© Libro N° 14355. Teoría Psicológica Del Colectivo. Bajo La Redacción De A. V. Petrovski. Emancipación. Octubre 11 de 2025
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TEORÍA
PSICOLÓGICA DEL COLECTIVO
A. V. Petrovski
Teoría
Psicológica
Del Colectivo
Bajo La
Redacción De
A. V. Petrovski
TEORIA
PSICOLOGICA DEL COLECTIVO
Bajo la redacción de A. V . P etrovski
PSICOLOGIA SOCIAL
EDITORIAL DE CIENCIAS SOCIALES, LA HABANA, 1986
Tomada de Psijologi,cheskaia teoriía kollektiva, Pedagogika, Moscú,
1979.
TRADUCCIÓN: MES
REVISIÓN TÉCNICA: Mara Fuentes Avila
EDICIÓN: Gladys Alonso González
REDACCIÓN: Vivian Cepero'Alfonso
DISEÑO: Luis Pablo Jiménez Caballero
REALIZACIÓN: Xiomara Gálvez Rosabal
CORRECCIÓN: Magaly Millán Castillo
Natacha Fajardo Alvarez
Lea Lozano Ramil
© Sobre la presente edición:
Editorial de Ciencia�- Sociales l986
Estimado lector, le estaremos muy agradecidos si nos hace llegar su
opinión, por escrito, acerca de este libro y de nuestras ediciones.
Editorial de Ciencias Sociales, calle 14 no. 4104, Playa, Ciudad de La
Habana, Cuba.
ÍNDICE
Nota de presentación a la edición cubana Del redactor. A. V. Petrovski /
1
PRIMERA PARTE. FORMACIÓN DE LA CONCEPCIÓN ESTRATOMÉTRICA DE LA
PSICOLOGÍA
DEL COLECTIVO/ 9
Capítulo l. Vías del desarrollo de la psicología social en la URSS/ 10
Capítulo 2, Surgimiento y esencia del enfoque estrato métrico en la
psicología del colectivo/ 26
SEGUNDA PARTE. FENOMENOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERPERSONALES EN LOS
GRUPOS Y COLECTIVOS/ 57
Capítulo 3. La cohesión de grupo como una unidad valo rativa y de
orientación/ 58
Capítulo 4. Autodeterminación colectivista I 88
Capítulo 5. Identificación eficaz y emocional del gru po / 98
Capítulo 6. La asignación y la aceptación de la responsa bilidad en la
actividad del grupo/ 125
Capítulo 7. La selección en las relaciones interpersonales y su
motivación/ 139
Capítulo 8. La referencia como una característica del sistema de las
relaciones interpersonales/ 148
TERCERA PARTE. LA CONCEPCIÓN ESTRATOMÉTRICA Y LOS PROBLEMAS ACTUALES DE
LA INVESTIGACIÓN SOCIO-PSICOLÓGICA/ 171
Capítulo 9. La concepción estratométrica y los problemas de la
efectividad grupal / 172
Capítulo fo. Análisis de la estructura jerárquica de la actividad
grupal/ 211
Capítulo 11. Algunos
aspectos psico-psicológicos de la
concepción estratométrica/ 246
Capítulo 12. Teoría de la mediatización
de la actividad
de las relaciones interpersonales y la psicología tradicional
de los grupos
pequeños en sus
diferencias de prin
cipio / 262
Para una estructuración de la teoría psicológica del colectivo. Epí logo
de G. M. Andreieva / 291
Comentarios terminológicos I 301
Relación de trabajos realizados en el marco de la concepción
estratométrica I 311
NOTA DE PRESENTACIÓN A LA EDICIÓN CUBANA
En 1976 me encontraba en Moscú cumplimentando una de las eta pas de los
estudios de candidatura que realizaba en aquel entonces. Trabaj aba el área de
los grupos pequeños y en mi tesis existían incógnitas en la explicación de
algunos resultados obtenidos, las cuales no me permitían superar las teorías
socio-psicológicas co nocidas hasta ese momento. En esa circunstancia personal
recibí una invitación para participar en un ciclo de conferencias que serían
impartidas por prestigiosos psicólogos sociales soviéticos en la Universidad
Estatal de Moscú. Uno de estos psicólogos era A. V. Petrovski. Hombre de
pequeña estatura, dinámico, orador convin cente. Por espacio de dos horas
expuso las consideraciones fon damentales de la concepción estratométrica de la
actividad intragrupal -como fue denominada en sus inicios esta concepción- y
fui comprendiendo poco a poco que ésta podía ser la alternativa que necesitaba
para explicar algunos resultados de mis series ex perimentales. Ojalá, la
lectura de este libro le sirva de igual ma nera a otros investigadores que
trabajan la problemática del grupo pequeño, como guia para la creación de un
enfoque teórico y meto dológico, el cual permita entender la peculiaridad que
reviste el establecimiento de los procesos dinámicos intragrupales en las dis
tintas etapas del desarrollo de los grupos humanos.
La concepción estratométrica abre nuevas alternativas en el aná li,sis
de la formación, desarrollo y consolidación de los procesos grupales en el
marco del grupo pequeño, pero permite ante todo obtener una sistematización en
la interpretación socio-psicológica de los fenómenos estudiados.
En la obra se parte del supuesto de que la concepción estrato métrica
es una consecuencia del propio desarrollo alcanzado por la psicología social
soviética. En la primera parte se ofrece un análisis a fondo y muy detallado de
las circunstancias en que surge y se desarrolla la psicología social en la
URSS, la problemática alrededor de la determinación de su objeto de estudio,
así como
V
los tres grupos de problemas que se incluyen en la actualidad en la
estructura de la psicología social. Desde los primeros momeo
tos queda muy clara la idea de que, al ser el colectivo una célula
social cualitativamente superior al grupo, los fenómenos socio-psicológicos que se
manifiestan en él tienen cualidades definitiva
mente diferentes a las que
poseen los grupos difusos. Para
realizar este análisis A. V.
Petrovski presenta distintas definiciones
de colectivo a las cuales se les señala enfatizar en el aspecto relativo
a los objetivos sociales de la actividad conjunta con olvido de los
métodos apropiados para estudiar las relaciones interpersonales que tipifican
la esencia de estos grupos; por tanto, el análisis queda en el plano de
descripción sociológica del fenómeno. Consideramos muy adecuada la utilización
de las definiciones de grupo ofrecidas por los autores más representativos de
la psicología social no marxista, para poner de relieve que el aspecto
psicológico de esas definiciones aparece representado por vínculos de corte
afectivo emocional en la membresía. Así, esta interpretación -según el cri
terio del autor- es incompatible con la base necesaria para estruc turar una
adecuada concepción socio-psicológica del colectivo. Se introduce, por tanto,
el concepto de autodeterminación colectivista (AC) como punto de partida para
analizar el fenómeno de las relaciones interpersonales en el colectivo. En este
sentido, quiero llamar la atención dejos lectores por la significación que
tiene el siguiente señalamiento de A. V. Petrovski acerca de la importancia de
la AC: «El estudio de este fenómeno fue esencialmente la pla taforma
metodológica para el paso de la comprensión del grupo como comunidad de
individuos que contactan entre sí desde el punto de vista emocional y operacional,
a otra comprensión de la misma que incluía la necesidad de tomar en
consideración los fac tores que mediatizan estas relaciones superficiales.»
La segunda parte de la obra -la consideramos como la más sólida desde el .punto de vista
teórico- está dedicada a analizar las peculiaridades que asume el fenómeno de
las relaciones interpersonales en los distintos niveles
de desarrollo del grupo. Se presenta la problemática de la cohesión
grupal a partir
de un análisis
de las distintas tendencias existentes en
su estudio, comenzando
por la presentación del fenómeno tal y como lo concibió la psicología
social no marxista (se destacan los nombres de R. Bales, L. Festin ger, N.
Newcomb, S. Schachter). Se brinda una revisión crítica muy acertada de las
limitaciones de estas concepciones en el éstudio de la cohesión y se pasa de
inmediato a analizar este fenómeno en los marcos de la concepción
estratométrica como expresión de la unidad de orientaciones valorativas para
los grupos tipo colee tivos. En este análisis se destacan las figuras de V. V.
SpaliMki y A. l. Dontsov, quienes postularon los principios fundamentales para
el estudio de la cohesión grupal a partir de la concepción estrato
métrica. Se introducen interesantes datos aportados por R. S. Vais man
y L. E. Komarova, quienes profundizan en el análisis del criterio de la unidad de
orientaciones valorativas al
considerar que las particularidades de la situación
en que se desarrolla
la actividad del grupo, contribuye a la
actualización de las cualidades de la personalidad relacionadas con las peculiaridades de la
actividad conjunta, para llegar así a la conclusión de que la actividad con
junta de grupo posee la propiedad de la apercepción social; es decir, «la
capacidad de actualizar y orientar la atención del grupo hacia la evaluación de
aquellas cualidades de la personalidad de sus miembros significativas para el
éxito de la actividad conjunta».
En relación con la problemática de la autodeterminación colee tivista
(AC), la misma se presenta como una consecuencia de la auto determinación de la
personalidad en el colectivo, cuyo estudio resultó el primer paso en el proceso
de formación de la concepción estrato métrica. Se describen las
investigaciones más relevantes llevadas a cabo con el objetivo de profundizar
en las características del fenóme no y sus manifestaciones. En este sentido le
sugerimos al lector que preste especial atención a los trabajos de l. A.
Oboturova y A. A. Turovska. La investigación de l. A. Oboturova con escolares
en quienes se estudió la relación entre la AC, la sugestión y la con formidad,
puso de manifiesto que la AC no es posible reducirla ni a lo uno, ni a lo otro,
pues la AC es un fenómeno propio del grupo con un alto nivel de desarrollo del
colectivo. En los trabajos de A. A. Turovska, realizados con estudiantes de
enseñanza media, se analizó un aspecto interesante en la formación del fenómeno
de la AC: el estudio de la relación entre la manera en que los miem bros del
grupo le atribuyen a su grupo objetivos socialmente sig nificativos y la
manifestación de actos de AC en el grupo, con lo cual se evidenció que en la
medida en que la atribución de obje tivos socialmente significativos a la
actividad grupal es mayor, mayor será la manifestación de la AC y menor la
manifestación de conductas conformistas. Un tratamiento similar se le adjudica
al fenómeno de la identificación eficaz y emocional del grupo (IEEG).
Vil
Este fenómeno se analiza como surgido a partir de la adquisición de un
alto nivel de desarrollo del grupo, lo cual trae como conse cuencia que las
relaciones interpersonales entre sus miembros se encuentren mediatizadas por
altas valoraciones morales. Se esta blece una unidad entre la aparición de la
AC y la IEEG, como rasgo característico de las relaciones intragrupales en
etapas pos teriores de su desarrollo.
En relación con esta parte del libro queremos señalar que el autor utiliza un criterio para la
clasificación grupal en sus dife rentes niveles de desarrollo que, a nuestro
juicio, resulta muy simple; pues la concepción que lo sustenta no refleja toda
la rique za encerrada en la problemática del desarrollo grupal, ni la
complejidad de su medición. Hacemos esta reflexión porque -aunque el objetivo
del libro no es profundizar en el fenómeno del desarrollo grupal en sí mismo-
creemos que dado el grado de novedad que pueda tener para el lector cubano esa
concepción, resulta opor tuno acentuar la relevancia que tiene este hecho en la
psicología social marxista. La ubicación de un grupo en un nivel de desarrollo
no puede concebirse como un simple acto en el cual se adjudica una etiqueta de
presentación al grupo, sino como una investiga ción en sí misma en la cual se
hace necesario el análisis sistemá tico de un conjunto de variables cuya
existencia e interrelación definen la vida grupal. La propia concepción del
desarrollo grupal por niveles o etapas ha requerido de un largo proceso de
madura ción, basado en investigaciones que identifiquen, desde distintos
ángulos, las peculiaridades de los grupos con diferente desnivel de desarrollo.
En este sentido deseamos apuntar que los psicólogos soviéticos han realizado un
interesante y profundo análisis de este fenómeno, y precisamente A. V.
Petrovski se encuentra entre quie nes hai> trabajado, de manera más
consecuente, el problema utili zando un enfoque socio-psicológico, lo cual
siempre ha estado pre sente en otros psicólogos que han trabaj ado este aspecto
con una tendencia muy marcada a emplear una descripción sociológica en la
caracterización de los distintos niveles de desarrollo del grupo.
La tercera y última parte de la obra, dirigida a presentar la uti
lización de la concepción estratométrica en la investigación socio psicológica
concreta, reviste una gran importancia en el sentido
en que aparecen descripciones de investigaciones en las cuales,
utilizando el enfoque estratométrico, se ha podido arribar a resultados que
constituyen premisas para la reelaboración o reformula ción de algunas
concepciones teóricas. Así, por ejemplo, en el ca pítulo dedicado al análisis
de la problemática de la efectividad grupal a partir de la concepción
estratométrica, se evidencia la in suficiencia de los enfoques tradicionales en
el estudio de esta pro blemática, por cuanto los mismos se basan únicamente en
el aná lisis de la relación entre las peculiaridades estructurales de los
grupos y la efectividad de su actividad conjunta, llegando algunos autores a
obtener inclusive resultados contradictorios, como es el caso de la tan
estudiada relación cohesión-productividad en la cual un grupo de investigadores
reportan una correlación alta y positiva, mientras otros obtienen resultados
que refieren una correlación alta y negativa. Asimismo, creemos que este
capítulo es el mejor logrado desde el punto de vista técnico, pues la
descripción de los trabajos y el análisis de sus resultados permiten al lector
compren der las posibilidades de indagación metodológica que ofrece la concepción
estratométrica.
Por último, consideramos que ha sido un gran acierto por parte de la
Editorial de Ciencias Sociales la publicación de esta obra, la cual
contribuirá, estoy segura, al desarrollo teórico y metodo lógico de los
especialistas en psicología y, en particular, de los psicólogos sociales a
quienes va dirigida en lo fundamental.
MARA FUENTES AVILA
Marzo de 1985
DEL REDACTOR
Cada período en la historia de una ciencia concreta tiene su favorito.
Por ejemplo, los físicos del siglo xvn sentían predilección por la mecánica; a
fines del siglo xix y principios del xx, era por la electricidad y a mediados
del siglo xx, la física nuclear y la elec trónica atraían el corazón y la
inteligencia de los investigadores de mayor talento. Si hablamos de psicología
vemos que en la ac tualidad se plantea con claridad en un primer plano la
psicología social en sus diferentes formas: la psicología de la personalidad, la dinámica
de grupo, las
investigaciones de los
grupos pequeños, la psicología de
la dirección, la psicología de la comunicación, la psicología de la propaganda
y la publicidad, la psicoterapia del grupo, etc. Claro está, no puede decirse
que las viejas e impor tantes ramas dej an de desempeñar su papel, florece la
veterana psico-física que sentó, cien años atrás, las bases del estudio expe
rimen tal de la psicología en los trabajos de l. Sechenov, A. Fechner y W.
Wundt. Sin embargo, los ritmos de avance, la cantidad de trabajos científicos y
las pretensiones de los investigadores en la esfera de la psicología social, se
incrementan con una rapidez mucho mayor que en .otras partes.
Esto no debe causar asombro. La psicología social combina de manera
adecuada las cualidades de las ramas teórica, experi mental y aplicada, y es el
resultado típico de la revolución cien tífico-técnica. La psicología social
responde a las necesidades de la producción y del managment, de la medicina y
la pedagogía. Promete orientar la práctica en las posibilidades del grupo, el
cual debe cumplir una importante tarea, tomar y llevar a la práctica una
importante decisión, hallar un estilo óptimo de conducta y seleccionar un
dirigente idóneo.
¿El psicólogo social resuelve siempre estas difíciles tareas?, ¿si�mpre
responde a ellas, apoyándose en datos científicos? o ¿se limita a intercambiar
sonrisas de Augur con sus colegas? A estas preguntas es necesario responder
indistintamente en los diferentes
casos.
En la actualidad, en boca de muchos psicólogos de Estados
Unidos, donde la psicología social comenzó
a desarrollarse primero y al parecer ha
avanzado más que en otras partes, son cada
vez más frecuentes las exclamaciones críticas y ya se pronuncia en voz alta la
palabra «crisis>>-.
La crisis metodológica propia de la psicología norteamericana de hoy, es
una cuestión evidente e indiscutible. Los psicólogos de Estados Unidos hallan
explicaciones a estos fenómenos de crisis: la baja validez ecológica del
experimento socio-psicológico (los datos del experimento de laboratorio no se
corresponden con los hechos reales de la vida social) y la falta de competencia
profesional en que asume un psicólogo la responsabilidad de resolver tareas
para las cuales no existen datos científicos competentes, etc. Sin em bargo, la
causa fundamental de las desagradables consecuencias del desarrollo intensivo
de la psicología social en Estados Unidos, radica en la evidente debilidad
metododológica. Quizás, esto llame aún más la atención en la esfera seleccionada
como objeto de nuestras investigaciones: en la psicología del grupo.
La psicología social tradicional se caracteriza por no contar con un
fundamento teórico único para la comprensión de los diferentes fenómenos
sociales y psicológicos. Las leyes de la conducta de los hombres en diferentes
grupos se reducen, en lo esencial, a depen dencias mecánicas: el grupo ejerce
presión, sus miembros se subor dinan a la presión del grupo; el grupo siente
atracción por deter minados individuos y a otros los rechaza o, por el
contrario, los expulsa de su medio; el número de contactos dentro del grupo au
menta, el grupo se hace más fuerte; aumenta el número de sus miembros, las
relaciones se deterioran y rompen, etc. En ciertas ocasiones, el behaviorismo
-una de las tendencias más influyentes de la ciencia psicológica
norteamericana- representaba al hombre ante todo como un mecanismo que
reacciona ante diferentes estímu los. En la actualidad, los sucesores del
behaviorismo están dis puestos a ver en cualquier grupo social un agregado
mecánico de
individuos que se relacionan e interactúan exteriormente. Pero si es en
cualquier grupo, ¿esto significa que también ocurre lo mis mo en un colectivo?
Como se sabe, la psicología occidental no reconoce el colectivo como
comunidad social. Pero surge una pregunta: ¿puede hacerse
2
extensiva la acción de estas regularidades mecanicistas a todos los
grupos, incluidos grupos altamente desarrollados como los colee tivos? El punto
de vista contenido en los trabajos de los psicólo gos norteamericanos, de
acuerdo con el cual un grupo pequeño estudiado experimentalmente es un modelo
adecuado de comuni dad humana en general, predetermina en esencia una
respuesta: sí, puede ser. Por principio, para nosotros esta posición es inacep
table y si la detectamos de manera abierta o encubierta en traba jos de algunos
de nuestros autores le haremos una fuerte crítica.
El hecho que se plantee en un primer plano el problema del colectivo en
la psicología social soviética, se relaciona con las par ticularidades de la
sociedad soviética, con las exigencias del tiem po y con las tareas planteadas
por los XXIV y XXV Congresos y con las necesidades de buscar y hallar vías
adecuadas y científica mente argumentadas para la formación de una posición
vital activa del hombre mediante su educación en el colectivo y mediante el
colectivo. Esto hace muy necesaria la comprensión de las regula ridades
sociales y psicológicas del funcionamiento del colectivo y del proceso de
formación de la personalidad en él. Ver y com prender la personalidad en el
colectivo y el colectivo en la perso nalidad que se forma y transforma,
significa responder a las inte rrogantes más importantes planteadas a la
psicología social por la
época del socialismo
desarrollado. Sin dudas,
sólo es posible
aso
mir la responsabilidad de resolver esta tarea cuando se rompe,
de manera definitiva, con la
tradición reafirmada en
investigacio
nes verdaderamente deshonestas de los procesos de grupo en los países
capitalistas y se relaciona con la exigencia necesaria a los trabajos
socio-psicológicos realizados en nuestro país los cuales no asimilaron, en una
u otra medida, críticamente esta tradición.
La idea central de nuestro libro consiste en el estado de la per
sonalidad en el colectivo y los procesos de formación en él de las relaciones
interpersonales, su carácter y regularidades, son dife
rentes en principio, en comparación a cómo se han determinado
y fij ado en la psicología social
burguesa. Las tareas que intentamos
resolver, con un
enfoque específico de los problemas psicológicos
de los grupos y, en especial,
con la concepción estratométrica,
son
las siguientes: tomar
conciencia de estas
diferencias; interpretar
las desde el punto de vista teórico; señalar su manifestación em pírica
y mostrar, mediante la elaboración de una concepción meto dológica, el carácter
sintético de estas manifestaciones; evidenciar su importancia para la solución
de los problemas aplicados -y, ante todo, los pedagógicos- y hallar un
principio metodológico gene ral que pudiera formar la base del estudio
psicológico de cualquier tipo de grupos (el principio del condicionamiento por
la actividad se presentó como veremos con posterioridad). En los últimos tiem
pos, la concepción estratométrica adquiere cada vez más los rasgos de teoría
socio-psicológica especializada, de teoría de la media tización de las
relaciones interpersonales por la actividad.
Los fundamentos del enfoque estratométrico se formaron hace
relativamente poco tiempo, entre 1969 y 1973, y se reflejaron en una serie de
artículos y otras publicaciones,1 muchos se han incluido en el texto de nuestro
libro de manera completa o reelaborada. El libro puesto a consideración de los
lectores es una experiencia de la generalización y sistematización de los datos
de las investigaciones socio-psicológicas realizadas sobre la base de la
concepción estra tométrica. En realidad, éste es el primer esbozo de sus
fundamen tos teóricos y experimentales, el cual refleja el estado de los tra
bajos investigativos realizados antes de finalizar 1977. En el libro no se han
enfocado todos los trabajos que se basan en la con cepción estratométrica, sino
sólo los que pueden dar una idea de sus características fundamentales, sin la
cual no quedará claro su sentido teórico y metodológico, ni será comprendida la
propia esencia de la concepción, el principio del condicionamiento por la
actividad.
La nueva construcción teórica que manifiesta los nuevos fenóme nos
socio-psicológicos y reinterpreta los ya conocidos, los tradi cionales, crea e
introduce de manera inevitable en la revolución científica una determinada
cantidad de nuevos conceptos fij ados en la correspondiente terminología. Para
facilitar la lectura hemos decidido ofrecer al final del libro una explicación
de términos que incluye conceptos introducidos por primera vez por nosotros en
la práctica científica o que se les da una interpretación diferente a la usual.
Hoy día, la concepción estratométrica ha hallado su lugar en la
psicología social soviética como sistema de hipótesis, de ideas, de 1
1 Al final del libro aparece
una relación de publicaciones que reflejan los
trabajos teóricos y experimentales basados en la concepción
estratométrica.
En el texto
se utilizan dos
sistemas de referencias:
en los corchetes
se
hace referencia a esta relación; en los otros casos se utilizan notas a
pie de página.
4
hechos obtenidos experiméntalmente, que muestran la estructura complej a
y de varios niveles de las relaciones interpersonales en el colectivo, su
dependencia del contenido de la actividad conjunta socialmente significativa.
La teoría de la mediatización de las re ladones interpersonales por la
actividad estructurada sobre su base, a pesar de que aún se encuentra en
desarrollo y no puede consi derarse como concluida en su totalidad, ya ha sido
definida en sus rasgos fundamentales, lo cual nos ha dado derecho de titular
este libro como lo hemos denominado.
La circunstancia acerca de que la teoría expuesta en el libro se
encuentra en desarrollo, se evidencia en la composición del mismo. El libro
consta de tres partes. La primera comienza con el análisis de las tendencias
generales del desarrollo de la psicología social so viética y seguidamente con
el camino a seguir en la formación de nuestras representaciones acerca de la
esencia y particularidades de la activación intragrupa! en el colectivo; en la
segunda parte vol vemos a la característica psicológica desarrollada como
resultado de las investigaciones experimentales realizadas bajo nuestra
dirección.
De esta manera, los fenómenos socio-psicológicos estudiados
aparecen en el libro dos veces: 1) como etapas del proceso de for
mación de la concepción estratOmétrica y 2) como componentes de
su estructura. Esto
permite analizar integralmente
los conceptos
introducidos en la práctica científica (autodeterminación colectivis
ta, unidad valorativa y de orientación, identificación emocional
activa de grupo, etc.) y los procedimientos y hechos experimentales que
se encuentran detrás de los mismos.
En la tercera parte se ha reflejado el paso a la formación de la teoría
socio-psocológica especial que se fundamenta en el prin cipio de la
mediatización de las relaciones interpersonales por la actividad. El problema
de su validación externa e interna, el aná lisis de algunas concepciones
particulares originadas por ella (por ejemplo, la concepción de la efectividad
de grupo), .tos intentos
de aplicar sus deducciones para resolver las tareas prácticas y,
ante todo, las pedagógicas, su comparación en lo referente a las
posiciones fundamentales con la psicología social burguesa tra dicional y su
relación con la · teoría psicológica general, abarcan el contenido de la parte
final del libro.
Claro está, el redactor y el colectivo de autores reconocen que
diferentes aspectos y partes de la teoría expuesta aquí se hallan hoy día en
diversas etapas de elaboración experimental y teórica
5
(y esto no puede dejar de reflejarse en el carácter de la exposición),
que en algunos capítulos no hay uniformidad al presentar el mate rial empírico
y las generalizaciones, los hechos y las hipótesis. Sin embargo, es necesario
considerar que cada año de trabajo investi gativo nos trae nuevas hipótesis y
datos, y que surgen nuevos vi
rajes en el estudio de
la psicología del colectivo
dentro del marco
de la psicología analizada aquí; y, al mismo tiempo, al recordar
que el proceso de desarrollo
de cada nueva teoría y
el avance de
sus distintas partes, se diferencian inevitablemente por su falta de
uniformidad, hemos considerado conveniente no intentar hacer
cierta exposición sistemática de la misma.2
La monografía Teoría psicológica del colectivo es un trabajo colectivo
de los colaboradores del laboratorio Investigaciones Psico lógicas de la
Personalidad en el Colectivo del Instituto de Inves tigación Científica de
Psicología General y Pedagógica de la ACP de la URSS galardonado con la Orden
Bandera Roj a del Trabajo (jefe de laboratorio A. V. Petrovski) y de
trabajadores científicos de otras instituciones que en los estudios científicos
contemporá neos han recibido el nombre de «colegio invisible», un grupo de
científicos unidos por un enfoque únit:o de los fenómenos . esto diados y una
plataforma teórica general, aunque no están obliga toriamente bajo el mismo
techo. No todos los miembros de este «colegio invisible» escribieron
directamente los capítulos del libro, pero su aporte al estudio de la
problemática fundamental del labo ratorio es altamente valorado por nosotros.
En relación con esto deben nombrarse V. V. Abramenkova, V. A. Bakeev, S.· A.
Budassi, A. l. Dontsov, L. A. Glazova, V. A. Zozul, L. E. Komarova, Z. V.
Kuzmina, A. l. Papkin, T. A. Polozova, V. F. Sáfin, M. l. Frolova, N. M.
Shvaleva, T. B. Davidova y muchos otros.
A. V. Petrovski es el autor de los capítulos 1, 2, 12; A .V. Pe trovski
y V. V. Shpalinski, del capítulo 3; l. A. Oboturova y .A. A. Turovskaia, del
capítulo 4; A. V. Petrovski y M. A. Turevski,' del capítulo 5; L. A.
Sujinskaia, del capítulo 6; A. V. Petrovski y V.
2 En 1978 se editó de A. V.
Petrovski y V. V. Shpalinski La psicología
social del colectivo. Este libro es un material didáctico para los estudiantes
de los centros de enseñanza
superior pedagógica y en algunas partes refleja
las investigaciones teóricas
y experimentales realizadas
sobre la base
de
la concepción estratométrica, fundamentalmente en 1973-1974. Muchos con
ceptos y hechos empíricos que se citan en él se han precisado en la pre sente
monografía a la luz de los últimos datos científicos.
6
A. Petrovski, del capítulo 7; E. V. Schedrina, del capítulo 8; R. S.
Nemov, del capítulo 9; A. S. Morozov, del capítulo 10; A. V. Pe
trovski, T. V. Sneguireva y Yu. V. Yanotovskaia, del capítulo 11 .
R . S . Nemov, M . Yu. Kondratiev, T . V . Sneguireva y Yu. V.
Yanotovskaia realizaron un gran trabajo en lo concerniente a la preparación del
original para su edición. La relación de trabajos realizados sobre la base de
los principios de la concepción estra tométrica se elaboró por V. V.
Abramenkova y la explicación de los términos por R. S. Nemov.
El colectivo de autores agradecerá a todos los lectores las obser
vaciones críticas respecto a los materiales de las investigaciones teóricas y
experimentales que aparecen en el libro.
A. V. PETROVSKI
Primera Parte
FORMACION DE LA CONCEPCION ESTRATOMETRICA DE LA PSICOLOGIA DEL COLECTIVO
En contraposición con las teorías de la dinámica de grupo pre dominantes
en el extranjero, y en lo fundamental en Estados Uni dos, que consideran al
grupo como un conjunto de interacción y co municación, en 1973 propusimos un
nuevo enfoque de los fenó menos de los grupos y colectivos. Este enfoque
argumentado des de el punto de vista metodológico y experimental de los
procesos de grupo y de la psicología de la personalidad en el grupo, se
denominó concepción estratométrica de la actividad grupah
Al tratar de superar la interpretación mecánica por esencia de las relaciones de los
individuos en los colectivos, he mos intentado incluir en el experimento socio-psicológico el contenido de la actividad del colectivo, sus objetivos y valores
significativos que mediatizan las relaciones interpersonales. El en
foque propuesto fue productivo,
ante todo, porque
superó de esta
manera la tendencia
típica del interaccionismo de renunciar, en
nombre de la pureza del experimento, a recurrir al aspecto de con
tenido de la actividad del grupo ·y trabajar de manera preferente con
material insignificante y comunidades con carácter de grupos
difusos, y la tendencia a «formalizan»> al máximo la investigación y
con elfo mistificar� voluntaria e involuntariamente, sus resol
tados. También tuvo gran importancia la contraposición de de terminados
fenómenos y dependencias socio-psicológicos pro píos del colectivo como grupo
peculiar, a los fenómenos y depen dencias establecidos por la psicología social
para los grupos pe queños en general y, como se aclara, en lo fundamental para
el grupo difuso reunido casualmente.
La concepción estratométrica no es una cuestión aislada en la formación
de la psicología social soviética, pues constituye una determinada etapa de su
desarrollo y tiene su prehistoria.
9
La primera parte del libro se dedica a exponer el proceso de formación
de la concepción estratométrica, su prehistoria más cer cana, las
características de sus rasgos esenciales y particulares, así como el desarrollo
de su problemática teórica y experimental.
Capítulo 1
VÍAS DEL DESARROLLO DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL EN LA URSS
Desde los primeros años después
del Gran Octubre se tuvo interés por los
problemas de la psicología social. Este interés
se radicalizó en las transformaciones sociales verdaderamente grandiosas, las
cuales se reflej aron de manera
perceptible en la psicología de los
hombres y produjeron en ella
avances y cambios nunca vistos antes.
El estudio de las propiedades del alma humana,
ignorando casi por completo como esta alma se ha mostrado y manifestado
en la vida real, no pudo satisfacer el pensamiento científico en desa rrollo.
En aquel momento, a los psicólogos les interesaba el hombre histórico, concreto
y lleno de vida; a muchos no les satisfacía el estudio del hombre en general,
visto fuera de tiempo y espacio.1
Al parecer, este interés
podría satisfacer una disciplina
científica especial aún no denominada como psicología social, pero ya pre
sentada como tal y formada en sus rasgos fundamentales en los trabajos de W.
Wundt, G. Tarde, McDougall, É. Durkheim, L. Lévi Bruhl y S. Freud en el
extranjero, y en los trabajos de M. Lavrov, N. Mijailovski, L. Petrazhitski, de
Roberti y D. N. Ovsiannikov Kulikovski en Rusia. Sin embargo, la evidente
inconsistencia meto dológica de estas escuelas científicas y la inconstancia de
sus fun damentos filosóficos, no permitieron que se continuaran desarro liando
las teorías socio-psicológicas de los autores señalados en la etapa rusa y en
el período posterior a Octubre.
En los primeros
años después de la Revolución de Octubre,
la psicología «objetiva»», en lo
fundamental la reflexología
en sus
1 P. Kruglikov: «En búsqueda del verdadero hombre»», ensayo 1, en La
psicología contemporánea y
su afinidad con las ciencias acerca de
la cul
tura y la sociedad, Kazan, 1921 (en ruso).
10
diversas modificaciones, ocupó un primer plano y comenzó a de sempeñar
un papel rector en la ciencia acerca del hombre. El mis mo proceso se observa
en la psicología social. V. M. Bejterev pu
blica su Rejlexología colectiva, en la cual trata de reducir las leyes
de la psicología de las
masas a las
principales leyes físicas (ley de
la inercia, ley de la resistencia
igual a la acción, etc.). En uno de
los artículos que se asemejan en cuanto al contenido a la Rejlexo logía
colectiva, V. M. Bejterev, siguiendo a G. Tarde y a McDou gall, formula la «ley
del ritmo» o la «ley de la periodicidad», pa sando fácilmente de las formas del
movimiento periódico ana lizadas por la fisica (el movimiento browniano, la
rotación de la Tierra alrededor del Sol y de su eje, la oscilación del péndulo)
a los hechos socio-psicológicos, por ejemplo, a las oscilaciones de la dis
posición combativa de los soldados durante la guerra.2 Al borrar la diferencia
de principio entre la naturaleza biótica y abiótica, universalizando de manera
consecuente las leyes físicas y bioló gicas existentes, inventando nuevas,
Bejterev creó muchos princi pios (de la mutabilidad, de la inercia, de la
diferenciación, de la adhesión, de la reproducción, de la selección, etc.), a
los cuales se subordinan la naturaleza y la sociedad en su desarrollo.
Es indudable la existencia de cierta afinidad entre las «leyes de la
reflexología colectiva» y las «leyes tectológicas» inventadas por
A. Bogdanov. Sin embargo, sería erróneo identificar la filosofía de
Bogdanov y la metología de Bejterev. El camino de Bejterev es la evolución de
la psicología idealista subjetiva a la reflexología, en la cual son
particularmente notables las estructuras vulgares-bio lógicas y vulgares"
sociológicas. El camino de Bogdanov es del ma terialismo espontáneo a la
revisión filosófica del marxismo, desde las posiciones del machismo y del
empiriomonismo, la cual trató de enmascarar después de la revolución «izquierdista»
de las tesis me canicistas, incluso haciendo referencias reflexológicas. Sin
embargo, en la década del 20 la «reflexología colectiva»» de Bejterev resulta
consonante con las teorías sociológicas de Bogdanov.
Al comprender al hombre como un prototipo fisiológico por ex celencia,
Bejterev también comprendía la sociedad como una simple
2 V. M. Bejterev: «Acerca de las leyes fundamentales
del mundo ante
un análisis objetivo de la actividad correlativa del hombre y de su vida
social desde el punto de vista de la
reflexología'», en Custiones del estudio y la
educación de la personalidad, 1921, nos. 2 y 3 (en ruso).
u
máquina fisiológica. Como
resultado de esto,
fue incapaz, claro
está, de establecer determinadas leyes sociales eficaces.
El enfoque reflexológico se
convertía en abstracción al
aplicarse
a determinada personalidad,
pues la reflexología
no consideraba
todos los aspectos de la
conducta del hombre,
al representar a
este último como una simple máquina fisiológica. El análisis de
la sociedad como un conjunto de máquinas
energéticas fisiológi
cas, como lo hacían los
reflexólogos, sería aún más absurdo.
La
crítica marxista a las premisas metodológicas de la reflexología
se apoyó en
los postulados planteados por
V. l. Lenin en
su tra
bajo Materialismo y empiriocriticismo. De esta manera, V. l. Lenin
escribió: «¿Puede uno representarse cosa más estéril, más muerta,
más escolástica ( . . . ) que semejante
sarta de términos
biológicos
y energéticos que no significan ni
pueden significar absolutamen
te nada en el terreno de
las ciencias sociales?*»3 y subrayaba:
«En
realidad no puede llegarse a ninguna investigación de los fenó menos
sociales, a ningún esclarecimiento del método de las ciencias sociales
recurriendo a esos conceptos. No hay nada más fácil que aplicar una etiqueta
"energética" o "biológico-psicológica" a fenó menos como
las crisis, las revoluciones, la lucha de clases, etcétera, pero tampoco nada
hay más estéril, más escolástico y más muerto
que esa ocupación.'*4
Para los filósofos y psicólogos que se han mantenido en las posiciones
del marxismo estaba claro que la «reflexología colee
tiva*», la «filosofia del espíritu** y las teorías biológico-socioló
gicas semejante a ellas, sólo son un intento de llevar «al lenguaje de los
reflejos» las escuelas psicológicas en sociología, lo cual fue,
en resumidas cuentas, una corriente idealista. En este caso, los
críticos hicieron una deducción correcta acerca de que el materia lismo
mecanicista, la base filosófica de todas las normas de la
reflexología, nunca puede
elevarse a los
criterios científicos acerca
de la sociedad y la
personalidad. El idealismo
en la comprensión
de la historia se entendió, de esta manera, como una tara orgánica
y constante del. materialismo mecanicista.
La posibilidad
misma de la
crítica consecuente del
método re
flexológico en la psicología
social, se hallaba en dependencia·
directa
-como ya se subrayó y es necesario subrayar de nuevo- del plan-
3 V. l. Lenin: Obras completas,
t. XIV, p. 324 (en ruso).
4 Idem, p. 325.
12
teamiento leninista acerca de la falta de rigor científico de la cues
tión de llevar los conceptos biológicos a la esfera de las ciencias sociales.
La crítica de Lenin a Bogdanov, quien no se ocupaba de la investigación
marxista, sino de superar los resultados antes logra dos en lo referente a la
terminología biológica y energética, sirvió de base para criticar las diversas
teorías reflexológicas y socio psicológicas.
El siguiente planteamiento de V. l. Lenin tuvo una extraordina ria
importancia en este sentido. Al señalar una cita de la carta de C. Marx a L.
Kugelmann respecto a los criterios de F. Lange,
subrayó: «Lo fundamental
de la crítica de
Lange hecha por Marx
no estriba en que Lange
introduzca en especial
el malthusianismo
en sociología, sino
que la aplicación
de las nociones
biológicas
en general a las ciencias sociales es una frase. *5 Esta tesis marxis
ta se tomó como un arma para luchar contra las teorías meca nicistas e
idealistas en la esfera de la psicología social.
El ·llamado criterio psico-neurológico acerca de la
sociedad (la
lucha de clases, la revolución,
la intelectualidad, la construcción
del partido, la
juventud, etc.) desarrollado
por A. B. Zalking en
una serie de artículos, compilados más tarde con el título de Notas
acerca de la cultura de la época revolucionaria, es semej ante a la
variante reflexológica de la psicología social. Las concepciones
socio-psicológicas de A. B. Zalking eran una combinación capri chosa del
biologismo vulgar, el freudismo y la fraseología ultrarre volucionaria.
El sistema de criterios de M.
A. Reisner fue otra
variante a
la teoría de
la psicología social.
Sin ser especialista
en psicología,
Reisner llegó a ella a partir de la rama del derecho, de la socio logía
y de la ciencia del Estado. En los años anteriores a la re volución, asimila la
teoría psicológica del derecho de L. l. Petra zhitski/ La comparación de las
ideas de este último con fas ideas del poco conocido, pero singular pensador,
partidario de Feuer bach, L. Knapp, condujo a Reisner a la idea de la
posibilidad de compatibilizar la teoría psicológica del derecho como una
vivencia
5 V. l. Lenin: Obras completas,
t. XIV, p. 325.
M. A. Reisner: La teoría de L. 1
Pctraz/iitski, el marxismo y la ideología social, San Petersburgo, 1909 (en
ruso).
13
emocional con la interpretación materialista del origen y del con tenido
de clase de las normas jurídicas.
Al dirigir después de la Revolución de Octubre el estudio de los
problemas de la psicología social en la Academia Socialista y más tarde en la
Comunista, M. A. Reisner intenta unir las concepcio nes de L. l. Petrazhitski y
de L. Knapp a la teoría del materialismo histórico de C. Marx, como al
psicoanálisis de Freud.7 Sobre esta
base estructura la «psicología de las masas». En los debates
acerca
de la ponencia de M.
A. Reisner «Problemas
de la psicología
y
de la teoría del materialismo
histórico» (8 de febrero de
1923) · en
la Academia Socialista,º se señaló con razón que el ponente atribu ye
injustamente a C. Marx el criterio de la pasión y las fuerzas
psíquicas como fuerzas motrices del desarrollo social y el criterio de
la motivación psicológica como un potente fermento e impul sor del progreso
social. En relación con esto, quienes participaron
en los debates no dudaron de los razonamientos de M; A. Reisner,
semejantes al freudismo, acerca de las «sugestiones», los «éxtasis eróticos»,
los posibles «impulsos sexuales», como algo motriz, de terminante y rector de
la vida social. Quedó claro que la con cepción socio-psicológica de Reisner es
la psicologización del ma terialismo histórico («marxismo psíquico»), otra
variante de la corriente psicológica, en principio errónea, en sociología.
Además, en los trabajos de M. A. Reisner, como de muchos otros filósofos
y psicólogos soviéticos contemporáneos con él, ya se observaba una tendencia
correcta a utilizar los trabajos de los clásicos del marxismo-leninismo para
estudiar problemas socio psicológicos concretos.
Desde el punto de vista del materialismo histórico, el proceso de
producción es un proceso social y el individuo que produce es un
individuo socialmente condicionado. He aquí por qué F. Engels,
al señalar los períodos de transición del animal al hombre, plantea
la extraordinaria importancia del lenguaje y del habla. Este hecho,
subraya Reisner, «hasta estos momentos, en virtud de toda una serie de
condiciones, no pudo manifestarse debidamente en la lite ratura marxista, pero,
como ustedes pueden ver, fue planteado por nuestros fundadores».9 En relación
con esto, Reisner plantea
7 M. A. Reisner: Problemas de
la psicología social, Moscú, 1925 (en ruso).
8 Boletín de la Academia
Socialista, 1923, no. 3 (en ruso).
9 Idem, p. 2.
14
la necesidad de estudiar los problemas de la psicología del len guaje
como uno de los medios de comunicación. Más tarde, Reís ner, apoyándose en la
teoría marxista y en los trabajos de l. M. Sechenov e l. P. Pavlov, argumenta
la necesidad de desarrollar de manera intensiva la psicología del trabajo y
formula la posibilidad de la argumentación científica de la psicotécnica como
la organi zación más racional del aspecto psíquico del trabajo. En la misma
ponencia, Reisner plantea, ante psicólogos y sociólogos, la tarea de
aclarar, basado en la teoría de C. Marx y F. Engels, los tipos de psi cología
de clase y de grupo que se forman sobre la base de deter minado nivel de las
fuerzas productivas y de las formas de pro ducción social.
Ni el propio Reisner, ni sus colegas tenían en esta etapa deter minadas
posibilidades reales para resolver concretamente todas estas tareas que se
plantearon en general correctamente. Los mé todos con los cuales estaba
dispuesto Reisner a resolver los pro blemas de la psicología social y que eran,
por excelencia, tomados de otras ramas -de la reflexología, la reactología, el
psicoanálisis
de Freud o de la sociología especulativa burguesa- no se adecuaban en
absoluto al carácter y la esencia de los objetivos planteados y sólo podían
conducir a un callejón sin salida a la naciente rama de la ciencia psicológica.
No es casual que en el libro de Reisner Problemas de la psicología social que,
de acuerdo con la idea del autor, debía ser un paso hacia la creación de una
psicología social estructurada desde el punto de vista marxista, las páginas
más brillantes se han dedicado a la exposición de la teoría de Freud.
La psicología colectiva de L. N. Voitolovski formulada en aque llos
años, se aproxima en considerable grado a la psicología social de Reisner. Como
Reisner, Voitolovski trata de crear la psicología social sobre la base de los
principios de la concepción marxista, y reconoce, como causa primaria de los
fenómenos sociales, la producción social, las fuerzas productivas, respecto a
las cuales los «factores psíquicos e ideológicos son secundarios».10
La investigación de la naturaleza
y de la importancia del
sentí
miento colectivista en el proceso del desarrollo social, debe ser,
de acuerdo con el criterio de Voitolovski, una de las primeras
tareas de la psicología social contemporánea y, por eso, es nece-
10 L. N. Voitolovski: «Notas de
la psicología del colectivo», 1 parte, en Psicología de las inasas,
Moscú-Leningrado, 1925, p. 16 (en ruso).
15
¿ ario continuar, en este
sentido, la línea de las investigaciones marxistas. Al mantener en lo
fundamental el punto de vista marxis ta en el capitulo introductorio de sus
Notas, dista mucho Voitolovs
ki de ser consecuente en todo; al pasar al contenido concreto de los
problemas de la psicología social («¿Qué son las masas?», «Las masas y la
personalidad», «La naturaleza emocional de las masas», «Leyes de la acción de
las masas»), recurrió a la posición del sub jetivismo burgués tradicional semej
ante al de G. Lebon y M. N.
Mijailovski. Esto se corrobora en particular por el epígrafe prece dente
al capítulo «¿Qué son las masas?», el cual fue tomado de L.
Ward: «Los fenómenos de la psicología subjetiva y precisamente de la
sensación, tomados en su conjunto, constituyen un elemento dinámico de la
sociedad, o las fuerzas sociales.»11 Como resultado, las «Notas de la
psicología del colectivo», interesantes por el ma terial psicológico utilizado
en ellas (en particular, el material de las observaciones de algunos fenómenos
y acontecimientos de la guerra civil), no salen del marco de la literatura
socio-psicológica típica de la escuela empírica subjetiva.
Cualquiera que haya
sido el resultado
final de los propósitos
de la teoría
de la psicología social de A.
B. Zalkind, M. A. Reis
ner y L.
N. Voitolovski, por
infructuosas que hayan sido estas
primeras variantes de
la creación de
sus fundamentos marxistas,
no debe dudarse del sincero deseo de sus fundadores de
participar
activamente en la
creación revolucionaria y
de aportar su grano
de arena al desarrollo de la ciencia psicológica.
De lo antes expuesto pueden
hacerse las siguientes conclusiones:
el intento de la teoría de la psicología social marxista en la década
del 20 no se coronó con el éxito porque el estudio real de los pro
blemas científicos se sustituyó por declaraciones verbales. Los científicos
especializados en la esfera de la psicología social no dominaban, de manera
suficiente, el marxismo-leninismo para eli minar la combinación ecléctica de
éste con la reflexología, la psico patología, el freudismo y el empirismo
sociológico subjetivo. Los métodos de la investigación socio-psicológica
resultaron inadecua dos para sus amplias tareas «valientemente» formuladas. Y
aunque la problemática ·socio-psicológica estimulaba el dominio de los
planteamientos de los clásicos del marxismo-leninismo y su apli- 11
11 L. N. Voitolovski: «Notas de
la psicología del colectivo», 1 parte, en Psicolngía de las masas, p. 17.
16
cación al análisis de los fenómenos socio-psicológicos de la acti vidad
revolucionaria, a fines de la década del 20 -como resultado de la crítica de
las teorías socio-psicológicas señaladas y, en par ticular, a consecuencia de
la total inconsistencia evidente por parte de los reflexólogos en -la solución
de las cuestiones de la conducta
social y colectivista-, el interés por la psicología social decayó de
manera considerable.
Las causas que provocaron determinado estancamiento en el de
sarrollo de la psicología social
no sólo se reducen a esto. Entre
otros factores que frenaron su desarrollo pueden señalarse dos cir
constancias de gran importancia.
La primera consistía en lo siguiente. Uno de los signos más importantes
del desarrollo de la psicología general en el período posterior a la Revolución
de Octubre, fue la contraposición reco nocida por ella de la viej a psicología
como psicología muy indivi dualista. La viej a psicología era individualista,
por tanto, la nueva psicología debía ser la psicología social; esta idea se
postula en todos los manuales de psicología, comenzando por el libro de B.
M. Bejterev Fundamentos generales de rejlexología (1918) y ter minando
con el K. N. Kornilov Libro de texto de psicología (1927).
Pero si la psicología es una ciencia social, ¿se necesita una psico
logía social especial? El planteamiento de esta pregunta le parece ría a muchos
totalmente justa. La situación se hace aún más com pleja porque en la década
del 20 la psicología social, como ya se señaló, fue monopolizada por los
reflexólogos que no sólo borra ron mecánicamente las diferencias entre la
personalidad humana y el organismo biológico, sino también entre el hombre y la
sociedad, y todas las ciencias acerca de la naturaleza, el hombre y la sociedad
quedaron incluidas dentro de la reflexología. Al mismo tiempo, el destacado
representante de la psicología empírica prerrevolucio
naria que dirigió
hasta 1923 el
Instituto de Psicología
de Moscú,
G. l. Chelpanov, quien
para los psicólogos
soviéticos era opuesto
al materialismo dialéctico (y así era), defendía la creación de la
«psicología social marxista», tratando de distraer la atención de los
psicólogos para que éstos no reestructuraran la psicología empí rica sobre
bases marxistas. Esta táctica de Chelpanov tuvo resis tencia inevitablemente
por parte de las fuerzas progresistas en psicología, lo cual trajo como
consecuencia secundaria el debili tamiento de la atención a la psicología
social como rama inde pendiente de la ciencia.
17
Otra circunstancia que frenó el desarrollo de la psicología social es la
siguiente: los temores que surgían constantemente acerca de que la psicología
social tiene la tendencia de sustituir al mate rialismo histórico durante el
estudio de los acontecimientos his tóricos, al psicologizar los fenómenos
sociales. Verdaderos argu mentos para este tipo de temores dieron numerosos
ejemplos, cuando los psicólogos (incluso con una actitud crítica hacia la ten
dencia psicológica en sociología) pasaron al plano del subjetivismo.
Entretanto, sería erróneo considerar que la tendencia señalada es inmanente a
la psicología social como ciencia y no una conse cuencia de causas históricas
concretas. Muchos problemas en la psicología de aquella época se forman
correctamente como pro blemas de la psicología social (problemas de relaciones
psicoló gicas dentro del colectivo y de formas de conducta del colectivo, la
característica psicológica de la solidaridad de clase, de la ene mistad, del
odio, del heroísmo, etc.). Con posterioridad, una parte de los mismos formó
parte de la problemática general de la psico. logia de la personalidad y sólo
en la actualidad se recurre de nuevo a la psicología social.
Sin embargo, sin sustituir el materialismo histórico, la psicología
social puede convertirse en su auxiliar. Muchos científicos sovié ticos que
realizaban investigaciones relativas a los fundamentos teóricos de la
psicología social, llegaron a esta conclusión, al ela
borar un sistema
de regularidades psicológicas de la conducta
social de los hombres en el colectivo.
La teoría
acerca del colectivo
planteada en el trabajo
de A. S.
Makarenko se convirtió
en premisa para estudiar los problemas
de la psicología social.
El problema de
la personalidad y del
colectivo fue central para
la concepción psicológica
de A. S. Makarenko. Él lo planteó como
un problema acerca de las
direcciones perspectivas del desarrollo
de la personalidad, acerca de
la formación de la esfera motivacio
nal de la personalidad y del proceso de formación del carácter. Los
problemas fundamentales de la* psicología de la personalidad se formularon por
Makarenko en una fuerte polémica con la ínter pretación biogenética y
sociogenética de las relaciones de la per sonalidad y del colectivo. La
afirmación de los pedagogos y psicó logos de tendencia vulgar-sociológica de
que el colectivo es «una reunión de individuos que reaccionan igual ante unos u
otros irri tantes»*, ocasionó una fuerte protesta por parte de Makarenko.
18
La comprensmn del colectivo propuesta por Makarenko, prede terminó la
cuestión acerca del lugar de la personalidad en el co
lectivo y del sistema de relaciones de los hombres: «El colectivo es un
conjunto orientado de personalidades organizadas que poseen los órganos del
colectivo. Allí, donde existe la organización del colectivo también existen los
órganos del colectivo, allí existe la
organización de personas competentes, responsables del colectivo,
y la cuestión de las relaciones entre compañeros no es una cuestión de
amistad, no es una cuestión de amor, no es una cuestión de vecindad, sino una
cuestión de dependencia importante.»»12
Este planteamiento de la cuestión posibilitó a Makarenko ejer cer, al
modificar la posición del hombre en el colectivo, una in fluencia formadora en
la personalidad, de manera que el propio educador no podía sospechar que es
objeto de la educación (prin
cipio de paralelismo
de la acción): «Nosotros sólo tenemos rela
ción con el destacamento. No tenemos relación con la
personali
dad. Ésta es la formulación
oficial. En esencia,
ésta es la
forma
de influencia precisamente en la personalidad,
pero la formulación
va paralela a la esencia. En realidad tenemos relación con la per
sonalidad, pero afirmamos que con la personalidad no tenemos ninguna
relación.»13
A. S. Makarenko concedía gran importancia al estudio de las cualidades
de la personalidad del hombre. Esto se deduce, ante todo, de que Makarenko
concebía el objetivo del proceso educa tivo por las cualidades proyectadas de
la personalidad, los rasgos del carácter y las tendencias del desarrollo de los
mismos que se destacan de manera definida en cada ser humano. La propia rela
ción de rasgos de la personalidad que A. S. Makarenko sintetiza en un conjunto
general («estado de ánimo de la persona en el colectivo, carácter de sus
relaciones y reacciones en el colectivo, su disciplina, disposición o no para
la acción, capacidad de tacto y de orien tación, principios y su aspiración
perspectiva emocional»), 14 nos indica el profundo análisis psicológico de las cualidades
esenciales del hombre soviético.
12 A. S. Makarenko: Obras
completas, 5 t. Moscú, 1971, t. 5, p. 210 (en ruso).
13 ídem, p. 169.
I' Idem, p. 166.
1 9
Acerca de esto mismo nos habla el esquema del estudio de los educandos,
amplio y argumentado contenido en su trabajo «Me tódica de la organización del
proceso docente», que comienza con las siguientes palabras. «¿Qué debe saber el
educador acerca de cada uno de los educandos?»15 Acerca de esto también nos
hablan las magníficas características de los educandos que esbozan con
exactitud y laconismo los rasgos formados y proyectados de su personalidad.
A. S. Makarenko investigó con profundidad la esfera motiva cional de la
personalidad y los mecanismos de la formación de sus cualidades socialmente
valiosas. Aquí casi ocupa un lugar cen tral el problema de la formación y
desarrollo de las necesidades: «El profundo sentido del trabajo educativo y, en
particular, del trabajo del colectivo familiar, consiste en seleccionar y
educar las
necesidades humanas, en
llevarlas a una
estatura moral que
sólo
es posible en la sociedad sin clases y que sólo puede incitar al
hombre a la lucha por el perfeccionamiento.»16 En las obras de
Makarenko, el problema de las necesidades, el aspecto de la psico logía
soviética, se presenta en toda su complejidad.17
El profundo contenido de la solución del problema de la moti vación de
los actos de los hombres que ofreció Makarenko, no fue asimilado de inmediato
por la ciencia pedagógica y psicoló
gica, ni tampoco se convirtió enseguida en la base del ulterior
desarrollo de los principios más importantes de la metódica de la educación
comunista y de la psicología de la personalidad. Sin embargo, en sus obras
aparecía un amplio y ambicioso progra ma acerca del estudio de las fuerzas
motrices del desarrollo de la personalidad, en el cual el papel fundamental se
le concedió a la formación de las necesidades colectivistas. La necesidad moral
mente justificada es la necesidad del hombre relacionado con su colectivo por
el objetivo único del movimiento, por la unidad de la lucha y por la sensación
verdadera e indudable de su deber ante la sociedad: «Para nosotros, la
necesidad es prima hermana del deber, de la obligación, de las capacidades; es
la manifestación
15 ídem, t. 5, p. 89.
16 A. S. Makarenko: Obras
completas, t. 5. p. 39.
17 G. A. Fortunatov, y A. V.
Petrovski: «El problema de las necesidades en la psicología de la
personalidad»», en Voprosy Psijologii (Cuestiones de Psicología), 1956, no. 4
(en ruso).
20
de los intereses no del consumidor de los bienes sociales, sino del
trabaj ador de la sociedad socialista, del creador de estos bienes.»18
Puede considerarse que en las obras de Makarenko, de cierta manera, se
manifiestan por primera vez ante los psicólogos las posibilidades del análisis
de la formación de la personalidad inte gral en el trabajo y en la actividad
social. El rasgo más valioso de Makarenko como psicólogo es que superó
totalmente la contem plación pasiva de la investigación psicológica de la
personalidad. «El conocimiento del educando debe llegar al educador no en el
pro ceso de su estudio indiferente, sino sólo en el proceso del trabajo con el
mismo y de la propia ayuda activa que éste le brinde. El educador debe ver al
educando no como un objeto de estudio, sino como un objeto de educación.»19
Si el honor de descubrir el experimento natural en psicología le
corresponde al destacado psicólogo ruso A. F. Lazurski, al insigne pedagogo
soviético A. S. Makarenko le corresponde, por derecho,
el honor de aplicar de manera amplia y flexible este método activo para
investigar y formar la personalidad del hombre soviético- Con
los trabajos de A. S. Makarenko se inician numerosas investiga ciones
acerca de la psicología de la personalidad y de su desarrollo
fundadas en la intervención
en la vida y
actividad del hombre, en
el proceso de educación
comunista. Es difícil sobrestimar el
aporte
de A. S.
Makarenko a la
creación de las bases de la psicología
social marxista-leninista.
Además de los cambios operados en el contenido de las inves tigaciones
socio-psicológicas, también se operan cambios funda mentales en sus métodos.
Como circunstancia esencial del desarrollo de nuestra psicología social
(como la ciencia afín a ella, la sociología) se ha considerado que en el
período inicial de su proceso de formación (casi a fines de la década del 50) a
la misma se le privó, en mucho, de su base experimental. Como ya se señaló, a
pesar de que en los trabajos
y en la actividad pedagógica concreta de A.
S. Makarenko no sólo
se crearon los principios del experimento natural psicológico-pe
dagógico y socio-psicológico, sino también una rica práctica de su aplicación,
la característica y la valoración de los fenómenos socio psicológicos, por
parte de los psicólogos se realizaron en lo fun-
18 A. S. Makarenko: Obras completas, t. 4, p. 40.
1 • Idem, t. 5, p. 91.
21
damental sobre la base de las observaciones y tenían un carác ter
especulativo en considerable grado. El punto de vista predo minante en nuestra
literatura filosófica acerca de la imposibilidad del experimento en el
conocimiento de los fenómenos sociales,
contribuyó, en gran medida, a
esta situación. Durante
los debates
de fines de la década del 50 y principios de la del 60,
renunciaron
a esta posición errónea.
En el 1 Congreso de la Sociedad de Psicólogos (Moscú, 1959)
no existía la
sección de psicología social y
el número de ponencias
que se referían objetivamente a la problemática socio-psicológica
era muy reducido. Pero ya para el 11 Congreso de la Sociedad de
Psicólogos (Leningrado, 1963), la situación cambió de manera sus
tancial. En el
congreso hubo un
amplio debate acerca
del objeto
de la psicología
social: chocaron dos
puntos de vista.
Uno, según
el cual el objeto de la psicología social es la psicología de la per
sonalidad, y el otro, de acuerdo con el cual los llamados fenóme nos psíquicos
masivos constituyen el objeto de la psicología social.
En el 111 Congreso de la Sociedad de Psicólogos (Kiev, 1968), los
problemas de la psicología social se debatieron ampliamente. Las cuestiones de
la problemática socio-psicológica se discutieron en una reunión especial y,
además, en los simposios acerca de cues tiones de la psicología de la
personalidad. Las ponencias acerca de la temática socio -psicológica no sólo se
referían a los postulados teóricos de carácter general, sino también a datos de
investigacio nes concretas.
En el XVIII
Congreso Internacional de
Psicología celebrado en
1966, los psicólogos soviéticos participaron en el trabajo de una serie
de simposios acerca de psicología social, incluso en el simpo
sio «Problemas teóricos y metódicos de la psicología social»». Un número
significativo de ponencias acerca de psicología social se presentó a los
Congresos Internacionales de Psicología en Londres (XIX, 1969), en Tokio (XX,
1972), en París (XXI, 1976). En el
IV Congreso de Psicólogos (Tbilisi, 1971) se aceptaron 84 resúme nes de
las ponencias e informes acerca de psicología social. El
V Congreso de Psicólogos
(Moscú, 1977) estaba compuesto por cinco simposios acerca de psicología social.
En la selección de las tesis del congreso se incluyeron casi 250 informes de
los parti cipantes en el congreso.
Una vez corroborada como objeto de investigación, la psicología social
formó de facto una determinada estructura que incluía tanto
22
secciones de otras ramas de la ciencia psicológica, como nuevas
secciones que se formaban por primera vez como rama de esta nueva disciplina
científica.
En la estructura de la psicología social se incluyen, en la ac tualidad,
los siguientes problemas:
1) Los fenómenos socio-psicológicos en los grandes grupos (en el
macromedio). Aquí se incluyen los problemas de la comunicación masiva (radio,
televisión, prensa, etc.), los mecanismos y la efec tividad de la influencia de
los medios de comunicación masiva en las diferentes comunidades de personas,
las regularidades de la di
vulgación de la
moda, de la propagación de los rumores,
de
los gustos de carácter general, de los
ritos, de las prevenciones,
de los estados de ánimo
de las masas,
etc. Podríamos nombrar
aquí el problema de la psicología de las clases, de las naciones,
etcétera; sin embargo, no contamos, en realidad, con investigaciones
psicológicas en esta rama.
2) Los fenómenos
socio-psicológicos en los grupos pequeños (en el micromedio). Aquí se incluyen
los problemas de la com patibilidad psicológica en los grupos cerrados, de las
relaciones interpersonales en los grupos, de la atmósfera de grupo, de la co
municación, del status del líder de los demás miembros del grupo, de la
tipología de los grupos, de la correlación de los grupos for
males y no formales, de los límites cuantitativos de los grupos, del
grado y de las causas de la cohesión del grupo, de la percepción
del hombre por
el hombre en
el grupo, de las orientaciones de
valor del grupo
y muchos otros.
Aquí debe incluirse el problema
de las particularidades psicológicas
del colectivo como grupo de
un nivel superior de desarrollo.
3) Las manifestaciones
socio-psicológicas de la personalidad del hombre (psicología social de la
personalidad).
La personalidad del
hombre puede analizarse
en psicología
desde diferentes puntos de vista; por ejemplo, desde el aspecto de su
tipología. En este plano se manifiestan las particularidades
diferenciales psico-fisiológicas y psicológicas de la personalidad: el
temperamento, el carácter como síndromes de las correspon dientes cualidades
psicológicas. La personalidad puede analizarse
en psicología desde el punto de vista de las exigencias que le plan tea
la actividad socio-laboral. En este plano se evidencian las par-
23
ticularidades de la personalidad. Por último, la personalidad puede
analizarse en su desarrollo. Aquí se toman en consideración los problemas de la
formación de la personalidad, los problemas de las particularidades de edad de
la personalidad. En todas las ca racterísticas señaladas predomina el aspecto
psicológico y ontoge nético general del análisis.
Sin embargo, la personalidad del hombre puede ser objeto de estudio
propiamente socio-psicológico. Esto ocurre cuando trata mos de aclarar hasta
qué punto la personalidad se corresponde con las expectativas sociales en los
grupos grandes y pequeños, cómo y hasta qué punto la personalidad asimila la
influencia de estos grupos, de qué manera la misma asimila las orientaciones de
valor de los grupos y cuál es la dependencia de la auto valoración (de la
imagen del «yo», de la concepción del «yo»), de cómo la perso nalidad valora al
grupo del cual forma parte y cómo la valora este grupo. En una palabra, la
personalidad se convierte en objeto de la psicología social cuando la misma se
toma en el sistema de sus interrelaciones con el grupo y cuando se explican sus
rasgos y par ticularidades (de la personalidad) como constituyentes de una pro
yección en estas interrelaciones. Además, la personalidad puede analizarse en
el sistema de interrelaciones con los diferentes gro pos, organizados o no
organizados, de referencia (modelos) o aque
llos a los cuales la
personalidad sólo pertenece de manera
exter
na, grandes o
pequeños, reales o
convencionales, etc. Por
eso,
dentro de los
problemas de la
psicología social de la personalidad
se incluyen los problemas
seleccionados con el estudio de la orien
tación de la
personalidad, de su
autovaloración, de su
estado de
ánimo y del
respeto a sí mismo,
de la estabilidad
de la persona
lidad y de
la conformidad, del
colectivismo y del
individualismo,
las cuestiones relacionadas con el estudio de las normas de la per
sonalidad y de su dinámica, de las perspectivas de personalidad y de las
frustaciones, etcétera.
Los tres grupos de problemas antes señalados no pueden ser, claro está,
ni opuestos ni ordenados unos respecto a otros. Se pre sentan ante nosotros en
una unidad condicionada por la unidad de la personalidad y la sociedad, por el
conjunto de relaciones en las cuales se determina la esencia de la
personalidad.
Al estudiar la problemática de la psicología social, los especia listas
afrontaron muchas dificultades de carácter teórico y meto dológico. Hallar las
vías para su superación era prácticamente la
24
más importante tarea o el conjunto de tareas que se planteaban a los
trabaj adores científicos en la esfera de la psicología social.
Fue necesario darse cuenta que muchos conceptos fundamentales en los que
se describen fenómenos socio-psicológicos, como las me tódicas concretas,
mediante las cuales se realiza el análisis socio psicológico, en virtud de una
serie de circunstancias históricas se tomaron de investigaciones (y de la
terminología) de la psicología
extranjera contemporánea.
¿Cuál debe ser la actitud a asumir respecto a estos conceptos,
concepciones y metódicas? Como es evidente, en ellos no podía dejar de
reflejarse la teoría psicológica extranjera, a veces abierta mente opuesta a
nosotros. Pero ¿sería conveniente renunciar a unos u otros conceptos
socio-psicológicos y a procedimientos con cretos de investigación sólo porque
se utilizan por la ciencia bur guesa? Los psicólogos soviéticos tuvieron que
rectificar los con ceptos socio-psicológicos tradicionales para eliminar las partes
teó ricas extrañas y si detrás de éstas había fenómenos psicológicos objetivos
tenían que dar una interpretación metodológica corree ta a estos últimos. En
este caso fue imposible limitarse a la inter pretación teórica de los
materiales experimentales* extranjeros ya existentes y a la utilización de los
conceptos y términos emplea dos en la esfera científica. Fue necesario plantear
nuestras inves tigaciones experimentales a partir de las concepciones
psicológicas marxista-leninistas de la personalidad y el colectivo, y en una
serie de casos aprobar nuevos conceptos científicos y crear, cuando fue
necesario, la terminología socio-psicológica en correspondencia con estas
concepciones. Sólo por esta vía fue posible hacer una crítica convincente,
constructiva y de principio de la psicología social burguesa y trazar las
nuevas vías de desarrollo de la psicología social soviética.
25
Capítulo 2
SURGIMIENTO Y ESENCIA DEL ENFOQUE ESTRATOMÉTRICO EN LA PSICOLOGÍA DEL
COLECTIVO
Los problemas psicológicos de la formación y funcionamiento de los
colectivos, siempre han llamado la atención de los psicólogos soviéticos,
quienes ven · el colectivo el eslabón de enlace entre la personalidad y la
sociedad y subrayan la extraordinaria impor · tancia que adquiere el colectivo
en la sociedad socialista, en par
ticular en la actual etapa de desarrollo del progreso científico-téc*
nico y social en nuestro país.
Es difícil sobrestimar la importancia del enfoque correctamente hallado
de la comprensión de los fenómenos propiamente socio
psicológicos de las interrelaciones y de la interacción de los miem bros
del colectivo: la cohesión del colectivo, el clima psicológico
en él, la percepción del colectivo por parte de sus participantes, su
compatibilidad en él, el estado de ánimo y el respeto a sí mismo
de la personalidad en el colectivo, las perspectivas de la persona lidad
en el colectivo en relación con las perspectivas del propio colectivo, etc.
Para resolver las cuestiones señaladas, la psicología soviética pudo utilizar
y, en una serie de casos utilizó exitosamente, la experiencia acumulada en el
pasado en cuanto a la compren sión y formación de los colectivos y, ante todo,
la experiencia de
A. S. Makarenko. Con
posterioridad, la comprensión que parte de A. S. Makarenko acerca del colectivo
como un grupo de per* sonas unido por objetivos comunes socialmente
significativos de la actividad, adquiere un carácter general.
En la década del 60, las exigencias del progreso científico-téc nico en
el país contribuyeron a la formulación de la problemática socio-psicológica de
los colectivos: de producción (E. S. Kuzmin,
B. V. Shorojova, O. I. Zotova, K. K. Platonov, S. S. Chugunova, A. A.
Rusalinova y otros), científicos (M. G. Yaroshevski, V. P. Kaptsev y otros),
escolares (L. I. Umanski, Ya. L. Kolominski, A. N. Lutoshkin, A. S. Chernishev,
P. A. Prosetski, R. J. Shakurov y otros), militares (A. D. Glotochkin, A. I.
Kitov, A. M. Stoliaren ko, N. F. Fedenko y otros) y otras comunidades
agrupadas según determinadas características especiales.
26
La mayoría de los autores que elaboran la teoría soeio-psicológi ca
consideran al colectivo como un determinado tipo de grupo. De esta manera, B.
D. Pariguin escribe: «El colectivo es un micro grupo en el cual todos sus
componentes están unidos por una ac tividad especial conjunta y están
cohesionados fuertemente por la comunidad de valores y de normas de conducta
del grupo.»1 En G. S. Antipina leemos: «La teoría de los grupos pequeños,
teoría sociológica parcial, el objeto de estudio es la estructura y funciona
miento de los colectivos sociales pequeños y su interacción con la
sociedad y la personalidad.»2 Desde el punto de vista de V. l. Zat sepin, el
colectivo es una estructura compleja en la cual actúan como partes componentes
las relaciones del grupo en general (o de sus miembros) respecto a la actividad
y las estrechas relaciones interpersonales y el grupo (personales y de
trabajo).3 De acuerdo con el criterio de N. S. Mansurov, el colectivo se
caracteriza por una seriedad de rasgos de gran importancia entre los cuales se
pueden citar: la unidad de objetivos socialmente significativos y la unidad de
la actividad, el carácter específico de la estructura y las relaciones de
dirección y subordinación.4 K. K. Platonov definió el colectivo como un grupo
de personas que participa en la socie dad y que se ha unido por objetivos
comunes y motivos afines de la actividad conjunta, subordinados a los objetivos
de esta sociedad.5
Todas estas definiciones son, en sentido general, por sí mismas
totalmente justas, pero es necesario señalar que al enfatizar en los objetivos
sociales de la actividad conjunta que fortalecen el colee tivo, los autores de
estas definiciones no propusieron los métodos para explicar las relaciones
específicas existentes en el colectivo
1 B. D. Pariguin: Fundamentos
de la teoría socio-psicológica, Moscú,
1971,
p. 313 (en ruso).
2 Enciclopedia Filosófica,
Moscú, 1970, t. 5, p. 213 (en ruso).
3 v. l. Zatsepin: «Acerca de la
estructura de la comunidad vertical en el colectivo», en la selección: La
dirección y el papel del líder, Leningrad©, 1973 (en ruso).
N. S. Mansurov: La experiencia
de /,a planificación del desarrollo social de los colectivos de producción,
Moscú, 1972 (en ruso).
5 K. K. Platonov: «Problemas
generales de. la teoría de los grupos y de los colectivos», en la selección: El
colectivo y la personalidad. Bajo la direc ción de E. V. Shorojova, K. K.
Platonov y otros, Moscú, 1975, p. 13 (en ruso).
27
al recurrir a estos objetivos socialmente significativos y a la pro pia
actividad conjunta. De esta manera, las diferencias del colec tivo respecto al
grupo pequeño quedaron en el plano de las teo rías sociológicas, pero no
llegaron a conocerse en la esfera de la investigación propiamente
socio-psicológica orientada a los meca nismos de las relaciones
interpersonales en los colectivos en com paración con otros grupos .
A principios de la década del 70, como áreas de incremento se
seleccionaron las investigaciones en la esfera de la diferenciación de grupo
mediante las metódicas sociométricas, los problemas de com patibilidad y la
cohesión del grupo, algunas cuestiones de la per cepción social (en lo
fundamental, la percepción del hombre por el hombre), así como los problemas de
la conducta de la perso nalidad en las condiciones de la presión del grupo
(problema de conformidad) . Quedó claro que la correcta comprensión de la esen
cia del colectivo en el plano sociológico, a pesar de toda su im portancia, no
puede garantizar por sí misma la solución de nu merosas tareas
psicológico-concretas y, ante todo, las tareas rela cionadas con el
diagnóstico diferencial de los grupos y colectivos
y con la investigación cualitativa y cuantitativa de sus parámetros más
importantes . La tarea propiamente socio-psicológica de la in terpretación
científica de las relaciones interpersonales en el colec tivo, se transformó
en un problema metódico, se tomó conciencia de la necesidad de elaborar y
utilizar metódicas experimentales
adecuadas acerca del estudio de los colectivos y de la personalidad en
el colectivo .
La carencia de métodos experimentales fue detectada por todos . Se
agudizó de manera considerable el interés de los investigadores por las
metódicas de medición, las cuales permitirían introducir las características
cuantitativas en los procesos estudiados de la «dinámica de grupo» al eliminar
la limitación del enfoque pre
rentemente descriptivas de los fenómenos socio- psicológicos . En estas
circunstancias es comprensible por completo que muchos la boratorios
socio-psicológicos de Moscú, Leningrado, Minsk y de otros centros científicos,
hayan recurrido a los trabaj os de psicó logos norteamericanos y europeos para
obtener el instrumental experimental necesario, sin interrumpir las búsquedas
de sus pro pias vías de solución para los problemas planteados. ¿Qué podría
darle en este sentido la ciencia socio-psicológica de Occidente?
28
En la amplia gama de investigaciones socio-psicológicas norte
americanas se destacan numerosos trabajos orientados al estudio de grupos, de
las comunidades de contacto, en las cuales se rea lizan las interrelaciones y
las interacciones de las personas . Si dejamos a un lado la larga prehistoria,
podemos decir que la base de estas investigaciones la creó el seminario acerca
de los grupos pequeños, celebrado en Harvard, el cual destacó la problemática
correspondiente y a los psicólogos interesados en su elaboración (R. Bales, A.
Zander, D. Cartwright y otros) . El campo claramente delimitado del estudio
experimental, la ingeniosidad en la creación de los procedimientos
metodológicos y, por último, la perspectiva prometedora de comprender el
mecanismo de interacción de los hombres en la actividad de producción conjunta
-la cual ha des pertado gran interés y, por consiguiente, la realización de
inver siones de los contratistas -, contribuyeron a transformar este cam po
de la psicología social en uno de los más populares y de mayor perspectiva. Sin
embargo, ¿qué representaba esta teoría psicológica, de la cual emanaban
numerosas investigaciones en la esfera de los grupos pequeños y en la cual
resultaban orientados nuestros psicólogos sociales? Sin tratar de abarcar toda
la diversidad de las concepciones socio-psicológicas, adoptadas en Occidente
-y, ante todo, en Estados Unidos-, sólo señalemos que las más influyentes
fueron las tendencias socio -psicológicas que analizaban el grupo pequeño como
un conjunto de actos interaccionistas y comunica tivos de carácter
preferentemente emocional (simpatía, antipatía, indiferencia, aislamiento,
moldeabilidad, subordinación, agresión, etcétera) . Estas ideas fueron
desarrolladas en los trabajos de G. Zimmel, Ch . Cooley, y más tarde R. Bales,
D. Cartwright, G. Homans, S. Ash, R. Crutchfield y muchos otros . ¿Acaso no se
con sideró como principal criterio objetivo del grupo pequeño la fre cuencia
de la interacción con la cual resultan lógicamente relacio nados el conformismo
(L. Festinger, S. Ash) y algunos otros pará
metros ?
Para estos psicólogos, el grupo pequeño es un grupo de personas
relacionadas entre sí durante cierto período de tiempo (G. Homans); cierto
número de personas que interactúan de forma unida, que se encuentran en
contacto directo (cara a cara), o una serie de con tactos; además, en cada
miembro del grupo existe la percepción de los demás (A . Harre) . Estas y otras
definiciones semejantes a ésta se caracterizaban porque en ellas, por una
parte, los rasgos del grupo pequeño eran intencionalmente psicologizados,
tomados de
29
un contexto social más amplio que le da el status de realidad a todo
grupo activo y, por otra, el aspecto propiamente psicológico de la definición
sólo se redujo a señalar los vínculos y relaciones superficiales en el grupo y,
sin lugar a dudas, fue simplificada.
Evidentemente, esta interpretación del grupo pequeño no podía servir de
base para estructurar una adecuada concepción socio psicológica del colectivo
. Esta tendencia en el estudio de las rela ciones interpersonales ha acumulado
el mayor número de las metódicas concretas, y por eso nuestros psicólogos
sociales han recu rrido al mismo con el objetivo de utilizar los
procedimientos ex perimentales elaborados por psicólogos norteamericanos para
in vestigar los colectivos y, ante todo, la diferenciación de grupo, el
conformismo y la estabilidad de la personalidad respecto a la pre sión del
grupo, el papel del líder en el grupo, etcétera.
Es necesario señalar que la utilización de la técnica experimen tal
adoptada en la psicología norteamericana, como regla, la acom pañábamos de la
critica filosófica a los trabaj os de los creadores de estas metódicas
experimentales . Por ejemplo, se sometieron a cri tica las especulaciones
espiritualistas de J . Moreno respecto al «tele», flujo que crea, según dice,
una base irracional y al parecer mística para la comunicación interpersonal en
los grupos pequeños . En muchas investigaciones de autores soviéticos acerca
del pro blema del conformismo y de la estabilidad de la persona respecto a la
presión del grupo, se señaló que es impermisible interpretar de manera amplia
las deducciones obtenidas durante el estudio de los grupos pequeños y su
traslado a la vida social en general . Sin embargo, como si se hubiera
reconocido en silencio, después . de este procedimiento critico «purificador»,
todos los procedimientos experimentales adoptados por psicólogos extranjeros
pueden utili zarse con amplitud para obtener características
socio-psicológicas representativas de los colectivos . Este tipo peculiar de
«trastorno en el desarrollo» de la psicología social, cuya superación fue la
condición de su ulterior desarrollo, se debía, por su origen, a los siguientes
factores «etiológicos» existentes en la esfera de la me todología de la
investigación concreta.
En primer lugar, para la mayoría de los investigadores sovié ticos,
como ya se señaló antes, el colectivo sólo se evidenciaba por parte de sus
definiciones sociales . Al hablar del colectivo, el psicó logo subrayaba, en
lo fundamental, la orientación social de la acti vidad de los grupos
estudiados: en esencia, se omitía su cualidad
30
socio -psicológica peculiar que forma el aspecto interno de la vida y
del funcionamiento de estos grupos . Es como si el término «co lectivo»
saltara de la mayoóa de las categoóas socio-psicológicas, pues no tenía su
referente especial entre los demás fenómenos socio-psicológicos y se había
convertido en un término realmente innecesario, empleado sólo para enriquecer y
ampliar, durante la interpretación del material experimental concreto, el grupo
de sinó nimos respecto al concepto «grupo pequeño» . Así, subjetivamente para
el investigador, el análisis de los colectivos, en su propio con texto
psicológico sin reducciones sociológicas, no se presentaría en la debida medida
como tarea peculiar de la esfera de la psico
logía social .
En segundo lugar, se perdió de vista en lo esencial el hecho in dudable
acerca de que los métodos de investigación de los grupos pequeños en la
psicología social norteamericana, como debe ser en cualquier rama del saber,
están indisolublemente relacionados con cierta concepción del objeto de
investigación . Entretanto, su base está formada por la interpretación, en
esencia mecanicista, de las interrelaciones de los individuos en cualquier
grupo pequeño, donde la persona está subordinada a diferentes líneas de fuerza
(presión, resistencia, atracción, repulsión, cohesión) y los vínculos se ven
preferentemente como emocionales . En este caso, si fueron recono cidos los
objetivos, las tareas del grupo, su relación con los ideales y valores de la
sociedad, en realidad los mismos no se considera ron en el experimento . En
resumidas cuentas, en la investigación socio-psicológica aparece el principio
sacramental «estímulo-reac
ción» que encierra al investigador en un círculo de esquemas y cons
trucciones behavioristas ya conocidos .
En tercer lugar, el deseo de renunciar, en nombre de la «pureza» del
experimento, a recurrir al aspecto esencial de la actividad del grupo y
trabajar de manera preferente con el material insignifican te, con las
comunidades casuales con carácter de grupos difusos y formular en general la
investigación, condujo a la mistificación de sus resultados y a la
imposibilidad de extrapolar las deducciones obtenidas en ella para los grupos
reales unidos por objetivos y valores comunes y significativos. Si es permisible
la analogía his tórica, podemos recordar el fracaso que tuvo, a principios del
pre sente siglo, «la didáctica experimental» al intentar extender la acción de
algunas regularidades de la memoria observadas por G. Eb binghauss, al
investigar la memorización de las sílabas sin sentido
31
(combinaciones artificiales de elementos del lenguaje) a la memo
rización del material didáctico que requería un aprendizaje inter pretativo .
A propósito, notemos que la obtención de algunos hechos científicos importantes
por parte del propio Ebbinghaus fue de mucha significación, a pesar de su
fuerte tendencia a abstraerse de las situaciones reales de la memorización, de
la actividad mnémica concreta mediante la utilización de los cuantos
cuasilingüísticos, pues los alumnos, lo cual ha sido comprobado por el propio
expe rimentador, percibían de manera involuntaria el material sin sen tido
propuesto .
En general, la historia de la ciencia ha dado reiterados ejemplos acerca
de que los intentos totalmente comprensibles de estudiar el problema de manera
simple, asequible a la cuantificación y a ulte riores transformaciones
matemáticas, conducen con frecuencia a la pérdida, en el proceso de
investigación, de la cualidad hacia la cual estaba orientada en el proyecto
inicial . En la esfera de la psicología social, esto representa un gran peligro
para nosotros. De esta ma nera, la gran aspiración del estudio integral (como
sistema) de este objeto complejo, como es el colectivo, conduce a menudo, como
resultado de semejante investigación «sistémica», a que se forme una
representación trivial acerca del mismo, a que se considere como un grupo de
personas que interactúan mecánicamente . En este sentido es típico el siguiente
razonamiento: «La extrema sen cillez del planteamiento de la tarea,
condicionada por dificultades puramente matemáticas, hace que se analicen todas
nuestras cons trucciones como un modelo matemático que de por sí dista mucho
de adecuarse por completo a la realidad, pero puede servir de pun to de
partida para construir modelos más adecuados . »6
Es necesario subrayar que aquí no se consideran en absoluto los llamados
colectivos autónomos y su «conducta» . Se habla del inten to de la modelación
matemática del verdadero colectivo científico en relación con uno de sus
aspectos representados en forma de grafo de los «vínculos de la comunicación»,
en el cual como función especial se analiza el tiempo en que se divulga la
información (de
arriba hacia abajo, y viceversa) . Y a pesar de que en el trabaj o
aparece una serie de
postulados interesantes e s dificil representar
la esfera de la realidad a la cual se adecúe, aunque sea en parte,
6 Yu. l. Levin: <<Acerca
de algunas tareas extremas relacionadas con la
estructura del colectivo científico'», en Investigaciones sistémicas.
Anuario, 1972, p. 25 (en ruso).
32
este modelo matemático . Acaso el mismo también pudiera servir de punto
de partida para la construcción de otros modelos que se correspondan más con el
objeto de análisis, aún más si la inves tigación está orientada a las propias
características del colectivo
y no a determinados parámetros
abstracto-comunicativos de la trasmisión de la información en la comunidad
humana. Al tratar de evitar las dificultades matemáticas y simplificar con este
fin la tarea, durante la realización de esta maniobra es fácil perder el objeto
de investigación en su peculiaridad cualitativa. Entretanto, la investigación
socio-psicológica de los colectivos debe evidenciar necesariamente esta
especifidad cualitativa que no conduce a los vínculos del tipo
«estímulo-reacción» .
Por desgracia, esta interpretación del colectivo despojada de la
peculiaridad cualitativa se manifiesta en los procedimientos expe rimentales
que revelan los parámetros fundamentales del mismo, adoptados en muchas
investigaciones socio-psicológicas de las cua les tenemos conocimientos . Los
métodos utilizados en ellas realizan de manera consecuente el programa de
estudio del colectivo como un grupo de personas que interactúan y, si hacemos
una valoración según el contenido del experimento, están relacionadas entre sí
por algo que no es la comunidad de tareas socio-determinadas de la actividad,
de los objetivos, de los valores y del estudio de la personalidad como
individuo perteneciente de manera puramente superficial a ese grupo. Los
resultados obtenidos en estas inves tigaciones se corresponden, como debe ser,
con el modelo hipo tético del objeto de investigación introducido desde el
principio en el experimento . Los mismos no pueden ser de otra manera.
En este sentido, son ilustrativas las investigaciones de la con ducta
de la personalidad en las condiciones de la presión del grupo con la revelación
del predominio en el colectivo de la in dependencia (a veces de la
estabilidad) o de la conformidad del individuo . Esta última llamó la atención
en lo fundamental des pués de publicado el libro de D. Krech, R. Crutchfield y
L. Ba llachey El individuo en la sociedad,1 en el cual se describieron las
experiencias con un segundo grupo que desarrollaron y mo dificaron los
experimentos de S . Ash .
La primera investigación realizada bajo
nuestra dirección en
1 968- 1 970 [V. F. Safio, 1 969] se dedicó a evidenciar,
desde el punto
7 D. Krech, R. Crutchfield y E. Ballechey:
Individual in society,
Nueva
York, 1962.
33
de vista experimental, el grado de sugestión . Durante la investiga
ción, V. F. Safin utilizó la modificación de la metódica de R. Crutchfield. Se
utilizó el siguiente procedimiento experimental .
Durante cierto tiempo, los alumnos se entrenaban en determinar la
duración de un minuto sin recurrir al reloj y al cálculo de los segundos para
sí. Muy pronto pudieron determinar el minuto con una precisión de hasta ± 5 seg
.
Después de esto, los alumnos eran llevados a cabinas experi mentales
especiales y se les proponía determinar la duración de un minuto e informar al
experimentador y a otros alumnos mediante la opresión de un botón que había
transcurrido un minuto (los alumnos sabían que en el puesto de mando del
experimentador y en todas las demás cabinas se encendían bombillitos cuando se
oprimía el botón) . Durante el experimento, el experimentador tuvo la
posibilidad de emitir señales que al parecer partan de uno o varios alumnos
(por ejemplo, cada 35 segundos se emitía una señal a todas las cabinas) y
determinar quién se apresuraba a responder a esta señal oprimiendo un botón,
detectando de esta manera la sugestión, y quién no se inmutaba por esto
(metódica del segundo grupo) . El grado de sugestión puede evaluarse de dife
rente manera entre la valoración de la duración del minuto en los experimentos
anteriores y en los experimentos en las condiciones cuando se emiten señales
falsas .
Este procedimiento metódico constituye un testimonio acerca de que el
número de personas que manifestaron mayor o menor grado de sugestión dentro del
grupo es muy grande. Al continuar el experimento fue posible detectar los
individuos con tendencia a la conformidad . Así, si después de transcurrido
cierto tiempo se plantea la tarea de determinar la duración del minuto, en
ausencia del grupo, se manifiestan individuos que al no tener la presión del
grupo vuelv.en a alcanzar su evaluación primaria (correcta) . Los demás sigu en
manteniendo el intervalo de tiempo dado antes de esto por las señales del
segundo grupo . Es evidente que los primeros, al no querer separarse del grupo,
adoptaron una posi ción puramente superficial y renuncian con facilidad a ella
en cuan to se elimina la presión (tendencia a la conformidad), y los se
gundos adoptan un «punto de vista general'» no conflictivo y lo mantienen más
tarde (tendencia a la sugestión) .
34
La investigación de V . F. Safin (como los trabajos de A . P . So pikov
y V . E. Shudnovsk)8 utilizó de nuevo los argumentos fun damentales del
experimento de R. Crutchfield. La crítica de las concepciones norteamericanas
del conformismo, como en los tra bajos de otros autores, tuvo un carácter
inmanente y se redujo, en lo fundamental, a subrayar que no es permisible
extrapolar las situaciones experimental-psicológicas descritas por S . Asch
para la vida de la sociedad en general . Esto es correcto, pero es insu
ficiente para valorar la concepción de la presión de grupo y ela borar, desde
el punto de vista metodológico, una actitud correcta hacia ella. En este caso,
se atenuó la interpretación propiamente mecánica de las interrelaciones de los
individuos en cualquier grupo, en el cual la personalidad está subordinada a la
acción de los campos y líneas de fuerza y si se reconoció su orientación de
valor, no se consideró eu realidad; esta interpretación se manifestó mediante
el procedimiento experimental de revelar la conformidad y la estabilidad de la
personalidad .
El programa experimental adoptado en las investigaciones en aquel tiempo
(la segunda mitad de la década del 60) permitió, por una parte, aclarar las
particularidades de algunas formas de inte racción de la personalidad con el
grupo y de los fenómenos del conformismo (sugestión) que surgen en este caso y,
por otra, obli gaba involuntariamente a los investigadores a girar en un
círculo cerrado de representaciones acerca de una única alternativa, cuyo papel
era desempeñado por la no conformidad y la no sugestión, lo cual ,era
sustituido con frecuencia por el concepto «estabilidad de la personalidad» .
En cuanto a que las investigaciones socio-psicológicas se rela cionan
estrechamente con la práctica y, ante todo, con las tareas de la formación de
la personalidad, la alternativa señalada se trans formó, no por todos
desafortunadamente, en un falso dilema pe dagógico concientizado: ver el
sentido de la educación en la for mación de la estabilidad de la personalidad,
capaz de contrapo-
8 A. P. Sopikov: Problemas de
la medición de las reacciones conformistas
en los pequeños grupos, autorresumen de la tesis de candidato a Doctor
en Ciencias, Moscú, 1969; V. E. Chudnovski: «Acerca del problema del esto
dio experimental de la estabilidad de la personalidad», en Voprosy Psijo
logii, 1972, no. 8; «La
estabilidad de la personalidad como un
problema de
la psicología de la educación», en Voprosy Psijologii, 1974, no.
2 (en ruso
ambas).
35
nerse a las influencias del medio
social, del grupo, del
colectivo
o formar individuos flexibles respecto al grupo, quienes no saben
ni desean contraponerse a sus influencias .9 La salida de esta situa
ción, evidentemente sin salida para la psicología social, quedó clara: era
necesario volver a analizar la esencia de las concepciones de Ash-Crutchfield y
dilucidar hasta qué punto podía utilizarse en la psicología y en la pedagogía
soviéticas el modelo de influencia del grupo propuesto por psicólogos
norteamericanos . En el proceso de este trabajo metodológico volvimos
rápidamente a la posición inicial para estructurar la nueva concepción
socio-psicológica del colectivo (ver en relación con esto (A . V. Petrovski, 1
974]) .
Las premisas metodológicas de la presión de grupo y del confor mismo y
su base mecanicista, no nos ofrecieron dudas; de acuerdo con las condiciones
del experimento se prevé la influencia pura mente mecánica del grupo como un
simple conjunto de individuos sobre una personalidad dada. Es posible que la
aceptación o no de la presión del grupo pueda modelar, hasta cierto punto,
correctamente la conducta del individuo en una aglomeración ca sual de
personas, pero esto no debe presentarse como un modelo representativo de la
conducta de la personalidad en el colectivo que debe relacionar por necesidad
el problema de la interación del grupo con el contenido de lo que influye en la
personalidad me diante las comunicaciones de grupo . Las interrelaciones de
conte nido de los miembros del colectivo (laboral, escolar, militar, etcéte
ra) son las más interesantes para la psicología soviética. Y si en la
psicología norteamericana, la problemática del colectivo no se ha estudiado e,
incluso, el problema del colectivo no ha sido plan teado, en la Unión
Soviética los pedagogos y psicólogos se apoyan en las ideas acerca del
colectivo, formuladas y prácticamente com probadas en los trabajos de N. K.
Krupskaya, A. S. Makarenko, S. T. Shatski, V. A. Sujomlinski y otros .
De aquí surgió la necesidad de concientizar qué introduce de nuevo la
idea del colectivismo en la propia esencia del problema de la presión del
grupo, del consentimiento de grupo, de la subordi nación, de la protesta, del
conformismo, etcétera.
En el plano del problema tratado tuvo especial interés uno de los
aspectos de la investigación de V. A. Bakeev [ 1 97 1 ) . En su
9 Aquí y más adelante se habla
de la alternativa que emana de la situación experimental y no de la posición de
principio de uno u otro psicólogo.
36
tarea se incluyó la comparación de la influencia de sugestión en la
personalidad de un grupo desorganizado y que ha formado un colectivo . En todos
los grupos de edades se destacó que la influen cia de sugestión en el
individuo de la opinión de personas conglo meradas casualmente, se manifiesta
en mayor grado que la influen cia de la opinión de un colectivo organizado, al
cual pertenece este individuo .
La paradoja de esta deducción experimental obtenida es apa rente . Los
procedimientos previstos por las metódicas orientadas a evidenciar la sugestión
apelan con preferencia a posiciones y actos no concientizados, a veces
subconscientes, de la personalidad, mientras que la conducta del hombre en el
colectivo está determi nada por disposiciones y posiciones concientizadas
respecto a cada uno de los miembros del colectivo, a sus objetivos y valores.
Al conocer bien todos los miembros del colectivo y al colectivo en general, el
individuo reacciona consciente y selectivamente ante la opinión de cada uno,
orientándose en las relaciones y valora ciones formadas en la actividad
conjunta y en los valores acep tados y aprobados por todos . En contraposición
con esto, el estado del individuo en un grupo no conocido, casual, no
organizado en el cual no se tiene suficiente información acerca de las personas
que lo forman, contribuye a aumentar la sugestión (la relación entre la
indeterminación de la situación y la sugestión fue seña lada por muchos
autores) . Así, si la conducta del hombre en un grupo no organizado, casual,
sólo puede determinarse por el lugar que él selecciona para sí -a menudo no
premeditado- en la gra duación «autonomía-subordinación del individuo al
grupo»», en el colectivo existe otra posibilidad específica, la realización de
la
autodeterminación colectivista de la personalidad (fenómeno AC) . La
actitud de la personalidad respecto a las influencias de esa comunidad concreta
es selectiva, acepta a unos y rechaza a otros, en dependencia de los factores
mediatizadores, las valoraciones, las convicciones y los ideales .
De esta manera se evidenció la oposición de la «autonomía-su
bordinación del individuo al grupo»» a la autodeterminación de la personalidad
en el colectivo, como la contraposición de las dis posiciones inconscientes de
la sugestión a los actos volitivos cons cientes en los cuales se realiza la
autodeterminación (V . A . Bakeev demostró, entre otras cosas, que, a pesar de
las representaciones existentes, la falta de voluntad no puede considerarse
como crite-
37
rio análogo de la sugestión) . En otras palabras, en el colectivo la
personalidad halla la libertad como concientización de la nece sidad de actuar
en correspondencia con sus orientaciones valora tivas . Todo esto permitió que
l. A. Oborutova [ 1 974] formulara la tarea de la investigación, la cual se
orientó a un análisis profundo de la autodeterminación de la personalidad.
La alternativa aprobada en la literatura socio-psicológica nor
teamericana -incluida la contemporánea -, relacionada con la di cotomía
«subordinación -autonomía de la personalidad»», estaba en correspondencia con
la hipótesis planteada de lo imaginario, Si, al utilizar la metódica del grupo
confabulado, se incita a la persona lidad a que renuncie aparentemente en
nombre del colectivo a las orientaciones valorativas adoptadas en él, surge una
situación conflictiva que separa a los individuos que manifiestan conformis
mo y a los individuos capaces de realizar actos de autodetermina ción
colectivista; es decir, de actuar de acuerdo con sus valora ciones internas.
El fenómeno AC surge cuando la conducta de la personalidad, bajo las
condiciones de la presión del grupo especialmente organi zado, no está
determinada por la influencia directa del grupo ni por las cualidades
individuales de la sugestión, sino sobre todo por los objetivos y tareas de la
actividad aprobados en el grupo y por orientaciones valorativas estables. A
diferencia del grupo difuso, en el colectivo la AC es la manera predominante de
reacción ante la presión del grupo y, por eso, desempeña el papel de rasgo for
mador del colectivo. 10
l . A . Oborutova realizó, por primera vez, la investigación ex
perimental del fenómeno AC . El experimento consistía en lo si guiente:
Primero se esclarecieron las posiciones generales del acuerdo o
desacuerdo de los miembros del grupo con las convicciones éticas propuestas .
En este caso, como regla, se destacó la mayoría de los alumnos que estaban de
acuerdo con las normas generalmente acep
tadas, reflejadas en los juicios
propuestos por el experimentador
10 La hipótesis acerca de la existencia del fenómeno AC fue planteada
por primera vez por nosotros en 1969 y se vio reflejada en las tesis pre
paradas para el XIX Congreso Internacional de Psicología en Londres (A, V.
Petrovski, 1969). Primero, representábamos la AC como «colectivismo», des pués
se utilizaron los conceptos «autodeterminación de la personalidad en el grupo»
y, por último, «autodeterminación colectivista».
38
y un grupo relativamente pequeño de personas que asumieron una posición
negativa. Este último grupo no se incluyó en los experi mentos ulteriores,
pues el estudio del negativismo como problema psicológico no se incluyó en
nuestras tareas . Respecto a todo lo demás se planteó una interrogante : ¿Qué
significa estar de acuer do, desde el punto de vista psicológico, con los
juicios éticos pro puestos? ¿Es acaso el resultado de la subordinación a la
presión del grupo no expresada con claridad en el propio hecho de la aceptación
general de la norma moral contenido en el juicio? En otras palabras, ¿acaso no
significa su deseo de ser como los de más, de no salirse del marco de la
conducta que ellos atribuyen sin motivos a otros miembros del grupo como
normal, deseada, socialmente aceptada? ¿No es esto el resultado de la
conformidad del individuo en el grupo, como se deduce de los experimentos y las
generalizaciones teóricas de los psicólogos sociales norteame ricanos? Pero
podía plantearse, y nosotros lo hicimos, una con jetura diametralmente
opuesta: ¿pudiera ser que esta aprobación
no fuera el resultado de la subordinación a la presión del grupo, ni de
la conformidad, sino el resultado de la coincidencia de las valoraciones de la
personalidad con las valoraciones éticas gene ralmente aceptadas, expresadas
en los juicios propuestos? Y en tonces lo que se presenta en apariencia como
conformidad lleva de manera intrínseca un sentido psicológico y se presenta
como verdadera alternativa del conformismo .
Sólo el experimento podría responder a estas preguntas . A par tir de
nuestra hipótesis, lo estructuramos de manera que la pre sión del grupo (claro
está,, éste era el grupo confabulado) la orien tamos al contrario de las
valoraciones generalmente aceptadas y se creó una situación conflictiva en la
cual debía haberse apro bado o rechazado una de las conjeturas antes
planteadas . Así, se creó un tipo de «centrífuga psicológica» que permitió
descubrir las personas capaces de mantener, en las condiciones de la presión
del grupo, la posición inicialmente adoptada por el grupo (y por estos
individuos), la cual el grupo ha traicionado aparentemente, y de separarlas de
los individuos que cedieron en estas condi ciones a la presión del grupo y
renunciaron a las valoraciones que mantenían antes. Por el mismo hecho se
realizó la diferenciación experimental del grupo en conformistas (la minoría) y
en personas que revelan AC, al asumir para sí la defensa de las valoraciones
39
generales del grupo, incluso cuando el resto de los alumnos ha
renunciado a las mismas .
La investigación de l . A . Oborutova se realizó sobre la base del
material de las valoraciones éticas de la personalidad y del colec tivo . Sin
embargo, de acuerdo con la definición, la AC no sólo presupone la defensa de
los principios morales y de las valora ciones del grupo, sino también de los
objetivos y tareas de carácter colectivista aprobados por el grupo en el
proceso de la actividad conjunta. En relación con esto, A . A . Turovskaia
realizó una investigación para explicar la autodeterminación de la per
sonalidad sobre la base de la defensa de los objetivos e intereses del
colectivo que adquirieron, desde el punto de vista de la per sonalidad,
importancia para sus miembros.
A . A . Turovskaia propuso a los alumnos una serie de objetivos
socialmente significativos con el fin de que éstos seleccionaran, poniendo de
manifiesto inicialmente el método de los rangos, cuáles son más o menos
atrayentes para cada uno . De esta manera se seleccionaron tres tipos de
objetivos (deseables, no deseables, neutrales). Después se propusieron varios
objetivos con vistas a materializarlos en la actividad de grupo . En este caso
se seleccio naron grupos con una actitud emocional semejante hacia el obje
tivo propuesto . A partir de este momento, la actividad del grupo era dirigida
por un objetivo socialmente aprobado que fue nece sario materializar.
Con posterioridad se evidenció si existía o no el fenómeno AC en todos
los grupos. Como se deduce del trabajo de A. A. Turovs kaia, la aparición de
la AC depende de la medida en que se le atribuyan los objetivos socialmente
aprobados del grupo a cada uno de sus miembros y no presenta dependencia
manifiesta de la atracción inicial del objetivo, aunque no es totalmente libre
de este último . Se demostró que en los grupos en los cuales se rea lizó un
gran trabajo educativo en cuanto a la materialización de los objetivos
generales del grupo y se formó una actitud social mente valorativa hacia los
mismos, el número de reacciones de la AC superó en dos veces los índices en los
grupos poco incorpora dos a la actividad . En los grupos que trabajan de
manera activa, los alumnos -incluso después de haber recibido una información
aparentemente fidedigna para ellos-, casi todo el grupo se negó a cumplir la
tarea; sin embargo, no renunció al objetivo trazado
40
de la actividad del grupo, al evidenciar la autodeterminación de la
personalidad en el colectivo, a pesar de que la «leyenda» del grupo confabulado
acerca de las causas de la renuncia parecía bastante justa y la materialización
del objetivo colectivista fue en realidad una cuestión objetivamente dificil y
de confrontación con sus estrechos intereses respecto a la personalidad .
Ofrecieron gran resistencia a sus compañeros que habían renunciado, al pare
cer, a seguir realizando la actividad socialmente valiosa aprobada por el
colectivo .
Así, la AC en la esfera de los objetivos de la actividad del gru po es
el mismo fenómeno real de la actividad interna del grupo, la autodeterminación
de la personalidad en la esfera de las valora ciones morales aceptadas y
apropiadas por parte del colectivo. Al mismo tiempo, en la investigación de A.
A. Turovskaia se pasó del análisis de la AC como derivado de los valores
morales gene rales -aceptados en el amplio medio social y en relación con esto
en el colectivo dado como su célula-, al estudio de la autodeter minación de
la personalidad respecto a los valores específicos para los colectivos
concretos. Se señaló el paso de lo constatados al experimento socio-psicológico
formador. Todo esto fue, a su vez, un paso de avance en la explicación de la
estructura real de los colectivos de diferente tipo . En general, los trabajos
de l. A. Obo rutova y A. A. Turovskaia abarcaron las características fundamen
tales del fenómeno AC; para nosotros, el punto de partida para formular la
concepción de las relaciones entre las personas en el colectivo .
En estas investigaciones, la autodeterminación colectivista de sempeñó
el papel de uniformidad relativa de la conducta, como resultado de la
solidaridad consciente de la personalidad con las valoraciones y tareas del
colectivo como comunidad unida por ob jetivos a ideales que han salido del
marco del grupo dado y se han tomado en la ideología de la sociedad . La
autodeterminación colectivista de la personalidad, y no el inconformismo ni
tampoco la «est?-bilidad de la personalidad» que puede enmascarar el negati
vismo y el nihilismo respecto a las exigencias socialmente valiosas,
las esperanzas e influencias, desempeña el papel de alternativa del
conformismo . Claro está, la utilización del concepto «estabilidad de la
personalidad» va acompañada generalmente de las indicaciones acerca de que el
individuo con estabilidad en sus acciones no está
41
tan subornidado a
las influencias externas
como a los
objetivos
e intenciones conscientes .
Por desgracia, esto no salva la situación . Al conservar el modelo del grupo
tomado sin crítica de la con cepción de Ash-Crutchfield y de la metódica
tradicional del «grupo confabulado»», el negativista, el nihilista y el inconforme
se enmas caran bajo lo estable con la misma facilidad que el conformista se
presenta como colectivista. Se evidenció que el psicólogo que experimenta con
el «grupo confabulado»» quedaría limitado al es quema mecanicista de la
presión del grupo hasta no comprender la necesidad, no tanto de separar los
estables de los conformistas, como los conformistas de los colectivistas y los
colectivistas esta bles 3e los inconformes estables .
La autodeterminación colectivista -como forma concreta de la interacción
activa de la personalidad y del grupo-, es un concepto mediante el cual fue
posible reflejar de manera adecuada la deter minación real de la conducta de
la personalidad como posición del grupo y evitar la controversia limitada por
el esquema behaviorista y, por desgracia, no superada: la predeterminación
fatal de las características de la · personalidad por su medio
socio-psicológico o su autonomía absoluta.
El planteamiento de la cuestión acerca de la autodeterminación
colectivista, al relacionar el problema de la interacción del grupo con el
contenido de lo que influye en la personalidad mediante las comunicaciones de
grupo, comprueba el concepto acerca de la prioridad de la comunicación y del
comunicador ante el contenido objetivo de la información. No es casual que T.
Ostram, al remitirse al trabaj o de S. Ash, escriba: «Ash demostró, por
ejemplo, que la cita "quienes poseen propiedades y quienes no tienen,
forman dos clases diferentes", tiene un significado totalmente diferente
cuan do se atribuye a Carlos Marx o cuando se pone en boca de John Adams .»» Y
sigue: «Un determinado fondo o contexto general que influye en el significado
de la comunicación, como su fuente, in fluirá en la aceptación de los
argumentos por parte del individuo . >»> El sentido de estos
planteamientos y referencias debe ser evidente para nosotros. Siguiendo las
teorías experimentales de S . Ash, el lector debió haber deducido que si a un
marxista se le plantea en nombre de C . Marx la afirmación «lo blanco es
negro»», él la to mará al parecer como verdad, en virtud de la posición
determi nada por el «alto prestigio de la fuente de comunicación»». Al mis-
42
mo tiempo, si determinada tesis marxista es atribuida a J . Adams, el
marxista dudará de ella y no la aceptará. 1 1
Como es natural, las implicaciones sociales, sobre cuya base se forma el
hecho obtenido no por vía especulativa, sino experimen tal, salen del marco de
la teoría psicológica y adquieren un «va lor»» ideológico 'independiente . En
relación con esto, el problema planteado ante nosotros no consistía en absoluto
en declarar la no aceptación de los criterios antes señalados de S . Ash y T.
Ostrom -tomados en un amplio contexto social y cuyo sentido ideológico es
evidente y no necesita comentarios-, sino en mani festar, desde posiciones
experimentales, las condiciones socio-psi cológicas en las cuales la
regularidad expresada por la fórmula de AC está vigente en realidad y aquellas
en las cuales es una in vención .
Es evidente que ignorar el contenido de las interrelaciones de los
hombres en el grupo y, ante todo, las orientaciones valora tivas, determinadas
por ideales y convicciones de interés general, empobrece la idea de la vida del
grupo reflejado en los experimen tos de S. Ash y conduce a la idea errónea de
la dominación fatal del alto prestigio de la fuente de comunicación sobre la
com prensión y la voluntad de la personalidad que recibe cualquier
información, incluida la falsa. Y si en las comunidades humanas, en las cuales
sólo existen «sucedáneos de la colectividad» pueden hallarse afirmaciones al
respecto, son evidentemente dudosas las tentativas de llevar estas deducciones
a la esfera del análisis socio psicológico de los verdaderos colectivos, en
los cuales las relaciones se estructuran sobre la base de una valoración
consciente del con tenido de la actividad conjurita., de sus objetivos, tareas
y de su base ideológica. La metódica de la investigación del conformismo
mediante el grupo confábúlado aplicada a un material sin interés para los
alumnos (determinación de la longitud de los segmentos o de los intervalos de
tiempo), chocó inevitablemente con la deduc ción acerca de que la única
alternativa del conformismo es el in
conformismo, el negativismo y la independencia de la personali dad en
el grupo . En un grupo de personas que sólo interactúan de manera superficial
no podía esperarse otro resultado, aún más cuando a los alumnos se les exigía
expresar sus juicios respecto al
11 Psichowgical foundations o/ altitudes. Editado por A. G. Greenwald,
T. C. Broch, Th. M. Ostrom, no. 4, Londres, 1968, p. 20.
43
material experimental de poco interés para ellos . En este caso no
existían los valores mediante los cuales hubiera podido entrarse en
contradicción con el grupo y formarse un conflicto con él.
La fórmula «estímulo - reacción» resultó permisible para la
interpretación psicológica de la situación experimental artificial mente
creada. Sin embargo, al recurrir a las interrelaciones reales, este esquema (o
conformista, o inconformista) resultó inconsis tente . Y de aquí surgió la
necesidad de cambiar las investigaciones socio-psicológicas al trabajo con un
modelo en principio diferente de colectivo y de personalidad en el colectivo,
lo cual exigía de manera apremiante la introducción -en las condiciones de la
in teracción de grupo- de un conjunto de orientaciones valorativas, de
objetivos de la actividad del colectivo y de su contenido real .
Todo esto permitió corroborar la hipótesis acerca de que en las
comunidades que agrupan a los hombres en tareas de actividad socialmente útil,
la verdadera alternativa del conformismo no es el negativismo (inconformismo,
estabilidad, independencia, etcétera), sino una cualidad peculiar del verdadero
colectivismo, no del ima ginario, con un carácter de autodeterminación de la
personalidad en el grupo (autodeterminación colectivista) . 12
La importancia del fenómeno AC en la formulación de nuestra teoría
socio-psicológica es extraordinaria. El estudio de este fenó meno fue, en
esencia, la plataforma metodológica para el paso de la comprensión del grupo
como comunidad de individuos que con tactan entre sí desde el punto de vista
emocional y operacional, a otra comprensión de la misma que incluía la
necesidad de con siderar los factores mediatizadores de estas relaciones
externas.
El análisis teórico del fenómeno AC y la comprobación experi mental de
la hipótesis, permitieron plantear la preposición acerca de que en el colectivo
también deben hallarse lógicamente otros fenómenos socio-psicológicos
cualitativamente diferentes de los fe nómenos propios del agrupamiento casual
de personas, asocia ciones, grupos difusos, etc. La esencia de estas
diferencias consiste
12 «La independencia de los juicios y acciones, la habilidad de pensar
de
manera amplia, son cuestiones altamente valoradas por el Estado ( . . .
) Es
importante que cada
uno defienda de
manera consecuente lo
nuevo, lo
progresista, busque y proponga sus vías para lograr los objetivos
trazados,
sin temer a quedar temporalmente dentro de la minoría ni temer a romper
relaciones con alguien.» (<<Opinión personab>, editorial del periódico
Pravda, 21 de mayo de 1978.)
44
en el carácter diverso de las interrelaciones y de la interacción de los
individuos en esta variedad de grupos . 13
En un grupo difuso son determinantes las relaciones directas y la
interacción direeta de dos individuos (en este caso, el someti miento o la
resistencia a la influenca del grupo) . Claro está, sólo puede hablarse del
carácter directo y relativo de estas relaciones por cuanto en las
interrelaciones de los individuos en cualquier grupo, incluso en el formado
casualmente, aparecen los criterios, la experiencia de los contactos
anteriores, las prevenciones, los este reotipos, etc . , como ciertas disposiciones
intermedias y variables . El esquema de las interrelaciones y de la interacción
propio del grupo difuso, fue absolutizado por la psicología social occidental
que sólo en las condiciones del experimento introdujo los estímulos de grupo y
las reacciones de grupo, al ser incapaz de considerar la verdaderamente
incalculable diversidad de los eslabones inter medios . Además, utilizando la
expresión acertada de M. G. Ya roshevski, puede formularse la deducción acerca
de que «el siste ma de categorías superconsciente» de la psicología
behaviorista, al encerrar al investigador en un círculo de características de
con ducta, suprimió con anterioridad la posibilidad de orientar el ex
perimento para considerar en realidad los aspectos motivacional y de contenido
de las relaciones interpersonales . No es casual que el problema del colectivo
no se haya planteado incluso en la psicología social norteamericana.
¿Cuál es la principal diferencia entre el colectivo y los grupos y
asociaciones difusos? En' el colectivo desempeñan un papel de terminante la
interacción y las interrelaciones de los hombres me diatizadas por los
objetivos, tareas y valoraciones de la actividad conjunta; es decir, por su
contenido real . Desde este punto de vista, el colectivo es un grupo en el cual
las relaciones interperso nales están mediatizadas por el contenido
socialmente importante y de interés para la personalidad de la actividad
conjunta. Estas diferencias cualitativas del colectivo, como se manifestó,
están
sujetas a investigaciones cuantitativas, en las cuales tendrá una
gran importancia considerar el señalado eslabón mediatizador, el
13 Al emplear el
término «colectivo» consideramos
que A. S. Makarenko
lo denomina colectivo
primario. Denomina colectivo
primario a aquel en
el cual algunos de sus miembros
se encuentran en una asociación constante
de trabajo, de
amistad, en una asociación ideológica. (A. S. Makarenko:
Obras completas, t. 5, p. 60.)
45
cual permite destacar, de manera experimental, sus parámetros
cualitativamente importantes.
Entre ellos es necesario, como se estableció, incluir en primer lugar el
predominio en el colectivo de las manifestaciones de auto determinación
colectivista (AC) y la brusca disminución de las reacciones conformistas en
situaciones significativas para el colec
tivo . Este parámetro de la
dinámica de grupo (l.
A. Oborutova,
1 973, a; A. A. Turovskaia,
1 976, a; L. A. Glazova,
1 978, a], fue
el primero en estudiarse experimentalmente .
El segundo parámetro, la cohesión como unidad valorativa y de
orientación -esencialmente importante para la comprensión de la estructura de
la actividad interna del grupo -, fue estudiado por primera vez por V. V.
Shpalinski [ 1 973], La cohesión es el rasgo constituyente del colectivo en
comparación con el grupo difuso. De manera semejante a como el fenómeno AC se
explicó y argumentó como resultado de la confrontación directa con las
posiciones me todológicas de S. Ash, A . Crutchfield y otros investigadores
nor teamericanos del conformismo y de la indepedencia: la interpre tación de
la unidad valorativa y de orientación del grupo (UVO) -como característica de
su cohesión- se contrapone a los criterios de M . Schachter, L. Festinger, K.
Back, D. Homans y otros psicó logos norteamericanos, quienes valoraron el
nivel de cohesión del grupo según la cantidad de actos comunicativos en el
grupo, al analizar el número, la intensidad y la duración de la interacción en
él como un índice de su cohesión .
Como se deduce de los trabajos de V . V . Shpalinski, la verda dera
cohesión del grupo hay que buscarla en la coincidencia de las valoraciones y
disposiciones del grupo respecto a los objetos de interés para el grupo en
general y relativos a los aspectos esen ciales de la actividad conjunta
orientada. Este enfoque constructivo del problema de la cohesión del grupo
permitió demostrar el alto
nivel de la UVO en
el sistema de las relaciones
interpersonales
en el colectivo y su poca manifestación en los grupos difusos no
unidos por la actividad conjunta. ·
Casi al mismo tiempo, con los trabajos acerca del problema de la UVO, se
inició el estudio del tercer parámetro psicológico de la actividad de grupo, la
identificación efi caz y emocional del grupo IEEG) . El plan conceptual y la
metódica concreta de investigación fueron propuestos por V. A. Petrovski [ 1
973, b). Sobre esta metódi-
46
ca se planteó el experimento y sus resultados se analizaron y gene
ralizaron en el trabajo de A. L Papkin [ver A. V. Petrovski, 1 976, e] .
La base teórica de la investigación estaba constituida por el in tento
de diferenciar los dos aspectos interrelacionados, pero no identificados de la
actividad de grupo: la interacción de grupo y las interrelaciones de grupo .
La interacción de grupo se analizaba como un conjunto de rela ciones
comunicativas, operacionales e interindividuales que se determinan por la tarea
concreta, actualizada en el grupo en el momento dado . Por interrelaciones se
comprendía el sistema de indisposiciones interpersonal9s, de orientaciones,
expectativas, deter minadas por las valoraciones y emociones que surgen del
proceso de la comunicación interna del grupo, y en los grupos de alto nivel de
desarrollo están determinadas, ante todo, por el contenido socialmente valioso
y significativo para la personalidad de la ac tividad conjunta. La interacción
de grupo .está dada directamente; las interrelaciones de grupo son, por
esencia, latentes y su revela ción requiere la utilización de procedimientos
socio-psicológicos especiales, un conjunto de instrumentos que, hasta estos
momentos, no es muy neo .
En realidad, en la actividad humana las interacciones y las in
terrelaciones forman, claro está, una unidad . Entretanto, en el estudio
psicológico nos encontramos a menudo con la absolutiza ción de unos de estos
aspectos de la actividad del grupo, lo cual conduce a la destrucción injusta de
su unidad y, en resumidas cuentas, a la alteración de la característica
socio-psicológica del grupo .
Enfatizar en la investigación en el plano de la interacción de grupo,
típica para las teorías socio-psicológicas acerca de la diná mica de grupo,
hace que se ignoren o, peor aún, se mistifiquen las relaciones valorativas
interpersonales que están detrás de esta interacción . A la psicología social
le cuesta muy caro despreciar el verdadero contenido psicológico del grupo,
pues pierde la posi bilidad de extrapolar las deducciones obtenidas en el
experimento de laboratorio para la actividad del grupo en las diferentes situa
ciones de la vida, distantes de las experimentales. Por ejemplo, la gran
compatibilidad y armonía del grupo al trabajar en deter minado homeostato o
integrador sensomotor de grupo, puede no reafirmarse al pasar este grupo a otra
actividad; pues los pro fundos factores que determinan los procesos de
interacción no se
47
tocaron por el procedimiento experimental y, por tanto, son con fusos.
Este deficiente aspecto del enfoque tradicional -caracteri zado a veces como
pequeña «validez ecológica» del experimento socio- psicológico - en los últimos
años se comprende cada vez más en la psicología norteamericana y se considera,
incluso, como una de las causas de su crisis (M. Om, l . Silverman y otros) .
Sin menospreciar la importancia de
la baja validez del experi
mento socio-psicológico tradicional como factor que frena, sin duda,
el desarrollo de la psicología social norteamericana, señalemos que
es necesario ver las causas de la crisis no tanto en las soluciones
metódicas particulares, como
en los enfoques
metodológicos ge
nerales .
La absolutización en otro plano de las relaciones interpersona les -si
las mismas no se manifiestan desde el punto de vista ope
racional y no se realizan en la interacción concreta de los miembros del
grupo-, carece de perspectivas para los fines del estudio so cio-psicológico .
Por desgracia, puede citarse un gran número de trabajos psicológicos (y
pedagógicos, aún más), en los cuales las relaciones interpersonales se han
representado como ciertas fuer zas ideales no materializadas ni objetivadas y,
por tanto, no sujetas a una investigación y definición concretas . El estudio
de la formación del colectivo tomado sólo en un plano ideal, no agra vado por
la acción real, condiciona a menudo la infructuosidad y la pura verbalidad de
las deducciones finales .
Cuando objetamos la absolutización alternativa de cada uno de los
aspectos de la actividad del grupo tomados de manera abs tracta y subrayamos
la verdadera unidad, comprendemos induda blemente esta unidad, pero de ninguna
manera como una iden tidad . En caso contrario, todo tipo de necesidad
socio-psicológica desaparecería: la descripción de los hechos de la interacción
de los miembros del grupo, agotaría por completo su característica psico
lógica. El reconocimiento de la identidad de los planos de la inter acción y
de las interrelaciones, sería regresar al panorama behavio rista o simplemente
idealista de la actividad de grupo .
La unidad de la interacción y de las relaciones interpersonales
significa que la actividad de grupo sólo puede comprenderse correcta y
adecuadamente descrita cuando el psicólogo ve tras la interacción de los
miembros del grupo un sistema de relaciones interpersonales que no sólo
condicionan las acciones diarias actua-
48
lizadas por la tarea dada, smo también los objetivos más esta bles de
la actividad .
En este caso, la vía para la comprensión del sistema de las re
laciones interpersonales es
mediante el análisis
del contenido de
la actividad del grupo . A través de la interacción de grupo se va
a las relaciones interpersonales; una vez comprendidas estas rela
ciones, se convierten en pronosticables tanto la actividad general del grupo,
como la interacción interpersonal en las condiciones más diversas . Ésta fue de
seguro la única vía correcta, pero en el as pecto metódico muy compleja y
dificil de la investigación socio psicológica.
Aquí no se propuso en principio nada nuevo, si consideramos ne la
investigación científico -psicológica, sino la táctica concreto- psi cológica
de la acción de una persona concreta (del dirigente, del director, del jefe),
si analizamos la interacción de los subordinados, en particular en las
condiciones extremas, de razonar las condi ciones de cada cual y sus
aspiraciones, y sobre esta base estructu rar la táctica de las acciones
ulteriores con el grupo . Sn embargo, para la investigación científica el enfoque
propuesto trazó, sin discusión, la estrategia específica para la planificación
de los pro cedimientos experimentales, en la cual las verdaderas relaciones en
el grupo, invariantes en las diversas condiciones y circunstancias, se han
modelado de acuerdo con el carácter de la interacción del grupo .
En relación con esto, como objeto de investigación se tomó el fenómeno
de la identificación efi caz y emocional de los miembros del grupo con el
individuo que se incorpora a él. La vivencia o la empatia, cuyo estudio se
inició hace tiempo en la psicología ex tranj era y contaba con la acumulación
de un buen número de tra bajos experimentales, es la que más se acerca al
contenido del con cepto identificación efi caz y emocional del grupo . A
diferencia de la empatia tradicionalmente estudiada, la IEEG, es una forma
peculiar de relaciones interpersonales, en la cual la emoción de uno de los
miembros del grupo motiva, de cierta manera, la con ducta de los demás
miembros del grupo, no sólo orientándola a la realización de la tarea de la
actividad, sino también a la elimi nación de las influencias que dan lugar a
frustraciones en el com pañero, La existencia de la IEEG en el sistema de
relaciones inter personales, es una de las características psicológicas del
colectivo .
49
Los parámetros estudiados por nosotros de la actividad del grupo se
referían, en lo fundamental, a los fenómenos de la diferencia ción
interpersonal .
Para comprender las diferencias de los grupos difusos y de los
colectivos, fue necesario valorar la eficacia del instrumento fun damental, la
sociometría, la cual se utiliza por la psicología social tradicional para la
diferenciación de grupo, y así se relaciona con ella de determinada manera. El
modelo de grupo que -como fe nómeno preferentemente emocional-psicológico-
constituye la base de las investigaciones sociométricas, no posibilita analizar
las relaciones interpersonales de los hombres sobre la base de determi nadas
normas socio-condicionadas, de orientaciones valorativas y
de valoraciones, y lo reduce todo al registro de las interacciones e
inclinaciones emocionales mutuas . En este caso no se consideró la intensa
actividad orientada del grupo y de sus miembros . La crítica
filosófico-metodológica de la idea de Moreno con la cual se acompañaba la
introducción de la técnica sociométrica, al cen trar su atención en la «ley
socio-dinámica* », se acercó a la esencia mecanicista del propio procedimiento
sociométrico, lo cual se ma nifestó en la planificación y contenido del experimento
sociomé trico .
Los razonamientos señalados formaron la base de tres progra mas de
investigación de la diferenciación de grupo, los cuales cons tituyen la
reacción ante diferentes aspectos de la sociometría y permiten comprender con
más profundidad las relaciones y comu nicaciones interpersonales en el grupo .
Una de las particularidades distintivas aprobadas en la psico logía
social de los procedimientos de medición, es su desvincula ción de la
actividad real y práctica de los miembros del grupo. Parece que Y a. L.
Kolominski, al introducir «la nueva situación experimental* * que, según su
criterio, se diferenciaba en esencia del experimento «selección del compañero
de pupitre» y, como él sub rayaba, «en general, de los experimentos
sociométricos», al deno minar su «selección en acción» proponía considerar el
carácter activo de la comunicación interna del grupo . («Así -escribe Ya. L.
Kolominski- , en el experimento "selección en la acción" ( . . . )
lo gramos que la selección se realizará no con la palabra, sino con la acción.
») Sin embargo, la «selección en acción» no presenta en realidad diferencias
esenciales y de principio respecto a la socio-
50
metría tradicional y no apela a la actividad de los miembros del grupo .
La metódica «felicita a tu compañero» con la cual a cada alumno del mismo grado
se le da una tarjeta de felicitación, es otra variante para evidenciar la
simpatía y la antipatía; es decir, los parámetros fundamentales que
caracterizan al grupo como una comunidad emocional-psicológica.
De aquí surge la tarea del primer programa experimental, del
estudio psicológico de la «selección en acción» incluido en la activi
dad laboral real del grupo y que depende de su contenido y valores [Yu. V . .
Yanotovskaia, 1 973, a) . El segundo programa de la inves tigación se
relaciona con el problema de las bases valorativas de las preferencias
interpersonales que se constatan, pero que no se explican en el test
sociométrico y en las cuales no aparece la res puesta a la pregunta: ¿Qué hay
detrás de la selección y de la pre ferencia? Se hizo una proposición acerca de
que el núcleo motiva cional de la selección interpersonal [V. A. Petrovski, 1
972], ma nifestado en la investigación socio-psicológica especialmente orga
nizada de los motivos de las preferencias, caracterizará de manera más
sustancial la diferenciación de grupo que la descripción de la propia red de
preferencias emocionales establecidas desde el punto de vista sociométrico . El
procedimiento peculiar utilizado para evi
denciar el núcleo motivacional de la selección en el sistema de las
relaciones interpersonales [A. l. Dontsov, V. A. Petrovski, 1 972, a,
V . A . Petrovski, 1 974] ,
permitió familiarizarse con la causa oculta
y activa de las preferencias sociométricas . En el trabajo experi
mental de N . M . Shvalev [ 1 974] se demostró que el contenido del núcleo
motivacional de la selección (NMS) puede, como los pará
metros AC, UVO, IEEG, servir de índice del nivel de desarrollo del grupo
y de su transformación en colectivo.
En el proceso de la comunicación interna del grupo, la persona lidad se
orienta activamente hacia la posición de un grupo deter minado (o de su
parte), cuyas valoraciones y opiniones son par ticularmente significativas
para la personalidad y le sirven como punto de referencia en la actividad. Esta
particularidad de las relaciones interpersonales no tocada por la sociometría,
se ha con vertido en la base del tercer programa del estudio del sistema de
selecciones y preferencias en el grupo [E. V. Schedrina, 1 973, b, c; 1 975,
a], formulado como tarea orientada a explicar lo latente para la observación
externa del círculo de referencia de personas o del
51
grupo de referencia. '4 Con este fin se explicó la esencia psicoló gica
del fenómeno de la referencia y se propuso un procedimiento socio-psicológico
especial para evidenciar la referencia (referen tometría) .
Las opiniones, valoraciones y posiciones de los compañeros res pecto a
la personalidad dada, el deseo de conocer «qué piensan de mí», «¿respondo yo a
las normas y valoraciones del grupo?», inci tan la tendencia selectiva y
activa de la personalidad hacia unos y la indiferencia hacia otros, entre
quienes, como demostraron los experimentos de E. V. Schedrina, se encuentran a
veces personas con un status sociométrico bastante alto . Al apelar a los
aspectos valorativo y de orientación de las relaciones interpersonales en el
grupo como comunidad socio-psicológica, la referentometría, es, por lo visto,
la vía más perspectiva - aunque no la única en este sentido para comprender la
interacción de la personalidad con el grupo en comparación con la sociometría, en
todo caso en el aspecto en el cual la misma se ha utilizado hasta estos
momentos .
Digamos algo más : si la sociometría permite bosquejar las re laciones
interpersonales en el grupo como cierta comunidad es pontánea, en la cual las
relaciones son superficiales y preferente mente afectivas («él me gusta», «él
no me gusta»), el estudio psico lógico del colectivo -por su esencia, de
referencia para sus miem bros (en todo caso, en lo referente al contenido de
la actividad conjunta), requiere por necesidad que se consideren los índices
referentométricos en el sistema de las relaciones intracolectivas .
Es importante que se establezca más tarde (pues ahora sólo se trata de
la idea de la investigación), mediante el procedimiento referentométrico, en
qué grupo, dentro de varios a los cuales per tenece al parecer en igual medida
el individuo, se enfocan sus se
lecciones y dónde han sido localizadas las personas significativas para
él. La referencia del grupo para los miembros que se incor
poran a él puede ser
un parámetro que caracterice su
desarrollo
y diferencia respecto a una comunidad difusa.
Todo lo antes expuesto no
significa desacreditar el método so
ciométrico como tal . Ante el psicólogo social se plantea la tarea
de aclarar los límites de la aplicación de la sociometría y en cuyo
14 La investigación se realizó por E. V. Schedrina bajo la
dirección de
G. M. Andreieva en la cátedra de psicología social de la
Universidad Esta
tal de Moscú.
52
marco la guía de las preferencias individuales es un importante
instrumento para quien estudia el grupo .
Para nosotros es evidente que la sociometría como método rec tor de la
investigación puede ser útil para caracterizar los grupos difusos, pero es
claramente deficiente para los grupos de un nivel más elevado de desarrollo y,
en particular, para el colectivo .
Todo lo antes expresado permitió plantear en 1 973 la hipótesis acerca
de que en el colectivo como grupo -en el cual las interre laciones están
mediatizadas por los objetivos y valoraciones de la actividad conjunta-, deben
existir necesariamente fenómenos so cio-psicológicos que se diferencien
cualitativamente de los fenó menos propios del agrupamiento casual de
personas, en el cual son determinantes las relaciones y la interacción directas
de los indi viduos (contactos emocionales, sometimiento o resistencia a la
pre sión del grupo, compatibilidad psico-fisiológica, etc . ) . Estas dife
rencias cualitativas del colectivo están sujetas a investigaciones
cuantitativas; fue posible aclarar, desde el punto de vista experi mental, las
particularidades de las interrelaciones no existentes en el grupo difuso o que
no se palpan prácticamente . Estos pa rámetros son: el predominio en el
colectivo de manifestaciones de autodeterminación colectivista y la brusca
disminución de las reac ciones conformistas en situaciones significativas para
los miembros del colectivo (trabajos experimentales de l . A . Oborutova, A .
A. Turovskaia y L. A . Glazova); la existencia de la cohesión como una unidad
valorativa y de orientación (trabajos experimentales de V . V . Shpalinski, A .
l . Dontsov y T. B . Davidova); la identificación efi caz y emocional del grupo
(trabajos experimentales de A. l. Pap kin, M. A. Turevski y V. V.
Abramenkova); la riqueza de conte nido del núcleo motivacional de la selección
en el sistema de las relaciones interpersonales (trabajo experimental de N. M.
Shvale va); la educación y la honestidad al dar y asumir una responsabi lidad
por el éxito o fracaso de la actividad conjunta (L. A. Suj ins kaia) .
El ciclo de trabajos de nuestros colaboradores posibilitó verifi car,
sobre la base de las premisas teóricas y de las comprobaciones experimentales,
la concepción de los grupos pequeños y de los colectivos, aceptada hasta estos
momentos y que sirvió espontánea mente de verdadera base metodológica de los
experimentos socio psicológicos, en los cuales las interrelaciones del grupo
se caracte rizaban por la alternativa «conformismo o independencia», la cohe-
53
s1on de grupo se determinaba por el número de contactos de los miembros
de los grupos, la diferenciación de grupo se presenta como el entrelazamiento
de las atracciones y rechazos emocionales, etc . ; en una palabra, la actividad
de grupo perdió su aspecto de conte* nido y se redujo a las reacciones
directas, emocionales y de con tacto . Todo intento de extrapolar las
regularidades obtenidas de esta manera para caracterizar el colectivo, estaba
condenado de antemano al fracaso . En general, al describir con justeza las
rela ciones interpersonales en los grupos pequeños difusos, la psicolo gía
social tradicional occidental, no podía aportar nada al estudio psicológico del
colectivo como comunidad unida por la actividad y determinada por los objetivos
y valoraciones de contenido, so cialmente significativos .
En relación con esto se demostró que la aplicación de las metó dicas
del estudio del colectivo aprobadas en una serie de laborato rios socio
-psicológicos, incluyó espontáneamente al colectivo en una categoría superior
al grupo pequeño difuso, en el cual actúan las regularidades mecánicas
(presión, sometimiento, estabilidad, etc . ) . En resumidas cuentas, en la
característica socio-psicológica del colectivo se incluyeron, por una parte,
los parámetros obtenidos desde el punto de vista experimental, los cuales
constituyen, ante la comprobación, rasgos del grupo difuso, pero de ninguna
manera son rasgos específicos del colectivo, y, por otra, los parámetros
realmente específicos del colectivo que sólo se basan en las obser vaciones
cotidianas, la especulación y la sensatez, pero nunca en el expenmento
socio-psicológico. Todo esto constituyó un conjunto no diferenciado de
propiedades, cuya autenticidad y revelación es muy dudosa, y el valor de
diagnóstico y pronóstico de las conclusiones obtenidas sobre esta base, es en
extremo insignificante .
A partir de las posiciones del enfoque teórico propuesto por no sotros,
en el colectivo pueden manifestarse, desde el punto de vista experimental,
determinados niveles o capas (estratos) de la acti vidad de grupo .
La capa superficial (no específica para el colectivo, pero hasta cierto
grado inherente a él, como en el grupo difuso y relacionada con él por su
origen) forma los parámetros manifestados en el es tudio experimental de la
interacción directa de los individuos que se incorporaron al colectivo, quienes
se mantienen, claro está, en él como en cualquier comunidad humana (se
considera la interac ción y las interrelaciones emocionales no mediatizadas
por el as-
54
pecto de contenido de la actividad conjunta) . Aquí se considera justa
la subdivisión de los individuos en conformistas e inconfor mes, en «estrella»
y «rechazados» (si la selección se realiza sobre la base de las simpatías y
antipatías personales, por ejemplo, «felici ta a tu compañero», «con quién te
gustaría compartir el pupitre, ir al cine, etc. »), así como la revelación de
la compatibilidad sen somotora, psico-fisiológica o de la incompatibilidad
(cuando se trabaja con el homeostato) y de la cohesión (si ésta se comprende
como un alto nivel de contacto y se calcula) .
En relación con que estos índices no reflejan las características
propias del colectivo como comunidad que se destaca por su acti vidad
orientada y rica en contenido y vinculada a las valoraciones sociales, el
instinto de determinar el colectivo mediante esos pará metros sólo puede
alterar la idea acerca del colectivo respecto a su verdadera identificación con
el grupo difuso. Además, observemos que la particulariedades inherentes,
incluso a la capa superficial de la actividad interpersonal en el colectivo, no
se identifican ple
namente con la dinámica de los grupos difusos . Así, V. A. Bakeev
demostró que la sugestión y la conformidad de grupo interna, cuando se utilizan
influencias sugestionables, incluso insignificantes en el colectivo, son
inferiores a las que se observan en un grupo casualmente reunido .
El estrato de la actividad de grupo que se encuentra un poco más
profundo, forma los rasgos característicos del colectivo como una comunidad de
personas, en el cual sus relaciones e interrela ciones son mediatizadas por el
contenido de la actividad conjunta, sus objetivos, tareas y valoraciones, los
cuales se toman en resu midas cuentas en la vida social . Este estrato
caracteriza, desde el punto de vista experimental, los parámetros obtenidos; el
predo minio de los actos de autodeterminación colectivista (AC) sobre las
reacciones negativas o de conformidad; la unidad valorativa y de orientación
(UVO) del colectivo como índice de la cohesión; la identificación eficaz y
emocional del grupo (IEEG); la riqueza de contenido del núcleo motivacional de
la selección en el sistema de las relaciones interpersonales; el modelo del
grupo como colec tivo; la objetividad de dar una responsabilidad ante el éxito
o el fracaso de una actividad conjunta; las vías colectivistas de salir de un
conflicto dq grupo, etcétera.
Por último, como se subrayó en nuestros trabajos de 1 972- 1 973, otro
estrato aún más profundo forma la característica específica
55
de la actividad de grupo determinada por su actividad concreta
orientada. En aquel momento no teníamos posibilidad de dar carac terísticas
más concretas de este profundo estrato «nuclear» . En la actualidad, la
hipótesis acerca de la existencia del «núcleo» se sigue corroborando; sin
embargo, en este caso tenemos que revisar algu nas ideas preconcebidas acerca
de su esencia psicológica. (Las ideas planteadas en nuestros artículos e
informes de 1 972- 1 973 acerca de que el «núcleo» incluye «la estructura de
roles colectivos», «la prepa ración para la actividad», se han sometido a
revisión. ) Es evidente que el «núcleo» psicológico de la actividad de grupo
interna está formado por las relaciones de los miembros del grupo respecto al
contenido de la actividad, objetivos y valores del grupo, respecto a qué hace
el grupo y en nombre de qué lo hace.
El conjunto de razonamientos, hipótesis y deducciones antes se ñalados
y corroborados con materiales experimentales, ha creado la concepción
estratométrica de la actividad de grupo interna en los colectivos y grupos .
56
Segunda Parte
FENOMENOLOGIA DE LAS RELACIONES INTERPERSONALES EN LOS GRUPOS Y
COLECTIVOS
Al caracterizar el surgimiento y desarrollo de la concepción estra
tométrica, ya nos detuvimos brevemente en los fenómenos funda mentales de las
relaciones interpersonales que fueron objeto de estudio en las investigaciones
experimentales concretas, en cuyos resultados se estructuró a su vez la propia
concepción. En los ca pítulos siguientes (3-8), los trabajos experimentales
concretos se describen con más amplitud. También se ofrece la interpretación
necesaria de los propios fenómenos psicológicos (la cohesión como unidad
valorativa y de orientación, la autodeterminación colecti vista, la
identificación eficaz y emocional del grupo, el núcleo motivacional de la
selección en el sistema de las relaciones inter personales, la referencia y
las particularidades, para encomendar y aceptar una responsabilidad cuando la
actividad a realizar es colectiva) . También se enfocan las metódicas
elaboradas y utili zadas para explicar los fenómenos socio-psicológicos
señalados . Así, en los seis capítulos siguientes se verán reflejados los
resultados de las investigaciones concretas, así como algunas perspectivas se
gún las cuales se seguirá realizando el estudio socio-psicológico de la
fenomenología del colectivo .
Entre los capítulos de esta parte ocupa un lugar especial el ca pítulo
4 «La autodeterminación colectivista», en el cual se ofrece, en lo fundamental,
la parte experimental de las investigaciones del fenómeno de la AC, por cuanto
la breve historia de su estudio y los fundamentos teóricos de la selección se
han expuesto de manera
detallada en el Capítulo 2 .
57
Capítulo 3
LA COHESIÓN DE GRUPO COMO UNA UNIDAD
VALORATIVA Y DE ORIENTACIÓN
El colectivo laboral -como subrayó el secretario general del CC del PCUS
y presidente del Presidium del Sóviet Supremo de la URSS, L. l. Brezhnev, en su
discurso en la séptima sesión extraor dinaria del Sóviet Supremo de la décima
legislatura-, es «la célu lula primaria de todo nuestro organismo no sólo
económico, sino también político» . 1 Una de las tareas más importantes que se
plan tea hoy día ante la psicología social soviética es el estudio de los
mecanismos de la formación de una posición activa ante la vida, de las normas
personales y de grupo en el proceso de la intensa actividad laboral, así como
el estudio y la búsqueda de las vías para aumentar la cohesión de los grupos y
de los colectivos . Sin embargo, la solución exitosa de estas tareas no
tendrían sentido sin importantes generalizaciones teóricas de las regularidades
del desarrollo de los colectivos socialistas de base, sin la creación de la
teoría de la actividad de grupo que refleje, de manera adecuada, las verdaderas
fuentes de la integración de grupo y de la diferen ciación sobre la base de la
teoría marxista-leninista acerca de las regularidades del desarrollo de los
sistemas sociales y las leyes dialécticas de la interacción de la personalidad
con la sociedad .
La investigación de los mecanismos de la integración de grupo y de las
fuentes de la actividad de grupo, se incluye dentro de la rama de la psicología
social, en los cuales hoy día se percibe, con particular nitidez, la
irreconciabilidad de los enfoques, opues tos por sus principios metodológicos,
predominantes en los países capitalistas, por una parte, y en la psicología
marxista, por otra.
Durante el estudio experimental, el grupo pequeño con frecuen cia se
toma de manera artificial del organismo social y preferente mente se considera
por los psicólogos extranjeros como una comu nidad emocional-psicológica de
personas. Al conocer la posibilidad real de la búsqueda de las fuentes de las
normas y de las orienta ciones valorativas en la propia estructura y dinámica
del grupo pri-
1 L. l. Brezhnev: Por el camino
de Lenin.. Discursos y artículos, Moscú, 1978, t. 6, p. 520 (en ruso).
58
mario, los psicólogos occidentales durante el estudio de los grupos
pequeños pasaron el centro de atención a la investigación de las
particularidades de la comunicación interpersonal de los individuos en los
grupos, la cual se analiza mediante el prisma de las carac terísticas
emocionales del tipo de simpatías, antipatías, indiferen cias, etc.2 Este
enfoque del grupo pequeño también condicionó la selección de las estrategias
correspondientes de su investigación . Como criterios decisivos para la formulación
del concepto «grupo pequeño» y como características más esenciales del mismo,
tene mos la cantidad, la frecuencia y la duración de las interacciones de los
individuos en el grupo (o de los actos comunicativos) .
Leemos: «La frecuencia de la comunicación y el tiempo conducen a la
creación de los grupos . Uno de los criterios objetivos del grupo es la
frecuencia de la interrelación . » 3 G. Homans también subraya que la
frecuencia de la interacción, su duración y orden son las características
fundamentales y los datos primarios para la for mación del concepto «grupo
pequeñm> .4 La calidad del grupo es el resultado de su práctica
comunicativa: «determinadas cualidades del grupo son las que pueden esperarse a
partir de determinado tipo y de la frecuencia de los actos comunicativos», es
el resumen que hace T. Newcomb del ciclo de sus investigaciones. 5
Después de haber tomado como punto de referencia las rela ciones
emocionales y psicológicas entre los individuos - las cua les se forman, por
lo general de manera superficial y, por tanto, se someten a una técnica más o
menos simple de observaciones y de registro-, los psicólogos extranj eros
contemporáneos no se han planteado la tarea de ver y observar cómo estas
relaciones psi cológicas que determinan, como nos parece, a primera vista, el
con tenido de la actividad de grupo y de las relaciones internas del grupo, se
hallan en dependencia de las relaciones económicas, po líticas y clasistas
existentes en la sociedad y determinan el carác-
En los trabajos de los psicólogos y
filósofos soviéticos G. M. Andreieva,
G. S. Antipina, L. P. Bueva, V. B. Olshanski
y otros, se han evidenciado,
con bastante profundidad,
las raíces gnoseológicas,
filosóficas y, en resu
midas cuentas, de clase de estos criterios.
3 D. Cartwright y A. Zander:
Group dynamics, Evanston, Illinois, 1953, p. 29.
4 G. Homans: The human group,
Nueva York, 1960.
5 Psychological Review, 1953,
vol. 60, no. 6, p. 402.
59
ter específico de los grupos pequeños como una categoría socio-psi
cológica.
Al limitar el análisis de los grupos pequeños a la investigación de las
interrelaciones o de los actos comunicativos, fue imposible, claro está,
revelar de manera experimental las características más importantes del
desarrollo del grupo en su dependencia del conte nido de la actividad . Por lo
mismo fue imposible explicar el aspecto motivacional de las selecciones y de
las preferencias, así como res ponder a las siguientes preguntas: ¿Qué
constituye la verdadera fuente de la actividad de grupo? ¿Cuál es la diferencia
de princi pio de un grupo respecto a otro, además del carácter y de las par-
ticularidades de los actos comunicativos?
En las investigaciones socio-psicológicas, como en cualquier otra rama
del saber, la selección de las metódicas y la orientación de las
investigaciones dependen, en primer orden, de qué contenido se incluye en uno y
otro término y qué aspectos del fenómeno estudia do se toman como
fundamentales, esenciales y determinantes . Si analizamos un grupo pequeño como
una comunidad emocional-psi cológica, claro está, pueden explicarse
determinadas regularidades de su dinámica después de haber utilizado el análisis
de las rela ciones interpersonales con uno u otro matiz emocional . En
realidad, si los parámetros cualitativos del grupo se analizan casi exclusi
vamente como consecuencia de su práctica comunicativa, para el diagnóstico del
nivel de la actividad de grupo basta con analizar toda la red comunicativa
surgida en el proceso de interacción de los miembros y determinar el nivel de
satisfacción de los indivi duos, de sus simpatías, antipatías e inclinaciones
. También pue den hallarse hacia quiénes conducen los vínculos comunicativos
(líderes) y quiénes están fuera de éstos (outsider), descubrir los in dividuos
conflictivos o no comunicativos . Después de todo esto, pa recería que sólo
basta con realizar algunos cambios en la estructura formada del grupo (sacar a
los conflictivos o incorporar al grupo a personas con un gran status
sociométrico) para que el grupo de sunido y desorganizado se convierta en un
grupo unido y capaz para el trabajo .6
6 Los partidarios de la
sociometría escriben acerca de esto: <<Al quitar a
personas con bajo status e incorporar
al grupo otras con un status
más
alto, se mejoró la cohesión de los grupos. Los grupos pueden reorganizarse
para aumentar su cohesión y
productividad.>> (D. Moreno: Sociometría,
Moscú, 1958, p. 158 [en ruso).)
60
Claro está, este análisis es posible respecto a cada grupo, pero él no
nos lleva al porqué en unos grupos las normas y valoraciones individuales no
chocan con las del grupo, y en otros, sí . Finalmen te, no conoceremos los
motivos por los cuales se rigieron los miem bros del grupo al manifestar
simpatía hacia determinada persona o antipatía hacia otra.
Analizar el grupo pequeño, apoyándonos de manera preferente en los
fenómenos emocionales y psicológicos de su desarrollo, excluye la posibilidad
de analizar las relaciones interpersonales, considerando los factores sociales
. Esto conduce, en resumidas cuentas, al simple registro de las interacciones,
pues en el propio programa de la investigación no se prevé, como regla, el
estudio de determinado sistema de normas y orientaciones valorativas que pueden
formarse en el grupo no sólo sobre la base de la comuni cación interpersonal,
sino sobre una base más importante y ver daderamente existente, de la intensa
actividad de todos los miem bros del grupo; además, no de la actividad en
general, sino de la actividad con determinada orientación, carácter y objetivos.
Si se seleccionan las metódicas y los métodos de investigación de los
parámetros cualitativos de los grupos pequeños, se parte de las
representaciones acerca del grupo como una comunidad so cio -psicológica de
personas (este punto de vista acerca de la esen cia de los grupos pequeños es
propio de la psicología soviética), esto es ya otra cosa; entonces todas las
relaciones psicológicas y emocionales que surgen en el proceso de la
interacción de los miem bros del grupo, pueden explicarse no tanto por las particularida
des de las relaciones comunicativas (claro está, también se conside ran
durante la investigación), como por las capas más profundas de la dinámica del
grupo derivadas de por sí de las relaciones socio- económicas predominantes en
la sociedad, la base de la exis tencia de cualquier grupo pequeño .
Así, el enfoque del grupo pequeño, como un fenómeno socio psicológico,
no sólo permite comprender ante todo la esencia de las interacciones (actos
comunicativos), sino también detectar las capas más significativas y profundas
de la actividad del grupo e introducir la determinación metodológica en el
estudio de los aspec tos emocional-psicológico y socio -psicológico de las
relaciones in terpersonales . La dialéctica de su interacción es tal que al
aspecto socio-psicológico corresponde el principio rector y, por tanto, los
matices de la comunicación interpersonal sólo pueden explicarse de
61
manera adecuada cuando se consideran los factores sociales del
desarrollo del grupo .
Creemos que es totalmente injusto unir la especificidad de lo social y
de lo socio-psicológico en el aspecto emocional-psicológico, al intentar evitar
la respuesta exacta a esta pregunta: ¿Cuáles son los factores del desarrollo
del grupo y de la actividad de éste con siderados rectores y determinantes?
Si la frecuencia y la cantidad de contactos entre los miembros del grupo
pueden ser realmente un índice peculiar de la actividad en los grupos difusos o
nominales, para comprender la actividad del grupo que forma un colectivo, estos
índices ya son insuficientes; pues la cantidad y frecuencia de las
interrelaciones en el colectivo no son tan importantes como la unidad
ideológica de los miem bros del grupo y el grado de concientización de las
tareas y de los objetivos de la actividad del colectivo por parte de éstos.
Entre un gran número de índices que pueden caracterizar al gru po
pequeño, desde el punto de vista del contenido, la cohesión
(group cohesiveness) ocupa el primer lugar.
En la actualidad, en la psicología social se presta gran atención a la
cohesión de grupo, por cuanto en dependencia de esta cua lidad del grupo se
consideran las demás características . La concep ción acerca de la cohesión de
grupo fue formulada por primera vez en Estados Unidos. En 1 946, en el
seminario sobre los grupos pequeños realizados por R. Bales en la Universidad
de Harvard ya se habló de la necesidad de un estudio minucioso del fenómeno que
ha interesado a todos, y en los trabajos realizados a fines de la década del 40
por L. Festinger y por otros investigadores, se consideró la cohesión de grupo
como una de las direcciones prin cipales en el estudio de la dinámica de grupo
.
Las investigaciones comenzadas por psicólogos norteamericanos eran en lo
fundamental de laboratorio. Como objetos de estudio se presentaban grupos
artificialmente creados desde 2 hasta 7-9 perso nas que funcionaban en
situaciones artificialmente modeladas (en una atmósfera de cooperación y de
ayuda mutua, de rivalidad y de competencia de principios de dirección,
autoritarios y democráti cos, etc . ) . El objetivo de las investigaciones es
determinar las fuer zas que mantienen a los hombres en los grupos y que
consolidan la relación entre ellos.
Por cuanto como base del modelo inicial de la interacción se tomó el
grupo difuso compuesto, en lo fundamental, por perso-
62
ñas, cuya interacción no estaba mediatizada por la comprensión de lo
común de las tareas y objetivos de la real actividad conjun ta y socialmente
útil, a los investigadores sólo les quedó la posibi lidad de detectar las
fuentes de la actividad del grupo recurriendo a la fij ación y al análisis de
la frecuencia y del carácter de las in terrelaciones de los grupos sujetos a
investigación .
He aquí por qué la frecuencia de la interacción (o el número de
comunicaciones en el grupo) se relacionaba estrechamente con las fuentes de la
actividad del grupo y su amplia utilización en muchos trabajos de diagnóstico y
pronóstico de la conducta y de la pro ductividad de los grupos pequeños .
A su vez, la misma se relacionaba con una característica del grupo, la
cohesión, de cuyo nivel y grado de desarrollo también dependen la productividad
del grupo, la estabilidad de su estruc tura y la capacidad para soportar la
frustración y resistir las fuer zas orientadas al debilitamiento o ruptura de
las relaciones inter nas del grupo . «Los grupos se diferencian uno de otro,
ante todo, por el grado de cohesión», señalan D. Cartwright y A. Zander7 en su
resumen acerca de la dinámica de grupo .
«Por cohesión entendemos el efecto definitivo en todos los miem bros
del grupo de la acción de las fuerzas que los mantienen den tro del marco del
grupo y consolidan el vínculo entre ellos», es cribe A . Matejko,0 al
remitirse a D . Cartwright. La cohesión, de acuerdo con el criterio de D.
Cartwright y A. Zander, «es un estado del grupo al cual se ha llegado como
resultado del aumento de las interrelaciones entre los miembros del grupo» .9
G. Homans afirma que «mientras mayor es la frecuencia de la interacción entre
los miembros del grupo, mayor es el grado de sus simpatías entre sí, mayor es
el nivel de cohesión, y viceversa» . 10
Así, la fuerza que retiene a los hombres en los grupos y que con solida
el vínculo entre ellos, denominada con bastante precisión, hay que buscarla,
ante todo, en las particularidades en que suce den los actos comunicativos
(las interacciones) dentro del grupo . De acuerdo con las ideas iniciales de
los autores de la concepción
7 D. Cartwright y A. Zander:
Group dynamics, p. 73.
A. Matejko: «Mala grupa>>,
en Studia socjologicuie, 1962, no. 2, p. 22 (en polaco).
9 D. Cartwright y A. Zander:
Group dynamics, p. 74.
10 C, Homans: The human group, p.
112.
63
de la cohesión de grupo, la frecuencia y la cantidad de contactos son
fuentes de la unidad interna del grupo, y la estimulación del núme ro de
comunicaciones entre los miembros del grupo conduce, en resumidas cuentas, a
que los grupos menos unidos se unan más y a que algunos individuos sean
semejantes unos a otros en lo refe rente a sus normas, disposiciones y
orientaciones valorativas (T. Newcomb denomina a este fenómeno armonía) . Por
ejemplo, J. Mo reno considera que puede lograrse un alto grado de cohesión en
el grupo cambiando la composición del grupo, reubicando a sus miembros y
variando la estructura de las interrelaciones del gru po . 1 1 La cohesión,
señalan autores norteamericanos, es, en resumidas cuentas, la atracción del
grupo y la satisfacción que siente la mem bresía por él . El grado de
atracción depende de hasta qué punto sus miembros simpatizan entre sí y con qué
frecuencia e intensi dad se comunican, y qué satisfacción se siente por la
membresía cuando el grupo satisface la necesidad de la personalidad de co
municarse, de sentir seguridad y de que se le reconozca.
S. Schachter, A. Lott y T. Newcomb relacionan la cohesión de
grupo con la atracción, al considerarla como una de las bases de la
cohesión . Una de las pruebas de la gran atracción del grupo para sus miembros
es el gran número de selecciones positivas mu tuas . El aumento del número de
interacciones de los miembros del grupo aumenta la atracción hacia el grupo y
entre sí, aumenta la atracción del grupo para los individuos que lo componen .
La atrac ción se relaciona estrechamente con el consentimiento . La seme
janza de las posiciones respecto a alguien o a algo (lo que T. New comb
denomina armonía, o mejor dicho, consentimiento, consensus) conduce a una mayor
atracción del grupo . Notemos que como ob jeto de consentimiento no se fij an
los aspectos significativos de la actividad de contenido del grupo, sus orientaciones
morales. Los autores de la concepción de la cohesión de grupo consideran que la
frecuencia de las interacciones con el correspondiente matiz emocional, conduce
a la semejanza de posiciones de los miem bros del grupo, la cual se expresa en
asumir una misma actitud hacia determinados objetos .
Así, la cohesión de grupo se caracteriza por los afectos mutuos de los
miembros del grupo, por el alto nivel de su atracción mu tua y por la
atracción del grupo para ellos, así como por el con-
11 J. Moreno: Sociometría, pp.
156-159.
64
sensus respecto a alguien o a algo . Al tratar la importante cues tión
acerca de la semejanza de las posiciones y disposiciones como un rasgo
fundamental de la cohesión de grupo, T. Newcomb la re duce, sin embargo, a la
nada, al afirmar que la semejanza de las posiciones de los miembros depende, en
lo fundamental, de la frecuencia de su comunicación y está determinada por
ella. «Las características cualitativas de los grupos están determinadas por
las condiciones y las consecuencias de los actos comunicativos»; éste es el
resultado de un buen número de trabajos de psicólogos extranjeros . 1 2
En los trabajos de T. Newcomb, las raíces del enfoque de la in
vestigación de los problemas de la actividad del grupo están se ñalados con
bastante claridad . Él concluye que la situación final en la cual los sujetos
que se seleccionan entre sí hallan la seme janza en las relaciones de la
selección de los demás, se determi na en gran medida por los factores
emocional-psicológicos. 13
La investigación de otras fuentes de la actividad del grupo no se
consideró durante largo tiempo por muchos psicólogos norteameri canos y esto
retrasó el ulterior desarrollo de la teoría de la diná mica de grupo; ésta fue
una de las causas que la condujeran a un callejón sin salida.
La mayoría de los experimentos realizados en Estados Unidos acerca de la
dinámica de los grupos pequeños, señala M. Argyle, fueron experimentos de
laboratorio en los cuales se utilizaron gru pos artificiales. 1 4
Planteamientos de otros autores norteamericanos han corroborado esto .
«Si los resultados de las investigaciones socio-psicológicas -se señala
en el trabajo del psicólogo norteamericano l. Silverman no ayudan a planificar
el desarrollo de la sociedad, esto no se
debe a que la psicología social no estudie esos temas, sino a que sus
datos están muy lejos de la vida cotidiana: los grupos artifi cial y
espontáneamente creados durante los experimentos son, en lo fundamental, el
objeto de su investigación. Conocemos muy poco
12 Psychological Review, 1953,
vol. 60, no. 6, p. 393.
13 «Sociología de hoy>>, en
Problemas y perspectivas. Sociología burguesa norteamericana de mediados del
siglo XX Traducción extractada del inglés. Bajo la redacción de T. V. Osipov,
Moscú, 1965 (en ruso).
14 A. Welford, N. Argyle, D.
Glass y J. Morris: «Society>>, en Problems and Methods oi Study, Londres,
1967, p. 80.
65
acerca de la esencia de los verdaderos procesos de la dinámica de los
grupos pequeños _,;;¡ En los grupos del tipo difuso o nominal tomados como
modelos por psicólogos norteamericanos, fue difí cil captar otra cosa que no
fueran las interacciones y los actos co municativos: incluso no podía hablarse
de las capas más profun das de la actividad del grupo. La interacción de los
individuos en estos grupos estaba mediatizada en menor medida por la com
prensión de las tareas y los objetivos de la actividad conjunta.
Los propios psicólogos norteamericanos se remiten a las dificul tades
teóricas y metodológicas que experimenta hoy día la psico logía social
extranjera. «Las relaciones entre los hombres son en extremo complejas;
dependen de muchos factores, y nuestras in vestigaciones sólo tocan una parte
relativamente pequeña del ele mento consciente en estas relaciones», señala M.
Argyle . 16 R. Bales considera «la creación del índice integral de la cohesión
de gru po», 15 16 17 como una de las tareas más complejas .
Existen varias metódicas y muchos procedimientos para la ob tención de
índices denominados coeficientes de cohesión de grupo . Al comparar entre sí
estos índices, los investigadores tratan de tomar de ellos determinada
información acerca de las particula ridades de los procesos del desarrollo
interno del grupo .
La mayoría de las metódicas (D. Krech, R. Crutchfield, M . Ar
gyle, J. Moreno,
R. Bales y
otros) se apoya en
la hipótesis de
G. Homans acerca de
que entre la cantidad,
la frecuencia y la
intensidad de las comunicaciones (interacciones) en el grupo y su
cohesión existe una relación directa, que la cantidad y la fuer za de las
selecciones mutuas positivas o negativas es una prueba de un determinado nivel
de la característica cualitativa del grupo, denominada cohesión . 18
En la psicología norteamericana para medir la cohesión se uti liza el
test sociométrico o escalas de medición especialmente ela boradas . «La
cohesión puede medirse mediante estos datos -es cribe M. Argyle-, como el
porciento en el grupo de selecciones
mutuas, el número de interacciones, la
cantidad total de seleccio-
15 American Psychologist, 1971,
vol. 26, pp. 583-584.
I6 A. Welford, N. Argyle, D.
Glassy y J. Morris: «Society>>*,
en Problems
and Methods oí Study, p. 87.
17 Cita del libro de D.
Cartwright y A. Zander: Group Dynamics, p. 68.
18 G. Homans: The human group,
pp. 110-125.
66
nes y el número total de miembros del grupo . »19 En su resumen relativo
a las metódicas sociométricas, l. P. Volkov presta aten ción a que el
coeficiente de cohesión de grupo se determina con frecuencia como cociente de
la división del número de interrela ciones entre la cantidad teóricamente
posible para el grupo dado y se calcula por la siguiente fórmula:
2 (S Au)
e = -----------------------------
n (n - 1 )
donde C es e l índice de cohesión de grupo y n, e l número de miem
bros en el grupo .20
La fij ación de las interacciones
es un proceso bastante comple
jo . En los primeros trabajos acerca de la cohesión de grupo
sólo
se fij aban la frecuencia y la duración de las interacciones . Todo tipo
de trato entre los individuos se registraba como una inter
acción, por cuanto en su proceso ocurría un intercambio peculiar
de información. En 1 940, E. Cheaple y S . Arensberg propusieron
esta metódica y después se perfeccionó,
en gran medida, por R.
Bales y se introdujo
en la práctica de las investigaciones como
el «método de Bales» .21
P . Nelson y N . Barry calculaban la cohesión por esta fórmula:
e =
N
«mu
fl MB 3 N
donde N es el número de miembros del grupo; tu, el número de miembros
con selecciones mutuas; ftn3, el número de miembros que
19 M. Argyle: Social interaction,
Londres, 1969, p. 220.
2º l. P.
Volkov: Los métodos
sociométricos en las
investigaciones socio-
psicológicas. Leningrado, 1970, pp. 77-78 (en ruso). El resumen de las
metó dicas de la investigación de la cohesión de grupo en la psicología social
extranjera, también se cita en el
artículo de R. L. Krichevski: «El problema
de la cohesión de los grupos pequeños en la psicología social extranjera**,
en Voprosy Psijologii, 1973, no.
3.
21 Ver V. A. Yadov: La
investigación sociológica, Moscú, 1972, pp. 1 14-1 15; Yu. N. Voronov: Métodos
de la recolección de la información en la inves tigación sociológica, Moscú,
1974, pp. 133-138 (ambas en ruso); R. Bales: Interaction Process, Nueva York,
1964, pp. 177-195.
67
recibieron selecciones mutuas; «m b 3 1 el número máximo de selec
ciones mutuas posibles en el grupo; y ík ;h . el tamaño del subgrupo más
pequeño no relacionado por selecciones mutuas con otros sub grupos .22
Los coeficientes de cohesión antes mencionados, obtenidos al calcular
las selecciones mutuas y las interacciones de los miem bros del grupo, se
hallan en el intervalo entre el cero y la unidad; pero el rango de su
dispersión no es, por lo general, alto y oscila en un pequeño intervalo entre
0, 1 -0,2 . Aún no conocemos los casos cuando se haya citado el coeficiente de
cohesión de grupo por encima de 0,3 -0,4 . Esto crea ciertas dificultades al
comparar los
grados de la actividad del grupo .
A partir de representar la cohesión como la simpatía mutua o la
atracción mutua de los miembros del grupo (L . Festinger, T. Newcomb), E.
Aronson y D . Linder propusieron a los miembros
del grupo que se evaluaran entre sí según una escala de 2 1 pun
tos, desde - 1 0 («me desagrada
mucho») hasta + 1 0 («me gusta
mucho») . La media aritmética de las evaluaciones de todos los miembros
del grupo fue tomada por ellos como el índice de co hesión.
n(n- 1 )
S Ki
i = 1
C -
n(n-1)
donde - 1 0 < K < -j - 1 0, y n es el número de miembros del grupo
.23
Al ver en la atracción interpersonal la base de la
cohesión, A.
Lott y B. Lott propusieron que el índice de cohesión de grupo se
expresara mediante la suma de las magnitudes medias de las eva luaciones
mutuas realizadas por parejas en el grupo (esta suma es igual a la semisuma de
todas las evaluaciones mutuas de los miem bros del grupo), según una escala de
9 puntos: desde -4 («me desagrada mucho») hasta +4 («me gusta mucho»).24
22 R. L. Krichevski: «El problema
de la cohesión de los grupos pequeños en la psicología social extranjera»,
Voprosy Psijologi,i, 1973, no. 3.
23 Journal oí Experimental Social
Psychology, 1965, vol. 1, no. 2.
24 ldem, vol. 62, no. 2.
68
n(ti-l)
X Ki
i = 1
e ----------
4n(n-l)
donde -4 /\ K /\ + 4, y n es el número de miembros. En este caso, cmax
es igual a 2n (n- 1 ), y cmm - 2n (n-2).
En otros muchos trabajos, la cohesión se medía a partir del grado de
identificación de la personalidad con el grupo («¿hasta qué punto es importante
el grupo para nosotros?») y según una escala de 5 - , 9- o 1 6 puntos . El
coeficiente de cohesión de grupo se calculaba por la fórmula:
n
X Ki
i = 1
e = ----------------------------- ,
[5nj
donde n es el número de miembros, y 1 /\ K /\ 5 . El coeficiente va
riaba de cero a la unidad .25
Al analizar los índices mencionados, los psicólogos norteameri canos
tratan de hacer, sobre la base de su análisis, las conclusiones acerca de
aspectos tan importantes de la organización del grupo, como la productividad y
la estabilidad baj o la acción de fuerzas ex ternas, la unidad normativa de
los miembros, etcétera.
¿Es justo que sobre la base del estudio de los fenómenos de la atracción
o fij ación de las interrelaciones de los miembros del gru po, se llegue a
conclusiones acerca de la incorporación de los hom bres al trabajo o se
analice este grado de cohesión como una fuente de las normas y orientaciones
del grupo? Aquí hay argumentos para dudar. No puede dejarse de considerar que,
al determinar el grado de cohesión de los mismos grupos mediante diferentes
metódicas, se hayan obtenido datos contradictorios. Hubo grupos que con un
determinado tipo de metódica obtuvieron un alto coeficiente de cohesión, y con
otro tipo el coeficiente fue bajo . De acuerdo con los conocimientos que
tenemos al respecto, ningano de los psicó logos norteamericanos ha obtenido,
hasta estos momentos, datos
25 The American Journal of
Sociology, 1952, vol. 57, no. 5.
69
experimentales que nos muestren la existencia de una relación positiva
entre los diferentes coeficientes de cohesión.26
La investigación de los fenómenos emocional-psicológicos de la
comunicación interpersonal en los grupos pequeños, es sin dudas un problema
importante y no puede dejar de provocar objeciones; los coeficientes de
cohesión (o de su modificación) antes citados refle jan, en realidad, la
intensidad de la comunicación de los miem bos del grupo y, en cierta medida,
el grado de sus simpatías y atracciones. Aunque en este caso, la
intensificación de los con tactos entre los miembros del grupo no sólo puede
ser una prueba de la consolidación de las relaciones amistosas o de trabajo
entre ellos orientadas a un bien social, sino también puede estar total mente
relacionada con aspiraciones egoístas .
Sin embargo, al investigar la dinámica de la actividad del gru po -por
ejemplo, del colectivo científico (cátedra, laboratorio de investigación
científica)- puede chocarse con hechos que no pue den explicarse a partir de
ideas socio-psicológicas tradicionales acerca de la esencia del fenómeno
estudiado . Así, en la investiga ción de V. V. Shpalinski se fij ó, de manera
experimental, la fre cuencia media de las intersecciones propias de todo el
grupo y de algunos miembros durante dos años (se hicieron 12 mediciones de
control) . Más tarde se compararon los datos acerca de la can tidad media de
contactos propios de cada individuo en diferentes períodos del funcionamiento y
desarrollo del grupo . Sin embargo, no se detectó una dependencia significativa
entre la frecuencia y la intensidad de las interacciones y el nivel de
desarrollo del gru po. Se observó la siguiente tendencia: en las etapas
iniciales de la existencia del grupo primario, la frecuencia de interacciones
entre los individuos fue bastante alta (C = 0,20 - 0,22); aunque el grupo de
acuerdo con el nivel de desarrollo (mediante las evaluaciones periciales),
pudiera incluirse dentro del difuso o nominal . La sig nificativa
intensificación de los contactos estaba relacionada con el período organizativo,
la distribución de los papeles y los debe res, con la precisión de las tareas
y los objetivos de la actividad. Después, a medida que se fueron desarrollando
los procesos de la integración y de la diferenciación de grupo, a medida que
las in teracciones de los individuos se fueron mediatizando con las tareas y
objetivos comunes de la actividad, la frecuencia de las interac-
26 R. Fernander: Social
Psychology, Nueva York, 1972.
70
dones (de los contactos) decayó en gran medida, durante largo tiempo se
mantuvo en un nivel bajo (C = 0,02 - 0, 1 5) . La «ruptu ra»» comunicativa que
sucedió después, el aumento de la frecuencia de los contactos -el cual, según
las concepciones socio-psicológicas adoptadas en Occidente, debía haber
significado un aumento de la cohesión-, en el caso observado se relacionaba con
dificultades significativas que tuvo que soportar el grupo en su desarrollo
cuando su unidad y nivel de actividad integrativa se debilitaron y decayeron en
mucho .27
Si como datos iniciales sólo utilizan la cantidad de miembros en el
grupo28 y la frecuencia de sus interacciones, es imposible valorar la
«calidad»» o «característica»» de la cohesión .
Por último, subrayamos que si el número de interacciones (con tactos de
las selecciones mutuas) puede considerarse, en determina da medida, como
portador de cierta información acerca de los gru pos difusos; al investigar
las fuentes de la actividad de los grupos del tipo de los colectivos, estas
características deben complemen tarse con la investigación indispensable de
los determinantes más profundos de la dinámica del grupo con una naturaleza
social, mediatizados por la estructura social de la sociedad y por sus
principales valores .
Por desgracia, la solución práctica, concreto-metódica de la cuestión
acerca de la esencia de la actividad del grupo dada por una serie de
investigadores soviéticos durante un largo períodq de tiempo, estuvo en
contradicción con las posiciones metodoló gicas primarias y se redujo al
análisis de la cohesión como una característica emocional-psicológica del grupo
. Al considerar la cohesión como una de las características fundamentales del
grupo y al determinarla como una medida de unidad del colectivismo, de la ayuda
mutua y al hacer hincapié en la diferencia de prin-
27 También constituyen una prueba
de esto los resultados del experimento cinematográfico reflejado en el filme
«El colectivo, ¿éxitos y fracasos?» (guionista S. A. Dubrovski, director A. N.
Mikulski, consultante A. V. Pe
trovski), en el cual se
estudiaron las fuentes y consecuencias del conflicto
en el colectivo científico. Con
relación a esto, ver S. Dubrovski «El conflicto
en tres dimensiOnes»». Nota final de A. V. Petrovski, en Znamia, 1978, no. 12
(en ruso).
28 M. Sherif considera que el
límite del grupo primario docente y de pro ducción es de 10 personas; A. Harre
lo reduce a 5-7 personas. Ver R. Brown; Social Psichology, Nueva York, 1965, p.
86.
71
c1p10 del carácter de la cohesión del colectivo primario socialista de
otros tipos de comunidades humanas, una serie de psicólogos y sociólogos
soviéticos fueron presa de las concepciones occiden tales de la cohesión de
grupo, al tomar, como datos iniciales para la obtención de los coeficientes de
cohesión, sólo dos parámetros: el número de miembros del grupo y la cantidad de
interacciones con diferentes matices emocionales .
En la actualidad, en la mayoría de los trabajos acerca de los
fundamentos socio-psicológicos de la dirección de los colectivos primarios, al
analizar la cohesión de grupo como un rasgo esen cial y caractereológico del
colectivo primario, se relacionan los recursos experimentales para la detección
del fenómeno de la cohesión con el análisis del sistema de comunicaciones e
inter acciones en el grupo (A . G. Sorokovoi, V . M . Shepel, otros) .
La idea acerca de que la cohesión es la unión comunicativa de los
individuos -la cual forma la base de los procedimientos me tódicos utilizados
por ellos y refleja, de una manera más o menos adecuada, el fenómeno real de
los grupos difusos- , es totalmente improductiva cuando la misma se convierte
en la base metodo lógica de la investigación de los colectivos unidos, en
primer orden, por los objetivos, tareas y principios de la actividad conjunta
so cialmente útil. He aquí por qué es importante orientar las inves
tigaciones contemporáneas para evidenciar los parámetros más informativos de la
cohesión de grupo que no sólo incluyan en sí las características
emocional-psicológicas, sino ante todo las socio psicológicas de contenido .
Este enfoque posibilita materializar la concepción estratométrica del colectivo
.
En relación con esto se realizó un programa de investigaciones, en el
cual se planteó sobre la base del experimento la tarea de considerar las
características más importantes del grupo, lo común del sistema de sus
orientaciones valorativas, de los objetivos, nor mas, disposiciones,
inherentes a todo el grupo como un todo único [V . V. Shpalinski, 1 972, a) .
La parte más dinámica de la estructura de la personalidad está
constituida por sus particularidades socialmente condicionadas: la orientación,
los motivos, las normas, las orientaciones valorativas . Es comprensible por
completo que en esta unión de cualidades personales que forman la estructura de
la personalidad, a los psicólogos sociales les interesan, en primer lugar,
estas cualida des socialmente condicionadas, más dinámicas y, por
consiguiente, que obedecen directamente a los procesos de dirección.
72
Al conocer el sistema de motivos, normas y orientaciones va lorativas
de la personalidad, es más fácil comprender las particu laridades de su estado
de ánimo y de su conducta en el grupo, el grado de su adaptación social y el
supuesto nivel de actividad social y laboral . Por eso, para caracterizar los
grupos según de terminados parámetros esenciales, es necesario manifestar la
exis tencia o no de lo común de las orientaciones y disposiciones va
lorativas de los miembros del grupo . Al establecer las normas y las
orientaciones valorativas del grupo puede obtenerse una de terminada idea
acerca de la característica más importante del grupo, pues la orientación
social de los grupos forma la conducta individual e influye en la productividad
y capacidad de trabajo de los colectivos . La tendencia de la personalidad a
interpretar el colectivo como una fuente de orientación, conduce a una signifi
cativa homogeneidad en las disposiciones de los miembros del grupo durante la
realización de la actividad conjunta.
Todo esto posibilita introducir la comprensión de la cohesión como una
forma de mediatizar las relaciones interpersonales con el contenido y las
valoraciones de la actividad del grupo . La cohe sión interpretada de esta
manera se presenta como una unidad valorativa y de orientación del grupo .
De aquí que la unidad valorativa y de orientación (UVO) como índice de
la cohesión de grupo se presente como característica integral del sistema de
las relaciones internas del grupo que de muestra el nivel o el grado de
coincidencia de los criterios, valo raciones, disposiciones y posiciones del
grupo respecto a los obje
tos (objetivos de
la actividad, personas, ideas, acontecimientos)
más significativos para
el grupo en
general [V . V . Shpalinski,
1 973, b, p. 147] .
A partir de esto, se introdujo un nuevo procedimiento para la obtención
del equivalente empírico de la cohesión (índice de cohe sión) : la frecuencia
de las coincidencias de los criterios o posicio nes de los miembros del grupo
en relación con los objetos, esen cialmente significativos para el grupo en
general .
Al disponer de estos índices pueden compararse entre sí los diferentes
grupos . Además, al conocer el grado de cohesión del grupo pueden tomarse
medidas oportunas de carácter educativo para elevar el nivel de la actividad
integral del grupo y estable cer los límites de su estructura óptima. «Después
de haber des cifrado» los índices de cohesión como índices de la unidad valo
rativa y de orientación del grupo, pueden obtenerse datos para
73
representaciones más profundas acerca del carácter de las interre
laciones de las personalidades en el grupo que las obtenidas cuan do se
utilizaron los índices de cohesión.
El alto grado de coincidencia de los criterios, valoraciones y
posiciones de los individuos respecto a las cuestiones más signifi cativas
para el grupo, es una consecuencia de la intensa actividad conjunta y
socialmente condicionada del grupo con un carácter objetai . Precisamente ella
sirve de base de la comunicación entre los miembros del grupo y se convierte en
fuente para intensificar las relaciones entre los mismos . Por eso, es más
correcto conside rar el carácter y la frecuencia de las interacciones (
comunicacio nes) en el grupo como una consecuencia de la unidad de las normas
y de las orientaciones valorativas de los miembros del grupo, a la cual llega
el mismo como resultado de una intensa actividad conjunta.
La unidad valorativa y de orientación del grupo como índice de su
cohesión no presupone, de ninguna manera, la coincidencia de las valoraciones y
posiciones de los miembros del grupo en todas las relaciones, la nivelación de
las personalidades en el grupo; por ejemplo, en la esfera de los gustos, las
valoraciones estéticas y los intereses de lectores. El panorama multifacético y
tan desigual de estas orientaciones, no obstaculiza el manteni miento de la
cohesión del grupo . La unidad valorativa y de orientación en el colectivo es,
ante todo, la aproximación de las valoraciones en la esfera moral y laboral y
en el enfoque de los objetivos y tareas de la actividad conjunta. Si algunos
miembros del grupo consideran, por ejemplo, que la tarea planteada a él es
irrealizable o que el jefe del grupo es incapaz de garantizar su realización en
virtud de su incapacidad para dirigir, otros miem bros del grupo tienen una
opinión contraria, y semejantes diver gencias son típicas para este grupo, no
puede hablarse entonces de cohesión de grupo . Lo fundamental es que cuando
hablamos de la unidad valorativa y de orientación del colectivo, consideramos
el alto nivel de estas propias valoraciones sociales.
Citemos el esquema típico de la
investigación de la cohesión
como una unidad valorativa y de orientación
[V. V . Shpalinski,
1 972, a] . En los primeros
tiempos, los grupos de escolares y de
estudiantes eran el objeto de investigación, después también se
aprobaron las metódicas en las brigadas de montadores, estiba dores,
constructores y en las brigadas de producción de una serie de empresas .
74
Al elaborar la primera metódica se propuso que los miembros del grupo
manifestaran las disposiciones semejantes en la valora ción del líder. Después
de haber establecido las orientaciones valorativas de los miembros del grupo,
fue posible compararlas entre sí y como resultado de esto determinar el grado
de cohe sión de grupo .
Previamente se propuso a todos los alumnos sujetos a estudio que
respondieran por escrito a la siguiente pregunta: ¿Cuáles son, a su juicio, los
rasgos y peculiaridades que debe poseer (y no po seer) el líder? Los alumnos
debían escribir tanto características positivas como negativas. Después se
elaboraron diferentes va riantes de las características del líder (las mismas
eran diferentes
para los escolares
y los adultos).
Cada variante constaba de 1
5
conceptos, los cuales
se encontraban con
mayor frecuencia en
las definiciones individuales .
Con posterioridad se
propuso que
del conjunto generalizado de las características del líder -es decir,
con los 1 5 conceptos dispuestos en un orden casual-, se estableciera
la serie de rangos . Los primeros
lugares debían ser ocupados por
los conceptos más esenciales y fundamentales, según el criterio de los
alumnos; es decir, las cualidades; los últimos lugares se rían ocupados por
los conceptos menos esenciales y negativos . Sobre esta base se confeccionó la
serie modal de las cualidades del líder, la cual se comparaba después con las
series de rangos realizadas por cada participante en el experimento . El grado
de relación se calculaba mediante el coeficiente de correlación de Spearman.
Mientras mayor fue la aproximación de los coeficientes obte nidos y
mayor en cuanto a su valor absoluto, mayor fue, según los datos iniciales, la
cohesión del grupo sujeto a estudio.
Después se halló la suma aritmética de los coeficientes de co rrelación
de rangos y se dividió entre la suma máxima posible de los coeficientes; es
decir, entre el número de miembros del grupo, por cuanto el coeficiente máximo
pudo igualarse a la uni dad. El cociente obtenido de la división de estos
números se tomó como coeficiente de cohesión. Además se construyó la serie
según las distribuciones de los coeficientes individuales de rango de los
miembros del grupo, y sobre su base se hizo la curva.
· Si como modelo peculiar de
un grupo de una cohesión ideal, utilizamos la curva de distribución normal, al
hacer la curva que se corresponde con la distribución real de los coeficientes
de ran gos de cada grupo concreto, en el modelo pueden verse de mane-
75
ra ilustrativa las particularidades de la cohesión del grupo sujeto a
estudio . Es evidente que los grupos de mayor cohesión tendrán las curvas más
acentuadas hacia arriba. En la figura 1 se han representado cuatro curvas que
se corresponden con la cohesión de cuatro de los grupos participantes en el
experimento .
Al analizar la curva número 4, detectamos un segundo pico en el
intervalo 9,0 - 9,5 que indica que en este grupo hay una agru pación
(«núcleo») de personas que al valorar al líder evidenciaron la igualdad de
criterios no coincidente con las disposiciones de los demás miembros del grupo
(la medida sociométrica manifestó en verdad la agrupación) . Las curvas de los
grupos número 1 y 14 corresponden a los grupos de mayor cohesión (sus picos se
acen túan hacia arriba) . Así, las formas de las curvas de las distribu
ciones de los coeficientes constituyen una ilustración de los coefi cientes de
cohesión .
8
7
6
lQ 5
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1
Figuro 1 Curcas que se corresponden con le distribución de los
coeficientes según las frecuencias en los grupos.
La segunda metódica desempeñó el papel de control, pues no sólo
posibilitó utilizar las representaciones ideales acerca del líder (patrón),
sino también la experiencia de la vida social de un grupo dado . Cada miembro
del grupo formaba una serie de rangos con los miembros de su grupo de acuerdo
con los criterios: «¿En su grupo quién podría ser jefe de equipo cuando en
verano vayan al campamento de trabajo y descanso?» (para los escolares);
«¿Quién sin dudas desempeñará mejor la responsabilidad del grupo cuan do vayan
a trabajar en verano en el destacamento estudiantil de
76
la construcción?» (para los estudiantes); «¿Quién de los miembros de su
brigada posee capacidades organizadoras y, a vuestro juicio, pudiera ser en
estos momentos un buen dirigente?» (para los obre ros), etc . El primero en la
lista era el miembro del grupo más deseado en este sentido . El último era el
considerado con menos posibilidades . Más tarde, para cada miembro del grupo se
hizo el siguiente cálculo: ¿Cuántas personas coincidieron con cada uno de ellos
en señalar la misma persona?, y se determinó el coefi ciente de coincidencia
de los criterios para cada miembro y para todo el grupo. Este coeficiente
también se tomó como índice de cohesión de grupo .
Señalemos de inmediato que los coeficientes obtenidos mediante las
metódicas descriptivas eran comparables entre sí y la relación entre las mismas
fue igual a 0,88 (P /\ 0,05) .
Así, después de obtener los patrones (matrices) de las valoracio nes de
grupo -es decir, después de manifestar los criterios, opi niones, valoraciones
y las disposiciones del grupo como un todo único hacia los objetos o fenómenos,
para la actividad y la existen cia del grupo con una gran importancia-,
tuvimos la posibilidad de comparar o de llevar este patrón de grupo (norma) a
las ma trices individuales que establecen determinado sistema de valora
ciones, criterios y posiciones de cada individuo en particular.
Al comparar la serie patrón de rangos de las características del líder
aprobada por todo el grupo con las series individuales de rangos de sus
diferentes miembros durante un prolongado perío do de tiempo, fue posible
observar las particularidades de la dinámica de la formación de las
orientaciones valorativas y de dis posiciones de la personalidad . Cuando «lo
personal» y «lo grupal» no coincidan, los coeficientes pudieran corroborar que
estos indi viduos aún no se han adaptado al grupo o que el grupo aún no es de
referencia para ellos . En estos casos puede hacerse un pro nóstico de los
posibles conflictos provocados por el choque de las normas individuales y de
las valoraciones de algunos miembros del grupo con las valoraciones y normas
colectivas .
Por ejemplo, en uno de los grupos de los escolares (VII grado) la serie
patrón de rangos de las características del líder se presentó de la siguiente
manera: 1) Es capaz de sacrificarse en aras de los demás compañeros; 2) Es
justo en todo y con todos; 3) Es sencillo;
4) Es excelente en los estudios;
5) Es capaz de defender a los más débiles; 6) Tiene muchos intereses, le gusta
leer; 7) Defiende sus
77
criterios; 8) Es
autocrítico, reconoce los errores;
9) Es capaz de
terminar todo lo que empieza; 1 O) Es capaz de lograr que los de
más se subordinen; 1 1) Tiene buena
apariencia y fortaleza física;
1 2) Es profundo y cuidadoso en la
toma de decisiones; 1 3) Habi
lidad para delegar en los demás; 14)
Habilidad para «adaptarse»
a las personas adultas; 1 5) Habilidad para salir airoso de situacio
nes embarazosas .
Esta serie, al caracterizar las buenas condiciones del grupo, co
rrobora que la mayoría de sus miembros se rigen por estas dispo siciones o
normas en la esfera de las categorías ético-morales que se corresponden con las
tareas y objetivos de la formación de ciudadanos activos sobre las bases del
colectivismo, la ideología, la pureza moral y los principios. No es casual que
todas las carac terísticas negativas del líder aparezcan al final de la serie,
es decir,
se incluyen dentro de las inaceptables . Los
coeficientes de rango
de los rasgos
del líder -considerados
como patrón en
este caso
para cada alumno del grupo-
fueron muy semejantes
entre sí .
Los coeficientes de correlación de rango entre las matrices
grupal
e individual oscilaban entre 0,62 - 0,82.
Al mismo tiempo, entre los alumnos hubo tres personas que sus
distribuciones individuales por rangos no podían dejar de alarmar nos . En un
caso, aparecía en primer lugar la habilidad de salir airoso de situaciones
embarazosas, la habilidad de delegar en los demás y sólo en el quinto-séptimo
lugares situaba el rasgo refe rente a ser justo, sacrificarse por los demás
compañeros y defender a los más débiles; otro adolescente valoró, en primer
lugar, la ha bilidad para subordinar a los demás, la buena apariencia y la
for taleza física (en los últimos lugares señaló ser autocrítico, sen cillo y
tener amplios intereses) . Después de haber analizado sus matrices, los
pedagogos señalaron las vías del enfoque individual de cada uno de estos
alumnos con el fin de reeducarlos .
También es demostrativo que mientras mayor cohesión hay en el grupo,
mayor es el grado de su unidad valorativa y de orienta ción y más unido es en
sus aspiraciones y exigencias respecto a cada individuo . Durante el juego la
«Zarina», en situaciones espe cialmente modeladas cuando fue necesario
determinar el grado del castigo a los alumnos de su grupo y a los alumnos de
otros grupos por no cumplir las reglas del juego, en los grupos de bajo nivel
de desarrollo se observó una marcada tendencia a ser condescen dientes con los
«suyos»; mientras que en los grupos del tipo colee-
78
tivo, los alumnos sancionaban con iguales criterios a los «suyos» y a
los «ajenos», se regían por orientaciones semejantes y mani festaron motivos
de un mismo tipo [V . V . Shpalinski, 1 975, c) .
Al calcular los índices de cohesión de grupo sobre la base de las
metódicas sociométricas, como datos primarios sólo se toman la cantidad de
miembros del grupo y la frecuencia de las relaciones entre los mismos. Surge la
pregunta: ¿Existe relación entre los coe ficientes de cohesión de grupo como
comunidad comunicativa y los coeficientes de cohesión como unidad valorativa y
de orienta ción del colectivo? Se obtuvieron coeficientes sociométricos de la
cohesión de todos los grupos en las diferentes etapas de los experi mentos .
Los datos obtenidos fueron insignificantes (de 0,08 a 0,2), y no se
evidenciaron relaciones significativas entre los mismos y los coeficientes de
cohesión como unidad valorativa y de orientación . Esto hace dudar, una vez
más, de la seguridad del enfoque socio métrico en los casos cuando se trate de
la fij ación de la unidad va lorativa y de orientación del grupo como
parámetro que manifiesta
no las relaciones superficiales entre los hombres ni tampoco los actos
mecánicos de atracción mutua y de repulsión, sino las rela ciones profundas
basadas no en la frecuencia de los contactos, sino en los principios de la
actividad conjunta y socialmente valiosa.
Como resultado del análisis de todos los datos experimentales se
llegaron a conclusiones esenciales acerca de que en los colectivos el
coeficiente de unidad valorativa y de orientación, a diferencia de los grupos
de bajo nivel de desarrollo, fue muy alto . Si en los grupos -que por sus
índices objetivos pudieran incluirse dentro de los colectivos- los coeficientes
de cohesión se aproximaron a la unidad (de 0,6 a 0,92), en los grupos -que por
el nivel de su desa rrollo pudieran incluirse dentro de los difusos-, los
coeficientes oscilaron entre 0, 1 y 0,4 .
Así, el enfoque analizado del problema de la cohesión de grupo permitió
demostrar el alto nivel de la unidad valorativa y de orien tación en el
sistema de las relaciones interpersonales en el colectivo y su poca
manifestación en los grupos difusos . Todo esto posibilita incluir la cohesión
como unidad valorativa y de orientación dentro de una segunda capa de la
estructura estratométrica del colectivo, dejándola como la unión comunicativa
del grupo en calidad de una de las características de la tercera capa
superficial de la acti vidad interna del grupo y de una de las cualidades del
grupo difuso [A . V. Petrovski, V. V. Shpalinski, 1 978) .
79
¿ Existen relaciones entre la
cohesión de grupo como unidad de orientación valorad va y su productividad? La
investigación de la relación entre los coeficientes de UOV y el número de
miembros del grupo, el tiempo de funcionamiento, la edad, la cantidad de «núcleos»,
el status de los miembros, el grado de sus pretensiones, la estabilidad de la
autovaloración de los individuos, etc . , son cues tiones que adquieren
especial importancia y particular interés sólo cuando se demuestra que existe
un nivel significativo de relación entre la productividad de los grupos y los
niveles de su cohesión .
Después de haber utilizado el método de los jueces competentes, V. V .
Shpalinski propuso a personas de autoridad para los grupos (como dirigentes,
activistas) que situaran en un orden por rangos los grupos investigados desde
el punto de vista de su capacidad de trabajo, su rendimiento académico, su
actividad social . Estas series se compararon con las series de estos mismos
grupos a las cuales se le dieron rangos según la magnitud de sus coeficientes
de cohe sión ( 1 2 de los grupos de alumnos estudiados eran de una mis ma
escuela y ocho grupos de estudiantes pertenecían a un centro docente). Los
coeficientes de relación entre la cohesión como uni dad valorativa y de
orientación y la productividad, la producti vidad y el rendimiento académico
de los grupos, fueron iguales a 0,56 - 0,82. Casi todos los grupos de mayor
capacidad de trabajo y organización estaban incluidos en los grupos de mayor
cohesión .
La investigación de la cohesión de grupo como su unidad valo rativa y
de orientación, se siguió realizando en los últimos tiempos en tres direcciones
.
La primera dirección se relacionaba con los trabajos de R . Weis man,
Yu. V . Yanotovskaia y L . N. Komarova. R. S. Weisman y Yu. V . Y anotovskaia
propusieron una nueva variante de la metódica del estudio de la UVO un tanto
diferente a la utilizada por V. V . Shpalinski y la probaron en las condiciones
del campamento de verano de los cuatro activos del Komsomol (para los
escolares) y después R. S . Weisman junto con L. E. Komarova realizaron un
experimento socio-psicológico en las brigadas de los jóvenes obre ros de la
fábrica «Ya. M. Sverdlov» en Moscú. En estas brigadas, el trabaj o tenía un
carácter colectivo; del trabaj o de cada miembro de la brigada dependía el
resultado general de su actividad . Al comparar los datos obtenidos en los
destacamentos de los esco lares y de los alumnos de los últimos grados del
campamento «Komsorg» y en las brigadas obreras, los experimentadores cons-
80
tataron, ante todo, un nivel más alto de la UVO, según las cualida des
significativas para la personalidad en el colectivo, en los jó vénes obreros
(en esencia, de la misma edad) en comparación con los escolares (el mayor grado
de la UVO en las brigadas obreras es de un 8 1 % y el menor es de un 48 %, y en
el campamento «Komsorg», los porcientos son respectivamente de 35,9 y 1 5,9.
Otros resultados de la investigación también son muy demos trativos .
En las brigadas de obreros incorporados a la actividad verdaderamente
colectiva, se consideraron, en primer lugar, las cua lidades más
significativas de la personalidad, de acuerdo con los datos del experimento,
que caracterizan la actitud del hombre ha cia el trabajo (el interés por el
trabajo, el amor al trabajo, la con ciencia, etc . ); en segundo, las
cualidades éticas (rectitud, modestia, etcétera), y, en tercer lugar, las características
emocionales (bondad, sociabilidad, etc.). En el campamento escolar se
reflejaron, en pri mer lugar, las cualidades referentes a la esfera de las
relaciones emocionales; en segundo, las cualidades éticas, y las cualidades que
manifiestan la actitud hacia el trabajo quedaron en último lugar.29 Como
señalan justamente R. S. Weisman y L. E. Komarova, los datos obtenidos afirman
que las particularidades de la situación en que funciona el grupo (en
particular, el carácter específico de su actividad conjunta), contribuyen a la
actualización, la revelación y la evaluación de las cualidades de la
personalidad relacionadas con la actividad conjunta (en las condiciones del
campamento de descanso se señalaron las cualidades emocionales y comunicativas;
en las brigadas de trabajo, las cualidades significativas para el éxito del
trabajo conjunto).
R. S. Weisman y L . E. Komarova
llegan a la conclusión de que la actividad conjunta de grupo posee la propiedad
de la apercep ción social es decir, la capacidad de actualizar y orientar la
aten ción del grupo hacia la evaluación de las cualidades de la persona lidad
de sus miembros, significativas para el éxito de la actividad conjunta. El alto
grado de la UVO en las brigadas de obreros y la atención a las cualidades
importantes para el trabaj o colectivo, aparecen, precisamente, como una de las
características más im portantes de estos grupos como colectivos y permiten
dar un paso más hacia la validación de las metódicas pºara manifestar la cohe-
29 Señalemos que la investigación
se realizó en la primera etapa de la formación de los colectivos en el
campamento «Komsorg«.
81
sión de los grupos . La justeza de esta conclusión se corrobora con los
datos obtenidos por los experimentadores acerca de la existen cia de
determinada relación positiva entre la UVO y la efectividad de la producción de
las brigadas obreras . Las brigadas con un ma yor grado de UVO en la situación
de la actividad colectiva labo ral, son más efectivas que las brigadas con un
grado bajo de UVO . Si tomamos por verdadero el juicio acerca de que el
colectivo es un grupo no sólo unido, sino efectivo en su cohesión, los datos
ob tenidos son muy demostrativos .
La segunda dirección de las investigaciones de la cohesión den tro del
marco de la concepción estratométrica, estuvo condicionada por el deseo de
explicar la existencia de las dependencias de co rrelación entre la UVO y
otros parámetros de la actividad grupal . Como se señaló antes, los grupos en
los cuales predomina un alto grado de UVO se incluyen dentro de los más
organizados y capa citados para el trabajo, y la confrontación de la UVO y de
la afec tividad de las brigadas de producción evidenció entre ellos la exis
tencia de una relación positiva. Surgió una interrogante acerca de la relación
de los fenómenos de la UVO y la autodeterminación colectivista.
Al orientarse en la idea inicial de la concepción estratométrica acerca
del fenómeno de la AC como una verdadera alternativa del conformismo, V. V.
Shpalinski planteó la hipótesis acerca de que entre la cohesión del colectivo
como su unidad valorativa y de orientación y el grado de autodeterminación
colectivista, debe exis tir una relación lógica determinada por el contenido
socialmente significativo y valioso desde el punto de vista personal.
Esta hipótesis fue comprobada de manera experimental por T. B . Davidova
[ 1 973). La investigación se realizó en 18 grupos estudian tiles; en ella
participaron más de 400 alumnos . En este caso se uti lizó la metódica de l .
A . Oborutova para manifestar la AC y la metódica utilizada por V . V .
Shpalinski para la determinación de la UVO . Las deducciones más importantes
obtenidas por T. B . Da vidova se reducen a que, en los grupos con un mayor
grado de UVO, el fenómeno de la AC se observa en 66 -87 % de 1°8 miem bros del
grupo . En los grupos en los cuales se detectó un bajo grado de cohesión, el
porciento de AC es mucho menor y la confor midad se incrementa. En general, el
trabajo de T. B . Davidova rea firma de manera convincente la hipótesis acerca
de la interrelación de los parámetros AC y UVO .
82
Es notable que en los trabajos de L. Festinger, S . Ash, S . Schachter y
de otros psicólogos norteamericanos se ha establecido la relación entre la
cohesión de grupo y el grado de conformidad de sus miembros: el aumento del
número de contactos entre los miembros del grupo conduce a elevar su
conformidad (el coe ficiente de correlación entre el grado de conformidad y la
cohe sión alcanza O, 72) . Es muy probable que la dependencia hallada por los
científicos norteamericanos refleja, en verdad, una situa ción psicológica
real, pero no es en todo tipo de grupo, sino sólo en la variedad que
denominamos grupo difuso, y de ninguna ma nera puede extrapolarse al colectivo
.
Con posterioridad se propone la comprobación de otras hipóte sis
referentes al problema de la cohesión como unidad valorativa y de orientación y
que emanan de los principios fundamentales del enfoque estratométrico de la
actividad grupal . Se ha hecho la siguiente conjetura: si el nivel de cohesión
como unidad comu nicativa disminuye cuando se aumenta el número de miembros
del grupo, el nivel de cohesión como UVO no presenta una dependen cia
manifiesta de la característica cuantitativa del grupo, pues está definida por
otras de sus determinantes de mayor contenido .
La tercera dirección del estudio de la cohesión representada por los
trabajos de A. l. Dontsov, quien labora bajo la dirección de G. l. Andreeva, ha
adquirido una extraordinaria importancia en el contexto del enfoque
estratométrico . Al investigar la cohesión de grupos de acuerdo con los
principios de la concepción estratomé trica, A . l . Dontsov propuso un nuevo
enfoque de la cohesión como una característica integral del desarrollo del
colectivo, el cual com bina en sí las ventajas del análisis del colectivo como
una estruc tura de varios niveles de interrelaciones mediatizadas por el con
tenido objetal-valorativo de la actividad del grupo (A. l. Dontsov, 1 975, b,
g).
Para A . l . Dontsov, el postulado de A . l . Leontiev, según el cual la
investigación científica de la actividad requiere necesariamente la definición
de su objeto, fue el punto de partida para la unión fructífera de la concepción
socio-psicológica de los grupos y de los
colectivos y de la
teoría psicológica general de la actividad . Ni
el propio grupo social como sujeto de la actividad, ni las formas
y recursos de su actividad, pueden determinarse como tales sin hacer
referencia al objeto de la actividad conjunta.
83
Al Valorar de manera positiva la idea central de V . V . Shpalinski
acerca de la unidad valorativa y de orientación como el índice más importante
de la cohesión del grupo, A . l . Dontsov señala, al mismo tiempo, el
determinado carácter unilateral del enfoque pro piamente experimental de la
cohesión de grupo como semejanza
de representaciones acerca del objeto de la orientación del grupo. Este
enfoque, según su criterio, debe complementarse por el es tudio de otro
aspecto de la unidad de orientación valorativa: la investigación acerca de en
qué grado esta representación mediatiza la actividad de los miembros del grupo
con relación al objeto de las orientaciones y hasta qué punto son unidos sus
esfuerzos para la realización práctica de semejantes orientaciones valorativas
.
En la capa «nuclear» (objetai a diferencia del segundo estrato
interpersonal de la actividad interna del grupo) surge, según A . l . Dontsov,
el fenómeno de la integración del colectivo en un grupo superior que se expresa
en el acto de la mediatización de las ac tividades individuales por el
contenido valorativo único del objeto de la actividad conjunta.30
Éste fue el punto de partida para organizar el experimento rea lizado
por A . l . Dontsov . Los colectivos pedagógicos escolares -es decir, los
colectivos de pedagogos- constituyen el objeto de inves tigación. Se planteó
la hipótesis acerca de que el factor principal de la cohesión del colectivo
pedagógico es la unidad valorativa del nivel objetai de la actividad interna
del grupo . Como conse cuencia empírica de esta hipótesis se plantearon dos
postulados . El primero: el carácter común de las normas pedagógicas de la for
mación de la personalidad -es decir, del plano objetai de la activi dad del
maestro-, objetivamente realizados en la actividad de los colectivos de
maestros, resulta superior a la concordancia de las representaciones subjetivas
de los maestros acerca del «patrón» del alumno . El segundo: el grado de
concordancia de las definiciones valorativas del pedagogo que tienen los
maestros resulta, por el contrario, más alto cuando las mismas han sido dadas
en las re presentaciones acerca del «patrón>> del alumno y no será tan
alto cuando las mismas sirvan a los verdaderos criterios de las interre
laciones en el colectivo de maestros .
30 Desde nuestro punto de vista
sería más acertado el concepto de «unidad objetal-valorativa» como la cohesión
del grupo en un mayor grado.
84
A . l . Dontsov utilizó un procedimiento metódico especial que permite
manifestar los fundamentos objetal-valorativos de la acti vidad del pedagogo y
la integración de las posiciones de los maes tros en relación con el alumno
como objeto de la educación y en relación con los colegas como miembros del
grupo profesional . Este procedimiento representaba en sí una modificación
peculiar del recurso utilizado para evidenciar el núcleo motivacional de la
selección y se redujo a algunos procedimientos experimentales .
Variante A: características por los maestros de los escolares (lo cual
es particularmente importante en relación con que la actividad pedagógica exige
el conocimiento de las particularidades indivi duales del desarrollo de la
personalidad de los alumnos). Varian
te B: características de los maestros por los maestros.
Como resultado del procesamiento de la variante A (maestros alumnos) se
señaló que la concordancia de las valoraciones reales de los alumnos es mayor
en todos los casos que la concordancia de las representaciones acerca del
patrón del alumno . En otras pala bras, al ser los fundamentos de la educación
real de la práctica del maestro, las definiciones objetal-valorativas del
alumno tienen mu cho en común en comparación con las definiciones relativas al
pa trón . En contraposición con esto, en los resultados de la variante
B (maestros-maestros) se
manifiesta el grado de dependencia inver sa; es decir, el grado de lo común
existente en las representaciones acerca del patrón del maestro es mayor que la
medida de la uni dad de los criterios reales de las interrelaciones profesionales
.
El aparente carácter paradój ico de las deducciones de las inves
tigaciones de A . l . Dontsov está condicionado, en resumidas cuen tas, porque
en su trabajo aparecen interrelaciones de diferente tipo . En un caso, las
mismas están condicionadas por el carácter objetai de la actividad conjunta
(maestros-alumnos), entonces la cohesión del colectivo durante la realización
de las valoraciones en el tra bajo pedagógico concreto, es mayor que la
cohesión del mismo en el plano de las representaciones ideales, pero en general
no com prometedoras y a menudo discutibles acerca de cómo debe ser en general
el alumno . En el otro (maestros-maestros), el problema se plantea en el plano
de las relaciones interpersonales dentro del colectivo de maestros y, en
esencia, no tiene plano objetai, pues la actividad productiva en el colectivo
pedagógico (y, en particular, esto es propio precisamente de este tipo de
colectivo) está mucho menos orientada a los miembros del colectivo; es decir, a
los pro-
85
pios pedagogos y tiene como objeto la variación orientada (ense ñanza y
educación) de los alumnos .
No hay por qué asombrarse de que aquí las definiciones valora tivas de
los rasgos del buen pedagogo tengan una mayor concor dancia en comparación con
los fundamentos valorativos de las re laciones reales entre los maestros.
Probablemente, si el investigador hubiera continuado el experimento y analizado
la variante C (alum nos- alumnos), el resultado de las series análogas se
asemejarán más a la variante B (maestros-maestros) que a la variante A,
maestros alumnos). Si profundizamos aún más en la esfera de las hipótesis y
consideramos la posibilidad de realizar otra variante D (alumnos maestros), es
posible que sus resultados sean mucho más análo gos a la variante A
(maestros-alumnos).
Todas estas hipótesis se estructuran a partir del principio fun
damental de la concepción estratométrica, según la cual las interre laciones
de los hombres en los grupos se mediatizan, en mayor o menor grado, con los
objetivos, tareas y valores de la actividad conjunta; es decir, con su
contenido real . En relación con esto puede considerarse que las variantes A y
D deben manifestar en mayor grado el carácter mediatizado, pues el contenido
del traba jo conjunto en un buen colectivo docente-educativo del grado31
presupone la mediatización de las interrelaciones por los objetivos y
resultados de la actividad conjunta.
Este proceso debe tocar en gran medida la interacción de los maestros y
los alumnos entre quienes ocurre el constante intercam bio de los productos y
los resultados de la actividad, surgen las relaciones de dependencia en las
cuales el éxito o el fracaso de la actividad del maestro se manifiesta en el
éxito o fracaso de la ac tividad del alumno y, por el contrario, la
enseñabilidad y la edu cabilidad del escolar son los criterios de la
efectividad pedagógica del trabajo del maestro . La fuerte capa de las
relaciones objétales que surge en el proceso del trabajo docente-educativo debe
oca sionar de manera necesaria los fenómenos de la actividad grupal ya
parcialmente manifestados por A. l . Dontsov y parcialmente for mulados en
forma de hipótesis .
31 Aquí utilizamos el concepto «colectivo docente-educativo» en el
sentido en que se emplea en la literatura pedagógica cuando se considera la
comu nidad cohesionada de maestros y alumnos.
86
¿ Las interrelaciones de los
propios alumnos devienen mediati zadas en mucho por el aspecto de contenido de
su actividad do cente? ¿Cuáles son los argumentos para considerar que nuestra
va riante hipotética B es semejante a la variante B? El carácter de la
actividad docente que se ha adoptado en la actualidad en la escue la media, no
estimula por sí mismo la cohesión en un nivel objetal
valorativo.
El trabajo docente del grupo, incluso cuando es frontal, no in cluye en
sí en esencia el tipo de interacción laboral que presupone el intercambio de
productos de la actividad y la dependencia de res ponsabilidad entre los
miembros del colectivo, medida por el aporte de cada uno al resultado general,
y por eso sigue siendo trabajo conjunto, pero individual . En la ¿ictualidad,
los pedagogos (J . Yu . Liimets, L. l . Novikova y otros) prestan atención a
esta circuns tancia al estudiar las posibilidades para la creación de una
activi dad docente verdaderamente colectiva (ver capítulo 1 1 ) .
¿De esto se deduce que el colectivo de escolares no tiene la posi
bilidad de tener cohesión en el nivel objetal-valorativo? Semejante deducción
sería injusta y contradictoria respecto al indiscutible he cho de la
existencia real de estos colectivos unidos por grados . Hay fundamentos para
considerar que la cohesión objetal-valorati va de estos colectivos se crea en
lo fundamental a cuenta de la actividad laboral conjunta, del trabajo social
activo, de la ayuda mutua, al realizar las tareas para la casa y de otros fac
tores que mediatizan, de manera eficaz, la actividad intragrupal y no en la
actividad docente en · 1a clase, la cual debe ser fundamental para el
escolar.
Al resumi:i - el análisis de las tres direcciones del estudio de la co
hesión sobre la base de los principios del enfoque estratométrico de la
actividad intragrupal, es necesario subrayar que hasta el pre sente se han
acumulado hechos que permiten manifestar los di ferentes aspectos psicológicos
del fenómeno de la cohesión de gru po. En relación con esto surge la tarea de
la formación activa de la cohesión como la cualidad más importante del
colectivo.
87
Capítulo 4
AUTODETERMINACIÓN COLECTIVISTA
La autodeterminación colectivista (fenómeno AC) - o, lo que es lo mismo,
la autodeterminación de la personalidad en el colectivo acer ca de la cual ya
se habló bastante en la primhera parte del libro 1 y a partir de cuyo estudio
comenzó propiamente el proceso de forma ción de la concepción estratomética-,
es un fenómeno bastante com plej o desde el punto de vista fenomenológico y el
mismo puede estudiarse desde diferentes aspectos, centrando la atención de ma
nera preferente en determinadas manifestaciones del mismo du rante una u otra
investigación . Una de las primeras tentativas de la investigación experimental
del fenómeno de la autodetermina ción colectivista, fue la tesis de l . A .
Oboturova [ 1 973 a], en la cual este fenómeno no coincide en sus
manifestaciones concreto-con ductuales con ciertos fenómenos de las relaciones
interpersonales, la sugestión y la conformidad. En el trabaj o de Oboturova se
rea lizó, por primera vez, la delimitación experimental de estos fenó menos y
se demostró que la autodeterminación colectivista es im posible reducirla ni a
uno ni a otro .
l . A . Oboturova estudió la autodeterminación colectivista como un
fenómeno propio del grupo con un alto grado de desarrollo, del colectivo . En
la investigación se utilizaron el método de encuesta y la instalación
experimental especial estructurada y destinada al es tudio de la sucesión, por
parte de V . F . Safin [ 1 969] .
En el experimento participaron 225 escolares de los grados IV, VII, IX y
X de la ciudad de Siktivkar. Como material para el es tudio de las
manifestaciones de la autodeterminación colectivista, se seleccionaron los
juicios referentes a las valoraciones ético morales .
Previamente se puso de manifiesto cómo valoran los alumnos de los
diferentes grados la justeza de estos juicios ético-morales. Las encuestas
planteadas a los alumnos en estudio incluían los juicios ético-morales que se
corresponden con las normas morales del modo de vida socialista, así como las
que se oponen a estas normas . Para cada grupo de edades se seleccionaron
diferentes grupos de jui cios. Durante el experimento se les planteó a los
alumnos fam i-
Ver el Capitulo 2, en el cual se
analizaron en detalle los problemas teóricos de la AC y la metodología del
experimento para su determinación.
88
liarizarse con la lista de juicios y responder con cuáles estaban de
acuerdo y con cuáles no . Como resultado del procesamiento de las respuestas
obtenidas se manifestaron las orientaciones ético-morales de los alumnos de los
diferentes grados .
Después se enseñó a los alumnos a trabajar en la instalación
experimental . Mediante el magnetófono se les dictaban los mismos juicios y se
les planteó la tarea de manifestar su acuerdo o desa cuerdo con los mismos .
La cantidad de juicios a valorar varió de 1 3 a 19, en dependencia de la edad.
Después mediante el «grupo confabulado»» se creó un conflicto
experimental de opiniones, además la valoración propuesta por el «grupo
confabulado»» no coincidía frecuentemente con las valoracio nes de los propios
alumnos (todas las valoraciones se referían a la justeza de los mismos juicios
ético-morales) . Este procedimien to estaba destinado a la diferenciación de
las respuestas y juicios conformistas que expresan el acto de la
autodeterminación co
lectivista.
A cada alumno se le propuso en nombre de todo el grupo re nunciar a las
valoraciones antes hechas referentes a la justeza de los juicios ético-morales,
además los juicios adecuados (se consi deraban adecuadas las respuestas que
correspondían a las normas ético-morales aprobadas en nuestra sociedad) del
«grupo confabu lado»» se alternaban con los inadecuados .
Al reaccionar ante la opinión del «grupo confabulado»», el alumno podía
actuar de dos maneras: estar de acuerdo con el criterio del grupo y con ello
manifestar conformismo o, a pesar de la presión, seguir manteniendo el juicio
correcto, manifestando con ello un acto de autodeterminación colectivista.
El experimento demostró que la mayoría de los alumnos respon dieron de
manera adecuada a los juicios ético- morales presentados . Así, en la serie
preliminar, la cantidad total de respuestas adecuadas respecto a todo su
conjunto durante la encuesta fue de un 92,6 %; además en el grado IV, el 89,8
%; en el VII, 93,5%, y en el X, 94,7 %. Al trabajar en la instalación
experimental, la cantidad promedio de respuestas adecuadas se redujo a un 84,5
% en la eta pa inicial del trabajo, y después se incrementó a un 9 1 , 1 % .
En la Tabla 1 se presentan los datos acerca de la cantidad abso luta y
relativa de respuestas colectivistas y conformistas en los di ferentes grupos
de edades en la serie fundamental (incluido el con flicto) de la investigación
.
89
TABLA 1
Cantidad absoluta y relativa de respuestas colectivistas y conformistas
en diferentes grupos de edades
Cantidad Cantidad %
de actos Cantidad de % de
total de de actos de
AC reacciones reacciones
Grupos respuestas de AC conformistas conformistas
IV 406 244 60,1 162 39,9
VII 704 546 77,5 158 22,5
IX y X 869 748 86,1 121 13,9
Total 1 979 1 538 441
Los datos de la Tabla 1 corroboran que en la serie fundamental más de
las tres cuartas partes de todas las respuestas constituyen
en sí actos de autodeterminación colectivista. La inmensa mayo ría de
los alumnos no se sometieron a la presión del «grupo confa bulado» y
rechazaron el criterio falso que se opone a las valora ciones ético-morales
aprobadas en sus colectivos; además, la can tidad de actos de
autodeterminación colectivista se incrementó poco a poco de 60, 1 % en IV grado
a 86, 1 % en IX y X grados, y de aquí, como es evidente, en relación con las
observaciones con formistas, se observó una tendencia opuesta: su cantidad
total dis minuyó de 39,9 % en IV grado a 1 3 ,9 % en los grados IX y X.
Es necesario señalar que los actos de autodeterminación colec tivista
lo manifestaron a menudo los alumnos en relación con los juicios que se oponen
al individualismo y al colectivismo . Por ejemplo, al presentar los juicios
«Primero piensa en un compañero y después recuerda acerca de ti mismo» y el
juicio opuesto al mismo, obtuvo en IV grado 27 respuestas colectivistas y tres
respuestas conformistas, y en VII grado no hubo ni una sola reacción con
formista. En los primeros grados, las reacciones conformistas se relacionaban
con los juicios referentes a la valoración justa de conceptos, como la valentía
y el heroísmo . Alrededor de la mitad de los alumnos de IV grado cedieron ante
la presión del grupo en la respuesta al juicio «Reconocer ante el grupo una
falta es cobar día y ocultarla es valentía» . En los alumnos de los grados IX
y X, casi no hubo reacciones conformistas ante semejantes juicios . Los
90
e scolares de los últimos grados valoraron de manera correcta la justeza
de los juicios propuestos y no se sometieron a la presión del «grupo
confabulado» .
El análisis de los resultados también demostró que en el caso de las
niñas la cantidad promedio de respuestas correctas fue un tanto mayor que en el
de los muchachos .
Así, la investigación de l . A . Oboturova permitió diferenciar los
actos de autodeterminación colectivista de las reacciones confor mistas y
representar los mismos en un nivel operacional-conductual como diferentes
fenómenos .
En el trabajo de l . A . Oboturova se estudió la manifestación de la
autodeterminación colectivista con relación a las valoraciones de importancia
social general adoptadas en el grupo . Al mismo tiem po, según los postulados
de la concepción estratométrica, la auto determinación de la personalidad en
el grupo presupone la ma nifestación, por parte de sus participantes, de las
tendencias de la autodeterminación no sólo respecto a las valoraciones de
carácter social general adoptadas en el grupo, sino también respecto a las
valoraciones específicas de grupo determinadas con preferencia por el contenido
particular de su actividad . En relación con esto, surgió la tarea de seguir
investigando el fenómeno de la autodetermi nación colectivista de la personalidad
en el grupo respecto a las valoraciones específicas para la misma. La
investigación de A. A . Turovskaia [ 1 976, a] debía haber resuelto esta tarea.
Los objetivos y tareas de la actividad conjunta constituyen una de las
valoraciones fundamentales del grupo . Ellos diferencian un grupo de otro y
determinan otros fenómenos grupales . Los objetivos de la actividad conjunta se
utilizan como criterios de la diferencia ción de los grupos reales según su
función social en: docentes, pro ductivos, deportivos, artísticos, militares,
etc. El trabajo de A. A. Turovskaia se dedicaba al estudio del proceso de
atribución, por parte del grupo, de los objetivos socialmente significativos
dados al mismo y del grado en que se expresa el fenómeno de la auto
determinación colectivista en dependencia de la medida en que se atribuyen
estos objetivos. El método fundamental de investigación fue el experimento
formativo psicológico-pedagógico.
La proposición acerca de la dependencia de la autodeterminación
colectivista de la medida de la atribución de los objetivos, se com probó en
las condiciones de la diferente atracción que tienen los objetivos para los
miembros del grupo . Fueron objeto de estudio
91
los alumnos de la escuela pedagógica de Dnepropetrovsk (54 1 ) de
16 a 1 9 años . Al principio del experimento se formaron grupos de
8-13 alumnos sobre la base de conocerse entre sí, pero sin tener
en cuenta las simpatías personales .
La investigación se estructuró según el esquema del experimento de l. A.
Oboturova. Primero se manifestó la orientación general de los participantes
respecto a cierto sistema de los objetivos grupales, se separaron y excluyeron
del experimento a los inconformes (per sonas que asumen una posición negativa)
. Después se resolvió la cuestión acerca de lo que significa la aprobación, por
parte de los restantes alumnos, de los objetivos propuestos: subordinarse a la
presión del grupo (conformidad) o seguir de manera consciente los objetivos y
valoraciones de la actividad conjunta (autodeter minación colectivista) . Para
esto, la presión del grupo se orientó en contra de los objetivos adoptados en
el grupo . Se incitó a los alum nos a renuciar en nombre del grupo a los
objetivos de la actividad adoptados en él .
Por cuanto el proceso de autodeterminación de la personalidad en el
grupo posee dependencias funcionales bastante complejas, en el trabajo se
intentó, por primera vez, estudiar la influencia de fac tores cualitativamente
diferentes en la autodeterminación colec tivista.
En dependencia de la intensidad del trabajo educativo realizado, todos
los grupos de alumnos se dividieron en tres categorías . En una se mantuvo una
interrumpida e intensa actividad educativo-peda gógica orientada a la
aprobación por parte de los miembros del gru po de los objetivos planteados, a
la ayuda que se debe prestar a los alumnos en la realización de estos
objetivos; en otra, este trabaj o tenía un carácter episódico y , e n una
tercera, no s e realizaba en absoluto (aquí el objetivo grupal sólo es
informado por los alum
nos) . En cada una
de las categorías
de los grupos se
separaron,
a su vez, subgrupos de alumnos
que trabajaban en la realización
de diferentes objetivos según la atracción inicial: deseados, no
deseados, neutrales.2
En este capítulo sólo se expone
una parte de los resultados obtenidos en
el experimento fundamental
(investigaciones de A.
A. Turovskaia). Los
restantes, incluidos los
resultados de las series complementarias, en las
cuales variaron la atracción del objetivo y la actitud hacia el jefe de equipo,
son descritos en
detalle en la
tesis de A. A. Turovskaia: Investigación
experimental de la autodeterminación colectivista en la actividad
grupal, Dnepropetrovsk, 1976 (en ruso).
92
El experimento constaba de tres
series . En la primera serie se
determinó el objetivo
(medida) que debía realizar el grupo
. A
los alumnos se les propuso para su selección 1 6 tareas socialmen
te significativas relativas
a las direcciones del trabajo educativo
en la escuela pedagógica (educación político -ideológica, ético-moral y
laboral, inculcar el amor por la profesión seleccionada, etcétera) . En la
temática de estas medidas se previa que se consideraran las
particularidades de edad
de los alumnos
en estudio (alumnos
de
los primeros grados
y egresados) y su
especialización (sección
de prescolar, escolar y de música) .
Por ejemplo, se plantearon los siguientes objetivos: «¿Qué sabes acerca
de la profesión seleccionada? ¿Quisieras organizar un gru po para impartir un
ciclo de conferencias acerca de vuestra futura profesión? ¿Cómo consideras lo
siguiente? : " 'Pudiera tu grupo ha cerse cargo por completo del
autoservicio en la escuela y mante ner la limpieza y el orden en las aulas,
talleres y albergues?", "¿Asumiría tu grupo la responsabilidad de
escribir la historia de la escuela, de preparar un mural "Ellos estudiaron
aquí?", "¿Cuál es el sentido de la vida?" No te parece que vale
la pena organizar un debate acerca de este tema: "¿Se responsabilizará tu
grupo con la realización de esto?", "¿Te gusta la poesía? ¿La
conoces? ¿Ten dría sentido organizar un concurso para los conocedores de poe
sía? ¿Podrá tu grupo organizado ?"*
Los alumnos establecieron rangos para los objetivos nombra dos, tomando
en consideración en este caso tanto sus propios intereses como el grado de
importancia de los objetivos para el grupo . Después del procesamiento
estadístico (los cálculos se rea lizaron según un programa especial para las
máquinas de compu tación electrónica «Minsk-22»), en cada grupo se
seleccionaron objetivos, diferentes por su grado de atracción . Se consideraron
indispensables los objetivos con rangos hasta de 5, neutrales de 5 a 1 0, y no
indispensables de 1 0 a 1 6 .
Para llevarlo a l a práctica s e seleccionaron cuatro objetivos de la
actividad . A los alumnos se les informó que la selección no sólo se hizo sobre
la base de la utilidad y necesidad de estas tareas para la escuela.
Después de aclarar la orientación general de los miembros del grupo
respecto a los objetivos de la actividad y de haber excluido a los inconformes,
los restantes 362 alumnos formaron 36 grupos que se seleccionaron según las
valoraciones semejantes del obje -
93
tivo propuesto . Cada uno de ellos estableció las categorías de los
miembros de su grupo de acuerdo con el grado de corresponden cia con el
cumplimiento de la tarea: desde quienes más se corres ponden hasta quienes
menos se corresponden. El alumno no se incluía en esa relación . Sobre la base
de los rangos establecidos para cada miembro del grupo, se determinó el rango
de corres pondencia promedio . Al alumno con menor categoría (quien más se
corresponde) se designaba como jefe de equipo .
Después, antes de comenzar la segunda serie, se les planteó a todos los
alumnos hacer una serie con los 1 6 objetivos socialmen te significativos que
se dieron en un inicio; los alumnos debían dar un orden de importancia a estos
objetivos según los criterios de su grupo . En este caso, para cada uno de los
objetivos en el modelo se señaló «la opinión promedio del grupo»» (en realidad,
en la mitad de los casos es falsa) respecto a los rangos al parecer atribuidos
por la mayoría, y se calcularon los coeficientes de co rrelación par entre la
opinión del «grupo confabulado» y la opinión de cada alumno .
TABLA 2
Coeíicientes de correlación par por rangos entre la opinión
del »grupo confabulado« y la opinión de cada alumno
en
estudio (para los seis grupos)
Grupos
Alumnos --- - 4
2 3 5 6
1 0,906 0,544 0,512 0,674 0,462 -0,052
2 0,215 0,450 0,162 0,073 -0,241 0,585
3 0,194 -0,119 0,072 0,200 -0,073 0,050
4 0,576 0,573 -0,079 0,061 -0,073 0,035
5 0,626 0,100 0,515 0,467 0,553 -0,38
6 0,310 0,747 0,574 0,1 14 -0,015 0,018
7 0,118 0,491 0,559 0,051 0,024 -0,079
8 0,785 0,303 0,700 - -0,159 -0,079 -0,109
9 11-Lr* 0,509 0,426 0,235 -'
10 0,806 0,097
Los datos obtenidos demostraron que 1 23 alumnos estuvieron de acuerdo
con la opinión del «grupo confabulado»; es decir, en esencia manifestaron
reacciones conformistas .
94
En la segunda serie se realizó un trabajo práctico acerca de la
realización del objetivo . En el cumplimiento de cada objetivo tra bajaron de
nueve a diez grupos .
De acuerdo con las tareas de la investigación, el grado de in
corporación de los grupos al trabajo por el objetivo fue diferente En unos
grupos, el objetivo sólo estaba formulado, se había plan teado a los alumnos
preparar de manera individual uno u otro volumen de trabaj o para la clase
señalada. Aquí no se llevó el control del cumplimiento y no hubo ayuda por los
pedagogos . En otros grupos se organizaron y realizaron consultas, se
distribuye ron las responsabilidades y mediante el jefe de equipo se con
trolaba, de manera periódica, el cumplimiento, pero esto decayó cierto tiempo
después un poco . También había grupos a los cuales se les prestaba constante
ayuda, desde el inicio hasta el final del experimento; las responsabilidades se
distribuyeron con precisión entre todos los miembros del grupo: por ejemplo,
unos sostenían correspondencia con los participantes en la Gran Guerra Patria;
otros seleccionaban la literatura acerca de un tema dado, prepara ban
ponencias, números para la actividad de aficionados, invitaban a destacadas
personalidades al club internacional, preparaban es pectáculos para el teatro
de títeres, respondían por la presentación artística de la actividad, etcétera.
Al dirigir el proceso de atribución del objetivo, el experimen tador
trató de que el objetivo fuera para cada participante una verdadera tarea en la
cual él pudiera manifestar preocupación por su colectivo . Es necesario señalar
que alrededor de todas las medidas se creó una atmósfera psicológica favorable
por todo el co lectivo de la escuela.
En la tercera serie del experimento, realizada después de dos meses de
comenzada la investigación, se estudió de nuevo la ten dencia a la
autodeterminación colectivista de la personalidad en las condiciones de la
presión del grupo . Se invitaba personalmen te a cada alumno a trabajar con el
experimentador, quien plan teaba al alumno en estudio «la opinión del grupo»»
no coincidente con la opinión verdaderamente aceptada en él en cuanto a la con
veniencia de seguir trabajando en el objetivo . A éste se le infor maba que la
mayoría de los miembros del grupo consideraba la posibilidad de renunciar a
seguir trabajando en la realización del objetivo . La renuncia era motivada.
pór · dificultades objetivas sur gidas durante su realización: preparación
para la práctica peda gógica activa y proximidad del periodo de exámenes .
Además,
95
algunos grupos de egresados ya no podían ver los resultados de su
actividad, pues al terminar la escuela se les enviaba a trabajar a otras
ciudades . A los alumnos se les exigía plantear su punto de vista con relación
a esta cuestión . Al mismo tiempo se eviden ció que en los individuos existe
una orientación estable hacia el objetivo aceptado en el grupo y una capacidad
para defenderlo en condiciones de presión del grupo; es decir, se manifestó la
ten dencia a la autodeterminación colectivista.
El análisis de los resultados de la influencia pedagógica dife rencial
en cuanto a la materialización de los objetivos, demostró que cuando el grupo
trabajó durante un tiempo prolongado en la realización del objetivo, el número
de actos de autodeterminación colectivista en lo referente a los datos del
experimento de la ter cera serie, aumentó notablemente (Tabla 3) . La cantidad
de actos de autodeterminación colectivista aumentó en dependencia directa de la
intensidad de las influencias psicológico-pedagógicas .
TABLA 3
Variación ele la cantidad de actos de autodeterminación colectivista en
la tercera serie en comparación con la primera, en dependencia de la intensidad
del trabajo educativo
- -
- ---- ---------
Intensidad Cantidad
del trabajo Cantidad de de alumnos %
de respuestas
educativo grupos en estudio colectivistas
Baja 11 1 13 39,29
Media 11 109 66,06
Alta 14 140 83,37
El porciento de actos de autodeterminación colectivista se incre mentó
en más de dos veces durante el trabajo pedagógico inten sivo . Así, junto con
la intensificación del trabajo del grupo en cuanto a la atribución de los
objetivos, se intensifica la tendencia a la manifestación de la
autodeterminación colectivista respecto a los objetivos y tareas de la
actividad conjunta.
Como demuestran los datos, la cantidad de reacciones confor mistas,
citadas en la Tabla 4, por el contrario, disminuyó en gran medida. De 1 23
alumnos que manifestaron conformidad en la pri me1ra serie, 76 personas
supieron defender, antes de comenzar la
96
realización del objetivo, su criterio que se corresponde con la ver
dadera opinión del grupo; es decir, el 62 % de los alumnos en la tercera serie
manifestó actos de autodeterminación colectivistas .
TABLA 4
Variación de la cantidad de reacciones conformistas en la tercera serie
en comparación con la primera, en dependencia de la intensidad del trabajo
educativo
Intensidad del Cantidad de
reacciones Cantidad de reacciones
trabajo educativo conformistas en
la conformistas en la 3ª
primera etapa (serie) etapa (3ª serie)
Baja 31 23
Media 50 16
Alta 42 8
Total 123 47
Del número de alumnos que se negaron, en la primera serie del
experimento, a trabajar con el objetivo, el 67 % manifestó en su etapa final
autodeterminación colectivista; de los alumnos que se
acogieron en la primera serie a la opinión del «grupo confabulado» en
toda la serie de objetivos, en la tercera serie, el 64,4 % dio res puestas
colectivistas .
Es necesario señalar que en la primera serie en los grupos no se observó
unidad en la selección de uno u otro objetivo . La disper sión respecto a las
categorías promedio fue bastante grande y todos los coeficientes de correlación
por rangos (según Spearman), entre la serie de categorías de los objetivos de
dos alumnos, no son muy grandes (0, 1 7; 0,07; 0,25, etc . ) . La magnitud de
los coeficientes de concordancia que demuestran el grado de coincidencia de las
opiniones de todos los miembros del grupo acerca de los objetivos (0,32; 0,24;
0,2 1 , etc.), corrobora la falta de unidad de criterios en la selección de los
objetivos . Desde nuestro punto de vista, esto se explica porque en los
miembros de los grupos aún no ha habido una intensa actividad conjunta con un
carácter colectivo . En la tercera serie, en los grupos en los cuales se
realizó un intenso tra bajo de los 1 6 objetivos iniciales socialmente
significativos se hizo una nueva división por rangos. Esto se realizó para
manifestar el Jugar que ocupa el objetivo activamente introducido de la
actividad
97
del grupo en la serie de otros objetivos en la etapa final del expe
rimento . Resultó que, en la inmensa mayoría de los casos, este objetivo ocupó
el primer lugar. Al mismo tiempo, la dispersión de las categorías de este
objetivo se aproximó a O.
Así, en el proceso de la intensa actividad conjunta de grupo para la
realización del objetivo inicialmente adoptado por el grupo, se hizo la
distribución peculiar del objetivo y, al mismo tiempo, se aumentó la
importancia personal del mismo para los miembros del grupo . Los actos
detectados de autodeterminación colectivista se evidenciaron al seguir los
objetivos del colectivo y al contra ponerse activamente a la presión del grupo
.
Para resumir es necesario señalar que el fenómeno de la AC se manifiesta
en situaciones peculiares, especialmente creadas, en las cuales el
experimentador trata de separar el momento de la media tización valorativa y
de contenido que le interesa. Se puede vivir y trabajar en el colectivo muchos
años y no tener argumentos para contraponer las valoraciones del colectivo a la
presión orientada en contra de estas valoraciones. Un caso especial de
divergencia del fundamento valorativo de la actividad del colectivo y de la
influencia de sus participantes en cada individuo que se incorpora a él, se
modela de manera intencional para separar el conformismo y la autodeterminación
colectivista y para manifestar el fenómeno especial de la AC. En resumidas
cuentas, en esto último se mani fiestan y operan los fenómenos del
colectivismo, de la fidelidad a los ideales del colectivo y de la firmeza moral
muy conocidos por los pedagogos y psicólogos .
Capítulo 5
IDENTIFICACIÓN EFICAZ Y EMOCIONAL
DEL GRUPO
Las búsquedas de las determinantes reales de la formación y de las
manifestaciones de las relaciones interpersonales, deben conducir
necesariamente al psicólogo a los procesos de la actividad objetai grupai .
98
La orientación de la actividad fundamental del colectivo hacia la
satisfacción de las necesidades de la sociedad, originadas por esta orientación
de la relación de c9laboración y la ayuda mutua en el proceso de la interacción
socialmente significativa y la atmósfera favorable de las relaciones
interpersonales, crea de manera ine vitable las condiciones necesarias para el
funcionamiento en el colectivo de las valoraciones y las normas de las
relaciones entre los Hombres, propias de la moral de avanzada de la sociedad
so cialista. Esto se refiere, en primer lugar, a altas valoraciones mo rales
que mediatizan la interrelación en el colectivo (humanidad, preocupación por el
compañero) . Mediante el colectivo como grupo de tipo particular sucede con
mayor plenitud la formación de las relaciones humanas entre los hombres,- es
decir, es como si en el colectivo se condensaran las condiciones generales y
sociales de nuestra sociedad .
La atmósfera de las relaciones interpersonales en el colectivo, creada
como resultado de la actividad conjunta socialmente signi ficativa, se
considera una formación relativamente estable . En la actualidad, las
relaciones interpersonales invariables respecto a diferentes circunstancias y
condiciones, influyen de manera corres pondiente en la propia interacción,
determinando su carácter y par ticularidades .
En el grupo difuso -como resultado de la falta de objetivos
significativos desde el punto de vista personal y relevantes desde el punto de
vista social, objetivos únicos para todos los miembros del grupo- , las
relaciones interpersonales se mediatizan frecuente mente por las orientaciones
diversas y, a veces, contrapuestas de los individuos que forman ese grupo . De
aquí la gran probabili dad de los conflictos interpersonales, de las
antipatías, del ale jamiento . Estas interrelaciones, al afianzarse y convertirse
en inva riables, se manifiestan de manera inevitable en el proceso de la
interrelación inutragrupal, la cual adquiere de esta manera en el grupo difuso
sus particularidades .
Uno de los tipos de relaciones interpersonales, invariables res pecto a
los diferentes casos de interacción grupal, es el fenómeno de la identificación
efi caz y emocional del grupo (IEEG) [V . A . Petrovski, 1 973, b; A . l .
Papkin, 1 975, d; A . V . Petrovski, 1 976, d; V . V . Abramenkova, 1 977, 1
978, a, b] , la conducta interpersonal en la cual se realizan las relaciones
entre sí coincidentes por su
99
orientación con la actitud hacia sí mismo y que responde a los
principios moralmente aprobados del colectivo.
El fenómeno IEEG puede determinarse como la identificación interpersonal
en la cual la frustración y, por consiguiente, las
vivencias de uno de los miembros del grupo han sido dadas poi
otro, como motivos de conducta que organizan su propia actividad,
orientada al mismo tiempo a la realización del objetivo del grupo y al bloqueo
de la acción del frustrador.
Para comprender la esencia de la IEEG es necesario recurrir a algunos
principios fundamentales de la ética marxista.
En el Programa del PCUS se señala que uno de los principios morales
incluido en el código moral del constructor del comunis mo, son las
«relaciones humanas y el respeto mutuo entre los hom bres: el hombre es amigo,
compañero y hermano del hombre» . 1 Este principio sirve, por una parte, de uno
de los puntos de refe rencia fundamentales para la práctica de la educación
comunista y, por otra, de uno de los criterios de la correspondencia de las
relaciones interpersonales en el grupo concreto con las exigencias de la moral
comunista.
Los clásicos del marxismo-leninismo evidenciaron la esencia del
humanismo proletario, mostraron su diferencia de principio tanto respecto al
humanismo abstracto, como al radicalismo pseudorre volucionaiúo con la
apología de la coacción propia de este último, revelaron las condiciones
socio-económicas que son realmente la base del establecimiento de relaciones
humanas entre los hombres. Estas ideas se desarrollaron en los trabajos de los
filósofos marxis tas dedicados a los problemas del humanismo comunista. 1 2
«La ne cesidad de humanizar la vida social emana de las leyes objetivas de la
sociedad socialista. Sin embargo, al realizar esta necesidad, se requiere una
actividad integral consciente por parte de la so ciedad orientada a nutrir de
sentido humanista todas las formas de la conciencia y de la comunicación entre
los hombres, todos los mecanismos sociales e institucionales . »3 * La
elaboración de las
1 Programa del PCUS, Moscú,
1976, p. 120 (en ruso).
2 P. N. Fedoseev: El comunismo
y la .filosofía, Moscú, 1971; P. N. Fedo seev: El socialismo y el humanismo,
Moscú, 1958; M. Frittsjand: Marxismo, humanismo, moral, Moscú, 1976; Problemas
del humanismo y de la .filosofía marxista-leninista, Moscú, 1975 (todas en
ruso).
3 La ética marxista.. Bajo la
redacción de A. l. Titarenko, Moscú, 1976, p. 193 (en ruso).
1 00
bases metodológicas del problema del humanismo permite abordar la
solución de las tareas, hacia las cuales las correspondientes de mandas de la
práctica social orientan la ciencia socio -psicológica. En particular se habla
de las tareas que descubren los mecanismos psicológicos concretos de la
conducta interpersonal humana por su orientación, que investigan esta conducta
en los vínculos y relacio nes esenciales para la misma y definen las
determinantes socio-psi cológicas de la humanidad en las relaciones
interpersonales .
Como un primer paso de este tipo de análisis se destaca nece sariamente
la determinación de cierto número de fenómenos socio psicológicos que sirven
para la realización adecuada del principio del humanismo en las relaciones
inter personales . En este caso, como premisa para la solución experimental de
estos problemas se presenta, de manera indispensable, la necesidad de hallar el
conjunto de rasgos esenciales propios de las diversas manifesta ciones del
humanismo, interpretado desde el punto de vista marxis ta en las relaciones
interpersonales, de los rasgos, cuya presencia o ausencia en la conducta del
grupo permitiría valorar la expresivi dad de la orientación humana en las
relaciones entre sus miembros . Entonces, el siguiente paso será lo operacional,
el estudio de estas situaciones experimentales y la incorporación de grupos
concretos a las mismas, lo cual permitiría hacer conclusiones acerca de la
intensividad de los rasgos esenciales para las relaciones humanas. Sólo
entonces sobre la base del diagnóstico de la expi 'e si vi dad de las
relaciones humanas en los grupos concretos, será posible de manera
rigurosamente experimental evidenciar los vínculos de hu manismo en las
relaciones interpersonales con otros fenómenos de los grupos del colectivo y
describir los correspondientes facto res socio-psicológicos.
En relación con esto, el estudio de los fenómenos de la em patia, del
altruismo y del llamado helping behavior, es aún muy deficiente, pues no puede
servir de referencia socio- psicológica adecuada de las manifestaciones de
humanismo en las relaciones
interpersonales .
Así, a las numerosas investigaciones de empatia les es, en esen cia,
inherente una sola particularidad que las unifica: la compren sión de la
empatia como cierta relación pasiva -contemplativa res pecto a las vivencias
de otro, como simpatía sin la intervención
101
activa con el fin de prestar ayuda.4 Si consideramos que uno de los
rasgos característicos del verdadero humanismo es su carácter eficaz, nosotros,
claro está, no podemos utilizar la empatia como una referencia integral
socio-psicológica de la relaciones humanas entre los hombres . .
A primera vista, la evidente limitación de las investigaciones de la
empatia se supera, al parecer, en las investigaciones psicológicas de la
gradación «altruismo-egoísmo» . 5 Sin embargo, el fenómeno psicológico del
altruismo, abstracto por su esencia -que figura en numerosas investigaciones
realizadas en Estados Unidos y Europa Occidental y que responde a las
correspondientes representaciones éticas desacreditadas por los clásicos del
marxismo-leninismo-, no puede servir de indicador adecuado de la existencia de
interrela ciones humanas en verdaderos colectivos socialistas, unidos por la
actividad socialmente significativa.
«En las condiciones del socialismo, el principio del altruismo mantiene,
en lo fundamental, la significación en la esfera de las interrelaciones
personales de los hombres (prestación mutua de diferentes servicios, de ayuda,
etc . ) . En la esfera de la actividad socialmente útil, en el trabajo ( . . .
) los hombres ( . . . ) no sólo prestan servicios a otros hombres, sino que
trabajan para beneficio de todo el pueblo. »6 En realidad, en determinadas
situaciones, la indulgencia, la compasión, la bondad, la renuncia a
determinadas ventajas en pro de los demás, responden a los principios del hu
manismo comunista. Pero en muchas situaciones que surgen, en particular en el
proceso de la actividad conjunta socialmente sig nificativa, la conducta
altruista puede ser, por su orientación, la raíz de los principios
contradictorios del humanismo verdadera mente comunista. Seguir motivaciones
altruistas puede exigir de
nuevo del hombre, o del grupo, olvidar sus propios intereses, los cuales
son al analizarlos el rechazo de los intereses de la socie-
T. N. Gavrilova: «El concepto de empatia en la psicología extranjera»,
en Voprosy Psijologii, 1972, no. 3; T. N. Gavrilova: «Estudio experimental
de h empatia en los niños de edad escolar primaria y media», en Voprosy
Psijologii, 1974, no. 5 (ambas
en ruso).
5 D. L. Kreds: "Altruism
an examination of tlie concept and review of the literature», en Psychologycal
Bulletin, 1970, vol. 3, no. 4.
6 Diccionario de ética. Bajo la
redacción de l. S. Kon, Moscú, 1975, p. 10 (en ruso).
102
dad en nombre de la satisfacción de las necesidades personales y
a menudo egoístas del «prój imo» .
¿A veces no es así el
ciego y sacrificado amor de una
madre
por su hijo que le ocasiona con
frecuencia infelicidad personal y
a la sociedad, determinado perjuicio? ¿No responderá en mayor grado la
conducta orientada a satisfacer las necesidades del colec tivo y, en virtud de
esto, a la realización de los objetivos per sonales de la actividad del sujeto
como miembro del colectivo que el acto altruista a las exigencias de la
humanidad? Recorde mos las palabras de V . l . Lenin: «La base de la moral
comunista está en la lucha por consolidar y llevar a su término el comu nismo
. »7
Lo infructuoso de contraponer el altruismo y el egoísmo fue subrayado
por C . Marx y F. Engels. En La ideología alemana, se ñalan que «los
comunistas no contraponen el egoísmo a la abne gación, ni la abnegación al
egoísmo, y no se interpreta de ma nera teórica esta contraposición ni en su
forma sentimental, ni en su forma ideológica enfática; por el contrario,
descubren sus raíces materiales, y al desaparecer éstas desaparece la misma.»8
Tratemos de analizar la cuestión antes planteada recurriendo a una
situación concreta de la vida. Supongamos que un miembro del colectivo
productivo socialista se comporta como un holgazán. Para él constituye una
frustración la necesidad de trabajar con conciencia, efectividad y calidad . En
este caso, la conducta del co lectivo que responde a las normas altruistas
debía, por lo visto, manifestarse en sentir compasión, en buscar las vías
posibles para eliminar las circunstancias que frustran al holgazán, ayudarlo
para no ser sancionado por no cumplir con las obligaciones de la producción;
este planteamiento se basa en el razonamiento «él tam bién es persona»,
«quiere descansar y qué hay de malo en ello», etcétera. La verdadera posición
humanista del colectivo socialista y
su carácter de clase, imposibilitan que el mismo manifieste el al
truismo en semejantes situaciones: «El comunismo -señala V . l . Le nin-
·comienza allí donde los obreros de tilas sienten la preocupa ción -una
preocupación abnegada y más fuerte que la dureza del trabajo- de elevar la
productividad, defender cada pud de pan, de carbón, de hierro y de otros
productos destinados, no a quienes
7 V. l. Lenin: Obras completas,
t. 31, p. 282.
8 C. Marx y F. Engels: Obras, t.
3, p. 236.
103
trabajan y sus familias, sino a personas "extrañas"; es decir,
a toda la sociedad en su conjunto, a decenas y cientos de millones de hombres .
»»9 y a costa de toda la sociedad será posible el ase guramiento «del
bienestar total y del libre e integral desarrollo de todos los miembros de la
sociedad'» . 10
Esto permitirá llegar a la conclusión acerca de que el altruismo
manifestado en las relaciones interpersonales no puede servir de referencia
socio-psicológica de relaciones humanas que reflejan la esencia del humanismo
manifestado por los hombres en diversas situaciones.
La conducta basada en la IEEG se diferencia por principio de la
altruista y esto permite ver en la IEEG una referencia socio-psico lógica
adecuada del verdadero humanismo en las relaciones in terpersonales. Así, si
uno de los miembros del colectivo se carac teriza por una actitud inconsciente
hacia el trabajo, el colectivo, según las exigencias del humanismo, debe
manifestar hacia el mis mo una IEEG. Pero en este caso, la IEEG no debe
consistir, por lo visto, en la compasión, en el altruismo y la conducta de
cola borar, sino en una alta exigencia hacia el mismo, la cual se plan tea
para sí un colectivo social y desarrollado. De aquí que la iden tificación se
manifiesta en la reeducación del holgazán, lo cual posiblemente entre en
contradicción directa con los deseos de este último y traiga como consecuencia
oposición y ofensa por parte de él, pero responde, en resumidas cuentas, a los
intereses fun damentales del colectivo y del suyo propio como miembro de la
sociedad socialista. Así, los hombres, al preocuparse uno por el otro y
manifestar IEEG, no deben inmolar con ello, como lo exige el altruismo, sus
propios intereses, si estos últimos responden a los intereses fundamentales y
socialmente significativos del co lectivo .
El fenómeno IEEG comprendido de esta manera, como otros fenómenos
esenciales de la psicología del colectivo, se refiere a las valoraciones
mediatizadas que constituyen el sentido final de toda actividad socialmente
significativa del colectivo socialista. «Todo en nombre del hombre, todo para
el bien del hombre»», es la divisa de nuestra sociedad .
9 V. l. Lenin: Obras completas,
t. 29, p. 420. 10 ídem, t. 6, p. 232.
104
Durante el análisis del fenómeno IEEG pudimos relacionar este concepto
con los fenómenos psicológicos tradicionalmente estudia dos, al parecer
semejantes al mismo, de la empatia y del altruismo
y con el fenómeno que en la
literatura socio-psicológica norteame ricana se le ha dado el nombre de
helping behavior. Sin embargo, recurrir a los conceptos y términos señalados no
significó, ni sig nifica, que con ello determinamos la dirección de la búsqueda
de las fuentes del surgimiento de la investigación de la IEEG. Nues tro
esquema conceptual, como ya fue señalado y veremos después, surgió en el plano
de otro enfoque metodológico de los fenómenos de las relaciones intergrupales y
se relaciona con otros modelos filosófico-teóricos .
Si tratamos de abordar el fenómeno de la IEEG desde una po sición
ontogenética y de explicar el origen de algunas particulari dades
psicológico-individuales de la personalidad que manifies
tan los hombres con la IEEG, con toda seguridad, cada uno de ellos sería
capaz en determinadas circunstancias de experimentar sus semejanzas con los
demás hombres (identificación), de sentir compasión y piedad por ellos
(empatia), de manifestar generosi dad desinteresada (altruismo), de actuar en
interés de los demás y de cooperar con los demás . Por lo visto, un detallado
análisis psicológico seria capaz de descubrir los elementos de la identifica
ción, de la empatia, del altruismo y de la cooperación en muchos actos de la
IEEG, y esto no debe causar asombro, por cuanto la propia abreviatura IEEG nos
sugiere la posibilidad de semejante análisis: identiíicación efi caz
(altruismo), emocional (empatia) del grupo (cooperación). Sin embargo, seria un
error ver en la carac terística funcional de la IEEG cierta suma de los
componentes se ñalados (identificación + empatia + altruismo + cooperación) .
El fenómeno de la IEEG surge como un fenómeno psicológico del tipo de
interrelaciones propias sólo de los grupos con un particular grado de
desarrollo y no puede reducirse a las particularidades individuales de los
hombres que participan del grupo, ni a la suma mecánica, así como el fenómeno
AC no puede reducirse a la gra dación «sugestión - independencia»» . El surgimiento
de la IEEG (como el de la AC) está condicionado por el funcionamiento en el
grupo de altas valoraciones morales que mediatizan las relaciones
interpersonales y ocasionan su especificidad socio-psicológica.
Las investigaciones experimentales de la IEEG han pasado por dos etapas
.
105
En la primera etapa se utilizó un procedimiento metódico espe cial que
permite ver, mediante la interacción grupal, las profundas relaciones
interpersonales que se esconden tras la misma.
Para este fin se empleó un integrador sensomotor grupal fabri cado en
el laboratorio por el profesor L. l . Umanski. 1 1 Éste es el equipo con el
cual trabaja el grupo (seis personas) cuando emula un grupo con otro . La tarea
del grupo consiste en pasar una cla vija por la ranura en el panel superior
del aparato sin tocar sus extremos. Tocar el extremo de la ranura se considera
un error. Cada alumno tiene la posibilidad de hacer girar una manivela para que
la clavija se desplace en línea recta. La tarea sólo puede cum plirse con
éxito por parte del grupo cuando las seis manivelas fun cionan de manera
sincrónica; es decir, cuando todos los miembros del grupo coordinan todos sus
esfuerzos. Al aparato se le ha co nectado un adaptador especial: un estimulante
eléctrico y un ge nerador de sonido que castigan a los alumnos por los errores
co metidos, mediante irritación cutánea por electricidad o la emisión de un
sonido fuerte y desagradable por los auriculares . Quienes fabricaron el
aparato previeron la posibilidad de sancionar tanto a todo el grupo, como a uno
de sus miembros.
En el laboratorio de L. l . Umanski, el integrador se utilizó en lo
fundamental de manera exitosa para manifestar la sincronización del trabajo del
grupo, los medios y el carácter de la comunicación en las condiciones de
solución de los problemas, para la selección del líder, quien asume las
funciones de dirigente, y para la solución de otros problemas análogos de la
interacción real al realizar la operación de movimiento coordinado .
A pesar de estar dentro del marco de los problemas determina dos por la
concepción estratométrica, el trabajo con el integra dor sensomotor, ha
experimentado transformaciones esenciales . Se intentó ver, mediante el
análisis de los procesos de la interacción grupal, las particularidades muy
propias de las relaciones inter personales existentes tras estos procesos.
El esquema del experimento concreto propuesto por V. A . Pe trovski (V.
A . Petrovski, 1 973, b] se reduj o a lo siguiente . En la serie preliminar,
los alumnos se entrenan en pasar la clavija por la ranura y logran el tiempo
antes señalado (mínimo) para la rea lización de la tarea. 1 1
11 L. l. Umanski, A. S. Chernisbev y B. V. Tarasov: «Integrador senso
motor grupfK en Voprosy Psijologii, 1969, no. l.
106
En la serie fundamental hay dos etapas . En la primera etapa del
experimento se considera un tipo integral de sanción por los errores cometidos:
si uno se equivoca en el trabajo al hacer un movimiento indebido, se castiga a
todo el grupo . En la segunda se utiliza el tipo parcial de sanción: por un
error cometido en el grupo, sólo se sanciona a uno de los alumnos.
A diferencia de los experimentos (en particular, del experimento en el
laboratorio de L. l. Umanski), en los cuales se estudió la efectividad de la
interacción intergrupal y la sincronización sen somotora, el psicólogo que
estudia la IEEG, al exigir a los alumnos pasar con la mayor rapidez posible la
clavija por el molde del in tegrador, no hace énfasis especial en la necesidad
de no equivo carse en el trabajo . En el experimento, esta condición se
mantiene sin mucha claridad; el peligro de sanción, en caso de cometer errores,
hace que se trabaje con más precisión, aunque en este caso, claro está, la
rapidez de los movimientos es un tanto más lenta. Así, en el control de la
emulación con otro grupo sólo se incluye el índice de la velocidad de
realización de la tarea; la necesidad de hacer un trabajo correcto y sin
errores, es una cuestión que se sobrentiende . Subrayemos de nuevo: el
incremento de la veloci dad conque se ávanza en el laboratorio es él objetivo
de la actividad grupal; sin embargo, la rapidez del trabajo aumenta la
posibili dad de error y, por consiguiente, la de sanción . Esta circunstancia
constituye la premisa fundamental para la futura calificación del grado de
desarrollo de la identificación eficaz emocional en el grupo .
La hipótesis de la investigación consistía en que en los grupos de
diferente grado de desarrollo, la conducta grupal -la cual detec ta las
relaciones interpersonales que se esconden tras ella - será en los casos de
sanción integral y parcial cualitativamente dife rente, y estas diferencias
cualitativas serán asequibles para la ex presión y mediación cuantitativas .
Si en el grupo no existe una identificación interpersonal manifiesta de cierta
manera (fenómeno IEEG), en el caso de la sanción parcial, el grupo debe
trabajar con una rapidez mucho mayor que con la integral . La circunstancia de
que el compañero de trabaj o en el grupo está sujeto a la fru s tración, no se
toma en consideración, pues todos los demás y cada uno en particular están
fuera de peligro . Los esfuerzos realiza dos en bloquear al frustrador en la
primera etapa del experimento
1 07
(en la sanción integral), se hacen innecesarios y, por tanto, aumenta la
efectividad del cumplimiento de la acción .
Si el tiempo para pasar la clavija por la ranura es casi igual en las
situaciones en que se aplican tanto la sanción integral como la parcial, esto
corrobora la expresividad del fenómeno de la IEEG en el grupo; aunque el
peligro amenace a uno de ellos, todos los miem bros del grupo actúan como si
estuvieran sujetos a ser directamente sancionados . Hay motivos para suponer
que en este caso se mani fiesta un tipo de interrelaciones que se caracteriza
porque los esta dos de ánimo de otra persona se sienten como propios.
La característica hipotética de la interacción y de los tipos de re
laciones interpersonales que se ponen de manifiesto tras ella en las
condiciones de la sanción integral y parcial, la representaremos en forma de
esquema (ver figura 2).
Grupos en
Grupos en condiciones de sanción parcié 1
condiciones de
sanción integral
B
a<3>d
e
Variante 1
(colectivos)
a <3>º'
e,
Variante i (grupos difusos)
" ªª
A }"E"D2
IC2
Figura 2. Grupos de diferente grado de desarrollo en condiciones de
sanción integral y parcial.
A: actividad grupal conjunta; B,
Bv 82: objetivo dado de la actividad : C: tarea del bloqueo del frustrador quo
a me naza a cada uno de los miembros del grupo ; C,: ta rea dol bloqueo del
frustrador que sólo amenaza a uno de los miembros del grupo ; ED: línea , cuya
longitud muestra la duración del cumplimiento de la ta rea grupa l en
condiciones de sanción integral; E, D, y E2 DJI líneas, cuya longitud
corresponde o la duración del cumplimiento de la tarea grupal en condiciones de
sanción parcial en los grupos de diferente grado de desarrollo (colectivo:
variante 1 ; grupos difusos: variante 2).
El cumplimiento relativamente prolongado de la tarea grupal du rante la
sanción integral (longitud de la línea ED), se explica por la necesidad de
mantener los esfuerzos del grupo hacia los vectores de diferente dirección AB y
AC . En las condiciones de sanción par cial en el colectivo (variante 1 ),
estos esfuerzos en diferentes direc ciones (A1B1 y A1C1) hacen que la duración
del cumplimiento de la
108
tarea grupal sea casi igual a la duración del trabajo de cualquier grupo
durante la sanción integral . En la figura, esto se ha represen tado por la
igualdad de las líneas ED y E1D1 . En el grupo difuso (variante 2), durante la
sanción parcial para excluir los esfuerzos del grupo orientados al vector AiC2
(bloqueo del frustrador), los es fuerzos en el vector AiBi se duplican al
parecer, lo cual conduce a disminuir la duración del trabajo del grupo. Esto
último se ha de mostrado al acortar la línea EiD2 en comparación con la línea
E1D1 .
La hipótesis de V . A . Petrovski acerca de la especificidad del
fenómeno IEEG para los colectivos y de lo poco que éste se refleja en los
grupos difusos, se corrobora si en el experimento organizadó por el método
antes descrito en los colectivos, la actividad se de sarrolla en las
condiciones de la sanción parcial según la variante l , y en los grupos difusos
de acuerdo con la variante 2 .
El experimento se planteó y sus resultados se analizaron y gene
ralizaron en el trabajo de A. l. Papkin [ 1 975, b, c.]
En la composición de los alumnos de A . l . Papkin se incluyeron:
a) los grupo� difusos y b) los
grupos komsomoles-activistas de) campamento «Komsorg»» (región de Kostromsk) y
c) los grupos d� menores infractores de la ley .
La primera y fundamental deducción obtenida por A . l . Papkin es la
confirmación experimental de la existencia de la identifica ción eficaz
emocional como un fenómeno socio-psicológico especí fico, el cual corrobora la
capacidad del grupo para sentir como suyos los problemas de cualquiera de sus
miembros y permite:: medir el grado de desarrollo en él de las relaciones
personales
emocionales. !
La segunda deducción, también de gran importancia hecha por el
experimentador, es la siguiente: en los grupos semejantes por su tipo al
colectivo existen condiciones más favorables para que surjan los fenómenos dp
la identificación emocional . En los grupos difusos y los grupos de infractores
de la ley, la identificación emo cional se ha manifestado muy poco o no existe
en general . 12
Los miembros del
colectivo se identifican con el
compañero
y la IEEG reorganiza su conducta. Esto lo corrobora el hecho de ·
12 Para los
alumnos siempre está latente el
verdadero objetivo del
experi
mento, interpretado por
ellos sólo como un test
para la coordinación
y
efectividad de la actividad en las condiciones
de la emulación
con los
otros grupos.
109
a comparación del tiempo en que pasa la clavija por el laberi
n la primera y segunda etapas de
la serie fundamental, así co
�s planteamientos emocionales de los alumnos, los movimien :xpresivos,
etc., registrados por el experimentador. Estos hecl 1ueden ilustrarse
claramente mediante el movimiento de la ma1 'ela (por el laberinto) mediante la
superposición y determinac lel promedio de los gráficos de trabajo de los
diferentes gru1 egún el tipo en tres situaciones experimentales (figura 3) .
Situación sin Situación de Situación de
esti mulación estimulación estimulación
integral parcial
Grupo
difuso
Grupo de
infractores
Grupo que
caracteriza
al colectivo
'igura 3. Gráficos promedio del movimiento de la manivela por el
laberinto de 1 liferentes grupos según el tipo, en tres situaciones
experimentales.
o
La figura prueba de manera ilustrativa que las diferencias entre los
grupos surgen en las condiciones de la estimulación pardal . Las
configuraciones de las curvas en los grupos difusos y en los de los
infractores, son análogas cuando la curva promedio del re gistro de las
acciones del colectivo presenta una diferencia con siderable en relación con
las mismas .
También merecen atención otras deducciones hechas por A . l . Papkin
como resultado del análisis del material experimental . Du rante el trabaj o
con el integrador sensomotor, el experimentador no detectó diferencias en el
éxito de la solución de la tarea en las pruebas de control realizadas (excluida
la situación de la estimu lación parcial), entre los grupos relativamente
unidos de los alumnos y los grupos de infractores . Tampoco se halló una corre
lación significativa de la IEEG con la efectividad de la actividad grupal
sensomotora. Esto demuestra, una vez más, que la utiliza ción tradicional del
integrador para el análisis de la interacción intragrupal, el cual centra la
atención en el carácter de la realiza ción de las operaciones sensomotoras, no
puede por sí representar la esencia latente de las interrelaciones
intragrupales no idénticas a los actos superficiales de interacción .
Al resumir la investigación experimental de A . l . Papkin, pode mos
estar de acuerdo con la conclusión acerca de que el fenómeno de la
identificación eficaz emocional del grupo es un índice espe cífico del grado
de desarrollo de las relaciones interpersonales en el grupo y del grado de su
formación. La identificación emocional, al tener de manera implícita las
valoraciones morales y las normas de conducta que responden a los ideales
éticos del hombre sovié tico, alcanza su mayor desarrollo en los grupos del
tipo de co lectivo como la célula fundamental de la sociedad socialista.
Al mismo tiempo, el procedimiento metódico que ha modificado las
operaciones tradicionalmente utilizadas en el integrador sen somotor grupal,
reduce en gran medida la cuestión que surge cons tantemente acerca de la
adecuación de la variante de laboratorio de la actividad a la actividad real, a
la cual se ha incorporado, o puede incorporarse, el grupo en estudio en las
circunstancias ha bituales para él . En otras palabras, se elimina «la
validación eco lógica>> del procedimiento . Esto se relaciona con que el
fenómeno psicológico estudiado en un caso concreto mediante la interacción
sensomotora de los miembros del grupo, es relativamente inde pendiente del
tipo de tareas resueltas; la indiferencia hacia el com*
111
pañero y, a la vez, la actitud cuidadosa hacia su propio bienestar, así
como las cualidades personales contradictorias, pueden detectar se por lo
visto en cualquier actividad.
Las exigencias de la teoría socio-psicológica y de la práctica so cial,
no permiten limitarse sólo a la argumentación de la necesidad de introducir en
la revolución científica del fenómeno socio-psi cológico de la IEEG, a la
elaboración de la metódica de su estudio experimental, a la comprobación de la
hipótesis acerca de su exis tencia y de su especificidad. Es necesario en
particular precisar -sobre la base de los datos experimentales que aclaran la
natura
leza y las determinantes
de los fenómenos de la IEEG-
el lugar
del fenómeno en la
estructura de la actividad intragrupal,
señalar
y comprobar, de manera experimental,
las hipótesis acerca
de
los vínculos internos y externos esenciales para el mismo (por ejemplo,
acerca de los vínculos con otros fenómenos psicológicos de los grupos pequeños
y colectivos), manifestar las fuentes del surgimiento y desarrollo de las
relaciones de la IEEG y detectar las posibles vías y medios de su formación
orientada. Se considera que todas estas cuestiones se resuelvan en la segunda
etapa de la investigación de la IEEG.
Por lo visto, es conveniente que -junto con la interpretación de la IEEG
en la cual se enfatiza en las relaciones que surgen en las condiciones de la
posible frustración del participante en la ac tividad conjunta- se considere
un plan socio-psicológico más am plio y la existencia del fenómeno peculiar
genérico de los vínculos interpersonales, del parámetro que encerraría en sí
tal motiva ción psicológica de la actitud hacia el compañero de actividad,
hacia el miembro del colectivo, hacia el compañero, cuando el su
jeto -a partir de altos principios morales e ideológicos- trate con
una actitud real y activa a los demás como a sí mismo y a si mismo como
a los demás en su colectivo, cuando la contraposición «yo» y «ellos» se
sustituya por el concepto «nosotros» . 13 Denomina remos, de manera
convencional, a este fenómeno socio- psicoló gico identificación colectivista
(IC), pues se requiere seguir profun dizando. Entonces la IEEG -cuyo análisis
se ha hecho en el presen te capítulo- será un tipo concreto, uno de los
posibles casos, una
13 A . V. Petrovski: «Varias
observaciones acerca del "egoísmo altruista"»», en Liter atur naia
Gazeta, 1 975, no, 3 (en ruso).
1 12
modificación de la categoría más general de las relaciones inter
personales, del número de fenómenos de la identificación colec tivista.
Además, es necesario considerar que «ningún conjunto de definiciones
operacionales puede descubrir por completo todo el contenido del concepto; por
eso, la interpretación empírica siem pre es sólo una interpretación parcial» .
14
La introducción del concepto de identificación colectivista permite
ampliar el programa de los estudios teóricos y experimentales orientados a
aclarar la esencia y las manifestaciones de este tipo de relaciones
colectivistas. Aquí se incluye el estudio de los hechos de identificación
interpersonal del sujeto con personas sujetas no a la frustración, sino a la
estimulación positiva. 15
Recurrir a esta foima de identificación colectivista que, en el plano
conductual, se presenta en lo externo como su contraposi ción directa, como un
alejamiento específico, también tiene inte rés . En este caso, el sujeto, al
plantear a otro individuo -sobre la base de cierta norma moral única, las
mismas exigencias que él se plantea a sí mismo y así identificarse de cierta
manera con él-, no acepta su posición ante la vida o actos concretos; es decir,
en cierto sentido se aleja del mismo como resultado de la iden tificación,
rechazando el perdón altruista. Recordemos a A. A . Makarenko en cuanto a sus
criterios acerca del humanismo, preocu pación por el compañero, como una
exigencia a sí mismo, el máxi mo de confianza y el máximo de exigencia es la norma
de las interrelaciones en el colectivo que surge sobre la base de la acti
vidad conjunta llena de contenido socialmente significativo . Esta atmósfera de
las relaciones interpersonales, favorable para el de sarrollo armónico, se
relaciona genéticamente con la actividad en colectivo y con su orientación
social . La atmósfera de humanismo en las relaciones intragrupales es una
consecuencia lógica de esta dirección, de la actividad en beneficio de la
sociedad y de su expre sión peculiar concreta en la preocupación por la
persona que se encuentra a nuestro lado . En este caso, los rasgos
individual-típicos (empatia-agresividad) de los miembros del colectivo, de la
simpa-
14 G. M. Andreieva: Conferencia acerca a la metódica de las
investigaciones
sociales concretas, Moscú, 1 972, p. 1 9 (en ruso).
1 5 V. V. Abramenkova: «La IEEG como una manifestación de la conducta
altruista y los medios para su investigación en los prescolares»», en Nuevas
investigaciones en psicología, Moscú, 1 978, no . 2 ( 1 9) (en ruso).
1 13
tía y de la antipatía existentes entre los diferentes individuos, son
factores que deben pasar a un segundo plano .
En el grupo difuso debe observarse otra situación . El grupo difuso no
tiene experiencia de actividad conjunta socialmente sig nificativa, en la cual
podría ocurrir el proceso de formación de las valoraciones y normas de conducta
propias de los grupos, las cua les, desde el punto de vista moral, regulan las
relaciones entre los miembros del grupo . Sin embargo, no se excluye la
posibilidad de que la composición del grupo difuso se conforme casualmente de
manera que la inmensa mayoría de sus miembros posea una elevada empatia como
rasgo individual-típico o tema a la ven ganza del individuo frustrado por
causa de ellos. Estos factores, claro está, pueden conducir a que los miembros
del grupo di fuso, al cumplimentar una tarea, comiencen a orientar sus es
fuerzos a bloquear al frustrador quien amenaza a uno de los miem bros del
grupo . En relación con esto y en correspondencia con el problema de la IEEG,
se plantea la tarea de «dividir» los gru pos en dos: con alto y con poco grado
de desarrollo . Este plan teamiento se sale del marco de los resultados
obtenidos en expe rimentos de manera empírica en el integrador sensomotor. En
otras palabras, eliminar, en una investigación experimental con creta, la
supuesta influencia de la posible coincidencia de que en un grupo se unan, de
manera casual, individuos con rasgos desarrollados de empatia o con otros
rasgos psicológico-indivi dual que se desean suprimir.
En relación con esto es posible formular algunas hipótesis, cuya
comprobación experimental debe contribuir a la explica ción de las verdaderas
fuerzas motrices de la conducta grupal en situaciones que exigen, desde el
punto de vista moral, la IEEG, y a la determinación de las etapas esenciales
del proceso de for mación de las relaciones de la IEEG. Una de estas hipótesis
es la proposición acerca de que para los grupos del tipo de colec tivo, el
fenómeno de la IEEG se presenta como un fenómeno propiamente grupal que supera
el «determinismo» de los rasgos individual-típicos de carácter, como la
agresividad, la tendencia a la dominación, la indiferencia emocional, etc . ,
los cuales pueden ser propios posiblemente de ciertos miembros del grupo. Esta
hipótesis se planteó en relación con la proposición más general testigo de los
sufrimientos del otro, acude con más rapidez a pres sentarse, de manera
transformada, como un fenómeno . socio-psi-
114
eclógico de las relaciones interpersonales [A . V . Petrovski, 1 976, a)
.
La hipótesis formulada por V . A . Petrovski acerca de la de pendencia
inversa de la intensidad de la IEEG del tamaño del
grupo difuso y acerca de
la constancia del alto grado de
IEEG
en los grupos del tipo
de colectivo (se excluye la dependencia
de su número de miembros),
ocupa un importante lugar dentro
de las proposiciones acerca de la naturaleza del fenómeno de la IEEG y
de sus vínculos y relaciones esenciales .
La comprobación experimental de la hipótesis acerca del vínculo de la
IEEG con el tamaño del grupo, puede servir a su vez de
prueba indirecta para
adecuar la comprensión
de la naturaleza
de la conducta del grupo
difuso y del colectivo en
situaciones
que exigen, desde
el punto de vista
moral, la manifestación de
la IEEG. Si la conducta del
grupo difuso, en una situación cuan-
do uno de sus miembros está amenazado de frustración, depen-
de del tamaño del grupo, y la intensidad de la IEEG en el colec tivo no
se relaciona con el tamaño, entonces, esto constituye una prueba en favor de
las proposiciones planteadas acerca de las diferencias en la propia naturaleza
de la IEEG en el colectivo, por una parte, y de la conducta correspondiente de
los individuos en el grupo difuso, por otra.
La investigación acerca de la posible dependencia de las rela
ciones humanas en el grupo de su tamaño, es importante, incluso,
en relación con la necesidad de comprobar la justeza de los seña
lamientos de los investigadores extranjeros acerca de que al au mentar
el número de individuos que son testigos de los sufri mientos del hombre,
disminuye la posibilidad de su conducta orientada a prestar ayuda a la víctima.
También se habla de la influencia «inhibidora» del grupo, al recurrirse a los
datos expe rimentales acerca de que el individuo que se considera como único
testigo de los sufrimientos del otro, acude con más rapidez a pres tar ayuda a
esta víctima, que cuando es uno de los miembros del grupo de personas que han
sido testigos del acontecimiento .
La explicación de la relación del fenómeno de la IEEG con el tamaño del
grupo, puede verse como un primer paso en la solu ción del problema más
general de la tenencia o no de la deter minación de las relaciones
interpersonales por el tamaño del gru po [A. V. Petrovski, M. A. Turevski, 1
979) .
1 15
La necesidad de investigar de manera experimental la depen dencia de la
IEEG del tamaño del grupo, requirió construir un equipo especial y encontrar el
procedimiento de realización del experimento [M. A. Turevski, 1 977, a) que
permitiría poner en interacción a los grupos de número creciente (en el
integrador sensomotor grupal podía trabajar un grupo de seis personas).
En relación con esto se propuso el siguiente principio de la
investigación experimental . Uno de los miembros del grupo rea liza una tarea
determinada. Esta tarea puede ser cualquiera de las que surgen en la actividad
profesional en la cual trabajan los individuos participantes en el experimento
o una tarea de ca rácter neutral (por ejemplo, cálculo mental).
La rapidez del
trabajo del individuo (operador) la
determina
el grupo, teniendo en
cuenta sus intereses
le brinda al operador
el ritmo máximo . Sin embargo, una gran aceleración del ritmo dado por
el grupo aumenta evidentemente la imprecisión, el nú-· mero de errores del
operador y, como consecuencia, trae en un caso la sensación integral y en otro
la parcial . La diferencia en la rapidez dada por el grupo en una situación de
sanción integral y parcial, debe servir de indicador empírico de la IEEG. Mien
tras menor es esta diferencia, mayor será la intensidad de la IEEG.
Las secciones productivas de la Dirección Especializada de Construcción
y Reparación No . 1 de Jarkov del combinado «Ukrems troimaterialii»
(Ministerio de la Industria de Materiales de Cons trucción) y de la empresa de
Kirovogradsk de la industria de construcción, se investigaron. También se
investigaron los grupos
difusos compuestos por trabajadores de distintas empresas de la
industria láctea de la ciudad y de la región de Jarkov, que vinie ron a
examinarse a la facultad de estudios dirigidos de la escuela técnica de Jarkov
de la industria láctea.
A los alumnos se les informó que se probaba uno de los nuevos medios
para determinar la preparación profesional y la compro bación de los
conocimientos. En la instrucción se señaló que como índice de la preparación
profesional del grupo incorporado al experimento, sirve el menor tiempo
invertido por el operador se leccionado en su medio para la solución de los
problemas plan teados a él, los cuales requieren conocimientos especiales y
cali ficación productiva. Así, la instrucción incitó a los alumnos a tratar
que el operador empleara el tiempo mínimo en el cumpli-
116
miento de la tarea. Según los requisitos del experimento, los miem bros
del grupo no conocen qué tiempo ·dura la solución del pro blema, pues no
tienen reloj . Recordemos de nuevo que la actividad de los alumnos no era
artificial . Los problemas resueltos se pre pararon sobre la base de los
medios habitualmente empleados para determinar el nivel de calificación en los
exámenes y el testificado . En estas tareas -particularmente seleccionadas para
cada una de las categorías fundamentales de alumnos y casi iguales en lo refe
rente al tiempo requerido para su solución- durante su solución se tuvo en
cuenta la existencia de determinada calificación, de una preparación
profesional y de experiencia de trabajo en la espe cialidad .
Para resolver las tareas, el operador, de acuerdo con los re quisitos
del experimento, fue separado del grupo (se hallaba de trás de un tabique o en
la habitación contigua) y comenzó a tra bajar cuando el experimentador le
indicó. Los demás miembros del grupo incorporado al experimento, sólo podían
hacer conjeturas al respecto .
Cada uno de los miembros del grupo tenía a su disposición los problemas
propuestos al operador y, por consiguiente, podía valo rar el grado de
dificultad de cada uno de los problemas y hacer conjeturas en cuanto al tiempo
que necesitaría el operador para su solución . Los miembros del grupo tenían la
posibilidad de inter cambiar criterios (aunque la solución final se hacía de
manera individual), y le asignaban al operador un tiempo limitado para la
solución del problema. Para esto, cada uno de los miembros del gnupo debía
apretar el botón dispuesto en su puesto de trabajo, cuando considerara
necesario informar que el tiempo dado por él al operador para la solución del
problema había terminado . Si todos los miembros del grupo, han apretado el
botón correspon diente para señalar que el tiempo ha terminado, y el operador
no ha decidido cuál de las cuatro respuestas de la tarea es correcta (o
seleccionó una respuesta incorrecta), se pasa automáticamente
a la tarea siguiente y se ejecuta la sanción integral o parcial; 16 es
decir, la sanción de todo el grupo o de uno de los miembros del
16 El control automático de la
solución correcta del problema se ejerce mediante un dispositivo especial
«KISl-5», auxiliar de la máquina para
controlar los conocimientos
y la enseñanza.
A la máquina
«KISl-5» también
se le adaptó
un circuito eléctrico con un
generador de sonido,
20 auricula-
1 17
grupo, quien por indicación del experimentador se declara respon sable
de la solución de la tarea.
En el proceso de reflexión y solución del problema por el ope rador, se
le informa cada vez que un alumno del grupo oprime el botón . Al ver que estas
señales son cada vez mayores, el operador se ve obligado a acelerar el ritmo
del trabajo . La excesiva ace leración del ritmo del trabajo conduce, por lo
general, a errores que surgen como consecuencia de que el operador oprime el
botón correspondiente a una de las respuestas, de la cual no está total mente
seguro o lo hace al azar. Pero en todo caso (y esto lo sabe el grupo), mientras
mayor es el ritmo del trabajo dado al opera dor para la solución del problema,
mayor es la posibilidad de que el operador no puede hallar la única solución
correcta.
Así, los miembros del grupo, de acuerdo con los requisitos ex puestos
en la indicación propuesta, están directamente interesados en dar fa máxima
rapidez para realizar la tarea a varios opera dores seleccionados en el grupo
según su orden . Además, el grupo conoce con anterioridad que tipo de sanción
(integral o parcial) se va a aplicar, si el operador no halla en el tiempo
asignado la res.:. puesta correcta al problema concreto dado . De esta manera,
mie·n tras mayor es la rapidez del · trabajo para solucionar la tarea por
parte del operador, mayor es, por una parte, la mejoría de un índice tan
importante para él como el tiempo para la solución del proble ma y, por otra,
menor es la posibilidad de que, al trabajar con esta rapidez, el operador dé
una solución exacta al problema y, por consiguiente, aumenta la posibilidad de
sanción.
La selección de los grupos con los cuales se haría la investigación se
efectuó mediante dos criterios: manifestar el nivel de desarrollo del grupo y
el número de miembros en el grupo . Según el nivel de desarrollo fue necesario
seleccionar grupos de dos tipos: colec tivos y grupos difusos . Para
seleccionar los grupos del tipo de co lectivo se utilizó el medio de
introducir los ciúterios no psicológicos propuesto por A. S. Morozov (ver
capítulo 1 0) . De la selección de los grupos del tipo de colectivo se
excluyeron los que se diferen cian de manera significativa por su composición
socio-demográfica (edad, sexo, nivel cultural). Los grupos difusos estaban
compues-
res y un dispositivo especiahnente fabricado que garantiza la
posibilidad de efectuar, de manera automática, uno de los dos tipos de sanción
inme diatamente después que se conozca que el problema no ha sido resuelto en
el tiempo asignado por el grupo.
118
tos por miembros de los grupos no considerados como colecti vos. En
este caso también se consideró la necesidad de la afinidad relativa en cuanto a
la composición socio-demográfica de los gru pos seleccionados para la
investigación de grupos . El tamaño de los grupos sujetos a investigación varió
entre dos y 20 personas . El fundamento para elegir precisamente estas
cantidades consiste en que reflejan, en gran medida, las variaciones de las
cantida des de las verdaderas secciones productivas de base.
En la investigación partimos de los siguientes postulados hipo téticos
sugeridos por la concepción estratométrica.
1 ) Los grupos con altos índices en todo el conjunto de criterios del
grado de desarrollo, independientemente de su tamaño en las situaciones
experimentales propuestas, deben dar una rapidez casi igual al trabajo del
operador para la solución del problema.
2) Independientemente de cuántos individuos de la composición del grupo
(por ejemplo, 3, 8, 12, 1 5 , 20 individuos) con altos índi ces en todo el
conjunto de criterios del grado de desarrollo se in corporaron en el
experimento, todos deben dar en situaciones de sanción integral y parcial una
rapidez casi igual al trabaj o del ope rador para la solución del problema.
3) Mientras mayor es el tamaño
del grupo compuesto por miem bros poco conocidos entre sí de las secciones
productivas (grupo difuso), mayor debe ser la diferencia entre la rapidez dada
por el grupo al operador al trabajo para la solución del problema en las
situaciones de sanción parcial e integral .
4) Mientras mayor es el número
de individuos de la composi ción del grupo poco conocidos entre sí que se
incorporen conse cuentemente al experimento (por ejemplo, 3, 8, 12, 15, 20
indi viduos), mayor debe ser la diferencia entre la rapidez dada al operador
al trabajo para la solución del problema en las situaciones de sanción parcial
e integral .
Nos detendremos en algunos resultados de experimentos reali zados hasta
el momento . Es necesario señalar, ante todo, que el medio utilizado en la
investigación para manifestar de manera experimental las IEEG en dependencia
del tamaño del grupo, se sometió a una prueba especial en lo referente a la
argumentación
(validez, estabilidad) . En verdad, los resultados obtenidos mediante
este procedimiento experimental son bastante objetivos (el tiempo, dado por el
grupo, se fij a estrictamente por los equipos). En rela ción con esto, un
procedimiento de medición reiterada fue un me-
119
dio suficiente para comprobar la estabilidad . También se planteó la
tarea de la validez de las metódicas para la determinación de la IEEG en los
grupos (investigación de M. A. Turevski no pu blicada) .
El fenómeno de la IEEG -útil como criterio del desarrollo gru pai
obtenido experimentalmente - no se detecta con frecuencia en la vida real del
grupo en forma pura para la fij ación empírica y la obtención de los índices
necesarios . Esto no constituye, al mismo tiempo, un obstáculo para hallar las
situaciones concretas en las cuales se detectan, con suficiente claridad para
el observador aje no, algunas particularidades psicológicas de la interacción
que responde a las características esenciales del parámetro incógnito .
Una de las posibles fue, por ejemplo, la situación específica de
producción que surge a veces en la actividad real de las brigadas de
cristaleros en las organizaciones de construcción . Las tareas para el
cumplimiento del programa de producción presuponen, ante todo, un alto ritmo de
trabajo . Los programas prevén el cumplimiento de dos operaciones diferentes .
Una parte de la brigada fij a el cris tal en las ventanas con los clavos y los
restantes ponen masilla a las juntas. La práctica confirma que la excesiva
rapidez que garantiza un alto ritmo de trabajo de la primera parte de la
brigada (y, por consiguiente, éxito en la producción), conduce a un trabajo no
acabado, lo cual puede dañar las manos de los otros cristaleros .
Sobre la base de los índices de expertos (la opinión pública, el número
de casos que se atienden en traumatología, el número de conflictos por motivo
de los traumas en las brigadas, etc .) fue po sible diferenciar las brigadas
de construcción por la característica de la frecuencia de los casos de
traumatismo en la producción y seleccionar entre ellos los grupos extremos en
este sentido . Así se seleccionaron tres brigadas diferentes de las demás por
no tener ningún caso de traumas durante el proceso de producción y dos brigadas
iguales a ellas en cuanto a la calificación, en las cuales los traumas y los
conflictos constituyen un fenómeno característi co . 17 En el experimento de
laboratorio, los tres primeros grupos
17 Es digno destacar que los
índices de producción de las tres primeras brigadas son mayores que los de las
otras dos. Las determinantes de la actividad productiva efectiva son
evidentemente tan intensivas que com
pensan, con facilidad,
los esfuei*zos y las pérdidas de tiempo relacionadas
con el bloqueo de la frustración del compañero y con un trato solícito
hacia él.
120
demostraron altos índices de IEEG y el resto, bajos índices . De esta
manera, tenemos motivos para llegar a la conclusión de que en el experimento
fij amos precisamente el verdadero componente socio- psicológico de las
relaciones interpersonales, representadas como el fenómeno IEEG.
El análisis correlacionai de los datos obtenidos hasta el momento acerca
de la intensidad de la IEEG en los grupos difusos, dife rentes por el número,
demostró la existencia de una relación negativa r = - 0,488; n = 17; p >
0,05) . Las investigaciones rea lizadas en los grupos del tipo de colectivos,
reafirman la indepen dencia de las características estudiadas (r = 0,135; n =
1 4) . Así, las tendencias plasmadas en los experimentos realizados nos ha
blan a favor de las hipótesis de la investigación . Al mismo tiempo, los
resultados existentes nos dan argumentos para suponer que la ulterior
acumulación de datos experimentales permitiría, al utilizar un aparato
estadístico de mayor precisión, profundizar nuestros conocimientos acerca de
las dependencias estudiadas .
Para resumir nos detendremos en algunas cuestiones, cuya solu ción
consta, hasta el momento, de diferentes etapas preliminares de experimentación,
de comprobación de las proposiciones acerca de la naturaleza y los momentos
claves del proceso de formación de las relaciones de la IEEG que emanan de la
concepción estratomé trica. El trabajo para la precisión y comprobación
experimental de estas hipótesis sólo acaba de iniciarse . Pero considerando su
importancia para la solución de algunos problemas teóricos de la correlación
del colectivo con otros tipos de grupos, es conveniente enfocarlo, aunque sea
de manera muy breve .
Así existe una hipótesis con sus argumentos acerca de que la posibilidad
de ulteriores sanciones negativas por parte del indivi duo frustrado por culpa
del grupo, puede reorganizar la actividad del grupo con poco desarrollo y, de
esta manera, dar lugar al fe nómeno coincidente con la IEEG.
La comprobación de esta hipótesis requiere de un experimento mediante el
cual, al mantenerse invariables las demás condiciones, podrían preverse dos
situaciones: a) en la sanción parcial, el indi viduo frustrado conoce en cada
caso concreto quién de los miem bros del grupo participa precisamente en la
interacción y, por consiguiente, quién es el responsable de su frustración; b)
en la sanción parcial, el individuo frustrado no conoce quiénes partici-
121
pan en la interacción . Así, para los participantes de la interacción en
la situación «a» existía la amenaza de ulteriores sanciones nega tivas por
parte del individuo frustrado por su culpa. En la situación «b» la posibilidad
de esta amenaza se redujo al mínimo.
El integrador sensomotor grupal utilizado en las primeras in
vestigaciones de la IEEG, tenía en cuenta la interacción en que todos sus
participantes se encontraban «cara a cara», lo cual, claro está, obstaculizaba
la reproducción de la situación «b» en el experi mento . La realización del
experimento en las condiciones en que uno de los miembros del grupo (operador)
puede separarse de los demás (hallarse en la habitación contigua), permite
comprobar la hipótesis acerca de los temores motivados por el «desquite» como
un factor hipotético determinante de la conducta que responde a las
características de la IEEG. Para esto, en la sanción parcial el individuo que
está sujeto a la frustración es precisamente el ope rador; en determinada
serie experimental él sabe precisamente quién determina el tiempo para la
solución del problema, y en otra no lo sabe . La hipótesis se comprueba si en
ambas series experi mentales el colectivo da al operador igual tiempo para la
solución del problema, y el grupo con poco desarrollo, en situaciones en que el
operador sabe quién es el culpable de la frustración, da mayor tiempo que
cuando el operador desconoce la situación real de las cosas . La situación
puede empeorarse si el líder de ese grupo desempeña el papel de operador.
Un problema metódico más dificil es la búsqueda del instru mento de la
investigación que permita comprobar la proposición acerca de la existencia de
la relación orgánica del fenómeno de la IEEG con los demás fenómenos
psicológicos que se detectan en el colectivo y, en particular, con el fenómeno
de la AC. Aunque la organización del experimento tanto en el integrador
sensomotor grupal, como en el nuevo equipo antes descrito, permite medir la
intensidad de la IEEG y ver quién de los miembros del grupo se comporta según
la norma humana y quién no; la cuestión radica en qué, para el experimentador
se mantiene latente la esencia psicológica de la conducta de los individuos que
se corresponde con la norma de la IEEG aprobada por el grupo . En particular,
el experimento no ofrece la información necesaria acerca de quién de los
miembros del grupo manifiesta, en un caso dado, una reac ción conformista y
quién actúa por estimulación interna de acuer do con valoraciones morales
profundamente interiorizadas . Tam-
122
bién se desconoce quién de los miembros del grupo en una situa ción de
presión, antihumana por su orientación, en la sanción parcial del «grupo
confabulado», es capaz de realizar actos de autodeterminación colectivista y
quién, al subordinarse a la presión del grupo, modifica su conducta.
Se halló (M. A . Turevski) la siguiente solución metódica. Se utilizan
el equipo y el procedimiento de la organización del expe rimento y los
vínculos realizados en la investigación de la IEEG con el tamaño del grupo . La
adición necesaria consiste en que el tiempo dado por cada uno de los miembros
del grupo para la so lución del problema al operador, se manifiesta en dos
condiciones diferentes para la realización del experimento: a) cuando cada
miembro del grupo se ha separado de los demás por una mam para y sabe que el
grupo desconoce, en la sanción parcial y en la integral, el tiempo que le da al
operador para la solución del pro blema; b) cuando no hay mamparas y el tiempo
dado por cada uno de los miembros del grupo es conocido por el grupo .
Sobre la base de la comparación de la conducta de los alumnos en estudio
en la situación «a» con su conducta en la situación «b», es posible formar de
manera convencional tres grupos con los in dividuos participantes en el
experimento: en primer lugar, quie nes materializan, en ambas situaciones, de
acuerdo con las valora ciones morales interiorizadas por ellos, la IEEG con el
individuo frustrado (primer tipo); en segundo, quienes dan en la situa ción
«b» al operador la solución del problema en la sanción par cial casi el mismo
tiempo que en la integral, pero en la situación «a», en la sanción parcial
mucho menos que en la integral (se gundo tipo); en tercer lugar, quienes no
manifiestan en ambas si tuaciones IEEG, para renunciar así a la norma moral
adoptada en el grupo (tercer tipo) .
La hipótesis planteada antes por nosotros se comprueba, si en los grupos
desarrollados o (lo que es de especial interés), a me dida que se desarrolla
el grupo en el proceso del experimento formativo, predominan evidentemente los
individuos incluidos por nosotros dentro del primer tipo sobre la cantidad de
individuos, que manifiestan en la esfera de la IEEG una conducta conformista y
negativista que se corresponde con los tipos segundo y tercero . En los grupos
difusos y en otras comunidades de poco grado de de sarrollo, hay motivos para
esperar una situación contraria: pre dominan los tipos segundo y tercero de
conducta.
123
La modificación de la metódica propuesta, la cual permite some ter a
investigación experimental la capacidad de los miembros del colectivo para los
actos de autodeterminación colectivista en las condiciones que contribuyen a la
aparición de la IEEG, consiste en colocar en el puesto de trabajo de cada uno
de los alumnos un bombillo que, como él sabe, se enciende cuando todos los
miem bros del grupo, excepto él, dieron al operador la orden de que se ha
terminado el tiempo asignado para la solución del problema. En este caso, al
experimentador se le ha concedido la posibilidad (lo cual, claro está,
desconoce el alumno) de encender él mismo estos bombillos cuando lo considere
necesario. En otras palabras, en el experimento existe la posibilidad de
intensificar, de manera arti ficial, la presión del grupo . El experimento se
realiza en las con diciones de «a», antes descritas .
El experimentador, al dar a todos los alumnos (antes en la san ción
parcial, que en la integral) la señal como si todos los demás ya hubieran dado
al operador la orden de que ha concluido el tiem po dado para la solución del
problema, podrá observar cómo se comportan los alumnos; siguen el ejemplo del
grupo o como antes, en las condiciones de ausencia de la presión del grupo,
manifies tan IEEG.
El surgimiento de la IEEG en las circunstancias que originan la
autodeterminación colectiva, debe corroborar el alto grado de in teriorización
de los valores humanos en el colectivo y hallar el carácter integral de la
conducta que se fundamenta en los principios de la moral comunista. La unidad
del íenómeno de la autode
terminación colectivista y de la identiíicación colectivista es, como
nosotros consideramos, un rasgo característico de las relaciones interper
sonales en los grupos de un alto grado de desarrollo.
124
Capítulo 6
LA ASIGNACIÓN Y LA ACEPTACIÓN
DE LA RESPONSABILIDAD EN LA ACTIVIDAD
DEL GRUPO
El desarrollo de la sociedad socialista y la ampliación de los marcos de
la democracia, y el incremento de la actividad creadora de las masas, de su
actividad e iniciativa relacionadas con el mismo, exigen que la responsabilidad
personal de cada hombre sea mayor en la lucha por la causa común,- la
construcción del comunismo .
Hasta estos momentos, el problema de la responsabilidad se ha estudiado
con preferencia en los aspectos teórico-filosófico y peda gógico . El análisis
filosófico se orientaba al análisis de este fenó meno como una forma de
interacción de la personalidad y de la sociedad. Se investigaron sus fuentes y
la especificidad de las ma nifestaciones históricas en su articulación,
interacción y desarrollo . Se estudió la categoría de la responsabilidad en
relación con las cuestiones de la moral y el derecho . En la literatura
pedagógica
- eñ particular, en los
trabajos del destacado pedagogo soviético A. S. Makarenko, quien veía la
responsabilidad desde el punto
de vista de su importancia y formación en las condiciones de la
actividad del colectivo- se prestó gran atención al problema de la
responsabilidad .
Las cuestiones psicológicas de la responsabilidad personal y co
lectiva, a difereneia de sus aspectos filosóficos y pedagógicos, no se han
estudiado lo bastante . Sólo pueden nombrarse algunos tra bajos, en los cuales
a la psicología de la responsabilidad se le presta cierta atención . 1 No
existen prácticamente investigaciones socio-psicológicas experimentales, en las
cuales la responsabilidad
1 A P.
Rastigueev: Fundamentos
socio-psicológicos de la responsabilidad.
autorresumen de la tesis de candidatura, Leningrado, 1
97 1 ; L . E. Korshu
nova: «Formación de una
actitud responsable del individuo hacia
el trabajo
en el colectivo productivo. (Investigación
experimental)*», en Papel de los
colectivos laborales en la educación comunista de los trabajadores
(Aspec
tos sociológicos y socio-psicológicos), Leningrado, 1 975,
parte 2; L.
S. Sla
vina: «La formación en los escolares de primer grado de una actitud res
ponsable en el cumplimiento de los deberes escolares», en Voprosy Psijo• logii,
1 956, no, 4 (todas en ruso).
125
se haya estudiado no como una cualidad personal, sino como un fenómeno
de las relaciones interpersonales (aunque la importancia del problema de la
responsabilidad colectiva, para la teoría y la práctica de la formación del
colectivo, no da lugar a dudas).
La responsabilidad como una de las formas de una actitud acti va de la
personalidad hacia la realidad social circundante, se ma nifiesta en
determinadas condiciones y se caracteriza por una serie de particularidades .
La primera de ellas consiste en que la respon sabilidad de la personalidad se
manifiesta, en lo fundamental, en la actitud activa hacia las demás personas.
La segunda radica en la existencia de aquello por lo cual se responsabiliza el
hombre ante los demás .
En las condiciones
de la actividad
grupal, la responsabilidad
-al ser un índice de la posición activa de la personalidad ante la
vida- se presenta en una forma especial, en forma de relaciones de
dependencia de responsabilidad . Las relaciones de este tipo re presentan, por
lo visto, un sistema bastante complej o y, en cierta medida, independiente de
vínculos en el colectivo . Una de las ma nifestaciones esenciales de estas
relaciones es la asignación mutua de la responsabilidad por los éxitos y
fracasos en el trabajo grupal . El problema de la responsabilidad, claro está,
no se reduce a esto, pero puede utilizarse como un primer paso en el estudio
socio psicológico concreto del fenómeno de la responsabilidad como una forma
de recurrir a medios específicos de asignación y acep tación de la
responsabilidad por el éxito o el fracaso .
Por asignación de la responsabilidad entendemos el acto de atri buirse
a sí mismo o a los demás posibles sanciones sociales por el éxito o el fracaso
en la actividad conjunta. Para caracterizar al grupo como un colectivo no tiene
menos importancia cómo se asig na la responsabilidad en las condiciones del
éxito y del fracaso en la actividad grupal; a quién los miembros del grupo
asignan per sonalmente la responsabilidad por sus éxitos y fracasos; hasta qué
punto es objetivo el proceso de asignación de la responsabilidad en una u otras
condiciones .
Puede considerarse que en los actos en que se asigna una res
ponsabilidad, tanto en el propio proceso de la actividad como en su conclusión,
se va a manifestar el carácter de las relaciones inter personales
predominantes en el grupo . Así, el estudio del proceso de asignación de la
responsabilidad puede ofrecer una información útil acerca del grado de
desarrollo de las relaciones interpersonales .
1 26
En la literatura nacional no existen prácticamente publicaciones
dedicadas al análisis de estos fenómenos . El problema de la asig nación de la
responsabilidad se toca parcialmente en los trabajos de A . A. Bodalev y de sus
colaboradores (los autores corroboran que el proceso de asignación de la
responsabilidad por parte de una persona a otra, está mediatizado por las
particularidades de la percepción).2 En general, este problema no se ha
planteado ni se ha debatido hasta estos momentos en la psicología soviética.
En el extranjero, a partir de 1 973, aparecen una gran cantidad de
trabajos experimentales dedicados al estudio del fenómeno de la asignación de
la responsabilidad (responsability attribution). En una parte significativa de
estas investigaciones se manifiesta la de pendencia del resultado de la
asignación de la responsabilidad de las particularidades personales del
individuo a quien se le asigna la misma, así como del individuo que la asigna.
Así, se estudió cómo influyen en el proceso de asignación de la responsabilidad
la atrac ción física de los individuos, el sexo, la capacidad para establecer
las relaciones causa-efecto, el grado de motivación del logro, la pertenencia
social y los factores étnicos .
C . Saligman, N . Paschal y G. Tanata detectaron, por ejemplo, la
interacción significativa entre la atracción fisica y la asignación de la
responsabilidad .3 Resultó que existe una tendencia a respon sabilizar a las
mujeres más atractivas con labores más agradables y a las menos atractivas con
las menos agradables . En el trabajo de T. Hayashi y H. Y gmauchi se evidenció
la dependencia de la asignación de la responsabilidad del grado de motivación
del logro.4 Los autores han obtenido datos, según los cuales la asignación de
la responsabilidades, en primer lugar, la función del grado de moti-
Problemas teóricos y aplicados
de la psicología del conocimiento de los hombres entre sí. Tesis de ponencias,
bajo la redacción de A. A. Bodalev, Krasnadar, 1 975; A. A. Bodalev: «La
percepción del hombre por el hombre», en la selección: Problemas de psicología
general e ingeniería, Leningrado, 1 964, pp. 3-1 1 (en ruso).
C . Seligman, N. Paschall y G. Tanata: «Effects of Physical
Attractiveness on Attributions of Responsability», en Canadian Joumal oi
Behavioural
Science, 1 974 (July), vol. 6. no. 3.
T . Hayashi y N . Ygnauchi: «Causal Atributional Judgements for Achive
ment-related Events», en Japanese Psichological Sresearch, 1 974 (May), vol.
16,
no. l .
127
vación del logro y, en segundo, la función del grado de divergencia
entre la espera y el resultado .
R. Wolosin, S . G. Sherman y A .
Till investigaron la influencia de las particularidades de la organización de
la actividad en la asignación de la responsabilidad en las condiciones de éxito
y fra caso . 5 El experimento se realizó con escolares mayores con quie nes
se formaron parejas cuando se requería la cooperación mutua y de competencia
entre sí. Se detectó que tanto en las condiciones de cooperación como de
competencia, cuando los resultados del trabajo son neutrales, desde el punto de
vista del éxito o del fra caso, los alumnos tienden a atribuir la
responsabilidad por el resultado del trabajo a las circunstancias objetivas y
cuando el resultado es exitoso se lo atribuyen a ellos mismos . Cuando no hay
éxito en una situación de cooperación, la responsabilidad se atribuye al
compañero y en caso de competencia, a circunstancias objetivas. Los resultados
de la investigación demostraron una clara orientación individualista de los
alumnos .
J. D . Cunnighan y H. H. Kelley investigaron la especificidad de los
actos de asignación de la responsabilidad en la esfera de las relaciones
interpersonales cuando los acontecimientos analizados son de diferente
importancia. 6
S . Nelson valoraba el papel que desempeña, en el proceso de asignación
de la responsabilidad, la percepción de la influencia, es decir, del grado de
influencia de una persona en la conducta o cri terio de otra. 7 * La
importancia de este factor se estudió en el marco de las relaciones objetivas
de influencia e interacción en el contexto experimental . Los datos obtenidos
en la investigación corroboran la influencia de los factores situacionales en
el proceso de la asig nación de la responsabilidad .
D . Aderman, R.
Archer y J.
Harris estudiaron, mediante
la
metódica de proyecto, la dependencia de los resultados de la asig-
R. J. Wolosin,
S. G. Shennan
y A. Till:
«Effects of Cooperation and
Competition on Responsability Attribution after Success
and Failure*, en
Joumal o/Experimental Social Psychology, 1973 (May), vol. 9, no. 3.
6 J . D . Cunninghar y H
. H . Kelly: «Causal
Attributions f o r Interpersonal
Events of Varying Magnitude», en Joumal oi Personality and Social Psycho
logy, marzo de 1 975, vol. 43, no . 1 .
7 S. D. Nelson: «Objective
Power, Subjetive Power and Causal Attributions in Social Interactiom>, en
Proceedings of the 81-st Annual Convention of the American Psycological
Associations, Montreal, Canadá, 1 973, vol. 8.
128
nación de la responsabilidad de la orientación de la empatia.0 Para
esto, pidieron a 48 alumnos identificarse, desde el punto de vista emocional,
con el estado de diferentes personas, héroes de relatos dados . Como era de
esperar, los alumnos que se identificaron con el estado de una víctima menor de
edad atribuyeron más respon sabilidad a otros protagonistas, que otros
participantes del expe rimento que no se imaginaron en el papel de víctima.
Se investigó la influencia de la dificultad del problema en la
asignación de la responsabilidad,9 así como la dependencia de la
correspondencia de los resultados de la actividad con los resultados esperados
. 1 0 La primera de estas investigaciones demostró que las situaciones de
éxito, de fracaso, de espera para seguir trabajando en la solución del problema
y las situaciones cuando no existe semejante espera, influyen en gran medida en
la asignación de la responsabilidad a sí mismo y a los demás .
Todos los trabajos señalados presentan, a nuestro juicio, una
deficiencia general que se expresa en que los autores estudian la personalidad
sin relacionarla con el medio social concreto, sin considerar la verdadera
actividad socialmente significativa. No es casual que los datos experimentales
obtenidos en la inmensa ma yoría de estas investigaciones corroboran una
manifiesta orienta ción individualista en los alumnos. Nos inclinamos a
relacionar esto con que la actividad, dada por las condiciones del experimento,
no poseía un determinado valor social, con lo cual predisponía a sus
participantes para que manifestaran motivaciones individualistas . Señalemos
que, en general, en los trabajos mencionados, estos fac tores socialmente
signicativos -como son la orientación de la per sonalidad, sus convicciones,
sentido de la responsabilidad, etcéte ra- , no se analiza en especial ni se
debaten. En la gran mayoría de las investigaciones no se considera la
pertenencia de los alumnos a una u otra comunidad social, gnipo . Por último,
no se ha inves-
0 D. Aderman, R. L . Archer y J. L . Harris: «Effects of Emotional
Empathy on Attributions of Responsability», en Joumal oi Personality and Social
Psychology, marzo de 1 975, vol. 43, no. 1 .
9 J. E . Luginnuhl, D. H. Grove
y J. P . Kahan: «Causal Attributions for Sucess and Failure», en Joumal of
Personality and Social Psychology, enero de 1 975, vol. 3 1 , no. l .
1º J. G. Nicholis:
«Causal Attributions and Other Achievement-Related Con
ditions Effects of
Task Outcome, Attainment
Value and Sex», en Joumal
of Personality and Social Psychology, marzo de 1 975, vol. 3 1 , no . 3
.
129
tigado acerca de los procesos de la asignación de la responsabili dad
en grupos realmente activos .
Entretanto, se considera que los factores antes enumerados no pueden
dejar de influir de manera significativa en los actos de asig nación de la
responsabilidad . Así, de acuerdo con la concepción estratométrica, es
necesario esperar que cuando se asigna interna mente la responsabilidad en el
grupo, este procedimiento por sí mismo y sus resultados constituyen, en gran
medida, el contenido mediatizado de la actividad conjunta y el nivel de
desarrollo del grupo .
Una tarea concreta de esta investigación fue el estudio del fe nómeno
de la asignación de la responsabilidad en una situación de éxito y de fracaso
en la actividad grupal y en dependencia del grado de desarrollo del grupo .
La hipótesis fundamental consistía en suponer que en los grupos que
alcanzaron fases relativamente altas de desarrollo, los actos de asignación de
la responsabilidad tendrán en general un carácter más objetivo; es decir, el
aporte individual de cada participante al éxito del grupo de la actividad
conjunta, se valorará con más pre cisión que en los grupos de un menor grado
de desarrollo . Más tarde, como se supuso, el grado de desarrollo del grupo y
el con tenido de la actividad conjunta, pueden determinar la frecuencia de los
casos cuando la responsabilidad se asigna a sí mismo al no obtenerse éxito en
la actividad .
La comprobación de las hipótesis propuestas en las condiciones reales de
la investigación, debía manifestarse en que, en los gru pos de alto grado de
desarrollo, las valoraciones objetivas y sub jetivas del aporte de cada
individuo a los logros del grupo coinciden en grado significativo . Cuando no
se obtenga éxito, en estos gru pos, en comparación con los difusos, son menos
los actos en que se elude la responsabilidad .
El experimento incluía dos series relativamente independientes. En la
primera participaron más de 350 estudiantes del tercer curso de las Facultades
Mecánico-Matemática y de Física de la Univer sidad Estatal de Dnepropetrovsk
(59 grupos experimentales, seis personas en cada uno); en la segunda serie
participaron cuatro bri gadas de obreros empaquetadores del Combinado de
Derivados de Trigo de Dnepropetrovsk (seis personas en cada brigada) cuatro
brigadas de montadores-ajustadores de la Fábrica de Equipos de Minería
de Dnepropetrovsk ( 1 2 personas en la brigada) y dos bri-
130
gadas montadores-ajustadores del Combinado de Producción «Dne
proenergo» (seis personas en la brigada) . El experimento se realizó dentro del
marco de la actividad conjunta lúdrica y de producción .
En todas las series, los grupos realizaron una actividad conjunta con un
objetivo concreto dado con anterioridad . El experimentador determinó el aporte
real de cada participante en el logro de los objetivos del grupo . Además, los
propios participantes y observa dores valoraron el éxito de la actividad de
cada miembro del gru po (los ayudantes del experimentador o los jefes de grupo
hicie ren el papel de observadores) . En el proceso del experimento, todos los
alumnos tuvieron la posibilidad de obtener información acerca de los resultados
de la actividad de unos respecto a otros.
En la primera serie, realizada en los grupos de estudiantes, me diante
un mecanismo especialmente elaborado para los fines del presente experimento,
se hizo un patrón de la actividad conjunta de grupo: conexión simultánea,
coordinada y regulación ulterior de la tensión de la serie de bombillos
eléctricos. El registrador fij ó las acciones de cada participante del
experimento y del grupo en general . El éxito de la realización de la tarea
grupal dependía del grado de comprensión y de coordinación mutuas de las
acciones de los miembros del grupo . La frecuencia de los esfuerzos aplicados y
la medida de coordinación de las acciones de cada uno con las acciones del
grupo, fueron en general los índices del aporte per sonal a la solución de la
tarea de grupo .
Después, el proceso de asignación de la responsabilidad se inves tigó
en el marco del experimento natural, cuando los alumnos de la Facultad de
Física se evaluaban en psicología. A cada grupo experimental se le dieron dos
preguntas polémicas, a las cuales debían responder en detalle por escrito los
alumnos . El modelo para la respuesta tenía seis columnas (según la cantidad de
alumnos) y, según un orden, era llenado por cada uno de los miembros del grupo
durante tres minutos . Al ir pasando los modelos, los alumnos completaban las
respuestas de los compañeros precedentes . El ciclo duraba hasta que los
estudiantes expusieran toda la información que tenían. Al analizar las
respuestas, el experimentador las valora
ba. La actividad grupal se consideraba totalmente exitosa cuando el
experimentador no hacía señalamientos de importancia a las res
puestas de los alumnos .
En la segunda serie de investigaciones realizada con las briga das de
obreros, el experimento se realizó dentro del marco de la
131
actividad productiva. El éxito del trabajo del grupo se valoraba en
dependencia de la realización de la tarea diaria por parte de la bri gada: el
cumplimiento en un 1 00% y más se consideraba un éxito y menos de un 1 00 % un
fracaso .
El grado de desarrollo grupal en la primera serie se determinaba de la
siguiente manera: si los miembros de un subgrupo experi mental pertenecían a
un mismo grupo académico, se conocían mu tuamente y tenían suficiente
experiencia para la comunicación y la actividad conjunta, esos subgrupos
poseían niveles más altos de desarrollo en comparación con los subgrupos sin
este tipo de características . 1 1 Correspondientemente, los llamados grupos
difusos se formaron con grupos de estudiantes que no se conocían entre sí o se
conocían poco. Claro está, el grado de desarrollo de los mejores grupos
estudiantiles sólo fue relativamente alto: aún no eran ver daderos colectivos
.
En la segunda serie, el grado de desarrollo grupal se determinaba
mediante expertos: a los maestros de oficio, al jefe de taller y al de equipo
se les propuso que dieran categorías a las brigadas en estudio desde el punto
de vista del grado de su desarrollo .
Al concluir el trabajo en todas las series, se propuso a los alum nos
que dieran rangos a sus compañeros y que ellos también se incluyeran en
dependencia de la magnitud del aporte dado al re sultado general de la
actividad de grupo . En este caso, los alum nos recibieron una instrucción con
el siguiente contenido: «Esta blezca rangos para los compañeros de trabajo en
dependencia del aporte de cada uno al éxito general del grupo . En primer lugar
sitúen a quien, según su criterio,
hizo un mayor aporte a los re-
sultados del grupo y, en último
lugar, quien aportó menos.» 12 Los
experimentadores y ayudantes que observaron la actividad del gru po
también establecieron estos rangos . 13
11 Reconocemos que semejante
manera de incluiruna u otra comunidad
dentro de un rango, más o menos
alto en cuanto el grado de desarrollo,
es muy convencional.
12 Además del
establecimiento de los rangos que
permite obtener una
evaluación correlativa de los esfuerzos hechos por los participantes en
el experimento, se hubieran podido aplicar otras variantes, por ejemplo, una
evaluación expresada en puntos, en porciento, etcétera.
13 Por cuanto
la evaluación del
experimentador se redujo,
en la práctica,
a una valoración
de experto de
toda la serie
de personas, es
un argumento
para considerarla bastante objetiva.
132
De acuerdo con los datos de los rangos establecidos se confec cionó una
tabla que resume los resultados de las evaluaciones mutuas de los miembros del
grupo . Las sumas de los rangos ob tenidos por ellos se dispusieron en orden
creciente (de esta manera, los nombres de los alumnos aparecían en la tabla
según el aporte hecho a la causa común) . Al apoyamos en la suma de los rangos,
se hubiera podido calcular la calificación promedio del aporte de cada miembro
al éxito o fracaso del grupo. Más adelante, esta mag nitud recibirá el nombre
de valoración grupal .
El análisis estadístico de los datos obtenidos incluía los coefi
cientes pares de correlación por rangos (según Spearman) y un coeficiente
promedio de correlación par que demuestran la con cordancia de las
evaluaciones en el grupo, así como los coeficientes de correlación entre las
evaluaciones del experimentador y de cada uno de los participantes en el
experimento y la evaluación grupal, entre la evaluación del experimentador y la
autoevaluación de los alumnos .
El acto de aceptación de la responsabilidad en el procedimiento
experimental se manifestará, por ejemplo, cuando el experimenta dor valora con
igual rango el aporte del alumno tanto en una situa ción de éxito, como en una
de fracaso . La coincidencia de las evalua ciones del aporte de la
personalidad en una situación de éxito y en una situación de fracaso, es muy
importante .
Al comparar las evaluaciones por rangos, realizadas por el ex
perimentador, con la autoevaluación de los alumnos en las mismas situaciones,
adquiere una extraordinaria importancia el hecho de su divergencia al pasar de
una situación de éxito a una de fracaso . Por ejemplo, si el experimentador
evalúa el aporte de uno de los alumnos, tanto en una situación de éxito como en
una de fracaso, con un rango 3 y la autoevaluación de este alumno en caso de
éxito también tiene rango 3 y en caso de fracaso el rango es 5, po demos
afirmar con un alto grado de probabilidad que el alumno asume para sí
generalmente la responsabilidad por el fracaso . Si el alumno, al valorar su
aporte en una situación de éxito se dio una categoría 3 y en una de fracaso se
situó en primer lugar con la misma evaluación del experimentador, puede
considerarse que él atribuyó la responsabilidad por el fracaso a otros miembros
del grupo . En este caso, podemos hablar del deseo del alumno de elu dir la
responsabilidad .
133
Por cuanto el aporte objetivo de los alumnos a la actividad con junta
en las condiciones de éxito y de fracaso, puede ser diferente,* también deben
someterse a una interpretación psicológica las va riantes en que la evaluación
dada al aporte de los alumnos por parte del experimentador varía al pasar de
una situación a otra.
Por ejemplo, el experimentador después de medir el aporte de determinado
alumno en una situación de éxito con el rango 5, en las de fracaso lo evaluó
con el rango 2 . Sin dudas, esto indica que la productividad de la actividad
del alumno aumentó en una situación de fracaso grupal .
Describiremos tres posibles variantes orientadas a modificar la
autoevaluación de los alumnos al pasar de una situación de éxito grupal a una
de fracaso grupal y, utilizando como criterio la eva luación del
experimentador, probaremos correlacionar esta diná mica de la autoevaluación
con los actos cuando se acepta o se elude la responsabilidad .
Primera variante : en la evaluación del experimentador, el in cremento
de la autoevaluación supera el avance alcanzado . Este caso es interpretado por
nosotros como una forma de eludir la responsabilidad .
Segunda variante : coincidencia de la dinámica de la autoeva luación
con la dinámica de la evaluación del experimentador. En este caso puede
hablarse de la adecuación de la evaluación, de su aporte a la actividad
conjunta.
Tercera variante: la autoevaluación decae . Éste es el caso cuan do el
alumno acepta la responsabilidad por el fracaso de la acti vidad grupal .
De manera análoga pueden analizarse otras variantes posibles de la
dinámica de la autoevaluación de los alumnos en su corre lación con la
evaluación del experimentador al pasar de una si tuación de éxito a una de
fracaso .
Lo antes expuesto puede expresarse en la fórmula que sirve de medida de
la aceptación de la responsabilidad:
pi = e (u) - e (n) - s (ti) - s (n),
donde pi es la aceptación de la responsabilidad; e (u), el rango dado al
alumno por el experimentador en caso de éxito; e (n), el rango dado al alumno
por el experimentador en caso de fracaso; s (v)1 el rango dado por el alumno a
sí mismo en caso de éxito; s (ti), el rango dado por el alumno a sí mismo en
caso de fracaso .
134
El análisis de esta fórmula demuestra: si P 1 es mayor que cero, la
responsabilidad por el fracaso en la actividad grupal es acep tada por la
persona. La magnitud positiva, pero que excede en algo a la magnitud PI puede
ser en cierta medida una caracte rística para que el alumno acepte la
responsabilidad . Si P1 = O, la persona valora su aporte de manera adecuada. El
valor nega tivo de la magnitud reafirmará que el alumno elude la respon
sabilidad, y mientras mayor sea el grado de esta acción, mayor será el valor de
esta magnitud.
La magnitud absoluta P 1
dependerá evidentemente del número
de miembros del grupo; mientras mayor sea el grupo, mayor será
el valor de P1 . Para que puedan compararse los
datos obtenidos
para los grupos de diferente tamaño, es necesario utilizar unida des
relativas; es decir, la característica del fenómeno de la acep-
pI
tación de la responsabilidad será de P - -------- , donde N es el nú
N
mero de miembros del grupo . A esta magnitud vamos a recurrir más tarde
.
Sobre la base de los procedimientos metódicos y estadísticos descritos
en cada serie de los experimentos, se seleccionaron gru pos de diferente grado
de desarrollo y se hizo un análisis com parativo de sus particularidades
características en relación con la asignación y la aceptación de la
responsabilidad personal por el éxito y el fracaso en la actividad conjunta.
En los grupos estudiantiles se obtuvieron los siguientes datos durante
la actividad experimental lúdrica.
Cuando el resultado de la actividad es exitoso, los coeficientes
promedio de correlación entre las evaluaciones del grupo en cuanto a los
aportes personales y las evaluaciones dadas por el expe rimentador (Pge),
entre la autoevaluación de los alumnos y la eva luación del experimentador
(Pie), así como el coeficiente prome dio de correlación par (P), el cual
demuestra la concordancia de las evaluaciones en el grupo, se aproximaron en
cuanto al valor. Además, este tipo de datos se obtuvo en los grupos de dife
rente nivel de desarrollo . Los mismo fueron respectivamente iguales a: Pg e =
0,6 1 ; Pie = 0,66; P = 0,63 (para los grupos de mayor grado de desarrollo);
P8e = 0,53; Pie = 0,59; P = 0,66 (para los grupos de menor grado de desarrollo)
.
135
Cuando los resultados de la
actividad arrojaron un fracaso, los
coeficientes de correlación fueron diferentes:
P ge = 0,62;
Pie =
= 0,82; P = 0,66
(en los grupos de mayor graoo de
desarrollo)
y Pge = 0,23 ; Pie = 0,4 1 ; P = 0,33 (en los grupos de menor gra
do de desarrollo) .
Como se deduce de los datos señalados, cuando la actividad culmina con
éxito los coeficientes promedio de correlación par en los grupos de diferente
grado de desarrollo, tienen bastante concordancia (P = 0,63 ; P = 0,66) y se
aproximan a las evalua ciones por parte del experimentador. En caso de
fracaso, la con cordancia y la objetividad de las evaluaciones de la actividad
dadas a los miembros del grupo en las comunidades de diferen te grado de
desarrollo, fueron diferentes . En los grupos de mayor grado de desarrollo la
concordancia y la objetividad es mucho mayor que en los grupos que se
encuentran en etapas relativa mente bajas de desarrollo. Esto puede corroborar
la deficiente objetividad en caso de fracaso general en los grupos de un grado
más bajo de desarrollo .
Durante la actividad docente real de los estudiantes, cuyos re sultados
no pueden considerarse suficientemente exitosos, los coe ficientes promedio de
correlación fueron los siguientes:
Pge = 0,63 ; Pie = 0,77; P = 0,59 (para los grupos de mayor gra do de
desarrollo) y Pee = 0,23; Pie = 0,25 ; P = 0,36 (para los grupos de menor grado
de desarrollo) .
Los datos citados
corroboran que en la
actividad docente real
-como en las condiciones de la actividad experimental grupal
en caso de
fracaso, la objetividad de los
actos de asignación de
la responsabilidad depende del grado de desarrollo de la comu nidad: en
los grupos que alcanzaron niveles más altos de desarro llo, la asignación de
la responsabilidad corresponde en mayor medida a la responsabilidad real de
cada uno por el fracaso general .
En las brigadas
productivas, en caso
de éxito de la
actividad
grupal, la concordancia en las evaluaciones de los resultados obte
nidos por el jefe de equipo, el maestro de oficio, el jefe de taller
y el organizador del partido, de una
parte, y por
los propios
miembros de los grupos, de otra, es bastante alta. Los correspon
dientes coeficientes de correlación para las brigadas productivas fueron
iguales a: Pge = 0,8 1 ; IPie = 0,7 1 ; P = 0,50 (en los gru pos de mayor
grado ae desarrollo); Pge = 0,65 ; Pie = 0,47;
136
P �0,26 (en los grupos de menor grado de desarrollo). En
caso
de fracaso general del grupo: P80 = 0,60; Pie = 0,3 1 ; P = 0,44 (en
los grupos de mayor grado de desarrollo); Pge = 0,90; PiR -= 0,15;
P = 0,55 (en los grupos de menor
grado de desarrollo) . El valor
de las diferencias era igual a P /\ 0,05 .
Los valores mayores de · los coeficientes de correlación en caso
de éxito en la actividad grupal, corroboran que el colectivo se in
clina a las representaciones correctas acerca del aporte de sus miem bros a la
actividad de la brigada.
La considerable disminución de los coeficientes en caso de fra caso
grupal se explica porque muchos miembros de las brigadas no valoran de manera
adecuada el grado de responsabilidad por el fracaso. En verdad, los fracasos
fueron condicionados, en cierta medida, por causas objetivas .
Para explicar la influencia de las relaciones emocionales inter
personales en la evaluación del aporte de los diferentes indivi duos a la
actividad grupal, realizamos una investigación socio métrica adicional que
demostró la falta de correlación entre la evaluación del aporte y la actividad
emocional hacia el compa ñero . Esto corrobora la independencia de la
evaluación del aporte de las relaciones emocionales en los grupos sujetos a
estudio .
Según los materiales de todos los experimentos y, a partir de la
magnitud P\ se determinó la calidad de los actos individuales en que se aceptó
o eludió la responsabilidad por el fracaso ge neral grupal . También se
determinó la cantidad de evaluaciones adecuadas hechas por el individuo
respecto a su aporte al éxito y fracaso grupal . Todas estas magnitudes se
expresaron en una relación porcentual respecto al número de miembros del grupo
.
El análisis de los datos experimentales permitió llegar a la con
clusión acerca de que la evaluación del aporte personal dado por el alumno
puede considerarse adecuada cuando la magnitud se
encuentre dentro del marco de -0,
1 a +0, 1 . Por consiguiente, el
acto de aceptar la responsabilidad ocurrirá, si Pl> +O,
1 y el
acto de eludir la responsabilidad, si P 1 < -0,1.
La cantidad de evaluaciones
adecuadas como actos de aceptar
y eludir la responsabilidad, varió en gran medida de un grupo a otro .
Así, en las brigadas productivas cuando el trabajo funda
mental se cumplía, las autoevaluaciones adecuadas eran de un
23 % a un 80 %; la aceptación de la responsabilidad de un
20 %
a un 75%; la no aceptación de la
responsabilidad, de un 0% a
137
un 46 %. En los grupos estudiantiles, en las condiciones de la actividad
docente grupal, las autoevaluaciones adecuadas se igua laron de un 0% a un
66%; la aceptación de la responsabili dad, de un 7 % a un 76 %; la no
aceptación de la responsabilidad, de un 14 % a un 68 %. Estas magnitudes eran
agrupadas en dependencia del nivel de desarrollo de los grupos y del conte
nido de la actividad conjunta. Los resultados de la investigación demuestran,
ante todo, la dependencia del número de actos en que se elude la
responsabilidad no sólo del nivel de desarrollo del grupo, sino también del
carácter de la actividad: al aumentar el desarrollo grupal disminuye, de manera
significativa, el nú mero de actos en que se elude la responsabilidad; eludir
la res ponsabilidad es un hecho que se observa más en la actividad no
fundamental que en la fundamental . La cantidad de actos de aceptación de la
responsabilidad y de una autoevaluación adecua da de su actividad, tiene una
tendencia inversa, pues se eleva tanto con el aumento del grado general de
desarrollo del grupo, como con el paso de una actividad no significativa a otra
signi ficativa [L. A. Suj inskaia, 1 975, 1 977, 1 978] .
Así, los datos
experimentales citados demuestran
las hipótesis
de trabajo de la investigación, según las cuales la asignación de
la responsabilidad por parte de los alumnos está determinada
por el carácter de la actividad conjunta (fundamental y no fun
damental), así como por el grado de desarrollo del grupo . Por tanto, las
magnitudes que caracterizan el proceso de asignación de la responsabilidad
(número de actos de autoevaluación adecua da, número de actos de aceptación de
la responsabilidad, número de actos de no aceptación de la responsabilidad, los
coeficientes de correlación P ge y Pu que demuestran la relación entre las eva
luaciones que parten del grupo y del experimentador, así como del alumno y del
experimentador, etc.), pueden servir de índices parciales del grado de
desarrollo del grupo como colectivo.
138
Capítulo 7
LA SELECCIÓN EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES Y SU MOTIVACIÓN
Como ya se subrayó, las relaciones interpersonales se estudian, en lo
fundamental, mediante la sociometría, si la tarea de la investi gación es
explicar la diferenciación intragrupal y la existencia de selecciones y
preferencias . Éste fue el enfoque tradicional de este problema en la
psicología social . La concepción estratométrica per mite introducir
correctivos .
Los índices sociométricos se deducen de manera exclusiva sobre la base
del análisis de las relaciones de comunicación en el grupo y esto, como ya se
señaló, no puede dejar de ocasionar una actitud
atenta, pues la cantidad de selecciones obtenidas por uno u otro in
dividuo no dice nada acerca de la naturaleza de estas selecciones; la base
motivacional de la selección queda al margen . Claro está, cada grupo puede
verse como una red comunicativa que surge en el proceso de la interacción y de
la comunicación de sus miembros .
Sin embargo, el análisis sociométrico sólo puede dar una descrip ción
general de esta red de comunicación . Conjuntamente con esto, el mismo no nos
lleva a la comprensión de por qué en unas comu nidades el individuo está en
contraposición con el grupo y en otras esto no se observa. También se desconoce
cuáles son los motivos por los cuales se rigen los miembros del grupo, al
seleccionar a unos y rechazar a otros; qué se esconde tras la simpatía y la
antipatía, y si en realidad es necesario o no mantener como criterio
significati vo de selección, precisamente, la simpatía y la antipatía, y no
otras criterios .
El modelo del grupo que constituye la base de las investigacio nes
sociométricas como fenómeno emocional-psicológico, no posibi lita analizar las
relaciones interpersonales de los hombres sobre la base de determinadas normas
socialmente establecidas, de orien taciones valorativas y de evaluaciones,
pues todo lo reduce a regis trar las interacciones, las evaluaciones
emocionales mutuas y las inclinaciones. Con este enfoque muy específico, la
actividad orienta da del grupo y de sus miembros no se considera sencillamente
y, por tanto, no es objeto de investigación ni de estudio .
En la investigación de Yu . V . Yanotovskaia [ 1 973, b] se intentó
estudiar la «selección en la actividad»* incluida en la actividad la-
139
boral real de los adolescentes. La autora del trabajo planteó que la
selección sociométrica no siempre refleja la verdadera actitud hacia uno u otro
miembro del grupo, y que las relaciones manifestadas como resultado de la
utilización del procedimiento sociométrico, pueden no coincidir con las
relaciones reales de la vida, aunque los autores de todos los trabajos en que
se aplican metódicas sociomé tricas parten de la existencia de esta relación.
Para comprobar esta hipótesis se realizó una investigación que constaba
de dos ciclos . En el primer ciclo se evidenció la estructura de los colectivos
primarios mediante una de las variantes tradicio nales del método sociométrico
. A los grupos de alumnos de la es cuela media y de la técnico-profesional se
les hizo esta pregunta: «¿A quién de los compañeros prestarías ayuda en caso de
dificul tades?» (se consideró la situación concreta en la clase de tornería) .
En el segundo ciclo se determinaba, de manera imperceptible para los alumnos, a
quiénes ellos ayudaban en realidad en estas clases . Antes de comenzar las
operaciones laborales (el experimento se realizó en varias etapas: cuando no se
evaluaba el trabajo, cuan do se evaluaba y controlaba el cumplimiento de la
tarea y, por último, en las condiciones de la emulación), el maestro de oficio
informaba: «En caso de dificultades me pueden pedir ayuda o pue den ayudarse
entre sí .»
Al fij ar las solicitudes de ayuda en el proceso de todas las se ries
experimentales, Y u . V. Y anotovskaia obtuvo un panorama pre ciso de las
selecciones mutuas reales de los miembros de los gru pos en el proceso de su
actividad laboral . Se obtuvieron dos se ries de datos: selecciones
sociométxicas que el autor las consideraba de pronóstico y las verdaderas
selecciones. Al compararlas se evi denció una serie de diferencias esenciales
. Si las selecciones socio métricas manifestaron a los adolescentes y jóvenes
incluidos dentro de la categoría de los no preferidos; en las selecciones
reales no existía esta categoría. Esto significó que en la actividad conjunta
socialmente útil se manifiestan las verdaderas relaciones de los hombres entre
sí y ellas no coinciden con las relaciones obtenidas en el nivel sociométrico .
Dentro del marco de la actividad laboral se observó, en comparación con las
selecciones sociométricas, el predominio de relaciones positivas con un matiz
emocional, y no de las negativas .
El análisis de las selecciones de los compañeros de actividad demuestra
que «las estrellas» que obtuvieron la mayoría absoluta en las selecciones
sociométricas sólo pueden caer en el subgrupo de
140
los preferidos, seleccionado sobre la base de los resultados de las
selecciones realmente realizadas . En la selección sociométrica, como demostró
Yu . V. Yanotovskaia, el papel decisivo lo desempeñan las aspiraciones sociales
del grupo y del maestro de oficio fijadas en los clisés valorativos del
colectivo dado, los cuales determinan la orientación de la selección .
En la situación real de la actividad, la selección presupone el
pronóstico de la preferencia mutua que no sólo se fundamenta en la relación del
alumno con el compañero de actividad («yo quiero seleccionarlo»), sino también
en la evaluación del posible resulta do («¿Cuál será la actitud de los demás
cuando sepan que yo lo seleccioné?») . Por eso, en la realización de la
selección pueden de sempeñar un papel decisivo los motivos más diversos:
prestigio, firmeza, motivo de trabajo . Es importante subrayar que en el traba
jo de Yu. V . Yanotovskaia se habla de las «selecciones en la ac tividad»
determinadas por su contenido real .
La tendencia de los psicólogos que trabajan con las mediciones
sociométricas, es establecer mediante el procedimiento de la selec ción las
simpatías y antipatías de los miembros del grupo (lo cual responde a que estos
psicólogos tengan una representación del gru po como un fenómeno
emocional-psicológico) . Este hecho hace, ine vitablemente, que el problema
que trata la revelación de un sistema más significativo de las relaciones
interpersonales que caracterizan al grupo como comunidad socio-psicológica, salga
del marco del ex perimento . En realidad, la simpatía y la antipatía
constituyen una base muy inestable para el análisis de la naturaleza, la
esencia y los mecanismos de las interrelaciones grupales. Esto es una cuestión
que sienten todos los investigadores, incluso los adictos a la socio metría.
«Las escalas sociométricas de J. Moreno sólo son el comien zo, pero sus
trabajos ofrecen cierta idea acerca de las dificultades, de lo que aún queda
por hacer», señala T. Shibutani. 1
Se sabe que la interacción del hombre como personalidad con el medio
circundante se forma y materializa en el sistema de relacio nes objetivas en
su vida social y productiva. C. Marx escribió: «En la producción, los hombres
no sólo se interrelacionan con la naturaleza. Ellos no pueden producir si no se
unen de cierta ma nera para la actividad conjunta y para el intercambio mutuo
de su actividad . Para producir, los hombres establecen determinados vínculos y
relaciones y sólo dentro del marco de estos vínculos y
1 T. Shibutani: Psicología social, Moscú, 1 969, p. 333 (en ruso).
141
relaciones, existe su relación con la naturaleza y se realiza la pro
·ducción .»2
Tras los vínculos reales que se forman objetivamente en el pro ceso de
las interrelaciones de los hombres y que tienen un carácter objetivo,
detectamos una compleja red de aspiraciones, interés mu tuo entre sí y
diferentes posiciones, en los cuales se consolidaron las normas
interpersonales. Claro está, la evaluación del carácter y del valor de los
vínculos que se forman objetivamente, se determi na, ante todo, por la
investigación de los hechos reales; las accio·. nes y actos de los hombres, de
los resultados objetivos de su acti-vidad laboral conjunta. V . l . Lenin
subrayaba que es necesario valorar los propósitos y sentimientos reales de los
hombres sobre la base del análisis de sus acciones . Las acciones del hombre
son un rasgo decisivo, sobre cuya base se hace la deducción . «Está claro que
sólo hay un índice para ello: las acciones de esas perso nalidades y como aquí
hablamos tan sólo de "ideas y sentimientos" sociales, hay que añadir:
las acciones sociales de las personalidades; es decir los hechos sociales. »3
Incluso, conocer superficialmente la sociometría permite obser var que
las respuestas de los alumnos pueden no encerrar en sí el verdadero fundamento
de la selección, pueden no contribuir a de terminar con certeza los verdaderos
motivos; sino, por el contra rio, sustituir los verdaderos motivos por
motivaciones.
Ante los investigadores se plantea la interrogante de cómo evi denciar
en el grupo la verdadera dinámica interna de las interre laciones, la cual
sigue siendo latente e invisible para los métodos sociométricos que sólo
permiten detectar, de una manera más rá pida y definida que la simple
observación, el aspecto externo de estas relaciones. El aspecto exterior de la
interacción intragrupal puede verse como consecuencia de las profundas
relaciones invisi bles entre los miembros del grupo, pero la sociometría no
nos acer ca a la explicación de las cm�sas de la preferencia y del aislamien
to . En relación con esto, surge una tarea socio-psicológica impor tante que
debe incorporarse al estudio sociométrico: descubrir el núcleo motivacional de
la selección en las relaciones interpersonales; es decir, los motivos por los
cuales la personalidad está lista a es tablecer un contacto emocional (y
también de trabaj o) con unos miembros del grupo y a rechazar a otros [V . A.
Petrovski, 1 973] .
2 C . Marx y F. Engels: Obras,
t. 6, p. 44 1 .
3 V. l. Lenin: Obras completas,
t. 1 , p. 424 .
142
Ante el planteamiento directo de la interrogante, no siempre pue de
obtenerse una respuesta sincera; además, el individuo no pue de explicar por
qué prefiere a uno y no acepta a otro . Por eso, poner de manifiesto de manera
experimental la motivación de las selecciones interpersonales sobre la base de
los datos indirectos, adquiere una significación extraordinaria para los
objetivos seña lados .
La explicación del núcleo motivacional de la selección en el sis tema
de las relaciones interpersonales, sirve de ejemplo para per feccionar y
profundizar los tests sociométricos. Gracias a la in troducción del
procedimiento metódico de la selección del núcleo motivacional, surge la
posibilidad de pasar de la investigación de la capa superficial de la
comunicación a la investigación de sus capas más profundas . Así, el conjunto
de las relaciones interper sonales, de la manera en que el mismo se refleja en
la investiga ción sociométrica, sirve generalmente de característica estructu
ral fundamental de la comunidad estudiada. Los índices socio métricos
actúan como las variables psicológicas más esenciales durante el estudio de la
interacción intragrupal, y, desde el pun to de vista sociométrico, sentirse
seleccionado o rechazado siempre es una cuestión latente que debe descifrar el
pedagogo o el psi cólogo .
¿Qué representa en sí el corte sociométrico; es decir, la infor maci9n
encerrada en las matrices de la selección y en los socio gramas? ¿Con su ayuda
obtenemos cierto panorama fundamental o sólo descubrimos la capa superficial de
las interrelaciones no diferenciada por su naturaleza? Aquí pueden tenerse dos
posicio nes: 1) en comparación con el panorama formal de los vínculos de
trabaj o, la distribución sociométrica de las relaciones interperso nales en
el grupo, desempeña el papel de la estructura psicoló gica de los vínculos
sociales; 2) sin embargo, ella misma se con vierte en estructura formal
respecto a los factores de contenido que determinan la unidad psicológica del
colectivo . El procedi miento sociométrico, por ejemplo, es incapaz de distinguir
el co lectivo de la corporación y la corporación del grupo casual .
El predominio del enfoque sociométrico estrecho del problema de la
selección intragrupal es· posible según dos direcciones: en pri mer lugar,
mediante la creación de nuevos procedimientos experi mentales que se
estructuren sobre otra base experimental [Yu. V . Yanotovskaia, 1973 ; E. V .
Schedrina, 1 973, a, b]; en segundo lu-
143
gar, mediante esta «eliminación» del principio sociométrico, en el cual
el panorama sociométrico sólo se presenta como una forma ex terior de la vida
colectiva, mientras que el verdadero panorama consiste en las relaciones
motivacionales que unen en un todo único la comunidad de hombres estudiada. En
este caso, la sociometría no se desprecia, sino que ocupa su lugar en el
sistema del estu dio socio- psicológico del grupo. Es evidente que al
manifestar las relaciones esenciales que actúan en forma de coherencia socio
métrica, es necesario apartarse del panorama sociométrico, tener lo ante sí y
saber utilizarlo, pero no limitarse a él .
Supongamos que el escolar no está preparado para un dictado complejo
acerca del material dado y se le ha dado el derecho de elegir libremente al
compañero que desee para sentarse a su lado . Cuando el escolar tiene fe en la
ayuda del compañero que se sienta a su lado, no es dificil imaginarse la
operación que él rea lizará en su mente . En primer lugar, él quería sentarse
con Ar busov, porque, claro está, escribe correctamente y no vacila en prestar
ayuda; en segundo lugar, seleccionaría a Berezkin que ayuda aunque no lo hace
con deseos y, en quinto lugar, pusiera a Zaitsev; éste quiere ayudarlo
indudablemente, pero él mismo lo confunde todo y, por último, el último lo
daría a quien no sólo no intercambia conocimiento, sino que plantea al maestro
que lo molestan .
Claro está, cuando el escolar cree por completo en que puede ayudar al
compañero del lado, a pesar de que no confia en sus propias fuerzas, no es
típico . Sin embargo, si admitimos la posi bilidad de semejante situación y
comparamos dos series: una reali zada según la selección libre y otra según un
plan reservado: «Sé es cribir todo lo que hace falta»», entonces coinciden . Y
la esperanza de recibir ayuda es el contenido único del núcleo motivacional de
la selección del compañero para sentarse a su lado .
Un motivo determinado, analizado por sí mismo, sólo en raras ocasiones
puede servir de base segura de todas las selecciones en correspondencia con la
instrucción sociométrica. La solución res pecto a los orígenes motivacionales
de la selección en el colectivo, debe obtenerse al analizar necesidades
bastante generales de la personalidad en desarrollo, como la necesidad de
regirse por las orientaciones de valor de los grupos de referencia, la
necesidad de mantener relaciones de dependencia, la necesidad de intimidar
desde el punto de vista emocional con un número relativamente pe queño de
amigos, la necesidad de mantener un alto status en el
144
colectivo, la necesidad de identificarse con el colectivo y de expre
sarse en él, etc. Todas estas necesidades sólo pueden aislarse de manera
artificial entre sí . Sin embargo, ellas pueden manifestarse de las formas más
diversas en diferentes personas . Por eso, surge la tarea de determinar la
intensidad en que se manifiestan estás necesidades en la personalidad en una
situación de selección so ciométrica.
Repetimos que por núcleo motivacional de la selección se entiende el
sistema de motivos que iorma la base psicológica de la prefe
rencia individual manifestada por los individuos en el experimento
sociométrico. Supongamos que nos interesa la correlación de las necesidades en
la comunicación y en la actividad conjunta práctica con los compañeros. En la
vida del escolar, por ejemplo, estas ne cesidades se presentan como una unidad
. Surge la interrogante acer ca de su valoración comparativa en la selección
sociométrica. Pen samos que la primera de las necesidades puede representarse
por una orientación estable de los escolares hacia las siguientes cualida des
de los compañeros: «Con esta persona siempre pueden compar tirse alegrías y
penas>»>, «Con él siempre hay algo de que hablar»», «A él se le puede
confiar el mayor secreto»» . La necesidad de la actividad práctica conjunta
puede representarse con el plantea miento de los siguientes argumentos para la
selección: «En esta persona siempre puede confiarse», «En un momento dificil
halla la solución correcta», «Si promete algo lo cumple sin falta»», «Sabe ha
cer muchas cosas y nunca se niega a prestar ayuda» . Todas estas cualidades
pueden ser motivos de la selección en sociometría.
¿Qué grupo de cualidades que motivan la selección es más sig nificativo
en un caso dado para el escolar? La respuesta a: la pre gunta planteada puede
hallarse al comparar la división sociométri ca en rangos y la evaluación de
los compañeros de estudios en lo referente a cada una de las cualidades . El
alumno debe responder a esta pregunta: ¿Con quién quisieras quedarte en el
grupo, si éste se reorganizara? Según la · instrucción, el escolar hace su
selección, dentro de sus compañeros de estudio, en orden de preferencia, de los
más preferidos a los menos. Después el experimentador (con un intervalo de
varios días) propone a los alumnos que evaluén a sus compañeros de acuerdo con
cada una de las cualidades incluidas en los dos grupos de cualidades mencionados
por nosotros. Al cumplimentar la segunda tarea, los alumnos confeccionan una
lista de manera que aparezca en primer lugar una serie, una cate goría según
la primera de las cualidades personales propuestas
145
(por ejemplo: «¿Puede hablarse con este compañero acerca de nuestras
aspiraciones y sentimientos ?» ); en segundo lugar, se gún la siguiente
(¿Puede esperarse de este compañero una ver dadera ayuda en un momento
dificil?), etc . Así, todas las cuali dades se convierten en argumentos para
el establecimiento de las categorías .
Después de esto se realiza la correlación por categorías de las series
que guardan un orden según las cualidades particulares (se ries ualoratiuas)
con la serie obtenida sobre la base de la instruc ción sociométrica (serie de
preferencia).
Los elevados coeficientes significativos permiten aceptar la hi pótesis
acerca de que las correspondientes cualidades personales de los miembros del
grupo, pueden participar del núcleo motiva cional de la selección en el
experimento sociométrico y acerca de que ellas motivan la preferencia
individual .
En la situación citada, la evaluación de las selecciones obtenidas
permite, en primer lugar, aclarar cuáles de los grupos de cualida des
personales forman en principio las escalas de preferencia in dividual; en
segundo lugar, aclarar el peso relativo de cada uno de los rasgos citados, al
comparar entre sí los coeficientes de co rrelación; en tercero, determinar el
grupo de cualidades que se corresponden con los altos coeficientes de
correlación . El último grupo también forma el núcleo motivacional de la
selección . Des pués que ha sido determinado puede valorar cuál de las
necesida des de la personalidad domina en la selección .
Al realizar el experimento con el fin de establecer el núcleo mo
tivacional de la selección, se consideraron algunas circunstancias. Las
cualidades sujetas a prueba con vistas a incluirlas en el nú cleo
motivacional, pueden presentarse al alumno en las formas más diversas . Así,
las cualidades personales que deben evaluarse por cada alumno pueden ser dadas
como cualidades aisladas en su forma relativamente abstracta (bueno,
inteligente, honrado, jus to) . Entonces, la persona que evalúa, analiza al compañero
desde afuera. Al mismo tiempo, estas cualidades pueden presentarse en forma
integral («Lo conozco como un hombre muy honrado; me parece que esta persona es
atenta y buena, siempre puedo pedirle ayuda») . Los alumnos señalan a quién se
refiere, en primer lugar, en segundo lugar, etc . , cada uno de estos
planteamientos en su grupo. Por último, las cualidades pueden darse de manera
contusa. En este caso, al alumno se le propone que se fam iliarice con el
contenido de pequeñas historias en las cuales se describen los ac-
146
tos y las intenciones de los hombres en diferentes situaciones . La
conducta del héroe en cada una de estas situaciones, lo caracteriza desde
determinado punto de vista, lo cual descubre en él, por ejemplo, valentía,
honradez, decisión, etc . El alumno debe respon der a la pregunta acerca de
cuál de sus compañeros podría com portarse, en una situación semejante, de la
misma manera que el héroe de la historia. Después que todos los alumnos han
sido eva luados, los participantes en el experimento deben señalar cómo
comprenden cada una de estas situaciones y qué rasgos de la per sonalidad se
manifiestan en ellas .
Cuando elabora el material, el experimentador, al correlacionar las
series divididas en rangos respecto al contenido de las histo rias propuestas
para la evaluación con la serie sociométrica, esta blece el núcleo
motivacional de la selección . Manifestar el nú�leo motivacional de la
preferencia resulta útil cada vez que surjan las siguientes preguntas: ¿Por qué
el panorama sociométrico es precisamente así en este grupo? ¿Por qué este
miembro del gru po prefiere a aquél? ¿Por qué cierta parte del grupo se
incluye dentro de la categoría «estrella», y otra dentro de los «rechaza dos»?
La importancia de las respuestas a estas preguntas, es indu dable para la
psicología social del colectivo .
Se ha establecido de manera experimental que el contenido del núcleo
motivacional de la selección del compañero en la estructu ra de las relaciones
interpersonales, puede servir de criterio del grado alcanzado por este grupo
como colectivo . En la investiga ción de N. M. Shvaleva ( 1 978) se demostró
que la selección, en la fase inicial de la formación del grupo, se caracteriza
por un ma tiz emocional directo, y en este caso las orientaciones en la se
lección del compañero se orientan en mayor medida a los aspectos externos de la
persona seleccionada (sociabilidad, atracción exter na, manera de vestirse,
etc . ) que a los profundos rasgos personales internos. La selección en el
grupo de una fase más elevada de desa rrollo, no sólo se hace sobre la base de
los sentimientos que apa recen en la primera impresión, sino también a partir
de la evalua ción de las cualidades personales más profundas que se
manifiestan en la actividad conjunta y en los actos significativos para la per
sonalidad
Si al inicio del proceso de la diferenciación grupal, la orien tación
hacia las cualidades que expresan las relaciones hacia otras personas tiene un
carácter personal específico, a medida que el grupo se desarrolla estos motivos
de selección se llenan de conte-
147
nido social . En las primeras etapas de desarrollo de los grupos
nuevamente creados al seleccionar al compañero, los miembros del grupo parten
de las simpatías emocional-personales, pero después, durante el proceso de
formación del colectivo, el contenido del núcleo motivacional varía; las
selecciones están condicionadas por la orientación no hacia las cualidades
externas de la personalidad, sino hacia sus cualidades morales y laborales . A
medida que se desarrolla el grupo como colectivo se eleva el status, el «valor»
de estas cualidades de la personalidad que caracterizan la concepción del mundo
y la actitud hacia el trabajo; es decir, de las particula ridades que se
forman y se manifiestan en la actividad conjunta.
Capítulo 8
LA REFERENCIA COMO UNA CARACTERÍSTICA
DEL SISTEMA DE LAS RELACIONES
INTERPERSONALES
La formación y manifestación de la actividad de la personalidad en el
colectivo se determinan por las relaciones más generales de la personalidad y
la sociedad . Las posibilidades de autodetermi nación de la personalidad en la
sociedad, de la libre atribución a la misma de normas valorativas y posiciones
sociales, de la for mación de representaciones propias acerca de los objetos
con un valor social, forman el rasgo característico de estas relaciones. En las
manifestaciones de este tipo se incluyen los vínculos de re ferencia de la
personalidad con las personas que le rodean, consis tentes en que el individuo
se orienta de manera selectiva para asumir · la posición de los demás, cuando
elabora la relación pro pia con los objetos que le son valiosos.
En esta relación surge la tarea de la división teórica y del es tudio
experimental del fenómeno de la reíerencia, como una de las formas de las
relaciones interpersonales en el grupo y de la determinación de la peculiaridad
u originalidad cualitativa del siste ma de las relaciones interpersonales .
Para llegar al estudio del fenómeno de la referencia es necesa rio
detenerse en las investigaciones de los llamados grupos de re ferencia
iniciadas a principios de la década del 40 en la psicolo-
148
gía social norteamericana. Describamos en sus rasgos más carac
terísticos las etapas fundamentales de la interpretación teórica del concepto
«grupo de referencia», así como la serie de los datos em píricos más
esenciales que sirvieron de base para esto .
La interpretación de estos datos comenzó a adquirir gradual mente una
gran significación, al incorporar un círculo cada vez más diverso de fenómenos,
y esto dio base a M. y C . Sherif para señalar que «por desgracia, la
concepción de los grupos de refe rencia se utilizó con frecuencia como una
teoría general para ex plicarlo todo» . 1
Apenas introducido, el concepto «grupo de referencia» marcó rápidamente
eu rumbo para la realización de una serie de trabajos (T. Newcomb, M . Sherif,
R. Hartley) y, al cabo de diez años, co menzó a figurar en un gran número de
trabajos, en el estudio de diferentes problemas (desde enfermedades psíquicas y
delincuen cia infantil hasta comunicaciones masivas y formación de opinio
nes) .
H. H. Hyman2 fue el primero de
los psicólogos sociales que co menzó a utilizar el término «grupo de
referencia» . Descubrió que la disposición del individuo en relación con los
objetos que le son valiosos, depende tanto de la comparación con las disposiciones
del grupo del cual es miembro, como de los grupos externos en relación con un
individuo y del cual no es miembro . Hyman esta bleció que, al estudiar el
problema de cómo un mismo sujeto va lora su status emocional, sobre esta
valoración influye en gran me dida con qué grupos de individuos él mismo se
compara; en otras
palabras, qué grupos le sirvieron como «cuadros de comparación» . Hyman
llamó a estos grupos, grupos de referencia. Muy pronto, el término de H. Hyman
comenzó a figurar en la literatura socio psicológica para designar en general
cualquier grupo con el cual el individuo compara su disposición .
Casi al mismo tiempo que H. Hyman, T. Newcomb comenzó su conocida
investigación, en el colegio Benningion.3 Éste demostró que la tendencia de las
disposiciones de los sometidos a prueba, dependía del grado de aceptación de
los mismos por la comunidad del colegio como cuadro para la comparación . Esta
investigación
1 M. L. Sherif y C. W. Sherif:
Social Psychology, Nueva York, 1 969, p. 423 .
2 H. H. Hyman: The Psychology
oí Status, Nueva Jersey, 1 942.
3 T. M. Newcomb: Personality
and Social Change, Nueva York, 1 943.
149
permitió a T. Newcomb definir así el concepto grupo de referen cia :
«Acerca de otras personas se dice que forman el grupo de referencia para la
personalidad, si en su orientación influye una red de normas con las cuales,
según su hipótesis, comparte la mis ma.»4 El hecho de que los individuos
puedan formar sus orienta ciones tanto en correspondencia con las normas del
grupo, como en contra de ellas, brindó a T. Newcomb la fundamentación para
afirmar la existencia de grupos de referencia, tanto positivos como negativos .
T. Newcomb dividió dos nuevos aspectos en la investigación de los grupos
de referencia. El primero, el principal, consiste en atri buirle al grupo de
referencia una función normativa (H. Hyman no lo hizo); el segundo radica en
que el mismo grupo se le exa mina como poseedor, en mayor o menor grado, de
referencia (en sentido normativo) para cada miembro de este grupo .
M . Sherif, a quien pertenece la afirmación final del concepto «grupo de
referencia» en la psicología norteamericana, subrayó que es necesario
diferenciar el grupo de pertenencia y el grupo de re ferencia propiamente
dicho .
Señaló que el grupo de referencia es un concepto psicológico, pues para
él lo más característico es «la referencia personal» del individuo con el
grupo, la identificación del individuo con este grupo . Sherif define los
grupos de referencia como «los grupos con los cuales el individuo se relaciona
como una parte o a los cua les quiere pertenecer psicológicamente».5 El hecho
de que M. Sherif distinga en el grupo de referencia, ante todo, sus aspectos
valora tivos y normativos, asemeja, en cierto grado, su posición a la posición
de T. Newcomb .
En 1 960, R. Hartley6 realizó la investigación del papel de las normas y
estándares del grupo de pertenencia, para la admisión de este grupo como de
referencia;
4 C . E. Swanson, T. M. Newcomb
y E. Z. Hartley (eds.): Reedings in Social Psychology, Nueva York, 1 952, p. 4
1 1 .
M. L . Sherif y C . W. Sherif:
«Groups in Harmony and Tensiom>, en An lnterpretation ofStudies on
Intergroup Relations, Nueva York, 1 966, p. 1 6 1 .
6 R. E. Hartley: «Norm
Compatibility, Norm Preference and the Acceptance ofNew Reference Groups-, en
Hymann, M. M. y J. Singer ( eds. ) Readings
in Reference Group Theory and Research, Nueva York, 1 968; R. E.
Hartley: -Personal Characteristics and Acceptance of Secondary Groups as
Reference Groups-, en Joumal of Individual Psychology, 1 957, no. 1 3 .
150
Ella trató de descubrir el papel de las normas y estándares del grupo
dado en este proceso . Además de esto, esta autora vio, por primera vez, un
nuevo aspecto en el sistema «individuo-grupo de referencia», al establecer una
relación entre algunas característi cas personales manifestadas en el
individuo y el grado de ma nifestación de la tendencia para la aceptación del
grupo de re ferencia.
El intento de plantear el problema de los grupos de referencia sobre una
base puramente teórica, se hizo en el trabaj o de R. Mor ton y A. Ross .7 • •
Sus estructuras teóricas se basaban por completo en d análisis de los trabajos
realizados por otros autores y, en mayor medida, en razonamientos puramente
lógicos. Al señalar sobre qué debía dirigirse, en lo fundamental, la atención
de los inves tigadores de los grupos de referencia, describir los problemas
fun damentales que deben solucionar los investigadores y proponer al gunas
variantes para la solución de los mismos, R. Morton y A . Ross intentaron
elaborar la teoría de los grupos de referencia. Su trabaj o demostró que el
problema de los grupos de referencia aún se encuentra en la etapa más temprana
de su desarrollo, y el campo de su investigación práctica es aún demasiado
estrecho en comparación con el campo de las estructuraciones teóricas .
Incluso, el estudio más superficial de los diferentes problemas en el
campo de la teoría de los grupos de referencia, permite ver que en el concepto
grupo de referencia diferentes autores intro dujeron un contenido diferente .
En este sentido, H. Kelley, quien propuso diferenciar dos tipos de grupos de
referencia: los compa rativos y los normativos, hizo un gran aporte en el
desarrollo de la teoría de los grupos de referencia. Con los normativos rela
ciona todos los grupos en los cuales «el individuo se siente moti vado para
alcanzar o lograr aprobación» . Para garantizar una aprobación semejante, al
individuo le resulta necesario conciliar su posición con quienes expresan,
desde su punto de vista, la esen cia de los puntos de vista de los miembros del
grupo. H .M. Kelley propuso relacionar con la categoría de los grupos de refe
rencia comparativos todas estas definiciones, según las cuales el grupo de
referencia se enfoca como «el grupo que el individuo uti-
7 R. K. Morton y A. S. Ross:
«Contributions to the Theory of Reference Groups Behaviorn, en Morton R. K.:
Social Theory and Social Strncture, Londres, 1 964.
151
liza como punto de referencia cuando se evalúa a sí mi ::::mo. y a los
demás>> .º
De la división de los dos tipos diferentes de grupos de referen cia se
propuso el tránsito directo a la división de dos funciones del grupo de
referencia en la definición de la orientación de la personalidad: la función
normativa del grupo de referencia sirve para garantizar los estándares de
conducta y las normas grupales del individuo; la función comparativa se
manifiesta porque el gru po puede servir de punto de recuento para que el
grupo se eva lúe y evalúe a otras personas . H. Kelley señala que estas dos
fun ciones pueden cumplirse por un mismo grupo, esto es caracterís tico, con
frecuencia, para el grupo de pertenencia.
Otro intento para clasificar los grupos de referencia lo hizo T.
Shibutani,9 quien, además de los tipos señalados por H. Kelley, propuso dividir
como especial un tercer tipo de los grupos de re ferencia en el cual un
individuo aspira a avanzar en el plano so cial . Sin embargo, para Shibutani
es característica una represen tación acerca del grupo de referencia que puede
relacionarse con el tipo de grupos de referencia normativos . T. Shibutani
define el grupo de referencia como aquel, «cuya concepción del mundo se utiliza
por la persona dirigente como marco de referencia en la organización del propio
campo de la percepción» . 1º
La fam iliarización con los trabajos teóricos acerca de los grupos de
referencia, permite hacer algunos señalamientos. Primero: di ferentes autores
lo atribuyen al concepto «grupo de referencia» va lores desiguales, por eso
existen varias definiciones de este con cepto . Segundo: la mayoría de los
autores están de acuerdo en que el grupo de referencia cumple dos funciones
fundamentales: la normativa y la comparativa. No es dificil observar que estas
funciones están relacionadas: para que la orientación de la norma del grupo de
referencia tenga lugar, es absolutamente necesario que el sujeto compare sus
normas con las del grupo . El hecho de la comparación se considera tan natural
que ni siquiera se men*
H. M. Kelley: «Two Functions of Reference Groups», en Readings in Social
Psychology, Ed. G. E. Swanson. T. M. Newcomb y E. Z. Hartley, Nueva York, 1
952.
T. Shibutani: «Reference Groups as Perspectives», en American Joumal ol
Sociology, 1 955, no. 60, p. 562-569.
1 º Idem, p. 565.
152
ciona; además, en los últimos tiempos en las definiciones del gru po de
referencia se subraya, cada vez más, su aspecto normativo . Tercero: cuando se
habla acerca de algunas particularidades de la investigación del grupo de
referencia, observamos que no pode mos encontrar, en la literatura a nuestra
disposición ,ninguna descripción de los métodos específicos concretos que
permiten mos trar cualquier grupo de referencia del individuo, ningún señala
miento en cuanto a la existencia de esos métodos .
Así, el análisis más somero de las definiciones existentes de los grupos
de referencia, permite hacer la conclusión acerca de que todas estas
definiciones se orientan hacia los factores generales que descansan sobre la
base de un sistema no investigado antes de relaciones interpersonales
existentes entre el individuo y su grupo de referencia.
En la literatura examinada no hemos encontrado, por muy ex traño que
sea, el intento de aclarar el carácter específico de este sistema de
relaciones; es decir, el fenómeno de la referencia, el cual evidentemente puede
y debe destacarse como resultado del análisis de las características que se le
atribuyen a cierto tipo de grupos (grupos de referencia) .
No obstante la diferencia en las definiciones del concepto «gru po de
referencia», es evidente que la elección del término no es casual . Según
nuestro punto de vista, la orientación de los indi viduos con relación a
algunos aspectos valiosos del grupo de re ferencia, es el punto común que -por
lo menos, de manera encu bierta- está contenido en la mayoría de las
definiciones. Nadie niega que estos valiosos aspectos son característicos para
los gru pos de referencia que H. Kelley atribuyó a la categoría de nor
mativos . Sin embargo, según nuestro punto de vista, ellos están presentes en
los llamados grupos de referencia comparativos. En realidad, es dificil suponer
que el individuo compare su propio status con uno u otro grupo de manera casuab
Al parecer, para utilizar algún grupo como punto de compara
ción es necesario, o bien conocer los valores de este grupo, o, por
lo menos, atribuirle a este grupo determinados valores. Al mismo
tiempo, al orientarse en las normas y valores de su grupo de re
ferencia, el individuo no puede dejar de comparar estas normas y
valores con las suyas propias; para que las normas del
grupo de
referencia sirvan de orientación al individuo en cuanto a su com
portamiento (y, precisamente, este punto se subraya en las defini
ciones de los grupos de
referencia relacionados con las
catego-
153
rías de los normativos, según H. Kelley), él debe comparar de ma nera
constante su comportamiento real con las normas de su gru po de referencia.
Así, podemos llegar a la conclusión de que como para los grupos de referencia
comparativos es característico el punto de los valores, para los grupos de
referencia normativos es característico el momento de comparación; es decir,
las dos fun ciones diferentes de los grupos de referencia (normativo y compa
rativo) poseen una profunda unión interna. Por tanto, la división -por una
parte, de los normativos y, por otra, de los comparati vos (grupos de
referencia)- no encierra en sí una contraposición manifiesta. El punto de
comparación del individuo con su grupo de referencia y el punto de
condicionamiento por los valores de esta comparación, pueden examinarse como
dos factores presen tes, al mismo tiempo, en cualquiera de las definiciones de
los gru pos de referencia.
Sobre la base del análisis de otro tipo de grupo de referencia,
planteado por T. Shibutani, podemos destacar un tercer factor que es general
para una serie de definiciones de los grupos de refe rencia : el llamado
factor de aspiración para elevar el status social .
Por último, consideramos posible introducir entre los factores
característicos para los grupos de referencia, también el factor de valoración;
es decir, la orientación del individuo para la valora ción de sus acciones y
su comportamiento, de sus cualidades per sonales, etc . , por parte del grupo
de referencia. Incluso cuando el individuo no reciba una valoración directa ni
indirecta por sus ac- , ciones, no puede dejar de pensar cómo lo evalúa, en
principio, el grupo que él considera su grupo de referencia. Para que las nor
mas y estándares del grupo de referencia sirvan de orientación para el
comportamiento del individuo, debe comparar de manera cons tante su
comportamiento real con las mismas; es decir, comprobar si está orientado
correctamente en estas normas . Esto sólo puede hacerlo si sabe cómo lo valora
su propio grupo de referencia (por que no tiene los índices objetivos del
grado en que se orienta co rrectamente por estas normas), o cuando el
individuo y su grupo de referencia no entran en una interacción y él supone que
el gru po lo valora, de una u otra manera, como personalidad.
Así, destacamos cuatro factores fundamentales que descansan sobre la
base de algún sistema de relaciones interpersonales y se manifiestan cuando se
estudia el problema de la relación del indi viduo con el grupo que es para él
su grupo de referencia. Estos factores son: valorativo-normativo (que se
manifiesta con mucha
154
claridad en los grupos de referencia normativos), factor de compa
ración (el más característico para los grupos de referencia compa rativos),
factor de tendencia a elevar el status social y, por último, el factor de
valoración (que refleja la orientación de la personali dad con relación a su
valoración actual o potencial por parte del grupo de referencia) . Los tres
primeros factores se escogieron di rectamente de la clasificación de grupos de
referencia antes pro puesta; el cuarto se introdujo a partir del análisis
cualitativo de la esencia de las relaciones entre el individuo y su grupo de
re ferencia.
Como hemos podido ver, a partir
del análisis de la
literatura,
el factor valorativo-normativo domina
en diferentes definiciones
de los grupos de referencia. Sin embargo, la pregunta acerca de cuál de
los cuatro factores es el más importante para la compren sión de la naturaleza
de los grupos de referencia sólo puede resol verse definitivamente con la
ayuda de una investigación especial mente organizada, acerca de la cual
hablaremos a continuación .
Cuando se unen los cuatro factores tenidos en cuenta en las de
finiciones de los grupos de referencia en los trabajos de diferen tes autores,
separaremos lo que entra de una manera estable en la representación de cada
autor; es decir, se forman las caracte rísticas invariables en cuanto a la
interpretación de los grupos de referencia. Aquí hablamos acerca de dos
características fundamen tal�s de los grupos de referencia que participan de
las diferentes interpretaciones de este concepto . El primero consiste en que
el grupo de referencia es un grupo importante para el individuo . Al definir
los grupos de referencia como importantes, partimos del concepto de importancia
del objeto como si en este objeto estu viera reflejada una u otra necesidad
del individuo. 1 1 En este caso se tiene en cuenta la necesidad del individuo
de formarse posiciones propias, opiniones, de hacer sus propias valoraciones
respecto a algunos objetos importantes . Como otra característica esencial sub
rayamos el punto de selectividad cuando la personalidad determi na sus
orientaciones en el conjunto de las relaciones con quienes
1 O rodean. La selectividad como característica de orientación de la
personalidad es, al mismo tiempo, característica de la actividad de la
personalidad en condiciones de interacción con otras perso nas . La
personalidad no resulta sencillamente un punto de orien-
1 1 La psicología general Bajo la redacción de A . V. Petrovski, Moscú,
1 977, p. 1 09 (en ruso).
155
tación con relación a ciertas normas y estándares, sino que ocu pa una
determinada posición en relación con quienes representan estas normas y
estándares y se manifiestan en la preferencia de un determinado círculo de
personas entre varios .
Ahora podemos, sobre la base de la división de las caracterís ticas
señaladas, introducir el concepto referencia, el cual descri be el fenómeno de
orientación selectiva en el círculo de grupos o personas importantes para un
individuo dado . Esta orientación se lectiva sucede por la necesidad del
individuo de representarse el ob jeto que es importante para él, y su base la
forman los cuatro factores divididos por nosotros y característicos para los
grupos de referencia (en lo adelante, los llamaremos factores de referencia) .
Señalemos la particularidad del concepto de referencia introdu cido por
nosotros . En el marco de la teoría de los grupos de refe rencia sólo se
examina la relación entre el individuo y su grupo de referencia. El concepto de
referencia permite hacer un singu lar traspaso de las representaciones acerca
de las relaciones entre el individuo y su grupo de referencia al sistema de
relaciones in terpersonales del individuo en el grupo .
La tendencia, señalada antes por nosotros, de orientar la inves
tigación hacia la revelación de los parámetros valorativos y norma tivos que
actúan en la fenomenología de la referencia -apareci da en muchos trabajos
dedicados a los grupos de referencia-, po sibilita incluir orgánicamente los
problemas de la referencia en el círculo de problemas característicos para el
enfoque estrato métrico para la investigación socio-psicológica.
De especial importancia para comprender el problema, objeto de nuestro
estudio, resulta la idea de la organización poliestrati ficada de la actividad
del grupo, en la cual se destaca, en particu lar, el estrato superficial en el
cual ocurren las interacciones e in terrelaciones no mediatizadas por el
contenido de la actividad con junta, sus objetivos y valores (aquí ocupan un
lugar fundamental las preferencias y las elecciones sociométricas reveladas), y
en un nivel inferior se encuentra el estrato en el cual la actividad inter
grupal resulta mediatizada por los valores que funcionan en un colectivo dado .
Los fenómenos de la referencia pueden interpretarse como los que se encuentran
en el estrato más profundo de su acti vidad intragrupal; es decir, en el
estrato de las relaciones interper sonales condicionadas por los valores o
mediatizadas por los valores.
156
El individuo que entra en un grupo asimila las orientaciones respecto a
los valores y actúa sobre la base de ellas, como resulta do de la interacción
activa con otros miembros del grupo . La asi milación de las orientaciones de
los valores siempre presupone la presencia de un determinado control sobre el
comportamiento del individuo y la valoración de su aporte a la actividad grupal
y a la comunicación del grupo, la valoración de su comportamiento en la
sociedad, de su vida social y, lo fundamentalmente importante, su valoración
como personalidad . En esta relación desempeña un papel especial la opinión
social que adquiere la forma de un con trol que corrige y orienta el
comportamiento del hombre en el grupo . El individuo, al orientarse en un
posible control, le atribuye al grupo esperanzas en lo referente a las
características fundamen tales (que él interioriza) de su comportamiento en el
grupo y de su aspecto psicológico en general . Todo esto muestra el papel y el
valor de los fenómenos de la referencia como factores que orien tan al hombre
en el complej o, y no siempre del todo conocido, sistema de relaciones
interpersonales . La personalidad, al orientar se en el grupo, distingue de
manera consciente o inconsciente a las personas capaces de valorarlo por los
parámetros que él miamo considera fundamentales. De esta manera surge la
posibilidad de separar un círculo de personas que son el punto de referencia
para la personalidad y por cuyas opiniones y valoraciones está preparada esa
personalidad para orientarse, cuando se supone a sí misma objeto de atención
por parte de quienes lo rodean . (Aun cuando esta atención sea ilusoria, como
puede suceder cuandp el grupo de referencia con el cual el sujeto quisiera
encontrarse al mismo nivel, lo ignore o, incluso, no sepa de su existencia.)
La propia cualidad de punto de referencia sólo puede descu brirse a sí
misma en condiciones del constante surgimiento de situaciones en la actividad
grupal, que relacionen al sujeto con los objetivos esencialmente importantes
para él . Los objetivos y las tareas de la actividad conjunta, las situaciones
emotivas y con-· flictivas, los participantes de la actividad conjunta, las
dificulta des objetivas que surgen cuando se realiza esta actividad, las cua
lidades personales del propio sujeto, etc., pueden presentarse como estos
objetos . Según los requisitos metodológicos de la psicología soviética, al
analizar esta correlación del sujeto con los objetos que le sirven de
orientación en lo referente a los valores, se nos plantea el problema de
salimos de los límites de la superación del «postulado de inmediatez»» (A. V.
Petrovski, 1 977], Esto sig-
157
nifica que la correlación del sujeto y de los objetos de orientación se
realiza de manera mediatizada (mediante la utilización de orien taciones en lo
concerniente a los valores de uno u otros miem bros del colectivo, mediante la
utilización de lo importante para otro).
El concepto de referencia descrito antes, consistente en que la
tendencia del individuo respecto a cierto objeto importante para él puede
materializarse mediante el establecimiento de una inter acción con otro sujeto
(cuando la relación con otro objeto actúa como eslabón mediatizador de la
relación del sujeto con el objeto importante), posibilitó presentar la
referencia como una forma concreta de manifestación de las relaciones
específicas sujeto-suje to-objeto entre los individuos.
Si por relación se entienden los motivos de una tendencia de terminada,
sobre todo los motivos del sujeto, observamos que la relación de referencia es,
al parecer, diádica. El objeto más cer cano de esta relación es para cierto
individuo otro sujeto; más concretamente, el interés que tenga en este sujeto,
el interés que tenga en actuar de acuerdo con esta persona. En este sentido di
remos que el otro sujeto es de gran valor para el individuo . Al mismo tiempo,
la fuente principal de la relación de referencia, de su fundamentación interna,
es la necesidad del sujeto de cono cer el objeto importante para él . En
correspondencia con su estruc tura diádica, la referencia puede presentarse
como una relación su jeto -sujeto-objeto en la cual lo importante es el objeto
y el sujeto que le sirve de necesidad al individuo para orientarse por este su
jeto .
La relación de referencia descansa sobre la base de las rela ciones
práctico-reales y de comunicación de los individuos, quie nes actúan en forma
de selecciones y preferencias realizadas direc tamente y que manifiestan los
individuos entre sí . A diferencia de las relaciones de referencia, ocultas al
observador externo, estas relaciones -llamémoslas vínculos de referencia-
actúan «sobre la superficie» de los procesos de grupos y dan paso al estudio
expe rimental de las relaciones de referencia del grupo .
Cuando hablamos acerca del objeto de orientación, hacemos una aclaración
importante con relación a cómo es necesario com prender este objeto . Tenemos
en cuenta el objeto con valor per sonal para el sujeto . Así, cuando se trata
del problema de la re ferencia, analizamos el concepto de objeto omitiendo
todos los casos cuando el objeto no tiene valor personal para el sujeto y,
158
por consiguiente, en su búsqueda de información importante para él, el
sujeto no se dirige solamente a la persona con valor para él, sino también a la
fuente de información como tal; en este caso, otra persona actúa, de hecho,
como una obra de referencia, como un letrero . Éste es el momento en que el
otro sujeto, con valor per sonal y que servía como fuente de información,
pierde su valor.
En el fenómeno, que nos interesa, de referencia de la informa ción
acerca del objeto con valor personal para el sujeto, esta in formación está
presentada por otros sujetos importantes que me diatizan su interés por la
misma; y aún más importante, esta infor mación le es necesaria al individuo no
por sí misma, sino como algo que el individuo relaciona con sus propios puntos
de vista, con sus opiniones, apreciaciones; es decir, como si regresara de
nuevo a la personalidad del sujeto .
Así, comprender la referencia como una forma concreta de la relación
sujeto-sujeto-objeto,12 presupone enfocar el objeto de in formación como
poseedor de valor personal, y enfocar el otro su jeto importante como portador
de información de valor personal para el primer sujeto . En este sentido no es
imprescindible compren der la información con valor para el sujeto como algo
presenta do en formas explícitas (por ejemplo, en forma verbal). En cierto
sentido puede hablarse acerca de la comunicación interna del in dividuo con la
persona que le sirve de referencia. En las condi ciones de la actividad de
grupo y de las interrelaciones de los gru pos, las posibilidades de la
personalidad se hacen infinitamente
í2 El concepto
de la referencia
como una forma
de las relaciones sujeto
sujeto-objeto -introducido por
primera vez por
nosotros en un
trabajo
científico-, atrae la
atención hacia un
nuevo fenómeno socio-psicológico no
estudiado antes, el cual se encuentra, de
esta manera, junto
a una serie
de otros fenómenos,
ya conocidos del segundo estrato
en la estructura
de
varios niveles de
las interrelaciones de grupos,
y con fenómenos
cuyo estu
dio, en los marcos de la concepción estratométrica, sólo comienza.
Así,
V. A. Zozyl comenzó
el estudio experimental de los fenómenos de la autori
dad en el colectivo. Su
esencia consiste en
otorgarle al sujeto
el derecho
de decidir, por otro individuo, con valores para la causa común. Eviden
temente, el fenómeno de la
referencia y de
la autoridad forman
una uni
dad, aunque no sean idénticos. Puede suponerse que la
persona, la autori
dad en alguna
relación es, en esa misma relación, persona de referencia;
aunque no cualquier persona de
referencia pueda serlo de autoridad. Es
decir, a cada uno
no se le puede
otorgar el derecho de solucionar
los pro
blemas con valor para el
sujeto. La explicación de la
relación de la referen
cia con este y otros fenómenos de la actividad intragrupal, debe ser, sin
duda, objeto de un estudio teórico y experimental especial.
159
mayores y «el diálogo interno»» se exterioriza, y en ciertas circuns
tancias ocasiona la comunicación con un interlocutor, con un com pañero, con
su pareja, cuya posición y valoración son de gran valor para el sujeto . La
referencia encierra en sí misma una po sibilidad potencial para dirigirse a un
individuo valioso seleccio nado entre muchos otros individuos, para lograr una
referencia mediatizada en relación con el objeto de conocimiento, importante
para el sujeto en condiciones de interrelaciones grupales .
Así, ahora podemos definir, de la siguiente manera, el concepto de
referencia: es una forma de las relaciones sujeto-sujeto-objeto
que expresa la dependencia del sujeto respecto a otro individuo y actúa
como una relación selectiva respecto al sujeto en condiciones
de tareas relacionadas con la orientación hacia el objeto con va lor
personal. Por orientación se comprende la tarea de percibir el objeto, de
comprender, de valorar todo lo concerniente al objeto .
El individuo, cuando establece su posición en relación con el objeto con
valor personal para él, manifiesta una determinada re lación con el otro
individuo; por ejemplo, el interés por la opi nión de este individuo, a
propósito del objeto dado . «El otro in dividuo de valor* » resulta lo que
pudiéramos llamar el espejo en el cual se refleja tanto el propio individuo,
como el mundo que lo rodea. Así, la relación que establece con el otro
individuo resulta un acto instrumental que sirve a la necesidad de orientarse
en el objeto .
Es lógico suponer que los individuos que forman un grupo, son capaces,
en diferente medida, a partir del punto de vista de algún miembro de este
grupo, de actuar como punto de orientación; en otras palabras, la referencia de
estos individuos con relación a un individuo dado, es diversa.
Cuando pasamos a determinar el objeto de investigación expe rimental de
referencia, señalamos que -como puede verse en la literatura- el interés de
diferentes investigadores se centró en re velar los grupos de referencia para
un individuo dado, grupos de los cuales este individuo no es miembro, o en
revelar la tendencia del individuo de aceptar, en una u otra medida, su grupo
de per tenencia como grupo de referencia,- es decir, atribuirse en uno u otro
grado la calidad de grupo de referencia. Hemos propuesto otro enfoque para el
mencionado problema, y es precisamente el
intento de caracterizar de manera cualitativa el fenómeno de la re
ferencia mediante la revelación de lo que sería un grupo de refe-
160
rencia; o sea, un grupo de personas que sirven de referencia para un
individuo dado y que entran junto con él en su grupo real . Este círculo de
personas está llamado a ser un valioso círculo de comu nicación; el mismo se
presentó como un modelo de estudio del fenómeno de la referencia en el sistema
de relaciones interper sonales en el grupo y constituyó un objeto especial de
investiga ción .
La primera tarea de nuestra investigación fue encontrar un pro
cedimiento experimental mediante el cual podría mostrarse el círculo de
personas importantes para el individuo (en relación con la valoración de las
cualidades de su personalidad, de su comporta miento, de su contribución real
a la actividad del grupo); es decir, un valioso círculo de comunicación del
individuo en su grupo real . La segunda tarea consistía en encontrar las
particularidades de las relaciones interpersonales que descansan sobre la base
de la selección de las personas de referencia en el grupo .
En general, a la investigación experimental se sometieron 23 grupos que
funcionaban en realidad y que reunían en total 40 1 personas. En dos grupos (48
personas) se realizaron investiga ciones-,piloto, cuyo objetivo radicaba en
trabajar en el perfeccio namiento del trabajo metódico . El experimento
fundamental se realizó en los 2 1 grupos sometidos a prueba, que contaban de
353 personas; de ellos, 17 grupos son estudiantes de la Escuela Peda gógica Qe
la ciudad de Dnepropetrovsk/\ cuatro grupos estudia ban en las Facultades de
Física y de Matemática de la universidad estatal de la mencionada ciudad . Cada
grupo tenía experiencia de trabajos en conjunto durante no menos de dos años.
La hipótesis te<'!rica fandamental, como se deduce de lo dicho antes,
radicaba en que en el grupo existe un sistema específico de relaciones
interpersonales como relaciones de referencia consisten tes en el carácter
específico de las preferencias de los miembros del grupo entre sí y en la
presencia de fundamentos específicos -de referencia- de estas preferencias .
A causa dé que la referencia se caracteriza por ser un elemento de
selección, surge la necesidad de correlacionar las selecciones interpersonales
de acuerdo con la característica de referencia, con las selecciones
interpersonales de acuerdo con otras características . Como fundamento -y, tal
vez, de carácter único de las preferen cias interpersonales en el grupo-, el
carácter selectivo sociométri co se estudia
de manera tradicional . Por eso adquiere un valor especial la
correlación de un círculo de personas que sirven de re-
161
ferencia para un individuo dado, y de un conjunto de personas
seleccionadas por él desde el punto de vista de la sociometria. Así, ía primera
hipótesis empírica encierra en sí misma la hipótesis acerca de la posibilidad
de que los cuadros de selección referento métrica y sociométrica no coincidan
o, incluso, discrepen en lo esencial.
La segunda hipótesis empírica se refiere a las posibles bases de las
selecciones interpersonales de los grupos de personas en el grupo y consiste en
que existe una interacción entre la selección de la persona de referencia y su
valoración según una serie de facto res esenciales que entran, de manera
implícita, en la interpreta ción socio-psicológica de los grupos de
referencia. La corrobora ción de esta teoría no sólo nos hablará acerca de la
espeficidad de los fundamentos valorativos de la selección de referencia, sino
también de ía correspondencia de las revelaciones empíricas en lo referente a
las relaciones de referencia (como la selección de la per sona de referencia)
con la representación teórica acerca de la esen cia de la referencia (como la
necesidad de relacionar su valor con los valores de la persona seleccionada) .
Cuando esta relación quede establecida, el acto de selección puede
interpretarse como una referencia referentométrica y las personas seleccionadas
como personas de referencia.
Más adelante en los límites de esta hipótesis, nos será necesa rio
examinar el problema acerca del papel que desempeña el factor de la información
subjetiva (seguridad) acerca de las opi niones o valoraciones de otra persona
como determinante poten cial no específico de la selección referentométrica.
En este sen tido no destacamos la suposición en cuanto a que este factor no
influye, de manera esencial, durante la selección de las personas va liosas y,
de esta manera, no entra en el número de fundamenta dones de las selecciones
de referencia.
Y, por último, para la futura fundamentación de la tesis acer ca del
carácter específico del sistema de preferencias -dividido por nosotros - en el
grupo, también resulta útil relacionar la fun damentación interna de la
selección en los actos de la preferencia referentométrica y sociométrica. En la
tercera hipótesis empírica se plantea la hipótesis acerca de que la
fundamentación interna de la selección, por parte del individuo, de las
personas aceptadas desde el punto de vista sociométrico, se diferencia de los
funda mentos internos de la selección, por parte de este individuo, de las
personas que le sirven de referencia.
162
Pasemos a describir el desarrollo real del trabajo . En él se dis
tinguen cuatro etapas .
Al principio se manifiesta el cuadro sociométrico de la relación entre
los individuos según dos criterios: el del trabajo y el del descanso. Para cada
individuo, en el grupo se señalaron tres per sonas por quienes mostró
preferencia y tres que rechazó según cada uno de los criterios, se definieron
los status sociométricos indivi duales de los sometidos a prueba.
La segunda etapa de la investigación se dedicó a revelar las va
loraciones recíprocas . A los sometidos a prueba se les mostró una lista con
ocho opiniones que describían las particularidades de las interrelaciones de
cada miembro de un grupo con cada uno de los del otro grupo . Del sometido a
prueba se requería que seña lara en una escala de 7 puntos la medida de la
correlación de estas opiniones acerca de la personalidad de cada miembro del
grupo . Cuatro de las ocho opiniones contenían cuatro factores de referencia
que separamos en el análisis teórico: valorativo-normativo, de comparación, de
valoración y el factor de la tendencia a elevar el status social; las restantes
opiniones reflejan el estado emocional de los individuos, el cual descansa en
la fundamentación de la selección sociométrica.
La tercera etapa estuvo dedicada a aclarar el importante círcu lo de
comunicación del individuo en el grupo . Esto se alcanzó me diante la
utilización de los procedimientos de investigación re ferentométricos
elaborados por el autor.
La idea fundamental de este procedimiento metódico consiste en que, por
una parte, posibilita al sometido a prueba familiarizar se con libertad con la
opinión de cualquier miembro del grupo a propósito de algunos objetos valiosos,
y, por otra, de limitar ri gurosamente el número de esas personas . Así, la
situación creada obliga al individuo a manifestar una gran selectividad cuando
se familiariza con la posición, la opinión, la valoración de otras per sonas .
El experimentador, conversando a solas con cada persona sometida a prueba, lo
lleva a la conclusión de que es posible que pueda presentarse algún caso cuando
él pueda conocer algunas de las valoraciones de sus compañeros acerca de él.
Después que el sometido a prueba es admitido en el grupo, el experimentador
notifica que puede hacerse una y, probablemente, la última con clusión . Y,
por último, al sometido a prueba se le permite hacer la última selección, esta
vez definitiva.
163
La instrucción se hizo en especial de esta manera para que el sometido a
prueba no conociera con anticipación con qué canti dad de valoraciones le
permitirían familiarizarse . Esto se hizo para la relevación de un círculo de
personas estrictamente regu lado, cuyas valoraciones le interesaban al
sometido a prueba. El aspecto fundamental de este procedimiento consistió en
que el so metido a prueba, absorto ante la posibilidad de conocer la opi¡\
nión que tienen acerca de su persona otras cuya evaluación és para él en ese
momento la más actual, desconocía la tarea concre ta del experimento, y así le
brindaba al experimentador la posi bilidad de colocar, en una rigurosa
reglamentación, una serie de sus selecciones preferidas.
La cuarta etapa de la investigación se dedicó a la solución del problema
acerca del posible papel del factor «no específico» -del nivel de seguridad en
la opinión de otro individuo- para realizar la selección referentométrica; se
aclaró lo significativo que es el va
lor de la competencia subjetiva
en comparación con el fac tor de
la propia referencia de esta
persona, quien -como
se supuso- es
el factor específico de la selección . Para esto, el experimentador le
pidió a cada persona en estudio, valorar su nivel de seguridad (en porcientos)
en las evaluaciones que, según su suposición, podrían darle las personas que él
seleccionó en una situación dada.
Pasemos a exponer los datos fundamentales obtenidos en el tra-? bajo
experimental .
A la comprobación de la primera hipótesis empírica acerca del carácter
de la relación de las selecciones sociométricas y referen tométricas,
sirvieron los dos grupos de factores fundamentales . Uno lo formaron los
resultados de la comparación de las selecciones so ciométricas y
referentométricas, cuando las preferencias sociométri cas y referentométricas
individuales de los miembros del grupo fueron objeto de análisis (en lo
adelante serán las selecciones S y R); es decir, cuando los sometidos a prueba
actuaron como suje
tos de selección .
El primer resultado consiste en que en más de la mitad de los casos
ocurrió una débil interacción entre las preferencias indivi duales
sociométricas y referentométricas, cuando sólo una perso na, seleccionada por
alguien desde el punto de vista sociométrico, resultó seleccionada por la misma
persona en la serie referento métrica; o una intersección semejante de las
selecciones S y R, realizadas por alguna persona, no tuvo lugar en general; es
decir.
164
las selecciones correspondientes no coincidieron en general entre sí .
En relación con la discusión de la primera hipótesis empírica, hay otro
hecho que atrae la atención: qué personas reprobadas en la serie sociométrica
resultan a veces seleccionadas en la serie re ferentométrica. Entre los grupos
experimentales no hubo ninguno en el cual el hecho señalado no sucediera. En
algunos grupos se observó hasta el 25-28 % de toda la cantidad teórica posible
de estos casos.
El hecho señalado se manifiesta evidentemente cuando se rela ciona el
mismo con los resultados de la serie sociométrica reali zada mediante dos
criterios totalmente opuestos: el criterio del tra bajo y el del descanso. En
las series sociométricas, la comparación experimental de esa selección de
«diversas tendencias» se encuen tra en el 1 % de los casos. Aquí nos
encontramos, por tanto, con la revelación de diferentes principios que
determinan tomar una de cisión en condiciones de la selección referentométrica
y sociomé trica. En la referentométrica, la selección aparece como si estu
viera fuera de la determinación directa por parte del factor emo tivo,
determinante de la preferencia en el experimento sociométri co. El factor
obtenido requiere remitir los resultados de la inves tigación dirigida a
revelar las selecciones específicas-normativas valorativas-determinativas .
El segundo grupo de hechos establece la no coincidencia de los datos en
el resultado del cálculo de las selecciones S y R, obtenidas por parte de los
sometidos a prueba; es decir, cuando éstos actua ban como objetos de
selección.
Señalemos, ante todo, que aquí se obtienen las correlaciones
significativas, inferiores o medias, entre los individuos con status
sociométricos y referentométricos: Pr s = (criterio de descan
so)' == 0,32;
Pnssobr@ (criterio de descanso) = 0,17; PKs +
(el
criterio de trabajo)
= 0,44; Pus
sobre (el criterio de trabajo)
=
* 0,26, donde S + es el status
sociométrico positivo de los indi viduos; S sobre, el status sociométrico
general de los individuos; R status referentométrico general de los individuos.
Por último, un hecho curioso consistió en que hubo casos úni cos cuando
las personas objeto de selecciones sociométricas ne gativas, participaban a
veces del número de «estrellas» de selec ción referentométrica; es decir, el
número de personas que reci ben más de la cantidad promedio posible de esas
selecciones en el grupo dado .
165
Examinemos los hechos que responden a la segunda hipótesis empírica
acerca de la relación de la selección referentométrica con los fundamentos de
referencia de esta selección .
El primer hecho con
valor de principio para nosotros
consis
te en que la relación valorativa demostrada entre las selecciones R
y los factores
de referencia -en
otras palabras, la
magnitud del
status referentométrico del individuo
(R)- lo relaciona, de mane
ra significativa, con la magnitud total de los puntos que él obtie
ne de los demás miembros de su grupo, cuando éstos valoraron al
individuo dado según
cuatro criterios referentométricos diferentes
(nj . Citemos el
valor de estas relaciones
calculadas por toda la
masa de los sometidos a prueba. Al factor de valoración correspon
dió la correlación
Pnti = 0,25
al valorativo PJ Xt 2 = 0,37; al
factor de la tendencia a llevar el status social : P¡ul = 0, 1 7; al
fac
tor de comparación: PRr4 = 0,27 .
Entre las correlaciones señaladas, llama la atención Pnn = 0,37. Como
suponemos, resulta la más alta entre las cuatro correlacio nes con una
relación directa con el status R. El hecho de la más alta correlación entre la
selección R y el factor valorativo de la referencia, responde, de inmediato, a
dos momentos señalados antes. En primer lugar, este hecho se relaciona con la
conclusión que hicimos -sobre la base del análisis de los trabajos desarrolla
dos en el extranjero en la teoría de los grupos de referencia- acer ca de que
las más populares son las definiciones del concepto de «grupo de referencia»,
en las cuales se subraya su carácter valora tivo -normativo, y con la
tendencia de plantear el aspecto norma tivo en un primer plano en las
definiciones del grupo de referen cia que figuran en publicaciones
posteriores. En segundo lugar, este hecho responde, de manera directa, a
nuestras representacio nes teóricas acerca de la esencia de los fenómenos de
la referen cia que fundamentamos a partir de la concepción estratométrica de
la actividad del grupo .
En los límites de la comprobación de la segunda hipótesis em pírica se
estudiaron los datos relacionados con la posible influen cia sobre la
selección de unas u otras personas de referencia, del factor no específico de
selección R; o sea los niveles de se guridad de los sometidos a prueba en las
valoraciones según sus opiniones, lo hicieron los compañeros de grupo . Resultó
que los sometidos a prueba manifestaron en más de la mitad de los casos un alto
grado de seguridad en estas valoraciones. Con relación a
166
e sto, casi el 10 % de los sometidos a prueba expresaron práctica mente
el 1 00 % de seguridad en las correspondientes valoracio nes . El índice dado
puede ser, por lo visto, la llamada paradoja del esfuerzo de los sometidos a
prueba por obtener una información adicional acerca de un objeto valioso por
parte de las personas de referencia.
Así, podemos llegar a una conclusión acerca de que la selección
referentométrica es independiente del nivel de seguridad en la opi nión de
otra persona, independiente también del grado de infor mación subjetiva acerca
de las valoraciones y las preferencias de los miembros del grupo . Esto
confirma nuestra suposición acerca de que precisamente la importancia, la
referencia de otras perso nas y no la falta de información acerca de las
valoraciones que interesan al sometido a prueba, le permiten preferir a esas
perso nas ante condiciones de una selección referentométrica. La con
frontación de los datos acerca de la influencia del factor no es pecífico de
las selecciones R y de los datos acerca de la relación esencial de estas
selecciones con las valoraciones según la compo sición de los factores de
referencia, permite examinar la selec ción de referencia como una forma
específica que exprese las re laciones de referencia entre el individuo en el
grupo .
Así, los datos citados evidencian que el fenómeno de la referen cia en
el sistema de relaciones interpersonales en el grupo, consis te en la
selectividad del interés de los individuos hacia alguna persona para establecer
su posición en relación con objetos con valor personal, corresponde, en una
determinada medida, a la representación tradicional acerca de la esencia de los
grupos de referencia. Al mismo tiempo, el concepto de referencia generaliza al
parecer estas representaciones y traza las líneas para la profun dizarófi
teórica y lo operativo en las investigaciones experimen-tales .
Señalemos una diferencia fundamental del modelo de referen cia
propuesto en cuanto a las representaciones, contenidas implí citamente en
diferentes grupos de referencia, acerca de los factores que descansan sobre la
base de la selección del grupo de referencia. La referencia es un fenómeno más
universal que las relaciones que fueron objeto de investigación en los trabajos
dedicados a los gru pos de referencia. Así, si como grupo de referencia figura
o bien todo el grupo, cuyo miembro es el individuo, o bien el grupo, al cual no
pertenece en realidad el sujeto, pero que es portador -en menor o mayor grado-
de sus valores, normas y esperanzas, en-
167
tonces incluimos en el número de grupos de referencia cualquier grupo de
personas importantes para el individuo; incluso, si este círculo de personas es
una parte del grupo al cual pertenece el individuo o a otro grupo cualquiera,
con la condición de que este círculo de personas sea seleccionado como sujeto
para lograr la orientación social .
En realidad, las selecciones que realizaron los sometidos a prue ba en
la serie referentométrica, estuvieron condicionadas por fac tores de un tipo
especial . Estos factores estuvieron en correspon dencia con las
características de los grupos de referencia que de finen la interpretación de
los grupos de referencia en la literatura relativa a estos problemas . La
similitud de la interpretación que propusimos en cuanto al fenómeno de la
referencia y de las re presentaciones más difundidas acerca de la esencia de
los grupos de referencia, no significa que la posición desarrollada por noso
tros carezca de un carácter específico. Su particularidad radica en comprender
la referencia como una manifestación del interés se lectivo de unos individuos
con relación a las opiniones de otros individuos, a propósito de los objetos de
valor personales (la posi bilidad de revelar semejante interés selectivo
aparece, precisamen-. te, en el grupo en el cual los individuos actúan
directamente unos con otros en los procesos de comunicación y actividad) y en
el es tudio de la referencia como una de las formas de relaciones suje
to-sujeto-objeto .
En el plano de la comprobación de la tercera hipótesis empírica acerca
de las diferencias de las fundamentaciones internas de las selecciones
sociométricas y referentométricas, se efectúo la com paración por parejas de
dos series de correlaciones; en una de ellas, el grupo de fundamentaciones
referentométricas (n) y de selecciones sociométricas (S) se correlacionó con
las selecciones so ciométricas (de acuerdo con el criterio del descanso), y en
otra, con las selecciones referentométricas. Los datos obtenidos hablan acer
ca de la diferencia esencial entre la influencia de las fundamenta ciones
examinadas y determinadas R, y las selecciones S . Los da tos del
procesamiento estadístico especial mostraron que, en un alto nivel de
importancia (PA0,05), las correlaciones que corresponden a cada uno de los
fundamentos de las selecciones, se diferencian en todos los casos . La
existencia de esta diferencia confirma la hipótesis acerca de la especificidad
del cuadro de relaciones tanto sociométricas, como referentométricas en el
grupo .
168
La comparación por parejas demostró
que las selecciones R se
correlacionan, ante todo, con los
factores de referencia,
además
el valor máximo de la correlación (Pitr2 = 0,37) corresponde a la
tundamentación normativa-valorativa de la selección, y la selec ción S
se relaciona, en primer lugar, con los factores emocionales (la correlación
correspondiente Ps b - 0,48).
Es necesario señalar que la diferencia más esencial en la deter
minación de las selecciones S y R, es la que se hace por parte del factor
valorativo . Si en el caso de las selecciones R, la participa ción de este
factor es la máxima (P iua = 0,37), en el caso de las selecciones S, su
influencia en la determinación de la selección es una de las más bajas (Psr2 =
0, 1 8).
Así, sobre la base del análisis cualitativo de los datos que res ponden
a la tercera hipótesis empírica, podemos hablar de que en la determinación de
las selecciones referentométricas desempe ñan un papel fundamental las
relaciones de referencia entre los individuos; y entre ellas, en primer lugar,
las relaciones de carácter valorativo, y en la determinación de las selecciones
sociométricas tienen un papel fundamental las orientaciones, en primer lugar,
sobre la base de las selecciones emotivas de contacto .
Examinemos todos los fac tores que resultaron valiosos para la selección
referentométrica, desde el punto de vista del concepto introducido por nosotros
acerca de las relaciones sujeto-sujeto
objeto .
En el primero de estos
factores que contribuye a la función va
lorativa del grupo de referencia,
las relaciones sujeto-sujeto-obje
to actúan como la necesidad de un sujeto de
orientarse en cuanto
a la valoración, a la opinión de
otro sujeto; cuando
esto sucede
el otro sujeto
actúa como momento
que mediatiza la
obtención
de la valoración que le interesa al primer sujeto . En relación
con
el segundo factor, el normativo-valorativo, las relaciones sujeto
sujeto-objeto se caracterizan por el esfuerzo del individuo por obtener una
representación de los valores de otra persona en con diciones en que se
apruebe una solución o por definir su posición en relación con el objeto
importante para el individuo . En el ter cer factor, las relaciones
sujeto-sujeto-objeto están representadas en forma de orientación del individuo
con relación a ciertas cir cunstancias de su vida vinculadas de manera esencial
con la per sona dada, las cuales puedan engendrar determinadas posiciones
sociales; el individuo, al sentirse a sí mismo «en iguales condi ciones» con
esta persona, al parecer, se familiariza de manera in-
169
directa con los valores de esta persona como tal y con los valo res del
medio que representa esta persona. En el cuarto factor, las relaciones
sujeto-sujeto-objeto se manifiestan en que el sujeto se esfuerza por establecer
una igualdad, que él desea, con otros individuos o por establecer una
diferencia con ellos, quienes tienen para él un valor especial . En todos los
casos señalados, el objeto se presenta como la orientación final del sujeto, su
sentido y ob jetivo, y el otro individuo actúa para el sujeto de orientación
como intermediario en la realización de la relación sujeto-sujeto-objeto
correspondiente .
La comprensión propuesta con relación al fenómeno de la re ferencia
enfatiza el carácter mediatizado de la relación interperso nal de referencia:
un individuo dado es importante para otro en la medida que contribuya, de
manera directa o indirecta, en la for mación de sus ideas acerca de un objeto
importante para él, preci samente en esta relación él se manifiesta como
selectivo con re lación a las selecciones referentométricas .
Así, al estimular los resultados de las cuatro etapas de inves
tigación, llegamos a una conclusión acerca de la especificidad del sistema
dividido de relaciones en el grupo . El anterior análisis de las relaciones de
referencia y de las relaciones en el grupo, abre perspectivas para el estudio
de las relaciones sujeto-sujeto-objeto, detallando algunas representaciones
acerca del segundo estrato de la actividad intragrupal .
La hipótesis que surgió en los primeros años de elaboración de la
concepción estratométrica acerca de que para el individuo, quien forma parte de
varios grupos, el colectivo es el que posee todas las características de grupo
de referencia [A. V. Petrovski, 1 973], aún conserva en nuestros tiempos un
interés científico y necesi ta de una comprobación experimental que puede
realizarse si nos apoyamos en los postulados teóricos aquí expuestos y en
nuevos hechos experimentales .
170
Tercera Parte
LA CONCEPCION ESTRATOMETRICA Y LOS PROBLEMAS ACTUALES DE LA
INVESTIGACION SOCIO-PSICOLOGICA
El enfoque estratométrico que incluyó en la revolución científica la
serie de nuevos fenómenos socio-psicológicos estudiados antes, resulta
heurístico para solucionar los problemas que surgieron hace tiempo cuando se
elaboraron las partes fundamentales de la psicología social . Dos de estas
partes -el estudio de la estructura de la actividad del grupo, su carácter
jerárquico y la investigación de los aspectos psicológicos de la efectividad de
la actividad del grupo en condiciones de una auténtica colectividad- fueron
cen tro de nuestra atención y objeto de un estudio teórico especial y
experimental en los últimos años . En este aspecto, el trabaj o está aún muy
lejos de concluir, pero sus rasgos característicos ya se perfilan en los
capítulos 9 y 1 O de este libro . En estos capítulos resulta característico el
intento de una validación interna y exter na de la concepción estratométrica
con importancia para la in vestigación psicológica de los problemas del
colectivo en general .
El capítulo 1 1 está dedicado a un breve resumen de algunas
posibilidades, las cuales, a la luz de las ideas expuestas en la actual
monografia, pueden utilizarse para estudiar los problemas actuales de la
educación y formación de la personalidad de los escolares. Los aspectos
aplicados de la teoría expuesta aquí por nosotros
sólo comienzan a elaborarse,
y el
capítulo 1 1 es
el primer paso
en este sentido
y es además,
de cierta manera, una demanda a
esta problemática perspectiva y fundamental para la psicología
pedagógica y la metódica de la educación comunista.
El último capítulo de la Tercera Parte del libro conduce a con
clusiones teóricas y metodológicas de todas las investigaciones basadas en el
enfoque estratométrico . En este capítulo se intenta correlacionar las
posiciones fundamentales de la concepción estra tométrica con la psicología
social tradicional de los grupos, forma da en Estados Unidos y que influyó en
el desarrollo de esta rama de la psicología en otros países. Esto permite
mostrar que la con cepción estratométrica, la cual adquiere durante el
desarrollo ras-
171
gos de una nueva teoría socio-psicológica basada en los principios de la
mediatización de la actividad, se contrapone, en sus posi ciones
fundamentales, a la psicología social norteamericana, in dependientemente de
las orientaciones teóricas de las diferentes tendencias de ésta última.
Capítulo 9
LA CONCEPCIÓN ESTRATOMÉTRICA
Y LOS PROBLEMAS DE LA EFECTIVIDAD GRUPAL
La concepción socio-psicológica de colectivo, representada en la Primera
y Segunda Partes del libro, surgió y se elaboró sobre la base del análisis
crítico, realizado con anterioridad, de los enfo ques tradicionales de la
psicología del grupo pequeño . Las suge rencias constructivas de la concepción
se fundamentaron en los as pectos teórico y experimental, mediante la
contraposieión a las
regularidades establecidas en el estudio de los grupos creados de manera
casual, artificial . En el ciclo de las investigaciones expe rimentales
descritas en la Segunda Parte del libro, se citan datos que confirman la
existencia de los fenómenos del colectivo, así como la imposibilidad de
reducirlos a los fenómenos que se obser van en los grupos insuficientemente
desarrollados . Como resultado de esas investigaciones se operacionalizaron los
principales con ceptos teóricos de la concepción estratométrica del colectivo
. Así finalizó la primera etapa de elaboración, la cual confirmó la ra
zón de ser de
esta concepción como nuevo patrón teórico de la
psicología del colectivo . ·
Sin embargo, el proceso de comprobación de la veracidad de la nueva
concepción -la cual está, además, en vías de activo desarro llo- no sólo debe
realizarse mediante la operacionalización de los principales conceptos y de la
comprobación empírica de la exis tencia de los fenómenos manifiestos, sino
también mediante la in vestigación de la corteza de sus juicios y
conclusiones, lo cual se realiza aplicándolos a las esferas de la ciencia y de
la práctica diferentes, por su contenido, de la esfera dentro de cuyo marco
surgió y se desarrolló en un inicio . La psicología de la efectividad
172
de la actividad grupal es una de esas esferas que poseen tanto una
importancia teórica, como una significación práctica.
Un análisis detallado del estado de las investigaciones contem poráneas
de la psicología de la efectividad de la actividad grupal 1 -y en particular de
las realizadas por los psicólogos sociales occi dentales -, nos convence de
que esas investigaciones se encuen tran en un estado de una determinada crisis
teórico-metodológi ca, la cual se manifiesta mediante un síntoma tan
característico como es la comparativamente baja significación teórica y
práctica de los correspondientes estudios . Los numerosos datos experimen
tales acumulados hasta el presente momento por la psicología so cial de la
efectividad grupal, representan un cúmulo de hechos y regularidades empíricas,
aislados, los cuales apenas pueden con cordarse entre sí e integrarse dentro
del marco de la teoría pre dominante de los grupos pequeños . Llama la
atención la evidente incompatibilidad entre el número de investigaciones
experimenta les y· de trabajos teóricos dedicados al análisis de los datos
obteni dos . Al mismo tiempo, no existe prácticamente una teoría general de la
efectividad grupal, sin la cual es imposible el ulterior progre so en esta
rama, ni el planteamiento de los complejos problemas fundamentales . La
necesidad de crear esta teoría está condiciona da porque ésta debe ser el
esquema conceptual, el material de en lace, capaz de unir «ladrillos de
hechos»» para construir el edificio de la correspondiente dirección científica.
Cuando no existe una teoría general, los datos empíricos aislados representan
-utilizan do la expresión figurada de A. N. Leontiev- «el material de cons
trucción ( . . . ) al cual falta el proyecto general del complejo con junto
arquitectónico que se construye».2
El objetivo de las · investigaciones teóricas y experiment;ales ci
tadas en el presente capítulo, es mostrar que el enfoque estrato métrico puede
servir como premisa para crear una concepción so
cio-psicológica especial de la efectividad grupal, la cual podría al
canzar el mencionado objetivo . Como se demostrará, este enfoque permite
abordar de una manera nueva una serie de problemas ex-
En lo adelante para abreviar denominaremos este fenómeno «efectividad
grupal» .
A. N. Leontiev:
«Acerca de la
significación del concepto de reflejo
para
la psicología», en El XVIII Congreso
Internacional de Psicología, Moscú,
1 969, p. 7 (en ruso).
173
perimentales complejos y, además, trazar las perspectivas de ela
boración de la teoría de la psicología de la efectividad grupal .
Las investigaciones dedicadas a los problemas de la efectividad grupal
aparecieron ya a fines del siglo xix, al mismo tiempo que
los primeros trabajos experimentales en el campo de la psicología
social, y pasaron por dos
etapas, diferentes entre sí tanto
por
el carácter de los problemas
investigados, como por los enfo
ques de las vías de su solución. La primera etapa de esas inves
tigaciones coincidió con el período comprendido entre fines del siglo xix y la
década del 30 del siglo xx . En su inicio (de fines del siglo xix a la década
del 20 del siglo xx), las investigaciones de la efectividad grupal estuvieron
unidas a los nombres de N . Tripplet, W . Moode y F . H. Allport,3 quienes
buscaban e n los experimentos la respuesta a la pregunta; ¿cómo la presencia de
otras personas influye en los procesos y estados psíquicos del in dividuo, en
la productividad de las formas más simples de su actividad?
Esas investigaciones se caracterizaban por el predominio de la
orientación hacia los experimentos con los llamados grupos coac tivos.4
Los primeros experimentos en la psicología de la efectividad grupal se
realizaron con grupos en el laboratorio, constituidos en lo fundamental por
individuos que no habían acumulado una su ficiente experiencia de relaciones
interpersonales ni hábitos de trabajo . Realizaban tareas de experimento
relativamente sencillas; -sobre todo, del tipo sensomotor-, aislados unos de
otros o todos presentes . Al terminarse el experimento, se hacía una compara
ción de los logros de los individuos en estas y otras condiciones y se
estudiaba la influencia de la presencia de los otros sobre el éxito del trabajo
del individuo.
Esas investigaciones no dieron una respuesta lo bastante defi nida a la
pregunta planteada. En irnos casos, la presencia de otras
3 N. Tripplet: «The Dinamogenic
Factor in Pacemaking and Competition* . , en Joumal ot Experimental Psychology,
1 897, no . 9 ; W . Woede: Experi
mentó/e Tassenpaychologie, Leipzig, 1
920; F. H. Allport; «The influence
of the group upon association and thought», en Joumal
ot Experimental
Psychology, 1 920, no. 3 .
4 Coactivo es el grupo cuyos
participantes trabajan prácticamente inde pendientes unos de otros y tienen
tareas completamente independientes.
174
personas influía de manera pos1t1va sobre el individuo; en otros lo
influía negativamente; en terceros no se detectó ninguna influen cia
determinada. Por ejemplo, N. Tripplet descubrió que casi un 40 % de los
sometidos al experimento elevan la productividad en presencia de otras
personas; un 20 % la disminuye, y la de los demás sigue prácticamente sin
cambio.
Las investigaciones de la efectividad grupal realizadas a fines de la
segunda década y principios de la tercera década del siglo xx, crearon algunas
tendencias nuevas en el planteamiento de los problemas y metodología de la
investigación experimental . Des pués de una serie de intentos fracasados para
obtener una res puesta satisfactoria a la pregunta inicial acerca de la
influencia de la presencia de los otros sobre un individuo, el problema de la
investigación de la efectividad grupal se transformó en el proble ma del
estudio de la productividad comparada del trabaj o indivi dual y grupal . En
su nueva variante, la pregunta se formuló de la
siguiente manera: ¿;los logros
obtenidos como resultado del traba
j o de un grupo superan a la suma
de los logros de igual número
de individuos que trabajan aisladamente?
V . M . Bejterev y M. V .
Lange fueron los primeros que intenta
ron responder a esta pregunta
mediante experimentos.5 El
mérito
de ellos consiste, ante todo, en
que iniciaron, por primera vez en
la práctica mundial,
las investigaciones de los grupos interacti
vos. 6 En los trabajos de Bejterev y Lange se estableció que en va rios
casos el grupo, por el éxito de su trabajo, supera realmente al realizado por
igual número de individuos aislados . Eso se ma nifestó en la capacidad de
observación de los individuos que lo componen, en la precisión de su percepción
y evaluaciones, en la productividad de su memoria, en el volumen de atención,
en la efectividad de la solución de los problemas comparativamente sen cillos,
los cuales no exigen interacción compleja y coordinada. Al mismo tiempo, se
obtuvieron resultados que atestiguan que en el proceso de solución de problemas
complejos que requieren una
V. M.
Bejterev y M. V. Lange:
«Los datos del experimento en
ei campo
de la reflexología de
colectivo», en la selección Novedades de la reílexología
y fisiología del sistema nervioso, Moscú, 1 925, V. M. Bejterev: Reflexología
del colectivo, Petrograd, 1 92 1 (ambas en ruso).
6 Grupo Interactivo es un
conjunto de personas que trabajan en interacción
y comunicación directa
para resolver una
tarea común por los esfuerzos
unidos.
175
lógica rigurosa y un razonamiento consecuente, los individuos
«particularmente dotados», como decía Bejterev, pueden superar los logros
promedios de un grupo. En vista de los resultados obte nidos, la cuestión
acerca de la efectividad comparada del trabajo individual y grupal se precisó y
adquirió la siguiente forma: ¿en qué condiciones el grupo supera la suma de
logros de un mismo número de individuos aislados?
En la segunda mitad de la década del 20 y hasta principios de la del 30,
los trabajos experimentales comenzaron por el estudio de este problema. En los
experimentos correspondientes se inves tigó el carácter superior del trabajo
grupal en comparación con el individual, y el carácter superior del trabajo
individual respecto al grupal, mediante la valoración en peso de objetos, el
número de señales sonoras en serie, en la evaluación de los rasgos de una per
sonalidad, etc. Los estudios realizados confirmaron, en lo funda
mental, los resultados descritos
por Bejterev y Lange en sus tra
baj os y los generalizaron para otras condiciones, tareas y objetos
de investigación.7
Uno de los resultados relativamente nuevos de este periodo fue
el descubrimiento del «efecto de
�ngelmann» . El científico W.
Moode-Ringelman, al experimentar con el concepto
de peso por
el grupo y los individuos particulares, descubrió que a medida
que aumentaba la cantidad de miembros
en el grupo se reduce
el aporte promedio individual de
los participantes en los resulta
dos del trabajo general del grupo.8 Resultó que si la
productivi
dad de un solo individuo se toma en 1 00 %, entonces dos juntos
elevan el peso promedio, no en 2 veces más, sino sólo se forma el 93 %
del peso sumatorio, compuesto por los dos individuos que trabajan por separado.
«El coeficiente de la actividad útil» del gru po de tres hombres resulta igual
al 85 % y la productividad del grupo de ocho hombres, sólo al 49 %.
Al haber comprobado e informar acerca de los datos obtenidos, el autor
propuso la fórmula para determinar en por ciento el apor te promedio individual
de los participantes en los grupos de di
ferentes tamaños:
C= 100- 7 (K- 1),
H. London: «Group Judgements in the Field of Lifted Weights*, en
Joumal oi Experimental Psychology,
1 929, no. 3; M. Smith:
«Group judge
ments in the field of personality traits*, en Joumal ot Experimental
Psy chology, 193 1 , no . 14.
8 Esta investigación está
descrita en W. Moede: «Die Richtlinien der Leits tungsn, en Industrielle
Psychotechnic, 1927. no . 4.
176
donde G es el aporte promedio individual de los participantes, y K, la
cantidad de miembros en el grupo.
Durante medio decenio, desde la segunda mitad de la década del . 30 y
hasta fines de la del 40, se realizaron investigaciones es peciales, de una
manera relativamente deficiente, acerca de los problemas de la efectividad
grupal . Una de las causas fundamen tales de la pérdida de interés de los
investigadores por el estudio de la psicología de la efectividad grupal es, sin
duda, el fracaso de las primeras tentativas de hallar respuestas satisfactorias
a las preguntas planteadas . A medida que se acumulaban los hechos ex
perimentales aislados, se revelaba su carácter contradictorio y crecía, al
mismo tiempo, la convicción de que la efectividad gru pal depende, en gran
medida, de las particularidades del desarro llo de los procesos dentro del
grupo .
Los primeros resultados alentadores de los estudios de la diná mica
grupal obtenidos en la década del 30, también contribuyeron, en un grado
significativo, a distraer la atención de los problema* de la efectividad grupal
. Como es sabido, a fines de la década del 30 se señalaron como importantes los
éxitos obtenidos en el estu dio de fenómenos socio- psicológicos como el
liderazgo, la con formidad y las relaciones interpersonales en el grupo . En
el trans curso de esas investigaciones se estudiaron en detalle varias ca
racterísticas . del grupo: composición, canales de comunicación in
terpersonal, jerarquía de los status, el estilo de liderazgo, la distri bución
de papeles, etc. Los resultados de esas investigaciones crea ron un nuevo
fundamento para la solución de los problemas de la efectividad grupal . Después
de desarrollarse de nuevo a fines de la década del 40 esos estudios, en la del
50 se aislaron y tomaron la forma de una tendencia de investigaciones
socio-psicológicas re lativamente independientes.9
Algunos investigadores
occidentales llaman a esta tendencia «psicología aplicada de la efectividad
grupal* . En nuestra opinión, este nombre no refleja con suficiente precisión
la esencia del fenómeno. Las cuestiones examinadas en la actualidad en trabajos
referentes a la efectividad grupal, están lejos de los límites de las tareas
puramente aplicadas. Muchos ma nuales de psicología social, publicados en los
últimos años en Estados Uni dos, dedican capítulos y secciones especiales a la
efectividad grupal, al examinar esta esfera de las investigaciones como una
ciencia equivalente
a direcciones tradicionales
de la ciecia
psicológico-social, como la
socia
lización, la apercepción social, los procesos comunicativos masivos, la
for mación y cambio de las situaciones sociales, etc. Ver, por ejemplo, B. E.
Co llins: Social Psychology, Londres, 1 970; R. B. Zajonic: Social Psychology
177
Desde fines de la década del 40 del siglo xx comenzó la segun da etapa
del estudio de la efectividad grupal, la cual se prolonga hasta la actualidad .
Su particularidad es una diferenciación más exacta de los cambios de la
efectividad grupal en dependientes, intermedios e independientes . Como
dependientes e intermedios se presentan, con más frecuencia, las
características funcional estructurales del grupo y algunos parámetros
psicológico-sociales generales, y como independientes, la productividad y la satisfac
ción por la pertenencia al grupo . La efectividad grupal se estudió en
dependencia de su tamaño, de los canales de comunicación, de la composición, de
la compatibilidad psicológica, del estilo de liderazgo, de las relaciones
interpersonales, de la distribución de roles, de la jerarquía de status y de
una serie de otras caracte rísticas.
Uno de los primeros trabajos, dedicado en especial al examen de la
correlación entre el tamaño y la productividad del grupo, fue la investigación
realizada por R. Marriott. 10 Estudios de la pro ductividad del trabaj o según
el número de participantes en el gru po, permitieron establecer al autor la
existencia de una correla ción negativa entre las variables dadas, la cual
demuestra que a medida que crece el grupo, disminuye la productividad promedio
de los integrantes.
En el estudio realizado por R. Slater1 1 se descubrieron determi nadas
correlaciones entre el número de integrantes del grupo, por un lado, y la
satisfacción por pertenecer al grupo, por el otro . El autor demostró que el
grado superior de satisfacción es caracte rístico de los grupos relativamente
pequeños, con cinco personas aproximadamente . Al aumentar el número a 6-7
personas y más, ocurre la diferenciación grupal, acompañada por la aparición de
los roles interpersonales y conflictos; al disminuir el grupo a 2-3 personas,
aparece la tensión en las relaciones y surgen los te mores de la posible
desintegración del grupo.
La relación entre el número de los integrantes del grupo y la precisión
de las decisiones tomadas por éste, fue objeto de inves-
13 R. Maniott: "Size of Working Groups and Cutput", en
Occupational Psychology, Londres, 1 949, no. 24.
1 1 R. E. Slater: «Contrasting Correlates of Group Size», en
Sociometry,
1 958, no. 2 1 .
an Experimental Approach, California, 1
966; J. W . McDavid, H . Haray:
Psychology and Social Behavior, Nueva York. 1 974 .
178
tigación por parte de Ch . Hoffinan y H . Hendrick. 12 En el expe
rimento realizado por ellos, los 267 participantes se dividieron en grupos de
3, 6, 9, 12 y 15 personas . A los grupos se les ofrecie ron tareas especiales,
en el proceso de su realización los inte grantes del grupo -primero, de manera
independiente, después en el transcurso de una discusión general
ininterrumpida- deci dieron acerca de los mismos problemas . En la mayoría de
los ca sos, las decisiones del grupo resultaron ser mucho más exactas que las
individuales . Debe señalarse que el grado máximo de exac titud se logró en
los grupos de 12 y 1 5 personas. Sobre la base de los datos obtenidos, los
autores hicieron la siguiente conclü= sión: mientras mayor es el grupo, más
efectivo es su trabajo .
En otras investigaciones cuyos autores se plantearon el objeti vo de
correlacionar el éxito del trabajo grupal con las particulari dades de las
comunicaciones intergrupales, también se obtuvie ron diferentes resultados .
En una serie de trabajos sistematiza dos por D. Krech y otros, 13 se obtuvo la
conclusión acerca de que la totalidad de la red de las comunicaciones
intergrupales con cuerda positiva y unívocamente con la efectividad grupal .
En otras investigaciones no se observó la correlación unívoca entre la
totalidad de la red de comunicaciones y la efectividad grupal . Resultó que en
unos casos los grupos con una red más completa de comunicaciones internas,
tienen mayor productividad, y en otros, los grupos con una red de
comunicaciones óptima para solucionar el problema dado . B . Collins, teniendo
en cuenta la incompatibili dad de los resultados, escribía en relación con
esto, que al tener una red de comunicaciones completa el grupo pierde, en
general, menos tiempo que si tiene el sistema de comunicaciones del «tipo de
rueda>> . Sin embargo, un análisis minucioso revela que esto no es así .
En los experimentos se descubrió que con cualquier tipo de red de
comunicaciones, el grupo gasta prácticamente iguales es fuerzos para
solucionar el problema. 14
Las investigaciones en las cuales se reveló la influencia de las
peculiaridades de la tarea acerca de la actividad grupal, demos traron que la
relación buscada depende, en gran medida, de las exigencias planteadas por la
tarea a la estructura de la interac-
12 Ch. Hoffman y H. Hendrick:
Problem Solving in Diíterentsized.
13 Krech, R.
Crutchfield y E. Ballachey:
Individual in Society, Nueva York,
1 962.
14 B. E. Collins: Social
Psychology, Londres, 1 970 .
J79
c1on intergrupal . 1 5 El mismo factor determina la relativa superio
ridad del grupo respecto al conjunto de individuos aislados . Cuan do las
tareas admiten errores sistemáticos casuales, la solución del grupo -tomada
como resultado de una discusión o de sacar el promedio y sumar las variantes
individuales- es más exacta y co rrecta que cada solución personal tomada por
separado . Esto tie ne su explicación en que los errores casuales que cometen
los in dividuos al solucionar el problema de manera independiente, se
compensan mutuamente en la variante promedio del grupo . Al mismo tiempo,
resultó que el aumento de la precisión de la solu ción grupal, comparado con
las individualidades, está condiciona do más bien por el efecto de leyes
elementales de matemática que por las peculiaridades psicológicas del grupo .
J. Stroop mostró que sacando un sencillo promedio estadístico de un gran número
de soluciones, ofrecidas por un conjunto de individuos aislados, es posible
obtener en la práctica el mismo resultado al que llegaron varios científicos,
al comparar la productividad del trabajo indi vidual y colectivo. 16
Las tentativas de comparar la capacidad de trabaj o de un grupo y del
individuo en la década del 50, como en la primera etapa de investigaciones de
la efectividad grupal, dieron resultados contra dictorios. 17 • Por ejemplo,
en la solución final del grupo aceptada como resultado de una discusión en el
grupo, se descubrió que con frecuencia se pierden irreversiblemente muchas
ideas originales
y · fructíferas, cuya
elaboración posterior pudiera llevar, a fin de cuentas, a una solución
satisfactoria del problema discutido por el grupo . También sucedió que en el
proceso de discusión en el gru po, sus participantes no verbálizan toda la
información de que dis ponen . Por lo general, el grupo sólo acepta las ideas
individuales comparativamente sencillas y comprensibles para la mayoría; mu
chas ideas originales, fructíferas y prometedoras son rechazadas únicamente por
ser complejas y dificiles de comprender.
1 5 J, Lorge, D . Fox, J . Devitz y M. A . BrelUler: «Survey o f Studies
Contrast ing the Quality of Group Performance and Individual Performance, 1
920-
1 957», en Psychology cal Bulletin, 1 958, no. 55 .
1 6 J . B . Stroop: «Is the Judgement of the Group Better than that of
the Average Membern, en Joumal ot Experimental Psychology, 1 932, no . 1 5 .
1 7 D . W. Taylor, P. C . Berry y H . C . Black: «Does Group
Participation when Using Brainstorming Facilitate oflnhibit Creative Thinking»,
en Adm.
sci. guart., 1 958, no . 3 .
180
En el trabaj o realizado por J . Lorge y otros Ifl se obtuvieron otros
resultados . Los científicos compararon la efectividad de los gru pos reales y
de los nominales, constituidos por igual número de individuos que trabajan
totalmente aislados . Los grupos nomina les elaboran un número mucho mayor de
diferentes variantes de solución que los grupos reales . Sobre la base de esto,
los autores formularon la conclusión de que los grupos nominales superan a los
reales tanto en la cantidad, como en la calidad de las solucio nes .
Relaciones de diferentes tipos se revelaron mediante las investiga
ciones, cuyos autores intentaron correlacionar la efectividad gru pal y el
estilo de liderazgo . Después de acumular y analizar los resultados de la
prolongada actividad científica de los trabajado res de un gran laboratorio de
investigación científica, D . Pelz des cubrió la existencia de una relación
compleja entre la producti
vidad del trabaj o científico de los colaboradores del laborato rio y
las peculiaridades del estilo de liderazgo. 1 9 La independencia
en el trabajo no siempre se correlaciona positivamente con la pro
ductividad científica; se observa una relación positiva entre esas variables
sólo cuando la intensidad de comunicación entre el jefe y los colaboradores es
bastante grande (los contactos diarios); cuan do la comunicación tiene
carácter episódico -o sea, el jefe tiene en cuentros y conversaciones con los
colaboradores acerca de su traba j o científico una vez a la semana o con
menor frecuencia-, enton ces la independencia del trabajo de cada uno de ellos
se correlacio na de manera negativa con la productividad.
En una serie de trabajos de otros investigadores, la correlación entre
la efectividad grupal y el estilo de liderazgo se manifestó como una variable
que depende de la autoridad del jefe .
Cuando los dirigentes con difirentes grados de prestigio entre sus
subordinados, utilizan el mismo estilo autoritario de dirección, los
subordinados mostraban diferente reacción ante la manifestación por parte del
dirigente de las tendencias autoritarias; si el dirigen te poseía suficiente
prestigio, la productividad aumentaba; si no, la productividad disminuía.
18 J. Lorge,
D. Fox, J.
Devitz y M.
Brenner: «A Smvey
of Studies Con
trasting the Quality of Group Perfonnance and Individual Perfonnance, 1
920- 1 957», en Psychologycal Bulletin, 1 958, no. 55 .
19 D. C . Pelz: «Sorne Factors Related to the Perfonnance in Research
Organization>>, en Adm. sci. quart., 1 956. no. l .
181
La interpretación de la relación entre el estilo de liderazgo y la
efectividad grupal, provocó una prolongada discusión teórica. Unos
investigadores afirmaban que existe una dependencia directa de causa-efecto
entre el estilo de liderazgo y el éxito del trabajo gru pal; en esas dos
variables -el estilo de liderazgo y la efectividad del grupo-, el estilo de
liderazgo es la causa y la efectividad gru pal, el efecto. Otros expresaron la
opinión contraria al suponer que la relación de causa-efecto entre las variables
es inversa. La dismi nución de la productividad del grupo actúa como la causa
inicial y el estímulo para el dirigente; él cambia el estilo de dirección del
grupo como consecuencia de la insuficiente efectividad de éste . Las tentativas
de resolver esta controversia mediante experimentos, no dieron resultados
positivos; aunque algunas investigaciones mos trai 'on que la productividad
grupal puede cambiarse realmente des pués de cambiar el estilo de liderazgo.2º
Los datos referentes a la relación entre la composición -el per sonal
psicológico-individual del grupo- y la efectividad de su tra baj o no son
menos complejos . Según la información de algunos au tores, los grupos
homogéneos -o sea, casi similares por sus peculia ridades
psicológico-individuales-, forman agrupaciones más esta bles, las cuales se
caracterizan por un mayor grado de satisfacción por pertenecer al grupo . Se
demostró que los grupos integrados por individuos con un grado igual de autoridad
poseen una atmósfera psicológica más favorable que los grupos heterogéneos en
este as pecto . Más adelante se evidenció que en los grupos heterogéneos o
desiguales, surgen con frecuencia problemas en las relaciones in
terpersonales, los cuales provocan conflictos; se forman agrupacio nes
corporativas que no admiten nuevos miembros y son hostiles entre sí . En las
condiciones de déficit de tiempo para solucionar el problema planteado al
grupo, las comunidades psicológicas homogé neas trabajan mejor que las
heterogéneas. Esa dependencia aumen ta a medida que aumenta el grado de
complejidad de la tarea del grupo.2 1
L . Hoffinan demostró, al contrario, que los grupos heterogéneos
trabajan mejor que los homogéneos, en especial cuando se solu cionan los
problemas de carácter creativo . También resultó que la
20 j. M. Jackson: «The Effect of
Changing in the Leadership of Small Groups», en Human Relations, 1 953, no. 6 .
2 1 W. C . Schütz: FIRO. A Three Dimensional Theory ol Interpersonal
Behavior, Nueva York, 1 958.
182
productividad comparada de los grupos heterogéneos y homogé neos
depende en lo fundamental del contenido de las característi cas que sirven de
punto de referencia para la homogeneidad.22 R. Cattell, D. Saunders y G.
Stice23 obtuvieron resultados que con firman que la heterogeneidad -respecto a
las cualidades emocio nales, a la inclinación al riesgo y a las peculiaridades
caractero
lógicas- influye de manera positiva sobre la capacidad de trabaj o
del grupo, mientras que l a
heterogeneidad -respecto a los rasgos
de la conducta interpersonal (interpersonal behavior traits), a la
desconfianza mutua y hostilidad- influyen de manera negativa.
Existen datos que muestran la ausencia de una determinada de pendencia
entre la heterogeneidad u homogeneidad del grupo, y su efectividad . Por
ejemplo, J. Terborg y otros demostraron que la he terogeneidad del grupo
-respecto a las disposiciones sociales, ob jetivos o tareas no relevantes que
se plantean al grupo- no in fluye de manera importante sobre la efectividad
grupal .24 No se logró descubrir la relación entre la capacidad de trabaj o y
la ho mogeneidad o heterogeneidad del grupo en otros dos estudios, aun que en
este caso las características psicológicas -según las cuales se evaluaba la
heterogeneidad u homogeneidad del grupo- tenían una relación directa con el
contenido de la actividad conjunta (el grado de homogeneidad se determinaba
según la aptitud de los par ticipantes para solucionar los problemas
planteados al grupo).25
Las investigaciones en las cuales se analizó la influencia de la
compatibilidad emocional y psicológica de los miembros del grupo sobre el éxito
de su actividad, también dieron resultados bastante contradictorios. Por
ejemplo, R. Hill descubrió que los grupos com patibles respecto a sus
manifestaciones emocionales individuales,
22 L. R.
Hoffman: «Homogenity of Member
Personality and its Effects
on
Group Problem Solving», en Journal ot Abr. and Social Psychology, 1 959,
no . 3 .
23 R. B. Cattell, D. R. Saunders y in Small Groups», en Human Relations,
G. F. Stice: «The Dimensions of Syntality 1 953, no. 6 .
24 J. R. Terborg, C . Castor y J. A De Ninno: «Longitudinal Field
Investiga tion of the Impact of Group Composition on Gioup Performance and
Cohesiom>, en Journal oi Personality and Social Psychology, 1 976, vol. 34,
no. 5 .
25 s. Kaeckar, P. Neclakantan: «Group Performance as a Function of Group
Type and . Group Compositiom>, en European Journal Social Psychology, 1 976,
vol. 6, no . 3 .
183
son menos productivos que los incompatibles.26 A partir de los re
sultados obtenidos, el autor sacó la conclusión, paradójica a pri mera vista:
para mantener un alto rendimiento del grupo es nece saria cierta
incompatibilidad en los aspectos emocionales y psicO ·· lógico .
Muchas investigaciones se dedican últimamente al estudio de la relación
entre la efectividad grupal y las peculiaridades de las re laciones
interpersonales en el grupo. Los resultados de esas inves tigaciones son muy
contradictorios: en unos casos, el experimento prueba la correlación positiva
entre las relaciones y la efectividad grupal; en otros, todo lo contrario; en
los terceros no se detecta nin guna correlación estadísticamente
significativa. Por ejemplo, la in vestigación realizada por K. B . Richards y
H. Dobyns demostró que los trastornos en el sistema de relaciones psicológico-
emocionales conducen a una gran reducción de la productividad y la satisfacción
en el grupo.27 Una investigación semejante se realizó por los auto res en una
brigada de obreros-mujeres, quienes durante un perio do bastante largo
trabajaban juntas, en un local de la empresa aislado del taller principal, sin
ser controladas directamente por parte de la administración . Cumplían sus
metas, tenían facilidad para tratar los temas de interés común durante el
trabaj o y hacer el receso para el almuerzo según su parecer. A causa de la
reor ganización de la empresa, la administración trasladó esta brigada a un
local menos cómodo, que se comunicaba directamente con el taller principal y se
hallaba en la zona de control directo de la administración. Además, se creó de
manera adicional la plaza de ayudante del maestro de oficio, quien tenía la
función, entre otras, de controlar constantemente el aprovechamiento de la j
ornada la boral de las trabajadoras . Se les prohibió conversar acerca de los
temas ajenos al trabajo y hacer recesos para el almuerzo fuera del plan. Todo
eso dejó ver enseguida en los resultados del trabajo de la brigada; el
rendimiento y la satisfacción por pertenecer al grupo, disminuyeron de una
manera visible.
Datos análogos se obtuvieron por R. H . van Zelst quien utilizó en la
práctica el método de reestructuración sociométrica de la com posición de las
brigadas de obreros de la construcción, basándose
26 R. E. Hill: «Interpersonal
Compatibility and Workgroup Performance» ! , en Joumal ofApplied Behavioral
Science, 1 975, vol. 1 1 , no. 2 .
27 K. B. Richards y H. F. Dobyns:
«Topography and Culture: the Case of
the Changing age-», en Human Organizations, 1 957, no . 16 .
184
en las antipatías y atracciones mutuas.28 El autor descubrió que el
método de formación de brigadas según el criterio del bienestar en las
relaciones psicológico -emocionales, contribuye al aumen to de la
productividad y a la disminución de la fluctuación de los cuadros. P. Slepicka
también obtuvo resultados positivos en la investigación de la dependencia entre
las relaciones y la efectivi dad.29 La autora descubrió -en una investigación
longitudinal de
los equipos deportivos de baloncesto- que el éxito de los grupos guarda
una correlación positiva con el clima favorable de las rela ciones emocionales
interpersonales .
En una serie de investigaciones dedicadas al estudio de esta misma
cuestión, se obtuvieron resultados totalmente contrarios; o sea, una
correlación negativa entre la efectividad grupal y el clima favorable de las
relaciones interpersonales . G. Homans,30 por ejemplo, obtuvo una información
de este tipo . Comparó la precisión del bombardeo aéreo de las tripulaciones
integradas por los militares con estrechas relaciones psicológico-emocionales y
de las tripulaciones integradas por militares sin esas relaciones. De mostró
que los grupos en los cuales las relaciones emocionales eran más favorables,
cumplían las tareas peor que los grupos con relaciones menos favorables.31
Por último, la tercera serie de investigaciones estableció una
dependencia curvilínea entre los contactos emocionales entre los miembros del
grupo y el éxito de su trabajo conjunto . Se eviden ció que al llegar los
contactos a un determinado grado, esta de pendencia sigue siendo positiva,
pero al sobrepasar este límite, se convierte en su antítesis. Por ejemplo, G .
Kelley y J. Thibaut ob tuvieron los datos correspondientes en su
investigación.32 Estos au tores demostraron que los estrechos contactos psicológico-emo-
28 R. H. van Zelst: «Validation of Sociometric Regrouping Procedure»»,
en Journal oi ahn. and Social Psychology, 1 952, no . 1 7.
29 P. Slepicka: «Interpersonal
Behavior and Sport Group Affectivanessi», en lnternational Journal of Sport
Psychology, 1 975, vol. 6, no . 1 .
30 G. Homans: Social Behavior:
its Elementary Fonns, Londres, 1 96 1 .
Resultados análogos se obtuvieron por varios psicólogos
soviéticos. Ver,
por ejemplo, É. S. Kuzmin: Fundamentos
de psicología social, Leningrado,
1 967 (en ruso). El autor
demostró que los
grupos integrados por
amigos
y compañeros cumplen las tareas
de carácter homeostático
peor que los
grupos constituidos por individuos indiferentes unos respecto a otros.
32 H. H. Kelley y J. W. Tribaut:
«Group Problem Solving»», en Handbook oí Social Psychology, vol. 4, 2nd ed. ,
Mass Addison-Wesley, 1 969.
185
cionales entre los integrantes del grupo pueden ejercer una doble
influencia - positiva y, a la vez, negativa- sobre la efectividad grupal, y el
grado de intimidad de las interrelaciones emociona les constituye el momento
critico . Cuando existen contactos emo cionales moderadamente positivos,
observamos una correlación po sitiva entre la efectividad grupal y las
relaciones; cuando los con tactos emocionales son muy positivos, la
correlación es negativa.
En relación con la cuestión estudiada, las llamadas relaciones de
cooperación y de competencia en el grupo tienen una atención es pecial . El
análisis de la influencia de éstas sobre la efectividad grupal también dio
resultados ambiguos, que atestiguan la exis tencia tanto de una dependencia
positiva, como de una negativa; entre esas dos variables . Algunos científicos
intentaron agrupar los resultados obtenidos y presentaron la hipótesis que
explicaba las relaciones, diferentes desde el punto de vista empírico . Por
ejemplo, A . Workie, al analizar la productividad comparada de las relaciones
de cooperación y de competencia, propuso un sis tema de hipótesis
interrelacionadas que trazan diferentes varian tes de correlación entre la
cooperación y la competencia en las relaciones dentro y fuera del grupo, por un
lado, y la efectiyidad de su trabajo, por el otro .33 Según la hipótesis de
Workie, el éxi to del trabajo del grupo depende tanto de las relaciones
intergru pales, como de las intragrupales . La máxima efectividad grupal,
según la hipótesis, debe observarse cuando existe la cooperación intragrupal e
intergrupal . Más adelante siguen por orden la coo peración intragrupal
combinada con las relaciones neutrales entre los grupos, la cooperación intragrupal
combinada con la competen cia entre los grupos, la competencia intragrupal
combinada con las relaciones de cooperación entre los grupos, la competencia
in tragrupal combinada con las relaciones neutrales entre los grupos y, por
último, las competencias intra- e intergrupales .
M . Deutsch34 también investigó la influencia de las relaciones de
cooperación y de competencia sobre la efectiv:idad grupal . A cada uno de los
cinco grupos experimentales ofreció dos tareas espe ciales, de las cuales una
requería cooperación interpersonal y la otra competencia. Los grupos
organizados según el principio de co-
33 A. Workie: «The Relative
Productivity of Cooperation and Competitiom>, en Joumal ofSocial Psychology,
1 973, vol. 92, no. 2 .
34 M. Deutsch: «An Experimental
Study of the Effects of Cooperation and Competition Upon Group Process»», en
Human Relations, 1 969, no . 2.
186
operac1on cumplieron las tareas con una calidad de trabajo más alta, que
los grupos que funcionaban en condiciones de competen cia interpersonal .
A . Mintz35 realizó una investigación que reveló la influencia po
sitiva de las relaciones de cooperación sobre la efectividad gru pal, así como
la relativa superioridad de éstas sobre las de com petencia. Mintz ofreció a
los sometidos al experimento la tarea de extraer una serie de conos metálicos
de un pomo de vidrio. (Los conos sólo podían ser extraídos uno tras otro . )
Así, demostró que los grupos que trabajan en condiciones de cooperación
interper sonal realizan la tarea con más éxito, que los que trabajan en con
diciones de competencia interpersonal . Al mismo tiempo, una se rie de
estudios revelaron que no existe dependencia unívoca entre las relaciones de
cooperación o de competencia en el grupo y la efectividad de su trabajo; que
las interrelaciones entre las varia bles dependen de otros factores y, en
particular, del número de los integrantes del grupo y de su proximidad espacial
durante el trabaj o conjunto .36
Los datos experimentales obtenidos en las últimas investigacio nes de
la efectividad grupal, confirmaron las conclusiones he chas en su tiempo por N
. Tripplet y otros. Esos trabajos volvieron a demostrar que no existe
dependencia unívoca entre el éxito de la actividad individual y la presencia de
otras personas. En vista de esfo volvió a surgir el importante problema de las
causas de esta ambigüedad .
Los investigadores, en sus intentos de hallar una explicación adecuada
de este hecho, comenzaron a analizar las condiciones especificas de las cuales
depende el carácter del efecto que pro duce la presencia de los otros.
N . Cottrell y sus colegas efectuaron una serie de investigaciones y
determinaron que la gente no siempre influye de manera sis temática sobre el
individuo que trabaja en su presencia.37 Resultó
35 A Mintz: «Mon-Adaptive Group Behaviorn, en Joumal ot abn. and Social
Psychology, 1 95 1 , vol. 46.
36 J. J. Seta y J.
K. Schkade: «Effects
of Group size and Proximity
under
Cooperative and Competitive
Conditions», en Joumal
ot Personality and
Social Psychology, 1976, vol. 34, no. 1 .
37 N. B . Cottrell, D. L,
Wark, G. L . Sekarak y
P. H.
Rittle: «Social Facili
tation of Dominant
Responses by the
Presence of an
Audience and the
More Presence of Others»,
en Joumal ot Personality and Social Psychology,
1 968, vol. 9.
187
que las personas ajenas, que se encuentran en el lugar por casua lidad
no influyen en grado importante sobre el éxito del trabajo del hombre; que la
influencia de los demás aparece con mayor cla ridad cuando el sujeto de la
acción percibe a los presentes como personas de importancia. Además, se
determinó que la presencia de los otros influye sobre la productividad del
trabajo individual no de manera directa, sino indirecta: al principio realiza
cambios positivos o negativos en la motivación, y sólo después, en la efec
tividad del trabajo .
R . Zaj ono propuso un modelo que explicaba el efecto positivo
de la presencia de otras personas
por la activación no · específica
de la energía del hombre . 38 Los presentes -según la hipótesis de
Zajono- influyen sobre el individuo como sencillos estímulos fí sicos, elevan
o bajan su tono general y el nivel de actividad fisio lógica.
Semejante interpretación, puramente fisiológica, del efecto es
timulante de la presencia de otras personas, provocó protestas por parte de
varios investigadores. En relación con esto, l. Steiner in dica que la
actividad del hombre orientada hacia un fin aetermi nado no puede explicarse
del todo por la activación no específica de la energía; que el solo hecho de la
presencia de otras personas como sencillos estimuladores fisiológicos no basta
para causar cambios lógicos y consecuentes en la conducta del hombre .39
El trabajo de B . Collins, quien propuso el modelo que incluía seis
situaciones diferentes en las cuales la presencia de los otros actúa, de manera
psicológica y diversa, sobre el individuo, cons tituyó el próximo paso hacia
la solución del problema.40 Estas si tuaciones son las siguientes: el trabajo
en soledad, cuando el hom bre sabe que los demás nunca conocerán los
resultados de su tra bajo (la situación de presencia mínima de otras
personas); el tra bajo en soledad con la condición de que otras personas
conocerán después sus resultados; el trabajo en presencia de otras personas que
se limitan a observar de manera indiferente la actividad del individuo, sin
reaccionar, ni expresar su opinión o valoración; el trabajo en presencia de
personas que reaccionan de manera acti-
38 R. B.
Zajone: Social Psychology: an.
Experimental Approach, Califor
nia, 1 966.
39 I. D.
Steiner: Group Process and Productivity, Nueva
York, Londres,
1 972.
40 B. E. Collins: Social
Psychology, Londres, 1 970 .
188
va ante la actividad del individuo, le hacen preguntas, opinan, hacen
sus valoraciones; el trabajo en condiciones de cooperación constante con las
personas presentes, cuando los resultados de la actividad del individuo no
dependen del trabajo de los demás; el
trabajo en cooperación
con los otros,
cuando los resultados
de
cada participante guardan
una relación directa
con la actividad
de los demás (la situación de presencia
máxima de los demás).
B . Collins suponía que el efecto de la presencia de otras personas
aumentaría de manera gradual de la primera situación a la últi ma, y los
experimentos realizados con posterioridad confirmaron esa suposición . Sin
embargo, si valoramos todas las tentativas de solucionar el problema de la
presencia de otras personas, debe mos admitir que no dieron una respuesta del
todo satisfactoria a la pregunta planteada. Todas esas investigaciones se
realizaron, ante todo, dentro del marco del esquema diádico de cooperación que
excluye al individuo de la situación grupal, supone que la diada o el conjunto
casual de personas modela por completo el grupo y permite hacer conclusiones
válidas para cualquier grupo .
Este resumen, breve e incompleto, de las investigaciones de la
efectividad grupal muestra, de manera convincente, que el prin cipal defecto
de éstas consiste en lo fragmentario y no coordinado de los resultados
obtenidos . Las investigaciones fij an y describen, en lo fundamental, las
interrelaciones aisladas entre las peculiari dades socio- psicológicas,
estructurales y funcionales del grupo, por un lado, y la productividad y
satisfacción por pertenecer al grupo, por otro . Analizaremos, por ejemplo, experimentos
en los cuales se estudiaba la correlación entre el número de los integran tes
y la composición del grupo, por un lado, y la efectividad gru
pal, por otro . Unas investigaciones deducen
que los grupos
de
9- 1 O personas y más trabajan con mayor éxito; otras, al contrario,
revelaron que los grupos que incluían menos de seis personas eran los
más efectivos; en unos casos, los grupos homogéneos eran los que mejor
cumplieron la tarea; en otros, eran los grupos he terogéneos, y en algunos
casos no pudo establecerse una depen dencia estadísticamente significativa
entre las variables dadas .
La contradicción entre los resultados es típica para los trabajos en los
cuales se determina la efectividad comparada de diferentes estilos de
liderazgo, de diferentes canales de comunicación, de las relaciones de
cooperación y de competencia, de los grupos compa-tibles e incompatibles.
Aunque la mayoría de los autores man-
189
tienen la opinión de que el mejor estilo de liderazgo es el demo
crático, hay casos en que prefieren el estilo autoritario o, incluso, el
llamado estilo anárquico . No existe una sola opinión acerca del problema de la
dependencia de causa- efecto entre el carácter activo del liderazgo y el éxito
del trabajo del grupo en general, entre el estilo del liderazgo y la
efectividad; unos experimentos com prueban la superioridad de la red completa
de comunicaciones internas, otras citan los datos que favorecen la red óptima;
varios autores afirman que los grupos psicológicamente compatibles tra bajan
mejor, mientras que otros esgrimen los argumentos en apoyo de los grupos
incompatibles en lo psicológico .
Las discrepancias y contradicciones de los datos experimentales
se observan, con mayor claridad, en la serie de investigaciones que
comparan las relaciones psicológicas y emocionales, y la efecti vidad grupal .
Una misma pregunta: ¿cuál es la influencia de las estrechas relaciones
emocionales entre los integrantes del grupo sobre la efectividad de su trabajo
conjunto?, obtuvo respuestas diferentes y contradictorias en esas
investigaciones. La no concor dancia de las respuestas se agudiza porque cada
una, analizada aisladamente, se fundamenta en datos estadísticos convincentes .
El número insignificante de intentos de integrar los resultados
contradictorios y la ausencia de aspiración a crear una teoría ge neral capaz
de explicar de manera satisfactoria la diversidad de los mismos, no deja de
llamar la atención . La mayoría de los es pecialistas en psicología social que
realizan estudios en el cam po de la efectividad grupal o exponen los
resultados de esos estu dios en los manuales, prefieren callar que son
contradictorios y actúan romo si la contradicción no existiera. Las partes de
las mo nografías que analizan los problemas de la efectividad grupal, casi
siempre representan una descripción más o menos sistema tizada de los datos
obtenidos, acompañada por las citas que indi can que unos descubrieron la
dependencia positiva y otros, la ne
gativa, entre las variables analizadas . Algunas variantes de inte:
gración matemática de los resultados, sugeridas en los últimos años, sólo
explican una parte insignificante de los datos y se pare cen más a los modelos
abstrato-hipotéticos que a las teorías ca paces de eliminar las
contradicciones de las interrelaciones esta blecidas/1
41 R. B .
Zajonc: Social Psychology: and
Experimental Approach, California,
1 966; l. D. Steiner: Group Process and Productivity, Nueva
York-Londres,
1 972.
190
El esquema tradicional de experimentos que incluye las varia bles
independientes, intermedias y dependientes, constituye la base metodológica de
la mayoría de las investigaciones contemporá neas de la efectividad grupal en
el extranjero . La lógica general de la construcción e interpretación de los
resultados de la inves tigación según este esquema, se traza con bastante
claridad en el conocido libro de D. Krech, R. Crutchfield y E. Ballachey.41 42
Al explicar la lógica de su esquema (figura 4), los autores indi can
que las variables de la efectividad grupal forman una jerar quía de tres
niveles, en la cual un tipo de variable -las indepen dientes- deben
considerarse como lógicas y temporalmente pre cedentes respecto al otro tipo
de variable -las intermedias-. Estas últimas están en la misma relación con el
tercer tipo de variable -dependientes-.
Las características psicológicas del grupo que pueden manipu larse con
mayor facilidad en el experimento, son las que se ana lizan con más frecuencia
como las variables principales o indepen dientes de la efectividad grupal.
Éstas son, ante todo, peculiarida des funcional-estructurales del grupo, como
el número de integran tes, los canales de comunicación, las jerarquías de
status, el me dio circundante, el lugar funcional del grupo en la
organización, las peculiaridades de la tarea que se plantea al grupo, etc. Una
importancia secundaria se atribuye a fenómenos socio-psicológicos en el grupo,
como el estilo de liderazgo, las relaciones interper sonales, etc. En el
esquema conceptual de los experimentos de dicados a la investigación de la
efectividad grupal, esos fenóme nos se analizaban como variables intermedias .
En nuestra opinión, semejante diferenciación de las variables según el grado de
im portancia, no es del todo justificada. Ignora que en otras condi ciones
iguales, la efectividad del trabajo grupal depende, ante todo, de las
propiedades socio-psicológicas del grupo, la motiva ción de sus integrantes,
la preparación para la actividad conjunta, y no de los canales de
comunicaciones que establecieron, ni del número de integrantes, ni de las
peculiaridades de la tarea o del medio circundante . Es poco verosímil que las
manipulaciones fun cional-estructurales del grupo, con su magnitud u
organización externa analizadas como principales determinantes de la efectivi
dad grupal, puedan asegurar realmente el éxito del trabajo gru-
<2 D. Krech, R. Crutchfield y E. Ballachey: Individual in Societ}',
Nueva York, 1 962.
191
pal por sí solos, si no provocan, en fin de cuentas, profundas trans
formaciones socio-psicológicas, cambios positivos en la motiva ción de la
actividad de los participantes del grupo. Si los pricipa les objetivos y
tareas del grupo no son aceptados como motivacio nes de la actividad de los
integrantes, si en el grupo falta unión en lo concerniente a las principales
cuestiones de la actividad con junta, entonces, los cambios
formal-estructurales no podrán cam biar la situación. Como es evidente, los principales
factores que influyen sobre el éxito de la actividad grupal, más que las pe
culiaridades de la estructura o de las funciones, son los siguientes: la
actitud consciente de los integrantes del grupo ante los obje tivos y tareas
planteadas, así como las cualidades socio-psicoló gicas del grupo determinadas
por formar parte éste de un deter minado sistema social .
--- - VARIABLES
INDEPENDIENTES
,ac1..,,
... .. ...... �
C11a,crt-..\mliii.:..b. HtnkiJIUpO"."t\I� tW
• núm11to dtt ir1Cograntus •
condiciones de trebejo
o t¡mulos de comunica�ón • lugar
funcional d11I grupo
0 1;l"1mPosir,ión en la orgenizeclOn
;ji jr�:-nr1�ufa de statUI • interralacionas coro otros
grupoe
VARIABLES INTERMEDIAS
• estilo de liclercizgo
• motivació�
e distribución de papeles
• ralacio11es interper1onal111
VARIABLE� DEPENDIENTES
• productividaa
• utiafacción oor oen11necer
al grupt
--- .. _
• upo de probl&ml
• nivel da c:omplejldaCI • condicio1181 de aoluclóll
f1gur> "' f
....1V»_.(ybOK\Vlac10A <"'· JM omubnd &:: M ....,....�14»"' m
O ú n D -
En nuestra opm1on, e s necesario realizar una transformación sustancial
en la teoría y metodología de las investigaciones de la efectividad grupal . La
concepción estratométrica del colectivo mues tra una vía real hacia la
solución de este problema. Es necesario
192
introducir en las investigaciones teóricas y experimentales de la
efectividad grupa/43 las características socio-psicológicas y no las
formal-estructurales, como variables principales . Entre las carac terísticas
socio-psicológicas seleccionamos las que describen al grupo como colectivo,
independientemente de su nivel de desarro llo . La correspondencia del grupo
con el concepto de colectivo su pone que el grupo dado resuelve con éxito las
tareas principales que se le plantean . El colectivo no sólo debe actuar como
el gru po más desarrollado en el aspecto socio-psicológico, sino también como
el grupo con la máxima efectividad . En eso consiste la im portancia teórica
de la concepción estratométrica y de los paráme tros de colectivo señalados en
ésta.
A partir de la concepción estratométrica podemos representar el esquema
lógico de diferenciación de las variables según su im portancia para el
resultado del trabajo grupal, de la siguiente ma nera. Los parámetros del
primer estrato de actividad grupal que incluye la base socio-psicológica de
todos los otros fenómenos, de ben ocupar el primer lugar en la jerarquía de
los factores de la efectividad grupal; el segundo pertenece a las bien
estudiadas re laciones del segundo estrato de la actividad grupal, como la
auto determinación en el colectivo, la unidad valorativa de orientación, la
identificación eri:iocional y eficaz, la referencia, etc. En combi nación con
las características del primer estrato, éstas forman los principales factores
socio-psicológicos de la efectividad grupal . La influencia de las
características del segundo estrato sobre el éxi to del trabajo grupal, se
relaciona de manera funcional con los fenómenos del primer estrato, pues su
desarrollo depende, en lo fundamental, de la formación de las estructuras más
profundas del colectivo . En cuanto a las características del tercer estrato de
la actividad grupal -las cuales son, según tradición, las peculiarida des
estructurales y psicológicas del grupo - deben analizarse como variables, cuya
influencia sobre el éxito del trabajo grupal está
mediatizado en un grado significativo por el nivel de desarrollo de los
fénomenos del primer y segundo estratos . Esas variables se incluyen en el
esquema ofrecido, como factores adicionales (no fundamentales) de la
efectividad grupal . Vemos el efecto de ésas
�J Aquí y más adelante se trata del enfoque socio-psicológico del
análisis de los problemas de la efectividad grupal, el cual sólo destaca las
variables psicológicas entre varios factores de la efectividad grupal
(sociales, econó micos, etcétera).
sobre el éxito del trabajo grupal como un fenómeno doblemente
mediatizado: en primer lugar, por el nivel de desarrollo de las estructuras
nucleares del colectivo y, en segundo, por el nivel de formación de las
relaciones que constituyen el segundo estrato de la actividad grupal .
La concepción estratométrica de colectivo aparece como una teo ria de
un nivel superior que une los datos empíricos acumulados por la psicología
tradicional de grupo, en un sistema más inte gral y permite formular una serie
de nuevas hipótesis (algunas se analizarán en la parte final del capítulo) .
En nuestra opinión, la noción de las variables dependientes (los índices
fundamentales de la efectividad grupal) también ne cesita modificarse . La
limitación de los criterios de la efectivi dad grupal por la «pura»
productividad y la satisfacción emocional general por pertenecer al grupo, no
nos parece del todo jus tificada, pues no abarca por completo las ideas y
tareas socialmen te importantes que se plantean en realidad al colectivo en
las con diciones de la propiedad social sobre los medios de producción . Como
es sabido, cualquier grupo puede ser productivo y satisfe cho desde el punto
de vista emocional, incluso un grupo antisocial, el cual no puede calificarse
de ninguna manera como colectivo .
La efectividad del colectivo socialista desarrollado no sólo debe
apreciarse por la producción y la satisfacción emocional, sino tam bién por el
conjunto de otros índices, y la valoración correspon diente debe actuar como
integral, como una valoración que pre vé el análisis de la actividad del
colectivo desde el punto de vista del éxito que obtuvo en la solución de todas
las tareas social mente importantes. Además de realizar la producción en un
deter minado nivel cualitativo y cuantitativo y de asegurar la satisfac ción
emocional de los integrantes, en esta valoración es necesario
incluir el efecto
educativo del colectivo,
la actividad productiva
y social de
los integrantes, la observación de
las normas de la
moral social, etcétera.
El tipo de actividad que pudiéramos calificar como el que está por
encima de las normas, debe constituir uno de los índices fun damentales de la
efectividad del colectivo .
El concepto de actividad por encima de las normas puede ana lizarse
como próximo, por su contenido, al concepto de actividad suprasituacional (U.
A. Petrovski, 1 975] . La actividad de este tipo se realiza por encima del
umbral de la necesidad específica nor mativa; o sea, la actividad que se sale
de los límites de la norma
194
e stadística promedio positiva. Los compromisos socialistas ele vados,
los extraplanas, el movimiento de racionalizadores y una serie de otras formas
de actividad socialmente valiosa, que sólo pueden surgir en los colectivos
suficientemente desarrollados, son ejemplos de la actividad supranormativa de
los colectivos socia listas de producción . Esos colectivos poseen un alto
nivel de con ciencia y asumen la responsabilidad por el cumplimiento del deber
social . En cuanto a la satisfacción emocional, su utilización como índice de
la efectividad de la actividad colectiva presupone pre cisar el objeto que
provoca la satisfacción. En la valoración de la efectividad grupal, la
satisfacción emocional debe correlacionarse con el proceso, el contenido y los
resultados de la actividad con junta de importancia social . Para valorar la
efectividad grupal no es importante la satisfacción en sí (en algunos casos,
puede trans formarse en optimismo absurdo, y de estímulo convertirse en obs
táculo en el camino del trabajo colectivo), sino la satisfacción que se
correlaciona con el éxito del colectivo en la realización de sus objetivos y
tareas socialmente significativos .
- - -
Si consideramos el grupo como una integridad socio-psicológica que se
encuentra en un constante proceso de desarrollo desde la comunidad social
difusa hacia el colectivo, surge la posibilidad de correlacionar los niveles
del desarrollo grupal, destacados en la concepción, con el éxito potencial del
trabajo grupal . El principio
general de semejante
análisis puede formularse
así: los grupos
en diferentes niveles
de desarrollo poseen
diferente efectividad
potencial; existe una dependencia funcional directa entre el nivel
de desarrollo grupal y las
posibilidades del grupo para solucionar
con éxito los problemas de diferentes grados de complej idad.
Parece que el grupo difuso, en el cual las relaciones interper sonales
no son mediatizadas por el contenido fundamental de la actividad, no será capaz
de resolver con éxito las tareas que exi gen formas complejas de la
cooperación interpersonal . El grupo difuso, al ser una agrupación casual de
personas, cuya actividad conjunta es imposible o poco efectiva, sólo podrá
solucionar las tareas que se someten a la desintegración en partes independien
tes para ser ofrecidas a un conjunto de individuos aislados que las
solucionarán sin cooperar entre sí; o sea, completamente in dependientes, pues
en el grupo no hay hábitos formados de coo peración interpersonal .
Evidentemente, el grupo difuso mostrará el máximo de efectividad potencial en
la solución de problemas
195
que no requieren trabajo grupai para su realización y pueden solu
cionarse mediante la suma de los múltiples elementos de contribu ciones
individuales. En cuanto a los problemas demasiado comple jos para individuos
aislados y que requieren la actividad conjunta, es posible que el grupo difuso
los soucione con menos éxito que los grupos con un nivel de desarrollo más alto
. Esta afirmación se apoya de manera indirecta en los datos que obtuvieron
algunos in vestigadores. Por ejemplo, B . Collins mostró que los grupos expe
rimentales compuestos de individuos casuales, al discutir proble mas complejos
pueden perder irrevocablemente hasta el 80 % de las ideas, las cuales pudieran
llevar a la solución exitosa, si las hubiera desarrollado .44
La asociación, que representa el siguiente nivel -superior- de
desarrollo del grupo, contiene ya un sistema de relaciones más o menos estable
. A diferencia del grupo difuso, es capaz de realizar las formas elementales de
cooperación y autoorganización según las exigencias presentadas por el
problema. Posiblemente, sus re cursos superan a los del grupo difuso, en
particular, en la solución de los problemas que no pueden dividirse, que
requieren actividad conjunta, cooperada y coordinada.
Sin embargo, a causa de que la orientación preferentemente in
dividualista en el contenido de la actividad conjunta sigue siendo la base
motivacional de la asociación de individuos, el grupo del tipo de asociación
(y, es posible, la corporación) sólo podrá lograr el máximo éxito a condición
de que se dedicara a la solución de esos problemas, cuya importancia personal
se manifiesta para la mayoría de los participantes . En cuanto a las tareas que
no ofre cen evidentes ventajas personales a los miembros del grupo, la
efectividad de la solución de ésas por la asociación debe ser mu cho menor que
la efectividad de la realización de los problemas con importancia personal .
Parece que el rango de complej idad de los problemas solucio nados con
éxito, también será limitado en el caso de asociaciones . Los problemas que
requieren un alto nivel de desarrollo de ca racterísticas, como la unidad
valorativa y de orientación, la auto determinación colectivista, la
identificación emocional y eficaz del grupo, la referencia, etc . , quedarán
prácticamente fuera de la com
petencia de éstas. La asociación, carente
de unidad valorativa y
de orientación suficientemente desarrollada
-necesaria para tomar
44 B. E. Collins; Social
Psychology, Londres, 1 970.
196
rápidas decisiones en los principales problemas del trabaj o con
junto-, perderá demasiado tiempo en discusiones prolongadas e innecesarias en
vez de adelantar veloz y efectivamente hacia el ob jetivo establecido .
El colectivo -que se diferencia tanto del grupo difuso como de Ja
asociación y cooperación, ante todo, por su clara tendencia so cialmente
positiva y por el grado de desarrollo de las estructuras intragrupales- obtiene
la capacidad de solucionar con éxito pro blemas bastante complejos y variados;
incluso, los que sobrepasan ios límites de los intereses personales inmediatos
de sus integram tes. Es de suponer que el máximo de efectividad del colectivo
coin cidirá con los problemas relacionados con los intereses públicos en el
sentido amplio de la palabra.
Uno de los postulados fundamentales de la concepción estrato métrica
del colectivo es el principio de mediatización de las relacio nes
interpersonales por el contenido de la actividad. Cada grupo tiene varios tipos
de actividad, y todos ellos funcionan en cierta medida, como vínculos
mediatizados en el sistema de relaciones interpersonales . La jerarquía de los
tipos de actividad grupal, desde el punto de vista de su verdadera integración
en el conjunto de interrelaciones, influirá evidentemente en el éxito del
cumplimiento de los correspondientes tipos de actividad por el grupo .
Considera mos que, a partir de la jerarquía de las mediatizaciones de la acti
vidad será posible pronosticar de manera efecttiva el éxito del trabaj o de un
determinado grupo .
El colectivo suficientemente desarrollado representa un sistema íntegro,
autoorganizador, y por eso puede enfocar mediante el aná lisis sistémico y
estructural de la actividad humana individual . La actividad del colectivo,
como la del individuo, tiene dos fases . En la primera -la fase preparatoria-
se elaboran y toman las decisiones generales acerca de diferentes cuestiones de
la vida intragrupal . La segunda fase -instrumental - cumple la función de
realización de los acuerdos tomados en la primera. El éxito de la segunda fase
depende, en gran medida, de la calidad del trabajo del grupo en la etapa
preparatoria.
Casi todas las investigaciones tradicionales de la efectividad gru pal
se ocupaban de manera preferente de la segunda fase de la ac tividad grupal,
la cual determina el éxito del trabajo grupal en un grado mucho menor que la
primera. Creemos que el análisis socio psicológico de la efectividad grupal no
debe ignorar la fase prepa-
197
ratoria de la actividad grupai, pues precisamente en ésta (en la
preparatoria) es lógico esperar que se manifieste la mayor influen cia de las
características socio-psicológicas del grupo como colecti vo. Consideramos que
la efectividad de la fase preparatoria depende, en importante grado, del nivel
de desarrollo del grupo, del grado de su unión (unidad valorativa y de
orientación), de la presencia de la autodeterminación colectivista, de las
manifestaciones de la identificación emocional y eficaz, de la referencia,
etcétera.
Para comprobar empíricamente la fundamentación de los postu lados
formulados antes, se realizaron dos investigaciones en las cuales intentamos
abarcar de una manera nueva la interpretación de los datos acerca de la
relación entre las interrelaciones emociona les y psicológicas en el grupo y
la efectividad de su trabajo .
Investigación l. A partir de una de las ideas fundamentales de la
concepción estratométrica -del nivel de desarrollo del grupo-, supusimos que la
interrelación de las variables analizadas -de la efectividad grupal y las
relaciones interpersonales- es mediatizada y que el nivel de desarrollo grupal,
determinado por el estado de las estructuras que caracterizan al grupo como
colectivo, actúa como vínculo mediatizador que influye en esencia sobre el
carácter de la dependencia. Es una suposición general que representa un inten
to de realizar de manera concreta el esquema teórico, expuesto antes, que
defiende la prioridad de las relaciones en el segundo y primeros estratos de
interrelaciones en el colectivo respecto a las relaciones que se forman en el
tercer estrato, el superficial.
Las siguientes hipótesis se formularon sobre la base de esta supo
sición: 1) la dependencia entre las relaciones emocionales y psico
lógicas y la efectividad grupal, será positiva en los grupos que lo
graron el nivel de desarrollo de colectivo . 2) La dependencia entre las mismas
variables no existe en los grupos que ocupan un lugar intermedio entre el
colectivo y el grupo con desarrollo insufi ciente . 3) La dependencia entre
las relaciones emocionales y psi cológicas y la efectividad, será negativa en
los grupos que se hallan en un nivel de desarrollo comparativamente bajo .
Para comprobar esas hipótesis mediante experimentos, se reali zó una
investigación que incluía 20 brigadas en dos empresas indus triales de Moscú:
la Fábrica de Seda «Ya. M. Sverdlov» y la planta experimental «Krasnaya
Presnia» del Instituto Nacional de Inves tigaciones Científicas de
Construcción de Maquinarias de Fundí-
198
c1on . El número de integrantes de las brigadas variaba de tres a siete
personas .
Al elegir el objeto de investigación partíamos de la necesidad de
realizarla en grupos que lograron en realidad el nivel de colectivo en su
desarrollo . Por tanto, elegimos las brigadas de montaje y de máquinas, cuyos
integrantes trabajaron durante varios años en la misma empresa, en las
condiciones de una actividad de alta impor tancia, gran coordinación y
cooperación.
Para determinar el nivel de desarrollo grupal investigamos cada una de
esas brigadas utilizando una metódica especial, la cual in cluía la valoración
integral del nivel de desarrollo según varios parámetros . El colectivo se
caracteriza, ante todo, por la presencia del sistema de relaciones mediatizadas
por el contenido de una ac tividad socialmente importante . Por esto, el
experimento se dirigió hacia la revelación y análisis del nivel de desarrollo
de este sistema de relaciones en los grupos .
La mediatización de la percepción interpersonal por el contenido
principal de la actividad, la unión (unidad valorativa y de orienta ción) y la
mediatización de las relaciones personales por el conteni do de la actividad,
sirvieron como parámetros investigados . Las tres características representaban
diferentes manifestaciones del sis tema de relaciones mediatizadas por el
contenido de la actividad grupal .
El hecho de dependencia de la percepción interpersonal del con tenido
de la actividad grupal, se determinó mediante un procedi miento, en cuyo
proceso se ayudaba a precisar el patrón de valo raciones mutuas . Se suponía
que en las condiciones de una ver dadera mediatización de las relaciones, las
características de la per sonalidad esencialmente importantes para el éxito de
la actividad industrial de las brigadas, integrarán el patrón de valoraciones y
serán representadas en éste . A cada miembro de la brigada se le ofreció un
cuestionario con 28 cualidades positivas y negativas de la personalidad, que la
caracterizaban en diferentes aspectos: en la actitud hacia el trabajo, en la
actitud hacia las normas de la mo ral social y en el aspecto de la educación
formal que se manifies ta en la esfera de las relaciones emocionales
interpersonales. Los individuos debían escoger del cuestionario cinco rasgos
que consi deraran como los fundamentales para una personalidad en el colec
tivo . El predominio en las selecciones de los rasgos importantes para el éxito
de la actividad principal -en este caso, la actividad laboral conjunta-,
actuaba como criterio de la mediatización de la
199
percepción interpersonal por los objetivos y tareas de la actividad
conjunta.
La unidad valorativa y de orientación (UVO) se determinaba me diante
una metódica basada en la valoración del grado de unifor midad de la elección
. Como en el caso anterior a los sometidos al experimento le ofrecían un
cuestionario con 28 cualidades persona les diferentes . Cada miembro del grupo
tenía que seleccionar las cin co cualidades que él considerara principales
para el éxito del tra bajo conjunto . El nivel de la unidad valorativa y de
orientación se determinaba con la fórmula:
n - m
uva % - ------------- · 1 00,
N
donde: uva es la expres1on cuantitativa del grado de la unidad
valorativa y de orientación en el grupo dado; n, la suma de eleccio nes que
corresponden con las cinco cualidades que obtuvieron el nú mero máximo de
elecciones en este grupo; tn, la suma de elecciones que corresponden con las
cinco cualidades que obtuvieron el número minim© de lecciones; N, el número
general de elecciones realizadas por los miembros del grupo .
La deducción de esta fórmula se debe a los siguientes razonamien tos .
Como patrón del grupo con la máxima UVO posible se analizó el grupo, cuyos
participantes eligen las mismas cualidades de per sonalidad . El grupo, en el
cual todas las cualidades fueron elegidas la misma cantidad de veces, se
consideró como patrón del grupo con la UVO mínima posible . A partir de estos
razonamientos se formu laron los siguientes requerimientos a la fórmula
general que expresa el nivel de UVO: en el primer caso tenía que dar el índice
igual al
1 00 %, y en el segundo, al O %. El análisis de la fórmula ofrecida
nos convence que corresponde a esos requerimientos . Si todos los
miembros del grupo eligen, sin excepción, las mismas cinco cuali dades
personales (el caso de la UVO hipotéticamente máxima), en tonces el número
general de elecciones que corresponden a las cinco cualidades será, de hecho,
igual a la suma de elecciones hechas por los miembros de la comunidad social
dada; o sea; será igual a N, y n, igual a O; toda la fórmula se convierte en 1
. Como resultado obtenemos el índice que equivale a un 1 00 %. Si, al
contrario, la dis tribución de elecciones resulta casual, entonces con las
primeras cinco cualidades importantes se corresponderán tantas elecciones
200
como con las cinco últimas. En este caso, la parte fraccionaria de la
fórmula se convierte en O y, como resultado de esto, el índice ge neral de la
UVO equivale a O %.
El carácter mediatizado de las relaciones personales - o sea, en
dependencia del contenido de la actividad conjunta-, se valoraba mediante el
cuestionario con tres preguntas informativas que abar caban los aspectos
esenciales de las interrelaciones en el trabajo: la identificación con los
objetivos y tareas del grupo (la aceptación
de éstos como motivos de actividad), la ayuda mutua en el traba
j o y la manifestación del sentido de responsabilidad por los asun
tos del grupo.45
Entre las 20 brigadas investigadas, nueve resultaron estar en el nivel
de desarrollo correspondiente al colectivo; seis, en la etapa intermedia, y
cinco representaban el tipo de grupos desarrollados insuficientemente .
Los índices fundamentales de la efectividad del trabajo producti vo de
esos grupos -la cantidad y la calidad de la producción-, se determinaban de la
siguiente manera. La cantidad de la producción se medía según el cumplimiento
promedio mensual durante los úl timos seis meses de trabajo . La calidad se
determinaba por el mé todo de valoraciones por expertos. Como expertos
actuaron los jefes de los correspondientes talleres de las empresas, los
maestros del oficio, los maestros de zonas de producción y los capataces de
con trol . Cada uno debía valorar la calidad de la producción de la brigada
subordinada directamente a él . La valoración promedio según la escala de 5
puntos, era el índice de la calidad de trabajo . No menos de cuatro expertos
evaluaban el trabaj o de cada brigada.
El grado en que son favorables las relaciones interpersonales se
determinaba por los resultados del cuestionario ofrecido a los so metidos al
experimento . Éste incluía diez temas de comunicación interpersonal, los más
frecuentes en las brigadas productivas . Se proponía a los participantes
indicar qué tiempo promedio dedica durante la j ornada laboral a la
comunicación interpersonal acerca
45 Es necesario indicar que la
metódica ofrecida en la variante descrita sólo representaba el primer intento
de aplicación de los principios funda
mentales de la concepción estratométrica para la valoración práctica del
nivel de desarrollo grupal. Nos damos cuenta de la necesidad de continuar
perfeccionando la metódica, pero consideramos posible
utilizarla, pues per
mite diferenciar los
grupos según el
nivel de desarrollo
en tres grupos,
los cuales se
indican en las hipótesis. Hoy
día, esta metódica
está mucho
más perfeccionada.
201
de cada tema del cuestionario. Entre los temas se encontraban
relacionados con la actividad industrial fundamental, con las rela ciones
interpersonales, con el teatro, con el cine, con la literatura, con los
problemas domésticos, fam iliares y personales . Se suponía que la intensidad
de la comunicación emocional acerca de esos temas -en su mayoría de
significación personal- puede servir como indice satisfactorio de las
relaciones interpersonales favorables en grupo . El índice correspondiente se
establecía según la suma gene ral del tiempo que se empleaba en la
comunicación interpersonal .
Para comprobar las hipótesis, todas las brigadas se dividieron en tres
grupos según el nivel de desarrollo . El primer grupo fue cons tituido por las
brigadas con el nivel superior de desarrollo del co lectivo; el segundo, por
las brigadas del nivel promedio, y en el tercero, las brigadas con un
desarrollo insuficiente . (Más adelan te, los denominaremos respectivamente el
grupo de nivel alto de de sarrollo, de nivel promedio de desarrollo y de bajo
nivel de desa rrollo. )
Dentro de cada grupo se efectuó una clasificación según varias
características: por la cantidad de producción, por la calidad del trabajo y
por el grado en que las relaciones emocionales interper sonales eran
favorables. Las clasificaciones obtenidas, en las cuales las brigadas con los
mejores índices se situaban en la parte supe rior de la serie por rangos, se
correlacionaban (se calculaba el coe ficiente de correlación de rangos según
Spearman). Los coeficien tes de correlación entre las relaciones y la
efectividad de los grupos con diferentes niveles de desarrollo, se presentan en
la Tabla 5 .
TABLA 5
Correlación de rango entre la efectividad y las relaciones interper
sonales en los grupos con diferentes niveles de desarrollo
Niveles de desarrollo grupal
índices
Alto Promedio Bajo
Vínculo entre las relaciones
· terpersonales y la cantidad
1ll ---0,18 -'0.56
de la producción 0,63
Vínculo entre las relaciones
1· nterpersonales y la calidad ---,20
de la producción 0,68 ---,790
202
Los resultados citados en la tabla demuestran que las hipótesis
propuestas se confirmaron en lo fundamental . La correlación en tre la
efectividad y el nivel de intimidad de los contactos emocio nales y
psicológicos, resultó en realidad positiva en los grupos con un nivel de
desarrollo del colectivo, mientras que en los grupos con un desarrollo
insuficiente ésta era negativa, y en los grupos intermedios en cuanto al nivel
de desarrollo no se detectó la de pendencia. Los coeficientes de correlación
entre estas variables se aproximan al nivel de significación requerido (para
P<0,05, el coeficiente de correlación de significación mínima está entre los
límites de 0,70 a 0,75) .
La tendencia dinámica del cambio de carácter de la dependencia entre las
variables analizadas, según lo esperado, se manifestó con suficiente claridad;
la correlación entre las interrelaciones psico lógicas y emocionales y la
efectividad del trabajo grupal, positi va en los grupos con un alto nivel de
desarrollo (colectivos), se convirtió en negativa en los grupos con un nivel de
desarrollo relativamente bajo . Este hecho se detecta con claridad en el dia
grama que ilustra la dinámica de los cambios del coeficiente de correlación
entre las interrelaciones y la efectividad grupal se gún el nivel de
desarrollo del grupo (figura 5) .
Para comprobar una vez más la justeza de la regularidad halla
da y para excluir la posible hipótesis
alternativa, la cual explica
los resultados obtenidos porque las relaciones interpersonales fue
ron valoradas por
un método no
tradicional (en la
mayoría de
las investigaciones de científicos extranjeros, las relaciones inter
personales se valoraban mediante el
procedimiento sociométrico ),
A . Ryzhov, estudiante de la Facultad de Psicología de la Univer
sidad Estatal de Moscú, realizó otra investigación baj
o nues
tra dirección. Ésta tenía que
responder a la cuestión acerca de la
veracidad de los datos obtenidos y de la posibilidad de comparar los
con los resultados descritos antes.
Investigación 2. Ésta comprobó por completo los resultados de la
primera. Se estructuró y realizó según el mismo esquema de la anterior. Se
utilizaron las mismas metódicas, los mismos procedi mientos y similares
objetos de investigación para obtener resul tados comparables . Sólo la
metódica de valoración del carácter de las interrelaciones psicológicas y
emocionales, constituía una ex-, cepción . En este caso, las interrelaciones se
determinaban según el procedimiento sociométrico tradicional .
203
Calidad de la producción
Alto promedio bajo nivel Ade
desarrollo del grupo
Cantidad de pro�
-..-- - - · - - · - --..------ - -
Figura 5. Dinámica de los cambios dal coeficiente de correlación entre
la oíüCiividüd y las in ten elaciones según al nivel de desarrollo del grupo.
'.orno objeto de experimento actuaron 1 7 brigadas del taller de )S en
el Combinado Kudinovski de artículos de cerámica en iudad Elcctrougli de la
región de Moscú, Cada brigada fue cons da por 4-5 personas . Según los
criterios que adoptamos, diez
las brigadas estaban en el nivel de desarrollo de colectivo, y fomás se
incluyeron en la categoría de los grupos intermedios. 'odo el procesamiento
estadístico posterior incluía la compara-L de las relaciones interpersonales y
la efectividad grupal sólo os grupos de nivel alto y promedio de desarrollo,
pues en esta :stigación no había brigadas con nivel bajo de desarrollo . Tam
L se calculaba el coeficiente de correlación según Spearman en las
interrelaciones psicológicas y emocionales y la productivi-
( el cumplimiento mensual de las tareas del plan) en los gru de
diferentes niveles de desarrollo .
'.orno en la primera investigación, el coeficiente de correlación e las
interrelaciones psicológicas y emocionales y la efectivi-
dad en los grupos de · alto nivel de desarrollo -colectivos-,
resul
tó positivo (0,42)
y próximo al
requerido nivel de
significación
(para la selección dada cori'�,05 debe ser 0,56), mientras
que
en los grupos de nivel intermedio * lá: relación entre las mismas va
riables era igual a O (0,02),
Los datos obtenidos en la primera y la segunda investigación confirman
la suposición de que el nivel de desarrollo grupal ac túa como factor esencial
que mediatiza las relaciones entre las in térrelaciones psicológicas y
emocionales y la efectividad grupal . Demuestran que si en el grupo las
relaciones interpersonales son realmente mediatizadas por el contenido
valorativo de la activi dad fundamental (en este caso, el nivel de desarrollo
grupal se determinaba mediante el hecho de mediatización), las estrechas
relaciones psicológicas interpersonales comienzan a actuar como un importante
factor positivo de la efectividad grupal .
Esto tiene su explicación en que, al aceptarse los objetivos y ta reas
del grupo por los integrantes del mismo como motivos para su p�opía actividad,
los métodos y vías de la realización de éstos se conviei 'ten en uno de los
principales objetos de comunicación. La intensificación de la comunicación
emocional y la elevación de la frecuencia de los contactos interpersonales
bilaterales, con duce al acrecentamiento del intercambio de experiencia, a la
ac tivación de ayuda mutua, a la elaboración de mejores soluciones y, como
consecuencia, al incremento de la efectividad del trabajo en general . El
tiempo que se emplea en la comunicación interperso nal, por un lado, y el
calor de las relaciones interpersonales, por otro, en el caso dado, es útil al
grupo en el aspecto de la reali zación de su actividad fundamental .
En los grupos de poco desarrollo, en los cuales las relaciones in
terpersonales no son mediatizadas por el contenido de la activi dad
socialmente útil, sucede lo contrario. En estos grupos, la co municación
interpersonal se centra, ante todo, alrededor de los temas relacionados con los
objetivos y tareas planteados al gru po, pero de manera indirecta; en esas
condiciones, las relaciones psicológicas y emocionales estrechas, lej os de
facilitar el traba jo del grupo, distraen a los participantes del contenido
funda mental de la actividad . Cuando no existe mediatización de las in
terrelaciones por las tareas y objetivos de la actividad conjunta, ésas pueden
llegar a relaciones de nepotismo, fam iliaridad, y otras por el estilo .
205
La poca significación de las dependencias de correlación den tro de
cada uno de los pares variables - interrelaciones y cantidad de producción,
interrelaciones y calidad del trabajo- se explica, en nuestra opinión, por la
complicada determinación de esos índi ces de la efectividad . Sus
manifestaciones concretas no sólo depen den de las relaciones
socio-psicológicas existentes dentro del gru po, sino de una multitud de otros
factores de naturaleza ajena a la psicología: la organización de la producción,
el abastecimiento material. e instrumental, la calidad de la materia prima y el
estado técnico de las máquinas, la calificación del trabajador, etc. En ge
neral nos parece dudoso que sea posible conseguir altos coeficien tes de
correlación entre las variables dadas, pues los fac tores psi
cológicos no desempeñan el
papel rector en la determinación de
la productividad industrial . Son
un factor secundario, aunque im-
portante,' de la efectividad grupal . ·
Sin embargo, el rango de los cambios obtenidos del coeficümte de
correlación sobrepasa, a ciencia cierta, la unidad (en la prime ra
investigación constituía el promedio de 1 ,2), por eso podemos considerar las
hipótesis fundamentadas . Además, ambas inves tigaciones se realizaron con la
participación de un número de per sonas bastante elevado como objetos de
investigación, que incluían 32 grupos (más de 1 70 personas) y dieron en la
práctica los mis mos resultados.
Podemos considerar la confirmación de las hipótesis no sólo como prueba
de la significación de la variable «el nivel de desa rrollo grupal» y de la
importancia de su integración en el esquema de interpretación de los vínculos
entre la efectividad grupal y las interrelaciones, sino también como la prueba
experimental de la concepción . estratométrica, cuyo postulado afirma que el
carácter
mediatizado de las relaciones inter per sonales por el contenido de la
actividad, es un síntoma importante del nivel de desarrollo grupal
Los resultados expuestos permiten trazar algunas hipótesis nue vas que
reinterpretan y eliminan las contradicciones de las inter relaciones empíricas
entre otras características socio- psicológicas del grupo y la efectividad de
su trabajo, descubiertas antes (con preferencia, en los trabajos de los autores
extranjeros). Por ejem plo, analizaremos la contradicción en los datos acerca
de la pre sencia de los demás y su efecto sobre la capacidad de trabajo del
individuo . En nuestra opinión, un paso teóricamente importante
206
en la solución de este problema debe ser admitir la dependencia entre la
influencia de los demás y todo el sistema de relaciones intragrupales en el
grupo que integra el individuo, más que las interrelaciones bilaterales
diádicas que se forman entre el sujeto de la actividad y cada una de las
personas circundantes . Podemos suponer que la influencia de la presencia de
los demás será dife rente, si todos los participantes de la interacción -el
sujeto de la actividad y las personas presentes- forman parte o no de un colec
tivo bastante desarrollado. También puede depender de la rela ción existente
entre las acciones del individuo y los principales ob jetivos y tareas de la
actividad grupal . Por ejemplo, si todos los participantes en la acción
conjunta son miembros del colectivo bastante desarrollado y el contenido de su
trabajo es suficiente mente importante y corresponde con los principales
objetivos y tareas planteados al colectivo; entonces, el efecto de la presencia
de otras personas será el máximo. Si, al contrario, para el individuo los
presentes son personas casuales (grupo difuso) y el contenido de la actividad
es de poca importancia; entonces el efecto so bre el individuo será mínimo .
En vista de los resultados obte
nidos en algunas investigaciones, esta suposición parece verosí mil .46
La importancia de la presencia de otras personas es la con secuencia de su
referencia respecto al sujeto de la actividad, y la referencia es la
característica propia de las interrelaciones en el colectivo desarrollado,
desde el punto de vista de la concepción estratométrica [Ye. V. Schedrina, 1
973, b] .
Posiblemente se detectará una importante influencia del nivel de
desarrollo del grupo, al analizar «el efecto de Ringelman», quién llamó mucho
la atención últimamente en relación con los últimos trabajos en el campo de la
psicología de la efectividad ·grupal .47 Es de esperar que en el colectivo no
se observará la dependencia li neal inversamente proporcional entre el número
de miembros del grupo y el «coeficiente de rendimiento» del individuo; o sea,
la ló-
46 N. B . Cottrell, D. L . Wark,
Sekarak y P. H. Rittle; «Social Facilitation of Dominant Responses by the
Presence of an Audience and the more
Presence of others», en Joumal· ot Persona/ity and Social Psichology, 1
968, vol. 9 .
47 I. D. Steiner: Group Process
and Productivity, Nueva York, 1 972, Ing ham et. al. : «The Ringelman Effect
Studies of Group Size and Group Per
formance», en Joumal of Experimental and Social Psychology, 1 974, vol.
1 0, no. 4.
207
glca disminución del promedio de la contribución individual en el trabaj
o del grupo a medida que aumenta el número de integran tes . La fórmula de
Ringelman, aunque justa para los grupos peque ños, puede resultar errónea para
la descripción del proceso análo go en el colectivo .
Como es sabido, en la base del efecto de Ringelman se halla la
relativamente sencilla regularidad objetivamente condicionada por la real
disminución de las posibilidades de participar de manera activa en la actividad
todos los miembros del grupo a medida que éste crece . Mientras más numeroso es
el grupo, tanto mayor será el número de los individuos que no podrán comenzar,
por circunstan cias objetivas, el trabajo junto con los demás y al mismo
tiempo (si la actividad es la misma para todos) . Sin embargo, esta situa ción
no es fatal para el grupo, y las comunidades de diferentes tipos se comportarán
en él de diferentes formas. Los participantes de un colectivo bastante formado
con interés en realizar exitosa mente los principales objetivos y tareas del
grupo, pueden ocu parse por su propia cuenta de otros asuntos importantes para
el logro de los objetivos del colectivo, si no tienen posibilidad obje tiva de
ser incluidos en la misma actividad que realizan los otros . Por ejemplo, si se
trata de una brigada de montaje, cuyos miem bros trabajan en la planta en una
situación cuando más de 3 -4 personas no pueden trabajar al mismo tiempo (es
una situación bastante común), entonces los demás, en vez de perder el tiempo,
pueden comenzar a preparar las condiciones en el lugar de tra baj o,
instrumentos y materiales para quienes trabajan en ese mo mento .
Creemos que en cualquier colectivo es posible encontrar los re cursos
necesarios para elevar el grado de integración de los par ticipantes en la
actividad, y el problema principal no se ubica en el tamaño del grupo, sino en
la existencia de deseo para buscar los recursos para elevar la efectividad
grupal, en la capacidad de los integrantes del colectivo para realizar la
«actividad por enci ma de las normas».
También ponemos en duda el carácter general de la conclusión acerca de
la superioridad del grupo convencional respecto al real, el cual fue formulado
por J. Lorge y otros sobre la base de los ex perimentos que realizaron.' 18
Los autores analizaban en su inves-
4a J. Lorge, D. Fox, J. Davitz y M. Brenner: «A Survey of Studies
Contrast ing the Quality of Group Performance and Individual Performance, 1
920- 1 957»», en Psychological Bulletin, 1 958, no . 55 .
208
tigación como reales los grupos del mismo tipo experimental so metidos
al experimento por otros científicos . La única diferencia consistía en que
esos grupos no eran grupos en la acepción tradi cional de la palabra. Eran
conjuntos de individuos, cuyos resul tados en el trabajo se sumaban y se
investigaban como resultados de trabajo grupal . Los resultados obtenidos por
los autores pueden explicarse porque era más fácil solucionar el problema
planteado por los experimentadores para un conjunto de indivi duos que
trabajaban por separado, que para un grupo de perso nas que trabajaban juntos,
pues el trabajo en cooperación reque ría ciertos hábitos de interacción
interpersonal, los cuales no exis tían sencillamente en los grupos reales .
Podemos suponer que el resultado pudiera ser contrario, si el experimento lo
integraran grupos bastantes desarrollados en vez de los grupos difusos.
El problema de la dependencia entre la efectividad grupal y el estilo de
liderazgo, recibe otra interpretación en la concepción es tratométrica. El
colectivo y el grupo difuso, a causa de sus par ticularidades
socio-psicológicas, condicionan diferentes estilos de liderazgo . El colectivo
es un grupo capaz de realizar la autoorgani zación y autodirección y, si
partimos de la gradación tradicional de los estilos de liderazgo, el estilo
democrático y el del nombre de laisser-taire, pueden resultar el mejor para el
colectivo .
Para los grupos difusos no preparados para la autodirección, el estilo
democrático y, en particular, el estilo laisser-taire serán los menos
convenientes, porque la independencia total en un grupo no preparado
suficientemente, sólo puede desorganizar su activi dad. A propósito, esto está
comprobado por los resultados obte nidos por W. French . Al analizar los
intentos de aplicar el estilo laisser-taire en las condiciones del experimento
en el laboratorio, el autor llegó a la conclusión de que en la mayoría de los
casos éste causa conflictos intragrupales y disminución de la efectividad del
trabajo grupal .49
Quizás el estilo de dirección más conveniente para los grupos difusos
constituidos por individuos que no se conocen y no tienen hábito de trabaj o
conjunto, será el estilo caracterizado por algunos elementos de autoritarismo,
pues éste resulta el más efectivo para organizar el trabaj o grupal . También
podemos suponer que en Jos grupos con diferentes niveles de desarrollo se
revelarán dependen-
49 W. French: Three Personnel Management Process: Human resources
Administration, Boston, 1 970 .
209
das contrarias entre la efectividad grupal y el estilo de liderazgo: en
los colectivos se observará una dependencia positiva en los casos del estilo
democrático y del estilo laisser-taire y una dependen cia negativa en los
casos del estilo autoritario; en los grupos difu sos se observará una
correlación positiva en los casos del estilo de liderazgo con elementos de
autoritarismo y la correlación ne gativa en los casos del estilo
laisser-taire.
Parece posible reinterpretar los resultados desde el punto de vista del
desarrollo del grupo, a causa del problema de la hetero geneidad y
homogeneidad del mismo . Cuando se trate del colec tivo no nos interesará la
homogeneidad o la heterogeneidad en general, sin referencia al contenido
concreto de las cualidades de terminantes, sino la homogeneidad y
heterogeneidad del grupo se gún determinadas características psicológicas
individuales, impor tantes para la actividad conjunta exitosa. Cuando se trate
de las cualidades sin relación directa con los objetivos y tareas del gru po,
en el colectivo podrá esperarse una dependencia positiva en tre la efectividad
y la homogeneidad según las características re levantes para la actividad
conjunta. En el grupo difuso se mani festará, posiblemente, la dependencia
contraria: la relación positiva entro la actividad y la homogeneidad en el
aspecto de las carac terísticas no relevantes para el contenido de los
principales objeti vos grupales, y negativa (o nula) en el aspecto de las
característi cas relevantes.
El problema de la compatibilidad de los integrantes del grupo se
relaciona de manera directa con el problema de la homogeneidad y la
heterogeneidad . En este caso, el nivel de desarrollo grupal tam bién puede
ser la variable crítica que determina una u otra forma de interdependencia. Se
conoce que el colectivo es el grupo cuyos in tereses salen del marco de la
satisfacción emocional directa. Es posible que precisamente en el colectivo se
revele la dependen cia positiva -paradój ica a primera vista- entre la
incompatibilidad psicológica relativa de los miembros del grupo y el éxito de
su trabajo conjunto, pues la presencia de diferentes enfoques y pun tos de
vista en la selección de los métodos de solución de determi nados problemas,
es una de las condiciones principales del éxito del trabajo . La insatisfacción
emocional que puede provocarse por cierto grado de incompatibilidad en el
colectivo, se recompensa con amplitud por la satisfacción vinculada con el
progreso en el logro del principal objetivo grupal . En el grupo difuso cuyos
miem bros están unidos (si algo los une de verdad), sobre la base de
210
los intereses que surgen en la esfera de la comunicación directa, puede
revelarse al contrario una dependencia positiva entre la efectividad y la
compatibilidad psicológica en las características no relevantes para la
actividad . A propósito, esto se demostró en las numerosas investigaciones
realizadas en los grupos de labora torio.
También podemos suponer que la relación entre la cooperación
y la competencia de las
relaciones intra-o intergrupales, por un lado, y el éxito del trabajo del
grupo, por otro, depende del nivel de desarrollo grupal . Esta suposición está
confirmada indirecta mente por la prueba experimental de la hipótesis de A. Workie
. En las investigaciones se descubrió que la combinación de la coo peración
intra- e intergrupal que representan la colaboración y ayuda mutua en el
trabajo, es la más favorable para el trabajo exitoso del grupo .
La posibilidad de que podemos plantear todas estas hipótesis significa
que la concepción estratométrica puede ofrecer una nue va interpretación de
los datos acumulados y que sus postulados fundamentales poseen una heurística
teórica en suficiente grado .
Capítulo 10
ANÁLISIS DE LA ESTRUCTURA
JERÁRQUICA DE LA ACTIVIDAD GRUPAL
Uno de los postulados más importantes de la concepción estrato métrica
radica en reconocer la situación no seriada de los diferen tes fenómenos
grupales, en destacar los niveles superficiales y más profundos, esenciales, de
la actividad intragrupal, y al mismo tiem po la actividad grupal sancionada
por la sociedad, que mediatiza, en mayor o menor grado, las interrelaciones de
la gente, actúa como un factor formador de sistemas .
En los grupos, según la concepción estratométrica, los diferen tes
fenómenos de las interrelaciones de los miembros del grupo, llamados por lo
general fenómenos de la actividad intragrupal, no son equivalentes . Éstos
componen un sistema jerárquicamente organizado; al mismo tiempo, en esta
jerarquía los rectores son
2U
fenómenos característicos para las relaciones mediatizadas por
la actividad conjunta
de los miembros
del grupo, mientras que
sus relaciones no
mediatizadas ocupan una posición subordinada
en la jerarquía. El
grado de mediatización de las
relaciones por
la actividad conjunta, constituye un rasgo formador
de sistemas
de ese sistema jerárquicamente estructurado que condiciona la separación
de algunas capas (niveles de la actividad) .
Así, la investigación de uno u otro fenómeno -desde posiciones del
enfoque estratométrico- sobreentiende la correlación obliga toria de este
fenómeno con los factores de la actividad, como re sultado ésta puede
calificarse de manera correcta y estudiarse ade cuadamente . Dentro de los
marcos de la concepción se presenta una serie de parámetros psicológicos
concretos que corresponden a los niveles profundos y esenciales de la actividad
grupal . Teóri camente, la existencia de estos parámetros es obligatoria para
los grupos con un elevado nivel de desarrollo; o sea, los colectivos que son un
tipo cualitativamente peculiar de comunidad social, característico para la
sociedad socialista.
En algunos trabajos realizados para el presente libro dentro de los
marcos de la concepción estratométrica, se obtuvieron determi nados
testimonios acerca de que entre grupos de diferente nivel de desarrollo existen
en realidad diferencias significativas en la forma de manifestarse uno u otro
parámetro, por ejemplo: en los grupos de educandos de una escuela militar
ocurre una identifica ción emocional eficaz grupal y falta en los grupos de
delincuen tes que cumplen su pena. Sin embargo, hasta el presente no se ha
hecho un estudio sistemático (dentro del marco de un plano expe rimental
único) de la ·correlación de los diferentes parámetros de actividad intragrupal
en los grupos de diferente nivel de desarro llo . Por eso, el postulado acerca
de la estructura jerárquica por capas de la actividad grupal, es una hipótesis
teóricamente argu mentada que tiene una serie de distintas confirmaciones
empíri cas, y por su importancia de principio necesita serias investigacio
nes ulteriores . El análisis, hecho en este capítulo, de los resulta dos del
estudio comparativo de los grupos de diferente nivel de desarrollo según una
serie de parámetros socio-psicológicos, re ferentes tanto a la capa
superficial como profunda de las relacio nes, puede considerarse como un
determinado paso en la dirección
señalada.
Se ha planteado la tarea de demostrar que los colectivos desa
rrollados, seleccionados por criterios no psicológicos independien-
212
tes, se distinguen, en primer lugar, por determinadas particulari dades
socio-psicológicas cualitativas cuando se comparan con los grupos que no pueden
referirse a los colectivos por los resultados de su actividad vital real, y, en
segundo lugar, estas diferencias no se manifiestan en cualesquiera fenómenos de
la actividad in tragrupal, sino sólo en los que se refieren, desde las
posiciones de la concepción estratométrica, a las capas profundas del sistema
jerárquico, el cual forma, dentro del marco de esta concepción, un modelo
teórico del grupo .
Como tarea adicional hemos tratado de demostrar que las me tódicas que
utilizan ampliamente los psicólogos representan, con frecuencia, fenómenos
referentes a la capa superficial de las re laciones, quedando fuera del campo
visual de los investigadores las características más esenciales de la actividad
intragrupal . Como importante testimonio del carácter superficial de la
metódica pue de servir, a nuestro juicio, que ella no diferencia entre sí los
gru pos de diferente nivel de desarrollo. Los datos obtenidos con la ayuda de
estas metódicas tienen, como es natural, una información acerca de las
interrelaciones de la gente en los grupos; sin em bargo, estos resultados no
se interpretan dentro del marco de la teoría del colectivo, cuya estructura es
la tarea más importante de la psicología social soviética. En la investigación
analizada más adelante pueden servir, como ejemplo de esos parámetros super
ficiales, los índices sociométricos de cohesión, el índice ACO de Fiedler, las
evaluaciones de las cualidades individual-psicológicas de la personalidad del
líder, dadas por los miembros del grupo . Como alternativas actúan índices de
las relaciones mediatizadas por la actividad conjunta, como la unidad
valorativa y de orien tación, la motivación de alternativas interpersonales y
algunos otros .
Una parte significativa de los datos empíricos 1 analizados en este
capítulo, se refiere a las particularidades de la percepción in terpersonal en
los grupos . Es necesario subrayar que las investiga ciones de la percepción
social ocupan un lugar cada vez mayor en la actividad de los psicólogos
sociales de nuestro país . Una de las
La parte psicológica de la investigación psicológico-pedagógica integral
en cuyo desarrollo se obtuvieron estos datos, se realizó por la posgraduada
M. I. Frolova,
bajo la dirección de A
S. Morosov. La investigación se
hizo en el contingente de las selecciones de ciclismo en las condiciones
reales de su actividad deportiva y en los entrenamientos antes de las
com petencias finales.
213
causas consiste en que los procesos de la percepción son la rea lidad
psicológica que se somete bien al estudio experimental . Por eso, la mayoría de
las metódicas socio-psicológicas son, en la prác tica, los métodos de
investigación de la percepción social . En este caso es conveniente distinguir,
por una parte, la tendencia cien tífica -en la cual los procesos de la
percepción social son ob jeto de investigaciones especiales y la cual forma
parte espe cial de la psicología social como ciencia (los trabajos ampliamen
te conocidos, hechos bajo la dirección de A. A. Bodalev, pueden ser un ejemplo
de esta tendencia)- y, por otra, la utilización de los métodos de estudio de la
percepción social como procedimien to para solucionar los problemas psicológicos
de un género, que salen del marco de la problemática de la comunicación y el
co nocimiento de la gente entre sí . En nuestro caso se trata de utili zarlos
para estructurar la teoría del colectivo .
El problema de los criterios no psicológicos para definir el nivel de
desarrollo del grupo como colectivo, fue la primera cuestión metodológica
surgida durante la realización de la idea de toda la investigación en general .
El estudio de este problema fue nece sario para definir el principio de
selección de los grupos experimen tales, ostensiblemente diferentes entre sí
por el nivel de desarrollo, y para estudiarlos y confrontarlos más tarde por
diferentes pará metros psicológicos. Este principio también se utiliza en una
serie de otros trabajos que se realizarán dentro del marco de la concep ción
estratométrica.
El concepto de colectivo es un claro ejemplo del concepto so
cio-psicológico por su naturaleza, el cual no puede revelarse en principio en
un solo material psicológico, pues constituye un ele mento de descripción de
la estructura de la sociedad .
Como concepto científico especial, el colectivo caracteriza la
peculiaridad cualitativa de la comunidad de la gente, cuya espe cificidad
radica en que ésta se corresponde, en alto grado, con las exigencias de la
sociedad socialista real, teóricamente concreta. Pero, al tener una naturaleza
socio-psicológica, este concepto no se agota por el contenido sociológico, y la
teoría socio-psicológi ca del colectivo está llamada a ofrecer un cuadro
detallado de las características y regularidades psicológicas de su
funcionamiento .2
Lo dicho evidencia el carácter
histórico, transitorio del contenido psicoló gico del concepto «colectivo'*,
cuyas características psicológicas concretas
214
Las características psicológicas introducidas en la teoría del colectivo
no pueden postularse de manera puramente teórica: cual quier concepción
científica que presente un determinado modelo teórico de colectivo, sólo puede
considerarse verdadera cuando los grupos con las características señaladas en
la teoría, en su acti vidad vital, se correspondan en alto grado con las
exigencias (patrones) de ]a sociedad . Si, por ejemplo, el grupo puede rela
cionarse, según los criterios de una determinada concepción psi cológica, con
un alto nivel de desarrollo, y, en este caso, en su práctica social real no se
corresponde con las exigencias de la sociedad, entonces los correspondientes
elementos de la concep ción psicológica deben considerarse no válidos.
Los postulados citados están llamados a subrayar la importan cia
extraordinaria del problema de la validez de las investigacio nes
socio-psicológicas de los colectivos, la importancia del análi sis especial de
los datos obtenidos desde este punto de vista. Hoy día, este problema conduce
en la práctica real de investigación a la necesidad de estudiar los criterios
no psicológicos exteriores de la valoración del nivel de desarrollo del grupo,
como un gra do de su correspondencia con las exigencias (normas) de la so
ciedad socialista. Y si en el plano teórico la cuestión está bas tante clara
-las exigencias al primer colectivo socialista se re flejan en los documentos
programáticos correspondientes y se utilizan de hecho en la organización de los
movimientos sociales grandes, como la emulación socialista-, en el nivel de las
investi gaciones empíricas surgen ciertas complejidades .
En el presente, esta cuestión ha adquirido una gran actualidad y
agudización, para el desarrollo de la concepción estratométrica de la actividad
grupal . En las etapas iniciales de su desarrollo, cuan do el objetivo
principal de las investigaciones empíricas consistía
en buscar y destacar, de manera experimental, algunos paráme tros del
colectivo aceptados según los postulados teóricos, era suficiente seleccionar
los grupos cualitativamente diferentes entre sí según la definición y, por
consiguiente, ostensiblemente dife rentes por el nivel de su desarrollo . Por
ejemplo, se comparaban grupos compuestos por delincuentes que cumplían su pena,
y gru pos de alumnos de una escuela militar que habían pasado mu-
deben variarse a medida que cambien las condiciones sociales y la con
ciencia social, a medida que se desarrolle la sociedad socialista, a medida que
varíen las exigencias planteadas a los grupos sociales.
215
chos años de desarrollo en condiciones especialmente organizadas de
educación colectivista. La selección de estos grupos polares ga rantizaba, con
mucha probabilidad, la revelación experimental de los parámetros que
diferencian los grupos por el nivel de su desarrollo . La introducción del
concepto grupo difUso subrayada la polaridad de los grupos seleccionados: en un
grupo difuso que se caracteri za por una menor experiencia de interacción, los
procesos de for mación de colectividad aún no han comenzado en esencia.
El tránsito hacia una nueva etapa de desarrollo de la con cepción
estratométrica, ha planteado elevadas exigencias a la téc nica del experimento
y necesitaba un enfoque mucho más preciso para la selección de los grupos
experimentales . Las brigadas pro ductivas reales, los equipos deportivos y
los grupos docentes que ahora se convierten en objeto constante y principal de
la investi gación, no caen en la valoración de la escala simplificada «grupo
difuso-colectivo» .3 Éstos tienen, por lo regular, una larga experien cia de
interacción en el transcurso de la actividad socialmente sig nificativa, y
cada uno tiene la estructura de la actividad grupal compleja, de ningún modo
difusa, diferenciándose de manera muy marcada en este caso entre sí por el
nivel de educación, de desa rrollo social, por el grado de correspondencia con
las normas de nuestra sociedad .
La ampliación de las oscilaciones en este sentido puede ser muy grande,
incluso dentro del marco de una organización, de una empresa: desde grupos
prácticamente antisociales por los resulta dos de su actividad, los cuales se
encuentran sujetos a una inter vención radical por parte de la sociedad, hasta
los colectivos modelos . En la vida real, estos extremos se encuentran raras
veces. El desarrollo de la mayoría de los grupos como colectivos no transcurre
con uniformidad, y destacar con fines experimentales los grupos realmente
diferentes por el parámetro «nivel de desarro llo del grupo como colectivo»,
resulta demasiado dificil. La im perfección de los criterios utilizados para
destacar los grupos de diferente nivel de desarrollo y su variabilidad de una
investigación a otra, dificultan aún más el problema y hacen que se comparen
3 En los últimos trabajos
teóricos, este esquema lineal inicial «grupo difuso colectivo» * desaparece
como la representación de los dos vectores de la for mación de la colectividad
(A . V. Petrovski, 1 977; A. V. Petrovski, V. V. Shpa-linski, 1 9781 , ver
también el capítulo 1 2 del presente libro.
216
con dificultad los resultados de distintos autores . Para la psicología
experimental el método habitual de superación de las dificultades señaladas
mediante la selección de los grupos de laboratorio, es inadmisible a causa de
los postulados teóricos de la concepción estratométrica, la cual niega la
posibilidad de obtener datos válidos acerca del colectivo en los grupos difusos
de labora
torio. Todo esto forma un problema complejo para el desarrollo de las
investigaciones dentro del marco de la concepción estrato métrica. La teoría
bastante desarrollada del colectivo nos ayudará en cualquier momento,
auxiliándonos de las metódicas psicológi cas válidas, a seleccionar grupos
reales diferentes por su nivel de desarrollo . Pero en la actualidad la
selección de grupos de di ferente nivel de desarrollo según las metódicas
psicológicas, nos conduce a un círculo vicioso: por ahora, la teoría existente
no es tá valorada por criterios externos, los parámetros psicológicos del
colectivo (hipotéticos) no pueden ser un argumento suficiente para destacar los
grupos experimentales diferentes por el nivel de desa rrollo, pues estos
mismos parámetros son válidos, en el mejor de los casos, sólo dentro del marco
de aquel esquema aproximado, en el cual se destacaron.4
Todo lo dicho nos obliga a tratar, con especial atención, el pro blema
de la búsqueda de criterios externos no psicológicos para evaluar el nivel de
desarrollo de los grupos como colectivos, los cuales permitirían responder,
sobre una base empírica única, la cuestión acerca de «la validez ecológica» de
los postulados elabo rados de la concepción estratométrica. La dificultad
consiste en hallar criterios concretos e índices empíricos, y en el sentido
teó rico, la cuestión acerca de la definición no psicológica, sociológica del
colectivo está bastante clara como se ha señalado antes. La com plej idad
estriba en que al grupo se le plantea, por parte de la so ciedad, una gran
cantidad de diversas exigencias, y no podemos
analizar la correspondencia de los grupos
estudiados con cada
una de ellas por separado . Surge la tarea de destacar algunos as-
4 Si se aprovecha el ejemplo
mencionado antes para
ilustrar la compara
ción de los grupos de delincuentes y los grupos de alumnos
de la escuela
militar, entre quienes se manifestaron diferencias cualitativas durante
la identificación eficaz y emocional del grupo, debe señalarse que esta
diferen cia no debe mantenerse teóricamente del todo obligatoria, cuando se
com paran los grupos de alumnos diferentes entre sí por el nivel de
desarrollo.
217
pectos principales de la actividad del grupo, esenciales en la eva
luación de la sociedad .
Propusimos la siguiente solución de esta cuestión . La actividad de cada
grupo se examina en tres aspectos, a los cuales correspon den los criterios
teóricamente destacados de la evaluación, desa rrollados en cada caso concreto
en un conjunto de índices empíricos diferentes para los grupos de distinto
tipo: deportivos, producti vos, docentes, estudiantiles, etcétera.
Ante todo, cada grupo social institucional cumple cierta función social
mente útil, prescrita a este tipo de grupos . El primer crite rio de la
evaluación de un grupo social corresponde a la cali dad del cumplimiento de
una función: en una brigada de trabajo se tiene en cuenta la calidad y la
cantidad de la producción; en un equipo deportivo, el resultado deportivo; en
una sección del ejército, el nivel de preparación política y combativa. En cada
caso, los índices concretos son diferentes, pero detrás de ellos hay afgo
común; o sea, la evaluación del cumplimiento de la función social fundamental,
la participación exitosa del grupo en la división so cial del trabajo .
Al mismo tiempo, cada grupo está integrado a un determinado sistema
social que prescribe ciertos métodos para cumplir las fun ciones sociales y
las reglas de la actividad social . El grupo, como sujeto de una acción social,
no tiene libertad para escoger cuales quiera modos de conducta, y el grado de
su correspondencia con las normas y el sistema de esferas sociales durante el
funciona miento, es el segundo criterio de la evaluación del grupo . En este
caso se destacan exigencias no específicas: las normas sociales generales que
se les plantean a todos los grupos sociales, indepen
dientemente de su tipología; por ejemplo, la observancia del có digo
moral del constructor del comunismo, así como otras normas jurídicamente
legalizadas y no legalizadas; por ejemplo, la obser vancia de las normas
jurídicas del código penal . Los índices co rrespondientes, semejantes en
principio para todos los grupos, son un punto particular del segundo criterio.
Otro punto de este segundo criterio lo forman las exigencias es
peciales que se les plantean a los grupos en relación con sus par
ticularidades profesionales y otras . Estas exigencias son extraor
dinariamente específicas y cambian según el contenido de la acti vidad de los
distintos grupos . Como en el caso anterior, estas normas pueden legalizarse en
documentos o existir en forma de «ética profesional»* (por ejemplo, en el
deporte son, por una parte,
218
las reglas de las competencias deportivas y, por otra, la ética de
portiva, no fij ada en documentos). La experiencia del uso de este esquema en
investigaciones concretas, demuestra que el grado de correspondencia con estas
leyes <»no escritas»» resulta con frecuen cia el indicio más informativo .
El tercer aspecto del funcionamiento de cualquier grupo consiste en que
éste es un micromedio de subsistencia de una personalidad particular. Casi
todas las formas de interacción de la personalidad con la sociedad, se realizan
mediante grupos concretos. La asi milación de las valoraciones o ideales de la
sociedad, el pro ceso normal de la socialización, la adaptación psicológica y
la au torrealización de la personalidad, son posibles en la medida en que
éstos se realicen dentro del marco de grupos concretos. De aquí surge, como
tercer criterio de la evaluación de un grupo, su ca pacidad para garantizar a
cada uno de sus miembros la posibili dad de un desarrollo armónico pleno de
valor de la personalidad, y la correspondencia de una atmósfera psicológica en
el grupo con los conceptos humanos de que el hombre es el valor superior y el
objetivo final del desarrollo social .
Las tres funciones mencionadas del colectivo socialista se en cuentran
formuladas de manera diferente, con bastante frecuencia, en la literatura
sociológica y política. La valoración de la pro ductividad (efectividad) de la
actividad grupal no requiere expli caciones . La segunda función tiene mucho
en común con el con cepto modo de vida socialista y la tercera, la humana y
educativa, se aproxima, a nuestro juicio, al concepto clima psicológico del
colectivo, aunque este concepto se utiliza comúnmente en un sen tido más
amplio.
La característica fundamental de este esquema teórico aproba da en una
serie de investigaciones, consiste en la independencia analítica de los tres
criterios señalados . Esto significa que cuan do se hace una investigación
«seccionada»», simultánea, un grupo puede caracterizarse por cualquiera
combinación de índices el desarrollo en relación con cada uno de los tres
criterios . Por ejemplo, un equipo deportivo con un resultado deportivo ex
traordinariamente elevado, puede tener un baj o índice según el segundo
criterio, el cual rompe de manera constante la norma de una ética deportiva. Y
a la inversa, siendo un ejemplo según el tercer y segundo criterios, el grupo
puede tener un bajo resultado deportivo . En principio son posibles, y durante
las investigaciones se han encontrado en realidad, cualesquiera combinaciones .
Al mis-
219
mo tiempo, el postulado acerca de la independencia del criterio no
significa que los parámetros aislados de una manera puramente estadística no
pueden relacionarse . Es totalmente posible, por ejem plo, que en los grupos
de estudio el alto desarrollo según el tercer criterio, el «humano», vaya
acompañado con más frecuencia de un alto nivel de conocimientos, pero esto no
es obligatorio en princi pio, y en determinadas condiciones es del todo
posible una de pendencia inversa.
El segundo momento fundamental del enfoque analizado consis te en que
el grupo puede relacionarse con un alto nivel de desa rrollo sólo cuando hay
índices suficientemente altos según cada uno de los tres criterios. No puede
considerarse colectivo una bri gada de obreros que muestre bajos índices de
producción, al cum plir de manera insuficiente su función principal; o un
equipo de portivo que alcanza la cima de la maestría sobre la base de normas
de conducta que no se corresponden con el modo de vida soviético; o una sección
científica que haya alcanzado éxitos profesionales al precio de la deformación
monstruosa de la personalidad de al guno de sus integrantes .
Más adelante se cita el ejemplo del desarrollo del esquema teó rico
analizado (los tres criterios no psicológicos de la evaluación de los grupos)
en forma de selección de índices empíricos, los cua les han permitido
clasificar los grupos examinados según el nivel de desarrollo . Con la ayuda de
los mismos se seleccionaron los grupos experimentales en una investigación
realizada en equipos deportivos . Todos los resultados experimentales
analizados en este capítulo, se obtuvieron precisamente durante esta investigación
.
Para estudiar los índices empíricos y evaluar por ellos a los equi pos
deportivos, se aplicaron los métodos tradicionales de observa ción, análisis
de documentos, interrogatorio a los entrenadores, deportistas y capitanes de
los equipos . Se tenía en cuenta al máximo la especificidad del tipo de
actividad . Como resultado se obtuvieron los siguientes índices, agrupados en
bloques según los tres criterios no psicológicos de la evaluación de los
grupos, analizados con anterioridad.
l . Bloque de evaluación de la efectividad de la actividad de portiva:
1 ) resultados de todo el equipo demostrados en las competen* cias más
importantes .
220
2) Resultados individuales de
los miembros del eqmpo en las competencias importantes .
3) Correlación de los resultados
en los aspectos relativamente individuales de las competencias (carreras
individuales, en gru po y criterio) y por equipo (por equipo, de muchos días)
.
4) Dinámica de los resultados
del equipo después de la tem porada deportiva.
5) Dinámica de los resultados
del equipo después de varias temporadas.
11. Bloque de evaluación de la
adecuación de la conducta a las normas sociales:
1 ) Correspondencia o no con las normas sociales generales: se fij aban
los siguientes trastornos (se sobreentiende que los no típi cos) : a)
deterioro de las propiedades; b) peleas; c) pequeños ro bos; d) borrachera;
ofensa al personal de servicio en las reunio nes; e) expresiones obscenas; f)
aspecto externo desagradable y provocador de los miembros del equipo .
2) Correspondencia o no con las
normas especificas (profesio
nales):5 a) Infracción de
las reglas formalmente
establecidas de
la actividad deportiva fij ada en las actas de competencia e infor*
mes acerca de la realización de los encuentros docentes de en
trenamiento: a) «liderazgo»; b) crossing; c) expresiones obscenas durante la
carrera; d) groserías, discusiones con los árbitros; e) infracción del régimen
en los encuentros docentes de entrenamien to .
3) Infracción de las normas de
la ética deportiva no estableci das, formalmente «no escritas», pero que
funcionan en realidad:
a) intento de ganar la meta, sin
trabajar en el «despegue»; b) uti lización de procedimientos de lucha
deshonestos en las competencias
(opinión de los miembros del equipo, como los «carreteros»);
c) ignorancia de los intereses del equipo durante las carreras
(no ayudan al líder del equipo, no esperan cuando se avería una
En la enumeración que se hace más adelante hay términos específicos
de la rama del ciclismo: «liderazgo» significa
utilizar un transporte que
se mueva adelante
y que corta
el aire para mejorar su resultado; crossing,
alteración del movimiento
rectilmeo con el fm de
molestar a los adver
sarios; «carretero", deportista
que trata de envolver al adversario en
la
meta, sin trabajar en la
distancia
221
bicicleta o se perfora un tubo); d) negar ayuda a los deportistas de
otros equipos (en la carrera no se comparte el agua, la comida, en el
entrenamiento no se presta ayuda a quien tiene problemas) .
III . Bloque de evaluación del
grupo como medio para el pleno desarrollo de la personalidad:
Se fij aba garantizar condiciones para: 1 ) obtener o continuar la
instrucción; 2) dominar una profesión; 3) elevar la calificación;
4) satisfacer las necesidades
personales; 5) garantizar las necesida
des habituales; 6) ampliar el horizonte cultural; 7) elevar el nivel de
los logros deportivos individuales .
Después de estudiar los resultados, cada equipo obtenía una evaluación
escalonada del nivel de desarrollo según cada uno de los tres bloques; es
decir, evaluaciones de: «indudablemente alto», «más bien alto», «regular», «más
bien baj o», «indudablemente bajo». Los equipos cuyo nivel de desarrollo según
los tres parámetros se evaluaba como «indudablemente alto» (ocho equipos), se
relaciona ban con los grupos de un alto nivel de desarrollo . Los equipos cuyo
nivel de desarrollo según los tres parámetros se evaluaba como «indudablemente
bajo», se relacionaban con los grupos de bajo nivel de desarrollo (cinco
equipos) . Los restantes ocupaban una posición intermedia y se excluían de la
selección cuando se analizaban las cuestiones relacionadas con el nivel de
desarrollo del grupo. Para garantizar al máximo la aparición precisa de las
ten dencias que caracterizan los niveles de desarrollo de los grupos, se
utilizó un criterio muy severo de «selección» - más de la mitad de la elección
( 1 6 equipos) se excluyeron como casos interme dios-, Posiblemente, gracias a
esto, en la elección que sólo se in trodujeron 13 equipos se obtuvo una serie
de resultados convin centes que responden a las exigencias normales de la
estadística matemática.
La segunda cuestión metodológica importante que requiere un análisis
especial junto con el problema de los criterios no psico-_ lógicos de la
evaluación del nivel de desarrollo del grupo, se re laciona con la metódica
que investiga la percepción interpersonal en el grupo (metódica de la PIP), con
cuya ayuda se obtiene gran parte de los materiales experimentales analizados en
este capítulo . Dentro del marco del programa de toda la investigación en gene
ral, esta metódica se destinaba para obtener información acerca
222
La composición de los equipos de alto y bajo niveles de desa rrollo por
los dos índices sociométiñcos (afines entre sí) de cohe sión, no demostró
ninguna diferencia significativa. Así, los índices de coeficiente recíproco en
los grupos de alto y bajo niveles de
desarrollo, componían -según
el criterio funcional-
el 44,8 % Y
el 40 %, respectivamente, y en relación con el criterio emocional,
el 57,9% Y el 54,3%.
El índice del coeficiente de satisfacción también resultó muy parecido
en los grupos con diferente nivel de desarrollo . Es curio so que la cantidad
de deportistas que demostraron una satisfac ción máxima por las
interrelaciones ( 1 6,6%), en los equipos de bajo nivel de desarrollo,
sobrepasa, incluso, la cantidad de depor tistas satisfechos al máximo por las
interrelaciones (7 %), en los grupos de alto nivel de desarrollo .
El índice de unidad valorativa y de orientación (UVO), estu diado en
una serie de investigaciones y analizado en detalle en el correspondiente
capítulo de este libro, se presenta como una alternativa de este tipo para los
índices sociométricos de cohesión dentro del marco de la concepción
estratométrica. El procedimien to para obtener el índice de UVO, utilizado en
los trabajos ante riores, presupone el rango del conjunto de cualidades como
fun damento para la ulterior elaboración .
En este trabajo se utilizó otro índice de unidad valorativa y de
orientación, en este caso se ha mantenido por completo la com prensión de este
importante parámetro de la concepción estratomé trica, como frecuencias o
grados de coincidencia de las opiniones, evaluaciones, objetivos y posiciones
de los miembros de los gru pos en relación con los objetos (personas,
fenómenos, sucesos) más significativos para el grupo en general . Como índice
se tomó la dispersión de las evaluaciones de escalas, por parte de los miem
bros de los grupos, de los objetos significativos para el grupo en general . En
un equipo deportivo como objeto significativo seme jante actúa, ante todo, su
entrenador, en especial en el período de los encuentros docentes de
entrenamiento y las competencias, cuando también se efectuaba esta
investigación .
Se tuvieron en cuenta dos variedades concretas del índice de UVO: la
consistencia de las opiniones de los deportistas respecto a la tendencia
colectivista del entrenador (según los datos de la escala analizada en la parte
anterior), así como la unidad de los deportistas en el deseo de continuar los
entrenamientos bajo la dirección de su entrenador. La autenticidad de las
diferencias, se-
239
gún el nivel de la UVO entre los grupos de diferente nivel de de
sarrollo, se determinaba con la ayuda de] criterio de Fisher. Los datos
correspondientes se citan en la Tabla 10 . La unidad de las opiniones respecto
a la tendencia colectivista y cualidades morales y de trabajo del entrenador,
resultó más característica para el gru po de alto nivel de desarrollo . Para
los grupos de bajo nivel de desarrollo es característica una variación muy
grande de opinio nes acerca de ambos índices; es decir, una baja unidad
valorativa y de orientación.
TABLA 1 0
Indice de la unidad valorativa y de orientación (UVO)
de los equipos deportivos
UVO en los grupos
índice investigado �------
Alto nivel Bajo nivel
--------·- - -----
I . Lo aceptable del trabajo
del entrenador 37,28 125,44
II. Tendencia colectivista
de la personalidad
del entrenador 42,38 147,62
* Las diferencias tienen valor estadístico en el nivel P " 0,05 .
F-criterio de Fisher
3,36*
3,48*
El carácter superficial de la mayoría de los índices sociométri cos -en
particular, de los índfoes de cohesión-, es evidente . Sin embargo, esto
significa que en los grupos de alto nivel de desa rrollo las relaciones
sociométricas que se manifiestan no pueden llevar sobre sí el sello de
mediatización por el carácter de la ac tividad, los objetivos y las tareas de
la misma. En este sentido, el análisis de las particularidades de la
estructuración de los grupos en subestructuras emocional y de trabajo, y, sobre
todo, de la co rrelación de estas subestructuras en los grupos de diferente
nivel de desarrollo, ofrece un interesante material . Por estructuración
entendemos la correlación del número de miembros del grupo con status diferente
.
240
TABLA 1 1
Cantidad de miembros del equipo con diferentes status, según los
criterios funcional y emocional (en %)
Nivel de desarrollo del
grupo
Status sociométrico
Alto
Criterio funcional 64,5
Alto + bajo
Medio 35,5
Criterio emocional 1 1-1
Alto + bajo
Medio 88,9
Bajo
1 5,8
84,2
26,3
73,7
Los datos citados en las Tablas 1 O y 1 1 testimonian la diferen cia
cualitativa de las particularidades de la estructuración en el colectivo
deportivo, en comparación con el grupo de bajo nivel de desarrollo . En la
esfera de las relaciones funcionales, de trabajo, en los colectivos de alto
nivel de desarrollo tiene lugar la clara desigualdad de la distribución de las
selecciones sociométricas . El 64,5 % de los miembros de los equipos se refiere
a la categoría de líderes evidentes, o tiene un status muy bajo, al seleccionar
la pa reja para participar en tina carrera dificil, de muchos días . En otras
palabras, en los equipos de alta efectividad, los deportistas saben con
exactitud «quién es quién» desde el punto de vista de las habilidades
profesionales; sólo el 35,5% de los miembros de es tos colectivos ocupa una
posición indeterminada, intermedia en la subestructura funcional .
En los grupos de bajo nivel de desarrollo, el cuadro es diamen
tralmente opuesto: ninguna persona ocupó la posición de líder evidente según el
criterio de trabajo, y sólo el 1 5,8 % de los miem bros de los equipos resultó
aislado . En cambio, el 84,2 % de los miembros de los equipos de baj o nivel de
desarrollo ocupó una po sición indeterminada, intermedia durante las
selecciones recípro cas para participar en una carrera dificil, de muchos
días. Las diferencias analizadas entre los grupos de alto y bajo niveles de
desarrollo, son ciertas de una manera estadísticamente alta.
241
Pero al pasar a la esfera de las relaciones emocionales, el cua dro
cambia de manera radical al opuesto . En los colectivos, la subestructura
emocional tiene una función compensadora: la desi gualdad claramente
manifiesta y la jerarquía precisa en la subes tructura funcional, se
enriquecen con la uniformidad de la distribución de las selecciones recíprocas
en la subestructura emo cional; o sea, el 88,9% de los miembros de los
colectivos deportivos tienen un status medio, favorable en el sistema de interrelaciones
«humanas», lo cual neutraliza el posible efecto ne gativo de gran
«polarización» de la subestructura funcional. En cuanto a los equipos de bajo
nivel de desarrollo, la subestructura emocional no tiene esa función
compensadora y el grado de estruc turabilidad aumenta, incluso, un poco cuando
se pasa del criterio funcional al emocional en las selecciones sociométricas .
Los datos citados demuestran lo productivo de utilizar el prin cipio de
mediatización, inherente al enfoque estratométrico, al ana lizar los
diferentes problemas, incluidos los tradicionales y «tri viales», a los cuales
podría referirse la cuestión acerca de la correlación de las dos subestructuras
.
Los índices de motivación de las selecciones interpersonales ocu pan un
lugar importante en una serie de parámetros específicos, señalados en la
concepción estratométrica. La esencia de esta cues tión consiste en que en los
grupos de alto nivel de desarrollo las selecciones interpersonales deben
mediatizarse,* es decir, llevar so bre sí el sello de las relaciones de la
actividad de los miembros del grupo . Señalaremos que, como en el caso de la
unidad valora tiva y de orientación, el procedimiento más difundido para ob
tener el índice de «núcleo de motivación de las selecciones», no está
predeterminado por el contenido estrictamente teórico del pa rámetro . Durante
la práctica real de investigación, los aspectos técnicos para obtener los
índices y los procedimientos pueden de sarrollarse y modificarse.
En esta investigación, la motivación de las selecciones interper
sonales se caracteriza por la correlación de las selecciones socio métricas
con las particularidades de la percepción interpersonal, según los tres
factores de la metódica de la PIP . En otras palabras, se ha propuesto que en
un colectivo desarrollado la perso na que selecciona a la pareja en la
selección sociométrica, percibe, al mismo tiempo, esta pareja como quien hará
un gran aporte en la integración de trabajo del grupo; en esto debe manifestarse
242
la mediatización de las relaciones por los objetivos de la activi dad.
TABLA 1 2
Composición de los grupos según la motivación de las selecciones
interper sonales en las evaluaciones de escalas de la metódica de la PIP
(criterio funcional)
índice investigado Nivel
de desarrollo del
grupo
--------
Alto Bajo
Factores de la percepción
interpersonal M ± m M ± ni
l. Integración de trabajo
del grupo 4,03 ±0,34 0,34 ± 0,0 1
II. Integración emocional
del grupo 5,71 ± 0,28 0,80 ± 1,1 1
III . Influencia personal en
el grupo 3,34 ±0,36 0,5 1 ± 0,95
* Las diferencias tienen valor estadístico en el nivel p /\ 0,05 .
TABLA 1 3
t-criterio
del alutllilo
3,20*
3,85*
2,72*
Composición de los grupos según la motivación de las selecciones
interpersonales en las evaluaciones de escalas de la metódica de la PIP
(criterio emocional)
Indice investigado Nivel de
desarrollo de los
grupos
Factores de la percepción Alto
interpersonal M ± m
l . Integración de trabajo
del grupo 2,46 ± 0,35
11. Integración emocional
del grupo 4,06 ± 0,35
III. Influencia personal en
el grupo 2,49 ± 0,74
·--- --� t-criterio
Bajo del alumno
M ± m
0,43 ± 0,95 1 ,99*
1,43 ± 1,06 2,30*
0,63 ± 0,67 1 ,86
* Las diferencias tienen valor estadístico en el nivel p 5 $ 0,05 .
243
Los correspondientes datos se citan en las Tablas 1 2 y 1 3 . Sólo se
revelan las diferencias evidentes, convincentes, en la motiva ción de las
selecciones sociométricas entre los equipos de dife rente nivel de desarrollo
. En los colectivos, los resultados son completamente comprensibles y lógicos:
cuando se selecciona la pareja para pasar juntos el tiempo libre, los
deportistas prestan atención a su aporte en la integración emocional y de
trabajo . Al hacerse la selección según el criterio funcional, de trabajo, las
exi gencias a la pareja en la esfera de la integración de trabajo au mentan
en mucho (desde 2,43 a 4,03); o sea, la manifestación de la mediatización de
sus relaciones por las tareas de la actividad conjunta.
Los resultados del análisis de la motivación de las selecciones
interpersonales en los grupos de bajo nivel de desarrollo, son opues tos, y
hasta hay cierta paradoja. Las parejas seleccionadas en el interrogatorio
sociométrico se valoran de una manera excesivamente baja según los factores de
la percepción interpersonal, incluso como parejas seleccionadas según el
criterio funcional, intervienen depor tistas cuyo aporte a la integración
emocional y de trabajo del gru po, lo valoran los mismos seleccionados como un
aporte negativo, portador de la desorganización y frustración del equipo . Es
curio so que, al seleccionar como pareja para una carrera de muchos días a
semejante «lídern, el deportista puede dar altas calificaciones, to talmente
favorables de las cualidades de trabajo y personales de los otros miembros del
grupo .
Los fenómenos mencionados requieren un análisis cuidadoso y otras
investigaciones, pero en este caso las diferencias detectadas se explican, ante
todo, por las diferencias en la responsabilidad de los deportistas en los
resultados de la actuación de su equipo en las competencias . El carácter
paradój ico del cuadro en los grupos de bajo nivel de desarrollo, desaparece
cuando se analizan los ma teriales de las observaciones, las conversaciones
con los entrenado res y los deportistas . Los miembros de los grupos de bajo
nivel de desarrollo durante la carrera de muchos días, sólo se inquietan, por
lo regular, por la posición personal en la pizarra del torneo. A se mejante
deportista que sólo se inquieta por no ser peor que los otros del equipo, le es
realmente «ventajoso» tener parejas más flo jas cuando se compite; incluso, en
una carrera de equipo . En con traposición a esto, la selección de una pareja
más estable por parte de los miembros del colectivo durante la realización de
la sociome tría, está condicionada por la alta responsabilidad de ellos por el
244
resultado del equipo en general . En este caso, los éxitos personales
pasan a un segundo plano, en lo que también se manifiesta la me diatización de
las interrelaciones en el colectivo por las tareas, objetivos y valores de la
actividad conjunta.
¿Qué ha demostrado la investigación realizada en general? Des pués de
la división previa y cuidadosa de los grupos -según el nivel de desarrollo con
la ayuda de los criterios no psicológicos que tienen en su base los índices de
la actividad vital real de los grupos investigados, y de la posterior
composición de los grupos escogidos por los índices psicológicos más diversos
de la actividad intragrupal-, se obtuvo el conocimiento exacto de estos índices
en correspondencia con su grado de mediatización por los factores de la
actividad.
Los grupos de alto nivel de desarrollo se han diferenciado de los de
bajo nivel de desarrollo por los índices que, en la concep ción
estratométrica, se refieren a la segunda capa, la más pro funda de la
actividad. Al mismo tiempo, en el nivel de la capa su perficial, no
mediatizada por la actividad, los grupos de diferente nivel de desarrollo
resultaron parecidos, sin ninguna diferencia entre sí. Es necesario subrayar en
especial que para obtener estos índices superficiales, desde las posiciones de
la concepción estra tométrica, se seleccionaron en especial metódicas más
difundidas de la investigación de las interrelaciones en los grupos. Esto es
tanto más importante, cuanto que la rama concreta a la que se ha dedicado la
investigación -psicología de la dirección, de la orien tación de los
colectivos- atrae la atención y despierta el interés de los pragmáticos, y las
metódicas mencionadas que reflejan los aspectos no esenciales de la actividad
intragrupal, se utilizan con frecuencia con fines puramente aplicados . Éstos
son los resultados concretos del trabajo experimental . El aspecto metodológico
es im portante ante todo en relación con el análisis de los mismos . En este
capítulo se demuestra la validez de uno de los principales pos tulados teóricos
de la concepción estratométrica acerca de la es tructura jerárquica de muchas
capas de la actividad intragrupal . La importancia de este postulado halló
reflej o en el nombre de la propia concepción que subraya la idea acerca del
carácter estratifi cado, por capas de los fenómenos grupales .
Hoy día se hace cada vez más actual la tarea de organizar un trabajo
especial orientado todo hacia un objetivo, para establecer la no contradicción
de los distintos postulados teóricos de la concep-
245
ción estratométrica y la coordinación de los procedimientos experi
mentales utilizados -la validez interna de la concepción, así como la
revelación de la validez externa-, para la veracidad de la con cepción desde
el punto de vista de otros criterios que reflejen, ante todo, la
correspondencia de la teoría con la práctica de la vida social en nuestro país,
con la práctica de la construcción del co munismo. Es necesario subrayar que
las tareas mencionadas no pue den resolverse, de manera simultánea, y deben
ser objeto de cons tantes esfuerzos investigativos.
Como resumen general de todo lo antes expuesto, señalaremos que los
resultados obtenidos y descritos aquí han permitido dar cierto paso hacia
delante en la solución de la compleja cuestión que trata acerca de la validez
teórica y empírica de la concepción estratométrica de la actividad intragrupal
.
Capítulo 11
ALGUNOS ASPECTOS PSICO-PSICOLÓGICOS
DE LA CONCEPCIÓN ESTRATOMÉTRICA
La necesidad de un enfoque integral de los problemas de la educa ción,
acerca del cual se trató en el XXV Congreso del PCUS, pre supone la
utilización de un aspecto de amplia variedad de deter minadas ciencias afines
con la pedagogía, entre las cuales la psico logía social tiene una importancia
esencial .
El proceso de la educación se realiza en el colectivo y con la ayuda del
colectivo, esto es una perogrullada. ¿Pero qué repre senta en un sentido
psicológico este instrumento de educación de la personalidad? ¿Acaso no suena
de una manera demasiado tec nológica la palabra «instrumento'»? En realidad,
el colectivo son personas vivas y muy diferentes, relacionadas por un complejo
sistema de relaciones interpersonales que se esfuerzan por un mis mo objetivo,
pero preparadas para realizarlo por diferentes méto dos . Comprender las
regularidades del proceso de formación y fun cionamiento del colectivo,
significa encontrar la posibilidad de influir de una manera orientada y
efectiva sobre la personalidad.
246
reorgamzar, si así se reqmere, todo el clima psicológico del co lectivo
.
El enfoque concreto-histórico del estudio de los fenómenos so
cio-psicológicos que realiza la concepción estratométrica, permite descubrir
nuevas vías para estudiar la conducta social de la per sonalidad en el sistema
de sus relaciones objetivas . No es necesario estudiar la personalidad en
general, ni un grupo pequeño en gene ral, sino la personalidad dentro del
grupo, cuyo contenido de relaciones está determinado por· las condiciones
objetivas del desa rrollo de la sociedad . Precisamente así, deben investigarse
«las personas tomadas no en cierto aislamiento fantástico, smo en su proceso
real, empíricamente observado, de desarrollo que trans curre en determinadas
condiciones»» . 1
El enfoque es tratomé trico de la estructura grupal enuncia un postulado
que plantea que la capa nuclear de las interrelaciones del grupo -la cual
comprende los objetivos y las tareas de la acti vidad socialmente útil-,
mediatiza las relaciones interpersonales, determinando su aspecto de contenido
. La efectividad de la direc ción de los diferentes grupos (docentes,
productivos, etc .), está condicionada porque en qué medida se consideran en la
práctica de la dirección las particularidades específicas del aspecto de la
actividad fundamental para un grupo determinado, pues estas particularidades
intervienen como factor decisivo del desarrollo grupal .
Se ha aceptado considerar que la actividad docente es el tipo rector de
la actividad grupal en los colectivos de escolares .
La importancia de la actividad docente es extraordinariamente grande. En
las condiciones de una actividad docente bien organiza da ocurre la
asimilación de los conocimientos necesarios y el desa rrollo de los hábitos,
la formación de la concepción comunista del mundo, la independencia de los
alumnos, y se forman las cualidades valiosas de la personalidad, las
convicciones y los ideales. La for mación de una actividad docente plena de
valores, en la cual se desarrollan las capacidades cognoscitivas de los
alumnos, es uno de los objetivos más importantes de nuestro sistema educacional
.
Al mismo tiempo, algunos rasgos específicos de la actividad do cente no
pueden dejar de influir sobre las particularidades de la estructuración de las
relaciones interpersonales de los escolares.
1 C . Marx, F. Engels: Obras,
t. 3, p. 25.
247
Ella, que actúa en apariencia como una actividad conjunta -pues el
maestro realiza un trabajo frontal con toda la clase-, supone, en lo
fundamental, un proceso individualizado de la asimilación de los conocimientos
y, por eso, resulta en esencia la suma de logros docentes individuales . En las
condiciones de las formas aceptadas en general de la actividad docente, la
necesidad de una interrela ción de trabajo se reduce al mínimo y tiene un
carácter episódico .
Éste se refiere en particular, a la clase que fue y será el eslabón más
importante en el trabaj o de la escuela. La interacción en la clase
(cualesquiera consultas de los alumnos, soplos, trabajos he chos en colectivo,
etc .) se considera una forma indeseable y, a me nudo sancionable de la
conducta de los alumnos . En verdad se esti mulan -del todo correctamente- las
diferentes formas de ayuda mutua en el tiempo extracurricular: el reforzamiento
de los atrasa dos con la ayuda de los buenos alumnos, la preparación conjunta
para los exámenes, etc. Aquí se encuentran muchas formas intere santes para
organizar la actividad docente conjunta. Puede mencio narse, por ejemplo, el
aprovechamiento descrito y psicológicamente argumentado por A. l. Lipkina consistente
en que un alumno débil de un grado superior preste ayuda a otro débil de un
grado inferior. Como resultado no sólo se logra un determinado efecto de apren
dizaje, sino también notables avances en la esfera personal; o sea, aumenta el
nivel de pretensiones y la autovaloración en la esfera de la actividad docente
del alumno mayor y, en este caso, en el menor no se acentúa la idea de su
«deficiencia-» docente . Sin em bargo, la clase, como ya se ha dicho, sigue
siendo la forma funda
mental del trabaj o docente-educativo
en la escuela, y, entretanto,
en la clase la actividad docente del alumno tiene hoy día, en me
nor grado, un carácter colectivo .
En la resolución del CC del PCUS y el Consejo de Ministros de la URSS
«Sobre el ulterior perfeccionamiento de la enseñanza y la educación de los
alumnos de las escudas de enseñanza general y su preparación para el
trabajm»>,2 se presta especial atención a que en la escuela de hoy el
principio de la unidad orgánica de la en señanza y la educación, no siempre se
cumple de una manera consecuente; también se señala la gran importancia del
proceso de formación del colectivo de estudiantes como un medio acti vo de
educación ideológico-moral de la personalidad, de la forma ción de una
posición vital activa del escolar soviético . A la luz de
2 Prauda, 29 de diciembre de 1 977.
248
las tareas planteadas a la psicología social, no puede permanecer
indiferente ante el estudio de los factores de la formación del colectivo en un
grupo docente .
La actividad docente que · se realiza en una clase, se entiende que
pierde cuando se compara con la productiva, laboral, que ga rantiza los altos
resultados de la formación de la colectividad. Como es sabido, la actividad
productiva es, ante todo, una actividad conjunta, general . La comunidad fij
ada en la división y en los re sultados del trabajo, tiene un carácter real .
En los productos mate rializados del trabajo está la interdependencia de los
participantes del proceso de producción. El éxito de uno es una condición para
el éxito de los otros, y el fracaso de uno influye sobre todos los par
ticipantes del trabajo general . La existencia de criterios objetivos de la
medida del aporte de cada uno en el producto conjunto de la actividad, actúa
como base objetiva de evaluaciones mutuas . Las relaciones interpersonales
durante el proceso de producción, al transcurrir en una actividad objetai real,
tienen un carácter media tizado y, por tanto, garantizan el proceso de la
formación de la colectividad.
¿Cómo sucede el proceso de surgimiento y formación de los co lectivos
en la escuela de enseñanza media? (No tenemos dudas de que allí también surgen
y funcionan grupos con un desarrollo bas tante alto, los cuales pueden
clasificarse según muchos paráme tros en una categoría de colectivos . ) Se
entiende que esta cuestión debe investigarse en un material grande; sin
embargo, hay funda mento para suponer que el principal factor que forma la
colecti vidad es la actividad laboral de los alumnos en forma de una posi ble
participación en el trabajo productivo con carácter colectivo, en la actividad
socialmente útil, en el trabajo en círculos de interés, en el trabajo de las
organizaciones pioneriles y del Komsomol y, por último, como ya se ha dicho, en
los diferentes aspectos de la actividad docente extracurricular, en la cual son
posibles la inter acción real y la ayuda mutua.
En el plano socio-psicológico está argumentado el problema de la
utilización de la clase y de la actividad docente que transcurre en ella, para
garantizar las tareas de la formación de colectivos de alumnos y las
interrelaciones colectivistas interpersonales, real mente mediatizadas por el
contenido y los valores de la actividad
conjunta.
249
En los últimos años, en la escuela soviética se empezaron a prac ticar
las llamadas formas de trabajo grupales, nuevas en la clase, aunque por ahora
no han salido todavía de la fase de comproba ción experimental . «La
interacción directa entre los alumnos, su actividad conjunta coordinada* »3 en
el proceso de trabajo del mate rial docente, constituye una de sus
particularidades distintivas.
La aplicación del trabajo grupal no sólo introduce cambios esen ciales
en el proceso de enseñanza, sino también en el proceso edu cacional de los
escolares. Gracias al trabajo grupal -el cual trans curre en una atmósfera de
interacción conjunta coordinada de los alumnos, y presupone el intercambio de
productos de la actividad y, por tanto, el surgimiento de relaciones de
interdependencia y control mutuo-, el proceso de estudio en estas condiciones
puede adquirir rasgos de una verdadera colectividad . La comunicación con los
coetáneos -factor importantísimo para el desarrollo de la personalidad del
escolar y, por lo regular, fuera de los límites de la actividad propiamente
docente de los niños-, en nuevas condicio nes se convierte en su atributo, y
los productos del trabajo en la clase -es decir, las adquisiciones espirituales
de los alumnos, los conocimientos, los intereses-, son el objeto directo de la
comunica ción . Así, la actividad de los niños en la clase adquiere carácter
de relaciones sujeto-su je to-objetivas activas .
Los cambios fundamentales en la actividad, el estudio y la co
municación que ocupan el lugar más importante en la vida del escolar, no pueden
traer consigo el surgimiento de nuevas forma ciones en el desarrollo de la
personalidad del adolescente y de fe nómenos socio -psicológicos
cualitativamente nuevos en la vida del grupo y en el nivel de desarrollo del
mismo . Y en realidad, los pedagogos que practican las formas de trabajo
grupales (J . l . Liimets, V . K. Diachenko), señalan su indudable influencia
sobre la formación de la personalidad del escolar.
Ante todo, y como es de esperar, ocurren cambios en la esfera de la
motivación de los alumnos . Como es sabido, los adolescentes valoran muy alto
la actividad que les permite comunicarse unos con otros . No se excluye que, al
principio, la posibilidad de comuni cación, de participación cooperativa
simplemente en la solución de
una tarea cognoscitiva general, y el deseo de hallar su lugar en el
grupo, determinan la incorporación del adolescente en el trabajo
3 J . l . Liimets: Trabajo
grupai en la clase, Moscú, 1 975, p. 1 3 (en ruso).
250
docente grupal . Pero después debe manifestarse que la especifici dad
de las relaciones requiere de cada incorporación a la actividad intelectual
conjunta, la unificación de los esfuerzos intelectuales para superar las
dificultades . En estas condiciones se forma la co municación de un nivel más
alto, el cual se relaciona con la esencia del trabajo conjunto . Se forman
-como ya se ha subrayado- las relaciones sujeto-sujeto-objetivas (S-Si- 0); si,
en la primera etapa, el alumno atendía por la comunicación con otro alumno a la
asig natura docente, ahora para comprender mejor la asignatura co opera y
establece contacto con el otro alumno .
Si partimos de la diferenciación que A . N . Leontiev establece entre la
actividad como proceso que responde a alguna necesidad del sujeto y la acción
como proceso cuyo motivo no coincide con su objeto, con su objetivo (por estos
indicios, la comunicación y el es tudio se distinguen en la situación
descrita), entonces puede con siderarse el mecanismo de avance del motivo de
la actividad hacia el objeto, objetivo de la acción que engendra una nueva
actitud del niño hacia la realidad; es decir, puede señalarse un nuevo tipo y
nivel de comunicación interpersonal .
De acuerdo con la dinámica del desarrollo grupal que sigue a las formas
colectivas de enseñanza, la orientación de la perso lidad del adolescente
puede sufrir cambios esenciales, así como los métodos de su autoafirmación, los
cuales se consideran hasta el presente características relativamente estáticas
de los escolares .
Las relaciones de interacción a interdependencia laborales tam bién
engendran la necesidad de percibirse a sí mismo y a los de más de una manera
más precisa (apercepción social), lo cual pue de dejar de estimular el
desarrollo de la auto valoración y la auto rregulación . El adolescente debe
valorar el conjunto de factores exteriores e interiores. Debe percibir y
comprender de manera co rrecta las exigencias que le plantean las personas que
lo rodean y la situación en general; de acuerdo con estas exigencias valorar
sus posibilidades, exigirse a sí mismo, saber superar los obstácu los internos
y los deseos que entorpecen el cumplimiento de las exigencias planteadas,
valorar correctamente los resultados de su actividad, analizar con exactitud
las dificultades que surgen, las causas de los fracasos, etc . ; es decir, en
la actividad y mediante la actividad dentro del grupo, él toma conciencia de sí
mismo, forma la imagen de su propio «yo» .
251
Al incluirse directamente en la actividad docente, el autocono cimiento
y la autovaloración no sólo se activan; o sea, nos parece que el aspecto
sustancial de los mismos debe sufrir cambios esen ciales . El adolescente está
ahora obligado no sólo a valorar un número mayor de factores, sino también a
determinar el lugar que ocupan algunos de estos factores en la estructura
general de va lores, los cuales determinan su actitud haéia sí y hacia los
otros . Así, las actitudes relacionadas con una labor durante las formas
tradicionales de la actividad docente, nunca ocupan el lugar predo minante en
la evaluación de sí mismo y de sus coetáneos. En con diciones de una
dependencia mutua, un control y responsabilidad mutua al cumplir una tarea en
conjunto, actúan de manera invo luntaria en primer plano. Y para la tendencia
egoísta no queda lu gar. Todo esto constituye una de las premisas para la
formación de la madurez moral del adolescente .
Cada uno de los problemas enumerados representa un interés teó rico y
práctico independiente y constituye, al mismo tiempo, el aspecto más general
del problema que confirma este enfoque del estudio del grupo y la personalidad
en el grupo, en el cual el inves tigador parte del análisis de la propia
actividad que se desarrolla y
supone una influencia,
ante todo, sobre la actividad,
y después
de una manera mediatizada a través de la actividad sobre el grupo
y la personalidad .
Desde estas posiciones, el problema de la formación de la auto
rregulación consciente y orientada hacia un objetivo del adoles cente en las
condiciones de la actividad docente, presenta un in
terés .
La experiencia pedagógica testimonia que existe una serie de situaciones
en las cuales el proceso de «apropiación», de dominio del objeto de la
actividad y su lógica, resulta, en mayor o menor medida, desorganizado . Las
condiciones en las cuales ocurre se mejante trastorno del desarrollo de la
actividad, y los estados de la personalidad que surgen en este caso,
constituyen el problema que estudian muchos psicólogos . Sin embargo, las
condiciones com plejas de la actividad objetai se consideran, por lo regular,
por sí mismas fuera de los intentos de incluirlas en un contexto social más
amplio, y en particular en el contexto de un análisis, teniendo en cuenta el
nivel de desarrollo del grupo como colectivo. Entretanto, la conducta y el
estado de la personalidad -determinados por las
252
condiciones complejas de la actividad en un grupo, por ejemplo, difuso y
en un colectivo-, deben diferenciarse evidentemente .
Desde este punto de vista analizaremos la actividad del adoles cente y
las particularidades inherentes a ella en las formas gru pales de estudio . La
posición de la personalidad en esta situación es muy contradictoria. Por una
parte, como se ha señalado antes, las formas grupales de trabaj o crean
condiciones favorables para el enriquecimiento recíproco de los alumnos y la
autoafirmación de la personalidad, pues cada uno de los adolescentes tiene la
posi bilidad de activar los conocimientos y las habilidades obtenidos fuera de
la clase . Por otra, si confiamos en la opinión bastante unánime de los
maestros que practican el trabajo grupal, este úl
timo «provoca una fuerte tensión y apenas podría emplearse en más de dos
clases al día» .4
¿Qué provoca semejante tensión? No
sólo debemos pensar en
el rápido ritmo de trabaj o (en el
grupo siempre hay alguien que
cumple la tarea a una velocidad mayor en comparación con la nor
ma media), sino, ante todo, en la activación de los procesos de per
cepción y comparación sociales, capaces de producir intranquilidad y tensión en
los alumnos . Al mismo tiempo, la competencia de unos sólo puede aumentar la
tensión de los otros adolescentes .
Surge una pregunta: ¿cómo relacionamos en estos fenómenos? Se
sobreentiende que podemos limitamos a enfatizar la inconvenien cia de los
mismos. Pero podemos analizarlo de otra manera, como condiciones cuya
superación será una condición del aumento inte lectual y espiritual
verdaderamente activo de la personalidad, su desarrollo y madurez. Sin embargo,
los momentos de compara ción social pueden adquirir semejante calidad en
condiciones es peciales, las cuales neutralizan las circunstancias capaces de
pro ducir en el adolescente un sentimiento de amenaza personal . Entre éstas
se relacionan las condiciones de la llamada enseñanza de ayuda, cuyos
principios eran propagados en la pedagogía sovié tica por V. A. Suj omlinski y
en la psicología por D. N. Uznadze y, por último, Sh. A. Ammonashvili.5
4 J. I. Liimets: Trabajo grupal
en clase, p. 53 .
5 Sh. A. Ammonashvili:
«Particularidades psicológico-didácticas de la en señanza como componente de
la actividad docente», en Voprosy Psijologii, 1 975, no . 4.
253
En la exposición de estos princ1p1os se subraya, en general, la
necesidad de relaciones de fidelidad en el colectivo, de una atmós fera de
confianza y sinceridad, de respeto a la personalidad del niño, de comprensión
simpatizante de su mundo interior, etc . Pero los principios de la enseñanza de
ayuda pueden ir más lejos, al predeterminar las influencias educativas,
llamadas a formar en el adolescente una posición de superación activa de las
situaciones de frustración, sin las cuales no existe desarrollo ni crecimiento
.
En las condiciones del trabaj o grupal, semejante posición activa de la
personalidad se forma a medida que se resuelven las tareas que componen el
contenido de la actividad del estudio y la inter acción colectiva, sin hacer
esfuerzos especiales. Al mismo tiempo, el trabajo grupal correctamente
organizado no rechaza, sino que supone necesariamente el papel dirigente del
pedagogo.
La importancia de esta condición es, ante todo, enorme de acuerdo con la
actividad del autoconocimiento y el conocimiento de otros, de la comparación
social y la autorregulación. En este caso es necesario subrayar que el
desarrollo del colectivo y el desa rrollo de la personalidad, se inter
relacionan de manera estrecha en este proceso. Su dirección transcurre, según
expresión de A. S . Ma karenko, «dentro de un procedimiento pedagógico único»
.
Como puede suponerse, en los grupos de alto nivel de desarrollo a los
adolescentes les serán inherentes, con mayor probabilidad, la exactitud de la
percepción de sí mismo y de los demás y la es trategia constructiva de las
acciones, mientras que en los grupos difusos, en condiciones análogas, deben
manifestarse con mayor espontaneidad no las soluciones constructivas, sino las
«defensivas» y, es posible, la desorganización de la actividad, la disminución
de la autovaloración, etcétera.
En el programa concreto del experimento puede examinarse la
diferenciación de los niveles de desarrollo del grupo como colec tivo, y los
aspectos señalados de la autoconciencia y la autorregla ción del adolescente,
pueden estudiarse en diferentes condiciones: en el trabaj o frontal habitual en
el aula; durante el trabaj o grupal en condiciones de una actitud neutral del
experimentador hacia el investigado; en el trabaj o grupal en condiciones de un
experimento formador, cuyo objetivo es crear una atmósfera «de ayuda» para las
interrelaciones en el grupo, y, por último, en el trabajo grupal en condiciones
de un experimento formador, cuyo objetivo es que los alumnos dominen, durante
el proceso de la interacción grupal
254
organizativa especial, los métodos de autorregulación consciente dad
para vivir y trabajar colectivamente . La psicología social, al resolver hoy
día las tareas formuladas en el XXV Congreso del ceso docente, tomó el curso de
desarrollar en los niños la habili dirigida, los cuales suponen una exacta
«relación inversa» en el gru-
Desde los primeros años de su existencia, el sistema pedagógico
soviético de enseñanza y educación, al tratar de intensificar el pro po y la
adecuación de las acciones de los alumnos a las exigencias del objetivo de la
actividad .
PCUS de unir el conocimiento científico con la práctica, debe prestar
todo el concurso posible para la utilización multilateral de las po
sibilidades educativas de los colectivos de estudiantes.
La necesidad de ampliar la práctica de la interacción social de los
alumnos, la cual contribuye a la formación de la posición vital acti va del
hombre soviético -acerca de la cual se hablaba en el XXV Congreso del PCUS- ,
activó la búsqueda científica de medios para optimizar el proceso
docente-educativo. Actualmente, los intentos de superar, en cierta medida, la
contradicción manifestada entre las condiciones individuales de apropiación de
la experiencia social en la esfera de la actividad docente y las colectivas: en
la esfera del trabajo socialmente útil de la comunicación libre, tienen lugar
en lo fundamental en dos direcciones . Una supone la creación de colec tivos
«de múltiples actividades», cuyas características estructural funcionales se
determinarán por la presencia de varios tipos fun damentales de la actividad
grupal : docente, socialmente útil, de portivo-militar, etc .6 Acerca de la
otra se ha hablado con anterio ridad: ésta se orienta hacia la búsqueda de
formas grupales de or ganización de la actividad docente . La incorporación
del alumno como sujeto en el proceso de la actividad cognoscitiva activa, forma
una posición activa de la personalidad de una manera más eficiente que en las
formas habituales de enseñanza. Al haber nuevas formas de organización del
proceso docente-educativo, como componentes adicionales de motivación actuarán
la aprobación social y la me dida del aporte de cada miembro del colectivo del
aula al logro de un resultado socialmente útil, la posibilidad de cooperar en
la ac tividad, la comprensión de sí mismo como su sujeto y otros . Te-
6 D. l. Feldstein: »Particularidades psicológicas del colectivo infantil
y de la formación de las cualidades colectivistas de la personalidad de los
niños de edad escolarn, en Voprosy Psijologii, 1 977, no. 2.
255
ni endo en cuenta lo antes dicho, la solución de las tareas docen tes
-relacionadas con la lucha por el aprovechamiento que apelan a determinadas
propiedades especialmente personales (responsa bilidad, conciencia y otras)-,
puede ser más efectiva cuando las formas de influencias educativas mediante los
grupos de referencia son mediatizadas .
En este sentido, el problema de las actitudes de referencia actúa como
un aspecto psicológico-pedagógico esencialmente importante respecto a la
práctica de la educación .
Como ya se ha demostrado (ver capítulo 8), dentro de cualquier grupo
puede existir un círculo de personas a cuyas exigencias hacen caso los miembros
del grupo y por cuya posición se orientan, este círculo de personas está
designado como un importante círculo de comunicación . La referencia de unas u
otras personas para un hom bre determinado, presupone, para él, ante todo, el
valor de éstas en el plano de solucionar la tarea que tiene ante sí, de conocer
algo, de relacionarse con algo o con alguien, incluso consigo mismo . Al
aplicar la llamada referentometría, explicamos el círculo de perso nas
importante para el niño, cuya opinión y posición toma en cuenta (con frecuencia
de una manera inconsciente) .
Lo perspectivo de este método para las necesidades prácticas del proceso
de educación, puede resultar muy significativo . Con su desarrollo y aplicación
surge la posibilidad de ayudar al pedagogo, después de sugerirle los objetivos
para la influencia educativa se lectiva. La influencia pedagógica dirigida
hacia el alumno, quien constituye un punto de referencia para quienes tienen
inclinación hacia él, permite influir de manera indirecta, pero no por esto
menos fuerte sobre algunos de sus compañeros . No se excluye que una de las
vías para superar la alternativa errónea de lo frontal o lo individual, radica
en las influencias pedagógicas .
El enfoque de los aspectos socio-psicológicos de la actividad grupal, en
el cual las relaciones interpersonales resultan mediati zadas por la
comunicación del objetivo y por la dependencia res ponsable de los miembros
del colectivo, y la perspectiva evidente de la dependencia de la aplicación de
las metódicas referentomé tricas para una mejor comprensión de la
diferenciación intracolec tiva y la utilización de la influencia educativa
orientada, se sobre entiende que no agotan las posibilidades de aplicar
directamente la concepción estratométrica en la esfera de la pedagogía de la
educación comunista. Señalaremos con brevedad algunas de sus
256
publicaciones psicológico-pedagógicas prácticas, relacionadas con la
comprensión de los fenómenos ilustrados en este trabajo de las relaciones
interpersonales .
Los resultados de la investigación de A . A . Turovskaia (capí tulo 4)
-quien demostró que el alto grado de incorporación del gru po en la
realización de un objetivo socialmente importante, contri buye a la
actualización de las tendencias de la autodeterminación colectivista y bloquea
el surgimiento de la conducta conformista-, resultaron en la práctica muy
valiosos . Sus experimentos revelaron un posible eslabón débil en la actividad
de algunos maestros-guía. El análisis de los datos obtenidos por la autora ha
demostrado que en los grupos, en los cuales el objetivo sólo estaba formulado y
no se había realizado el trabajo de interiorización, los alumnos rechazaban con
facilidad este objetivo, mostrando conformidad ante las influencias del grupo
de apoyo . Por consiguiente, el ob jetivo socialmente útil no se hizo
significativo para los individuos que entran en el grupo: no interiorizado,
siguió siendo un fenó meno puramente exterior en relación con este grupo .
La metódica aplicada por A . A . Turovskaia, posee, al parecer, una gran
amplitud de posibilidades diagnósticas . Ésta permite va lorar de una manera
objetiva la calidad del trabajo educativo del pedagogo, pues la apropiación del
objetivo grupal depende de ma nera directa de la calidad del trabajo del
pedagogo; con el tiempo, esta metódica en las manos de un psicólogo puede
actuar como un índice de la efectividad de las influencias educativas. La
esfera de aplicación de este procedimiento metódico es la escuela, una escuela
técnica, una escuela técnico-profesional, un campamento pioneril; o sea, es en
resumidas cuentas cualquier grupo infantil o juvenil .
He aquí otra pregunta psicológico-pedagógica cuya solución se muestra
por el enfoque estratométrico: ¿cuál es el fundamento de las preferencias
recíprocas en la edad juvenil?
Se sobreentiende que para el pedagogo y el psicólogo esta pre gunta no
es nueva. Sin embargo, hasta el presente no se han propues to vías seguras
para obtener los índices empíricos que testimo nian acerca de los motivos de
las selecciones y preferencias . ¿La motivación de las relaciones
interpersonales está condicionada por la necesidad amorfa, que no se deja
analizar, del sujeto de una u otra persona, o los motivos de la selección deben
considerarse no sólo como un fenómeno personal, sino como un fenómeno de las
257
relaciones interpersonales derivadas de las relaciones sociales exis
tentes en el colectivo? Éstas son las preguntas fundamentales que formula la
concepción estratométrica (ver capítulo 7) . Éstas se en riquecen con un nuevo
contenido, si tenemos en cuenta que el pro ceso de cambio de la estructura de
los motivos de la selección de las parejas para la comunicación interpersonal,
se caracteriza por la influencia de las interrelaciones formadas en la
actividad con junta. El cumplimiento de las exigencias que parten de la
actividad forma nuevas necesidades y, por tanto, cambia la motivación de la
selección en el sistema de las relaciones interpersonales .
La manifestación del núcleo motivacional de la selección resulta útil
para el pedagogo y el psicólogo, toda vez que aparecen las pre guntas: ¿por
qué un miembro del grupo prefiere a fulano, por qué una parte de la clase
figura en la categoría de «estrellas», y la otra, en la de los «rechazados»?;
en una palabra, ¿por qué el cua dro sociométrico de una clase es precisamente
así? Como se ha demostrado antes (capítulo 7), el contenido del núcleo motiva
cional de la selección también puede servir como índice del nivel que ha
alcanzado el grupo como colectivo . De esta manera, si en la fase inicial de la
formación del contenido la atención de los jó venes se dirige, en lo
fundamental, hacia los aspectos externos del
compañero (sociabilidad, atractivo,
manera de vestirse, etc.), en
la fase más elevada del
desarrollo del colectivo se orienta,
cada
vez en mayor grado, hacia las propiedades personales que se ma
nifiestan en la actividad conjunta. Como es evidente, el trabaj o -centrado e n
el problema más importante para los pedagogos edu cadores- ha demostrado, de
manera convincente, que el carácter y el valor social de las preferencias
dependen del nivel de desarro llo del grupo y de la especificidad de su
actividad. Parecería que el fenómeno especialmente pei* sonal -la preferencia
personal- se transforma, a medida que se va formando el grupo como colectivo,
cada vez en mayor grado por los factores socialmente importantes y actúa como
un fenómeno social típico.
Todo lo expuesto nos da fundamento para analizar de nuevo el estudio
sociométrico de los colectivos escolares, cuya atracción ha sido muy difundida
durante los últimos tiempos, y para precisar las posibilidades reales de la
sociometría.
Se sobreentiende que la sociometría es un método muy operativo que
permite revelar, con bastante rapidez, el cuadro de preferencias emocionales en
cualquier grupo. Para mostrar esto por la vía de
258
las observaciones simplemente, el maestro necesitaría un largo tiempo .
Sin dudar, en ninguna medida, de la conocida conveniencia de la sociometría
tradicional; es necesario dudar, sin embargo, de que ella ofrece la
característica auténtica de la diferenciación gru pai . El problema consiste,
ante todo, en explicar qué se encuentra durante la selección interpersonal . En
realidad, a menudo es mu cho más importante saber a qué miembro dado del grupo
escogie ron los compañeros, que por qué fue escogido . La explicación del
sistema de motivos de la selección interpersonal ofrece una carac terística
más de contenido de la diferenciación grupal . Precisa mente, la metódica
introducida en la concepción estratométrica para revelar el núcleo motivacional
de la selección en el sistema de las referencias interpersonales, ayudará a
resolver este pro blema.
La metódica para revelar el núcleo motivacional de la selección en el
sistema de las relaciones interpersonales, puede considerarse como un prototipo
de la metódica diagnóstica, la cual completa con un nuevo contenido, o en todo
caso en esencia, los métodos socio métricos empleados al estudiar los
colectivos de alumnos . La in vestigación ya realizada por N. M. Shvaleva ( 1
978) demostró que en las condiciones del colectivo, cuando hay una selección
recí proca, se eleva el prestigio de las cualidades que se forman en la
actividad conjunta.
La indicación del hecho de que en el colectivo predominen las
orientaciones de trabajo, las cuales actúan como la base esencial del núcleo
motivacional de la selección en los grupos de alto nivel de desarrollo, no debe
despertar recelos en cuanto al posible em pobrecimiento del aspecto emocional
de las relaciones interperso nales cuando se interpretan sobre la base de la
concepción estratométrica.
Basta con señalar el fenómeno de la identificación eficaz y emo cional
del grupo (IEEG), introducido en el giro científico del con junto de
investigaciones basadas en la concepción estratométrica. En este fenómeno
encuentra su expresión el principio humano «tanto para otro, como para mí»,
«tanto para mí, como para otro». La identificación eficaz y emocional del grupo
actúa como un rasgo de verdadero colectivismo; y sobre la base del hecho de
diferen ciar la IEEG es posible diferenciar el colectivo de otras comu
nidades de un nivel más bajo de desarrollo . Para un colectivo de trabajo en la
actualidad, son características la ayuda y la ga-
259
nancia mutuas, la benevolencia, el humanismo, la cordialidad emo cional
de las interrelaciones, y para los grupos con un carácter antisocial, en el
experimento para determinar la IEEG se mani fiesta, ante todo, la preocupación
por sí mismo y la indiferencia hacia el compañero .
La existencia o ausencia de la IEEG en un colectivo de escola res, se
manifiesta de una manera especialmente clara en relación con el novato que
entra por primera vez en un colectivo estudian til . Incluso la existencia de
indicios de la IEEG en la clase, cuando no la hay en relación con el
principiante, actúa como una seria señal de infortunio en el sistema de
relaciones interpersonales en este grupo de alumnos .
Tenemos datos previos que testimonian que los grupos antiso ciales
(delincuentes menores de edad) no poseen las cualidades de la IEEG. La
desconfianza de unos hacia otros, es semejante al áci do; corroe estos grupos
. Éstos se descomponen con facilidad, si se seleccionan, de manera correcta,
los puntos de asociación de las fuerzas de influencia jurídica y educativa. Los
psicólogos sociales pueden y deben ayudar a los trabajadores que garantizan el
orden legal, a seleccionar estos puntos, a descubrir los mecanismos que pueden
utilizarse para separar los grupos antisociales, que no sólo realizan ya una
actividad delictiva, sino que también están psicoló gicamente preparados para
semejante actividad .
El problema cuyos puntos de referencia en una solución se dan por la
IEEG, se manifiesta de una manera especialmente aguda cuando se determinan las
vías para perfeccionar el eslabón psico lógico-pedagógico en las instituciones
de reeducación . Y aquí apa rece, en primer lugar, el problema de la formación
del colectivo . Sin duda, el trabajo es un factor poderoso para corregir la
persona lidad del delincuente . Pero digamos esto con una seria limitación:
podemos confiar en la función correctora del trabajo sólo cuando las relaciones
interpersonales que se mediatizan por el trabajo, se caractericen por el
colectivismo y un verdadero humanismo. EnfoA car la IEEG como un parámetro que
demuestra la existencia o au sencia de este verdadero humanismo y colectivismo,
puede ser conveniente cuando se creen las metódicas diagnósticas socio-psico
lógicas y psicológico-pedagógicas .
Señalaremos otro aspecto del enfoque estratométrico, referente al
problema de la cohesión del colectivo . Como es natural, para todos es conocido
en el aspecto más general, qué significa un co-
260
lectivo unido . En él están presentes la ayuda y la ganancia mutuas, la
benevolencia ante la crítica, el esfuerzo por la paciencia, la per severancia
en el logro de los objetivos y otras cualidades . Todo esto es así . Pero la
cuestión no radica en esta característica des crita del colectivo. Se necesita
la valoración cualitativa y cuantita tiva experimentalmente verificada de su
cohesión real . La concep ción estratométrica, como puede suponerse, garantizó
el hallazgo de este parámetro . Se presentó y se confirmó de manera experi
mental la hipótesis de que en los grupos unidos por una actividad conjunta
prolongada, surge una elevada cohesión como la unidad valorativa y de
orientación (parámetro de UVO), y la actitud po sitiva única hacia los objetivos
y valoraciones importantes del gru po . Si tenemos en cuenta lo importante que
es para el maestro, para el maestro-guía, orientarse en un nivel real de
cohesión del colectivo infantil, entonces se evidencia la importancia de los
índi ces objetivos de la unidad valorativa y de orientación . La cohesión del
colectivo es una premisa para que el grupo sea capaz de supe rar las
dificultades, de trabajar en armonía, de crear posibilidades más favorables
para el desarrollo de la personalidad de cada miem bro del grupo y de
conservarse como un todo en las diferentes condiciones; incluso, desfavorables.
En la organización de las metódicas diagnósticas dirigidas a so
lucionar las importantes tareas de la educación comunista de la personalidad en
el colectivo, es necesario tener en cuenta los pará metros mencionados,
señalados por la concepción estratométrica: carácter de las relaciones de
referencia, contenido del núcleo mo tivacional de la selección, presencia de
los fenómenos de la auto determinación colectivista, la identificación eficaz
y emocional del grupo y la unidad valorativa y de orientación como cohesión .
Aho ra éstos pueden dar ya al pedagogo los puntos de referencia ne cesarios
para comprender la formación de la colectividad y las i'egularidades del
funcionamiento de las relaciones interpersona les y sugerirle las vías para la
influencia efectivo-educativa orien tada.
En la siguiente etapa de elaboración de la concepción se presu pone el
tránsito a la formación experimental de las orientaciones valorativas señaladas
para el colectivo . El enfoque presentado abre, evidentemente, la posibilidad
de valorar de manera cualitativa los procesos de la formación de la
colectividad en las condiciones de las diferentes formas del trabajo
docente-educativo .
261
La teoría socio -psicológica del colectivo debe relacionarse estre
chamente con el ulterior desarrollo de la teoría pedagógica del colectivo, la
cual fue fundamentada en los trabajos de N. K. Krups kaia, S. T. Shatski, A.
S. Makarenko y V . A . Sujomlinski .
Capítulo 12
TEORÍA DE LA MEDIATIZACIÓN
DE LA ACTIVIDAD DE LAS RELACIONES
INTERPERSONALES Y LA PSICOLOGÍA TRADICIONAL DE LOS GRUPOS PEQUEÑOS EN
SUS DIFERENCIAS DE PRINCIPIO
Al formular la concepción estratométrica de la actividad intragru pal,
tratamos de elaborar un nuevo enfoque del análisis de las re laciones
interpersonales que supusiera la posibilidad de estudiar la estructura de
muchos niveles de los procesos grupales (la ca racterística de los estratos de
la actividad intragrupal) y efectuar los correspondientes procedimientos de
medicición en estos estra tos para revelar las diferencias de principio de los
grupos de alto nivel de desarrollo (de los colectivos) en comparación con los
gru pos difusos.
El enfoque estratométrico permitió hacer frente tanto a los in tentos
de aplicar la medida cuantitativa a los fenómenos de la actividad grupal,
ignorando las particularidades cualitativas de los distintos grupos, como el
afán de criticar las características cuantitativas de los procesos grupales,
orientándose hacia las des cripciones especulativas y con frecuencia puramente
verbales de estas particularidades . Ya las primeras investigaciones de los fe
nómenos de la AC (autodeterminación colectivista) y de la UVO (unidad
valorativa y de orientación), demostraron que el cálculo de los valores y el
contenido de la actividad grupal cambia, de manera radical, la noción acerca de
la esencia de las relaciones interpersonales en el grupo, y los parámetros de
la actividad gru pal adquieren en principio características diferentes.
Al intentar, en la presente etapa del desarrollo de la concepción
estratométrica, comprender los datos experimentales acumulados
262
dentro de su marco, vemos, por una parte, que el enfoque propuesto
resultó productivo y heurístico durante la solución de una serie completa de
tareas y, por otra, que permite pasar a la organización de una teoría
psicológica del colectivo bastante completa, la cual según todas las posiciones
pudiera oponerse a la teoría psicológica tradicional de los grupos pequeños .
«El hecho de que la concep ción estratométrica -expresa G. M . Andreieva-
exista en la actua lidad -no sólo como un sistema de suposiciones hipotéticas,
sino que también se apoye en una comprobación experimental sólida-, permite
analizarla como una de las teorías especiales en la psicolo gía social
marxista y, por consiguiente, apoyarse en el modelo de grupo propuesto en ella
para las futuras búsquedas teóricas» . 1
La teoría psicológica del colectivo que se forma sobre la base del
enfoque estratométrico -la llamaremos teoría de la media
tización por la actividad de las relaciones inter per sonales- cons
tituye hoy día un sistema de confirmaciones y demostraciones interrelacionadas,
contiene en sí los métodos de explicación y las posibilidades de predicción del
surgimiento de los diferentes fenó menos y efectos socio-psicológicos de la
actividad intragrupal . De esta manera, la interpretación de la identificación
eficaz y emocional del grupo que emana de los principios de la concepción
estratométrica, permite predecir el surgimiento de sus nuevas ma
nifestaciones; por ejemplo, en la situación con un nuevo alumno en el colectivo
y su ausencia en el grupo difuso. En otras palabras, la conocida regularidad a
la cual se subordinan las relaciones in terpersonales, presupone -como
inherente a la teoría- el paso de
una confirmación a otra, sin el enfoque directo de la experiencia
sensitiva. Esto último no significa el rechazo de la comprobación experimental
de las hipótesis que emanan de las premisas teóricas encontradas, sino sólo
fundamenta las suposiciones acerca de los resultados finales de estos
experimentos.
La tarea del paso a la organización de la teoría psicológica del
colectivo nos obliga a correlacionar las premisas fundamentales de la
concepción estratométrica con las teorías socio-psicológicas, formadas en los
últimos 50 años en la ciencia psicológica de Oc cidente y, ante todo, en la
psicología social norteamericana. Como señala G. M. Andreieva, en las últimas
décadas, la psicología
i G. M. Andreieva: «Para una
organización del esquema teórico de la in vestigación de la apercepción
social», en Voptosy Psijoíogii, 1 977, no . 2, p. 9.
263
social de Estados Unidos determinó en sus estructuras teóricas la
tradición de los trabajos socio-psicológicos, hacia la cual se orien taron, en
esencia, todas las investigaciones en esta rama de la ciencia psicológica. 2
En uno de los exámenes más profundos del muy heterogéneo cuadro de las
teorías socio-psicológicas de Estados Unidos, G. M. Andreieva destaca las
orientaciones teóricas fundamentales predo minantes en la psicología social
norteamericana (neobehaviorista, neofreudista, cognitivista e interaccionista)
y muestra algunos en foques teóricos de los fenómenos socio-psicológicos
manifestados en ellas .
Un atento estudio de los mencionados enfoques del análisis de los
fenómenos socio-psicológicos, nos conduce a una curiosa con clusión . La
diferencia entre ellos se refiere, en esencia, a la ma nera de interpretar los
datos empíricos obtenidos y no la selección de los objetos, tareas y métodos de
la investigación socio-psicoló gica, y, lo más importante, no a la comprensión
de la esencia de la interacción en el grupo, implícita en ellos. Si comparamos
la «teoría del campo» de D. Cartwright y A. Zander y la «teoría del refuerzo»
de J. Tibaut y Kelley derivada de la concepción de Skin
ner de la' condicionalidad operante,
podemos fij ar las diferencias
en la interpretación de
las fuerzas que se
enfrentan en la esfera
de los procesos grupales interpersonales,
pero no en la selección
del objeto de estudio; es decir, para ellos la interacción de los
individuos permanece determinada, en un caso, por la estructura del campo y, en
el otro, por el tipo y las medidas de la recom pensa.
Siempre siguen siendo las mismas las tareas
de la investiga
ción del grupo pequeño: se
aclaran los parámetros
psicológicos
de la dinámica grupal en dependencia del tamaño y el
nivel de
las pretensiones grupales, de la intensidad de la presión del grupo, de
la reciprocidad en las selecciones socio métricas, etc . Se da la impresión de
que, al ser tan notorias en la reflexión teórica, algunas tendencias parten de
las mismas premisas metodológicas y tienen relación con el mismo modelo
invariable de los procesos grupales . Justamente estas premisas metodológicas y
los modelos
2 G. M.
Andreieva, N. N. Bogomolova
y L .
A. Petrovskaya: «La psicología
social contemporánea en Occidente», en Tendencias teóricas, Moscú, 1 978
(en ruso).
264
de los datos experimentalmente elaborados, constituyen la base del
contenido de innumerables libros de texto y compendios norte americanos de
psicología social de los grupos pequeños .
La circunstancia de que las orientaciones teóricas de algunas tendencias
socio-psicológicas no esclarezcan los datos obtenidos de manera empírica, crea
la impresión errónea de la neutralidad metodológica del hecho obtenido en el
experimento socio-psicoló gico . Y esto, como hemos señalado más de una vez en
nuestras publicaciones, ha inducido de nuevo al error a algunos psicólogos
soviéticos, dispuestos a criticar las teorías ncofreudistas y neobe
havioristas, pero que han asimilado con facilidad los hechos in variables
respecto a estas teorías y han aceptado, de buena fe, como adecuado el modelo
general de los procesos grupales .
Si nuestra suposición es verdadera (ésta requiere, en verdad, un
análisis profundo, verdadero y metodológico), no debemos con frontar nuestro
enfoque teórico con algunas orientaciones teóricas en la psicología de Estados
Unidos, sino con la tradición univer salmente admitida de la psicología social
norteamericana (digamos así : con la psicología social tradicional).
En otras palabras, deben ser objeto de confrontación, por una parte, el
modelo tradicional de grupo (de los procesos grupales, de la dinámica grupal,
de la interacción grupal), el cual constitu ye, de manera implícita, la base
de los trabaj os socio-psicológicos empíricos en Occidente, independientemente
de la orientación teó rica inicial del experimentador, y, por otra, el modelo
de los procesos grupales que se le contrapone de manera consciente, cuya base
es la teoría de la mediatización por la actividad de las re laciones
interpersonales .
En relación con lo expuesto con anterioridad trataremos de ana lizar
las posiciones fundamentales, según las cuales el enfoque de los fenómenos
socio-psicológicos -propuesto dentro del marco de la teoría de la mediatización
por la actividad- se contrapone a la psicología social tradicional de los
grupos pequeños .
Mientras que para la psicología de los grupos pequeños (inde
pendientemente de la orientación teórica) es natural analizar las relaciones
interpersonales como una interacción directa (presión, atracción,
subordinación, etc.), la teoría socio- psicológica analiza da aquí estudia las
relaciones interpersonales como mediatizadas por el contenido de la actividad
grupal conjunta. Esta posición -es decir, la superación dentro de los límites
de la investigación
265
socio-psicológica del postulado del carácter indirecto- constituye para
nosotros la posición determinante y de partida. El momento de mediatización por
la actividad está presente en todos los fe nómenos, señalados en nuestras
investigaciones, de las relaciones interpersonales . La oposición de las
gradaciones «conformismo-no conformismo» a la autodeterminación colectivista,
resulta posible a causa de que la resistencia a la presión del grupo se
determina por el factor mediatizador de la presión del grupo; es decir, los
objetivos y los valores de la actividad conjunta. Mediante el obje tivo y el
valor de la actividad conjunta se revela la UVO como forma de cohesión grupal .
La unidad objetai valorativa -pará metro que desarrolla la idea del estudio de
la UVO-, se descubre en los actos de mediatización por la actividad de los
individuos con un contenido valora ti vo único del objeto de la actividad con
junta. La apercepción social atrae la atención del grupo hacia la valoración de
las cualidades personales de los miembros del gru po, los cuales se determinan
por el contenido de la actividad gru pal . La identificación eficaz y
emocional del grupo (IEEG) presu pone el cálculo de los valores morales, los
cuales mediatizan los actos de identificación interpersonal . El enfoque del
núcleo mo tivacional de la selección sociométrica no acentúa la atención en el
propio hecho de la selección en el sistema de las relaciones interpersonales,
sino en los motivos como eslabón mediatizador de la selección y la diferenciación
grupal . Los ejemplos podrían multiplicarse.
La idea de la mediatización por la actividad es heurística para la
creación de nuevas estructuras conceptuales . Así, G. M . Andreieva, al trazar
el esquema teórico de la investigación de la apercepción social, somete a un
profundo análisis metodológico el hecho de la peculiar separación en la
psicología social occidental de la in vestigación, por una parte, de los
grupos (las estructuras grupa les, la cohesión, las normas, la presión, etc. )
y, por otra, de los procesos grupales (estudio de la comunicación, interacción,
aper cepción social, etc . ): «En presencia de tal existencia relativamen te
independiente de dos bloques de investigaciones, la categoría más importante
del análisis socio- psicológico -las relaciones in terpersonales- resulta
desplazada a una esfera especial de la in vestigación, mientras que podía ser
el eslabón que vincule el estu dio de los grupos y los procesos. Las
relaciones interpersonales, como es natural, se entienden como relaciones
dentro de grupos
266
determinados, de l� misma manera que los procesos de comunica ción o
interacción . Pero toda la cuestión radica en que queda descubierta la cuestión
acerca de la vinculación de las relaciones interpersonales en el grupo con la
actividad de éste, y de la misma manera, la cuestión acerca de cómo se realizan
las relaciones interpersonales en las comunicaciones e interacciones cuando sus
participantes realicen cierta actividad conjunta. El factor de las relaciones
interpersonales puede convertirse en el eslabón que vincula, en la comprensión
del grupo y en la comprensión de los procesos que sólo suceden en él, cuando
estas propias relaciones se interpretan como mediatizadas por la actividad
conjunta de
las personas . >>3
La mediatización por la actividad como principio explicativo para la
comprensión de la esencia de las relaciones interpersonal es en los grupos,
engendra todas las demás diferencias de principio del modelo de grupo adoptado
por nosotros y de los procesos grupales, el cual se opone al enfoque
tradicional del análisis de los fenómenos socio-psicológicos en la psicología
occidental . Ante todo, esto se manifiesta en que en la psicología occidental
el grupo se interpreta como el conjunto de actos comunicativos y de atrac
ciones emocionales y, por tanto, tiene primordialmente carácter de comunidad
psicológico-emocional. En este sentido, no encontrare mos diferencias en los
adeptos de la teoría del campo, de la diná mica grupal, del interacción is mo,
de la concepción sociométrica, etcétera. En contraposición a esto, a la luz de
las nociones estrato métricas, el grupo se analiza como parte de la sociedad,
con carác terísticas sustanciales referentes a su actividad y sus valores y,
por eso, actúa como comunidad psicológico-social. Un enfoque seme jante del
grupo se manifiesta con claridad en contraposición a la cohesión como unidad
valorativa y de orientación y a la cohesión como derivada de la frecuencia de
los actos comunicativos y de los contactos emocionales, en dependencia
manifiesta del aumento del número de actos de autodeterminación colectivista y
en la re ducción del número de reacciones conformistas respecto a la in
tensidad de la actividad orientada hacia el logro de objetivos so cialmente
importantes, y en muchos otros hechos .
3 G . M. Andreieva: «Para una
organización del esquema teórico de la investigación de la apercepción social»,
en Voprosy Psijologii, p. 4 .
267
La psicología -social tradicional, al tener como objeto de estudio el
grupo pequeño, presupone que éste representa características importantísimas de
las interrelaciones y de la interacción de las personas en la sociedad . En
nuestra literatura sociológica y socio psicología (B. D. Pariguin, E . S,
Kuzmin, y otros) se ha sub rayado de manera reiterada la falta de fundamento
de esta inter pretación de las características del grupo pequeño, se ha
señalado la ilegalidad de la sustitución de las relaciones socio-económicas por
las psicológicas . Sin embargo, el otro aspecto de esta posición errónea
quedaba sin aclarar; es decir, la aclaración del lugar que ocupa
tradicionalmente el grupo pequeño estudiado y descrito entre otras comunidades,
las cuales forman un sistema social com plejo . Desde el punto de vista de la
concepción expuesta aquí, el grupo pequeño -en el aspecto en que está
presentada en el es tudio experimental tradicional-, no es de ninguna manera
el mo delo representativo de la comunidad humana típica predominante entre
otros grupos, sino un caso frecuente del bajo nivel de de
sarrollo del grupo.
Debemos señalar que la psicología social tradicional, al distinguir los
grupos por el tamaño, el tiempo de existencia, el tipo de lide razgo, el grado
de cohesión, de composición, etc . , desconoce en general su distinción por el
nivel de desarrollo, no destaca grupos de nivel superior, los cuales por sus
parámetros se diferenciaron cualitativamente de los grupos pequeños
tradicionalmente estu diados . Así, en todas las teorías socio-psicológicas de
Occidente se filtra, de manera imprecisa, la idea acerca de que las
regularidades de las relaciones interpersonales reveladas experimentalmente en
el grupo pequeño, pueden extrapolarse a cualesquiera otros grupos del mismo
tamaño, de la misma duración de existencia, de la misma composición, etc. Por
ejemplo, si en el experimento socio-psicológi co se detecta que la percepción
del jefe por parte del grupo depen de del tamaño del grupo -es decir, con su
aumento los miem bros del grupo disminuyen el valor «de los factores humanos»
del jefe-, entonces en los adeptos de la psicología tradicional no surge,
incluso, la duda acerca de que esta regularidad puede ser universa lizada y
trasladada a cualquier otro grupo . O si en el experimento se ha demostrado que
el elogio del jefe a algunos miembros del grupo elegidos actúa como el
principio «divide y vencerás» y en gendra diferencias en el status
sociométrico de los miembros del grupo, entonces esto ya actúa como una
regularidad socio-psicoló-
268
gica de importancia general, aplicable de igual manera tanto al grupo
casual, como al grupo cohesionado, agrupado por valores y objetivos comunes .
Sin ningún tipo de restricción acerca de la limitación de la esfera de acción,
estas «regularidades universales» llegan a las páginas de los manuales y
compendios de psicología
social .
A diferencia de la psicología social tradicional, la concepción
estratométrica destaca grupos de diferente nivel de desarrollo, teniendo en
cuenta en principio dos criterios: la presencia o la falta
de mediatización de las relaciones inter per sonales por el contenido de
la actividad grupal (así, los grupos difusos se separan de los otros grupos más
desarrollados) y la importancia social de la acti vidad grupal lo cual
posibilita destacar los grupos en los cuales los procesos grupales están
mediatizados por el contenido de la actividad conjunta socialmente valiosa y
personalmente importante . Esto introduce un nuevo objeto de estudio, el cual
no conocía y no conoce la psicología social tradicional . Podría añadirse que
este objeto de estudio no puede conocerse por la psicología tradicional
norteamericana. Sin embargo, no nos decidimos a hacer semejante acotación por
causas totalmente determinadas . Se sobreentiende que el colectivo, en el
aspecto en el cual lo conocen y lo estudian la psicología, la pedagogía y la
sociología soviética, constituye un resultado de la sociedad socialista,
encamación de su estructura social, su célula más importante . Sería totalmente
absurdo repro char, por ejemplo, a los psicólogos norteamericanos porque fuera
de su campo de atención quedaron los colectivos surgidos en con diciones del
socialismo desarrollado . Sin embargo, tenemos fun damentos para expresar
nuestros criterios de otra cuestión.
El principio de mediatización de las relaciones interpersonales por el
contenido de la actividad conjunta, se manifiesta -como puede suponerse- en
cualesquiera grupos que actúen conjuntamen te, y éstas son innumerables
comunidades que surgen en condicio nes de cualquier formación social, incluida
la capitalista. Los gru pos difusos, propiamente dichos, constituyen una
excepción, los cuales -como hemos señalado en más de una ocasión- son con
frecuencia para los psicólogos extranjeros el contingente de labo ratorio
preferido para el estudio de las regularidades y los proce sos en los grupos
pequeños . La cuestión no consiste en que si las relaciones interpersonales se
mediatizan o no por la actividad en las comunidades difusas o en los grupos
pequeños (y éstas tam-
269
bién son estudiadas en Estados Unidos: pequeñas unidades del ejército,
grupos en la producción, etc.); éstas se mediatizan sin duda. La cuestión
radica en otro asunto: cuál es el contenido de esta actividad conjunta, qué
intereses de clase refleja, cuáles son los fines que persigue esta actividad,
etc. Esto será finalmente lo que determine el carácter de las relaciones
interpersonales que se forman en los grupos, y en este sentido resultarán de
manera ine vitable diferentes entre sí por muchos parámetros .
Si a causa de cualesquiera circunstancias la orientación metodo lógica
propuesta se aceptara universalmente en la psicología social, entonces en el
campo visual de los psicólogos norteamericanos también podrían entrar los
grupos de alto nivel de desarrollo, afi nes por sus características
psicológicas a los colectivos existentes no tanto gracias, cuando
contrariamente a la sociedad burguesa; es decir, los núcleos del partido
comunista, las organizaciones so ciales progresistas, etc. Al mismo tiempo, podrían
actuar como objeto de estudio sus antípodas sociales en sus diferentes roles .
Sin embargo, a la aparición de semejantes objetos de estudio, debería
precederle el cambio de principio del objeto de investigación, del enfoque
metodológico general, la transformación de los métodos del trabajo
socio-psicológico y muchas otras cosas, con las cuales no pueden contarse en la
actualidad . Existen fundamentos para suponer que la ciencia socio-psicológica
que sirve, más o menos conscientemente a las necesidades de la sociedad
burguesa, no presta atención a los colectivos que socavan sus bases políticas e
ideológicas y, como es natural, no está interesada en revelar las altas
cualidades morales de estos colectivos .
Así sucedió, y para ello existen sus causas históricas, que la psi
cología social norteamericana no percibió en el sistema de las relaciones
interpersonales y los procesos grupales estudiados por ella, las acciones del
principio de mediatización por la actividad; no examinó el proceso de
desarrollo del grupo y la aparición de las fases superiores de este desarrollo;
no prestó atención a la posibi lidad de la estructuración de muchos niveles y
muchas capas de los grupos altamente desarrollados; no comprendió mucho de lo
que podía comprender, si hubiera tenido como punto de referencia una
metodología sólida y adecuada. La psicología social tradicional era ajena al
marxismo, y a causa de esta circunstancia estaba limi
tada por anteojeras que le
permitían ver una estrecha franj
a de
los hechos obtenidos
de manera empírica. Para determinado tipo
270
de grupos experimentales pequeños, las conclusiones y los resúme nes,
la obtención de innumerables hechos experimentales, son, sin duda, adecuados,
pero el traslado y la extrapolación de estas con clusiones a una amplia esfera
del estudio psicológico de grupos más o menos desarrollados en general, y aún
más de colectivos, son totalmente ilícitos .
La inclusión de un nuevo objeto de estudio permite organizar el modelo
teórico del colectivo y con su ayuda comprender mejor la oposición de los
grupos de diferente nivel de desarrollo según los parámetros socio-psicológicos
fundamentales. Este modelo pue de reflejarse gráficamente; es decir, por
vectores que forman el espacio en el cual podrían estar dispuestos los grupos
de cualquier tipo . Los vectores son, por una parte, el nivel de mediatización
de las relaciones interpersonales (vector C) y, por otra, el aspecto esen cial
de la mediatización que se desarrolla en dos direcciones opues tas : en la
dirección (digamos, en la forma más general) correspon diente al progreso
social (para la sociedad socialista desarrollada, el progreso social significa,
en última instancia, la construcción del comunismo), o en la dirección que
frena el progreso social . De signaremos con el vector A el desarrollo social
de los factores me diatizantes y con el vector B, su desarrollo antisocial .
Ahora, utilizando los
tres vectores (A,
B, C), construiremos la
representación (figura 6) y analizaremos sus componentes .
A 1111 rll '
d _V e
B l l Vl �
111
Figura 6 . Modelo gráfico del de
sar�ollo 0del grupo.
La figura señalada como la primera (1) lleva en sí todos los ras gos
necesarios del colectivo, los cuales responden a las exigencias del progreso
social, la alta importancia (aquí la máxima) social de
271
los factores que determinan y mediatizan en gran medida las rela ciones
interpersonales. Tenemos, ante nosotros, un colectivo alta mente cohesionado .
La figura 11 representa una comunidad de intereses, en la cual el alto
nivel de desarrollo de los valores sociales sólo mediatiza en leve medida los
procesos grupales . Es posible que sea un grupo formado recientemente con una
actividad conjunta muy lejos de estar formada. Por ejemplo, puede esperarse una
alta UVO respec to a los valores morales generales y una UVO relativamente
baja respecto a los objetivos de la actividad grupal (si existen éstos), a los
participantes del proceso laboral . Aquí, el éxito de una per sona no
determina el éxito de la actividad de los demás y el fracaso de uno no influye
en los resultados del otro . En ese grupo,
los valores morales
funcionan, pero no
están perfeccionados en
el proceso de
relación y de trabaj o conjunto, sino
apartados de
un amplio medio social y
su ulterior destino depende
de si ha
de crearse la actividad conjunta que los crea y fortalece a diario.
La figura III representa al grupo en el cual está presente un alto nivel
de mediatización de las interrelaciones de los individuos, pero los factores
mediatizantes son profundamente antisociales, reaccio narios, hostiles al
progreso social . La mafia, banda organizada y que funciona activamente; en
general, cualquier corporación an tisocial puede ocupar la posición
correspondiente a la localización de la figura analizada.
La figura IV muestra la comunidad en la cual las interrelaciones de las
personas no se mediatizan en realidad por los factores co munes de la
actividad conjunta, y si esa mediatización pudiera re gistrarse de alguna
manera, entonces el carácter antisocial de estos factores mediatizantes priva a
la actividad de cualquier valor social y la orienta por ei camino de la ventaja
personal de cada uno de los miembros del grupo .
Por último, en la figura V se perfila un grupo difuso típico, en el cual
en la nota de cero también resulta el valor social de los fac tores
mediatizantes y su grado de manifestación en el sistema de la interacción
interpersonal . Un ejemplo formidable es el grupo ex perimental formado por
personas casuales, al cual se le dan tareas insignificantes en el sentido
social (por ejemplo, al estudiar la con formidad) .
En este espacio puede colocarse cualquier grupo social . Cada tipo de
actividad posee su rango de mediatización de las relaciones in-
272
ter person al es, su valor social y, al mismo tiempo, su fuerza for
madora de colectivos . La mediatización de la actividad actúa como indice
íotmador del sistema colectivo.
Como es natural, sería una exageración absoluta si el asunto se
presentara de manera que la concepción estratométrica descubriera el colectivo
como objeto de investigación socio-psicológico . El es tudio del colectivo
siempre ha ocupado un lugar destacado en los programas de trabajo de los
psicólogos soviéticos, y en los mismos siempre se subrayaba la actividad
socialmente orientada del colec tivo como grupo de alto nivel de desarrollo y
se estudiaban las vías de su formación . Sin embargo, en estos trabajos no se
seña laron las características psicológicas cualitativas de las relaciones
interpersonales en el colectivo en comparación con los otros gru pos, no se
mostraron las particularidades de la estructura de la actividad grupal, no se
subrayó la imposibilidad de la traslación de las regularidades -exactas para el
grupo de bajo nivel- al colec tivo (como también a la inversa; es decir, del
colectivo al grupo difuso), no se propusieron métodos de investigación que
respondan a la comprensión de la esencia de los procesos grupales justamente en
el colectivo, no se seleccionaron los índices cuantitativos que reflejan los
fenómenos socio-psicológicos del colectivo . Todo esto puede realizarse desde
la posición del enfoque estratométrico .
En este sentido, la primera posición consiste en que la noción es
tablecida en la psicología tradicional acerca de la traslación de prin
cipio de las regularidades socio-psicológicas de cualquier grupo a
las regularidades generales de la dinámica grupal es errónea res pecto
al colectivo. Los fenómenos socio-psicológicos del colectivo no pueden
describirse en los grupos de bajo nivel de desarrollo. El pri mer fenómeno de
AC, descubierto por nosotros, no puede detec tarse en el grupo difuso, en el
cual no hay un eslabón común que mediatice la conducta de los individuos, y por
ello como única alternativa al conformismo actuaba realmente de manera
inevitable el no conformismo . Esto se refiere al fenómeno de la identifica
ción eficaz y emocional del grupo (IEEG) y a todos los demás fe nómenos en la
esfera de las relaciones interpersonales en el colec
tivo .
La segunda posición, contrariamente a la opinión establecida, según la
cual las regularidades socio-psicológicas se comprenden como exactas para el
grupo en general, idénticas, y sólo se dife rencian cuantitativamente un poco,
en los colectivos; los fenómenos
273
de las relaciones interpersonales y las regularidades a los cuales están
subordinados, no sólo son diferentes en comparación con los grupos difusos,
sino cualitativamente diferentes, con frecuencia como cambiados, tomados con
signo contrario.
Esta afirmación puede ilustrarse con el siguiente ejemplo, en el cual
utilizamos un modelo puramente hipotético y no verificado todavía como es
debido en el experimento; sin embargo, bastante probable desde el punto de
vista de la teoría expuesta y, al mismo tiempo, muy evidente .
Las relaciones interpersonales (individuo - individuo) pueden re
presentarse de manera convencional por dos líneas de relaciones: las activas
(según A . S. Makarenko, la dependencia responsable) y las especialmente
personales . En este caso, la influencia mutua de estas dos líneas de
relaciones interpersonales en el colectivo y en la unión casual, ha de
caracterizarse por una asimetría evi dente (ver figura 7) .
Grupos difusos
Relaciones de actividad
1':::7 } ...
\ ;lndi-
viduo viduo
Relaciones personales
Colectivo
Relaciones de actividad
lndi- ( '\ .
Y lndi-
viduo Aviduo
\ J
Relaciones personales
Figura 7. Correlación de las refaciónos de actividad y personales en el
sistema de relacio nes inter per sonóles en grupos difusos y colectivos.
En el grupo difuso se supone que las relaciones que surgen ne
cesariamente en la actividad grupal (si ésta empieza a formarse), aún no son
capaces de influir de manera esencial en las relaciones personales de los
miembros del grupo, cuando como relaciones personales (simpatía o antipatía,
mayor o menor docilidad respecto a la influencia, etc .) se deforman con
facilidad las relaciones que se forman en la actividad. Para el colectivo es
necesario esperar una dependencia inversa: las relaciones de dependencia
responsa-
274
ble que se forman en la actividad, influyen de cierta manera en las
relaciones personales, en tanto que las últimas no pueden pro vocar la
destrucción del sistema de la actividad del grupo y de las interrelaciones de
trabajo que surgen necesariamente en ella. Exis ten motivos para suponer que
la comprobación experimental con firmará la existencia de semejante asimetría.
La tesis citada antes resulta el punto de partida para la reve lación
de fenómenos socio-psicológicos nuevos y la reinterpretación de los ya
conocidos . En esencia, esto lo demuestran todos los hechos obtenidos sobre la
base de la concepción estratométrica. Sólo citare mos algunos. Al introducir
en el giro científico el concepto de la identificación eficaz y emocional del
grupo (IEEG), detectamos de inmediato las diferencias de principio en el
funcionamiento de los grupos de diferente nivel de desarrollo . Esto se
manifiesta en que la IEEG predomina en el colectivo y se manifiesta débilmente
en el grupo difuso; es decir, esta dependencia sólo puede analizarse como
cuantitativa. Es importantísimo que entre la intensidad de la IEEG y la
cantidad de sus miembros en el colectivo, no hay depen dencia manifiesta, y en
el grupo difuso se presupone una depen dencia inversamente proporcional entre
la intensidad de la IEEG y la cantidad de sus miembros. El «efecto de
Ringelman» mencio nado antes (ver capítulo 9) -que subraya la dependencia «del
coeficiente de la acción provechosa» de cada miembro del gru po respecto de su
cantidad general en el grupo-, no debe ac tuar en el colectivo en
correspondencia con nuestra tesis inicial, en relación con la redundancfa peculiar
de la actividad colectiva, con su carácter por encima de la norma (salida de
los límites de la tarea del plan, adopción de obligaciones elevadas, etcétera.
Una circunstancia sustancialmente importante es la posibilidad de esa
interpretación de los fenómenos grupales, la cual suprime la contradicción
entre los datos obtenidos por diferentes investi gadores acerca de la dinámica
grupal . En este sentido es demostra
tiva la investigación de la correlación de la intensidad de la rela
ción emocional en el grupo y la efectividad de su trabaj o realizado en nuestro
laboratorio (R. S. Weisman, 1 977) . El resumen biblio gráfico acerca del
problema da resultados contradictorios: unos in vestigadores descubren la
correlación positiva entre los cambios señalados; otros, la negativa. La causa
de esta contradicción está en los intentos de llevar las conclusiones al grupo
en general . El examen de los grupos por el rasgo de la mediatización, por el
con-
275
tenido de la actividad conjunta, suprime la posible contradicción de los
resultados . Como demostró el experimento, en el colectivo, la correlación
entre la efectividad y el carácter favorable de las interrelaciones
psicológico-emocionales, resultó positiva; en los gru pos débilmente
desarrollados, negativa.
La contradicción de las conclusiones obtenidas por los investiga dores
que trabajan en el marco del enfoque tradicional de los fenó menos de la
dinámica grupal, no constituye una excepción, sino una regla. Y en esto no hay
nada asombroso. Independientemente de que el paradigma investigativo del
psicólogo que no se aparta del esquema tradicional, no presupone la
consideración de las diferen cias de los grupos por el nivel de desarrollo de
las relaciones de la actividad, los propios grupos llevan objetivamente en sí,
en ma yor o menor grado, estas diferencias y las manifiestan en el expe
rimento . Esto último engendra la contradicción de las conclu siones. Esto
sucede, por supuesto, si el experimentador tiene que trabajar con un grupo real
y no con uno de laboratorio .
Así, el infortunio de la psicología social tradicional no consiste en
que la misma no refleja los parámetros de actividad de los procesos grupales en
el paradigma de la investigación experi mental adoptado, sino en que, aun si
los toma en cuenta, no se orienta en ellos como sobre el fundamento para el
enfoque dife rencial de los grupos de diferente nivel de desarrollo . Todo
esto da derecho y fundamento metodológico a la teoría de la mediati zación de
la actividad para efectuar una revisión radical del in menso cúmulo de hechos
experimentales recopilados por la psico logía social tradicional, para
reinterpretar los datos obtenidos me diante experimentos, prestando especial
atención, en este caso, a la contradicción de las conclusiones hechas por diferentes
investiga dores.
La tercera posición de la concepción estratométrica está regis trada en
su propio nombre . Mientras que en la psicología social tradicional los
procesos grupales actúan como no jerarquizados respecto a la actividad grupal,
sus objetivos y principios; en el colectivo, los procesos grupales se
jerarquizan formando una es tructura de muchos niveles . En esta estructura de
muchos niveles pueden destacarse muchos estratos (capas) con diferentes
caracte rísticas psicológicas, según las cuales las diferentes regularidades
socio-:-psicológicas descubren la acción . Describiremos estos estratos
276
en el aspecto en que actúan en la presente etapa de desarrollo de la
teoría de la mediatización de la actividad. Su representación esquemática está
dada en la figura 8 .
Figura 8 . Estratos de l a ac
tividad intragrupal.
El estrato central (A) de la estructura grupal forma la propia actividad
grupal, su característica de contenido, socio-económica
y socio-política. Aunque esta
formación es nuclear respecto a los demás estratos psicológicos, por su
esencia, no es una formación psicológica y constituye una característica
objetai del grupo como colectivo que deviene parte de la estructura social. El
estudio espe cial de esta característica es una importante tarea del enfoque
pro puesto aquí.
El estudio del grupo como parte de la estructura social presu pone la
valoración de la actividad tomando en cuenta los valores de esa sociedad. En
nuestro laboratorio se intentó por primera vez (A . S. Morosov) separar un
conjunto de índices empíricos, los cua les pudieran agruparse, en índices más
generales, en un bloque de
valoraciones de la actividad objetai colectiva; es decir, dar una
característica general de este núcleo no psicológico de los proce sos grupales
en el colectivo .
Así, se señalaron tres criterios de valoración del grupo como co
lectivo: 1 ) la valoración de la realización de la función social fon-
2 77
damental por parte del colectivo (éxito de la participación en la
división social del trabajo); 2) la valoración de la correspondencia del grupo
con las normas sociales (para los colectivos en nuestra sociedad; es decir, la
correspondencia con el modo de vida socia lista), y 3) la valoración de la
capacidad del grupo para garantizar a cada uno de sus miembros la posibilidad
de un desarrollo inte gral y armónico de la personalidad . Todas las
características psico lógicas del colectivo son dependientes de estas
formaciones no psi cológicas nucleares -lo socio-histórico es determinante
respecto a lo psicológico-; esta tesis marxista constituye la base de la teoría
de la mediatización de la actividad .
La separación de los bloques señalados de valoración de la acti vidad
objetai colectiva, permite validar los parámetros socio-psi cológicos de los
grupos de diferente nivel de desarrollo, trasladan do ese grupo con índices
suficientemente altos de cada uno de los tres criterios a los colectivos .
El siguiente estrato nuclear (B) -el primero psicológico, por su
esencia- señala la actitud de cada miembro del grupo hacia la actividad grupal,
sus fines, su objetivo, sus principios sobre los cuales se estructura la
motivación de la actividad, su sentido social para cada participante .
En la actualidad se desarrolla el trabajo de formación de los programas
investigativos, los cuales podrían considerar el papel determinante de la
actitud de los miembros del colectivo hacia la actividad grupal en el
desarrollo del sistema de relaciones inter personales en el colectivo .
En el segundo estrato (C) se localizan las características de las
relaciones interpersonales mediatizadas por el contenido de la acti vidad
conjunta (por sus fines y objetivos, por el curso de la reali zación) y por
los principios, ideas, orientaciones valorativas adoptadas en el grupo, la.S
cuales constituyen, finalmente, la pro yección de las construcciones
ideológicas que funcionan en la so ciedad. Como ya lo habíamos señalado, es
necesario catalogar, por lo visto, todos los fenómenos descritos por nosotros
de la actividad grupal . La mediatización de la actividad es el principio de
existen cia y comprensión de los fenómenos del segundo estrato psicológico .
Por último se analiza la posibilidad (R. S . Nemov) de la división del
estrato C en dos capas (C 1 y C2), considerando la capa C 1 como la
mediatización de las relaciones interpersonales por el contenido de la
actividad propiamente dicha (individuo -»fin y tarea de la
278
actividad, su sentido social -individuo) y la capa C2 como la me
diatización de las relaciones interpersonales por los valores socia les de
importancia general (individuo _/\orientaciones de valor de importancia general
adoptadas por el grupo, principios mora les - individuo) . Entonces puede
considerarse que en el trabajo de A . A . Turovskaya [A . A . Turovskaya, 1
976) se registra el fenómeno de la AC a nivel de la capa C 1, y en el trabajo
de l. A. Oboturova
[l. A. Oboturova, 1 974] se
registra el fenómeno de la AC a nivel
de la capa C2 . Con todo el
carácter convencional de la
división del
estrato C (los objetivos de la
actividad colectiva son muy dificiles
de separar en la práctica de sus valores y principios), la división
en capas propuesta tiene sentido, si se toma en cuenta el proceso de
formación del colectivo en el cual, como puede suponerse, se forma inicialmente
la capa C2 (por ejemplo, la unidad valorativa y de orientación respecto a los
valores morales de la actividad, lo cual se explica por la presencia de la
unidad ideológica de toda la sociedad socialista, asimilada en el proceso de
socialización y educación del hombre soviético), y después la capa C 1 como
resul tado de la apropiación -por parte de cada miembro del grupo dado- de los
objetivos de la actividad colectiva concreta (por ejem plo, la UVO respecto a
los fines, las tareas de la actividad, sus participantes, etcétera) .
Finalmente, el tercer (superficial) estrato de las relaciones inter
personales (D) presupone la presencia de relaciones en las cuales ni los
objetivos colectivos de la actividad, ni las orientaciones de valor de interés
general para el colectivo, actúan como el factor fundamental que mediatiza los
contactos personales de los miem bros del grupo . Como ya se señaló, esto no
significa que las rela ciones son directas en el amplio sentido de la palabra.
Es poco probable suponer que las relaciones de cualesquiera dos personas no
tenga un eslabón mcdiatizador en forma de cualesquiera intere ses, gustos,
atracciones empáticas, influencias sugerentes, esperan zas habituales, etc .
Pero en estas relaciones el contenido de la acti vidad grupal, en esencia, o bien
no se refleja, o bien será descubier to en un grado muy débil en
correspondencia con la hipótesis planteada por nosotros acerca de cierto
«recalentamiento» de los estratos profundos de las capas superficiales respecto
al mismo.4
4 Psicología general. Bajo la redacción de A. V. Petrovski, 1 977, p. 1
54.
279
Como es inadmisible trasladar las regularidades propias del grupo difuso
al colectivo, también sería ilícito generalizar y con siderar suficientes y,
aún más, necesarios para definir la esencia de las relaciones interpersonales
en el colectivo, las conclusiones obtenidas durante el estudio de los fenómenos
de la capa super ficial (D) de las relaciones interpersonales en el colectivo
. Al mis mo tiempo, las relaciones en el segundo estrato C (C\ C2) son
necesarias para definir el colectivo, aunque también son insufi cientes si no
se toman en cuenta los datos acerca del estrato B; es decir, sin aclarar el
sentido social de la actividad para sus participantes, el carácter de la
motivación de la actividad, etcétera. Pero el estrato B con su existencia también
está unido al estrato A; es decir, el contenido real socialmente valorado de la
actividad conjunta, constituye ]a base de toda la actividad intragrupal .
Por desgracia, en muchas investigaciones socio- psicológicas con cretas
del colectivo que nosotros conocemos (de trabajo, docente, deportivo, etc.) con
un carácter especialmente aplicado, hay un uso ilegal de los resultados del
estudio experimental de los índices de la capa superficial para definir el
colectivo en su totalidad . Con esto, el papel determinante se añade a las
selecciones sociométricas, a la escala de admisibilidad y otros factores, no
relacionados con la actividad objetai del grupo . Evidentemente, las
valoraciones psi cológicas propuestas como resultado de estas observaciones de
las personas interesadas y las organizaciones, no son adecuadas y, algu nas
veces, pueden resultar desorientadoras . Desde nuestro punto de vista, la
expansión rápida de los principios teóricos de la con cepción social y
psicológica expuesta aquí hacia la esfera de las investigaciones aplicadas es
absolutamente necesaria para introdu cir esta importante esfera de la práctica
psicológica en los marcos de las exigencias de la objetvidad y la autenticidad
.
Por último, hablaremos acerca de una divergencia de la teoría definida
con la psicología social tradicional . Decididamente, en todas las concepciones
teóricas adoptadas por la psicología social occidental, se hable acerca de la
tendencia sociométrica (J . Moreno), del enfoque modelo-formal (R. Hyder, J .
French), de la concepción interaccionista (R. Bales, G. Homans), de la teoría
de los sistemas (T. Newcomb, S . Moscowits), etc . ; como procesos grupales
deter minantes actúan el tamaño del grupo, la estructura, la jerarquía de los
status, el carácter y la frecuencia de las comunicaciones, etcé-
280
tera; y como parámetros subordinados se analizan todos los fenó- . menos
de la integración y la diferenciación grupal . La concepción estratométrica
registra otro sistema determinante de los procesos grupales conforme a los
grupos altamente desarrollados .
La determinante principal de los procesos grupales en el colec tivo es
la actitud hacia el contenido de la actividad colectiva, su motivación, su
sentido social, las normas y valores que funcionan en el grupo, lo cual se
revela en los actos de las relaciones inter personales propiamente dichas.
Estas últimas son actos de AC, de UVO, de IEEG, el carácter de asignar y
aceptar la responsabili dad por los éxitos y fracasos en el trabajo conjunto,
la motivación de la selección interpersonal, la existencia o ausencia de
carácter de referencia, etc. En lo referente al tamaño del grupo y la inten
sidad de las comunicaciones -es decir, a estas características clá sicas del
grupo pequeño-, en todos los manuales de psicología so cial se les confiere el
modesto papel de factores dependientes de los antes mencionados . Para
confirmar esta tesis se desarrolla una serie de trabajos experimentales y se
promueven ciertas hipótesis, en una de ellas existen fundamentos para detenerse
en un examen
especial .
El problema del tamaño del grupo se analiza tradicionalmente como uno de
los aspectos más importantes de la dinámica grupal . No es casual que en
cualesquiera manuales occidentales de psico logía social acerca de los grupos
pequeños, encontremos epígrafes dedicados a esta cuestión . Además, el propio
término «grupo pe queño»* ya incluye la indicación de su característica
cuantitativa.
El análisis teórico del problema del tamaño del grupo (A . V .
Petrovski, M. A . Turevski, 1 979] permitió destacar una serie de aspectos de
su análisis. En uno de ellos ya nos detuvimos en los epígrafes 5 y 9. Estamos
hablando acerca de la influencia del ta
maño del grupo sobre sus particularidades socio-psicológicas.
Así, en una serie de investigaciones se ha detectado la depen dencia
inversa del atractivo del grupo para sus miembros respecto a su tamaño (V. R.
Indik, A. P . Hare) . Se registró el aumento de la tensión entre los miembros
del grupo en dependencia de la dismi nución de su tamaño (R. F. Bales, R. F.
Borgatta, J . W. O'Dell). Se asegura que los grupos con una cantidad impar de
miembros se caracterizan por relaciones menos antagónicas en comparación con
los grupos compuestos por una cantidad par de miembros (F. Frank, U. Anderson)
. Se ha demostrado la dependencia de la adaptabili-
281
dad a la presión del grupo respecto al tamaño del grupo que ejer ce la
presión (con el aumento del grupo que ejerce la presión has ta 3 -4 personas
aumenta la adaptabilidad; sin embargo, el ulterior aumento del tamaño del grupo
hasta 1 0- 1 5 personas no provoca el aumento de la adaptabilidad) (D . Krech,
R. S. Grutchfield). Se afirma que el aumento de una tercera persona a la diada
tiene consecuencias más esenciales que el aumento de la tríada hasta un grupo
que se componga de 4, 5, 6, miembros (Becker) . Han sido obtenidos datos acerca
de que con el aumento del grupo de tres a cinco personas creció el avance hacia
el riesgo (A . Teger, D . G.
Pruitt) . Al mismo tiempo, descubierto en los grupos compuestos de
cuatro personas, en los grupos de ocho personas no se registró el avance al
riesgo (S. Bennett y otros). La investigación de los gru pos antárticos en
condiciones de aislamiento, ha demostrado la gran compatibilidad en los grupos
compuestos por 20-30 personas, en comparación con los grupos de 8 - 1 1
personas (R. E . Doll, E. R. Gunderson) . Una serie de trabajos demuestra que
con el aumento del grupo con personas que han sido testigos de los sufrimientos
de una persona, disminuye la probabilidad de ayuda a la «víctima»* (B . Latane,
J . A . Roclin) . Se señala que el grupo logra el dominio sobre sus miembros
con mayor facilidad, mientras mayor es el mismo (T. M. Mills) .
Los principios del enfoque estratométrico requieren de una es trategia
de análisis bastante determinada de estos y de hechos se mejantes a éstos . La
existencia y el carácter de la dependencia de los fenómenos socio- psicológicos
respecto al tamaño del grupo están condicionados por el nivel de desarrollo del
grupo y por las parti cularidades de su actividad objetai . El tamaño del
grupo no puede determinar las capas profundas de la actividad grupal, pero al
mis mo tiempo puede esperarse la dependencia de los fenómenos de la capa
externa del tamaño del grupo . El tamaño también se refleja de diferente manera
en los fenómenos psicológicos en los grupos de diferente nivel de desarrollo .
Se ha establecido que la intensidad de la IEEG se encuentra en dependencia
inversa del número de miembros del grupo difuso y no depende del tamaño del
colectivo .
Según el fenómeno de la AC, esta relación no resulta probable . Puede
suponerse que con el aumento del número de miembros del colectivo, la
probabilidad de prestar ayuda a la «víctima» disminu ye . Así se abren las
posibilidades tanto del hallazgo de nuevos hechos, como de la reinterpretación
y revisión de un gran conjunto
282
de hechos, los cuales se refieren al problema de la influencia del
tamaño del grupo sobre sus fenómenos psicológicos .
Otro aspecto del análisis es el problema del tamaño óptimo del grupo
para la realización de las tareas que tiene ante sí. Diferen tes autores
designan una cantidad diferente del grupo como «Ópti ma», «que funciona
normalmente», «estable», etc. G . S . Antipina, 4-5 personas; L. l. Umanski, 7±
2 (y para el «colectivo estructural»,
24) ; S. E. Slochevski, para el
grupo científico, 5 -7 personas, etc. Llama la atención que los partidarios de
los números universales no plantean en esencia la cuestión para qué, con qué
fin debe ser óptimo el grupo . Si es para la solución de tareas prácticas,
enton ces -a nuestro parecer-, su tamaño debe darse, precisamente, por esta
tarea, y ese tamaño podrá oscilar en un rango más amplio . Si es para la
creación de condiciones óptimas para la relación in formal, entonces el grupo
debe ser notoriamente pequeño. Lo im portante consiste en que el tamaño óptimo
del grupo, como siste ma funcional (brigada de trabajo, tripulación de una
nave cósmica, sección científica, grupo de estudio, equipo deportivo), no está
condicionado por sus propiedades psicológicas -por ejemplo, por cierta
«compatibilidad global» acerca de la cual se habla en al gunas
investigaciones-, sino que está condicionada por el contenido concreto de la
actividad objetai grupal . Así, por ejemplo, el tama ño óptimo del colectivo
científico está determinado por el pro grama concreto, planteado al mismo por
las necesidades del pro greso científico-técnico y se registra en su
estructura de programa y de rol (M . G. Yaroshevski) .
En los límites de este tamaño del grupo surge el problema de la
optimización del sistema de las relaciones interpersonales, para que éstas
contribuyan, en mayor medida, a la realización de sus tareas funcionales . Y
aquí ya pueden revelarse las regularidades psicológicas propiamente dichas . En
particular, mientras más bajo sea por su nivel de desarrollo el grupo, mayor
importancia adquiere su tamaño para los procesos integrativos en el mismo;
mientras tanto en los colectivos la accción de este factor pasa a un segundo
plano. El grupo deviene óptimo, finalmente, no como resultado del aumento o de
la disminución de su tamaño, sino como resul tado del aumento del nivel de su
desarrollo, mediante el cambio sustancial de su actividad objetai y, al mismo
tiempo, del sistema de sus relaciones interpersonales.
283
Así, cuando el psicólogo tiene ante sí la tarea de sugerir a los
trabajadores prácticos el tamaño óptimo del grupo para la solución de su tarea
concreta, no tiene derecho a obligarlos a una u otra solución, pues la misma
está situada en realidad en el plano praxio lógico y no psicológico. Otra
cuestión es cuando se le plantea la
cuestión acerca de
cuál debe ser el tamaño óptimo del
grupo,
para que en el mismo, durante la solución
de las tareas, se creen
las condiciones psicológicas
óptimas. En este caso debe detectar,
ante todo, cuál
es el nivel
de desarrollo de ese grupo, en qué
medida sus interrelaciones están
mediatizadas por el contenido y
los valores de su actividad objetai. Y en dependencia de la res puesta
(tras la cual debe existir, por lo menos, un análisis rápido)
plantear sus razones.
Como puede esperarse,
para el colectivo,
el problema del
tamaño en general pasa a
un segundo plano
y
su tamaño coincide con los parámetros dados
al nivel praxioló
gico. Además existen fundamentos para afirmar que el potencial
socio-psicológico del grupo altamente desarrollado puede compen sar lo no
óptimo praxiológico de su tamaño.
Sólo cuando en el grupo no se reconozca como determinante de los
procesos socio-psicológicos el tamaño del mismo, sino la mediatización de la
actividad, el psicólogo social podrá hacer una valoración adecuada de los
fenómenos grupales y dar puntos de referencia fidedignos a la práctica.
Mostraremos esto
(por ahora, sólo
como planteamiento de la
cuestión) en uno
de los problemas limítrofes de la psicología
social y la pedagógica,
en el cual
la mistificación del
tamaño del
grupo se convierte en causa de serios errores psicológicos.
Existen postulados que, aunque no
formalizados en tesis
pre
cisas y en definiciones, de hecho están presentados
en la base de
la esfera concreta de
los conocimientos y determinan los enfoques
y soluciones prácticas por ellos elogiados y estimulados. Entre
éstos se cataloga la opinión de que la efectividad de la actividad
docente es inversamente proporcional al número de quienes estu dian.
Expresaremos abiertamente que no podemos referirnos a
cualquier fuente pedagógica concreta, en la cual esté formulada de esta
manera esta idea, pero ella se presenta de manera implí
cita en el pensamiento pedagógico y dirige muchas acciones prác ticas
del pedagogo.
«¡Mientras más pequeño es el grupo, más fácil es trabajar con él!»
«¡Enseñar cualquier cosa a dos es más sencillo que a diez!»
284
« ¡ El mal más grande de la escuela es el exceso de alumnos en el aula!»
La relación de semejantes manifestaciones, bastante típi cas, puede aumentar, y
entonces -abarcando la tendencia general
y advirtiendo «la dinámica del proceso»- sería lógico terminarla
así: «El trabajo individual de repetición es la forma óptima de
organización de la actividad docente.» Pero aquí es necesario de tenerse. La
última afirmación entra de manera demasiado evidente en contradicción con los
principios fundamentales de la pedagogía soviética, para la cual semej ante
tesis sería el retorno a la práctica de la «didáctica de la nobleza» del siglo
xvm y mediados del xix, cuando los personajes principales eran los tsifirkini y
kuteikini con una imagen más o menos mejorada. A. S. Makarenko se ma nifestó en
contra de la «pedagogía en parej a», al tener en cuenta el proceso de
educación. Es muy dudoso que hoy día alguien pueda defender conscientemente la
«pedagogía en pareja» en la esfera de la enseñanza, aunque sea porque -a fin de
cuentas- el proceso de enseñanza y educación es un proceso único. Entretanto,
la idea existente de manera latente acerca de la dependencia inversa de la
efectividad docente y el tamaño del grupo, fortalece de manera objetiva los
principios de la «pedagogía en pareja».
Al enfocar este problema desde la posición de la concepción
estratométrica, promovemos la hipótesis de que la dependencia inversa de la
efectividad y el tamaño del grupo docente, sólo debe descubrirse en las
comunidades en las cuales las relaciones inter personales no se mediatizan por
la actividad docente esencial, distribuida, que se basa en los principios de la
dependencia res ponsable. En éste, y sólo en este caso, el principio de
«mientras menos alumnos es mejor» mantiene su vigencia. En un colectivo docente
verdadero, en el grupo que reúne personas que actúan en conjunto (juntos y no,
lado a lado), en el cual se resuelven tareas
socialmente importantes y la dependencia responsable, es propia
de las interrelaciones (el éxito o el fracaso de uno
es la condición
del éxito o el
fracaso de todos);
evidentemente, actúa una regula
'ridad diferente en
principio, asimétrica al mismo: la efectividad
de la actividad docente es directamente proporcional al número de
quienes estudian en los límites del tamaño óptimo del grupo para ese tipo de
tarea docente.
Esto significa que es más fácil y efectivo enseñar a diez que a dos, que
la preparación de repetición cede en productividad al trabajo conjunto, que en
él nace «el efecto grupal», el aumento
285
extraordinario de las posibilidades de cada uno. Todo esto ocurre si la
actividad docente adquiere rasgos de verdadera colectividad.
La actividad cognoscitiva colectiva como forma de trabajo do
cente-educativo, empieza ahora a reflejarse en los trabajos expe rimentales de
los pedagogos soviéticos.
'· Por eso, la experiencia de muchos años de la llamada enseñanza
intensiva de un idioma extranjero a adultos, constituye la base para la
comprobación de la hipótesis planteada. Los datos previos (L. Karpenko)
fundamentan para suponer que dentro de los lími tes del grupo, cuyo tamaño está
determinado por el programa de estudio, a medida que aumenta el número de
quienes estudian crece la productividad de la actividad colectiva a causa del
efecto grupal, y cuando disminuye, decae en correspondencia.
Si esta hipótesis y otras semej antes a la misma se confirman en
investigaciones especiales, la noción acerca de la imagen fa tídica de la
dependencia inversa predeterminada entre el tamaño
del grupo y la efectividad -no sólo se supone en la actividad do cente,
sino también en cualquier otra actividad (en particular, en
la actividad de producción)-, será definitivamente demistificada. En
este caso, la psicología social puede proporcionarle a la prác tica enfoques
teóricos verídicos de la optimización de la actividad
no mediante las diferentes manipulaciones con el tamaño del grupo (y,
entre paréntesis, no mediante la exigencia del aumento de su plantilla), sino
mediante la reestructuración sustancial de la acti vidad y las relaciones
teniendo en cuenta los postulados funda mentales de la teoría de la
mediatización por la actividad.
No ha transcurrido mucho tiempo desde el momento en que se publicó el
libro de A. N. Leontiev Actividad, conciencia, per sonalidad.5 A. N. Leontiev,
al caracterizar la situación que se había formado en la ciencia psicológica,
señaló: <<Por desgracia, son justamente los problemas socio-psicológicos
los que quedan me nos elaborados, más invadidos por concepciones y métodos, co
piados de investigaciones extranjeras; es decir, de las investiga ciones
subordinadas a la tarea de buscar bases psicológicas para justificar y
perpetuar las relaciones interpersonales, engendradas por la sociedad burguesa.
Pero la reestructuración de la ciencia socio-psicológica desde posiciones
marxistas, no puede originarse independientemente de una u otra concepción
psicológica general
5 A. N. Leontiev: Actividad, conciencia, personalidad, Moscú, 1 975 (en
ruso).
286
del hombre, del papel en
la formación del
hombre de sus
rela
ciones vitales con el mundo, engendradas por las relaciones so
ciales que él contrae.»6 El lector no podía menos que estar de
acuerdo con esta severa valoración. Al mismo tiempo, en los mo mentos en
que Leontiev culminaba el trabajo acerca de su libro, en el cual hizo
conclusiones esenciales del desarrollo de la teoría durante las últimas
décadas, comenzaba a formarse una de las con cepciones científicas que marcaba,
desde posiciones marxistas, la reestructuración de una parte importante de la
ciencia socio-psico lógica: la psicología de los grupos y los colectivos,
precisamente
sobre la base
de la concepción psicológica general del hombre. La
base de esta
concepción es el principio de
la actividad, el enfoque
de la actividad
objetai, que engendra
todos los fenómenos
psíqui
cos, las cualidades, las particularidades, los procesos y estados de
ánimo del hombre, que actúa y es estudiado a nivel social y, por consiguiente,
en primer lugar en el grupo, en el colectivo.
El sentido teórico fundamental de esta concepción científica -de la
concepción estratométrica de la actividad intragrupal- con sistía en la
expansión del principio de la actividad que forma el
eslabón central de la concepción psicológica general marxista del hombre
a la esfera de la psicología social del colectivo. En otras
palabras, esto significa que la teoría socio-psicológica de los gru pos
y los colectivos pierde su reciente aislamiento de la teoría psicológica
general desarrollada, se convierte en su parte orgánica, adquiere la
posibilidad de la confrontación teórica y experimental con la psicología
occidental tradicional, permite -al introducir la categoría de la actividad en
la investigación psicológica- cambiar toda la estructura conceptual del
conocimiento socio-psicológico.
Se supone que en la psicología social nadie pensó jamás estu diar e
interpretar al hombre fuera de su medio social, fuera del grupo, fuera de la
comunidad a la cual él pertenece. La inter
acción grupal, las interrelaciones grupales, constituyen el objeto de la
investigación socio-psicológica. Además de esto, es imposi ble decir que en los
trabajos de los psicólogos sociales se ignora
que estas interrelaciones y la interacción ocurren en el grupo que
actúa, trabaja en realidad y realiza determinados fines sociales. Sin embargo,
el reconocimiento de esta circunstancia de manera extraña no ha influido en el
desarrollo teórico de la investigación
6 A. N. Leontiev: Actividad, conciencia, personalidad, p. 234.
287
socio-psicológica de las interrelaciones grupales en el sentido que
sugiere la concepción psicológica general del hombre. Entretanto, de la misma
manera que el individuo cambia en la actividad obje tai el mundo circundante y
mediante este cambio se cambia a sí
mismo, convirtiéndose en personalidad; el grupo social transforma
en su actividad
conjunta socialmente importante
lo que lo
rodea
y mediante esta
transformación construye y
cambia el sistema de
las relaciones interpersonales y de la interacción interpersonal,
convirtiéndose en colectivo. El grupo como sujeto de la actividad colectiva
realiza su objetivo en el objeto concreto y, al mismo tiempo, se cambia a sí
mismo. Y aquí, en la psicología social, como en la psicología general, actúa el
principio de lo interno mediante lo interno. Los fenómenos de las relaciones
interperso nales revelan esto con claridad. Así, por ejemplo, la autodeter
minación colectivista destacada en el marco de la concepción estra tométrica
respecto a las tareas de la actividad grupal, se forma como resultado de la
actividad dinámica del colectivo de crista lización, en realidad, de los
objetivos planteados ante sí; es decir, las relaciones interpersonales se
transforman por la actividad del
colectivo, la cual está orientada
en el exterior a la apropiación
del objeto socialmente importante y no a estas mismas relaciones
inter per sonales.
Con este enfoque,
la concepción psicológica
general de la acti
vidad objetai se amplía, sin
duda, a causa de la inclusión en
la
misma de la actividad del colectivo. Al mismo tiempo, en relación con
esto surge la tarea teórica y metodológica de revelar lo gene ral y lo especial
en la actividad colectiva, la cual no puede ideo tificarse, por lo visto, con
la actividad objetai del individuo (esta tarea está muy lejos de estar
resuelta).
Además, el sentido teórico de la concepción expuesta en el libro no sólo
se reduce al reconocimiento de la posibilidad de expan sión del principio de la
actividad a la esfera de la psicología social. La concepción propuesta
posibilitó incluir la investigación socio-psicológica en el desarrollo de la
idea, formulada por L. S. Vigotski a mediados de la década del 30, acerca del
carácter mediatizado de las propiedades psíquicas del hombre. Como es conocido,
el uso de signos garantiza la función de mediatización, con su ayuda sucede el
dominio de la conducta, su determinación social. El uso de signos -es decir, el
paso a la actividad mediatiza da- reestructura de manera radical toda la
actividad psíquica
288
del organismo, acelerando y ampliando el sistema de la actividad
psíquica. Justamente, esta idea resultó muy fructífera para la ela
boración de las
ramas más avanzadas
de la ciencia
psicológica y,
ante todo, de la psicología
genética y pedagógica.
El principio
de mediatización resultó
aquí primordial, activamente
opuesto a
los esquemas behavioristas. La idea señalada también resultó pro ductiva
para la psicología social de las relaciones interpersonales.
Las funciones psíquicas se forman,
en su inicio,
en el plano
social entre las
personas como categoría
interpsíquica, y después
como intrapsíquica; es
decir, así es
la secuencia genética del de
sarrollo de la
psiquis, según L.
S. Vigotski. A
partir de aquí,
está claro el papel de los grupos
primarios, en los cuales se inclu
ye el niño, para su formación: las funciones psíquicas superiores se
forman primero en estos grupos en forma de relaciones de los niños, y después,
al interiorizarse, se convierten en propiedades de la personalidad mediante las
cuales se transforma la conducta. Pero si la categoría intrapsíquica lleva
implícita la función de mediatización, la cual L. S. Vigotski demostró de
manera plena y convincente, al intentar continuar su idea -esta vez moviéndose
de los intradeterminantes hacia los interdeterminantes de la con docta, de la
personalidad hacia el colectivo-, lo inlerpsíquico debe suponer, a su vez, la
existencia del factor determinante, de algún miembro medio o de su conjunto, el
cual se convierte en centro estructural de los actos de la conducta grupal y de
las relaciones interpersonales.
La concepción estratométrica permitió detectar los determinan tes
mediatizantes de la conducta grupal y realizar el análisis diferencial de la
dependencia de su carácter del nivel de desarro llo del grupo o del colectivo
en relación con los valores y la es tructura de la sociedad, en la cual
funcionan.
É sas son las vías
fundamentales, aunque no las únicas posibles, en las cuales tiene lugar la
inclusión de la teoría socio-psicológica del colectivo en el contexto de la
teoría general de la ciencia psicológica soviética.
La teoría socio-psicológica que se basa en los principios de la
mediatización de la actividad, aún se encuentra en la fase de ela boración de
las posiciones fundamentales. La búsqueda de vías
adecuadas para la
solución de los
problemas de la
psicología de
la personalidad en el colectivo
y la psicología del colectivo tra
tados aquí, constituye la condición indispensable para el ulterior
289
avance en esta importante esfera de la ciencia psicológica. Es
completamente evidente que estas vías trazarán, en lo sucesivo, nuevos caminos
lejos de los caminos trillados de la psicología social tradicional de los
grupos pequeños y perfeccionarán un aparato metodológico diferente.
290
PARA UNA ESTRUCTURACIÓN DE LA TEORÍA PSICOLÓGICA DEL COLECTIVO
Ep11ogo de G. M. Andreieva
La elaboración de cualquier teoría nueva en alguna rama de la ciencia,
constituye una importante etapa en la vía del desarrollo de determinado sistema
del conocimiento. Esa etapa tiene especial importancia en las disciplinas, en
las cuales la esfera del cono cimiento teórico está representada generalmente
de manera débil. La psicología social se cataloga, sin duda, entre el número de
esas disciplinas. La causa de esto no sólo radica en el carácter limítro fe de
esta rama de la ciencia o en las particularidades de su de sarrollo histórico,
aunque ambas cosas desempeñaron un deter
minado papel en
el ritmo relativamente
tardío de la
elaboración
de las concepciones teóricas. La cuestión también radica en que
desde su mismo nacimiento, como
ciencia independiente, la
psico
logía social se
desarrolla en el curso de dos
tradiciones diferentes;
es decir, de las ciencias sociales marxistas y no marxistas.
Al mismo tiempo,
la esfera de la teoría
es la parte integrante
de la ciencia (sobre todo,
de la ciencia
social) que más se acerca
a los principios de concepción del mundo y, por tanto, presenta
dificultades específicas en las condiciones en que existen estas dos
tradiciones, diferentes en principio por
sus orientaciones sociales
e ideológicas. La
complejidad consiste, en
particular, en que en
la esfera del conocimiento teórico, en esta ciencia, no se debe ver
una línea única de desarrollo, en la cual cada teoría elaborada de nuevo
entraría como eslabón del sistema de conocimientos en cons tante desarrollo. En
la psicología social occidental, la experiencia del desarrollo del pensamiento
teórico no puede utilizarse direc tamente como fundamento para estructurar el
sistema del cono cimiento teórico dentro de la psicología social marxista. La
dife rencia de las teorías elaboradas dentro de su marco, no sólo está
291
en la orientación hacia otros princ1pms metodológicos, en el uso
de otras premisas filosóficas durante su
construcción, sino también
en el carácter diferente de las tareas promovidas por otro tipo de
sociedad.
Existen, por supuesto, temas «generales» en la esfera de la psico logía
social, en los cuales se reflejan los procesos y fenómenos comunes, propios de
cualquier sociedad. Entre ellos se encuentran la comunicación, la interacción,
la apercepción social, el liderazgo y otros. Sin embargo, el mecanismo de su
realización sólo es re lativamente independiente del contenido de la realidad
social; el «material» del cual está hecho este mecanismo varía, en esencia, en
dependencia del tipo de la estructura social y de las relaciones sociales. Por
eso, la elaboración teórica de este cúmulo de pro blemas requiere, a su vez, la
consideración del nuevo contenido, el cual completa los mecanismos que trabaj
an de manera análoga.
No obstante, una cuestión aún más compleja es la de la cons trucción de
las teorías en las cuales se describen fenómenos com
pletamente nuevos, engendrados por nuevas condiciones sociales.
En estos casos
no hay análogos a disposición del investigador,
incluso para la comprensión del trabajo del propio mecanismo.
En esa esfera se inscribe
la investigación del colectivo. Al elaborar
la teoría del colectivo, no puede decirse que la psicología social
marxista propone una teoría diferente de la correspondiente teoría
elaborada en la
psicología social occidental, por la
sencilla razón
de que ese
género de teoría
no existe allá, como tampoco existen
las investigaciones de la psicología del colectivo.
Es evidente que la creación de la teoría del colectivo es una tarea
nueva de la sociología marxista, la cual se desarrolla en la sociedad
socialista, cuya propia realidad pone a disposición · del científico este
objeto específico de investigación. Todo un conjunto de cien
cias sociales tiene interés por el colectivo: la filosofía, la sociOlogía,
la pedagogía, etc. A la par
con la posible elaboración
de la teoría
del colectivo en estas esferas del conocimiento, también tiene dere cho
a existir, sin duda, la teoría socio-psicológica, la cual es posible que se
convierta, en el futuro, en parte integrante de la teoría ·integrativa y
general del colectivo, pero, ante todo, ésta debe cons truirse por sí misma.
El trabajo propuesto a la atención de los lectores es una seria demanda
para la estructuración de esa teoría. El epílogo del libro no es una reseña de
la misma, por eso no tenemos necesidad de
292
hacer el recuento del contenido del trabajo o de analizar sus éxitos o
errores. Deseamos subrayar lo más importante,* es decir, el avan ce consecuente
y orientado hacia un objetivo de los autores del libro hacia la revelación de
las características esenciales del colee
tivo, analizado como un fenómeno socio-psicológico. Las etapas
de este desarrollo son
bien conocidas por el lector que ha seguido
el desarrollo de la psicología social. Las primeras publicaciones en
revistas (1973) han señalado el bosquejo general de la concepción de la
actividad grupal desde el punto de vista del enfoque estra tométrico. La
esencia de este enfoque es demostrar la idea acerca de que en el grupo
desarrollado no dominan las relaciones ínter personales no mediatizadas entre
las personas, sino las relaciones mediatizadas por la actividad conjunta. Si
analizamos el camino recorrido por los autores, entonces podemos decir que fue
un cam
bio de aplicación planificada en la investigación de un princi
pio metodológico determinado -para mayor precisión, del prin
cipio de la actividad-, elaborado en la psicología soviética.
Aunque desde el punto de vista del estudio de la ciencia mo derna esa
vía de estructuración de la teoría no sólo está completa mente justificada,
sino -puede decirse- que se elogia; hasta el momento continúan las discusiones
acerca de si son realizables en el ti'abajo investigativo real los severos
cánones prescritos por la lógica y la metodología de la ciencia. El colectivo
de autores res ponde a esta pregunta de manera afirmativa. Si dejamos a un lado
los detalles, es fácil ver como se realiza, etapa tras etapa, el enfoque desde
el punto de vista del principio de la actividad. Este intento ya es de por sí
destacable, pues constituye la primera ex periencia de la aplicación
consecuente de este principio a la gran esfera del conocimiento
socio-psicológico.
Si tratamos de examinar la lógica fundamental del trabajo pro puesto, la
misma puede reducirse a lo siguiente. La hipótesis pro puesta consiste en que
la constitución del grupo social verdadero sucede sobre la base de la actividad
conjunta la cual agrupa a sus miembros. Esta actividad conjunta no sólo está
presentada de dife rente manera en los distintos niveles de desarrollo del
grupo, desde el punto de vista de la incorporación de los miembros de
ese grupo a esta actividad;
sino que confiere al propio
grupo una
«personalidad» distinta en
estas diferentes etapas: a medida que
los miembros del
grupo comienzan a
agruparse no sólo por con
293
tactos emocionales, sino
por objetivos y
valores comunes -los
cuales surgen en el curso
de la actividad
común y «motivados>»>
por la misma-, el grupo
adquiere una cualidad totalmente nueva
y especial; es decir, se
convierte en colectivo.
Así, el contenido
socio-psicológico del colectivo se entiende,
en el presente libro,
como el nivel superior del desarrollo del grupo, el cual surge como
resultado de la actividad conjunta y se
caracteriza porque todas
las relaciones de los miembros del grupo
están mediatizadas por
esta actividad. Esa cualidad es la mediatización de todo el sistema
de relaciones intragrupales por la actividad, transforma de manera
significativa el contenido de todos los procesos grupales, les con fiere, a su
vez, una nueva cualidad.
La idea de mediatización de todo el sistema de relaciones de los
miembros del grupo por la actividad, lo cual se logra a nivel del colectivo,
puede provocar (y algunas veces provoca, en realidad, por parte de los
oponentes) una objeción consistente en lo siguien te: ¿no se empobrece
demasiado el mundo de las relaciones hu manas?; con este enfoque no resultan
desplazadas las formaciones «fuera de la actividad•», a veces puramente
emocionales, las cuales, no pueden excluirse, como es natural, de la trama real
de las rela ciones interpersonales. Una objeción que en su forma peculiar
también se manifiesta a menudo respecto al principio de la acti vidad en
general.
En esta cuestión es necesario abstraerse de la exposición de la lógica
general de los juicios de los autores y remitirse a algunas consideraciones del
estudio de la ciencia, relativas en particular a la calidad de las teorías
científicas y al nivel de su elaboración. Desde hace mucho tiempo se ha
demostrado que el rígido tipo deductivo de la teoría sólo es posible para un
grupo muy limitado de ciencias; ante todo, para la matemática y la lógica. En
lo refe rente a las demás ciencias -incluso en esas disciplinas «canónicas*»
como la física-
cualquier teoría no
constituye una relación
rígida
de sus juicios desde el
punto de vista lógico.
Es más, ni una
sola
teoría en la psicología en general y en la psicología social en par
ticular, puede vanagloriarse de esa
cualidad. Todo esto
lo decimos
a causa de
que la objeción
antes citada puede surgir
en realidad,
en el nivel de elaboración
de la teoría
socio-psicológica del colee
tivo que tenemos en el trabajo que proponemos a la atención del lector.
En la misma, no todos los pasos lógicos son perfectos, y
294
algunas veces, contrarios tanto a la esencia del principio de la acti
vidad en general, como a la teoría del colectivo, la cual se estruc tura sobre
la base de este principio; en algunos de sus «ligamen
tos»», de sus partes, puede surgir una aparente absolutización de la
esencia activa de las relaciones interpersonales.
Por lo visto queda mucho por hacer para que la objeción que surge sea
erradicada no sólo por la afirmación, sino por el per feccionamiento del propio
contenido de la teoría, cuando la cues tión pierde actualidad. Además, se sabe
que cualquier teoría en la ciencia se enriquece a medida que se confirma en la
práctica; ante todo, en las investigaciones estructuradas sobre su fundamento.
Si enfocamos de la misma manera la teoría socio-psicológica pi*o puesta del
colectivo, entonces su evidente juventud también debe tomarse en cuenta. La
cantidad de investigaciones realizadas según la hipótesis fundamental, es
suficiente para hablar del nacimiento de una teoría, pero aún es insuficiente
para que se desarrollen a plenitud sus funciones explicativas. El lector se
convencerá con facilidad de que los autores continúan buscando; es decir, se
propo nen nuevos recursos de interpretación de los fenómenos estudiados, nuevas
bases de los juicios emitidos, procedimientos metódicos más adecuados. Se
piensa que las últimas búsquedas en la esfera de la identificación eficaz y
emocional del grupo (IEEG), son el ejemplo de cómo el nivel más alto de
elaboración de la teoría suprime de manera consecuente las objeciones que
surgieron en la etapa cuan do la investigación daba sus primeros pasos. Es
importante que la idea general de la concepción permita decir, con completa
segu ridad, que la teoría socio-psicológica del colectivo basada en el prin
cipio de la actividad, no merece de ninguna manera el reproche de subestimar
los componentes puramente humanos en las relacio nes interpersonales.
El proceso de formación de cualquier teoría nueva, forma con frecuencia
una actitud ambigua hacia ella en el medio de la socie dad científica. De la
misma manera, la teoría del colectivo, ha blando en el lenguaje de la
psicología social, puede formar dos actitudes distintas respecto a sí misma. La
valoración negativa puede provocarse por la transformación de los
procedimientos ha bituales de investigación; por los resultados en apariencia
firmes, obtenidos por personas con suficiente prestigio; por la agudeza
inevitable y la dureza de la defensa de las nuevas posiciones en
295
la discusión científica; por el diferente grado de elaboración de
¿dgunos eslabones de la nueva teoría, lo cual los hace convincentes en
diferente medida, etc. La teoría socio-psicológica del colectivo propuesta
puede provocar esa valoración, por cuanto a medida que formula sus postulados
rompe en realidad muchas nociones tradi cionales referentes a la esfera estable
de la psicología social, como es la teoría de los grupos pequeños. La
dificultad de la reestructu ración la cual tiene que «resistir», engendra el
carácter no compro metido de las exigencias que se plantean a la nueva teoría,
la agu deza de la crítica de algunas de sus posiciones, el escepticismo
respecto a los nuevos aportes.
La valoración positiva surge a partir de que en la elaboración de la
nueva teoría no sólo se intenta aumentar el número de investiga ciones
variadas, las cuales se realizan en la psicología social que se desarrolla con
ímpetu en los últimos años, sino de entender íntegramente la amplia esfera de
la investigación -que además es nueva-, de organizar una determinada lógica de
su análisis. Tam bién atrae la valentía con la cual se refutan las conclusiones
gene rales (por ejemplo, la dicotomía; el conformismo - no conformis mo), se
critican las metódicas más difundidas (por ejemplo, la so ciometría). En esta
valoración también están presentes todas sus consecuencias inevitables: la
actitud relativamente tolerante hacia la fundamentación insuficiente y
experimental de algunas conclu siones; hacia el carácter hipotético de algunos
postulados, los cua les pretenden con frecuencia tener los mismos derechos que
los sólidos resultados de las investigaciones, etcétera.
Podemos representarnos una discusión imaginaria entre los re
presentantes de estos dos enfoques opuestos. Al evaluar sus resul tados es
necesario no olvidar la necesidad práctica, desarrollada desde hace tiempo, de
elaborar la teoría del colectivo en la psico logía social soviética. Es
imposible decir que la necesidad de la misma apareció hace poco, el problema se
planteó en toda su mag nitud ante todo el conjunto de ciencias sociales, ya en
los primeros años del poder soviético. En algunas esferas se obtuvieron brillan
tes resultados, cuyo ejemplo es la teoría pedagógica del colectivo elaborada
por A. S. Makarenko. Los autores del presente libro tuvieron una actitud
cuidadosa hacia esta herencia. Pero la teoría de A. S. Makarenko no era, en
primer lugar, una teoría socio psicológica del colectivo, aunque en ella
existían aspectos socio-psi cológicos que hasta el momento se han investigado
de manera in
296
suficiente; en segundo lugar, esta teoría se creó en la década del 30 y
al ser una teoría vital, orientada en la práctica, estaba ínti mamente
vinculada con la práctica social de aquellos años, de aquel período en la vida
de la sociedad. La teoría del colectivo elaborada hoy día debe responder a las
demandas actuales de la práctica. La sociedad socialista desarrollada es la
realidad social que dicta esta tarea.
Sin hablar de todo el conjunto de cambios y transformaciones ocurrido en
la sociedad, es importante interiorizar la idea de que justamente en la esfera
del desarrollo de los colectivos, como for mas fundamentales de organización de
todos los tipos de actividad de las personas, han ocurrido esos cambios
esenciales, los cuales requieren de manera insistente de su comprensión
teórica. Aun que esto se réfiere a las tareas de todas las ciencias sociales, a
la psicología social le queda su propio estrato de búsquedas para la solución
de este problema. Por ello existen todos los fundamentos para afirmar que las
necesidades de la práctica, como juez árbitro en la discusión entre las dos
actitudes opuestas respecto a la con cepción analizada, crean una superioridad
sustancial a favor de su aprobación.
Al mismo tiempo es imposible no ver la inmensa ganancia me todológica
que obtiene la psicología social soviética, al incluir en la esfera de la
ciencia el problema del colectivo y la seria demanda de elaborar su teoría.
Muchos epígrafes tradicionales de esta dis ciplina, adquieren modelos
explicativos totalmente nuevos* Puede
suponerse que la
introducción de esta
problemática en la estruc
tura del conocimiento
socio-psicológico cambiará, en gran medida,
la situación general en esta esfera
de la ciencia. Ya en la actuali
dad son visibles algunas de
las tendencias, según las cuales
ha
de desarrollarse la recomprensión de algunos postulados de la psi
cología social. Ante todo, la revelación de la especificidad de esa
formación de grupo,
como el colectivo,
permite ver con claridad
el carácter perspectivo
de la aplicación
del principio de la acti
vidad en la psicología social. En
este caso no sólo se declara, sino
que «trabaj a» justamente; pues la hipótesis acerca · de que el
grupo
puede actuar en calidad de sujeto de la actividad, adquiere con
firmación experimental. El grupo adquiere rasgos de ese sujeto precisamente en
la fase del colectivo, cuando todos los miembros del grupo adopten los
objetivos de la actividad grupal, cuando exista en ellos unidad valorativa y de
orientación, mediatización
297
de todo el sistema de sus relaciones por la actividad. Desde este punto
de vista sería interesante analizar todos los procesos gru pales que coinciden
en las fasess más bajas de desarrollo del grupo. Como esto sucede en una serie
de otras ciencias, el análisis de las formas más desarrolladas puede hacerse
como la clave para el aná lisis de las .fases anteriores.
El análisis de las características del colectivo como grupo de nivel
superior, contribuye a la liquidación del abismo que se for mó en la psicología
social tradicional entre el estudio de los gru pos y el de los procesos. La
inadmisibilidad de esa ruptura puede considerarse un hecho demostrado: si el
contenido de cualquier proceso grupal depende del contenido de la actividad
grupal, del nivel concreto de desarrollo de esta actividad, entonces por prin
cipio es imposible continuar la investigación de los procesos gru pales por sí
mismos. Ni las condiciones de laboratorio, ni la inves tigación de los procesos
en forma «pura», pueden conducir a la es
tructuración de modelos explicativos satisfactorios, pues la
aplica
ción del contenido
de estos procesos sólo puede darse
desde afue
ra; es decir, desde el contenido de la actividad social realizada
por el grupo.
El enfoque del concepto de colectivo que hacen los psicólogos sociales
también contribuye al avance en la esfera de un problema tan viejo, pe_ro tan
extraordinariamente importante, como es la in terrelación'de la personalidad y
la sociedad, de la personalidad y el grupo. El enfrentamiento de la libertad de
la personalidad y su determinación por la sociedad a nivel del análisis
sociológico -plan teado ya por los predecesores filosóficos de la psicología
social obtuvo su solución en la interpretación marxista de la personalidad
como sujeto y objeto, al mismo tiempo, de las relaciones sociales. En el plano
operacional, particularmente en el sistema del conocí miento socio-psicológico,
la introducción del colectivo como prin cipio explicativo permite realizar este
postulado. La personalidad deviene sujeto de la actividad social y el grupo no
la enajena de las características del sujeto. Por el contrario, si este grupo
logra un determinado nivel de desarrollo -es decir, se convierte en colee tivo-
el mismo (el grupo) no se opone a la personalidad, sino que se convierte en
integración de las propiedades subjetivas de sus miembros y se transforma en un
«sujeto común» especial de la ac tividad. Al mismo tiempo se introducen
correcciones esenciales en la concepción del proceso de socialización de la
personalidad, por
298
cuanto resulta evidente la dependencia del contenido de este pro ceso
del hecho siguiente: en los grupos de qué nivel se incluye la personalidad en
las diferentes etapas de su desarrollo, en qué me dida la personalidad ha sido
formada en un colectivo. Es dificil sobreestimar la importancia de la
elaboración teórica del problema, como la clave para los procesos de educación
comunista en la
sociedad socialista desarrollada.
No es posible, por supuesto, atribuir el mérito del planteamiento de
todas estas cuestiones sólo a los autores del presente trabajo.
T<ldelcolectivo de psicólogos sociales soviéticos introdujo un determinado
aporte a la solución de los problemas mencionados. Y aún más, es imposible
decir que el planteamiento de todas estas cuestfones está contenido en la
concepción planteada. Sin embargo, ya e propio hecho de que su aparición
estimule semejante búsque da, tdnuestra la perspectiva del enfoque. Si convenimos
en que la tarea más importante de la estructuración del sistema marxista
delconocimiento socio-psicológico, es la estructuración de teorías especfa �s i
eferentes a esferas objétales especiales, entonces es necesarío aber justicia a
los autores, quienes han sabido «selec donar», para la primera experiencia de
estructuración de esa teoría, ia estera más importante.
299
"
'
COMENTARIOS TERMINOLÓGICOS
Actividad intragrupal Es el sistema de inten elaciones inter guípales,
las cuales se descubren y se forman en condiciones de interacción y práctica
comunicativa de los grupos; ese sistema es engendrado por la división social
del trabajo y la actividad colectiva.
Actividad intragrupah Es el sistema de relaciones interpersonales
manifestado en las interacciones y relaciones de los miembros del grupo y se
engendra y transforma por la actividad objetai conjunta y mediatizada por su
contenido y valores.
Actividad por encima de la norma (AEN). Es un tipo especial de actividad
socialmente útil propia del colectivo y relacionada con las tareas
fundamentales que tiene ante sí. La actividad por encima constituye la
actividad del individuo en el grupo, lo cual sale de los límites de la norma
promedio estática. Las determinan tes motivacionales fundamentales . de la
actividad por encima de la norma; están en el contenido social valorativo de la
actividad co lectiva. Son ejemplos de la actividad por encima de la norma de
los colectivos socialistas, el aumento de la productividad del tra bajo y la
calidad del mismo, la adopción de compromisos socia listas, de planes de
contraofensiva, etc. La AEN constituye el de sarrollo peculiar y la
continuación, en condiciones de la actividad colectiva, del fenómeno de la
actividad suprasituacional de la per sonalidad.
Apercepción social. Propiedad de la actividad grupal de acentuar la
atención de los participantes del grupo en las cualidades de la personalidad y
en las formas de relaciones interpersonales esen ciales para el éxito de la
actividad conjunta.
Asignación y aceptación de la responsabilidad (AA R). Acto de asignación
personal de la responsabilidad a sus participantes por
1 En «Comentarios terminológicos» se han incluido definiciones de
trabajo de los conceptos, introducidas en el giro científico de la concepción
estra tométrica o que en el marco de esta concepción han adquirido una defini
ción distinta de la adoptada en general.
301
separado por el éxito o fracaso en la actividad grupal. Se caracte riza
en esencia por lo siguiente: en quién, en qué circunstancias los miembros del
grupo asignan la responsabilidad por sus éxitos
y fracasos, así como en qué medida es objetivo el acto de asigna ción de
la responsabilidad por sí mismo en unas u otras condiciones de la actividad
grupal. El carácter de la AAR constituye el índice del nivel de desarrollo
grupal.
Autodeterminación colectivista (AC).
Es la forma
concreta de la
interacción activa de la personalidad y el grupo, el concepto con cuya
ayuda se refleja, de manera adecuada, la determinación real de la conducta de
la personalidad de la posición del grupo. La AC es la particularidad de las
relaciones interpersonales grupales en el
colectivo, la cual actúa como
actitud selectiva del
individuo hacia
las influencias de determinada comunidad
concreta, con esa
acti
tud él acepta una de
las influencias grupales
y rechaza las
otras,
en dependencia de los factores mediatizantes; es decir, de las va
loraciones, de las convicciones, de los ideales. La AC actúa como alternativa
de conformidad, por una parte, y de inconformidad, de negativismo, por otra. En
el colectivo, la AC constituye el recurso predominante de reacción ante la
presión del grupo y, por eso, como rasgo formativo. El alto nivel de inclusión
del grupo en la realización del objetivo, contribuye a la actualización de la
ten dencia AC y bloquea el surgimiento de la conducta conformista. En el grupo
difuso el fenómeno de AC no se manifiesta.
Colectivo (en la psicología social). Es el grupo en el cual las
relaciones interpersonales están mediatizadas por el contenido so cial y
personalmente importante de la actividad conjunta. En el colectivo actúan como
determinantes las interacciones y las rela ciones interpersonales, mediatizadas
por objetivos, tareas y valores de la actividad conjunta; es, decir, por su
contenido real. En el co lectivo resultan primordiales en los procesos grupales
la actitud hacia el contenido de la actividad colectiva, su motivación, su sen
tido social, las normas y valores que actúan en el grupo, lo cual se revela en
los actos de relaciones interpersonales propiamente dichos. Las diferencias
cualitativas del colectivo respecto al grupo difuso se manifiestan en
interrelaciones especiales, las cuales o bien no existen en el grupo difuso, o
bien se manifiestan débil mente.
La autodeterminación colectivista, la unidad valorativa y de
orientación, la identificación efi caz y emocional del grupo, el ca-
302
rácter socialmente valioso del núcleo motivacional de la selección
en el sistema de relaciones interpersonales, etc., constituyen esas
interrelaciones. En el colectivo, los fenómenos de las relaciones
interpersonales y las regularidades a las cuales están subordinadas, no sólo
son diferentes en comparación con los grupos difusos, sino cualitativamente
distintos.
Concepción estratométrica. Es el enfoque especial del análisis
de las relaciones interpersonales, el cual presume la posibilidad
de examinar la estructura de varios niveles de los procesos gro pales
(la característica de los estratos de la actividad intragrupal)
y realizar los procedimientos de medición correspondientes en estos
estratos para detectar las diferencias de principio del grupo de alto nivel de
desarrollo -del colectivo- de los otros tipos de comunida des. La concepción
estratométrica señala un sistema especial de determinantes según los grupos
altamente desarrollados. Ésta cons tituye un enfoque histórico-concreto del
estudio de los fenómenos socio-psicológicos, realizado en el marco de la teoría
de la media tización de la actividad de las relaciones interpersonales y que
permite estudiar la conducta social del individuo en el sistema de sus
relaciones objetivas. La concepción estratométrica analiza las relaciones
interpersonales esenciales para el colectivo como me diatizadas por el
contenido de la actividad grupal. La concepción estratométrica se relaciona
orgánicamente con la teoría psicológica general marxista. A diferencia de la
psicología social tradicional,
la concepción estratométrica separa los grupos de diferente nivel
de desarrollo, teniendo en cuenta ante todo dos criterios: la exis
tencia o ausencia de mediatización de las relaciones interpersonales por el
contenido de la actividad grupal y el sentido social de la actividad conjunta.
La concepción estratométrica introduce en el uso socio-psicológico los
fenómenos de autodeterminación colecti
vista de la unidad valorativa y de orientación, del núcleo motiva
cional de las selecciones, de la identificación eficaz y emocional
del grupo, de referencia, de actividad
por encima de la norma,
de aceptación y
asignación de responsabilidades, de apercepción
social. Los fenómenos enumerados se incluyen en el contexto de la
investigación socio-psicológica concreta como metódicamente ope
racionalizados. La concepción estratométrica del colectivo, que se opone de
manera directa a las distintas teorías socio-psicológicas de la psicología
occidental -ante todo, de la norteamericana-,
303
constituye la base metodológica, sobre la cual resulta posible
el estudio efectivo de los fenómenos de las interrelaciones grupa
les, de los mecanismos y fuentes
de la integración y la diferencia
ción grupal (ver Teoría de la mediatización por la actividad).
Contenido de la actividad grupal Es
la característica social
fon
damental del grupo. Se revela en el resultado de las respuestas a las
preguntas: qué hace el grupo, cómo y en aras de qué. La pri mera pregunta se
refiere a los objetivos y las tareas de la actividad grupal; la segunda, a las
formas de su organización, y la tercera, al contenido de valores. La
característica más importante de la actividad grupal es su contenido social de
valores, su sentido social.
Criterios no psicológicos de la valoración del nivel de desarrollo
grupal. Los tres criterios fundamentales para la valoración del nivel de
desarrollo grupal son: 1) la calidad de la realización de la fon ción social
fundamental, 2) el grado de correspondencia con las normas jurídicas y morales
de la sociedad socialista y el sistema de las expectativas sociales en la
misma, 3) la capacidad para garan tizar a cada uno de sus miembros la
posibilidad para el desarrollo integral y armónico de la personalidad, de
acuerdo con la atmós fera psicológica de las ideas humanas acerca de que el
hombre es el valor más elevado y el objetivo final del desarrollo social. Todos
estos criterios son analíticamente independientes; es decir, durante una
investigación «en cortes» pueden actuar en cualesquie ra combinaciones.
Estratos de la actividad intragrupal. Son tipos cualitativamente
diferentes de interacción grupal y de interrelaciones grupales, en
forma desarrollada sólo se presentan
en los grupos de alto
nivel
de desarrollo. En la estructura de muchos niveles de las relaciones
en el colectivo es posible destacar varios estratos (capas) con di
ferentes características psicológicas. El eslabón central de la es tructura
grupal es la propia actividad grupal, su característica dé contenido
socio-económico y socio-político. El primer estrato psi cológico registra las
actitudes de cada miembro del grupo hacia la actividad grupal, hacia sus
objetivos, tareas y principios; señala la motivación de la actividad grupal, su
sentido social para cada participante. En el segundo se localizan las
características de las relaciones interpersonales, mediatizadas por el
contenido de la ac tividad conjunta. La mediatización por la actividad es el
principio de existencia y comprensión de los fenómenos del segundo estrato.
304
El tercero, el estrato superficial, señala las relaciones interperso
nales, dentro de las cuales los objetivos colectivos y los valores de la
actividad no actúan como factor principal que mediatiza los contactos
personales de los miembros del grupo. Los parámetros detectados durante el
estudio experimental de la interacción di
recta y las
interrelaciones, forman la
capa superficial, no
especí
fica del colectivo.
Los índices de
la tercera capa
no reflej an las
características propias del colectivo. Entre ellos se catalogan la se
lección de las «estrellas" sociométricas y de los «rechazados», los
índices de la compatibilidad homoestática, sensomotriz y psico fisiológica, la
cohesión determinada según los índices sociométri cos, etc. Los rasgos propios
del colectivo forman la segunda capa de la actividad grupal. Esta capa
caracteriza los parámetros estu diados experimentalmente de autodeterminación
colectivista, de unidad valorativa y de orientación, de identificación eficaz y
emo cional del grupo, de referencia, etc. Las regularidades, las depen dencias,
las características detectadas durante el estudio de los fe nómenos de la
tercera capa, no pueden extrapolarse hacia las ca racterísticas de la segunda
capa, y a la inversa. La primera, la capa más profunda, está compuesta por las
características específicas de la actividad grupal, determinadas por su
actividad concreta, orien
tada hacia un objetivo.
Grupo difuso. Grupo en el cual
son determinantes las interrela
ciones y la
interacción directas entre
los individuos. En
el grupo
difuso no existe
la actividad grupal
socialmente condicionada, por
tanto, no hay una actitud única de sus participantes hacia los fines
socialmente importantes de
la interacción, así como
personalmente
importantes. El carácter de las interrelaciones establecidas en él
está condicionado por factores sin relación con el contenido de la
actividad socialmente importante; por ejemplo, la frecuencia de los contactos,
la compatibilidad psicofisiológica, etc. El grupo di
fuso es el objeto típico de la psicología occidental de los «grupos
pequeños».
Identificación colectivista (IC). Es la actitud hacia el compañero como
hacia sí mismo, que actúa como alternativa respecto al al truismo y al egoísmo
y que se forma en la actividad colectiva, como resultado de la apropiación de
las normas éticas de la moral comunista.
Identificación eficaz y emocional del grupo (IEEG). Forma de
identificación colectivista, en la cual la frustración y, por consiguien-
305
te, los sufrimientos de uno de los miembros son dados a los demás como
motivos de conducta, que organizan su propia actividad orientada al mismo
tiempo hacia la realización del objetivo grupal y al bloqueo del frustrador. El
fenómeno de IEEG se refiere a las relaciones interpersonales y constituye su
forma especial, cuando las emociones de uno de los miembros del grupo motivan,
de de terminada manera, la conducta de los demás miembros del grupo;
orientándola no sólo hacia la realización de las tareas de la acti vidad
conjunta, sino también hacia la eliminación de la influencia ilustradora sobre
el compañero. La IEEG predomina en el colee tivo y se manifiesta débilmente en
el grupo difuso. La formación de las relaciones de IEEG ocurre en el proceso de
la actividad conjunta sobre la base de la unidad de las nociones valorativas de
los miembros del grupo acerca del objeto de la actividad. El fenómeno de IEEG
no puede reducirse a las particularidades indi viduales de los valores morales
superiores que mediatizan las rela ciones interpersonales (ver Identificación
colectivista).
Interacción grupal. Conjunto de relaciones comunicativas y ope
racionales interindividuales determinadas por la tarea concreta,
actualizada en ese momento en el grupo, de la actividad.
Inter relaciones grupales. Sistema de objetivos interpersonales,
de orientaciones, de expectativas determinadas por las valoraciones
y las emociones, las cuales surgen en el proceso
de la actividad y
la relación intragrupal,
y en el grupo de
nivel superior de
desa
rrollo -en el
colectivo-, ante todo,
por el contenido
de la activi
dad conjunta social y personalmente importantes.
Nivel de desarrollo grupal Es
la característica general,
integra
tiva socio-psicológica del grupo, determinada según los criterios
de la importancia social de la actividad grupal y el grado de me
diatización de las relaciones interpersonales por el contenido de la actividad.
Las regularidades inevitables para los grupos de bajo nivel de desarrollo, no
pueden trasladarse al colectivo.
Mediatización por la actividad. Rasgo formador del sistema
de las relaciones interpersonales, las cuales surgen en la actividad
grupal objetai, y es su principio explicativo. La consideración de la
mediatización por la actividad durante el análisis de las relaciones
interpersonales, engendra diferencias de principio de la concepción
estratométrica del grupo y de los procesos grupales del enfoque tradicional del
estudio de los fenómenos socio-psicológicos del grupo en la psicología
occidental y deviene fundamento para la
306
elaboración de la teoría especial de la mediatización por la activi dad
de las relaciones inter per sonales como ulterior desarrollo de la concepción
estratométrica.
Núcleo motivacional de la selección en el sistema de las rela
ciones inter per sonales. Es el sistema de motivos de la selección
interpersonal que se revela en la investigación socio-psicológica y actúa como
base de las preferencias sociométricas y que da, al mismo tiempo, una
característica más esencial de la diferenciación grupal que la descripción por
sí misma de la red de las relaciones emocionales interindividuales. El enfoque
del núcleo motivacional de la selección no acentúa la atención en el propio
hecho de la selección en el sistema de las inter relaciones grupales, sino en
sus motivos, como el eslabó1_1 mediatizador de la selección y la dife
renciación grupal. El análisis de los motivos de las selecciones in
terpersonales detectadas con ayuda de un procedimiento experi mental
especialmente elaborado, posibilita analizarlos como un fenómeno de las
relaciones establecidas en el grupo durante la
realización de la actividad conjunta. El núcleo motivacional de
la selección es la
estructura estable de los
motivos, la cual forma
la base psicológica de la preferencia individual y determina la
jerarquización de los sujetos por su valor para el individuo, desde el punto de
vista de las tareas que tiene ante sí.
Teoría de la mediatización por la actividad. Es la teoría psico lógico
-social especial de la actividad intragrupal, la cual se forma como resultado
de la ulterior profundización y el desarrollo de la
concepción estratométrica. Su base
es el principio
de mediatiza
ción por la actividad; es decir, la
noción acerca de que en
cual
quier grupo no
difuso las relaciones
interpersonales se mediati
zan por la actividad socialmente
importante de este grupo. El
grupo como sujeto de la actividad conjunta realiza su objetivo
en el objeto concreto y, al mismo tiempo, se modifica al trans formar
las relaciones interpersonales. El carácter y la tenden cia de estas
transformaciones dependen del grado de mediatización de los mismos por el
contenido de la actividad y el valor social de la propia actividad. En la
teoría de la mediatización por la ac
tividad el principio
de la actividad
que forma el eslabón cen
tral de la concepción marxista psicológica general del hombre,
se extiende hacia
la esfera de la psicología social. La teoría de
la mediatización por la actividad constituye un sistema de afir maciones
y demostraciones interrelacionadas y contiene en sí los
307
métodos de explicación y las posibilidades de predicción del sur
gimiento de los diferentes fenómenos socio-psicológicos de la acti
vidad grupal.
Teoría psicológica del colectivo. Ver Teoría de la mediatiza ción por
la actividad. Concepción estratométrica.
Referencia. Es la forma sujeto -sujeto-relaciones objetivas, la
dependencia manifiesta, basada en la necesidad de orientación social, del
sujeto respecto a otro individuo y que actúa como actitud colectiva hacia él en
condiciones de la tarea de orienta ción en el objeto. Aquí por orientación se
entiende la tarea de percibir el objeto, de comprender, de valorar, en general
de tener cierta actitud hacia el objeto. La referencia de unas u otras per
sonas para determinado individuo presupone, ante todo, su im portancia para él
en el plano de solución de la tarea que tiene ante sí. La calidad de la
referencia sólo puede descubrirse en condiciones de la situación de correlación
del sujeto con los obje tos, la cual surge de manera constante en la actividad
grupal, para él esencialmente importante. Como objetos pueden actuar los
objetivos y las tareas de la actividad conjunta, las situaciones emocionales y
de conflictos, los participantes de la actividad con junta, las dificultades
objetivas que surgen en el camino de su realización, las cualidades personales
de cada sujeto, etc. La re
ferencia señala en sí la posibilidad potencial de enfocar a un
individuo importante, o a varios, seleccionado entre un conjunto
de otros, para
clasificarlo de manera
mediatizada entre los
obje
tos del conocimiento, importantes para el sujeto dentro de las
condiciones de las
interrelaciones grupales. En
esa concepción,
el fenómeno de referencia es más universal que las relaciones
que fueron objeto de investigación en los trabajos por los
grupos
de referencia. Es el
conjunto de procedimientos metódicos
Referentometría.
que permite revelar
un conjunto de
personas a cuya
opinión re
curre, en primer lugar, el
individuo en el
grupo. Con ayuda
de
la referentometría se
determina el importante
círculo de relación
del individuo. La referentometría apela a los
aspectos valorativos
y de orientación de las relaciones interpersonales en el grupo. Los
datos obtenidos con ayuda de la investigación referen toro étrica se
diferencian sustancialmente de los datos sociométricos.
Sujeto-sujeto-relaciones objetivas. Es la forma de relaciones in
terpersonales en la cual el sujeto al tender hacia cierto objeto
308
(éste puede ser una idea, un
objetivo y el recurso de la actividad,
una situación concreta
de cualquiera, incluida la del propio
sujeto,
las cualidades personales, etc:) y
al afanarse por
percibirlo de
alguna manera, por comprenderlo, interiorizarlo, aceptarlo o re
chazarlo, se dirige hacia otro sujeto como a la posible fuente de
orientación en este
objeto. La mediatización social actúa aquí
como mediatización por la persona
concreta. Otra persona
provo
ca la actitud selectiva, activa del sujeto. Como manifestación
de
las relaciones objetivas-sujeto-sujeto (S - Si
- O-relaciones),
pueden señalarse las relaciones de referencia y autoridad.
Unidad objetai valor ativa. Es una de las manifestaciones más
importantes de la unidad
valorativa y de orientación. La unidad
objetai valorativa se
manifiesta en los
actos de mediatización de
la actividad individual por el
contenido valorativo único del
obje
to de la actividad conjunta. Sobre la base de la unidad objetai
valorativa en el proceso de la interacción grupal socialmente im
portante, se forma
la comunidad de
nociones acerca de
las for
mas para lograr los objetivos
comunes, de la
conducta apropiada
de los miembros del colectivo.
Unidad valorativa y de orientación
del grupo (UVO). Es el
índice de la
cohesión grupal, el
cual actúa como
característica
integral del sistema de relaciones
intragrupales, que refleja el
nivel o el grado de coincidencia de las opiniones, de las valora ciones,
de los objetivos y posiciones de los miembros del grupo respecto a los objetos
(a los objetivos de la actividad, a las per sonas, a las ideas, a los
acontecimientos), más importantes para el grupo en su totalidad. La UVO como
índice de cohesión grupal no presupone de ninguna manera la coincidencia de las
valora ciones y las posiciones de los miembros del grupo en todos los sentidos,
ni la nivelación de las personalidades del grupo. El cua dro multifacético y
suficientemente variado de gustos, de valores
estéticos, de intereses literarios, etc.,
en los miembros
del grupo,
no obstaculiza el mantenimiento de la cohesión del grupo. La UVO
en el colectivo es, ante todo, el
acercamiento de las valoraciones
en las esferas moral y de
trabajo, en el
enfoque de los
objetivos,
de las tareas y valores de la actividad conjunta. La UVO
es una
actitud positiva única hacia los objetivos y valores grupales so
cialmente importantes.
309
"
RELACION DE TRABAJOS REALIZADOS EN EL MARCO DE LA CONCEPCION
ESTRATOMÉTRICA
RIO - RJ. _
CEP 20031 -TEL. 267-0VWV
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autodeterminación colectivista y las particula
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de candidatura, Moscú, 1978, a.
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