© Libro N° 14100. Antología Del
Pensamiento Crítico Paraguayo Contemporáneo. Creydt, Oscar.
Emancipación. Julio 26 de 2025
Título Original: © Antología Del Pensamiento Crítico
Paraguayo Contemporáneo. Oscar Creydt
Versión Original: © Antología Del Pensamiento Crítico Paraguayo Contemporáneo.
Oscar Creydt
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ANTOLOGÍA DEL PENSAMIENTO
CRÍTICO PARAGUAYO CONTEMPORÁNEO
Oscar Creydt
Antología Del
Pensamiento Crítico Paraguayo Contemporáneo
Oscar Creydt
Antología del pensamiento crítico
paraguayo contemporáneo / Oscar Creydt
...
[et al.] ; compilado por Lorena Soler ... [et al.]. - 1a ed. . - Ciudad
Autónoma de Buenos Aires : CLACSO, 2015.
Libro
digital, PDF - (Antologías del pensamiento social latinoamericano y caribeño /
Gentili, Pablo)
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ISBN
978-987-722-115-2
1.
Pensamiento Crítico. I. Creydt, Oscar, II. Soler , Lorena , comp. CDD 301
Otros
descriptores asignados por CLACSO:
Pensamiento
Crítico / Intelectuales / Pensamiento Contemporáneo / Pensamiento Social /
Paraguay
Antología del
pensamiento crítico paraguayo contemporáneo
Coordinadores
Lorena
Soler, Charles Quevedo Cabrera, Rodolfo Elias Acosta y Dalila Sosa Marín
Oscar.Creydt|René
Dávalos | Nelson Fernández | José L. Caravias sj | Domingo M Rivarolapy|LuisA.Galeano|GrazzielaCorvalán|MaríaVictoria
Heikel | José Nicolás Morínigo | Luis Alberto Boh | Benjamín Arditi | José
Carlos Rodríguez | Dionisio Borda | Line Bareiro | Roberto L. Céspedes | Ramón
B Fogel | Mauricio Schvartzman | Ticio Escobar | Bartomeu Melià | Tomás Palau |
Milda Rivarola | Guido Rodríguez Alcalá
Colección Antologías
del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribeño
Antologías
del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribeño
Director
de la Colección Pablo Gentili
Coordinacion
Editorial Fernanda Saforcada y Lucas Sablich
Diseño
de Colección Marcelo Giardino
Producción Fluxus Estudio
Primera
edición
Antología
del pensamiento crítico paraguayo contemporáneo (Buenos Aires: CLACSO, agosto de 2015)
ISBN
978-987-722-115-2
©
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales Queda hecho el depósito que
establece la Ley 11.723.
CLACSO
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Latinoamericano de Ciencias Sociales - Conselho Latino-americano de Ciências
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Ejecutiva de CLACSO.
Índice
|
Lorena Soler, Charles Quevedo Cabrera, Rodolfo Elias Acosta |
|
|
|
y Dalila Sosa Marín |
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|
Introducción |
|
11 |
|
“Otras miradas, otras historias”, |
|
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|
el pensamiento en los márgenes |
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Oscar Creydt |
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|
|
“Introducción a la presente edición” y “Formación histórica de |
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|
|
la Nación paraguaya” (Formación histórica de la Nación |
|
|
|
paraguaya, 1963) |
|
25 |
|
René Dávalos |
|
|
|
“El contexto de nuestra acción” (Revista Criterio, 1966) |
|
51 |
|
Nelson Fernández |
|
|
|
“Los intelectuales en el Paraguay” (Revista Criterio,
1971) |
|
59 |
|
José L. Caravias sj |
|
|
|
“Presentación”, “Primera parte. Organización campesina”, |
|
|
|
“Segunda parte. Fundamentación ideológica” y “Salmo final. |
|
|
|
Alabemos al Señor pueblos oprimidos” (Liberación campesina. |
|
|
|
Ligas Agrarias del Paraguay, 1975) |
|
64 |
|
|
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|
|
|
Institucionalización e inserción a nivel regional
de las ciencias sociales paraguayas
|
Domingo M. Rivarola |
|
|
“Bases preliminares para el estudio de la Movilidad Social en |
|
|
el Paraguay” (Revista Paraguaya de Sociología, 1964) |
169 |
|
Luis A. Galeano |
|
|
“Las explotaciones agrícolas en el Paraguay. Hacia una interpretación |
|
|
sociológica de las características regionales” (Revista Paraguaya |
|
|
de Sociología, 1974) |
189 |
|
Grazziela Corvalán |
|
|
“El bilingüismo en el Paraguay. Características y evolución” |
|
|
(Revista Paraguaya de Sociología, 1976) |
221 |
|
María Victoria Heikel (Laura Sayas y María Eugenia Arce, colaboradoras) |
|
|
“La mujer paraguaya migrante en el trabajo y el hogar” (1993) |
257 |
|
José Nicolás Morínigo y Luis Alberto Boh |
|
|
“La transformación del espacio urbano y las empresas inmobiliarias” |
|
|
(Estado y vivienda: del populismo coyuntural al capitalsimo
prebendario. |
|
|
Políticas, proyectos y resultados en el Paraguay, 1936/80, 1989) |
293 |
|
Cambios de paradigmas y nuevos problemas: |
|
|
la democracia en el centro del debate
(1980-2012) |
|
|
Los movimientos sociales y la lucha por la
democracia |
|
|
Benjamín Arditi y José Carlos Rodríguez |
|
|
“El resurgimiento de una sociedad desmantelada” (La sociedad a |
|
|
pesar del Estado. Movimientos sociales y recuperación democrática en |
|
|
el Paraguay, 1987) |
305 |
|
Dionisio Borda |
|
|
“Empresariado y transición a la democracia en el Paraguay” (Paraguay |
|
|
en transición, 1993) |
315 |
|
Line Bareiro |
|
|
“Construcción femenina de la ciudadanía” (Ciudadanas. Una memoria |
|
|
inconstante, 1997) |
353 |
|
Roberto L. Céspedes |
|
|
“Relaciones de trabajo en el sector público. Paraguay, 1989-1993” |
|
|
(Revista Paraguaya de Sociología, 1993) |
|
|
373 |
|
|
|
|
|
|
|
|
“Movimientos campesinos y transición democrática en el Paraguay” |
|
|
(Revista Paraguaya de Sociología, 1986) |
387 |
|
Mauricio Schvartzman |
|
|
“1. La transición elaborada. Mito, duelo y genemonía”, “2. Haciendo |
|
|
inteligible el fin de la dictadura. La transición”, “3. El fin del
mito. |
|
|
Stroessner se ha rendido ante ‘el soldado paraguayo’”, “4. Crisis de |
|
|
orden y de legalidad. La elaboración del duelo” (Mito y duelo. El |
|
|
discurso de la “pre-transición” a la democracia, 1989) |
415 |
|
El cambio político (im)posible |
|
|
Ticio Escobar |
|
|
“Cuatro puntos sobre la transición cultural” (Textos varios sobre |
|
|
cultura, transición y modernidad, 1992) |
463 |
|
Bartomeu Melià |
|
|
“La cultura paraguaya desde el ‘ya no’ al ‘todavía no’” (Gobierno
Lugo, |
|
|
herencia gestión y desafíos, 2009) |
471 |
|
Tomás Palau |
|
|
“El agronegocio de la soja en el Paraguay. Antecedentes e impactos |
|
|
sociales y económicos” (Campesinato e agronegócio na América |
|
|
Latina: a questão agrária atual, 2008) |
483 |
|
Milda Rivarola |
|
|
“La rescisión del contrato social” (Franquismo en Paraguay. |
|
|
El golpe, 2012) |
513 |
|
Guido Rodríguez Alcalá |
|
|
“Introducción” y “Francia y López” (Ideología autoritaria,
1987) |
519 |
|
Sobre los autores |
|
|
567 |
|
|
Sobre los antologistas |
|
|
579 |
introducción
Una perspectiva de larga duración permite entender
que las condiciones políticas de Paraguay no fueron las más favorables para la
recreación de un campo intelectual. En efecto, el aislamiento autoimpuesto de
José Gaspar Rodríguez de Francia y la larga historia de exilios políticos; las
dos guerras (la de la Triple Alianza y la del Chaco); la sumisión constante a
la inestabilidad política y/o al predo-minio del Partido Colorado, y por
último, el largo régimen stronista fueron un constante impedimento para la
conformación de un campo intelectual propio y autónomo. Como ha destacado
Rodríguez Alcalá (1971), en el lapso de ciento treinta y cinco años, desde el
fin de la Revolución de los Comuneros de 1735 hasta el fin de la Guerra de la
Triple Alianza (1870), las élites paraguayas fueron tres veces aniquila-das:
“La represión virreinal en el siglo XVIII, primero; luego, la dicta-dura
perpetua del Dr. Francia, sus fusilamientos y sus prisiones, en la mitad del
siglo XIX, y por último, la Guerra de la Triple Alianza y las ejecuciones
ordenadas por Solano López destruyeron sucesivamente la flor y la nata de la
sociedad paraguaya”1.
1 Rodríguez Alcalá, Hugo 1971 Literatura paraguaya.
(Asunción: Ediciones Comuneros), p. 37.
Sin negar que la actividad intelectual se relacione
con la evolu-ción histórica de conceptos e interpretaciones sobre la sociedad,
esta no se desarrolla por fuera de las estructuras sociales, relaciones de
clases, instituciones educativas y prácticas de actores portadores de
subjetividades y tradiciones históricas. Tampoco, por ejemplo, de una
comprensión histórica del lugar que las universidades ocuparon bajo los
diferentes órdenes políticos. La inestabilidad política de un orden y la
debilidad de un Estado fue también la de sus instituciones edu-cativas —la de
las universidades y sus autoridades—, que además se expresaba en la persecución
política y el continuo exilio de sus pensa-dores nacionales2.
Sin embargo, a mitad del siglo XX, como ya se sabe,
el impulso modernizador también abarcó a las Ciencias Sociales y con ellas a un
conjunto de instituciones que se propusieron dicha tarea. Las funda-ciones y
redes académicas constituyeron un campo por fuera del Es-tado. Esto, claro
está, fue posible por las profundas transformaciones del campo intelectual
latinoamericano, como consecuencia de la ins-talación de dictaduras y/u órdenes
políticos autoritarios en las déca-das de 1960 y 1970 en la región. Las condiciones
políticas desplazaron a la comunidad académica hacia una reflexión por fuera
del Estado y de las propias universidades nacionales, convirtiendo los
institutos de investigación, centros académicos independientes y los centros de
investigación regionales (principalmente Cepal, Flacso, CLACSO) en un refugio
para las actividades intelectuales.
Paraguay, como decíamos, aun cuando su biografía
política fuera esquiva a las posibilidades de formación de un campo
intelectual, y se lo consideró tantas veces como un país aislado, periférico y
hermético, supo cultivar con productividad los cambios que atravesaban las
Cien-cias Sociales en la región y formar parte de las agendas de discusión de
la época. En efecto, el proceso de reorganización e institucionalización de las
Ciencias Sociales a nivel regional viabilizó en las posibilidades de conformación
de un campo intelectual, en tanto posibilitó la circu-lación de debates,
intelectuales, agendas de investigación y financia-mientos, aun bajo los largos
años de terror stronista (1954-1989).
En tal dirección, esta colección busca dos
propósitos. El primero, poner a disposición de un amplio público algunos de los
trabajos más representativos del pensamiento crítico y emancipador del
Paraguay, y especialmente, aquellos no disponibles o de difícil acceso. La con-
2 Oscar Creydt, Francisco Gaona y Carlos Pastore,
intelectuales-políticos y figuras fundacionales del pensamiento crítico y
emancipador contemporáneo del Paraguay, produjeron sus mejores trabajos en el
exilio; los dos primeros, en Buenos Aires, y el último, en Montevideo.
tinuidad en el poder del Partido Colorado
(Asociación Nacional Re-publicana), una vez iniciado el proceso de transición a
la democracia (1989), en un marco local y regional neoliberal con fuertes
recortes económicos y simbólicos en el ámbito de la producción de ideas, no
generaron condiciones para el desarrollo de políticas que permitieran conservar
las obras escritas en los últimos 50 años. En efecto, muchas obras se
encuentran dispersas, cuando no inhallables. De esta forma, es constatable la
inexistencia de centros de documentación que cuen-ten con una colección
relativamente completa de la producción de autores en el campo del pensamiento
social paraguayo y, dadas las limitaciones económicas referidas, los mayores
reservorios bibliográ-ficos se encuentran en colecciones privadas.
El segundo propósito de la presente Antología es
sugerir un recorri-do a través de textos y autores que, según consideramos, se
encuentran entre los más representativos y, por otra parte, nos permiten poner
de manifiesto que los problemas, las teorías y los métodos internos en el campo
del pensamiento social paraguayo estuvieron en profunda rela-ción
intelectual con el contexto nacional y latinoamericano de produc-ción,
donde los autores, cada uno a su modo y de diferentes espacios institucionales
(desmitificando el prejuicio que generalmente recae sobre el “conservadurismo
nacionalista” del pensamiento paraguayo), tuvieron una preocupación central por
pensar el orden social/cambio de su época. Para dar cuenta de ello, proponemos
dos grandes tempo-ralidades históricas, que marcaron las preocupaciones
intelectuales de la región y de Paraguay: los años 1964 a 1980 y de 1980 a
2012.
Se sabe que toda antología tiene cierto grado de
arbitrariedad; ésta no escapa a esa inevitable regla. Ella propone apenas un
reco-rrido entre muchos otros posibles. Aun así esta selección de textos que se
pone a disposición puede ser útil como instrumento de trabajo para el estudio
del pensamiento crítico paraguayo de los últimos 50 años. Es, por otra parte,
el producto de una confrontación entre mi-radas paraguayas y aquellas
provenientes de los estudios paraguayos en el exterior. En efecto, se trata de
un trabajo colectivo que se ha ido enriqueciendo, gracias a intercambios
previos y colaboraciones entre espacios académicos paraguayos y rioplatenses.
Los límites de extensión establecidos para la presente edición han hecho
imposible la inclusión de todas las figuras del pensamiento crítico,
democrático y emancipatorio del Paraguay, cuyos textos hubiéramos querido
in-cluir3.
Quede aquí constancia de la razón de muchas notorias ausen-cias, por las cuales
pedimos disculpas.
3 Entre otros, Juan Santiago Dávalos, Alfredo
Seiferheld, Miguel Chase-Sardi, Marcial Antonio Riquelme, Fátima Myriam Yore,
Juan Carlos Herken, Juan
Hechas estas consideraciones, presentamos
brevemente los tex-tos escogidos.
Revolución,
modernización y desarrollo (1964-1980)
Con las particularidades y limitaciones que
impusieron los largos años del stronismo, es posible identificar una agenda de
discusión común de los debates que llevaban adelante las Ciencias Sociales en
la región y en Paraguay. Aquí el orden social/cambio era tematizado y
problema-tizado a partir de los núcleos de la reflexión de la época: Revolución, modernización
y desarrollo. Los autores pensados para esta sección expresan
claramente los problemas políticos, sociales y económicos vinculados con una
nueva idea de cambio social que debía repensarse en estas sociedades. Para
algunos intelectuales, había que comenzar por comprender la estructura social,
ya sea para detectar a los sujetos portadores de posibles proyectos
revolucionarios o bien para conducir el cambio a partir de la planificación
estatal. La apuesta por el desarro-llismo y la modernización de la estructura
social imponía un estudio pormenorizado de la estructura y sus actores.
Conocerlas implicaba poder implementar políticas que guiaran y condujeran el
cambio.
Sin embargo, para algunas otras tradiciones de
pensamiento, “la salida” o el cambio estaba asociado con derribar militarmente
al stronismo, en una tradición revolucionaria de pensamiento, donde los
campesinos ocuparían un lugar central. El triunfo de la Revolución Cubana y su
posterior adscripción al socialismo impulsaron a que la ética-política del
compromiso inundara el debate interno de las Cien-cias Sociales, potenciando
los argumentos críticos entonces existentes acerca del vínculo entre los Estados
Unidos y América Latina, en el marco de la Alianza para el Progreso.
El primer grupo de textos reunidos en la I sección
de esta Antolo-gía, bajo el título “Otras Miradas, Otras historias,
el pensamiento en los márgenes”, pretende ubicar un conjunto de
intelectuales que tra-bajaban en espacios escasamente institucionalizados y en
diferentes vertientes del pensamiento tercermundista, el marxismo y la Teología
de la Liberación, recreando el pensamiento social. El régimen stro-nista
impulsó un férreo régimen autoritario que exigía producir en el anonimato, los
márgenes o la clandestinidad. La mayoría de ellos conoció el horror de las
salas de tortura de la policía política stronista, el exilio y/o el silencio.
Andrés Cardozo, Margarita Durán Estragó, José
Miguel Ángel Verdecchia, Diego Abente Brun, Clyde Soto, Ricardo Canese, Jorge
Lara Castro y Alfredo Boccia. El lector interesado en el pensamiento crítico
paraguayo no puede dejar de conocer y profundizar en el trabajo de los citados
autores y autoras.
Sus principales ideas se plasmaron en emblemáticas
revistas de izquierda o bien en textos que circularon de forma clandestina, y
mu-cho tiempo después fueron publicados. Estas nuevas ideas fueron ex-presadas
por las nuevas generaciones, las que batallaron con el pensa-miento y las
armas, produciendo los primeros escritos que ejercieron una mirada política
abiertamente opositora al stronismo.
Por ello reunimos aquí a una generación de
intelectuales que son fundacionales del pensamiento social paraguayo
contemporáneo4,
tanto como a aquellos que han producido conocimientos en artefactos culturales
clandestinos, que hoy en día representan inhallables piezas teóricas del
pensamiento político. Óscar Creydt (1907-1987), uno de los principales líderes
del movimiento universitario inspirado en los ideales de la reforma
universitaria de Córdoba e ideas anarquistas, es probablemente uno de los
mejores representantes de una generación de ensayistas que consideraron la
producción intelectual como una actividad indisociable de su militancia
política y social. A pesar de haber pasado la mayor parte de su vida en el
exilio, escribiendo sus principales obras en el destierro porteño, nunca dejó
de ser una figura destacada de la política en el Paraguay. Su obra
maestra Formación histórica de la nación paraguaya constituye
hasta el presente la pri-mera y más importante lectura del pensamiento social
paraguayo en clave marxista. Ese pequeño libro de 55 páginas llegó a adquirir
el es-tatuto de objeto de culto entre los militantes de la izquierda paraguaya
en las décadas de 1960 y 1970.
Asimismo, el poeta René Dávalos (1945-1968),
cofundador de Criterio (1966-1977), una de las revistas
culturales paraguayas más importantes en la segunda mitad del siglo
XX, es un exponente de quienes concebían la escritura, como la de otros jóvenes
de su gene-ración, intensamente vinculada con el compromiso revolucionario. Si
bien es más conocido por su trabajo poético, fue también un notable ensayista.
Sus compañeros de Criterio lo recuerdan como un cosmo-polita
de la cultura: estaba al tanto de la poesía hippie en su
lengua de origen; estudiaba ávidamente francés porque no se resignaba a no leer
a los clásicos en su idioma; leía libros de antropología y lingüística mientras
preparaba unos exámenes de Medicina. En efecto, tanto su
4 Dado que la Convocatoria de CLACSO permitía
incluir solamente a 20 autores y en tanto hemos privilegiado textos poco
disponibles, se ha decidido excluir a tres representantes insoslayables del
pensamiento. Ellos son Francisco Gaona (1967):
Introducción a la Historia Gremial y Social del
Paraguay, obra publicada
en el exilio porteño; Carlos Pastore, La lucha por la
tierra en el Paraguay, escrita desde Montevideo y publicada originalmente
en 1949, y una segunda edición ampliada y corregida en 1972; y Branislava
Susnik (1965): El guaraní colonial. El indio colonial del Paraguay,
creadora del campo de la etnohistoria y la etnología paraguaya.
texto “El contexto de nuestra acción”, como el de
Nelson Fernández, “Los intelectuales en Paraguay”, en la misma revista,
presentan una mirada aguda sobre el rol de la cultura y los intelectuales en el
proce-so de liberación y lucha contra el stronismo. Críticas que, dadas las
características de la dictadura, son casi imposibles de encontrar plas-madas en
textos. De ahí que Nelson Fernández sea, presumiblemente, un nombre de guerra
adoptado por alguno de los jóvenes intelectuales vinculados a Criterio para
sobrevivir a la represión stronista5. Estos dos textos retratan con mucha precisión la
atmósfera intelectual que alimentará la radicalización estudiantil durante la
década de 1970, y la formación de una nueva generación de izquierdas,
distanciada del Partido Comunista, que estaba creciendo en el país entre élites
universitarias. Esta nueva izquierda nace a mediados de la década de 1960 en
medios estudiantiles secundarios, a través de las Ligas de Academias
Literarias, y posteriormente se consolida en las universi-dades en torno a un
Movimiento Independiente (MI). Finalmente, sus fracciones más radicalizadas
conformarían la Organización Político-Militar (OPM), que propugnaba la
formación de un ejército popular revolucionario y la guerra popular prolongada
como estrategia gene-ral de lucha.
Si de pensamiento revolucionario se trata, es
imprescindible con-tar y cerrar está sección con un texto de José Luis Caravias
(1935), “Liberación campesina. Ligas Agrarias del Paraguay”. Caravias es un
intelectual jesuita, representante de la Teoría de la Liberación, que estuvo
comprometido con las luchas de las Ligas Agrarias Cristianas (LAC) del
Paraguay, lo cual le costó la expulsión del país en 1972; luego el sacerdote
recayó en el norte argentino, donde pudo continuar con su militancia hasta que
la Triple A decretó su muerte, después obtuvo refugio en España, no sin antes
ayudar a fundar un sindicato de hacheros en el Chaco profundo. El texto de
Caravias es un extraor-dinario documento; en él deja constancia de la reflexión
teológica que, en clave popular y liberacionista, acompañó al proceso de
consolida-ción de las Ligas Agrarias Cristianas en la década de 1970. Las LAC
es-tuvieron alentadas por diferentes organizaciones políticas y religiosas, que
iban desde exclusivos programas sociales de ayuda comunitaria hasta el fuerte
compromiso contra la dictadura o, incluso, el sistema capitalista. Fueron muy
complejas desde su nacimiento, conformadas
5 Podría haber sido Nelson Roura, poeta y uno de
los directores de la revista Péndulo y de la audición radial
Tribuna del pensamiento y la cultura. De acuerdo con otra
hipótesis, el autor del texto sería Nelson “Pololo” Fernández, profesor de
literatura paraguaya y latinoamericana quien fuera durante algún tiempo uno de
los redactores de Adelante, el periódico clandestino del Partido
Comunista Paraguayo (PCP).
en distintos puntos del país por grupos de origen
franciscano, de la Tercera Orden (laicos franciscanos) y del Movimiento
Sindical Para-guayo (con su raigambre en la Juventud Obrera Cristiana, JOC).
Otras se parecían más a la Comunidad Cristiana de Bases, que en Medellín tenía
su estatuto oficial desde el año 1968. Algunos dirigentes impor-tantes tomaron
luego contacto con el Ejército Revolucionario del Pue-blo (ERP) de Argentina y
fueron radicalizándose hasta el hecho para-digmático de tomar tierras pertenecientes
a los jesuitas y a un obispo de Misiones. Estos acontecimientos despertaron un
abierto conflicto en el interior de las Ligas y de la propia Iglesia. Sin duda,
fue uno de los movimientos sociales más importantes de toda la historia del
Paraguay; en él hunden sus raíces todos los movimientos campesinos hasta el
presente.
Paralelamente a lo que acabamos de reseñar, se
producía un co-nocimiento social profundamente ligado al proceso de
instituciona-lización de las Ciencias Sociales a nivel regional, que contó con
una red de instituciones regionales que brindaron las posibilidades para la
recreación de una élite intelectual y la conformación de un campo científico
que vino a innovar profundamente el desarrollo de las Cien-cias Sociales en
Paraguay. Y allí, el Centro Paraguayo de Estudios So-ciológicos (creado
precisamente 50 años atrás, el mismo año en que se aprobaba en Buenos Aires una
resolución mediante la cual se dio ini-cio al proceso de constitución del
Consejo Latinoamericano de Cien-cias Sociales) fue el centro neurálgico de
producción de la época, pero también de irradiación de diversas discusiones a
otros intelectuales, que no necesariamente se nucleaban en el centro, como por
ejemplo el Centro de Estudios Sociales de la Universidad Católica (Cesuc).
El siguiente apartado, “Institucionalización e
inserción a nivel regional de las ciencias sociales paraguayas”, reúne trabajos
que re-presentan el esfuerzo por pasar de una sociología ensayística previa a
formas más institucionalizadas, basadas en una formación académica sistemática
y específica, con una base central de la investigación empí-rica, alentada por
los organismos extranjeros y los cambios que a nivel regional atravesaban las
Ciencias Sociales. Este tipo de pensamiento tuvo como principal contribución
proveer de nuevos paradigmas a la teoría social y al pensamiento en general,
permitiendo la inserción de intelectuales paraguayos en los circuitos
latinoamericanos de pro-ducción de conocimiento social. El Centro Paraguayo de
Estudios So-ciológicos (CPES) fue el principal motor del proceso señalado.
Entre sus referentes se encontraban Domingo Rivarola (1931), Luis Galeano
(1944) y Graziella Corvalán (1931), cuyos trabajos se destacaron es-pecialmente
en la constitución de un nuevo campo de las Ciencias Sociales. Los tres autores
formaron parte de una agenda común con las Ciencias Sociales de la región (el
estudio de los procesos de mo-dernización o de transición de la sociedad
tradicional a la moderna, el problema del desarrollo, el estudio de la
estructura social, etc.), así como una preocupación por las cuestiones más
particulares de la so-ciedad paraguaya: el campesino, la estructura agraria, el
estudio del bilingüismo y la fuerte presencia de la lengua guaraní. El trabajo
de los intelectuales vinculados al CPES, entre las décadas de 1960 y 1970,
narra el inmenso proceso de cambio de estructuras económicas y po-líticas, la
modernización conservadora, una inédita construcción de un nuevo orden social
que implicó el stronismo. De alguna manera, el conjunto de la producción de ese
núcleo de investigadores representa una reflexión sobre la modernización
conservadora. Entre las impor-tantes contribuciones que Domingo Rivarola hizo a
la fundación del campo del conocimiento social, se ha escogido el artículo “La
estra-tificación social en Asunción”, texto emblemático de la sociología de la
época, preocupada por estudiar la composición de la estructura, al igual que lo
estuvieron Gino Germani y otros, ante el gran cambio que en los años 1960-1970
azotó a la región. “El bilingüismo en el Paraguay”, de Graziella Corvalán, es
un texto de referencia obligado para los estudios culturales y lingüísticos,
dado el peso predominante de la lengua como obstáculo o como habilitante de la
modernización en marcha. Luis Galeano publicó numerosos trabajos centrales para
entender la cuestión agraria, el movimiento campesino, la pobreza, la exclusión
social. Entre ellos se encuentra “Las explotaciones agrícolas en el Paraguay.
Hacia una interpretación sociológica de las caracterís-ticas regionales”, un
análisis poco frecuente en el campo intelectual paraguayo, en la medida en que
permite poner en diálogo al país con América Latina.
Asimismo, hemos incluido en esta sección dos
trabajos de refe-rencia imprescindibles en el campo de las Ciencias Sociales.
María Victoria Heikel (1955), en su joven formación en el CPES, aporta un
trabajo fundamental, “La mujer paraguaya migrante en el trabajo y el hogar”,
que vuelve sobre las fibras más vulnerables de ese tejido social, como lo son
las mujeres y la migración; y pone de manifiesto el nuevo lugar que ellas
ocupan en el desarrollo de la estructura paraguaya en el marco de la
modernización. Por su parte, José Nicolás Morínigo (1947), en “La
transformación del espacio urbano y las empresas in-mobiliarias”, plantea una
aproximación al problema de la vivienda en el Paraguay indagando, entre otras
cosas, las estrategias de poder des-plegadas por el Estado; los derechos del
usuario a la participación en la ciudad, y los valores culturales y las pautas
profesionales de quienes diseñan y construyen viviendas.
Cambios
de paradigmas y nuevos problemas: La democracia en el centro del debate
(1980-2012)
Como han observado varios autores, a partir del
congreso “Las condi-ciones sociales de la democracia”, organizado por CLACSO en
Costa Rica en 1978, es factible constatar un punto de partida del cambio, a
nivel regional, de los problemas principales de la investigación en las
Ciencias Sociales. Como hito de esa transformación en las preocu-paciones
intelectuales, debe recordarse que fue allí donde tuvo lugar la última
intervención de Gino Germani y la primera disertación in-ternacional de los
expresidentes Raúl Alfonsín y Ricardo Lagos. Así, las reflexiones en torno a
los órdenes democráticos empezarían a tener un lugar cada vez más relevante y
la “democracia” comenzaría a desplazar a otros términos que hasta entonces eran
organizadores del debate político-intelectual, aglutinando enfoques que hasta
hace pocos años estaban abiertamente divorciados. De ahí que la transi-ción a
la democracia se convirtiera en una categoría, pero también en una metáfora,
que asumía que las sociedades debían conducirse hacia ese orden social/cambio.
Finalmente, si para salir de la crisis en el pasado había sido necesaria la
“modernización”, el “desarrollo” o la “revolución”, en la década de 1980, el
nuevo principio orientador del cambio social —o más propiamente, cultural— fue
la “democra-tización”. No es de extrañar entonces, que el dato más contundente
de las transiciones a la democracia en el Cono Sur sea el abandono de todo
proyecto político revolucionario. Asimismo lo que se produ-ce es el corrimiento
del Estado autoritario como elemento central de análisis, lo cual desembocó en
una crítica a la concepción estatista de la política, razón por la cual la
sociedad civil estaba llamada a redemocratizarse. Esta nueva agenda se hilvana
en el plano interno con la crisis final del stronismo, caracterizado por una
aguda crisis económica que ponía en vilo su viabilidad tanto por la división
po-lítica del partido gobernante, como por el aumento inaudito de la
“conflictividad social”. En este nuevo contexto, de expectativa políti-ca por la
caída del régimen, podía dilucidarse el giro en los temas, el lenguaje y las
perspectivas de estudio de las producciones en Cien-cias Sociales académicas,
coincidente con la llegada de un nuevo grupo de jóvenes renovadores (que volvía
del exilio político y/o inte-lectual), lo cual permitía ampliar el horizonte de
las preocupaciones de las Ciencias Sociales paraguayas.
El Estado y la estructura económica, en su versión
moderniza-dora/desarrollista, dejaron de aparecer y dieron lugar al régimen
po-lítico y los problemas culturales. Las clases sociales son desplazadas por
los nuevos movimientos sociales. En efecto, los autores escogidos aquí tienen
como eje central de sus reflexiones a los actores sociales y políticos
—estudiantes, campesinos, trabajadores, mujeres—, que emprendían su vida en el
espacio público.
En este contexto, que abarca la etapa de
condiciones de pro-ducción de conocimiento en los años 1980-2012, hemos
reunido, en primer término, trabajos que se abocaron al estudio de “Los
movi-mientos sociales y la lucha por la democracia”, y que reflejan la
den-sidad ganada (de ahí que sea la sección más extensa) por las Ciencias
Sociales paraguayas y la reorientación de perspectivas en curso en esa
coyuntura. Recordemos que los años 1980 coinciden con la crisis económica y las
fracturas en el bloque del poder stronista. Las movi-lizaciones por la
“apertura democrática” fueron generando, para las Ciencias Sociales, nuevas
condiciones de análisis e intervención en el proceso político. En ellas también
se dio lugar a la inauguración de nuevos centros independientes dedicados a la
investigación social (BASE-Investigaciones sociales, 1985, y el Centro de
Documentación y Estudios, 1979), habilitando el ingreso de nuevas generaciones,
el incremento de la productividad y la diversificación de líneas de in-vestigación.
El mejor ejemplo de ese clima de época es el trabajo de Mauricio Schvartzman
(1939-1997), Mito y duelo: El discurso de la pre-transición
a la democracia en Paraguay, publicado precisamente el año que
cae el stronismo, que con una mirada menos entusiasta, entre otras razones por
su formación marxista, da cuenta de los lí-mites estructurales para la
implementación democrática. Dicho au-tor, desde su juventud, estuvo vinculado
activamente a movimientos opositores al régimen del general Alfredo Stroessner
y debido a sus vinculaciones con dirigentes e intelectuales del proscrito
Partido Co-munista Paraguayo (PCP) fue secuestrado e incomunicado, sin orden
judicial, por la policía del régimen stronista. Schvartzman es el prin-cipal
representante de un marxismo abierto y más laico, alejado de la
lectura soviética del marxismo que fuera hegemónica en Paraguay, así como en el
resto de América Latina, desde mediados de la década de 1930 a 1959. En efecto,
sus años de formación estuvieron signa-dos por el influjo de las lecturas de Gramsci,
que tenían en la revista cordobesa Pasado y Presente —dirigida
por José Aricó— su punto de irradiación en el Cono Sur.
En otra perspectiva, y como parte de esa renovación
generacional y teórica indicada, es el clásico trabajo de Benjamín Arditi
(1956) y José Carlos Rodríguez (1948), La sociedad a pesar del Estado.
Movi-mientos sociales y recuperación democrática, donde los autores
expo-nen contundentemente el lugar que ahora debía ocupar la sociedad civil
frente a la tradición histórica del autoritarismo estatal en Para-guay. Dicha
reflexión asume el potencial de los movimientos sociales como la clave del
proceso de democratización y cambio. Es tal vez el texto más referenciado de
los míticos años ochenta y constituye una muestra acabada del clima de época
que acompañó la salida del stronismo del gobierno. Por otra parte, los trabajos
más teóricos de Arditi y Rodríguez en los años ochenta —entre los cuales Discutir
el socialismo (1989), del primero, y Del
socialismo patético al socialismo factible: los diez mandamientos
socialistas (1989), del segundo— se-llan el abandono definitivo del
paradigma marxista por gran parte de la intelectualidad paraguaya y testimonian
el creciente influjo de la socialdemócrata Internacional Socialista (IS) —desde
la Fundación Friedrich Ebert— por esos años, al igual que en el resto de la
región.
La sección se complementa con trabajos de
referencia que dan cuenta del lugar de los diversos actores de la sociedad
civil frente al agotado orden autoritario, que entonces arrojarían las primeras
pre-guntas sobre las posibilidades y las características que
la “transición” asumiría en Paraguay. Dichos textos tienen como preocupación
cen-tral de sus reflexiones a los actores sociales y políticos que empren-dían
su vida pública, es decir, que se hacían presentes en el espacio público a
través de sus reclamos. Cada uno de ellos mereció un papel destacado. Por un
lado, Line Bareiro (1950), en su texto “Construc-ción femenina de la
ciudadanía”, da cuenta del lugar que debían ocu-par las mujeres en el nuevo
orden político desde el prisma de la idea de ciudadanía; mientras que Ramón
Fogel (1942), en “Movimientos campesinos y transición democrática en el
Paraguay”, se ocupa de la centralidad de los campesinos en la nueva etapa de
apertura demo-crática; Roberto Céspedes (1953) estudia a los trabajadores, el
Estado y el sindicalismo en “Relaciones laborales en el sector público
(1989-1993)”. No están ausentes, en esa mirada corporativa de lo social, los
empresarios, a quienes Dionisio Borda (1949), varias veces ministro de Hacienda
de este país, los narra en un texto emblemático, “Em-presariado y transición a
la democracia en Paraguay”, sobre la trans-formación de este actor y su lugar
en la transición a la democracia, pero que es también un memorándum sobre las
transformaciones del capitalismo mundial.
Pero al igual que en otros países de la región, al
encantamiento democrático le siguió la disolución. El régimen democrático no
había cumplido en recrear una sociedad más justa, libre e igualitaria. La
ilusión por una sociedad activa perdió peso heurístico frente al
rea-comodamiento de las clases dominantes en el poststronismo. Los su-cesivos
triunfos electorales en manos del Partido Colorado (desde las elecciones del 1º
de mayo de 1989 hasta las celebradas el 20 de abril de 2008) retroalimentaron
los argumentos acerca del esencialismo autoritario de la estructura social y
para ello había que estudiar sus orígenes, como una suerte de marca identitaria
en la genealogía de la configuración del propio país. Casi sin excepción, los
intelectuales volvían una y otra vez sobre el problema de un entramado
social sus-tancialmente autoritario. Este se expresaba
especialmente en la “cul-tura autoritaria” cimentada en Paraguay durante largos
siglos y cris-talizada finalmente bajo el régimen de Stroessner. Así, en la
sección “El cambio político (im)posible”, acogemos a autores cuyos esfuerzos
teóricos se dirigieron a explicar los orígenes de un autoritarismo más allá de
la experiencia de la dictadura. Es decir, las causas culturales y políticas de
ese conservadurismo societal, donde Estado y sociedad civil parecían no ser dos
esferas tan escindidas. Aquí, dos trabajos no-dales de destacados
intelectuales: Guido Rodríguez Alcalá (1946), en Ideología autoritaria,
y Ticio Escobar (1947), en “Cuatro puntos sobre la transición cultural”,
marcaron la agenda de discusión de aquellos/ estos años.
Sin embargo, la posibilidad que abría la llegada de
Fernando Lugo a la presidencia y el destierro del Partido Colorado luego de 60
años en el poder, volvió a recrear las formas de pensar el cambio. Fi-nalmente,
Paraguay tenía su primavera. Será recién con el proyecto político de la Alianza
Patriótica para el Cambio (APC) que la trans-formación se volvía realizable, en
un nuevo escenario regional que presenta un abrupto trastocamiento del sistema
económico, impul-sado por el capitalismo transnacionalizado y financiero frente
a los nuevamente países periféricos.
Estábamos nuevamente ante una sociedad atravesada
por una nueva matriz económica, el agronegocio, que tenía sus consecuencias en
el plano político. La pluma aguda y crítica del gran sociólogo To-más Palau
(1944-2012), “El agronegocio de la soja en Paraguay. Ante-cedentes e impactos
sociales y económicos”, y del jesuita Bartomeu Melià (1932), “La cultura
paraguaya desde el ‘ya no’ al ‘todavía no’”, se ocupan de ponerle las palabras
a la nueva época.
Pero la coyuntura de cambio duró apenas cuatro
años. Nueva-mente, las fuerzas conservadoras abortarían un nuevo proyecto
polí-tico. Allí, Milda Rivarola (1955) diría que en Paraguay lo que ha
ocu-rrido es “La rescisión del contrato social”. De ahí en más, todo queda por
escribirse.
“Otras miradas, otras historias”, el pensamiento en
los márgenes
Oscar
Creydt
Formación
histórica
de
la nación paraguaya (1963)*
Introducción
a la presente edición de
Formación
histórica de la nación paraguaya
El libro del Dr. Oscar Creydt Formación
histórica de la na-ción paraguaya, publicado en 1963 por primera vez, abrió
el camino para una discusión más profunda acerca de los problemas
fundamen-tales de la historia del Paraguay. Recién entonces la polémica, muy
an-tigua, con historiadores y políticos del Paraguay y del Río de la Plata
encontró una verdadera base científica.
Esta nueva edición es un homenaje al autor, tal vez
uno de los más grandes pensadores que produjo el Paraguay en el siglo XX. Su
pensamiento científico y acción entusiasta lograron transmitir a va-rias
generaciones la fe inquebrantable en el futuro del Paraguay.
Luego de finalizar, en 1986, el formidable
trabajo Del universo inconsciente a la formación del
trabajador consciente racional, no dis-puso ya de tiempo para revisar y
actualizar Formación histórica de la nación paraguaya como
él hubiera deseado, de acuerdo con las nuevas condiciones creadas
en el mundo. Es probable que esta demora pro-viniera de la idea de reescribir
el trabajo de modo más completo, que fue la base de este ensayo y que se
perdiera en 1965.
Conviene destacar que el libro fue escrito en 1962
en forma de síntesis, a pedido de científicos del entonces departamento de
Histo-
* Oscar Creydt 1963 Formación histórica de la
nación paraguaya (Asunción: Servili-bros), p. 350. Versión de la
Antología, Ediciones Colihue Mimbipa (2002).
riografía de la Academia de Ciencias de la URSS. La
transformación completa en capitalismo de Estado y en imperialismo que se dio
en ese país, así como la brutal persecución ideológica y personal de que fueron
objeto el Dr. Oscar Creydt y el PCP por parte de los jerarcas de la ex URSS
hicieron necesario adjuntar la transcripción de otros escritos y opiniones del
autor, a modo de actualización del libro, en especial en lo que se refiere a la
etapa de la moderna revolución de liberación nacional.
Nada mejor que transcribir las palabras siguientes,
escritas por él como parte del Prólogo a la edición de agosto
de 1963:
“A
LA JUVENTUD PARAGUAYA
[…] Someto este ensayo a la consideración de mis
compatriotas, en particular a la juventud paraguaya, y les ruego me hagan
llegar sus ob-servaciones, sus críticas y sugerencias. Pienso tomarlas en
cuenta muy seriamente en la redacción final del libro que he preparado acerca
del proceso formativo de nuestra nación, pequeña en número pero grande en su
decisión de vivir con dignidad.
Tengo la seguridad de que se acerca el día en que
podré debatir amisto-samente estos problemas con los jóvenes de mi patria en
las aulas de nuestra querida Universidad Nacional, hoy humillada por la
intromi-sión policial y cerrada oficialmente al pensamiento científico, tanto
en cuestiones históricas como en cuestiones económicas, sociales, políticas,
filosóficas y morales.
Me sentiría feliz de saber que esta breve mirada
hacia nuestro pasado, tan lleno de pruebas de la inagotable fortaleza de
carácter de nuestro pueblo, de su inquebrantable voluntad de ser respetado como
nación libre y so-berana, estimule a los jóvenes, no sólo a estudiar más
nuestra historia, sino a hacer historia, a cumplir la misión gloriosa que la
historia les ha confiado, la de darlo todo, sus mayores esfuerzos y, si es
necesario, su sangre, para que el Paraguay vuelva a tomar el camino del
desarrollo nacional independiente, el único que puede conducirlo al progreso, a
una vida mejor y a la felicidad.”
Formación
histórica de la nación paraguaya
La nación paraguaya se ha formado por un camino
parti-cular, en lucha permanente contra múltiples y enormes dificultades. Este
proceso culminó a mediados del siglo pasado, pero fue reabierto por la Guerra
de 1864 a 1870 y por la subsiguiente recolonización del país. Su realización
completa es la tarea del movimiento de liberación nacional que se desenvuelve
en la época actual.
No ha sido un rápido proceso en línea recta. Por el
contrario, ha sido una larga sucesión de avances y retrocesos, seguidos de
nuevos impulsos hacia delante.
Sin embargo hace algún tiempo ha surgido en los
Estados Unidos una teoría de aspecto científico, elaborada por los antropólogos
Julián H. Steward y Elman R. y Helen S. Service, según la cual las bases de la
nación paraguaya fueron establecidas ya en los primeros decenios de la
colonización española por la acción de los encomenderos sobre los indios. Estas
bases habrían sido “débiles, comparadas con las de la mayoría de las demás
naciones latinoamericanas”, por la razón de que la economía siguió siendo una “economía
de subsistencia” en vez de desarrollarse como una economía latifundista
monocultora para la exportación. En consecuencia, la cultura paraguaya se formó
como una cultura hispana de clase rural baja, en vez de hacerlo como “cul-tura
hispana de clase alta”. La cultura paraguaya no habría recogido nada de la
cultura de los guaraníes, con la sola excepción del uso del idioma guaraní.
Todo lo demás resultó puramente español, en virtud de la perfecta obra
“aculturadora” de los encomenderos. El Paraguay, como nación, es una “paradoja”
para esos autores. Más que una “na-ción integrada”, sería un “área de cultura”
—de cultura hispana— de baja calidad. El atraso actual del Paraguay se debería
a la debilidad de las bases sobre las cuales surgió ya a fines del siglo XVI y
al hecho de que, desde entonces, la historia del Paraguay habría seguido una
tra-yectoria invariable.1 Tal
es la teoría norteamericana acerca de la for-mación de la nación paraguaya. Es
una teoría que niega la capacidad de nuestra nación para el progreso. Más aún,
niega su razón de ser. Se trata de una parte integrante de la labor de
colonización ideológica que el imperialismo norteamericano viene realizando en
los países de América Latina.
Algunos historiadores paraguayos se han encargado
de dar di-fusión a esta teoría, sin la menor observación crítica. El curso de
la historia real está en contradicción con la tesis de Steward y Service. La
formación de la nación no ha sido la obra fácil y expeditiva de unos cuantos
“feudatarios” españoles a través de su concubinato con una masa de mujeres
indias, como se imaginan dichos autores y nume-rosos historiadores paraguayos,
sino que ha sido el resultado de un proceso largo y contradictorio que ha durado
siglos, y cuya esencia ha sido una lucha encarnizada del Paraguay por sacudir
el yugo del sistema colonial español.
Puede considerarse que la formación de la nación
paraguaya ha recorrido cuatro etapas principales:
I. La etapa de la gestación gradual de la nacionalidad
en lucha contra la dominación colonial de España (1537 a 1811).
II. La época de la primera revolución nacional (1811 a
1870), que abarca dos períodos: el de la conquista del poder por la naciente
burguesía nacional y el de la consolidación del Estado nacional por medio de un
cambio de la estructura económico-social.
III. La etapa de la recolonización y
desnacionalización del Para-guay sobre la base de la dominación del
imperialismo (desde el fin de la guerra nacional en 1870).
IV. La época de la moderna revolución de la
liberación nacional, que abarca tres períodos desde el fin de la Guerra del
Chaco, en 1935, hasta hoy.
Estas
cuatro etapas no representan escalones de una evolución rec-tilínea sino, por
el contrario, una lucha a muerte entre fuerzas y tendencias antagónicas, un
movimiento que en general se dirige hacia delante, pero que ha cambiado su
dirección según las condiciones de cada época.
Relacionando estos cuatro períodos con el proceso
general de formación de las naciones, se encuentra que ellos corresponden —en
cierta medida— a cuatro grandes etapas de la historia mundial:
-- La
primera, a la expansión mundial del capitalismo en su época de
ascenso (siglo XV y siguientes).
-- La
segunda, a la época de los grandes movimientos naciona-les
democrático-burgueses (desde fines del siglo XVIII hasta 1871).
-- La
tercera, a la etapa de decadencia del sistema capitalista: la del
capitalismo monopolista y colonizador (imperialismo).
-- La
cuarta, a la época de la crisis general del capitalismo, abierta por
la Primera Guerra Mundial y el establecimiento del poder de la clase obrera en
1917 en Rusia.1
1 El hecho de que Rusia se haya transformado en un
sistema capitalista de Estado y de que los pueblos de la ex URSS tengan que
continuar su lucha contra la nueva oligarquía que detenta el poder, no quita el
papel extraordinario que la Revolución Rusa tuvo en el comienzo de esta etapa
de la historia mundial. Esta revolución ha enseñado a todos los pueblos del
mundo, primero, que el sistema capitalista no es un sistema eterno, que no hay
ningún régimen latifundista-capitalista-militar que pueda mantenerse para
siempre, que pueda resistir la lucha revolucionaria de las grandes masas de
obreros y campesinos. Segundo, que los obreros y campesinos pueden diri-gir la
producción, con su propia cabeza y su propia iniciativa, guiados por el partido
de vanguardia del proletariado, el partido marxista-leninista o comunista.
Tercero, que el socialismo, primera etapa de la construcción de la sociedad
comunista, es per-fectamente realizable. Pero esta revolución también ha
enseñado que no alcanza con esto, que la lucha debe seguir después de la toma
del poder, contra el oportunismo y el revisionismo de la burocracia estatal y
del partido, contra el desarrollo de formas nuevas de capitalismo, en los
países en revolución; de lo contrario, inevitablemente se destruirán los logros
de la revolución socialista.
Después de la muerte de Stalin en enero de 1953, la
alta burocracia oportunista del Partido Comunista de la Unión Soviética, del
Estado y de las empresas estatales se apoderó del poder por medio de un golpe
de Estado traicionero, encabezado por los revisionistas Jrushov y Suslov, y
cambió el rumbo de la Unión Soviética.
Esta alta jerarquía burocrática es una capa
gobernante especial, una verdadera clase dominante, que controla todo el
aparato de producción, todas las funciones del Estado, todos los cargos
dirigentes del Partido, todos los mandos de las fuerzas armadas, se aprovecha
de esta situación para vivir mucho mejor que la gran mayoría de los obreros y
campesinos, y reprime cualquier crítica a su política oportunista de derecha.
Bajo la dirección de esta burocracia oportunista-revisionista, el sistema
so-cialista creado por Lenin y por Stalin ha sido transformado en un sistema
capitalista de Estado. Las empresas estatales tienen cada vez más autonomía,
sus directores for-man toda una capa social privilegiada. Las empresas se hacen
la competencia entre
Es la época de la revolución proletaria o
socialista mundial y de las revoluciones nacionales antiimperialistas de los
países coloniales y dependientes.
El movimiento revolucionario paraguayo de hoy es
una parte de esta transformación general de la sociedad humana. El hecho de que
las principales etapas de la formación de la nación paraguaya corres-ponden —en
cierta medida— a determinadas épocas de la historia mundial, basta para
deshacer la propaganda chauvinista y fascista de que el Paraguay se ha formado
solo, como una planta en su maceta, aislado de los grandes movimientos
progresistas de la humanidad.
I.
La etapa de gestación de la nacionalidad en lucha contra el sistema colonial
español
Los
principales períodos de esta etapa son los siguientes:
-- El
período de la conquista, desde la fundación del fortín de Asunción
en 1537 hasta la insurrección general de los gua-raníes en 1545.
-- El
período de la consolidación de la colonia, sobre la base de la
encomienda.
-- El
período del predominio de la corporación jesuítica (¿desde 1640?).
-- El período de la Revolución Comunera (1719 a 1735).
-- Los últimos decenios antes de la revolución de
independencia.
La
conquista
Como es sabido, las colonias españolas y
portuguesas en América se formaron con miras a la exportación de metales
preciosos y produc-tos tropicales a Europa. En cambio, el Paraguay surgió del
fracaso de una tentativa para abrir una nueva vía a la exportación de metales
preciosos desde el Alto Perú (Bolivia) a España. Muy en contra de sus deseos,
los conquistadores se vieron en la necesidad material de permanecer en el
Paraguay. Tuvieron que establecerse en la bahía de
sí, se quedan con una gran parte de sus ganancias y
las aprovechan para aumentar los ingresos de su propio personal, especialmente
del alto personal. Se inculca a los obreros, sistemáticamente, el deseo de
aumentar su ganancia personal aumentando la productividad de la empresa. En
lugar de educar a las masas para marchar hacia el comunismo, se las educa al
revés, fomentando en su espíritu la psicología burguesa del “progreso”
personal.
La alta burocracia oportunista-revisionista ha
abolido la dictadura del proletaria-do en la Unión Soviética.
30 .py
Asunción porque hasta allí podían remontar los
barcos de ultramar, y porque cerca de esa bahía residía una poderosa tribu
guaraní. Este último factor fue el decisivo.
Habiendo fracasado en su plan de conquistar la
parte oriental del Perú, la banda de conquistadores se vio obligada a organizar
una base de producción estable para sobrevivir y continuar la conquista.
Imposible era seguir viviendo mediante exacciones irregulares a las tribus
indígenas. Por otra parte, estos aventureros no habían venido al Nuevo Mundo
para trabajar la tierra, sino para sobreponerse a la población autóctona como
una casta militar dominante. Por tanto, era necesario someter a los indios a la
explotación en el proceso de la producción. La
condición fundamental para esto era la existencia de una sociedad
indígena que hubiese alcanzado un determinado nivel de productividad del
trabajo. Se necesitaba una población que, some-tida a la dominación de los
conquistadores, tuviese la capacidad de producir un sobreproducto
suficientemente grande como para cubrir las necesidades económicas de los
europeos más sus propias necesi-dades elementales. Además, por esta misma
razón, era necesario que esta población fuese numerosa y relativamente estable.
Solamente los guaraníes de la región cercana a la bahía de Asunción ofrecían
estas posibilidades. Por falta de tales condiciones, el fortín de Buenos Aires
y otro situado más arriba en el curso del río Paraná tuvieron que ser
abandonados. La población europea del Río de la Plata se vio en la necesidad de
concentrarse en la pequeña “ciudad” de Asunción.
Este proceso inicial estaba en contradicción con la
tendencia pre-dominante de la colonización europea, que generalmetne se
concen-traba en las ciudades cercanas al mar para irradiar desde allí hacia el
interior. En la cuenca del Río de la Plata, la civilización europea tuvo que
replegarse hacia el interior del continente para crear su primera base. Y sólo
después de haberla consolidado, pudo expandirse hacia el mar con miras a
establecer comunicaciones con el mercado mundial.
La fuerza histórica que determinó este proceso muy
particular no fue el supuesto “genio colonizador” de los brutales capitanes de
la conquista, como se imaginan muchos historiadores, sino la fuerza de trabajo
de los guaraníes.
Mucha confusión ha sido creada en torno al papel
que los pueblos guaraníes han desempeñado en la formación de la sociedad
paragua-ya. Algunos lo ignoran. Para otros, la sociedad guaraní es apenas un
antecedente de la formación del Paraguay. Algunos demagogos, como el escritor
fascista Natalicio González, presentan la conquista como la destrucción de una
alta civilización indígena. La mayoría reduce el papel de los guaraníes a su
contribución biológica en la mezcla de las dos razas, confundiendo la formación
de una nación, que es un proceso social, con el proceso de mestizaje, que es un
fenómeno bio-lógico. Estas teorías no explican el papel que la sociedad
guaraní, en particular su modo de producción, ha desempeñado en la formación de
la nueva sociedad, superior, que surgió de la conquista.
Desde la fundación del fortín de Asunción en 1537 y
particular-mente desde la fundación de la ciudad por Irala, el problema básico
que se planteó a los invasores era el problema de cómo incorporar a los
guaraníes a un sistema estable de producción. En las condiciones específicas
del Paraguay, era económicamente imposible organizar un sistema de grandes
plantaciones para la exportación, como el de las Antillas y del Brasil. Tampoco
era posible aplicar las “Nuevas Leyes”, que obligaban a los indios a pagar a los
encomenderos un tributo en productos agrícolas. En efecto, a diferencia de los
pueblos altamente organizados del Perú y de México, los guaraníes no habían
alcanzado un nivel de productividad ni de disciplina política que los
capacita-ra para producir en sus propias chacras un sobreproducto suficiente
para sustentar a la casta militar extranjera.
En estas condiciones específicas, no existía
ninguna otra posibi-lidad de explotar a los guaraníes que la de obligarlos a
trabajar en pe-queñas explotaciones agrícolas bajo el mando personal de los
conquis-tadores.2 Sólo varios decenios después de la fundación
de Asunción, empezaron a formarse estancias de ganado y más tarde aún
explota-ciones de yerba mate. Sin embargo, la pequeña explotación agrícola,
combinada con la cría de ganado en pequeña escala, continuó siendo el sector
principal de la economía del Paraguay colonial. Por otra par-te, la explotación
de los indios en la estancia fue organizada sobre el modelo de su explotación
en la chacra.
Durante el período inicial de la colonización, la
correlación de fuerzas entre la minoría militar conquistadora y la tribu
guaraní era tal que la primera no tenía todavía un dominio y control completos
sobre la segunda. Los guaraníes conservaban su organización tribal y guerrera.
Sólo eran vasallos de los conquistadores. Por esta razón, no existía en la
práctica la posibilidad de forzar a los guerreros guaraníes al trabajo agrícola
para los señores europeos. Los pueblos guaraníes se hallaban todavía en la etapa
del cultivo de “rozado”. Los varones seguían siendo cazadores y pescadores
canoeros. Su participación en el trabajo agrícola se limitaba a la tarea más
pesada, el desmonte con
2 La superioridad de los pueblos andinos derivaba
de su modo sedentario e in-tensivo de cultivo, que, a su vez, estaba
condicionado por la limitación de la tierra cultivable en los valles del
altiplano. En las regiones forestales de la América del Sur, la tierra libre
hizo posible la conservación del modo de cultivo semi migratorio, cuyo
rendimiento es inferior.
hacha de piedra pulida y fuego. Despreciaban el
trabajo de la chacra como tarea femenina, por debajo de su dignidad de
guerreros. Esta situación obligaba a los españoles a adueñarse de la fuerza de
trabajo de la mujer guaraní, la especialista en el cultivo.
Según la teoría elaborada “científicamente” por
Service y Steward, el Paraguay surgió de una “alianza” entre españoles y
guaraníes. En virtud de esta alianza político-militar, el pueblo autóctono
habría en-tregado voluntariamente miles de sus mujeres a los conquistadores. Y
los indios se habrían acostumbrado a trabajar para ellos en calidad de
“cuñados”, de acuerdo a los usos.
El objeto de esta doctrina es ocultar el hecho de
que el Para-guay nació de la implantación violenta de la explotación de clases
en un país donde había regido, hasta entonces, la sociedad comu-nista
primitiva.
El trabajo servil de las mujeres indias no nació de
la poligamia, sino al revés: la poligamia ilegal de los conquistadores del
Paraguay fue una forma de relación impuesta por la necesidad absoluta de
convertir a las mujeres indias en siervas agrícolas y asegurar, por ese medio,
el trabajo de los “cuñados” en el desmonte y, más tarde, en los trabajos de la
chacra. Esta necesidad determinó desde el comienzo un antago-nismo entre los
invasores y el pueblo autóctono. Siendo la mujer la principal fuerza productiva
de la sociedad guaraní, no era posible que un grupo social extraño pretendiese
sustraer centenares y, más tarde, miles de mujeres a las comunidades nativas
sin provocar la más en-conada resistencia de parte del pueblo autóctono. En
efecto, apenas habían pasado año y medio desde la fundación del fortín y antes
de la fundación de la ciudad, cuando la tribu guaraní se vio empujada a la
primera gran conjuración para sacudir el peso creciente de la do-minación
extranjera. El motivo inmediato de este movimiento fue la resistencia a la
entrega de mujeres en masa. Lo demuestra el hecho de que, una vez descubierta
la conjuración y reprimida por medio del ahorcamiento de los principales jefes,
los demás jefes se apresuraron a entregar a sus hijas y otras numerosas mujeres
de sus respectivos grupos. Quiere decir que la incorporación de la fuerza de
trabajo de los guaraníes al sistema económico de los europeos se realizó desde
el co-mienzo por medio del terror, por medio de una coerción extraeconómi-ca,
de carácter militar. Sin embargo, como el pueblo oprimido retenía aún su
organización tribal y su fuerza guerrera, todavía no era posible someter a los
guerreros al trabajo agrícola. Esta es la razón por la cual los españoles se
vieron en la necesidad de utilizar ciertas formas de la organización social del
pueblo vasallo, como la poligamia y la obliga-ción de ayuda mutua entre cuñados
para desenvolver e intensificar la explotación de una casta por otra, y para
disfrazarla al mismo tiempo.
La relación feudal se desarrolló y se fortaleció
dentro de la envol-tura de una relación de tipo patriarcal, cuya apariencia
familiar ha servido para ilusionar no sólo a una parte de los guaraníes,
educados en la moral fraternal de la sociedad comunista primitiva, sino
tam-bién a trained anthropologists como Steward y Service.
Este desarrollo fue posible por el tipo de economía
agraria que surgió de la servidumbre de la mujer indígena. No podía ser el
cultivo de campo o de huerta de tipo español. Necesariamente, los
conquis-tadores tuvieron que adaptar su modo de producción al de trabajo de los
guaraníes para poder transformarlos en una clase explotada de su propio sistema
económico-social.
La sociedad de los pueblos guaraníes estaba basada
en una eco-nomía de tipo “neolítico” (cultivo de rozado, hacha de piedra
pulida, arco y flecha, canoa, cerámica, grandes casas de madera). Tenía su
centro en la aldea semisedentaria y fortificada. Cierto número de al-deas
formaban algo así como una confederación tribal. Cada aldea estaba constituida
por cuatro o siete casas largas. Cada una de ellas pertenecía a un gran grupo
doméstico, predominantemente patrili-neal, encabezado por un jefe. El jefe de aldea
era el jefe de uno de estos cuatro o siete grandes grupos cooperativos. Cada
uno de estos grupos tenía su propio rozado, hecho colectivamente y subdividido
en pequeños lotes familiares. La propiedad de la tierra era comunal.
Los pueblos guaraníes eran esencialmente guerreros,
lo que esta-ba en relación con su modo de cultivo, que los obligaba a trasladar
la aldea periódicamente.
En relación con las tribus cazadoras y recolectoras
del Chaco, de las planicies argentinas y de la selva densa (guayaquíes y tupies),
los pueblos guaraníes representaban un nivel de cultura más alto.
Naturalmente, los españoles se hallaban en un nivel
de cultura incomparablemente superior, y este es el factor fundamental que los
capacitó para someter con un pequeño cuerpo militar a toda una tribu guaraní.
Ahora bien, el hecho decisivo es que, a pesar de su relativo atraso, el sistema
económico y político de los guaraníes ya contenía ciertos elementos que los
colonizadores europeos podían utilizar y de-sarrollar con miras a crear una
economía de productividad superior y establecer sobre ella una dominación de
clase que pudiera ser conso-lidada a largo plazo. Estos elementos aprovechables
eran, en primer lugar, el modo de cultivo de los guaraníes, que era capaz de un
ren-dimiento considerable y que permitía la vida en aldeas relativamente
duraderas; además, la técnica indígena de conservación de alimentos; el papel
especial de la mujer en la agricultura; el matrimonio poli-gámico con
residencia en la casa del marido y con obligación de la mujer de sostener a
éste; ciertas formas de trabajo colectivo en la agri-
cultura; la relativa autoridad de los jefes de
aldea y de los jefes de los grupos cooperativos que integraban la aldea, así
como la tendencia de la jefatura a transformarse en un rango hereditario.
La base de la economía guaraní era una chacra de
tipo primitivo. Se caracterizaba por los siguientes elementos: el cultivo en
terreno desmontado; la lluvia como único riego; el abono natural por medio de
las cenizas de la vegetación quemada; la interrupción del cultivo de un terreno
cuando su productividad descendía sensiblemente; el predominio del cultivo de
la mandioca y del maíz, además del poro-to (frijol), batata, maní, calabaza,
algodón, tabaco y otras plantas; el cultivo manual con empleo de un instrumento
de madera elaborado por el propio dueño de la chacra. A este nivel técnico
correspondían la propiedad comunal de la tierra, el papel que la división del
trabajo social atribuía a la mujer en el cultivo y el uso de ciertas formas
coo-perativas de trabajo.
Los invasores españoles, constituidos en casta
militar dominante, se vieron en la necesidad de adoptar este modo de cultivo en
cierta medida, desarrollándolo por medio de la técnica europea. Que no lo
hicieron voluntariamente lo prueba el hecho de que, a la larga, la casta
dominante tuvo que renunciar a dos elementos fundamentales de la civilización
europea del Mediterráneo: el pan y el vino, reemplazán-dolos por la mandioca y
el agua. El español introdujo en la chacra guaraní ciertos elementos fundamentales
de la técnica europea. En primer lugar, el hierro y la tracción animal (con
bueyes). Tuvieron éxito algunos cultivos nuevos, entre ellos la caña de azúcar,
la banana y la naranja. Pero su importancia era secundaria. El empleo de azada
y arado dio lugar a un aumento de la productividad del trabajo. Pero fue un
aumento relativo, parcial, porque estos instrumentos siguieron siendo
elaborados en casa, con madera y hueso. Por consiguiente, la cuestión del
número de brazos empleados fue la cuestión principal. Sólo mediante la
explotación permanente de un mínimo de diez mu-jeres indias podía sustentarse
el conquistador y, además, obtener un sobreproducto para el cambio. Además,
muchos de ellos tenían indios esclavos (uanaconas u “originarios”).
La transformación que sufrió la pequeña economía
agraria de los españoles fue profunda. Los hechos demuestran que lo que sucedió
en el Paraguay no se reduce a que los españoles renunciaran a la “cultura de
clase alta”, introdujeran una cultura rural hispana, rebajaran su estándar de
vida y cambiaran de menú, como lo presentan Steward y Service. Tampoco es
exacto que se adaptaran siplemente a una econo-mía “de subsistencia”, lo que,
además de contradecir la tesis anterior, no tiene bastante en cuenta la tendencia
de la chacra colonial a pro-ducir para la venta, aunque en pequeña medida. El
hecho histórico es que la minoría invasora no tuvo otro remedio que reemplazar
el modo de cultivo europeo por el modo de cultivo guaraní y desarrollar este
último por medio de la técnica europea, por ser ésta la única vía posi-ble para
transformar la nacionalidad autóctona, dueña de la tierra, en una casta
sometida a la explotación feudal.
Este proceso histórico no consistió en una simple
“aculturación” unilateral de los indios por los señores feudales. Tampoco
consistió en una asimilación mutua de dos culturas, una superior y otra
infe-rior. Fue un movimiento contradictorio, hacia atrás y hacia delante a la
vez. Hubo, en cierto grado, una ruptura con el modo de cultivo guaraní. Del
desarrollo de este último bajo la influencia de la cultura europea, superior,
nació algo nuevo, la chacra paraguaya tradicional. Sobre esta base se
reconstruyó el Paraguay colonial. Sobre la misma base empezó la formación de la
nueva nacionalidad.
Según Service, la base económica y social de la
nación fue tachada durante un período idílico de “alianza” y “prevalencia de
relaciones de parentesco” entre conquistadores e indios, anterior al
establecimiento de la dominación colonial. Esta última habría empezado sólo
desde 1580, es decir casi medio siglo después del comienzo de la coloniza-ción.
Los hechos históricos dicen todo lo contrario. Poco después de la represión
terrorista de la primera gran conjuración guaraní, estalló la sublevación de
las mujeres siervas bajo la jefatura de la india Julia-na, que murió como
heroína, ajusticiada. En 1543 se produjo el ter-cer movimiento de resistencia,
que también fue reprimido de manera terrorista. Después de expulsar al
Adelantado Núñez Cabeza de Vaca, los conquistadores, autorizados por Irala, no
sólo intensificaron la sustracción de mujeres indígenas, sino que emprendieron
la tarea de obligar a los guerreros guaraníes a trabajar para ellos en las
chacras. Al mismo tiempo, los métodos de explotación se volvieron cada vez más
duros y crueles. En respuesta, estalló el levantamiento general de los
guaraníes del año 1545, cuya importancia Service se empeña inú-tilmente por
disminuir. La sanguinaria campaña de represión de esta formidable insurrección
quebró para siempre la fuerza de resistencia de la tribu guaraní cercana a
Asunción. Sin embargo, la resistencia armada de los pueblos guaraníes rebeldes
continuó hasta las primeras décadas del siglo XVII. En total, abarca un siglo.
Como resultado del baño de sangre de 1545, la
organización tri-bal de los guaraníes vecinos de Asunción fue destruida. En
consecuen-cia, pudo establecerse el régimen de la “encomienda”, fundada en el
trabajo forzado de los indios, el resto de la gran tribu fueron reparti-dos
entre trescientos conquistadores en forma desigual. Este régimen de explotación
feudal de casta sólo podía consolidarse estabilizando definitivamente las
aldeas guaraníes. Su estabilización fue posible sobre la base de que, en sus propias
comunidades, la población nativa pasara a un cultivo más permanente por medio
de la azada, del arado y del trabajo masculino.
Los “pueblos de indios” así constituidos sirvieron
para regulari-zar el trabajo forzado de los guaraníes en provecho de los
conquis-tadores y de sus sucesores. Fijando y apartando los indios dentro de
estas comunidades locales, la clase dominante de los encomende-ros logró
conservar la nacionalidad guaraní con una casta inferior, servil, de la
sociedad colonial española. Pero, al mismo tiempo, los “pueblos de indios” han
servido para descomponer cada vez más, en el curso de los siglos, los restos de
la organización tradicional de la nacionalidad oprimida. En efecto, las
comunidades indígenas ter-minaron por transformarse en aldeas de campesinos.
Sobre la base del desarrollo de la chacra guaraní mediante la nueva técnica y
la cría de ganado en pequeña escala, pudo realizarse una diferencia-ción
paulatina de clases en el seno de los mismos guaraníes. De esta manera, al
final de la dominación española y durante la dictadura de Francia, los
campesinos guaraníes se asimilaron a los campesinos paraguayos, hasta que —a
mediados del siglo XIX— pudo efectuarse su fusión definitiva con la nación
paraguaya. Esta transformación interna de las comunidades guaraníes,
influenciada no tanto por la acción “aculturadora” de unos cuantos encomenderos
como por el carácter y el progreso de la sociedad paraguaya en su conjunto, no
es comprendida por Steward y Service.
Es necesario destacar que, incluso después del
aplastamiento sangriento de la insurrección general de 1545, el régimen feudal
de la encomienda no hubiera podido consolidarse en el Paraguay si la sociedad
guaraní anterior a la conquista no hubiera llegado a un de-terminado nivel de
estructura política. Entre los guaraníes, la jefatura de aldea, así como la
jefatura de los grupos domésticos cooperativos que constituían la comunidad
local, gozaba de una autoridad relati-vamente fuerte. Los conquistadores la fortalecieron
para apoyarse en ella. Service trata de negar el papel que ha desempeñado la
jefatura guaraní en la consolidación del sistema colonial, con la preocupación
de destacar el papel de los encomenderos como creadores de la socie-dad y
cultura paraguayas. Sin embargo, hay pruebas de que los jefes de los “pueblos
de indios” conservaron una influencia considerable hasta el fin del régimen
colonial.
Sobre el fundamento de la modernización de la
chacra guaraní, mediante la represión despiadada de la oposición de los dueños
de la tierra y mediante la transformación de los jefes nativos en agentes de la
explotación de su propio pueblo, la civilización europea pudo establecer una
sólida base de operaciones en el interior del continente. Esta vía de
desarrollo divergía de las demás colonias españolas y de las colonias
portuguesas, que se formaron alrededor de ciudades comerciales situadas cerca
del mar, sobre la base de la minería y de grandes plantaciones, en dependencia
directa de la gran burguesía de Sevilla, Cádiz y Lisboa. En oposición a esta
línea de desenvolvimiento, el Paraguay se formó como una colonia de pequeños
agricultores.
A fines del siglo XVI se formaron estancias
ganaderas y explo-taciones de yerba mate sobre la base del trabajo forzado de
los in-dios dados en encomienda. De estas tres formas de explotación —la
chacra, la estancia y el obraje de yerba mate—, este último es el que tenía un
carácter comercial más pronunciado, pues durante los siglos siguientes, la
yerba mate era exportada al Río de la Plata, a Chile y al Perú. Por la misma
razón, es en los yerbales donde arraigaron los métodos más crueles y
destructivos de explotación de los indios. Allí el método feudal-patriarcal de
explotación tuvo que ceder ante el im-perio de la ley capitalista de la
ganancia, que imponía un método de explotación feudal de tipo esclavista.
Sin embargo, la chacra guaraní europeizada continuó
siendo el cimiento principal del Paraguay colonial. Ella se desenvolvió por
tres cauces: la chacra trabajada por indios encomendados para el señor feudal,
la chacra del campesino mestizo libre y la chacra de los in-dios guaraníes en
sus comunidades sedentarias, llamadas “pueblos de indios”. En el curso de tres
siglos, estos tres cauces confluyeron. Esa unidad económica se convirtió en el
basamento de una nueva nación. El cauce principal no fue la encomienda, sino la
pequeña economía del campesino mestizo libre, que combinaba el cultivo con la
cría de ganado en pequeña escala.
La extraordinaria rapidez y amplitud con que se
efectuó en el Paraguay el proceso de la fusión de razas no fue el fruto del
“amor” de las mujeres guaraníes a sus patrones extranjeros, como lo pintan
Efraím Cardozo y tantos otros falsificadores de nuestra historia, sino que fue
el resultado de la necesidad económica en que se vieron los conquistadores de
resolver el problema fundamental de la mano de obra, esclavizando a masas de
mujeres guaraníes en el trabajo de cha-cra y engendrando el mayor número posible
de hijos mestizos con miras a hacerlos trabajar en la agricultura y en la cría
de ganado. Si al Paraguay inmigraron muy pocos españoles y sólo
excepcionalmente alguna mujer europea, se debe a que era una economía agrícola
de nivel inferior a la de España, sin pan ni vino. No podía atraerlos. En una
colonia de pequeños agricultores pobres no había perspectivas de ganancias
fáciles. Esta es la causa de que en el Paraguay, después de la muerte de los
conquistadores, la casta superior europea quedó muy debilitada numéricamente.
En gran medida, los criollos mestizos tuvieron que reemplazar a los españoles
inevitablemente, como encomenderos, estancieros, miembros del Cabildo de
Asunción y fun-cionarios locales.
A consecuencia de este cambio, en el Paraguay no ha
podido cristalizar una estructura jerárquica de cuatro castas como en otras
colonias españolas. La casta superior europea y la casta inferior de negros y
mulatos tuvieron una importancia relativamente pequeña, en razón de que ni
comerciantes españoles ni esclavos africanos tenían un papel particularmente
importante que desempeñar en un país de pequeña agricultura de tipo
relativamente primitivo. La estructura de castas quedó simplificada. La
principal división de castas era entre los mestizos, que eran llamados
“españoles”, y los indios. Y ambos habla-ban el mismo idioma, lo que atenuaba
el antagonismo de castas en cierto grado. La casta de los criollos mestizos3 alcanzó
en el Paraguay un estatus superior al que tenían en la mayoría
de las colonias espa-ñolas. Estas condiciones eran favorables para que la
diferenciación de clases se desarrollara en el seno de los mismos mestizos, que
pronto llegaron a ser la mayoría de la población.
En ausencia de una base productiva en que pudiera
apoyar-se, no pudo formarse en el Paraguay, como en otras colonias, una
aristocracia de criollos de sangre y cultura europeas sobrepuesta a la masa de
los mestizos. En consecuencia, se formó una aristocra-cia criolla mestiza, que,
junto con la minoría española comerciante, formó el patriciado de Asunción. Su
órgano de poder era el Cabil-do, que los historiadores paraguayos suelen
describir, erróneamen-te, como un poder popular democrático. La mayoría de los criollos
mestizos estaba formada de campesinos libres. Pero éstos no tenían ninguna
participación en el Cabildo, ni siquiera en la elección de sus miembros.
El hecho de que la diferenciación de clases se
desarrolló en el seno de los mismos criollos mestizos en lugar de cristalizar
una opo-sición de castas raciales, es un hecho que ha favorecido y acelerado la
formación de una nueva nación. Aquellos factores que Steward con-sidera como
taras de nacimiento de la nación paraguaya, la ausencia de una aristocracia
latifundista exportadora, con barniz de “cultura hispana de clase alta”, y el
predominio de “una mezcla racial de cam-pesinos europeizados”, son justamente
los factores que han facilitado
3 En el Perú y otras colonias españolas, el término
“criollo” designaba a los nativos que descienden de españoles europeos sin
mezcla con indios. Como en el Paraguay faltaba esta capa social, el término
“criollo” pasó a significar el nativo paraguayo en general, que es mestizo. Por
esta razón, el autor emplea el término “criollo mestizo” para designar a la
masa de los nativos paraguayos. Donde el término “criollo” apare-ce solo, tiene
la misma significación.
la formación particularmente rápida de una nación
internamente uni-da como tal.
Indudablemente, el idioma guaraní ha sido otro
factor que ha contribuido poderosamente a la formación nacional. Steward y
Ser-vice se ven en apuros para explicar cómo pudo el idioma del pueblo oprimido
imponerse como el idioma nacional predominante a pesar de que, según ellos, los
encomenderos europeizaron por completo a mestizos e indios en poco tiempo. Sus
explicaciones tienen algo de ridículo.
La causa fundamental de que el idioma de la
nacionaldiad opri-mida se impusiera como el principal idioma de todo el pueblo
y de la futura nación, debe ser buscada en el papel predominante que las
mu-jeres guaraníes, como fuerza de trabajo, desempeñaron en las chacras de los
conquistadores.
Estas mujeres estaban allí no sólo para
trabajarlas, sino también para proveer a sus dueños de numerosos hijos que las
trabajaran en el futuro. Entre la masa de las mujeres esclavizadas y los
conquistadores no existía una relación de convivencia entre iguales sino una
relación de servidumbre personal. La mayoría de las mujeres siervas residía en
las chacras fuera del recinto de la “ciudad” de Asunción. El señor deja-ba a
cargo de sus siervas educar a sus hijos pequeños, de los cuales se ocupaba muy
poco. En consecuencia, los hijos mestizos aprendieron el idioma materno junto
con el trabajo en la chacra. El guaraní era el idioma de la chacra. Esta es la
razón principal por la cual se convirtió en el idioma de la nueva nacionalidad.
En vano Steward y Service procuran disminuir la
significación que tiene el hecho de que la nación paraguaya hable un idioma
ame-ricano. Según ellos, se trata de un rasgo excepcional de la cultura
pa-raguaya. En la realidad histórica, esta comunidad de idioma ha sido uno de
los factores que en mayor grado han contribuido para que la población del
Paraguay adquiera conciencia de nacionalidad y, más tarde, conciencia de
nación.
Piensa Service que la posición social relativamente
alta que los criollos mestizos ocupaban en el Paraguay era resultado de un
núme-ro. Criterio demasiado simplista. El fundamento de su estatus era
su condición de “vecino” de la ciudad, de las villas y de los pueblos. En la
generalidad de los casos, “vecino” significaba dueño de campesinos libres y
andaban armados. Entre esta nueva capa social y los conquis-tadores surgió bien
pronto una contradicción. Se produjeron subleva-ciones de mestizos en el primer
siglo. La presión de los criollos, que buscaban nuevas posibilidades de
ascender socialmente, dio lugar a la fundación de muchas ciudades, entre ellas
Buenos Aires.
La
nueva nación no surgió de un proceso de desnacionalización,
de la acción “aculturadora” de unos cuantos señores
feudales venidos de fuera, sino que surgió del desenvolvimiento de una nueva
sociedad. Naturalmente, la sociedad colonial no podía ser otra cosa que una
reproducción de la sociedad del país dominante, España, modificada por la
explotación de casta. Solamente en la medida en que, en el interior del sistema
colonial y en lucha contra él, se desarrollaron los elementos de una sociedad
nueva, con una base económica y social propia, con características distintivas
y con conciencia de sí misma, pudo formarse la nueva nación. La fuerza
impulsora de este proceso han sido los criollos mestizos, particularmente los
campesinos. En el último siglo de la colonia, ya eran llamados “paraguayos” en
el len-guaje corriente.
La sociedad paraguaya no se formó en función del
sistema colo-nial, sino en función de sus contradicciones con
el sistema colonial, a través de una lucha secular contra la dominación de
España.
Las
contradicciones con el sistema colonial
El desenvolvimiento del Paraguay chocaba con una
serie de factores que lo contradecían y lo dificultaban al extremo. Tres eran
las contra-dicciones principales: en primer lugar, la contradicción con el
abso-lutismo monárquico de España, con el Virreinato del Perú —del cual
dependía el Paraguay— y, secundariamente, con la ciudad de Buenos Aires, es
decir con el régimen colonial en su conjunto. En segundo lugar, la
contradicción con la colonización portuguesa, que avanzó constantemente sobre
el Paraguay en busca de indios guaraníes para llevarlos como esclavos a las
plantaciones y a los ingenios de azúcar del Brasil. En tercer lugar, la
contradicción con los pueblos indígenas del Chaco y del norte, de economía
cazadora y predatoria. Cuando, más tarde, los portugueses se aliaron con estos
pueblos indígenas re-beldes, el Paraguay se vio en un verdadero cerco de
fuerzas hostiles que hacían peligrar su existencia constantemente. Los
campesinos se veían en la necesidad de permanecer en estado de alerta, listos para
tomar las armas y acudir a los puestos de defensa.
Colocado el Paraguay, desde temprano, en el choque
de todas las contradicciones, enfrentando a fuerzas enemigas que hablaban otros
idiomas, la conciencia de nacionalidad de los criollos paraguayos te-nía que
nacer y fortalecerse más rápidamente que la de otras pobla-ciones de la América
hispana y portuguesa.
La contradicción fundamental ha
sido siempre la que existía en-tre el desarrollo de las fuerzas productivas del
Paraguay y el sistema colonial español.
Según muchos historiadores, los frecuentes
conflictos del Para-guay con el absolutismo monárquico eran simplemente la
expresión
de un espíritu de independencia local o urbana,
determinado por el aislamiento geográfico del país, por su ubicación
mediterránea y por el amor a la libertad. Es un punto de vista superficial.
Este conflicto era un choque entre intereses muy concretos.
La monarquía española y la burguesía comercial de
Sevilla y Cá-diz no tenían mayor interés en una colonia de labradores. Por eso,
nunca quiso el rey costear el mantenimiento de un aparato militar en el
Paraguay. Siendo el comercio exportador muy limitado, no existía en Asunción
una casta de españoles suficientemente fuerte para con-solidar la dominación de
España. Los criollos paraguayos fundaron Buenos Aires y Santa Fe para abrir
vías de comunicación con el mer-cado exterior. Pero el comercio colonial español
estaba en manos de un monopolio oficial que tenía interés en impedir que Buenos
Aires se convirtiera en el centro de nuevas vías comerciales. Quiere decir que
el Paraguay fue aislado no tanto por su situación geográfica como por el
sistema colonial, por los intereses de clase a los que éste servía. Su
aislamiento fue acentuándose cuando el gobierno del rey separó el Paraguay de
Buenos Aires, formando dos provincias. Por otra parte, los productos que el
país exportaba, particularmente la yerba mate, no tenían su mercado en España,
sino en otras provincias americanas. Este conjunto de factores tenía que dar
lugar a que el Paraguay fuera menos dependiente del poder español que las otras
colonias. A la mo-narquía le convenía que esta colonia pobre, que no daba
ganancias, se las arreglase como pudiera. A pesar de que los campesinos
paragua-yos defendían el imperio colonial de España, incluso el Perú, contra el
avance portugués, los reyes descargaban sobre ellos todo el costo de la
defensa. Los campesinos se veían en la necesidad de costear todo su equipo
militar y emplear gran parte del año en la defensa de la provin-cia, en lugar
de emplear ese tiempo en el desarrollo de la producción. Esta era una de las
causas principales del atraso en que se debatía el país. Inevitablemente, una
situación así tenía que engendrar un fuerte resentimiento contra la dominación
de España. Dada la debilidad ex-cepcional de los vínculos de dependencia que
ligaban la colonia a Es-paña, este resentimiento tenía que asumir relativamente
temprano la forma de una conciencia nacional, aunque confusa en sus comienzos.
Este ha sido un proceso de larga duración. No es
exacto que los primeros choques de los conquistadores con el poder central de
Es-paña fueran luchas por la “libertad”, precursoras de la independencia
nacional. El interés que movía a estas luchas iniciales era la lucha de los
conquistadores por apoderarse de la fuerza de trabajo de los gua-raníes, para
esclavizarlos, sin limitaciones legales. El Estado monár-quico no se oponía al
trabajo forzado de los indios en América, sino que tendía a limitarlo legalmente
en provecho propio. Los conquista-
dores, más tarde encomenderos, luchaban contra
estas limitaciones legales. El motín contra el adelantado Núñez Cabeza de Vaca
estuvo movido por este fin principal. Se explica que la idealización que de
este motín han hecho muchos historiadores sea grata al paladar de la clase
dominante de nuestro país, la de los grandes terratenientes, explotadores de
campesinos pobres.
La contradicción fundamental entre la colonia y el
sistema colo-nial deriva de las trabas que éste oponía a la comercialización de
los productos del Paraguay y, por tanto, al desenvolvimiento de sus fuer-zas
productivas. Cuando Steward afirma que el atraso del Paraguay, pasado y actual,
se debe a que su economía ha estado orientada hacia el consumo propio desde los
primeros orígenes, sólo demuestra no comprender que la ley fundamental de la
historia paraguaya —hasta la Guerra de 1864-1867— ha sido precisamente la lucha
por el libre comercio y por la libre navegación de los ríos, la lucha secular
por abrirse paso hacia el mercado mundial. En el fondo, ha sido y es una lucha
del pueblo paraguayo por ocupar su lugar en el progreso general de la
humanidad.
Además de diversas otras trabas al comercio y a la
navegación, los productos exportables de la colonia sufrían el peso de
impuestos múltiples y excesivos. En consecuencia, no ingresaba moneda al país y
el cambio de mercancías se realizaba en la forma de un cambio directo de
productos. Sin embargo, no se debe subestimar el carácter mercantil de la
economía colonial del Paraguay, porque este cambio se efectuaba de acuerdo a
una escala fija de precios, basada en un pa-trón monetario ideal establecido
legalmente.
Está claro que el atraso de la economía colonial
del Paraguay des-de el punto de vista mercantil y capitalista no provenía de
debilidades inherentes a la nueva nación, sino que, por el contrario, provenía
de los obstáculos que el sistema colonial oponía al desenvolvimiento del cambio
y, por tanto, de las fuerzas productivas. La formación de la nación se operó
precisamente en lucha contra tales obstáculos.
El
predominio de la corporación jesuítica
La contradicción del Paraguay con el absolutismo
feudal de España se agudizó extraordinariamente a raíz de la introducción de la
Compañía de Jesús. No es casual que fuera precisamente el Paraguay donde la
monarquía reaccionaria concedió poderes y previlegios tan enormes a esta
corporación feudal, creada y adiestrada especialmente como una organización de
lucha militante contra los movimientos revoluciona-rios de la joven burguesía
europea.
Triple fue la misión que el absolutismo
reaccionario confió a la orden jesuítica: primero, someter y organizar las
tribus guaraníes re-
beldes, que las armas de los conquistadores no
habían podido some-ter; segundo, crear de esta manera un poder económico,
político y militar capaz de contrapesar y doblegar el poder de los encomenderos
del Paraguay y de mantener al pueblo sometido a la dominación co-lonial; y
tercero, crear un dique contra la creciente expansión de los “bandeirantes”,
feroces cazadores de esclavos al servicio de los “fazen-deiros” del Brasil.
Mucho es lo que se ha escrito acerca del “imperio
jesuítico” en el Paraguay. Las interpretaciones pecan de unilaterales. Las
reducciones de guaraníes no han sido ni comunidades religiosas, ni un Estado,
ni un régimen comunal, ni una empresa capitalista, aunque han tenido ciertos
elementos de todos estos tipos de organización. Las “misiones” o “reducciones”
jesuíticas no podían ser una cosa distinta de lo que era la propia Compañía de
Jesús: una organización corporativa de carácter feudal, con grandes privilegios
típicamente feudales, al ser-vicio del absolutismo y del sistema colonial. En
cuanto al régimen de trabajo de los guaraníes en esa economía corporativa, no
era de tipo esclavista, sino de tipo feudal-patriarcal. Mediante una
combinación de métodos refinados de dirección ideológica (religiosa), de
métodos rigurosos de coerción estatal y de métodos calculados de acumulación
capitalista, los jesuitas lograron organizar una severa disciplina de trabajo
colectivo, un tipo superior de explotación feudal, adaptado a las condiciones
sociales de los guaraníes.
En contra de lo que se supone generalmente, los
jesuitas no nece-sitaron inventar en el Paraguay ningún plan ideal de
organización. El trabajo colectivo de los indios en chacras comunales estaba
ordenado por la legislación española para todos los pueblos de indios. Lo nuevo
que han hecho los jesuitas es concentrar una gran masa de indios para el
trabajo obligatorio, colectivo y metódico en grandes plantaciones y estancias
de propiedad de la corporación jesuítica, con el objeto de lograr un
sobreproducto considerable por encima de las necesidades del consumo local,
realizar ganancias monetarias y una acumulación de capital en beneficio de la
Compañía. De esta manera organizaron, dentro de un territorio compacto que
abarcaba treinta grandes pue-blos, un sistema económico, social y político de
productividad muy superior a la de la economía colonial del Paraguay.
Apoyándose sobre esta base territorial autónoma, la
Compañía extendió su actividad económica y su influencia política sobre el
con-junto del Paraguay. Llegó a dominar el comercio de la yerba mate, el
principal artículo exportable del país. Competía ventajosamente con los
comerciantes españoles y criollos de Asunción hasta en el mercado interno,
además de sustraerles el mercado de los treinta pueblos jesuí-ticos. Mediante
su poder económico y su enorme influencia política
dentro y fuera de la colonia, la Compañía
controlaba la gobernación del Paraguay. En todos estos aspectos de su
actividad, la corporación jesuítica actuaba como el brazo derecho del
absolutismo feudal cum-pliendo su función principal de consolidar la dominación
colonial so-bre la disconforme e inquieta provincia del Paraguay.
De esta manera, esta corporación feudal, integrada
casi totalmen-te por extranjeros, llegó a convertirse en la traba principal al
desarro-llo económico del Paraguay, al mismo tiempo que en el órgano más
representativo del absolutismo español y de la dominación extranjera.
La
Revolución Comunera
Los jesuitas iniciaron su actividad a comienzos del
siglo XVII. En la década de 1640 empezó la lucha política abierta contra el
predominio de la Compañía de Jesús y tuvo lugar su primera expulsión de
Asun-ción. La tensión fue agravándose hasta que explotó en la forma de un gran
movimiento revolucionario, la primera auténtica revolución democrática en la
América Latina.
En el curso de la Revolución Comunera, un proceso
que abarca todo un período (1719 a 1735), se distinguen claramente dos fases.
Durante la primera, la dirección de la revolución está en manos del patriciado
de Asunción y de su tradicional órgano de poder, el Cabil-do. En este período
los encomenderos impulsan la lucha con miras a adueñarse de los indios
guaraníes de las misiones jesuíticas. Des-pués de la primera victoria sobre el
ejército del gobernador de Buenos Aires, enviado por el virrey del Perú, el patriciado
se desmoraliza al comprobar que el virrey insiste en la reconquista de Asunción
por la violencia. El Cabildo traiciona la revolución y entrega la ciudad al
go-bernador de Buenos Aires. Desde este momento histórico, el patricia-do de
Asunción renuncia definitivamente a la lucha contra el sistema colonial. Se ha
asustado de la ola creciente del movimiento popular y teme perder sus
privilegios de clase.
En consecuencia, la dirección de la revolución pasa
a las manos de “el Común”, es decir el pueblo, no sólo de la capital sino
también de la campaña. Durante esta segunda fase, los campesinos se convierten
en la fuerza principal de la revolución, encabezados por los jefes de las
pequeñas guarniciones de los pueblos del interior. Tres veces se subleva “el
Común” y retoma el poder. Un gobernador designado por el virrey tiene que huir.
El obispo le sigue. Otro gobernador es muerto. El poder del Cabildo es suplantado
por una nueva forma de poder, una “Junta Gubernativa” con un “presidente” a la
cabeza. Es decir, el viejo aparato estatal es roto y reemplazado por un poder
popular. Pero los comuneros cometen el error de entregar el poder a hombres de
alto rango que traicionan o se muestran incapaces de organizar la lucha
unida de las fuerzas revolucionarias. Es un pecado
común de las revo-luciones burguesas no maduras.
En consecuencia, la revolución es vencida en 1735.
Los jefes del pueblo son ahorcados. La Compañía de Jesús recobra su poder. El
Pa-raguay es castigado. El rey lo despoja de su fuero tradicional de elegir
gobernador cuando la gobernación se halla vacante. Desde comien-zos del siglo
anterior, el rey había prohibido que los comerciantes de Asunción utilizaran el
puerto de Buenos Aires para exportar y distri-buir la yerba mate y otros
productos. Tenían que usar Santa Fe como “puerto preciso”. Después de la Revolución
Comunera, la sujeción del Paraguay al “puerto preciso” se agrava. Por
consiguiente, aumentan considerablemente las dificultades para el comercio
exterior de la co-lonia. Sigue un período de decadencia.
Aunque la Revolución Comunera ha tenido vínculos
ideológicos con la revolución de los comuneros de Castilla del siglo XVI, su
con-tenido histórico es esencialmente diferente. Dos siglos separan estos
movimientos y las condiciones de ambas épocas mundiales y de am-bos países eran
completamente diferentes. Es un error considerar la revolución paraguaya del
siglo XVIII como un movimiento urbano o localista de señores feudales. Así
también, no se debe idealizar su contenido interpretándola como una revolución
de independencia. En ningún momento la Revolución Comunera levantó una consigna
sepa-ratista, no era posible en aquella época. Sin embargo, esta revolución ya
tuvo, objetivamente, cierto contenido nacional, además de su claro sentido
democrático.
La tradición de la Revolución Comunera se convirtió
desde en-tonces en un elemento sustancial de la naciente conciencia nacional.
Influyó ideológicamente en el movimiento emancipador del siglo XIX,
estimulándolo.
Los
últimos decenios antes de la revolución de independencia
En la segunda mitad del siglo XVII, bajo la
influencia de los cambios progresistas que introdujo el “despotismo ilustrado”
de España y de las reformas parciales que experimentó el sistema colonial
español, se produjeron ciertos cambios parciales de la vida económica del
Para-guay y en su sociedad.
Después de haber cumplido su misión de consolidar
la domina-ción colonial en esta provincia, la Compañía de Jesús fue expulsada
por orden del rey.
La incorporación de los pueblos jesuíticos suprimió
la división del país en dos partes contrapuestas y unificó el país. A pesar de
la rápida descomposición y decadencia que sufrieron las antiguas reduc-
ciones guaraníes, este proceso de unificación
contribuyó positivamen-te a la formación de la nueva nación.
Un cambio de gran trascendencia fue la fundación
del Virreinato del Río de la Plata, del cual pasó a depender el Paraguay.
Hasta entonces, la economía del país había sufrido
menos de la explotación de Buenos Aires que de las trabas que el sistema
colonial había opuesto al desenvolvimiento económico de Buenos Aires y al
comercio directo del Paraguay con Buenos Aires. Ahora, al convertir-se Buenos
Aires en capital de un virreinato, la situación se modificó. Los comerciantes
de Asunción pudieron volver a utilizar el puerto de Buenos Aires para exportar
la yerba mate y el tabaco a las provincias argentinas y a otras colonias. Se intensificó
la dependencia del Para-guay con respecto a Buenos Aires. Este cambio tuvo
resultados con-tradictorios. Por un lado, la economía del país fue beneficiada,
en cier-ta medida, por el rápido desenvolvimiento comercial de Buenos Aires.
Aumentó la exportación en cierto grado. El tabaco adquirió importan-cia como
artículo de exportación, lo cual contribuyó a desarrollar el carácter mercantil
de la economía de chacra. Pero este impulso sufrió un rudo contragolpe a raíz
de la implantación del estanco del tabaco por el Virreinato del Río de la
Plata. Desde entonces, la supresión del estanco del tabaco se convirtió en una
de las principales reivindicacio-nes de carácter nacional. Interesaba no sólo a
la burguesía comercial de Asunción, compuesta principalmente de españoles, sino
también a los campesinos. Esta reivindicación fue un poderoso estímulo del
movimiento emancipador del siglo XIX.
Sin embargo, el estanco del tabaco dio lugar a que
aumentara la circulación monetaria, lo que, a su vez, contribuyó a intensificar
el cambio. En este sentido, el progreso de Buenos Aires tuvo una reper-cusión
favorable, aunque débil, en la economía del Paraguay.
Otro factor que dio cierto impulso a las fuerzas
productivas fue la repartición de tierras del Estado para la formación de
estancias ganaderas. Mientras que en las provincias del Río de la Plata se
con-cedía tierra solamente a hombres ricos que compraban grandes lati-fundios,
en el Paraguay los gobernadores, libres del control central podían conceder
tierras a gente de pocos recursos. De este modo se difundió un tipo de estancia
más pequeño que la del Río de la Plata, y más productivo.
Mientras que en las provincias del Río de la Plata
la campaña estaba dominada por el gran latifundio exportador de cueros, y la
agricultura se concentraba en un cinturón alrededor de las ciudades portuarias,
el Paraguay se formó como un conjunto numeroso y ex-tendido de villas y pueblos
esencialmente agrícolas. Su único centro económico y político era la ciudad de
Asunción, que también era, en esencia, una villa de agricultores. Esta
formación particular se debía a que la economía del Paraguay, precisamente por
ser menos desarro-llada, era menos dependiente de España, del comercio
exterior, que la de las demás colonias. Su formación era menos colonial, y este
hecho —al revés de lo que piensa Steward— representaba una condición fa-vorable
para su formación como nación.
La fundación de nuevos pueblos, que duró hasta la
segunda mi-tad del siglo XVIII, daba lugar a la distribución de tierras del rey
a los “vecinos”, es decir a la formación de nuevas chacras. Además, se concedía
tierra del rey a los que ocupaban y explotaban en forma de chacra. También
había ocupación de tierras comunales, un proceso que afectó sobre todo a las
tierras de las misiones jesuíticas después de la expulsión de la orden
jesuítica. A estos diversos modos de am-pliar la ocupación de la tierra del rey
se sumaba la ya mencionada concesión de latifundios para estancias, que era
hecha en forma de una venta, pero sin una exigencia estricta de pago. Esto
significa que en el Paraguay el monopolio de tierra por el Estado monárquico
era más débil que en otras colonias. Había mayor facilidad para adquirir
tierra. Tal vez pueda decirse que, dentro de ciertos límites, funciona-ba un
régimen de tierra libre. Tal situación era resultado de que no existía una
economía latifundista orientada a la exportación, por lo cual no existía una
fuerte demanda de grandes extensiones de tierra por parte de capitales
privados. Por otra parte aquella continuada am-pliación de la propiedad
agrícola pequeña, sobre todo en el curso de la fundación de nuevos pueblos,
actuaba a su vez como un factor que contrarrestaba la tendencia inherente al
sistema colonial español de engendrar y fortalecer la propiedad latifundista
feudal y semifeudal. En el Paraguay colonial, la pequeña explotación del
campesino libre coexistía con la estancia latifundista sin que entre ambas
existiera un conflicto agudo por la propiedad de la tierra. En estas
condiciones, el campesinado libre pudo conservar, durante toda la época
colonial, su importancia como principal factor en el proceso de formación de la
nación. Esto le permitió convertirse, finalmente, en la fuerza decisiva de la
revolución nacional.
Otro aspecto progresista de la evolución de la
colonia durante la última mitad del siglo XVIII fue la creciente diferenciación
de clases en el seno de la población mestiza y, también, en el seno de las
comu-nidades de indios guaraníes.
En la ciudad de Asunción aparecieron los primeros
brotes, muy débiles todavía, de una burguesía comercial paraguaya y de una
inte-lectualidad nacional. Entre los campesinos libres ya existían algunos que
vendían regularmente una parte de su cosecha y contrataban jor-naleros. También
en las explotaciones de yerba mate, que anterior-
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mente sólo utilizaban el trabajo forzado de los
indios, se empleaban trabajadores asalariados a destajo. Ya entonces se
endeudaba a estos trabajadores para obligarlos a permanecer en el trabajo. Un
germen de proletariado urbano estaba representado por los obreros del
trans-porte fluvial y por los portuarios de Asunción. En los pueblos de in-dios
había aparecido una capa que disponía de mayores medios de producción y de más
cabezas de ganado que la mayoría. Este proceso fue acelerado por la supresión
de las encomiendas en 1803, que fue consecuencia de una presión insistente de
la opinión pública.
A fines de siglo, los criollos mestizos habían
superado amplia-mente en número a la población de los pueblos de indios, que
también era mestiza en gran parte.
La conciencia nacional había hecho considerables
progresos. Se manifestaba particularmente en el odio de los paraguayos a la
mi-noría española dominante. En este sentido, el Paraguay participaba de una
efervescencia sorda que existía en la mayoría de las colonias americanas de
España.
Las ideas nuevas que prepararon la Revolución
Francesa, y Bue-nos Aires como su centro de difusión, ejercieron una influencia
posi-tiva y estimulante sobre los intelectuales paraguayos que surgieron a
fines de la dominación española.
No es exacto que la colonia tuvo un período de
florecimiento a fi-nes de la dominación española, como sostienen Sánchez Quell
y algu-nos otros; tampoco es exacto que el Paraguay permaneció completa-mente
ajeno a los cambios progresistas que se operaron en el Río de la Plata. Hubo
cierto desarrollo de las fuerzas productivas y del cambio, que nuevamente fue
frenado por el sistema colonial. En consecuencia, los elementos burgueses que
trataban de levantar cabeza eran empu-jados, de hecho, en dirección a la revolución
nacional.
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René
Dávalos
El
contexto de nuestra acción*
Una de las características más significativas de
nuestro siglo acaso sea la creciente importancia que han ido adquiriendo tanto
la cultura como sus sostenedores: los intelectuales. Se podría citar, para
hacer evidente lo anterior, una impresionante serie de hechos a escala mundial.
Considerando sólo el período comprendido desde 1945 —es decir el final de la
Segunda Guerra Mundial— hasta aquí, el acrecen-tamiento de la importancia
político-social del arte y de todas las crea-ciones culturales, se ha manifestado
por ejemplo en la fundación del Congreso por la Libertad de la Cultura,
efectuado en junio de 1950 en la parte de Berlín ocupada entonces por los
aliados occidentales; or-ganismo que en definitiva no haría en ese momento más
que defender en nombre del Occidente cristiano, la idea más elemental de
libertad, manifestada sobre todo como anticomunismo activo, mientras que el
sector socialista organizaba a su vez el Congreso por la Paz, que giraría
alrededor de la idea central de que “la paz y la libertad son inseparables”.
Varios años después, mientras los intereses
políticos chinos y so-viéticos empezaban a diverger acusadamente, su funda el
“Congreso
* René Dávalos 1966 “El contexto de nuestra acción”,
en Criterio, Asunción, Nº 2, pp. 2-5.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
de escritores Afroasiáticos” que nuclea a un
importantísimo número de intelectuales de ambos continentes, hasta que el año
pasado en la reunión celebrada en Pekín —y debido a que las diferencias
chino-soviéticas se han tornado irreversibles— se escinde el “Congreso” en dos
organismos homónimos, uno de los cuales sigue funcionando en Pekín y recibe la
visita de Mao Tse-Tung, mientras que el otro se tras-lada a El Cairo con el
beneplácito de los soviéticos.
Pero los procesos de esta índole no ocurren
solamente a nivel internacional, con la institución de organismos que, de
acuerdo a una mayor o menor suspicacia podrían considerarse más o menos
artificiales, sino que se manifiestan con igual o mayor intensidad a nivel de
los diversos países individualmente considerados, casi sin que tenga
importancia en cuál de los tres bloques en que se divide el mundo de hoy se
encuentre el país en cuestión. Lo interesante del caso es que prácticamente
cualquier suceso o proceso de importan-cia, determinados por la acción de los
centros de poder intra o extra fronteras, adquiere, además de la repercución
usual y esperada al ni-vel político, una incidencia nueva, extraordinariamente
significativa, en el ámbito cultural.
Bajo sugestivo título incluía recientemente la
revista Mundo Nue-vo, editada por el Ilari (sección para
Latinoamérica del Congreso por la Libertad de la Cultura) bajo la
dirección del uruguayo Emir Rodrí-guez Monegal, una serie de documentos sobre
“la guerra del Vietnam y los intelectuales” en cuya introducción se lee,
haciendo referencia a los intelectuales franceses en la época de la guerra de
Indochina (y el plan Navarre de prolongación y extension del conflicto en esa
zona asiática), es decir, antes de la desastrosa derrota sufrida por los
franceses en Dien-bien-Phu a manos del general Vo Nguyen Giap en la primavera
de 1954, “Levantándose contra los intereses nacionales de una potencia colonial
que era su propia patria, esos intelectuales hicieron la crítica desde adentro,
como lo harían más tarde respecto a Argelia. Hoy son los intelectuales
norteamericanos los que hacen la crítica de la intervención de su patria en el
Vietnam” (Mundo Nuevo Nº 2, agosto de 1966). Desde luego —como
recalca el articulista— la crítica efectuada desde adentro por intelectuales,
de quienes no siem-pre se puede sospechar oposición insospechada y/o
subversiva, tiene una efectividad tremenda.
En China ocurre el proceso igualmente significativo
de la “Revo-lución Cultural”, única por la peculiaridad de sus manifestaciones,
que, aparentemente por los menos, no tiene precedente en la historia de la
humanidad. En efecto, algo muy importante ha debido ocurrir en ese país con la
cultura y los intelectuales para que su Vice Primer Ministro y Ministro de
Relaciones Exteriores, mariscal Chen Yi, que
52 .py
como antiguo compañero de luchas del presidente Mao
ha colabora-do en la “construcción del socialismo” desde la triunfante
revolución comunista de 1949, afirme categóricamente “procuramos eliminar la
clase intelectual” y aún explique que los errores de Stalin en Rusia no fueron
precisamente la hipertrofia del culto a la personalidad, ni las “purgas”
masivas, ni la represión sistemática (“Jruschov dijo que Sta-lin había matado
mucha gente. Eso no es lo importante. Que estimu-laba el culto de la personalidad.
Eso no es importante. Que era un ti-rano. Es cosa secundaria”), sino su fracaso
en el intento de solucionar el problema de los intelectuales y la cultura,
sobre los cuales giraría, a su modo de ver, el proceso de la “degeneración
revisionista”, llamada por él mismo “la gran tragedia”, que ha terminado por
escindir el blo-que socialista al plantear una situación que —como hace notar
Carlos Núñez— va mucho más allá de la “simple discrepancia de exégesis” y
alcanza a modificar la cosmovisión de millones de seres.
Todo esto ocurre mientras día tras día las noticias
de los diarios nos traen escalofriantes novedades acerca del proceso de la
“Revolu-ción Cultural”, de la “remodelación de la cultura”, para la cual son
por lo visto necesarias, al modo de ver de los “guardias rojos” que la llevan a
cabo, la quema o destrucción de museos, pinacotecas y hasta la reputadísima
Ópera China; la persecución y eliminación de aquellos intelectuales que no se
pliegan al movimiento; la subversión en los colegios e institutos de enseñanza
superior, etc., etc.; o leemos por ejemplo la asombrosa autocrítica que ha
publicado Kuo Mo-jo, septuagenario poeta, acaso uno de los más importantes de
su país en la actualidad (“Aunque tengo ya más de 70 años, quiero revolcarme en
el lodo y quiero recibir en el cuerpo los estigmas del aceite y de la
san-gre. Juzgada conforme al criterio actual mi obra carece de todo
valor y debe reducirse a cenizas”); o nos enteramos de la no
menos asombrosa declaración de otro intelectual, el escritor Chen
Yen, sobre “Shakes-peare, que jamás vivió la experiencia socialista y por lo
tanto carece de interés para la juventud”.
La
situación en América. América no es una excepción
No podía menos que ocurrir aproximadamente igual en
América, donde al fin y al cabo vienen sucediéndose procesos políticos y
socia-les de gran envergadura que, salvando las diferencias de superficie, son
en último análisis homólogos de aquellos otros que acaecen en latitudes
lejanas.
Cuba por ejemplo, que se encuentra avocada a la
construcción de la “sociedad socialista”, sobre moldes marxistas más o menos
anticuados, es un ejemplo claro de lo que decimos. En efecto, en la isla han
adquirido una tremenda importancia las agrupaciones de
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
intelectuales y la labor aislada de los mismos. Los
escritores de la “Unión de Escritores” o los de “Casa de las Américas” otorgan
plena validez a la producción cultural como factor de modelamiento no
sólo de los esquemas de la vida consciente de su pueblo, sino de eso que se ha
dado en llamar inconsciente colectivo a través del cual se
determinan las orientaciones que seguirá el pueblo en su
evolución posterior. Fernández Retamar lo testimonia afirmando que “el hom-bre
es, antes que nada, una posibilidad. Nosotros escribimos para mejorar esas
posibilidades”.
Pero no sólo en un país comunista como Cuba se ve
el progresivo aumento de la gravitación de la cultura —como actividad
específica— sobre la sociedad donde se produce. Y no solamente es posible verlo
con ejemplos positivos. Muchas veces se lo aprecia mejor ante la evi-dencia del
interés que despierta en los centros de poder la posibilidad de una alianza con
los intelectuales o la captación de grupos de jóve-nes que potencialmente
tienen un “futuro intelectual”; ya sea a nivel de universidades, o de grupos artísticos
o equipos independientes de estudio o acción. Citemos por ejemplo la nueva
política cultural del Departamento de Estado norteamericano o las universidades
de aquel país que reparten generosas becas para viajar a los EE.UU. entre
artis-tas e intelectuales jóvenes del continente.
Por el lado opuesto, también puede resultar útil
para percatarse del hecho señalado recordar las sorpresivas actividades
culturales de instituciones semi masonas, o —más evidentemente— las reacciones
violentas y aparentemente desproporcionadas de las tradicionales y decadentes
sociedades latinoamericanas ante las actividades artísti-cas y científicas
desmitificadoras, que por ende ofrecen la revelación de una turbadora realidad.
Ejemplos patentes pueden ser la pública quema de ejemplares de la novela La
ciudad y los perros del peruano Vargas Llosa por militares de su país
que se sintieron aludidos por esa alucinante creación donde la vertical e
injusta estratificación del poder y el privilegio en el colegio paramilitar
Leoncio Prado, donde ocurre la novela, actúa como “cifra de la realidad
peruana” según afirmación de sus más lúcidos críticos; la persecución de poetas
brasileños algunos de los cuales han sido apresados y otros obligados a
emigrar, de entre los cuales mencionamos a Thiago de Mello apresado por la
Policía del Ejército, todo ello por obra y gracia del gobierno fascista de
Castello Branco; la fabulosamente virulenta reacción que despertó (a partir de
la denuncia efectuada por la Sociedad Mexicana de la Geografía y Estadísticas)
el año pasado en México la publicación en español del libro Los hijos
de Sánchez (Fondo de Cultura Económica; The children of
Sánchez en la edición en inglés, publicada ya en 1961) en el cual el
doctor Oscar Lewis, sociólogo norteamericano, propone un nuevo
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método para el “estudio científico” de la “cultura
de la pobreza” a tra-vés de la integración semi novelada de la historia de una
familia tipo (tomada del más bajo estrato de la sociedad mexicana) de acuerdo a
como fue verbalmente narrada por cada uno de sus miembros, libro que por lo
demás había sido bien recibido en los círculos intelectuales de otros países;
o, entre nosotros, la virulenta actitud de cierto público y cierta crítica
frente a La Babosa de Gabriel Casaccia, o más recien-temente,
contra “Pavel”, cuento con el que José Antonio Pratt ofrece la dolorosa y
convulsa imagen de un subconsciente agredido por una realidad alienatoria.
Y por supuesto, este triste recuento no podría
olvidar la reacción instintiva e injustificable del gobierno de facto de la
Argentina contra la Universidad de ese país, que tiene un memorable pasado de
autono-mía, y contra la editorial Eudeba (propiedad de la misma e
indudable-mente una de las más serias editoras de libros en esta parte del
conti-nente) que bajo la absurda y manida acusación de “subversión contra el
orden constituido” tuvo que perder el eficaz equipo que la dirigía.
Otras
razones para la “conquista del intelectual”
La peculiar circunstancia de atraso económico y
social que desde hace tiempo está amenzando con una solución radical para la
crisis de América Latina es otro factor que coadyuva eficazmente al predo-minio
ascendente de la clase intelectual de nuestros países. En efecto, así como el
“Congreso por la Libertad de la Cultura” actuando en el campo específico de la
intelectualidad, se encargaba de sostener la de-fensa de la ideología
capitalista democrática, en el campo económico empezaron a funcionar organizaciones
que además de subsanar con malabarismos más o menos hábiles las situaciones más
propicias a la subversión veían la forma de incorporar la organización semi
feudal y colonizada de nuestros pueblos al correspondiente importado esque-ma
económico pasando por el tan defendido y repudiado “desarrollis-mo”. Ahora
bien, como hace notar Ángel Rama, en tal caso ocurre que “el intelectual y
sobre todo su forma exitosa, el técnico, se transforma en una pieza fundamental
del juego, tanto para asesorar como para transmitir la remodelación económica
(y política y social)”. La pala-bra intelectual implica aquí,
por tanto, una vasta gama de gente, ge-neralmente de formación científica, que
pueda aportar en los diversos aspectos del desarrollo, orientado desde afuera,
de una comunidad (la suya) —eliminación de su actitud revolucionaria mediante—
el con-sejo, incluso el dato técnico necesario. Esto explica muchas de las por
otro lado inexplicables actitudes de los centros de poder (empeñados en la
inamovilidad del “estatus”) que tan pronto premian obsequio-samente a los
intelectuales “amigos”, es decir los que se pliegan a la
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
“causa”, como tratan de restar peso y aún eliminar
de hecho a los que mantienen una actitud de crítica severa y, a veces, de tenaz
oposición.
Los núcleos de poder, las clases interesadas en que
nada cambie, los organismos cuya función y vigencia dependen de la mediocridad
y anacronismo del medio ambiente social, y de la ignorancia de los pue-blos, se
han percatado (con esa fina sensibilidad epidérmica del que se enfrenta a un
peligro inminente) del trascendental efecto que tiene la palabra de los
escritores, la pintura de los pintores, la escultura de los escultores, los
diagnósticos lacerantes de nuestro way of life que llevan a
cabo —cada uno dentro de sus posibilidades— dramaturgos, sociólogos, psicólogos
sociales, etc., etc.
No en balde se cuenta con la experiencia de países
como la URSS que en dos espectaculares juicios ha condenado frente al estupor
y/o indignación de la opinión internacional a tres escritores (José Bro-dski,
poeta; Siniavski y Daniel, narradores) por el crimen de escribir obras donde se
pone en tela de juicio todo un sistema de vida; o, en el otro extremo, el caso
de Panoramas, revista que dirigía Víctor Alba en México, la cual
fue automáticamente clausurada cuando su director —que de todos modos actuaba
con conciencia de las repercusiones de su actitud; “ya sé que al tomar una
posición así perderé mi empleo”— se manifestó abiertamente en contra de la
insólita intervención nor-teamericana en Santo Domingo.
No se engaña Carlos Fuentes cuando afirma que
“súbitamente nos damos cuenta de que el lenguaje es uno de los factores
objetivos de la realidad y que el escritor que maneja el lenguaje se convierte
en la única respuesta posible a la logomaquia del poder”, ni el novelista
estadounidense Saul Bellow, cuando dice, en su ponencia presenta-da ante el
XXXIV Congreso Internacional del PEN Club celebrado en Nueva York este año, que
“…su poder (del intelectual) y su influencia aumentan continuamente y ahora se
les considera con respeto, inclu-so con temor, como indispensables para el
gobierno, como creadores de la opinión ilustrada, como fuentes de la
legitimidad simbólica, en sustitución del clero”.
El
contexto de nuestra acción y el
EStablishment cultural
Tal es el panorama dentro del cual el fenómeno de
nuestra cultura adquiere pleno sentido y por lo tanto, tal es el contexto de la
acción que podamos planear luego de una consciente recapitulación, las
ge-neraciones jóvenes del Paraguay.
Como se ve, no puede partirse más que del
reconocimiento de una “atmósfera histórica” peculiar, cuya característica
definitoria es que la labor cultural adquiere proyecciones que sobrepasan en
mu-
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cho los estrechos límites de lo que antiguamente se
aceptaba como terreno receptor de su influencia, haciendo que
concomitantemente, la actitud personal y creacional de los intelectuales pase a
integrar un esquema dialéctico de mutua interacción y modificación en el cual
interviene la sociedad como contrapartida.
Por este motivo resulta imprescindible pedir a los
intelectuales de nuestra patria una definición ética, previa a la acción
cultural con-junta, como único camino para salir de las habitaciones vacías de
la intrascendencia y la desorientación, sobre todo porque en la actua-lidad
nuestro país carece de una tradición, en el sentido de la sedi-mentación previa
de productos y valores culturales sobre los cuales establecer los cimientos de
la nueva producción.
La situación concreta que se ofrece a nuestra
consideración en el plano cultural plantea inmediatamente la necesidad de
determinar si el fenómeno de la cultura alcanza o no verdadera vigencia y
angustio-sa de obra, que, salvando los obstáculos más inesperados, llegan por
fin al dominio público; o lo que es igual, establecer si nuestra cultura
funciona como proceso social dirigido hacia su receptor natural: el pueblo, o
se limita a cumplir el despreciable papel de fuente de au-tocompensación para
ciertas clases y personas oligárquicas que —a pesar del siglo XX— entienden o
quieren entender todavía la cultura como “acumulación y diletantismo”.
.py 57
Nelson
Fernández
Los
intelectuales en el Paraguay* **
A pesar de que nuestro autor no menciona a los
intelectuales en su revista de las clases y capas sociales de la sociedad
paraguaya, queremos hacer breves consideraciones al respecto.
Entre las “capas medias” se encuentran la mayoría
de los intelec-tuales. Estos no constituyen una clase social, porque no ocupan
una posición independiente en la producción de los bienes materiales. Ade-más
no hay homogeneidad en su seno, sus componentes surgen de los distintos
estratos sociales y sirven ya a uno ya a otros. Su papel es cada vez más
importante en los tiempos que vivimos. Por ello, cada clase en lucha se
esfuerza por atraer a su lado a capas cada vez más amplias de intelectuales.
Estos, por su parte, después de percatarse de la podre-dumbre de la actual
sociedad, que tiene como fin esencial la obtención de ganancias, se pasan al
lado de las clases y capas revolucionarias. Otros, aunque adoptan una posición
de rebeldía frente a la sociedad, sueñan con una posición equidistante,
independiente, y en realidad no hacen sino oscilar entre el campo de los
explotadores y de los explota-dos. Es que resulta difícil desprenderse del
medio en que se vive, de los
* Nelson Fernández 1971 “Los intelectuales en
Paraguay”, en Criterio, Nº 10/11, pp. 14-16.
** Este artículo es parte de un trabajo más
extenso, La ideología de Natalicio Gon-zález, inédito, 1961.
59
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
conceptos culturales que las clases dirigentes nos
han hecho beber en su hogar, en los centros de estudios y en los libros: es
significativa a este respecto la toma de posición de Augusto Roa Bastos: “Yo
soy burgués, o al menos pertenezco por extracción a la clase pequeño-burguesa;
pero la única posibilidad que tengo de liberarme de ese molde social caduco es
sublevándome contra él para acercarme a la masa de los oprimidos. No me puedo
jactar de pertenecer a la clase de los opresores; no es un orgullo serlo; pero
tengo que hacer algo para redimirme de su estigma y afirmar mi voluntad de
liberación” (ver Alcor Nº 9, Asunción, enero de 1960,
“Problemas de nuestra novelística”, II).
Tenemos entendido que en otros países —Francia, por
ejemplo, y también la Argentina— el intelectual como tal, es decir como
produc-to de cultura, independientemente que pertenezca o no a un partido
político, tiene una audiencia considerable. Es una fuerza social por el papel
que juega en el campo ideológico. En nuestro país, el intelectual como
productor de cultura no existe hasta hoy. Generalmente está al servicio de los
partidos políticos burgueses y realiza su labor política en beneficio de estos
partidos. Toda la elaboración cultural —históri-ca, predominantemente— tiene
también la misma finalidad (ya Guy de Hollanda había señalado el enfoque
“partidista” de los historiado-res). La creación novelística ha sido casi nula.
El poeta o narrador establece una solución de continuidad, o mejor, dos gavetas
separadas y sin comunicación entre su actividad política y su obra de arte.
Con-cibe, salvo raras excepciones, el arte como una función pura, gratuita, sin
perjuicio de que él, como ente social, como dirigente político, esté metido en
los más sucios negociados o tramoyas politiqueras. Otros, más honrados, se
retiran asqueados de los quehaceres de nuestra poli-tiquería y siguen
cultivando una concepción del arte de torre de marfil o de un nativismo
costumbrista o folklórico por la forma y feudal re-accionario por el contenido.
Pero todos, al margen de la vida real de nuestro pueblo, de sus afanes y de sus
luchas. A partir más o menos de 1940, en torno a Herib Campos Cervera —y en el
respeto a Julio Co-rrea— se nuclean ciertos intelectuales que tratan de crear
una litera-tura responsable que recogiendo las formas nuevas de Lorca, Alberti,
Neruda y otros, tenga a su vez un contenido social y humano. De allí surgieron,
nos parece, Augusto Roa Bastos, Elvio Romero y otros (al-gunos quedaron a mitad
de camino y otros retrocedieron asustados). Esta generación se nutría y
alentaba en el vigoroso movimiento en ascenso de los obreros, estudiantes y
sectores populares contra la tira-nía y moriginista, y en las luchas de los pueblos
contra el jefe fascista.
Al ser derrotada la insurrección democrática de
Concepción, que coincidió con la expansión que parecía todopoderosa del
imperialis-mo norteamericano, que entonces tenía el monopolio de la bomba
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atómica, una negra sombra cubrió el ambiente
político e intelectual paraguayo. En esa época, un grupo de jóvenes de raro
talento, pero huérfanos del calor de las luchas del pueblo, se refugiaron en la
poe-sía gongorina, esotérica, refinada. La prédica del Padre Alonso de Las
Heras (sacerdote por lo demás apasionado cultor de la literatura que mucho hizo
por la formación del “oficio” de esta nueva generación), en favor de tesis
tales como que el arte es aristocrático y no es para las masas, encontró ambiente
propicio y caló hondo en esas mentes juveniles. Algunos de estos rendían culto
a la angustia metafísica y a la evasión, otros se refugiaban en el catolicismo
y su doctrina social.
De allí que siempre inmortal, al renacer de sus
cenizas el movi-miento democrático y popular, varios de estos jóvenes se
encontraron ante un desconcertante dualismo: por un lado, sus conceptos
estéticos que les llevaban a sus sueños; y por lo otro, sus calidades de
estudian-tes, de jóvenes honestos, forzados a enfrentarse diariamente con los
esbirros de la dictadura. Y en la mayor parte de ellos continúa esa pugna
interna entre sus concepciones ideológicas bebidas en fuentes europeas
decadentistas y de los llamados de la tierra, de su pueblo. De lo que decidan
depende su porvenir como intelectuales.
En ese sentido, nos parece significante y
trascendente el editorial de Alcor. Íntimamente aún consideran
rebajarse el descender a la liza de la lucha (“aunque… nos embargue la rebeldía
y el desprecio”) pero que va “siendo imposible desinteresarnos de admitir su
presencia y gra-vitación de nuestras existencias” (se refieren a la actual
crisis nacional y mundial). “Sin embargo, un punto de partida configura la
principal ta-rea del intelectual y su natural ubicación de acceso a los grandes
valores y actitudes universales: el enfrentamiento con su realidad inmediata y
viva, o en otras palabras su responsabilidad inextricable con la comu-nidad a
la que pertenece, dentro de la cual se desenvuelve”. Condena la literatura de
evasión y señala sus causas: “En primer lugar la poca vocación militante que lo
ha caracterizado durante este último cuarto de siglo…”; “…en segundo término
destaquemos la falta de encarnación con las ideas que se
asegura creer y a cuya difusión y concreción aspira infructuosamente”. Aquí
fustiga la cobardía de muchos de nuestros in-telectuales (véase el Nº 11,
marzo-abril, 1961).
Volvamos a citar a Roa Bastos, como otro signo de
los nuevos tiempos que vive la intelectualidad nacional: “la literatura
paraguaya de hoy se forja en un tiempo de rebeldía y anunciación. Se escribe
con el pulso y la sangre abrazados estrechamente con su época y con su pueblo,
apoyados en la unidad de América, en la cultura, los escritores paraguayos de
hoy producen sus obras como esos actos de coraje, de patriotismo y de
sinceridad de que hablaba Alberdi. Pasión, coraje y esperanza son armas contra
la desesperación y la incertidumbre”.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
“Toman resueltamente el fuego en sus manos y
alumbran con él los días oscuros y aciagos. Saben que no pueden restar su
esfuerzo al movimiento emancipador de su pueblo” (ver Diálogo, 2ª
Época, Nº 1, Asunción, abril de 1960, artículo “El fuego en las manos”).
Y desde antes, José Asunción Flores y Elvio Romero
ya habían adoptado esta actitud militante. Es demasiado conocida la postura de
estos dos artistas y no cabe analizar aquí los fundamentos de su concepción
artística.
Elvio Romero, en “Conversando con José Asunción
Flores”, pre-cisa su misión de poeta:
“Yo
no hubiera querido sino cantar contigo.
Sin
embargo, tú sabes que todas nuestras flechas, deben hoy aguzarse con nuevos
resplandores
y
nuestra voz cargarse de implacables centellas, como a veces debemos, en vez de
miel sonora, llevar en las gargantas ásperos torrentes.”
En el Paraguay —como en el resto del mundo— los
intelectuales estu-vieron ligados a las clases dominantes. Hoy, empiezan a
intuir —mu-chos con imprecisiones y vacilaciones todavía— que sus intereses no
conciden con aquellas sino con los del pueblo. Por ello, en este nuevo
despuntar de la literatura responsable, existen varios matices y ten-dencias
entre sus cultores y propugnadores. Es natural que así sea. En efecto, la
postura de cada uno depende de sus orígenes sociales, de sus relaciones, del
medio donde se educó y vive, de sus experien-cias personales, de sus bases
filosóficas, de sus vinculaciones políti-cas, etc. Algunos son liberales e
incluso fuertemente antisocialistas. Otros son demócratas y revolucionarios.
Otros marxistas. Otros cató-licos. Otros nacionalistas. Pero todos sienten la
responsabilidad del intelectual en esta hora grávida de la patria y el mundo. Y
ello es ya un buen signo, que ayudará a —por fin— convertir el movimiento
cultural paraguayo en contemporáneo del movimiento cultural del continente y
del mundo.
No se trata de separar a los intelectuales en dos
bandos opuestos: los partidarios de un arte responsable y los partidarios del
arte por el arte, porque el alineamiento, el servicio (para llamarlo de alguna
ma-nera) “no es un asunto de voluntad, de decisión, ni mismo de la con-ciencia
que de ello se tiene”. “Hay escritores que sirven sin quererlo, y otros que por
quererlo demasiado sirven mal”, respondía André Stil, entre 83 personalidades
de las letras y el arte francés, a la encuesta de la Nouvelle Critique:
“A quoi server-vous-nous?” (ver Nº 120, noviem-bre 1960).
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De lo que se trata ahora es precisamente la lucha
por la libertad de creación de acuerdo al sentir de cada artista, la lucha por
la forma-ción de un público capaz de seguir con avidez tales creaciones y que
sea el soberano, con mayor conocimiento de causa, el que manifieste sus
preferencias por tal o cual tendencia. Y ello sólo será posible en una sociedad
democrática, en la cual —liquidados los grilletes semi feudales y dependientes—
el pueblo pueda elevar su poder de compra, su nivel cultural y alivianar y
disminuir sus agotadoras jornadas de trabajo, para que tenga tiempo y no esté
cansado, a fin de ocuparse de las cuestiones artísticas y culturales. Por ese
objetivo es que debemos luchar juntos hoy, sin pretender ahogar las
discrepancias ideológicas, que deberán ser objetos de discusiones elevadas, con
vista al esclare-cimiento mutuo.
Se está forjando una poesía y se tantea una
novelística que, sin dejar de ser paraguayas tengan por ello mismo su
universalidad. Pero en materia teatral no se ha avanzado mucho. Quedan allí las
obras de Arturo Alsina y Julio Correa. El teatro del primero con la
preocupa-ción ibseniana por los problemas de su época y de su medio. La obra
del segundo con sus alientos de gleba en insurgencia, su tratamiento de temas
hondos de la patria: el latifundio (en Yvyjará, el “dueño de la
tierra”), el pauperismo (Karupoká), etc.
Lo que actualmente se representa es un teatro
costumbrista, “ese hijo descastado del realismo”, según la feliz expresión de
Marinello. Y lo que es peor, reaccionario e inficcionado de natalicismo. En
efecto, ¿cuál es el contenido de nuestro teatro incluida la zarzuela? La
glorifi-cación del campo, del campesino y del estanciero, exactamente como la
tesis “guionista”. En el campo estarían la felicidad, la pureza. El estanciero
es un señor patriarcal que vela por sus peones y les ayuda a casarse, a enderezar
sus vidas. Allí conviven en paz explotadores y explotados. Todo lo contrario de
las obras de Julio Correa, que mos-traba los atropellos que sufrían los
campesinos por parte de los terra-tenientes y de los comisarios que estaban a
su servicio. En cambio, las ciudades son las villas de Satanás, donde reina la
corrupción y la maldad. Es un teatro que exhibe lo pintoresco y halaga los
prejuicios patrioteros, las supersticiones populares, para obtener éxitos de
taqui-lla y no busca despertar el juicio del público. Busca aplausos baratos y
no ayuda a hacer reflexionar.
Con una orientación algo, pero solamente algo
diferente, puede situarse El Impala de Mario Halley Mora. Esta
obra, a pesar de su bue-na intención, es una crítica superficial de nuestro
ambiente politique-ro. Araña nuestra realidad y no cala en profundidad en ella.
Nuestros grandes problemas son la explotación imperialista y el latifundio y
los derivados de ellos. La grandeza de Julio Correa estuvo en abordarlos,
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
aunque con una ideología de tumultuoso e
incoherente anarquismo. La de Roa Bastos está en acercarse a ellos. El
Impala, en cambio, es una pieza de un escritor pequeño-burgués. En ella se
refleja la envidia de la familia de “clase media” por los que tienen un
“impala”, ya que ella no puede tenerlo. Porque si pudieran se sentiría feliz y
contenta, y terminarían sus escrúpulos morales. Y por último, ese “the end”,
mezcla “hollywoodense” y “justicialista” del casamiento de la hija del “carai”
arruinado con el maestro-chofer convertido en millonario por el Deus ex
machina de una herencia inesperada. Es la solución ideal de la mentalidad
pequeño-burguesa; la reconciliación de los contrarios y no su resolución
dialéctica. Es el fantasma de Proudhon que alienta en el teatro paraguayo. Pero
aún peor: el hálito de Natalicio González.
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José
L. Caravias sj
LIBERACIÓN
CAMPESINA
Ligas
Agrarias del Paraguay* **
Presentación
La situación del campesinado paraguayo es
objetivamente un desafío a la conciencia cristiana. Y en la medida en que, por
di-versas circunstancias, estos campesinos han ido abriendo los ojos y dándose
cuenta de su realidad, han descubierto delante de su vista un nuevo panorama
para el porvenir.
Diversos grupos campesinos paraguayos, al igual que
grupos pa-recidos en todo el mundo, se han dado cuenta de que el estado de
mi-seria en que viven no es consecuencia de falta de recursos naturales, ni
mucho menos fruto inevitable de una voluntad de Dios que manda que los pobres
sigan siempre siendo pobres.
Las palabras de Pablo VI a los campesinos de
Colombia durante la asamblea de Medellín, se hacen realidad también en el
Paraguay: “Han tomado ustedes conciencia de sus necesidades y de sus
sufrimientos y, como otros muchos en el mundo, no pueden tolerar que estas
condi-ciones deban perdurar siempre sin ponerles solícito remedio”.
También los campesinos paraguayos se han dado
cuenta de que Dios no quiere que sigan viviendo en el individualismo y la
miseria;
* José Luis Caravias 1975 Liberación
Campesina. Ligas Agrarias del Paraguay (Ma-drid: ZERO), N° 55, p. 74.
** Libro editado por Zero, Colección “Lee y discute”,
N° 55, Madrid, 1975.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
y que tienen, por consiguiente, que organizarse
para salir de su aisla-miento y poder formar un nuevo mundo de hermanos. Su fe
cristiana les lanza a este compromiso y les da fuerza para seguir adelante en
esta difícil lucha. “Descubren que su fe no es la aceptación de un mundo ya
hecho y de una historia predeterminada, sino que su fe es existencia creadora
de un mundo nuevo y solidario”.
Las páginas de este libro quieren dar a conocer el
testimonio vivo de estos grupos de campesinos paraguayos, que para salir de su
aisla-miento y su miseria, pusieron en marcha poco a poco todo un proceso de
educación en la acción, de características bastante originales.
En primer lugar se estudia de una manera sencilla
la organiza-ción actual del campesinado. Como segunda parte, he procurado
re-sumir y coordinar la mística que sostiene y vigoriza la organización.
He querido darle a todo un sentido sencillo y
activo. No se trata de un estudio técnico. Ni tampoco he pretendido agotar
todos los te-mas. Es una exposición de un testimonio campesino de manera que lo
puedan entender los mismos campesinos.
Aunque la primera parte esté centrada
principalmente en las ex-periencias de las Ligas Agrarias, no es ésta la única
organización de la que se trata en este escrito. Hay en el Paraguay un
despertar simultáneo en diversos grupos campesinos, de los que procuro sacar
como el denominador común a todos ellos. No todo lo que se dice aquí se realiza
en todas las bases. Por eso nada en concreto puede servir de motivo para
inculcar o perseguir a tal o cual grupo o per-sona determinada.
Durante varios años trabajé a tiempo completo al
servicio de las Ligas. Mi tarea principal fue como coordinador de reflexiones y
cursi-llos de base. Prácticamente llegué a conocer todas las Ligas existentes
en el Paraguay, lo cual me da la posibilidad de volver a ofrecer a los
campesinos una visión coordinada de sus propias experiencias.
El proceso de las Ligas paraguayas no está
terminado. Como todo movimiento popular vivo, es algo en continua evolución. La
redacción de esta historia sólo se extiende hasta comienzos de 1973.
La última etapa de las Ligas está en plena
efervescencia. Actual-mente hay tensiones internas y dificultades serias de
diálogo con la jerarquía eclesiástica. Ciertos grupos, más concientizados,
quieren seguir adelante su marcha, en busca quizás de compromisos políticos
concretos, pero con el peligro de apartarse del resto de las bases. Por una
cierta prudencia, y porque aún no está claro el proceso, no es conveniente
hablar todavía de estos últimos pasos.
Quede este escrito como un pequeño intento de una
historia del movimiento campesino paraguayo en los últimos años. Se trata de un
movimiento socio-político campesino de inspiración cristiana,
66 .py
muy digno de tenerse en cuenta en todo proceso
serio de organiza-ción campesina.
A ustedes, mis queridos campesinos paraguayos, de
cuyo lado fui arrancado violentamente, dedico estas páginas. En ellas me he
esfor-zado por poner a su alcance, con sencillez, ideas que de por sí son
difíciles y complicadas. Me doy por satisfecho si ustedes las entienden un poco
y les ayudan a reflexionar sobre sus experiencias y profundi-zarlas hasta donde
sea necesario.
Espero que esta historia de las Ligas Agrarias del
Paraguay sean también de provecho para otros muchos campesinos y para los que
con corazón sincero quieren dedicarse a su servicio. Son experiencias no
imitables en su totalidad, pues parten de una realidad muy parti-cular, pero
que seguramente pueden dar pautas de “aterrizaje” para otros ambientes.
José Luis Caravias sj, Navidad de 1974
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Primera
parte
ORGANIZACIÓN
CAMPESINA
El despertar campesino es una realidad en el
Paraguay. Apro-ximadamente a mediados de la década del sesenta surgen por todas
partes grupos de campesinos con hambre de organizarse por sí mis-mos. Esta
experiencia espontánea, con profundas intuiciones del ca-mino a seguir y
realizaciones un tanto rudas, es la que quiero descri-bir, de una manera
sencilla, al alcance de sus propios protagonistas.
Esta primera parte está dividida en tres apartados:
métodos de formación, acciones que realizan y modo de organizarse; y termina
con una recopilación de críticas al camino emprendido.
I.
AUTOEDUCACIÓN CAMPESINA
“La educación ha sido siempre la principal
actividad nuestra”, dice un informe de las Ligas Agrarias. “Estamos convencidos
de que sin hom-bres nuevos nunca podremos hacer una sociedad justa”. Esta idea
constituye la médula de toda la nueva organización, fruto quizás de amargas
experiencias, pues muchas veces han comenzado a organi-zarse con una gran
ilusión y pronto han conocido el fracaso por falta de preparación de ellos
mismos.
No basta echarle la culpa a los de arriba. También
dentro de casa tenían al enemigo. Y como consecuencia lógica, poco a poco
fueron
68
naciendo métodos propios y de formación, que son
los que vamos a ver a continuación.
1.
¿ES POSIBLE QUE LOS CAMPESINOS SE EDUQUEN A SÍ MISMOS?
Es la primera pregunta, que de un modo angustioso,
surge desde el primer momento. Y no sin razón.
La educación tradicional de nuestros países suele
dejar en los po-bres unos raros complejos de inferioridad, de dependencia y de
pesi-mismo, profundamente arraigados en sus corazones.
Porque se les ha educado mal, o sencillamente
porque no han te-nido ninguna clase de educación, parece que no se puede
pretender que sea el propio campesino el que se eduque a sí mismo. Así lo cree
mucha gente, entre los de arriba y entre los de abajo, incluso perso-nas de muy
buena voluntad.
Ciertamente los defectos del campesinado son
grandes. El campe-sino no concientizado normalmente no sabe pensar por sí
mismo, no tiene iniciativa, se siente inclinado a la resignación y a la
pasividad; no sabe expresar lo que lleva dentro, su corazón está lleno de
pequeños y grandes miedos que le paralizan para todo lo que sea un compromiso
emprendedor. Es fanático y supersticioso. Da un sentido fatalista a la
Historia, le gusta trabajar solo y no meterse en líos, desconfía de todo lo que
sea nuevo. Suele despreciar a sus propios compañeros, a su clase social y hasta
a sí mismo. A veces su ilusión es subir para poder él también mandar y explotar
a los demás.
Es muy duro este diagnóstico, aunque no es peor que
el de otras clases sociales. Por eso los propios campesinos tienen que ser muy
sinceros consigo mismos ante sus propios defectos, si es que quieren tomar en
serio su formación.
Si solamente existieran defectos, no sería posible
caminar hacia delante. Pero hay que pesar la parte negativa del campesinado
po-niendo en el otro platillo de la balanza todas las buenas cualidades
campesinas, para ver si hay esperanzas de que cultivando como es debido la
parte positiva llegue a pesar más que lo negativo.
Entre las buenas cualidades del campesino paraguayo
podemos citar su sentido común, su sencillez, su sana alegría, su hospitalidad.
La dura lucha por la supervivencia le ha dado una reciedumbre y una profundidad
humana inapreciables. Aunque no lo sepan expresar con claridad, ellos tienen
una intuición certera de lo que está bien y lo que está mal en el mundo. Su
corazón no está adulterado por el ma-terialismo de la sociedad de consumo. Son
profundamente humanos y, por tradición, abiertos a todo lo que sea comunitario.
El campesino es tierra virgen con hambre y sed de justicia, tierra fértil para
hacer germinar con autenticidad la semilla del Evangelio.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Todo esto parece que se contradice con lo dicho
anteriormente. Y en cierto sentido es verdad. Lo que pasa es que muchas de la
bue-nas cualidades campesinas están como enterradas. Por eso se necesita un
verdadero proceso educativo que, a partir de ellos mismos, les ayu-de a
desarrollar todo lo bueno que tienen.
Cristo eligió para sus apóstoles a gente pobre,
porque veía lo que a través de una buena formación podía salir de aquellos
hombres. Estos grupos campesinos paraguayos, al igual que Cristo, han te-nido
fe en las riquezas de los pobres, y se han puesto a trabajar con entusiasmo en
su propia formación. Las experiencias que siguen son su testimonio.
Este ideal de educación se encuentra bien expresado
por los obis-pos latinoamericanos reunidos en Medellín en el año 1968: “La
tarea de educación de estos hermanos nuestros (los marginados) no consis-te
propiamente en incorporarlos a las estructuras culturales que exis-ten en torno
a ellos, y que pueden ser también opresoras, sino en algo mucho más profundo.
Consiste en capacitarlos para que ellos mis-mos, como autores de su propio
progreso, desarrollen de una manera creativa y original un mundo cultural acorde
con su propia riqueza y que sea fruto de sus propios esfuerzos”.
“Nuestro primer objetivo”, dice un informe de las
Ligas de co-mienzos de 1970, “es formar hombres capaces de pensar y de decidir
su destino por sí mismos”. Es lo que decía Medellín.
2.
CUALIDADES DE UNA EDUCACIÓN LIBERADORA
En cuanto los campesinos se ponen en marcha por una
línea de auténtica educación liberadora, enseguida surgen acusaciones
con-cretas de que son subversivos y comunistas. Por eso ellos procuran apoyarse
todo lo posible en documentos oficiales de la Iglesia con el fin de dejar
asentada su posición cristiana. Ponemos a continuación una selección de citas
sobre la materia de dos documentos importan-tes, muy conocidas y debatidas en
las bases campesinas.
a) Veamos cómo creen los obispos latinoamericanos
reunidos en Me-dellín que debe ser esta clase de educación.
En el capítulo segundo del documento sobre
educación ellos pro-ponen “la educación liberadora como respuesta a las
necesidades ac-tuales de Latinoamérica”.
Según ellos, “educación liberadora es la que
convierte al educan-do en sujeto de su propio desarrollo”. En nuestro caso
podemos decir que hay educación liberadora cuando los propios campesinos se
edu-can a sí mismos.
Cualidades
de la educación liberadora:
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“La educación en todos los niveles debe llegar a
ser creadora, pues ha de anticipar el nuevo tipo de sociedad que
buscamos en Amé-rica Latina.
Debe basar sus esfuerzos en la personalización de
las nuevas ge-neraciones:
-- “profundizando la conciencia de su dignidad
humana, -- favoreciendo su libre autodeterminación,
-- y promoviendo su sentido
comunitario...”
“Debe
ser abierta al diálogo...”.
“Debe además afirmar con sincero aprecio las peculiaridades
lo-cales y nacionales...”. “Debe, finalmente, capacitar a las nuevas
ge-neraciones para el cambio permanente y orgánico que implica el desarrollo”.
“Esta es la educación liberadora que América Latina
necesita para redimirse de las servidumbres injustas y, antes que nada, de
nuestro propio egoísmo”.
b) El segundo Sínodo de obispos
convocado en Roma a finales de 1971 trata de este tema bajo otro punto de
vista: “La educación para la Justicia”, que también ha
tenido mucho éxito en las bases campesinas.
Dice que la educación no debe fomentar el
individualismo y la posesión egoísta de las riquezas, como hace ahora, sino “un
modo de vivir verdadera y totalmente humano en la justicia, en la caridad y en
la sencillez”.
“Esta educación requiere una renovación del
corazón, fundada en el reconocimiento del pecado en su manifestaciones
individuales y sociales...”.
“Hará surgir igualmente la facultad crítica que
lleva a la reflexión sobre la sociedad en que vivimos y sobre sus valores,
preparando a los hombres para dejar esos valores cuando no sean favorables a la
justicia para todos los hombres...”.
“Este tipo de educación, dado que hace a todos los
hombres más íntegramente humanos, les ayudará a no seguir siendo en el futuro
objeto de manipulaciones, ni por parte de los medios de comunica-ción, ni por
parte de las fuerzas políticas, sino que, al contrario, les hará capaces de
forjar su propia suerte y de construir comunidades verdaderamente humanas.
Por tanto, esta educación es llamada justamente
permanente, es decir, que afecta a todos los hombres y a todas las edades...”.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
“Esta educación es también práctica, porque se
lleva a cabo me-diante la acción, la participación y el contacto vital con las
mismas situaciones de injusticias”.
Apoyados en éstos y en otros documentos de la
Iglesia, diversos grupos de campesinos paraguayos se están esforzando en llevar
a la práctica una verdadera educación liberadora. Sus métodos no están todavía
maduros. Pero son tanteos sinceros, muy dignos de tenerse en cuenta, para poder
ayudarnos unos a otros en los nuevos horizontes que se presentan para el
futuro.
Dos grandes ideales buscan estos campesinos con sus
experien-cias: llegar a formarse plenamente como personas humanas y poder
llegar a vivir unidos como hermanos. Dos puntos de partida hay también claros:
su realidad campesina y su fe cristiana. En esta larga carrera, en la que están
claros la meta y el punto de partida, la edu-cación liberadora es el motor
imprescindible que impulsa la marcha.
3.
CURSILLOS DE INICIACIÓN
No hay ninguna organización concreta que pueda
considerarse pro-pietaria de los métodos educativos de los que vamos a hablar a
conti-nuación. Es un despertar común que surge por todos lados. Casi sin darse
cuenta, los deseos de Medellín los están llevando a la práctica: hay entre
ellos una “suma de esfuerzos en la tarea de crear la nue-va educación que
requieren nuestros pueblos en este despertar de un mundo nuevo”.
Podemos encontrar una gran variedad de métodos y de
conte-nidos. Es imposible describirlos todos. Vamos a intentar brindar un
resumen que englobe el mayor número de datos comunes, de forma que las
experiencias de unos puedan ser útiles a los demás.
Normalmente, para comenzar un grupo, se tiene un
cursillo de iniciación. Estudiemos un poco su marcha y su contenido.
a) Preparación del cursillo. Como paso
previo, dos o tres campesinos de un mismo lugar suelen ser invitados a asistir
a un cursillo de inicia-ción en otro lugar, o sencillamente a visitar un grupo
ya en marcha. De allá generalmente salen entusiasmados y decididos a hacer lo
mismo en el sitio donde viven. Desde entonces comienza un período de varios
meses de preparación del cursillo.
Se procura que un sacerdote o una religiosa les
animen en su deseo de organizarse, pues desde el primer momento hay quienes les
quieren atemorizar y embrollar. Pero bajo ningún concepto se les da ayuda
económica, pues de ser así se fomentaría de nuevo la esperanza de que les va a
venir una solución desde arriba y quedarían entonces en actitud pasiva.
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Los propios campesinos deben buscar los futuros
participantes en el cursillo, el lugar donde se va a tener y los medios
económicos para pagar los gastos. No importa que se tarde varios meses en este
período de pre-cursillo. Si ellos solos no son capaces de organizar-lo, mejor
es no hacerlo, pues más vale esperar que comenzar de una manera forzada o
paternalista.
Dan mucha importancia a que todos los participantes
coman en común, al menos al mediodía, pues en esas horas de descanso conver-san
entre ellos, con lo que se aclaran muchas ideas y se entusiasman unos a otros.
Además, el esfuerzo que por varios meses han desarro-llado para buscar los
fondos necesarios para poder comer en común les ha unido y les ha hecho
considerar el cursillo como algo propio.
Se procura que estas reuniones se hagan en su
propio ambiente, en un rancho campesino un poco más amplio, pero nunca en casas
que les alejen de su realidad.
b) Coordinación del cursillo. De
entrada se esfuerzan los coordinado-res en quitar la idea de que ellos vienen
en plan de dar unas confe-rencias. Por eso es muy importante cómo se empieza.
Casi siempre los campesinos vienen en actitud de escuchar. Y hay que
convencerles con la práctica que vienen a trabajar.
El cursillo suele estar coordinado por uno o dos
campesinos debi-damente preparados y por un sacerdote o una religiosa.
Mientras van llegando los asistentes, los
coordinadores tienen especial cuidado en no aparecer como “profesores”. Quedan
como diluidos en medio del grupo y desde dentro procuran no es-torbar el
ambiente de familiaridad que normalmente se produce cuando se reúnen vecinos de
un mismo lugar. Participan como uno más del grupo. Les animan a cantar. Se
procura discretamente que las letras de las canciones sean bien campesinas y
transmitan un mensaje. Se les enseña nuevas canciones que vaya comenzando a
hacerles pensar.
Lo importante es que se genere un ambiente de
alegre familia-ridad y de mucha sinceridad y conservarlo y aumentarlo durante
el curso.
El método siempre es activo. Se parte de la propia
realidad campesina. Haciéndoles hablar a ellos. Dándoles ocasión para que
saquen a flote sus ideas, sus preocupaciones y sus ilusiones. Y todo este
material, que nace de ellos mismos, hay que saber ordenarlo junto con ellos,
seleccionar lo importante, profundizar en ello y dar nuevos pasos.
El trabajo de los coordinadores es muy importante,
pues de ellos depende que las ideas de unos se coordinen con las de otros,
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
de forma que entre todos se llegue a profundizar y
a ver el tema de que se trata desde todos los puntos de vista. Si la reunión se
duerme, los coordinadores tienen que saber problematizar, pero sin dar
solu-ciones hechas, ni adelantar ideas. Si se hacen un lío, deben sintetizar lo
tratado y centrar de nuevo el tema. Y al final, ayudarles siempre a que hagan
un resumen claro de todo lo que se ha dicho en la reunión.
Si los campesinos aprenden a ayudarse mutuamente
para decir y ordenar todo lo que saben, el resultado es mucho más positivo de
lo que ellos mismos pueden esperar.
Para todo esto resulta útil ir escribiendo en el
pizarrón las pa-labras clave que indican los temas que ellos van tratando. Y en
un segundo paso ir borrando, a indicación de ellos, las palabras que in-dican
temas que se parecen entre sí o que se derivan unos de otros, de forma que al
final se llegue a un resumen de todo lo tratado.
Si el grupo es numeroso o son pocos los que hablan,
entonces es mejor hacerles trabajar en equipos de seis o siete personas. En
este caso se les ayuda a que piensen y digan sus problemas, concretándo-los más
tarde, si es conveniente, a través de una pregunta. Cada equipo nombra un
coordinador con la misión de ayudar a ordenar el diálogo y de hacer hablar a
todos, y un secretario que anota las con-clusiones para ponerlas luego en
común.
Las preguntas para las reuniones de equipo las
hacen los coor-dinadores sobre la marcha, según las necesidades de cada
momento. Sería una falta pedagógica llevarlas preparadas de antemano.
El trabajo más importante de los coordinadores es
darse cuenta de las circunstancias y de los problemas de las personas que
asisten a cada cursillo, y saberse adaptar a ellas. Por eso es bueno procurar
que por lo menos uno de los coordinadores sea un buen conocedor de la región.
Es muy importante que no se den ideas impuestas que
fácilmen-te van a olvidarse. Ni que se avance sin que se haya entendido bien un
tema. No hay que sentirse nunca apurado por llenar un programa hecho de
antemano.
c) Contenido del cursillo. Por las
razones que acabamos de enumerar, los cursillos de iniciación nunca tienen un
contenido prefabricado, de esquemas fijos. Pero más o menos suelen tener un
esqueleto común a casi todos ellos.
En la segunda parte del libro se expondrán más
extensamente las ideas que a modo de resumen se insinúan aquí. Esto no quiere
decir que en el cursillo de iniciación deban salir todas estas ideas. Por lo
menos éste es el camino por el que normalmente marchan estos campesinos.
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Lo normal en este cursillo es comenzar por la realidad
cam-pesina. Si hay algún caso interesante que ha sucedido por allá en esa
temporada, lo mejor es comenzar por él. Si no, el coordinador les va haciendo
hablar a los participantes sobre sus problemas. En cuanto se crea un ambiente
de confianza, los campesinos se des-ahogan contando cada uno los problemas que
más le preocupan. El coordinador va poniendo en el pizarrón la lista de estas
“enfer-medades campesinas”.
Cuando se termina de hacer el diagnóstico del
campesinado, se procura buscar las causas que producen la miseria en que viven,
ya sea en equipos o en plenaria. En esta segunda parte los coordi-nadores se
pueden dar cuenta del grado de alienación que pueden tener los participantes.
Hay quienes creen que su miseria es obra de Dios y por consiguiente lo único
que les queda por hacer es te-ner paciencia.
Si ellos no ven más, se les hace reflexionar sobre
posibles causas externas a ellos mismos, que también pueden contribuir a que
vivan tan mal. Señal de que no todo es culpa de los campesinos es que hay
muchos de ellos que se matan trabajando toda la vida, y a pesar de ello nunca
han conseguido salir del calabozo de la miseria.
Como resumen final de este tema se suele llegar a
la conclusión de que la raíz poderosa que produce la miseria es el egoísmo,
origen de todo pecado. Esta raíz se divide a su vez en dos: el egoísmo
indivi-dualista de cada campesino y el egoísmo organizado de los poderosos.
Este egoísmo es fruto de la desobediencia a Dios y la privación, por
consiguiente, de su “vida”.
Es importante que lleguen a comenzar a entender el
funciona-miento del sistema opresor del capitalismo, que es el que actualmente
sufren. Hasta que no entiendan un poco este tema, es preferible no pasar
adelante, pues caerían en posturas espiritualistas.
Como tercer punto se suele ver el Plan de Dios, que
se desarrolla por el mismo método. El campesino paraguayo tiene un profunda fe
cristiana, y si se le sabe poner en ambiente, habla con facilidad sobre este
tema.
Suelen hablar de la dignidad de toda persona. De
que todos so-mos hijos de Dios, y por consiguiente todos tenemos los mismos
de-rechos y las mismas obligaciones. Dios, que es bueno, lo hizo todo para
todos sus hijos. Somos imagen y semejanza de Dios, y por consi-guiente nuestra
dignidad es muy grande. Dios quiere que salgamos de la miseria, del
individualismo y de toda clase de esclavitud. Quiere que nos organicemos como
hermanos. Que vivamos todos como hijos de un mismo Padre. Sólo así podremos
rendir un culto verdadero al mismo Dios.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
De la comparación de estos temas con la realidad
campesina vista antes, se produce como un choque dialéctico que, bien
encau-zado, les suele hacer cambiar de actitud ante la vida. Se dan mu-chos
casos de una verdadera conversión personal: se encuentran con Dios y sus
hermanos.
Todo esto se hace partiendo de la base de que el
campesino para-guayo es un hombre de fe y que quiere con toda su alma ser un
buen cristiano. En ambientes distintos habría que adaptarse a ellos, ac-tuando
de otro modo. No obstante, aun entre campesinos paraguayos, es necesario
estudiar cada ambiente para no dar ideas impuestas. Si el grupo tiende
demasiado al espiritualismo, se suele comenzar con el Plan de Dios y después
hacen el contraste con su propia realidad. Siempre lo esencial en estos
cursillos de iniciación es conseguir que los participantes se sacudan
fuertemente a sí mismos, de forma que salgan de este sueño antiguo de las
fórmulas aprendidas de memoria y de creerse buenos cristianos porque rezan a
sus “santos” o encien-den velas con frecuencia.
Los más sinceros entre ellos, al darse cuenta con
claridad de que no viven según los principios de su fe, quedan con un hambre
muy se-ria de saber qué es lo que tienen que hacer para ser buenos cristianos.
El siguiente paso normalmente es el de la
encarnación de Cristo. Ante lo maravilloso del Plan de Dios y la suciedad de la
propia reali-dad personal y social, el campesino puede tender a hundirse
todavía más en la desesperación y el abandono.
Por eso hay que salir enseguida al paso con el
ejemplo de Cristo. Dios no les ha abandonado. Él quiso nacer en el seno de una
familia obrera. Eligió para sus colaboradores a gente trabajadora. Conoció en
propia carne los problemas de los pobres. Nos dejó con su ejem-plo un sendero
trazado por el que poder caminar en busca de nuestra liberación y nuestra
felicidad de hermanos.
Cristo es Dios hecho hombre por amor; es la luz, la
verdad, la vida. La fe nos une a él y nos comunica su vida, su luz y su Amor.
Cristo es la esperanza de los pobres. Su recompensa. Él nos prepara, a través
de nuestro compromiso actual con los demás, para poder ver y gozar después de
Dios en su plenitud todos juntos en la otra vida. Sin Jesús no podemos hacer
nada profundo, ni duradero.
Se insiste mucho en hacer caer en la cuenta a los
participantes de que Jesús, además de ser Dios, era un hombre de carne y hueso,
que en todo compartió nuestra vida. Cuesta trabajo sacarles de den-tro las
imágenes de esos “santos” con caras de afeminados, coronas de oro y ropaje de
gran lujo. Si el campesino considera a Cristo lo mismo que considera a los
poderosos que le engañan y le explotan, entonces su religión sólo servirá para
emborracharle. Pero si se da cuenta con
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profundidad de que Dios bajó a compartir y a animar
su lucha por la hermandad, su fe será la más poderosa fuerza liberadora que
pueda jamás entrar en su corazón.
Con este tema el campesino se revaloriza a sí
mismo, vuelve a tener fe en sí, pues siente que el mismo Dios está dentro de él
y de sus compañeros. Se corta de raíz la enfermedad del “servilismo” y de
esperar con los brazos cruzados que la solución de sus problemas le venga de
los poderosos.
Otro tema importante suele ser el del Mandamiento
Nuevo. A través del diálogo hay que hacerles ver que ésta es la esencia del
cris-tianismo. Los coordinadores se esfuerzan, sobre todo, en revalorizar y
profundizar el sentido de la caridad cristiana. Por desgracia la pa-labra
caridad ha quedado reducida a pequeñas ayudas materiales in-dividuales o a dar
uno buenos consejitos. La caridad cristiana hay que hacerla bajar a la propia
realidad campesina a través de ejemplos muy concretos. Para ello puede usar los
pasajes bíblicos del juicio fi-nal (Mt 25, 31-46) o del buen samaritano (Lc 10,
25-37), haciéndoles ver que la otra vida depende del compromiso a favor de los
necesita-dos que se tenga en este mundo.
Como conclusión del curso se debe llegar a la
necesidad impe-riosa de organizarse para poder vivir como quiere Cristo. El
amor a Dios, presente en los hermanos, debe impulsarnos a un compromiso mutuo
de unos para con otros de una manera tan fuerte, que nos haga arriesgarlo todo
por la lucha de este ideal. Amamos a Dios amando a los hermanos “de obras y de
verdad”.
Por eso se procura terminar el cursillo planeando
un poco el na-cimiento de una nueva organización de hermanos. No
se debe caer en la tentación de querer comenzar escribiendo estatutos o
buscando un hombre para la nueva organización. Lo esencial es comenzar el
diálo-go fraterno y la ayuda mutua. Deben concretar cuando se reúnen por
segunda vez y en qué van a comenzar a trabajar juntos.
Se les hace reflexionar que desde el primer momento
hay que contar con la persecución. Tienen que saber con toda claridad que, en
cuanto comiencen a organizarse, les van a llover calumnias y amena-zas de parte
de los comerciantes y los politiqueros. Esto bien mirado no es ningún problema,
sino un bien, pues las amenazas son como un cedazo para seleccionar a las
personas que son capaces de compro-meterse en serio.
4.
REFLEXIONES COMUNITARIAS
Del cursillo de iniciación suele quedar bien
concretado quiénes están dispuestos a reunirse periódicamente, cuándo y dónde.
Normalmente se señala una reunión por semana.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Se procura quitar a los campesinos la idea de esa
clase de reu-niones tradicionales donde hay demasiados formalismos y donde
parece que ellos tienen que comportarse de manera distinta a como son en la
realidad. Se procura comenzar desde el primer momento sin formulismos y sin
caciques que quieran manipular. Es una reunión de amigos. Como cuando se reúnen
a jugar al “truco” o a cualquier juego popular entre ellos. Con sencillez y
alegría.
Para que haya orden en una reunión señalan entre
ellos un coor-dinador y un secretario. Los temas a tratar salen
espontáneamente. Suelen conversar sobre sus problemas comunes. Sus necesidades.
En qué pueden comenzar a ayudarse unos a otros.
Más adelante es común comenzar la reunión leyendo
algún pasa-je bíblico y haciendo a continuación una aplicación a su realidad.
Lo mismo hacen con Medellín o alguno de los folletos hechos a propósito para
nuestras reuniones. Otras veces el proceso es al revés: comienzan con un
comentario sobre su realidad o algún hecho concreto y a conti-nuación lo
iluminan con un pasaje de la Palabra de Dios.
Uno de los puntos más importantes de estas
reuniones es la planificación de los trabajos comunitarios. Del cursillo salen
con-vencidos de que sin trabajos en común no hay hermandad. Pero en cuanto
comienzan a trabajar comunitariamente, enseguida surgen rencillas y peleas
entre ellos. No están acostumbrados a trabajar así. Y por ello es muy natural
que el espíritu individua-lista quiera predominar enseguida. Es muy importantes
que todas estas rencillas y malentendidos sean tratados con toda sencillez en las
reuniones.
Debido a la mala formación, normalmente cuando un
campesino siente enojo contra un compañero, se mantiene callado y guarda
ren-cor por mucho tiempo. Y así no es posible hacer nada en común. Por eso es
necesario, sobre todo al comienzo, que los equipos de reflexión sean naturales,
compuestos por amigos que fácilmente puedan vencer estas dificultades.
Estos equipos no deben estar compuestos por más de
diez miem-bros. Se reúnen en sus casas, mejor por turnos: cada vez en casa de
uno distinto. A veces lo hacen en día de trabajo por la tardecita, así como
están, con ropas de trabajo. Otros prefieren reunirse los sábados de tarde en
un local fijo. Lo importante es que no se aten a ningún formulismo que los
esclavice.
Cuando las reuniones marchan con familiaridad y se
planean trabajos concretos, suele haber un cuaderno de actas. El secretario se
nombra distinto para cada vez.
Otro tema que se suele tratar es el de la
coordinación con otros equipos de la zona, y más adelante con toda la región y
la República.
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Hay que procurar que no se hable de meras teorías
al aire o sólo de cosas prácticas. El secreto del éxito es saber coordinar con
profun-didad la acción y la reflexión. De las reflexiones salen futuras
accio-nes, y de éstas surgen nuevos temas de reflexión.
5.
CURSILLOS DE PROFUNDIZACIÓN
Un hecho interesante en este proceso de
autoeducación del campe-sinado paraguayo es el deseo que enseguida sienten de
aumentar su propia formación.
La entrada de un grupo campesino en un proceso
activo de con-cientización es como la ruptura de un válvula que tenía oprimida
una gran fuerza. De una reunión semanal, con frecuencia pasan a dos y a tres.
Se esfuerzan por comenzar a leer de una manera inteligente escritos que partan
de su realidad. Se ponen en marcha nuevas acti-vidades. Y con ello surgen
cantidad de nuevos problemas que, dentro de un proceso activo, necesitan ser
resueltos enseguida. De aquí ese deseo continuo de hacer nuevos cursos con los
que poder aclarar y profundizar la nueva problemática.
Es frecuente la realización de jornadas de
reflexión. Por todo un día se reúnen uno o varios equipos para profundizar
sobre puntos concretos. Cada varios meses suele haber también en diversos
sitios un curso de varios días sobre algún tema especializado.
La planificación de estos cursos siempre se hace
partiendo de las propias necesidades de las bases. Si sólo se trata de aclarar
ideas, ellos solos pueden reflexionar en común. Si pretenden dar algunos nuevos
pasos, sobre todo si se trata de temas un poco más técnicos, asisten con ellos
algunos coordinadores especializados en la materia de la que se trata.
Los temas suelen ser muy variados, según las
regiones y el grado de desarrollo de cada comunidad. Se suele profundizar en el
mecanis-mo y funcionamiento del capitalismo y la necesidad de un cambio de
estructuras. Otro tema tratado con frecuencia es Iglesia y Sacramentos. Se
debate sobre política y vías de solución para el futuro. Religiosidad popular.
Temas económicos que ayuden a progresar en la experiencias comunitarias. Temas
técnicos de agricultura o ganadería. Problemas de educación de los hijos o del matrimonio.
Cursillos de formación de líde-res o de educadores. O simplemente se reúnen
varios días para reflexio-nar sobre el funcionamiento de la organización, o
estudiar las causas de una persecución o un fracaso para encontrar de nuevo el
camino a seguir.
No hay temas vedados de los que no se pueda hablar.
Con tal que sea una necesidad surgida de la base, no hay problema que no se
pueda tratar. Tampoco hay tiempos fijos para hacer este tipo de cursos. Ni una
duración fija.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
La programación se hace según las necesidades. Si
se cree opor-tuno, se invita a algunos técnicos. Todo depende del dinamismo
activo de la propia vida de las bases. Lo único que no se admite son temas
intelectualistas, que a veces plantean algunos estudiantes y gente no
comprometida.
6.
EQUIPOS DE EDUCADORES
La demanda cada vez más creciente de reuniones y
cursillos, hizo pensar en la necesidad de crear equipos de campesinos
debidamente preparados para poder ayudar a sus compañeros en sus deseos de
formación.
Normalmente un grupo de campesinos solos no es
capaz de comenzar por sí mismo. Otras veces se atascan en su caminar y no saben
cómo continuar adelante. Para resolver estos problemas las mismas bases nombran
a algunos miembros de ellos mismos para que se preparen más a fondo para
saberles ayudar en todo lo que sea necesario en el ámbito educacional. Se
procura que sean personas responsables, de inteligencia despierta, con un don
especial de saber ayudar a los demás a entender las cosas. No sirven los charlatanes,
acostumbrados a dar discursos. Tiene que ser gente que sepa escu-char, que viva
muy conscientemente los problemas campesinos, con mucha paciencia y un gran
espíritu de servicio. Si les gusta mandar o imponer sus ideas, no sirven para
esta misión.
Dice
un folleto de las Ligas:
“El buen educador campesino no se cree superior a
sus compañe-ros. Tiene fe en los valores del campesinado y trabaja con
paciencia para hacerles sacar fuera los valores... El educador tiene que ayudar
a sus compañeros para que puedan decir lo que sienten dentro y pue-dan ordenar
sus ideas... Debe ser un campesino nato, verdaderamente cristiano, ejemplar,
pacífico. Conocedor a fondo de los principios de las Ligas. Un hombre
verdaderamente comprometido, con espíritu de servicio, no un dominador”.
Estos educadores o “coordinadores”, como se les
suele llamar, se reúnen con frecuencia para planear y revisar sus acciones y
participan en cursillos especiales para profundizar en su propia preparación.
Están al servicio de las bases. Ellos por sí mismos
no deben pla-near su actividad por su cuenta. Cuando se quiere hacer un
cursillo, las mismas bases son las que lo piden y organizadamente nombran a los
coordinadores que van a asistir a él, ya sea de tipo local, regional o
nacional.
Los sacerdotes y religiosas suelen entrar dentro de
estos equi-pos de educadores, sobre todo cuando se trata de temas religiosos.
Pero normalmente ellos no deben hacer de coordinador principal de
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un cursillo, por el peligro muy extendido de que
los campesinos aceptan toda palabra del sacerdote como algo sagrado sobre lo
que no se puede discutir.
Tampoco admiten a cualquier sacerdote o religiosa.
Algunos de ellos, quizás debido a su formación anterior, son incapaces de
lograr un diálogo con el pueblo. Cuando un cura paternalista entra en estos
nuevos sistemas de organización, hace un mal tremendo, pues cor-ta el proceso
activo de búsqueda.
También entran dentro de estos equipos algunos
técnicos de di-versas especialidades. Para admitir a un sacerdote o a un
técnico, los campesinos exigen que conozcan bien la realidad campesina y que
partan siempre de esa misma realidad en todas sus colaboraciones.
Dice
el folleto de las Ligas arriba citado:
“Es necesaria la colaboración de los no
campesinos...; pero tie-nen que tener un espíritu de entrega y ser
revolucionarios. Con estas condiciones aceptamos y queremos su colaboración.”
7.
ESCUELAS LIBRES
A consecuencia de las fuertes críticas que a través
de los cursos y reflexiones iban haciendo contra la educación oficial, algunos
padres de familia sacaron a sus hijos de la escuela. No querían que
“domesti-caran” a sus hijos enseñándoles una cultura burguesa que nada tenía
que ver con su realidad.
Pero como es natural no bastaba con sacar a los
niños de la escue-la. En esta actitud negativa pasaron algunas familias el año
escolar de 1970. Era necesario dar un paso adelante y crear para sus hijos una
escuela a su medida. Así es como comenzaron las “escuelitas campe-sinas”.
En diversos puntos del Paraguay se realizó esta
experiencia. Se buscaba dar a los niños desde el primer momento una verdadera
edu-cación liberadora, siempre a partir de la propia realidad campesina y la fe
cristiana.
A muchos no campesinos esta experiencia les pareció
irrealiza-ble, por falta total de medios económicos y de personal competente.
Pero los campesinos lo consideraron imprescindible y se lanzaron de-cididamente
a este trabajo.
No había ni maestros, ni locales, ni plata. Los
campesinos resol-vieron estos problemas con sencillez. Eligieron entre sus
propios hijos mayores algunos más responsables y bien concientizados. Y con la
ayuda de algunos “técnicos” organizaron varios cursillos de quince días para
estudiar el modo de realizar con ellos una auténtica educa-ción liberadora.
Este tipo de cursos se hacía periódicamente en varias regiones del país.
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contemporáneo
A los maestros se les llamaba “pytyvohára” (el que
ayuda). La experiencia demostró que, al menos para empezar, eran más efica-ces
que los maestros oficiales, pues estaban menos maleados para poner en práctica
nuevos métodos y nuevos contenidos de educación; y, sobre todo, partían más de
la realidad campesina.
Un problema muy grave de la educación oficial en el
Paraguay es que se enseña en castellano, a pesar de que los niños campe-sinos
no entienden este idioma. Por ello el primer paso de las escuelas campesinas de
las Ligas fue enseñar totalmente en guaraní. En el segundo y tercer ciclo se
les enseña el castellano de una manera técnica.
Otro problema serio es que los mismos programas y
los mismos textos se usan para un niño de Asunción que para un niño del cam-po.
Para resolverlo se hicieron pequeños libros de texto adaptados al campesinado y
a los nuevos métodos.
El método de alfabetización era de tipo silábico, a
partir de “palabras clave”, de un fuerte contenido problematizador, al estilo
de Paulo Freire.
Desde el primer momento el “pytyvohára” y los niños
entraban en un diálogo permanente. Todo se problematizaba y se discutía,
siem-pre con un marcado tinte social. Se estudiaban los problemas cam-pesinos,
la historia de los pobres, la religión liberadora. Se hacía hincapié en todo lo
que colaborara a la formación de la personalidad de los niños; a fomentar su
creatividad, su juicio crítico. Se fomentaba de una manera activa el sentido
del trabajo en común, la responsabi-lidad, la solidaridad. Se procuraba formar
hombres libres y responsa-bles que supieran poner su felicidad en “ser más”
personas y no en “tener más” cosas; en servir a los demás y no en “ser
servidos” por sus semejantes. El fin de las escuelitas campesinas no era crear
nuevos consumidores o nuevos explotadores; ellos buscaban formar nuevos
hermanos, apoyados en el cultivo de los valores campesinos y en la fuerza
liberadora de la fe cristiana.
Estas escuelitas no tenían ningún control oficial,
ya que no reci-bían, ni querían recibir, un solo guaraní del gobierno
stronista, pues ello equivaldría a esclavizarse a sus programas. Como
consecuencia, los alumnos no recibían ninguna clase de título oficial. Así
reafirma-ban su postura de repudio del mundo de fachadas y papeleos, pero sin
contenido humano.
Tenían planeados tres ciclos de formación, que no
necesariamen-te cada uno duraba un año escolar. Dependía del grado de
asimilación de cada niño.
El trabajo de los “pytyvoháras” en sí era gratis.
Se trataba de un servicio que voluntariamente prestaban a la comunidad. Aunque
se
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procuraba que una de las actividades de los alumnos
fuera cultivar una huerta en común con la que poder ayudar un poco a los gastos
de su “pytyvohára”, o si no se buscaba cualquier otra forma de ayu-darle. Como
local normalmente se usaba un galpón amplio o alguna pieza de alguna casa.
Los padres de familia eran los directivos de la
escuela. Se reunían con frecuencia, y ellos decidían la marcha de la escuela,
fechas de vacaciones y cualquier problema que se presentara. Se daba el caso,
por ejemplo, de que en tiempo de cosecha o de siembra decidían dar vacaciones
porque necesitaban a sus hijos para el trabajo. Y en cam-bio, en tiempo de
vacaciones de las escuelas oficiales, ellos podía ser que tuvieran clase.
La experiencia no llegó a madurar del todo, pero
creo que en sí misma fue un tanteo maravilloso en busca de nuevos métodos de
educación, más de acuerdo con la realidad campesina latinoamerica-na. Estamos
demasiado cansados de programas importados.
II.
ACCIONES COMUNITARIAS
Para que se desarrolle con éxito un verdadero
proceso de educación no son suficientes los cursillos y las reuniones. El
egoísmo es una realidad muy concreta. Por eso no basta con descubrir y
reconocer que somos egoístas, y pasarse luego muchas horas hablando sobre ello.
Piensan los campesinos que un remedio eficaz contra esta enfermedad, raíz de
todos los demás males, es el trabajo comunita-rio. Es la única forma de llegar
a la médula del mal. Pues si sólo nos quedamos en palabras, es muy fácil
engañarnos y seguir siendo igual de egoístas que antes.
No basta tampoco esperar a que se realice un cambio
total de es-tructuras, para empezar entonces a poner en práctica de
socialización de los bienes y la vida comunitaria. Si la socialización viene de
una manera violenta, sin una preparación humana previa, nunca podrá llegar a
realizarse de verdad. Ese cambio de estructuras hay que ir preparándolo ya
desde ahora, día a día, como medio imprescindible para ir educando nuestro
sentido comunitario. Si no aprendemos a trabajar y vivir como hermanos, de poco
serviría un cambio de es-tructuras, pues lo mismo volveríamos a fastidiarnos y
a explotarnos los unos a los otros.
Esta intuición básica de los grupos campesinos
paraguayos da como resultado una serie de trabajos y acciones comunitarias,
sumamente eficaces para su propia formación. Como ya dijimos antes, de las
reflexiones en común nacen planes concretos para tra-bajar en común, y de estos
trabajos comunitarios nacen nuevos motivos de reflexión.
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contemporáneo
Casi de una manera imperceptible esta cadena de
acciones comu-nitarias va transformando y renovando el interior de los
campesinos y el pequeño círculo de la sociedad que les rodea. Con frecuencia el
trabajo comunitario es condición imprescindible para que un campe-sino pueda
considerarse miembro de las Ligas.
1.
CHACRAS EN COMÚN
Todo cursillo de iniciación debe terminar
concretando una pequeña porción de terreno de los nuevos socios de esa
comunidad incipiente, los cuales se comprometen a cultivar en común. Dadas sus
caracterís-ticas de pequeños propietarios, no les es demasiado difícil
encontrar un pedazo de tierra que pueda ser puesta en común.
La experiencia debe comenzar a escala pequeña, una
hectárea por ejemplo, para que los problemas que casi siempre se presentan al
comienzo puedan ser resueltos con facilidad. En el cursillo de inicia-ción se
les ha hecho reflexionar acerca de que no se extrañen cuando surjan estos
problemas. Y suelen salir con suficiente espíritu como para poder superar estas
dificultades a base de diálogo en sus reunio-nes de reflexión.
El modo concreto de cómo realizan esta experiencia
dependen mucho de cada caso. Normalmente un socio que tenga baldío un pe-dazo
de terreno lo pone a disposición de los compañeros del equipo, de una manera
desinteresada. Si los componentes del equipo, por te-ner muy poca tierra, no
tienen nada libre, se suele alquilar un pedazo, normalmente a un tanto por
ciento del producto.
Suelen señalar algo así como medio día a la semana
para ir todos juntos a trabajar en su chacra comunitaria.
Superadas las primeras dificultades, el equipo
siente en sí por propia experiencia las ventajas de este método. Entonces, de
una manera muy espontánea, van aumentando la cantidad de terreno comunitario.
La cantidad de terreno comunitario a que llegue
cada equipo de-pende del grado de conciencia que alcance. Los más avanzados
in-tentan llegar a poner todos sus bienes en común. Actualmente hay varias
experiencias en este sentido.
La práctica ha ido enseñando que es preferible
hacer con lenti-tud, de una manera progresiva, este proceso de comunitarización
de bienes. A causa de la educación individualista que por tanto tiempo ha
recibido el campesino, en cuanto se ponen a trabajar en común; enseguida surgen
problemas por falta de entendimiento y por infor-malidades en el trabajo, que
tienden a amargar los ánimos y a hacer-les sentir la tentación de dejarlo todo.
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El entusiasmo excesivo que empuja a correr
demasiado en estas experiencias suele pagarse muy caro con un fracaso, y el
consiguiente desánimo de los que han hecho la prueba.
En cierta ocasión, después de un cursillo de
iniciación, algunos asistentes salieron tan entusiasmados que en pocos días
desalambra-ron sus pequeñas propiedades y formaron en común una extensión de
unas 150 hectáreas. Sembraron en gran cantidad algunos produc-tos, comían todas
las familias juntas, lo hacían todo en común. Pero tan maravillosos deseos no
pudieron progresar porque no estaban preparados para tanto. Enseguida
comenzaron los malentendidos y las peleas. Algunos eran demasiado fanáticos
exigiendo a la fuerza la comunitarización total; en otros, predominaba más el
sentido in-dividualista; y entre los dos extremos cada vez saltaban más
chispas. Algunos se marcharon y al final no hubo más remedio que suspender la
experiencia.
En cambio, en algunos sitios se van acercando a
este ideal lenta-mente, a través de varios años, con un resultado muy positivo,
aun-que no sin un gran esfuerzo y teniendo que superar muchísimos pro-blemas,
tanto de orden externo como interno.
Una experiencia parecida que marcha con mucho más
fruto es la de reunirse en un mismo sitio un grupo de personas, ya debi-damente
preparadas en sus respectivas bases. En varios puntos del Paraguay se está
haciendo esta experiencia, a pequeña escala.
En varios lugares están en marcha experiencias más
grandes a escala nacional o regional, en las que se pretende llegar a cultivar
comunitariamente grandes extensiones de tierras. Sólo se admiten familias que
hayan demostrado tener un profundo espíritu comu-nitario. La responsabilidad de
su fe cristiana es el motor poderoso que les mueve. Y los resultados son muy
positivos en cuanto a uni-dad y espíritu.
Estas últimas experiencias se realizan siguiendo
siempre el principio de partir de la propia realidad campesina, y no hacer nada
que supere sus propias fuerzas. No ha habido créditos econó-micos de por medio.
Progresivamente se va ocupando terreno según es necesario. Últimamente han
ocupado varias chacras, propiedad de la Iglesia, con este fin.
La vida de estos campesinos, sobre todo al
comienzo, es de una pobreza extrema. Quizás sólo así se puede hacer progresar
un ver-dadero espíritu de hermandad. Comenzar con demasiado dinero y
comodidades una experiencia comunitaria sería quizás peligroso. Sin un gran
espíritu de pobreza no es posible llevar adelante experien-cias comunitarias
avanzadas. El progreso material así es más lento, pero más seguro.
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contemporáneo
2.
MINGAS
Otra cosa, enraizada en la más antigua tradición
indígena, es la de trabajar en minga. Se trata de trabajar juntos varios
hombres, por turnos, en sus respectivas chacras. El mismo grupo va pasando por
las pequeñas propiedades de cada uno de ellos.
Esta costumbre indígena, que había desaparecido
bastante, vuel-ve a tomar nueva fuerza, sobre todo entre los miembros de las
Ligas Agrarias. Así el trabajo en el campo se hace mucho más llevadero y más
rápido y además se profundiza en la amistad que les une a todos ellos.
De este método de trabajo comunitario, tan lindo en
sí, han sur-gido también algunas dificultades, debido a haber querido poner-lo
en práctica con excesiva rapidez. Los equipos se han empeñado en trabajar
enseguida siempre juntos, muchas veces han terminado mal, sobre todo si eran
equipos grandes. Pues no es lo mismo, por ejemplo, arar o carpir un terreno
recién llovido o cuando está seco; cada cultivo tiene su tiempo para atenderlo.
Y cuando el equipo es un poco grande, unos socios salen ganando, y otros en
cambio perdiendo, porque se atiende tarde su plantación. Esta ha sido la causa
principal por la que a veces no ha marchado bien esta clase de trabajo.
Como solución se ha recurrido a trabajar en minga
en grupos no mayores de cuatro o cinco personas. Parece que no es reco-mendable
comenzar por este tipo de trabajo las actividades de un equipo nuevo. Es
preferible comenzar por la chacra común. Y una vez que la chacra comunitaria
está en marcha, comenzar también a trabajar en minga.
Sólo alguno grupos ya muy integrados entre sí
pueden trabajar en minga por un largo tiempo. Pero nunca suelen hacerlo toda la
semana entera. A veces hay fanáticos que quieren exigir a la fuerza un trabajo
comunitario total, con lo que hacen mucho daño a la orga-nización. Otra forma
de trabajar en minga es tomar por contrato un trabajo ajeno para realizarlo
todos juntos.
Una vez convencidos los campesinos de la necesidad
y la eficacia del trabajo comunitario, ellos saben inventar multitud de nuevas
for-mas de trabajar en común.
Se suele, por ejemplo, “hacer rajas” en común. En
sitios donde hay buena madera se dedican a aserrar a mano o a hacer postes para
alambrados.
Entre las mujeres el trabajo comunitario más
frecuente es hacer un gallinero en común, criar algunos cerdos o hace algún
trabajo de cocina, por ejemplo chipá, para vender en el pueblo.
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3.
ALMACENES COMUNITARIOS
Los campesinos suelen decir que el dinero que sale
de estos trabajos comunitarios es sagrado. Por eso nadie lo puede tocar
individualmen-te: todo se mantiene en común.
Esta plata comunitaria normalmente se emplea en
formar un pequeño almacén de consumo. Al cabo de varios meses de trabajo
fácilmente han conseguido reunir un poco de dinero. Con él compran al por mayor
algunos productos de primera necesidad, como azúcar, sal, yerba mate, jabón,
aceite, etc. Según va aumentando su capital, aumenta también el número de
productos adquiridos (ropas, herra-mientas...), hasta que prácticamente se
llegan a cubrir todas sus nece-sidades principales.
Con este almacén propio los socios suelen conseguir
lo productos normalmente un 40% más barato de lo que lo conseguían antes.
Aparentemente se trata de una pequeña cooperativa
de consumo. Pero creo que sus características lo distinguen bastante de la gran
mayoría de las cooperativas.
En primer lugar, estos almacenes comunitarios jamás
se comien-zan con un crédito. Aquí el dinero inicial ha habido que sudarlo por
una larga temporada. Si ese dinero hubiera venido de otro sitio, aun-que lo
hubieran dado con buena voluntad y de forma desinteresada, normalmente el
campesino se sentiría poco responsable en su admi-nistración, pues no lo
consideraría como propio. Es lo que suele pasar en la mayoría de las
cooperativas. Pero el dinero que le ha costado mucho sudor y esfuerzo, lo miran
y lo cuidan hasta lo último, pues es una cosa totalmente suya.
Procuran aumentar el capital inicial en todo lo que
sea posible. Pero no a base de vender los productos más caros de lo que han
costado, sino siempre con el sistema de trabajos comunitarios; no a base de
explotar a los hermanos, sino explotando la naturaleza, o sea, trabajando.
Los productos se venden a los asociados a precio de
costo, en el que se incluye un pequeño porcentaje por transporte de la
mercade-ría, merma que se produzca al vender al menudeo y un pequeño tanto por
ciento en concepto de devaluación de la moneda.
Pero este beneficio no lo guardan para sí mismos.
Normalmente después de varios meses de afianzamiento, ponen su almacén
co-munitario al servicio de todos los vecinos que quieran servirse de él. En
este sentido ha habido muchos tanteos. En algunos sitios se vende a los
no-socios al mismo precio que a los socios. En otros luga-res se llegó a vender
a los no-socios al precio corriente de los demás almacenes, por lo que las
otras bases les criticaron fuertemente por considerarlos explotadores. Los más
corriente es que se venda a los
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no-socios aproximadamente a un 10% sobre el precio
de costo. La razón principal por la que se ha llegado a esta conclusión es
porque si se les vende a todos a precio de costo, resulta que los que no
quieren trabajar comunitariamente para aportar capital a la organización se
están aprovechando del trabajo ajeno, con lo que se fomenta su
irres-ponsabilidad. Las pequeñas ganancias que salen por este concepto se usan
normalmente en gastos de la organización o en necesidades extremas que puedan
surgir.
Como es de esperar, los comerciantes tradicionales
del lugar, que siempre han sido los que más se han aprovechado del estado de
miseria del campesino, levantan el grito, escandalizados por los “nuevos
siste-mas”, y corren a denunciar a las autoridades que en su zona está toman-do
fuerzas una “organización comunista muy peligrosa”. Como es natu-ral no se les
ocurre decir que están perdiendo víctimas a quienes explotar.
En las zonas donde comienzan a funcionar estos
almacenes comunitarios es frecuente que todos los comerciantes del lugar se
vean obligados a bajar los precios de sus mercaderías, con lo que se consigue
hacer un bien de consideración a todos los vecinos.
Han habido zonas donde los comerciantes se han
tenido que mar-char a sitios más tranquilos, en los que se pudiera “trabajar”
mejor.
El sistema de administración sigue
el mismo camino del que ya tanto hemos hablado: a partir de su realidad.
Administrar pequeñas cantidades de dinero conseguido a base de trabajo propio
no es difícil. Y según va aumentando su capital, aumenta también su capacidad
administrativa.
Se han hecho muchos ensayos y reflexiones sobre el
modo de ad-ministrar los almacenes comunitarios. Cada comunidad ha resuelto el
problema como ha creído más conveniente.
En algunos sitios la misma persona permanece por
largo tiempo al frente del almacén, generalmente a sueldo. Es un sistema que no
resulta muy efectivo. Fácilmente nacen dudas en la base sobre la hon-radez del
encargado y, sobre todo, se sienten poco responsables de una cosa que ellos no
llevan directamente. Además ciertamente cuando el encargado es fijo, es más
fácil que éste llegue a creerse el dueño y señor de todo y aun llegue a cometer
algunas irregularidades económicas.
Después de intercambiar experiencias, lo más
corriente es que los encargados lo sean por pequeñas temporadas. Quizás el
sistema más eficaz es el siguiente: cada quince días se nombran dos encargados,
uno que sepa escribir y otro que no. Estos dos hombres están estos días en el
almacén al servicio de la comunidad, de manera gratuita, puesto que el resto
del año ellos van a recibir el mismo servicio tam-bién gratuitamente. Algunas
comunidades se comprometen a pasar de uno en uno a trabajar un día en la chacra
de los encargados
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de turno, sobre todo si es en tiempo en que apura
más el trabajo del campo. Después de los días señalados se reúnen los socios
para reci-bir la rendición de cuentas y nombrar los nuevos encargados para la
temporada siguiente.
Se está trabajando para coordinar entre sí todos
los comunitarios de la República. Ya de hecho están coordinados en algunas
regiones.
Aunque el dinero del almacén es común, cada socio
tienen una cuenta particular de lo que ha aportado a la sociedad con su
trabajo. Esto facilita el crédito a los socios. Aunque ante el peligro de que
en tiempo de necesidad todos se coman su plata, como ocurrió en algu-nos
sitios, se ha llegado al acuerdo de no dar mercaderías a crédito por más del
50% del dinero que cada uno tiene en su cuenta.
En caso de personas muy necesitadas, que no pueden
trabajar, se les suele dar la oportunidad de entrar como socios con los mismos
derechos que los demás mediantes el pago de una cuota simbólica muy pequeña.
Cada socio puede usar también 50% de su fondo, sin
pago de in-tereses, en caso de enfermedad o necesidades imperiosas, quedando
con una obligación de reponer este dinero en tiempo de cosecha o cuando le sea
posible. Si la necesidad es extrema, como en el caso de salvar una vida, no
tienen escrúpulos en emplear los fondos comuni-tarios que sean necesarios. Ha
habido casos en los que han tenido que comenzar de nuevo el almacén porque todo
lo que había se empleó en una necesidad extrema. Con esto demuestran que su
plata está al servicio de las personas, y no al revés.
Con estos pequeños almacenes los campesinos
paraguayos ha-cen una crítica efectiva muy seria al sistema normal de
comercializa-ción, que tanto daño les hace.
Como los buenos campesinos, no se pasan el tiempo
en vanas discusiones sobre los males del capitalismo. Pasan a la acción
directa. Estos almacenes comunitarios son como un clamor profético de pro-testa
contra el hecho de que unos pocos, precisamente porque tienen más plata que los
demás, explotan a la mayoría precisamente porque éstos no tienen dinero. Con
este método horroroso los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Los
almacenes comunitarios son una reacción extrema, de tipo profético, contra esa
injusticia. En ellos se aumenta el capital solamente a través del trabajo. Se
explotan las cosas y los animales, pero no a las personas.
4.
VENTA Y COMPRA EN COMÚN
No basta con organizarse para comprar más barato
los artículos de consumo. Se han ido dando nuevos pasos para poder vender en
co-mún toda la producción campesina.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Lo primero fue organizarse para poder vender juntos
algodón, tabaco, coco, porotos, maíz o cualquier otro fruto de su trabajo. Al
reunir mayores cantidades, podían exigir precios un poco mejores. Después vino
la organización para poder comprar en común semillas, abonos, insecticidas y
hasta en algún caso un poco de maquinaria. Con ellos se va rompiendo el
aislamiento del campesino.
En los sitios más organizados económicamente, este
trabajo se hace normalmente a través del almacén en común, pues los fondos que
hay en él sirven como un pequeño capital operativo que permite pagar al
campesino en el momento en que entrega el producto. En este caso el almacén se
convierte en acopiador, que paga por cada producto un precio prudencial, y
después de venderlo al por mayor, reparte el resto. Últimamente se están
haciendo esfuerzos para conse-guir una comercialización interna de una región a
otra.
Cada región del país, como es natural, produce un
producto más que otro. Hasta ahora se han encargado del intercambio y
comercia-lización de estos productos elementos ajenos a los intereses del
cam-pesino. Este se ha mantenido sumamente aislado de sus hermanos de otras
regiones. Por eso se comienza a plantear la venta directa de unos campesinos a
otros, sin pasar por la cadena intermedia de comerciantes, que hacen subir
extraordinariamente el precio de los productos.
Con cierta frecuencia la venta al por mayor tiene
serias dificul-tades, pues ha habido casos en los que los compradores han
puesto trabas a recibir la carga de un camión procedente de las Ligas. Hay
firmas comerciales que le hacen el boicot a la unión de los productos
campesinos. Otros, en cambio, prefieren los servicios de las Ligas por tener un
mayor volumen de comercialización y una mayor responsa-bilidad en los
servicios.
5.
AYUDA MUTUA
Las experiencias de las que hemos hablado son a una
escala más or-ganizativa y estructurada. Pero según va entrando en los miembros
de la organización el espíritu comunitario, nacen entre ellos una gran cantidad
de pequeñas ayudas mutuas, que quizás son las que más sua-vizan la dureza de la
vida campesina.
Si un hermano se enferma es frecuente que los
miembros de su equipo se pongan de acuerdo para ir a cultivar su chacra.
A veces vuelven a poner en práctica una costumbre
paraguaya muy antigua, que ya se había perdido: el yopói. Cuando un vecino mata
un cerdo, por ejemplo, reparte parte de la carne entre sus amigos. Y éstos a su
vez hacen lo mismo cuando ellos matan otro animal. Volver al tiem-po del yopói
es una añoranza de todo campesino de edad avanzada.
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Las mujeres se ayudan más en sus quehaceres
domésticos, se prestan con más facilidad todo lo que tienen, profundizan el
sentido de la tradicional hospitalidad paraguaya.
Algunas comunidades han señalado el sábado como el
día de la ayuda mutua. Todos los miembros trabajan juntos para cubrir la
ne-cesidad de algunos de ellos en una tarea que no sea de agricultura. El
trabajo más corriente es el arreglo de sus casas. La mayoría de los ranchitos
campesinos son de paredes de estaqueo y barro y techo de paja. Un hombre solo
difícilmente puede mejorar su casa. Entonces se ponen de acuerdo los
componentes del equipo y van juntos en busca de paja para renovar los techos; o
hacen una holería comuni-taria, y una vez tienen los ladrillos cocidos se
dedican de sábado en sábado a mejorar sus viviendas.
Cuando un miembro del equipo tienen una necesidad,
puede pedir ayuda a sus compañeros y éstos, según las peticiones, deciden
cuándo y cómo le pueden ayudar.
6.
UNIDOS EN LA PERSECUCIÓN
Todos estos trabajos comunitarios de los que hemos
hablado pueden dar la impresión desde lejos de algo así como un juego
romántico. Pero de romanticismo no hay nada aquí, sino una vida muy dura y
muchos problemas que resolver.
Sobre la dureza de la vida campesina en sí y de los
esfuerzos por organizarse rompiendo las viejas cadenas del individualismo, cae
ade-más encima de estos hombres una sistemática persecución por parte del
gobierno. La organización campesina autónoma parece como si estuviera condenada
a muerte.
En los últimos años se puede calcular en varios
centenares los campesinos que han sido apresados por uno o varios días con el
fin de intimidarles fuertemente para que dejen su organización. Por todos lados
se fomenta un clima de terror. Se divulgan toda clase de calum-nias.
Últimamente ha habido varios casos de torturas físicas.
Pero es frecuente oír decir a los campesinos que la
persecución es buena: da espíritu y unidad, y motivos claros para reflexionar.
Ade-más, es como una criba que selecciona a las personas que están
ver-daderamente dispuestas a tener un compromiso por sus hermanos, y aleja, en
cambio, a las personas interesadas y de pocas cualidades.
Con frecuencia las bases campesinas han salido
fortificadas de una etapa de persecución, si es que han realizado acciones
conjuntas a favor de los perseguidos. En cambio, si ante la persecución toman
la actitud de encerrarse y suprimir las actividades, como a veces han hecho por
consejo de algunos párrocos miedosos, la organización pierde mucha fuerza.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Hay diversas formas de manifestar solidaridad con
los perse-guidos. Pero no todo se puede contar, sería quizás provocar nuevas
represiones. Me limitaré, por consiguiente, a narrar brevemente algu-nos casos
aparecidos en el “Boletín de Informaciones” de la Conferen-cia Episcopal
Paraguaya.
A comienzos de 1970 la autoridad policial de Kiindy
se empe-ñó en destrozar a base de miedo la organización campesina. Para ello
comenzó a apresar sin más a líderes campesinos por veinticua-tro horas, menos
algunos minutos, pues decía que ese derecho se lo daba la Constitución
Nacional. Cuando alguien iba a interesarse por la causa de la prisión de sus
compañeros, quedaba también preso. Así pasaron unos días. Cuando se dio
citación policial por tercera vez a un campesino benemérito, viejo catequista,
de la Ter-cera Orden de San Francisco, un dirigente de las Ligas dijo que iba a
probar si en aquel pueblo había hermanos de verdad. En pocas hora reunió ciento
cincuenta campesinos dispuestos a ir presos. En silencio absoluto se
presentaron a la comisaría. Un campesino elegido de antemano dijo con serenidad
que habían sido citados por el comisario, mostrando la papeleta de citación del
viejo cate-quista. ¿Dónde está fulano?, preguntó la autoridad policial. Todos
somos fulano, contestaron a coro los asistentes. El que hacía de voz del grupo
explicó que cuando se toca a un hermano es igual que si se tocara a todos; por
eso todos se sentían citados por el co-misario. Todos estaban dispuestos a
quedar presos. Al no dejarles entrar en la comisaría, se sentaron en la calle
en silencio a esperar. Después vinieron los cantos a todo pulmón. A las varias
horas se les amenazó fuertemente con las armas en la mano para que se fueran,
pero nadie se movió. Hasta que después de muy entrada la noche, en vista de que
no se les admitía como presos, decidieron marcharse pacíficamente. El miedo al
calabozo había desapareci-do. Por mucho tiempo no hubo más presos. Y el
espíritu de her-mandad quedó fortalecido.
He conocido diversos casos en los que ante la
prohibición de realizar un curso de base, no solamente no se ha suspendido,
sino que ha venido otra mucha gente de bases vecinas para fortalecer a los
asistentes.
Hemos celebrado algunas misas en ranchitos
campesinos rodea-dos de soldados armados, que esperaban para
llevarse preso al dueño de la casa por haber realizado una reunión sin
permiso. Y nadie se movía de su sitio. Lo más que hacían era apretarse
alrededor de la mesa que servía de altar.
Es frecuente que cuando hay algunos compañeros
presos, un centenar de campesinos vaya a sentarse delante de la comisaría has-
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ta que no suelten a sus hermanos. En el “Boletín de
Informaciones” se pueden encontrar descritos bastantes casos de éstos.
En Caaguazú, como signo de protesta contra una
injusticia con-creta, doscientos cincuenta campesinos ocuparon por varios días
el templo del pueblo, y la policía les hizo un cerco de hambre.
En diversos pueblos de Misiones se han hecho
manifestaciones hasta de mil campesinos, en perfecta formación y silencio, con
afiches como signo de solidaridad con algunos compañeros presos.
En marzo de 1972 la policía suprime una reflexión
comunitaria sobre el matrimonio que estaba realizando una base de Santa Rosa.
Arrestan al dueño de la casa y a tres vecinos. Entonces, como no se de-jaba a
aquellas treinta personas hacer la reflexión, avisan a las demás bases y
deciden ir a continuar la reflexión en la plaza del pueblo delante de la
comisaría. Fueron trescientos. El tercer día llegaron a quinientos. La mayoría
de los sacerdotes de la diócesis y el propio obispo les acompañaron en su reflexión.
La policía se limitó a poner poderosos parlantes
con música para que no pudieran hablar cómodamente entre sí. Pero el signo de
soli-daridad y de decisión de seguir adelante estaba dado.
Cuando el campesino cae preso, sus compañeros
procuran que sus sembrados no queden abandonados, y mucho menos sus fa-milias.
En algunos casos se ha hecho una colecta, a escala nacio-nal, en favor de las
familias de presos que ya llevaban algún tiempo encerrados.
Muchos otros casos podrían contarse. Basten éstos
como signo de su actitud de fraternidad ante los peligros.
También hay que hacer notar que no siempre es así.
La persecu-ción es dura. Y, por consiguiente, también con frecuencia hay gente
que se echa atrás. Hay veces en que todo el mundo se esconde y no hay forma de
hacer nada. Depende del grado de preparación que tengan.
En carta pastoral del 23 de mayo de 1971, el obispo
y presbite-rio de la diócesis de Misiones aclaran el motivo de las
manifestacio-nes campesinas: “Al renacer de la conciencia de sus inalienables
dere-chos de hombres libres, de ciudadanos y de cristianos comprometidos con su
fe, se debe atribuir — y no a instigamientos subversivos de parte de nadie— el
hecho esperanzador de los ya muchos actos solidarios, protagonizados en forma
pública, serena y respetuosa por grupos más o menos numerosos de campesinos en
los distintos pueblos del interior del país”.
7.
ALEGRÍAS COMUNITARIAS
La unidad no hay que demostrarla solamente en las
penas. También las alegrías comunitarias sirven para unirse y educarse en la
hermandad.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuando la persecución no arrecia mucho, estos
campesinos cele-bran a veces fiestas populares en un ambiente de alegre
familiaridad y de una manera abierta a los demás. Pero, en todo caso, su mayor
muestra de alegría comunitaria siempre son las canciones.
Al paraguayo le encanta cantar sus ritmos nativos,
sobre todo la polca, que es la expresión más típica del campesino. En ella
expre-san lo más profundo de su ser. Los ritmos de la polca les ponen en
tensión, enseguida hacen ambiente y comienzan los gritos de alegría.
Esta expresión tan popular del alma guaraní ha
tenido multitud de nuevas manifestaciones en medio del campesino organizado.
Nue-vas canciones y poesías corren de grupo en grupo por todo el territorio de
la República. No hay reunión sin canciones.
En ellas cuentan, generalmente en guaraní, su
realidad cam-pesina, las causas de su miseria y el nuevo horizonte de esperanza
que se ha abierto en sus vidas. La estrofa de la canción que quizás se ha hecho
más popular dice así, traducida al castellano:
“Levantemos
nuestras manos, abracémonos, ¡pues somos hermanos y no lo sabíamos!
Ha
sido largo nuestro camino y muy difícil encontrar esta idea tan linda escondida
hace mucho tiempo.
Mientras
haya marginados
y
cadenas de opresión, si encarcelan las ideas siempre habrá por qué luchar...
Si
algún día te dijera alguno que mi compromiso ya pisoteé, date vuel-ta a mirar
mi sangre y verás entonces mi fidelidad.”
Las canciones en guaraní, por salirles del fondo
del corazón, son más realistas y tienen más fuerza.
“Levantemos a gritar. Es tiempo de despertar, pues
llevamos mu-cho tiempo durmiendo...”; “Vemos que el Ojos Grandes (el
capitalis-mo) nos tiene postrados; no nos deja holgados; no quiere ni que
pensemos...”; “Me retuerce de dolor esta enfermedad: que unos po-cos tienen
todo y nosotros nada”; “Los malos juntos se esfuerzan en dispersarnos, y
después se ríen de nosotros. Porque vivimos por cabeza ajena ya hemos surgido
mucho y nosotros andamos mal unos con otros...”; “Es bueno hacer nuevo este
mundo tan viejo, para que no se pudra todo...”; “Destrozemos todos juntos estas
cadenas que desde hace tiempo nos atan los pies...”.
Cuando los pobres se ponen a cantar con entusiasmo
sus ideales, es porque algo importante está pasando entre ellos.
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8.
ACCIÓN DIRECTA NO VIOLENTA
Los métodos de estas organizaciones siempre han
sido no violentos. Con frecuencia hacen presiones los de arriba para que caigan
en la tentación de la violencia. Pero ellos están convencidos de que, dadas las
circunstancias paraguayas actuales, cualquier clase de violencia sería un grave
error, pues daría la excusa que están esperando algu-nos poderosos par caer
violentamente a sangre y fuego encima de toda persona comprometida. Así, en
cambio, los poderosos tienen que tener más cuidado en guardar las apariencias.
Se limitan a ame-nazar a algunos. Pero por ahora no pasan de ahí, porque estos
grupos organizados gozan de la simpatía de gran parte del pueblo, tanto den-tro
como fuera del Paraguay. Los muchos esfuerzos que hasta ahora han hecho por
desprestigiarles han sido inútiles. Es el propio gobier-no el que se
desprestigia más, cada vez que emprende una nueva cam-paña de calumnias y
persecución.
Prácticamente todo lo que hemos hablado en esta
parte son accio-nes directas no violentas. Con las chacras en común, los
almacenes comunitarios y todo lo demás se está atacando
directamente de una manera pacífica el sistema de comercialización
explotador que sufre el campesinado. La persecución que estos explotadores
desatan contra las bases organizadas prueba que se les está dando en la misma
llaga.
Las manifestaciones en que los
campesinos se solidarizan con los compañeros presos son del más puro corte de
la no violencia. Otro tipo de acción directa no violenta usado por ellos es
la no-colabora-ción con cualquier entidad que consideran
contraria a los intereses del pueblo. Es un paso más difícil de
hacer pues supone una fuerte organización. Pero ya lo han puesto en práctica
varias veces.
Sirva como ejemplo el siguiente: a finales de 1971
las Ligas Agra-rias decidieron a nivel nacional no aceptar los servicios de una
or-ganización oficial de lucha contra la fiebre aftosa, porque la vacuna
obligatoria era cara, ineficaz y con frecuencia provocaba serios
incon-venientes a los animales, y en ciertos casos incluso la muerte. En
vis-tas de que muchos de estos inconvenientes provenían del mal estado de las
vacunas y de la irresponsabilidad de los vacunadores oficiales, y a pesar de
ello no había forma de exigir responsabilidades, decidieron no aceptar más los
servicios oficiales, hasta que no se dieran garantías de la eficacia de la
vacuna y de los servicios de los empleados.
Algo parecido ha ocurrido con algunas otras
entidades oficiales que, a juicio de los campesinos, cobran impuestos
exagerados o ac-túan con desprecio al campesinado, no teniendo en cuenta sus
condi-ciones de vida y sus posibilidades económicas.
La no-colaboración se puede reforzar también con
otro tipo de acciones directas. En el caso de la fiebre aftosa
se hizo una manifesta-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
ción en Piribebuy, en noviembre de 1971, exigiendo
responsabilidades por la muerte de sus animales. Unos quinientos campesinos con
car-teles recorrieron las calles del pueblo para entregar unas cartas en las
diversas oficinas públicas. Cuando se acercaban a la comisaría fueron cercados
por algunos policías armados. Entonces los campesinos se sentaron en medio de
la calle y le dijeron a la policía que podía dispa-rar si querían. Ante la
petición del comisario de tener un diálogo con ellos, los manifestantes dijeron
que con fusiles apuntándoles, no era posible el diálogo. Hasta que consiguieron
que se fueran los policías y se les dejara continuar tranquilamente su
recorrido bajo las miradas de simpatía del pueblo entero.
En un cuaderno de actas de una Liga consta con
cierta ironía que la reunión continuó en la comisaría porque todos habían sido
apresa-dos por reunirse sin permiso.
Normalmente, a pesar de la prohibición, no suelen
pedir permiso para reunirse, pues se reúnen amparados por un derecho humano,
suscrito además por la propia Constitución nacional. Las condiciones para
esta clase de acciones están descritas sucintamente en las con-clusiones de una
reunión nacional de Ligas: “Para practicar la acción directa no violenta es
necesario una profunda concientización y orga-nización del pueblo. Sin esta
preparación es imposible”.
Como frutos concretos señalan los
siguientes: “Combaten direc-tamente el miedo que cada uno de nosotros llevamos
dentro, y que tanto interés tienen los de arriba en meternos cada vez más. Así
senti-mos la fuerza de la unidad; en vez de tener miedo a ir presos, estamos
dispuestos a ir presos todos juntos. Crean un espíritu de solidaridad, de
unidad, amor entre los compañeros. Por ser una lucha justa y pa-cífica suele
ganarse la simpatía y el apoyo popular”.
III.
NUEVO TIPO DE ORGANIZACIÓN CRISTIANA
Hasta ahora hemos hablado en general de
organización campesina. Conscientemente no he querido identificar estas
experiencias con nin-guna organización concreta. Como toda experiencia viva
salida del pueblo, no tiene un fundador concreto a quien alabar, aunque son
mu-chos los que le ayudaron a ponerse en marcha. Son experiencias asi-miladas y
transformadas por el pueblo. En diversos grupos humanos comenzaron a germinar
estas nuevas semillas. A veces comenzaron desde cero. Normalmente se han
desarrollado en organizaciones ante-riores donde había una mayor preparación
humana como por ejemplo la JAC, los Terciarios Franciscanos, diversas clases de
Ligas Agrarias antiguas o alguna organizaciones apostólicas de tipo regional.
No todas las nuevas organizaciones tienen el mismo
grado de desarrollo. Hay entre ellas un intercambio de experiencias. Unas
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bases se ayudan a otras. Pero al mismo tiempo todas
tantean a su estilo los nuevos caminos de formación de comunidades campesinas
cristianas.
Las Ligas Agrarias han efectuado en sí mismas un
cambio organi-zativo más profundo. Quizás haya sido por ser más jóvenes y
tener, por consiguiente, una estructura organizativa más ágil. Las
organi-zaciones apostólicas tradicionales, en cambio, tienen encima el peso de
muchos años, que les dificultan la adaptación a las modalidades de nuestro
tiempo. Por todo esto he creído oportuno centrar esta parte en el estudio
concreto del modo de organización de la nuevas Ligas.
1.
NACIMIENTO DE LAS LIGAS AGRARIAS
Las Ligas Agrarias nacieron en el Paraguay
alrededor de 1961 con un marcado acento sindical de inspiración cristiana. Un
grupo de perso-nas de Asunción con un gran espíritu de servicio, pertenecientes
al Movimiento Sindical Paraguayo, comenzaron a salir al interior del país con
el fin de reunir a los campesinos y ayudarles a organizarse por sí solos. Los
primeros resultados fueron muy buenos. El campesi-nado vio una gran esperanza
en este tipo de organización y en algunos pueblos acudió en gran cantidad a afiliarse
a las Ligas.
El gran mérito de estos comienzos fue despertar en
el campesina-do un gran deseo de organización y educación por cauces nuevos. Se
puso en marcha el método de la formación por la acción. Por primera vez el
campesinado se sintió con personalidad propia, independiente de los grupos
políticos partidarios y en cierto sentido de la propia jerarquía de la Iglesia.
Comenzó un proceso de desarrollo a partir del propio campesinado.
Pero como en toda obra nueva se tuvo que pagar
también el pre-cio de algunos errores. Muchos campesinos creyeron que iban a
progresar fácilmente sin un serio esfuerzo personal. Algunos di-rigentes
asuncenos prometieron ayuda material. Se les hizo creer que iban a venir
créditos, y muchos llegaron a desanimarse porque no llegó el dinero y resultaba
que organizarse no era tan fácil como ellos pensaban.
A esta primera dificultad inicial se unió un
problema más gra-ve: una rivalidad muy seria entre dos grupos de dirigentes.
Por largo tiempo estos dos grupos hicieron una gran campaña de pro-selitismo en
las bases con lo que consiguieron fanatizarlas, y como triste resultado las
nacientes Ligas Agrarias se dividieron en dos gru-pos antagónicos. Es difícil
aclararlo pues cada grupo lo cuenta a su manera, pero los motivos de fondo
principales de esta lucha fueron —a mi entender— el deseo de acaparar una pequeña
cantidad de dinero que se ofrecía, y el ansia personal de mando de algunos
.py 97
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
dirigentes. Se dieron otros muchos motivos
aparentes de tipo ideo-lógico. Pero creo que los motivos profundos de la
división son los que he apuntado.
En esta tensión no intervinieron activamente las
bases. Fue un problema entre dirigentes no campesinos. Pero, como siempre, los
pobres fueron los que sufrieron las consecuencias pues muchos per-dieron la
confianza en la organización y otros se dejaron fanatizar y manejar por los
dirigentes.
Como resultado de todos estos líos se crearon dos
federaciones distintas de campesinos. Por un lado la FCL (Federación Cristiana
Campesina), que a través de la CCT (Central Cristiana de Trabaja-dores) estaba
afiliada a la CLASC (Confederación Latinoamericana de Sindicatos Cristianos). Y
por otro lado la FENALAC (Federación Nacional de Ligas Agrarias Cristianas), de
tinte independiente. Cada federación se quedó aproximadamente con la mitad de
las Ligas exis-tentes, que entonces se extendían a unos cuarenta pueblos.
2.
TRANSFORMACIÓN INTERNA DE LAS LIGAS
Las Ligas Agrarias están muy agradecidas a aquel
grupo de personas que comenzaron a abrir los ojos al campesinado y les ayudaron
a organizarse. Sin su ayuda hubiera sido prácticamente imposible co-menzar este
proceso de crecimiento interno que hoy está en marcha. Como el samaritano de la
parábola de Cristo, ellos supieron acercarse a este malherido, el campesinado,
que medio muerto se desangra-ba a la vera del camino. Con acierto supieron
insistir en la idea de que el propio campesinado tiene que salvarse y dirigirse
a sí mismo. Y esta idea, a pesar de las dificultades que hubo de por medio,
llegó a germinar y dar fruto abundante.
La mayor alabanza que se puede hacer de los
iniciadores es que las Ligas llegaron a saber prescindir de ellos.
Las Ligas comenzaron con un esquema de organización
de tipo tradicional, y por consiguiente, con los defectos tradicionales de toda
organización: paternalismo, caudillismo, servilismo. No se le puede echar la
culpa de estos defectos solamente a los iniciadores. Son viejas lacras
campesinas. Pero la buena semilla de la autodeterminación llegó a triunfar
contra estas plagas.
Fue hacia finales de 1968 cuando en el departamento
de Misio-nes comenzó a brotar un deseo de valerse por sí mismo a raíz de un
cursillo que, como siempre, esperaban que fuese dado por gente de Asunción. Los
asuncenos, por causas imprevistas, no se presentaron. Y entonces aquel grupo
numeroso de campesinos comenzó de una manera espontánea a discutir sus
problemas y a buscar soluciones a la medida de sus posibilidades. Fueron tres
días de una viveza
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especial en el diálogo, como nunca lo había habido.
Y de allí salió el gran descubrimiento de que ellos eran capaces por sí mismos
de hacer un curso.
A este curso las bases habían invitado, a modo de
un campesi-no más, a cuatro sacerdotes, que desde hacía algún tiempo estaban
trabajando como campesinos junto a ellos. Con lo que comenzó tam-bién una nueva
relación entre Ligas y sacerdotes, mucho más de tipo compañero, de igual a
igual, que llegaría a tener en los años sucesivos consecuencias importantes.
Este cursillo celebrado en Santa Rosa, compañía de
Ykuasati, marca a mi entender el comienzo de la nueva época de las Ligas. Allá
había representantes de todas las Ligas del sur, y un gran entusiasmo se
extendió por todas ellas.
Cada uno de los asistentes quiso celebrar en su
base un cursillo del mismo tipo. Para ello fue necesario formar el primer
equipo de educadores campesinos, que junto con los cuatro sacerdotes, se
reu-nieron semanalmente durante varios meses para preparar esquema y modo de
dar los cursos. Y así es como comenzó esta cadena inin-terrumpida de cursillos
de bases de la que ya hemos hablado. Los campesinos decían que se encontraban a
sí mismos como personas. Y al encontrarse a sí mismos es natural que comenzara
una época de profundas transformaciones en busca de una organización totalmente
campesina. Los tesoros campesinos había que ir sacándolos a flote poco a poco.
Entonces comenzó a fraguar aquel lema de búsqueda: “a partir de nuestra
realidad campesina y nuestra fe cristiana”.
Las Ligas pertenecientes a FENALAC, quizás por
tener menos burocracia y ninguna clase de ataduras a otras instituciones,
en-traron más rápidamente en este proceso de autorreforma. Pero la ola se
extendió al año siguiente a las demás Ligas y a diversas or-ganizaciones de
otro tipo. Era algo que estaba en el ambiente, un signo de nuestro tiempo que
los campesinos paraguayos supieron detectar y asimilar.
No hubo directamente influencia extranjera. Aunque
con el tiem-po se fueron enterando que en tal o cual sitio de Sudamérica había
casos parecidos. Quizás el parecido se debe a que todos ellos parten de la
misma raíz humana latinoamericana.
Un año más tarde conocieron los escritos de Pablo
Freire, que no hicieron sino confirmarles en el camino emprendido y ayudarles a
aclarar y profundizar algunos puntos. Pero no se puede decir con todo rigor que
las Ligas siguen los métodos de Freire, aunque coinci-den en muchos puntos y a
veces han practicado fielmente sus métodos de alfabetización de adultos.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
3.
KOGA
El 14 de agosto de 1971 se forma la “Coordinación
Nacional de Bases Campesinas Cristianas”, que de una forma familiar los
campesinos enseguida llamaron “Koga”, palabra guaraní que en castellano
sig-nifica “sembrado”. Dice mucho al corazón del campesino, pues les recuerda
esa unión de tierra paraguaya y su propio trabajo, que lenta-mente a través del
tiempo reverdece, crece y constituye la esperanza del que derrama su sudor
sobre él.
Con este nuevo sistema organizativo se intentaba
englobar a to-das las bases campesinas, que, a través de una educación
liberadora, estaban en marcha por nuevos caminos. No se pedía a nadie que
de-jara su anterior organización, pues no se trataba de una nueva
or-ganización, sino de una manera sencilla de unir esfuerzos de bases
semejantes que por razones históricas ajenas a su voluntad estaban en cierto
sentido separadas entre sí.
Dicen ellos mismos: “No se trata de una federación
centralista, con un cuadro de dirigentes fijos y unas bases que reciban
órdenes. Organizativamente, cada Liga es autónoma de las otras Ligas, pero
todas ellas coordinan entre sí sus ideales y sus acciones a través de una mesa
coordinadora de delegados”.
Las condiciones para formar parte de esta
coordinación nacio-nal son que se trate de un grupo campesino organizado que
busque activamente la transformación del hombre y de la sociedad, que se
sientan empujados para esta lucha por su fe cristiana y que los dele-gados
enviados para cada reunión sean elegidos cada vez por votación de la base. No
se admiten dirigentes sin base, ni grupos que no tengan un compromiso concreto.
Dentro de esta coordinación entraron todas las
bases de FENA-LAC —que desde esa fecha dejó de existir—, algunas de FCC, varias
Fraternidades Franciscanas y diversos grupos independientes de for-mación
nueva.
La parte organizativa de la que vamos a hablar a
continuación pertenece totalmente a Koga. Aunque algunos otros grupos van por
esta misma línea, las bases coordinadas en Koga forman la expresión más madura
de todas estas experiencias. Para ser más concretos se-guiremos lo más posible
un informe oficial que Koga presentó a la Conferencia Episcopal Paraguaya en
diciembre de 1971.
4.
ORGANIZACIÓN HORIZONTAL
Dice el citado informe: “Nuestra estructura
organizativa es muy senci-lla. La experiencia nos enseñó que para remediar el
continuo peligro del caudillismo y el servilismo lo mejor era que nuestras
Ligas no tu-vieran dirigentes permanentes. Todos somos responsables de la mar-
100 .py
cha de nuestra organización. En cada reunión, ya
sea de base, local, regional o nacional se nombra a un coordinador y un
secretario, cargo que terminan una vez acabada la reunión. Vemos por
experiencia que este sistema nos ha ayudado mucho a formarnos mejor y a ser más
responsables.
En cada colonia hay una comunidad de base, según
los casos, dividida en equipos de ocho o más personas, que se reúnen una o dos
veces por semana. Cada comunidad delega dos o tres hombres para coordinarse más
o menos una vez al mes con los delegados de las otras comunidades del mismo
pueblo. Delegados de varios pue-blos del mismo departamento se reúnen también
de vez en cuando para coordinarse entre sí. Y delegados de todos los pueblos se
reú-nen de tiempo en tiempo para coordinar sus ideales y sus acciones a escala
nacional.
Una Liga está formada por la unión de todas las
bases de un mis-mo pueblo. Los delegados nombrados para las reuniones siempre
son variables. Los nombra cada base cada vez en concreto. Ellos llevan a la
reunión las inquietudes de su base y después vuelven a llevar a su base las
conclusiones de la reunión de coordinación. Los sitios de reunión también
cambian cada vez.”
5.
ORGANIZACIÓN CRISTIANA AUTÓNOMA
Las Ligas Agrarias se declaran una organización
cristiana, pero con autonomía en cuanto organización respecto a la Jerarquía.
No entran dentro de la estructura clásica de la Acción Católica, lo cual ha
acarreado con frecuencia ciertos problemas con algunos obispos, que no sabían
en qué encasillados eclesiásticos podían meterlas. Cierta-mente no entran
dentro de las estructuras de una diócesis clásica.
Dice un folleto-resumen del seminario nacional de
Ligas de mar-zo de 1970: “El cristianismo actual es realmente revolucionario...
La actitud del cristiano de hoy es de lucha por la Justicia, según el espí-ritu
de Medellín. Por eso la organización que queremos hacer es algo nuevo, que no
coincide plenamente dentro de ninguna estructura tra-dicional... Nuestro
cristianismo es luz y fuerza revolucionaria...
Aunque de hecho el trabajo de las Ligas es un
verdadero aposto-lado, las Ligas no son una organización apostólica; porque las
organi-zaciones apostólicas entendemos que son fundadas y dirigidas por la
autoridad eclesiástica”.
En el informe de diciembre de 1971 buscan
fundamentar su auto-nomía en documentos recientes de la Iglesia: “Aconseja el
Concilio a los laicos: “Conscientes de las exigencias de su fe y vigorizados
con sus energías, acometan sin vacilar cuanto sea necesario nuevas iniciativas
y llévenlas a buen término” (Iglesia en el Mundo actual, número 43).
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Y el papa Juan XXIII: “Los autores principales del
desarrollo eco-nómico, de la elevación cultural y el progreso social del campo
deben ser los mismos interesados, es decir, los propios agricultores” (Madre y
Maestra, número 144).
Según Medellín, muchos movimientos cristianos
anteriores han fracasado “por el frecuente desconocimiento, en la práctica, de
su le-gítima autonomía” (Movimiento de Laicos, número 5).
Por eso nosotros, campesinos cristianos, “por libre
iniciativa y sin esperar pasivamente consignas y directrices” nos hemos sentido
responsables “de penetrar de espíritu cristiano la mentalidad y las costumbres,
las leyes y las estructuras de la comunidad en que vivi-mos” (Pablo VI, El
Progreso de los Pueblos, número 81).
Esta es nuestra responsabilidad de hacer una
organización cris-tiana autónoma de un nuevo tipo, creemos se encontraría
explicada en el documento del apostolado de los laicos del Concilio: “Hay en la
Iglesia muchas obras apostólicas constituidas por libre elección de los laicos
y dirigidas por su prudente juicio. En determinadas circunstancias la misión de
la Iglesia puede cumplirse mejor con estas obras, y por ello no es raro que la
Jerarquía las alabe y reco-nozca. Ninguna obra, sin embargo, debe arrogarse el
nombre de católica sin el asentimiento de la legítima autoridad eclesiástica”
(número 24).
Ese reconocimiento se funda en el derecho que
tienen los laicos en la Iglesia: “Guardada la relación debida con la Jerarquía
eclesiás-tica, los laicos tienen el derecho de fundar y dirigir asociaciones y
darles un nombre” (número 19).
La Jerarquía no debe “privar a los laicos de su
necesaria facultad de obrar por propia iniciativa” (número 24).
Esa autonomía es necesaria para que el laico sea un
miem-bro adulto dentro de la Iglesia, con plena responsabilidad personal y
social, como lo indica Medellín: “La madurez espiritual y moral de-pende en
gran medida de la toma de responsabilidades en un clima de autonomía” (Pastoral
de Conjunto, número 10).
La autonomía de la organización, sin embargo, lleva
consigo un profundo lazo de unión, no sólo con la Jerarquía, sino con toda la
Iglesia en cuanto cristianos. Sin ese lazo de unión profundo la orga-nización
se convertiría en una secta. Ese lazo es de comunión, fun-dado en la conciencia
de que la verdad de Cristo hoy la tenemos que buscar todos juntos, y que Cristo
dejó a los sacerdotes y obispos para que no se desfigure o se pierda la
integridad del mensaje. Ellos son el lazo de unión de todos los cristianos como
Cuerpo de Cristo. Y a través de ellos nos llega la mayor fuerza liberadora de
la historia, la gracia de Cristo.
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6.
MISIÓN DE LOS SACERDOTES EN LAS LIGAS
Sigue diciendo el informe: “Que nos declaremos una
organización cristiana autónoma no quiere decir que no necesitemos de los
sacer-dotes. Ellos nos prestan una importante ayuda en nuestra búsqueda. Nos
pueden prestar sus servicios muy eficazmente en todas nuestras tareas
educativas. Ellos son en medio de nosotros los coordinadores y maestros en la
interpretación de la Palabra de Dios.
Representan de una manera especial a Cristo. Ellos
nos de-ben ayudar a ponernos en contacto con Él. Ellos son responsables, de una
manera especial, del espíritu de caridad liberadora de todos nosotros. Tienen
el poder de presidir nuestras Misas, que son la fuer-za y el símbolo de nuestra
caridad fraterna. Cuando hemos pecado contra nuestros hermanos pueden
restablecer entre nosotros la unión en nombre de Dios a través del sacramento
de la confesión. Ellos son entre nosotros quienes hacen presente a la Jerarquía.
Su papel esencial es, pues, el de animadores de
nuestra fe, que es el distintivo y la fuerza de nuestra organización. Por eso
su trabajo entre nosotros es de suma importancia, pues la experiencia nos
enseña que si no tenemos ese espíritu de fe cristiana nunca podre-mos construir
la hermandad. Necesitamos muchos sacerdotes y re-ligiosas de este estilo. Pero
la realización concreta de todas nuestras acciones temporales depende
totalmente de nosotros, como seglares responsables de la construcción de un mundo
justo.
Muchos de los problemas que hemos tenido con
sacerdotes han sido porque ellos han querido ser los directores y
administradores de nuestras actividades temporales. Rogamos a los hermanos
sa-cerdotes que nunca quieran manejar nuestra organización y que se esfuercen
en desterrar muy lejos el espíritu paternalista en el que han sido educados”.
Las Ligas no admiten con facilidad a cualquier
clase de sacer-dotes: hay una tendencia muy acentuada a exigirles la
encarnación en la vida campesina, en sus problemas y en su lucha. Dice a este
respecto el seminario nacional de Ligas de marzo de 1970: “En los aspectos
doctrinarios y de la moral los más llamados a colaborar son los sacerdotes.
Pero no cualquier sacerdote, sino aquellos que están comprometidos con nosotros
en nuestros sufrimientos...
Hay sacerdotes que se van acercando a nuestra vida
y comparten nuestras miserias. Son verdaderos compañeros, que por su mayor
for-mación pueden ayudarnos en todo lo que sea educación liberadora. Esta clase
de sacerdotes necesitamos demasiado”.
7.
OBJETIVOS DE LAS LIGAS
Dice
el informe de diciembre de 1971:
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
“Buscamos cómo colaborar junto con todas las
personas y las orga-nizaciones de buena voluntad en el proceso de liberación.
Formar hombres nuevos y poder construir una nueva sociedad, según el es-píritu
de Cristo expresado en los documentos actuales de la Iglesia. Para ello
necesitamos liberarnos de nuestro egoísmo y de toda clase de estructuras
opresoras.
Económicamente nuestro ideal es poder llegar
a socializar la tierra y los medios de producción, en un
sistema que no sea totalitario. No aceptamos el comunismo porque es sin Dios y
absolutista. Queremos un socialismo nuevo impulsado por la fe y nuestra
realidad.
Buscamos que los bienes estén al servicio de los
hombres. Buscamos también el desarrollo integral de toda persona humana. Una
educa-ción que salga del pueblo, al servicio del pueblo, que forme verdaderas
personas.
Organizativamente nada tenemos que ver con ninguna
política parti-daria. Queremos ir destruyendo las estructuras opresoras e ir
crean-do nuevas estructuras de servicio integral a todos los hombres.”
“Las Ligas Agrarias Cristianas son organizaciones
de campesinos me-diante las cuales buscamos asumir nuestro compromiso temporal
au-tónomamente en el proceso de liberación conforme al Plan de Dios y a nuestra
realidad.”
Casi
dos años antes, a comienzos de 1970, en otro informe oficial, las Ligas se
definían a sí mismas de esta manera:
“Somos campesinos cristianos organizados y
comprometidos dentro de una tarea común. El objetivo esencial de nuestra
organización es cumplir el mandato evangélico de liberar a los oprimidos...
Tenemos una actitud de búsqueda. En este último año hemos cambiado mu-cho, y
queremos seguir cambiando. Queremos conseguir hacer una organización
auténticamente campesina, encarnada en nuestra actual realidad paraguaya y
latinoamericana.”
Como
se puede ver, de este informe al otro hubo un progreso notable.
8.
COMUNIDADES DE BASE
¿Son
las Ligas Agrarias comunidades eclesiales de base?
Es éste un tema discutido por ellos mismos. Depende
mucho de lo que se entienda por comunidad eclesial de base.
En un sentido amplio, ciertamente lo son pues se
trata de grupos de personas que quieren vivir como hermanos a impulsos de su fe
cristiana; tienden gradualmente a compartir sus bienes y luchan por cambiar las
estructuras anticomunitarias actuales por otras que pue-dan fomentar la
fraternidad humana.
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Pero la mayoría de los campesinos no aceptan la
idea de con-siderarse comunidades eclesiales de base, porque los modelos que
conocen son demasiado espiritualistas, clericales y encerrados en sí mismos,
sin un compromiso de lucha por la justicia.
En algunos sitios, están naciendo grupos de cinco o
seis familias campesinas más preparadas, con una fe más viva, dispuestos a
com-partir profundamente su vida, su lucha y sus bienes.
Los problemas de la organización en sí, agudizados
por la perse-cución, despiertan en algunos la urgencia de una vivencia más
intensa del cristianismo. Y así es como se forman células cristianas de gran
vitalidad dentro del seno de la organización que, como un fermento, vivifican a
la misma organización.
Estos grupos avanzan mucho más rápidamente que el
resto de las Ligas en la comunitarización de sus bienes. Ellos llegan a
descubrir el sentido profundo del cristianismo como compromiso personal con
Cristo, realizado en comunidad de fe, esperanza y caridad. Descu-bren su misión
de cristianos, su tarea para transformarse transfor-mando el mundo y poder
llegar así a la plenitud del Cristo total.
9.
¿SON LOS CAMPESINOS CAPACES DE EDUCARSE A SÍ MISMOS?
Con esta pregunta comenzamos esta primera parte del
libro. Creemos que con todo lo expuesto hemos dado un testimonio afirmativo al
pro-blema. Falta, no obstante, un largo camino a recorrer. Las críticas que
corren sin cesar acerca de la organización no deben ser despreciadas, por eso
añadimos un apartado especial sobre este tema.
Pero para terminar con alegría campesina esta
parte, creo que viene bien el testimonio del hermano Roberto Giscard, de la
comuni-dad ecuménica de Taizé (Francia), durante su visita al Paraguay. Sus
palabras, tomadas del “Boletín de Informaciones” del 12 de abril de 1970, son
una respuesta desinteresada al problema de la capacidad educativa del
campesinado. Dice así:
“Quedo realmente impresionado de las Ligas
Agrarias, son formida-bles. Me atrevería a decir que son el ejemplo más
palpable de un compromiso en la fe que he encontrado en lo que llevo visto en
mi viaje. Con ellos he entendido también qué es en realidad eso de la
concientización, pues esos hombres manejan conceptos maravillo-sos sobre la
dignidad humana y sobre el cristianismo comprometido, como adquiridos de ellos
mismos, no como algo que se le ha impuesto de afuera.”
Esta
impresión es frecuente en los visitantes que se acercan sin perjui-cios a estas
comunidades campesinas paraguayas.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
A pesar de todo, es discutible la eficacia de sus
métodos de educación y organización. Ciertamente la puesta en marcha de una
educación verdaderamente liberadora arrastra tras de sí problemas muy serios.
Pero lo que no acepta ya ese pueblo que se libera
es llevar ade-lante un proceso educativo según los moldes de ambientes y
culturas distintas a las suyas. Una vez que abren los ojos y se ponen en
mar-cha, es normal que den pasos que sorprenden aun a los mismos que les
iniciaron en este camino.
Tampoco tenemos derecho a exigirles que se expresen
con la orto-doxia de los “estudiosos”. Ellos tienen su propio lenguaje y su
propio mecanismo intuitivo de pensar, que a la larga quizá sea más creativo y
esperanzador que otros.
Tampoco debemos extrañarnos de que lleguen a
radicalizar po-siciones y caer quizás en extremismos y aun errores. Un pueblo
que ha vivido siempre culturalmente oprimido, no es nada raro que, al darse
cuenta de su situación, reaccione yéndose al extremo contra-rio, como reacción
contra todo lo que hasta entonces ha oprimido su personalidad.
En resumen, que hay que tener una gran dosis de
comprensión, estima y respeto hacia un pueblo marginado, si se le quiere
acompa-ñar en todo el proceso de una educación liberadora.
IV.
CRÍTICAS Y AUTOCRÍTICAS
Mucha gente habla en el Paraguay sobre las nuevas
bases campesinas. Se discute y se critica mucho a las nuevas Ligas Agrarias,
tanto entre el propio campesinado, como las demás clases sociales, la
Je-rarquía y los estratos del poder.
Muchas de estas críticas tienen un serio
fundamento. Estas bases campesinas, como toda organización en crecimiento,
están lle-nas de defectos. Hay fanatismo, falta de espíritu crítico, una cierta
anarquía en la organización, a veces algo de mesianismo y cosas por el estilo.
Pero no hay que asustarse por todo ello: el crecimiento y la vida siempre es un
riesgo. A lo que no hay derecho es a criticarles desde fuera, de una manera
destructiva, sin el menor deseo de echar-les una mano.
Dice
a este respecto el citado informe de las Ligas:
“Comprendemos que muchas personas que no nos
conocen de cer-ca en nuestras bases nos interpreten mal, sobre todo si han
prestado oídos a las calumnias que a propósito se difunden en contra nuestra.
Pero rogamos a las personas de buena voluntad que se acerquen a no-sotros sin
prejuicios. Sin duda alguna tenemos muchos defectos. Pero
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no olviden que somos campesinos que por primera vez
luchamos para defendernos de las injusticias que sufrimos. Si alguna vez nos
pone-mos nerviosos y decimos disparates, rogamos que nos sepan perdonar, pues
no es eso lo que buscamos. Somos una organización en forma-ción, y queremos
tantear el camino verdaderamente campesino hacia una convivencia más humana.
Tenemos el derecho a equivocarnos y a que se nos enseñe a corregirnos.”
1.
LOS MIEDOS DEL GOBIERNO
El Gobierno paraguayo, a juzgar por la persecución
que desata, tiene miedo de la organización de los campesinos. En un artículo
del “Bo-letín de Informaciones” del 1º de marzo de 1970 se dice que parece que
hay una “planificación a nivel superior que ha dictado sentencia de muerte
contra las Ligas Agrarias”. Con frecuencia se les acusa de subversivos,
comunistas, tupamaros y cosas por el estilo. De atacar al Gobierno, de querer
formar un nuevo partido político, de ir en contra de las tradiciones patrias.
Dice una regional de Ligas en carta del 15 de mayo
de 1972 a pro-pósito de ciertas acusaciones de subversión hechas
por el Gobierno: “Comprendemos muy bien que las enseñanzas de Cristo se vuelven
subversivas para quienes nunca las vivieron o las reducen a la cómo-da
dimensión de su condición moral, político-social”.
En un comunicado de 1970 de la diócesis de Caacupé
en defensa de las Ligas, se dice que, si entendemos por subversión querer
cam-biar el estado de injusticia actual por otro más justo, entonces
cierta-mente las Ligas son subversivas. Pero si se entiende por subversión la
violencia, el desorden y el caos, las Ligas no tienen nada de esto.
La costumbre de acusar de comunistas a cualquiera
que se preo-cupa de la concientización y organización de los pobres es
peligrosa y falta de sentido, pues con ello no se consigue sino fomentar la
expec-tativa de los pobres respecto del comunismo. La atención primordial al
mundo de los pobres es la esencia de la más pura tradición cristia-na. Las
Ligas Agrarias consideran al comunismo como una solución incompleta, como se
podrá ver más adelante en la parte ideológica al tratar este tema.
Nunca las Ligas, la JAC u otros movimientos
similares se han dedicado a atacar al Gobierno en cuanto tal,
pues parece que este Go-bierno es “santo”, y no se le puede hacer la más
pequeña crítica. Pero hablan con claridad contra todo lo que sea explotación y
opresión. Si el Gobierno se da por ofendido con ello, eso es ya culpa suya. Es
lo que se llama “tener cola de paja”.
Jamás tampoco han pretendido tomar el poder, pues
esa no es su finalidad, aunque ciertamente buscan tener poder de decisión en la
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
marcha del país, y no vivir más marginados. Ni han
querido formar nunca un partido político “nuevo”. Aunque todos
los partidos existen-tes, viejos o nuevos, hacen todo lo que pueden por usar a
las Ligas o atraerlas a su esfera de influencia. Y en estas redes han caído más
de una vez algunos miembros de estas organizaciones.
Las Ligas no son más que un movimiento popular
unitario, con finalidades sociopolíticas, y una fuerte inspiración nativa y
cristia-na. Dadas las circunstancias paraguayas, identificarse con un parti-do
concreto equivaldría a cerrarle las puertas a la gran mayoría del campesinado.
Dice el folleto llamado “Consideraciones sobre las Ligas Agrarias Cristianas”,
fechado en febrero de 1972:
“Entendemos que la Liga tiene su propia dinámica de
creci-miento y desarrollo; y que en su nacimiento la incorporación de un factor
tan pernicioso como es el político-partidario de acuerdo a nues-tras
características criollas (estamos en el Paraguay y no en Europa) sólo anularía
el logro de las finalidades específicas de las Ligas.”
Y
el seminario nacional de Ligas de marzo de 1970:
“Somos una organización política porque buscamos el
bien común...” […] “Pero el ser miembro de las Ligas no significa que debemos
renunciar a nuestro partido político. Las Ligas están por encima de toda
política partidaria...”
La nueva organización campesina no está
tampoco contra las tradicio-nes patrias. Todo lo contrario.
Dice una carta de las Ligas a propósito de la acusación de
antipatriotismo:
“Entendemos nosotros que la Patria está en los
hombres y mujeres que la construyen con el sudor de su frente, en los hombres
que en la ciudad y en el campo se unen para hacer una Patria donde no alienten
ni opresores ni siervos, y reine la unión y la igualdad. Entonces nunca pueden
usurpar la representación de Patria quienes alienten la opre-sión y fomenten la
desunión y la desigualdad de los paraguayos.”
Como se puede entender, conociendo la “Historia de
los pobres del Paraguay”, las Ligas están dentro del cauce del más puro
patrio-tismo, entendiendo esta palabra tal como se define en carta públi-ca de
la Conferencia Episcopal Paraguaya del 18 de mayo de 1972: “Patriotismo, dicen
los obispos, es el amor a todo acervo histórico, cultural y geográfico que
hemos heredado de nuestros mayores y que nosotros debemos velar, acrecentar y
perfeccionar. Es un compromi-so que afecta a la sociedad y al ciudadano, como amor
dinámico que, partiendo de los orígenes de la nacionalidad, corre a través de
las generaciones y llega hasta nosotros.”
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2.
LAS DUDAS DE LA JERARQUÍA
Copiamos
textualmente del informe de diciembre de 1971:
“De vez en cuando nos enteramos que algunos
sacerdotes y obis-pos critican y dudan mucho de nuestra organización. Se nos
echa en cara que no queremos aceptar la predicación de los sacerdotes. Que no
aceptamos la autoridad de la Jerarquía. Que no nos interesan los sa-cramentos.
Que no nos gusta hablar de las cosas espirituales. Se dice que despreciamos a
los ricos y que nos creemos los únicos cristianos. Que hacemos división de
clases sociales. Que fomentamos el odio y el fanatismo. Que somos exclusivistas.
Ante todo queremos hacer constar oficialmente que
queremos ser cris-tianos auténticos dentro de la Iglesia Católica. Como
seglares cristia-nos nos sentimos parte integrante de la Iglesia. Nuestra fe
cristiana es la fuerza que nos empuja a organizarnos. De la Sagrada Escritura,
del Concilio, de Medellín, de las Pastorales de nuestros Obispos, sacamos las
orientaciones que guían nuestros pasos. De todo buen corazón queremos poner en
práctica estos documentos.
No estamos contra la Jerarquía, los
sacerdotes, su mensaje o la vida sobrenatural. Sino que queremos que todo esto
sea auténtico. A veces somos exigentes con la Jerarquía o quizás hasta le
faltamos el respe-to, pero creemos que como seglares responsables debemos
manifestar nuestro celo y amor a la Iglesia, porque nos duele que se nos eche
en cara hechos y situaciones de sacerdotes que con frecuencia dificultan y
manchan otros testimonios verdaderamente cristianos.
No estamos tampoco contra los ricos en
general, sin hacer distinción de personas, pero tenemos el derecho de
defendernos de los que nos explotan. Creemos que el mayor favor que les podemos
hacer como cristianos es ayudarles a que dejen de ser explotadores.
No hemos hecho nosotros división de clases sociales.
Solamente des-cubrimos que hace rato existe esa división de clases. Y
ciertamente no hemos sido nosotros los que la hemos hecho. Nuestro deseo
justamente es trabajar por medio del amor fraterno para que deje de existir
división.
Tampoco nos creemos los únicos cristianos. Nos
parece bien que den-tro de la Iglesia haya diversas organizaciones y que todos
colaboremos juntos en su construcción. Si a veces se nos escapan críticas
despre-ciativas es porque somos pecadores, pero haremos todo lo posible por
corregirnos. Aunque nos preocupa seriamente que haya organizacio-nes que se
llamen cristianas y no actúan ante la situación injusta en que están sus
hermanos.
Estamos de acuerdo en que nuestro camino es peligroso;
algunas veces nuestras palabras quizás puedan sonar a herejías. Pero no es eso
lo que queremos decir. En nuestros actos fracasamos muchas veces. Pero
creemos que no solamente nosotros tenemos la culpa de nuestros errores y
fracasos. La mayoría de las veces los obispos y sacerdotes que nos critican lo
hacen desde lejos, por informes de terceros, sin
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
acercarse a nosotros para ayudarnos. Es como el que
se burla de un campesino porque su carreta se ha atascado en el barro, pero no
hace nada por acercarse a ayudarle. Donde más problemas tenemos en las Ligas es
precisamente donde no contamos con ningún sacerdote con nosotros.
Rogamos a los señores obispos y a todos los
sacerdotes de buena vo-luntad que se acerquen a nosotros con amor y comprensión
para ayu-darnos a formar verdaderas comunidades cristianas.
El acompañamiento de la Jerarquía lo consideramos
imprescindible y de suma urgencia. La desesperación del campesino está llegando
a extremos muy alarmantes. Si ustedes no se implican urgentemente en nuestros
actuales problemas y no nos ayudan a organizarnos en cristiano, dentro de poco
tiempo será ya imposible atajar una explo-sión violenta de desesperación, que
puede tener consecuencias muy trágicas. Nosotros los campesinos tenemos una
gran esperanza en la Jerarquía católica. No echen por el suelo nuestras
esperanzas con una postura de dudas y críticas apresuradas. Vengan a ayudarnos
en nues-tro terreno, pues de lo contrario, puede que se haga realidad esa
tentación que nos dice en secreto a los oídos de que el comunismo es la única
esperanza.”
Lástima que la Jerarquía no supo ver toda la buena
voluntad de estas palabras, y en su mayoría perseveró en una postura de
defensa, rece-lo y desconfianzas, poco propias de “un padre comprensivo”.
3.
LOS RECELOS DE MUCHOS CAMPESINOS
Los grupos organizados están formados por minorías.
Suelen entrar los que tienen más deseos de superación, los que sienten la
angustia de los problemas del campesinado y están apurados por resolverlos.
Normalmente éstos son los más pobres.
Pero una mayoría del campesinado se mantiene a
cierta distancia con una actitud de recelo, provocada por el miedo instintivo
de mu-chos de ellos a todo lo que sea nuevo, y el miedo también a las amena-zas
de la policía. Muchos campesinos paraguayos están desengañados,
después de haber escuchado a tantísimos caudillos politiqueros, que en las
elecciones lo prometían todo y a la hora de la verdad todo seguía con la misma
miseria y explotación que antes. Esto les ha quemado; les ha hecho como un
callo en el corazón que les vuelve insensibles y desconfiados ante toda promesa
de un futuro mejor. Pa-rece como si sintieran miedo de volver a sufrir el mismo
desengaño de siempre. Por eso recelan de que esta nueva organización sea un
grupo más de aprovechados que les quiere engañar y usarlos para sus fines. De
aquí que muchos tomen la actitud de observadores hasta ver qué es lo que pasa.
Pero en el fondo del corazón tienen la esperanza de que no pase lo de siempre.
110 .py
Esta actitud de recelo está provocada también por
la descon-fianza en sí mismo que siempre ha tenido el
campesinado. ¿Qué le puede enseñar un ignorante a otro ignorante?,
dicen a veces entre ellos. ¿Qué podemos sacar de una organización sin dinero?
En las Ligas no se ven señores de corbata como dirigentes, ni créditos
ban-carios, y entonces les parece que meterse ahí sería perder el tiempo. Creen
que lo más que pueden conseguir es crearse líos e ir al calabozo.
Los campesinos más fanatizados creen la propaganda
oficialista de que las Ligas son comunistas, y luchan, por
consiguiente, con todas sus fuerzas contra ellas. Hasta se ha dado el caso, en
Caagua-zú por ejemplo, de que autoridades del partido oficialista inciten a sus
“correligionarios” a que en nombre de su fe cristiana fueran a apalear a los de
las Ligas por considerarlos comunistas, enemigos de la religión.
Las organizaciones campesinas procuran disipar
estos recelos, ante todo con el propio testimonio de su vida de hermandad. Y
siem-pre que es posible, procuran dialogar con los desconfiados, haciéndo-les
ver que la organización será lo que los propios campesinos quieran que sea. La
única solución es entrar y meter el hombro, luchando todos juntos por la
liberación integral del campesinado.
No obstante, muchas veces las propias bases
reconocen que su mal ejemplo ha dado fundamento para que
muchos campesinos toma-ran esta actitud de recelo; pues no han faltado
dirigentes que se han hecho caudillos, pretendiendo que los demás estén a su
mando y a su servicio. Hasta ha habido casos en los que algunos se han aprovecha-do
económicamente de los demás socios. Y la organización ha pagado muy caras estas
faltas.
4.
FANATISMO
Con frecuencia se acusa de fanatismo a los miembros
de las Ligas. Y en esto tienen un poco más de razón.
Es un defecto frecuente en todas las organizaciones
nuevas. Los campesinos descubren por sí mismos los frutos de su organización, y
con un gran entusiasmo se echan a caminar por esta senda creyendo a veces que
son los únicos que caminan o que no hay más camino que el suyo, con lo que se
vuelven duros e intransigentes con los que no siguen las mismas pisadas que
ellos.
Los fanáticos son gente entusiasmada ciegamente. No
tienen es-píritu crítico. No saben ver sus propios defectos. Son incapaces de
un verdadero diálogo. No piensan por sí mismos. Por todo esto se puede
considerar al fanatismo como una enfermedad mortal a largo plazo. Donde entra
esta plaga, la organización comienza poco a poco a en-cerrarse en sí misma,
pierde su fuerza y muere; o acaba petrificada en
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
unos pocos viejos antipáticos, que sólo saben
hablar de los estatutos secos de su organización.
Esto es lo que ha pasado en algunas Ligas. Algunas
tristes ex-periencias han hecho reflexionar sobre este problema, pero a pesar
de todo siempre surgen personas que se vuelven ciegas para ver los defectos de
su organización.
Muchos campesinos sienten una fuerte inclinación
hacia el fa-natismo, y fácilmente se dejan arrastrar por un fanático. Hay que
tener muy tirante la rienda de la autocrítica, para que este caballo del
fanatismo no se desboque y lo tire todo al tacho. Está muy bien entu-siasmarse
por la Organización, pero sin perder la cabeza.
5.
MESIANISMO
Es una enfermedad muy parecida a la anterior,
aunque no tan fre-cuente. Se ha desarrollado un poco en algunas zonas.
Se trata de una exaltación de la fe cristiana, de
modo que se cree que sólo con fe en Dios se pueden resolver todos los problemas
de la organización. Creen estos señores que no hace falta para nada una
estructura organizativa; que no hay que planear el futuro; que no hay que usar
tácticas determinadas, ni poner todos los medios humanos necesarios para
resolver los problemas. A base de una fe ciega lo quie-ren resolver todo. Creen
que en la Biblia está la solución de todo, y la interpretan a su manera, de una
forma caprichosa.
Este fenómeno suele aparecer en los pueblos que han
sufrido por mucho tiempo una miseria extrema. Cuando ya no ven más esperanza,
depositan su fe solamente en Dios, pero de una mane-ra deformada, pues no ponen
los medios humanos necesarios para cumplir la voluntad de Dios. Esperan la
solución divina más o menos con los brazos cruzados. Con lo cual, sin darse
cuenta quizás, están traicionando la misma esencia de la religión cristiana.
En un pequeño grupo paraguayo ha entrado esta
psicosis colec-tiva. El movimiento está provocado por varios dirigentes
exaltados, de una fuerte personalidad, con facilidad de palabra y una vida muy
austera. Demuestran un gran desinterés económico y una valentía extrema para
entregarse a los peligros de persecución y aún de muerte. El pueblo sencillo
siente una especie de adoración por esta clase de líderes y muchos son capaces
de seguirles a cualquier sitio.
Creen que el mundo de la liberación total va a
llegar muy pronto. Admiten que van a sufrir mucho. Están dispuestos a morir.
Pero no se preocupan por nada que sea técnica, planificación o esfuerzo
personal creativo.
Los grupos más sensatos ven el peligro del
mesianismo. Pero resulta difícil convencer de su equivocación a los que han
entrado por
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este camino. Lo más eficaz es prever el peligro
procurando que todos tengan una profunda formación cristiana, en la que quede
en su sitio la responsabilidad personal de cada uno en la construcción activa
de un mundo justo.
Un peligro parecido, a menor escala, pero mucho más
extendido, es el de las supersticiones, que hacen mucho daño,
porque son como un freno poderoso al compromiso personal y al adelanto de
muchas técnicas modernas. El campesino que cree, por ejemplo, que la plaga de
orugas del algodón se va a acabar rezando una oración especial en tres esquinas
de la plantación, muy poco podrá progresar.
La experiencia de los coordinadores de cursillos es
que resulta más eficaz no atacar directamente estas supersticiones, pues ello
sue-le provocar una reacción enérgica en contra de todo lo que se les diga. Es
como cerrar la puerta de entrada a la organización a muchas personas, pues se
escandalizan y se van. Además estas personas es-candalizadas se convertían
fácilmente en denunciantes a la policía de todas las cosas que ellos habían
entendido al revés.
Mucho más eficaz resulta entrar de lleno a hacerles
entender todo lo positivo del cristianismo; y más adelante, según avanzan en el
conocimiento de la fe cristiana, casi sin darse cuenta, ellos mismos van
dejando poco a poco sus antiguas supersticiones. Es importante ayudarles a
conservar y desarrollar los valores positivos de su religio-sidad popular.
6.
CLERICALISMO Y ANTICLERICALISMO
De estos dos extremos se suele acusar a las Ligas y
demás organi-zaciones afines. Por un lado se dice que las bases campesinas son
muy clericales, pues dependen demasiado de los sacerdotes. Es un
defecto muy viejo en el Paraguay. Lo que dice un sacerdote se ha considerado
por mucho tiempo como una palabra sagrada, que na-die puede discutir. Pero
creemos que esta vieja enfermedad está en vías de curación.
Es cierto que un numeroso grupo de sacerdotes
trabaja con las Ligas. Les hemos ayudado casi desde el comienzo. Hemos
reflexio-nado juntos muchas veces y hemos pasado peligros juntos. Pero es falso
que los sacerdotes seamos los fundadores o los “mentores” de las Ligas. O que
hemos impuesto nuestra ideología a los campesinos. Soy testigo de que muchas
veces han sido los campesinos los que nos han hecho cambiar a los sacerdotes de
modo de pensar y de enfocar los problemas de la organización. Muchas de sus conquis-tas
más originales las han hecho precisamente en contra del parecer de la mayoría
de los sacerdotes que les acompañamos, pues ellos son mucho más originales y
creativos que nosotros.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
No obstante, como hemos reconocido, hay sacerdotes
que más o menos inconscientemente quieren manejar a las bases campesinas según
su capricho y sus intereses. Y hay muchos campesinos también a los que les
gusta ser manejados por los sacerdotes.
Este defecto del clericalismo se irá remediando en
la medida en que las bases sean exigentes con los sacerdotes y los sacerdotes
no se dejen arrastrar por la adulonería de la masa no concientizada.
Por contraste, las exigencias de las bases llegan a
veces a extre-mos que se pueden considerar como anticlericales.
El anticlericalismo de algunos grupos nace de la
falta de compro-miso y el mal ejemplo de algunos sacerdotes. Y sobre todo,
porque en ciertas ocasiones ha habido sacerdotes que han hecho mucho daño a la
organización con sus ataques, la mayoría de las veces sin conocer de lo que
hablan. Resulta muy duro para estos campe-sinos, que sinceramente se esfuerzan
en vivir su fe cristiana, que haya sacerdotes que no les entienden y hasta
hacen todo lo posible por hundirles.
Estos dos problemas se trataron en el seminario
nacional de Li-gas Agrarias celebrado en marzo de 1970:
“Muchas veces los sacerdotes caen en un
paternalismo que impide a las Ligas su crecimiento. Más todavía porque los
campesinos acepta-mos muy fácilmente cualquier idea de los sacerdotes. Este
problema lo solucionaremos mediante una buena formación y concientización.
Porque nuestra debilidad actual es la razón principal por la que acep-tamos el
paternalismo de algunos sacerdotes...
Muchas veces el asesoramiento directo de un
sacerdote sirve de estan-camiento del desarrollo de la personalidad del
campesino. Sea porque se espera todo del cura, y entonces las Ligas quedan sin
iniciativa, sea porque el mismo sacerdote no quiere tener problemas con las
autori-dades locales, y aconseja que no se haga demasiada actividad y así las
Ligas siguen durmiendo... El sacerdote puede ayudar, pero no manejar las
Ligas...
Hay que tener cuidado, porque el sacerdote, por
estar más capaci-tado que cualquier dirigente campesino, tiene toda la
posibilidad de arrastrar la organización.”
Parece que la postura oficial de las Ligas en este
punto es equilibrada y correcta. Reconoce la necesidad de los sacerdotes, pide
sus servicios de una manera encarnada y exige que no se metan a manejar la
or-ganización. Pero como hay obispos y sacerdotes que se empeñan en criticar
desde lejos y en hundir estas experiencias, no es de extrañar que crezca cada
vez más el anticlericalismo.
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7.
GRUPITOS ANÁRQUICOS
Este despertar del campesinado es a veces tan
exuberante, que corre el peligro de crecer sin orden ni concierto. La reacción
contra un pasado de sumisión e inactividad les puede conducir al extremo
contrario. Es muy bueno que cada campesino aprenda a pensar por sí mismo y a
desarrollar su capacidad creativa, pero si al mismo tiempo no aprende a
coordinar su pensamiento y su creatividad con sus otros hermanos, al final
acaba todo en un desastre.
Este problema ha sido observado con frecuencia por
las propias bases. Hasta se han hecho planes a escala regional o nacional para
corregir abusos en este sentido. A algunas comunidades se les ha lla-mado la
atención fuertemente por haber desarrollado algunas accio-nes de importancia
sin contar con las demás bases o de una manera distinta a como se había
planeado en conjunto.
De hecho hay un gran interés en que haya unidad en
las ideas y en la acción, lo cual se consigue de una manera bastante
satisfacto-ria con frecuentes cursillos y reflexiones a escala regional y
nacional. Unen también mucho los diversos folletos y hojas que se publican de
vez en cuando. Quizás merezca también una especial mención la labor unitiva que
hacen las canciones y poesías. Hay además muchas visitas personales de un sitio
a otro.
En caso de que una base se salga seriamente del
camino trata-do en común suelen convocar una reunión en la que se escucha a los
acusados y reflexionan acerca de qué solución se puede encontrar al problema.
Hay cauces especiales para poder convocar con rapidez una reunión regional o
nacional.
Unos de los que critican la organización horizontal
de las bases son los comunistas. Dicen que sin un fuerte comité central que lo
pla-nee todo y dé órdenes precisas, y unas bases con sentido de obedien-cia,
dispuestas a seguir en todo las consignas, no se podrá hacer nada provechoso
para el futuro. Pero sus críticas tienen poca aceptación en las bases, pues
éstas han sentido profundamente su capacidad de pensar y decidir en común, y no
hay forma ya de aceptar consignas venidas de otro lado sin discutirlas y
entenderlas a fondo.
En resumen, las bases están suficientemente
coordinadas entre sí, sin matar la personalidad y la iniciativa propia de cada
una. Aunque deben tener más control para que nadie se salga de los planes
tra-zados en común. Y esto es difícil cuando se trata de gente fanática. Quizás
habría que tomar medidas fuertes contra los fanáticos.
8.
MATERIALISMO
Hay campesinos que entran en la organización
buscando solamente un pequeño progreso económico. Y éstos son los que más
estorban,
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
pues consideran su interés inmediato como el fin
último y no ven los objetivos que se buscan.
Muchas veces he escuchado decir en las reuniones
sobre el al-macén comunitario: “Si nos quedamos solamente con lo material,
enseguida nos vamos a joder de nuevo los unos a los otros”.
Dicen las conclusiones de una reflexión de las
Ligas sobre esta materia:
“La LAC quiere servir al hombre, y en este sentido
tiene que atender también sus necesidades materiales, pero somos conscientes de
que con la sola economía no se va a liberar al hombre de su explotación...
No basta tener salud, vivienda, vestido y
alimentación si no poseemos cultura, poder de decisión y participación social,
política y religiosa.”
Y
más adelante continúan:
“Se corre el peligro de creer que el objetivo de la
LAC es solamente conseguir un pequeño mejoramiento de la vida: vender mejor
nuestros productos, tener una administración de consumo, chacras comunes y
cosas por el estilo. Muchas veces, si marchan bien estas cosas, cree-mos que ya
nuestra vida marcha bien en todo, sin preocuparnos del estado de
concientización y compromiso de los socios.
En este sentido las Ligas no buscan sólo mejorar
una situación, buscan mucho más. El campesino organizado busca un cambio
profundo de mentalidad como camino para llegar al cambio de estructuras...
El principal fin de los servicios económicos es
servir de un medio de formación: la educación concientizadora que nos dan estos
servicios y la preparación práctica para una vida comunitaria.”
9.
EL RIESGO DE QUEDARSE A MEDIO CAMINO
Es un riesgo que sufren las organizaciones que se
proponen luchar por un ideal que valga la pena. Cuanto más lejos está la meta,
más fácil es quedarse a medio camino.
Mucha gente echa en cara a los campesinos
comprometidos que su ideal es imposible de alcanzar. Y con frecuencia les he
escuchado contestar, con una cierta ironía, que si no pueden llegar a la meta,
por lo menos morirán sabiendo por lo que mueren: conociendo cuál es su dignidad
y quiénes son los que les impiden vivir como hermanos. Quizás sus hijos sean
los frutos de su lucha.
Pero ciertamente hay un grave peligro de que la
organización en sí se quede a medio camino. Existen multitud de obstáculos que
le pueden detener o desviar.
A este respecto hacen unas preguntas muy serias
unas hojas aparecidas en febrero de 1972 bajo el título “Consideraciones sobre
las Ligas Agrarias”:
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“Es indudable que los grupos agrarios no pueden
pasarse la vida re-flexionando, buscando y analizando la realidad, soñando con
reformas muy lejanas en la práctica y por lo tanto aislándose progresivamente
del ambiente en que viven en un proceso de alienación esterilizante.
En muchos grupos ya comienza a plantearse la
pregunta: ¿Y ahora qué vamos a hacer?
¿Nuestra organización está condicionada por sí
misma a realizar los cambios de estructuras preconizados? ¿O bien los miembros
de las Ligas o las mismas Ligas deberán buscar otras organizaciones,
in-troducirse o acoplarse a las mismas para poder llevar a la práctica sus
programas?
Teniendo en cuenta que muchos de sus postulados son
estrictamente políticos, ¿deberán las Ligas transformarse en partido político o
entrar a formar parte de algún partido político ya constituido?
Vemos cómo todo este proceso puede ir a desembocar
en la propia negación de las Ligas Agrarias Cristianas. Estas reflexiones es
induda-ble que ya se están haciendo en muchas bases, y es también indudable que
la respuesta no es muy fácil.”
Todas estas preguntas son muy serias, preocupan
profundamente a los campesinos más conscientes, pero no está todavía clara su
solu-ción. No es tiempo todavía de hablar de las diversas vías de solución que
se insinúan. Ciertamente no van por el camino de un partido político nuevo.
Pero cada vez hay más conciencia política dentro de las Ligas.
10.
EL PELIGRO DE SER INSTRUMENTALIZADOS POR OTROS GRUPOS
Todos los partidos políticos actuales hacen grandes
esfuerzos por conquistar a los hombres más preparados con la idea de poder
ins-trumentalizar así a toda la organización. Me consta que todos los partidos
sucesivamente han ofrecido a algunos campesinos buenas sumas de dinero para que
se pasaran a su bando. Normalmente ha sido con poco éxito. Además, la
organización horizontal, sin dirigen-tes fijos, hace muy difícil
instrumentalizar la organización a través de la conquista de unas pocas
personas.
Normalmente quieren hacer esta instrumentalización
sin que las bases se den cuenta de ello. Procuran por todos los medios usar a
las bases como carne de cañón. O como portavoces de sus ideas y sus campañas. O
como zapadores de otros grupos enemigos suyos.
Esto no quiere decir que no se admita ninguna clase
de colabora-ción con otras organizaciones. Pero siempre se exige que sea con
las cartas boca arriba. Lo que no se admite son los manejos sucios y las
segundas intenciones.
Para toda colaboración con otras organizaciones se
han planeado en algunos sitios dos reglas concretas: no establecer nunca
contac-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
tos de forma individual, sino en equipo, planeando
y reflexionando siempre juntos sobre los contactos establecidos; y hacer
siempre los contactos y las colaboraciones comunes de igual a igual, nada de
com-plejo de inferioridad o de superioridad ante nadie.
Un peligro quizá radique en la tentación de pasarse
a organi-zaciones no cristianas. Este peligro se presenta de una manera
acu-ciante cuando la Jerarquía de la Iglesia no sabe acompañar a estos
movimientos cristianos de base y toma ante ellos una actitud de re-celo y
alejamiento, o mucho peor, si se pone en postura de ataque y persecución.
En el Paraguay la actitud de la Jerarquía al
principio fue de rece-lo, después de simpatía por la organización y de apoyo.
Últimamen-te, a partir de 1973, parece haber una gran tirantez y desconfianza
mutua. Es necesario que tanto obispos como sacerdotes estén mucho más cerca del
pueblo y lo acompañen con cariño y respeto en todo su proceso.
118 .py
Segunda
parte
FUNDAMENTACIÓN
IDEOLÓGICA
La organización campesina paraguaya, de la que
hemos hablado en la primera parte, se fundamenta en una mística, que es la que
le da unidad y fuerza de crecimiento. Son ideas y principios nacidos de la
misma vida. Nunca ha habido unas ideas claramente preconcebidas, de las que se
planea cómo debe ser la organización campesina. La ideología de la organización
ha ido estructurándose poco a poco a partir de la lucha diaria en esa multitud
de cursos y reflexiones de base que se han hecho sin cesar por todos lados.
Como es natural, han usado con frecuencia materiales provenientes de otras
organizaciones y otros ambientes; pero siempre ha sido en la me-dida en que
surgían los problemas en las bases y de una manera encarnada en su realidad.
Esta es la razón por la que se pone la parte ideológica al final de todo.
El orden de todas estas ideas y principios de vida
es un poco irreal, pues nunca ha habido un curso campesino en el que se vie-ran
todos estos temas juntos. Pero he procurado desarrollar de una manera sencilla
todas las ideas que en un momento o en otro, según las circunstancias, se
suelen tratar en las diversas bases campesinas. Intento ser objetivo,
reconociendo que es una cosa difícil, pues no en todos lados se piensa y se
dice lo mismo.
119
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Los temas tratados a continuación los he dialogado
largamente durante varios años con multitud de campesinos a través de varios
centenares de cursillos y reflexiones de base o personales. Creo que mucho he
aprendido de ellos. Algunos temas han partido de gente no campesina, pero
siempre con el deseo de que los campesinos los entiendan y los asimilen de
manera que los hagan propios. Con fre-cuencia nuestras propias opiniones han
sido recogidas y “aterrizadas” por las propias bases.
Hay una simplificación extrema en la manera de
hablar en toda esta parte. Algunas de las ideas expuestas no resistirían un
análisis científico serio. Pero tienen la riqueza de ser el resultado de una
ex-periencia histórica de un largo diálogo entre campesinos marginados y
algunos “teóricos” conviviendo con ellos. Y si me animo a publi-carlo es con el
deseo de poder ser útil a los mismos campesinos. Quiero ofrecerles, de una
manera sencilla, lo que aprendimos juntos. Creo que a ellos les gustará. Y si
es así, me doy por contento.
Siguiendo la tónica de todo el libro, he dado a
esta parte un estilo activo. Por eso me ha parecido oportuno hablar de una
manera direc-ta. Así resulta más vivo.
No se olvide, finalmente, el proceso pedagógico
necesario para la asimilación paulatina de estos temas en las nuevas bases.
Sería un error pedagógico muy grave querer hacer cursillos de iniciación con la
claridad y la dureza con que se plantean aquí los temas.
I.
EL GRAN PECADO DEL MUNDO: LA EXPLOTACIÓN
A
LOS POBRES
Es muy fácil quejarse de los problemas campesinos,
de la falta de mercado, de lo mal que vivimos. Pero pocos campesinos se
detienen a pensar con serenidad en sus problemas.
Se dice que vivimos explotados. ¿Pero en qué
consiste la explota-ción? ¿Hasta dónde se explota al campesino? ¿Por qué vive
así?
El campesino tiene que procurar entender y
profundizar su pro-pia realidad, de una manera clara y sencilla, como condición
impres-cindible para poder salir de la vida de explotación actual.
A ningún enfermo se le puede hacer un tratamiento
médico adecuado si no se tiene antes un diagnóstico claro de su enfermedad. El
campesinado está gravemente enfermo. Y lo primero que tiene que hacer es
analizarse seriamente para ver cuáles son las heridas por las que está
sangrando.
1.
EXPLOTACIÓN-ALIENACIÓN
Explotar a una persona es usarla como si fuera un
animal, una máqui-na o una cosa. Es negarle el trato que se merece su dignidad
huma-
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na. Es no tratarle como a hermano, sino como algo
que uno se sirve para su propia utilidad. Explotar a otro es robarle su
trabajo, abusar de él, aprovecharse de que es más débil. Es, como veremos
enseguida, sacarle dinero, la opción política, la cultura o la religión a que
tiene derecho por ser persona humana.
Alienación
También los explotadores están alienados, pues
viven esclavizados a sus comodidades, a su plata y a sus egoísmos. Su corazón
es duro para ver la desgracia ajena. Todo lo miran bajo el enfoque de sus
ganancias. No son humanos. Están al servicio de consignas y mono-polios
internacionales. No son personas como Dios quiere.
2.
CLASES DE EXPLOTACIÓN
Siempre que se explota a una persona, se la aliena,
o sea se le quita algo suyo, personal, que el explotador usa para su propio
provecho.
Las personas alienadas no son lo que debieran ser.
Están como fuera de sí. Les faltan cosas esenciales a su vida humana. Les han
ro-bado algo que era muy suyo.
Estar alienado es estar en manos de otros. El
dinero que yo gano con mi trabajo va a manos de otros, el ejercicio de mi
derecho a tener una acción política propia está en manos de otros; mi cultura y
mi re-ligiosidad no son del todo mías. Otros deciden por mí, y me imponen todo
esto.
En el caso de los campesinos, se les saca gran
parte de los bienes económicos a los que tienen derecho por su trabajo. No se
les permite pensar por sí mismos. Ni intervenir activamente en la formación de
su comunidad, ni su gobierno. Otros les han quitado esas cosas que eran suyas.
Por eso están como vacíos.
Son otros los que piensan por el campesino y le
usan para su pro-vecho. Si seguimos así, nunca podremos desarrollarnos
plenamente como personas. Nunca llegaremos a ser nosotros mismos. Podemos
considerar cuatro clases de explotación: económica, política, cultural y
religiosa.
a) Con la explotación económica quitan
a los pobres el fruto de su trabajo. Unos son los que sudan en las chacras y
otros los que sacan las ganancias.
Lo único que interesa a los explotadores es ganar
dinero. Y la mejor forma de conseguirlo ha sido siempre chupando la sangre a
los pobres.
A los servidores del dios dinero, no les interesa
que la gente viva como personas o como animales, si con ello van a conseguir
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
alguna ganancia. No les interesa saber las horas de
trabajo que le costó cada producto al campesino; o si el precio que ellos
imponen a la fuerza es suficiente o sólo da para morirse de desesperación...
El dios plata está por encima de cualquier
necesidad humana. El campesino sólo es un instrumento, que bien usado (bien
engañado), puede dar dinero.
Los que tienen el dominio del dinero (en Paraguay
unas 250 personas), son los que en último término tienen las riendas del país.
Como consecuencia de la explotación económica se da
en el campesino una creciente miseria. Aumentan los precios de con-sumo y cada
vez vale menos el fruto del trabajo del campesino. Aumentan los impuestos. Los
jóvenes van al extranjero en busca de trabajo. Las enfermedades y la anemia
acortan la vida de los trabajadores.
b) En la explotación política se usa
a la persona en provecho de un grupo, de un partido político cerrado o de unas
ideas.
Se mira a las personas como si fueran animales, que
bien amaestrados van a dar el apoyo deseado en cualquier momento de necesidad.
A los explotadores políticos lo que de verdad les
interesa es ser caudillos y tener el puchero asegurado. Y en servicio de su
puchero y su caudillismo usan al pueblo.
Procuran fanatizar a las masas campesinas para que
no pien-sen, y sean en todo fieles servidores. Les usan como máquinas, que con
un poco de caña sepan aplaudir y gritar hurras. O como perros que están
dispuestos siempre a defender los privilegios de los amos. Hoy en día la
política está directamente al servicio del grupito de gente platuda.
La triste consecuencia de la explotación política
es que el pueblo ya no tiene más el derecho de dirigir sus propios destinos. Ha
queda-do fanatizado, sin ideas políticas, con miedo a hablar y a organizarse
por sí mismo. Se vive en un ambiente continuo de mentira y de viola-ción de los
derechos humanos.
c) La explotación cultural consiste
en quitarle al pueblo el derecho de pensar por sí mismo. Se procura que los
pobres no piensen por su propia cabeza, sino por la cabeza de sus explotadores.
Pues el día en que el pueblo sepa pensar por sí mismo, estará en peligro la
existencia de sus explotadores. Lo más peligroso para los explotadores ha sido
siempre tener un pueblo culto e inteligente. Por eso procuran tener siempre
bien controlada la enseñanza, la formación de los maestros, los libros y todos
los medios de comunicación.
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Casi toda la enseñanza que recibimos está dirigida
a amansar-nos y a hacernos instrumentos útiles. Los poderosos son los únicos
que deciden qué es lo que tienen que saber los demás. Es una cosa parecida a lo
que se hace cuando se quiere amansar a un animal para poderle manejar mejor.
“Las clases dominantes imponen por todos los medios
de comunica-ción y de educación un tipo de cultura dependiente. Esta cultura
justi-fica y encubre la situación de dominación. Forma, además, un tipo de
hombre resignado en su alienación. Y estimula a los oprimidos a ser patrones y
explotadores de los demás.”
La cultura típicamente burguesa es una cultura
materialista, pues busca principalmente objetivos materiales. Es una cultura de
evasión. Cultura de mitos, de mentiras disfrazadas, dirigida a distraer de la
realidad.
Pero nunca se nos deja que aprendamos la verdad de
nuestra his-toria y de nuestra realidad y el camino de una verdadera
liberación. No nos dejan que aprendamos a vivir unidos.
En el caso de los estudios universitarios, su
objetivo es producir profesionales técnicos, que se inserten en el sistema y lo
mantengan.
Corno consecuencia de todo esto el pueblo no tiene
ideas propias. No tiene una cultura propia, que haya partido de su realidad.
Queda como despersonalizado. No sabe expresar lo que siente en su corazón.
Queda muerta su fuerza creativa. Queda un pueblo de esclavos.
d) La explotación religiosa consiste
en usar la fe del pueblo para el provecho personal de alguien. Es querer
dominar las conciencias para poder mandar sobre ellas en nombre de Dios.
Hay curanderos que usan la religión del pueblo con
el fin de pedir plata “para su santo”. Comercian con los santos.
Los espiritistas usan su magia religiosa para
aprovecharse del pueblo.
Los poderosos se aprovechan también de la fe
popular para tener más sujetos a los pobres. Amenazan con el castigo de Dios a
todo el que proteste o se subleve contra la “autoridad”.
Los politiqueros también usan la religión para su
provecho, pues a veces se valen del nombre de cristianos para utilidad de su
politi-quería.
Así es como roban al pueblo su derecho a tener una
fe personal, una religiosidad propia y un amor fraterno verdaderamente
fecun-dos. Y le cierran el camino para que conozca al Dios verdadero.
La religión que ahora normalmente tiene el
campesinado les da conformismo con la miseria. Les hace individualistas. Les
emborra-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
cha. Y así es mucho más fácil explotarles
económicamente. Afortunadamente siempre permanece en el corazón de los po-
bres una llama de fe viva en Dios y una
religiosidad popular, que suaviza sus sufrimientos y es un germen poderoso para
hacer brotar su libertad personal y social.
3.
LA EXPLOTACIÓN A LOS POBRES, EL PEOR DE LOS PECADOS
¿Qué
piensa Dios de este mundo de explotación en que vivimos?
“Dios ha destinado la tierra, y todo lo que en ella
se contiene, para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que
los bienes creados deben llegar a todos en forma justa” (Concilio). Por eso,
ante estas crueles explotaciones de unos hermanos para con otros nos preguntará
a cada uno de nosotros: ¿Por qué permitiste que tu hermano sea explotado así?
La fe cristiana exige que luchemos con todas
nuestras fuerzas contra la explotación. No podemos quedarnos con los brazos
cruzados ante esta situación.
Explotar al prójimo es el más grave pecado que se
puede cometer. Nada hay tan grave a los ojos de Dios, pues él nos ha hecho a
todos hermanos. A cada explotador le pedirá cuentas de la sangre de sus
hermanos, lo mismo que le hizo a Caín: “La sangre de tu hermano está clamando a
mí desde la tierra” (Génesis, 10).
Matar o explotar a un ser humano son los dos
pecados que, según la Biblia, “claman al cielo”. Son como un grito que sube
hasta los oídos de Dios pidiendo justicia: “Los hijos de Israel, gimiendo bajo
el peso de la opresión, se lamentaban fuertemente, y su clamor, que brotaba del
fondo de su esclavitud, subió hasta Dios” (Éxodo 2, 22). “El jornal que no ha
sido pagado a los obreros que trabajaron en la cosecha está clamando al cielo;
y los clamores de los trabajadores han llegado a los oídos del Señor de los
ejércitos” (Santiago 5, 4). “Dios recuerda y no olvida nunca los gritos de los
pobres” (Salmo 9, 13).
Si el amor al prójimo es el Mandamiento principal
de los cristia-nos, la explotación al prójimo debe ser el peor de los pecados
de los cristianos.
4.
¿POR QUÉ HAY EXPLOTACIÓN EN EL MUNDO?
No basta con abrir los ojos y darse cuenta de las
clases de explota-ción que sufrimos. Si queremos ser personas y cristianos de
veras, no hay más remedio que ponerse a trabajar para salir de este pozo de
explotación en el que estamos hundidos. Dios sigue mandando al pueblo que salga
de la esclavitud. Pero como en tiempos de Moisés, también ahora el éxodo de los
pobres es largo y difícil. La lucha por
124 .py
la liberación hay que prepararla y planearla
cuidadosamente. No sir-ve lanzarse a lo loco a romper las cadenas, pues nos
destrozaríamos inútilmente.
El primer paso importante es darnos cuenta de las
causas por las que vivimos en un régimen de explotación tan pesada. ¿Cuáles son
las raíces que producen esta triste realidad campesina? ¿Dónde está la fuente
de tanta miseria? Porque si no descubrimos el manantial de donde nace tanta
podredumbre, inútilmente vamos a querer secar el estero a base de jarritos de
agua.
Resulta que hay un sistema de explotación, muy bien
organizado, llamado capitalismo, que es el que nos aprieta por todos lados y
hace inútiles nuestros esfuerzos por salir de la miseria.
Pero también es verdad que en el corazón de cada
uno de no-sotros está escondida la raíz más profunda de la explotación: nuestra
maldad, nuestro propio egoísmo personal. Tenemos al enemigo tam-bién dentro de
casa. Habrá que aprender a desenmascararle.
El egoísmo organizado de los de arriba y el egoísmo
individua-lista de cada campesino son los dos alambrados poderosos que nos
impiden salir del cerco de la explotación. Tendremos que examinar muy bien cómo
son los hilos, las púas y los postes de estos alambra-dos. Pues no hay más
remedio que desalambrar el egoísmo de los opresores y el egoísmo de nuestro
corazón si es que queremos llegar a vivir como Dios manda.
II. LA EXPLOTACIÓN ORGANIZADA, EL CAPITALISMO
1. LOS IDEALES DEL CAPITALISMO
En el sistema capitalista que sufrimos en casi toda
Latinoamérica hay algunas palabras de las que se hace propaganda continuamente.
Son como las máscaras de sus ideales.
Estas palabras son: libertad, igualdad de derechos,
democracia, paz, justicia, progreso... Conviene reflexionar seriamente sobre la
rea-lidad de estos ideales para poderlos desenmascarar, pues parece que a base
de propaganda nos quieren meter a la fuerza estos engaños en la cabeza sin que
nos demos cuenta de ello. Normalmente se reducen a eslóganes, con un telón de
fondo construido por mitos.
Libertad
Según el capitalismo todos somos libres. O sea, que
el campesino es libre para sembrar lo que le guste. Y el comerciante es libre
para comprar al precio que quiera. El Gobierno no va a meterse en eso: los dos
son libres para hacer lo que quieren. ¿Pero quién gana? Siempre el campesino
acaba debajo de los pies del comerciante.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Y como a nadie se le quita la libertad de tener la
propiedad pri-vada que quiere, resulta que en el Paraguay veinticinco señores
son dueños de más de trece millones de hectáreas. Y en cambio los cam-pesinos
apenas llegan a tener ellos dos millones de hectáreas, o sea, un 5% del
territorio nacional.
Entonces
preguntamos: ¿Libertad para qué y para quién?
Hay libertad para el egoísmo. Libertad para ser
explotador. Siem-pre ganan los que tienen la plata y el poder.
El campesino, en cambio, sólo tiene libertad o para
morirse de hambre o para esclavizarse a los comerciantes y a los politiqueros.
No tiene libertad para vender dignamente sus
productos. Ni para tener una casa como se merece su familia. Ni para intervenir
en el Gobierno. Ni para decir lo que piensa. No tiene libertad para
desa-rrollarse como merece su dignidad humana.
La
libertad del capitalismo no es libertad. Es esclavitud.
Igualdad
de derechos
En Paraguay es una ofensa hablar de igualdad, pues
como dice Mede-llín sobre los países que tienen “desigualdades excesivas entre
las cla-ses sociales... pocos tienen mucho (cultura, riqueza, poder,
prestigio), mientras muchos tiene poco” (Paz, 3).
Nuestras ciudades son un duro contraste de
desigualdad de dere-chos. Constantemente podemos ver el contraste hiriente
entre el lujo y la miseria. Y lo peor es que estas desigualdades tienden a
aumentar cada vez más. Los ricos cada vez son más ricos y más propagandea-dos,
y los pobres cada vez más pobres y más despreciados. Son muy distintas las
posibilidades de estudiar del hijo de un campesino a las del hijo de un gran
estanciero. No es lo mismo que pida crédito un campesino pobre o un jerarca del
partido oficialista. No se da el mis-mo trato a una persona con calzón
remendado y sombrero de paja, que a “un señor” con corbata.
Hay una total desigualdad de oportunidades en orden
al acceso a los servicios básicos de la nación.
Esta desigualdad es el resultado de la expoliación
sistemática que la minoría privilegiada hace a la mayoría marginada.
A pesar de que el sector rural es la principal
fuente de la renta nacional, pues la agricultura, la ganadería y la explotación
forestal re-presentan el 58% de la población económicamente activa, sin
embar-go los campesinos no reciben más del 2,5% del presupuesto nacional de
gastos.
Asunción, ciudad parásita, vive a expensas de la
periferia agro-pecuaria: acapara el 80% de los servicios de confort, que se
pagan materialmente con divisas producidas por el sector rural.
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Toda nuestra vida es una continua bofetada contra
la igualdad de derechos. No pretendemos que todos los hombres deban tener
exacta-mente lo mismo. Pero estas desigualdades actuales no son admisibles.
Democracia
Democracia significa gobierno del pueblo. Con este
fin se luchó por la independencia de América. ¿Pero se puede hablar hoy de
democra-cia en las repúblicas americanas, donde casi todos los gobiernos son
militares y dictatoriales? ¿Se puede decir que los campesinos son los que
gobiernan en Sudamérica? Cuando hay elecciones, la mayoría de las veces el
pueblo no sabe lo que vota. Las campañas electorales casi siempre son un engaño
al pueblo.
Nuestros gobiernos no son del pueblo, pues en la
práctica están dispuestos siempre a ayudar a los poderosos y a los que más
plata tienen. Pero quieren ocultar la miseria de los pobres. Y persiguen
du-ramente a los que quieren abrir los ojos y organizarse. La democracia no
existe por acá.
Paz
Para el capitalismo paz significa que nadie se
mueva, que nadie pro-teste, que todo esté tranquilo. Es la paz del cementerio,
donde todos están quietos y bien ordenaditos. O la paz del tabaco cuando está
dentro de la prensa, bien apretado.
Paz a punta de fusil no es paz. Paz a la fuerza no
es paz. “La paz en Latinoamérica no consiste en que no haya violencias y
derrama-mientos de sangre. La opresión ejercida por grupos de poder puede dar
la impresión de mantener la paz y el orden, pero en realidad no es sino una
semilla de revoluciones y guerras” (Medellín, Paz).
Donde unos tengan mucho, y otros muy poco, allá no
hay paz, aunque haya mucho “orden” y se hable mucho de paz.
“La paz es fruto de la justicia” (Isaías 32, 17).
Ha dicho Pablo VI: “No puede existir verdadera paz sin justicia verdadera”. Por
eso, “si quieres la paz trabaja en favor de la justicia” (1º de enero de 1972).
“La paz auténtica y activa se ha de desarrollar en
un clima de amor, de justicia y de libertad, dando a los individuos y a las
naciones la po-sibilidad de llegar al verdadero progreso integral a que están
llamados por su dignidad humana y por el mismo plan divino” (Discurso de Pablo
VI al embajador del Paraguay en El Vaticano).
Justicia
Para el capitalismo justicia significa cumplir las
leyes. Pero resulta que muchas de esas leyes las hicieron los poderosos
precisamente para defender sus privilegios. ¿Qué justicia es, entonces, ésta?
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Las leyes capitalistas tienen una máscara de
justicia, pero en el fondo lo que buscan es defender los privilegios de los
opresores y pro-curar mantener quietos y dormidos a los oprimidos.
Justicia es buscar el bien común; es darle a cada
uno su derecho. Y todos tenemos derecho a vivir una vida digna de hijos de
Dios.
En el capitalismo es difícil que haya justicia,
porque según su mecanismo interior unos pocos suben a base de pisar a los
demás.
Para que haya justicia hay que hacer desaparecer lo
más rápida-mente posible las enormes diferencias económicas que hoy existen.
Progreso
El capitalismo se hace mucha propaganda con las
obras de progreso que lleva adelante.
¿Pero
para quién es ese progreso? ¿Y qué es lo que progresa? Progreso sólo para unos
cuantos. Los adelantos de la técnica
rara vez están al alcance de los campesinos. Y a
veces hasta están en contra de ellos.
Se trata, además, de un progreso materialista, que
se fija muchas veces solamente en la parte económica, en el aumento del lujo y
la comodidad. Un progreso que busca tener más cosas, pero no ser me-jores
personas.
“El progreso no se reduce solamente al crecimiento
económico. Para que el progreso sea auténtico debe ser progreso integral, o
sea, que llegue a todos los hombres y a todas las cualidades del hombre” (Pablo
VI, El Progreso de los Pueblos).
El
dios dinero
El capitalismo tiene dentro un ideal, del que no
suele hacer tanta pro-paganda. Y es el único verdaderamente importante. Es el
ideal del di-nero. La plata es la que manda. Todas las demás cosas no tienen
impor-tancia si no son rentables. Y sólo valen en la medida en que den plata.
En el capitalismo el dinero vale más que la
dignidad de una persona. Es el “imperialismo del dinero” que se desarrolla
tanto a escala nacional como internacional.
Este ideal es un veneno escondido que todo lo echa
a perder. Los otros ideales no son más que máscaras para engañar. Al
capitalismo lo único que le interesa es ganar plata. Por lo medios que sea y
enga-ñando a quien sea. El dinero es su dios.
Conclusión
Estos ideales de libertad, justicia, paz y progreso
según los entiende el capitalismo parecen muy lindos por fuera, pero por dentro
están podridos. La libertad, la paz y la justicia son cosas muy distintas.
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Si dejamos que estos ideales falsos, tal como ellos
los entienden, entren en nuestro corazón sin pensar en su verdadero
significado, nos enfermarán para toda la vida, pues nos quitan la inteligencia
y nos dejan como borrachos. Y así podemos vivir toda la vida como escla-vos,
sin darnos cuenta siquiera.
Los ideales del capitalismo son como los sepulcros
blanquea-dos de los que habla Cristo. En el capítulo 23 de San Mateo podemos
ver cómo Jesús desenmascara duramente la hipocresía de los fariseos, que tanto
se esforzaban en aparecer buenos por fuera, pero por dentro estaban llenos de
podredumbre, de robos y de mentiras. Cuidado con la levadura de los fariseos”
(Mateo 16, 6).
Tenemos que esforzarnos por entender y vivir los
verdaderos ideales de justicia, paz, libertad y progreso.
2.
EL CAPITALISMO VIVE DE LA SANGRE DE LOS POBRES
Como acabamos de ver, en este reinado de la mentira
todo está al revés. El dinero no está al servicio del hombre. Todo lo
contrario: se exige que el hombre esté al servicio de las necesidades del
capi-tal. No está al servicio de los pobres; sino que vive de la sangre de los
pobres.
Este sistema se sostiene sobre la cabeza de los
pobres. Y los está aplastando. Los pobres son los que sostienen el capitalismo,
que los está oprimiendo. Y a pesar de ello, le obligan a adorarlo como si fuera
su dios.
Los débiles quedan así oficialmente bajo el
capricho de los po-derosos, pues ellos son los que dominan sobre los resortes
del Estado. Es lo que se llama el “desorden establecido”, establecido
oficialmente.
El capitalismo siempre produce sus víctimas entre
los pobres. Se alimenta de la sangre de los pobres, en la propia nación o en
las “colo-nias”. Sin pobres no podría existir.
El capitalismo considera a los obreros como
máquinas que pro-ducen dinero, y por eso hace todo lo posible para sacarles
todo el jugo que puedan dar al menor precio posible. Le da al obrero sólo lo
ne-cesario para que pueda seguir produciendo y tenga una familia de la que
puedan salir los futuros esclavos que perpetúen el sistema.
El trabajo de un obrero vale normalmente el doble
de lo que se le paga. La otra mitad, la plusvalía, se queda el patrón con ella
por la sencilla razón de que él tiene mucho más dinero que su obrero y es dueño
de los medios de producción. Unos pocos se apoderan así del fruto del trabajo
de la gran mayoría del pueblo.
Los obreros se someten a este sistema de
explotación obligados por la necesidad. Si no se amoldan a las condiciones
económicas im-puestas por el sistema, se mueren de hambre, ya que ellos no
tienen
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
los medios necesarios para producir y competir con
los precios del mercado.
El campesino paraguayo normalmente es dueño de sus
rudimen-tarios medios de producción, pero no recibe más de un tercio del
pre-cio de sus productos.
Los intermediarios y los grandes comerciantes se
adueñan de la mayor parte del trabajo campesino, por la sola razón de que ellos
tienen más dinero que los campesinos. Por el solo hecho de guardar por unos
meses una bolsa de porotos debajo del mostrador, un comer-ciante gana tres
veces más que el campesino que sembró y cultivó con el sudor de su frente.
Por todo esto hay que afirmar, junto con Juan
XXIII, que este sistema económico que lo único que busca es el provecho
individua-lista bajo “la ley del más fuerte” es algo esencialmente malo desde
su raíz. “Es un sistema económicamente injusto porque en su funciona-miento
necesariamente desprecia y hunde la dignidad humana” (En-cíclica Madre y
Maestra).
3.
NECESIDAD DE CAMBIAR EL CAPITALISMO POR OTRO SISTEMA
El capitalismo es una fábrica de injusticias. Y
para resolver el pro-blema no hay más remedio que cambiar esa fábrica por otra
nueva.
La primera razón por la que necesitamos cambiar el
sistema capitalista por otro mejor es porque a causa de su mecanismo
inter-no, los pobres son cada vez más pobres, y los ricos cada vez
más ricos. “Pocos tienen mucho, mientras muchos tienen poco” (Medellín, Paz).
En nuestro tiempo hay una verdadera marcha atrás en las condiciones de vida de
los débiles.
Aunque a veces suba el nivel material de los
pobres, el de los ricos sube mucho más, con lo que las diferencias entre unos y
otros cada vez son mayores. Con una mano le quitan a los pobres lo que
le dan con la otra (Medellín, Paz).
Necesitamos también hacer este cambio porque así
no podemos desarrollar plenamente nuestra dignidad
humana. Ni los de arriba, ni los de abajo.
Los
opresores se materializan y viven sólo para el dinero.
Y los oprimidos se alienan. No viven como personas.
Se hace de ellos seres aduladores, serviles, miedosos, incapaces para pensar y
crear por sí mismos.
Con
este sistema, no podemos tampoco ser buenos cristianos.
Sabemos por experiencia lo difícil que es
organizarnos comuni-tariamente como hermanos, no solamente por las dificultades
propias del egoísmo de cada persona, sino por la persecución sistemática que
sufre todo el que quiera apartarse de la esclavitud.
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Estamos continuamente bajo la presión de una
educación anti-cristiana. Se fomenta todo lo que sea materialismo y egoísmo.
Hay toda una red muy bien organizada para impedir que la gente viva en su
plenitud la caridad cristiana.
No
sirven las soluciones espiritualistas
No basta dar buenos consejitos y predicar y rezar
mucho para que la gente sea buena, si no se hace algo eficaz para conseguirlo.
Es lo mismo que si en un reglamento de fútbol lo único que se pidiera fuera que
los jugadores sean buenitos, pero sin ninguna regla de juego, ni ninguna clase
de sanción. Como es natural ganaría el equipo más bruto y con menos conciencia.
Las reglas de juego tienen que estar hechas de tal forma que impidan los
abusos, y puedan todos jugar con los mismos derechos y las mismas obligaciones.
No
sirven tampoco las reformas
De poco sirve, por ejemplo, que los obreros luchen
por conseguir re-formas o para que se les suba un poco los salarios. El
mecanismo del sistema enseguida hace subir el precio de los productos de
consumo, y todo queda igual que antes.
No se puede conseguir que esta fábrica de
injusticias que es el capitalismo funcione bien haciéndole algunas reformitas.
Toda ella está mal hecha. Y no hay más remedio que destruirla y construir otra
según el plan de Dios. Todo esfuerzo por recambiar piezas o engrasar su
maquinaria es perder tiempo. Con ello no conseguimos sino que siga
explotándonos por más tiempo.
Hay asociaciones piadosas con etiqueta cristiana y
“obras de caridad” que están muy lejos de la lucha por la justicia. A veces son
sólo calmantes, remiendos, que sólo sirven para tranquilizar a los pobres y
ocultarles su horrorosa realidad. Y para tranquilizar la conciencia de los
ricos.
4.
LOS PUNTALES DEL CAPITALISMO: LA VIOLENCIA DE LOS PODEROSOS
Parece claro que esta fábrica de injusticias está
podrida desde sus ci-mientos. ¿Por qué entonces no es fácil echarla abajo? ¿Por
qué no se unen y se sublevan todos los oprimidos por ella? Parece que si está
tan podrida, debiera ser fácil echarla a tierra. ¿Por qué no es fácil destruir
el capitalismo?
No podemos sublevarnos contra él porque los de
arriba nos man-tienen quietos y callados a la fuerza. Es como una prensa que
pesa sobre nuestras cabezas. Y el que intente liberarse sufre toda clase de
persecuciones y violencias.
“América Latina se encuentra en muchas partes ante
una situa-ción de injusticia, que puede llamarse de violencia
institucionalizada”.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Los poderosos a ningún precio quieren soltar sus
privilegios. “Los de-fienden empleando ellos mismos medios violentos”;
“Recurren al uso de la fuerza para reprimir sangrientamente todo intento de
reacción. Y les es muy fácil encontrar aparentes justificaciones ideológicas
(por ejemplo, el anticomunismo) o justificaciones prácticas (conservación del
orden), para decir que es honrado su comportamiento” (Medellín, Paz).
El armazón interno del capitalismo está podrido. Es
como una casa vieja comida por los termitas (kupií). De por sí se debía caer
toda. Pero los poderosos tienen muy bien apuntalada la casa vieja para que no
caiga al suelo.
Estos puntales son, entre otros, el ejército y la
policía, la politi-quería, las leyes capitalistas, la propaganda, la educación
burguesa, la religión alienada.
El ejército está, de hecho, para
defender a los poderosos y mante-ner quietos a los oprimidos. Tristemente, ésta
es la realidad.
Los politiqueros no buscan el bien
de todos, sino el bien de los que dirigen su partido. Están al servicio de los
privilegiados. A los campe-sinos les usan como instrumentos en sus campañas
propagandísticas. Y al final, los dejan divididos, que es el mayor daño que se
puede hacer al pueblo.
Las leyes capitalistas, como ya
vimos, suelen servir de defensa de los poderosos, aunque quieran disfrazarse
con máscaras de demo-cracia y de servicio al pueblo.
Los medios de propaganda como son
la radio, los diarios, los libros y la televisión, están casi todos ellos al
servicio del capitalismo. Están controlados y dirigidos por los grandes
intereses capitalistas.
La educación que se da en nuestros
países en muchos sentidos es alienante. La mayoría estudia para vivir más
cómodamente, pero de espaldas a los problemas de los pobres, y aun a costa de
ellos. Se pro-cura que los pobres no estudien a fondo sus propios problemas.
Nadie aprendió en una escuela oficial a desenmascarar la explotación. Si alguna
vez un pobre estudia un poco más, se procura hacerle comodón y apartarle de los
suyos de forma que pase al bando de los explotadores.
La religión también es usada por
los explotadores como puntal. Ellos favorecen toda clase de religiosidad que
atonte a los pobres, les haga pensar cosas inútiles y les quite fuerzas para
luchar por la justi-cia. Procuran también comprar a la Jerarquía con privilegios
y ayudas económicas. Y persiguen al que cree que amar al Dios verdadero es
comprometerse por los pobres.
Estos son los puntales poderosos que hacen que sea
muy difícil echar abajo el capitalismo. Lo más triste del caso es que son los
mis-
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mos oprimidos los que están atajando estos
puntales. Los pobres son los
que dan sus hijos al Ejército, los que dan sus votos a los politique-ros, los
que pagan los impuestos, los que pelean unos contra otros. Los que sufren las
injusticias y los que las sostienen.
El día en que el pueblo se decida de veras a abrir
los ojos, y a espantar el murciélago del miedo que está chupando sus fuerzas,
ese día vendrá la unión. Y con la unión, la fuerza y la esperanza de un mundo
justo. La fuerza de los pobres es siempre la concientización y la unión. Y la
unión es la madre de la libertad.
No
nos deben asustar las persecuciones
El camino de la liberación pasa siempre por
persecuciones. Cristo ya lo avisó. Él conocía el egoísmo de los hombres. Sabía
muy bien que todos los que intenten abrir los ojos y unirse como hermanos
sufren necesariamente la persecución del egoísmo organizado.
Inmediatamente después de dar Jesús su Mandamiento
Nuevo, anuncia con claridad que todo el que tome en serio sus palabras sufri-rá
calumnias, cárceles y muerte (Juan 15 y 16; Mateo 5, 11).
Él mismo fue aplastado por los privilegiados de su
tiempo por ser un “hombre peligroso” por sus privilegios. Pero justamente con
su muerte triunfaron ellos.
III.
TAMBIÉN NOSOTROS SOMOS EXPLOTADORES
Estamos de acuerdo en que es necesario cambiar el
capitalismo. Pero eso no es suficiente. Si cambiamos el capitalismo pero no
cam-biamos a los hombres, todo seguirá igual, pues en nosotros está la raíz de
toda explotación: el egoísmo. Por eso es necesario conocer nuestro propio
egoísmo personal para poder cambiar y convertirnos en hombres nuevos. Nuestra
propia maldad es la que produce todos los males del mundo. El capitalismo no es
sino un fruto más de la maldad humana.
1.
NECESIDAD DE CONOCER NUESTRA PROPIA MALDAD
Es muy fácil echarle la culpa de todo a los demás,
sobre todo a los de arriba. Es una excusa frecuente en los pobres, pues así se
libran de toda responsabilidad de cambiar y comprometerse.
Generalmente los campesinos son muy duros con los
demás. Creen que los “malos” son los otros. Y piensan que el mundo se
arre-glará si los otros se corrigen.
Pero Cristo también a los campesinos dice:
“Hipócritas, que miran la paja en el ojo ajeno y no ven la viga que tienen en
el suyo propio. Saquen primero la viga de sus ojos antes de criticar la paja en
el ojo de sus hermanos” (Lucas 6, 42).
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Hay campesinos que se llaman “concientizados”,
liberadores de sus hermanos, pero en su casa son unos dictadores, que tienen
escla-vizados a su esposa y a sus hijos. Si no cambian de actitud, corren el
serio peligro de no ser más que aprendices de “politiqueros”, que se pueden
convertir en servidores incondicionales de intereses extraños al campesinado.
Cada uno de nosotros somos esclavos de nuestro
egoísmo. To-dos tenemos algo de explotadores. Por eso es necesario conocernos
bien. La mayoría de nosotros no conocemos nuestro propio cora-zón. Ni cuál es
la fuerza interior que nos empuja a hacer una cosa u otra.
Cada uno debe conocer con toda seriedad cuál es el
manan-tial del que nace todo lo malo que hace. Solamente si somos muy sinceros
con nosotros mismos, seremos capaces de comprometernos seriamente en la
construcción de un mundo justo.
2.
EL EGOÍSMO PERSONAL, LA RAÍZ MÁS PROFUNDA DE LA EXPLOTACIÓN
El egoísmo es algo que llevamos dentro desde que
nacemos. Es el fruto de nuestro pecado original. Se parece a algunos yuyos, que
si no les perseguimos continuamente, acaban comiéndose todo lo que hay a su
alrededor, y no dejan germinar a su lado ninguna semilla provechosa.
Ser egoísta es querer ser “capo”. Es querer ser el
único. El que más vale, el que más sabe, el que más manda. Es querer sobresalir
más que nadie, a costa de cualquier precio; aunque sea usando a los demás como
escalera. Es querer ser en su comunidad el hombre más importante; querer tener
el mejor caballo parejero, o ser el más “ma-cho”, o tener la mejor casa, o el
que más plata tiene o el que más sabe... Quiere tener a toda la comunidad
alrededor de él.
Por eso el egoísta no se junta con las personas que
no le tengan como primero. A los que no le aprecian como él quiere, los
desprecia con rabia y habla muy mal de ellos.
El egoísmo nos hace mirar sólo a nosotros mismos,
quiere que vivamos sólo para nosotros. Nos hace ver en los demás sólo lo que a
nosotros nos interesa; el provecho que podemos sacar de ellos; o en qué les
podemos engañar.
Al egoísmo le estorba la idea del Dios verdadero y
de la dignidad de sus hermanos. Por eso le gusta inventarse una religión falsa,
que no le impida conseguir sus fines. Se hace un dios a su gusto, con el que
pueda justificar todo lo que haga. En realidad, su único dios es su propio
“yo”, el dios-yo.
Si nos examinamos seriamente veremos que todos
tenemos mu-cho de esto. Este deseo que todos tenemos de dominar y sobresalir
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usando a los demás es la raíz más profunda de la
que nacen todas las explotaciones de unos hombres para con otros.
3.
NECESIDAD DE LA LIBERACIÓN PERSONAL DE CADA UNO
Puesto que todos nosotros somos esclavos de nuestro
egoísmo, es necesario liberarnos de estas cadenas que nos tienen muchas veces
prisioneros. Esto es lo que en la Biblia se llama “conversión”. O sea darnos la
vuelta, cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne. Cambiar de
actitud en nuestra vida. Ser hombres nuevos, siempre en actitud de servicio
hacia los demás.
Para esto vino Cristo, “Vino a liberar a todos los
hombres de todas las esclavitudes... Del hambre, de la miseria, de la opresión,
de la ignorancia. Pero para ello todos los hombres necesitamos una profunda
conversión, pues la injusticia y el odio tienen su origen en el egoísmo humano”
(Medellín Justicia).
Necesitamos liberarnos de nuestras esclavitudes
interiores, para poder liberarnos de nuestras esclavitudes sociales. Pero esto
no quiere decir que haya que esperar que nos convirtamos todos interiormente
para poder después destruir los sistemas opresores. Esto sería espiri-tualismo.
Los comunistas dicen que hasta que no se destruya
el capitalis-mo, los hombres no podrán ser honrados. Los que son
espiritualistas creen que hasta que todos los hombres no sean buenos, los
sistemas económicos no podrán ser buenos. Nosotros no estamos de acuerdo ni con
los unos ni con los otros, sino con las dos cosas juntas.
Nuestra lucha debe ser siempre en dos frentes: en
el interior y en el exterior. Lucha por liberar nuestro corazón de sus
esclavitudes, y lucha por liberar a la sociedad de las estructuras opresoras.
Pero ninguna cosa sin la otra.
4.
PARA QUÉ SIRVE LA LIBERACIÓN PERSONAL
Ante todo, para que cada uno de nosotros personalmente no
sea explo-tador. Al menos en lo que sea posible. El sistema de
mercadeo actual muchas veces nos obliga a ser explotadores. El
campesino que contra-ta personal para trabajar en su chacra no puede pagarle
dignamente, pues el precio de la cosecha no da para más. El sistema económico
actual le obliga a explotar a su hermano.
Pero hay otros muchos casos en los que podemos
dejar de ser explotadores, si es que conseguimos liberarnos suficientemente de
las cadenas del egoísmo personal. Podemos dejar de apoyar al siste-ma en muchas
cosas. Respetar mucho más al prójimo. Organizarnos y comprometernos a fondo en
la lucha por la liberación, sin miedo a perder la tranquilidad.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Sin liberación personal no se puede luchar
de veras por la justi-cia, pues el egoísmo fácilmente cambiaría el camino
hacia el interés personal y el ansia de dominio.
El que sea esclavo de su egoísmo necesariamente va
a seguir siempre explotando a sus hermanos, aunque le guste hablar mucho de
lucha por la justicia. Quizá lo que busque con ello sea subir y con-vertirse en
caudillo.
Sin una liberación personal profunda es imposible
construir una sociedad justa. Quien no se libera a sí mismo de su egoísmo, no
podrá construir la sociedad que hay que levantar después de destruir el
sis-tema actual. Hay que organizarse de forma que no sea posible que un puñado
de egoístas domine por la fuerza a todo el resto del mundo.
Sólo los que viven en un estado de justicia serán
capaces de cons-truir un mundo justo: “No tendremos un Continente nuevo sin
nuevas y renovadas estructuras. Pero sobre todo no habrá Continente nuevo sin
hombres nuevos, que a la luz del Evangelio sepan ser hombres verdaderamente
libres y responsables” (Medellín Justicia).
Hay
que ir más allá de un cambio en la economía
No basta construir un sistema nuevo que impida el
predominio del egoísmo. Hay que ir mucho más lejos. La nueva organización que
bus-camos tiene que fomentar en todos los sentidos el desarrollo de la
per-sonalidad humana, tanto en sentido personal como en sentido social. Debemos
llegar a realizarnos plenamente como personas.
La nueva sociedad debe impulsar el verdadero amor
en el mundo. Y para ello necesitamos una continua liberación personal; una
lucha sistemática contra todo lo que ata e impide el desarrollo del espíritu
fraterno en el mundo.
La historia marcha hacia una nueva realidad de fe y
de amor. La vocación de la humanidad es la creación de un “hombre nuevo,
crea-do a imagen de Dios, en justicia y santidad verdaderas” (Efesios 4, 24).
Un hombre que poco a poco se va despojando de sus corrupciones y se va
renovando con la imagen del que lo creó, hasta que el amor sea el móvil de
todas sus acciones (Colosenses 3, 4-14).
Nuestra lucha a través de los siglos es por una
sociedad en la que se llegue a una comunión plena de los hombres entre sí y de
los hombres con Dios. Entonces la humanidad habrá llegado a su pleno
desarrollo. Cuando triunfe en todos los sentidos el amor, estará for-mado en su
totalidad el Cuerpo de Cristo, el Cristo Total, meta final de la historia.
Esta plenitud de amor a la que estamos todos
llamados, sólo se hará realidad en el Cielo. En la tierra luchamos y nos
acercamos al ideal. En el cielo lo viviremos en su totalidad.
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IV.
DIGNIDAD DE TODA PERSONA HUMANA
En nuestra marcha hacia la hermandad, el primer
paso ha sido hacer un diagnóstico del mal de nuestro mundo: la explotación.
Ahora en-tramos en la parte positiva:
¿Qué quiere Dios de nosotros? ¿Cuáles son nuestros
valores y nuestros derechos? Tantas veces el campesino ha sentido que se le
desprecia, que lo primero que necesita es tomar conciencia de su propia
dignidad.
1.
A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS
Repetidas veces se dice en la Biblia que Dios creó
al hombre “a su imagen y semejanza”. ¿Qué quiere decir esto?
Quiere decir que Dios, nuestro Padre, ha querido
que todos nos pa-rezcamos a Él en muchas cosas. Todos los seres humanos
participamos de alguna manera de las cualidades de Dios. Nos parecemos a Él en
que sabemos amar, en que somos inteligentes, creadores, libres, inmortales.
Somos
seres inteligentes
Dios nos dio una inteligencia parecida a la suya.
Con eso nos hizo dis-tintos a todo el resto de la creación. No somos cosas ni
animales, pues con nuestra inteligencia podemos conocer a Dios, el bien y el
mal. Y todos los secretos de la naturaleza para ponerlos a nuestro servicio.
Capaces
de amar
Nos dio un corazón que sabe amar, porque Él es
amor, y quiere que nosotros también seamos amor para con Él y para con todos.
Por eso, cuanto más amemos, más nos parecemos a Dios.
Nuestro Padre Dios nos encargó de una manera muy
especial que construyamos un mundo de hermanos, donde todos nos amemos de
verdad unos a otros. Quiere que construyamos la unidad entre todos. Que
lleguemos a vivir en común lo más perfectamente posible.
Creadores
Para poder desarrollar su plan, nos dio parte de su
poder creador. Él quiso dejar el mundo sin terminar. Y nos encarga a nosotros
que ter-minemos poco a poco la obra que Él empezó.
Dios, que es señor de todo, ha querido que también
nosotros sea-mos señores de toda la creación. “Nos dio el mando de todas las
obras de sus manos” (Salmo 8, 5). Dios ha dado al hombre todas las cosas del
mundo para que las domine y se haga señor de todas ellas (Génesis 1, 26-28).
La finalidad del trabajo creador que Dios ha puesto
en nuestras manos podemos decir que es conseguir:
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
-- Que el mundo se desarrolle y progrese de forma que
esté al servicio de la humanidad.
-- Que cada uno de nosotros se desarrolle cada vez más
como persona.
-- Que todos los hombres estemos cada vez más unidos
en todos los sentidos. Y todo esto cada vez más en comunión
con Dios.
Tenemos que realizar esta misión a través de toda
la historia de la humanidad.
Libres
Dios no es paternalista. Nos dio esta
responsabilidad de terminar su creación y nos facilitó los medios para hacerlo.
Pero, como a hijos mayores, nos dejó libres para que nosotros hagamos nuestro
trabajo como mejor nos parezca.
Nos señaló la meta, que es la construcción de un
mundo de her-manos en comunión con Él. Pero no nos indicó los caminos concretos
por los que tenemos que llegar a esta meta. Eso depende ya de nuestra
responsabilidad.
Para ser imagen de Dios tenemos que luchar por
conquistar nuestra libertad: libres del egoísmo personal y libres de todo
sistema opresor. Cuanto más libres seamos, más nos parecemos a Dios. A Él
ninguna clase de cadenas opresoras le impide desarrollar libremente su amor.
Así quiere que seamos nosotros. Pero esa libertad hay que conquistarla día a
día.
Inmortales
Otro gran parecido que Dios ha querido que tengamos
con Él es el de ser inmortales. Al igual que Dios, nuestro espíritu no morirá
jamás. Y estaremos siempre con Él, por siglos de siglos. Pero este destino de
supervivencia y felicidad eterna depende de la seriedad con que tomemos nuestra
responsabilidad de construir un mundo justo.
Hermanos
de Cristo
La grandeza de la creación del hombre quedó mucho
más alta cuando Dios decidió hacerse hombre y venir a compartir nuestro
destino.
Cristo es nuestro hermano. Con Él la naturaleza
humana ha subi-do a lo más alto de su dignidad. Ahora somos herederos de la
gloria, junto con Cristo. Las riquezas de Dios son también nuestras. Somos
amigos de Cristo, hermanos de Cristo, con todos sus derechos.
Es más, Cristo está en cada uno de nosotros.
Cualquier cosa que hagamos a un prójimo, sea quien sea, la hacemos al mismo
Cristo. Cada uno de nosotros es Cristo. ¡Es muy grande nuestra dignidad!
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2.
LOS DERECHOS DE LA DIGNIDAD HUMANA
Todos somos iguales. Todos, por consiguiente,
tenemos los mismos derechos. Y esto sencillamente porque todos somos seres
humanos por igual, hijos de Dios.
Así, además, fue reconocido oficialmente por el
mundo entero al firmarse en las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 la
De-claración Universal de los Derechos Humanos. Paraguay estuvo allí presente,
y se comprometió con su firma a cumplir estos derechos.
Algunos de estos derechos sagrados, puestos por el
mismo Dios, son los siguientes:
-- Derecho a la vida.
-- Derecho a la alimentación, vestido, vivienda,
salud, trabajo, cultura..., de una manera digna, que cubra todas
las necesidades.
-- Derecho a la libertad de hablar, reunirse y
organizarse. -- Derecho a formar una familia y educar a los hijos.
-- Derecho a intervenir activamente en la formación
del gobierno de su región y su país.
-- Derecho a creer en Dios y a practicar libremente su
religión. En resumen, derecho a tener una vida digna de una
persona.
Estos derechos sagrados están por encima de
cualquier otro derecho humano. Mientras todos los hombres no tengan una casa
digna, ali-mentación suficiente, el estudio indispensable y cosas por el
estilo, nadie tiene derecho a gastar un solo centavo en cosas no necesarias. Ni
a tener más tierra de la que necesita para vivir. Ni a ir a la Luna.
Veamos confirmado este punto tan importante con
palabras ofi-ciales de la Iglesia:
“La creación entera es para el hombre... La tierra
ha sido dada para todo el mundo, y no solamente para los ricos... Y todo hombre
tiene de-recho de encontrar en ella lo que necesite... Todos los demás
derechos, sean los que sean, comprendidos en ellos los de propiedad y comercio
libre, están por debajo de éste” (Pablo VI, El Progreso de los Pueblos).
Si tomamos en serio los derechos humanos tendremos
que cambiar muchas cosas en el mundo.
3.
ESPECIAL DIGNIDAD DE LOS POBRES
Hay muchos campesinos que se creen seres inferiores
a los demás. Consideran muy natural que “sus señores” tengan todo lo necesario
para cubrir todas sus necesidades naturales. Pero consideran también
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
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natural que ellos vivan en un ranchito de estaqueo
que se moja todo, comiendo solamente maíz y mandioca, sin posibilidad de
estudios, sin medicamentos y sin porvenir. “Esto está bien para los pobres”,
dicen ellos.
Si en cualquier reunión importante un campesino
quiere dar su opinión, sus compañeros le suelen hacer callar. Se desprecian
unos a otros. Hay muchos campesinos que se desprecian a sí mismos. Este
complejo de inferioridad se ha metido en el corazón del campesino a través de
amargas lecciones que vienen desde tiempos muy lejanos. Les enseñaron a
despreciarse a sí mismos y a creer que no tienen los mismos derechos que los
demás.
Pero lo que nos enseña nuestra fe es una cosa muy
distinta: todos los hombres somos hijos de Dios. Todos tenemos la misma
dignidad y los mismos derechos. Y de una manera muy especial, los pobres.
Dios ama de una manera especial a los pobres, lo
mismo que una madre ama de una manera especial al hijo enfermo, que tiene menos
posibilidades que los demás, sobre todo si es porque sus hermanos han abusado
de él.
Pero más que nada Dios ama de una manera especial a
los pobres porque entre ellos ve una cantidad de buenas cualidades que no
en-cuentra entre los demás.
El campesino tiene que saber valorar en su justa
medida sus propias cualidades para saberlas poner al servicio de la comunidad.
Es muy grande la dignidad y el porvenir del campesinado.
El sentido común del campesino, su sencillez, su
alegría y su hos-pitalidad son los valores de los que necesita mucho nuestro
mundo. El campesino tiene un profundo sentido de la realidad y una capacidad
certera de intuición. Su corazón es sano e interiormente está más libre que los
demás para comprometerse en la construcción de un mundo nuevo.
Su mucho sufrimiento le ha hecho profundamente
humano. Es más capaz de valorar a las personas por sus cualidades, y no por lo
que aparentan. Puede tomarse más en serio toda la tarea comunitaria de
socialización. El campesino tiene el sentido de la verdad, no oscu-recida
sustancialmente por los estudios burgueses.
El campesino tiene en el fondo de su corazón una
verdadera sed de justicia y es tierra preparada para hacer germinar la fuerza
libera-dora de la fe cristiana.
Esta es su “plata yvyguy”, su tesoro escondido. Si
el campesino llega a convencerse de su dignidad y sus propios valores y sabe
edu-carse debidamente en ellos, una nueva época comenzará a amanecer en su
vida.
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V.
LA LUCHA POR LA JUSTICIA
Es muy grande la dignidad humana. Pero, como vimos
anteriormen-te, la realidad campesina está muy lejos de lo que merece su
digni-dad humana. Por eso es necesario un gran esfuerzo para llegar a vivir
como Dios manda.
1.
TODOS LOS HOMBRES SOMOS RESPONSABLES DE LA JUSTICIA
EN
EL MUNDO
Cuando se presenta un problema se suele decir: “Que
sea lo que Dios quiera”. Muchos se ponen a rezar y se sientan luego tranquilos
a espe-rar a que pase lo que Dios quiera. Así se creen muy cristianos.
Pero resulta que con esta actitud hacen todo lo
contrario de lo que Dios quiere. La voluntad de Dios es que trabajemos por
li-berarnos de nuestras miserias personales y estructurales, para que podamos
vivir como hermanos. Esa liberación no la va a hacer Él solo a base de
milagritos desde arriba, mientras nosotros esperamos pasivamente.
Hay problemas que no tienen solución. Entonces
estará bien re-signarse. Pero hay muchos casos en los que Dios quiere que nos
despertemos, y todavía no nos hemos dado cuenta de ello.
La fuerza liberadora de Dios está a nuestra
disposición. Pero la mayoría de las veces nosotros no le hacemos el menor caso.
Dios nos ha hecho responsables de la marcha del mundo y nos dio todas las
fuerzas necesarias para hacerle caminar hacia adelante. Pero Él di-rectamente,
sin la colaboración de los hombres, no hará marchar al mundo hacia la justicia
y el amor. Esa es responsabilidad nuestra. Ese trabajo pertenece directamente a
todos los hombres.
Esta es especialmente nuestra vocación de
cristianos. Vocación de libertadores. Como a Moisés, Dios manda a cada uno que
luche-mos contra esta vergüenza de la explotación. Nuestra lucha por la
justicia, impulsada por el amor, es el pan que Dios nos señala. Esta es nuestra
religión.
Así es como encontraremos y conoceremos a Dios.
Dice Jeremías: “Tu padre practicaba la justicia y el derecho; entonces todo le
iba bien. Hacía justicia al pobre y al desgraciado; entonces todo le iba bien.
Conocerme a mí, ¿no es eso? (22, 15). “Todo el que obra la justi-cia es nacido
de Dios” (Juan 2, 29).
Del compromiso por la justicia va a depender
nuestra vida eterna. Después de la muerte, como bien nos avisa Cristo, seremos
juzgados sobre nuestro compromiso a favor de los hermanos margi-nados (Mateo
25, 31-46).
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
2.
LUCHA DE CLASES
Como vimos, el mundo está dividido en dos grandes
bloques: explo-tadores y explotados. Y todos somos responsables de esta
situación.
Pero las clases dominantes hacen una gran campaña
para con-vencer a todos de que no existe esta división de clases sociales.
Negan-do la existencia de los explotados creen poder mantener para siempre su
condición de explotadores.
Con esta gran campaña han conseguido hacer creer a
mucha gente que todo el que hable de división de clases o lucha de clases es un
comunista, lleno de odio y de violencias, de resentimientos y toda clase de
bajos instintos.
Pero cualquier persona juiciosa que no tenga
privilegios egoís-tas que defender, se puede dar cuenta que la división y lucha
de cla-ses es un hecho innegable en el que estamos todos metidos. Es fácil
decir desde afuera, bien comidos, que no hay lucha de clases.
Los que provocan esta lucha no son los pobres, sino
la minoría privilegiada que, silenciosa pero terriblemente, lucha día a día
para mantener sometidos a los pobres sin que éstos tengan derecho ni a quejarse
siquiera.
Dicen los obispos franceses: “La lucha de clases
es, en primer lugar, un hecho que nadie puede negar... Si nos situamos a nivel
de los responsables de la lucha de clases, los primeros responsables son
aquellos que mantienen voluntariamente a la clase obrera en una si-tuación
injusta, que se oponen a su promoción colectiva y que com-baten los esfuerzos
que ella hace por liberarse.” (carta de la Comisión episcopal del mundo obrero,
octubre de 1968). No aprobamos ni que-remos la lucha de clases, pero desgraciadamente
existe. Por eso es absurdo ponernos a pensar si entramos o salimos de la lucha
de cla-ses, pues queramos o no, todos estamos metidos dentro de ella. Nadie
puede tomar la actitud cómoda de decir que está fuera de esta lucha. El que
quiera lavarse las manos y quedarse tranquilo, le está haciendo el juego a los
explotadores, pues eso es lo que ellos quieren, que los dejen seguir robando
tranquilamente con máscara de gente buena.
3.
AMAR A LOS EXPLOTADORES
Los cristianos hemos estado muchas veces en contra
de todo tipo de lucha de clases porque decimos que nuestra vocación es amar a
toda la humanidad. Y es cierto. Pero hay que ser muy realista cuando se trata
de amar al prójimo, pues hay amores románticos que no hacen sino daño. “El amor
implica una exigencia absoluta de justicia” (Sínodo, La Justicia en el mundo).
Si un hermano carnal mío se pusiera a maltratar a
nuestra propia madre anciana, yo no me puedo quedar mirándoles con cara de
“bue-
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nito”, sin hacer nada, con la excusa de que mi
amor, que es “universal”, no me permite intervenir en la pelea. Justamente por
amor a los dos tengo que entrar en la lucha en favor de la persona injustamente
ataca-da y que, además, está en inferioridad de condiciones. Con ello
impe-diré, además, que el otro cometa el gran pecado de atropellar a un
ino-cente indefenso. Algo parecido pasa muchas veces en nuestro mundo.
Si queremos mantenernos imparciales, de hecho
estamos ayu-dando al más fuerte. Y nuestro amor cristiano no pasa de ser una
linda palabrita, llena por dentro de la más sucia hipocresía.
Convertirse a Dios es convertirse a la causa de los
pobres, pues Cristo tomó partido por ellos y está en ellos. Es comprometerse en
su li-beración, participar en su lucha, oponerse eficazmente a los opresores.
Amar a los pobres es hacer una elección de unos
contra otros. No se puede estar sinceramente con los oprimidos sin alistarse en
su lucha por la liberación en contra de los opresores. Lo demás es soñar
inútilmente. Engañar al pueblo y a nosotros mismos.
Hay que hacer una distinción importante. Toda lucha
no tiene por qué ser una expresión de odio. Ni tiene por qué ser siempre
violenta. Hay formas de lucha superiores a la violencia y motivos de lucha más
dignos que el odio. Rechazamos la lucha de clases impulsada por el odio, pero
creemos imprescindible la lucha de los pobres a favor de la justicia, impulsada
por el amor a los hermanos oprimidos y el ideal de construir una sociedad
fraternal, donde nadie tenga derecho a ex-plotar a los otros.
El Evangelio nos manda amar a los enemigos; pero no
nos dice que no reconozcamos como enemigo al que lo es. O que no luchemos en su
contra. Justamente la única manera verdadera que pueden tener los pobres de
amar a los enemigos explotadores es luchando contra ellos para que dejen de ser
explotadores. Pues la explotación sistemática de los pobres es el peor pecado
que puede haber sobre el mundo.
Precisamente por amor a los hombres tenemos que
luchar para que deje de haber estas divisiones vergonzosas que sufrimos ahora.
Hay que amar a todos, pero no a todos del mismo
modo: a los oprimidos se les ama liberándoles; a los opresores se les ama
comba-tiéndoles. A los oprimidos se les ama liberándoles de su miseria. A los
opresores liberándoles de su pecado. El amor tiene que ser clasista para ser
verdaderamente universal.
Por todo esto creemos que es una falta muy seria la
del cam-pesino o el obrero que traiciona a sus compañeros y se pone
cons-cientemente al servicio de los intereses de los explotadores (como hacen
tantos relatores pyragüés, capataces, chupamedias y demás gente por el estilo).
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contemporáneo
4.
LUCHA POR UNA VERDADERA UNIDAD
¿Va
todo esto contra el mensaje de unidad que predicó Cristo?
Por lo pronto seamos honrados reconociendo que no
tenemos la unidad que Cristo nos pidió. No somos signo de unidad. No basta la
unidad de los buenos deseos y los buenos “consejitos”. No podrá ha-ber en la
Iglesia verdadera unidad mientras haya dentro de ella explo-tadores a quienes
les gusta presumir de buenos cristianos.
Justamente porque Cristo nos mandó la unidad, los
cristianos so-mos los primeros obligados a buscar este ideal eficazmente, por
todos los medios que la ciencia de hoy nos puede ofrecer. No basta con hacer
hermosos llamamientos, color de rosa, para que se unan romántica-mente
explotadores y explotados. Es éste un problema muy serio en el que actúan
poderosas fuerzas ocultas. Se trata de construir una sociedad sin clases
contrarias, en la que no sea posible que unos pocos acaparen la propiedad y los
medios de producción. Para ello se nece-sitan estudios muy serios de la propia
realidad y del camino a seguir; estudios que en parte ya están hechos, y hay
que saberlos aprovechar. Y una fuerte organización de base dispuesta a luchar
hasta lo último con el ideal de la unidad en el corazón.
Sólo así podremos llegar de veras a llamarnos
hermanos, pues en la sociedad llena de remiendos que tenemos ahora la unidad es
una pura máscara.
El mandato de unidad que nos dio Cristo obliga a
los cristianos a lanzarnos a la lucha por la justicia de una manera técnica y
eficaz, adaptada a la realidad socioeconómico-cultural de nuestro tiempo.
Entonces la Iglesia volverá a ser en el mundo signo de unidad, de es-peranza y
libertad. Es el camino para permanecer hoy fieles al espíritu de Cristo, según
lo piden los signos de nuestros tiempos.
5.
¿CON VIOLENCIA?
En las reuniones de las Ligas brota con frecuencia
la duda de si deben o no usar métodos violentos para conseguir sus fines.
En
cierta ocasión escuché la siguiente interpretación:
“Supongamos que el samaritano de la parábola de
Cristo era uno de esos señores que creen que en ningún caso está justificado el
uso de la violencia. Y supongamos también que su burro fue un poco más rápido y
llegó justo en el momento en el que los ladrones estaban des-pojando y
malhiriendo al caminante. ¿Qué debía haber hecho? Según su creencia debía de
haber esperado desde lejos a que casi mataran a aquel hombre, y luego que
hubiese acabado el peligro de violencia por parte de él, se hubiera acercado y
entonces hubiera cuidado con todo cariño al herido.”
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En este absurdo caen muchos cristianos; dejan que
los “bandidos” roben la plusvalía del mundo obrero y campesino, porque meterse
ahí acarrearía problemas de violencia. Pero después que los pobres están
anémicos y sangrando por todos lados, entonces se preocupan de tener algunas
monjitas que les cuiden en hospitales, señoras educadas en colegios católicos
que les den limosnitas o chicas caritativas que repartan leche norteamericana o
ropa usada.
Lo más curioso del caso es que en el pasado la
Iglesia a veces no tuvo escrúpulos en meterse en guerras. Hubo papas que
predicaron la guerra armada contra los árabes para conquistar Jerusalén, la
ciudad donde murió Jesús. Pero hoy rara vez se admite que puede ser justa una
guerra para conquistar, para una vida digna, los “santos lugares” donde sigue
viviendo y muriendo Jesús: los pobres y los explotados del mundo.
Los ejércitos que defienden los intereses de los
poderosos han te-nido y siguen teniendo en muchas partes capellanes que
bendicen sus cañones y sus guerras. Pero por un raro contraste, la lucha armada
del pueblo en defensa de sus intereses casi siempre es muy mal mira-da por la
mayoría de los cristianos.
Parece ser que ni de la Biblia ni de la doctrina
tradicional de la Iglesia se puede sacar la idea de que toda acción violenta es
contraria al espíritu cristiano. Depende de los casos. Después de usar métodos
pacíficos, si hay causa suficiente y esperanza de que la acción vaya a ser
eficaz, no parece que haya una dificultad moral para usar métodos violentos.
Así lo reconocen los mismos obispos en Medellín:
“La insurrección revolucionaria puede ser legítima
en caso de tiranía evidente y prolongada, que atentase gravemente a los
derechos fun-damentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del
país, ya provenga de una persona, ya de estructuras evidentemente injustas”
(Medellín, Paz).
Parece que muchos pueblos latinoamericanos hace
tiempo ya que sufren una evidente tiranía que daña gravemente el bien común.
Se-gún esta cita de Medellín en ciertos casos moralmente está justificada una
insurrección armada.
El problema entonces, a entender de las Ligas no es
de moral sino de eficacia. En cada circunstancia hay que estudiar muy
seriamente cuál es el camino a tomar. Los privilegiados están tan asustados y
tan armados, que son capaces de aplastar a sangre y fuego cualquier in-tento de
sublevación popular. Dadas las circunstancias actuales, una acción violenta por
parte del pueblo normalmente provocaría un de-sastre mayor del que había antes.
Hasta se puede decir que las mino-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
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rías privilegiadas están justamente esperando que
haya violencias por parte del pueblo para justificar y acentuar sus movimientos
represivos.
“La violencia o revolución armada generalmente
engendra nue-vas ruinas: no se puede combatir un mal real al precio de un mal
ma-yor” (Medellín, Paz). Este parece ser el caso del Paraguay. La violencia de
los oprimidos no es, al menos por ahora, el camino elegido por las ligas para
salir de la miseria.
6.
LA LUCHA DIRECTA NO VIOLENTA
Cuando una serpiente hipnotiza a un pajarito
dejándole paralizado delante de ella, no estaría bien predicarle al pajarito
paciencia y resig-nación. Para que no caiga en la boca de la serpiente, lo
primero que hay que hacer es despertarle. Y una vez consciente de su realidad,
el pajarito se da cuenta de que no tiene medios para atacar violentamen-te a su
enemigo y se salva huyendo.
Que un campesino sea consciente de que no puede
atacar direc-tamente a sus opresores no quiere decir que necesariamente se
tenga que dejar comer por ellos. La violencia no es la única forma que hay para
luchar. Ni tampoco es solución salir corriendo, como en el caso del pajarito.
Como seres superiores que somos, debemos pasar a la acción directa. Podemos
poner en práctica una cantidad de métodos de lucha que a la larga son más
eficaces que la violencia.
El primer gran medio no violento es justamente
la concientiza-ción: despertar de ese hipnotismo que hace estragos
entregando a los pobres tranquilamente atados de pies y manos.
Después de tomar conciencia de sus valores y sus derechos, el paso siguiente
normal es la organización de bases. “La justicia, y
consiguientemente la paz, se conquistan por una acción dinámica de
concientización y de orga-nización de los sectores populares” (Medellín, Paz).
Una organización de base marchará delante en la
medida en que sus miembros tengan un profundo amor a la justicia. Este
hambre y sed les hará comprometerse seriamente por todo lo que sea a favor de
la justicia aunque esté prohibido; y a no colaborar con nada que esté en contra
de la justicia, aunque esté mandado. Cueste lo que cueste, sin dar jamás un
paso atrás. Un grupo de personas preparadas para luchar así por la justicia son
más poderosas que un ejército en contra suya.
Supuesto este espíritu, cada organización estudia
los medios a usar con un gran sentido de la realidad. Procuran
que la religión no les sirva más de soporte a los explotadores, sino de fuerza
liberadora a las bases. Que el pueblo conozca bien las causas que producen su
miseria y todos los canales por los que los de arriba le quieren
sis-temáticamente engañar. Que el pueblo vaya creando su cultura y sus
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propias organizaciones. A través de todo lo que sea
trabajo en común procurar ir sacando de dentro el veneno individualista.
Manifestacio-nes, huelgas y otra cantidad de métodos que, como vimos antes, la
imaginación popular debe descubrir en cada caso, siempre con el fin de extender
la concientización y organización del pueblo.
Pero hay que hacer todo esto siendo muy conscientes
de que los de arriba están perfectamente armados y no tendrán escrúpulos en
usar cualquier clase de violencia cuando crean que es necesario. Por eso hay
que procurar trabajar en silencio, sin darles oportunidades.
Lo que no se puede olvidar nunca es que la lucha es
por amor al pueblo y aun a los mismos opresores. Por eso es necesario planear
las acciones con toda responsabilidad; buscando siempre la eficacia; sin
dejarse arrastrar por un infantilismo revolucionario o el resenti-miento o el
odio acumulado a veces en el corazón.
Hay quienes dicen que este proceso tiene que acabar
necesaria-mente en violencia. No sabemos si tendrán razón. ¡Ojalá no la tengan!
Pero la última palabra siempre la tendrán los opresores.
“Si ellos retienen celosamente sus privilegios y,
sobre todo, si los de-fienden empleando ellos mismos medios violentos, se hacen
responsa-bles ante la historia de provocar las revoluciones explosivas de la
de-sesperación. De su actitud depende en gran parte el porvenir pacífico de los
países de América Latina” (Medellín, Paz).
7.
LOS POBRES Y LOS JÓVENES, ESPERANZA DEL FUTURO
El defecto principal de la historia ha sido la
ausencia de los pobres y de los jóvenes en los puestos de responsabilidad que
deciden la marcha del mundo. A las mayorías privilegiadas sabemos por
experiencia que no les interesa la verdadera justicia. Sería la ruina de sus
privilegios.
Sólo los pobres y los jóvenes serán capaces de
hacer un mundo nuevo. El camino de la humanidad hacia el amor, pleno desarrollo
del hombre, sólo puede pasar por la libertad, y la libertad interior está sobre
todo en los pobres y los jóvenes. Ellos no tienen un Estado, ni intereses
económicos, ni un buen nombre que defender. Ni “consti-tuciones”, ni “leyes”,
ni una “democracia” hecha a favor de ellos. Sólo tienen una gran rebeldía
contra la sociedad de nuestro tiempo y un ideal escondido en el fondo del corazón,
a punto de explotar.
Los marginados del mundo están hundidos en el
sufrimiento de la humanidad. El único valor para ellos es el hombre que sufre,
heri-do, tirado a la vera del camino.
La clase rica explotadora es la encarnación del
egoísmo. La clase explotada y marginada, si se concientiza y se organiza, puede
ser la encarnación del amor.
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La Justicia, la Paz, la Libertad, la Democracia...
todos los valores que la humanidad ha descubierto y el Evangelio profundiza,
sólo son realizables por los pobres o desde los pobres. Lo demás es
desarro-llismo: pone un poco de aceite en el sistema de explotación para que
funcione mejor.
Los jóvenes, ya sean en edad o en espíritu, entran
dentro de la esperanza del mundo justo, en la medida en que se sienten
identifica-dos con los problemas de los pobres y luchan al lado de ellos.
Cristo dijo que los pobres son bienaventurados,
pero no porque son débiles, como creen las personas “caritativas”, sino porque
son una fuerza; no porque son ignorantes, sino por la fe y la sabiduría que son
capaces de tener. Bienaventurados porque rechazan este mundo inhumano actual;
porque llevan en sí el futuro de la humanidad. Bien-aventurados porque son
capaces como nadie de recibir en su corazón la fuerza liberadora del amor de
Cristo.
Pero no son bienaventurados, ni esperanza del
futuro, si ponen como ideal supremo de su vida la riqueza, a ejemplo de los
mismos que los están explotando.
VI.
LAS LECCIONES DE LA ENCARNACIÓN DE CRISTO
Dios quiere que seamos los hombres los que
construyamos la justicia en el mundo. Esa es una responsabilidad que ha dejado
en nuestras manos. Pero en esta búsqueda de la justicia y la hermandad, la
huma-nidad se ha equivocado muchas veces de camino, y por consiguiente no ha
llegado a ninguna parte. O ha terminado peor de lo que empezó.
Por eso Dios decidió venir al mundo a enseñarnos el
camino y a darnos fuerzas para recorrerlo. Veamos algunas de las lecciones que
nos dio Jesucristo con su venida.
1.
BAJÓ A COMPARTIR LA VIDA DE LOS POBRES
“Dios se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan
1, 14). Pero no se presentó a lo grande, según su dignidad divina, sino que
“dejó a un lado todo lo que era suyo y se hizo pequeño; tomó la condición de
esclavo haciéndose en todo igual a los demás como si fuera uno de nosotros”
(Filipenses 2, 7).
Queriendo libertarnos de toda explotación, se puso
él mismo a sufrir la explotación. Desde pequeñito conoce en carne propia el
desprecio en que se tiene a los pobres. Por falta de dinero no tiene ni dónde
na-cer. Desde que nace se atenta contra su vida. Muy pronto tiene que sufrir
las amarguras del destierro, lejos de su patria. Sus manos pron-to sienten el
mordisco del trabajo. Sabe comer el pan con el sudor de
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su frente. Conoció ese dolor que se siente en el
corazón cuando a uno se le paga una miseria por su trabajo. Conoció a fondo la
mentalidad del pueblo, sus costumbres, sus virtudes y sus defectos. Se unió a
ese deseo de liberación y hermandad que hay en el fondo del corazón de todos
los pobres. Habló claro. Defendió los derechos de toda persona humana.
Desenmascaró las mentiras de los dirigentes. No se alió nun-ca con los
poderosos. Compartió la persecución, las calumnias, las torturas y la muerte de
todos los que lucharon y lucharán por cons-truir la justicia en el mundo. Tomó
sobre sí las consecuencias del egoísmo. “Se hizo en todo semejante a sus
hermanos” (Hebreos 2, 17).
Se encarnó en los pobres hasta lo último. Hasta
sufrirlo todo. Y de su muerte brotó la semilla de la resurrección; o sea, de la
liberación de todas las esclavitudes de todos los hombres. Nos purificó de
nues-tra maldad innata y nos elevó a todos los hombres a participar de la vida
de Dios. Así es como nos enseñó que Dios es bueno y nos hizo de nuevo amigos
suyos.
Es difícil entender esta primera lección de Jesús.
Los grandes de su tiempo, y de todos los tiempos, nunca la han entendido.
Esta enseñanza de Jesús es muy profunda. Con ella
nos está mos-trando la cabecera del camino que puede llevar a la liberación del
mundo y al encuentro con Dios. Solamente desde los pobres es po-sible hacer
avanzar la justicia en el mundo. La pobreza se cura con procedimientos de
pobreza. El movimiento de liberación sólo llega a la meta si se hace desde
abajo hacia arriba.
Cristo “se hizo pobre por nosotros, para
enriquecernos con su pobreza” (2 Corintios 8, 9). Enriquecernos en amor, en
unidad, en justicia, en humanismo, en dominio del mundo, en libertad: en Dios.
Parece absurdo este método. ¿Qué vamos a conseguir con que haya un pobre más?,
suele decir alguna gente incrédula. ¿Qué vamos a conseguir los pobres solos,
sin la ayuda de los poderosos?, dicen los campesinos de poca fe. Pero Jesús nos
viene a enseñar que en los pobres está la esperanza del mundo.
No se trata de que todo el mundo se haga pobre para
que todos quedemos en la miseria, sino de progresar todos juntos, partiendo de
lo más profundo de las raíces de la humanidad: la justicia y el amor.
Para salir del pozo de la miseria no es suficiente
que unos cuantos adinerados estiren desde arriba con la fuerza de su dinero y
su poder. Aunque afirmen lo contrario, a ellos no les interesa que este pozo se
seque, pues se alimentan de él. Y además, aunque quisieran, no po-drían hacer
avanzar al mundo, pues se trata de hacerlo avanzar, sobre todo, en humanismo y
en amor. Y ellos, aunque tengan plata, tienen poco de humanismo y de amor.
Estos tesoros se encuentran mucho más abundantemente entre los marginados.
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Jesús no se encarnó entre los pobres por un mero
gesto románti-co de solidaridad, sino para enseñarnos que el camino de la
liberación se hace desde abajo hacia arriba, trabajando codo a codo todos los
oprimidos del mundo.
2.
NUESTRA ENCARNACIÓN PERSONAL
¿Cómo poner en práctica esta lección de Jesús? ¿En
qué puede consistir nuestra propia encarnación personal?
La encarnación entre los pobres se puede dar a
través de tres pa-sos: encarnación en la vida, en la cultura y en la lucha de
los pobres.
a)
Encarnación en la vida de los pobres
Este primer paso es para los que no han nacido en
el seno de una familia obrera o campesina. Para ellos el primer paso de la
encarna-ción consiste en bajar a compartir con toda sencillez la forma de vida
exterior de los pobres del lugar donde viven. Alimentación, vivienda y vestido
lo más cerca posible del nivel de ellos. Vivir entre ellos. En cuanto sea
posible, compartir aunque sea por temporadas el mismo trabajo material de
ellos.
No se trata de hacerse un ignorante o de copiar los
defectos de los pobres, sino de compartir su vida material y desde esta
posición mirar al mundo. El que se baja a mirar el mundo desde los pobres
cambia profundamente su forma de pensar y de sentir.
b)
Encarnación en la cultura de los pobres
No basta con que se comparta la vida material de
los pobres. Este es sólo un paso previo para poder meterse dentro de su alma.
Hay que hacerse propia la cultura y modo de pensar del mundo de los pobres.
Meterse dentro de los valores del campesinado. Ver el mundo a través de los
ojos de la base y no a través de los ojos de los explotadores.
Este segundo paso de la encarnación es para todos:
para los que vienen de arriba y también para los que nacen y mueren en la base,
pues hay muchos campesinos que tienen el corazón y la cabeza fuera de su propio
ambiente.
Los campesinos encarnados en su ambiente conocen
todas las buenas semillas que tienen en el corazón y saben cómo deben
culti-varlas para que den frutos abundantes. Conocen sus problemas y las raíces
que los producen. Las penas, las angustias, las esperanzas y las alegrías de
todo el campesinado son sus penas, sus esperanzas y sus alegrías. Y no
solamente hacen suyos los problemas de los campesi-nos, sino también de todos
los pobres del mundo y de toda persona humana en general. La encarnación del
campesino consiste en que sea cada vez más campesino. El campesino no
encarnado, en cambio,
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solo se preocupa de sus intereses personales, no
conoce ni se interesa por la situación de sus vecinos. Por ejemplo: se sabe
entusiasmar en grande ante los problemas de su equipo preferido de fútbol, pero
le deja frío cualquier problema serio de sus hermanos. Es un fanático que no
piensa ni se compromete por nadie.
c)
Encarnación en la lucha de los pobres
No es suficiente la encarnación en la vida y en la
conciencia de los pobres. Si nos quedáramos solamente aquí, nuestro amor
serviría to-davía para poco.
Hay que saberse encarnar también en ese deseo de
liberación, que más o menos escondido está en el fondo del corazón de todos los
marginados. Hay que saber interpretar la lucha que libra el pueblo para salir
de su miseria y su individualismo. Y con un amor in-menso, a partir de los
propios campesinos y junto con ellos, saber elegir la táctica más eficaz en
cada momento.
Muchas veces los pobres usan formas de lucha que no
llevan a ningún sitio, como puede ser todo lo que huela a remiendos y
genio-les: asistencialismo, espiritualismo, servilismo a los poderosos. Esas
formas de lucha no han nacido de su propio corazón; vinieron llovidas desde
arriba.
La encarnación en la lucha de los pobres exige una
mirada muy profunda para saber descubrir la forma auténtica de lucha, nacida
del propio pueblo y que de una manera eficaz lleve por el camino de la
liberación. Y un corazón muy grande para comprometerse en esta lucha hasta las
últimas consecuencias.
d)
La encarnación del sacerdote
En una reunión nacional de Ligas, siguiendo un
ejemplo tomado de las carreras de caballos, se preguntó cuántas varas tiene que
medir un sacerdote para poder correr con el pueblo la carrera de la liberación.
Y se llegó a la siguiente conclusión:
Como condición previa, tiene que pedir perdón a los
pobres, por-que con frecuencia los sacerdotes han sido traidores al pueblo, lo
han explotado y se han aliado con los poderosos.
Supuesto este punto de partida, el sacerdote tiene
que medir cua-tro varas para poder correr con el pueblo la
carrera de la liberación.
1. Debe compartir la vida de los pobres, como hizo
Jesús.
2. Debe predicar la liberación de los pobres, como
Jesús.
3. Debe luchar por la liberación de los pobres, como
Jesús.
4. Debe morir por la liberación de los pobres, como
Jesús.
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Esta última vara decían que es la más importante,
pues tantas veces los sacerdotes han frenado o se han puesto en contra de los
mo-vimientos de liberación del pueblo, que hasta que no le vean morir por esta
causa, no se fiarán todavía del todo.
Esto no fue dicho en un ambiente anticlerical, sino
con un gran cariño hacia el sacerdocio. Porque necesitamos sacerdotes
compro-metidos, decían ellos, por eso les exigimos tanto.
3.
AMOR DE OBRAS Y DE VERDAD
Siempre se ha hablado mucho de amor. Pero muchas
veces se confun-de el amor con el egoísmo. O se llama amor a cosas que están
muy lejos del verdadero amor.
Jesús, que es la imagen del amor de nuestro Padre
Dios, vino a enseñarnos de una manera práctica con sus ejemplos lo que es el
ver-dadero amor.
En primer lugar, compartió nuestras penas. Se
igualó con noso-tros. No se puede hablar de amor a los pobres despreciándolos o
viviendo con lujos. El amor hace iguales. Aceptó y elevó todo lo positivo de la
religiosidad popular de entonces. La encarnación en la vida y las costumbres de
los pobres fue una gran lección de amor que nos dio Jesús.
Otra gran lección fue que siempre habló
claro en defensa de los oprimidos. Cuando no nos atrevemos
a intervenir en defensa de un compañero injustamente perseguido es
porque nos falta un verdadero amor al prójimo, pues el verdadero amor echa
fuera el temor. Jesús no se dejó frenar por el deseo de comodidad o de evitarse
problemas. Su amor a los hermanos le hacía decir con claridad todo lo que fuese
a favor de ellos: a los ricos y a los pobres les decía la verdad.
Desenmascaró claramente a los hipócritas. Entonces, como ahora también, había
gente con dos caras, que se hacían pasar por perso-nas muy religiosas, pero su
corazón estaba lleno de soberbia, robos, toda clase de bajos instintos. A esta
“raza de víboras” les echó en cara en público todos sus defectos (véase Mateo
23). Jesús les mostraba su amor abriéndoles los ojos sobre su hipocresía, pues
mientras se mantuvieran en esta actitud era imposible que entrara en su corazón
el mensaje de amor al prójimo.
Otra lección importante que nos enseñó Jesús con su
ejemplo fue su fidelidad a pesar de las muchas dificultades. Las
incompren-siones, la persecución y las calumnias no fueron nunca un freno que
le impidiera seguir hablando de unión y de hermandad. Nunca dejó de hacer el
bien. Los problemas no le amargaron, ni le hicieron dar marcha atrás. No dejó
entrar nunca en su corazón el odio a sus ene-migos. Es otra gran lección de su
amor. Se necesita un gran amor al
152 .py
prójimo para seguir siempre comprometido, sin
resentimiento, pase lo que pase. Aunque el mismo pueblo por el que luchaba se
levantara contra él.
También se preocupó de que sus discípulos
se organizaran de for-ma que su obra perdurara después de su muerte.
Su amor no fue una cosa que queda al aire. No fueron lindas palabritas, que
luego pasan y todo queda igual. Ni se limitó a meras ayudas materiales
aisladas. Esta es una lección muy importante para nuestro tiempo, pues mu-chas
veces nuestras obras quedan todas desorganizadas, sin conexión unas con otras,
y así todo pasa inútilmente, sin dejar rastro. Nos preo-cupamos poco
eficazmente de la unidad de acción de la Iglesia.
Nos amó hasta el fin. No se quedó a medio camino. Tomó una postura
de compromiso por sus hermanos, y supo mantenerla hasta el derramamiento de la
sangre. Nunca hizo caso de los “consejos” de sus parientes que le decían que no
valía la pena llegar hasta las últi-mas consecuencias. Nada le hizo dar un paso
atrás. ¡Nos amó hasta dar la vida por nosotros!
Jesús dio
el Mandamiento nuevo después de haberlo cumplido.
Cuando ya nadie podía dudar de la sinceridad de su
vida y estaba bien claro que había venido a servir y no a ser servido, entonces
dijo que su deseo especial era que nos amásemos unos a otros como Él nos amó.
Esto no lo dijo en ninguna conferencia de prensa con fi-nes propagandísticos,
sino unas horas antes de su condena a muerte, justamente cuando parecía que
toda su obra se derrumbaba estrepi-tosamente.
A los seguidores de Jesús nos gusta mucho hablar de
amor al pró-jimo, pero rara vez estamos dispuestos a seguir de veras las
huellas del Maestro. Si solo habláramos de lo que ya cumplimos, de otra manera
marcharía el mundo...
Este amor verdadero que nos trajo Jesús, que no es
otra cosa que su Gracia, es la única fuerza capaz de cambiar el mundo. Se
dice en la conclusión final del seminario nacional de Ligas de 1970: “El amor
verdadero es el único motor que le puede dar fuerza al campesinado, que le hará
olvidar de sus problemas y de todo lo suyo y le dará fuer-zas para una entrega
total hasta la muerte; le hace capaz de luchar au-ténticamente por una
liberación total. Esto le moverá al campesino a salvar al hermano de la esclavitud.
Para que la multitud de los pobres pueda luchar por el auténtico mejoramiento
de su vida es necesario que el amor verdadero (añeteté) sea la fuerza que los
mueva”.
4.
TAMBIÉN A USTEDES LES PERSEGUIRÁN
Es otra lección que nos vino a enseñar Jesús. Él no
hizo sino amar a todo el mundo, ayudar a todos, estar a disposición de todos. Y
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
como pago normal de esta actitud suya le cayó
encima una perse-cución a muerte.
Le calumniaron de todo lo malo que se podía
inventar entonces: mentiroso, endemoniado, loco, pecador, malhechor,
samaritano, al-borotador del pueblo, blasfemo. Muchas veces estuvo amenazado de
ir preso. Le prohibían hablar en público. Vigilaban todas sus palabras y
movimientos, hasta que a base de mentiras y de fanatizar al pueblo consiguieron
quitarle de en medio con la muerte más vergonzosa que existía entonces,
reservada solamente a los esclavos de más baja con-dición: la cruz.
Nos avisó bien con su vida y con sus palabras que
todo el que se comprometa de veras a amar a sus hermanos sufrirá toda clase de
persecución. La noche en que dejó como testamento su Mandamiento del Amor habló
bien largo de los sufrimientos que van a pasar todos los que se tomen en serio
sus palabras. “Acuérdense de lo que les digo: si a mí me han perseguido,
también les perseguirán a ustedes” (Juan 15, 20). “Les digo estas cosas para
que no se desanimen... Hasta lle-gará el momento en que cualquiera que les mate
creerá que así presta un servicio a Dios. Esto lo harán porque nunca han
conocido ni al Padre ni a mí (Juan 16, 1-3).
El cristiano verdadero no tiene que extrañarse de
sufrir persecu-ciones. Es normal que a los egoístas organizados no les interese
nada que sea unión y hermandad. Por eso demuestran muy poco espíritu las
personas que en tiempo de persecución aconsejan dejar la orga-nización, las
reuniones o las actividades comunitarias, en espera de épocas más tranquilas.
Cuando los explotadores están tranquilos es señal de que los de abajo no hacen
nada que les preocupe. La perse-cución es el sello que garantiza que nuestro
compromiso cristiano es auténtico: la octava bienaventuranza, motivo de una
profunda alegría de corazón.
5.
LA NUEVA ENCARNACIÓN DE JESÚS
Dios se hizo persona humana hace casi dos mil años.
Pero el hecho de la encarnación del Hijo de Dios no terminó entonces. Jesús se
si-gue encarnando hoy en cada uno de los hombres, especialmente en los más
necesitados.
Según Él mismo enseñó, donde hay una persona con
hambre allá está él. Una familia sin casa, es la familia de Jesús sin casa. Si
una persona desamparada pasa frío por falta de ropa, dentro de ella está Jesús
pasando frío también. Cuando un joven tiene que marcharse al extranjero en
busca de trabajo, es el mismo Jesús el que parte hacia lo desconocido con el
corazón destrozado. En esa multitud de presos políticos que colman tantos
calabozos latinoamericanos Jesús sufre
154 .py
la angustia de ver su integridad y su vida
pendientes de unos po-cos prepotentes, que creen que a palos van a salvar al
país. Lo que hagamos a favor de cualquier clase de necesitados, se lo hacemos
al mismo Cristo en persona (véase Mateo 25, 35-40).
Cuando nuestros hijos cansados después de jugar
vienen corrien-do pidiendo agua fresca, es el mismo Jesús el que nos pide esa
aten-ción. “El que recibe a uno de estos niños por mi amor”, dice Jesús, “me
recibe a mí en persona” (Mateo 18, 15).
El que recibe a los apóstoles de Cristo, recibe a
Cristo en perso-na (Juan 13, 20). Y el que persigue a los seguidores de Cristo,
persigue al mismo Cristo (Hechos 9, 5).
La fe en esta presencia real de Jesús en cada uno
de los hombres debiera cambiar toda nuestra vida. Eleva al máximo nuestra
dignidad humana y la de cada uno de nuestros hermanos. Para amar a Cristo no
hay que hacer cosas raras, ni marcharse lejos. Nos encontramos con Él cada día.
Nos sentamos a su mesa. Trabajamos con Él en la chacra, en la fábrica o en la
oficina.
Si queremos amar a Dios, tenemos que amar a
nuestros vecinos. Nuestros hijos son Cristo. Nuestros parientes representan a
Cristo. Nuestros enemigos son también Cristo. Nuestro comportamiento con todos
ellos es el termómetro que marca nuestro grado de amor a Dios.
Creemos sin dificultad que Jesús está presente en
el sagrario. No nos cuesta demasiado trabajo creer que la Biblia es palabra de
Dios. Pero es muy difícil creer que en un vecino está presente Jesús y que
cualquier favor que le hagamos es como si se lo hiciéramos a Él. Sin embargo,
para encontrar al Cristo verdadero es necesario tener fe en su presencia en la
Eucaristía, en la Biblia y en el prójimo. En los tres a la vez. Mucha gente no
llega nunca a tener un contacto personal con Cristo porque le falta fe en su
presencia en los hombres. El que tiene fe en la Eucaristía y en la Biblia, pero
no tiene fe en sus hermanos es un hipócrita que se aprovecha de la religión
para encubrir su egoísmo.
6.
PRESENCIA ACTIVA DE CRISTO EN LA HISTORIA
Es lindo y romántico admirar la presencia de Dios
en las flores, en una puesta de sol o en un paisaje. Es más difícil, como hemos
visto, reconocer la presencia de Jesús en las personas. Pero todavía es me-nos
corriente alabar la presencia de Cristo en todo movimiento histó-rico de
liberación.
“Cristo está activamente presente en la historia”
(Medellín, In-troducción). Es el motor que mueve a la humanidad hacia su plena
liberación.
En este clamor de liberación que, como un relámpago
poderoso, recorre toda Latinoamérica, está actuando el Espíritu de Cristo
(véase
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Medellín, Introducción, 4). Jesús está siempre
activo en todo lugar donde se lucha por la liberación. Donde se anuncia la Gran
Esperanza a los pobres, donde se obra la justicia, allá está Dios trabajando.
Cuan-do los ciegos ven y los paralíticos andan, cuando el pueblo se
con-cientiza y se pone en marcha, en su luz y fuerza está presente Jesús.
“Todo el que obra la justicia es nacido de Dios” (1
Juan 2, 29). Está dentro de la acción salvífica de Dios todo el que impulsado
por un verdadero amor hacia sus hermanos lucha por la construcción de un mundo
justo. Pero “el que no ama, permanece en la muerte” (1 Juan 3, 14); no pasa por
él la fuerza vivificadora de Cristo, Señor de la Historia.
Dicen los obispos paraguayos en una “Carta abierta
al Pueblo de Dios” fechada el 29 de junio de 1972:
“Todo esfuerzo humano por conquistar un poco más de
libertad y de dignidad, ya es un germen y un comienzo de esa liberación total
que constituye el contenido mismo del Reino, ya que ese esfuerzo siempre está
trajinado interiormente por el dinamismo liberador de la gracia de Dios.”
Muchas veces los que nos llamamos cristianos
estamos apartados de la marcha de la historia. Somos peso muerto. Ni avanzamos
nosotros, ni dejamos avanzar a otros. No permitimos que la fuerza liberadora de
Cristo impulse nuestra vida.
Quizás lo mismo que Cristo alabó al samaritano
enemigo reli-gioso y político de su pueblo porque fue el que supo ser prójimo
del necesitado, también ahora Jesús estará alabando a multitud de no cristianos
que han encarado en serio la tarea de la construcción de la justicia en el
mundo. Por ellos pasa la fuerza liberadora de Cristo. Aunque ellos no lo sepan.
Esto no quiere decir que todas las actividades de
los movimien-tos de liberación estén de acuerdo con el Espíritu de Cristo. Pero
sin duda alguna hay en ellos manifestaciones de un verdadero amor a los hombres
en la medida en que comprometen sus vidas en un ideal de liberación. Y en todo
lo que sea verdadero amor está Cristo (véase 1 Juan 4, 7-8). En la actitud,
quizás equivocada, de un “Che” Guevara o un Camilo Torres, ciertamente había
algo de un verda-dero amor a los pobres. En ese testimonio de dar la vida por
sus hermanos estaba Cristo.
En las manifestaciones de los negros de
Norteamérica en favor de los derechos humanos o de grupos de campesinos
paraguayos en favor de un compañero injustamente detenido, en medio de ellos va
Cristo. En multitud de organizaciones obreras y campesinas, Cristo
156 .py
se reúne con ellos para pensar sobre su dignidad,
sus derechos o el camino de su liberación.
Hay cosas muy serias que quiere decir Cristo a
través de muchas de las rebeldías de los jóvenes. Hay críticas muy graves que
Cristo está haciendo continuamente a nuestro mundo a través de las protestas de
todos los oprimidos y los marginados del mundo.
En todos los esfuerzos que hacen los técnicos en su
lucha contra el hambre, contra la miseria o contra la ignorancia, es Cristo el
que trabaja en ellos.
Cristo está presente en todo lo que sea el paso de
condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida humanas; en todo lo que
sea un verdadero progreso. Está presente, sobre todo, en el paso a la fe y
a la unidad en la caridad, que nos llama a todos a participar como hijos
en la vida de Dios vivo, Padre de todos los hombres.
“El cristiano es el hombre que sabe que no puede
acercarse a Dios más que a través del hermano. Que Cristo asumió la naturaleza
del hombre, y que todo lo que hace por el hombre lo hace por Cristo. Más aún,
sabe que Cristo dejó en la tierra su Espíritu vivificante, que es la fuerza
para vencer toda clase de egoísmos y ser capaces de amor que une. Por eso
conoce también que toda la aspiración de la humanidad hacia el amor, hacia la
paz, hacia la igualdad, hacia la participación, son voces de ese Espíritu que le
llama a lo largo de la Historia...”
Cristo está presente en la Historia y trasciende la
Historia. Su triun-fo definitivo está más allá de la muerte y del tiempo. El
cielo es la realización plena de su Reinado de Amor, que en esta vida nunca se
podrá dar en su totalidad.
VII.
LA IGLESIA CONTINUADORA DE LA MISIÓN DE CRISTO
1.
LAS PRIMERAS COMUNIDADES CRISTIANAS
Cristo trajo un mensaje de amor y de liberación. La
primera Comuni-dad que vivió este amor fue su propia familia. Más tarde se fue
reu-niendo con gente pobre y comenzó a formar con ellos una comunidad más
amplia.
Jesús fundó la Iglesia para que siempre quedase
viva entre nosotros aquella semilla de amor que nos trajo. Diez días después de
su ascensión, el Espíritu Santo bajó sobre los apóstoles y les dio fuerzas para
que pu-dieran vivir en unidad el amor de Cristo. Los que estaban allí reunidos
se sintieron llamados a ser los continuadores de la misión de Cristo. Su
pre-sencia en el mundo iba a ser como una nueva presencia del mismo Cristo.
Los primeros capítulos de los Hechos de los
Apóstoles cuentan cómo vivieron el amor de Cristo aquellas primeras comunidades
cristianas.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
“La multitud de los creyentes no era sino un solo
corazón y un solo alma” (4, 32). “Acudían asiduamente a la enseñanza de los
após-toles, a las convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones” (2,
42).
Una consecuencia natural de esta unidad interna fue
la comu-nidad de bienes: “Todos los que habían abrazado la fe vivían unidos y
tenían todos los bienes en común” (2, 44). Por eso “no había nece-sitados entre
ellos”. Cada uno tenía según sus necesidades (4, 34-35).
Con una vida así era natural que estuvieran de su
parte “la sim-patía general del pueblo” (2, 47). Y que sufrieran la persecución
de los poderosos (caps. 4 a 7).
En esta primera experiencia se ve con claridad qué
es la Iglesia de Cristo. Eran grupos de personas, generalmente gente pobre, que
querían vivir de veras el Mandamiento del Amor dejado por Cristo a sus
seguidores, se unían a Cristo para vivir el amor de Dios en los her-manos. Y lo
vivían con tanta sinceridad, que con su ejemplo hacían fermentar este amor en
los demás.
Pero no eran grupos cerrados. Cada uno seguía en su
sitio y en su trabajo. Y se reunían con frecuencia para fomentar su fe y su
amor. “Iglesia” significa “reunión”.
En su vida normal seguían siendo ciudadanos como
otro cual-quiera, la única diferencia con los no cristianos estaba en su amor a
Dios reflejado en el amor mutuo, su espíritu de servicio a todo el mundo y su
no servilismo ante los poderosos. Si las autoridades man-daban algo que iba
contra su conciencia, estaban dispuestos a morir antes que a obedecer.
En aquel tiempo hacerse cristiano era peligroso,
era como firmar una sentencia de muerte. Pero el testimonio de amor de aquellos
hom-bres era tan fuerte, que cuanto más se les perseguía, aumentaba más el
número de cristianos. El fuego de su amor se extendía rápidamente por todos
lados.
2.
LA IGLESIA SANTA Y PECADORA
La Iglesia está compuesta por hombres, por eso es
pecadora. Y es san-ta a la vez, porque Cristo está en ella. Por eso no nos
deben asustar las épocas oscuras de la Iglesia. Debemos mirar con cariño y
compren-sión la historia de la Iglesia, que no es sino nuestra propia historia.
Al comienzo del siglo IV el emperador Constantino
decidió dejar de perseguir a la Iglesia y la admitió oficialmente dentro de su
impe-rio. Le dio riquezas y poderes. Entonces la Iglesia perdió parte de su
fuerza de amor. El emperador la usó para su provecho político. Ser cristiano
dejó de ser un riesgo; era un privilegio. Y, por consiguiente, entró en la
Iglesia multitud de gente aprovechada, que sólo buscaba en ella ganancias
personales o poder.
158 .py
Desde entonces comenzó lo que llamamos el
constantinismo, que es esta larga época en la que se han mantenido más o menos
unidos la Iglesia y el Estado. Desde entonces la Iglesia, manchada un poco por
el poder y las riquezas, perdió en parte su fuerza interior. Se hizo
individualista y perdió la profundidad de su carácter fraternal.
Pero la semilla del Evangelio siempre está
viva en la Iglesia, a pe-sar de todas las traiciones humanas. A lo largo de
la historia esa se-milla ha fructificado muchas veces y ha dado frutos
maravillosos. El Evangelio siempre ha tenido respuestas concretas, según los
signos de cada tiempo. Ha habido muchas personas y muchas comunidades que han
vivido en serio el mensaje de Cristo encarnado en su tiempo. Es un error grave
creer que sólo ahora se quiere vivir la plenitud del Evangelio.
Francisco de Asís y todo el movimiento franciscano
representan uno de los esfuerzos más eficaces de fidelidad al Evangelio.
En nuestros días, sobre todo después de Juan XXIII
y el Concilio Vaticano II, florece de nuevo el deseo de volver a las fuentes
del Cris-tianismo. Tenemos que saber encarnar el espíritu de Cristo en nuestra
propia realidad campesina, aprovechando todo el tesoro de valores positivos que
tiene la religiosidad popular.
Lo que no está bien es que tomemos actitudes
derrotistas frente a la Iglesia de Cristo. Muchas veces nos amargamos con
críticas des-tructivas inútiles. Una actitud crítica no tiene por qué estar
reñida con un verdadero amor a la Iglesia, sino todo lo contrario. Los pe-cados
de la Iglesia, que son nuestros propios pecados, nunca deben apartarnos de
ella. Con cariño de hijos debemos comprometernos, arrimando todos el hombro, a
hacer de nuestra madre la Iglesia lo que Cristo quiere que sea.
3.
MISIÓN DE LA IGLESIA EN EL MUNDO
La misión de todo cristiano es la de extender en el
mundo el verda-dero amor fraterno, símbolo del amor de nuestro Padre Dios. Para
conseguirlo, la Iglesia debe ser luz, fermento, fuego que se prende y se
extiende por todos lados.
Cristo dijo: “Ustedes son la luz del
mundo” (Mateo 5, 14). Luz que haga ver la verdad, que concientice, que muestre
al verdadero Dios y su plan sobre el mundo.
“Levadura que hace fermentar la masa”
(Mateo 13, 33). “La razón de ser de la Iglesia”, dice el Concilio, “es actuar
como fermento en la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en
familia de Dios”.
“Fuego ha venido a traer a la tierra, y
cuánto deseo que esté ya ar-diendo”, dijo Cristo (Lc. 12, 49). La Iglesia tiene
que ser fuego de amor,
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
de unión, de compromiso, de lucha liberadora. Fuego
que debe ir pren-diendo en todo el mundo a través del testimonio de los
cristianos.
Pero ni la luz, ni la levadura, ni el fuego son
para dejarlos guarda-dos en un cajón. Para poder ser luz, fermento y fuego los
cristianos debemos estar unidos vitalmente a Dios y al mismo tiempo estar bien
metidos en todos los trabajos de la humanidad. Deberíamos luchar por la
justicia junto con todo el resto de los hombres, pero con más luz y más fuerza
que ellos.
Nuestro sello de cristianos debe estar en luchar
por la justicia más que nadie. Y en que esa lucha la hagamos impulsados por un
amor inmenso: el amor de Cristo. Y con fe, que hace ver a Cristo en cada
hermano y en cada circunstancia. Y la esperanza del triunfo final en el
corazón. Nuestra vida debe ser un testimonio de la existencia y la bondad de
Dios.
Consideramos, por consiguiente, a la Iglesia como
comunidad de hombres que, formando un cuerpo con Cristo, comienzan a hacer
realidad el Reino de la justicia y el amor, que llegará a su plenitud en la
otra vida. Son comunidades abiertas a todos como “signo de la liberación total
de los hombres”. Son un “sacramento de fraternidad” en medio de los hombres,
como ha dicho el Concilio. Este es el ideal al que nos esforzamos por llegar.
4.
LOS SACRAMENTOS COMO COMPROMISO
Dios está dispuesto siempre a ayudarnos. Pero hay
momentos espe-ciales en los que Él comunica su amor y sus fuerzas de una manera
más íntima y profunda. Estos momentos son los sacramentos.
Cristo nos visita a través de los sacramentos para
darnos fuerza para ser fieles en el amor. Son una entrevista con el Amigo que
nunca falla. Son una “gracia”, una energía divina que nos hace participar en la
vida de Dios y nos une interiormente a Cristo. Por nuestra parte nos
comprometemos con Cristo a amar a Dios en los hermanos. Nos comprometemos a ser
fieles a Cristo sirviendo a los hermanos. Los sacramentos son un compromiso
mutuo entre Cristo y los hombres en nuestro caminar hacia el Padre. Son un encuentro
con Jesús, que transforma el corazón del hombre en una realidad nueva.
Bautismo
y confirmación
El compromiso del bautismo es una renuncia al
pecado del mundo, al egoísmo y a la explotación. Y una aceptación consciente y
oficial de nuestra filiación divina. Por bautismo Cristo nos introduce en la
Iglesia, para que se extienda su comunidad de amor entre los hom-bres. Da
fuerzas para que tengamos la valentía de amar a todos los hombres. Para que
seamos capaces de ponerlo todo al servicio de
160 .py
los demás. Para que sepamos luchar contra todo lo
que sea egoís-mo y explotación, y podamos así formar al menos comunidades de
verdaderos hermanos. Nos comprometemos, apoyados en Cristo, a vivir como hijos
de Dios, con la fe siempre en el Padre que es Amor y fidelidad hasta la
eternidad.
Cuando hay una comunidad que vive así su
cristianismo, enton-ces es fácil entender el bautismo; es entrar a vivir la
vida que lleva ese grupo.
La confirmación es un complemento
del bautismo. Da nuevas fuerzas para vivir el bautismo hasta sus últimas
consecuencias. Nos hace comprometidos. Por la confirmación el cristiano se
compromete a vivir como profeta, mostrando el plan de Dios a través del propio
testimonio y denunciando las injusticias que encuentre a su paso. Es el
sacramento de la mayoría de edad. De los que han dejado de ser niños en su fe.
Confesión
Todo pecado es una falta contra Dios y contra los
hermanos. Es quitarle a los demás ese amor incondicional que tienen derecho a
exi-girnos en nombre de nuestro bautismo. Es separarnos de la comunión con la
comunidad. Es renunciar al bautismo.
Por la confesión renovamos el bautismo. Nos
comprometemos de nuevo con Dios y con los hermanos, pidiendo perdón y cambiando
de actitud. Por eso ahora se llama “sacramento de la reconciliación”. El
sacerdote es el representante-delegado de ambas partes: Dios y la comunidad.
Este sacramento nos da, además, fuerzas para seguir lu-chando contra las raíces
del mal.
Comunión
Es el sacramento del amor de Dios y de los
hermanos. De la comunión de bienes. Comulgar es comprometerse con Cristo a
seguir Comul-gando con Él en los hombres.
Es unirnos a Cristo para comprometernos a servirlo
en los her-manos. La Misa es el centro de unión de los cristianos, que da
fuerza al mismo tiempo para que nos unamos cada vez más.
Por la Misa hacemos presente de nuevo la muerte de
Cristo por amor a todos nosotros. Por eso nadie tiene derecho a comulgar si
odia o está enemistado voluntariamente con alguien. Ni el indivi-dualista, al
que no le interesa la unión con sus hermanos.
Hoy en día la Misa en muchos templos suele ser como
un res-taurante para turistas extranjeros, en el que cada uno come en mesa
aparte comidas distintas y hablan idiomas que no se entienden unos con otros.
No hay nada en común entre ellos. La comunión tiene que
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
ser un banquete, en el que todos participemos de la
misma comida y de los mismos ideales; de la misma alegría y de los mismos
proble-mas. Es un anuncio y una prenda del Banquete del cielo.
Unción
de enfermos
Sirve para llevar al enfermo el consuelo de Cristo
y de su comunidad. Y para que el enfermo, junto con Cristo, ofrezca su vida al
Padre por sus hermanos. El militante cristiano debe mirar su enfermedad como
consecuencia de su compromiso; de su vida entregada día a día en servicio de
los demás.
Este sacramento podría dar al enfermo la salud si
es que su comu-nidad tiene necesidad de su trabajo entre ellos. En caso de
muerte, es una ayuda especial para que ese cristiano vaya a dar cuenta al Padre
y a Cristo de su compromiso en esta vida en favor de los hambrientos, los
desnudos, los sin techo y todos los explotados del mundo.
Matrimonio
Es el compromiso en amor de un hombre y una mujer
para trabajar juntos en la construcción de nuevos hombres y una nueva sociedad.
No es una cooperativa de egoísmos. Es una cita especial de Cristo con una
pareja humana para multiplicar la comunidad de amor que es el cristianismo. Son
dos llamas de amor, de compromiso por los demás, que juntas entre sí y con Dios
son más poderosas para prender un nuevo amor en los hijos y en toda la
sociedad.
Es morir al “yo” y al “tú”, para resucitar al
“nosotros”. “Serán los dos una sola carne: de modo que ya no son dos, sino una
sola persona” (Mateo 19, 5-6). Pero este “nosotros” no tiene que cerrarse en la
propia familia. Es un nosotros abierto a los demás. Los dos juntos están al
servicio del pueblo. Por eso es tan importante la militancia conjunta de marido
y mujer en una organización campesina.
Sacerdocio
Es una vocación y poder especial de servicio a la
comunidad, trans-mitido por Cristo a través de los obispos. El sacerdote tiene
la misión de hacer de lazo de unión entre todos. Unión con Dios y unión con los
hermanos. Para ello tiene el poder especial de celebrar la Misa. Y el de
perdonar los pecados en nombre de Dios y de sus hermanos. Ellos son
responsables de una manera especial de comunicar una fe viva en el Dios
verdadero, que dé como fruto en su comunidad una auténtica caridad liberadora.
Para ello deben ser especialistas en la Palabra de Dios y en la vida del
espíritu.
Pero no tiene ningún privilegio por el que merezca
una atención material especial, o un “respeto” parecido al que se tiene a las
au-
162 .py
toridades civiles. Por su misión de lazo de unidad
deben estar muy bien encarnados dentro de su comunidad, pues el sacerdote está
para servir, como Cristo. Y es obligación de la base exigirles este servicio.
Hacen un gran daño a la comunidad los que toman actitudes serviles ante los
sacerdotes.
Como hemos visto, todos los sacramentos
están dirigidos a la co-mún unión, común unión con Dios y con los
semejantes. Y de cómo llevemos adelante el compromiso de construir
un mundo de herma-nos depende nuestra felicidad en esta vida y en la otra. En
este mundo nuestra hermandad nunca podrá ser total. Pero de nuestro esfuerzo
por conseguirla depende la Hermandad perfecta, a la que estamos lla-mados a
gozar en presencia de Dios en el cielo.
.py 163
Salmo
final
ALABEMOS AL SEÑOR, PUEBLOS OPRIMIDOS
Alabemos
a Jesús, pueblos oprimidos del mundo, pues una ola de rebelión
como
relámpago poderoso, de sur a norte, ha iluminado el horizonte.
Bendigamos
a Cristo vivo,
los
hambrientos y sedientos del mundo, pues su espíritu de liberación estremece ya
nuestras entrañas.
Cantemos
con alegría cánticos revolucionarios, porque sentimos en el corazón,
como
un volcán ardiente, su fuerza liberadora.
Sigamos
a Cristo, Señor de la Historia, que ha tomado partido por nosotros.
Él
ha visto la opresión que sufre su pueblo y ha bajado a ayudarnos,
codo
a codo,
en
nuestra lucha.
164
Te
agradecemos, Jesús,
que
no hayas venido a ayudarnos a la manera de los poderosos.
Tú
has sabido compartir nuestras penas y nuestras luchas,
haciéndote
en todo semejante a nosotros. Te agradecemos, Jesús,
que
estés siempre activo
en
todo lugar donde se busca la liberación.
En
donde se lucha por la justicia reconocemos tu presencia, Señor.
Cuando
los ciegos ven y los paralíticos andan, cuando el pueblo se despierta
en
ellos vemos tu mano, Señor.
Es
la fuerza de Cristo
la
que rompe las cadenas de opresión y destroza los cerrojos de los calabozos. Es
Cristo el que lucha con nosotros,
¿a
quién temeremos?
¡Bendito
sea Dios que nos asegura la victoria!
En
nuestra lucha diaria por la hermandad asoma la aurora
que
anuncia “el año de Jubileo del Señor”
en
el que ya no habrá más explotadores, ni explotados, sino un gran pueblo de
hermanos.
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regional
de las ciencias sociales paraguayas
.py
Domingo
M. Rivarola
Bases
preliminares
para
el estudio de la Movilidad Social en el Paraguay*
1.
La Movilidad Social
Como sostienen Lipset y Bendix,1 se entiende por Movilidad Social “el proceso
por el cual los individuos pasan de una posición a otra en la sociedad
—posiciones a las que se adjudican, por consenso general, valores jerárquicos
específicos”. Los mismos autores expresan que en el estudio de la Movilidad
Social se debe considerar en primer térmi-no la relación que se establece entre
el punto de partida de la carrera de una persona —sea
individuo o grupo— y el punto que la persona alcanza en el momento del
análisis. En segundo término —agregan— “Las relaciones entre la herencia social
(o posición de partida) y los medios de movilidad”.
Para Sorokin —uno de los más distinguidos
estudiosos del tema— “la Movilidad Social2 es la transición de un individuo u objeto
social
* Domingo Rivarola 1964 “Bases preliminares para el
estudio de la movilidad social en el Paraguay”, en Revista Paraguaya de
Sociología (Asunción: Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos), Año
1, Nº 1, set-dic, pp. 9-29.
1 Lipset, S. y Bendix, R. 1959 La Movilidad
Social en la sociedad industrial (Buenos Aires: Eudeba).
2 Sorokin, P. A. s/d Estratificación y
Movilidad Social (México: UNAM/Instituto de Investigaciones Sociales).
169
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
o valor —cualquier cosa creada o modificada por el
hombre— de una posición social a otra. En tal sentido hace la distinción entre
la movili-dad horizontal que significa el paso de un individuo
u objeto social de un grupo social a otro situado en el mismo
nivel, por ejemplo el paso de un partido político o de una secta religiosa a
otra, dentro de un mismo estrato social, de una localidad a otra, etc. La movilidad
verti-cal, en cambio, implica el ascenso o descenso de una posición social a
otra diferente”.
En el presente estudio se busca —dentro de los
límites asequibles por la limitación de datos al respecto— ofrecer evidencias
referentes al alto grado de movilidad horizontal —sobre todo de tipo
geográfi-co— que presenta nuestro país en estos últimos tiempos, determinar el
sentido de estos movimientos y algunos índices de magnitud alcan-zada. Hemos
optado por sentar estas bases preliminares por cuanto creemos poder sostener
que la intensa frecuencia que asume la movi-lidad horizontal no
constituye en el Paraguay un cambio sin implican-cias en el estatus de
partida o llegada sino uno de los recursos princi-pales para lograr un ascenso
social o por lo menos una conservación de la posición que se posee. Se pretende
pues la demostración de las implicancias eminentemente estructurales del
proceso de Movilidad Social en el Paraguay.
2.
Datos disponibles
Numerosos factores distorsionan la apreciación que
se tiene comun-mente sobre la Movilidad Social en el Paraguay. Al respecto
confluyen sinnúmeras experiencias que a través de los últimos decenios han
de-jado como consecuencia el convencimiento de que una de las carac-terísticas
principales de nuestro sistema social es su alta movilidad, y que incluso el
fenómeno obedece a tales razones principales. Pero lo cierto es que hasta hoy
se carece de investigaciones serias sobre el particular, lo que hace difícil superar
ciertas ideas y prejuicios que la tradición y el sentido común han ido
conformando a través del tiempo. El principal problema consiste en la carencia
de datos que permitan un estudio objetivo y riguroso del tema y evitar así la
pro-liferación de descripciones y juicios elaborados las más de las veces con
entusiasmo y buenas intenciones pero carentes de fundamentos reales. Conste que
ya en 1915, en un excepcional planteamiento para la época, se demarcaba no
solamente la importancia del proceso sino algunas orientaciones teóricas que
lamentablemente no tuvieron con-tinuación alguna.3
3 Ayala, Eligio 1915 Migraciones (Berna).
170 .py
En este estudio se han utilizado datos recogidos
del Censo de Po-blación y Vivienda de 1950 y algunas cifras preliminares de una
mues-tra del Censo de Población y Vivienda de 1962, en cuya consideración se
han tenido presentes algunos ajustes y correcciones. Igualmente se ha utilizado
el Censo Agropecuario de 1956 para ciertos aspectos estructurales de la zona
rural del país.
Algunas investigaciones especiales emprendidas
últimamente por el Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos han servido para
apre-ciar ciertos hechos cualitativos relacionados con la Movilidad Social
especialmente en el área de la capital.
3.
La urbanización
Considerando las tasas de crecimiento observadas en
el período comprendido entre ambos censos y teniendo presente la carencia de
datos primarios, es posible inferir —a través de la consideración del proceso
de urbanización— la importancia de la migración inter-na en el crecimiento de
los centros poblados del país. A los efectos de utilizar la nomenclatura
manejada por los censos nacionales he-mos mantenido las denominaciones de
“Población Urbana y Rural” como aquella que habita los centros poblados (ciudades
y pueblos), cabeceras de Departamentos y Distritos, sin consideración a su
vo-lumen demográfico, ni a sus caracteres cualitativos, y las áreas que se
encuentran fuera de los límites jurisdiccionales de los respectivos municipios,
respectivamente. Conviene pues más bien a la definición de “centros poblados”
ya que no conlleva ninguna apreciación cua-litativa en tanto se refiere a
centros de muy diversas magnitudes y características sociales.
Según el Cuadro Nº 1, en forma global, la
distribución de la po-blación ha tenido un ligero aumento proporcional en favor
de los cen-tros urbanos:
Cuadro
Nº 1
Población
urbana y rural
|
|
1950 |
1962 |
|
|
|
|
|
Población Urbana |
34.6% |
35.4% |
|
Población Rural |
65.3% |
64.6% |
Fuentes:
Censos Nacionales.
Pero
es evidente que han habido diferencias manifiestas según se con-sideren las
diversas zonas del país:
.py 171
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
Nº 2
Población
urbana y rural por departamentos
|
Centros Urbanos |
|
1950 |
|
1962 |
|
|
Urbana |
Rural |
Urbana |
Rural |
|
Concepción |
32.3 |
67.7 |
29.7 |
703 |
|
San Pedro |
20.3 |
79.7 |
18.7 |
81.3 |
|
Cordillera |
16.1 |
83.9 |
15.0 |
85.0 |
|
Guairá |
30.8 |
69.2 |
26.1 |
73.9 |
|
Caaguazú |
19.9 |
80.1 |
16.1 |
83.9 |
|
Caazapá |
15.2 |
84.8 |
16.5 |
83.5 |
|
Itapúa |
25.1 |
74.9 |
25.5 |
74.5 |
|
Misiones |
31.3 |
68.7 |
31.6 |
68.4 |
|
Paraguarí |
17.6 |
82.4 |
16.8 |
83.2 |
|
Alto Paraná |
20.3 |
79.7 |
9.8 |
90.2 |
|
Central |
26.3 |
73.7 |
31.4 |
68.6 |
|
Ñeembucú |
22.2 |
77.8 |
25.9 |
74.1 |
|
Amambay |
3.5 |
65.5 |
37.7 |
62.3 |
|
Pte. Hayes |
19.8 |
80.2 |
14.2 |
85.8 |
|
Boquerón |
34.5 |
65.5 |
14.2 |
85.8 |
|
Olimpo |
60.6 |
39.4 |
49.6 |
50.4 |
Fuentes:
Censos de Población y Vivienda, 1950-1962.
En
el Cuadro Nº 3 pueden apreciarse las variaciones experimentadas por las
distintas localidades según la magnitud de su población:
Cuadro
Nº 3
Variación
de la población urbana según el tamaño de los centros poblados
|
Tamaño |
Nº de localidades |
|
Proporción |
|
|
|
|
|
por 100 habitantes |
|
|
|
1950 |
1962 |
1950 |
1962 |
|
|
|
|
|
|
|
100.000 y más |
1 |
1 |
43.8 |
47.5 |
|
50.000 – 99.999 |
– |
– |
–.– |
–.– |
|
20.000 – 19.999 |
– |
– |
–.– |
–.– |
|
10.000 – 19.999 |
3 |
5 |
9.3 |
11.4 |
|
5.000 – 9.999 |
36 |
8 |
5.2 |
8.6 |
|
|
|
|
|
|
172 .py
|
Tamaño |
Nº de localidades |
|
Proporción |
|
|
|
|
|
por 100 habitantes |
|
|
|
1950 |
1962 |
1950 |
1962 |
|
|
|
|
|
|
|
2.000 – 4.999 |
36 |
37 |
22.9 |
17.2 |
|
500 – 1.999 |
71 |
80 |
16.6 |
14.1 |
|
Menos de 500 |
36 |
25 |
2.2 |
1.2 |
|
|
|
|
|
|
Fuentes:
Censos de Población y Vivienda, 1950-1962.
Según las cifras correspondientes a 1950, Asunción
constituye el único centro con más de 100.000 habitantes y con un poco menos de
la mitad (43,8%) de la población urbana total del país. De la fracción restante
el más alto porcentaje corresponde a los centros urbanos que oscilan entre
2.000 y 5.000 habitantes. Comparado con los datos preliminares del Censo de
1962, la capital de la Re-pública permanece como el centro urbano de mayor
magnitud y le corresponde a la vez el más alto índice de crecimiento con un
valor de 3.7, mientras que la variación correspondiente para los de 5.000 a
10.000 habitantes han experimentado un crecimiento de 3.4, ad-judicándose en el
año 1962 el 8,6% de la población urbana. Entre estos dos grupos encontramos un
número reducido de centros ur-banos —y que son los que siguen en magnitud a la
capital— con márgenes entre los 10.000 y 20.000 habitantes.
El crecimiento que les ha correspondido en el
período intercen-sal es de 2,1. Por otra parte, es importante resaltar que
solamente los centros poblados de 5.000 y más habitantes han experimentado
crecimiento en el lapso comprendido entre ambos censos. Los me-nores a 5.000
han disminuido, tal como se observa en el cuadro que comentamos, por lo cual es
lógico suponer que el caudal migratorio que ha contribuido al crecimiento de
los centros poblados se han orientado hacia aquellos que en 1950 ya habían alcanzado
cifras por sobre los 5.000 habitantes. Un examen de la estructura de estas
lo-calidades nos permite precisar que todas ellas se desempeñan como asiento de
organizaciones político-administrativas, instituciones castrenses o centros de
educación media.
4.
Crecimiento de los centros poblados
En el Cuadro Nº 4 hemos consignado el crecimiento
de los centros poblados asignando un valor básico de 100 al que presentaban en
1950. La apreciación es a nivel departamental y tiene como finali-dad dar una
idea del crecimiento urbano en las respectivas áreas departamentales.
.py 173
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
Nº 4
Crecimiento
de los centros poblados por departamentos (Población urbana 1950 - 100)
|
|
Centros Urbanos |
Índices |
|
|
1950 |
1962 |
|
Concepción |
100 |
127.7 |
|
San Pedro |
100 |
130.0 |
|
Cordillera |
100 |
127.7 |
|
Guairá |
100 |
107.3 |
|
Caaguazú |
100 |
139.2 |
|
Caazapá |
100 |
136.6 |
|
Itapúa |
100 |
137.8 |
|
Misiones |
100 |
138.4 |
|
Paraguarí |
100 |
119.8 |
|
Alto Paraná |
100 |
134.5 |
|
Central |
100 |
146.1 |
|
Ñeembucú |
100 |
134.2 |
|
Amambay |
100 |
224.9 |
|
Presidente Hayes |
100 |
158.5 |
|
Boquerón |
100 |
62.0 |
|
Olimpo |
100 |
101.7 |
|
Asunción |
100 |
151.5 |
Como se observa en el nivel departamental, los
índices más bajos corresponden a los Departamentos de Olimpo y Boquerón en la
Re-gión Occidental y al de Guairá en la Oriental. Siguen la de Cordi-llera y
Paraguarí en la misma región con una tasa de 120,7 y 119,8 respectivamente. La
cifra más elevada pertenece al Departamento de Amambay que debe su alto
crecimiento casi exclusivamente a la ciudad fronteriza de Pedro Juan Caballero,
que específicamente ha experimentado un índice de crecimiento de 256,7. Otra área
de alto crecimiento es la de Asunción —capital de la República— que jun-tamente
a un grupo de centros poblados circunvecinos se ha consti-tuido en la principal
zona receptora de la migración interna en los últimos 15 años.
Igualmente, dentro de cada Departamento las
diferencias son muy marcadas y varían en función de elementos particulares muy
va-riados y complejos. Por ejemplo, el Cuadro Nº 5 nos presenta los valo-res
correspondientes a localidades ubicadas sobre la vía férrea y que
174 .py
comparativamente al resto del país presentan
índices estacionarios y de evidente declinación.
Cuadro
Nº 5
Crecimiento
urbano de poblaciones ubicadas sobre la vía férrea
|
|
Centros Urbanos |
Índices |
|
|
1950 |
1962 |
|
Carmen del Paraná |
100 |
81 |
|
Coronel Bogado |
100 |
102.2 |
|
Artigas |
100 |
120.7 |
|
Yegros |
100 |
109.6 |
|
Maciel |
100 |
77 |
|
Iturbe |
100 |
114.5 |
|
Borja |
100 |
123.6 |
|
Ybytimí |
100 |
123.1 |
|
Coronel Martínez |
100 |
102.8 |
|
Caballero |
100 |
89 |
|
Sapucai |
100 |
80 |
|
Escobar |
100 |
90 |
|
Pirayú |
100 |
109.5 |
|
Ypacaraí |
100 |
123.8 |
|
Félix Pérez Cardozo |
100 |
67 |
|
San Salvador |
100 |
104.1 |
|
San Pedro |
100 |
87 |
Fuentes:
Censos de Población y Vivienda, 1950-1962.
Se excluyen las localidades de Encarnación y
Villarrica que poseen además de estar ubicadas sobre la vía férrea otras
particularidades muy importantes como la de ser capitales de Departamento,
acceso directo sobre importantes rutas terrestres y asiento de diversas
enti-dades administrativas y educacionales.
Con el mismo carácter deberían ser considerados
Ypacaraí y Ar-tigas, con lo que nos resta un grupo de localidades con valores
de crecimiento sumamente bajos y hasta regresivos.
Por otra parte los puertos nos muestran un panorama
inverso con índices muy superiores a los anteriores y a otras localidades
pertene-cientes a áreas predominantemente rurales:
.py 175
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
Nº 6
Crecimiento
de poblaciones urbanas ubicadas en las márgenes de los ríos Paraná y Paraguay
|
|
Centros Urbanos |
Índices |
|
|
1950 |
1962 |
|
Paso de Patria |
100 |
174.1 |
|
Humaitá |
100 |
109.8 |
|
Pilar |
100 |
147.8 |
|
Villa Franca |
100 |
188.9 |
|
Alberdi |
100 |
117.7 |
|
Villa Oliva |
100 |
146.2 |
|
Villeta |
100 |
115.0 |
|
Villa Hayes |
100 |
193.1 |
|
Rosario (+) |
100 |
154.3 |
|
Concepción |
100 |
123.2 |
|
Pinasco |
100 |
130.0 |
|
Olimpo |
100 |
152.7 |
|
Encarnación |
100 |
138.9 |
|
Cap. Meza |
100 |
885.4 |
Fuentes:
Censos de Población y Vivienda, 1950-1962.
Destacan en los cuadros estudiados dos centros de
alto crecimiento urbano: Asunción y Pedro Juan Caballero. Al parecer, en la
zona co-rrespondiente a los departamentos de Amambay y Concepción, una
proporción menor de la migración interna se dirige hacia centros ur-banos como
Concepción, Horqueta y Belén proveniente de las áreas rurales y una fracción
mayor hacia la ciudad fronteriza de Pedro Juan Caballero, punto receptor más
alto de la zona. Como parece ser ca-racterística de todas las zonas del país otra
parte se caracteriza por una movilidad a corto trecho, circunscribiendo su
traslación a los de-partamentos vecinos. Por último —y como veremos
posteriormente— Asunción es otra de las metas de la migración, aunque los
valores que recibe de esas zonas son comparativamente muy inferiores.
5.
Composición urbana por el origen de la población
Otro rasgo importante para apreciar la magnitud de
la migración in-terna está dado por la composición de los centros urbanos por
el ori-gen de su población. Es un índice indirecto que si bien no permite
176 .py
establecer el período de traslación y las etapas
intermedias de despla-zamiento por lo menos ilustra sobre el grado de
participación de las distintas áreas como zonas donantes. Indudablemente que
para una determinación precisa del grado de contribución ya sea de la
migra-ción interna, la inmigración y el crecimiento vegetativo, en el proceso
de urbanización se requiere un cúmulo de datos del que todavía care-cemos. Por
ello, a pesar de abstraer aspectos importantes del fenóme-no las tasas por
origen de nacimiento son los índices más inmediatos disponibles y de los cuales
se puede sustraer ciertas inferencias gene-rales. El Cuadro Nº 7 nos ofrece los
valores para el año 1950:
Cuadro
Nº 7
Población
urbana por lugar de nacimiento
|
Departamentos y Capital |
Población nativa del lugar |
Población no nativa |
Población nacida en el |
|
|
|
|
exterior |
|
Concepción |
80.8 |
17.4 |
1.8 |
|
San Pedro |
78.6 |
16.4 |
5.0 |
|
Cordilleras |
87.9 |
11.5 |
0.6 |
|
Guairá |
87.4 |
10.9 |
1.7 |
|
Caaguazú |
74.2 |
24.3 |
1.5 |
|
Caazapá |
87.8 |
10.8 |
1.4 |
|
Itapúa |
71.5 |
16.3 |
12.2 |
|
Misiones |
89.3 |
8.4 |
2.3 |
|
Paraguarí |
92.8 |
6.2 |
1.0 |
|
Alto Paraná |
40.5 |
52.3 |
7.2 |
|
Central |
86.3 |
12.4 |
1.3 |
|
Ñeembucú |
86.6 |
7.6 |
5.8 |
|
Amambay |
57.3 |
28.4 |
14.3 |
|
Pte. Hayes |
36.2 |
56.8 |
7.0 |
|
Boquerón |
41.9 |
36.2 |
21.9 |
|
Olimpo |
46.4 |
48.1 |
5.5 |
|
Capital |
47.0 |
47.9 |
5.1 |
Fuentes:
Censos de Población y Vivienda, 1950.
De estas cifras se desprende que en 1950 la
población que residía en el lugar de nacimiento ascendía a 76,2%; la población
no nativa a 19,9% y la nacida en el exterior 3,9%. No se incluye en estos
índices la pobla-ción no nativa residente en el exterior al que nos referimos
más ade-
.py 177
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
lante. Para 1962 —según algunas muestras
realizadas— la proporción de población no nativa aumenta considerablemente en
relación a la que sigue viviendo en la jurisdicción de su nacimiento, todo lo
cual indica un acrecentamiento en los últimos años del desplazamiento de la
población.
6.
Población no nativa
El siguiente cuadro nos da una idea del origen de
la población no na-tiva en el año 1950:
Cuadro
Nº 8
Crecimiento
urbano de poblaciones ubicadas sobre la vía férrea
|
Lugar de residencia |
|
Lugar de origen de la pob. no nativa por
regiones (+) |
|
||||
|
de la pob. no nativa |
% de pob. |
Chaco |
Norte |
Central |
Misiones |
Alto |
Capital |
|
|
|||||||
|
|
no nativa |
|
|
|
|
Paraná |
|
|
Capital |
47.9 |
3.6 |
12.5 |
75.9 |
5.3 |
2.7 |
– |
|
Concepción |
17.1 |
3.7 |
4.9 |
6.2 |
0.6 |
0.2 |
1.8 |
|
San Pedro |
16.4 |
1.0 |
5.9 |
8.1 |
0.1 |
0.1 |
1.2 |
|
Cordilleras |
11.5 |
0.2 |
2.3 |
6.9 |
0.6 |
0.1 |
1.4 |
|
Guairá |
10.9 |
0.1 |
1.5 |
7.4 |
0.4 |
0.5 |
1.0 |
|
Caaguazú |
24.3 |
0.1 |
1.6 |
21.3 |
0.4 |
0.3 |
0.6 |
|
Caazapá |
10.8 |
0.1 |
0.7 |
7.8 |
0.7 |
1.0 |
0.5 |
|
Itapúa |
16.3 |
0.1 |
0.5 |
11.2 |
3.5 |
0.1 |
0.9 |
|
Misiones |
8.4 |
0.06 |
0.3 |
5.8 |
– |
1.5 |
0.8 |
|
Paraguarí |
6.2 |
0.1 |
0.4 |
3.8 |
0.6 |
0.2 |
0.1 |
|
Alto Paraná |
52.3 |
0.1 |
27.7 |
17.7 |
1.5 |
4.4 |
0.9 |
|
Central |
12.4 |
0.4 |
1.0 |
6.1 |
0.7 |
0.2 |
4.0 |
|
Ñeembucú |
7.6 |
0.1 |
0.3 |
4.3 |
1.9 |
0.1 |
0.9 |
|
Amambay |
28.4 |
0.3 |
22.6 |
4.0 |
0.3 |
0.3 |
0.9 |
|
Pte. Hayes |
56.8 |
1.7 |
16.2 |
27.4 |
2.1 |
0.3 |
9.1 |
|
Boquerón |
36.2 |
1.9 |
18.4 |
10.4 |
0.7 |
0.5 |
4.3 |
|
Olimpo |
48.1 |
9.6 |
16.6 |
14.9 |
1.3 |
0.2 |
5.5 |
Fuentes:
Censos de Población y Vivienda, 1950.
(+)
Se utiliza la división por regiones similar a los censos nacionales.
178 .py
|
Domingo M. Rivarola |
|
|
|
Cuadro Nº 9 |
|
|
Total de la población no nativa por el lugar
de nacimiento en 1950 |
|
|
|
|
Chaco |
3 % |
|
Norte |
16 % |
|
Central |
63 % |
|
Misiones |
5 % |
|
Alto Paraná |
2 % |
|
Capital |
7 % |
|
|
|
Los Departamentos con mayor proporción de población
no nativa son los tres de la Región Occidental —Pte. Hayes, Boquerón y Olim-po—
además de la capital, con una tasa de 47,9% y Alto Paraná con 52.3, ambos en la
Región Oriental. Los Departamentos con menor po-blación nativa son los de
Paraguarí, Ñeembucú, Misiones, Caazapá, Guairá y Central.
7.
Áreas receptoras
De acuerdo a los Cuadros 8 y 9 es posible
establecer algunas áreas importantes de recepción de la migración interior:
a. Asunción y un área poblada adyacente que incluye
las pobla-ciones de Luque, San Lorenzo y especialmente Fdo. de la Mora.
b. Pedro Juan Caballero.
c. Localidades del interior con más de 5.000
habitantes.
Los cuadros siguientes son demostrativos en cuanto
a la forma-ción y creciente ensanchamiento de una franja alrededor de Asunción
que está recibiendo un alto porcentaje de migrantes internos.
|
|
Cuadro Nº 10 |
|
|
Población nativa y no nativa de San Lorenzo
del Campo Grande |
|
|
|
|
Población nativa |
51.2 % |
|
Población no nativa |
48.8 % |
Fuente:
Encuesta especial, Fac. de Arquitectura, octubre de 1961.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
Nº 11
Tiempo
de residencia de la población no nativa de San Lorenzo del Campo Grande
|
Menos de 1 año |
6.9 % |
|
6 a 15 años |
17.4 % |
|
6 a 15 años |
15.6 % |
|
16 y más años |
8.9 % |
|
|
|
Como puede observarse, de la población no nativa
—que constituye el 48,8% de la población total— un 81,8% de los residentes
tienen entre 1 y 15 años, lo que a su vez guarda la mayor proporción con los
que están viviendo en la localidad recién desde el año 1956 en adelante. Un
cuadro similar nos muestra las otras dos localidades mencionadas anteriormente:
|
|
Cuadro Nº 12 |
|
|
Población no nativa y nativa de Luque |
|
|
|
|
Población nativa |
53 % |
|
Población no nativa |
47 % |
|
|
|
|
Fuente: M. Laterza, D. M. Rivarola, 1960. |
|
8.
Formas de asentamiento
A pesar de vernos imposibilitados de considerar
mediciones directas de los aportes recibidos por los centros urbanos, puede
afirmarse — teniendo presente el crecimiento vegetativo de la población nativa
que componen los centros urbanos— que la migración interna cuyos pun-tos de
partida constituyen los centros poblados y las zonas rurales del interior, han
contribuido en la más alta proporción al crecimiento de los índices de
urbanización.
Datos todavía parciales recogidos en el último
quinquenio indi-can que para el área receptora formada por Asunción y la franja
don-de están asentadas las localidades de San Lorenzo, Luque y Fdo. de la Mora,
que la población desplazada adopta una posición en directa relación tanto a la
primitiva ubicación de sus residencias con respecto a los respectivos centros
urbanos como también a los recursos econó-micos y culturales de que disponen.
Por ejemplo, la mayor proporción de población no nativa ubicada en la zona
central de las ciudades de Asunción, Luque, San Lorenzo y Fdo. de la Mora
provienen de cen-tros urbanos del interior y con condiciones económicas y
culturales medias, mientras la tasa de población proveniente de áreas eminen-
180 .py
temente rurales se eleva en relación directa al
alejamiento del centro de la ciudad. Tales evidencias surgen de algunas
investigaciones rea-lizadas en tales localidades, aunque una confirmación final
requerirá estudios de mayor envergadura en el futuro. Por ejemplo en la
inves-tigación realizada en San Lorenzo ya referida (+), se obtuvieron los
siguientes resultados:
Población
de San Lorenzo por lugar de procedencia
|
San Lorenzo (+) |
68.3 % |
29.9 % |
1.8 % |
|
Fdo. de la Mora (++) |
78.9 % |
18.1 % |
3.0 % |
|
Luque (+++) |
66.0 % |
33.0 % |
1.0 % |
|
|
|
|
|
Fuentes:
(+): Censo de Población y Vivienda de S. Lorenzo, Fac. de Arquitectura, 1961.
(++): D. M. Rivarola, Muestreo sobre asentamiento de población en Fdo. de la
Mora, 1960. (+++): M. Laterza, La población de Luque, 1960.
En este fenómeno han incidido directamente algunos
factores como el valor gradativo de los terrenos de acuerdo a su ubicación y
los com-promisos públicos menos gravosos en las zonas periféricas. Tales son
las conclusiones que se desprenden de los sondeos respecto a las moti-vaciones
para la elección del asentamiento. El Cuadro 13 da un índice obtenido por
muestreo al azar sobre la base de 123 familias:
|
|
Cuadro 13 |
|
|
|
|
|
|
|
Motivos para elección del lugar de asentamiento |
% |
|
|
|
|
|
1. |
Costo de los predios (menor en zonas periféricas) |
66 |
|
2. Menos exigencias municipales e impositivas |
14 |
|
|
3. |
No tuvieron oportunidad de obtener predios mejores |
6 |
|
4. Tienen posibilidades de mantener ciertas fuentes |
12 |
|
|
marginales (pequeños cultivos, animales, etc.) |
|
|
|
5. |
Sin contestación |
2 |
|
|
|
|
9.
La emigración paraguaya
La Argentina es la zona de recepción más importante
de la emigra-ción paraguaya en el período 1950-1960. También el Brasil y
Uruguay han recibido aportes migratorios pero comparativamente las cifras son
desechables. En lo que respecta al Brasil debe señalarse que la migración ha
sido muy selectiva por cuanto ha absorbido —sobre todo en el último quinquenio—
un aporte muy calificado de técnicos y profesionales. Solamente en el período
1957-60 se han instalado en
.py 181
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
ese país alrededor del 80% de los egresados en
Química Industrial de la Universidad de Asunción.
Sobre la emigración paraguaya a la Argentina
poseemos los datos proporcionados por la muestra del Censo Argentino de 1960.
La mis-ma está consignada en grupos quinquenales de edades.
Cuadro
Nº 14
Población
paraguaya en la República Argentina por sexo y grupo quinquenal de edades,
según el período de su radicación
|
Grupo de edades |
|
|
Período de radicación |
|
|
|
|
|
|
hasta 1950 inclusive |
|
|
entre 1950 y 1960 |
|
|
|
Total |
Hombres |
Mujeres |
Total |
Hombres |
Mujeres |
|
Total |
93.330 |
47.226 |
46.104 |
59.870 |
30.577 |
29.293 |
|
0 – 4 |
–.– |
–.– |
–.– |
3.005 |
1.585 |
1.420 |
|
5 – 9 |
158 |
158 |
–.– |
8.535 |
3.961 |
4.574 |
|
10 – 14 |
3.291 |
1.301 |
1.990 |
4.139 |
2.185 |
1.954 |
|
15 – 19 |
4.899 |
2.060 |
2.839 |
5.374 |
2.377 |
2.997 |
|
20 – 24 |
5.530 |
2.218 |
3.312 |
10.910 |
5.863 |
5.047 |
|
25 – 29 |
9.328 |
4.754 |
4.574 |
10.598 |
6.339 |
4.259 |
|
30 – 34 |
10.661 |
5.325 |
5.336 |
7.677 |
4.023 |
3.654 |
|
35 – 39 |
12.593 |
7.448 |
5.145 |
3.697 |
1.585 |
2.112 |
|
40 – 44 |
12.492 |
6.656 |
5.836 |
1.582 |
951 |
631 |
|
45 – 49 |
9.110 |
5.325 |
3.785 |
852 |
379 |
473 |
|
50 – 54 |
8.475 |
4.058 |
4.417 |
1.169 |
696 |
473 |
|
55 – 59 |
7.431 |
3.645 |
3.789 |
631 |
158 |
473 |
|
60 – 64 |
3.575 |
1.585 |
1.990 |
693 |
317 |
376 |
|
65 y más |
5.471 |
2.535 |
2.936 |
1.008 |
158 |
850 |
|
Ignorado |
316 |
158 |
158 |
–.– |
–.– |
–.– |
Fuente:
Muestra de 6‰ del Censo de Población del 30 de setiembre de 1960 de la
República Argentina.
Sin embargo, las cifras expandidas por la muestra
que antecede, mani-fiesta una evidente sub-enumeración, a pesar de que no se
dispone de los datos necesarios para estimar el grado de despreciación en que
se incurre. El error puede provenir tanto de la proporción de la muestra (6‰) y
especialmente de la situación legal irregular de gran parte de la emigración
paraguaya, lo que ha llevado su evasión de los controles tanto administrativos
como censales. Solamente en Berazategui he-mos constatado un 30% de emigrantes
paraguayos sin certificados de
182 .py
residencia y totalmente marginados de los controles
públicos. Igual-mente, en las zonas fronterizas de las provincias argentinas de
Chaco y Misiones se ha repetido ampliamente esta situación, por lo que se puede
afirmar que la magnitud de la emigración en la Argentina debe ser muy superior
a las cifras comentadas.
10.
Área de contacto
Una fase originaria y elemental del proceso social
de asociación es la de contrato, entendiéndose como tal aquella situación por
la cual se establece una relación entre una o más personas, ya sea en forma
transitoria o permanente, directa o indirecta.
Cada individuo o grupo tiene una base física de
asentamiento y un sistema de comunicaciones que le permite integrarse a
círculos cada vez mayores en la medida de sus propensiones a la integración
social. Aldo A. Solari4 llama área
del sistema de contacto “a la extensión del territorio en que se
encuentran localizados los individuos y las ins-tituciones con los cuales un
individuo o un grupo están en contacto”. Como puede verse, esta área está en
función directa tanto con la pro-pensión abierta de quienes componen una
comunidad determinada como también por los recursos disponibles para contactar
con otros individuos o grupos ensanchando el ámbito inicial de sus relaciones.
El ensanchamiento del área del sistema de contacto
en el último decenio ha desempeñado un papel muy importante en el proceso de
movilidad social en el Paraguay.
En el último decenio se ha desarrollado en el país
una transfor-mación radical en el antiguo y tradicional sistema de contactos y
co-municación, elevando en alta medida los medios de relaciones direc-tas e
indirectas. Por ejemplo, en 1957 se contaba con 2.414 kilómetros de rutas y
ramales, de los cuales 101,5 estaban asfaltados; 639,6 enri-piados y 589,3 de
terraplén; 440 km de vías férreas, una longitud de 1.270 km de vía fluvial con
el río Paraguay (en territorio nacional), y 850 del río Paraná en la frontera
con la Argentina. En 1961 se cuenta con 2.892 km de rutas, además de las rutas
Trans-Chaco y la que cru-zando toda la Región Oriental conecta con el Brasil.
A la multiplicación del sistema caminero, férreo y
fluvial de co-municaciones debe agregarse el aumento de las unidades de
transpor-te (camiones, empresas de transporte, barcos, etc.), que ha facilitado
el traslado tanto en comodidad como en tiempo.
También las informaciones, ideas, símbolos,
valores, etc. se han podido comunicar con mayor frecuencia e intensidad a
través de los recientes progresos técnicos (extensión de red telegráfica, radio
tran-
4 Solari, Aldo A. Sociología rural
latinoamericana (Buenos Aires: Eudeba).
.py 183
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
sistores, etc.) y a la mayor facilidad para la
difusión y distribución de publicaciones, revistas, periódicos, etc. que pueden
llegar así en la mayor celeridad a las más alejadas comarcas.
Otro factor no despreciable en el ensanchamiento
del área de contacto y la estimulación de la migración ha sido la rotura de un
clima tradicional de lejanía y misterio hacia todo lo que trascendía los
estrechos límites de la jurisdicción nativa. Los anteriores adelan-tos han
contribuido en parte así como el mismo factor humano, que alejado de su lugar
de origen —en otros centros poblados de la Repú-blica o del exterior— mantienen
sus relaciones familiares o amicales e incitan continuamente a través de la familiarización
con los medios foráneos de asentamiento y la constante persuasión para
integrarse a ambientes con mayores posibilidades. No podemos valorar aún la
intensidad con que las zonas rurales del Paraguay son asediadas por estas
incitaciones provenientes de los emigrantes, pero del examen de un centenar de
correspondencias familiares de los más diversos niveles, hemos encontrado que
en un 90% de ellas se insiste siste-máticamente en estas sugerencias. Es
imaginable, la fuerza de este factor psicológico, que se suma a las demás
causas que provocan la expulsión de una problación de su lugar de origen hacia
otros parajes de mayores posibilidades. Es decir, se han ido creando lentamente
nuevos marcos de referencia que atenúan el temor hacia un brusco desarraigo
proveniente de la situación de tener que abandonar los me-dios tradicionales de
existencia.
11.
Causas políticas de la movilidad
La guerra civil de 1947 provocó en el país un
intenso movimiento mi-gratorio tanto en el interior como hacia el exterior. El
período 1947-50 presenta el más alto índice de emigración paraguaya, cuya
motivación principal estriba en la grave crisis política que vivió el país en
ese pe-ríodo. En forma resumida puede describirse el proceso de movilidad en
ese lapso como sigue:
a. El brusco cambio del sistema de poder en todo el
país, provoca un proceso muy amplio de sustitución administrativa, ejército,
Policía, empresas, etc. con la consiguiente absorción de nuevos sectores (tanto
de estatus como de procedencia) y la expulsión de su antigua
ubicación de los que la ocupaban anteriormente.
b. El carácter conflictivo de la crisis —con una
derivación de do-minio— dio cauce a una larga etapa de inseguridad social —
política, civil, económica— que derivó en la búsqueda de zonas de mayor
seguridad, ya sea en los centros urbanos, en la capital o en el exterior, de la
población afectada.
184 .py
c. La modalidad segregacionista característica del
sistema de poder vigente, que determina una exclusión sistemática de las
posibilidades a vastos sectores sociales para intervenir tanto en el ejercicio
del poder, en la adopción de decisiones, en la activi-dad económica, etc.
provocando consiguientemente el despla-zamiento hacia otros centros más
abiertos.
d. La formación de una jerarquía en la misma
estructura de poder de los grupos vigentes provoca un vasto movimiento
ascenden-te-descendente, con derivaciones en el mismo cambio geográ-fico de los
individuos o grupos.
12.
Movilidad estructural
Si la característica principal de la movilidad
observada en el lapso 1947-50 se hallaba enraizada en motivaciones de
naturaleza política, la misma ha ido cediendo lentamente —sin que implique su
desapari-ción— a motivaciones de carácter estructural más amplio.
Cada sistema social posee una cantidad determinada
de posicio-nes ocupacionales disponibles y de ofertas para el desempeño de los
mismos. Las situaciones posibles de relación entre ambos factores pueden crear
varios tipos de situaciones sociales:
a. Que las categorías ocupacionales disponibles sean
usufructua-das por un sistema coactivo de adscripción por sectores que utilizan
el recurso de la fuerza para la retención de los papeles sociales pretendidos;
b. Que la proporción de categorías ocupacionales
disponibles no compense las demandas de desempeño.
En el primer caso, los casos de movilidad
obedecerán a motivos de otra naturaleza, creando un desplazamiento horizontal
que se ha dado en llamar movilidad de reemplazo. Ya hemos visto en
el punto 13 la situa-ción de movilidad originada por el usufructo arbitrario y
cerrado de las categorías ocupacionales y roles por una reducida élite política,
tales han sido —como indicamos— las causales principales de traslación en el
período 1947-50. Creemos sin embargo que la tercera situación señalada es la
causal fundamental en lo que va de los últimos cinco años. El cuadro
estructural del país en su conjunto, y de las principales zonas donantes, nos
lleva a esta conclusión. Según cálculos realizados para el año 1962 se ha
constatado que sobre la cantidad total de jor-nadas (hombre-año) disponible en
el campo agrícola, se ha utilizado solamente el 61%. Por otra parte, cabe
observar —en muy alto grado en la Región Central (Dtos. de Cordillera,
Paraguarí, Central, Guairá y
.py 185
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Caazapá)— el estado minifundiario del sistema de
tenencia de la tie-rra, agotamiento, técnicas e implementos insuficientes,
declinación de los sistemas de créditos agrícolas, etc.
Por todo lo cual se infiere que el Cuadro Nº 14
—obtenido en una encuesta sobre 223 residentes no nativos de la zona de la
Capital y pueblos circunvecinos— expresa a grandes rasgos la importancia
di-ferencial en las motivaciones de desplazamiento.
Cuadro
Nº 14
Motivos
de desplazamiento de la población
|
Carencia de trabajo |
9 % |
36 % |
|
Inseguridad social (+) |
31 % |
12 % |
|
Escasa remuneración |
28 % |
19 % |
|
Por la obtención de mejor empleo |
14 % |
21 % |
|
Por atracción de la ciudad |
12 % |
16 % |
|
Por incitación de amigos o parientes |
6 % |
6 % |
|
Por deseo de mejorar |
–.– |
–.– |
Fuente:
E. Chase/C.P.E.S., 1962.
El análisis del Cuadro 14 —si bien carece de un
valor imputable a toda la República por la limitación de la encuesta— ofrece
conclusiones muy llamativas dignas de ser comprobadas en mayor alcance. Así,
pueden sintetizarse como factores de expulsión en orden de
impor-tancia: a) Antes de 1955: 1) Inseguridad social; 2) Escasa remunera-ción;
3) Carencia de trabajo; 4) Otros motivos; b) Después de 1955: 1) Carencia de
trabajo/escasa remuneración; 2) Deseo de cambiar y mejorar; 3) Incitación de amigos
o parientes; 4) Inseguridad social; 5) Otros motivos.
Cabe señalar que una alta proporción concede —a
partir de 1955 sobre todo— una importancia compartida a factores que derivan de
las limitaciones estructurales de su comunidad originaria como tam-bién la
escasa atracción de los papeles, roles y sistemas de valores disponibles. Es
decir, se observa que las aspiraciones —a través del aumento del área de
contacto e integración a nuevos valores y bie-nes— superan a las categorías
disponibles en la jurisdicción nativa, sobre todo en las zonas más homogéneamente
rurales. A esto debe sumarse siempre un factor invariable: la rigidez en la
estructura de liderazgo, y la limitación de los canales de innovación en forma
abso-lutamente prescriptiva.
186 .py
Puede decirse pues que la capital —antes que
brindar categorías que ofrezcan mejor status— opera por la
atracción que presenta su es-tructura urbana más flexible. Como se desprende
del escaso índice de industrialización que podría absorber la gran cantidad de
roles ofer-tantes de la población desplazada a los centros urbanos —Asunción fundamentalmente—
el asentamiento es, al igual que la ocupación, predominantemente marginal y
terciario.
13. Conclusiones
a. La comparación de los índices de crecimiento de los
centros urbanos nos demuestra —junto al gran aumento de la emigra-ción— las
magnitudes crecientes de la movilidad geográfica en el país.
Asimismo, las características diferenciales en la contri-bución de las
distintas zonas tanto para la donación como para la recepción de población.
b. La importancia de la migración hacia la capital y
centros ur-banos con más de 5.000 habitantes, procedentes tanto de los centros
poblados como de las zonas rurales. Asunción se ha visto así —con una franja de
poblaciones circunvecinas— en el área receptora principal de la República, en
tanto el área do-nante principal se circunscribe a la Región Central, integrada
por los Departamentos de Paraguarí, Central, Guairá, Cordille-ra y Caazapá.
c. El crecimiento urbano ha correspondido a las
localidades con más de 5.000 habitantes, a los puertos, localidades fronterizas
y principalmente el área de la capital y adyacencias (San Lo-renzo, Luque, Fdo.
de la Mora), así como algunas localidades asiento de actividades manufactureras
e industriales (Ypa-caraí, Iturbe, Areguá, Itauguá, Capiatá, etc.). En cambio,
las localidades sobre la vía férrea —a excepción de los centros departamentales
y los que poseían empalme con otras rutas— demostraron un alto grado de
declinación urbana.
d. Pueden distinguirse dos períodos característicos
por el tipo de desplazamiento y por los motivos en el proceso de movilidad:
1947-1955 y posterior a 1955. En el primer lapso, la más alta tasa corresponde
a la emigración a la Argentina y sus moti-vaciones son primariamente
resultantes de la crisis política y social imperante. En la etapa posterior a
1955, crece la tasa de migrantes hacia la capital de la República y las
motivaciones se inclinan a factores de carácter estructural, sobre todo
insufi-ciencia de categorías y bienes disponibles por el estancamiento
.py 187
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
de
las actividades agrarias y la gran demanda de ofertas de de-sempeño y
necesidades.
e. La absorción de la población no nativa en la
capital es a niveles eminentemente terciarios y su asentamiento ecológico es
pre-dominantemente marginal.
f. Si bien los motivos estructurales de expulsión se
han acrecen-tado en los últimos años, determinando un flujo ininterrum-pido de
desplazamiento desde los sectores rurales hacia la ca-pital, también se han
multiplicado los factores espirituales y psíquicos de atracción hacia las
ciudades, sobre todo por la difusión de bienes y valores a través del
ensanchamiento del área de contacto y las facilidades directas de traslación.
188 .py
Luis
A. Galeano
Las
explotaciones agrícolas en el Paraguay
Hacia
una interpretación sociológica de las características regionales*
INTRODUCCIÓN
El estudio de las explotaciones agrícolas conlleva,
obviamente, un cú-mulo de problemas teóricos y metodológicos. Por ello, con el
propósi-to de encararlos correctamente, en un primer análisis se enuncian en el
subtítulo los objetivos básicos de estas notas.
El análisis sociológico de las explotaciones
agrícolas únicamente tiene sentido en tanto se las consideren conformadas a
partir de las relaciones sociales, imperantes en un determinado complejo
estruc-tural. En consecuencia, desde el punto de vista explicativo, son estas
relaciones —cristalizadas a través de las interrelaciones generadas por los
actores sociales— las que se constituyen en los factores cau-sales de la
naturaleza de la características pertenecientes a las explo-taciones agrícolas.
Si bien lo anterior indica el supuesto teórico
general del cual par-timos, nos limitaremos primordialmente a la
caracterización de los factores estructurales de nuestro objeto de estudio, en
un sentido, y a la formulación de las hipótesis interpretativas, en otro. Esta
limita-
* Galeano, Luis A. 1974 “Las explotaciones agrícolas
en el Paraguay. Hacia una in-terpretación sociológica de las características
regionales”, en Revista Paraguaya de Sociología (Asunción:
Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos), Año 11, Nº 31, set-dic,
pp. 167-198.
189
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
ción se debe a los objetivos que nos hemos fijado
previamente, los que a su vez han sido pensados atendiendo a la complejidad de
la proble-mática escogida y a la clase de datos a los que hemos recurrido para
la elaboración de este trabajo.
Por cierto, los datos a ser analizados fueron
obtenidos mediante la aplicación de una encuesta diseñada en base a un muestreo
estra-tificado aleatorio.1 La
muestra ha abarcado a 71 explotaciones perte-necientes a los distritos de Itá
(92 casos), Departamento Central de Quiindy (89 casos), Departamento de
Paraguarí y de Santa Rosa (90 casos), Departamento de Misiones.
Los tres distritos, por una parte, poseen la
característica común de ser antiguas zonas de minifundio agrícola, aunque por
otra se distinguen entre sí por una serie de rasgos específicos: o bien por la
inclusión en el ámbito operativo del mercado asunceno y por los mayores niveles
de participación en ocupaciones extraprediales — distrito de Itá—, o bien por
la importancia de la mediana explotación agrícola y ganadera —distrito de
Quiindy—, o bien, finalmente, por la significación de la gran explotación agrícola
y ganadera —distrito de Santa Rosa.
Se reconoce que la encuesta —en nuestro caso, la
muestra— uti-liza una técnica de investigación que tiene sus virtudes y
defectos.2 En
este último sentido, se aclara que el criterio probabilístico ha sido empleado
al interior de cada uno de los estratos y que estos han sido definidos
—cuantitativamente— en base a la estructura de la distri-bución de la tierra.
Este expediente metodológico, en la práctica dio como resultado que la gran
mayoría de las explotaciones investiga-das pertenezcan a las unidades productivas
minifundistas mientras que las medianas y grandes explotaciones fueron
abarcadas en menor proporción, especialmente en los distritos de Itá (aquí
solamente 3 explotaciones de 20 hectáreas y más fueron encuestadas) y de
Quiindy (4 explotaciones de la misma categoría).3
1 La encuesta fue realizada por el Centro Paraguayo
de Estudios Sociológicos durante enero y febrero de 1974. Los datos referentes
a la producción corresponden al año agrícola 1972-73.
2 En la investigación sociológica el uso
indiscriminado del survey ha sido atribuido a los partidarios del empirismo,
una de cuyas versiones —el “empirismo abstracto”— es la que ya Wright Mills
criticaba en La imaginación sociológica (México: Fondo de
Cultura Económica).
3 Desde el punto de vista probabilístico la muestra
no merece objeciones. El problema radica en el tamaño de la misma, que ha
quedado muy pequeña para los dos distritos mencionados. Para obviar esta
dificultad, tal vez hubiese resultado sociológicamente más sustantivo haber
tomado más casos de medianas y de grandes explotaciones atendiendo al criterio
de la mayor heterogeneidad de estas con
190 .py
Por fin, queda pendiente un último problema teórico
metodoló-gico que debiera ser dilucidado, por lo menos en términos generales.
Uno de los objetivos primordiales de la mencionada encuesta ha con-sistido en
la obtención de datos referentes al ingreso de los agricul-tores.4 Pues bien, considerando que en torno a esta
cuestión existen diversos enfoques teóricos y metodológicos, se ha optado por
aquel que intenta medir el ingreso concibiendo a éste no como una variable
independiente y aislada de los factores que realmente la generan, sino como
variable cuya entidad depende estrechamente —al menos den-tro del nivel de
análisis5 que
nosotros adoptaremos— de los factores productivos y circulatorios, por un lado,
y de los pertenecientes a la fuerza de trabajo, por el otro, factores que en
conjunto estarían inte-grando la “matriz generadora del ingreso”.
1.
La distribución de la tierra
1.1. La estructura de la distribución de la tierra en el
distrito de Itá con-firma el planteamiento precedente, en el sentido de
considerarlo como un área caracterizado por el predominio del minifundio
agrícola.
Dentro de las explotaciones menores de 5 hectáreas
están com-prendidas el 62% de las mismas y el 24% de la cantidad total de
hec-táreas. Por su parte, en el rango de 5 a 20 hectáreas están incluidos el
35% del número de explotaciones y el 52% de la cantidad total de hectáreas. Si
se tuviera en cuenta la estructura de la distribución en cuestión no presenta
los grados de concentración existentes a es-cala nacional. Ello se debería, en
parte, a la circunstancia de que las unidades productivas encuestadas son exclusivamente
agrícolas y, por consiguiente, se han excluido las explotaciones ganaderas y
forestales, explotaciones que en la práctica son las que abarcan las mayores
extensiones de tierra. En cualquier supuesto, es muy pro-bable que los grados
de concentración (.54 según el coeficiente de Gini), definidos por la muestra
sean bastante significativos —buenos
relación a los minifundios. También cabría la
alternativa de tomar menos distritos, dos por ejemplo. Sin olvidar que desde la
perspectiva estadística, la solución también podría consistir en ampliar el
tamaño de la muestra. En fin, el problema ha sido únicamente esbozado. Las
soluciones de fondo debieran ser planteadas partiendo de consideraciones
epistemológicas que escapan a los fines de este trabajo.
4 Al respecto véase Ramón Fogel “La medición del
ingreso en unidades agrícolas de subsistencia. Resultados de un ensayo
metodológico”, en este mismo número de la Revista Paraguaya de
Sociología.
5 Véase en J. Gracierena “Estructura de poder y
distribución en América Latina”,
Revista Latinoamericana de Ciencias Políticas, Vol. II, Nº 2, FLACSO, los distintos niveles
a partir de los cuales puede ser enfocado el estudio del ingreso.
.py 191
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
indicadores— de los niveles de concentración
existentes en todo el distrito de Itá.
A pesar de que la caracterización de Itá como área
donde pre-domina el minifundio agrícola es correcta, debe ser completada por el
rasgo de que los tipos predominantes, desde el punto de vista del perímetro de
superficie, son las pequeñas y medianas ex-plotaciones agrícolas.
Históricamente, este fenómeno consigue gestarse en las últimas décadas del
siglo pasado, cuando —una vez terminada la guerra de la Triple Alianza
1864-1870—, la economía agrícola paraguaya tiene que adaptarse a los intereses
del mercado internacional y, en consecuencia, orientarse hacia dos mercados.
Hacia el mercado internacional se destina la producción de unos pocos rubros
exportables (la yerba mate, las maderas y, en cierta medida, la ganadería),
mientras que los restantes son absorbidos o por el mercado interno o dentro de
los márgenes de una economía de subsistencia cuya importancia aún puede
apreciarse hasta el presente. Precisamente, estos últimos rubros son producidos
por unidades minifundiarias o medianas explotaciones agrícolas “tipo familiar”,
que se localizan predominantemente en la Región Cen-tral; región donde están
situados el distrito de Itá, y hasta cierto límite el de Quiindy.
1.2. Los grados de concentración de la tierra en
Quiindy, en general, son bastante semejantes a los de Itá. Así en las
explotaciones menores de 5 hectáreas están comprendidos el 70% del número de
unidades productivas y el 33% de la cantidad total de hectáreas encuestadas.
Sin embargo, en el análisis comparativo, es interesante puntualizar que, dentro
del distrito de Quiindy, entre las explotaciones de 3 a 56 hectáreas están concentrados los mayores
porcentajes del número de unidades productivas y de la cantidad total de
hectáreas (50% y 28%, respectivamente), peculiaridad que no tiene lugar en los
dos distritos restantes. Por otra parte, dentro de las explotaciones de 5 a 20
hectáreas se encuentran el 25% del número de explotaciones y el 37% de la
cantidad total de hectáreas; esta en relación a los existen-tes en Itá. Y, por
fin, entre las explotaciones de más de 20 hectáreas, se hallan el 5% de las
unidades productivas y el 30% de la cantidad total de hectáreas, con lo cual se
comprueba la relativa tendencia de concentración de la tierra hacia los dos
extremos de la escala.
6 Esta característica parece consistir en un rasgo
histórico, pues según el censo agropecuario de 1956 la importancia porcentual
de las explotaciones de 3 a 5 hectáreas es mayor en el distrito de Quiindy
(28%) en comparación a los de Itá (23%) y Sta. Rosa (21%).
192 .py
No obstante, en este caso el índice de
concentración (.49 según el coeficiente de Gini) no estaría reflejando los
niveles correspondientes a todo el distrito de Quiindy, pues faltarían por
considerar las explo-taciones ganaderas que son, según se ha adelantado, las
que detentan las mayores extensiones de tierra. En efecto, Quiindy está ubicado
en la frontera de la región central —típica zona de agricultura de mi-nifundio—
y de la región sur —zona donde predominan las grandes explotaciones ganaderas—
de manera que la mixtura que se observa adquiere pleno sentido considerando la
realidad socio-económica en la cual el mismo está inmerso.
1.3. Un cuadro diferente nos ofrece el distrito de Sta.
Rosa. Este es el área que ofrece el más alto grado de
concentración de la tierra a favor de las grandes propiedades (así lo demuestra
el coeficiente de Gini .86).
Las explotaciones menores de 5 hectáreas
representan el 46% del número de explotaciones y el 2% de la superficie total
encuestada. Esta relación es diferente respecto a los dos distritos examinados
pre-cedentemente, pues en éstos las pequeñas explotaciones detentaban
porcentajes superficiales sumamente apreciables. Esta misma situa-ción se
aprecia al analizar las explotaciones de 5 a 20 hectáreas. En efecto, en este
intervalo se encuentran el 39% de las explotaciones, en este punto las
diferencias no son muy marcadas considerando, al mismo tiempo, los tres
distritos —y únicamente el 9% de la cantidad de hectáreas— siendo aquí donde la
situación diferencial tiene lugar. Por fin, y corroborando la característica
adelantada, las explotaciones de más de 20 hectáreas contienen el 15% de las
mismas y el 89% de la cantidad total de hectáreas. Habría que especificar que
son las ex-plotaciones de más de 100 hectáreas las que poseen el más alto nivel
de concentración de la tierra, pues el 4% de las unidades productivas abarcan
el 74% de toda la superficie encuestada.
La característica de la mayor concentración de la
tierra en el distrito de Santa Rosa debe ser explicada partiendo del supuesto
metodológico de las diferenciaciones socio-regionales. Por cierto, desde las
últimas décadas del siglo pasado, el Departamento de Mi-siones es una de las
principales zonas del país donde logran cons-tituirse las grandes explotaciones
ganaderas, explotaciones que si bien reúnen rasgos capitalistas —producción
orientada básicamente al mercado— también acreditan otros que son más propios
de una práctica sensorial, apropiación de grandes extensiones de tierra y
utilización también extensiva de los restantes recursos productivos. Recién en
la última década comienzan a surgir las grandes explota-ciones agrícolas
empresariales, dedicadas a la producción del trigo
.py 193
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
y de la soja. Este fenómeno, en verdad, coincide
con una nueva eta-pa —que no logra superar la anterior— de la producción
ganadera; mejoramiento de la calidad de los planteles de ganado, mediante la
aplicación de una más elaborada tecnología, etapa que es impulsada con la
exportación de la carne congelada al mercado europeo, y en menor cantidad al
sudamericano. En síntesis, limitándonos al sector agropecuario, en el distrito
de Santa Rosa las explotaciones agríco-las minifundiarias coexisten con las grandes
explotaciones agrícolas y ganaderas.
2.
El sistema de tenencia de la tierra
Es sabido que el tema de la tenencia de la tierra
es un problema mul-tidimensional y que, por consiguiente, afecta desde varios
ángulos al proceso productivo agrícola.
A los fines del presente análisis, habría que
precisar que existen diversos tipos de tenencia. Unos son puros (propietarios,
arrendata-rios, ocupantes y medieros) y otros son combinados
(propietarios-arrendatarios, propietarios-ocupantes, etc.). En concreto, se
trata de formas de apropiación de la tierra, que por un lado definen
situacio-nes diferenciales en orden a la producción agrícola (que tienen
in-cidencia mediata o inmediata en los niveles de ingreso) y que por el otro,
definen relaciones sociales diferenciadas para los diversos gru-pos sociales
implicados. Dada la naturaleza de los datos disponibles, un primer recurso
metodológico consiste en la caracterización de la composición del capital
fundiario7 a
partir del sistema de tenencia a fin de apuntar a las situaciones diferenciales
existentes en cada una de las tres zonas, situaciones que tienen relación con
las peculiaridades socio-económicas regionales.
Dentro del estudio comparativo, llama la atención
la diferencia de promedios a favor del distrito de Itá en las explotaciones de
me-nos de 5 has. y en las de 5 a 20 has. No tenemos a disposición los gra-dos
de dispersión —varianza y desviación estándar— de la medida de tendencia
central. No obstante, y específicamente en lo atinente al valor de las tierras
y mejoras, dicha diferencia estaría correlacio-nada al hecho de que justamente
en el distrito de Itá se concentran los mayores porcentajes de propietarios, o
bien las cotizaciones más altas del capital fundiario, dentro de los dos
intervalos en cuestión. En efecto, entre las explotaciones de menos de 5 has.
el 39% son pro-pietarios en el distrito de Itá, siendo este porcentaje superior
a los
7 En la encuesta se ha considerado como capital
fundiario a las tierras —en cuanto propiedades de pleno derecho—, las mejoras y
las construcciones, valoradas a precio de mercado.
194 .py
de Quiindy (16%) y Santa Rosa (33%). Es verdad que
la diferencia respecto de Santa Rosa no es muy apreciable; empero la diferencia
es mayor cuando se comparan los porcentajes dentro del número to-tal de
propietarios en toda la población encuestada, entonces el 23% corresponde a Itá
y el 15% a Santa Rosa.
Cuadro
Nº 1
Capital
Fundiario (promedio) (En miles de Guaraníes)
|
C. Fundiario |
|
5 Has. |
|
|
5 a 20 Has. |
|
|
+ 20 Has. |
|
|
Elementos |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
|
|
|||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Tierras y mejoras |
36.2 |
20.2 |
20.0 |
226.2 |
96.2 |
68.6 |
591.6 |
430.6 |
4.022.8 |
|
Construcciones |
56.2 |
39.5 |
53.9 |
155.7 |
69.0 |
50.7 |
272.5 |
400.3 |
336.8 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Totales |
92.4 |
59.7 |
73.9 |
381.9 |
165.2 |
119.3 |
864.1 |
830.9 |
4.359.6 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Entre las explotaciones de 5 a 20 has. el mayor
porcentaje al interior de los distritos pertence a Quiindy (el 50%, contra el
44% de Itá y el 34% de S. Rosa). No obstante, si comparamos los porcentajes al
inte-rior de la cantidad total de propietarios del conjunto de la población
encuestada (Cuadro III) tenemos que el 15% corresponde a Itá y el 12% a
Quiindy. Por consiguiente, a pesar de que en los datos, objeto de análisis, no
están separados los valores correspondientes a las tie-rras y a las mejoras,8 resulta significativo enjuiciar la propiedad
como integrante del capital fundiario, a diferencia de las demás categorías de
tenencia.
En este sentido, el altísimo promedio del valor de
las tierras y mejoras en Santa Rosa (4.022.800 Gs.) se debería a la enorme
exten-sión de tierras de las 8 grandes propiedades existentes en este distrito,
pues 2.835 has. correspondientes a las mismas ascienden al 78% de la cantidad
de has. encuestadas en el distrito en cuestión y al 60% de la población total,
juntando los tres distritos.
Ahora bien, la diferencia del promedio de las
tierras y mejoras a favor del distrito de Itá, en cambio, se debería a la mejor
cotización de las mismas en el mercado local, variable que vendría explicada
por la circunstancia de la inclusión de éste en los mecanismos del mercado de
la zona central, cuyo epicentro es Asunción. De nuevo tenemos que advertir que
la medición utilizada es sumamente gruesa. No obstante, e independiente de los
niveles de dispersión, de acuerdo a las primeras
8 Al respecto, la distinción entre propietarios y
las demás categorías debe ser relativizada, pues también las mejoras son
computadas a favor de los ocupantes, además de los propietarios.
.py 195
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
comprobaciones se ha podido constatar que, por
ejemplo, una pro-piedad de 2 has. —incluyendo mejoras— ha sido evaluada en
80.000 Gs, es decir a 40.000 Gs. la ha. y otra de 10 has. (situada sobre la
ruta Posta Gaona) en 800.000 Gs., o sea a 80.000 Gs. la ha.9 En conclusión, los mayores valores de las
tierras y mejoras en Itá estarían correlacio-nados a los mayores niveles de
precios en el mercado local de Itá. En otros términos, esta dinámica regional
habría permitido una mayor acumulación de capital, en términos comparativos,
por parte de los pequeños y medianos agricultores.
Completando el análisis del sistema de tenencia
—como uno de los factores estructurales generadores de la producción agrícola—
llaman la atención hechos que deben ser debidamente enjuiciados. En primer
término, sobresale la escasa significación cuantitativa del arrendamiento, como
categoría pura, pues de toda la población en-cuestada, los 8 casos únicamente
representan el 3% (véase Cuadro III); además, 6 arrendatarios pertenecen al
distrito de Santa Rosa, estando 4 de ellos incluidos en las explotaciones mayores
de 20 has. (véase Cuadro II).10 Este
fenómeno estaría reflejando una de las carac-terísticas de la estructura de
tenencia, y en el fondo, de la estructura socio-económica agrícola del país, en
el sentido de la rigidez de la mis-ma, al no permitir la implementación de una
forma de apropiación de la tierra que, como el arrendamiento, requiere contar
con cierto volumen de capital.11
El rasgo señalado, en segundo término, debe ser
conectado con la enorme importancia de los ocupantes y,
en menor medida, de los medieros. Estas dos formas de apropiación
de la tierra son expre-siones de la rigidez de la estructura de tenencia y, al
mismo tiempo, de los bajísimos niveles económicos en que se desenvuelven los
muy pequeños agricultores (minifundistas). Por cierto, el 34% de todas las
explotaciones encuestadas pertenece a la categoría de la ocupación (véase
Cuadro III).12 Puntualizamos
que entre las explotaciones de menos de 5 has. está comprendido el 72% de todos
los ocupantes strictu sensu.
9 Sería interesante emprender un estudio específico
sobre el mercado de tierras a fin de precisar las grandes diferenciaciones
regionales.
10 Es cierto que el arrendamiento conforma 15 casos de
categorías combinadas; no obstante, esta cifra sigue siendo de menor
importancia respecto de las demás formas de tenencia.
11 Dicho fenómeno también ha sido observado en otros
países latinoamericanos. Véase García, A. 1967 Reforma agraria y
Economía Empresarial (Chile: Ed. Universitaria).
12 La ocupación interviene entre otras tantas
categorías combinadas que significan el 11% del total.
196 .py
Estas características hunden sus raíces en épocas
pasadas. Por cierto, en el Paraguay, la categoría de la ocupación se ha
es-tablecido a expensas de la propiedad privada y de la fiscal (según el censo
agropecuario de 1956, el 49% de los ocupantes estaba instalado en dominios de
particulares y el 51% en propiedades del Estado). Las diferenciaciones se han
cristalizado según que la propiedad privada haya ido consiguiendo una mayor o
menor predominancia en cada zona o región. Así, el hecho de que en el distrito
de Itá, de acuerdo a lo adelantado, la mayor propagación de la propiedad
privada, unida a una mayor presión de ciertos sectores campesinos, ha
condicionado la constitución de una más elevada cantidad de ocupaciones al
interior de este tipo de domi-nio, en comparación a las ocupaciones instaladas
en propieda-des fiscales (en 1956, el 66% de las ocupaciones correspondía a la
clase mencionada, mientras que el valor disminuye de mane-ra significativa en
los distritos de Quiindy —40%— y Sta. Rosa —35%). Históricamente, el hecho
analizado estaría revelando que la presión ejercida por la gran explotación
ganadera —de base sensorial— no llegó a consumarse en la región sur del país
sobre los restos de propiedad fiscal, generalmente localizados en las
cer-canías de los centros de población.
Finalmente, el 7% de las categorías de tenencia
pertenece al sistema de medianería,13 si bien debe aclararse que 18 de los 20 casos
están incluidos entre las pequeñas explotaciones (Cuadro II) y que son los
distritos de Itá y Quiindy los que poseen los más altos porcentajes. Que la
medianería se concentre primordialmen-te en las unidades productivas
minifundiarias y que se ubique ge-neralmente en dichos distritos, son hechos
que están notando que la mentada rigidez estructural está adquiriendo
manifiestaciones específicas a causa de determinados condicionamientos
socio-regionales. Si la ocupación es una institución que tiene su límite básico
en el predominio de la propiedad privada en tales zonas y el arrendamiento es
una alternativa que escapa a la capacidad socio-económica del pequeño
campesino, la única estrategia de supervivencia que le resta es la de la
medianería, a pesar de sus más marcadas modalidades de dependencia respecto del
dueño o tenedor de la tierra.
13
En el 11% de los tipos combinados también interviene la medianería.
.py 197
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
II
Categorías
de Tenencia: Nº y %
|
Categorías |
|
|
– 5 Has. |
|
|
|
|
5 – 20 Has. |
|
|
|
|
+ 20 Has. |
|
|
||||
|
|
|
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
|
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
|
Itá |
Quiindy |
|
S. Rosa |
||||||
|
Propietarios |
22 |
39 |
10 |
16 |
14 |
33 |
14 |
44 |
11 |
50 |
12 |
34 |
2 |
67 |
2 |
50 |
|
8 |
61 |
|
Ocupantes |
19 |
33 |
27 |
43 |
20 |
48 |
8 |
25 |
1 |
4 |
17 |
48 |
— — — — — — |
||||||
|
Arrendatarios |
1 |
2 |
1 |
2 |
1 |
2 |
— |
— |
— |
— |
1 |
3 |
— — — — 4 31 |
||||||
|
Medieros |
6 |
10 |
10 |
16 |
2 |
5 |
— |
— |
1 |
5 |
1 |
3 |
— — — — — — |
||||||
|
Pr./Med./Ocu. |
1 |
2 |
— |
— |
— |
— |
— |
12 |
4 |
18 |
2 |
6 |
— |
— |
1 |
25 |
— — |
||
|
Prop./Arr. |
2 |
3 |
1 |
1 |
2 |
5 |
— |
— |
2 |
9 |
1 |
3 |
— |
— |
1 |
25 |
— — |
||
|
Prop./Med. |
3 |
5 |
5 |
8 |
— |
— |
4 |
12 |
3 |
14 |
— |
— |
— |
— |
— — |
|
1 |
8 |
|
|
Pr./Oc./Arr. |
— |
— |
— |
— |
— |
— |
— — — — — — — — — — — — |
||||||||||||
|
Prop./Ocup. |
1 |
2 |
1 |
2 |
1 |
2 |
1 |
4 |
— |
— |
— |
— |
— — — — — — |
||||||
|
Ocup./Arr. |
— |
— |
— |
— |
— |
— |
— — — — — — — — — — — — |
||||||||||||
|
Ocup./Med |
1 |
2 |
— |
— |
— |
— |
— |
— |
— |
— |
1 |
3 |
— — — — — — |
||||||
|
Arr./Ocup. |
— |
— |
2 |
3 |
2 |
5 |
1 |
3 |
— |
— |
— |
— |
— — — — — — |
||||||
|
Ocup./Med. |
— |
— |
6 |
9 |
— |
— |
— — — — — — — — — — — — |
||||||||||||
|
Arr./Med. |
— |
— |
— |
— |
— |
— |
— — — — — — — — — — — — |
||||||||||||
|
Totales |
57 |
100 |
63 |
100 |
42 |
100 |
32 |
100 |
22 |
100 |
35 |
100 |
3 |
100 |
4 |
100 |
|
13 |
100 |
Cuadro
III
Categorías
de tenencia: Nº y % Totales
|
Categorías |
Itá |
|
|
Quiindy |
|
|
S. Rosa |
|
Totales |
|
|
Nº |
% |
Nº |
|
% |
Nº |
% |
Nº |
% |
|
Propietarios |
38 |
41 |
23 |
26 |
34 |
|
38 |
95 |
35 |
|
Ocupantes |
27 |
29 |
28 |
31 |
37 |
|
41 |
92 |
34 |
|
Arrendatarios |
1 |
1 |
1 |
1 |
6 |
|
7 |
8 |
3 |
|
Medieros |
6 |
7 |
11 |
12 |
3 |
|
3 |
|
|
|
Prop./Ocu. |
5 |
5 |
6 |
7 |
3 |
|
3 |
14 |
5 |
|
Prop./Arr. |
2 |
3 |
4 |
5 |
3 |
|
3 |
9 |
3 |
|
Prop./Med. |
7 |
8 |
8 |
9 |
1 |
|
1 |
16 |
6 |
|
Pro./Oc./Arr. |
— |
— |
— |
— |
— |
|
— |
— |
— |
|
Pro./Med./Oc. |
2 |
2 |
— |
— |
— |
|
— |
2 |
1 |
|
Pro./Arr./Med. |
2 |
2 |
— |
— |
— |
|
— |
2 |
1 |
198 .py
|
Categorías |
Itá |
|
|
Quiindy |
|
|
S. Rosa |
|
Totales |
|
|
Nº |
% |
Nº |
% |
|
Nº |
% |
Nº |
% |
|
Ocup./Med |
2 |
2 |
— |
— |
1 |
|
2 |
3 |
1 |
|
Arr./Ocup. |
— |
— |
2 |
2 |
2 |
|
2 |
4 |
2 |
|
Ocup./Med. |
— |
— |
6 |
7 |
— |
|
— |
6 |
2 |
|
Totales |
92 |
100 |
89 |
100 |
90 |
|
100 |
271 |
100 |
3.
La relación entre el consumo y la venta
Es en este punto donde se percibe con mayor nitidez
la importancia de las diferenciaciones regionales.
Históricamente, la producción del predio agrícola
se viene orien-tando al consumo familiar, por una parte, y al mercado, por
otra. En principio, no se trata de dos economías separadas, ni de que existan
dos tipos de mercados definidos y plenamente diferenciados por sus mecanismos
de cambio, por lo menos en el transcurso de las últimas décadas. En cualquier
caso, la relación entre ambas economías es bastante estrecha y el predominio, a
favor de una o de otra, depende fundamentalmente de los tipos de cultivos y de
las particularidades regionales, especialmente en relación a los volúmenes de
intercambio en los mercados locales.
Esta situación histórica emerge con toda claridad
de los datos obtenidos a través de la encuesta.
El hecho de que los valores promedio pertenecientes
al distrito de Itá sean los más bajos de los tres distritos estudiados, tendría
su explicación principal en la circunstancia de que es en esta localidad donde
el área cultivada es la más reducida.
Ahora bien, el análisis adquiere un contenido
distinto cuando la comparación se establece en términos porcentuales. Al
respecto, se comprueba que los mayores porcentajes de venta corresponden a Itá.
Aunque las diferencias son mínimas en lo que se refiere a la mandioca (Itá:
19%, Quiindy: 15% y S. Rosa: 18%), las mismas son más percepti-bles en cuanto
al maíz (Itá: 17%, Quiindy: 13% y S. Rosa: 8%), y mucho más en cuanto al poroto
(Itá: 38%; Quiindy: 9% y S. Rosa: 13%). La explicación de este fenómeno habría que
buscarla en la peculiaridad de la inclusión del mercado local iteño en la zona,
regulado por la di-námica del mercado asunceno. En concreto, este dinamismo,
definido por mayores niveles de intercambio y por mecanismos más flexibles de
comercialización, vendría a permitir mayores volúmenes de venta, aun en
aquellos cultivos cuyos productos suelen ser destinados al consumo familiar y
animal —dentro de la finca—, de mandioca, maíz y poroto.
.py 199
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
En cuanto a la configuración del consumo, salta a
la vista el ma-yor porcentaje en el consumo animal para el distrito de Quiindy.
Aún reconociendo que los niveles de precios —y, por consiguiente, la
co-rrespondiente valoración monetaria de los bienes— pueden variar según las
localidades, es probable que la mencionada característica encuentre su sentido,
en buena medida, en el mayor peso que el in-ventario ganadero adquiere en
Quiindy, como elemento conformador del capital fijo, tal cual lo expresan las cifras
del siguiente cuadro.14
Cuadro
IV
Relación
entre consumo y venta en cultivos destinados a la subsistencia (Explotaciones
menores de 5 has. Promedio-Miles Gs.)
|
Categorías |
– 5 Has. |
|
|
5 – 20 Has. |
|
|
+ 20 Has. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
% |
|
% |
|
% |
|
|
% |
|
% |
|
% |
|
|
% |
|
% |
|
% |
|||||||||||||||
|
|
|
X |
X |
X |
X |
X |
X |
X |
X |
X |
||||||||||||||||||||||||||
|
Mandioca |
6.65 |
47 |
14.56 |
46 |
8.38 |
53 |
4.81 |
34 |
12.33 |
39 |
4.49 |
29 |
2.73 |
19 |
4.98 |
15 |
2.86 |
18 |
||||||||||||||||||
|
Maíz |
0.98 |
39 |
3.11 |
42 |
3.27 |
46 |
1.00 |
39 |
3.31 |
45 |
3.26 |
45 |
0.44 |
17 |
0.94 |
13 |
0.57 |
8 |
||||||||||||||||||
|
Poroto |
1.02 |
57 |
3.79 |
90 |
1.73 |
85 |
— |
— |
— |
— |
— |
— |
0.68 |
38 |
0.39 |
9 |
0.27 |
13 |
||||||||||||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
*
Los promedios y los niveles porcentuales que faltan de la ecuación: VCF + VCA +
V, corresponden a los promedios y porcentajes de semillas.
NOTA:
Recalcamos que los datos sobre los cultivos corresponden al año agrícola
1972-73.
Cuadro
V
Inventario
ganadero, explotaciones menores de 5 has. Valor promedio en miles de guaraníes.
|
DISTRITOS |
X |
% |
|
Itá |
33.1 |
23 |
|
Quiindy |
62.1 |
44 |
|
S. Rosa |
49.2 |
36 |
Nota:
La evaluación del inventario ganadero es el promedio anual. Los porcentajes
fueron hallados en base al capital total (fundiario, fijo y financiero).
La interrelación entre las dos economías —la
orientada al autoconsu-mo y la orientada al mercado— también genera
consecuencias sustan-tivas respecto de las medianas explotaciones (5
a 20 has.), las cuales a su vez hallan sus contenidos peculiares en el ámbito
de las diferencia-ciones regionales.
14 En este caso los datos disponibles no nos
permiten una comprobación más afinada. Es indudable que lo correcto hubiera
sido contar con las cantidades de animales, además de individualizarlos por
tipos y edades.
200 .py
Por una parte, resulta significativo señalar que
los porcentajes de ventas, para los productos de
subsistencia, siguen siendo apreciable-mente inferiores a los de consumo.
No obstante, la diferencia respecto de las pequeñas explotaciones,
radica en el rasgo de que estas explo-taciones, además de los cultivos de
subsistencia, también se dedican a la producción de los denominados cultivos de
renta.
En cuanto a las peculiaridades regionales, tenemos
que los ma-yores cultivos de mandioca en Itá son una consecuencia de mayor
promedio de ha. cultivada (Itá: 1.01, Quiindy: 0.76, Sta. Rosa: 0.75) y, en
todo caso, de los más elevados niveles de precios, pues, si bien en cuanto a la
cantidad cosechada promedio Itá queda por debajo de Sta. Rosa (Itá: 10.08 y
Sta. Rosa: 12.12 —en mls. de k.), el valor promedio de la mandioca producida,
es más alto para el primero de los distritos nombrados (Itá: 36.79 y Sta Rosa:
35.67 —en mls. de Gs.). Esta mis-ma explicación es la pertinente para los dos
cultivos restantes. Así, en maíz Sta. Rosa posee los mayores promedios en has.
cultivadas (Santa Rosa: 1.92, Quiindy: 1.43 e Itá: 1.14) y en el valor de la
producción total (Sta. Rosa: 17.62, Quiindy: 16.37 e Itá: 6.83 —en miles de
guara-níes); igual relación tiene lugar respecto al poroto (promedio de has.
cultivadas, Sta. Rosa: 0.68, Quiindy: 0,48 e Itá: 1.07;15 valor promedio de producción total, Sta.
Rosa: 8.75, Quiindy: 8,14 e Itá: 5.17 —en miles de guaraníes).
Cuadro
VI
Relación
entre Consumo y Venta en cultivos destinados a la subsistencia. (Explotaciones
menores de 5 a 20 has./Promedio en Mls. de Gs.)
|
Explota- |
Valor consumo familiar |
Valor consumo animal |
|
Valor ventas* |
|
||||
|
ciones |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Tipos |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
|
|
|
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|||||||||||||||||
|
|
|
X |
X |
X |
X |
X |
X |
X |
X |
X |
||||||||||||||||||||||||||
|
Mandioca |
15.24 |
41 |
13.43 |
14 |
14.58 |
41 |
11.25 |
31 |
15.28 |
46 |
15.08 |
42 |
10.28 |
28 |
4.22 |
13 |
6.00 |
17 |
||||||||||||||||||
|
Maíz |
2.98 |
44 |
7.25 |
44 |
5.39 |
31 |
1.59 |
23 |
5.99 |
37 |
8.52 |
48 |
2.13 |
31 |
2.66 |
16 |
3.50 |
20 |
||||||||||||||||||
|
Poroto |
3.40 |
66 |
5.90 |
72 |
5.53 |
63 |
— — — — — |
— |
1.63 |
32 |
2.13 |
26 |
3.07 |
35 |
||||||||||||||||||||||
*
Los porcentajes restantes pertenecen a los valores promedio de semilla.
15 Es verdad que aquí el más elevado promedio
pertenece a Itá. No obstante, desaparece cuando se consideran los valores
promedio de producción total, la cual tiene sentido, considerando los promedios
de cantidades cosechadas (Itá: 0.19, Quiindy: 0.33 y Sta. Rosa: 0.42).
.py 201
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
VII
Valor
de Venta de Cultivos de Renta. Promedio/Miles de Gs.
|
Explotaciones |
|
Tabaco |
|
|
Algodón |
|
|
Soja |
|
|
Tamaño |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
– 5 Has. |
— |
3.67 (b) |
0.36 |
2.44 |
6.26 |
9.16 |
— |
— |
— |
|
5 a 20 has. |
0.14 (a) |
4.56 (c) |
1.49 |
7.81 |
14.10 |
39.80 |
— |
— |
2.36 (e) |
|
20 y más |
— |
3.50 (d) |
— |
55.33 |
46.39 |
59.00 |
— |
— |
239.38 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
(a) Representa el 42% del valor total de la producción
correspondiente a dicho cultivo.
(b) Representa el 99%.
(c) Representa el 96%.
(d) Representa el 67%.
(e) Representa el 93%.
Es indudable que el escaso número de casos de
explotaciones con más de 20 has. especialmente en los distritos de Itá y de
Quiindy no nos autoriza a realizar generalizaciones confiables. Aún atendiendo
a esta grave limitación muestral, habría que señalar que los mayores
porcen-tajes de comercialización corresponden a Itá, ya sea en lo referente a
la mandioca (Itá: 21%, Quiindy: 2%, Santa Rosa: 6%), como a los demás cultivos
de subsistencia.
Volviendo sobre uno de los supuestos del análisis
comparativo, resulta sumamente revelador ponderar los volúmenes de producción y
de comercialización de los denominados cultivos de renta: tabaco,
algodón y soja. El interés siempre radica en el “desbrozamiento” de las
diferenciaciones regionales.
Parece evidente que la explicación de la
preeminencia del distrito de Sta. Rosa en los cultivos de algodón y de soja
debe ser relacionado con dos condicionamientos estructurales, al mismo tiempo
correlacio-nados entre sí. Por una parte, están los sistemas regionales del
mercado agrícola. En efecto, a medida que las regiones se distancian de la zona
de la influencia de Asunción, los cultivos de renta tienden a predomi-nar, pues
en tales casos los canales de comercialización extienden sus redes, por encima
de las distancias, considerando que los productos en cuestión —algodón y soja—
son destinados o bien a la producción industrial nacional, o bien a la
exportación (soja especialmente).16
Por otra, a esta expansión del mercado agrícola ha
correspondido la respuesta de ciertos grupos sociales (grandes agricultores,
comer-
16 Inclusive habría que considerar la importancia
del trigo y del arroz en la explotación de más de 20 has. en Sta. Rosa, así se
deduce de los valores promedio de cultivos que en el plan de análisis han sido
calificados como OTROS: Sta. Rosa: 479.27 mls. de Gs.; Itá: 18.73 y Quiindy: 0.
202 .py
ciantes y hasta hacendados) que han podido
constituir explotaciones empresariales, cuyas características —en cuanto a las
bases modernas de su organización— se desconocían en períodos anteriores, por
lo menos en la economía zonal. Además, según los datos de la encuesta,
inclusive las medianas explotaciones (5 a 20 has.) de Sta. Rosa pre-sentan
mayores volúmenes de venta que las de los dos distritos res-tantes. Esta
situación económica no implicaría, tal cual observaremos más adelante, la
obtención de más elevados ingresos por parte de los medianos agricultores de
dicho distrito, pues en el distrito de Itá esta aparente desventaja (de los
grupos sociales respectivos) la compensan con la mayor dedicación a los
cultivos permanentes.17
Por el contrario, en cuanto al tabaco, es el
distrito de Quiindy el que ofrece los promedios más altos. Este cultivo, por
cierto es otro de los cultivos de renta que tradicionalmente suelen plantar el
pequeño y mediano agricultor, generalmente en zonas de desmonte, cuando la
tierra aún es fértil y no requiere el empleo de fertilizantes. Tal vez teniendo
en cuenta esta circunstancia pueda comprenderse el por qué de los no muy
elevados promedios de los valores del tabaco en Quiin-dy, pues, si bien es de hecho
la única zona en que se cultiva este pro-ducto, este distrito está situado en
una región de antiguo asentamien-to, donde los desmontes ya tendrían escasa
significación.
4.
Alcances sobre factores tecnológicos y mano de obra
4.1.
Factores tecnológicos
Entre los factores tecnológicos serán analizados
tanto los instru-mentos de trabajo (maquinarias e implementos), como la
utilización óptima de la tierra (especificando la significación de la tierra en
des-canso, “el coqueré”) y de insumos (fertilizantes, plaguicidas,
insecti-cidas, etc.).
Los datos disponibles no nos permiten realizar un
estudio a tra-vés del cual se pueda establecer en dimensiones más precisas las
ca-racterísticas específicas de cada una de las zonas, distinguiendo
opor-tunamente los tipos de maquinarias e implementos empleados en los tres
distritos investigados.
No obstante, podemos presentar unas primeras
aproximaciones que, en definitiva, estarían en conexión al complejo de
características definidas precedentemente.
17 Así, mientras en Itá el promedio de hectáreas
dedicadas a los cultivos permanentes (fundamentalmente coco y caña dulce) es de
1,5 en Sta. Rosa el promedio es de 1,4 has., sin olvidar que los precios del
mercado generarían más elevadas ganancias a favor de los agricultores isleños.
.py 203
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
VIII
Valores
Promedio de Implementos y Maquinarias
|
Distritos |
|
|
|
– 5 Has. |
|
|
|
5 – 20 Has. |
|
|
|
+ 20 Has. |
|
Relación |
|
|
* |
%** |
|
|
|
% |
|
|
|
% |
|
X |
X |
X |
||||||||||
|
Itá |
6.9 |
5.0 |
33.2 |
6.6 |
5.9 |
4.2 |
||||||
|
Quiindy |
8.5 |
6.0 |
17.7 |
5.6 |
31.4 |
2.1 |
||||||
|
S. Rosa |
6.6 |
4.8 |
16.7 |
6.5 |
746.7 |
10.0 |
||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
* En miles de Gs.
** Sobre
el capital total.
En cuanto a las pequeñas explotaciones (menores
de 5 has.), llama la atención la homogeneidad de los valores, ya sea en
promedios como en porcentajes. Ello sería un indicador de la escasa
diferenciación del instrumental tecnológico por distritos pues, aún
considerando que la cuantificación en valores monetarios podría introducir
distorsión según las regiones, viene a confirmar la nivelación instrumental de
los minifundios y, al mismo tiempo, la escasa significación del mismo como
elemento integrante del capital de la finca, a juzgar por los bajos y
coincidentes porcentajes. Ello implicaría, correlativamente, la esca-sa
importancia de la división del trabajo, según tendremos ocasión de confirmar
más adelante.18
Por el contrario, las diferenciaciones sí aparecen
con toda ni-tidez en las dos escuelas restantes. En las explotaciones
de 5 a 20 has., los valores más elevados pertenecen a Itá. Por
cierto, el pro-medio del valor de los implementos y maquinarias correspondiente
a este distrito es notablemente superior respecto de los dos prome-dios
restantes (Itá: 33.2, Quiindy: 17.7 y Sta. Rosa: 16.7). A falta de mayores
comprobaciones, en principio este dato estaría indicando un más avanzado
proceso tecnológico, desde el punto de vista del instrumental, para el distrito
señalado (Itá) y, por supuesto, un ma-yor volumen de capital, lo que está
comprobado de acuerdo a los resultados de la encuesta (en efecto para las
explotaciones de 5 a 20 has., los promedios —en miles de Gs.— del capital total19 son los siguientes: Itá: 505.3; Quiindy 318.8
y Sta. Rosa 255.8). Esta carac-terización debería ser conectada con la mayor
significación de los
18 La escasa diferencia a favor de los valores del
distrito de Quiindy, podría tener su explicación en la preponderacia de las
explotaciones de 3 a 5 has.
19 En el capital total están incluidos el capital
fundiario (tierras, mejoras y construcciones), el capital fijo (inventario
ganadero y maquinarias e implementos) y el capital circulante (gastos).
204 .py
cultivos permanentes en las medianas explotaciones
de este distrito, ya que es sabido que en dicha zona (Itá) el cultivo de la
caña, en una buena cantidad de supuestos, suele ir acompañado de la producción
artesanal de la miel, que en sí requiere el empleo de un instrumental
tecnológico relativamente más avanzado que los simples instrumen-tos de
labranza.
Finalmente, una vez más se confirma la superiordad
de los valo-res de las grandes explotaciones en Sta. Rosa. Ello es una
consecuen-cia lógica, no sólo de la mayor extensión territorial de tales
unidades productivas, sino más precisamente del más alto promedio de has.
cultivadas y de los cultivos de renta (específicamente del algodón, soja y
trigo), que sí requieren el empleo de un instrumental técnicamente más
avanzado.
b)
El coqueré (tierra en descanso)
En la economía agrícola paraguaya, el expediente de
la tierra en des-canso o coqueré suele constituir uno de los
indicadores más acabados del bajo nivel técnico en los sistemas culturales, por
cuanto que al no utilizarse en la debida medida los correspondientes productos
quími-cos (fertilizantes), destinados a alimentar la productividad de la
tierra, la alternativa tradicionalmente escogida suele consistir en hacer
des-cansar la tierra para que la naturaleza le devuelva la fertilidad perdi-da,
toda vez que los pequeños y medianos agricultores se encuentren atenazados por
la escasez de capital y los grandes se hallen con la ventaja de contar con
grandes extensiones de tierra o bien con la falta de dinámica de los mercados.
Son comprensibles los datos acerca de las pequeñas
explotaciones, en tanto no demuestren ninguna diferenciación regional digna
de ser tenida en cuenta. Tanto en los promedios como en los porcentajes, las
cifras guardan entre sí valores muy semejantes.
Por el contrario, nuevamente en las
explotaciones de 5 a 20 has. es donde aparecen las divergencias.
Concretamente, es el distrito de Itá el que contiene el promedio y el
porcentaje más bajo. Respecto del promedio, empero, la diferencia no parece ser
apreciable, pues la misma, entre otros factores, podría deberse a los niveles
de dis-persión. Ahora bien, con relación al porcentaje, si la relación
compa-rativa tiene razón de ser, considerando que el porcentaje de Quiindy
(59%) es superior en el doble al de Itá (29%), con lo cual esta más intensiva
utilización del recurso tierra estaría correlacionada con el mayor avance
tecnológico de las medianas explotaciones en este úl-timo distrito.
.py 205
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
IX
Distribución
del coqueré por Distrito
|
Distritos |
|
|
|
– 5 Has. |
|
|
|
5 – 20 Has. |
|
|
|
+ 20 Has. |
|
Relación |
|
|
* |
%** |
|
|
|
% |
|
|
|
% |
|
X |
X |
X |
||||||||||
|
Itá |
1.14 |
12 |
1.89 |
28 |
4. |
|
67 |
|||||
|
Quiindy |
1.20 |
8 |
2.31 |
59 |
14.50 |
75 |
||||||
|
S. Rosa |
1.50 |
12 |
2.50 |
41 |
49.42 |
80 |
||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
* Los promedios fueron hallados sobre el
número real de explotaciones y no sobre la población de cada estrato.
**Los porcentajes fueron hallados dividiendo el
número real de explotaciones con coqueré, por la población de cada estrato.
Aún considerando las limitaciones ya apuntadas,20 para las explota-ciones de
20 has. y más el promedio y el porcentaje superiores corres-ponden al distrito
de Sta. Rosa, característica que tendría una base evidente en la realidad y que
vendría a confirmar el planteamiento an-terior, en orden a situar las mayores
cantidades de tierra en descanso dentro de las grandes unidades productivas,
signo de que éstas aún no han alcanzado su máximo desarrollo como explotaciones
inmersas en una economía de mercado.
c)
Utilización de fertilizantes y plaguicidas
La utilización de fertilizantes y plaguicidas debe
ser estudiada aten-diendo a las características planteadas
precedentemente, no sola-mente a fin de definir los rasgos singulares que en
cada una de las regiones puedan existir, sino, igualmente, para corroborar que
los criterios del análisis comparativo seleccionados, realmente poseen
capacidad explicativa.
Cuadro
X
Utilización
de fertilizantes y plaguicidas (Porcentajes)
|
Distritos |
|
– 5 Has. |
|
|
5 – 20 Has. |
|
|
+ 20 Has. |
|
|||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Relación |
Fer. |
|
|
Pla. |
Fer. |
|
|
Pla. |
Fer |
|
|
Pla. |
|
|
Sí |
No |
Sí |
No |
Sí |
No |
Sí |
No |
Sí |
No |
Sí |
No |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Itá |
14 |
86 |
11 |
89 |
21 |
79 |
45 |
55 |
33 |
67 |
67 |
33 |
|
Quiindy |
5 |
95 |
32 |
68 |
9 |
91 |
41 |
59 |
50 |
50 |
100 |
— |
|
Sta. Rosa |
5 |
95 |
40 |
60 |
14 |
86 |
86 |
14 |
77 |
23 |
92 |
8 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Fer.
= Fertilizantes
Pla.
= Plaguicidas
20
El número reducido de explotaciones encuestadas.
206 .py
En lo atinente al empleo de fertilizantes en
las pequeñas explotacio-nes, los porcentajes de Quiindy y de Sta.
Rosa coinciden plenamente (5%). En cambio, en el distrito de Itá se
puede apreciar una mayor tendencia a la utilización del insumo en cuestión
(14%). En términos globales, los datos carecen de significación cuantitativa y
cualitativa. Prácticamente el mismo planteamiento ha de realizarse para
las ex-plotaciones de 5 a 20 has.; puntualizando que la “tendencia”
observa-da en el distrito de Itá sigue manteniéndose. Por fin, 10 de las 13
ex-plotaciones de 20 has. y más encuestadas en Sta. Rosa (77%) utilizan
fertilizante, lo que tal vez daría razón para pensar que son de nuevo las
grandes explotaciones las que estarían asimilando los sistemas culturales más
modernos.
Por su parte, la interpretación de la utilización
de plaguicidas, lógicamente, puede establecerse sobre bases más
seguras. Es evidente que el empleo de esta clase de insumo está en relación con
ciertos tipos de cultivos; concretamente con el tabaco, el algodón, la soja y
el trigo. Por consiguiente, la mayor utilización de plaguicidas ha de tener
lugar en aquellas zonas donde los mencionados cultivos estén más extendidos. Ya
se sabe que los cultivos de tabaco en Quiindy, del algodón, de la soja y del
trigo en Sta. Rosa,21 adquieren
niveles de pre-ponderancia en la perspectiva de las diferenciaciones
regionales, de tal manera que los mayores porcentajes en favor de los
mencionados distritos tienen por base tales características.
4.2.
Mano de obra
Toda vez que el objetivo fundamental de estas notas
consiste en defi-nir las características básicas de las explotaciones
agrícolas, el factor mano de obra, necesariamente, desde el punto de vista
teórico, debe ser considerado como un elemento sustancial.
Hacemos la aclaración que en esta parte del
trabajo, el análisis únicamente será encarado en términos globales, buscando
precisar el peso de la mano de obra familiar y su complementación con la mano
de obra asalariada al interior de las unidades productivas.
21 En referencia al promedio de has. sembradas por
cultivos en explotaciones de 5 a 20 has., tenemos la siguiente relación.
|
Cultivos |
Sta. Rosa |
Quiindy |
Itá |
|
Tabaco |
0.02 |
0.11 |
0.01 |
|
Algodón |
1.58 |
0.86 |
0.52 |
|
Soja |
0.18 |
0.00 |
0.00 |
.py 207
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
XI
Utilización
de mano de obra asalariada
|
Distritos |
|
|
|
– 5 Has. |
|
|
5 – 20 Has. |
|
|
|
+ 20 Has. |
|
|
Relación |
|
|
* |
%** |
|
|
|
% |
|
|
|
% |
|
X |
X |
X |
||||||||||
|
Itá |
7.894 |
44 |
13.629 |
75 |
90.000 |
33 |
||||||
|
Quiindy |
12.897 |
51 |
7.300 |
82 |
15.575 |
100 |
||||||
|
S. Rosa |
12.690 |
20 |
26.400 |
62 |
70.151 |
100 |
||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
(a) El promedio ha sido calculado al interior del
número de explotaciones que realmente han utilizado mano de obra asalariada.
(b) Porcentaje de explotaciones obtenido sobre el total
de cada estrato.
Las pequeñas explotaciones (– 5
has.) del distrito de Sta. Rosa son las que poseen el más alto porcentaje, lo
cual estaría indicando, co-rrelativamente, la mayor importancia del trabajo
familiar.22 Compa-rativamente,
con la excepción relativa de Quiindy, la preeminencia de la mano de obra
familiar constituye una de las características distintivas de esta categoría de
explotaciones. En otro sentido, la validez del promedio es relativa, pues se ha
podido constatar que en Itá, 4 de las 25 explotaciones que han incurrido en la
contratación de mano de obra extra-familiar representa el 67% del gasto total;
igualmente, 2 explotaciones en Sta. Rosa han gastado el 83% so-bre el total, y
en Quiindy el gasto de una sola explotación asciende al 56% del gasto total, siendo
ese último supuesto el ejemplo más claramente demostrativo de los considerables
niveles de dispersión. En definitiva, en la óptica del análisis socioeconómico,
habría que enfatizar que generalmente los márgenes del gasto en mano de obra al
interior de las pequeñas unidades productivas, son bastante re-ducidas y que,
si se da el caso de promedios relativamente altos — Quiindy y Sta. Rosa—, ello
se debe al hecho de que muy pocas fincas concentran los mayores porcentajes de
gastos. Esta particularidad es la que justamente puede constatarse en el
mencionado caso de Quiindy. Tales fenómenos son consecuencia de situaciones en
las que operan dichas explotaciones, que por más reducidas que sean en sus
perímetros superficiales, realizan actividades económicas que requieren la
utilización considerable de mano de obra, normal-mente por encima de la
disponibilidad de la mano de obra familiar, como por ejemplo ocurre en el
procesamiento artesanal de la miel de caña de azúcar.
22 Este rasgo tal vez tenga relación con el
fenómeno migratorio, cuyos mayores contingentes pertenecen a los sectores
minufundistas del país.
208 .py
La importancia de la mano de obra extra-familiar
aumenta cuan-do se trata de explotaciones que están comprendidas
entre 5 y 20 has., al menos así lo demuestran las cifras obtenidas a través
de la encuesta (porcentaje de explotaciones con mano de obra asalariada; Itá:
75%, Quiindy: 82% y Sta. Rosa: 62%). Respecto de los gastos promedio, el valor
más bajo corresponde a Quiindy (Quiindy: 7.300; Itá: 13.629 y Sta. Rosa:
26.400, en miles de Gs.). Igualmente en este agrupamiento aparecen
concentraciones en torno de unas pocas explotaciones; así, en Quiindy —de un
número de 18 explotaciones— poseen un gasto equivalente al 38% sobre el total, en
Itá 5 —de 24 explotaciones— acreditan el 66% y en Sta. Rosa 4 —de 21
explotaciones— el 58%. En definitiva, estamos en presencia del mismo síndrome
observado en las pequeñas explotaciones.
Finalmente, dadas todas las limitaciones ya
conocidas, serían comprensibles los datos correspondientes a las explotaciones
de más de 20 has. El planteamiento pertinente debería
consistir en que a ma-yor extensión superficial (y, obviamente, a mayor
cantidad de has. cultivadas y de explotación de cultivos de renta) mayores son
los por-centajes de utilización de la mano de obra extra-familiar y mayores son
los gastos promedio respectivos. A manera de insinuación, se-ría interesante
contrastar los datos colacionados con los pagos por jornadas —o cualesquiera
otras unidades de medida— de la mano de obra. Aparte de los condicionamientos
diferenciales debidos a los tipos de actividades agrícolas, ¿los promedios más
bajos23 apreciados
en Quiindy, en cierta medida, no estarían relacionados con una mano de obra más
barata?
5.
La génesis del ingreso extrapredial
Una vez que todo el análisis anterior estuvo
abocado al estudio de los factores y/o variables integrantes de la matriz
generadora del ingreso predial, a continuación habremos de orientar nuestro
estudio hacia la investigación de los factores y/o variables conformadores de
la génesis —matriz generadora— del ingreso extrapredial.
En concepto, encararemos la caracterización del
trabajo extra-predial del agricultor, actor responsable de las gestiones en el
seno de la unidad productiva, siempre buscando desentrañar las
diferencia-ciones por tamaño de explotaciones y por regiones.
El ingreso extra-predial, y su matriz generadora,
el trabajo ex-tra-predial del gestor responsable de la explotación agrícola —el
jefe de familia— y de los demás miembros de la familia, adquiere un
23 Si los casos para el último estrato son pocos
(en total 4), éstos sí aumentan para el segundo (22 en total), de manera que la
pregunta es aún más oportuna.
.py 209
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
carácter explicativo de primera magnitud en el
estudio de las dife-renciaciones regionales. Es evidente que el grado de mayor
o menor autosuficiencia de la producción de la finca, como fuente del ingre-so,
nos estará demostrando no sólo la capacidad económica de la pequeña
explotación, sino asimismo todo el complejo de relaciones socio-económicas, en
las cuales están inmersos una buena parte de los campesinos paraguayos.
Dentro de las pequeñas explotaciones (menores de 5
has.), lla-ma la atención el altísimo porcentaje del ingreso extrapredial en el
distrito de Itá (Itá: 51%, Quiindy: 24% y Sta. Rosa: 40%); la misma relación se
aprecia en cuanto al promedio; si bien respecto al ingreso extrapredial del
jefe de familia, la cifra más alta corresponde a Sta. Rosa (Sta Rosa: 30.7,
Quiindi: 13.9 e Itá 24.9). Ahora bien, un estudio más cualitativo podrá
estructurarse atendiendo a la cantidad real de agricultores que han trabajado
fuera de la finca y al tipo de actividades económicas ejecutadas.
No todos los jefes de familia pertenecientes al
estrato más bajo han realizado trabajos extraprediales,24 siendo Sta. Rosa el que, en tal sentido,
presenta el porcentaje más elevado (Sta. Rosa: 66%, Itá: 60% y Quiindy: 44%).
Independientemente de los rasgos peculiares de cada región, la medida en que
los pequeños agricultores deben recurrir a trabajos extraprediales adquiere una
significación de pri-mera magnitud, pues demuestra con claridad meridiana los
bajísi-mos montos de ingreso obtenidos de la producción proveniente del predio,
prohibitivo, no sólo para la propia capitalización sino in-clusive para el
propio sustento familiar. Conocemos que el dilema primordial del pequeño
campesino es este último problema. Pues bien, teniendo en cuenta que su posición
en la estructura social está definida por el complejo de relaciones sociales,
determinado por la dinámica conjunta de una economía natural y de otra
inscripta en los mecanismos de mercado, precisamente tiene que recurrir a esta
última a fin de acceder a los bienes necesarios para la manutención familiar,
en la proporción que la producción de su finca no cubra todas las necesidades
vitales. En consecuencia, el trabajo extrapre-dial consiste en la alternativa
que posibilitará la consecución de un ingreso que fundamentalmente habrá de
destinarse a la obtención de los bienes básicos.
24 Es probable que una buena parte de los jefes de
familia que no han recurrido al trabajo extrapredial sean mujeres o personas de
ambos sexos de avanzada edad.
210 .py
Cuadro
XII
Ingreso
Extrapredial. Promedio / Miles de Gs.
|
Tipos de |
– 5 Has. |
|
|
5 – 20 Has. |
|
+ 20 Has. |
|
|
|
Ingreso |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
Quiindy S. Rosa |
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
|
|
|
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
% |
|
|
|
% |
|||||||||||||||
|
|
|
X |
X |
X |
X |
X |
X |
X |
X |
X |
||||||||||||||||||||||||||
|
Familia |
24.9 |
32.7 |
13.9 |
18.8 |
30.7 |
34.7 |
11.5 |
8.9 |
2.7 |
2.3 |
6.6 |
5.6 |
95.3 |
20.1 |
54.0 |
15.6 |
99.4 |
9.7 |
||||||||||||||||||
|
Familia |
14.1 |
18.4 |
3.8 |
5.1 |
5.2 |
5.8 |
15.3 |
11.8 |
4.3 |
3.6 |
0.7 |
0.6 |
0.0 |
0.0 |
10.0 |
5.2 |
6.8 |
0.7 |
||||||||||||||||||
|
TOTAL |
39.0 |
51.1 |
17.7 |
23.9 |
35.9 |
40.5 |
26.8 |
20.7 |
7.0 |
5.9 |
7.3 |
6.2 |
95.3 |
20.1 |
72.0 |
20.8 |
106.2 |
10.4 |
||||||||||||||||||
*En miles de guaraníes sobre la población total de
cada estrato.
**Sobre el ingreso neto total.
Cuadro
XIII
Tipos
de trabajos extraprediales (explotaciones menores de 5 has.)
|
Trabajos |
|
Itá |
|
|
Quiindy |
|
|
Sta. Rosa |
|
|
extra-prediales |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Tipos |
No. A* |
% A** |
XS*** |
No. A |
% A |
XS |
No. A |
%A |
XS |
|
Agrícolas |
14 |
41 |
603 |
14 |
50 |
1.281 |
8 |
30 |
784 |
|
Construcción |
1 |
3 |
2.000 |
2 |
7 |
2.100 |
3 |
11 |
1.233 |
|
Estancia |
— |
— |
— |
— |
— |
— |
2 |
17 |
1.200 |
|
Comercio |
4 |
12 |
1.220 |
4 |
14 |
4.298 |
7 |
16 |
2.114 |
|
Artesanía |
9 |
26 |
3.217 |
3 |
11 |
1.250 |
3 |
11 |
1.983 |
|
Otros |
6 |
18 |
1.233 |
5 |
18 |
2.298 |
4 |
15 |
1.028 |
|
Total |
34 |
100 |
|
28 |
100 |
|
27 |
100 |
|
*Nº de agricultores —jefes de familia— que han
tenido trabajo extrapredial.
**Porcentaje sobre número real.
*** Promedio
semanal en miles de guaraníes.
Con relación a las clases de trabajos
extraprediales, el más impor-tante, lógicamente, es el trabajo
agrícola (Itá: 41%, Quiindy: 50% y Sta. Rosa: 30%). Generalmente, se
trata de trabajos temporales, que tienen relación con determinadas actividades
de la producción agrícola —cosecha fundamentalmente—, toda vez que los mismos
tienen que ser compaginados con el trabajo dentro de la propia fin-ca. En este
punto las peculiaridades regionales no son relevantes. Estas aparecen cerca de
otras clases de trabajo, en conexión a las características propias de cada
zona. Así, la tendencia favorable a Itá en la artesanía (Itá:
26%, Quiindy y Sta. Rosa: 11%) se debería a
.py 211
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
la mayor importancia de este sector de la economía
en esta región; rasgo que tiene su razón de ser en todo el proceso histórico de
la economía paraguaya. En cambio, a pesar de la poca significación cuantitativa
de los datos, el único distrito donde aparece el trabajo en
estancia es Sta. Rosa, lo cual es comprensible teniendo en cuenta que
éste está enclavado en una de las zonas más predominantemen-te ganaderas del
país.
Respecto al ingreso promedio semanal en trabajo
agrícola, ha-bría que aclarar que el mayor promedio en Quiindy realmente no es
debido a una particularidad de la economía agrícola local, pues se ha
comprobado que 4 de los 14 agricultores que han respondido haber realizado
trabajos agrícolas extraprediales fueron a la Argentina (pro-vincias
limítrofes) a trabajar en faenas agrícolas (especialmente, re-colección de
algodón) obteniendo un ingreso promedio de 2.860 Gs., notablemente superior al
promedio paraguayo.
Finalmente, los datos de la encuesta estarían
reflejando las alternativas reales ante las cuales se halla el pequeño
campesino. Aparte del trabajo asalariado agrícola, son pocos los que
desempe-ñan otras actividades extraprediales y, si lo hacen, será en escala muy
reducida: pequeño comercio o artesanía a domicilio, activida-des que no dejan
de consistir en estrategias de supervivencia. Por eso es que estos
distritos, como otros de similares características, representan zonas de
expulsión migratoria. Por otra parte, el hecho de que en los distritos de Itá y
Sta. Rosa, en cuanto a lo atinente a la distribución de la tierra, se percibe
una más pronunciada concen-tración en los más reducidos perímetros de
superficie por parte de las pequeñas explotaciones, en comparación al distrito
de Quiindy, ello probablemente esté relacionado con la más amplia gama de
tra-bajos extraprediales, que también se observa en aquellos distritos; pues el
ir cubriendo estos trabajos en períodos de tiempo cada vez más pronunciados en las
actividades laborales del pequeño campe-sino, y/o de los miembros adultos de su
familia, las tareas dentro de la finca se verían disminuidas y, por
consiguiente, la superficie de la misma podría ser disminuida.
En lo que se refiere a las explotaciones de
5 a 20 has, el hecho más destacable es la disminución de los
agricultores —jefes de fami-lia— que recurren al trabajo extrapredial a fin de
aumentar el ingreso proveniente de la finca.
212 .py
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Luis A. Galeano |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Cuadro XIV |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Tipos de trabajos extraprediales
(explotaciones de 5 a 20 has.) |
|
|
|
|||||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Trab. Extrap. |
|
Itá |
|
|
Quiindy |
Sta. Rosa |
|
|
|
||||||
|
Tipos |
No. A |
|
|
|
|
|
|
No. A |
|
|
|
No. A |
|
|
|
|
|
XS XS* |
|
XS |
|
XS |
||||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|||||||||
|
Agrícolas |
2 |
1.150 |
|
2 |
540 |
4 |
767 |
||||||||
|
Construcción |
— |
|
|
— |
|
— |
|
— |
— |
|
— |
||||
|
Estancia |
— |
|
|
— |
|
— |
|
— |
— |
|
— |
||||
|
Comercio |
2 |
2.500 |
|
2 |
2.000 |
2 |
1.100 |
||||||||
|
Artesanía |
3 |
2.250 |
|
1 |
750 |
2 |
2.500 |
||||||||
|
Otros |
3 |
1.000 |
|
— |
|
— |
3 |
1.028 |
|||||||
|
Total |
10 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
11 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
*
Promedio ingreso semanal.
En verdad, al interior del estrato los porcentajes
totales de agri-cultores con trabajos extraprediales son inferiores a los
regis-trados en el estrato más pequeño (Itá: 31%, Quiindy: 23% y Sta. Rosa:
32%). Se deja constancia de que los supuestos del trabajo extrapredial agrícola
corresponden a agricultores que detentan las más reducidas extensiones de
tierra dentro del estrato que es-tamos analizando; pues de los 8 uno sólo
ostenta 8 has., los demás poseen cerca de las 5 has. Tal circunstancia viene a confirmar
que a este tipo de trabajos extraprediales se dedican, naturalmente, los
pequeños agricultores.25
En las explotaciones de más de 20 has.,
a pesar de la limitación muestral varias veces señalada, también tienen lugar
casos de traba-jos extraprediales. En este estrato, las actividades obviamente
o son comerciales (2 casos en Itá y 1 caso en Sta. Rosa) o son artesanales (3
casos en Quiindy). Como corolario, cabría plantear una pregunta: ¿estamos en
presencia de una tendencia con asidero en la realidad? De todas maneras, estas
constataciones nos demuestran que, en oca-siones, inclusive en el agrupamiento
de los grandes agricultores se dan situaciones de posiciones ocupacionales
combinadas.26
25 En otro orden de cosas, esto hace pensar que el
agrupamiento de las explotaciones por estratos, siempre guardan márgenes de
arbitrariedad, que tal vez pueden ser obviados situando los límites donde las
diferenciaciones estructurales parecen más evidentes.
26 Este tiene un ingreso promedio semanal de 30.800
Gs.
.py 213
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
6.
Créditos
Antes de abordar el ingreso —su distribución—
propiamente dicho, un aspecto insoslayable en la caracterización de las
explotaciones agrícolas consiste en individualizar los tipos de créditos y
definir el impacto de los mismos en la disponibilidad de capitales.
Fijándonos en los tipos de créditos más
importantes, se vendrían a confirmar dos hechos expecíficos al desenvolvimiento
de las peque-ñas y medianas explotaciones agrícolas, esto es la primacía del
crédito comercial en las pequeñas y medianas unidades productivas y,
corre-lativamente, la débil —de hecho nula para escala inferior— presencia del
crédito bancario en las mismas. Se sabe que estas situaciones se deben a la
propia orientación de la política económica de los bancos, los que en efecto
siempre han prestado apoyo financiero a las grandes explotaciones, aquellas que
tienen un capital de garantía suficiente (antes que las medianas y/o pequeñas,
a éstas con mayor razón aún). Por el contrario, el capital comercial ha operado
sobre todo con la pequeña y mediana explotación, pues tanto el pequeño y el
mediano agricultor necesitan de productos alimenticios y de subsistencia para
el desempeño familiar y es el comerciante el que les puede ofrecer estas
facilidades; además en zonas rurales los propios comerciantes (almaceneros)
suelen constituirse en acopiadores de productos y, con tal de asegurarse el
negocio, entregan sumas monetarias para que los agricultores puedan adquirir
los insumos necesarios, como adelantos de pago. En efecto, los resultados de la
encuesta son inequívocos en este sentido, pues de los 33 agricultores que
contestaron haber re-cibido créditos de comerciantes, 27 han señalado que estos
“son los mismos a quienes venden su producción”.
Cuadro
XV
Tipos
de créditos*
|
Créditos |
|
|
– 5 Has. |
|
|
|
|
5 – 20 Has. |
|
|
|
|
+ 20 Has. |
|
|
|||
|
Tipos |
|
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
|
Itá |
Quiindy |
S. Rosa |
Itá |
|
Quiindy |
S. Rosa |
||||||
|
|
Nº |
%(a) |
Nº |
% |
Nº |
% |
Nº |
% |
Nº |
% |
Nº |
% |
Nº |
% |
Nº |
% |
Nº |
% |
|
Comercial |
4 |
7 |
6 |
10 |
4 |
10 |
2 |
6 |
4 |
18 |
12 |
34 |
— |
— |
— |
— — — |
||
|
Bancario |
— |
— |
1 |
2 |
— |
— |
1 |
3 |
— |
— |
5 |
14 |
1 |
33 |
1 |
25 |
7 |
54 |
|
Prestamista |
— |
— |
4 |
6 |
2 |
5 |
— |
— — — — — |
— |
— |
— |
— |
1 |
8 |
||||
|
Familia/amigos |
— |
— |
— |
— |
3 |
7 |
1 |
3 |
1 |
5 |
1 |
3 |
— — — — — — |
|||||
|
Otros |
— |
— |
1 |
2 |
— |
— |
— |
— |
— |
— |
1 |
3 |
— |
— |
— |
— |
2 |
15 |
(a)
Fue obtenido sobre la subpoblación de cada estrato.
*
Este Cuadro fue construido sobre datos del listado. Existen pequeñas
discrepancias con el cuadro resultante del plan de análisis.
214 .py
Cuantitativamente, los datos no expresan una
significación de peso, aun en el supuesto del crédito comercial que, a priori,
podría ser con-siderado como el mecanismo más extendido en la economía agrícola
paraguaya.
Desde el punto de vista comparativo, es el distrito
de Sta. Rosa el que ofrece los más altos porcentajes en los créditos
comerciales y bancarios dentro de las explotaciones de 5 a 20 has. (Sta. Rosa:
34% y 14%, Quiindy: 18% y 0% e Itá: 6% y 4%, repectivamente).27
Finalmente, es evidente que mayoritariamente los
créditos ban-carios han sido concedidos a las explotaciones mayores de 20 has.
Nuevamente es Sta. Rosa el distrito más importante, y lo es por la ya consabida
realidad de que allí se concentran las más grandes propie-dades (el promedio de
los créditos bancarios de las 7 explotaciones agraciadas es de 407.143 Gs.).
7.
La distribución del ingreso
Todo el complejo de características anteriormente
investigadas tiene que ser con el sistema de la distribución del ingreso,
siempre en la perspectiva de apuntar a las particularidades regionales.
Tal cual se había constatado al examinar el sistema
de distribu-ción de la tierra, los más altos porcentajes están situados en los
niveles más bajos del ingreso, sin que, en el fondo, se pueda apreciar
contras-tes claramente perceptibles entre cada uno de los tres distritos. Hasta
los 150.000 Gs. se puede visualizar una ligerísima tendencia a favor de Quiindy
(Quiindy: 86.5%, Itá: 79.4% y Sta. Rosa: 74.5%). No obstante, la misma
desaparece en los intervalos subsiguientes y es Itá el que pasa a primer término,
siempre, claro está, dentro de una apreciación estrictamente tendencial.
Los distritos de Itá y Quiindy ofrecen una
llamativa semejanza atendiendo a todas las escalas de la distribución del
ingreso, indepen-dientemente de las relativas “tendencias” comentadas. Este
hecho no debería inducir a la conclusión de que se trata de dos realidades
so-cioeconómicas indiferenciadas o perfectamente homogéneas entre sí. No vamos
a repetir todo cuanto anteriormente ha sido oportunamen-te planteado. A esta
altura del trabajo, baste recordar que las relacio-nes socioeconómicas
adquieren, en mayor o menor grado, contenidos diferenciales, especialmente a
medida que aumente el tamaño de las
27 En cuanto al promedio, la comparación tiene una
significación bastante relativa, dado el número reducido de casos. Si aún así
aquella se prefiere establecer, tendríamos que Sta. Rosa tiene el más alto
promedio de préstamos comerciales (Sta Rosa: 18.000 Gs., Quiindy: 5.130 Gs. e
Itá: 5.130 Gs.); por el contrario, en créditos bancarios la única explotación
de Itá que ha obtenido préstamos ha recibido 110.000 Gs., siendo esta suma
bastante superior al promedio de Sta. Rosa, que asciende a 59.400 Gs.
.py 215
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
explotaciones. Inclusive en el caso de las muy
pequeñas explotaciones (minifundio) los rasgos regionales deben ser tenidos en
cuenta, como por ejemplo ocurre con los trabajos extraprediales del jefe de
familia y de los miembros de la familia, especialmente en Itá, o bien, en este
mismo distrito y dentro de dichas explotaciones, con los márgenes superiores de
comercialización de los productos tradicionalmente destinados a la
subsistencia. Es decir, si entre las regiones del país —o dentro de los
distritos, para ser más precisos— existen semejanzas en la distribución del
ingreso, se debería a situaciones en que si bien en algunas se dan factores que
son más dinámicos en la generación del ingreso, en otras otros tantos factores
vendrían a compensar esta falta de dinamismo de aquellos.
Cuadro
XVI
Distribución
del Ingreso (porcentaje por distritos)
|
Ingreso neto total |
|
Itá |
|
Quiindy |
|
Sta. Rosa |
|
Intervalos (Mls. Gs.) |
%* |
% |
% |
% |
% |
% |
|
Menos de 50.000 |
30.4 |
30.4 |
30.3 |
30.3 |
25.6 |
25.6 |
|
50.000 a 100.000 |
28.3 |
58.7 |
38.2 |
68.5 |
30.0 |
55.6 |
|
100.000 a 150.000 |
20.7 |
79.4 |
18.0 |
86.5 |
18.9 |
74.5 |
|
150.000 a 250.000 |
13.0 |
92.4 |
9.0 |
95.5 |
13.3 |
87.8 |
|
250.000 a 350.000 |
5.4 |
97.8 |
1.1 |
96.6 |
1.1 |
88.9 |
|
350.000 a 500.000 |
1.1 |
98.9 |
1.1 |
97.7 |
6.7 |
95.6 |
|
500.000 a 750.000 |
1.1 |
— |
2.2 |
99.9 |
1.1 |
96.7 |
|
750.000 a 1.000.000 |
0.0 |
— |
0.0 |
— |
2.2 |
98.9 |
|
1.000.000 y más |
0.0 |
— |
0.0 |
— |
1.1 |
100.0 |
|
|
100.0 |
100.0 |
100.0 |
99.9 |
|
100.0 |
*
De número de explotaciones.
Finalmente, es Sta. Rosa el único distrito de los
tres investigados don-de aparecen explotaciones con ingresos superiores a los
750.000 Gs. Podríamos tal vez llamar la atención que únicamente se trata de
tres explotaciones de las tantas que son superiores a 20 o a 30 has. No
obs-tante, aunque no resulten ser numerosas las explotaciones ubicadas en la
cúspide de la pirámide del ingreso, en atención a la disponibili-dad del
recurso de la tierra, se trata de los únicos supuestos en los que el mismo
posee niveles realmente elevados.
216 .py
8.
Consideraciones finales
Si estas notas han sido pensadas como un intento
hacia la interpreta-ción sociológica de las características regionales de las
explotaciones agrícolas en el Paraguay, hemos procurado ser fieles a este
propósito básico. Es decir, somos conscientes de que nuestra empresa ha sido un
intento “a medias”.
Emprender una explicación sociológica de las
explotaciones agrí-colas, como una realidad omnicomprensiva, hubiera requerido
re-currir a categorías teóricas perfectamente delineadas y a numerosas fuentes
socio-históricas que en el caso paraguayo están pendientes de ser construidas o
elaboradas. Por todo ello, hemos preferido limi-tarnos a una caracterización
más o menos exhaustiva de los factores estructurales de estas unidades
productivas y a un esbozo de las rela-ciones sociales en juego.
No obstante, a manera de recuento, quisiéramos
apuntar algunas cuestiones sustantivas. Una primera consiste en la evaluación
crítica que cabría hacer de la encuesta como técnica de obtención de datos de
la problemática rural. En el Paraguay, los datos disponibles so-bre el sector
rural se reducen, de hecho, a los dos censos agrícolas (1943 y 1956) levantados
hasta ahora —los muestreos de 1961 y 1970 tienen escasa cobertura. Por
consiguiente, la encuesta por muestreo puede transformarse en un instrumento
metodológico que permita la actualización y la complementación de aquellos
datos. Creemos que la encuesta que hemos analizado, a pesar de sus
deficiencias, ha cum-plido con esta finalidad y ha permitido constatar las
tendencias socio-históricas de la realidad campesina.
Otra cuestión tiene que ver con el complejo de
relaciones sociales en que operan los minifundistas. Esta ha sido la dimensión
del objeto de estudio respecto de la cual se ha intentado estructurar con
trazos más nítidos una posible explicación sociológica, pues los datos de la
encuesta nos han posibilitado inferir una más acabada comprensión de la
situación socio-económica del pequeño campesino.
Finalmente, el supuesto metodológico de considerar
el ingreso como una variable generada por los factores estructurales ha dado
los resultados esperados. A pesar de las diferenciaciones regionales a nivel de
la matriz generadora del ingreso predial y del extra predial, las
distribuciones regionales del ingreso se corresponden, en términos muy
apreciables, a la distribución de la tierra.
Documentación
paraguaya
HISTORIA.
93
CARDOZO,
Efraím. Raíces Católicas de la Revolución. Villarrica: Rev.
Yvytyrusu. II (1963) mayo/junio. Nº 5, p. 5-9.
.py 217
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
La
gesta de la Independencia nacional. Sus causas. Las doctrinas imperantes en el
siglo XIX. La rebelión de las colonias ante el poder español.
CPDS-07894-73
kostianovsky,
Olinda M. De. Figuras Ilustres de la Colonia. Asunción: ABC. 28 de
mayo (1972). p. 2.
Sobre
las figuras de políticos, clérigos y otras personalidades de la historia y la
cultura paraguaya en el período colonial.
CPDS-07098-7
PEREZ
ACOSTA, Juan F. Francia y Bonpland. Buenos Aires: Fac. de Filosofía
y Letras. 1942. 68 p. (Colec. I. Ramírez).
Bonpland,
naturalista francés que fuera recluido por el Dr. J. G. Rodríguez de Francia en
un lugar del campo paraguayo, y el mismo Dr. Francia, sirven en este trabajo
para un análisis sobre el motivo del encierro y la política del Dr. Francia.
CPDS-08295-73
PRIETO,
Juan. Causas de la Emancipación Paraguaya. Villarrica: Revista
Yvytyrusu. I (1961), Nº 1. p. 3-12.
Las
causas de la emancipación paraguaya. 1) Las ideas de libertad enseñadas por la
iglesia católica y comunes en España y América. 2) Paraguay tierra levantisca.
3) Desigualdad política entre españoles y criollos. 4) Injusticia económica. 6)
Prisión de Fernando VII. 7) Expedición de Belgrado al Paraguay
CPDS-07885-73
El
Proceso de la Independencia Nacional. Rev. Guarania 3 (1936) Nº 31, p. 8-28
Documento
en el cual se refiere al proceso de la independencia nacional publicado en “El
Paraguayo Independiente”, primer periódico paraguayo que fuera creado y
dirigido por Carlos A. López. Las causas del proceso revolucionario de mayo,
son tanto económicas como políticas.
CPDS-050070-71
VELILLA,
Benjamín. La Fundación de Villeta. Villarrica, 3 (1964) Nº 9,
p. 13-14
Villarrica
del Espíritu Santo, fundada por Ruy Días de Melgarejo, representa en la
historia paraguaya el jalón oriental
218 .py
de
la primera provincia hispana en el Paraguay. Datos para el estudio de la
fundación de Villarrica.
CPDS-07902-73
INDIGENISMO
(=1-81)
BILBAO ZUBIZARRETA, J. Antonio. Incorporación
del Indígena a la Civilización Cristiana. Villarrica: Revista
Yvytyrusu. I (1962) Marzo. Nº 3, p. 4-8.
Documento
sobre los misioneros católicos en la conquista de América. “El trabajo de
España en América, no fue solamente tarea de conquista sino sobre todo de
civilización, la manera de llevar a cabo la incorporación del indígena a la
cultura Cristiana”.
CPDS-07889-73
CADOGAN
León. Kotyú Manorngua (de Antología de la poesía guaraní. Inédito)
Villarrica: Revista Yvytyrusu. I (1961) Nº 1, octubre, p. 16-22.
Breve
introducción sobre la recopilación de mitos, leyendas y tradiciones de los
jeguakáva tenondé o Mbya guaraní del Guairá. La traducción de los textos y una
aclaración sobre los motivos que impulsaron al autor a presentar esta muestra
de la poesía de los Chiripá o Avaguarní. Los Guaú, Mainó guaú, Canto del
colibrí, Jaguareté guarú, Kotyú, Yua.
CPDS-07886-73
CADOGAN,
León. Algunas Consideraciones sobre Lexicología Guaraní. Villarrica: Revista
Yvytyrusu I (1962). Nº 3, marzo, p. 11-14.
Ponencia
elevada al Congreso de Americanistas. Hace referencia a los guaraníes
expulsados de la Compañía de Jesús. El
autor
hace una defensa de la cultura guaraní y analiza una interpretación de la
palabra Tupá. Además de otras palabras que constituyen problemas lingüísticos
para su traducción.
CPDS-07888-79
CADOGAN,
León. El árbol que habla. Munich (Alemania) Humbolt. 13 (1972)
Nº 49, p. 78-79.
El
autor, estudioso de la cultura espiritual guaraní principalmente de las tribus
Myas y Chiripás. Se refiere en este artículo a las creencias de los Mbyas hacia
los árboles sagrados.
.py 219
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
En
el estudio encontramos citas de otros investigadores y también de informantes
nativos sobre estas creencias religiosas.
CPDS-08035-73
COMITÉ
EJECUTIVO DE LOS ESTABLECIMIENTOS INDÍGENAS,
Informe
sobre los Establecimientos Agrícolas de los Indígenas en el Área de las
Colonias Mennonitas. Chaco
Central (Paraguay) C.E.E.I. 1973. 42 p.
Informe
sobre aspectos sociales, demográficos, consideraciones antropolígocas de los
establecimientos agrícolas de indígenas en el área de las colonias Mennonitas
en el Chaco Central. Además, datos sobre la agricultura, ganadería,
cooperativismo y el programa médico-sanitario. Completando el informe, se citan
la labor educativa, una reseña histórica, el funcionamiento de las escuelas
indígenas, con su preparación de docentes y el material didáctico.
CPDS-08317-74
CHASE
SARDI, Miguel. Ergon Schaden y la cultura Guaraní.
Asunción:
Comunidad. X (1965) Nº 372.
Un
análisis de la obra de Egon Schaden —estudioso de la cultura guaraní—,
principalmente sobre estos tópicos: los momentos fundamentales de la
aculturación guaraní; esbozo etnopsicológico de la formación de la personalidad
a través de la infancia, etc.
CPDS-07713-73
220 .py
Grazziela
Corvalán
EL
BILINGÜISMO EN EL PARAGUAY
Características
y evolución*
I.
INTRODUCCIÓN
Las páginas que siguen tienen como objetivo
principal presentar un panorama general del papel e implicancias que el
bilingüismo presen-ta en el Paraguay. No es nuestro propósito tratar de ofrecer
un estudio analítico y mucho menos cuantitativo de lo que se ha hecho o dejado
de hacer en el campo de la sociolingüística con respecto a la realidad
lingüística paraguaya, sino tratar de recoger en esta corta versión las ideas
más significativas que hasta el presente existen sobre el fenóme-no bilingüe en
el Paraguay y que se encuentran dispersas en diferentes publicaciones dentro y
fuera del país.
En este punto, creemos necesario indicar que existe
en el país una precaria información sobre los muchos aspectos que el
bilingüismo presenta y los efectos que el mismo posee en las diferentes
dimensio-nes de la vida nacional. Con respecto a la información cuantitativa,
sólo se cuenta con los Censos Nacionales de Población y Vivienda de 1950 y
1962. Lamentablemente el único Censo de 1972 no ofrece nin-gún tipo de
información sobre la población bilingüe o monolingüe en el país, lo que
obviamente además de imposibilidad para algún
* Grazziella Corvalán 1976 “El bilingüismo en
Paraguay”, en Revista Paraguaya de Sociología (Asunción:
Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos), Año 13, N° 37, set-dic,
pp. 7-36.
221
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
tipo de análisis comparativo, no nos da indicios ni
de la extensión del fenómeno bilingüe ni de sus características
sociodemográficas de la población bilingüe y monolingüe guaraní en el presente.
II.
Referencias teóricas
Es casi interminable lo que se ha escrito y aún se
viene escribiendo acerca del lenguaje y de sus símbolos, de lo que unos
entienden por tal o cual teoría lingüística; de las funciones y del papel que
el lenguaje desempeña en una comunidad dada; de la adquisición y la
transmi-sión; del comportamiento grupal y la comunicación, etc., por
consi-guiente —y más que nada por los objetivos que este trabajo encie-rra— nos
limitaremos a circunscribirnos al tema central del mismo, es decir al fenómeno
del bilingüismo y a las condiciones societales en que dicho fenómeno comúnmente
se desarrolla.
En cualquier tipo de disciplina en la que se desee
emprender un intento semejante, es evidente que el primer paso para una
definición clara, y en lo posible exacta del alcance y área de estudio,
consiste en la precisión de la explicación de los conceptos sobre los cuales se
de-sarrollará este trabajo.
Así, se hará una breve referencia al concepto de
bilingüismo en general, para luego considerar los lineamientos teóricos —hasta
el presente bastante controvertidos— que han surgido con respecto al proceso
bilingüe paraguayo. Nos referimos más específicamente a la validez teórica que
se le asigna al darle la denominación de lengua al “jopará” en el Paraguay que,
como lo veremos más adelante, es el uso indistinto del guaraní y el español.
Nelson Brooks afirma que el bilingüismo implica la
presencia en el mismo sistema nervioso de dos modelos de conducta verbal
para-lelos pero distintos. Estos incluyen no sólo los elementos manifiestos del
vocabulario, estructura y fonología, sino las predisposiciones in-ternas que
guían la selección de los elementos del discurso y separan el grupo de
conceptos a los que se refiere el significado. Si cuando en la conversación en
una segunda lengua, la conducta verbal del ha-blante —la interna y la externa—
se caracteriza por la adherencia a los conceptos y a los modelos de la segunda
lengua más que a los de la lengua madre, podemos llamar —por lo menos con
respecto a esta área cultural, lingüística y semántica— bilingüe.1 A esta definición es conveniente agregar,
además, que consideramos bilingüe a todos aquellos individuos que usan
indistintamente y sin esfuerzo alguno cualquiera de las dos lenguas, aunque la
situación social en la que se
1 Brooks, Nelson 1960 Language and Language
Learning, pp. 42-43 (Nueva York: Harcourt, Brace and World).
222 .py
desenvuelva el discurso sea diferente. En otras
palabras, es el paso fluido de una lengua a otra dependiendo tan sólo de los
requerimien-tos de las normas de uso lingüístico.
La interpretación que recientemente ha surgido en
lo que llaman la lingüística socialmente constituida, que identifican y agrupan
para servirlos,2 es
la que más se adecua a los lineamientos que se esbozan con respecto al
bilingüismo en el Paraguay y por ende nuestra de-finición de bilingüismo
enfatizará más la noción de capacidad para comunicarse, que la capacidad
lingüística del individuo. Como bien lo explica Deli Hymes, “una lingüística
socialmente constituida (socia-lly constituted linguistics) comparte las
consideraciones prácticas de otras orientaciones: comparte la
preocupación de la realidad y validez social”.3
En otras palabras, definimos al fenómeno del
bilingüismo como la capacidad de comunicarse —en una situación social
específica y con un actor o actores específicos— en una u otra lengua sin
considerar el nivel de competencia lingüística que los actores posean,
entendiendo como tal el nivel de conocimiento y uso de una lengua necesarios
para la comunicación social.
III.
Lenguas nacionales e internacionales
Entre los factores que contribuyen a la amplia
extensión del bilingüis-mo en el mundo se pueden citar los siguientes: la
existencia de un nú-mero mayor de lenguas que de Estados; la existencia de
importantes flujos migratorios de población y considerables medios de difusión;
y por último la contribución de las lenguas internacionales en cubrir las
necesidades de tipo sociocultural que en la mayoría de los casos no pueden ser
cubiertos por las lenguas autóctonas.
Tomando como punto de partida el período histórico
—hasta cierto punto corto— desde la Revolución Francesa, encontramos que se han
dado dos situaciones contrapuestas en lo que al desarrollo lin-güístico se
refiere. Una corresponde a aquella en que para cada uni-dad política ha sido
parte vital de su política nacional sentar las bases para el cultivo y
reforzamiento de su lengua nacional.4 A medida que emergían las nuevas naciones en
los siglos XIX y XX, se daba un es-fuerzo constante de mantener su idioma propio
a través de los conflic-tos ocasionados por las guerras de posesión o
colonización, como el
2 Hymes, Deli 1972 “The scope of sociolinguistics” en
ITEMS, Social Science Research Council, Vol. 26, p. 15.
3 Hymes, Deli, op. cit., p. 15.
4 Haugen, Einar “National and International
Languages” en Linguistics, Ed. Archibald A. Hill, Voice of America
Forum Lectures, julio de 1969, p. 126.
.py 223
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
caso del restablecimiento del griego después de la
liberación turca o el resurgimiento del noruego cuando la independencia de este
país de Dinamarca y Suecia.
La situación opuesta se dio con el establecimiento
del hebreo moderno en Israel o la creación de una forma especial de malayo en
Indonesia. Las minorías, aun en países largamente establecidos, re-chazan
aceptar la lengua de la mayoría y se rebelan en contra de los criterios de
inferioridad otorgados al habla local y que en el pasado los ha reducido a un
papel secundario y hasta los ha excluido del mercado ocupacional.5
En cada una de estas situaciones, una lengua se ha
convertido en parte del esfuerzo de una identidad nacional, lo que prueba que
todo el proceso va mucho más allá de ser un problema meramente prácti-co. Es
indudable que a pesar de que sea útil para los gobernantes el contar con una
sola lengua, estos deben considerar los aspectos emo-tivos y actitudinales de
la gente que usa su lengua. Este es epecialmen-te el caso de aquellas lenguas
que han sobrevivido y que han creado valores culturales para ellos y para
otros, debido a la firme devoción de sus defensores.
Para una descripción de la situación
sociolingüística en el Para-guay, trataremos de cubrir los varios ángulos que
conforman toda rea-lidad de esa índole. Así, desde el ángulo puramente
lingüístico, nos interesará saber qué tipos de lenguas existen en un territorio
dado, conocer cuántos la hablan, cómo se distribuyen esos hablantes y para qué
usan las diferentes lenguas. Desde el ángulo puramente socioló-gico el interés
será sobre los usos sociales de la lengua, igualmente sobre los grupos sociales
que las emplean y las características de los mismos. Existe un ángulo puramente
estadístico, donde lo que im-porta conocer es el número de individuos que usan
un número de lenguas, cuántos usos poseen estas lenguas y la forma en que ellas
se distribuyen así como sus respectivos hablantes. Esta noción estadís-tica nos
afirmará que “…una lengua es principal para una población determinada si la usa
un 25% o más de la población y es secundaria si la emplea menos del veinticinco
por ciento de la población”.6
El problema aumenta en complejidad cuando una misma
socie-dad habla y usa dos lenguas casi indistintamente, como es el caso de la
sociedad paraguaya. Las dos lenguas más importantes, español y guaraní, son
utilizadas por la gran mayoría de los paraguayos, como
5 Haugen, Einar, op. cit., pp. 127-130.
6 Uribe Villegas, Oscar “Instrumentos para la
presentación de las situaciones sociolingüísticas”, en Revista Mexicana
de Sociología, Año XXX, Vol. XXX, Nº 4, oct.-dic. 1968, México, p. 864.
224 .py
lo veremos más adelante, mientras que las lenguas
aborígenes han quedado relegadas a un plano secundario en el resto de América
Lati-na, sobre todo en lo que se refiere al uso de las mismas.
IV.
La situación lingüística en América Latina
Considerando la realidad lingüística
latinoamericana, encontramos que la misma no presenta una situación homogénea
en los muchos casos de multilingüismo que existen a todo lo largo del
continente lati-noamericano. Por un lado, podrían agruparse: Perú, Ecuador,
Bolivia, Chile y Paraguay que reunen condiciones históricas y geográficas que
los ubica, hasta cierto punto, en un plano similar; aunque de los cinco países,
solamente Paraguay presenta características únicas en lo que respecta a su
condición de Estado bilingüe, conjuntamente con Haití en ciertos aspectos.
Joan Rubin señala que dichas condiciones pueden
resumirse en: a) una extensión relativamente grande de superficie; b) una
po-blación aborigen relativamente homogénea; y c) la constitución de solo un
Estado en una misma área lingüística en el momento de su independencia.7
En el resto de los países de América Latina, la
situación lingüís-tica es distinta ya que se trata de lenguas de tributos
aborígenes dife-rentes, como son los casos de México, Brasil y la mayoría de
los países de América Central, donde la lengua autóctona quedó relegada a un
plano secundario. Un autor las agrupó en alrededor de 77 familias.8
Para considerar en conjunto una visión de las
distintas situacio-nes del bilingüismo en América Latina, presentamos algunos
de los aspectos más característicos de los países en que el fenómeno adquie-re
mayor relevancia y por consiguiente ofrecen puntos sumamente controvertidos de
análisis y sobre todo interesantes en términos de su comparabilidad en lo que
al bilingüismo paraguayo se refiere.
1.
HAITÍ
De los países latinoamericanos que presenta un
interesante panora-ma lingüístico, Haití es el que demuestra poseer aspectos
bastantes similares a los del Paraguay. La diferencia radica en que “…mientras
los porcentajes de la población total del Paraguay que habla guaraní (92%) y de
la población de Haití que habla creol (casi 100%) son muy
7 Rubin, Joan 1968 National Bilingualism in
Paraguay, p. 22 (The Hague: Mouton Ed.).
8 Rivet, Paul, “Languages Americaines” en Les
Langues du Monde. A. Meillet y Marcel Cohen (eds.), “Collection
Linguistique”, publicado por la Societé de Linguistique de Paris, Nº XVI,
París, 1924.
.py 225
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
altos, el número de personas capacitadas para
hablar español en el Paraguay (52%) es mucho mayor que el número de individuos
que hablan francés en Haití (menos del 15%)”.9
En Haití el uso del creol —idioma nativo, que se
relaciona con el pichín en que esta lengua tiene un vocabulario y gramática
simplifica-dos— es una lengua no nativa de sus hablantes, pero que al volverse
nativa se convierte en creol, es decir, al pasar de una generación a otra, es
subestimada socialmente y sus hablantes se sienten inseguros debido al
desprecio y prejuicio lingüístico. El efecto inmediato es la importante
incidencia haitiana. Esta situación de inferioridad se hizo muy evidente en el
pasado, cuando “estaba proscrito del Parlamento mismo y quien lo empleaba
corría el riesgo de que se le callara o de que lo afectaran con una especie
de capitis diminutio”.10 Pero a partir del año 1961, se otorgó al
creol una posición legal y en gran medida comenzaron programas educativos en
dicha lengua.
En su mayor parte, estos cambios se deben al auge
de los estudios lingüísticos por una parte, en donde ha desaparecido el
concepto de que una lengua es mejor que otra y, por otra, al nuevo enfoque de
la educación.
Como en muchos países la lengua tiene sus
defensores y sus de-tractores. Así como existen escritores educados en creol,
capacitados en expresar la realidad nacional con bastante profundidad, sin por
eso perder su peculiaridad lingüística, encontramos que en el plano religioso
la situación es completamente distinta y la división lingüís-tica es más
acentuada. Los católicos abiertamente rechazan el uso del creol —lo que
obviamente produce una propaganda negativa en los sectores populares— mientras
que los protestantes usan esta lengua en la divulgación de sus doctrinas.
2.
México
Sociolingüísticamente el caso mexicano presenta un
alto grado de complejidad, dado que un elevado porcentaje de sus habitantes
em-plea como primera lengua una de las tantas lenguas indígenas, distin-tas
entre sí, aunque puedan ser agrupadas teóricamente en tan sólo unas pocas
familias lingüísticas.
9 Rubin, Joan, “…while the percentages of the total
population in Paraguay capable of speaking Guarani (92%) and in Haiti capable
of speaking Creole (almost 100%) are both very high the number of persons
capable of speaking Spanish in Paraguay (52%) is much higher that the number
capable of speaking French in Haiti (under 15%), op. cit., p. 22.
10 Uribe Villegas, Oscar 1970 Sociolingüística.
Una introducción a su estudio
(México: UNAM), p. 175.
226 .py
México se encuentra también entre los países en que
la realidad sociolingüística es considerada como un impedimento para su
desa-rrollo, teniendo en cuenta que es imposible establecer una comunica-ción
entre todos los mexicanos ya que son numerosos los grupos que hablan lenguas
diferentes. Para que esta comunicación pueda estable-cerse México es el país
que más esfuerzos ha hecho para resolver el problema lingüístico a nivel de la
educación, mediante lo que llaman el proceso de “castellanización”.
Uribe Villegas define dicho concepto como “un
proceso por el que un número cada vez mayor de pobladores (mexicanos) adquie-re
dominio creciente del castellano para su uso activo y pasivo
ex-presivo-comunicativo, mediante el empleo de sus técnicas fonética y
gráfica”.11 Al
mismo tiempo que enfatizan el proceso de castellaniza-ción consideran que “no
debe buscarse el aniquilamiento ni permitir-se el descuido de las lenguas
indígenas, las cuales si bien son vehículos restringidos de comunicación,
incorporan y pueden relevar más tarde un conjunto de realidades sociales y
culturales profundas que, en su momento, podrán utilizarse para la construcción
nacional”.12
A pesar de que México es el país que más literatura
específica ha producido en el campo de la sociolingüística, ésta —según los
ma-teriales de que disponemos— ha enfocado prioritariamente marcos
referenciales teóricos lingüísticos y sociolingüísticos; proyectos de acción
local para enfrentar el problema de la comunicación y sus respectivos
instrumentos metodológicos; estadísticas de las tasas de monolingüismo y
bilingüismo; etc., pero nos resulta difícil contestar preguntas tales como:
¿Cuáles son las actitudes de la sociedad mexi-cana con respecto al fenómeno del
bilingüismo?; ¿Existe algún tipo de nivel valorativo otorgado por las lenguas
indígenas?; ¿Cuál es el papel que las mismas desempeñan en el sistema social en
general?; ¿Existen áreas de uso en que las lenguas —castellano y aborigen— son
mutua-mente excluyentes o hay una cierta superposición?; ¿Cuál es el alcan-ce y
el arraigo de las lenguas indígenas en las distintas comunidades?
Preguntas de este tipo son las que darían una
visión de la relación lengua-sociedad en México, puesto que indudablemente este
país po-see estudiosos que, como Uribe Villegas, han bosquejado y producido un
cuerpo importante de elementos teóricos y empíricos de gran en-vergadura,
además de un confiable lote de datos, mapas, censos y toda una literatura
especializada al respecto. Uribe Villegas sostiene que la
11 Monolingües y bilingües en la población
de México en 1960 Instituto de Investigaciones Sociales, Univ. Nac.
Autónoma de México (México), 1971, p. 8.
12 Uribe Villegas, Oscar, “Indígenas monolingües y
bilingües en la población de México en 1960”, en Aportes Nº
14, octubre 1969, París, p. 68.
.py 227
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
amplia teoría —con fuerte énfasis matemático—
desarrollada por él y la clasificación en las diferentes categorías que propone
“tienen in-terés desde el ángulo sociolingüístico porque permite distinguir
entre los marginados, los articulados y articulantes, los participantes y los
proyectados de la sociedad mexicana”.13
Sin embargo, a través de los datos disponibles a
nuestro alcance y que el mismo Uribe Villegas desarrolla en sus trabajos,
podemos concluir que el nivel empírico de conocimientos, en lo que respecta a
la situación sociolingüística en México, es aún bastante limitado. Considerando
que México cuenta con más “de 29 lenguas indígenas identificadas nominalmente
por la más reciente de las publicaciones censales de carácter oficial, o más de
47 que los lingüistas suelen reco-nocer como diferentes entre sí, desde el
ángulo sociolingüístico, todos los hablantes de esas lenguas se subsumen en
primer término dentro de la amplia categoría de los “monolingües indígenas”,14 el fenómeno adquiere caracteres
significativos y de mucho interés para aquellos responsables del proceso de
desarrollo de una nación y otorga una idea de lo importante del problema en los
países en que la interferen-cia de dos o más lenguas son un verdadero obstáculo
en el sistema social y en mayor medida en el subsistema educativo.
3.
Perú
Para algunos investigadores peruanos, la noción de
“subdesarrollo” aplicable al país se debe en gran medida a su realidad
lingüística, la que sirve de barrera para una comunicación intercultural entre
los distintos aspectos del sistema social nacional y por ende al proceso de
desarrollo.
Esta barrera se debe más que nada a que Perú es un
país en don-de se hablan varias lenguas, pero no tiene una en común y son todas
las portadoras de culturas distintas, aunque por el contexto en que se
desenvuelven poseen valores y conductas parecidas.
De la literatura disponible sobre el problema
lingüístico en el Perú, se puede extraer la existencia de diferentes puntos de
vista —realmen-te muy controvertidos— sobre la imagen de la lengua quechua en
la sociedad peruana. Por un lado, se encuentran los que consideran a la lengua
aborigen exclusivamente perteneciente a las clases bajas y a los grupos
aborígenes en proceso de extinción; aproximadamente el 40% de la población
total del Perú es considerada monolingüe quechua.15
13 Uribe Villegas, Oscar, “La Castellanización como
proceso” en Revista Mexicana de Sociología, Año XXXIII,
Vol. XXXIII, Nº 1, enero-marzo 1971, p. 214.
14 Uribe Villeas, Oscar, op. cit., p. 211.
15 UNESCO 1953 The Use of Vernacular Languages
in Education, París, p. 24.
228 .py
Este dato coincide con el censo de 1961, donde las
cifras indican que “alrededor del 60% era monolingüe en castellano, mientras
que el 40% tenía el quechua u otro vernáculo como lengua materna”.16
La diferencia de lenguajes ha configurado un mundo
casi indesen-trañable para el campesino indígena en el Perú, donde dos lenguas
—el quechua y el español— son usadas en una misma unidad socio-política, por
ende multilingüe y pluricultural. El campesino indígena en el Perú “cree
firmemente en la ineficacia de su lenguaje frente al lenguaje escri-to. Piensa
con toda razón que lo hablado por él no será tomado en cuen-ta, sino sólo en
cierta medida. El campesino se ve en una sociedad que no es suya, en una sociedad
estratificada y jerarquizada, donde él ocupa la base de la pirámide.17 Es así que en la mayoría de los casos, el
motivo que impulsa a los monolingües quechua u otro a estudiar castellano es el
propósito de cambiar una cierta autoimagen de un estatus que consi-deran
denigrante y del cual tratan de distanciarse en lo posible.
La difusión del quechua es bastante extensa,
alcanza no sólo a las pequeñas aglomeraciones serranas, sino también a los
habitan-tes de las ciudades, aunque en general no demuestran mucho interés por
aprender, la ignoran y muy a menudo niegan el hecho de que la saben hablar, es
decir “existe un sentimiento de vergüenza… Porque hablar quechua significa para
estas mentalidades rebajarse al nivel de los campesinos indios, lo cual les
irrita”.18
Por otro lado, en un estudio basado en un censo
etnolingüísti-co, se afirma que con muy poca frecuencia se encontraron
respuestas que reflejaran sentimientos de autodesprecio sobre todo en el grupo
de bilingües y monolingües mujeres. Entre las conclusiones a que se arribaron
en este trabajo” hay una inocultable combinación de las variables económicas,
culturales y de sexo, cuyo manejo aclara y, en algunos aspectos rectifica, los
planteos que tradicionalmente se han venido sosteniendo. En efecto, la difundida
creencia de que el campe-sino quechuahablante está ávido por aprender
castellano no es pues totalmente exacta; ni lo es tampoco que mire con desdén a
su cultura regional y reniegue de la lengua materna…”.19
Como bien lo dice Escobar, el propósito de su
trabajo —además de una revisión de la temática— que “al hilo del recuento se
des-
16 Escobar, Alberto (comp.) 1972 “El reto del
multilingüismo en el Perú”, Perú Problema Nº 9,
Instituto de Estudios Peruanos, Lima, p. 32.
17 Osorio, Juan Alberto, “El bilingüismo en la sierra
sur del Perú” en Nuevo Mundo, Nº 35, mayo 1969, París, pp. 9-10.
18 Osorio, Juan Alberto, ídem., p. 14.
19 Escobar, Alberto, “Lengua, Cultura y Desarrollo”,
en Perú Problema Nº 1, Instituto de Estudios Peruanos, Lima,
diciembre 1969, p. 107.
.py 229
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
vanece una imagen falaz, por anti-científica y
discriminatoria y en compensación aparece bajo nuevas luces un estrato
descuidado” de la realidad del Perú y sugiere que con la imagen redescubierta
se efectúen “tareas para quienes, en el Perú y otros lugares, no teman
rectificar un camino equivocado”.20
En el orden político el multilingüismo peruano
refleja también la escisión existente entre los que poseen el poder en el orden
vigente y los que de una manera u otra, se identifican o esperan formar parte
de las clases dominantes, en donde las alternativas de identidad nacional no
siempre se encuentran presentes.
Es indudablemente muy interesante anotar que hasta
hace muy pocos años, Perú era el único país sudamericano donde se encara-ba la
educación a través del uso de la primera lengua —en este caso quechua— para el
proceso enseñanza-aprendizaje. Además del ma-nejo teórico de diversos puntos de
vista aplicables a la enseñanza, se han delineado perspectivas concretas para
la programación de la educación en los distintos sectores de la sociedad —ya
sean núcleos urbanos, campesinos y sobre todo los ubicados en la selva peruana—
considerando los diversos factores que influyen en su composición y dinámica.
Entre las recomendaciones figuran algunas como la prohi-bición de
desplazamientos bruscos de poblaciones a ser alfabetizadas y la necesidad de
despertar una conciencia política.21 Además de la ya conocida sugerencia de seguir
las orientaciones dadas por los espe-cialistas de UNESCO, en el sentido del
empleo de la primera lengua —es decir quechua— en los primeros años de la
educación para pasar gradualmente al castellano.
Toda esta problemática lingüística está contenida
en un docu-mento titulado “Política Nacional de Educación Bilingüe” emitido por
el Ministerio de Educación donde el gobierno indica una crecien-te preocupación
por el futuro de los sectores de la población que no hablan castellano. Este
documento fue promulgado a raíz de la “Ley General de Educación”, publicada en
marzo de 1972, especificando puntos decisivos sobre una revalorización de las
lenguas vernáculas y dando énfasis a los programas de educación bilingüe. Ya
desde 1964, el Perú comenzaba a sentar las bases para una orientación
metodo-lógica en lo que a situación lingüística se refiere a través del Plan de
20 Escobar, Alberto 1972 “El reto del multilingüismo
en el Perú”, Perú Problema Nº 9, Instituto de Estudios
Peruanos, Lima, p. 13.
21 D’Ans, André-Marcel 1972 “La alfabetización y la
educación de los pueblos de la selva peruana en la perspectiva de su porvenir
socio-económico” en El Reto del Multilingüismo en el Perú, Alberto Escobar
(comp.), Perú Problema Nº 9, Inst. de Estudios Peruanos, Lima,
pp. 180-181.
230 .py
Fomento
Lingüístico de la Universidad Mayor de San Marcos.
Con el propósito de obtener una comprensión más
acabada de los factores sociológicos que influyen en el uso y estatus de las
lenguas, di-cho programa llevó a cabo una encuesta sociolingüística entre los
ha-blantes quechua-castellano. Es interesante destacar que las respuestas que
se obtuvieron parece que en su mayoría tienen mucha semejanza con un estudio
exploratorio efectuado en Asunción con respecto a los bilingües
guaraní-castellano, al que nos referiremos más adelante.
Sin lugar a dudas, Perú es el país —de los
considerados en este trabajo— sobre el cual se ha podido lograr más información
sobre el fenómeno lingüístico y el que con más ahínco está dispuesto a aunar
esfuerzos para que la lengua no sea una barrera más en la búsqueda de los
mecanismos para lograr el tan ansiado desarrollo social y eco-nómico.
Por otro lado, una profesora de idiomas del
Instituto Lingüístico de Verano con asiento en el Perú ha publicado una reseña
muy deta-llada referente a la relativa eficiencia de la educación bilingüe en
algu-nos de sus aspectos e implicaciones en la enseñanza del idioma
caste-llano. Esta autora compara las escuelas del ILV, ya que son los únicos
centros en el país donde se imparte enseñanza bilingüe —que también forman
parte del sistema nacional de escuelas públicas, donde la en-señanza es
monolingüe español— y que como asegura esta autora “… aunque la lengua oficial
del Perú es el español, menos de la mitad de la población lo habla como lengua
principal. De las lenguas indígenas andinas, el quechua es la más común,
seguida por el aymará”.22 Sin
embargo, esto fue cierto hasta el año 1975, cuando el gobierno de Ve-lasco
Alvarado oficializó la lengua quechua, así como adquirió estatus legal el
“serviñaku” o matrimonio a prueba entre los indígenas.
A pesar del hecho de que el sistema de educación
bilingüe posee todavía algunos defectos, es una realidad que el mismo es
superior a la enseñanza en las escuelas de sistemas monolingües, teniendo en
cuenta que ellas reciben muy escasa ayuda del gobierno federal, el que está
mucho más interesado en el aspecto de socialización política.23
4.
Puerto Rico
Sin entrar a considerar los antecedentes históricos
y sociales de la situación del español en Puerto Rico, el proceso de
“deterioro” del español debido a la gran interferencia del inglés “habría
surgido o estaría en proceso de aparición un pidgin, y quizás si
hasta un creole
22 Bratt Paulston, Christina 1970 “Algunas notas
sobre la enseñanza bilingüe del idiomas en el Perú” en América Indígena,
Vol. XXX-1, México, p. 100.
23
Bratt Paulston, C., op. cit., p. 106.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
hispano-norteamericano”.24 En una problemática realmente palpitan-te, la
controversia español-inglés esconde más que nada el tema del estatus nacional
fundido con la cuestión de la lengua. Es tal vez en este país donde con más
fuerza se oponen corrientes distintas a favor y en contra del uso de una u otra
lengua con dimensiones claramente políticas, pasando ya las meras implicaciones
nacionalistas, de pres-tigio, etc.
Entre los que argumentan sobre lo que damos en
llamar “deterio-ro” del castellano se encuentra Rubén del Rosario, que en un
análi-sis fonológico y morfológico del castellano de Puerto Rico afirma que
este proceso se agrupa en ciertos sectores de la población compuestos por las
clases acomodadas y los integrantes de grupos económicos ligados a la industria
hotelera y de turismo, no llegando este sector a sobrepasar un 20% de la
población del país.
Por otra parte, existe también un sector importante
que se “decla-ra hablantes del español, aunque en circunstancias, y a veces,
incluso en el ambiente familiar, prefieran hablar inglés”.25 Además, existe un inmenso lote de inmigrantes
portorriqueños radicados en los estados periféricos del este y sur de los
Estados Unidos que manteniendo lazos muy estrechos con los residentes de la
isla —en gran medida debido a su cercanía geográfica— han originado un evidente
caos lingüístico.
Creemos que el caso de Puerto Rico es un área de
investigación donde la sociolingüística encuentra su justificación per
se, ya que si bien la lingüística pura puede aclarar aspectos como
interferencia o dominio de una u otra lengua; preferencias o rechazos; u otras
di-mensiones del análisis lingüístico, su riqueza radica en el significado que
la lengua materna adquiere en una sociedad que ha perdido o se encuentra en
vías de perder su identidad nacional y donde los valores de una cultura se
encuentran en franco proceso de cambios.
En otras palabras, la lengua ha originado en dicho
país una cues-tión que no es nada más que el reflejo del resquebrajamiento de
un sistema cultural y social, donde los valores y las pautas de conducta se
encuentran debilitados por el nuevo sistema exportado de los Estados Unidos,
máxime cuando el mismo significa una completa dependen-cia económica y
política.
No cabe aquí exponer un análisis minucioso de la
situación por-torriqueña pero hubiera sido muy difícil dejar de mencionar,
aunque sea brevemente, por la estrecha relación existente entre lengua y
so-ciedad. La escisión que el problema lingüístico ha producido en los
24 Escobar, Alberto 1969 “Lengua, Cultura y
Desarrollo”, en Perú Problema Nº 1, Instituto de Estudios
Peruanos, Lima, p. 97.
25
Escobar, Alberto, op. cit., p. 98.
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diferentes niveles de la sociedad portorriqueña es
la más clara eviden-cia de la importancia que reviste el fenómeno, en donde el
estudio de las actitudes hacia una u otra lengua —español e inglés— del rol que
desempeña la edad, sexo, estatus social, educación, etc. proveerá un marco
analítico y teórico de suma relevancia.
IV.
El guaraní en el proceso cultural del Paraguay
1.
Mestizaje y bilingüismo
Una de las características más conocidas y
peculiares del Paraguay es el que sea considerado un país bilingüe, hecho que
ha atraído a in-contables lingüistas y antropólogos extranjeros a estudiar ya
sea a los grupos aborígenes y/o a la formación y composición de la lengua
gua-raní y su actual vigencia. Este hecho se torna más relevante cuando se
considear que mientras en el resto de América Latina la presencia de los
aborígenes nativos dio lugar al desarrollo del bilingüismo, que sirvió nada más
que de puente al monolingüismo, en el Paraguay el mismo es una condición
lingüística estable de una inmensa mayoría de la población.
Se considera que la estabilidad del bilingüismo es
producto de principalmente dos factores, por un lado las peculiares
características que presenta el proceso de evolución de la lengua; y por otro,
el alto grado de nacionalismo que nace del uso del guaraní, lo que lleva a un
tipo particular de cohesión y orgullo nacional, valores que como lo veremos más
adelante son parte sustancial de la existencia del fenó-meno bilingüe.
Con la llegada de los conquistadores se estableció
una constante e intensiva interacción entre españoles y aborígenes y por lo
tanto de sus respectivas lenguas, español y guaraní. Pero debido a que el
Para-guay nunca tuvo un flujo masivo de españoles ya que con el tiempo se
convirtió en un núcleo aislado —lejos de ulteriores corrientes migra-torias—
este hecho dio lugar a que germinara un tipo peculiar de bi-lingüismo, que pudo
desarrollarse a través de tres siglos de coloniaje.
Es justamente en este punto donde radica en gran
medida la ex-plicación de las diferencias culturales y sociales entre el
Paraguay y los otros países de América Latina. Si bien en la mayor parte del
con-tinente sudamericano se ha dado un fuerte proceso de mestizaje —el cual más
tarde iría adquiriendo distintas implicancias sociales— las condiciones en que
ese proceso se dio en el Paraguay son los factores que dieron lugar a esta
peculiar situación lingüística y cultural.
La llegada de los conquistadores generó en los
países de América Latina con grandes núcleos de población indígena el comienzo
de la fuerte estratificación social que iría a caracterizar a su estructura so-
.py 233
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
cial, ocupando los nativos la base de la pirámide y
por consiguiente irían constituyendo los segmentos más marginados de la
sociedad… “mostrando una notable resistencia a la opresión colonial,
preserva-ron en determinados reductos sociales y espaciales rasgos culturales
definidos que superviven no sólo a lo largo de la colonia, sino hasta el
presente. Entre ellos sus lenguas nativas. Pero por efecto de la dominación
colonial, su evolución cultural se vio no sólo detenida sino encapsulada”.26
Curiosamente, esta situación no adquiere en el
Paraguay igual intensidad de rechazo desde el momento mismo del proceso de
mes-tizaje. Son numerosos los factores que influyeron en la fusión de am-bas
lenguas y culturas. Los españoles necesitaron la lengua aborigen para su
vinculación con el indio, hecho que fue reforzado por la unión de españoles y
nativas en un núcleo socio-cultural geográficamente aislado del resto de los
Virreinatos del Nuevo Mundo. Este tipo de po-ligamia es fomentada e
incrementada a medida que los españoles ad-quieren predominancia sobre el
indio. El canal más generalizado en sentar las bases de alianzas con el
aborigen era la captura de mujeres nativas por parte del español… “Los hijos
habidos por el conquista-dor en estas mujeres guaraníes, fueron los llamados
‘mancebos de la tierra’, cuya disposición real, mirando por la estabilidad de
la colonia, dio a estos mancebos estatus idéntico al del español… El mancebo
sabe que ante la ley es el igual del padre español; pero esta igualdad ante la
ley no compensa el desnivel de cosmovisión que los separa. Los años de infancia
nutridos plurilateralmente de experiencia materna, corroborada por el trato
expansivo con la parentela indígena, así lo determinan. A través no sólo del
idioma, sino también de las miradas, de los silencios, las actitudes de sus
ascendientes netamente indios, el mancebo crece raigalmente unido a la raza y a
la tierra. El asombro cósmico del europeo enfrentado a un mundo nuevo se
extingue en la primera generación local”.27
El estudio más completo y mejor documentado que
hasta la fe-cha se ha llevado a cabo sobre el indio es de Branislava Susnik, en
donde dice que ya existen testimonios desde la época de Irala — fundador de
Asunción— de que “los primeros conquistadores que tuvieron que cambiar el
soñado El Dorado por el maizal guaraní, exigiendo tierra,
mujer y brazos… La mujer guaraní era criada, bra-zo agrícola y procreadora, una
garantía para la mediocre economía
26 Escobar, Alberto y otros 1975 ¿Perú país
bilingüe?, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, p. 22.
27 Plá, Josefina 1970 “Español y Guaraní en la Cultura
Paraguaya” en Cahiers du Monde Hispanique et Luso-Brésilien, Caravelle Nº
14, Université de Toulouse, pp. 8-9.
234 .py
doméstica que implantaba en la época de Irala y una
invitación a los futuros pobladores”.28
La mujer aborigen se constituyó así, no solamente
en el elemento más importante de la incipiente y precaria economía de los
españoles sino también en la base del fuerte y rápido proceso de mestizaje y
por consiguiente, en la clave de fusión entre la cultura española e indíge-na.
Es aquí donde radica la explicación del fenómeno sociolingüístico y lo que lo
diferencia del resto de América Latina.
Pero quizás el elemento más importante en la
historia del bilin-güismo paraguayo, lo constituyó la obra misionera de la
Compañía de Jesús. Los jesuitas reducían a los indios “a la nacionalidad en
pue-blos grandes, y después a la vida cristiana”,29 “siendo identificada la nacionalidad” con
justicia, pueblo, cultura, iglesia, una configuración socio-cultural
absorbente, rígida y uniforme a través del trabajo fisca-lizado, la que iba
asocializando al nuevo patrón del ‘tava’ jesuítico a la multitud heterogénea…”.30
En todo el proceso de aculturación, la lengua es el
factor más importante ya que los jesuitas imponían el uso del español, aunque
dice B. Susnik que “nunca se intentaba oficialmente una plena erradi-cación de
la lengua guaraní, pero sí había ensayos de un bilingüismo; todavía el
gobernador L. Rivera, el que decididamente fomentaba la educación de la masa
criolla, escribía al virrey Melo de Portugal “… hemos llegado al extremo de que
la lengua del pueblo conquistado sea la que domine… que los indios se mantengan
intratables, y separados de nosotros…”. El castellano era el medio
indispensable de la afirma-ción socio-política; el guaraní identificaba tres
factores: el encierro cultural, el conservatismo de las pautas de conducta y la
limitación social; esta realidad socio-lingüística identificaba en el período
colo-nial al pobrerío indio, mestizo y criollo, creando la conciencia de una
‘familiaridad’ característica”.31
Por consiguiente la influencia de los padres
jesuitas y su intensa labor educativa enriqueció la lengua guaraní, al mismo
tiempo que enseñaba a los indios el español. En 1624 el sacerdote jesuita
Antonio Ruiz de Montoya produce el primer diccionario y gramática guara-
28 Susnik, Branislava 1965 El Indio
Colonial del Paraguay, Tomo 1, Museo Etnográfico “Andrés Barbero”,
Asunción, p. 10.
29 Cardiel, J. P. 1913 “Breve relación de las
Misiones del Paraguay”, en Pablo Hernández: Organización social de las
Doctrinas Guaraníes de la Compañía de Jesús, Barcelona, p. 518.
30 Susni, Branislava 1966 El indio colonial
del Paraguay, Tomo II, Museo Etnográfico “Andrés Barbero”, Asunción, p. 10.
31 Susnik, Branislava, op. cit., p. 26.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
níes. De esta manera, la lengua que por mucho
tiempo fue solamente oral pasa a convertirse en una lengua escrita.
2.
El guaraní después de la colonia
El casi natural aislacionismo del país aumenta
considerablemente con la subida al poder del Dr. Francia, que a pesar de ser un
enorme obstáculo para un desarrollo político, social y económico, fortalece el
contacto cada vez más estrecho de dos culturas con sus respectivas lenguas,
valores y tipos de comportamientos. “La segregación fran-cista detuvo el
desarrollo económico y la posibilidad inmigratoria; obstruyó los canales de
comunicación; cerro la puerta al capital y a la técnica, pero socialmente contribuyó
a homogeneizar la población”.32
A partir de entonces, el proceso lingüístico es
lento. Aunque los go-biernos que sucedieron al Dr. Francia se empeñan en dar un
impulso a la educación, los documentos históricos existentes indican un
acentua-do rechazo del uso del guaraní en los establecimientos de enseñanza y
en los círculos sociales de clase media y alta y es así que en el Paraguay a
pesar del cerrado hermetismo impuesto por el Dr. Francia, se incor-pora con Don
Carlos Antonio López “a un proceso de escolarización de las masas, y alfabetizarlas”,33 aunque ambos estadistas orientan dicho
proceso bajo puntos de vista diametralmente opuestos.
Durante el período francista, el país vuelve a
vivir el espíritu ais-lacionista heredado de los misioneros, traducido en la
desconfianza hacia lo “extranjerizante” y en el hermetismo —por qué no decirlo
rayando al terror— que rodea al núcleo familiar y a las relaciones sociales.
Toda esta situación influye en el uso y desarrollo del proceso lingüístico.
Con el arribo al poder en 1842 de Don Carlos
Antonio López, algunos aspectos de la organización social y cultural
experimentan diversos cambios. Con la abolición de pueblos de indios y la
conse-cuente conversión de apellidos indígenas al español y la contratación de
maestros, profesionales y técnicos del exterior, se produce a nivel lingüístico
una evaluación y expansión del español.34
La Guerra Grande (1865-1870) quiebra el creciente
expansionis-mo de la lengua y todo lo que era español y “se imponen nuevamente
32 Benítez, Justo Pastor 1955 Formación
social del pueblo paraguayo, p. 136 (Asunción: Ed. América-Sapucai).
33 Peña Villamil, Manuel 1972 “Ensayo de una política
lingüística en el Paraguay con relación al guaraní”, VI Congreso de
Asociaciones de las Academias de la Lengua Española, Caracas, noviembre 1972,
p. 10.
34 A.N.A., Sh. Vol. 282, Nº 24, Decreto declarando
ciudadanos libres a los indios naturales de toda la República, 1948.
236 .py
a la consideración colectiva los valores que aporta
a la situación y que son fundamentalmente los inclusos en el estrato histórico
inicial; la impulsividad, la agresividad, la sabiduría telúrica del indio; la
irreduc-tibilidad…”35 y
la reaparición del guaraní se produce con más fuerza en la necesidad de
vehiculizar los sentimientos del pueblo en la gran contienda, traducido en los
periódicos de trinchera con secciones en las lenguas guaraní y español.
Es recién con la Guerra del Chaco de 1932-35 que
nace —más que nada por razones políticas— una nítida imagen del guaraní como
sím-bolo de nacionalidad, aunque su uso no llega a adquirir popularidad o
prestigio especialmente en algunos sectores sociales de Asunción, capital de la
República. Existía y todavía existe —aunque en mucho menor grado— la
“convicción” de que el uso del guaraní es una barre-ra infranqueable para el
uso correcto del español. Esta imagen reva-lorizada de la lengua nativa ha
cobrado mucho mayor fuerza con el gobierno actual, dando impulso a la enseñanza
del guaraní en todos los niveles del sistema educativo nacional. Con ello
aumenta el presti-gio de la lengua y da lugar al nacimiento de una actitud
ambigua con respecto a la misma.
Joan Rubin afirma en su excelente trabajo de
investigación sobre el bilingüismo en Paraguay que existen tres razones para
que la len-gua guaraní haya jugado un papel tan importante y prolongado en la
cultura paraguaya desde la época de la Independencia hasta el siglo veinte: 1)
el continuado aislacionismo durante el siglo XIX y el fracaso de convertirse en
una sociedad industrial participante en el comercio mundial; 2) una asociación
positiva entre el guaraní y el nacionalismo paraguayo demostrado durante las
dos situaciones de mayor crisis —la Guerra de 1865 y la Guerra del Chaco—; y 3)
una división de fun-ciones entre las dos lenguas que fue sostenida por el
aislacionismo.36
Los testimonios históricos sobre el uso del guaraní
como canal de comunicación en el orden político y social son innumerables,
desde los tiempos de la colonia hasta el presente.
V.
LA COMUNIDAD LINGÜÍSTICA DEL PARAGUAY
Con el fin de ofrecer una descripción más clara del
tipo de comunidad lingüística existente en el
Paraguay, será preciso definir el concepto de comunidad linguística
como “…un grupo social que puede ser mono-lingüe, o multilingüe, unificado por
la frecuencia de interacción social estructurada y separado de las áreas
circunvecinas en términos de co-
35 Plá, Josefina 1970 “Español y Guaraní en la
intimidad de la Cultura Paraguaya” en Caravelle Nº 14,
Toulouse, p. 18.
36 Rubín, Joan 1968 National Bilingualism in
Paraguay (La Haya: Mouton), pp. 29-30.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
municación. Las comunidades lingüísticas pueden
consistir en grupos pequeños unidos por contactos personales, o pueden cubrir
grandes regiones…”.37
Es evidente que dentro de la comunidad lingüística
paraguaya el español y el guaraní son las dos “lenguas por excelencia”, pero no
podemos dejar de señalar la existencia de otras lenguas que en menor grado se
hablan en el país.
1.
Lenguas indígenas
Si bien la lengua guaraní es la más importante por
el alcance y función que la misma posee no es la única lengua de las varias
parcialidades indígenas que todavía —aunque en pequeño número— existen
dise-minadas en las áreas Oriental y Occidental. La situación lingüística de
acuerdo a B. Susnik podría clasificarse en seis familias bilingüísticas, aunque
en el Paraguay actual tan sólo subsisten cinco.
a. El dominio lingüístico Tupí, que comprende: los
dialectos Paí-Tabyterá, Chiripá, Mbyá que son los dialectos de las tribus que
habitan el área oriental. En el Chaco cerca de la frontera con Bolivia se
encuetran los dialectos Tapieté y Guarayo. El Gua-yakí y el Guaraní, la lengua
de la mayoría de los paraguayos, en la Sierra de Caaguazú.
b. El dominio lingüístico Mataco con los siguientes
dialectos: Chulupí y Chorotí en la parte oriental del territorio paraguayo; y
Maká al noroeste de Asunción, capital de la República.
c. El dominio lingüístico Maskoy, indígenas que
habitan el Cha-co, con los dialectos: Lengua, Angaité, Guana, Sanapaná.
d. El dominio lingüístico Guaykurú con el Toba, en el
Chaco.
e. El dominio lingüístico Zamuko, con el Chamacoco y
el Moro o Ayuweo, en el Chaco.
La mayoría de estos dialectos están en proceso de
extinguirse pues es-tán reducidos a sus respectivos núcleos indígenas de los
cuales ya van quedando muy pocos y muchos de ellos en lugares muy poco
accesi-bles. Estas tribus indígenas presentaban diferenciaciones dialectales,
según las parcialidades y así nos encontramos con situaciones bas-tante
curiosas como la tribu Emok, en la cual el idioma masculino y
37 Gumperz, John J. 1974 “Tipos de comunidades
lingüísticas”, en Antología de Estudios de Etnolingüística
y Sociolingüística, Paul J. Garvin y Yolanda Lastra de Suárez
(comp.), Universidad Nacional Autónoma de México, Inst. de Investigaciones
Antropológicas, México, p. 238.
238 .py
social es el Toba y el que usan las mujeres entre
sí es el Lengua. Según Chase Sardi, no todas estas tribus hablaban el idioma
actual, algunas pertenecían a otras familias lingüísticas y otras se
“guaranizaron”, así como otras todavía mantienen su lengua como idioma secreto,
el que habrían usado antes de la adopción de la que hoy día hablan.38
2.
Lenguas foráneas
Aunque el Paraguay nunca se caracterizó por
corrientes masivas de inmigrantes, existen en la actualidad importantes
comunidades de extranjeros que en mayor o menor medida conservan su lengua de
origen, siendo las más importantes por su tamaño los mennonitas, alemanes y
japoneses, etc. Sin embargo, ya en la primera generación es el español el
idioma predominante, con la excepción de los menno-nitas. En las colonias
japoneses en el área rural, el dominio del guara-ní como segunda lengua es
evidente.
La preocupación que se ha originado en el país en
los últimos tiempos es la creciente expansión del portugués en las áreas
limítro-fes con el Brasil. Debido a las grandes obras de emprendimientos
hi-droeléctricos y a la política expansionista de ese país, el Paraguay ve
amenazada su “independencia cultural” en el proceso de asimilación cultural
iniciado por Brasil.
Si bien no se cuenta con datos estadísticos que nos
den una idea aproximada de la penetración brasileña, ya es evidente la
presencia de numerosos indicadores así como por ejemplo —afirma Meliá— “los más
significativos y amenazantes son los siguientes: la proliferación creciente y
marginación de la población paraguaya dependiente de los nuevos colonos; la
extensión de la lengua portuguesa en tierra para-guaya; la asistencia de niños
paraguayos a escuelas del otro lado de la frontera…”.39
La observación de la situación lingüística en los
Departamentos afectados por la construcción Hidroeléctrica de Itaipú nos
proporcio-na una clara evidencia de un proceso de trilingüismo: español,
gua-raní y portugués, en el cual es todavía difícil y prematuro cualquier tipo
de pronóstico sobre cuál de las tres lenguas tendrá el dominio lingüístico de
la región.
En la actualidad solamente contamos con los datos
provenientes de informantes calificados que denuncian ciertas situaciones de
hecho: las maestras en las escuelas son brasileñas y enseñan en portugués,
38 Chase Sardi, Miguel, “Esquema étnico del Paraguay”
en Revista Diálogo, Año 1, Nº 14, p. 30.
39 Meliá, Bartomeu, “Paraguay, mañana” en Revista
Acción, Asunción, mayo 1974, p. 13.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
debido a la gran mayoría de niños pertenecientes a
las crecientes colo-nias brasileñas. El aspecto más interesante —según nuestro
informan-te— radica en la aceptación de la lengua portuguesa por parte de los
niños paraguayos, ellos se sienten orgullosos de aprender otra lengua.
3.
Situación lingüística según datos censales
El español y el guaraní tienen dominios
lingüísticos diferentes. En las áreas rurales se habla casi exclusivamente en
guaraní, mientras que en el área metropolitana de Asunción —que posee el 16,5%
de la pobla-ción total del país— se usan tanto el español como el guaraní. El
equi-librio en el uso de ambos idiomas depende en gran medida del tipo de
estrato y situación social en que la relación lingüística se lleve a cabo.
Con el propósito de ofrecer una descripción de la
extensión del uso de las dos lenguas, hemos tomado los datos del Censo de 1962
como punto de referencia.
Observando la distribución de los bilingües es
sumamente intere-sante constatar que el 22,6% corresponde a la población de 3 a
4 años —aunque en este tramo de edad la capacidad lingüística del niño todavía
no ha llegado a su completo desarrollo, sin embargo usaremos el término
bilingüe en función a los propósitos de nuestro análisis— para subir
con-siderablemente a 44,2% en el tramo de 5 a 14 años. La inferencia que
re-sulta de esta diferencia es que la condición bilingüe es adquirida durante
el proceso educativo del individuo, ya que el período correspondiente al
segundo tramo de edad mencionado es el de la enseñanza primaria. Aquellos niños
cuya primera lengua es español o guaraní, recién en el ámbito escolar se
exponen a una mayor interacción entre ambas, y por consiguiente comienza el
proceso de adquisición de la segunda lengua.
En general, los porcentajes más altos se dan en la
categoría de monolingües guaraní, solamente en el tramo de 15 a 44 años de
edad, las cifras suben ostensiblemente a 59,3%. Los datos están consignados en
el siguiente cuadro:
Distribución
lingüística según edad. Censo de 1962
|
|
Años de edad |
Monolingües castellano |
Monolingües guaraní |
Bilingües |
Total |
|
|
|
|
|
|
|
|
3 |
– 4 |
7.8 (9.850) |
69.6 (87.244) |
22.6 (28.360) |
125.454 |
|
5 |
– 14 |
4.8 (24.663) |
51.0 (261.960) |
44.2 (226.911) |
513.534 |
|
15 – 44 |
3.8 (26.895) |
36.9 (259.455) |
59.3 (416.026) |
702.376 |
|
|
45 – 64 |
3.9 (7.544) |
46.5 (87.728) |
49.6 (98.820) |
189.092 |
|
|
65 y más |
3.7 (2.530) |
58.4 (40.118) |
37.9 (26.079) |
68.727 |
|
Fuente:
Censo Nacional de Población y Viviendas 1962. Dirección General de Estadísticas
y Censos. Cuadro elaborado en el C.P.E.S.
240 .py
Las cifras correspondientes al último tramo de edad
para los monolin-gües guaraní se incrementan considerablemente, hecho que por
otra parte es de esperar, ya que es el sector de la población —en su mayor
parte campesina— que no se ha beneficiado con ciertos aspectos del proceso de
desarrollo que desde hace algunos años viene experimen-tando el país, como por
ejemplo apertura y mejoramiento de caminos, ampliación de los medios de
comunicación —especialmente la tele-visión—, incremento de la matrícula educativa,
etc. Sin embargo, la razón que presumiblemente subyace detrás de la situación
lingüística correspondiente al primer tramo de edad, es decir entre tres y
cuatro años —el cual arroja una cifra de 69,6%— es que los niños de esa edad
todavía no han iniciado el proceso educativo y por lo tanto el contacto con el
español. Es evidente que en las áreas rurales se da una primacía de población
cuya primera lengua es el guaraní.
Con lo expuesto anteriormente se ha tratado de
ofrecer una des-cripción ligera de la situación lingüística paraguaya según
datos del Censo de 1962, sobre todo porque ya se ha elaborado un análisis del
mismo tipo con mucha prolijidad “para una primera aproximación a fenómenos
tales como relación entre edad, sexo e idioma hablado y su proyección en el
campo de aprendizaje, el contraste urbano-rural y la evolución lingüística del
país”.40
VI.
Estudios sobre el bilingüismo en el Paraguay
Para una exposición más consistente y clara sobre
la literatura dis-ponible acerca del bilingüismo en el Paraguay, se ha
efectuado una clasificación de los materiales en tres categorías considerando
ciertos criterios relevantes para el objetivo primordial de este trabajo, y en
mayor medida para lograr una visión más completa de lo que hasta el presente se
ha hecho —o dejado de hacer— en relación a este comple-jo problema. Nuestro
propósito más inmediato al realizar este análi-sis, que de ninguna manera se puede
considerar exhaustivo, es tratar de ofrecer los distintos puntos de vista
habidos en un lapso de tiempo y detectar los cambios, influencias y/o
semejanzas a que da lugar este tipo de información para que sirva de base y
quizás de punto de parti-da de trabajos posteriores.
La primera categoría fue seleccionada en base a la
existencia de artículos aparecidos en distintas épocas —prácticamente todo lo
que ha sido posible encontrar— como publicaciones menores fundamen-tadas
primordialmente en las “opiniones“ de sus respectivos autores sobre el fenómeno
del bilingüismo, sin ofrecer ningún dato o algún
40 Meliá, Bartomeu, “Hacia una tercera lengua en el
Paraguay” en Estudios Paraguayos, Vol. II, Nº 2,
diciembre 1974, Asunción, p. 54.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
tipo de referencia que demuestre una fuente seria
responsable de la información. En otras palabras, el criterio adoptado para
seleccionar este grupo de materiales constituyó esencialmente la simple opinión
del autor sin ninguna clase de respaldo científico.
En la segunda categoría se incluyeron los pocos
trabajos existen-tes en sociolingüística en los que es posible detectar un
escaso análisis cualitativo, sin llegar a alcanzar algunas de las exigencias
del método científico —en el cual se requeriría cierto manejo de conceptos
teó-ricos y metodológicos— en cualquiera de sus enfoques. La mayoría de estos
trabajos están basados en un análisis cuantitativo de datos secundarios
provenientes, en la mayoría de los casos, en trabajos de campo no especificados
y por lo tanto difícil de considerarlos como puntos de referencia.
La tercera y última categoría abarcará
específicamente un solo trabajo de investigación que por sus características y
cobertura del problema llena los requisitos del criterio considerado para este
grupo. Es decir, los trabajos de investigación que cumplan con las exigencias
de todo método científico, ya sea considerando sus aspectos teóricos y/o
metodológicos, teniendo en cuenta los varios y diferentes grados de complejidad
y abstracción en el diseño de los mismos.
1.
Referencias varias
En esta categoría se han incluido documentos,
artículos periodísti-cos, polémicas, conclusiones de simposios y todo tipo de
material que reúna el criterio mencionado anteriormente; asimismo, se ha
consi-derado relevante hacer un corte en el lapso de tiempo en que fue-ron
publicados. En otras palabras, se ha creído conveniente clasificar estas
publicaciones menores —para un análisis más detallado— en dos subcategorías:
las publicadas antes del año 1963 y las publicadas después de esa fecha. La
razón que nos obliga a esta determinación es que por el número y contenido de
dichos materiales, consideramos 1963 una fecha importante en nuestro análisis.
En ese año, la antropóloga norteamericana Joan
Rubin —a la cual dedicaremos un apartado especial más adelante— comenzó a
publicar los datos y consideraciones extraídas de su tesis doctoral sobre el
bilingüismo en el Paraguay, presentada al Departamento de Antropología de la
Universidad de Yale, trabajo que tendría una mar-cada influencia en un campo
totalmente desconocido a nivel cien-tífico hasta ese momento en el país. A
partir de ese hecho, toda la producción intelectual posterior se redujo a una
casi fiel transcrip-ción de su importante trabajo, a pesar de su limitada
difusión, en gran medida por la falta de una versión en español —la que recién
apareció a principios de 1974— lo que impedía, para muchos, una
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cabal interpretación del enorme caudal de
informaciones que esta investigación ofrece.
Alrededor de 1941, ya se había conformado —con
elementos his-tóricos e ideológicos— un cierto “estereotipo” del papel de la
lengua guaraní dentro de la sociedad paraguaya. Las “opiniones” de la mayoría
de los autores —incluyedo prominentes políticos y hombres de letras— coincidían
en que “la población emplea indistintamente el guaraní, en mayor o menor grado,
según las circunstancias o respectivos sectores sociales”.41 Es muy difícil interpretar cuantitativamente
el alcance de la expresión “mayor o menor grado”, como tampoco el significado
exacto del concepto “sectores sociales”, ya que con el casi nulo desarrollo de
las ciencias sociales en el país, todo provenía meramente de una cierta
intuición del autor. Por intuición en este caso entendemos aquellos con-ceptos
que carecen de una fundamentación empíricamente constatada, ya que hasta esa
fecha no se habían realizado trabajos de investigación sobre las
características de la estratificación social en el Paraguay.
En el campo lingüístico se consideraba que el
guaraní poseía una “flexibilidad suficiente como para satisfacer exigencias
perentorias de otras culturas más refinadas”.42 Esta apreciación romántica —se po-dría decir
hasta mítica— de la permanencia y función de la lengua guaraní en la sociedad
paraguaya se hacía evidente cuando se lee que “uno se siente tentado a explicar
la supervivencia del guaraní con el auxilio de cierta correlación metafísica”.43
Quizás en el campo de la literatura nacional —no
sólo en la época que nos ocupamos, sino hasta el presente— fue donde más se
discu-tieron las características positivas y negativas del bilingüismo, hasta
llegar a convertirse en tema de una larga polémica no definida hasta ahora.
Esto dio lugar a que los literatos paraguayos tomaran una po-sición, a favor o
en contra— con respecto al idioma, lo que da lugar a que la lengua se convierta
en un punto sumamente controversial en lo que a este aspecto se refiere.
Numerosos autores consideran que el bilingüismo es
uno de los grandes obstáculos con que tropieza la novelística paraguaya para un
desarrollo normal. Roa Bastos se pone en esta disyuntiva y se pre-gunta qué
pasaría si un autor sólo escribiera en guaraní, puesto que ésto “aparejaría el
confinamiento localista de su obra…44 Si lo hiciera
41 Insfrán, Pablo Max, “El Paraguay, país bilingüe”,
en La Prensa, Buenos Aires, 6 de abril de 1941.
42 Insfran, Pablo Max, op. cit.
43 Insfran, Pablo Max, op. cit.
44 Roa Bastos, Augusto, “Nuestra novelística” en Revista
Alcor, Año 2, Nº 7, marzo de 1957.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
en español, pero pensando e intuyendo en guaraní,
como se sabe, la traducción se consuma en el acto mismo de la elaboración
literaria, lo que no puede menos que afectar la integridad del trabajo”.45 Esta apreciación lingüística en la literatura
nacional con respecto al bilin-güismo es una forma más de demostrar las
diferentes opiniones que existen sobre el fenómeno.
A partir de 1964, la producción empieza a adquirir
características distintas y la fuerte influencia de Rubin se hace sentir en la
literatura especializada. Silvio Codas en un artículo publicado en una revista
local ya comenta un aspecto teórico del bilingüismo cuando sostiene que
“obedece a un régimen típicamente paraguayo de balanceo entre dos fuerzas
sociales: la de poder… y la de solidaridad…”.46 Propor-ciona una detallada explicación de la
combinación de ambas fuerzas, además de los “casos curiosos en los que en forma
pasajera rige una de las dos fuerzas”.47 El interés ya no se centra solamente en un
pro-ceso histórico-romántico de la lengua, sino que se habla de conceptos como
estabilidad o de “corrientes sociológicas que sostienen que el idioma materno
es el que debe ser hablado y estudiado en los prime-ros años de la vida”48 y comienza así a perfilarse un aspecto nuevo
en los enfoques sobre el estudio de la lengua.
Como lo mencionamos anteriormente, es en la
literatura donde el problema es más acuciante y la ambivalencia en las
actitudes ante el bilingüismo empieza a echar raíces. Se lo presenta como causa
de “una orfandad literaria en el terreno de la narrativa… una orfandad
paradojal de una nación que cuenta con dos lenguas para su comuni-cación dentro
del arte”,49 porque
a pesar de esta realidad se considera al Paraguay una nación sin tradición
literaria, motivo por el cual un autor califica de una situación de “grandeza y
miseria”.50
Enfocado más directamente desde un aspecto
histórico-literario, Josefina Plá nos proporciona una consistente descripción
del modo en que las dos lenguas originan un proceso de antagonismo o de unión
—esta última, como ella bien lo acota, en los momentos de peligro nacional, en
que la relación entre el español y el guaraní es unívoca— y de la influencia
avasalladora del mestizaje, concluye que “literaria-
45 Roa Bastos, Augusto, op. cit.
46 Codas, Silvio M., “Bilingüismo en el Paraguay”
en Ybytyruzú Revista Guaireña de Cultura, Año II, Nº 8,
Villarrica, abril de 1964, p. 21.
47 Ídem.
48 Ídem.
49 Martínez, Reinaldo, “Proyección de nuestra
narrativa” en Péndulo, Nº 8, marzo-abril 1966, p. 20.
50 Martínez, Reinaldo, op. cit., p. 21.
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mente, el guaraní puede ser un problema; no puede
ser una solución. La misma literatura vernácula —poesía, exclusivamente— revela
sus módulos creativos y su área difusiva, sus limitaciones”.51
En otro lote de documentos, se evidencia ya una
preocupación más definida de la incidencia del guaraní en la educación. Esto
lleva a la formación de comisiones de docentes para estudiar la inclusión del
estudio y uso de la lengua en los nuevos planes de enseñanza media y a una
difusión más extensa del problema. Fogel afirma que existe una “relación entre
el bilingüismo y la estratificación social… y una dife-rencia urbano-rural”,52 en el área rural el 80% de la población habla
guaraní en el hogar y un 50% fuera de él. En Asunción, 54% lo habla en el hogar
y el 80% fuera de él, aunque no menciona la fuente de estos datos estadísticos
y los criterios usados para dichos agrupamientos.
2.
Monografías
En esta segunda categoría se han agrupado los
trabajos consistentes en monografías y ensayos fundamentados en gran medida en
estudios anteriores de mayor envergadura científica, por lo tanto confiables en
lo que a datos y fuentes concierne.
Entre los estudiosos que más se dedicaron al
fenómeno del bilin-güismo, sin duda los antropólogos León Cadogan y Bartomeu
Meliá son los que más han profundizado en su estudio y han ofrecido apor-tes
realmente útiles y valiosos en este campo. El primero de ellos lo ha enfocado
más desde una perspectiva lingüística estructural, preo-cupado con el “proceso
de hibridización que viene sufriendo la lengua desde hace más de cuatro siglos”53 y aboga por la “tarea ciclópea” que
constituye reconstruir lo que se ha dado en llamar guaraní paraguayo puesto
que se ha descartado el uso del guaraní clásico por arcaico y obsoleto.
Bernard Pottier —a diferencia de Rubin, por
ejemplo— sostie-ne que la situación del bilingüismo en Paraguay no es una
situa-ción tan específica, solo en “cierto grado en relación a otros países
americanos”.54 Pottier
se preocupa de la división que existe entre los
51 Plá, Josefina, “Español y guaraní en la
intimidad de la cultura paraguaya” en Caravelle Nº 14,
Toulouse, 1970, p. 21.
52 Fogel, Gerardo, Simposio sobre “El bilingüismo en
el proceso de la comunicación nacional”, en La Tribuna, 28 de mayo
de 1972.
53 Cadogan, León, “En torno de la enseñanza del
guaraní y su implantación como idioma oficial”, en Yvytyruzú Revista
Guaireña de Cultura, Año II, Nº 6, mayo-junio 1963, II parte, p. 12.
54 Pottier, Bernard, “Aspectos del Bilingüismo
Paraguayo”, en Suplemento Antropológico de la Revista del Ateneo
Paraguayo, Vol. 4, Nº 1, junio 1969, p. 190.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
paraguayos por la implantación del guaraní clásico
por un lado y el ye-pará por el otro. Afirma que si se puede
dar una “distribución razona-ble de la afectación de las lenguas a un tema”55 entonces —el guaraní y el español— podrían
convivir sin ningún tipo de degradación de una de ellas y mucho menos de
desaparición.
Por su parte, Meliá presenta el interrogante de si
“habría entra-do el Paraguay en una etapa que no es tendencia hacia el
monolin-güismo ni afirmación del bilingüismo, sino deslizamiento hacia el
alingüismo”56 basándose
en la moderna lingüística estructural en que el individuo es hablado por la
lengua. Este enfoque es analizado te-niendo en cuenta los factores sociales que
inciden en el fenómeno posible del alingüismo, el cual produce cierta
consternación y hasta, en alguna medida, sorpresa en los medios intelectuales
locales. In-mediatamente las opiniones a favor y en contra de Meliá se dividen
y cuestionan —al decir del mismo autor— que “un pueblo que se des-lengua, es un
pueblo que se des-piensa, des-dice y finalmente se des-hace”57, lo que nos hace pensar que estaríamos entrando en
un proce-so de des-nacionalización, que por otra parte el mismo
Meliá sugiere cuando señala la seriedad de su innovadora teoría, la cual sería
muy interesante analizar más desde la perspectiva de la educación que del punto
de vista de la lengua. Coincidimos con su opinión de que “el in-terrogante
planteado encierra una consecuencia que no compartimos en su dimensión
cultural”.58
Después de una breve historia de la situación
socio-lingüística del Paraguay durante el tiempo de la colonia en que “existía
una estructu-ra de dominación cultural que establece dicotomías entre las
distintas áreas semánticas… el coloquio interno… y en el que se ha dado en
llamar el mundo de la cultura”,59 Meliá se explaya en distintos puntos de
controversia entre los mismos “guaraniólogos”, para llegar a afir-mar que
“pocos paraguayos son bilingües, más aún, como veremos, tal vez nadie es
bilingüe en el Paraguay”,60 tomando
como criterio el concepto de que el guaraní y el español pertenecen a áreas
semánticas distintas. Por lo tanto, este autor considera que el fenómeno
lingüís-
55 Pottier, Bernard, op. cit., p. 22.
56 Meliá, Batomeu, “El guaraní dominante y dominado”
en Revista Acción, Nº 11, sept. 1971, Asunción.
57 Meliá, Bartomeu, op. cit., p. 22.
58 Peña Villamil, Manuel, “Ensayo de una política
lingüística en el Paraguay con relación al idioma guaraní”, VI Congreso de
Asociaciones de las Academias de la lengua Española, Caracas, noviembre 1972.
59 Meliá, Bartomeu, op. cit., p. 22.
60 Meliá, Bartomeu, op. cit., p. 24.
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tico en el Paraguay no puede considerarse como un
caso de bilingüis-mo, sino de “di-lingüismo”. Gran parte del trabajo hace
referencia a la investigación de Rubin, hecho que confirma lo que se había
expresado anteriormente sobre la división en el tiempo en relación a la
influencia de dicha autora sobre la producción de la literatura especializada
al respecto.
Liviéres y Dávalos, en una monografía sobre la
situación lingüís-tica del país, llevan a cabo una minuciosa descripción del
origen y proceso de desarrollo de ambas lenguas en una realidad geopolítica
social muy peculiar como Paraguay, enfocada bajo un punto de vista
histórico-antropológico, para luego detenerse en una cuidadosa revi-sión de los
puntos más destacados de la obra de Rubin.
Estos autores afirman —contrariamente a lo expuesto
por Ru-bin— que “los bilingües reales, eficientes en ambas lenguas, son muy
pocos y generalmente cultos. La mayoría de los que se declararon bi-lingües en
el censo de 1964 son eficientes en su idioma, mientras sus conocimientos del
otro son precarios y limitados a un ámbito bien restringido de la vida diaria”.61 Claro que esta consideración está suje-ta a
lo que dichos autores entienden por bilingües, ya que en ninguna parte del
trabajo ofrecen una definición del concepto. El punto de vis-ta negativo que
estos autores demuestran al “considerar estéril y con-denado al fracaso de
cualquier intento de modernizar, de poner al día el guaraní, como pretende
cierto sector guaranista con base puramen-te casuística e ideológica”62 revela una cierta duda de los procesos de
cambio y de enriquecimiento en que en una u otra medida han sufrido la mayoría
de las lenguas, mantenidas “vivas” por el uso y contacto a través del tiempo.
Así como algunas lenguas han desaparecido, otras se encuentran en vías de
desaparecer, unas pocas han podido sobre-vivir y cualquier esfuerzo en
desplazar una lengua de la vida de una nación es no tan sólo futil y
artificial, sino que culturalmente se mutila la sociedad a la cual pertenece.
Liviéres y Dávalos efectúan luego un análisis del
trabajo de Rubin, resaltando que en sus conclusiones finales esta autora
sostiene que “el país y su cultura son relativamente homogéneos como resultado
de un aislamiento de 300 años y de una efectiva incomunicación con el resto del
mundo”,63 dando
las razones para tal afirmación y contra las cua-les estos autores no hacen
objeción, claro que expresamente aclaran que sólo se limitan a “reseñar algunas
conclusiones”. Sin embargo,
61 Liviéres, B. y Dávalos, Juan S., “Las lenguas
del Paraguay”, en Aportes Nº 35, mayo 1969, París, p. 22.
62 Liviéres, L. y Dávalos, Juan S., op. cit.,
p. 19.
63 Liviéres, L. y Dávalos, Juan S., op. cit.,
p. 19.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
sostienen a todo lo largo del trabajo que el
Paraguay es un “país es-cindido en dos mundos lingüísticos”,64 en donde dos culturas —la del español y la
del guaraní, cada una en sus respectivos ámbitos de uso, prestigio, etc.— viven
con sus respectivos valores y comportamientos, y por consiguiente con sus
respectivas lenguas, concluyendo estos au-tores que si es factible hablar del
carácter bilingüe de un individuo, no siempre es así con respecto a un ente
histórico como lo es una nación.
A pesar de que al trabajo que pasaremos a comentar
no se lo pue-de incluir en esta categoría porque es más que una monografía; lo
hacemos debido a su corta extensión y escasa cobertura.
Con la realización del Congreso sobre “Familia,
Infancia y Ju-ventud”, se llevó a cabo un intento de explorar el uso del idioma
pre-dominante dentro y fuera del hogar al insertar tres preguntas en un
cuestionario general sobre idioma, cultura y comunicación. Se reco-gieron datos
sobre el uso del guaraní, el castellano y ambos para las seis áreas geográficas
en que fue dividida la muestra.
Aparte de la presentación de dos cuadros con los
datos recogidos y dos puntos en el Documento Final con dos recomendaciones
orien-tadas al planeamiento educativo, el documento se limita a la expli-cación
de los cuadros a un nivel meramente descriptivo de los datos cuantitativos
recogidos. En el informe “se distingue que el idioma pre-ferentemente hablado
en la vida familiar es diferente del que se uti-liza fuera del hogar… se nota
entonces un paulatino descenso de las personas que hablan guaraní refiriéndose
a idiomas fuera del hogar, en cambio el castellano aumenta su porcentaje”.65 De todos modos, los datos provienen de un
trabajo de campo para una muestra estadís-ticamente confeccionada, lo que
confiere a la información un cierto grado de confiabilidad.
Este informe se ha convertido en un material
fundamental de consulta para los nuevos currículums de la reforma educativa en
la escuela primaria.
3.
El Estudio de Joan Rubin
A pesar de la muy proficua labor realizada a partir
del año 1556 con la obra del Padre José de Anchieta hasta nuestros días sobre
la lengua guaraní, es casi nada lo que se ha escrito acerca de las implicancias
sociológicas de nuestra lengua vernácula en la población paraguaya ya que todo
el énfasis era dado a los aspectos lingüísticos e históricos de la misma. El
contenido de la mayor parte de la producción sobre el
64 Liviéres, L. y Dávalos, Juan S., op. cit.,
p. 19.
65 Consejo Nacional de Progreso Social, Congreso
Nacional “Familia, Infancia y Juventud”, Tomo I (Borrador para discusión),
Asunción, sept. 1971, p. 139.
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tema, consistía en una larga —a menudo sobrecargada
de detalles, fe-chas, nombres, hechos, etc.— exposición del origen y posterior
desa-rrollo de la lengua guaraní, envuelta en un tipo de aureola romántica y
hasta casi “sobrenatural” de su existencia.
Recién con la publicación, en 1968, del trabajo de
investigación de Joan Rubin titulado National Bilingualism in Paraguay aparece
un estudio amplio del problema bajo un enfoque teórico y metodológico
científicamente elaborado y analizado. Por primera vez se cruzan di-mensiones
sociológicas, antropológicas y psicológicas en relación a una realidad
sociolingüística de mucha complejidad y única por sus características
culturales e históricas. El estudio se llevó a cabo en Luque —localidad ubicada
a 14 km. de la capital— y en Itapuamí, una compañía rural dentro de la misma
área geográfica.
El propósito del trabajo es describir y analizar
los factores cul-turales, políticos y sociales que conforman la conducta
individual66 cuando
ésta se relaciona con el uso de una de las dos lenguas. Este análisis se
efectúa por medio de las siguientes variables: estabilidad, actitud, uso y
adquisición, destreza en el uso de una u otra lengua. Esta autora aplica el
modelo de Brown para detectar los factores que influyen en los hablantes
bilingües para la elección del español o guaraní en el discurso, eligiendo
ciertas dimensiones de estudio: solidaridad, poder, residencia urbano-rural,
tópico del discurso, cla-se social y sexo.
Rubin define al individuo bilingüe como aquel que
ha aprendido algunos elementos del segundo idioma y nos permite comprender el
proceso de convertirse en bilingüe y enfatiza más en la capacidad de
comunicarse que en la destreza lingüística,67 sobre todo que todavía no se ha llegado a un
punto de coincidencia para una descripción de los diferentes grados de destreza
bilingüe.
Rubin sostiene que los datos del censo del año 1961
revelan que el 92% de la población dice poder hablar guaraní, de la cual 76% de
los residentes en Asunción —capital del país— y 49% de los residentes en el
interior se declaran bilingües.
En los dos primeros capítulos del libro, Rubin
explica detallada-mente los conceptos que manejará en todo el desarrollo del
trabajo, además de una descripción cronológica del origen y evolución de la
lengua guaraní a través de los materiales de tipo histórico disponibles en el
país. Continuando con una larga reseña sobre la realidad socio-cultural de
Luque, además de la descripción de la actitud de los luque-ños con respecto a
Asunción.
66 Rubin, Joan 1968 National Billingualism in
Paraguay (La Haya: Mounton), p. 7.
67 Rubin, Joan, op. cit., p. 18.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Afirma que existe una actitud ambivalente hacia la
lengua guara-ní, en la que se mezclan internamente por un lado un rechazo hacia
la lengua autóctona y, por otro, un sentimiento de amor y orgullo,
condicionadas ambas actitudes por las variables lugar de residencia y clase
social de los hablantes.
El análisis revela que existe una gran lealtad
hacia el guaraní. El indicador más claro de esta consideración es que no existe
ningún tipo de demostración que ataque al español, mientras que debates so-bre
las cualidades positivas y negativas de la lengua aborigen es muy común
encontrar a distintos niveles de los sectores sociales urbanos y rurales del
país. La lealtad fue medida a través del rechazo y defensa del guaraní,
menguado en los últimos años por la política del gobierno actual que se
esfuerza en identificar la lengua como símbolo nacional.
Rubin continúa con una detallada exposición del
orgullo que ex-perimentan los paraguayos con respecto a la lengua nativa, al
mismo tiempo que examina el grado de énfasis que las distintas instituciones
oficiales y privadas otorgan a cada una de las lenguas. Dicho análi-sis se
efectúa a través de periódicos, revistas, libros, radio, televisión, cine,
cartas, propaganda, obras de teatro, cantos, poemas y entreteni-mientos en
general.
El prestigio es otra de las dimensiones estudiadas,
otorgando esta autora un alto prestigio al español especialmente como indicador
de estatus, pero agrega que en Luque esta lengua está asociada a nada más que
un moderado grado de prestigio ya que la posesión del espa-ñol no es el único
requisito para ser aceptado en “la sociedad”. Este concepto es usado en el
trabajo para indicar el nivel más alto en las clases sociales en la comunidad
en estudio, oponiéndose a “la gen-te” que se refiere a los niveles más bajos.
Como las gradaciones en la estratificación social no están muy marcadas en el
Paraguay, Rubin utiliza varios indicadores para definir claramente la dicotomía
efec-tuada. Rubin comenta que se da una situación paradójica en la que la
lengua con menos prestigio es la portadora de valores de lealtad y orgullo, al
mismo tiempo que actitudes de rechazo.
Con respecto a las normas de uso, Rubin sostiene
que solamente en tres situaciones se puede predecir el uso de la lengua
apropiada: guaraní en el área rural y español en las situaciones formales
públi-cas y en la escuela. En las otras ocasiones el paso de una a otra len-gua
es muy fluido y por lo tanto es difícil delimitar el área específica de las
normas de uso de una u otra lengua. Las normas lingüísticas del guaraní —hasta
el presente— son discutidas entre los estudiosos de la lengua.
La capacidad lingüística es el producto de la
aplicación de una escala tripartita (nada, regular, bueno) en la habilidad para
hablar,
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comprender y leer ambos idiomas, con la cual
establece categorías para medir el grado de bilingüismo de los informantes en
estudio.
Analiza la estabilidad en las relaciones de ambas
lenguas a través de dos tipos de situaciones, en la que una de ellas es la
lengua domi-nante y la otra la dominada, que puede continuar vigente o
desapare-cer con el tiempo.
Una tercera situación estaría configurada por la
supervivencia de ambas lenguas, en la que se tendría que dar una distribución
en las funciones de comunicación. El análisis histórico-lingüístico y el de los
datos recogidos lleva a esta autora a afirmar que si la distribución del uso de
ambos idiomas es parcial o mutuamente excluyente, un bilin-güismo total puede
ser posible y en realidad continuar cualquiera sea el lapso de tiempo en que
las otras variables permanezcan estables.68
Las variables sociales que Rubin utiliza en su
trabajo, las agrupa de la siguiente manera:
1. El tipo de relación que se establece en una
conversación, desde el punto de vista del hablante;
2. Los atributos que poseen tanto el hablante como el
oyente, en términos de nivel social y origen (rural, urbano o semi-urbano);
3. El tipo de situaciones en que se lleva a cabo la
conversación, es decir dicotomías tales como formal-informal, pública-privada.
Además, Rubin considera variables como edad, sexo,
clase social, ocupación, religión, afiliación política, origen de nacimiento,
escuela, familia, lugar de residencia y algunas variables informales. Siempre
teniendo en cuenta el tipo de población, los resultados a que llega la autora
presentan, en algunos casos, una clara relación entre los mismos y los
diferentes aspectos lingüísticos estudiados en el trabajo.
Guaraní es la primera lengua aprendida por la
mayoría de los indi-viduos que residen en zonas rurales, pero puesto que el
sistema escolar les provee su primer contacto con el español, prácticamente
desde la niñez comienza el proceso bilingüe. Contrariamente, aquellos que
po-seen el guaraní como segundo idioma, usualmente lo aprendieron du-rante la
infancia y el porcentaje de bilingües baja cuando esta lengua es aprendida
durante la edad adulta. El número de bilingües aumenta en mayor medida en las
generaciones más jóvenes, debido al creciente contacto establecido entre los
monolingües guaraní y español.
El sexo masculino, en las áreas rurales, posee
mayor nivel de proficiencia bilingüe que el sexo femenino, debido a que los
primeros
68
Rubin, Joan, op. cit., p. 93.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
cuentan con más oportunidades —viajes, servicio
militar, trabajo— de contacto con el español. Por otro lado, el bilingüismo en
los centros urbanos se manifiesta en igual forma para ambos sexos.
La variable clase social es determinante en la
adquisición de una u otra lengua. Las clases más altas indican tendencias al
aprendizaje del español como primera lengua, mientras que los informantes de
las clases más bajas y rurales demuestran lo contrario, es decir la
adqui-sición del guaraní como primera lengua.
Rubin afirma que en aquellos casos —en el área
geográfica estu-diada— donde se da un contacto simultáneo con ambas lenguas, es
a menudo debido al deseo de movilidad social, siendo evidentemente el español
el elemento ascendente.
La mayoría de los informantes no tuvieron su primer
contacto con el español a través de la ocupación, ya que antes de obtener un
em-pleo han recibido aunque sea los primeros años de educación formal. Mientras
los monolingües guaraníes aprenden español a través de su ocupación o por los
desplazamientos migratorios; los monolingües de español también se ven en la
necesidad —casi inmediatamente— de aprender guaraní, debido al contacto con
pacientes, clientes, etc., que —especialmente en las áreas rurales— son monolingües
guaraní.
La variable educación tiene obviamente una
importancia sustan-tiva y Rubin se extiende en una detallada explicación sobre
las impli-cancias del bilingüismo en el sistema educativo. Aunque muchos de los
puntos que ella menciona han perdido cierta validez en el presente debido a las
nuevas reformas educativas, el problema está justamente planteado y concordamos
que es evidentemente el núcleo central de toda la problemática lingüística y
educativa.
El lugar de residencia también demuestra una
correlación con el fenómeno. El contraste que presenta la dicotomía
urbano-rural es extremadamente relevante en el Paraguay: el guaraní es la
primera lengua de una abrumadora mayoría de la población rural. La residen-cia
en las áreas urbanas aseguran algún grado de contacto con ambas lenguas y
usualmente es el requisito necesario para llegar a algún gra-do de bilingüismo.
La comunicación se presenta siempre como el motivo
principal para el aprendizaje de guaraní. En muchos casos es para estrechar e
indicar lazos de intimidad entre el hablante y el oyente. Sin embargo, nunca
—según afirma por último Joan Rubin— es usado para obtener un mayor estatus
social.
Además de las variables sociales mencionadas, la
autora da cuenta de expresiones tales como grupo de entretenimiento y cantos
populares.
El cuidadoso trabajo de investigación no enfoca
—como especí-ficamente la misma autora lo aclara— dos aspectos relacionados con
252 .py
el bilingüismo en el Paraguay: 1) la medida en que
el grado y tipo de bilingüismo afecta la estructura social, económica y
política del país; y 2) la medida de interferencia en cada lengua como
resultante del contacto entre ellas.
Como puede apreciarse por todo lo expuesto
anteriormente, el trabajo de Joan Rubin es de sumo valor por su alcance y
contenido para una comprensión mayor del fenómeno del bilingüismo en un
determinado tipo de realidad social. Es al mismo tiempo punto de partida para
investigaciones a más profundidad de algunos de los as-pectos abordados por
ella.
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María
Victoria Heikel
Laura Sayas y María Eugenia Arce
(colaboradoras)
La
mujer paraguaya migrante en el trabajo y el hogar*
1.
Introducción
Para abordar el fenómeno de la migración de la
mujer y su situación en el trabajo y en el hogar habría que comenzar por
precisar algunos aspectos: en primer lugar, la migración que significa el
traslado de in-dividuos de un lugar a otro tiene diversas causas y sobre todo
diversas consecuencias según la distancia que exista entre el lugar de donde
sale la migrante (origen) y el lugar al que llega (destino). Dicha dis-tancia
se mide en kilómetros y también en términos de urbano rural, en términos de
ocupación y en términos culturales. No es lo mismo para una joven campesina
migrar 400 kilómetros de una compañía a otra en el interior del país para ir a
vivir con parientes y ayudar en las mismas tareas que realizaba en su casa, que
trasladarse 100 km. desde el área de Hernandarias para ir a ejercer la
prostitución en Foz de Iguazú.
Con estos ejemplos todavía no estamos mostrando
patrones de comportamiento de las mujeres migrantes, sino que estamos
resal-tando que la distancia física no es lo más importante para entender la
situación.
* Heikel, María Victoria; Sayas, Laura; Arce, María
Eugenia (cols.) 1993 La mujer paraguaya migrante en el
trabajo y el hogar (Asunción: BASES IS), Documento de trabajo
N° 51, p. 32.
257
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
En segundo lugar, aún cuando podamos afirmar que la
migración es un comportamiento (individual o colectivo) que responde a las
di-ferencias de desarrollo entre regiones, no es posible asegurar que en todos
los casos se trate de ir a un lugar mejor (atracción). En efecto, en la mayoría
de los casos de migrantes paraguayas se trata de buscar algo peor, un lugar
donde sobrevivir porque en el punto de origen ya no hay condiciones. Si ésta es
la situación, se estaría en presencia de fenómenos de expulsión migratoria1.
Finalmente cuando se trata de mujeres migrantes hay
que agre-gar a los motivos y condiciones clásicamente estudiados para los
varo-nes, aquellos que hacen a su condición específica de género femenino.
Entre estos hay dos que se destacan: i) su posición con respecto a la familia
(hija, esposa o madre o varias de estas condiciones a la vez); y ii) los
riesgos a los se que expone en el lugar de destino y durante el proceso
migratorio mismo: discriminación laboral y salarial con respecto a otros
migrantes varones en similares condiciones (de docu-mentación, experiencia,
conocimiento del idioma, etc.), malos tratos y violencia, incluyendo la
violencia física y sexual.
En el trabajo que aquí se presenta se aborda la
problemática de la “mujer migrante en el trabajo y en el hogar” desde esta
perspectiva, y se incluyen en primer lugar los motivos de migración, que son
gene-ralmente los mismos para los movimientos internos e internacionales, ya
que el primero, por lo general, es una etapa para el segundo.
El capítulo 4 se refiere a la migración
internacional en general y hacia la Argentina en particular ya que es este el
principal país de destino para la migración paraguaya. Dada la abundancia de
informa-ción existente sobre los y las paraguayos/as en la Argentina fue
posible analizar en detalle sus motivos, características, formas de integración
y expectativas en aquel país. También se hace referencia al papel de-sempeñado
por la Iglesia Católica con respecto a la protección de los derechos de los
migrantes.
La iglesia también ha emprendido diversas
actividades con los migrantes internos en el Paraguay. En el capítulo 5 se
presenta una breve reseña de las características del Hogar Santa Librada y de
las jóvenes que se reúnen en esta obra eclesial.
Finalmente, se presenta una síntesis de los
aspectos más destaca-dos del trabajo. Estos puntos, más que conclusiones, son
indicaciones de temas sobre los cuales vale la pena profundizar y son también
indi-caciones acerca de las principales líneas de acción a emprender.
1 Otros casos de expulsión migratoria son
producidas por razones políticas y por las guerras y guerrillas. Las
expulsiones políticas fueron importantes en el Paraguay hasta finales de la
década del ochenta.
258 .py
Las conclusiones de este trabajo fueron presentadas
a la Reunión Regional del Cono Sur sobre “La Mujer Migrante en el Trabajo y en
el Hogar” auspiciada por el Departamento de Laicos del Consejo Epis-copal
Latinoamericano (CELAM), el Servicio Pastoral del Migrante y el Equipo Nacional
de Laicos de la Conferencia Episcopal Paraguaya, realizado en Asunción del 25
al 27 de junio de 1993.
2.
Los motivos de la migración paraguaya
La decisión de dejar el lugar de residencia para
trasladarse a otro sitio es de carácter individual pero obedece, como los demás
hechos pobla-cionales, a factores que afectan a grupos sociales. Dichos
factores, en el caso de la migración paraguaya, son de tipo económico y
político.
Los determinantes políticos afectan, obviamente, a
los flujos de migrantes hacia el exterior y tienen en el país una larga
historia. El exilio voluntario en algunos casos, pero forzoso en la mayoría,
fue uno de los métodos de represión política usado durante casi todo el último
siglo por las diferentes dictaduras de turno y sobre todo fue utilizado por
Stroessner en tres periodos: alrededor del año 1954, en 1967 y 1978. Entre los
exiliados predominan los patrones fami-liares de migración y aunque los perseguidos
fueron principalmen-te los hombres, las mujeres salieron también por su
condición de esposas e hijas.
El destino de los y las migrantes por motivos
políticos no ha va-riado mucho del que eligen los migrantes económicos. En
efecto, la gran mayoría fue a la Argentina, menos al Brasil y muy pocos a
países europeos o del norte de América.
El exilio afectó principalmente a la clase
dirigente, política y sin-dical. Así, en muchos casos se trató de
profesionales, intelectuales y estudiantes, es decir sectores sociales con
recursos como para estable-cerse en otros países. A este mismo grupo pertenecen
muchos para-guayos que han cursado estudios post-universitarios en el exterior
y que hoy están regresando al país.
En los movimientos migratorios de origen económico
la situación es bastante diferente. En primer lugar, porque es mucho más
reciente, podría decirse que la migración económica interna e internacional se
inicia recién durante la segunda mitad de este siglo y se produce por la
ausencia de una política de desarrollo rural que beneficie al sector campesino.
Los motivos de migración económica interna e
internacional son prácticamente los mismos ya que ambos movimientos se producen
por etapas: primero la migración interna y después la migración in-ternacional.
Esto, sin embargo, no implica necesariamente que cada individuo realice ambas
etapas ya que a veces se trata de la experien-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
cia de todo un grupo familiar donde los primeros en
salir cumplen todos los pasos, pero los últimos ya se trasladan, directamente,
desde el interior hacia el exterior.
En la migración económica, el patrón de la
migración es indivi-dual cuando la dirección del movimiento es rural urbano, y
familiar cuando se trata de movimientos rural-rural.
En la migración interna la dirección fue primero
rural-rural du-rante la época de la colonización o apertura de la frontera
agrícola para reasentamiento de los campesinos de la zona central del país. En
dichos movimientos los hombres se trasladan primero, mientras dura el desmonte
y después se trasladan las mujeres y los niños. En estos casos toda la familia,
de origen campesino, sigue trabajando en tareas agrícolas en el lugar de
destino.
El fracaso del proceso de colonización dejó ver ya
en los años setenta que habría un movimiento de reflujo campesino desde
dife-rentes zonas del país hacia la zona central (Palau y Heikel, 1987). La
diferencia en estos casos fue que el reflujo de orientación rural-urbana tuvo
como destino la ciudad capital, ciudades fronterizas y ciudades intermedias del
interior del país.
En los movimientos rural-urbano el patrón de
migración ya no es familiar sino individual y toma diferentes características
según se trate de hombres o mujeres2.
Los hombres migrantes de origen rural se han movido
en dos direcciones principales: a) para realizar trabajos de cosecha en
dife-rentes épocas del año (en el país y en zonas rurales fronterizas con la
Argentina). A estos movimientos se los conoce como movimientos golondrina y
tienen una duración variable de unos pocos meses hasta la mitad del año o más.
En la migración golondrina la mujer queda en la casa cuidando los/as hijos/as y
manteniendo las tareas de la chacra para garantizar la subsistencia familiar;
b) para trabajar en el sector de la construcción: en obras de la represa de
Itaipú y en la expansión del sector de la construcción en las ciudades (de
Paraguay y del exterior).
Las mujeres realizan movimientos diferentes,
escalonados: desde el campo hacia los centros urbanos de menor tamaño primero,
hasta llegar a las grandes ciudades como Asunción o Buenos Aires. En la ciudad
las mujeres se insertan principalmente en el servicio doméstico.
Hombres y mujeres dejan el campo por idénticos
motivos: la falta de tierra, los bajos precios de la producción del algodón, la
falta de
2 Recientemente se ha reconocido que también existe
un movimiento importante de niños migrantes, pero este tema no será tratado
aquí ya que merecería un estudio aparte.
260 .py
créditos y asistencia técnica para diversificar la
producción campesi-na de consumo y la ausencia de alternativas en términos de
empleo rural. En el campo tanto los hombres como las mujeres trabajan en la
chacra. Las mujeres lo hacen desde muy temprana edad y en condi-ciones muy
duras: “Yo vivía en la casa y hasta los 22 años trabajé. Tra-bajaba en la
chacra, en la casa, carpía, plantaba mandioca, algodón, maíz, soja, ajo. Todo
esto plantaba para mis padres, para que ellos vendan y la plata que entraba era
para la familia”3.
Usualmente las mujeres migrantes pierden la
experiencia agríco-la porque migran a la ciudad y sólo aprovechan lo que han
aprendido de su madre con respecto a las tareas domésticas.
En la migración, tanto de hombres como de mujeres,
son impor-tantes los contactos que puedan establecerse en el punto de destino:
familiares y amigos ya asentados que forman las llamadas “cadenas parentales”
que influyen en la elección del lugar de destino y sirven de apoyo para el o la
migrante recién llegado/a.
La situación económica en el lugar de destino hace
parte de los elementos a ser tenidos en cuenta en la decisión de migrar. Pero
no siempre se tiene una visión realista de la situación. Así, la deci-sión es
tomada sin una base cierta y los “atractivos” que se ofrecen para migrar
resultan ser falsos. En muchos casos ante el motivo de mejorar las condiciones
de vida y de trabajo, las y los migrantes se encuentran con graves problemas
económicos, peores condiciones de vida y sobre todo en un ambiente desconocido
donde es muy difícil desenvolverse.
3.
La migración interna
Tal como ya se dijo en el punto referido a los
motivos de migración, el sector rural expulsa mucho más a las mujeres que a los
hombres hacia las ciudades y lo hace a edades muy tempranas. Esto provoca un
des-equilibrio en la composición por sexo de población urbana-rural. En efecto,
según cifras preliminares del Censo de Población y Vivienda de 1992 la
población urbana estaba compuesta por un 50% de mujeres mientras que en la zona
rural la situación es al revés: 52% de hombres y 48% de mujeres.
Según datos de una investigación reciente, al
llegar a la capital el 73% de las jóvenes trabajan como empleadas domésticas y
el resto como empleadas de bar o despensa o como vendedoras ambulantes. Además,
del total de las entrevistadas el 67% no pensó en trabajar en otra cosa por
falta de estudios, de preparación para otro tipo de
3 Entrevista realizada a una mujer campesina de la
Zona Sur del país (ver Heikel, Fogel et al., 1992).
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
trabajo. El trabajo doméstico es “natural” en las
mujeres, es lo que tradicionalmente hacía en su casa (Corvalán, 1990).
3.1.
El empleo doméstico
El empleo doméstico es el puerto de llegada para
las jóvenes cam-pesinas desde hace mucho tiempo. En una encuesta realizada con
empleadas domésticas se vio que el 41% son migrantes recientes, otro 40% son
migrantes antiguas y el 19% restante son mujeres po-bres de la ciudad
(Corvalán, 1990). La procedencia de las empleadas domésticas está dada por los
Departamentos más pobres del país: Paraguari, Concepción, San Pedro y también
los más poblados: Cor-dillera y Central.
Al llegar a la ciudad como empleadas domésticas o
“para traba-jar en casa de familia”, las jóvenes campesinas están entrando por
la puerta de servicio a la ciudad. Aunque ellas consideren que esto es solo un
trampolín para después ubicarse en mejores trabajos, a muchas les es realmente
muy difícil mejorar su situación. Las con-diciones de trabajo en el empleo
doméstico por una parte y la escasa demanda de empleo femenino en el sector
formal por otra, son las causas principales de deterioro social, cultural y
económico de la jo-ven migrante en las ciudades.
Mientras permanecen en la ciudad como empleadas,
las jóvenes adquieren hábitos y costumbres diferentes a las tradicionales.
Muchas aprenden a manejarse en la ciudad, a atender el teléfono, a utilizar
aparatos eléctricos y otros elementos de la modernidad, pero también pierden
sus rasgos de identidad cultural. Uno de los rasgos que se pierden es el
idioma, ya que el tipo de inserción económica las obliga a hablar el castellano
(Heikel, 1991). Los hombres migrantes no pier-den el idioma porque trabajan en
grupos o cuadrillas y se comunican entre sí en su lengua de origen: el guaraní.
Otro elemento que se desprende del tipo de empleo
que tienen las jóvenes es la soledad y la incomunicación que les obliga a
iniciar relaciones “afectivas” sin estar preparadas para una relación de
no-viazgo. Los resultados más notables son los embarazos precoces que ponen en
riesgo la vida de la joven y le dificultan seguir trabajando. La opción
generalmente es enviar al bebé con la abuela en el campo, con todos los
problemas para el niño o la niña que esto significa o, más recientemente, “dar”
su hijo o hija “en adopción”4. Otra de las deriva-ciones de los embarazos
precoces es la prostitución. A este punto se volverá en el ítem siguiente.
4 Nuevamente aquí aparece el problema de la
infancia, que está muy vinculado con la situación de las migrantes pero que no
es posible profundizar en este trabajo.
262 .py
Además, el “aprendizaje” en la ciudad no significa
por lo general continuar sus estudios ni capacitarse para lograr mejores
empleos. Esto puede verse claramente en los datos que se disponen en las fichas
del Hogar Santa Librada y que son presentados en el capítulo 5.
En cuanto al primer lugar al que llegan las jóvenes
del interior, existen tres posibilidades: el más frecuente tiene que ver con
las ca-denas parentales, es decir la casa de una hermana o hermano mayor, la
patrona de su hermana, una familia del mismo pueblo de origen, una amiga, etc.
A partir de ese lugar la joven busca su primer trabajo. Otra modalidad es que
las empleadoras vayan al interior a “buscar” para su “empleada” a través de
nexos familiares o de amistades que hacen los contactos previos. Esto da mayor
confianza a la familia de origen y a la joven e implica también mayor
estabilidad en su trabajo. Pero no implica mejores condiciones, ni salarios más
altos. Además la modalidad de “ser entregada” a la patrona es más común para
las mujeres más jóvenes (criadas). La tercera forma de llegar es la que se da a
través de los Hogares de Tránsito de la Iglesia Católica. Estos sí representan
una mejor inserción laboral y mayores garantías porque desde allí se les busca
el empleo, les dan un cierto seguimiento y sobre todo porque el Hogar se
transforma en un punto de referencia en la ciudad al cual pueden recurrir si
tienen problemas.
Para las jóvenes que no tienen un lugar a donde
recurrir, la casa de la patrona se convierte en un refugio donde hay techo,
cama, comi-da. El temor a lo desconocido y a la inseguridad del ambiente urbano
hacen que las jóvenes acepten cualquier condición de trabajo con tal de no
perder el refugio. Muchas de ellas permanece un largo tiempo en la ciudad,
incluso años, y no conocen más que el barrio donde tra-bajan y la terminal de
ómnibus, si es que viajan al interior para visitar a su familia de origen.
La manera en que viven y trabajan las jóvenes
compromete tam-bién su propia salud mental. Así se ha señalado que la pérdida
de la identidad campesina va ocasionando su desubicación social, va crean-do
resentimientos, actitudes de rechazo y frustraciones. Sus necesi-dades vitales
no satisfechas y la carencia afectiva da origen a serias limitaciones para
expresarse y para relacionarse. Todo esto disminuye su autoestima, lo cual a su
vez está reforzado por la desvalorización que tiene la sociedad del empleo doméstico
(Recalde, s/f).
Las jóvenes que trabajan como empleadas domésticas
general-mente provienen de familias numerosas que no pueden mantener a todos
sus hijos e hijas. Ellas vienen a trabajar para enviar dinero a sus familiares
pero por lo general el salario que obtienen no cubre sus propias necesidades.
En el código del trabajo el empleo doméstico está mal tipificado, más que un
empleo aparece como un servicio, no
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
existe un salario fijo, ni horario de trabajo o
días de descanso, tam-poco está garantizada su seguridad social, ni la pensión
jubilatoria. Aunque la ley prevé estos beneficios, en prácticamente todos los
casos no se cumple.
“Trabajadores domésticos son las personas de uno u
otro sexo que de-sempeñan en forma habitual y continua las labores de aseo,
asistencia y demás servicios del interior de la casa u otro lugar de residencia
o habitaciones particulares o instituciones que no importe lucro para el
empleador. Son también trabajadores domésticos los choferes del servicio
familiar” (Art. 144, Capítulo 4, Código Laboral).
En cuanto a sus aspiraciones, las más jóvenes dicen
querer seguir es-tudiando y pretenden trabajar por su cuenta (Corvalán, 1990).
Pero no es fácil lograr ni lo uno ni lo otro. En la realidad siguen siendo
siem-pre empleadas. Las de más edad esperan formar una familia y tener
hijos/as, pero la experiencia ha demostrado que tienen los hijos, como ya se
dijo, pero no llegan a constituir familia.
El nivel de instrucción que han alcanzado antes de
migrar a la ciudad es, según los estudios realizados, el factor que permite (o
no) cambiar de empleo (Corvalán, 1990). Dicho cambio se da desde el trabajo en
casa de familia al comercio ambulante.
3.2.
La prostitución
Otro de los destinos usuales para las mujeres
migrantes es la prosti-tución, que en muchos casos se inicia justamente durante
el trabajo como empleada doméstica. En efecto, según las pautas de
comporta-miento de ciertos segmentos de la sociedad patriarcal, la iniciación
sexual de los hombres jóvenes debe darse con una chica de inferior condición,
es decir, una prostituta o la empleada de la casa. Esto es parte del trabajo de
“todo servicio” que por supuesto no excluye al patrón (Sánchez, 1989).
Los servicios sexuales de la empleada de la casa se
intercambian a veces por regalos o sobresueldos pero en la mayoría de los casos
responden a diferentes formas de coacción para no perder el empleo y que sean
abandonadas a su suerte. “De esta situación no hay más que un paso, ya que como
prostitutas ganarán más y no necesitan traba-jar de sol a sol, lo cual hacen si
son empleadas domésticas (Sánchez, 1989: 14).
Otra forma en que las jóvenes campesinas llegan a
la prostitución es cuando habiendo sido madre soltera en el campo, migran a la
ciu-dad para trabajar y enviar dinero con el cual mantener su “criatura”.
Generalmente la familia de origen lo recibe sin saber de dónde pro-
264 .py
viene. También, en la mayoría de los casos, estas
jóvenes proceden de familias donde la promiscuidad y la miseria se conjugan
cotidiana-mente y no ven otra alternativa para salir de esa situación que la de
sobrevivir como sea posible.
4.
La migración internacional
El problema migratorio en el Paraguay fue muy
estudiado en los años setenta, cuando el flujo de emigrantes creció
aceleradamente. En los últimos años han aparecido nuevos estudios vinculados a
la Iglesia que hacen referencia a los paraguayos en la Argentina. Esto se debe
a que el número de connacionales en aquel país es el más alto y también a la
labor del Equipo Pastoral Paraguayo en la Argentina no ha sido determinado de
modo oficial por aquel país. Tampoco se dispone de estadísticas oficiales en
Paraguay. Sin embargo, datos recogidos por la prensa (en ambos países) refieren
la presencia de 800.000 a 1.000.000 de connacionales en la Argentina. Esta
cantidad es sostenida también por organizaciones de migrantes y de repatriados.
La mujer ha sido incorporada como objeto de
estudio, recién en la segunda mitad de los años ochenta y hay muy poca
referencia a ella en los estudios migratorios. Sin embargo, existen algunos
datos que demuestran que los movimientos migratorios afectan de manera
diferente al hombre y a la mujer.
4.1.
La migración en diferentes países
En esta sección se hará una síntesis de las
informaciones disponibles con respecto a la migración internacional de mujeres
hacia países que no son la Argentina.
Las mujeres paraguayas en el exterior muestran las
mismas ca-racterísticas que las migrantes internas en el Paraguay, es decir,
son siempre más jóvenes que los hombres. En cuanto a su educación, exis-te
cierta selectividad en la población paraguaya que migra al exterior, con
respecto al nivel educativo, que aumenta en la medida que se hace más grande la
distancia de los movimientos. Las mujeres migrantes también son más
escolarizadas que las paraguayas nativas, pero han alcanzado menos años de
estudios que los varones migrantes. Esto guarda relación con la condición de
menos escolarización que es tí-pica para las mujeres de nuestro país, pero
también tienen que ver con la edad más temprana de su salida, sumada a las
dificultades de proseguir sus estudios en los nuevos puntos de residencia.
Las mujeres paraguayas que migran al exterior lo
hacen para tra-bajar. Aún cuando no existe información suficiente como para
anali-zar si ellas están o no casadas o si han migrado en grupos familiares o
individualmente, se puede deducir que el principal motivo es eco-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
nómico, ya que su tasa de actividad es dos o tres
veces más alta que la correspondiente a las mujeres que se quedan en el país.
4.2.
La migración a la Argentina
Como ya se dijo, el volumen de mujeres paraguayas
en la Argentina y el contacto que mantienen con el Paraguay a través de la obra
del EPPA, hacen posible que respecto a ellas se disponga de suficiente
información.
a.
Los motivos para migrar a la Argentina
Los motivos de esta migración son más o menos los
mismos que los referidos para la migración interna, pero en este caso la
distancia físi-ca territorial y sociocultural que deben recorrer es mayor, por
lo tanto las consecuencias sobre su desarrollo humano y personal también son
más importantes.
Según un estudio realizado por el comité de
Iglesias para Ayu-da de Emergencia (CIPAE), la migración hacia el exterior se
produce cuando se ven agotados los recursos de migración interna (Moreno,
1992). Según otros estudios, no solo se trata de agotar recursos o
al-ternativas en el Paraguay, sino que —específicamente en el caso de las
mujeres— la migración por etapas refleja todo un proceso de “apren-dizaje” que
las anima a establecer mayores distancias con respecto a su lugar de origen. En
efecto, Corvalán (1990) señala que una primera etapa (en la migración femenina)
es la permanencia con parientes en los centros urbanos del país. La segunda
etapa es la del ingreso al empleo doméstico en la capital y lo que ello
implica, puesto que el entrenamiento no es solo el que tiene que ver con la
ocupación propia-mente dicha, sino también con el manejo en la ciudad y los
elementos e instrumentos propios de la vida urbana. La tercera etapa, para las
más profesionales y sobre todo decididas e independientes, es la mi-gración al
exterior.
Uno de los primeros problemas con que se encuentran
al llegar a la Argentina es que aún cuando han migrado a través de las cadenas
parentales no tienen información objetiva acerca de la vida en aquel país, las
posibilidades y condiciones de trabajo, los trámites legales necesarios para
obtener residencia y empleos dignos y la carestía de la vida, entre los
aspectos fundamentales.
Según el informe 1992 del Equipo Pastoral Paraguayo
en Argen-tina (EPPA), la mayoría de los migrantes denuncian la falta de
in-formación previa. Como ejemplo se puede mencionar que el motivo principal
para migrar a Buenos Aires es el “salario elevado”, pero se trata de salario
nominal y no del salario real o del nivel de vida al que se puede acceder con
dicho sueldo.
266 .py
b.
Características de las mujeres migrantes a la Argentina
La migración masiva de mujeres a la Argentina es
más reciente que la de los hombres. Según el informe del CIAPE, hasta la década
del setenta era mayor el número de paraguayos residentes en aquel país5 y
en los años ochenta las mujeres representaban el 54%, es decir, más de la mitad
de los connacionales en la Argentina.
Al igual que las migrantes hacia otros países, las
mujeres para-guayas en la Argentina son jóvenes, principalmente en edades
pro-ductivas (20-40 años) y menos instruidas que los varones. Esta menor
educación se refleja en el ámbito laboral, ya que mientras los hom-bres se
insertan más en el sector industrial (textil, metalúrgico, cons-trucciones o en
el de servicios profesionales, plomeros, electricistas, mecánicos, etc.), las
mujeres están en la industria textil y alimentaria, en los servicios del área
de salud y en el comercio: bares y restauran-tes. Temporalmente, se encuentra a
la mujer en el sector primario (cosechas), y como actividades periódicas se
ocupan de la venta de productos agrícolas o en la venta ambulante del comercio
informal (Moreno, 1992).
Según el informe EPPA (1992) realizado en base a
una encuesta a 55 migrantes de ambos sexos que habitan en diferentes barrios de
la Capital Federal y áreas circunvecinas, se pudo conocer que la mayoría (65%)
ha llegado con 21 a 30 años, es decir, las edades de mayor pro-ductividad
económica.
Con respecto al estado civil, existe una proporción
equivalente de casados/as y solteros/as de alrededor del 50% tanto para
hom-bres como para mujeres. Sin embargo, un 75% de casos refirieron haber
migrado individualmente y sólo un 25% lo hicieron en grupos familiares.
En cuanto al nivel de instrucción, el 63% de los
paraguayos en la Argentina han concluido la primaria, solo 13 % tienen estudios
se-cundarios y apenas el 3% ha ingresado a la universidad. Cuando se hace la
comparación por sexo, en el informe del EPPA se nota que las mujeres tienen una
escolarización más elevada que los hombres, un 57% con primaria completa, 14%
con secundaria completa y un 7% con el nivel universitario. Este estudio es el
primero conocido que re-fleja esta situación, la cual no se corresponde con la
inserción laboral menos favorable que tienen las mujeres. Tal vez se esté en
presencia de un problema de muestreo o, lo que es más probable, puede ser que
el mercado de trabajo sea más exigente con las mujeres (mayor esco-larización
para peores puestos que los hombres).
5 Cuando se hace referencia a los residentes no se
está haciendo distinción en cuan-to a la legalidad o no de su permanencia en el
nuevo país.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Según su procedencia, el 92% de los casos han
migrado desde el interior del Paraguay, un 4% desde la ciudad capital, otro 4%
desde diferentes centros urbanos. Al llegar a la Argentina, el 98% de los
pa-raguayos trabajan en áreas urbanas.
En cuanto al cambio de actividad entre el país de
origen y el país de destino, esto se produce más entre los hombres, quienes
pasan del sector primario al secundario y más concretamente al de
construc-ciones, mientras que las mujeres ya estaban en el servicio doméstico
en Paraguay y siguen en el mismo sector en la Argentina. Lo que aquí no se dice
es que esas mujeres también son de origen campesino y muchas de ellas se han
dedicado a tareas agrícolas en sus lugares de origen. Para ellas el cambio de
ocupación ya se dio antes de la migra-ción internacional.
La mayoría (72%) refiere haber conseguido trabajo
inmediata-mente, o al poco tiempo de llegar. Esto demuestra cómo funcionan las
cadenas parentales que, además de dar albergue a los/as recién lle-gados/as son
los medios de comunicación con los interesados en emi-grar, a quienes se les
avisa cuando hay un puesto de trabajo disponi-ble. Sin embargo, esto no
significa nuevos empleos, ni mucho menos estabilidad. En efecto, casi la
totalidad de las personas encuestadas dijeron que su inserción en el mercado laboral
es temporal y por lo tanto sus ingresos también lo son. A pesar de esto, y
siempre según el informe de EPPA 92, el 86% de las personas que migraron a la
Argen-tina dicen que su situación económica es mejor que la que tenían en el
Paraguay, un 7% dice que es igual y otro 7% que está peor. En rea-lidad, esto
puede estar significando que manejan más dinero pero no implica necesariamente
que hayan mejorado sus condiciones de vida.
Con respecto a vivienda, la mayoría vive en
viviendas alquiladas (45%), un 42% tiene casa propia y un 13% son mujeres que
trabajan en el servicio doméstico “sin retiro” o “de puertas adentro”, como
co-múnmente se conoce. También hay casos de migrantes que alquilan una pieza en
casa de familiares o amigas que han llegado antes (y forman parte de las
cadenas parentales). Esta es la situación más fre-cuente par las mujeres que
trabajan en el servicio doméstico por horas (puertas afuera).
Las viviendas a las que acceden los/as
paraguayos/as en Buenos Aires —sean rentadas o propias— se encuentran
principalmente en la periferia (75%) y sólo un 25% vive en la Capital Federal.
Práctica-mente la mitad (47%) habita en viviendas económicas que son preca-rias
en forma total o parcialmente construidas con materiales cocidos como
ladrillos, tejas, cemento, eternit; estas son las viviendas de nivel medio. En
inferiores condiciones vive el 42% de los/as encuestados/ as, es decir en
viviendas totalmente precarias “construidas” con cha-
268 .py
pas, cartón prensado, madera y materiales de
deshecho. Solamente un 11% habita en edificios horizontales y éstos no están
exentos del hacinamiento.
c.
(Ausencia de) Mecanismos de integración
El hábitat general en el cual se asientan los/las
paraguayos/as en Bue-nos Aires es el de las “villas miserias”, donde conviven
sin mayores obstáculos con otros extranjeros y con argentinos procedentes del
in-terior de ese país; pero sufriendo marginación constante con respecto al
resto de la sociedad argentina que los/las obliga a cerrarse e impide su
integración social, económica, cultural e institucional.
El 65% de los encuestados respondió haber sido
aceptado en el nuevo medio laboral sin problemas, mientras que el 35% restante
refi-rió problemas de integración en su trabajo. El grado de integración en
organizaciones socioculturales es mucho menor, ya que solo un 15% mantiene
vinculaciones con los clubes y asociaciones argentinas. Los motivos vistos por
los/as migrantes serían: a) la falta de tiempo libre debido a las largas
jornadas de trabajo y las distancias que hay que recorrer; b) el desconocimiento
de organizaciones socioculturales con objetivos e intereses afines; c) la
marginación por parte de la sociedad argentina; d) sus propias características
de personalidad (dificultad para asociarse, desinterés y parquedad).
Con respecto a la integración en actividades
económicas, el 85% de los casos no está asociado a sindicatos. Esto debe llamar
la aten-ción porque estos/as migrantes se han trasladado justamente para
trabajar. La ausencia de documentación “reglamentaria”, en estrecha vinculación
con la dificultad para obtener contratos legales, son facto-res que explican
esta situación. En el caso de las mujeres, su inserción en el empleo doméstico
hace de por sí más difícil la agremiación (so-bre todo para las que trabajan a
tiempo parcial).
Como compensación los/as paraguayos/as buscan el
apoyo de organizaciones de connacionales donde recurren, además, para ob-tener
asesoramiento legal, solidaridad ante emergencias y sobre todo para mantener su
identidad cultural. El EPPA es una de las organiza-ciones que más se destaca en
este sentido; también debe mencionarse a los partidos políticos, tanto los que
están en el gobierno como los de la oposición.
El EPPA actúa de manera similar a las cadenas
parentales, for-mando articulaciones con otras organizaciones religiosas
existentes en Paraguay. Un ejemplo es la relación entre el Hogar Santa Librada
de Asunción y el EPPA de Buenos Aires, ambos del Servicio Pastoral de
Migrantes. En efecto, muchas mujeres reciben información en Pa-raguay acerca de
las condiciones de vida y de trabajo en la Argentina,
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
y llegan a aquel país con la referencia de que
existe el Equipo Pastoral Paraguayo en Argentina, al cual recurren al llegar a
su nuevo destino.
Una parte importante de las dificultades para la
integración de los/las migrantes es, como ya se dijo, la falta de documentación
y la permanente sensación de inseguridad que crea su situación de “resi-dente
ilegal”. Según el informe EPPA 92, se puede advertir la inexis-tencia de
mecanismos estatales de información acerca de la documen-tación necesaria para
el traslado, en primer lugar, y para obtener la residencia, después. El apoyo
logrado a través de los medios consula-res es claramente insuficiente. Así, el
68% de los/as encuestados/as re-firió no conocer los pasos a seguir, ni las
condiciones para regularizar su situación en el país de destino. El 59% refirió
haber iniciado los trámites de gestión documental (que en muchos casos consiste
en la solicitud del certificado de nacimiento paraguayo). Para dichos trámi-tes
se cuenta con el apoyo de las organizaciones connacionales. Solo un 38% de
los/as encuestados/as tiene la documentación de residencia reglamentaria.
Entre quienes obtuvieron radicación, la mayoría
(95%) lo ha he-cho en forma definitiva. Pero quienes aún no lo han logrado,
seña-lan críticas al sistema administrativo, a la burocracia interna y al alto
costo que implican dichos trámites como las causas principales de su
indocumentación.
La ausencia de una política migratoria clara y
realista que con-temple los verdaderos motivos de los desplazamientos, sus
actores y actoras principales y sus posibilidades e intereses, es uno de los
fac-tores más importantes para explicar la condición de ilegalidad en que viven
estas personas. La inadecuación legislativa afecta tanto a la Ar-gentina como
al Paraguay. Esto mismo contribuye a la marginación de la población migrante y
con ello a la ausencia de mecanismos que aseguren sus derechos más básicos. Las
“amnistías migratorias” de-cretadas en el marco del MERCOSUR hasta hoy sólo han
mantenido lo establecido al no contemplar programas migratorios que den
ga-rantías a los/as migrantes.
d.
Las expectativas de la población paraguaya en la Argentina
Aún cuando no se disponga de información acerca de
cuáles son las expectativas para los/as migrantes paraguayos/as en otros
países, el caso de Argentina puede, por su importancia numérica, aportar
algu-nos elementos para comprender mejor la situación de los/as connacio-nales
en el exterior.
El tiempo transcurrido desde la salida del país y
el grado de sa-tisfacción de los objetivos propuestos al migrar, son elementos
clave en las expectativas de los/as migrantes. Las relaciones mantenidas (o
270 .py
interrumpidas) con la familia de origen, también
contribuyen a man-tener (o no) sus tradiciones y la idea de regresar en mejores
condicio-nes económicas.
La gran mayoría de los/as encuestados/as por el
EPPA desea re-gresar al Paraguay (96%). Se ha visto que aún se mantienen los
lazos con el país de origen debido a las relaciones familiares, a las
dificulta-des de integración en el nuevo país o simplemente por valores
subje-tivos pero de peso como la “añoranza”. Esto, sin embargo, no implica un
automático retorno; es preciso cambiar la situación que los obligó a abandonar
el país. Los valores subjetivos están casi siempre rela-cionados con factores
familiares. Las mujeres fueron muy claras al respecto, volverán cuando en el
Paraguay exista un trabajo digno para ellas. También un 7% de las mujeres
refirió no desear volver ya que han logrado trasladar a toda su familia al
nuevo país.
Quienes desean retornar, esperan además de un
puesto de tra-bajo recibir ayuda para el traslado, el reconocimiento de los
estudios cursados por sus hijos e hijas, facilidades de crédito par
reiniciarse, y acceso a la tierra y a la vivienda. Ninguno de estos aspectos
están aún definidos en la legislación paraguaya.
4.3.
El papel de la Iglesia
Tanto para el caso de la migración interna como
para los/as para-guayos/as en la Argentina y otros países de recepción
migratoria, la Iglesia Católica a través del Servicio Pastoral de los Migrantes
(SPM) juega un papel fundamental en el apoyo y la promoción humana de la
población migrante.
La gestión de la Iglesia Católica se orienta tanto
hacia los go-biernos, apelando para la aplicación de leyes nacionales y
convenios internacionales que atiendan los derechos de las/os migrantes, como
hacia el pueblo mismo, brindándoles información, acogida y servicios concretos
de gestión de documentación y empleo principalmente. El apoyo, el albergue y la
asistencia en situaciones de emergencia son tan importantes como la información
y la reflexión acerca de los derechos de los/as migrantes: derechos humanos
básicos, así como derechos económicos, políticos y culturales.
Los
principales objetivos del SPM son:6
i. Sensibilizar a la población sobre el significado de
las migra-ciones.
6
Esta sección fue redactada en base a un documento preparado por el Dr. Dionisio
Gauto.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
ii. Informar y orientar a las y los migrantes para que
la decisión que tomen sea en base a un cierto conocimiento y preparación.
iii. Crear conciencia en las comunidades receptoras,
para la acogida de las y los migrantes.
iv. Concienciar al pueblo acerca de las causas que
generan las mi-graciones forzosas.
v. Recordar a las autoridades su obligación de
promover el de-sarrollo de los sectores de menores recursos para así evitar la
migración.
vi. Mantener contactos con las Iglesias, en las áreas
de recepción migratoria, para coordinar la atención pastoral de los migran-tes
que llegan.
vii. Acompañar a los migrantes en el exterior a través
de progra-mas de acción concretos.
Para lograr estos objetivos el SPM realiza
diferentes actividades. Una de ellas, orientada a lograr la sensibilización
sobre el proble-ma de la movilidad humana, es la celebración del Día del
Migrante durante una semana de celebraciones, establecida por Conferencia
Episcopal y que abarca a todas las diócesis del país. Durante dicha semana, por
medio de celebraciones litúrgicas, reuniones de grupo y con el apoyo de los
medios de comunicación social, se promueve que el pueblo tome conciencia de que
el primer derecho es el de per-manecer en el lugar de origen, encontrando en su
propio ambiente los medios para una vida digna, sin necesidad de ir a buscarlo
lejos del hogar. Se informa también de las consecuencias de la migración, con
énfasis en la desintegración familiar y en la frecuente pérdida de valores
culturales. El derecho a permanecer en el lugar de origen, según lo señalan los
documentos de la Iglesia, es anterior al derecho de migrar.
En el esfuerzo por concientización se espera
prevenir también el espejismo que para las poblaciones rurales significa la
vida urbana. Esto está fuertemente alentado por la televisión, que crea
ilusiones y expectativas que no se corresponden con la realidad.
Con una información realista se espera
contrarrestar la “propa-ganda”, a veces demasiado optimista, que usualmente
hacen los mi-grantes al retornar “exitosos” a su comunidad de origen. También
se brindan conocimientos básicos sobre la documentación requerida y las
direcciones institucionales necesarias para establecer los prime-ros contactos
en el nuevo destino. Una tercera forma de información es prevenir a los y las
migrantes acerca de la presencia de personas
272 .py
inescrupulosas que se aprovechan de su inseguridad
para llevarlos/as hacia la prostitución y otras formas de corrupción.
La acogida de los/as migrantes en las parroquias y
sus respectivas organizaciones de base contribuyen a la integración de estos/as
en la nueva comunidad. Así se evita también “caer en manos de las sectas”. La
integración social de la población paraguaya se da fácilmente entre pares pero
es más difícil con los extranjeros, por la desconfianza que crea la
proliferación de la violencia y de la delincuencia.
Para los/as migrantes del interior hacia la
capital, sus párrocos de origen expiden constancias que contribuyen a la
integración de dichas personas en la nueva comunidad. Con todas estas medidas
la Iglesia se ha propuesto desarrollar en sus fieles un espíritu de acogida
amplio y fraterno que facilite la integración y evite la formación de ghettos o
grupos antagónicos.
Otra actividad de la Iglesia es la formación de
grupos de reflexión acerca de las causas que originan la migración con el
objeto de des-alentarla y la organización para la promoción de una mejor
calidad de vida en los lugares de origen. En este sentido, el SPM se inserta en
la Pastoral Social, la cual a su vez incluye a la Pastoral de la Tierra y a la
Pastoral de la Salud. El trabajo coordinado entre estas instancias contribuye a
afirmar al pueblo en su propio ambiente a través de la tierra propia, la promoción
de la salud, la educación y otros factores esenciales para el desarrollo. En la
base de todas estas acciones está la organización y la participación de los/as
propios/as interesados/as quienes pueden ser migrantes potenciales, pero que
buscan alternati-vas económicas, sociales y culturales en su propia tierra.
Las acciones que se dirigen hacia el Estado son de
recordación del papel de las instituciones oficiales en el fomento del arraigo
(o del desarraigo) de la población rural a través de la atención (o
pos-tergación) de sus problemas de tierra, de producción, de créditos, de
comercialización, de asistencia técnica y otros relacionados con la
so-brevivencia económica y social.
A través de documentos como la Carta Pastoral “El
Campesino Paraguayo y la tierra” de 1983, la Iglesia ha señalado que la falta
de tierra se traduce en migraciones forzosas y a esto contribuyen tam-bién los
bajos precios de los productos agrícolas, la falta de puestos de trabajo, la
escasa industrialización de los productos del agro y la inadecuación de los
planes educativos, que no logran insertar al sujeto educado en su propia
realidad de vida.
Con respecto a la integración de los/as migrantes
en el exterior, los obispos paraguayos han tomado contacto con sus pares en
Argen-tina, Brasil, y recientemente en Estados Unidos de Norteamérica. De esta
manera se apoya a los compatriotas que llegan de dichos países
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
en sus problemas más urgentes y sobre todo en la
gestión de su do-cumentación. Además de esto, las Iglesias en los países de
recepción migratoria realizan visitas periódicas a las comunidades de
conna-cionales y, por su parte, la Conferencia Episcopal Paraguaya realiza
misiones pastorales anuales con los/as paraguayos/as en Buenos Ai-res. Este
último emprendimiento se viene realizando por veinte años consecutivos y debido
a su envergadura, se ha comprobado que es un servicio muy importante para
los/as migrantes.
La misión Pastoral se ha realizado recientemente en
Brasil y Estados Unidos. Uno de los objetivos de dicha misión es contribuir a
la conservación de los valores cristianos de la población paragua-ya en el
exterior y a su inserción en las Iglesias de los países de recepción
migratoria.
5.
El Hogar Santa Librada
El Hogar Santa Librada es una casa de refugio para
jóvenes que mi-gran del interior del país a la ciudad de Asunción, en busca de
trabajo y mejores condiciones de vida. El mismo fue creado a través del
Ser-vicio de Pastora de los Migrantes. La coordinación del Hogar está a cargo
de las Hnas. Misioneras Scalabrinianas.
Está dirigido principalmente a la joven que viene
del interior en busca de trabajo o para realizar gestiones y que no tiene
parientes que puedan acogerla. De manera secundaria acoge también a las jóvenes
de Asunción que, por motivos valederos, abandonaron su lugar de tra-bajo y no
tienen donde permanecer temporalmente.
5.1.
Funciones del Hogar
Entre las funciones principales del Hogar Santa
Librada se pueden señalar:
i. Acoger a las mujeres especialmente jóvenes, que
vienen del in-terior del país para trabajar en el servicio doméstico.
ii. Proporcionarles una formación humana y cristiana
para asu-mir su condición de persona.
iii. Ofrecer un espacio de formación, cultivo de valores
culturales, desarrollo de las capacidades humanas, creando conciencia so-bre
sus derechos y deberes.
iv. Ofrecer servicios tendientes a prepararlas para su
integración y convivencia en la sociedad.
v. Prepararlas para tener una conciencia crítica
frente a los peligros que hay en la ciudad para que, como mujeres libres,
puedan contribuir en la construcción de una sociedad más justa.
274 .py
vi. Ofrecer capacitación en el área laboral para
acceder a mejores condiciones de vida.
vii. Promover las organizaciones que canalicen sus
aspiraciones y expectativas para la defensa de sus derechos laborales.
5.2. Los servicios que ofrece
Los
principales servicios dirigidos a las jóvenes son:
a. Alojamiento: recibe y acoge a las jóvenes que por
diversos mo-tivos no tienen dónde alojarse.
-- Las que vienen del interior y necesitan
capacitación para manejarse en la ciudad.
-- Las jóvenes que trabajan en la ciudad y no tienen
familiares o parientes para pasar el día de descanso.
-- Las que están cambiando de trabajo por diversos
motivos. -- Las que vienen del interior para gestionar
documentación.
b. Bolsa de trabajo: este servicio está orientado a
proporcionar traba-jo en casas de familia de acuerdo a las funciones que ellas
quieran cumplir (niñera, mucama, cocina, limpiadora y todo servicio).
c. Capacitación: capacitación profesional, formación
personal, humana y cristiana. Esta actividad se cumple a través de char-las,
cursillos, talleres, etc.
d. Celebraciones y reflexiones cristianas.
e. Actividades de recreación y esparcimiento.
f. Agremiación: animarlas a sindicalizarse para la
defensa de sus intereses.
5.3.
Características personales de las mujeres que llegan al hogar
La descripción que se presenta a continuación fue
realizada en base a las fichas de registros que tiene el hogar. Los datos
corresponden a 177 fichas de mujeres registradas durante el año 1992.
a.
Las características socioeconómicas
Las mujeres que llegan al hogar son jóvenes, el 54%
de las mismas tienen menos de 20 años. El otro grupo importante de edad se
centra entre los 20 y 29 años con el 34% (Cuadro 1).
Solamente un 9% de las mujeres que llegan al hogar
están casa-das o acompañadas. El 89% son solteras (Cuadro 1). A pesar de prove-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
nir de sectores rurales en donde por lo general la
maternidad se inicia a una edad mucho más temprana que en la ciudad, el 60% de
las que llegan al hogar no tienen hijos. En caso de tenerlos, un 26% tiene un
solo hijo y están en el tramo de 25 a 30 años de edad. De las que tienen hijos,
el 35% son madres solteras (Cuadro 3).
En cuanto a la procedencia, encontramos que la
mayor par-te de las jóvenes campesinas que vienen a Asunción proceden de los
Departamentos de Concepción y Caaguazú (16% de cada uno). Según los datos del
Cuadro 4, el segundo lugar de procedencia es Paraguari con un 14%, seguido de
Central (12%) y San Pedro (10%). La mayor procedencia de los Departamentos del
Norte del país se explica por relaciones que el Hogar Santa Librada mantiene
con religiosas en aquellos lugares, que cumplen el papel de informantes encaminando
a las jóvenes que han decidido migrar hacia dicho centro de recepción. El
segundo grupo de Departamentos de expul-sión (en la zona Central) lo
constituyen las áreas tradicionales de expulsión migratoria.
También son Departamentos expulsores los de la zona
sur del país (Itapúa y Misiones) que en el cuadro no aparecen como importantes.
Lo que sucede en estos casos es que las mujeres campesinas prefie-re
trasladarse a pequeños centros urbanos en la frontera argentina, donde también
encuentran empleo en el servicio doméstico pero con “mejores” sueldos que los
pagados en Asunción. La distancia geográ-fica entre los Departamentos del Sur y
dichos centros fronterizos es menor que la que las separa de Asunción.
Comúnmente se piensa que las mujeres que se
insertan en el ser-vicio doméstico no tienen ningún tipo de formación, o si lo
tienen es de un nivel muy bajo. En este grupo de mujeres se puede observar que
un 44% de las mismas culminó el ciclo primario de educación formal y un 29%
tuvo acceso al nivel secundario. Solamente dos de las que llegaron durante el
año 1992 han declarado ser analfabetas (Cuadro 5).
Estos datos estarían confirmando en alguna medida
la hipóte-sis manejada por varios estudiosos de que el sistema educativo, al no
responder a las necesidades de la población, se convierte en un fracaso ya que
si bien los grados cursados son suficientes, el nivel de formación alcanzado es
muy bajo, especialmente para enfrentar un mercado ocupacional.
Otro aspecto destacable es que, según los datos,
las mujeres de más edad tienden a ser más escolarizadas que las jóvenes. Esto
está mostrando que para las jóvenes del interior existen dificultades de
ac-ceso al sistema educativo, que se acentuaron en los últimos años de-bido a
la crisis económica que afecta al sector campesino (Cuadro 6).
276 .py
En cuanto a otros estudios (oficios), el 80% no
realizó ningún otro curso y solo un 16% hizo cursos relacionados con tareas
consideradas como socialmente femeninas: cocina, corte y confección, peluquería
(Cuadro 7). Se debe tener en cuenta aquí, por una parte, que los cur-sos de
peluquería, adiestramiento para mucama y relaciones huma-nas, son desarrollados
en el Hogar Santa Librada. Por otra parte, es preciso tener en cuenta que en el
interior del país no están muy difun-didos los cursos de capacitación para
mujeres jóvenes.
También en la capacitación en oficios se nota un
mayor interés en las mujeres con más edad (Cuadro 8). Esto refuerza lo ya dicho
acer-ca de la desvalorización de la educación que tienen las más jóvenes. Sus
oportunidades de empleo no “justifican” un mayor esfuerzo por capacitarse. O,
en el caso de que tengan interés, las condiciones de trabajo: tiempo completo y
sin retiro, impiden que tengan horas libres para estudiar.
El número de hijos es, sin lugar a dudas, el
condicionante más importante de la vida personal, familiar y ocupacional de la
mujer. Las actitudes, comportamientos y aspiraciones dependerán no solo de la
condición social y económica de la mujer, sino también de la carga familiar,
donde los hijos ocupan el lugar principal.
Los rasgos predominantes de las mujeres: solteras,
jóvenes, sin hijos en su mayoría, hacen que el motivo principal por el que
vienen a trabajar sea en un 48% para ayudar a su familia, entiéndase por ésta
el hogar de origen, dado que especifican claramente que es para sus padres y
hermanos. El 27% trabaja para mantener y educar a sus hijos y un 22% trabaja
para sí misma: para comprarse sus comodidades elementales, como cama, ropero,
continuar sus estudios, atender su salud, ir al dentista, etc. (Cuadros 9a y
9b).
b.
Expectativas con respecto al trabajo
Otro aspecto que se les pregunta a la hora de
registrarse es qué espe-ran lograr con este trabajo, a lo que un 55% responde
aprender, edu-carse, capacitarse, y son justamente las más jóvenes las que dan
este tipo de respuesta. Probablemente este motivo, que ellas señalan como el de
más peso, esté relacionado con la necesidad de aprender otro idioma, ya que la
manera habitual de comunicarse en su medio es a través del guaraní y consideran
que lo primero que deberían aprender para conseguir mejores oportunidades de
trabajo es hablar el idioma de la ciudad: el español; además de aprender formas
diferentes de cuidar y manejar una casa en la ciudad.
Nuevamente aquí se nota que el “educarse o
capacitarse” es en función del empleo que puedan conseguir y no con respecto al
sistema de educación formal.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Otra de las respuestas frecuentes con respecto a lo
que quieren lograr es “realizarse económicamente”, es decir, tener la
posibilidad de contar con cierta autonomía económica. Fueron las mujeres de 30
a 34 años las que se manifestaron así. Un 9% señaló que espera lograr el
bienestar de sus hijos (Cuadro 10).
En lo que respecta a sus expectativas salariales,
el 38% aspira ganar un sueldo que va de los 120 a 130 mil guaraníes y un 32%
entre los 100 a 110 mil. En estos dos grupos se concentran principalmente las
más jóvenes (15 a 24 años). Entre las que tienen 40 y más años, un 66% aspiran
ganar sueldos de 150 mil y más (50% del salario mínimo legal).
En cuanto a las condiciones de trabajo, prefieren
el tipo de tra-bajo “sin retiro”, ya que en su mayoría son jóvenes migrantes y
los salarios que pueden obtener no les permitirán alquilar y equipar una
vivienda. Así se explica la preferencia por el trabajo sin retiro que ase-gura
vivienda y alimentación, aún cuando las condiciones de trabajo sean más duras
(Cuadro 11).
En cuanto al tipo de familia con la que desean
trabajar, el 86% espera encontrar familias que tengan sensibilidad humana, que
les brinde buen trato y adecuadas condiciones de vivienda (Cuadro 12). Estas,
más que condiciones económicas o condiciones de trabajo son condiciones de vida
que muestran cómo a pesar de que el motivo es trabajar, estas jóvenes son
conscientes de que estarán conviviendo en un hogar. Cuando sus expectativas no
se cumplen y la joven no tiene donde ir, todo su desarrollo físico, psíquico y
socio-cultural está com-prometido.
Recién en segundo lugar y a mucha distancia con
respecto a lo anterior, se encuentran las expectativas de “corta familia”
(11%), es decir, pocas personas que atender. Esta sí es una condición de
trabajo. La situación económica alta no fue empleadores/as están en mejor
posición que ellas y también porque si la distancia es muy alta, las exigencias
también porque si la distancia es muy alta, las exigencias también son mayores
y sobre todo las diferencias cultura-les son más marcadas.
c.
La experiencia anterior
De las jóvenes que llegan al Hogar Santa Librada,
una tercera parte está buscando trabajo por primera vez (80%). Esto era de
esperarse ya que el Hogar está orientado a apoyar a las jóvenes que llegan
des-de el interior. Pero también se han encontrado mujeres que ya están en este
tipo de empleo por más de un año (11%), entre 2 y 3 años (20%), entre 4 y 6
años (14%) y más de 6 años (18%) (Cuadro 13). Esto está mostrando que el hogar
es además un punto de referencia
278 .py
para quienes no son migrantes recientes, como las
jóvenes que vuel-ven al Hogar aún después de tener cierta experiencia en
Asunción. También en este grupo se encuentran aquellas mujeres de más edad, que
han migrado a Asunción con algunos años de experiencia en el empleo doméstico,
por haber trabajado en pequeños centros urbanos del interior del país.
Más allá de las buenas condiciones de trato que
existen en la relación interna de la institución y que se traslucen en el
“regreso” permanente de las jóvenes que alguna vez han pasado por allí,
tam-bién es importante el esfuerzo de colaboración y acompañamiento laboral que
se hace desde el Hogar a las mujeres que permanecen por un largo tiempo en sus
puestos de trabajo. Esto también es pro-moción social.
El tipo de trabajo en el que estas jóvenes han
tenido experiencia es el de mucamas (41%) o el indiferenciado “todo servicio”
(33%). Aunque en este tipo de respuestas es difícil separar la realidad de sus
expectativas, en todo caso lo que se advierte es el bajo perfil de
profe-sionalidad que ellas tienen (Cuadro 14).
Con respecto a la experiencia subjetiva, en el
Cuadro 15 se puede ver que la mayoría dice haber recibido buen trato (44%),
pero también existe una preocupante proporción de jóvenes que no estuvieron
bien (35%). El clásico “no me hallé” o “no estuve a gusto” en realidad está
indicando que no logró integrarse a ese núcleo, mitad social mitad laboral en
el cual, como ya se dijo, esperaban mejorar sus condiciones de vida. Un solo
caso ha denunciado abuso sexual y tres jóvenes refie-ren dificultades para trabajar
por ser madres solteras.
Las enfermedades no aparecen como problemas en los
datos que dispone el Hogar. La mayoría (90%) dice no padecer de ningún mal y
cuando hay referencia éstas están dirigidas a problemas que pueden ser
interpretados como psicosomáticos, tales como dolores de cabeza y de estómago
(9%). Otra interpretación posible es que ellas mismas no conocen su estado de
salud y como estos datos son conseguidos en fichas de empleo, obviamente se
declaran sanas (Cuadro 16).
Para obtener un puesto de trabajo en el servicio
doméstico es necesario poseer referencias personales. Aquí nuevamente se ve lo
difusa que es la frontera entre la dimensión social y la dimensión laboral de
este tipo de empleo. A nadie se le ocurriría pedir un cu-rrículo a una empleada
“doméstica”. Esto hace referencia tanto a las posibilidades de
profesionalización como a las condiciones de con-tratación. Aún así, apenas un
poco más de la mitad de las jóvenes (54%) tienen referencias personales. Esto
se explica, en primer lugar, porque muchas están buscando trabajo por primera
vez y también porque cuando han dejado el trabajo anterior es por
disconformidad
.py 279
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
de ellas mismas o de su empleadora (Cuadro 17). De
esta manera, el tiempo gastado en el trabajo no puede capitalizarse como
experiencia laboral que les permita mejorar sus condiciones de contratación en
un nuevo puesto.
El Hogar Santa Librada, en su dimensión de buscar
trabajo para jóvenes migrantes, también cumple la función de otorgar
referencias, con lo que se obtienen mejores condiciones de contratación. Las
jó-venes llegan a la obra en primer lugar, segundo lugar se encuentran las ya
mencionadas cadenas parentales (20%), tan importantes en el proceso de
migración. En pocos casos llegan referidas por congrega-ciones religiosas (15%)
y es aquí donde se encuentra el mayor número de referencias desde el Norte del
país (Cuadro 18).
También se ha encontrado una proporción importante
de refe-rencias desde el centro de información que el SPM ha instalado en la
terminal de ómnibus (18%). Este es un espacio de información sobre las
actividades y objetivos del Hogar Santa Librada que provee de un primer
albergue a las jóvenes que llegan por primera vez a Asunción. Finalmente se ha
encontrado un 7% de casos que ha llegado hasta la institución por referencias
difusas. Estas deberían ser investigadas con mayor precisión.
6.
Síntesis y conclusiones
La idea central que se propone en este trabajo es
que cuando se anali-zan las consecuencias de las migraciones hay que
considerar, además de la distancia física-territorial recorrida en cada
desplazamiento, las distancias sociales, económicas y culturales a que están
expuestos/ as los/las migrantes. Esta dimensión resulta de la contratación
entre dichas características en su lugar de origen y las mismas en el lugar de
destino. Esta perspectiva es particularmente importante cuando se trata de
movilidad de mujeres.
Acerca de los motivos de migración, se ha hecho una
breve di-ferenciación entre motivos políticos y económicos ya que el objetivo
de este trabajo es proveer información a las instancias eclesiales de promoción
de los y las migrantes. En el caso paraguayo, el exilio ha afectado
principalmente a la clase política y sindical dirigente, que en general
pertenece a los sectores medios y altos de la escala social y económica. En la
migración económica, los motivos para la movilidad interna suelen coincidir con
los de la migración internacional ya que la primera es un paso previo para la
segunda.
La causa original de la migración económica
paraguaya es la au-sencia de una política de desarrollo rural que promueva la
consolida-ción económica de las unidades productivas campesinas, que asegure la
distribución equitativa de la tierra y que favorezca la creación del
280 .py
empleo rural. Las mujeres están particularmente
afectadas por esta situación ya que ellas constituyen el excedente principal de
la mano de obra rural, aún cuando —de hecho— trabajan en la agricultura
familiar desde muy temprana edad.
En el Paraguay, al igual que en otros países de
vocación agraria, tradicionalmente los hombres han migrado con dirección
rural-rural, mientras que las mujeres lo hacen desde muy jóvenes en dirección
rural-urbana. Para ellas, este cambio del contexto campesino por el de la
ciudad le agrega una dimensión extra (la cultural) a la distancia recorrida.
El hombre también ha realizado desplazamientos
hacia zonas urbanas atraído por el auge de la construcción que provocó la
repre-sa de Itaipú y el crecimiento del sector inmobiliario en los años
se-tenta. Pero en este caso, la distancia cultural que impone el cambio de
contexto es amortiguada por el tipo de inserción económica mas-culina. En la
construcción, los hombres trabajan en cuadrillas y esto les permite establecer
relaciones cotidianas entre pares (las cuales incluyen, por ejemplo, compartir
la comida y el tereré) y mantener el idioma de origen. Las mujeres se insertan
en trabajos individuales que le obligan a dejar su lengua y adoptar el
castellano (empleo do-méstico y comercio).
Otra diferencia importante entre migrantes hombres
y mujeres, es que los primeros —cuando se trasladan en dirección rural-rural—
pueden hacerlo con su familia si no se trata de movimientos estacio-nales. En
estos casos las mujeres acompañan desde su posición de es-posas o hijas. La
migración en patrones familiares garantiza mejores condiciones de apoyo
psicosocial para los y las que se trasladan. La migración hacia la ciudad no
favorece el traslado del grupo familiar por problemas de vivienda y del costo
de vida principalmente. Esta modalidad, que afecta más a mujeres, las hace más
vulnerables a los efectos de la soledad y el aislamiento.
El empleo doméstico es la ocupación “natural” de
las jóvenes que migran desde el interior hacia la ciudad. Esto fue así
tradicionalmente y sigue siendo igual hasta hoy. La ausencia de una política de
empleo urbano y, sobre todo, la estructura de la demanda diferencial por sexo
de la fuerza de trabajo urbana, hacen que las mujeres se inserten
pre-ferencialmente en el sector no formal de la economía y en éste, en el
segmento de los servicios personales y el comercio ambulante.
Las condiciones de empleo “en casa de familia”
implican largas jornadas de trabajo, escasas posibilidades de
profesionalización, la presión por adoptar normas y pautas de comportamiento
diferentes a las culturalmente incorporadas en áreas rurales y, sobre todo,
aisla-miento e incomunicación.
.py 281
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
La relación que se establece entre la “empleada” y
la “casa de familia” es mucho más social que laboral. El lugar de trabajo pasa
a convertirse en espacio para la sobrevivencia del que es muy difícil
desprenderse (sobre todo cuando el trabajo es de puertas adentro) y obliga a
aceptar cualquier condición. Estas incluyen malos tratos y exigencias no
laborales como servicios sexuales hacia los varones de la casa, por ejemplo.
Los jóvenes (y no tan jóvenes) ven la necesidad de
cambiar de trabajo, a esto hacen referencia con alusiones del tipo “cambiar de
vida”, pero muy pocas lo logran. La mayoría ignora sus derechos y su potencial
humano y económico. La sociedad se encarga de que esta situación continúe así.
Cuando los jóvenes disponen de un hogar de apoyo,
diferente a la casa en la cual trabajan, allí encuentran un espacio alternativo
al cual recurrir. Así el trabajo deja de ser la única posibilidad (y la última)
y les permite ampliar sus expectativas y/o defender mejor sus intereses.
Cuando cambian de trabajo, por lo general existen
dos posibili-dades: el comercio informal como vendedoras/despachantes y
vende-doras ambulantes, o la prostitución. La primera alternativa es
obvia-mente la que permite un mejor desarrollo de las jóvenes, en muchos casos
se inicia en el mismo “hogar” en el que están trabajando como empleadas.
Otra alternativa muy frecuente es la migración
internacional. En efecto, a veces Asunción no es más que una escala en un
proceso más largo. En el exterior las mujeres tienen los mismos problemas (de
vul-nerabilidad, de riesgo y deterioro de sus condiciones de vida) que en la
migración rural-urbana pero aumentados por la mayor distancia geográfica con
respecto al lugar de origen.
Las mujeres que migran al exterior son más
escolarizadas que las que se quedan en el Paraguay, pero menos que los
migrantes va-rones. Ellas salen del país a edades más tempranas y aumentan al
triple su participación en el mercado de trabajo. En el exterior la mujeres se
ocupan en los mismos sectores económicos que en los centros urbanos del
Paraguay, es decir, en el servicio doméstico y en el comercio informal.
En la Argentina, la principal fuente de trabajo
para las paragua-yas es el empleo doméstico. Este sector se comparte con
mujeres de aquel país, que a su vez han migrado desde las provincias del
interior hacia los grandes centros urbanos.
La migración de mujeres paraguayas a la Argentina
ha aumenta-do notablemente en los años ochenta, más por la crisis económica de
nuestro país que por mejores condiciones de salario en aquel país. La
282 .py
desinformación con respecto a las reales
condiciones de vida y trabajo en el exterior es el problema más comúnmente
referido.
La mayor parte de los 321.164 paraguayos
documentados que en 1991 residían en la Argentina llegaron con 20 a 30 años de
edad, en movimientos individuales. Tienen escolaridad primaria y son oriun-dos
de ciudades o pueblos del interior del país. Llegan a la Argentina a través de
cadenas parentales de información y albergue, que no resul-tan suficientes para
asegurar una completa integración del migrante en el nuevo país.
La sociedad rural paraguaya es predominantemente
monolingüe guaraní en su lengua y ágrafa en sus relaciones sociales e
institucio-nales. Esto dificulta tanto la integración cultural como la
económica-legal ya que la indocumentación es una práctica común en el país y se
exporta junto con la migración.
La mayoría de los paraguayos en la Argentina han
manifestado su deseo de retornar, pero con la condición de que se les asegure
con-diciones mínimas de trabajo, vivienda o tierra, en el caso de los
cam-pesinos. Las mujeres pierden el interés por volver, una vez que han logrado
trasladar a toda su familia.
Tanto el éxodo masivo hacia el exterior como las
condiciones de vida de los/las migrantes y sus posibilidades de retorno, están
limitadas por la ausencia de una política migratoria clara que debe contemplar:
a. Mecanismo de retención de la población en sus
lugares de origen, para desalentar el éxodo. Esto solo será posible a partir de
la coordinación con políticas de desarrollo rural integral y la integración y
la creación de empleo rural y urbano para hom-bres y mujeres.
b. Información a la población que ha decidido migrar
(incluyen-do ambos sexos y principalmente a los/las jóvenes) de las
ca-racterísticas de los lugares habituales de recepción migratoria, de los
trámites/documentación necesarios para el ingreso y radicación en el nuevo país
y de las posibilidades de obtener empleo y vivienda en el exterior.
c. Centros de atención legal y social de los migrantes
en el exte-rior que contribuyan efectivamente a la defensa de su derechos
humanos fundamentales.
d. Mecanismos de apoyo para quienes desea retornar,
que con-temple tanto la atención en el exterior para el traslado de sus
pertenencias, como; i) el reconocimiento de su estancia en el extranjero
(incluida la escolarización propia y de sus descen-
.py 283
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
dientes); ii) facilidades para la naturalización de
los hijos e hijas nacidos en el exterior; iii) facilidades para la
documentación de aquellos descendientes que desean mantener la nacionalidad
correspondiente al lugar de su nacimiento; iv) créditos espe-ciales para tierra
y vivienda; v) asistencia técnica y financiera para reiniciarse económicamente;
y vi) políticas favorables de empleo para los/as retornados/as.
A partir de la información que pudo obtenerse para
este trabajo del Hogar Santa Librada, queda clara la necesidad de fortalecer el
funcio-namiento de los Hogares de Tránsito para las jóvenes y mujeres adul-tas
campesinas que llegan a la ciudad. En dichos Hogares las líneas de acción
podrían ser:
a. Disponer de lugar suficiente para habitación de las
mujeres que no tienen otro sitio donde ir.
b. Incentivar la reflexión e información sobre la
situación de la mujer migrante y las condiciones de vida y de trabajo en el
campo y la ciudad.
c. Desarrollar mecanismos de apoyo psicosocial para
las mujeres migrantes, que contribuyan a su formación humana y que sean una
alternativa al supuesto refugio que “ofrecen” las casas de familia donde se
emplean.
d. Desarrollar programas de capacitación,
alfabetización y edu-cación no formal que contribuyan a su promoción
económi-ca, entendiendo como tal la ampliación de sus posibilidades de obtener
empleos dignos, mejores condiciones de trabajo y salarios justos.
e. Capacitar a las mujeres jóvenes y adultas
procedentes del inte-rior acerca de sus derechos fundamentales.
f. Informar a las mujeres migrantes de las condiciones
de vida y trabajo y de los requisitos de residencia en el exterior del país.
Esto teniendo en cuenta que Asunción es uno de los puntos de salida para las
migrantes potenciales hacia el exterior.
g. Promover la creación de espacios de información
para mi-grantes potenciales en el interior del país.
284 .py
Anexo
de cuadros
Cuadro
1
Hogar
Santa Librada. Edad
|
Edad |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Menos de 15 |
6 |
3.4 |
|
15 a 19 |
91 |
51.4 |
|
20 a 24 |
41 |
23.4 |
|
25 a 29 |
19 |
10.7 |
|
30 a 34 |
10 |
5.6 |
|
35 a 40 |
4 |
2.3 |
|
40 y más |
6 |
3.4 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
Cuadro
2
Hogar
Santa Librada. Estado civil según edad
|
Edad |
Solteras |
Casadas |
Acompañadas |
Separadas |
Total |
|
|
|
|
|
|
|
|
Menos de 15 |
100.0 |
- |
- |
- |
100.0 / 6 |
|
15 a 19 |
96.6 |
3.4 |
- |
- |
100.0 / 89 |
|
20 a 24 |
92.7 |
4.9 |
2.4 |
- |
100.0 / 41 |
|
25 a 29 |
84.2 |
10.5 |
5.3 |
- |
100.0 / 19 |
|
30 y más |
60.0 |
30.0 |
5.0 |
5.0 |
100.0 / 20 |
|
Total |
90.3 / 158 |
7.4 / 13 |
1.7 / 3 |
0.6 / 1 |
100.0 / 175 |
|
|
|
|
|
|
|
Cuadro
3
Hogar
Santa Librada. Número de hijos
|
Nº de hijos |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
No tiene |
106 |
59.9 |
|
1 hijo |
46 |
26.0 |
|
2 a 3 |
21 |
11.9 |
|
4 y más |
4 |
2.3 |
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
.py 285
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
4
Hogar
Santa Librada. Departamento de nacimiento
|
Departamento |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
Caaguazú |
29 |
16.4 |
|
Concepción |
29 |
16.4 |
|
Paraguari |
24 |
13.6 |
|
Central |
22 |
12.4 |
|
San Pedro |
18 |
10.2 |
|
Cordillera |
10 |
5.6 |
|
Itapúa |
9 |
5.1 |
|
Pdte. Hayes |
7 |
4.0 |
|
Amambay |
5 |
2.8 |
|
Asunción |
4 |
2.3 |
|
Misiones |
4 |
2.3 |
|
Alto Paraná |
4 |
2.3 |
|
Caazapá |
3 |
1.7 |
|
Guairá |
3 |
1.7 |
|
Extranjero |
3 |
1.7 |
|
Ñeembucú |
2 |
1.1 |
|
Canindeyú |
1 |
0.6 |
|
Total |
177 |
100.0 |
Cuadro
5
Hogar
Santa Librada. Nivel educativo
|
Nivel educativo |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Analfabeta |
2 |
1.1 |
|
1 a 3 grados |
20 |
11.3 |
|
4 a 5 grados |
24 |
13.6 |
|
Primaria c ompleta |
78 |
44.1 |
|
Ciclo básico |
45 |
25.4 |
|
Bachillerato |
7 |
4.0 |
|
Universitario |
1 |
0.6 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
286 .py
Cuadro
6
Hogar
Santa Librada. Nivel de educación según edad
|
Edad |
Hasta 3º |
Primaria |
Primaria |
Ciclo básico |
Bachillerato |
|
Total |
|
|
|
grado |
incompleta |
completa |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Menos de 15 |
16.7 |
50.0 |
|
33.3 |
- |
- |
|
100.0 / 6 |
|
15 a 19 |
9.9 |
13.2 |
|
41.8 |
31.9 |
3.3 |
|
100.0 / 91 |
|
20 a 24 |
9.8 |
17.1 |
|
46.3 |
19.5 |
7.3 |
|
100.0 / 41 |
|
25 a 29 |
10.5 |
- |
|
47.4 |
36.8 |
5.3 |
|
100.0 / 19 |
|
30 a más |
30.0 |
10.0 |
|
50.0 |
5.0 |
5.0 |
|
100.0 / 20 |
|
Total |
12.4 / 22 |
13.6 / 24 |
44.1 / 78 |
25.4 / 45 |
4.6 / 8 |
|
100.0 / 177 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Cuadro 7 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Hogar Santa Librada. Otros estudios realizados |
|
|
|
|||
|
|
|
|
|
|
||||
|
Otros estudios |
|
|
Frecuencia |
Porcentaje |
||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Ninguno |
|
|
|
142 |
|
80.2 |
|
|
|
Corte y confección |
|
|
|
13 |
|
7.3 |
|
|
|
Peluquería |
|
|
|
13 |
|
7.3 |
|
|
|
Comp. Dactilografía |
|
|
|
5 |
|
2.8 |
|
|
|
Cocina |
|
|
|
3 |
|
1.7 |
|
|
|
Vocalización |
|
|
|
1 |
|
0.6 |
|
|
|
Total |
|
|
|
177 |
|
100.0 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Cuadro 8 |
|
|
|
|
|
|
|
Hogar Santa Librada. Otros estudios (oficios)
según edad |
|
||||||
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
Edad |
Ninguno |
Corte y confección |
Peluquería |
Otros |
Total |
|||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Menos de 15 |
100.0 |
- |
|
|
- |
- |
|
100.0 / 6 |
|
15 a 19 |
80.2 |
6.6 |
|
|
9.9 |
3.3 |
|
100.0 / 91 |
|
20 a 24 |
80.5 |
98 |
|
|
4.9 |
4.8 |
|
100.0 / 41 |
|
25 a 29 |
89.6 |
- |
|
|
5.2 |
5.2 |
|
100.0 / 19 |
|
30 y más |
65.0 |
15.0 |
|
|
5.0 |
15.0 |
|
100.0 / 20 |
|
Total |
80.2 / 142 |
7.3 / 13 |
|
7.3 / 13 |
5.2 / 9 |
|
100.0 / 177 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
.py 287
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
9a
Hogar
Santa Librada. Para qué quiere trabajar, en primer lugar
|
Motivo 1 |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Ayudar a familia |
85 |
48.0 |
|
Ayuda a sus hijos |
48 |
27.1 |
|
Ayuda a sí misma |
38 |
21.5 |
|
Ayuda a pariente |
3 |
1.7 |
|
Ayuda a su marido |
2 |
1.1 |
|
No contesta |
1 |
0.6 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
|
|
Cuadro 9b |
|
|
Hogar Santa Librada. Para qué quiere trabajar,
en segundo lugar |
|
|
|
|
|
|
|
Motivo 2 |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Ayudar a familia |
95 |
53.1 |
|
Ayuda a sus hijos |
34 |
19.1 |
|
No contesta |
27 |
15.3 |
|
Ayuda a sí misma |
19 |
10.7 |
|
Ayuda a su marido |
2 |
1.1 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
|
|
Cuadro 10 |
|
|
Hogar Santa Librada. ¿Qué espera lograr con
este trabajo? |
|
|
|
|
|
|
|
Expectativas |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Aprende, educ., capacidad |
98 |
55.4 |
|
Realizarse económicamente |
36 |
20.3 |
|
Para el bien del hijo |
16 |
9.0 |
|
Para su casa |
11 |
6.2 |
|
Un lugar donde estar |
7 |
4.0 |
|
Bienestar del hogar |
6 |
3.4 |
|
No contesta |
3 |
1.7 |
|
|
|
|
|
|
177 |
100.0 |
|
|
|
|
288 .py
|
María Victoria Heikel |
||
|
|
Cuadro 11 |
|
|
Hogar Santa Librada. Condiciones de empleo |
|
|
|
|
|
|
|
Condiciones |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Sin retiro |
159 |
89.8 |
|
Con retiro |
10 |
5.6 |
|
No contesta |
8 |
4.5 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
|
|
Cuadro 12 |
|
|
Hogar Santa Librada. Tipo de familia con la
que desea trabajar |
|
|
|
|
|
|
|
Tipo de familia |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Buena cond. humana |
153 |
86.4 |
|
Familia corta |
19 |
10.7 |
|
Buena condición econ. |
4 |
2.3 |
|
No contesta |
1 |
0.6 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
|
|
Cuadro 13 |
|
|
|
Hogar Santa Librada. Años en actividad |
|
|
|
|
|
|
Año |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Primera vez |
54 |
30.5 |
|
1 año |
19 |
10.7 |
|
2 a 3 años |
34 |
19.2 |
|
4 a 6 años |
24 |
13.6 |
|
7 a 9 años |
15 |
8.5 |
|
10 a 12 años |
9 |
5.1 |
|
13 y más |
8 |
4.5 |
|
No contesta |
14 |
7.9 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
.py 289
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
14
Hogar
Santa Librada. Experiencia anterior
|
Exp. anterior |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Mucama |
72 |
40.7 |
|
Para todo servicio |
58 |
32.8 |
|
No contesta |
34 |
19.2 |
|
Niñera |
12 |
6.8 |
|
Modista |
1 |
0.6 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
|
|
Cuadro 15 |
|
|
Hogar Santa Librada. Experiencia destacada |
|
|
|
|
|
|
|
Experiencia |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Buen trato |
78 |
44.1 |
|
No estar a gusto |
52 |
29.4 |
|
No tiene |
24 |
13.6 |
|
Maltrato |
10 |
5.6 |
|
No contesta |
9 |
5.1 |
|
Ser madre soltera |
3 |
1.7 |
|
Abuso sexual |
1 |
0.6 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
|
|
Cuadro 16 |
|
|
Hogar Santa Librada. Enfermedades que padece |
|
|
|
|
|
|
|
Enfermedades |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Ninguna |
141 |
79.7 |
|
Dolor de cabeza, cuerpo |
9 |
5.1 |
|
Enfer. estómago/hígado |
7 |
4.0 |
|
Problema cardíaco |
5 |
2.8 |
|
Problema de ojo |
4 |
2.3 |
|
Enfermedades alérgicas |
3 |
1.7 |
|
Problema bronquial |
3 |
1.7 |
|
Enfermedades de sangre |
3 |
1.7 |
|
Problema de vientre |
2 |
1.1 |
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
290 .py
|
María Victoria Heikel |
||
|
|
Cuadro 17 |
|
|
Hogar Santa Librada. Referencias de empleo |
|
|
|
|
|
|
|
Referencias |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Tiene |
96 |
54.2 |
|
No tiene |
46 |
26.0 |
|
No contesta |
35 |
19.8 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
|
|
Cuadro 18 |
|
|
Hogar Santa Librada. Cómo se enteró de la obra |
|
|
|
|
|
|
|
Medios |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
|
|
|
|
Amigas |
65 |
36.7 |
|
Pastoral migrante |
32 |
18.1 |
|
Congr. religiosas |
26 |
14.7 |
|
Hermano/a |
23 |
13.0 |
|
Otros parientes |
13 |
7.3 |
|
Otros medios |
12 |
6.8 |
|
Promoc. de la mujer |
4 |
2.3 |
|
No contesta |
2 |
1.1 |
|
|
|
|
|
Total |
177 |
100.0 |
|
|
|
|
8.
Bibliografía
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1992 IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: “Santo Domingo
Conclusiones”
(Asunción: CELAM).
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.py 291
Antología del pensamiento crítico paraguayo
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292 .py
José
Nicolás Morínigo y Luis Alberto Boh
ESTADO y VIVIENDA: Del populismo coyuntural al
capitalismo prebendario
Políticas,
proyectos y resultados en el Paraguay, 1936/80
La
transformación del espacio urbano y las empresas inmobiliarias*
La
transformación del espacio urbano y las empresas inmobiliarias
En todo el proceso de incorporación de espacios a
la trama urbana, las empresas inmobiliarias juegan un papel fundamental, tanto
las que administran propiedades de terceros como las que ofertan tie-rras
urbanas mediante la compra de grandes espacios y loteamiento posterior.
En el primer caso existe una separación entre el
propietario y la empresa inmobiliaria, convirtiéndose esta última en un
administra-dor del bien ofertado. En tanto que en el segundo, se unifica la
deman-da de grandes espacios con la venta de parcelas.
Respecto a las empresas inmobiliarias que operan en
Asunción, aquellas más importantes realizan la infraestructura mínima con que
se dota a cualquier tipo de loteamiento, consistente en la apertura de calles y
el amojonamiento del terreno. La apertura de calles se halla en relación a la
disponibilidad de capital. En algunos casos, simplemente
* Morínigo, José N. y Boh, Luis A. 1989 “La
transformación del espacio urbano y las empresas inmobiliarias”, en Estado
y vivienda: del populismo coyuntural al capita-lismo prebendario. Políticas,
proyectos y resultados en el Paraguay, 1936/80 (Asun-ción: RP
Ediciones), abril, pp. 139-149.
293
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
se abren los espacios más o menos claros; en otros,
se construye ripio o empedrado.
Por otra parte, en las últimas urbanizaciones, la
extensión de la red de energía eléctrica constituye un factor fundamental para
la ven-ta posterior de la tierra.
La infraestructura de servicios debe ser absorbida
en sus inicios por el inversor, tanto en el caso de las inmobiliarias que son
propie-tarias de las tierras que lotean, como de aquellas que administran la
tierra de terceros. De ahí que más que una administración, este último tipo de
empresas realiza una gestión financiera en el proceso de libe-ración de los
espacios vacíos para integrarlos como parte del suelo ur-bano. La diferencia se
establecería por el hecho de que la empresa de gestión requiere siempre una
integración con el propietario. Hay un proceso de administración y de ganancia
planteado en términos por-centuales —en relación a la venta— y, por
consiguiente, una constante vinculación y control. Las inmobiliarias
propietarias de las tierras que lotean, tienen una mayor flexibilidad para
implementar una política de más alta rentabilidad.
La razón por la cual siguen existiendo empresas
inmobiliarias de gestión, que requieren de un capital bastante importante como
para movilizar y transformar el espacio vacío en un espacio urbano, radica en
el hecho de que han logrado una especialización en el trabajo y en que la
compra de un terreno implica, generalmente, la disponibilidad de un volumen de
capital respetable, existiendo en consecuencia una limitación de orden
financiero.
La alternativa generalmente desarrollada consiste
en integrar al negocio a los antiguos propietarios, que vendieron sus terrenos
a través de las empresas inmobiliarias. En ese sentido, les ofrecen la compra
de la tierra de manera a replantear el ciclo, lo que les permite recibir parte
de la rentabilidad como consecuencia de su parcelamiento.
A partir de la década del setenta, las empresas
inmobiliarias fue-ron creciendo en número, de manera asombrosa. Actualmente
exis-ten, en el Gran Asunción, aproximadamente 125 inmobiliarias, lo cual
significa un indicador de cómo la parcelación de la tierra constituyó un
mecanismo importante de canalización de capital. Muchas inmo-biliarias habrían
iniciado sus actividades cuando la venta de tierras constituía, al parecer, uno
de los negocios más rentables en el Gran Asunción. Posteriormente, no fueron capaces
de cumplir con obliga-ciones emergentes de sus actividades.
En algunos casos, existían verdaderas
transferencias dolosas de terrenos que carecían de un título adecuado y
transferencias de títulos con vicio de forma. No es casual que las 22
inmobiliarias que manejan
294 .py
José Nicolás Morínigo y Luis Alberto Boh
el 60% del mercado —el volumen más importante de
parcelación y venta de la tierra— se hayan agrupado en una asociación de
empresa-rios loteadores, en salvaguarda de sus intereses.
El
proceso de loteamiento. Método operativo y consecuencias
Existen diferencias en el procedimiento seguido por
las empresas que administran loteamientos y aquellas que son propietarias de
las tie-rras. En este último caso, uno de los factores fundamentales para
ob-tener una rentabilidad elevada consiste en la adquisición de grandes
espacios vacíos a un precio sumamente bajo. La compra de la tierra constituye
un punto fundamental en el proceso de rentabilidad.
Todas las empresas que lotean sus propiedades
establecen toda una estrategia de adquisición tendiente a obtener el más bajo
precio de la tierra adquirida. En el proceso jugaba un papel fundamental la
situación anormal —desde el punto de vista jurídico— en que se en-contraban
grandes extensiones en las áreas limítrofes e incluso dentro de los límites de
la ciudad.
La existencia de títulos saneados que fundamentan
la propiedad de la tierra, constituyó un factor fundamental a través del cual
se im-plementó la estrategia de algunas de las empresas inmobiliarias. Esta
estrategia consistía en la compra de grandes extensiones de tierra a pobladores
que carecían de un título jurídicamente válido (títulos pro-venientes de
antepasados sin certificados de adjudicación, simple po-sesión de hecho por más
de 30 años, etc.), lo que permitía el pago de un precio ínfimo a cambio del
saneamiento del mismo.
Por otra parte, estas empresas inmobiliarias
generalmente tenían información anticipada acerca de la ejecución de obras o
emprendi-mientos del Estado que habilitarían la integración de determinadas
áreas a la trama urbana. El desconocimiento por parte de poseedores de hecho e
incluso poseedores que tenían un título no suficientemente saneado, era un
factor preponderante para el ofrecimiento de la com-pra de la tierra en
cuestión.
Las empresas establecían, como estrategia de
compra, tres incen-tivos al poseedor de hecho:
a. el saneamiento del título;
b. el pago de una suma de dinero en efectivo;
c. la adjudicación de una parte del terreno.
Las
inmobiliarias justificaban la compra a un precio mínimo argu-mentando que
adquirían un simple derecho en expectativa.
.py 295
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Hábiles abogados, en conversación con los
poseedores de hecho, demostraron a los mismos la situación jurídicamente
incierta en que se hallaban en relación a su tierra. Esta era magnificada por
los mis-mos, creando un ambiente de absoluta inseguridad en el poseedor
tradicional, lo que les permitía una situación de privilegio en la nego-ciación
de la compra.
Por otra parte, debe señalarse que, en algunos
casos, la anarquía existente en los registros municipales acerca de los
catastros de pro-piedad, en las áreas limítrofes de Asunción, constituyó un
punto fun-damental mediante el cual las empresas inmobiliarias, a cambio de un
saneamiento de carácter administrativo del título, imponían impor-tantes
rebajas en el precio de adquisición del terreno.
En muchos casos, espacios importantes de 20 —e
incluso hasta 50 has.— fueron transferidos por un precio mínimo, a cambio de la
construcción de una pequeña vivienda y de la cesión de 2 a 3 lotes, lo que
permitía a la inmobiliaria una ínfima inversión, que posterior-mente sería de
una gran rentabilidad.
La misma situación generaba, por otra parte, la
participación directa de abogados, quienes, a cambio del saneamiento del
títu-lo, exigían com honorarios parte de esas tierras, mediante la firma de
pacto de cuota litis —cesión de derechos y acciones— o
directa-mente por transferencias dolosas. Generalmente, parte de la tierra
pasaba al poder de los abogados. Algunas inmobiliarias surgidas en la década
del setenta nacieron como consecuencia de los procedi-mientos antes señalados.
En relación a las loteadoras de gestión, al no
existir normas regla-mentarias acerca del procedimiento, en muchos casos el
propietario, si es que carecía de conocimientos en el manejo de información
acer-ca de todo el proceso de compra-venta de la tierra urbana, se encon-traba
en una situación desventajosa.
Todo proceso de loteamiento sigue los siguientes
pasos: en una primera etapa, o bien se realiza la compra de propiedad, o se
lleva a cabo un estudio de factibilidad para el propietario del inmueble a ser
fraccionado, para determinar la rentabilidad del emprendimiento.
El segundo paso, en el caso de las inmobiliairas
que administran tierras de terceros, consiste en conseguir la confirmación del
propie-tario que suscribe un mandato por el cual autoriza, en forma
condi-cionada, a proceder a la administración, venta y cobranza del lote por
parte de la firma. A partir de este momento, se produce la parti-cipación mucho
más directa y definitiva de la empresa gestora. Este segundo paso no se observa
en aquellas inmobiliarias propietarias de los terrenos que lotean.
296 .py
José Nicolás Morínigo y Luis Alberto Boh
El tercer paso consiste en la preparación de un
proyecto de lotea-miento para ser presentado a la Municipalidad.
En un cuarto momento, siempre y cuando el proyecto
presentado sea aprobado, se abona el impuesto municipal de fraccionamiento de
la tierra para, posteriormente, iniciar los trabajos de infraestructura:
estaqueo, apertura de calles, limpieza de propiedad, enripiado de las calles de
acceso, señalizaciones, extensión de la energía eléctrica, etc. que pone a
punto el loteamiento como para que se inicie la venta.
Como la aprobación de los proyectos de loteamiento
implica un tedioso trabajo burocrático, las inmobiliarias agilizan los trámites
a través de relaciones de carácter informal.
La
integración de espacios al proceso de inversión del capital
La expansión de la ciudad de Asunción se realiza en
dos etapas. La primera consiste en la integración del espacio a la trama
urbana. A través de la parcelación, apertura de calles y expansión de los
servi-cios, el espacio se convierte en un gran damero, a partir del cual puede
iniciarse el proceso posterior de construcción.
La segunda, desde una perspectiva más general, se
produce a través de la integración de espacios ubicados entre centros urbanos
distintos.
El primer caso constituye una forma típica de
expulsión de la población de áreas periféricas.
De todos los servicios, el que ha tenido mayor
impacto para ge-nerar procesos de expulsión ha sido la construcción de calles
em-pedradas o con pavimento asfáltico. Esta se realiza mediante un contrato
entre la empresa constructora privada y la Municipalidad, institución que
otorga al contratista un certificado de adjudicación y se encarga de notificar
al propietario de la realización de la obra. A partir de entonces, este último
debe firmar el documento que ex-presa su aceptación y se especifica la forma de
pago, que puede ser al contado o a crédito, hasta 24 cuotas. El pago de contado
tiene un beneficio del 10% de descuento.
También puede realizarse el empedrado a pedido de
los propios interesados, expresado en una solicitud que requiere la conformidad
de la mitad más uno de los vecinos que viven en la cuadra afectada.
El precio del empedrado actualmente (1984) es de
1.810 guaraníes por m2,
y el pago total que debe realizar el “beneficiario” se calcula de la siguiente
manera: se multiplica el metraje del frente del inmueble por la mitad del ancho
de la calle, agregándose a ésto la porción que queda de esquina, que se
prorratea entre los vecinos de la cuadra. El precio incluye los trabajos de
nivelación y empleo de maquinarias en
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
calles normales, pero cuando hay barranco o es
necesario un relleno de tierra, el precio sufre un incremento.
En entrevistas realizadas acerca del tema,
empresarios que se dedican a esta actividad señalaron: “La elección de la obra
de empe-drado se realiza en función a intereses económicos. Los contratistas
buscan nuevas áreas próximas a avenidas o que pueden muy pronto entrar a un
proceso de valorización, y a través de contactos con la Municipalidad, se
agiliza la construcción de empedrado en las nue-vas zonas”.
Muchas veces, la Municipalidad encara la apertura
de calles, su mejoramiento y saneamiento como obra de carácter social que
benefi-cia a la comunidad, sin tener en cuenta su repercusión social.
En muchos casos, sobre todo en los inicios de la
década del se-tenta, cuando los propietarios carecían de posibilidades
económicas para solventar el costo del empedrado, se producía necesariamente el
remate del terreno, con una base de venta producto de la evaluación fiscal, que
siempre es inferior al precio real. En general, quien se que-da con la tierra
es el empedrador, utilizando el nombre de un tercero para evitar la evidencia
del despojo directo.
Los actuales pobladores de áreas de escasos
ingresos, cuando lle-ga el asfalto, proceden a la venta de su inmueble. No es
casual obser-var los pequeños carteles anunciando la venta de la vivienda, como
una muda respuesta al avance del “progreso de la ciudad”.
Toda esta estrategia compulsiva de apropiación
indirecta del sue-lo urbano, se ha dado en lugares estratégicos, en donde era
previsible, a corto plazo, un aumento del valor de la tierra.
La expansión de la ciudad ha integrado a los
municipios de Fer-nando de la Mora y Lambaré, y tiende a dirigirse hacia San
Lorenzo y Capiatá. Incluso en ese distrito, ya no se encuentran grandes
exten-siones, sino básicamente lotes que no tienen una superficie que sea de
interés para las empresas inmobiliarias.
De acuerdo a informaciones de agentes calificados,
actualmen-te las zonas más rentables son Mariano Roque Alonso y San Lo-renzo,
que están muy directamente relacionadas con Asunción. Un área vecinal cercana a
la ciudad, que sin embargo no se ha integra-do totalmente a la dinámica de la
expansión de la tierra urbana, es Luque. No obstante, con la apertura de la
ruta Luque-Ypacaraí —que recientemente fue asfaltada— una gran extensión de
tierra de carácter agrícola fue integrada a todo este proceso expansivo de la
urbanización.
La expansión se realiza pues en torno a la
absorción de espacios, de manera de integrar áreas urbanas cuyo centro
hegemónico es la ciudad de Asunción. Por otra parte, esta expansión se realiza
con un
298 .py
José Nicolás Morínigo y Luis Alberto Boh
ritmo más lento hacia otros núcleos urbanos
ubicados en distintas zonas, principalmente Limpio y Ñemby.
Este panorama del proceso de urbanización señala el
impacto de la canalización de inversiones hacia el sector de la tierra urbana y
constituye, sin lugar a dudas, un indicador y un condicionamiento fundamental
del comportamiento del mercado de la tierra en el Gran Asunción.
Los
precios de la tierra urbana, variación y tentativa de explicación
El interés principal en este punto radica en
conocer la variación de precios en relación a un indicador válido para comparar
el proceso de valorización de la tierra. Ese indicador es el salario mínimo
fa-miliar. No se trata de un análisis referido a plantear una descripción
detallada acerca de precios de la tierra urbana en el mercado, sino
esencialmente de observar su comportamiento, a partir del año 1965 hasta el
presente.
Para el efecto, hemos tomado 3 tipos de
loteamientos que se de-finen en función a la distancia del centro y al estándar
de servicios urbanos que caracteriza a cada área. El estándar se relaciona a la
in-tegración de servicios y a la configuración del espacio urbano.
Variación
del precio de la tierra en relación al ingreso familiar mínimo en el Gran
Asunción
a)
Loteamiento en área residencia - Alto estándar de servicios urbanos.
Ubicación de la fracción: Manorá - Las Carmelias
Servicios: Luz: sí
Agua:
desde 1965
Asfalto:
desde 1973
|
Año |
Ubicación del lote |
Precio m2 G. |
Salario mínimo G. |
Porcentaje del salario |
|
|
mínimo |
|||||
|
|
|
|
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
1965 |
A-s/Gral. Genes |
750 |
6.992 |
10.7 |
|
|
|
B-s/Feliciángeli |
400 |
6.992 |
5.7 |
|
|
1970 |
A |
2.000 |
6.992 |
28.6 |
|
|
|
B |
1.000 |
6.992 |
14.3 |
|
|
1975 |
A |
5.000 |
11.700 |
42.7 |
|
|
|
B |
2.500 |
11.700 |
21.4 |
|
|
|
|
|
|
|
.py 299
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
|
Año |
Ubicación del lote |
Precio m2 G. |
Salario mínimo G. |
Porcentaje del salario |
|
|
mínimo |
|||||
|
|
|
|
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
1980 |
A |
20.000 |
23.610 |
84.7 |
|
|
|
B |
15.000 |
23.610 |
63.5 |
|
|
1984 |
A |
20.000 |
35.500 |
56.3 |
|
|
|
B |
15.000 |
35.500 |
42.2 |
|
|
|
|
|
|
|
b)
Loteamiento en área relativamente alejada del centro y estándar de servicios
urbanos medios.
Ubicación de la fracción: Trinidad - Barrio Santo Domingo Servicios:
Ómnibus: sí
Luz:
desde 1965 Agua: desde 1973 Empedrado: desde 1979
|
Año |
Ubicación del lote |
Precio m2 G. |
Salario mínimo G. |
Porcentaje del salario |
|
|
|
|
|
mínimo |
|
|
|
|
|
|
|
1965 |
A-s/empedrado |
300 |
6.992 |
4.3 |
|
|
B-s/empedrado más |
250 |
6.992 |
3.6 |
|
|
alejado |
|
|
|
|
1970 |
A |
700 |
6.992 |
10.0 |
|
|
B |
500 |
6.992 |
7.1 |
|
1975 |
A |
1.500 |
11.700 |
12.8 |
|
|
B |
1.200 |
11.700 |
10.2 |
|
1980 |
A |
3.000 |
23.610 |
12.7 |
|
|
B |
2.500 |
23.610 |
10.6 |
|
1984 |
A |
3.500 |
35.500 |
10.1 |
|
|
B |
3.000 |
35.500 |
8.4 |
|
|
|
|
|
|
c)
Loteamiento en área alejadas del centro y de escaso estándar de servicios
Ubicación de la fracción: Entrada a Luque
Servicios: Ómnibus: sí
Luz:
desde 1972
Agua:
no tiene
Empedrado:
desde 1982
300 .py
José Nicolás Morínigo y Luis Alberto Boh
|
Año |
Ubicación del lote |
Precio m2 G. |
Salario mínimo G. |
Porcentaje del salario |
|
|
|
|
|
mínimo |
|
|
|
|
|
|
|
1965 |
A-área privilegiada |
100 |
6.992 |
1.4 |
|
|
B-área interna |
80 |
6.992 |
1.1 |
|
1970 |
A |
350 |
6.992 |
5.0 |
|
|
B |
300 |
6.992 |
4.2 |
|
1975 |
A |
700 |
11.700 |
5.9 |
|
|
B |
750 |
11.700 |
5.5 |
|
1980 |
A |
1.700 |
23.610 |
7.2 |
|
|
B |
1.500 |
23.610 |
6.3 |
|
1984 |
A |
2.000 |
35.500 |
5.7 |
|
|
B |
1.800 |
35.500 |
5.1 |
|
|
|
|
|
|
Tal cual puede observarse en los cuadros
anteriores, independiente-mente del tipo de ubicación del lote, en todos los
casos la relación entre el costo de la tierra y el salario mínimo ha ido
creciendo sustan-tivamente a favor de la tierra urbana.
El precio por m2 de tierra en un área residencial en 1965
(Manorá y Carmelitas) representaba el 10,7% del salario mínimo. En 1980, el
84,7% de dicho salario. Esta notable y sustantiva variación indica con claridad
que el precio de la tierra aumenta más rápidamente y, en con-secuencia, a su
vez, indica con claridad cómo se eleva la rentabilidad de la tierra.
En los loteamientos de áreas relativamente alejadas
del centro de Asunción, con un estándar de servicio urbano medio, se observa la
misma tendencia anterior. En 1965, el precio por m2 representaba el 4,3% del salario mínimo,
mientras que en 1980 era del 12,7%. Igual situación se observa en loteamiento
en áreas alejadas del centro y que poseen un bajo estándar de servicios
urbanos. En el año 1970, el pre-cio por m2 representaba el 1,4% del salario mínimo,
mientras que en 1980 era del 7,2%.
Estos datos demuestran fehacientemente que la
valorización de la tierra tiende a aumentar de una manera mucho más ace-lerada
que el valor del salario y, en consecuencia, las áreas inte-gradas al espacio
urbano constituyen, cada vez más, un área pri-vilegiada a la cual se accede
necesariamente a partir de ingresos más elevados.
Otro hecho común independientemente del tipo de
loteamiento, constituye la importante variación que se observa entre 1970 y
1980, y más específicamente a partir de 1975. Por la claridad con que se
explica este proceso, pasamos a transcribir una entrevista con un em-presario
dedicado a la venta de tierra urbana:
.py 301
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
“Pienso que en el año sesenta la venta de la tierra
estaba condicionada solamente por el crecimiento poblacional. Nadie tenía el
concepto de que se podía ahorrar en tierra y que se podía tener tierra como una
inversión. Posteriormente, en la década del setenta y a partir del año 1975, el
precio de la tierra subió exageradamente, porque la demanda era demasiado
grande y ello provocó una suba absurda y desmesura-da, hasta precios
irrisorios. Comenzaron a surgir entonces necesidades que antes no se tenían.
Gente con una buena casa prefería una casa demasiado buena, y la venta de la
tierra y su precio ya no estaban condicionados por el crecimiento poblacional,
sino por los deseos de consumo de la gente.”
“Tanta fue la suba de precio que todo el mundo
pensó que defendía su dinero comprando tierra, y esa fue la publicidad que
encararon todas las inmobiliarias, que destinaban las tierras al inversor,
porque eviden-temente en esa época dio resultados.”
“A quienes les había costado muy barata una tierra,
volvían a venderla a 10 veces más de su valor, en un período de tiempo muy
pequeño, y eso entusiasmó a mucha gente y el dinero se canalizó hacia la compra
de tierra.”
“Lastimosamente, eso fue muy pernicioso, porque
gente que tenía ca-pacidad económica como para establecer una industria, para
no tener dinero ocioso lo destinó a comprar tierra. Mucho dinero que ingresó a
consecuencia de Itaipú fue a parar en tierra. Quien construía una casa mejor,
daba trabajo a albañiles que volvían a comprarnos tierras a nosotros en áreas
mucho más alejadas. Pero el proceso terminaba… Todo ese dinero se movía en
función de venta de tierra; eso hizo que su precio subiera exageradamente.”
De
este análisis, hecho con la sencillez y precisión que da la práctica, es
necesario resaltar tres aspectos fundamentales:
a. el precio de la tierra urbana no dependía del
aumento de la población sino del volumen del capital destinado a la compra.
b. se dio un proceso de evidente especulación sobre la
tierra; y
c. el proceso estuvo amparado y dirigido por una
publicidad que planteaba la compra de tierra como una inversión que asegu-raba
el capital.
302 .py
la
democracia en el centro del debate (1980-2012)
Los.movimientospysociales
y
la lucha or la democracia
Benjamín
Arditi y José Carlos Rodríguez
El
resurgimiento
de
una sociedad desmantelada*
El momento que vivimos se caracteriza por el lento
declive de un orden autocrático que había desnaturalizado el carácter
republi-cano del poder estatal y asfixiado a la sociedad. En este crepúsculo
aún no se reconocen impulsos lo suficientemente fuertes como para que podamos
reconocer en ellos cauces democráticos para la gestión del poder, aunque sí
algunos signos de esperanza. Sobre este fondo, e incluso desde más atrás de
este escenario, emergen —o quizás resur-gen— nuevos actores del quehacer
público: los movimientos sociales.
No habían sido invitados a actuar en el escenario
nacional ni fue-ron siempre bienvenidos cuando lo hicieron. Y, sin embargo, con
una tenacidad incontestable, han pasado a ocupar un espacio que ayer les estaba
prohibido e, incluso, a crear espacios nuevos, modos de actuar y de pensar que
no existían, que habían sido olvidados o que la socie-dad se negaba a reconocer
y hoy debe aceptar.
En este contexto se formulan las preguntas que
guían a este ensa-yo: ¿Cuánto podemos esperar de los movimientos sociales en el
Para-guay desde el punto de vista de la democracia? ¿Cuánto contribuyen a
desarrollar las premisas y cuánto aportan para la construcción de
* Arditi, Benjamín y Rodríguez, José Carlos 1987 “ El
resurgimiento de una socie-dad desmantelada”, en La sociedad a pesar
del Estado. Movimientos sociales y recuperación democrática en el
Paraguay (Asunción: El Lector), pp. 21-31.
305
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
un orden democrático? ¿Cómo pensar el papel de esta
pluralidad de movimientos cuyo carácter diverso les hace vivir en espacios y,
en oca-siones, también en tiempos diferentes?
a.
El Estado contra la sociedad
Los paraguayos vivimos en una sociedad altamente
estatizada, vale decir, en una sociedad en la cual el actor estatal es en
relación a otros estados un actor fuerte y preponderante. Bajo las
circunstancias ac-tuales, esta fuerza del Estado se superpone y se confunde con
la fuerza de un núcleo de poder de decisión en el que confluyen las esferas del
gobierno, del partido oficialista y de las Fuerzas Armadas y del orden, en una
articulación altamente personalista. El Estado o, para ser más precisos, el núcleo
de poder de decisión, se ha convertido en el punto de referencia obligatorio
para la estructuración de nuestra vida coti-diana.1
Paradójicamente, se trata de un Estado con una
estructura insti-tucional y con una capacidad de gestión relativamente
esqueléticas. Apenas ha logrado ir completando el registro civil de las
personas; no logra generar políticas anticíclicas para defender la economía
na-cional ni implementar una estrategia de desarrollo que beneficie a la gran
masa trabajadora; es incapaz o reacio a frenar el amplio espectro de
actividades ilícitas cuyo volumen monetario excede con creces el valor total de
nuestro comercio exterior; y tiene un extendido cuerpo de funcionarios que en
su gran mayoría percibe sueldos inferiores al salario mínimo, lo cual facilita
el surgimiento de prácticas corruptas.
Además, los paraguayos vivimos en un espacio
institucional es-tructurado por un régimen político arbitrario y excluyente. Es
arbi-trario por cuanto la “orden superior” puede y de hecho suele tener más
peso que la normatividad jurídica, puesto que el núcleo estatal tiene singular
apego a la idea del poder como su atributo exclusivo e indivisible, y que de
hecho ejerce el poder como capacidad de mando y obediencia irrestricta sobre
propios y ajenos. Los que ocupan car-gos en diversos aparatos del Estado (burocracia,
empresas públicas, juzgados, penitenciaría, Fuerzas Armadas, Policía)
responden, más allá del principio de obediencia jerárquica institucional, a la
volun-tad del núcleo de poder que se estructura en torno a la figura del jefe
del Ejecutivo. Las instancias formales intermedias encargadas de me-diar en los
conflictos y forjar e implementar decisiones político-admi-nistrativas
(burocracia, Parlamento, juntas municipales) carecen de autonomía operativa
real en relación al poder “superior”. El arbitrio gubernamental en la represión
física y el hostigamiento permanente se ejerce, como en toda forma autoritaria
de gobierno, para controlar y desarticular disidencias de carácter político y
social.
306 .py
Benjamín Arditi y José Carlos Rodríguez
El régimen es excluyente, por cuanto las grandes
mayorías so-ciales y las minorías étnicas, lingüísticas o culturales carecen de
una incidencia real en la conformación de las decisiones públicas y en la
materialización e implementación de éstas a través de las políticas públicas.
Partidos políticos y movimientos sociales constituyen, en otros sistemas,
canales y vehículos habituales para la formulación de demandas y la exigencia
de soluciones. En el nuestro, carecen de un marco institucional de accionar efectivo
y de receptividad en el interior del régimen político imperante. Más que una
república, que presupone que el manejo de los asuntos políticos es
esencialmente público y no privativo de unos pocos poderosos, el modo de
funciona-miento de nuestro ordenamiento institucional es, en la práctica, el de
una autocracia.
Por último, los paraguayos vivimos en una sociedad
civil que ha sido sistemáticamente desmovilizada por el Estado a través de la
des-articulación de sus organizaciones. Esto se llevó a cabo a través de una
política oficial que, por una parte, privilegia la formación y el
fun-cionamiento de esas organizaciones bajo un control verticalista, sin
permitir la autonomía de su tutela, y que, por otra, realiza esfuerzos
conscientes y sistemáticos por bloquear su recomposición autónoma. En este
sentido, la fuerza del Estado —del núcleo de poder que lo ha controlado— radica
más que nada en su capacidad para inhibir a la sociedad civil y corromper a la
sociedad política, convirtiendo a las organizaciones de ambas en sus satélites.
b.
Un tiempo de incertidumbre: Impulsos democráticos y vacilación política
Sin embargo, hoy se puede constatar un proceso de
reversión paulati-na de la pasividad societal. El proceso de crecimiento de
demandas y tensiones sociales en los últimos años ha sido innegable. Y no sólo
en términos cuantitativos, que se apreciaría en el mero hecho que hoy más
personas hacen más reclamos, y lo hacen más frecuentemente: también crecen y se
hacen más complejas las formas de acción, de organización y de pensamiento. El
carácter subterráneo e “invisible” del movimiento social se ha ido tornando
cada vez más abierto y difícil —si no imposi-ble— de relegar a la oscuridad de
aquello que se considera inexistente mediante el dispositivo habitual de la
negación u ocultamiento siste-mático de la realidad. Basta mencionar, por
ejemplo, las movilizaciones sociales en torno a reivindicaciones gremiales de
los trabajadores del Hospital de Clínicas, las ocupaciones de terrenos por
parte de campesi-nos sin tierra, los reclamos de grupos de mujeres por obtener
la igual-dad jurídica en el nuevo Código Civil y las presiones internacionales
en demanda del respeto y la vigencia de lo derechos humanos.
.py 307
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Asimismo, son innegables los esfuerzos por
recomponer organi-zaciones desmanteladas, por recuperar las organizaciones
sometidas e inoperantes o por crear nuevas organizaciones en los espacios donde
éstas no existían previamente. Los ejemplos más recientes son la con-firmación
de movimientos u organizaciones campesinas tales como el Movimiento Campesino
Paraguayo (MCP) o la Coordinadora Nacio-nal de Productores Agrícolas (CONAPA),
del Movimiento Intersindical de Trabajadores (MIT-P), de la Federación de Estudiantes
Universita-rios del Paraguay (FEUP), de grupos de mujeres, núcleos de
trabaja-dores de la cultura, etc.
También se pueden mencionar las fisuras en la
“unidad graníti-ca” del oficialista Partido Colorado, pudiéndose distinguir
corrientes internas con posturas y dirigencias contrapuestas, con intenciones
de competir por el gobierno del aparato partidario.2 Se trata de un ver-dadero proceso de
repolitización del coloradismo. Algunos, como los “tradicionalistas”, pretenden
rescatar espacios de autonomía para el partido en relación al gobierno, aunque
sin cuestionar el modo gene-ral de ejercicio del poder político; otros, los
“militantes”, pretenden perpetuar un orden político que, siendo anteriormente
“natural” e in-cuestionado, hoy debe ser sostenido por la vía de la lucha
intraparti-daria y la movilización de sectores de la ciudadanía.
Pero está también el caso de los colorados
“éticos”, los “nuevos demócratas” surgidos en la era post-Itaipú. Los
exponentes de esta corriente del coloradismo han canjeado la conveniencia
personal de ocupar lugares dentro de la estructura de poder —opción tentadora y
segura, por no decir lucrativa— por el deseo explícito de recuperar la dignidad
personal y cívica asumiendo las consecuencias, no siempre gratas, que vienen
aparejadas con la decisión de sumarse a la lucha con la recuperación de
libertades y por la reorganización y reorienta-ción democrática del Estado.3
En este marco, no cabe duda que se puede percibir
en los círculos oficiales una vacilación respecto al futuro, algo que hasta
hace pocos años no existía ya que la autocracia gozaba de sólida salud,
creciente vitalidad y auspicioso pronóstico. La incertidumbre acerca del futuro
aparece como temática obligada para la reflexión de políticos, analis-tas y
ciudadanos. ¿Quién se atrevería hoy a predecir categóricamente la forma en que
se darán las cosas en el mediano plazo? El régimen autocrático no tiene muchas posibilidades
de continuar funcionando tal cual lo ha hecho hasta ahora, puesto que, incluso
para no cambiar, necesita modificar en alguna medida sus cuadros directivos,
sus pro-puestas y sus medios de gestión y de ejercicio del poder.
Algunos cambios ya se pueden apreciar. La no
prórroga del estado de sitio luego de tres décadas de vigencia ininterrumpida,
el permiso
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Benjamín Arditi y José Carlos Rodríguez
para el retorno de ciertos exiliados prominentes
anteriormente ana-temizados por la prensa y los funcionarios oficiales, la
autorización otorgada para la realización de algunos actos sindicales y
estudianti-les hasta hace poco reprimidos con gran violencia son, entre otros,
los indicios más visibles de un itinerario político auspicioso, a saber, el de
la reconquista de espacios de libertades hasta hoy conculcadas y de la
inauguración de algunas nuevas libertades.
Al señalar esto, no nos interesa entrar en una
reflexión acer-ca del carácter genuino o instrumental de esta tímida obertura
pri-maveral iniciada por el oficialismo en el largo invierno político que
constituye nuestro contexto histórico. Es evidente que esta peque-ña
reconquista ciudadana de libertades y este incipiente y limitado “aperturismo”
oficial no colocan al Paraguay en la antesala de una democracia. No ha variado
el modo de ejercicio del poder, el apara-to represivo sigue intacto, la amenaza
de emplear la fuerza pública pende sobre todos aquellos que intenten ejercer
sus derechos cons-titucionales de reunión y el hostigamiento selectivo de
opositores es cosa rutinaria, como también lo es la falta de acogida de sus
recla-mos en los estrados judiciales. Tal vez el cambio más importante que se
vislumbra es la transición hacia una creciente intervención del ámbito judicial
en el control de la sociedad, por la vía penal antes que por la intervención
del Ejecutivo apelando a disposiciones cons-titucionales (Art. 79, por
ejemplo).
Antes bien, nos interesa señalar la sorprendente
paradoja que se revela en este proceso: la autocracia está perdiendo un espacio
que las fuerzas políticas democráticas no logran ocupar. Ello hace que los
partidos opositores que reivindican el ideal democrático parezcan, más que
partidos políticos, meros clubes políticos, y cuyos dirigentes se acerquen más
a la figura del disidente que a la del opositor político.
La oposición extraparlamentaria del Acuerdo
Nacional, es decir la oposición partidaria propiamente dicha, ya no puede
atribuir sólo a la “dictadura” su escasa capacidad de convocatoria ni sus
dificulta-des para conformar un proyecto alternativo de sociedad, para ir más
allá de un accionar puramente declarativo y reactivo a las iniciativas
gubernamentales, para abrir por sí misma su propio espacio de ac-ción o para
acercarse a la ciudadanía en general: esta oposición se ve ahora obligada a
buscar en su propio desempeño y en su ciudadanía desmantelada el problema
central para la constitución de verdaderas fuerzas democráticas de masas.
El caso de los colorados “éticos” es semejante al
de los partidos opositores abstencionistas. Se han integrado a la lucha por las
liber-tades democráticas sin conseguir aún que la ciudadanía colorada que les
apoyaba cuando ocupaban posiciones de poder institucional en el
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
interior del partido y del Estado les acompañe en
este viraje político. Dado el poco tiempo de accionar político independiente
que tiene este grupo, se le podría conceder el beneficio de la duda, pero es
evidente que aún no cuenta con una fuerza comparable a la que tenía cuando
estaba “del otro lado”.
Puesto de otra manera, el problema principal para
la reconstruc-ción democrática no está más arriba ni afuera de la propia clase
polí-tica democrática, sino que se encuentra abajo y adentro de ésta: en la
ausencia de una vocación de poder democrático y en la destrucción del sentido
cívico de sus propias bases ciudadanas.
c.
La sociedad a pesar del Estado
Es en este contexto que los movimientos sociales
aparecen como ejemplo y como esperanza, ya que son ellos los únicos que, en
esta lenta decadencia de la autocracia, parecen ofrecer algunos resultados
edificantes:
-- Los
estudiantes universitarios, con la recuperación de centros de
alumnos previamente subordinados al poder político, han derrotado la dictadura
al interior de su vida gremial y con-quistado una autonomía en un desempeño
cotidiano. Son los únicos que han logrado que la mayoría de su estamento asuma
pública, explícita y decididamente una actitud democrática y, por ende,
antidictatorial.
-- Los
obreros han reconstituido en su seno un espacio de liber-tad: un sindicalismo
independiente, activo y plural, si bien aún minoritario.
-- Los
campesinos, por primera vez en su historia de raíz mile-naria, conquistaron el
derecho a desarrollar organizaciones independientes y tienen hoy más hombres y
mujeres organiza-dos “campesino haicha” que nunca antes, cubriendo la mayor
parte de la geografía humana y física de la República.
-- La
convergencia de sectores ciudadanos en torno a las protes-tas urbanas
desencadenadas por Clínicas. La lucha de los tra-bajadores del Hospital operó
como ejemplo de resistencia y como catalizador de protestas sociales basadas en
el principio de “no violencia activa”.
El movimiento gremial del Hospital de Clínicas
(dependiente de la Facultad de Medicina y, por ende, de la estatal Universidad
Na-cional de Asunción), es un caso sumamente interesante puesto que fue el
elemento central de las movilizaciones urbanas de 1986. Su
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Benjamín Arditi y José Carlos Rodríguez
importancia radica en dos cuestiones centrales. Por
un lado, en la unidad de los planteamientos y acciones de sus 1.400
trabajadores, en la adopción de decisiones en una coyuntura fluida a través de
de-bates y votaciones en asambleas democráticas —lo cual daba gran
representatividad a la conducción— y en la capacidad de resisten-cia ante el
acoso y hostigamiento permanente por parte del gobier-no, incluyendo cercos
policiales tendidos en torno al hospital en diversas ocasiones; por otro lado,
la relevancia del “caso Clínicas” se debe al hecho que desencadenó, en un modo
inesperado tanto por parte de sus propios trabajadores como por parte del
Gobier-no y de los partidos opositores, una breve y espontánea primavera
contestataria en la que participaron amplios sectores sociales y ten-dencias
ideológicas.
Estos hechos serían de por sí suficientemente
importantes como para que los movimientos sociales conmuevan el escenario de la
opi-nión pública. Pero suele haber un desfasaje entre el conocimiento de una
realidad sociopolítica y el reconocimiento de las transformacio-nes que ocurren
en ésta. Cuando las formas de pensar o “modos de ver” la realidad se han
enraizado profundamente en nuestras concien-cias, constituyendo hábitos,
prácticas y pautas de acción consideradas como evidentes en sí mismas, no siempre
se logra percibir el peso y el valor de lo nuevo: el registro de lo nuevo exige
también una reac-tualización del pensamiento.4 Tal es el caso hoy con la relevancia que han
ido adquiriendo los “movimientos sociales”, como tema nacional e internacional:
la percepción de una relevancia conlleva también el surgimiento de nuevos
“modos de ver” o “nuevos enfoques” para pen-sar la realidad, enfoques que
tienden a priorizar a la sociedad y a lo social, en lugar del Estado y lo
político-partidario.
Se trata de un movimiento intelectual vasto que no
podemos darnos el lujo de ignorar, puesto que empapa nuestra época sin ser
privilegio ni monopolio de ninguna corriente, tendencia o sector so-cial. La
valoración de la democracia, de los derechos humanos, de las autonomías, de la
multiplicidad de identidades sociales, de la cultura y la civilización, de los
microespacios de lo social, de las bases, de lo contractual, del conflicto
mediatizado y de los pactos, ocupa hoy un lugar central en el pensamiento y el
discurso de los cientistas y los po-líticos, de los periodistas y del hombre
común. Y lo hace de la misma manera que hace veinte años el pensamiento y el
discurso estaban ob-sesionados con los temas de la hegemonía, la ideología
dominante, el Estado y los aparatos de poder, los intereses de clase, la
centralización y la planificación central versus la descentralización, la
manipulación de la opinión de los mass media, las jefaturas y el
control, seguimiento y derrota del adversario.
.py 311
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
El desplazamiento de un léxico por otro expresa el
desplazamien-to de preocupaciones y problemas. Problemas que obedecen a nuevas
situaciones identificadas desde nuevos enfoques. Es en este contexto que surge
la preocupación por los “movimientos sociales”. Al plantear la priorización de
lo social por sobre lo político-partidario, estos enfo-ques no pretenden
reivindicar un repliegue a esferas de intercambio social tradicionales y “no
problemáticas”, estimulando la pasividad y el individualismo; tampoco implican
un desinterés por cuestiones po-líticas ni, mucho menos, la conformación de una
visión poco realista de los problemas y tareas necesarias para un proceso de
cambio. Por el contrario, son “modos de ver” que se nutren de las experiencias
de movimientos del pasado (como por ejemplo la lucha por el sufragio universal
emprendida por el movimiento obrero del siglo XIX), que perciben la nueva
sensibilidad social acerca de los actores, la direc-ción y las modalidades de
la acción transformadora, y también el po-tencial democratizador de los
movimientos sociales que surgen y se desenvuelven fuera del espacio tradicional
de la acción política. Como señala un autor, estos movimientos
“Eluden las instituciones del sistema político sin
asumir las caracte-rísticas de un ‘underground’ revolucionario. Estos
movimientos son radicales sin ser revolucionarios. Están creando espacios
públicos al margen de un sistema político que se ha vuelto demasiado rígido o
cínico. El prejuicio anti-institucional de los movimientos sociales debe ser
mirado en el contexto de espacios públicos institucionalizados que han
degenerado en marcos para la competencia elitista o para meras luchas de
intereses e influencia. Esto podría explicar tanto el énfasis puesto en temas
culturales como también el continuo surgimiento de contraculturas. Pero sería
erróneo desestimar este énfasis considerán-dolo como mero gesto de un estilo de
vida. Por el contrario, uno po-dría evaluar el foco y el lugar de los
movimientos contemporáneos en términos de una creación desde abajo de una nueva
cultura política”.5
“Su potencial democrático más importante es la
creación de nuevos espacios públicos, de formas democráticas adicionales, y la
reestruc-turación o la revitalización de las viejas”.6
Como se puede apreciar, estos nuevos “modos de ver”
la realidad, al rescatar el valor de los movimientos sociales y vincularlos con
la cues-tión democrática, introducen en el centro de la reflexión
contempo-ránea una tesis cuya importancia ya no puede ser pasada por alto, a
saber: que los movimientos sociales contribuyen a la producción de formas,
espacios y mentalidades democráticas a partir de una activi-dad desarrollada en
el terreno usualmente designado con el nombre de “sociedad civil”. En otras palabras,
más allá de la dicotomía que
312 .py
Benjamín Arditi y José Carlos Rodríguez
contrapone a partidos políticos y movimientos
sociales como actores y agentes mutuamente excluyentes en la gestión de tareas
democrá-ticas, los nuevos “modos de ver” la realidad y sus transformaciones
reivindican a los movimientos como actores cuya acción no excluye sino que
complementa a la de los partidos, sólo que en otro terreno, un terreno
extra-estatal, el terreno propiamente societal.
Reconocer el papel creciente de los movimientos
sociales en nuestro país es una tarea que cobra vigencia inmediata. Pero las
ver-dades no se muestran, sino que se demuestran;7 se debe hacer un es-fuerzo argumentativo para
convencernos de ello. Uno que combine la información histórica con referencias
actuales, el pensamiento de los movimientos con sus conquistas concretas, la
magnitud de las aspira-ciones con los obstáculos que limitan las conquistas
resultantes, la ex-ploración prospectiva de su potencial transformador con los
asideros palpables de su quehacer.
Tal es el propósito de este ensayo, mirar a los
movimientos socia-les, a la historia de sus luchas, a las tareas que se han
propuesto, a las metas que han cumplido, al potencial renovador que pueden
tener en una dirección democratizadora de nuestra sociedad. Como ensayo,
contiene algunas ideas y proposiciones que no siempre se inscriben dentro de
los protocolos de una investigación académica, pero cuya argumentación busca
mantener los cánones del rigor analítico. El in-terés central es interrogar
algunos textos, algunos acontecimientos, algunos problemas, algunos horizontes
de posibilidad en relación a los movimientos sociales y la cuestión democrática
en el Paraguay.
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Dionisio
Borda
Empresariado
y transición
a
la democracia en el paraguay* **
INTRODUCCIÓN
En el Paraguay se ha hecho poco esfuerzo por
estudiar al empresaria-do en general y su vinculación con la política en
particular.1 En
cierta medida se explica esta situación por el hecho de que la conformación del
empresariado moderno es relativamente de reciente data. Previo a la década del
sesenta, la economía paraguaya estaba constituida por las explotaciones
forestal-ganadera de capital extranjero y por las ex-plotaciones extensivas
familiares de capital nacional. Esta última ca-tegoría estaba representada a
través de los dos partidos tradicionales del país: Liberal y Colorado; sin
existir en la práctica una separación entre la función política y la
propiamente empresarial.
Recién a partir de la década del setenta se
conforman propiamen-te las sociedades de capital nacional, principalmente con
el inicio de
* Borda, Dionisio 1993 “Empresariado y transición a
la democracia en Paraguay” en Diego Abente Brun (coordinador), Paraguay
en transición (Caracas: Nueva Sociedad), pp. 431-468.
** Presentado en la Conferencia de Transición
Democrática en el Paraguay, Notre Dame, Indiana, diciembre de 1990.
1
Esteban Caballero y Fernando Masi, Partidos, gobierno y empresarios:
convergen-cias y divergencias (Asunción, CIDSEP, 1989), p. 194.
315
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
la obra de Itaipú y el “boom” de la agricultura de
exportación, que le imprime al sector mayor dinamismo con la formación de las
nuevas cámaras, vinculadas principalmente a la actividad financiera,
agroex-portadora y de la construcción. La primera parte de este ensayo exa-mina
básicamente la evolución de la relación del empresariado y el Estado en sus
tres fases:
i. Precisar los tipos y procesos de cambio
experimentados por el sector empresarial en las dos últimas décadas y
determinar los obstáculos enfrentados por el empresariado para avanzar hacia la
modernización sectorial durante la dictadura.
ii. Explorar cómo el empresariado influye sobre la
transición —y viceversa— e identificar escenarios posibles de la intervención
empresarial en la transición.
La primera parte de este ensayo examina básicamente
la evolución de la relación del empresariado y el Estado en sus tres fases: i)
Las em-presas agropecuarias que surgen en los años sesenta y la expansión del
stronismo; ii) Las apariciones de las sociedades de capital en los años setenta
y la consolidación del régimen politico; y iii) La crisis fiscal de los
ochenta, los conflictos con el empresariado y el ocaso del stronismo. La
segunda parte analiza la transición y el empresariado, enfatizando tres aspectos
básicos: el rol del empresariado, la aparición de nuevos actores sociales y una
especulación hacia escenarios de la transición.
II.
Empresas y estado
No se intenta estudiar la empresa como habilidad
gerencia-adminis-trativa en organizar la producción en sí, sino más bien se
pretende examinar el comportamiento del sector empresarial como “actor
socio-político”.2 Se
trata de comprender los logros de la gestión del gremio empresarial para
influenciar las tomas de decisiones del Esta-do y analizar su capacidad para
negociar con el resto de la sociedad. En este sentido, cuando se habla de esta
sección de empresariado, se alude al gremio: actor socio-político, y empresas o
sector empresarial a la actividad económica sectorial o de la unidad
productiva. Veamos sintéticamente la situación empresarial previa a la
administración stronista (1954-1989).
Hasta el comienzo de la década del sesenta el
empresariado en el Paraguay estaba conformado por tres grupos distintos, no
precisa-
2 Guillermo Campero, Los Gremios
Empresariales en el Periodo 1970-1983 (Chile, ILET, 1984), p. 33.
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mente articulados entre sí: sociedades de capital
extranjero dedicadas a las explotaciones extensivas del bosque y la ganadería
(elaboración de tanino, yerba, madera y carne);3 empresas unipersonales, vincu-ladas a la
oligarquía terrateniente, y dedicadas principalmente a las explotaciones
forestal-ganaderas; y las empresas comerciales e indus-triales, asociadas a la
pequeña burguesía nacional, más bien de redu-cida escala y vinculadas
primariamente al mercado doméstico.
Por una parte, la economía paraguaya se caracteriza
básicamen-te por ser agraria y orientada a la exportación. El nivel tecnológico
de las empresas era rudimentario por la naturaleza extensiva de la ex-plotación
agro-ganadero-forestal —excepto las empresas extranjeras dedicadas a la
exportación de las materias primas ya señaladas— y por la mentalidad
tradicional de la oligarquía criolla. Por otra parte, tanto para la oligarquía
criolla como para la burguesía local, no exis-tía separación entre la función
gerencial de la empresarial. El pro-pietario, el gerente y el administrador
constituía, en la práctica, la misma persona.
En la relación de la empresa con otros sectores
sociales primaba el vínculo patrón-cliente, con predominancia del trabajo
temporal y, en una proporción menor, de mano de obra permanente en las
estancias, puestos forestales y pequeñas industrias artesanales como molinos,
aceiteras, azucareras, panaderías y talleres artesanales. La relación de
trabajo en los enclaves extranjeros, más bien constituía un tipo de tra-bajo
forzado, patentizado en la conocida historia de los mesú.4
Los partidos tradicionales: Liberal y Colorado,
analizaban princi-palmente los intereses de la oligarquía terrateniente y
marginalmente de otros sectores sociales dentro de la práctica paternalista
oligárqui-ca.5 La
función política y la empresarial estaban prácticamente fu-sionadas en las
mismas personas. O sea, la clase política y la clase empresaria eran la misma
—tal vez en menor medida en el Partido Colorado— una razón más por la cual las
entidades gremiales tuvie-ron poco desarrollo en los años ’30 y ’40 del siglo
XX.
EI gremio más antiguo es la Unión Industrial
Paraguaya (UIP). Se fundó en el año 1936 con las pocas empresas industriales
del país,
3 Paul Hurley, “Efectos de las Empresas
Transnacionales en el Sector Externo del Paraguay”, en Ricardo Rodríguez
Silvero y otros, Las Transnacionales en el Paraguay (Asunción,
F. F. Naumann, 1985), pp. 175-207.
4 Trabajadores dedicados a la explotación de la yerba
mate en los montes altos de la Región Oriental del país. Las obras de Rafael
Barrett describen la vida y el padecimiento de los mensú en un régimen de
trabajo esclavista.
5 Según el Código paraguayo, hasta hoy, se penaliza
con más años de cárcel el abigeo que el homicidio, rémora de la época del
predominio político de los ganaderos tradicionales.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
tales como las empresas azucareras, yerbateras,
aceiteras y tanineras existentes en esa época (Anexo 1). Sus objetivos, según
los estatutos, apuntan hacia la defensa de los intereses gremiales, pero
fundamen-talmente su meta era fomentar la incipiente industria nacional. La
Asociación Rural del Paraguay (ARP) se conformó en el año 1938, con el objetivo
también de defender los intereses específicos de este sector. Y recién en 1953
se crea la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio (FEPRINCO) del
Paraguay, con el fin de aunar esfuerzos de las tres áreas económicas privadas
del país: la agro-ganadera, la industria y el comercio.
Particularmente cabe destacar que fue importante la
acción de FEPRINCO en la demanda de políticas de estabilización monetaria y
fiscal en los últimos años de la década del cincuenta, y la participación de la
UIP en discusiones y propuestas sobre políticas económicas que dieron lugar a
la formulación posterior de la Ley de Fomento Indus-trial Nº 216/70
(transformada en Ley Nº 550/75).6
1.
Empresas agropecuarias y expansión stronista de los años sesenta
Para fines de la década del sesenta, el régimen
stronista —con las dona-ciones y los préstamos blandos del exterior— logra
crear las bases ins-tituciones e infraestructurales para el desarrollo
empresarial del país. Contrariamente al desarrollo de las empresas, el
empresariado como actor colectivo pierde fuerza durante los años sesenta y
setenta. El régi-men stronista gana la alianza del empresariado a través de las
concesio-nes de nuevos servicios del Estado: crédito, tierra, infraestructura,
sin la mediación de la gestión gremial priman el “compadrazgo político”7 y las negociaciones individuales más que la
acción gremial en la relación de empresariado-Estado. Las relaciones
institucionalizadas y las reglas de la economía de mercado se desarrollan muy
lentamente y con graves distorsiones, por el estilo personalista del régimen
político.
En la década del sesenta se puso en marcha el plan
de institu-cionalización. Se promulga el Estatuto Agrario (1963) y se crean el
Instituto de Bienestar Rural (IBR-1963), la Secretaría Técnica de
Pla-nificación (STP-1962), el Banco Nacional de Fomento (BNF-1961) y el Fondo
Ganadero (1969). Se sancionan la Constitución Nacional (1967) y la Ley de
Inversiones Nº 216 (1970).8
6 Caballero y Masí, pp. 139-141.
7 Enzo Faletto, “El Empresario Industrial en
Paraguay. Notas para una investigación”, Revista Paraguaya de
Sociología, Año II , 4, sep.-dic. 1965, pp. 32-40.
8 Caballero y Masí (pp. 141-150) sostienen que la UIP
y la FEPRINCO participaron activamente en la formulación de los planes de
gobierno y algunos dirigentes de la
318 .py
Por otro lado, se crearon el Programa Nacional de
Investigación y Extensión Ganadera (PRONIEGA, 1968), que dieron el impulso
inicial a la expansión de las empresas agro-ganaderas nacionales. Al mismo
tiempo se expandió la red vial del país, incorporando en forma más efectiva
extensas regionales del país como las del Este (Caaguazú, Alto Paraná,
Canindeyú) y del Sur (Itapúa y Misiones), en cierta medida del Norte (San
Pedro, Concepción y Amambay). La distribución de tierras fiscales y el crédito
de fomento, principalmente el Plan Trigue-ro, posibilitaron la aparición de
nuevos empresarios agropecuarios ligados al poder gubernamental, que
configuraron el inicio de la for-mación de la clase empresarial stronista, que
floreció con vigor luego con Itaipú.9
Al mismo tiempo que se expande el aparato del
Estado, se van ensanchando las bases de la formación de una nueva dirigencia
con-formada por miembros del Partido Colorado y el Ejército, que con-vertía el
poder político en elemento central de su acumulación y au-toridad. Coincidía
esta realidad política con el cambio de la situación del mercado internacional
y el subdesarrollo preexistente del empre-sariado nacional. La demanda mundial
hizo perder fuerza a los en-claves extranjeros dedicados a la exportación del
tanino, carne, yerba y madera. El empresariado tradicional, por su parte, no
percibía al grupo político-militar-stronista en ascenso como un riesgo y una
com-petencia a sus intereses. Se explica esta última situación, por un lado,
por tratarse de empresas con pocas demandas financieras por el bajo nivel
tecnológico de sus explotaciones y, por el otro, por la mentali-dad tradicional
pre-modernista de los hacendados. A tal punto que los primeros créditos de
fomento no fueron fáciles de colocar entre los ganaderos por tratar de eludir
éstos asumir riesgos financieros.
Además del prebendarismo político de los años
sesenta, el siste-ma represivo del régimen empezó a debilitar a los partidos de
oposi-ción, principalmente el Liberal, restándole el apoyo del empresariado
tradicionalmente opositor. Prácticamente la vinculación directa del
empresariado con el Gobierno desplazó a las relaciones de interme-diación
política y parlamentaria, inclusive después de la apertura po-lítica del ’64.
En cuanto a la relación con el campesino, la
existencia de tierras fiscales abundantes y los programas de colonización, no
dio lugar a conflictos entre campesinos y terratenientes. Algunas reacciones
cam-
UIP como Delfin Ugarte C., Absalón Arias y Pedro
Chamorro pasaron a formar parte del gobierno.
9 Itaipú, obra binacional (paraguayo-brasileña).
Hidroeléctrica con capacidad de generación de 12.000 Kw. construida a inicios
de la década del setenta.
.py 319
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
pesinas de sectores más organizados, como los de
las Ligas Agrarias Cristianas (LAC), no pasaron de ser luchas aisladas,
principalmente contra la extorsión de la intermediación financiero-comercial de
los acopiadores. La lucha de LAC fue básicamente contra el Gobierno y no contra
el empresariado.
Por último, la relación obrero-patronal no tenía
suficiente peso por el escaso desarrollo de la relación capital-trabajo.
Además, el clima represivo no permitía ningún intento de organización sindi-cal
autónoma, que buscara reivindicaciones sectoriales propias. Los conflictos
aislados entre empresas-trabajadores que pudieron exis-tir, por otro lado, no
cobraron notoriedad pública por el incipiente desarrollo de los medios de
comunicación y por la falta de un pe-riodismo independiente. La década del sesenta
fue el inicio de la relación empresariado-Estado sin mayor intermediación
partidaria ni parlamentaria.
2.
Sociedad de capital y consolidación stronista
La construcción de la obra de Itaipú y el “boom” de
los cultivos de la soja y el agodón en los setenta marcan una nueva etapa en la
eco-nomía paraguaya y en la historia del empresariado nacional.10 Se recepciona un caudal impresionante de
divisas, y el empresariado y los técnicos nacionales tienen la oportunidad de
vincularse con em-presas y técnicos extranjeros con niveles gerenciales y
administrati-vos superiores a los que nunca fueron expuestos antes. La relación
comercial paraguayo-brasileña se incrementa y el régimen político de Stroessner
se consolida en el poder, ampliando su base de sus-tentación con nuevos
empresarios creados por Itaipú y el boom del sector agrícola.
La expansión del Producto Interno Bruto en la
década del setenta fue de 70.093 millones de guaraníes (1969) a 560.439
millones de gua-raníes (1980). La inversión neta alcanzó niveles sin
precedentes, de 5.830 millones de guaraníes (1968) a 102.574 millones de
guaraníes (1980). El gasto del Gobierno nacional llegó a expandirse 20 veces
más que en la década anterior, con una reserva de divisas —de 100 millones de
US$ en los años setenta— que alcanzó alrededor de 900 millones de dólares en
1980.
La construcción de Itaipú tuvo fuerte impacto en el
desarrollo del empresariado ligado a la banca, la finanza y los seguros. En
1973 se promulgó la Ley de la Banca Especializada, con la que se abrieron las
posibilidades de crear diferentes tipos de entidades financieras para
10 El costo de la obra de Itaipú fue estimado en
3.000 millones de dólares en los años setenta, para fines de la obra estará ya
por los 20.000 millones de dólares.
320 .py
captar ahorros y entregar créditos. En el período
1973-81 se crearon 12 bancos y 26 financieras, además de las 6 sociedades de
ahorro y préstamo11 (Anexo
2). También se conformaron 30 compañías de se-guros12 (Anexo 3). Estas entidades marcan el inicio
de la eclosión de las sociedades de capital en el ámbito empresarial paraguayo.
Itaipú posibilitó asimismo la formación de las
empresas cons-tructoras, prácticamente desconocidas en el país, aparte de
algunas firmas familiares como Wasmosy, Bauman, Barrail, etc.13 Antes de Itaipú, según el presidente de la
Cámara de la Construcción, no llega-ban a 20 las empresas, con un nivel bajo de
capital. Desde Itaipú se lle-ga a 250 empresas de construcción —algunas
afincadas en el interior como Ciudad del Este y Encarnación— con inversiones
hasta de un millón de dólares en equipos y con un mayor desarrollo
tecnológico-administrativo.14
Otros tipos de consorcios impulsados por Itaipú han
sido las con-sultorías profesionales, como las empresas de contabilidad y
autori-dad, las consultoras de inversión y administración inmobiliaria, y las
de ingeniería, sin precedentes en la historia empresarial paraguaya.
Particularmente se conforman consorcios vinculados al poder del Es-tado para
tareas de supervisión y fiscalización de obras, que dieron lugar a la formación
de capital de nuevos empresarios.
Por su parte, el “boom” de la soja/algodón abrió
también un nue-vo tipo de desarrollo empresarial. Con la soja cobraron una
inusitada expansión las grandes empresas agrícolas, como Agriex, Agropeco,
Fortuna, etc.; las empresas familiares, especialmente brasileñas y radicales en
los departamentos de Alto Paraná, Canindeyú e Itapúa; las 31 empresas
cooperativas, de origen extranjero en su mayoría, asociadas a la Federación de
Cooperativa de Producción Limitada (FECOPROD)15 (Anexo 4), y las 21 aceiteras con una
capacidad de procesamiento de 4.200 ton/día de semillas oleaginosas. El
culti-vo de algodón posibilitó, por su parte, la expansión de empresas
11 Además de las nuevas entidades financieras, se
conformaron igualmente las nuevas Cámaras de Bancos y Financieras. Muchos de
los bancos con fuerte presencia de capital extranjero que en los años ochenta,
con la crisis económica y voracidad del régimen vendieron sus acciones, como
Bank of America, Manhattan, Deutsche Bank, etc.
12 Este es un sector tradicional en el país y la
explotación del mismo se realiza con capital nacional.
13 Entrevista con el Ing. Barrail, Pdte. de la Cámara
de la Construcción, febrero de 1989.
14 Ibídem.
15 Fundamentalmente reúne a cooperativas de producción
de pequeñas y medianas empresas, ligadas a inmigrantes extranjeros.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
desmotadoras: 22 empresas con una capacidad
instalada de 1,5 mi-llones de toneladas (Anexo 5). Tanto la soja como el
algodón han desarrollado otras tres industrias interrelacionadas: las empresas
agroquímicas, las de transportes y las metalúrgicas (silos, remol-ques, etc.).
El empresariado de la década del setenta abrió las
puertas a una nueva época gremial con la formación de las Cámaras, tales como
la Cámara de Algodón del Paraguay (CADELPA, 1985), la Cámara Paraguaya de
Cereales y Oleaginosas (CAPECO, 1980), la Asociación de Financiera (ADEFI,
1975), la Cámara de Sanidad Vegetal (1975), Cámara de Bancos Paraguayos (1982),
la Cámara Paraguaya de So-ciedades de Ahorro y Préstamo para la Vivienda
(1974), la Cámara de Vendedores de Materiales de Construcción (1973), la Cámara
de la Industria de Bienes de Capital (1986) y la Cámara Paraguaya de la
In-dustria de la Construcción (1975), todas relacionadas al “boom”
agrí-cola-financiero y de construcción. Estas nuevas cámaras arrimaron
propuestas y negociaban directamente con el Gobierno, tales como los
redescuentos (créditos preferenciales a una tasa de 5% anual),16 la Ley de Bancos del ’73, entre otros, sin
intermediación de la FEPRIN-CO ni de la UIP.
Otro factor importante de modernización de las
empresas ha sido la canalización de créditos especiales para la ganadería a
través del Fondo Ganadero, entidad creada por el Estado. El empresariado
ganadero conforma también sus asociaciones especializadas como la Asociación
Paraguaya de Criadores de Hereford, de Brahma, de Santa Gertrudis, la Nelore,
etc.; al mismo tiempo que la Asocia-ción Rural del Paraguay (ARP) va
constituyendo sus regionales en el Chaco, Gral. Bruguez, Ñeembucú, Caaguazú,
San Pedro, Olimpo, etc.
En contraste con el auge de las empresas
financieras, agroex-portadoras, ganaderas y de la construcción, el sector
industrial más tradicional fue relegado por el régimen stronista. En el año
1970 se produjo el retiro de la UIP del seno de la FEPRINCO, a raíz del poco
éxito alcanzado por el gremio en negociar con el Gobierno al-gunos cambios
fundamentales para el desarrollo industrial.17 Los industriales venían exigiendo por varios
años la creación de una ley especial de inversión, de créditos y de tratamientos
impositivos es-peciales para el fomento de la industria. El sector industrial
estaba molesto también por la reducción de gravámenes extranjeros y la
16 Dionisio Borda, Las Políticas Económicas (CPES); La
Economía Campesina y las Políticas Agrarias, mimeo (Asunción,
CPES, 1980), pp. 40-45.
17 Caballero y Masí, p. 145.
322 .py
no reducción de estos gravámenes para insumos
importados por la incipiente industrial nacional.18
La UIP estuvo siempre más ligada al capital
nacional y al merca-do doméstico que a FEPRINCO. Esta diferencia tuvo más
nitidez en un momento en que el modelo de crecimiento hacia fuera cobraba vigor
como estrategia económica del Gobierno. La FEPRINCO pasa-ba a ser, con el auge
de esta estrategia, la mejor aliada del Gobierno y agrupaba en su seno
principalmente a empresarios financieros, co-merciales, de construcción y
agroganaderos (Anexo 6). Cabe señalar también que la FEPRINCO consolidaba su
relación con el gobierno a través de una representación directa en organismos
de Gobierno, tales como en el Consejo de Estado, el directorio del Banco
Nacional de Fomento, el Consejo Nacional de Comercio Exterior, la Junta
Per-manente de Conciliación y Arbitraje, el Consejo de Salarios Mínimos y el
Consejo Superior del Instituto de Previsión Social. Y, por otra par-te, la
ascendencia creciente de empresarios colorados en la dirección de la entidad,
tales como José Pappalardo, Juan Cámeron Genes, Del Rosario Chamorro, etc.,
reemplaza a dirigentes tradicionalmente no vinculados al Partido Colorado.
De este proceso de partidización en la conducción
de la enti-dad gremial tampoco se salvó la UIP. En el Primer Congreso
In-dustrial de 1979, con la presidencia de Blas N. Riquelme, la enti-dad
entregó una bandeja de plata por los 25 años de gobierno al general-presidente.19
Además del copamiento que hace el partido de
gobierno de las organizaciones gremiales, la inclusión de algún miembro de la
élite gobernante como “accionista” de empresas pasó a ser un requisito para las
mismas para tener chance de participar en las licitaciones o simplemente entrar
a operar en el mercado.
Los accionistas fantasmas en las consultorías y los
consorcios constituyeron parte de la lógica del prebendarismo, que tiene como
punto álgido a Itaipú. Todos conocen esta práctica, aunque has-ta ahora resulta
difícil tener acceso a los datos de la época para examinar el volumen de
recursos financieros desviados por dichos empresarios.
Además cabe señalar, por otra parte, que no existía
disputa entre el capital nacional y el extranjero en los ’70. Ambos fueron
beneficia-dos por exoneraciones fiscales (Cuadro 1) y por el incremento de la
demanda nacional derivada de Itaipú.
18 Ibídem,
p. 146.
19 Ibídem,
p. 149.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Cuadro
1
Proyecto
de inversión beneficiado por las leyes 216/70 y 550/7520
|
Años |
Nº de beneficiados |
Nº de nuevos beneficiarios |
Monto de la inversión (en |
|
|
|
|
millones de guaraníes) |
|
1970 |
45 |
1.150 |
933 |
|
1971 |
35 |
777 |
177 |
|
1972 |
64 |
5.185 |
1.487 |
|
1973 |
91 |
2.725 |
1.717 |
|
1974 |
174 |
7.510 |
8.522 |
|
1975 |
122 |
2.963 |
4.450 |
|
1976 |
162 |
4.775 |
8.592 |
|
1977 |
166 |
5.338 |
13.030 |
|
1978 |
205 |
4.904 |
14.534 |
|
1979 |
301 |
8.739 |
31.625 |
|
1980 |
247 |
5.937 |
16.862 |
|
|
1.612 |
50.003 |
101.929 |
Según el Cuadro 2, las empresas extranjeras
beneficiadas por la Ley de Fomento fueron del orden del 10 al 12% del total de
ellas, y teniendo en cuenta el volumen del capital, le correspondió al capital
extranjero el 30% del valor total de las inversiones exoneradas de impuestos.21
El capital extranjero estaba conformado
principalmente por ca-pitales brasileños, alemanes, americanos y argentinos. El
mismo es-taba básicamente localizado en el sector de la finanza, como Banco do
Brasil S.A., Banco Real y Banespa (capital brasileño); Deutsche Bank y
Sudameris del Paraguay S.A. (capital alemán); Citibank, Bank of América, Chase
Manhattan y Bank of Boston (capital americano). También se observaba capital
extranjero en la rama de medicamentos y siderurgia, tales como Hoechst, Cofarma
(Bayer), Rieder, IMMHSA (empresa metalúrgica con capital alemán), Chacomer,
etc.22 En
el sec-tor que tuvo mayor preso —conjuntamente con el sector financiero— fue en
el agrario, principalmente en forma de grandes propiedades (en total 6.084.555
ha.), com Agriex (54.000 ha.), Agropeco (60.000 ha.),
20 Pablo A. Herken K. Vía Crucis Económico
1982-85 (Asunción, Arte Nuevo Editores, 1986), p. 284.
21
Ricardo Rodríguez Silvero, La Integración Económica del Paraguay en el
Brasil
(Asunción,
Editorial Historia y Fundación F. Naumann, 1987), p. 106. 22 Ibídem,
pp. 113-115.
324 .py
PARAGRO (301.000 ha.), en algunos casos integrados
con capital na-cional y explotadas parcial o totalmente en la agroganadería.23
Cuadro
2
Participación
del capital extranjero en los proyectos de inversión, período 1975-80.
|
Años |
|
Inversión total |
|
Número de empresas |
|
|
|
Valor en millones de |
Participación de cap. |
Total |
Participación de cap. |
|
|
|
guaraníes |
|
extranjero (%) |
|
extranjero (%) |
|
|
|
|
|
|
|
|
1975 |
4.450 |
|
16 |
122 |
15 |
|
1976 |
8.597 |
|
19 |
160 |
10 |
|
1977 |
13.030 |
|
41 |
176 |
10 |
|
1978 |
14.534 |
|
14 |
205 |
7 |
|
1979 |
31.625 |
|
41 |
301 |
11 |
|
1980 |
26.291 |
|
12 |
248 |
8 |
|
|
|
|
|
|
|
Fuente:
Diagnóstico del sector industrial. STP, 1984, elaborado por la División
Industria con datos del Ministerio de Industria y Comercio.
El capital extranjero de los años ’70 se localizó
en los sectores de ma-yor dinamismo económico del país: financiero y
agroexportador (soja y algodón). Durante la expansión económica de los años
setenta tanto el capital nacional como el extranjero pudieron crecer en alianza
con el Estado, sin preocuparse este último de establecer unas reglas
insti-tucionales de operación.
La dinamización de la economía permitió una mayor
moderniza-ción de la gestión técnico-administrativa y del proceso de
producción, no así con la gestión del gremio empresarial. El afianzamiento del
régimen prebendario stronista debilitó la gestión empresarial de las centrales
gremiales (UIP, FEPRINCO, ARP). Las nuevas cámaras (CA-PECO, CADELPA, CAPACO,
ADEFI, etc.) ocuparon el espacio gremial para negociar con el Gobierno aspectos
puntuales a las actividades es-pecíficas, tales como aforos, gravámenes, créditos,
etc. El Parlamento y los partidos políticos, hasta las mismas entidades
gremiales tradi-cionales, se convirtieron en instancias superfluas para la
negociación entre empresariado y Estado.
3.
Crisis fiscal y el ocaso del stronismo en los años ’80
Durante la década del ’70 el país tuvo un acelerado
crecimiento eco-nómico. Su Producto Interno Bruto creció a un ritmo de
aproximada-
23
Ramón Fogel, La Concentración de la Tierra en los Departamentos
Fronterizos
(Asunción,
Comité de Iglesias para Ayuda de Emergencias, 1989), p. 89.
.py 325
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
mente 10% anual acumulativo. En los años ’80 la
economía paraguaya experimentó una fuerte desaceleración (Cuadro 3) y el
Producto Inter-no Bruto creció a una tasa de sólo 1,1% acumulativo.
Cuadro
3
Crecimiento
porcentual del PIB: 1970/79 y 1980/89
|
Año |
Porcentaje variación |
Año |
Porcentaje variación |
|
1970 |
0,0 |
1980 |
7,9 |
|
1971 |
5,7 |
1981 |
5,2 |
|
1972 |
6,7 |
1982 |
-4,2 |
|
1973 |
7,5 |
1983 |
-6,1 |
|
1974 |
8,5 |
1984 |
-0,2 |
|
1975 |
14,5 |
1985 |
0,8 |
|
1976 |
7,3 |
1986 |
-3,0 |
|
1977 |
10,9 |
1987 |
1,3 |
|
1978 |
11,4 |
1988 |
3,0 |
|
1979 |
11,4 |
1989 |
6,0 |
|
Promedio |
9,3% |
|
1,1% |
Fuente:
Banco Central del Paraguay. Cuentas Nacionales Nº 25.
A partir del ’81 la economía paraguaya pasó por una
etapa práctica-mente de crecimiento negativo, a consecuencia de la terminación
de la obra de Itaipú (1981) y la situación adversa, tanto desde el punto de
vista de los precios internacionales de la exportación nacional como de la
producción agrícola local. El gobierno empezó a experimentar un proceso de
déficit fiscal y el país sufrió un déficit agudo en su ba-lanza de pagos, con
disminución paulatina de las reservas de divisas en el Banco Central del Paraguay.24
La drástica reducción del ingreso de divisas tuvo
repercusiones no sólo sobre la economía del país (déficit de la balanza de
pagos) y del Estado (déficit fiscal), sino también afectó al sector
cívico-militar ligado al stronismo. Esta situación de estrechez económica
transpa-rentó la corrupción estatal, encubierta anteriormente por el “boom” de
los años ’70 y al mismo tiempo generó un conflicto creciente con el
24 Efraín Enriquez Gamón, “La Economía del Sector
Público”, en Carlos Fietschner y otros, Economía del Paraguay
Contemporáneo, Tomo I (Asunción, CPES, 1984) pp. 283-346.
326 .py
empresariado por la transferencia de costos
públicos hacia el sector privado, en forma de subsidio cambiario y crediticio,
que explicare-mos más adelante.
La corrupción avanzó bajo diversas formas: i)
contrabando de importación y exportación con participación en parte del sector
priva-do; ii) negociado en gran escala con préstamos leoninos e inversiones
sobredimensionadas del sector público, en complicidad con consulto-res
externos; y iii) transferencia de costos estatales a través de subsi-dio
forzoso del sector privado y negociado de dólares preferenciales.
El comercio no registrado pasó a ser en la práctica
una nueva actividad económica. La “economía subterránea” era tan importante en
volumen como la “economía oficial”. En el caso de la importación no registrada
llegó hasta el 64,13% más que la registrada en promedio anual durante el
período 1980/86.25
La exportación no registrada llegó también a cifras
siderales. En-tre 1981/86 las exportaciones, según el BCP, sumaron 1.765,4
millo-nes de dólares FOB. En tanto que, según el FMI, fueron del orden de
2.974,9 millones de dólares FOB, con una diferencia de 1.209,5 millones de US$.
O sea, 68,5% de las exportaciones tampoco estaban registradas.26 La “industria sin chimenea” empezó a penetrar
todas las actividades económicas, y en cierta medida toda la ciudadanía, en una
u otra forma, estaban ligada al comercio ilícito como “consumidor o productor”.
Los artículos electrónicos, electrodomésticos, autos y ar-tículos de consumo
son ejemplos de la influencia de la economía ilegal en el país. Y hacia el fin
de los años ’80 esta actividad, al generalizarse por competencia masiva de
productos extranjeros, llegó a convertirse en el gran problema del
empresariado, relajado en los planteamientos del foro de la FEPRINCO de marzo
de 1987.27
La reducción del ingreso de dólares de Itaipú
también condujo a la élite gubernamental a buscar —además del contrabando—
nuevas formas de captación de divisas. La deuda externa del país en los años
’80 era del orden de 861 millones. Para 1988 la deuda llegó a 2.002 millones de
dólares. De ésta correspondieron 1.968 millones de dóla-res al sector público.28 Estos créditos externos, principalmente de la
25 OTEP, “Consideraciones sobre la Situación
Laboral del Docente. Petición del Salario Mínimo para el Maestro Paraguayo”,
mimeo (Asunción, 1986), p. 29. Según datos del FMI aparecido con Coyuntura
Económica. 7/VII/87, Año 2, Nº 7, p. 73.
26 José Franco, “Intercambio Comercial
Paraguayo-Brasilero: Análisis de su incidencia en la Economía Paraguaya”
(Asunción, CPES, 1988), p. 60.
27 FEPRINCO, Empresariado Nacional: Reactivación
Económica (Asunción, El Lector, 1987), p. 268.
28
CEPAL, Estudio Económico de América Latina y El Caribe, 1988, p.
604.
.py 327
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
banca comercial, fueron destinados a las empresas
estatales sobre-dimensionadas, como INC, ACEPAR, APAL, Gran Hospital Nacional,
Hospital del Quemado, Aeropuerto del Este, etc. Estas cuentas pasa-ron a
ejercer presiones sobre el Gobierno. La Administración estatal compensaba en
parte con alzas fuertes de las tarifas y la aplicación de subsidios cambiarios
a través del régimen de cambio múltiple.
Este subsidio cambiario impuesto por el Gobierno al
sector pri-vado, con el sistema de cambio múltiple, y en cierta medida también
los créditos, causó fricciones fuertes con el empresariado (Cuadro 4).
Como puede verse en el Cuadro 4, el subsidio
cambiario para el sector público en el ’88 (pre golpe) fue de 69.065 millones
de guaraníes contra 37.499 millones de guaraníes en el ’89 (post golpe). En
relación al Producto Interno Bruto (PIB) significó un descenso de 2,1% a 0,8%
en el período señalado. Este subsidio operaba como una apropiación de dólares
de exportación vía aforo (precios básicos en dólares del cambio del mercado
para la entrega a los exportadores) y la venta de dólares preferenciales por debajo
del valor del mercado para pago de la deuda externa y la importación del sector
público.29
El otro elemento de conflicto constituía el
subsidio crediticio con-sistente en un trato discriminatorio en la concesión de
los créditos entre los sectores público y privado. Este comportamiento no
cambió mucho entre 1988 y 1989 como puede verse en el Cuadro 4. La dife-rencia
de pago de interés y reajuste por inflación entre los sectores público y
privado sigue siendo grande.
Al problema de la corrupción se sumaron otros focos
de conflictos entre el empresariado y el Estado, especialmente las políticas
econó-micas. En primer lugar, la inadecuación del sistema tributario al
desa-rrollo del mercado y de las empresas. La gestión en la Administración
Pública resultó lenta, muy burocrática y contradictoria para facilitar las
operaciones del sector privado. Veamos tres casos, entre otros, que ilustran la
obsolescencia de la burocracia del Estado frente a la relati-va modernización
de las empresas y las relaciones de mercado.
En cuanto a la exportación, una empresa exportadora
en forma-ción debe pasar por diez dependencias distintas, por un mínimo de
nueve instancias y varios niveles jerárquicos.30 En lo referente a im-
29 Un ejemplo numérico puede ilustrar cómo opera el
sistema de cambio. El $ oficial tuvo por ejemplo cuatro precios: i) dólar de
exportación 550 gs/$; ii) dólar para importación de insumos del gobierno 320
gs/$; iii) dólar para importación de insumos agrícolas 400 gs/$; y iv) pago de
la deuda externa 250 gs/$, mientras que en el mercado paralelo costaba 900
gs/$.
30 Alba Seifart y otros, “Exportación en la
Paraguay”, trabajo, mimeo, presentado para la cátedra de Análisis Económico de
Dionisio Borda, pp. 9-13 (Asunción, MAE II, 1990).
328 .py
portación, la burocracia resulta aún más engorrosa.
Existen 37 nive-les arancelarios diferentes que explican la razón del
requerimiento de conocimientos especiales del despachante de aduana. Como dijo
uno de sus representantes: “Gracias a esta complejidad, nosotros los
despachantes existimos”.31 O
simplemente el aparato estatal no se adecúa a cambios mínimos como la
dinamización del transporte aéreo. En la aduana del Aeropuerto de Asunción
existe una sola caja para cobro de los despachos y se dispone sólo de 3
inspectores y 2 auxiliares para la verificación de las mercaderías. A veces
éstas tienen problemas por carecer de un lugar en la clasificación arancelaria
del Gobierno.32 Esta
incompetencia del sector público en adecuarse a las reglas de la modernización
también se observa a nivel de municipios. Por ejemplo, para obtener una patente
comercial se deben seguir 23 pasos operativos, desde la presentación de la
solicitud en la mesa de entradas hasta la obtención de la patente. Esos
trámites pueden de-morar hasta 6 o 7 meses.33
En segundo lugar, cabe citar la inadecuación
financiera. El Banco Central del Paraguay se rige por el Decreto-Ley Nº
18/1952, careciendo de la autonomía necesaria del Poder Ejecutivo y sin
dis-criminar y autonomizar las funciones de políticas monetarias de la tarea de
fiscalización que corresponden a la Superintendencia de Bancos. Por otro lado,
la Ley de Bancos Nº 417/73 (corresponde todavía al espíritu de la banca
especializada, por el que se definen el tipo de banco y las operaciones que le
son permitidos y banco de inversiones, de ahorro y préstamo para la vivienda,
comercial, etc.) Estas limitaciones crearon dificultades de expansión, que
dieron lu-gar a la formación de grupos financieros (los mismos accionistas) que
operan en el campo de la financiera, seguro, ahorro y banca, tales como el
Grupo Real (Banco Real del Paraguay, Real Finan-ciera del Paraguay S.A. y Real
Paraguaya de Seguros S.A.); Grupo Corporación (Banco Corporación S.A., Rumbo
S.A. de Seguros y Corporación Financiera S.A.); Grupo Unión (Banco Unión y
Unión Paraguaya Financiera S.A.). Por último, el tema del encaje legal
(re-tención de un porcentaje del depósito del público en el BCP) y los
redescuentos (líneas especiales de créditos para algodón, soja, caña de azúcar
y trigo) fueron motivo de permanentes conflictos y nego-ciaciones entre el
sector público y el empresariado.
31
Entrevista al Dr. Luis Andrada Nogués, 1990.
32 Gabriel Cosp y otros, “Importaciones no
Registradas. Causas y Efectos en la Economía del País”, trabajo, mimeo,
presentado para la cátedra de Análisis Económico de Dionisio Borda, p. 9
(Asunción, MAE II, 1990).
33
Suplemento Económico, ABC Color, 22 de julio de 1990, p. 8.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Y, en tercer lugar, la presión empresarial pasó a
ser más fuerte con relación a la política antiinflacionaria del gobierno,
principal-mente con los déficits de las empresas públicas y la política de
ajuste salarial. Según la cuenta consolidada del sector público, para 1988
cinco empresas públicas sumaron un déficit de 23.210 millones de guaraníes.34 El empresariado expresó también su
disconformidad con el Gobierno por los decretos de ajuste salarial que se
verificaron dos veces al año con un ajuste global del 15 al 30%, sin ningún
signo de controlar la inflación.
En los años ’80 las dos entidades empresariales
—UIP y FEPRIN-CO— se distanciaron primero del Gobierno y se volvieron críticas
después. Formularon numerosas propuestas económicas al Gobier-no, buscando
corregir algunas variables macroeconómicas, como la sobrevaloración de la
moneda, el déficit fiscal, el saldo negativo de la balanza de pagos, la
inflación, etc., sin tener éxito. No fue posible para el régimen pensar en una
negociación con el sector privado, porque negociar era un signo de debilidad
para el stronismo.35
El foro de la feprinco de 1987 resume las demandas
más urgen-tes formuladas por el empresariado nacional: cambio libre, represión
del contrabando, austeridad y racionalización del sector público, no crea-ción
de nuevos tributos y otorgamiento de créditos productivos del sec-tor privado.
La total falta de eco de estas propuestas en el ámbito del Go-bierno contribuyó
a ahondar el desentendimiento entre el empresariado y el Estado. El régimen
prebendario no admitía propuestas tendientes a modernizar el Estado y
liberalizar la economía. La lógica capitalista moderna colisionaba con el
sistema prebendario. Algunos empresarios, tecnócratas principalmente, que se
beneficiaron con las concesiones del régimen durante el “boom”, ganaron más
autonomía como para entrar en la competencia del mercado; en tanto que las
empresas más ligadas a los sectores políticos, básicamente los colorados
“militantes”, no tenían mayores recursos para sobrevivir a la competencia
empresarial sin la intervención del Estado, alterando las reglas del mercado:
concesión de monopolios y licencia o manipulación directa de licitaciones y
concur-sos de precios o imposición de pagos forzosos e ilegales.
El desarreglo institucional también afectó al
capital extranjero. Según el conocido empresario, doctor Caballero Vargas: “…se
inicia
34 Dionisio Borda, “Cambio y Continuismo: Presisten
los grandes Desafíos Económi-cos para el Paraguay del ’90”, Síntesis (España)
Nº 10, Paraguay (1990), pp. 301-309.
35 Bejamín Arditti, “La ‘Politicidad’ de la Crisis y
la Cuestión democrática. Poder Político, Economía y Sociedad en el Paraguay”,
en Fernando Calderón Gutiérrez y Mario R. Dos Santos (comps.), Latinoamérica:
Lo Político y lo Social en la Crisis
(Buenos Aires, CLACSO, 1987), pp. 93-164.
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un persistente éxito de las transnacionales
vinculadas al sector agroex-portador. Es así en el sector textil y en los
frigoríficos en manos de in-gleses o norteamericanos, que son vendidos a
empresas paraguayas. La exportación de cereales y oleaginosas es manejada
preferentemen-te por operadores locales. Surge una nueva banca privada
nacional”.36
La crisis fiscal alcanzó su límite más crítico en
diciembre de 1988 (Anexo 7). El BCP dirigió un memorándum económico al Gobierno
nacional donde expresaba claramente que el Estado estaba práctica-mente en
bancarrota: reducción de la reserva monetaria (134.000.000 de dólares), retraso
de pago de la deuda externa vencida (24.000.000 de dólares al 09/89) y un
presupuesto de 600 millones de dólares del BCP para importaciones del Estado
(petróleo y derivados) y pago de la deuda externa.37 La crisis y el nivel de conflictividad iban
simultá-neamente ascendiendo, la relación Estado-empresariado entró en un
callejón sin salida.
El cambio político de febrero de 1989 marcó el
retorno del em-presariado a posiciones de influencia en la formulación de
políticas económicas, aunque con discrepancias con el Gobierno en muchos
planos. Por su posición de influencia, se piensa que hubo hasta coo-peración
entre el empresariado y el Gobierno actual para realizar el golpe. ¿Ha existido
una participación del empresariado en el golpe? El doctor Caballero Vargas
sostiene que: “Se establece un fluido diá-logo con el nuevo Gobierno, y algunos
empresarios son llamados a la función pública. A esto se debe quizás el hecho
de que algunos analis-tas políticos atribuyan al empresariado méritos que no
tuvieron en la preparación del golpe militar. Algunos, más radicales, han
imaginado una suerte de entente militar-empresarial”.38 Tal vez algunos pocos empresarios, muy
allegados a los golpistas, cooperaron con el plan de cambio político. Pero no
se les puede atribuir a los mismos el carácter de una alianza previa entre
Gobierno y empresarios.
III.
Transición y empresariado
En el mismo mes del cambio político, el nuevo
ministro de Hacienda anunció la adopción de la economía de mercado como modelo
eco-nómico; y al mismo tiempo informó la decisión de implementar el cambio
único y fluctuante en el mercado de divisas, y la eliminación
36 Guillermo Caballero Vargas, “El Empresariado
Nacional ante el Proyecto Democrático en el Paraguay”, mimeo (Asunción, IDIAL,
1988), p. 5.
37 Dionisio Borda, “¿Liberalización Económica?
Posibles Efectos sobre la Economía Agraria”, en Luis Galeano (comp.), Procesos
Agrarios y Democracia en Paraguay y América Latina (Asunción,
CPES, 1990), pp. 43-61.
38 Caballero Vargas, p. 6.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
del aforo, medidas por las que venía luchando el
empresariado du-rante los últimos años de la administración anterior (Anexo 8).
Con esas medidas se restablecían los vínculos rotos entre el Gobierno y el
empresariado. Pero, por otra parte, el cambio político planteó nuevas
situaciones y generó nuevas relaciones entre el empresariado, el resto de la
sociedad y el Estado. A partir de estos cambios emergieron di-ferencias y
coincidencias dentro del mismo bloque empresarial o con el Estado y otros
sectores sociales. El empresariado ensayó nuevas formas de gestión y
negociación con el sector público y otros actores sociales en estos dos
primeros años de transición.
1.
Empresariado y sector público
El Gobierno hizo algunas concesiones al
empresariado en términos de políticas económicas —principalmente el primer año—
y estableció formas más directas de relacionamiento. La modificación del
régimen cambiario en febrero del ’89 permitía a los sectores agroexportador y
financiero obtener un gran incremento en sus ingresos. Según una estimación, el
primer grupo obtuvo un aumento adicional de 142.635 millones de guaraníes por
la diferencia de cambio. Vale decir, tuvo un incremento de 24,79% sobre el valor
de las exportaciones de ese año (700 millones de dólares por exportación de
soja y algodón, a una tasa promedio de 822 guaraníes por dólar). En tanto que
el sector bancario, de acuerdo al balance publicado, incrementó sus utilidades
a 14.007 millones de guaraníes (70% más que en el ’88).39 También el sector importador se benefició a
través de la reducción arancelaria, medida que permitió legalizar muchas de las
actividades del contra-bando de importación. Las medidas de liberalización se
extendieron igualmente a productos comercializados en el mercado interno, como
los productos básicos (azúcar, panificados, trigo, etc.), y dieron lugar a la
eliminación del monopolio de la producción y la comercialización del alcohol y
del azúcar (abolición de la Comisión Mixta).40 Y al gabi-nete del Poder Ejecutivo ingresaron
algunos conocidos empresarios en el cargo de ministro o subsecretario de los
ministerios de Industria y Comercio, y de Agricultura (Zuccolillo, Scavone y
Vasconsellos). Y el Presidente, en sus visitas oficiales y misiones técnicas al
exterior, incluyó a representantes del sector empresarial.
¿Los cambios adoptados en la relación con el sector
empresarial significan un Gobierno con marcada influencia de dicho sector? Tal
39 FETRABAN, “Informe Económico, febrero
1989/1990”, mimeo (Asunción, FETRABAN, 1990), p. 88.
40 Dionisio Borda, “Los desafíos Pendientes de la
Liberalización”, en Balance Financiero, Anuario (1989),
pp. 32-36.
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vez, en términos comparativos con otros sectores
sociales —fuera del Ejército— el empresariado ha ganado más espacios que otros
secto-res. Pero, considerando los núcleos de las demandas no satisfechas del
sector, poco es lo que hasta ahora ha obtenido el gremio empresarial. Las
nucleaciones empresariales nacionales: FEPRINCO, UIP y ARP han estado
reclamando tres conjuntos de medidas para restablecer el clima de crecimiento
económico. En primer lugar, propugnan el “achicamiento” del Estado con el fin
de controlar la inflación de ori-gen fiscal. Esta reducción del tamaño del
Estado implica disminuir la burocracia pública para economizar recursos y
privatizar las empre-sas públicas. En segundo término, demandan la
modernización del sector público, principalmente para agilizar los trámites
burocráticos del comercio exterior. Por último, exigen la adopción de un plan
eco-nómico coherente para detener la inflación. Este tipo de preocupacio-nes
aparecen con los sucesivos paquetes de ajustes adoptados por el Gobierno:
incremento de las tarifas de los servicios públicos y de los precios de los
productos derivados del petróleo, y los salarios.41 Más recientemente se hacen notar esas
discrepancias en la discusión sobre el nuevo programa monetario que, entre
otras cosas, reduce sustan-cialmente los redescuentos y elimina las tasas de
interés subsidiadas para los agroexportadores.
En esas tres áreas mencionadas las entidades
gremiales del em-presariado coinciden en sus demandas, mientras que se
diferencian en otras, de acuerdo a intereses más específicos. La FEPRINCO ha
estado insistiendo en la liberalización del mercado financiero y laboral.42
En cambio, la UIP, que nuclea a gremios de pequeñas
y medianas industrias relegadas por el régimen anterior, insiste en la
necesidad de una política de inversiones de capital para renovar su parque
indus-trial. En el período 1975/82 la inversión anual promedio fue de 120
millones de dólares, en tanto que en el de 1983/88 llegó tan solo a 12 millones
de dólares/año. La estimación de requerimiento de crédito para el ’90 y el ’91
es de 223,8 y 235,8 millones de dólares, respectiva-
41 En el ’89 se tuvo el “tarifazo”, en junio, con el
incremento del 25% de las tarifas, 15% de los precios de derivados del petróleo
y el 15% de los salarios; en el ’90 primero fue en enero con 12% de aumento de
derivados del petróleo (nafta y super nafta) y 12,5% de salarios, ajuste
salario del 15% en julio y en septiembre 20% de incremento para las tarifas y
33% para derivados del petróleo y 15% para salarios. La inflación del año
pasado fue de alrededor del 30% y este año se calcula que llegaría al 40%.
42 15/12/89, p. 16. Según el Dr. Tito Scavone de
FEPRINCO: “Sobre política de precios y salarios existen dos teorías
fundamentales: la teoría de la regulación y la libre fluctuación. Nosotros por
principio mantenemos la última… y deben ser tomados de una sola vez”.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
mente.43 Obviamente, el centro de su petitorio
constituye el crédito. Por otra parte, postula un régimen fiscal especial para
promover las inversiones y la producción. En el transcurso del año 1990
presentó propuestas de reforma tributaria al Gobierno, abogando por la no
in-clusión de los impuestos directos a la renta para favorecer la capta-ción de
capital para las inversiones.
La Asociación Rural del Paraguay articula sus
demandas y ges-tiones sobre políticas de tierra, mercado de la carne y
créditos. El tema de la reforma agraria y las ocupaciones de tierra moviliza a
la ARP y sus regionales, a través de comunicados de prensa, y pro-piciando
reuniones con autoridades nacionales y regionales.44 La ganadería nacional ha dado pasos
importantes en el mejoramiento genético y sanitario del sector. Con el precio
internacional en alza, el sector ganadero incrementó sus exportaciones en los
dos años consecutivos al golpe. El déficit del mercado interno en el ’89 fue
compensado con un permiso de importación de la Argentina, ante la situación de
desabastecimiento doméstico de carne por sobreexpor-tación al Brasil. En el año
1990, la demanda externa de este rubro básico de consumo volvió a levantar el
precio interno, generando conflicto entre la ARP y el MIC por la medida
restrictiva impuesta al primero, además del contrabando de ganado. También la
ARP viene teniendo una presencia más crítica, a través de sus representantes,
en las directivas de bancos (BNF, FG), y presionando por líneas de crédito más
definidas.45 La
renuncia del presidente del Fondo Ga-nadero y su reemplazo por el representante
de la ARP en el Consejo Directivo constituye una muestra de mayor agresividad
en las nego-ciaciones con el Gobierno.
Por último, la Federación de Exportadores
Agro-Industriales (FE-DEXA), fundada en diciembre del ’89 y conformada por
CADELPA (Algodón), CAPECO (Soja), la Asociación de Fabricantes de Aceites
Vegetales, la Cámara de Industriales y Exportadores de Carne y sus Derivados
(CIECD) y la Cámara de la Industria Curtidora, que repre-sentan alrededor del
90% de la exportación paraguaya, se constituyó en una instancia negociadora y
de presión al Gobierno, en relación a su política de exportación y,
principalmente, de negociación de los créditos especiales para la producción
agrícola: los redescuentos del BCP —los créditos con baja tasa de interés
entregados para la produc-
43 Patria, 09/06/89, pp. 12-13. Sobre el “Foro
Nacional de la Industria”.
44 Hoy “En el Campo”, 13/09/90, p. 2; Balance
Financiero, Año II, Nº 17 (noviembre 1989), pp. 30-32; Informativo
Campesino, Nº 7 (abril 1989), p. 20; Informativo Campesino,
Nº 20 (mayo 1990), p. 35; Informativo Campesino, Nº 21 (junio
1990).
45 Hoy “En el Campo”, 13/09/90, p. 2.
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ción y la comercialización de algodón, soja, trigo
y caña de azúcar—46 y
la regulación del precio del dólar en el mercado cambiario.
Los intereses del empresario, en algunos casos
convergentes y en otros divergentes, son canalizados a través de centrales
gremiales, por las cámaras afines. Finalmente, ¿ha cambiado después del 3 de
febre-ro la visión y la forma de gestión gremial?
Durante el stronismo el empresariado operaba
principalmente a través de las cámaras especializadas por actividad y
vinculadas di-rectamente con el Ejecutivo y su entorno inmediato. Las demandas
eran puntuales y ligadas a intereses concretos del sector específico. Recién en
los últimos años de la dictadura, las federaciones del gre-mio empresarial
—FEPRINCO y UIP— cobraron visibilidad, coinci-dentemente con la agudización de
la crisis económica, y dejaron de ser meramente un club social de empresarios
de apoyo incondicional al régimen stronista. Pero la modernización de la
producción y de la administración, que tuvo lugar en la empresa como unidad
producti-va, no se dio a nivel de las asociaciones gremiales, principalmente en
las áreas de análisis económico y financiero sectorial y de la economía en su
conjunto y sus interacciones sectoriales. Los documentos gene-rados a nivel
gremial, en su mayoría, no eran propiamente propues-tas técnicas, con
diagnósticos y estudios de alternativas. Además, las consideraciones y los
análisis sobre políticas económicas eran exclu-sivamente sobre el sector,
omitiendo todo tipo de alusiones políticas y efectos posibles sobre otros
sectores de la sociedad.47 La
falta de reconocimiento de la pluralidad de intereses revela una concepción aún
tradicional del rol que el empresariado atribuye al Estado y a su propia
vinculación con los otros sectores sociales.
Estas desventajas técnicas se vuelven patéticas con
el cambio po-lítico, donde el empresariado muestra muy poca elaboración
rigurosa en temas de su interés, como las políticas crediticia, fiscal,
monetaria, etc. Además carecían de informes y estudios sectoriales sólidos para
avalar sus demandas. Los recursos técnicos con que se manejaban los gremios
eran precarios colocándolos en una posición de desigualdad como interlocutores
del Gobierno.48 En
consecuencia, por la carencia de bases técnicas, sus actuales propuestas sobre
políticas económi-cas son muy globales. Más bien son reivindicaciones de
principios y no de propuestas de alternativas. A pesar del desfasaje entre la
mo-dernización a nivel de empresas y la falta de modernización a nivel
46 Dionisio Borda, Políticas Económicas,
pp. 40-45.
47 Ver los memorándums y discursos de FEPRINCO y UIP.
48 Domingo Rivarola, “Política y Sociedad en el
Paraguay Contemporáneo. El Autoritarismo y la Democracia”, Síntesis,
Nº 10 (enero-abril 1990), pp. 127-165.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
gremial, las federaciones del gremio empresarial
—FEPRINCO, UIP y ARP— retomaron estas instancias para presionar al Gobierno. Al
mismo tiempo lanzaron una serie de jornadas de actualización de co-nocimientos
e intercambio de ideas en seminarios-paneles realizados dentro del gremio
empresarial.
El gremio empresarial también adoptó una nueva
forma de ac-ción gremial: los bloques de cámaras afines, como los gremios
vin-culados a la agroexportación (FEDEXA), las cámaras financieras (Club
Financiero), etc., y algunas acciones de presión directa, como la supresión
temporal de la exportación de soja y algodón (1989),49 el Foro Nacional de la Industria (junio de
1989) y el paro de colectivos de la Confederación de Transportes Públicos del
Área Metropolitana (CETRAPAM).
La relación entre gremios empresariales y el
Parlamento ha sido escasa, salvo algunas audiencias sobre proyectos agrarios y
el tema de la tierra. Sin embargo, la presencia empresarial, a través del
empresa-rio-parlamentario, puede significar cambios potenciales en la
vincu-lación entre el Parlamento y el gremio. No se trata de políticos que se
vuelven empresarios, como en el régimen stronista, sino de empresa-rios que
ingresaron en la política ocupando escaños parlamentarios. Este sector del
Parlamento ha tenido una activa participación en el proyecto de privatización
de la APAL, en la Ley de Fomento de las Exportaciones no Tradicionales y
también en los cambios parciales sobre el sector financiero.
2.
Nuevos actores sociales
La apertura política plantea al empresariado nuevas
relaciones con actores sociales en emergencia, principalmente campesinos y
obreros. A partir del segundo quinquenio de los ’80 las invasiones de tierras
adquieren intensidad en las regiones de reciente colonización (Alto Paraná y
Caaguazú).50 Con
el cambio político se multiplicaron las ocupaciones de tierra. La ARP intervino
activamente a través de sus regionales. El discurso de la Asociación postula,
como respuesta a la presión campesina, más bien el desarrollo rural —tecnología
mejora-da, crédito y comercialización, el desarrollo de la agroindustria para
generar empleo y redistribución de las tierras malhabidas—, que un
reconocimiento en relación a la aguda desigualdad de la tenencia de la tierra
en el país y la escasa alternativa de empleo para los campesinos pauperizados.
49 Dionisio Borda, “¿Hacia dónde va nuestra
economía?”, Acción, Nº 95 (abril 1989).
50 Dionisio Borda, en Galeano Proceso Agrarios
y Democracia en Paraguay y América Latina.
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Un segundo frente social es el sector sindical, que
ha ganado un gran dinamismo después del golpe con la expansión de nuevos
sindi-catos. El empresariado nacional, beneficiado por el clima de la
repre-sión política que desmanteló las organizaciones sindicales anteriores,
enfrenta hoy prácticamente a un nuevo actor social: los sindicatos. La
intolerancia patronal a las organizaciones sindicales se refleja en el despido
de dirigentes gremiales. Al cierre del primer año, alrededor de mil
sindicalistas fueron despedidos por organizar o reactivar sin-dicatos.51 Estas movilizaciones sindicales han llegado a
inquietar al gremio industrial. Uno de los temas del Foro Nacional de la
Industria (junio/89), de la UIP, ha sido la huelga obrera. Posteriormente, esta
en-tidad industrial organizó una serie de mesas redondas con dirigentes de las
tres centrales obreras del país; Central Unitaria de Trabajadores (CUT),
Central Nacional de Trabajadores (CNT) y Confederación Pa-raguaya de
Trabajadores (CPT), sin resultados concretos.
Las pocas conquistas sindicales durante el
stronismo plantean una agenda amplia de reivindicaciones obreras (seguridad
laboral, contratos de trabajo, jubilación, salud, etc.), que el empresariado no
podrá eludir a pesar de que nunca consideró al sindicalismo como interlocutor.
En el ’87 la UIP y la FEPRINCO lanzaron la idea de un pacto social, aunque sin
hacer muchos esfuerzos para ma-terializarlo. La Asociación de Empresarios
Católicos (ADEC) tam-bién durante el ’88 expresó intención de realizar un pacto
obrero-empresarial, aunque sin discutir mayormente la base operativa de dicho
pacto. En definitiva, se carece de referencia de cooperación gremial, salvo
algunos casos aislados como la cooperación obrero-patronal frente al
contrabando y al Sindicato de Obreros de Moli-nos Harineros,52 que tampoco trascendió más allá de los
pronun-ciamientos y las denuncias.
La situación actual puede abrir espacios de
cooperación en-tre empresarios y sindicatos en algunos temas tales como seguro
social, empleo, capacitación de mano de obra y plan de ajuste eco-nómico. Ambas
partes tendrán que buscar mejorar las bases y con-diciones técnicas para
ensayar el diálogo y la concertación. Las dos agremiaciones carecen de
información y estudios que les permi-tan dar cuerpo a las intenciones de
diálogo sobre campos comunes para la cooperación.
Finalmente, queda por verse la relación del
empresariado con los partidos políticos. Desde el cambio político se observa
una mayor pre-sencia empresarial en el sector de la Alianza Democrática del
Partido
51 FETRABAN, “Informe Fnanciero”, febrero 1989/1990.
52 Informe Laboral (CDE), Nº 2 (1987), p. 4.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Colorado: los intereses del empresariado están
mejor representados en las propuestas presentadas al Parlamento por este grupo.53
En el Partido Liberal Radical Auténtico, el grupo
de Movilización Popular para el Cambio —“saguierismo”— ha tomado una postura
más liberal, pronunciándose a favor de la privatización, la defensa de la
propiedad privada, la economía de mercado y el achicamiento del Estado. Pero
sus posibilidades de influenciar son mínimas, porque este sector liberal no
está representado en el Parlamento. Los demás partidos políticos carecieron de
una posición económica clara, que les acercara hacia los núcleos centrales de las
demandas empresariales.
3.
Escenario de la transición
Aquí cabe plantearse dos preguntas básicas: i)
¿Hacia dónde se enca-mina la economía paraguaya: ¿liberalización o estatismo
económico?; y ii) ¿Cómo se relacionan estos dos posibles modelos económicos con
el régimen político: democracia o autocracia, ¿qué se está queriendo construir
desde la perspectiva empresarial?
El lema de la campaña proselitista del general
Rodríguez: “Pa-raguay moderno y democrático”, y su adhesión a la economía de
mercado sugieren la intención del Ejecutivo de priorizar la imple-mentación de
la economía de mercado y el sistema político demo-crático. En estos dos años de
gobierno, el presidente Rodríguez ha mostrado más su convicción y esfuerzo en
el terreno de la política que en el de la economía. La liberalización
económica, hasta hoy, ha sido más intención que implementación excepto la adopción
del cambio único54 y
más recientemente la liberalización de las tasas de interés del sector
financiero. El Ejecutivo se mantuvo dentro de las reglas democráticas y, en
particular, dentro de una cautelosa libera-lización y sin mayores reformas.
Desde la perspectiva empresarial, la situación de
los escenarios futuros resulta incierta y contradictoria. El empresariado
nacional, en su mayoría, tiene su capital en un portafolio complejo de activos:
diversas combinaciones de actividades productivas (agro-ganadería e industrias)
y de servicio (finanza y comercio). O sea, tiene una buena protección contra
riesgos por fluctuaciones cíclicas. No obstante, exis-te una suerte de bloque
al interior del empresariado, aunque no muy definidos sobre la preferencia de
liberalización o estatismo. Están los
53 Por un lado Blas N. Riquelme, Artemio Vera,
Gustavo Días de Vivar, Abraham Esteche y J. Elizeche de la Alianza en el Senado
y José M. Pappalardo, José Palumbo, Eduardo Venialgo, entre otros, proyectan
revalúo de capital, exportación, privatización, etc.
54
Dionisio Borda, Coyuntura Económica, Nº 50, junio 1990, pp. 21-25.
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empresarios que dependen más del mercado interno
(UIP) y los que subordinan sus actividades productivas más al mercado
internacio-nal (FEDEXA). Existen otros dos grupos empresariales que dependen
simultáneamente del mercado interno e internacional: los grupos fi-nancieros y
los ganaderos. Finalmente, están los grupos empresaria-les que dependen más
estrechamente de la política del Estado y del mercado interno: los importadores
y la empresa de la construcción.55
Todos estos grupos coinciden en la necesidad de la
reducción de los gastos públicos, como se dijera, vía reducción de la
burocracia, y de la necesidad de la privatización de las empresas públicas. Sin
em-bargo, en relación a otras políticas económicas que definen el modelo como
más liberal o intervencionista, existen discrepancias y conflictos de
intereses. El empresariado, como gremio, se define más como par-tidario de la
liberalización económica y de reforma de la burocracia, y de oposición a
cambios de otras estructuras, tales como las tributa-rias, crediticias, etc.,
que afectarían ciertos privilegios.
La UIP pide un cierto nivel de proteccionismo y
preferencia para la renovación de su parque industrial, y que se fortalezcan
las indus-trias nacientes y de pequeña y mediana escala. Además le interesa
fortalecer la capacidad de compra de los consumidores nacionales, por depender
del mercado doméstico. En consecuencia, no está al parecer con la
liberalización irrestricta del mercado de trabajo. En el trato preferencial que
espera del Estado, se asemeja la UIP a las em-presas de construcción que
reclaman también atención del Gobierno para proteger al capital nacional. Esta
última situación se debe al hecho de que el producto final de la industria de
la construcción no constituye un bien comercializable en el exterior, es
primariamente de consumo interno.
Los grupos más liberales, que propugnan la vigencia
plena de las leyes del mercado, están constituidos por los agroexportadores y
el sector financiero. Estos grupos dependen del mercado externo y tam-bién del
Estado (este último en cuanto a políticas sobre impuestos, tasa de cambio,
tarifas públicas y salarios). Y, por último, el sector importador, que tiene
una posición más ambigua, porque depende del mercado interno (los artículos de
consumo producidos localmente y el nivel de ingreso de la población) y externo
(precios de insumos y máquinas y las políticas macroeconómicas de los países
exportadores y de los países de donde se importan).
55 La Cámara de la Construcción depende del
gobierno en dos sentidos, sus dos insumos básicos proveen a las empresas
estatales: acero (ACEPAR) y cemento (INC), y en segundo lugar las obras grandes
de carretera pueden dar ocupación a las maquinarias pesadas de las empresas.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
La liberalización con reforma de la burocracia y de
las otras es-tructuras (tributación fiscal y crediticia) constituye una
variable en materia de liberalización, no plenamente contemplada por la mayoría
del empresariado. La misma está más bien asociada a las aspiraciones de los
pequeños productores artesanales y agrícolas. Fundamental-mente sus demandas
apuntan a la popularización de los créditos y el acceso a la tierra y a equipos
de trabajo.
La arbitrariedad llegada al autoritarismo stronista
generó des-igualdades y falta de competencia honesta y de capacidad de
nego-ciación de intereses contrapuestos. El empresariado, en general, tiene
poca disposición de aceptar reglas de juego más justas. El proyecto de reforma
tributaria presentado por el Ministerio de Hacienda es un caso concreto al
respecto. Esta propuesta intenta modificar el régi-men tributario vigente,
incorporando nuevas categorías de impuestos que corregirían las inequidades
tributarias, tales como impuesto a la renta personal, impuesto progresivo a la
propiedad inmobiliaria im-productiva, tanto urbana como rural, y a la
intermediación comercial agrícola. Tanto la FEPRINCO, la UIP y la ARP han
rechazado categó-ricamente dicho proyecto, criticándolo por ser extremadamente
fisca-lista, y plantean —por el contrario— el problema sólo en términos de
achicamiento del Estado y no expansión del ingreso estatal. Con esta actitud
del gremio empresarial se desconocen dos situaciones obvias del actual sistema
impositivo: la prevalencia de los impuestos indirec-tos sobre los directos y la
baja presión tributaria, siendo ésta una de las más bajas de América Latina.
La discusión sobre el modelo económico se ha
reducido en térmi-nos de Estado versus empresariado. En una posición extrema
están los empresarios que propugnan la liberalización económica (vigencia de
las reglas del mercado) y la reforma de la burocracia estatal, sin contemplar
las reformas económicas globales para disminuir las des-igualdades y crear
oportunidad para todos. Esta posición descalifica al Estado, en las actuales
condiciones, por su ineptitud y deshonesti-dad ligadas al régimen anterior, para
implementar la reforma en otros campos como el tributario, el agrario, el
monetario, etc.
En el otro extremo, el Gobierno trata de hacer
algunas reformas de las estructuras (proyecto de reforma tributaria, programa
mone-tario, etc.), para disminuir los privilegios del sector empresarial sin
aplicar simultáneamente medidas que reduzcan drásticamente la bu-rocracia
pública. En consecuencia, este tipo de propuesta carece de fuerza persuasiva
para introducir las reformas.
Parte del empresariado ha asumido una postura firme
de críticas al Gobierno, por la falta de voluntad política de reformar la
burocra-cia, de manera tal de ganar mayor eficiencia y acabar con la deshones-
340 .py
tidad. En este orden el gremio empresarial ha sido
más coherente que los partidos políticos, al desarrollar una labor de crítica
al Gobierno en el terreno más débil de su desenvolvimiento: falta de solvencia
téc-nica y moral. La postura del empresariado a favor de la liberalización con
reformas de la burocracia del Estado es altamente favorable para influenciar el
proceso democrático. La modernización de las reglas de juego del Estado y la
implementación de una Administración Pú-blica profesionalizada y honesta
garantizan la eficiencia económica y le confiere institucionalidad al proceso.
Esta postura es una condi-ción necesaria pero no suficiente para la
liberalización económica y la implantación del sistema político democrático. Se
requiere también modificar los componentes estructurales que configuran grandes
des-igualdades sociales en el país porque en última instancia éstos pueden
crear inestabilidad social.
Dentro de los partidos políticos no existen
posturas muy defini-das sobre los temas económicos. El partido Colorado encargó
a una comisión especial el estudio de la situación económica y social del país.
En el informe preliminar, presentado por la comisión en el mes de agosto, se
observa un intento de retorno hacia la línea agrarista y nacionalista del
partido. El documento expresa cautela sobre el tema de la privatización y la
necesidad de avanzar hacia la reforma agraria para corregir la desigual distribución
de la tierra y crear fuentes de trabajo. Dentro del sector de la Alianza
Democrática existen grupos más afines a la propuesta del empresariado, sobre
todo en el tema del achicamiento del Estado y la privatización. Los partidos
Liberal Radi-cal Auténtico y Revolucionario Febrerista no han tomado posición
en relación a las cuestiones económicas. El sector “saguierista” (PLRA) ha
estado más próximo a la postura del empresariado, y el Partido Revolucionario
Febrerista —fuera de la iniciativa de su representante en el Parlamento sobre
reforma agraria— ha tenido muy poco pro-nunciamiento sobre los temas
económicos.
En el tema de la privatización de la Industria
Nacional del Cemen-to (INC), el Partido Colorado se pronunció, aunque no como
Junta, en contra de la privatización. En tanto que el Partido Liberal Radical
Au-téntico no asumió una postura sobre el tema, excepto el movimiento
Movilización Popular para el Cambio (“saguierismo”), que apoyó la
privatización. Sobre la privatización de la Administración Paraguaya de
Alcoholes (APAL), los partidos políticos, excepto los de la izquierda, no
adoptaron posturas definidas, aunque dentro del Partido Colorado —sector
“tradicionalista” y Movimiento de integración Colorada— se puede apreciar una
simpatía abierta hacia el estatismo. Sobre todo, no existe una posición
favorable en términos de privatizar empresas, entregándolas al sector
empresarial.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
En cuanto a política y sector empresarial, las
perspectivas no son claras. El empresariado en su conjunto carece de
antecedentes de opcio-nes democráticas en las últimas tres décadas. Las
iniciativas de otros sec-tores de la sociedad en torno a las demandas
democráticas no recibieron la adhesión del empresariado. Las críticas desde la
perspectiva empresa-rial al Gobierno anterior fueron exclusivamente en el campo
económi-co.56 Cuando
la Iglesia Católica tomó en 1988 la iniciativa de convocar al “diálogo
nacional”, el empresariado nacional —UIP y FEPRINCO— se negó a participar del
mismo, actitud que se volvió a repetir en la jornada con el Papa (1987), con
los denominados “Constructores de la Sociedad”. El empresariado nacional, aún
adoptando una posición crítica, se cuida-ba muy bien de no enfrentarse con
Stroessner. El presidente de la UIP, doctor Ubaldo Scavone, en un seminario
sobre democracia (1988), ex-presaba: “La obra del actual Gobierno en los 34
años transcurridos desde 1954 es claramente desarrollista y está a la vista de
propios y extraños. Nadie que pretenda ser medianamente serio puede ignorarla”.57
El proceso de democratización como construcción de
la política y para ganar la adhesión del empresariado debe garantizar la
estabili-dad económica y social, amén de salvaguardar y negociar los intereses
subsectoriales explicados más arriba.
La estabilidad económica supone un bajo nivel de
inflación y un sinceramiento cambiario (moneda doméstica ni subvaluada ni
sobre-valuada). Para lograr este objetivo se requiere una política ágil,
flexible y oportuna, para contrarrestar las oscilaciones de la economía
domésti-ca, por efecto de los cambios de mercados externos, principalmente de
la Argentina y Brasil. Al mismo tiempo, requeriría que el sector público
introduzca cambios en su staff técnico, para mejorar su capacidad ana-lítica y
modernizar las instituciones y la administración estatal.
La estabilidad social, por su parte, requiere del
empresariado un reconocimiento de la necesidad de corregir las grandes
desigualdades en el control de los recursos y, principalmente, de cumplir la
función social del capital (sobre todo lo referente a la tierra). La
estabilidad so-cial requiere al mismo tiempo del Parlamento crear leyes que
permitan alterar las estructuras económicas que configuran hasta hoy una
situa-ción de aguda desigualdad en el acceso a recursos sociales-productivos
como la tierra, el crédito, la salud, la educación y la vivienda. La lentitud
56 El caso de ABC y Ñanduti, que son del gremio
empresarial, fueron una excepción, tanto por sus opciones como la peculiaridad
de la actividad de la prensa, pero en ningún caso corresponde a comportamientos
típicos del empresariado nacional.
57 Ubbaldo Scavone Yódice, “Los Empresarios y la
Democracia”, en Paraguay Siglo XXI. Hacia la
Democracia (Asunción, Geopolítica y Relaciones Internacionales, 1988),
pp. 151-158.
342 .py
en la resolución de los conflictos que derivan de
dichas desigualdades puede comprometer el futuro de la democracia. Así como el
empresa-riado, a través de su crítica decidida contra la burocracia estatal, se
ha constituido en actor colectivo importante en la creación de condiciones
favorables para la vigencia democrática, también puede obstruirla si no se abre
a cooperar en las reformas estructurales, que implican una pérdida de
privilegios sectoriales, como el corte de los subsidios credi-ticios, de la reforma
tributaria y del desequilibrio en la tendencia y uso de la tierra. El
empresariado o parte del gremio ejerce una influencia importante en la
construcción democrática, al forzar una redefinición del Estado para que
abandone su característica prebendaria y corrupta; y al mismo tiempo, la
transición política influencia al empresariado a adecuarse a cambios
estructurales que implican la acomodación de otros intereses sociales,
principalmente obrero-campesinos.
La incapacidad de los partidos políticos de
operacionalizar res-puestas y negociaciones podría desalentar al sector
empresarial y de-bilitar el apoyo de este último para contribuir con el proceso
de la de-mocratización. Al mismo tiempo, la falta de claridad y la lentitud en
las respuestas sociales pueden intensificar las movilizaciones gremiales,
creando un clima de inseguridad. Si ambas frustraciones —el empre-sariado y los
movimientos sociales— se incrementan, pueden alentarse proyectos autoritarios, sea
de corte liberal, tipo Pinochet en Chile, o po-pulista, sea de derecha o de
izquierda, complicando el proyecto demo-crático para el país. El futuro de la
democracia en el Paraguay no sólo dependerá de las necesarias reformas
políticas para desmantelar las estructuras autocráticas sino también de los
cambios económicos para superar los obstáculos del desarrollo. La clase
política tiene la respon-sabilidad de hacer avanzar el proceso democrático
hacia las reformas del sector público, los cambios estructurales que crean
oportunidades para todos y la vigencia de la economía de mercado. La
construcción de la democracia está supeditada a estas reformas y a las
libertades económicas que garanticen la estabilidad social y económica, como
condición indispensable para la vigencia de las instituciones y reglas
democráticas en el país.
ANEXOS
Anexo
1: Lista de empresas asociadas a la UIP. Anexo 2: Lista de Bancos y
Financieras. Anexo 3: Lista de casas de Seguros.
Anexo
4: Lista de Cooperativas de Producción (FECOPROD). Anexo 5: Lista de Aceiteras
y Desmontadoras.
Anexo
6: Lista de empresas asociadas a FEPRINCO. Anexo 7: Cámaras por países.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Anexo
1
Lista
de Empresas Asociadas a UIP
|
1950/59 |
1. |
Asociación de Industriales Carpinteros Ebanistas y Anexos |
(1920) |
|
||
|
y |
2. |
Centro de Constructores de Obras del Paraguay |
(1931) |
|
|
|
|
PREVIOS |
3.* |
Centro de Propietarios de Panaderías y Fideerías (1936) |
|
|
||
|
|
4.* |
Centro de Industriales Jaboneros |
(1940) |
|
|
|
|
|
5. |
Centro Azucarero Paraguayo |
(1941) |
|
|
|
|
|
6.* |
Centro de Armadores Fluviales |
(1942) |
|
|
|
|
|
7.* |
Asociación Industrial Hotelera Gastronómica del Paraguay |
(1945) |
|
||
|
|
8.* |
Centro Yerbatero Paraguayo |
(1950) |
|
|
|
|
|
9.* |
Centro Industrial de Caña y Alcohol |
(1951) |
|
|
|
|
|
10.* |
Asociación Industrial de Confeccionistas |
(1951) |
|
|
|
|
|
11. |
Centro de Industriales Metalúrgicos |
(1951) |
|
|
|
|
|
12. |
Asociación de Productores de Aceites Vegetales (1951) |
|
|
||
|
|
13. |
Asociación de Industriales Procesadores y Fraccionadores |
(1952) |
|
||
|
|
14.* |
Asociación de Industriales Gráficos del Paraguay (1953) |
|
|
||
|
|
15.* |
Centro de Vitivinicultores del Paraguay |
(1956) |
|
|
|
|
|
16. |
Asociación de Agentes de Viajes y Turismo |
(1959) |
|
|
|
|
1960-69 |
1. |
Centro de Industriales Mosaístas |
(1960) |
|
|
|
|
|
2. |
Cámara Paraguaya de Industriales y Exportadores de Palmito (1962) |
|
|||
|
|
3. |
Asociación de Fabricantes de Productos Químicos y Farmacéuticos |
(1962) |
|||
|
|
4.* |
Asociación de Joyerías, Relojerías y Afines del Paraguay |
(1967) |
|
||
|
|
5.* |
Cámara Paraguaya de la Industria de la Construcción |
(1967) |
|
||
|
1970-79 |
1.* |
Asociación Paraguaya de Industriales de Café |
(1970) |
|
|
|
|
|
2. |
Cámara de la Industria del Calzado |
(1970) |
|
|
|
|
|
3.* |
Cámara Paraguaya de Molineros |
(1973) |
|
|
|
|
|
4. |
Cámara de la Industria Plástica |
(1975) |
|
|
|
|
|
5. |
Cámara de la Industria Cerámica |
(1975) |
|
|
|
6. Cámara Paraguaya de Fabricantes y Manufacturas de
Papel Cartón y Papel Corrugado (CAPAPEL) (1978)
7. Cámara Paraguaya de Industriales de Refrigeración y
Aire Acondicionado (1978)
|
|
8. |
Cámara Paraguaya de Vidrios |
(1979) |
|
|
|
|
|
9. |
Cámara Paraguaya de Aluminios |
(1979) |
|
|
|
|
1980-89 |
1. |
Cámara Paraguaya de Fabricantes de Cerveza |
(1980) |
|
|
|
|
|
2. |
Cámara Paraguaya de la Industria de Pintura y Afines |
(1980) |
|
||
|
|
3. |
Cámara Paraguaya de Fabricantes de Helados y Afines |
(1981) |
|
||
|
|
4. |
Cámara Paraguaya de Industrias de Bebidas Gaseosas sin Alcohol |
(1982) |
|||
|
|
5. |
Cámara Paraguaya de Industriales Lácteos |
(1983) |
|
|
|
6. Cámara Agroindustrial de Productores de Alcohol
Carburante (1985)
|
|
7.* |
Cámara Algodonera del Paraguay (1985) |
|
|
|
|
|
8. |
Cámara Paraguaya de Exportadores de Esencia de Petit-Grain |
(1985) |
||
|
|
9.* |
Cámara de la Industria de la Curtiduría |
(1986) |
|
|
|
|
10. |
Cámara Paraguaya de la Industria del Chacinado (1986) |
|
|
|
|
|
11.* |
Cámara Paraguaya de la Industria de Bienes de Capital |
(1986) |
|
|
|
|
12. |
Cámara Paraguaya de Industriales del Coco |
(1989) |
|
|
|
1990 |
1. |
Asociación Paraguaya de Fabricantes de Envases de Vidrio |
(1990) |
|
|
|
(Sin fecha) |
1.* |
Cámara de Industriales Tabacaleros |
|
|
|
|
|
2. |
Cámara Paraguaya de Industriales Recauchutadores |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Total:
44 asociados.
*
= Entidades que están asociadas también a FEPRINCO.
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Anexo
2-a
Listado
de Bancos
a
1960
1960-69
1970-79
1980-89
1. Lloyds Bank (1920)
2. Banco Do Brasil (1941)
3. Banco de la Nación Argentina (1946)
4. Citibank (1958)
5. Banco Exterior (1961)
6. Asociación de Bancos del Paraguay (1963)
|
7. |
Banco Sudameris Paraguay |
(1961) |
|
|
8. |
Banco de Asunción |
(1964) |
|
9. Banco Holandés Unido (1965)
|
10. |
Banco Alemán Paraguayo |
(1971) |
|
11. |
Banco de Desarrollo del Paraguay |
(1971) |
|
12. |
Banco Real del Paraguay |
(1974) |
|
13. |
Banco Do Estado de San Pablo |
(1977) |
14. Interbanco (1978)
|
15. |
Banco Unión |
(1978) |
|
16. |
Banco del Paraná |
(1980) |
|
17. |
Banco Continental |
(1980) |
18. Bancopar (1981)
|
19. |
Cámara de Bancos Paraguayos |
(1982) |
|
|
|
|
20. |
Banco de Inversiones |
(1984) |
|
|
|
|
21. |
Bank of Credit and Commerce International (Overseas) Limited |
(1985) |
|||
|
22. |
Banco General |
(1987) |
|
|
|
|
23. |
Banco Corporación |
(1987) |
|
|
|
|
24. |
Banco Finamérica |
(1988) |
|
|
|
|
25. |
Banco Paraguayo-Oriental de Inversión y Fomento |
(1988) |
|
||
Anexo
2-b
Listado
de Financieras
|
1. |
Financiera Paraguaya |
15. |
Financentro S.A. de Finanzas |
|
2. |
Financiera Rural |
16. |
Financiera Parapiti |
|
3. |
Financiera Cifra |
17. |
Financiera General |
|
4. |
Corporación Financiera |
18. |
Unión Paraguaya Financiera |
|
5. |
Real Financiera del Paraguay |
19. |
Financiera Corpus |
|
6. |
La Paraguaya de Finanzas |
20. |
Citifinanciera |
|
7. |
Finamérica Paraguaya S.A. Financiera |
21. |
Finanzas & Inversiones |
|
8. |
Financiera El Comercio |
22. |
Sudamérica S.A. de Finanzas |
|
9. |
Financiera Ercole |
23. |
Fiinanciera Asunción |
|
10. |
Financiera Urundey |
24. |
Financiera Sauce |
|
11. |
Finansud S.A. Financiera |
25. |
Financiera Comercial del Paraguay (FINANCOPAR) |
|
12. |
Financiera Paratodo |
26. |
Financera Exterior |
|
13. |
Financiera Grupo Interfisa |
27. |
Financiera Internacional Santa Ana |
|
14. |
Financiera Chaco |
28. |
Financiera Vencedora |
|
|
|
|
|
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Antología del
pensamiento crítico paraguayo contemporáneo
Anexo
3
Lista
de Compañías de Seguros
1. Alianza S.A. de Seguros
2. América S.A. de Seguro
3. American Home Assurage Company
4. Aseguradora Paraguay S.A.
5. Atalaya S.A. de Seguros
6. Central S.A. de Seguros
7. Cicna Worldwide Insurance Company
8. Concordia S.A. de Seguros y Reaseguros
9. Cristal S.A. de Seguros y Reaseguros
10. El Comercio Paraguayo S.A. Compañía de Seguros
Generales
11. El Productos S.A. de Seguros y Reaseguros
12. El Sol del Paraguay Compañía de Seguros y
Reaseguros
13. Fénix S.A. de Seguros y Reaseguros
14. Garantía S.A. de Seguros y Reaseguros
15. Grupo General de Seguros y Reaseguros
16. Intercontinental de Seguros y Reaseguros
17. La Agrícola S.A. de Seguros y Reaseguros
18. La Consolidada S.A. de Seguros y Reaseguros
19. La Continental Paraguaya S.A.
20. La Independencia de Seguros y Reaseguros
21. La Paraguaya S.A. de Seguros
22. La Previsora S.A. de Seguros Generales
23. La Rural del Paraguay S.A. Paraguaya de Seguros
24. Mundo S.A. Seguros Generales y Reaseguros
25. Nanawa S.A. de Seguros y Reaseguros
26. Ñade Retã S.A. de Seguros y Reaseguros
27. Patria S.A. de Seguros y Reaseguros
28. Planeta S.A. de Seguros y Reaseguros
29. Protección Compañía Paraguaya de Seguros y
Reaseguros
30. Real Paraguaya de Seguros
31. Rumbos S.A. de Seguros
32. Seguridad S.A. de Seguros y Reaseguros
33. Seguros Chaco S.A. de Seguros y Reaseguros
34. Seguro Generales S.A. SEGESA
35. Universo de Seguro y Reaseguros
36. Yacyretá S.A. de Seguros y Reaseguros
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Anexo
4
Listado
de Cooperativas de FECOPROD
1. Agrícola Volendam Ltda.
2. De Producción Agrícola Eje Norte Ltda.
3. Agrícola Friesland Ltda.
4. De Producción Agrícola Zacatecas Ltda.
5. Covisa Ltda.
6. Agro Industrial La Colmena Ltda.
7. Agrícola León XII Ltda.
8. Agro Industrial Ideal Ltda.
9. Agrícola de Producción Independencia Ltda.
10. Agrícola Castor Pfannl Ltda.
11. De Productores de Leche La Holanda Ltda.
12. De Producción Agropecuaria Lago Azul Ltda.
13. De Producción Agropecuaria Bergthal Ltda.
14. De Producción Agropecuaria Jucelino Kubitschek
Ltda.
15. Agro Industrial Takushin Yopoira Ltda.
16. De Producción Agropecuaria Pindó Ltda.
17. De Producción Agropecuaria Yacuy Ltda.
18. De Producción Agropecuaria 7 de Agosto Ltda.
19. De Producción Agropecuaria Jhechapyrá Ltda.
20. Colonias Unidas Ltda.
21. De Industriales Panaderos Coinpan Ltda.
22. Agrícola Apere’a Ltda.
23. Agro Industrial San Fernando Ltda.
24. Agro Industrial Yegros Ltda.
25. Colonizadora Femheim
26. Colonizadora Chortizer Komitee Ltda.
27. Colonizadora Neuland Ltda.
28. De Producción Agropecuaria Chacosol
29. De Producción Agropecuaria del Este Ltda.
30. Precooperativa Yoyá
31. Precooperativa La Amistad
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Anexo
5
Empresa
de Exportación de Soja
|
|
|
Empresa |
|
Dólares |
|
|
|
|
|
|
|
1. |
|
Coop. Colonias Unidas |
16.690.000 |
|
|
2. |
|
Exp. Paraguayo de G. y F. |
15.340.000 |
|
|
3. |
|
Silos Amambay |
14.430.000 |
|
|
4. |
|
Trans Paraguay |
9.300.000 |
|
|
5. |
|
Agro Chaco |
9.110.000 |
|
|
6. |
|
Alpa |
6.880.000 |
|
|
7. |
|
CIAPSA |
6.680.000 |
|
|
8. |
|
Trans Cereal |
6.170.000 |
|
|
9. |
|
Cereales Itapúa |
4.470.000 |
|
|
10. |
|
Oro Cui |
4.390.000 |
|
|
11. |
|
I. Agroquímica |
4.160.000 |
|
|
12. |
|
Coop. Pirapó |
4.100.000 |
|
|
13. |
|
Coop. Fram |
3.750.000 |
|
|
14. |
|
Agro Cereales |
3.240.000 |
|
|
15. |
|
Minga Guazú |
2.970.000 |
|
|
16. |
|
Agriex |
2.970.000 |
|
|
17. |
|
Granopar |
2.960.000 |
|
|
18. |
|
Kimex |
2.830.000 |
|
|
19. |
|
Industrial Chaco |
2.480.000 |
|
|
20. |
|
Cereal Paranea |
2.460.000 |
|
|
21. |
|
Coop. Salto del Gairá |
2.130.000 |
|
|
22. |
|
Grans Favimi |
2.200.000 |
|
|
23. |
|
Sommerfeld |
1.700.000 |
|
|
24. |
|
Coop. Nikkei |
1.700.000 |
|
|
25. |
|
Coop. Volendam |
1.550.000 |
|
|
26. |
|
Coop. San Luis |
1.530.000 |
|
|
27. |
|
Agroser |
1.380.000 |
|
|
28. |
|
Friesland |
1.190.000 |
|
|
29. |
|
Agro Santa Rosa |
1.020.000 |
|
|
30. |
|
CAPSA |
1.020.000 |
|
|
|
|
Otras 25 firmas |
12.270.000 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Total |
|
|
153.140.000 |
|
Fuente:
Informe Campesino (CDE, Nº 4, enero 1989).
348 .py
|
|
|
Dionisio Borda |
||
|
|
|
Anexo 5-b |
|
|
|
|
|
Empresas de Exportación de Algodón |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Empresas |
|
Dólares |
|
|
|
|
|
|
|
1. |
|
Algodonera Areguá |
31.598.583 |
|
|
2. |
|
Agro Chaco |
21.014.669 |
|
|
3. |
|
Inv. Agric. I |
19.510.955 |
|
|
4. |
|
CAPSA |
18.125.465 |
|
|
5. |
|
América Textil |
17.225.652 |
|
|
6. |
|
Algodonera Guaraní |
16.004.561 |
|
|
7. |
|
I. Cordillerana |
12.969.640 |
|
|
8. |
|
Fitcotón Pya. |
10.190.862 |
|
|
9. |
|
Algodonera Ybycui |
9.419.697 |
|
|
10. |
|
Aceitera Itauguá |
9.011.112 |
|
|
11. |
|
Vargas Peña S.A. |
7.223.047 |
|
|
12. |
|
Chortizer Komitee |
4.161.420 |
|
|
13. |
|
Alg. y C. Agro I. |
4.086.276 |
|
|
14. |
|
Agropar |
2.894.110 |
|
|
15. |
|
Tema |
2.799.142 |
|
|
16. |
|
CREDICOOP |
2.244.369 |
|
|
17. |
|
Col. Fernheim |
2.097.632 |
|
|
18. |
|
Tab. Florentin |
1.804.675 |
|
|
19. |
|
Ind. Boquerón |
1.781.382 |
|
|
20. |
|
Alg. y Ac. Pyos. |
1.431.132 |
|
|
21. |
|
SEMILPAR |
1.386.997 |
|
|
22. |
|
MICAL |
1.274.285 |
|
|
23. |
|
Manufactura Pilar |
1.087.754 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Total |
|
|
205.313.941 |
|
Fuente:
Informe Campesino (CDE, Nº 4, enero 1989).
Anexo
5-c
Ingenios
Azucareros
Empresas
1. Friedmann S.A.
2. Guarambaré S.A.
3. La Felsina S.A.
4. Censi y Pirotta
5. Paraguaya S.A.
6. Iturbe S.A.
7. María Auxiliadora S.A.
.py 349
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Anexo
5-d
Molinos
(cosecha de trigo 1988/89)
|
|
Empresa |
Kilogramos |
|
|
|
|
|
1. |
Molinos Harineros del Paraguay |
96.814.822 |
|
2. |
Cereales S.A. |
73.816.690 |
|
3. |
Enrique Reele |
36.551.270 |
|
4. |
Caarendy Poty |
16.734.330 |
|
5. |
Colonial |
10.494.173 |
|
6. |
Alto Paraná |
10.219.982 |
|
7. |
La Molienda S.A. |
6.150.474 |
|
8. |
Santa Rosa del Monday |
5.290.130 |
|
9. |
Estrella |
4.160.744 |
|
10. |
Concepción |
3.921.005 |
|
11. |
Puente Kyjhá |
3.090.865 |
|
12. |
Central |
1.934.165 |
|
13. |
Fuster Hermanos |
1.035.367 |
|
14. |
Guairá |
477.775 |
|
|
Otros |
3.250.000 |
|
|
|
|
Fuente: Coyuntura
Económica Nº 34, CPES, febrero 1989.
Anexo
6
Lista
de Empresas Asociadas a FEPRINCO
|
|
1. |
Cámara y Bolsa de
Comercio....................................................................................... |
(1898) |
|
|
2. |
Sociedad Nacional de
Agricultura................................................................................ |
(1902) |
|
|
3. |
Federación de Químicos del
Paraguay......................................................................... |
(1915) |
|
|
4. |
Asociación de Industriales Carpinteros,
Ebanistas y Anexos......................................... |
(1920) |
|
|
5. |
Centro de Despachantes de
Aduanas........................................................................... |
(1925) |
|
|
6.* |
Centro de Constructores de
Obras............................................................................... |
(1931) |
|
|
7.* |
Centro de Propietarios de Panaderías y
Fideerías......................................................... |
(1936) |
|
|
8. |
Unión Industrial
Paraguaya.......................................................................................... |
(1936) |
|
|
9. |
Asociación Rural del
Paraguay..................................................................................... |
(1936) |
|
|
10. |
Centro de
Importadores............................................................................................... |
(1939) |
|
1950/59 |
11.* |
Centro Azucarero
Paraguayo........................................................................................ |
(1941) |
|
y |
12. |
Centro de Almaceneros de
Asunción............................................................................ |
(1941) |
|
PREVIOS |
13.* |
Centro de Armadores
Fluviales.................................................................................... |
(1942) |
|
|
14. |
Cámara de
Exportadores............................................................................................. |
(1944) |
|
|
15. |
Asociación Industrial Hotelera Gastronómica
del Paraguay........................................... |
(1945) |
|
|
16. |
Asociación de Almaceneros
Mayoristas....................................................................... |
(1946) |
|
|
17. |
Federación Paraguaya de
Madereros........................................................................... |
(1950) |
|
|
18.* |
Centro Yerbatero
Paraguayo......................................................................................... |
(1950) |
|
|
19.* Asociación Industrial de
Confeccionistas..................................................................... |
(1951) |
|
|
|
20.* Centro de Industriales
de Caña y
Alcohol..................................................................... |
(1951) |
|
|
|
21. |
Asociación de Propietarios de Estaciones de
Servicio (APESA) .................................... |
(1952) |
|
|
22.* Asociación de
Industriales Gráficos del
Paraguay......................................................... |
(1953) |
|
|
|
23.* Centro de
Vitivinicultores del
Paraguay........................................................................ |
(1956) |
|
|
|
|
|
|
350 .py
|
|
Dionisio Borda |
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
1. |
Asociación de Transportadores del Interior del
Paraguay.............................................. |
(1961) |
|
|
|
2. |
Asociación Paraguaya de Compañías de
Seguros........................................................ |
(1963) |
|
|
|
3. |
Asociación Paraguaya de Criadores de
Brahman......................................................... |
(1964) |
|
|
|
4. |
Asociación Paraguaya de Criadores de Santa
Gertrudis............................................... |
(1964) |
|
|
|
5. |
Asociación Paraguaya de Criadores de
Hereford.......................................................... |
(1965) |
|
|
|
6. |
Cámara de Distribuidores de Automores y
Maquinarias............................................... |
(1965) |
|
|
1960-69 |
7.* |
Cámara Paraguaya de la industria de la
Construcción.................................................. |
(1967) |
|
|
|
8. |
Asociación de Representantes e Importadores de Productos Farmacéuticos |
|
|
|
|
|
y de
Tocador................................................................................................................ |
(1967) |
|
|
|
9. |
Asociación de Propietarios de Farmacias del Paraguay (APROFAR)
.............................. |
(1967) |
|
|
|
10. |
Asociación de Joyerías, Relojerías y Afines del
Paraguay............................................. |
(1967) |
|
|
|
11. |
Cámara de Importadores y Distribuidores de Repuestos para Automotores
(CIDRA) .... |
(1968) |
|
|
|
12. |
Unión Paraguaya de
Vidrios......................................................................................... |
(1968) |
|
|
|
1. |
Asociación Paraguaya e Industriales de
Café............................................................... |
(1970) |
|
|
|
2. |
Cámara Paraguaya de
Molineros................................................................................. |
(1973) |
|
|
|
3. |
Cámara de Vendedores de Materiales de
Construcción................................................ |
(1973) |
|
|
1970-79 |
4. |
Cámara Paraguaya de Socied. de Ahorro y Préstamo......................................................paralaVivienda.......................... |
(1974) |
|
|
5. |
Asociación de Empresas Financieras del Paraguay |
(1975) |
||
|
|
||||
|
|
6. |
Cámara Paraguaya de Sanidad Agropecuaria y
Fertilizantes........................................ |
(1975) |
|
|
|
7. |
Cámara de Comercio e Industria Japonesa del
Paraguay............................................. |
(1975) |
|
|
|
8. |
Federación de Cooperativas de
Producción.................................................................. |
(1975) |
|
|
|
1. |
Cámara Paraguaya de Cereales y Oleaginosas
(CAPECO)............................................. |
(1980) |
|
|
|
2. |
Confederación de Empresas de Transporte Público del Área
Metropolitana.................. |
(1981) |
|
|
|
3. |
Cámara de Bancos
Paraguayos................................................................................... |
(1982) |
|
|
|
4. |
Asociación Paraguaya de Empresas Loteadoras
(APEL)................................................ |
(1983) |
|
|
1980-89 |
5. |
Cámara Algodonera del
Paraguay................................................................................ |
(1985) |
|
|
|
6. |
Cámara Paraguaya de la Industria de Bienes de Capital
(CAPABIC).............................. |
(1986) |
|
|
|
7.* |
Cámara de la Industria de la
Curtiduría........................................................................ |
(1986) |
|
|
|
8. |
Cámara Paraguaya de
Supermercados........................................................................ |
(1988) |
|
|
|
9. |
Cámara Paraguaya de Industriales del
Coco................................................................ |
(1989) |
|
|
(Sin fecha) |
1. |
Cámara Agrícola de Paraguay |
|
|
|
|
2. |
Cámara Paraguaya de Productores de Cal |
|
|
|
|
3. |
Asociación de Agentes Marítimos del Paraguay (ASAMAR) |
|
|
|
Entidades |
1. |
Centro del Comercio y la Industria de Encarnación |
|
|
|
Asociadas |
2. |
Asociación de Comerciantes e Industriales de Concepción |
|
|
|
del Interior |
3. |
Asociación de Comerciantes de Ñeembucú |
|
|
|
|
4. |
Cámara de Comercio de Ciudad del Este |
|
|
|
|
|
|
|
Total:
66 asociados.
*
= Entidades que están asociadas también a UIP.
.py 351
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Anexo
7
Cámaras
por países
1. Cámara Paraguayo-Alemana.......................................................................................... 1956
2. Cámara Hispano-Paraguaya........................................................................................... 1974
3. Cámara Paraguayo-Japonesa.......................................................................................... 1975
4. Cámara Paraguayo-Brasilera.......................................................................................... 1980
5. Cámara de Comercio Paraguayo-Francesa....................................................................... 1984
6. Cámara Paraguayo-Boliviana......................................................................................... 1985
7. Cámara de Comercio Paraguayo-Sudafricana................................................................... 1988
8. Cámara Paraguayo-Británica.......................................................................................... 1989
9. Cámara de Comercio Paraguayo-Italiana........................................................................... s.d.
10. Cámara de comercio Paraguayo-Mejicana......................................................................... s.d.
352 .py
Line
Bareiro
Ciudadanas.
Una memoria inconstante
Construcción
femenina de la ciudadanía
Con Clyde Soto y Mary Monte hemos realizado una
primera in-vestigación acerca de las mujeres que en Paraguay no se conformaron
con el rol que el patriarcado les asignó y desde la sociedad lucharon por el
reconocimiento de sus derechos, por ocupar lugares tradicional-mente vedados
por la discriminación de género, y por la democracia política, social y
cultural en Paraguay. El trabajo, que abarca el período comprendido entre 1900
y 1960, se denomina Alquimistas. Documen-tos para otra historia de las
mujeres (CDE, 1993). Este artículo da un paso hacia nuevas
preguntas surgidas durante la redacción y correc-ciones de Alquimistas… que
me gustaría trabajar en el futuro.
Me tomé el atrevimiento de dar forma de hipótesis a
mis pre-guntas relacionadas con el tema de la construcción de ciudadanía. La
investigación a partir de ahora exigirá trabajar mejor el contexto político y
las historias de otros sujetos. Pero cuando estaba releyendo las hipótesis me
produjo gran placer darme cuenta de que me animé a plantear cuestiones
generales a partir de un conocimiento fragmenta-do de la historia de las
rebeldes.
* Bareiro, Line y Soto, Clyde (eds.) 1997
“Construcción Femenina de la Ciudada-nía”, en Ciudadanas. Una memoria
inconstante (Caracas: Nueva Sociedad/CDE), pp. 89-105.
353
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Ciudadanía
La ciudadanía es un derecho que concede la potestad
de intervenir en el poder político de una sociedad determinada. Actualmente
está consagrado en los sistemas legales, generalmente al máximo nivel jurídico,
es decir en las constituciones de cada Estado, como el de-recho que tienen
ciertas personas a gobernar y decidir quién gobier-na. Este es el concepto de
la ciudadanía política, aunque el concepto global según lo desarrolló Marshall
comprende también los dere-chos civiles y sociales. Desde mi punto de vista,
solamente cuando se tienen derechos políticos se puede acceder a la ciudadanía
ple-na, aunque toda persona sea sujeto de derechos y obligaciones. El concepto
de ciudadanía política —del que nos ocuparemos en este
trabajo, porque por ese derecho lucharon las sufragistas— está es-trechamente
vinculado a los de democracia y de conformación de una comunidad política. Su
ejercicio está conectado a los conceptos de soberanía popular, pluralismo,
participación política, libertad e igualdad, que son conceptos que hacen al
fondo de la democracia. Y en ese sentido, la ciudadanía está vinculada con los
derechos políti-cos y los derechos humanos.
La ciudadanía es, por lo tanto, un derecho y un
ejercicio (expre-sión o acción). Ambos pueden coincidir, y entonces la
soberanía re-side efectivamente en los sujetos de ese derecho. Ellos se
gobiernan directamente o deciden quiénes, de entre ellos, serán sus
gobernantes. También ejercen los derechos fundamentales y los otros derechos
re-conocidos legalmente. Es posible, sin embargo, que ambos no coin-cidan. Que
existan colectivos a quienes se les niega el derecho, pero cuyas acciones
corresponden al ejercicio de la ciudadanía. Y, por el contrario, colectivos a
los que se les reconoce el derecho pero que no pueden ejercerlo. Existe
coincidencia entre derecho y ejercicio de la ciudadanía en los sistemas
democráticos y ambos están divorciados en los sistemas autoritarios.
Ciudadanía
y proceso histórico
Basada en nuestra investigación documental sobre
las mujeres que no estuvieron conformes con el rol que les había asignado el
patriar-cado en el siglo XX en Paraguay —e inspirada en los estudios de E. P.
Thompson sobre la clase obrera inglesa—, querría proponer las si-guientes
hipótesis:
1. Las expresiones y acciones de ciudadanía preceden
al recono-cimiento de la misma como derecho.
2. El derecho positivo y su interpretación refleja las
relaciones de poder y los valores vigentes en la sociedad, y en muchos casos
354 .py
son respuesta a la acción de la sociedad civil, es
decir a la parte organizada de la población.
3. En las democracias modernas se ha desarrollado un
proceso de extensión del derecho a la ciudadanía a colectivos inicialmente
excluidos.
4. Los colectivos a quienes se extiende el derecho a
la ciudadanía no han luchado por ellos en forma homogénea; solamente una parte
de cada uno de esos colectivos se han expresado y accio-nado previamente para
obtener el reconocimiento de los dere-chos ciudadanos de todo su sector.
5. Esa parte del colectivo establece vinculaciones y
consigue apoyo de individuos y organizaciones de otros colectivos, que forman
parte de la comunidad política, incluso pueden formar parte de más de un
colectivo. No todo el colectivo que con-quista sus derechos los asume
activamente.
6. En los autoritarismos, el derecho a la ciudadanía
reconocido legalmente a la comunidad política no puede ser ejercido por ésta en
sus componentes básicos.
7. No existe linealidad en el ejercicio de la
ciudadanía. Impor-tantes avances pueden ser cortados, retrotraerse los derechos
a estados anteriores, pero algunos de ellos pueden permanecer parcialmente o
incluso crecer en situaciones adversas. La du-ración de avances y retrocesos es
variable.
8. Las identidades se forman en las luchas por la
obtención de derechos y reivindicaciones, pero no permanecen inmutables, pueden
extenderse, achicarse. A veces, ello trae aparejada una pérdida de la memoria
histórica.
9. Hay una correspondencia entre ejercicio activo de
la ciu-dadanía, producción intelectual, organización y recuperación de la
memoria histórica.
A continuación fundamentaré estas hipótesis,
basadas en Alquimis-tas…, de cuyo texto he extraído párrafos
completos.
Las
expresiones y acciones de ciudadanía preceden el reconocimiento de la misma
como derecho
La ciudadanía fue formal y sobre todo
explícitamente reconocida a las mujeres paraguayas mayores de 18 años por Ley
Nº 704 de 1961. Con seguridad, a lo largo del siglo XX hubo continuas luchas
por el reco-nocimiento de los derechos políticos de las mujeres, pero es
posible
355
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
también que existan precedentes que la ignorancia
de la historia no nos permite incluir en este trabajo.1
Se expresaron como ciudadanas las concepciones que
en 1901 protestaron por la elección como senador de José Segundo Decoud, al
igual que las integrantes del Comité Pro Paz, que en 1904 solicitaron a Benigno
Ferreira que no desatara una guerra civil, y las integrantes de la Unión
Democrática de Mujeres que en 1946 formaron la más importante organización
social para lograr la amnistía y la vigencia de las libertades de “profesar su
culto, pensar libremente, trabajar sin hambre y vivir sin miedo”.
Por su parte, las integrantes del Instituto
Cultural de Amparo a la Mujer, que funcionó desde 1953, hasta que fue prohibida
en 1956, accionaron como ciudadanas democráticas, luchando contra la dic-tadura
del general Alfredo Stroessner. En este caso, la ciudadanía se ejerció como
acción contra el despotismo y por la instauración de un sistema político
democrático.
Pero hubo también individualidades y organizaciones
que se ex-presaron como ciudadanas a través de escritos, apoyos a proyectos de
ley y acciones tendientes específicamente a la igualdad legal entre mu-jeres y
hombres, principalmente en cuanto a los derechos civiles y a la obtención de
reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres:
-- Serafina
Dávalos y Virginia Corvalán a través de sus escritos y su
participación en organizaciones de género;
-- Los
y las integrantes del Centro Feminista Paraguayo de 1920 y
de la Asociación Feminista de 1929;
-- Las
integrantes de la Unión Femenina del Paraguay de 1936, las
del Consejo de Mujeres de la República del Paraguay de la década del cuarenta,
las de la Liga Pro Derechos de la Mujer y de la Asociación de Universitarias
Graduadas del Paraguay de la década del cincuenta y principios de la del
sesenta.
Lo que personalmente no me resulta claro es si
quienes participaron en organizaciones gremial-laborales, defendiendo sus
intereses secto-riales, pero sin tener el elemento de pensar a la comunidad
política en su conjunto, pueden ser considerados como luchadores por la
ciuda-danía. De cualquier manera, las importantes luchas gremiales de las
mercaderas, carameleras, costureras, etc., pueden ser consideradas como formas
de ejercicio de una ciudadanía no reconocida.
1 Es urgente la realización de estudios desde una
perspectiva de género del siglo XIX, así como de los siglos anteriores.
356 .py
En el caso de las maestras, si bien la mayoría de
sus luchas estu-vieron concentradas en tratar de mejorar salarios y otras
condiciones laborales, generalmente incorporaban elementos políticos como la
exigencia de cumplimiento de las leyes por parte de los gobernantes y la
defensa del sistema político democrático. Parecería que en ese caso sí hubo un
ejercicio de ciudadanía previo al reconocimiento del derecho en las leyes.
Algunas de sus principales dirigentes como Elida Ugarriza, Emiliana Escalada y
Juana Merlo fueron también dirigentes de organizaciones feministas, que
reivindicaban la consagración jurí-dica de la ciudadanía femenina.
Para finalizar, se debe señalar que no hubo una
postura coherente y única por parte de los hombres que tenían el poder del
Estado y de los saberes reconocidos. Como bien señala Serafina Dávalos en su
discurso pronunciado en el Primer Congreso Internacional Femenino de la
Repú-blica Argentina, realizado en Buenos Aires en 1910, ¿cómo era posible que
ella hubiese sido designada como integrante del Superior Tribunal de Justicia,
cargo que constitucionalmente requería la ciudadanía, con apoyo de los profesores
de la Facultad de Derecho, y no se le permitiese votar en elecciones o
presentarse como candidata a cargos electivos?
El derecho positivo y su interpretación reflejan
las relaciones de poder y los valores vigentes en la sociedad y, en muchos
casos, son respuestas a la acción de la sociedad civil, es decir a la parte
organizada de la población.
Estas afirmaciones forman parte de los saberes
conocidos y reconoci-dos por cualquier estudiante de Derecho o de Ciencias
Políticas. Pero queremos recordar que:
a) Las leyes están hechas por instituciones o
instancias que poseen la facultad de dictar las reglas a las cuales deben
atenerse todas las per-sonas que integran una comunidad determinada.
La institución que cuenta con el poder para que los
que integran una sociedad cumplan lo que disponen sus dirigentes es el Estado.
Este ha adoptado diversas formas, pero en todas las conocidas his-tóricamente
las mujeres han estado, si no totalmente excluidas, por lo menos en situación
de subordinación, es decir, que otros ejercían poder sobre ellas. Las
desigualdades, privilegios y discriminaciones que pudieran existir tienen que
ver con el poder que cada colectivo tiene en la sociedad y el Estado, es decir,
en la comunidad política en su conjunto. Con la República —más concretamente,
con su ins-tauración violenta a partir de las revoluciones francesa y
norteame-ricana— se eliminaron los privilegios de la nobleza y se consagró la
igualdad ante la ley de los ciudadanos. Léase bien: de los ciudada-
.py 357
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
nos y no de las ciudadanas. Aunque ni siquiera
todos los hombres eran ciudadanos; inicialmente sólo lo eran los propietarios y
de raza blanca. Las cultas feministas paraguayas de principios de siglo lo
tenían bien claro, y es por ello que Serafina Dávalos cita en su libro un
párrafo de las memorias de la Asociación Americana para el Su-fragio de las
Mujeres, que dice: “La llamada República Americana es una oligarquía de
hombres. Nuestras soñadas libertades no nos caerán del cielo, hay que luchar
por ellas para obtenerlas” (Dávalos, 1990: 38).
Y así ha sido en la mayoría de los procesos
históricos. Hasta que las mujeres, los hombres negros, los y las indígenas
adquieren mayor poder —aunque más no fuere para presionar— y la historia va
cambiando.
b) En cuanto a que la interpretación del texto
legal depende la ideolo-gía de quienes tienen poder y a sus valores, quisiera
ofrecer algunos ejemplos encontrados en la investigación.
En sus respectivas tesis doctorales de 1907 y 1925,
Serafina Dáva-los y Virginia Corvalán (1925)2 afirmaban que no existían impedimen-tos
constitucionales para que las mujeres pudiesen elegir y ser ele-gidas para
cargos públicos y mandatos. Más aún, ellas demostraban que la Constitución de
1870 reconocía la ciudadanía a las mujeres, ya que ningún artículo las excluía
y las consideraban incluidas en los siguientes artículos:
Art. 18: “Todos los habitantes de la República
gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes, que reglamentarán su
ejercicio. De na-vegar, comerciar, de trabajar y ejercer toda industria lícita,
de reunirse pacíficamente, de peticionar a las autoridades, de entrar,
permanecer, transitar y salir del territorio paraguayo libre de pasaporte, de
publicar sus ideas por la prensa sin censura previa, de usar, de disponer de su
propiedad y asociarse con fines útiles, de profesar libremente su culto y aprender”.
Art. 26: “La Nación Paraguaya no admite
prerrogativas de sangre ni de nacimiento, no hay en ellas fueros personales ni
títulos de nobleza. Los habitantes son iguales ante la ley y son admisibles a
cualquier empleo sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base
del impues-to y las cargas públicas”.
Art. 35: “Son ciudadanos paraguayos: 1) Los nacidos
en territorio pa-raguayo; 2) Los hijos de padre o madre paraguayos por el solo
hecho de avecindarse en el Paraguay; 3) Los hijos de paraguayos nacidos en
territorio extranjero, hallándose el padre en actual servicio de la Repú-
2
Su texto se reproduce íntegramente entre los documentos del capítulo 2 de
Bareiro/Soto/Monte, 1993.
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blica: éstos son paraguayos naturales aun para los
efectos en que las leyes fundamentales o cualesquiera otras requieran
nacimiento en te-rritorio paraguayo; 4) Los extranjeros naturalizados gozarán
de todos los derechos políticos y civiles de los nacidos en territorio
paraguayo, pudiendo ocupar cualquier puesto menos el de presidente y
vicepresi-dente de la República, Ministros, Diputados y Senadores”.
Art. 38: “Todos los ciudadanos paraguayos sin los
impedimentos del artículo siguiente tienen derecho al sufragio desde la edad de
diecio-cho años cumplidos”.
Art. 39: “Se suspende el derecho de sufragio: 1)
Por ineptitud física o moral que impida obrar libre y reflexivamente. 2) Por
ser soldado, cabo o sargento de tropa de línea o guardia nacional movilizada de
mar y tierra bajo cualquiera denominación que sirvieren. 3) Por hallar-se
procesado como reo que merezca pena infamante”.
Art. 40: “Se pierde la ciudadanía: 1) Por quiebra
fraudulenta. 2) Por admitir empleos, funciones, distinciones o pensiones de un
gobierno extranjero sin especial permiso del Congreso”.
Ni la aceptación unánime de sus tesis doctorales,
en las que con éstos y muchos otros argumentos Serafina Dávalos y Virginia
Corvalán de-mostraron que solamente una interpretación errónea era la que
impe-día que las mujeres pudiesen ejercer el derecho a votar y ser electas.
A pesar de sus altos cargos en el Poder Judicial,
Serafina Dávalos murió en 1957 sin que los patriarcas dominantes le permitiesen
jamás ejercer el sufragio activo o pasivo.
c) En cuanto a que las leyes “en muchos casos son
respuesta a la acción de la sociedad civil”, se pueden encontrar numerosos
ejemplos de con-cesión de derechos y también de restricción de los mismos.
Aparente-mente, ello depende del poder que se haya adquirido con las luchas.
En el caso de conquista de derechos, es indudable
que si los de-rechos políticos de las mujeres fueron consagrados en 1961,
siendo el último país americano que los reconoció, se debió a las acciones de
las organizaciones de mujeres, en especial de la Liga Pro Derechos de la Mujer.
En el caso de retroceso o restricción de derechos,
podemos ofre-cer el siguiente ejemplo. En febrero de 1925, las maestras y
maestros de Asunción primero, y las de todo el país después, presentaron la
renuncia colectiva a sus cargos. La medida tenía como objetivo pre-sionar al
Poder Ejecutivo por el cumplimiento de la Ley Orgánica del Magisterio, y se
recurrió a la renuncia porque había disposiciones le-gales que prohibían la
huelga de funcionarios (y funcionarias) públi-cos. La principal dirigente de esta
lucha, que duró más de dos meses y terminó en derrota, fue la feminista Elida
Ugarriza.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Quince años después, la Carta Política totalitaria
impuesta por la dictadura del general Estigarribia, que consultó a la voluntad
popular por plebiscito, incluyó la siguiente disposición, en homenaje a la
lu-cha de las maestras: Art. 17: “Queda prohibida la huelga de funciona-rios
públicos, así como el abandono colectivo de los cargos”.
Nada menos que a nivel constitucional se contesta a
una acción colectiva socio-gremial derrotada, pero la respuesta jurídica
muestra su trascendencia.
En las democracias modernas se ha desarrollado un
proceso de exten-sión del derecho a la ciudadanía a colectivos inicialmente
excluidos.
Chantal Mouffe nos ayuda a precisar el concepto de
democracia mo-derna al decir: “Es importante aclarar que la expresión
democracia moderna se distingue de su forma clásica por el papel que juega en
ella el pluralismo. La democracia moderna es el resultado de dos lógi-cas
diferentes, a saber: la lógica de la soberanía popular por un lado, y por el
otro, la lógica del liberalismo en el sentido de liberalismo políti-co, o más
precisamente de pluralismo” (Mouffe, 1991: 19).
Ella agrega que es fundamental para la democracia
la vigencia de los principios de igualdad y libertad para todos. Y para todas,
le agrega-ríamos las feministas que sabemos que el masculino no siempre
englo-ba al feminismo y que es mejor precisar que seguir quedando excluidas.
Lo cierto es que mucho tiempo y mucha lucha hubo
desde que los hombres blancos propietarios obtuvieran la ciudadanía, hasta que
el movimiento obrero conquistara el voto “universal” para los hombres sin
bienes. También en Paraguay eran electores solamente los propie-tarios, hasta
la Constitución de 1870.
Hasta hoy no ha llegado en todo el mundo la
igualdad y la libertad para las personas de raza negra. El apartheid sudafricano
ha sido has-ta hace muy poco una afrenta a la conciencia democrática del mundo.
Fueron duras luchas por la igualdad, principio
básico de la demo-cracia, y tal como lo plantearon valientes mujeres desde un
inicio, ellas participaron en la conquista de la libertad y la igualdad, pero
no pudieron recoger los frutos. Los varones se adueñaron de todo el poder bajo
pro-testa de las mujeres. La aceptación es la siguiente: “Augustos
legisladores, ¿cargaréis de cadenas las manos que con tanto ardor os ayudaron a
cons-truir el altar de la patria? ¿Haréis esclavas a aquellas que han contribuido
con celo a haceros libres? […] los poderes del esposo y de la esposa deben ser
libres e individuales […] ¿No sería injusto consagrar en el esposo toda la
facilidad del vicio, mientras que a la esposa, cuya existencia es frágil y
sometida a males sin fin, le tocaría en suerte toda la dificultad de la
vir-tud?” (Palm D’Aelders, 1791, en Simón Rodríguez, 1992: 29).
360 .py
Entre los documentos publicados en Alquimistas… puede
verse que las luchadoras europeas y sus ideas no eran desconocidas para los
intelectuales paraguayos de principios de siglo; por lo visto, nuestro
aislamiento del pensamiento mundial comenzó más tarde. En su en-sayo Sobre
el feminismo, de 1901, Arsenio López Decoud le dedica pá-rrafos elogiosos,
entre otras, a Théroigne de Mericourt y también co-menta que Cecilio Báez
escribió sobre ella en el mismo sentido, en un documento que no habíamos podido
conseguir entonces. Y hablando de Báez, hay una espina que no nos sale cuando
pensamos que él fue presidente de la República entre 1905 y 1906 y no usó el
poder que tuvo para consagrar la igualdad de derechos de las mujeres. Aunque
posiblemente su poder haya estado bastante limitado, pues se cuenta que durante
todo su mandato interino cada mañana preguntaba si seguía siendo presidente.
López Decoud conocía también la lucha y el trabajo
de Olimpia de Gouges, de quien dice que fue autora del primer y verdadero
pro-grama feminista. En efecto, esta mujer defendió la igualdad de dere-chos
entre ambos sexos, y reformuló la “Declaración de los derechos del hombre y del
ciudadano”, que había escrito Lafayette en 1789. Sólo dos años después de la
Revolución, ella presentó a la Asamblea Nacional un proyecto de ley de
“Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana” (ver el texto completo
en Simón Rodríguez, 1992: 34-39) que le valió ser asesinada en la guillotina de
la Revolu-ción Francesa, pues, como bien dice María Elena Simón Rodríguez, el
haber dicho que “Todas las mujeres nacen libres e iguales en dere-chos” fue un
desafío lanzado a los hombres —es decir, al poder— que justificó su condena al
ridículo, a la violencia y a la muerte” (ibid.: 39).
Los argumentos de nuestras feministas
intelectuales, de las accio-nes de las organizadas, los siete proyectos de
igualdad legal de las muje-res presentados a lo largo de este siglo, se
plasmaron en las leyes 85 años después de que Serafina defendiera su tesis.
Tanta lucha y lucidez tem-prana no fueron suficientes para tener el poder de
convertir las razones en derecho positivo. La plena ciudadanía que reconoce las
diferencias y la necesidad de generar igualdad para las mujeres y los pueblos
indíge-nas apenas fue consagrada en la Constitución Nacional de 1992.
Los colectivos a quienes se extiende el derecho a
la ciudadanía no han luchado por ellos en forma homogénea, solamente una parte
de cada uno de esos colectivos se ha expresado y ha accionado previamente para
obtener el reconocimiento de los derechos ciudadanos de todo su sector.
Las organizaciones que lucharon por el
reconocimiento de iguales de-rechos civiles y políticos para hombres y mujeres
han sido pequeñas
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
en relación con la población. Los y las integrantes
del Centro Feminis-ta de 1920 no pasaban de 50 personas, y las de la Asociación
Feminista de 1929 no eran más de 30. Hacia 1920, la población paraguaya era de
aproximadamente 800.000 habitantes, de los cuales por lo menos la mitad eran
mujeres. En 1930, la población era de cerca de un millón y las mujeres, como
mínimo, unas quinientas mil.
Las organizaciones mayores en número de integrantes
como la Unión Femenina del Paraguay de 1936 y la Liga Pro Derechos de la Mujer
no pasaron de 500 integrantes. Y ese fue también el número de las participantes
en la asamblea del 19 de diciembre de 1946, de la Unión Democrática de Mujeres.
Hasta 1970, la población rural del Paraguay era de casi el 60%, y hasta 1985 no
se registraron —o por lo menos no tenemos referencias— organizaciones de
mujeres campesi-nas que hayan demandado derechos específicos de su género.
Las organizaciones feministas que a lo largo del
siglo lucharon hasta lograr en 1961 la igualdad de derechos políticos no son
repre-sentativas de lo que eran las mujeres en el conjunto de la sociedad. Se
trata de minorías esclarecidas y activas que, sin embargo, no han reclamado
para sí ser la “vanguardia” del género, como frecuentemen-te en las
organizaciones obreras socialistas y comunistas reclamaban ser la “vanguardia
del proletariado”. No hablaban como dirigentes de las mujeres, sino como parte
de un colectivo discriminado por el sis-tema. Pero la afirmación podría ser
relativizada si se toma en cuenta la extensión en el magisterio de las
renuncias en 1925, que involucró a la mayoría de los trabajadores y
trabajadoras de ese sector. Pero aun así, fue un caso único, que se mantuvo por
dos meses y terminó en derrota. Las otras movilizaciones sólo fueron seguidas
por parte del gremio, que incluso estuvo abiertamente dividido.
Lo interesante es que, a pesar de haber sido
pequeñas, han teni-do gran protagonismo en sus respectivas épocas, y que aun
sin cone-xión directa, e incluso desconociendo a sus antecesoras, una y otra
vez surgieron organizaciones con objetivos, propuestas y características
similares. Todas lucharon por la igualdad jurídica, se conectaron
inter-nacionalmente con organizaciones o feministas o instituciones de
mu-jeres, y desarrollaron formas democráticas de organización y acción.
Esa parte del colectivo establece vinculaciones y
consigue apoyo de invi-diduos y organizaciones de otros colectivos, que forman
parte de la co-munidad política, o incluso pueden formar parte de más de un
colectivo. No todo el colectivo que conquista sus derechos los asume
activamente.
Una constante en las primeras organizaciones de
género fue la parti-cipación de hombres destacados en el ámbito público. Aunque
más
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no sea porque las mujeres no eran reconocidas como
ciudadanas y, por lo tanto, no podían ser parlamentarias, todos los proyectos
de ley fueron presentados por diputados o representantes hombres, que los
defendieron activamente.
Cecilio Báez y Arsenio López Decoud abrieron el
debate sobre feminismo en Paraguay en 1901, expresándose en defensa del derecho
de las mujeres a manifestarse. Los primeros proyectos de ley de igual-dad civil
y política los presentó el diputado republicano Telémaco Sil-vera en 1919,
quien además mantenía correspondencia con la feminis-ta uruguaya Paulina Luisi
e impulsó la creación del Centro Feminista.
En esa primera organización de género participaron
también Cipriano Ibáñez —dirigente del gremio de maestros, con destacada
actuación en 1925— y Juan Vicente Ramírez. El último de los cita-dos y Silvera
también integraron la Asociación Feminista de 1929, junto con otros hombres
como Justo Pastor Benítez y Anselmo Jover Peralta, que años después fueron
ministros, el diputado liberal Lisan-dro Díaz León —autor del primer proyecto
de Ley de divorcio— y el intelectual Pablo Max Insfrán, en un tiempo embajador
paraguayo en Estados Unidos.
No es clara la motivación ni mucho menos las causas
que hicie-ron que estos intelectuales, gremialistas y políticos participaran en
esas organizaciones, solamente podemos constatar la existencia del nexo.
Silvera y Díaz León fueron hombres progresistas en lo político, social y
cultural. Es incluso impresionante que Silvera fundamentara como feminista su
voto a favor de la Ley de divorcio. Pero los factores personales pudieron jugar
también un importante rol, por ejemplo, Pablo Max Insfrán era en ese entonces
el novio y más tarde el marido de Carmen Gatti, una activa feminista que
participó en las dos prime-ras organizaciones de género.
Mucho menos aún conocemos acerca de las influencias
que pudieron llevarles a los doctores Antonio Sosa y Manuel B. Mon-gelós a
presentar sendos proyectos de igualdad civil y política en 1929 y 1952. En
tanto, parecería que el doctor Hipólito Sánchez Quell presentó el suyo en 1951
al influjo del entusiasmo de la ra-tificación de las Convenciones
Interamericanas de 1948. Pero co-nectando un poquito más, debemos recordar que
su esposa, Teresa Cazenave, había sido la vicepresidenta de la Unión
Democrática de Mujeres, la más importante organización pluralista en lo
político del período estudiado.
Esta organización, que luchó por la amnistía amplia
y sin restriccio-nes en 1946, se vinculó con todas las organizaciones políticas
y gremiales de la época, las que a través de cartas y otros medios manifestaban
su apoyo a la Unión. Incluso los periódicos explicitaban su interés en publi-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
car las propuestas y resolución de esa
organización. Pero no fue el único caso. Otra de las constantes es el apoyo que
las diferentes organizaciones tuvieron de la prensa, que potenció sus acciones
difundiéndolas.
El doctor Luis De Gásperi, el civilista de mayor
renombre de Pa-raguay, también apoyó la causa de la igualdad. Participó en la
redac-ción del proyecto de la Comisión de Juristas de 1954 y en su
Antepro-yecto de Código Civil de 1964, cuando ya habían sido conquistados los
derechos políticos; planteó muy importantes avances en cuanto al status legal
de la mujer casada.
Al mismo tiempo que se establecían estos
relacionamientos, las mujeres que integraron las organizaciones de género
también se des-tacaron en otros ámbitos. La mayoría fueron profesionales, entre
ellas están nuestras primeras abogadas, médicas, contadoras, profesoras
normales y maestras. Algunas, como Elida Ugarriza, Juana Merlo y Emiliana
Escalada fueron dirigentes gremiales de primer nivel. Y también ocuparon altos
cargos públicos, quizás los más altos que la dominación patriarcal permitía. En
1910, Serafina Dávalos integraba nada menos que el Superior Tribunal de
Justicia.
No es posible saber en qué medida la mayoría de las
mujeres apre-ciaron el esfuerzo de las rebeldes y sus compañeros. Relatos de
1954 dan cuenta de que luego de la promulgación de la Ley 236 de “Derechos
civiles de la mujer”, muchas mujeres protestaron por sentirse obligadas a hacer
gestiones públicas, y otorgaron poderes amplios a sus maridos.
En los autoritarismos, el derecho a la ciudadanía
reconocido legalmen-te a la comunidad política no puede ser ejercido por ésta
en sus compo-nentes básicos.
Las dictaduras de Estigarribia, Morínigo y
Stroessner se rigieron por la Constitución de 1940. Algunos accedieron al poder
por elecciones y luego dieron autogolpes. Otros lo hicieron a través de golpes
más o menos violentos, aunque luego se ocuparon de llamar a elecciones de
candidato único.
Pero en realidad tampoco anteriormente, durante la
vigencia del Estado liberal, puede decirse que haya habido elecciones
competiti-vas. En Paraguay jamás hubo traspaso del poder del Estado de un
partido a otro por elecciones. Quizás haya habido mayor competencia para elegir
a los miembros del Poder Legislativo, porque las únicas elecciones en las que
dos partidos pugnaron por la primera magistra-tura fueron las de 1928, pero
cuyos resultados no podían sino dar la victoria al partido entonces gobernante.
Durante la larga historia autoritaria, tampoco los
hombres podían ejercer verdaderamente los derechos ciudadanos y si lo hacían
era a tra-
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vés de escritos, manifestaciones, protestas. Pero a
pesar de ello, las orga-nizaciones feministas pelearon para obtener el
reconocimiento formal.
En plena dictadura stronista, año tras año
trabajaron hasta lograr sus objetivos de ser ciudadanas Mercedes Sandoval de
Hempel, María Elina Olmedo Jiménez, Leonidas González, María Luisa Candia de
Burt y otras numerosas integrantes de la Liga. Algunas de ellas incluso
organizaron una manifestación callejera en reclamo de sus derechos en vísperas
de las elecciones municipales de 1960.
El 5 de julio de 1961 Alfredo Stroessner promulga
la Ley 704 de “Derechos políticos de la mujer”, que previamente había sido
sancio-nada por la Cámara de Representantes. Por lo menos en las leyes se había
consagrado la igualdad entre los géneros.
Notable fue la conquista de la ciudadanía por parte
de las mujeres en Paraguay. Las concepcioneras manifestándose en 1901, Serafina
Dávalos, Virginia Corvalán, Elida Ugarriza, María Felicidad González, Emiliana
Escalada, Carmen Garceta, Inés Enciso Velloso, Dora Freis de Barthe, Beatriz
Mernes de Prieto, Lilia Freis de Guerra, Gilda Carí-simo y muchísimas mujeres
más con ellas, fueron ciudadanas activas, día a día, luchando por sus derechos
y los de los y las demás, como mujeres, como trabajadoras y como demócratas.
Cuando la Ley 704 declaró que las mujeres tenían
derechos polí-ticos iguales a los de los hombres, ni unas ni otros podían
ejercerlos a través de las urnas, para elegir a los y las gobernantes o ser
electos(as), porque estábamos en plena dictadura. Las elecciones
semicompeti-tivas que se sucedieron entre 1963 y 1988 no podían sino tener un
resultado: la vitoria del dictador y de quienes lo apoyaban.
No existe linealidad en el ejercicio de la
ciudadanía. Importantes avan-ces pueden ser cortados, retrotraerse los derechos
a estados anteriores, pero algunos de ellos pueden permanecer parcialmente, o
incluso crecer en situaciones adversas. La duración de avances y retrocesos es
variable.
Uno de los derechos fundamentales, a través de los
cuales se ejerce la ciudadanía es el de la libertad de organización. Antes del
reconoci-miento de la ciudadanía femenina en Paraguay hubo numerosas
orga-nizaciones de mujeres, pero para fundamentar esta hipótesis tomaré
solamente a dos de ellas: La Unión Democrática de Mujeres y el Insti-tuto
Cultural de Amparo a la Mujer.
No tenemos la fecha exacta de la fundación de la
Unión Demo-crática de Mujeres, pero por las cartas de respuesta a la
comunicación que sus dirigentas hicieron de la constitución de la Unión, que
están fechadas a fines de abril de 1946 (cartas del Consejo Obrero del
Pa-raguay, firmada por Timoteo Ojeda y Luciano Miranda; y de la Fede-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
ración Universitaria del Paraguay firmada por
Domingo Bañuelos y Alejandro Acosta, del 26 y 27 de abril de 1946,
respectivamente), supo-nemos que la fundación habrá sido en ese mismo mes o en
el anterior.
La presidenta y alma mater de esta
organización pluralista y demo-crática fue doña Beatriz Mernes de Prieto.
Ciertamente, su objetivo no fue el de cambiar la condición de las mujeres en la
sociedad, sino con-seguir una amnistía amplia, libertad y democracia para todo
el pueblo paraguayo. Con el protagonismo y la visibilidad que lograron sus
inte-grantes, también contribuyeron a cambiar el lugar asignado a las muje-res
en la sociedad. En su tiempo, la organización tuvo el reconocimiento y fue
considerada interlocutora de las más importantes organizaciones gremiales y
políticas existentes. La Fédération Démocratique Interna-tionale des Femmes
estableció contacto con la Unión y les solicitó esta-blecer relaciones entre
sus organizaciones. Y hasta el dictador Higinio Morínigo las reconoció, las
recibió en su despacho el 10 de mayo de 1946, las felicitó y les prometió que
los exiliados podrían regresar al país. Luego de finalizada la Segunda Guerra
Mundial se habían extendido las iniciativas que desde la sociedad presionaban
para una apertura política en Paraguay. La misma se concretó el 9 de junio de
1946 para abrirse a una primavera que lastimosamente sólo duró siete meses.3
En noviembre de 1946, la Unión estaba integrada por
54 mujeres, quienes según su presidenta habían participado activamente desde la
fundación de la entidad (carta de Beatriz Merne de Prieto a Teresa Cazenave de
Sánchez Quell, del 5 de noviembre de 1946). Doña Bea-triz era liberal; la
vicepresidenta Teresa Cazenave de Sánchez Quell, colorada; las secretarias
Esther Ballestrino y Lilia Freis de Guerra, febrerista y comunista,
respectivamente. Allí estaba todo el espectro político paraguayo.
A ellas se dirigió Timoteo Ojeda, secretario
general del Consejo Obrero, para sugerirles —o mejor solicitarles— su adhesión
para el gran acto de recibimiento de los y las obreras exiliadas, en especial a
3 No quiero dejar pasar la ocasión sin relatar una
anécdota de las integrantes del Área Mujer del CDE con doña Beatriz. Ella es la
abuela de nuestra compañera Celeste Prieto, a quien encomendamos los trabajos
de diseño y diagramación de nuestras publicaciones. A fines de 1988 nos dijo
Celeste que su abuela quería conocernos y que vendría a visitarnos. Nos
preparamos como un día de fiesta para recibirla, bien vestiditas. En la mesa
había bocaditos, gaseosas y café. Cuando llegó la que fuera presidenta de la Unión
Democrática de Mujeres, le di la bienvenida como coordinadora del Área
diciéndole: “Hace mucho tiempo que la queríamos conocer” y no pude continuar
porque doña Beatriz me interrumpió y dijo: “¿Ustedes me querían conocer? Pero
si ustedes no hicieron nada para acercarse a mí, fui yo quien decidió
conocerlas, en mi vida siempre tomé la iniciativa sin esperar que me inviten a
donde yo quería ir”. Ante la carcajada general, terminaron los discursos y se
inició una linda charla entre todas.
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Adolfina Coronel, obrera textil que fuera torturada
por la tenebrosa policía de Marcos Fúster (carta de Timoteo Ojeda a Beatriz
Mernes de Prieto, del 6 de agosto de 1946).
A ellas les escribió el director de El País para
expresarles su sim-patía, conocer las resoluciones de la Asamblea de la Unión
del 19 de diciembre de 1946, saber si el programa de la entidad incluiría
rei-vindicaciones económicas y de derecho de las mujeres, si verdade-ramente se
proponían estructurar un gran movimiento pluralista en lo político y social, y
si la Unión prestaría apoyo a las luchas por una Asamblea Nacional
Constituyente (carta del director de El País a Bea-triz Mernes
de Prieto, fechada en diciembre de 1946).
También nosotras querríamos saber si la Unión
Democrática de Mujeres incluyó alguna vez reivindicaciones específicas de
mujeres o, especulativamente, si las hubiese incluido en el caso de que la
guerra civil no hubiese cortado su proceso. En cuanto a lo de apo-yar la
Constituyente, ya tres meses antes ellas realizaron gestiones para que fueran
“tomadas las disposiciones legales necesarias que conduzcan a la realización de
la Asamblea Nacional Constituyente”, así como para la derogación del decreto
que declaraba disuelto al Partido Liberal. El centro de sus luchas, su programa
de acción era lograr la libertad de cultos y de pensamiento, el bienestar
social y la vida sin temores para toda la población (carta del 14 de septiembre
de 1946, dirigida a un ministro cuyo nombre no consigna y lleva la firma de
Beatriz Mernes de Prieto, Teresa Cazenave de Sánchez Quell y Esther
Ballestrino).
Por su parte, Spreatti aporta la copia de un
documento cuyo ori-gen no cita y relata que la Asamblea del 19 de diciembre se
realizó en el local de la Societé La France; se decidió elaborar un programa de
acción y los estatutos de la entidad; y que la comisión provisoria y redactora
estaba conformada por Beatriz Mernes de Prueto, Carmen Soler de Aponte, Teresa
Cazenave de Sánchez Quell, Lilia Freis de Guerra, Esther Ballestrino, T. Marín
Inglesias de Encina, Elsa Campos de Velázques y Lidia Fernández (Speratti,
1989: 59-60).
Ellas trataron de mantenerse unidas y no aceptaron
la renuncia planteada por doña Beatriz a su cargo, en noviembre de 1946, por
temor a que su militancia activa en el Partido Liberal pudiese per-judicar a la
Unión por la agudización de la crisis política (carta de Beatriz Mernes de
Prieto a Teresa Cazenave de Sánchez Quell, del 5 de noviembre de 1946). Pero no
pudieron evitar que la dispersión se hiciese realidad después del golpe militar
colorado del 13 de enero de 1947, que puso fin a la corta apertura política. En
un comunicado del 17 de enero de 1947, que condenaron la violencia y
propugnaron la reimplantación de la tolerancia democrática.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Dos meses después no podían reunirse las
integrantes de la Unión, ni prestar ayuda a las mujeres que desesperadas les
solicitaban amparo. Beatriz Mernes de Prueto y Esther Ballestrino lo expresaban
en una carta dirigida a la defensora de menores y reos pobres del 9 de marzo de
1947. Dos días antes había estallado la guerra civil.
Pero los ecos de la Unión Democrática de Mujeres
nos han llega-do hasta el presente a través de su consigna:
Profesar
su culto
Pensar
libremente
Trabajar
sin hambre
Y
vivir sin miedo.4
En cuanto al Instituto Cultural de Amparo a la
Mujer, Graziella Cor-valán señala 1953 como fecha de fundación de esta
agrupación for-mada por mujeres activistas del Partido Liberal (Corvalán, 1989:
59). Debemos recordar que ni durante el gobierno de Federico Chaves, ni luego
de su derrocamiento por golpe militar encabezado por el gene-ral Alfredo
Stroessner el 4 de mayo de 1954, ningún partido fuera de la Asociación Nacional
Republicana (ANR o Partido Colorado) podía funcionar legalmente.
El 4 de noviembre de 1956 debía estallar una
rebelión que de-rrocaría al gobierno, organizada por febreristas, liberales y
militares institucionalistas. El 2 de noviembre fue apresado el coronel Rafael
Franco, cuando trataba de ingresar al país, y fue posteriormente ex-pulsado a
Clorinda. Inmediatamente se desató una represión de gran-des proporciones en la
que el ministro del Interior, Edgar L. Insfrán, desarrolló lo que
posteriormente sería el modelo de represión stronis-ta: apresamientos,
declaraciones oficiales a la prensa, adhesiones del aparato de la ANR y
finalmente grandes concentraciones de colorados (Blanch, 1991: 57-62).
El Instituto Cultural de Amparo a la Mujer fue
proscrito por Reso-lución Nº 1 de la Dirección de Asuntos Políticos y Sociales
del Minis-terio del Interior, que decía: “Asunción, 7 de noviembre de 1956. Por
resolución de la fecha la Dirección de Asuntos Políticos y Sociales ha
dispuesto: proscribir toda actividad de la supuesta entidad denomina-da
‘Instituto Cultural de Amparo a la Mujer’ cualquiera sea su forma de
manifestación, debiendo procederse policialmente a la incautación de los
documentos puestos por ella en circulación, sin perjuicio de las sanciones que
sean pasibles sus miembros por tal actividad ilícita. La
4 Esas “cuatro libertades constituyen el programa
de acción de la Unión Democrática de Mujeres”, decían en la carta ya citada del
14 de septiembre de 1946.
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presente resolución obedece a que no solamente la
supuesta Asocia-ción denominada ‘Instituto Cultural de Amparo a la Mujer’ venía
fun-cionando antirreglamentariamente al omitir recabar la autorización
correspondiente, sino que tal denominación no era más que un rótulo del que se
valían personas inescrupulosas para procurarse dinero para solventar al
movimiento subversivo frustrado cuyo estallido debió pro-ducirse el 4 de
noviembre pasado, explotando la buena fe de unos y la vocación sanguinaria de
otros” (La Tribuna, 9 de noviembre de 1956).
Posteriormente, el 17 del mismo mes, la Sección
Informes de la Policía de la Capital exigió que en el plazo de 48 horas todas
las or-ganizaciones sociales, estudiantiles, culturales, patronales,
deportivas, recreativas, obreras y de cualquier otro tipo, se inscriban en sus
regis-tros. El motivo declarado fue que se quería evitar el funcionamiento de
instituciones que se dedicasen a actividades ilícitas, como el Instituto
Cultural de Amparo a la Mujer (La Tribuna, 17 de noviembre de 1956).
A pesar de las represiones, una y otra vez hombres
y mujeres si-guieron ejerciendo su derecho a organizarse a pesar de que muchos
de ellos tuvieron que pagar “el precio de la paz”.
Las identidades se forman en las luchas por la
obtención de derechos y reivindicaciones, pero no permanecen inmutables, pueden
extenderse, achicarse o desaparecer. Esto último trae aparejada una pérdida de
la memoria histórica.
Las integrantes de las tres clases de
organizaciones encontradas, de género, políticas y gremial-laborales generaron
cultura en sus grupos. Eso se nota tanto en el discurso como en las acciones.
Las mayoría de las mujeres —y de los hombres que integraron en las primeras
organi-zaciones— eran feministas, pacifistas y democráticas. Su práctica fue
pluralista, con algunas excepciones.
En las expresiones de la alquimia que se lograría
con la libertad de culto, con la democracia o el derecho al voto, se manifiesta
el de-seo de otra forma de hacer política. Sin embargo, no se puede olvidar que
eran mujeres que hacían política en la sociedad y que no esta-ban disputando
cargos de decisión del aparato de Estado. De ninguna manera puede afirmarse
que, efectivamente, al entrar a los espacios masculinos continuarían con sus
prácticas de información amplia, pluralismo y solidaridad.
La pérdida de la memoria y de la cultura generada
en esas organi-zaciones puede vincularse a la desarticulación de la sociedad
civil por parte del gobierno de Stroessner a fines de la década del cincuenta,
y la desaparición por dos décadas de organizaciones con reivindicacio-nes
específicas de género.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Hay una correspondencia entre ejercicio activo de
la ciudadanía, produc-ción intelectual, organización y recuperación de la
memoria histórica.
Entre los años sesenta y setenta es cuando se
produce el silencio sobre la tradición transformadora de las organizaciones
feministas y feme-ninas, y cuando surgen las nuevas organizaciones de mujeres
en los inicios de la década del ochenta, lo hacen sin recuerdos de las que les
precedieron. Una posible explicación es el rechazo que llegó a tenerse hacia
las integrantes de la Liga Paraguaya de los Derechos de la Mujer, heredera
transformada de la organización que había logrado la consa-gración de la Ley 236/54
“De los derechos civiles” y la Ley 704/61, de igualdad de derechos políticos.
Los motivos sobraban, las nuevas organizaciones
estaban com-puestas mayoritariamente por mujeres opositoras al régimen de
Stroessner y se vinculaban al feminismo latinoamericano. Mientras que las que
estaban en la Liga apoyaban abiertamente al dictador, consideraban que ya se
había conseguido la igualdad de derechos en-tre mujeres y hombres y rechazaban
las invitaciones para eventos am-plios que les formulaban las otras
organizaciones.5
Pero muy pronto, tres años después de la fundación
de la Unión de Mujeres Paraguayas (UMPA), la primera organización renovadora de
las casi 50 que se formarían en la década del ochenta, ya comien-zan a gestarse
los primeros trabajos de recuperación de la rebeldía de las mujeres. Para marzo
de 1985 Graziella Corvalán había terminado ya la primera versión de “La acción
colectiva de las mujeres urbanas en el Paraguay”, en el marco de un proyecto
del Consejo Latinoameri-cano de Ciencias Sociales (CLACSO) (Corvalán, 1985).
La nueva identidad se va forjando con el ejercicio
colectivo activo de la ciudadanía, que arranca con los preparativos para el
Primer En-cuentro Nacional de Mujeres “Por nuestra igualdad ante la ley” en
1987. Quienes van produciendo conocimientos que nos ayudan contra nues-tra
amnesia son en su mayoría mujeres que forman parte de las organi-zaciones que
integran la Coordinación de Mujeres del Paraguay (CMP).
Memoria
y futuro
Es mucho todavía lo que queda por trabajar para
conocer las dife-rentes formas de participación de las mujeres en la esfera
pública en Paraguay. Alguna vez se tiene que escribir una historia general
inclu-
5 Un ejemplo de ello fue la no aceptación de la
invitación formulada primero por el CEPEM en abril de 1987, para redactar un
proyecto de ley de igualdad de derechos civiles; y posteriormente la negativa a
participar en el Primer Encuentro Nacional de Mujeres “Por nuestra igualdad
ante la ley”, convocada por 13 organizaciones.
370 .py
yente de mujeres y hombres de todas las razas y
etnias del país. Algún día tendrá que reformarse la universidad y se contará
con recursos para producir conocimientos.
El futuro es incierto, pero seguramente un pueblo
que narre su historia como democrática y plural tienen mejores posibilidades de
construir un futuro con igualdad, libertad y justicia. Del camino abier-to por
las sufragistas paraguayas se ha recorrido apenas un tramo. El reto es vencer
el oscurantismo y el autoritarismo y lograr que, un día no muy lejano, los
hombres y las mujeres de todas las clases sociales y etnias del Paraguay puedan
ejercer su ciudadanía en plenitud, tal como lo soñaron nuestras alquimistas.
Bibliografía
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en El precio de la paz (Asunción: CEPAG).
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Corvalán,
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Graziella 1989 “Las mujeres urbanas en el Paraguay: olvido, represión y
cambio”, en G. Corvalán (comp.) Entre el silencio y la voz.
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de Estudios de la Mujer Paraguaya-GEMPA/Centro Paraguayo de Estudios
Sociológicos-CPES).
Dávalos,
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Tribuna, 9 de noviembre de 1956.
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Tribuna, 17 de
noviembre de 1956.
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Speratti,
Juan 1989 Feminismo (Asunción: ed. de autor).
.py 371
Roberto
L. Céspedes
relaciones
de trabajo en el sector público
paraguay,
1989-1993*
I.
introducción
La transición paraguaya (1989-1993) ha sido
caracterizada y estudiada fundamentalmente en cuanto reconstitución del espacio
político, de los actores partidarios y del proceso electoral. Como reflejo del
mismo proceso, la problemática social aparece como secundaria y, por ejem-plo,
se carece de estudios sobre pobreza o los costos de las nuevas ten-dencias de
desarrollo.1 Además
se ha puntualizado sobre la necesidad de la Reforma del Estado; esto es, tanto
su lógica o ámbito de inter-vención, su aparato administrativo y los costos o
gastos que demanda.
Modernización o racionalización son los otros
nombres de la re-forma estatal que aluden a —o tratan de— legitimarse por la
eficacia,2
* Céspedes, Roberto 1993 “Relaciones laborales en el
sector público (1989-1993)”, en Revista Paraguaya de Sociología,
Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos, Asunción, Año 30, N° 88, set-dic,
pp. 69-79.
1 Una excepción se encuentra en el breve estudio
compilado por Palau (1991).
2 Cabe distinguir a la eficiencia, que expresa la
producción obtenida en relación a los recursos utilizados, de la eficacia, más
relacionada al grado de cumplimiento de metas sin excluir consideraciones
económicas. En el análisis del caso en gran parte en la corrupción y empresas
públicas, se ha enfatizado la ineficiencia basada en gran parte en la
corrupción y el despilfarro, antes que metas alcanzadas (Canese-Campos, 1987).
Hoy día la reducción de gastos estables aparece como problema central a
solucionarse por privatizaciones. Pareciera entonces que lo eficaz es alcanzar
estas metas.
373
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
por lo menos en el discurso oficial. Sin embargo,
en últimas instan-cias, la reducción del aparato estatal y de sus costos por
medio de las privatizaciones de las empresas públicas antes que a través de
recortes en la Administración Central, se estructura como discurso y tendencia
dominantes. Pero, más allá de declaraciones y propuestas generales, originadas
en el Estado y demandadas en el sector empresarial, prác-ticamente se carece de
una literatura publicada sobre el tema de la Reforma del Estado, con excepciones3 provenientes de la sociedad.
Dada la importancia creciente de la problemática
social así como de la necesidad de estudios sobre el Estado, este trabajo
ofrece un bre-ve análisis de las Relaciones Laborales (RRLL) en la
Administración Pública durante la transición. Una primera dificultad es
precisamente lo anotado: la ausencia y/o accesibilidad de materiales sobre los
pla-nes de reforma del Estado o, por lo menos, diagnósticos sobre el mis-mo.
Por otra parte, la literatura disponible sobre las RRLL se centra en el sector
privado pero casi nada existe sobre el reciente proceso del sector público.4
Consiguientemente, este análisis comprende a las
RRLL durante el período de transición, del 3 de febrero de 1989 al 9 de mayo de
1993, una fase clave para el desarrollo actual. Después de la presente
introducción, se estudia el empleo y las condiciones de trabajo; luego, la
representación de los empleados públicos y los empleadores. Sigue con los
métodos para determinar las condiciones de empleo, continúa con los conflictos
de trabajo y su evolución; y finaliza con conclusio-nes y recomendaciones.
II.
empleo y condiciones de trabajo
El crecimiento de la intervención y el empleo del
Estado en la econo-mía y en la sociedad paraguaya se inicia en la década de
1940 pero lo-gra su pleno desarrollo durante el prolongado autoritarismo del
Gral. Pdte. Alfredo Stroessner (1954-1989). Esta expansión se asocia al
pre-bendarismo, la ineficiencia y la corrupción, defectos que se encuen-tran en
todas las burocracias latinoamericanas. La particularidad del caso paraguayo
constituye la inclusión exclusiva de afiliados al gober-
3 Los estudios de Campos y Canese (1987 y 1990)
constituyen una excepción y se centran en el aspecto económico; por otra parte,
puede señalarse el artículo de Warwick (1993) sobre la Reforma Educativa en los
dos volúmenes del CPES/HIID. En contrapartida, las instituciones oficiales no
han publicado ni se encuentran accesibles a la investigación.
4 Pueden verse los trabajos de Barboza (1991a y b,
1992), Céspedes (1993a, 1992a y b), OIT (1991), y Rodríguez (1989, 1991) sobre
las RRLL en el sector privado mientras que sobre el sector público solo se
encuentra el folleto de Ackerman y otros (1991).
374 .py
nante Partido Colorado para acceder a la función
pública, durante el longevo régimen autoritario.
El número de puestos públicos5 aumentó considerablemente aun-que las
cantidades difieren porque se basan en series incompletas y diversas. En 1975
eran 66.700, en 1984 alcanzan a 100.400, y en 1987 llegan a 118.200
(Campos-Canese, 1987: 64); en 1989 se encuentran 127.400 (Canese, 1992: 54) y
en 1992 concentra a 130.000 funciona-rios (Céspedes, 1993); resultando el 7.9%,
9.3%, 10.3%, 8.5% y 8.2% de la PEA, respectivamente. En este último año, los
funcionarios públi-cos constituían el 13.9% de la PEA no-agropecuaria;
aproximadamen-te una de cada siete personas de la PEA, o un funcionario público
por cada seis pesonas del sector privado. Sin embargo, la cuestión central —y
coincidente en todos los análisis— es que la absorción de mano de obra por
parte del Estado crece a un ritmo mayor que la generación de empleo a nivel
nacional.
Como reflejo de alta concentración de recursos y
del aparato administrativo, la mitad o más de la mitad de la burocracia estatal
se encuentra en Asunción y el Dpto. Central, el año del golpe el 76% del
personal se ubica en el Gobierno Central y más específicamente 67% en el Poder
Ejecutivo. El gobierno municipal sólo empeaba al 4%, dividiéndose en partes
iguales el Municipio de Asunción y los res-tantes 190 municipios del país. Las
empresas públicas concentraban al 20% restante del funcionariado, especialmente
las no financieras con el 16%.
Las condiciones de trabajo en el sector eran, en
general, malas. La admisión y promoción dependían de padrinos políticos y
militares, no existía carrera administrativa ni siquiera establecida plenamente
en papeles que tampoco se cumplirían. Los salarios eran bajos6 pero se toleraba una corrupción generalizada,
funcionarios superiores con negociados dentro y fuera de la institución
mientras que los mandos medios y bajos obtenían recursos externos del público,
especialmente
5 El número de funcionarios públicos es menor pero
sin mayor diferencia, en principio porque la ley prohíbe la doble remuneración.
Excepcionalmente, se acepta una tarea docente además de la función principal, o
hasta la doble docencia. Una proporción sobre la diferencia entre número de
puestos y de funcionarios públicos ofreció la Federación de Funcionarios
Públicos del Paraguay (FFPP), en un cuadro estadístico divulgado el 12-13 de
octubre de 1991, afirmando basarse en el Censo de Funcionarios Públicos de 1990.
Según los datos revelados, existían 96.660 puestos públicos mientras que solo
había 80.000 funcionarios públicos, porque deben reducir la cantidad original
“en un 15% debido a las duplicaciones en áreas de la enseñanza, salud y otros”.
Debe considerarse que estas cantidades apuntaban a “demostrar” que el peso de
la burocracia estatal era menor de lo que se afirmaba.
6 Por esta razón, Campos y Canese (1987: 77-79)
afirman que los empleados públicos subsidian al déficit estatal.
.py 375
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
los últimos.7 El resultado fue la ineficiencia, pero
tampoco podía espe-rarse otra cosa. El modelo político y la cultura política
coincidían en considerar al Estado como botín, el reclutamiento del
funcionariado como expansión de la clientela partidaria, y los bajos salarios a
ser complementados ilegalmente. Como si lo anterior fuese insuficien-te, tanto
en el autoritarismo como en la transición, la impunidad de los altos jefes,
enjuiciados por —o punibles debido a— la corrupción, constituyó la regla.
El golpe de 1989 no alteró fundamentalmente estas
pautas. Pero es una equivocación afirmar que nada cambió, precisamente una
transición es un puente entre dos regímenes políticos y una combina-ción de lo
nuevo y lo viejo. Las libertades políticas y organizativas y la competencia
electoral determinaron que el Partido Colorado prestase particular atención a
este conjunto de “votos cautivos” para mantener su mayoría electoral. Por esta
razón, el mantenimiento en el puesto de trabajo y una política salarial favorable
al sector —en comparación con los asalariados privados— fueron canjeados por la
lealtad parti-daria colorada y una reducción en la tasa de incorporación del
funcio-nariado. De complemento, en contrapartida a los favores, la amenaza del
despido también fue ejercida.
Desnudada la corrupción estatal existente, en el
discurso neoli-beral comienza a plantearse la reforma del Estado —incluyendo a
las privatizaciones de las empresas públicas— con el consiguiente des-pido de
personal, única y obligatoriamente colorado. Sin embargo, primó la lógica
política sobre el discurso y al final de la transición no se redujo el Estado
ni se llevaron a cabo las privatizaciones; el man-tenimiento de esta burocracia
puede considerarse una política social de empleo. Después de las elecciones del
9 de mayo de 1993, con el triunfo del Partido Colorado, se abre una nueva etapa
con el triunfo de un candidato más empresarial que partidario, y con las nuevas
ten-dencias que se perfilan.
III.
Representaciones de los empleados y empleadores públicos
En la medida que no “existan” RRLL tampoco tienen
razón de ser sin-dicatos o representantes de empleadores. Si esta realidad
imperaba en el antiguo régimen, la misma ha pervivido en gran parte durante la
transición. Esta continuidad de percepción, principalmente de los jefes de los
distintos niveles de la Administración Pública, se ha dado a pesar de las
modificaciones que implican los cambios legislativos y
7 Con relación a la corrupción, además de los
artículos de diarios, sólo se encuentra el trabajo de Palau, Lugo y Estragó
(1990).
376 .py
la emergencia y actuación de los sindicatos.
Durante el régimen auto-ritario, las reglas que regían eran, en primera
instancia, el temor y la “adhesión incondicional” y, en segundo término, la
Constitución que impedía las RRLL en el sector y la Ley Nº 200/1970, del
funcionario pú-blico, que imponía fuertes restricciones a la asociación
sindical y cas-tigaba duramente a toda “indisciplina”, definida ésta muy
laxamente.
Dentro de esta lógica de control, las asociaciones
de funcionarios públicos cumplían funciones mutualistas en el mayor de los
casos; constituían fuentes de movilidad política para sus directivos
—em-potrados en el poder casi de por vida y, en varios casos, centros de
corrupción— al igual que en todas las sociedades. Las asociaciones de empleados
se centralizaron en la única Federación de Funciona-rios Públicos (FFPP), más
preocupada en apoyar las sucesivas re-elecciones del “único líder” que,
incluso, llevar a cabo sus funciones mutualistas. Con la transición y la
sindicación, a pesar de una tibia autonomización y debido a su orientación de
conciliación antes que de defensa de derechos e intereses, la FFPP va perdiendo
protagonis-mo. Sin embargo, en el pasado autoritario existieron asociaciones
que fungieron de sindicatos y fueron reprimidas violentamente, el
funcio-nariado del Hospital de Clínicas de Asunción cumplió un importante papel
como deslegitimador del régimen autoritario.
Con el nuevo régimen y la tolerancia al fenómeno
sindical en el sector privado inicialmente, por parte del Gobierno el panorama
comienza a cambiar en el sector público. Los educadores que ya se habían
organizado protagonizan importantes huelgas, la organiza-ción de los
trabajadores de la salud se expande, y comienza a llegar a otros sectores
estratégicos como el de la electricidad. El factor político como determinante
organizativo se evidencia, en primer lugar, cuan-do se constituye el sindicato
de la Municipalidad de Asunción tan sólo después de que el movimiento electoral
independiente “Asunción para todos” (APT) gane la intendencia en mayo de 1991;
y, en segunda ins-tancia, fundamentalmente desde la nueva Constitución que
reconoce los derechos de sindicación, negociación colectiva y huelga, en junio
de 1992.
Una explosión demográfica organizativa del
sindicalismo público opera desde entonces, al igual que desde febrero de 1989
en el sector privado. Aproximadamente un centenar de sindicatos se estructuran
en un año8,
y el proceso pasa de la periferia al centro, es decir que
8 Se carece de cantidades exactas dada la
imposibilidad de acceder a información originada en el Estado. A manera de
referencia, en el mensaje presidencial del 1º de marzo de 1994 se consignan 65
organizaciones sindicales del sector público reconocidas entre el 16 de agosto
de 1993 y el 28 de febrero de 1994.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
ya no sólo comprende a entes autárquicos y empresas
públicas sino que llega a la Administración Central. Sin embargo, se produce
una fragmentación organizativa en las grandes unidades institucionales en
varios sindicatos que responden a diferentes líneas, incluyéndo-se las
vinculadas a la Administración y/o al partido de gobierno. Los sindicatos del
sector público se encuentran afiliados a las centrales alternativas, la Central
Unitaria de Trabajadores (CUT) —afiliada a la Organización Regional Interamericana
de Trabajadores (ORIT)— o la Central Nacional de Trabajadores (CNT) —afiliada a
la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT)— pero en una importante
proporción permanecen como independientes.
A pesar del clima político y de los avances
constitucionales, con-tinúa la Ley Nº 200/1970 y las autoridades no cambian sus
actitudes ni crean instituciones o canales encargados de las RRLL. La Oficina
de Asuntos Gremiales del Ministerio de Educación y Culto constituye la
excepción. Los conflictos conducen a tratar directamente con las máximas
autoridades y ante comisiones ad hoc sin que exista mayor
continuidad en varios casos. Pero lo concreto es la carencia de repre-sentación
de intereses en la Administración Pública, en contrapartida a los sindicatos,
así como de canales e instituciones encargadas de la negociación.
IV.
Métodos para determinar las condiciones de empleo
Las condiciones de empleo se determinaban y se
determinan funda-mentalmente por decisiones unilaterales. Los empleados llegan
a im-poner la negociación a partir de las protestas de 1991 y la organiza-ción
se expande más sólidamente desde 1992. Aquella obedece a un año electoral que
otorga impunidad para protestar a lo que debe agre-garse una altísima inflación
(44% anual) arrastrada del año anterior, y ésta se debe a los cambios
constitucionales favorables a las RRLL. Las demandas se centran en salarios, reconocimientos
del sindicato, y otros beneficios sociales como seguridad social, jubilaciones,
etc., y en algunos casos con demandas a la Constituyente.
Una vez establecidas las demandas y negándose a
dialogar los empleadores, el sindicato lleva a cabo la huelga para iniciar
negocia-ciones. Los directivos derivan el conflicto al Parlamento, donde se
discute, negocia y establece el Presupuesto General de Gastos de la Nación
(PGGN), sobre la base enviada por el Poder Ejecutivo. Las ne-gociaciones y
acuerdos en el Parlamento pueden eventualmente apo-yarse en movilizaciones.
Posteriormente, las negociaciones retornan al lugar de trabajo ya sobre las
reprogramaciones de los recursos acor-dados. Inclusive, posteriormente, el
incumplimiento de los acuerdos desata nuevos conflictos.
378 .py
La política salarial gubernamental favoreció al
sector público por sobre el privado, considerando como indicador al Salario
Míni-mo Legal (SML). Según informaciones del Ministerio de Hacienda “filtradas”
a la prensa, de octubre de 1988 a junio de 1993 los salarios reales cayeron en
un 21% para el sector privado mientras que subie-ron un 48% para el sector
público (Diario Última Hora, 9-VIII-93, p. 10). Aunque las
cantidades deban tomarse con pinzas por intentar justificar el congelamiento
impuesto en 1994, la estimación no se ale-ja de la verdad.
Esta política salarial así como un tratamiento más
tolerante hacia el sindicalismo del sector público estuvieron signados por la
lógica política de mantener lealtades y aceptar disidencias tolerables, sin
ol-vidar la presión del despido. Dentro de esta lógica de lealtades y
elec-toralismo, se encuentra el sentido de oportunidad en la promulgación de
los decretos de aumentos salariales en el sector publico, además de los
definidos por el PGGN y en contravención a las leyes vigentes. El 14 de abril
de 1989, apenas iniciada la transición y ante las elecciones del 1º de mayo de
ese año, el Ejecutivo decretó un incremento del 30% para la Administración
Central; el 21 de abril se extendió el aumento a los entes autárquicos. Ante
las cruciales elecciones del 9 de mayo de 1993, el 20 de abril se prometió un
aumento del 10% a ser implemen-tado desde el 1º de junio.
Dentro del mismo esquema se anotan, por una parte,
los aguinal-dos cobrados durante 1989-1992 y, por la otra, los tres únicos
contra-tos colectivos vigentes. Los aguinaldos fueron cobrados, fuera de
pre-supuesto, anualmente y mediante Decreto-Ley. Por otra parte, los dos
primeros contratos colectivos se firman en sectores estratégicos, con
despliegue de prensa y en vísperas de elecciones, el 14 y el 29 de abril de
1993, los de electricidad y cemento, respectivamente. Finalmente, cabe señalar
que el grueso de la movilización y protesta fue llevada a cabo por los sectores
de salud y educación, como podrá apreciarse en el siguiente apartado.
V.
Los conflictos de trabajo y su solución
Los conflictos de trabajo, con las excepciones del
caso, emergen solo a nivel colectivo y desde 1991, aunque el grueso
organizativo institucio-nal sea desde mediados de 1992. Antes de esa fecha y a
nivel individual no existía —ni existe— capacidad de defensa, dado el temor al
despido y al tradicional abuso de autoridad. Tampoco debe olvidarse el factor
político en el reclutamiento del funcionariado y el pacto de lealtades
implícito en el procedimiento.
La huelga constituye el mecanismo de presión por
excelencia, casi único, porque las autoridades se niegan a negociar, como se
anotó
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
precedentemente en el mecanismo de negociación. Las
huelgas en el sector público crecen gremial y políticamente dado su incremento
en el número de eventos, principalmente en la cantidad de sujetos
inter-vinientes y, en menor medida, de los días perdidos. Con este objetivo se
presenta el siguiente cuadro.
Rama
Económica: Industria-Servicios; Sector: Privado-Público;
Paros/Huelguistas/Días
perdidos
|
Año |
Industria |
Servicios |
Privado |
Público |
Total |
|
Número de |
Paros |
Paros |
Paros |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Promedio 86-88 |
2 |
4 |
2 |
4 |
6 |
|
1989 |
26 |
18 |
34 |
10 |
44 |
|
1990 |
24 |
20 |
30 |
14 |
44 |
|
1991 |
27 |
35 |
39 |
23 |
62 |
|
1992 |
15 |
28 |
25 |
18 |
43 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Número de |
Huelguistas |
|
Huelguistas |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Promedio 86-88 |
1.100 |
5.157 |
1.134 |
5.133 |
6.267 |
|
1989 |
17.192 |
5.675 |
18.207 |
4.660 |
22.867 |
|
1990 |
13.421 |
15.955 |
14.382 |
14.994 |
29.376 |
|
1991 |
5.340 |
9.161 |
6.684 |
7.817 |
1.450 |
|
1992 |
1.912 |
18.219 |
4.763 |
17.368 |
22.131 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Número de |
Días perdidos |
|
Días perdidos |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Promedio 86-88 |
944 |
24.357 |
1.194 |
24.107 |
25.300 |
|
1989 |
166.764 |
16.923 |
168.907 |
14.780 |
183.687 |
|
1990 |
430.789 |
47.151 |
431.282 |
46.658 |
477.940 |
|
1991 |
59.345 |
43.132 |
62.971 |
39.506 |
102.477 |
|
1992 |
150.320 |
117.422 |
185.881 |
81.861 |
267.742 |
|
|
|
|
|
|
|
Fuente:
Elaboración propia (Céspedes, 1993a) basado en el Informativo Laboral del CDE,
Asunción.
Se presenta información sobre el período previo al
golpe, el sector pri-vado y la comparación entre industrias —incluyendo
construcción— y servicios para ofrecer un panorama más general de un aspecto
clave de las RRLL como es la huelga y, con mayor razón, en un período de
transición. Asimismo, se incluye a enero de 1989 y se excluye a 1993 dado que
se pretende considerar años y no estrictamente meses de transición. Centrando
el análisis en las huelgas de la transición (1989-1992) surgen claramente dos cuestiones.
380 .py
En primer lugar, el movimiento huelguístico en 1989
rompe con el pasado autoritario y se mantiene en 1990. Llega a su pico en 1991,
declina en 1992 y en 1993 dicho proceso se acentúa. Esta tendencia global puede
observarse en el número de paros, de huelguistas, como de días perdidos. El
alto número de conflictos durante 1991 se debe a la tolerancia a sindicatos en
un año electoral, al congelamiento salarial del sector privado impuesto desde
octubre de 1990 durante 22 meses y al efecto retardado causado por la altísima
tasa de infla-ción de 1990 (44%), la mayor en los últimos 30 años. La demanda
por mejores salarios se expresó con la huelga. Por otra parte, el alto número
de huelguistas y días perdidos en el sector industrial y pri-vado en 1990 se
debe en gran medida a la huelga de los trabajadores de la hidroeléctrica de
Yacyretá, la huelga importante más larga de la transición.
En segundo lugar, se van conformando dos tendencias
al com-parar sectores económicos y tipos de empresa. Muestran compor-tamientos
semejantes, por una parte, los trabajadores industriales y los trabajadores del
sector privado y, por la otra, los trabajadores de servicios y los empleados
públicos. La fuerza de los obreros in-dustriales y del sector privado va
declinando lentamente de 1989 a 1992. Lo opuesto ocurre con los trabajadores de
los servicios y los empleados públicos, a medida que transcurre el tiempo
tienen ma-yor influencia. Esta influencia se hace más evidente en la cantidad
de participantes en el conflicto laboral. Los empleados públicos par-ticipantes
en huelgas se cuadruplicaron entre 1989 (fueron 4.660) y 1992 (cuando
alcanzaron a 17.368 personas). Asimismo, en 1992 el número de huelguistas del
sector público cuadruplicó al de los tra-bajadores privados.
Los trabajadores de la salud y de la educación en
el sector públi-co fueron quienes llevaron a cabo la mayor cantidad de huelgas,
una característica internacional. Estos dos grupos concentraron 4 de cada 10
disputas, 3 de cada 4 huelguistas, y 6 de cada 10 días perdidos. Ade-más de las
libertades políticas, la política gubernamental de salarios y tolerancia
sindical, la organización resulta más fácil para los emplea-dos públicos
agrupados en las grandes “empresas” de más de 1.000 empleados, caso excepcional
dentro de la estructura productiva para-guaya. Por otra parte, en el sector
privado los grupos más propensos al conflicto se concentraron en la
construcción de las hidroeléctricas y en la industria de alimentos. Militantes
sindicales condujeron a estos grupos, privados y públicos, a jugar un rol de
liderazgo porque los factores económico-estructurales, como la concentración
laboral en grandes empresas, y políticos —como la relativa tolerancia sindical—
en sí mismos no eran suficientes.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
IV.
Conclusiones y recomendaciones
Las relaciones de trabajo en la Administración
Pública detentan im-portancia creciente por su desarrollo, hasta hoy incompleto
e inor-gánico, afectando a la Reforma del Estado. Desde nuestra perspec-tiva,
se considera también necesaria la Democratización del Estado, entendida en este
caso particular como participación de los asalaria-dos en sus condiciones de
empleo. Esta inclusión evitaría una mo-dernización autoritaria y favorecerá una
más eficaz Administración Pública. Sin embargo, hasta hoy, la Reforma del
Estado apenas ha comenzado a discutirse mientras que la Democratización del
mismo permanece ausente.
Se dieron avances jurídico-institucionales en las
RRLL del sec-tor público mediante el reconocimiento de los derechos de
sindica-ción, negociación colectiva y huelga vigente en la nueva Constitu-ción
promulgada en junio de 1992. Paralelamente, las RRLL en el sector privado
también avanzaron hacia una mayor autonomización en la nueva Carta Magna y en
el nuevo Código del Trabajo —tem-poral en varias partes— promulgado en octubre
de 1993, fuera del período en estudio. Pero aún queda mucho por hacer. Es más,
la probable Reforma Estatal a implementarse carecía de componentes
democratizantes.
En dicha reforma debería incluirse inmediatamente a
la Ley marco Nº 200/1970 dado el improbable caso de que las disposicio-nes del
Código del Trabajo, vigentes para el sector privado y los funcionarios de las
empresas estatales y municipales, se extiendan a todos los funcionarios
públicos. En cualquiera de los casos, es necesario un nuevo ordenamiento
jurídico-institucional tanto en las disposiciones globales como en las
constitucionales y las particula-res, como la Ley 200/1970. Las zonas
intermedias, sean lagunas o superposiciones legales, sólo facilitan
arbitrariedades conducentes a la ineficiencia.
Actualmente, tres factores influyen decisivamente
en las relacio-nes de trabajo evitando su modernización, democratización y
eficien-cia, a saber: la mentalidad autoritaria, la crisis económica y la
ca-rencia de instituciones y mecanismos de negociación. La mentalidad
autoritaria pervive y domina la Administración Pública, tanto en los mandos
altos y medios dentro de la organización como, en muchos casos, en los de abajo
hacia el público usuario, con las excepciones que también existen. Este tipo de
mentalidad hace muy difícil el diá-logo, la organización y la negociación de
los sindicatos con los direc-tivos estatales. La negativa a reconocer el hecho
sindical conduce a conflictos innecesarios y a la prolongación innecesaria de
conflictos mientras que es el público usuario quien debe financiar esta intole-
382 .py
rancia. A manera de ejemplo, a fines de noviembre
de 1993, ante una huelga anunciada y publicitada durante semanas, el titular
del Minis-terio de Salud Pública y Bienestar Social señaló, el día de inicio de
la medida de fuerza, que no se había enterado de la misma. La menta-lidad y las
actitudes que ésta conlleva no cambian en el corto plazo. Pero, si nunca se
identifica, reconoce y, sobre todo, inicia su cambio en forma inmediata, jamás
se la alterará.
La crisis económica que se pretende contrarrestar
conduce a he-terodoxas políticas (sociales y económicas) de ajuste. Estas pasan
por la lógica del mercado y la reducción del ámbito de intervención, del
aparato, y del gasto estatal dentro de la racionalidad de la eficiencia. Sin
embargo, como se anotó al inicio, lo perceptible es la reducción del Estado y,
sobre todo, de sus gastos, se trata de mutilarlo para vol-verlo más barato y
llamarlo eficiente. El “achicamiento” significa en-tes a privatizar y gente a
despedir. Lo real pareciera ser, desde 1994, la contracción del salario real de
los funcionarios y el inicio de las privatizaciones, sin tocar a la
Administración Central.
La carencia de instituciones y mecanismos de
negociación, al igual que en el sector privado, impide evitar o acortar
conflictos. Al-gunas ideas con relación a este déficit son: a) el
establecimiento de instituciones encargadas de la representación de la Administración
Pública como de las RRLL en la misma; b) una Oficina de Asuntos Gremiales, una
representación de la Dirección General del Personal Público, y del Ministerio
de Hacienda deben constituirse en el núcleo permanente de dichas tareas; c) al
núcleo permanente debe vincularse la Comisión encargada de Presupuesto del
Parlamento, de manera de hacer fluida la comunicación y la posibilidad de
establecer las alter-nativas de solución; d) resulta imprescindible la
institucionalización de tribunales especiales para dirimir los conflictos entre
la Adminis-tración Pública y los sindicatos; y, finalmente, e) un soporte
técnico resulta imprescindible en todas las instancias.
Las RRLL en la Administración Pública se ubican
dentro de la Reforma del Estado, sin que ésta sea precisamente democrática. El
perfil descuidado antes que ignorado de las políticas públicas es el de
conformar reglas de juego claras y nacionales —valga la redun-dancia— en el
proceso de privatizar y despedir gente. En efecto, las privatizaciones deberían
comprender tanto el análisis caso por caso como la transparencia del proceso,
evitando las corrupciones que se han dado en las experiencias similares vecinas.
Sólo de esta forma el Estado saldrá fortalecido en su legitimidad.
La reducción del aparato estatal debe tener
criterios técnicos y sociales así como debería darse con el Presupuesto
nacional; por ejemplo, no reducir más salud y educación para expandir gastos de
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
seguridad. En este proceso, la justicia en las
indemnizaciones y la ne-gociación y capacitación laboral de los
“sobrevivientes” —y de quienes van a salir— deben estar presentes. El
establecimiento y cumplimien-to de una carrera administrativa incluyendo mejores
salarios cons-tituyen requisitos para una Administración Pública eficaz. Lo que
sí hoy debe evitarse es el despido de la gente más capaz y honrada por el
simple hecho de carecer de padrinos. En este caso, nuevamente perde-ría
legitimidad el Estado y se caería de la sartén al fuego.
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386 .py
Ramón
B. Fogel
movimientos campesinos y transición democrática en
el paraguay*
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo, que forma parte del Programa
sobre Democracias Emergentes encarado por CLACSO, es la continuación y
profundiza-ción del trabajo “Las invasiones de tierras: una respuesta campesina
ante la crisis” (C.P.E.S., 1985).1
En el trabajo en cuestión se presentaban a las
ocupaciones masi-vas de tierras como las formas más importantes que asumieron
las ac-ciones colectivas de las capas campesinas ante la crisis durante 1984.
En estas formulaciones se profundiza el análisis de
aquellas expe-riencias de cara a una eventual transición democrática de la
sociedad paraguaya, y se incorporan las nuevas expresiones que cobran los
mo-vimientos campesinos, fundamentalmente la Asamblea Permanente de Campesinos
sin Tierras (A.P.C.S.T.) y la Coordinación de Mujeres Campesinas (C.M.C.).
* Fogel, Ramón 1986 “Movimientos Campesinos y
Transición Democrática en el Paraguay”, en Revista Paraguaya de
Sociología, Centro Paraguayo de Estudios So-ciológicos, Asunción, Año 23,
N° 67, set-dic, pp. 175-196.
1
Este trabajo a su vez fue encarado en el marco del Programa CLACSO/U.N.U. sobre
“Los movimientos sociales ante la crisis en Sudamérica.
387
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Más específicamente, en el análisis de los casos se
busca respon-der a tres preguntas básicas: en qué medida los movimientos
campe-sinos formulan demandas de cambios a la institucionalidad política
vigente, qué implicancias tuvieron y tienen esas demandas, y cuáles fueron los
factores que impidieron un mayor desarrollo del potencial político de los
movimientos analizados.
Entrando en el campo de la especulación sobre el
futuro, las for-mulaciones presentadas están referidas a las posibilidades de
una transición democrática en el Paraguay y la posible contribución de los
movimientos campesinos a ese eventual proceso.
La interrogación acerca de la contribución posible
de los movi-mientos campesinos a ese eventual proceso de transición
democrá-tica, remite a incertidumbres y dificultades para predecir procesos
políticos, incursionando en el campo del futuro —dominio propio de actores
sociales y políticos—, ajenos al análisis post factum, con reglas
de rigor más precisas.
En esta especulación sobre el futuro se indican
algunos proble-mas que deberían superarse, para que los grupos campesinos
movili-zados se conviertan efectivamente en actores, y se posibilite la
tran-sición democrática; en esas formulaciones se tratan de ordenar los
elementos considerados importantes para la discusión.
La definición de lo conveniente y de lo posible, en
esa suerte de es-trategia para la transición, que subyace a las formulaciones,
comporta inevitablemente posturas normativas, que el autor reconoce. En parte
“lo que debería hacerse” está dado por una visión de la democracia que va más
allá de su versión liberal, concepción ésta ausente de las utopías de algunos
movimientos estudiados.
En la caracterización de las experiencias
analizadas se explotan básicamente crónicas periodísticas publicadas durante
1985, así como entrevistas semiestructuradas a líderes de algunos de los
movimientos considerados, encaradas en el mes de enero de 1986.
En el enfoque utilizado, el contexto
socio-económico y político además de tener incidencia en el surgimiento y en
las formas que toman los movimientos, condicionan en medida importante su
de-sarrollo. Si bien los elementos que operan en estos contextos abren
posibilidades a la acción colectiva, también imponen límites a su desarrollo.
El contexto socio-político de los casos
considerados está marcado por perturbaciones severas del funcionamiento del
Estado, hecho que torna pertinente el énfasis en la discusión de la crisis del
Estado auto-ritario (julio de 1986).
388 .py
Crisis
económica y auto-descomposición del estado autoritario
A la disminución de los precios internacionales,
que tuvo incidencia directa en la economía paraguaya articulada en el modelo
primario exportador, se sumó la caída de la producción en los años 1982 y 1983.
En el caso del algodón el aumento de la producción en 1985 coincidió con la
disminución de su precio.
La política cambiaria que subsidia al sector
público contribuyó al deterioro de las condiciones de intercambio de la
economía cam-pesina, en relación al resto de la economía, ya que el tipo de
cambio aplicado a la exportación de productos agrícolas es muy inferior al tipo
de cambio real. Mientras los precios de los productos agrícolas disminuyeron en
términos reales, la inflación —que actualmente es del orden del 40% anual— se
traslada al costo de los insumos y de los productos alimenticios.2
La incidencia de la inflación en los rubros
alimenticios es ma-yor en las capas campesinas, que impulsadas por políticas
públicas se volcaron a cultivos comerciales a costa de la producción
auto-consumida.3 Estos
grupos más afectados por un proceso de des-composición dependen en mayor medida
de productos alimenti-cios manufacturados.
La caída de la actividad económica tuvo también
incidencia en el empleo y en el ingreso de las capas de pequeños productores
semiasa-lariados. Así, el desempleo llegó a nivel nacional en 1983 y 1984 al 15
y al 12% respectivamente, mientras el jornal agrícola tuvo una caída de 16,7%
en 1984.4
Lo sustantivo de esta crisis económica, con fuerte
incidencia en las capas rurales, no está dada por la caída de los niveles de
actividad económica, sino por la importancia de las políticas económicas, ante
el agotamiento del estilo primario exportador implementado hasta el presente.
Los más afectados por el deterioro del salario
fueron los cultiva-dores asalariados y los minifundistas semiasalariados. La
situación de éstos se vio agravada con el virtual agotamiento de la asignación
de tierras en el marco de la colonización oficial. La falta de respuestas del
Estado a la demanda campesina de tierras tiene marcada incidencia
2 Como caso ilustrativo téngase en cuenta que el
precio real del algodón en 1986 bajó un 9% en relación al año anterior.
Véase El Diario, 13 de marzo de 1986.
3 Véase “Diagnóstico Global Socio-económico
Preliminar para el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social 1985-1989”,
STP. Hoy, 25 de octubre de 1985.
4 Véase Pablo Herken, Paraguay. Indicadores
Económicos Seleccionados. Foro de Economía, CPES, mayo de 1986.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
en la vida campesina teniendo en cuenta que las
modernas empresas agrícolas, favorecidas por las políticas públicas, se basan
en tecnolo-gías intensivas en capital que desplazan fuerza de trabajo.5
La pérdida, por parte del Estado, de la capacidad
de controlar con los mecanismos establecidos las perturbaciones del sistema no
se limita a la economía. También en la esfera política de los problemas
desbordan los canales establecidos para dirimir los conflictos. Se tra-ta de
una crisis orgánica que afecta el mismo sistema de dominación; los mecanismos
habituales de inmovilización y desmovilización ya no resultan eficaces ante la
pérdida del miedo. Los límites que están siendo desbordados son los establecidos
por un Estado autoritario de viejo cuño. La caracterización de este Estado y su
relacionamiento con la sociedad civil resulta necesaria, toda vez que se busque
anali-zar la incidencia de los movimientos campesinos en la modificación de la
institucionalidad política, en el caso paraguayo.
En este sentido debe tenerse presente que en el
Paraguay no se dieron las condiciones históricas de las revoluciones burguesas.
Las instituciones propias de la democracia liberal tuvieron poca vigen-cia en
el Paraguay, y su práctica es aún más limitada actualmente. Tampoco operan los
mecanimsos originados en la sociedad civil, que posibiliten a la diversidad de
intereses organizarse y expresarse, y per-mitan procedimientos de concertación
social.
En buenas cuentas, en el caso paraguayo no se trata
de compa-tibilizar la democracia en la esfera pública, con la democracia en la
sociedad. Las demandas de cambios en el sistema político no podrían orientarse
a la ampliación de la democracia liberal, ya que ni siquiera ésta ha tenido
vigencia.
En este sentido debe tenerse en cuenta que los
mecanismos de la democracia representativa no operan por restringirlas
sustancialmen-te el régimen autoritario vigente. Parte de estas restricciones
están es-tablecidas legalmente: el Parlamento y el Poder Judicial están
subor-dinados al Poder Ejecutivo; el gobierno puede tanto excluir —como lo
hace— a los partidos que cuestionan los aspectos básicos de su dominación,
anulando la función representativa libremente ejercida por los partidos
políticos, como puede limitar, en uso de sus faculta-des, derechos civiles y
políticos.
En este autoritarismo legalizado, que subordina las
metas políti-cas a las necesidades del control estatal de la sociedad civil,
las discu-siones sobre la democracia se agotan en un discurso jurídico.
Ilustran ese comportamiento la exclusión de los partidos del Acuerdo Nacional
del sistema político —como miembros habilitados para participar en
5 Véase “Diagnóstico global socio-económico”, op.
cit.
390 .py
un diálogo nacional— por “carecer de
representatividad legal”.6 En
este tipo de legalidad impuesto por el orden autoritario se estrecha el límite
de la comunidad política, prescribiendo, por no tolerar el disen-so, a los
partidos que pueden ejercer una oposición efectiva.7
En este caso se apela a la propia ley electoral
para limitar la ac-tividad política al escenario estatal, que comprende al
partido de go-bierno y a los “partidos parlamentarios” de oposición. En este
sistema político los partidos de oposición admitidos, que cuentan con la venia
del Estado, tienen participación limitada al tercio de los miembros del
Parlamento.8 Así,
los actores políticos, que no representan a actores sociales autónomamente
constituidos, tienden a ser actores estatales.
En la negación de las instituciones propias de la
democracia libe-ral desde el Estado autoritario no siempre se respeta el marco
legal. Además de la supresión de los partidos “irregulares” no convenientes al
régimen, se persigue a los opositores y se anulan derechos políticos
fun-damentales. De hecho la “democracia sin comunismo”, que en su prédi-ca
ideológica propugna la necesidad de la militarización del Estado y de un Estado
fuerte, busca fundamentar la supresión de todo foco crítico.
En el Paraguay no sólo las instituciones
democráticas más tradi-cionales son débiles o inexistentes, ya que tampoco
tienen significa-ción organizaciones establecidas desde la sociedad civil que
constitu-yan formas descentralizadas de autogestión, que refuercen el aspecto
deliberativo de la democracia y permitan formas de concertación. En una
situación de marcada dependencia del Estado de los distintos sec-tores de la
sociedad civil —caracterizados por su debilidad—, recién en los últimos meses
va emergiendo un segmento de la incipiente bur-guesía industrial, con bases
propias de sustentación. Este sector es el que desde la Unión Industrial del
Paraguay inicia la discusión de políticas públicas alternativas.
Asimismo tienen significación los esfuerzos
desplegados orienta-dos hacia una organización autónoma, en los últimos meses,
por secto-res de trabajadores movilizados en torno al Movimiento Intersindical
de Trabajadores, que cuestiona el sindicalismo patronista y estatizado.9
6 Véase El diario, 6 de febrero de 1986.
Véase igualmente Angel Flisfisch, “El surgimiento de una nueva ideología
democrática en América Latina”, Crítica y Utopía, Nº 9,
1983.
7 Los líderes de estos partidos proscriptos ni
siquiera pueden ser reporteados por radioemisoras. Véase Nuestro Tiempo,
enero de 1986.
8 En relación al autoritarismo legalizado véase
Benjamín Arditi, Formación y Expansión del Estado Nacional
en el Paraguay, 1936-1985, Mimeo, Asunción, 1985.
9 Véase Olga Zarza, El Acceso a la Tierra.
Utopía Democratizante del Movimiento Campesino, Mimeo, 1986.
Véase también Roberto Céspedes, Recesión Económica y Reconstitución del
Actor Sindical, Mimeo, CPES/CLACSO, 1985.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Las primeras expresiones que surgen desde la
sociedad son nece-sariamente débiles y fragmentadas. El Estado ejercita su
control sobre la sociedad civil desarticulando al sistema político. Con una
sociedad política debilitada y subordinada al Estado, los distintos sectores de
la sociedad civil quedan sin medios para canalizar sus demandas, y sin apoyos
para constituirse en actores plenamente constituidos.
En el contexto de instituciones democráticas
débiles o inexis-tentes que venimos caracterizando, las demandas de los grupos
subalternos, que aunque expresadas a través de acciones colectivas aisladas, se
vuelven más frecuentes, no son asumidos por los parti-dos de oposición,
desconectados de sus potenciales bases sociales. De hecho, los golpeados
partidos de oposición quedaron rezagados en el proceso de luchas populares,
intensificadas en los últimos me-ses en la capital, básicamente por movimiento
estudiantiles y de trabajadores.
Una expresión clara del retraso de los partidos en
relación a gru-pos que se movilizan por sus propios cauces es el Clinicazo, que
mo-vilizó a 5.000 manifestantes, que se solidarizaron con las demandas
salariales de los empleados del Hospital de Clínicas. Esta movilización
contrastó marcadamente con la anunciada concentración promovida por los
partidos del Acuerdo Nacional el 14 de mayo último.10
Los partidos políticos —que configuran un espectro
partida-rio sin izquierda y con un centro muy débil— por diversas razones,
incluyendo las ideológicas, no expresan las demandas de los secto-res sociales
subalternos. El partido de gobierno que participa en la administración del
sistema prebendario tiene entre sus funciones precisamente desmovilizar e
inmovilizar a sectores populares. Los débiles partidos parlamentarios de
oposición buscan más bien pre-servar sus prerrogativas institucionales. En
cambio, los partidos ex-traparlamentarios de oposición, proscriptos legalmente,
funcionan más bien en sus cúpulas y no en las bases, y rara vez tienen
presencia en áreas rurales, como para que puedan vincularse a organizaciones y
movimientos. Por otra parte, el Acuerdo Nacional, constituído por los partidos
extraparlamentarios, reproduce los límites estrechos de inclusión del orden
autoritario. En efecto, las exclusiones de facto del Acuerdo Nacional afectan a
buena parte de organizaciones de grupos subalternos.
En el sistema de la acción social colectiva, en la
sociedad para-guaya actual, marcada por la desarticulación entre los intereses
eco-nómicos de los grupos movilizados, la forma política de defenderlos
10 Véase Alcibiades González Del Valle,
“Clinicazo”, en Nuestro Tiempo, Nº 9, mayo de 1986.
392 .py
—ligada a los canales que deberían expresar
aquellas demandas—, y las representaciones ideológicas,11 ¿cómo podrían los sectores sub-alternos de la
sociedad civil participar en la definición de políticas públicas, intervenir en
la formación del poder estatal, o ejercer con-trol sobre él?
El régimen autoritario caracterizado
precedentemente tiene larga data, aunque algunos de sus aspectos estén en
proceso de transforma-ción. Lo nuevo del régimen está dado por la pérdida de la
capacidad de controlar los problemas que afectan a la esfera política, por los
mecanismos usuales.
Los problemas que desbordan los límites
establecidos de conten-ción —algunos de los cuales se originan en la propia
crisis de la econo-mía— comprenden la represión a manifestaciones populares
articula-das desde el aparato del Estado a cargo de grupos civiles, el
creciente aislamiento diplomático y la agudización de problemas internos del
partido de gobierno.
Esta crisis partidaria parecía que derivaría en un
cisma irrever-sible entre la corriente de “militantes” y la de
“tradicionalistas”; sin embargo si bien ésta última buscada ganar espacio para
el pos-stro-nismo con mayor participación de civiles, ambos grupos coinciden en
lo fundamental; el marcado conservadurismo y la adhesión al or-den autoritario.12
El problema más bien se plantea entre las
corrientes menciona-das, por una parte, y otro grupo también conservador pero
con fuerte apoyo externo —“los treinta y cuatro”—, que buscan ocupar
posicio-nes en el partido, y por otra la corriente de los “éticos”, que sí es
por-tadora de un proyecto político alternativo.
La lógica de transformación de la institucionalidad
política plan-teada desde esta corriente del propio partido de gobierno ha sido
ex-presada, en los últimos meses, por sus principales ideólogos. En este
sentido resultan ilustrativas algunas proposiciones presentadas por el diputado
Seifart en Loma Grande:
…tremendas son las rémoras que superar, los errores
que suprimir y las desviaciones que corregir, para ser capaces de erigir el
futuro de la nación sobre las realizaciones positivas del presente, en base a
un modelo político genuinamente democrático, en que nuestro proyecto partidario
siga constituyendo una legítima y justa alternativa de poder para el pueblo
paraguayo.
11
Alain Touraine, “Las pautas de la acción colectiva”, en Revista
Paraguaya de Sociología, Nº 60, 1984.
12
Véase Luis Galeano, “Estado y alternativa democrática en el Paraguay”, 1986.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
La orientación democratizante de este sector del
partido de gobierno resulta más de la confrontación directa con las corrientes
autoritarias que de la elaboración de su proyecto político. De todos modos sus
portavoces han señalado reiteradas veces que la democratización del partido es
condición para la democratización del país.
Los términos de la democratización planteada están
aún por ser definidos, dado el carácter emergente de esta corriente, la de los
éti-cos. Mientras tanto debe tenerse presente que este grupo, aún siendo el más
abierto, está estrechamente ligado al pensamiento tradicional del partido de
gobierno, que no es ajeno a una visión mesiánica, en la cual la misión
redentora corresponde al partido colorado, fuera del cual no existe nada
rescatable.
Por otra parte la corriente que venimos
caracterizando no ha ex-plicitado sus propuestas referidas a las relaciones
socioeconómicas, y a las formas de encarar las crisis económicas. Esto se
proyectó ne-cesariamente en la ambigüedad de su propuesta de democratización.
La referida fragmentación del partido de gobierno
está refle-jando el deterioro político que tiene un alcance más inclusivo, ya
que afecta a otros elementos básicos del Estado autoritario. Estas
perturbaciones se originan en la cada vez más previsible desapa-rición del
centro del sistema, pero sobre todo en la propia crisis económica, que en esa
medida podría ser portadora de gérmenes de democracia.13 No se trata de una relación de una sola
dirección, que mecánicamente va de la esfera económica a la política. El mismo
sistema político, a su vez, se ve bloqueado para discutir y encarar la crisis
económica.
En relación a la proximidad de la sucesión
presidencial, debe te-nerse en cuenta que la misma es considerada, por algunos
sectores po-líticos, como momento oportuno para discutir no sólo el retorno a
la “civilidad” sino todo el cambio del régimen. En este momento crítico,
necesariamente deben redefinirse las reglas del juego para el ejercicio del
poder, desde el Estado.
Si bien la crisis económica provoca movilizaciones
de sectores subalternos, que reaccionan y demandan cambios en el sistema
po-lítico, en el contexto histórico paraguayo —dada la debilidad de es-tos
sectores— el efecto político más significativo de los problemas económicos, a
corto plazo, es el referido a los conflictos internos al régimen. En este
sentido debe tenerse en cuenta que de cara a las posibilidades de una
transición democrática en el Paraguay, la actual autodescomposición del Estado
puede compensar la debilidad de las luchas populares.
13
Véase Olga Zarza, op. cit.
394 .py
Paradójicamente el sistema prebendario, y la
distribución de pri-vilegios económicos, que fortaleció al Estado y fue útil
como medio de desmovilización e inmovilización de diversos sectores de la
sociedad civil, se convierte en momentos de crisis en factor que debilita al
ré-gimen. Los privilegios económicos que el Estado otorga comprenden subsidios
cambiarios, permisividad hacia el contrabando, provisión de contratos —como
demandante de bienes y de servicios— y pro-visión de empleos. La disminución
creciente de estas prebendas re-presenta actualmente el mecanismo de
autodestrucción del régimen autoritario.
En efecto, el carácter prebendario del régimen
comporta la distri-bución de recursos manejados por el Estado, en provecho,
básicamen-te, de los socios del pacto de dominación.14
Son estos recursos que alimentan el sistema
prebendario los que se reducen sustancialmente con la crisis, generando
tensiones y con-flictos entre los grupos que ejercen directamente el poder, y
debili-tando la lealtad de sectores que proveen las bases de sustentación al
régimen. En la ponderación de este proceso de autodestrucción debe tenerse en
cuenta que, en su funcionamiento, el sistema prebenda-rio ha generado lazos
estrechos entre agentes que ocupan posicio-nes en el gobierno, Fuerzas Armadas,
partido de gobierno, y grupos económicos ligados al capital
comercial-financiero, agroindustrial e industrial. Al reducirse los recursos
disponibles sólo se atiende a las demandas de los socios mayores,15 estrechándose progresivamente los círculos de
poder.
A los conflictos internos señalados se suma la
disminución de la capacidad del Estado como empleador, con la concomitante
privatiza-ción de las capas medias urbanas, y debilitamiento en una de las
bases de sustentación.
Cualquiera sea el desenlace de la crisis política
que estamos ca-racterizando, la misma torna pertinente la pregunta acerca del
tipo de Estado que resultará, y sobre las posibilidades de una transición
democrática, sabiendo que en el caso paraguayo no se trata de un retorno a la
democracia como se planteara en otros países de la re-gión, sino simplemente
del fin de una larga tradición de regímenes autoritarios.
Más específicamente resulta pertinente explorar la
incidencia de los movimientos campesinos en la referida transformación del
Estado
14 En mucho menor medida las prebendas llegan hasta
niveles intermedios del partido de gobierno.
15 Véase Luis A. Galeano, Estado y
alternativas democráticas en Paraguay, Mimeo, 1986.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
autoritario. Una de las salidas posibles a la
situación consistiría en el persistente debilitamiento del orden autoritario,
que puede o no conducir a su reemplazo a través de una transición democrática.
La primera alternativa puede darse por la acción conjunta o alternativa de una
retirada por autodescomposición acelerada de los actores del orden autoritario
y/o del hostigamiento de actores democráticos que impugnen el régimen y
viabilicen la transición democrática.
En un avance en la discusión interesa ver, por una
parte, en qué medida las capas campesinas en su resistencia a la crisis, a
través de formas de acción colectiva, impugnaron el régimen autoritario y
plantearon cambios referidos al sistema político, y por otra las impli-cancias
de aquellas demandas.
Las
formas de resistencia campesina ante la crisis y demandas de cambioS en el
sistema político
Entre los grupos subalternos fueron los campesinos
los que prota-gonizaron las acciones colectivas más importantes, en respuesta a
la crisis, si consideramos el período 1984-1986.
Esas respuestas se corresponden, por una parte, con
el hecho que el grueso del peso de la crisis se haya transferido a las capas
campe-sinas, y por otra con la importancia de la producción campesina en la
sociedad paraguaya. Ya mencionamos los efectos principales de la retracción de
la economía en las capas de pequeños productores agrí-colas. Los problemas
señalados se vieron agravados, según se señaló, por el hecho de no responder el
Estado a la demanda campesina de tierras, para no afectar los intereses de los
socios mayores del pacto de dominación.
En 1984 las capas campesinas respondieron a la
crisis con inva-siones de tierras, que se caracterizaron por la violencia
implicada, su carácter masivo y su intensidad. En pocos meses se registraron 18
ocupaciones en las que se movilizaron 5.271 familias.16
Si bien en un trabajo anterior ya fueron
caracterizados estos movimientos,17 es importante recordar que los grupos
movilizados provenían fundamentalmente de las capas de minifundistas
semia-salariados, y cultivadores ya desarraigados, que representan más del 40
por ciento de las unidades económicas agropecuarias. Estos en su mayoría eran
exobreros del emprendimiento hidroeléctrico Itaipú y obras conexas, que se
movilizaron, en tanto cultivadores, aprove-
16 Ramón Fogel, Las invasiones de tierra: una
respuesta campesina a la crisis, CPES/ CLACSO, 1985.
17 Ramón Fogel, Las invasiones de tierra: una
respuesta campesina a la crisis, CPES/ CLACSO, 1985.
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chando fracciones libres de tierra apta en la
región de la represa, y facilidades organizativas derivadas de la concentración
física de las poblaciones obreras de Itaipú.
Las invasiones de tierras libres y la resistencia a
intentos de des-alojo constituyen la prolongación de viejas luchas campesinas,
de gru-pos que en forma organizada reivindicaban la propiedad parcelaria. En
las expresiones últimas de estas luchas se define como antagonista a los
agentes de la dominación extranjera, que monopolizan las tie-rras, y se
incorpora lo nacional, también en la definición de la identi-dad de los
movilizados (nosotros los paraguayos sin tierra…).
La dispersión constituye uno de los rasgos de la
acción colectiva de los grupos de ocupantes. En efecto, sólo en los
departamentos de Alto Paraná y Canindeyú, los movilizados se fragmentan en 21
grupos aislados entre sí, que ocuparon otras tantas fracciones de tierra.18
De la fragmentación señalada, sin embargo, no se
puede inferir que estos movimientos están marcados por prácticas meramente
de-fensivas y de resistencia ante la crisis, distanciados de la lógica de
transformación del sistema de dominación.19 En todo caso el compor-tamiento de los grupos
movilizados es ambiguo. Estos no sólo repre-sentan la distribución de la tierra
como resultado de las relaciones so-ciales —y no de fuerzas metasociales— sino
que con las ocupaciones, los cultivadores que invadieron fracciones libres, al
debilitar el lati-fundio y reivindicar la propiedad parcelaria, modifican
efectivamente las relaciones sociales ligadas a la tierra.
En la medida indicada precedentemente, los grupos
campesinos movilizados no sólo hacen parte de una categoría social al compartir
una posición en la estructura social, ya que se convierten en actores sociales
al reconocer que son comunes los intereses que derivan de aquella posición, y
se envuelven en la lucha en prosecución organiza-da de aquél interés. No
constituyen, sin embargo, actores plenamente constituidos, en tanto al tener un
interés de tipo económico corpora-tivo, limitado, no son portadores de un
proyecto de un nuevo orden social que incluya los intereses de otras clases y
grupos.
Movimientos limitados a grupos locales que sólo
buscan acceder a una parcela de tierra no pueden constituirse en actores
históricos, con capacidad de plantear propuestas que comporten una acción
transformadora de la sociedad a nivel global. Los movilizados tampo-co definen
su identidad como clase, sino como paraguayos pobres sin
18 Ídem.
19 La distinción entre estos tipos de movimientos
sociales es presentada por Fernando Calderón y Mario Dos Santos en Movimientos
Sociales y Gestación de Cultura Política, Mimeo (CLACSO, 1985).
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
acceso a la tierra pero necesitados de ella, así
como definen al antago-nista como latifundistas ligados a la dominación
extranjera.
En la medida que las demandas de los grupos
movilizados se li-mitan al acceso a la tierra, los mismos no plantean
explícitamente cambios a la institucionalidad política. El tipo de acción
colectiva que desarrollan las capas campesinas movilizadas, sin embargo, tienen
implicancias para el sistema político, en cuanto expresan el tipo de democracia
definida por las mismas bases. Estas ideas implícitas so-bre la democracia
pueden constituir parte de los significantes conver-gentes que permitan superar
la atomización de los movimientos.
En cuanto al tipo de prácticas democráticas que se
desarrollan durante las movilizaciones, debe tenerse en cuenta que una vez que
los ocupantes resistan los intentos de desalojo, apoyados por intensos procesos
de comunicación interna, la comisión vecinal para gestionar la legalización de
la ocupación articula la organización de los movili-zados; esa organización
local autónoma, de partidos y de confesiones religiosas, es la que provee las
oportunidades de autogobierno.
Desde los primeros momentos de la ocupación se
constituyen for-mas de autogestión y se valoriza la dimensión deliberativa de
la de-mocracia. Los movilizados participan efectivamente en las decisiones que
les afectan, y logran que se profundice la política de asignación de tierras;
al apropiarse de tierras libres, según ya se señaló, modifican sus condiciones
de existencia, y al cuestionar la actual distribución de tierras impugnan un
orden social que posterga sus intereses. En estos casos la participación —y en
esa medida las prácticas democráticas— va asociada a la defensa del interés
material de ciudadanos concretos, con carencias específicas.
En estos casos los mismos movilizados, a través de
Comisiones Vecinales, ejercieron su representación directamente, al gestionar
la legalización de la ocupación; implícitamente rechazaron la mediación de
“mandantes surgidos de elecciones libres”, tal como está estableci-do en el
sistema político.
Si bien durante 1985 disminuyó la cantidad de
ocupaciones y la cantidad de campesinos involucrados, las mismas continuaron.
Fue-ron publicitados los casos de Santiní, Santa Juana, Jhovy20 y km. 41, Colonia Yguazú.21
La resistencia a intentos de desalojo fue otra de
las formas de ac-ción colectiva campesina durante 1985. Un caso notable de
reacción
20 Los ocupantes de esta fracción, en el Distrito
Raúl Arsenio Oviedo, fueron desalojados.
21 Los ocupantes de esta fracción —de JICA, más de
100 familias— fueron parcialmente desalojados, parte de los ocupantes fueron
reasentados.
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campesina es el que se dió en Yatayty. En esa
localidad, el 3 de mayo, ante el inminente cercamiento del Campo Comunal, se
movilizaron unos 1.000 campesinos, quienes improvisaron un campamento en el
lugar, impidiendo el cercamiento.
Según el acta judicial labrada en esa ocasión, los
movilizados “se apostaron frente (al grupo que realizaba el cercamiento,
acompañado por funcionarios judiciales), diciéndoles que de ese lugar no
pasaban y allí iban a acamparse por el tiempo necesario, y seguían gritando
contra las autoridades”.22
Las nuevas formas de expresión de las demandas
campesinas es-tuvieron dadas por las acciones desarrolladas por la Asamblea
Perma-nente de Campesinos sin Tierras, APCST, y la Coordinación de Muje-res
Campesinas, CMC, una organización conexa. Muy recientemente se ha constituido
la CONAPA, como organización nacional.
Las movilizaciones campesinas de Alfonso Loma y San
José, si bien respondieron a consignas partidarias, mostraron, además de la
pérdida del miedo, el potencial político de las capas campesinas, que
recuperaron un espacio público para sus demandas políticas.
En el primer enfrentamiento con fuerzas policiales,
a unos 90 km. de la capital, aproximadamente 600 manifestantes del partido
“extra parlamentario” Liberal Radical Auténtico, en una acción de
desobe-diencia civil, ante lo que consideraban una arbitraria prohibición,
rompieron el cerco policial que buscaba impedir el acto público.23
La prohibición de la segunda manifestación
programada, para ser realizada en San José, no impidió la movilización de 800
adheren-tes, que improvisaron el acto en otra localidad,24 buscando intensificar las luchas por la
democracia.
La Asamblea Permanente de Campesinos sin Tierras se
constitu-yó en agosto de 1984, a raíz del intento frustrado de ocupación de la
fracción Ysoy.25
Desde su constitución, los delegados de bases
locales o compa-ñías, de la organización, se reúnen periódicamente
—inicialmente cada fin de semana— para apoyar a la Comisión Vecinal que
articula-ra la frustrada ocupación de Ysoy, y estudiar las formas de apoyar a
otros núcleos campesinos con problemas de falta de tierra.
La Asamblea se apoya en tres principios
constitucionales: el Ar-tículo 128 que consagra a la reforma agraria, el
Artículo 76, que ga-
22 Véase Hoy, 5 y 6 de mayo de 1985.
23 Véase Hoy, 17 de marzo de 1986.
24 Véase Hoy, 14 de abril de 1986.
25 Véase Olga Zarza, Cronología Campesina: Los
Conflictos en Torno a la Tierra en 1985-1986, Mimeo, 1986.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
rantiza a todos los habitantes los derechos de
hacer peticiones a las autoridades, de asociarse con fines lícitos y de
reunirse pacíficamente, y el Artículo 83, que establece que toda familia tiene
derecho a un ho-gar asentado en tierra propia.26
Este movimiento se diferencia de la movilización de
los ocupan-tes en tanto éstos, organizados para la invasión de fracciones
específi-cas, se limitan a la prosecución de la propiedad parcelaria. En
efecto, las demandas de los campesinos nucleados en la Asamblea compren-den
acceso a la tierra, cese de persecución a los campesinos y el reco-nocimiento
del derecho de organización, reforma agraria efectiva.27 Al formular estas demandas las capas
campesinas movilizadas en torno a la Asamblea aparecen como portadoras de un
proyecto alternativo de orden social, orientadas a la transformación de la
sociedad, y en esa medida constituyen un actor social. De esta visión más
amplia no se deriva, sin embargo, que este movimiento se oriente a una lógica
transformadora, en mayor medida que los movimientos de ocupantes, que de ese
modo se definirían a partir de una lógica de mera oposición y resistencia al
sistema de dominación, ya que estos efectivamente lo-graron la apropiación de
tierras, aunque, según vimos, con un alcance fragmentado y limitado a la
propiedad parcelaria. En todo caso, y a corto plazo, mientras los ocupantes
modificaron la institucionalidad política, en tanto participaron efectivamente
en la política de asigna-ción de tierras, los adherentes a la Asamblea ganaron
un espacio para “denunciar” a ese sistema político.
La visión de un orden agrario alternativo es
enfatizado por los adherentes y líderes de la Asamblea. En ese sentido demandan
una reforma agraria, que vaya más allá de la mera asignación de parcelas. El
alcance de esta meta del movimiento es expresado por uno de los líderes del
movimiento:
La reforma agraria no significa para nosotros
solamente la entrega de tierras. Sostenemos que deben darnos la tierra por un
plazo, construir-se caminos, escuelas y otros elementos necesarios. Por otra
parte, para trabajar nosotros tenemos que tener créditos, entrega de semillas,
fer-tilizantes. Así decimos nosotros que se llama la Reforma Agraria.
Nosotros no vemos que exista en ninguna parte una
colonia de cam-pesinos paraguayos organizada en esta forma. Sólo las hay de
gringos que tienen cooperativas, silos, venden sus productos en conjunto y no-
26 En la primera concentración se hizo igualmente
mención al Artículo 12, que establece que el territorio nacional “no podrá ser
jamás cedido, transferido, arrendado, ni en forma alguna enajenado ni aún
temporalmente a ninguna potencia extranjera…”.
27
Véase Última Hora, 15 y 20 de julio de 1985.
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sotros no podemos porque no estamos organizados, no
hay quien se ponga del lado de los campesinos paraguayos. Eso es lo que más nos
extraña y lo que más nos da fuerzas para ir juntándonos y llegar a tener una
Colonia Modelo de paraguayos en nuestro suelo. Ese también es nuestro objetivo
como asambleístas.28
Los líderes de la Asamblea enfatizan el respeto a
las leyes establecidas y la autonomía del movimiento respecto a partidos
políticos, iglesias y otras organizaciones externas. El carácter autónomo de la
organiza-ción es remarcado por los líderes del movimiento. Uno de ellos,
refle-jando esa orientación, señaló en una entrevista periodística:
Tenemos que aclarar que nuestra organización es
totalmente indepen-diente. No tenemos vinculación con ningún partido político,
aunque entre nosotros hay colorados, liberales y febreristas, etc. No
depende-mos de ninguna institución religiosa, aunque entre nosotros hay
ca-tólicos, protestantes, seguidores de sectas. Los Paí de Caaguazú nos ayudan
mucho y nos prestan su local, pero todas nuestras gestiones las hacemos
libremente.29
La capacidad de convocatoria del movimiento se
manifestó en la primera concentración, que reunió en Caaguazú el 14 de julio a
aproximadamente 5.000 campesinos.30 La historia social paraguaya registra pocas
manifestaciones públicas de este tipo. Tanto por las demandas planteadas como
por su forma de movilización, la Asam-blea constituye un punto saliente en el
proceso de las luchas cam-pesinas, y mantiene continuidad con experiencias
truncadas diez años atrás.
La orientación del movimiento, que va más allá del
plano eco-nómico-corporativo, se manifiesta nuevamente en una reunión de unos
500 adherentes, realizada también en Caaguazú en junio últi-mo. En esa ocasión
el movimiento se solidarizó con los trabajadores del Hospital de Clínicas y
denunciaron preparativos para la forma-ción de grupos civiles paramilitares
para reprimir movilizaciones populares.31
En cuanto a la composición social del movimiento,
entre los ad-herentes predominan los minifundistas semiasalariados,
provenientes de la misma región de Caaguazú, marcada por los minifundios pulve-
28 Entrevista a Valentín Bogado, Última Hora,
20 de julio de 1985.
29 Véase entrevista a presidente de Comisión Vecinal
de Ysoy y uno de los coordinadores de la APCDST, Última Hora, 15 de
julio de 1985.
30 Véase Hoy, 15 de julio de 1985.
31 Véase Hoy, 12 de mayo de 1986.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
rizados por la presión demográfica, y por la
modernización agrícola, impulsada básicamente por uno de los proyectos de
Desarrollo Rural Integrado (PA 509).32
Parte importante de las colonias de la región
fueron creadas dos décadas atrás, a partir de la ocupación violenta de
fracciones recla-madas por particulares, de allí que los movilizados
actualmente en torno a la Asamblea tengan intacta la memoria de las luchas,
prota-gonizadas a principios de los años sesenta para ganar las tierras hoy
pulverizadas por fraccionamientos sucesivos.
Al cabo de dos décadas los lotes de 10 hectáreas se
han fracciona-do hasta 10 veces ante la división de las familias de los
primeros ocu-pantes. Estos minifundistas sin tierra, y sin posibilidades de
incorpo-rarse a mercados de trabajo rurales o urbanos, se sienten plenamente
identificados con sus pares, que reclaman acceso a la tierra y derecho a
organizarse.
De la visión más totalizante del movimiento, en
cuanto a sus me-tas, que van más allá de particularismos locales y de aspectos
econó-mico-corporativos, resultan necesariamente demandas de transforma-ción al
sistema político. Algunas de estas demandas están implícitas y otras son
planteadas explícitamente.
Las mismas manifestaciones masivas, en las que
estas capas de minifundistas semi-asalariados expresan directamente sus
demandas, reflejan por una parte una conciencia política, aunque fuera
incipien-te, y por otra, impugna el sistema establecido de representación de
intereses a través de los partidos. De hecho la Asamblea busca una
representación directa de los intereses de sus adherentes. En todo este
movimiento busca generar un espacio de representación en el cual los partidos
no ejerzan el monopolio.
Aun cuando las modalidades de participación al
interior del mo-vimiento no están claramente definidas, algunos líderes se
inclinan por un modelo que enfatiza la participación de las bases, a nivel de
pequeñas localidades. Dicho en términos del presidente de la Comi-sión Vecinal
de Ysoy:
Los dirigentes somos los coordinadores nombrados
por nuestras co-munidades, que integramos una mesa coordinadora nacional. Pero
tampoco nosotros somos los que dirigimos, sólo ejecutamos las deci-siones que
se toman en cada comunidad. Llevamos y traemos las in-quietudes. Este es un
movimiento que nace directamente de las bases, desde abajo […] la mesa
coordinadora […] sostiene que los campesi-
32
Véase Última Hora, 15 de julio de 1985 y Hoy, 15 y 16
de julio de 1985, y 18 de noviembre de 1985.
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nos
somos capaces de dirigir nuestras propias organizaciones, desde nuestra visión
como campesinos.33
“Todos dirigimos todo” es una expresión frecuente,
que refleja una tendencia que limita el sistema interno de representación, en
este mo-delo de democracia directa que se busca. En esa representación
direc-ta, en la visión de los adherentes a la Asamblea, los campesinos deben
acceder directamente a la prensa, tanto oral como escrita, tal como lo han
expresado en los hechos.
Uno de los aspectos del sistema político claramente
impugnado por el movimiento es el referido a los partidos. La Asamblea, más que
proclamar su autonomía de los partidos, se muestra sumamente críti-ca en
relación a éstos.
En la visión de los adherentes de la Asamblea, los
partidos de clientela, separados de la vida cotidiana de los campesinos, no
pueden representar la diversidad de intereses. Esta orientación predominante
está bien expresada por uno de los líderes del movimiento:
Hasta ahora nunca ha llegado una persona de los
partidos políticos a decirnos “vengo a ayudarles”. Sólo promesas hemos estado
escu-chando en mucho tiempo. Por eso los campesinos, que somos un poco como la
caracha del caballo, que se juntan para rascarse entre sí, nos juntamos y
hablamos de nuestros problemas y decimos que vamos a juntarnos a luchar por
nuestros propios derechos y valores, como campesinos, en forma independiente…
(en la asamblea) a nadie se le rechaza por su color político o por su fe religiosa.
Ya hemos entendido que son otros los que quieren dividirnos y que nuestros
intereses como campesinos están por encima de todas esas rencillas.34
La tensión organizaciones/movimientos
campesinos-partidos políti-cos, que es expresada por líderes y adherentes de la
Asamblea,35 parte
del reconocimiento de las capas campesinas movilizadas del fracaso histórico de
los partidos políticos tradicionales, a los que se recha-za. Los movimientos
impugnan la representatividad de los partidos. En la percepción de las capas
campesinas movilizadas los partidos se prestaron, en alguna medida, al orden
autoritario y no asumieron sus demandas.
Las demandas de transformación en la
institucionalidad po-lítica vigente se orientan así a nuevas formas de
representación,
33 Véase Última Hora, 20 de julio de 1985.
34 Ibíd.
35 En este sentido debe tenerse en cuenta que la
impugnación al sistema de partidos se observa igualmente en otras
organizaciones campesinas.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
en una democracia más directa y eventualmente a una
nueva es-tructura de partidos, ya que se impugna todo el sistema actual de
partidos, y algunos grupos movilizados piensan en la constitución de un partido
campesino.
Otro hecho saliente durante 1985 es el constituido
por la presen-cia de la mujer en las luchas campesinas. La Coordinación de
Mujeres Campesinas (CMC), que nuclea a 48 comunidades de Caaguazú, Guai-rá y
Alto Paraná, se constituye en 1985 buscando organizar a todas las mujeres
campesinas del país.
Cuatro meses luego de la masiva concentración de
los adheren-tes de la Asamblea de Campesinos sin Tierras, las esposas, madres y
hermanas de éstos se movilizan en la primera gran concentración de mujeres
conocida en el país, para apoyar las demandas planteadas por la Asamblea, y
denunciar la sobreexplotación y discriminación de que son objeto, en tanto
mujeres.36
En esa movilización las adherentes de la
Coordinación de Mu-jeres Campesinas señalaron que se manifestaban públicamente
“en favor de nuestros compañeros y nuestros familiares. Exigimos que se cumpla
la Constitución y las leyes, que nos den tierra y libertad de organizarnos, y
que se dejen de perseguirnos”.
Una de las 31 representantes de otras tantas
coordinaciones de base, enfatizó la necesidad de organizaciones campesinas para
la ob-tención de tierras, ya que los campesinos necesitan de tierra para
edu-car y alimentar a sus hijos.37
En un documento dado a conocer en la reunión se
denuncia la persecución de que son objeto los miembros de la Asamblea
Perma-nente de Campesinos sin Tierra, por parte de “algunos miembros de la
seccional colorada de Caaguazú, otros de la subseccionales y reparti-ciones
policiales, así como algunos sacerdotes y el mismo Obispo”.38
En la concentración de casi un millar de mujeres,
realizada en Caaguazú el 17 de noviembre de 1985, se fundamentaba la demanda de
tierra ligando al ámbito de la producción el de la reproducción,39 y se plantean reivindicaciones que no surgen
de las contradicciones de clase. A las demandas campesinas se sumaban otras que
se particula-rizan a partir del sexo, tal como lo explicita la Coordinadora
General de la organización:
36 Véase Hoy, 18, 19 y 23 de noviembre de
1985.
37 Véase Hoy, 18 y 19 de noviembre de
1985.
38 Véase Hoy, 19 de noviembre de 1985.
39 Véase Olga Zarza, El Acceso a la tierra…, op.
cit.
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El machismo existe, indudablemente, pero nosotras
nos hemos dis-puesto a luchar contra todo tipo de marginación. Y es verdad que
a nosotros se nos adjudican tareas específicas “de mujeres”, como criar a los
hijos, cocinar, lavar la ropa… sin embargo, hemos analizado la situación y
vemos que la mujer, como es un sector activo y numeroso, tiene una gran
importancia en todos los planos del quehacer nacional, sólo falta que se le dé
su lugar, que se reconozca su acción.40
Las demandas de cambios del sistema político
planteadas por la Coor-dinación de Mujeres Campesinas comprenden las expresadas
por la Asamblea de Campesinos sin Tierras, más algunas referidas a la
repro-ducción y otras que parten de la problemática específica de la mujer.
Una de las demandas al orden autoritario es el
respeto al derecho de organización y al derecho de petición. En la
manifestación pública referida, las mujeres campesinas presentaron denuncias de
hostiga-mientos y maltratos a miembros de la Asamblea en 21 localidades.41 Asimismo enfatizan el hecho que la
organización femenina es “total-mente independiente de todo tipo de tutelaje
político, eclesial y del gobierno” y que sólo responde a “los intereses del
sector campesino”.42
La denuncia de la doble opresión de la mujer
campesina —la re-lativa a su posición en la estructura social en el campo, y la
originada en el sexo— comporta, en la visión de las adherentes del movimiento,
la necesidad de organizaciones femeninas autónomas para canalizar las demandas
propias.43
Otro reclamo específico de las mujeres campesinas
es el referido al derecho a participar en la defensa de sus intereses en el
plano del consumo (alimentación, salud, educación).44
La constitución de la CONAPA es demasiado reciente
para eva-luar su trayectoria. Mientras tanto debe anotarse que nuclea a
capítu-los regionales, que en algunos casos comportan esfuerzos de las capas
campesinas por reconstituir sus organizaciones.
Recapitulando puede puntualizarse que la crisis de
un sistema económico que descansa en la agroexportación afectó, por lo menos en
su primera fase, fundamentalmente a las capas campesinas. Esta crisis precipitó
la emergencia de movimientos campesinos que crea-ron espacios para resistir al
empeoramiento de las condiciones de vida, y demandaron cambios en el sistema
político.
40 Véase Última Hora, 23 de noviembre de
1985.
41 Véase Hoy, 19 de noviembre de 1985.
42 Véase Última Hora, 18 de noviembre de
1985.
43 Véase Olga Zarza, El Acceso a la tierra…, op.
cit.
44 Véase Última Hora, 23 de noviembre de
1985.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Los grupos campesinos movilizados no sólo se
expresaron en for-ma pública —en una sociedad civil inmovilizada por décadas—
sino además demandaron modificaciones en el sistema de representación de los
partidos; éstos, respondiendo a una lógica interna de tipo cen-sitaria, en la
concepción de los adherentes de los movimientos, no deben ocupar todo el
espacio de la representación de intereses de los diversos grupos de la sociedad
civil.
En algunos casos se llega a plantear la necesidad
de construir un espacio político nacional distinto al configurado
exclusivamente por el sistema actual de partidos.
Entre las denuncias planteadas se señalan a
instancias externas que niegan la autonomía a las organizaciones campesinas y
pretenden ejercer la tutela de los mismos, impidiendo que se constituyan como
actores. Ese genuino deseo de autonomía se expresó incluso frente a sectores de
la Iglesia.
A pesar de sus insuficiencias los grupos campesinos
movilizados ganan más espacio público que los componentes de la sociedad
políti-ca. Los mismos recuperan instancias de participación y decisión, y en
esa medida —al construir la democracia en plazas rurales y localida-des en la
esfera de lo cotidiano— dan nueva significación a la política.
Sin embargo, si bien los movimientos campesinos
considerados ganaron espacios democráticos y fueron en alguna medida portadores
de una nueva institucionalidad política, los mismos no desarrollaron su
potencial político en el escenario nacional. Diversos son los facto-res que
limitaron el alcance de los movimientos estudiados, según se puntualizará en
las formulaciones siguientes.
Algunos
factores de descomposición de los movimientos campesinos
Las demandas de cambios en el sistema político
tuvieron hasta el momento poca incidencia en términos de avances en un proceso
de-mocratizador. Una pauta reiterada ha consistido en el paso de una
movilización intensa, en ciertos momentos críticos, a otra atomiza-ción, con
retorno a posturas individualistas que parece corresponder a tiempos normales.45
Un caso extremo de movilización exitosa rápidamente
autodes-movilizada es la protagonizada por los campesinos de Yatayty que se
opusieron al alambramiento del Campo Comunal. En esta reacción colectiva, una
vez logrado el reconocimiento de los derechos de los campesinos sobre el Campo
Comunal, el Cura Párroco anunció una
45 Sobre esta pauta véase Luis Galeano, Ensayos
sobre cultura campesina, CPES, Asunción, 1984.
406 .py
manifestación para agradecer “a Dios y al
Presidente Stroessner por su sensibilidad hacia el pueblo campesino”.46
Algunos factores que condicionan negativamente el
desarrollo de la acción colectiva de los grupos campesinos pueden evidenciarse
exa-minando las movilizaciones consideradas en este trabajo.
En el caso de las invasiones de tierras, el sentido
de compromiso con el movimiento y la intensidad de la movilización permanecen
sólo durante la primera fase de la ocupación.
Se trata de acciones colectivas, aisladas entre sí,
con una estruc-tura organizativa que pertenece sólo durante el tiempo
indispensable para resistir el desalojo. Posteriormente, ya desde las gestiones
para legalizar la ocupación se inicia la atomización, reforzada frecuente-mente
por una suerte de cooptación que se concreta al integrarse los ocupantes a
clientelas locales, para facilitar las gestiones de legaliza-ción de la
ocupación.
Un caso ilustrativo de las tendencias
contradictorias hacia la movilización-desmovilización es el de la ocupación
conocida como “Malvinas”, la tierra peleada. En este caso contribuyeron además
de la cooptación, la diferenciación interna impulsada por la venta de de-rechos
de ocupación, y problemas de organización y participación de los ocupantes.
En efecto, esta fracción de 12.000 ha. invadida en
mayo de 1983, contaba meses después con 600 ocupantes. Al momento de
constituir-se la comisión vecinal, participaban en las discusiones y decisiones
relativas al asentamiento los 300 jefes de familias que en ese momento ocupaban
la fracción. Entonces “Malvinas” constituía una forma ca-tegórica de
impugnación del sistema de dominación y representaba un espacio ganado en las
luchas campesinas por la tierra, que podría permitir la maduración de la
conciencia social de los movilizados, y al pasaje a la prosecución organizada
de otros objetivos, que pudieran ir más allá del plano económico-corporativo.
El potencial señalado no se actualiza, y más bien
se inicia el pro-ceso de descomposición del movimiento. La inserción en
clientelas locales se hace necesaria para obtener el respaldo de la seccional
del partido de gobierno ante los abusos de los agrimensores, que en la
delimitación y asignación de parcelas no reconocen a la comisión de los
colonos.
Los mismos ocupantes, al tener problemas, recurren
a los miem-bros de la subseccional del partido oficialista —nombrados en
función del apoyo de agentes externos a la colonia— y no a la comisión vecinal
electa por ellos.
46
Véase Hoy, 9 de junio de 1985, p. 21.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Los movilizados para luchar por la tierra primero
ocupan las fracciones libres y luego recurren al Estado para regularizar la
ocu-pación. Con la intervención del I.B.R. comienza la descomposición de la
acción colectiva; los agentes ligados a esta institución oficial encar-gada de
la asignación de tierras, se caracterizan por su ambigüedad. Se reconoce
formalmente la comisión vecinal, pero no se le asigna un papel protagónico en
el proceso de asignación de parcelas. Los agrimensores buscando lucrar con la
venta de parcelas a agricultores más capitalizados, afectan con frecuencia los
derechos de los prime-ros ocupantes, y en esa medida desconocen la gestión de
la Comisión de Colonos.47 Este
es uno de los casos en que la corrupción reditúa a favor del orden autoritario.
La experiencia de carencias extremas hace que
segmentos de la población de ocupantes transfieran sus derechos de ocupación a
bra-sileños, con mayor capacidad económica; a principios de 1986 ya la tercera
parte de la colonia correspondía a brasileños. La tierra ganada tras dura lucha
se había perdido nuevamente.
La diferenciación productiva es también impulsada
por la trans-ferencia de derechos de ocupación a productores paraguayos “más
pudientes” que los primeros ocupantes.
La audiencia de aliados es un factor que tuvo
marcada incidencia en este caso. Los funcionarios encargados de la legalización
del asentamien-to pidiendo a los colonos que rompan sus relaciones con el
Programa de Ayuda Cristiana (PAC), cuyos promotores fueron calificados como
comu-nistas. Al sentirse más débiles internamente los ocupantes se apoyan en
grupos externos ligados al Estado para la solución de sus problemas.48
También pesaron en la atomización problemas
organizativos y el tipo de asentamiento dispersivo. Durante las emergencias los
ocupan-tes concurrían a las reuniones, pero luego de regularizarse la
situa-ción de la colonia, los ocupantes señalan, para excusar su inasistencia a
las reuniones, las distancias que deberían recorrer.
El mismo mecanismo de participación, dado por
reuniones ge-nerales de todos los colonos, resulta insuficiente para crear
formas estables de autogobierno.
Incluso en las ocupaciones con mecanismos de
deliberación y toma de decisiones menos restrictivos surge la tensión entre el
plano
47 También constituye una fuente de problemas de
asignación de parcelas a ocupantes desalojados de otras colonias.
48 El apoyo que los ocupantes buscan en la
seccional del gobierno es la negación de la autonomía del grupo. Si bien estas
seccionales son percibidas por los ocupantes como organismos para ayudar al
gobierno, y para tener protección ante “injusticias feas”, en los hechos operan
como mecanismos de control y desmovilización.
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local que permite una participación directa, y el
escenario nacional en el cual se procesan las decisiones de alcance global.
La ausencia de una tradición organizativa tiene su
incidencia en esta suerte de desbande de los ocupantes, luego de la fase
crítica, así como el paternalismo y las concepciones excluyentes acerca de la
elaboración y toma de decisiones. En el mismo plano de la cultura política de
las capas campesinas, condicionan negativamente la parti-cipación, las
concepciones que se producen y reproducen en el medio rural acerca de la
representación de intereses.
Los rasgos básicos de “Malvinas” se repiten en la
mayoría de las ocupaciones. Mientras la tierra es el problema más acuciante,
las movilizaciones son intensas, pero apenas se legitima la ocupación comienza
la desmovilización.49 En
algunos casos, a los pocos meses de iniciada la ocupación, sólo permanece la
subseccional oficialista, constituida para legitimar la ocupación, mientras
desaparecen los in-cipientes mecanismos de participación.50
Un caso casi aislado, entre las invasiones, sin el
comportamiento regresivo es el observado en Reloj Cué. En esta ocupación la
organiza-ción de los ocupantes descansa en líderes con apoyo interno, fundado
en parte en su capacidad de relacionamiento. La disciplina interna bastante
comprensiva descansa en normas aprobadas por el grupo.
Los problemas internos son discutidos en las
asambleas semana-les de los ocupantes, y no con instancias externas. Es esta
Asamblea la que asigna las parcelas y la que controla el cumplimiento de la
norma que prohibe vender los derechos de ocupación.
El ámbito de la participación de los colonos en el
manejo de sus asuntos no se limita a las Asambleas convocadas por la Comisión
Central, ya que también están integrados a 8 comités vecinales de producción.
A pesar de los aspectos positivos de esta ocupación
con la legali-zación de la colonia, comienzan los primeros síntomas de
descompo-sición: alentados por grupos externos surge el faccionalismo, y uno de
los segmentos del asentamiento requiere el nombramiento de un Oficial de
Compañía, que vendría desde afuera, a cuidar el orden.
Si bien la Asamblea de Campesinos sin Tierra tiene
un alcance re-gional y sus demandas van más allá del plano
económico-corporativo,
49 En sosiego (Ara Poti) y en otras nuevas colonias,
últimamente se fortalecen las subseccionales, en tanto mecanismo de
desmovilización, como consecuencia de la pugna por el control de las
seccionales, que ejercen los grupos enfrentados en el conflicto interno del
partido oficial ante la proximidad de la convención partidaria.
50 Tal como se observó en Itá Verá. En este caso se
constituyeron comités de comercialización, apenas el problema de la tierra dejó
de ser un factor aglutinante. El fracaso en la comercialización del algodón,
sin embargo, se constituyó en nuevo factor disgregante.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
el mismo tipo de acciones que utiliza limita su
alcance: movilizacio-nes en manifestaciones públicas y petición a las
autoridades dentro de la legalidad vigente, tal como es actualmente concebida.
Las con-centraciones masivas no pueden ser muy frecuentes, y si las bases no
están organizadas para desarrollar actividades permanentes —que en-caren los
problemas inmediatos de los minifundistas— puede surgir el desaliento y
debilitarse el compromiso de los adherentes, en tanto no se obtenga el acceso a
la tierra. La organización regional será frágil si no se asienta en
organizaciones locales activas.
Por otra parte las peticiones no atendidas, en la
medida que la legalidad sea ficticia, pueden ser útiles para desnudar las
contradic-ciones del régimen, y para la maduración de la conciencia social,
pero deja sin satisfacer la sed de tierra de las capas de minifundistas
adhe-ridas al movimiento.
Otra tensión no resuelta es la generada entre la
búsqueda de au-tonomía de los partidos y de la Iglesia y la necesidad de
aliados que puedan asumir sus demandas. En el contexto político paraguayo la
tensiones con la propia Iglesia pueden originar resistencias en grupo
campesinos ligados a agentes pastorales.
En esta tensión movimientos-partidos, que no sólo
afecta a cam-pesinos sin tierra, los partidos no reconocen a los movimientos, a
los que consideran como competidores, mientras los movimientos no sólo se
niegan a aliarse con partidos51 —por
temor a dejar de constituir el medio de expresión de los grupos movilizados— ya
que llegan a cuestionar su misma representatividad. Con esta orientación los
movi-mientos portan las semillas de su propia destrucción ya que sin aliados
les resultará difícil prolongar su existencia. Sin actores que conviertan las
demandas de los movimientos en propuestas políticas, la misma capacidad de
acción autónoma de aquellos quedará en entredicho.52
En esta búsqueda de los campesinos movilizados, el
mismo com-portamiento de la Iglesia es ambiguo, y aparece al observador como
teñido por ciertas contradicciones. En efecto, por una parte ella asu-me la
necesidad de cambios, denuncia la represión, y al propiciar un diálogo nacional
emerge como cabeza aglutinante, pero por otra al-gunos de sus sectores movidos
por el temor a la manipulación y al alejamiento de las capas campesinas
debilitan la autonomía de las incipientes organizaciones campesinas.53 En la ponderación de la am-
51 Véase Alain Touraine, El post-socialismo,
Planeta, Barcelona, 1982.
52 Ibíd.
53 Al deseo de controlar a las organizaciones
compesinas contribuiría, además de cierto reflujo espiritualista, el hecho de
percibir a los campesinos como limitados y propensos a adherirse a corrientes
no cristianas.
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bigüedad ante los reclamos de autonomía de los
movimientos y orga-nizaciones campesinas, debe tenerse en cuenta que en tanto
se desmo-vilice a grupos campesinos y se niegue su capacidad de autogobierno,
se está impidiendo que éstos se constituyan como actores, abiertos a un
eventual proceso de democratización.
Si bien algunos condicionamientos, que estuvimos
señalando, tienen incidencia en grupos campesinos y tipos de acción
específicos, existen factores de naturaleza estructural y de tipo político que
tienen un alcance general y bloquean el surgimiento de movimientos campe-sinos
y limitan su potencial transformador.
La ausencia —o debilidad— de mediadores entre
sociedad civil y Estado es el primer obstáculo ya para la emergencia de
movimientos sociales. Los partidos politicos, por razones que ya puntualizamos,
no constituyen una matriz de constitución de actores. La Iglesia sí desempeñó
ese papel hasta principios de los años setenta, y sólo aho-ra, al auspiciar un
diálogo nacional, demuestra deseos de recuperar el terreno perdido, ante la
desconfianza de sectores progresistas que ven a la Iglesia como potencialmente
desmovilizadora.
Otros factores que condicionan el surgimiento y
desarrollo de los movimientos campesinos comprenden: dificultad de los
culti-vadores —físicamente dispersos y socialmente atomizados— para
organizarse, escasa transparencia de las relaciones propias de la producción
mercantil simple, arraigo de relaciones de clientela, represión sistemática a
intentos organizativos,54 arraigo
de una cultura política que refuerza el autoritarismo, ámbitos limitados de
participación, fragmentación de los movimientos y carencia de aliados
potenciales.
La dificultad para establecer alianzas se proyecta
tanto en la ausencia de intelectuales orgánicos —que puedan dar coherencia a la
ideología de los movimientos— y en el aislamiento de los movili-zados que no
encuentran actores políticos que puedan hacer suyas sus demandas.
Los factores que condicionan negativamente el
surgimiento y el desarrollo de los movimientos campesinos no impidieron
acciones colectivas orientadas a la transformación del sistema de dominación,
pero ciertamente acotaron sus posibilidades de expansión y desarro-llo. Estos
condicionamientos, sin embargo, pueden ser transforma-dos, dando pertinencia a
la interrogación acerca de la contribución posible de los movimientos
campesinos a un eventual proceso de tran-sición democrática.
54 Acerca de maltratos a adherentes de la Asamblea,
véase Nuestro Tiempo, Nº 8, marzo de 1986.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
En las formulaciones que siguen, en las que se
plantean especu-laciones sobre el futuro, la definición de lo conveniente está
dado por la transición democrática. De esto resulta la indicación de problemas
que deban superarse para posibilitar el referido proceso.
La
transición política y los movimientos campesinos
Tal como se señaló, la inevitable sucesión
presidencial en las condicio-nes históricas del Paraguay supone cambios en el
modo de ejercicio del poder desde el Estado. En la medida que el proceso se
oriente a situa-ciones nuevas previstas, y los pasos sean relativamente
controlables, tendremos una transición política que podrá ser democrática o no.
La primera condición para la transición
democrática, según ya se señaló, consiste en el persistente debilitamiento del
bloque autorita-rio. En el caso paraguayo, la debilidad de los actores que
pugnan por la democratización queda compensada por el desgaste y
autodestruc-ción del Estado autoritario actual, afectado por una crisis
orgánica del mismo sistema de dominación.
Verificada la retirada del orden autoritario
vigente, se precisan actores que viabilicen la transición. En una sociedad
agraria como la paraguaya, resultará indispensable la contribución de
organizaciones y movimientos campesinos.
En formulaciones precedentes se discutieron los
factores que condicionan el surgimiento y el desarrollo de los movimientos
cam-pesinos. Uno de ellos remite a la inexistencia de una matriz de
cons-titución de actores sociales. Esta insuficiencia podría cubrirse con el
Diálogo Nacional propiciado por la Iglesia.
Esta instancia, en tanto foco institucionalizado a
nivel nacional, puede cumplir la función de matriz de constitución de actores
de gru-pos subalternos, en la medida que la misma negociación de acuerdos
sustantivos —sobre las causas de la crisis y sobre determinadas solu-ciones—
opere como un mecanismo de constitución de sujetos. En ese sentido, uno de los
resultados del Diálogo Nacional sería la acción expresiva de reconocimiento
recíproco, en la medida en que no se limite a los sujetos preexistentes, sino
comprenda también a grupos a los cuales se negaba entidad.
La intervención de organizaciones y movimientos
campesinos en el Diálogo Nacional, junto a otros nuevos sujetos sociales y
actores sociales y políticos ya constituidos, puede salvar las insuficiencias
de la institucionalidad tradicional (partidos, sindicatos, etc.).55
55 Acerca de la estrategias de negociación sobre
temas económicos y políticos véase Norbert Lechner, “Pacto Social nos Proceso
de Democratizaçao”, en Novos Estudos CEBRAP, Nº 13,
octubre de 1985.
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En ese sentido, esta instancia de discusión y
negociación sobre temas económicos y políticos puede permitir la construcción
de un espacio de representación no limitado al sistema político actual.
El acuerdo para enfrentar la crisis económica que
resulte de las negociaciones, comportará necesariamente transformaciones
socio-económicas que suponen intervención activa de las capas campesinas,
resulta pues axiomático que sin participación campesina no habrá sa-lida a la
crisis económica. En ese sentido el proyecto nacional objeto del acuerdo debe
referirse simultáneamente a cómo enfrentar la crisis económica y cómo construir
la democracia.
La necesidad de nexos entre Estado y sociedad civil
es marcada, teniendo en cuenta la fragmentación de los movimientos y
organiza-ciones, que contrasta con la centralización del poder. Estos nexos,
que permitirán un nuevo tipo de relacionamiento entre actores sociales y
actores políticos, remiten a la reconstitución del sistema de partidos.56
Este sistema político que viabilice las demandas de
los grupos movilizados, transformándolas en propuestas políticas implica el
re-agrupamiento, en una suerte de federación, de los pulverizados parti-dos
liberales, y la constitución de un bloque progresista.
Sin la reconstitución del sistema de partidos —o un
mecanismo equivalente que medie entre sociedad civil y Estado— resultará
difícil la constitución de actores de la transición democrática.57
La contribución de los partidos es necesaria ya
para intensificar el debilitamiento del Estado autoritario. En esto, la
oposición política institucional es tan importante como la corriente
democratizante del partido oficialista.
De hecho la transición democrática supone una
suerte de alianza entre el sector más progresista del opositor Partido Liberal
(PLRA), y el sector más abierto del partido de gobierno, por una parte, y por
otra de éstos con las Fuerzas Armadas.
La superación de la marcada fragmentación de los
movimientos es otra condición previa para que éstos puedan aportar propuestas
de orden societal y ejercer una acción transformadora sobre el siste-ma de
dominación. Esta integración, sin la cual los movimientos, a lo sumo, podrán
participar en acuerdos localizados y sectorializados, supone la constitución de
identidades sociales más inclusivas. Esto, a su vez, no es esperable de un
nuevo imaginario colectivo, creado a
56 Según sean los aspectos enfatizados en el
análisis puede hablarse de sistema unipartidario.
57 Para una discusión sobre sistemas de partidos y
democratización, véase M. A. Garreton, Actores Socio-Políticos y
Democratización. Hipótesis Preliminares. Doc. de Trabajo, FLACSO, Santiago,
1984.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
partir de significantes convergentes, que remiten a
ideas, tales como las de rechazo de la dominación extranjera, igualitarismo,
solidaridad y autogestión.58
Al satisfacer las condiciones señaladas, los
movimientos campe-sinos podrán convertirse en actores de la transición
democrática. De otro modo quedan abiertas las posibilidades de una transición
hacia un neoautoritarismo, o en el mejor de los casos, de un proceso de
liberalización, en términos de reconocimiento de los derechos de in-dividuos o
grupos de oponerse a las acciones de los gobernantes, sin menoscabo de su
libertad.59
Sin movimientos campesinos convertidos en actores,
en agentes del cambio, no podrá existir participación social, y el proceso de
libe-ralización será impulsado por el sistema político tradicional, en una
transición que seguiría respondiendo a la lógica de estrechos círculos de
poder.
En este caso, sin embargo, puede suponerse que las
capas cam-pesinas continuarán con su vieja lucha por la tierra, y aún cuando
sus demandas de cambio en el sistema político no se proyecten en
transformaciones efectivas, seguirán ganando espacios democráticos, aunque sea
a nivel de organizaciones comunitarias.
58 Acerca de esta línea argumental, véase Fernando
Calderón y Mario Dos Santos, op. cit.
59 Acerca de la noción de liberalización, véase
Philippe C. Schmitter, “La transición del gobierno autoritario a democracia”,
en Los límites de la democracia, Vol. 2, CLACSO, 1985, p. 146.
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Mauricio
Schvartzman
Mito
y duelo. El discurso de la “pre-transición” a la democracia
1.
la transición elaborada
Mito,
duelo y hegemonía*
La preocupación de la opinión pública y de los
políticos en particular por la transición a la democracia o, como también se lo
denominó, del posestronismo, fue cobrando la forma de mito a
medida que el stronismo iba entrando en la fase final de su des-composición.
Una concurrencia de múltiples factores (sociales y no sociales, es decir, la
edad del presidente) señalaba la finalización inminente de un
período de la historia política del Paraguay, daba la sensación de
una súbita terminación del régimen y, en consecuen-cia, el
inicio de transformaciones cruciales, fundamentalmente de la estructura del
poder y de las nuevas relaciones políticas que se derivarían de ella.
Lo notable es que cuando se produce el golpe del 2
y 3 de febrero de 1989 la oposición se sorprende, casi no podía creer lo que
estaba ocurriendo. La realidad enfrentó al mito de la muerte del dictador, que
fue complejamente elaborado por una débil oposición como fantasía
compensatoria. Stroessner se había rendido, una posibilidad no cal-culada por
nadie. La muerte del dictador, tan esperada como nunca ocurrida, fue desbordada
por la realidad. En el inconsciente político
* Schvartzman, Mauricio 1989 Mito y duelo. El
discurso de la “pre-transición” a la democracia (Asunción:
BASE IS), Primera parte, pp. 17-94.
415
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
el mito debió haberse transformado en un duelo1 paradójico, al cobrar Stroessner algo
así como una dimensión inmortal: no ha muerto, si-guió viviendo. Se hace
necesario, entonces, definir nuestros conceptos de mito y duelo
paradójico, y asociado a ellos el de transición.
La
necesidad del mito
Es imposible pensar, por lo menos por ahora, si un
proyecto humano puede sustentarse sin el mito. Lo real y lo imaginario
coexisten en el pensamiento y se complementan e interfieren en el lenguaje.
Edgar Morin afirma que “El mito es inseparable del lenguaje y, como logos, mythos significa
en el origen palabra, discurso”.2 La
plabra, el texto, se construye tanto por referencias objetivas de
lo que nomina, describe, explica, como por las referencias subjetivas que
implican valoraciones, emociones, deseos, fantasías. El conocimiento (lo
comprobado por la experiencia) y la creencia (lo que se quiere o no se quiere
suponer) se cruzan de manera inevitable en el discurso. El mito no nos abandona
nunca. Es parte de nuestra comprensión subjetiva de todos los aspec-tos que
involucran la exitencia humana, “un modo de pensamiento semánticamente autónomo
al que corresponde su propio modo y su propia esfera de verdad”, según Casirer.3
En su interacción con el conocimiento, el mito
puede contener una verdad oculta, inclusive diversos niveles de verdad,3 que es lo que alienta el análisis en
profundidad del discurso. Por esto mismo, no le atribuimos
una connotación descalificadora. Nos valemos del concep-to mito para
identificar aspectos de la comprensión subjetiva de la comunicación política,
objeto de este estudio, e intentar por esta vía discernir aspectos que la
racionalidad objetiva impide ver: el temor, la angustia, el
deseo, la culpa, la esperanza.
En su acepción normal los mitos son relatos,
cuentos, que se refie-ren a las cosmogénesis, al paso de la naturaleza a la
cultura, al pasado y al futuro, a lo posible y lo imposible, y a todo lo que
suscite “la inte-rrogación, la curiosidad, la necesidad, la aspiración”.4 El mundo real y el mundo imaginario se
sintetizan y proyectan en la representación mitológica. En nuestros análisis,
no obstante, hacemos un leve ajuste a la noción de mito. No lo consideramos
como relato, que tiene su pro-pia estructura discursiva determinada
por lo imaginario, sino como
1 Agradezco a la Dra. Aurora Bachem de Casco,
psicoanalista, haberme sugerido el concepto de duelo para ser
utilizado en el análisis político.
2 Morín, Edgar 1988 El Método, el
conocimiento del conocimiento (Madrid: Cátedra), p. 173.
3 Citado por Morín, E., op. cit., p. 173.
4 Ídem,
p. 174.
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interpretación en el marco de un discurso (el político, y
construido por políticos profesionales) que se supone racional y
donde lo imaginario no es nunca asumido sino, por el contrario, siempre
rechazado.
La política, cuyo objeto de referencia central es
el poder, no puede dejar de apelar —en virtud de tal referencia— al orden y a
la inteligi-bilidad de las cosas. Parafraseando definiciones se podría decir
que la política es el arte de lo ordenado, y por esto mismo su discurso es el
dominio de lo inteligible. El orden y la inteligibilidad se recusan mutuamente.
De ahí que la eficiencia de la política exige perspectivas pragmáticas y realismo.
Es evidente que el caos y la confusión hacen que la política sea imposible,
entendida como práctica racional. Pare-cería ser, entonces, que el discurso
político es siempre directo, apela a la realidad y llama a las cosas por su
nombre. Toda tergiversación, toda desviación —de lo que se nombra, se reclama,
se promete— es considerada en el análisis político como ideología, sofisma,
falsedad, demagogia. El análisis normal en política no se separa, por lo
gene-ral, de lo racional-objetivo del discurso. Las calificaciones como falso,
ideológico, demagógico, etc., tienen el sentido de afirmar el predo-minio de lo
real sobre lo imaginario. Cuando lo subjetivo entra en el análisis político, se
consideran comúnmente aspectos relacionados con la intencionalidad, con las
voliciones, con las emociones. Suelen quedar fuera de enfoque las
interpretaciones elaboradas por supues-tos imaginarios que constituyen
estructuras autónomas con su propia carga semántica, y que determinan
orientaciones del discurso y su aproximación a la realidad. Es decir, queda
fuera el mito.
En este trabajo hacemos el intento de incorporar el
mito como categoría de análisis del discurso político. A este efecto,
recurrimos a los dos principios organizadores (paradigmas) del mito presentados
por Morin,5 pero
adaptados a las especificidades de nuestro estudio.
Según el primer paradigma, el
pensamiento mitológico busca la “inteligibilidad por lo viviente, lo singular y
lo concreto y no por lo físico, lo general y lo abstracto”.6 Lo físico, lo general y abstracto de la
naturaleza serían en la cultura (en la política) los hechos sociales
(políticos) dados, y las categorías que los ordenan y clasifican y las leyes de
desarrollo que los explican (lo general y lo abstracto). De acuerdo con este
paradigma, el pensamiento mitológico en la políti-ca otorga una autonomía singular
a los hechos independientemente de la historia que los explican. Cobran así
vida propia, se vivifican, se fetichizan. El pensamiento mitológico recobra “el
control” de los acontecimientos por la vivificación de ciertos hechos al que
subordi-
5 Morín, E., op. cit., pp. 174-192.
6 Ídem,
p. 174.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
nan la inteligibilidad de la situación. Por
ejemplo, en nuestro caso, la muerte natural de Stroessner —un hecho meramente
biológico— hacía entendible la finalización de la dictadura y,
por consiguiente, la transición a la democracia. El hecho tiene algo así como
propiedades mágicas por las cuales adquiere una autonomía capaz de
predetermi-nar los acontecimientos subsiguientes. Lo singular y lo concreto,
por la vía de su vivificación, es lo que permite reinterpretar situaciones
complejas y oscuras.
En consecuencia, “el relato mitológico no apela
en absoluto a una causalidad general, objetiva y abstracta, son
siempre entidades vivientes que, en sus actos concretos y en sus eventos
singulares, crean el mundo, suscitan todos los fenómenos y hacen su historia”7 —dice
Morin. Como el mito es una explicación sui generis de
los hechos, estos pueden ser reinterpretados sin cesar. También ocurre que las
reinterpretaciones, cuando el mito está muy elaborado, transforman los objetos
vivifica-dos, cuando éstos fueron desnudados por acontecimientos reales, por
otras vivificaciones. Es lo que ocurriría con el concepto “transición a la
democracia”.
Por el segundo paradigma, el mito
“elimina todo lo que no tiene sentido y le da significación a todo lo que
ocurre. Hay una prolifera-ción semántica y un exceso de significaciones”.8 Es el principio se-mántico generalizado. El
mito aporta, por este principio semántico generalizado, soluciones a conflictos
que amenazan la integridad de ciertas entidades, situaciones, procesos. Por
ejemplo, toda crítica a la legitimidad de un partido, de dirigentes, de un
proceso, que po-dría implicar una negación categórica, una alternativa
incompatible, es significada como afirmación de la legitimidad que precisamente
es cuestionada: el rechazo a cierto manejo de procedicimientos de-mocráticos es
interpretado como consecuencia “normal” de la demo-cracia. Una opinión frontalmente
acusatoria es contestada como el derecho que tiene cualquiera de opinar. Todo
está escrito en el mito. Todo tiene significación a partir del mito.
El exceso de significación impregna asimismo a las
ideas. La libertad, la transición, la participación popular, etc., son
“palabras-rectoras que concentran en sí cualquier sentido y cualquier verdad,
realizando por ello una apropiación cuasi mágica de lo real y ha-ciéndose
portadores de las virtudes mitológicas del verbo soberano”9 —sostiene Morin.
7 Ídem,
pp. 174-175 (el subrayado nos pertenece).
8 Ídem,
p. 178.
9 Ídem,
pp. 182-183.
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El mito no ha sido expulsado de la racionalidad. Es
una forma de pensamiento que contribuye a no perder el control sobre los
he-chos. Por eso, no lo rechazamos de modo absoluto, en tanto la
con-temporaneidad de las situaciones obliga a la búsqueda permanente de
explicaciones y significaciones que hace muy difícil identificar mitos y logos.
No obstante, esto es justificable en cierta medida. Suponemos que cierta forma
de pensamiento sistemático —apo-yado más en la historia, en la perspectiva del
proceso, que en la singularidad del evento— reduce el mito a una dimensión tal
en la que lo imaginario no desborda a lo real. Por lo general, un pensa-miento
crítico que no se encuentra dominado por la singularidad es denunciador del
mito que pierde el control de la historia a cambio del control de los
acontecimientos inmediatos y de corto alcance. Si utilizamos al mito como
categoría analítica del discurso político no lo hacemos como el antropólogo que
bucea la profundidad de la naturaleza humana, sino desde una práctica política
comprome-tida con la transformación social. Para esto, la identificación del
mito es una necesidad para la crítica al pensamiento político liberal y sus
variantes.
El
duelo paradójico
El concepto de duelo, elaborado en la
experiencia clínica del psicoanálisis,10 está referido a “un proceso dinámico complejo
que involucraba la personalidad total del individuo”, según Grinberg,11 y que —de un modo consciente o inconsciente—
compromete particu-larmente las relaciones del individuo con los demás, a
través de ree-laboraciones de la identidad y del desarrollo de defensas. El
concepto puede significar tanto el dolor como el desafío o
la lucha que implican los vínculos con la realidad, en un
proceso de readaptación.
En el primer caso, el duelo es una respuesta frente
a la muer-te o a la pérdida de un ser amado. También puede ser frente a la
pérdida de objetos significativos como la patria, la libertad, etc., y asimismo
frente a otras pérdidas de objetos cotidianos como el alejamiento de un amigo,
la finalización de una actividad, una mu-danza, etc. En todos los casos, el
duelo está determinado por la
10 Abraham, K., “Los estados maníaco-depresivos y los
niveles pregenitales de la líbido” y también “Breve estudio de la evolución de
la líbido a la luz de los trastornos mentales”, en Psicoanálisis
Clínico, Buenos Aires, Hormé, 1961; Freud, S., Duelo y melancolía,
Obras Completas, IX, Rueda, Buenos Aires, 1953; Klein, M., “El duelo y
su relación con los estados maníaco-depresivos”, Rev. de Psicoanálisis,
VII, 1949-50; Grinberg, L., Culpa y depresión, Alianza, Madrid,
1988. Estos serían los trabajos más importantes.
11 Grinberg, L., op. cit., p. 140.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
valoración afectiva que consciente o
inconscientemente se le atri-buye a la pérdida.12
En cuanto al duelo entendido como desafío o
lucha, la respuesta comprendería al enorme esfuerzo de readaptación
a la realidad frente a cambios de gran trascendencia en la vida personal o
social. Estos cam-bios implican pérdida, aun tratándose de
objetos valorados negativa-mente, como el caso nuestro del derrocamiento de la
dictadura. En esta situación, duelo no significa necesariamente dolor, sino
la euforia que sobreviene después de la depresión.
No sería, entonces, un estado “normal” de euforia en donde los vínculos con la
realidad y la pro-pia definición de la identidad son estables, sino de
una emergencia eufórica en el marco de un
deterioro de los vínculos con la realidad localizada ya en la etapa
anterior de depresión. En este sentido, en tanto el duelo no está
asociado explícitamente, directamente a una pér-dida dolorosa
sino a una fase eufórica (maníaca, en la terminología psicológico-psiquiátrica)
es que le damos la denominación de duelo paradójico. Y
como tal, es el concepto que adoptamos para nuestro análisis del
discurso político que se desarrolla después de la renuncia de Stroessner.
Para precisar mejor el concepto, se hace necesario
definir el cua-dro de lo maníaco-depresivo y los sentimientos
de angustia, depresión y culpa. Pero antes
necesitamos hacer dos aclaraciones. Una, que no utilizamos
estos conceptos prestados de la clínica psicológico-psiquiá-trica, en sus
acepciones patológicas, sino como un marco de referencia que
incluye características y tendencias que definen —aun en la “nor-malidad” de
las conductas políticas— rasgos subjetivos presentes en la profundidad del
discurso, y que facilitan identificar significados no explícitos. Y otra, que
corre por cuenta nuestra, la adaptación de estos préstamos al análisis político
y la transferencia de la sintomatología individual a la colectiva.
El cuadro maníaco-depresivo está
caracterizado por la presencia de fases alternativas de depresión y exaltación
(manía). Los síntomas propios de la fase maníaca son una
euforia exaltada, autovaloración exagerada, aceleración y superficialidad del
pensamiento, desarrollo de la agresividad y aumento de la actividad en general.
La fase de-presiva aparece con diferentes grados de intensidad
y se expresa por la inhibición, angustia, inquietud, abulia,
dificultad de pensamiento, sentimientos de desvalorización.13
La angustia, la depresión y la culpa pueden
coexistir en determi-nadas circunstancias, y confundirse en el individuo como
expresio-
12 Ídem,
pp. 140-141.
13 Dorsch, F., Diccionario de psicología,
Herder, Barcelona, 1985, pp. 460 y 664.
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nes de conflicto altamente significativas.14 Sin embargo, la angustia y la depresión
tienen contenidos diametralmente opuestos. La angustia es una
respuesta frente al peligro en el que el Yo (una de las instancias psíquicas
que influye en la forma en que las tendencias instintivas pueden alcanzar la
conciencia y transformarse en acción) expresa su deseo de sobrevivir y se
predispone para la lucha o la fuga. En cam-bio, en la depresión, el
yo se encuentra paralizado porque se siente incapaz de enfrentarse con el
peligro.15 La
apatía, la desmoralización, la impotencia, la desesperanza, son sentimientos
característicos de la depresión. Mientras la angustia aparece ante la
inminencia de un ataque dirigido a sí mismo, la depresión es la consecuencia de
ex-periencias pasadas, asociadas a ataques reales o fantaseados del Yo contra
los demás.16
Por su parte, el sentimiento de culpa que
acompaña a la depresión no siempre se expresa en el campo de la conciencia,
sino que se en-cuentra totalmente reprimido en el inconsciente y se manifiesta
por la irritabilidad, el malhumor, el desahogo, etc. También puede expresar-se
por una fuerte tensión interna que ocasiona un estado de profundo malestar y
por la sensación de la ocurrencia de alguna catástrofe.17 Se-gún el psicoanalista Franz Alexander, “los
sentimientos de culpa per-tenecen a la categoría del miedo; tienen un efecto
inhibitorio sobre la expresión de tendencias hostiles. Se experimentan siempre
como una tensión displacentera, con la expectativa de un daño que no se puede
impedir”.18 En
el sentimiento de culpa el individuo no se siente bueno y
espera, por eso, el castigo. Según Alexander, la culpa provoca una actitud
de sumisión que crea sentimientos de inferioridad. Pero los
sentimientos de inferioridad no son inhibitorios, sino por el contrario tienen
efectos estimulantes. No dan la sensación de un ser bueno, sino la de sentirse
débil e ineficiente. Pueden estimular, por esto, la compe-tencia y el
desarrollo de conductas agresivas. La culpa determina, de este modo, efectos
circulares, por la dinámica de conflictos contradic-torios de los sentimientos
de inhibición y de inferioridad.19
Como lo señalara Freud, un origen del
sentimiento de culpa es el miedo a la autoridad. Grinberg nos
comenta, refiriéndose al artículo de Freud “Los delincuentes por
sentimiento de culpa”, que se ha com-
14 Grinberg, L., op. cit., p. 67.
15 Ídem,
pp. 50-51 y 67.
16 Ídem,
pp. 67-68.
17 Ídem,
p. 60.
18 Ibídem.
19 Ídem,
pp. 60-61.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
probado que los delitos se cometen ante todo por
ser prohibidos y porque su ejecución producía un alivio psíquico.20 En nuestro caso, en nuestro desarrollo del
concepto de duelo paradójico, el sentimiento de culpa —desde la
perspectiva del miedo a la autoridad— es altamente expresivo para el análisis
del discurso político desde el derrocamiento de la dictadura. Fundamentalmente,
el concepto es útil para interpre-tar el discurso del Gral. Rodríguez y de los
políticos colorados que acompañaron el régimen y lo apoyaron casi hasta las
puertas mismas de su colapso final.
En su elaboración, el duelo puede resolverse
como normal o patológico,21 sobre
la base de la postulación de Grinberg de la exis-tencia de dos clases de
culpabilidad:22 la
culpa persecutoria y la cul-pa depresiva. La culpa
persecutoria determina duelos patológicos que, con
frecuencia, desembocan en cuadros melancólicos. El melancólico se
siente empobrecido y despreciable, “carece de pudor y siente gran necesidad de
comunicar sus defectos mediante lamentos, autorrepro-ches y quejas.23 Pero, en realidad, los reproches contra sí
mismo van dirigidos a otra persona, contra el objeto abandonado, que ha
estable-cido una identificación parcial con el Yo. Se establece así
un conflicto entre la parte del Yo identificada con el objeto abandonado y la
instan-cia autocrítica (la conciencia moral, en la concepción freudiana). Esto
explica, en la melancolía, cierto sentimiento ambivalente de amor y odio contra
el objeto.
El duelo es un proceso de readaptación cuya
finalidad es que la realidad triunfe finalmente. Cuando ello ocurre, sobreviene
la resig-nación, de una manera paulatina y con una carga de energía
psíquica muy grande,24 en tanto supone arduas transacciones con los
mandatos irrecusables de la realidad. En el duelo paradójico,
la resignación está referida a la aceptación de las
limitaciones que imponen los hechos concretos y que exigen la renuncia a una
buena parte de los proyec-tos que se idearon al amparo de la euforia
maníaca. En el fondo, se plantean actos de reparación por
los objetos perdidos. Hasta aquí, la elaboración del duelo
sería normal. No hay componentes persecutorios y se crea
“una auténtica reparación del Yo”,25 estimulando su enrique-cimiento y capacidad
productiva en la nueva situación.
20 Ídem,
p. 63.
21 Ídem,
pp. 139-148.
22 Ídem,
p. 147.
23 Ídem,
p. 141.
24 Ídem,
p. 142.
25 Ídem,
p. 147.
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Pero la elaboración puede verse perturbada cuando
la gratifi-cación de “vencer y humillar” al objeto, “de superarlo en planteo de
competencia y rivalidad”, transforman a los objetos que desean ser restaurados
en perseguidores, reviviendo los temores paranoides.26 Se desarrollan entonces actitudes de desconfianza y persecución,
que es vivido como el cumplimiento de las fantasías destructoras y que pue-de
conducir a la depresión o al aumento de las defensas maníacas.27 En el plano político, esto puede expresarse
en actitudes respecto a las libertades constitucionales, tanto desde el punto
de vista del po-der que reprime en nombre de la libertad al “libertinaje” (el
usufruc-to de los derechos ciudadanos de peticionar y movilizarse puede ser
interpretado como “libertinaje”), como desde el punto de vista de la oposición
que puede no tolerar sus propias disensiones internas o su incapacidad de
enfrentarse al poder, que podría conducir a comporta-mientos extremos
(violencia armada, provocaciones, etc.).
Se estaría así frente al cuadro de un duelo
elaborado patológica-mente, en donde el objeto que se pretende restaurar se
convierte en un objeto perseguidor. La libertad, por ejemplo, se convierte en
un objeto perseguidor, frente al cual se desarrollan defensas que alivian las
angustias depresivas (temor frente a un peligro capaz de destruir a uno mismo y
que provoca inhibiciones, desmoralización, malestar). Esas defensas se expresan
como disociación, negación, omnipotencia, idealización, por el cual se niega el
odio, la culpa, la desesperación, la necesidad de reparación, la ambivalencia.28
Cuando se logra liberarse de los objetos
persecutorios, la readap-tación a la realidad es más completa y permite
establecer claramente la diferencia entre los objetos que ya fueron perdidos
definitivamente y los que, por las demandas históricas, deben ser reconstruidos
pero sobre bases cualitativamente distintas. En este sentido, la noción
de ruptura política, la que corta amarras con el pasado pero
establece vínculos profundos con la realidad, identificando
dificultades y po-sibilidades, y justipreciando el valor de las diferentes
fuerzas que intervienen en la situación política, es lo que define una transición
a la democracia.
En un duelo paradójico bien elaborado triunfa la
realidad, pero si-gue en pie el desafío y la lucha que significan enfrentar el
futuro. En el duelo
mal elaborado pesa el pasado, y los peligros de identificación con lo que fue
destruido (la nostalgia) pende como una amenaza de
26 Ídem,
p. 142.
27 Ídem,
p. 143.
28 Ídem,
p. 143.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
restauración. Desde esta perspectiva no podría
hablarse de transición ya que se estarían produciendo situaciones persecutorias
que condu-cirían a situaciones políticas aparentemente nuevas, pero en realidad
replanteadas sobre las mismas bases cuya pérdida se intentó elaborar en el
duelo.
La
transición esperada o el mito
Hay dos elaboraciones distintas sobre la transición
en los análisis po-líticos del posestronismo. Una, como mito antes del
derrocamiento del dictador, y otra como duelo después del derrocamiento. Hay
una transformación de los modos de concebir el proceso de “democrati-zación”
(que se lo entendió siempre, salvo algunas excepciones, como proceso de
liberalización política, en el sentido de vigencia de los de-rechos políticos y
de las garantías individuales), que señala una ruptu-ra al nivel del discurso, y
ruptura en diferentes planos, como veremos luego, pero no un corte
institucional: la “república”, el Estado, siguen superviviendo; sólo ha
cambiado el gobierno.
El discurso “antes” estaba organizado en torno a la
muerte del dictador que crearía un “vacío de poder”. Muerte y vacío eran
figura-ciones míticas elaboradas a partir del control de la comprensión de una
realidad que se presentaba como una “caja negra”. El discurso “después” devela
una realidad distinta. No hubo muerte ni mucho me-nos vacío de poder.
En cuestión de horas el Gral. Rodríguez asume formalmente la
presidencia sobre un consenso masivo y eufórico posi-blemente único en la
historia política del Paraguay. Consecuentemen-te, el discurso se rompe. En el
mito el futuro es tan inexistente como los hechos y personajes de su relato. El
mito se derrumba cuando se verifica la inexistencia de la muerte y del vacío.
El salto a la realidad tuvo que haber sido necesariamente traumático, ya que
las figuracio-nes imaginarias cristalizadas —en este caso en una conciencia
política elaborada sistemática— no se pierden con tanta facilidad.
La euforia determinada por la sorpresa de lo
imprevisto emergía de algo así como una utopía de la finalización de la
dictadura que —como toda utopía— era deseada intensamente, promovía duros
esfuerzos por conquistarla, pero cuya realización era percibida en el discurso
secreto (no en el explícito, en donde es inevitable, por la fuerza de ciertos
códigos de comportamiento político que no pueden violarse, cierta “hipocresía”
triunfalista), como difusamente inalcan-zable. Empieza a elaborarse, entonces,
el discurso del duelo, es decir el del desafío por la readaptación a una nueva
identidad y a las nuevas reglas de juego. Colorados opositores son de pronto
oficialistas. Se sale del Acuerdo Nacional para asumir la identidad-gobierno o
se si-gue perteneciendo para no perder la identidad-crítica que distingue a
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la conciencia democrática. Estas son rupturas,
cuando se asume una posición, francamente dolorosas. Así como también implican
tanto dolor como desafío las redefiniciones opositoras en relación al apoyo al
proyecto gubernamental que incorpora todas las reivindicaciones democráticas, o
al desarrollo de un perfil crítico que no disuelva la oposición y la reafirme
como alternativa en la lucha política.
La ruptura del discurso se da por lo menos en dos
planos, uno es el plano del paso del mito al duelo en donde se establecen
fuertes compromisos afectivos. Son compromisos entre la realidad y el deseo.
Cuando se modifican las condiciones de la realidad que hacen posi-ble el
cumplimiento del deseo, éste se modifica por lo inminente que
pone a prueba la posibilidad de su cumplimiento. Los hechos que se van
sucediendo confirman o no las posibilidades de su realización, lo que puede
determinar tanto ansiedad (indeterminaciones, vaguedad de los logros y de las
propuestas) como angustia (peligros, amenazas). Son los duelos de la pérdida
del mito-“antes”, cuya elaboración desa-rrolla el mito-“después”, transfigurado
como mito del nacimiento (de la democracia), así como antes era el mito de la
muerte (del dictador).
El segundo plano ruptura, entonces, es el de la
transición a la democracia. El discurso “antes”, aunque comprendía distintas
posibi-lidades, consideraba la desaparición de la dictadura como un episodio (la
muerte del dictador) en un continuo hacia la democracia. Aquí
no había ruptura, sino la muerte de un personaje que demandaba a toda la
comunidad política la concertación de gobernabilidad de un proceso a la
democracia. No hay corte, sino concertación entre intereses con-trapuestos
que daría como resultado el renunciamiento del aparato gobernante a privilegios
y prerrogativas en favor de las libertades ciu-dadanas, de las garantías
individuales, del Estado de derecho. La con-certación no era conflictiva. Por
eso, el discurso de la transición “an-tes” era preciso, y “después” se hizo
indeterminado frente a problemas reales del desarrollo político, no previstos
en cierta medida, y para los cuales se necesita un tiempo para definir
respuestas sistemáticas.
La ruptura del concepto de transición a la
democracia que se pro-duce “después”, define un tercer plano significado
por el corrimiento de la transición hacia un período
indefinido que se iniciaría después del 1º de mayo —para
algunos políticos—, y para otros recién después de 1993. Recapitulando,
el mito corresponde al momento inmediata-mente anterior al
golpe e invade los días inmediatamente siguientes, y está caracterizado por un
voluntarismo pre-anunciador del fin del régimen, y por las “explicaciones” en
un exceso de significación de las causas y de la concreción del golpe.
En ese primer momento se elabora el mito
del fin y de la transi-ción “natural”, biológica, a la
democracia. Como todo mito, se refiere
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
centralmente al paso de la naturaleza (el
fin del stronismo estaba ve-getativamente determinado) a la cultura (vigencia
y operatividad de valores y normas expresadas en el Estado de derecho y
en las reglas del juego democrático).
Luego, en el segundo momento, a partir del golpe de
Estado, se inicia la elaboración de un duelo paradójico que
determina ambivalen-cias en la aceptación o rechazo de la nueva situación, y
que se refle-je en la elaboración de propuestas a veces contradictorias,
versátiles, abstractas, etc. Frente a la fuerza de la realidad, el duelo
paradójico conduce a la resignación frente a hechos
consumados, a expectativas no cumplidas, a cierta impotencia para influir sobre
los acontecimien-tos. En duelos bien elaborados se crean conductas reparadoras,
que pueden consistir en contribuciones efectivas al proceso o en
aprove-chamientos pragmáticos —el repetido “hay que ganar espacios”— que sirvan
para crecer y aumentar grados de influencia.
En duelos mal elaborados, en donde se sigue negando
la realidad, se producen conductas persecutorias volcadas hacia fuera y hacia
dentro mismo, elaborando esquemas rígidos, autoritarios, agresivos, que a la
larga tienen efectos destructivos para el propio sujeto (perso-nas, líderes,
organizaciones).
Y el tercer momento, desdoblado y subsidiario del
segundo, es el corrimiento de la transición hacia un período indefinido, al que
denominamos por esto mismo pretransición. La pretransición emerge
del enfrentamiento con la realidad, de la elaboración del duelo, que
desmitifica parcialmente el “paso a la cultura”, es decir el paso al Es-tado de
derecho y a la democracia, aceptablemente constituida por el consenso general.
La pretransición es algo así como una moratoria al paso a la
democracia, por la cual el proceso es vivido como un período de preparación, de
espera, mientras se arreglan problemas de adap-tación (unidad partidaria,
procedimientos electorales que eliminen el fraude, medidas económicas de
efectos inmediatos, procesamientos judiciales, reorganización judicial,
partidaria, sindical, etc.).
El desarrollo de la pretransición es la preparación
del sistema he-gemónico que deberá dirigir la democracia, y
que es lo que desarrolla-remos a continuación.
El
sistema hegemónico
El sistema hegemónico está constituido por las
relaciones sociales que mantiene una clase dirigente con el resto de la
sociedad. La clase dirigente es la clase fundamental de una formación
histórico-social. Por lo tanto hay una sola clase fundamental. Las demás son
clases subalternas. Las relaciones que establece la hegemonía no se refieren
solamente a hechos concretos, efectivos del dominio social y político,
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que se expresan por la capacidad de mando y de
decisión, sino tam-bién a hechos abstractos, de eficiencia
indirecta, como la ideología, los valores, la concepción de la sociedad y el
hombre, la concepción y el ordenamiento normativo.
Y el sistema hegemónico es la sociedad civil.29 Si la superestructura es el formato de
la dirección social, el contenido de esta dirección es la sociedad civil. En
otros términos, la sociedad civil es la práctica ideoló-gica, social y
cultural de la dirección de la sociedad, a la que le correspon-den, entonces,
las funciones burocráticas gubernamentales, la comunica-ción masiva, el proceso
educativo formal, y toda otra función orientadora y formativa que mantenga y
desarrolle el sistema hegemónico. Esta es la sociedad civil, de
la que quedan excluidas las prácticas que no contri-buyen al sostenimiento de
la hegemonía como los partidos revolucio-narios (y no la oposición en
general al gobierno), el movimiento obrero revolucionario (en la
medida en que reivindique su participación en la estructura del poder
político), y los movimientos sociales (también toda vez que planteen
concepciones y programas estructuralmente críticos a la hegemonía). Igualmente
quedan excluidas de la sociedad civil prác-ticas relativamente indiferentes
a la hegemonía social —y subrayamos relativamente— tales como actividades
productivas dependientes o de pequeña escala, ciertas actividades
independientes y profesionales, ac-tividades recreativas, deportivas, de
convivencia y solidaridad comuni-taria, artísticas, tecnológicas, científicas
(estas tres últimas en la medi-da en que no propugnen contenidos directamente
sostenedores de la hegemonía), entre otras. En definitiva, la sociedad civil es
la práctica de la dirección “intelectual y moral” de la sociedad.30
El principal problema de la sociedad paraguaya es
que ella no ha terminado de parir su clase fundamental. No es que ella no
exista, sino que aún no logró un grado de desarrollo que le permita un grado de
independencia suficiente como para constituirse en dirección social. La
sociedad civil es débil y por ello no está organizada en torno a la hegemonía
de una clase. Tal hegemonía la ejerce la sociedad política, que no
está constituida por todos los políticos ni todas las
institucio-nes políticas, sino por instituciones y sujetos que ejercen la
función de coerción y administración de los aparatos de poder:31 la burocracia es-tatal, la justicia, las
FF.AA., la policía. Paradójicamente, no pertenece a la sociedad política el
partido gubernamental que forma parte, como fuerza “moral e intelectual”, de la
sociedad civil.
29 Gramsci, A., Los intelectuales y la
organización de la cultura, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1972.
30 Ibídem,
p. 16.
31 Gramsci, A., Cartas desde la cárcel,
Lautaro, Buenos Aires, 1950, p. 183.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Por no haber madurado nunca la sociedad civil, el
sistema hege-mónico paraguayo estuvo siempre en crisis. Es lo que ha ocurrido
en la mayoría de las naciones latinoamericanas. La burguesía no ha podido crear
instituciones sólidas, como el Parlamento por ejemplo. Los parti-dos
gobernantes —Liberal y Colorado— no tuvieron una organización independiente de
los gobiernos de turno, sino que fueron administrado-res del Estado y de la
prebenda. Siempre hubo una identificación entre partido y Estado, a tal punto
que cuando del poder se pasaba al llano, el partido sufría un colapso hasta los
límites de su extinción. La alter-nabilidad del poder se resolvía en los
alzamientos militares. Igualmente la prensa nunca se constituyó en una
institución fundamental de la di-rección “intelectual y moral” de la burguesía.
No existe en el Paraguay un diario de tradición secular como sí existieron en
otros países lati-noamericanos en donde la burguesía había madurado como
dirección social, tales como La Prensa y La Nación en
la Argentina, El Mercurio en Chile, El Día y El
País en el Uruguay, etc. La Tribuna pudo haber sido,
pero fue una prensa dominantemente informativa, casi sin opinión, que durante
mucho tiempo incluso ni siquiera contaba con editoriales. Por eso, la sociedad
paraguaya fue siempre una “sociedad política”, es de-cir organizada y orientada
por la coerción y la burocracia del Estado.
En esto consiste la crisis permanente de la
sociedad paraguaya: ser per-manentemente una sociedad política (o como comúnmente se dice: “la abrumadora
presencia del Estado en la sociedad”).
No obstante, la historia existe, o lo que es lo
mismo la sociedad se mueve inexorablemente. Pero, en las condiciones en que las
venimos exponiendo, el movimiento está desencajado. Por una parte, se amplía y
profundiza el proceso productivo. Y en las últimas décadas, este proceso
permitió crear una acumulación capitalista y el crecimiento de una burguesía
nacional, con un grado de poder económico y de organización como nunca los
tuvo. Los empresarios paraguayos han sistematizado y rigorizado su pensamiento,
hasta tal punto que hoy puede decirse que han adquirido cierta independencia
para orientar, hacer planteos e influir sobre aspectos no sólo económicos, sino
tam-bién sociales y políticos —fuera de los aparatos del Estado— desde sus
mismos portavoces y entidades de organización sectorial.
La creciente independencia de la burguesía nacional
entró en coli-sión con la sociedad política y empezó a disputarle la dirección
“intelec-tual y moral” de la sociedad. El stronismo no pudo dar salida
a esta dis-puta, no pudo absorber la contradicción, porque fue concebido,
diseñado y preparado para la dirección política (burocrática y
militar-policial) y no para la dirección civil (consenso entre lo ideológico y
el poder, vigencia del Estado de derecho, y completa libertad de pensamiento,
que apunta fun-damentalmente a consolidar y desarrollar el pensamiento liberal,
que es lo
428 .py
que corresponde a los niveles cualitativamente
superiores de acumulación capitalista). El golpe de febrero, que venía incubándose desde
la década del setenta y que fue congelado por el “boom” de Itaipú
para revivir con mayor fuerza en la crisis post “boom”, significa el fracaso de
la dirección social de la sociedad política. Rodríguez representa dicho
fracaso, sigue siendo un representante de la sociedad política, y en tanto no
de lugar al gobierno de la sociedad civil —que en nuestro contexto no son los
“ci-viles” sino la burguesía o los intelectuales que la representan), no habrá
emergencia de la crisis. Lo que está por verse, entonces, es hasta dónde puede
avanzar esta sociedad civil y convertir a la burocracia estatal y a las FF.AA.
en lo que profesionalmene deben ser: la prolongación coerci-tiva
y burocrática de la dirección “intelectual y moral” de la sociedad.
El golpe de febrero no es una ruptura, en
el sentido de producir una transición cualitativa de la
organización social, sí es una emergen-cia que plantea “encajar” la base
económica y social con el aparato estatal. Entonces, podría sostenerse que no
estamos viviendo una cri-sis de organización, sino una crisis de
menor envergadura, una crisis de orden, que no afecta a la
disposición del sistema hegemónico, en el sentido de su
correspondencia con una formación social capitalista dependiente y de base
rural, sino al “encajamiento”, al consenso entre la dirección ideológica y los
aparatos de coerción y burocráticos.
La crisis de orden no se dirige al
cambio de la organización so-cial, sino al reordenamiento de la organización
(que es un concepto que adoptamos en lugar de estructura, porque es más
amplio). Toda orga-nización se distingue de cualquier otro modo de ordenamiento
porque tiene finalidades conscientes y una dirección —conducción, mando— que la
lleva al logro de esas finalidades. La organización social paragua-ya tiene
fines que corresponden al desarrollo de una formación social capitalista
dependiente de base rural y una dirección que programa y ejecuta, y así también
justifica y controla (ámbito de la ideología y edu-cación social) el logro de
los fines de esta formación social. En conse-cuencia, la transición
democrática plantea un reordenamiento interno de la organización,
el tránsito de un modo de ordenamiento a otro. En otros términos,
podría hablarse de una actualización del sistema de hegemo-nía
en el sentido de la eliminación del retraso de la sociedad
civil en re-lación a la política. El golpe de febrero fue una moderación de la
crisis, un intento de atemperar el retraso por medio de un reordenamiento del
mando social. Por eso la transición pone énfasis en la concertación —pacto,
contrato, consenso— y no en la ruptura. La transición demo-crática en estas
condiciones será siempre restringida, más orientada a la actualización que al
cambio estructural, y a lograr primordialmente la sobredeterminación liberal de
la sociedad. Por lo tanto no se trata de transición a la democracia en un
sentido amplio y profundo, sino a un
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Estado liberal, de derecho, de una organización
capitalista dependiente con un severo predominio de la producción primaria.
Como esta organización social no resuelve la
democratización del acceso a la tierra, al trabajo, de la distribución del
ingreso nacional, ni del acceso a los derechos sociales (educación, salud,
etc.), el tránsito a la democracia estará reservado a una
minoría liberal que sí tiene asegu-rados todos aquellos accesos.
En definitiva, la transición democrática, sobre la
base del reordena-miento de la hegemonía, que significa —y esto es
extremadamente im-portante— la rehabilitación de las FF.AA., que gozan ahora de
un gran prestigio social, supone solamente el beneficio de un Estado de derecho
(que nadie puede dudar es muy importante), pero no la participación mayoritaria
y autónoma de la mayoría no-liberal (es decir, de la que no
participa de las prerrogativas económicas y sociales liberales) en la
di-rección de la sociedad, ni intelectual, ni moral ni administrativamente.
La transición de la sociedad civil al dominio de la
política —de esto trata la actual transición democrática— o en otros términos
al dominio del Estado, se mediatiza en los siguientes hechos:
-- La
creación de una diversidad de expresiones políticas, que per-mite distintos
tipos de combinaciones para cambiar hombres y programas y asumir el
control liberal de la sociedad (que no se re-fiere solamente a
las libertades políticas, sino también al fortale-cimiento de las prerrogativas
económicas y sociales capitalistas);
-- Un
sistema de recompensas a fracciones de clase auxiliares (peque-ña y mediana
burguesía, pequeños y medianos productores rurales, intelectuales, obreros y
técnicos calificados, profesionales liberales, burócratas), que en su conjunto
forman la comúnmente llamada “case media”, y que están destinadas a constituir
la base social de apoyo a la organización liberal (no a un gobierno en
particular). El sistema de recompensas está formado por políticas económicas,
facilidades de acceso laboral, elevación del estándar de vida, etc.;
-- La
reconstitución del partido único (o unido) que representa mejor el
dominio de la sociedad civil (sociedad liberal, o burguesa depen-diente de base
rural) y cuya fusión es lo único que puede resolver la crisis de mando. También
forma parte de este proyecto el predo-minio bipartidario que
monopolizará el uso efectivo de las liberta-des liberales (participación en el
gobierno, acceso a recursos mate-riales y humanos para la educación ideológica,
cierta inmunidad a los efectos del control y represión política en sus
múltiples formas).
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2.
Haciendo inteligible el fin de la dictadura
La
transición
Recién a partir de 1985 empiezan a formularse
propuestas concretas sobre la transición por parte de la dirigencia política,1 que no fueron muchas y no abarcaron todo el
espectro político nacional. En 1985, el Dr. Domingo Laíno —en su exilio en
Buenos Aires— presenta en el marco de un seminario “Las Bases para un Proyecto
de transición de la dictadura a la democracia”. En 1986, el Dr. Euclides
Aceveo, en co-laboración, publica el “Manifiesto Democrático”. En diciembre de
ese mismo año, el Movimiento de Integración Colorada —liderado por el Dr. Edgar
Ynsfrán— lanza el “Esquema político. Una opción republi-cana”. En abril de
1987, el Dr. Fernando Levi-Rufinelli da a conocer su “Plan Z. El sistema de
libertad en vez del sistema de opresión”. Tam-bién en 1987, el Dr. Antonio
Salum-Flecha, del MIC, publica un aná-lisis sobre el “Esquema político”; el
Ing. Carlos Romero Pereira, del Movimiento Ético Doctrinario (MOED), lanza su
libro Una propuesta ética; el Partido Revolucionario
Febrerista publica sus “Propuestas de
1 No consideramos comentarios o ideas aisladas
sobre la transición que abundaron en los años inmediatamente anteriores al
golpe del 3 de febrero. Nos interesan solamente los planteamientos concretos
sobre la transición formulados por la dirigencia política. Por eso, no
incorporamos a este estudio los trabajos de cientistas sociales-políticos sobre
el tema.
431
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
emergencia para la realidad nacional”; y el Partido
Liberal Radical presenta sus “Bases para un gobierno nacional”. Y finalmente,
en 1988 Laíno y Romero Pereira conjuntamente hacen público su “Compromi-so
democrático”, y el MOPOCO y el MOED suscriben su “Propuesta para la transición
democrática”.
En su conjunto, todas estas propuestas expresan la
ausencia de una dirección civil que pudiera dirigir el proceso de
democratización. Todos manifiestan el carácter inerme de la oposición para
acabar con el régimen. El diálogo que comprende a todos, sin discriminar a los
grupos gobernantes ni a las FF.AA., la concertación, las elecciones limpias,
son los recursos que aparecen invariablemente en todas las propuestas, con los
que se pretende cambiar una voluntad autorita-ria. La idea
central de las propuestas de transición —aunque no ex-plícita, salvo alguna
excepción— era la muerte del dictador y el vacío de
poder subsiguiente.
Estos eran los fantasmas que se movían en la
conciencia polí-tica. El golpe de Estado estaba en la cabeza de todos, y más
aún en los deseos. En la conversación informal el golpe no era un fantasma. Se
tenía información, a veces fantaseada, a veces obtenida de fuentes confiables y
sobre hechos ciertos, de la intención del Gral. Rodríguez muchas veces
anunciada de tomar el poder. Sin embargo, en la comu-nicación formal se
practicaba la “hipocresía” de descartar el golpe de Estado y de condenar,
incluso, toda aventura golpista como contraria a toda intención
democratizadora, como vamos a ver.
La omisión del golpe de Estado como salida se
podría explicar por la enorme debilidad del poder civil frente al predominio
absoluto del poder militar. Esta omisión no era consciente. Como una espe-cie
de intuición, los políticos de la oposición (no los tradicionalistas)
planteaban el fin de la dictadura con las armas que sabían manejar: el diálogo,
la concertación y la agitación “pacífica” de los partidos po-líticos y
movimientos sociales. A simple vista, parecería ser que no se trataba sólo de
una intuición sino de la racionalidad apropiada al pro-ceso de transición. Sin
embargo, la agitación social estaba subordina-da al diálogo y la concertación,
lo que hacía suponen el tránsito de una voluntad
autoritaria a otra permisiva en la esfera del poder cualquiera lo estuviere
ocupando después de la muerte del dictador (porque todos estaban de acuerdo en
que la transición era sin Stroessner, y se espe-raba su muerte o incapacidad en
forma inmediata), o —según la in-creíble fantasía que dan a entender muchas
propuestas— después de su derrota en elecciones libres. Siempre primaba la
concertación. La oposición sabía muy bien que la agitación política y social
por sí mis-ma no podía acabar con el régimen. La desventaja en la correlación
de fuerzas la empujaba a la concertación. Propugnar el golpe de Estado,
432 .py
por otra parte, significaba priorizar la fuerza de
las armas que conde-naba a la oposición a la subalternización indefinida. Por
eso, aunque se deseaba el golpe no se lo proponía por un instinto de
conservación. Y lógicamente se lo condenaba, como explícitamente lo condenó el
Dr. Laíno en 1985, desde su exilio en Buenos Aires.
En cambio, los tradicionalistas sí propugnaban el
golpe de Es-tado y en los discursos de sus dirigentes se incitaba a las FF.AA.
a intervenir. Como el inesperado discurso del Dr. Argaña de diciembre de 1988,
en el que advirtió sobre la repetición de otro 13 de enero de 1947, en alusión
al golpe en que el Partido Colorado recuperó el poder. Era natural, las FF.AA.
los mantuvieron durante 34 años en el poder, y los tradicionalistas eran
conscientes de que constituían la única fuerza política que podría otorgar
incondicionalmente el apoyo legitimador a un gobierno militar.
De una cosa la oposición estaba segura: su
debilidad organizativa no sólo para enfrentar a la dictadura y derrocarla —lo
que era poco menos que imposible—, sino para controlar la situación en un
hipoté-tico “vacío de poder”. Sus propuestas reflejaban claramente tal
debili-dad, en la forma de la elaboración imaginaria del cambio de la
voluntad autoritaria por el diálogo y la concertación. En otros
términos, en la elaboración del mito de la transición.
Mediante el mito, la oposición hizo inteligible el curso de
los acontecimientos, lo que les permitió controlar la
racionalidad del proceso político, dos consecuencias fun-cionales del
pensamiento mitológico.
Pero el mito falla en la vivificación de la
“naturaleza”, que sería en nuestro caso político la vivificación de la
transición. Esto significa que un hecho singular, concreto, como sería la
muerte, el vacío del poder, el diálogo, elementos centrales del mito de la
transición, cobran una autonomía y un poder de predeterminación de los
acontecimientos, al margen de ciertos principios generales que rigen el
desarrollo históri-co, como sería por ejemplo el desarrollo y la capacidad de
fracciones de clase dirigentes para readaptarse y seguir manteniendo la
gober-nabilidad del sistema. Lo singular y lo concreto, la muerte-el vacío-el
diálogo, se elevan al rango de principios generales de desarrollo his-tórico,
con el que se logra reinterpretar hechos complejos y oscuros.
Téngase en cuenta que el paso de la dictadura a la democracia no es un paso
cualquiera, es el punto de inflexión en la historia social —más
que política— que no puede explicarse por lo singular-concreto.
Otra cuestión importante que plantea el mito es
cierta armoni-zación de los conflictos. La forma operativa de la armonización
es eliminar fases que implican rupturas y readaptaciones generadoras de
conflictos y que perturban la “economía” del relato mítico. Así, fin del
régimen y la transición democrática coinciden; la libertad política
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
(de expresión, reunión, elección, etc.) es al mismo
tiempo la transi-ción política, y en casos más extremos, incluso la
democracia misma. No es más que la consecuencia de la relación de
lo concreto-singular a lo general.
Analicemos algunos aspectos relevantes del discurso
de la transi-ción antes del 3 de febrero, que nos permitirá, más adelante,
analizar el discurso de la pretransición después del golpe,
frente a la refutación del mito muerte-vacío-concertación.
En su exilio, en agosto de 1985, el Dr. Domingo
Laíno —entonces vicepresidente primero del Partido Liberal Radical Auténtico—
for-mula “Las Bases para un Proyecto de Transición de la Dictadura a la
Democracia”, en el marco de un seminario realizado en la Universi-dad de Buenos
Aires y dirigido al Tercer Mundo.2 Allí define el rol del pueblo en estos
términos: “En las circunstancias actuales el pueblo debe combatir contra
quienes desean mantener el injusto statu quo social vigente.
Su rol debe dirigirse a apuntalar el proyecto de tran-sición hacia la
democracia mediante el diálogo político […]”. Entre líneas puede leerse que el
“proyecto de transición a la democracia” sería efectivizado por el cambio de la
voluntad autoritaria mediante “el diálogo”. Diálogo implica, en este contexto,
concertación entre di-rigencias políticas, en donde el combate del pueblo (“el
pueblo debe combatir”) adquiere una importancia secundaria en tanto “su rol
debe dirigirse a apuntalar el proyecto”. Es el discurso de un dirigente que no
puede contar con una base popular organizada suficiente para im-ponerse en la
confrontación con la dictadura. Por eso, en el párrafo el proyecto de
transición no parece suceder a un derrocamiento, para el cual no se cuenta con
fuerzas, sino más bien parece desarrollarse en el interior mismo del esquema
vigente de poder.
La propuesta del “proyecto de transición” planteada
como una debilidad se expresa en el temor de su fracaso: “La lucha política por
el cambio, a través del proyecto de transición no terminará siendo un fracaso.
Es el testimonio de muchos que ofrendaron su vida el que nos da la seguridad
que deseamos para el Paraguay”. La proposición es negativa: “no terminará
siendo un fracaso”. Si se hubiera sentido seguro habría formulado de otra
forma, por ejemplo: “la transición será exitosa”. La sola utilización del término
“fracaso” es indicativa del temor. Además, como demostración del no-fracaso se
recurre al testimonio trágico —y por supuesto perdedor— de los
“muchos que
2 Laíno, Domingo, “Bases para un Proyecto de
Transición de la Dictadura a la Democracia en el Paraguay”, en Britez, Edwin y
otros, Paraguay: Transición, Diálogo y Modernización
Política, Anexo Documental IV, El Lector, Asunción, 1987, pp.
172-176.
434 .py
ofrendaron su propia vida”. Como puede verse, no
hay una apelación a la capacidad de las organizaciones populares para imponer
el pro-yecto, sino a la inmolación de opositores.
Más adelante, las expresiones de debilidad se
refuerzan cuando se define el carácter pacífico de la transición. “La
transición de la dic-tadura a la democracia deberá ser pacífica. La No
Violencia Activa deberá regir todas las gestiones relacionadas con el
mecanismo de la transición”. El discurso está dirigido a las FF.AA., a los
aparatos de represión. El Dr. Laíno trata de asegurar la integridad del recurso
de la concertación entre dirigencias, y así también la integridad
del apoyo de la agitación social (no violencia activa), que es
lo único que puede contar en las negociaciones por el poder. La “no
violencia ac-tiva” no indica ruptura con el esquema de poder. Era una consigna
lanzada como estrategia política con pleno dominio de la dictadura. Esto queda
confirmado claramente en el pensamiento que sigue in-mediatamente al anterior:
“Las intenciones golpistas y los propósitos armados serán considerados
traiciones a la causa democrática, pues la violencia engendrará violencia y de
esa forma se postergará indefi-nidamente la participación del pueblo a través
de los modos y formas de la democracia pluralista”. Después del golpe del Gral.
Rodríguez, se tuvo que haber producido una ruptura en el pensamiento del Dr.
Laíno, y un reacomodamiento aún más desfavorable en la correlación de fuerzas
con el poder militar mediante el apoyo a su legitimación.
Desde luego que la posibilidad del fracaso de la
transición, sin el derrocamiento de la dictadura, por la vía pacífica, estaba
presente, no de una manera latente como vimos en la utilización del término,
sino manifiesta. “Considerando que nos encontramos actualmente ante un gobierno
de facto y régimen de fuerza, la responsabilidad principal de la conducción
hacia la democracia corresponderá al Ejército paragua-yo. Se nombrará una Junta
Militar Provisoria […] (quien) será uno de los promotores principales e imparciales
de la transición. Será el (sic) responsable y el que garantizará que el
proceso culmine, en el menor tiempo posible, en un Estado de derecho
democrático y pluralista”. Casi todos los observadores y analistas políticos
creyeron ver aquí una contradicción. Del protagonismo del pueblo al
protagonismo militar. En realidad no hay ninguna contradicción.
En “Las Bases…” el pueblo tiene, podríamos decir,
una presencia “logística”. Su “combate” estaba dirigido a apuntalar el
proyecto de transición, mientras que la responsabilidad principal de la conduc-ción hacia
la democracia “corresponderá al Ejército paraguayo”. Es evidente la
diferencia entre “apuntalar” y “conducir”. Y no sólo es el “responsable”, sino
quien garantizará que el proceso culmine. Tam-bién se lo denomina al Ejército
“uno de los promotores principales
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
e imparciales. En otros términos, la tesis
principal del documento es que frente a “un gobierno de facto y régimen de
fuerza”, el protagonis-mo en la transición no es pertinencia del pueblo sino
del Ejército. Esta tesis estaba formulada en relación a un “vacío de poder”
producido por la muerte del dictador. Se descartaba el golpe, que era rechazado
en favor de la concertación entre cúpulas. Y en este contexto, el pro-tagonismo
militar venía a constituirse en el reaseguro del fracaso civil de la concertación.
Dando por descontado el control militar del
proceso, el Dr. Laíno imagina, como recurso final de la supervivencia de la
dirigencia po-lítica en el proceso, la mediación de la Iglesia. “Se propone
—expre-sa— al ilustrísimo Mons. Ismael Rolón —y asesores— como media-dor entre
la Junta Militar provisoria y el Consejo de Representantes Políticos para la
Transición”, esta última entidad consultiva de los partidos políticos.
El encuadre imaginario de “Las Bases…” estructura
el mito de la transición, que reúne el sentimiento de debilidad, el
temor al fracaso y la apelación a fuerzas providenciales: las
FF.AA. y la Iglesia, como fan-tasía compensatoria.
En 1986, el Dr. Euclides Acevedo en colaboración
con José Carlos Rodríguez publica el “Manifiesto Democrático. Una propuesta
para el cambio”.3 En
el prefacio, los autores señalan su propuesta principal: “Lo que el Manifiesto propone
es una ruptura pactada, esto es un pac-to político constitucional
que incluya al poder real, pero que rompa totalmente con su naturaleza
despótica […]”.4 La ruptura
pactada es una variante de la vía pacífica de la
transición del Dr. Laíno. La idea principal está dirigida al control del “vacío
de poder” que sobreven-dría luego de la muerte del presidente, sobre la base de
la concerta-ción entre cúpulas y frente a la debilidad organizativa de la
oposición.
La crisis político-institucional iba a producirse
por la muerte del presidente. Un hecho tan singular y concreto cobraba una
autonomía tal que era capaz de provocar un proceso de transición de la
dictadura a la democracia como “mayor desafío, la tarea de mayor grandeza de la
historia paraguaya del presente. Más grande quizás que el proceso que nos
condujo a la soberanía en 1811, o a la tarea de la reconstruc-ción nacional
después de la guerra de 1870”.5 “El presidente no es in-mortal —afirman— y a
los 73 años tampoco es joven. Su desaparición de la escena política nacional
—aunque sólo fuese por el inevitable
3 Acevedo, Euclides y Rodríguez, José Carlos, Manifiesto
democrático. Una propuesta para el cambio, Araverá, Asunción,
1986.
4 Ídem,
p. 31.
5 Ídem,
p. 32.
436 .py
imperativo biológico— despierta temores, desata
cabildeos, encien-de esperanzas y genera inestabilidad. La ausencia de
Stroessner se prefigura como el fin de un proceso y el inicio de otro. Emerge
como una crisis político-institucional”.6 Es decir, “La ausencia del general dejará
pues un vacío de poder. Cuándo y cómo son preguntas que aún no tienen
respuesta. Sin embargo, ese futuro presentido no parece ya tan remoto y la mera
sensación de su inminencia alborota o desvela tanto a los que lo aman como a
los que lo aborrecen”.7
Evidentemente, la ausencia del presidente se
presentaba como amenazante para los autores. Temores, cabildeos, inestabilidad,
des-velo, no sólo valen para los otros, sino para los mismos Acevedo y
Rodríguez. Es justamente porque han sentido estas emociones que se vieron
impelidos a escribir el Manifiesto. Esta debilidad básica es la fuente de
la ruptura pactada que permitirá la sucesión legítima de la
dictadura personal al sistema democrático de gobierno.
La ruptura pactada maximiza el
pacto y minimiza la ruptura. Se elabora así el mito de la neutralización del
conflicto que necesaria-mente debe producir toda ruptura en el paso de la
dictadura a la de-mocracia. Es el mito del triunfo de la armonía, del orden,
del equili-brio, sobre el terror a la muerte, al vacío, al desorden. “La
dictadura personal carece de sucesión legal”, afirma, y por eso “habrá de
produ-cirse una ruptura final con la dictadura”. Esto
significa conflicto, im-posible de ser controlado por la oposición. Entonces,
“a fin de evitar que se engendre una nueva dictadura, de no incurrir en costos
sociales innecesarios y de asegurar el cambio político desde la legalidad, es
que proponemos una ruptura pactada”,8 sostienen. Se trata de evitar, además de la
repetición de la dictadura, costos sociales innecesarios, y se propugna el
cambio político desde la legalidad. En otros términos, la ruptura
pactada descarta la movilización popular, esta no es idónea para
asegurar la legalidad. Sólo el pacto, que en el
lenguaje político del poder no tiene otro referente que no sea el pacto entre
dirigencias.
El sentido de la legalidad, emergente
del pacto, como contenedora de la movilización social, y por lo
tanto del conflicto, está claramente definido en este párrafo: “El pacto
democrático que proponemos es un compromiso que, con pleno respeto a
la autonomía e identidad de los actores sociales y políticos, defina un marco
global, un compromiso, que establece unas reglas de juego
dentro de las cuales los conflictos inherentes a la existencia
misma de la sociedad pueden encauzarse sin
6 Ídem,
p. 37.
7 Ídem,
p. 38.
8 Ídem,
todas las citas de párrafo corresponden a la pág. 59.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
desembocar en el caos, o resolverse sin recurrir a
la violencia o la repre-sión”
(subrayados de los autores).9
El concepto de ruptura pactada se
vivifica y determina, por im-perio de su gran autonomía, todos los contenidos
de la democracia que los autores desarrollan extensamente en su obra. La
complejidad del proceso de la transición, que sólo puede explicarse por
principios generales del desarrollo histórico social, es significada por lo
singular-concreto del pacto, que bloquea la ruptura y otorga legalidad.
Por otra parte, la legalidad que
sobreviene de la ruptura pactada hace inteligible el desarrollo de la
transición y del complejo entra-mado de fuerzas que participan. Frente al
desorden que implica toda ruptura, el mito controla la racionalidad. Estas son
manifestaciones de la “economía” conceptual, presente en la estructura
mitológica.
Estos dos documentos son los que presentan los
argumentos más elaborados y específicos sobre la transición. Aunque son
solamente representativos del pensamiento de dos dirigentes políticos, las
ideas que contienen ejercieron y ejercen una vasta influencia en la política
nacional. En cierta medida, y aunque de un modo particular según los estilos de
cada uno, Las Bases y el Manifiesto reflejan las debilida-des del pensamiento
de una oposición sin chances en la dirección del proceso de la transición. Los otros
documentos que hemos menciona-do al comienzo de este capítulo, contienen
diagnósticos y propuestas programáticas puntuales. No hacen una referencia
explícita acerca del paso de la dictadura a las libertades políticas y a la
democratiza-ción. No obstante, en forma latente expresan la expectativa del
cam-bio frente al vacío de poder. Esto explica, como lo afirman Acevedo y
Rodríguez, el “alboroto y el desvelo” de los políticos que los impulsan a
presentar proyectos de democratización. Por lo tanto, puede supo-nerse
legítimamente que todas esas propuestas fueron concebidas so-bre el mito de la
muerte y el vacío del poder.
9 Ídem.
438 .py
3.
El fin del mito
Stroessner
se ha rendido ante “el soldado paraguayo”
En la noche del 2 de febrero de 1989, tropas del
Gral. An-drés Rodríguez salen de sus cuarteles y ocupan objetivos militares de
la capital. Se combate frente al Regimiento Escolta Presidencial y al Cuartel
Central de la Policía de la Capital, los únicos focos de resisten-cia
gubernamental. A las 0.30 hs. del 3 de febrero, el Gral. Rodríguez lanza su
primera proclama a través de la radio Primero de Marzo: “Hemos salido de
nuestros cuarteles en defensa de la dignidad y el honor de las
Fuerzas Armadas; por la unificación plena y total del coloradis-mo en el
gobierno; por la iniciación de la democratización en el Para-guay; por el
respeto a los derechos humanos; por la defensa de nues-tra religión cristiana,
católica, apostólica, romana”. La plataforma se “ofrecía con el sacrificio
del soldado paraguayo”. Quince minutos más tarde, el valor del soldado
paraguayo es destacado nuevamente, en un pronunciamiento dirigido a los
miembros del cuerpo diplomático acreditados ante la República: “Fue
necesario que el soldado paraguayo estuviera presente de
nuevo para defender los derechos inalienables del hombre
[…] Con el sacrificio de los hombres de armas —se reitera—
hemos salido a las calles buscando mantener la dignidad de las Fuerzas Armadas”,
se proclama, ubicando en el primer lugar la salvaguarda del honor
militar. En segundo lugar, se desea “buscar y restablecer la unificación total
del coloradismo en el gobierno”. Y en los últimos
439
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
lugares, se mencionan el deseo de defender “los
preceptos de una real democracia en el Paraguay”, de “respetar los derechos
humanos, sin ambages o falsas interpretaciones”, y de los mandamientos de la
reli-gión católica.
A las 7.30 de la mañana, por la cadena de
radiodifusión, el Gral. Rodríguez anuncia, finalmente, la rendición del Gral.
Stroessner: “El momento de la toma de decisiones ha llegado y las
Fuerzas Armadas de la República del Paraguay nuevamente han
cumplido con su deber a entera cabalidad. Ha sido restablecido el orden y
juntamente con ello se harán respetar los valores humanos, así como
en un todo nuestra Constitución”. “Les comunico —continúa más adelante— que la
situa-ción ha sido totalmente controlada”, y “que el general Stroessner se ha
rendido […]”. Por la tarde, el diario Última Hora publica el
documento confirmatorio: “Asunción, 3 de febrero de 1989. Por este documento
presento mi renuncia indeclinable al cargo de Presidente de la Repú-blica del
Paraguay y al de Comandante en Jefe de sus Fuerzas Arma-das. Fdo.: General de
Ejército Alfredo Stroessner”.
Casi inmediatamente al anuncio del Gral. Rodríguez
de la rendi-ción presidencial, la Jefatura de la Policía de la Capital, por
interme-dio del Jefe de Plaza de la Ciudad Capital, el Gral. de Brigada
Francis-co Sánchez, divulga un comunicado en el que anuncia que “todo ha vuelto
a la normalidad y que el manejo de los mandos se encuentra bajo un absoluto
control”, y que “toda la ciudadanía puede transitar libremente y dedicarse a
sus actividades habituales”.
De un modo insólito, dada la importancia
extraordinaria de los hechos, todo volvió a su más completa normalidad en
cuestión de unas pocas horas. A las 17 del mismo día, el Gral. Rodríguez presta
juramento como “Presidente provisional de la República” y asimismo jura la
mayoría de los miembros del gabinete ministerial. Stroessner no
ha muerto. Se ha rendido. Tampoco hubo vacío de poder ni le sobre-vivió una
“crisis político-institucional”.
Una constante en nuestra historia fue el vacío en
la dirección ci-vil, es decir, de clase, de la sociedad. Hasta nuestros días,
aún no ha terminado de formarse una clase fundamental que se encargara de la
dirección “intelectual y moral”, de un sistema hegemónico civil. En otros
términos, aún no terminó de constituirse la sociedad civil, que no
son los “civiles”, los ciudadanos, como algunos interpretan, sino la práctica
ideológica, social y cultural de una dirección de clase, y el entramado de
relaciones sociales y políticas que esta dirección esta-blece. Si esta sociedad
hubiera existido, entonces la sociedad política hubiera estado
subordinada a ella, que es lo que ocurre en una real democracia. La sociedad
política como ya vimos en el primer capítu-lo es la prolongación
coercitiva de la sociedad civil, y está constituida
440 .py
tanto por el orden jurídico, por la legalidad,
como por los aparatos de represión, esto es, por las fuerzas armadas y
policiales, y hasta por organizaciones paraoficiales de represión (grupos de
choque, bandas, grupos parapoliciales, e incluso hasta formas
partidarias, movimentis-tas, sindicales, etc., de presión, coacción,
amedrentamiento).
En la democracia la sociedad política está
subordinada a la socie-dad civil, y ésta es la que monopoliza todas las
iniciativas relaciona-das a decisiones sociales y políticas. En nuestro país,
los hechos ocu-rrieron casi siempre al revés. Primó la sociedad
política, que siempre estuvo constituida sobre una sociedad civil poco
estructurada y poco desarrollada. Es lo que distingue a las dictaduras (aun en
los países socialistas, en donde el proletariado no pudo constituirse como
socie-dad civil y su poder fue transferido a la burocracia, al control
partida-rio de la burocracia y a los aparatos de represión).
La nunca finalizada conformación de una clase
hegemónica que pudiera asumir la dirección civil de la sociedad es lo que
explica el stronismo y su larga duración. Desde los orígenes de la república
in-dependiente, en el Paraguay la dirección social estuvo en poder de la
sociedad política (la burocracia y los aparatos de represión). La independencia
nacional se resuelve en los cuarteles, así como ahora en el Regimiento Escolta,
y en la post-independencia, el vacío de la dirección civil es cubierto por el providencialismo
de personajes tota-les, que encarnaban todo, la nacionalidad, la
voluntad y la soberanía populares, la administración del Estado,
los negocios internacionales, el cuidado de la educación, y hasta la guerra
patria y el patriotismo.
En la posguerra, el ensayo de instaurar una
sociedad liberal fra-casó desde sus comienzos, precisamente porque no existía
una clase hegemónica. La profunda inestabilidad política hasta 1954 fue la
ex-presión natural de una malformada y maltrecha oligarquía nacional que,
desprovista de bases económicas por la severa explotación impe-rialista que
impidió su desarrollo, no pudo asumir la dirección civil de la sociedad
paraguaya. La guerra del Chaco salva del colapso a la sociedad liberal. Sin
embargo, el ejército paraguayo anteriormente en total desprestigio por la
interminable historia de cuartelazos, resurge de la guerra como el más alto
exponente del honor nacional. Nace, entonces —como ya se lo ha definido—
el partido militar, que produce con grandes inconsistencias
ideológicas primero la revolución de fe-brero y después el golpe de
Estigarribia, el gobierno de Morinigo y — tras un caótico interregno— el
stronismo. Y ahora el posestronismo, en un intento de instaurar el liberalismo
pero con vigilancia militar. En definitiva, la sociedad
paraguaya fue dirigida siempre, hasta hoy mismo, por la sociedad
política, y éste es el sentido de su crisis político-institu-cional permanente.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
La crisis del 2 y 3 de febrero se desenvolvió
dentro de la sociedad política. Es conveniente reiterar
que no asimilamos sociedad política con el campo de los
partidos políticos, según la hemos definido an-teriormente, sino con la
prolongación burocrática y coercitiva de la sociedad civil. Y que en el caso de
nuestra sociedad, esta prolongación asume los roles de la sociedad
civil, es decir, de la dirección de clase. Esto hace que el programa de
democratización del Gral. Rodríguez, y la amplia apertura de la libertad
política (a pesar de algunas pocas restricciones), no signifiquen
todavía una emergencia de la crisis políti-co-institucional que, desde
la independencia nacional, es permanente. La tendencia
de esta apertura política es la de transferir la dirección social a la sociedad
civil. En general, en nuestra literatura política no se aprecia
suficientemente el carácter de crisis político-institucional permanente que
afecta a la república independiente desde su consti-tución. Esto dificulta
también la caracterización y el alcance (la fron-tera) del actual proceso
político.
La frontera del actual proceso está determinada por
las posibili-dades de consolidación de la burguesía nacional que le permita
hacer-se cargo de la dirección social, es decir, que le permite
funcionar efecti-vamente como sociedad civil. Pero debemos ser justos: si
bien la crisis se desenvolvió en el seno de la sociedad
política (burocracia estatal y aparatos de represión), la base de la
crisis fue la ampliación y profun-dización del proceso productivo de las
últimas décadas, que permitió crear una acumulación capitalista, y por
consiguiente el crecimiento de una burguesía nacional con un grado de poder
económico y de organización (corporatización) como nunca antes la tuvo.
Decíamos en el capítulo 1 que “los empresarios paraguayos han sistematizado y
rigorizado su pensamiento, hasta tal punto que hoy puede decirse que han
adquirido cierta independencia para orientar, hacer planteos e influir sobre
aspectos no sólo económicos, sino también sociales y políticos, fuera de los
aparatos del Estado, desde sus mismos porta-voces y entidades de organización
sectorial”. Y así también que “la creciente independencia de la
burguesía nacional entró en colisión con la sociedad política”
(Gramsci) de la sociedad. El stronismo no pudo dar salida a esta
disputa, no pudo absorber la contradicción porque fue concebido, diseñado y
preparado para la dirección política (buro-crática y militar-policial) y no
para la dirección civil (consenso entre lo ideológico y el poder, vigencia del
Estado de derecho, y completa libertad de pensamiento, que apunta
fundamentalmente a consolidar y desarrollar el pensamiento liberal, que es lo
que corresponde a los niveles cualitativamente superiores de acumulación
capitalista)”.
Y el proceso se ha echado a andar. La transferencia
de la sociedad política a la civil será posible sólo en la medida en que la
burguesía
442 .py
nacional realmente se consolide. El destino de
nuestra incipiente li-bertad y el retiro de los militares a sus cuarteles, que
significará la despartidización de las FF.AA., está en relación directa con el
desarro-llo de la economía nacional: reducción de la capacidad ociosa de la
in-dustria, ampliación de la “frontera” industrial, agroindustrialización,
reducción drástica del contrabando, ampliación y diversificación de la
“frontera” del comercio exterior, etc. Si este desarrollo no se produce,
la sociedad política seguirá mandando en el país y no se
resolverá la crisis político-institucional, que continuará siendo permanente.
Y tampoco podrá resolverse la crisis del
pensamiento liberal en todas sus variantes, incluyendo al pensamiento
socialdemócrata, que domina el análisis político. Incluimos a la
socialdemocracia porque su ideología del poder, su legalidad, es
decir los procedimientos de constitución y representación, coinciden con
el formalismo de la ideo-logía liberal, a pesar de ciertas
propuestas económicas suyas de ca-rácter social. Tal crisis se expresa en la
elaboración de los mitos de la transición antes del golpe, y al reacomodamiento de
sus contenidos, después.
La crisis liberal del análisis hizo pasar
desapercibidos algunos elementos del discurso de la sociedad política (burocracia
y aparato militar-policial) en los momentos mismos del reordenamiento político-institucional.
Sólo no pasó desapercibido el orden programático de la proclama del Gral.
Rodríguez. Eso era por demás evidente: se ofrecía la unidad del coloradismo
antes que el inicio de la democratización. No obstante, no se le dio mucha
importancia al hecho de enunciar en primer lugar la dignidad de las FF.AA. ni
al reconocimiento del exclu-sivo protagonismo del soldado paraguayo. Que, por
otra parte, era propio del discurso identificado con la sociedad política.
A las 0.30 del 3 de febrero, el Gral. Rodríguez
anunciaba que se salió de los cuarteles “en defensa de la dignidad y el honor
de las FF.AA.”, y en segundo lugar “por la unificación plena del coloradismo en
el gobierno”. Aquí lo que debería llamar la atención no es porqué en
primer lugar se aboga por la unificación partidaria y luego por el inicio de la
democratización, como a casi todo el mundo le llamó la atención, sino porqué se
enuncia primero la dignidad y honor de las FF.AA. y en segundo lugar la
unificación partidaria. Este orden, en la escala valorativa del
poder social del Gral. Rodríguez, es absolutamente coherente con la ideología
de una sociedad política que gobierna sobre el vacío de una sociedad civil.
El esquema de la sociedad política en
funciones gubernamentales está basado sobre el sujeto de la
coerción y el sujeto de la burocracia, en contraposición
al sujeto del consenso que protagoniza la sociedad ci-vil, en
una democracia, y que comprende a las organizaciones popula-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
res (movimientos sociales gremiales),
organizaciones sectoriales (pro-fesionales, productores, etc.), y partidos
políticos en interacción tanto complementaria como
contradictoria. El sujeto de la coerción está
sim-bolizado, en el caso nuestro, por “el soldado paraguayo”, y el
de la bu-rocracia por el funcionario partidario encargado
de la administración del Estado. La sociedad política en funciones
de gobierno amalgamó Estado, Fuerzas Armadas y partido, en un largo proceso
histórico de incompetencia de la sociedad civil para el gobierno, que se
cristalizó en el stronismo. Esto, la larga duración de la incompetencia, que
sig-nificó una crisis político-institucional permanente, es lo que permitió
contar al poder militar con una base política, así como ocurrió en Alemania,
Italia y Argentina en los primeros gobiernos peronistas. La organización
partidaria incorporada a la burocracia estatal, en el caso de un partido
tradicional que compartía con otro el esquema biparti-dista del sistema
político, es lo que otorgó una extraordinaria longevi-dad al gobierno de
Stroessner.
Por eso, la proclama del 3 de febrero está
dirigida en primer y segundo lugar, respectivamente, a las
FF.AA. y al “coloradismo” —atién-dase bien— “en el gobierno”. El
discurso estuvo dirigido en primer lugar a los sujetos de la
coerción y de la burocracia, a quienes se les asigna el protagonismo principal,
y en cuyo nombre se realiza la “gesta histórica”. Esto debe
entenderse muy bien, porque si el golpe se hizo para salva-guardar la sociedad
política, que es lo que está antes de las intenciones de la
“democratización”, la “gesta histórica” empezó a desarrollar en su nacimiento
mismo el antídoto de la sociedad civil. Es en los primeros enunciados de la
proclama del 3 de febrero en donde se encuentran los gérmenes de la frustración
del proceso de democratización.
El “soldado paraguayo” como símbolo del sujeto de
la coerción, se reitera en los documentos iniciales. En la proclama inicial,
luego de la enumeración programática, se consigna específicamente que la
propuesta se “ofrecía con el sacrificio del soldado paraguayo”. En la segunda
proclama, quince minutos más tarde se justificaba que “fue necesario que el
soldado paraguayo estuviera presente de nuevo (con-firmando su
permanente protagonismo en el poder político) para de-fender los derechos
inalienables del hombre”. En este documento, que fue dirigido al cuerpo
diplomático, se repite por segunda vez “el sacrificio de los hombres de armas”,
para “mantener la dignidad de las Fuerzas Armadas”, en primer lugar, y luego el
restablecimiento de “la unificación total del coloradismo en el gobierno”. A
las 7.30, cuando anuncia la rendición de Stroessner, vuelve a insistir que las
FF.AA. “nuevamente han cumplido con su deber a entera
cabalidad”. Tras prestar el juramento como Presidente provisional de la
Repú-blica, el Gral. Rodríguez —en un discurso por supuesto leído, vale
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decir elaborado— atribuye a las FF.AA., y a ningún
otro sujeto, ni si-quiera en forma compartida aunque fuera de un modo
secundario, ni de manera indirecta, la tarea de realizar la democracia. “Este
rumbo que hoy toman las Fuerzas Armadas a mi cargo —expresó— busca hacer
realidad tangible en nuestra patria la democracia sobre la base de la igualdad
de oportunidades a todos los partidos políticos […]”. El discurso revela la
intención de transferir el poder a la sociedad política (“igualdad de
oportunidades a todos los partidos políticos”), pero resulta completamente
claro que el único sujeto que realizará la transferencia son las FF.AA. Queda,
por lo tanto, el proceso de demo-cratización bajo la exclusiva voluntad
del sujeto a la coerción. Es posi-ble deducir, entonces, que si la sociedad
civil no se consolida pueden no cumplirse los designios de aquella voluntad. En
el párrafo anterior, esta posibilidad está enunciada en forma latente: “Al
ocupar el car-go de Presidente provisional de la República asumo el compromiso
personal de defender las instituciones con energía si fuere necesario;
pero siempre dentro del marco de la ley y del respeto a los derechos
humanos de los demás”.
Es curioso el lapsus (error,
utilización inapropiada de términos, que se comete inconscientemente)
“derechos humanos de los demás”. El Gral. Rodríguez, que habla en
representación de las FF.AA., de la sociedad política, promete el respeto de
los derechos humanos y se coloca afuera, el beneficio es para los
demás, como si pudiera discri-minarse derechos humanos para unos o para otros.
De ahí que el com-promiso de “defender las instituciones con energía”,
puede significar la prórroga indefinida de las transferencia del poder a la
sociedad civil. Por supuesto que en el marco de la ley y de la
justicia, así como la sociedad política trata de gobernar actualmente.
En segundo lugar, el discurso está dirigido
al sujeto de la burocra-cia. En el mensaje posterior a la jura
presidencial, no cabe la menor duda que el proceso de
democratización está condicionado al vínculo
FF.AA.-unidad del coloradismo en el gobierno. No sólo por los prime-ros lugares que ocupa en
los compromisos presidenciales, sino por el énfasis y por los argumentos que
les dedica, argumentos ausentes en los compromisos restantes (legalidad, paz,
libertad de expresión, com-promisos internacionales, relaciones con la
Iglesia). Inmediatamente después de declarar que asume el cargo de Comandante
en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, se dirige no al pueblo paraguayo
en general sino solamente a los colorados: “Pienso que para hacer la unidad
nacional debemos comenzar por la unidad total, sin límites ni restricciones del
Partido Colorado, a cuyo efecto debemos echar un manto de fraterno olvido a
algunas rencillas que en las luchas cívicas pudieron haber sucedido, por ello
hago un llamado a todos los colora-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
dos de la República a que colaboren con mi
gobierno”. Es la reafirma-ción del pensamiento de la sociedad política en el
gobierno, en donde el Estado, las FF.AA., la democracia, la unidad
nacional y la unidad del coloradismo coinciden. Obsérvese, por otra
parte, que en el mensaje no se propone a la democracia como
un objetivo independiente, sino como subalternalizado a la responsabilidad de
las Fuerzas Armadas.
¿Por qué el énfasis en la unidad del coloradismo?
Porque el de-rrocamiento de la dictadura no significó el derrocamiento
de la sociedad política, sino fundamentalmente el reordenamiento de los sujetos
de la coerción y de la burocracia estatal. Se producen cambios de mando en las
fuerzas armadas y policiales y en el elenco gubernamental. Como el Partido
Colorado cumplía las funciones de administrar la burocra-cia gubernamental, es
decir, no formaba parte de la sociedad civil, como correspondería en una democracia,
sino de la sociedad políti-ca, que otorgaba a dirigentes, bases y seccionales
poderes paraoficia-les, el cambio de elenco gubernamental y
para-gubernamental vació a la organización partidaria. El nuevo
gobierno necesita reconstituir el sujeto de la burocracia, para lo
cual se apoya en el tradicionalismo y en los sectores contestatarios que fueron
paulatinamente segregados durante el stronismo. El esquema de la sociedad
política necesita re-constituir el coloradismo en el gobierno. Este
es el sentido de la unidad del Partido Colorado, y del paso
de los contestatarios de la oposición al oficialismo.
Cabe tener en cuenta que la reconstitución del
sujeto de la buro-cracia no podía hacerse solamente con el tradicionalismo, en
razón de que la “militancia” ejercía el control absoluto de las bases
partidarias (seccionales). Tal control exigía el dominio de la Junta de
Gobierno en poder de los tradicionalistas, que fue resuelto por el “atraco” del
1º de agosto de 1987. El completo dominio de las bases por la “militancia”
impidió toda reacción del tradicionalismo para conservar la dirección
partidaria, y bloqueó, entonces, la intervención del Gral. Rodríguez en favor
de los tradicionalistas, quien incluso hasta logró sacar sus tanques a la calle
aquel 1º de agosto. Además, la “militancia” represen-taba al stronismo, y las
FF.AA. no podían intervenir solo en el conflicto partidario sin afectar al
mismo liderazgo del Gral. Stroessner. Para eso, primero debía destituirse a
Stroessner y con él a la militancia. Esto es, aniquilar el liderazgo para
controlar la situación. Es lo que ocurrió el 3 de febrero. El reemplazo de un
líder por otro, y con el poder de las armas aniquiló toda resistencia
militante.
Pero los tradicionalistas no tenían bases. Y las
bases “militantes” eran una ficción política. Estas no se constituyeron sobre
una con-ciencia política, sobre una identidad partidaria, sino sobre la
“pre-benda”, es decir sobre el acceso a los cargos públicos, a las planillas
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de funcionarios fantasmas —“planilleros”—, a los
negocios, a la pro-tección de las actividades ilícitas. Al ser destituida la
“militancia” del poder partidario, las bases “militantes” se diluyen. En
cuestión de ho-ras nadie se definió “militante”. El partido se “vacía”,
“desaparece” el sujeto de la burocracia, protagonista necesario en el esquema
de poder basado en el predominio total de la sociedad política. Por eso se
apela a la “unidad total del coloradismo”. Sólo la incorporación de los
contestatarios, en medio de un enorme descontento y de movilizacio-nes
sociales, es lo que permitió recomponer al sujeto de la burocracia. La salida
de los militantes no podía hacerse sin la recuperación de la identidad política
del partido. En cierta medida, esto significa cons-truir, para el partido
colorado, el sujeto del consenso, protagonista de la sociedad
civil. El proceso de “transición” a la democracia estaría basado en la
construcción de la sociedad civil mediante la transforma-ción del sujeto de la
burocracia en sujeto del consenso. No obstante, son tendencias; la concreción
del proyecto está determinada por la consolidación de una clase dirigente que
pueda asumir el control del poder social. Si esto no fuera posible, el esquema
del dominio del po-der por la sociedad política continuaría vigente, y el
partido colorado seguirá constituyéndose como sujeto de la coerción y la
burocracia.
En definitiva, todavía no hay emergencia de la
crisis político-ins-titucional, en tanto no hubo ruptura, lo que a su vez
significa que tam-poco hubo vacío. La rendición de Stroessner significó un
cambio de orden, no de organización. La diferencia
radica en que el cambio de or-ganización significaría el paso —la transición—
de la sociedad política a la sociedad civil, del dominio social por la coerción
y la burocracia al dominio por el consenso. Al no producirse todavía esta
transición, el proceso actual puede ser caracterizado solamente como proceso de
liberalización. Las libertades ciudadanas y las garantías individua-les se
encuentran vigiladas por el poder militar. En otras palabras, el cambio de
orden significa cambio en ciertas disposiciones internas de la hegemonía
(alianza militar-colorada), y no el paso de un sistema hegemónico a otro, como
sería en el caso de cambio de organización.
Es al nivel de la legalidad del
gobierno del Gral. Rodríguez en don-de puede apreciarse en toda su magnitud la
continuidad del sistema de hegemonía. Y el hecho fundamental que legaliza la
continuidad fue la renuncia de Stroessner. Mediante ella, se
“relata” la historia cons-titucional. El Gral. Rodríguez, o
cualquiera en su lugar, vendrían a completar el período
constitucional de Stroessner por procedimientos totalmente constitucionales. En
este sentido, cambia la significación del derrocamiento: no hay ruptura de un
orden constitucional a otro. Stroessner ha renunciado. Aunque
fue obligado a dimitir, la renuncia formal —comunicada a las 7
de la mañana del 3 de febrero— implica,
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
a los efectos jurídicos, un hecho voluntario
admisible en la Constitu-ción. Los otros casos admisibles son la muerte o
incapacidad. Es para completar el período constitucional que se convoca a
elecciones pre-sidenciales. Por lo tanto, hasta podría sostenerse que ni
siquiera hubo golpe de Estado. Tal como algunos stronistas sorprendidos
quisieran justificar en un primer momento, “no hubo golpe, el partido colorado
sigue en el gobierno”.
Todos los hechos que suceden entre el 3 de febrero
y el 15 de mayo conducen al restablecimiento de la legalidad del sistema
hege-mónico, con las variantes de la apertura política, del reconocimiento de
toda la oposición y la vigencia de las libertades públicas, y que recorre las
siguientes fases:
1. La crisis de orden, es decir, de mando. Entre la
renuncia y la disolución del Congreso y el llamado a elecciones.
2. La consolidación de la autoridad del
nuevo orden y las nuevas reglas del juego opositor. Desde el llamado a
elecciones hasta la proclamación de las candidaturas presidenciales.
3. La campaña electoral, hasta el 1º de mayo.
4. Las elecciones, la constitución de la corte y los
partidos corte-sanos, y el restablecimiento de la legalidad del orden
constitu-cional, entre el 1º y el 15 de mayo.
448 .py
4.
Crisis de orden y de legalidad
La
elaboración del duelo
Desde el punto de vista de la organización social,
el golpe de Es-tado fue una ruptura de orden, no de organización. Las bases
económi-co-sociales no fueron cuestionadas. Por el contrario, el nuevo gobierno
plantea la aceleración del crecimiento capitalista de la economía, en las
condiciones de la dependencia y del predominio de la producción pri-maria. El
libre cambio, el control del gasto público, el control de la co-rrupción, libre
comercio, reforma crediticia, entre otras medidas, con-tribuyen al desarrollo
de la acumulación capitalista en las condiciones en que el Paraguay se
desenvuelve en las últimas décadas, y al mejora-miento de la eficiencia y
productividad particularmente en el sector de la agroexportación y
agroindustrias. El esquema de poder tampoco ha sufrido modificaciones. Un
general presidente colorado, con apoyo del “coloradismo en el gobierno”,
continúa al mando de la república. No obstante, los cambios en la esfera del
poder son importantes, en tanto significan una apertura política que dio
legalidad a la oposición y pro-pugna un Estado de derecho. Que es lo que, por
otra parte, corresponde al desarrollo “liberal” de la economía. Por lo tanto,
no hay ruptura de organización. Si esto hubiera ocurrido, por lo menos se
hubiera altera-do el esquema de poder. En esta situación, el nuevo mandatario
surgi-do del golpe no hubiera asumido el mando “para completar el período
constitucional”, sino para iniciar un proceso completamente nuevo.
449
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
La idea de que se trata solamente de una
“recuperación institu-cional”, de que se trataba de poner orden en la casa y no
cambiar de casa, primó en el pensamiento de los tradicionalistas y permitió a
algunos militantes ensayar defensas. Así, el ex senador Enrique Rever-chon a su
regreso de Costa Rica —en donde estuvo en misión oficial por el gobierno
derrocado— definió la nueva situación de esta mane-ra: “Es un gobierno colorado
que sucede a otro gobierno colorado y nosotros acatamos al gobierno colorado
del general Rodríguez, que es un brillante líder militar”. A pesar de haber
sido uno de los mento-res del “atraco” del 1º de agosto y haber actuado en esa
oportunidad como presidente de la Convención partidaria, agregó finalmente que
“su postura era de total acatamiento a la autoridad partidaria que es la Junta
de Gobierno. Acatamos total y absolutamente al doctor Cha-ves”, dijo como si
todo fuera igual.
El mismo 3 de febrero, Pedro Hugo Peña —alto
dirigente tradi-cionalista— presentó los acontecimientos como una mera
suspen-sión del ejercicio del mando: “Existe una situación de hecho, el Gral.
Stroessner ha dejado la presidencia, ha dejado de ejercer el mando. Esa es una
situación de hecho que no tenemos que desconocer y que tenemos que afrontarla.
Ahora adoptaremos un sistema que se adecúe a la democracia, para poder
regularizar la vida institucional del país”, dijo. Y agregó luego que “para
los buenos colorados la situación actual no es un
golpe militar, es una regularización democrática del país”. El sentido
de este pensamiento es complejo. Por un lado, expresa due-lo: hay una
resistencia por cortar vínculos con el pasado. El duelo es una lucha entre el
lazo con el pasado y la aceptación de la pérdida. La solución militar, por su
forma violenta, da la noción de cambios drásticos y de pérdidas irrecuperables.
Para los tradicionalistas que estuvieron comprometidos más de treinta años en
la configuración del stronismo, la ruptura debe ser, sin duda, amenazante. Por
eso se racionaliza y se niega el golpe. Pero, por otro lado, dejando de
consi-derar esta racionalización, la idea de que no hubo ruptura es la que más
se aproxima a la realidad. Los tradicionalistas nunca trabajaron el mito de la
transición, por eso ahora no hay ninguna transición, sino solo una
“regularización democrática”. Este pensamiento es comple-jo, porque combina
racionalización y negaciones con cierta “objetivi-dad”. En cambio, para quienes
trabajaron con el mito de la transición, el discurso tiene un sentido
contrario: hubo golpe y ahora se inicia un proceso de transición a la
democracia, como transfiguración del mito.
La negativa a cortar vínculos con el pasado se
expresa cabalmente por la idea de la “regularización”. Regularizar significa
retomar, res-catar una situación original, o por lo menos anterior, que es
valorada como positiva, exitosa, etc. Por lo tanto, no se enfatiza en
la ruptura
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sino en la continuidad de un proceso anterior, es decir, reencauzar un proceso,
retomar la vía anterior. El discurso tradicionalista expresaba, en los primeros
días después del golpe, la idea de la “regularización”, relativamente
abandonada después, dotada de una significación pro-fética por cuanto es
anunciadora del desarrollo de una tendencia au-toritaria en el tradicionalismo,
en contradicción con las tendencias democratizadoras dentro del partido
colorado. Las raíces de la lucha interna del coloradismo en la actualidad, se
encuentran en el fuerte compromiso que la dirigencia del tradicionalismo asumió
en la cons-titución y consolidación del stronismo en la mayor parte de su
exis-tencia, lo que explica la negación latente de la ruptura.
En el curso de un reportaje periodístico, el Dr.
Argaña manifestó el 8 de febrero que el “gobierno del general Stroessner tuvo
distintas etapas y dentro de esas etapas yo creo que hubo 32 o 33 años de un
gran gobierno. Desgraciadamente, en los últimos dos años de su vida
institucional fue rodeado por un grupo de políticos totalmente irres-ponsables,
voraces, y sin ningún sentimiento de paraguayidad, y eso ha perjudicado a su
gobierno en los últimos años”. Según el Dr. Ar-gaña, el “gran gobierno” de Stroessner
sólo tuvo una interrupción en los últimos dos años, lo que implica, en cierta
medida, una adhesión a un modelo de gobierno y sociedad imperante en la
dictadura, y por supuesto a la negación misma del carácter dictatorial de ese
gobierno.
Al día siguiente del golpe, Juan Esteche Fanego
—presidente de la Junta Electoral Central del gobierno derrocado, y alto
dirigente “tradi-cionalista”— sostuvo que el partido colorado seguirá
regulando la vida nacional: “la oposición y todos los sectores
del país van a encontrar nuevamente en este gran partido colorado
[la seguridad] que puede estar regulando la vida nacional. Y tengan por seguro
que el partido colorado a partir de ayer se volvió a reinstalar con la vieja
bandera del Dr. Juan R. Chaves en la presidencia, va a iniciar esa labor
primordial para la restauración de la vida institucional democrática del país”.
El vínculo con el pasado se expresa en la adhesión al esquema de poder
Estado-partido, a la definición del rol del partido como “regulador de la vida
nacional”, y en la idea de la “restauración de la vida institucio-nal
democrática”.
El concepto de “restauración” fue clave en los
primeros momen-tos después del golpe. El mismo 3 de febrero, el Dr. Argaña
sostenía que “esto es la restauración de la legitimidad del Partido Colorado”.
Un hecho definitorio para la vida institucional del país, con el derro-camiento
de un presidente de la nación —y además de un presidente que ejerció por más de
tres décadas— es definido como la restauración de la
legitimidad de un partido. Partido, gobierno, FF.AA., liderazgo, tienen
la misma identidad. Por esto mismo, tampoco hubo claridad en
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
identificar el hecho del derrocamiento como de
naturaleza militar, en un sentido restringido, o de naturaleza gubernamental,
en el sentido más amplio de cambio de régimen. Esto puede apreciarse en el
comu-nicado que la junta de Gobierno unificada del Partido Colorado lanzó el
mismo día del golpe que los calificó como “la fiesta del triunfo de las Fuerzas
Armadas de la Nación”, omitiendo expresamente “la fiesta” cívica del
derrocamiento de la dictadura.
Según el Dr. Juan Manuel Cano Melgarejo, que luego
fue nom-brado Ministro de Salud Pública y Bienestar Social, el derrocamiento de
la dictadura es una cuestión que tiene que ver sólo con la suerte del partido
colorado. En un segundo lugar, como por añadidura, en un problema vinculado a
la suerte de la democracia del país. “Hoy, 3 de febrero, amanece un nuevo día
glorioso para el Partido Colorado. Después de muchas vicisitudes, estamos
viviendo una nueva esperan-za. Un movimiento cívico-militar, que constituye la
reivindicación de las glorias del partido, ha constituido su gloriosa junta de
gobierno”. Más adelante agregó que “Gracias a las FF.AA., gracias a los jefes,
a los oficiales y tropas de nuestras gloriosas FF.AA. de la Nación, hoy
nues-tro país está en vísperas de una normalización institucional”, y que de
“aquí en más, estaremos sacudiéndonos del yugo de la opresión, de los bastardos
que estaban dentro del Partido Colorado”.
También se llegó a equiparar a la acción militar
con la legitimi-dad del uso de la fuerza de los pueblos sojuzgados. En un acto
en Coronel Oviedo, realizado el 4 de febrero, el Dr. Julio César Frutos dijo
que “el curso de la vida partidaria ha retomado la normalidad institucional con
la presidencia actual del Dr. Chaves”, afirmando que él era el único presidente
legítimo, agregó que “la verdad es esa y a la larga triunfa, en este caso
mediante la patriada de los hombres de las FF.AA. que interpretaron la crisis y
la resolvieron con la fuerza que es el último argumento que usan los pueblos
sojuzgados”. En otros términos, quiso decir que las FF.AA. representan la
fuerza del pueblo sojuzgado, a quien lo interpreta y le devuelve el poder
partidario, re-solviendo la crisis en general. En el contexto de este
discurso, la crisis de la nación, de la “democracia”, etc., era exactamente la
crisis de dirección del partido.
Aún más, el Dr. Argaña hasta llega a justificar que
la “restaura-ción” de la legitimidad partidaria —que coincidía con la
restauración de la “democracia”— era un derecho consagrado por las Naciones
Unidas. En una entrevista del 8 de febrero, cuando anunciaba la can-didatura
del Gral. Rodríguez, dijo que se había violado la Constitu-ción y atracado la
convención partidaria, “y entonces para restaurar la legitimidad y la
institucionalización de nuestra democracia es que se ha tenido que recurrir al
derecho de la revolución que está consa-
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grado inclusive en la Carta de las Naciones
Unidas”. En una Proclama “Del coloradismo encarnado por la candidatura del
Gral. de División D. Andrés Rodríguez”, del 11 de febrero y firmada por Juan
Esteche Fanego, Lorenzo Garbet y Ramona Bertoni, se declara que “las FF.AA de
la Nación lideradas por el valiente Militar Gral. de División D. Andrés
Rodríguez lograron reinstaurar los legítimos valores del colo-radismo eterno y
permitieron la recuperación de la ética, la moral y la dignidad para felicidad
del pueblo paraguayo”. Aquí la “reinstaura-ción” de los legítimos valores del
coloradismo” significa la “felicidad” del pueblo paraguayo.
En un mensaje a “todos los colorados de la
República”, el Dr. Juan R. Chaves y en nombre de la dirección restaurada,
afirmó que “al hacerse cargo del mando gubernativo el General de División
An-drés Rodríguez, pundonoroso militar y buen paraguayo, quien —in-terpretando
los ideales patrióticos de casi todos los Jefes y Oficiales de las FF.AA. de la
Nación— ha tomado las riendas del poder, a fin de restablecer el
imperio de la Constitución y de las leyes del país”. Por su parte, el Dr.
Ynsfrán, líder del Movimiento de Integración Co-lorada (MIC), expresó que lo
sucedido fue un hecho “exclusivamente militar, hasta el momento; luego tendrá
su solución política”. En es-tas declaraciones parecería ubicar al golpe como
una cuestión interna dentro de las Fuerzas Armadas. Por otra parte, tal vez
ésta haya sido la versión más “objetiva” de los sucesos, en tanto el
protagonismo fue militar y los partidos políticos acompañaron al
proceso”. Es lo que caracteriza al régimen posestronista como de apertura
política con vigilancia militar. En otros términos, el
tradicionalismo —y el MIC asociado a él— no elaboraron previamente
el mito de la transición, sino el programa pragmático de la restauración
de la legitimidad de la dirección del partido. En tanto el partido fue
siempre el administra-dor de la burocracia del gobierno militar, tal
restauración sólo será posible mediante la intervención de las FF.AA. Es lo que
ocurrió y lo que se expresó en las declaraciones del “tradicionalismo” y del
MIC.
Este programa de “restauración de la legitimidad”
de la dirección partidaria es el determinante del proceso posterior de las
contradic-ciones entre el poder “restaurado” y las fracciones “contestatarias”,
y asimismo de las contradicciones en el proceso de la apertura política. Es
decir, el curso de los acontecimientos a partir del 3 de febrero es-tuvo
coloreado por la lucha entre el mito de la transición a la democra-cia,
elaborado por la oposición, y la concepción pragmática de la res-tauración de
la legitimidad de la dirección partidaria. La elaboración del duelo se dio en
ambas posiciones. En una, como ajuste doloroso a situaciones no previstas en el
mito, y que se vive en la secuencia euforia-depresión-resignación, lo que
permite finalmente acompañar
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
al proceso militarmente vigilado y burocráticamente
monopolizado y controlado por la “restauración” partidaria. Y en otra, como el
es-fuerzo sumamente difícil de relatar la continuidad de un esquema de poder en
una situación que, a pesar de todo, significó un cambio de gran magnitud en la
conciencia cívica en general y en las expectati-vas por la construcción de un
régimen democrático. En esta posición —del “tradicionalismo” y del MIC— el
duelo se plantea como lucha entre los objetivos de la restauración y el deseo
democratizador de la ciudadanía en general que son, por supuesto, antagónicos.
En la oposición, el echo más notable fue la
“incursión” del Dr. Domingo Laíno, presidente del Partido Liberal Radical
Auténtico, al local de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, el mismo día
del golpe, a la tarde. Allí, alzado en andas por los mismos colorados,
pronunció un discurso con un contenido inconsciente altamente
sig-nificativo. Como resultado de una euforia emergente de una depre-sión
anterior, inició su discurso combinando los calificativos “com-patriotas” y
“correligionarios” dirigidos a los colorados. “Estimados compatriotas,
me permito decirles así porque somos paraguayos y tan-to ustedes como nosotros
somos demócratas, por eso me permito de-cirles queridos correligionarios
paraguayos”. Esta formulación reve-la, al nivel del inconsciente, el
reconocimiento a los colorados de la calidad de paraguayos auténticos como se
identificó el coloradismo autoritario frente a los opositores, y por otra parte
el reconocimiento de que para ser demócrata había que ser correligionario, pero
como era liberal resolvió el problema mediante la adscripción del califica-tivo
“paraguayo”.
Así, en el primer reconocimiento les trata a los
colorados como “Estimados compatriotas”, pero enseguida el inconsciente le crea
un “ruido” que le dificulta la equiparación de nacionalidad con sus an-tiguos
contendientes, quienes se atribuían de un modo exclusivo la “paraguayidad”. Los
opositores por lo general, y más aún cuando más radicales fueran, eran
considerados como “legionarios” —en alusión a los paraguayos que acompañaron a
los ejércitos de la Triple Alian-za en la guerra contra el Paraguay—, traidores
y cosas por el estilo. Por eso, ensaya una justificación persuasiva para que su
auditorio le acepte su condición de “compatriota”: “me permito decirles así
por-que somos paraguayos”. Obsérvese que es una aclaración totalmente fuera de
lugar. Si tuvo que hacerla fue con el fin de convencer que él también era
paraguayo como los colorados, y que por eso se permitía llamarles
“compatriotas”.
En el segundo reconocimiento se justifica que él
también es de-mócrata, otro atributo que los colorados autoritarios se
asignaban para sí solos, lo que les servía de pretexto para perseguir a la
oposición
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en nombre de “la paz”, “el orden”, “la democracia”.
Y hace una síntesis entre el ser “correligionario” y el ser “paraguayo”.
Resulta evidente que lo de “correligionario” se
refiere al ser colo-rado, puesto que está dirigido a militantes de ese partido.
Lo contra-rio, si lo decía en el sentido del ser liberal, hubiera sido una
grosería o una provocación. Por eso, se permite una segunda licencia: “tanto
us-tedes como nosotros somos demócratas, por eso me permito decirles,
queridos correligionarios paraguayos”. Las dos veces que repite el “me permito”
revela el discurso inconsciente de entrar en el “ser” colorado. Sólo pide
permiso quien pide entrar a un dominio ajeno. Estos domi-nios eran el de la
nacionalidad y la democracia, identificados, en el in-consciente del Dr. Laíno,
con el coloradismo. La misma irrupción a la casa de los colorados es una
conducta simbólica altamente expresiva del deseo inconsciente de cobijarse en
el ser colorado. Es importante señalar que se trata de comportamientos
inconscientes, no percibidos ni elaborados al nivel de la conciencia.
En ese discurso tampoco estuvo ausente la idea de
restauración, desde el momento en que lo reconoce al Dr. Chaves como “líder y
pa-triarca”, y a quien le ofrece su “amistad” para la lucha común. Reafir-mando
nuestro análisis anterior, agregó más adelante: “Me considero hermano,
compatriota, amigo y correligionario de ustedes. Puedo de-cirle al Dr. Juan
Ramón Chaves, líder y patriarca del partido colorado, que tendrá en nosotros a
unos amigos sinceros para la lucha común”. Utilizó cuatro calificativos para reclamar
su identidad con el “ser” co-lorado, y esta vez, lisa y llanamente el de
“correligionario de ustedes”. Por otro lado, si es un “líder y patriarca” del
coloradismo quien rea-sume el poder partidario, entonces se reconoce la restauración del
pa-sado, puesto que la condición de “líder y patriarca” no fue adquirida recién
a partir del golpe. Esta es una manifestación muy clara de la elaboración
del duelo. El Dr. Laíno, a pesar de la euforia que le obliga a
expresarse con ligereza, y casi en una “libre asociación” de ideas, se
enfrentaba a la ruptura con el pasado que significaba asumir desafíos y ganarse
una nueva identidad, tareas para las que se sentía inseguro a causa de la
debilidad estructural de su partido en particular, y de la oposición en
general. Más adelante elabora el duelo, y se resigna a acompañar el proceso en
condiciones desventajosas, desiguales, cuan-do emerge la realidad y se derrumba
el antiguo mito de una transición en la que el Dr. Laíno aparecía como el líder
natural del proceso.
Que la transición se iniciara sin la prevista
“ruptura pactada” reafirmó la concepción fatalista, independiente de ciertas
“leyes” de desarrollo social-político, de que el régimen iba a terminar
simple-mente porque todas las cosas terminan. Tal fue el caso de las
decla-raciones de Carlos Romero Pereira, dirigente “ético”, el día del golpe:
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
“Extraordinario. No tiene calificativo. Realmente
no tiene calificativo […]. Nosotros pensábamos que esta pesadilla de 34 años no
iba a aca-bar nunca. Y se terminó. Todas las cosas se terminan en la vida”. La
renuncia de Stroessner no fue pensada por nadie. Como ya hemos dicho, lo que se
esperaba era la muerte del dictador. Incluso circu-ló la sospecha, en distintos
círculos políticos, que el golpe fue una anticipación al fallecimiento, para
controlar definitivamente el poder y eliminar toda posibilidad de la
“militancia” por retenerlo. Romero Pereira refleja la sorpresa que invadió a
todo el espectro político, y el escepticismo latente que dominaba
anteriormente, a pesar de las “profecías” del fin de régimen, que más bien
expresaban deseos que posibilidades evaluadas objetivamente. Finalmente, lo que
nunca iba a acabar, se terminó. Pero se terminó “porque todas las cosas se
termi-nan en la vida”. Es un pensamiento fatalista, que coloniza el rol de la
oposición y la concibe como manejada por fuerzas superiores a ellas imposibles
de controlar. Esta es una concepción auténtica, propia de una dirigencia
política que no disponía de recursos organizativos y movilizadores pra
enfrentar la situación con vistas a la disputa por el poder. Aunque se trata de
una declaración aislada, atribuible a Ro-mero Pereira, ella es una síntesis de
las posibilidades de la oposición de intervenir e influir sustancialmente sobre
el esquema de poder de las FF.AA. “partido colorado en el gobierno”. Este mismo
fatalismo de que “todas las cosas se terminan en la vida”, indica el inicio del
duelo como lucha entre la antigua concepción de un régimen que parecía no se
iba a acabar nunca y la nueva realidad que desafía tanto las posibi-lidades
como la capacidad de la oposición de intervenir en el curso de los
acontecimientos.
La lucha en estos términos afectó al grupo de la
oposición que especulaba con las posibilidades de llenar el vacío de poder. Era
a partir de la ocupación de ese vacío que se planteaba la transición a la
democracia. Los proyectos de transición fueron concebidos como arreglos de
cúpulas y, fundamentalmente, como resignación volun-taria de los factores de
poder —burocracia partidaria y Fuerzas Ar-madas— al diálogo y al consenso que
terminara con el régimen dic-tatorial. Vale decir, la transición fue diseñada en
la restauración de la legitimidad de un poder, cuya diferencia
con el viejo orden consistía en gobernar no por la coerción sino por el
consenso. En este sentido, tanto tradicionalistas del tipo de Juan R. Chaves o
Argaña, coincidían con la mayoría de la oposición que después se hizo cortesana,
como veremos más adelante: “contestatarios” colorados, radicales auténti-cos
“lainistas”, febreristas.
Así, la oposición estuvo dividida en dos grupos
bien diferencia-dos. Uno, como ya lo dijimos, que especulaba con las
posibilidades de
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llenar el vacío del poder; y otro, que no
especulaba con esas posibili-dades y para quienes la transición no se basaba en
una restauración de la legitimidad, en el
restablecimiento pactado del orden, en el con-senso entre dirigentes que
mantendrían el esquema de poder, sino en el cambio de organización,
basado en un nuevo esquema de relaciones políticas a través de la convocatoria
de la Asamblea Nacional Cons-tituyente, y en estrecha interacción con la
solución de las reivindica-ciones populares. Este grupo estaba constituido por
los movimientos sociales en su gran mayoría, particularmente campesinos,
obreros y universitarios, y movimientos políticos, partidos y movimientos
parti-darios internos del primer grupo. Después del golpe se formó también una
oposición “marginal” que se enfrentó al bloque legitimista, pero confirmando
una oposición oportunista. Tal es el caso de los demás partidos liberales,
incluso de la Democracia Cristiana después de su fracaso electoral, que
utilizaron un discurso de reivindicaciones es-tructurales como reacción a su
desplazamiento del esquema de poder.
En el contexto de este trabajo nos referiremos
fundamentalmente a la oposición legitimista, y la que ha elaborado —y
posteriormente reelaborado— el discurso de la pretransición, en la forma del
duelo que adviene de la muerte del mito de la transición voluntaria de los
factores de poder hacia el posestronismo. Solo circunstancialmente analizaremos
el discurso de la otra oposición, en la medida en que ha tenido destaque en la
prensa nacional independiente, y de su utilidad como referencia comparativa.
Al respecto, un caso elocuente de discurso que no
está dirigido a la restauración de la legitimidad es el del abogado
constitucionalista Justo Prieto. El 5 de febrero sostuvo que “con el movimiento
de insu-rrección la Constitución ha quedado rota, al igual que el Parlamento”,
y que, por otro lado, “no hay que dejarse ganar por la euforia dado que los que
ahora están, también estuvieron antes”. Es la opinión de un político liberal
que se mantuvo independiente de los distintos mo-vimientos partidarios, y que no
fue capturado por el mito de la tran-sición posestronista sobre la base de la
voluntad democratizadora del esquema de poder. Al no estar contreñido por el
deseo de que las cosas cambien, como expresa el concepto de “ruptura pacta” y
sus varian-tes, sino por una visión más objetiva de los acontecimientos, positiva desde
el punto de vista del Derecho, el Dr. Prieto define exactamente la calidad
jurídica del golpe de Estado y de su consecuencia más impor-tante, la
“renuncia” del Presidente de la República. “La Constitución ha quedado rota”,
afirmó, y con ella todos los poderes del Estado. Por lo tanto, la conducta
consecuente sería la de iniciar, no de reconstituir, un
nuevo orden institucional que significaría un cambio de organiza-ción, no
solamente de orden, de mando. Por eso advierte que no hay
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
que “dejarse ganar por la euforia”, porque el solo
cambio de mando ha logrado mantener a los sujetos de la coerción y de la
burocracia que “estuvieron antes”. No hubo pérdida de un mito que enfrentar,
por lo tanto tampoco este discurso fue capturado por el duelo.
Otro caso del cual la prensa se hizo eco es el
manifiesto del Mo-vimiento Democrático Popular (MDP). En primer lugar, el
manifiesto define el protagonismo del pueblo paraguayo, quien “a través de su
lucha y sus organizaciones democráticas, vino enfrentando por déca-das a la
tiranía de Stroessner […] que es preciso sustituirlo y construir bases firmes
para el desarrollo de una democracia plena”. No se recu-rre a los pactos de
cúpula, sino a la tradición de lucha y organización populares. No se reclama un
cambio “democratizador” en la voluntad del poder, sino “la sustitución” de ese
poder y la “construcción de ba-ses firmes” para el desarrollo de un proceso
auténticamente democra-tizador. Como punto de partida para la iniciación de un
real proceso democrático se reivindica “la inmediata convocatoria a una
Asamblea Nacional Constituyente”, en concordancia con la calificación del Dr.
Prieto de que la “Constitución ha quedado rota”.
En ninguna de las dos propuestas anteriores se
insinúa un go-bierno provisional que complete el período constitucional
iniciado por el dictador “renunciante”. Es decir, no contienen la noción de la
continuidad, de la restauración del orden institucional, como pos-tula la
oposición legitimista. Como lógica consecuencia, tampoco se apela a
intermediarios “meta-políticos” como las FF.AA. y la Iglesia que conduzcan, en
un caso, y garanticen, en el otro, la transición a la democracia.
Un comunicado “tardío” del Partido Demócrata
Cristiano (PDC), del 9 de febrero, es un discurso caracterizado por la
ambigüedad. Co-mienza señalando que “Con asombro y alegría recibió la
ciudadanía honesta y democrática del país” el derrocamiento de la dictadura.
Aunque se congratula por el derrocamiento, sostiene que “la caída de un
dictador no es suficiente”, y que —lo dice más adelante— “el pue-blo está
hastiado de mentiras y sólo creerá en los hechos”.
La idea de un “amplio diálogo”, que predomina con
exclusividad y descarta explícitamente la movilización popular por la
democracia, está contenida en el pronunciamiento del Partido Revolucionario
Fe-brerista del 6 de febrero. Las medidas concretas que plantea están referidas
a reivindicaciones de un Estado de derecho. Aunque se pide convocar a una
Asamblea Nacional Constituyente “para ofrecer al país un nuevo ordenamiento
constitucional”, el documento gana ambigüe-dad cuando apela solamente al medio
de “un amplio diálogo, con la participación de todos los sectores políticos y
sociales, además de la Iglesia, y con la intervención activa del ministerio
político provisio-
458 .py
nal”. Es sobre esta base “que todos juntos,
gobierno, partidos polí-ticos y organizaciones sociales nos incorporaremos a la
tan ansiada democracia”, sostiene el PRF. El pronunciamiento no advierte en
nin-gún lado que el proceso de democratización supone lucha. Más aún cuando un
partido que se identifica socialista, debe considerar en sus propuestas de
cambio las fuertes contradicciones que conlleva un pro-ceso dominado por los
mismos sujetos que conformaban la estructura del poder dictatorial. Vuelve a aparecer
la idea de que estos sujetos son capaces de transformarse voluntariamente por
el diálogo con la oposición. La idea fundamental que prima en el discurso es la
de una “transición no traumática”, como proponían Acevedo y Rodríguez, en la
obra ya mencionada anteriormente. Aquí persiste el mito de la “ruptura
pactada”, pero enunciado de otra forma. Y la elaboración del duelo se hace en
el sector del febrerismo que se adhiere a esta postura mucho más difícil, en
tanto se afirma el mito de la “ruptura pactada”, lo que impide elaborar una
estrategia política no en el plano de lo imaginario, dominado por el deseo y el
sentimiento de inferioridad, sino por el plano de lo real.
Concluyendo, la oposición legitimista interpreta
el derrocamiento como una ruptura del orden, que debe ser restaurado, cambiando
en intención coerción por consenso, pero manteniendo en pie el esque-ma de
poder partido en el gobierno-FF.AA. Los reclamos por un Esta-do de derecho
están orientados al restablecimiento de la legalidad del poder
militar-burocrático. En otros términos, se trataría de restable-cer la
legalidad de la sociedad política, así como la habíamos definido antes, la que
en el proceso de transición transferiría voluntariamente la dirección social a
la sociedad civil, tanto por vía del diálogo, como por la vía de un sistema
electoral lo más “limpio” posible. El mito de la transición cambia de
escenario. Antes del golpe, la escena estaba conformada por la muerte del
dictador y el vacío de poder. Ahora, la escena está marcada por un
general-presidente que promete y una oposición parlamentaria y electoral que
deberá encargarse en la tran-sición de ser lo suficientemente persuasiva como
para que el general-presidente se transforme en un presidente civil, y
voluntariamente los sujetos de la coerción y de la burocracia cedan sus
bastones de man-do. La conquista de la democracia como un proceso profundamente
contradictorio y que requiere necesariamente de movilización y vi-gilancia
populares es, en el discurso de la oposición legitimista, una noción ausente.
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la
democracia en el centro del debate (1980-2012)
El.cambiopyolítico(im)posible
Ticio
Escobar
CUATRO
PUNTOS
SOBRE
LA TRANSICIÓN CULTURAL*
UNO
Derrotada la dictadura eterna de Stroessner, las
cosas parecen haber comenzado a cambiar y una misma ilusión hermana esfuerzos
di-versos y los vincula en el proyecto común de construir otro tiempo. Pero,
aunque el acto de imaginar ese tiempo sea una de las formas de convocarlo, lo
cultural aún no ha sido considerado, de hecho, como factor decisivo en la nueva
escena. Y no hablemos ya de la barbarie de la censura que demora las sombras de
la dictadura: esperemos que la desgraciada prohibición de representar la obra
“San Fernando” no sea una muestra de la nueva política oficial sino el coletazo
postrero de instituciones en retirada; nos referimos a que no existe aún una
preocupación explícita por reconocer ese esencial pacto colectivo se-llado en
secreto para aventar el caso; no se manifiesta aún intención alguna de amojonar
ese lugar nocturno, ese otro lado que alimenta la conciencia de un nosotros.
Uno de los pocos cambios que se advirtieron en lo
relativo a lo cultural es, por lo menos, una diferencia de actitud en cuanto a
su
* Escobar, Ticio 1992 “Cuatro puntos sobre la
Transición Cultural”, en Textos varios sobre cultura,
transición y modernidad (Asunción: AECID/Centro Cultural Español Juan
de Salazar), pp. 59-71.
463
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
tratamiento disciplinario. El papel de la cultura,
sus políticas, sus agentes y sus instituciones en el escenario de la llamada
“transición” comienza a tomar una presencia cada vez mayor en la reflexión de
las ciencias sociales.
Esta reciente preocupación descubre una doble
necesidad. En primer lugar, la de considerar la especificidad de lo cultural y,
desde ella, la de analizar a la sociedad también a partir de sus mecanismos de
significación y de los recursos a través de los cuales ella se encubre y se
representa, se autoimagina y se legitima. Y, en segundo lugar, la de incorporar
otras metodologías para complejizar la lectura de lo social desde diversas
estrategias interdisciplinarias. Hasta ahora no solamente los dispersos análisis
acerca de lo cultural se han visto poco permeados por conceptos fecundos
provenientes de la teoría social, sino que ésta no ha sabido aprovechar
suficientemente el desarrollo de un pensamiento centrado en lo simbólico. Un
pensamiento que, a partir de la reflexión sobre los dispositivos del lenguaje
figurado y los artificios de la ficción, puede ayudar a elaborar construcciones
más agudas acerca de la sociedad, conformada también, y en gran medida, por
imágenes esquivas, por espejismos, reflejos y sombras. Hay cues-tiones básicas
que pueden recibir formulaciones más sutiles y eficaces si son concebidas,
también, como conjunto de maniobras ficcionales. Por ejemplo, comprender la
ideología o los mitos como meras apa-riencias engañosas que enmascaran la verdad
es desconocer las pro-digiosas virtudes del tropo, capaz de clarificar a través
de ambiguas sugerencias, abrir atajos inesperados desde sus retorcidos rodeos y
descubrir de golpe recubriendo y ocultando. En este extraño terreno se
empantanan a menudo discursos demasiado lastrados por su ori-gen cientificista
y racionalista; conceptos que quedan desorientados ante fenómenos de
ilusionismo y refracciones especulares que son el pan diario del trabajo sobre
la cultura. Por otra parte, este trabajo (so-bre todo el ejercido en el ámbito
del pensamiento acerca del arte, que funciona en el Paraguay como paradigma de
lo cultural), en cuanto suele desarrollarse separado y retraído, se demora más
de la cuenta en la seducción del puro significante y queda muy a menudo
entretenido en los argumentos circulares, en los meandros, laberintos y juegos
de rebote a través de los que activa.
Por eso, conectar debates que discurren paralelos
abre la posibi-lidad de una confrontación fecunda. Por un lado, ese vínculo es
capaz de sacudir el templado lenguaje de las ciencias sociales con relámpa-gos,
ecos y reverberaciones que iluminen por un instante o sugieran
entrecortadamente pistas de un secreto de otro modo inalcanzable: ayuda a
comprender la inquietante verdad del simulacro. Por otro, puede desprender a la
crítica de la cultura —casi podría decirse a la
464 .py
crítica del arte—1 del enredo obsesivo que mantiene con su
propio ob-jeto; es capaz de abrir su escena, sofocante a veces, a las
inclemencias o las dádivas de un tiempo que ha quedado afuera y puede
despertarle —no del todo— del hechizo antiguo de la forma.
Pero también, y aquí retomamos nuestro tema, este
mutuo re-fuerzo epistemológico se vuelve fundamental a la hora de plantear un
proyecto de transición hacia la democracia: la crítica cultural debe arriesgar
la exacta armonía de su esfera para comprender mejor la dinámica de los sujetos
cuyos símbolos estudia y para fundamentar más adecuadamente el derecho a la
diferencia que exige todo proyec-to democrático. Y las ciencias sociales deben
ser capaces de perder su santo temor a la metáfora para discutir hasta el fondo
las imáge-nes y figuras autoritarias que estorban el ejercicio de la
pluralidad; lo simbólico es el lugar privilegiado en donde se constituye el
juego de identidades/alteridades.
DOS
En el Paraguay, como en otros países
latinoamericanos, el discurso cultural autoritario se dio —se da— no solamente
desde el oficialismo sino desde diferentes sectores de la oposición tradicional
y posiciones contestatarias diversas. Simplificando al extremo a los efectos de
una exposición rápida, aquel discurso asume dos modalidades básicas: las
nacionalistas y las ilustradas. Las primeras, expresivas de la ideo-logía
militarista y el poder estatal, conciben a la cultura como un repertorio fijo
de argumentos inapelables orientados a justificar el ser nacional, esencia
mítica que uniformiza la sociedad y funda una identidad única.
Las formas ilustradas tienen, a su vez, dos
variantes: las libera-les, que conciben lo cultural como un privilegio
aristocratizante, y las de ciertas vanguardias de izquierda que lo identifican
con lo cultural popular y lo conciben como el resultado de la concientización
promo-vida por minorías esclarecidas autoerigidas en representantes del
pue-blo. Tales formulaciones de lo cultural tienen en todas estas posturas más
coincidencia que las que supondría esperar.
En primer lugar, todas ellas son populistas en
cuanto que, exalten o descalifiquen a los sectores subalternos, terminan
considerándolos como conformando un todo abstracto, idealizado e indiviso y
como
1 Según ya lo señalamos, en el Paraguay casi no
existe reflexión “culturológica” fuera del ámbito de lo estético. La
antropología es inveterada etnología y sólo muy recientemente existen análisis
sobre la cultura hechos desde otros lugares. Por otra parte en América Latina
en general la crítica de arte está hoy tan desconectada del debate acerca de lo
social que corre el riesgo de retroceder hasta acercarse a un modelo
decimonónico de crítica de las “Bellas Artes” o del “Arte por el arte”.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
incapaces de hacerse cargo de sus propios procesos
de significación. El típico corolario de este tutelaje es el planteamiento de
una política cultural divulgacionista que, más que promover el desarrollo de
siste-mas simbólicos propios, busca difundir las imágenes y los discursos de la
cultura ilustrada tenida, de hecho, como único modelo de vigen-cia universal y
como provista de una misión redentora (pero también esta postura está mechada
por elementos provenientes de posiciones contrarias: la “auténtica” cultura
debe nutrirse siempre de las fuentes de la nacionalidad y los contenidos
atávicos. Es que, en el fondo, el discurso autoritario funciona extrapolando
las figuras que considera fundantes y convirtiéndolas en modelos que deben
regir para todo el conjunto social).
Por lo tanto, y en segundo lugar, las diferentes
variables de la cultura autoritaria coinciden en su dogmatismo; parten de
verdades fijas y ordenadas que descalifican la alteridad e impiden comprender
lo diverso. En el Paraguay, el concepto de cultura mestiza, simplifi-cado y
mitificado, constituye un buen ejemplo de ese reduccionismo, que sostiene tanto
argumentaciones nacionalistas como ilustradas y que entiende a la cultura
paraguaya como síntesis única y definitiva del encuentro simétrico de españoles
y guaraníes. Paradójicamente, tal concepto termina ignorando que existen
—aparte de ciertas co-munidades rurales que pueden ser consideradas las únicas
herederas de la transculturación colonial— diferentes minorías suburbanas que,
culturalmente, poco deben a tal origen, así como muy diversos grupos indígenas
y una constelación de subculturas de inmigrantes y comu-nidades religiosas
diseminadas por todo el país cuyos imaginarios en-tran en continuas
interacciones conformando reticulados híbridos e inestables y un maremágnum
confuso de identidades constituyendo otros casos, intensos, de mestizaje
cultural.
Por eso, a este nivel, las dicotomías simples entre
cultura domi-nante/cultura dominada o cultura propia/cultura colonizada, y aún
entre cultura erudita/cultura popular, conducen a menudo a mani-queísmos
estériles, que más sirven de coartadas para apañar torpezas teóricas y
maniobras políticas que de oposiciones movilizadoras, y desconocen la
complejidad de fenómenos interculturales cuyas con-frontaciones, cruces y
sobreposiciones no pueden ser disecados en términos de disyunciones
lógico-formales y exigen un replanteamien-to del concepto de identidad. Para el
pensamiento autoritario, la iden-tidad se define a priori a partir de notas
intrínsecas de un supuesto conjunto compacto que sería la nación. Mientras que,
desde la asun-ción de que el cuerpo social está constituido por sectores
múltiples, cuyos límites culturales son cada vez más inestables, las
identidades son consideradas según las posiciones y oposiciones que asuman los
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diferentes actores en la escena social y según cómo
éstos se reconoz-can y se representen. Por eso, las minorías étnicas, las
comunidades populares y ciertos sectores suburbanos, que intercambian
continua-mente sus signos y trafican con los de la cultura hegemónica, se
autoi-maginan en forma diferente según se confronten con otras minorías, con la
Iglesia o con el Estado. Los rasgos vueltos pertinentes en cada situación para
definir un rostro propio y distinto varían constante-mente, aunque correspondan
a un repertorio específico del grupo y estén apoyados en sus más sólidos ejes
culturales. Esta misma flexibi-lidad para reacomodar el contorno de los lindes
que separan lo propio y lo ajeno, ha permitido que las culturas subalternas no
solamente vean sus signos acosados e invadidos sino que puedan continuamente
resistir los embates de la cultura hegemónica conservando, renovando o
cambiando las formas de la experiencia colectiva.
TRES
Ahora bien, no sólo la cultura popular pudo en
parte sobrevivir y/o resistir a las presiones y represiones del discurso
cultural autorita-rio; las diferentes minorías productoras de cultura
ilustrada, por más que hayan visto sus quehaceres permeados por contenidos y
signos provenientes de aquel discurso, han jugado durante la dicta-dura un
papel contestatario importante. Y ese papel no fue desem-peñado precisamente a
partir de la constitución de frentes de mili-tantes artistas e intelectuales ni
de la mera denuncia de los excesos del stronismo o el anuncio mesiánico de
utopías liberadoras, sino desde los recursos del propio trabajo cultural.
Atrincheradas en sus propios microcircuitos, estas minorías han buscado
desestabilizar las figuras unívocas del discurso oficial conflictuando sus
supuestos y desorientando, a través de los múltiples abordajes interpretativos
y los desajustes retóricos, el acceso a una vía de sentido único. Este proceso
es especialmente claro en el plano de las prácticas estéticas: por un lado, los
acercamientos soslayados y los desplazamientos, los rodeos y merodeos, propios
del hacer poético, constituyeron un cierto resguardo contra la represión y la
censura; por otro, las mis-mas estrategias figurales, basadas en referencias
ambiguas y ramifi-caciones polisémicas, contrarían la dirección unilateral de
las seña-les autoritarias y movilizan el perfil de las percepciones colectivas
promoviendo otra sensibilidad, más apta para encarar la diferencia y asumir el
conflicto. Y esta tarea supone una postura crítica y una acción de resistencia
en cuanto tiende a socavar el inmovilismo que proponen los mitos dominantes. Si
éstos buscan disfrazar conflic-tos y tensiones y ofrecer una visión estática y
jerárquica del mundo, aquella intenta representar las contradicciones, nombrar
la diferen-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
cia y develar una imagen alternativa a la del orden
homogéneo e inalterable promovido por el discurso autoritario.
CUATRO
A modo de conclusiones, volvemos a plantear la
necesidad de afir-mar la especificidad de lo cultural y la de asegurar su
presencia en el marco de la transición democrática y reiteramos, en ese
sentido, algunos argumentos y propuestas que ya fueran esbozados en este
artículo.
- Plantear la especificidad del campo cultural supone
promo-ver la profesionalización de sus agentes. En la nueva escena de la
transición, la comunidad cultural se ha encontrado muchas veces desorientada
ante el imperativo de tener que asumir un otro lugar que no estaba muy claro si
seguía en las catacumbas o se ubicada en ministerios o embajadas. Después de
trabajosas discusiones y ex-periencias, los llamados “artistas e intelectuales”
saben que, aunque deban extender sus espacios y aún ocupar lugares públicos
vedados y desdeñados antes, pueden hacerlo sin abandonar su territorio de
origen ubicado siempre en algún sitio de la sociedad civil. Emerger de los
reductos e intentar proyectarse en forma más sistemática no significa ni
burocratizar el quehacer cultural ni convertirlo en fur-gón de cola o aderezo
refinado de programas políticos; implica, más bien, participar en la
construcción de un modelo democrático según las reglas del juego y la lógica
propia que impone la dinámica de los símbolos colectivos.
- Considerar la especificidad de la cultura supone,
además, que la reflexión que sobre ella recae deba ser incorporada
definitivamente al debate acerca de lo social, cuya complejidad sólo puede ser
encarada desde trayectos disciplinarios diversos y cruzados. Por otra parte, la
autonomía epistemológica de lo cultural no significa su autosuficien-cia ni le
exime de la exigencia de abrir sus bien custodiados recintos a la irrupción
fértil de conceptos y métodos vecinos.
- La materia de sentar las bases para una transición
democrática en lo específicamente cultural aún no fue iniciada. Hacerlo es
funda-mental no precisamente para legitimar el régimen actual con ribetes
ilustrados, para proyectar una mejor imagen exterior o para apoyar aislados
bolsones de creación e investigación antes despreciados, sino para fortalecer
los diversos procesos de significación y comunicación y para, sin anular sus
diferencias, vincularlos para que puedan en-riquecer el patrimonio simbólico común
y fundamentar estrategias concertadas. Para una sociedad civil fracturada,
mezcla confusa de comunidades heridas y organizaciones desgastadas —muchas
veces apáticas y sacudidas casi siempre por conflictos internos insolubles—
468 .py
es hoy fundamental apuntalar los haceres que
generan el sentido y la identidad colectiva y que proponen imágenes diversas en
las que el cuerpo social pueda en parte mirarse, reconocerse y asumir su
carác-ter complejo. Y para un proyecto de democratización es indispensable
comprender que esos quehaceres son plurales y que los muchos sec-tores que
componen la sociedad tienen diversas maneras de simboli-zarla. Por eso, si bien
es comprensible que desde diferentes lugares se reclame la formulación de
propuestas y programas globales que diseñen los modelos de la cultura
democrática a la que hoy aspiramos, es indispensable recordar que tales
proyectos deben ser el resultado de confrontaciones, concertaciones, encuentros
y colisiones y no pro-ducto de inspiraciones geniales que pretendan imponer
autoritaria-mente desde arriba y desde afuera una manera única de metaforizar
lo social.
Asunción,
febrero de 1991
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Bartomeu
Melià
La
cultura paraguaya desde el “ya no” al “todavía no”*
“En el mundo de hoy no se libran grandes guerras ni
estallan revoluciones que podrían cambiar el curso de la historia, por eso se
vuelve importante lo habitual, lo cotidiano… La cultura ha resultado ser
sorpren-dentemente sólida y duradera… Por eso creo que deberíamos intentar
descubrir la causa de las cosas, que en mi opinión, hallaremos en la cultura…”1
Aunque se den cambios y mudanzas repentinas en
ciertos aspectos de la vida de un pueblo, en la cultura, tal como la entiendo,
éstos son apenas perceptibles de un día para otro. El árbol se sabe li-bre
estando vivo donde está, aunque cambiando siempre sin que casi se note. En
cultura, tanto los hechos como las palabras se suceden bajo el signo de lo
efímero e irrepetible, y sin embargo tienen signifi-cados y transmiten mensajes
duraderos como esqueleto que sobrevive a la misma vida. Esa doble vertiente hace
a los hechos culturales tan inmediatos y tan enigmáticos al mismo tiempo.
Otro aspecto no despreciable de la cultura es que
ella no es nunca de uno sólo, sino, como decía Augusto Roa Bastos, es siempre
de dos en más. El hecho no recogido y la palabra no contestada no son toda-vía
cultura, pues es de su esencia misma el establecer relaciones con otro; lo
dicho tiene que ser escuchado para hacerse cultura. No existe un che
reko, si no está incluido en un ñande reko, que por
mezquindad
* Melia, Bartomeu 2009 “La cultura paraguaya desde
el ‘ ya no’ al ‘ todavía no’ ”, en Luis Rojas (comp.), Gobierno Lugo,
herencia gestión y desafíos (Asunción: BASE IS), pp. 199-214.
1 Ryszard Kapuscinski, “La misión del reportero”,
en El mundo de hoy, Anagrama, 2005.
471
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
grupal excluyente puede ser sólo ore reko,
y aun así se relaciona con algún otro.
Pero si todo lo que hace y dice la persona —el
tenue susurro y el grito revolucionario— es cultura, no todo tiene la misma
densidad ya que no alcanza el mismo nivel de relaciones. En otros términos, hay
hechos más culturales que otros porque establecen relaciones más profundas y
más amplias. Cuando Guillermo Bonfill Batalla hablaba del “Méjico profundo”, se
refería a nudos de significación que, rela-cionados con historias largas
—raíces— se levantan a grandes alturas, visibles desde lejos y que permiten ver
lejos.
Si en el orden de la historia hay hechos e incluso
palabras que parecen marcar una ruptura revolucionaria, un antes y un después
de abrazos rotos, es más difícil que eso suceda en el campo de la cultura donde
las continuidades marcan el modo de ser en todos los órdenes.
Continuidad
y ruptura lingüística
Si aplicamos estas categorías a la herencia que
recibe un país —en nuestro caso puede ser el momento en que el presidente
Fernando Lugo asumió el Poder Ejecutivo en agosto de 2008— hay que pregun-tarse
si los hechos y las palabras a partir de ese momento mantuvie-ron las
relaciones anteriores o se pudieron ya insinuar cambios que podrían derivar
hacia un nuevo lenguaje. Este planteamiento conduce también a la cuestión de si
se puede gestionar la cultura, sea en térmi-nos totales o parciales y cuáles
son las tareas imaginables.
Y hablando de lenguaje, tenemos que considerar la
lengua como la primera y más clara manifestación cultural en el Paraguay. La
situa-ción lingüística específica del Paraguay —esa es la herencia— es claro
que no ha cambiado en un año. Lo que podría cambiar es la concep-ción del rol
de la lengua, o de las lenguas.
¿Hay que partir de un supuesto bilingüismo como
característico del Paraguay o, por el contrario, de la hipótesis de la lengua
guaraní como lengua propia? ¿Ha habido una transformación de la lengua guaraní
desde su interior —algunas producidas por contactos con el castellano—, o se ha
pasado realmente hacia una situación de bilin-güismo generalizado?
Estas cuestiones no se presentan ahora por primera
vez. Pero po-drían tener un tratamiento nuevo con un cambio de gobierno. No
creo, sin embargo, que haya cambiado el cuadro. No se han dado cambios
significativos en el uso tanto coloquial como literario de la lengua, ni en el
campo del estudio gramatical, como tampoco en la formulación de esa misma
gramática y su enseñanza en las escuelas.
En tiempos de dictadura hubo algunos avances en el
uso y trata-miento del guaraní, pero son más bien los vicios los que han perdu-
472 .py
rado. Por lo demás también la enseñanza del
castellano adolecía de autoritarismo.
El padre Antonio Guasch había elaborado en 1944 la
primera gra-mática moderna, en la que apostó por la validez de la prosa, por el
uso correcto de la lengua y su sistematización; en las tres ediciones de su
gramática está la primera antología de textos en prosa, que no se daba desde
los textos coloniales y los breves artículos de prensa de la Gue-rra del ’70.
Sin embargo, ha persistido hasta ahora la didáctica autori-taria que venía de
los días del doctor Reinaldo Decoud Larrosa, que se instaló en la enseñanza
superior y de allí descendió a la secundaria y primaria. La lengua estuvo
concebida como ejercicio virtuoso de una lengua “científica” y “pura”,
presentada con categorías, dominada, so-bre todo, por la creación de
neologismos insólitos, entre los cuales hay que citar los inventados nombres de
los números, los nombres de meses y días de la semana, que nunca tuvieron
mañana. Guasch se dedicó también a ese juego, pero no hizo discípulos. Quién
adivinará, por ejemplo, que el precio de una camisa o de un utensilio de
cocina, es sã potepa su pokõi Guarini (167.000). La enseñanza de
éstas y otras lindezas semejantes desacreditaron muy rápidamente la materia de
guaraní introducida a partir de 1993 —por tanto en tiempos de demo-cracia— en
el currículum escolar; era una lengua en abierta ruptura con la lengua que el estudiante
traía de su casa.
Hay que citar aquí la demoledora e irónica crítica
de Erasmo de Rotterdam a los gramáticos:
Me limitaré, pues, a tratar de aquellos mortales
que gozan reputación de sabios y, según los que les rodean, han alcanzado los
laureles, entre los cuales descuellan los gramáticos […] nada hay más divertido
que ver a estos desdichados cuando se prodigan mutuas alabanzas y admi-raciones
y se rascan recíprocamente; pero si uno de ellos por descuido se equivoca en
alguna palabreja y el otro, más listo, tiene la suerte de cazársela, ¡por
Hércules, qué drama, qué pelea, qué de injurias y de-nuestos…!
Conozco a un omnisciente helenista, latinista,
matemático, filósofo, médico y otras cosas más, y cuando ya era sexagenario, lo
arrumbó todo para dedicarse sólo al conocimiento de la gramática, con la que se
atosiga y tortura desde hace casi veinte años. Y sería feliz, dice, si pudiera
vivir hasta haber claramente establecido cómo se han de dis-tinguir las ocho
partes de la oración, cosa que nadie entre los griegos y los latinos ha logrado
hacer de manera definitiva. Como si fuera caso de guerra, el que se confunda
una conjunción con un adverbio.
Y como hay tantas gramáticas como gramáticos, o,
por mejor decir, más, pues sólo mi querido Aldo ha dado más de cinco
diferentes, no pueden dejar de exprimir y recorrer ninguna, aunque sea oscura y
bár-bara, para no tener que envidiar a cualquiera que se tome, siquiera sea
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
torpemente,
tales trabajos. (Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, 1509,
cap. 49)
De hecho no es un gobierno el que enderezará esas
distorsiones; pero lo cierto es que no aparece, por lo menos por ahora, quien
pueda ponerles remedio. La Comisión Nacional de Bilingüismo, creada en
noviembre de 1994, nunca se sintió llamada a esa tarea, y el Ministerio de
Educación no consiguió moderar la anarquía de las instituciones de formación
docente en esas áreas, públicas y privadas, que cargan con la responsabilidad.
Enderezar
caminos
Hace años que se habla de una Ley de
Lenguas, presentada al Congre-so, y que no sale del atasco, no tanto
por alguno de sus defectos forma-les de concepción y teoría sociolingüística,
sino porque se empeña en la creación de una especie de Ministerio de la Lengua,
que se asigna a sí mismo atribuciones excesivas en cuestión de lengua y propone
car-gos remunerados que el país no considera útiles. Tampoco se desea, por otra
parte, que la lengua tenga dueños caprichosos.
Sin embargo, esta situación no debería paralizar
las iniciativas para que el guaraní sea hablado. Deja de serlo y se llama a
silencio, que es la muerte de las lenguas, por motivos de orden social y
políti-co. No se confía en el guaraní como instrumento amplio y global de
comunicación. De hecho ya está enteramente excluido de los medios masivos de
comunicación —prensa y televisión— si bien pervive en algunas radios pero de
modo intermitente. El Estado en sus tres pode-res tiene arrinconado su uso, y
más en el judicial.
El guaraní es la lengua del pueblo y ella se
reproduce generacio-nalmente conforme a una estructura apoyada en categorías
muy esta-bles. Cada uno dice lo que quiere, pero se habla con reglas.
En este contexto, ¿se puede esperar de la escuela
una revitaliza-ción del guaraní, que paradójicamente ocupa todavía un lugar de
des-taque en el imaginario nacional? No, y por diversas razones. La escuela
sólo es protagonista de los cambios cuando viene respaldada por un proyecto que
incluye la afirmación de la identidad, de un ñande —no-sotros
inclusivo. El desdichado bilingüismo del Paraguay, marcado por la división de
clases sociales pulveriza por esencia la identidad lingüís-tica, por la simple
razón de que en la práctica, bilingüismo quiere decir derecho a no saber
guaraní y obligación de hablar castellano.
La
farsa del bilingüismo en el último siglo
Se lleva más de un siglo en querer dar un giro
nuevo a la identidad mediante la lengua castellana; ésta no consigue hasta
ahora catalizar voluntades ni imaginarios, pero ha avanzado considerablemente.
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No se trata de hacer aquí una historia de la lengua
guaraní y sus cambios, pero hay que señalar que hay períodos calientes de
cam-bio, debido en especial a los contactos. Después de la Guerra de 1870,
cuando la población paraguaya quedó reducida a doscientos o tres-cientos mil
habitantes, mayoritariamente mujeres, y el país recibió a migrantes de otras
lenguas, se podía pensar que la lengua guaraní no lograría mantenerse. Si lo
consiguió fue porque la población rural recibió poca gente de fuera y porque la
población inmigrante no for-maba una masa suficientemente compacta para crear
una comunidad de comunicación propia y exclusiva. Ello sólo se dio en 1927 con
los menonitas, que siguen hasta hoy como enclave lingüístico, no guaraní ni
español. Pero están restringidos a sus territorios.
De todos modos las nuevas generaciones de esos
paraguayos, hijos de inmigrantes, se han ido declarando cada vez más
hispano-hablantes, de tal manera que, si bien algunos no hablan guaraní y
quisieran hablarlo, otros no quieren hablarlo y muchos no quieren que otros lo
hablen, como nota Ramón Silva. Este proceso está en fase de expansión, gracias
a los usos que de la lengua hacen los medios de comunicación. Si por una parte
Asunción, capital del país, nunca había sido tan campesina en cuanto al origen
de su población, su his-panización imaginaria es ahora más notoria. Los padres
hablan cada vez menos guaraní con sus hijos, y poco entre sí mismos en
presencia de los hijos. Es claro que el mapa lingüístico de Asunción presenta
curvas que en gran parte coinciden con las líneas de pobreza, de
pro-fesionalización y poder económico, pero el conjunto no deja de ser
inquietante.
La calle y la casa son todavía el medio ordinario
del guaraní, pero hay una clara disparidad entre ciudad y campo. Y la ciudad,
en la cual la visibilidad del guaraní se esconde avergonzada, siempre se ha
senti-do rectora de comportamientos imitables y de avanzada.
El
mañana lingüístico
En la actualidad, siendo realistas, nada se puede
esperar de los me-dios de comunicación masivos ni de la acción estatal. Ambos
—MCS y Estado— parten de una hipótesis de bilingüismo para el país, que en
realidad no hace sino promover la sustitución de lengua débil — así
conceptuada, en realidad— por la fuerte. El Paraguay es un para-digma, no de
bilingüismo, sino de diglosia. Ninguna de las políticas que han sido llevadas a
cabo con bastante éxito por países y naciones que se vieron desposeídos de su
lengua propia —Finlandia, República Checa, Israel, Cataluña, País Vasco, y
otros— se aplican en el Para-guay, e incluso se piensa que no se pueden
aplicar. Usando la metáfora de la deforestación que se ha cebado en los montes
del Paraguay —de
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
los 9 millones de hectáreas que había de Bosque
Atlántico en el Alto Paraná, quedan menos de 1,3 millones— se puede decir que
la defo-restación lingüística no es menor. Y como el desastre no se subsana
plantando algunos árboles “a todo pulmón”, tampoco se restablece una lengua con
algunos programas folklóricos y casuales, aunque no dejan de ser oportunos.
La lengua materna no se enseña en la escuela, lo
dice la misma denominación de “materna”. Cuando el niño llega a la escuela ya
vie-ne de ordinario con la estructura de la lengua fijada, a la cual se le
agregarán programas y archivos que con el tiempo la enriquecen. Si la mala
práctica del bilingüismo, incluso en la alfabetización, no se corrige con
cordura y discreción, los daños tienen secuelas crónicas, que se manifiestan en
los problemas de la comprensión de lo que se escucha y lo que se lee y las deficiencias
en la producción del discur-so. Debemos reconocer que las escuelas
hispanohablantes, si por una parte cercenan el aprendizaje del guaraní y
dificultan el acceso a la identidad propia paraguaya, alcanzan algunos buenos
resultados por tener una orientación más clara.
La primera función de la escuela no es enseñar otra
lengua. Es entender y entenderse racionalmente en la propia lengua; por eso uno
de los graves defectos de la educación paraguaya es no enseñar de la lengua lo
que debería ser enseñado, y enseñar lo que no es necesario que sea enseñado; el
resultado es la pérdida de tiempo por caminos que no conducen a ninguna parte.
Para entender estas proposiciones y ponerlas en
práctica, el Mi-nisterio de Educación y el heterogéneo cuerpo docente no se
bastan a sí mismos; tal vez el CONEC —Consejo Nacional de Educación y Cul-tura— sería
de gran auxilio si encarara la situación y fuera escuchado sistemática y
seriamente.
Los karaí de
la cultura
Siendo la lengua un hecho cultural, nos parece que
la solución tiene que venir de una cultura que promueve la identidad. Las
razones que se podrán usar en esa estrategia son variadas ciertamente, y
comple-mentarias, aún las folklóricas, cuando no se dan aisladas.
Dentro del pueblo cultural están los que pueden ser
considera-dos los karai, esas figuras chamánicas que piensan,
dicen y cantan la verdad. En la actualidad se pueden servir, hasta donde se lo
permiten, de la prensa, del libro, de la radio. Existen varios niveles de
comuni-cación y la palabra tiene que intentar todos los caminos. La identidad
paraguaya ha sido reforzada cuando ellos han podido establecer rela-ciones
efectivas con todos, escuchando primero, hablando con auten-ticidad después.
Hable con ella, háblele en ella. Ningún programa de
476 .py
reivindicación lingüística va adelante si no se
siente orgullo de hablar una lengua.
Es difícil programar y marcar estrategias a este
respecto, pero no hay duda que se dan espacios de posibilidad y de especial
efer-vescencia en este campo; sin ellos la identidad lingüística y cultural
sería todavía más pobre, pero la herencia en el campo de las políticas
culturales es flaca.
Condiciones de posibilidad es lo que se requiere.
Se deben ver con optimismo los intentos de recuperación lingüística mediante el
regis-tro de documentos coloniales y modernos en vistas a formar un
am-plio corpus histórico. No se hace desde instancias de
gobierno propia-mente, pero el programa se inscribe dentro de la conmemoración
del Bicentenario de la Independencia Nacional (1811-2011). Rescatar la memoria
en un país donde la arrogancia ignorante respecto a la tradi-ción y la historia
documentada es proverbial, es una tarea de cada día.
Las
culturas indígenas
La actitud frente a las culturas indígenas es
paradójica y discrimina-toria. Las culturas chaqueñas han sido sistemáticamente
olvidadas, ignoradas y aún así despreciadas y temidas por bárbaras. Piénsese en
el imaginario creado a propósito de los Ayoreos, siempre tenidos como “moros”.
En términos generales, otros pueblos chaqueños es-tuvieron en una relación de
disimulado cautiverio en las fábricas de tanino, en las grandes estancias
ganaderas, y hasta como empleados de los menonitas. La posibilidad de que puedan
mantener un relativo protagonismo en su vida propia, en su lengua y cultura, es
escasa; varios de los pueblos chaqueños han perdido su lengua o la tienen muy
amenazada bajo el acoso del famoso bilingüismo. La cultura que tienen es
sustituida por cualquier simulacro de civilización marginal.
El caso de los diversos pueblos guaraníes es
todavía más dramá-tico si cabe. Sus territorios están reventados y estrujados,
sobre todo a partir de la ocupación brasileña, reforzada después del Tratado de
Itaipú en 1973. Son extranjeros en su tierra; las condiciones de posi-bilidad
de su teko —modo de ser— son impensables. La manera de negar a
los guaraníes es relegarlos a una existencia prehistórica y co-lonial,
desvinculada del momento actual. Sin embargo, los guaraníes existen, mantienen
sus idiomas, son todavía productores de cultura y paradigmas de modo de ser, a
pesar de las condiciones adversas de todo tipo.
La escuela de tipo general, es decir, paraguayo, y
recientemente la incorporación al cuerpo de oficiales de policía, está teniendo
efectos desintegradores. Estas nuevas prácticas, que no son malas
esencial-mente, lo son por la forma raquítica y presuntuosa con que les llegan.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Este fenómeno nuevo, incentivado en el actual
gobierno como índice de preocupación por la situación de esos pueblos, se debe
llevar ade-lante con otro espíritu e ideología, que resumiríamos en tres
princi-pios: escuchar, aprender y complementar.
Tanto para los chaqueños como para los guaraníes,
ninguna política puede desconocer la obligación de restituir y devolver a los
pueblos indígenas, no ya sólo tierras, sino los territorios. El país no puede
contemplar ni llevar adelante ningún programa ecológico, sin incluir la
recuperación de territorios indígenas, en contraposición de esos otros
territorios realmente creados a espaldas de la nación, que son los nuevos
territorios liberados —y que el Estado admite tácita-mente— creados en los
últimos 75 años por los menonitas, la territo-rialidad agroganadera en los
últimos 50 por los empresarios, entre los cuales no pocos extranjeros, y los
expansivos monocultivos de soja, que ganan espacio a costa de la población
indígena y campesina. Aquí la cultura viene de la mano de los cultivos, lo que
no es de extrañar. La defensa de la ecología no es un ejercicio de
contemplación paisajísti-ca, sino de protección mínima de recursos nacionales.
Un artículo de Andrés Manuel López Obrador, “Un
viaje al cora-zón del México Profundo”, publicado en el periódico La
Jornada del 7 de diciembre de 2009 (p. 9), nos señala factores de
cultura que en Oaxaca se han mantenido, y que en el Paraguay se han visto
grave-mente deteriorados. Los pueblos no han mantenido la posesión de las
tierras. Es sin embargo el control del territorio el factor funda-mental para
la conservación de una cultura, que permite no solo la subsistencia sino
sostener una relación de armonía con la naturaleza, mantener la medicina
tradicional y conservar ceremonias, mitos y leyendas. Hay que tener en cuenta
que los indígenas no conciben la tierra como una mercancía, es mucho más que
eso: es la vida misma y el centro del universo.
La cooperación cultural con los indígenas, que
puede incluir tanto sus cosmovisiones como sus artesanías —¿por qué no?— es
ur-gente. Las grandes propuestas mundiales de redención y salvataje de nuestro
mundo y nuestra casa, pasan casi siempre por soluciones y paradigmas de
carácter indígena. Son culturas que ya tenemos entre nosotros, que fueron y que
pueden ser todavía con sabias adaptacio-nes. Esa utopía es posible, más
drásticos son los cambios en sentido contrario de los últimos 25 años.
Un camino a seguir, que ni siquiera veo propuesto
por los pensa-dores nacionales, es revisar el proceso de la lucha por la
tierra, que en realidad es la apropiación mediante compras ilegítimas y
fraudulen-tas que no se justifican. El Estado tiene que asumir su
responsabilidad en la usurpación indebida de territorios indígenas sin ninguna
justi-
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ficación. En este punto no se trata de Reforma
Agraria, sino de devo-lución de bienes. La compra de tierras para los indígenas
ha tenido el nefasto resultado de aceptar la injusticia inicial.
El gobierno debería encarar la situación desde
otras perspectivas y con instrumentos jurídicos, que hay que reconocer, caen
fuera de la cultura de legisladores y jueces. Lo que se requiere es un cambio
cultural en un campo que les parece ajeno. De otro modo los intrusos hacen
prevalecer su cultura particular como cultura nacional.
En los pueblos indígenas existe una gran reserva
moral y cultural para la regeneración del país. Hay que estar convencidos de
que es posible enfrentar la actual decadencia, tomando en cuenta los valores de
muchos pueblos indígenas; es decir, con una modernidad forjada desde abajo y
para todos.
El drama es que en el Paraguay los campesinos, aún
hablando guaraní, se han vuelto muy vulnerables a las prácticas individualistas
de la incultura supuestamente globalizada. Y es al mismo tiempo la población
menos contemplada en los programas culturales. Porque de hecho, la educación
paraguaya ha sido desde hace décadas acultural e incluso anticultural. El modo
de ser paraguayo no es motivo de orgu-llo, porque cada vez está más
desdibujado.
De
la cultura a la Cultura
En la situación actual no parece que sea el
Ministerio de Educación el organismo que vaya a organizar las varias tareas
culturales —que por otra parte no pretende— sino la Secretaría de Cultura.
Es lo que hace en la medida de sus cortas
posibilidades. El FON-DEC ofrece aportes sustanciales, que hay que cuidar no
sean viciados en su aplicación. No estoy en condiciones de señalar tareas
realizables que se me escapan por su heterogeneidad, que van desde la gestión y
administración de la Biblioteca Nacional, el Archivo Nacional, los diversos
museos, el Patrimonio Nacional tangible y los eventuales incentivos a
colecciones museísticas particulares y programaciones varias etiquetadas, no
sin razón, de culturales, como pueden ser tea-tro, exposiciones de arte,
concursos literarios o conmemoraciones de eventos. Estos hechos y palabras,
desde su particularidad, efímera las más de las veces, se constituyen en faros
de significación.
Como las lenguas, las culturas tienen también su
gramática, que en cuanto a sistematización coherente, debe ser explicitada.
Cierta-mente hay que olvidarse de una gramática única. Pero de gramática
también se vive, y no es suficiente tocar de memoria.
¡Ay de una lengua hecha por gramáticos, pero ay
también de una lengua sin gramáticos! Sin olvidar la “loca” advertencia de
Erasmo, antes citada.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
La alergia al orden gramatical se traduce en
demasiados aspectos de la vida ordinaria. Racionalidad y orden en las
cotidianas relaciones ni siquiera son añoradas ni deseadas, al parecer.
Dada la conjunción esencial entre factual y
estructural, entre pri-vado y público, entre libertad y norma en la cultura,
las acciones de un gobierno sobre ella son más peligrosas que benéficas. Las
más de las culturas se han formado y desarrollado sin directrices del Estado,
son anteriores a él y se desenvuelven a pesar de él. De lo que no puede
prescindir la cultura es de la relación, y por tanto no es nunca patri-monio de
uno solo.
Una Secretaría de Cultura debe mantener una
transversalidad tan amplia y compleja que al fin es su talón de Aquiles, pues
carece de operadores propios —que no debe tener por otra parte— para hacerla
efectiva.
Memoria
y gramática
De todos modos, en este momento, podría
concentrarse en dos líneas prioritarias: la memoria y la práctica “gramatical”.
La
memoria
En un país que hace gala de desmemoriado, el
ejercicio de la memoria tiene que estar presente. Y la memoria se trabaja.
La memoria material prehistórica de los pueblos
originarios ha sido destruida, mal apreciada y dispersada, bajo la opinión
extendida de que no mostraba grandes realizaciones. Es cierto que la cultura
guaraní y la de los pueblos chaqueños no dejaron grandes monumen-tos, en el
sentido de testimonios tangibles que vencen el paso del tiem-po. Los materiales
de los que se servían en su experiencia cultural eran en gran parte
deleznables: más de origen orgánico, más plantas que piedras.
De los guaraníes existen las cerámicas de diversas
formas y algu-nos instrumentos líticos; de culturas anteriores también
instrumentos líticos y petroglifos. Es un legado modesto, pero no despreciable.
La cerámica e instrumentos líticos recogidos hoy en
algunos museos —Museo Etnográfico “Andrés Barbero”, “Museo del Barro” y “Museo
Guido Boggiani”, de San Lorenzo— y por particulares, ca-recen de una
catalogación adecuada y científica, que los dotaría de un mensaje más claro.
Una política de incentivos, en convenio con grandes centros extranjeros, como
se hizo y se continúa haciendo, por ejemplo, con los especialistas españoles de
Altamira, pudo hacer avan-zar sensiblemente los conocimientos científicos acerca
de los petrogli-fos de varios sitios del Paraguay, ridículamente atribuidos
hasta hace poco a los vikingos.
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Un campo en el cual hubo avances, pero también
desviaciones notables, es en el de la Misiones Jesuíticas, que en el Paraguay
mues-tra un acervo de extraordinario valor. Su puesta en valor por la
Secre-taría de Turismo, laudable en varios puntos, debe salir de la estrechez
de una proyección meramente espectacular, una obra para ser vista y admirada,
para pasar a ser entendida en sus cuestionamientos cultu-rales, sociales y
políticos. La experiencia tiene aspectos de inquietante utopía, que no debería
ser rebajada a una cuestión de conflicto entre colonos españoles y misioneros
jesuitas, a la que la redujo la historio-grafía liberal del siglo XX. Pero esto
es de incumbencia de estudios científicos generalmente llevados a cabo en
centros especializados.
Desde hace años, el arte de esos pueblos de
Misiones despertó el interés de los estudiosos y por desgracia animó el
comercio de sus piezas. El Estado paraguayo tiene que vigilar y legislar en
vistas de sal-vaguardar estos bienes culturales. Falta mucho por hacer en el
campo jurídico, pero también en el de la concientización.
Las Misiones guaraní-jesuíticas, que fueron
consideradas como “triunfo de la humanidad” por Voltaire, y el pueblo de
Trinidad decla-rado como Patrimonio Histórico de la Humanidad, no pueden ser un
paréntesis en la historia del Paraguay, ya que sin ellas la historia del
Paraguay colonial no se entiende. La mayor población y los centros urbanos más
avanzados eran esos pueblos.
Presento esta problemática, que puede y debe
extenderse a otros muchos campos de la memoria, para hacer ver que el gobierno
debe incentivar tareas que tienen que ver con la planificación de una cultu-ra
de la memoria, a través de la historia y la crítica, demasiado ausen-te de lo
público y de lo privado. Es preocupante que la memoria del Paraguay esté siendo
ejercida más en ambientes brasileños y argenti-nos que en los paraguayos.
En ningún momento, sin embargo, como creo emana de
este es-crito, se está proponiendo una intervención estatal en las áreas de la
memoria, sino apenas una acción subsidiaria que asegure sus condi-ciones de
posibilidad.
La conmemoración del Bicentenario de la
Independencia, que suscitará actividades de diverso orden, estatales y
paraestatales —en 2010 y 2011— es el marco para desarrollar una cultura en la
cual los hechos y palabras puedan relacionarse en vistas a un sentido. Hay una
cierta aprehensión de que esto no sucederá así, y que la celebración se irá en
festejos y eventos más llamativos que creativos, de una nueva cultura de
libertad e independencia.
Los foros, incluso en niveles de enseñanza media,
que ya se han hecho, y publicaciones de reconocido valor científico, que ya han
visto la luz, y otros que se preparan, serán un medio para la cultura nacional,
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
que no debería diluirse en expresiones
estereotipadas conforme a un imaginario mal difundido y peor interpretado. Los
medios de comu-nicación social tienen a este respecto gran parte de
responsabilidad.
La
gramática
Podrá llamar la atención mi insistencia en este
punto, pero para mí la gramática es la primera filosofía de la palabra y de
toda acción humana, sin la cual no hay comunicación ni entendimiento. Porque
hablamos con gramática nos entendemos. Es el camino. Cuando no hay todavía
camino para la palabra, lo estamos haciendo al andar, hablando.
Las incoherencias arrancan desde que hay demasiadas
fluctua-ciones y torpezas en los modos de expresarnos, tanto en la vida de cada
día, en la calle, en la escuela, o en el gobierno y en el Congreso. Los
ordenamientos políticos o jurídicos —y hasta económicos— recla-man siempre
categorización y orden.
Ahora bien, las dictaduras y las democracias
quiebran el discurso. Si los medios de comunicación y la planificación escolar
caen en los mismos vicios, no hay sistema que aguante. El cambio en estas
áreas, que como aire se cierne sobre la vida toda y la abarca, aunque difícil,
no puede ser soslayado. Éste es el desafío.
Las restricciones y dificultades existentes para
llevar a cabo esas tareas no las hemos catalogado por menudo, porque afectan la
tota-lidad del modo de ser y en términos de gobierno, afecta a todos los
ministerios, secretarías y entes más o menos autónomos.
En lo que respecta a la cultura, habría que
mantener los dos prin-cipios señalados de entrada: su cotidianeidad, en gran
parte repetitiva y efímera, y su estructuración, normativa y durable. Hechos de
memo-ria y de historia, de lengua y de gramática.
482 .py
Tomás
Palau
El
agronegocio de la soja en el Paraguay
Antecedentes
e impactos sociales y económicos*
1.
Los orígenes de la agricultura de exportación en el país
En el Paraguay, las relaciones sociales de
producción han estado siem-pre muy atrasadas y el capitalismo sólo
imperfectamente ha incursio-nado hasta hoy en el conjunto de la economía
nacional, especialmente en la agricultura, en la que se da la coexistencia de
una agricultura capitalista con formas precapitalistas (además de la campesina,
clá-sicamente la ganadería extensiva y el peonazgo) de explotación de la tierra
y de la fuerza de trabajo1.
Mientras en otros países de la región la
agricultura capitalista ya estaba consolidada hacia fines del siglo XIX, en el
Paraguay la pri-mera forma clara de presencia de dicha forma de explotación
agríco-
* Palau, Tomás 2008 “El Agronegocio de la Soja en
Paraguay. Antecedentes e impac-tos sociales y económicos”, en Mançano
Fernandes, Bernardo (Org). Campesina-to e agronegócio na América
Latina: a questão agrária atual (São Paulo: CLACSO), septiembre,
p. 38.
1 En efecto, tal como lo afirma Gilles de Staal
(2003), cuando una propiedad es más extensa que varios cantones franceses, u
holandeses, o belgas, los habitantes de esas regiones son súbditos del dueño de
la tierra o de la empresa que la posee, antes que ciudadanos.
483
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
la2 se inicia con la colonización europea y
japonesa que se instala en Itapúa a partir de las décadas de 1920 y 1930. Es
agricultura farmer pero queda circunscrita a esa región. No se
expande y coexiste (aun-que no sin problemas) con la escasa población campesina
e indígena que la rodea. Eran épocas en que la densidad poblacional era baja y
había sobreabundancia de tierra. Los productores se organizan en pequeñas
cooperativas y la producción es comercializada principal-mente a escala
regional sin que se detecte la presencia (al menos relevante) de actores
económicos extranjeros.
Posteriormente, la descendencia de esta corriente
migratoria se insertará a una agricultura decididamente conectada a la
agro-industria (yerba mate y tung) y ya en la década del setenta a la soja y al
trigo.
Una segunda forma de presencia de la agricultura
capitalista en el país fue a través del Plan del Trigo impulsado por Stroessner
a co-mienzos de la década de 1960. Aprovechando la “revolución verde” y el
apoyo norteamericano después de la Reunión de Montevideo con Kennedy sobre la
Alianza para el Progreso en 19613, la dictadura esti-ma que el Paraguay debe ser
autosuficiente en trigo. Stroessner repar-te la tierra y asigna los fondos
entre empresarios “amigos”, en realidad pseudo empresarios. El Plan fracasa a
los pocos años. El movimiento campesino de las Ligas Agrarias empieza a
desarrollarse como reac-ción a la ocupación capitalista de los medios de
producción precisa-mente en Misiones, departamento del sur del país, donde se
inicia dicho plan.
Así, hasta finales de los años sesenta la
agricultura capitalista apenas tenía presencia en el país, caracterizada en su
estructura agraria por el minifundio de los asentamientos antiguos colindantes
a las zonas ganaderas, las primeras colonizaciones iniciadas por Juan Manuel
Frutos desde el recientemente creado Instituto de Bienestar Rural (IBR) (en
1963) en el Eje Este (Repatriación, O’Leary y J. L. Mallorquín) y en el Eje
Norte (Choré), el latifundio ganadero y el latifundio forestal. Aquel programa de
colonización sería un intento fallido por desconcentrar la propiedad de la
tierra. Pero esta coloni-zación sienta las bases fundiarias para lo que vendría
inmediatamen-te después.
2 Excluimos de esta breve referencia histórica la
penetración capitalista posterior a la guerra contra la Triple Alianza: los
enclaves madereros y yerbateros, ya que no se refieren a producción agrícola y
porque —si bien propios del capitalismo— se refieren a formas de trabajo
esclavo o de semiesclavitud.
3 Este apoyo norteamericano forma parte de la
ofensiva anticomunista en toda América Latina por el reciente triunfo de la
Revolución Cubana.
484 .py
La primera oleada significativa (y devastadora) de
la agricultura ca-pitalista, ella ya sí de la mano de empresas multinacionales
vinculadas a la agroexportación, se da con el ingreso de brasileños por
expansión de la frontera de la soja en los estados del sur de Brasil hacia
fines de los sesenta y durante toda la década del setenta. Es la ofensiva más
importante de la agricultura farmer sobre la campesina
registrada hasta esa fecha. Los re-sultados en los departamentos de Alto
Paraná, norte de Itapúa y la mitad oriental del de Canindeyú producen
resultados ecológicos desastrosos.
Colonias antiguas —pobladas por campesinos
paraguayos y crea-das por el Instituto de Reforma Agraria en décadas
anteriores— y nuevas, como la de Minga Guazú, son ocupadas por brasileños y se
expulsa a campesinos paraguayos, quienes se limitan a ocupar preca-riamente la
tierra hasta haberla desmontado, de modo que sean aptas para las labores
mecanizadas.
Paralelamente al boom de la soja4,
se produce también el auge del algodón, cuyos precios internacionales se
disparan como consecuen-cia del crack petrolero de 19735.
En esos años (y mayormente hasta ahora) el algodón es un cultivo de
minifundistas6. Así, la difusión del cultivo benefició durante un
tiempo a los pequeños productores, sin embargo, los mayores beneficiados fueron
los integrantes de la larga cadena de intermediación que se observa en la
comercialización del cultivo y sobre todo las agroexportadoras, que en un
comienzo fue-ron casi todas de capital nacional, pero posteriormente asimiladas
por compra por parte de corporaciones multinacionales.
La expansión del cultivo de la soja se atenúa
durante la segun-da mitad de la década del ochenta y primera de los noventa en
una meseta de unas 800.000 has., el algodón por su parte se estabiliza en
alrededor de 350.000.
A partir de la segunda mitad de la década pasada,
sin embargo, se empieza a insinuar un nuevo rebrote de la inmigración
brasileña, esta vez hacia el Alto Paraguay, en el Chaco, pero con fines
principalmente pecuarios, aunque igualmente ruinosa para los frágiles recursos
natu-rales de esa zona chaqueña.
Ya a comienzos del nuevo siglo, se produce la
segunda oleada de la pe-netración del capitalismo agrario con la soja, pero
esta vez sobre la soja ge-
4 Provocado en gran medida por la sustitución de las
importaciones de carne de la ex Comunidad Económica Europea y su sustitución
por proteína vegetal, o sea, soja.
5 De 57.000 has. sembradas en el ciclo 1971/72 se
pasa a 312.000 has. en 1978/79 y de representar el 5% de las exportaciones del
país en el primero de esos dos años, se ubica en el 33,7% en 1979 (Cepal,
1986).
6 La extensión promedio del área sembrada de algodón
en todas las fincas produc-toras de la fibra en el país es de 2,2 has.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
néticamente modificada a partir del ciclo agrícola
1999-2000. Ahora sí, la infraestructura para la exportación está montada y
controlada por grandes corporaciones proveedoras de insumos y dedicadas a la
agroexportación.
Sin disponibilidad de tierras fiscales en esta
ocasión, la frontera de la soja se expande sobre tierras campesinas, sobre
campos ganade-ros reconvertidos y sobre lo que resta de monte. Los efectos
ambien-tales se agravan por la desaparición de los últimos bolsones de bosque
en la Región Oriental, así como por el uso indiscriminado de potentes
herbicidas y pesticidas. Los efectos sociales, del mismo modo, resul-tan
dramáticos en un país que venía sufriendo un acelerado proceso de
empobrecimiento y que ahora debe asistir a una expulsión masiva de familias
campesinas de sus tierras.
La situación hoy es mucho más compleja —y sobre
todo, más gra-ve socialmente— que la que se tenía hace 30 años, cuando se
registra la primera expansión de la agricultura capitalista farmer sobre
la agri-cultura campesina. Económicamente, el Paraguay está hoy cautivo de las
corporaciones del agronegocio.
2.
Las variadas aristas de la hegemonía corporativa multinacional
De manera esquemática, la situación actual
planteada por esta nueva ofensiva de la agricultura capitalista farmer apoyada
por la constela-ción de empresas que forman parte del agronegocio, está
compuesta por los siguientes elementos:
-- Un componente medioambiental en
el que se destaca, por un lado, la conversión de la soja convencional a
transgénica; por otro, la intoxicación y muerte de seres humanos y
contamina-ción de flora y fauna y, finalmente, la deforestación y
deserti-ficación de importantes territorios de la selva atlántica y otros ecosistemas.
-- Un componente político entre
los que se destacan la indolencia y complicidad en la acción gubernamental, la
reacción campe-sina y la pérdida de soberanía del Estado nacional.
-- Los componentes social y económico entre
los que pueden re-saltarse el avance de la frontera del cultivo, la creciente
depen-dencia de productos importados de las exportaciones del país, el
incremento del precio de las tierras y la presión externa para lograr un cierto
crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).
En
su conjunto, se trata de un problema complejo, que tiene como efecto social
final más importante el desalojo campesino de las áreas
486 .py
rurales del país. Esto es, la transferencia de la
tierra rural campesina, en una primera etapa, a la agricultura empresarial (farmer principal-mente,
pero también empresas agrícolas propiamente) y, posterior-mente, a
corporaciones agroexportadoras, agroindustriales y/o finan-cieras7.
Este trabajo busca ahondar en el conocimiento de
los factores que rodean a la decisión de emigrar de las familias afectadas,
conocer las condiciones de vida y residencia en la etapa previa a la decisión y
en la posterior (para aquellas familias que ya han emigrado). Se con-sidera que
estas familias son propiamente refugiadas o desplazadas económicas, ya que se
vieron forzadas a abandonar su lugar de origen y su producción predial debido a
la venta o alquiler de sus tierras (que en la mayoría de los casos no es una
decisión libre, sino forzada) por la fumigación de predios adyacentes, lo que
les causaba perjuicios económicos o sanitarios.
No obstante, se abordan aquí otros factores que
describen y explican el contexto económico, político y social macro en el que
se inscribe la expansión del monocultivo de la soja transgénica y el
comportamiento de diferentes actores involucrados: el gobierno, el empresariado
y los campesinos.
3.
Breve reseña sobre la evolución del cultivo
La
expansión de la soja en el país está resumida en el siguiente Cuadro.
Producción
agrícola de algodón y soja en el Paraguay
|
Año |
ALGODÓN |
|
|
SOJA |
|
Producto |
Superficie (ha.) |
Produc. (ton.) |
Superficie (ha.) |
Produc. (ton.) |
|
|
|
|
|
|
|
1995-96 |
300.832 |
329.751 |
833.005 |
2.394.784 |
|
96-97 |
110.897 |
139.098 |
939.852 |
2.670.003 |
|
97-98 |
202.000 |
222.000 |
1.005043 |
2.855.742 |
|
98-99 |
166.204 |
202.263 |
1.185.748 |
3.053.005 |
7 “La expansión futura de la soja en el periodo
2004-2014 se espera que impacte sobre la estructura de la tenencia de tierras
de los estratos de pequeños y medianos productores de manera diferenciada según
zonas, por medio de la proyección de los índices de la década anterior en
función de los valores estimados en los escenarios de expansión sojera del
modelo. De acuerdo a las tendencias basadas en las estadís-ticas 1991-2002, se
prevé que podría continuar la disminución del número de fincas productoras de soja
menores a 50 hectáreas (pequeños y medianos productores), la cual alcanzó -12%
en la década 1991-2002” (Pedretti, 2006 b: 36).
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
|
Año |
ALGODÓN |
|
|
SOJA |
|
Producto |
Superficie (ha.) |
Produc. (ton.) |
Superficie (ha.) |
Produc. (ton.) |
|
|
|
|
|
|
|
99-2000 |
194.760 |
246.594 |
1.176.460 |
2.980.058 |
|
2000-01 |
297.885 |
294.444 |
1.350.000 |
3.511.048 |
|
2001-02 |
169.671 |
123.667 |
1.445.385 |
3.300.000 |
|
2002-3 |
240.442 |
170.064* |
1.474.058 |
4.204.865 |
|
2003-4 |
s/d |
s/d |
1.835.000 |
4.518.015 |
|
2004-5 |
s/d |
s/d |
1.950.000 |
4.300.000 |
|
2005-6 |
400.000 |
350.000 |
2.035.000 |
5.200.000 |
*
Los datos para 2005-2006 son estimaciones.
Información adicional puede encontrarse en Gómez
(2006). Se obser-va en el cuadro de arriba que el área de siembra se ha
duplicado en ocho años, período durante el cual se han incorporado al cultivo
un millón de nuevas hectáreas. Una parte de ellas8 (aproximadamente
la mitad) se presume eran tierras ganaderas que han sido reconvertidas a la
oleaginosa, la otra mitad eran tierras pertenecientes a familias campesinas que
han sido apropiadas por venta, alquiler o desalojo.
Durante este periodo (1997-98/2005-06) el avance de
la frontera de la soja ha mantenido un promedio de 125.000 has./año.
Suponien-do que la mitad de ellas pertenecían a familias campesinas y que el
tamaño promedio de los predios de estas familias haya sido de 7 has., la
expulsión campesina —sólo por soja— alcanza a nueve mil fami-lias por año. De
continuar esta progresión hasta alcanzarse la cifra de cuatro millones de has.9,
es de esperar que en los próximos años la cantidad de familias campesinas
expulsadas alcance el número de 143.000, más de la mitad de las 280.000 fincas
con menos de 20 has. registradas en el censo agropecuario de 1991.
La producción de soja representa un valor superior
al 38% del total producido por el sector agrícola y el 7% del PIB total del
país, y asimismo constituye el 37% del valor de los rubros de exportación del
sector. En el periodo 1992-2002, el valor bruto de la producción de soja se ha
incrementado en un 103,96% con una tasa promedio anual del 7,72% (Pedretti,
2006 a: 8).
8 Dado que el último censo agropecuario es de 1991,
no es posible contar con infor-mación confiable.
9 Tal como ha afirmado el entonces Presidente de la
Cámara Paraguaya Exportado-ra de Cereales y Oleaginosas (CAPECO), Jure Junis.
488 .py
4.
Los componentes medioambientales del avance del agronegocio en el campo
paraguayo
De
la producción convencional a la transgénica
El actual avance de la frontera de la soja supuso
que durante el último sexenio se haya sustituido un material genético
convencional cuyas semillas eran proveídas por los propios agricultores que lo
sembra-ban, por una semilla genéticamente modificada10 que
es producida por una sola multinacional a nivel mundial.
La principal amenaza de esta soja estriba en los
riesgos para la salud. Dichos riesgos se multiplican con el fenómeno de
contamina-ción genética, por la cual trazas transgénicas pueden aparecer
invo-luntaria, desconocida e inevitablemente en alimentos y cultivos nor-males.
El caso del maíz Star Link ilustra la gravedad del asunto, ya que no es apto
para consumo humano y, sin embargo, logró filtrarse en la dieta humana.
Los consumidores11 carecen
de información o ésta es manipula-da. Se produce así una colonización
alimentaria y el nacimiento —por la importancia que van asumiendo en el total
de las exportaciones nacionales— de las “republiquetas sojeras”. Desde que los
campos se llenaron de la soja transgénica de Monsanto, las campañas mediáticas
e institucionales sobre las maravillas de este alimento se multiplica-ron12,
a pesar de las dudas sobre su seguridad. Al decir de Cereijo (s/f), “la
apertura de mercados permitirá la occidentalización alimentaria, con la
infiltración de nuevos y variados productos prefabricados, que llevarán en su
interior ingredientes transgénicos”.
Aún a sabiendas de la posibilidad de estos (y
otros) riesgos sobre la salud humana, los organismos técnicos del gobierno
paraguayo no han emitido opinión y hacen como que el problema no existe. Por lo
demás, el sustento legal del cultivo de transgénicos es notoriamente frágil,
apenas una ordenanza del Ministerio de Agricultura y Ganade-ría, cuando debiera
ser objeto de legislación.
De ser un producto noble, valioso para la
alimentación de ani-males rumiantes, muchas de cuyas variedades convencionales
habían
10 Mayormente introducida —durante los primeros años—
de contrabando desde la Argentina.
11 Principalmente niños pobres a través de desayunos
escolares.
12 Recientemente, la esposa del Presidente Nicanor
Duarte se “ganó” en Roma el título de embajadora extraordinaria por su lucha
contra el hambre en el mundo, título otorgado por la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) por su campaña de
difusión de las “vacas mecánicas” productoras del jugo de soja.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
sido desarrolladas en el país a través de programas
de mejoramiento genético y puestas a disposición de los productores, la
oleaginosa está hoy bajo control completo de una sola multinacional.
Resulta un contrasentido enajenar a un monopolio
privado ex-tranjero un recurso estratégico clave de la economía nacional13.
Este hecho, además de sus obvias connotaciones políticas, constituye una fuente
de transferencia de ganancias a la multinacional por parte de los productores,
por las divisas que deberán salir del país para cum-plir, entre otras cosas,
con el pago de las regalías por patentes.
5.
Intoxicación humana y contaminación de flora y fauna por uso intensivo e
inadecuado de herbicidas y pesticidas
BASE Investigaciones Sociales (BASE-IS) viene
registrando desde enero de 2003 una cronología sobre casos de muertes e
intoxicaciones por agrotóxicos, así como de efectos sobre cultivos y animales
domés-ticos y movilizaciones campesinas de protesta (BASE-IS, 2006). Esta
información —aún no procesada— muestra claramente el impacto destructor que el
uso de agrotóxicos en general, y del herbicida Round-up en particular,
complemento del paquete de la soja RR o transgéni-ca, está teniendo sobre la
población campesina.
Los casos más frecuentes se refieren a muertes de
personas, casos de intoxicaciones agudas y nacimientos de niños/as con
malformacio-nes por exposición de la madre durante el embarazo a fumigaciones,
muerte de animales domésticos y cultivos de autoconsumo.
En un documento aún no publicado, solicitado por la
oficina de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agri-cultura (FAO) en Paraguay, se expresa textualmente: “En el caso de las
familias de pequeños productores campesinos no desarraigados, que están en
contacto directo con el avance de la agricultura farmer, la
seguridad alimentaria suele verse directamente afectada por la ex-pansión de la
soja. Entre las principales consecuencias registradas se mencionan
frecuentemente casos de contaminación ambiental por el empleo en gran escala de
agroquímicos para la producción de soja y sus cultivos complementarios,
pudiendo contaminar o afectar nega-tivamente la producción de alimentos de los
pequeños productores e impactar en la salud de los mismos.
En este punto, una amenaza directa a la seguridad
es la ocasiona-da por los casos de deriva de herbicidas (Glifosato, Paraquat y
hasta 2,4 D) afectando, en la vecindad de pequeños agricultores familiares, a
los cultivos sensibles de autoconsumo (mandioca, poroto, maíz, maní,
13
La exportación de soja representa el 37% de las exportaciones del país.
490 .py
hortifrutícolas) y de rubros de renta como el
algodón y el sésamo. Esta situación estimula en gran medida la reventa de lotes
por parte de los afectados, tendencia que podría mantenerse en la década
2005-2014” (Pedretti, 2006 b: 35).
De hecho, cuando se han agotado los intentos de
expulsión cam-pesina por la vía judicial y de la fiscalía, los sojeros echan
mano ya sea a la acción violenta de pistoleros especialmente contratados, o
direc-tamente a la fumigación aérea, lo que ya no puede ser resistido por las
familias que se ven obligadas a desalojar sus predios y viviendas.
Las zonas más afectadas por los casos de
intoxicación son los departamentos con altos índices de producción de soja, que
manifies-tan un aumento indiscriminado de la superficie de plantación, la que
según datos oficiales llegan casi a las 2 millones de hectáreas (5% del área
total del país, duplicando el área de cultivo de soja en Brasil que constituye
el 2,5% de su territorio). Los más recientes casos de intoxi-cación masiva
ocurridos en Gral. Resquín-San Pedro, Pireca-Guairá, 3 de Febrero-Caaguazú, San
Pedro del Paraná-Itapúa, y otros, son cla-ros indicios de que el problema se
viene agravando. Mientras, no se toman las medidas precautelares necesarias y
exigidas por la ley para salvaguardar la salud de niños, mujeres y hombres
campesinos e indí-genas y el bienestar ambiental (Sobrevivencia, 2004).
Sin duda, este es el problema que más relevancia
política ha ad-quirido durante los últimos meses debido a los innumerables
casos re-portados de manera documentada en la prensa sobre los efectos de la
mala e irresponsable utilización de potentes herbicidas e insecticidas.
6.
Riesgos para el medio ambiente
Los principales efectos que se observan como
resultado de la rápida expansión de la siembra de soja transgénica sobre el
medio ambiente son: a) deforestación y desertificación; b) pérdida o
degeneración de semillas nativas o tradicionales por contaminación genética; c)
au-mento de monocultivo; d) aumento y concentraciones de herbicidas en los
suelos y el agua; e) aparición de malezas resistentes a los herbi-cidas; f)
muerte de insectos benéficos.
Tal como lo expone Stedile (2004) en referencia al
proyecto de acumulación del capital en la fase neoliberal e imperial del
capitalis-mo, éste “precisa de protección jurídica, o sea, de acuerdos
internacio-nales que le garanticen libertad de acción en todos los países, en
todos los sectores, inclusive en la agricultura” (19).
Así debe comprenderse por qué el Paraguay, a pesar
de haber fir-mado la Convención de la Organización de las Naciones Unidas de
Lucha Contra la Desertificación en los Países Afectados por Sequía Grave o
Desertificación, y que ha convertido en Ley —la N° 970/96—
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
no se siente obligado a obedecerla ni ha sido
amonestado en instan-cias internacionales por no hacerlo.
Pedretti (2006b), por su parte, desde una posición
claramente a favor del agronegocio de la soja, afirma que “el principal impacto
de la expansión de la agricultura mecanizada registrado históricamente sobre el
uso de la tierra fue la deforestación masiva del Bosque Atlán-tico Subtropical,
aunque éste fue un proceso consecuencia de la colo-nización y no tanto
atribuible a la expansión de la soja, en sí misma. La expansión futura de la
soja se estima que afectará marginalmente al mismo bosque nativo, dada su
escasez, afectando actualmente en gran escala a las zonas de pasturas
implantadas (ganadería semiinten-siva) y en detrimento de la agricultura
familiar (pequeña agricultura) en mucho menor proporción” (37).
No se ve muy claro que la deforestación haya sido
producida por la colonización, toda vez que la gran mayoría de zonas
colonizadas re-cibieron apoyo gubernamental (mayormente durante la dictadura de
Stroessner), mientras la agricultura campesina preparaba tierras para su uso
mecanizado para monocultivos (algodón, tabaco, soja), que se-ría hecho
inmediatamente después por la agricultura empresarial. Del mismo modo, a juzgar
por lo ya realizado, la expansión futura de la soja no afectará “marginalmente”
al bosque nativo, sino que destruirá las 800.000 hectáreas que de él restan, de
las cinco millones que exis-tían hace 40 años.
En cuanto a la contaminación hídrica, técnicos de
Altervida (2004: 1.2) manifiestan que “se pueden considerar tres fuentes de
con-taminación: los pesticidas, los fertilizantes y la erosión producto de las
malas prácticas agrícolas y deforestación de los bosques”, conta-minación que
—según ellos— “se ha acrecentado a lo largo de los úl-timos decenios en forma
cualitativa y cuantitativa”. Si bien la mayor parte de los cursos y espejos de
agua se encuentran contaminados, no existen estudios que indiquen el grado de
contaminación de las napas freáticas y más profundas del Acuífero Guaraní. Esta
forma de contaminación produce frecuente mortandad de peces reportada
profusamente por la prensa local.
El uso indiscriminado y masivo de transporte,
distribución, fraccionamiento y utilización de potentes biocidas (no pocos de
ellos ubicados en la franja roja) parece ser tan alarmante que los gobier-nos
del Paraguay y Brasil han iniciado conversaciones para realizar una acción
conjunta que tienda a mitigar sus consecuencias (Eco-portal, s/f).
El avance de la desertificación en ciertas zonas,
la contaminación química de extensas poblaciones, así como del patrimonio
genético, la masiva deforestación, la contaminación del agua y la rápida
erosión
492 .py
del suelo en áreas aún no desertificadas son
resultados directos de la forma de operar del complejo sojero.
7.
Los componentes políticos del desarrollo campesino por el agronegocio
7.1.
La indolencia y complicidad de la acción gubernamental
El equipo jurídico de una ONG ambientalista
paraguaya (Sobrevi-vencia, 2006) ha resumido de manera escueta el
comportamiento gu-bernamental hacia los agronegocios en una síntesis que
retrata los ni-veles de tolerancia e involucramiento de las autoridades y
organismos de aplicación de la normatividad:
-- Las
leyes ambientales vigentes no se cumplen. Faltan meca-nismos de control
eficientes. Hay, por un lado, flagrante im-punidad de las transgresiones y, por
el otro, vacíos legales que deben ser remediados.
-- No
se cumple el Plan Nacional de Seguridad Química, cuyas partes
son el Gobierno nacional, las autoridades departamen-tales y municipales, el
sector productivo, las ONGs y las co-munidades y que posee una Secretaría
Técnica Permanente, ejercida por el Ministerio de Salud.
-- Falta
información toxicológica dirigida a las instituciones in-volucradas en el
tratamiento de los tóxicos a través de la capa-citación y adiestramiento de
personal.
-- La
infraestructura de los laboratorios pertinentes es muy defi-ciente y los mismos
actualmente no están dotados de los ele-mentos indispensables para la
realización de estudios en caso de intoxicaciones o accidentes con productos
químicos.
-- No
existe un control integral de las sustancias químicas du-rante el proceso de su
adquisición, almacenamiento, utili-zación y descarte, ni seguimiento a todo el
ciclo de su uso. Faltan especificaciones de uso claras; no se cumple con las
reglamentaciones sobre el etiquetado. No se implementan las franjas de
seguridad establecidas por la Resolución N° 485 del 11 de diciembre de 2002, y
el Decreto N° 18831/86, o las mis-mas son insuficientes. Además, el uso de
agrotóxicos está muy incentivado por los extensionistas del Ministerio de
Agricultu-ra y Ganadería (MAG).
-- Faltan
mecanismos fiscales y presupuestarios para asegurar la
sostenibilidad financiera de las instituciones de monitoreo
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
y control de tóxicos, incluidos los laboratorios,
por ejemplo creando impuestos a la venta de agrotóxicos y otros productos que
deban ser desincentivados.
-- Hay
manifiesta impunidad de los delitos cometidos y falta res-ponsabilidad ante la
producción de daños (pobreza, degrada-ción, enfermedades y muerte) causados a
comunidades y eco-sistemas, a cargo de los autores de estos daños, según
requie-re la vigencia de un verdadero Estado de derecho. Mientras se viola el
derecho a la calidad de vida y a la vida misma, el derecho al trabajo, a un
ambiente sano, a modos de produc-ción y vida rural sustentables, hay
persecución a los denun-ciantes, criminalización de la lucha social,
criminalización de la pobreza.
-- Falta
intervención responsable de la Fiscalía para el castigo ejemplar
de los delitos ecológicos, especialmente la comer-cialización y uso no
autorizado de sustancias químicas; la co-misión de envenenamientos por
productos de uso común; el ingreso al territorio nacional de sustancias
nocivas; el uso abu-sivo de los suelos, delitos éstos tipificados y castigados
por el Código Penal y la Ley 716.
-- La
implementación del modelo de desarrollo extractivista y agroexportador
beneficia a unos pocos empresarios y genera pobreza, debido al uso de
tecnologías inapropiadas que sus-tituyen la mano de obra humana. Este modelo de
desarrollo propicia exclusión social, agotamiento de los bienes natu-rales y
degradación social y ambiental y, en consecuencia, violación de los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales de comunidades indígenas y
campesinas, ade-más de las urbanas, que son las principales consumidoras de los
productos y agua contaminados. Un resultado palpable de la implementación de
este modelo de desarrollo es que en nuestro país la concentración del poder
sobre la tierra y la producción es una de las peores de todo el continente americano.
-- La
expansión de la frontera de la soja y los monocultivos ex-tensivos, no responde
a intereses ciudadanos y rompe con to-dos los modelos de ordenamiento
territorial existentes.
Además de lo mencionado en el documento de
Sobrevivencia, debe destacarse la actuación de los agentes regionales del
Instituto Nacio-nal de la Tierra y Desarrollo Rural (INDERT, ex IBR) quienes
fun-
494 .py
cionan como agentes inmobiliarios. El cargo que
ocupan les permite conocer la ubicación de asentamientos campesinos de la zona,
a sus dirigentes y la situación por la que cada comunidad atraviesa.
Los funcionarios del INDERT se encargan de efectuar
personal-mente un trabajo de “concientización” de las comunidades referentes a
la conveniencia de vender sus posesiones justificándolas en la falta de apoyo
técnico y crediticio, sumado a las interesantes sumas de di-nero que pueden
ayudar a conseguir para los campesinos.
Presentan, entonces, a potenciales interesados en
la compra de las “derecheras”14, generalmente personas de nacionalidad brasileña o
menonita, que ofrecen a los campesinos una cantidad de dinero en efectivo
exorbitante para ellos, engañándose, pensando que podrán solucionar todos sus
problemas. Acceden muchos de ellos a las pro-puestas y abandonan sus tierras.
Así, paradójicamente con el apoyo y gestión
personal de los agen-tes del IBR van reconstituyéndose los latifundios y
condenan a los campesinos al éxodo y al consecuente crecimiento del problema
so-cioeconómico15.
Son innumerables los casos de agentes del IBR,
incluso super-visores departamentales (como fue el caso de Samuel Giret de Alto
Paraná) que han sido denunciados por presionar a campesinos a que vendan sus
tierras a brasileños. En la mayoría de los casos, como se dijo, estos
funcionarios se comportan como operadores inmobiliarios buscando campesinos que
vendan sus tierras una vez que consiguen algún “cliente” entre los sojeros.
Por lo ya citado y por otras razones que tienen que
ver con la necesidad de lograr una cierta velocidad de crecimiento económico, o
con el desprecio típico que ha caracterizado a las autoridades nacio-nales
hacia el campesinado, o por ignorancia o por corrupción, o por todo ello junto,
las autoridades administrativas y los políticos mues-tran hasta el momento una
criminal indolencia hacia el problema, cuando no complicidad, especialmente por
parte de integrantes del Poder Judicial (jueces), del Ministerio Público
(fiscales) y de autorida-des policiales y militares16.
14 Lotes de tierras campesinas que aún no han sido
jurídicamente mensuradas.
15 León, Juan Antonio (2004).
16 En numerosos casos de litigios suscitados a raíz de
fumigaciones hechas de modo irresponsable, o en casos en que campesinos se
dispusieron a frenar por vía directa tales rociados, ha quedado en evidencia la
directa complicidad de fiscales con los propietarios, quienes ordenaron
acciones judiciales de desbloqueo que generaron violentas represiones. El caso
más dramático es el de Ypecuá en Repatriación, que dejó un saldo de dos
campesinos muertos.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
7.2.
La reacción campesina y popular
En principio se puede hablar de tres reacciones; la
de la aceptación pasiva del desalojo, la institucional y la de la acción
directa.
El primer grupo está constituido por familias campesinas
des-alojadas por el poder del dinero. El ofrecimiento es en muchos casos en
dólares, en efectivo. Los precios suelen oscilar entre US$ 500 y US$ 1.700 por
hectárea, llegándose incluso a ofertarse US$ 3.000 en casos especiales y se
paga ya sea por tierra titulada, con título provisorio o incluso por
“derecheras”17. No hay datos oficiales sobre la cantidad de
familias en esta situación. Una estimación —excesi-vamente grosera— es la
mencionada más arriba, de alrededor de 8.000 familias que migran anualmente,
sólo por efecto directo de la expansión de la soja.
Aunque, en algunos años, este desalojo llegó a ser
muy supe-rior. En efecto, según datos de la CAPECO (las cifras suministradas
aparecen en el cuadro anterior), entre el ciclo agrícola 2002-2003 y el de
2003-2004 el área sembrada con soja aumentó en 426.000 has.; se trataría de
unas 14.000 familias que habrían abandonado sus lotes y chacras (unas 100.000
personas) que ya no viven en el campo, que ya no producen comida, y cuya
diversidad productiva se ha perdido.
La mayoría de este grupo de familias desalojadas no
está incorpo-rada a ninguna de las organizaciones campesinas locales,
regionales o nacionales. La no pertenencia a ellas facilita la no
disponibilidad de recursos institucionales, económicos, logísticos y otros para
resistir a la expulsión.
Un segundo grupo de afectados ha reaccionado de una manera que
podría definirse como “institucional”, a través de sus organiza-ciones y en
alianza con otras organizaciones sociales, de la Iglesia y de los gobiernos
descentralizados. La MCNOC, con al menos tres obispos (y buena parte del clero
de sus respectivas diócesis), no menos de una docena de intendentes, varios
representantes de concejos de-partamentales y municipales, unidos a
organizaciones de docentes, estudiantes, radios comunitarias y otras, formaron
—durante 2004 y 2005— lo que dio en llamarse las “Coordinadoras Departamentales
por la Defensa de la Vida y el Medio Ambiente”. En la actualidad, de manera
activa, se encontrarían funcionando sólo dos de ellas. En formación se
encuentra también una coordinadora nacional de coor-dinadoras departamentales.
La adhesión de una parte de la Iglesia jerárquica y de un número significativo
de representantes de muni-
17 O sea, meras ocupaciones de tierra sin que el
IBR haya iniciado trámites para su correspondiente legalización.
496 .py
cipios da un respaldo especial a las organizaciones
campesinas. En conjunto, piensan realizar acciones de concientización a la
población, denuncias documentadas de casos de violación a la normativa vigente
por parte de los sojeros, así como un petitorio al gobierno que sería
presentado próximamente.
Desde 2006, sin embargo, estas respuestas
“institucionales” se vieron debilitadas por la falta de logros concretos, que
fueron bur-lados por la acción gubernamental de claro apoyo al avance de la
agricultura empresarial. No obstante, y en vistas a las elecciones municipales
a ser realizadas a fines de 2006, muchas de estas or-ganizaciones
departamentales se han volcado a la presentación de candidaturas independientes
(a los partidos políticos tradicionales), con el propósito de utilizar las
herramientas legales que les confiere la actual ley municipal a los intendentes
y cuerpos legislativos res-pectivos, de decidir sobre la forma de uso del suelo
en el territorio de su jurisdicción.
Otro tipo de reacción campesina es aquella que puede conside-rarse de
“acción directa”. Consiste en detener, físicamente, las ta-reas propias
exigidas por el cultivo de la soja, desde la disuasión directa a los
propietarios de no cultivar en determinadas parcelas, bloquear el paso al
personal o vehículos que van a fumigar en cami-nos vecinales, hasta la quema de
cultivos terminados y listos para la cosecha. Debe señalarse que hasta hoy
nadie ha reconocido la autoría de las quemas: tanto podrían ser realizadas por
integrantes de algunas bases de organizaciones campesinas exasperadas por la
situación, como resultado de la instigación de políticos que buscan ventajas
oportunistas, como realizadas por los mismos propietarios para cobrar sus
pólizas de seguro ante otras adversidades que deben afrontar18,
o podrían haber sido realizadas por mandato del propio gobierno para justificar
acciones represivas contra los campesinos y sus organizaciones, ante la
incapacidad del mismo por encontrar una salida democrática al problema. Más
recientemente incluso, al-gunas organizaciones campesinas han amenazado con
“expulsar” de sus tierras a extranjeros que se dedican al cultivo de soja19,
lo cual ha desatado una reacción de parte de gremios empresariales y
autoridades gubernamentales.
18 Aplicación de impuestos a la producción y/o
exportación de soja, venta anticipa-da (a futuro) de la producción a precios
muy inferiores a los actuales del mercado internacional, paro de camioneros por
reclamos sobre fletes, paro de trabajadores en el puerto de Paranaguá, coimas
solicitadas por autoridades políticas, gastos de “custodia” de cultivos (a
policías o matones) y otros.
19 Ver Abc Color, 17 de abril de 2004, p.
16.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
De todas maneras, y desde mediados de 2003 a la
fecha, la con-ciencia del campesinado ha venido creciendo y, como lo apunta
Fogel (2005), las recientes movilizaciones “cuestionan las bases mismas del
nuevo pacto de dominación... así ante las pretensiones de eliminar toda
regulación a las grandes corporaciones, las víctimas plantean la recuperación
de la autonomía para formular políticas, la repolitiza-ción de la economía y la
renacionalización de las políticas” (89).
En conclusión, por razones que tienen que ver con
la necesidad de lograr una cierta velocidad de crecimiento económico, o por el
des-precio típico que ha caracterizado a las autoridades nacionales hacia el
campesinado, o por ignorancia o por corrupción, las autoridades administrativas
y los políticos muestran hasta el momento una crimi-nal indolencia hacia el
problema, cuando no complicidad, especial-mente por parte de integrantes del
Poder Judicial (fiscales y jueces) y de autoridades policiales y militares.
Es indudable, sin embargo, que en poco tiempo la
expansión del cultivo de la soja transgénica y el uso de la última generación
de bioci-das se ha convertido en una cuestión política de la mayor importancia
en el país. La delicada situación planteada depende de los criterios que vaya a
usar el gobierno para vérselas con la misma.
7.3.
Pérdida de soberanía del Estado nacional
Los cinco gobiernos de la “transición”, desde 1989,
se caracterizaron por estar fuertemente influidos por las políticas
neoliberales impulsadas por el Consenso de Washington. La Embajada
norteamericana hizo el segui-miento político, en tanto que el Fondo Monetario
Internacional (FMI) se encargó del suministro de las recetas y la verificación
de su aplicación a los varios y cambiantes ministros de Hacienda que pasaron
durante estos 15 años. El trabajo de Fogel y Riquelme (2005) se dedica al
análisis detallado de los problemas de soberanía que acarrea el avance de la
soja en el país.
Conviene comprender que el complejo sojero es parte
de un proyecto de dominación de claro corte imperial que busca asegurar para
los EE.UU. el control de recursos estratégicos para garantizar el lucro de sus
corporaciones y el american way of life para su pobla-ción;
forman parte de ese proyecto las fuentes de energía
(petróleo-gas-hidroelectricidad), la biodiversidad, el agua y, en esta parte
del continente, la soja, tal como un folleto de propaganda de Syngenta lo
aclara, la República Unida de la Soja, que abarca buena parte del sur de
Brasil, el oriente boliviano, todo Paraguay, buena parte del centro-norte
argentino y el occidente uruguayo.
Para hacer un resumen, la supeditación del gobierno
a los linea-mientos impuestos por los organismos multilaterales ha implicado
una creciente pérdida de soberanía del país en un triple aspecto:
498 .py
Pérdida
de soberanía económica
Se produjo una importante restricción de la
autonomía de las decisio-nes políticas, a partir del “encuadre” paraguayo a los
Programas de Ajuste Estructural y la sujeción a las normativas de la
Organización Mundial del Comercio (OMC). En toda esa normativa supranacional de
corte neoliberal hay artículos que afectan claramente a la autono-mía política
de los pueblos. Por ejemplo, se disminuye la capacidad de proteger legalmente
el medioambiente, los servicios, etc. Las leyes re-feridas a estos puntos no podrán
ser un obstáculo innecesario para el comercio y la inversión. Además las
empresas se reservan el derecho a querellar a los Estados por acciones
gubernamentales que vayan en detrimento de su inversión.
Las decisiones al más alto nivel de la política
económica del país son dictadas por los organismos multilaterales,
específicamente el FMI, quien por vía de “acuerdos”20 determina
estrictamente el fun-cionamiento de los organismos financieros, la política en
materia de comercio exterior, el comportamiento de los tipos de cambio, la
polí-tica salarial, la política de gasto público. De este modo, prácticamente
no existe margen alguno para que el país pueda, de manera soberana, regular el
funcionamiento de la economía, y en particular del aparato productivo nacional.
Se observa también una pérdida de soberanía
económica cuando ese aparato productivo, en su sector más dinámico, está
controlado por productores extranjeros, depende del crédito otorgado
mayorita-riamente por la banca privada multinacional, compra exclusivamente
insumos productivos, maquinaria e implementos de origen extranje-ro, y cuando
las ganancias obtenidas por esos productores son reme-sadas a bancos en el
extranjero.
Otra forma de abdicación de la soberanía económica
es basar todo el crecimiento de la economía nacional en el monocultivo, en
particular cuando ese cultivo único —la soja transgénica— y los her-bicidas con
los que viene empaquetado, son provistos a nivel mundial por una sola
multinacional. Este es un caso gravísimo, según el cual una empresa extranjera
domina monopólicamente la principal expor-tación del país. Se está ante el caso
típico de una república bananera al estilo centroamericano, sólo que en nuestro
caso se trata de una republiqueta sojera.
La entrega de la soberanía económica del país se
ratifica con la adhesión que la actual administración ha firmado con los
intereses del
20 El primer acuerdo stand by firmado
por el Paraguay con el FMI data de diciem-bre de 2003, o sea, pocos meses
después de la asunción del actual gobierno de Duar-te Frutos.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Comando Sur del Ejército norteamericano (Ceceña y
Motto, 2005). Actualmente, existe una ley que permite la operación de fuerzas
mili-tares de ese país hasta diciembre de 2006 y la probable instalación de
bases militares.
Pérdida
de soberanía territorial
La inexistencia de una ley que prohíba la venta de
tierras a extranjeros en áreas de frontera (como la tienen todos los países del
Mercosur), tanto a particulares como a empresas, ha implicado que ya desde hace
varias décadas (desde mediados de los años sesenta, aproximadamen-te) se hayan
transferido enormes cantidades de tierra a esos propieta-rios. Esto ocurrió y
sigue ocurriendo tanto en la Región Oriental como en el Chaco.
El resultado es que, en este momento, el Estado
paraguayo no tiene control real sobre inmensos territorios nacionales en manos
de extranjeros. Este control es tan poco efectivo que, de hecho, las
ins-tituciones nacionales han perdido jurisdicción en la gran mayoría de las
áreas sojeras del país. La causa principal de esta pérdida de sobe-ranía es la
corrupción y la venalidad de los gobiernos que se sucedie-ron e iniciada por
Stroessner.
Actualmente, como resultado de esa venta de
tierras, muchas autoridades del nivel local (municipal) son de hecho
extranjeros que toman decisiones, algunas de gran importancia, no de acuerdo a
los intereses de los paraguayos sino de los países a los que pertenecen.
Los campesinos y sus organizaciones son conscientes
de este problema y presionan a las autoridades gubernamentales a encontrar
solución a un problema que, hasta hoy, sigue contando con la aproba-ción de los
políticos.
Pérdida
de soberanía alimentaria
La soberanía alimentaria es la mejor vía para
erradicar el hambre y la malnutrición en el mundo, así como para garantizar la
seguridad alimentaria duradera sustentable para todos los pueblos.
Es el derecho que tiene el pueblo paraguayo a
definir sus propias políticas sustentables de producción, distribución y
consumo de ali-mentos, garantizando el derecho a la alimentación para toda la
po-blación, con base en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias
culturas y la diversidad de los modos campesinos e indí-genas de producción y
comercialización agropecuaria, y de gestión de los espacios rurales, en los
cuales la mujer desempeña un papel fundamental. La soberanía alimentaria debe
asentarse en sistemas diversificados de producción basados en tecnologías
ecológicamente sustentables.
500 .py
Con la expansión del monocultivo de la soja la
diversidad pro-ductiva se pierde, el país pierde la capacidad de “definir sus
propias políticas sustentables de producción, distribución y consumo de
ali-mentos”, situación que lo vuelve particularmente vulnerable.
Recuérdese lo expuesto en los documentos que dieron
origen al neoliberalismo, los documentos de Santa Fe, en los que puede leerse
que “el alimento es el mejor arma de control político de los países”. Un país
con una población hambrienta es fácilmente dominable por parte de cualquier
poder extranjero.
Esto es exactamente lo que está ocurriendo con el
Paraguay. En pocos años más, ya no se producirán los alimentos que la población
necesita y lo que se consuma será comprado en el exterior, alimentos a los
cuales tendrán acceso sólo los que dispongan de dinero para comprarlos, el
resto está condenado al hambre, la desnutrición y las enfermedades.
Incluso en documentos oficiales como el de Pedretti
(2006) ya citado, puede leerse que: “A nivel regional en las zonas
tradicionales de producción sojera, sin embargo, la dependencia creciente del
de-sempeño de un solo rubro sensible a las fluctuaciones del clima o de los
mercados internacionales ocasiona incertidumbre y riesgo de vul-nerabilidad”
(Pedretti: 34-35). El mismo informe —patrocinado por la FAO— sigue diciendo: “A
nivel rural, se mencionó que se registra en las zonas sojeras un proceso de lento
pero progresivo desarraigo de la agricultura familiar campesina. La
relocalización de las familias afec-tadas por desplazamiento hacia zonas
urbanas del país o del exterior, bajo condiciones de escaso crecimiento del
mercado laboral, resulta en amenazas a su seguridad alimentaria, como grupo
focal afectado directamente. Se requerirán políticas focalizadas en dichas
comuni-dades para facilitar la reinserción laboral de estas poblaciones,
princi-palmente en entornos urbano-rurales” (Pedretti: 35).
Los efectos de la expansión del complejo sojero en
el país sobre la seguridad alimentaria de la población paraguaya se encuentran
más detalladamente referidos en un informe sombra o paralelo realizado en
2005-2006 por organizaciones no gubernamentales sobre el cum-plimiento de los
derechos sociales, económicos y culturales por parte del gobierno paraguayo
(Palau y Segovia, 2006).
7.4.
Pérdida de soberanía cultural
Resulta impactante comprobar la forma en que se ha
instalado en el “discurso oficial” una versión matizada del “pensamiento único”
de Ramonet, en lo que a justificación de la siembra de soja se refiere. El que
está en contra de la soja está contra el progreso. Son las ex-portaciones del
complejo sojero las que modernizarán la agricultura
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
paraguaya dejando importantes “divisas” al país. Al
igual que la ase-veración de fuerte contenido simbólico, expresada por el
presidente de la Asociación Rural del Paraguay (ARP)21 de
que la “producción de carne para la exportación es una cuestión
nacional”, la exportación de forraje pasó también a serlo.
Una comprobación del carácter político que envuelve
al complejo sojero es que quienes se oponen a él (principalmente las
organiza-ciones campesinas) son subversivas, y sus integrantes delincuentes y
terroristas. El discurso anterior es así utilizado como justificación
me-diática para legitimar la represión hacia el campesinado.
Pero bien, siguiendo con el razonamiento anterior,
como resulta-do de la pérdida de soberanía económica, territorial y
alimentaria, se produce también una pérdida de soberanía cultural.
De acuerdo a los antropólogos, la manera de conocer
a un pueblo es “a través de sus costumbres de cama y mesa”. Esto es, sus
con-ductas reproductivas. Cuando éstas se degradan es que la identidad cultural
de un pueblo está en descomposición. En el caso paraguayo, es muy obvia la
degradación de la relación de género, el machismo, la creciente violencia
doméstica y contra la mujer, la visión de la mujer como objeto sexual. Esto es
denigrante y crece en la medida en que se agrava y profundiza la pobreza. Pero de
esto no nos ocupamos aquí.
Las “costumbres de mesa” tienen que ver con lo que
come el pue-blo. Es parte medular de su identidad. Durante los últimos años, y
por efecto de la creciente pobreza, descampesinización y
pérdida de la diversidad productiva (o sea, por la creciente inseguridad
alimen-taria), la población ha ido abandonando los productos que formaban parte
del tembi´u Paraguay (locro, porotos varios, mandioca, batata,
etc.) y han sido suplantados por los farináceos (galleta, fideos), cuan-do no
por la comida chatarra. Esto ocurre tanto por el costo de los ingredientes como
por los costos de cocción (un plato de fideos no tarda más de 5 minutos
hervirlo, la mandioca o los porotos más de una hora), como por la publicidad,
que ridiculiza ciertos alimentos y exalta a otros. El
resultado de esta “uniformización neoliberal del con-sumo de alimentos” (lo que
se llamó la macdonalización de la comida) es la pérdida de
costumbres culinarias, la ingestión de alimentos de escaso valor nutritivo,
altamente contaminados con agroquímicos, lo cual redunda en un deterioro de la
salud pública. La sustitución (o pérdida) de cultivos de autoconsumo por soja
transgénica, acelerará este proceso de pérdida de identidad cultural.
21 La ARP es el gremio de los empresarios y
latifundistas ganaderos, de gran predi-camento político sobre la administración
Duarte Frutos y, por supuesto, de un enor-me poder económico.
502 .py
De la misma manera, la así llamada “industria
cultural” (prensa escrita, radio, televisión, cine) se encarga de
sobreestimular con con-tenido chatarra (programas y publicidad con violencia y
sexo) la men-te de la población, particularmente de los jóvenes y niños. Por
otro lado, al no tener el gobierno una política nacional de comunicación, el
alcance de las emisoras, canales y diarios nacionales es pobre y no llega a
cubrir las zonas de frontera, las que están dominadas por emi-siones
extranjeras, y por la televisión por cable. Todo esto contribuye enormemente a
la enajenación cultural del país.
El avance y la consolidación de productores
extranjeros en todo el país contribuirán todavía más a la creciente pérdida de
la identi-dad cultural.
8.
Los componentes sociales y económicos del avance de los agronegocios
8.1.
Principales derivaciones sociales
Como es de suponer, los factores hasta aquí
mencionados represen-tan una clara violación de normas constitucionales e
internacionales por parte de los sucesivos gobiernos paraguayos. Un reciente
informe sobre la vigencia y situación de los derechos económicos, sociales y
culturales indica textualmente: “el Estado ha incumplido el más básico deber de
respetar estos derechos, ya que, mediante violentos desalojos, ha obstruido las
posibilidades comunitarias de obtención de alimentos y agua para la supervivencia.
Es más, las fuerzas del orden no solamen-te han desterrado a campesinos e
indígenas de sus comunidades de origen, sino que también se han apropiado de
sus utensilios de trabajo y del hogar. El Estado paraguayo ha
quitado así a los pobladores de áreas rurales no sólo las tierras que les
permiten acceder a alimentos y agua adecuados, sino también aquellos
instrumentos indispensables para su obtención y los mismos alimentos que habían
producido, obli-gándolos a un desplazamiento forzoso y convirtiéndolos en
verdaderos refugiados económicos (Palau y Segovia, 2006: 21).
En otro apartado se expresa: “El modelo sojero es
el principal responsable de estas penurias [referidas al derecho a la
alimentación] del campesinado y el Estado, que, si no atenta directamente
contra los derechos de estos ciudadanos como en los casos arriba mencionados,
renuncia a su deber de protegerlos (ibídem: 22). El derecho al agua
tampoco es protegido ni garantizado por el Estado paraguayo. La fal-ta de
protección es notoria en áreas rurales, donde la contaminación con biocidas
está muy extendida (ibídem: 35).
Además de estas y otras violaciones a lo legal, el
impacto social más obvio y destructor es sin duda el desarraigo campesino que
pro-
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
voca. La población desplazada es heterogénea
(campesinos medios, pauperizados, poblaciones indígenas, población rural no
campesi-na22) por consiguiente, los efectos de los
desplazamientos son también variables, en todos los casos se verifica un
acelerado proceso de des-ruralización de la población en regiones que dependen
básicamente de la agricultura23. Los motivos macroeconómicos aducidos para el
apoyo gubernamental de tales modelos pueden resultar justificados en el corto
plazo, pero en el mediano y largo, la ausencia o desmante-lamiento de las
unidades productivas preexistentes en dichas regiones repercutirá negativamente
en las condiciones de vida de la población del país.
La falta de empleo en las zonas rurales conlleva un
aumento de la migración parcial de miembros adultos, sobre todo desplazamien-to
de los familiares hacia las ciudades para estadías de largo plazo. De esta
forma, la familia se fragmenta, quedan adultos mayores, en muchos casos los
abuelos y niños como principales mantenedores de la producción. Esta situación
de familias nuevas de abuelos y nietos, resulta a largo plazo en una
simplificación del sistema productivo y una creciente dependencia de la entrada
económica suministrada por parte de los miembros emigrados.
El informe de Pedretti (2006 b) ya citado, menciona
que con la expansión futura de la soja se prevé que se acentúe el proceso de
una “agricultura sin gente” (sic) como efecto de la concentración de la
tierra y el consecuente desarraigo de pequeños productores de la agricultura
familiar. Se espera que continúe especialmente en las nuevas zonas la
relocalización de familias de agricultores desplazados reubicándose en los
mayores centros urbanos y en las periferias de pequeños núcleos urbanos, en
condiciones de margi-nalidad y precaria subsistencia. En esas últimas
poblaciones, cuya vida económica y social depende de la vocación productiva de
la población local, se ha registrado una recomposición de las fuentes de
empleo. En efecto, las actividades que pierden importancia o desaparecen son
las relacionadas a la actividad forestal y procesa-miento de madera, al trabajo
asalariado agrícola, la intermediación de la comercialización de insumos y
productos típicos de la peque-ña agricultura, y los pequeños comercios que
dependen de ese tipo de clientela.
22 Constituida en la mayoría de los casos por docentes
de escuelas que han cerrado, reparadores, vendedores y comerciantes y otros que
han quedado sin actividad por la literal desaparición de comunidades
campesinas.
23 Este tema es abordado con más detalle en Fogel
(2005).
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En contraste, aunque en mucho menor escala,
“ascienden las ac-tividades secundarias y terciarias en torno a una clientela
más peque-ña pero considerablemente de mayor poder adquisitivo. Los empleos en
ascenso están relacionados a la venta de maquinaria, equipos e insumos de la
agricultura mecanizada, y el empleo de tractoristas, choferes, mecánicos,
etc.”.
Asimismo, surgen aún en las pequeñas poblaciones de
la zona farmer, bancos y financieras sucursales del sector privado,
supermer-cados modernos y fuentes de empleo que requieren mayor nivel
edu-cativo, en general. Entre estos se destaca un pequeño pero creciente
mercado laboral para asistencia técnica privada, especialmente en las áreas
administrativas, productivas y de evaluación de impacto am-biental. En cuanto a
la población marginalizada, además de acceder a un escaso mercado laboral en
relación de dependencia para la po-blación urbana, generalmente presiona a
nivel municipal por empleos esporádicos relacionados con la construcción de
obras públicas y su mantenimiento. Esta población requiere de programas
educativos y de capacitación para una mayor inserción a la vida económica
urba-na, relacionada con las incipientes industrias y el sector de los
servi-cios” (Pedretti: 39).
De muy diferente parecer es Fogel (2005), para
quien la asocia-ción entre zonas de expansión de la soja y pobreza es
concluyente.
Al desarraigo, la precarización del empleo, la
pobreza, la concen-tración de población desocupada en los núcleos urbanos y la
concen-tración del ingreso, debe agregarse la violencia represiva. En efecto,
la expansión de los monocultivos ha provocado los desalojos de campe-sinos e
indígenas, creciendo estos desalojos fuertemente en medio de una ola de
criminalización contra dichos movimientos. Los desalojos se han duplicado:
entre los años 1994 y 1998 hubo 100 desalojos, mien-tras que entre los años
2000 y 2003 hubo 69 desalojos y sólo en el año 2004 los desalojos registrados
se dispararon a 66. En los últimos 15 años, 6.122 campesinos fueron
arrestados. Durante 2005, 46 personas han sido sentenciadas a 2, 3 y 4 años de
prisión por su participación en conflictos por la tierra y más de 600
campesinos han pasado por las diferentes cárceles del país. Actualmente, hay
2.800 imputados en todo el país. Las imputaciones son selectivas, generalmente
para los dirigentes, los motivos varían desde haber participado en movilizacio-nes,
hasta tan triviales como hablar por radio denunciando atropellos.
Desde que en 2004 el presidente Duarte firmó un
pacto con los sojeros y militares, la violencia en los desalojos se volvió una
práctica continua. Los desalojos se efectúan sin ningún tipo de previo aviso.
Los policías actúan junto a militares y paramilitares de los latifundis-tas y
supervisados por fiscales allanan casas y arrestan a los miembros
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
de la familia. Se dan casos de detenciones,
golpizas y disparos con armas de fuego. Se detiene a mujeres, niños e incluso a
los heridos y se han dado casos de pérdidas de embarazo por las golpizas en los
de-salojos. A los campesinos, los soldados les roban sus enseres, destru-yen
sus casas, sus cosechas y matan todos sus animales. Los desalojos no sólo
afectan a los nuevos asentados, sino a veces también caen so-bre las antiguas
comunidades, incluso las legalizadas. Estas acciones se utilizan como una forma
de amedrentar a las comunidades para restar apoyo24.
8.2.
Principales derivaciones económicas
Una mirada general sobre las cifras de la evolución
por sector en lo que se refiere a la generación de empleo durante las últimas
dos décadas en el Paraguay, revela que el sector agropecuario perdió de manera
significativa su capacidad para generar empleo, aún cuando continúa siendo el
sector de mayor importancia. Esto encontraría una explicación en el hecho que
la actividad agropecuaria, frente al resto de actividades emergentes, habría
mostrado un dinamismo mu-cho más reducido en su papel de generadora de empleo
(Pedretti, 2006 a: 79).
Dentro del sector agropecuario, la generación de
empleo directo en términos relativos, en mano de obra intensiva del rubro soja
—en relación con otros rubros agrícolas— es baja. Según datos de la en-cuesta
de hogares (EIH) 1997-98, por cada millón de dólares produci-do en algodón se
absorben aproximadamente 1.870 trabajadores/año, mientras que en soja se
absorben sólo 193 trabajadores/año (ibídem). Una explotación mecanizada
de soja contrata en promedio un traba-jador directo por cada 300 has.
Asociado a lo anterior, se observa una creciente
concentración del ingreso (Fogel, 2005)25.
Como se sabe, una mayor desigualdad econó-mica produce un efecto desacelerador
en la economía, deprimiendo el mercado interno por caída de la demanda de
bienes de consumo masivo que suelen ser los producidos por el empresariado
nacional. Inversamente, se imponen pautas de consumo que son satisfechas con
bienes importados.
24 Relatos detallados de casos de violencia contra
campesinos pueden ser encon-trados en <www.baseis.org.py>,
<www.grr.org.ar> o en <http://biotech.indymedia. org/
or/2005/04/4225.shtml>.
25 De acuerdo a los datos manejados por este autor,
el Paraguay sería el país con mayor concentración del ingreso en América
Latina, el cual medido según el índice de Gini pasó de 0,59 en 1997/98 a 0,61
en 2003, periodo en el cual se dio la más rápida expansión del área de siembra
de soja.
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Si bien es cierto que la soja ha aumentado las
exportaciones del país, la balanza comercial sigue siendo deficitaria. Esto se
debe, en parte, al hecho que exportar soja implica una creciente dependencia de
insumos importados de aquellas exportaciones, principalmente las exportaciones
de soja. Sin contabilizar los insumos ingresados de contrabando (que son
cuantiosos y también pagados en divisas), el monto pagado por las importaciones
de maquinarias, implementos e insumos relacionados a la producción de soja en
el periodo 2000-2004 (en US$ FOB) son: 2000: 106.139.632; 2001: 121.493.082;
2002: 123.227.750; 2003: 213.578.322; 2004: 259.899.532 (Pedretti, 2006 a).
Estas erogaciones superan el 40% de las exportaciones anuales de la oleaginosa.
Debe apuntarse además que la mayor captación de las
ganancias por exportación del rubro es realizada por bancos extranjeros,
princi-palmente brasileños, que operan en la zona de frontera.
Así, la exportación de la llamada soja paraguaya es
poco más que una expresión de deseo: las semillas son proveídas por Monsanto o
Syngenta, los herbicidas son adquiridos en el exterior, así como los demás
biocidas y fertilizantes, los tractores e implementos provienen de grandes
corporaciones automotrices multinacionales, así como el combustible que
utilizan, las empresas que exportan y la bodega que utilizan. En el caso
paraguayo, además, una buena mayoría de los tra-bajadores de estas
explotaciones son brasileños y las ganancias reme-sadas a bancos de ese país.
Con lo que puede deducirse que lo único “paraguayo” de esa soja es la
fertilidad del suelo que la produjo.
La sangría económica no termina aquí, ya que —desde
Stroessner— los gobiernos que se sucedieron han establecido una estructura de
fuertes subsidios a la soja, lo cual contribuye a la con-centración de los
ingresos. Entre esos subsidios figuran el precio del gasoil que es proveído
(según la empresa estatal Petropar a precios por debajo de su costo); la
estructura impositiva particularmente con respecto a la soja que tiene una baja
o nula presión tributaria26, lo cual limita aún más la capacidad distributiva que
podría —eventualmen-te— tener el gobierno. Como lo apunta Fogel (2005) “el
sector que más renta genera es el que menos impuesto paga” (Fogel: 63)27,
debe recal-carse que además de bajos impuestos la evasión es muy alta; el
acce-so a líneas de crédito público a tasas preferenciales; las gestiones del
26 La tasa efectiva es en el Paraguay del 1%,
cuando las retenciones impositivas alcanzan al 21% en el caso argentino.
27 Según este autor, la soja habría generado
aproximadamente US$ 600 millones, pero su contribución directa a la recaudación
tributaria fue de aproximadamente US$ 1,5 millones, lo que representa el 0,25%
de los ingresos generados por el rubro.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
gobierno paraguayo para la obtención de puertos
francos (Paranaguá y Nueva Palmira) y fletes preferenciales; la investigación y
desarrollo financiados con fondos públicos; el apoyo a la cooperativización de
productores sojeros.
El marco político que explica el funcionamiento de
este engranaje económico está dado por la corrupción generalizada en el sector
y en el conjunto del aparato administrativo, político, legislativo y judicial
del país.
9.
En conclusión
La penetración masiva de la agricultura capitalista
en el Paraguay se remonta apenas a cuatro décadas atrás y lo hace mayormente
con la soja, en aquel entonces, convencional.
La difusión de la soja transgénica trajo aparejada
la rápida expan-sión de su cultivo a partir de 1998, habiendo duplicado su
superficie de siembra desde esa fecha hasta el presente.
Se pasa de un millón a dos millones de hectáreas
sembradas. Una parte apreciable, no menor a 40% del área incorporada a la
siembra, estaba previamente ocupada por familias de pequeños productores
campesinos.
Los efectos producidos por el control por parte de
los agronego-cios que se mueven en la cadena productiva sojera pueden agruparse
en al menos tres componentes: el medioambiental, el político y el
so-cioeconómico.
Efectos
medioambientales
-- Sustitución
del material genético convencional por uno gené-ticamente modificado cuyos
efectos sobre la salud humana y animal —por decirlo de modo conservador— no se
conocen acabadamente pero se presumen altamente nocivos.
-- La
expansión de los cultivos modificados genéticamente (en cierta
medida como lo fueron en su momento las semillas hí-bridas y “mejoradas” de la
revolución verde) profundiza la co-lonización alimentaria del país.
-- Se
han dado casos (el problema no está aún exactamente cuan-tificado) de muertes
humanas por fumigaciones de cultivos. Las intoxicaciones son más frecuentes en
los departamentos con mayor área de siembra de soja.
-- La
prensa registra constantemente casos de destrucción de cul-tivos de autoconsumo
y muerte de animales domésticos atri-buibles directamente a fumigaciones de
sojales.
508 .py
-- No
se respeta la normativa existente para la protección —entre otros—
de cursos y espejos de agua, la contaminación hídrica es alta así como la
mortandad de peces.
-- Otros
problemas son deforestación y desertificación; pérdida o
degeneración de semillas nativas o tradicionales por con-taminación genética;
aumento de monocultivos; aumento y concentraciones de herbicidas en los suelos
y el agua; apari-ción de malezas resistentes a los herbicidas; muerte de
insec-tos benéficos.
El
componente político
-- Hay
indolencia y complicidad del gobierno con el modelo so-jero; no se hace cumplir
la legislación existente, faltan meca-nismos fiscales y presupuestarios para
asegurar la sostenibili-dad financiera de las instituciones de monitoreo y
control, hay manifiesta impunidad de los delitos cometidos y falta
respon-sabilidad ante la producción de daños.
-- Los
agentes del INDERT actúan como agentes inmobiliarios facilitando
el traspaso de tierras campesinas a medianos y grandes productores sojeros.
-- La
reacción campesina ante el problema es heterogénea; la ma-yoría de los
campesinos no organizados terminan vendien- do o alquilando sus tierras, esto
es, terminan siendo expulsa- dos; un grupo de campesinos organizados opta por
apelar a meca-nismos institucionales demandando justicia; otro grupo realiza
acciones directas para parar la invasión.
-- No
obstante, es evidente que la toma de conciencia por parte de un
número creciente de campesinos y sus organizaciones sobre el problema, lo está
convirtiendo en un apartado importante de la agenda de sus reivindicaciones.
-- Hay
pérdida de soberanía del Estado nacional, de soberanía económica
porque las decisiones son tomadas cada vez menos de acuerdo al interés nacional
y cada vez más a favor de los intereses corporativos de las multinacionales
proveedoras de insumos y agroexportadoras.
-- Hay
pérdida de soberanía territorial ya que la gran mayoría de los
33.000 productores sojeros son de nacionalidad brasileña y están ubicados en la
zona más próxima a la frontera con ese país.
-- Hay
pérdida de soberanía alimentaria ya que la producción ali-mentaria es cada vez
más deficitaria a nivel nacional, las fami-
.py 509
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
lias
expulsadas ya no producen alimentos para su consumo y se dan cambios drásticos
en la composición de la dieta diaria.
-- Hay
pérdida de soberanía cultural ya que debido a la penetra-ción de la migración
extranjera no sólo se perdió la cultura cu-linaria, sino que los medios de
comunicación, las transac- cio-nes bancarias e incluso el mismo sistema
educativo está siendo afectado en las zonas sojeras.
Los
componentes social y económico del problema
-- La
expansión de la soja atenta directamente sobre la mayoría de
los derechos económicos, sociales y culturales (Descs) del pueblo paraguayo.
-- Induce
al desarraigo campesino por la masiva expulsión de familias
de su lugar de origen en las zonas de expansión del complejo sojero.
-- Aumenta
el desempleo y con ello se profundiza la pobreza y se agudizan
los problemas sociales tanto en el campo como en la ciudad.
-- Hay
un aumento de la violencia represiva contra el campesina-do, tanto por parte de
las fuerzas policiales y militares, como de los paramilitares contratados por
sojeros y latifundistas.
-- Esto
conlleva la criminalización de las luchas campesinas de reivindicación
de sus intereses.
-- Las
principales derivaciones económicas, además de lo ya mencionado
sobre el creciente desempleo son la concentra-ción del ingreso; la creciente
dependencia de importaciones de las exportaciones paraguayas; el creciente
déficit comercial del país por la exportación sólo de commodities,
los gastos fiscales que son medrados por los fuertes subsidios que otorga el
go-bierno a la producción sojera.
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512 .py
Milda
Rivarola
LA
RESCISIÓN DEL CONTRATO SOCIAL*
Las opiniones contradictorias sobre lo ocurrido el
22 de junio de 2012, dentro y fuera del Paraguay, delatan el carácter con-fuso
y oscuro de ese evento. La variedad de categorizaciones orillan el absurdo:
golpe de Estado, sustitución constitucional, golpe parla-mentario (con o sin
guantes blancos), quiebre institucional, uso de atribuciones legales del
Congreso, juicio express, mecanismo normal y legal, quiebre o ruptura
democrática, etc.
Quizá porque la gravedad de lo ocurrido es, como
todo lo esen-cial, aun invisible a los ojos. Porque en un solo día, a mediados
del año siguiente al del Bicentenario, culminó el proceso de degrada-ción de
una década: se hizo trizas todo el Contrato Social (Rousseau,
1762) aceptado por la sociedad paraguaya tras la caída del dictador Stroessner.
Sus cláusulas “pétreas”, establecidas solemnemente en la Constitución de 1992,
venían desgarrándose paulatinamente, hasta que de golpe se rescindió todo el Contrato.
Por eso el estupor, de allí el espanto colectivo.
Lo brutal de esa rescisión explica el letargo inicial. El golpe parlamentario
rompía el último de sus bastiones, según el cual el gobernante paraguayo era
* Rivarola, Milda 2012 “La rescisión del contrato
social”, en Lorena Soler y Rocco Carbone, Franquismo en Paraguay. El
golpe (Buenos Aires: El Octavo Loco), pp. 43-49.
513
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
electo por la ciudadanía. El principio esencial de
toda República, el más clásico, según el cual la soberanía residía en el pueblo
y no más en monarcas ni jefes de tribus.
Las otras cláusulas de ese Contrato Social habían
naufragado si-lenciosamente en meses o años anteriores. La del imperio
de la ley se rompió en 2003, cuando Duarte Frutos, aliado a las
bancadas parla-mentarias, literalmente “pulverizó” la Corte Suprema de
Justicia. En un juicio político algo menos torpe que el de junio de 2012, con
veinte causales del libelo, el Parlamento forzó la renuncia de cuatro
minis-tros (respetados juristas, en su mayoría) y condenó a otros dos.1
Esta decisión tuvo efectos demoledores sobre una
justicia en len-to proceso de reforma: se tornó un poder lento e ineficiente,
politiza-do, de baja integridad y credibilidad. De los seis indicadores del
Banco Mundial (Kaufmann & Kraay) para medir la gobernabilidad de los países
a nivel mundial, el de “Imperio de la Ley” en Paraguay es el único que
permanece en su nivel mediocre (17 a 19%), sin mejorías en la última década.
Como la administración de la Justicia carece de una
Sala Cons-titucional cuyas sentencias sean acatadas como legítimas, cualquier
autodenominado “constitucionalista” interpreta hoy la Carta Magna a
piacere. La Corte dicta Sentencias Definitivas a medida del deman-dante y
no hesita en cambiarlas cuantas veces sea necesario. Como ese bastión
republicano se resquebrajó hasta la ruptura, las crisis entre el Judicial y los
otros dos poderes del Estado se tornaron endémicas.
El otro bastión, el de la democracia
parlamentaria, con un Congre-so electo que representa la diversidad de
intereses ciudadanos, venía zozobrando —clientelismo y corrupción electoral
mediante— hace tiempo. Pero la reacción ante las reivindicaciones de
“indignados” de mayo de 2012 evidenció claramente la ruptura de ese otro pilar.
El quiebre final sucedió en dos tiempos: cuando la ciudadanía exigió a sus
representantes no dilapidar 50 millones de US$ adicionales para sus operadores
en el TSJE, los parlamentarios se plegaron a regaña-dientes, desconcertados
ante esta insólita exigencia del Común. No se trataba de
funcionarios públicos exigiendo mejores salarios ni de campesinos demandando
compensaciones por malas cosechas. Eran manifestantes urbanos, de clase media
alta, que no hacían demandas sectoriales sino exigían derechos ciudadanos.
1 Una Sala Constitucional de la CSJ dictaminó, en
diciembre de 2009, la inconsti-tucionalidad del juicio político a estos dos
ministros, ordenando su reposición en sus cargos. Al mes siguiente —presionada
por el Senado— la misma Corte dictaminó lo contrario: dichos Acuerdos y
Sentencias carecían de validez jurídica. El caso sigue judicializado ante la
Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
514 .py
Cuando, alentada por el primer éxito, la ciudadanía
reclamó el desbloqueo de las listas partidarias, sus “mandatarios” pasaron a la
defensiva, reaccionando como minoría compacta (N. Lechner).
Allí acabó la ilusión de representatividad: los senadores trataron a sus
mandantes de turba vendida y alcoholizada, de zurdos e ignorantes. En justa
reciprocidad, fueron marcados de inmediato como “senarra-tas” y “dipuchorros”,
como consta en millares de posteos de redes so-ciales. Los integrantes del
Congreso optaron por auto-representarse a sí mismos y defender apenas sus
intereses partidarios, apropiándose de la soberanía popular.
También según este Contrato Social, los conflictos
sociales se re-solvían pacíficamente, por la ley. El campesinado descreía
ya de la im-parcialidad de los jueces y fiscales, tentados a favorecer
intereses de los poderosos, en detrimento de los suyos. El centenar de
militantes campesinos muertos por fuerzas policiales o parapoliciales durante
la transición, y la ataraxia de la Justicia paraguaya respecto a las tierras
malhabidas, justificaban ampliamente esta desconfianza.
Pero el enfrentamiento entre fuerzas policiales y
miembros de la Liga Nacional de Carperos, con un saldo de al menos 17 muertos
el 15 de junio, echó por tierra lo que restaba de este principio. A partir de
allí, la cuestión agraria amenaza litigarse ya abiertamente con las ar-mas. Las
organizaciones campesinas entendieron —antes que muchas otras— la ruptura del
Contrato Social: ya desesperan de hallar justicia sobre tierras que el Estado
les niega, para obsequiarlas a los grandes propietarios, ya no conocen fiscales
capaces de separar culpables de víctimas en la masacre de Curuguaty.
Por fin, el juicio político del 22 de junio derogó
la última cláu-sula del Contrato de 1992. La más valiosa para la percepción de
la gente: el presidente no llega al poder por golpes de Estado,
reeleccio-nes amañadas, maniobras de minorías ni sucesiones monárquicas, sino
por el voto popular. Un campesino lo expresó con simplicidad y
dolor en una entrevista radial: “¿por qué no venderían ahora su voto —la
lección repetida hace veinte años por sus dirigentes— si esa papeleta ya no
valía nada?”. Si ahora sabían que la voluntad ma-yoritaria podía ser robada
impunemente por 39 personas, en menos de 24 horas.
Por eso la gente común, el Común,
reaccionó con incertidumbre, miedo o silencio ante lo que parecía un cambio de
gobierno, pero en realidad era un quiebre social y político mucho más grave.
Gente co-mún, la que no lee a Hobbes ni a Rousseau, no reconoce a Habermas,
Montesquieu o Lechner, percibió con extrema lucidez que el Contrato Social bajo
el cual convivieron —mal o bien— durante dos décadas acababa de rescindirse.
.py 515
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Y los letrados saben que al fenecer un Contrato
—del tipo que sea— se retorna al anterior, recupera vigencia el
“consuetudinario”. Es así como la élite conservadora paraguaya se apresuró en
rehabi-litar —con notable eficiencia y memoria— las cláusulas del Contrato
Social anterior, el Stronista. El alegato del abogado Adolfo Ferreiro en el
Congreso la tarde del 22 de junio —no el jurídico, inservible ante ese
auditorio, sino el político, el del “espíritu de las leyes” y los principios
democráticos— confrontó abiertamente este retorno.
Porque ese libelo acusatorio —proferido, más que
presentado— por un tránsfuga de las carpas oviedostronistas a las cartistas,
recu-rría abiertamente a la cláusula madre de la represión dictatorial: los
delitos políticos no necesitaban ser probados, por ser “de público
conocimiento”. Esa acusación, radicalmente opuesta al Contrato re-publicano y
democrático de 1992, fue públicamente aprobada por la casi totalidad de la
Cámara, que sancionó de esta forma el retorno al Contrato dictatorial.
Cuando el Contrato Social fenece, se retorna a la
barbarie. Un brillante artículo de Luis A. Boh expresa ese retroceso al
salvajismo, al planeta de los simios. O al hobbesiano homen hominis
lupus est (Le-viatán, 1651), cuando los lobos salen a los campos y entran a
las ciu-dades, porque el Contrato anterior ya no es válido y las élites acaban
de poner en vigencia el más antiguo. Contrato expresado hoy en la vio-lencia
verbal de las redes, en la brutal prepotencia de los “soberanos”, en las
editoriales de la prensa comercial, y en prácticas policiales que recuperan,
con naturalidad, sus añoradas arbitrariedades represivas.
No es accidental que, de modo inconsciente,
analistas locales e in-ternacionales apelen a símbolos de bestialidad animal o
humana para calificar la praxis de la “nueva política” paraguaya: desde el
retorno de los simios, pasando por el de manada de dinosaurios o bandada de
avestruces asustados, hasta la de hombres cavernícolas o trogloditas.
Heridos de muerte los principios republicanos, roto
el de por sí endeble tejido social (dos de cada cinco paraguayos siguen sin
siquie-ra comer lo necesario), el Contrato neo-stronista apela una vez más al
peligro exterior (el de la Triple Alianza + uno) y al feroz aglutinante
ideológico del nacionalismo, para reconstruir la fachada de la “uni-dad
nacional”. Y exacerba el miedo colectivo, aludiendo al peligro de guerra civil,
amenazando a los “zurdos” o “bolivarianos asesinos” en las calles y en las redes.
Se fundamenta una vez más en los arcaicos lemas de la Doctrina de Seguridad
Nacional, que ven en los “enemigos internos”, en los “legionarios”, en los
“malos paraguayos”, el mayor peligro contra la nacionalidad.
Aunque, considerando sus consecuencias mediatas, la
rescisión de un contrato social paulatinamente resquebrajado en la transi-
516 .py
ción y en la alternancia, está generando un efecto
no querido por sus ejecutores. Nunca antes la sociedad paraguaya debatió y
reflexionó como ahora sobre la política. Está hoy preguntándose en centenares
de espacios, foros, organizaciones civiles o sociales qué fue, cómo se quebró,
qué será de hoy en adelante la democracia paraguaya. Inqui-riendo qué se hizo
mal, cómo quieren convivir civilizadamente los paraguayos —hombres y mujeres—
después de este quiebre brutal.
Ni siquiera entre 1989 y 1992, ciudadanos de todas
las edades y condiciones sociales cuestionaron con tan intensa curiosidad qué
fue realmente la dictadura, cómo pervivieron la corrupción y el clientelis-mo,
cómo actúan aquí y en otros países los partidos políticos, qué son la
globalización y la soberanía regional, cuánto destruyen al país la desigualdad
y la concentración de activos e ingresos, cuánto de verdad o mentira reproducen
los medios y las redes sociales.
Esta crisis se revela, para ellos, una crisis
terminal. Pertenecen a una nueva generación paraguaya —la que, al no haber
aprendido el miedo, no sabe repetir las miserias ni los oportunismos del
pasado— hoy está escribiendo, con libertad, igualdad y fraternidad, el Contrato
Social del futuro.
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Guido
Rodríguez Alcalá
Ideología
autoritaria
Introducción*
Este libro trata de la tradición autoritaria en el
Paraguay indepen-diente. Esta tradición autoritaria es la que se afirma y
desarrolla con las dictaduras de Francia y los López, que perpetúan prácticas e
ins-tituciones coloniales con una fachada más o menos liberal; se ve re-chazada
como ideología oficial durante la era liberal (1870 a 1936); cobra nueva fuerza
a fines de 1930 y adquiere estatus oficial en 1940 con la tiranía de Morínigo y
sucesores, quienes reciclan la vieja tra-dición autoritaria de Francia y López
remozándola con elementos nacional-socialistas y —curiosamente— con ciertos
elementos to-mados de la ideología del desarrollo norteamericana. Bajo
distintos avatares, el autoritarismo centralista de origen colonial sobrevive
en el Paraguay de hoy, nada más correcto que la afirmación de Moríni-go y de
Natalicio González de que ellos eran auténticos sucesores de Francia y López.1
* Rodríguez Alcalá, Guido 1987 “Introducción y
Francia & López”, en Ideología au-toritaria (Asunción:
Servilibro), pp. 7-78.
1 Me refiero a Alfredo Stroessner, dictador entre
1954 y 1989. Cuando apareció la primera edición de este libro, en 1987, no lo
podía nombrar directamente. Con el final de la dictadura de Stroessner, una
mayor libertad ha permitido enjuiciar el pasado sin exponerse a represalias.
519
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Al hablar de tradición autoritaria, debemos aclarar
que nos ocu-pa, fundamentalmente, el análisis de la ideología política
autoritaria. Eso significa que haremos una mención sólo sumaria de las
condicio-nes sociales, políticas y económicas que la hacen viable en el
Paraguay —o de las ideologías— pues se trata de una criatura compleja. Nuestra
concentración en el aspecto de la ideología política hace que no haya-mos
incluido en el trabajo a ciertos políticos que, siendo arbitrarios como Albino
Jara, no se declararon partidarios abiertos de una ideo-logía autoritaria
(estos fueron déspotas en los hechos antes que en las palabras).
Contrariamente, incluimos el caso de Rafael Franco, que declarándose partidario
del fascismo con su Decreto 152, no llegó a ser un auténtico fascista en los
hechos.
Esta desproporción entre ideología y práctica
política es más que anecdótica: es esencialmente paraguaya (para usar la
semántica de ciertos nacionalistas). El Paraguay, como América Latina en
general, ha vivido de ideas europeas, adoptándolas e imitándolas como mejor
podía. En un sentido estricto, puede decirse que no ha habido ni libe-ralismo,
ni fascismo, ni marxismo ortodoxos en América Latina —ya que esas ideologías
han sido mayormente repetidas en forma poco creativa—; sin embargo, tampoco
puede comprenderse la historia po-lítica del subcontinente sin una comprensión
de las principales ideo-logías europeas (siempre tratando de discernir la
diferencia entre el modelo y su versión local). Para dar un ejemplo, señalemos
que el dictador Francia, partidario declarado de la Ilustración y de un
libera-lismo radical, se hizo nombrar Dictador perpetuo y
gobernó arrogán-dose potestades regias; no fue ni rey, ni liberal, ni
ilustrado, sino una peculiar combinación, típicamente criolla. Lo mismo vale
para López o cualquier otro Nerón local.
Hechas estas aclaraciones, queremos decir que el
libro se com-pone de dos ensayos, originalmente escritos para ser leídos
separa-damente. El primero va de 1811 a 1870, trata de Francia y López; el
segundo, de 1936 a 1948 aproximadamente. El período de la vida política
paraguaya comprendido entre 1870 y 1936 no ha sido inclui-do, no porque
faltaran actitudes e ideas autoritarias en el mismo; ¿quién puede justificar la
servidumbre del peón en los yerbales, la ex-plotación del campesino desposeído,
los golpes de Estado de Bareiro o Jara? Y, sin embargo, existe una diferencia
entre esa época y las otras dos: durante la primera, existía un consenso en
torno a lo que era aceptable y lo que era inaceptable en materia política.
Cuando un energúmeno como Jara toma el poder, los dos grandes caudillos
riva-les —Caballero y Ferreira— se unen para derrocarlo (no es que aque-llos
dos estuviesen totalmente libres de autoritarismo, sino que en el fondo
respetaban ciertas reglas mínimas de convivencia). Cuando se
520 .py
produce la matanza del 23 de octubre, la prensa
increpa al presidente Guggiari como no podía hacerlo en tiempos de Francia o
Morínigo, y Guggiari se somete a un juicio político: ¿se hubiera sometido López
a un juicio político? Las insuficiencias de los gobiernos liberales no deben
hacernos olvidar que, por primera vez en el Paraguay, apare-cen con el
liberalismo ciertos principios y prácticas de convivencia civilizada. La
Constitución del setenta, tan criticada, es la primera en reconocer derechos
políticos a los paraguayos, en abolir la tortura, el exilio y la pena de muerte
por razones políticas. La tortura, rutina po-licial bajo Francia y López,
recién vuelve a ser rutina con el gobierno de Morínigo.2 Durante
la época liberal, ningún presidente se eterniza en la presidencia; la
corrupción de los funcionarios públicos no llega a los excesos de tiempos
anteriores y posteriores; los cargos políticos no son coto vedado del partido
de gobierno. No es necesario insistir en que los dos partidos tradicionales —el
Liberal y el Colorado— son dos partidos de ideología liberal y en que la
ideología liberal (aún en su versión decimonónica) resulta más aceptable que
aquella de la In-quisición con la que Francisco López solía juzgar a sus
enemigos po-líticos o la ideología nazi profesada por Morínigo y sus amigos.
¿Por qué razón el liberalismo del laissez faire profesado por
Cecilio Báez o José Segundo Decoud no fue sustituido por alguna ideología
de-mocrática de carácter más moderno? ¿Por qué la reacción antiliberal (por lo
demás justificada) no conduce a una superación del libera-lismo decimonónico,
sino que conduce a una regresión pre-liberal? Estas son preguntas que no
podemos contestar dentro de la brevedad del ensayo. Las condiciones —sociales,
políticas y económicas— que hicieron viable la ideología autoritaria no pueden
ser analizadas aquí; como se ha dicho, nos limitamos a hacer una exposición de
la ideolo-gía autoritaria paraguaya.
2 Lo fue hasta el final del gobierno de Stroessner.
.py 521
Francia
y López
Generalmente, se afirma que el período comprendido
entre 1811 y 1870 constituye una etapa particular en la historia del Para-guay;
etapa dominada por tres dictaduras: la de José Gaspar Rodrí-guez de Francia
(1814-1840), la de Carlos Antonio López (1844-1862) y la de Francisco López
(1862-1870).
Las particularidades de este período han llamado la
atención de historiadores, por lo demás poco interesados en el Paraguay. Así,
el in-glés Thomas Carlyle, en una demostración de desconocimiento sobre el tema
y de prejuicios, se dignó pontificar sobre la dictadura de Fran-cia.1 Francia, además, mereció los elogios de
Augusto Comte, quien lo incluyó en su calendario de santos laicos. Sus tres
dictadores, como las misiones jesuíticas, le han dado una cierta fama
internacional al Paraguay. Sin embargo, las opiniones difieren radicalmente.
a. Los autores de orientación liberal (Manuel Gondra,
Manuel Domínguez) critican a Francia y López por haber gobernado
1 Thomas Carlyle, El Dictador Francia (Buenos
Aires: Guarania, 1937). Carlyle dice, entre otras cosas, que los asuncenos, por
la tarde, se bañan en el río Paraná (confundiendo Paraná con Paraguay).
522
en forma discrecional y arbitraria, asumiendo
funciones eje-cutivas, legislativas y judiciales, no reconociendo las
libertades básicas del ciudadano (de expresión, de prensa, de ejercer una
profesión, etc.).2
b. Ciertos autores de izquierda están de acuerdo con
los liberales, pero sólo formalmente, ya que afirman que, al no ceñirse a las
reglas de una legalidad liberal, estos tres dictadores defendie-ron los
legítimos intereses del pueblo, salvando al Paraguay de caer en la dominación
imperialista.3
c. Los nacionalistas de derecha coinciden parcialmente
con la izquierda, ya que para ellos Francia y López, al imponer un sistema
autoritario y antiliberal, se convirtieron en los repre-sentantes del alma
nacional o del “Paraguay Eterno”, para usar la expresión de Natalicio González.4
Es
fácil tener razón y equivocarse cuando se habla de la ideología polí-tica de
Francia y López; centro, izquierda y derecha han acertado par-
2 Manuel Domínguez, en La Constitución del
Paraguay (Asunción: H. Kraus, 1909), es específicamente severo con el
dictador Francia. Cecilio Báez, en La tiranía en el
Paraguay (Asunción: Editorial El País, 1903), acusa a Francia y López
de haber establecido el “despotismo oriental” en el Paraguay; sin
embargo, en su Ensayo sobre el doctor Francia y la
dictadura en Sudamérica se muestra más benévolo con el doctor
Francia, quizás por haber seguido la opinión de Comte, que fue su maestro y el
de muchos positivistas paraguayos. Posiblemente la influencia de Comte haya
determinado el elogio del Dictador que hizo Justo Pastor Benítez (liberal)
en La vida solitaria del Dr. José Gaspar de Francia
dictador del Paraguay (Buenos Aires: El Ateneo, 1937). A
medio camino entre la apología y la crítica se encuentra el libro de Julio
César Chávez, El Supremo Dictador (Buenos Aires: Ayacucho,
1946).
3 Varios autores latinoamericanos afirman que los
gobiernos de Francia y López comparten este parecer; véanse, por ejemplo:
Eduardo Galeano, Open Veins of Latin America (New
York: Monthly Review Press); Sergio Guerra Vilaboy, Paraguay: de la
independencia a la dominación imperialista (1811-1870) (La Habana:
Editorial de Ciencias Sociales, 1984); Atilio García Mellid, Proceso
a los falsificadores de la historia del Paraguay (Buenos
Aires: Theoria, 1964). Para estos autores, la guerra de la Triple Alianza
fue resultado de una conspiración imperialista contra el Paraguay, porque ese
país había conseguido escapar a su dominación.
4 Juan O’Leary inicia un movimiento de reivindicación del
mariscal López y los “héroes” del pasado, basado en el oportunismo y en las
ideas de extrema derecha; entre sus libros sobre el tema se puede citar El
mariscal López (Asunción: La Prensa, 1920).
Discípulo de O’Leary fue Natalicio González, otro
apologista de la tradición autoritaria y belicista (véase su libro Solano
López y otros ensayos (París, 1926).
La difusión del lopismo y del
culto de los héroes en general, coincide con la difusión de las ideas fascistas
en el Paraguay y, a pesar del descrédito del fascismo, subsiste como parte de
la ideología del gobierno actual (se refiere al de Alfredo Stroessner,
derrocado en 1989).
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
cialmente al enjuiciarlos. ¿Cómo definir
correctamente la ideología política de Francisco López, quien, en principio,
adhería a los idea-les republicanos pero, sin embargo, hizo circular el Catecismo
de San Alberto (expresión del absolutismo monárquico) como
texto para las escuelas? Tanto él como los otros dos dictadores
eran, en principio, liberales, pero consideraban que todavía no había llegado
el momento de darle al pueblo una Constitución porque éste no estaba preparado
para eso. Vemos así una particular combinación de ideas absolutistas y
liberales que resulta bien latinoamericana, no olvidemos que San Martín pensó
en establecer una monarquía en la Argentina y que Bo-lívar habló de la
necesidad de crear un Senado perpetuo en la nueva república.
Este ensayo comienza con una breve reseña
histórica, analiza lue-go la ideología política de Francia y López, para
concluir con una defi-nición de las características latinoamericanas de ésta,
que se conside-ra necesaria dada la tan repetida afirmación de que el caso
paraguayo constituye algo único en el continente.
I.
Principio y fin de la primera república (1811-1870)
En la noche del 14 de mayo de 1811, un grupo de
patriotas rodeó la residencia del gobernador Bernardo de Velasco con ánimo
resoluto y cañones; el representante de la corona española en el Paraguay tuvo
que transigir ante los argumentos y las armas locales, y en la madru-gada del
15 de mayo dejaba de ser gobernador, aunque al día siguiente continuara en el
gobierno como miembro de un triunvirato integrado por él, Juan Zeballos y José
Gaspar Rodríguez de Francia. Este nuevo gobierno revolucionario se inició jurando
lealtad al rey Fernando VII, cuya “causa común” declaraba defender.
La medida no tenía nada de sorprendente ya que con
motivo de la invasión francesa contra España y el posterior coronamiento de
José Bonaparte, una serie de leales súbditos americanos de Fernando
des-conocieron la autoridad del monarca impuesto, “independizándose” así de
España. Naturalmente, una serie de criollos radicales vieron llegada la ocasión
de hacer una alianza táctica con los monarquistas, con miras de llegar a la
independencia total cuando fuese el momen-to. El triunvirato paraguayo se
colocaba en esta línea; solo más tarde se iría viendo quiénes estaban con el
rey y quiénes no. En el primer momento, la elección de Francia, Zeballos y
Velasco satisfacía plena-mente al partido español, ya que se trataba de tres
leales servidores de la Corona española, que hasta ese momento se habían ganado
la confianza de los realistas locales.
Pero las contradicciones se manifestaron enseguida:
el 17 de ju-nio de 1811 una Junta de Gobierno reemplazó al Triunvirato, donde
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ya no estaba Velasco. Francia continuó en la Junta
de Gobierno de cinco personas que incluía a Fulgencio Yegros y Pedro Juan
Caballero (héroes militares) y a Fernando de la Mora y Francisco Bogarín
(hom-bres letrados). Pronto surgieron las desavenencias; Francia se retiró del
gobierno a fines de 1811 y permaneció cerca de un año en su pro-piedad rural de
Ybyrai, precisamente en el momento en que la junta llevaba a cabo un enorme
esfuerzo por romper con el legado colonial y enunciaba un principio entonces revolucionario,
que declaraba abo-lido el sistema colonial de estamentos: “Todo depende en el
hombre de la instrucción”. Ver el bando del 6 de enero de 1812, transcrito en
el Apéndice A. El mismo bando enuncia los derechos del hombre — propiedad,
libertad y seguridad— y expone proyectos encomiables, como el fomento de la
educación, la supresión de la servidumbre, la colonización del Chaco y el
desarrollo de las comunicaciones. La cri-sis económica provocada por las luchas
de emancipación en América frustraron los propósitos de la Junta y determinaron
su caída.5
Lamentablemente, la Junta no pudo continuar
gobernando como entidad colegiada (debido a las maniobras del doctor Francia
que ex-plotaba las dificultades creadas por una crisis económica). En octubre
de 1813, un Congreso Nacional nombró cónsules a Fulgencio Yegros y a José
Rodríguez Francia. Yegros, que según Cabanellas tenía todo lo que Francia
quería tener, se mostró poco interesado por la maniobra política, en la que le
superó ampliamente su colega y rival y en 1814 fue desplazado por un Congreso
General manipulado por Francia y
5 Los apologistas del dictador Francia insisten en
que él era el único político inteligente en el Paraguay; que por ser el único
se vio obligado a gobernar dictatorialmente; que mediante su dictadura se formó
la nación paraguaya. Ni el Paraguay ni la historia en general pueden ser
considerados como producto de la acción de “un puñado de jefes” como dijo el
fascista francés Charles Maurras. La concepción del héroe como motor de la
historia es conceptual e históricamente falsa. En el caso del Paraguay, las medidas
tomadas por la Junta de Gobierno en 1812, durante todo el tiempo en que Francia
estuvo ausente del gobierno, indican que había gente más progresista y más
inteligente que el futuro Supremo; entre las resoluciones progresistas de la
Junta se cuentan la abolición de la Inquisición, la protección del indígena, el
fomento de la educación, de la agricultura, de la navegación.
En cuanto a los motivos de desaveniencia entre
Francia y los integrantes de la Junta, no se trató de la ignorancia de aquellos
—como dijo el doctor— sino de que estos no querían condonar las medidas
arbitrarias del futuro Supremo, que mandaba arrestar a sus enemigos personales
arbitrariamente, como la Junta lo expresó por nota, refiriéndose a “la ninguna
adhesión de este Gobierno a ciertas arbitrariedades, que por nada
caracterizadas y selladas con el espíritu público, las ha graduado puramente
personales, ha descubierto y hecho ver que Ud. nada menos que trata de separar
sus intereses de los de la Patria, baxo el expesioso y decantado título de amor
a ésta”. Véase Guillermo Cabanellas, El Dictador del Paraguay, Dr.
Francia (Buenos Aires: Claridad, 1946), pp. 153-163.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
presionado por el ejército sobornado por el
protector de Francia: Lá-zaro Rojas, el hombre más rico del Paraguay y futuro
director de la policía secreta. El Congreso de 1814 declaró dictador a Francia
por cinco años pero el beneficiado no pudo esperar cinco años: en 1816 reunió
un nuevo Congreso para hacerse nombrar Dictador perpetuo y ser
sin exemplar. Desde ese año hasta la muerte de El Supremo (1840) no
volvió a reunirse el Congreso; el Cabildo fue suprimido (1824); la iglesia
debió jurar fidelidad al Dictador (1821) en los términos en que había jurado
anteriormente fidelidad a Fernando VII; se estableció un sistema de represión
que insumió hasta el 94% del presupuesto de la nación; se cerró la única
institución de enseñanza secundaria del país sin fundarse escuelas primarias;
se impuso la pena de muerte para todo el que intentase entrar o salir del
Paraguay sin consentimiento de la autoridad. La fantasía y la realidad parecen
confundirse: cuando el Dictador recorre las calles a caballo, todos tienen que
dejar desierta la calle por donde pasa y las puertas y ventanas de las casas
vecinas tienen que trancarse.
En 1840, la sucesión de Francia se decidió por un
puñado de co-mandantes; después de un breve interregno, llegaron al poder como
cónsules Carlos López y Mariano Alonso (1841); en 1844, López fue nombrado
presidente por diez años pero siguió en la presidencia has-ta su muerte. A
pesar de la presidencia vitalicia, el gobierno de López significó una apertura
con relación al exterior. Sin haber desmante-lado el aparato represivo heredado
de Francia, López se mostró me-nos propenso a la aplicación de la tortura y de
la pena de muerte, a las que recurre sólo en caso de necesidad. El sistema es
el mismo, pero el hombre es menos brutal. Otra diferencia entre los gobiernos
de Francia y López es que, bajo este último, se abrieron las puertas del país
al comercio extranjero, apertura que, hay que decirlo, no se debió
exclusivamente a la decisión de López sino también a circunstancias
internacionales. Las diferencias resultan visibles (al menos las exte-riores):
el Paraguay se europeiza importando técnicos, artistas y hasta peluqueros
europeos; Asunción comienza a cambiar de aspecto debi-do a los edificios
modernos que levantan el gobierno y la familia Ló-pez; llegan el telégrafo, el
ferrocarril; se crea una fundición de hierro; en una palabra, existen
perspectivas de un progreso limitado. Hay, además, desorganización y
corrupción; extremando las cosas (aunque no demasiado) podría hablarse de un
Paraguay que quiere progresar importando tecnología como algunos países
petroleros de hoy.
Pero todo termina con el gobierno de López II.
General a los 18 años y representante diplomático del Paraguay en Europa a
temprana edad, Francisco López se dejó deslumbrar por la corte de Napoleón III
y por las ideas del primer Napoleón, y decidió hacer el papel de árbitro
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en los asuntos del Río de la Plata. En parte fue
una víctima del sistema creado por Francia: un sistema dictatorial donde todo
el poder estaba concentrado en las manos de unos pocos que gobernaban sin
contar con un verdadero cuerpo diplomático, un verdadero ejército ni un
ver-dadero equipo de funcionarios públicos.
Basado en suposiciones falsas, sólo consiguió unir
al Brasil y a la Argentina en contra de Paraguay, a los dos países se sumó el
Uruguay (país supuestamente protegido por López) y así se formó la Triple
Alianza que llevó a la guerra al Paraguay durante cinco años, destru-yéndolo
por completo. Considerado héroe nacional, López pertenece más bien al grupo de
dictadores integrado por el mexicano Santa Ana y el boliviano Melgarejo.
II.
El enigmático doctor Francia
Todo es ambiguo en este personaje, hasta su mismo
nombre, ya que firmó: Dr. José Gaspar García Rodríguez de Francia; Dr. José
Gaspar Rodríguez de Francia; Dr. Rodríguez de Francia; Gaspar de Francia; José
Gaspar de Francia; Dr. Francia; Dictador Francia; Francia; Fran-cia, El
Dictador.6
Es cierto, sin embargo, que no le correspodía el
uso del de (por no ser noble), pero se lo atribuyó
prohibiéndoselo a ciertos espa-ñoles que lo habían heredado. Descendiente de un
portugués que consiguió ocupar cargos en la burocracia española, Francia se
des-veló por alcanzar la suprema magistratura de un país que conside-raba “de
pura gente imbécil”; se relacionó con la buena sociedad asuncena mediante el
casamiento de su padre con Josefa Velasco; estudió en la Universidad de Córdoba
(donde conoció al obispo San Alberto, del que guardaría un grato recuerdo);
sirvió fielmente a Su Majestad el Rey y terminó integrando el gobierno de una
revolución en la que no había participado.7 Con algo de Calvino y de Torque-mada, Francia
hacía gala de virtud y de ascetismo, pero también es acusado de falsario. Joel
Roberts Poinsett, cónsul norteamericano
6 Este cambio de nombre, según me expresan varios
psicólogos, es prueba de desequilibrio psicológico, como también lo es la
incoherencia de ciertos documentos de hechura del dictador, como su Catecismo
político, que veremos más adelante. Tampoco se pueden considerar normales
las pruebas de crueldad que dio Francia contra sus enemigos, punto sobre el
cual los autores coinciden, aunque los partidarios de Francia traten de
justificarlas como basadas en la razón de Estado.
7 Los autores difieren en cuanto a la fecha de
nacimiento del dictador; hemos seguido la opinión de Benjamín Vargas Peña,
expresada en un ensayo inédito. Vargas Peña, en el mismo trabajo, afirma que el
Dictador era hijo de un lusitano, García Rodríguez França, y de una mujer de
ascendencia portuguesa, y no del matrimonio legítimo de França con Josefa
Velasco.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
en el Río de la Plata, envió a su gobierno este
informe confidencial sobre el Dr. Francia: se presume que someterá gustoso el
territorio de su mando a España; la opinión de que Francia estaba dispuesto a
mantenerse en el poder aún sacrificando la causa de la indepen-dencia fue
repetida muchas veces, y no pareció sin fundamentos a Manuel Domínguez.8 Los partidos de Francia —declarado héroe
na-cional paraguayo por decreto en 1952— lo hacen celoso defensor de la
independencia paraguaya, independencia declarada por Carlos A. López mucho
después.9
La
ideología de Francia
A pesar de su reputación de sabio, Francia no
expuso sus ideas políti-cas en ningún texto sistemáticamente; descubrirlas
exige analizar tex-tos diferentes y a menudo contradictorios: discursos,
decretos, cartas. Aunque algunos afirmen que el pensamiento político de Francia
cons-tituía un monolito desde 1811, los textos no prueban esa afirmación. Si
Francia tuvo ideas políticas claras y distintas, es seguro que éstas
evolucionaron; no hay relaciones entre el tribuno que hacía profesión de fe
liberal en 1811 y el hombre que impuso el catecismo político del que hablaremos
más adelante.
Trataremos
de presentar un panorama de la ideología de Francia:
a) Ya
hemos aludido a la nota presentada por Francia al Congreso del 17
de junio de 1811; en ella vemos una exposición bastante clara del pensamiento
político de la Ilustración, y en particular del pensamien-to de Jean Jacques
Rousseau (algo que, dicho sea de paso, nos impi-de considerar la ideología de
Francia como un producto “autóctono”, brotado de la tierra, la sangre y la
historia, y como pretende Natalicio González, mencionado más adelante). La
influencia del pensamiento
8 Véanse los libros de Benjamín Vargas Peña: Espías
del dictador Francia (1982) y Secreta política del dictador
Francia (Argentina: Nueva Etapa, 1985), donde se aportan pruebas
a favor de la tesis de que Francia estaba en connivencia con los españoles —por
intermedio de Brasil y Portugal— para traicionar la causa de la emancipación
americana.
9 En el Congreso de 1813 no se habla de independencia
de España ni de Fernando VII; sin embargo, porque allí se utilizó la
palabra república —referida al Paraguay— se supone que eso
significa una declaración de independencia, lo que no puede ser sostenido
porque 1) en el Congreso de 1813 se habló tanto de la República del Paraguay como
de la Provincia del Paraguay; 2) la palabra república no tiene ni ha
tenido el significado único de gobierno representativo, ya que
significa estado, municipio, colectividad (véase
el diccionario de la Real Academia) y en la tradición hallamos república
de las letras, república de Dios, república de Platón, etc. (el
dictador utiliza el término de república de Guanás para
calificar al Paraguay, evidenciando así su desprecio hacia los pobladores de
este país).
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de la Ilustración en esa nota del 17 de junio ha
sido demostrada por el profesor Lorenzo Livieres en un trabajo hasta el momento
inédito; basándonos en ese trabajo, queremos comentar algunos aspectos
par-ciales de la nota que transcribimos:
El tiempo de la ilusión y el engaño ya pasó; no
estamos en aque-llos siglos de ignorancia y de barbarie en que casualmente se
forma-ron muchos gobiernos, elevándose por grados en el tumulto de las
invasiones o guerras civiles entre una multitud de pasiones feroces y de
intereses contrarios a la libertad y seguridad individual.
Libertad
y seguridad son derechos básicos del Hombre, según la
Declaración de los Derechos de Hombres y del
Ciudadano, la que afirma en
su preámbulo que la ignorancia o desconocimiento de esos dere-chos es la causa
de todos los desórdenes políticos. Rousseau, en su
Ensayo sobre el origen de la desigualdad entre los
hombres, atribuye los desórdenes
políticos a la improvisación con que se han fundado los distintos tipos de
gobierno, improvisación típica de las eras oscuras y ajena a la época de las
Luces, capaz de resolver el problema de la organización política, como cree
Francia:
Al presente nos hallamos en circunstancias más
favorables. Nue-vas luces se han adquirido y propagado, habiendo sido objeto de
me-ditaciones de los sabios y de las atenciones públicas todo lo que está
ligado al interés general, y todo lo que puede contribuir a hacer a los hombres
mejores y más felices.
Se han desenvuelto y aclarado los principios
fundamentales de las sociedades políticas; hombres de talento han analizado
to-dos los derechos, todas las obligaciones, todos los intereses de la especie
humana; han dado a las verdades de la moral y de la po-lítica una evidencia de
que no parecían ser susceptibles, y no han dejado a la mala fe y a la
corrupción otro auxilio que el de abusar vergonzosamente de las palabras para
contestar la certidumbre de los principios.
Para la visión iluminista, tanto el mundo moral
como el físico están regidos por leyes que la ciencia puede conocer; el
conocimien-to de esas leyes permitirá un mayor dominio de la naturaleza y una
planificación racional de la sociedad. Si hoy se tiende a hacer una diferencia
entre ciencia exacta y ciencia del espíritu, esa distinción no tenía sentido
para la Ilustración, confiada en poder regirse por una ética demostrada según
el modo geométrico (para usar la expresión de Spinoza). Se trata de la concepción
racionalista, para la cual el hombre no es un ser caído —como se creía en la
Edad Media— sino un ser racional y perfectible, cuya finalidad no es la de
servir ningún propósito sino realizarse en este mundo.
En
palabras de Francia:
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Todos los hombres tienen una inclinación invencible
a la solicitud de su felicidad, y la formación de las sociedades y
establecimientos de los gobiernos no han sido con otro objeto que el de
conseguirlo mediante la reunión de sus esfuerzos.
El Estado está para servir al hombre y no al revés;
el hombre tiene de-rechos inalienables; la soberanía reside en el pueblo; los
funcionarios no son sino mandatarios de la voluntad general, de ninguna manera
amos absolutos; estas son algunas de las ideas básicas de la Ilustra-ción
presentes en la nota del 17 de junio. La nota, sin embargo, termi-na
manifestando adhesión a Fernando VII.10
b) Francia
era liberal (o manifestaba serlo) cuando estaba en el llano, ¿cómo
se comportó en el poder? Para comenzar, recordemos que el artículo XVI de
la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciuda-dano dice:
“Una sociedad en la cual la garantía de los derechos no está asegurada,
ni la separación de los poderes determinada no tiene nin-guna Constitución”.
Ahora bien, Francia tuvo la ocasión de redactar una Constitución en 1813,
cuando redactó el Reglamento de Gobierno destinado a fijar las
atribuciones de los cónsules (Yegros y él mismo). ¿Qué hizo entonces? Ni
reconoció derechos ni estableció una verdade-ra división de poderes, ya que los
cónsules representaban los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Esto, y
una serie de consideraciones bizantinas y contradicciones han llevado a decir a
Manuel Domínguez que
la primera Constitución del Paraguay, con el título
de Reglamento de Gobierno, fue aprobada por el Congreso de 1813 y honra poco a
su autor, el doctor Francia… Se denominó Reglamento, sin ser
reglamen-to, ley ni Constitución. No dice palabra de los derechos del ciudadano
ni divide los poderes ni fija límites a las atribuciones de los Cónsules. La
institución creada no era Consulado ni Dictadura ni Monarquía ni República,
pero era todo eso de la forma más estrafalaria… Recórrase
10 Adriano Irala Burgos, en La ideología
del Dr. Francia (Asunción, 1978) contrapone las ideas progresistas de
Francia a las ideas conservadoras de los otros miembros de la Junta con
argumentos poco convincentes. Irala Burgos, como exposición del pensamiento de
Francia, presenta la nota enviada por la Junta a Buenos Aires el 20 de julio de
1811. La nota, producto de resolución de un Congreso, reproduce el texto
presentado a ese Congreso por Mariano Antonio Molas, como puede verse en el
libro del propio Molas, Descripción histórica de la antigua provincia
del Paraguay
(Asunción: Nizza, 1957), pp. 135-139. Las ideas de
la propuesta de Molas se pueden rastrear en el acuerdo firmado entre Manuel
Belgrano y Manuel Cabañas en marzo de 1811, que Molas presenta en ese libro
(pp. 113-116): alianza entre el Paraguay y Buenos Aires; supresión de los
monopolios coloniales; participación del Paraguay en el Congreso de las
Provincias del Plata; formación de una Junta revolucionaria.
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la historia de todas las constituciones y no se
encontrará una que sea tan informe ni tan ridícula como aquella institución del
Consulado… que brotó de la mente del admirado Dr. Francia, simulador del
talen-to, uno de los seres más odiosos y nulos que jamás hubo entre los jefes
de Estado.11
c) El Consulado es el primer paso hacia el poder total
de Francia, que se hace nombrar dictador en 1814. La dictadura, como respuesta
a una situación de emergencia, es admitida por Rousseau, pero de ninguna manera
como situación permanente, ya que entonces cons-tituye una verdadera usurpación
de poder. En 1816, cuando se habló de nombrar a Francia dictador perpetuo,
Mariano Molas se opuso, objetando que eso equivalía a establecer una monarquía
encubierta (Molas fue por eso a la cárcel y salió de ella cuando murió el
dicta-dor). Pero la voluntad de Francia se impuso, y fue nombrado Dicta-dor
perpetuo y ser sin exemplar. Lo curioso del caso es que el pretexto alegado
no fue una situacion de peligro o amenaza de la república sino que “la plena
confianza que justamente ha merecido del pueblo el Ciudadano José Gaspar de
Francia” (los términos Pueblo y Ciuda-dano desentonan con el de privativo de
nobleza con que se designa al ser sin exemplar). Más curioso aún es que el
mismo Congreso haya dispuesto su auto-disolución, decidiendo: “Congreso General
tendrá la República cada vez y cuando que (sic) el Dictador haya por
nece-sario”. Parece más lógico suponer que el Congreso debiera reunirse en base
a las necesidades del pueblo, no del dictador. Pero éste, que asume la potestad
regia de convocar al Congreso (o Cortes) cuando le parezca, quiere darse
también aires de monarca: el acta del Congreso “ordena” a los religiosos que
hagan propaganda política a favor de El Supremo decidiendo que en las oraciones
se suprima la palabra rey por la de dictador,
cambiándose la fórmula antigua por esta: et dicta-torem nostrum Populo
sivi comiso et exercito suo (que Dios proteja al dictador
y su ejército).
d) La Declaración de los Derechos del Hombre tiene
como propósito (de acuerdo con el texto de la misma Declaración) que cada
individuo llegue a ser consciente de sus derechos y obligaciones; que se
con-vierta en ciudadano, dejando de ser súbdito de la decisión
real. Esto requiere, no solamente el conocimiento de los deberes y derechos
cí-vicos, sino también el desarrollo de la educación en general, en todos sus
aspectos. Reconociendo este principio liberal, Artigas fundó una
11
Manuel Domínguez, La Constitución del Paraguay (Asunción:
Kraus, 1909), pp. 35-39.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
biblioteca pública, ejemplo que no fue seguido por
Francia, ya que la biblioteca que él organizó era de uso exclusivo de El
Supremo y la cir-culación de libros, revistas y periódicos estaba severamente
reglamen-tada, por no decir restringida. Francia cerró escuelas, pagó solamente
el sueldo del maestro Téllez; los demás maestros no recibían sueldo del Estado.12
Esto en lo referente a la educación general, pero,
¿qué hizo por la educación cívica? Hizo peor que no hacer nada, en expresión de
Do-mínguez, ya que utilizó como cartilla cívica una versión maquillada
del catecismo de San Alberto que el dictador llamó catecismo
patrio reformado y que, en términos modernos, sería
considerado instrumen-to de lavaje de cerebro (los que admiran al dictador se
han cuidado bien de mencionar el punto). El catecismo patrio debía
ser aprendido de memoria por los niños, que se preparaban así para cualquier
cosa, menos para ser ciudadanos.
La
peor crítica al catecismo es su transcripción:
(1) Pregunta: ¿Cuál es el gobierno de tu país?
Repuesta: El patrio reformado.
(2) P. ¿Qué se entiende por patrio reformado?
R. El regulado por principios sabios y justos,
fundado en la naturaleza y necesidades de los hombres y en las condiciones de
la sociedad.
(3)
P. ¿Puede ser eso aplicado a nuestro pueblo?
R. Sí, porque aunque el hombre, por muy buenos
sentimientos y edu-cación que tenga, propende para el despotismo, nuestro
actual primer Magistrado acreditó, con la experiencia, que sólo se ocupa de
nuestra prosperidad y bienestar.
(4)
P. ¿Quiénes son los que declaman contra su sistema?
12 “Bajo la dictadura del Tesorero no gastó ni un
centavo en favor de la instrucción general, fuera del sueldo de Téllez. Los
pobres maestros de la campaña, muy al contrario de lo que pasaba en otro
tiempo… vivieron como pudieron. El 30 de agosto de 1834 el Dictador fijó el
sueldo de seis pesos mensuales a ciento cuarenta maestros que quedaron entre
los tantos que había nombrado el gobierno colonial (en 1790 el maestro ganaba,
como se recordará, doscientos pesos más casa y comida). Pero según el incontrovertible
testimonio de los que sobrevivieron a aquella época, ni la miseria de los seis
pesos se pagó a ningún maestro. Este ganaba un real por alumno, que le era
entregado por los padres de familia.
Decididamente, el Dictador, en materia de
instrucción pública como en las demás, hizo peor que no hacer nada… Desde 1821
el país fue de mal en peor. Con la clausura de los puertos no entró en el
Paraguay ni un solo periódico ni un solo libro fuera de los que recibía el
Dictador para su uso, y los que existieron con anterioridad se emplearon en la
fabricación de naipes… El doctor Francia fue el único, entre los que gobernaron
la República, que no estableció ninguna escuela. Precisamente al que ejerció el
poder con mayor número de años y de modo más absoluto que ningún otro, el
Paraguay no le debe la educación de un solo niño”. Manuel Domínguez, Las escuelas
del Paraguay (Asunción, 1897), p. 11.
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R.
Los antiguos mandatarios, que propendían a entregarnos a Bona-parte y los
ambiciosos de mando.
(5) P. ¿Cómo se prueba que es bueno nuestro sistema?
R. Con hechos positivos.
(6) P. ¿Cuáles son esos hechos positivos?
R. El haber abolido la esclavitud, sin perjuicio de
los propietarios y re-putar como carga común los empleos públicos, con la total
suspensión de los tributos.
(7)
P. ¿Puede un Estado vivir sin rentas?
R. No, pero pueden ser reducidos los tributos, de
manera que nadie sienta pagarlos.
(8)
P. ¿Cómo pudo hacerse eso en el Paraguay?
R. Trabajando todos en comunidad, cultivando las
posesiones munici-pales como destinadas al bien público y reduciendo nuestras
necesida-des, según la ley de nuestro divino maestro Jesucristo.
(9)
P. ¿Cuáles serán los resultados de este sistema?
R. Ser felices, lo que conseguiremos manteniéndonos
vigilantes contra las empresas de los malos.
(10)
P. ¿Durará mucho este sistema?
R.
Dios lo conservará en cuanto sea útil. Amén.13
Vargas Peña opina que “patrio reformado” debe
entenderse aquí por “jesuítico reformado”, y no sin fundamentos. Obsérvese que
el sistema “patrio reformado”, de acuerdo con (10) será conservado por Dios en
cuanto sea útil y que sigue la ley de nuestro divino maestro Jesucristo (8),
con lo que el fundamento del mismo no es la soberanía popu-lar sino la voluntad
divina, bien dentro de la tradición medieval. Este sistema, querido por Dios,
tiene por enemigo a los malos, de cuyas empresas es necesario defenderse para
ser feliz (9). ¡Lindo ideal de felicidad! Hubiera sido más honesto, de parte
del dictador, adoptar el catecismo de San Alberto directamente
—como lo hizo López— en vez de hacerle algunas modificaciones para
disfrazar su carácter absolu-tista con apariencias republicanas. Pero parece
que la honestidad no era el fuerte del dictador, quien, después de haber dicho
que el hom-bre tiene una tendencia invencible hacia la felicidad (nota del 17
de junio de 1811), dice aquí que propende hacia el despotismo (3).
Es completamente falso que Francia hubiera abolido
la escla-vitud, ya que esta continuó en el Paraguay hasta el 2 de octubre de
1869; es más, durante el gobierno de Francia, de hecho, se continuó con la
encomienda y hubo además otras formas encubiertas de escla-vitud; los empleos
públicos no podían ser carga común, ya que por razones nacionales, raciales y
políticas muchas personas (la mayoría)
13 Citado por Julio César Chávez en El
Supremo Dictador (Buenos Aires: Ayacucho, 1946), pp. 174-175.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
se veían privadas del acceso a los cargos públicos;
tampoco es cierto que se hayan abolido los impuestos; para dar un dato, en 1828
el diezmo y la alcabala alcanzaron un veinte por ciento de los ingresos del
gobierno (6).
En realidad, no sabemos si Francia se propuso
mentir o, simple-mente, incurrió en contradicciones a causa de problemas
mentales; no es explicable que un texto cuidadosamente redactado (como todos
los que redactaba Francia) tuviera contradicciones tan patentes como las del
catecismo. Nótese, por ejemplo, que (3) carece de lógica; que no hay secuencia
lógica entre (2) y (3); que en (6) se habla de la total supresión de los
tributos mientras que en (7) y (8) se habla de una reducción de los tributos.
¿Supresión o reducción?
e) La
teoría del absolutismo está ligada a la práctica del absolutismo, sobre
la cual existe una abundante bibliografía.14 Sin pretensiones de aportar nada nuevo sobre
el punto, queremos mencionar, en forma general, algunos aspectos de la
dictadura de Francia. Para comenzar, consideramos una carta enviada por el
dictador a sus agentes policia-les prescribiendo la forma en que ha de
interrogarse a un presunto sedicioso, a quien se debe hacer reconocer “la
Autoridad Suprema y Soberana de la república que en mí reside” (Archivo
Nacional de Asunción, Nueva Encuadernación, Volumen 3.411). La carta es de
1819, tres años después de que Francia prohibiera toda reunión pú-blica con
excepción de las fiestas religiosas fijadas en el calendario y celebradas de
acuerdo con la tradición (ANA, NE 1842). En la colonia había mayor libertad, no
imponiéndose la pena de muerte a quienes quisieran entrar o salir del país sin
permiso del gobierno; ni castigarse
14 Posiblemente la palabra correcta sea despotismo
y no absolutismo; Francia gobernó con poderes más absolutos (y arbitrarios) que
los monarcas absolutistas del siglo XVIII. No está probado que Luis XIV haya
dicho “el Estado soy yo”, está escrito de puño y letra del dictador que el
poder residía en su persona. No se debe olvidar que Federico de Prusia abolió
la tortura y que acató la decisión de un tribunal (“todavía existen jueces en
Berlín”, dijo el que lo demandó y venció judicialmente); que tuvo como funcionario
a Kant, que protegió a los filósofos franceses perseguidos en su propio país.
Francia, como dice Julio César Chaves, no sólo no fomentó la inteligencia, sino
que la persiguió; sobre el punto, puede verse su libro, ya citado, El
Supremo Dictador (aunque Chaves sea ambiguo en su enjuiciamiento del
tirano, presenta muchos elementos de prueba de su despotismo).
También puede verse el libro de Guillermo Cabanellas, El dictador del
Paraguay, Dr. Francia (Buenos Aires: Editorial Claridad, 1946) y el de
Ramón Gil Navarro, Veinte años en un calabozo (Asunción:
Zamphirópolos, 197?); este último relata los infortunios de un grupo de
santafecinos residentes en el Paraguay, apresados por el dictador como
represalia contra un embargo de armas realizado por el gobernador de Santa Fe.
Pero quizás el mejor registro de las brutalidades de Francia sean sus propios
escritos, que han sido recogidos en la colección de Doroteo Bareiro.
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a 10 años de reclusión en el Chaco a quienes
contrajesen matrimonio sin permiso; ni exigirse permiso expreso para
desplazarse de un punto del país a otro. Es cierto que Francia utilizó la
legislación penal espa-ñola —incluyendo las leyes de las Siete Partidas— y que
ésta imponía pena de destierro, confiscación de bienes y de muerte por causas
polí-ticas, autorizando además la tortura, pero esas leyes no eran aplicadas
con tanto rigor (habiendo posibilidades de apelar ante la instancia superior:
Audiencia, Virreinato, Consejo de Indias). Las autoridades coloniales eran
menos celosas de su dignidad que el Dictador, que instruyó proceso criminal a
un individuo que en un oficio lo trató de “Jefe” en vez de “Dictador” y, aunque
la ley fuera bárbara, se ceñían más a sus disposiciones, mientras que Francia
se reserva el derecho de interpretar o, sencillamente, crear disposiciones
punitivas capricho-samente. Así, en una carta del 16.II.1822, instruye a uno de
sus agen-tes sobre el procedimiento a seguir con un esclavo que quiso fugarse:
Puede Ud. darle cien azotes en la Plaza para
exemplo y escarmiento y luego mantenerlo trabajando en obras públicas pero bien
asegurado y con mucho cuidado encerrándolo las noches en el calabozo. Nada
importa, que sea esclavo, ni en delito de esta clase y gravedad hay necesidad
de que su amo lo deje a disposición de la justicia… Entre los salteadores
aprehendidos aquí anteriormente había un esclavo de Ybitimi, pero yo a todos
los mandé ahorcar prontamente, con lo que cesaron los salteamientos, que se quería
introducir y acostumbrar a la moda de los bandidos artigueños (NE 3106).
De acuerdo con la ley, el amo tenía el derecho de
“disciplinar” a un es-clavo prófugo; en este caso, el dictador decide asumir el
derecho y de-cidir el castigo; o azotes y posterior condena a trabajos forzados
(sin decir por cuánto tiempo), o pena de muerte. En el proceso seguido a un
supuesto cómplice de unos contrabandistas, el dictador ordena que se le
pregunte formalmente si ha servido o no de baqueano “aper-cibiéndosele que no
exponga su vida por encubrir a otros porque, si fuese tomado en perjuro, inmediatamente
será executado en esta Pla-za” (carta del 21.VII.1825, Sección Civil, Volumen
256, número 22). De Bonpland, a quien tuvo encerrado ocho años, dijo el
dictador: “Él debe considerarse bien afortunado de no estar en un Calabozo con
una barra de Grillos, pudiendo haberle sucedido algo peor” (carta del
23.VIII.1822, Sección Historia, Volumen 20, números 5-10; hoja 58). Con
relación a los indios, Francia ordenaba a un comandante: “Si proceden con
altanería o insubordinación: debe Vmd. entenderse con ellos a balazos: pues ya
es tiempo de que obre el desengaño y se eviten condescendencias puramente
perjudiciales con unos brutos cada vez más indómitos e intratables” (carta del
9.VIII.1815, Vol. 3.415 NE).
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Naturalmente, queda a cargo del subalterno decidir
qué es altanería o insubordinación para
matarlos.
Estas muestras de la manera en que
Francia administraba justicia pertenecen a las que el dictador consideró
decentes, ya que las más comprometedoras las quemó antes de morir. Sin embargo,
ellas bas-tan para demostrar que el derecho inalienable de la seguridad —pro-clamado
por la Declaración de los Derechos y repetido por Francia en
su nota del 17 de junio— no tenía vigencia en el Paraguay: Francia era juez y
legislador, creaba y modificaba penas para cada caso concreto.
f) La Declaración
de los Derechos proclamaba derechos básicos del hombre: la
libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opre-sión. Hemos
visto que no había ni libertad ni seguridad en tiempos de Francia;
tampoco se permitía resistir la opresión, ya que se exigía de toda la población
una sumisión absoluta a la autoridad, prueba de eso es que los presos podían
recibir pena de muerte por insubordinación contra los carceleros. Nadie discute
que la propiedad no fue respetada por Francia, pero eso no se debió a ninguna
orientación socialista del Gobierno sino a razones políticas:
las expropiaciones tenían un carác-ter punitivo, yendo contra el propietario y
no contra el principio de propiedad. En estas circunstancias, no se comprende
qué quería decir Francia cuando hablaba de la República del Paraguay, ya que en
el Paraguay nadie tenía derechos.
La
primera revolución radical de América
Este es el título de un libro del historiador
norteamericano Richard A. White, quien, reconociendo que en el Paraguay de
Francia no se respetaban los derechos de la Declaración, piensa que
las limitaciones a esos derechos afectaba sólo a la oligarquía, ya que las
medidas re-presivas tomadas por Francia iban en beneficio de las masas.
Esta afirmación de White es terminante y sirve de
base para toda la interpretación del gobierno de Francia; sin embargo, no se
apo-ya en un análisis sociológico serio. Mientras no exista ese análisis, es
imposible decir qué y quiénes eran la oligarquía; qué y quiénes eran las masas.
De cualquier manera, con los reducidos elementos de que se dispone, se puede
decir que White se equivoca si por “masas” entiende la mayoría de los
habitantes del Paraguay: la mayoría la integraban los indios “salvajes” o “Naciones
bárbaras” (expresión de Francia) que eran sistemáticamente reprimidos; los
esclavos negros, los indios sometidos a la encomienda (de hecho, aunque
legalmente había sido suprimida); los mulatos y mestizos, los muy pobres (que
por la ley eran llamados “vagos”, “ociosos” y “mal entretenidos”); to-dos estos
estaban sujetos a distintas formas de discriminación (legal,
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racial, política). Las “masas” se encontraban en
situación desfavo-rable en relación con los blancos propietarios y amigos del
gobier-no (como Lázaro Rojas, de quien ya hablamos). Las “masas”, por otra
parte, no tenían forma de participar políticamente, desde que se prohibieron
las reuniones políticas, no había prensa (suponemos que, como se ha dicho, todo
paraguayo sabía leer), se suprimió el Cabildo y el Congreso Nacional se reunió
por última vez en 1816. Las “masas” entonces ni tenían derechos ni la posibilidad
de obtenerlos. Las decisiones tomadas por el dictador —correctas o incorrectas—
se tomaban sin ninguna participación popular. El proyecto francis-ta —correcto
o incorrecto— fue una cosa impuesta desde arriba y, dicho sea de paso, por
alguien que tenía un concepto muy pobre de “las masas” y consideraba al
Paraguay “un país de pura gente idiota, donde el Gobierno no tiene a quien
volver los ojos, siendo preciso que yo lo haga, lo industrie y lo amaestre
todo” (SH 329,11); agregando: “los paraguayos no serán sino los Guanás de
Porteños ladrones, fal-sarios y engañadores del público” (SH 233,5); los
paraguayos “ni son hombres para cuidar, ni para hacer y obligar al cuidado, y
que todo lo dexan andar vaya como fuera” (SH 237,2).15
15 Richard A. White, en La primera
revolución radical de América: Paraguay 1811-1840 (Asunción: La
República, 1984), atribuye a Francia el mérito de haber realizado una
revolución mediante 1) el desplazamiento de las élites; 2) el rompimiento con
la dominación imperialista; 3) la reforma agraria radical; 4) la dirección de
la economía por el Estado.
Con relación a 1), todo depende de cómo se entienda
el término élite, si por élite se entiende un
grupo reducido que detenta el poder en forma discrecional —arbitraria o no— la
situación no cambió mayormente desde la Colonia: al grupo que detentaba el
poder en 1811 lo reemplazó el grupo de militares y burócratas asociados al Supremo,
que tenían tanto o más poder que el grupo anterior. Prueba de ello es que
gobernaron sin contar con el Congreso General (reunido por última vez en 1816,
para nombrar Dictador perpetuo a Francia); que a la muerte del Dictador un
grupo minúsculo decidió la sucesión. Eso sí, como el mismo White lo reconoce,
la nueva élite era menos calificada que la anterior. Podrá alegarse que la
élite anterior era la oligarquía y la francista el pueblo; es dudoso que el
pueblo sean los comandantes militares y que la oligarquía lo sea careciendo de
poder económico. Las restricciones a la libertad de expresión, de reunión; la
brutalidad con que se castigaban los desacatos a la autoridad indican que Francia
continuó con la tradición propia de una marca de frontera. El gobierno de
Francia fue militarista y autoritario; allí no había lugar para las “masas”. En
cuanto al punto 2), no parece que la reducción de las exportaciones (impuesta
por razones de carácter internacional más que por un proyecto político racional
y consciente) haya producido un cambio radical de la economía local; más bien
se volvió a los primeros tiempos de la colonia, como afirma Carlos Pastore. Se
dejó de exportar, es cierto, pero no se cambiaron las bases de la economía
local, que siguió dependiendo del trabajo esclavo: de los esclavos negros, de
los encomendados, de los campesinos pobres.
Aquí viene la crítica de 3), ¿por qué Francia no
hizo una reforma agraria pudiendo hacerlo? Se limitó a dar en arrendamiento las
tierras del Estado para obtener una
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Francia fue demócrata al estilo de muchos
demócratas latinoa-mericanos, que estaban de acuerdo con la democracia pero que
no consideraban al pueblo suficientemente preparado para ella. Pero aún
haciendo una concesión en este punto —violatorio del principio de igualdad— hay
que preguntarse: ¿qué hizo Francia para educar al pueblo para la democracia? La
imposición del catecismo patrio refor-mado no servía mucho para eso. Tampoco el
establecimiento de un sistema represivo que controlaba hasta la vida íntima de
los ciudada-nos (la palabra pyrague viene del tiempo de
Francia) y que exigía la su-misión a la policía. En este sentido, es
interesante leer una resolución con fecha 11 de abril de 1819, donde el Supremo
dispone la forma de hacerse la ronda de guardia en la Recoleta, indicando que el zelador (funcionario
policial) puede exigir cualquier tipo de colaboración de los vecinos: “deberán
auxiliar, y acompañarlo sin falta alguna cuales-quier vecino, o Moradores del
mismo Partido todas las veces que sean requeridos, sea para esto, o para
cualesquier prisión o diligencia de justicia, haciéndoseles responsables en
caso de cualquier omisión (SH Vol. 11, Nº 25). En una palabra, todo el mundo
tenía obligación de ser pyrague, quedando otro pyrague encargado
de decidir si lo eran diligentemente.
Huelga decir que este sistema policíaco no servía a
las masas sino al contrario, y que las masas no parecían
demasiado satisfechas con él, hasta el punto de emigrar a la Argentina y
provocar así la resolu-ción de Francia de cerrar las fronteras para contener el
éxodo. Un sistema popular, por otra parte, no tiene necesidad de desarrollar un
sistema represivo tan tremendo como el de Francia; los datos aporta-dos por
Richard A. White —a quien respetamos por la seriedad con
renta, pero no creó una clase propietaria campesina
(como ya lo había hecho la Revolución Francesa, que el dictador conocía). Dar
la tierra al campesino hubiera sido liberarlo del despotismo de los
terratenientes medianos o grandes como Lázaro Rojas, el español que protegía a
Francia, que nunca fue expropiado, que continuó siendo el hombre más rico del
Paraguay. Las expropiaciones de Francia —hay que insistir en esto— no tenían un
carácter social sino político: eran un arma contra los adversarios políticos.
En este sentido, la política francista era idéntica a la que seguían los reyes,
que —de acuerdo con el criterio tradicional— eran los únicos propietarios.
Con relación a 4), la dirección de la economía por
el Estado no cambia nada; durante toda la Colonia la economía americana estuvo
dirigida por el Estado (esa fue una de las causas de la independencia). Ahora
bien, que esa dirección central haya sido racional —como dice White— resulta
dudoso, ya que el sistema de la dictadura carecía de una organización
burocrática racional y de funcionarios competentes y, para colmo, estaba
controlada y dirigida personalmente por el dictador, que al hacer de todo lo
hacía mal (esto puede verse leyendo la correspondencia del propio dictador a
los mensajes de López al Congreso, donde deplora la desorganización
administrativa heredada de la dictadura).
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que emprendió su investigación— nos permiten ver
que entre 1816 y 1823 el gobierno no aportó nada para la educación, mientras
que sus gastos militares fueron, en pesos y en porcentaje sobre el total del
presupuesto, como sigue:
|
Año |
Gastos militares |
Porcentaje |
|
1816 |
133.123 |
82,88% |
|
1818 |
150.947 |
77,33% |
|
1820 |
175.200 |
80,55% |
|
1822 |
121.1490 |
79,87% |
|
1823 |
104.865 |
84,57% |
La dictadura comenzó a gastar en educación a partir
de 1828, cuando destinó 300 pesos al rubro “maestro” (sueldo del maestro
Téllez), pero esa cantidad se redujo a 27 pesos a partir de 1835. Los gastos
militares, proporcionalmente, no disminuyeron sino que aumentaron: en 1838
alcanzaron el 94,51% del presupuesto.16 Es cierto que las estadísticas deben ser
leídas con mucho cuidado: sin embargo, cuando las despro-porciones son tan
grandes, los detalles no modifican el resultado total. En base a las
estadísticas de White se puede decir que Francia mili-tarizó el país más de lo
que estaba ya durante la Colonia —siempre había sido una marca de frontera— y
que disminuyó el presupuesto de educación, ya que durante la colonia el
gobierno pagaba 200 pesos por mes a los maestros, dándoles además habitación y
comida.
Junto con la militarización (corregida y aumentada,
por lo de-más) la dictadura conservó una serie de tradiciones coloniales,
prin-cipalmente el control total de la economía por el Estado. Recuérdese que
el rey era el único propietario de la tierra y por eso podía otorgar mercedes
revocables a su arbitrio; que en ella podía establecer ex-plotaciones agrícolas
para solventar gastos públicos; que controlaba el comercio exterior; que
otorgaba licencias para que un particular pudiera dedicarse al comercio o a la
explotación de minas. El rey to-maba las decisiones que dirigían el
funcionamiento de la economía; sus decisiones podían dañar intereses americanos
pero tenían que ser respetadas; la oposición al poder central nunca fue
suficientemente fuerte o por lo menos suficientemente exitosa (allí está el
fracaso de la revolución de los Comuneros paraguayos).
16 El libro de White contiene información
estadística muy valiosa, que utilizamos aquí, pero dándole una interpretación
distinta.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Por esa razón, como Francia asume la dictadura
perpetua asume el lugar del rey, y no le cuesta mucho trabajo vencer la
oposición, ya que la oligarquía nunca tuvo peso real en la provincia, carece de
senti-do hablar de una organización feudal; los criollos siempre tenían que
plegarse a las decisiones del poder central. Como el rey, impone Fran-cia un
proyecto político a sus súbditos, que no tuvieron arte ni parte en la
elaboración del mismo. Es un claro abuso decir que Francia en-carnaba los
intereses de la nación (Natalicio González); que conocía la realidad
geopolítica paraguaya (Adriano Irala); que gobernaba por el
pueblo aunque no con el pueblo (Justo Pastor Benítez).
Natural-mente no se puede aceptar que Francia haya sido el demiurgo de todo un
sistema político; no podía estar solo. No estaba solo; contaba con el apoyo de
una clase propietaria rural —no asimilable a los yeoman que
apoyaron a Cromwell— que utilizaba generosamente la mano de obra servil de los
esclavos y yanaconas.17 Ese
grupo se impuso sobre los demás (con el dictador Francia a la cabeza), mas no
precisamente por haber sido el mejor ni representar los intereses del común. No
es aventurado suponer que, si Francia no hizo una reforma agraria pu-diendo
hacerla, fue por respetar los intereses de ese grupo de propie-tarios coigua,
contrarios a la emancipación del campesino que pudo haberse beneficiado con el
otorgamiento de las tierras fiscales. Dar tierras a los campesinos pobres era
darles libertad (al menos, más libertad), ¿por qué iría a hacerlo Francia,
redactor del catecismo pa-trio? Prefirió arrendar las tierras
fiscales para asegurarse una renta y tener a los arrendatarios
sumisos; otra parte de las tierras fiscales fue a las estancias de la patria,
operadas mayormente con mano de obra esclava. Con el monopolio de la propiedad
de la tierra; con la obra es-clava. Con el monopolio de la propiedad de la
tierra; con lo producido por las estancias de la patria, con el control del
comercio exterior y establecimiento de los almacenes de Estado, Francia puede
pagar los gastos de la administración y el ejército y gobernar sin
participación ni apoyo populares.
17 El historiador Roberto Quevedo me hace observar
que la clase alta paraguaya, hacia 1811, estaba compuesta de tres estamentos:
el de los comerciantes españoles, cuya presencia en el Paraguay era
relativamente reciente; el de las familias criollas tradicionales (Yegros,
Caballero, Cabañas) cuyo poder había sido seriamente restringido a partir de la
Revolución de los Comuneros; la de los propietarios de campaña, que teniendo
dinero no tenían el prestigio social de las familias criollas (naturalmente, no
se debe olvidar el poder de los burócratas de la Corona). Los propietarios
rurales apoyaron la asunción de Francia, quien no tuvo mayores inconvenientes
en vencer a sus rivales, ya que los comerciantes —bajo la dictadura como bajo
la monarquía— eran muy independientes de la política, y las familias criollas
tradicionales no constituían ninguna clase feudal (como se ha dicho), sino que
su poder era limitado.
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Este sistema autoritario, militarizado, centralista
carece de un sistema burocrático racionalmente organizado y en ese sentido es
in-ferior al de la colonia, que contaba con un cuerpo de funcionarios
efi-cientes. La familia López (identificada moral y materialmente con el estado
paraguayo, según la desafortunada expresión de Arturo Bray) lo maneja a su
gusto; López II termina por destruirlo. Salvando las debidas diferencias, hay
una perfecta continuidad entre la dictadura de Francia y la de López; Cecilio Báez
habló de un silogismo cuya premisa mayor sería el Supremo Dictador y la
conclusión el Mariscal Presidente, actuando el viejo López como premisa menor.
III.
El bueno de Don Carlos
“¡Vuelve, abuelo!”, así apostrofa a Don Carlos, en
pleno trance lírico, un periodista local ganado por la propaganda oficial que
presenta al viejo López, autor de las leyes de 1848 (que arruinaron al indígena
quitándole sus tierras), como el protector de los humildes. La hagio-grafía
lopizta ha tenido por principal promotor a Juan O’Leary, quien dice: “Carlos
Antonio López había reconstruido el Paraguay, que dejó en ruinas el dictador
Francia”. La represión francista —según O’Leary— era una amenaza para los
López, que como familia “no-ble” y “de encumbrada aristocracia”, “escaparon
milagrosamente a la dictadura del doctor Francia, revelando por cierto su
clarividencia al abandonar la capital, para pasar inadvertidos en las soledades
de las selvas lejanas… Así pudo sobrevivir el terror el que había de ser
nues-tro primer Presidente” (Carlos López).18 Sin embargo, las relaciones políticas entre
Francia y López fueron cordiales; este último podía aparecer por la Casa de los
Gobernadores el 6 de enero, para honrar al Supremo con un discursito por su
cumpleaños, un vínculo de buenas relaciones. De no haber sido así, jamás López
hubiera llegado a la presidencia. Aunque heredero de Francia, López se presentó
como la alternativa; como el hombre dispuesto a liberalizar la política
nacio-nal, a abrir los puertos, a europeizar el país. En cierto sentido lo fue,
aunque no hubiera sido más que por una razón de carácter, era menos represivo
por naturaleza que su predecesor.
La
ideología de Carlos A. López
El gobierno de López continúa la tradición
centralista y autoritaria del de Francia, aunque la ideología acuse ciertos
cambios, debido al cam-bio operado en Europa. Francia toma las ideas de 1789 y
1791, aún sin tener la intención de aplicarlas; López hace lo propio con las
ideas
18 Juan E. O’Leary, El Mariscal Solano
López (Asunción: Casa América, 1970), pp. 14 y 23.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
conservadoras que inspiraron el gobierno de Luis
Felipe de Orléans (1830-1848), ideas que en su versión francesa se llaman
orleanistas y en su versión inglesa manchesterianas, llevando en cualquier caso
el rótulo de laissez faire. Parte esencial de este liberalismo
conservador es el respeto a la propiedad: “Solamente la propiedad permite el
ocio indispensable para la adquisición de las luces y la rectitud del juicio;
sólo ella hace a los hombres capaces del ejercicio de los derechos po-líticos”.
López acepta esta opinión, pero al mismo tiempo se niega a reconocer el derecho
de propiedad a los paraguayos.19
En esto también se asemeja a Francia, que en
principio reconocía a los demás el derecho a la libertad y a la seguridad. Sólo
que, ver-balmente, López es más radical que su radical antecesor, llegando a
decir expresamente y en un mensaje al Congreso lo que el Supremo murmuraba: “en
América es imposible un completo sistema represen-tativo, porque las masas no
lo comprenden” (95). El Paraguay, como cualquier otro país latinoamericano,
necesita que una élite sea capaz de gobernarla asegurando ante todo el orden
para salvarse de la anar-quía:
Todos los hombres reconocen hoy… que los Pueblos de
América antes española no estaban preparados, ni tenían la educación y
calidades necesarias y adecuadas para gozar, sin perturbaciones, de la libertad
y derechos a que los empujaron algunas imaginaciones exaltadas e inex-pertas
(94/95).
Contrariamente
a Bakunin, Don Carlos piensa que se deben tomar en cuenta las diferencias
nacionales en todo proyecto político:
En unos países casi todo lo hace el espíritu
público de empresa y aho-rran a los gobiernos mucho trabajo, en otros hay que
esperarlo todo en la acción de los gobiernos, que por lo mismo son Gefes y
guías de la Nación. Por último, mantengamos HHRR, un poder fuerte: sin un poder
fuerte no hay justicia, no hay orden, no hay libertad civil ni po-lítica (96).
Curándose en salud, Don Carlos agrega: “debéis
despreciar HHRR, las críticas ligeras y las censuras infundadas que hacen del
Paraguay, su gobierno y sus instituciones, algunos Aristarcos políticos que se
han erigido en Maestros” (97).
19 Véase Juan Touchard, Histoire des idées
politiques (París: P.U.F., 1970), Tomo II, pp. 510-537. Compárense las
ideas liberales (tal como las presenta Touchard) con los mensajes al Congreso
de la edición: Mensajes de Carlos A. López (Asunción: Imprenta
Nacional, 1930), edición referida por el número de páginas.
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Antes de que los ideales liberales puedan ponerse
en práctica, es necesario que tenga lugar una reforma “intelectual y moral”;
“para eso es necesario empezar por regenerar al pueblo por ponerlo y guiar-lo
en el camino” (93). Esta es la tarea de López y sus colaboradores,
supuestamente. El presidente reconoce que el Paraguay todavía no se ha
constituido y afirma que las instituciones creadas a partir de 1844 tienen un
carácter provisorio.
Es curioso que se haya llamado a Carlos López
primer presidente constitucional del Paraguay; no pudo ser constitucional
porque la ley de 1844 —que López nunca llamó Constitución (como lo hicieron sus
hagiógrafos)—, ni establecía una división real de los poderes (subordi-nando
legislativo y judicial al ejecutivo) ni declaraba los derechos del ciudadano. Y
esta es opinión del propio López:
La citada ley del 13 de marzo de 1844 fue, como se
ha dicho, una ley provisoria, un expediente para empezar a introducir algún
orden en la administración de los negocios públicos, demasiado embarazosa por
la excesiva centralización (97).
Pero
no hubo separación real de poderes:
Esa ley estableció la separación de los poderes
públicos… pero en el es-tado en que se hallaba y aún se halla el país esa
separación no ha sido ni ha podido ser tan cabal y completa como es necesario,
para que sea una de las primeras y más eficaces garantías públicas (97).
Ni
tampoco declaración de derechos:
Proclamemos y respetemos con la mayor
escrupulosidad los derechos civiles esenciales y primordiales de todo hombre,
la libertad, propie-dad, seguridad e igualdad ante la ley, pero excusemos por
ahora esta-blecer libertades y derechos políticos hasta que se entienda y
conozca lo que importan estas palabras (97).
En cierto sentido, López es un innovador en materia
de teoría política, ya que dice que un poder fuerte es la primera condición
para organi-zar y construir una república (96); digamos un precursor, ya que
para la teoría liberal clásica una república se constituye mientras que para el
fascismo se organiza. Pero dejando de lado la coincidencia, y con-siderando lo
de Constitución, debemos indicar que, de acuerdo con la teoría democrática en
general, hay poder cuando hay Constitución y no al revés, ya que la base del
poder es la ley y no la voluntad del que manda. El concepto de ley (o de
legalidad) que maneja López es también curioso. En su mensaje al Congreso, en
que informa de lo
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
actuado para obtener una aprobación pro forma,
dice: “el gobierno no quiere fundarse en el prestigio de la autoridad; quiere
sí que las bases orgánicas del edificio social sean aprobadas en el santuario
de la ley, y que esta con su poderosa influencia fortifique la acción del
gobierno”
(5). La ley, de acuerdo con esto, ya no es el
fundamento sino la cosmé-tica de las actuaciones del “Gefe”; el Supremo
Gobierno recurre a la legalidad con la condescendencia de un monarca ilustrado
que decide constitucionalizarse.20
No por eso puede decirse que el sistema de López
haya sido una monarquía constitucional. No fue república. Era todo un poco: el
vie-jo López —ex seminarista como Francia— tomó de su formación teo-lógica
algunos conceptos medievales sobre el origen de la autoridad y los combinó con
“las luces” para dar legitimidad a un gobierno que se apoyaba en la política,
el ejército y los terratenientes. Lamentable-mente, ni siquiera en esto fue
original; su combinación de escolástica, iluminismo y viveza gaucha era por entonces
común; su “Constitu-ción” de 1844 concordaba con otras del mismo continente:
El texto constitucional es… tipo de la época
postindependentista his-panoamericana: consagra un Gobierno fuerte, con poderes
presiden-ciales que alcanzan facetas mínimas de la vida del país y de carácter
casi patriarcal; el mantenimiento en exclusividad de la religión católi-ca; la
exigencia de determinadas condiciones de solvencia económica para desempeñar
los altos cargos públicos y es pródiga en declaracio-nes y expresiones llenas
de idealismo y contenido moralizante.
Textos similares encontramos entre las primeras
Constituciones chile-nas o en las leyes constitucionales guatemaltecas de 1839
y en el Códi-go Fundamentado dictado en 1851 en ese país.21
El texto y el espíritu de esa ley son
latinoamericanos en cuanto hacen parte de un sistema observado a mediados de
siglo en el subcontinen-
20 Lorenzo Livieres, en su trabajo inédito ya
comentado en este ensayo, ha establecido una comparación entre los escritos de
Francia y López, comparación que hemos tenido en cuenta aquí. Livieres señala
la ambigüedad de la ideología de López, ambigüedad que hace un poco difícil
determinar qué ideología política profesaba. En este sentido se podría decir
que Don Carlos le debía a cada santo una vela; ha tomado elementos de distintas
tendencias y los ha combinado de una manera muy especial. No tenemos prueba de
ninguna influencia directa de Comte, pero puede haber recibido ideas
positivistas a través de la literatura secundaria, como suele ser el caso en
América Latina; el espíritu moralista y pragmático de López que caracteriza sus
mensajes —y también los artículos de la prensa oficial— son típicamente
comtianos. Este mismo espíritu volveremos a encontrarlo en los escritos de
Francisco S. López.
21 Mariñas Otero, Las Constituciones del
Paraguay (Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1978), p. 58.
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te: el movimiento que André Gunder Frank
llamó la reforma, que con-siste en una liberalización legal y
una explotación económica real de las clases menos
favorecidas. Imponer como condición para ocupar cargos públicos el tener dinero
—como lo hace la ley de 1844— encua-dra perfectamente dentro de ese espíritu de
la reforma. También es propio de la época la expropiación de las tierras de los
indios, medida que comentaremos más adelante.22
Relacionado con el tema de la Constitución de
una república está el de la organización de una burocracia racional. Francia,
como ya se dijo, no dejó ni un principio de organización al morir; él era
ejecu-tivo, legislativo y judicial; jefe de la iglesia, jefe de policía,
instructor militar, escribiente y verdugo. Algo que no pasó desapercibido a la
agudeza de Carlos López, quien deploró el desorden administrativo de la tiranía
anterior:
Habéis sido HHRR testigos oculares del cuadro
lúgubre que presen-taba la República a todos los aspectos, al fallecimiento del
Dictador. Por la concentración desmedida que estableció en la administración no
había establecido ni institución alguna de los que en todas partes del mundo
culto sirven de resortes a la administración y ayudan a la acción del gobierno.
Así es que no había sino meros escribientes ni se habían podido formar
capacidades administrativas, judiciales, policia-les, que pudiesen secundar las
miras y trabajos del Gobierno. No había establecimiento ninguno de educación,
instrucción elemental, moral y religiosa; había algunas escuelas primarias de
particulares mal mon-tadas y el tiempo había reducido el clero a un número muy
diminuto de sacerdotes (94).
Haz
lo que yo digo, no lo que yo hago… López no modificó esencial-mente la
situación, como lo comenta Cecilio Báez:
Los llamados Ministros de Estado eran tratados de
una manera mise-rable. Eran simples amanuenses del Supremo Gobierno. El de
Rela-ciones se entretenía en empaquetar el Semanario de noticias para el
exterior.
Un día llamó al Ministro de Hacienda (López) para
buscar alojamiento para el Señor Bermejo, que acababa de llegar de Europa…
22 André Gunder Frank, Lumpen-burguesía:
lumpen-desarrollo (Buenos Aires: Editorial Periferia, 1978). Este
libro ayuda a situar al gobierno de López en su contexto latinoamericano (aún
cuando ciertas afirmaciones de Gunder Frank nos parezcan unilaterales),
mostrando las afinidades entre las medidas de López y las que se dan en otros
países del subcontinente. Esto permite salir de la visión estrecha propia de
muchos historiadores locales que quieren explicar la historia paraguaya en
forma inmanente.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
“Cuadrado el Ministro como un recluta, oyó de boca
del viejo López esta andanada: ‘No me sirven ustedes más que de estorbo. Son
ustedes los ministros unos badulaques, y usted un animal’. —Sí señor, contestó
el ministro, inclinando la cabeza en señal de reverencia. Era un escla-vo, un
ser inconsciente de su personalidad.
‘Acabo de saber —prosiguió el Presidente— que una
de las mejores fincas del Estado la están destruyendo los murciélagos. En este
mo-mento se ocupará de buscar otra casa para este caballero (Bermejo), y
enseguida llevará dos albañiles esclavos para que levanten las rejas y limpien
el techo de esos nidos destructores.
Como el Ministro titubease un instante, cual si
quisiera preguntar algo, el Presidente por fin le dijo: “¿Qué me mira usted so
bárbaro? Obedez-ca usted lo que se le ha mandado, y quítese de mi presencia
antes de que vaya la campanilla a su cabeza”. —Sí señor, volvió a contestar el
Ministro, y se retiró rápidamente.23
Ahora bien, suponiendo que, como decía López en sus
mensajes al Congreso, el pueblo paraguayo no estuviera preparado para la
liber-tad, que hubiera que ir entonces prudentemente hacia la apertura
li-beral, hay que preguntarse: ¿qué hizo López para preparar al pueblo? La
respuesta está en todos los libros de historia: Don Carlos fue el pri-mer
educador, abrió escuelas, contrató maestros extranjeros, creó la primera
imprenta y los primeros periódicos, envió jóvenes a estudiar a Europa,
construyó edificios públicos, etc. Pero el asunto es pregun-tarse por la
calidad, no por la cantidad. Y entonces hay que ver si el tipo de educación que
se impartía era el más adecuado para llevar al pueblo hacia la libertad.
Un testimonio interesante es el de Juan Crisóstomo
Centurión, que conoció el sistema porque lo vivió; su juicio sobre el mismo es
negativo.24 Pero
como el juicio de Centurión puede ser parcial, hay que remitirse a los hechos,
y el hecho más patente es la utilización del Catecismo de San Alberto.
Ese catecismo es una cartilla política redactada por el obispo de San Alberto y
lanzada poco después de la
23 Cecilio Báez, La tiranía en el Paraguay (Asunción:
Editorial El País, 1903), p. 32.
24 Juan Crisóstomo Centurión fue uno de los jóvenes
enviados por López a Europa en cumplimiento (tardío) de una decisión del
Congreso de 1844; su estadía en Inglaterra, sin embargo, se vio permanentemente
molestada por las intromisiones de Cándido Bareiro, espía del gobierno, y
Centurión tuvo que volver (como otros) antes de haber completado sus estudios
porque, de acuerdo con informes de sus agentes, el gobierno pensó que se estaba
volviendo demasiado liberal. En sus Memorias, Centurión recuerda su
experiencia europea como también su formación escolar en Asunción, y afirma que
carecía de sentido práctico recibir una educación superior que resultaría
inconveniente en un sistema despótico donde los más inteligentes se veían
obligados a desaprender lo aprendido. Juan Crisóstomo Centurión, Memorias (Asunción,
1976), p. 75.
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revolución de Tupac Amaru; se proponía educar a los
niños para la esclavitud. Y sin embargo, fue redescubierto bajo el gobierno de
Don Carlos y utilizado como manual de instrucción cívica en las escuelas.
Existe una edición de 1863 por la Imprenta Nacional, con una intro-ducción del
obispo Urbieta, quien le había hecho las modificaciones necesarias; por
ejemplo, que se entendiera presidente de la República donde
decía Rey, ya que el catecismo, impreso bajo la monarquía,
necesitaba algunas correcciones semánticas (el subtítulo era Instruc-ción
donde por lecciones, preguntas y respuestas se enseñan a los niños y niñas las
obligaciones más principales que un vasallo debe a su rey y señor). El
oblispo Urbieta decía:
El Ilmo. y Rmo. señor obispo diocesano de la
República del Paraguay, a los párrocos, maestros de escuelas, padres de familia
y demás ciu-dadanos de su obispado. Muy señores míos: Dios que dirige sin cesar
su vigilante mirada sobre el orden y tranquilidad de los pueblos redi-midos con
la sangre del crucificado, y establecidos sobre las doctrinas salvadoras del
Gólgota, ha inspirado en su misericordia y en la provi-dencia especial con que
vela sobre los destinos de nuestra patria, al supremo gobierno el pensamiento
de la reimpresión y publicación de este precioso catecismo, para proporcionar a
la república los medios más sólidos y esenciales para llegar a una prosperidad
moral y política. En él se ven explicados con tanta claridad, con tanta
sencillez y un-ción los grandes y sagrados deberes de los ciudadanos para con
sus soberanos, que sin dificultad se puede asegurar, que con sólo él, puede
instruirse oportunamente a los paraguayos sobre los medios de ser
verdaderamente felices. La simple lectura hará ver que nada exagero. Persuadido
de que en ellos se hace un importante servicio a la instruc-ción pública, lo
recomiendo a los padres de familia, a los párrocos y maestros, muy
particularmente a la juventud paraguaya, que está lla-mada a formar el porvenir
dichoso de la patria.
Juan
Gregorio Obispo del Paraguay
El catecismo es largo, ya que contiene, además de
las preguntas y respuesta que los niños deben aprender de memoria, la
instrucciones para los maestros sobre la forma en que debe guiarse ese
aprendizaje. Por eso nos limitaremos a citar solamente las preguntas y
respuestas, a riesgo de cansar con tantas citas, en la convicción de presentar
tex-tos prácticamente imposibles de conseguir:
LECCIÓN 1. Del principio y origen de los
reyes [presidentes] Sea, pues, la conclusión que el origen de los
reyes es la misma divinidad, que su potestad procede de Dios, y que sus tronos
[¿periodos presidenciales?] son tronos de Dios, según aquellas palabras de la
Escritura…
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
P.
¿Quién, pues, es el origen de los reyes?
R.
Dios mismo, de quien se deriva toda potestad. P. ¿Qué cosa es el Magistrado
Supremo?
R.
Una potestad temporal y suprema, instituida por Dios para gober-nar los pueblos
con equidad, justicia y tranquilidad.
P.
Según esto, el buen vasallo debe amar mucho a su Soberano.
R.
Claro está, y nada más justo que un decidido amor hacia el Magis-trado Supremo
en quien ha puesto su confianza.
P.
¿Quién es superior al Rey?
R.
Solo Dios en lo civil y temporal de su reino. P. ¿El Rey está sujeto al pueblo?
R.
No; que esto sería estar sujeta la cabeza a los pies.
P.
¿Puede el Rey poner leyes que obliguen la conciencia?
R.
Sí, según aquello del apóstol: “Estad sujetos no solo por temor de la ira, sino
también por obligación de la conciencia”.
P.
¿Para que obliguen las leyes reales es menester que el pueblo las acepte?
R.
No; porque esto más sería gobernarse por su voluntad que por la del soberano.
P.
¿Está obligado el vasallo a aceptar y sufrir las penas? R. Sí, porque son
justas y establecidas por ley.
P.
¿Y debe por sí mismo ejecutarlas?
R.
Sí, como no sean de las más graves o capitales. P. ¿Y aún a estas debe
concurrir indirectamente?
R.
Sí, para manifestar que las acepta y sufre con paciencia. P. ¿Qué es concurrir
indirectamente?
R.
Subir la escalera si lo ahorcan o aplicar la garganta si lo deguellan por su
delitos.
P.
¿Y qué pecado es juzgar y sentir bajamente del soberano? R. Grave o leve, según
fuera el juicio o la materia.
P.
¿Y si el soberano fuese malo?
R.
También, porque su dignidad es siempre buena y digna de honor. P. ¿Quien
murmura del gobierno, murmura del rey?
R.
Sí, porque son correlativos.
P.
¿Quien habla mal de los ministros, habla mal del rey? R. Sí, porque son sus
enviados y representan su persona.
P.
¿Quien desprecia al rey o a sus ministros, a quién desprecia?
R.
A Dios, que dice: Quien a vosotros desprecia, a mí me desprecia.25
Difícilmente este tipo de catecismo podría educar a
los paraguayos para la libertad. Aunque menos represivo que Francia por
tempera-mento, López no fue menos represivo desde el punto de vista de los
principios políticos que profesaba. La diferencia entre el Supremo y
25 Catecismo de San Alberto. Edición de
Margarita Durán Estragó (Asunción, 2005), pp. 20-26.
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Don Carlos es una indiferencia de personas y de
circunstancias políti-cas, básicamente; al menos si uno lo enfoca desde este
punto de vista: ninguno de los dos aceptó la participación popular.
Don
Carlos Social
Algunos sectores de la izquierda festiva paraguaya
insisten en lo si-guiente: si bien es cierto que López no respetó las reglas de
la legali-dad burguesa, él fue capaz de dar al pueblo —como Francia— un
con-siderable bienestar social. A falta de una historia social de la época, no
es posible hacer afirmaciones tan enfáticas con fundamento. No es po-sible
garantizar si a cambio de los dos bastonazos que cualquier cabo de línea tenía
derecho a dar a cualquier civil sin explicar el motivo, el pueblo paraguayo estaba
mejor alimentado, atendido médicamente, educado, alojado; si se beneficiaba de
estándares sociales más eleva-dos. Sin embargo, se pueden hacer conjeturas
racionales: una, que no hay ninguna relación necesaria entre brutalidad
policial y bienes-tar social —una relación directamente proporcional, decimos—;
otra, que de acuerdo con el inspirador de los mencionados sociales —Karl Marx—
no hay ningún caso en que un grupo dominante haya renun-ciado voluntariamente a
su posición dominante (¿por qué tendrían que renunciar los López a la propiedad
del Paraguay?). También está ese requisito de la Constitución de
1844 (ya mencionado): para tener plenos derechos era necesario tener dinero;
para ser presidente de la República se exigía “un capital propio de ocho mil
pesos” (medida que quizás no beneficiase a los esclavos negros y a los
yanaconas). Y no se debe olvidar que la participación en el Congreso —que de
Congreso tenía el nombre, pero que de todos modos hacía una cierta oposición al
presidente— se haya ido restringiendo. Téngase en cuenta que en el Congreso
General de 1813 participaron 1.000 personas electas por sufragio general; en el
de 1841 sólo 400, la ley de 1844 redujo ese nú-mero a 200 (exigiendo que se
tratara de propietarios); la ley de 1856 redujo el número a 100, exigiendo que
tanto los elegidos como los electores fueran propietarios. Mayor discriminación
económica era imposible… Mejor dicho, era posible.
La mayor discriminación se da en la legislación
agraria, que tien-de a favorecer a los grandes propietarios y a pauperizar a
los peque-ños, por motivos que Carlos Pastore percibe:
Las perspectivas de un comerio exterior floreciente
y las apremian-tes necesidades del Estado en circunstancias en que la vida
comercial y financiera del país había prácticamente desaparecido aconsejaban
preparar las condiciones para disponer de abundante mano de obra para los
yerbales y obrajes y de buenos campos de pastoreo para la
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
cría de ganado vacuno y caballar… Los nativos,
incapaces por ley para ser propietarios de tierras, serían perfectos obreros de
los yerbatales y obrajes y las tierras y ganados que estos mismos nativos
habían poseí-do hasta entonces, servirían para sentar las bases, entre otras,
de una próspera industria ganadera del Estado.26
En esto coincide Pastore con el mismo López, quien
afirma que, en la imposibilidad de conseguir empréstitos y dada la calamitosa
situación económica del país, se hizo necesario recurrir a la nacionalización
—o como se llame— de los yerbatales y bosques privados y a la impulsión de las
actividades de las estancias de la patria (con las que se solventan gastos
públicos, no sociales); también habla López de la expropiación de las tierras
de los indígenas, diciendo que los indios son ciudadanos (a
cambio de haberlas perdido), aunque la ley paraguaya de la época no reconociera
derechos ciudadanos a nadie. Naturalmente, López no podía confesar que las
expropiaciones tenían como propósito crear fuentes de trabajo barato, pero eso
estaba sobreentendido. Aunque nosotros llamemos a las cosas por su nombre y,
para decirlo clara-mente: desde el punto de vista social, el gobierno de López
fue uno de los más funestos que ha tenido el país. Haciendo de lado el problema
de la esclavitud, que no fue abolida por Carlos A. López como se ha dicho,
vamos a referirnos brevemente al problema de la tierra.
El despojo comienza en 1842, cuando los cónsules
proponen al Congreso recompensar a los indígenas “capaces y de servicios” con
la propiedad de las tierras y de los ganados de los pueblos a que
per-tenecían”. Para comprender esto, hay que recordar que existían en la época
21 pueblos “de origen indio” y que estos tenían tierras cuya pro-piedad les
había sido definitivamente reconocida desde el siglo XVII. Ahora, sin embargo,
se introducía una diferencia entre los indios con méritos y sin
méritos; sólo los primeros, de acuerdo con la propuesta al
Congreso, podían ser propietarios de las tierras que les pertenecían desde
siempre; la propiedad venía a ser un premio por sus servicios al gobierno.
Aceptada la propuesta, un grupo considerable de indios dejó de ser propietario;
sólo los que hallaron gracia ante los ojos del Supremo Gobierno fueron
“jubilados” (premiados) con el goce de la propiedad que siempre habían tenido.
El segundo golpe fue en 1843, cuando el gobierno
reclamó el pago de la media anata, una contribución de tiempos de la colonia
que para el siglo XVIII ya no se aplicaba más que, de hecho, no se había apli-
26 Carlos Pastore, La lucha por la tierra
en el Paraguay (Montevideo: Antequera, 1972), p. 114. Toda nuestra
exposición sobre la política agraria de Carlos López se basa en el libro de
Pastore.
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cado en la mayoría de los casos. El gobierno pidió
los comprobantes y, como buena parte de los propietarios no los tenía (en
particular los pobres), dejaron de ser propietarios; sus tierras pasaron al
Estado. Esta medida fue arbitraria y contraria al principio de la prescripción,
generalmente aceptado para la época.
El tercer golpe de la política antipopular del
gobierno fue en 1846, cando éste se declaró propietario de los bosques y
yerbales, cuya ex-plotación se habían permitido a los particulares en tiempos
de Fran-cia. La medida no era nueva: no rompía con la tradición colonial. Lo
que sí se apartaba de ella era el rigor con que López aplicaba este tipo de
medidas tendientes al despojo del hombre de campo, que la Corona española, con
todos sus defectos, se había encargado de proteger de la voracidad de los encomenderos.
El golpe final vino con la ley del 7 de octubre de
1848, que los in-digenistas consideran una de las más funestas. Esta ley
despoja de sus tierras a los moradores de los pueblos de origen indio; como
consuelo les da el título de ciudadano, que no significaba nada, ya que
la Cons-titución no reconocía derechos de ciudadano a nadie,
como lo hizo López en uno de sus mensajes. Despojados de sus
tierras, estos fueron obligados a trabajar en los yerbales y obrajes del Estado
(donde ya no existían los abusos que a principios del siglo XX denunció Rafael
Barrett), en las estancias o simplemente quedar como mano de obra de reserva,
con el riesgo de ser castigados por las leyes contra los ocio-sos, vagos y mal
entretenidos, que castigaban al que no trabajaba por estar forzosamente
desempleado; éste terminaba frecuentemente en las obras públicas encadenado y
bajo el control de los capataces (era común en tiempos de Carlos López ver
gente condenada a trabajos forzados). Más que las consecuencias sociales de la
ley de 1848 lo que interesa aquí son las fundamentaciones oficiales, bien en la
línea del más puro liberalismo manchesteriano.
Otro aspecto nacionalista de la
política agraria de López fue la creación de la colonia Nueva Burdeos, con
inmigrantes franceses que llegaron al país con más beneficios que los
concedidos a los paragua-yos. Pero naturalmente no se trataba de paraguayos,
esto es, “pura gente imbécil” en la terminología de Francia; se trataba de
europeos, que iban a traer al país la luz de la civilización.27 En el Eco del Para-guay —un
periódico fundado, dirigido, censurado por López, como
27 Políticamente menos represivo que Francia, López
fue mucho peor socialmente; sin embargo, estos dos dictadores concuerdan en la
poca estima por el hombre común del país y en la admiración por lo europeo
(identificado con la civilización), y ello a pesar de ciertas actitudes
xenófobas y chauvinistas. A esto debe agregarse el racismo dirigido en contra
de las castas —indios, negros, mulatos y mestizos— sometidos
durante aquellas dictaduras a distintos tipos de discriminación.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
era
costumbre bajo su gobierno— se exponen las razones y las venta-jas de la
emigración:
El Supremo Gobierno comprendió las ventajas que
obtendría la Repú-blica con la introducción de emigrados y colonos
agricultores, los que no solo contribuirán al aumento de la población, sino
también daría un beneficioso impulso a la agricultura, multiplicando por este
medio las abundantes producciones con que se ha servido la naturaleza dotar a
este país.28
Aquí se da por supuesto que “población” significa
población blanca, y que sólo ésta es capaz de multiplicar la producción
agrícola. Dándolo por supuesto y por aceptado, el Eco enumera
los beneficios conce-didos a los colonos, que si bien eran aceptables desde el
punto de vista del fomento de la agricultura, resultaban discriminatorios al
ser otorgados en base a prejuicios raciales y producían el resentimiento de los
nativos, que se veían despojados de sus derechos adquiridos y empujados a la
pauperización por la política agraria del gobierno que se proponía crear una
reserva de mano de obra barata para las explotaciones del Estado. El Eco
del Paraguay, sin embargo, desco-noce completamente los resquemores que
podía provocar la llegada de estos extranjeros privilegiados, y se hace eco a
la ideología oficial: blanquizar el país. El mismo artículo
dice:
El Paraguay va experimentando poco a poco el
benéfico influjo de la civilización sin que las masas tomen la iniciativa; el
pueblo siente la mejora, y descansa respetuoso y confiado en el gefe supremo
que le indica el camino de la verdad.
Difícil sería encontrar una expresión más
autorizada del carácter au-toritario del proyecto político de Carlos López…
Aunque aquí nos concentramos en el aspecto
ideológico, no en el práctico, hay algo que decir sobre la praxis de la familia
López: era sumamente corrupta. Para la ideología autoritaria oficial, los López
fueron un modelo de estadistas honestos, aunque la apropiación de tierras
fiscales fuera frecuente bajo aquel régimen. Carlos Antonio López compró un
cambio del Estado en Capiipobo sobre el Río Pa-raguay (ANA. Libro de
Caja 1855/1857, 6 de junio de 1856, Nº 826). Benigno López compró tierras y
ganado público de la antigua misión jesuítica de San Joaquín (ANA. CRB 1259 y
1354). Venancio López compró un campo del Estado en Rosario (Caja 1858/1859,
1º de junio
28 Eco del Paraguay (14.VI.1855,
Nº 9), edición facsimilar de Leandro Prieto Yegros (Asunción, 1981).
552 .py
de 1859, Nº 434). Mariano González, alto
funcionario público, com-pró la estancia del Estado de Carayao (Caja
1855/1857, 6 de septiem-bre de 1856, Nº 826).
Quizás el caso más escandaloso sea el de Elisa
Alicia Lynch, quien después de la guerra reclamó la propiedad de 32 inmuebles
rurales y urbanos, casi todos adquiridos durante la guerra, como consta en un
folleto publicado por ella, Exposición y protesta (Buenos
Aires, 1875), que tampoco constituye un catálogo completo de sus propiedades.
En efecto, la señora Lynch reclamaba 3.105 leguas cuadradas de terre-nos
situados entre los ríos Apa y Jejuí. Aquello equivalía a 5.412.000 hectáreas,
una superficie que incluía la totalidad de los actuales de-partamentos de
Concepción, San Pedro, Amambay y parte de Canin-deyú, cuyos habitantes quedaban
así desposeídos de sus tierras. Ade-más, madame Lynch reclamó a los gobiernos
brasileño y argentino 3.317.500 hectáreas en el actual estado de Mato Grosso y
437.500 hec-táreas en la actual provincia de Formosa. Con títulos dudosos sobre
más de 9.000.000 de hectáreas de tierras, aquella mujer fue la mayor
latifundista que haya tenido el Paraguay.29
Los López disponían discrecionalmente del ganado de
las estan-cias públicas. Ver por ejemplo la orden de Carlos A. López sobre
tras-lado de ganado (ANA. Nueva Encuadernación 27, 4/5/1853); la per-muta de
Venancio López contra ganado del Estado (Sección Historia 328); la venta de
Carlos A. López de 1.000 terneros y 100 potrancas de la Estancia del Estado de
Santa Rosa (Libro de Caja 1849, 21/5/49, Nº 137); la entrega por Benigno
López de animales de la estancia de Yacarey (NE 3266. Documentos de 3/7 y
3/8/1863).
Aunque la yerba fuera propiedad del Estado,
Francisco Solano López vendía yerba en Buenos Aires por intermedio de los
hermanos Pedro y Buenaventura Decoud, con quienes tenía formada una so-ciedad
comercial (Juan Livieres Argaña, Con la rúbrica del mariscal,
Asunción: 1970-1971, 6 tomos, tomo 4, pp. 44-45, 190-191, 193, 201, 203, 215,
218-129, 222, 242-243, 248). También vendían yerba al go-bierno paraguayo los
otros hijos del presidente Carlos López Benigno (ANA. Caja 1855/1857,
números 689, 1020 y 1057) y Venancio (Caja 1859/1860,
números 235 y 252); sus yernos Saturnino Bedoya y Vicen-te Barrios (Caja
1860/1861, números 674 y 715); su sobrino Cándido Bareiro, que llegó a la
presidencia en 1878 y reunió a los hombres que años después fundarían el
Partido Colorado (Caja 1857/1858, Nº
29 Carlos Pastore, La lucha por la tierra,
pp. 147-159; Efraim Cardozo, Hace cien años, Asunción,
1982, tomo XIII, pp. 198-199; Héctor Francisco Decoud, Elisa Lynch, Buenos
Aires, 1939, pp. 230-231; Andrés Moscarda, Las tierras de Madame Lynch: 1865-1920,
Asunción, 1920.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
1033) y el oficial de artillería Francisco
Fernández (Caja 1858/1859 Nº 264), que intervenía en los negocios
financieros e inmobiliarios de la familia (véase por ejemplo NE 3266. 13 de
enero de 1864. Sección Propiedades. Volumen 199, Nº 1. 1864. CRB 1145, 1954,
4125 y 4251). Clientelismo semejante sólo se volvió a ver bajo la dictadura de
Alfre-do Stroessner aunque, en homenaje a la verdad, debe decirse que los
Stroessner no fueron tan voraces como los López.
Debe agregarse que, en aquella presunta edad de oro
una insti-tución pública, la Esclavatura del Estado, compraba y vendía seres
humanos. En el Archivo Nacional se encuentran apuntes como estos: “Son […]
cuarenta y cinco pesos corrientes metálicos que ha man-dado entregar el Excmo.
Señor Presidente de la República [Carlos A. López] en pago de un esclavito del
Estado llamado Desiderio Carta-man de diez años de edad” (Libro de Caja para
el año 1853. 15 de junio de 1852, Nº 308, foja 109). Francisco Solano López
compró la esclava Cipriana (30 años) con sus hijos Sebastiana (14), Venancio
(11) y Rosa Isabel (8), y la esclava Carmen (19) con sus hijos Zenona
(2) y Teodosio (11 meses). (Caja 1860). 1º
de mayo de 1860, Nº 516. Venancio López compró el esclavo Luciano Rodríguez (Caja
1857. 26 de enero de 1857, Nº 81). Benigno López compró varios esclavos
(CRB 1206 y 1304). Aquel tráfico humano subsistió después de 1857, año en que
por ley debía acabarse la esclavitud. El 24 de mayo de 1868, un funcionario
informa a López que en Carepegua se encuentra presa “la esclava del Estado
Vicencia Baldes” (Colección Río Branco 4695). En los papeles de tesorería de
abril de 1868 aparecen rubros destinados a la manutención de esclavos del
Estado (CRB. 4.170).
IV.
Francisco Solano López
El 24 de julio de 1926, una comisión patriótica
celebró el centenario del nacimiento de Francisco López; los textos oficiales
de historia de hoy dan como fecha de nacimiento del héroe el 24 de julio de
1827, después de probarse que los padres contrajeron matrimonio el 22 de julio
de 1826. Esta incoherencia es típica de toda la leyenda que pasa por historia y
que hace difícil distinguir entre López y lopizmo, entre lo que el hombre era y
lo que se ha dicho de él.30
Sin embargo, no hay discrepancia en lo siguiente:
desde niño, su familia lo preparó para ser presidente. Le enseñaron el latín,
el inglés y el francés. Lo nombraron general y comandante del ejército
paraguayo a los 18 años. “Vais a combatir a las ordenes y bajo la di-rección de
un general acreditado por su capacidad militar, ilustre por
30 Para O’Leary, el campeón del lopizmo, Francisco
nació el 24 de julio de 1826 (El Mariscal Solano López,
Asunción, 1970, p. 133).
554 .py
sus victorias, venerable por sus virtudes cívicas y
heroico por su perse-verancia en combatir la tiranía”, así presentó Don Carlos
a Francisco, flamante general, ante el ejército paraguayo que debería
obedecerle en la invasión a la Argentina (1865). Pese a la recomendación
paterna, el futuro Mariscal hizo sólo un poco menos que nada en esa campaña, y
cuatro años más tarde repitió el bochorno en otra expedición a la Argentina. Su
gestión diplomática en Europa parece haber sido más satisfactoria: el general López
conoció a Napoleón III y se saturó de los sueños de gloria que saturaban el
Segundo Imperio, tratando de hacer lo mismo en casa. Para eso contaba con la
colaboración de Elisa Lynch, irlandesa que había traído de Francia; entre los
dos trataron de imponer en Asunción el gran estilo de una corte europea; en
parte lo lograron. Sólo que la imitación tiene a veces un aire algo ridículo:
el protocolo presidencial de López tiene un aire mucho más solemne que el de
cualquier monarquía del Viejo Mundo, comentan los diplo-máticos extranjeros.31
Pero el sueño de López II no son la delicias de la
corte sino la de la guerra; aun así la guerra de la Triple Alianza le resulta
excesiva. Según un admirador, “López no fue vencido por los torpes generales de
la Alianza. La interpretación estética de la guerra… tendrá que re-conocer esta
realidad más alta”.32 Este
pretende que, desde el punto de vista decorativo, la guerra fue una gran
victoria paraguaya. La guerra, sin embargo, mató más de la mitad de la
población del Paraguay, lo que difícilmente podría llamarse victoria.
López, como sus panegiristas, pudo haberse
consolado pensando que todo está perdido menos el honor (O’Leary
dixit)… Política y ro-manticismo se hallan inesperadamente unidos en la carrera
de Fran-cisco López, “el Napoleón del Plata”.
La
ideología de López II
Dos tendencias se notan en los escritos de López
II: romanticismo y positivismo.33 El romanticismo no constituye una ideología
política
31 “A la noche hubo un brillante baile, también dado
por las damas al Presidente, al cual ofrecieron discursos y prodigaron
interminables elogios, en que se le tributaba la adulación más grosera. Había
una concurrencia excesiva. Nadie había osado abstenerse, porque una abstención
hubiera sido notada y castigada. El Presidente, por otra parte, mostró una
amabilidad poco habitual: en vez de quedar, como de costumbre, durante todo el
baile retraído en su dignidad y sentado majestuosamente sobre su trono elevado
sobre tres gradas y colocado sobre un estrado verdaderamente regio, se
confundió con la muchedumbre que lo rodeaba y habló con los asistentes con la
afabilidad de un simple monarca europeo” (pp. 291-292).
32 Natalicio González, “El Mariscal Solano
López”, Guarania (20.III.1935), p. 133.
33 Todas las citas de López están tomadas del
libro Proclamas y carta del Mariscal
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
definida, pero como parte del espíritu de la época
influye en distintas ideologías políticas del siglo XIX, desde el conservatismo
alemán has-ta los movimientos libertarios de Italia y Polonia.34
El romanticismo de López está influido por el del
autor francés René Chateaubriand (1768-1848), cuyo Genio del
cristianismo era lec-tura favorita del mariscal, aún en los momentos
críticos de la guerra. Sin ser un teórico, Chateaubriand es un político que
influye, con sus es-critos, en las actitudes políticas de otros. Su estilo
literariamente eficaz sabe transmitir un cierto sentido del honor; considerado
valor funda-mental: “Ese honor convertido en ídolo de mi vida, al cual he
sacrificado reposo, placer y fortuna”. También transmite un sentido de la
rebeldía; Chateaubriand es el político que está —o que trata de estar— por
encima de los acomodos fáciles y a la búsqueda de la ocasión de destacarse con
actitudes grandiosas. Finalmente, transmite ese estilo de Chateaubriand un
cristianismo más interesado en la devoción que en la divinidad.35
No es difícil ver la influencia de todo esto en
López, obsesionado —como Chateaubriand— por la idea del honor. Aunque los
historia-
López (Buenos Aires: Editorial Asunción, 1957), designado
con el número de página en adelante.
34 Para una caracterización del romanticismo
político, véase Jean Touchard, Histoire des idées politiques (París:
PUF, 1970), pp. 513-515. De este libro tomamos el siguiente trozo,
sobre los rasgos del romanticismo político:
1) El sentido del espectáculo (el drama, el heroísmo, el sacrificio, la sangre derramada…).
El romanticismo político se nutre de los recuerdos de la revolución y del
imperio. Los críticos más severos de la revolución (Maistre) o del imperio
(Chateaubriand) son más sensibles que cualquiera a su grandeza.
2) Una concepción sentimental y elocuente de la
política. Anteriormente
considerada el arte de lo posible, la política se vuelve el
llamamiento al ideal. Antes, la política se basaba en el secreto, tendía al
aforismo, a la litore; a partir del romanticismo, no se trata solamente de
gobernar, de obedecer, sino de convencer en un género literario.
3) La piedad.
Piedad por los humildes, atención a los problemas sociales (de los que la
mayoría de los liberales se desinteresa); idea de que la “cuestión social” es
más importante y más urgente que las cuestiones puramente políticas; el
romanticismo social (muy evidente en Chateaubriand, Lamennais, Michelet) no
excluye las opciones políticas aparentemente opuestas; este romanticismo social
es la base de la unidad de Lamennais, desde el Ensayo sobre la
indiferencia hasta El libro del pueblo. Piedad por los
pueblos oprimidos: Grecia, para comenzar, luego Polonia. El movimiento
filohelénico suscita el entusiasmo del romanticismo internacional; en cuanto a
la defensa de Polonia, ésta da nacimiento a una literatura tan elocuente como
eficaz.
4) En definitiva, el romanticismo es una visión
global del universo: la política clásica consistía en clasificar los
problemas para tratar de resolverlos. Los románticos, posiblemente, tratan no
tanto de resolverlos, como de presentarlos en toda su extensión, a darles
dimensión universal e histórica (Touchard: p. 515).
Esta concepción romántica de la policía está en la
base de la ideología política de López.
35
Véase Jean Touchard, Histoire, pp. 544-546.
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dores sigan preguntándose cuál fue la causa de la
guerra de la Triple Alianza, no parece tan descaminado aceptar como causa
aquello que fue tantas veces señalado por López: la defensa del honor nacional.
Antes de la contienda y durante el transcurso de la misma, el maris-cal
insistió en la necesidad de exigir de las demás naciones el respe-to al
Paraguay. Así, en una manifestación realizada en 1864, inme-diatamente después
de la intimación hecha al Brasil, López dice a la multitud: “Los pueblos
extranjeros nos comprenden mal, nos llaman apáticos, hasta nos conceptúan como
un pueblo bárbaro… tal vez sea ahora la ocasión de mostrarles lo que realmente
somos” (123). Al co-municar a las tropas el desastre de Uruguayana (donde el
Paraguay pierde la posibilidad de ganar la guerra), López dice a sus soldados
que esa derrota (debida supuestamente a la traición) constituye un compromiso
para seguir luchando con más empeño para lavar el ul-traje al honor nacional
(161). A fines de 1868, en Pikysyry, cuando la situación militar es
desesperada, se refiere al “honor ultrajado” como causa de la guerra. Semanas
más tarde, cuando los generales aliados le intiman rendición, haciéndole ver
que toda resistencia es inútil y provocaría sacrificios innecesarios, López
rechaza la intimación por poco “caballeresca”: “estoy hasta ahora dispuesto a
tratar de la termi-nación de la guerra sobre bases igualmente
honorables para todos los beligerantes; pero no estoy dispuesto a oír
una intimación de deposi-ción de armas” (185).36
La idea del honor está estrechamente ligada con la
de Dios, siem-pre presente en los escritos de López; también se manifiesta un
sen-tido del espectáculo y del gesto grandioso, tanto en lo referente a la
religión como en lo referente a la manera de hacer política; en la des-pedida
al ministro norteamericano McMahon, López dice:
36 Esta carta, celebrada como una obra maestra de
heroísmo por la literatura lopizta, es una manifestación demencial cuando se la
ubica en su contexto; para diciembre de 1868 más de la mitad de la población
paraguaya había muerto y el ejército paraguayo (formado por menores en gran
parte, como indica McMahon), que a principios de este mes era de 10-12.000
soldados, se había visto reducido a 4-6.000 para el 21 de diciembre, cuando los
aliados lanzan su ofensiva sobre Itá Ybaté, que no toman por impericia militar.
De todos modos, los 4-6.000 defensores de Itá Ybaté son reducidos a menos de la
mitad con el combate del día 21. Después de eso los aliados envían la
intimación de rendición, perfectamente razonable, pero López la rechaza
diciendo que peleará hasta el fin. El 27 de diciembre viene la ofensiva final.
El ejército paraguayo es completamente destruido, pero López consigue huir con
unos 50-60 hombres, faltando así a su promesa de luchar a la cabeza de sus
ejércitos (López estuvo en el campo de batalla sólo dos veces en toda la
guerra, en Itá Ybaté y en Cerro Corá, y las dos veces fue porque lo tenían
rodeado). Es difícil explicar esta dilatación innecesaria de la guerra como
heroísmo; en todo caso, el heroísmo de López es similar al de Hitler, dispuesto
a salirse con la suya o a caer arrastrando consigo a los demás.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Había alimentado la esperanza de que el digno
representante de la más grande república sería testigo presencial de todos los
heroicos sacrifi-cios de un pueblo por su existencia, e incluso de la
conclusión de la gran empresa, fuere cual fuere la suerte final que el Dios de
las nacio-nes le tenga reservada (201).
Esa fe en Dios contrasta con la persecución a que
sometió López a la Iglesia, pero la religiosidad del mariscal no es propiamente
cristiana: nada tiene que ver con la caridad ni con el respeto del prójimo. Es
una religión del misticismo, del culto exterior, de la superstición.37
López, profesando esa piedad enfermiza y ese
romanticismo exal-tado, es también un pragmático y un cínico, dentro de la peor
tra-dición bonapartista y positivista. Como Napoleón I, López se sentía en la
libertad de “gastar” soldados en aventuras guerreras; como el corso, sentía un
profundo desprecio hacia los planteamientos críticos, hacia los
cuestionamientos que Napoleón llamaba despectivamente “ideología”: “ajenos a la
árida discusión de los principios abstractos —decía al asumir la presidencia—
agrupémonos ante el altar de la patria para trabajar por el bienestar general
(95). Hay indicios de que López pensaba nombrarse rey; aunque no fuera así,
todo el estilo de su política era cesarista. Era una versión del proyecto
imperial de Na-poleón I mediado por la ideología del sobrino y las exigencias
de una adaptación criolla de aquellas ideas francesas. López fue un Napo-león
sin ejército, sin respaldo económico, sin una tradición de pensa-miento
pragmático en qué apoyarse. El gran estilo, la megalomanía de Napoleón III se
encuentran compensados por el buen sentido de la burguesía industrial y
financiera que apoyaba a S.M. También por el pensamiento positivista de Augusto
Comte, heredero de una tradición racionalista. Es cierto que en el positivismo
hay un aspecto místico, pero éste no tiene mayor aceptación en Francia; es en
América donde se lo cultiva.38 Desde
luego, López II no fue un positivista ortodoxo; fue un ecléctico, como sus dos
predecesores; tomó algunas ideas eu-ropeas tal como las había comprendido y las
utilizó para legitimar el
37 Diversos autores coinciden en afirmar que López
era muy devoto (Juan E. O’Leary, Juan C. Centurión, Charles Washburn). Su
devoción, sin embargo, tenía más de manía que de religión, parte de esa manía
era su culto a la Virgen de Asunción: el actual Oratorio fue construido como
capilla privada de López (que vivía a la vuelta) y no como templo público. En
medio de los procesos y ejecuciones de San Fernando, López se pasaba largas
horas rezando en la capilla; algo parecido hizo después de haber ordenado y dirigido
una serie de fusilamientos en San Estanislao. Aparte de eso, López continuó con
la política religiosa de Francia y su papá, se declaró jefe de la iglesia y
obligó a esta a secundar sus proyectos políticos y su represión.
38
Jean Touchard, Histoire, pp. 667-674.
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ejercicio del poder. Del positivismo —aparentemente
tan alejado del romanticismo— tomó el sentido jerárquico y autoritario de la
socie-dad, que le venía muy bien, ya que para aquella escuela
el fin de la política consiste en hacer de todo
ciudadano un funciona-rio social, enteramente subordinado al poder. La
“política positiva” re-quiere la obediencia más completa. El orden triunfa
sobre el progreso y Stuart Mill pudo escribir que el positivismo era un sistema
completo de despotismo espiritual y temporal (185).39
El positivismo pretendía establecer un despotismo
ilustrado. ¿Pero qué positivismo ilustrado podía existir en un país sin
Ilustración como el Paraguay? Cuando López llega a la presidencia, no había en
el país una sola universidad ni instituto de investigación científica, ni un
solo pensador, ni una clase empresarial que mereciera el nombre de tal; lo que
hacían los López no era ningún tipo de actividad industrial, comercial o
financiera propiamente dicha. No había nada de eso ni el gobierno podía propiciar
su surgimiento y desarrollo, ya que una ra-cionalización de la sociedad (aun
desde un punto de vista jerarquiza-do y elitista) suponía el alejamiento de los
López, principal obstáculo para ella. Pero la percepción de la realidad no
podía resultar tan fácil a Francisco Solano López, que era en parte una víctima
del sistema que lo puso en el poder y que se hizo culpable de haberlo
continuado a cualquier precio.
Aunque el estallido de la guerra de la Triple
Alianza no responda a causas exclusivamente paraguayas, no debe ignorarse que,
desde su llegada a la presidencia (1862), López emprendió una campaña de
movilización de todo el país. Los hombres y adolescentes fueron al ejército;
las mujeres y niñas tuvieron que participar en manifesta-ciones, desfiles, etc.
El 24 de julio (cumpleaños de S.E.) se convirtió en fiesta nacional, pero los
festejos no se limitaban al 24; tomaban también las semanas anteriores y posteriores
a la fausta fecha. El tono de la propaganda —en la que participaba la iglesia
llamando a López “hijo del Altísimo” y “Dios sobre la tierra”— llegó a extremos
increí-bles y se exacerbó durante la guerra (que no terminó con las fiestas);
ejemplo de eso es este artículo sobre el onomástico publicado en el Cabichui el
24 de julio de 1867:
¡El
Excmo. Señor Mariscal López!
He
aquí un nombre ante el cual la imaginación humana queda absorta en la más dulce
y profunda contemplación, sin bastarle las alas de su
39 Ibid.,
p. 669.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
rápido e infinito vuelo a remontar la inmensidad de
su eclíptica lumi-nosa. ¡El Mariscal López! Es el más grande y portentoso
destello de la Divinidad representado en el hombre. Su conspicua personalidad,
es el más grande luminar que por vez primera ha visto la tierra bañar sus
ámbitos.
Esta adulonería no existía ni en tiempos de Francia
ni en tiempos de López I; despótico como sus precursores, el mariscal aporta un
nuevo estilo muy ligado a los métodos de manipulación de masas del
totali-tarismo moderno: Manuel Domínguez ya señaló las afinidades entre el
sistema lopizta y el fascista. Estilo y contenido son inseparables en el tipo
de política que hace López, que sólo puede funcionar mediante una movilización
total y permanente, la que a su vez funciona solo cuando se alcanza un cierto
grado de efusión emocional y anestesia crítica. Te-niéndolo en cuenta, no puede
aceptarse tan ligeramente aquella teoría según la cual la causa de la guerra de
la Triple Alianza fueron las cons-piraciones de Inglaterra, que no podía
tolerar el éxito de un sistema independiente en el medio de
América Latina. López era un militarista, con o sin intervención
inglesa. La tesis de que la guerra fue el resultado de una conspiración
internacional ha sido suficientemente refutada en trabajos como el de Francisco
Doratioto, Maldita Guerra (Buenos Aires: Emecé, 2002); Diego
Abente Brun, “La guerra de la Triple Alianza: tres modelos explicativos”, Revista
Paraguaya de Sociología (enero-abril de 1989), pp. 175-198; Juan
Carlos Herken y María Isabel de Herken, Gran Bretaña y la
Guerra de la Triple Alianza (Asunción: Arte Nuevo, 1982); Thomas
Whigham, en The Politics of the River Trade (Alburquerque:
1991), demuestra que el supuesto progreso bajo los regímenes francista y
lopizta no resiste el análisis crítico. La guerra formaba parte de los sueños
románticos de López y éstos de la ideología política de López, que tuvo no poca
importancia en el desencadenamiento de la guerra.40
De haber sido un buen positivista como los
comerciantes france-ses o un buen pulpero (así llamaban los
exiliados paraguayos a Fran-cia), el mariscal se hubiera limitado a lucrar en
los Almacenes del Estado, absteniéndose de las fantasías bélicas. De haber sido
un buen Napoleón, no se hubiese lanzado a la guerra sin tener un ejército en
serio. De haber sido un buen cristiano, no hubiera sacrificado a un país. Pero
el joven López es en parte el joven Frankenstein, que se re-bela contra las
reglas del sistema que lo creó, siendo al mismo tiempo la expresión acabada de
ese sistema.
40 En esto tenía razón, ya que la ineptitud militar
de López ha sido reconocida hasta por sus admiradores, como el coronel Arturo
Bray en su libro Solano López, soldado de la gloria y el
infortunio (op. cit.).
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Una
ideología del encubrimiento
Si por racionalidad se entiende adecuación de
medios a fines, el pro-yecto de López resulta completamente irracional. Y ello
no en base a opiniones adversas, sino en base a las declaraciones del mismo
inte-resado que, después de haber declarado la guerra, tiene la ingenuidad de
confesar al Congreso: “yo no me lisongeo de tener la pericia que un general
requiere, pero al menos mis soldados están acostumbrados a obedecerme, y esto
es bastante” (142).41 Años
más tarde, cuando ha perdido la guerra y los aliados le intiman rendición en
Itá Ybaté, Ló-pez responde que el soldado paraguayo es omnipotente:
VV.EE. tienen a bien anoticiarme el conocimiento
que tienen de los recursos de que actualmente pueda disponer, creyendo que yo
también pueda tenerlo de la fuerza numérica del ejército aliado y de sus
recur-sos cada día crecientes. Yo no tengo ese conocimiento, pero tengo la
experiencia de más de cuatro años, de que la fuerza numérica, y esos recursos,
nunca se han impuesto a la abnegación y bravura del soldado paraguayo (183).
La última afirmación es totalmente falsa, ya que el
ejército paraguayo en aquel momento ya no merecía nombre de tal. En condiciones
nor-males, un presidente que después de haber iniciado una guerra por decisión
personal e inconsulta confiesa no saber cómo dirigirla, que lo prueba en los
hechos pero que manifiesta que, de todos modos, se-guirá con la guerra sin
importársele cuáles sean las condiciones reales del desarrollo de la misma se
hace pasible de censura; más probable-mente, trata de sustraerse a la censura
evitando la confesión de su incapacidad. Pero nada de eso ocurre con López: la
calamidad que atrae sobre su país le parece completamente natural. Y no
solamente porque no tolere el disenso, sino porque en el sistema que él preside
no existe el cálculo racional de medios y fines. La poesía (mala, por lo demás)
se hace política; esa poesía sirve para encubrir la realidad; el error (o la
mentira) deja de ser un accidente, para convertirse en moneda corriente.42
41 Aunque en tiempos de guerra la propaganda
militar tienda a magnificar las propias victorias y minimizar las del enemigo,
cuando se pasa de cierto límite la propaganda se convierte en pura y simple
ocultación de la verdad. Este es el caso de la propaganda paraguaya de la
guerra, dirigida directamente por López, como se puede ver leyendo la colección
del Cabichui (hay una edición facsimilar hecha por el Museo
del Barro en 1984).
42 Arturo Bray, Solano López, soldado de la
gloria y el infortunio (Asunción: Nizza, 1957), p. 155.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
El
mariscal y su pueblo
El coronel Arturo Bray (de conocida trayectoria
autoritaria) dice que el ejército de López es “el exponente vivo y palpitante
de la nación en armas… es el pueblo y constituye un todo compacto, indivisible
y sometido a la voluntad de un solo hombre… cada soldado era un ciudadano, o un
esclavo”.43
Esto es parcialmente verdadero, ya que la
movilización militar fue total, como lo atestigua un simpatizante del mariscal
López, Mar-tin McMahon, al referirse al ejército paraguayo tal como lo vio en
diciembre de 1868:
Lamento decir que más de la mitad del ejército
paraguayo estaba com-puesto por niños de diez a catorce años de edad. Esta
circunstancia hizo la batalla del 21 y los días que siguieron peculiarmente
horribles y descorazonantes. Estos pequeños, en la mayoría de los casos
desnu-dos, regresaban arrastrándose, en gran número desgarrados, destroza-dos
en todas las formas concebibles.
McMahon
agrega:
Severo como es el sufrimiento de los niños en el
campo de batalla, puede escasamente ser peor al de las mujeres en la campaña y
en el interior. El día de la acción, descubrí que había miles de mujeres en la
posición confinada del ejército paraguayo. Ellas no tenían cubierta contra el
fuego enemigo y muchas fueron muertas y otras heridas.44
López, como se sabe, ordenó evacuaciones masivas en
la medida en que el enemigo avanzaba —por ejemplo evacuación del sur, de
Asun-ción— y obligó a buena parte de la población civil a acompañar al
ejército; los civiles no recibían ración del ejército y estaban expuestos al
fuego enemigo, viéndose además forzados a largas marchas. En ese sentido, puede
decirse que todo el pueblo estaba con López, o por lo menos la mayoría. El
coronel Bray tiene razón en esto, pero se equivo-ca al decir que se trataba de
un ejército de ciudadanos, ya que la ley no otorgaba esa calidad a nadie: sólo
los propietarios tenían, parcialmen-te, derechos cívicos de acuerdo con la ley
de 1844. La mayoría (los po-bres, los negros, mulatos, mestizos e indios) no
tenían derechos; peor
43 Arthur Davis, Martin M. Cahon: Diplomático
en el estridor de las armas (Asunción, 1984, pp. 75-76). Un decreto de
López del 14 de febrero de 1869 declaró adultos a los varones de doce años.
Sección Historia 356, 9. Comunicación de Margarita Durán Estragó.
44 Esta propaganda belicista, lamentablemente, ha sido
incorporada a los libros de enseñanza de la historia del Paraguay.
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que eso, se veían sujetos a leyes discriminatorias.
Las estancias de la patria, la fundición de hierro, las industrias, el
aprovisionamiento del ejército, en una palabra, el sistema económico en general
funcio-naba gracias al trabajo impago. Los soldados recibieron sus sueldos en
los primeros meses de la guerra, después dejaron de percibirlo, recibiendo sólo
una ración de carne diaria. Las mujeres incorporadas como soldadas ni siquiera
recibían ración, siendo sin embargo indis-pensables como cocineras, lavanderas,
criadas, etc. Los esclavos que alcanzaron su liberad en 1867 (en base a la ley
de libertad de vientres) fueron inmediatamente incorporados al ejército… El
Paraguay era un país de esclavos, y un país de esclavos no puede tener un
ejército de ciudadanos, como pretende el coronel Bray.
Tampoco puede hablarse de el pueblo como
de un todo indivisi-ble; dentro de ese todo había
intereses encontrados. Así, mientras los López vendían la carne de
sus estancias al ejército a precios de espe-culación, las clases populares
sufrían por la falta de carne (siendo la que llegaba al ejército deficiente).
La guerra, que no había afectado mayormente los estándares de vida del grupo
dominante, significaba para la gran mayoría hambre y privaciones. Para 1866 la
situación económica del país era calomitosa: no había comida, no había con qué
vestirse —el ejército se había apropiado de casi toda la existencia de
tejidos—, la viruela causaba estragos (no habiendo vacunas por el bloqueo del
río). A la viruela se sumaron el cólera, la escarlatina y otras enfermedades
que diezmaron la población; como dice McMa-hon, la situación de la mujer
—agreguemos de la población civil en general— era peor que la del combatiente,
que como soldado recibía ración, alojamiento y cuidado médico del gobierno. No
parece que el pueblo estuviese muy contento con
todo esto: prueba de ello son las protestas que tuvieron lugar
entre las mujeres del mercado en Asun-ción (a pesar de la represión), las
numerosas deserciones, el número increíble de fusilamientos por “traición”,
“indisciplina” y otras faltas al reglamento. Lo que conviene al gato no
le conviene al ratón; el hom-bre común tenía cuidados más importantes que
el honor o la especu-lación, reservados a los estamentos dominantes. Sólo una
propaganda belicista perversa puede afirmar que para el paraguayo la guerra
con-sistía en un deporte caballeresco y que por eso seguía voluntariamente
a López hacia la destrucción final.45
V. Comentarios finales
Caracterizar
la ideología política de Francia y López resulta más fácil desde un punto de
vista negativo. Desde un punto de vista negativo,
45
Debo estas ideas al profesor Lorenzo Livieres.
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Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
puede decirse que, durante esas tres dictaduras, el
Paraguay constitu-yó un caso notable en América Latina, ya que el país
permaneció eco-nómicamente independiente; ni tenía deuda externa ni una economía exportadora en
el sentido que le han dado al término partidarios de la teoría de
la dependencia.
Esta característica del Paraguay, su independencia
económica, es un hecho aceptado; el problema sería esclarecer si fue resultado
de la aplicación de una ideología política definida o no y —en caso
afirma-tivo— de qué ideología se trataba.
La primera respuesta sería la nacionalista: el
Paraguay, con Fran-cia y López, sigue los dictados de su ser “autóctono”,
apartándose de lo “exótico” (la respuesta de Natalicio González). Pero González
prefiere desconocer que aquellos “sabios gobernantes” gobernaron con leyes
españolas; legitimaron su poder con ideas francesas (Declaración de los
Derechos del Hombre, orleanismo, bonapartismo); perpetuaron instituciones de la
colonia (la esclavitud, la encomienda); adoptaron modas europeas (Francia
llevaba un traje de brigadier español coro-nado por un tricornio napoleónico;
los oficiales de López II llevaban uniformes franceses); trataron de
desarrollar la agricultura mediante la inmigración europea (Nueva Burdeos)
mientras arruinaban al agri-cultor local; importaron tecnología europea para
desarrollar la indus-tria militar en base a modelos europeos; levantaron
edificios de gusto neoclásico con arquitectos europeos… Resulta difícil que la
esencia nacional estuviera presente en todo aquello…
Podría hacérselos discípulos de un cosmopolitismo
progresista: de la “vía revolucionaria” al desarrollo capitalista (Guerra
Vilaboy), sea un socialismo de Estado o un socialismo puro y simple. Sin
embargo, llamar a aquellos varones socialistas es ignorar que politizaron a la
población mediante el Catecismo patrio reformado y, peor aún,
el Cate-cismo de San Alberto, que las estancias, los almacenes y
demás mono-polios del Estado funcionaban con trabajo esclavo y que lo producido
en ellos no se destinaba a “obras sociales” sino a pagar los gastos del
gobierno, básicamente los gastos militares; que el proceso de militari-zación
masivo de Francia y López hacía muy poco por elevar el nivel de vida de las
clases populares; que la mayoría de la población estaba sometida a formas más o
menos legales pero reales de esclavitud; que los López eran dueños de medio
país, eran corruptos, tenían un siste-ma de valores que desconocía los valores
e intereses de los grupos po-pulares, sin que estos, por otra parte, tuvieran
forma de hacer valer los suyos propios; que la falta de libertad política
agravaba los problemas sociales, dejando al pobre librado a la arbitrariedad de
las autoridades.
La adopción de ciertas ideas liberales, por otra
parte, no autoriza a llamar liberal a un sistema que no reconocía los derechos
indivi-
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duales ni establecía el principio de la división de
los poderes. Sin em-bargo, tampoco puede decirse que, en alguna medida, no
hayan sido liberales. Lo fueron en la medida en que no crearon nada nuevo en
materia de ideología política y adoptaron lo que les venía de Europa, la
ideología liberal. Pero, como se ha dicho, la mezclaron con un poco de
pragmatismo y viveza criolla, adaptándola a las necesidades del ejercicio del
poder, logrando así una síntesis muy particular, un pro-ducto híbrido. Aunque
estemos básicamente concernidos con la defi-nición del híbrido ideológico,
creemos necesario aludir someramente a la base histórica sobre la cual se
asentó el engendro de marras, un análisis merecería un estudio separado.
Para eso hay que retroceder a los comienzos de la
provincia del Paraguay, que —desde el principio— fue una marca de frontera. Era
voluntad del rey que la economía de la provincia fuese una economía de
subsistencia, para que sus pobladores se dedicasen plenamente a la guerra. Los
paraguayos estaban en continuo enfrentamiento con indios y portugueses; a una
convocatoria de la autoridad, todo hombre en edad militar tenía que empuñar las
armas para salir en campaña.46 Ocupados
permanentemente en la guerra, sin minas de oro y plata, estos guerre-ros se
mantenían mediante el trabajo de los indios encomendados. Pero las encomiendas
del Paraguay no eran grandes y, en líneas generales, la economía del lugar era
de subsistencia, de acuerdo con la voluntad real no había excedentes ni una
clase capaz de apropiárselos. Eso sí, dentro de su pobreza, el Paraguay era una
provincia independiente.
Esa situación se mantiene durante los siglos XVI,
XVII y XVIII (no estamos hablando de las misiones jesuíticas, un Estado dentro
del Estado); recién a fines del siglo XVIII el Paraguay comienza a exportar en
cantidades considerables, hasta el punto de que hacía 1811 confi-guraba lo que
Richard A. White llamaría una economía exportadora. Pero la bonanza comercial
dura unos pocos años; Buenos Aires cierra el puerto al Paraguay y Francia
decide, por su parte, cerrar el país. Con esto se vuelve a la economía de
subsistencia de los primeros tiempos de la colonia, mas no precisamente porque
Francia tuviera en mente un proyecto nacionalista. El dictador deseaba
comerciar con Inglate-rra y con Europa, para recibir así productos foráneos
exportando los propios, pero las naciones europeas, pensando que el Paraguay
era una provincia díscola de la Argentina y que terminaría por reintegrarse a
la órbita de Buenos Aires, se abstuvieron de reconocer su independencia hasta
mediados del siglo XIX. Con Carlos López viene la apertura, pero para entonces
el país ya tenía perdidos sus mercados internacionales y
46 Georges Corn, “La ideología del desarrollo del
libre cambio en el siglo XX”, Suplemento Cultural de ABC,
7.II.1982.
el estrechamiento de los vínculos económicos con
las demás naciones marcha lentamente. López manifiestaba que no era posible
obtener empréstitos, y que por ello se hacía necesario recurrir a las estancias
de la patria para obtener fondos. En 1865, López II trata de obtener un
empréstito internacional, pero la operación no llega a realizarse por razones
circunstanciales. La voluntad de Francia y de López siempre fue la de europeizar el
país, sólo que la europeización tan deseada se veía obstaculizada por factores
de orden interno e internacional, sien-do los primeros la imposibilidad de
abrirse al intercambio sin introdu-cir al Paraguay elementos que pudieran poner
en peligro la estabilidad del régimen (Francia manifestó más de una vez que
mantenía aislado al país para salvarlo del contagio de las ideas
revolucionarias que ve-nían del Plata) y también el deseo de frenar una
emigración masiva (de acuerdo con expresiones de Francia); entre los factores
internacionales se encontraban la pérdida de los mercados de exportación y la
dificul-tad de conseguir empréstitos. De todos modos, el proceso de apertura,
de fomento de exportaciones (por llamarse así) avanza con los López; sólo que
estos conservan el sistema de monopolios de Estado legado por Francia, que no
constituye nada original, pues viene de la tradición colonial. Tampoco
constituye nada nuevo la explotación de la mano de obra esclava, la dirección
de la economía por el gobierno, el autorita-rismo, la militarización; se trata
de atavismos coloniales, que Francia y López mantienen con cosmética moderna
(la cosmética es la ideología política —versión local del producto europeo—, el
resto son situacio-nes heredadas que no se pueden ni se quieren cambiar). La
colonia so-brevive mediante el proyecto autoritario de Francia y sus sucesores.
La situación, vista desde afuera, puede tener el aire de revolución radical o
de cualquier cosa, pero la verdad es muy distinta.
Finalmente, si debido a sus tres autócratas el
Paraguay constituye un caso extremo, no constituye sin embargo un caso atípico
en el Ter-cer Mundo, porque los proyectos de europeización de
sus dictadores se asemejan en rasgos generales a los emprendidos por otros
políticos del Tercer Mundo en el siglo pasado: todos estos son impuestos desde
arriba por élites —mejor dicho minorías— que pretenden
resolver los problemas básicos de sus países mediante la adopción de tecnología
europea en vez de promover un cambio radical en lo social, político y económico
que permita incorporar en forma racional esa tecnología importada. Esos
proyectos de europeización del siglo XIX tienen sor-prendente
similitud con los proyectos de modernización emprendidos en el
siglo XX, cuyo caso extremo fue el del Sha de Irán.
Sobre
los autores
Oscar Creydt (San Miguel, Paraguay,
1907-1987). Teórico y
dirigen-te del comunismo paraguayo. En su juventud fue uno de los principa-les
líderes del movimiento universitario inspirado en los ideales de la Reforma
Universitaria de Córdoba e ideas anarquistas. En agosto de 1929 redacta
el Nuevo Ideario Nacional, manifiesto de un movimiento de
estudiantes y obreros cuyos principales líderes, entre los cuales se
encontraban Creydt y Obdulio Barthe, transitarán desde posiciones iniciales
reformistas y vagamente anarquistas hasta el comunismo. En su obra principal —Formación
Histórica de la Nación Paraguaya
(1963)— construye la primera y hasta el presente
más influyente lectu-ra sistemática de la historia paraguaya en clave marxista.
Ese peque-ño libro de 55 páginas llegó a adquirir el estatuto de “objeto de
culto” entre los militantes de la izquierda paraguaya en las décadas de 1960 y
1970. Otros trabajos publicados por Creydt son Los Héroes Gemelos en
la Mitología Guaraní (1946); Diplomacia norteamericana y
dictadura fascista (1947); Programa de Liberación Nacional del
Partido Comu-nista Paraguayo (1959); El Camino Armado de la
Revolución (1965); y
1870-1970: ¡Vencer o Morir! (1970).
René Dávalos (Asunción, Paraguay, 1945-1968). Poeta, ensayista, narrador y líder
estudiantil, cofundador de Criterio (1966-1977), una de las
revistas culturales paraguayas más importantes de la segun-da mitad del siglo
XX. Estudió Medicina en Montevideo durante dos años. A su regreso se incorporó
a la militancia universitaria en la Fa-cultad de Medicina de la Universidad
Nacional de Asunción. Sus es-critos están dispersos en las numerosas y efímeras
revistas universita-rias que florecían en los años sesenta y setenta: Argos, El
Rinoceronte,
Alcor, Lucha, El
Sembrador, Tribuna Universitaria y Época, así
como en los suplementos culturales de los periódicos ABC y La
Tribuna. Fa-lleció a pocos días de cumplir 23 años, víctima de un accidente
auto-movilístico. El único libro que llegó a publicar fue el poemario Buscar la
realidad (1966).
José Luis Caravias (Andalucía, España, 1935). Jesuita, teólogo y educador popular. En
1953, a los 18 años, ingresó en el Noviciado de El Puerto de Santa María. Entre
1957 y 1961 estudió Filosofía en la Facultad Filosófica Complutense SJ de
Alcalá de Henares. Cursó es-tudios superiores en cultura, lenguas y literatura clásica
y moderna. Llegó al Paraguay, siendo aún estudiante, en 1961. Se dedicó
ínte-gramente al trabajo con las comunidades campesinas del Paraguay. A
principios de la década de 1970 fue nombrado asesor nacional de las míticas
Ligas Agrarias del Paraguay (LACs) que estaban naciendo. Trabajó en Parroquias
Rurales, en el Chaco Argentino y después en Ecuador, en la Arquidiócesis de
Cuenca. Allí intensificó el estudio bí-blico desde la realidad campesina.
Colaboró en cursos, talleres y semi-narios de formación, no solo de campesinos,
sino también de religio-sos/as y agentes pastorales. Inició una serie de
publicaciones bíblicas para la formación de los miembros de las comunidades y
sus agentes pastorales. Como fruto de esa experiencia con las Ligas Agrarias
es-cribió un libro de reflexiones teológicas —en sintonía con las nuevas
sensibilidades que irradiaban el Concilio Vaticano II y los documentos de
Puebla— llamado Vivir como hermanos: reflexiones bíblicas sobre la hermanidad (1971).
En 1972, unos meses después de la publicación de ese libro que era
estudiado en las escuelitas de las Ligas, fue expulsa-do del Paraguay bajo la
acusación de subversión, regresando en 1989 después del golpe que derrocó a
Stroessner.
Domingo Rivarola (Tobatí, Paraguay, 1931). Bioquímico y filósofo. Estudió
Filosofía en la Universidad Nacional de Asunción y se doc-toró en Filosofía por
la Universidad Católica de Asunción. Fue direc-tor y principal propulsor del
Centro Paraguayo de Estudios Socioló-gicos (CPES), centro de investigación
surgido en la década de 1960, en torno al cual se introdujo la sociología
moderna en el Paraguay. Asimismo, dirigió la Revista Paraguaya de
Sociología, principal publicación paraguaya en el campo de las ciencias
sociales. Es docente investigador de la Universidad Nacional de Asunción (UNA)
y dirige el Programa FLACSO-Paraguay. Es miembro del ALAS y de otras
or-ganizaciones internacionales. Miembro de la Comisión Regional de la UNESCO
para la Educación Superior, la investigación y el conoci-miento y Miembro del
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Fue Miembro del Consejo
Asesor de la Reforma Educati-va (CARE), Miembro y Secretario Ejecutivo del
Consejo Nacional de Educación y Cultura (CONEC). Entre sus obras más
significativas se encuentran Estado, campesinos y modernización
agrícola, con Anto-nio García (1982); Una sociedad conservadora
ante los desafíos de la modernidad (1991); Militares
y políticos en una transición atípica, con Marcelo Cavarozzi y
Manuel A. Garretón (1991); Inequidad y política social,
con Rolando Franco (1999); y Pobreza y cambio social, con Luis Galeano
(2001).
Luis Galeano (San Juan Bautista, Paraguay,
1944). Es Doctor en Derecho
y posee una Maestría en Ciencias Políticas (FLACSO-Chile). Fue Director y
actualmente se desempeña como investigador del Cen-tro Paraguayo de Estudios
Sociológicos (CPES). Ejerce la docencia en la Universidad Católica y en la
Universidad Nacional de Asunción y fue decano de la Facultad de Filosofía y
Ciencias Humanas de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”. Es
asesor en Política Social y de Lucha contra la Pobreza. Ha investigado y
publi-cado numerosos libros y artículos acerca de la cuestión agraria, el
mo-vimiento campesino, los movimientos populares urbanos, la pobreza, la
exclusión social, la educación y el desarrollo, y la crisis del Estado
autoritario. Entre sus libros más importantes se encuentran Poder
lo-cal y campesinos, con Myriam Yore (1994); Migrantes brasileños
en Paraguay (1994); Campesinos, tierra y mercado (1995); La
exclusión so-cial en el Paraguay rural (1996); Pobreza rural
en el Paraguay (2000); La sociedad dislocada (2002), La
hegemonía de un Estado débil (2009); y Las tendencias actuales
de la modernización agraria capitalista (2009).
Grazziella Corvalán (Asunción, Paraguay,
1931). Lingüista. Con
su familia, de filiación liberal, se exilió en Buenos Aires, donde
cursó sus estudios en la Santa Unión de los Sagrados Corazones. Regresó a
Pa-raguay en 1953 e ingresó a estudiar al Instituto Superior de Lenguas de la
Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción. Realizó posgrados
en FLACSO y en la Universidad de Búfalo, en New York. Ha sido investigadora del
Centro Paraguayo de Estudios Socio-lógicos (CPES) y editora de la Revista
Paraguaya de Sociología. Los primeros trabajos en Paraguay sobre género,
educación y lengua son de su autoría. Es referente del problema del
bilingüismo. En el año 2011 fue distinguida con el premio “Serafina Dávalos”,
que otorga la Municipalidad de Asunción por su labor pública referida a los
dere-chos de la mujer. Fue fundadora de la Coordinación de Mujeres del Paraguay
en 1987, origen del movimiento social feminista paraguayo. Trabajó como asesora
en Género, en el ministerio de la Secretaría de la Mujer (2008-2009). Entre sus
principales trabajos se encuentran
Estado del Arte de los Estudios sobre la Mujer en
el Paraguay 1900-2000 (2004)
y en colaboración Entre el Silencio y la Voz. Mujeres: Actoras y Autoras
de una Sociedad en Cambio (1989); La institucionalidad de
gé-nero en un contexto de cambio de gobierno: el caso de Paraguay (2003); Mujer
y empleo en áreas de frontera: Impacto del MERCOSUR (1999).
María Victoria Heikel (Rosario, Argentina,
1955). Psicóloga. La persecución
política en Argentina llevó a su familia a volver a Para-guay, donde terminó
sus estudios secundarios en el Colegio Santa Clara y, luego, comenzó a estudiar
Psicología en la Universidad Ca-tólica de Asunción. En 1976 se vinculó como
voluntaria al Comité de Iglesias. En 1980 obtuvo una beca de Naciones Unidas
para el Centro Latinoamericano de Estudios Demográficos, perteneciente a la
Comi-sión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Regresó a Asunción
en 1982 y comenzó a trabajar en el Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos
(CPES). A partir de 1990 formó parte del Fondo de Población de las Naciones
Unidas (UNFPA) y se desempeñó como asesora de la Secretaría de la Mujer. Entre
sus obras se encuentran
Otra vez migrantes. Una relectura de las
condiciones socio-económicas de la migración reciente desde y hacia
Paraguay (1993); Paraguay:
la constitución de la identidad femenina en el campo (1994); Hacer
el fue-go: la mujer suburbana y las técnicas de cocción de alimentos (1991), Movimientos
migratorios. En Población y Desarrollo (1999); Perspecti-va de
Género en la Cultura Democrática (2002).
José Nicolás Morínigo (Asunción, Paraguay,
1947). Abogado por la
Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, Máster en Ciencias
Políticas por la Universidad Rodrigo Fascio de Costa Rica. Profesor en el
Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Filosofía y Ciencias
Humanas de la Universidad Católica, es fundador del Gabinete de Estudios de
Opinión (GEO), institución especializada en el área de estudios de la opinión
pública. Participó del Movimiento Independiente en los años setenta durante la
dictadura. Fue senador de la Nación durante los años 2003-2008 por el Partido
País Solidario. Viceministro de Educación Superior en el año 2012. Entre sus
prin-cipales publicaciones encontramos Opiniones y actitudes políticas
en
el Paraguay (1986); Liderazgos Políticos y Coyuntura
electoral (1988); Vocabulario Político (1996); Huellas,
Olvidos y Urgencias (1999); y La construcción de la opinión
pública en el Paraguay (2004).
Luis Alberto Boh (Asunción, Paraguay, 1952). Arquitecto y artista plástico. Realizó
trabajos de investigación y análisis sobre el tema de la vivienda de interés
social y cuestiones urbanas. Ha publicado en colaboración libros, también
artículos sobre arquitectura paraguaya y la vivienda popular en revistas
especializadas a nivel nacional e inter-nacional. Es autor del proyecto
alternativo a la franja Costera, “Plan Costero Integrado”, presentado en un
seminario taller en la Municipa-lidad de Asunción, en agosto de 2008. Coordinó
el capítulo “Territorio y población, Medio ambiente, ciudad y vivienda” y fue
autor del mó-dulo “Ciudad y vivienda” del libro Memorándum para el
gobierno 2008-2013, publicado por CADEP en 2008. Fue coordinador hasta
finales de 2012 del proyecto de reconversión urbana de la zona del
Puerto de Asunción, proyecto que forma parte del proyecto de Metrobús,
finan-ciado por el BID, y que incluye entre otros componentes la
rehabili-tación urbana y social del barrio San Jerónimo. Fue electo concejal
municipal de la ciudad de Asunción para el periodo 2001-2006, por el movimiento
ciudadano independiente Asamblea de Asunción.
Mauricio Schvartzman (Asunción, Paraguay,
1939-1997). Sociólo-go por
la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Cursó estudios de posgrado en Psicología Social, con En-rique Pichón Rivière,
en la Escuela Argentina de Psicología Social. También realizó estudios de
Planificación Urbana en el Instituto Tor-cuato Di Tella. Desarrolló trabajos
como investigador en el Instituto de Sociología de la Universidad de Buenos
Aires. Fue investigador en el Consejo Nacional de Desarrollo (Conade) de la
República Argen-tina. De regreso al Paraguay, hacia el año 1973, desarrolló una
vasta actividad de investigación y docencia en la Universidad Católica Nues-tra
Señora de la Asunción (UCA) y en la de Villarrica, así como en la Facultad de
Arquitectura de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Trabajó con el
antropólogo Miguel Chase-Sardi en el proyec-to “Marandu”, impulsado por el
Centro de Estudios Antropológicos de la mencionada universidad. Entre sus
trabajos publicados más importantes se encuentran Contribuciones al
Estudio de la Sociedad Paraguaya (1989); Mito y
duelo. El discurso de la “pre-transición” a la democracia en el Paraguay (1989);
y El joven dividido: la educación y los límites de la conciencia
cívica (1987). Publicó además interesantes trabajos en
el Suplemento Antropológico, revista del Centro de Estu-dios
Antropológicos de la Universidad Católica (CEADUC), entre los cuales
figuran Ser indio. Notas para una filosofía del hombre (1987);
y El “indio” y la sociedad: los prejuicios étnicos en el Paraguay (1983).
Benjamín Arditi (Asunción, Paraguay, 1956). Es el teórico políti-co paraguayo cuya obra ha
alcanzado mayor reconocimiento e inser-ción internacional. Obtuvo su B.A. en
Economía en la Universidad de Toronto (Canadá) y su M.A. en Teoría Política en
la Universidad de Essex, Inglaterra. Fue investigador a cargo del área de
análisis polí-tico y teoría social del Centro de Documentación y Estudios
(CDE), investigador visitante en el Instituto de Investigaciones Sociales de la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y profesor de la Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO, sede México). Sus principales
trabajos son La sociedad a pesar del Estado: movimientos
sociales y recuperación democrática en el Paraguay, con José
Carlos Rodríguez (1987); Discutir el socialismo (1989); Adiós
a Stroessner: La reconstrucción de la política en el Paraguay (1992); El
reverso de la diferencia: identidad y política (2000); ¿Democracia
post-liberal? El espacio político de las asociaciones (2005); y La
política en los bordes del liberalismo. Diferencia, populismo, revolución,
emanci-pación (2010).
José Carlos Rodríguez (Asunción, Paraguay,
1948). Es psicólogo clínico
y sociólogo, realizó sus estudios de grado en la Facultad de Psi-cología de la
Universidad Católica y luego en FLACSO (Buenos Aires). Fue uno de los
fundadores de Criterio y asiduo escritor en Alcor.
Luego de la ola represiva de los años ochenta, se exilió y estudió en la
Escue-la de Altos Estudios de París, donde obtuvo el DEA y el doctorado. Ha
realizado tareas técnicas y de asesoramiento al Ministerio de Hacien-da
(2009-2012). Publicó sobre temas de sociología, historia, política y
psicología. Es socio fundador del Banco Paraguayo de Datos (BPD) y del Centro
de Documentación y Estudios (CDE), su continuación. Colaboró con la edición de
la obra de Francisco Gaona, historiador del movimiento obrero paraguayo. Fue
coordinador de la investiga-ción de la Comisión de Verdad y Justicia (Anivé
Hagua Oiko, Informe Final), sobre la violación de Derechos Humanos durante
el régimen stronista y el periodo posterior. Es miembro de la Comisión Honora-ria
del Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores-PRONII. Docente en la
Universidad Católica de Asunción. Algunos de sus tra-bajos publicados son Manifiesto
democrático: una propuesta para el cambio, con Euclides Acevedo
(1986); La sociedad a pesar del Estado: movimientos sociales y
recuperación democrática en el Paraguay, con Benjamín Arditi
(1987); Del socialismo patético al socialismo factible: los
diez mandamientos socialistas (1989); La formación de una
nueva
572 .py
clase obrera: Paraguay 1989-90 (1991); Organizaciones campesinas de
mujeres, 1992-1993, con Myrian Cristina Dávalos (1994); Hacia el
for-talecimiento de la sociedad civil en el Paraguay: un desafío pendiente, con
Genoveva Ocampo (1999); y Jugadas, partidas y juegos de lenguaje: el
significado como modificación del contexto (2003).
Dionisio Borda (San Juan Bautista, Paraguay,
1949). Doctor (PhD) en
Economía, Universidad de Massachusetts-Amherst y Maestría (MA) por la
Universidad de Wisconsin-Madison. Fundador y Director del Centro de Análisis y
Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP). Creador y Director de la Maestría en
Política y Gestión Pública de la Universidad Católica-CADEP. Profesor de
Economía de la Universi-dad Nacional de Asunción y Profesor visitante en la
Universidad de Indiana por la Fulbright. Asesor del Congreso Nacional
(1994-1996). Ministro de Hacienda (2003-2005 y 2008-2012). Ha publicado varios
libros y capítulos de libros, así como artículos en el área económi-ca, entre
los cuales se encuentran Los límites de la transición: Econo-mía y
Estado en el Paraguay en los años noventa, con Fernando Masi (1998); Presupuesto,
política fiscal y desempeño económico en la tran-sición (2001); Pobreza,
Desigualdad y Política Social en América Latina (2001); Seguridad
social: experiencias de Argentina, Bolivia, Costa Rica y
Paraguay (2002); Economías regionales y desarrollo territorial,
con Fernando Masi (2002); y El trabajo precario: Mercado
laboral en Amé-rica Latina y Paraguay, con Fernando Masi (2003).
Line Bareiro (Asunción, Paraguay, 1950). Abogada por la Univer-sidad Nacional de Asunción.
Magister en Ciencia Política en la Uni-versidad de Heidelberg, República
Federal de Alemania. Formó parte del plantel de investigadores del Banco
Paraguayo de Datos (BPD) y su continuidad en el Centro de Documentación y
Estudios (CDE), institución de la que fue directora en dos períodos. Fue
asesora del Movimiento Intersindical de Trabajadores, de la Federación de
Traba-jadores Bancarios y de la Regional Campesina de la Cordillera. Formó
parte de Mujeres en Acción y del Equipo Mujer del Centro de Estudios
Humanitarios (CEDHU) y desde 1987 es una de las activistas de la Coordinación
de Mujeres del Paraguay (CMP). Ha sido docente en la Universidad Nacional de
Asunción y en universidades extranjeras. Es una referencia insoslayable en
trabajos académicos sobre género y fe-minismo. Entre sus principales libros
pueden citarse Las recién llega-das. Participación política de las
mujeres en América Latina (1996) y, en colaboración, Comunidad
Cultural y Democratización en el Paraguay (1989); El precio de
la paz (1991); Alquimistas. Documentos para otra historia
de las mujeres (1993); Hacia una cultura para la democracia en
el Paraguay (1994); y con Clyde Soto (editoras), Ciudadanas.
Una memoria inconstante (1997).
Roberto Luis Céspedes (Asunción, Paraguay,
1953). Es Licencia-do
en Sociología por la Universidad Católica de Asunción, Paraguay; M.A. en
Sociología por Rutgers, the State University of New Jersey, Estados Unidos y
M.Phil. en Latin American Studies por Glasgow University, Escocia, Reino Unido.
Docente de grado en el Instituto de Trabajo Social de la Universidad Nacional
de Asunción (ITS-UNA), y de posgrado en Ciencias Sociales en la Escuela de
Postgrado y Rela-ciones Internacionales (EPRI) del Rectorado de la UNA. Fue
investi-gador del Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos (CPES) y asiduo
escritor en la Revista Paraguaya de Sociología. Algunos de sus
trabajos son los siguientes: Niñez en el Paraguay. Resultados del CNPV
2002 (2005); Autoritarismo, sindicalismo y transición en
Paraguay (1986-1992) (2009); El Febrerismo. Del movimiento al
partido (1936-1951) (1983); Autoritarismo, sindicalismo y
transición (1986-1992); Nombres de pueblos indígenas en
la ciudad-texto-imaginario nacional (Calles de Asunción, Concepción y
Encarnación) (2011); Feriados e imaginarios nacionales (2013).
Forma parte del equipo de redacción principal (como integrante del
Programa de las Naciones Unidas para el Desa-rrollo, PNUD) de los siguientes
trabajos: Informe Nacional de Desarro-llo Humano: Equidad para el
Desarrollo. Paraguay 2008 (2008); e Infor-me Nacional de
Desarrollo Humano 2013. Trabajo Decente y Desarrollo Humano (2013).
Ramón Bruno Fogel (Asunción, Paraguay, 1942). Abogado. Más-ter en Sociología Política en la
Facultad de Ciencias Sociales (FLAC-SO), Santiago de Chile. PhD en Sociología,
Universidad de Kansas. Investigador del CERI (Centro de Estudios Rurales
Interdisciplina-rios). Activo militante de las Ligas Agrarias, trabajó para el
Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA). Formó parte del plantel
de los investigadores del Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos y asiduo
colaborador de la Revista Paraguaya de Estudios Sociológicos. Es
jurado del Premio Nacional de Ciencias y fue Miembro del Consejo Directivo del
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLAC-SO). Entre sus obras se
pueden mencionar Las tierras de Ñacunday, Marina Cue y
otras calamidades (2013); Cambio climático, alteraciones
ambientales y pobreza en el Paraguay (2012); Los pueblos
guaraníes en la formación de la nación paraguaya (2011); Sequía
en los humedales (2009); El gobierno de Lugo. El Parlamento y
los movimientos sociales (2009); La región de la triple frontera:
territorios de integración y desinte-gración (2008); Sistematización
de experiencias en desarrollo sostenible y pobreza campesina (2008); La
cuestión socioambiental en el Paraguay (2006); Enclave Sojero (2005); Políticas
sociales y exclusión social en el Paraguay (2002); y Tierra
y democracia. La lucha de los campesinos paraguayos (1988).
Guido Rodríguez Alcalá (Asunción, Paraguay,
1946). Abogado,
es-critor y crítico literario. Obtuvo una Maestría de International
Affairs en Ohio University y doctorado en Literatura de la Universidad
de Nuevo México. Estudió filosofía en la Universidad de Duisburg, Ale-mania.
Ganó el Premio Lidia Guanes (2008). Participó en varios con-gresos
internacionales de historia y literatura. Prolífico escritor y asiduo
colaborador en diversos periódicos locales y extranjeros, ha publicado obras en
casi todos los géneros. Su tema principal es el au-toritarismo, interesado en
develar los rasgos autoritarios de la cultura paraguaya, lo que se ha destacado
en sus obras a través de personajes históricos. En narrativa es autor de Caballero (novela,
1986); Cuentos Decentes (1987); Caballero
Rey (novela, 1988); Kurusu Cadete (cuentos, 1990;
Premio radio Curupayty), El Rector (novela, 1991; obra
galardo-nada con el premio El Lector, en narrativa, de ese año); Cuentos (1993)
y varios ensayos, entre ellos Literatura del Paraguay (1980);
y Justicia penal de Francia (1997).
Ticio Escobar (Asunción, Paraguay, 1947). Curador, teórico del arte y promotor
cultural. Doctor en Derecho por la Universidad Católica de Asunción y
Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Asunción. Se dedica al
estudio y promoción de diferentes manifesta-ciones de la cultura indígena,
popular y urbana. Es fundador y direc-tor del Museo de Arte Indígena del Centro
de Artes Visuales-Museo del Barro; miembro del Claustro del Doctorado en
Filosofía, Mención en Estética y Teoría del Arte de la Universidad de Chile.
Sus investi-gaciones en el campo de la antropología están estrechamente
relacio-nadas con sus trabajos como crítico de arte y curador de muestras de
arte paraguayo y latinoamericano, en exposiciones nacionales e internacionales,
así como en prestigiosas bienales latinoamericanas y europeas. Recibió
numerosas distinciones, tales como el Premio Bartolomé de Las Casas,
otorgado ex aequo por la Casa de América de Madrid, y el
Premio Príncipe Claus de Holanda para la Cultura y el Desarrollo. Asimismo,
recibió la Llave de la Ciudad de La Habana en reconocimiento a sus aportes a la
cultura latinoamericana y otras prestigiosas distinciones. Fue Ministro de la
Secretaría Nacional de Cultura del Paraguay durante el gobierno de Fernando
Lugo (2008-2012). Entre sus trabajos se pueden mencionar: Una
interpretación de las artes visuales en el Paraguay. Vol I y
II (1982 y 1984); El mito del
arte y el mito del pueblo. Cuestiones sobre Arte
Popular (1986); Misión:
Etnocidio, Comisión de Solidaridad con los pueblos indígenas (1988); La
belleza de los otros. Arte indígena del Paraguay (1993); La
maldición de Nemur. Acerca del arte, el mito y el ritual de los indígenas Ishir
del Gran Chaco paraguayo (1999); y El arte fuera de sí (2004).
Tomás Palau (Asunción, Paraguay, 1944-2012). Cursó una Maes-tría en Educación en la Universidad
de Nueva York, Buffalo. En San-tiago de Chile, en FLACSO, hizo la maestría en
Sociología y trabajó en la reforma agraria del Gobierno de Salvador Allende,
con Jacques Chonchol y Hugo Zemelman. Fue fundador de varias ONGs en el país:
Banco Paraguayo de Datos (BPD), Programa de Ayuda Cristiana, Pro-grama Rural
del Comité de Iglesias, BASE-ISEC. Fue profesor en la Facultad de Filosofía de
la UNA y de la UCA, así como de la Univer-sidad de Formosa (Argentina) y del
Instituto Superior de Arte (ISA), además de consultor de varias agencias del
sistema de Naciones Uni-das. Publicó numerosos trabajos en torno a la soberanía
alimenta-ria, la reforma agraria, el impacto del neoliberalismo en la economía
campesina y la crisis del modelo, entre los cuales figuran El cultivo
del algodón y la soja en el Paraguay y sus derivaciones sociales
(Estudios e informes de la CEPAL) (1986); Los campesinos, el
Estado y las empresas en la frontera agrícola (1987); Una
contribución preliminar para el estu-dio de la frontera en el Paraguay y su
impacto socio-económico (1989); Modificación de patrones
migratorios y movilidad transfronteriza en el Paraguay (1993); La
agricultura paraguaya al promediar los años no-venta: situación, conflictos y
perspectivas (1996); Capitalismo agrario y expulsión
campesina: avance del monocultivo de soja transgénica en el Paraguay (2004); Los
refugiados del modelo agroexportador: impactos del monocultivo de soja en las
comunidades campesinas paraguayas (2007); y Agrocombustibles:
el negocio agrario, con Guillermo Ortega y Javiera Rulli (2008).
Bartomeu Melià (Porreres, España, 1932). Es un sacerdote jesuita, lingüista y
antropólogo español. Desde 1954 vive y trabaja en Para-guay. Inició sus
estudios de la lengua y cultura guaraní teniendo al padre Antonio Guasch como
su primer profesor. Doctor en Ciencias Religiosas por la Universidad de
Estrasburgo (1969). Fue profesor de etnología y de cultura guaraní en la
Universidad Católica de Asunción, y presidente del Centro de Estudios
Antropológicos de esa misma uni-versidad. Director de las revistas Suplemento
Antropológico y de Estu-dios Paraguayos hasta 1976,
cuando fue obligado a salir del país luego de repudiar públicamente
la masacre sistemática de los Aché-Guayaki. En Brasil desde 1977,
alternó investigaciones científicas con un trabajo de
indigenista, primeramente entre los Enawene-nawé de Mato
Grosso do Sul. En Paraguay alternó sus trabajos de campo entre los guaraníes
con investigaciones en etno-historia y en etno-lingüística. Reeditó la obra
lingüística de Antonio Ruiz de Montoya (1639-40), así como la de León Cadogan,
de quién fue discípulo y colaborador. Recibió el premio Nacional de Ciencia en
el año 2004. Entre sus obras se cuentan El Guaraní conquistado y
reducido: ensayos de etnohistoria (1986); Una nación, dos
culturas (1997); El Paraguay inventado (1997); El
don, la venganza y otras formas de economía guaraní (2004); y Pasa-do,
presente y futuro de la lengua guaraní (2010).
Milda Rivarola (Asunción, Paraguay, 1955). Socióloga por la Uni-versidad Católica de Asunción,
con una especialización en Cambio y Transformación Social en el ISDIBER
(Universidad Complutense) y un D.E.A. en Historia y Civilización en la Escuela
de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París. Ejerció la docencia en
la UNA y en la UCA. Durante su juventud hizo activa militancia estudiantil de
oposición al régimen stronista, integrando el Movimiento Indepen-diente (M.I.)
en la década de 1970. Publicó numerosos trabajos sobre historia social y
política del Paraguay. Fue columnista política del dia-rio Última Hora de
Asunción. Es miembro de número de la Academia Paraguaya de la Historia. Algunos
de sus trabajos son La polemica francesa sobre la Guerra
grande: Elisée Reclus: La guerra del Paraguay, Laurent-Cochelet:
Correspondencia consular (1988); Obreros, utopías &
revoluciones: formación de las clases trabajadoras en el Paraguay libe-ral,
1870-1931 (1993); Vagos, pobres y soldados: la domesticación
es-tatal del trabajo en el Paraguay del siglo XIX (1994); Marzo
Paraguayo: una lección de democracia (2001); y Letras de
sangre: diarios inéditos de la contrainsurgencia y la guerrilla (Paraguay,
1960) (2012).
Sobre
los antologistas
Dalila Sosa Marín. Es Licenciada en Psicología Comunitaria por la Facultad
de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción, con amplia experiencia en
diversos programas de gestión pública. Actual-mente se desempeña como
investigadora asistente en el Área de Desa-rrollo Territorial del Instituto de
Desarrollo del Paraguay.
Charles Quevedo Cabrera. Es Magíster en Ciencias Sociales con mención
en Desarrollo Social e Investigación, Facultad Latinoame-ricana de Ciencias
Sociales (FLACSO) Sede Paraguay, y especialista en Ciencias Sociales con
mención en Desarrollo Social por la mis-ma facultad.
Se desempeña como docente en la Facultad de
Filosofía de la Uni-versidad Nacional de Asunción (UNA).
Lorena Soler. Es Doctora de la Universidad de Buenos Aires en
Cien-cias Sociales, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires,
y Magíster de la Universidad de Buenos Aires en Investigación en Ciencias
Sociales, Facultad de Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Es
Investigadora Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas.
Antología del pensamiento crítico paraguayo
contemporáneo
Rodolfo José Elías Acosta. Licenciado en Psicología (Universidad Católica
de Asunción) y Master en Psicología social (Universidad de Guelph, Canadá).
Realizó trabajos de investigación como integran-te del Centro Paraguayo de
Estudios Sociológicos (CPES), coordinó proyectos sociales para UNICEF Paraguay,
tuvo a su cargo diversas investigaciones y evaluaciones para el Ministerio de
Educación y Cultura de Paraguay y para otros organismos como especialista
aso-ciado a la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). Actual-mente es
coordinador del área de educación del Instituto Desarrollo (Asunción).

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