un valor social, forman el rasgo característico de estas relaciones. En las manifestaciones de este tipo se incluyen los vínculos de re­ ferencia de la personalidad con las personas que le rodean, consis­ tentes en que el individuo se orienta de manera selectiva para asumir · la posición de los demás, cuando elabora la relación pro­ pia con los objetos que le son valiosos.

 

En esta relación surge la tarea de la división teórica y del es­ tudio experimental del fenómeno de la reíerencia, como una de las formas de las relaciones interpersonales en el grupo y de la determinación de la peculiaridad u originalidad cualitativa del siste­ ma de las relaciones interpersonales .

 

Para llegar al estudio del fenómeno de la referencia es necesa­ rio detenerse en las investigaciones de los llamados grupos de re­ ferencia iniciadas a principios de la década del 40 en la psicolo-

 

 

 

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gía social norteamericana. Describamos en sus rasgos más carac­ terísticos las etapas fundamentales de la interpretación teórica del concepto «grupo de referencia», así como la serie de los datos em­ píricos más esenciales que sirvieron de base para esto .

 

La interpretación de estos datos comenzó a adquirir gradual­ mente una gran significación, al incorporar un círculo cada vez más diverso de fenómenos, y esto dio base a M. y C . Sherif para señalar que «por desgracia, la concepción de los grupos de refe­ rencia se utilizó con frecuencia como una teoría general para ex­ plicarlo todo» . 1

 

Apenas introducido, el concepto «grupo de referencia» marcó rápidamente eu rumbo para la realización de una serie de trabajos (T. Newcomb, M . Sherif, R. Hartley) y, al cabo de diez años, co­ menzó a figurar en un gran número de trabajos, en el estudio de diferentes problemas (desde enfermedades psíquicas y delincuen­ cia infantil hasta comunicaciones masivas y formación de opinio­ nes) .

 

H.    H. Hyman2 fue el primero de los psicólogos sociales que co­ menzó a utilizar el término «grupo de referencia» . Descubrió que la disposición del individuo en relación con los objetos que le son valiosos, depende tanto de la comparación con las disposiciones del grupo del cual es miembro, como de los grupos externos en relación con un individuo y del cual no es miembro . Hyman esta­ bleció que, al estudiar el problema de cómo un mismo sujeto va­ lora su status emocional, sobre esta valoración influye en gran me­ dida con qué grupos de individuos él mismo se compara; en otras

 

palabras, qué grupos le sirvieron como «cuadros de comparación» . Hyman llamó a estos grupos, grupos de referencia. Muy pronto, el término de H. Hyman comenzó a figurar en la literatura socio­ psicológica para designar en general cualquier grupo con el cual el individuo compara su disposición .

 

Casi al mismo tiempo que H. Hyman, T. Newcomb comenzó su conocida investigación, en el colegio Benningion.3 Éste demostró que la tendencia de las disposiciones de los sometidos a prueba, dependía del grado de aceptación de los mismos por la comunidad del colegio como cuadro para la comparación . Esta investigación

 

 

1     M. L. Sherif y C. W. Sherif: Social Psychology, Nueva York, 1 969, p. 423 .

 

2     H. H. Hyman: The Psychology oí Status, Nueva Jersey, 1 942.

3     T. M. Newcomb: Personality and Social Change, Nueva York, 1 943.

 

 

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permitió a T. Newcomb definir así el concepto grupo de referen­ cia : «Acerca de otras personas se dice que forman el grupo de referencia para la personalidad, si en su orientación influye una red de normas con las cuales, según su hipótesis, comparte la mis­ ma.»4 El hecho de que los individuos puedan formar sus orienta­ ciones tanto en correspondencia con las normas del grupo, como en contra de ellas, brindó a T. Newcomb la fundamentación para afirmar la existencia de grupos de referencia, tanto positivos como negativos .

 

T. Newcomb dividió dos nuevos aspectos en la investigación de los grupos de referencia. El primero, el principal, consiste en atri­ buirle al grupo de referencia una función normativa (H. Hyman no lo hizo); el segundo radica en que el mismo grupo se le exa­ mina como poseedor, en mayor o menor grado, de referencia (en sentido normativo) para cada miembro de este grupo .

 

M . Sherif, a quien pertenece la afirmación final del concepto «grupo de referencia» en la psicología norteamericana, subrayó que es necesario diferenciar el grupo de pertenencia y el grupo de re­ ferencia propiamente dicho .

 

Señaló que el grupo de referencia es un concepto psicológico, pues para él lo más característico es «la referencia personal» del individuo con el grupo, la identificación del individuo con este grupo . Sherif define los grupos de referencia como «los grupos con los cuales el individuo se relaciona como una parte o a los cua­ les quiere pertenecer psicológicamente».5 El hecho de que M. Sherif distinga en el grupo de referencia, ante todo, sus aspectos valora­ tivos y normativos, asemeja, en cierto grado, su posición a la posición de T. Newcomb .

 

En 1 960, R. Hartley6 realizó la investigación del papel de las normas y estándares del grupo de pertenencia, para la admisión de este grupo como de referencia;

 

4     C . E. Swanson, T. M. Newcomb y E. Z. Hartley (eds.): Reedings in Social Psychology, Nueva York, 1 952, p. 4 1 1 .

 

  M. L . Sherif y C . W. Sherif: «Groups in Harmony and Tensiom>, en An lnterpretation ofStudies on Intergroup Relations, Nueva York, 1 966, p. 1 6 1 .

 

6     R. E. Hartley: «Norm Compatibility, Norm Preference and the Acceptance ofNew Reference Groups-, en Hymann, M. M. y J. Singer ( eds. ) Readings

 

in Reference Group Theory and Research, Nueva York, 1 968; R. E. Hartley: -Personal Characteristics and Acceptance of Secondary Groups as Reference Groups-, en Joumal of Individual Psychology, 1 957, no. 1 3 .

 

 

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Ella trató de descubrir el papel de las normas y estándares del grupo dado en este proceso . Además de esto, esta autora vio, por primera vez, un nuevo aspecto en el sistema «individuo-grupo de referencia», al establecer una relación entre algunas característi­ cas personales manifestadas en el individuo y el grado de ma­ nifestación de la tendencia para la aceptación del grupo de re­ ferencia.

 

El intento de plantear el problema de los grupos de referencia sobre una base puramente teórica, se hizo en el trabaj o de R. Mor­ ton y A. Ross .7 • • Sus estructuras teóricas se basaban por completo en d análisis de los trabajos realizados por otros autores y, en mayor medida, en razonamientos puramente lógicos. Al señalar sobre qué debía dirigirse, en lo fundamental, la atención de los inves­ tigadores de los grupos de referencia, describir los problemas fun­ damentales que deben solucionar los investigadores y proponer al­ gunas variantes para la solución de los mismos, R. Morton y A . Ross intentaron elaborar la teoría de los grupos de referencia. Su trabaj o demostró que el problema de los grupos de referencia aún se encuentra en la etapa más temprana de su desarrollo, y el campo de su investigación práctica es aún demasiado estrecho en comparación con el campo de las estructuraciones teóricas .

 

Incluso, el estudio más superficial de los diferentes problemas en el campo de la teoría de los grupos de referencia, permite ver que en el concepto grupo de referencia diferentes autores intro­ dujeron un contenido diferente . En este sentido, H. Kelley, quien propuso diferenciar dos tipos de grupos de referencia: los compa­ rativos y los normativos, hizo un gran aporte en el desarrollo de la teoría de los grupos de referencia. Con los normativos rela­ ciona todos los grupos en los cuales «el individuo se siente moti­ vado para alcanzar o lograr aprobación» . Para garantizar una aprobación semejante, al individuo le resulta necesario conciliar su posición con quienes expresan, desde su punto de vista, la esen­ cia de los puntos de vista de los miembros del grupo. H .M. Kelley propuso relacionar con la categoría de los grupos de refe­ rencia comparativos todas estas definiciones, según las cuales el grupo de referencia se enfoca como «el grupo que el individuo uti-

 

7     R. K. Morton y A. S. Ross: «Contributions to the Theory of Reference Groups Behaviorn, en Morton R. K.: Social Theory and Social Strncture, Londres, 1 964.

 

 

 

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liza como punto de referencia cuando se evalúa a sí mi ::::mo. y a los demás>> .º

 

De la división de los dos tipos diferentes de grupos de referen­ cia se propuso el tránsito directo a la división de dos funciones del grupo de referencia en la definición de la orientación de la personalidad: la función normativa del grupo de referencia sirve para garantizar los estándares de conducta y las normas grupales del individuo; la función comparativa se manifiesta porque el gru­ po puede servir de punto de recuento para que el grupo se eva­ lúe y evalúe a otras personas . H. Kelley señala que estas dos fun­ ciones pueden cumplirse por un mismo grupo, esto es caracterís­ tico, con frecuencia, para el grupo de pertenencia.

 

Otro intento para clasificar los grupos de referencia lo hizo T. Shibutani,9 quien, además de los tipos señalados por H. Kelley, propuso dividir como especial un tercer tipo de los grupos de re­ ferencia en el cual un individuo aspira a avanzar en el plano so­ cial . Sin embargo, para Shibutani es característica una represen­ tación acerca del grupo de referencia que puede relacionarse con el tipo de grupos de referencia normativos . T. Shibutani define el grupo de referencia como aquel, «cuya concepción del mundo se utiliza por la persona dirigente como marco de referencia en la organización del propio campo de la percepción» . 1º

 

La fam iliarización con los trabajos teóricos acerca de los grupos de referencia, permite hacer algunos señalamientos. Primero: di­ ferentes autores lo atribuyen al concepto «grupo de referencia» va­ lores desiguales, por eso existen varias definiciones de este con­ cepto . Segundo: la mayoría de los autores están de acuerdo en que el grupo de referencia cumple dos funciones fundamentales: la normativa y la comparativa. No es dificil observar que estas funciones están relacionadas: para que la orientación de la norma del grupo de referencia tenga lugar, es absolutamente necesario que el sujeto compare sus normas con las del grupo . El hecho de la comparación se considera tan natural que ni siquiera se men*

 

 

H. M. Kelley: «Two Functions of Reference Groups», en Readings in Social Psychology, Ed. G. E. Swanson. T. M. Newcomb y E. Z. Hartley, Nueva York, 1 952.

 

T. Shibutani: «Reference Groups as Perspectives», en American Joumal ol Sociology, 1 955, no. 60, p. 562-569.

 

1 º   Idem, p. 565.

 

 

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ciona; además, en los últimos tiempos en las definiciones del gru­ po de referencia se subraya, cada vez más, su aspecto normativo . Tercero: cuando se habla acerca de algunas particularidades de la investigación del grupo de referencia, observamos que no pode­ mos encontrar, en la literatura a nuestra disposición ,ninguna descripción de los métodos específicos concretos que permiten mos­ trar cualquier grupo de referencia del individuo, ningún señala­ miento en cuanto a la existencia de esos métodos .

 

Así, el análisis más somero de las definiciones existentes de los grupos de referencia, permite hacer la conclusión acerca de que todas estas definiciones se orientan hacia los factores generales que descansan sobre la base de un sistema no investigado antes de relaciones interpersonales existentes entre el individuo y su grupo de referencia.

 

En la literatura examinada no hemos encontrado, por muy ex­ traño que sea, el intento de aclarar el carácter específico de este sistema de relaciones; es decir, el fenómeno de la referencia, el cual evidentemente puede y debe destacarse como resultado del análisis de las características que se le atribuyen a cierto tipo de grupos (grupos de referencia) .

 

No obstante la diferencia en las definiciones del concepto «gru­ po de referencia», es evidente que la elección del término no es casual . Según nuestro punto de vista, la orientación de los indi­ viduos con relación a algunos aspectos valiosos del grupo de re­ ferencia, es el punto común que -por lo menos, de manera encu­ bierta- está contenido en la mayoría de las definiciones. Nadie niega que estos valiosos aspectos son característicos para los gru­ pos de referencia que H. Kelley atribuyó a la categoría de nor­ mativos . Sin embargo, según nuestro punto de vista, ellos están presentes en los llamados grupos de referencia comparativos. En realidad, es dificil suponer que el individuo compare su propio status con uno u otro grupo de manera casuab

 

Al parecer, para utilizar algún grupo como punto de compara­

 

ción es necesario, o bien conocer los valores de este grupo, o, por

 

lo menos, atribuirle a este grupo determinados valores. Al mismo

 

tiempo, al orientarse en las normas y valores de su grupo de re­

 

ferencia, el individuo no puede dejar de comparar estas normas y

 

valores con  las  suyas propias; para que las normas  del  grupo  de

 

referencia sirvan de orientación al individuo en cuanto a su com­

 

portamiento (y, precisamente, este punto se subraya en las defini­

 

ciones de  los grupos  de  referencia relacionados  con  las  catego-

 

 

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rías de los normativos, según H. Kelley), él debe comparar de ma­ nera constante su comportamiento real con las normas de su gru­ po de referencia. Así, podemos llegar a la conclusión de que como para los grupos de referencia comparativos es característico el punto de los valores, para los grupos de referencia normativos es característico el momento de comparación; es decir, las dos fun­ ciones diferentes de los grupos de referencia (normativo y compa­ rativo) poseen una profunda unión interna. Por tanto, la división -por una parte, de los normativos y, por otra, de los comparati­ vos (grupos de referencia)- no encierra en sí una contraposición manifiesta. El punto de comparación del individuo con su grupo de referencia y el punto de condicionamiento por los valores de esta comparación, pueden examinarse como dos factores presen­ tes, al mismo tiempo, en cualquiera de las definiciones de los gru­ pos de referencia.

 

Sobre la base del análisis de otro tipo de grupo de referencia, planteado por T. Shibutani, podemos destacar un tercer factor que es general para una serie de definiciones de los grupos de refe­ rencia : el llamado factor de aspiración para elevar el status social .

 

Por último, consideramos posible introducir entre los factores característicos para los grupos de referencia, también el factor de valoración; es decir, la orientación del individuo para la valora­ ción de sus acciones y su comportamiento, de sus cualidades per­ sonales, etc . , por parte del grupo de referencia. Incluso cuando el individuo no reciba una valoración directa ni indirecta por sus ac- , ciones, no puede dejar de pensar cómo lo evalúa, en principio, el grupo que él considera su grupo de referencia. Para que las nor­ mas y estándares del grupo de referencia sirvan de orientación para el comportamiento del individuo, debe comparar de manera cons­ tante su comportamiento real con las mismas; es decir, comprobar si está orientado correctamente en estas normas . Esto sólo puede hacerlo si sabe cómo lo valora su propio grupo de referencia (por­ que no tiene los índices objetivos del grado en que se orienta co­ rrectamente por estas normas), o cuando el individuo y su grupo de referencia no entran en una interacción y él supone que el gru­ po lo valora, de una u otra manera, como personalidad.

 

Así, destacamos cuatro factores fundamentales que descansan sobre la base de algún sistema de relaciones interpersonales y se manifiestan cuando se estudia el problema de la relación del indi­ viduo con el grupo que es para él su grupo de referencia. Estos factores son: valorativo-normativo (que se manifiesta con mucha

 

 

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claridad en los grupos de referencia normativos), factor de compa­ ración (el más característico para los grupos de referencia compa­ rativos), factor de tendencia a elevar el status social y, por último, el factor de valoración (que refleja la orientación de la personali­ dad con relación a su valoración actual o potencial por parte del grupo de referencia) . Los tres primeros factores se escogieron di­ rectamente de la clasificación de grupos de referencia antes pro­ puesta; el cuarto se introdujo a partir del análisis cualitativo de la esencia de las relaciones entre el individuo y su grupo de re­ ferencia.

 

Como  hemos podido ver, a partir del  análisis  de  la literatura,

 

el     factor  valorativo-normativo  domina  en     diferentes  definiciones

 

de los grupos de referencia. Sin embargo, la pregunta acerca de cuál de los cuatro factores es el más importante para la compren­ sión de la naturaleza de los grupos de referencia sólo puede resol­ verse definitivamente con la ayuda de una investigación especial­ mente organizada, acerca de la cual hablaremos a continuación .

 

Cuando se unen los cuatro factores tenidos en cuenta en las de­ finiciones de los grupos de referencia en los trabajos de diferen­ tes autores, separaremos lo que entra de una manera estable en la representación de cada autor; es decir, se forman las caracte­ rísticas invariables en cuanto a la interpretación de los grupos de referencia. Aquí hablamos acerca de dos características fundamen­ tal�s de los grupos de referencia que participan de las diferentes interpretaciones de este concepto . El primero consiste en que el grupo de referencia es un grupo importante para el individuo . Al definir los grupos de referencia como importantes, partimos del concepto de importancia del objeto como si en este objeto estu­ viera reflejada una u otra necesidad del individuo. 1 1 En este caso se tiene en cuenta la necesidad del individuo de formarse posiciones propias, opiniones, de hacer sus propias valoraciones respecto a algunos objetos importantes . Como otra característica esencial sub­ rayamos el punto de selectividad cuando la personalidad determi­ na sus orientaciones en el conjunto de las relaciones con quienes

1 O rodean. La selectividad como característica de orientación de la personalidad es, al mismo tiempo, característica de la actividad de la personalidad en condiciones de interacción con otras perso­ nas . La personalidad no resulta sencillamente un punto de orien-

 

1 1 La psicología general Bajo la redacción de A . V. Petrovski, Moscú, 1 977, p. 1 09 (en ruso).

 

 

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tación con relación a ciertas normas y estándares, sino que ocu­ pa una determinada posición en relación con quienes representan estas normas y estándares y se manifiestan en la preferencia de un determinado círculo de personas entre varios .

Ahora podemos, sobre la base de la división de las caracterís­ ticas señaladas, introducir el concepto referencia, el cual descri­ be el fenómeno de orientación selectiva en el círculo de grupos o personas importantes para un individuo dado . Esta orientación se­ lectiva sucede por la necesidad del individuo de representarse el ob­ jeto que es importante para él, y su base la forman los cuatro factores divididos por nosotros y característicos para los grupos de referencia (en lo adelante, los llamaremos factores de referencia) .

 

Señalemos la particularidad del concepto de referencia introdu­ cido por nosotros . En el marco de la teoría de los grupos de refe­ rencia sólo se examina la relación entre el individuo y su grupo de referencia. El concepto de referencia permite hacer un singu­ lar traspaso de las representaciones acerca de las relaciones entre el individuo y su grupo de referencia al sistema de relaciones in­ terpersonales del individuo en el grupo .

 

La tendencia, señalada antes por nosotros, de orientar la inves­ tigación hacia la revelación de los parámetros valorativos y norma­ tivos que actúan en la fenomenología de la referencia -apareci­ da en muchos trabajos dedicados a los grupos de referencia-, po­ sibilita incluir orgánicamente los problemas de la referencia en el círculo de problemas característicos para el enfoque estrato­ métrico para la investigación socio-psicológica.

 

De especial importancia para comprender el problema, objeto de nuestro estudio, resulta la idea de la organización poliestrati­ ficada de la actividad del grupo, en la cual se destaca, en particu­ lar, el estrato superficial en el cual ocurren las interacciones e in­ terrelaciones no mediatizadas por el contenido de la actividad con­ junta, sus objetivos y valores (aquí ocupan un lugar fundamental las preferencias y las elecciones sociométricas reveladas), y en un nivel inferior se encuentra el estrato en el cual la actividad inter­ grupal resulta mediatizada por los valores que funcionan en un colectivo dado . Los fenómenos de la referencia pueden interpretarse como los que se encuentran en el estrato más profundo de su acti­ vidad intragrupal; es decir, en el estrato de las relaciones interper­ sonales condicionadas por los valores o mediatizadas por los valores.

 

 

 

156

 

El individuo que entra en un grupo asimila las orientaciones respecto a los valores y actúa sobre la base de ellas, como resulta­ do de la interacción activa con otros miembros del grupo . La asi­ milación de las orientaciones de los valores siempre presupone la presencia de un determinado control sobre el comportamiento del individuo y la valoración de su aporte a la actividad grupal y a la comunicación del grupo, la valoración de su comportamiento en la sociedad, de su vida social y, lo fundamentalmente importante, su valoración como personalidad . En esta relación desempeña un papel especial la opinión social que adquiere la forma de un con­ trol que corrige y orienta el comportamiento del hombre en el grupo . El individuo, al orientarse en un posible control, le atribuye al grupo esperanzas en lo referente a las características fundamen­ tales (que él interioriza) de su comportamiento en el grupo y de su aspecto psicológico en general . Todo esto muestra el papel y el valor de los fenómenos de la referencia como factores que orien­ tan al hombre en el complej o, y no siempre del todo conocido, sistema de relaciones interpersonales . La personalidad, al orientar­ se en el grupo, distingue de manera consciente o inconsciente a las personas capaces de valorarlo por los parámetros que él miamo considera fundamentales. De esta manera surge la posibilidad de separar un círculo de personas que son el punto de referencia para la personalidad y por cuyas opiniones y valoraciones está preparada esa personalidad para orientarse, cuando se supone a sí misma objeto de atención por parte de quienes lo rodean . (Aun cuando esta atención sea ilusoria, como puede suceder cuandp el grupo de referencia con el cual el sujeto quisiera encontrarse al mismo nivel, lo ignore o, incluso, no sepa de su existencia.)

 

La propia cualidad de punto de referencia sólo puede descu­ brirse a sí misma en condiciones del constante surgimiento de situaciones en la actividad grupal, que relacionen al sujeto con los objetivos esencialmente importantes para él . Los objetivos y las tareas de la actividad conjunta, las situaciones emotivas y con-· flictivas, los participantes de la actividad conjunta, las dificulta­ des objetivas que surgen cuando se realiza esta actividad, las cua­ lidades personales del propio sujeto, etc., pueden presentarse como estos objetos . Según los requisitos metodológicos de la psicología soviética, al analizar esta correlación del sujeto con los objetos que le sirven de orientación en lo referente a los valores, se nos plantea el problema de salimos de los límites de la superación del «postulado de inmediatez»» (A. V. Petrovski, 1 977], Esto sig-

 

 

157

 

nifica que la correlación del sujeto y de los objetos de orientación se realiza de manera mediatizada (mediante la utilización de orien­ taciones en lo concerniente a los valores de uno u otros miem­ bros del colectivo, mediante la utilización de lo importante para otro).

 

El concepto de referencia descrito antes, consistente en que la tendencia del individuo respecto a cierto objeto importante para él puede materializarse mediante el establecimiento de una inter­ acción con otro sujeto (cuando la relación con otro objeto actúa como eslabón mediatizador de la relación del sujeto con el objeto importante), posibilitó presentar la referencia como una forma concreta de manifestación de las relaciones específicas sujeto-suje­ to-objeto entre los individuos.

 

Si por relación se entienden los motivos de una tendencia de­ terminada, sobre todo los motivos del sujeto, observamos que la relación de referencia es, al parecer, diádica. El objeto más cer­ cano de esta relación es para cierto individuo otro sujeto; más concretamente, el interés que tenga en este sujeto, el interés que tenga en actuar de acuerdo con esta persona. En este sentido di­ remos que el otro sujeto es de gran valor para el individuo . Al mismo tiempo, la fuente principal de la relación de referencia, de su fundamentación interna, es la necesidad del sujeto de cono­ cer el objeto importante para él . En correspondencia con su estruc­ tura diádica, la referencia puede presentarse como una relación su­ jeto -sujeto-objeto en la cual lo importante es el objeto y el sujeto que le sirve de necesidad al individuo para orientarse por este su­ jeto .

 

La relación de referencia descansa sobre la base de las rela­ ciones práctico-reales y de comunicación de los individuos, quie­ nes actúan en forma de selecciones y preferencias realizadas direc­ tamente y que manifiestan los individuos entre sí . A diferencia de las relaciones de referencia, ocultas al observador externo, estas relaciones -llamémoslas vínculos de referencia- actúan «sobre la superficie» de los procesos de grupos y dan paso al estudio expe­ rimental de las relaciones de referencia del grupo .

Cuando hablamos acerca del objeto de orientación, hacemos una aclaración importante con relación a cómo es necesario com­ prender este objeto . Tenemos en cuenta el objeto con valor per­ sonal para el sujeto . Así, cuando se trata del problema de la re­ ferencia, analizamos el concepto de objeto omitiendo todos los casos cuando el objeto no tiene valor personal para el sujeto y,

 

 

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por consiguiente, en su búsqueda de información importante para él, el sujeto no se dirige solamente a la persona con valor para él, sino también a la fuente de información como tal; en este caso, otra persona actúa, de hecho, como una obra de referencia, como un letrero . Éste es el momento en que el otro sujeto, con valor per­ sonal y que servía como fuente de información, pierde su valor.

 

En el fenómeno, que nos interesa, de referencia de la informa­ ción acerca del objeto con valor personal para el sujeto, esta in­ formación está presentada por otros sujetos importantes que me­ diatizan su interés por la misma; y aún más importante, esta infor­ mación le es necesaria al individuo no por sí misma, sino como algo que el individuo relaciona con sus propios puntos de vista, con sus opiniones, apreciaciones; es decir, como si regresara de nuevo a la personalidad del sujeto .

 

Así, comprender la referencia como una forma concreta de la relación sujeto-sujeto-objeto,12 presupone enfocar el objeto de in­ formación como poseedor de valor personal, y enfocar el otro su­ jeto importante como portador de información de valor personal para el primer sujeto . En este sentido no es imprescindible compren­ der la información con valor para el sujeto como algo presenta­ do en formas explícitas (por ejemplo, en forma verbal). En cierto sentido puede hablarse acerca de la comunicación interna del in­ dividuo con la persona que le sirve de referencia. En las condi­ ciones de la actividad de grupo y de las interrelaciones de los gru­ pos, las posibilidades de la personalidad se hacen infinitamente

 

í2  El  concepto  de  la  referencia  como   una  forma  de      las     relaciones  sujeto­

sujeto-objeto  -introducido  por  primera   vez  por  nosotros  en  un  trabajo

científico-,  atrae la  atención  hacia  un  nuevo  fenómeno  socio-psicológico  no

estudiado  antes, el       cual   se      encuentra,   de  esta  manera,  junto  a  una  serie

de  otros  fenómenos,  ya  conocidos  del   segundo  estrato  en  la  estructura  de

varios  niveles  de  las  interrelaciones de   grupos,  y  con  fenómenos  cuyo  estu­

dio,  en      los  marcos de      la       concepción estratométrica,      sólo       comienza.  Así,

 

V.  A.  Zozyl comenzó  el estudio experimental de los fenómenos de la autori­

 

dad  en      el       colectivo.    Su  esencia  consiste  en  otorgarle  al  sujeto  el  derecho

de    decidir,       por    otro   individuo,   con    valores       para  la       causa       común.       Eviden­

temente,    el       fenómeno   de  la  referencia  y  de  la  autoridad  forman  una  uni­

dad, aunque        no     sean  idénticos.    Puede  suponerse  que    la  persona,       la       autori­

dad  en  alguna  relación  es,  en       esa     misma        relación,     persona       de      referencia;

aunque      no     cualquier    persona       de  referencia        pueda serlo  de       autoridad.  Es

 

decir,  a cada  uno  no  se  le puede  otorgar el derecho de  solucionar los pro­

 

blemas con valor para el  sujeto.  La explicación de la relación de la referen­

 

cia   con    este   y       otros fenómenos  de      la       actividad     intragrupal,       debe  ser,    sin

 

duda, objeto de un estudio teórico y experimental especial.

 

 

159

 

mayores y «el diálogo interno»» se exterioriza, y en ciertas circuns­ tancias ocasiona la comunicación con un interlocutor, con un com­ pañero, con su pareja, cuya posición y valoración son de gran valor para el sujeto . La referencia encierra en sí misma una po­ sibilidad potencial para dirigirse a un individuo valioso seleccio­ nado entre muchos otros individuos, para lograr una referencia mediatizada en relación con el objeto de conocimiento, importante para el sujeto en condiciones de interrelaciones grupales .

 

Así, ahora podemos definir, de la siguiente manera, el concepto de referencia: es una forma de las relaciones sujeto-sujeto-objeto

 

que expresa la dependencia del sujeto respecto a otro individuo y actúa como una relación selectiva respecto al sujeto en condiciones

 

de tareas relacionadas con la orientación hacia el objeto con va­ lor personal. Por orientación se comprende la tarea de percibir el objeto, de comprender, de valorar todo lo concerniente al objeto .

 

El individuo, cuando establece su posición en relación con el objeto con valor personal para él, manifiesta una determinada re­ lación con el otro individuo; por ejemplo, el interés por la opi­ nión de este individuo, a propósito del objeto dado . «El otro in­ dividuo de valor* » resulta lo que pudiéramos llamar el espejo en el cual se refleja tanto el propio individuo, como el mundo que lo rodea. Así, la relación que establece con el otro individuo resulta un acto instrumental que sirve a la necesidad de orientarse en el objeto .

 

Es lógico suponer que los individuos que forman un grupo, son capaces, en diferente medida, a partir del punto de vista de algún miembro de este grupo, de actuar como punto de orientación; en otras palabras, la referencia de estos individuos con relación a un individuo dado, es diversa.

 

Cuando pasamos a determinar el objeto de investigación expe­ rimental de referencia, señalamos que -como puede verse en la literatura- el interés de diferentes investigadores se centró en re­ velar los grupos de referencia para un individuo dado, grupos de los cuales este individuo no es miembro, o en revelar la tendencia del individuo de aceptar, en una u otra medida, su grupo de per­ tenencia como grupo de referencia,- es decir, atribuirse en uno u otro grado la calidad de grupo de referencia. Hemos propuesto otro enfoque para el mencionado problema, y es precisamente el

 

intento de caracterizar de manera cualitativa el fenómeno de la re­ ferencia mediante la revelación de lo que sería un grupo de refe-

 

 

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rencia; o sea, un grupo de personas que sirven de referencia para un individuo dado y que entran junto con él en su grupo real . Este círculo de personas está llamado a ser un valioso círculo de comu­ nicación; el mismo se presentó como un modelo de estudio del fenómeno de la referencia en el sistema de relaciones interper­ sonales en el grupo y constituyó un objeto especial de investiga­ ción .

 

La primera tarea de nuestra investigación fue encontrar un pro­ cedimiento experimental mediante el cual podría mostrarse el círculo de personas importantes para el individuo (en relación con la valoración de las cualidades de su personalidad, de su comporta­ miento, de su contribución real a la actividad del grupo); es decir, un valioso círculo de comunicación del individuo en su grupo real . La segunda tarea consistía en encontrar las particularidades de las relaciones interpersonales que descansan sobre la base de la selección de las personas de referencia en el grupo .

 

En general, a la investigación experimental se sometieron 23 grupos que funcionaban en realidad y que reunían en total 40 1 personas. En dos grupos (48 personas) se realizaron investiga­ ciones-,piloto, cuyo objetivo radicaba en trabajar en el perfeccio­ namiento del trabajo metódico . El experimento fundamental se realizó en los 2 1 grupos sometidos a prueba, que contaban de 353 personas; de ellos, 17 grupos son estudiantes de la Escuela Peda­ gógica Qe la ciudad de Dnepropetrovsk/\ cuatro grupos estudia­ ban en las Facultades de Física y de Matemática de la universidad estatal de la mencionada ciudad . Cada grupo tenía experiencia de trabajos en conjunto durante no menos de dos años.

 

La hipótesis te<'!rica fandamental, como se deduce de lo dicho antes, radicaba en que en el grupo existe un sistema específico de relaciones interpersonales como relaciones de referencia consisten­ tes en el carácter específico de las preferencias de los miembros del grupo entre sí y en la presencia de fundamentos específicos -de referencia- de estas preferencias .

 

A causa dé que la referencia se caracteriza por ser un elemento de selección, surge la necesidad de correlacionar las selecciones interpersonales de acuerdo con la característica de referencia, con las selecciones interpersonales de acuerdo con otras características . Como fundamento -y, tal vez, de carácter único de las preferen­ cias interpersonales en el grupo-, el carácter selectivo sociométri­ co se estudia  de manera tradicional . Por eso adquiere un valor especial la correlación de un círculo de personas que sirven de re-

 

 

 

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ferencia para un individuo dado, y de un conjunto de personas seleccionadas por él desde el punto de vista de la sociometria. Así, ía primera hipótesis empírica encierra en sí misma la hipótesis acerca de la posibilidad de que los cuadros de selección referento­ métrica y sociométrica no coincidan o, incluso, discrepen en lo esencial.

 

La segunda hipótesis empírica se refiere a las posibles bases de las selecciones interpersonales de los grupos de personas en el grupo y consiste en que existe una interacción entre la selección de la persona de referencia y su valoración según una serie de facto­ res esenciales que entran, de manera implícita, en la interpreta­ ción socio-psicológica de los grupos de referencia. La corrobora­ ción de esta teoría no sólo nos hablará acerca de la espeficidad de los fundamentos valorativos de la selección de referencia, sino también de ía correspondencia de las revelaciones empíricas en lo referente a las relaciones de referencia (como la selección de la per­ sona de referencia) con la representación teórica acerca de la esen­ cia de la referencia (como la necesidad de relacionar su valor con los valores de la persona seleccionada) . Cuando esta relación quede establecida, el acto de selección puede interpretarse como una referencia referentométrica y las personas seleccionadas como personas de referencia.

 

Más adelante en los límites de esta hipótesis, nos será necesa­ rio examinar el problema acerca del papel que desempeña el factor de la información subjetiva (seguridad) acerca de las opi­ niones o valoraciones de otra persona como determinante poten­ cial no específico de la selección referentométrica. En este sen­ tido no destacamos la suposición en cuanto a que este factor no influye, de manera esencial, durante la selección de las personas va­ liosas y, de esta manera, no entra en el número de fundamenta­ dones de las selecciones de referencia.

 

Y, por último, para la futura fundamentación de la tesis acer­ ca del carácter específico del sistema de preferencias -dividido por nosotros - en el grupo, también resulta útil relacionar la fun­ damentación interna de la selección en los actos de la preferencia referentométrica y sociométrica. En la tercera hipótesis empírica se plantea la hipótesis acerca de que la fundamentación interna de la selección, por parte del individuo, de las personas aceptadas desde el punto de vista sociométrico, se diferencia de los funda­ mentos internos de la selección, por parte de este individuo, de las personas que le sirven de referencia.

 

 

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Pasemos a describir el desarrollo real del trabajo . En él se dis­ tinguen cuatro etapas .

 

Al principio se manifiesta el cuadro sociométrico de la relación entre los individuos según dos criterios: el del trabajo y el del descanso. Para cada individuo, en el grupo se señalaron tres per­ sonas por quienes mostró preferencia y tres que rechazó según cada uno de los criterios, se definieron los status sociométricos indivi­ duales de los sometidos a prueba.

La segunda etapa de la investigación se dedicó a revelar las va­ loraciones recíprocas . A los sometidos a prueba se les mostró una lista con ocho opiniones que describían las particularidades de las interrelaciones de cada miembro de un grupo con cada uno de los del otro grupo . Del sometido a prueba se requería que seña­ lara en una escala de 7 puntos la medida de la correlación de estas opiniones acerca de la personalidad de cada miembro del grupo . Cuatro de las ocho opiniones contenían cuatro factores de referencia que separamos en el análisis teórico: valorativo-normativo, de comparación, de valoración y el factor de la tendencia a elevar el status social; las restantes opiniones reflejan el estado emocional de los individuos, el cual descansa en la fundamentación de la selección sociométrica.

 

La tercera etapa estuvo dedicada a aclarar el importante círcu­ lo de comunicación del individuo en el grupo . Esto se alcanzó me­ diante la utilización de los procedimientos de investigación re­ ferentométricos elaborados por el autor.

 

La idea fundamental de este procedimiento metódico consiste en que, por una parte, posibilita al sometido a prueba familiarizar­ se con libertad con la opinión de cualquier miembro del grupo a propósito de algunos objetos valiosos, y, por otra, de limitar ri­ gurosamente el número de esas personas . Así, la situación creada obliga al individuo a manifestar una gran selectividad cuando se familiariza con la posición, la opinión, la valoración de otras per­ sonas . El experimentador, conversando a solas con cada persona sometida a prueba, lo lleva a la conclusión de que es posible que pueda presentarse algún caso cuando él pueda conocer algunas de las valoraciones de sus compañeros acerca de él. Después que el sometido a prueba es admitido en el grupo, el experimentador notifica que puede hacerse una y, probablemente, la última con­ clusión . Y, por último, al sometido a prueba se le permite hacer la última selección, esta vez definitiva.

 

 

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La instrucción se hizo en especial de esta manera para que el sometido a prueba no conociera con anticipación con qué canti­ dad de valoraciones le permitirían familiarizarse . Esto se hizo para la relevación de un círculo de personas estrictamente regu­ lado, cuyas valoraciones le interesaban al sometido a prueba. El aspecto fundamental de este procedimiento consistió en que el so­ metido a prueba, absorto ante la posibilidad de conocer la opi¡\ nión que tienen acerca de su persona otras cuya evaluación és para él en ese momento la más actual, desconocía la tarea concre­ ta del experimento, y así le brindaba al experimentador la posi­ bilidad de colocar, en una rigurosa reglamentación, una serie de sus selecciones preferidas.

 

La cuarta etapa de la investigación se dedicó a la solución del problema acerca del posible papel del factor «no específico» -del nivel de seguridad en la opinión de otro individuo- para realizar la selección referentométrica; se aclaró lo significativo que es el va­

 

lor de  la competencia subjetiva en comparación con el  fac tor de

 

la propia referencia de  esta persona,  quien  -como  se  supuso-  es

 

el factor específico de la selección . Para esto, el experimentador le pidió a cada persona en estudio, valorar su nivel de seguridad (en porcientos) en las evaluaciones que, según su suposición, podrían darle las personas que él seleccionó en una situación dada.

 

Pasemos a exponer los datos fundamentales obtenidos en el tra-? bajo experimental .

A la comprobación de la primera hipótesis empírica acerca del carácter de la relación de las selecciones sociométricas y referen­ tométricas, sirvieron los dos grupos de factores fundamentales . Uno lo formaron los resultados de la comparación de las selecciones so­ ciométricas y referentométricas, cuando las preferencias sociométri­ cas y referentométricas individuales de los miembros del grupo fueron objeto de análisis (en lo adelante serán las selecciones S y R); es decir, cuando los sometidos a prueba actuaron como suje­

 

tos de selección .

 

El primer resultado consiste en que en más de la mitad de los casos ocurrió una débil interacción entre las preferencias indivi­ duales sociométricas y referentométricas, cuando sólo una perso­ na, seleccionada por alguien desde el punto de vista sociométrico, resultó seleccionada por la misma persona en la serie referento­ métrica; o una intersección semejante de las selecciones S y R, realizadas por alguna persona, no tuvo lugar en general; es decir.

 

 

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las selecciones correspondientes no coincidieron en general entre sí .

 

En relación con la discusión de la primera hipótesis empírica, hay otro hecho que atrae la atención: qué personas reprobadas en la serie sociométrica resultan a veces seleccionadas en la serie re­ ferentométrica. Entre los grupos experimentales no hubo ninguno en el cual el hecho señalado no sucediera. En algunos grupos se observó hasta el 25-28 % de toda la cantidad teórica posible de estos casos.

 

El hecho señalado se manifiesta evidentemente cuando se rela­ ciona el mismo con los resultados de la serie sociométrica reali­ zada mediante dos criterios totalmente opuestos: el criterio del tra­ bajo y el del descanso. En las series sociométricas, la comparación experimental de esa selección de «diversas tendencias» se encuen­ tra en el 1 % de los casos. Aquí nos encontramos, por tanto, con la revelación de diferentes principios que determinan tomar una de­ cisión en condiciones de la selección referentométrica y sociomé­ trica. En la referentométrica, la selección aparece como si estu­ viera fuera de la determinación directa por parte del factor emo­ tivo, determinante de la preferencia en el experimento sociométri­ co. El factor obtenido requiere remitir los resultados de la inves­ tigación dirigida a revelar las selecciones específicas-normativas­ valorativas-determinativas .

 

El segundo grupo de hechos establece la no coincidencia de los datos en el resultado del cálculo de las selecciones S y R, obtenidas por parte de los sometidos a prueba; es decir, cuando éstos actua­ ban como objetos de selección.

 

Señalemos, ante todo, que aquí se obtienen las correlaciones significativas, inferiores o medias, entre los individuos con status

 

sociométricos  y  referentométricos: Pr s    =       (criterio      de      descan­

so)'  ==        0,32;  Pnssobr@  (criterio  de descanso)  = 0,17; PKs +  (el

criterio  de  trabajo)  =  0,44;  Pus  sobre   (el      criterio        de      trabajo)  =

 

*      0,26, donde S + es el status sociométrico positivo de los indi­ viduos; S sobre, el status sociométrico general de los individuos; R status referentométrico general de los individuos.

 

Por último, un hecho curioso consistió en que hubo casos úni­ cos cuando las personas objeto de selecciones sociométricas ne­ gativas, participaban a veces del número de «estrellas» de selec­ ción referentométrica; es decir, el número de personas que reci­ ben más de la cantidad promedio posible de esas selecciones en el grupo dado .

 

 

165

 

Examinemos los hechos que responden a la segunda hipótesis empírica acerca de la relación de la selección referentométrica con los fundamentos de referencia de esta selección .

 

El  primer hecho  con  valor de  principio  para nosotros  consis­

 

te en que la relación valorativa demostrada entre las selecciones R

 

y  los  factores  de  referencia  -en  otras  palabras,  la  magnitud  del

 

status referentométrico del individuo  (R)- lo  relaciona,  de mane­

 

ra significativa, con la magnitud total de los puntos que él obtie­

 

ne de los demás miembros de su grupo, cuando éstos valoraron al

 

individuo  dado  según  cuatro  criterios  referentométricos  diferentes

 

(nj .  Citemos  el  valor de  estas  relaciones  calculadas  por toda  la

 

masa de los sometidos a prueba. Al factor de valoración correspon­

dió  la  correlación  Pnti        =  0,25  al  valorativo  PJ Xt 2  =       0,37;  al

factor de la tendencia a llevar el status social : P¡ul = 0, 1 7; al fac­

 

tor de comparación: PRr4 = 0,27 .

 

Entre las correlaciones señaladas, llama la atención Pnn = 0,37. Como suponemos, resulta la más alta entre las cuatro correlacio­ nes con una relación directa con el status R. El hecho de la más alta correlación entre la selección R y el factor valorativo de la referencia, responde, de inmediato, a dos momentos señalados antes. En primer lugar, este hecho se relaciona con la conclusión que hicimos -sobre la base del análisis de los trabajos desarrolla­ dos en el extranjero en la teoría de los grupos de referencia- acer­ ca de que las más populares son las definiciones del concepto de «grupo de referencia», en las cuales se subraya su carácter valora­ tivo -normativo, y con la tendencia de plantear el aspecto norma­ tivo en un primer plano en las definiciones del grupo de referen­ cia que figuran en publicaciones posteriores. En segundo lugar, este hecho responde, de manera directa, a nuestras representacio­ nes teóricas acerca de la esencia de los fenómenos de la referen­ cia que fundamentamos a partir de la concepción estratométrica de

 

la actividad del grupo .

 

En los límites de la comprobación de la segunda hipótesis em­ pírica se estudiaron los datos relacionados con la posible influen­ cia sobre la selección de unas u otras personas de referencia, del factor no específico de selección R; o sea los niveles de se­ guridad de los sometidos a prueba en las valoraciones según sus opiniones, lo hicieron los compañeros de grupo . Resultó que los sometidos a prueba manifestaron en más de la mitad de los casos un alto grado de seguridad en estas valoraciones. Con relación a

 

 

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e sto, casi el 10 % de los sometidos a prueba expresaron práctica­ mente el 1 00 % de seguridad en las correspondientes valoracio­ nes . El índice dado puede ser, por lo visto, la llamada paradoja del esfuerzo de los sometidos a prueba por obtener una información adicional acerca de un objeto valioso por parte de las personas de referencia.

 

Así, podemos llegar a una conclusión acerca de que la selección referentométrica es independiente del nivel de seguridad en la opi­ nión de otra persona, independiente también del grado de infor­ mación subjetiva acerca de las valoraciones y las preferencias de los miembros del grupo . Esto confirma nuestra suposición acerca de que precisamente la importancia, la referencia de otras perso­ nas y no la falta de información acerca de las valoraciones que interesan al sometido a prueba, le permiten preferir a esas perso­ nas ante condiciones de una selección referentométrica. La con­ frontación de los datos acerca de la influencia del factor no es­ pecífico de las selecciones R y de los datos acerca de la relación esencial de estas selecciones con las valoraciones según la compo­ sición de los factores de referencia, permite examinar la selec­ ción de referencia como una forma específica que exprese las re­ laciones de referencia entre el individuo en el grupo .

 

Así, los datos citados evidencian que el fenómeno de la referen­ cia en el sistema de relaciones interpersonales en el grupo, consis­ te en la selectividad del interés de los individuos hacia alguna persona para establecer su posición en relación con objetos con valor personal, corresponde, en una determinada medida, a la representación tradicional acerca de la esencia de los grupos de referencia. Al mismo tiempo, el concepto de referencia generaliza al parecer estas representaciones y traza las líneas para la profun­ dizarófi teórica y lo operativo en las investigaciones experimen-tales .

 

 

Señalemos una diferencia fundamental del modelo de referen­ cia propuesto en cuanto a las representaciones, contenidas implí­ citamente en diferentes grupos de referencia, acerca de los factores que descansan sobre la base de la selección del grupo de referencia. La referencia es un fenómeno más universal que las relaciones que fueron objeto de investigación en los trabajos dedicados a los gru­ pos de referencia. Así, si como grupo de referencia figura o bien todo el grupo, cuyo miembro es el individuo, o bien el grupo, al cual no pertenece en realidad el sujeto, pero que es portador -en menor o mayor grado- de sus valores, normas y esperanzas, en-

 

 

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tonces incluimos en el número de grupos de referencia cualquier grupo de personas importantes para el individuo; incluso, si este círculo de personas es una parte del grupo al cual pertenece el individuo o a otro grupo cualquiera, con la condición de que este círculo de personas sea seleccionado como sujeto para lograr la orientación social .

 

En realidad, las selecciones que realizaron los sometidos a prue­ ba en la serie referentométrica, estuvieron condicionadas por fac­ tores de un tipo especial . Estos factores estuvieron en correspon­ dencia con las características de los grupos de referencia que de­ finen la interpretación de los grupos de referencia en la literatura relativa a estos problemas . La similitud de la interpretación que propusimos en cuanto al fenómeno de la referencia y de las re­ presentaciones más difundidas acerca de la esencia de los grupos de referencia, no significa que la posición desarrollada por noso­ tros carezca de un carácter específico. Su particularidad radica en comprender la referencia como una manifestación del interés se­ lectivo de unos individuos con relación a las opiniones de otros individuos, a propósito de los objetos de valor personales (la posi­ bilidad de revelar semejante interés selectivo aparece, precisamen-. te, en el grupo en el cual los individuos actúan directamente unos con otros en los procesos de comunicación y actividad) y en el es­ tudio de la referencia como una de las formas de relaciones suje­ to-sujeto-objeto .

 

En el plano de la comprobación de la tercera hipótesis empírica acerca de las diferencias de las fundamentaciones internas de las selecciones sociométricas y referentométricas, se efectúo la com­ paración por parejas de dos series de correlaciones; en una de ellas, el grupo de fundamentaciones referentométricas (n) y de selecciones sociométricas (S) se correlacionó con las selecciones so­ ciométricas (de acuerdo con el criterio del descanso), y en otra, con las selecciones referentométricas. Los datos obtenidos hablan acer­ ca de la diferencia esencial entre la influencia de las fundamenta­ ciones examinadas y determinadas R, y las selecciones S . Los da­ tos del procesamiento estadístico especial mostraron que, en un alto nivel de importancia (PA0,05), las correlaciones que corresponden a cada uno de los fundamentos de las selecciones, se diferencian en todos los casos . La existencia de esta diferencia confirma la hipótesis acerca de la especificidad del cuadro de relaciones tanto sociométricas, como referentométricas en el grupo .

 

 

168

 

La comparación por parejas demostró  que  las  selecciones R se

 

correlacionan,  ante  todo,      con  los  factores  de  referencia,  además

 

el valor máximo de la correlación (Pitr2 = 0,37) corresponde a la

 

tundamentación normativa-valorativa de la selección, y la selec­ ción S se relaciona, en primer lugar, con los factores emocionales (la correlación correspondiente Ps b - 0,48).

 

Es necesario señalar que la diferencia más esencial en la deter­ minación de las selecciones S y R, es la que se hace por parte del factor valorativo . Si en el caso de las selecciones R, la participa­ ción de este factor es la máxima (P iua = 0,37), en el caso de las selecciones S, su influencia en la determinación de la selección es una de las más bajas (Psr2 = 0, 1 8).

 

Así, sobre la base del análisis cualitativo de los datos que res­ ponden a la tercera hipótesis empírica, podemos hablar de que en la determinación de las selecciones referentométricas desempe­ ñan un papel fundamental las relaciones de referencia entre los individuos; y entre ellas, en primer lugar, las relaciones de carácter valorativo, y en la determinación de las selecciones sociométricas tienen un papel fundamental las orientaciones, en primer lugar, sobre la base de las selecciones emotivas de contacto .

 

Examinemos todos los fac tores que resultaron valiosos para la selección referentométrica, desde el punto de vista del concepto introducido por nosotros acerca de las relaciones sujeto-sujeto­

 

objeto .                       

       En el primero de estos factores que contribuye a la función va­

lorativa del grupo de    referencia, las relaciones sujeto-sujeto-obje­

to actúan como la necesidad de un sujeto   de orientarse en cuanto

a la valoración,  a la      opinión de  otro  sujeto;  cuando  esto  sucede

el     otro  sujeto  actúa como  momento  que      mediatiza    la  obtención

de    la valoración que  le interesa al primer       sujeto . En   relación con

el segundo factor, el normativo-valorativo, las relaciones sujeto­ sujeto-objeto se caracterizan por el esfuerzo del individuo por obtener una representación de los valores de otra persona en con­ diciones en que se apruebe una solución o por definir su posición en relación con el objeto importante para el individuo . En el ter­ cer factor, las relaciones sujeto-sujeto-objeto están representadas en forma de orientación del individuo con relación a ciertas cir­ cunstancias de su vida vinculadas de manera esencial con la per­ sona dada, las cuales puedan engendrar determinadas posiciones sociales; el individuo, al sentirse a sí mismo «en iguales condi­ ciones» con esta persona, al parecer, se familiariza de manera in-

 

 

169

 

directa con los valores de esta persona como tal y con los valo­ res del medio que representa esta persona. En el cuarto factor, las relaciones sujeto-sujeto-objeto se manifiestan en que el sujeto se esfuerza por establecer una igualdad, que él desea, con otros individuos o por establecer una diferencia con ellos, quienes tienen para él un valor especial . En todos los casos señalados, el objeto se presenta como la orientación final del sujeto, su sentido y ob­ jetivo, y el otro individuo actúa para el sujeto de orientación como intermediario en la realización de la relación sujeto-sujeto-objeto correspondiente .

La comprensión propuesta con relación al fenómeno de la re­ ferencia enfatiza el carácter mediatizado de la relación interperso­ nal de referencia: un individuo dado es importante para otro en la medida que contribuya, de manera directa o indirecta, en la for­ mación de sus ideas acerca de un objeto importante para él, preci­ samente en esta relación él se manifiesta como selectivo con re­ lación a las selecciones referentométricas .

 

Así, al estimular los resultados de las cuatro etapas de inves­ tigación, llegamos a una conclusión acerca de la especificidad del sistema dividido de relaciones en el grupo . El anterior análisis de las relaciones de referencia y de las relaciones en el grupo, abre perspectivas para el estudio de las relaciones sujeto-sujeto-objeto, detallando algunas representaciones acerca del segundo estrato de la actividad intragrupal .

 

La hipótesis que surgió en los primeros años de elaboración de la concepción estratométrica acerca de que para el individuo, quien forma parte de varios grupos, el colectivo es el que posee todas las características de grupo de referencia [A. V. Petrovski, 1 973], aún conserva en nuestros tiempos un interés científico y necesi­ ta de una comprobación experimental que puede realizarse si nos apoyamos en los postulados teóricos aquí expuestos y en nuevos hechos experimentales .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

170

 

Tercera Parte

 

 

LA CONCEPCION ESTRATOMETRICA Y LOS PROBLEMAS ACTUALES DE LA INVESTIGACION SOCIO-PSICOLOGICA

 

 

El enfoque estratométrico que incluyó en la revolución científica la serie de nuevos fenómenos socio-psicológicos estudiados antes, resulta heurístico para solucionar los problemas que surgieron hace tiempo cuando se elaboraron las partes fundamentales de la psicología social . Dos de estas partes -el estudio de la estructura de la actividad del grupo, su carácter jerárquico y la investigación de los aspectos psicológicos de la efectividad de la actividad del grupo en condiciones de una auténtica colectividad- fueron cen­ tro de nuestra atención y objeto de un estudio teórico especial y experimental en los últimos años . En este aspecto, el trabaj o está aún muy lejos de concluir, pero sus rasgos característicos ya se perfilan en los capítulos 9 y 1 O de este libro . En estos capítulos resulta característico el intento de una validación interna y exter­ na de la concepción estratométrica con importancia para la in­ vestigación psicológica de los problemas del colectivo en general .

 

El capítulo 1 1 está dedicado a un breve resumen de algunas posibilidades, las cuales, a la luz de las ideas expuestas en la actual monografia, pueden utilizarse para estudiar los problemas actuales de la educación y formación de la personalidad de los escolares. Los aspectos aplicados de la teoría expuesta aquí por nosotros

 

sólo  comienzan a elaborarse, y  el  capítulo  1 1  es  el  primer paso

 

en  este  sentido  y  es  además,  de  cierta manera,  una demanda a

 

esta problemática perspectiva y fundamental para la psicología pedagógica y la metódica de la educación comunista.

 

El último capítulo de la Tercera Parte del libro conduce a con­ clusiones teóricas y metodológicas de todas las investigaciones basadas en el enfoque estratométrico . En este capítulo se intenta correlacionar las posiciones fundamentales de la concepción estra­ tométrica con la psicología social tradicional de los grupos, forma­ da en Estados Unidos y que influyó en el desarrollo de esta rama de la psicología en otros países. Esto permite mostrar que la con­ cepción estratométrica, la cual adquiere durante el desarrollo ras-

 

 

171

 

gos de una nueva teoría socio-psicológica basada en los principios de la mediatización de la actividad, se contrapone, en sus posi­ ciones fundamentales, a la psicología social norteamericana, in­ dependientemente de las orientaciones teóricas de las diferentes tendencias de ésta última.

 

 

 

Capítulo 9

 

 

LA CONCEPCIÓN ESTRATOMÉTRICA

 

Y LOS PROBLEMAS DE LA EFECTIVIDAD GRUPAL

 

La concepción socio-psicológica de colectivo, representada en la Primera y Segunda Partes del libro, surgió y se elaboró sobre la base del análisis crítico, realizado con anterioridad, de los enfo­ ques tradicionales de la psicología del grupo pequeño . Las suge­ rencias constructivas de la concepción se fundamentaron en los as­ pectos teórico y experimental, mediante la contraposieión a las

 

regularidades establecidas en el estudio de los grupos creados de manera casual, artificial . En el ciclo de las investigaciones expe­ rimentales descritas en la Segunda Parte del libro, se citan datos que confirman la existencia de los fenómenos del colectivo, así como la imposibilidad de reducirlos a los fenómenos que se obser­ van en los grupos insuficientemente desarrollados . Como resultado de esas investigaciones se operacionalizaron los principales con­ ceptos teóricos de la concepción estratométrica del colectivo . Así finalizó la primera etapa de elaboración, la cual confirmó la ra­

 

zón  de  ser de  esta concepción  como nuevo  patrón teórico de  la

psicología del colectivo .        ·

      

 

Sin embargo, el proceso de comprobación de la veracidad de la nueva concepción -la cual está, además, en vías de activo desarro­ llo- no sólo debe realizarse mediante la operacionalización de los principales conceptos y de la comprobación empírica de la exis­ tencia de los fenómenos manifiestos, sino también mediante la in­ vestigación de la corteza de sus juicios y conclusiones, lo cual se realiza aplicándolos a las esferas de la ciencia y de la práctica diferentes, por su contenido, de la esfera dentro de cuyo marco surgió y se desarrolló en un inicio . La psicología de la efectividad

 

 

 

172

 

de la actividad grupal es una de esas esferas que poseen tanto una importancia teórica, como una significación práctica.

 

Un análisis detallado del estado de las investigaciones contem­ poráneas de la psicología de la efectividad de la actividad grupal 1 -y en particular de las realizadas por los psicólogos sociales occi­ dentales -, nos convence de que esas investigaciones se encuen­ tran en un estado de una determinada crisis teórico-metodológi­ ca, la cual se manifiesta mediante un síntoma tan característico como es la comparativamente baja significación teórica y práctica de los correspondientes estudios . Los numerosos datos experimen­ tales acumulados hasta el presente momento por la psicología so­ cial de la efectividad grupal, representan un cúmulo de hechos y regularidades empíricas, aislados, los cuales apenas pueden con­ cordarse entre sí e integrarse dentro del marco de la teoría pre­ dominante de los grupos pequeños . Llama la atención la evidente incompatibilidad entre el número de investigaciones experimenta­ les y· de trabajos teóricos dedicados al análisis de los datos obteni­ dos . Al mismo tiempo, no existe prácticamente una teoría general de la efectividad grupal, sin la cual es imposible el ulterior progre­ so en esta rama, ni el planteamiento de los complejos problemas fundamentales . La necesidad de crear esta teoría está condiciona­ da porque ésta debe ser el esquema conceptual, el material de en­ lace, capaz de unir «ladrillos de hechos»» para construir el edificio de la correspondiente dirección científica. Cuando no existe una teoría general, los datos empíricos aislados representan -utilizan­ do la expresión figurada de A. N. Leontiev- «el material de cons­ trucción ( . . . ) al cual falta el proyecto general del complejo con­ junto arquitectónico que se construye».2

 

El objetivo de las · investigaciones teóricas y experiment;ales ci­ tadas en el presente capítulo, es mostrar que el enfoque estrato­ métrico puede servir como premisa para crear una concepción so­

 

cio-psicológica especial de la efectividad grupal, la cual podría al­ canzar el mencionado objetivo . Como se demostrará, este enfoque permite abordar de una manera nueva una serie de problemas ex-

 

En lo adelante para abreviar denominaremos este fenómeno «efectividad grupal» .

 

 

A.    N.  Leontiev:  «Acerca  de  la  significación del  concepto  de reflejo  para

la     psicología», en  El XVIII Congreso Internacional de Psicología,  Moscú,

 

1 969, p. 7 (en ruso).

 

 

173

 

perimentales complejos y, además, trazar las perspectivas de ela­ boración de la teoría de la psicología de la efectividad grupal .

 

Las investigaciones dedicadas a los problemas de la efectividad grupal aparecieron ya a fines del siglo xix, al mismo tiempo que

los primeros trabajos experimentales en el campo de    la psicología

social,  y  pasaron        por  dos  etapas,  diferentes  entre      sí       tanto  por

el  carácter  de  los       problemas  investigados,  como  por  los  enfo­

ques de las vías de su solución. La primera etapa de esas inves­ tigaciones coincidió con el período comprendido entre fines del siglo xix y la década del 30 del siglo xx . En su inicio (de fines del siglo xix a la década del 20 del siglo xx), las investigaciones de la efectividad grupal estuvieron unidas a los nombres de N . Tripplet, W . Moode y F . H. Allport,3 quienes buscaban e n los experimentos la respuesta a la pregunta; ¿cómo la presencia de otras personas influye en los procesos y estados psíquicos del in­ dividuo, en la productividad de las formas más simples de su actividad?

 

Esas investigaciones se caracterizaban por el predominio de la orientación hacia los experimentos con los llamados grupos coac­ tivos.4

 

Los primeros experimentos en la psicología de la efectividad grupal se realizaron con grupos en el laboratorio, constituidos en lo fundamental por individuos que no habían acumulado una su­ ficiente experiencia de relaciones interpersonales ni hábitos de trabajo . Realizaban tareas de experimento relativamente sencillas; -sobre todo, del tipo sensomotor-, aislados unos de otros o todos presentes . Al terminarse el experimento, se hacía una compara­ ción de los logros de los individuos en estas y otras condiciones y se estudiaba la influencia de la presencia de los otros sobre el éxito del trabajo del individuo.

 

Esas investigaciones no dieron una respuesta lo bastante defi­ nida a la pregunta planteada. En irnos casos, la presencia de otras

 

3     N. Tripplet: «The Dinamogenic Factor in Pacemaking and Competition* . , en Joumal ot Experimental Psychology, 1 897, no . 9 ; W . Woede: Experi­

 

mentó/e     Tassenpaychologie,        Leipzig,       1 920;         F.      H.       Allport;       «The influence

 

of    the     group upon association  and    thought»,    en      Joumal  ot Experimental

 

Psychology, 1 920, no. 3 .

 

4     Coactivo es el grupo cuyos participantes trabajan prácticamente inde­ pendientes unos de otros y tienen tareas completamente independientes.

 

 

174

 

personas influía de manera pos1t1va sobre el individuo; en otros lo influía negativamente; en terceros no se detectó ninguna influen­ cia determinada. Por ejemplo, N. Tripplet descubrió que casi un 40 % de los sometidos al experimento elevan la productividad en presencia de otras personas; un 20 % la disminuye, y la de los demás sigue prácticamente sin cambio.

 

Las investigaciones de la efectividad grupal realizadas a fines de la segunda década y principios de la tercera década del siglo xx, crearon algunas tendencias nuevas en el planteamiento de los problemas y metodología de la investigación experimental . Des­ pués de una serie de intentos fracasados para obtener una res­ puesta satisfactoria a la pregunta inicial acerca de la influencia de la presencia de los otros sobre un individuo, el problema de la investigación de la efectividad grupal se transformó en el proble­ ma del estudio de la productividad comparada del trabaj o indivi­ dual y grupal . En su nueva variante, la pregunta se formuló de la

 

siguiente manera:  ¿;los logros obtenidos como resultado       del traba­

j o   de un grupo superan a la suma de los logros de igual número

de individuos que trabajan aisladamente? 

       V . M . Bejterev y M. V . Lange fueron los primeros que intenta­

ron  responder a esta pregunta mediante  experimentos.5        El  mérito

de    ellos consiste, ante todo, en que iniciaron, por primera vez en

la     práctica  mundial,  las  investigaciones  de  los  grupos   interacti­

 

vos. 6 En los trabajos de Bejterev y Lange se estableció que en va­ rios casos el grupo, por el éxito de su trabajo, supera realmente al realizado por igual número de individuos aislados . Eso se ma­ nifestó en la capacidad de observación de los individuos que lo componen, en la precisión de su percepción y evaluaciones, en la productividad de su memoria, en el volumen de atención, en la efectividad de la solución de los problemas comparativamente sen­ cillos, los cuales no exigen interacción compleja y coordinada. Al mismo tiempo, se obtuvieron resultados que atestiguan que en el proceso de solución de problemas complejos que requieren una

 

       V.  M.  Bejterev y M.  V.  Lange:  «Los       datos del experimento en ei campo

de    la reflexología de colectivo», en la  selección        Novedades de       la       reílexología

y fisiología del sistema nervioso, Moscú,  1 925, V.      M.     Bejterev:       Reflexología

del colectivo, Petrograd, 1 92 1 (ambas en ruso).                                               

6     Grupo Interactivo  es  un conjunto  de personas     que    trabajan      en       interacción

y  comunicación  directa  para  resolver  una  tarea  común  por       los       esfuerzos

unidos.                                                             

 

 

 

175

 

lógica rigurosa y un razonamiento consecuente, los individuos «particularmente dotados», como decía Bejterev, pueden superar los logros promedios de un grupo. En vista de los resultados obte nidos, la cuestión acerca de la efectividad comparada del trabajo individual y grupal se precisó y adquirió la siguiente forma: ¿en qué condiciones el grupo supera la suma de logros de un mismo número de individuos aislados?

 

En la segunda mitad de la década del 20 y hasta principios de la del 30, los trabajos experimentales comenzaron por el estudio de este problema. En los experimentos correspondientes se inves­ tigó el carácter superior del trabajo grupal en comparación con el individual, y el carácter superior del trabajo individual respecto al grupal, mediante la valoración en peso de objetos, el número de señales sonoras en serie, en la evaluación de los rasgos de una per­ sonalidad, etc. Los estudios realizados confirmaron, en lo funda­

 

mental,  los resultados descritos por Bejterev y Lange en sus tra­

 

baj os y los generalizaron para otras condiciones, tareas y objetos

 

de investigación.7

Uno de los resultados relativamente nuevos de este periodo fue

el  descubrimiento  del «efecto  de  �ngelmann» .  El  científico W.

 

Moode-Ringelman, al experimentar con    el  concepto  de peso por

el  grupo  y los    individuos  particulares, descubrió  que      a        medida

que  aumentaba  la cantidad  de  miembros  en  el  grupo      se      reduce

el  aporte promedio  individual de  los  participantes en  los    resulta­

dos  del     trabajo        general  del grupo.8 Resultó que  si  la productivi­

dad de       un solo        individuo se toma en  1 00 %, entonces       dos juntos

elevan el peso promedio, no en 2 veces más, sino sólo se forma el 93 % del peso sumatorio, compuesto por los dos individuos que trabajan por separado. «El coeficiente de la actividad útil» del gru­ po de tres hombres resulta igual al 85 % y la productividad del grupo de ocho hombres, sólo al 49 %.

 

Al haber comprobado e informar acerca de los datos obtenidos, el autor propuso la fórmula para determinar en por ciento el apor te promedio individual de los participantes en los grupos de di

 

ferentes tamaños:

 

C= 100- 7 (K-  1),

 

H.    London:      «Group       Judgements in      the     Field  of  Lifted       Weights*,   en

 

Joumal oi Experimental Psychology,  1 929, no.  3; M.  Smith:  «Group judge­

 

ments in the field of personality traits*, en Joumal ot Experimental Psy­ chology, 193 1 , no . 14.

 

8     Esta investigación está descrita en W. Moede: «Die Richtlinien der Leits­ tungsn, en Industrielle Psychotechnic, 1927. no . 4.

 

 

176

 

donde G es el aporte promedio individual de los participantes, y K, la cantidad de miembros en el grupo.

 

Durante medio decenio, desde la segunda mitad de la década del . 30 y hasta fines de la del 40, se realizaron investigaciones es­ peciales, de una manera relativamente deficiente, acerca de los problemas de la efectividad grupal . Una de las causas fundamen­ tales de la pérdida de interés de los investigadores por el estudio de la psicología de la efectividad grupal es, sin duda, el fracaso de las primeras tentativas de hallar respuestas satisfactorias a las preguntas planteadas . A medida que se acumulaban los hechos ex­ perimentales aislados, se revelaba su carácter contradictorio y crecía, al mismo tiempo, la convicción de que la efectividad gru­ pal depende, en gran medida, de las particularidades del desarro­ llo de los procesos dentro del grupo .

Los primeros resultados alentadores de los estudios de la diná­ mica grupal obtenidos en la década del 30, también contribuyeron, en un grado significativo, a distraer la atención de los problema* de la efectividad grupal . Como es sabido, a fines de la década del 30 se señalaron como importantes los éxitos obtenidos en el estu­ dio de fenómenos socio- psicológicos como el liderazgo, la con­ formidad y las relaciones interpersonales en el grupo . En el trans­ curso de esas investigaciones se estudiaron en detalle varias ca­ racterísticas . del grupo: composición, canales de comunicación in­ terpersonal, jerarquía de los status, el estilo de liderazgo, la distri­ bución de papeles, etc. Los resultados de esas investigaciones crea­ ron un nuevo fundamento para la solución de los problemas de la efectividad grupal . Después de desarrollarse de nuevo a fines de la década del 40 esos estudios, en la del 50 se aislaron y tomaron la forma de una tendencia de investigaciones socio-psicológicas re­ lativamente independientes.9

 

  Algunos investigadores occidentales llaman a esta tendencia «psicología aplicada de la efectividad grupal* . En nuestra opinión, este nombre no refleja con suficiente precisión la esencia del fenómeno. Las cuestiones examinadas en la actualidad en trabajos referentes a la efectividad grupal, están lejos de los límites de las tareas puramente aplicadas. Muchos ma­ nuales de psicología social, publicados en los últimos años en Estados Uni­ dos, dedican capítulos y secciones especiales a la efectividad grupal, al examinar esta esfera de las investigaciones como una ciencia equivalente

a      direcciones  tradicionales  de  la  ciecia  psicológico-social,  como  la  socia­

 

lización, la apercepción social, los procesos comunicativos masivos, la for­ mación y cambio de las situaciones sociales, etc. Ver, por ejemplo, B. E. Co­ llins: Social Psychology, Londres, 1 970; R. B. Zajonic: Social Psychology

 

 

177

 

Desde fines de la década del 40 del siglo xx comenzó la segun­ da etapa del estudio de la efectividad grupal, la cual se prolonga hasta la actualidad . Su particularidad es una diferenciación más exacta de los cambios de la efectividad grupal en dependientes, intermedios e independientes . Como dependientes e intermedios se presentan, con más frecuencia, las características funcional­ estructurales del grupo y algunos parámetros psicológico-sociales generales, y como independientes, la productividad y la satisfac­ ción por la pertenencia al grupo . La efectividad grupal se estudió en dependencia de su tamaño, de los canales de comunicación, de la composición, de la compatibilidad psicológica, del estilo de liderazgo, de las relaciones interpersonales, de la distribución de roles, de la jerarquía de status y de una serie de otras caracte­ rísticas.

 

Uno de los primeros trabajos, dedicado en especial al examen de la correlación entre el tamaño y la productividad del grupo, fue la investigación realizada por R. Marriott. 10 Estudios de la pro­ ductividad del trabaj o según el número de participantes en el gru­ po, permitieron establecer al autor la existencia de una correla­ ción negativa entre las variables dadas, la cual demuestra que a medida que crece el grupo, disminuye la productividad promedio de los integrantes.

 

En el estudio realizado por R. Slater1 1 se descubrieron determi­ nadas correlaciones entre el número de integrantes del grupo, por un lado, y la satisfacción por pertenecer al grupo, por el otro . El autor demostró que el grado superior de satisfacción es caracte­ rístico de los grupos relativamente pequeños, con cinco personas aproximadamente . Al aumentar el número a 6-7 personas y más, ocurre la diferenciación grupal, acompañada por la aparición de los roles interpersonales y conflictos; al disminuir el grupo a 2-3 personas, aparece la tensión en las relaciones y surgen los te­ mores de la posible desintegración del grupo.

 

La relación entre el número de los integrantes del grupo y la precisión de las decisiones tomadas por éste, fue objeto de inves-

 

13 R. Maniott: "Size of Working Groups and Cutput", en Occupational Psychology, Londres, 1 949, no. 24.

 

1 1   R.      E.      Slater:         «Contrasting         Correlates   of  Group    Size»,       en  Sociometry,

 

1 958, no. 2 1 .

 

 

an  Experimental Approach,   California,  1 966;         J.       W .    McDavid,       H .     Haray:

 

Psychology and Social Behavior, Nueva York. 1 974 .

 

 

178

 

tigación por parte de Ch . Hoffinan y H . Hendrick. 12 En el expe­ rimento realizado por ellos, los 267 participantes se dividieron en grupos de 3, 6, 9, 12 y 15 personas . A los grupos se les ofrecie­ ron tareas especiales, en el proceso de su realización los inte­ grantes del grupo -primero, de manera independiente, después en el transcurso de una discusión general ininterrumpida- deci­ dieron acerca de los mismos problemas . En la mayoría de los ca­ sos, las decisiones del grupo resultaron ser mucho más exactas que las individuales . Debe señalarse que el grado máximo de exac­ titud se logró en los grupos de 12 y 1 5 personas. Sobre la base de los datos obtenidos, los autores hicieron la siguiente conclü= sión: mientras mayor es el grupo, más efectivo es su trabajo .

 

En otras investigaciones cuyos autores se plantearon el objeti­ vo de correlacionar el éxito del trabajo grupal con las particulari­ dades de las comunicaciones intergrupales, también se obtuvie­ ron diferentes resultados . En una serie de trabajos sistematiza­ dos por D. Krech y otros, 13 se obtuvo la conclusión acerca de que la totalidad de la red de las comunicaciones intergrupales con­ cuerda positiva y unívocamente con la efectividad grupal . En otras investigaciones no se observó la correlación unívoca entre la totalidad de la red de comunicaciones y la efectividad grupal . Resultó que en unos casos los grupos con una red más completa de comunicaciones internas, tienen mayor productividad, y en otros, los grupos con una red de comunicaciones óptima para solucionar el problema dado . B . Collins, teniendo en cuenta la incompatibili­ dad de los resultados, escribía en relación con esto, que al tener una red de comunicaciones completa el grupo pierde, en general, menos tiempo que si tiene el sistema de comunicaciones del «tipo de rueda>> . Sin embargo, un análisis minucioso revela que esto no es así . En los experimentos se descubrió que con cualquier tipo de red de comunicaciones, el grupo gasta prácticamente iguales es­ fuerzos para solucionar el problema. 14

 

Las investigaciones en las cuales se reveló la influencia de las peculiaridades de la tarea acerca de la actividad grupal, demos­ traron que la relación buscada depende, en gran medida, de las exigencias planteadas por la tarea a la estructura de la interac-

 

12   Ch. Hoffman y H. Hendrick: Problem Solving in Diíterentsized.

 

13   Krech,  R.  Crutchfield y  E.  Ballachey:  Individual in Society, Nueva York,

1 962.

14   B. E. Collins: Social Psychology, Londres, 1 970 .

 

 

J79

 

c1on intergrupal . 1 5 El mismo factor determina la relativa superio­ ridad del grupo respecto al conjunto de individuos aislados . Cuan­ do las tareas admiten errores sistemáticos casuales, la solución del grupo -tomada como resultado de una discusión o de sacar el promedio y sumar las variantes individuales- es más exacta y co­ rrecta que cada solución personal tomada por separado . Esto tie­ ne su explicación en que los errores casuales que cometen los in­ dividuos al solucionar el problema de manera independiente, se compensan mutuamente en la variante promedio del grupo . Al mismo tiempo, resultó que el aumento de la precisión de la solu­ ción grupal, comparado con las individualidades, está condiciona­ do más bien por el efecto de leyes elementales de matemática que por las peculiaridades psicológicas del grupo . J. Stroop mostró que sacando un sencillo promedio estadístico de un gran número de soluciones, ofrecidas por un conjunto de individuos aislados, es posible obtener en la práctica el mismo resultado al que llegaron varios científicos, al comparar la productividad del trabajo indi­ vidual y colectivo. 16

 

 

Las tentativas de comparar la capacidad de trabaj o de un grupo y del individuo en la década del 50, como en la primera etapa de investigaciones de la efectividad grupal, dieron resultados contra­ dictorios. 17 • Por ejemplo, en la solución final del grupo aceptada como resultado de una discusión en el grupo, se descubrió que con frecuencia se pierden irreversiblemente muchas ideas originales

 

y     · fructíferas, cuya elaboración posterior pudiera llevar, a fin de cuentas, a una solución satisfactoria del problema discutido por el grupo . También sucedió que en el proceso de discusión en el gru­ po, sus participantes no verbálizan toda la información de que dis­ ponen . Por lo general, el grupo sólo acepta las ideas individuales comparativamente sencillas y comprensibles para la mayoría; mu­ chas ideas originales, fructíferas y prometedoras son rechazadas únicamente por ser complejas y dificiles de comprender.

 

1 5 J, Lorge, D . Fox, J . Devitz y M. A . BrelUler: «Survey o f Studies Contrast­ ing the Quality of Group Performance and Individual Performance, 1 920-

1 957», en Psychology cal Bulletin, 1 958, no. 55 .

 

1 6 J . B . Stroop: «Is the Judgement of the Group Better than that of the Average Membern, en Joumal ot Experimental Psychology, 1 932, no . 1 5 .

 

1 7 D . W. Taylor, P. C . Berry y H . C . Black: «Does Group Participation when Using Brainstorming Facilitate oflnhibit Creative Thinking», en Adm.

sci. guart., 1 958, no . 3 .

 

 

180

 

En el trabaj o realizado por J . Lorge y otros Ifl se obtuvieron otros resultados . Los científicos compararon la efectividad de los gru­ pos reales y de los nominales, constituidos por igual número de individuos que trabajan totalmente aislados . Los grupos nomina­ les elaboran un número mucho mayor de diferentes variantes de solución que los grupos reales . Sobre la base de esto, los autores formularon la conclusión de que los grupos nominales superan a los reales tanto en la cantidad, como en la calidad de las solucio­ nes .

 

Relaciones de diferentes tipos se revelaron mediante las investiga­ ciones, cuyos autores intentaron correlacionar la efectividad gru­ pal y el estilo de liderazgo . Después de acumular y analizar los resultados de la prolongada actividad científica de los trabajado­ res de un gran laboratorio de investigación científica, D . Pelz des­ cubrió la existencia de una relación compleja entre la producti­

 

vidad del trabaj o científico de los colaboradores del laborato­ rio y las peculiaridades del estilo de liderazgo. 1 9 La independencia

en el trabajo no siempre se correlaciona positivamente con la pro­ ductividad científica; se observa una relación positiva entre esas variables sólo cuando la intensidad de comunicación entre el jefe y los colaboradores es bastante grande (los contactos diarios); cuan­ do la comunicación tiene carácter episódico -o sea, el jefe tiene en­ cuentros y conversaciones con los colaboradores acerca de su traba­ j o científico una vez a la semana o con menor frecuencia-, enton­ ces la independencia del trabajo de cada uno de ellos se correlacio­ na de manera negativa con la productividad.

 

En una serie de trabajos de otros investigadores, la correlación entre la efectividad grupal y el estilo de liderazgo se manifestó como una variable que depende de la autoridad del jefe .

 

Cuando los dirigentes con difirentes grados de prestigio entre sus subordinados, utilizan el mismo estilo autoritario de dirección, los subordinados mostraban diferente reacción ante la manifestación por parte del dirigente de las tendencias autoritarias; si el dirigen­ te poseía suficiente prestigio, la productividad aumentaba; si no, la productividad disminuía.

 

18   J.  Lorge,  D.  Fox,  J.  Devitz  y  M.  Brenner:  «A  Smvey  of Studies  Con­

 

trasting the Quality of Group Perfonnance and Individual Perfonnance, 1 920- 1 957», en Psychologycal Bulletin, 1 958, no. 55 .

 

19 D. C . Pelz: «Sorne Factors Related to the Perfonnance in Research Organization>>, en Adm. sci. quart., 1 956. no. l .

 

 

181

 

La interpretación de la relación entre el estilo de liderazgo y la efectividad grupal, provocó una prolongada discusión teórica. Unos investigadores afirmaban que existe una dependencia directa de causa-efecto entre el estilo de liderazgo y el éxito del trabajo gru­ pal; en esas dos variables -el estilo de liderazgo y la efectividad del grupo-, el estilo de liderazgo es la causa y la efectividad gru­ pal, el efecto. Otros expresaron la opinión contraria al suponer que la relación de causa-efecto entre las variables es inversa. La dismi­ nución de la productividad del grupo actúa como la causa inicial y el estímulo para el dirigente; él cambia el estilo de dirección del grupo como consecuencia de la insuficiente efectividad de éste . Las tentativas de resolver esta controversia mediante experimentos, no dieron resultados positivos; aunque algunas investigaciones mos­ trai 'on que la productividad grupal puede cambiarse realmente des­ pués de cambiar el estilo de liderazgo.2º

 

Los datos referentes a la relación entre la composición -el per­ sonal psicológico-individual del grupo- y la efectividad de su tra­ baj o no son menos complejos . Según la información de algunos au­ tores, los grupos homogéneos -o sea, casi similares por sus peculia­ ridades psicológico-individuales-, forman agrupaciones más esta­ bles, las cuales se caracterizan por un mayor grado de satisfacción por pertenecer al grupo . Se demostró que los grupos integrados por individuos con un grado igual de autoridad poseen una atmósfera psicológica más favorable que los grupos heterogéneos en este as­ pecto . Más adelante se evidenció que en los grupos heterogéneos o desiguales, surgen con frecuencia problemas en las relaciones in­ terpersonales, los cuales provocan conflictos; se forman agrupacio­ nes corporativas que no admiten nuevos miembros y son hostiles entre sí . En las condiciones de déficit de tiempo para solucionar el problema planteado al grupo, las comunidades psicológicas homogé­ neas trabajan mejor que las heterogéneas. Esa dependencia aumen­ ta a medida que aumenta el grado de complejidad de la tarea del grupo.2 1

 

L . Hoffinan demostró, al contrario, que los grupos heterogéneos trabajan mejor que los homogéneos, en especial cuando se solu­ cionan los problemas de carácter creativo . También resultó que la

 

20   j. M. Jackson: «The Effect of Changing in the Leadership of Small Groups», en Human Relations, 1 953, no. 6 .

 

2 1 W. C . Schütz: FIRO. A Three Dimensional Theory ol Interpersonal Behavior, Nueva York, 1 958.

 

 

182

 

productividad comparada de los grupos heterogéneos y homogé­ neos depende en lo fundamental del contenido de las característi­ cas que sirven de punto de referencia para la homogeneidad.22 R. Cattell, D. Saunders y G. Stice23 obtuvieron resultados que con­ firman que la heterogeneidad -respecto a las cualidades emocio­ nales, a la inclinación al riesgo y a las peculiaridades caractero­

 

lógicas- influye de manera positiva sobre la capacidad de trabaj o

 

del grupo, mientras  que l a heterogeneidad  -respecto a los rasgos

 

de la conducta interpersonal (interpersonal behavior traits), a la desconfianza mutua y hostilidad- influyen de manera negativa.

 

Existen datos que muestran la ausencia de una determinada de­ pendencia entre la heterogeneidad u homogeneidad del grupo, y su efectividad . Por ejemplo, J. Terborg y otros demostraron que la he­ terogeneidad del grupo -respecto a las disposiciones sociales, ob­ jetivos o tareas no relevantes que se plantean al grupo- no in­ fluye de manera importante sobre la efectividad grupal .24 No se logró descubrir la relación entre la capacidad de trabaj o y la ho­ mogeneidad o heterogeneidad del grupo en otros dos estudios, aun­ que en este caso las características psicológicas -según las cuales se evaluaba la heterogeneidad u homogeneidad del grupo- tenían una relación directa con el contenido de la actividad conjunta (el grado de homogeneidad se determinaba según la aptitud de los par­ ticipantes para solucionar los problemas planteados al grupo).25

 

Las investigaciones en las cuales se analizó la influencia de la compatibilidad emocional y psicológica de los miembros del grupo sobre el éxito de su actividad, también dieron resultados bastante contradictorios. Por ejemplo, R. Hill descubrió que los grupos com­ patibles respecto a sus manifestaciones emocionales individuales,

 

22   L.  R.  Hoffman:  «Homogenity  of Member  Personality  and  its Effects  on

 

Group Problem Solving», en Journal ot Abr. and Social Psychology, 1 959, no . 3 .

 

 

23 R. B. Cattell, D. R. Saunders y in Small Groups», en Human Relations,

 

 

G. F. Stice: «The Dimensions of Syntality 1 953, no. 6 .

 

 

24 J. R. Terborg, C . Castor y J. A De Ninno: «Longitudinal Field Investiga­ tion of the Impact of Group Composition on Gioup Performance and Cohesiom>, en Journal oi Personality and Social Psychology, 1 976, vol. 34,

 

no. 5 .

 

25 s. Kaeckar, P. Neclakantan: «Group Performance as a Function of Group Type and . Group Compositiom>, en European Journal Social Psychology, 1 976, vol. 6, no . 3 .

 

 

183

 

son menos productivos que los incompatibles.26 A partir de los re­ sultados obtenidos, el autor sacó la conclusión, paradójica a pri­ mera vista: para mantener un alto rendimiento del grupo es nece­ saria cierta incompatibilidad en los aspectos emocionales y psicO ·· lógico .

 

Muchas investigaciones se dedican últimamente al estudio de la relación entre la efectividad grupal y las peculiaridades de las re­ laciones interpersonales en el grupo. Los resultados de esas inves­ tigaciones son muy contradictorios: en unos casos, el experimento prueba la correlación positiva entre las relaciones y la efectividad grupal; en otros, todo lo contrario; en los terceros no se detecta nin­ guna correlación estadísticamente significativa. Por ejemplo, la in­ vestigación realizada por K. B . Richards y H. Dobyns demostró que los trastornos en el sistema de relaciones psicológico- emocionales conducen a una gran reducción de la productividad y la satisfacción en el grupo.27 Una investigación semejante se realizó por los auto­ res en una brigada de obreros-mujeres, quienes durante un perio­ do bastante largo trabajaban juntas, en un local de la empresa aislado del taller principal, sin ser controladas directamente por parte de la administración . Cumplían sus metas, tenían facilidad para tratar los temas de interés común durante el trabaj o y hacer el receso para el almuerzo según su parecer. A causa de la reor­ ganización de la empresa, la administración trasladó esta brigada a un local menos cómodo, que se comunicaba directamente con el taller principal y se hallaba en la zona de control directo de la administración. Además, se creó de manera adicional la plaza de ayudante del maestro de oficio, quien tenía la función, entre otras, de controlar constantemente el aprovechamiento de la j ornada la­ boral de las trabajadoras . Se les prohibió conversar acerca de los temas ajenos al trabajo y hacer recesos para el almuerzo fuera del plan. Todo eso dejó ver enseguida en los resultados del trabajo de la brigada; el rendimiento y la satisfacción por pertenecer al grupo, disminuyeron de una manera visible.

 

Datos análogos se obtuvieron por R. H . van Zelst quien utilizó en la práctica el método de reestructuración sociométrica de la com­ posición de las brigadas de obreros de la construcción, basándose

 

26   R. E. Hill: «Interpersonal Compatibility and Workgroup Performance» ! , en Joumal ofApplied Behavioral Science, 1 975, vol. 1 1 , no. 2 .

 

27   K. B. Richards y H. F. Dobyns: «Topography and Culture: the Case of

 

the Changing age-», en Human Organizations, 1 957, no . 16 .

 

 

184

 

en las antipatías y atracciones mutuas.28 El autor descubrió que el método de formación de brigadas según el criterio del bienestar en las relaciones psicológico -emocionales, contribuye al aumen­ to de la productividad y a la disminución de la fluctuación de los cuadros. P. Slepicka también obtuvo resultados positivos en la investigación de la dependencia entre las relaciones y la efectivi­ dad.29 La autora descubrió -en una investigación longitudinal de

 

los equipos deportivos de baloncesto- que el éxito de los grupos guarda una correlación positiva con el clima favorable de las rela­ ciones emocionales interpersonales .

 

En una serie de investigaciones dedicadas al estudio de esta misma cuestión, se obtuvieron resultados totalmente contrarios; o sea, una correlación negativa entre la efectividad grupal y el clima favorable de las relaciones interpersonales . G. Homans,30 por ejemplo, obtuvo una información de este tipo . Comparó la precisión del bombardeo aéreo de las tripulaciones integradas por los militares con estrechas relaciones psicológico-emocionales y de las tripulaciones integradas por militares sin esas relaciones. De­ mostró que los grupos en los cuales las relaciones emocionales eran más favorables, cumplían las tareas peor que los grupos con relaciones menos favorables.31

Por último, la tercera serie de investigaciones estableció una dependencia curvilínea entre los contactos emocionales entre los miembros del grupo y el éxito de su trabajo conjunto . Se eviden­ ció que al llegar los contactos a un determinado grado, esta de­ pendencia sigue siendo positiva, pero al sobrepasar este límite, se convierte en su antítesis. Por ejemplo, G . Kelley y J. Thibaut ob­ tuvieron los datos correspondientes en su investigación.32 Estos au­ tores demostraron que los estrechos contactos psicológico-emo-

 

 

28 R. H. van Zelst: «Validation of Sociometric Regrouping Procedure»», en Journal oi ahn. and Social Psychology, 1 952, no . 1 7.

 

29   P. Slepicka: «Interpersonal Behavior and Sport Group Affectivanessi», en lnternational Journal of Sport Psychology, 1 975, vol. 6, no . 1 .

 

30   G. Homans: Social Behavior: its Elementary Fonns, Londres, 1 96 1 .

 

       Resultados  análogos      se  obtuvieron por varios  psicólogos  soviéticos.  Ver,

por  ejemplo,  É. S.  Kuzmin: Fundamentos de psicología social,  Leningrado,

1 967  (en  ruso). El  autor  demostró  que  los  grupos  integrados  por  amigos

y     compañeros cumplen     las     tareas  de  carácter  homeostático  peor  que  los

 

grupos constituidos por individuos indiferentes unos respecto a otros.

 

32   H. H. Kelley y J. W. Tribaut: «Group Problem Solving»», en Handbook oí Social Psychology, vol. 4, 2nd ed. , Mass Addison-Wesley, 1 969.

 

 

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cionales entre los integrantes del grupo pueden ejercer una doble influencia - positiva y, a la vez, negativa- sobre la efectividad grupal, y el grado de intimidad de las interrelaciones emociona­ les constituye el momento critico . Cuando existen contactos emo­ cionales moderadamente positivos, observamos una correlación po­ sitiva entre la efectividad grupal y las relaciones; cuando los con­ tactos emocionales son muy positivos, la correlación es negativa.

 

En relación con la cuestión estudiada, las llamadas relaciones de cooperación y de competencia en el grupo tienen una atención es­ pecial . El análisis de la influencia de éstas sobre la efectividad grupal también dio resultados ambiguos, que atestiguan la exis­ tencia tanto de una dependencia positiva, como de una negativa; entre esas dos variables . Algunos científicos intentaron agrupar los resultados obtenidos y presentaron la hipótesis que explicaba las relaciones, diferentes desde el punto de vista empírico . Por ejemplo, A . Workie, al analizar la productividad comparada de las relaciones de cooperación y de competencia, propuso un sis­ tema de hipótesis interrelacionadas que trazan diferentes varian­ tes de correlación entre la cooperación y la competencia en las relaciones dentro y fuera del grupo, por un lado, y la efectiyidad de su trabajo, por el otro .33 Según la hipótesis de Workie, el éxi­ to del trabajo del grupo depende tanto de las relaciones intergru­ pales, como de las intragrupales . La máxima efectividad grupal, según la hipótesis, debe observarse cuando existe la cooperación intragrupal e intergrupal . Más adelante siguen por orden la coo­ peración intragrupal combinada con las relaciones neutrales entre los grupos, la cooperación intragrupal combinada con la competen­ cia entre los grupos, la competencia intragrupal combinada con las relaciones de cooperación entre los grupos, la competencia in­ tragrupal combinada con las relaciones neutrales entre los grupos y, por último, las competencias intra- e intergrupales .

 

M . Deutsch34 también investigó la influencia de las relaciones de cooperación y de competencia sobre la efectiv:idad grupal . A cada uno de los cinco grupos experimentales ofreció dos tareas espe­ ciales, de las cuales una requería cooperación interpersonal y la otra competencia. Los grupos organizados según el principio de co-

 

33   A. Workie: «The Relative Productivity of Cooperation and Competitiom>, en Joumal ofSocial Psychology, 1 973, vol. 92, no. 2 .

 

34   M. Deutsch: «An Experimental Study of the Effects of Cooperation and Competition Upon Group Process»», en Human Relations, 1 969, no . 2.

 

 

186

 

operac1on cumplieron las tareas con una calidad de trabajo más alta, que los grupos que funcionaban en condiciones de competen­ cia interpersonal .

 

A . Mintz35 realizó una investigación que reveló la influencia po­ sitiva de las relaciones de cooperación sobre la efectividad gru­ pal, así como la relativa superioridad de éstas sobre las de com­ petencia. Mintz ofreció a los sometidos al experimento la tarea de extraer una serie de conos metálicos de un pomo de vidrio. (Los conos sólo podían ser extraídos uno tras otro . ) Así, demostró que los grupos que trabajan en condiciones de cooperación interper­ sonal realizan la tarea con más éxito, que los que trabajan en con­ diciones de competencia interpersonal . Al mismo tiempo, una se­ rie de estudios revelaron que no existe dependencia unívoca entre las relaciones de cooperación o de competencia en el grupo y la efectividad de su trabajo; que las interrelaciones entre las varia­ bles dependen de otros factores y, en particular, del número de los integrantes del grupo y de su proximidad espacial durante el trabaj o conjunto .36

 

Los datos experimentales obtenidos en las últimas investigacio­ nes de la efectividad grupal, confirmaron las conclusiones he­ chas en su tiempo por N . Tripplet y otros. Esos trabajos volvieron a demostrar que no existe dependencia unívoca entre el éxito de la actividad individual y la presencia de otras personas. En vista de esfo volvió a surgir el importante problema de las causas de esta ambigüedad .

 

Los investigadores, en sus intentos de hallar una explicación adecuada de este hecho, comenzaron a analizar las condiciones especificas de las cuales depende el carácter del efecto que pro­ duce la presencia de los otros.

 

N . Cottrell y sus colegas efectuaron una serie de investigaciones y determinaron que la gente no siempre influye de manera sis­ temática sobre el individuo que trabaja en su presencia.37 Resultó

 

35 A Mintz: «Mon-Adaptive Group Behaviorn, en Joumal ot abn. and Social Psychology, 1 95 1 , vol. 46.

 

36   J.       J.  Seta y  J.  K.  Schkade:  «Effects  of Group  size and  Proximity  under

Cooperative  and  Competitive  Conditions»,  en Joumal  ot Personality  and

Social Psychology, 1976, vol. 34, no. 1 .   

37   N.      B . Cottrell, D.  L, Wark, G.  L .  Sekarak    y P.  H.  Rittle:  «Social Facili­

tation        of  Dominant  Responses  by  the  Presence  of  an  Audience  and  the

More         Presence  of Others»,  en Joumal ot Personality and Social Psychology,

1 968, vol. 9.     

 

 

187

 

que las personas ajenas, que se encuentran en el lugar por casua­ lidad no influyen en grado importante sobre el éxito del trabajo del hombre; que la influencia de los demás aparece con mayor cla­ ridad cuando el sujeto de la acción percibe a los presentes como personas de importancia. Además, se determinó que la presencia de los otros influye sobre la productividad del trabajo individual no de manera directa, sino indirecta: al principio realiza cambios positivos o negativos en la motivación, y sólo después, en la efec­ tividad del trabajo .

 

R . Zaj ono propuso un modelo que explicaba el efecto positivo

 

de la presencia de  otras personas por la activación no · específica

 

de la energía del hombre . 38 Los presentes -según la hipótesis de Zajono- influyen sobre el individuo como sencillos estímulos fí­ sicos, elevan o bajan su tono general y el nivel de actividad fisio­ lógica.

 

Semejante interpretación, puramente fisiológica, del efecto es­ timulante de la presencia de otras personas, provocó protestas por parte de varios investigadores. En relación con esto, l. Steiner in­ dica que la actividad del hombre orientada hacia un fin aetermi­ nado no puede explicarse del todo por la activación no específica de la energía; que el solo hecho de la presencia de otras personas como sencillos estimuladores fisiológicos no basta para causar cambios lógicos y consecuentes en la conducta del hombre .39

 

El trabajo de B . Collins, quien propuso el modelo que incluía seis situaciones diferentes en las cuales la presencia de los otros actúa, de manera psicológica y diversa, sobre el individuo, cons­ tituyó el próximo paso hacia la solución del problema.40 Estas si­ tuaciones son las siguientes: el trabajo en soledad, cuando el hom­ bre sabe que los demás nunca conocerán los resultados de su tra­ bajo (la situación de presencia mínima de otras personas); el tra­ bajo en soledad con la condición de que otras personas conocerán después sus resultados; el trabajo en presencia de otras personas que se limitan a observar de manera indiferente la actividad del individuo, sin reaccionar, ni expresar su opinión o valoración; el trabajo en presencia de personas que reaccionan de manera acti-

 

38   R.  B.  Zajone:  Social    Psychology: an. Experimental Approach,       Califor­

nia, 1 966.                   

39   I.  D.  Steiner:  Group     Process and Productivity,  Nueva  York,       Londres,

1 972.                         

40   B. E. Collins: Social Psychology, Londres, 1 970 .

 

 

188

 

va ante la actividad del individuo, le hacen preguntas, opinan, hacen sus valoraciones; el trabajo en condiciones de cooperación constante con las personas presentes, cuando los resultados de la actividad del individuo no dependen del trabajo de los demás; el

 

trabajo      en  cooperación  con      los  otros,  cuando  los  resultados  de

cada  participante guardan  una  relación  directa  con    la       actividad

de  los       demás  (la   situación     de  presencia  máxima  de        los       demás).

B . Collins suponía que el efecto de la presencia de otras personas aumentaría de manera gradual de la primera situación a la últi­ ma, y los experimentos realizados con posterioridad confirmaron esa suposición . Sin embargo, si valoramos todas las tentativas de solucionar el problema de la presencia de otras personas, debe­ mos admitir que no dieron una respuesta del todo satisfactoria a la pregunta planteada. Todas esas investigaciones se realizaron, ante todo, dentro del marco del esquema diádico de cooperación que excluye al individuo de la situación grupal, supone que la diada o el conjunto casual de personas modela por completo el grupo y permite hacer conclusiones válidas para cualquier grupo .

 

Este resumen, breve e incompleto, de las investigaciones de la efectividad grupal muestra, de manera convincente, que el prin­ cipal defecto de éstas consiste en lo fragmentario y no coordinado de los resultados obtenidos . Las investigaciones fij an y describen, en lo fundamental, las interrelaciones aisladas entre las peculiari­ dades socio- psicológicas, estructurales y funcionales del grupo, por un lado, y la productividad y satisfacción por pertenecer al grupo, por otro . Analizaremos, por ejemplo, experimentos en los cuales se estudiaba la correlación entre el número de los integran­ tes y la composición del grupo, por un lado, y la efectividad gru­

 

pal, por  otro .    Unas  investigaciones  deducen  que  los  grupos  de

 

9- 1 O personas y más trabajan con mayor éxito; otras, al contrario,

 

revelaron que los grupos que incluían menos de seis personas eran los más efectivos; en unos casos, los grupos homogéneos eran los que mejor cumplieron la tarea; en otros, eran los grupos he­ terogéneos, y en algunos casos no pudo establecerse una depen­ dencia estadísticamente significativa entre las variables dadas .

 

La contradicción entre los resultados es típica para los trabajos en los cuales se determina la efectividad comparada de diferentes estilos de liderazgo, de diferentes canales de comunicación, de las relaciones de cooperación y de competencia, de los grupos compa-tibles e incompatibles. Aunque la mayoría de los autores man-

 

 

189

 

tienen la opinión de que el mejor estilo de liderazgo es el demo­ crático, hay casos en que prefieren el estilo autoritario o, incluso, el llamado estilo anárquico . No existe una sola opinión acerca del problema de la dependencia de causa- efecto entre el carácter activo del liderazgo y el éxito del trabajo del grupo en general, entre el estilo del liderazgo y la efectividad; unos experimentos com­ prueban la superioridad de la red completa de comunicaciones internas, otras citan los datos que favorecen la red óptima; varios autores afirman que los grupos psicológicamente compatibles tra­ bajan mejor, mientras que otros esgrimen los argumentos en apoyo de los grupos incompatibles en lo psicológico .

 

Las discrepancias y contradicciones de los datos experimentales

 

se observan, con mayor claridad, en la serie de investigaciones que comparan las relaciones psicológicas y emocionales, y la efecti­ vidad grupal . Una misma pregunta: ¿cuál es la influencia de las estrechas relaciones emocionales entre los integrantes del grupo sobre la efectividad de su trabajo conjunto?, obtuvo respuestas diferentes y contradictorias en esas investigaciones. La no concor­ dancia de las respuestas se agudiza porque cada una, analizada aisladamente, se fundamenta en datos estadísticos convincentes .

 

El número insignificante de intentos de integrar los resultados contradictorios y la ausencia de aspiración a crear una teoría ge­ neral capaz de explicar de manera satisfactoria la diversidad de los mismos, no deja de llamar la atención . La mayoría de los es­ pecialistas en psicología social que realizan estudios en el cam­ po de la efectividad grupal o exponen los resultados de esos estu­ dios en los manuales, prefieren callar que son contradictorios y actúan romo si la contradicción no existiera. Las partes de las mo­ nografías que analizan los problemas de la efectividad grupal, casi siempre representan una descripción más o menos sistema­ tizada de los datos obtenidos, acompañada por las citas que indi­ can que unos descubrieron la dependencia positiva y otros, la ne­

 

gativa, entre las variables analizadas . Algunas variantes de inte: gración matemática de los resultados, sugeridas en los últimos años, sólo explican una parte insignificante de los datos y se pare­ cen más a los modelos abstrato-hipotéticos que a las teorías ca­ paces de eliminar las contradicciones de las interrelaciones esta­ blecidas/1

 

41   R.  B .  Zajonc:  Social Psychology: and Experimental Approach, California,

 

1 966; l. D. Steiner: Group Process and Productivity, Nueva York-Londres,

 

1 972.

 

 

190

 

El esquema tradicional de experimentos que incluye las varia­ bles independientes, intermedias y dependientes, constituye la base metodológica de la mayoría de las investigaciones contemporá­ neas de la efectividad grupal en el extranjero . La lógica general de la construcción e interpretación de los resultados de la inves­ tigación según este esquema, se traza con bastante claridad en el conocido libro de D. Krech, R. Crutchfield y E. Ballachey.41 42

 

Al explicar la lógica de su esquema (figura 4), los autores indi­ can que las variables de la efectividad grupal forman una jerar­ quía de tres niveles, en la cual un tipo de variable -las indepen­ dientes- deben considerarse como lógicas y temporalmente pre­ cedentes respecto al otro tipo de variable -las intermedias-. Estas últimas están en la misma relación con el tercer tipo de variable -dependientes-.

 

Las características psicológicas del grupo que pueden manipu­ larse con mayor facilidad en el experimento, son las que se ana­ lizan con más frecuencia como las variables principales o indepen­ dientes de la efectividad grupal. Éstas son, ante todo, peculiarida­ des funcional-estructurales del grupo, como el número de integran­ tes, los canales de comunicación, las jerarquías de status, el me­ dio circundante, el lugar funcional del grupo en la organización, las peculiaridades de la tarea que se plantea al grupo, etc. Una importancia secundaria se atribuye a fenómenos socio-psicológicos en el grupo, como el estilo de liderazgo, las relaciones interper­ sonales, etc. En el esquema conceptual de los experimentos de­ dicados a la investigación de la efectividad grupal, esos fenóme­ nos se analizaban como variables intermedias . En nuestra opinión, semejante diferenciación de las variables según el grado de im­ portancia, no es del todo justificada. Ignora que en otras condi­ ciones iguales, la efectividad del trabajo grupal depende, ante todo, de las propiedades socio-psicológicas del grupo, la motiva­ ción de sus integrantes, la preparación para la actividad conjunta, y no de los canales de comunicaciones que establecieron, ni del número de integrantes, ni de las peculiaridades de la tarea o del medio circundante . Es poco verosímil que las manipulaciones fun­ cional-estructurales del grupo, con su magnitud u organización externa analizadas como principales determinantes de la efectivi­ dad grupal, puedan asegurar realmente el éxito del trabajo gru-

 

<2 D. Krech, R. Crutchfield y E. Ballachey: Individual in Societ}', Nueva York, 1 962.

 

 

 

191

 

pal por sí solos, si no provocan, en fin de cuentas, profundas trans­ formaciones socio-psicológicas, cambios positivos en la motiva­ ción de la actividad de los participantes del grupo. Si los pricipa­ les objetivos y tareas del grupo no son aceptados como motivacio­ nes de la actividad de los integrantes, si en el grupo falta unión en lo concerniente a las principales cuestiones de la actividad con­ junta, entonces, los cambios formal-estructurales no podrán cam­ biar la situación. Como es evidente, los principales factores que influyen sobre el éxito de la actividad grupal, más que las pe­ culiaridades de la estructura o de las funciones, son los siguientes: la actitud consciente de los integrantes del grupo ante los obje­ tivos y tareas planteadas, así como las cualidades socio-psicoló­ gicas del grupo determinadas por formar parte éste de un deter­ minado sistema social .

 

 

       ---      -        VARIABLES INDEPENDIENTES

                          ,ac1..,, ... .. ...... �

C11a,crt-..\mliii.:..b. HtnkiJIUpO"."t\I� tW      

• núm11to dtt ir1Cograntus    • condiciones de trebejo

o t¡mulos de comunica�ón    • lugar funcional d11I grupo

0     1;l"1mPosir,ión    en la orgenizeclOn

;ji    jr�:-nr1�ufa de statUI   • interralacionas coro otros

                          grupoe

 

 

 

 

VARIABLES     INTERMEDIAS

 

• estilo de liclercizgo

 

• motivació�

 

e distribución de papeles

• ralacio11es interper1onal111

 

 

 

VARIABLE�    DEPENDIENTES

 

• productividaa

 

• utiafacción oor oen11necer

al grupt

 

 

 

---­ .. _

 

• upo de probl&ml

 

• nivel da c:omplejldaCI • condicio1181 de aoluclóll

 

 

 

f1gur> "'   f ....1V»_.(ybOK\Vlac10A <"'· JM omubnd &:: M         ....,....�14»"' m

O ú n D -

 

 

En nuestra opm1on, e s necesario realizar una transformación sustancial en la teoría y metodología de las investigaciones de la efectividad grupal . La concepción estratométrica del colectivo mues­ tra una vía real hacia la solución de este problema. Es necesario

 

 

 

192

 

introducir en las investigaciones teóricas y experimentales de la efectividad grupa/43 las características socio-psicológicas y no las formal-estructurales, como variables principales . Entre las carac­ terísticas socio-psicológicas seleccionamos las que describen al grupo como colectivo, independientemente de su nivel de desarro­ llo . La correspondencia del grupo con el concepto de colectivo su­ pone que el grupo dado resuelve con éxito las tareas principales que se le plantean . El colectivo no sólo debe actuar como el gru­ po más desarrollado en el aspecto socio-psicológico, sino también como el grupo con la máxima efectividad . En eso consiste la im­ portancia teórica de la concepción estratométrica y de los paráme­ tros de colectivo señalados en ésta.

 

A partir de la concepción estratométrica podemos representar el esquema lógico de diferenciación de las variables según su im­ portancia para el resultado del trabajo grupal, de la siguiente ma­ nera. Los parámetros del primer estrato de actividad grupal que incluye la base socio-psicológica de todos los otros fenómenos, de­ ben ocupar el primer lugar en la jerarquía de los factores de la efectividad grupal; el segundo pertenece a las bien estudiadas re­ laciones del segundo estrato de la actividad grupal, como la auto­ determinación en el colectivo, la unidad valorativa de orientación, la identificación eri:iocional y eficaz, la referencia, etc. En combi­ nación con las características del primer estrato, éstas forman los principales factores socio-psicológicos de la efectividad grupal . La influencia de las características del segundo estrato sobre el éxi­ to del trabajo grupal, se relaciona de manera funcional con los fenómenos del primer estrato, pues su desarrollo depende, en lo fundamental, de la formación de las estructuras más profundas del colectivo . En cuanto a las características del tercer estrato de la actividad grupal -las cuales son, según tradición, las peculiarida­ des estructurales y psicológicas del grupo - deben analizarse como variables, cuya influencia sobre el éxito del trabajo grupal está

 

mediatizado en un grado significativo por el nivel de desarrollo de los fénomenos del primer y segundo estratos . Esas variables se incluyen en el esquema ofrecido, como factores adicionales (no fundamentales) de la efectividad grupal . Vemos el efecto de ésas

 

 

�J Aquí y más adelante se trata del enfoque socio-psicológico del análisis de los problemas de la efectividad grupal, el cual sólo destaca las variables psicológicas entre varios factores de la efectividad grupal (sociales, econó­ micos, etcétera).

 

sobre el éxito del trabajo grupal como un fenómeno doblemente mediatizado: en primer lugar, por el nivel de desarrollo de las estructuras nucleares del colectivo y, en segundo, por el nivel de formación de las relaciones que constituyen el segundo estrato de la actividad grupal .

 

La concepción estratométrica de colectivo aparece como una teo­ ria de un nivel superior que une los datos empíricos acumulados por la psicología tradicional de grupo, en un sistema más inte­ gral y permite formular una serie de nuevas hipótesis (algunas se analizarán en la parte final del capítulo) .

 

En nuestra opinión, la noción de las variables dependientes (los índices fundamentales de la efectividad grupal) también ne­ cesita modificarse . La limitación de los criterios de la efectivi­ dad grupal por la «pura» productividad y la satisfacción emocional general por pertenecer al grupo, no nos parece del todo jus­ tificada, pues no abarca por completo las ideas y tareas socialmen­ te importantes que se plantean en realidad al colectivo en las con­ diciones de la propiedad social sobre los medios de producción . Como es sabido, cualquier grupo puede ser productivo y satisfe­ cho desde el punto de vista emocional, incluso un grupo antisocial, el cual no puede calificarse de ninguna manera como colectivo .

 

La efectividad del colectivo socialista desarrollado no sólo debe apreciarse por la producción y la satisfacción emocional, sino tam­ bién por el conjunto de otros índices, y la valoración correspon­ diente debe actuar como integral, como una valoración que pre­ vé el análisis de la actividad del colectivo desde el punto de vista del éxito que obtuvo en la solución de todas las tareas social­ mente importantes. Además de realizar la producción en un deter­ minado nivel cualitativo y cuantitativo y de asegurar la satisfac­ ción emocional de los integrantes, en esta valoración es necesario

 

incluir  el  efecto  educativo  del  colectivo,  la  actividad  productiva

 

y  social  de  los  integrantes,  la observación  de  las  normas  de  la

 

moral social, etcétera.

 

El tipo de actividad que pudiéramos calificar como el que está por encima de las normas, debe constituir uno de los índices fun­ damentales de la efectividad del colectivo .

 

El concepto de actividad por encima de las normas puede ana­ lizarse como próximo, por su contenido, al concepto de actividad suprasituacional (U. A. Petrovski, 1 975] . La actividad de este tipo se realiza por encima del umbral de la necesidad específica nor­ mativa; o sea, la actividad que se sale de los límites de la norma

 

 

194

 

e stadística promedio positiva. Los compromisos socialistas ele­ vados, los extraplanas, el movimiento de racionalizadores y una serie de otras formas de actividad socialmente valiosa, que sólo pueden surgir en los colectivos suficientemente desarrollados, son ejemplos de la actividad supranormativa de los colectivos socia­ listas de producción . Esos colectivos poseen un alto nivel de con­ ciencia y asumen la responsabilidad por el cumplimiento del deber social . En cuanto a la satisfacción emocional, su utilización como índice de la efectividad de la actividad colectiva presupone pre­ cisar el objeto que provoca la satisfacción. En la valoración de la efectividad grupal, la satisfacción emocional debe correlacionarse con el proceso, el contenido y los resultados de la actividad con­ junta de importancia social . Para valorar la efectividad grupal no es importante la satisfacción en sí (en algunos casos, puede trans­ formarse en optimismo absurdo, y de estímulo convertirse en obs­ táculo en el camino del trabajo colectivo), sino la satisfacción que se correlaciona con el éxito del colectivo en la realización de sus objetivos y tareas socialmente significativos .

 

- -    -

 

Si consideramos el grupo como una integridad socio-psicológica que se encuentra en un constante proceso de desarrollo desde la comunidad social difusa hacia el colectivo, surge la posibilidad de correlacionar los niveles del desarrollo grupal, destacados en la concepción, con el éxito potencial del trabajo grupal . El principio

 

general  de  semejante  análisis  puede  formularse  así:  los    grupos

en    diferentes  niveles  de  desarrollo  poseen  diferente  efectividad

potencial;  existe  una dependencia funcional  directa entre    el  nivel

de    desarrollo grupal y las posibilidades del grupo para solucionar

con éxito los problemas de diferentes grados de complej idad.

 

Parece que el grupo difuso, en el cual las relaciones interper­ sonales no son mediatizadas por el contenido fundamental de la actividad, no será capaz de resolver con éxito las tareas que exi­ gen formas complejas de la cooperación interpersonal . El grupo difuso, al ser una agrupación casual de personas, cuya actividad conjunta es imposible o poco efectiva, sólo podrá solucionar las tareas que se someten a la desintegración en partes independien­ tes para ser ofrecidas a un conjunto de individuos aislados que las solucionarán sin cooperar entre sí; o sea, completamente in­ dependientes, pues en el grupo no hay hábitos formados de coo­ peración interpersonal . Evidentemente, el grupo difuso mostrará el máximo de efectividad potencial en la solución de problemas

 

 

195

 

que no requieren trabajo grupai para su realización y pueden solu­ cionarse mediante la suma de los múltiples elementos de contribu­ ciones individuales. En cuanto a los problemas demasiado comple­ jos para individuos aislados y que requieren la actividad conjunta, es posible que el grupo difuso los soucione con menos éxito que los grupos con un nivel de desarrollo más alto . Esta afirmación se apoya de manera indirecta en los datos que obtuvieron algunos in­ vestigadores. Por ejemplo, B . Collins mostró que los grupos expe­ rimentales compuestos de individuos casuales, al discutir proble­ mas complejos pueden perder irrevocablemente hasta el 80 % de las ideas, las cuales pudieran llevar a la solución exitosa, si las hubiera desarrollado .44

 

La asociación, que representa el siguiente nivel -superior- de desarrollo del grupo, contiene ya un sistema de relaciones más o menos estable . A diferencia del grupo difuso, es capaz de realizar las formas elementales de cooperación y autoorganización según las exigencias presentadas por el problema. Posiblemente, sus re­ cursos superan a los del grupo difuso, en particular, en la solución de los problemas que no pueden dividirse, que requieren actividad conjunta, cooperada y coordinada.

Sin embargo, a causa de que la orientación preferentemente in­ dividualista en el contenido de la actividad conjunta sigue siendo la base motivacional de la asociación de individuos, el grupo del tipo de asociación (y, es posible, la corporación) sólo podrá lograr el máximo éxito a condición de que se dedicara a la solución de esos problemas, cuya importancia personal se manifiesta para la mayoría de los participantes . En cuanto a las tareas que no ofre­ cen evidentes ventajas personales a los miembros del grupo, la efectividad de la solución de ésas por la asociación debe ser mu­ cho menor que la efectividad de la realización de los problemas con importancia personal .

 

Parece que el rango de complej idad de los problemas solucio­ nados con éxito, también será limitado en el caso de asociaciones . Los problemas que requieren un alto nivel de desarrollo de ca­ racterísticas, como la unidad valorativa y de orientación, la auto­ determinación colectivista, la identificación emocional y eficaz del grupo, la referencia, etc . , quedarán prácticamente fuera de la com­

 

petencia de  éstas.  La asociación,  carente  de  unidad  valorativa y

 

de  orientación  suficientemente  desarrollada  -necesaria para tomar

 

44   B. E. Collins; Social Psychology, Londres, 1 970.

 

 

196

 

rápidas decisiones en los principales problemas del trabaj o con­ junto-, perderá demasiado tiempo en discusiones prolongadas e innecesarias en vez de adelantar veloz y efectivamente hacia el ob­ jetivo establecido .

 

El colectivo -que se diferencia tanto del grupo difuso como de Ja asociación y cooperación, ante todo, por su clara tendencia so­ cialmente positiva y por el grado de desarrollo de las estructuras intragrupales- obtiene la capacidad de solucionar con éxito pro­ blemas bastante complejos y variados; incluso, los que sobrepasan ios límites de los intereses personales inmediatos de sus integram tes. Es de suponer que el máximo de efectividad del colectivo coin­ cidirá con los problemas relacionados con los intereses públicos en el sentido amplio de la palabra.

 

Uno de los postulados fundamentales de la concepción estrato­ métrica del colectivo es el principio de mediatización de las relacio­ nes interpersonales por el contenido de la actividad. Cada grupo tiene varios tipos de actividad, y todos ellos funcionan en cierta medida, como vínculos mediatizados en el sistema de relaciones interpersonales . La jerarquía de los tipos de actividad grupal, desde el punto de vista de su verdadera integración en el conjunto de interrelaciones, influirá evidentemente en el éxito del cumplimiento de los correspondientes tipos de actividad por el grupo . Considera­ mos que, a partir de la jerarquía de las mediatizaciones de la acti­ vidad será posible pronosticar de manera efecttiva el éxito del trabaj o de un determinado grupo .

 

El colectivo suficientemente desarrollado representa un sistema íntegro, autoorganizador, y por eso puede enfocar mediante el aná­ lisis sistémico y estructural de la actividad humana individual . La actividad del colectivo, como la del individuo, tiene dos fases . En la primera -la fase preparatoria- se elaboran y toman las decisiones generales acerca de diferentes cuestiones de la vida intragrupal . La segunda fase -instrumental - cumple la función de realización de los acuerdos tomados en la primera. El éxito de la segunda fase depende, en gran medida, de la calidad del trabajo del grupo en la etapa preparatoria.

 

Casi todas las investigaciones tradicionales de la efectividad gru­ pal se ocupaban de manera preferente de la segunda fase de la ac­ tividad grupal, la cual determina el éxito del trabajo grupal en un grado mucho menor que la primera. Creemos que el análisis socio­ psicológico de la efectividad grupal no debe ignorar la fase prepa-

 

 

197

 

ratoria de la actividad grupai, pues precisamente en ésta (en la preparatoria) es lógico esperar que se manifieste la mayor influen­ cia de las características socio-psicológicas del grupo como colecti­ vo. Consideramos que la efectividad de la fase preparatoria depende, en importante grado, del nivel de desarrollo del grupo, del grado de su unión (unidad valorativa y de orientación), de la presencia de la autodeterminación colectivista, de las manifestaciones de la identificación emocional y eficaz, de la referencia, etcétera.

 

Para comprobar empíricamente la fundamentación de los postu­ lados formulados antes, se realizaron dos investigaciones en las cuales intentamos abarcar de una manera nueva la interpretación de los datos acerca de la relación entre las interrelaciones emociona­ les y psicológicas en el grupo y la efectividad de su trabajo .

 

Investigación l. A partir de una de las ideas fundamentales de la concepción estratométrica -del nivel de desarrollo del grupo-, supusimos que la interrelación de las variables analizadas -de la efectividad grupal y las relaciones interpersonales- es mediatizada y que el nivel de desarrollo grupal, determinado por el estado de las estructuras que caracterizan al grupo como colectivo, actúa como vínculo mediatizador que influye en esencia sobre el carácter de la dependencia. Es una suposición general que representa un inten­ to de realizar de manera concreta el esquema teórico, expuesto antes, que defiende la prioridad de las relaciones en el segundo y primeros estratos de interrelaciones en el colectivo respecto a las relaciones que se forman en el tercer estrato, el superficial.

 

Las siguientes hipótesis se formularon sobre la base de esta supo­ sición: 1) la dependencia entre las relaciones emocionales y psico­

 

lógicas y la efectividad grupal, será positiva en los grupos que lo­ graron el nivel de desarrollo de colectivo . 2) La dependencia entre las mismas variables no existe en los grupos que ocupan un lugar intermedio entre el colectivo y el grupo con desarrollo insufi­ ciente . 3) La dependencia entre las relaciones emocionales y psi­ cológicas y la efectividad, será negativa en los grupos que se hallan en un nivel de desarrollo comparativamente bajo .

 

Para comprobar esas hipótesis mediante experimentos, se reali­ zó una investigación que incluía 20 brigadas en dos empresas indus­ triales de Moscú: la Fábrica de Seda «Ya. M. Sverdlov» y la planta experimental «Krasnaya Presnia» del Instituto Nacional de Inves­ tigaciones Científicas de Construcción de Maquinarias de Fundí-

 

 

198

 

c1on . El número de integrantes de las brigadas variaba de tres a siete personas .

 

Al elegir el objeto de investigación partíamos de la necesidad de realizarla en grupos que lograron en realidad el nivel de colectivo en su desarrollo . Por tanto, elegimos las brigadas de montaje y de máquinas, cuyos integrantes trabajaron durante varios años en la misma empresa, en las condiciones de una actividad de alta impor­ tancia, gran coordinación y cooperación.

 

Para determinar el nivel de desarrollo grupal investigamos cada una de esas brigadas utilizando una metódica especial, la cual in­ cluía la valoración integral del nivel de desarrollo según varios parámetros . El colectivo se caracteriza, ante todo, por la presencia del sistema de relaciones mediatizadas por el contenido de una ac­ tividad socialmente importante . Por esto, el experimento se dirigió hacia la revelación y análisis del nivel de desarrollo de este sistema de relaciones en los grupos .

 

La mediatización de la percepción interpersonal por el contenido principal de la actividad, la unión (unidad valorativa y de orienta­ ción) y la mediatización de las relaciones personales por el conteni­ do de la actividad, sirvieron como parámetros investigados . Las tres características representaban diferentes manifestaciones del sis­ tema de relaciones mediatizadas por el contenido de la actividad grupal .

 

El hecho de dependencia de la percepción interpersonal del con­ tenido de la actividad grupal, se determinó mediante un procedi­ miento, en cuyo proceso se ayudaba a precisar el patrón de valo­ raciones mutuas . Se suponía que en las condiciones de una ver­ dadera mediatización de las relaciones, las características de la per­ sonalidad esencialmente importantes para el éxito de la actividad industrial de las brigadas, integrarán el patrón de valoraciones y serán representadas en éste . A cada miembro de la brigada se le ofreció un cuestionario con 28 cualidades positivas y negativas de la personalidad, que la caracterizaban en diferentes aspectos: en la actitud hacia el trabajo, en la actitud hacia las normas de la mo­ ral social y en el aspecto de la educación formal que se manifies­ ta en la esfera de las relaciones emocionales interpersonales. Los individuos debían escoger del cuestionario cinco rasgos que consi­ deraran como los fundamentales para una personalidad en el colec­ tivo . El predominio en las selecciones de los rasgos importantes para el éxito de la actividad principal -en este caso, la actividad laboral conjunta-, actuaba como criterio de la mediatización de la

 

 

 

199

 

percepción interpersonal por los objetivos y tareas de la actividad conjunta.

 

La unidad valorativa y de orientación (UVO) se determinaba me­ diante una metódica basada en la valoración del grado de unifor­ midad de la elección . Como en el caso anterior a los sometidos al experimento le ofrecían un cuestionario con 28 cualidades persona­ les diferentes . Cada miembro del grupo tenía que seleccionar las cin­ co cualidades que él considerara principales para el éxito del tra­ bajo conjunto . El nivel de la unidad valorativa y de orientación se determinaba con la fórmula:

 

n - m

uva % - ------------- · 1 00,

 

N

 

donde: uva es la expres1on cuantitativa del grado de la unidad valorativa y de orientación en el grupo dado; n, la suma de eleccio­ nes que corresponden con las cinco cualidades que obtuvieron el nú­ mero máximo de elecciones en este grupo; tn, la suma de elecciones que corresponden con las cinco cualidades que obtuvieron el número minim© de lecciones; N, el número general de elecciones realizadas por los miembros del grupo .

 

La deducción de esta fórmula se debe a los siguientes razonamien­ tos . Como patrón del grupo con la máxima UVO posible se analizó el grupo, cuyos participantes eligen las mismas cualidades de per­ sonalidad . El grupo, en el cual todas las cualidades fueron elegidas la misma cantidad de veces, se consideró como patrón del grupo con la UVO mínima posible . A partir de estos razonamientos se formu­ laron los siguientes requerimientos a la fórmula general que expresa el nivel de UVO: en el primer caso tenía que dar el índice igual al

1 00 %, y en el segundo, al O %. El análisis de la fórmula ofrecida

 

nos convence que corresponde a esos requerimientos . Si todos los miembros del grupo eligen, sin excepción, las mismas cinco cuali­ dades personales (el caso de la UVO hipotéticamente máxima), en­ tonces el número general de elecciones que corresponden a las cinco cualidades será, de hecho, igual a la suma de elecciones hechas por los miembros de la comunidad social dada; o sea; será igual a N, y n, igual a O; toda la fórmula se convierte en 1 . Como resultado obtenemos el índice que equivale a un 1 00 %. Si, al contrario, la dis­ tribución de elecciones resulta casual, entonces con las primeras cinco cualidades importantes se corresponderán tantas elecciones

 

 

200

 

como con las cinco últimas. En este caso, la parte fraccionaria de la fórmula se convierte en O y, como resultado de esto, el índice ge­ neral de la UVO equivale a O %.

 

El carácter mediatizado de las relaciones personales - o sea, en dependencia del contenido de la actividad conjunta-, se valoraba mediante el cuestionario con tres preguntas informativas que abar­ caban los aspectos esenciales de las interrelaciones en el trabajo: la identificación con los objetivos y tareas del grupo (la aceptación

 

de éstos como motivos de actividad), la ayuda mutua en el traba­

 

j o y la manifestación del sentido de responsabilidad por los asun­

 

tos del grupo.45

 

Entre las 20 brigadas investigadas, nueve resultaron estar en el nivel de desarrollo correspondiente al colectivo; seis, en la etapa intermedia, y cinco representaban el tipo de grupos desarrollados insuficientemente .

 

Los índices fundamentales de la efectividad del trabajo producti­ vo de esos grupos -la cantidad y la calidad de la producción-, se determinaban de la siguiente manera. La cantidad de la producción se medía según el cumplimiento promedio mensual durante los úl­ timos seis meses de trabajo . La calidad se determinaba por el mé­ todo de valoraciones por expertos. Como expertos actuaron los jefes de los correspondientes talleres de las empresas, los maestros del oficio, los maestros de zonas de producción y los capataces de con­ trol . Cada uno debía valorar la calidad de la producción de la brigada subordinada directamente a él . La valoración promedio según la escala de 5 puntos, era el índice de la calidad de trabajo . No menos de cuatro expertos evaluaban el trabaj o de cada brigada.

 

El grado en que son favorables las relaciones interpersonales se determinaba por los resultados del cuestionario ofrecido a los so­ metidos al experimento . Éste incluía diez temas de comunicación interpersonal, los más frecuentes en las brigadas productivas . Se proponía a los participantes indicar qué tiempo promedio dedica durante la j ornada laboral a la comunicación interpersonal acerca

 

45   Es necesario indicar que la metódica ofrecida en la variante descrita sólo representaba el primer intento de aplicación de los principios funda­

 

mentales de la concepción estratométrica para la valoración práctica del nivel de desarrollo grupal. Nos damos cuenta de la necesidad de continuar

 

perfeccionando  la        metódica,    pero  consideramos  posible  utilizarla,  pues  per­

mite  diferenciar los  grupos  según  el  nivel  de  desarrollo  en  tres  grupos,

los  cuales  se  indican  en  las hipótesis.  Hoy  día,  esta  metódica  está  mucho

más perfeccionada.               

 

 

201

 

de cada tema del cuestionario. Entre los temas se encontraban relacionados con la actividad industrial fundamental, con las rela­ ciones interpersonales, con el teatro, con el cine, con la literatura, con los problemas domésticos, fam iliares y personales . Se suponía que la intensidad de la comunicación emocional acerca de esos temas -en su mayoría de significación personal- puede servir como indice satisfactorio de las relaciones interpersonales favorables en grupo . El índice correspondiente se establecía según la suma gene­ ral del tiempo que se empleaba en la comunicación interpersonal .

Para comprobar las hipótesis, todas las brigadas se dividieron en tres grupos según el nivel de desarrollo . El primer grupo fue cons­ tituido por las brigadas con el nivel superior de desarrollo del co­ lectivo; el segundo, por las brigadas del nivel promedio, y en el tercero, las brigadas con un desarrollo insuficiente . (Más adelan­ te, los denominaremos respectivamente el grupo de nivel alto de de­ sarrollo, de nivel promedio de desarrollo y de bajo nivel de desa­ rrollo. )

 

Dentro de cada grupo se efectuó una clasificación según varias características: por la cantidad de producción, por la calidad del trabajo y por el grado en que las relaciones emocionales interper­ sonales eran favorables. Las clasificaciones obtenidas, en las cuales las brigadas con los mejores índices se situaban en la parte supe­ rior de la serie por rangos, se correlacionaban (se calculaba el coe­ ficiente de correlación de rangos según Spearman). Los coeficien­ tes de correlación entre las relaciones y la efectividad de los grupos con diferentes niveles de desarrollo, se presentan en la Tabla 5 .

 

TABLA 5

 

Correlación de rango entre la efectividad y las relaciones interper sonales en los grupos con diferentes niveles de desarrollo

 

 

                                                       Niveles       de desarrollo        grupal

índices                                                              

                                                       Alto   Promedio    Bajo

                                                               

Vínculo     entre  las     relaciones                     

· terpersonales    y       la       cantidad                        

1ll                                                   ---0,18        -'0.56

de la producción                    0,63           

Vínculo     entre  las     relaciones                     

1· nterpersonales y       la       calidad                 ---,20

de la producción                    0,68            ---,790

 

 

 

202

 

Los resultados citados en la tabla demuestran que las hipótesis propuestas se confirmaron en lo fundamental . La correlación en­ tre la efectividad y el nivel de intimidad de los contactos emocio­ nales y psicológicos, resultó en realidad positiva en los grupos con un nivel de desarrollo del colectivo, mientras que en los grupos con un desarrollo insuficiente ésta era negativa, y en los grupos intermedios en cuanto al nivel de desarrollo no se detectó la de­ pendencia. Los coeficientes de correlación entre estas variables se aproximan al nivel de significación requerido (para P<0,05, el coeficiente de correlación de significación mínima está entre los límites de 0,70 a 0,75) .

 

La tendencia dinámica del cambio de carácter de la dependencia entre las variables analizadas, según lo esperado, se manifestó con suficiente claridad; la correlación entre las interrelaciones psico­ lógicas y emocionales y la efectividad del trabajo grupal, positi­ va en los grupos con un alto nivel de desarrollo (colectivos), se convirtió en negativa en los grupos con un nivel de desarrollo relativamente bajo . Este hecho se detecta con claridad en el dia­ grama que ilustra la dinámica de los cambios del coeficiente de correlación entre las interrelaciones y la efectividad grupal se­ gún el nivel de desarrollo del grupo (figura 5) .

 

Para comprobar una vez más la justeza de la regularidad halla­

 

da y para excluir la posible hipótesis  alternativa,  la cual  explica

 

los resultados obtenidos porque las relaciones interpersonales fue­

 

ron  valoradas  por  un  método  no  tradicional  (en  la  mayoría  de

 

las investigaciones de científicos extranjeros, las relaciones inter­

 

personales  se  valoraban mediante  el  procedimiento  sociométrico ),

 

A . Ryzhov, estudiante de la Facultad de Psicología de la Univer­

 

sidad         Estatal        de      Moscú,       realizó        otra   investigación       baj o  nues­

 

tra dirección.  Ésta tenía que responder a la cuestión acerca de la

 

veracidad de los datos obtenidos y de la posibilidad de comparar­ los con los resultados descritos antes.

 

Investigación 2. Ésta comprobó por completo los resultados de la primera. Se estructuró y realizó según el mismo esquema de la anterior. Se utilizaron las mismas metódicas, los mismos procedi­ mientos y similares objetos de investigación para obtener resul­ tados comparables . Sólo la metódica de valoración del carácter de las interrelaciones psicológicas y emocionales, constituía una ex-, cepción . En este caso, las interrelaciones se determinaban según el procedimiento sociométrico tradicional .

 

 

203

 

 

 

 

 

 

Calidad de la producción

 

 

 

Alto promedio bajo nivel Ade desarrollo del grupo

Cantidad de pro�

 

-..--  -        - ·      - -      · - --..------   - -

 

 

 

 

 

Figura 5. Dinámica de los cambios dal coeficiente de correlación entre la oíüCiividüd y las in ten elaciones según al nivel de desarrollo del grupo.

 

 

'.orno objeto de experimento actuaron 1 7 brigadas del taller de )S en el Combinado Kudinovski de artículos de cerámica en iudad Elcctrougli de la región de Moscú, Cada brigada fue cons­ da por 4-5 personas . Según los criterios que adoptamos, diez

 

las brigadas estaban en el nivel de desarrollo de colectivo, y fomás se incluyeron en la categoría de los grupos intermedios. 'odo el procesamiento estadístico posterior incluía la compara-L de las relaciones interpersonales y la efectividad grupal sólo os grupos de nivel alto y promedio de desarrollo, pues en esta :stigación no había brigadas con nivel bajo de desarrollo . Tam ­ L se calculaba el coeficiente de correlación según Spearman en­ las interrelaciones psicológicas y emocionales y la productivi-

 

( el cumplimiento mensual de las tareas del plan) en los gru­ de diferentes niveles de desarrollo .

 

'.orno en la primera investigación, el coeficiente de correlación e las interrelaciones psicológicas y emocionales y la efectivi-

 

dad en los  grupos        de · alto nivel de   desarrollo   -colectivos-, resul­

tó  positivo (0,42)  y  próximo  al  requerido  nivel  de  significación

(para  la  selección        dada  cori'�,05     debe  ser     0,56),  mientras  que

 

en los grupos de nivel intermedio * lá: relación entre las mismas va­ riables era igual a O (0,02),

 

Los datos obtenidos en la primera y la segunda investigación confirman la suposición de que el nivel de desarrollo grupal ac­ túa como factor esencial que mediatiza las relaciones entre las in­ térrelaciones psicológicas y emocionales y la efectividad grupal . Demuestran que si en el grupo las relaciones interpersonales son realmente mediatizadas por el contenido valorativo de la activi­ dad fundamental (en este caso, el nivel de desarrollo grupal se determinaba mediante el hecho de mediatización), las estrechas relaciones psicológicas interpersonales comienzan a actuar como un importante factor positivo de la efectividad grupal .

 

Esto tiene su explicación en que, al aceptarse los objetivos y ta­ reas del grupo por los integrantes del mismo como motivos para su p�opía actividad, los métodos y vías de la realización de éstos se conviei 'ten en uno de los principales objetos de comunicación. La intensificación de la comunicación emocional y la elevación de la frecuencia de los contactos interpersonales bilaterales, con­ duce al acrecentamiento del intercambio de experiencia, a la ac­ tivación de ayuda mutua, a la elaboración de mejores soluciones y, como consecuencia, al incremento de la efectividad del trabajo en general . El tiempo que se emplea en la comunicación interperso­ nal, por un lado, y el calor de las relaciones interpersonales, por otro, en el caso dado, es útil al grupo en el aspecto de la reali­ zación de su actividad fundamental .

 

 

En los grupos de poco desarrollo, en los cuales las relaciones in­ terpersonales no son mediatizadas por el contenido de la activi­ dad socialmente útil, sucede lo contrario. En estos grupos, la co­ municación interpersonal se centra, ante todo, alrededor de los temas relacionados con los objetivos y tareas planteados al gru­ po, pero de manera indirecta; en esas condiciones, las relaciones psicológicas y emocionales estrechas, lej os de facilitar el traba­ jo del grupo, distraen a los participantes del contenido funda­ mental de la actividad . Cuando no existe mediatización de las in­ terrelaciones por las tareas y objetivos de la actividad conjunta, ésas pueden llegar a relaciones de nepotismo, fam iliaridad, y otras por el estilo .

 

 

 

205

 

La poca significación de las dependencias de correlación den­ tro de cada uno de los pares variables - interrelaciones y cantidad de producción, interrelaciones y calidad del trabajo- se explica, en nuestra opinión, por la complicada determinación de esos índi­ ces de la efectividad . Sus manifestaciones concretas no sólo depen­ den de las relaciones socio-psicológicas existentes dentro del gru­ po, sino de una multitud de otros factores de naturaleza ajena a la psicología: la organización de la producción, el abastecimiento material. e instrumental, la calidad de la materia prima y el estado técnico de las máquinas, la calificación del trabajador, etc. En ge­ neral nos parece dudoso que sea posible conseguir altos coeficien­ tes de correlación entre las variables dadas, pues los fac tores psi­

 

cológicos  no  desempeñan el  papel rector en  la determinación de

la productividad industrial .  Son un factor secundario, aunque im-

portante,' de la efectividad grupal .   ·

      

Sin embargo, el rango de los cambios obtenidos del coeficümte de correlación sobrepasa, a ciencia cierta, la unidad (en la prime­ ra investigación constituía el promedio de 1 ,2), por eso podemos considerar las hipótesis fundamentadas . Además, ambas inves­ tigaciones se realizaron con la participación de un número de per­ sonas bastante elevado como objetos de investigación, que incluían 32 grupos (más de 1 70 personas) y dieron en la práctica los mis­ mos resultados.

 

Podemos considerar la confirmación de las hipótesis no sólo como prueba de la significación de la variable «el nivel de desa­ rrollo grupal» y de la importancia de su integración en el esquema de interpretación de los vínculos entre la efectividad grupal y las interrelaciones, sino también como la prueba experimental de la concepción . estratométrica, cuyo postulado afirma que el carácter

 

mediatizado de las relaciones inter per sonales por el contenido de la actividad, es un síntoma importante del nivel de desarrollo grupal

 

 

 

Los resultados expuestos permiten trazar algunas hipótesis nue­ vas que reinterpretan y eliminan las contradicciones de las inter­ relaciones empíricas entre otras características socio- psicológicas del grupo y la efectividad de su trabajo, descubiertas antes (con preferencia, en los trabajos de los autores extranjeros). Por ejem­ plo, analizaremos la contradicción en los datos acerca de la pre­ sencia de los demás y su efecto sobre la capacidad de trabajo del individuo . En nuestra opinión, un paso teóricamente importante

 

 

206

 

en la solución de este problema debe ser admitir la dependencia entre la influencia de los demás y todo el sistema de relaciones intragrupales en el grupo que integra el individuo, más que las interrelaciones bilaterales diádicas que se forman entre el sujeto de la actividad y cada una de las personas circundantes . Podemos suponer que la influencia de la presencia de los demás será dife­ rente, si todos los participantes de la interacción -el sujeto de la actividad y las personas presentes- forman parte o no de un colec­ tivo bastante desarrollado. También puede depender de la rela­ ción existente entre las acciones del individuo y los principales ob­ jetivos y tareas de la actividad grupal . Por ejemplo, si todos los participantes en la acción conjunta son miembros del colectivo bastante desarrollado y el contenido de su trabajo es suficiente­ mente importante y corresponde con los principales objetivos y tareas planteados al colectivo; entonces, el efecto de la presencia de otras personas será el máximo. Si, al contrario, para el individuo los presentes son personas casuales (grupo difuso) y el contenido de la actividad es de poca importancia; entonces el efecto so­ bre el individuo será mínimo . En vista de los resultados obte­

 

nidos en algunas investigaciones, esta suposición parece verosí­ mil .46 La importancia de la presencia de otras personas es la con­ secuencia de su referencia respecto al sujeto de la actividad, y la referencia es la característica propia de las interrelaciones en el colectivo desarrollado, desde el punto de vista de la concepción estratométrica [Ye. V. Schedrina, 1 973, b] .

 

Posiblemente se detectará una importante influencia del nivel de desarrollo del grupo, al analizar «el efecto de Ringelman», quién llamó mucho la atención últimamente en relación con los últimos trabajos en el campo de la psicología de la efectividad ·grupal .47 Es de esperar que en el colectivo no se observará la dependencia li­ neal inversamente proporcional entre el número de miembros del grupo y el «coeficiente de rendimiento» del individuo; o sea, la ló-

 

 

46   N. B . Cottrell, D. L . Wark, Sekarak y P. H. Rittle; «Social Facilitation of Dominant Responses by the Presence of an Audience and the more

 

Presence of others», en Joumal· ot Persona/ity and Social Psichology, 1 968, vol. 9 .

 

47   I. D. Steiner: Group Process and Productivity, Nueva York, 1 972, Ing­ ham et. al. : «The Ringelman Effect Studies of Group Size and Group Per­

 

formance», en Joumal of Experimental and Social Psychology, 1 974, vol. 1 0, no. 4.

 

 

 

207

 

glca disminución del promedio de la contribución individual en el trabaj o del grupo a medida que aumenta el número de integran­ tes . La fórmula de Ringelman, aunque justa para los grupos peque­ ños, puede resultar errónea para la descripción del proceso análo­ go en el colectivo .

 

Como es sabido, en la base del efecto de Ringelman se halla la relativamente sencilla regularidad objetivamente condicionada por la real disminución de las posibilidades de participar de manera activa en la actividad todos los miembros del grupo a medida que éste crece . Mientras más numeroso es el grupo, tanto mayor será el número de los individuos que no podrán comenzar, por circunstan­ cias objetivas, el trabajo junto con los demás y al mismo tiempo (si la actividad es la misma para todos) . Sin embargo, esta situa­ ción no es fatal para el grupo, y las comunidades de diferentes tipos se comportarán en él de diferentes formas. Los participantes de un colectivo bastante formado con interés en realizar exitosa­ mente los principales objetivos y tareas del grupo, pueden ocu­ parse por su propia cuenta de otros asuntos importantes para el logro de los objetivos del colectivo, si no tienen posibilidad obje­ tiva de ser incluidos en la misma actividad que realizan los otros . Por ejemplo, si se trata de una brigada de montaje, cuyos miem­ bros trabajan en la planta en una situación cuando más de 3 -4 personas no pueden trabajar al mismo tiempo (es una situación bastante común), entonces los demás, en vez de perder el tiempo, pueden comenzar a preparar las condiciones en el lugar de tra­ baj o, instrumentos y materiales para quienes trabajan en ese mo­ mento .

 

Creemos que en cualquier colectivo es posible encontrar los re­ cursos necesarios para elevar el grado de integración de los par­ ticipantes en la actividad, y el problema principal no se ubica en el tamaño del grupo, sino en la existencia de deseo para buscar los recursos para elevar la efectividad grupal, en la capacidad de los integrantes del colectivo para realizar la «actividad por enci­ ma de las normas».

 

También ponemos en duda el carácter general de la conclusión acerca de la superioridad del grupo convencional respecto al real, el cual fue formulado por J. Lorge y otros sobre la base de los ex­ perimentos que realizaron.' 18 Los autores analizaban en su inves-

 

 

4a J. Lorge, D. Fox, J. Davitz y M. Brenner: «A Survey of Studies Contrast­ ing the Quality of Group Performance and Individual Performance, 1 920- 1 957»», en Psychological Bulletin, 1 958, no . 55 .

 

 

208

 

tigación como reales los grupos del mismo tipo experimental so­ metidos al experimento por otros científicos . La única diferencia consistía en que esos grupos no eran grupos en la acepción tradi­ cional de la palabra. Eran conjuntos de individuos, cuyos resul­ tados en el trabajo se sumaban y se investigaban como resultados de trabajo grupal . Los resultados obtenidos por los autores pueden explicarse porque era más fácil solucionar el problema planteado por los experimentadores para un conjunto de indivi­ duos que trabajaban por separado, que para un grupo de perso­ nas que trabajaban juntos, pues el trabajo en cooperación reque­ ría ciertos hábitos de interacción interpersonal, los cuales no exis­ tían sencillamente en los grupos reales . Podemos suponer que el resultado pudiera ser contrario, si el experimento lo integraran grupos bastantes desarrollados en vez de los grupos difusos.

 

El problema de la dependencia entre la efectividad grupal y el estilo de liderazgo, recibe otra interpretación en la concepción es­ tratométrica. El colectivo y el grupo difuso, a causa de sus par­ ticularidades socio-psicológicas, condicionan diferentes estilos de liderazgo . El colectivo es un grupo capaz de realizar la autoorgani­ zación y autodirección y, si partimos de la gradación tradicional de los estilos de liderazgo, el estilo democrático y el del nombre de laisser-taire, pueden resultar el mejor para el colectivo .

Para los grupos difusos no preparados para la autodirección, el estilo democrático y, en particular, el estilo laisser-taire serán los menos convenientes, porque la independencia total en un grupo no preparado suficientemente, sólo puede desorganizar su activi­ dad. A propósito, esto está comprobado por los resultados obte­ nidos por W. French . Al analizar los intentos de aplicar el estilo laisser-taire en las condiciones del experimento en el laboratorio, el autor llegó a la conclusión de que en la mayoría de los casos éste causa conflictos intragrupales y disminución de la efectividad del trabajo grupal .49

 

 

Quizás el estilo de dirección más conveniente para los grupos difusos constituidos por individuos que no se conocen y no tienen hábito de trabaj o conjunto, será el estilo caracterizado por algunos elementos de autoritarismo, pues éste resulta el más efectivo para organizar el trabaj o grupal . También podemos suponer que en Jos grupos con diferentes niveles de desarrollo se revelarán dependen-

 

 

49 W. French: Three Personnel Management Process: Human resources Administration, Boston, 1 970 .

 

 

209

 

das contrarias entre la efectividad grupal y el estilo de liderazgo: en los colectivos se observará una dependencia positiva en los casos del estilo democrático y del estilo laisser-taire y una dependen­ cia negativa en los casos del estilo autoritario; en los grupos difu­ sos se observará una correlación positiva en los casos del estilo de liderazgo con elementos de autoritarismo y la correlación ne­ gativa en los casos del estilo laisser-taire.

 

Parece posible reinterpretar los resultados desde el punto de vista del desarrollo del grupo, a causa del problema de la hetero­ geneidad y homogeneidad del mismo . Cuando se trate del colec­ tivo no nos interesará la homogeneidad o la heterogeneidad en general, sin referencia al contenido concreto de las cualidades de terminantes, sino la homogeneidad y heterogeneidad del grupo se­ gún determinadas características psicológicas individuales, impor­ tantes para la actividad conjunta exitosa. Cuando se trate de las cualidades sin relación directa con los objetivos y tareas del gru­ po, en el colectivo podrá esperarse una dependencia positiva en­ tre la efectividad y la homogeneidad según las características re­ levantes para la actividad conjunta. En el grupo difuso se mani­ festará, posiblemente, la dependencia contraria: la relación positiva entro la actividad y la homogeneidad en el aspecto de las carac­ terísticas no relevantes para el contenido de los principales objeti­ vos grupales, y negativa (o nula) en el aspecto de las característi­ cas relevantes.

 

El problema de la compatibilidad de los integrantes del grupo se relaciona de manera directa con el problema de la homogeneidad y la heterogeneidad . En este caso, el nivel de desarrollo grupal tam­ bién puede ser la variable crítica que determina una u otra forma de interdependencia. Se conoce que el colectivo es el grupo cuyos in­ tereses salen del marco de la satisfacción emocional directa. Es posible que precisamente en el colectivo se revele la dependen­ cia positiva -paradój ica a primera vista- entre la incompatibilidad psicológica relativa de los miembros del grupo y el éxito de su trabajo conjunto, pues la presencia de diferentes enfoques y pun­ tos de vista en la selección de los métodos de solución de determi­ nados problemas, es una de las condiciones principales del éxito del trabajo . La insatisfacción emocional que puede provocarse por cierto grado de incompatibilidad en el colectivo, se recompensa con amplitud por la satisfacción vinculada con el progreso en el logro del principal objetivo grupal . En el grupo difuso cuyos miem­ bros están unidos (si algo los une de verdad), sobre la base de

 

 

210

 

los intereses que surgen en la esfera de la comunicación directa, puede revelarse al contrario una dependencia positiva entre la efectividad y la compatibilidad psicológica en las características no relevantes para la actividad . A propósito, esto se demostró en las numerosas investigaciones realizadas en los grupos de labora­ torio.

 

También podemos suponer que la relación entre la cooperación

 

y     la competencia de las relaciones intra-o intergrupales, por un lado, y el éxito del trabajo del grupo, por otro, depende del nivel de desarrollo grupal . Esta suposición está confirmada indirecta­ mente por la prueba experimental de la hipótesis de A. Workie . En las investigaciones se descubrió que la combinación de la coo­ peración intra- e intergrupal que representan la colaboración y ayuda mutua en el trabajo, es la más favorable para el trabajo exitoso del grupo .

 

La posibilidad de que podemos plantear todas estas hipótesis significa que la concepción estratométrica puede ofrecer una nue­ va interpretación de los datos acumulados y que sus postulados fundamentales poseen una heurística teórica en suficiente grado .

 

 

 

Capítulo 10

 

 

ANÁLISIS DE LA ESTRUCTURA

 

JERÁRQUICA DE LA ACTIVIDAD GRUPAL

 

Uno de los postulados más importantes de la concepción estrato­ métrica radica en reconocer la situación no seriada de los diferen­ tes fenómenos grupales, en destacar los niveles superficiales y más profundos, esenciales, de la actividad intragrupal, y al mismo tiem­ po la actividad grupal sancionada por la sociedad, que mediatiza, en mayor o menor grado, las interrelaciones de la gente, actúa como un factor formador de sistemas .

 

En los grupos, según la concepción estratométrica, los diferen­ tes fenómenos de las interrelaciones de los miembros del grupo, llamados por lo general fenómenos de la actividad intragrupal, no son equivalentes . Éstos componen un sistema jerárquicamente organizado; al mismo tiempo, en esta jerarquía los rectores son

 

2U

 

fenómenos característicos      para  las     relaciones   mediatizadas        por

la  actividad  conjunta  de  los  miembros  del     grupo,         mientras      que

sus  relaciones  no  mediatizadas  ocupan una     posición      subordinada

en  la jerarquía.  El  grado      de  mediatización de      las  relaciones       por

la actividad        conjunta,  constituye      un     rasgo formador de  sistemas

de ese sistema jerárquicamente estructurado que condiciona la separación de algunas capas (niveles de la actividad) .

 

Así, la investigación de uno u otro fenómeno -desde posiciones del enfoque estratométrico- sobreentiende la correlación obliga­ toria de este fenómeno con los factores de la actividad, como re­ sultado ésta puede calificarse de manera correcta y estudiarse ade­ cuadamente . Dentro de los marcos de la concepción se presenta una serie de parámetros psicológicos concretos que corresponden a los niveles profundos y esenciales de la actividad grupal . Teóri­ camente, la existencia de estos parámetros es obligatoria para los grupos con un elevado nivel de desarrollo; o sea, los colectivos que son un tipo cualitativamente peculiar de comunidad social, característico para la sociedad socialista.

 

En algunos trabajos realizados para el presente libro dentro de los marcos de la concepción estratométrica, se obtuvieron determi­ nados testimonios acerca de que entre grupos de diferente nivel de desarrollo existen en realidad diferencias significativas en la forma de manifestarse uno u otro parámetro, por ejemplo: en los grupos de educandos de una escuela militar ocurre una identifica­ ción emocional eficaz grupal y falta en los grupos de delincuen­ tes que cumplen su pena. Sin embargo, hasta el presente no se ha hecho un estudio sistemático (dentro del marco de un plano expe­ rimental único) de la ·correlación de los diferentes parámetros de actividad intragrupal en los grupos de diferente nivel de desarro­ llo . Por eso, el postulado acerca de la estructura jerárquica por capas de la actividad grupal, es una hipótesis teóricamente argu­ mentada que tiene una serie de distintas confirmaciones empíri­ cas, y por su importancia de principio necesita serias investigacio­ nes ulteriores . El análisis, hecho en este capítulo, de los resulta­ dos del estudio comparativo de los grupos de diferente nivel de desarrollo según una serie de parámetros socio-psicológicos, re­ ferentes tanto a la capa superficial como profunda de las relacio­ nes, puede considerarse como un determinado paso en la dirección

 

señalada.

Se ha planteado la tarea de demostrar que los colectivos desa­ rrollados, seleccionados por criterios no psicológicos independien-

 

 

212

 

tes, se distinguen, en primer lugar, por determinadas particulari­ dades socio-psicológicas cualitativas cuando se comparan con los grupos que no pueden referirse a los colectivos por los resultados de su actividad vital real, y, en segundo lugar, estas diferencias no se manifiestan en cualesquiera fenómenos de la actividad in­ tragrupal, sino sólo en los que se refieren, desde las posiciones de la concepción estratométrica, a las capas profundas del sistema jerárquico, el cual forma, dentro del marco de esta concepción, un modelo teórico del grupo .

 

Como tarea adicional hemos tratado de demostrar que las me­ tódicas que utilizan ampliamente los psicólogos representan, con frecuencia, fenómenos referentes a la capa superficial de las re­ laciones, quedando fuera del campo visual de los investigadores las características más esenciales de la actividad intragrupal . Como importante testimonio del carácter superficial de la metódica pue­ de servir, a nuestro juicio, que ella no diferencia entre sí los gru­ pos de diferente nivel de desarrollo. Los datos obtenidos con la ayuda de estas metódicas tienen, como es natural, una información acerca de las interrelaciones de la gente en los grupos; sin em­ bargo, estos resultados no se interpretan dentro del marco de la teoría del colectivo, cuya estructura es la tarea más importante de la psicología social soviética. En la investigación analizada más adelante pueden servir, como ejemplo de esos parámetros super­ ficiales, los índices sociométricos de cohesión, el índice ACO de Fiedler, las evaluaciones de las cualidades individual-psicológicas de la personalidad del líder, dadas por los miembros del grupo . Como alternativas actúan índices de las relaciones mediatizadas por la actividad conjunta, como la unidad valorativa y de orien­ tación, la motivación de alternativas interpersonales y algunos otros .

 

Una parte significativa de los datos empíricos 1 analizados en este capítulo, se refiere a las particularidades de la percepción in­ terpersonal en los grupos . Es necesario subrayar que las investiga­ ciones de la percepción social ocupan un lugar cada vez mayor en la actividad de los psicólogos sociales de nuestro país . Una de las

 

La  parte   psicológica de      la       investigación        psicológico-pedagógica  integral

en  cuyo    desarrollo  se  obtuvieron         estos datos, se  realizó   por    la       posgraduada

M.  I.  Frolova,  bajo  la dirección  de         A  S.  Morosov.    La     investigación  se

hizo  en     el       contingente de      las     selecciones  de      ciclismo      en       las     condiciones

 

 

reales de su actividad deportiva y en los entrenamientos antes de las com­ petencias finales.

 

 

213

 

causas consiste en que los procesos de la percepción son la rea­ lidad psicológica que se somete bien al estudio experimental . Por eso, la mayoría de las metódicas socio-psicológicas son, en la prác­ tica, los métodos de investigación de la percepción social . En este caso es conveniente distinguir, por una parte, la tendencia cien­ tífica -en la cual los procesos de la percepción social son ob­ jeto de investigaciones especiales y la cual forma parte espe­ cial de la psicología social como ciencia (los trabajos ampliamen­ te conocidos, hechos bajo la dirección de A. A. Bodalev, pueden ser un ejemplo de esta tendencia)- y, por otra, la utilización de los métodos de estudio de la percepción social como procedimien­ to para solucionar los problemas psicológicos de un género, que salen del marco de la problemática de la comunicación y el co­ nocimiento de la gente entre sí . En nuestro caso se trata de utili­ zarlos para estructurar la teoría del colectivo .

 

El problema de los criterios no psicológicos para definir el nivel de desarrollo del grupo como colectivo, fue la primera cuestión metodológica surgida durante la realización de la idea de toda la investigación en general . El estudio de este problema fue nece­ sario para definir el principio de selección de los grupos experimen­ tales, ostensiblemente diferentes entre sí por el nivel de desarrollo, y para estudiarlos y confrontarlos más tarde por diferentes pará­ metros psicológicos. Este principio también se utiliza en una serie de otros trabajos que se realizarán dentro del marco de la concep­ ción estratométrica.

El concepto de colectivo es un claro ejemplo del concepto so­ cio-psicológico por su naturaleza, el cual no puede revelarse en principio en un solo material psicológico, pues constituye un ele­ mento de descripción de la estructura de la sociedad .

 

Como concepto científico especial, el colectivo caracteriza la peculiaridad cualitativa de la comunidad de la gente, cuya espe­ cificidad radica en que ésta se corresponde, en alto grado, con las exigencias de la sociedad socialista real, teóricamente concreta. Pero, al tener una naturaleza socio-psicológica, este concepto no se agota por el contenido sociológico, y la teoría socio-psicológi­ ca del colectivo está llamada a ofrecer un cuadro detallado de las características y regularidades psicológicas de su funcionamiento .2

 

  Lo dicho evidencia el carácter histórico, transitorio del contenido psicoló­ gico del concepto «colectivo'*, cuyas características psicológicas concretas

 

 

214

 

Las características psicológicas introducidas en la teoría del colectivo no pueden postularse de manera puramente teórica: cual­ quier concepción científica que presente un determinado modelo teórico de colectivo, sólo puede considerarse verdadera cuando los grupos con las características señaladas en la teoría, en su acti­ vidad vital, se correspondan en alto grado con las exigencias (patrones) de ]a sociedad . Si, por ejemplo, el grupo puede rela­ cionarse, según los criterios de una determinada concepción psi­ cológica, con un alto nivel de desarrollo, y, en este caso, en su práctica social real no se corresponde con las exigencias de la sociedad, entonces los correspondientes elementos de la concep­ ción psicológica deben considerarse no válidos.

Los postulados citados están llamados a subrayar la importan­ cia extraordinaria del problema de la validez de las investigacio­ nes socio-psicológicas de los colectivos, la importancia del análi­ sis especial de los datos obtenidos desde este punto de vista. Hoy día, este problema conduce en la práctica real de investigación a la necesidad de estudiar los criterios no psicológicos exteriores de la valoración del nivel de desarrollo del grupo, como un gra­ do de su correspondencia con las exigencias (normas) de la so­ ciedad socialista. Y si en el plano teórico la cuestión está bas­ tante clara -las exigencias al primer colectivo socialista se re­ flejan en los documentos programáticos correspondientes y se utilizan de hecho en la organización de los movimientos sociales grandes, como la emulación socialista-, en el nivel de las investi­ gaciones empíricas surgen ciertas complejidades .

 

En el presente, esta cuestión ha adquirido una gran actualidad y agudización, para el desarrollo de la concepción estratométrica de la actividad grupal . En las etapas iniciales de su desarrollo, cuan­ do el objetivo principal de las investigaciones empíricas consistía

 

en buscar y destacar, de manera experimental, algunos paráme­ tros del colectivo aceptados según los postulados teóricos, era suficiente seleccionar los grupos cualitativamente diferentes entre sí según la definición y, por consiguiente, ostensiblemente dife­ rentes por el nivel de su desarrollo . Por ejemplo, se comparaban grupos compuestos por delincuentes que cumplían su pena, y gru­ pos de alumnos de una escuela militar que habían pasado mu-

 

deben variarse a medida que cambien las condiciones sociales y la con­ ciencia social, a medida que se desarrolle la sociedad socialista, a medida que varíen las exigencias planteadas a los grupos sociales.

 

 

215

 

chos años de desarrollo en condiciones especialmente organizadas de educación colectivista. La selección de estos grupos polares ga­ rantizaba, con mucha probabilidad, la revelación experimental de los parámetros que diferencian los grupos por el nivel de su desarrollo . La introducción del concepto grupo difUso subrayada la polaridad de los grupos seleccionados: en un grupo difuso que se caracteri­ za por una menor experiencia de interacción, los procesos de for­ mación de colectividad aún no han comenzado en esencia.

 

El tránsito hacia una nueva etapa de desarrollo de la con­ cepción estratométrica, ha planteado elevadas exigencias a la téc­ nica del experimento y necesitaba un enfoque mucho más preciso para la selección de los grupos experimentales . Las brigadas pro­ ductivas reales, los equipos deportivos y los grupos docentes que ahora se convierten en objeto constante y principal de la investi­ gación, no caen en la valoración de la escala simplificada «grupo difuso-colectivo» .3 Éstos tienen, por lo regular, una larga experien­ cia de interacción en el transcurso de la actividad socialmente sig­ nificativa, y cada uno tiene la estructura de la actividad grupal compleja, de ningún modo difusa, diferenciándose de manera muy marcada en este caso entre sí por el nivel de educación, de desa­ rrollo social, por el grado de correspondencia con las normas de nuestra sociedad .

 

 

La ampliación de las oscilaciones en este sentido puede ser muy grande, incluso dentro del marco de una organización, de una empresa: desde grupos prácticamente antisociales por los resulta­ dos de su actividad, los cuales se encuentran sujetos a una inter­ vención radical por parte de la sociedad, hasta los colectivos modelos . En la vida real, estos extremos se encuentran raras veces. El desarrollo de la mayoría de los grupos como colectivos no transcurre con uniformidad, y destacar con fines experimentales los grupos realmente diferentes por el parámetro «nivel de desarro­ llo del grupo como colectivo», resulta demasiado dificil. La im­ perfección de los criterios utilizados para destacar los grupos de diferente nivel de desarrollo y su variabilidad de una investigación a otra, dificultan aún más el problema y hacen que se comparen

 

3     En los últimos trabajos teóricos, este esquema lineal inicial «grupo difuso­ colectivo» * desaparece como la representación de los dos vectores de la for­ mación de la colectividad (A . V. Petrovski, 1 977; A. V. Petrovski, V. V. Shpa-linski, 1 9781 , ver también el capítulo 1 2 del presente libro.

 

 

216

 

con dificultad los resultados de distintos autores . Para la psicología experimental el método habitual de superación de las dificultades señaladas mediante la selección de los grupos de laboratorio, es inadmisible a causa de los postulados teóricos de la concepción estratométrica, la cual niega la posibilidad de obtener datos válidos acerca del colectivo en los grupos difusos de labora­

 

torio. Todo esto forma un problema complejo para el desarrollo de las investigaciones dentro del marco de la concepción estrato­ métrica. La teoría bastante desarrollada del colectivo nos ayudará en cualquier momento, auxiliándonos de las metódicas psicológi­ cas válidas, a seleccionar grupos reales diferentes por su nivel de desarrollo . Pero en la actualidad la selección de grupos de di­ ferente nivel de desarrollo según las metódicas psicológicas, nos conduce a un círculo vicioso: por ahora, la teoría existente no es­ tá valorada por criterios externos, los parámetros psicológicos del colectivo (hipotéticos) no pueden ser un argumento suficiente para destacar los grupos experimentales diferentes por el nivel de desa­ rrollo, pues estos mismos parámetros son válidos, en el mejor de los casos, sólo dentro del marco de aquel esquema aproximado, en el cual se destacaron.4

 

Todo lo dicho nos obliga a tratar, con especial atención, el pro­ blema de la búsqueda de criterios externos no psicológicos para evaluar el nivel de desarrollo de los grupos como colectivos, los cuales permitirían responder, sobre una base empírica única, la cuestión acerca de «la validez ecológica» de los postulados elabo­ rados de la concepción estratométrica. La dificultad consiste en hallar criterios concretos e índices empíricos, y en el sentido teó­ rico, la cuestión acerca de la definición no psicológica, sociológica del colectivo está bastante clara como se ha señalado antes. La com­ plej idad estriba en que al grupo se le plantea, por parte de la so­ ciedad, una gran cantidad de diversas exigencias, y no podemos

 

analizar  la  correspondencia  de  los grupos  estudiados con    cada

una de ellas por separado . Surge la tarea de destacar algunos as-    

4 Si se      aprovecha   el       ejemplo  mencionado     antes para  ilustrar la       compara­

ción de      los  grupos  de      delincuentes  y  los         grupos        de  alumnos  de    la       escuela

 

militar, entre quienes se manifestaron diferencias cualitativas durante la identificación eficaz y emocional del grupo, debe señalarse que esta diferen­ cia no debe mantenerse teóricamente del todo obligatoria, cuando se com­ paran los grupos de alumnos diferentes entre sí por el nivel de desarrollo.

 

 

217

 

pectos principales de la actividad del grupo, esenciales en la eva­ luación de la sociedad .

 

Propusimos la siguiente solución de esta cuestión . La actividad de cada grupo se examina en tres aspectos, a los cuales correspon­ den los criterios teóricamente destacados de la evaluación, desa­ rrollados en cada caso concreto en un conjunto de índices empíricos diferentes para los grupos de distinto tipo: deportivos, producti­ vos, docentes, estudiantiles, etcétera.

 

Ante todo, cada grupo social institucional cumple cierta función social mente útil, prescrita a este tipo de grupos . El primer crite­ rio de la evaluación de un grupo social corresponde a la cali­ dad del cumplimiento de una función: en una brigada de trabajo se tiene en cuenta la calidad y la cantidad de la producción; en un equipo deportivo, el resultado deportivo; en una sección del ejército, el nivel de preparación política y combativa. En cada caso, los índices concretos son diferentes, pero detrás de ellos hay afgo común; o sea, la evaluación del cumplimiento de la función social fundamental, la participación exitosa del grupo en la división so­ cial del trabajo .

 

Al mismo tiempo, cada grupo está integrado a un determinado sistema social que prescribe ciertos métodos para cumplir las fun­ ciones sociales y las reglas de la actividad social . El grupo, como sujeto de una acción social, no tiene libertad para escoger cuales­ quiera modos de conducta, y el grado de su correspondencia con las normas y el sistema de esferas sociales durante el funciona­ miento, es el segundo criterio de la evaluación del grupo . En este caso se destacan exigencias no específicas: las normas sociales generales que se les plantean a todos los grupos sociales, indepen­

 

dientemente de su tipología; por ejemplo, la observancia del có­ digo moral del constructor del comunismo, así como otras normas jurídicamente legalizadas y no legalizadas; por ejemplo, la obser­ vancia de las normas jurídicas del código penal . Los índices co­ rrespondientes, semejantes en principio para todos los grupos, son un punto particular del segundo criterio.

 

Otro punto de este segundo criterio lo forman las exigencias es­ peciales que se les plantean a los grupos en relación con sus par­ ticularidades profesionales y otras . Estas exigencias son extraor­ dinariamente específicas y cambian según el contenido de la acti­ vidad de los distintos grupos . Como en el caso anterior, estas normas pueden legalizarse en documentos o existir en forma de «ética profesional»* (por ejemplo, en el deporte son, por una parte,

 

 

218

 

las reglas de las competencias deportivas y, por otra, la ética de­ portiva, no fij ada en documentos). La experiencia del uso de este esquema en investigaciones concretas, demuestra que el grado de correspondencia con estas leyes <»no escritas»» resulta con frecuen­ cia el indicio más informativo .

 

El tercer aspecto del funcionamiento de cualquier grupo consiste en que éste es un micromedio de subsistencia de una personalidad particular. Casi todas las formas de interacción de la personalidad con la sociedad, se realizan mediante grupos concretos. La asi­ milación de las valoraciones o ideales de la sociedad, el pro­ ceso normal de la socialización, la adaptación psicológica y la au­ torrealización de la personalidad, son posibles en la medida en que éstos se realicen dentro del marco de grupos concretos. De aquí surge, como tercer criterio de la evaluación de un grupo, su ca­ pacidad para garantizar a cada uno de sus miembros la posibili­ dad de un desarrollo armónico pleno de valor de la personalidad, y la correspondencia de una atmósfera psicológica en el grupo con los conceptos humanos de que el hombre es el valor superior y el objetivo final del desarrollo social .

 

Las tres funciones mencionadas del colectivo socialista se en­ cuentran formuladas de manera diferente, con bastante frecuencia, en la literatura sociológica y política. La valoración de la pro­ ductividad (efectividad) de la actividad grupal no requiere expli­ caciones . La segunda función tiene mucho en común con el con­ cepto modo de vida socialista y la tercera, la humana y educativa, se aproxima, a nuestro juicio, al concepto clima psicológico del colectivo, aunque este concepto se utiliza comúnmente en un sen­ tido más amplio.

 

La característica fundamental de este esquema teórico aproba­ da en una serie de investigaciones, consiste en la independencia analítica de los tres criterios señalados . Esto significa que cuan­ do se hace una investigación «seccionada»», simultánea, un grupo puede caracterizarse por cualquiera combinación de índices el desarrollo en relación con cada uno de los tres criterios . Por ejemplo, un equipo deportivo con un resultado deportivo ex­ traordinariamente elevado, puede tener un baj o índice según el segundo criterio, el cual rompe de manera constante la norma de una ética deportiva. Y a la inversa, siendo un ejemplo según el tercer y segundo criterios, el grupo puede tener un bajo resultado deportivo . En principio son posibles, y durante las investigaciones se han encontrado en realidad, cualesquiera combinaciones . Al mis-

 

 

 

219

 

 

mo tiempo, el postulado acerca de la independencia del criterio no significa que los parámetros aislados de una manera puramente estadística no pueden relacionarse . Es totalmente posible, por ejem­ plo, que en los grupos de estudio el alto desarrollo según el tercer criterio, el «humano», vaya acompañado con más frecuencia de un alto nivel de conocimientos, pero esto no es obligatorio en princi­ pio, y en determinadas condiciones es del todo posible una de­ pendencia inversa.

 

El segundo momento fundamental del enfoque analizado consis­ te en que el grupo puede relacionarse con un alto nivel de desa­ rrollo sólo cuando hay índices suficientemente altos según cada uno de los tres criterios. No puede considerarse colectivo una bri­ gada de obreros que muestre bajos índices de producción, al cum­ plir de manera insuficiente su función principal; o un equipo de­ portivo que alcanza la cima de la maestría sobre la base de normas de conducta que no se corresponden con el modo de vida soviético; o una sección científica que haya alcanzado éxitos profesionales al precio de la deformación monstruosa de la personalidad de al­ guno de sus integrantes .

 

Más adelante se cita el ejemplo del desarrollo del esquema teó­ rico analizado (los tres criterios no psicológicos de la evaluación de los grupos) en forma de selección de índices empíricos, los cua­ les han permitido clasificar los grupos examinados según el nivel de desarrollo . Con la ayuda de los mismos se seleccionaron los grupos experimentales en una investigación realizada en equipos deportivos . Todos los resultados experimentales analizados en este capítulo, se obtuvieron precisamente durante esta investigación .

 

Para estudiar los índices empíricos y evaluar por ellos a los equi­ pos deportivos, se aplicaron los métodos tradicionales de observa­ ción, análisis de documentos, interrogatorio a los entrenadores, deportistas y capitanes de los equipos . Se tenía en cuenta al máximo la especificidad del tipo de actividad . Como resultado se obtuvieron los siguientes índices, agrupados en bloques según los tres criterios no psicológicos de la evaluación de los grupos, analizados con anterioridad.

 

l . Bloque de evaluación de la efectividad de la actividad de­ portiva:

1 ) resultados de todo el equipo demostrados en las competen* cias más importantes .

 

 

220

 

2)    Resultados individuales de los miembros del eqmpo en las competencias importantes .

3)    Correlación de los resultados en los aspectos relativamente individuales de las competencias (carreras individuales, en gru­ po y criterio) y por equipo (por equipo, de muchos días) .

 

4)    Dinámica de los resultados del equipo después de la tem­ porada deportiva.

 

5)    Dinámica de los resultados del equipo después de varias temporadas.

 

 

11.  Bloque de evaluación de la adecuación de la conducta a las normas sociales:

 

1 ) Correspondencia o no con las normas sociales generales: se fij aban los siguientes trastornos (se sobreentiende que los no típi­ cos) : a) deterioro de las propiedades; b) peleas; c) pequeños ro­ bos; d) borrachera; ofensa al personal de servicio en las reunio­ nes; e) expresiones obscenas; f) aspecto externo desagradable y provocador de los miembros del equipo .

 

2)    Correspondencia o no con las normas especificas (profesio­

nales):5 a)  Infracción  de  las  reglas  formalmente  establecidas  de

 

la actividad deportiva fij ada en las actas de competencia e infor*

 

mes acerca de la realización de los encuentros docentes de en­ trenamiento: a) «liderazgo»; b) crossing; c) expresiones obscenas durante la carrera; d) groserías, discusiones con los árbitros; e) infracción del régimen en los encuentros docentes de entrenamien­ to .

 

3)    Infracción de las normas de la ética deportiva no estableci­ das, formalmente «no escritas», pero que funcionan en realidad:

a)    intento de ganar la meta, sin trabajar en el «despegue»; b) uti­ lización de procedimientos de lucha deshonestos en las competencias

(opinión    de      los     miembros   del     equipo,  como      los       «carreteros»);

c)     ignorancia   de      los  intereses         del     equipo        durante       las       carreras

(no ayudan al líder del equipo, no esperan cuando se avería una

       En     la       enumeración  que se      hace  más   adelante      hay       términos     específicos

de    la       rama  del  ciclismo:        «liderazgo»  significa  utilizar  un       transporte  que

 

se  mueva  adelante  y  que  corta  el  aire  para   mejorar       su      resultado;  crossing,

alteración  del  movimiento  rectilmeo  con  el     fm  de  molestar  a  los   adver­

sarios;       «carretero", deportista  que  trata  de  envolver     al       adversario       en  la

meta,        sin  trabajar en  la  distancia                                

 

 

221

 

 

bicicleta o se perfora un tubo); d) negar ayuda a los deportistas de otros equipos (en la carrera no se comparte el agua, la comida, en el entrenamiento no se presta ayuda a quien tiene problemas) .

 

III    . Bloque de evaluación del grupo como medio para el pleno desarrollo de la personalidad:

 

Se fij aba garantizar condiciones para: 1 ) obtener o continuar la instrucción; 2) dominar una profesión; 3) elevar la calificación;

 

4)    satisfacer las necesidades personales; 5) garantizar las necesida­

 

des habituales; 6) ampliar el horizonte cultural; 7) elevar el nivel de los logros deportivos individuales .

 

Después de estudiar los resultados, cada equipo obtenía una evaluación escalonada del nivel de desarrollo según cada uno de los tres bloques; es decir, evaluaciones de: «indudablemente alto», «más bien alto», «regular», «más bien baj o», «indudablemente bajo». Los equipos cuyo nivel de desarrollo según los tres parámetros se evaluaba como «indudablemente alto» (ocho equipos), se relaciona­ ban con los grupos de un alto nivel de desarrollo . Los equipos cuyo nivel de desarrollo según los tres parámetros se evaluaba como «indudablemente bajo», se relacionaban con los grupos de bajo nivel de desarrollo (cinco equipos) . Los restantes ocupaban una posición intermedia y se excluían de la selección cuando se analizaban las cuestiones relacionadas con el nivel de desarrollo del grupo. Para garantizar al máximo la aparición precisa de las ten­ dencias que caracterizan los niveles de desarrollo de los grupos, se utilizó un criterio muy severo de «selección» - más de la mitad de la elección ( 1 6 equipos) se excluyeron como casos interme­ dios-, Posiblemente, gracias a esto, en la elección que sólo se in­ trodujeron 13 equipos se obtuvo una serie de resultados convin­ centes que responden a las exigencias normales de la estadística matemática.

 

 

La segunda cuestión metodológica importante que requiere un análisis especial junto con el problema de los criterios no psico-_ lógicos de la evaluación del nivel de desarrollo del grupo, se re­ laciona con la metódica que investiga la percepción interpersonal en el grupo (metódica de la PIP), con cuya ayuda se obtiene gran parte de los materiales experimentales analizados en este capítulo . Dentro del marco del programa de toda la investigación en gene­ ral, esta metódica se destinaba para obtener información acerca

 

 

222

 

La composición de los equipos de alto y bajo niveles de desa­ rrollo por los dos índices sociométiñcos (afines entre sí) de cohe­ sión, no demostró ninguna diferencia significativa. Así, los índices de coeficiente recíproco en los grupos de alto y bajo niveles de

 

desarrollo,  componían  -según  el  criterio  funcional-  el  44,8  % Y

 

el 40 %, respectivamente, y en relación con el criterio emocional,

 

el 57,9% Y el 54,3%.

 

El índice del coeficiente de satisfacción también resultó muy parecido en los grupos con diferente nivel de desarrollo . Es curio­ so que la cantidad de deportistas que demostraron una satisfac­ ción máxima por las interrelaciones ( 1 6,6%), en los equipos de bajo nivel de desarrollo, sobrepasa, incluso, la cantidad de depor­ tistas satisfechos al máximo por las interrelaciones (7 %), en los grupos de alto nivel de desarrollo .

 

El índice de unidad valorativa y de orientación (UVO), estu­ diado en una serie de investigaciones y analizado en detalle en el correspondiente capítulo de este libro, se presenta como una alternativa de este tipo para los índices sociométricos de cohesión dentro del marco de la concepción estratométrica. El procedimien­ to para obtener el índice de UVO, utilizado en los trabajos ante­ riores, presupone el rango del conjunto de cualidades como fun­ damento para la ulterior elaboración .

 

En este trabajo se utilizó otro índice de unidad valorativa y de orientación, en este caso se ha mantenido por completo la com­ prensión de este importante parámetro de la concepción estratomé­ trica, como frecuencias o grados de coincidencia de las opiniones, evaluaciones, objetivos y posiciones de los miembros de los gru­ pos en relación con los objetos (personas, fenómenos, sucesos) más significativos para el grupo en general . Como índice se tomó la dispersión de las evaluaciones de escalas, por parte de los miem­ bros de los grupos, de los objetos significativos para el grupo en general . En un equipo deportivo como objeto significativo seme­ jante actúa, ante todo, su entrenador, en especial en el período de los encuentros docentes de entrenamiento y las competencias, cuando también se efectuaba esta investigación .

 

Se tuvieron en cuenta dos variedades concretas del índice de UVO: la consistencia de las opiniones de los deportistas respecto a la tendencia colectivista del entrenador (según los datos de la escala analizada en la parte anterior), así como la unidad de los deportistas en el deseo de continuar los entrenamientos bajo la dirección de su entrenador. La autenticidad de las diferencias, se-

 

 

239

 

gún el nivel de la UVO entre los grupos de diferente nivel de de­ sarrollo, se determinaba con la ayuda de] criterio de Fisher. Los datos correspondientes se citan en la Tabla 10 . La unidad de las opiniones respecto a la tendencia colectivista y cualidades morales y de trabajo del entrenador, resultó más característica para el gru­ po de alto nivel de desarrollo . Para los grupos de bajo nivel de desarrollo es característica una variación muy grande de opinio­ nes acerca de ambos índices; es decir, una baja unidad valorativa y de orientación.

 

 

TABLA 1 0

 

 

Indice de la unidad valorativa y de orientación (UVO)

 

de los equipos deportivos

 

 

 

       UVO en los grupos

índice investigado        �------

       Alto nivel    Bajo nivel

--------·-  -  -----           

I . Lo aceptable del trabajo             

del entrenador    37,28 125,44

II. Tendencia colectivista               

de la personalidad                

del entrenador    42,38 147,62

 

* Las diferencias tienen valor estadístico en el nivel P " 0,05 .

 

 

 

 

 

 

 

F-criterio de Fisher

 

 

 

3,36*

 

 

3,48*

 

 

El carácter superficial de la mayoría de los índices sociométri­ cos -en particular, de los índfoes de cohesión-, es evidente . Sin embargo, esto significa que en los grupos de alto nivel de desa­ rrollo las relaciones sociométricas que se manifiestan no pueden llevar sobre sí el sello de mediatización por el carácter de la ac­ tividad, los objetivos y las tareas de la misma. En este sentido, el análisis de las particularidades de la estructuración de los grupos en subestructuras emocional y de trabajo, y, sobre todo, de la co­ rrelación de estas subestructuras en los grupos de diferente nivel de desarrollo, ofrece un interesante material . Por estructuración entendemos la correlación del número de miembros del grupo con status diferente .

 

 

 

 

 

240

 

TABLA 1 1

 

Cantidad de miembros del equipo con diferentes status, según los criterios funcional y emocional (en %)

 

 

Nivel de desarrollo del

grupo

Status sociométrico

 

 

       Alto

Criterio funcional         64,5

Alto + bajo        

Medio       35,5

Criterio emocional       1 1-1

Alto + bajo        

Medio       88,9

 

 

Bajo

 

 

1     5,8

 

84,2

 

26,3

 

73,7

 

 

Los datos citados en las Tablas 1 O y 1 1 testimonian la diferen­ cia cualitativa de las particularidades de la estructuración en el colectivo deportivo, en comparación con el grupo de bajo nivel de desarrollo . En la esfera de las relaciones funcionales, de trabajo, en los colectivos de alto nivel de desarrollo tiene lugar la clara desigualdad de la distribución de las selecciones sociométricas . El 64,5 % de los miembros de los equipos se refiere a la categoría de líderes evidentes, o tiene un status muy bajo, al seleccionar la pa­ reja para participar en tina carrera dificil, de muchos días . En otras palabras, en los equipos de alta efectividad, los deportistas saben con exactitud «quién es quién» desde el punto de vista de las habilidades profesionales; sólo el 35,5% de los miembros de es­ tos colectivos ocupa una posición indeterminada, intermedia en la subestructura funcional .

 

En los grupos de bajo nivel de desarrollo, el cuadro es diamen­ tralmente opuesto: ninguna persona ocupó la posición de líder evidente según el criterio de trabajo, y sólo el 1 5,8 % de los miem­ bros de los equipos resultó aislado . En cambio, el 84,2 % de los miembros de los equipos de baj o nivel de desarrollo ocupó una po­ sición indeterminada, intermedia durante las selecciones recípro­ cas para participar en una carrera dificil, de muchos días. Las diferencias analizadas entre los grupos de alto y bajo niveles de desarrollo, son ciertas de una manera estadísticamente alta.

 

 

241

 

Pero al pasar a la esfera de las relaciones emocionales, el cua­ dro cambia de manera radical al opuesto . En los colectivos, la subestructura emocional tiene una función compensadora: la desi­ gualdad claramente manifiesta y la jerarquía precisa en la subes­ tructura funcional, se enriquecen con la uniformidad de la distribución de las selecciones recíprocas en la subestructura emo­ cional; o sea, el 88,9% de los miembros de los colectivos deportivos tienen un status medio, favorable en el sistema de interrelaciones «humanas», lo cual neutraliza el posible efecto ne­ gativo de gran «polarización» de la subestructura funcional. En cuanto a los equipos de bajo nivel de desarrollo, la subestructura emocional no tiene esa función compensadora y el grado de estruc­ turabilidad aumenta, incluso, un poco cuando se pasa del criterio funcional al emocional en las selecciones sociométricas .

 

Los datos citados demuestran lo productivo de utilizar el prin­ cipio de mediatización, inherente al enfoque estratométrico, al ana­ lizar los diferentes problemas, incluidos los tradicionales y «tri­ viales», a los cuales podría referirse la cuestión acerca de la correlación de las dos subestructuras .

 

Los índices de motivación de las selecciones interpersonales ocu­ pan un lugar importante en una serie de parámetros específicos, señalados en la concepción estratométrica. La esencia de esta cues­ tión consiste en que en los grupos de alto nivel de desarrollo las selecciones interpersonales deben mediatizarse,* es decir, llevar so­ bre sí el sello de las relaciones de la actividad de los miembros del grupo . Señalaremos que, como en el caso de la unidad valora­ tiva y de orientación, el procedimiento más difundido para ob­ tener el índice de «núcleo de motivación de las selecciones», no está predeterminado por el contenido estrictamente teórico del pa­ rámetro . Durante la práctica real de investigación, los aspectos técnicos para obtener los índices y los procedimientos pueden de­ sarrollarse y modificarse.

 

En esta investigación, la motivación de las selecciones interper­ sonales se caracteriza por la correlación de las selecciones socio­ métricas con las particularidades de la percepción interpersonal, según los tres factores de la metódica de la PIP . En otras palabras, se ha propuesto que en un colectivo desarrollado la perso­ na que selecciona a la pareja en la selección sociométrica, percibe, al mismo tiempo, esta pareja como quien hará un gran aporte en la integración de trabajo del grupo; en esto debe manifestarse

 

 

242

 

la mediatización de las relaciones por los objetivos de la activi­ dad.

 

TABLA 1 2

 

Composición de los grupos según la motivación de las selecciones interper sonales en las evaluaciones de escalas de la metódica de la PIP (criterio funcional)

 

 

 

índice investigado                 Nivel de desarrollo del

                          grupo

                                   

--------                                            

                          Alto            Bajo

Factores de la percepción                                  

interpersonal                M ± m                  M ± ni

l. Integración de trabajo                           

                                   

del grupo  4,03 ±0,34  0,34 ± 0,0 1

II. Integración emocional                                  

del grupo  5,71 ± 0,28 0,80 ± 1,1 1

III . Influencia personal en                                 

el grupo    3,34 ±0,36  0,5 1 ± 0,95

 

* Las diferencias tienen valor estadístico en el nivel p /\ 0,05 .

 

TABLA 1 3

 

 

 

 

t-criterio

del alutllilo

 

 

 

3,20*

 

3,85*

 

2,72*

 

 

Composición de los grupos según la motivación de las selecciones interpersonales en las evaluaciones de escalas de la metódica de la PIP (criterio emocional)

 

 

Indice investigado        Nivel de desarrollo de los

       grupos

      

 

 

Factores de la percepción       Alto

interpersonal      M ± m

l . Integración de trabajo       

      

del grupo  2,46 ± 0,35

 

11.  Integración emocional

del grupo  4,06 ± 0,35

III. Influencia personal en     

el grupo    2,49 ± 0,74

 

 

 

 

·---  --�     t-criterio

Bajo del alumno

      

M ± m      

0,43 ± 0,95         1 ,99*

1,43 ± 1,06         2,30*

0,63 ± 0,67         1 ,86

 

 

* Las diferencias tienen valor estadístico en el nivel p 5 $ 0,05 .

 

 

243

 

Los correspondientes datos se citan en las Tablas 1 2 y 1 3 . Sólo se revelan las diferencias evidentes, convincentes, en la motiva­ ción de las selecciones sociométricas entre los equipos de dife­ rente nivel de desarrollo . En los colectivos, los resultados son completamente comprensibles y lógicos: cuando se selecciona la pareja para pasar juntos el tiempo libre, los deportistas prestan atención a su aporte en la integración emocional y de trabajo . Al hacerse la selección según el criterio funcional, de trabajo, las exi­ gencias a la pareja en la esfera de la integración de trabajo au­ mentan en mucho (desde 2,43 a 4,03); o sea, la manifestación de la mediatización de sus relaciones por las tareas de la actividad conjunta.

 

Los resultados del análisis de la motivación de las selecciones interpersonales en los grupos de bajo nivel de desarrollo, son opues­ tos, y hasta hay cierta paradoja. Las parejas seleccionadas en el interrogatorio sociométrico se valoran de una manera excesivamente baja según los factores de la percepción interpersonal, incluso como parejas seleccionadas según el criterio funcional, intervienen depor­ tistas cuyo aporte a la integración emocional y de trabajo del gru­ po, lo valoran los mismos seleccionados como un aporte negativo, portador de la desorganización y frustración del equipo . Es curio­ so que, al seleccionar como pareja para una carrera de muchos días a semejante «lídern, el deportista puede dar altas calificaciones, to­ talmente favorables de las cualidades de trabajo y personales de los otros miembros del grupo .

 

Los fenómenos mencionados requieren un análisis cuidadoso y otras investigaciones, pero en este caso las diferencias detectadas se explican, ante todo, por las diferencias en la responsabilidad de los deportistas en los resultados de la actuación de su equipo en las competencias . El carácter paradój ico del cuadro en los grupos de bajo nivel de desarrollo, desaparece cuando se analizan los ma­ teriales de las observaciones, las conversaciones con los entrenado­ res y los deportistas . Los miembros de los grupos de bajo nivel de desarrollo durante la carrera de muchos días, sólo se inquietan, por lo regular, por la posición personal en la pizarra del torneo. A se­ mejante deportista que sólo se inquieta por no ser peor que los otros del equipo, le es realmente «ventajoso» tener parejas más flo­ jas cuando se compite; incluso, en una carrera de equipo . En con­ traposición a esto, la selección de una pareja más estable por parte de los miembros del colectivo durante la realización de la sociome­ tría, está condicionada por la alta responsabilidad de ellos por el

 

 

244

 

resultado del equipo en general . En este caso, los éxitos personales pasan a un segundo plano, en lo que también se manifiesta la me­ diatización de las interrelaciones en el colectivo por las tareas, objetivos y valores de la actividad conjunta.

 

¿Qué ha demostrado la investigación realizada en general? Des­ pués de la división previa y cuidadosa de los grupos -según el nivel de desarrollo con la ayuda de los criterios no psicológicos que tienen en su base los índices de la actividad vital real de los grupos investigados, y de la posterior composición de los grupos escogidos por los índices psicológicos más diversos de la actividad intragrupal-, se obtuvo el conocimiento exacto de estos índices en correspondencia con su grado de mediatización por los factores de la actividad.

 

Los grupos de alto nivel de desarrollo se han diferenciado de los de bajo nivel de desarrollo por los índices que, en la concep­ ción estratométrica, se refieren a la segunda capa, la más pro­ funda de la actividad. Al mismo tiempo, en el nivel de la capa su­ perficial, no mediatizada por la actividad, los grupos de diferente nivel de desarrollo resultaron parecidos, sin ninguna diferencia entre sí. Es necesario subrayar en especial que para obtener estos índices superficiales, desde las posiciones de la concepción estra­ tométrica, se seleccionaron en especial metódicas más difundidas de la investigación de las interrelaciones en los grupos. Esto es tanto más importante, cuanto que la rama concreta a la que se ha dedicado la investigación -psicología de la dirección, de la orien­ tación de los colectivos- atrae la atención y despierta el interés de los pragmáticos, y las metódicas mencionadas que reflejan los aspectos no esenciales de la actividad intragrupal, se utilizan con frecuencia con fines puramente aplicados . Éstos son los resultados concretos del trabajo experimental . El aspecto metodológico es im­ portante ante todo en relación con el análisis de los mismos . En este capítulo se demuestra la validez de uno de los principales pos­ tulados teóricos de la concepción estratométrica acerca de la es­ tructura jerárquica de muchas capas de la actividad intragrupal . La importancia de este postulado halló reflej o en el nombre de la propia concepción que subraya la idea acerca del carácter estratifi­ cado, por capas de los fenómenos grupales .

 

Hoy día se hace cada vez más actual la tarea de organizar un trabajo especial orientado todo hacia un objetivo, para establecer la no contradicción de los distintos postulados teóricos de la concep-

 

 

245

 

ción estratométrica y la coordinación de los procedimientos experi­ mentales utilizados -la validez interna de la concepción, así como la revelación de la validez externa-, para la veracidad de la con­ cepción desde el punto de vista de otros criterios que reflejen, ante todo, la correspondencia de la teoría con la práctica de la vida social en nuestro país, con la práctica de la construcción del co­ munismo. Es necesario subrayar que las tareas mencionadas no pue­ den resolverse, de manera simultánea, y deben ser objeto de cons­ tantes esfuerzos investigativos.

 

Como resumen general de todo lo antes expuesto, señalaremos que los resultados obtenidos y descritos aquí han permitido dar cierto paso hacia delante en la solución de la compleja cuestión que trata acerca de la validez teórica y empírica de la concepción estratométrica de la actividad intragrupal .

 

 

 

Capítulo 11

 

 

ALGUNOS ASPECTOS PSICO-PSICOLÓGICOS

 

DE LA CONCEPCIÓN ESTRATOMÉTRICA

 

La necesidad de un enfoque integral de los problemas de la educa­ ción, acerca del cual se trató en el XXV Congreso del PCUS, pre­ supone la utilización de un aspecto de amplia variedad de deter­ minadas ciencias afines con la pedagogía, entre las cuales la psico­ logía social tiene una importancia esencial .

 

El proceso de la educación se realiza en el colectivo y con la ayuda del colectivo, esto es una perogrullada. ¿Pero qué repre­ senta en un sentido psicológico este instrumento de educación de la personalidad? ¿Acaso no suena de una manera demasiado tec­ nológica la palabra «instrumento'»? En realidad, el colectivo son personas vivas y muy diferentes, relacionadas por un complejo sistema de relaciones interpersonales que se esfuerzan por un mis­ mo objetivo, pero preparadas para realizarlo por diferentes méto­ dos . Comprender las regularidades del proceso de formación y fun­ cionamiento del colectivo, significa encontrar la posibilidad de influir de una manera orientada y efectiva sobre la personalidad.

 

 

246

 

reorgamzar, si así se reqmere, todo el clima psicológico del co­ lectivo .

 

El enfoque concreto-histórico del estudio de los fenómenos so­ cio-psicológicos que realiza la concepción estratométrica, permite descubrir nuevas vías para estudiar la conducta social de la per­ sonalidad en el sistema de sus relaciones objetivas . No es necesario estudiar la personalidad en general, ni un grupo pequeño en gene­ ral, sino la personalidad dentro del grupo, cuyo contenido de relaciones está determinado por· las condiciones objetivas del desa­ rrollo de la sociedad . Precisamente así, deben investigarse «las personas tomadas no en cierto aislamiento fantástico, smo en su proceso real, empíricamente observado, de desarrollo que trans­ curre en determinadas condiciones»» . 1

 

El enfoque es tratomé trico de la estructura grupal enuncia un postulado que plantea que la capa nuclear de las interrelaciones del grupo -la cual comprende los objetivos y las tareas de la acti­ vidad socialmente útil-, mediatiza las relaciones interpersonales, determinando su aspecto de contenido . La efectividad de la direc­ ción de los diferentes grupos (docentes, productivos, etc .), está condicionada porque en qué medida se consideran en la práctica de la dirección las particularidades específicas del aspecto de la actividad fundamental para un grupo determinado, pues estas particularidades intervienen como factor decisivo del desarrollo grupal .

 

Se ha aceptado considerar que la actividad docente es el tipo rector de la actividad grupal en los colectivos de escolares .

 

La importancia de la actividad docente es extraordinariamente grande. En las condiciones de una actividad docente bien organiza­ da ocurre la asimilación de los conocimientos necesarios y el desa­ rrollo de los hábitos, la formación de la concepción comunista del mundo, la independencia de los alumnos, y se forman las cualidades valiosas de la personalidad, las convicciones y los ideales. La for­ mación de una actividad docente plena de valores, en la cual se desarrollan las capacidades cognoscitivas de los alumnos, es uno de los objetivos más importantes de nuestro sistema educacional .

Al mismo tiempo, algunos rasgos específicos de la actividad do­ cente no pueden dejar de influir sobre las particularidades de la estructuración de las relaciones interpersonales de los escolares.

 

1     C . Marx, F. Engels: Obras, t. 3, p. 25.

 

 

247

 

Ella, que actúa en apariencia como una actividad conjunta -pues el maestro realiza un trabajo frontal con toda la clase-, supone, en lo fundamental, un proceso individualizado de la asimilación de los conocimientos y, por eso, resulta en esencia la suma de logros docentes individuales . En las condiciones de las formas aceptadas en general de la actividad docente, la necesidad de una interrela­ ción de trabajo se reduce al mínimo y tiene un carácter episódico .

 

Éste se refiere en particular, a la clase que fue y será el eslabón más importante en el trabaj o de la escuela. La interacción en la clase (cualesquiera consultas de los alumnos, soplos, trabajos he­ chos en colectivo, etc .) se considera una forma indeseable y, a me­ nudo sancionable de la conducta de los alumnos . En verdad se esti­ mulan -del todo correctamente- las diferentes formas de ayuda mutua en el tiempo extracurricular: el reforzamiento de los atrasa­ dos con la ayuda de los buenos alumnos, la preparación conjunta para los exámenes, etc. Aquí se encuentran muchas formas intere­ santes para organizar la actividad docente conjunta. Puede mencio­ narse, por ejemplo, el aprovechamiento descrito y psicológicamente argumentado por A. l. Lipkina consistente en que un alumno débil de un grado superior preste ayuda a otro débil de un grado inferior. Como resultado no sólo se logra un determinado efecto de apren­ dizaje, sino también notables avances en la esfera personal; o sea, aumenta el nivel de pretensiones y la autovaloración en la esfera de la actividad docente del alumno mayor y, en este caso, en el menor no se acentúa la idea de su «deficiencia-» docente . Sin em­ bargo, la clase, como ya se ha dicho, sigue siendo la forma funda­

 

mental del trabaj o docente-educativo  en la escuela, y, entretanto,

 

en la clase la actividad docente del alumno tiene hoy día, en me­

 

nor grado, un carácter colectivo .

 

En la resolución del CC del PCUS y el Consejo de Ministros de la URSS «Sobre el ulterior perfeccionamiento de la enseñanza y la educación de los alumnos de las escudas de enseñanza general y su preparación para el trabajm»>,2 se presta especial atención a que en la escuela de hoy el principio de la unidad orgánica de la en­ señanza y la educación, no siempre se cumple de una manera consecuente; también se señala la gran importancia del proceso de formación del colectivo de estudiantes como un medio acti­ vo de educación ideológico-moral de la personalidad, de la forma­ ción de una posición vital activa del escolar soviético . A la luz de

 

2 Prauda, 29 de diciembre de 1 977.

 

 

248

 

las tareas planteadas a la psicología social, no puede permanecer indiferente ante el estudio de los factores de la formación del colectivo en un grupo docente .

 

La actividad docente que · se realiza en una clase, se entiende que pierde cuando se compara con la productiva, laboral, que ga­ rantiza los altos resultados de la formación de la colectividad. Como es sabido, la actividad productiva es, ante todo, una actividad conjunta, general . La comunidad fij ada en la división y en los re­ sultados del trabajo, tiene un carácter real . En los productos mate­ rializados del trabajo está la interdependencia de los participantes del proceso de producción. El éxito de uno es una condición para el éxito de los otros, y el fracaso de uno influye sobre todos los par­ ticipantes del trabajo general . La existencia de criterios objetivos de la medida del aporte de cada uno en el producto conjunto de la actividad, actúa como base objetiva de evaluaciones mutuas . Las relaciones interpersonales durante el proceso de producción, al transcurrir en una actividad objetai real, tienen un carácter media­ tizado y, por tanto, garantizan el proceso de la formación de la colectividad.

 

¿Cómo sucede el proceso de surgimiento y formación de los co­ lectivos en la escuela de enseñanza media? (No tenemos dudas de que allí también surgen y funcionan grupos con un desarrollo bas­ tante alto, los cuales pueden clasificarse según muchos paráme­ tros en una categoría de colectivos . ) Se entiende que esta cuestión debe investigarse en un material grande; sin embargo, hay funda­ mento para suponer que el principal factor que forma la colecti­ vidad es la actividad laboral de los alumnos en forma de una posi­ ble participación en el trabajo productivo con carácter colectivo, en la actividad socialmente útil, en el trabajo en círculos de interés, en el trabajo de las organizaciones pioneriles y del Komsomol y, por último, como ya se ha dicho, en los diferentes aspectos de la actividad docente extracurricular, en la cual son posibles la inter­ acción real y la ayuda mutua.

 

En el plano socio-psicológico está argumentado el problema de la utilización de la clase y de la actividad docente que transcurre en ella, para garantizar las tareas de la formación de colectivos de alumnos y las interrelaciones colectivistas interpersonales, real­ mente mediatizadas por el contenido y los valores de la actividad

 

conjunta.

 

 

249

 

En los últimos años, en la escuela soviética se empezaron a prac­ ticar las llamadas formas de trabajo grupales, nuevas en la clase, aunque por ahora no han salido todavía de la fase de comproba­ ción experimental . «La interacción directa entre los alumnos, su actividad conjunta coordinada* »3 en el proceso de trabajo del mate­ rial docente, constituye una de sus particularidades distintivas.

 

La aplicación del trabajo grupal no sólo introduce cambios esen­ ciales en el proceso de enseñanza, sino también en el proceso edu­ cacional de los escolares. Gracias al trabajo grupal -el cual trans­ curre en una atmósfera de interacción conjunta coordinada de los alumnos, y presupone el intercambio de productos de la actividad y, por tanto, el surgimiento de relaciones de interdependencia y control mutuo-, el proceso de estudio en estas condiciones puede adquirir rasgos de una verdadera colectividad . La comunicación con los coetáneos -factor importantísimo para el desarrollo de la personalidad del escolar y, por lo regular, fuera de los límites de la actividad propiamente docente de los niños-, en nuevas condicio­ nes se convierte en su atributo, y los productos del trabajo en la clase -es decir, las adquisiciones espirituales de los alumnos, los conocimientos, los intereses-, son el objeto directo de la comunica­ ción . Así, la actividad de los niños en la clase adquiere carácter de relaciones sujeto-su je to-objetivas activas .

 

Los cambios fundamentales en la actividad, el estudio y la co­ municación que ocupan el lugar más importante en la vida del escolar, no pueden traer consigo el surgimiento de nuevas forma­ ciones en el desarrollo de la personalidad del adolescente y de fe­ nómenos socio -psicológicos cualitativamente nuevos en la vida del grupo y en el nivel de desarrollo del mismo . Y en realidad, los pedagogos que practican las formas de trabajo grupales (J . l . Liimets, V . K. Diachenko), señalan su indudable influencia sobre la formación de la personalidad del escolar.

 

Ante todo, y como es de esperar, ocurren cambios en la esfera de la motivación de los alumnos . Como es sabido, los adolescentes valoran muy alto la actividad que les permite comunicarse unos con otros . No se excluye que, al principio, la posibilidad de comuni­ cación, de participación cooperativa simplemente en la solución de

 

una tarea cognoscitiva general, y el deseo de hallar su lugar en el grupo, determinan la incorporación del adolescente en el trabajo

 

3     J . l . Liimets: Trabajo grupai en la clase, Moscú, 1 975, p. 1 3 (en ruso).

 

 

250

 

docente grupal . Pero después debe manifestarse que la especifici­ dad de las relaciones requiere de cada incorporación a la actividad intelectual conjunta, la unificación de los esfuerzos intelectuales para superar las dificultades . En estas condiciones se forma la co­ municación de un nivel más alto, el cual se relaciona con la esencia del trabajo conjunto . Se forman -como ya se ha subrayado- las relaciones sujeto-sujeto-objetivas (S-Si- 0); si, en la primera etapa, el alumno atendía por la comunicación con otro alumno a la asig­ natura docente, ahora para comprender mejor la asignatura co­ opera y establece contacto con el otro alumno .

 

Si partimos de la diferenciación que A . N . Leontiev establece entre la actividad como proceso que responde a alguna necesidad del sujeto y la acción como proceso cuyo motivo no coincide con su objeto, con su objetivo (por estos indicios, la comunicación y el es­ tudio se distinguen en la situación descrita), entonces puede con­ siderarse el mecanismo de avance del motivo de la actividad hacia el objeto, objetivo de la acción que engendra una nueva actitud del niño hacia la realidad; es decir, puede señalarse un nuevo tipo y nivel de comunicación interpersonal .

 

De acuerdo con la dinámica del desarrollo grupal que sigue a las formas colectivas de enseñanza, la orientación de la perso­ lidad del adolescente puede sufrir cambios esenciales, así como los métodos de su autoafirmación, los cuales se consideran hasta el presente características relativamente estáticas de los escolares .

 

Las relaciones de interacción a interdependencia laborales tam­ bién engendran la necesidad de percibirse a sí mismo y a los de­ más de una manera más precisa (apercepción social), lo cual pue­ de dejar de estimular el desarrollo de la auto valoración y la auto­ rregulación . El adolescente debe valorar el conjunto de factores exteriores e interiores. Debe percibir y comprender de manera co­ rrecta las exigencias que le plantean las personas que lo rodean y la situación en general; de acuerdo con estas exigencias valorar sus posibilidades, exigirse a sí mismo, saber superar los obstácu­ los internos y los deseos que entorpecen el cumplimiento de las exigencias planteadas, valorar correctamente los resultados de su actividad, analizar con exactitud las dificultades que surgen, las causas de los fracasos, etc . ; es decir, en la actividad y mediante la actividad dentro del grupo, él toma conciencia de sí mismo, forma la imagen de su propio «yo» .

 

 

 

251

 

 

Al incluirse directamente en la actividad docente, el autocono­ cimiento y la autovaloración no sólo se activan; o sea, nos parece que el aspecto sustancial de los mismos debe sufrir cambios esen­ ciales . El adolescente está ahora obligado no sólo a valorar un número mayor de factores, sino también a determinar el lugar que ocupan algunos de estos factores en la estructura general de va­ lores, los cuales determinan su actitud haéia sí y hacia los otros . Así, las actitudes relacionadas con una labor durante las formas tradicionales de la actividad docente, nunca ocupan el lugar predo­ minante en la evaluación de sí mismo y de sus coetáneos. En con­ diciones de una dependencia mutua, un control y responsabilidad mutua al cumplir una tarea en conjunto, actúan de manera invo­ luntaria en primer plano. Y para la tendencia egoísta no queda lu­ gar. Todo esto constituye una de las premisas para la formación de la madurez moral del adolescente .

 

Cada uno de los problemas enumerados representa un interés teó­ rico y práctico independiente y constituye, al mismo tiempo, el aspecto más general del problema que confirma este enfoque del estudio del grupo y la personalidad en el grupo, en el cual el inves­ tigador parte del análisis de la propia actividad que se desarrolla y

supone  una  influencia,  ante  todo,  sobre la  actividad,  y  después

 

de una manera mediatizada a través de la actividad sobre el grupo

 

y la personalidad .

 

Desde estas posiciones, el problema de la formación de la auto­ rregulación consciente y orientada hacia un objetivo del adoles­ cente en las condiciones de la actividad docente, presenta un in­

 

terés .

 

La experiencia pedagógica testimonia que existe una serie de situaciones en las cuales el proceso de «apropiación», de dominio del objeto de la actividad y su lógica, resulta, en mayor o menor medida, desorganizado . Las condiciones en las cuales ocurre se­ mejante trastorno del desarrollo de la actividad, y los estados de la personalidad que surgen en este caso, constituyen el problema que estudian muchos psicólogos . Sin embargo, las condiciones com­ plejas de la actividad objetai se consideran, por lo regular, por sí mismas fuera de los intentos de incluirlas en un contexto social más amplio, y en particular en el contexto de un análisis, teniendo en cuenta el nivel de desarrollo del grupo como colectivo. Entretanto, la conducta y el estado de la personalidad -determinados por las

 

 

252

 

condiciones complejas de la actividad en un grupo, por ejemplo, difuso y en un colectivo-, deben diferenciarse evidentemente .

 

Desde este punto de vista analizaremos la actividad del adoles­ cente y las particularidades inherentes a ella en las formas gru­ pales de estudio . La posición de la personalidad en esta situación es muy contradictoria. Por una parte, como se ha señalado antes, las formas grupales de trabaj o crean condiciones favorables para el enriquecimiento recíproco de los alumnos y la autoafirmación de la personalidad, pues cada uno de los adolescentes tiene la posi­ bilidad de activar los conocimientos y las habilidades obtenidos fuera de la clase . Por otra, si confiamos en la opinión bastante unánime de los maestros que practican el trabajo grupal, este úl­

 

timo «provoca una fuerte tensión y apenas podría emplearse en más de dos clases al día» .4

¿Qué  provoca  semejante tensión?  No  sólo  debemos  pensar en

 

el  rápido  ritmo de trabaj o  (en  el grupo siempre hay alguien que

 

cumple la tarea a una velocidad mayor en comparación con la nor­

 

ma media), sino, ante todo, en la activación de los procesos de per­ cepción y comparación sociales, capaces de producir intranquilidad y tensión en los alumnos . Al mismo tiempo, la competencia de unos sólo puede aumentar la tensión de los otros adolescentes .

Surge una pregunta: ¿cómo relacionamos en estos fenómenos? Se sobreentiende que podemos limitamos a enfatizar la inconvenien­ cia de los mismos. Pero podemos analizarlo de otra manera, como condiciones cuya superación será una condición del aumento inte­ lectual y espiritual verdaderamente activo de la personalidad, su desarrollo y madurez. Sin embargo, los momentos de compara­ ción social pueden adquirir semejante calidad en condiciones es­ peciales, las cuales neutralizan las circunstancias capaces de pro­ ducir en el adolescente un sentimiento de amenaza personal . Entre éstas se relacionan las condiciones de la llamada enseñanza de ayuda, cuyos principios eran propagados en la pedagogía sovié­ tica por V. A. Suj omlinski y en la psicología por D. N. Uznadze y, por último, Sh. A. Ammonashvili.5

 

4     J. I. Liimets: Trabajo grupal en clase, p. 53 .

 

5     Sh. A. Ammonashvili: «Particularidades psicológico-didácticas de la en­ señanza como componente de la actividad docente», en Voprosy Psijologii, 1 975, no . 4.

 

 

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En la exposición de estos princ1p1os se subraya, en general, la necesidad de relaciones de fidelidad en el colectivo, de una atmós­ fera de confianza y sinceridad, de respeto a la personalidad del niño, de comprensión simpatizante de su mundo interior, etc . Pero los principios de la enseñanza de ayuda pueden ir más lejos, al predeterminar las influencias educativas, llamadas a formar en el adolescente una posición de superación activa de las situaciones de frustración, sin las cuales no existe desarrollo ni crecimiento .

 

En las condiciones del trabaj o grupal, semejante posición activa de la personalidad se forma a medida que se resuelven las tareas que componen el contenido de la actividad del estudio y la inter­ acción colectiva, sin hacer esfuerzos especiales. Al mismo tiempo, el trabajo grupal correctamente organizado no rechaza, sino que supone necesariamente el papel dirigente del pedagogo.

 

La importancia de esta condición es, ante todo, enorme de acuerdo con la actividad del autoconocimiento y el conocimiento de otros, de la comparación social y la autorregulación. En este caso es necesario subrayar que el desarrollo del colectivo y el desa­ rrollo de la personalidad, se inter relacionan de manera estrecha en este proceso. Su dirección transcurre, según expresión de A. S . Ma­ karenko, «dentro de un procedimiento pedagógico único» .

 

Como puede suponerse, en los grupos de alto nivel de desarrollo a los adolescentes les serán inherentes, con mayor probabilidad, la exactitud de la percepción de sí mismo y de los demás y la es­ trategia constructiva de las acciones, mientras que en los grupos difusos, en condiciones análogas, deben manifestarse con mayor espontaneidad no las soluciones constructivas, sino las «defensivas» y, es posible, la desorganización de la actividad, la disminución de la autovaloración, etcétera.

 

En el programa concreto del experimento puede examinarse la diferenciación de los niveles de desarrollo del grupo como colec­ tivo, y los aspectos señalados de la autoconciencia y la autorregla­ ción del adolescente, pueden estudiarse en diferentes condiciones: en el trabaj o frontal habitual en el aula; durante el trabaj o grupal en condiciones de una actitud neutral del experimentador hacia el investigado; en el trabaj o grupal en condiciones de un experimento formador, cuyo objetivo es crear una atmósfera «de ayuda» para las interrelaciones en el grupo, y, por último, en el trabajo grupal en condiciones de un experimento formador, cuyo objetivo es que los alumnos dominen, durante el proceso de la interacción grupal

 

 

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organizativa especial, los métodos de autorregulación consciente dad para vivir y trabajar colectivamente . La psicología social, al resolver hoy día las tareas formuladas en el XXV Congreso del ceso docente, tomó el curso de desarrollar en los niños la habili­ dirigida, los cuales suponen una exacta «relación inversa» en el gru-

 

Desde los primeros años de su existencia, el sistema pedagógico soviético de enseñanza y educación, al tratar de intensificar el pro­ po y la adecuación de las acciones de los alumnos a las exigencias del objetivo de la actividad .

 

PCUS de unir el conocimiento científico con la práctica, debe prestar todo el concurso posible para la utilización multilateral de las po­ sibilidades educativas de los colectivos de estudiantes.

 

La necesidad de ampliar la práctica de la interacción social de los alumnos, la cual contribuye a la formación de la posición vital acti­ va del hombre soviético -acerca de la cual se hablaba en el XXV Congreso del PCUS- , activó la búsqueda científica de medios para optimizar el proceso docente-educativo. Actualmente, los intentos de superar, en cierta medida, la contradicción manifestada entre las condiciones individuales de apropiación de la experiencia social en la esfera de la actividad docente y las colectivas: en la esfera del trabajo socialmente útil de la comunicación libre, tienen lugar en lo fundamental en dos direcciones . Una supone la creación de colec­ tivos «de múltiples actividades», cuyas características estructural­ funcionales se determinarán por la presencia de varios tipos fun­ damentales de la actividad grupal : docente, socialmente útil, de­ portivo-militar, etc .6 Acerca de la otra se ha hablado con anterio­ ridad: ésta se orienta hacia la búsqueda de formas grupales de or­ ganización de la actividad docente . La incorporación del alumno como sujeto en el proceso de la actividad cognoscitiva activa, forma una posición activa de la personalidad de una manera más eficiente que en las formas habituales de enseñanza. Al haber nuevas formas de organización del proceso docente-educativo, como componentes adicionales de motivación actuarán la aprobación social y la me­ dida del aporte de cada miembro del colectivo del aula al logro de un resultado socialmente útil, la posibilidad de cooperar en la ac­ tividad, la comprensión de sí mismo como su sujeto y otros . Te-

 

6 D. l. Feldstein: »Particularidades psicológicas del colectivo infantil y de la formación de las cualidades colectivistas de la personalidad de los niños de edad escolarn, en Voprosy Psijologii, 1 977, no. 2.

 

 

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ni endo en cuenta lo antes dicho, la solución de las tareas docen­ tes -relacionadas con la lucha por el aprovechamiento que apelan a determinadas propiedades especialmente personales (responsa­ bilidad, conciencia y otras)-, puede ser más efectiva cuando las formas de influencias educativas mediante los grupos de referencia son mediatizadas .

 

En este sentido, el problema de las actitudes de referencia actúa como un aspecto psicológico-pedagógico esencialmente importante respecto a la práctica de la educación .

 

Como ya se ha demostrado (ver capítulo 8), dentro de cualquier grupo puede existir un círculo de personas a cuyas exigencias hacen caso los miembros del grupo y por cuya posición se orientan, este círculo de personas está designado como un importante círculo de comunicación . La referencia de unas u otras personas para un hom­ bre determinado, presupone, para él, ante todo, el valor de éstas en el plano de solucionar la tarea que tiene ante sí, de conocer algo, de relacionarse con algo o con alguien, incluso consigo mismo . Al aplicar la llamada referentometría, explicamos el círculo de perso­ nas importante para el niño, cuya opinión y posición toma en cuenta (con frecuencia de una manera inconsciente) .

 

Lo perspectivo de este método para las necesidades prácticas del proceso de educación, puede resultar muy significativo . Con su desarrollo y aplicación surge la posibilidad de ayudar al pedagogo, después de sugerirle los objetivos para la influencia educativa se­ lectiva. La influencia pedagógica dirigida hacia el alumno, quien constituye un punto de referencia para quienes tienen inclinación hacia él, permite influir de manera indirecta, pero no por esto menos fuerte sobre algunos de sus compañeros . No se excluye que una de las vías para superar la alternativa errónea de lo frontal o lo individual, radica en las influencias pedagógicas .

 

El enfoque de los aspectos socio-psicológicos de la actividad grupal, en el cual las relaciones interpersonales resultan mediati­ zadas por la comunicación del objetivo y por la dependencia res­ ponsable de los miembros del colectivo, y la perspectiva evidente de la dependencia de la aplicación de las metódicas referentomé­ tricas para una mejor comprensión de la diferenciación intracolec­ tiva y la utilización de la influencia educativa orientada, se sobre­ entiende que no agotan las posibilidades de aplicar directamente la concepción estratométrica en la esfera de la pedagogía de la educación comunista. Señalaremos con brevedad algunas de sus

 

 

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publicaciones psicológico-pedagógicas prácticas, relacionadas con la comprensión de los fenómenos ilustrados en este trabajo de las relaciones interpersonales .

 

Los resultados de la investigación de A . A . Turovskaia (capí­ tulo 4) -quien demostró que el alto grado de incorporación del gru­ po en la realización de un objetivo socialmente importante, contri­ buye a la actualización de las tendencias de la autodeterminación colectivista y bloquea el surgimiento de la conducta conformista-, resultaron en la práctica muy valiosos . Sus experimentos revelaron un posible eslabón débil en la actividad de algunos maestros-guía. El análisis de los datos obtenidos por la autora ha demostrado que en los grupos, en los cuales el objetivo sólo estaba formulado y no se había realizado el trabajo de interiorización, los alumnos rechazaban con facilidad este objetivo, mostrando conformidad ante las influencias del grupo de apoyo . Por consiguiente, el ob­ jetivo socialmente útil no se hizo significativo para los individuos que entran en el grupo: no interiorizado, siguió siendo un fenó­ meno puramente exterior en relación con este grupo .

 

La metódica aplicada por A . A . Turovskaia, posee, al parecer, una gran amplitud de posibilidades diagnósticas . Ésta permite va­ lorar de una manera objetiva la calidad del trabajo educativo del pedagogo, pues la apropiación del objetivo grupal depende de ma­ nera directa de la calidad del trabajo del pedagogo; con el tiempo, esta metódica en las manos de un psicólogo puede actuar como un índice de la efectividad de las influencias educativas. La esfera de aplicación de este procedimiento metódico es la escuela, una escuela técnica, una escuela técnico-profesional, un campamento pioneril; o sea, es en resumidas cuentas cualquier grupo infantil o juvenil .

 

He aquí otra pregunta psicológico-pedagógica cuya solución se muestra por el enfoque estratométrico: ¿cuál es el fundamento de las preferencias recíprocas en la edad juvenil?

 

Se sobreentiende que para el pedagogo y el psicólogo esta pre­ gunta no es nueva. Sin embargo, hasta el presente no se han propues­ to vías seguras para obtener los índices empíricos que testimo­ nian acerca de los motivos de las selecciones y preferencias . ¿La motivación de las relaciones interpersonales está condicionada por la necesidad amorfa, que no se deja analizar, del sujeto de una u otra persona, o los motivos de la selección deben considerarse no sólo como un fenómeno personal, sino como un fenómeno de las

 

 

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relaciones interpersonales derivadas de las relaciones sociales exis­ tentes en el colectivo? Éstas son las preguntas fundamentales que formula la concepción estratométrica (ver capítulo 7) . Éstas se en­ riquecen con un nuevo contenido, si tenemos en cuenta que el pro­ ceso de cambio de la estructura de los motivos de la selección de las parejas para la comunicación interpersonal, se caracteriza por la influencia de las interrelaciones formadas en la actividad con­ junta. El cumplimiento de las exigencias que parten de la actividad forma nuevas necesidades y, por tanto, cambia la motivación de la selección en el sistema de las relaciones interpersonales .

 

La manifestación del núcleo motivacional de la selección resulta útil para el pedagogo y el psicólogo, toda vez que aparecen las pre­ guntas: ¿por qué un miembro del grupo prefiere a fulano, por qué una parte de la clase figura en la categoría de «estrellas», y la otra, en la de los «rechazados»?; en una palabra, ¿por qué el cua­ dro sociométrico de una clase es precisamente así? Como se ha demostrado antes (capítulo 7), el contenido del núcleo motiva­ cional de la selección también puede servir como índice del nivel que ha alcanzado el grupo como colectivo . De esta manera, si en la fase inicial de la formación del contenido la atención de los jó­ venes se dirige, en lo fundamental, hacia los aspectos externos del

 

compañero (sociabilidad,  atractivo,  manera  de  vestirse,      etc.),  en

 

la fase más elevada del  desarrollo del  colectivo  se orienta,  cada

 

vez en mayor grado, hacia las propiedades personales que se ma­ nifiestan en la actividad conjunta. Como es evidente, el trabaj o -centrado e n el problema más importante para los pedagogos edu­ cadores- ha demostrado, de manera convincente, que el carácter y el valor social de las preferencias dependen del nivel de desarro­ llo del grupo y de la especificidad de su actividad. Parecería que el fenómeno especialmente pei* sonal -la preferencia personal- se transforma, a medida que se va formando el grupo como colectivo, cada vez en mayor grado por los factores socialmente importantes y actúa como un fenómeno social típico.

 

Todo lo expuesto nos da fundamento para analizar de nuevo el estudio sociométrico de los colectivos escolares, cuya atracción ha sido muy difundida durante los últimos tiempos, y para precisar las posibilidades reales de la sociometría.

 

Se sobreentiende que la sociometría es un método muy operativo que permite revelar, con bastante rapidez, el cuadro de preferencias emocionales en cualquier grupo. Para mostrar esto por la vía de

 

 

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las observaciones simplemente, el maestro necesitaría un largo tiempo . Sin dudar, en ninguna medida, de la conocida conveniencia de la sociometría tradicional; es necesario dudar, sin embargo, de que ella ofrece la característica auténtica de la diferenciación gru­ pai . El problema consiste, ante todo, en explicar qué se encuentra durante la selección interpersonal . En realidad, a menudo es mu­ cho más importante saber a qué miembro dado del grupo escogie­ ron los compañeros, que por qué fue escogido . La explicación del sistema de motivos de la selección interpersonal ofrece una carac­ terística más de contenido de la diferenciación grupal . Precisa­ mente, la metódica introducida en la concepción estratométrica para revelar el núcleo motivacional de la selección en el sistema de las referencias interpersonales, ayudará a resolver este pro­ blema.

 

La metódica para revelar el núcleo motivacional de la selección en el sistema de las relaciones interpersonales, puede considerarse como un prototipo de la metódica diagnóstica, la cual completa con un nuevo contenido, o en todo caso en esencia, los métodos socio­ métricos empleados al estudiar los colectivos de alumnos . La in­ vestigación ya realizada por N. M. Shvaleva ( 1 978) demostró que en las condiciones del colectivo, cuando hay una selección recí­ proca, se eleva el prestigio de las cualidades que se forman en la actividad conjunta.

 

La indicación del hecho de que en el colectivo predominen las orientaciones de trabajo, las cuales actúan como la base esencial del núcleo motivacional de la selección en los grupos de alto nivel de desarrollo, no debe despertar recelos en cuanto al posible em­ pobrecimiento del aspecto emocional de las relaciones interperso­ nales cuando se interpretan sobre la base de la concepción estratométrica.

 

Basta con señalar el fenómeno de la identificación eficaz y emo­ cional del grupo (IEEG), introducido en el giro científico del con­ junto de investigaciones basadas en la concepción estratométrica. En este fenómeno encuentra su expresión el principio humano «tanto para otro, como para mí», «tanto para mí, como para otro». La identificación eficaz y emocional del grupo actúa como un rasgo de verdadero colectivismo; y sobre la base del hecho de diferen­ ciar la IEEG es posible diferenciar el colectivo de otras comu­ nidades de un nivel más bajo de desarrollo . Para un colectivo de trabajo en la actualidad, son características la ayuda y la ga-

 

 

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nancia mutuas, la benevolencia, el humanismo, la cordialidad emo­ cional de las interrelaciones, y para los grupos con un carácter antisocial, en el experimento para determinar la IEEG se mani­ fiesta, ante todo, la preocupación por sí mismo y la indiferencia hacia el compañero .

La existencia o ausencia de la IEEG en un colectivo de escola­ res, se manifiesta de una manera especialmente clara en relación con el novato que entra por primera vez en un colectivo estudian­ til . Incluso la existencia de indicios de la IEEG en la clase, cuando no la hay en relación con el principiante, actúa como una seria señal de infortunio en el sistema de relaciones interpersonales en este grupo de alumnos .

 

Tenemos datos previos que testimonian que los grupos antiso­ ciales (delincuentes menores de edad) no poseen las cualidades de la IEEG. La desconfianza de unos hacia otros, es semejante al áci­ do; corroe estos grupos . Éstos se descomponen con facilidad, si se seleccionan, de manera correcta, los puntos de asociación de las fuerzas de influencia jurídica y educativa. Los psicólogos sociales pueden y deben ayudar a los trabajadores que garantizan el orden legal, a seleccionar estos puntos, a descubrir los mecanismos que pueden utilizarse para separar los grupos antisociales, que no sólo realizan ya una actividad delictiva, sino que también están psicoló­ gicamente preparados para semejante actividad .

 

El problema cuyos puntos de referencia en una solución se dan por la IEEG, se manifiesta de una manera especialmente aguda cuando se determinan las vías para perfeccionar el eslabón psico­ lógico-pedagógico en las instituciones de reeducación . Y aquí apa­ rece, en primer lugar, el problema de la formación del colectivo . Sin duda, el trabajo es un factor poderoso para corregir la persona­ lidad del delincuente . Pero digamos esto con una seria limitación: podemos confiar en la función correctora del trabajo sólo cuando las relaciones interpersonales que se mediatizan por el trabajo, se caractericen por el colectivismo y un verdadero humanismo. EnfoA car la IEEG como un parámetro que demuestra la existencia o au­ sencia de este verdadero humanismo y colectivismo, puede ser conveniente cuando se creen las metódicas diagnósticas socio-psico­ lógicas y psicológico-pedagógicas .

 

Señalaremos otro aspecto del enfoque estratométrico, referente al problema de la cohesión del colectivo . Como es natural, para todos es conocido en el aspecto más general, qué significa un co-

 

 

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lectivo unido . En él están presentes la ayuda y la ganancia mutuas, la benevolencia ante la crítica, el esfuerzo por la paciencia, la per­ severancia en el logro de los objetivos y otras cualidades . Todo esto es así . Pero la cuestión no radica en esta característica des­ crita del colectivo. Se necesita la valoración cualitativa y cuantita­ tiva experimentalmente verificada de su cohesión real . La concep­ ción estratométrica, como puede suponerse, garantizó el hallazgo de este parámetro . Se presentó y se confirmó de manera experi­ mental la hipótesis de que en los grupos unidos por una actividad conjunta prolongada, surge una elevada cohesión como la unidad valorativa y de orientación (parámetro de UVO), y la actitud po­ sitiva única hacia los objetivos y valoraciones importantes del gru­ po . Si tenemos en cuenta lo importante que es para el maestro, para el maestro-guía, orientarse en un nivel real de cohesión del colectivo infantil, entonces se evidencia la importancia de los índi­ ces objetivos de la unidad valorativa y de orientación . La cohesión del colectivo es una premisa para que el grupo sea capaz de supe­ rar las dificultades, de trabajar en armonía, de crear posibilidades más favorables para el desarrollo de la personalidad de cada miem­ bro del grupo y de conservarse como un todo en las diferentes condiciones; incluso, desfavorables.

 

En la organización de las metódicas diagnósticas dirigidas a so­ lucionar las importantes tareas de la educación comunista de la personalidad en el colectivo, es necesario tener en cuenta los pará­ metros mencionados, señalados por la concepción estratométrica: carácter de las relaciones de referencia, contenido del núcleo mo­ tivacional de la selección, presencia de los fenómenos de la auto­ determinación colectivista, la identificación eficaz y emocional del grupo y la unidad valorativa y de orientación como cohesión . Aho­ ra éstos pueden dar ya al pedagogo los puntos de referencia ne­ cesarios para comprender la formación de la colectividad y las i'egularidades del funcionamiento de las relaciones interpersona­ les y sugerirle las vías para la influencia efectivo-educativa orien­ tada.

 

En la siguiente etapa de elaboración de la concepción se presu­ pone el tránsito a la formación experimental de las orientaciones valorativas señaladas para el colectivo . El enfoque presentado abre, evidentemente, la posibilidad de valorar de manera cualitativa los procesos de la formación de la colectividad en las condiciones de las diferentes formas del trabajo docente-educativo .

 

 

261

 

La teoría socio -psicológica del colectivo debe relacionarse estre­ chamente con el ulterior desarrollo de la teoría pedagógica del colectivo, la cual fue fundamentada en los trabajos de N. K. Krups­ kaia, S. T. Shatski, A. S. Makarenko y V . A . Sujomlinski .

 

 

 

Capítulo 12

 

 

TEORÍA DE LA MEDIATIZACIÓN

 

DE LA ACTIVIDAD DE LAS RELACIONES

 

INTERPERSONALES Y LA PSICOLOGÍA TRADICIONAL DE LOS GRUPOS PEQUEÑOS EN SUS DIFERENCIAS DE PRINCIPIO

 

Al formular la concepción estratométrica de la actividad intragru­ pal, tratamos de elaborar un nuevo enfoque del análisis de las re­ laciones interpersonales que supusiera la posibilidad de estudiar la estructura de muchos niveles de los procesos grupales (la ca­ racterística de los estratos de la actividad intragrupal) y efectuar los correspondientes procedimientos de medicición en estos estra­ tos para revelar las diferencias de principio de los grupos de alto nivel de desarrollo (de los colectivos) en comparación con los gru­ pos difusos.

 

El enfoque estratométrico permitió hacer frente tanto a los in­ tentos de aplicar la medida cuantitativa a los fenómenos de la actividad grupal, ignorando las particularidades cualitativas de los distintos grupos, como el afán de criticar las características cuantitativas de los procesos grupales, orientándose hacia las des­ cripciones especulativas y con frecuencia puramente verbales de estas particularidades . Ya las primeras investigaciones de los fe­ nómenos de la AC (autodeterminación colectivista) y de la UVO (unidad valorativa y de orientación), demostraron que el cálculo de los valores y el contenido de la actividad grupal cambia, de manera radical, la noción acerca de la esencia de las relaciones interpersonales en el grupo, y los parámetros de la actividad gru­ pal adquieren en principio características diferentes.

 

Al intentar, en la presente etapa del desarrollo de la concepción estratométrica, comprender los datos experimentales acumulados

 

 

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dentro de su marco, vemos, por una parte, que el enfoque propuesto resultó productivo y heurístico durante la solución de una serie completa de tareas y, por otra, que permite pasar a la organización de una teoría psicológica del colectivo bastante completa, la cual según todas las posiciones pudiera oponerse a la teoría psicológica tradicional de los grupos pequeños . «El hecho de que la concep­ ción estratométrica -expresa G. M . Andreieva- exista en la actua­ lidad -no sólo como un sistema de suposiciones hipotéticas, sino que también se apoye en una comprobación experimental sólida-, permite analizarla como una de las teorías especiales en la psicolo­ gía social marxista y, por consiguiente, apoyarse en el modelo de grupo propuesto en ella para las futuras búsquedas teóricas» . 1

 

La teoría psicológica del colectivo que se forma sobre la base del enfoque estratométrico -la llamaremos teoría de la media­

 

tización por la actividad de las relaciones inter per sonales- cons­ tituye hoy día un sistema de confirmaciones y demostraciones interrelacionadas, contiene en sí los métodos de explicación y las posibilidades de predicción del surgimiento de los diferentes fenó­ menos y efectos socio-psicológicos de la actividad intragrupal . De esta manera, la interpretación de la identificación eficaz y emocional del grupo que emana de los principios de la concepción estratométrica, permite predecir el surgimiento de sus nuevas ma­ nifestaciones; por ejemplo, en la situación con un nuevo alumno en el colectivo y su ausencia en el grupo difuso. En otras palabras, la conocida regularidad a la cual se subordinan las relaciones in­ terpersonales, presupone -como inherente a la teoría- el paso de

 

una confirmación a otra, sin el enfoque directo de la experiencia sensitiva. Esto último no significa el rechazo de la comprobación experimental de las hipótesis que emanan de las premisas teóricas encontradas, sino sólo fundamenta las suposiciones acerca de los resultados finales de estos experimentos.

 

La tarea del paso a la organización de la teoría psicológica del colectivo nos obliga a correlacionar las premisas fundamentales de la concepción estratométrica con las teorías socio-psicológicas, formadas en los últimos 50 años en la ciencia psicológica de Oc­ cidente y, ante todo, en la psicología social norteamericana. Como señala G. M. Andreieva, en las últimas décadas, la psicología

 

i      G. M. Andreieva: «Para una organización del esquema teórico de la in­ vestigación de la apercepción social», en Voptosy Psijoíogii, 1 977, no . 2, p. 9.

 

 

 

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social de Estados Unidos determinó en sus estructuras teóricas la tradición de los trabajos socio-psicológicos, hacia la cual se orien­ taron, en esencia, todas las investigaciones en esta rama de la ciencia psicológica. 2

En uno de los exámenes más profundos del muy heterogéneo cuadro de las teorías socio-psicológicas de Estados Unidos, G. M. Andreieva destaca las orientaciones teóricas fundamentales predo­ minantes en la psicología social norteamericana (neobehaviorista, neofreudista, cognitivista e interaccionista) y muestra algunos en­ foques teóricos de los fenómenos socio-psicológicos manifestados en ellas .

 

Un atento estudio de los mencionados enfoques del análisis de los fenómenos socio-psicológicos, nos conduce a una curiosa con­ clusión . La diferencia entre ellos se refiere, en esencia, a la ma­ nera de interpretar los datos empíricos obtenidos y no la selección de los objetos, tareas y métodos de la investigación socio-psicoló­ gica, y, lo más importante, no a la comprensión de la esencia de la interacción en el grupo, implícita en ellos. Si comparamos la «teoría del campo» de D. Cartwright y A. Zander y la «teoría del refuerzo» de J. Tibaut y Kelley derivada de la concepción de Skin­

 

ner  de      la' condicionalidad operante, podemos fij ar  las     diferencias

en    la       interpretación de  las  fuerzas  que  se enfrentan  en  la esfera

de    los     procesos grupales interpersonales, pero      no     en      la selección

del objeto de estudio; es decir, para ellos la interacción de los individuos permanece determinada, en un caso, por la estructura del campo y, en el otro, por el tipo y las medidas de la recom­ pensa.

 

Siempre  siguen  siendo las  mismas las     tareas  de    la investiga­

ción del  grupo   pequeño:     se  aclaran  los  parámetros  psicológicos

de  la         dinámica     grupal  en    dependencia del     tamaño       y el  nivel  de

las pretensiones grupales, de la intensidad de la presión del grupo, de la reciprocidad en las selecciones socio métricas, etc . Se da la impresión de que, al ser tan notorias en la reflexión teórica, algunas tendencias parten de las mismas premisas metodológicas y tienen relación con el mismo modelo invariable de los procesos grupales . Justamente estas premisas metodológicas y los modelos

 

2     G.  M.  Andreieva, N. N.  Bogomolova y  L .  A.  Petrovskaya:  «La psicología

 

social contemporánea en Occidente», en Tendencias teóricas, Moscú, 1 978 (en ruso).

 

 

 

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de los datos experimentalmente elaborados, constituyen la base del contenido de innumerables libros de texto y compendios norte­ americanos de psicología social de los grupos pequeños .

 

La circunstancia de que las orientaciones teóricas de algunas tendencias socio-psicológicas no esclarezcan los datos obtenidos de manera empírica, crea la impresión errónea de la neutralidad metodológica del hecho obtenido en el experimento socio-psicoló­ gico . Y esto, como hemos señalado más de una vez en nuestras publicaciones, ha inducido de nuevo al error a algunos psicólogos soviéticos, dispuestos a criticar las teorías ncofreudistas y neobe­ havioristas, pero que han asimilado con facilidad los hechos in­ variables respecto a estas teorías y han aceptado, de buena fe, como adecuado el modelo general de los procesos grupales .

 

Si nuestra suposición es verdadera (ésta requiere, en verdad, un análisis profundo, verdadero y metodológico), no debemos con­ frontar nuestro enfoque teórico con algunas orientaciones teóricas en la psicología de Estados Unidos, sino con la tradición univer­ salmente admitida de la psicología social norteamericana (digamos así : con la psicología social tradicional).

 

En otras palabras, deben ser objeto de confrontación, por una parte, el modelo tradicional de grupo (de los procesos grupales, de la dinámica grupal, de la interacción grupal), el cual constitu­ ye, de manera implícita, la base de los trabaj os socio-psicológicos empíricos en Occidente, independientemente de la orientación teó­ rica inicial del experimentador, y, por otra, el modelo de los procesos grupales que se le contrapone de manera consciente, cuya base es la teoría de la mediatización por la actividad de las re­ laciones interpersonales .

En relación con lo expuesto con anterioridad trataremos de ana­ lizar las posiciones fundamentales, según las cuales el enfoque de los fenómenos socio-psicológicos -propuesto dentro del marco de la teoría de la mediatización por la actividad- se contrapone a la psicología social tradicional de los grupos pequeños .

 

Mientras que para la psicología de los grupos pequeños (inde­ pendientemente de la orientación teórica) es natural analizar las relaciones interpersonales como una interacción directa (presión, atracción, subordinación, etc.), la teoría socio- psicológica analiza­ da aquí estudia las relaciones interpersonales como mediatizadas por el contenido de la actividad grupal conjunta. Esta posición -es decir, la superación dentro de los límites de la investigación

 

 

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socio-psicológica del postulado del carácter indirecto- constituye para nosotros la posición determinante y de partida. El momento de mediatización por la actividad está presente en todos los fe­ nómenos, señalados en nuestras investigaciones, de las relaciones interpersonales . La oposición de las gradaciones «conformismo-no conformismo» a la autodeterminación colectivista, resulta posible a causa de que la resistencia a la presión del grupo se determina por el factor mediatizador de la presión del grupo; es decir, los objetivos y los valores de la actividad conjunta. Mediante el obje­ tivo y el valor de la actividad conjunta se revela la UVO como forma de cohesión grupal . La unidad objetai valorativa -pará­ metro que desarrolla la idea del estudio de la UVO-, se descubre en los actos de mediatización por la actividad de los individuos con un contenido valora ti vo único del objeto de la actividad con­ junta. La apercepción social atrae la atención del grupo hacia la valoración de las cualidades personales de los miembros del gru­ po, los cuales se determinan por el contenido de la actividad gru­ pal . La identificación eficaz y emocional del grupo (IEEG) presu­ pone el cálculo de los valores morales, los cuales mediatizan los actos de identificación interpersonal . El enfoque del núcleo mo­ tivacional de la selección sociométrica no acentúa la atención en el propio hecho de la selección en el sistema de las relaciones interpersonales, sino en los motivos como eslabón mediatizador de la selección y la diferenciación grupal . Los ejemplos podrían multiplicarse.

 

La idea de la mediatización por la actividad es heurística para la creación de nuevas estructuras conceptuales . Así, G. M . Andreieva, al trazar el esquema teórico de la investigación de la apercepción social, somete a un profundo análisis metodológico el hecho de la peculiar separación en la psicología social occidental de la in­ vestigación, por una parte, de los grupos (las estructuras grupa­ les, la cohesión, las normas, la presión, etc. ) y, por otra, de los procesos grupales (estudio de la comunicación, interacción, aper­ cepción social, etc . ): «En presencia de tal existencia relativamen­ te independiente de dos bloques de investigaciones, la categoría más importante del análisis socio- psicológico -las relaciones in­ terpersonales- resulta desplazada a una esfera especial de la in­ vestigación, mientras que podía ser el eslabón que vincule el estu­ dio de los grupos y los procesos. Las relaciones interpersonales, como es natural, se entienden como relaciones dentro de grupos

 

 

 

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determinados, de l� misma manera que los procesos de comunica­ ción o interacción . Pero toda la cuestión radica en que queda descubierta la cuestión acerca de la vinculación de las relaciones interpersonales en el grupo con la actividad de éste, y de la misma manera, la cuestión acerca de cómo se realizan las relaciones interpersonales en las comunicaciones e interacciones cuando sus participantes realicen cierta actividad conjunta. El factor de las relaciones interpersonales puede convertirse en el eslabón que vincula, en la comprensión del grupo y en la comprensión de los procesos que sólo suceden en él, cuando estas propias relaciones se interpretan como mediatizadas por la actividad conjunta de

 

las personas . >>3

 

La mediatización por la actividad como principio explicativo para la comprensión de la esencia de las relaciones interpersonal es en los grupos, engendra todas las demás diferencias de principio del modelo de grupo adoptado por nosotros y de los procesos grupales, el cual se opone al enfoque tradicional del análisis de los fenómenos socio-psicológicos en la psicología occidental . Ante todo, esto se manifiesta en que en la psicología occidental el grupo se interpreta como el conjunto de actos comunicativos y de atrac­ ciones emocionales y, por tanto, tiene primordialmente carácter de comunidad psicológico-emocional. En este sentido, no encontrare­ mos diferencias en los adeptos de la teoría del campo, de la diná­ mica grupal, del interacción is mo, de la concepción sociométrica, etcétera. En contraposición a esto, a la luz de las nociones estrato­ métricas, el grupo se analiza como parte de la sociedad, con carác­ terísticas sustanciales referentes a su actividad y sus valores y, por eso, actúa como comunidad psicológico-social. Un enfoque seme­ jante del grupo se manifiesta con claridad en contraposición a la cohesión como unidad valorativa y de orientación y a la cohesión como derivada de la frecuencia de los actos comunicativos y de los contactos emocionales, en dependencia manifiesta del aumento del número de actos de autodeterminación colectivista y en la re­ ducción del número de reacciones conformistas respecto a la in­ tensidad de la actividad orientada hacia el logro de objetivos so­ cialmente importantes, y en muchos otros hechos .

 

3     G . M. Andreieva: «Para una organización del esquema teórico de la investigación de la apercepción social», en Voprosy Psijologii, p. 4 .

 

 

 

267

 

La psicología -social tradicional, al tener como objeto de estudio el grupo pequeño, presupone que éste representa características importantísimas de las interrelaciones y de la interacción de las personas en la sociedad . En nuestra literatura sociológica y socio­ psicología (B. D. Pariguin, E . S, Kuzmin, y otros) se ha sub­ rayado de manera reiterada la falta de fundamento de esta inter­ pretación de las características del grupo pequeño, se ha señalado la ilegalidad de la sustitución de las relaciones socio-económicas por las psicológicas . Sin embargo, el otro aspecto de esta posición errónea quedaba sin aclarar; es decir, la aclaración del lugar que ocupa tradicionalmente el grupo pequeño estudiado y descrito entre otras comunidades, las cuales forman un sistema social com­ plejo . Desde el punto de vista de la concepción expuesta aquí, el grupo pequeño -en el aspecto en que está presentada en el es­ tudio experimental tradicional-, no es de ninguna manera el mo­ delo representativo de la comunidad humana típica predominante entre otros grupos, sino un caso frecuente del bajo nivel de de­

 

sarrollo del grupo.

 

Debemos señalar que la psicología social tradicional, al distinguir los grupos por el tamaño, el tiempo de existencia, el tipo de lide­ razgo, el grado de cohesión, de composición, etc . , desconoce en general su distinción por el nivel de desarrollo, no destaca grupos de nivel superior, los cuales por sus parámetros se diferenciaron cualitativamente de los grupos pequeños tradicionalmente estu­ diados . Así, en todas las teorías socio-psicológicas de Occidente se filtra, de manera imprecisa, la idea acerca de que las regularidades de las relaciones interpersonales reveladas experimentalmente en el grupo pequeño, pueden extrapolarse a cualesquiera otros grupos del mismo tamaño, de la misma duración de existencia, de la misma composición, etc. Por ejemplo, si en el experimento socio-psicológi­ co se detecta que la percepción del jefe por parte del grupo depen­ de del tamaño del grupo -es decir, con su aumento los miem­ bros del grupo disminuyen el valor «de los factores humanos» del jefe-, entonces en los adeptos de la psicología tradicional no surge, incluso, la duda acerca de que esta regularidad puede ser universa­ lizada y trasladada a cualquier otro grupo . O si en el experimento se ha demostrado que el elogio del jefe a algunos miembros del grupo elegidos actúa como el principio «divide y vencerás» y en­ gendra diferencias en el status sociométrico de los miembros del grupo, entonces esto ya actúa como una regularidad socio-psicoló-

 

 

268

 

gica de importancia general, aplicable de igual manera tanto al grupo casual, como al grupo cohesionado, agrupado por valores y objetivos comunes . Sin ningún tipo de restricción acerca de la limitación de la esfera de acción, estas «regularidades universales» llegan a las páginas de los manuales y compendios de psicología

 

social .

 

A diferencia de la psicología social tradicional, la concepción estratométrica destaca grupos de diferente nivel de desarrollo, teniendo en cuenta en principio dos criterios: la presencia o la falta

 

de mediatización de las relaciones inter per sonales por el contenido de la actividad grupal (así, los grupos difusos se separan de los otros grupos más desarrollados) y la importancia social de la acti­ vidad grupal lo cual posibilita destacar los grupos en los cuales los procesos grupales están mediatizados por el contenido de la actividad conjunta socialmente valiosa y personalmente importante . Esto introduce un nuevo objeto de estudio, el cual no conocía y no conoce la psicología social tradicional . Podría añadirse que este objeto de estudio no puede conocerse por la psicología tradicional norteamericana. Sin embargo, no nos decidimos a hacer semejante acotación por causas totalmente determinadas . Se sobreentiende que el colectivo, en el aspecto en el cual lo conocen y lo estudian la psicología, la pedagogía y la sociología soviética, constituye un resultado de la sociedad socialista, encamación de su estructura social, su célula más importante . Sería totalmente absurdo repro­ char, por ejemplo, a los psicólogos norteamericanos porque fuera de su campo de atención quedaron los colectivos surgidos en con­ diciones del socialismo desarrollado . Sin embargo, tenemos fun­ damentos para expresar nuestros criterios de otra cuestión.

 

El principio de mediatización de las relaciones interpersonales por el contenido de la actividad conjunta, se manifiesta -como puede suponerse- en cualesquiera grupos que actúen conjuntamen­ te, y éstas son innumerables comunidades que surgen en condicio­ nes de cualquier formación social, incluida la capitalista. Los gru­ pos difusos, propiamente dichos, constituyen una excepción, los cuales -como hemos señalado en más de una ocasión- son con frecuencia para los psicólogos extranjeros el contingente de labo­ ratorio preferido para el estudio de las regularidades y los proce­ sos en los grupos pequeños . La cuestión no consiste en que si las relaciones interpersonales se mediatizan o no por la actividad en las comunidades difusas o en los grupos pequeños (y éstas tam-

 

 

269

 

 

bién son estudiadas en Estados Unidos: pequeñas unidades del ejército, grupos en la producción, etc.); éstas se mediatizan sin duda. La cuestión radica en otro asunto: cuál es el contenido de esta actividad conjunta, qué intereses de clase refleja, cuáles son los fines que persigue esta actividad, etc. Esto será finalmente lo que determine el carácter de las relaciones interpersonales que se forman en los grupos, y en este sentido resultarán de manera ine­ vitable diferentes entre sí por muchos parámetros .

 

Si a causa de cualesquiera circunstancias la orientación metodo­ lógica propuesta se aceptara universalmente en la psicología social, entonces en el campo visual de los psicólogos norteamericanos también podrían entrar los grupos de alto nivel de desarrollo, afi­ nes por sus características psicológicas a los colectivos existentes no tanto gracias, cuando contrariamente a la sociedad burguesa; es decir, los núcleos del partido comunista, las organizaciones so­ ciales progresistas, etc. Al mismo tiempo, podrían actuar como objeto de estudio sus antípodas sociales en sus diferentes roles . Sin embargo, a la aparición de semejantes objetos de estudio, debería precederle el cambio de principio del objeto de investigación, del enfoque metodológico general, la transformación de los métodos del trabajo socio-psicológico y muchas otras cosas, con las cuales no pueden contarse en la actualidad . Existen fundamentos para suponer que la ciencia socio-psicológica que sirve, más o menos conscientemente a las necesidades de la sociedad burguesa, no presta atención a los colectivos que socavan sus bases políticas e ideológicas y, como es natural, no está interesada en revelar las altas cualidades morales de estos colectivos .

 

Así sucedió, y para ello existen sus causas históricas, que la psi­ cología social norteamericana no percibió en el sistema de las relaciones interpersonales y los procesos grupales estudiados por ella, las acciones del principio de mediatización por la actividad; no examinó el proceso de desarrollo del grupo y la aparición de las fases superiores de este desarrollo; no prestó atención a la posibi­ lidad de la estructuración de muchos niveles y muchas capas de los grupos altamente desarrollados; no comprendió mucho de lo que podía comprender, si hubiera tenido como punto de referencia una metodología sólida y adecuada. La psicología social tradicional era ajena al marxismo, y a causa de esta circunstancia estaba limi­

tada por anteojeras  que  le  permitían  ver una estrecha franj a de

 

los  hechos  obtenidos  de  manera empírica.  Para determinado tipo

 

 

270

 

de grupos experimentales pequeños, las conclusiones y los resúme­ nes, la obtención de innumerables hechos experimentales, son, sin duda, adecuados, pero el traslado y la extrapolación de estas con­ clusiones a una amplia esfera del estudio psicológico de grupos más o menos desarrollados en general, y aún más de colectivos, son totalmente ilícitos .

 

La inclusión de un nuevo objeto de estudio permite organizar el modelo teórico del colectivo y con su ayuda comprender mejor la oposición de los grupos de diferente nivel de desarrollo según los parámetros socio-psicológicos fundamentales. Este modelo pue­ de reflejarse gráficamente; es decir, por vectores que forman el espacio en el cual podrían estar dispuestos los grupos de cualquier tipo . Los vectores son, por una parte, el nivel de mediatización de las relaciones interpersonales (vector C) y, por otra, el aspecto esen­ cial de la mediatización que se desarrolla en dos direcciones opues­ tas : en la dirección (digamos, en la forma más general) correspon­ diente al progreso social (para la sociedad socialista desarrollada, el progreso social significa, en última instancia, la construcción del comunismo), o en la dirección que frena el progreso social . De­ signaremos con el vector A el desarrollo social de los factores me­ diatizantes y con el vector B, su desarrollo antisocial .

 

Ahora,  utilizando  los  tres  vectores  (A,  B,  C), construiremos  la

representación (figura 6) y analizaremos sus componentes .

A 1111     rll  '

d  _V        e

      

B l  l  Vl    � 111

 

 

Figura 6 . Modelo gráfico del de­

 

sar�ollo 0del grupo.

 

La figura señalada como la primera (1) lleva en sí todos los ras­ gos necesarios del colectivo, los cuales responden a las exigencias del progreso social, la alta importancia (aquí la máxima) social de

 

 

271

 

los factores que determinan y mediatizan en gran medida las rela­ ciones interpersonales. Tenemos, ante nosotros, un colectivo alta­ mente cohesionado .

 

La figura 11 representa una comunidad de intereses, en la cual el alto nivel de desarrollo de los valores sociales sólo mediatiza en leve medida los procesos grupales . Es posible que sea un grupo formado recientemente con una actividad conjunta muy lejos de estar formada. Por ejemplo, puede esperarse una alta UVO respec­ to a los valores morales generales y una UVO relativamente baja respecto a los objetivos de la actividad grupal (si existen éstos), a los participantes del proceso laboral . Aquí, el éxito de una per­ sona no determina el éxito de la actividad de los demás y el fracaso de uno no influye en los resultados del otro . En ese grupo,

 

los   valores        morales  funcionan,  pero         no  están     perfeccionados       en

el     proceso       de  relación  y       de trabaj o   conjunto,    sino  apartados       de

un   amplio        medio  social        y  su  ulterior destino      depende  de  si       ha

de crearse la actividad conjunta que los crea y fortalece a diario.

 

La figura III representa al grupo en el cual está presente un alto nivel de mediatización de las interrelaciones de los individuos, pero los factores mediatizantes son profundamente antisociales, reaccio­ narios, hostiles al progreso social . La mafia, banda organizada y que funciona activamente; en general, cualquier corporación an­ tisocial puede ocupar la posición correspondiente a la localización de la figura analizada.

 

La figura IV muestra la comunidad en la cual las interrelaciones de las personas no se mediatizan en realidad por los factores co­ munes de la actividad conjunta, y si esa mediatización pudiera re­ gistrarse de alguna manera, entonces el carácter antisocial de estos factores mediatizantes priva a la actividad de cualquier valor social y la orienta por ei camino de la ventaja personal de cada uno de los miembros del grupo .

 

Por último, en la figura V se perfila un grupo difuso típico, en el cual en la nota de cero también resulta el valor social de los fac ­ tores mediatizantes y su grado de manifestación en el sistema de la interacción interpersonal . Un ejemplo formidable es el grupo ex­ perimental formado por personas casuales, al cual se le dan tareas insignificantes en el sentido social (por ejemplo, al estudiar la con­ formidad) .

 

En este espacio puede colocarse cualquier grupo social . Cada tipo de actividad posee su rango de mediatización de las relaciones in-

 

 

272

 

ter person al es, su valor social y, al mismo tiempo, su fuerza for­ madora de colectivos . La mediatización de la actividad actúa como indice íotmador del sistema colectivo.

 

Como es natural, sería una exageración absoluta si el asunto se presentara de manera que la concepción estratométrica descubriera el colectivo como objeto de investigación socio-psicológico . El es­ tudio del colectivo siempre ha ocupado un lugar destacado en los programas de trabajo de los psicólogos soviéticos, y en los mismos siempre se subrayaba la actividad socialmente orientada del colec­ tivo como grupo de alto nivel de desarrollo y se estudiaban las vías de su formación . Sin embargo, en estos trabajos no se seña­ laron las características psicológicas cualitativas de las relaciones interpersonales en el colectivo en comparación con los otros gru­ pos, no se mostraron las particularidades de la estructura de la actividad grupal, no se subrayó la imposibilidad de la traslación de las regularidades -exactas para el grupo de bajo nivel- al colec­ tivo (como también a la inversa; es decir, del colectivo al grupo difuso), no se propusieron métodos de investigación que respondan a la comprensión de la esencia de los procesos grupales justamente en el colectivo, no se seleccionaron los índices cuantitativos que reflejan los fenómenos socio-psicológicos del colectivo . Todo esto puede realizarse desde la posición del enfoque estratométrico .

 

En este sentido, la primera posición consiste en que la noción es­ tablecida en la psicología tradicional acerca de la traslación de prin­

cipio de las regularidades socio-psicológicas de cualquier grupo a

 

las regularidades generales de la dinámica grupal es errónea res­ pecto al colectivo. Los fenómenos socio-psicológicos del colectivo no pueden describirse en los grupos de bajo nivel de desarrollo. El pri­ mer fenómeno de AC, descubierto por nosotros, no puede detec­ tarse en el grupo difuso, en el cual no hay un eslabón común que mediatice la conducta de los individuos, y por ello como única alternativa al conformismo actuaba realmente de manera inevitable el no conformismo . Esto se refiere al fenómeno de la identifica­ ción eficaz y emocional del grupo (IEEG) y a todos los demás fe­ nómenos en la esfera de las relaciones interpersonales en el colec­

tivo .

La segunda posición, contrariamente a la opinión establecida, según la cual las regularidades socio-psicológicas se comprenden como exactas para el grupo en general, idénticas, y sólo se dife­ rencian cuantitativamente un poco, en los colectivos; los fenómenos

 

 

273

 

de las relaciones interpersonales y las regularidades a los cuales están subordinados, no sólo son diferentes en comparación con los grupos difusos, sino cualitativamente diferentes, con frecuencia como cambiados, tomados con signo contrario.

 

Esta afirmación puede ilustrarse con el siguiente ejemplo, en el cual utilizamos un modelo puramente hipotético y no verificado todavía como es debido en el experimento; sin embargo, bastante probable desde el punto de vista de la teoría expuesta y, al mismo tiempo, muy evidente .

 

Las relaciones interpersonales (individuo - individuo) pueden re­ presentarse de manera convencional por dos líneas de relaciones: las activas (según A . S. Makarenko, la dependencia responsable) y las especialmente personales . En este caso, la influencia mutua de estas dos líneas de relaciones interpersonales en el colectivo y en la unión casual, ha de caracterizarse por una asimetría evi­ dente (ver figura 7) .

 

 

 

 

Grupos difusos

 

Relaciones de actividad

1':::7 } ...

\      ;lndi-

viduo        viduo

 

 

 

Relaciones personales

 

 

 

Colectivo

 

Relaciones de actividad

lndi- (        '\ .

       Y lndi-

viduo                 Aviduo

       \         J

 

Relaciones personales

 

 

Figura 7. Correlación de las refaciónos de actividad y personales en el sistema de relacio­ nes inter per sonóles en grupos difusos y colectivos.

 

En el grupo difuso se supone que las relaciones que surgen ne­ cesariamente en la actividad grupal (si ésta empieza a formarse), aún no son capaces de influir de manera esencial en las relaciones personales de los miembros del grupo, cuando como relaciones personales (simpatía o antipatía, mayor o menor docilidad respecto a la influencia, etc .) se deforman con facilidad las relaciones que se forman en la actividad. Para el colectivo es necesario esperar una dependencia inversa: las relaciones de dependencia responsa-

 

 

274

 

ble que se forman en la actividad, influyen de cierta manera en las relaciones personales, en tanto que las últimas no pueden pro­ vocar la destrucción del sistema de la actividad del grupo y de las interrelaciones de trabajo que surgen necesariamente en ella. Exis­ ten motivos para suponer que la comprobación experimental con­ firmará la existencia de semejante asimetría.

 

La tesis citada antes resulta el punto de partida para la reve­ lación de fenómenos socio-psicológicos nuevos y la reinterpretación de los ya conocidos . En esencia, esto lo demuestran todos los hechos obtenidos sobre la base de la concepción estratométrica. Sólo citare­ mos algunos. Al introducir en el giro científico el concepto de la identificación eficaz y emocional del grupo (IEEG), detectamos de inmediato las diferencias de principio en el funcionamiento de los grupos de diferente nivel de desarrollo . Esto se manifiesta en que la IEEG predomina en el colectivo y se manifiesta débilmente en el grupo difuso; es decir, esta dependencia sólo puede analizarse como cuantitativa. Es importantísimo que entre la intensidad de la IEEG y la cantidad de sus miembros en el colectivo, no hay depen­ dencia manifiesta, y en el grupo difuso se presupone una depen­ dencia inversamente proporcional entre la intensidad de la IEEG y la cantidad de sus miembros. El «efecto de Ringelman» mencio­ nado antes (ver capítulo 9) -que subraya la dependencia «del coeficiente de la acción provechosa» de cada miembro del gru­ po respecto de su cantidad general en el grupo-, no debe ac­ tuar en el colectivo en correspondencia con nuestra tesis inicial, en relación con la redundancfa peculiar de la actividad colectiva, con su carácter por encima de la norma (salida de los límites de la tarea del plan, adopción de obligaciones elevadas, etcétera.

 

Una circunstancia sustancialmente importante es la posibilidad de esa interpretación de los fenómenos grupales, la cual suprime la contradicción entre los datos obtenidos por diferentes investi­ gadores acerca de la dinámica grupal . En este sentido es demostra­

 

tiva la investigación de la correlación de la intensidad de la rela­ ción emocional en el grupo y la efectividad de su trabaj o realizado en nuestro laboratorio (R. S. Weisman, 1 977) . El resumen biblio­ gráfico acerca del problema da resultados contradictorios: unos in­ vestigadores descubren la correlación positiva entre los cambios señalados; otros, la negativa. La causa de esta contradicción está en los intentos de llevar las conclusiones al grupo en general . El examen de los grupos por el rasgo de la mediatización, por el con-

 

 

275

 

 

tenido de la actividad conjunta, suprime la posible contradicción de los resultados . Como demostró el experimento, en el colectivo, la correlación entre la efectividad y el carácter favorable de las interrelaciones psicológico-emocionales, resultó positiva; en los gru­ pos débilmente desarrollados, negativa.

 

La contradicción de las conclusiones obtenidas por los investiga­ dores que trabajan en el marco del enfoque tradicional de los fenó­ menos de la dinámica grupal, no constituye una excepción, sino una regla. Y en esto no hay nada asombroso. Independientemente de que el paradigma investigativo del psicólogo que no se aparta del esquema tradicional, no presupone la consideración de las diferen­ cias de los grupos por el nivel de desarrollo de las relaciones de la actividad, los propios grupos llevan objetivamente en sí, en ma­ yor o menor grado, estas diferencias y las manifiestan en el expe­ rimento . Esto último engendra la contradicción de las conclu­ siones. Esto sucede, por supuesto, si el experimentador tiene que trabajar con un grupo real y no con uno de laboratorio .

 

Así, el infortunio de la psicología social tradicional no consiste en que la misma no refleja los parámetros de actividad de los procesos grupales en el paradigma de la investigación experi­ mental adoptado, sino en que, aun si los toma en cuenta, no se orienta en ellos como sobre el fundamento para el enfoque dife­ rencial de los grupos de diferente nivel de desarrollo . Todo esto da derecho y fundamento metodológico a la teoría de la mediati­ zación de la actividad para efectuar una revisión radical del in­ menso cúmulo de hechos experimentales recopilados por la psico­ logía social tradicional, para reinterpretar los datos obtenidos me­ diante experimentos, prestando especial atención, en este caso, a la contradicción de las conclusiones hechas por diferentes investiga­ dores.

 

La tercera posición de la concepción estratométrica está regis­ trada en su propio nombre . Mientras que en la psicología social tradicional los procesos grupales actúan como no jerarquizados respecto a la actividad grupal, sus objetivos y principios; en el colectivo, los procesos grupales se jerarquizan formando una es­ tructura de muchos niveles . En esta estructura de muchos niveles pueden destacarse muchos estratos (capas) con diferentes caracte­ rísticas psicológicas, según las cuales las diferentes regularidades socio-:-psicológicas descubren la acción . Describiremos estos estratos

 

 

276

 

en el aspecto en que actúan en la presente etapa de desarrollo de la teoría de la mediatización de la actividad. Su representación esquemática está dada en la figura 8 .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 8 . Estratos de l a ac­

 

tividad intragrupal.

 

 

El estrato central (A) de la estructura grupal forma la propia actividad grupal, su característica de contenido, socio-económica

 

y     socio-política. Aunque esta formación es nuclear respecto a los demás estratos psicológicos, por su esencia, no es una formación psicológica y constituye una característica objetai del grupo como colectivo que deviene parte de la estructura social. El estudio espe­ cial de esta característica es una importante tarea del enfoque pro­ puesto aquí.

 

El estudio del grupo como parte de la estructura social presu­ pone la valoración de la actividad tomando en cuenta los valores de esa sociedad. En nuestro laboratorio se intentó por primera vez (A . S. Morosov) separar un conjunto de índices empíricos, los cua­ les pudieran agruparse, en índices más generales, en un bloque de

 

valoraciones de la actividad objetai colectiva; es decir, dar una característica general de este núcleo no psicológico de los proce­ sos grupales en el colectivo .

 

Así, se señalaron tres criterios de valoración del grupo como co­ lectivo: 1 ) la valoración de la realización de la función social fon-

 

 

2 77

 

damental por parte del colectivo (éxito de la participación en la división social del trabajo); 2) la valoración de la correspondencia del grupo con las normas sociales (para los colectivos en nuestra sociedad; es decir, la correspondencia con el modo de vida socia­ lista), y 3) la valoración de la capacidad del grupo para garantizar a cada uno de sus miembros la posibilidad de un desarrollo inte­ gral y armónico de la personalidad . Todas las características psico­ lógicas del colectivo son dependientes de estas formaciones no psi­ cológicas nucleares -lo socio-histórico es determinante respecto a lo psicológico-; esta tesis marxista constituye la base de la teoría de la mediatización de la actividad .

 

La separación de los bloques señalados de valoración de la acti­ vidad objetai colectiva, permite validar los parámetros socio-psi­ cológicos de los grupos de diferente nivel de desarrollo, trasladan­ do ese grupo con índices suficientemente altos de cada uno de los tres criterios a los colectivos .

 

El siguiente estrato nuclear (B) -el primero psicológico, por su esencia- señala la actitud de cada miembro del grupo hacia la actividad grupal, sus fines, su objetivo, sus principios sobre los cuales se estructura la motivación de la actividad, su sentido social para cada participante .

 

En la actualidad se desarrolla el trabajo de formación de los programas investigativos, los cuales podrían considerar el papel determinante de la actitud de los miembros del colectivo hacia la actividad grupal en el desarrollo del sistema de relaciones inter­ personales en el colectivo .

 

En el segundo estrato (C) se localizan las características de las relaciones interpersonales mediatizadas por el contenido de la acti­ vidad conjunta (por sus fines y objetivos, por el curso de la reali­ zación) y por los principios, ideas, orientaciones valorativas adoptadas en el grupo, la.S cuales constituyen, finalmente, la pro­ yección de las construcciones ideológicas que funcionan en la so­ ciedad. Como ya lo habíamos señalado, es necesario catalogar, por lo visto, todos los fenómenos descritos por nosotros de la actividad grupal . La mediatización de la actividad es el principio de existen­ cia y comprensión de los fenómenos del segundo estrato psicológico .

 

Por último se analiza la posibilidad (R. S . Nemov) de la división del estrato C en dos capas (C 1 y C2), considerando la capa C 1 como la mediatización de las relaciones interpersonales por el contenido de la actividad propiamente dicha (individuo -»fin y tarea de la

 

 

278

 

actividad, su sentido social -individuo) y la capa C2 como la me­ diatización de las relaciones interpersonales por los valores socia­ les de importancia general (individuo _/\orientaciones de valor de importancia general adoptadas por el grupo, principios mora­ les - individuo) . Entonces puede considerarse que en el trabajo de A . A . Turovskaya [A . A . Turovskaya, 1 976) se registra el fenómeno de la AC a nivel de la capa C 1, y en el trabajo de l. A. Oboturova

 

[l. A. Oboturova,  1 974] se registra el fenómeno de      la AC a nivel

de la capa C2      . Con todo el carácter convencional de        la división del

estrato C (los      objetivos de la actividad colectiva son muy dificiles

de separar en la práctica de sus valores y principios), la división

en capas propuesta tiene sentido, si se toma en cuenta el proceso de formación del colectivo en el cual, como puede suponerse, se forma inicialmente la capa C2 (por ejemplo, la unidad valorativa y de orientación respecto a los valores morales de la actividad, lo cual se explica por la presencia de la unidad ideológica de toda la sociedad socialista, asimilada en el proceso de socialización y educación del hombre soviético), y después la capa C 1 como resul­ tado de la apropiación -por parte de cada miembro del grupo dado- de los objetivos de la actividad colectiva concreta (por ejem­ plo, la UVO respecto a los fines, las tareas de la actividad, sus participantes, etcétera) .

 

Finalmente, el tercer (superficial) estrato de las relaciones inter­ personales (D) presupone la presencia de relaciones en las cuales ni los objetivos colectivos de la actividad, ni las orientaciones de valor de interés general para el colectivo, actúan como el factor fundamental que mediatiza los contactos personales de los miem­ bros del grupo . Como ya se señaló, esto no significa que las rela­ ciones son directas en el amplio sentido de la palabra. Es poco probable suponer que las relaciones de cualesquiera dos personas no tenga un eslabón mcdiatizador en forma de cualesquiera intere­ ses, gustos, atracciones empáticas, influencias sugerentes, esperan­ zas habituales, etc . Pero en estas relaciones el contenido de la acti­ vidad grupal, en esencia, o bien no se refleja, o bien será descubier­ to en un grado muy débil en correspondencia con la hipótesis planteada por nosotros acerca de cierto «recalentamiento» de los estratos profundos de las capas superficiales respecto al mismo.4

 

4 Psicología general. Bajo la redacción de A. V. Petrovski, 1 977, p. 1 54.

 

 

279

 

Como es inadmisible trasladar las regularidades propias del grupo difuso al colectivo, también sería ilícito generalizar y con­ siderar suficientes y, aún más, necesarios para definir la esencia de las relaciones interpersonales en el colectivo, las conclusiones obtenidas durante el estudio de los fenómenos de la capa super­ ficial (D) de las relaciones interpersonales en el colectivo . Al mis­ mo tiempo, las relaciones en el segundo estrato C (C\ C2) son necesarias para definir el colectivo, aunque también son insufi­ cientes si no se toman en cuenta los datos acerca del estrato B; es decir, sin aclarar el sentido social de la actividad para sus participantes, el carácter de la motivación de la actividad, etcétera. Pero el estrato B con su existencia también está unido al estrato A; es decir, el contenido real socialmente valorado de la actividad conjunta, constituye ]a base de toda la actividad intragrupal .

 

Por desgracia, en muchas investigaciones socio- psicológicas con­ cretas del colectivo que nosotros conocemos (de trabajo, docente, deportivo, etc.) con un carácter especialmente aplicado, hay un uso ilegal de los resultados del estudio experimental de los índices de la capa superficial para definir el colectivo en su totalidad . Con esto, el papel determinante se añade a las selecciones sociométricas, a la escala de admisibilidad y otros factores, no relacionados con la actividad objetai del grupo . Evidentemente, las valoraciones psi­ cológicas propuestas como resultado de estas observaciones de las personas interesadas y las organizaciones, no son adecuadas y, algu­ nas veces, pueden resultar desorientadoras . Desde nuestro punto de vista, la expansión rápida de los principios teóricos de la con­ cepción social y psicológica expuesta aquí hacia la esfera de las investigaciones aplicadas es absolutamente necesaria para introdu­ cir esta importante esfera de la práctica psicológica en los marcos de las exigencias de la objetvidad y la autenticidad .

 

Por último, hablaremos acerca de una divergencia de la teoría definida con la psicología social tradicional . Decididamente, en todas las concepciones teóricas adoptadas por la psicología social occidental, se hable acerca de la tendencia sociométrica (J . Moreno), del enfoque modelo-formal (R. Hyder, J . French), de la concepción interaccionista (R. Bales, G. Homans), de la teoría de los sistemas (T. Newcomb, S . Moscowits), etc . ; como procesos grupales deter­ minantes actúan el tamaño del grupo, la estructura, la jerarquía de los status, el carácter y la frecuencia de las comunicaciones, etcé-

 

 

 

280

 

tera; y como parámetros subordinados se analizan todos los fenó- . menos de la integración y la diferenciación grupal . La concepción estratométrica registra otro sistema determinante de los procesos grupales conforme a los grupos altamente desarrollados .

 

La determinante principal de los procesos grupales en el colec­ tivo es la actitud hacia el contenido de la actividad colectiva, su motivación, su sentido social, las normas y valores que funcionan en el grupo, lo cual se revela en los actos de las relaciones inter­ personales propiamente dichas. Estas últimas son actos de AC, de UVO, de IEEG, el carácter de asignar y aceptar la responsabili­ dad por los éxitos y fracasos en el trabajo conjunto, la motivación de la selección interpersonal, la existencia o ausencia de carácter de referencia, etc. En lo referente al tamaño del grupo y la inten­ sidad de las comunicaciones -es decir, a estas características clá­ sicas del grupo pequeño-, en todos los manuales de psicología so­ cial se les confiere el modesto papel de factores dependientes de los antes mencionados . Para confirmar esta tesis se desarrolla una serie de trabajos experimentales y se promueven ciertas hipótesis, en una de ellas existen fundamentos para detenerse en un examen

 

especial .

 

El problema del tamaño del grupo se analiza tradicionalmente como uno de los aspectos más importantes de la dinámica grupal . No es casual que en cualesquiera manuales occidentales de psico­ logía social acerca de los grupos pequeños, encontremos epígrafes dedicados a esta cuestión . Además, el propio término «grupo pe­ queño»* ya incluye la indicación de su característica cuantitativa.

 

El análisis teórico del problema del tamaño del grupo (A . V . Petrovski, M. A . Turevski, 1 979] permitió destacar una serie de aspectos de su análisis. En uno de ellos ya nos detuvimos en los epígrafes 5 y 9. Estamos hablando acerca de la influencia del ta­

 

maño del grupo sobre sus particularidades socio-psicológicas.

 

Así, en una serie de investigaciones se ha detectado la depen­ dencia inversa del atractivo del grupo para sus miembros respecto a su tamaño (V. R. Indik, A. P . Hare) . Se registró el aumento de la tensión entre los miembros del grupo en dependencia de la dismi­ nución de su tamaño (R. F. Bales, R. F. Borgatta, J . W. O'Dell). Se asegura que los grupos con una cantidad impar de miembros se caracterizan por relaciones menos antagónicas en comparación con los grupos compuestos por una cantidad par de miembros (F. Frank, U. Anderson) . Se ha demostrado la dependencia de la adaptabili-

 

 

 

281

 

 

dad a la presión del grupo respecto al tamaño del grupo que ejer­ ce la presión (con el aumento del grupo que ejerce la presión has­ ta 3 -4 personas aumenta la adaptabilidad; sin embargo, el ulterior aumento del tamaño del grupo hasta 1 0- 1 5 personas no provoca el aumento de la adaptabilidad) (D . Krech, R. S. Grutchfield). Se afirma que el aumento de una tercera persona a la diada tiene consecuencias más esenciales que el aumento de la tríada hasta un grupo que se componga de 4, 5, 6, miembros (Becker) . Han sido obtenidos datos acerca de que con el aumento del grupo de tres a cinco personas creció el avance hacia el riesgo (A . Teger, D . G.

 

Pruitt) . Al mismo tiempo, descubierto en los grupos compuestos de cuatro personas, en los grupos de ocho personas no se registró el avance al riesgo (S. Bennett y otros). La investigación de los gru­ pos antárticos en condiciones de aislamiento, ha demostrado la gran compatibilidad en los grupos compuestos por 20-30 personas, en comparación con los grupos de 8 - 1 1 personas (R. E . Doll, E. R. Gunderson) . Una serie de trabajos demuestra que con el aumento del grupo con personas que han sido testigos de los sufrimientos de una persona, disminuye la probabilidad de ayuda a la «víctima»* (B . Latane, J . A . Roclin) . Se señala que el grupo logra el dominio sobre sus miembros con mayor facilidad, mientras mayor es el mismo (T. M. Mills) .

 

Los principios del enfoque estratométrico requieren de una es­ trategia de análisis bastante determinada de estos y de hechos se­ mejantes a éstos . La existencia y el carácter de la dependencia de los fenómenos socio- psicológicos respecto al tamaño del grupo están condicionados por el nivel de desarrollo del grupo y por las parti­ cularidades de su actividad objetai . El tamaño del grupo no puede determinar las capas profundas de la actividad grupal, pero al mis­ mo tiempo puede esperarse la dependencia de los fenómenos de la capa externa del tamaño del grupo . El tamaño también se refleja de diferente manera en los fenómenos psicológicos en los grupos de diferente nivel de desarrollo . Se ha establecido que la intensidad de la IEEG se encuentra en dependencia inversa del número de miembros del grupo difuso y no depende del tamaño del colectivo .

 

Según el fenómeno de la AC, esta relación no resulta probable . Puede suponerse que con el aumento del número de miembros del colectivo, la probabilidad de prestar ayuda a la «víctima» disminu­ ye . Así se abren las posibilidades tanto del hallazgo de nuevos hechos, como de la reinterpretación y revisión de un gran conjunto

 

 

282

 

de hechos, los cuales se refieren al problema de la influencia del tamaño del grupo sobre sus fenómenos psicológicos .

 

Otro aspecto del análisis es el problema del tamaño óptimo del grupo para la realización de las tareas que tiene ante sí. Diferen­ tes autores designan una cantidad diferente del grupo como «Ópti­ ma», «que funciona normalmente», «estable», etc. G . S . Antipina, 4-5 personas; L. l. Umanski, 7± 2 (y para el «colectivo estructural»,

 

24)  ; S. E. Slochevski, para el grupo científico, 5 -7 personas, etc. Llama la atención que los partidarios de los números universales no plantean en esencia la cuestión para qué, con qué fin debe ser óptimo el grupo . Si es para la solución de tareas prácticas, enton­ ces -a nuestro parecer-, su tamaño debe darse, precisamente, por esta tarea, y ese tamaño podrá oscilar en un rango más amplio . Si es para la creación de condiciones óptimas para la relación in­ formal, entonces el grupo debe ser notoriamente pequeño. Lo im­ portante consiste en que el tamaño óptimo del grupo, como siste­ ma funcional (brigada de trabajo, tripulación de una nave cósmica, sección científica, grupo de estudio, equipo deportivo), no está condicionado por sus propiedades psicológicas -por ejemplo, por cierta «compatibilidad global» acerca de la cual se habla en al­ gunas investigaciones-, sino que está condicionada por el contenido concreto de la actividad objetai grupal . Así, por ejemplo, el tama­ ño óptimo del colectivo científico está determinado por el pro­ grama concreto, planteado al mismo por las necesidades del pro­ greso científico-técnico y se registra en su estructura de programa y de rol (M . G. Yaroshevski) .

 

En los límites de este tamaño del grupo surge el problema de la optimización del sistema de las relaciones interpersonales, para que éstas contribuyan, en mayor medida, a la realización de sus tareas funcionales . Y aquí ya pueden revelarse las regularidades psicológicas propiamente dichas . En particular, mientras más bajo sea por su nivel de desarrollo el grupo, mayor importancia adquiere su tamaño para los procesos integrativos en el mismo; mientras tanto en los colectivos la accción de este factor pasa a un segundo plano. El grupo deviene óptimo, finalmente, no como resultado del aumento o de la disminución de su tamaño, sino como resul­ tado del aumento del nivel de su desarrollo, mediante el cambio sustancial de su actividad objetai y, al mismo tiempo, del sistema de sus relaciones interpersonales.

 

 

283

 

Así, cuando el psicólogo tiene ante sí la tarea de sugerir a los trabajadores prácticos el tamaño óptimo del grupo para la solución de su tarea concreta, no tiene derecho a obligarlos a una u otra solución, pues la misma está situada en realidad en el plano praxio­ lógico y no psicológico. Otra cuestión es cuando se le plantea la

 

cuestión    acerca  de  cuál  debe     ser     el  tamaño   óptimo        del  grupo,

para  que en el mismo,  durante       la       solución  de las     tareas,         se       creen

las  condiciones  psicológicas  óptimas.  En  este caso  debe  detectar,

ante  todo,  cuál  es  el  nivel  de  desarrollo  de   ese     grupo,         en      qué

medida      sus  interrelaciones  están  mediatizadas      por    el       contenido  y

los valores de su actividad objetai. Y en dependencia de la res puesta (tras la cual debe existir, por lo menos, un análisis rápido)

 

plantear  sus  razones.  Como puede  esperarse,  para  el  colectivo,

el     problema    del  tamaño en      general  pasa  a  un  segundo  plano  y

su    tamaño       coincide  con        los     parámetros  dados  al  nivel  praxioló­

 

gico. Además existen fundamentos para afirmar que el potencial socio-psicológico del grupo altamente desarrollado puede compen sar lo no óptimo praxiológico de su tamaño.

 

Sólo cuando en el grupo no se reconozca como determinante de los procesos socio-psicológicos el tamaño del mismo, sino la mediatización de la actividad, el psicólogo social podrá hacer una valoración adecuada de los fenómenos grupales y dar puntos de referencia fidedignos a la práctica.

 

       Mostraremos  esto  (por  ahora,  sólo  como  planteamiento  de  la

cuestión)  en  uno  de  los       problemas   limítrofes    de      la       psicología

social  y la  pedagógica,  en    el  cual  la  mistificación  del  tamaño  del

grupo se convierte en causa de serios errores psicológicos.                       

       Existen       postulados  que,   aunque  no  formalizados  en  tesis  pre

cisas  y en definiciones,         de      hecho están presentados  en     la       base  de

la     esfera concreta  de  los  conocimientos        y determinan        los       enfoques

y     soluciones  prácticas      por    ellos  elogiados  y estimulados.  Entre

éstos se cataloga la opinión de que la efectividad de la actividad docente es inversamente proporcional al número de quienes estu dian. Expresaremos abiertamente que no podemos referirnos a

cualquier fuente pedagógica concreta, en la cual esté formulada de esta manera esta idea, pero ella se presenta de manera implí

cita en el pensamiento pedagógico y dirige muchas acciones prác ticas del pedagogo.

 

«¡Mientras más pequeño es el grupo, más fácil es trabajar con él!» «¡Enseñar cualquier cosa a dos es más sencillo que a diez!»

 

 

284

 

« ¡ El mal más grande de la escuela es el exceso de alumnos en el aula!» La relación de semejantes manifestaciones, bastante típi cas, puede aumentar, y entonces -abarcando la tendencia general

 

y     advirtiendo «la     dinámica     del     proceso»-    sería  lógico terminarla

 

así: «El trabajo individual de repetición es la forma óptima de organización de la actividad docente.» Pero aquí es necesario de tenerse. La última afirmación entra de manera demasiado evidente en contradicción con los principios fundamentales de la pedagogía soviética, para la cual semej ante tesis sería el retorno a la práctica de la «didáctica de la nobleza» del siglo xvm y mediados del xix, cuando los personajes principales eran los tsifirkini y kuteikini con una imagen más o menos mejorada. A. S. Makarenko se ma nifestó en contra de la «pedagogía en parej a», al tener en cuenta el proceso de educación. Es muy dudoso que hoy día alguien pueda defender conscientemente la «pedagogía en pareja» en la esfera de la enseñanza, aunque sea porque -a fin de cuentas- el proceso de enseñanza y educación es un proceso único. Entretanto, la idea existente de manera latente acerca de la dependencia inversa de la efectividad docente y el tamaño del grupo, fortalece de manera objetiva los principios de la «pedagogía en pareja».

 

 

 

Al enfocar este problema desde la posición de la concepción estratométrica, promovemos la hipótesis de que la dependencia inversa de la efectividad y el tamaño del grupo docente, sólo debe descubrirse en las comunidades en las cuales las relaciones inter personales no se mediatizan por la actividad docente esencial, distribuida, que se basa en los principios de la dependencia res ponsable. En éste, y sólo en este caso, el principio de «mientras menos alumnos es mejor» mantiene su vigencia. En un colectivo docente verdadero, en el grupo que reúne personas que actúan en conjunto (juntos y no, lado a lado), en el cual se resuelven tareas

 

socialmente        importantes  y      la       dependencia responsable,  es    propia

de  las  interrelaciones (el éxito        o el fracaso de  uno  es  la condición

del  éxito  o         el fracaso  de        todos);  evidentemente,  actúa  una    regula

'ridad  diferente  en  principio, asimétrica  al        mismo:  la   efectividad

 

de la actividad docente es directamente proporcional al número de quienes estudian en los límites del tamaño óptimo del grupo para ese tipo de tarea docente.

 

Esto significa que es más fácil y efectivo enseñar a diez que a dos, que la preparación de repetición cede en productividad al trabajo conjunto, que en él nace «el efecto grupal», el aumento

 

 

285

 

extraordinario de las posibilidades de cada uno. Todo esto ocurre si la actividad docente adquiere rasgos de verdadera colectividad.

 

La actividad cognoscitiva colectiva como forma de trabajo do cente-educativo, empieza ahora a reflejarse en los trabajos expe rimentales de los pedagogos soviéticos.

'· Por eso, la experiencia de muchos años de la llamada enseñanza intensiva de un idioma extranjero a adultos, constituye la base para la comprobación de la hipótesis planteada. Los datos previos (L. Karpenko) fundamentan para suponer que dentro de los lími tes del grupo, cuyo tamaño está determinado por el programa de estudio, a medida que aumenta el número de quienes estudian crece la productividad de la actividad colectiva a causa del efecto grupal, y cuando disminuye, decae en correspondencia.

 

Si esta hipótesis y otras semej antes a la misma se confirman en investigaciones especiales, la noción acerca de la imagen fa tídica de la dependencia inversa predeterminada entre el tamaño

 

del grupo y la efectividad -no sólo se supone en la actividad do cente, sino también en cualquier otra actividad (en particular, en

la actividad de producción)-, será definitivamente demistificada. En este caso, la psicología social puede proporcionarle a la prác tica enfoques teóricos verídicos de la optimización de la actividad

no mediante las diferentes manipulaciones con el tamaño del grupo (y, entre paréntesis, no mediante la exigencia del aumento de su plantilla), sino mediante la reestructuración sustancial de la acti vidad y las relaciones teniendo en cuenta los postulados funda mentales de la teoría de la mediatización por la actividad.

 

No ha transcurrido mucho tiempo desde el momento en que se publicó el libro de A. N. Leontiev Actividad, conciencia, per­ sonalidad.5 A. N. Leontiev, al caracterizar la situación que se había formado en la ciencia psicológica, señaló: <<Por desgracia, son justamente los problemas socio-psicológicos los que quedan me nos elaborados, más invadidos por concepciones y métodos, co piados de investigaciones extranjeras; es decir, de las investiga ciones subordinadas a la tarea de buscar bases psicológicas para justificar y perpetuar las relaciones interpersonales, engendradas por la sociedad burguesa. Pero la reestructuración de la ciencia socio-psicológica desde posiciones marxistas, no puede originarse independientemente de una u otra concepción psicológica general

 

5 A. N. Leontiev: Actividad, conciencia, personalidad, Moscú, 1 975 (en ruso).

 

 

286

 

del hombre, del  papel  en  la  formación  del  hombre  de  sus  rela

 

ciones  vitales     con    el       mundo,       engendradas  por  las     relaciones       so

 

ciales        que    él       contrae.»6   El      lector no     podía menos         que       estar  de

 

acuerdo con esta severa valoración. Al mismo tiempo, en los mo mentos en que Leontiev culminaba el trabajo acerca de su libro, en el cual hizo conclusiones esenciales del desarrollo de la teoría durante las últimas décadas, comenzaba a formarse una de las con cepciones científicas que marcaba, desde posiciones marxistas, la reestructuración de una parte importante de la ciencia socio-psico lógica: la psicología de los grupos y los colectivos, precisamente

 

sobre  la  base  de  la  concepción psicológica general del hombre. La

 

base  de  esta  concepción  es el principio  de  la  actividad, el enfoque

 

de  la  actividad  objetai,  que  engendra  todos  los  fenómenos  psíqui

 

cos, las cualidades, las particularidades, los procesos y estados de ánimo del hombre, que actúa y es estudiado a nivel social y, por consiguiente, en primer lugar en el grupo, en el colectivo.

 

El sentido teórico fundamental de esta concepción científica -de la concepción estratométrica de la actividad intragrupal- con sistía en la expansión del principio de la actividad que forma el

 

eslabón central de la concepción psicológica general marxista del hombre a la esfera de la psicología social del colectivo. En otras

 

palabras, esto significa que la teoría socio-psicológica de los gru pos y los colectivos pierde su reciente aislamiento de la teoría psicológica general desarrollada, se convierte en su parte orgánica, adquiere la posibilidad de la confrontación teórica y experimental con la psicología occidental tradicional, permite -al introducir la categoría de la actividad en la investigación psicológica- cambiar toda la estructura conceptual del conocimiento socio-psicológico.

 

Se supone que en la psicología social nadie pensó jamás estu diar e interpretar al hombre fuera de su medio social, fuera del grupo, fuera de la comunidad a la cual él pertenece. La inter

 

acción grupal, las interrelaciones grupales, constituyen el objeto de la investigación socio-psicológica. Además de esto, es imposi ble decir que en los trabajos de los psicólogos sociales se ignora

que estas interrelaciones y la interacción ocurren en el grupo que actúa, trabaja en realidad y realiza determinados fines sociales. Sin embargo, el reconocimiento de esta circunstancia de manera extraña no ha influido en el desarrollo teórico de la investigación

 

6 A. N. Leontiev: Actividad, conciencia, personalidad, p. 234.

 

 

287

 

socio-psicológica de las interrelaciones grupales en el sentido que sugiere la concepción psicológica general del hombre. Entretanto, de la misma manera que el individuo cambia en la actividad obje tai el mundo circundante y mediante este cambio se cambia a sí

 

mismo,  convirtiéndose  en personalidad; el        grupo  social        transforma

en    su  actividad  conjunta  socialmente  importante  lo  que  lo  rodea

y     mediante  esta  transformación  construye   y  cambia  el         sistema  de

las relaciones interpersonales y de la interacción interpersonal, convirtiéndose en colectivo. El grupo como sujeto de la actividad colectiva realiza su objetivo en el objeto concreto y, al mismo tiempo, se cambia a sí mismo. Y aquí, en la psicología social, como en la psicología general, actúa el principio de lo interno mediante lo interno. Los fenómenos de las relaciones interperso nales revelan esto con claridad. Así, por ejemplo, la autodeter minación colectivista destacada en el marco de la concepción estra­ tométrica respecto a las tareas de la actividad grupal, se forma como resultado de la actividad dinámica del colectivo de crista lización, en realidad, de los objetivos planteados ante sí; es decir, las relaciones interpersonales se transforman por la actividad del

 

colectivo,  la       cual   está  orientada  en el       exterior       a        la       apropiación

del objeto socialmente importante y no      a estas        mismas       relaciones

inter per sonales.                                                                           

Con  este  enfoque,  la  concepción  psicológica  general       de      la       acti

vidad  objetai      se      amplía,  sin  duda, a        causa  de     la       inclusión       en  la

 

misma de la actividad del colectivo. Al mismo tiempo, en relación con esto surge la tarea teórica y metodológica de revelar lo gene ral y lo especial en la actividad colectiva, la cual no puede ideo tificarse, por lo visto, con la actividad objetai del individuo (esta tarea está muy lejos de estar resuelta).

 

Además, el sentido teórico de la concepción expuesta en el libro no sólo se reduce al reconocimiento de la posibilidad de expan sión del principio de la actividad a la esfera de la psicología social. La concepción propuesta posibilitó incluir la investigación socio-psicológica en el desarrollo de la idea, formulada por L. S. Vigotski a mediados de la década del 30, acerca del carácter mediatizado de las propiedades psíquicas del hombre. Como es conocido, el uso de signos garantiza la función de mediatización, con su ayuda sucede el dominio de la conducta, su determinación social. El uso de signos -es decir, el paso a la actividad mediatiza da- reestructura de manera radical toda la actividad psíquica

 

 

 

288

 

del organismo, acelerando y ampliando el sistema de la actividad psíquica. Justamente, esta idea resultó muy fructífera para la ela

 

boración  de  las  ramas  más  avanzadas  de        la  ciencia  psicológica   y,

ante  todo,  de  la psicología  genética  y  pedagógica.  El  principio

de  mediatización resultó  aquí  primordial, activamente  opuesto     a

los esquemas behavioristas. La idea señalada también resultó pro ductiva para la psicología social de las relaciones interpersonales.

 

Las  funciones  psíquicas       se      forman,  en  su  inicio,  en        el       plano

social  entre  las  personas  como  categoría  interpsíquica,  y después

como        intrapsíquica;  es  decir,  así  es  la  secuencia  genética   del  de

sarrollo  de  la  psiquis,  según         L.  S.  Vigotski.  A  partir        de      aquí,

está claro el papel de los        grupos primarios, en los cuales se      inclu

ye el niño, para su formación: las funciones psíquicas superiores se forman primero en estos grupos en forma de relaciones de los niños, y después, al interiorizarse, se convierten en propiedades de la personalidad mediante las cuales se transforma la conducta. Pero si la categoría intrapsíquica lleva implícita la función de mediatización, la cual L. S. Vigotski demostró de manera plena y convincente, al intentar continuar su idea -esta vez moviéndose de los intradeterminantes hacia los interdeterminantes de la con docta, de la personalidad hacia el colectivo-, lo inlerpsíquico debe suponer, a su vez, la existencia del factor determinante, de algún miembro medio o de su conjunto, el cual se convierte en centro estructural de los actos de la conducta grupal y de las relaciones interpersonales.

 

 

La concepción estratométrica permitió detectar los determinan tes mediatizantes de la conducta grupal y realizar el análisis diferencial de la dependencia de su carácter del nivel de desarro llo del grupo o del colectivo en relación con los valores y la es tructura de la sociedad, en la cual funcionan.

 

É     sas son las vías fundamentales, aunque no las únicas posibles, en las cuales tiene lugar la inclusión de la teoría socio-psicológica del colectivo en el contexto de la teoría general de la ciencia psicológica soviética.

 

La teoría socio-psicológica que se basa en los principios de la mediatización de la actividad, aún se encuentra en la fase de ela boración de las posiciones fundamentales. La búsqueda de vías

 

adecuadas  para  la  solución  de  los  problemas  de  la  psicología  de

 

la  personalidad  en      el  colectivo  y      la  psicología        del  colectivo       tra

 

tados aquí, constituye la condición indispensable para el ulterior

 

 

289

 

avance en esta importante esfera de la ciencia psicológica. Es completamente evidente que estas vías trazarán, en lo sucesivo, nuevos caminos lejos de los caminos trillados de la psicología social tradicional de los grupos pequeños y perfeccionarán un aparato metodológico diferente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

290

 

PARA UNA ESTRUCTURACIÓN DE LA TEORÍA PSICOLÓGICA DEL COLECTIVO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ep11ogo de G. M. Andreieva

 

La elaboración de cualquier teoría nueva en alguna rama de la ciencia, constituye una importante etapa en la vía del desarrollo de determinado sistema del conocimiento. Esa etapa tiene especial importancia en las disciplinas, en las cuales la esfera del cono cimiento teórico está representada generalmente de manera débil. La psicología social se cataloga, sin duda, entre el número de esas disciplinas. La causa de esto no sólo radica en el carácter limítro fe de esta rama de la ciencia o en las particularidades de su de sarrollo histórico, aunque ambas cosas desempeñaron un deter

 

minado     papel  en  el  ritmo  relativamente  tardío     de  la  elaboración

 

de    las     concepciones        teóricas.      La     cuestión      también      radica       en      que

 

desde  su  mismo nacimiento,  como  ciencia  independiente,  la  psico

 

logía social  se  desarrolla en el curso  de  dos  tradiciones      diferentes;

es decir, de las ciencias sociales marxistas y no marxistas.    

Al    mismo  tiempo,  la  esfera  de  la  teoría  es  la  parte       integrante

de  la         ciencia  (sobre  todo,  de  la  ciencia  social)  que  más    se  acerca

a los principios de concepción del mundo y, por tanto, presenta dificultades específicas en las condiciones en que existen estas dos

 

tradiciones,  diferentes  en      principio     por  sus  orientaciones    sociales

e      ideológicas. La  complejidad  consiste,  en  particular,    en      que    en

la     esfera  del    conocimiento       teórico,       en  esta ciencia, no se      debe       ver

una línea única de desarrollo, en la cual cada teoría elaborada de nuevo entraría como eslabón del sistema de conocimientos en cons tante desarrollo. En la psicología social occidental, la experiencia del desarrollo del pensamiento teórico no puede utilizarse direc tamente como fundamento para estructurar el sistema del cono cimiento teórico dentro de la psicología social marxista. La dife rencia de las teorías elaboradas dentro de su marco, no sólo está

 

 

 

291

 

en    la       orientación hacia  otros princ1pms  metodológicos,      en      el       uso

 

 

de  otras  premisas filosóficas durante  su  construcción,  sino  también

 

en el carácter diferente de las tareas promovidas por otro tipo de sociedad.

 

Existen, por supuesto, temas «generales» en la esfera de la psico logía social, en los cuales se reflejan los procesos y fenómenos comunes, propios de cualquier sociedad. Entre ellos se encuentran la comunicación, la interacción, la apercepción social, el liderazgo y otros. Sin embargo, el mecanismo de su realización sólo es re lativamente independiente del contenido de la realidad social; el «material» del cual está hecho este mecanismo varía, en esencia, en dependencia del tipo de la estructura social y de las relaciones sociales. Por eso, la elaboración teórica de este cúmulo de pro blemas requiere, a su vez, la consideración del nuevo contenido, el cual completa los mecanismos que trabaj an de manera análoga.

 

No obstante, una cuestión aún más compleja es la de la cons trucción de las teorías en las cuales se describen fenómenos com

 

pletamente  nuevos,  engendrados    por    nuevas        condiciones sociales.

En  estos  casos  no  hay  análogos   a        disposición  del    investigador,

incluso      para  la       comprensión  del  trabajo        del     propio       mecanismo.

En esa       esfera se      inscribe la investigación del colectivo.        Al       elaborar

 

la teoría del colectivo, no puede decirse que la psicología social marxista propone una teoría diferente de la correspondiente teoría

 

elaborada  en  la  psicología  social  occidental,  por    la  sencilla   razón

de  que  ese  género  de  teoría  no   existe  allá,  como tampoco     existen

las investigaciones de la psicología del colectivo.                  

 

Es evidente que la creación de la teoría del colectivo es una tarea nueva de la sociología marxista, la cual se desarrolla en la sociedad socialista, cuya propia realidad pone a disposición · del científico este objeto específico de investigación. Todo un conjunto de cien

 

cias sociales tiene interés por el colectivo:  la filosofía, la sociOlogía,

 

la pedagogía,  etc. A la  par  con  la posible  elaboración  de la  teoría

 

del colectivo en estas esferas del conocimiento, también tiene dere cho a existir, sin duda, la teoría socio-psicológica, la cual es posible que se convierta, en el futuro, en parte integrante de la teoría ·integrativa y general del colectivo, pero, ante todo, ésta debe cons truirse por sí misma.

 

El trabajo propuesto a la atención de los lectores es una seria demanda para la estructuración de esa teoría. El epílogo del libro no es una reseña de la misma, por eso no tenemos necesidad de

 

 

292

 

hacer el recuento del contenido del trabajo o de analizar sus éxitos o errores. Deseamos subrayar lo más importante,* es decir, el avan ce consecuente y orientado hacia un objetivo de los autores del libro hacia la revelación de las características esenciales del colee

 

tivo, analizado    como un     fenómeno    socio-psicológico. Las    etapas

 

de  este desarrollo  son  bien conocidas  por  el lector que ha  seguido

 

el desarrollo de la psicología social. Las primeras publicaciones en revistas (1973) han señalado el bosquejo general de la concepción de la actividad grupal desde el punto de vista del enfoque estra­ tométrico. La esencia de este enfoque es demostrar la idea acerca de que en el grupo desarrollado no dominan las relaciones ínter personales no mediatizadas entre las personas, sino las relaciones mediatizadas por la actividad conjunta. Si analizamos el camino recorrido por los autores, entonces podemos decir que fue un cam

 

bio  de      aplicación   planificada  en      la       investigación        de      un       princi

 

pio  metodológico       determinado -para mayor         precisión,    del     prin

 

cipio de la actividad-, elaborado en la psicología soviética.

 

Aunque desde el punto de vista del estudio de la ciencia mo derna esa vía de estructuración de la teoría no sólo está completa mente justificada, sino -puede decirse- que se elogia; hasta el momento continúan las discusiones acerca de si son realizables en el ti'abajo investigativo real los severos cánones prescritos por la lógica y la metodología de la ciencia. El colectivo de autores res ponde a esta pregunta de manera afirmativa. Si dejamos a un lado los detalles, es fácil ver como se realiza, etapa tras etapa, el enfoque desde el punto de vista del principio de la actividad. Este intento ya es de por sí destacable, pues constituye la primera ex periencia de la aplicación consecuente de este principio a la gran esfera del conocimiento socio-psicológico.

 

Si tratamos de examinar la lógica fundamental del trabajo pro puesto, la misma puede reducirse a lo siguiente. La hipótesis pro puesta consiste en que la constitución del grupo social verdadero sucede sobre la base de la actividad conjunta la cual agrupa a sus miembros. Esta actividad conjunta no sólo está presentada de dife rente manera en los distintos niveles de desarrollo del grupo, desde el punto de vista de la incorporación de los miembros de

 

ese grupo  a esta  actividad;  sino  que  confiere al        propio grupo  una

«personalidad»   distinta       en  estas  diferentes  etapas:     a  medida    que

los  miembros     del  grupo   comienzan  a  agruparse no     sólo  por     con

 

 

293

 

tactos        emocionales,        sino  por  objetivos  y  valores  comunes  -los

cuales       surgen  en   el       curso  de     la  actividad  común  y  «motivados>»>

por  la       misma-,      el       grupo  adquiere    una  cualidad        totalmente       nueva

y  especial;  es    decir, se  convierte  en  colectivo.  Así,  el  contenido

socio-psicológico del     colectivo     se      entiende,  en         el       presente       libro,

 

como el nivel superior del desarrollo del grupo, el cual surge como

 

resultado  de       la       actividad  conjunta         y  se  caracteriza  porque todas

las   relaciones   de      los  miembros       del     grupo  están mediatizadas       por

esta actividad.    Esa cualidad es     la mediatización   de  todo el sistema

 

de relaciones intragrupales por la actividad, transforma de manera significativa el contenido de todos los procesos grupales, les con fiere, a su vez, una nueva cualidad.

 

La idea de mediatización de todo el sistema de relaciones de los miembros del grupo por la actividad, lo cual se logra a nivel del colectivo, puede provocar (y algunas veces provoca, en realidad, por parte de los oponentes) una objeción consistente en lo siguien te: ¿no se empobrece demasiado el mundo de las relaciones hu manas?; con este enfoque no resultan desplazadas las formaciones «fuera de la actividad•», a veces puramente emocionales, las cuales, no pueden excluirse, como es natural, de la trama real de las rela ciones interpersonales. Una objeción que en su forma peculiar también se manifiesta a menudo respecto al principio de la acti vidad en general.

 

En esta cuestión es necesario abstraerse de la exposición de la lógica general de los juicios de los autores y remitirse a algunas consideraciones del estudio de la ciencia, relativas en particular a la calidad de las teorías científicas y al nivel de su elaboración. Desde hace mucho tiempo se ha demostrado que el rígido tipo deductivo de la teoría sólo es posible para un grupo muy limitado de ciencias; ante todo, para la matemática y la lógica. En lo refe rente a las demás ciencias -incluso en esas disciplinas «canónicas*»

 

como  la  física-  cualquier  teoría  no  constituye  una  relación  rígida

 

de  sus juicios  desde el  punto  de vista  lógico.  Es  más,  ni  una sola

 

teoría en la psicología en general y en la psicología social en  par

 

ticular,  puede vanagloriarse  de esa  cualidad.  Todo  esto  lo  decimos

 

a  causa  de  que  la  objeción  antes citada  puede  surgir  en  realidad,

 

en  el nivel de  elaboración  de  la teoría socio-psicológica  del colee

 

tivo que tenemos en el trabajo que proponemos a la atención del lector. En la misma, no todos los pasos lógicos son perfectos, y

 

 

 

294

 

algunas veces, contrarios tanto a la esencia del principio de la acti vidad en general, como a la teoría del colectivo, la cual se estruc tura sobre la base de este principio; en algunos de sus «ligamen

 

tos»», de sus partes, puede surgir una aparente absolutización de la esencia activa de las relaciones interpersonales.

Por lo visto queda mucho por hacer para que la objeción que surge sea erradicada no sólo por la afirmación, sino por el per feccionamiento del propio contenido de la teoría, cuando la cues tión pierde actualidad. Además, se sabe que cualquier teoría en la ciencia se enriquece a medida que se confirma en la práctica; ante todo, en las investigaciones estructuradas sobre su fundamento. Si enfocamos de la misma manera la teoría socio-psicológica pi*o­ puesta del colectivo, entonces su evidente juventud también debe tomarse en cuenta. La cantidad de investigaciones realizadas según la hipótesis fundamental, es suficiente para hablar del nacimiento de una teoría, pero aún es insuficiente para que se desarrollen a plenitud sus funciones explicativas. El lector se convencerá con facilidad de que los autores continúan buscando; es decir, se propo nen nuevos recursos de interpretación de los fenómenos estudiados, nuevas bases de los juicios emitidos, procedimientos metódicos más adecuados. Se piensa que las últimas búsquedas en la esfera de la identificación eficaz y emocional del grupo (IEEG), son el ejemplo de cómo el nivel más alto de elaboración de la teoría suprime de manera consecuente las objeciones que surgieron en la etapa cuan do la investigación daba sus primeros pasos. Es importante que la idea general de la concepción permita decir, con completa segu ridad, que la teoría socio-psicológica del colectivo basada en el prin cipio de la actividad, no merece de ninguna manera el reproche de subestimar los componentes puramente humanos en las relacio nes interpersonales.

 

 

 

El proceso de formación de cualquier teoría nueva, forma con frecuencia una actitud ambigua hacia ella en el medio de la socie dad científica. De la misma manera, la teoría del colectivo, ha blando en el lenguaje de la psicología social, puede formar dos actitudes distintas respecto a sí misma. La valoración negativa puede provocarse por la transformación de los procedimientos ha bituales de investigación; por los resultados en apariencia firmes, obtenidos por personas con suficiente prestigio; por la agudeza inevitable y la dureza de la defensa de las nuevas posiciones en

 

 

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la discusión científica; por el diferente grado de elaboración de ¿dgunos eslabones de la nueva teoría, lo cual los hace convincentes en diferente medida, etc. La teoría socio-psicológica del colectivo propuesta puede provocar esa valoración, por cuanto a medida que formula sus postulados rompe en realidad muchas nociones tradi cionales referentes a la esfera estable de la psicología social, como es la teoría de los grupos pequeños. La dificultad de la reestructu ración la cual tiene que «resistir», engendra el carácter no compro metido de las exigencias que se plantean a la nueva teoría, la agu deza de la crítica de algunas de sus posiciones, el escepticismo respecto a los nuevos aportes.

 

La valoración positiva surge a partir de que en la elaboración de la nueva teoría no sólo se intenta aumentar el número de investiga ciones variadas, las cuales se realizan en la psicología social que se desarrolla con ímpetu en los últimos años, sino de entender íntegramente la amplia esfera de la investigación -que además es nueva-, de organizar una determinada lógica de su análisis. Tam bién atrae la valentía con la cual se refutan las conclusiones gene rales (por ejemplo, la dicotomía; el conformismo - no conformis mo), se critican las metódicas más difundidas (por ejemplo, la so ciometría). En esta valoración también están presentes todas sus consecuencias inevitables: la actitud relativamente tolerante hacia la fundamentación insuficiente y experimental de algunas conclu siones; hacia el carácter hipotético de algunos postulados, los cua les pretenden con frecuencia tener los mismos derechos que los sólidos resultados de las investigaciones, etcétera.

 

Podemos representarnos una discusión imaginaria entre los re presentantes de estos dos enfoques opuestos. Al evaluar sus resul tados es necesario no olvidar la necesidad práctica, desarrollada desde hace tiempo, de elaborar la teoría del colectivo en la psico logía social soviética. Es imposible decir que la necesidad de la misma apareció hace poco, el problema se planteó en toda su mag nitud ante todo el conjunto de ciencias sociales, ya en los primeros años del poder soviético. En algunas esferas se obtuvieron brillan tes resultados, cuyo ejemplo es la teoría pedagógica del colectivo elaborada por A. S. Makarenko. Los autores del presente libro tuvieron una actitud cuidadosa hacia esta herencia. Pero la teoría de A. S. Makarenko no era, en primer lugar, una teoría socio­ psicológica del colectivo, aunque en ella existían aspectos socio-psi cológicos que hasta el momento se han investigado de manera in

 

 

 

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suficiente; en segundo lugar, esta teoría se creó en la década del 30 y al ser una teoría vital, orientada en la práctica, estaba ínti mamente vinculada con la práctica social de aquellos años, de aquel período en la vida de la sociedad. La teoría del colectivo elaborada hoy día debe responder a las demandas actuales de la práctica. La sociedad socialista desarrollada es la realidad social que dicta esta tarea.

 

Sin hablar de todo el conjunto de cambios y transformaciones ocurrido en la sociedad, es importante interiorizar la idea de que justamente en la esfera del desarrollo de los colectivos, como for mas fundamentales de organización de todos los tipos de actividad de las personas, han ocurrido esos cambios esenciales, los cuales requieren de manera insistente de su comprensión teórica. Aun que esto se réfiere a las tareas de todas las ciencias sociales, a la psicología social le queda su propio estrato de búsquedas para la solución de este problema. Por ello existen todos los fundamentos para afirmar que las necesidades de la práctica, como juez árbitro en la discusión entre las dos actitudes opuestas respecto a la con cepción analizada, crean una superioridad sustancial a favor de su aprobación.

 

 

Al mismo tiempo es imposible no ver la inmensa ganancia me­ todológica que obtiene la psicología social soviética, al incluir en la esfera de la ciencia el problema del colectivo y la seria demanda de elaborar su teoría. Muchos epígrafes tradicionales de esta dis ciplina, adquieren modelos explicativos totalmente nuevos* Puede

 

suponerse  que  la  introducción  de  esta  problemática en      la       estruc

tura del     conocimiento  socio-psicológico  cambiará,  en     gran  medida,

la situación general en esta esfera  de la ciencia. Ya      en      la       actuali

dad  son    visibles  algunas  de  las  tendencias,  según las     cuales  ha

 

de desarrollarse la recomprensión de algunos postulados de la psi cología social. Ante todo, la revelación de la especificidad de esa

 

formación  de  grupo,  como  el  colectivo,  permite  ver         con    claridad

el  carácter  perspectivo  de  la  aplicación  del  principio       de      la       acti

vidad en la psicología  social. En este caso no  sólo se  declara,       sino

que «trabaj a» justamente; pues la hipótesis acerca · de que    el grupo

 

puede actuar en calidad de sujeto de la actividad, adquiere con firmación experimental. El grupo adquiere rasgos de ese sujeto precisamente en la fase del colectivo, cuando todos los miembros del grupo adopten los objetivos de la actividad grupal, cuando exista en ellos unidad valorativa y de orientación, mediatización

 

 

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de todo el sistema de sus relaciones por la actividad. Desde este punto de vista sería interesante analizar todos los procesos gru­ pales que coinciden en las fasess más bajas de desarrollo del grupo. Como esto sucede en una serie de otras ciencias, el análisis de las formas más desarrolladas puede hacerse como la clave para el aná lisis de las .fases anteriores.

 

El análisis de las características del colectivo como grupo de nivel superior, contribuye a la liquidación del abismo que se for mó en la psicología social tradicional entre el estudio de los gru pos y el de los procesos. La inadmisibilidad de esa ruptura puede considerarse un hecho demostrado: si el contenido de cualquier proceso grupal depende del contenido de la actividad grupal, del nivel concreto de desarrollo de esta actividad, entonces por prin cipio es imposible continuar la investigación de los procesos gru­ pales por sí mismos. Ni las condiciones de laboratorio, ni la inves tigación de los procesos en forma «pura», pueden conducir a la es

 

tructuración        de  modelos explicativos satisfactorios,       pues  la  aplica

ción  del  contenido  de estos  procesos     sólo   puede  darse  desde  afue

ra;  es  decir,       desde  el      contenido  de        la       actividad     social       realizada

 

por el grupo.

 

El enfoque del concepto de colectivo que hacen los psicólogos sociales también contribuye al avance en la esfera de un problema tan viejo, pe_ro tan extraordinariamente importante, como es la in terrelación'de la personalidad y la sociedad, de la personalidad y el grupo. El enfrentamiento de la libertad de la personalidad y su determinación por la sociedad a nivel del análisis sociológico -plan teado ya por los predecesores filosóficos de la psicología social­ obtuvo su solución en la interpretación marxista de la personalidad como sujeto y objeto, al mismo tiempo, de las relaciones sociales. En el plano operacional, particularmente en el sistema del conocí miento socio-psicológico, la introducción del colectivo como prin cipio explicativo permite realizar este postulado. La personalidad deviene sujeto de la actividad social y el grupo no la enajena de las características del sujeto. Por el contrario, si este grupo logra un determinado nivel de desarrollo -es decir, se convierte en colee tivo- el mismo (el grupo) no se opone a la personalidad, sino que se convierte en integración de las propiedades subjetivas de sus miembros y se transforma en un «sujeto común» especial de la ac tividad. Al mismo tiempo se introducen correcciones esenciales en la concepción del proceso de socialización de la personalidad, por

 

 

 

 

 

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cuanto resulta evidente la dependencia del contenido de este pro ceso del hecho siguiente: en los grupos de qué nivel se incluye la personalidad en las diferentes etapas de su desarrollo, en qué me dida la personalidad ha sido formada en un colectivo. Es dificil sobreestimar la importancia de la elaboración teórica del problema, como la clave para los procesos de educación comunista en la

 

sociedad socialista desarrollada.

 

No es posible, por supuesto, atribuir el mérito del planteamiento de todas estas cuestiones sólo a los autores del presente trabajo. T<ldelcolectivo de psicólogos sociales soviéticos introdujo un determinado aporte a la solución de los problemas mencionados. Y aún más, es imposible decir que el planteamiento de todas estas cuestfones está contenido en la concepción planteada. Sin embargo, ya e propio hecho de que su aparición estimule semejante búsque­ da, tdnuestra la perspectiva del enfoque. Si convenimos en que la tarea más importante de la estructuración del sistema marxista delconocimiento socio-psicológico, es la estructuración de teorías especfa �s i eferentes a esferas objétales especiales, entonces es necesarío aber justicia a los autores, quienes han sabido «selec donar», para la primera experiencia de estructuración de esa teoría, ia estera más importante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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COMENTARIOS TERMINOLÓGICOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Actividad intragrupal Es el sistema de inten elaciones inter guípales, las cuales se descubren y se forman en condiciones de interacción y práctica comunicativa de los grupos; ese sistema es engendrado por la división social del trabajo y la actividad colectiva.

 

Actividad intragrupah Es el sistema de relaciones interpersonales manifestado en las interacciones y relaciones de los miembros del grupo y se engendra y transforma por la actividad objetai conjunta y mediatizada por su contenido y valores.

 

Actividad por encima de la norma (AEN). Es un tipo especial de actividad socialmente útil propia del colectivo y relacionada con las tareas fundamentales que tiene ante sí. La actividad por encima constituye la actividad del individuo en el grupo, lo cual sale de los límites de la norma promedio estática. Las determinan tes motivacionales fundamentales . de la actividad por encima de la norma; están en el contenido social valorativo de la actividad co lectiva. Son ejemplos de la actividad por encima de la norma de los colectivos socialistas, el aumento de la productividad del tra bajo y la calidad del mismo, la adopción de compromisos socia listas, de planes de contraofensiva, etc. La AEN constituye el de sarrollo peculiar y la continuación, en condiciones de la actividad colectiva, del fenómeno de la actividad suprasituacional de la per sonalidad.

 

 

 

Apercepción social. Propiedad de la actividad grupal de acentuar la atención de los participantes del grupo en las cualidades de la personalidad y en las formas de relaciones interpersonales esen ciales para el éxito de la actividad conjunta.

 

Asignación y aceptación de la responsabilidad (AA R). Acto de asignación personal de la responsabilidad a sus participantes por

 

1 En «Comentarios terminológicos» se han incluido definiciones de trabajo de los conceptos, introducidas en el giro científico de la concepción estra­ tométrica o que en el marco de esta concepción han adquirido una defini­ ción distinta de la adoptada en general.

 

 

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separado por el éxito o fracaso en la actividad grupal. Se caracte riza en esencia por lo siguiente: en quién, en qué circunstancias los miembros del grupo asignan la responsabilidad por sus éxitos

 

y fracasos, así como en qué medida es objetivo el acto de asigna ción de la responsabilidad por sí mismo en unas u otras condiciones de la actividad grupal. El carácter de la AAR constituye el índice del nivel de desarrollo grupal.

Autodeterminación colectivista (AC).  Es  la  forma  concreta  de  la

 

interacción activa de la personalidad y el grupo, el concepto con cuya ayuda se refleja, de manera adecuada, la determinación real de la conducta de la personalidad de la posición del grupo. La AC es la particularidad de las relaciones interpersonales grupales en el

colectivo,  la  cual        actúa  como  actitud  selectiva  del  individuo  hacia

las   influencias  de      determinada  comunidad  concreta,  con  esa  acti

tud  él  acepta    una    de  las  influencias  grupales  y  rechaza  las  otras,

en dependencia de los factores mediatizantes; es decir, de las va loraciones, de las convicciones, de los ideales. La AC actúa como alternativa de conformidad, por una parte, y de inconformidad, de negativismo, por otra. En el colectivo, la AC constituye el recurso predominante de reacción ante la presión del grupo y, por eso, como rasgo formativo. El alto nivel de inclusión del grupo en la realización del objetivo, contribuye a la actualización de la ten dencia AC y bloquea el surgimiento de la conducta conformista. En el grupo difuso el fenómeno de AC no se manifiesta.

 

Colectivo (en la psicología social). Es el grupo en el cual las relaciones interpersonales están mediatizadas por el contenido so cial y personalmente importante de la actividad conjunta. En el colectivo actúan como determinantes las interacciones y las rela ciones interpersonales, mediatizadas por objetivos, tareas y valores de la actividad conjunta; es, decir, por su contenido real. En el co lectivo resultan primordiales en los procesos grupales la actitud hacia el contenido de la actividad colectiva, su motivación, su sen tido social, las normas y valores que actúan en el grupo, lo cual se revela en los actos de relaciones interpersonales propiamente dichos. Las diferencias cualitativas del colectivo respecto al grupo difuso se manifiestan en interrelaciones especiales, las cuales o bien no existen en el grupo difuso, o bien se manifiestan débil mente.

 

 

La autodeterminación colectivista, la unidad valorativa y de orientación, la identificación efi caz y emocional del grupo, el ca-

 

 

302

 

rácter socialmente valioso del núcleo motivacional de la selección

 

en el sistema de relaciones interpersonales, etc., constituyen esas interrelaciones. En el colectivo, los fenómenos de las relaciones interpersonales y las regularidades a las cuales están subordinadas, no sólo son diferentes en comparación con los grupos difusos, sino cualitativamente distintos.

 

Concepción  estratométrica.   Es     el       enfoque      especial      del       análisis

 

de    las     relaciones   interpersonales,    el       cual   presume      la       posibilidad

 

de examinar la estructura de varios niveles de los procesos gro pales (la característica de los estratos de la actividad intragrupal)

y realizar los procedimientos de medición correspondientes en estos estratos para detectar las diferencias de principio del grupo de alto nivel de desarrollo -del colectivo- de los otros tipos de comunida des. La concepción estratométrica señala un sistema especial de determinantes según los grupos altamente desarrollados. Ésta cons tituye un enfoque histórico-concreto del estudio de los fenómenos socio-psicológicos, realizado en el marco de la teoría de la media­ tización de la actividad de las relaciones interpersonales y que permite estudiar la conducta social del individuo en el sistema de sus relaciones objetivas. La concepción estratométrica analiza las relaciones interpersonales esenciales para el colectivo como me diatizadas por el contenido de la actividad grupal. La concepción estratométrica se relaciona orgánicamente con la teoría psicológica general marxista. A diferencia de la psicología social tradicional,

 

la  concepción  estratométrica separa         los  grupos  de      diferente     nivel

 

de desarrollo, teniendo en cuenta ante todo dos criterios: la exis tencia o ausencia de mediatización de las relaciones interpersonales por el contenido de la actividad grupal y el sentido social de la actividad conjunta. La concepción estratométrica introduce en el uso socio-psicológico los fenómenos de autodeterminación colecti­

 

vista de la unidad valorativa y de orientación, del núcleo motiva­

 

cional de las       selecciones, de      la       identificación  eficaz y   emocional

del   grupo,  de    referencia,  de       actividad por encima      de      la norma,

de    aceptación            y  asignación        de      responsabilidades, de       apercepción

social. Los fenómenos enumerados se incluyen en el contexto de la investigación socio-psicológica concreta como metódicamente ope­ racionalizados. La concepción estratométrica del colectivo, que se opone de manera directa a las distintas teorías socio-psicológicas de la psicología occidental -ante todo, de la norteamericana-,

 

 

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constituye la       base  metodológica,       sobre la       cual   resulta       posible

 

el  estudio  efectivo      de      los     fenómenos  de      las     interrelaciones  grupa­

 

les, de los mecanismos y  fuentes de la integración y la diferencia

 

ción grupal (ver Teoría de la mediatización por la actividad).

 

Contenido de la actividad grupal Es  la  característica  social  fon

 

damental del grupo. Se revela en el resultado de las respuestas a las preguntas: qué hace el grupo, cómo y en aras de qué. La pri mera pregunta se refiere a los objetivos y las tareas de la actividad grupal; la segunda, a las formas de su organización, y la tercera, al contenido de valores. La característica más importante de la actividad grupal es su contenido social de valores, su sentido social.

 

 

Criterios no psicológicos de la valoración del nivel de desarrollo grupal. Los tres criterios fundamentales para la valoración del nivel de desarrollo grupal son: 1) la calidad de la realización de la fon ción social fundamental, 2) el grado de correspondencia con las normas jurídicas y morales de la sociedad socialista y el sistema de las expectativas sociales en la misma, 3) la capacidad para garan tizar a cada uno de sus miembros la posibilidad para el desarrollo integral y armónico de la personalidad, de acuerdo con la atmós fera psicológica de las ideas humanas acerca de que el hombre es el valor más elevado y el objetivo final del desarrollo social. Todos estos criterios son analíticamente independientes; es decir, durante una investigación «en cortes» pueden actuar en cualesquie ra combinaciones.

 

 

 

Estratos de la actividad intragrupal. Son tipos cualitativamente diferentes de interacción grupal y de interrelaciones grupales, en

 

forma        desarrollada  sólo se  presentan  en  los  grupos    de  alto  nivel

 

de desarrollo. En la estructura de muchos niveles de las relaciones

 

en el colectivo es posible destacar varios estratos (capas) con di ferentes características psicológicas. El eslabón central de la es tructura grupal es la propia actividad grupal, su característica dé contenido socio-económico y socio-político. El primer estrato psi cológico registra las actitudes de cada miembro del grupo hacia la actividad grupal, hacia sus objetivos, tareas y principios; señala la motivación de la actividad grupal, su sentido social para cada participante. En el segundo se localizan las características de las relaciones interpersonales, mediatizadas por el contenido de la ac tividad conjunta. La mediatización por la actividad es el principio de existencia y comprensión de los fenómenos del segundo estrato.

 

 

 

304

 

El tercero, el estrato superficial, señala las relaciones interperso nales, dentro de las cuales los objetivos colectivos y los valores de la actividad no actúan como factor principal que mediatiza los contactos personales de los miembros del grupo. Los parámetros detectados durante el estudio experimental de la interacción di

 

recta  y  las  interrelaciones,  forman  la  capa  superficial,  no  especí

 

fica  del  colectivo.  Los  índices  de  la  tercera  capa  no  reflej an   las

 

características propias del colectivo. Entre ellos se catalogan la se lección de las «estrellas" sociométricas y de los «rechazados», los índices de la compatibilidad homoestática, sensomotriz y psico­ fisiológica, la cohesión determinada según los índices sociométri­ cos, etc. Los rasgos propios del colectivo forman la segunda capa de la actividad grupal. Esta capa caracteriza los parámetros estu diados experimentalmente de autodeterminación colectivista, de unidad valorativa y de orientación, de identificación eficaz y emo cional del grupo, de referencia, etc. Las regularidades, las depen dencias, las características detectadas durante el estudio de los fe nómenos de la tercera capa, no pueden extrapolarse hacia las ca racterísticas de la segunda capa, y a la inversa. La primera, la capa más profunda, está compuesta por las características específicas de la actividad grupal, determinadas por su actividad concreta, orien

 

tada hacia un objetivo.

 

Grupo difuso. Grupo en el cual  son  determinantes  las interrela

 

ciones  y  la  interacción  directas  entre  los  individuos.  En  el  grupo

 

difuso  no  existe  la  actividad  grupal  socialmente  condicionada,  por

 

tanto, no hay una  actitud  única de sus participantes hacia los fines

 

socialmente  importantes  de  la  interacción,  así como  personalmente

 

importantes.       El      carácter      de      las     interrelaciones  establecidas       en      él

 

está condicionado por factores sin relación con el contenido de la actividad socialmente importante; por ejemplo, la frecuencia de los contactos, la compatibilidad psicofisiológica, etc. El grupo di

 

fuso es el objeto típico de la psicología occidental de los «grupos pequeños».

 

Identificación colectivista (IC). Es la actitud hacia el compañero como hacia sí mismo, que actúa como alternativa respecto al al truismo y al egoísmo y que se forma en la actividad colectiva, como resultado de la apropiación de las normas éticas de la moral comunista.

 

Identificación eficaz y emocional del grupo (IEEG). Forma de identificación colectivista, en la cual la frustración y, por consiguien-

 

 

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te, los sufrimientos de uno de los miembros son dados a los demás como motivos de conducta, que organizan su propia actividad orientada al mismo tiempo hacia la realización del objetivo grupal y al bloqueo del frustrador. El fenómeno de IEEG se refiere a las relaciones interpersonales y constituye su forma especial, cuando las emociones de uno de los miembros del grupo motivan, de de terminada manera, la conducta de los demás miembros del grupo; orientándola no sólo hacia la realización de las tareas de la acti vidad conjunta, sino también hacia la eliminación de la influencia ilustradora sobre el compañero. La IEEG predomina en el colee tivo y se manifiesta débilmente en el grupo difuso. La formación de las relaciones de IEEG ocurre en el proceso de la actividad conjunta sobre la base de la unidad de las nociones valorativas de los miembros del grupo acerca del objeto de la actividad. El fenómeno de IEEG no puede reducirse a las particularidades indi viduales de los valores morales superiores que mediatizan las rela ciones interpersonales (ver Identificación colectivista).

 

 

Interacción grupal. Conjunto de relaciones comunicativas y ope­ racionales interindividuales determinadas por la tarea concreta,

 

actualizada en ese momento en el grupo, de la actividad.                          

       Inter  relaciones grupales.       Sistema       de      objetivos       interpersonales,

de    orientaciones,       de      expectativas  determinadas      por  las       valoraciones

y     las     emociones, las     cuales surgen         en      el       proceso  de  la       actividad y

la  relación  intragrupal,  y  en el  grupo  de  nivel  superior  de  desa

rrollo  -en  el  colectivo-,  ante todo,  por  el  contenido  de      la  activi

dad conjunta social y personalmente importantes.                                    

       Nivel de desarrollo        grupal         Es  la  característica  general,  integra­

tiva socio-psicológica  del     grupo,         determinada según los     criterios

 

de la importancia social de la actividad grupal y el grado de me­ diatización de las relaciones interpersonales por el contenido de la actividad. Las regularidades inevitables para los grupos de bajo nivel de desarrollo, no pueden trasladarse al colectivo.

Mediatización  por  la   actividad.    Rasgo formador    del     sistema

 

de las relaciones interpersonales, las cuales surgen en la actividad grupal objetai, y es su principio explicativo. La consideración de la mediatización por la actividad durante el análisis de las relaciones interpersonales, engendra diferencias de principio de la concepción estratométrica del grupo y de los procesos grupales del enfoque tradicional del estudio de los fenómenos socio-psicológicos del grupo en la psicología occidental y deviene fundamento para la

 

 

306

 

elaboración de la teoría especial de la mediatización por la activi­ dad de las relaciones inter per sonales como ulterior desarrollo de la concepción estratométrica.

 

Núcleo motivacional de la selección en el sistema de las rela­

 

ciones inter per sonales. Es el sistema de motivos de la selección interpersonal que se revela en la investigación socio-psicológica y actúa como base de las preferencias sociométricas y que da, al mismo tiempo, una característica más esencial de la diferenciación grupal que la descripción por sí misma de la red de las relaciones emocionales interindividuales. El enfoque del núcleo motivacional de la selección no acentúa la atención en el propio hecho de la selección en el sistema de las inter relaciones grupales, sino en sus motivos, como el eslabó1_1 mediatizador de la selección y la dife renciación grupal. El análisis de los motivos de las selecciones in terpersonales detectadas con ayuda de un procedimiento experi mental especialmente elaborado, posibilita analizarlos como un fenómeno de las relaciones establecidas en el grupo durante la

 

realización de      la       actividad     conjunta.     El      núcleo         motivacional       de

 

la  selección  es  la estructura estable  de  los  motivos,  la  cual forma

 

la base psicológica de la preferencia individual y determina la jerarquización de los sujetos por su valor para el individuo, desde el punto de vista de las tareas que tiene ante sí.

 

Teoría de la mediatización por la actividad. Es la teoría psico­ lógico -social especial de la actividad intragrupal, la cual se forma como resultado de la ulterior profundización y el desarrollo de la

 

concepción estratométrica.     Su  base  es  el  principio  de  mediatiza

ción por    la       actividad;    es      decir,  la  noción  acerca de  que        en  cual

quier         grupo no  difuso  las  relaciones  interpersonales  se  mediati

zan  por    la       actividad     socialmente  importante de      este   grupo.  El

grupo  como       sujeto  de    la       actividad  conjunta         realiza         su       objetivo

 

en el objeto concreto y, al mismo tiempo, se modifica al trans formar las relaciones interpersonales. El carácter y la tenden cia de estas transformaciones dependen del grado de mediatización de los mismos por el contenido de la actividad y el valor social de la propia actividad. En la teoría de la mediatización por la ac

tividad      el       principio  de  la  actividad  que  forma  el    eslabón  cen

tral  de      la       concepción  marxista     psicológica general        del       hombre,

se  extiende        hacia  la  esfera  de         la  psicología        social.         La       teoría  de

 

la mediatización por la actividad constituye un sistema de afir maciones y demostraciones interrelacionadas y contiene en sí los

 

 

307

 

métodos de explicación y las posibilidades de predicción del sur gimiento de los diferentes fenómenos socio-psicológicos de la acti

vidad grupal.

 

Teoría psicológica del colectivo. Ver Teoría de la mediatiza­ ción por la actividad. Concepción estratométrica.

 

Referencia. Es la forma sujeto -sujeto-relaciones objetivas, la dependencia manifiesta, basada en la necesidad de orientación social, del sujeto respecto a otro individuo y que actúa como actitud colectiva hacia él en condiciones de la tarea de orienta ción en el objeto. Aquí por orientación se entiende la tarea de percibir el objeto, de comprender, de valorar, en general de tener cierta actitud hacia el objeto. La referencia de unas u otras per sonas para determinado individuo presupone, ante todo, su im portancia para él en el plano de solución de la tarea que tiene ante sí. La calidad de la referencia sólo puede descubrirse en condiciones de la situación de correlación del sujeto con los obje tos, la cual surge de manera constante en la actividad grupal, para él esencialmente importante. Como objetos pueden actuar los objetivos y las tareas de la actividad conjunta, las situaciones emocionales y de conflictos, los participantes de la actividad con junta, las dificultades objetivas que surgen en el camino de su realización, las cualidades personales de cada sujeto, etc. La re

 

 

ferencia     señala en      sí       la       posibilidad  potencial     de      enfocar       a        un

 

individuo  importante,  o       a  varios,     seleccionado        entre  un       conjunto

 

de  otros,  para  clasificarlo  de  manera  mediatizada  entre  los  obje

 

tos   del     conocimiento,      importantes para  el       sujeto dentro         de       las

 

condiciones        de  las  interrelaciones    grupales.     En  esa        concepción,

el  fenómeno      de      referencia  es  más universal     que    las     relaciones

que  fueron         objeto de      investigación  en   los  trabajos por    los  grupos

de referencia.      Es     el  conjunto de      procedimientos     metódicos

Referentometría.                                     

 

que  permite  revelar  un  conjunto  de  personas  a  cuya  opinión  re

 

curre,  en  primer lugar,  el  individuo  en   el  grupo.  Con  ayuda  de

la     referentometría     se  determina  el  importante  círculo  de  relación

del   individuo.  La       referentometría  apela    a  los  aspectos  valorativos

 

y de orientación de las relaciones interpersonales en el grupo. Los datos obtenidos con ayuda de la investigación referen toro étrica se diferencian sustancialmente de los datos sociométricos.

 

Sujeto-sujeto-relaciones objetivas. Es la forma de relaciones in terpersonales en la cual el sujeto al tender hacia cierto objeto

 

 

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(éste puede  ser  una idea,      un objetivo y el recurso de la actividad,

una  situación     concreta  de cualquiera, incluida la  del propio  sujeto,

las   cualidades   personales,  etc:)  y  al  afanarse  por  percibirlo  de

alguna manera, por comprenderlo, interiorizarlo, aceptarlo o re chazarlo, se dirige hacia otro sujeto como a la posible fuente de

 

orientación  en  este  objeto.  La  mediatización  social  actúa aquí

como        mediatización  por la  persona  concreta.  Otra  persona  provo

ca  la         actitud  selectiva,  activa del     sujeto.        Como manifestación  de

las   relaciones   objetivas-sujeto-sujeto   (S         -  Si  -   O-relaciones),

pueden señalarse las relaciones de referencia y autoridad.     

Unidad objetai valor     ativa. Es     una  de        las  manifestaciones       más

importantes        de      la       unidad valorativa y de orientación.  La  unidad

 

objetai  valorativa        se  manifiesta  en  los  actos  de mediatización       de

 

la  actividad  individual por  el  contenido valorativo  único  del  obje

 

to de la actividad conjunta. Sobre la base de la unidad objetai valorativa en el proceso de la interacción grupal socialmente im

 

portante,   se  forma  la  comunidad  de  nociones  acerca  de  las  for

mas  para  lograr  los   objetivos  comunes,  de  la  conducta apropiada

de los miembros del colectivo.                          

Unidad     valorativa   y       de  orientación  del grupo        (UVO).  Es  el

índice        de      la  cohesión  grupal,  el  cual  actúa  como  característica

integral     del  sistema de      relaciones  intragrupales, que    refleja         el

 

nivel o el grado de coincidencia de las opiniones, de las valora ciones, de los objetivos y posiciones de los miembros del grupo respecto a los objetos (a los objetivos de la actividad, a las per sonas, a las ideas, a los acontecimientos), más importantes para el grupo en su totalidad. La UVO como índice de cohesión grupal no presupone de ninguna manera la coincidencia de las valora ciones y las posiciones de los miembros del grupo en todos los sentidos, ni la nivelación de las personalidades del grupo. El cua dro multifacético y suficientemente variado de gustos, de valores

 

estéticos,   de  intereses literarios,    etc.,  en       los  miembros  del  grupo,

 

no obstaculiza el mantenimiento de la cohesión del grupo. La UVO

 

en  el         colectivo     es,  ante      todo, el  acercamiento  de       las       valoraciones

en    las     esferas        moral y       de  trabajo,  en  el  enfoque      de      los  objetivos,

de    las     tareas y       valores       de  la actividad  conjunta.        La      UVO  es  una

actitud positiva única hacia los objetivos y valores grupales so cialmente importantes.

 

 

 

 

309

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"

 

RELACION DE TRABAJOS REALIZADOS EN EL MARCO DE LA CONCEPCION ESTRATOMÉTRICA

 

 

 

 

 

 

RIO - RJ.  _

 

 

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324

 

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------------------ : «El vínculo de las relaciones interpersonales y de

 

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------------------: La investigación experimental de la independencia

 

en la actividad laboral (en las condiciones de las escuelas técnico­ profesionales y de la escuela de enseñanza general). Autorresumen de la tesis de candidatura, Moscú, 1 973 , a.

 

 

325

 

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-------- --------- : «La comunicación de los alumnos mayores en el

 

proceso de la ayuda mutua», en la selección: Problemas de la educación y de la comunicación, Tartu, 1 974, 2da. parte, b.

 

------------------ ., «La característica socio-psicológica de la selectividad

 

de  la  comunicación  en  el  colectivo  del  grado»,  en  la  selección:

 

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_ _ _ _ _ _ _ ; _ _ _ _ _ _ _ _ _ _: «Componentes psicológicos de la interacción de los alumnos en el proceso docente», en la selección: Problemas socio­ psicológicos en la sociedad socialista desarrollada. Tesis de las ponencias al V Congreso Nacional de la Sociedad de Psicólogos,

 

Moscú, 1 977, a.

 

---------------- �Aspectos socio-psicológicos de la formación de la

 

personalidad  del  escolar»,  en  la  selección:  La personalidad y la

 

actividad cognoscitiva, Ulianovsk, 1 977, b .                                  

------------ --l:- A Sv ir id o va y E. G . Ch e r n o v a     ¡ «La investigación

de  las  relaciones  valorativas  en  los  diferentes tipos  de  la  acti­

vidad  grupal»,  en  la  selección:  La psl(:ología de      los     colectivos

por edades, Moscú, 1 978 .     '                           

                                   

Zo z u l ,  V. A. :  «Acerca del  problema de  la   autoridad    del     subordina­

 

do», en la selección: La psicología de los colectivos por edades, Moscú, 1 978.

 

 

 

 

Rúa das Marrecas, 50-Sobr.

 

CINELÁNDSA - RIO - RJ

 

 

CEP 20031 - TEL. 262-0856


FIN

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