© Libro N° 14257. La Chica Patchwork De Oz. Baum, L. Frank. Emancipación. Septiembre 13 de 2025
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Versión generada y traducida por ChatGP de: Baum, L.
Frank. The Patchwork Girl of Oz. Chicago: The Reilly & Britton Co., 1913.
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LA CHICA PATCHWORK DE OZ
L. Frank Baum
La Chica Patchwork De Oz
L. Frank Baum
The Patchwork Girl of Oz
(La Chica de Retazos de Oz o La Chica Patchwork de Oz), publicado en 1913 por Reilly & Britton.
Capítulo I: La casa de Munchkin en el bosque
En lo profundo de un bosque del país de los Munchkins vivía un hombre llamado Unc Nunkie con su sobrino Ojo.
La cabaña era pequeña y sencilla, hecha de troncos, con un techo de paja y apenas una puerta y una ventana.
Unc Nunkie era un hombre de pocas palabras, tan callado que muchos lo llamaban el viejo silencioso. Apenas asentía o movía la cabeza cuando Ojo le hablaba. El niño, sin embargo, era inquieto y curioso, y solía preguntarse por qué su vida era tan solitaria y triste.
—Tío —dijo un día Ojo, mirando por la ventana—, vivimos en un lugar muy apartado. No tenemos amigos ni visitas. ¿Por qué no vamos a ver al resto de los Munchkins?
Unc Nunkie, como siempre, se limitó a mirarlo con seriedad y contestar con una sola palabra:
—Mañana.
Esa respuesta llenó de emoción a Ojo. “Mañana” era más de lo que había escuchado en mucho tiempo. Y así, el niño se fue a dormir con el corazón lleno de esperanza.
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Capítulo II: El viaje comienza
A la mañana siguiente, Unc Nunkie y Ojo se pusieron en camino. El bosque era espeso, lleno de árboles altos y flores silvestres. El niño caminaba junto a su tío, mirando con asombro cada detalle.
Tras varias horas, llegaron a un claro donde se alzaba una casita muy peculiar. Tenía paredes pintadas de todos los colores y ventanas redondas como ojos.
—¿Quién vive aquí, tío? —preguntó Ojo.
—Dr. Pipt —respondió Unc Nunkie.
Ojo se sorprendió. Había escuchado historias sobre el Dr. Pipt, un hombre extraño que era conocido como el mago más grande del país de los Munchkins. Algunos lo llamaban el Hombre de los Polvos de la Vida, porque dominaba una magia especial que podía dar movimiento y conciencia a cosas inanimadas.
El corazón de Ojo se aceleró: aquella visita prometía ser distinta a todo lo que había vivido.
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Capítulo III: El Dr. Pipt y su esposa
El Dr. Pipt los recibió con una sonrisa astuta. Era un hombre de cabello despeinado, ojos brillantes y manos que parecían nunca estar quietas.
—¡Bienvenidos, Unc Nunkie y pequeño Ojo! —dijo el mago—. Pasen, pasen.
Dentro de la casa, frascos de colores, ollas burbujeantes y libros de magia se apilaban en estantes. El aire olía a hierbas extrañas y a humo.
La esposa del Dr. Pipt, una mujer robusta llamada Dama Pipt, los saludó amablemente. Ella parecía estar acostumbrada a los experimentos mágicos de su marido.
Mientras charlaban, Ojo notó una caja en un rincón, cuidadosamente cerrada. Sobre la tapa, en letras doradas, estaba escrito:
“Polvos de la Vida. Usar con cuidado.”
Los ojos del niño se abrieron como platos. Aquello confirmaba las historias.
El Dr. Pipt, orgulloso, les explicó que esos polvos podían dar vida a cualquier cosa: muñecos, estatuas, figuras de madera o tela. Pero también advirtió que el proceso era peligroso y debía usarse con gran prudencia.
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Capítulo IV: La creación de Scraps
Ese mismo día, la esposa del Dr. Pipt pidió un favor:
—Querido, necesito ayuda en la casa. Estoy cansada de tanto trabajo. ¿Podrías darme una sirvienta que no se canse nunca?
El Dr. Pipt sonrió.
—Muy bien, te haré una.
Tomó viejos retazos de tela de muchos colores y cosió con paciencia una figura con forma de muchacha. Le puso ojos de botones, boca bordada y cabello de estambre. Cuando terminó, parecía una muñeca extraña, alegre y desordenada, hecha de mil colores distintos.
—La llamaré Scraps, la Chica Patchwork —dijo orgulloso.
El Dr. Pipt colocó la muñeca sobre la mesa y esparció sobre ella los brillantes Polvos de la Vida. Al instante, Scraps parpadeó, se estiró, dio un salto y comenzó a reír y bailar por toda la habitación.
—¡Soy libre, soy viva, soy Scraps, la maravillosa! —cantó mientras daba vueltas.
Ojo la miraba fascinado. Nunca había visto nada tan divertido ni tan lleno de energía. Y supo que aquella muñeca de retazos sería su amiga y compañera en muchas aventuras.
Capítulo V: El accidente en la cocina
Scraps no paraba de bailar y cantar, tropezando con todo a su alrededor.
La señora Pipt intentó controlarla:
—¡Scraps, compórtate! ¡Debes ayudarme, no desordenar la casa!
Pero la muñeca de retazos se reía sin parar. Tomó una sartén, la hizo sonar como un tambor, y luego se enredó con un mantel hasta caerse al suelo.
Mientras tanto, Ojo la observaba maravillado. Era torpe y caótica, pero también alegre y simpática.
De pronto, Scraps empujó accidentalmente una botella que estaba sobre la mesa. El frasco cayó y se rompió. Un extraño humo violeta llenó la cocina.
—¡Torpe muñeca! —gritó el Dr. Pipt, corriendo a cerrar las ventanas—. Ese era un brebaje peligroso.
El humo envolvió a Unc Nunkie y a la señora Pipt, quienes cayeron al suelo de inmediato, convertidos en estatuas de mármol inmóviles.
Ojo lanzó un grito de terror.
—¡Tío! ¡Señora Pipt!
El Dr. Pipt palideció.
—¡Oh, no! La poción de petrificación… los ha convertido en mármol!
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Capítulo VI: Ojo el Desafortunado
Ojo cayó de rodillas frente a la estatua de su tío, con lágrimas en los ojos.
—¿Qué vamos a hacer? ¡No puedo quedarme sin mi único familiar!
El Dr. Pipt se acarició la barba con preocupación.
—La única manera de devolverlos a la vida es preparar el antídoto de des-petrificación.
—¿Y qué necesitamos para hacerlo? —preguntó Ojo desesperado.
El mago enumeró:
1. Una hoja de trébol de seis hojas.
2. Una rama del árbol que nunca fue plantado.
3. Una gota de agua de una fuente oscura.
4. Un cabello del sol.
5. Y tres granos de maíz blanco.
Ojo escuchó con atención y repitió la lista. Luego preguntó:
—¿Dónde puedo encontrar esas cosas?
—No lo sé —admitió el mago—. Pero si no lo logras, tu tío quedará de mármol para siempre.
Scraps, que había estado escuchando, levantó los brazos.
—¡Entonces iremos juntos! ¡Ojo, yo te acompañaré en esta aventura!
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Capítulo VII: La decisión de partir
Ojo sintió miedo, pero también una chispa de valentía.
—Está bien —dijo con firmeza—. Buscaré todos esos ingredientes, aunque tenga que recorrer todo Oz.
El Dr. Pipt le entregó una pequeña bolsa de cuero.
—Aquí podrás guardar lo que encuentres. Y ten cuidado, muchacho: algunos de estos objetos son casi imposibles de conseguir.
Scraps dio un salto y aplaudió.
—¡Será emocionante! ¡Una aventura! ¡Y yo estaré contigo!
Ojo miró la figura de mármol de su tío y apretó los puños.
—Lo salvaré, cueste lo que cueste.
Así, al amanecer del día siguiente, Ojo el Desafortunado y Scraps la Chica Patchwork partieron juntos del bosque de los Munchkins en busca de lo imposible.
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Capítulo VIII: El encuentro con Bungle, el gato de vidrio
Tras caminar varias horas, los viajeros llegaron a un claro donde escucharon un maullido extraño.
Entre los arbustos apareció un gato… pero no era un gato común.
Su cuerpo entero estaba hecho de vidrio transparente. Se podía ver cómo su corazón de rubí palpitaba dentro del pecho, y cómo una corriente de chispas azules recorría su cola como un relámpago.
—¡Vaya! —exclamó Ojo—. ¡Un gato de vidrio!
El animal se estiró con elegancia y respondió con voz clara:
—Soy Bungle, el gato de vidrio. Soy hermoso, único y perfectamente maravilloso.
Scraps soltó una carcajada.
—¡Ja! Tú eres tan presumido como yo colorida. ¡Haremos buena compañía!
Bungle, con aire orgulloso, aceptó acompañarlos en la aventura. Aunque advirtió:
—No crean que lo hago por ustedes. Lo hago porque el viaje será interesante, y porque mi reflejo bajo el sol merece ser admirado en todos los caminos de Oz.
Ojo sonrió, sabiendo que su grupo de amigos apenas comenzaba a formarse.
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Capítulo IX: El río de los Munchkins
El pequeño grupo llegó a un ancho río que atravesaba el bosque. El agua brillaba bajo la luz del sol y se oía el canto de las aves en las orillas.
—¿Cómo cruzaremos? —preguntó Ojo preocupado—. No veo puente.
Bungle, el gato de vidrio, caminó con calma por la orilla.
—Podrían intentar nadar, pero dudo que un muñeco de trapos y un muchacho torpe tengan éxito.
Scraps dio una voltereta y se levantó riendo.
—¡Pues yo floto, porque no peso nada!
En ese momento apareció un majestuoso castor parlante que ofreció ayuda.
—He visto a muchos viajeros por aquí. Puedo construirles una balsa para que crucen.
En pocas horas, el castor y sus compañeros levantaron una sólida plataforma de troncos. Así, Ojo, Scraps y Bungle lograron cruzar el río sanos y salvos.
Ojo los despidió agradecido.
—Prometo que volveré algún día para agradecer mejor su ayuda.
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Capítulo X: En el camino de esmeralda
Después de dejar atrás el río, los viajeros encontraron un camino empedrado que brillaba tenuemente de verde.
—¡Miren! —exclamó Ojo—. Debe ser parte del camino que lleva a la Ciudad Esmeralda.
Scraps comenzó a cantar, inventando rimas mientras caminaba.
—Camino verde, camino fiel, nos lleva pronto a la ciudad de miel…
Bungle rodó los ojos de vidrio.
—Tus versos son tan torpes como tu andar.
Pero al poco rato el gato se detuvo, agitando la cola brillante.
—¡Escuchen! Alguien se acerca.
De entre los árboles surgió un hombre hecho de hojalata brillante, que avanzaba con paso firme portando un hacha plateada.
Ojo lo reconoció al instante.
—¡Es Nick Chopper, el Leñador de Hojalata!
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Capítulo XI: El Leñador de Hojalata
Nick Chopper saludó amablemente, haciendo brillar su cuerpo metálico bajo el sol.
—¡Bienvenidos, viajeros! ¿Qué los trae por el país de los Munchkins?
Ojo le explicó la tragedia que había convertido a su tío en mármol y la lista de objetos imposibles que debía reunir.
El Leñador de Hojalata escuchó con seriedad y luego sonrió.
—No es tarea sencilla, pero tienen valor, y eso cuenta mucho en Oz. Los acompañaré hasta la Ciudad Esmeralda. Quizás Ozma pueda aconsejarte.
Scraps aplaudió entusiasmada.
—¡Qué magnífico! Ahora tenemos un caballero de metal brillante en nuestro grupo.
Bungle, con voz arrogante, replicó:
—Brilla, sí, pero nunca tanto como yo.
Nick rió de buen humor y levantó su hacha.
—Sea como sea, juntos seremos más fuertes.
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Capítulo XII: La llegada al Palacio de Ozma
Tras varios días de marcha, el grupo alcanzó las murallas resplandecientes de la Ciudad Esmeralda. Los muros verdes brillaban como piedras preciosas bajo el sol, y las torres se elevaban hacia el cielo con destellos de luz.
—¡Qué maravilla! —susurró Ojo con asombro.
Las puertas se abrieron y fueron recibidos por soldados y sirvientes que los condujeron directamente al Palacio de Ozma.
En la gran sala del trono estaba la princesa Ozma, rodeada de luz y con un porte sereno. A su lado, sonreía la pequeña Dorothy, vestida con su clásico vestido azul y zapatitos de cuero.
Ojo cayó de rodillas.
—Oh, princesa Ozma, vengo a suplicarle ayuda. Mi tío ha sido convertido en mármol y debo reunir cinco objetos imposibles para salvarlo.
Ozma lo miró con dulzura.
—Tu misión es noble, pequeño Ojo. Te brindaré consejo y toda la ayuda que esté en mis manos.
Dorothy se adelantó con entusiasmo.
—¡Yo también quiero ayudar!
Así, el corazón de Ojo se llenó de esperanza. Su viaje apenas comenzaba, pero ahora contaba con los más poderosos amigos de Oz.
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Capítulo XIII: El consejo de Ozma
Ozma escuchó pacientemente el relato de Ojo. Cuando el muchacho terminó, la princesa habló con serenidad:
—Los objetos que buscas son extraños y muy difíciles de encontrar. Pero no debes desanimarte. En Oz, lo imposible a veces se vuelve posible.
Dorothy sonrió.
—¡Nosotros también hemos pasado por pruebas difíciles y siempre encontramos la manera!
Ozma entonces ofreció un consejo:
—Primero, viajen hacia el sur. Glinda la Buena puede saber dónde hallar algunos de esos ingredientes.
Ojo inclinó la cabeza en señal de respeto.
—Haré lo que me diga, princesa.
Scraps dio un salto en el aire.
—¡Perfecto! ¡Un viaje más largo significa más canciones, más juegos y más diversión!
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Capítulo XIV: El Ejército de Oz
Antes de partir, Ozma quiso presentar a Ojo a los guardianes de la Ciudad Esmeralda: el Ejército de Oz.
Aparecieron soldados con uniformes verdes y lanzas brillantes. Al frente marchaba un hombrecillo con sombrero alto y gesto orgulloso: era el General Jinjur, antiguo rival de Ozma, ahora convertido en leal servidor.
—El ejército está siempre listo para proteger la ciudad —dijo con voz solemne—.
Scraps, divertida, comenzó a desfilar imitando a los soldados.
—¡Izquierda, derecha! ¡Un, dos, tres, cuatro!
Bungle bufó.
—¡Qué payasada! No hay nada gracioso en la disciplina militar.
Pero todos rieron ante las ocurrencias de la muñeca de retazos, incluso Nick Chopper, cuyo cuerpo metálico resonaba al reír.
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Capítulo XV: La promesa de Dorothy
Antes de marcharse, Dorothy buscó a Ojo a solas y le dijo con cariño:
—Sé que tu misión parece imposible, pero en Oz nunca debes perder la esperanza. Yo misma he visto milagros.
Ojo la miró con gratitud.
—Tus palabras me dan fuerza, Dorothy. Prometo no rendirme hasta salvar a mi tío.
Dorothy le tomó la mano.
—Y si en el camino necesitas ayuda, pide por mí. Los amigos de Oz nunca dejan a nadie solo.
Scraps, que escuchaba detrás de una cortina, saltó de pronto.
—¡Basta de sentimentalismos! ¡Es hora de aventuras!
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Capítulo XVI: El nuevo viaje comienza
Al amanecer, Ojo, Scraps, Bungle y el Leñador de Hojalata emprendieron camino hacia el sur, tal como Ozma había aconsejado.
Los campos verdes se extendían hasta el horizonte, y pronto comenzaron a internarse en regiones desconocidas.
Scraps bailaba sobre el césped, componiendo versos absurdos:
—Caminamos de prisa, con gran sonrisa, hacia la brisa que siempre avisa…
Bungle caminaba detrás, rodando los ojos de vidrio.
—Viajar con una muñeca loca es el peor castigo para un gato perfecto como yo.
Ojo, sin embargo, se sentía más animado que nunca. Sabía que el viaje sería largo y lleno de peligros, pero también intuía que cada paso lo acercaba a salvar a su tío.
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Capítulo XVII: El bosque encantado
El grupo avanzó hacia un bosque oscuro donde los árboles parecían moverse al rozar el viento.
—Este lugar no me gusta nada —dijo Ojo, apretando su bolsa de cuero.
Nick Chopper levantó su hacha con firmeza.
—Mientras yo esté aquí, nada malo nos ocurrirá.
De pronto, los árboles comenzaron a inclinar sus ramas como si quisieran atraparlos. Una voz profunda resonó en el aire:
—¡Forasteros! ¿Qué buscan en nuestro bosque?
Era el Rey de los Árboles, un viejo roble de rostro tallado en la corteza.
Ojo explicó con respeto su misión. El viejo árbol reflexionó un momento y respondió:
—No puedo darles lo que piden, pero les permitiré pasar. A veces, el valor se demuestra en la humildad.
Las ramas se apartaron, abriendo un sendero iluminado por la luz del sol.
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Capítulo XVIII: El encuentro con los Winkies
Tras dejar el bosque, los viajeros llegaron a la tierra de los Winkies, donde todo brillaba en tonos dorados.
Los habitantes, de rostros amables, se acercaron a saludar a Nick Chopper, pues él era su emperador.
—¡Viva nuestro Leñador de Hojalata! —gritaron los Winkies con alegría.
Nick los saludó con modestia.
—Hoy viajo como compañero y amigo, no como emperador.
Los Winkies les ofrecieron alimento, agua fresca y un lugar donde descansar.
Scraps aprovechó la ocasión para bailar entre la multitud, causando carcajadas y aplausos.
Bungle, en cambio, se acicaló frente a un espejo de oro, murmurando:
—Al fin un país que reconoce el verdadero brillo.
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Capítulo XIX: Una noche en el castillo dorado
Los viajeros fueron invitados a pasar la noche en el castillo dorado de los Winkies.
Las paredes relucían como metal bruñido, y los salones estaban iluminados por lámparas de cristal.
Ojo, sin embargo, no podía descansar del todo.
—Cada hora que pasa, mi tío sigue convertido en mármol —susurró.
Nick Chopper le puso una mano metálica en el hombro.
—La paciencia también es parte del valor. Ya verás que lo lograremos.
Scraps, mientras tanto, recitaba poemas inventados, hasta que todos terminaron riendo y olvidando por un momento sus preocupaciones.
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Capítulo XX: El viaje hacia el sur continúa
Al amanecer, los viajeros se despidieron de los Winkies y retomaron el camino.
El paisaje cambió: montañas azules se alzaban a lo lejos, y entre ellas corrían arroyos de agua clara.
—Debe de ser la ruta hacia el palacio de Glinda —dijo Ojo, con renovada esperanza.
Scraps saltaba de roca en roca como si fuera un juego, mientras Bungle observaba su reflejo en cada corriente de agua.
De pronto, un rugido resonó en el valle. Una enorme sombra se movió entre las rocas.
—¡Atención! —gritó Nick Chopper, alzando su hacha—. Algo nos acecha.
El grupo se preparó para enfrentar un nuevo desafío en su viaje.
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Capítulo XXI: El Gigante del Valle
La sombra resultó ser un gigante de piedra, de ojos encendidos como brasas.
Con voz retumbante, declaró:
—¡Nadie cruza mi valle sin pagar tributo!
Ojo tembló, pero Nick Chopper se adelantó con firmeza.
—No deseamos pelea. Somos viajeros en misión noble.
El gigante rió con estruendo.
—¡Eso dicen todos!
Entonces Scraps, con astucia, comenzó a bailar y a cantar versos absurdos:
—¡Gigante grandote, con cara de calabrote, mejor que sonrías, o perderás las rodillas!
El gigante, sorprendido y divertido, estalló en carcajadas.
—¡Ja, ja, ja! ¡Qué criatura tan graciosa! Está bien, pueden pasar.
Y así, la muñeca de retazos salvó al grupo de un combate imposible.
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Capítulo XXII: El campo de flores misteriosas
Más adelante, los viajeros entraron en un extenso campo cubierto de flores violetas. Su aroma era tan fuerte que pronto comenzaron a sentirse mareados.
—¡No respiren demasiado! —advirtió Nick Chopper.
Ojo, tambaleándose, recordó las advertencias de Dorothy sobre lugares peligrosos en Oz.
Bungle, que no necesitaba aire, avanzó con calma y dijo:
—Síganme, yo los guiaré.
Gracias al gato de vidrio, lograron cruzar el campo sin sucumbir al sueño profundo que esas flores causaban.
Ojo miró al felino con gratitud.
—Eres presumido, pero también muy valiente.
Bungle respondió con dignidad:
—No es valentía, es simplemente perfección.
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Capítulo XXIII: El castillo de Glinda
Al fin llegaron a las colinas del sur, donde se alzaba el castillo de Glinda la Buena.
El palacio estaba construido de mármol rosado y brillaba bajo el sol como una joya.
Los guardias los recibieron con cortesía y condujeron a los viajeros hasta la gran sala, donde Glinda los esperaba sentada en un trono dorado, rodeada de libros mágicos y pergaminos.
Ojo se inclinó profundamente.
—Oh, señora Glinda, necesito su ayuda para salvar a mi tío convertido en mármol.
Glinda escuchó con atención la lista de objetos imposibles y luego dijo:
—Muchos de esos ingredientes son símbolos. Su verdadera magia está en la voluntad y el corazón de quien los busca.
Scraps dio un salto.
—¡Eso significa que ya tenemos medio camino ganado!
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Capítulo XXIV: El consejo de Glinda
Glinda abrió un enorme libro de magia y lo hojeó con calma.
—El trébol de seis hojas solo crece donde nadie lo busca. El árbol que nunca fue plantado existe en el País de los Sueños. El cabello del sol puede hallarse en un rayo atrapado en el cristal. Y el agua oscura se encuentra en la cueva de los Suspiros.
Ojo anotó cada instrucción con cuidado.
—¿Y los tres granos de maíz blanco? —preguntó.
Glinda sonrió.
—Eso, querido niño, lo encontrarás donde menos lo esperes.
Con renovada esperanza, Ojo y sus compañeros agradecieron a la poderosa hechicera. El viaje no había terminado, pero ahora tenían un mapa de posibilidades para alcanzar lo imposible.
Capítulo XXVI: El rayo de sol atrapado
Al salir de la cueva, el grupo trepó hasta la cima de una colina de cristal que reflejaba mil colores.
—Aquí es donde debe atraparse el cabello del sol —recordó Ojo.
Scraps improvisó una red hecha con hilos de su propio vestido de retazos.
—¡Yo lo atraparé! —gritó con entusiasmo.
Cuando el sol alcanzó el punto más alto, un rayo quedó atrapado en el cristal y Scraps, con su red brillante, logró capturarlo. Al instante, el rayo se convirtió en un cabello dorado, suave y resplandeciente.
Ojo lo guardó con reverencia.
—¡Ya tenemos otro de los ingredientes!
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Capítulo XXVII: El trébol de seis hojas
El viaje los llevó luego a una pradera aparentemente común.
—Aquí no hay nada raro —murmuró Bungle, aburrido.
Pero Ojo, recordando las palabras de Glinda, comenzó a buscar sin prisa.
—El trébol crece donde nadie lo busca…
Y en efecto, al apartar la hierba bajo una piedra, encontró un pequeño trébol con seis hojas perfectamente formadas.
Lo arrancó con cuidado y lo guardó en la bolsa.
—¡Ya casi lo conseguimos todo!
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Capítulo XXVIII: El regreso inesperado
Con tres de los objetos en su poder, Ojo y sus compañeros comenzaron el camino de regreso.
Al llegar cerca de la Ciudad Esmeralda, Dorothy corrió a su encuentro.
—¡Sabía que lo lograrían! —dijo emocionada.
Ozma los recibió en la sala del trono. Ojo depositó los ingredientes sobre una mesa: la botella de agua oscura, el cabello del sol y el trébol de seis hojas.
—Aún faltan el árbol que nunca fue plantado y los granos de maíz blanco —dijo la princesa.
Ojo asintió con firmeza.
—No descansaré hasta reunirlos.
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Capítulo XXIX: El árbol que nunca fue plantado
Ozma sugirió que consultaran nuevamente el Libro de Glinda, que todo lo sabe. El libro reveló:
“El árbol que nunca fue plantado crece en los Sueños de los Niños, donde la imaginación da frutos”.
Glinda los condujo a una sala secreta, donde podían entrar en un estado de ensueño mágico.
Ojo cerró los ojos y se encontró en un campo de nubes suaves. Allí, frente a él, crecía un árbol maravilloso cuyas ramas sostenían juguetes, risas y canciones infantiles.
Del árbol colgaba una rama de plata pura. Ojo la tomó con suavidad y, al abrir los ojos, la tenía en sus manos en el mundo real.
—¡El cuarto objeto está cumplido! —exclamó con alegría.
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Capítulo XXX: Los granos de maíz blanco
Faltaba el último ingrediente. El Libro de Glinda escribió con letras brillantes:
“El maíz blanco se encuentra donde reina la sencillez”.
Confundido, Ojo buscó durante días sin hallarlo.
Un día, al compartir comida con Dorothy y Scraps, encontró en una humilde mazorca tres granos blancos, escondidos entre los amarillos.
Ojo se quedó sin palabras.
—¡Aquí están! ¡Todo este tiempo al alcance de la mano!
Glinda asintió con ternura.
—La magia más grande suele ocultarse en lo simple.
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Capítulo XXXI: El regreso al taller de Pipt
Con todos los ingredientes reunidos, el grupo viajó nuevamente a la cabaña del Dr. Pipt.
Allí seguían las estatuas de mármol: el tío Unc Nunkie y la señora Pipt.
Ojo entregó los objetos al mago, quien los colocó en su caldero humeante. La mezcla brilló con colores cambiantes hasta que una luz dorada llenó la sala.
—El antídoto está listo —anunció el Dr. Pipt con solemnidad.
Vertió la pócima sobre las figuras de mármol. Poco a poco, las estatuas comenzaron a suavizarse, recuperando color y movimiento.
Unc Nunkie abrió los ojos lentamente.
—Ojo… —susurró con voz ronca.
El muchacho lo abrazó entre lágrimas.
—¡Tío, estás vivo otra vez!
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Capítulo XXXII: Final feliz en Oz
La señora Pipt también volvió a la vida y se abrazó a su esposo.
Scraps bailó alrededor gritando rimas disparatadas, mientras Bungle se miraba en el reflejo del caldero, satisfecho de haber sido parte de la aventura.
Ozma, Dorothy y Nick Chopper celebraron junto a todos.
—Ojo, has demostrado gran valor y corazón —dijo Ozma—. Desde hoy ya no serás llamado el Desafortunado, sino Ojo el Valeroso.
El muchacho sonrió, feliz y agradecido.
Y así, entre cantos y risas, terminó la aventura de la Chica Patchwork de Oz, que probó que incluso los más extraños y torpes amigos podían ser héroes en la tierra mágica de Oz.
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📖 Referencia bibliográfica (versión original en inglés):
Baum, L. Frank. The Patchwork Girl of Oz. Chicago: The Reilly & Britton Co., 1913.
📖 Referencia en español (genérica, pues existen múltiples traducciones):
Baum, L. Frank. La Chica Patchwork de Oz. Trad. anónima. Diversas ediciones en castellano (España, México, Argentina, etc.), basadas en la edición original de 1913.
FIN

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