© Libro N° 14065. Principios De
Economía Política, Vol. 1. Roscher,
Wilhelm. Emancipación. Julio 19 de 2025
Título Original: © Principios De Economía Política,
Vol. 1. Wilhelm Roscher
Versión Original: © Principios De Economía Política, Vol. 1. Wilhelm Roscher
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PRINCIPIOS DE ECONOMÍA
POLÍTICA, VOL. 1
Wilhelm Roscher
Principios De
Economía Política, Vol. 1
Wilhelm Roscher
Título: Principios De Economía Política,
Vol. 1
Autor: Wilhelm Roscher
Colaborador: L. Wolowski
Traductor: John J. Lalor
Fecha de lanzamiento: 4 de enero de
2009 [Libro electrónico n.° 27698]
Idioma: Inglés
Principios
de la economía política
Por
William
Roscher,
Profesor
de Economía Política en la Universidad de Leipzig,
Miembro
correspondiente del Instituto de Francia,
Consejero
Privado de Su Majestad,
El
rey de Sajonia.
De
la decimotercera edición alemana (1877).
Con
capítulos adicionales proporcionados por el autor,
Para
esta primera edición en inglés y americano,
Sobre
el papel moneda y el comercio internacional,
Y
el sistema de protección;
Y
un ensayo preliminar
Sobre
el método histórico en la economía política
(Del
francés)
Por
L.
Wolowski
El
Todo Traducido Por
John
J. Lalor, AM
Volumen
I.
Nueva
York:
Henry
Holt & Cía.
1878
Contenido
·
Prefacio
del autor. (1ª edición).
·
De
los prefacios del autor. (2.ª a 11.ª edición).
·
Capítulo
I. Ideas fundamentales.
·
Sección
I. Bienes—Necesidades.
·
Sección
II. Bienes.—Bienes económicos.
·
Sección
III. Bienes.—Las tres clases de bienes.
·
Sección
IV. Del Valor.—Valor en Uso.
·
Sección
V. Valor.—Valor en el Cambio.
·
Sección
VI. Valor.—Supuesta contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio.
·
Sección
VII. Recursos o medios (Vermögen).
·
Sección
VIII. Valoración de los Recursos.
·
Sección
X. Riqueza.—Señales de riqueza nacional.
·
Sección
XII. Economía.—Grados de Economía.
·
Sección
XIII. Economía Política.—El organismo económico.
·
Sección
XIV. Origen de la economía de una nación.
·
Sección
XV. Enfermedades del organismo social.
·
Capítulo
II. Posición de la Economía Política en el Círculo de las Ciencias Afines.
·
Sección
XVI. Economía Política o Nacional.
·
Sección
XVIII. Ciencias relativas a la vida nacional.—Estadística.
·
Sección
XIX. Economía privada—Ciencia cameralística.
·
Sección
XX. Economía privada. (Continuación.)
·
Sección
XXI. De qué trata la economía política.
·
Capítulo
III. Los métodos de la economía política.
·
Sección
XXII. Métodos anteriores.
·
Sección
XXIII. El método idealista.
·
Sección
XXIV. El método idealista. (Continuación.)
·
Sección
XXV. El método idealista. (Continuación.)
·
Sección
XXVI. El método histórico: anatomía y fisiología de la economía pública.
·
Sección
XXVII. Ventajas del método histórico o fisiológico.
·
Sección
XXVIII. Ventajas del método histórico. (Continuación.)
·
Sección
XXIX. El carácter práctico del método histórico en la economía política.
·
Libro
I. De la producción de bienes.
·
Capítulo
I. Factores de producción.
·
Sección
XXX. Significado de Producción.
·
Sección
XXXI. Los factores de producción.—Naturaleza externa.
·
Sección
XXXII. Naturaleza externa.—El mar.—El clima.
·
Sección
XXXIII. Naturaleza externa.—Dones de la naturaleza con valor en cambio.
·
Sección
XXXIV. Naturaleza externa. (Continuación.)
·
Sección
XXXV. Naturaleza externa.—Elementos de la productividad agrícola.
·
Sección
XXXVI. Naturaleza externa.—Divisiones adicionales de los dones de la
naturaleza.
·
Sección
XXXVII. Naturaleza externa.—El carácter geográfico de un país.
·
Sección
XXXVIII. Del Trabajo.—Divisiones del Trabajo.
·
Sección
XXXIX. Trabajo.—Gusto por el trabajo.—Salario a destajo.
·
Sección
XL. Trabajo.—La fuerza de trabajo de los individuos.
·
Sección
XLI. Trabajo.—Efecto de la estima en que se le tiene.
·
Sección
XLII. Del Capital.—Las clases de bienes que componen el capital de una nación.
·
Sección
XLIII. Capital.—Capital productivo.
·
Sección
XLIV. Capital.—Capital fijo y capital circulante.
·
Sección
XLV. El capital.—Cómo se origina.
·
Capítulo
II. Cooperación de los factores.
·
Sección
XLVI. La cooperación productiva de los tres factores.
·
Sección
XLVIII. Historia crítica de la idea de productividad.
·
Sección
XLIX. Historia crítica de la idea de productividad.—La doctrina de los
fisiócrates.
·
Sección
L. El mismo tema continúa.
·
Sección
LI. El mismo tema continúa.
·
Sección
LII. Idea de Productividad.
·
Sección
LIII. El mismo tema continúa.
·
Sección
LIV. Importancia de una debida proporción en las diferentes ramas de la
productividad.
·
Sección
LV. El Grado de Productividad.
·
Capítulo
III. La organización del trabajo.
·
Sección
LVI. Desarrollo de la división del trabajo.
·
Sección
LVII. Desarrollo de la división del trabajo.—Su extensión en diferentes
períodos.
·
Sección
LVIII. Ventajas de la división del trabajo.
·
Sección
LIX. Condiciones de la división del trabajo.
·
Sección
LX. Influencia de la extensión del mercado en la división del trabajo.
·
Sección
LXI. La división del trabajo: medios para aumentarla.
·
Sección
LXII. El reverso o lado oscuro de la división del trabajo.
·
Sección
LXIII. El lado oscuro de la división del trabajo.—Sus ganancias y pérdidas.
·
Sección
LXIV. La cooperación del trabajo.
·
Sección
LXV. Del principio de estabilidad o de continuidad del trabajo.
·
Sección
LXVI. Ventaja de las Grandes Empresas.
·
Capítulo
IV. Libertad y esclavitud.
·
Sección
LXVII. El origen de la esclavitud.
·
Sección
LXVIII. El mismo tema continúa.
·
Sección
LXIX. Origen de la esclavitud.—Falta de libertad.
·
Sección
LXXI. Desventajas de la esclavitud.
·
Sección
LXXII. Efecto de un avance en la civilización sobre la esclavitud.
·
Sección
LXXIII. El mismo tema continuó.
·
Sección
LXXIV. El mismo tema continúa.
·
Sección
LXXV. El mismo tema continúa.
·
Sección
LXXVI. (Apéndice al Capítulo IV.) Del Sistema de Servicio Doméstico.
·
Capítulo
V. Comunidad de bienes y propiedad privada. Capital—Propiedad.
·
Sección
LXXVII. Capital.—Importancia de la propiedad privada.
·
Sección
LXXVIII. Socialismo y comunismo.
·
Sección
LXXIX. Socialismo y comunismo. (Continuación.)
·
Sección
LXXX. Socialismo y comunismo. (Continuación.)
·
Sección
LXXXI. Comunidad de bienes.
·
Sección
LXXXII. La organización del trabajo.
·
Sección
LXXXIII. La organización del trabajo. (Continuación.)
·
Sección
LXXXIV. La Organización del Trabajo. (Continuación.)
·
Sección
LXXXV. Del derecho de herencia.
·
Sección
LXXXVI. Utilidad económica del derecho de herencia.
·
Sección
LXXXVII. Propiedad Inmobiliaria.
·
Sección
LXXXVIII. Bienes Raíces. (Continuación.)
·
Sección
LXXXIX. Crédito en general.
·
Sección
XC. Crédito—Efectos del Crédito.
·
Sección
XCI. Leyes del Deudor.
·
Sección
XCII. Historia de las leyes de crédito.
·
Sección
XCIII. Medios para fomentar el crédito.
·
Sección
XCIV. Cartas de respiro (moratorios especiales).
·
Libro
II. La circulación de mercancías.
·
Capítulo
I. Circulación en General.
·
Sección
XCV. Significado de la circulación de mercancías.
·
Sección
XCVI. Rapidez de circulación.
·
Sección
XCVII. Libertad de Competencia.
·
Sección
XCVIII. Cómo se pagan los bienes.—La renta de los bienes.
·
Sección
XCIX. Libertad de Competencia y Comercio Internacional.
·
Sección
C. Precios en General.
·
Sección
CI. Efecto de la lucha de intereses opuestos sobre el precio.
·
Sección
CIII. Demanda.—Bienes Indispensables.
·
Sección
CIV. Influencia de la solvencia del comprador en los precios.
·
Sección
CVI. El costo de producción.
·
Sección
CVII. Equilibrio de precios.
·
Sección
CVIII. Efecto de un aumento de precio muy superior al costo.
·
Sección
CIX. Efecto de una disminución del precio por debajo del costo.
·
Capítulo
CX. Diferentes costos de producción de los mismos bienes.
·
Sección
CXI. Costos de producción diferentes para los mismos bienes. (Continuación)
·
Sección
CXIII. Excepciones. (Continuación.)
·
Sección
CXIV. Precios fijados por el Gobierno.
·
Sección
CXV. Influencia de la creciente civilización en los precios.
·
Capítulo
III. El dinero en general.
·
Sección
CXVI. Instrumento de cambio. Medida de valor. Trueque.
·
Sección
CXVII. Efecto de la introducción del dinero.
·
Sección
CXVIII. Las diferentes clases de dinero.
·
Sección
CXIX. Los metales como dinero.
·
Sección
CXX. Dinero—Los metales preciosos.
·
Sección
CXXI. Valor de uso y valor de cambio del dinero.
·
Sección
CXXII. Valor a cambio de dinero.
·
Sección
CXXIII. La cantidad de dinero que necesita una nación.
·
Sección
CXXIV. La cantidad de dinero que necesita una nación. (Continuación.)
·
Sección
CXXV. Uniformidad del valor en el cambio de los metales preciosos.
·
Sección
CXXVI. Uniformidad del valor de cambio de los metales preciosos.
(Continuación.)
·
Capítulo
IV. Historia de los Precios.
·
Sección
CXXVII. Medida de precios,—Medida constante.
·
Sección
CXXVIII. Valor de cambio estimado en mano de obra.
·
Sección
CXXIX. Los metales preciosos, la mejor medida de los precios.
·
Sección
CXXX. Historia de los precios de las principales necesidades de la vida.
·
Sección
CXXXI. Historia de los precios de las principales necesidades de la vida.
(Continuación.)
·
Sección
CXXXII. Historia de los precios de las principales necesidades vitales.
(Continuación.)
·
Sección
CXXXIII. Historia de los precios de las principales necesidades vitales.
(Continuación.)
·
Sección
CXXXIV. Historia de los precios de las principales necesidades de la vida.
(Continuación.)
·
Sección
CXXXVII. Revolución de precios al comienzo de la historia moderna.
·
Sección
CXXXVIII. Revolución de precios.—Influencia del uso no monetario del oro y la
plata.
·
Sección
CXXXIX. Historia de los precios.—Descubrimientos californianos y australianos.
·
Sección
CXL. Revolución de precios.—Su influencia en los recursos nacionales.
·
Sección
CXLI. Efecto de un aumento en el precio de los metales preciosos.
·
Sección
CXLII. El precio del oro comparado con el de la plata.
·
Sección
CXLIII. El precio del oro comparado con el de la plata. (Continuación.)
·
Sección
I. Papel Moneda y Papel-Dinero.
·
Sección
II. Ventajas y desventajas del papel moneda.
·
Sección
III. Clases de Redención.
·
Sección
IV. Circulación Obligatoria.
·
Sección
V. Reanudación de los pagos en especie.
·
Sección
VI. El papel moneda: ¿una maldición o una bendición?
[pág.
iii]
Dedicación.
A
WILLIAM H. GAYLORD, Esq .,
ASESOR DE DERECHO ,
DE CLEVELAND, OHIO,
A CUYO CUIDADO FRATERNO SE DEBE EN GRAN PARTE EL QUE VIVÍ PARA
TRADUCIRLOS,
ESTOS VOLÚMENES
ESTÁN INSCRITOS CON CARIÑO.
[pág.
v]
Prefacio del traductor.
Nuestra
literatura es abundante en obras sobre los principios de la Economía Política.
Sin embargo, según la información del traductor, no existe ninguna que trate
esta ciencia según el método histórico. Por lo tanto, podemos aventurarnos a
expresar la esperanza de que esta traducción ocupe un lugar hasta ahora
desocupado en las literaturas de Inglaterra y América, y lo ocupe de forma aún
más eficiente y aceptable, dado que el profesor Roscher es el fundador y aún líder de la escuela
histórica de la Economía Política. Si esta fuera la única recomendación de
nuestro proyecto, no sería inútil. Pero un vistazo al libro del profesor Roscher convencerá
incluso al lector más apresurado de que sus páginas fascinan por su interés y
son ricas en tesoros de erudición que no deberían permanecer inaccesibles para
el estudiante de inglés por estar encerrado en una lengua extranjera.
La
presente traducción ha recibido, en su totalidad, la revisión del autor, y si
aún quedan imperfecciones en la traducción de su pensamiento al inglés, la
culpa ciertamente no es suya, pues su revisión ha sido minuciosa.
Los
tres apéndices han sido proporcionados por el profesor Roscher expresamente para esta
edición. Dado que están destinados a formar parte de la obra sobre la Economía
Política de la Industria y el Comercio, en la que se encuentra actualmente
involucrado, autoriza [pág. vi]Su publicación en inglés, únicamente por
los editores de esta edición de sus principios, y únicamente con el propósito
de añadirlos a la presente traducción. Desea especialmente que su publicación
en su forma actual no interfiera en modo alguno con sus derechos sobre su
próximo volumen, y que no se traduzcan a ningún idioma ni se vuelvan a traducir
al alemán.
El
ensayo del Sr. Wolowski sobre
el método histórico en Economía Política no forma parte del libro del Profesor Roscher , y ni él ni
su autor, sino solo el traductor, son responsables de su aparición aquí. En él,
el lector encontrará una breve reseña de la vida del Profesor Roscher , resumida hasta la fecha
de su redacción. El traductor tiene poco que añadir a dicha reseña; toda la
información que posee, además de la que contiene, se resume en las siguientes
líneas de una carta que recibió del autor en respuesta a una solicitud de que
proporcionara los datos biográficos que no se encuentran en el ensayo de Wolowski : «Quizás se
podría decir... que he rechazado repetidamente las llamadas a las Universidades
de Múnich, Viena y Berlín, pero que nunca me he arrepentido de haber
permanecido en Leipzig».
Los
agradecimientos del traductor se deben, en primer lugar, al eminente autor
mismo, por la revisión de la prueba de placa de toda la obra, y luego al
profesor William F. Allen ,
de la Universidad de Wisconsin, por su interés en el progreso de la empresa y
por muchas sugerencias valiosas; también al profesor WG Sumner , de Yale College, por
algunos excelentes consejos sobre la mejor traducción de ciertas palabras en el
Apéndice sobre papel moneda.
[pág.
vii]
Prefacio del autor. (1ª edición).
Mi System
der Volkswirthschaft se
completará, Deo volente ,
en cuatro partes. La segunda contendrá la economía nacional de la agricultura y
las ramas conexas de la producción natural; la tercera, la economía nacional de
la industria y el comercio; y la cuarta, la economía del estado y de la comuna
( Gemeindehaushalt ).
Si bien la obra completa constituirá un todo sistemático, cada parte tendrá su
propio título, constituirá un tratado independiente y se venderá por separado.
Del
peculiar método que he seguido en esta obra, y que rendirá aún mejores frutos
en los volúmenes subsiguientes, he dado una explicación suficiente en los
§§ 26 y
siguientes, y ahora solo deseo decir algunas palabras sobre la relación de las
notas con el texto. El lector atento se convencerá pronto de que, de las muchas
citas de esta obra, ninguna se ha hecho con un vano afán de erudición. Parte de
ellas sirve como prueba necesaria de hechos sorprendentes aducidos, pero poco
conocidos. Otra parte pretende incitar al lector al estudio de ciertas
cuestiones estrechamente relacionadas con las tratadas en el texto, pero que,
sin embargo, son diferentes. El objetivo de la mayor parte es proporcionar
información sobre la historia de los principios económicos. En la medida en que
las fuentes a mi disposición lo han permitido, me he esforzado por señalar los
primeros gérmenes, las principales etapas de desarrollo, los contrastes y,
finalmente, lo que se ha logrado hasta ahora en la ciencia económica. Esto a
veces requirió una pequeña victoria sobre mí mismo, ya que era consciente de
haber... [pág. viii]Descubrí ciertos hechos por mi cuenta, cuando
posteriormente descubrí que algún escritor antiguo y olvidado hacía tiempo
había hecho observaciones similares. Por lo tanto, esta obra puede servir tanto
de manual como de historia de la literatura de Economía Política. Los
estudiosos de esta ciencia saben lo poco que los escritores han hecho hasta
ahora en este sentido. Por lo tanto, agradeceré mucho a quienes trabajan en
este campo si, ya sea por escrito o por la prensa, me informan cuando he
cometido un error al atribuir una verdad o un error de importancia científica a
su primer autor.
Ya
he dicho en el título que esta obra está destinada no sólo a los eruditos, sino
a todos los hombres educados, a los hombres de espíritu serio, que desean la
verdad y la ciencia por sí mismas. Como aquel historiador antiguo, a quien
honro sobre todos los demás como mi maestro, deseo que mi trabajo sea útil a
aquellos, ὅσοι βουλήσοντοι τῶν τε γενομένων τὸ σαφὲς σκοπεῖν καὶ τῶν μελλόντων
ποτὲ αὖθις κατὰ τὸ ἀνθρώπειον τοιούτων καὶ παραπλησίων ἔσεσθαι. ( Tucídides I,
22.)
Universidad de Leipzig ,
finales de mayo de 1854.
[pág.
ix]
De los prefacios del autor. (2.ª a 11.ª edición).
El
prefacio de la segunda edición está fechado en octubre de 1856; el de la
tercera, en abril de 1858; el de la cuarta, en abril de 1861; el de la quinta,
en noviembre de 1863; el de la sexta, en noviembre de 1865; el de la séptima,
en noviembre de 1868; el de la octava, en agosto de 1869; el de la novena, en
marzo de 1871; el de la décima, en mayo de 1873; y el de la undécima (sin
modificaciones), en diciembre de 1873. Cada edición sucesiva se ha anunciado,
prácticamente, como una edición mejorada y ampliada; y la décima edición
contiene ciento cincuenta y seis páginas más que la primera, aunque en algunos
lugares se han realizado numerosas abreviaturas con respecto a ediciones
anteriores. Hay muchos aspectos de algunas de las ediciones anteriores que la crítica
me indujo, hace tiempo, a cambiar. He considerado mi deber hacia el público,
que brindó a mi obra una acogida tan cálida y amistosa, tener en cuenta, en
cada edición sucesiva, no solo mis propias investigaciones, sino también las de
todos los demás con los que llegué a familiarizarme, y, siempre que ha sido
posible, corregir las ilustraciones estadísticas con las fuentes más recientes.
En cada edición posterior, he enriquecido especialmente varios párrafos con
aspectos históricos, etnográficos y estadísticos puntuales. Plutarco tiene toda
la razón, a pesar de que los pedantes puedan insultarlo por ello, cuando dice
que las nimiedades, una palabra e incluso una broma, a menudo son más
importantes, al caracterizar la vida de un pueblo o una época, que las grandes
batallas que costaron la vida a decenas de miles de hombres.
He
cambiado los títulos “La ley de la renta de Ricardo” y “La ley
maltusiana del aumento de la población”, que [pág. x]Anteriormente
usé "para otros". Pero no quiero que se me malinterprete. Considero
que es un deber de reverencia para los eruditos —como se ha practicado desde
hace mucho tiempo en el caso de las ciencias naturales—, en las ciencias de la
mente humana, llamar a las leyes naturales, métodos, etc., en cuyo conocimiento
algún investigador en particular ha obtenido méritos muy distinguidos, con el
nombre de dicho investigador. En el caso de la ley de la renta, la aplicación
de esta regla le daría a Ricardo este honor tan indudablemente como a Malthus
en el del crecimiento de la población, a pesar de que Ricardo no haya logrado
encontrar la mejor forma posible de abstracción, y aunque incluso Malthus, en
una reacción unilateral contra una unilateralidad anterior aún mayor, no
siempre pudo evitar errores positivos y negativos. La ciencia reciente se ha
esforzado, con éxito, por examinar los hechos que contradicen las formulaciones
ricardiana y maltusiana de las leyes en cuestión, y por ampliar las fórmulas en
consecuencia. Yo mismo he contribuido a esto en la medida de mis posibilidades.
Pero, mientras tanto, no es difícil comprender que, mientras se lleva a cabo
este proceso de elucidación, la mayoría de los estudiosos, especialmente
aquellos con una mentalidad más dogmática que histórica, deberían estimar a
estos dos líderes más por sus pocos defectos que por los grandes méritos de sus
descubrimientos. Por lo tanto, si ahora elimino el título de «ley
maltusiana», es para evitar que los lectores apresurados se hagan la
ilusión de que los §§ 242 y siguientes enseñan lo que la mayoría entiende por
maltusianismo; cuando tal vez podrían omitir esa parte por completo. Por mi
parte, no dudo de que, cuando el proceso de elucidación antes mencionado haya
concluido por completo, el futuro otorgará a Ricardo y a Malthus su pleno
reconocimiento como economistas políticos y descubridores de primer orden .
[pág.
001]
Ensayo preliminar.
Ensayo
preliminar sobre la aplicación del método histórico al estudio de la economía
política,
por M. Wolowski,
miembro del Instituto de Francia.
" Nunquam
bene percipiemus usu necessarium nisi et noverimus jus illud usu non
necessarium. Nexum est et colligatum alterum alteri. Nulli sunt servi nobis,
cur quæstiones de servis vexamus? Digna imperito vox. " —Cuj . ,
vii, en título. Excavar. De Justitia et Jure. 2
“ Homo
sum, humani nihil a me alienum puto. ” — Terence. 3
“ Ista
præpotens, ac gloriosa philosophia. ” — Cicerón ,
De Or., I, 43. 4
I.
No
es un deseo insensato de hacer un vano despliegue de citas lo que nos lleva, al
comienzo de este ensayo, que pretende señalar los resultados de la aplicación
de un nuevo método al estudio de la Economía Política, a invocar la autoridad
de un poeta y moralista, de un jurisconsulto y de un filósofo. El autor
encuentra en las palabras recién citadas la más alta expresión del
pensamiento. [pág. 002]que dicta estas líneas, a saber: que las
investigaciones imparciales de la historia, un sentimiento profundo de las
necesidades morales y materiales del hombre y la luz de la filosofía, deben
regir la enseñanza de una ciencia cuyo objeto es mostrarnos cómo las cosas que
están destinadas a satisfacer nuestras necesidades se producen y se distribuyen
entre las distintas clases o individuos de una nación; cómo se intercambian
unas contra otras y cómo se consumen.
El
siglo XIX nos ofrece algo más que el admirable espectáculo del rápido y fértil
desarrollo de la energía mecánica y las fuerzas naturales. Este es solo uno de
los aspectos, incluso podríamos decir solo uno de los resultados, del progreso
general de la mente humana. La renovación de los estudios morales e
intelectuales ha servido de punto de partida para la aplicación a los hechos de
las conquistas del pensamiento. La ciencia ha precedido al arte.
En
el primer rango de los estudios mencionados se encuentra la filosofía ,
que nos inicia en el conocimiento de la naturaleza humana, fundamento del
derecho, y que traduce sus legítimas aspiraciones a un lenguaje
comprensible; la historia , esa profetisa de
la verdad, como la llamó uno de los antiguos, que nos presenta la fiel imagen
de tiempos pasados, no simplemente reuniendo un esqueleto de hechos, sino
siguiendo el progreso vivo de los acontecimientos y el desarrollo orgánico de
las instituciones. Tal ha sido, al menos, la labor de aquellas nobles mentes
que han consagrado sus energías a la resurrección de épocas pasadas, en su
verdadera forma, y tal es el servicio que les debemos por el éxito de la
reforma de los estudios históricos, que emprendieron con tan excepcional
devoción y tan maravillosa sagacidad.
Esta
renovación de la historia ha ejercido una influencia sumamente fecunda en el
ámbito de la filosofía, en el del derecho, y creemos que resultará igualmente
útil en el de la economía política. Nos ha servido para prevenirnos de ser
fácilmente engañados por nociones a
priori .
[pág.
003]
Al
exhibirnos los resultados de la vida y la experiencia de siglos, al enseñarnos
por qué pasos ha ascendido la mente humana a su eminencia actual y cuál ha sido
la educación que se le dio en el pasado, nos ha permitido ascender de los
fenómenos a los principios que los presiden; de los hechos a la ley; y ha
sustituido las suposiciones arbitrarias y los sistemas puramente ideales por la
lenta pero progresiva labor del genio de las naciones. No es que haga oídos
sordos a las exaltadas lecciones de la filosofía, ni que niegue las relaciones
eternas que resultan de la naturaleza de las cosas . Lejos de eso. Al
contrario, proporciona una base sólida a las investigaciones intelectuales y,
por así decirlo, una respuesta para todas las ciencias morales a esta frase de
Rœderer: «La política es un campo que hasta ahora solo se ha recorrido en
globo; es hora de poner pie en tierra firme».
La
historia, así entendida, no se limita a la mera descripción; también asume el
papel de juez. Si bien derriba mucho de lo que la pasión y la inexactitud han
generado, y así restaura el respeto por el pasado, no lo convierte en un
fetiche. Lo mira con valentía y lo cuestiona, en lugar de postrarse ante él y
venerarlo con la mirada baja. Así, al mostrarnos claramente los múltiples
vínculos que nos unen a ella, escapa de inmediato tanto a la precipitación de
la impaciencia como al cansancio de la rutina.
La
imparcialidad que inculca no es indiferencia; y no hay peligro de que la
justicia que imparte a las épocas pasadas degenere en un vano escepticismo o en
un optimismo conveniente.
El
estudio de la historia, así entendido, tiene otra ventaja: nos acostumbra a
esas investigaciones pacientes y desinteresadas, a esas labores prolongadas,
cuyo resultado positivo al principio se nos escapa por un tiempo, solo para
aparecer ante nuestros ojos, con mucha más brillantez, cuando una investigación
rigurosa lo ha descubierto. Nos libera de la letal restricción de la utilidad
inmediata.
No
hay nada más fatal para la ciencia que la impaciencia febril por los resultados
que sólo se obtienen en exceso en nuestra propia [pág. 004]días, y que
induce a la gente a correr tras aquel que tiene más prisa, y que conduce a
conclusiones apresuradas.
«La
investigación emprendida con un amor desinteresado por la ciencia», dice
el erudito Hugo, uno de los maestros de la escuela histórica del derecho en
Alemania, « esa
investigación que al principio no promete otra ventaja que la verdad y el
cultivo de la mente, es precisamente la que nos brinda las mayores recompensas.
¿No estaríamos rezagados, en todas las ciencias, si nos hubiéramos aferrado
únicamente a aquellos principios cuya utilidad en la práctica ya se conocía?
¿Acaso no cosechamos hoy, de muchos descubrimientos, ventajas que su autor
jamás soñó?»
Sin
duda, esta tendencia, a menos que otras exigencias la limiten, no está exenta
de peligro. Podemos dejarnos llevar por la atracción peculiar de estos nobles
estudios, refugiarnos en la antigüedad y caer en una especie de misticismo
histórico que termina en la afirmación de que todo lo que ha sido es
absolutamente cierto, y que, en lugar de limitarse a la explicación de
fenómenos transitorios, los reviste de toda la dignidad de principios. Nos
esforzaremos por evitar el peligro señalado por Mallebranche. «Los
eruditos estudian más para adquirir una grandeza quimérica en la imaginación de
otros hombres que para adquirir mayor amplitud y fortaleza mental ellos mismos.
Convierten sus cabezas en una especie de almacén donde acumulan, sin orden ni
discriminación, todo lo que tiene aspecto de erudición; es decir, todo lo que
puede parecer raro o extraordinario y despertar la admiración de los demás. Se
enorgullecen de reunir, en este museo arqueológico, antigüedades sin nada de
rico o sólido, y cuyo precio depende únicamente de la fantasía, el azar o la
pasión».
Una
ostentación de erudición puede oscurecer la verdad y sepultarla bajo su peso,
en lugar de sacarla a la luz. Al concentrar la mente en los vestigios
materiales del pasado, puede apartarla del movimiento intelectual del presente
y darnos una generación de eruditos, sin duda de gran mérito. [pág.
005]pero que se mueven como extraños entre sus contemporáneos.
Sin
sentido práctico y sin ideas elevadas, una persona puede ser, sin duda, un
erudito, pero no puede ser historiador. Como dice el proverbio, los árboles no
dejan ver el bosque. Para que este noble estudio dé su fruto más valioso; es
decir, para que nos proteja de fórmulas ambiciosas y quimeras
destructivas, debemos buscar otro camino.
“El
mundo”, dice Montaigne, “es incapaz de curarse a sí mismo. Es tan
impaciente con lo que lo agobia que solo piensa en cómo librarse de ello, sin
preguntarse a qué precio. Mil ejemplos nos muestran que, por lo general, se
cura a sí mismo a su propio costo. Deshacerse del mal presente no es cura, a
menos que haya una mejora general de la situación. El bien no sucede
inmediatamente al mal. Un mal, y otro peor, puede suceder a otro, como los
asesinos de César, que llevaron la república a tal extremo que tuvieron motivos
para arrepentirse de haberse entrometido en ella”. Tal es, con demasiada
frecuencia, la suerte de quienes, abandonados a su imaginación y sin consultar
el pasado, mezclan promesas de libertad con el despotismo de las utopías que
pretenden imponer a las naciones con el pretexto de otorgarles el derecho al
voto. Despreciando la obra de siglos, creen poder construir sobre un suelo
sacudido por la destrucción y desmoronado, hasta compararlo con arena movediza.
El
desprecio por el pasado se asocia con la pasión por la reforma. Los hombres
piensan en destruir aquello que solo debe transformarse. Condenan todo lo que
ha sido, incondicionalmente, y se lanzan hacia un nuevo futuro. El sufrimiento
sufrido irrita y perturba la mente. Derribar es tan fácil que se supone que
construir lo es también. De ahí surgen sistemas, como si el mundo fuera a
comenzar de nuevo. El orgullo de la libertad y de la acción humana se convierte
en el principio de la ciencia; y, como todos los nuevos principios, pretende un
dominio exclusivo y absoluto. El racionalismo gobierna; la filosofía
abstracta. [pág. 006]Ignora las tradiciones y las exigencias de la vida de
las naciones; y ahora encuentra en ella, como en la geometría, solo principios
y deducciones. El recuerdo de la opresión reciente nos lleva a actuar como
Tarquino, y a nivelar a las clases altas en lugar de elevar a las inferiores.
La libertad y la igualdad gobiernan entonces por su lado negativo, en lugar de
ejercer la influencia positiva y benéfica que deberían tener: desarrollar todas
las fuerzas al máximo, ennoblecer la mente, dar más elasticidad al alma y mayor
vigor al pensamiento, dar origen a esas formas variadas y a esa energía moral
que deberían acercarnos a la igualdad final en el seno de Dios. 6
Olvidamos
que nadie nace libre y que todos debemos esforzarnos por
serlo,
Feindlich ist des Mannes
Streben
Con responsabilidad de
mantenimiento
Geht der Wilde por la vida
Sin rastro ni esperanza,
—Schiller .
¡Y
hacerse digno de la libertad, mediante el ejercicio de la virtud varonil!
Porque la forma ha cambiado, creemos que hemos cambiado la naturaleza humana.
Es
fácil comprender por qué, donde prevalecen estas ideas, el estudio del pasado
debe ser descuidado y despreciado. Se hacen esfuerzos por evitarlo. ¿Por qué,
se pregunta, revivir recuerdos de opresión y miseria? El viejo mundo está
destrozado. Aniquilado. ¡Paz a sus cenizas! O bien, tras su destrucción, se
busca de nuevo; y, con el pretexto de erradicar los males que lo habitan, se
ataca la base eterna sobre la que se asienta la sociedad humana, las leyes no
hechas por el hombre, y que no le corresponde al hombre cambiar. El mundo se
convierte en un vasto laboratorio, donde se multiplican los experimentos más
temerarios, donde la humanidad no es más que arcilla en manos del alfarero, que
todo pretendido "pensador" puede moldear a su antojo,
dándole la falsa apariencia de independencia y de un ser emancipado.
[pág.
007]
Y,
en efecto, si la voluntad humana fuese todopoderosa, si los estados se
distinguen entre sí solo por sus fronteras, si todo puede cambiarse como el
escenario de una obra de teatro con un simple gesto de la varita mágica de un
sistema, si el hombre puede arbitrariamente dictar el derecho, si las naciones
pueden someterse a evoluciones como un regimiento de tropas; ¡qué campo
presentaría el mundo para intentar realizar los sueños más descabellados, y qué
tentación se presentaría para apoderarse, por la fuerza, del gobierno de los
asuntos humanos, para destruir los derechos de propiedad y los derechos del
capital, para satisfacer ardientes anhelos sin problemas y proporcionar los tan
codiciados medios de disfrute! Los Titanes han intentado escalar los cielos y
han caído en el materialismo más degradante. El dogmatismo puramente
especulativo se hunde en el materialismo.
Todo
ha cambiado, tanto los hombres como las cosas. Sin embargo, escuchamos el mismo
estilo de declamación de siempre. Hay quienes desean arar la tierra que la
revolución aplastó ayer; y creen que marchan por el camino del progreso. No ven
que han confundido su época y que los audaces intentos del pasado han adquirido
ahora un significado completamente opuesto. Sin detenerse a preguntar hacia
dónde se inclina el nuevo mundo, repiten las mismas palabras, juran in
verba magistri y emprenden el camino de
la destrucción, creyendo estar creando un mundo nuevo.
Nada
es más natural que estos excesos produzcan otros excesos, en dirección
contraria. Movidas por el odio o el miedo al absolutismo revolucionario, las
naciones buscan refugio en el absolutismo gubernamental, o retroceden hacia la
Edad Media, y consideran el vínculo mutuo de protección y dependencia de ese
período como el ideal y la realización de la verdadera libertad. La historia ya
no es el desarrollo orgánico de la vida social, y el hombre, como un soldado
que irreflexiva y caprichosamente ha ido más allá de su lugar de
aprovisionamiento, se ve obligado a desandar sus pasos. La reacción está
claramente definida. El pasado se opone al presente, no como un [pág.
008]lección que debe aprovecharse, sino como un modelo que debe aceptarse
apresuradamente; y los hombres se vuelven revolucionarios en una dirección
retrógrada.
Sin
embargo, la historia, estudiada rigurosamente, desconoce estas complacencias y
debilidades. No desciende a la apoteosis de un pasado irrecuperable. El
verdadero espíritu histórico consiste en discernir correctamente lo que
pertenece a cada época. Su objetivo no es, en absoluto, devolver la vida a los
muertos, sino explicar por qué y cómo vivieron. En armonía con una sana
filosofía, establece un límite a los caprichos de la voluntad arbitraria, más
allá del cual esta no puede ir. Nos llama incesantemente, desde las alturas de
la abstracción, a los hechos y las cosas positivas.
En
la creación de sistemas, solo una cosa solía olvidarse: los hombres, tratados
en ellos como cifras; pues el despotismo intelectual tiene esto en común con
toda autoridad despótica. La historia nos enseña que no podemos alcanzar nada
grande ni duradero si no es dirigiéndonos al alma. Si el alma decae, ya no
puede haber grandes pensamientos ni grandes acciones. La sociedad vive del
espíritu que la habita. Puede, por un instante, someterse al imperio de la
fuerza, pero, a la larga, solo escucha la voz de la justicia. Así se llevó a
cabo la mayor revolución que registra la historia: la del cristianismo. Se
dirigió solo al alma; pero al cambiar los corazones de los hombres, transformó
la sociedad por completo.
La
violenta lucha entre un dogmatismo imperioso y un intento torpe y erróneo de
retroceso se resuelve en una visión superior que permite la unión del
conservadurismo y el progreso. Los intentos violentos y los esfuerzos
temerarios amenazaban con menospreciar las más nobles enseñanzas de la
filosofía y hacerlas repulsivas para el hombre; y, por otro lado, un respeto
ciego a las instituciones consagradas por la historia amenazaba con sofocar
todo examen y toda libertad de juicio.
Pero
una doctrina más sana nos ha permitido comprender que [pág.
009]Continuamos la obra de generaciones anteriores; desarrollamos los gérmenes
que sembraron sucesivamente; perfeccionamos lo que solo habían esbozado y
desechamos lo que carece de fundamento en la condición social del hombre. Todo
está conectado; cada cosa está ligada a todas las demás; nada se repite. Las
esperanzas de una renovación repentina y total, basada en fórmulas absolutas,
se desvanecen ante el toque de este sólido estudio. Esto nos muestra cuán
firmes e inquebrantables son esas reformas que comenzaron apoderándose de las
mentes humanas, cuyo espíritu preciso había penetrado en las almas de naciones
enteras antes de manifestarse en hechos.
El
derecho y la economía forman parte de la vida de las naciones, al igual que el
idioma y las costumbres. El poder de la historia no contradice en absoluto la
supremacía de la razón.
II.
Estas
dos tendencias, la racionalista y la histórica, se encuentran enfrentadas en
todas partes. Lideran una guerra eterna, que se renueva en cada época, bajo
nuevos nombres y nuevas formas. Los hechos consumados y el pensamiento
renovador dividen el mundo entre ellas. A veces moderan su ritmo, y otras, lo
impulsan. Pero estas dos fuerzas, en lugar de comprometer los destinos de la
humanidad con su acción opuesta, los mantienen y equilibran, como los impulsos
contrarios dados por la mano del Gran Arquitecto han poblado el universo con
mundos que gravitan en el espacio.
Victor
Cousin, autoridad muy competente en la materia, ha afirmado que la historia de
la filosofía es la antorcha de la filosofía misma. Las notables obras que la
han enriquecido en este sentido son bien conocidas. La historia, por su parte,
se ve iluminada por la filosofía. Así, nos enseña a no despreciar los hechos,
pero al mismo tiempo a no ser esclavos de los precedentes. Hace justicia por
igual a los incrédulos y a los fanáticos, a los practicantes demasiado
flexibles y a los teóricos inflexibles.
[pág.
010]
Sin
duda, podemos decir con Henri Klimrath, quien, en conexión con algunos otros,
emprendió la obra de restauración del estudio histórico en su aplicación al
derecho francés, que hay un absoluto, verdadero, bello, bueno y justo, la ratio
recta summi Jovis , 7 la
razón suprema fundada en la naturaleza de las cosas. 8 Las
verdades eternas enseñadas por la filosofía constituyen la ley superior, una
ley que no data del día en que fue puesta por escrito, sino del día de su
nacimiento; y nació con la inteligencia divina misma. Qui non
tum denique incipit lex esse, cum scripta est, sed tum cum orta est. Orta autem
simul est cum mente divina. 9 Y Troplong
añade acertadamente: «Hay reglas anteriores a todas las leyes positivas.
No puedo admitir que la acción de la conciencia y la idea del derecho sean obra
del legislador. No es la ley la que creó la familia, la propiedad, la libertad,
la igualdad, la idea del bien y del mal. Puede, de hecho, organizar todo esto,
pero al hacerlo, solo trabaja sobre los cimientos que la naturaleza ha puesto,
y es perfecta a medida que se acerca a las leyes eternas e inmutables que el
Creador ha grabado en nuestros corazones. Lo que cambia no es la ley eterna,
cuya revelación llega al hombre incesantemente y por una acción necesaria, sino
la forma en que la humanidad la reviste, las instituciones que el hombre
construye sobre sus cimientos inmutables». 10
Creemos,
pues, en la ley de la naturaleza, y lamentamos que el señor Roscher no comparta
nuestra opinión, al menos que no exprese con suficiente claridad su fe en ella,
ni la aplique con la suficiente amplitud en la hermosa obra que nos complace
hacer accesible al público francés. 11 Creemos
en ella en su totalidad. [pág. 011]En sentido filosófico, y no simplemente
en el sentido jurídico que le atribuye Ulpiano. «No
confundamos», observa Portalis, «el orden físico de la naturaleza,
común a todos los seres animados, con la ley natural, peculiar del hombre.
Llamamos ley natural a los principios que rigen al hombre
considerado como ser moral, es decir, como un ser inteligente y libre,
destinado a vivir en sociedad con otros seres, inteligentes y libres como
él». 12 La
famosa división tripartita de Ulpiano: la ley natural, el derecho de gentes y
el derecho civil, prueba, por el significado que les atribuye, ya sea de un
malentendido o de la idea imperfecta que los estoicos habían concebido de la
esencia de la ley natural. En vano Cujas agotó todos los recursos de su noble
intelecto para explicarla. 13
[pág.
012]
Es
necesario distinguir entre la ley física y la ley ( droit ) de
los seres inteligentes. Sin duda, la existencia de los hombres, así como la de
los animales, está limitada por el tiempo. Ambos viven y mueren; pero el alma
escapa a las necesidades de la naturaleza material.
En
cuanto se plantea la cuestión del bien , la inteligencia
gobierna, la razón entra en juego y se recurre a la ciencia del bien y del mal
como guía. Por lo tanto, la ley natural de la especie humana
no es la ley física que obedecen todas las criaturas.
Era
necesario que insistiéramos en estos principios. Era necesario que
demostráramos que existe una ley independiente del derecho positivo y local,
una ley que no es la expresión de una voluntad arbitraria, sino una emanación
de la naturaleza de las cosas. 14
De
ahí los rasgos comunes que encontramos en todas partes y las formas variables
que desarrollan el derecho en armonía con las condiciones especiales de cada
sociedad civil.
Debemos
descender a las profundidades de la naturaleza humana para descubrir estas
leyes eternas y permanentes; y si el mero esfuerzo de la mente no las alcanza
directamente, podrían descubrirse en los fenómenos de la vida de las naciones.
La historia nos ofrece la contraprueba y confirmación de la doctrina
filosófica.
El
desarrollo de la sociedad no ofrece una expresión matemática de estas verdades
superiores. Les da una forma que se modifica incesantemente en la ley escrita.
Quien solo descubre en ellas una regla absoluta, considera los cambios como
evidencias de capricho y error. Solo comprende las revoluciones de las cosas
quien conoce su causa y la necesidad que las produce.
[pág.
013]
Solón
tenía razón cuando dio a los atenienses no las leyes más perfectas, sino las
mejores que podían soportar.
No
es en los intentos contemporáneos a la infancia de la sociedad, o casi, donde
debemos buscar la plena realización de los preceptos de la ley natural; pues
los principios obedecen a la regla establecida por Aristóteles. «La
naturaleza de cada cosa es precisamente aquello que constituye su fin; y cuando
cada ser ha alcanzado su pleno desarrollo, decimos que esa es su propia
naturaleza». 15
Las
ideas del derecho natural se purifican a medida que la sociedad se vuelve más
ilustrada y libre; pero la verdad solo aparece sucesivamente en las fases por
las que pasa. Nos permite captar un aspecto tras otro, pero no se entrega por
completo, en ningún momento, a las investigaciones del historiador o del
jurisconsulto.
La
historia y la filosofía se interpenetran y se complementan.
III.
Las
dos escuelas, la filosófica y la histórica, se han encontrado en nuestros días
en el ámbito del derecho. ¿Quién no recuerda la gran y noble contienda que se
libró, a principios de este siglo, entre dos descendientes de franceses que se
refugiaron en Alemania y que unieron en sus propias personas, de manera tan
maravillosa, las diferentes aptitudes del país de origen y de la tierra que los
vio nacer: entre Thibaut y Savigny?
Sería
difícil encontrar una cuestión científica de carácter superior, debatida por
campeones más dignos de arrojar luz sobre ella.
Había
aparecido el Código Napoleón .
Había, para usar la feliz expresión de Rossi, convertido en ley la revolución
social. [pág. 014]Producido por la destrucción del privilegio. Fue la
fórmula práctica que expresaba las conquistas realizadas.
La
filosofía del siglo XVIII ya había inspirado el Código Prusiano. Sin embargo,
fue sobre la cuestión de la codificación sobre la que se desarrolló esta
memorable controversia. Los dos principales contendientes, aunque se batían
valientemente, uno contra el otro, seguían teniéndose en alta estima, y en
medio de la melé, se desarrolló el profundo estudio del
derecho .
No
podemos detenernos mucho en este tema ni analizar los argumentos de
Thibaut 16 y
Savigny 17. Lo
que nos interesa ahora no es tanto la cuestión debatida, sino el movimiento
intelectual que dio origen. Savigny defendió el derecho antiguo, Thibaut lo
atacó. Numerosos y distinguidos jurisconsultos se posicionaron en uno y otro
bando. Surgió una nueva escuela que, con el mayor éxito, hizo que el derecho
arrojara luz sobre la historia y la historia sobre el derecho.
La
aplicación del método histórico al estudio del derecho produjo los resultados
más felices.
Sin
reconocerlo, los jefes de los partidos contendientes obedecían a un impulso
político. Savigny, por su nacimiento y sus gustos, se inclinó hacia el
conservadurismo; Thibaut, guiado por sus convicciones, hacia las filas
liberales. Sin embargo, la natural elevación de su genio los preservó de toda
exageración. El glorioso defensor de la tradición conservó un espíritu liberal,
y el ardiente defensor de la reforma no deseaba ninguna conmoción.
En
lo que concierne más directamente a la cuestión que ahora nos ocupa, Savigny,
al tiempo que mantenía que el derecho era algo contingente, humano, nacional, y
al tiempo que ponía de relieve el carácter práctico y elevado de sus sucesivos
desarrollos que introdujeron reformas y protegieron [pág. 015]Contra la
revolución —desarrollos que, no confiando en la letra de la ley escrita,
alimentan sin cesar la ley viva y creada, esa ley llamada, con el lenguaje
enérgico de un gran jurisconsulto, ley escrita
en el corazón de los ciudadanos— , está
lejos de negar la importancia de una filosofía alta y sana que dirija al hombre
en el trabajo ininterrumpido al que está llamado, en la esfera de la
jurisprudencia.
Los
hombres no pueden renunciar a la ley, como tampoco al lenguaje, cuyas formas
han ido modificando gradualmente para traducir mejor sus pensamientos en
palabras. La tarea del legislador es la elaboración sucesiva de disposiciones
obligatorias. A veces se opondrá y a veces secundará el progreso natural del
derecho; pero, al hacerlo, siempre le será necesario ascender a la naturaleza
de las cosas y comprender sus relaciones, si no quiere desviarse en la práctica
ni perderse entre los cambios sucesivos y parciales a los que el ilustre
profesor berlinés limitaría la legítima ambición del poder legislativo. Ir más
allá, en una época como la nuestra, le parecía una obra destructiva. Sin
embargo, lejos de negar la influencia del pensamiento, y por ende de la filosofía,
actuando en su ámbito, Savigny invoca su fecunda ayuda.
Thibaut,
por otro lado, con mayor confianza en el poder del espíritu de los tiempos
modernos, no creía que una buena codificación fuera imposible. Su punto de
partida había sido un clamor por la independencia nacional. Sabía muy bien
cuánta veneración merecían aquellas instituciones, obra lenta y progresiva del
genio nacional, y cuál era el poder que poseían. Deseaba, por tanto,
reformarlas, no abolirlas. Comprendía bien que la grandeza del propio Código
Napoleónico y el respeto que inspiraba se debían a que
sus raíces hundían profundamente en el pasado, aun cuando la idea moderna que
contenía brillaba como una luz en el mundo de las cosas. Por lo tanto, sin
cuestionar el valor de la historia, se negó a reconocer su derecho a un reinado
exclusivo. 18
[pág.
016]
La
vida y actividad que prevalecen en el estudio del derecho, y los brillantes
éxitos que este ha alcanzado recientemente, se deben, en gran parte, a los
ilustres representantes de la escuela histórica. Cabe añadir, aquí, que la
escuela histórica francesa, que tan dignamente ha heredado el espíritu de
Montesquieu, no ha logrado menos en este sentido que la antigua escuela
alemana. Ha reconciliado a los opuestos, pero no mutuamente
hostiles, [pág. 017]Las tendencias de Savigny y Thibaut. Ha examinado
concienzudamente los hechos para mostrar su concatenación y permitir que su
significado y alcance se comprendan con claridad. Un jurisconsulto francés, que
es a la vez nuestra máxima autoridad en derecho natural, abrió el camino con
sus excelentes ensayos sobre la necesidad de reformar los estudios históricos
aplicables al derecho; sobre la influencia de los legistas en la civilización
francesa , etc .;
y con sus prefacios, equivalentes a obras completas, sobre hipotecas, ventas,
préstamos, sociedades, contratos de fletamento, etc. Puede decirse con certeza
que renovó la antigua y prolífica alianza entre la historia y el derecho.
En
lugar de perseguir una abstracción pura, esta escuela histórica se ha limitado
al conocimiento de la vida humana y la evolución de la sociedad. Ha aplicado al
derecho, con un éxito bien conocido, el principio que ha regenerado las
ciencias sociales, la filosofía, las letras, la historia y la economía
política; ciencias que son, por así decirlo, diferentes ámbitos de un mismo
imperio intelectual, que se interpenetran sin confundirse, entre las cuales no
debe erigirse ninguna barrera celosa y entre las cuales debe fomentarse la
reciprocidad del intercambio mediante la supresión de deberes ficticios, que
han existido durante demasiado tiempo.
[pág.
018]
IV.
No
necesitamos insistir más en la naturaleza del método histórico aplicado al
derecho ni en los servicios que ya ha prestado. Sobre este punto, no caben dos
opiniones. Y, si alguien se pregunta por qué lo mencionamos en una obra sobre
Economía Política, solo podemos decirle que lo hemos hecho para llamar su
atención sobre un precedente instructivo, y por la razón adicional de que el
mismo método se adapta especialmente bien al estudio de la Economía Política.
Sus ventajas son las mismas, sus tendencias las mismas, y existen los mismos
motivos que nos inducen a utilizarlo. Al describir las sucesivas fases de la
cuestión en el caso del derecho, hemos cumplido una parte importante de la
tarea que nos habíamos impuesto: reivindicar el empleo del método histórico en
el ámbito de la Economía Política.
El
estudio de la historia es el mejor y más poderoso antídoto contra las fantasías
sociales y las fantasías ideales. François Beaudouin tenía razón cuando
dijo: « Cæca sine historia
jurisprudentia »; y estamos muy
seguros de que, sin la historia como elemento, la Economía Política corre el
gran riesgo de andar a ciegas.
La
mente humana necesita saber dónde se encuentra en todo momento, rodeada como
está de tantos caminos que discurren en tantas direcciones diferentes. Debe
rendir cuentas a sí misma de su progreso, de sus desviaciones del camino
correcto y de sus errores. 20 Solo
la historia puede arrojar luz sobre cuestiones que no son simples curiosidades
intelectuales, sino que, más bien, están profundamente relacionadas con los
intereses vitales de la sociedad. Confirma las nobles enseñanzas de la
filosofía al mostrar cómo nuestra vida se compone de un tejido inmutable de
relaciones, y cómo el hombre, aunque pueda variar sus colores y cambiar su
diseño, no puede renovar su textura.
Nos
enseña a no admirar nada ni a despreciar nada más allá de... [pág.
019]Medida. Nos ilumina sobre cuestiones de naturaleza muy compleja. Al
observar la evolución de la humanidad, siguiendo el desarrollo de hechos y
teorías sociales, discernimos mejor los principios y nos volvemos cautelosos
ante los alquimistas del pensamiento, quienes imaginan que la sociedad puede
experimentar una transformación entre la salida y la puesta del sol.
Así
como existe una ley natural, también existen ciertos principios de la Economía
Política que emanan de la filosofía y pueden reducirse a un principio supremo:
el de la libertad y la responsabilidad. El dominio de la Economía Política es
el trabajo de generaciones. Pero rechazamos con todas nuestras
fuerzas la doctrina materialista que, confundiendo inexplicablemente las cosas,
intenta asimilar ideas tan distintas como la inteligencia y las cosas; y que
descendería al extremo de emplear el dinamómetro para medir la fuerza creativa
del hombre y sus resultados, y que solo ve cifras donde hay un alma viviente.
El
hombre es un ser inteligente, dotado de órganos, 21 de
órganos personales , con los que el Creador lo dotó, al darle
un cuerpo dotado de aptitudes maravillosas, y de órganos externos que
encuentra en la naturaleza, sujetos a su poder. El hombre fue creado a imagen
de Dios, dicen las Escrituras, y estas palabras encierran un profundo
significado. Solo él, entre todos los seres terrestres, posee una chispa de
inteligencia divina. Solo él ha sido llamado a proseguir la magnífica obra de
la creación, dando un nuevo rostro a un mundo al que no puede añadir ni un
átomo.
El
trabajo no es más que la acción del espíritu sobre sí
mismo y sobre la materia. 22 De
ahí su dignidad y grandeza. De ahí también las dificultades en el camino de los
estudios económicos; ya que, considerarlos únicamente como concernientes a
cuestiones de producción material, es olvidar que los productos de la industria
están hechos para el hombre, no el hombre para los productos industriales;
ignorar la estrecha relación [pág. 020]entre sus fructíferas
investigaciones y todo el círculo de las ciencias morales; para degradarlas y
mutilarlas.
Desde
el momento en que la ciencia se ocupa únicamente del hombre y de la acción de
la mente; desde el momento en que su fin pasa a ser no solo el disfrute
material, sino la elevación moral, las cuestiones que analiza se vuelven
ciertamente más complejas, pero la respuesta, cuando se encuentra, es más
prolífica en resultados. La riqueza, entonces, se considera solo como una de
las fuerzas de la civilización. Otros intereses, además de los puramente
materiales, ocupan el primer lugar. Esta filosofía práctica que, según el
precepto de Bacon, busca mejorar las condiciones de vida, tiene presente que la
fuente más fructífera del desarrollo material reside en el desarrollo
intelectual. Reconoce humildemente que no es el primogénito de la familia y se
fortalece con esta confesión. Desde el momento en que es la mente la que produce y
gobierna el mundo, la perfección intelectual y moral se convierten en causa y
efecto del progreso material. «Mas buscad primeramente el reino de Dios y
su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas».
El
aumento de la producción, entonces, parece un instrumento de elevación en el
orden moral. 23 La
energía del alma, la inteligencia y la virtud viril constituyen la principal
fuente de la riqueza de las naciones; la crean, la desarrollan y la preservan.
La riqueza aumenta, disminuye y desaparece con el aumento, la disminución y la
desaparición de estos nobles atributos del alma.
El
trabajo es hijo del pensamiento. Nada ocurre en el mundo exterior que no haya
sido concebido primero en la mente. La mano es sierva del intelecto; y su
trabajo es exitoso, bello o útil en proporción a la actividad y desarrollo del
intelecto, y en proporción a cómo lo justo, lo bello y lo bueno ejercen su
poder sobre él.
La
producción no es, por lo tanto, un trabajo material, sino espiritual. ¿Cómo,
entonces, pueden separarse los actos y su moralidad? ¿Cómo no comprender que el
mercado laboral tiene sus propias características distintivas? [pág.
021]¿leyes y que la educación, incluso desde el punto de vista material, se
convierte en el interés más alto y el deber más importante de la sociedad, ya
que de ella depende la eficiencia del trabajo?
Desde
que, tras largos años, la doctrina del cristianismo impregnó las leyes del
mundo civilizado; desde que la enseñanza de Pablo, de que todos los hombres son
hijos de un mismo Padre, tomó forma y cuerpo, y que el principio de la igualdad
de todos los hombres ante su Creador se complementó con la doctrina y la
práctica de esa igualdad ante las leyes, las masas pensantes se han esforzado
por descubrir el porqué de sus acciones y el porqué de sus sufrimientos. Han
recurrido al pasado y se han preguntado por qué han obtenido una porción tan
limitada.
La
gente, por lo tanto, piensa; y, por lo tanto, es fundamental que piense
correctamente. Es fundamental que se proteja de las falsas promesas utópicas.
De ahora en adelante, no hay seguridad para la estabilidad del mundo sino en la
satisfacción de las mentes. No hay descanso para la humanidad a menos que los
hombres comprendan las condiciones de su destino; a menos que, en lugar de
correr,
“ Toujours insatiable et
jamais assouvis ” ,
después
de la copa embriagadora del goce material (porque las necesidades no gobernadas
por el intelecto y el corazón son infinitas en número, y la gratificación de
una da origen a otra), se someten a la ley del sacrificio y dan juego a la
facultad más noble con que el Creador nos ha dotado: el imperio moral sobre uno
mismo.
En
este camino, de arduo ascenso, encontraremos no solo paz de alma, sino también
bienes más reales y numerosos que aquellos con los que las tentaciones del
error nos deslumbrarían. Los mayores obstáculos a superar no son los
materiales, sino las dificultades morales. Como dice Franklin, en esencia,
quien te diga que puedes triunfar, de cualquier manera que no sea con trabajo y
economía, es un charlatán.
Pero
el trabajo es más productivo en la medida en que es más inteligente, [pág.
022]Así como la mano y la mente se mantienen al ritmo de la otra, los buenos
hábitos morales generan orden y disciplina voluntaria.
La
economía es sacrificio, une el presente al futuro, amplía el horizonte del
pensamiento, inspira previsión, alarga la palanca de la actividad humana,
dotándola de nuevos instrumentos.
La
vida deja de ser una preocupación por el sustento del cuerpo, y el mundo
material se convierte en la sombra del espiritual. El primero se pone al
servicio del segundo, y el libre esfuerzo del hombre lo eleva a una esfera de
pensamiento superior y a un campo de acción más amplio. Cuanto más se dedica un
trabajo, dice Channing, más valioso es.
Nosotros,
los hombres de hoy, somos espectadores de un espectáculo maravilloso. El vapor
surca la tierra. La industria ha experimentado un avance extraordinario. La
fuerza mecánica dobla los materiales más rebeldes. La química, la física y las
ciencias naturales están descubriendo un nuevo mundo. Pero ¿de dónde proviene
todo esto? ¿Cuál es el principio de esta nueva vida? Respondemos: el progreso
intelectual y moral. La mente ha crecido; el alma se ha expandido. Dios ha
permitido al hombre ser libre y le ha proporcionado los medios para serlo.
Así,
el hombre, como decía Mignet, se convierte en esa poderosa criatura a quien
Dios ha dado la tierra como vasto teatro de su acción, el universo como objeto
inagotable de su conocimiento, las fuerzas de la naturaleza al servicio
creciente de sus necesidades, permitiéndole, mediante una información cada vez
mayor, obtener una cantidad cada vez mayor de bienestar.
El
hombre es libre. —1789 puso en práctica el sublime precepto del Evangelio.
Tiene su destino en sus manos. Pero los derechos que disfruta le imponen nuevos
deberes. Si la igualdad es el sentimiento que predomina en
nuestros días, debemos cuidarnos de confundirla con la nivelación del
comunismo. No es externamente, sino dentro de nosotros, donde debe
desarrollarse mediante la cultura intelectual y moral.
La
historia preserva al estudiante de ser extraviado por una adhesión demasiado
servil a cualquier sistema. Expone la locura de la [pág. 023]El «contrato
social» y los sueños idílicos sobre las ventajas de la vida salvaje.
Muestra que la naturaleza, en lugar de prodigar sus tesoros, los distribuye con
mano tacaña, y que es necesario conquistarla con trabajo, inteligencia y
paciencia antes de poder controlarla.
Nos
muestra la libertad humana cada día más fuerte, gracias al progreso moral e
intelectual, apoyado en los dos poderosos pilares de la propiedad, complemento
del hombre, reflejo material de su poder espiritual; y el capital, fruto de la
abstinencia, símbolo del poder moral y resultado de la actividad ilustrada.
La
historia avanza con paso firme, porque se siente segura en el conocimiento de
las leyes de la naturaleza humana y en su experiencia de las sucesivas
manifestaciones de la vida social. En lugar de la vaguedad de las concepciones
ideales, nos permite captar y apreciar la realidad de la vida. No se limita al
estudio del hombre. Nos familiariza con hombres cuyas
necesidades se extienden y se ennoblecen en proporción a la perfección de sus
facultades. Los sentimientos y el intelecto se desarrollan simultáneamente en
el hombre. El salvaje es el más egoísta de los hombres.
Por
eso, creemos que la Economía Política no puede prescindir de los servicios de
la moral y de la filosofía, de la historia y del derecho, pues son ramas de un
tronco común, por cuyo interior circula la misma savia.
V.
El
aislamiento de la teoría de la Economía Política es característico de nuestra
época. En épocas más remotas, encontramos este estudio confundido con las demás
ciencias morales, de las que formaba parte integral. Cuando el genio de Adam
Smith le dio un carácter distintivo, no quiso separarlo de aquellas ramas del
conocimiento sin las cuales solo podría permanecer como una planta marchita por
la ausencia de la luz de la ética.
[pág.
024]
Es
preciso renunciar a la idea singular de que milenios pudieran
transcurrir sin dejar huella alguna de lo que los hombres ilustrados hubieran
pensado y elaborado en materia de Economía Política, entre tantas naciones, y
que jamás se hubiera pensado en cultivar ese rico dominio intelectual, mientras
que en cualquier otra dirección nos es fácil ascender por un camino ya
despejado hasta la más remota antigüedad.
Ya
se ha reconocido que el dominio clásico , fecundado por la
cultura intelectual en gran y pequeña escala, fue extremadamente rico en
indicios valiosos, aunque no se presenten bajo la forma distinta que luego
afectó a las diferentes ramas de la vida pública.
En
cuanto a la pretendida simplicidad primitiva de la Edad Media,
que se afirma que prevaleció durante ese período, una especie de vegetación
económica, quienes la sostienen olvidan la larga serie de teorías comunistas
que, a intervalos cortos, encontraron expresión en muchas luchas sangrientas, y
cuya represión requirió los esfuerzos combinados de la Iglesia y el Estado.
Sin
duda, no es en sus formas modernas donde se encuentran los elementos de la
ciencia político-económica del pasado. Pero cuando logramos reunir las partes
dispersas y fragmentadas; cuando nos adentramos en las costumbres, decretos,
ordenanzas, capitulares, leyes y reglamentos de aquellos tiempos; cuando, por
así decirlo, nos topamos, sin darnos cuenta, con la vida de las naciones, en
los documentos más ingeniosos y confidenciales que la reflejan con la mayor
fidelidad por su sencillez, bien podemos asombrarnos de los resultados
obtenidos. Donde quizás esperábamos encontrar solo erudición, cosechamos una
rica cosecha de lecciones, tanto más valiosas por su desinterés.
Los
actos legislativos y administrativos frecuentemente desarrollan verdaderas
doctrinas económicas. Es fácil descubrir en ellos el curso progresivo de una
teoría que se adentra directamente en las aplicaciones prácticas.
¿Qué
resultados no podríamos esperar de estos esfuerzos, si el [pág. 025]El
genio de la investigación y la adivinación, que tanto ha elevado los estudios
históricos en nuestros días, ¡debería tener una mirada observadora y penetrante
en esta dirección! ¡Cuán limitado fue el campo en el que Guérard erigió el
monumento científico que nos legó en su Políptica de Irminon !
Y cuán valiosas son las lecciones que nos deja, ya que aquí no se trata de la
historia de las doctrinas profesadas ni de los acontecimientos inesperados,
sino del desarrollo histórico de la sociedad económica, que nos muestra la
marcha viviente de los principios.
VI.
La
Economía Política no es, como acabamos de decir, una ciencia nueva. Ha sido una
ciencia distinta solo por un corto tiempo. Hasta el siglo XVIII, se confundía
con la filosofía, la moral, la política, el derecho y la historia. Pero de ello
no se sigue que, por haber adquirido tal importancia que merezca un lugar
propio, deba cesar su estrecha relación con los nobles estudios que hasta
entonces la habían absorbido. De esto se deduce también otra consecuencia.
Desde el momento en que la Economía Política deja de ser considerada una
ciencia nueva, encuentra tras de sí una larga serie de ancestros, ya que se ve
obligada a investigar un pasado al que tantos vínculos la unen. Esta tarea
puede aumentar sus dificultades, pero, al mismo tiempo, aumenta singularmente
el atractivo de un estudio que, en lugar de presentarnos únicamente las áridas
deducciones del dogmatismo, nos llega con toda la frescura y el color de la
vida.
Podemos
permitir que quienes hacen de la Economía Política una simple pieza de
aritmética ignoren estos estudios retrospectivos y su importancia; pues las
matemáticas tienen poco que ver con la historia. Pero ocurre lo contrario con
la vida de las naciones. Estas descubrirían de dónde vienen para saber hacia
dónde se dirigen.
No
obedecen a un vano interés de curiosidad, como suponía J. B. Say cuando, al
esbozar una breve historia del progreso [pág. 026]de Economía Política,
dijo: “Sin embargo, todo tipo de historia tiene derecho a satisfacer la
curiosidad”. Es lamentable que este eminente pensador pudiera ignorar así
uno de los elementos esenciales de la ciencia a la que prestó tan grandes e
incuestionables servicios. Le faltaba sentido histórico. “La historia de
una ciencia”, escribe, 25 “no
es como la narración de cosas que han sucedido. ¿De qué nos serviría hacer una
colección de opiniones absurdas, de doctrinas denostadas que merecían ser
denostadas? Sería a la vez inútil y fastidioso exhumarlas así si conociéramos
perfectamente la economía pública de los cuerpos sociales. Nos puede importar
poco aprender lo que nuestros predecesores han soñado sobre este tema y
describir la larga serie de errores en la práctica que han retrasado el
progreso del hombre en la búsqueda de la verdad. El error es algo que se
olvida, no se aprende”. Como si lo que una vez se encontró en el tiempo no
se encontrara hoy en el espacio; ¡Como si alguna vez hubiera existido una
institución que no tuviera su razón de ser y
no hubiera constituido un punto de apoyo en la búsqueda de una verdad superior
o de una aplicación más inteligente y saludable de una antigua! Hay muchísimos
sistemas reales y muchísimos hechos presentes que solo pueden comprenderse con
la ayuda de la historia; y con cuánta frecuencia un conocimiento de la historia
nos impediría tomar por inventos maravillosos las máquinas anticuadas de otras
épocas, cuya única ventaja y único mérito es haber permanecido desconocidas.
¡Cuánta de la pretendida audacia de los innovadores ha sido pura palabrería que
la sabiduría de la época había desechado como basura! Además, como dijo
Bacon: «Verumtamen sæpe necessarium est, quod non est optimal».
[pág.
027]
VII.
No
es casualidad que los grandes economistas hayan sido a la vez historiadores y
filósofos. Basta mencionar a Adam Smith, Turgot, Malthus, Sismondi, Droz, Rossi
y Léon Faucher. Con demasiada frecuencia se olvida que el padre de la Economía
Política moderna, Adam Smith, consideraba esta ciencia solo una parte del curso
de filosofía moral que impartía en Glasgow, y que abarcaba cuatro divisiones:
1. Teología
universal. —La existencia y los atributos de Dios; principios o
facultades de la mente humana, base de la religión.
2. Ética. —Teoría
de los sentimientos morales.
3. Principios
morales relativos a la justicia. —En esto, como aprendemos de uno de
los alumnos de Adam Smith en un bosquejo conservado por David Stewart, siguió
un plan que parece haberle sido sugerido por Montesquieu. Se esforzó por
rastrear los sucesivos avances de la jurisprudencia desde las épocas más
bárbaras hasta las más refinadas. Demostró cuidadosamente cómo las artes que
contribuyen a la subsistencia y a la acumulación de propiedad actúan sobre las
leyes y los gobiernos, y producen avances y cambios en ellos análogos a los que
ellas mismas experimentan.
En
la primera parte de su curso, como sabemos por la misma autoridad, examinó las
diversas regulaciones políticas que no se basaban en el principio de justicia
sino en la conveniencia, cuyo objetivo es aumentar la riqueza, el poder y la
prosperidad del estado. Desde esta perspectiva, consideró las instituciones
políticas relacionadas con el comercio, las finanzas, la iglesia y el ejército.
Sus conferencias sobre los diferentes temas constituyen la esencia de la obra
que posteriormente publicó sobre la riqueza de las naciones. Discípulo de
Hutcheson, Adam Smith siempre aplicó el método experimental, «que, en
lugar de perderse en cuestiones magníficas y arriesgadas, [pág.
028]especulaciones, se adhiere a hechos ciertos y universales que nos descubre
nuestra propia conciencia, por el lenguaje, la literatura, la historia y la
sociedad”. 26 Antes
de asumir la cátedra de filosofía, Adam Smith había enseñado bellas letras y
retórica en Edimburgo, en 1748. Había escrito una obra sobre el origen y la
formación de las lenguas; y fue porque había estudiado profundamente las
ciencias morales que le fue dado inaugurar una nueva ciencia y convertirse en
un gran economista. El Sr. Cousin ha hecho gran hincapié en el gusto y el
talento de Adam Smith por la historia. “Cualquiera que sea el tema que
trate, vuelve la mirada hacia atrás sobre el camino recorrido ante sí mismo e
ilumina cada objeto en su camino con la ayuda de la antorcha que la reflexión
ha puesto en su mano. Así, en Economía Política, sus principios no solo
preparan el futuro, sino que renuevan el pasado y descubren la razón, hasta
entonces desconocida, de hechos antiguos que la historia había reunido sin
comprenderlos. No es suficiente decir que Adam Smith poseía una gran variedad
de información histórica; Debemos añadir que poseía un auténtico espíritu
histórico. Gracias a esta eminente facultad, el filósofo de Glasgow
adquirió gran influencia. En 1810, cuando el imperio francés alcanzó el apogeo
de su grandeza, Marwitz escribió: «Hay un monarca tan poderoso como
Napoleón: Adam Smith». No es necesario recordar las investigaciones
históricas de Turgot.
El
título principal de distinción de Malthus, su obra sobre la población, es tanto
una obra histórica como político-económica; y no es suficientemente conocido
que fue profesor de historia y economía política en la universidad de la
Compañía de las Indias Orientales en Aylesbury.
No
necesitamos decir más sobre este tema. Las obras de los otros escritores que
hemos mencionado son demasiado conocidas como para permitir que alguien piense
que excluyeron la historia y la ciencia moral del estudio de la Economía
Política. Por lo tanto, [pág. 029]La escuela que ha surgido en
Alemania, 27 y
que se esfuerza por hacer por la Economía Política lo que Savigny, Eichhorn,
Schrader, Mommsen, Rudorff y tantos otros ilustres eruditos han hecho por la
jurisprudencia, no puede ser acusada con razón de temeridad. No ha hecho más
que desplegar el noble estandarte que enarbolan los más venerados maestros de
la ciencia.
VIII.
A
la cabeza de esta escuela se encuentra William Roscher, profesor de Economía
Política en la Universidad de Leipzig, cuya excelente obra, Principios de
Economía Política, en la que sigue el método histórico ,
acabamos de traducir. William Roscher tiene (1857) apenas cuarenta años. Nació
en Hannover el 21 de octubre de 1817. Su vida laboriosa y sencilla es la de un
digno representante de la ciencia. «Me piden», nos escribió
recientemente, «que les dé alguna información sobre los incidentes de mi
vida. Tengo, gracias a Dios, muy poco que contarles. Las vidas cuya historia es
interesante relatar rara vez son vidas felices». Se limitó a darnos
algunas fechas que son, por así decirlo, los hitos de una carrera llena de
utilidad. Roscher, de 1835 a 1839, estudió jurisprudencia y filología en las
universidades de Gotinga y Berlín. Los eruditos profesores que
ejercieron [pág. 030]La mayor influencia en su desarrollo intelectual la
tuvieron los historiadores Gervinus y Ranke, el filólogo K.O. Müller y el
germanista Albrecht. Es evidente que estudió en una buena escuela y que se
benefició de ella. Fue nombrado doctor en 1838; admitido en 1840 como profesor
particular en Gotinga; nombrado en 1843 profesor extraordinario de la
misma universidad y llamado en 1844 a ocupar la cátedra de profesor titular en
Erlangen. Desde 1848 ha desempeñado el mismo cargo en la Universidad de
Leipzig, donde fue durante seis años miembro de la Junta de Pobres, donde
también enseña en la escuela de agricultura. Su fama ha crecido rápidamente.
Muchas universidades alemanas se han emulado entre sí por el honor de contar
con él, pero él no ha estado dispuesto a abandonar Leipzig. Su primer trabajo
notable fue su tesis doctoral: De historicæ
doctrinae apud sophistas majores vestigiis ,
escrita en 1838. En 1842, publicó su excelente trabajo, que desde entonces se
ha vuelto clásico: “La vida, los trabajos y la época de Tucídides”. 28 Desde
entonces, importantes trabajos, todos con el sello de variados y profundos
conocimientos científicos, y de una erudición notable por su sagacidad y
elegancia, se han sucedido sin interrupción. En 1843, trató la cuestión del
lujo 29 con
mano maestra, y sentó las bases de su gran trabajo, del cual solo ha aparecido
la primera parte hasta ahora, al mismo tiempo que trazaba a gran escala el
programa de un curso de Economía Política según el método histórico. 30 En
1844, publicó su estudio histórico sobre Socialismo y Comunismo, 31 y
en 1845 y 1846, sus ideas sobre la política y las estadísticas de los sistemas
de agricultura. Es, además, autor de una excelente obra sobre la [pág.
031]Comercio de cereales; 32 de
un libro notable sobre el sistema colonial; 33 de
un esbozo sobre las tres formas de Estado; 34 de
una memoria sobre las relaciones entre la Economía Política y la Antigüedad
clásica; 35 de
una obra de gran interés sobre la historia de las doctrinas económicas en
Inglaterra en los siglos XVI y XVII, una obra repleta de las investigaciones
más curiosas; 36 de
un libro sobre el principio económico de la economía forestal; 37 y,
por último, de la gran obra, cuya primera parte hemos traducido bajo el título
de Principios de Economía Política, y que se completará con la publicación
sucesiva de otros tres volúmenes: sobre la Economía Política de la Agricultura
y las ramas relacionadas de la producción primitiva, la Economía Política de la
Industria y el Comercio, y uno sobre la Economía Política del Estado y la
Comuna. Esta obra, una vez terminada, será una verdadera enciclopedia de la
ciencia. 38
Junto
a William Roscher, debemos mencionar un [pág. 032]El joven economista
Knies, ex profesor de la Universidad de Marburgo, pero a quien la persecución
política obligó a aceptar un puesto secundario en el instituto de Schaffhausen
durante un tiempo, y que actualmente ocupa en la Universidad de Friburgo, en
Brisgovia, un puesto más digno de su gran talento. Esperamos, en una obra que
nos proponemos publicar sobre Economía Política en Alemania, dar a conocer al
público las obras de este escritor. Merecen la mayor atención. Conocemos pocas
obras que igualen su Economía Política, escrita según el método
histórico. 39 También
hablaremos de otro economista, ex profesor de Marburgo, víctima también del
poder del elector de Hesse, Hildebrand, ahora profesor en la Universidad de
Zúrich. Su National-Œkonomie 40 es
un libro repleto de interés, y en ninguna parte hemos encontrado una mejor
crítica del sistema de Proudhon que en sus páginas. Si la nueva escuela hubiera
producido sólo a estos tres hombres, aún así habría dejado su huella en la
historia de la ciencia.
Otras
obras, no menos importantes, reclamarán nuestra atención en el libro al que
hemos dedicado ya muchos años de trabajo. Si logramos nuestro propósito,
revisaremos las obras de numerosos académicos de gran mérito, cuyos nombres,
lamentablemente, solo se conocen fuera de Alemania. Las obras de Rau, Hermann,
Robert Mohl, Hannsen, Helferich, Schütz, Kosegarten, Wirth, etc., constituyen
una rica mina de la que esperamos extraer mucha información valiosa. Tampoco
descuidaremos las producciones originales de J. Moser, el Franklin de Alemania,
ni las pintorescas, pero a veces impactantes, ideas de Adam Müller. Por último,
nuestro erudito amigo, el profesor Stein de Viena, nos brindará la oportunidad
de mostrar el mérito de importantes y extensas obras, animadas por el espíritu
filosófico. Por ahora, debemos limitarnos a una visión de la aplicación del
método histórico a la Economía Política.
[pág.
033]
Existe
un prejuicio bastante extendido contra este orden de obras, recuerdo de la
antigua pugna entre Thibaut y Savigny, que inclina a suponer que la escuela
histórica se inclina hacia las doctrinas políticas del pasado y es hostil al
espíritu liberal de los tiempos modernos. Nada más lejos de la realidad. Los
nombres de Roscher, Knies y Hildebrand bastan para disipar este prejuicio. Sus
obras, inspiradas por un profundo amor al progreso, no permiten tal
interpretación errónea. El punto de vista histórico no consiste en venerar el
pasado, ni en menospreciar el presente. No considera la sucesión de fenómenos
como una fluctuación de acontecimientos sin unidad ni propósito. Al contrario,
el método histórico armoniza a la perfección con las necesidades del progreso
genuino. Los cambios logrados dan testimonio del poder libre y creativo del
hombre, actuando dentro de los límites que le permiten los grados de
inteligencia alcanzados, del desarrollo de la moral y de la libertad
individual. La filosofía de la Economía Política, resultado de esta serena
enseñanza, libre de las pasiones partidistas —pues la ciencia no reconoce
ninguna adhesión partidista—, es como la del derecho, opuesta a los sueños, más
o menos ingeniosos o temerarios, que reconstruyen el mundo en el pensamiento.
Al mostrar cómo, en todos los tiempos, la humanidad ha comprendido y aplicado
los principios que rigen la producción de riqueza, puede decir, con el
jurisconsulto romano: «Justitiam namque colimus... æquum ab iniquo
separantes... veram nisi fallor philosophiam, non simulatam
affectantes». «La mente humana —dice Rossi—, esforzándose por
alcanzar el conocimiento de sí misma, estimando su fuerza, adoptando un método
y aplicándolo con conciencia de su modo de proceder al conocimiento de todas
las cosas; tal es la filosofía. Sin ella, no hay ciencia en ninguna rama del
conocimiento humano». Así, con la ayuda de una mente crítica, mediante una
investigación cuidadosa y gran sagacidad, llegamos a las verdades fundadas en
las observaciones realizadas.
[pág.
034]
IX.
Existe
otro método que, partiendo de principios evidentes por sí mismos, desarrolla la
ciencia mediante conclusiones extraídas, a la manera de los geómetras. La
aparente severidad y simplicidad de este método resultan muy seductoras y
peligrosas cuando no se trata de cifras, sino de personas; cuando las variadas,
complejas y delicadas exigencias que se acumulan al entrar en juego la
naturaleza humana no encajan exactamente con la fórmula; y cuando, en lugar de
tratar con abstracciones, debemos abordar realidades. Uno de nuestros venerados
maestros, el ilustre Rossi, creyó que podría eliminar la dificultad
estableciendo una distinción entre la Economía Política pura y
la Economía Política aplicada . No sin cierta vacilación nos
atrevemos a discrepar de tan alta autoridad; pero debemos confesar que esta
distinción dista mucho de satisfacernos. La duda que ha dejado en nuestra mente
ha sido la principal causa que nos ha inclinado hacia el método
histórico. «La Economía Política Racional», dice Rossi, «es la
ciencia que investiga la naturaleza, las causas y el movimiento de la riqueza,
basándose en los hechos generales y constantes de la naturaleza humana y del
mundo exterior. En la Economía Política aplicada, la ciencia se toma como
medio. Se tienen en cuenta los hechos externos. La nacionalidad, el tiempo y el
lugar desempeñan un papel importante».
Aceptemos
por un momento estas definiciones; ¿cuál es la consecuencia? Que existen dos
ciencias, una de las cuales, puramente especulativa, tiene más que ver con la
filosofía que con los conflictos permanentes que agitan al mundo; la otra no
podría, por sí sola, proporcionarnos reglas prácticas ni un formulario para las
medidas a tomar en un caso dado, ya que tal pretensión sería vana y ridícula,
pero sí informaría el juicio práctico de los hombres encargados de resolver las
innumerables y complejas cuestiones que surgen a diario. Si la ciencia pura se
niega a interferir en los asuntos de este mundo; si, como dicen los
eruditos, [pág. 035]El creador de la doctrina que ahora consideramos nos
da a entender que comprometería la solución de las cuestiones por la embriaguez
de la lógica y la ambición de un sistema perfecto. Si, en consecuencia, ha de
ser venerada como una divinidad inmóvil e inactiva, ¿cómo podría bastarnos esta
satisfacción platónica? ¿No estarían los oponentes de las doctrinas económicas
dispuestos a reconocer todos los principios, siempre que las consecuencias que
de ellos se deduzcan se dejaran a su criterio? ¿Y no acudirían a nosotros,
repletos de argumentos extraídos de las circunstancias de nacionalidad, tiempo
y espacio, para refutar la posibilidad de aplicar la ciencia pura?
On ne vaincra jamais les
Romains que dans Rome.
Este
es, por lo tanto, el terreno que debemos explorar. Debemos desarrollar una
Economía Política aplicada que tenga en cuenta las circunstancias externas.
Para ello, nadie cuestionará que el mejor y más decisivo de los métodos es el
histórico, que se ocupa del tiempo, el espacio y la nacionalidad, y que conduce
a una reforma adecuada donde se requiere.
Además,
los principios no se establecerán con menos firmeza por inducción histórica que
por deducción dogmática, y, además, la ciencia será inseparable del arte. No
somos de los que niegan los principios ni los cuestionan. Lo que deseamos es
que no sean venerados como fetiches, sino que formen parte de la esencia misma
de las naciones.
Además:
las deducciones abstractas de la ciencia pura no nos dejan sin inquietud, ya
que tratan al hombre mucho más como una fuerza material que como una fuerza
moral. Bajo el vigoroso procedimiento de las matemáticas especulativas, el
hombre se convierte en una cantidad constante para todos los tiempos y todos
los países, mientras que, en realidad, es una cantidad variable. Todos los
elementos puestos en juego son entidades ideales, cuyo reverso encontramos en
la poesía, donde
¡Tout prend un corps, une ame,
un esprit, un visage!
y
donde todo pierde el carácter de vida y se transforma en unidades inanimadas.
El hombre es algo diferente de [pág. 036]La suma de los servicios que se
le puede obligar a prestar y la suma de los placeres que se le pueden procurar.
No debemos correr el riesgo de rebajarlo al nivel de una herramienta viviente;
y desde el momento en que se nos exige tener en cuenta su destino moral, ¿qué
sucede con el cálculo abstracto?
INCÓGNITA.
Nos
hemos equivocado, dice Rossi, al reprochar a Quesnay su famoso laissez
faire, laissez passer , que es
pura ciencia. Nosotros también opinamos que el reproche era infundado, pues
provenía de una concepción errónea del principio mismo. Pero nos parece que,
lejos de condenar esta doctrina en su aplicación seria, el método histórico
puede servir para explicarla y justificarla. Al emplear menos rigidez y
sequedad en la forma, alcanza consecuencias más acordes con la vida social.
Pero no es de extrañar que no encontremos de esta manera muchos precedentes
antiguos y gloriosos. Los grandes principios de la libertad industrial, así
como los de la libertad comercial, se originaron en Francia. Forbonnais tenía
razón cuando dijo: «Podemos felicitarnos de poder encontrar, en nuestros
viejos libros y ordenanzas, con qué reivindicar nuestro derecho a esa luz que
generalmente suponíamos que había sido revelada a los ingleses y holandeses
antes que nosotros». Cuanto más profundizaba Forbonnais en sus
investigaciones en nuestros anales, mayor era el número de rastros de oposición
a los prejuicios en favor de la exclusión y del monopolio, hasta hace poco
considerados principios de la política administrativa. 41
El
famoso axioma del laissez faire y del
laissez passer , cuyas tendencias
subversivas se pretenden condenar, no fue inventado por Quesnay. Solo le dio un
sentido científico a la inspiración de un comerciante llamado Legendre. Este
último, consultado por Colbert sobre la mejor manera de proteger... [pág.
037]comercio, dejó caer estas palabras que desde entonces se han vuelto tan
célebres.
No
debemos perder de vista su verdadero significado ni malinterpretar la intención
que los dictó. Quesnay dijo: «Dejen en paz todo lo que sea perjudicial, no
para las buenas costumbres, ni para la libertad, ni para la propiedad, ni para
la seguridad personal. Permitan que se venda todo lo que se haya producido sin
delito». Y añadió: «Solo la libertad juzga con acierto; solo la
competencia nunca vende demasiado caro y siempre paga un precio razonable y
legítimo». Lejos de ser la ausencia de regla, la libertad es la regla
misma. Dejar hacer el
bien es prevenir el mal. 42
Se
necesitan instituciones que completen el ejercicio de la independencia
adquirida por el trabajo, y leyes que regulen dicho ejercicio. El laissez-faire y
el laissez-passer de
los economistas no se asemejan en nada a la fórmula absoluta que algunos han
denunciado y otros han intentado utilizar, como exoneración de toda
preocupación e intervención a la autoridad.
Para
comprender correctamente esta máxima, debemos remontarnos al régimen opresivo
de la sociedad antigua. La fórmula de Quesnay fue, ante todo, una protesta
contra las restricciones que obstaculizaban el libre desarrollo del trabajo.
Pero no pretendía abolir el cargo de legislador ni privar a la sociedad ni al
individuo del apoyo del poder público que vela por el cumplimiento de nuestro
destino.
Puede
haber parecido conveniente encontrar en la gravedad de un principio
político-económico una excusa para las dulzuras del far
niente legislativo y administrativo , pero
generalmente se admite que el papel de la autoridad ha crecido, en lugar de
disminuir, bajo el régimen de la libertad laboral. La tarea es, en nuestros
días, difícil, tanto para los individuos como para las naciones; pues la
libertad dispensa sus favores solo a las virtudes masculinas de un pueblo
laborioso e ilustrado.
La
libertad no es licencia. Se niega a doblegarse bajo el yugo, [pág.
038]pero se somete a la regla. La misión de la autoridad no es constreñir, sino
aconsejar; no mandar, sino ayudar a lograr; no absorber la actividad
individual, sino desarrollarla. No pretende suscitar una indiferencia
conveniente por parte del gobierno, ni la retirada indolente de toda influencia
protectora a la dignidad de un principio. Decir, por otro lado, que el laisser
faire y el
laisser passer de los economistas
significa: dejar el robo en paz; dejar el fraude en paz, etc., es divertirse
jugando con las palabras y argumentar de una manera indigna de cualquier
respuesta seria. Con el pretexto de pintar un retrato de la doctrina económica,
se nos da su caricatura. Tal nunca ha sido el sistema, a cuya elaboración se
han dedicado los corazones más puros y los intelectos más nobles. Una negación
no constituye la ciencia de la Economía Política.
Es
muy conveniente encerrar a la humanidad en un círculo de acción, trazado con
rigurosa precisión, y gobernar los movimientos previstos. Pero tales
concepciones artificiales mutilan la actividad humana. Garantizar al hombre
toda la libertad e impedir su abuso: tales son los datos del problema. La tarea
es grande y difícil. Lejos de ceder en elevación a los sistemas ideales, los
supera en extensión y variedad de combinaciones. Quienes ignoran su alcance
ceden, quizás, a cierta indolencia intelectual. Restringido dentro de sus
límites naturales, el famoso laisser faire y laisser
passer de los Fisiócrates merece aún hoy nuestro
respeto y nuestra confianza. Debe conservarse en la memoria agradecida de los
hombres, junto con la máxima que Quesnay logró imprimir en Versalles, de mano
del propio Luis XV: «Pauvres paysans, pauvre royaume; pauvre royaume,
pauvre souverain». 43
[pág.
039]
XI.
Para
volver a la cuestión del método, Rossi empleó un ingenioso ejemplo para
explicar su pensamiento: 44 “¿Son” ,
pregunta, “estas deducciones [de la ciencia pura] perfectamente legítimas?
¿Son siempre ciertas estas consecuencias? Es incontestablemente cierto que un
proyectil, disparado en cierto ángulo, describirá cierta curva; esta es una verdad
matemática. Es igualmente cierto que la resistencia que ofrece el medio por el
que se mueve modifica el resultado especulativo en la práctica, hasta cierto
punto; esta es una verdad de observación. ¿Es falsa la deducción matemática? De
ninguna manera; pero supone un vacío. Me apresuro a reconocerlo. La economía
especulativa también ignora ciertos hechos y deja de lado ciertas
resistencias”. Ahora bien, desde el momento en que nos ocupamos de los
intereses humanos, no es posible suponer un vacío, ignorar los hechos más
vulgares y los ejemplos más comunes de resistencia, ni perderse en la
abstracción. Los correctivos de la Economía Política aplicada no pueden
eliminar este pecado original, o corren el grave peligro de encubrir los
principios mismos. En balística, además, podemos medir la resistencia que el
medio en el que nos vemos obligados a operar hace que la fuerza de impulso y el
objetivo obedezcan a la misma ley y cedan al mismo proceso de cálculo. Pero ¿es
así cuando se toca la parte más íntima y sensible del hombre? ¿No existe el
peligro de que las hipótesis sean engañosas y de que se nos acuse de trabajar
en el vacío? Conocemos bien la sólida razón que puede oponerse a este sarcasmo;
pero ¿es conveniente exponerse a él?
Además,
las consecuencias no son lo suficientemente graves como para justificar que nos
expongamos al peligro. Los principios de la ciencia pura son muy escasos.
Incluso podrían reducirse fácilmente a uno, del cual M. Cousin ha sido
elocuente. [pág. 040]Intérprete: la libertad humana. Esta libertad no
necesita de la Economía Política para brillar con el lustre de la evidencia;
nada puede prevalecer contra ella. Podemos demostrar que es tan fecunda como
respetable; pero si la ciencia de la riqueza intentara demostrar lo contrario,
las bases primordiales de la sociedad, la libertad, la propiedad y la familia
no serían menos sagradas ni menos necesarias, pues son un derecho de la
humanidad. No podrían ser ignoradas, ni siquiera bajo el pretexto de cualquier
mecanismo que pretendiera producir más. 45 Estos
principios soberanos de la economía emanan de la ley moral, y no tienen por qué
temer el poder de los hechos, pues la prosperidad de las naciones depende del
respeto que las rodea y de las garantías que las protegen.
Hemos
hablado de la ley moral; y, de hecho, en nuestra opinión, es imposible
desterrarla del ámbito de la economía pública. Cualquier otro punto de vista
nos parece demasiado estrecho. Y cuando vemos a hombres eminentes extraviarse
en la búsqueda de un ideal que no tiene en cuenta el alma humana y que solo
encuentra ecuaciones donde hay sentimientos e ideas, no podemos evitar pensar
que son infieles al pensamiento del fundador de la ciencia, Adam Smith. El
hombre no es simplemente una máquina. No se somete ciegamente a los impulsos
externos. Es él mismo, el mayor de los impulsos. Pero para gobernar las cosas,
primero debe aprender a dominarse a sí mismo. El interés personal es el
poderoso motivo al que obedece. El hombre no vive solo, aislado, en el mundo. Væ
soli! Vive en sociedad y se beneficia de las relaciones que establece
con otros seres, inteligentes como él, y por los que siente una simpatía
natural.
El
bien que les llega le produce satisfacción, y el mal que les acontece le recae
igualmente. No puede volver la espalda por completo a su propia personalidad.
Además de su propio interés, siente y comparte otro interés: el interés de
todos. El interés personal es perfectamente legítimo. El amor a uno mismo no
puede... [pág. 041]Ser condenado. El Salvador mismo nos ha ordenado amar
al prójimo como a nosotros mismos. Amarlo más que a nosotros mismos es una
virtud muy alta y hermosa. Es la abnegación que inspiró a los héroes
cristianos. Pero el heroísmo es poco común y no puede imponerse ni tomarse como
norma. El interés personal es un poderoso estímulo, y la armonía superior de
las relaciones sociales lo hace contribuir al bien común.
Lo
que debe condenarse es una desviación fatal de este sentimiento que destruye su
efecto y limita sus acciones. Lo que debemos evitar es la degeneración del
interés personal en un egoísmo que agota, en lugar de nutrir, y que compromete
el futuro por la búsqueda exclusiva del beneficio presente; pues el egoísmo es
miope. Por otro lado, el sentimiento más amplio y generoso que nos inclina a
compadecernos de nuestros semejantes en sus penas y a unir nuestro destino al
suyo; es decir, el sentimiento del interés general, también tiene un límite.
Sería
falsa si absorbiera al individuo; si destruyera la fuerza motriz más poderosa
secando la fuente abundante de actividad; si atacara la energía moral enervando
la responsabilidad; si ampliara el círculo de resultados obtenidos hasta tal
punto que casi nadie sintiera el rebote.
El
mal que produce el egoísmo, esa triste parodia del interés personal, se
manifiesta bajo una forma igualmente formidable cuando el interés general se
manifiesta en el comunismo. La cooperación entre el interés personal y el
interés general es siempre necesaria, tanto para el beneficio individual como
para el beneficio social. Existe tanto peligro en aniquilar al individuo como
en exaltarlo. La historia nos proporciona ejemplos memorables de ello. No nos
permite extraviarnos en los estrechos caminos de una personalidad irritable y
celosa, ni perdernos en el vago laberinto de un comunismo quimérico y falso.
Este último destruiría lo que constituye el poder y la dignidad del hombre.
Borraría los rasgos más prominentes de su noble naturaleza, destruyendo el sostén
de la energía y la actividad, y el alimento de la fuerza moral.
[pág.
042]
XII.
Pero,
se nos dice, la Economía Política es solo la ciencia del egoísmo; Adam Smith es
el profeta del individualismo; enriquecerse per fas et nefas es
su enseñanza fundamental. Tal juicio evidencia mucha frivolidad y poca
ilustración. ¿Cómo podría el hombre que concibió el estudio de los intereses
humanos a tan gran escala, el filósofo que reconoció a Hutcheson como su
maestro y dio a sus ideas un carácter aún más expansivo, ser el apóstol del
egoísmo; y cómo puede la ciencia que fundó ser su evangelio? Aquí hay un error
de hecho y un defecto de apreciación. Hutcheson había basado la filosofía moral
en el sentimiento que, según él, engendraba todas las demás virtudes, en la
benevolencia, que es desinteresada, ocupada con el bienestar ajeno, con el bien
público y el interés general. Adam Smith fue más allá y buscó basarla en un
sentimiento aún más enérgico, en la compasión.
La
primera frase de su Teoría de los Sentimientos Morales, que constituye un
resumen completo de su teoría, dice así: «Por muy egoísta que se considere
al hombre, existen evidentemente principios en su naturaleza que le interesan
la fortuna ajena y hacen que su felicidad le sea necesaria, aunque no derive
nada de ella, salvo el placer de verla». Y esta no es una declaración
vacía de su parte. Es la idea que, de todas las que aparecen en su libro, le
resulta más cercana; y por ello, ataca enérgicamente a aquellos filósofos que
consideran el amor propio y sus refinamientos como la causa universal de todos
nuestros sentimientos, y que intentan explicar la compasión por medio del amor
propio.
La
Rochefoucauld, Mandeville y Helvetius nunca se encontraron con un adversario
más decidido y enérgico. En ninguna parte se han encontrado virtudes dulces y
amables, como la condescendencia ingenua, la humanidad indulgente, y las
virtudes respetables y severas, como el desinterés y el autocontrol, que
someten nuestros movimientos a las exigencias de la dignidad de
nuestra... [pág. 043]La naturaleza, mejor comprendida o interpretada. Adam
Smith es el filósofo de la compasión. 46 Su
teoría triunfa sobre el egoísmo cobarde y vergonzoso que concentra la vida
moral del individuo en sí mismo y la separa de la vida de la raza humana, del
estoicismo ultraderechista que
rechaza la ayuda del sentimiento a la razón. 47 Según
él, la ley de la moral privada es la compasión; la ley de la jurisprudencia
natural, la justicia; la ley de la producción de riqueza, el trabajo libre.
Pero si bien defendió este principio con energía, no se hizo culpable de una
verdadera retractación al adorar al ídolo que acababa de derribar. Habría sido
culpable de la más extraña de todas las contradicciones si hubiera hecho del
vicio que acababa de lacerar el eje mismo de otra parte de su enseñanza.
Lamentamos
que este ensayo, que ya ha excedido con creces los límites que le asignamos al
principio, no nos permita reproducir aquí la hermosa demostración de Knies, en
la que con tanta erudición y elocuencia reivindica a Adam Smith de esta extraña
imputación, colocando así la Economía Política sobre su verdadera base, la base
de la moral, eliminando decisivamente todo pretexto de error y todo
subterfugio. Esta parte es uno de los puntos fuertes de su excelente obra
sobre “Economía Política, desde el punto de vista
histórico”. Volveremos sobre este tema.
XIII.
¿De
qué no se ha acusado a los economistas políticos? Se les ha acusado, sobre
todo, de frialdad y crueldad, y la sentencia dictada contra ellos se ha
resumido en estas palabras: "¡La Economía Política no tiene
entrañas!" . En efecto, el representante de la ciencia, quien ha sido
más atacado y presentado como la imagen de la insensibilidad impasible; sobre
quien se han prodigado los ultrajes más sangrientos, [pág. 044]Es Malthus.
Escuchémoslo. Nos dice en su obra sobre Economía Política que si un país no tuviera
otro medio para enriquecerse que buscar el éxito en la lucha con otros países,
a costa de una reducción de los salarios, diría sin vacilar: «¡Fuera con tanta
riqueza!»; que es muy deseable que las clases trabajadoras estén bien
remuneradas, y esto por una razón mucho más importante que todas las
consideraciones relacionadas con la riqueza; es decir, la felicidad de la gran
masa de la sociedad. Y continúa diciendo que no conoce nada más detestable que
la idea de condenar a sabiendas a las clases trabajadoras a cubrirse de
harapos, a alojarse en chozas miserables, para que podamos vender algunas telas
y calicós más a países extranjeros. Es cierto que ningún defensor, por muy
decidido que sea, de las clases trabajadoras ha dicho nada más contundente o profundo.
La razón es que nada era más ajeno a las ideas de Malthus que la rigidez
sistemática de las teorías matemáticas de la riqueza. Que, ministro del
Evangelio, había meditado sobre sus altos preceptos. Toda su doctrina se basa
en la idea moral. «Estaba profundamente convencido de que existen
principios en la Economía Política que solo son verdaderos en la medida en que
se limitan a ciertos límites. Veía la principal dificultad de la ciencia en la
frecuente combinación de causas complejas, en la acción y reacción de las
causas entre sí, y en la necesidad de establecer límites o excepciones a un
gran número de proposiciones importantes». Aquí siempre volvemos al
terreno ondulante de la ciencia viva, en lugar de tener que seguir el camino
rectilíneo trazado por la letra muerta. Siempre nos vemos obligados a
retroceder, por mucho que se pretenda lo contrario, a las realidades cuyo
secreto solo la historia posee. La idea de riqueza no puede abarcarlo todo
cuando se trata de juzgar e ilustrar a los hombres. Para ello, es necesario
conocer las diversas fases de la economía social y lo que las naciones han
concebido sobre los intereses económicos. [pág. 045]que nunca han dejado
de interesarles mucho, lo que han intentado y lo que han conseguido.
Por
lo tanto, debemos pasar página del libro del pasado y estudiar su aspecto
económico, como hemos estudiado su aspecto político y literario. Debemos seguir
a las naciones vivas a través de sus diversos períodos de desarrollo y
comprender las causas de la destrucción de las que han desaparecido. Al abordar
el estudio comparativo de los destinos económicos de las naciones, nuestras
investigaciones se limitan a un pequeño número de naciones individuales; una
razón más para no omitir ninguna y, sobre todo, para escudriñar, como lo haría
un anatomista con su bisturí, el principio de vida de las que ya no existen.
Podemos, al darnos cuenta de la inmensa variedad de fenómenos que se revelan
mediante la aplicación de principios a los hechos, y en los
que nada es absoluto ni permanente, sino que, por el contrario, todo es
relativo y sucesivo, adquirir esa seguridad de tacto y precisión de visión que
se encuentran entre las conquistas más valiosas de la ciencia.
Sería
un error suponer que la teoría simplifica las soluciones prácticas. Lejos de
proporcionarnos una especie de fórmula, nos enseña a identificar diversas
dificultades. Saca a la luz los múltiples aspectos y las consideraciones
fértiles y variadas, cuyo examen es la misión del verdadero estadista y
legislador. De esta manera, la acción del pensamiento y el poder de la idea
moral se revelan con la mayor brillantez . El hombre deja de
ser un elemento inerte y se manifiesta como un ser sensible, y el sublime
pensamiento de Pascal: «La humanidad es como un hombre que vive y aprende
siempre», se confirma con el resultado. Sería vano y temerario intentar
realizar el deseo de abdicar violentamente del pasado. Las lecciones que nos
transmite son tan instructivas como atractiva es la imagen que despliega ante
nuestros ojos. Ya no nos queda más que ver y oír, para curarnos de la más
generosa impaciencia con lo existente y para retirarnos de los intentos más
peligrosos.
[pág.
046]
XIV.
El testimonio invariable de siglos afirma
la continua y gradual mejora del hombre gracias a la energía individual y el
pensamiento moral. La necesidad y el sufrimiento lo han impulsado a
progresar. La previsión, el trabajo, el sacrificio y la virtud lo han redimido
en parte. Ningún derecho ha sido menoscabado ni usurpado, y cada paso en la
civilización ha sido un paso en el camino hacia la libertad. En lugar de
responsabilizar a esta última de una miseria material y moral que está llamada
a remediar, podemos demostrar que, a medida que aumentan la libertad real y las
garantías legales, el mal disminuye.
No
queremos ceder a un optimismo conveniente ni negar los sufrimientos que agobian
demasiado al mundo. Estamos lejos de haber alcanzado el fin asignado a nuestros
esfuerzos; pero no permitamos que la esperanza que albergamos de un mayor
progreso nos ciegue ante lo que ya se ha logrado. Esto último nos muestra que
vamos por buen camino y que no hemos actuado imprudentemente al dar rienda
suelta a las facultades humanas. Los cambios repentinos solo se producen en
escenarios. En el mundo real, la marcha del progreso es lenta y laboriosa.
Puede acelerarse con un golpe de suerte, pero sería vano intentar apresurarlo.
El
hombre aún sufre. Nadie desea negar el mal, solo estimar su magnitud. Sin
embargo, es innegable que su imperio fatal se está reduciendo en lugar de
expandirse. Es especialmente el progreso alcanzado en las regiones superiores
del intelecto y de los sentimientos lo que aquí ejerce su influencia benéfica.
De nuestra grandeza moral depende nuestro poder material. La elevación o
degradación del carácter, la energía o debilidad de la voluntad: tal es la
fuente primera del bien o del mal. El mundo, como bien dice Chalmers, está
constituido de tal manera que seríamos materialmente felices si fuéramos
moralmente buenos.
El
progreso industrial contribuye, como hemos dicho, a la perfección moral. No es
la fuente de esa perfección, sino su instrumento; [pág. 047]Pues la
ignorancia y la miseria, sus acompañantes habituales, son malos consejeros. La
Economía Política muestra cómo se multiplican los bienes de este mundo. Muestra
cómo la modesta comodidad puede generalizarse, impulsando así todas las nobles
virtudes sin despertar una pasión ciega por las riquezas. Enseña moderación en
lugar de fomentar la codicia, y no contradice las sublimes palabras de San
Agustín: «La familia humana, viviendo por la fe, usa los bienes de la
tierra como extraños, no para ser cautivada por ellos ni apartada de la meta a
la que tienden, que es Dios, sino para encontrar en ellos un apoyo que, lejos
de agravar, aligera la carga de este cuerpo perecedero que oprime el alma».
XV.
Visto
desde abajo, todo diverge. Visto desde arriba, todo se une y se combina. Uno de
los grandes méritos del método histórico es que eleva el punto de observación y
brinda al observador el apoyo de la tradición y el buen sentido, ese maestro de
la vida; que evita el divorcio entre diferentes ramas del conocimiento del
mismo orden, que constituyen una sola familia intelectual, que no hay
posibilidad de confundir, y que sería peligroso aislar.
Aristóteles,
ese genio universal, descubrió la Economía Política, y fue el método histórico
el que se la reveló. Cabe añadir que el gran filósofo solo había visto una fase
de esta ciencia, la crematística, y que sus ideas aquí llevan la impronta de la
época en que vivió. Aristóteles, sin embargo, distinguió esta ciencia de todas
las demás y de la economía doméstica, tan afín a ella. Sin duda, no fundó el
estudio moderno de la Economía Política, pero su profundo intelecto le dio un
presentimiento de ella.
El
honor de producir simultáneamente a Adam Smith, Quesnay y Turgot corresponde al
siglo XVIII. Fue en el [pág. 048]Fue en el curso de filosofía de Glasgow
donde este estudio encontró un lugar definido. El ilustre fundador de la
Economía Política no contempló disolver la antigua alianza entre esta y las
ciencias morales, la historia, la filosofía, la jurisprudencia y las bellas
letras, todas ellas exploradas y estudiadas a fondo. Que quienes ambicionen
seguir, aunque sea a distancia, los pasos de Adam Smith no olviden cuál fue la
cuna del noble estudio al que han consagrado su intelecto.
L.
WOLOWSKI.
[pág.
051]
Introducción.
Capítulo I.
Ideas
fundamentales.
Sección I
Bienes-Deseos.
El
punto de partida, así como el punto objeto de nuestra ciencia, es el
Hombre. 49
Todo
hombre tiene innumerables necesidades, físicas e intelectuales. 50 51 Las
necesidades son necesidades, decencias ( Anstandsbedürfnisse )
o lujos. La insatisfacción de las necesidades necesarias causa enfermedad o
muerte; la de las necesidades de decencia pone en peligro la
propia... [pág. 052]Posición social. 52 El
número mucho mayor y la mayor duración de sus necesidades se encuentran entre
las diferencias más notables entre el hombre y la bestia: 53 necesidades
como ropa, combustible, 54 herramientas
y las resultantes de su infancia mucho más prolongada; estas últimas, junto con
otras causas, han contribuido en gran medida a hacer del matrimonio algo
necesario y universal. Mientras que los animales inferiores no tienen
necesidades, sino necesidades, y mientras su carencia agregada, incluso en la
serie más larga de generaciones, no admite un aumento cualitativo, el círculo
de las necesidades del hombre es susceptible de una extensión indefinida. 55 Y,
de hecho, todo avance cultural realizado por el hombre se expresa en un aumento
en el número y la intensidad de sus necesidades racionales. Nadie que se
distinga en algo se siente impulsado a ello por una necesidad peculiar; y esta
necesidad es tanto la causa como el efecto de la facultad que le es peculiar.
Nadie excepto el poeta siente la necesidad de poetizar; nadie excepto el
filósofo, de filosofar. En cada aspecto, intelectual o físico, en el que el
hombre supera al niño, experimenta nuevas necesidades desconocidas para este.
Nuestra educación consiste, principalmente, en despertar necesidades y procurar
su satisfacción.
[pág.
053]
Los
bienes son cualquier cosa que pueda usarse, directa o indirectamente, para la
satisfacción de cualquier necesidad humana verdadera 56 o
legítima, 57 y
cuya utilidad, para este propósito, es reconocida. Por lo tanto, la idea de
bienes es esencialmente relativa. Cada cambio en las necesidades o el
conocimiento del hombre va acompañado de un cambio rápido y correspondiente, ya
sea en los límites del círculo 58 de
bienes, o en su importancia relativa. Así, la planta del tabaco probablemente
ha existido durante miles de años. Sin embargo, se convirtió en bienes solo
desde el momento en que el hombre reconoció su uso para fumar, rapé, etc., y
experimentó la necesidad de ella para estos fines. De manera similar, la piedra
caliza de las canteras de Solenhofen se ha convertido en bienes ,
de considerable importancia, solo desde la invención de la litografía; los
huesos en descomposición, solo desde la del estiércol de polvo de hueso; El
caucho desde aproximadamente 1825, y la gutapercha, solo desde 1844. Por otro
lado, los amuletos, los filtros
e incluso las reliquias, desde la decadencia de la fe en su eficacia, han
perdido su calidad de bienes. Si el ingreso total de toda la humanidad se
dividiera equitativamente entre todos, por una revolución repentina, los
diamantes, por ejemplo, [pág. 054]Su valor disminuiría considerablemente,
ya que depende, en gran medida, de las necesidades generadas por la vanidad o
el deseo de eclipsar a los demás. La cerveza, el tabaco, etc., ascenderían en
la escala de bienes, ya que el círculo de aquellos cuyas necesidades satisfacen
se habría ampliado enormemente. En general, el avance de la civilización tiene,
por sí mismo, el efecto de aumentar la cantidad y el número de bienes,
aumentando así las necesidades y el conocimiento de las personas. Alcanzaríamos
el ideal si todos los hombres experimentaran solo necesidades verdaderas o
legítimas, pero estas completamente; si pudieran ver claramente el camino hacia
su satisfacción y encontrar los medios para satisfacerlas con el esfuerzo más
propicio para su desarrollo físico e intelectual. 60
Sección II.
Bienes.—Bienes
económicos.
Por
economía ( Wirthschaft =
agricultura o administración del hogar), entendemos la actividad sistematizada
del hombre para satisfacer su necesidad ( Bedarf =
requisito) de bienes externos. 61 Este
tratado se ocupa únicamente de los bienes económicos (fines o medios de la
economía). 62 Cuanto
mayor sea el avance de la civilización o la cultura humana, [pág.
055]Cuanto menos aptos son los hombres para buscar la satisfacción de sus
necesidades, aislados de sus semejantes, o, en otras palabras, para llevar a
cabo sus economías o explotaciones agrícolas separados unos de otros. Cuanto
más numerosas sean las necesidades de los hombres y cuanto más diferentes sean
sus facultades, más natural se vuelve el intercambio 63. Dado
que todos los bienes derivan su carácter de bienes del hecho de que están
destinados a satisfacer las necesidades humanas, la mera posibilidad de
intercambio debe aumentar en gran medida la posibilidad de que las cosas se
conviertan en bienes. Pensemos en el maquinista, cuyos productos solo utiliza
el astrónomo, mientras que este último nunca está en condiciones de fabricarlos
por sí mismo. ( Hufeland. ) El comercio es la serie de
combinaciones creadas por el intercambio de servicios: “una red viva de
relaciones, cuyas necesidades y servicios siempre tejen y
destejen”. ( Hermann. ) Por regla general, con un avance
de la civilización, aumenta el número de bienes que se convierten en bienes
económicos, y el número de bienes económicos que se convierten en bienes
comerciales (objetos o medios que promueven el comercio). 64 Pero
esto debe considerarse un avance real solo en la medida en que lo obtenido sea
superior a lo que se poseía antes, como consecuencia de la especialización de
las profesiones o la mayor división del trabajo (§ 48 y
siguientes). Cuando un pequeño árabe de la calle le exige dinero a un extraño
por indicarle el camino, con razón lo censuramos; pero nadie
encontraría [pág. 056]sería impropio que primero se capacitara para
desempeñar el papel de guía y luego viviera de acuerdo con su vocación. 65
Sección III.
Bienes.—Las
tres clases de bienes.
Todos
los bienes económicos se dividen en tres clases:
A. Personas
o servicios personales. Es totalmente repugnante al sentido de
humanidad considerar la persona de un hombre en su totalidad como un
instrumento destinado a satisfacer las necesidades de otro. 66 [pág.
057]Sin embargo, esto ocurre dondequiera que exista la esclavitud; en su forma
más grosera, en el canibalismo. Entre las naciones civilizadas, podemos hablar,
bajo este concepto, solo de los servicios o capacidades individuales de las
personas; o, de hecho, del conjunto de los servicios prestados por ellas
durante un tiempo determinado a voluntad, o un período breve. 67
B. Cosas ,
tanto muebles como inmuebles. 68
C. Relaciones con
personas o cosas que con frecuencia pueden estimarse con la misma precisión que
los bienes materiales. (La res incorpora [pág. 058](del
derecho romano.) Solo necesito mencionar lo que se llama buena voluntad, que
libremente, y en beneficio de los propios clientes, pero aún con cierta
certeza, se vincula a ciertas localidades, y por la cual los taberneros, a
veces, como en teatros, depósitos y clubes, pagan una renta tan enorme. 69 Cuando
se vende un periódico, el comprador con frecuencia no compra nada más que las
relaciones existentes entre sus trabajadores, suscriptores, etc. Gran parte del
valor de una buena empresa comercial reside en la confianza que inspira a todos
los que tratan con ella, evitándoles así un mundo de preocupaciones y
problemas. 70 Un
general puede ser de incalculable valor para un ejército que él mismo ha
ayudado a organizar. En otro, o al servicio de un país que no es el suyo,
podría carecer por completo de valor, incapaz de lograr nada. 71 Con
el progreso de la civilización, a medida que el hombre se vuelve más social,
aumenta el número de relaciones valiosas, mientras que el de monopolios
legalizados suele disminuir. ( Schäffle. ) 72
[pág.
059]
Sección IV.
De
valor.—Valor en uso.
El
valor económico de los bienes es la importancia que poseen para los fines del
hombre, considerado en su condición de objeto de economía (uso del hogar,
agricultura, etc. ). 73
Desde
la perspectiva de quien desea emplearlos directamente, sin duda la más antigua,
el valor aparece primero como valor de uso; y aquí, según la diferencia de
fines subjetivos que pretende satisfacer, podemos hablar de valor de producción
o valor de disfrute; y de este último, a su vez, como valor de utilización o
valor de consumo. El valor de uso de los bienes es mayor cuanto más generales y
urgentes sean las necesidades que se calcula que satisfacen, y cuanto más
plenas, seguras, duraderas, fáciles y placenteras son las
gratificaciones. 74 Por
lo tanto, rara vez es posible encontrar una expresión matemática precisa de la
relación existente entre el valor de uso de diferentes bienes. 75 Así,
es posible estimar el [pág. 060]el poder nutritivo de diferentes clases de
bienes, el valor del trigo o del heno por ejemplo, pero no la bondad o calidad
de su sabor, del atractivo de su apariencia, etc.
Pero
cuanto más se acostumbran los hombres a comparar el conjunto de las necesidades
humanas y el conjunto de los bienes que contribuyen a su satisfacción, como si
fueran dos grandes totalidades que se funden gradualmente, más se convierte el
valor de uso de los diferentes tipos de bienes, a efectos de valoración social,
en un carácter fungible. 76 Si
se produce o descubre un nuevo tipo de bien que satisface las mismas
necesidades de forma más completa que otro, este último, aunque no haya sufrido
cambios, generalmente pierde valor, especialmente si los nuevos bienes pueden
producirse en cualquier cantidad deseada. Un ejemplo de ello es el cambio en el
valor del pastel, la hierba de los tintoreros, por la introducción del índigo.
Las
cosas presentes en cantidades mayores que las necesarias para satisfacer la
necesidad que satisfacen, conservan su valor pleno en el uso, hasta el límite
de esa necesidad, después de lo cual son simplemente un elemento de posible
valor futuro, dependiente de un aumento de la necesidad; pero no tienen valor
para el uso presente. 77
Sin
embargo, la valoración económica de los bienes no se agota en absoluto, en lo
que respecta al ama de casa individual aislada, en el mero establecimiento de
su valor de uso. Como el esfuerzo sistemático de cada individuo racional
en [pág. 061]Su administración doméstica está orientada a obtener, con un
mínimo sacrificio de placer y energía, la máxima satisfacción de sus
necesidades; incluso un Adán o un Crusoe, en su economía, se ve obligado a
estimar no solo lo que los bienes que adquirirá (valor de uso), sino también su
costo (costo-valor). Incluso el bien más indispensable, por ejemplo, el aire
atmosférico, se considera sin valor cuando puede obtenerse en cantidad
suficiente sin sacrificio alguno. 78
Sección V
Valor.—Valor
en el intercambio.
El
valor de cambio de los bienes, o la calidad que los hace intercambiables por
otros bienes, se basa en una combinación de su valor de uso con su valor de
costo, tal como lo hacen los hombres en sus relaciones entre sí. 79 Sin
valor de uso, el valor de cambio 80 es
impensable.
Pero
hay muchos bienes, incluso indispensables, que no son en absoluto susceptibles
de ser intercambiados; por ejemplo, la luz y el calor del sol, el mar abierto,
etc. 81 Otros
bienes, [pág. 062]Aunque susceptibles de intercambio, carecen de valor en
el intercambio, pues existen en superabundancia y todos pueden obtenerlos sin
esfuerzo ni recompensa; por ejemplo, el agua potable en la mayoría de los
lugares, el hielo en invierno y la madera en el bosque primigenio. 82 Además,
la idea de estos «bienes gratuitos» es en gran medida relativa. El
agua de un río puede, para beber, ser un bien «gratuito» , y, sin
embargo, para el riego, tener un gran valor en el intercambio. ( John
Stuart Mill ).
Pero,
para que los bienes adquieran valor en el cambio, es necesario que, además de
su valor de uso, haya un valor que debe ser reconocido 83 por
un cierto número de personas al menos, que tengan la capacidad de llegar a ser
propiedad exclusiva de algún individuo, y, por tanto, de ser enajenados o
transferidos; y esta enajenación o transferencia debe ser deseada a causa de la
dificultad de llegar a poseerlos de cualquier otro modo. 84
[pág.
063]
Sección VI.
Valor.—Supuesta
contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio.
Escritores recientes,
especialmente socialistas, han aludido a la
gran contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio. Sin
embargo, esta contradicción se desvanece cuando se tienen en cuenta la idea de
economía mencionada y las dos caras o aspectos que presenta el valor económico.
Se dice, por ejemplo, que una libra de oro tiene un valor de cambio mucho mayor
que una libra de hierro; mientras que el valor de uso del hierro es
incomparablemente mayor que el del oro. Cuestiono [pág. 064]Esta última
afirmación. Es cierto que la necesidad de hierro es mucho más universal y
urgente que la de oro. Por otro lado, una libra de oro satisface la necesidad
de ese metal mucho más que una libra de hierro. Podemos hablar de una
contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio, como máximo, solo si
la cantidad existente de un artículo en el comercio, del cual se puede
prescindir, no se estima proporcionalmente inferior a la oferta total existente
de un bien indispensable. Pero este es un caso que no suele ocurrir. Cuando,
por ejemplo, el trigo es muy caro, como en años de escasez, la gente prefiere
pagar un precio muy alto por él antes que prescindir, aunque sea parcialmente,
de su uso; y, por lo tanto, de todos los artículos de primera necesidad. A
medida que las personas progresan en la cultura económica, se vuelven más
expertas en adaptar el valor de cambio de los bienes relacionados, no solo a su
valor de costo, sino también a su valor de uso. 86 87
Cuanto
más bajo es el estado de la economía de una nación, cuanto más aislados viven
los hombres unos de otros, mayor es la prominencia que dan al valor de uso, en
comparación con el valor de cambio, un hecho que hace que la valoración de los
recursos, que será de aplicación universal, sea un asunto más difícil. 88 89 90
[pág.
065]
Sección VII.
Recursos
o medios (Vermögen).
Los
recursos , o medios , en el sentido
en que aquí se utiliza el término, son el conjunto de bienes económicos que
posee una persona física o jurídica, una vez deducidas sus deudas y sumadas
todas las reclamaciones válidas y legítimas. 91 Por
lo tanto, existen recursos privados, corporativos, municipales, etc.,
estatales, nacionales y mundiales. Al estimar los recursos de un pueblo, es
necesario, por supuesto, deducir las deudas de cada miembro de la nación con
sus compatriotas.
[pág.
066]
Sección VIII.
Valoración
de Recursos.
A
menudo se ha cuestionado si la valoración de los recursos debe basarse en el
valor de uso o en el valor de intercambio de sus partes constituyentes. 92 Este
último, por supuesto, carece de interés, salvo en la medida en que nos
concierne la posibilidad de obtener el control de parte de los recursos o
medios de otro, mediante la entrega de una parte de los propios bienes. Al
estimar el valor de los recursos privados, que requieren ser objeto continuo de
comercio, este punto es, por supuesto, de suma importancia. Si algunos de sus
componentes, por ejemplo, las tierras pertenecientes a un fideicomiso ,
no pueden entrar inmediatamente en el mercado, al menos los ingresos que
generan se miden por su valor de intercambio.
Es
muy distinto, incluso con los recursos de toda una nación. Dichos recursos son,
evidentemente, mucho más independientes y tienen mucha menos necesidad de ser
intercambiados con sus iguales que los recursos privados. El comercio exterior
de las naciones más grandes y avanzadas, hasta ahora, ha sido solo una pequeña
parte de su comercio interior. 93 Una
valoración, [pág. 067]Por lo tanto, basarse en el valor de intercambio,
por muy interesante que sea para determinar cómo se reparte la propiedad entre
las diferentes clases y personas que componen la nación, proporcionaría poca
información sobre la magnitud absoluta de la riqueza nacional. Esto, por
supuesto, se aplica en mayor medida a los recursos del mundo entero.
Si
ahora calculáramos los recursos de un pueblo entero, o incluso del mundo,
sumando el valor de intercambio de sus componentes, muchos elementos muy
importantes quedarían completamente fuera de la cuenta; como por ejemplo,
puertos, ríos navegables, innumerables relaciones que, de hecho, carecen de
valor de intercambio, pero que son de suma importancia porque impulsan la
economía de la nación. Lo mismo puede decirse de las carreteras construidas de
cualquier tipo, cuyo valor político-económico puede ser mucho mayor que el
valor de intercambio de sus existencias, que su costo de producción, etc. El
aumento del valor de intercambio de cualquiera de las ramas de los recursos de
una persona física o jurídica contribuye al enriquecimiento real de la nación o
del mundo, solo si dicho aumento se basa en una mayor utilidad en calidad o
cantidad. Si un terremoto secara repentinamente varios de nuestros manantiales,
y así se diera valor de intercambio al agua potable de los restantes,
asistiríamos, de hecho, a la introducción de un nuevo objeto en la lista de
bienes de intercambio. Los propietarios de manantiales podrían disponer de una
mayor porción de los recursos nacionales, pero a expensas del resto de la
población; y todo el país se habría empobrecido en bienes debido a la
catástrofe. Ni siquiera el valor de intercambio de los recursos nacionales
aumentaría; pues todos los demás bienes, que hasta entonces, en comparación con
el agua, tenían una capacidad ilimitada de intercambio, perderían tanta de esa
capacidad como la había ganado el agua. 94 Por
otro lado, si se desarrollara un nuevo mineral [pág. 068]Si se descubriera
un manantial cuyo gran valor en uso le diera valor en el intercambio, los
recursos de la nación aumentarían realmente, no sólo en términos de utilidad,
sino en valor de cambio; porque ningún otro bien, anteriormente conocido,
perdería, como consecuencia del descubrimiento, su poder de cambio. 95
Sección IX.
Poder.
La
posesión de grandes recursos, también potencialmente duraderos; objetivamente,
a estos recursos en sí mismos los llamamos riqueza. Pero debe ser grande en un
doble sentido: grande en comparación con las necesidades racionales de su
poseedor, y grande, también, en comparación con los recursos de otras personas,
especialmente con los recursos de quienes se encuentran en la misma condición
de vida. Para ser llamado rico, no basta con tener suficiente (el
aspecto individual); es necesario tener más que otros. 96 Si
todos los hombres poseyeran [pág. 069]De mucho, pero todos de una cantidad
exactamente igual, cada uno se vería obligado, cabe conjeturar, a ser su propio
deshollinador, su propio recolector de basura y su
propio "limpiabotas". ¿Y cómo podría alguien, entonces, ser
considerado propiamente rico? Este es el aspecto social de la idea de
riqueza. 97 Por
lo tanto, una persona con los mismos recursos podría ser muy rica en una ciudad
de provincias, mientras que en la capital solo podría disfrutar de una
comodidad moderada. 98
[pág.
070]
Sección X.
Riqueza.—Señales
de riqueza nacional.
Tendríamos
una idea muy imperfecta de la riqueza de un pueblo (§ 8 )
si la estimáramos en su valor de cambio. [pág. 071]De la suma total de
los componentes de los recursos nacionales. Sin embargo, mediante los
siguientes signos, se puede obtener una noción aproximada del valor en uso de
los recursos de una nación:
A.
Cuando, incluso las clases bajas, que constituyen en todas partes la mayor
parte de la población, se encuentran cómodas, en una condición digna de seres
humanos. Así, C. Dupin se sorprende de las grandes cantidades de carne,
mantequilla, queso y té ingresadas en las cuentas de las casas de pobres de
Inglaterra, y de la gran [pág. 072]se procurará que sean de la mejor
calidad. 100 Un
buen síntoma de tal estado de cosas es la elevada duración media de la vida
humana, especialmente cuando hay un número relativamente grande de nacimientos.
(§ 246.)
B.
Cuando un desembolso considerable, destinado a la satisfacción de las
necesidades más refinadas, se realiza voluntariamente, y solo por quienes
poseen un sentido económico adecuado. Así, en Inglaterra, las diversas
sociedades misioneras, bíblicas y de folletos tuvieron, en 1841, unos ingresos
totales de 630.000 libras esterlinas. Las expediciones en busca de Franklin
costaron más de un millón de libras esterlinas. El gasto estatal también
pertenece a esta categoría, siempre que se recauden impuestos y se obtengan
préstamos sin ninguna opresión notable. La suma de 20.000.000 de libras
esterlinas, votada en 1833 por el Parlamento británico para la abolición de la
esclavitud, es uno de los signos más afortunados de la riqueza nacional de
Inglaterra. 101
C.
Una gran cantidad de edificios valiosos y mejoras permanentes; por ejemplo,
carreteras de todo tipo, obras de riego y drenaje. Así, en Londres, de
septiembre de 1843 a septiembre de 1845, se construyeron plazas y calles con
una longitud total de 11,1 millas geográficas. El número de casas de nueva
construcción en Londres, entre 1843 y 1847, fue de casi 27.000. Así, en
Inglaterra y Gales hay 492 millas geográficas de canales navegables, mientras
que se estima que sus ríos navegables tienen una longitud de tan solo 449
millas. El número de millas de ferrocarril en el Imperio Británico, en 1865,
fue de 2.897 millas geográficas, con un coste de 459 millones de libras; en
1870, fue de 3.270 millas geográficas, con un coste total de 650 millones de
libras esterlinas.
D.
La frecuente ocurrencia de pagos comerciales cuantiosos, que se expresa
especialmente en la magnitud y el alto costo del medio de cambio más común.
Así, todos los pagos se realizan en Inglaterra en papel moneda (por sumas de al
menos cinco [pág. 073]libras esterlinas) o en monedas de oro. La plata se
usa solo como cambio, como el cobre en la mayoría de los demás países. ( Infra ,
§ 118 ,
ss.) 102
E.
Préstamos frecuentes a naciones extranjeras. Por lo tanto, Storch divide a
todos los países en países prestatarios o pobres, países prestatarios o ricos,
y países independientes que ocupan un lugar intermedio entre los dos
primeros. 103
Sección XI.
De
Economía (Ganadería).
Toda
economía normal 104 (agricultura)
busca asegurar el máximo beneficio personal con el mínimo costo o
desembolso. 105 Y
siempre hay dos incentivos intelectuales en la base de esta economía. Primero,
el interés propio, cuya manifestación positiva es el esfuerzo por adquirir la
mayor cantidad posible de bienes del mundo, y su expresión negativa, el
esfuerzo por perder la menor cantidad posible de ellos (adquisición, ahorro).
El interés propio, al perder su moral y asumir un carácter culpable, degenera
en egoísmo; la adquisición, en codicia; y la disposición al ahorro, en avaricia
(el solipsismo de Kant). El incentivo para mejorar la propia
condición es común a todos los hombres, sin importar cuán diversos
sean. [pág. 074]La forma o la intensidad de su manifestación. Nos guía a
todos desde la cuna hasta la tumba. Puede estar restringido dentro de ciertos
límites, pero nunca extinguido por completo. Es, en el ámbito de la economía,
lo que el instinto de autoconservación es para nuestra existencia física: un
poderoso principio de creación, preservación y vida renovada (I Tesalonicenses
4:11, ss.). 106 Luego
está el incentivo de la demanda de la voz de Dios en nosotros, la voz de la
conciencia, ya sea que la llamemos, en un esquema filosófico, «el esbozo
de las ideas de equidad, derecho, benevolencia, perfección y libertad
interior», o, al enmarcar nuestras vidas de acuerdo con ellas, la búsqueda
del Reino de Dios. 107 No
importa cuánto se haya desfigurado la imagen de Dios en la mayoría de los
hombres, no hay nadie en quien el anhelo por él haya desaparecido tanto como
para no dejar rastro. Esto pone límites a nuestro egoísmo y [pág. 075]lo
transmuta en un medio terrenal que nos permite aproximarnos a un ideal eterno.
Así
como en la estructura del mundo las tendencias aparentemente opuestas de las
fuerzas centrífugas y centrípetas producen la armonía de las esferas, así
también en la vida social del hombre, el interés propio y la conciencia generan
en él el sentimiento del bien común. 108 Este
sentimiento del interés común es la base sobre la que se alzan, en sucesivas
etapas, la vida de la familia, de la comunidad, de la nación y de la humanidad,
esta última de las cuales debe coincidir con la vida de la Iglesia. Solo ella
puede realizar el reino de los cielos en la tierra. Solo mediante este
sentimiento la religión puede hacerse activa y moral. Solo mediante él, el
interés propio puede ser realmente seguro y siempre eficaz. Incluso la mente
más calculadora debe reconocer que innumerables instituciones, relaciones,
etc., son útiles e incluso necesarias para muchos individuos, y que solo pueden
establecerse o mantenerse desde un sentido del bienestar general, porque ningún
individuo podría hacer el sacrificio requerido para establecerlas o
mantenerlas. Y así, dado que el comercio ha forjado los intereses de todos en
una gran red, la mejor manera de satisfacer nuestras propias necesidades es
ayudar a otros a satisfacer las suyas. El interés propio lleva a cada uno a
elegir el camino en la vida en el que encontrará la menor competencia y el
mayor apoyo; en otras palabras, el que responde a la necesidad más apremiante y
menos satisfecha de la comunidad. Por regla general, el médico que cura al
mayor número de pacientes con la mayor habilidad, y el fabricante que produce
los mejores productos al menor precio, se convertirá en el más rico. Además, es
fácil ver que, a medida que el círculo de intereses comunes se reduce, se
aproxima al interés propio; y [pág. 076]al «Reino de Dios» 109 a
medida que crece. Y, sin embargo, todos estos círculos se condicionan
mutuamente. El cosmopolitismo o el celo eclesiástico, sin amor a la patria; el
patriotismo, sin fidelidad a la comunidad en la que se vive, o amor a la
familia, son más que sospechosos. Lo contrario también es cierto. Este es un
vínculo fundamental entre los grandes aparentes opuestos. 110 111
[pág.
077]
Sección XII.
Economía.—Grados
de Economía.
Gracias
a este sentimiento por el bien común, la eterna y destructiva guerra —la bellum
omnium contra omnes— que un
egoísta sin escrúpulos no dejaría de generar entre hombres comprometidos en la
búsqueda aislada de sus propios intereses económicos, cesa en la organización
superior y bien ordenada de la
sociedad. En ella se basan las diversas formas de economía en común: economía
familiar, economía corporativa o asociativa. [pág. 078]economía municipal
y economía nacional. 113 Y
estas formas de economía en común son tan esencialmente la condición y el
complemento de la economía individual, que ésta, sin ellas, o bien no podría
mantenerse en absoluto, o, al menos, sólo en el estadio más bajo de la
civilización.
Aunque
la ciencia superior de la Economía Política se ha concebido casi siempre como el
estudio de la actividad nacional agregada de un pueblo, recientemente muchos
consideran que la Economía Política no es un todo real, sino solo una mera
abstracción. Esto es cierto, especialmente en el caso de muchos teóricos
incondicionales del librecambio, en parte debido a la repugnancia hacia la
tutela gubernamental de las empresas o la economía privadas. También es cierto
en el caso de ciertos filósofos que consideran la idea
de «pueblo» como meramente nominal. Sin embargo ,
hay [pág. 079]Dos cosas son necesarias para que podamos llamar a una cosa
compuesta de varias partes un todo real: las partes y el todo deben tener una
acción recíproca entre sí, y el todo, como tal, debe tener una acción
demostrable propia. ( Drobisch. ) En este sentido, “el
pueblo” es, sin duda, un [pág. 080]La realidad, y no solo los
individuos que constituyen el "pueblo". Además, se afirma
con razón que toda actividad agrícola o económica presupone una voluntad
( "actividad sistematizada", etc., supra ,
§ 2 ).
Dicha voluntad se atribuye a los individuos, a las personas jurídicas, al
Estado, pero no, sin embargo, al "pueblo" en su conjunto.
Sin embargo, esta voluntad no tiene por qué ser completamente consciente, como
se desprende del caso de los individuos menos dotados y menos cultos que se
dedican a la economía doméstica. La sistematización en la economía pública de
un pueblo encuentra su expresión más clara en las leyes económicas y en las
instituciones del Estado. Pero también se expresa, sin la intervención del
Estado, en las leyes establecidas por el uso y por las opiniones de juristas o
tribunales, en la comunidad de palabras, costumbres y gustos, etc.: cosas que
tienen un importante significado económico, que dependen de la naturaleza común
de la tierra, de la raza y de la historia, y que influyen en el Estado, al
menos tanto como son influenciadas por él. 116 117
Lo
máximo que se puede decir actualmente, en lo que respecta a una economía de la
humanidad o una economía mundial, es que se puede demostrar que se han
realizado importantes preparativos para ello. Nos estamos acercando a ella
gracias al carácter cada vez más cosmopolita de la ciencia, la creciente
cooperación internacional del trabajo, la mejora de los medios de transporte,
la creciente emigración, el mayor amor por la paz y la mayor tolerancia entre
las naciones, etc.
[pág.
081]
Sección XIII.
Economía
Política.—El organismo económico.
La
idea que transmite la palabra organismo es, sin duda, una de
las más oscuras de todas; y estoy tan lejos de querer explicar con esa
idea el significado de la economía pública o nacional, que sólo usaría la
palabra organismo como la expresión más corta y
más familiar de una serie de problemas que la siguiente investigación se
propone resolver.
Hay
dos puntos especialmente importantes aquí. En el movimiento de cualquier
máquina, es posible distinguir con la mayor precisión entre la causa y el
efecto del movimiento: el viento, por ejemplo, es simple y llanamente la causa
de la fricción de las piedras de molino en un molino, y no está en lo más
mínimo influenciada ni condicionada por esta última. Pero, en la economía
pública de cada pueblo, la reflexión paciente muestra pronto al observador que
los eventos o fenómenos simultáneos más importantes se condicionan mutuamente.
Así, un estado floreciente de la agricultura es imposible sin industrias
florecientes; pero, a la inversa, la prosperidad de esta última supone la
prosperidad de la primera como condición precedente. Es como en el cuerpo
humano. Los movimientos respiratorios se producen por la acción de la médula
espinal; y la médula espinal, a su vez, continúa funcionando solo a través de
la sangre, es decir, [pág. 082]Con la ayuda de la respiración. En casos
como este, nos vemos obligados, al explicar los fenómenos, a dar vueltas en
círculo, a menos que admitamos la existencia de una vida orgánica, de la cual
cada hecho individual es solo la manifestación. 119 120
Es
innegable, además, que la comprensión humana del funcionamiento y la utilidad
de una máquina siempre debe preceder a la existencia de la máquina misma. Esta
comprensión humana es la base del plan, y el plan, a su vez, es la base de la
máquina. Lo contrario ocurre en el caso de los organismos, esas «máquinas
divinas», como las llamó Leibniz. Los hombres habían digerido alimentos y
reproducido su especie miles de años antes de que los fisiólogos hubieran
desarrollado una verdadera teoría de la digestión o la reproducción. De hecho,
no pretendo, ni mucho menos, que la economía pública de las naciones esté
regida por la necesidad natural, en el mismo grado que, por ejemplo, el cuerpo
humano. Sin embargo, descubriremos que las pequeñas variaciones arbitrarias
habituales aquí y allá en el curso de su desarrollo generalmente se compensan
entre sí, de acuerdo con la ley de los grandes números. Aquí también
encontramos armonías, a menudo de maravillosa belleza, que existían mucho antes
de que nadie las soñara; innumerables [pág. 083]leyes naturales , 121 cuyo
funcionamiento no depende de su reconocimiento por los individuos, y, sobre las
cuales, sólo puede obtener poder quien ha aprendido a obedecerlas. ( Bacon ) 122 123 124 Pero [pág.
084]Nunca debe perderse de vista que las leyes naturales que rigen la economía
pública de un pueblo, al igual que las de la mente humana, se distinguen en un
punto esencial de las del mundo material. Se refieren a seres racionales y
libres, quienes, por ser así libres y racionales, son responsables ante Dios y
su conciencia, y constituyen en conjunto una especie capaz de progresar.
Sección XIV.
Origen
de la economía de una nación.
La
economía pública de un pueblo tiene su origen simultáneamente con el pueblo. No
es invención del hombre ni revelación de Dios. Es el producto natural de las
facultades y propensiones que hacen al hombre hombre. 125 Así
como puede demostrarse que la familia que vive aislada de todas las demás
contiene, en sí misma, los gérmenes de toda organización política, 126 también
puede demostrarse que toda gestión doméstica independiente contiene los
gérmenes de toda actividad político-económica. La economía pública de una
nación crece con la nación. Con la nación, florece y madura. Su época de
florecimiento y madurez es el período de su mayor fortaleza y, al mismo tiempo,
el de su más perfecto desarrollo. [pág. 085]De todos sus órganos más
importantes. 127 En
cuanto a esto, puede decirse que los esfuerzos económicos de cualquier época
están representados por dos grandes partidos: uno progresista y otro
conservador. El primero busca acelerar el período de desarrollo más rico y
variado de la nación, mientras que el segundo pospone su fin lo máximo posible;
de ahí que la decadencia económica de un pueblo a veces se interprete como
progreso por la primera clase, y su progreso como decadencia por la segunda.
Por regla general, la unión y el equilibrio de estos partidos suelen ser
máximos en la madurez, porque entonces la inteligencia y el espíritu de
sacrificio por el bien común son más comunes. 128
Finalmente,
la economía pública de una nación declina con el pueblo. ( Infra ,
§ 263 y siguientes.)
Sección XV.
Enfermedades
del organismo social.
Si
la economía pública de un pueblo es un organismo, debemos esperar encontrar que
las perturbaciones que la afectan presenten ciertas analogías con las
enfermedades del cuerpo físico. Por lo tanto, podemos esperar aprender mucho
que pueda ser útil en [pág. 086]Práctica, a partir de los métodos probados
de la medicina. 129 En
las enfermedades del cuerpo, es necesario distinguir con precisión entre la
naturaleza de la enfermedad y sus síntomas externos, aunque puede ser necesario
combatir estos últimos directamente, y no solo con miras a aliviarlos.
Siguiendo el ejemplo del médico, deberíamos dirigir nuestra atención
particularmente al método curativo que la naturaleza misma seguiría, si el arte
no interviniera. «El poder curativo de la naturaleza no es un poder
peculiar; es el resultado de una serie de ajustes acertados, mediante los
cuales la propia perturbación mórbida pone en marcha los resortes que pueden
destruir el mal o paralizar su acción. De hecho, no es más que el poder
original que formó el cuerpo y preserva su vida en contacto con las causas
externas de perturbación y el desorden interno provocado por estas
causas». ( Ruete. )
[pág.
087]
Capítulo II.
Posición
de la economía política en el círculo de las ciencias afines.
Sección XVI.
Economía
Política o Nacional.
Por
ciencia de la Economía Nacional, o Economía
Política, entendemos la ciencia que tiene que ver con las leyes del desarrollo
de la economía de una nación, o con su vida económica nacional. (Filosofía de
la historia de la Economía Política, [pág. 088]Según von Mangoldt.) Como
todas las ciencias políticas o ciencias de la vida nacional ,
se ocupa, por una parte, de la consideración del hombre individual y, por otra,
extiende sus investigaciones a toda la humanidad. 131
La
vida nacional, como toda la vida, es un todo, cuyos diversos fenómenos están
íntimamente conectados entre sí. Por lo tanto, para comprender científicamente
un aspecto de ella, es necesario conocer todos sus aspectos. Pero,
especialmente, es necesario fijar la atención en los siete siguientes:
lenguaje, religión, arte, ciencia, derecho, Estado y economía. 132 Sin
lenguaje, toda actividad mental superior es impensable; sin religión, todo lo
demás perdería su fundamento más firme y su fin supremo. Solo mediante el arte,
todos estos aspectos alcanzan la belleza; solo mediante la ciencia, la
claridad. El derecho surge en el momento en que los conflictos de voluntad se
vuelven inevitables y se desea un ajuste. El Estado tiene que ver con ellos, en
la medida en que tengan alguna fuerza o validez externa. De hecho, ninguna
relación humana, ni siquiera la más elevada y gratificante, tiene sus intereses
económicos. Es, por lo tanto, natural que cada una de las ciencias que se
relacionan con estas diversas áreas de la vida humana presuponga, en parte,
todas las demás y, en parte, sirva de base para ellas. 133
[pág.
089]
Pero
en medio de esta relación universal, es fácil ver que el derecho, el Estado y
la economía constituyen una familia, por así decirlo, separada y más
estrechamente conectada. (Las ciencias sociales, en el sentido más estricto de
la expresión).
Se
limitan casi exclusivamente a lo que Schleiermacher ha llamado “acción
efectiva” ( wirksame Handeln ),
mientras que el arte y la ciencia pertenecen casi por completo a
la “acción de representación” ( darstellenden
Handeln ); y la religión y el lenguaje combinan ambos
tipos. El derecho, el estado y la economía también tienen sus raíces tan
profundas en la imperfección física e intelectual del hombre, que apenas
podemos imaginar su continuidad más allá de su vida en la tierra (Evangelio de
Mateo, 22, 30). Pero dentro de estos límites, sus diversas provincias y los
temas con los que se ocupan son casi coincidentes. Solo los consideran desde
diferentes puntos de vista: la ciencia de la política desde la de la soberanía;
la ciencia de la economía política desde la de la satisfacción de la necesidad
de bienes externos por parte del pueblo; la ciencia del derecho desde la de la
prevención o el ajuste pacífico de los conflictos de voluntad. Como todo acto
económico, consciente o inconscientemente, supone formas de derecho, así
también, la gran mayoría de las leyes relativas a los derechos, y la mayor
cantidad de sentencias en materia de derechos, contienen un elemento económico.
En innumerables casos, la ciencia del derecho nos da solo el cómo externo
; el porqué más profundo nos lo revela la ciencia de la
Economía Política. 134 135 Y,
en cuanto al Estado, ¿quién, por ejemplo, puede apreciar... [pág. 090]¿La
importancia política de una nobleza, sin comprender el carácter económico de la
renta y la posesión de grandes latifundios? ¿Quién puede apreciar políticamente
a las clases inferiores de la sociedad, a menos que se inicie en el
conocimiento de las leyes que rigen los salarios y la población? ¡Sería mucho
más fácil cultivar la psicología sin fisiología! «El Estado es la sociedad
protegida por la fuerza» ( Herbart ). Hay dos bases para
todo poder material: la riqueza y la capacidad bélica (χρήματα,
según Tucídides); y cuánto esta última necesita de la primera queda bien
expresado en el conocido dicho de Montecuccoli: «El dinero no es solo la
primera , sino
también la segunda y la tercera condición de la guerra».
Federico
el Grande considera las finanzas el pulso del Estado, y Richelieu, el punto de
apoyo que Arquímedes buscaba para impulsar el mundo. En todas las naciones
modernas, la historia de los debates sobre la recaudación de ingresos y la
aprobación de presupuestos es, al mismo tiempo, la historia de la vida
parlamentaria; y la mayoría de las grandes revoluciones, sin exceptuar la
Reforma del siglo XVI, si no causadas, han sido impulsadas por dificultades
financieras.
[pág.
091]
Sección XVII.
Ciencias
relativas a la vida nacional.—La ciencia de la economía pública.—La ciencia de
las finanzas.
Si
por economía pública de una nación entendemos la legislación económica y la
guía o dirección gubernamental de la economía de personas privadas, 138 la
ciencia de la economía pública se convierte, en lo que respecta a su forma, en
una rama de la ciencia política, mientras que en cuanto a su materia, su objeto
es casi coincidente con el de la Economía Política. De ahí que tantos autores
utilicen los términos economía pública, o economía del Estado ( Staatswirthschaft ),
y Economía Nacional ( Volkswirthschaft ),
como sinónimos. 139 La
hipótesis según la cual esta ciencia debería descartar toda consideración del
Estado, o debería negarse a presuponer su formación, 140 nos
conduciría a una región ideal, difícil de definir, probablemente completamente
imposible e inaccesible a la experiencia.
Igualmente
clara es la estrecha conexión entre la política y la Economía Política, en el
caso de la ciencia financiera, o de la ciencia de la administración pública, o
en el de la administración de los asuntos públicos. Esta última, evidentemente,
en cuanto a su fin, pertenece a la política, pero en cuanto a los medios para
alcanzarlo, a la Economía Nacional. Así como el fisiólogo no puede comprender
la acción del cuerpo humano sin comprender la de la cabeza, tampoco podríamos
comprender la totalidad orgánica de la economía nacional si dejáramos de lado
el Estado, la mayor economía de todas, [pág. 092]aquel que actúa
ininterrumpida e irresistiblemente sobre todos los demás, por
consideración. 141
Por
el término policía , nos referimos al poder estatal cuya
función es, sin mediación, prevenir toda perturbación del orden externo entre
el pueblo. 142 Puede
extender su acción a todos los ámbitos de la vida nacional mencionados
anteriormente, siempre que el orden externo se vea amenazado o requiera
protección; pero su acción es especialmente importante en los ámbitos del
derecho y la economía. Por lo tanto, la ciencia del poder policial ,
de todas aquellas doctrinas resultantes de la investigación de la vida
nacional, abarca solo una fase de cada una de ellas; y las fases de la doctrina
así abordadas las combina en un todo, con fines prácticos. Su relación con
estas ciencias es similar a la de la cirugía con las ciencias médicas, o a la
de la ciencia del procedimiento legal con la ciencia del derecho.
[pág.
093]
Sección XVIII.
Ciencias
relativas a la vida nacional.—Estadística.
Llamamos
estadística a la imagen o representación de la vida social en períodos de
tiempo determinados, y especialmente en la actualidad, dibujada a escala según
las leyes de desarrollo descubiertas mediante las ciencias teóricas antes
mencionadas; por así decirlo, un tramo a través de la corriente. ( Schlözer las
llama: historia detenida). 143 La
estadística, así definida, está tan lejos de decir demasiado como de decir muy
poco. Para ofrecer un cuadro completo de su objeto, la estadística debería, por
supuesto, abarcar la vida de un pueblo en todos sus aspectos. Pero debería
considerar dichos hechos solo como propiedad propia, cuyo significado es capaz
de comprender; es decir, solo aquellos que pueden clasificarse según las leyes
de desarrollo conocidas. Los datos ininteligibles se recopilan solo con la
esperanza de comprender su significado en el futuro, comparándolos entre sí.
Mientras tanto, son para el estadístico solo lo que los experimentos inacabados
son para el investigador de la naturaleza.
Cada
día gana más terreno la idea de que las estadísticas deberían ocuparse —sin
limitarse, no obstante, a ellos— de los hechos presentes, de «hechos que
afectan a la sociedad y al Estado, que son susceptibles de ser expresados en
cifras». 144 Cuanto
más engañosa sea la observación inmediata de un hecho individual y aislado, en
los casos en que un gran número de datos simultáneos [pág. 094]Cuanto más
se observen hechos aislados e individuales de la vida nacional, más importante
es descubrir relaciones numéricas adecuadas, anotando todos los actos o
experiencias similares de los hombres, el tiempo y el lugar en cuestión, y la
relación del conjunto de estos fenómenos con la suma total de la población, o
con la suma total de fenómenos correspondientes en otros lugares. Una vez hecho
esto, y los hechos se enumeran completamente y registran correctamente, no hay
peligro de error subjetivo. Y esta especie de «medición política y
social», como la llama Hildebrando, puede aplicarse no solo a cantidades,
sino a todas las cualidades accesibles a la observación de los sentidos; ya que
las cualidades individuales o aisladas de las cosas enumeradas pueden ser a su
vez objeto de enumeración. Sin duda, este método numérico es el más perfecto
para todas las divisiones de la estadística en las que puede seguirse; y, por
lo tanto, nuestro objetivo debe ser que el aspecto numérico de la estadística
sea lo más completo posible. Pero una faceta de una ciencia no es una ciencia
en sí misma. Como no existe una ciencia natural propiamente dicha llamada
microscopía, que abarque todas las observaciones realizadas mediante el
microscopio, se debe tener cuidado de no deducir el principio de una ciencia
del instrumento principal que emplea. Siempre habrá muchos hechos importantes
en la vida nacional que no puedan someterse al cálculo numérico, aunque puedan
establecerse con la certeza histórica habitual. Si las estadísticas se
limitaran, como se mencionó anteriormente, seguirían siendo una colección de
fragmentos y, en lugar de ser una ciencia propiamente dicha, se convertirían en
un método. 145
Además,
es evidente que, de la estadística en general, la económica [pág. 095]La
estadística constituye una parte fundamental, y precisamente la más accesible
al análisis numérico. Dado que estas estadísticas económicas deben estar
siempre bajo la luz de la Economía Política, también le proporcionan valiosos
materiales para la continuación de su estructura y el fortalecimiento de las
bases que ya posee. Son, además, la condición indispensable para la aplicación
práctica de los teoremas económicos.
Sección XIX.
Economía
privada. Ciencia cameralística.
El
significado del término ciencia cameralística ( Cameralyssenschaft )
solo puede explicarse por la historia del sistema cameralístico. 146 Desde
finales de la Edad Media, encontramos, en la mayoría de los países alemanes,
una institución llamada Consejo ( Kammer ),
cuya competencia era administrar el dominio público y velar por los derechos
reales. Inicialmente, una mera comisión gubernamental, no tardó en convertirse
en una junta independiente. Este cambio se había producido en Borgoña ya en el
año 1409. Fue en ese país donde el emperador Maximiliano conoció la
institución; y con la erección de los consejos áulicos en Innspruck y Viena
(1498 y 1501), dio el principal impulso a su imitación en Alemania. Como, en
aquella época, la división del trabajo estaba muy poco desarrollada y, en
consecuencia, la autoridad personal y colegial estaba aún más desarrollada, es
fácil... [pág. 096]Concebimos que gran parte de las nuevas y crecientes
tareas de administración policial se confiaban a estos consejos. Se les
encargaba especialmente lo que hoy se conoce como policía económica ( Wirthschaftspolizei ),
y una parte importante de la administración de justicia, en sus departamentos
inferiores, se encomendaba a sus subordinados. Los hombres más eminentes que
escribieron sobre asuntos camerales en el siglo XVII insistieron en que era
deber de los consejos áulicos atender no solo las cuestiones fiscales, sino que
también les correspondía determinar las cuestiones de policía económica. 147 El
interés de los príncipes absolutos debió favorecer enormemente a estas
instituciones camerales, pues eran en sus manos instrumentos dóciles que
escapaban a la molesta intervención de los estados de sus reinos.
Gradualmente,
los conocimientos necesarios para estos funcionarios del consejo, que no tenían
cabida en las clases de derecho, se fueron consolidando en un cuerpo doctrinal
específico. Después de que hombres como Morhof y Thomasius prepararan el
terreno, Federico Guillermo I, hábil cameralista
y autor del magistral sistema financiero de Prusia, dio el importante paso de
fundar, en Halle y Fráncfort del Óder, cátedras especiales de economía y
ciencia cameralística; las cuales, considerando la época, fueron desempeñadas
con gran habilidad por Gasser y Dithmar (1727). [pág. 097]Así, se formó en
las universidades alemanas una escuela propia de cameralistas, que, a través de
Jung, Rössig y Schmalz, perduró hasta el siglo XIX. El término «ciencia
cameralista», fruto del azar, se utilizó, cabe mencionar, con muy diversos
límites en su significado. 149
Sin
embargo, en Alemania la economía política se desarrolló a partir de la ciencia
jurídica y de las ciencias camerales, mientras que en Inglaterra e Italia tuvo
su origen principalmente en el estudio de cuestiones de finanzas y comercio
exterior.
Sección XX.
Economía
privada. (Continuación.)
Si
abstraemos de la ciencia cameralística, tal como se entendía en el siglo
pasado, lo que tiene en común con toda la economía, 150 y,
por lo tanto, con la economía pública, lo que pertenece al conjunto de la
economía gubernamental, solo quedan unas cuantas reglas, como las que rigen las
principales ramas de la actividad privada y que indican cómo deben llevarse a
cabo con el mayor beneficio para quienes se dedican a ellas. Tales son la
economía forestal y rural, la ciencia minera, la tecnología, incluida la
arquitectura, y todo lo relacionado con las fundiciones, y la ciencia
comercial. Ahora que la expresión ciencia cameralística está totalmente
obsoleta, el conjunto [pág. 098]De estas, se podría designar con el nombre
de economía privada. Obviamente, no tendríamos aquí una ciencia simple ni pura,
sino solo una compilación de lemas filosófico-naturales y económicos. Así, en
agricultura, por ejemplo, el conocimiento de los diferentes tipos de suelo, del
cultivo de la tierra, de las diferentes plantas y animales, etc., pertenece al
dominio de las ciencias naturales; mientras que todo lo relacionado con el
coste de producción, el empleo del capital, los salarios, el intercambio de
productos, el producto neto y el precio de la tierra es puramente
político-económico. Los economistas políticos también requieren un conocimiento
del aspecto natural de las ciencias cameralistas. Dicho conocimiento es
indispensable para toda teoría detallada y viva, y especialmente para la
aplicación práctica de la ciencia económica. La gran diferencia radica en que
el cameralista se interesa por la producción de bienes materiales por sí
mismos, mientras que el economista político los considera solo en su relación
con la vida nacional. 151
Parecería,
además, que los economistas políticos, especialmente [pág. 099]En
Alemania, han dado demasiada importancia a establecer límites formales a su
ciencia específica. ¿Por qué no seguir el ejemplo de los estudiosos de la
naturaleza, a quienes les importa poco si este o aquel descubrimiento pertenece
a la física o la química, a la astronomía o a las matemáticas, siempre y cuando
se realicen muchos e importantes descubrimientos? 152
Sección XXI.
De
qué trata la economía política.
La
Economía Política trata principalmente de los intereses materiales de las
naciones. Indaga cómo satisfacer las diversas necesidades de la población de un
país, especialmente las de alimento, vestido, combustible, vivienda, instinto
sexual, etc.; cómo la satisfacción de estas necesidades influye en la vida
nacional en su conjunto y cómo, a su vez, esta influye en ellas. (Evangelio de
Mateo, 4, 4). Esto por sí solo basta para comprender la importancia de esta
ciencia. Bacon compara la relación entre la virtud y la riqueza con la de un
ejército y su bagaje. En opinión de Jenofonte, la riqueza solo es realmente
útil para quien sabe aprovecharla. Desde un punto de vista económico, el hombre
más feliz es quien más la ha acumulado, con honor y la ha utilizado mejor. 153 Que,
incluso en un sentido material, el intelecto de un pueblo es su elemento más
importante, es evidente por el ejemplo de los chinos, quienes durante tanto
tiempo estuvieron familiarizados con la imprenta, la pólvora y la brújula
marinera, sin que por medio de ellos lograran ganarse la opinión pública
inteligente, formar un buen ejército o llegar a comprender el arte de la
navegación en gran medida.
La
subvaloración de los asuntos económicos, por la que épocas de inferior cultura,
como por ejemplo nuestra propia Edad Media, son ahora [pág. 100]Elogiado y
ahora censurado, fue en realidad una rara excepción incluso en estas
épocas. 154 Otros
tipos de adquisición y disfrute ocupaban entonces el primer plano; pero nunca
hubo un momento en que la ganancia y el disfrute en general no fueran objetos
predilectos de búsqueda y se tuvieran en alta estima. Las necesidades físicas
de los hombres incultos claman mucho más fuerte que las intelectuales. (§ 2 , 14. ) 155 Por
otro lado, en épocas de sobrecultura, cuando comienza la decadencia, la
sobreestimación de las cosas materiales suele generalizarse. 156 Los
meros sirvientes de Mammón, ya sean economistas políticos o particulares,
pueden ver su depravación fielmente reflejada en el comunismo como en un
espejo. No debemos pasar por alto el hecho de que esto sucede con naciones
enteras. [pág. 101]Como ocurre con el individuo que amasa su propia
fortuna. Alcanza la cima de su riqueza generalmente después de haber pasado la
flor de la vida. El período más floreciente de la existencia de una nación
suele preceder a su decadencia e introducirla. 157 Por
lo tanto, aquí nada podría ser más falso, como señaló Maquiavelo, que la
opinión general de que el dinero es el nervio de la guerra. 158
[pág.
102]
Capítulo III.
Los
métodos de la economía política.
Sección XXII.
Métodos
anteriores.
Los
métodos 159 que
se aplicarían a cualquier ciencia de la vida nacional, principios tomados de
cualquier otra ciencia, se consideran hoy generalmente obsoletos. Esto es
especialmente cierto en el caso del método teológico que prevaleció, casi
exclusivamente durante la Edad Media, 160 y
del método jurídico del siglo XVII.
Sería
mucho más acorde con las tendencias intelectuales de la época adoptar un modo
matemático de tratamiento en Economía Política, que involucrara, como tal modo
de tratamiento lo hace, no la materia de la ciencia, sino sólo un análisis
formal. [pág. 103]Principio. Lo general en Economía Política tiene, debe
reconocerse, mucha analogía con las ciencias matemáticas. Al igual que estas
últimas, está repleta de abstracciones. 161 Así
como, estrictamente hablando, no existen líneas o puntos matemáticos en la
naturaleza, ni palanca matemática, no existe en ninguna parte la producción o
la renta, pura y simplemente. Las leyes matemáticas del movimiento operan en un
vacío hipotético y, cuando se aplican, están sujetas a importantes
modificaciones como consecuencia de la resistencia atmosférica. Algo similar
ocurre con la mayoría de las leyes de nuestra ciencia; como, por ejemplo,
aquellas según las cuales el precio de las mercancías es fijado por el
comprador y el vendedor. Además, siempre supone que las partes del contrato se
guían únicamente por su propio interés y no se dejan influenciar por
consideraciones secundarias. No es de extrañar, por lo tanto, que muchos
autores se hayan esforzado por revestir las leyes de la Economía Política con
fórmulas algebraicas. 162 Y,
de hecho, dondequiera que las magnitudes [pág. 104]y se tratan las
relaciones entre magnitudes, debe ser posible someterlas a cálculo. Herbart ha
demostrado que esto es así en el caso de la psicología; 163 y
todas las ciencias que tratan de la vida nacional, especialmente la nuestra,
son psicológicas. 164 Pero
las ventajas del modo matemático de expresión disminuyen a medida que los
hechos a los que se aplica se vuelven más complicados. Esto es cierto incluso
en la psicología ordinaria del individuo. ¡Cuánto más, por lo tanto, en la
representación de la vida nacional! Aquí las fórmulas algebraicas pronto se
volverían tan complicadas que harían casi imposible cualquier progreso
posterior en la operación. 165 Su
empleo, especialmente en una ciencia cuya esfera es, en la actualidad, aumentar
el número de los hechos observados, convertirlos en objeto de una investigación
exhaustiva y variar las combinaciones en las que pueden entrar, es un asunto de
gran dificultad, si no del todo imposible. 166 Porque,
ciertamente, como nuestra ciencia tiene que ver con los hombres, debe tomarlos
y tratarlos como realmente son, movidos a la vez por motivos muy diferentes y
no económicos, pertenecientes a un pueblo, estado, época, etc. enteramente
definidos. La abstracción según la cual [pág. 105]Todos los hombres son
iguales por naturaleza, diferenciándose solo por diferencias de educación,
posición social, etc., todos igualmente bien equipados, hábiles y libres en
materia de producción y consumo económico. Esto, como han demostrado Ricardo y
von Thünen, debe ser una etapa indispensable en la labor preparatoria de los
economistas políticos. Sería especialmente conveniente, cuando un hecho
económico se produce por la cooperación de muchos factores diferentes, que el
investigador aislara mentalmente el factor cuya naturaleza peculiar desea
examinar en ese momento. Todos los demás factores deberían considerarse, por un
tiempo, como no operativos e inmutables, y luego preguntarse: ¿cuál sería el
efecto de un cambio en el factor a examinar, ya sea que el cambio se produzca
por su aumento o disminución? Pero nunca debe perderse de vista que, después de
todo, tal factor es solo una abstracción, por lo que, no solo en la transición
a la práctica, sino incluso en la teoría completa, debemos recurrir a la
infinita variedad de la vida real. 167
Hay
dos preguntas importantes en todas las ciencias cuyo tema es la vida nacional o
social: 1. ¿Qué es ? (¿Qué ha sido? ¿Cómo llegó a serlo? etc.)
2. ¿Qué debería ser ? La mayoría de los economistas políticos
han confundido estas preguntas, pero no todos en la misma medida. 168
[pág.
106]
Cuando
se hace una distinción cuidadosa entre ellos, se pone de manifiesto el
contraste entre los métodos fisiológicos o históricos (realistas) y los
idealistas. 169
Sección XXIII.
El
método idealista.
Cualquiera
que haya leído un buen número de obras idealistas que tratan de la economía
pública (el Estado, el derecho, etc.) no puede dejar de sorprenderse por las
enormes diferencias, e incluso contradicciones, entre lo que los teóricos han
considerado deseable y [pág. 107]Necesario. Casi no hay punto importante
que no pueda ser citado a favor o en contra de las más altas autoridades. No
debemos ignorar este hecho. «El vértigo que surge al contemplar las
profundidades del conocimiento es el comienzo de la filosofía, como el dios
Taumas fue, según la fábula, el padre de Iris» ( Platón ).
De manera similar, el estudiante de economía pública (política, filosofía del
derecho, etc.) debe familiarizarse con las variaciones que se han producido en
lo que los hombres, en diferentes períodos de la historia, han exigido al
Estado y a la economía pública, hasta quedar absorto en la contemplación.
Sección XXIII.
El
método idealista. (Continuación.)
Es
imposible pasar por alto de inmediato que esas descripciones ideales que han
gozado de gran fama y ejercido gran influencia se alejan muy poco de las
condiciones reales de la economía pública (del Estado, el derecho, etc.) que
rodea a sus autores. 170 Esto
no es mera casualidad. El poder de los grandes teóricos, como, de hecho, el de
todos los grandes hombres, reside, por regla general, en que satisfacen la
necesidad de su época de forma inusual; y la tarea peculiar de los teóricos es
expresar esta necesidad con claridad científica y justificarla con profundidad
científica. Pero las verdaderas necesidades de un pueblo se verán satisfechas,
a la larga, en la vida, 171 en
la medida en que esto sea posible a causa de la imperfección moral. [pág.
108]Del hombre. Al menos deberíamos estar alerta cuando oímos decir que
naciones enteras han sido forzadas a seguir un camino antinatural por
sacerdotes, tiranos y caviladores. Pues, ¿cómo es posible dejar completamente
de lado la libertad humana y la divina Providencia? Los supuestos tiranos
generalmente son parte integral del pueblo mismo; todos sus recursos provienen
del pueblo. Debieron ser nuevos Arquímedes, ajenos a su propio mundo.
(Compárese, sin embargo, infra , § 263).
Es
cierto que si el resultado del crecimiento de las generaciones es producir
gradualmente un pueblo diferente, estos hombres diferentes pueden requerir
instituciones diferentes. Entonces surge una lucha entre los ancianos y los de
la generación más joven; los primeros desean conservar lo probado por el
tiempo, los segundos buscan satisfacer sus nuevas necesidades por nuevos
medios. Así como el mar siempre oscila entre el flujo y el reflujo de las
mareas, así también la vida de las naciones, entre períodos de reposo y de
crisis: períodos de reposo, cuando las formas existentes responden a la
verdadera sustancia de las cosas, y de crisis, cuando la sustancia o el
contenido modificados buscan construir una nueva forma para sí mismos. Tales
crisis se llaman reformas cuando se efectúan de forma pacífica
y de acuerdo con el derecho positivo. Cuando se llevan a cabo violando la ley,
se llaman revoluciones. 172
Que
toda revolución, por grande que sea la necesidad del cambio que produce, es en
sí misma un enorme mal, un grave problema. [pág. 109]Y, a veces, la
enfermedad fatal del cuerpo político es evidente. El daño a la moral que el
espectáculo de la injusticia victoriosa casi siempre produce puede sanar, por
regla general, solo en la siguiente generación. Donde la ley ha sido pisoteada,
prevalecerá el "derecho del más fuerte" ; y el más fuerte
es, hasta cierto punto, el más inescrupuloso e imprudente en la elección de los
medios a emplear. De ahí el hecho bien conocido de que, en tiempos
revolucionarios, los peores con tanta frecuencia siguen siendo los vencedores.
La contrarrevolución, que suele seguir los pasos de la revolución, y con la
violencia correspondiente, es una compensación solo para los más miopes.
Permite que la enfermedad, la familiarización del pueblo con la infracción de
la ley, continúe, hasta que se ataque a las partes hasta entonces sanas. Por lo
tanto, un pueblo debería, si desea que le vaya bien en los cambios que realiza
en la forma de las cosas, tomar como modelo el Tiempo, cuyas reformas son las
más seguras e irresistibles, pero, al mismo tiempo, como dice Bacon, tan
graduales que no pueden verse ni observarse en ningún momento. Es cierto que,
así como todo lo grande es difícil, también lo es la realización de una reforma
ininterrumpida. Su realización, de hecho, supone dos cosas: una constitución
tan sabiamente planeada que mantenga las puertas abiertas tanto a las
instituciones del pasado que desaparecen como a las instituciones del futuro;
y, entre todas las clases del pueblo, un autocontrol moral tan absoluto que,
sin importar los inconvenientes o el sacrificio, solo se utilicen las vías
legales. De esta manera, se pueden satisfacer dos de las mayores y
aparentemente más contradictorias necesidades de toda persona jurídica o moral:
la falta de continuidad ininterrumpida y la de libre desarrollo.
[pág.
110]
Sección XXV.
El
método idealista. (Continuación.)
Es
indudable que todas las leyes económicas y todas las instituciones económicas
se crean para el pueblo, no el pueblo para dichas leyes e instituciones. Su
mutabilidad no es, por lo tanto, un mal que la humanidad deba intentar
eliminar, sino saludable y loable, en la medida en que corre paralela a la
transformación del pueblo y a los cambios que han experimentado sus
necesidades. 173 Por
lo tanto, no hay razón para que los sistemas ideales más diversos se
contradigan. Cualquiera de ellos puede ser correcto, pero, por supuesto, solo
para un pueblo y una época. En este caso, el único error sería que pretendieran
ser universalmente aplicables. No puede haber un ideal económico adaptado a las
diversas necesidades de cada pueblo, como tampoco puede haber una vestimenta
que se ajuste a cada individuo. Las cuerdas de los niños y el personal de la
edad serían grandes molestias para el hombre. «La razón se convierte en un
disparate y la beneficencia en un tormento». Por lo tanto, quienquiera que
elabore el ideal de la mejor economía pública —y la mayoría de los economistas
políticos realmente han deseado hacerlo— debería, si quisiera ser completamente
veraz y al mismo tiempo práctico, yuxtaponer tantos ideales diferentes como
tipos de personas existan. 174 Además,
tendría que revisar su trabajo cada pocos años; pues, a medida que un pueblo
cambia y surgen nuevas necesidades, el ideal económico adecuado para él también
debe cambiar. Pero es imposible lograr esto a tan gran escala. Además, apreciar
el presente de forma tan instantánea y percibir con precisión el
pulso... [pág. 111]De este modo, el tiempo ininterrumpidamente requiere un
talento diferente del que incluso los científicos más distinguidos suelen
poseer; talentos de naturaleza enteramente práctica, como los que se convierten
en un gran ministro del Interior o de Hacienda. Y es un hecho reconocido que
incluso los más hábiles de estos profesionales, como dijo el joven Pitt de sí
mismo, generalmente intuyen su camino y no lo ven con la claridad necesaria
para indicárselo a los demás.
Sección XXVI.
El
método histórico: anatomía y fisiología de la economía pública.
Nos
negamos por completo a prestarnos teóricamente a la construcción de tales
sistemas ideales. Nuestro objetivo es simplemente describir la naturaleza
económica del hombre y sus necesidades económicas, investigar las leyes y el
carácter de las instituciones adaptadas a la satisfacción de estas necesidades,
y el mayor o menor éxito con el que se han logrado. 175 Nuestra
tarea es, por así decirlo, la anatomía y fisiología de la economía social o
nacional.
Estos
son asuntos que se encuentran dentro del dominio de la realidad, susceptibles
de demostración o refutación mediante las operaciones ordinarias de la ciencia;
totalmente verdaderos o totalmente falsos, y, por lo tanto, en el primer caso,
no susceptibles de volverse obsoletos. Procedemos a la manera del investigador
de la naturaleza. Nosotros también tenemos nuestro bisturí y microscopio, y
tenemos una ventaja sobre el estudiante de la naturaleza en esto: que la
autoobservación del cuerpo es extremadamente limitada, mientras que la de la
mente es casi ilimitada. Sin embargo, hay otros aspectos en los que él nos
supera. Cuando desea [pág. 112]Al estudiar una especie dada, puede
realizar cien o mil experimentos y usar cien o mil individuos para su propósito.
Por lo tanto, puede controlar fácilmente cada observación por separado y
distinguir la excepción de la regla. Pero, ¿cuántas naciones hay que podamos
usar para fines de comparación? Su escasez hace aún más imperativo compararlas
todas. Sin duda, la comparación no puede suplir la observación; pero esta puede
volverse más completa, multifacética y más rica en el número de sus puntos de
vista. Interesados por igual en las diferencias y semejanzas, primero debemos
formar nuestras reglas a partir de estas últimas, considerar las primeras como
las excepciones y luego esforzarnos por explicarlas. ( Infra ,
§ 266).
Sección XXVII.
Ventajas
del método histórico o fisiológico.
La
aplicación exhaustiva de este método eliminará numerosas controversias sobre
cuestiones importantes. 176 Los
hombres están tan lejos de ser demonios como de ser ángeles. Encontramos pocos
guiados únicamente por motivos ideales, pero también pocos que solo escuchen la
voz del egoísmo y se preocupen solo por sí mismos. Por lo tanto, cabe suponer
que cualquier opinión vigente sobre ciertos intereses tangibles que conciernen
de cerca al hombre, y que ha sido compartida por grandes partidos e incluso por
pueblos enteros durante generaciones, no se basa únicamente en la ignorancia o
en un perverso amor por el mal. El error consiste, con mayor frecuencia, en
aplicar medidas saludables, e incluso absolutamente necesarias en ciertas
circunstancias, a circunstancias completamente diferentes. Y aquí, un profundo
conocimiento de las condiciones de la medida basta para aclarar las diferencias
entre ambos partidos. Una vez que las leyes naturales de la Economía Política
son suficientemente conocidas y reconocidas, [pág. 113]Todo lo que se
necesita, en cualquier caso, son estadísticas más exactas y fiables del hecho en
cuestión para conciliar todas las controversias partidistas sobre cuestiones de
política económica pública, al menos en la medida en que surjan de una
diferencia de opinión. Puede que la ciencia nunca logre esto, debido a los
nuevos problemas que surgen constantemente y exigen solución. También puede
que, en la mayor parte de las controversias partidistas, los propósitos
opuestos de los partidos desempeñen un papel incluso más importante que las
opiniones opuestas. Sea como fuere, es necesario, especialmente en una época
tan agitada como la nuestra, cuando todo buen ciudadano tiene el deber de
aliarse con un partido, que todo miembro honesto de un partido busque asegurar,
en medio del océano de opiniones efímeras, una base sólida de verdad
científica, tan universalmente reconocida como la verdad, como lo son los
principios de la física matemática por médicos de las más diversas escuelas.
Sección XXVIII.
Ventajas
del método histórico. (Continuación.)
Otro
rasgo característico del método histórico es que elimina el sentimiento de
autosuficiencia y la fanfarronería que lleva a la mayoría de los hombres a
ridiculizar lo que no comprenden, y a los superiores a despreciar a las
civilizaciones inferiores. Quien conoce las leyes del desarrollo de la planta,
no puede dejar de ver en la semilla el germen de su crecimiento, y en su flor,
el heraldo de la decadencia. Si hubiera habitantes de la luna, y uno de ellos
visitara nuestra tierra y encontrara niños y adultos juntos, ignorando las
leyes del desarrollo humano, ¿no consideraría al niño más hermoso un mero
monstruo, con una cabeza enorme, brazos y piernas de crecimiento atrofiado,
genitales inútiles y carente de razón? La locura de tal juicio sería obvia para
todos; y, sin embargo, nos encontramos con miles como él en el estado y la
economía pública de [pág. 114]naciones cuando se encontraban en etapas
inferiores de civilización, y esto, incluso entre los escritores más
distinguidos. 177
Podemos,
ciertamente, hacer una comparación crítica de diferentes formas, cada una de
las cuales responde perfectamente a su objeto o contenido; pero tal comparación
puede poseer objetividad histórica sólo cuando se basa en una visión correcta
del curso peculiar de desarrollo seguido por el pueblo en cuestión.
Las
formas del período de madurez pueden considerarse las más perfectas; las formas
tempranas, las inmaduras, y las posteriores, las de la época de
decadencia. 178 Pero
determinar con precisión el punto culminante de la civilización de un pueblo es
sumamente difícil. El anciano cree, por regla general, que los tiempos
empeoran, porque ya no puede aprovecharlos; el joven, por regla general, que
mejoran, porque espera sacarles provecho. Sin embargo, se trata siempre de una
cuestión puramente empírica; y al resolverla, la mirada del observador puede
adquirir una singular agudeza mediante el estudio comparativo de tantas
naciones como sea posible, especialmente de las que ya han desaparecido. 179
Si
alguien pudiera contemplar la historia de la humanidad como un todo, de la cual
las historias de las naciones individuales no son más que partes, los pasos
sucesivos en la evolución de la humanidad le proporcionarían, por supuesto, una
regla objetiva similar para todos ellos. [pág. 115]puntos en los que
pueblos enteros difieren permanentemente entre sí. 180
Sección XXIX.
El
carácter práctico del método histórico en la economía política.
Antes
de concluir, debo referirme a una posible objeción a la Economía Política
histórica o fisiológica: que, si bien puede enseñarse, no puede ser una ciencia
práctica. Si se asume que solo son prácticos aquellos principios que pueden ser
aplicados inmediatamente por cualquier lector, esta obra debe renunciar a toda
pretensión de tal título. Dudo mucho que, en este sentido, exista una sola
ciencia susceptible de una exposición práctica. 181 Los
auténticos profesionales, que conocen la vida con sus miles de relaciones por
experiencia, serán los primeros en admitir que tal conjunto de prescripciones,
cuando se trata del conocimiento y la guía de los hombres, sería engañoso y
peligroso en la medida en que dichas prescripciones fueran positivas y
apodícticas, es decir, no prácticas y doctrinarias.
Nuestro
objetivo no ha sido escribir un libro práctico, sino capacitar a nuestros
lectores para ser prácticos. Con este fin, hemos buscado describir las leyes de
la naturaleza que el hombre no puede controlar, sino, como mucho, utilizar.
Llamamos la atención del lector sobre los diferentes puntos de vista desde los
cuales debe observarse cada hecho económico para hacer justicia a cada
afirmación. Nos gustaría acostumbrar al lector, al examinar... [pág.
116]El más insignificante hecho político-económico, sin perder nunca de vista
la totalidad, no solo de la economía pública, sino también de la vida nacional.
Creemos firmemente que solo quien comprende plenamente por qué se impusieron o
introdujeron ciertos gravámenes y cargas, monopolios, privilegios, servicios,
etc., puede formarse un juicio correcto y defender sus puntos de vista contra
toda objeción sobre cuestiones como dónde, cómo y cuándo deben abolirse ciertos
gravámenes y cargas, monopolios, privilegios, servicios, etc., y comprender
plenamente su origen. En particular, deseamos inculcar ciertas reglas de acción
a quienes se han confiado a nuestra guía, tras haber demostrado previamente su
excelencia. Nuestra mayor ambición es que nuestros lectores puedan descubrir
dichas reglas por sí mismos, tras haber sopesado concienzudamente todos los
hechos, sin la influencia de ninguna autoridad terrenal. 182 183
[pág.
119]
Libro I
La producción de bienes.
Capítulo I.
Factores
de producción.
Sección XXX.
Significado
de producción.
Crear
nueva materia es más de lo que le es dado al hombre. Por lo tanto, con el
término producción, en su sentido más amplio, nos referimos simplemente a la
creación de nuevos bienes: el descubrimiento de nuevas utilidades, la
transformación de bienes ya existentes en nuevas utilidades, 184 la
creación de medios para la satisfacción de las necesidades humanas, a partir
del conjunto de materia originalmente presente en el mundo. (¡ Producere! ).
Nos limitamos, sin embargo, en esto a los bienes económicos, tal como se
definen en el § 2. En
un sentido secundario y más limitado, la producción es un aumento de recursos,
en la medida en que los bienes producidos satisfacen una necesidad humana mayor
que los empleados en la propia producción. 185 186 187
[pág.
120]
Sin
embargo, sería un error suponer que la creación de ciertas utilidades para el
propio productor o para otros constituye el único fin de la producción
económica. Cuanto más perfecta se vuelve la producción económica, mayor es el
placer que el productor siente por sus productos, placer que es a la vez efecto
y causa de su éxito. Por lo tanto, la producción es, en gran medida, su propio
fin. Es bien sabido que esto es así en el caso de los artistas. «Si solo
quieres descendencia de ella, un mortal también puede engendrarla. Que quien se
regocija en la diosa no busque en ella a la mujer», dice Schiller. No hay
obrero verdaderamente hábil que no tenga algo de artístico en su modo de
producción. E incluso la actividad productiva más insignificante, siempre que
no sea excesiva ni mal dirigida, debe ejercer por sí misma una buena influencia
en el desarrollo físico y moral o la preservación del productor. Un cerebro
ocioso es el taller del diablo. 188
Sección XXXI.
Los
factores de producción.—Naturaleza externa. 189
La
división de las fuerzas naturales, que antes existía en orgánicas, químicas y
mecánicas, no tiene gran importancia en la Economía Política. La tendencia es
cada vez mayor a dividir las fuerzas orgánicas en químicas y en mecánicas.
Entre las fuerzas mecánicas y químicas, además, el límite no es fijo, pues el
calor siempre puede producir movimiento, y el movimiento siempre puede producir
calor. Por lo tanto, es aún más importante para nosotros encontrar una división
de los dones económicos (materia, fuerzas y relaciones)
de la naturaleza externa en tales [pág. 121]como capaces de adquirir valor
de cambio y los que no lo son. (Véase § 5. )
A.
Aquellos dones de la naturaleza que, porque no pueden ser apropiados por nadie,
o que al menos son inagotables comparados con las necesidades del hombre, y por
tanto nunca tienen un valor directo en el intercambio, pertenecen o bien a la
clase de bienes libres , en el sentido más completo de la palabra,
como, por ejemplo, la luz del sol y la atmósfera ( supra ,
§ 5 ); 191 o
constituyen, en razón de su conexión peculiar e intransmisible con todo el
país, un elemento esencial de los recursos nacionales.
Sección XXXII.
Naturaleza
externa.—El mar.—El clima.
A
la última categoría pertenece, por ejemplo, el mar, única frontera natural de
un país, que desde el punto de vista militar constituye una protección para él,
sin perturbar al mismo tiempo el tráfico pacífico. ( Riedel. )
Aquí también pertenecen las corrientes oceánicas, especialmente cuando están
sostenidas uniformemente por vientos regulares, 192 el
flujo y reflujo de las mareas, que constituyen [pág. 122]una pieza de
maquinaria comercial de la mayor importancia, particularmente cuando afectan
las aguas de ríos a gran distancia. 193 En
esta época, cuando el amor por los viajes es tan grande y tan universal, ¿qué
precios pagan en muchos lugares los extraños por la belleza de un paisaje a su
propietario?
Cabe
mencionar aquí especialmente el clima y su calor o humedad. Las líneas llamadas
isotérmicas, es decir, líneas de calor anual igual, son, por lo tanto, de suma
importancia para la economía pública, porque las «zonas de
producción» dependen principalmente de ellas. 194 Sin
embargo, aquí nos ocupamos no solo [pág. 123]Con la temperatura media
anual, pero especialmente con la distribución del calor entre las distintas
partes del día y las diferentes estaciones del año, y el calor máximo en verano
y el frío invernal (las líneas isotérmica e isotermal). Las tierras costeras
suelen tener inviernos más suaves y veranos más frescos que las continentales,
con un calor medio anual igual. Esto produce una gran diferencia en la
vegetación, ya que hay muchas plantas que soportan muy bien el frío invernal,
pero requieren un verano caluroso; y viceversa . 195 De
no ser por este hecho, en relación con el letargo invernal de las plantas, gran
parte del norte sería totalmente inhabitable. Además, la temperatura de un
lugar no depende exclusivamente de su latitud ni de su altitud. [pág.
124]sobre el nivel del mar. 196 La
humedad del clima es, por regla general, alta en proporción a la cantidad de
agua en sus inmediaciones y a su temperatura; aunque, por ejemplo, en Europa,
el número de días lluviosos aumenta a medida que nos acercamos al norte. 197 Aunque
la distancia de un lugar al ecuador y su altura sobre el nivel del mar tienen,
en muchos aspectos, un efecto similar (líneas isotérmicas verticales y
horizontales y zonas de producción), las regiones montañosas se distinguen
uniformemente por un mayor grado de humedad, lo que las hace más adecuadas para
el pastoreo y el cultivo forestal. Pero la flora de una localidad, al ser el
resultado de todas sus condiciones, nos proporciona un criterio mucho mejor del
valor del clima para fines económicos que las observaciones termométricas más
precisas. En igualdad de condiciones, la fuerza productiva de la naturaleza
opera, sin duda, con mayor energía en climas cálidos. Cuanto más alejado está
un país del ecuador, más se limita su fertilidad a sus zonas más bajas. 198 Un
calor mayor, por regla general, hará madurar antes el mismo producto y
permitirá así que la misma tierra se utilice varias veces en el mismo
año. 199 Cada
cultivo individual [pág. 125]La cosecha, por regla general, es más
abundante, 200 y
los productos son mejores en muchos aspectos. La fruta, por ejemplo, y el vino,
contienen más azúcar, 201 y
las plantas oleaginosas contienen más aceite. Por último, dado que la
naturaleza en los países cálidos es mucho más generosa, el hombre puede
utilizarla con menos consideración por las consecuencias. Hay menos necesidad
de bosques extensos, de grandes provisiones invernales, especialmente para
animales; 202 se
demandan menos edificios, y también hay menos demanda de mano de obra humana y
bruta, ya que el trabajo de arar, sembrar, etc., se extiende a lo largo de una
mayor parte del año. 203 Es
cierto, por otro lado, que también [pág. 126]La fuerza destructora de la
naturaleza es mayor en los países cálidos que en los fríos. (§ 209.) 204
Sección XXXIII.
Naturaleza
externa.—Dones de la naturaleza con valor a cambio.
B.
Aquellos dones de la naturaleza externa que pueden convertirse en objetos de
propiedad privada y, al mismo tiempo, poseen suficiente escasez relativa como
para darles valor en el intercambio, son muebles y agotables en un lugar
determinado, o están firmemente vinculados a la tierra. La primera categoría
abarca, por ejemplo, los animales y plantas silvestres que cumplen alguna
función útil, los minerales, sobre todo la materia combustible fósil 205 —la [pág.
127]“Diamantes negros”, carbón, del cual, junto con sus canales, Franklin
dijo que había convertido a Inglaterra en lo que es. El efecto económico de su
carácter móvil se aprecia mejor al comparar el uso de un estrato ordinario de
carbón con el de un fuego subterráneo prolongado en una mina de carbón. 206 Este
último solo puede ser directamente útil para quienes se encuentran en su
vecindad inmediata. Cada capa inferior de carbón ardiente sería menos útil. Un
aumento de su poder real por acumulación en el tiempo o el lugar es casi
imposible. En todos estos aspectos, el carbón móvil se adapta incomparablemente
mejor a la satisfacción de las necesidades humanas. Se puede decir que la
capacidad de calor para secar, destilar, fundir y endurecer, o para impartir
movimiento rápido a objetos pesados mediante la producción de vapor confinado,
es, al menos, mil veces mayor cuando se consumen mil bushels de carbón que
cuando se consume uno. En la mayoría de los casos, incluso la concentración de
una gran cantidad de carbón aumentará, lo cual no solo es absoluto, sino
también relativo. 207 208
[pág.
128]
Sección XXXIV.
Naturaleza
externa. (Continuación.)
Los
materiales, fuerzas y relaciones o condiciones de la naturaleza externa,
inamoviblemente conectados con partes de la tierra, incluso cuando son
inagotables en sí mismos, o bien permiten solo una cantidad definida de
utilización económica, como, por ejemplo, la fuerza mecánica de una cascada
dada, que solo puede impulsar un número definido de molinos de un tamaño
definido; 209 o
su mayor utilización va acompañada de dificultades que aumentan con mayor
rapidez. Este último es el caso, especialmente en el empleo de la tierra para
fines agrícolas. Según Senior, uno de los cuatro axiomas fundamentales de la
Economía Política es que el trabajo adicional, invertido en una cantidad dada
de tierra, produce, por regla general, un rendimiento relativamente menor;
suponiendo, por supuesto, que el arte de la agricultura se mantenga igual. No
es posible [pág. 129]Determinar, ya sea de forma general o en casos
particulares, el punto preciso en el que la agricultura debe detenerse para
evitar rendimientos relativamente menores derivados del aumento del gasto de
mano de obra y capital. Las mejoras en el arte agrícola pueden hacer que esta
se alargue considerablemente. Pero la existencia de tal punto es indudable.
Nadie creerá que un acre de tierra pueda producir una cantidad de medios de
subsistencia suficiente para sustentar a toda Europa, independientemente de la
cantidad de semillas, abono, etc., empleada. 210 Esto
es más evidente en la economía forestal, donde el aumento absoluto del llamado
capital de la madera se reduce, después de cierto tiempo, de año en año. 211
[pág.
130]
Sección XXXV.
Naturaleza
externa.—Elementos de la productividad agrícola.
Al
tratar la productividad agrícola de un terreno, es necesario distinguir tres
aspectos: su capacidad de producción, su capacidad de cultivo y su capacidad
directa de proporcionar alimento a las plantas. 212 Las
plantas crecen extrayendo una parte de los elementos que forman parte de su
composición de la atmósfera y otra de la tierra mediante la acción de la luz
solar y el agua. Si bien el aire, el calor del sol y, en la mayor parte del
mundo, el agua, son bienes gratuitos e inagotables, el suministro de alimento
de la tierra para las plantas debe considerarse análogo, en cuanto a su
agotabilidad y capacidad de apropiación, a los yacimientos de carbón,
minerales, etc., que se encuentran en los distritos mineros. Esto es cierto,
con algunas diferencias importantes, como por ejemplo, que, por regla general,
es imposible, excepto mediante el cultivo de plantas, obtener de la tierra las
reservas de alimento que contiene; 213 y
que es posible, mediante la agricultura, reponer la parte de estas reservas
extraída de la tierra por la cosecha mediante el uso de abonos. 214
Incomparablemente
más importante en la valoración económica de un terreno es su capacidad de
cultivo, porque de esto depende [pág. 131]Mucho menos de la buena o mala
calidad del arte del labrador. Me refiero aquí a la llamada constitución física
del suelo vegetal; su capacidad de retención de agua, su consistencia (suelo
ligero o pesado), de la cual depende la dificultad de trabajarlo; su capacidad
de secarse, en un tiempo más corto o más largo, y la consiguiente disminución
de volumen; su capacidad para extraer humedad de la atmósfera y absorber los
diversos tipos de gases; su capacidad para absorber y contener calor (suelos
calientes, templados y fríos). 215 Mucho
depende aquí de la profundidad del suelo vegetal y de la constitución del
subsuelo, que, por ejemplo, cuando es muy permeable, mejora un suelo muy
húmedo, pero en forma de mineral de hierro de pradera ( Wiesenerz ),
causa un gran daño. La forma vertical del terreno también es un elemento muy
importante para estimar la fertilidad natural del suelo. En las zonas
montañosas, la cantidad de tierra utilizable (¡y con qué trabajo!) suele ser
relativamente menor que en las tierras bajas. Por lo tanto, los primeros se
vuelven demasiado pequeños para sus habitantes, quienes, por lo tanto, pululan
por las llanuras que se extienden ante ellos, ya sea como colonos o
conquistadores. 216 En
el hemisferio oriental, las laderas del norte [pág. 132]Las regiones
montañosas están situadas en una situación más desfavorable, aunque las laderas
meridionales suelen estar sujetas a variaciones más duras y repentinas de
deshielo y congelación. 217
Pero
todas estas cualidades especiales del suelo deben distinguirse de su base
general: la capacidad de carga que posee la tierra como mera superficie, y que
la roca más desnuda (¡Malta!) y el lecho de un arroyo (¡los jardines flotantes
de China!) poseen en cierta medida, ya que existe la posibilidad de establecer
una superficie vegetal sobre ellos. Esta capacidad de carga, que en la mayoría
de los casos solo la da la naturaleza y que solo puede incrementarse de forma
muy limitada y con un gran desembolso, suele adquirir un valor de intercambio
considerable en las proximidades cuando la población es muy densa. 218 219
[pág.
133]
Sección XXXVI.
Naturaleza
externa.—Otras divisiones de los dones de la naturaleza.
Los
dones de la naturaleza se dividen en aquellos que se pueden disfrutar
directamente y aquellos que son útiles solo indirectamente, al facilitar la
producción. (Medios naturales de disfrute, medios de adquisición). 220 Una
superfluidad extrema de los primeros es tan desastrosa para la civilización
como una escasez excesiva de ellos. ¡Qué simple la economía de un país
tropical! Un campo de plátanos sustenta veinticinco veces más hombres que un
campo de trigo ( K. Ritter ); y con infinitamente menos
trabajo; pues todo lo que se necesita es cortar los tallos con su fruto maduro,
aflojar la tierra un poco y muy superficialmente, cuando brotan nuevos
tallos. 221 Al
pie de las montañas de México, un padre necesita trabajar solo dos días a la
semana para mantener a su familia. Por lo tanto, nada excita tanto la
admiración del viajero como la diminutividad del terreno cultivado que rodea
cada choza indígena. 222 Pero
en estos paraísos terrenales, [pág. 134]Donde, como dijo Byron, incluso el
pan se recoge como fruta, las fuerzas del hombre se adormecen con la misma
certeza con la que se entorpecen en los desiertos polares. 223 La
frase: «Con el sudor de tu frente comerás el pan» ha sido una
bendición para la humanidad. Atenas no solo era la capital literaria y
política, sino también la económica de Grecia; y, sin embargo, el Ática era uno
de los países más estériles del mundo. 224 La
desafortunada Messina, por otro lado, era la provincia más fértil de Grecia. En
la época moderna, ningún país de igual extensión ha producido tantos grandes
capitanes, estadistas, sabios y artistas como Holanda, cuyas zonas más seguras
son tan infértiles como las fértiles se ven amenazadas por el mar. Por otro
lado, ¡cuán recientemente e imperfectamente ha caído la llamada tierra negra
del sur de Rusia bajo la influencia de la civilización! 225
[pág.
135]
Sección XXXVII.
Naturaleza
externa.—El carácter geográfico de un país.
El
carácter geográfico de un país está, por regla general, íntimamente ligado
no solo a su flora y fauna, sino también al carácter de su gente. Una de las
mayores glorias del progreso de la ciencia moderna es que ha reconocido de
nuevo el poder de este maravilloso organismo y ha hecho de la geografía un nexo
explicativo entre la naturaleza y la historia. Las condiciones más favorables
para el desarrollo de la civilización se encuentran en un país bien
desarrollado que desciende gradualmente a través de una serie de terrazas
intermedias desde la cima de una montaña hasta una llanura; especialmente
cuando están conectadas entre sí por un buen sistema fluvial; ya que aquí las
peculiaridades opuestas de las poblaciones de las tierras altas y
costeras tienden a
producir una nacionalidad única y variada. Donde las transiciones son demasiado
abruptas, como por ejemplo en Nueva Holanda, dificultan fácilmente la
intercomunicación; y, aún más, donde las diversas partes del país son muy
extensas; como, por ejemplo, el desierto del norte de África, la meseta de
Sudáfrica o la de Asia Central. Europa se ve favorecida sobre todas las demás
partes del mundo por la feliz combinación de montaña y llanura. 228 Podríamos
perseguir el paralelo existente entre el suelo y el carácter de un pueblo hasta
en los más mínimos detalles y descubrir, incluso en los [pág.
136]Diferencia entre los vinos españoles, franceses, alemanes y húngaros, un
reflejo de los diferentes caracteres de los pueblos. 229
¿Pero
de dónde proviene esto? ¿Es posible que la naturaleza muerta haya afectado tan
irresistiblemente la mente viva? No necesitamos dar una respuesta materialista
a la pregunta. Casi todos los pueblos han emigrado en algún momento de su existencia .
Impulsados por sus gustos y tendencias peculiares, se asentaron en los lugares
más acordes con su carácter. Una mano superior los dominaba; una que, debemos
confiar plenamente, los colocó en las circunstancias externas más favorables
para el desarrollo de todas sus facultades.
Pero
las influencias del hombre sobre la naturaleza no son menos notables que las de
la naturaleza sobre el hombre. La mayor cantidad de animales y plantas
domésticas que Europa posee hoy en día se ha visto obligada a introducirlas
desde otras partes del globo. 231 En
el interior de la Galia, la vid rara vez maduraba en tiempos de Cristo. 232 Por
otro lado, Mesopotamia, antiguamente uno de los jardines [pág. 137]del
mundo, está ahora cubierto de canales secos, rellenos ligeramente por debajo de
la superficie con montones de ladrillos y jarrones rotos, restos y otros
vestigios de una población otrora densa. Su antiguo y rico suelo aluvial, ahora
casi calcinado, produce actualmente apenas algo, salvo algunas plantas salinas,
mimosas, etc. 233 Cuanto
mayor es la civilización de un pueblo, menos depende de la naturaleza del país.
Sección XXXVIII.
Del
Trabajo.—Divisiones del Trabajo.
La
capacidad del hombre para la mayor parte del trabajo económico está tan
estrechamente relacionada con la exquisita articulación de la mano humana, que
Buffon podía decir sin exagerar que la razón y la mano hicieron al hombre
hombre. 234 Pero
es cierto del trabajo económico, como de todos los demás trabajos, que es más
eficiente en la medida en que la mente predomina sobre la materia.
La
mejor división del trabajo económico es la siguiente: 235
A.
Descubrimientos e invenciones. 236
B.
Ocupación de los dones espontáneos de la naturaleza, como, por
ejemplo, [pág. 138]de plantas silvestres, animales salvajes y
minerales. 237 Cuando
éste es el único tipo de trabajo económico, el hombre depende necesariamente de
la naturaleza en un alto grado.
C.
La producción de materias primas, es decir, la dirección que se da a la
naturaleza para la producción de materias primas, mediante la ganadería, la
agricultura, la silvicultura, etc., pero no mediante la minería.
D.
La transformación ( Verarbeitung )
de materias primas por medio de manufacturas, fábricas, oficios, etc.
E.
La distribución de existencias de bienes entre quienes han de usarlos
directamente, ya sea de persona a persona o de un lugar a otro (venta al por
mayor), o entre los individuos del mismo lugar (venta al por menor). 238 A
esta clase también pertenecen el arrendamiento, alquiler, préstamo, etc.
F.
Servicios, en el sentido más limitado del término, que abarca tanto los bienes
personales como los incorpóreos; como, por ejemplo, los trabajos del médico,
del maestro, del virtuoso, del estadista, del juez y de los predicadores, cuyo
oficio es, por vía de eminencia, producir y preservar la riqueza inmaterial,
conocida como el Estado y la Iglesia. 239
El
orden seguido en la clasificación anterior es aquel en que suelen desarrollarse
históricamente las diferentes clases de trabajo.
[pág.
139]
Sección XXXIX.
Trabajo.—Gusto
por el trabajo.—Salario a destajo.
El
gusto del hombre por el trabajo está condicionado especialmente por la medida y
la seguridad con la que puede esperar disfrutar del fruto de su trabajo. De ahí
que, por regla general, el esclavo (§ 71 y
ss.) y el agricultor trabajen con menos gusto, el jornalero con menos
diligencia que el trabajador a destajo, 240 quien,
al mismo tiempo, está más satisfecho consigo mismo y da mayor satisfacción a su
amo, 241 ya
que obtiene más tanto para sí como para su amo. La superioridad del trabajo a
destajo es [pág. 140]Mayor en la medida en que el trabajador calcula su
propia ventaja. Por lo tanto, es menor en el caso de los trabajadores ingenuos
e incultos, y en el de los verdaderamente concienzudos. 242 El
temor a ver empeorar la propia condición por falta de trabajo ejerce una
influencia exactamente similar a la esperanza de mejorarla. En ambos aspectos,
la libre competencia (§ 97 )
debe considerarse uno de los principales medios para fomentar el gusto por el
trabajo. 243
Entre
las causas que han contribuido a hacer de Inglaterra el primer país del mundo,
visto desde un punto de vista político-económico, los escritores ingleses de
Economía Política han señalado como una de las principales la prevalencia allí
de los salarios a destajo. 244 El
pago por pieza debería, por supuesto, ser [pág. 141]Se practica solo en
casos en que el trabajo puede dividirse en una serie de tareas aisladas, y se
completa con dicha serie. Por lo tanto, no es aplicable cuando se requieren
muchas cosas diferentes del mismo trabajador; ni en relaciones en las que la
continuidad, como, por ejemplo, la inclinación o disposición del trabajador, es
lo principal. 245 Cuanto
más se profundiza la división del trabajo en nuestros días, mayor es el papel
que desempeña el dinero en nuestra economía social, y cuanto más se disuelven
las relaciones duraderas, más general se vuelve el trabajo a destajo, que, con
todas sus ventajas materiales, tiene, moralmente hablando, su lado oscuro.
(¡ Atomismo! ) 246 En
muchas ramas [pág. 142]En el caso de las manufacturas, se ha abandonado
porque la excelencia de su trabajo se vio afectada por la prisa del trabajador
y porque no se le pudo controlar adecuadamente. 247 Es
más bien la cantidad que la calidad del trabajo lo que aumenta con el trabajo a
destajo, y donde lo que se desea es la calidad del trabajo, este sistema no
tiene el mismo alcance. Y donde se da, como por ejemplo en el caso de los
tipógrafos comunes, se recurre al pago por día para los cajistas que se dedican
a tratados matemáticos, facsímiles, inscripciones, etc. Por parte del
trabajador, generalmente solo los ociosos y torpes se oponen al trabajo a
destajo por principio. Es lamentable que los mejores y más diligentes
trabajadores se dejen llevar por él hasta un punto perjudicial para su
salud. 248 Sin
embargo, muchos [pág. 143]Las deficiencias del principio del salario a
destajo pueden subsanarse mediante acuerdos con grupos enteros de trabajadores,
siempre que estos no sean demasiado grandes como para impedir el conocimiento y
la supervisión mutua de sus miembros. 249 La
cantidad de trabajo es máxima, su calidad óptima y el material empleado se
utiliza con mayor moderación cuando el trabajador trabaja por cuenta propia o
participa en las ganancias. Esto último solo es adecuado en aquellas ramas del
negocio cuyo éxito depende de la calidad del trabajo. Obligar al trabajador a
participar únicamente en las ganancias no funcionará, ya que generalmente es
demasiado pobre para correr riesgos o prescindir de sus ingresos durante mucho
tiempo. Por lo tanto, el sistema de pago de comisiones es aún más
recomendable, ya que combina un salario fijo con una participación en las
ganancias. Este sistema es muy común en Norteamérica, donde gran parte del
trabajo debe confiarse a los trabajadores. Se practica también en la pesca de
ballenas y en los barcos griegos del Levante dedicados a la navegación costera,
donde depende mucho más del cuidado de los marineros que de la habilidad del
capitán. 251 Presupone [pág.
144]Buenos obreros, casi iguales a sus amos en educación, 252 por
ejemplo, en el caso de los capataces; pues cualquier incentivo para el gusto
por el trabajo, que no solo sea más justo sino también más complejo, no es solo
una condición, sino también el efecto de una cultura superior. Pero si la
economía de un pueblo está madura para los salarios aparceros, y los amos
comienzan a introducirlos con seriedad en casos individuales, el trabajo
producido mejorará tanto que no tardará mucho en que todos los demás se vean
obligados a seguirlos. 253
Sin
embargo, para que los trabajadores disfruten del fruto de su laboriosidad, es
necesario, ante todo, que se garantice el orden público. Incluso los más
trabajadores se desaniman donde prevalecen el despotismo o la anarquía. Por
otro lado, ni siquiera la mayor seguridad es incentivo suficiente para una
nación de fatalistas. 254
[pág.
145]
Sección XL.
Trabajo.—La
fuerza de trabajo de los individuos.
La
fuerza de trabajo promedio de los individuos varía mucho entre las distintas
naciones. 255 La
razón de esto es, en parte, sin duda, una diferencia en las dotes naturales.
Así, por ejemplo, ningún pueblo supera al inglés y al angloamericano en
energía, ninguno al alemán en inteligencia en el trabajo ni al francés en
gusto. Si bien podemos suponer que las diferentes agencias de reclutamiento
atribuyen el mismo significado a la expresión «capacidad militar» ,
se pueden extraer conclusiones importantes sobre la fuerza de trabajo física de
las diferentes localidades a partir de la relación existente entre [pág.
146]el número de personas aptas para el servicio militar y de aquellas que
están legalmente obligadas a prestarlo. 256
Pero
estas conclusiones se ven enormemente modificadas por el estado de la
civilización y de la sociedad. Donde las clases trabajadoras son despreciadas y
remuneradas de forma indigna de seres humanos, la calidad de su trabajo estará
en consonancia con la estima que se le tiene. Lo contrario también suele ser
cierto en circunstancias diferentes (§ 173). Así, en Francia se ha observado
que los trabajadores nativos, provistos de una alimentación tan sustanciosa
como la de los trabajadores ingleses, apenas son inferiores a estos últimos en
el valor técnico de su trabajo. 257 Un
jornalero de Mecklemburgo come casi el doble que un trabajador de Turingia,
pero rinde casi el doble. Por lo tanto, los empleadores se benefician a largo
plazo al pagar bien a sus trabajadores. A medida que avanza la civilización, el
mismo número de trabajadores no solo se vuelve más industrioso y más capaz,
sino que la misma cantidad y calidad de trabajo se vuelve, por regla general,
más barata. 258
[pág.
147]
La
cultura moral de un pueblo ejerce la mayor influencia aquí. En toda empresa
privada, gran parte de los gastos que conlleva, y en todo estado, gran parte de
los gastos de su sistema policial y de su sistema de administración de
justicia, se originan únicamente en la deshonestidad de las personas. Si se
pudiera prescindir de todo este gasto y depositar plena confianza en las
personas, sería posible dedicar mucho más tiempo y energía al trabajo
verdaderamente útil. 259 Al
estimar la fuerza de trabajo de diferentes naciones o diferentes períodos de
tiempo, la división de la población por edad también es importante. Por regla
general, la fuerza de trabajo de los varones es máxima entre los veinticinco y
los cuarenta y cinco años. Por lo tanto, cuanto más numerosa sea la clase de la
población entre estas edades, más favorablemente se encuentra, en igualdad de
condiciones, en cuanto al trabajo. 260 261 Pero,
por regla general, el número relativo de personas adultas es mayor en las
naciones altamente civilizadas. (§ 248.) 262
[pág.
148]
Sección XLI.
Trabajo.—Efecto
de la estima en que se lo tiene.
A
medida que la civilización avanza, el trabajo se vuelve más honorable. Todas
las naciones bárbaras lo desprecian por servil. Pigrum
et iners videtur sudore adquirere quod possis sanguine parare :
ha sido el lema de todos los tiempos medievales. En la Islandia pagana, el
propietario de un terreno podía ser privado de él por un adversario que pudiera
vencerlo en combate singular. Este modo de adquisición se consideraba más
honorable que la compra. Era la propia forma de investidura de Thor. Las ideas
de los romanos sobre la adquisición legítima pueden inferirse de la
palabra mancipium (manu
capere). 263 El
cristianismo puro, por otro lado, predicó la honorabilidad del trabajo desde el
principio (Tes. 4, 11; II. Tes. 3, 8 ss.; Ef. 4, 28). Y así en el tiempo de la
Reforma, 264 cuando
la cristiandad estaba volviendo a su pureza primitiva.
En
consonancia con esto está el hecho de que las personas más
cultivadas [pág. 149]Las naciones, y lo mismo puede decirse de los
individuos, valoran el tiempo sumamente. “El tiempo es
dinero.” ( Benjamin Franklin ). Un proverbio inglés dice
que el tiempo es la materia de la que está hecha la vida. 265 Mientras
que en las naciones negras los individuos ni siquiera conocen su propia edad;
mientras que en Rusia hay muy pocos relojes que den las horas, incluso en las
torres de las iglesias, en Inglaterra un reloj se considera una prenda
indispensable, incluso para los muy jóvenes y para algunos de los estratos más
bajos de la sociedad. 266 Los
ferrocarriles funcionan en este sentido como una especie de reloj nacional. La
introducción de la maquinaria y la división más minuciosa del trabajo hacen de
la puntualidad una necesidad. Mientras que los sudamericanos y los antillanos
son terriblemente descuidados en cada uno de sus movimientos, un descuido que
se delata incluso en su habla arrastrada, 267 la
vida de un habitante de Nueva Inglaterra se ha comparado con la prisa de una
locomotora. En los mercados del Asia central, nada sorprende tanto al europeo
como el poco valor que dan al tiempo los comerciantes de la India y de Bucaría,
que quedan plenamente satisfechos cuando, tras una interminable espera,
consiguen obtener un precio algo más alto por sus mercancías. 268
[pág.
150]
Sección XLII.
Del
capital.—Las clases de bienes que componen el capital de una nación.
Se
denomina capital 269 a
todo producto almacenado con el fin de producirlo más. (§ 220). 270
[pág.
151]
Por
tanto, el capital de una nación está constituido especialmente por las
siguientes clases de bienes:
[pág.
152]
A. Mejoras
del suelo , por ejemplo, obras de drenaje y riego, diques, setos,
etc., que, de hecho, a veces son parte tan integral del terreno que es difícil
distinguirlos de él. 271 A
esta clase pertenecen todas las plantaciones permanentes.
B. Edificios ,
que abarcan talleres y almacenes, así como viviendas; también carreteras
artificiales de todo tipo.
C. Herramientas,
máquinas y utensilios de todo tipo; 272 estos
últimos, especialmente para el servicio personal y para la conservación y el
transporte de otros bienes. Una máquina se distingue de una herramienta en que
la fuerza motriz de la primera no le es comunicada inmediatamente por el cuerpo
humano, que solo la dirige; mientras que la segunda sirve como una especie de
equipo o como un mejor sustituto de algún miembro del cuerpo humano. 273 Para
ser ventajosos, estos tres tipos de capital deben ahorrar más trabajo o fatiga
de lo que ha costado producirlos. Sin embargo, las herramientas son más
antiguas que las máquinas. Los aborígenes australianos usaban solo una lanza y
un garrote para cazar; los indios americanos, algo más civilizados, el arco y
la flecha; los europeos usan armas de fuego; en todos ellos se observa un
progreso gradual. De las fuerzas ciegas que comunican movimiento a las
máquinas, el agua fue la primera utilizada, luego el viento y, por último, el
vapor. 274
[pág.
153]
D. Animales
útiles y de trabajo , en la medida en que sean criados, alimentados y
desarrollados mediante el cuidado humano.
E. Materiales
de transformación ( Verwandlungsstoffe ):
ya sea el material principal que constituye la sustancia esencial de un nuevo
producto, por ejemplo el hilo del tejedor, la lana cruda, la seda o el algodón
del hilandero; o el material secundario que, de hecho, entra en la obra, pero
solo con fines de ornamentación, como el pan de oro, el laca, los colores, etc.
F. Sustancias
auxiliares que se consumen en la producción pero que no constituyen
parte visible del producto crudo, 275 como
el carbón en la herrería, la pólvora en la chatarra o en la minería, el ácido
muriático en la preparación de gelatina, el cloro en el blanqueo, etc.
G. Medios
de subsistencia de los productores, que se les adelantan hasta que se
completa la producción.
H. Stock
comercial , que el comerciante mantiene siempre a mano para satisfacer
las necesidades de sus clientes.
I. El
dinero como herramienta principal en todo comercio que se realiza.
K.
Existe también lo que puede llamarse capital incorpóreo (cuasicapital
según Schmitthenner ), que es tanto resultado de la producción
como cualquier otro capital y se utiliza en la producción, [pág. 154]pero
que, en su mayor parte, no se agota con el uso. Existen especies de este tipo
de capital que pueden transferirse, como por ejemplo, la buena voluntad de una
empresa consolidada. Otras están tan inseparablemente ligadas a la capacidad
humana para el trabajo como las mejoras del suelo a una parcela de tierra; por
ejemplo, la mayor destreza adquirida por un trabajador mediante el estudio
científico, o la mayor confianza que ha adquirido mediante una larga
experiencia. 276 El
Estado mismo es el capital incorpóreo más importante de toda nación, ya que es
claramente indispensable, al menos indirectamente, para la producción
económica. 277
La
mayor parte del capital nacional se encuentra en constante transformación. Se
destruye y reproduce continuamente. Pero desde el punto de vista de la economía
privada, así como del pueblo en su conjunto, decimos que el capital se
conserva, aumenta o disminuye según se conserve, aumente o disminuya su
valor. 278 Pretium
succedit in locum roi et res in locum pretii. «La
mayor parte del valor de la riqueza que ahora existe en Inglaterra ha sido
producida por la mano del hombre en los últimos doce meses. De hecho, una
proporción muy pequeña de ese gran agregado existía hace diez años; del actual
capital productivo del país, apenas queda una parte, salvo granjas y algunos
barcos y máquinas; [pág. 155]y aun éstos no habrían sobrevivido, en la
mayoría de los casos, tanto tiempo si no se hubiera empleado mano de obra nueva
durante ese período para repararlos... El capital se mantiene en existencia de
época en época, como la población, no por conservación, sino por
reproducción.” ( JS Mill .)
Sección XLIII.
Capital.—Capital
productivo.
El
capital, según el uso que se le pueda dar, puede dividirse en aquel que afecta
a la producción de bienes materiales y aquel que afecta a los bienes personales
o a las relaciones útiles. El primero, bajo el nombre de capital productivo, se
suele oponer, en la literatura político-económica reciente, al capital en
uso. 279 Evidentemente,
cualquiera de los dos tipos de capital mencionados puede utilizarse para ambos
fines. 280 De
hecho, ambas clases coinciden en muchos aspectos. Así, un carruaje de cuadra o
una biblioteca circulante son capital productivo para su propietario, y capital
en uso ( Gebrauchskapital )
para la nación .[pág.
156] En general; aunque la biblioteca circulante de la que un carpintero
obtiene información técnica, o el vehículo de la caballeriza que lleva a un
Borsig a su despacho, sin duda se ha utilizado en la producción de bienes
materiales. Casi todo el capital en uso puede convertirse en capital
productivo; por lo tanto, el primero podría llamarse capital inactivo y el
segundo capital de trabajo. 282 Una
de las principales diferencias entre el capital productivo y el capital en uso
es que el primero, incluso cuando se emplea con el mayor cuidado, no se
reemplaza a sí mismo tan inmediatamente como el segundo por sus
rendimientos. 283 Por
otro lado, la verdadera línea divisoria entre el capital en uso y los objetos
consumidos que no son capital, y esto concuerda plenamente con nuestra
definición de capital, es que estos últimos no solo están sujetos a una
destrucción más rápida y siempre contemplada, mientras que en el caso del
primero, su destrucción es solo la contraparte imprevista de su uso.
En
un pueblo altamente civilizado, una gran cantidad de capital en uso, en
comparación con el capital productivo del país, puede considerarse un signo
inequívoco de gran riqueza. Cuando esto sucede, la gente, sin perder el deseo
de adquirir más, cree tener suficiente para disfrutar plenamente del presente.
Basta recordar la munificencia desplegada por la clase media inglesa con su
vajilla de plata y otros utensilios domésticos. Pero los pueblos de Rusia, y
también de México, no pueden hacer una exhibición insignificante de
platería. 284 Aquí
el lujo [pág. 157]Es solo un síntoma de la reticencia o incapacidad de los
habitantes del país para utilizar su capital en la producción de riqueza.
¡Cuánto más rica sería España hoy si hubiera empleado el capital ocioso gastado
en la ornamentación de sus iglesias en la construcción de carreteras y
canales! 285 La
mayoría de las naciones en un bajo estado de civilización sufren la ausencia de
garantías legales. Cada uno se ve obligado a convertir su propiedad en una
forma que permita transferirla con mayor facilidad de un lugar a otro y
ocultarla. Esta es la razón principal por la que [pág. 158]Los orientales
poseen, en términos relativos, muchísimas piedras preciosas y gran cantidad de
metales preciosos. La misma causa explica la simplicidad de sus
viviendas. 286 Por
otro lado, el capital productivo se encuentra en mayor proporción entre las
naciones civilizadas que avanzan rápidamente hacia la riqueza, como por
ejemplo, los estadounidenses.
Sección XLIV.
Capital.—Capital
fijo y capital circulante.
El
capital, según su empleo, se divide en capital fijo y capital circulante. El
capital fijo puede ser utilizado muchas veces en la producción por su
propietario; el capital circulante, solo una vez. El valor de este último tipo
de capital pasa íntegramente al valor del nuevo producto. En el caso del primer
tipo de capital, solo el valor de su uso pasa al nuevo producto. ( Hermann. )
Por lo tanto, las bestias de carga del agricultor pertenecen a su capital fijo;
su alimento y el ganado destinado al matadero, a su capital circulante. En una
fábrica de máquinas, una caldera destinada a la venta es capital circulante;
mientras que una similar, mantenida en reserva para las máquinas utilizadas en
la producción, es capital fijo. Ricardo atribuye un significado ligeramente
diferente a estos dos términos: llama capital fijo al que se consume
lentamente, y circulante, [pág. 159]lo que desaparece rápidamente. 287 El
capital fijo es, de hecho, producido y preservado por el capital circulante;
pero, en su mayor parte, se transforma de nuevo en capital circulante. 288 Además,
solo por medio de este último, el primero puede emplearse
productivamente. 289 La
importancia relativa del capital fijo y circulante para un país depende de si
el país es avanzado o solo uno en desarrollo. Un pueblo con mucho capital fijo
es, de hecho, muy rico; pero corre el riesgo de ofrecer muchos puntos
vulnerables a un enemigo agresivo y de convertir así el mammón, fácilmente
comprometido, en un ídolo. Hacer un sacrificio pasajero del país para que el
pueblo y el estado puedan salvarse, como hicieron los escitas contra Darío, los
atenienses contra Jerjes y los rusos contra Napoleón, se vuelve difícil a
medida que la nación se ha enriquecido en capital fijo. 290 Pero,
como [pág. 160]el destino de este último cambia con mucha mayor dificultad
que el del capital circulante; las naciones muy cultivadas tendrían muchas
dificultades para satisfacer nuevas necesidades si no pudieran apropiarse
siempre de los resultados del ahorro adicional para la producción de nuevo
capital fijo.
Sección XLV.
El
capital.—Cómo se origina.
El
capital es principalmente el resultado del ahorro que retira nuevos productos
del disfrute-consumo inmediato de su poseedor y los preserva, o al menos su
valor, para que sirvan de base para un uso duradero. 291 Como
el capital representa la solidaridad del pasado, presente y futuro económico,
por regla general se remonta al pasado y avanza hacia el futuro, a través de un
período de tiempo más largo en proporción a su cantidad y eficiencia. 292 También
aquellos productores cuyos productos perecen rápidamente pueden ahorrar
intercambiando sus productos. [pág. 161]y capitalizando su contravalor.
Así, el actor, cuya actuación no deja tras de sí más que un recuerdo, puede
emplear el trigo que recibió de un granjero que acudió a escucharlo como
trabajador del hierro e invertir el producto permanentemente en un ferrocarril.
La transformación puede efectuarse mediante dinero, bonos, etc., pero no por
ello deja de ser real. El orden, la previsión y el autocontrol son las
condiciones intelectuales que preceden al ahorro y al capital. La disposición
infantil y de buen amigo que solo se preocupa por el presente le es adversa. Es
cierto que el deseo de ahorrar solo puede desarrollarse donde existen garantías
legales de propiedad; 293 garantías
que son a la vez las condiciones precedentes y el efecto de toda civilización
económica. 294 Los
indios, esquimales, etc., tuvieron que ser instruidos por primera vez por los
misioneros y comerciantes —y se hizo con la mayor dificultad— a salvar su botín
y a preservar las fuentes naturales de su adquisición. Originalmente, en el
calor y la excitación de la caza y la pesca salvajes, solían destruir en el
acto lo que no podían disfrutar en el momento. 295 En
las etapas más bajas de la civilización, el primer ahorro de capital de alguna
importancia se efectúa con frecuencia mediante el robo o la esclavitud. 296 En
ambos casos, son los más fuertes quienes obligan a los más débiles a consumir
menos de lo que producen. Véase infra . [pág. 162]§ 68. Allí
donde la civilización está en su apogeo, la inclinación al ahorro, por regla
general, es muy marcada. 297 Empieza
a declinar allí donde un pueblo mismo está en decadencia en civilización, y
especialmente allí donde las garantías legales han perdido su fuerza.
Pero
el capital puede incrementarse incluso sin sacrificio personal; por ejemplo,
mediante la mera ocupación de ciertos bienes, hasta entonces no reconocidos
como tales. Así también, mediante el establecimiento de relaciones valiosas,
cuyas ventajas se convierten en el bien común de todos, o bien, por la
exclusiva voluntad de un individuo, obtienen valor a cambio. El propio progreso
de la civilización puede incrementar el valor del capital existente. Así, por
ejemplo, una casa, considerada como capital, puede duplicar su valor si se abre
una calle frecuentada en sus inmediaciones. A esta categoría pertenecen todas
las mejoras en las artes que permiten al capital existente alcanzar mayores
logros que antes. La invención de la brújula incrementó el valor del capital
empleado en la marina mercante hasta un punto incalculable. 298 El
aumento de capital logrado mediante el ahorro pronto encuentra un límite, a
menos que este se amplíe con el progreso de la civilización. 299 300
[pág.
163]
Capítulo II.
Cooperación
de los factores.
Sección XLVI.
La
cooperación productiva de los tres factores.
Toda
producción económica exige generalmente la cooperación de tres factores:
naturaleza externa, trabajo y capital. Pero para el economista político, el
trabajo es lo principal; y no solo porque todo capital presupone trabajo, ni
porque toda combinación de los tres factores sea un acto de trabajo; [pág.
164]pero, en general, porque “la idea que la mente humana tiene de medios
y fines hace que todos los bienes sean bienes por primera vez”. ( Hufeland ).
Dejando
de lado las fuerzas libres de la naturaleza, en cuyo entorno vivimos y
trabajamos, y considerando también que toda la materia prima proviene de ella,
la tierra es la base indispensable de toda economía. Pero ¡cuán poco puede
hacer la naturaleza sin ayuda para satisfacer las necesidades humanas! ¡Cuánto
menos para producir bienes con valor a cambio! Un bosque virgen, por ejemplo,
vendido en su estado natural, tiene, sin duda, valor a cambio, pero solo porque
se considera que puede ser talado y que ya existen medios de transporte. 301 La
mayor parte de las fuerzas de la naturaleza están latentes en los nómadas y las
naciones de cazadores. Cuando el trabajo se desarrolla, se les da la libertad
de apoyarlo. 302 Es
muy raro que algo pueda producirse sin capital. Incluso el más pobre recolector
de bayas silvestres necesita una cesta y debe vestirse. 303 Si
no hubiera capital, cada individuo tendría que empezar desde cero en cada
momento. La vida solo sería posible en un clima tropical. Ningún hombre, desde
los días de Adán, ha podido trabajar, excepto con la condición de que se le
hubiera hecho un anticipo considerable de capital. No hay un clavo en toda
Inglaterra, dice Senior, que no pueda, directa o indirectamente. [pág.
165]se remonta directamente a los ahorros realizados antes de la conquista
normanda. 304
Sección XLVII.
Cooperación
productiva de los tres factores. Los tres grandes períodos de la economía de
una nación.
La
relación entre los tres factores es necesariamente muy diferente en las
distintas ramas de producción. Por ejemplo, en el caso de la ganadería en una
pradera, la mano de obra hace muy poco, mientras que la tierra lo hace casi
todo. Por lo tanto, un país extenso y escasamente poblado se adapta mejor a
este tipo de producción. Pero donde la tierra escasea, como en las ciudades
ricas y populosas, la actividad humana debe orientarse hacia aquellas ramas de
la industria que requieren capital y mano de obra, como las manufacturas y los
oficios. (§ 198.) 305
Desde
esta perspectiva, la historia del desarrollo de la economía pública de cada
pueblo puede dividirse en tres grandes períodos. En el período más temprano, la
naturaleza es el elemento predominante en todas partes. Los bosques, las aguas
y los prados proporcionan alimento casi espontáneamente a una población escasa.
Esta es la edad de oro o saturnina que relatan las sagas. La riqueza,
propiamente dicha, no existe aquí, y quienes no poseen un terreno corren el
riesgo de volverse completamente dependientes, o incluso esclavos, de un
terrateniente. En el segundo período, aquel por el que han pasado todas las
naciones modernas desde finales de la Edad Media, el elemento, el trabajo,
adquiere una importancia cada vez mayor. El trabajo favorece el origen y desarrollo
de las ciudades, así como los derechos exclusivos, los derechos de los
municipios y gremios mediante los cuales el trabajo se capitaliza, por así
decirlo. [pág. 166]La clase media se forma intermedia entre los siervos y
los propietarios de la tierra. En el tercer período, el capital, por así
decirlo, da tono a todo. El valor de la tierra aumenta enormemente por el gasto
de capital en ella, y en las manufacturas, el trabajo mecánico prepondera sobre
el trabajo de la mano humana. 306 La
riqueza nacional experimenta un aumento diario; y es
el "capitalismo" el que primero da una existencia
independiente a la actividad económica del hombre; de la misma manera que la
ley se emancipa, por así decirlo, de la propiedad de la tierra, de la iglesia y
de la familia solo en el estado constitucional ( Rechtsstaat ). 307 Pero,
durante este período, la clase media, con su moderada comodidad y sólida
cultura, puede disminuir en número, y la riqueza colosal se enfrenta a la
miseria más abyecta. 308 Aunque
puede demostrarse que estos tres períodos existen en la historia de todos los
países altamente civilizados, las naciones de la antigüedad, relativamente
hablando, nunca avanzaron mucho más allá del segundo, ni siquiera en sus días
más prósperos. Gran parte de lo que se logra entre nosotros mediante capital y
máquinas, los griegos y romanos lo hacían mediante el trabajo de esclavos.
Dejando de lado el cristianismo, casi todas las pequeñas diferencias entre la
economía pública de los antiguos y la de los modernos pueden reducirse a esta
distinción fundamental. 309 310
[pág.
167]
Sección XLVIII.
Historia
crítica de la idea de productividad.
En
este capítulo, la parte histórico-dogmática ( dogmengeschichtliche )
es de suma importancia, porque trata de la conexión [pág. 168]Entre las
nociones fundamentales más profundas y las principales ramas de la vida
práctica. Es evidente que todo economista político debe construir su exposición
de la productividad a partir de sus nociones previas de bienes y valor. Por lo
tanto, debemos distinguir entre las exposiciones lógicas, pero demasiado
limitadas, y las completamente erróneas. 311
[pág.
169]
Así,
el Sistema Mercantil admite cualquier modo de aplicar los tres factores de
producción, pero los considera realmente productivos solo en la medida en que
aumentan la cantidad de metales preciosos que posee la nación, ya sea mediante
la minería nacional o mediante el comercio exterior. Esta perspectiva se
sostiene y se desmorona con la idea, demasiado limitada, de riqueza nacional
antes mencionada (§ 9 ),
que este sistema defendía. 312 La
mayoría de los partidarios del Sistema Mercantil atribuyen mayor poder a la
industria para atraer oro y plata del extranjero que a la agricultura, y a las
industrias más finas que a las más burdas; al comercio activo y directo, más
que al comercio pasivo e indirecto.
[pág.
170]
Sección XLIX.
Historia
crítica de la idea de productividad.—La doctrina de los fisiócrates.
La
doctrina de los fisiócrates se explica en parte por una reacción muy natural a
la estrechez de miras del sistema mercantil y, al mismo tiempo, por un
presentimiento, malinterpretado, de la verdadera teoría de la renta (§ 150 y
siguientes). De las seis clases de trabajo mencionadas anteriormente (§ 38 ),
solo se consideran productivas aquellas que aumentan la cantidad de materia
prima útil para los fines humanos. Todas las demás clases, independientemente
de su utilidad, se consideran estériles, asalariadas, porque obtienen sus
ingresos únicamente de la superabundancia de los terratenientes y los
trabajadores del campo. Los comerciantes, en el sentido estricto del término,
solo producen un cambio en la forma del material, cuyo mayor valor depende de
la cantidad de otro material consumido para los fines de su trabajo. Si se
ahorra algo de este material, el valor de sus productos disminuye, aunque en
beneficio de la economía de toda la nación. En cualquier caso, la industria no
podría crear riqueza, sino solo hacerla más duradera. Podría, por así decirlo,
acumular el valor de la cantidad de alimentos consumidos durante la
construcción de una casa en la casa misma. 313
[pág.
171]
Pero
si los artesanos realmente ganaran, en valor de sus productos, solo lo que
consumieron durante su trabajo, les sería difícil encontrar empleadores que les
proporcionaran capital. Todos reconocerán que un Thorwaldsen y un cantero
común, con el mismo bloque de mármol, las mismas herramientas y la misma
comida, necesariamente, al cabo del mismo tiempo, producirían valores
extremadamente diferentes. 314 E
incluso en el caso de que la industria añadiera a la materia prima solo
exactamente la misma cantidad de valor que la consumida por los trabajadores,
¿puede decirse que el trabajo deja de ser productivo simplemente porque lo
consumen los propios trabajadores? Si así fuera, incluso la agricultura, en la
mayoría de los países con baja civilización, sería improductiva. 315
El
comercio, según la teoría de los Fisiócrates, solo transfiere la riqueza ya
existente de una mano a otra. Lo que los comerciantes ganan con ello es a costa
de la nación. Por lo tanto, es deseable que esta pérdida sea lo más [pág.
172]Lo más pequeño posible. ¡De ahí la esterilidad! 316 Pero
las ramas más importantes del negocio, especialmente el comercio al por mayor,
están conectadas con el transporte de bienes ( Verri ), ya sea
de un lugar o de un período de tiempo a otro. Aquí el comerciante genuino
especula esencialmente sobre la diferencia de los valores en uso que
posteriormente son mayores que antes. 317 El
hielo enviado anualmente desde Boston a tierras tropicales satisfizo una
necesidad mucho más urgente y extendida allí que si se hubiera quedado en casa.
Y así, el almacenamiento de grano en grandes cantidades después de una cosecha
abundante retira, de hecho, un objeto de disfrute del consumo de la gente; pero
su venta, después de una mala cosecha, sin duda aumenta su disfrute en un grado
mucho mayor de lo que había disminuido antes. Además, la condición de ambas
partes del contrato suele mejorar en todo comercio normal. ( Condillac. ) 318 Nadie
se desprende de bienes intercambiables a menos que le sean de menor utilidad
que los que recibe a cambio. 319 Así
pues, el valor de uso de los recursos de una nación se ve realmente
incrementado por el comercio. A los demás atributos de los bienes, añade una de
las principales condiciones de todo uso, la accesibilidad ( Kudler ),
con la que o bien los dota de nuevo o bien los incrementa en grado. Para ello,
el comerciante utiliza herramientas, al igual que el fabricante. [pág.
173]Lo que las ruecas, los telares y los talleres son para estos últimos, los
barcos, los almacenes, las grúas, etc., son para los primeros. Si la producción
no se completa hasta que el producto se adecua a su fin último, el consumo, el
comercio puede considerarse el último eslabón de la cadena del trabajo
productivo. Constituye, al mismo tiempo, una serie de eslabones intermedios;
sin él no es posible la división del trabajo, y sin división del trabajo, no
hay mayor productividad económica. 320 Cómo
el comercio puede aumentar el valor de intercambio de las mercancías, sin
perjudicar en modo alguno al comprador, no necesita más ilustración. 321
Sección L.
El
mismo tema continúa.
Incluso
Adam Smith calificó de improductivos los servicios, en el sentido más estricto
del término (§ 3 ),
tanto los serios e importantes del estadista, el clérigo y el médico, como
los frívolos del cantante de ópera, el bailarín y el bufón. El
trabajo de ninguno de ellos puede fijarse ni incorporarse en
ningún... [pág. 174]objeto particular. 322 323 Pero,
¿qué extraño es que el trabajo de un luthier se llame productivo, mientras que
el del violinista se llame improductivo; aunque el producto del primero no
tenga otro objeto que ser tocado por el segundo? ( Garnier ).
¿No es extraño que el criador de cerdos se llame productivo, y el educador del
hombre improductivo ( List ); el boticario, que prepara un
ungüento que alivia por el momento, productivo, el médico, improductivo, a
pesar del hecho de que su prescripción en relación con la dieta, o su operación
quirúrgica, pueden curar radicalmente la enfermedad más grave?
Si
la productividad del empleo de los factores de producción se hace depender de
si se acompaña de un resultado material, nadie negará que el trabajo del
labrador, por ejemplo, es productivo; y nadie, al menos de la escuela de Adam
Smith, que el del oficinista, que encarga la materia prima para el dueño de la
fábrica, lo es. Han participado indirectamente en la producción. Pero, ¿acaso
el servidor del estado, que protege la propiedad de sus ciudadanos, o el
médico, que preserva la salud del productor, no tienen una participación
igualmente mediata pero indispensable en ella? Al guarda forestal que ahuyenta
a los cuervos, todos lo llaman productivo; ¿por qué no, entonces, al soldado,
que ahuyenta a uno mucho peor? [pág. 175]¿Enemigo de todo el país? ( McCulloch ).
Pero la división total del negocio en dos ramas, una directamente productiva y
la otra indirectamente productiva, solo puede defenderse respecto a ciertos
tipos de bienes. ( Schmitthenner ). El trabajo del juez, por
ejemplo, solo es indirectamente productivo en la fabricación de zapatos, ya que
garantiza el pago de la cuenta del zapatero. Por otro lado, el zapatero
contribuye solo muy indirectamente a la seguridad general que brinda la ley, al
proteger el pie del juez. 324
Tampoco
se puede alegar ninguna inferioridad efectiva del servicio simplemente porque
el poder productivo de una rama de negocio sea, medido por la duración de sus
resultados, mayor que el de otra. 325 ¿Qué
es más perecedero que una hogaza de pan comprada para la cena? ¿Qué es más
imperecedero que el monumentum ære
perennius de un Horacio? El trabajo invertido en las
personas y en las relaciones ( Verhältnissen )
es, tanto en la medida [pág. 176]y la duración de sus resultados, mucho
menos estimable que cualquier otra; pero su capacidad de acumulación y su poder
de propagación son mayores que cualquier otro. Es en el ámbito de
lo «inmaterial» donde el hombre es más «creativo». ( Lueder. ) 326 Finalmente,
tampoco debe afirmarse con demasiada frecuencia la mayor indispensabilidad de
las ramas más materiales de los negocios. La agricultura produce grano, que es
indispensable, y tabaco, que no lo es; la industria, telas, así como encajes; el
comercio extrae de la misma parte del mundo ruibarbo y nidos comestibles de
pájaros; y así, a los servicios pertenecen los indispensables
del educador y el juez, así como los del equilibrista y el guía de osos, de los
que se puede prescindir. 327 De
hecho, la línea divisoria entre la producción material y la intelectual no
puede, de ninguna manera, trazarse con precisión. 328
Sección LI.
El
mismo tema continúa.
La
mayor parte de los escritores recientes 329 han
llegado, por lo tanto, a la opinión de que todo negocio útil que
ministra [pág. 177]para satisfacer las necesidades de bienes externos de
todo el pueblo posee productividad económica. 330 Pero
hay una gran diferencia para la ciencia si una opinión se considera verdadera
porque nadie ha sugerido una duda sobre su corrección o porque todas las dudas
sobre su verdad han sido eliminadas triunfalmente.
[pág.
178]
Sección LII.
Idea
de Productividad.
Nunca
debe perderse de vista que la economía pública de un pueblo debe considerarse
un organismo que, cuando crece sanamente, desarrolla órganos más diversos, pero
siempre en la proporción adecuada, que no solo son sustentados por el cuerpo,
sino que también sirven para sustentarlo. El conjunto de las necesidades de
toda la economía pública, etc., se satisface mediante la actividad colectiva
del pueblo. Cada individuo que emplea sus tierras, trabajo o capital para el
conjunto, recibe su parte del producto global, independientemente de si
contribuyó o no a la creación del tipo de producto por el que se le paga. Así,
en una fábrica de alfileres, el obrero que se ocupa únicamente en fabricar las
cabezas de los alfileres no recibe su pago en alfileres ni en cabezas de
alfileres, sino en una parte del resultado global de la fabricación, en dinero.
Por lo tanto, todo sector empresarial, por cuyos logros existe una demanda
racional y que se remunera en proporción a sus méritos, ha trabajado
productivamente. Es improductivo solo cuando nadie necesita lo que ha producido
o cuando nadie paga por ello; Pero, en este caso, lo que es cierto del escritor
sin lectores —que es improductivo— y del cantante sin oyentes, es igualmente
cierto del campesino cuyo trigo se pudre en su granero, porque no puede
encontrarle venta. 331
[pág.
179]
Sección LIII.
El
mismo tema continúa.
En
este asunto, nuevamente, se observa una importante diferencia entre la economía
privada o individual y la economía en su sentido más amplio, en el sentido de
una economía-mundo. La productividad del trabajo se estima, en el caso de la
primera, según el valor de intercambio de su resultado; en el caso de la
segunda, según su valor de uso. Existe un gran número de empleos que son muy
remunerativos para los particulares, pero que son completamente improductivos,
e incluso perjudiciales, para la humanidad, debido a que privan a otros tanto o
incluso más de lo que les proporcionan a quienes los ejercen. Aquí se incluyen,
además de los delitos formales contra la propiedad, los juegos de azar, las especulaciones
usurarias (§ 113 )
y las medidas adoptadas para atraer clientes de otros competidores. Asimismo,
los experimentos científicos, los medios de comunicación, etc., pueden ser
completamente improductivos en la economía individual del empresario de pompas
fúnebres y, sin embargo, ser más beneficiosos para la humanidad en general que
lo que han sido. [pág. 180]Costo del primero. 333 En
este sentido, la economía nacional ocupa un lugar intermedio entre la economía
individual y la economía mundial. 334 En
sentido estricto, solo aquellos empleos que aumentan los recursos mundiales
deberían considerarse productivos. Por lo tanto, la labor del gobierno debería
llamarse así solo en la medida en que sus gastos estén cubiertos por los
impuestos pagados voluntariamente por la parte más razonable de los ciudadanos;
y también solo en la medida en que su trabajo sea realmente necesario para el
logro de su fin. 335 La
productividad de un empleo supone, además, que no se realiza a costa de otros
empleos de los que es más difícil prescindir. En una nación sana, en este
asunto podemos confiar, hasta cierto punto, en el juicio de la opinión pública,
que sabe apreciar, en su justo valor, a los jugadores profesionales, a los
timadores y al lujo de los soldados. Cuanto más grande, más libre y más
cultivada sea una nación, tanto más probable será que la productividad de la
economía privada sea también la productividad económica nacional, y que la
productividad económica nacional sea la productividad económica mundial. 336
Sección LIV.
Importancia
de una debida proporción en las diferentes ramas de la productividad.
Mucho
depende siempre de la debida proporción entre las diferentes ramas de
productividad. Así, España, por ejemplo, se ha mantenido pobre bajo las
condiciones más ventajosas. [pág. 181]Circunstancias en el mundo, 337 porque
permitía una preponderancia desproporcionada de servicios personales. El
carácter del pueblo español siempre le ha dado una inclinación hacia el orgullo
aristocrático y la ociosidad económica. Los comerciantes, en ese país,
buscaban, por regla general, acumular apenas lo suficiente para vivir de los
intereses de su capital; tras lo cual, de preferencia, lo trasladaban a alguna
otra provincia, donde pudieran ser considerados nobles; o se retiraban a un
monasterio. Incluso en 1781, la Academia de Madrid consideró que le
correspondía proponer un premio al mejor ensayo en apoyo de la tesis: «Los
oficios útiles no menoscaban en nada el honor personal». 338 Durante
el siglo en que el país alcanzó su mayor gloria, todo el pueblo se empeñó en
ser para toda Europa lo que los nobles, oficiales y funcionarios son para una
sola nación. “Quien quiera hacer fortuna”, dijo Cervantes, “que
busque la iglesia, el mar (es decir, vaya como aventurero a América) o el
palacio del rey”. Bajo Felipe III, había en España novecientos ochenta y
ocho conventos y treinta y dos mil frailes mendicantes. El número de
monasterios se triplicó entre 1574 y 1624, y el número de monjes aumentó en una
proporción aún mayor. Muchas de sus manufacturas, gran parte de su comercio y
no pocas de sus granjas más importantes estaban controladas por extranjeros,
especialmente por italianos. Había, al parecer, en 1610, ciento sesenta mil
comerciantes extranjeros viviendo en Castilla. En 1787, todavía había 188.625
sacerdotes, monjes, monjas, etc.; 280.092 sirvientes; 480.589 nobles; 964.571
jornaleros; 987.187 campesinos; 310.739 mecánicos y fabricantes; [pág.
182]34.339 comerciantes. 339 Como
contraparte de esto, Estados Unidos tenía, en 1840, alrededor del 77,5 por
ciento de su población dedicada a la agricultura, el 16,8 en las manufacturas y
la minería, el 4,2 en el transporte marítimo y el comercio, y el 1,3 en las
profesiones académicas. 340
[pág.
183]
Podríamos
sentirnos tentados, en vista de este contraste, a volver una vez más a la
improductividad de los servicios personales. Sin embargo, no es la dirección
que se da a las fuerzas productivas, sino su despilfarro, lo que resulta
perjudicial. Cuando el magiar, por mera vanidad, conduce una yunta de cuatro a
seis caballos cuando dos son suficientes; o cuando, como en 1831, la
agricultura irlandesa empleó a 1.131.715 trabajadores para producir un valor de
treinta y seis millones de libras esterlinas, mientras que la de Gran
Bretaña 341 producía
ciento cincuenta millones al año y empleaba solo a 1.055.982 trabajadores,
estas causas son tan seguras de empobrecer al país como el despilfarro de los
españoles al mantener semejante ejército de clérigos y sirvientes. Por
supuesto, ¡la tentación de malgastar la riqueza en parques es mayor que en
huertos! La probabilidad de que un hombre se arruine por tener demasiados
sirvientes es mayor que la de que... [pág. 184]hará lo mismo empleando
demasiados operarios. 342 Y
tanto más cuanto hay muchos y especialmente importantes servicios que regulan
su propia remuneración: así, por regla general, los del estadista, los del
militar en tiempos de guerra y los del sacerdote en la era de la
superstición. 343
Sección LV.
El
grado de productividad.
En
cuanto al grado de productividad, cabe destacar que la aplicación más
productiva de los factores de producción es aquella que, con el menor gasto de
recursos, satisface la mayor necesidad en la economía de un pueblo. En este
caso, se produce un cambio continuo, que corresponde precisamente a la
evolución de las necesidades y las facultades. Tras una mala cosecha, por
ejemplo, el trabajo que procura grano de países extranjeros o los suministros
de años anteriores es el más productivo; y, tras un terremoto que destruye una
gran ciudad, el trabajo del constructor. La agricultura es, por regla general,
la más productiva. [pág. 185]el trabajo de las naciones subdesarrolladas y
la industria de las naciones altamente desarrolladas. 344 345
[pág.
186]
Capítulo III.
La
organización del trabajo.
Sección LVI.
Desarrollo
de la división del trabajo.
Cuanto
más grande se vuelve un árbol, más ramas produce. Cuanto más perfecta es una
especie animal, más necesita un órgano específico para cada propósito
específico. Y así, la división del trabajo se ha desarrollado y ha seguido el
ritmo del desarrollo de la sociedad humana. Mientras que Crusoe se veía
obligado a cubrir todas sus necesidades con su propio trabajo, encontramos que
en la familia india más agreste, el hombre se emplea en la guerra, la caza, la
pesca, la fabricación de armas y barcos, y en el transporte de estos últimos
durante largas marchas; la mujer, por otro lado, se dedica a la preparación de
alimentos, al corte de madera, al curado de pieles, a la costura de ropa, a la
construcción y conservación del tipi, al cuidado de los niños y al transporte
de equipaje durante la marcha. 346 Estas
ocupaciones, al principio enteramente domésticas, [pág. 187]se
convirtieron, poco a poco, en industrias separadas, que están constantemente
sujetas a nuevas subdivisiones. 347
Sección LVII.
Desarrollo
de la división del trabajo.—Su extensión en diferentes períodos.
En
la edad media de un pueblo, la división del trabajo no se lleva a cabo en gran
medida. Los cortesanos del rey Frotho III. le aconsejaron que se
casara, "ya que de lo contrario el lino andrajoso de su majestad
nunca sería remendado". San Dunstan, aunque ocupaba una alta posición
en la política y en la Iglesia, era un excelente herrero, fundidor de campanas
y diseñador de túnicas femeninas. Chriemhild en el Nibelungenlied era una
sombrerera trabajadora y hábil. En el período correspondiente de la historia griega
y romana, encontramos a Penélope y Lucrecia en el telar, Nausicaa, una
lavandera, la hija del rey de los Lestrigons, trayendo agua del manantial,
Odiseo, un carpintero, una reina de Macedonia como cocinera y finalmente la
rueca de Tanaquil. 348 En
las tierras altas de Escocia, en 1797, había una gran cantidad de campesinos
cuya ropa era toda hecha a mano, con la excepción de sus gorras; Nada venía del
extranjero, excepto el sastre, sus agujas y herramientas de hierro en general.
Pero el campesino mismo era el tejedor, batanero, tintorero, curtidor,
zapatero, etc., de su propia familia: 349 hombres,
un manitas. 350
[pág.
188]
En
la Inglaterra actual, por otro lado, la fabricación de relojes se divide en
ciento dos ramas que requieren un aprendizaje especial; solo el
llamado "acabado de relojes" se encarga de otras ramas. En
Wolverhampton, puede ocurrir que un hombre empleado en la fabricación de llaves
no sea capaz de fabricar una llave completa después de un aprendizaje de diez
años, debido a que durante ese tiempo solo se ha dedicado a limar. En la
agricultura inglesa, según las nociones alemanas, hay muy pocos conjuntos completos. Existe allí
una clara distinción entre los cultivadores de maíz y los criadores de ganado;
y estos últimos se dividen a su vez en criadores de ganado joven, engordadores
de ganado, etc. Sus industrias están, en gran parte, divididas en provincias.
Así, las manufacturas de lino se limitan casi exclusivamente a Leeds y Dundee,
las manufacturas de lana a Leeds, las manufacturas de algodón a
Manchester, [pág. 189]y Glasgow, cerámica a Stafford, hierro tosco al sur
de Gales, ferretería a Birmingham, cuchillería a Sheffield. Y así en los
diferentes barrios de la ciudad. Así, en las grandes ciudades, los bancos,
tiendas, oficinas, etc., se encuentran en una sola zona, con apenas viviendas
intermedias.
De
la división del trabajo dependen todas las diferencias de estado y clase, y
toda la cultura humana. No se puede afirmar que no exista una división del
trabajo entre los animales; pero aquellos animales entre los que existe algo análogo a la división del
trabajo entre los hombres
se distinguen considerablemente por su economía similar a la humana y la
importancia relativa de sus logros.
Sección LVIII.
Ventajas
de la división del trabajo.
Las
ventajas de toda división adecuada del trabajo, resultantes de las diferencias
naturales de las facultades y disposiciones humanas, son las siguientes:
[pág.
190]
A. La
mayor destreza del trabajador. Incluso físicamente, muchas capacidades
se mejoran extraordinariamente mediante un número indefinido de repeticiones de
la misma operación; esto, sin embargo, dificulta la realización de otras
operaciones. Así, el hombre que ha desarrollado sus músculos y endurecido sus
manos trabajando en una herrería se vuelve incapaz de convertirse en violinista
u oculista. 355 Aquí
reside especialmente la posibilidad de aprovechar al máximo toda clase de
fuerza de trabajo. Incluso niños 356 y
ancianos pueden, de esta manera, participar en la producción de bienes. También
resulta factible liberar a los hombres dotados de facultades superiores del
trabajo común y permitirles dedicarse exclusivamente al desarrollo de las
facultades peculiares con las que la naturaleza los ha dotado. 357
B. Un
gran ahorro de tiempo y esfuerzo. Cuanto más sencilla sea la operación
realizada por un solo obrero, más fácil será aprenderla; menor será el precio
del aprendizaje, que depende, al menos, de que los principiantes realicen un
trabajo peor y reciban un salario más bajo. «El camino más corto
hacia... [pág. 191]“El fin se encuentra más fácilmente cuando el fin mismo
está cerca y puede mantenerse continuamente a la vista”. ( JB Say .)
Cuando un mismo trabajador combina diferentes operaciones, se pierde mucho
tiempo cambiando herramientas, etc. Además, siempre le toma tiempo a un
trabajador ponerse manos a la obra. Quien cambia con tanta frecuencia se vuelve
más fácilmente indolente. Por último, existe un gran número de operaciones que
exigen el mismo esfuerzo agregado, independientemente del número de objetos en
los que se realicen. Así ocurre, por ejemplo, con los pastores, carteros,
etc. 358 El
correo transporta mil cartas con casi la misma facilidad que una; y la vida
entera de un comerciante mayorista apenas alcanzaría para llevar todas las
cartas que envía en un solo día a su destino. Durante la Edad Media, todo
hombre estaba obligado a velar por su seguridad personal y el mantenimiento de
sus derechos; mientras que en 1850, en Gran Bretaña, veintiún millones de
personas están protegidas en sus personas y bienes, de una manera infinitamente
más eficaz y a menor coste, por quince mil soldados y por un número mucho menor
de policías, cuyo papel es preservar el orden público. ( Senior .)
Algo similar ocurre entre los comerciantes, y puede admitirse como correcto en
principio que cada nuevo intermediario, libremente reconocido por ambas partes
en el comercio, 359 hace
que el trabajo sea mejor o más barato.
C.
Como la tierra de un país es, en cierto sentido, la extensión natural del
cuerpo nacional, la división internacional del trabajo proporciona
un medio indirecto, pero a menudo indispensable, de obtener los productos de
países y climas extranjeros. 360 Si
el pueblo inglés deseaba obtener por sí mismo, y sin recurrir a ningún
intermediario, la cantidad de té [pág. 192]que consumen anualmente, es
posible que toda su población agrícola no alcance para obtenerlo; mientras que,
en la actualidad, se obtiene mediante el trabajo de cuarenta y cinco mil
obreros industriales. ( Senior .) Además, la división del
trabajo aumenta no solo la aptitud del obrero, sino también su incentivo para
el trabajo productivo, ya que garantiza a todos la certeza de poder, mediante
el intercambio, disfrutar de las producciones de todos los demás. 361
Sección LIX.
Condiciones
de la división del trabajo.
Es
mediante su división que el trabajo, considerado como factor de producción,
alcanza su máximo grado de eficiencia. Por lo tanto, sus resultados en
cualquier industria son más importantes en la medida en que el elemento trabajo
predomina en ella. Por lo tanto, estos resultados son mucho menores en la
agricultura, por ejemplo, que en los oficios o en los servicios
personales. 362 El
sembrador o cosechador más experto no puede dedicarse todo el año a la siembra
o la cosecha. Algún tipo de rotación de cultivos, alguna combinación de
labranza y ganadería es necesaria para todo agricultor. De esto depende la
importancia de las industrias técnicas secundarias de la agricultura, que son,
en principio, [pág. 193]Se oponía a la división del trabajo. Por lo tanto,
casi cualquier persona que se dedique a un oficio, sin importar su tipo, supone
un mayor número de clientes que un labrador del mismo rango.
Cuanto
más se divide el trabajo, mayor es la cantidad de capital necesaria. 363 Incluso
puede decirse que todo el trabajo preparatorio se convierte en capital en
relación con el trabajo posterior. Si diez trabajadores aislados pueden
producir diez docenas de artículos de cualquier tipo diariamente, y, tras la
introducción de una división del trabajo más eficiente, cincuenta docenas, el
empleador debe proporcionarles, en este último caso, no solo cinco veces más
capital, sino probablemente cincuenta veces más que el que producen entonces
quinientas docenas continuamente.
Sección LX.
Influencia
de la extensión del mercado en la división del trabajo.
Pero
es especialmente la extensión del mercado la que determina los límites de la
división del trabajo; pues existe una relación directa y necesaria entre la
división del trabajo y el intercambio de su excedente. Por lo tanto, la
división del trabajo puede alcanzar su máximo potencial en el caso de aquellos
productos que se transportan con mayor facilidad de un lugar a otro y que, al
mismo tiempo, poseen la utilidad más ampliamente reconocida. La pequeñez del
mercado puede depender de la escasez de la población o de su dispersión; 364 de
su [pág. 194]Menor capacidad de pago o deficientes medios de
comunicación. 365 Por
lo tanto, en pueblos, ciudades pequeñas y, aún más, en granjas aisladas, muchas
ramas de negocio son gestionadas por una sola persona, que se dividen entre
muchas en ciudades más grandes; esto es especialmente cierto en el caso de
negocios con una demanda principalmente local. 366 Mientras
que en localidades pequeñas el barbero también suele ser médico, en las grandes
hay dentistas, oculistas, parteros, cirujanos, etc. 367 ;
y mientras que en las primeras el tabernero es a la vez comerciante de
artículos secos y de comestibles, en las segundas hay comerciantes de té,
cigarros, artículos de luto (en almacenes de ropa de cama de Londres), etc., y
hoteles para todas las clases de viajeros. Solo puede haber una clase distinta
de porteadores, cocheros, etc., donde el comercio es muy activo. 368 E
incluso en ciudades como París, donde las costosas industrias que abastecen el
lujo, como por ejemplo la de los joyeros, sólo admiten una división limitada
del trabajo, este efecto depende de lo pequeño del mercado; un mercado, en
verdad, [pág. 195]Que geográficamente puede extenderse por toda la Tierra,
pero que, en sentido económico, siempre debe ser pequeña debido al reducido
número de clientes con capacidad de pago. Las verdaderas maravillas producidas
por la división del trabajo y el empleo de maquinaria debemos buscarlas en la
fabricación de los productos más baratos y comunes. 369
Sección LXI.
La
división del trabajo: medios para aumentarla.
Por
lo tanto, quien quiera aumentar la división del trabajo entre la gente debe,
ante todo, ampliar su mercado; y esto se logra con mayor eficiencia mejorando
los medios de comunicación. Incluso en nuestros días, es por las vías
navegables que se transportan los artículos más pesados con el menor gasto de
fuerza; pero donde la civilización no ha avanzado, estas vías ofrecen aún
mayores ventajas, debido a su seguridad, conveniencia y prioridad. Y aquí está
la explicación de la íntima conexión entre los inicios de todas las
civilizaciones y la existencia, cerca del escenario de tales inicios, de buenas
vías navegables naturales. «Incluso el habitante más agreste de la costa
marina capta muy pronto la idea de la distancia, algo que falta por completo en
el habitante de la selva virgen. Apenas vislumbra la isla lejana, su anhelo por
lo lejano adquiere un carácter bien definido. Trozos de madera que flotan junto
a él le sugieren... [pág. 196]“El mejor material para mantenerse a flote
en el agua, y un pez la mejor forma para su artesanía”. ( Klemm. )
Por lo tanto, el mar Mediterráneo, especialmente su porción oriental, con los
diversos pueblos y productos de sus costas, con sus numerosas islas, penínsulas
y bahías, su fácil navegación, pero poco influenciada por las mareas o las
corrientes oceánicas, fue la principal sede de la civilización antigua. 371 El
significado literal de Ática es costa. ( Estrabón. ) La
colonización de un nuevo país suele comenzar, siempre que sea posible, en la
costa, especialmente en islas cercanas a ella, y seguir el curso de los ríos
hacia el interior. Incluso continentes enteros ocupan, en su mayor parte, en la
historia del mundo, la posición que les asigna su desarrollo costero. 372 Si
bien es difícil determinar si, en el caso del continente europeo, predominan
sus extremidades o su tronco, puede decirse que África es un tronco sin
miembros. Sus islas, la mayoría de ellas insignificantes en sí mismas, están
casi completamente separadas de él por las corrientes oceánicas. Esto explica
por qué Madagascar no tuvo, en absoluto, la influencia en la civilización
africana que Creta, Sicilia y Gran Bretaña tuvieron en La civilización de
Europa. Asia ocupa, en este sentido, una posición intermedia entre Europa y
África. El tronco de ese continente representa para sus miembros una proporción
aproximada de 670.000 a 150.000 millas cuadradas. Y lo que es peor aún, el
centro del conjunto es un muro casi infranqueable entre el norte, el sur, el este
y el oeste de Asia. De ahí la tenaz peculiaridad y el desarrollo aislado de las
civilizaciones china, malaya, india y árabe; mientras que las tres penínsulas
del sur de Europa, por ejemplo, se han influenciado mutuamente de forma tan
amplia y diversa. 373 El
hemisferio norte, comparado con el sur, presenta [pág. 197]un contraste
similar al que existe entre Europa y África, o entre los ricos grupos costeros
del Atlántico comparados con los pobres del Pacífico. 374 Pero
son especialmente las llanuras extensas y bien irrigadas las que mejor se
adaptan a la construcción de carreteras y, por lo tanto, a facilitar la
división del trabajo. Y si bien en muchos países encontramos que las regiones
montañosas alcanzaron cierta etapa de desarrollo antes que otras, porque eran
más fáciles de proteger mediante la fuerza militar, encontramos también que
incluso aquí, las llanuras han tenido, en su mayor parte, la mayor parte del
poder y de la civilización (norte de Italia, norte de Francia, las llanuras de
Suiza y [pág. 198]Alemania del Norte). Véase § 36. 375
Sin embargo, no debemos dejar de considerar el reverso de la imagen de las
grandes vías del mundo. Las mismas razones
que las elevan a la dignidad de líneas de comercio las convierten en líneas de
guerra; e incluso el contagio de grandes plagas y de los vicios dominantes
sigue, por regla general, las vías comerciales.
Sección LXII.
El
reverso o lado oscuro de la división del trabajo.
La
división del trabajo, altamente desarrollada, suele conllevar dificultades,
cuyos aspectos positivos y negativos solo se observan con mayor claridad en las
grandes ciudades. Sin embargo, cuando se le acusa de agravar la desigualdad
natural entre los hombres, la acusación solo puede responderse con la siguiente
respuesta: sin la división del trabajo, todos seríamos igualmente pobres y
groseros; pues cada uno estaría absorbido por la necesidad de satisfacer sus
necesidades básicas y nadie podría desarrollar sus facultades superiores.
Incluso el hombre más pobre disfruta más gracias a la división del trabajo que
viviendo aislado de sus semejantes. El más desdichado, el inválido sin
propiedad alguna, el padre de familia con más hijos de los que puede mantener,
simplemente moriría de hambre en la selva virgen.
[pág.
199]
Aquellos
socialistas que nunca se cansan de predicar la “asociación”, pasan
por alto, en su mayor parte, la gran y libre asociación que nuestras
necesidades, deseos o gustos están en constante cambio, y que nos es dada, por
supuesto, por la división del trabajo. 376 Sin
embargo, la habilidad producida por la división del trabajo está
inevitablemente conectada con una unilateralidad correspondiente. Los rusos,
por ejemplo, son sumamente aptos, pero rara vez se distinguen en algo. 377 El
amor por su vocación, o el orgullo por ella, es algo desconocido para el
trabajador ruso. Elude todo trabajo continuo. 378 La
experiencia ha demostrado que los napolitanos e italianos, en general, exhiben
gran habilidad cuando trabajan solos; pero que cuando muchos de ellos trabajan
juntos, se confunden rápidamente. Los ingleses, por otro lado, son lentos para
aprender algo nuevo o para superar dificultades inesperadas; pero no tienen
iguales como trabajadores en las industrias organizadas. 379 La
dificultad que se experimenta al buscar una nueva vocación, donde prevalece una
alta división del trabajo, surge tanto del hecho de que cada persona aquí ha
recibido una formación más parcial como de la necesidad que tiene de competir
desde el principio únicamente con trabajadores consumados. La escuela de
Rousseau ha insistido demasiado en la tendencia de la civilización superior a
disminuir la independencia individual. Cuando
dices que debes cultivar un árbol, combatir al enemigo, construir una cabaña,
vivir de menos, hacer cien lugares en los bosques sin otra guía que el viento y
el sol, sin otra provisión que un arco y flechas; esto es [pág.
200]¡Entonces qué es un hombre! 380 Podríamos
responder que construir un barco de vapor o un palacio, y viajar alrededor del
mundo, es mucho mejor. ( Dunoyer ). Incluso físicamente, el
hombre civilizado es superior al salvaje, como se puede inferir de la mayor
duración promedio de vida del primero. Por supuesto, no se deben comparar los
extremos, ni contrastar la complexión de un tejedor o estudiante con la de un
jefe salvaje. 381
De
manera similar, la unilateralidad de la división internacional del trabajo
puede entrañar un gran peligro para la independencia nacional.
Sección LXIII.
El
lado oscuro de la división del trabajo: sus ganancias y pérdidas.
De
hecho, cuando la unilateralidad producida por la división del trabajo llega
hasta el punto de causar la degeneración de la
personalidad del trabajador, la pérdida humana de la nación es mayor
que [pág. 201]La ganancia material que se obtiene con ella. Así, la
ocupación de pulir metales o dorar, cuando se continúa durante mucho tiempo sin
interrupción, invariablemente arruina la salud. ¿Cuál debe ser el aspecto del
alma de un trabajador que, durante cuarenta años, no ha hecho más que observar
el momento en que la plata alcanza el grado de fusión que precede a la
vaporización? Que es ciego a todo lo demás, pero recibe un buen salario por sus
servicios. 383 Schleiermacher
declaró acertadamente que toda acción humana puramente mecánica, mediante la
cual el hombre se convierte en una herramienta viviente (¡esclavo!), es
inmoral. Cuando la división del trabajo haya llegado a este punto, las máquinas
deberían ocupar el lugar del hombre. La moralidad de una profesión puede
medirse por el grado en que se corresponde con la vocación universal de la
raza. 384 No
es, por lo tanto, una inconsistencia, sino más bien una profunda necesidad,
cuando, donde la civilización está en su apogeo, se hacen tantas demandas que
la división del trabajo debería tomar un camino retrógrado. La práctica de
ejercicios gimnásticos por parte de las clases sedentarias, el servicio militar
universal, la participación de los ciudadanos en el gobierno municipal y en los
asuntos políticos, de los laicos en el gobierno de la iglesia, de los ricos en
la administración de la caridad; todo esto se considera, desde una perspectiva
materialista, una gran pérdida de tiempo. Podría ser que, si la división del
trabajo se llevara a cabo con mayor rigor, [pág. 202]De esta manera,
podríamos obtener resultados más perfectos con menos gasto económico. Pero el
hombre en su totalidad es más importante que la suma de sus logros y disfrutes.
(Lucas 9:25). ¡Ay de la nación donde solo los juristas tienen un sentido
desarrollado del derecho, donde el juicio político y el patriotismo cultivado
son patrimonio exclusivo de funcionarios y funcionarios, donde solo el ejército
permanente tiene coraje guerrero y el clero solo religiosidad consciente; donde
los padres dejan toda la preocupación por la educación a los maestros de las
diversas ramas del saber, y donde el vigor físico solo se encuentra entre los
proletarios! Por lo tanto, no hay nada más ruinoso que una educación prematura
y unilateral en un solo oficio o profesión, algo que a menudo ocurre debido a
la pobreza antes de que se hayan sentado las bases de la educación general que
se convierte en ser humano. Cuanto más alta sea la posición de un hombre, más
debería ser, por así decirlo, un representante de toda la raza humana. ¿Quién,
por ejemplo, querría ver a un gobernante educado como los hombres en una rama
específica de la ciencia o en una profesión específica? 385 386 El
mejor correctivo para la unilateralidad [pág. 203]El resultado de una alta
división del trabajo consiste en la ampliación y el empleo multifacético del
tiempo libre, ambos facilitados por la misma alta civilización que siempre
acompaña a la división del trabajo. 387
Sección LXIV.
La
cooperación del trabajo.
La
cooperación o combinación 388 del
trabajo debe, sin embargo, corresponder siempre a la división del trabajo.
Ambas no son más que aspectos diferentes de la misma idea del trabajo social:
la separación de diferentes tipos de trabajo, en la medida en que se perturben
mutuamente, y la unión o combinación de ellos en la medida en que se ayuden
mutuamente. 389 El
vinatero o cultivador de lino necesariamente... [pág. 204]Moriría de
hambre si no pudiera contar con el cultivador de maíz. El obrero de una fábrica
de alfileres, que solo prepara las cabezas de los alfileres, debe estar seguro
de sus colegas que afilan las puntas, si su trabajo no fuera completamente en
vano. El trabajo del comerciante ni siquiera es concebible sin el de los
diferentes productores entre los que media. Cuando la producción de un
determinado artículo depende de los servicios de seis tipos diferentes de
trabajo, uno de los cuales, sin embargo, exige el triple de tiempo y otro el
doble que los demás, es evidente que, para que el negocio pueda llevarse a cabo
adecuadamente, se deben emplear tantos obreros que su número dividido por 9 no
deje ningún resto. ( Rau. ) La unión o combinación de
diferentes tipos de trabajo es más perfecta cuando los obreros viven más cerca
unos de otros; cuando, por lo tanto, no están separados por grandes
dificultades de transporte; o en diferentes países, en cuyo caso, una guerra
podría destrozarlo todo.
Sección LXV.
El
principio de estabilidad o de continuidad del trabajo.
La
cooperación a lo largo del tiempo es de igual importancia: el principio de
estabilidad o de continuidad del trabajo. Cuando un trabajador fallece, es
necesario contar con un sustituto. Es bien sabido que es mucho más difícil
iniciar un negocio que, posteriormente, mejorarlo y expandirlo; y esto, cuanto
más complicado es. Una nueva empresa se arraigará fácilmente solo donde ya
existan varias similares; por ejemplo, un nuevo establecimiento manufacturero,
donde, gracias a la existencia de otros establecimientos similares, se hayan
desarrollado previamente los hábitos necesarios de los trabajadores, de los
capitalistas y del público en general. La habilidad de los trabajadores se
propaga especialmente mediante la observación y la emulación personal de... [pág.
205]Los jóvenes; de ahí que la introducción de nuevas industrias se realice
mejor mediante la inmigración de trabajadores cualificados. 390 De
ahí la nefasta influencia de tales interrupciones, como por ejemplo, la
derogación del edicto de Nantes. De ahí también que el despotismo y el reinado
del pueblo sean tan desfavorables para la economía de un país, donde no puede
haber garantía de una observancia y desarrollo constantes de las leyes. Entre
las mejores aplicaciones del principio de la continuidad del trabajo se
encuentran la construcción de iglesias en la Edad Media, los canales
nacionales, los sistemas de calles y fortificaciones de los tiempos modernos;
todos los cuales han sido creados únicamente por la cooperación de varias
generaciones con el mismo fin. 391 El
medio más notable por el cual se ha impulsado dicha cooperación en los tiempos
modernos es el crédito público, «una letra de cambio para la
posteridad»; sin embargo, todo ahorro es, en principio, el mismo. El
elemento más poderoso en la cooperación en el tiempo de trabajo es la economía
en común de la familia, aunque difiere en grado según los distintos tipos de
herencia familiar. Donde, como entre la clase media inglesa, es costumbre
asegurar la propiedad empresarial de la familia a un hijo por testamento y
confiar la gestión del negocio, durante la vida del padre, al legatario para
que cuide de los demás hijos mediante seguros, ahorros, etc., obtenidos con el
excedente del negocio, puede haber empresas antiguas que se mantengan siempre
nuevas, sin embargo, porque combinan la experiencia de la edad con la energía
de la juventud y nunca se disuelven por una división de la herencia. Pero
la [pág. 206]La igualdad obligatoria de herederos, vigente en Francia,
obliga a casi cada nueva generación a fundar una nueva empresa. (Véase § 85 y
siguientes) . 392
Sección LXVI.
Ventaja
de las grandes empresas.
En
los resultados de la división y cooperación del trabajo reside la superioridad
de todas las grandes empresas, y estas son, por lo tanto, menores en la
agricultura que en la industria. «Es más difícil adquirir los primeros mil
que los segundos millones». Haciendo abstracción de las condiciones del
capital y del mercado, el límite hasta el cual la creciente magnitud de una
empresa se vuelve más ventajosa reside en la creciente dificultad de la
supervisión. Innumerables mejoras comerciales, como correos, ferrocarriles,
telégrafos, casas de cambio, bancos, etc., han contribuido poderosamente a
ampliar estos límites. Con frecuencia es posible, incluso en pequeñas empresas,
asegurar las ventajas de las grandes empresas mediante la asociación entre los
interesados. Deben, por supuesto, poseer el capital necesario. Si no lo tienen
en propiedad, deben pedirlo prestado. Por supuesto, es especialmente difícil
aquí preservar la unidad necesaria, sin la cual la cooperación del trabajo se
convierte en la confusión del trabajo. Cuanto más morales e inteligentes sean
los participantes y más simple el negocio, más extenso será y más probable será
su éxito. (§ 90 .) 393 394 395
[pág.
207]
Capítulo IV.
Libertad
y esclavitud.
Sección LXVII.
El
origen de la esclavitud.
Una
institución como la de la servidumbre personal, que, como se puede demostrar,
ha existido entre todas las naciones de las que la historia nos
habla, [pág. 208]La información que nos llega, en un momento u otro, debe
tener causas muy generales. Entre estas cabe mencionar especialmente la
sujeción por la guerra. No es posible calcular en qué medida el principio de
que era apropiado reducir al hombre a la esclavitud... [pág. 209]A quienes
se consideraba correcto matar, contribuyó a que la guerra fuera menos
sangrienta en una época incivilizada. 396 Una
nación de cazadores está casi obligada a no dar cuartel; el conquistador
estaría obligado a alimentar a su prisionero o a ponerle armas. Sin duda,
constituye un gran avance humanitario que este estado de cosas sea reemplazado
por la esclavitud entre las naciones nómadas. 397
En
tiempos de paz, la dependencia económica es resultado de la pobreza, el
endeudamiento excesivo, etc. 398 Donde
no hay división del trabajo, el individuo no tiene forma de satisfacer sus
necesidades, excepto cultivando un trozo de tierra. Pero, ¿cómo puede el pobre
infeliz que no tiene capital 399 ni
tierra intercambiar nada de valor por ninguno de los dos? Tal adelanto, donde
no hay garantía legal, solo puede hacerse a crédito de una prenda muy
importante. Pero el hombre desprovisto de toda propiedad no puede ofrecer nada
más que su poder productivo o el de su familia. 400 Y [pág.
210]Así ocurre con el pequeño terrateniente que ha perdido todo su
capital; 401 pues,
considerando la superabundancia de tierra, la parte que posee tiene valor de
intercambio solo en la medida en que esté unida a la certeza de ser cultivada;
y aquí está el origen de la glebae
adscriptio . La transmisión hereditaria de la relación
con los hijos parece serles igualmente útil; o ¿quién, si no fuera así,
pensaría en proporcionarles alimento? También sucede con frecuencia que padres
pobres prefieren vender a sus hijos a verlos morir de hambre. 402 De
ahí el extraño hecho de que la mayoría de las naciones tengan el sistema de
esclavitud más rígido precisamente cuando la tierra produce alimentos con mayor
facilidad. Basta con citar el ejemplo de las Islas de los Mares del Sur, en la
época de su descubrimiento. En muchos países negros, donde la gente aún no ha
aprendido a utilizar animales para el transporte, las clases más bajas, aunque
gozan de una libertad nominal, son utilizadas como bestias de carga. 403
[pág.
211]
Sección LXVIII.
El
mismo tema continúa.
En
todas las etapas más bajas de la civilización, la mayor ausencia de sentimiento
de necesidad y la mayor indolencia suelen prevalecer, incluso en su grado más
alto. Tan pronto como se satisfacen sus necesidades más básicas, los hombres
comienzan a considerar el trabajo como una ocupación vergonzosa y la indolencia
como la forma más alta de disfrute. (§ 41 ,
213 y siguientes). Los esfuerzos sostenidos y voluntarios, en cualquier número,
solo se hacen posibles mediante la creación de nuevas necesidades; pero estas
nuevas necesidades suponen una civilización superior. La salida de este círculo
lamentable se logra entonces de la manera más humana, mediante la intervención
de maestros extranjeros; ya que los representantes de un pueblo más culto
(misioneros, comerciantes, etc.), con su propio ejemplo, familiarizan a la
nación con más necesidades y, al mismo tiempo, contribuyen a su
satisfacción. 404 Pero,
en el caso de naciones cuya civilización está completamente aislada, o que solo
interactúan con otras de igual nivel, el progreso es exclusivamente producto de
la fuerza. El aislamiento bárbaro de las familias cesa cuando los más fuertes y
poderosos obligan a los más débiles a servirles. Es entonces cuando comienza
realmente la división del trabajo : el vencedor se dedica por completo
a trabajos de mayor envergadura, como la política, la guerra, el culto, etc.;
realizarlos suele ser un placer en sí mismo. Los vencidos realizan los trabajos
inferiores. La mitad del pueblo se ve obligada a trabajar por algo que va más
allá de sus propias necesidades. Y es, aquí como en otras partes, el primer
paso el que cuesta. 405 (§ 45 ).
[pág.
212]
Sección LXIX.
Origen
de la esclavitud.—Falta de libertad.
No
debe suponerse que la esclavitud, en esta etapa, sea tan opresiva incluso para
quienes han sido privados de su libertad. El sentimiento de degradación moral
que la esclavitud, incluso haciendo abstracción de sus abusos, despierta en
nosotros, es desconocido en una época muy incivilizada. 406 El
niño obedece voluntariamente las órdenes de extraños y sus padres lo alquilan
para servir, etc. La necesidad o el anhelo de libertad se mueve al ritmo del
crecimiento intelectual de un pueblo. El trabajo excesivo sistemático de
sirvientes o esclavos, en interés de sus amos, es apenas concebible en una
época inculta, cuando, en ausencia de comercio [pág. 213]En las relaciones
interpersonales, cada familia consume lo que produce. 407 Lo
único que el esclavo debe temer es un estallido ocasional de tiranía por parte
del amo, algo bastante frecuente en todas las relaciones de las civilizaciones
inferiores. El miedo restringe a los amos hasta cierto punto; pues, en aquellos
primeros tiempos, ¡cuán pocas eran las instituciones estatales que podían
protegerlos de la venganza de sus esclavos! 408 409
[pág.
214]
Sección LXX.
Emancipación.
A
medida que los estados crecen y las costumbres de los hombres se suavizan, las
filas de la esclavitud son cada vez menos propensas a ser reclutadas por la
guerra. 410 Entonces
se hace necesario recurrir a la familia para mantener su número, lo que hace su
condición mucho más soportable y supone que ya se ha hecho más soportable en
otros aspectos. Los estados modernos son, por regla general, más grandes que
los antiguos. Los alemanes, mucho antes de la época de Carlomagno, habían
tratado a los prisioneros de guerra de origen alemán con mayor benevolencia que
a los de origen galo o eslavo. 411 La
condición de estos últimos incluso mejoró desde que las naciones comenzaron a
pensar en realizar conquistas permanentes. Desde las guerras eslavas del siglo
X, y ciertamente desde las contiendas lituanas, parece que los prisioneros de
guerra no fueron reducidos a la esclavitud. 412 Caballería, [pág.
215]Y permitir que los prisioneros salieran libres, bajo su palabra de honor,
contribuyó en gran medida a este resultado.
Cuanto
más productiva es la agricultura, más numerosas son las necesidades de los
terratenientes, más extensa se vuelve la división del trabajo y las relaciones
comerciales, y más fácil es para una gran clase de la comunidad obtener
sustento para sí misma y sus familias sin cultivar tierras propias. (Salarios).
Cuando los intercambios a través del dinero se vuelven habituales, el principal
argumento a favor de la esclavitud desaparece; y el hombre fuerte, rico y capaz
puede, sin recurrir a la fuerza, controlar el trabajo de otros. Todo avance en
la cultura económica debe necesariamente contribuir en esta dirección. Así, sin
el arado, por ejemplo, todos seríamos en realidad solo un número limitado
de glebæ adscripti . Se debe especialmente a la creciente
perfección de las herramientas, las máquinas y las operaciones, que el esclavo
de la antigüedad se transformó en el siervo de la Edad Media y, posteriormente,
en el jornalero de los tiempos modernos. 413 Cabe
destacar, en particular, que las máquinas, desde 1750, «hicieron posible
por primera vez la libertad constitucional de muchos, en lugar de la libertad
feudal de unos pocos». ( Schäffle. )
[pág.
216]
Sección LXXI.
Desventajas
de la esclavitud.
La
esclavitud promueve la división del trabajo solo al principio. Cuanto más
dependiente es el esclavo, peor trabaja. Todo lo que estropea o deja que se
desperdicie solo perjudica a su amo. De ahí que la explotación esclavista esté
solo un grado alejada de lo que los alemanes llaman Raubbau ,
y que significa, en nuestra traducción más precisa, la gestión más
desconsiderada y derrochadora posible. 414 Todo
lo que consume es simplemente una ganancia para sí mismo. La industria y la
habilidad le son perjudiciales, porque, si bien destaca por estas cualidades,
su amo le exige más trabajo y se muestra más reacio a liberarlo. En lugar de
los innumerables incentivos del trabajador libre: preocupación por el futuro,
su familia, honor y comodidad, el esclavo generalmente se siente impulsado por
uno: el miedo al maltrato, y a este gradualmente se vuelve insensible. 415 La
división del trabajo que exigen las manufacturas, y que se encuentra mayormente
solo donde cada persona tiene libertad para elegir su propia ocupación, es
difícilmente suponible donde prevalece la esclavitud, en el sentido estricto de
la palabra. Lo mismo ocurre con el espíritu de invención y mejora. 416 E
incluso donde las glebas más moderadas[pág. 217] Cuando se
obtiene la adscriptio , la división del trabajo se ve muy
obstaculizada. Por lo tanto, todos los jueces competentes coinciden en la
maldad del trabajo esclavo; 417 que,
como por ejemplo en Estados Unidos, se utilizaba solo donde los esclavos se
hacinaban en grandes cantidades y, por lo tanto, podían ser fácilmente
supervisados. Y no solo los esclavos mismos son indolentes, sino también sus
amos; más particularmente en países esclavistas donde todo trabajo se considera
vergonzoso. ¡Qué debe ser la economía nacional de un pueblo, la mitad del cual
se niega a hacer lo correcto y apropiado, por malicia, y la otra mitad por
orgullo! Tan pronto como, debido al aumento de la población y el consiguiente
aumento del consumo, este enorme desperdicio de fuerza ya no puede soportarse,
los trabajadores libres se vuelven más rentables, no solo para ellos mismos y
para toda la comunidad, sino para la mayor cantidad de individuos que la
componen. 418 En
las fincas de Bernstoff, la cantidad de centeno cosechado antes [pág.
218]y después de la emancipación era como 3:8-1/3; de cebada como 4:9-1/3; de
avena como 2-2/8:8. 419
Los
dueños de siervos, en particular, tienden a desperdiciar su trabajo, pues
imaginan que lo obtienen gratis. Tucker realizó un curioso cálculo que tiende a
demostrar que, cuando la civilización alcanza cierto punto, el interés propio
del amo conduce a la emancipación. En Rusia, donde hay setenta y cinco personas
por milla cuadrada inglesa, le parecía que la servidumbre seguía siendo una
buena especulación económica. En Europa occidental, donde había ciento diez
personas por milla cuadrada, la libertad, en todas las relaciones entre amo y
sirviente, la consideraba más ventajosa para todas las partes. La emancipación
comenzó en Inglaterra en el siglo XIV, cuando ese país tenía una población de
cuarenta por milla cuadrada, y se completó en el siglo XVII, cuando la
población era de noventa y dos por milla cuadrada. 420 Tucker
concluye que el punto de inflexión llega cuando la población, en relación con
el número de millas cuadradas, es de 66:1. 421 Tal
cálculo, por supuesto, no puede ser universalmente cierto. El trabajador libre
suele poder disponer de una porción mucho mayor de la suma total de los
beneficios económicos. [pág. 219]que el esclavo o siervo, quienes deben
conformarse con lo mínimo necesario para subsistir. 422 Por
lo tanto, el trabajo libre solo es más rentable para los amos cuando la
producción en general se ve tan favorecida que una mayor cantidad de bienes les
corresponde también. Pero esto siempre será así cuando los trabajadores sean
capaces de desarrollarse. 423
Sección LXXII.
Efecto
de un avance en la civilización sobre la esclavitud.
Al
mismo tiempo, el mismo grado de servidumbre se vuelve cada vez más opresivo
para el esclavo a medida que avanza la civilización. Cuanto mayor es su
progreso intelectual, más siente la falta de libertad y más agudamente
experimenta la degradación de su condición. El desarrollo del lujo cava una
brecha entre amo y sirviente que se ensancha cada día. (§ 227 y siguientes). A
medida que se extiende el comercio, se vuelve más rentable para el amo exigir
un trabajo excesivo a su esclavo. En las Indias Occidentales, era un problema
que cada esclavista resolvía por sí mismo: si, mediante un aumento desmesurado
de la producción, que costó la vida a muchos esclavos, la ganancia en azúcar
era mayor que la pérdida ocasionada por la [pág. 220]muerte consecuente de
los negros. 424 Cuando,
con el avance de la civilización, el Estado garantiza a todos una protección
más segura de sus derechos que la que disfrutaban en una etapa menos avanzada
de mejora social, se elimina el último freno a los amos, el miedo a la venganza
de sus esclavos. 425 La
desmoralización aumenta naturalmente en la misma proporción; tanto la del amo
como la de sus sirvientes. 426
Sección LXXIII.
El
mismo tema continúa.
Esto
explica por qué, en todos los países, el poder del Estado, en un período de
transición hacia una civilización superior, se ha esforzado por suavizar la
esclavitud. La Iglesia merece gran reconocimiento por este aspecto. Pronto
extinguió la esclavitud por completo en Escandinavia, y en algunas partes
de Europa abolió al menos la venta de prisioneros a países extranjeros.[pág.
221] El Concilio Agatheuse , en el año 506, decretó que los
siervos no debían ser asesinados por sus amos a su antojo, sino que
debían ser llevados ante un tribunal de justicia (los tribunales señoriales de
tiempos más recientes). Además, las innumerables festividades de la iglesia
favorecían enormemente a los esclavos. El papa Alejandro III recomendó su
emancipación gradual. Uno de los principales pasos en
el camino del progreso se dio cuando ya no
pudieron venderse individualmente, sino solo con la aldea o en la finca a la
que pertenecían.La aristocracia feudal mejoró la condición de los esclavos al
reducir a un gran número de hombres libres a su nivel . Esto[pág.
222] no podía efectuarse sin una mejora real de la esclavitud; y, más
tarde, cuando la aristocracia feudal decayó, los siervos mayores fueron, junto
con aquellos que anteriormente habían sido libres, elevados de su condición
abyecta. El sentido de la caballerosidad no permitía que un señor fuera servido
por un esclavo. El viejo adagio “el siervo vive para servir y sirve para
vivir”, fue perdiendo fuerza gradualmente. Se requería que los siervos
realizaran ciertas tareas en las tierras de su amo y le pagaran cierta cantidad
de su propio producto. Los heriots ( mortuorio ), que se
volvieron comunes a partir del siglo VIII ( J. Grimm ), pueden
considerarse evidencia de que incluso a los esclavos se les permitía adquirir y
poseer propiedades por derecho propio. Así se eliminó una de las principales
desventajas de la esclavitud, en sentido económico. 433 Se
puede afirmar, como característico de la aristocracia de la época feudal, que
trataban a quienes, como los siervos, estaban completamente a su merced, con
mucha más consideración que a los que eran libres y, aunque dependían de ellos,
tenían ciertos derechos garantizados por contrato. La monarquía absoluta se
encontraba en [pág. 223]Casi todas las naciones, al comienzo de la época
moderna, se vieron obligadas, por su lucha con la aristocracia medieval, a
favorecer la emancipación de los siervos y de las clases bajas. Incluso en
Rusia, Iván III (1462-1505) parece haber restituido al campesinado el derecho a
la migración, del que se le había privado con la invasión mongola, y no lo
volvieron a perder hasta los grandes disturbios de principios del siglo XVII,
que otorgaron el poder a la nobleza. 434
Allí
donde la civilización ha alcanzado su más alto desarrollo, el poder
irresistible de la opinión pública, gobernada por las ideas de la fraternidad
universal de los hombres y de la igualdad democrática, provoca la abolición de
todas las relaciones de servidumbre irredimibles y hereditarias. 435 436 437
[pág.
224]
Sección LXXIV.
El
mismo tema continúa.
No
se puede dudar que un salto completamente directo de la servidumbre completa a
la libertad completa puede ir acompañado de muchos [pág. 225]males. Ningún
hombre "nace libre", 438 sino
solo con la facultad de ser libre; pero esta facultad debe desarrollarse. El
conocimiento y el respeto por la ley, y el autocontrol, que son las condiciones
y límites de la libertad, nunca se adquieren sin trabajo, rara vez sin cometer
graves errores, y nunca excepto mediante la práctica de ellos. Por regla
general, ambas partes, tanto amos como sirvientes, desearían librarse de
inmediato de todos los inconvenientes de la condición anterior y, sin embargo,
seguir disfrutando de sus ventajas. El sirviente, por ejemplo, ya no cederá a
la obediencia específica de antaño, sino que seguirá exigiendo una dulzura
específica del terrateniente o prestamista de capital, su antiguo amo. Es
inevitable que haya quejas de ambas partes. 439 Pero
en las etapas superiores de la cultura económica, la relación de protección
paternal e infantil [pág. 226]La obediencia entre las diferentes clases
del pueblo, que ni siquiera en la época medieval se alcanzó en toda su pureza,
es ciertamente irrevocable. Por lo tanto, toda esperanza de una mejor situación
se basa únicamente en que las clases bajas puedan alcanzar cuanto antes la
verdadera independencia. 440
Sección LXXV.
El
mismo tema continúa.
Incluso
en la antigüedad, las principales naciones del mundo no pudieron evitar que la
influencia humanizadora de la civilización se hiciera sentir en sus esclavos. Y
si no llegaron a lograr la abolición total de la esclavitud, esto debe
atribuirse sin duda a su inferioridad religiosa. 441 En
Atenas, durante la guerra del Peloponeso, era casi imposible distinguir a los
esclavos de los hombres libres más pobres por su apariencia o vestimenta. Su
trato era leve en la medida en que la deserción era más fácil debido a la
pequeñez del estado o la frecuencia de las guerras. Estaba prohibido
golpearlos; y solo un tribunal de justicia podía castigarlos con la
muerte. 442 La
emancipación, en casos individuales, era muy frecuente, y los nombres de
Ágoratos y del revisor de leyes Nicómaco muestran la gran importancia que un
esclavo emancipado podía desempeñar en la nación. 443 [pág.
227]El sistema ilota de los lacedemonios conservó durante mucho más tiempo
mucho más de la barbarie medieval; pero incluso en este caso, podemos inferir
de los levantamientos y emancipaciones frecuentes de los ilotas, de sus
servicios en la guerra, etc., que su suerte se hizo menos dura de lo que había
sido. 444
Entre
los romanos, para quienes la guerra y la conquista se consideraron durante
tanto tiempo los principales
medios de adquisición, la esclavitud era relativamente muy dura. Pero,
más tarde ,
llegaron a existir varios grados diferentes de esclavitud ( servi
ordinarii y mediastini,
etc.) ; y en
la esclavitud, cada gradación denota alguna mejora de la condición. El
esclavo obtenía el derecho a poseer recursos propios ( peculium ). Además
de esto, [pág. 228]La emancipación se hizo mucho más frecuente en la
última república; tanto es así, que Augusto consideró necesario aprobar leyes
que gravaran la emancipación frívola. ( L. Aelia Sentia y Furia .) 449 Donde
hombres como Terencio, Roscio, Tiro, Fedro y el padre de Horacio se levantaron
de la condición de esclavitud, el tratamiento de los esclavos no puede haber
sido completamente brutalizante. 450 Bajo
los emperadores que oprimían a los ciudadanos libres, la legislación se dirigió
más que nunca hacia la protección de los esclavos. 451 En
lugar de la esclavitud permanente, se introdujo una condición de cosas y se
hizo más general cada día, una en la que el siervo podía contraer un matrimonio
legal, tener propiedades propias y en la que estaba protegido contra un aumento
arbitrario de la cuota que tenía que pagar a su amo, ya fuera en dinero o
productos, aunque todavía permaneciera atado a la tierra. Esta clase estaba
formada no sólo por los originarios ,
o aquellos nacidos en ella, sino también por un gran número de hombres libres
empobrecidos, prisioneros de guerra bárbaros, etc. 452 453
[pág.
229]
Sección LXXVI. (Apéndice al Capítulo IV.)
El
sistema de servicio doméstico.
En
la mayoría de los países, el sistema de servidumbre se desarrolló gradualmente
a partir de la servidumbre, o de alguna condición de tutela análoga. Esto se
aprecia con mayor claridad en la prolongada permanencia del servicio forzoso,
mediante el cual los súbditos del señor feudal se veían obligados a permitir
que sus hijos permanecieran en la corte del señor como sirvientes, ya sea sin
remuneración alguna o por salarios muy bajos fijados por una costumbre
arraigada. 454 Aquí
también se encuentra el derecho de corrección, tan generalmente concedido a los
amos en tiempos pasados. En las etapas superiores de la civilización, toda la
relación tiende a resolverse cada vez más en la libertad de competencia; y este
proceso suele darse antes y de forma más evidente en las ciudades. Donde se
reúnen grandes cantidades de hombres, la oferta y la demanda [pág. 230]Los
tipos de servicios se encuentran con mayor facilidad. Cuanto más se acerca el
sistema de servicio doméstico al salario a destajo y al jornal, más corta es la
duración habitual (presuntiva) del contrato, más voluntaria es la licencia
por ambas partes; más tiende
la relación a limitarse a servicios individuales acordados de antemano (§ 39 ) ,
y con mayor frecuencia ambas partes intentan sustituir a los trabajadores
domésticos por trabajadores asalariados que viven fuera de la familia. El
extremo de esta tendencia en la actualidad son los institutos de servicio
doméstico en las ciudades, cuyo carácter más flexible y democrático se
expresa en que
han extendido el uso de los servicios personales a un círculo de consumidores
más reducido del que antes habrían pensado en emplearlos. En inglés [pág.
231]En la agricultura, esta transición se completó principalmente en la tercera
década de este siglo. El cambio fue indudablemente favorable al
perfeccionamiento de la agricultura, pero con frecuencia perjudicó las
relaciones sociales entre ricos y pobres del país. 458 En
Alemania, la venta de los dominios públicos, el reclutamiento y el
servicio militar obligatorio han
contribuido en esta dirección. 459 Así,
por ejemplo, en Prusia, los sirvientes, en 1816, representaban el 15,18 % de la
población masculina mayor de 14 años y el 17,84 % de la población femenina
mayor de 14 años. En 1861, en cambio, solo representaban el 11,88 % y el 12,93
%, respectivamente, mientras que el número de jornaleros y obreros, en el mismo
período, aumentó del 16,29 % de los hombres al 10,87 %. mujeres, al 20,95 y al
16,65 por ciento, respectivamente. 460 En
la mayoría de los países civilizados, el grado de la sociedad [pág. 232]El
nivel de reclutamiento de los sirvientes se reduce cada vez más a medida que el
espíritu de independencia se extiende a los estratos más profundos de la
humanidad. 461
La
clase sirvienta podría seguir siendo durante mucho tiempo una escuela de
desarrollo para aquellos de las clases bajas que, a pesar de su madurez física,
no son intelectualmente independientes; así como el deber de portar armas ha
sido una escuela de superación para todos los jóvenes varones. Los sirvientes
de por vida son tan poco deseables como los soldados de por vida.
En
la mayoría de los lugares, el largo período de transición de la servidumbre
total a la libre competencia estuvo regido por un sistema policial de tutela,
muy desfavorable para la clase sirvienta. Tal era especialmente la disposición
de que todos los jóvenes de las clases bajas, que no pudieran demostrar
expresamente que estaban empleados bajo el techo paterno o en algún oficio,
debían ser obligados a buscar trabajo fuera o dentro del país; 462 así
era también la estricta prohibición de los reclamos
salariales "usurarios" y de "engañar" a los
sirvientes de sus amos. 463 Además,
una [pág. 233]Muchas disposiciones relativas a los sirvientes, basadas en
perspectivas propias de una situación económica anterior, pretendían
obstaculizar que los peones agrícolas y los sirvientes rurales se convirtieran
en sirvientes en las ciudades; y, por otro lado, facilitar el abandono rápido
del servicio en todos los casos en que el sirviente deseara casarse. Todas
estas preferencias a favor de una clase de contratistas, y a costa de otra, se
oponen radicalmente al espíritu político moderno. Las leyes relativas a
los sirvientes suelen, en nuestros días, tener un único objetivo: prevenir,
mediante el registro policial, el fraude y el incumplimiento de contrato, así
como toda disputa y litigio, mediante la formulación legal de las condiciones
que, con frecuencia, se entienden tácitamente.
El
ideal de la relación entre amo y sirviente se alcanza cuando ambos la
consideran parte de la vida de una familia cristiana. 466 De
ahí la benevolencia por un lado y la devoción por el otro, la fidelidad por
ambos, el cuidado desinteresado por los intereses presentes y futuros del
otro, tanquam sua ; y especialmente por el futuro eterno del
otro. Es difícil decir si este estado de sentimiento mutuo se fomenta mejor
mediante el sistema patriarcal, un sistema policial o la libre competencia. Sin
embargo, se puede afirmar que depende de una abnegación mutua y continua,
difícil de alcanzar. [pág. 234]Allí donde realmente prevalece, se obtienen
todas las ventajas del sistema de trabajo a destajo de manera digna y orgánica,
y sin sus inconvenientes atomísticos. 467
[pág.
235]
Capítulo V.
Comunidad
de bienes y propiedad privada. Capital—Propiedad.
Sección LXXVII.
Capital.—Importancia
de la propiedad privada.
Así
como el trabajo humano solo puede alcanzar su pleno desarrollo suponiendo que
la libertad personal alcance su plena importancia y dimensiones económicas, el
capital solo puede desarrollar su pleno poder productivo suponiendo la
existencia de la libertad de propiedad personal. ¿Quién ahorraría algo, es
decir, renunciaría al disfrute presente, si no tuviera la certeza del disfrute
futuro? 468 Desde
la época de Locke, 469 la
legitimidad de la propiedad privada se ha basado, por la mayoría de los
economistas políticos, en el derecho inherente a todo trabajador, ya sea a
consumir o a ahorrar el producto de su trabajo. Pero no debe olvidarse aquí
que, al menos en las etapas superiores de la economía de una nación, casi
ningún trabajo o ahorro es posible sin la cooperación de la sociedad. Y la
sociedad debe concebirse no solo como la suma total de los individuos que la
componen, sino en su totalidad. [pág. 236]pasado, presente y futuro, y
también como guiados y llevados hacia adelante por ideas y necesidades
eternas. 470
[pág.
237]
Sección LXXVIII.
Socialismo
y comunismo.
En
contraposición a esto, ha encontrado auge la idea de una comunidad de bienes,
especialmente en épocas en que se cumplen las cuatro condiciones
siguientes: 471
A. Una
confrontación bien definida entre ricos y pobres. Mientras exista una
clase media considerable entre ellos, su fuerza moral impide que ambos extremos
colisionen. No hay mayor protección contra la envidia de las clases superiores
y el desprecio por las inferiores que la disolución gradual e ininterrumpida de
una clase social en otra. ¡ Sperate miseri,
cavete felices! En tal estado de
organización social, encontramos la máxima y más fresca actividad productiva en
cada peldaño de la gran escalera. Los de abajo se esfuerzan al máximo por
ascender, y los de arriba, [pág. 238]No caer en el abismo. Pero donde
ricos y pobres están separados por un abismo insalvable, ¡cómo arrecian el
orgullo por un lado y la envidia por el otro! Y especialmente en los focos industriales,
las grandes ciudades, donde la miseria más profunda se encuentra junto al lujo
más descarado, y donde los mismos desdichados, conscientes de su número, se
alimentan mutuamente de sus malas pasiones. Lamentablemente, es innegable que cuando
una nación alcanza la cima de su desarrollo, prevalecen múltiples tendencias
que enriquecen a los ricos y empobrecen a los pobres, al menos relativamente,
y, por lo tanto, disminuyen la clase media en ambos bandos; a menos que se
ejerzan influencias correctivas que operen en dirección contraria. 472
B. Un
alto grado de división del trabajo , por el cual, por un lado, la
dependencia mutua del hombre con el hombre se hace cada vez mayor, pero por el
cual, al mismo tiempo, el ojo del hombre inculto se vuelve cada vez menos capaz
de percibir la conexión existente entre mérito y recompensa, o servicio y
remuneración. Imaginemos la isla de Crusoe. Allí, cuando un hombre, después de
trabajar muchos meses, ha ahuecado un árbol para convertirlo en una canoa, sin
más herramientas que un diente de animal, a otro que, mientras tanto, podría
estar durmiendo sobre su piel de oso, no se le ocurre disputarle el derecho del
primero al fruto de su trabajo. ¡Qué diferente esto de la condición de las
cosas donde la civilización está avanzada, como en nuestros días; donde el
banquero, de un solo plumazo, parece ganar mil veces más que un jornalero en
una semana; donde, en el caso de quienes prestan dinero con intereses, sus
deudores olvidan con demasiada frecuencia lo laborioso que fue el proceso de
adquisición del capital prestado por parte de los poseedores, o sus
predecesores en la propiedad. Más especialmente, tenemos, en tiempos
de "superpoblación", masas enteras [pág. 239]de
hombres honestos que no piden limosna, sino sólo trabajo, una oportunidad de
ganarse el pan, y sin embargo están al borde de la inanición. 473
C. Una
violenta sacudida o desconcierto de la opinión pública en su relación con el
sentimiento de lo correcto, por las revoluciones , especialmente
cuando se suceden rápidamente una tras otra y toman rumbos opuestos. En tales
ocasiones, ambos partidos generalmente se han prostituido en aras del favor de
las masas; y estas últimas han tomado conciencia de los cambios que la fuerza
de sus armas puede producir. De esta manera, es imposible que hasta que el
orden se restablezca por completo, las riendas del poder no se aflojen de
muchas maneras ante las demandas de la multitud. De esta manera, también, se
les incita a hacer afirmaciones pretenciosas que luego son muy difíciles de
silenciar. En toda revolución larga y de gran alcance, ya sea emprendida en
interés de la corona, la nobleza o la clase media, encontramos, junto a la
semilla que pretendía sembrar, la cizaña del comunismo brotar.
D. Pretensiones
de las clases bajas como consecuencia de una constitución democrática. El
comunismo es la exageración, lógicamente no incoherente, del principio de
igualdad. Los hombres que siempre se consideran «el pueblo
soberano» y que consideran su bienestar como la ley suprema del Estado,
son más propensos que otros a sentir con mayor intensidad la distancia que
separa su propia miseria de la superabundancia ajena. Y, en efecto, ¡hasta qué
punto nuestras necesidades físicas están determinadas por nuestro molde
intelectual! El groenlandés se siente cómodo en su choza de barro, con su
cántaro de aceite. Un inglés en la misma condición se desesperaría. 474 475
[pág.
240]
Sección LXXIX.
Socialismo
y comunismo. (Continuación.)
Lo
que se acaba de decir servirá para explicar por qué, en los cuatro períodos
siguientes de la historia del mundo, las ideas socialistas y comunistas han
estado más difundidas: entre los antiguos en la época de la decadencia de
Grecia, 476 y
en la de la degeneración de la República romana; 477 entre
los modernos [pág. 241]en la época de la Reforma, 478 y
nuevamente, en nuestros días. 479
Sección LXXX.
Socialismo
y comunismo. (Continuación.)
Vemos,
pues, que los intentos del socialismo y del comunismo no son, en absoluto,
fenómenos inéditos en el pasado. [pág. 242]y peculiares de los tiempos
modernos, como sus ciegos partidarios y detractores nos quieren hacer creer.
Son más bien enfermedades [pág. 243]del cuerpo social, que han afectado a
toda nación altamente civilizada en ciertos períodos de su existencia. Si
el [pág. 244]Si el cuerpo es demasiado débil para reaccionar de manera
sana y curativa (§ 84 ),
el mal tiende a conducir a la decadencia de toda verdadera libertad
y [pág. 245]Orden. El comunista, considerando todo lo demás, especialmente
la organización del Estado, solo como instrumentos para satisfacer sus
necesidades materiales y absolutas, considera al liberal como un necio que
siempre persigue los fantasmas de su mente, o como un bribón que oculta su
egoísmo bajo la máscara del bienestar público. 480 Por
lo tanto, los partidarios del comunismo se conforman con cualquier forma de
gobierno que parezca ofrecerles más, y esto un despotismo despiadado puede
lograrlo, al menos por el momento. Y, aunque siempre están dispuestos a
cualquier revolución en la forma de gobierno y son fáciles de convencer, se ven
cautivados con mayor facilidad por una revolución despótica. Por otro lado,
cuando el comunismo amenaza seriamente todo lo que constituye la riqueza de un
pueblo, los poseedores de esa riqueza se ven obligados a refugiarse en
cualquier refugio que les prometa protegerlos, aunque al buscar ese mismo
refugio puedan destruir su propia libertad política. 481 La
liga aquea, que bajo el liderazgo de Arato, el «enemigo de los
tiranos», había surgido prometiendo tantas esperanzas, se vio obligada más
tarde, y principalmente por temor a los efectos contagiosos del socialismo
espartano bajo Cleómenes, a [pág. 246]unirse a los macedonios, es decir,
entregarse por completo. (§ 204).
Sección LXXXI.
Comunidad
de bienes.
Ahora,
por el momento, apartamos la mirada de la terrible revolución, destructora de
toda civilización, que necesariamente precedería al establecimiento de una
comunidad de bienes, 482 y
nos preguntamos cuáles serían las consecuencias. Entre ángeles ( «dioses e
hijos de dioses» de Platón) y simples animales, una comunidad de bienes
podría, quizás, existir sin causar daño. Y así también podría existir entre
hombres unidos por los lazos del amor más sincero. La vida de toda familia
modelo va acompañada de una especie de comunidad de bienes. 483 Pero
en organizaciones sociales más extensas, este amor nunca se encuentra excepto
como un elemento del entusiasmo religioso más exaltado, que, por regla general,
es de muy corta duración; del cual los Hechos de los Apóstoles (II, 44 y ss.,
32 y ss., V, I, II) nos ofrecen el ejemplo más conocido y hermoso. 484
[pág.
247]
Donde
no existe este amor, cada participante en la comunidad de bienes, por regla
general, tratará de hacer lo mínimo y disfrutar lo máximo posible. 485 En
una sociedad de cien mil [pág. 248]Miembros, cada individuo estaría
interesado en los resultados de su frugalidad agregada solo indirectamente, y
solo en la medida de una cienmilésima parte del total; es decir, prácticamente,
nada en absoluto. 486 El
egoísmo individual se concentraría por completo en la división de lo que toda
la comunidad producía. En consecuencia, y casi siempre, sería perjudicial para
el conjunto y para los demás individuos de la sociedad; mientras que, en la
actualidad, esto solo ocurre en casos excepcionales. Cuando Louis Blanc, como
Mably lo había hecho antes, recomendó que el punto
de honor sustituyera al interés
personal , como estímulo a la producción y freno al
consumo, y citó al ejército como ejemplo de su funcionamiento, olvidó, entre
otras cosas, los treinta casos en los que [pág. 249]El
Código Militar dicta sentencia de
muerte contra quienes infrinjan sus disposiciones. De hecho, los anabaptistas
de Münster no pudieron evitar castigar con la muerte toda transgresión de sus
preceptos comunistas. 487 Si,
en una comunidad donde los principios del comunismo se aplicaran rigurosamente,
todas las cargas y los placeres de la vida fueran iguales y se dividieran
equitativamente según las ideas de la masa, hombres como Thaer, Arkwright y
otros de su clase, que ahora proveen de pan a cientos de miles con sus estudios
y laboratorios, podrían entonces, como máximo, con un rastrillo y una pala,
alimentar a tres o cuatro. La división del trabajo, con su infinita fuerza
productiva, cesaría en su mayor parte. La consecuencia no sería que las clases
más humildes se liberaran del trabajo tosco, mecánico, poco intelectual y
severo; sino que las clases altas se verían arrastradas a involucrarse en él
también. ¡Y qué aumento habría en el número de consumidores al mismo tiempo!
Todo hombre, con tranquilidad, seguiría los impulsos humanos más imperiosos si
toda la comunidad educara a sus hijos. Pero hemos visto que la comunidad de
bienes se desea con mayor urgencia en tiempos de superpoblación. Por lo tanto,
en este caso, el mal se agravaría aún más, al aumentar el consumo y disminuir
la producción.
Donde
ahora hay mil personas ricas y cien mil proletarios, después de una generación
no habría nadie rico y doscientos mil proletarios. La miseria y la necesidad
serían universales. 488 Para
el propósito [pág. 250]De dar a la multitud un período de placer muy
agradable, aunque más bien breve ,
un período de transición, casi todo lo que constituye la riqueza de una nación,
todos los bienes superiores de la vida, tendría que ser desechado, y de ahí en
adelante todos los hombres tendrían que contentarse con las gratificaciones que
ofrecen las patatas, el brandy y los placeres de los apetitos más sensuales. Y
entonces, la educación igualitaria para todos, exigida por los comunistas, no
tendría otro resultado que este: que nadie adquiriría una formación científica
superior. Pero ,
después de todo, se esconde en el comunismo mucha más envidia de la que
generalmente se supone.
[pág.
251]
Sección LXXXII.
La
organización del trabajo.
La
mayoría de los partidarios teóricos de la doctrina de la comunidad de bienes,
sintiendo 491 más
o menos el peso de las objeciones anteriores, la han complementado con la idea
de una organización del trabajo 492 o
la supervisión centralizada de toda la producción y el consumo, ya sea por el
gobierno ya existente o por uno que se creará de nuevo. Tal gobierno sería, por
supuesto, un despotismo como el mundo apenas ha visto, un cesaropapacio,
usurpando tanto el lugar como el poder del Padre de la Familia universal. 493 Pero
los males mencionados anteriormente no dejarían de conllevar. Todo incentivo
que ahora [pág. 252]Si el hombre se dedica a la industria, la frugalidad
desaparecería, y solo quedaría la filantropía universal; o, si se prefiere, el
patriotismo, virtudes que no faltan ni siquiera ahora. Incluso la tutela del
gobierno recién creado se ejercería con mucha laxitud, pues se ejercería sin
ningún interés personal, ni siquiera en el caso más favorable. Es bien sabido y
fácil de entender que las industrias estatales nunca se desarrollan, a la
larga, con el mismo celo ni se ven coronadas por el mismo éxito que las
industrias privadas competidoras. Es bien sabido, también, la estrecha conexión
entre la libertad política de un pueblo y su producción económica; que, por
ejemplo, la mayor riqueza de Inglaterra, en comparación con la de Turquía,
depende, en gran medida, de la libertad que prevalece en el primer país y de la
servidumbre que prevalece en el segundo. 494 Y
podemos preguntarnos aquí cuál sería el resultado si el despotismo del gobierno
se extendiera diez veces más de lo que ha llegado jamás en Turquía, cuando,
además, el déspota que dirigía el estado no era un individuo con sus pocos
funcionarios, sino la multitud, con sus millones de ojos y millones de manos.
En la práctica, equivaldría a dar a cada productor una escolta de policía y un
agente de Hacienda, como si fuera un prisionero.
¿Y
dónde estaría la ganancia? Una división de la riqueza que a muchos les
parecería injusta existiría ahora tanto como antes, porque los ociosos y los
inexpertos recibirían la misma recompensa que los más trabajadores y
hábiles. 495 La
oposición de una clase social a otra, tan querida [pág. 253]de,
continuaría. La única diferencia sería que, mientras que ahora proviene de los
débiles, entonces provendría de los fuertes. 496 La
asociación obligatoria es ciertamente más prolífica en conflictos y delitos que
un estado social en el que cada uno gestiona sus propios asuntos.
Un
viaje a pie, en compañía de otros, se considera, por todos, una excelente
prueba de amistad. Pero una comunidad de bienes sería, en el sentido estricto
de la palabra, un viaje a pie por toda la vida con
innumerables "amigos". Aquí, cada uno se creería con
derecho a poseer lo que quisiera. ¿Y quién decidiría, ya que tantos comunistas
predican la disolución y extinción de todo gobierno y el reinado de la
anarquía? Además, no cabe duda de que la diferencia de talentos y necesidades humanas
pronto, a pesar de todas las leyes, conduciría de nuevo a una diferencia de
propiedad. Por lo tanto, esa primera revolución tendría que repetirse de vez en
cuando: ¡un verdadero trabajo de Sísifo! Apenas las abejas producen algo,
llegan los zánganos y lo reparten de nuevo.
Sección LXXXIII.
La
organización del trabajo. (Continuación.)
La
experiencia, sin embargo, nos enseña que, en todas las etapas inferiores de la
civilización, existe una comunidad de bienes en mayor o menor medida. 497 La
institución de la propiedad privada se ha desarrollado más plenamente a partir
de esta situación solo en la medida en que el bienestar y la cultura se han
desarrollado como causa y efecto de dicho bienestar. Así, entre la mayoría de
las naciones de cazadores y pescadores, la idea de la propiedad privada era
desconocida. [pág. 254]cuando se descubrieron estas naciones. Esto es, de
hecho, muy natural. Su principal fuente de producción fluye como si fuera
propia, aparentemente inagotable; y el cazador difícilmente puede pensar en
algo como salvar algo de su botín. 498 Y,
entre las naciones nómadas, la tierra es una gran pradera de propiedad común; y
la industria del saqueo se considera, como en todas las etapas inferiores de la
civilización, especialmente honorable. 499 Los conquistadores del
Perú encontraron allí algo muy parecido a una comunidad de bienes, bajo la
tutela despótica del estado, a saber: una división anual de todas las tierras
entre el pueblo, en proporción a su rango; el cultivo de estas tierras en
común, bajo la supervisión del estado y al son de la música. Pero, en la etapa
de civilización en la que se encontraba el Perú entonces, la tierra es
prácticamente el único recurso que se posee. Los resultados fueron los
habituales. Un país como el Perú, con [pág. 255]Una sola ciudad, sin
bestias de carga, sin arados, sin oficios ni comercio, no puede ser rica. 500 Es
bien sabido que la constitución de Licurgo estableció una especie de comunidad
de bienes entre los espartanos. Basta recordar la educación pública, las
comidas en común, la autorización del robo, 501 la
prohibición del comercio de metales preciosos y muebles finos, la división
equitativa de la propiedad y el carácter inalienable de la tierra , 502 etc.
Con tales leyes, Esparta no podía ser rica ni desear serlo. De todos los
estados griegos de importancia histórica, fue el que más conservó las
peculiaridades económicas propias de una etapa inferior de civilización. Entre
la mayoría de las naciones modernas, la idea fundamental de sus leyes
territoriales, que se originaron en la Edad Media, es que cada familia es solo
usufructuaria y que la comunidad es la propietaria soberana del suelo. Esta
comunidad de posesión de la tierra se expresa, entre otras cosas, en la vasta
extensión de bosques y pastos comunales, en la variada intersección de parcelas
de tierra unas con otras, que, de hecho, cambian de propietarios de tiempo en
tiempo, y en la propiedad común. [pág. 256]La explotación de la tierra, llevada
al extremo, etc. 503 En
toda la época medieval, 504 no
solo el individuo era considerado propietario de la tierra, sino, por encima de
él, la familia. Al mismo tiempo, es frecuente encontrar una gran cantidad de
bienes de manos muertas en manos de corporaciones, tierras de monasterios,
tierras de la corona y dominios de gran importancia. 505 Todas
estas instituciones han disminuido en número y mostrado una tendencia a
desaparecer, a medida que la agricultura o la economía nacional se han vuelto
más productivas.
Sección LXXXIV.
La
organización del trabajo. (Continuación.)
A
esta tendencia se opone, de hecho, otra no menos poderosa. En todas partes, a
medida que la civilización avanza, el ámbito de acción del Estado se amplía y
los fines a los que sirve se multiplican.
En
su origen, el gobierno se estableció únicamente para preservar la seguridad
externa de sus súbditos. Gradualmente, llega a velar por su seguridad jurídica
interna, imponiendo la paz interna, prohibiendo la venganza por derramamiento
de sangre, etc. A continuación, extiende su cuidado al bienestar, la cultura e
incluso la comodidad del pueblo. Pero las exigencias del Estado deben crecer en
la misma proporción que el servicio que presta. Mientras que Lowe, en 1822,
estimó el ingreso neto anual del pueblo británico en [pág.
257]£251,000,000; los gastos del gobierno, 506 en
1813 y 1814, promediaron £106,000,000, y estas sumas fueron dedicadas
voluntariamente a fines públicos por el parlamento. Y así, entre 1685 y 1841,
la población de Inglaterra más que triplicó sus números, pero, en el mismo
período de tiempo, el gasto del estado se multiplicó por cuarenta. ( Macaulay ).
Simultáneamente con este desarrollo de las cosas, se vuelve cada vez más
habitual por el ejercicio del poder de dominio eminente y otros similares,
sacrificar los derechos privados, adquiridos por los mejores títulos, al bien
común preponderante. Podemos aludir, además, al deber, universalmente impuesto
en los tiempos modernos, de realizar el servicio militar, a los sistemas
nacionales de instrucción pública en tantos países; al gran número de
sociedades, compañías por acciones, días festivos populares; pero
particularmente a las asociaciones de seguros de todo tipo. Y así, de hecho,
puede afirmarse que nos hemos acercado más a una comunidad de bienes de lo que
se hubiera podido soñar hace cien años. 507 Y,
sin embargo, estas son, en su mayor parte, instituciones en las que encontramos
reflejada la peculiar fuerza y solidez de nuestra época. Quien desee comparar
el poder de un pueblo con el de otro, debe tener en cuenta no solo los
elementos que constituyen su fuerza intelectual y física, sino especialmente su
inclinación a permitir que estos elementos cooperen en aras de fines
públicos. 508
[pág.
258]
Podemos
preguntarnos ahora: ¿En qué momento esta creciente comunidad deja de ser una
ganancia? Esto es tan fácil de determinar en general como difícil de determinar
cuál es su límite en casos particulares. El progreso hacia una comunidad de
intereses de esta naturaleza es beneficioso, siempre y cuando, sin duda,
corresponda al sentimiento de la comunidad de tener intereses comunes. De ahí
que en el arte y la literatura impere una noble forma de comunismo, la que
impulsa a los más fuertes a trabajar voluntariamente por los más débiles, y con
el mayor éxito. 509 Así
también, la atención cristiana a los pobres, incluso si se llevara a la altura
de los consejos evangélicos (Lucas 3:11), no sería un obstáculo directo para el
desarrollo de la economía pública de una nación, siempre que se diera y
aceptara únicamente como benevolencia cristiana. Toda aproximación a una
comunidad de bienes debe realizarse por el amor de los ricos hacia los pobres,
no por el odio de los pobres hacia los ricos. Si todos los hombres fueran
verdaderos cristianos, podría existir una comunidad de bienes sin peligro.
Pero, además, la institución de la propiedad privada no tendría ningún lado
oscuro. Todo empleador daría a sus trabajadores el salario más alto posible y
exigiría a cambio el menor sacrificio posible. 510 511
[pág.
259]
Sección LXXXV.
El
derecho de herencia.
El
derecho a la herencia de los recursos tiene su origen en la combinación de la
idea de familia con la idea de propiedad. Y, de hecho, esta combinación de
ideas es muy natural. La mayor parte de la humanidad considera los placeres de
la familia como el máximo logro y se esfuerza, siempre que sus recursos
económicos lo permiten, por asegurarlos. Al mismo tiempo, el egoísmo de la
mayoría de los hombres no se limita a su propia persona, sino que se extiende
también a su posteridad. De ahí que la cama y la comida, el eonnubium y el
commercium se hayan considerado, desde tiempos inmemoriales, ideas
correlativas; y, para los socialistas más sensatos, la comunidad de esposas (o
el celibato) es tan
apreciada como la comunidad de bienes. 513 (§
245.) Y en la práctica, la mayor parte de las naciones de cazadores, que, según
nuestras concepciones, no tienen conocimiento de una familia verdadera ni de la
propiedad, tienen la costumbre de enterrar con los muertos las cosas que
utilizaron para matar su ganado, etc., o para privar a los niños menores de su
herencia. 514
[pág.
260]
Sección LXXXVI.
Utilidad
Económica Del Derecho De Sucesión.
La
certeza de que el bienestar material de sus hijos depende, en gran medida, de
su laboriosidad y frugalidad es uno de los incentivos más poderosos para el
bien, en el caso de la mayoría de los hombres. Y esta es la base de la utilidad
económica del derecho familiar de herencia. 515 Apenas
existe otra institución que se oponga a la superpoblación con tanta eficacia,
debido a que el obstáculo que se le impone aquí se sitúa muy directamente,
donde más se siente, es decir, en la vida familiar. Cuanto más débil sea el
sentimiento familiar, menos interfiere la abolición del derecho de herencia con
los intereses económicos de una nación. De ahí, por ejemplo, que los impuestos
sobre legados, herencias, donaciones testamentarias, etc., sean menos
objetables en la medida en que afecten únicamente a quienes se encuentran en
los grados más remotos de parentesco, en los que la herencia es algo meramente
accidental. Mientras que, cuando una nación está todavía en las etapas
intermedias de civilización, el derecho familiar de herencia
parece ser muy fuerte, especialmente en lo que respecta a la propiedad
territorial, consecuencia del hecho de que se reconoce que existe en la familia
un tipo superior de título sobre dicha propiedad; en un período en que el
individualismo se vuelve más desarrollado, la libertad de tesorería tiende a
prevalecer cada vez más. 516 Entonces
el derecho de herencia se convierte, [pág. 261]Por así decirlo, una forma
más elevada de propiedad personal, una prolongación de la misma más allá de la
muerte. Si la libertad testamentaria se viera demasiado obstaculizada, el
egoísmo se manifestaría de una manera mucho más perjudicial para los intereses
económicos, a saber: en el consumo de la riqueza durante la vida de su
propietario. Cada persona no sería más que un usufructuario vitalicio de su
propia propiedad.
Pero,
al mismo tiempo, en períodos de decadencia moral, la libertad completa puede
degenerar hasta producir males igualmente graves. Los ricos beocios, en los
últimos días de la historia helénica, solían organizarse en compañías de
bebedores disolutos; y no solo los que no tenían hijos, sino incluso los padres
de familia cedían sus propiedades a estas compañías, limitando a su
descendencia a una porción que tenían el deber de dejarles. Así ocurrió también
en Roma, en la época de Cicerón, cuando todo conocido de prestigio se sentía
muy mal si no se le recordaba en el testamento del testador, y donde Octavio,
por ejemplo, en los últimos veinte años de su reinado, recibió unos 70.000.000
de táleros mediante legados que le dejaron sus «amigos». 517 Aquí, [pág.
262]La derogación de la ley que obliga a los testadores a dejar una determinada
proporción de su riqueza a sus hijos eliminaría la última salvaguardia de su
bienestar material. 518
Sección LXXXVII.
Propiedad
territorial.
Como
la tierra, en su estado no cultivado, no ha sido producida por el hombre ni
puede ser consumida en su totalidad, la demostración anterior de la necesidad
de la propiedad privada no puede, sin [pág. 263]No más preámbulos,
extenderse a la tierra. 519 Por
lo tanto, la propiedad individual sobre la tierra es en todas partes mucho más
reciente que la propiedad individual sobre el capital. 520
Pero
es necesario un cierto gasto de capital y trabajo para que la tierra se utilice
productivamente, y, en la mayoría de los casos, este empleo de capital y
trabajo es de larga duración, irrevocable por naturaleza, y cuyos frutos solo
pueden cosecharse después de un tiempo. Ahora bien, esta cooperación entre
capital y trabajo es tal que nadie se atrevería a emplearlos en el cultivo de
la tierra si no tuviera la mayor seguridad de poseerla. Por lo tanto, la
agricultura en su etapa más rudimentaria presupone la propiedad de la tierra,
al menos desde que se la "pica con la azada" hasta
que "sonríe con la cosecha"; o, para expresarlo con mayor
precisión, durante todo el tiempo transcurrido entre el trabajo del arado y el
de la hoz. Cuanto más aumentan la población y la civilización, más productos
deben extraerse del suelo. Pero esto solo puede lograrse mediante un cultivo
más intensivo (agricultura de alto nivel), prodigándole una
mayor cantidad de capital y trabajo y, por regla general, ampliando el ámbito
de las operaciones agrícolas mediante combinaciones cada vez más artificiales.
Por lo tanto, el progreso de la civilización exige una fijación cada vez mayor
y una configuración más pronunciada de la propiedad de la tierra (la especificación de
los juristas), en beneficio de todos los que participan en este progreso, e
incluso de quienes no poseen tierras. Si no existiera la propiedad de la
tierra, todos la encontrarían más [pág. 264]difícil y laborioso satisfacer
su falta de productos agrícolas; 521 y
los productos mismos serían de clase inferior.
Así,
por ejemplo, en Camargo, el lackmus se preparaba antiguamente con plantas que
se obtenían gratuitamente en los bosques. Sin embargo, entonces era
mucho más caro que ahora, ya que las plantas se cultivan artificialmente en
terrenos. 522 Con
la pesca, la situación es distinta. La apropiación de ríos o mares no tendería
a aumentar la abundancia de sus productos, por lo que esta apropiación es, en
general, poco frecuente. 523
Sección LXXXVIII.
Propiedad
territorial. (Continuación.)
Cuando
esta mezcla de capital y trabajo con la tierra no ha tenido lugar en gran
medida, la propiedad privada de la tierra no se ha desarrollado en ningún
grado. Así, incluso ahora hay muchos países semicivilizados en los que la
tierra se pierde por no haber sido cultivada durante muchos años, y donde puede
ser ocupada por la primera persona que la cultive. 524 En
Europa, la propiedad común [pág. 265]La posesión de bosques y pastizales
se mantuvo durante mucho más tiempo que la de tierras cultivables, porque, en
el caso de los primeros, el trabajo y el capital desempeñan un papel mucho
menos importante en su gestión. Y, sin embargo, incluso en el caso de las
tierras cultivables, etc., y en las etapas más avanzadas de la civilización, la
cualidad de propiedad está aún menos desarrollada que la cualidad de propiedad
del capital. ¡Cuán rara vez encontramos fidei commissa de
capital, o capital jurídicamente vinculado! Encontramos que el derecho de todas
las naciones antiguas establecía una marcada distinción entre bienes muebles e
inmuebles, y que el poder de disponer de los primeros mediante venta, prenda,
dote, partición, etc., era mucho más libre. E incluso ahora, el poder de
policía que puede ejercerse sobre los bienes muebles es mucho más restringido
que el de las casas y los terrenos. 525 La
justicia del derecho exclusivo de posesión sobre lo que uno ha ganado y
ahorrado es evidente para todos. Por otra parte, la apropiación de las
“fuerzas naturales originales e indestructibles” tiene su base no tanto en
la justicia como en el bien común; y el Estado siempre se ha considerado con
derecho a imponer al “monopolio de la tierra”, que concedió al primer
poseedor, toda clase de limitaciones y condiciones en interés del bien
común. [pág. 266]y, a veces, considerar la propiedad privada de la tierra
a la luz de una función semipública. 526 Puedo
citar los principios feudales de la última parte de la Edad Media, que están
tan alejados de nuestras ideas sobre la propiedad privada de la tierra; y, sin
embargo, de los cuales se escuchan muchos ecos, incluso en nuestros días, y no
dejan de tener influencia en la práctica. Así, por ejemplo, incluso en
Inglaterra, la mayor parte de los impuestos para pobres, para el sostenimiento
de la iglesia establecida, el mantenimiento de las vías públicas, etc., se
acumulan sobre la renta de la tierra. Muchos socialistas han propuesto
convertir al Estado en el único propietario de la tierra, 527 añadiendo
a veces la condición de que los antiguos propietarios privados sean compensados
con capital, cuando sería al menos supuesta la posibilidad de atraer capital
privado a cultivarla si se celebraran arrendamientos largos y seguros. Esto
constituiría una buena gestión de tierras, que se extendería por todo
el país. Basta con echar un vistazo a los reinos en los que se encuentra algo
análogo. [pág. 267]especialmente los despotismos del este, 528 para
adivinar que un sistema así no basta para asegurar la productividad real de la
economía de una nación. 529
[pág.
268]
Capítulo VI.
Crédito.
Sección LXXXIX.
Crédito
en general.
El
crédito 530 es
el poder de disposición sobre los bienes de otro, 531 otorgado
voluntariamente a cambio de la mera promesa de un contravalor. 532 Como
dice Franklin: Un buen sueldo es dueño de la cartera ajena. Por lo tanto, es
evidente que quienquiera que obtenga crédito debe ser considerado capaz y con
la intención de cumplir su promesa. Donde [pág. 269]Esta creencia se basa
simplemente en la opinión que se tiene de la persona del deudor; hablamos de
crédito personal, 533 en
contraposición especialmente al crédito basado en comodato, prenda, hipoteca,
etc. Cuanto mayor sea el tiempo transcurrido entre la realización de la promesa
y el plazo fijado para su cumplimiento, menos seguro será este último, donde la
garantía es simplemente la persona del deudor. Es principalmente en naciones
muy incivilizadas, y también en naciones en decrepitud, y durante períodos de
anarquía y despotismo, que la seguridad personal es más importante que
cualquier otra. Lo mismo es cierto, aunque por otras razones, en naciones
civilizadas muy dinámicas, donde la gente valora mucho el elemento del trabajo
en su economía, entre cuyos miembros se encuentra, sin duda, la seguridad
jurídica, pero donde la peculiar sensibilidad de la especulación se vería
demasiado obstaculizada por la naturaleza más lenta de otros créditos; como,
por ejemplo, en Norteamérica e incluso en la antigua Roma. Las naciones
civilizadas que han alcanzado el estado económico estacionario, por esta razón
prefieren mucho más la mayor seguridad y la ausencia de preocupaciones que
acompañan al crédito no personal. 534 Al
estimar la capacidad del deudor para cumplir su promesa, debemos tener en
cuenta, especialmente, el carácter disponible de sus recursos; de lo contrario,
sería imposible comprender [pág. 270]por qué el comerciante puede con
tanta frecuencia obtener un préstamo sobre sus acciones por valor total,
mientras que el propietario de la tierra sólo puede ofrecerlo como garantía
hasta la mitad de su valor.
El
crédito, en general, cobra mayor importancia con el avance de la civilización,
especialmente en el caso del crédito destinado a fines productivos. Esto es
consecuencia de la mayor división del trabajo, que hace que se comercialicen
con mayor frecuencia productos inacabados; productos que adquieren valor solo
después de un tiempo, pero que, transcurrido este, tienen valor presente. De
hecho, a medida que el mundo avanza y la civilización crece, resulta mucho más
fácil predecir el futuro con certeza. El futuro también se convierte en una
fuente de preocupación, y el capital fijo, en consecuencia, desempeña un papel
cada vez más importante. El límite al desarrollo del crédito es este: solo es
seguro cuando el deudor invierte los bienes prestados en la producción, como
mínimo, de su equivalente. Por eso, la personalidad del Estado, revestida de
inmortalidad y con un poder tributario formalmente ilimitado, se ve tan a
menudo tentada a realizar transacciones crediticias que nunca se
liquidan. 535 Las
enfermedades sociales de los pánicos y de las empresas extravagantes guardan
con el crédito la misma relación que la incredulidad y la superstición con la
verdadera religión. 536 ( Schäffle .)
Sección XC.
Crédito—Efectos
del crédito.
En
cuanto a los efectos del crédito, podemos observar que es tan impotente para
producir directamente nuevo capital como lo es la división del trabajo para
producir nuevos trabajadores. A cada crédito del [pág. 271]El acreedor
corresponde a un débito del deudor. Como dijo Turgot: Todo
crédito es un emprunt . 537 538 539 Pero,
por otro lado, el crédito [pág. 272]Facilita la transmisión de los
elementos de producción, especialmente del capital, de una mano a otra. 540 Por
lo tanto, cuando el deudor emplea el capital que ha tomado prestado de forma
más productiva que la que hubiera hecho el acreedor, todo el país sale ganando;
mientras que, por el contrario, sale perdiendo cuando una persona dedicada a la
industria se adelanta al ocioso, el frugal al derrochador, el acaudalado al
especulador descontrolado. En las naciones en decadencia, donde cada nuevo
desarrollo acelera la decadencia, esta última alternativa puede ser la
predominante; y, especialmente aquí, la concesión usura de crédito por parte
del astuto al ingenuo puede conducir a una ruinosa esclavitud por deudas. Entre
un pueblo vigoroso y enérgico, el primero tiende a gobernar, ya que solo
mediante el empleo productivo de los préstamos concedidos se les permite pagar
permanentemente los intereses. En este caso, el crédito es un medio invaluable,
no solo para poner en movimiento el capital inactivo y hacer aún más activo el
capital activo, sino especialmente para concentrar el capital, lo que le
permite ganar tanto poder productivo como el trabajo mediante la cooperación
del mismo. Esto se logra, con mucha frecuencia, mediante sociedades anónimas,
cuyo principio las recomienda especialmente en empresas donde se requiere
capital estacionario en lugar de capital circulante, y donde el capital
generalmente desempeña un papel mayor que el trabajo; y donde este trabajo
puede estar sujeto a disposiciones que pueden establecerse con precisión de
antemano; como, por ejemplo, en el caso de muelles, compañías de seguros, bancos, etc. [pág.
273]Los bancos, entonces, se convierten en verdaderos depósitos de capital,
siempre que se establezcan y gestionen de forma adecuada y juiciosa; verdaderos
depósitos que reciben en un lugar el capital superfluo en otro, para abastecer
a otro con el necesario. Cuanto más aumenta la confianza, más se despiertan de
su letargo, incluso las más pequeñas cantidades de capital, y se vuelven
activas y productivas. Solo mediante el crédito se puede obtener la ayuda del
capital extranjero para la producción nacional. De hecho, el crédito,
considerado como un intercambio de probables bienes futuros por bienes
realmente existentes, es una de las principales funciones de la solidaridad
temporal de la economía de las naciones. ( Schäffle ). Sin
crédito, habría muy poco espacio para la especulación propiamente dicha.
Podemos
ver cómo la posibilidad de dar y recibir crédito promueve la riqueza al
considerar a las clases más pobres, cuya pobreza, como causa y efecto, está
estrechamente relacionada con la ausencia de crédito. Y aquí tenemos una
sugerencia del lado positivo del crédito, análoga a la mencionada en el § 62 sobre
la cooperación en el trabajo, a saber: que tiende a intensificar la desigualdad
entre los hombres. El hombre que se distingue por la cantidad de su riqueza o
por su posición es naturalmente conocido por un círculo mucho más amplio que
otros. De lo cual se deduce que, mediante el crédito, puede aumentar su poder,
ya mucho mayor en el mundo económico, mediante un multiplicador mucho
mayor. 542 Por
lo tanto, no necesita [pág. 274]Nos sorprende que los grandes obtengan
crédito de los que están en una posición inferior, al menos con la misma
frecuencia con la que ellos les dan crédito a su vez.
Para
el acreedor, la posibilidad de otorgar préstamos es un poderoso incentivo para
la frugalidad. Sin crédito, quienes no estuvieran en condiciones de emplear su
capital productivamente solo ahorrarían dentro de límites muy estrechos. 543
Sección XCI.
Leyes
de deudores.
El
crédito privado está siempre condicionado, y en muchos sentidos, por la
situación de los negocios de toda la nación; en otras palabras, [pág.
275]En otras palabras, por su situación político-económica. Especialmente en
las etapas más avanzadas de la civilización, un insolvente puede fácilmente
arrastrar consigo a innumerables personas; y donde las leyes son deficientes o
impotentes, ni siquiera el hombre más rico puede prever su propia solvencia con
antelación. Una de las condiciones más importantes del crédito es la certeza de
que, si la buena voluntad del deudor para cumplir con sus obligaciones falla,
se verá compensada por el proceso judicial obligatorio. De ahí la importancia
de un procedimiento judicial imparcial, ilustrado, rápido y económico. 544 Cuanto
más rigurosas sean las leyes relativas a la deuda para prevenir la
deshonestidad por parte del deudor, más ventajosas serán para los deudores
honorables y honestos. Adam Smith afirmó con razón que, en países donde los
acreedores no están completamente protegidos por los tribunales, el hombre
honorable que pide prestado dinero se encuentra en la misma situación que el
hombre notoriamente deshonesto o el derrochador en países mejor gobernados. Le
resulta más difícil obtener préstamos y se ve obligado a pagar una tasa de
interés más alta. 545 Por
otra parte, las leyes rigurosas sobre los deudores disminuyen [pág.
276]Toda la nación, el monto de las "deudas
incobrables", es decir, una parte considerable del costo de
producción. Al mismo tiempo, promueven, en la medida en que las leyes lo
permiten, el honor nacional y la confianza mutua entre los hombres. La
excelencia de sus leyes de deudores, en su período más floreciente, fue uno de
los principales elementos que contribuyeron a la importancia de Atenas y Roma en
la historia mundial. 546
Sección XCII.
Historia
de las leyes de crédito.
En
la historia de las leyes relativas al crédito podemos distinguir, en muchos
países, tres etapas de desarrollo.
A.
Las leyes, en la primera etapa, son muy severas. En la Edad Media germánica, el
insolvente caía en desgracia. Se convertía en esclavo de su acreedor ( zu
Hand und Halfter ), quien podía
encarcelarlo, encadenarlo ( stöcken und
blöcken ) y probablemente matarlo. Una ley noruega
permitía al acreedor, cuando su deudor no trabajaba y sus amigos no pagaban un
rescate, llevarlo ante los tribunales y «cortarle la parte que quisiera,
arriba o abajo». 547 Juzgar
de [pág. 277]Para entender correctamente estas disposiciones, es necesario
tener presentes las múltiples formas en que los recursos familiares estaban en
esa época atados y ligados, y no olvidar “el poder de desafío de estas
naturalezas de hierro”. 548 ( Niebuhr .)
B.
El derecho canónico introdujo principios más suaves. Gregorio Magno ya había
prohibido la posesión del cuerpo del deudor. 549 Por
esta razón, durante la última parte de la Edad Media, era costumbre estipular
contractualmente que las disposiciones del derecho antiguo regirían en esta
materia, sometiéndose a prisión, etc. 550 La
influencia del derecho romano hizo que, en el caso de deudores insolventes,
fuera gradualmente más habitual exigirles únicamente la cesión de sus bienes en
beneficio de sus acreedores. Esto, sin embargo, condujo a numerosos fraudes;
estos se hicieron más frecuentes a medida que las leyes que regían los bienes
de las partes mientras existía el vínculo matrimonial, y las ejecuciones contra
bienes inmuebles, etc., eran deficientes.
C.
Por lo tanto, en épocas más civilizadas, se ha vuelto a la severidad de épocas
anteriores. Las personas dedicadas al comercio, especialmente aquellas cuyo
capital es tan volátil y para quienes el tiempo es algo tan preciado,
difícilmente pueden prescindir voluntariamente del encarcelamiento personal por
deudas. Por lo tanto, la legislación sobre letras de cambio, sancionada
especialmente mediante el encarcelamiento de la persona, desempeña un papel muy
importante en las ciudades comerciales del siglo XVII, como lo hizo,
naturalmente, mucho antes en Italia y los Países Bajos. 551 Leyes
modernas en [pág. 278]Muchos casos castigan al quebrado cuando un examen
de sus libros, llevados según métodos aprobados, no demuestra su
inocencia. 552 La
gran facilidad de la quiebra fraudulenta, donde el comercio ha alcanzado un
alto grado de desarrollo y complejidad; la falta de honor que se muestra al
especular para beneficio propio con el capital de un extraño y sin el
conocimiento del verdadero propietario; el número comparativamente pequeño de
quiebras intachables e irreprochables, 553 ciertamente
justifican estas disposiciones. 554 555
[pág.
279]
Sección XCIII.
Medios
de fomento del crédito.
Uno
de los medios más eficaces para fomentar el crédito consiste en una legislación
destinada a secar la fuente de las deudas incobrables, poniendo obstáculos a
los créditos temerarios o usureros. [pág. 280]para objetos de lujo o
placer, a malos clientes. 556 Pero
la aplicación de estas leyes debe ser clara y sencilla en cuanto a su
contenido, y no requerir indagaciones personales impracticables para un
comerciante. 557 Así,
por ejemplo, un breve plazo de prescripción establecido por ley en materia de
anticipos para reclamaciones monetarias ordinarias es una restricción
beneficiosa, tanto para el acreedor como para el deudor, ya que impide la
acumulación de una multitud de pequeñas deudas que, de manera casi
imperceptible pero al mismo tiempo, abruman irresistiblemente al deudor bajo su
peso. 558 Otra [pág.
281]Un medio eficiente son las asociaciones de empresarios para difundir listas
de morosos y procesar sus propias demandas en común. 559 Por
otro lado, la experiencia ha demostrado que el encarcelamiento por deudas, como
medio para hacer valer la reclamación de un acreedor, cuando el monto de la
deuda es muy pequeño y solo los deudores muy pobres pueden incurrir en él, es
de poca utilidad. Incluso es perjudicial, porque muchos vendedores confiarían
en ese medio para obligar al pago en el futuro en lugar de exigirlo de
inmediato, como deberían hacer en interés propio y de sus clientes. Por regla
general, solo los acreedores ricos pueden recurrir a él con éxito, una clase
que obliga al pago por este medio arrancándolo de las relaciones del deudor con
más frecuencia que del propio deudor. La gestión de deudas en instituciones
penitenciarias parece, por las mismas razones, no lograr su objetivo, ya que
incluso las instituciones bien administradas apenas cubren sus gastos
corrientes con los ingresos derivados de esta fuente. 560 La
inequidad del encarcelamiento por deudas radica en que castiga al deudor
desafortunado con la misma severidad que al malicioso. Debe distinguirse
claramente del encarcelamiento reconocido por los tribunales como castigo por
quiebra imprudente o fraudulenta. 561 Debemos
dictar sentencia. [pág. 282]Similar a la relativa al encarcelamiento del
deudor por el embargo de sus salarios aún no vencidos, al menos en la medida en
que sea absolutamente necesario para salvarse a sí mismo y a su familia de la
necesidad, no se exceptúa. La prohibición de dicho embargo, más allá de esto,
equivaldría a declarar que todos los trabajadores sin capital, incluso los
mejores, deberían ser considerados indignos de crédito. 562 También
podemos incluir en esta categoría las leyes que exceptúan de la ejecución las
herramientas necesarias de un comerciante, ya que privarlo de ellas sería
impedirle... [pág. 283]empleando incluso su trabajo para satisfacer las reclamaciones
de sus acreedores.
Sección XCIV.
Cartas
de respiro (moratorios especiales).
Las
cartas especiales de respiro ( Specialmoratorien )
son una suspensión de las leyes relativas a la deuda, otorgadas a favor de un
individuo ( Quinquennalia ).
Su propósito era proteger no solo al deudor, sino también al conjunto de
acreedores contra la severidad miope de uno de ellos. Solían otorgarse
especialmente cuando el deudor demostraba que la ejecución inmediata no solo
tendría el efecto de arruinarse, sino también de dejar a sus acreedores con las
manos vacías; mientras que, si se le diera tiempo, podría satisfacer a todos. 564 Sin
embargo, la concesión de tales cartas ha sido prohibida recientemente en casi todos los países
por ser arbitraria y [pág. 284]Como una especie de justicia de gabinete.
Su concesión tampoco debe compararse con la facultad de indultar. En caso de
indulto, el Estado ofendido perdona. En este caso, sacrifica el derecho
incuestionable de una parte en beneficio, muy dudoso, de otra. Cuando tales
cartas se conceden en gran número, el crédito inevitablemente se
resiente. "¡ Quinquinnellen
gehören in die Hollen! "
Sin
embargo, en épocas difíciles, cuando un gran número de deudores se encuentran
en situación de insolvencia simultánea, se ha planteado la modificación
temporal de las leyes relativas a la deuda. En tales ocasiones, se ha
argumentado que sería extremadamente difícil tratar, lege
artis , a miles de personas en quiebra a la vez;
que miles de empresas tendrían que cerrar, sus acciones se venderían al mercado
a precios ficticios y sus empleados serían despedidos. Pero, si se otorgaran ciertos
privilegios a quienes se declararan incapaces de cumplir con sus obligaciones
antes de cierta fecha, se sabría, al menos, que los demás se encontraban en una
situación sólida; y esto tendría el efecto de fortalecer el crédito, que antes
se había visto universalmente afectado. Sin embargo, dejando de lado cualquier
caso de abuso, debemos recordar que un favor realmente injusto, otorgado al
deudor, podría conllevar la ruina de su acreedor. Además, la incertidumbre de
la ley tendría un efecto mucho peor en el crédito que la incertidumbre sobre la
situación personal de los individuos. 566 Cuando,
como suele ocurrir en las etapas inferiores de la civilización, deudores y
acreedores forman dos clases distintas, la cuestión del derecho no cambia, en
realidad, pero se proporciona una base sólida para la medición política de los
intereses opuestos. En otro caso [pág. 285]En mi trabajo he mostrado cómo,
tras grandes guerras, los terratenientes endeudados han sido protegidos de los
capitalistas. (Véase Roscher , Nationalökonomik des
Ackerbaues, § 137 y ss.) 567 568
[pág.
287]
Libro II.
La circulación de mercancías.
[pág.
289]
Capítulo I.
Circulación
en general.
Sección XCV.
Significado
de la circulación de mercancías.
Cuanto
más desarrollada esté la división del trabajo, más frecuentes y necesarios se
vuelven los intercambios. Mientras que el ermitaño dedicado a la producción
solo piensa en sus propias necesidades, y el simple ama de casa en las de su
hogar, el hombre que forma parte de una nación y participa en su economía
general debe tener presente el MERCADO en
el que se intercambian bienes de un tipo por bienes de otro. Cuanto más
grandes, diversas y cambiantes sean las condiciones de este mercado, mayores
serán las facultades intelectuales requeridas para participar en él con éxito y
en beneficio de todos los involucrados. 569 Bienes
destinados al intercambio [pág. 290]Se denominan mercancías. Por
circulación de mercancías se entiende su paso de un propietario a otro. 570 Entre
las principales causas de la circulación, podemos mencionar la diferencia en la
naturaleza y civilización de los países y pueblos, la distinción entre ciudad y
campo, la división de las personas en clases, etc. 571 La
rapidez de la circulación depende, por un lado, de la cantidad de mercancías y,
por otro, del grado de división del trabajo. En ambos aspectos, es, por lo
tanto, un indicador importante de la riqueza de la nación y del mundo.
Distintas
mercancías tienen grados muy distintos de capacidad de circulación ( Circulationsfähigkeit ),
es decir, de certeza de encontrar compradores y de facilidad para encontrarlos.
Cuanto menor sea el volumen y el peso de una mercancía en comparación con su
valor; cuanto más largo y cómodo sea su almacenamiento; cuanto más invariables
y conocidos sean su valor de uso y su valor de cambio; cuanto más fácilmente se
traslade de un lugar a otro, con mayor facilidad se transmitirá de un período a
otro y de la posesión de una persona a la posesión de otra. Así, por ejemplo,
los metales preciosos circulan más rápidamente que los productos
industriales; [pág. 291]Estos, a su vez, más que las materias
primas, 572 y
los bienes inmuebles circulan con menor rapidez que todos. Una mejora en los
medios de transporte aumenta naturalmente la capacidad de circulación de toda
la riqueza de un pueblo, y especialmente de aquellos bienes que antes no eran
transferibles, así como de aquellos cuyo costo de transporte constituía un
componente particularmente importante del precio. 573 Cuanto
mayor sea la capacidad de circulación de cualquier tipo de bien, mayor será el
poder de control de su propietario en el mundo del comercio. Si comparamos a
dos hombres, cada uno con un millón de dólares, pero uno con ese millón en
dinero y el otro en tierras, veremos que el primero puede, para fines
presentes, como prestar al estado en caso de necesidad, colaborar en una
conspiración, etc., disponer de recursos con mucha más facilidad y eficacia que
el segundo. En las circunstancias normales de la economía de una nación,
observamos que quien posee dinero rara vez carece de pan, combustible o ropa,
mientras que muchos propietarios de otras propiedades pueden carecer de
dinero. 574 Es
cierto que los recursos que, por así decirlo, pueden tomar la ofensiva con
mayor energía, ofrecen menos resistencia a la desgracia imprevista. Quien los
posee está en condiciones de perderlo todo con un solo golpe de dado. A medida
que la civilización avanza, aumenta la capacidad circulante de la riqueza de
una nación. 575
[pág.
292]
Sección XCVI.
Rapidez
de circulación.
Con
un avance en la economía pública popular, encontramos una mayor velocidad de
circulación, tanto como causa como efecto. Toda mejora, todo aquello que acorta
el proceso de producción, debe facilitar y acelerar la circulación de
mercancías. Así, el perfeccionamiento de los medios de transporte de
mercancías, de los medios de intercambio y del crédito, implica un aumento en
el número de intermediarios que compran para luego vender. Por otro lado,
cuanto más rápida sea la circulación de la riqueza, más puede promover la
producción. Por ejemplo, cuanto más rápido intercambie el fabricante de telas
sus productos por dinero, más rápidamente podrá emplear el dinero en la compra
de nuevas herramientas y la contratación de nueva mano de obra; y más pronto
podrá aparecer en el mercado con telas nuevas. Es aquí precisamente como ocurre
en la agricultura, que es más productiva cuando la semilla regresa varias veces
al año (varias cosechas 576 )
a la mano de [pág. 293]El campesino es más frecuente que donde esto ocurre
solo una vez. Cuanto más cerca estén los miembros del organismo comercial, más
rápida suele ser la circulación. Por lo tanto, es más rápida en la industria
que en la agricultura; en el comercio minorista que en el mayorista; en las
grandes ciudades que en el campo; entre una población densa que entre una
población dispersa.
La regularidad de
la circulación aumenta con la cultura económica. Su concentración en grandes
puntos terminales y su interrupción por las malas estaciones del año pertenecen
a las etapas más bajas de la economía política de un pueblo; aunque las malas
cosechas, las inundaciones, las guerras, las revoluciones, etc., pueden, en
cualquier momento, provocar una lentitud o una detención de la circulación.
Sección XCVII.
Libertad
de competencia.
Pero
es especialmente la libertad de circulación la que aumenta con el avance de la
civilización, y este avance, como los dos anteriores, afecta primero a la
circulación doméstica o interior. La libertad de competencia, la libertad de
comercio e industria, expresiones técnicas utilizadas para designar la libertad
en general en el ámbito de la economía de una nación, es la conclusión natural
que se extrae de los principios de independencia individual y de propiedad
privada. Por lo tanto, su desarrollo es tan lento como el de estos, y alcanza
su pleno desarrollo solo en las naciones altamente cultivadas, sus colonias y
dependencias. En etapas muy bajas del desarrollo económico, la circulación de
bienes se ve obstaculizada por la ausencia de seguridad jurídica; más tarde,
por los privilegios otorgados a un gran número de familias, corporaciones,
municipios, clases, etc., y más tarde aún por la poderosa tutela que ejerce el
Estado mediante su poder legislativo e incluso educativo. 577 Cada
una de estas épocas constituye [pág. 294]El final del anterior es más
suave que el anterior. Finalmente llega el período de completa libertad, cuando
a cada persona se le permite administrar sus propios asuntos incluso si sufre
daño, siempre que este se limite a sí mismo.
Los
últimos tiempos del Imperio Romano son la mejor ilustración de cómo, con el
declive de las condiciones que deben preceder a la libertad de competencia, esa
misma libertad decae. 578
La
libertad de competencia desencadena todas las fuerzas económicas, buenas y
malas. Por lo tanto, cuando las primeras predominan, aceleran la época de la
grandeza de un pueblo, como lo hacen con su decadencia cuando las segundas se
imponen. 579 Podemos
decir de la libertad económica lo que se puede decir de todas las demás
libertades: que la eliminación de las restricciones externas solo puede
justificarse y produce el mayor bien del mayor número cuando se impone un
imperio severo sobre sí mismo. Sin esto, no impediría ni evitaría la ociosidad,
la usura ni la superpoblación. La libertad no debe ser simplemente negativa.
Debe ser positiva. Si, debido a la inmadurez o la sobremadurez de un pueblo, no
existe una clase media robusta entre ellos, la competencia ilimitada puede
convertirse en lo que Bazard llama un sauve-qui-peut general
(que el diablo se lleve al último); lo que Fourier designa como un morcellement
industriel y un fraude
commerciale ; lo que M. Chevalier denominó "un
campo de batalla en el que los pequeños son devorados por los [pág.
295]grande;” y en tal caso, como dice Bodz-Reymond, la palabra
competencia, que significa simplemente que a cada uno se le permite correr en
cualquier dirección que vea una puerta abierta, no es más que otra expresión
para vagabundeo. Pero aquí el mal no reside en una competencia excesiva, sino
en que por un lado hay muy poca competencia. 580 El
principio opuesto a la competencia es siempre el monopolio, es decir, como dice
John Stuart Mill, la imposición de impuestos a la industria en beneficio de la
indolencia e incluso la rapacidad; y la protección contra la competencia es
sinónimo de una dispensa de la necesidad de ser tan industrioso e inteligente
como los demás.
Una
protección de esta naturaleza, suficientemente eficaz para alcanzar su fin, no
dejaría de detener los esfuerzos de quienes habían logrado algo, e incluso de
hacerlos retroceder. Es cierto que la libertad de competencia es una especie de
declaración de guerra, 581 entre
los hombres considerados como productores; pero, al mismo tiempo, convierte a
todos los hombres considerados como consumidores en miembros de una sociedad,
en la que todos los miembros están igualmente interesados, un hecho demasiado
pasado por alto por los socialistas. 582 Es
el medio especialmente por el cual la mayor y cada vez mayor porción de las
fuerzas de la naturaleza se eleva al carácter de propiedad libre y común de la
raza humana. 583 «El
hombre no es el favorito de la naturaleza en el sentido de que la naturaleza lo
ha hecho todo por él, sino en el sentido de que le ha dotado de la capacidad de
hacerlo todo por sí mismo. El derecho a la libertad de competencia puede, por
lo tanto, considerarse tanto [pág. 296]la protección y la imagen de esta
provisión de la naturaleza.” ( Zachariä. ) 584
Por
lo tanto, quien alega o alega una excepción a la regla de la libre competencia
debe demostrar su postura en cada caso individual, ya que la carga de la prueba
recae sobre él. Pero el deber de intervención del Estado se señala
positivamente cuando cualquier interés común a todo el pueblo no está en
condiciones de afirmarse; y negativamente, cuando la costumbre que hasta
entonces había impedido un abuso indudable se ha debilitado demasiado para
seguir prestando ese servicio. En ambos casos, quisiera llamar
la atención sobre la protección de los niños de las fábricas contra el egoísmo
concurrente de sus padres y patrones. 585 586 Supra ,
§ 39 .
[pág.
297]
Sección XCVIII.
Cómo
se pagan los bienes.—La renta de los bienes.
El
pago de los bienes (§ 1 y
siguientes) de cualquier especie sólo puede hacerse en otros bienes. 587 588 Por
lo tanto, cuanto mayor, más variado y mejor [pág. 298]Cuanto más adaptada
esté la producción para satisfacer necesidades, más fácilmente encontrará un
producto un mercado rentable; más fácilmente en Inglaterra, por ejemplo, a
pesar, o mejor dicho, debido a la gran competencia que allí existe, que en
Groenlandia o Madagascar. De esto se deduce que, por regla general, una persona
está en mejores condiciones para comprar más bienes cuanto más ha producido.
Según las cifras oficiales, el valor medio de una cosecha de trigo y patatas en
Prusia era anteriormente de 332.500.000 táleros. Sin embargo, en el año 1850,
era de tan solo 262.000.000 táleros. Como era de esperar, los habitantes del
campo en ese año no podían comprar a las ciudades tanto como en años normales,
por una diferencia de 70.000.000 táleros. Esto ilustra cómo todas las clases
sociales, que viven de encontrar un mercado libre para sus productos, están
interesadas en la prosperidad de todas las demás. Como dice
Bastiat: «Todos los intereses legítimos son armoniosos». Cuanto más
floreciente es una ciudad, mejor están los pueblos que la rodean, que la
abastecen; y cuanto más ricas son estas ciudades, más floreciente es la
industria de la ciudad que atiende sus necesidades. 589 Es
importante tener presente este hecho, especialmente en tiempos de civilización
avanzada, cuando el sentimiento de que todos tenemos intereses en común tiende
a latente. Nada puede servir mejor para despertarlo cuando ya lo es. Una
nación, dice Louis Blanc, en la que una parte del pueblo es oprimida por otra,
es como un hombre [pág. 299]Herido en la pierna. El miembro sano se ve
impedido por el miembro enfermo de realizar sus funciones. 590
Sección XCIX.
Libertad
de Competencia y Comercio Internacional.
¿Se
aplica la misma regla a las relaciones comerciales entre las naciones? Donde el
sentimiento de que toda la humanidad constituye una vasta familia es más fuerte
que el de su diversidad política y religiosa; donde el sentido del derecho y el
amor a la paz han extinguido toda chispa peligrosa de ambición imperial y toda
envidia bélica; donde, especialmente, sus intereses económicos son
correctamente comprendidos por ambas partes, un conflicto real entre los
intereses de dos naciones debe ser siempre un fenómeno poco frecuente y una
excepción a la regla general, que no debe admitirse hasta que se haya
demostrado claramente su existencia. 591 Las
naciones altamente cultivadas generalmente [pág. 300]ven los primeros
pasos de la civilización de un pueblo extranjero con más buenos ojos que el
progreso posterior que acerca a esas naciones a sí mismas. 592 Sin
embargo, la realización de las condiciones antes mencionadas por todos lados es
algo tan improbable, la “filantropía” antipatriótica algo tan
sospechoso, 593 la
mayor parte de la humanidad [pág. 301]Tan incapaz de desarrollarse salvo
bajo las limitaciones de la nacionalidad, que solo observaría con solicitud la
desaparición total de los celos nacionales. Nada contribuyó tanto a las
conquistas macedonia y romana como el cosmopolitismo de los filósofos griegos
posteriores. 594
Como
todo comercio se basa en la dependencia mutua de las partes contratantes, no
debe sorprendernos que el comercio internacional sea tan dependiente. Pero esta
dependencia no tiene por qué ser, en absoluto, igual de grande para ambas
partes. Más bien, es el individuo o la nación que tiene la mayor necesidad de
bienes o productos extranjeros el que más depende. Por lo tanto, parece que, en
las relaciones comerciales entre un pueblo agrícola y uno industrial, donde el
primero proporciona alimentos y materia prima para manufacturas, y el segundo
artículos manufacturados, estos últimos son los más dependientes. En caso de
guerra, por ejemplo, es mucho más fácil prescindir durante mucho tiempo de
artículos manufacturados que de la mayoría de los alimentos. 595 Sin
embargo, esta situación se modifica considerablemente, para mejor, por todas
aquellas circunstancias de las que depende el comercio activo dominante de una
nación. Es, por ejemplo, mucho más fácil para los ingleses, debido a su mayor
familiaridad y conocimiento de las leyes y la naturaleza del comercio, debido a
sus conexiones comerciales, su capital, crédito y medios de transporte, pero
más particularmente debido a la mayor capacidad de circulación de sus recursos
nacionales, encontrar un nuevo mercado en lugar de uno que se les ha cerrado,
que para los rusos con su sistema mucho más inamovible de economía
pública . 596[pág.
302] Es cierto, sin embargo, que un bloqueo efectivo, que excluyera a
ambas naciones de todos los mercados del mundo, sería mucho más perjudicial
para Inglaterra que para Rusia.
[pág.
303]
Capítulo II.
Precios.
Sección C.
Precios
en General.
El
precio de una mercancía es su valor de cambio expresado en la cantidad de otra
mercancía definida, por la que se intercambia o se intercambiará. Por lo tanto,
es posible que cualquier mercancía tenga tantos precios diferentes como otros
tipos de mercancías con las que pueda compararse. 597 Pero
siempre que se habla de precio, pensamos solo en una comparación de la
mercancía cuyo valor se va a estimar con la mercancía que, en ese momento y
lugar, es más corriente y tiene la mayor capacidad de circulación.
(Dinero). 598 Cuando
dos mercancías han cambiado su relación de precios entre sí, no es posible, a
partir del simple hecho de tal cambio de relación, determinar en qué lado se ha
producido el cambio. Si encontramos que una mercancía A se encuentra con todas
las demás mercancías, C, D, E, etc., en la misma relación en cuanto a precio
que [pág. 304]antes, mientras que la mercancía B, comparada con la misma,
ha cambiado su lugar en la escala de precios, podemos inferir que B, y no A, ha
abandonado su posición anterior. 599
Las
palabras costoso y caro, a diferencia de común y barato, indican un precio
alto. Sin embargo, llamamos costoso a un producto cuyo precio, comparado con el
de otros productos similares, es alto. Por otro lado, llamamos caro a un
producto cuando lo comparamos consigo mismo y con su precio promedio en otros
lugares y momentos. 600
En
casos individuales, el precio de una mercancía se determina, generalmente y a
la vez de forma superficial, por la costumbre; las personas piden y pagan por
una mercancía lo mismo que otros han pedido y pagado por ella. Si profundizamos
e indagamos qué originó este precio habitual y qué puede cambiarlo
continuamente, llegamos a la lucha de intereses entre compradores y vendedores.
Y si la ciencia analiza los elementos fundamentales de los incentivos de esta
lucha y las fuerzas que la impulsan, es necesario que tenga en cuenta toda la
economía de la nación, e incluso toda la vida nacional.
Sección CI.
Efecto
de la lucha de intereses opuestos sobre el precio.
En
ningún otro ámbito de la economía pública de un pueblo se manifiestan tan
claramente las maniobras del interés propio como en la determinación de los
precios. Cuando el precio de una mercancía se fija por el conflicto de
intereses opuestos, el egoísmo
de cada individuo dicta que debe obtener así el máximo beneficio
posible. [pág. 305]de los bienes ajenos y perder lo menos posible de los
propios. En esta lucha, la victoria suele ser del más fuerte, y el precio es
mayor o menor, según la superioridad del comprador o del vendedor. 602 Pero,
en tal caso, ¿quién es el más fuerte? La superioridad política o física puede
inclinar la balanza en un sentido u otro solo en épocas de extrema barbarie, y
especialmente en épocas de escasa seguridad jurídica. 603 Por
regla general, es la parte cuyo deseo de conservar sus propios bienes es más
fuerte y la que menos se conmueve por la falta de mercancías ajenas. Como en
todo conflicto, la confianza en uno mismo, a veces incluso una confianza
ilimitada en uno mismo, es un elemento importante del éxito. Una parte en un
contrato de compraventa o trueque que considere su posición inmediata
decididamente más fuerte que la de la otra parte, difícilmente se apartará de
sus exigencias. De ahí que, en el intercambio, una parte con tanta frecuencia
se abstenga hasta que la otra haya expresado sus condiciones. 604 Cuán
diferente es la [pág. 306]precio de los mismos terrenos que una nueva
empresa ferroviaria está obligada a pagar y los precios que obtendría por ellos
de los propietarios colindantes en caso de disolución de la compañía.
Pero
la lucha por subir o bajar los precios, siempre en curso, sufre modificaciones
de todo tipo en todas las naciones verdaderamente comerciales, en parte por la
influencia de la conciencia pública, que tacha de inhumano y censurable el
expolio de la parte contraria por actos que las leyes no alcanzan. Y esta
consideración de la conciencia pública se agudiza cuanto menor es la
competencia real en el artículo vendido. 605 Pero
la principal modificación en esta lucha se produce por el hecho de que donde la
civilización ha avanzado más, cada producto se ofrece a la venta por una gran
cantidad y es deseado por una gran cantidad. 606 Tan
pronto como varios buscan el mismo objetivo, surge naturalmente una rivalidad
entre ellos, que induce a cada uno a alcanzar el fin deseado, incluso haciendo
mayores sacrificios que otros. [pág. 307]Cuanto mayor sea la oferta de un
bien en comparación con su demanda, menor será su precio; cuanto mayor sea la
demanda en comparación con la oferta, mayor será su precio. Y, de hecho, aquí
se trata no solo de la cantidad de bienes ofrecidos o
demandados, sino también de la intensidad de la oferta y la
demanda. 607
Si
la fuerza de intercambio de ambos contratantes es igual, o, en otras palabras,
si ambos, con el mismo conocimiento, están interesados en la culminación del
intercambio, de esta actitud mutua de las partes resulta lo que se denomina un
precio equitativo o promedio, en el que ambas partes obtienen lo que merecen.
En este caso, cada uno sale ganando, ya que se desprendió del bien que le era
menos necesario y recibió a cambio el bien que le era más necesario. Sin
embargo, desde la perspectiva no solo de la economía nacional, sino de la
economía mundial, el valor dado y el valor recibido son iguales. 608 609
[pág.
308]
Por
regla general, la relación de precios entre dos mercancías está determinada por
esta relación entre la oferta y la demanda: por el deseo de poseerlas y la
dificultad de obtenerlas. Por lo tanto, debemos examinar de qué relaciones más
profundas dependen la oferta y la demanda. 610 En
el caso del comprador, el [pág. 309]El valor de uso de la mercancía y su
propia capacidad de pago constituyen el límite máximo de su precio, el cual,
sin embargo, puede verse modificado por el costo de producción 611 en
otro lugar o momento. En el caso del vendedor, el costo de producción es el
límite mínimo, el cual, sin embargo, puede verse ampliado por el costo de
adquisición de la mercancía por el comprador en otro momento o lugar. 612
Sección CII.
Demanda.
El
comprador, al demandar, suele considerar principalmente el valor de uso de un
producto, según si satisface, en mayor o menor grado, una necesidad necesaria,
la decencia o el lujo. La diferencia de opinión sobre a cuál de estas
categorías pertenece una necesidad dada depende no solo de la naturaleza del
país y las costumbres de su gente, sino, en su mayor parte, también de los
prejuicios de clase y de la individualidad personal. 613 Un
hombre razonable empleará solo lo [pág. 310]excedente de la primera clase
en la satisfacción de las necesidades de la segunda, y nuevamente sólo el
excedente de la segunda en la satisfacción de las necesidades de la
tercera. 614
Si
el valor de uso de un producto aumenta o disminuye, y las circunstancias
circundantes permanecen invariables, su precio también aumenta o
disminuye. 615 616
[pág.
311]
Sección CIII.
Demanda.—Bienes
indispensables.
Cuando
la oferta de artículos de lujo disminuye, es cierto que su precio sube. Pero
como ahora hay muchos compradores que ya no pueden pagarlos, la demanda también
disminuye, y su precio, en consecuencia, sube menos de lo que podría inferirse
simplemente de la cantidad y el estado de la oferta. Por otro lado, un aumento
de la oferta que baja el precio suele, en el caso de placeres de amplia
distribución, como los que se obtienen con raíces finas, verduras, etc.,
producir un aumento de la demanda, lo que frena la caída del precio.
Es
muy distinto en el caso de bienes indispensables, como por ejemplo el trigo.
Cuando falta un artículo de este tipo, se prefiere prescindir de todos los
demás, hasta cierto punto, en lugar de practicar la frugalidad en el pan; sobre
todo porque el pan no se usa, sino que se consume rápidamente, mientras que la
ropa y los artículos metálicos duran mucho tiempo. Incluso después de una
cosecha sobreabundante, dejando de lado el desperdicio voluntario, el consumo
aumenta gracias a una mejor separación de la harina, un aumento en la cantidad
de maíz para alimentar al ganado y la destilación de bebidas alcohólicas. Por
lo tanto, la demanda y la oferta no corren en paralelo en todo momento; y los
artículos indispensables tienden a mayores perturbaciones en el precio que
aquellos de los que se puede prescindir. 617 618 El
precio del grano, en particular, varía en proporción. [pág. 312]Muy
diferente de la razón inversa de la cantidad de la cosecha; 619 aunque
una fórmula para ello expresada en cifras, como la de Gregory King, nunca puede
ser aplicable universalmente. 620 Los
agricultores deben, en todas partes y siempre, retener del mercado cierta
cantidad de su cosecha para semilla, para uso doméstico, etc. Solo la necesidad
absoluta puede inducirlos a recurrir a la cantidad así reservada. Pero la
relación entre esta parte y el total es muy diferente en los distintos
países. 621 En
las etapas superiores de la civilización, donde el pago en dinero ha sustituido
al pago en productos y a todos los demás tipos de pago, y donde el cultivador
de la tierra paga los salarios de sus [pág. 313]los trabajadores ganan
casi exclusivamente con dinero, de modo que, como todos los demás, compran el
pan que necesitan en el mercado; un déficit dado en la cosecha debe repartirse
entre una oferta de mercado mucho mayor; y los precios, por tanto, quedan mucho
menos afectados que en las etapas inferiores de la civilización. 622 Y
así, es claro que una mala cosecha similar debe afectar los precios de manera
muy diferente, si hay una gran importación o exportación de los medios de
subsistencia, y si han precedido varias malas cosechas, o varias cosechas con
un rendimiento superior al promedio.
En
otro aspecto, el precio de los productos indispensables es muy sensible, ya que
el mero temor a una futura escasez de ellos tiene una influencia mucho más
profunda y amplia que el temor a la escasez de artículos de lujo. Por muy buena
que haya sido la cosecha de trigo, si el clima posteriormente interfiere con su
recolección, el precio del trigo, en países donde el espíritu especulativo está
alerta, sin duda subirá, porque la perspectiva de la futura cosecha se vuelve
entonces algo dudosa. 623
Sección CIV.
Influencia
de la solvencia del comprador en los precios.
El
comprador, además del valor de uso de los bienes que desea comprar, considera
su propia solvencia ( Zahlungsfähigkeit =
capacidad de pago). Solo la demanda solvente puede influir en los
precios. 624 Por
ejemplo, entre un pueblo compuesto casi en su totalidad por [pág. 314]De
los proletarios, habrá muchos casos de hambruna y muerte tras una mala cosecha,
pero el precio del maíz solo experimentará un ligero aumento. 625 Pero
donde la mayor parte de los habitantes posee propiedades, y donde los ricos
ayudan a las clases más pobres mediante impuestos a los pobres y actos de
beneficencia, es casi imposible limitar el aumento del precio del maíz. Por una
conexión necesaria, cuando los artículos indispensables se encarecen, la
demanda de artículos de los que se puede prescindir generalmente disminuye,
y viceversa . 626 Todo
comerciante, involucrado en un negocio extenso, está interesado en conocer de
antemano los resultados de la cosecha de maíz. Cuanto más sube el precio de un
producto, más se reduce, por supuesto, el círculo de quienes pueden
comprarlo. 627 628
[pág.
315]
Sección CV.
Suministrar.
En
el caso de intercambios casuales aislados, el vendedor también considera, en
primer lugar, el valor de uso y compara la satisfacción que la mercancía que se
entrega y la que se recibe pueden proporcionar. Es cierto que, al realizar esta
estimación, está sujeto al máximo grado de error y engaño. 629 En
el comercio bien organizado de una nación con una economía altamente
desarrollada, el vendedor, que tenía este mismo comercio en mente en su
producción, suele considerar casi exclusivamente el valor de cambio de su
mercancía.
Sección CVI.
El
costo de producción.
Como
nadie está dispuesto a perder nada, todo vendedor considerará lo que le han
costado sus bienes, y el coste de producirlos o adquirirlos como el precio
mínimo que se puede pedir por ellos. 630 Al
mismo tiempo, la idea que encierra la expresión [pág. 316]El costo de
producción, aunque abarca siempre lo que desaparece de los recursos del
productor para entrar en la producción, varía mucho según se lo considere desde
el punto de vista de la economía individual, de la nación o del mundo.
Un
individuo que paga impuestos a su gobierno, que ha arrendado tierras y empleado
mano de obra y capital para la producción, debe, además del capital utilizado
en dicha producción, denominar costo de producción a todo su desembolso en
intereses, salarios, rentas e impuestos; 631 ya
que, a menos que todo esto le sea devuelto en el precio de la mercancía, la
empresa en su conjunto solo puede perjudicarlo. 632 Por
supuesto, añadirá una ganancia equitativa para remunerar su empresa, ya que sin
dicha ganancia no podría vivir ni producir; de lo contrario, se vería obligado
a consumir su capital. En el momento en que las tasas actuales de impuestos,
intereses, salarios y rentas cambian en un país, el costo de producción también
cambia en el caso del individuo involucrado en la producción, por muy
inalterado que permanezca el proceso técnico. 633 Pero
tomando la [pág. 317]Al considerar la nación, o a toda la humanidad, no
debemos perder de vista que estas tres grandes fuentes de ingresos, así como
los impuestos, no son, propiamente hablando, fuentes de donde fluyen los
ingresos, sino canales a través de los cuales se distribuye el ingreso agregado
de la nación o del mundo entre los individuos. 634 Por
lo tanto, los salarios, por ejemplo, que proporcionan los medios de vida a la
mayor parte de la población, no pueden considerarse simplemente un factor de la
producción económica. El pueblo, considerado en su totalidad, posee la tierra
gratuitamente. Todo ahorro en rentas, intereses del capital o salarios no es
más que un cambio en la proporción en que los resultados de la producción se
distribuían hasta entonces entre los cooperadores. Tal cambio puede ser
ventajoso o contrario; pero no supone una disminución del sacrificio que el
pueblo en general debe hacer para la producción. Por tanto, en sentido
político-económico, al coste de producción pertenece únicamente el capital
necesariamente gastado en la producción y que ha desaparecido como parte de los
recursos de la nación, haciendo abstracción de los sacrificios personales en
favor de la producción. 635 El
valor del capital circulante que en el proceso se agota por completo
debe, [pág. 318]Por supuesto, se restituirá íntegramente en el precio, el
del capital fijo utilizado sólo en la medida en que haya sido utilizado. 636
También
debe tenerse presente el riesgo que corre el productor hasta que el producto
producido se consume efectivamente. 637 Existen
riesgos reales en pequeñas empresas que, por la intervención de una compañía de
seguros, o en empresas grandes que se aseguran a sí mismas, se convierten en
una parte más o menos variable del costo de producción. En este último caso, el
precio del producto aumenta por este medio con mucha regularidad. En el primer
caso, el aumento depende en parte de si la satisfacción de las personas con la
ganancia es mayor que su dolor por la pérdida correspondiente. 638
Aquellas
empresas que necesariamente producen diferentes productos al mismo tiempo
merecen una consideración especial. 639 Aquí
podemos hablar de « costos de producción unificados »,
y basta con que la suma de estos costos esté cubierta por el precio total de
ambos productos. Esto complica en cierta medida los cálculos que el vendedor
debe realizar para determinar su demanda mínima de cada producto. Para
determinarla, debe restar de los costos de producción unificados el valor que
espera con certeza para el otro producto. 640
[pág.
319]
Sección CVII.
Equilibrio
de precios.
Los
bienes cuyo costo de reproducción, 641 es
decir, el mayor costo necesario de reproducción, es el mismo, tienen
uniformemente el mismo valor de cambio. Toda desviación de este nivel pone
inmediatamente en movimiento fuerzas que intentan restablecerlo, así como el
agua del mar busca su nivel, a pesar de las montañas y abismos que los vientos
traen de su seno. 642 643
[pág.
320]
Sección CVIII.
Efecto
de un aumento de precio muy por encima del costo.
Si
el precio de mercado supera con creces el coste de producción, los productores
obtienen una ganancia superior a la media del país. Esto los induce, mediante
la apropiación de nuevas tierras y el empleo de nueva mano de obra y capital, a
ampliar sus negocios. Otras partes también participan en este rentable sector
comercial. Esta competencia no solo encarece los medios de producción, sino
que, al aumentar la demanda, debe eventualmente reducir el precio del producto
al nivel normal de ganancia, es decir, a un equilibrio con otras
mercancías. 644 Por
lo tanto, al principio, cada disminución de [pág. 321]El coste de
producción 645 beneficia
al productor; pero posteriormente, y de forma permanente, a los consumidores:
una ley económica sumamente beneficiosa en sus operaciones, similar a la acción
de la legislación positiva en materia de patentes. No hay mayor estímulo para
realizar mejoras que la certeza de una recompensa para quien las introduce
primero. Sin embargo, en el momento en que la mejora es imitada por todos los
productores, la ventaja obtenida se convierte en el bien común de toda la
nación. 646 Estas
son, como dice J. B. Say, conquistas realizadas sobre la fuerza productiva
gratuita de la naturaleza. En consecuencia, el valor en uso de los recursos de
un pueblo aumenta; generalmente, también, su valor en el intercambio, en la
medida en que la producción de los bienes ahora más baratos aumenta en una
medida mayor que la disminución de su coste de producción. 647
En
cuanto a la alternativa tan frecuentemente discutida, de si es preferible
obtener un gran porcentaje de ganancia en la venta de una pequeña cantidad de
bienes, o un pequeño porcentaje en una gran cantidad, encontramos que, en las
etapas inferiores de la civilización, la [pág. 322]Se prefiere lo primero,
y lo segundo, en los de mayor categoría. 648 Y,
de hecho, lo segundo no solo es más humano, sino que, a la larga, es más
rentable para quien lo adopta como norma en los negocios. En el caso de las
mercancías, ahora corre poco riesgo por un cambio de moda, porque las modas de
las masas cambian con mucha menos rapidez que las de las altas esferas de la
sociedad. En el caso de los bienes indispensables, por otro lado, ahora puede
calcular con mayor certeza el crecimiento de la población y, por lo tanto, un
mercado futuro para sus productos. La competencia, que antes dedicaba todos sus
esfuerzos a lograr la exclusión, por ley, de todos los rivales, ahora se
dedica, principalmente, a idear medios para superarlos mediante la superioridad
de la mano de obra, y así aumentar el poder de las verdaderas fuentes de la
riqueza de una nación.
[pág.
323]
Sección CIX.
Efecto
de una disminución del precio por debajo del costo.
Si
el precio de mercado cae por debajo del costo de producción, el productor
naturalmente sufre pérdidas y disminuye sus existencias lo antes posible. Que
establecimientos enteros dedicados a la industria abandonen una rama que sufre
una crisis y se incorporen a una floreciente debe ser siempre una rara
excepción. 649 Pero
el fabricante desanimado puede retrasar la renovación de sus existencias, 650 reemplazando
su maquinaria por nueva; puede despedir a algunos de sus trabajadores y reducir
la jornada laboral de los demás. Además, la mayoría de las industrias funcionan
con capital prestado, capital que, por lo tanto, debe devolverse al prestamista.
Sin embargo, en ciertas circunstancias, la industria puede continuar durante
algún tiempo, incluso con pérdidas reales, 651 siempre
que la pérdida de intereses, etc., que seguiría a la suspensión total del
trabajo, supere la pérdida producida por la disminución. [pág. 324]del
precio, pero ya casi no. Si la oferta de la mercancía cuyo precio ha bajado ha
disminuido, el resultado posterior depende de las causas que, en primer lugar,
provocaron la baja del precio. Si la disminución del precio se debió únicamente
a una oferta excesiva, al eliminarse esta sobreabundancia, el precio volverá a
subir. 652 Si
se produjo por una disminución del valor de uso de la mercancía, la disminución
de la oferta puede restablecer el estado anterior de cosas solo en la medida en
que al menos una parte de los compradores atribuya a la mercancía el mismo
valor de uso que antes. 653 Por
último, si la baja del precio se debió a una disminución del número de
compradores o a una disminución de su capacidad de compra, el precio anterior
se restablecerá cuando la producción se haya adaptado a un círculo de
consumidores correspondientemente más reducido. 654 Esto
último es cierto especialmente cuando el precio, sin haber sufrido ningún
cambio absoluto, se ha vuelto relativamente demasiado bajo debido a un aumento
en el coste de producción. 655
[pág.
325]
Capítulo CX.
Diferentes
costos de producción de los mismos bienes.
La
mayoría de los bienes se producen simultáneamente, pero en circunstancias
diferentes y a un coste muy distinto. Para estimar la influencia de este hecho
en el precio, debemos distinguir entre aquellos bienes cuya producción más
barata puede ofrecerse a placer y aquellos en cuya producción es necesario,
para satisfacer la demanda total, recurrir al modo de producción más caro en
lugar del más barato.
En
el primer caso, el precio de las mercancías se regula naturalmente por el menor
coste de producción. Quien no pueda mantener esta competencia permanentemente,
haría mucho mejor en abandonar la industria por completo; pues no está en su
poder aumentar el precio disminuyendo la oferta; los rivales más poderosos solo
tendrían que aumentar el suyo en consecuencia. 656
Si
fuera aplicable la misma ley, en este último caso, los productores [pág.
326]Quienes se encontraran en una situación menos favorable se verían obligados
a abandonar el mercado inmediatamente. En consecuencia, el mercado ya no podría
satisfacer la necesidad global; y el precio del producto seguiría subiendo
hasta que los productores expulsados del mercado volvieran a él. Por lo tanto,
el precio a largo plazo se determina por el coste de producción del producto,
producido en las condiciones menos ventajosas, siendo dicha producción
necesaria para satisfacer la necesidad global. Quien produce en condiciones más
ventajosas recibe, por el mismo precio de los bienes que le resultan más
baratos, un excedente de beneficio; este excedente es mayor cuanto mejor sea su
situación, en relación con la producción, en comparación con
la de sus competidores menos favorecidos. 657 658
[pág.
327]
Sección CXI.
Diferentes
costos de producción de los mismos bienes. (Continuación)
Por
lo tanto, el precio de una mercancía y la relación entre su oferta y demanda se
condicionan mutuamente. Del nivel del precio depende, en gran medida, cuántos
compradores se decidirán a hacer una demanda efectiva; pero, al mismo tiempo,
hasta qué nivel del coste de producción extenderán los vendedores su
oferta. 659 Podemos
hablar de un equilibrio entre la oferta y la demanda solo cuando la primera se
corresponde con el deseo de quienes están dispuestos a cubrir
el coste total de producción. ( Malthus ). Se ha preguntado,
de hecho, si sería más natural y mejor que la demanda precediera a la oferta o
la oferta a la demanda. 660 Pero
la pregunta es ilógica, cuando se expresa de manera tan general, ya que la
oferta y [pág. 328]La demanda y la demanda son solo dos caras de la misma
transacción. Pero, podemos decir que, en el caso de los bienes indispensables,
su escasez (demanda) siempre se percibe antes que su exceso (oferta), y que en
el caso de los bienes de los que se puede prescindir, incluyendo,
originalmente, el dinero, ocurre lo contrario. Además, quien se dedica a la
producción de cualquier tipo de bienes, por regla general, rara vez puede
investigar directamente la relación entre la oferta y la demanda. Generalmente,
solo puede comparar el precio de mercado del producto con el coste de
producción. Muchos errores son inevitables en este caso; pero cometerlos es el
sacrificio necesario que debe soportarse para adquirir las ventajas, más que
compensatorias, de la libre competencia. 661
Sección CXII.
Excepciones.
La
regla de que los bienes que tienen el mismo costo de producción también tienen
igual valor en el intercambio solo es aplicable en la medida en que sea posible
transferir los factores de producción a voluntad de una rama de producción a
otra. Donde no existe esta verdadera libre competencia, el precio depende
enteramente de la cantidad de la oferta, en comparación con la solvencia o
capacidad de pago del comprador; y, por lo tanto, a veces puede superar con
creces el costo de producción (precio de monopolio) y a veces caer muy por
debajo de él (precio forzado o infraprecio). 662 Estos
obstáculos a la competencia dependen, en parte, [pág. 329]Por causas
naturales. Así, en el caso de las obras de arte de un artista fallecido, cuya
cantidad no puede aumentar; 663 o
en el de celebridades vivas que no pueden extender su actividad intelectual al
mismo ritmo que crece su reputación. Lo mismo ocurre con las piedras preciosas,
que a veces se encuentran gratis y, por lo tanto, no cuestan nada, pero que, al
mismo tiempo, tienen un precio elevado. 664 Muchos
productos agrícolas valiosos, junto con su producción, se limitan a una zona
definida y a veces muy pequeña. 665 Debe
considerarse una modificación de tales monopolios naturales cuando se
encuentran sustitutos a un precio más bajo para un tipo de bienes que
disminuyen, al menos en parte, su demanda; por ejemplo, vinos de mesa comunes
en lugar de vinos finos. La regla se aplica mucho más estrictamente a aquellos
bienes que, debido a su mayor cantidad, pueden reemplazar a los
inferiores, 666 que
a aquellos donde esto no es posible.
[pág.
330]
La
principal causa de los precios forzados o bajos ( Schleuderpreise )
es la facilidad con la que el producto se deteriora y, por lo tanto, debe
encontrar una venta rápida, especialmente cuando su almacenamiento o transporte
se ve acompañado de dificultades adicionales. 667 Sin
embargo, los bienes muy duraderos también están sujetos a precios bajos, y
especialmente aquellos que duran más, porque su oferta solo puede disminuir muy
lentamente. Así, por ejemplo, las casas en una ciudad en decadencia. Los
precios bajos se encuentran con mayor frecuencia en el caso de bienes que se
producen sin intención de producirlos, como por ejemplo, los trapos y los
excrementos. Cuanto más preponderan las fuerzas de la naturaleza en la
producción, menos se puede aumentar o disminuir la oferta a voluntad y, en
consecuencia, con mayor frecuencia encontramos precios de monopolio y bajos
precios. (Compárese con § 131 y
siguientes). Así, la producción de trigo está invariablemente relacionada con
el orden de las estaciones. Entre la siembra y la cosecha, transcurren varios
meses que ni el capital ni la habilidad pueden acortar en absoluto. El cultivo
de la tierra, para ser mucho mayor y más duradero, supone tantas condiciones
previas (aumento del ganado, edificaciones, etc.) que solo puede lograrse
después de varios años. Por lo tanto, el trigo, mucho más que los productos
manufacturados, está sujeto a precios opresivamente altos y opresivamente bajos
durante un largo período. Sea cual sea la influencia de las fuerzas que operan
en sentido contrario, [pág. 331]El precio del trigo depende en gran medida
del resultado de la última cosecha. 668
Sección CXIII.
Excepciones.
(Continuación.)
Otros
impedimentos a la libre competencia tienen su origen en las condiciones
sociales. La regla que rige los precios solo se aplica cuando el vendedor y el
comprador están igualmente dispuestos a intercambiar. Pero en todos los casos
en que el productor realiza su negocio, no para obtener ganancias gratuitas,
sino simplemente para obtener un medio de vida, puede estar sujeto a muchas
excepciones importantes. 669 Cuanto
más rico es un vendedor, más tiempo puede esperar una oportunidad favorable
para vender. Así, por ejemplo, el precio del trigo es algo más bajo en épocas
de pagos universales que en otras épocas del año, porque una gran cantidad de
campesinos se ve obligada a vender. Cuando la población rural está
universalmente necesitada, el precio desciende después de la cosecha a una
cifra inusualmente baja, y en primavera vuelve a subir considerablemente.
A
veces el precio se ve afectado por los acuerdos del comprador o del vendedor,
pero más fácilmente por los de los intermediarios entre [pág.
332]Consumidor y productor. 670 Las
costumbres propias de clases enteras pueden ejercer la misma influencia, y
dichas costumbres son especialmente poderosas en las etapas más bajas del
desarrollo comercial e industrial. Incluso en la actualidad, sustituyen con
frecuencia la libertad de competencia en el comercio minorista, en la industria
editorial y en la determinación de los honorarios de abogados y médicos, así
como en la distribución de la renta de una nación entre las tres grandes ramas
de su economía general, 671 decidiendo,
en lugar de la competencia, cuánto corresponde a cada una. Dondequiera que
existan gremios, comunidades, castas, etc., con privilegios legales;
dondequiera que se presenten dificultades para la exportación e importación;
dondequiera que existan derechos de preferencia o monopolios, 672 en
el sentido estricto de la palabra, el flujo y reflujo nivelador de los
elementos de la producción puede verse aún más gravemente afectado. Una
legislación 673 de
este tipo perjudica a la parte no privilegiada de la población más que
beneficia a la privilegiada. (Véase § 97 ). 674
La
palabra usura , tan arbitrariamente empleada en el lenguaje
cotidiano, debería ser admitida en la ciencia sólo para designar un precio de
hambruna, causado o intensificado fraudulenta e intencionadamente.
[pág.
333]
Sección CXIV.
Precios
fijados por el gobierno.
Ningún
poder puede, por supuesto, fijar el precio de una mercancía a largo plazo si no
puede fijar simultáneamente la relación entre la oferta y la demanda. Por lo
tanto, los precios fijos fijados por la autoridad gubernamental solo pueden
tener un papel en la práctica en la medida en que no establezcan un precio que
se oponga al estado real de las cosas, solo en la medida en que lo expresen
indudable y en armonía con las condiciones naturales. Con esta restricción, los
precios fijos pueden, en ausencia de una competencia real, que siempre puede
determinar mejor los precios, ser útiles para ambas partes; de lo contrario,
una parte se beneficiaría en un momento y la otra en otro de una ventaja
injusta; pero no tardarían en sufrir las perturbaciones que esto causa en todas
las transacciones comerciales. Qué agradable es para un viajero en Suiza, o
incluso en Italia, encontrar precios fijos allí. 675 Especialmente
donde la competencia se ve impedida por privilegios estatales, el
establecimiento de precios fijos por parte del estado para la protección del
público puede ser necesario. 676 Es
más difícil fijar un [pág. 334]fijar el precio de un producto en
proporción a su complejidad y a su variabilidad en calidad; y donde hay
diferentes grados de calidad del mismo producto, y la transición de un grado a
otro es casi imperceptible, ese precio se evade fácilmente. 677 En
el caso de toda empresa realizada [pág. 335]por muchos en común, donde no
es posible la competencia, es necesario suplir el defecto por medios similares
al establecimiento de precios fijos; como en el caso del gobierno, mediante
honorarios por servicios gubernamentales y la cooperación de una cámara de
diputados en la imposición de impuestos y la determinación de los salarios
oficiales, etc. 678
Sección CXV.
Influencia
de la creciente civilización en los precios.
En
general, los precios se vuelven cada vez más regulares a medida que avanza la
civilización económica nacional. El progreso de la civilización tiende a
acercar a las partes involucradas en la lucha por los precios, es decir,
compradores y vendedores, en la medida en que disminuye uniformemente el coste
de producción y aumenta la capacidad de pago del comprador. 679 (Véase
§ 101 ).
La división más universal del trabajo hace que el intercambio comercial sea más
necesario para todos, al mismo tiempo que lo convierte en un hábito; y, por lo
tanto, el intercambio deja cada vez más de ser una cuestión de capricho o azar.
Los mejores medios de transporte y comunicación facilitan, en todos los
sentidos, el encuentro entre la oferta y la demanda. Con el avance de la
educación y la cultura general, el conocimiento de las mercancías también se
generaliza, y cada comprador está en mejor posición para estimar el coste de
producción que debe asumir el vendedor. Por lo tanto, los precios fraudulentos
y los precios fundados [pág. 336]Los errores se vuelven menos frecuentes;
y todo esto se ve favorecido por la mayor precisión de las pesas y medidas. El
aumento de la población intensifica la competencia en todas las ramas del
comercio, al tiempo que, con la mayor libertad de circulación, se eliminan
varias causas que antes producían precios muy altos en un lugar y muy bajos en
otro. 680 Pero,
sobre todo, el crecimiento de una clase distinta de comerciantes conduce a la
uniformidad de precios. Esta clase se ve incitada por su propio interés a
comprar a precios bajos y vender a precios altos. Así, su competencia en el
primer caso eleva los precios y los baja en el segundo. 681 En
todas las etapas inferiores de la civilización, la costumbre de hacer ofertas y
rebajar los precios desempeña un papel importante, mientras que donde la
cultura es más alta, el sistema de precios fijos (pero no por el gobierno) gana
terreno continuamente. Aquí se aplica el principio de Turgot: el precio actual
de un artículo se sobreentiende tácitamente cuando se pregunta a un comerciante
el precio de sus mercancías. 682
[pág.
337]
Esta
proposición es cierta tanto en el caso de individuos como de clases y naciones
enteras. 683 Es
evidente que bajo un sistema de precios fijos podemos descubrir con mayor
certeza cuál es el precio equitativo que en el calor del regateo, que además
consume mucho tiempo precioso. Por último, uno de los principales requisitos de
una escala de precios bien desarrollada es el honor nacional, y este, sin duda,
aumenta en las etapas superiores de la civilización, no solo por la mayor
cultura moral que... [pág. 338]Entonces prevalece, pero también, y
especialmente, porque se comprende mejor lo que constituye el interés real y
mejor de un pueblo. 684 Entre
las naciones en decadencia, muchos de estos desarrollos toman un camino
regresivo. La gran diferencia entre ricos y pobres, entre educados e incultos,
produce a su vez grandes fluctuaciones de precios. Un pueblo proletario que ha
caído tan bajo como para vivir de patatas sufrirá mucho más por las variaciones
de precio y de los medios de subsistencia que un pueblo que vive del trigo;
debido a la dificultad de exportar o conservar las patatas. 685 Tampoco
cabe duda de que la mayor constancia posible de precios es la condición más
beneficiosa para la economía general de un pueblo. Donde los precios cambian
mientras el costo de producción permanece constante. [pág. 339]Lo mismo,
una persona solo puede ganar lo que otra ha perdido. Pero tales ganancias y
pérdidas inmerecidas tienden invariablemente a destruir las raíces más
profundas de la actividad económica de un pueblo; y la especulación intencional
basada en tales cambios suele asumir un carácter inmoral. (Apuestas
bursátiles). 686 Incluso
si Macleod tuviera razón al afirmar que un aumento o una disminución de los
precios debe considerarse una advertencia de exceso, el primero de exceso de
consumo, el segundo de producción, nadie dudará de que es interés de todo
organismo limitar el dolor al mínimo posible, incluso si sus consecuencias son
tan beneficiosas para la preservación de todo el cuerpo.
[pág.
340]
Capítulo III.
El
dinero en general.
Sección CXVI.
Instrumento
de intercambio. Medida de valor. Trueque.
Dondequiera
que la división del trabajo esté muy desarrollada, la continuidad del trueque,
o el intercambio directo de un objeto de consumo por otro, presenta
dificultades casi insuperables. ¡Qué difícil sería siempre encontrar a la
persona que pudiera proporcionarnos precisamente lo que necesitamos y, al mismo
tiempo, necesitar aquello de lo que tenemos excedente! 687 Pero,
¡con cuánta menos frecuencia ocurriría que...! [pág. 341]La necesidad y el
excedente de otro corresponderían exactamente en cantidad; por ejemplo, un
fabricante de clavos, deseoso de intercambiarlos por una vaca, se encontraría
con un ganadero que necesitaría exactamente la misma cantidad de clavos que
vale una vaca. Aquí hay una dificultad principal: existen muchos bienes que no
pueden dividirse sin disminuir o incluso destruir su valor; y otros no pueden
almacenarse en cantidad sin convertirse en una carga muy pesada para su
propietario. ¡Qué útil sería, por lo tanto, que existiera un bien que fuera
aceptable para todos en todo momento, especialmente si, además, poseyera las
cualidades de durabilidad, capacidad de transporte, almacenamiento y conservación!
Cualquier persona que poseyera un suministro adecuado de este bien tendría la
seguridad de obtener todos los demás bienes intercambiables a través de él; y
todo vendedor estaría satisfecho de intercambiar lo que tuviera disponible por
este "bien universal". Si dos valores son iguales a un
tercero, son iguales entre sí. Por lo tanto, es sencillo utilizar este
producto, el más corriente de todos, con el que se comparan con mayor
frecuencia todos los demás, como medida de los valores relativos de todos los
demás productos intercambiables. Existe la necesidad de tal medida, y es
análoga a la necesidad que experimenta el matemático que tiene que sumar una
columna de fracciones y lo hace reduciéndolas primero a un denominador común.
( Storch. ) 688 Una
persona encargada de la tarea de evaluar [pág. 342]Si no tuviera una
medida similar, los valores de doscientos artículos diferentes le obligarían a
recargar su memoria con al menos 19.900 689 proporciones
diferentes. Con esto, solo necesitaría recordar 199.
A
una mercancía de este tipo, universalmente popular y que, por ello, se utiliza
como intermediaria en la realización de intercambios de la más variada
naturaleza, en la medición de todos los valores de cambio y como portador de
valor ( Werthträger )
en el tiempo y el espacio,
la llamamos dinero. ( Merce universale: Berri; produit préféré: Ganilh;
marchandise intermédiare; Bastiat. ) 692
[pág.
343]
Las
partes más ilustradas de cada comunidad empresarial comienzan gradualmente a
exigir el pago en el producto. [pág. 344]que tiene por el momento la mayor
capacidad de circulación. Si a esto se añade la sanción del gobierno, y si
la [pág. 345]El propio gobierno reconoce este mismo “bien
universal” como medio de pago de todas las deudas, o como “moneda de
curso legal”. [pág. 346]( potencia
liberadora ), cuando no se ha convenido expresamente
otra cosa, la «mercancía universal» en cuestión se convierte entonces
en dinero en el sentido más pleno de la idea que transmite la palabra. 693
[pág.
347]
Sección CXVII.
Efecto
de la introducción del dinero.
Con
la introducción del dinero, la mayoría de los intercambios se dividen en dos
mitades: compra y venta. 694 También
podemos decir con Schlözer que, por su medio, el intercambio, por primera vez,
se convierte en venta, y el valor oculto en el intercambio, en precio claro y
definido ( Permatio vicina emtioni ). Si no hubiera dinero, la
parte del intercambio, que ocupa la posición económica más ventajosa, tendría
una superioridad mucho mayor sobre la otra que la que tiene ahora. Muchos
compradores de pan, en particular, se morirían de hambre antes de poder acordar
con el vendedor la cantidad de pan que recibiría a cambio del producto del que
debía disponer. El productor de los medios de subsistencia tendría aquí una
ventaja extrema, ya que la urgente necesidad del intercambio para una parte, y
la capacidad de la otra para posponerlo, harían de la determinación del precio
un asunto completamente arbitrario. 695 Por
lo tanto, el desarrollo del dinero como instrumento de comercio se mantiene a
la par con el desarrollo de la libertad individual. El pago del salario en
dinero hace al trabajador más responsable de su agricultura, etc., pero al
mismo tiempo, más libre que el pago en productos. Ahora, además, se hace
posible una mayor división del trabajo; pues cuanto más fácil sea obtener todo
lo demás con dinero, más fácil será para cada persona dedicarse exclusivamente
a una rama de negocio. 696 Sin
dinero, además, solo listo [pág. 348]Las mercancías podían intercambiarse
entre sí. Solo cuando el dinero se convirtió en el instrumento de comercio, fue
posible separar los ingresos netos de los brutos y, por lo tanto, administrar
adecuadamente los ingresos ( Schäffle ). Ahora, también, se
vuelve realmente remunerativo producir más de lo que uno necesita para su
propio uso y ahorrar. Sin dinero, el propietario de cualquier tipo de capital,
que no pudiera emplearlo él mismo, estaría obligado, si quisiera prestarlo, a
encontrar no solo a una persona que necesitara capital, sino a una que
necesitara precisamente el tipo de capital que él tenía. Por ejemplo, la
persona que tuviera un caballo de más se vería obligada a buscar a otra que lo
necesitara, etc. Y qué difícil sería determinar la cantidad de interés, si
tuviera que pagarse en productos o en especie, e incluso obtener un rendimiento
en productos o en especie del capital que se presumiblemente se había utilizado
( Storch ). Los bienes muebles o recursos solo pueden adquirir
importancia tras la introducción del dinero, ya que, antes de dicha
introducción, debido a su gran variedad 697 y
a su naturaleza perecedera, eran inmensamente inferiores a la propiedad
territorial. De ahí que el dinero, en la economía de una nación, sea lo que la
sangre es en la vida del animal. Es, por así decirlo, el depósito común en el
que se disuelve primero todo el alimento y mediante el cual, posteriormente,
los elementos de nutrición y conservación se distribuyen a los diversos
órganos 698. De
hecho, no existe ninguna máquina que tenga [pág. 349]Ahorró tanto trabajo
como dinero ( Lauderdale ). Es cierto que las sombras que la
riqueza suele proyectar, la extravagancia, la avaricia y la desigualdad de todo
tipo, pueden fácilmente alargarse y oscurecerse como consecuencia de la
introducción del dinero. 699 Pero
¿no podría el bisturí que, en manos del cirujano, tanto hace por la vida,
convertirse en un instrumento peligroso en manos de un niño? La invención del
dinero se ha comparado acertadamente con la invención de la escritura. 700 Sin
embargo, podemos llamar a la introducción del dinero como el medio universal de
intercambio (economía monetaria), 701 en
el que los bienes destinados al uso se intercambian por dinero 702 —en
lugar del trueque (economía de trueque), que es un sistema de economía pública
( Schäffle ), en una forma, todavía muy poco desarrollada,
siendo el hombre allí menos sociable. [pág. 350]con sus semejantes, uno de
los avances más grandes y benéficos jamás logrados por la raza humana. 703
[pág.
351]
Sección CXVIII.
Los
diferentes tipos de dinero.
Se
han utilizado como dinero, según las circunstancias, muy diversos tipos de
mercancías; pero, uniformemente, solo aquellas que poseen un valor económico
universalmente reconocido. 704 En
general, las personas en un nivel inferior de civilización suelen emplear,
principalmente, como instrumento de intercambio únicamente mercancías
ordinarias, destinadas a satisfacer una necesidad vulgar y urgente. A medida
que avanzan en la civilización, eligen, a cada paso, un objeto cada vez más
costoso para este propósito, 705 y
que satisface las necesidades más elevadas.
[pág.
352]
A.
Las razas de cazadores, al menos en los países no tropicales, suelen utilizar
las pieles como dinero, pues es el producto casi exclusivo de su trabajo, el
que puede conservarse durante un largo período de tiempo, el que constituye su
principal prenda de vestir y su principal exportación en las regiones más
desarrolladas. 706
B.
Las razas nómadas y las razas agrícolas de menor nivel, 707 pasan,
por una gradación natural, al uso del ganado como dinero; lo que supone ricos
pastos a disposición de todos. Si fuera de otra manera, habría muchos a quienes
se les pagaría. [pág. 353]de esta clase se habían formado, quienes no
sabrían qué hacer con el ganado que se les daba, debido a los gastos de su
mantenimiento. 708
[pág.
354]
Sección CXIX.
Los
metales como dinero.
C.
Que los metales se usaran como moneda mucho después que las mercancías
mencionadas, y los metales preciosos, a su vez, después que los metales no
preciosos, no puede en modo alguno demostrarse como una verdad universal. Más
bien, en algunos países el oro se obtiene con tan poca habilidad, y tanto el
oro como la plata satisfacen una necesidad tan viva
y generalizada, tan tempranamente sentida, que se los utiliza como instrumento
de intercambio desde tiempos muy remotos. En el
caso de razas aisladas, mucho depende de la naturaleza de los metales que la
constitución geológica del país les ha proporcionado. En general ,
sin embargo, la ley anterior prevalece aquí. Cuanto mayor sea el desarrollo de
un pueblo, [pág. 355]cuanto más frecuente sea la ocurrencia de grandes
pagos; y para efectuarlos, cuanto más costoso sea un metal, mejor, por
supuesto, está adaptado para efectuar tales pagos. Además, solo las naciones
ricas pueden poseer los metales costosos en una cantidad absolutamente
grande. 712 Entre
los judíos, el oro como dinero, data solo de la época de David. 713 Se
dice que el rey Fidón, de Argos, introdujo la moneda de plata en Grecia,
aproximadamente a mediados del siglo VIII antes de Cristo. El oro comenzó a
usarse en un período mucho posterior. 714 Los
romanos acuñaron moneda de plata, por primera vez, en 209 antes de Cristo, y,
en 207, las primeras monedas de oro. 715 Entre
las naciones modernas, Venecia (1285) y Florencia parecen haber sido las
primeras en haber acuñado oro en alguna cantidad. 716 Enrique
III de Inglaterra (ob. 1272), fue el primero en acuñar oro, pero con tan poco
éxito, que durante mucho tiempo después, Eduardo III. (ob. 1377) fue
considerado como el primer monarca inglés que acuñó oro. 717 Es
evidente lo poco que un pueblo bárbaro está en condiciones de utilizar un
material muy costoso como dinero. [pág. 356]Como lo demuestra el relato
que Tácito ofrece sobre los antiguos alemanes, quienes preferían la plata al
oro en el comercio. 718 Inglaterra
nos presenta un ejemplo del otro extremo. Desde 1816, la plata, en ese país, se
ha utilizado únicamente como medio de cambio, y la circulación del oro rige
casi todas las transacciones comerciales. 719
D.
Las costumbres locales de algunos países han elevado a muchos otros productos a
la categoría de instrumentos de intercambio, especialmente donde la población
es pobre y los metales que podrían utilizarse como dinero no han existido en
cantidades suficientes ni en la proporción necesaria. Sin embargo, la gente
siempre se ha limitado, en cuanto al material de su dinero, a productos
universalmente aceptables, tan uniformes como sea posible y corrientes como
artículos de exportación o importación. 720
[pág.
357]
Sección CXX.
Dinero—Los
metales preciosos.
Que
los metales preciosos son uniformemente preferidos en los mercados
altamente [pág. 358]las naciones cultivadas 721 como
instrumento de cambio, depende de la grandeza y uniformidad de su valor en el
cambio, pero especialmente de su durabilidad y flexibilidad en cuanto a la
forma.
Este
valor en el cambio es grande, porque su belleza, que consiste en su brillo y su
sonido sonoro, 722 les
da un gran valor en el uso; y porque, al mismo tiempo, su rareza en la
naturaleza hace que su suministro sea relativamente pequeño, 723 y
no susceptible de aumento a placer. 724 Como
contienen tanta [pág. 359]Un valor en un volumen tan pequeño los hace
fáciles de transportar de un lugar a otro con mínima dificultad, un asunto de
suma importancia en un instrumento de intercambio. 725 Por
lo tanto, es mucho más fácil mantener la demanda y la oferta al mismo nivel en
todo el mundo que la demanda y la oferta de la mayoría de los demás productos.
Y esto, sobre todo porque no existen diferentes tipos de oro y plata, sino solo
diferentes calidades de su pureza. 726 También
contribuye a la uniformidad de su valor en el intercambio el hecho de que se
destinan principalmente a satisfacer necesidades de lujo. Los productos más
indispensables están sujetos a las mayores variaciones. [pág. 360]En
cuanto al precio (véase § 103 ),
mientras que, en el caso de los metales preciosos, la diversidad de usos que
pueden dárseles contribuye en gran medida a que su valor como instrumentos de
intercambio sea más equitativo. Si la oferta es escasa, las vasijas de oro y
plata tienen menos demanda; una parte de las antiguas se funde, y viceversa .
En
cuanto a durabilidad, los metales preciosos superan a casi todos los demás
productos. No se ven afectados en absoluto por el aire ni el agua, y solo
pueden corroerse con muy pocos fluidos. El fuego puede, de hecho, cambiar su
forma, pero apenas en grado alguno el valor del oro, y el de la plata muy poco,
y solo cuando se somete a una ráfaga o corriente de aire muy potente. 727 728 Por
lo tanto, si bien al almacenarlos, prácticamente no sufren nada (un artículo
muy valioso es un artículo en el que se pueden depositar ahorros), su desgaste
por el uso puede reducirse considerablemente al mezclarlos con otros metales en
la proporción adecuada. 729 Esta
durabilidad contribuye en gran medida a mantener el precio de los metales
preciosos más uniforme. Para cuando la cosecha de trigo se cosecha
correctamente, la mayor parte del trigo previamente almacenado se consume, por
regla general; y, por lo tanto, el suministro de trigo depende casi por
completo de [pág. 361]El rendimiento de la última cosecha. Por otro lado,
es probable que existan hoy en circulación muchas monedas, cuya materia prima
se extrajo de las minas de oro de Tracia en la época del rey Felipe o de las
minas de plata de España durante el reinado de Aníbal. Comparadas con las
inconmensurables reservas de oro y plata que se han ido acumulando durante
miles de años, su nueva producción anual se pierde como una gota en un balde.
Por lo tanto, solo cuando el rendimiento de las minas se ha mantenido durante
mucho tiempo, o cuando es excesivamente alto o notablemente bajo, puede el
precio de sus productos variar significativamente. 730 Incluso
durante la revolución de precios, entre 1492 y 1560, la disminución anual de
sus precios fue de solo medio punto porcentual.
Su
gran flexibilidad de forma tiene también ventajas muy importantes para nuestro
propósito: primero, que pueden dividirse con mucha precisión en partes muy
pequeñas, y que el volumen de cada parte corresponde exactamente al valor de la
parte; 731 y
segundo, que toman una impresión a muy bajo costo, una impresión que es una
expresión autorizada y confiable de su peso y calidad, ahorrando así al público
comercial la peligrosa molestia de pesarlas y probarlas cada vez que se
usan. 732 733 734 El
estado, por regla general, asume este deber. [pág. 362](Acuñación.) Sin
embargo, cuando no se reconoce su autoridad, como suele suceder en el comercio
internacional, todavía hoy se utilizan lingotes de oro y plata, y, por lo
tanto, deben pesarse y probarse. 735 736
[pág.
363]
Sección CXXI.
Valor
de uso y valor de cambio de dinero.
El
valor original del uso de los metales preciosos, para satisfacer ciertas
necesidades de lujo de la manera más estética y sustancial, aún persiste; pero
con el avance de la civilización, el uso del oro y la plata para este propósito
se ha rezagado cada vez más respecto al uso más reciente de estos metales como
el mejor material para la moneda. Y dado que ahora los servicios que presta el
dinero pueden dividirse en dos clases: almacenamiento o conservación, y
transmisión (división, concentración) de valores, 737 el
primero siempre desempeña un papel más importante en las etapas iniciales del
desarrollo del comercio monetario; y el segundo, en las etapas posteriores del
mismo desarrollo. Podemos comparar mejor el dinero con las demás máquinas o
instrumentos del comercio. 738
Quien,
en tiempos de escasez de bienes, y especialmente de capital, se queja de falta
de dinero, comete el mismo error que si atribuyera la escasez o ausencia de
grano, cuando existe, a la escasez de carros para transportarlo, o a la
estrechez de los caminos rurales. La inferencia puede, de hecho, estar bien
fundada en ocasiones, pero ciertamente solo excepcionalmente; y, sin embargo,
generalmente es la primera que los políticos y económicos... [pág. 364]Los
charlatanes piensan en la práctica. 739 Como
todas las herramientas o instrumentos, el dinero forma parte del capital de un
individuo, de una nación o del mundo. Considerado desde el punto de vista de la
empresa o la economía privada, el dinero es capital circulante, pero desde el
punto de vista de la economía mundial, es capital fijo. 740
[pág.
365]
Sección CXXII.
Valor
a cambio de dinero.
Se
dice que el valor de cambio del dinero es alto cuando todos los demás bienes
valorados en dinero son baratos; y bajo en el caso contrario. Nos ocupamos aquí
de la aplicación de la más general de todas las leyes de precios; por lo tanto,
de la demanda y la oferta de dinero. Su demanda depende de las necesidades y
los medios de pago de sus compradores. Por lo tanto, si un país tiene poco
comercio, necesitará, por esta razón, pocos instrumentos de comercio, es decir,
poco dinero para efectuar intercambios. Si es pobre en otros bienes, obtendrá
poco dinero a cambio. En el primer aspecto, existe un principio benéfico de
igualación o compensación que disminuye las variaciones de precio del dinero,
independientemente de su tipo, ante la necesidad de usar más cuando el número
de transacciones comerciales se mantiene igual y el dinero se abarata, y menos
cuando se encarece. 741 La
oferta de dinero depende, a largo plazo, principalmente del coste de
producción. Pero como el coste de producción en diferentes minas es muy
diferente, el valor de cambio de los metales preciosos está determinado por el
coste de producirlos en las minas más pobres, que deben explotarse para
satisfacer la necesidad total de ellos. (Véase § 110. ) 742 Cuanto
más desfavorables sean las condiciones [pág. 366]Cuanto mayor sea su
producción, mayor será la cantidad de mercancías que debe entregarse por una
libra de oro, plata, etc.; para que los productores no se vean disuadidos de
proseguir con su trabajo. Los extremos del valor en el intercambio del dinero
dependen del uso al que se destina. Ese valor no puede superar el punto en que
las piezas de dinero individuales se vuelven incómodas debido a su pequeño
tamaño, ni caer por debajo del punto en que se produce un inconveniente similar
por su tamaño excesivo. En ambos casos, sería necesario recurrir a otros
instrumentos de intercambio.
Sección CXXIII.
La
cantidad de dinero que necesita una nación.
La
magnitud de la cantidad de dinero necesaria para la economía total de un estado
no siempre se puede determinar con exactitud, ni por la cantidad de recursos
nacionales ni por el número de la población. 743 Es
muy fácil refutar la opinión de que la cantidad total de dinero en efectivo en
un [pág. 367]país constituye un equivalente de la cantidad agregada de
todas las demás mercancías que se encuentran allí en cualquier momento, de tal
manera que los dos platillos de esta gran balanza ( Locke )
cuelgan siempre en un estado de equilibrio, y que un aumento de la cantidad de
dinero, permaneciendo igual la cantidad de todas las demás mercancías, debe ser
productivo de una disminución exactamente correspondiente en el valor de cada
pieza de dinero. 744 Piensa [pág.
368]¡Solo de la gran cantidad de mercancías que se obtienen y consumen sin
intercambio alguno! Más bien, la cantidad de dinero necesaria para mantener
inalterado el valor de cambio del dinero empleado en la economía pública de un pueblo, 745 depende
de la cooperación de las siguientes condiciones:
A. El
número y la extensión de las transacciones comerciales realizadas mediante
dinero ; 746 una
relación que, evidentemente, aumenta (véase § 56 y
ss.) con cada avance en la división del trabajo. De ahí que la transición de la
servidumbre y el trabajo a sueldo al trabajo libre, del trabajo doméstico al
jornalero y a destajo, del servicio militar feudal al de los ejércitos pagados
y permanentes, de los privilegios territoriales y las asignaciones sobre
productos, como el bombeo de incendios, etc., al pago de funcionarios en
dinero, de los derechos sobre productos a los impuestos en dinero y los
derechos de arrendamiento regulares, de las requisiciones a los préstamos de
dinero; en una palabra, de la economía de trueque ( Naturalwirthschaft )
de la Edad Media al comercio monetario en las etapas superiores de la
civilización, es decir, del
sistema «feudal» al «comercial» , debe, por sí misma,
aumentar la necesidad de dinero ( Geldbedarf )
de un pueblo.
B. La
rapidez de la circulación del dinero ; porque, en la mayoría de las
transacciones comerciales, un dólar que circula diez veces al año realmente
realiza el mismo servicio que diez dólares que van de mano en mano una vez al
año; así como el uso económico de un barco empleado en el transporte de
mercancías no depende solo de su comodidad, sino también de su rapidez. 747 El
uso económico del dinero no [pág. 369]no depende simplemente de su
cantidad. Dice Sismondi : “La cantidad del medio de
circulación en un estado debe ser igual a la suma de los pagos hechos en él en
un tiempo dado, dividida por la suma de las veces que el primero, en promedio,
ha cambiado de propietario dentro de ese tiempo”. 748 Bajo
circunstancias económicas dadas, la rapidez del medio de circulación no es,
tomado en general, de ninguna manera un asunto arbitrario. Ocurrirá muy
raramente que un hombre compre o consuma una mercancía para que otro no
necesite dinero. 749 Si
la mayor cantidad de personas que ganan dinero (y en naciones con una vida
económica saludable, esta cantidad siempre está compuesta por hombres conocidos
por la buena administración de sus propios asuntos) estuvieran inclinadas a
pagar el dinero que han ingresado, rápidamente, prevalecería una producción muy
activa en todas partes; y esto, a su vez, supone una libertad comercial general
y una gran seguridad jurídica. Cuanto menos se desarrollen estas condiciones,
más difícil se vuelve no solo invertir productivamente el dinero recibido hoy
mañana, sino que, con mayor urgencia, una adecuada previsión exige mantener un
fondo de reserva para tiempos de necesidad. (Véase § 43 ). 750 Incluso
en la misma época y entre las mismas personas, el dinero se mueve con mayor
lentitud bajo la influencia de épocas problemáticas y críticas; pues los
peligros de guerra y sedición, la inminente imposición de impuestos onerosos,
la sobreoferta comercial y los numerosos casos de quiebra, incitan a los
poseedores de dinero a aferrarse con ansiedad a su reserva actual. 751
En
países menos civilizados, la misma situación conduce [pág. 370]La gente
incluso a enterrar sus tesoros monetarios. En las grandes ciudades, la
circulación del dinero suele ser más rápida que en las zonas rurales; en un
país densamente poblado que en uno escasamente poblado; y en el comercio que en
la agricultura. 752 Toda
mejora en los medios de comunicación tiende a facilitarla. El rico posee, por
regla general, menos dinero, en términos relativos, que el pobre. Por lo tanto,
una distribución más equitativa de los recursos de una nación entre la
población aumentaría la cantidad de dinero necesaria. 753 Si
bien se calcula que la concentración temporal de la circulación en unos pocos
plazos de pago importantes provocará que una gran suma de dinero permanezca
inactiva en el intervalo, 754 su
concentración en el espacio en las grandes ciudades comerciales debe prescindir
de la necesidad de un gran número de instrumentos de cambio. En Inglaterra, es
costumbre que toda persona en situación de bienestar, en cuanto recibe dinero,
lo deposite en un banquero y realice todos sus pagos mediante cheques emitidos
por este último. En la actualidad, los londinenses utilizan el dinero en
efectivo únicamente para realizar pagos. [pág. 371]salarios, y en el
comercio entre comerciantes minoristas y consumidores. El banquero es allí el
cajero común de un gran número de particulares, y está en condiciones de
realizar sus pagos con una cantidad mucho menor de dinero, especialmente cuando
deben ser hechos por uno de sus depositantes a otro. 755 Esta "unión
de cajas de dinero" ( Kassenvereinigung )
se ha efectuado también a mayor escala; ya que los banqueros, en mayor o menor
número, suelen tener un banco como centro; y los bancos rurales, a su vez,
estar en relación constante con las grandes instituciones monetarias de
Londres, sujetas a una especie de supervisión general por parte del Banco de
Inglaterra. Estas grandes instituciones monetarias tienen, por así decirlo, un
punto de encuentro común en la Cámara de Compensación, donde la mayor parte de
sus pagos se realizan mediante una mera compensación de débitos y
créditos; 756 y
este banco es, por así decirlo, el cajero en jefe de la nación y está en
posesión de casi la totalidad de las reservas de efectivo del pueblo
inglés. 757
[pág.
372]
C. La
cantidad y rapidez de circulación de los representantes del dinero. Estos,
en la medida en que sean dignos del nombre que aquí se les da, dependen del
crédito de quienes los emiten; es decir, de la certeza de que, en el momento
fijado, serán rescatados en dinero. A esta categoría pertenecen el papel moneda
del Estado que no devenga intereses, y los pagarés del Tesoro del Estado que sí
los devengan, los billetes de banco, las letras de cambio, los pagarés, los
créditos contables de particulares, e incluso a veces los certificados de
depósito de mercancías en almacenes públicos. Se estima que, en la actualidad,
nueve décimas partes de todos los pagos realizados en Gran Bretaña se efectúan
sin la ayuda de dinero, ni siquiera de billetes de banco. 758 La
capacidad de una persona para realizar compras no depende simplemente de
la [pág. 373]La cantidad de dinero que posee, pero también a crédito.
Quien compra a crédito contribuye tanto al aumento del precio de las mercancías
como quien compra al contado; con la excepción, sin embargo, de que cuando el
primero finalmente no cumple su promesa de pago, el precio que ha fijado vuelve
a caer rápidamente. 759 Y,
de hecho, todas las diversas formas de crédito mencionadas anteriormente
coinciden esencialmente en esto, aunque difieran entre sí en cuanto a su costo
y rapidez de circulación.
Sección CXXIV.
La
cantidad de dinero que necesita una nación. (Continuación.)
De
las tres condiciones mencionadas, es evidente que la primera influye en la
cantidad de dinero necesario, en sentido opuesto a las otras dos. El curso
habitual del desarrollo es el siguiente: en un pueblo en desarrollo, el número
de transacciones monetarias aumenta al principio; posteriormente, cuando la
educación se ha generalizado y la gente se ha acostumbrado a dar y recibir
crédito, la circulación del dinero se acelera y se produce un aumento de sus
sustitutos. Por lo tanto, es perfectamente natural que la necesidad de dinero
de un pueblo cuya economía pública está solo a medias desarrollada, en
proporción al número de habitantes, sea mayor, no solo que la de un pueblo cuya
economía está totalmente subdesarrollada, sino también que la de un pueblo cuya
economía pública ha alcanzado la máxima perfección. 760 761
[pág.
374]
Sección CXXV.
Uniformidad
del valor en el intercambio de los metales preciosos.
Las
propiedades peculiares de los metales preciosos descritas anteriormente
(§ 120 )
explican de manera bastante satisfactoria por qué, al mismo tiempo [pág.
375]Tiempo, pero en diferentes países, tienen un valor de intercambio más
cercano al de cualquier otra mercancía. Como un fluido en tubos que se
comunican entre sí, los metales preciosos buscan el mismo nivel de valor en
todo el mundo. 762 Sin
embargo, no debe suponerse que todo aumento absoluto o relativo de la cantidad
de dinero en un país deba producir inmediatamente una disminución
correspondiente de su valor; y además, causar una exportación de dinero. 763 Si
el número de transacciones comerciales aumenta en la misma proporción que la
cantidad de dinero, su valor permanece completamente inalterado. 764 Lo
mismo ocurre cuando el aumento de la afluencia de dinero, en lugar de desbordar
los canales de circulación, solo aumenta el volumen en el [pág.
376]Depósitos de dinero contante. Mediante estas reservas de dinero contante,
una nación puede realizar pagos muy cuantiosos a otra sin alterar en lo más
mínimo la circulación ni, por lo tanto, el valor del dinero. 765 Si,
en efecto, tales pagos continuaran fluyendo en la misma dirección durante mucho
tiempo, sin duda influirían en la circulación y generarían una corriente en
sentido contrario.
Sin
embargo, puede ocurrir que el valor del dinero en distintos países sea
permanentemente diferente cuando existen dificultades duraderas que impiden la
estabilización de la corriente monetaria entrante o saliente. Así, los metales
preciosos mantienen un alto valor, especialmente en aquellos países que solo
pueden obtenerlos proporcionando mercancías de difícil transporte. Si, por
ejemplo, un inglés, ansioso por aprovechar el alto valor del dinero en
Polonia, [pág. 377]Si se importaran a Inglaterra artículos polacos, como
trigo, madera, lana, etc., estos llegarían a su destino con un precio muy
elevado debido al elevado coste del transporte. Que Polonia o Inglaterra tengan
que asumir este coste depende de las relaciones entre la oferta y la demanda.
Sin embargo, es cierto que la migración de dinero se dificulta enormemente,
incluso dentro de ciertas diferencias de valor, especialmente donde las vías de
comunicación son generalmente deficientes. Por lo tanto, cuantos menos países
suplan la escasez de productos de los distritos de metales preciosos, más deben
otras naciones obtener el dinero que necesitan solo de segunda y tercera mano;
mediante lo cual, naturalmente, el dinero mismo se encarece cada vez más. Ahora
bien, son, por regla general, las naciones en un nivel bajo de civilización las
que se dedican a la exportación de materias primas, y son las menos aptas para
participar directamente en el comercio. Por lo tanto, cuando no poseen minas de
oro o plata, el valor monetario suele ser mayor en ellas. sobre todo porque la
ausencia de seguridad jurídica y de protección que generalmente impera allí
hace que el valor en uso de los metales preciosos sea una cuestión de gran
urgencia para ellos. 766 767
Las
disposiciones legislativas o gubernamentales directas pueden operar en la misma
dirección; como, por ejemplo, las leyes de embargo japonesas que, no hace mucho
tiempo, limitaron todo el comercio exterior a dos [pág. 378]naciones
extranjeras. 768 Tengo
intención de tratar de la influencia de los impuestos sobre el valor del
dinero, en una futura obra que escribiré sobre la Economía Política del Estado.
Sección CXXVI.
Uniformidad
del valor de intercambio de los metales preciosos. (Continuación.)
La
mayoría de las naciones pueden satisfacer su necesidad de metales preciosos
solo a través del comercio exterior. Por lo tanto, consideran, muy
naturalmente, el costo de producción de los artículos de exportación mediante
cuyo intercambio obtienen los metales preciosos, ya sea directa o
indirectamente, como el costo de producción de estos mismos metales. Sin
embargo, la regla de que todas las mercancías con igual costo de producción
tienen igual valor en el intercambio solo es aplicable dentro de los límites
del mismo territorio económico (§ 107 ),
pues con frecuencia es físicamente imposible, y aún más difícil, por leyes,
costumbres y mentalidades, transferir factores de producción de un país a otro
simplemente por el mercado más ventajoso que encontrarían allí. Así, por
ejemplo, cuando Inglaterra intercambia sus productos de algodón y lana, e
instrumentos de acero por plata mexicana, el costo de producción de ambos
equivalentes puede ser muy diferente, y una de las partes en este comercio
puede obtener permanentemente una ganancia mayor que la otra. 769 Según
el § 101 ,
será más favorecida aquella parte en la que el deseo de conservar sus propias
mercancías esté más lejos de ser... [pág. 379]Superado por su deseo de
obtener la otra. Pero, en el fondo, la plata no es un artículo indispensable.
Especialmente en comunidades comerciales altamente civilizadas, es más fácil
obtener sustitutos, mientras que los principales artículos de exportación
ingleses son, en su mayoría, objetos para satisfacer necesidades bastante
urgentes, muy generales y de rápido crecimiento; y que, además, no son
difíciles de transportar. No sorprende, por lo tanto, que las mercancías
inglesas, en los países argentíferos, se vendan generalmente por encima del
precio medio entre el coste de producción inglés y el mexicano, por ejemplo, o
el coste de obtenerlas en otros lugares; y que la plata, en cambio, se venda en
Inglaterra por debajo del mismo precio. Pero esto reduce el precio de los
metales preciosos de este último país en general. Por lo tanto, un cambio en
los canales del comercio internacional, que en la mayoría de los países es la
única fuente de oro y plata, puede encarecer el precio de los metales preciosos
en un lugar y abaratarlo en otro, incluso cuando las condiciones de producción
de las minas permanecen inalteradas. 770 En
un país aislado, cualquier [pág. 380]Cualquier cantidad de oro y plata
bastaría, en última instancia, una vez que la gente se hubiera acostumbrado a
ella, para cubrir todas las necesidades de circulación. Pero, en el comercio
con el resto del mundo, la mayor cantidad y el menor precio de los metales
preciosos, es decir, de aquellos productos más corrientes y con mayor dinamismo
económico, deben, sin duda, ser de la mayor ventaja para un país; y esto
independientemente de que, en ciertas circunstancias, sean síntoma de una
economía pública especialmente desarrollada. Si suponemos dos naciones, A y B,
iguales en todos los demás aspectos, pero que A tiene el doble de dinero que B,
y que los precios son el doble de altos allí que en B; Sin embargo, con el mismo
esfuerzo o sacrificio, A podría recaudar el doble de impuestos que B. En caso
de una guerra entre ellos, A podría pagar en efectivo las necesidades de un
ejército que hubiera invadido B, con una cuarta parte del sacrificio que B
tendría que hacer para apoyar a su ejército en A, si invertimos el caso y
suponemos que B hubiera invadido A. 771
[pág.
381]
Capítulo IV.
Historia
de los precios.
Sección CXXVII.
Medida
de precios,—Medida constante.
Si
tuviéramos una medida de precios con la misma universalidad de aplicación e
inmutabilidad que la medida de longitud, determinada por cálculo astronómico,
no solo podríamos comprender con claridad todos los datos relativos al valor,
es decir, una parte importante de la ciencia histórica, sino que, además,
tendríamos un medio práctico para condicionar y fijar incluso las rentas
perpetuas, de tal manera que siempre otorgaran el mismo poder económico y
adquisitivo a quien las recibe. No es de extrañar, por tanto, que los
economistas políticos, desde la época de Petty, se hayan esforzado con celo por
encontrar una medida constante de precios. 772 Si
por esto entendemos una especie de bienes que siempre mantengan el mismo poder
de cambio, en comparación con todas las demás mercancías, [pág. 382]La
idea de una medida “constante” de precios es impensable. Tendríamos
que suponer aquí que ningún tipo de bien variara en precio; ya que, de lo
contrario, al menos en comparación con aquellos que variaban en precio, la
medida de precios sería en sí misma variable. 773 Pero
sí podemos buscar un tipo de bien tal que sus elementos inherentes y los
elementos peculiares a él, en lo que a él respecta, y que determinan el precio,
ejerzan la misma influencia uniforme en todo momento. Si existiera tal tipo de
bien, y su valor de cambio en comparación con otros tipos de bien variara,
tendríamos la certeza, al menos, de que la causa del cambio no residía en él,
sino en ellos; que no se había encarecido ni abaratado, sino
que ellos se habían encarecido o abaratado. Tal tipo de bien tendría estas dos
características: A. Una cantidad dada tendría, en todas las circunstancias, el
mismo valor de uso para el mismo número de personas. B. Se requeriría, en todas
las circunstancias, el mismo coste para producirlo, y, por tanto, la oferta podría
siempre ir exactamente al ritmo del número de quienes lo demandan. 774 De
esta manera, la oferta y la demanda de esta clase de bienes, haciendo
abstracción de la cantidad de contravalores, conservarían para siempre la misma
relación invariable.
Sección CXXVIII.
Valor
de cambio estimado en mano de obra.
Adam
Smith opina que los diferentes tipos de bienes, por muy alejados que puedan
estar entre sí, [pág. 383]El tiempo o el espacio tienen igual valor en el
intercambio cuando se puede comprar una cantidad igual de trabajo humano por
sus medios. Adopta, debido a las grandes diferencias en el trabajo, el trabajo
promedio del trabajador manual común. Una jornada de trabajo, y el sacrificio
de «descanso, libertad y felicidad» que conlleva, conllevan, en todas
las circunstancias, el mismo inconveniente (valor). Si en un momento dado el
trabajo de ese día se intercambia por más, y en otro por menos, de cualquier
tipo de bien, es solo porque el precio de este último ha subido o bajado. 775
Pero
podemos preguntarnos si el mismo sacrificio de la libertad supone una
dificultad tan grande para un ruso como para un beduino; o si el sacrificio de
una cantidad igual de descanso es tan duro para un habitante de Nueva
Inglaterra como para un turco, o tan difícil de soportar en un caluroso día de
julio como en el frío del invierno. Además, tenemos [pág. 384]Aquí se
trata principalmente sólo del valor de cambio; y ese valor en el caso del
trabajo de los jornaleros está sujeto a fluctuaciones muy grandes.
Los
elementos de los que dependen la demanda y la oferta de trabajo no son, en sí
mismos, invariables, ni sus variaciones suelen compensarse entre sí. En las
naciones progresistas, el valor en uso del trabajo de los jornaleros aumenta,
así como la capacidad de sus empleadores para pagarles; pero, al mismo tiempo,
por regla general, y al menos en términos relativos, la oferta de trabajo
disminuye debido al aumento del coste de producción de los trabajadores.
Precisamente lo contrario ocurre en las naciones en declive y en las
superpobladas. El trabajador se ve obligado a aceptar precios desorbitados por
su trabajo, y especialmente a aceptarlos durante un largo periodo. 776 Con
cuánta frecuencia ocurre que, aunque sea transitoriamente, cuando los salarios
bajan, el trabajo mejora, y viceversa . 777
La
escuela de Ricardo emplea, como medida del precio de diversas clases de bienes,
la cantidad de trabajo mediante el cual se producen los bienes mismos. 778 Es
evidente que la misma [pág. 385]La cantidad de trabajo común produce
resultados muy diferentes, según se realice bien o mal. Por lo tanto, Ricardo
debió usar la palabra «trabajo» en el sentido de trabajo idealmente adaptado a
su fin. Pero de esta manera sería imposible reducir todos los diferentes tipos
de trabajo a un denominador común. 779 Tampoco
podrían estimarse los efectos peculiares de la capitalización ni la influencia
de las limitaciones naturales o artificiales de la competencia en términos de
tal medida. (Véanse §§ 47 , 107 ,
189.) 780
Sección CXXIX.
Los
metales preciosos la mejor medida de los precios.
Es
tan imposible encontrar una medida constante de precios como lograr la
cuadratura del círculo. ( J.B. Say. ) Si las dos magnitudes a
comparar están separadas entre sí en el espacio, pero no en el tiempo, los
metales preciosos constituyen no solo la mejor medida de sus precios, sino
también una muy buena. Sin embargo, los metales preciosos están sujetos a
variaciones de precio muy sensibles y accidentales en largos períodos de
tiempo. Por lo tanto, si quisiéramos comparar sumas de dinero de diferentes épocas,
primero debemos elaborar una lista de precios actuales de todos los artículos
de comercio más importantes para el período en cuestión, y en las cantidades
que se necesitan en cada... [pág. 386]Vida cotidiana. Tendríamos que
calcular a continuación el promedio de estos precios medios y, así, determinar
el valor relativo de las cantidades a estimar. 781 Quien
limitara su comparación a unas pocas especies de mercancías, dice von Mangoldt,
perdería en exactitud lo que ganaría en comprensión.
En
cada una de estas listas, el salario diario ocuparía un lugar muy importante.
El deseo de influir en la vida y las acciones de otros hombres, y el deseo de
una distinción social relativamente mayor en comparación con la distinción
social de otros, es muy general; y casi ninguna prueba de que se haya logrado
es mejor que la posesión del poder de controlar un gran número de jornadas de
trabajo. El hombre que puede mantener a mil jornaleros es, sin duda, en un
sentido político-económico [pág. 387]En sentido figurado, un personaje
importante. Además, el nivel de los jornales tiene la influencia más directa en
el precio de muchos otros productos. 782
No
menos importante es el precio del trigo, o más bien del principal artículo de
alimentación del pueblo, por el momento, con el que están tan esencialmente
relacionados el precio de la materia prima del interior —en la medida en que
pueda producirse del mismo suelo alternativamente con el trigo— y, a largo
plazo, también los salarios del trabajo. 783 La
misma necesidad indispensable del trigo que hace que su precio fluctúe tanto de
un año a otro y de un mes a otro, promueve la uniformidad de su precio
medio, 784 cuando
se tienen en cuenta muchos años. 785 786 [pág.
388]( Malthus. ) Si, debido al gran progreso en la
agricultura, el costo de producción del trigo se redujera a la mitad, un gran
aumento demográfico no tardaría en producirse. Por otro lado, habría una
disminución demográfica si, debido a la destrucción de los sistemas
artificiales de riego u otras medidas que apuntaran a una civilización
regresiva, el costo de producción del trigo aumentara permanentemente.
Pero
incluso el precio promedio del trigo, durante una larga serie de años, no es
completamente invariable. El aumento del consumo obliga a la nación, en su
conjunto, a cubrir sus necesidades de trigo con fuentes menos fértiles, lo que
aumenta su precio en general. Es cierto que el progreso de la ciencia agrícola
y del comercio del trigo contrarresta esta tendencia, retrasa el aumento del
precio del trigo y puede, durante un tiempo, producir una tendencia opuesta.
También es cierto que la gente se ve inducida por sus intereses más generales y
vitales a aprovechar esta posibilidad. Pero a pesar de la frecuencia de las
excepciones, la regla se mantiene. 787 Si,
por lo tanto, quisiéramos fijar una anualidad perpetua que siempre valga la
pena [pág. 389]Si se calculara el mismo dinero que una cierta cantidad de
trigo había costado, en promedio, durante las tres décadas anteriores, el valor
de esta anualidad aumentaría, en general, con el avance de la
civilización. 788 Para
obtener algo que permaneciera igual, sería necesario combinar el trigo con al
menos un producto principal, cuyo precio base intrínseca se desarrollara
independientemente del precio del grano; pero que se pagara en dinero. Los
metales preciosos son, en muchos aspectos, tan diametralmente opuestos al trigo
en propiedades, por ejemplo, en su prescindibilidad, transportabilidad y
durabilidad, que estas dos clases de productos son las más adecuadas para
actuar como contrapesos mutuos. 789
Sección CXXX.
Historia
de los precios de las principales necesidades de la vida.
Cuanto
más avanza la civilización, más caros son todos aquellos bienes en cuya
producción interviene el factor naturaleza. [pág. 390]Los productos en los
que predomina el valor de cambio tienden a volverse más baratos; y, por otro
lado, todos aquellos en los que el trabajo y el capital desempeñan el papel
productivo principal. 790 Esto
se explica no solo por la capacidad casi ilimitada de aumentar el trabajo y el
capital, mientras que las fuerzas naturales que tienen valor de cambio son
susceptibles de aumentar en una medida tan pequeña; sino también, y
especialmente, porque las nuevas adiciones de trabajo y capital suelen producir
resultados relativamente menores en la producción de materias primas y
relativamente mayores en la industria y el comercio. (§ 33 ,
ss.). 791
Por
lo tanto, de las relaciones entre los precios de las diferentes clases de
mercancías, podemos extraer conclusiones importantes sobre el grado de
civilización alcanzado por un país. La ley anterior también explica el hecho de
que una nación joven, que no ha avanzado mucho en su desarrollo y en la que,
por supuesto, predomina la producción de materias primas, obtiene sus
necesidades comerciales y manufacturadas, preferentemente, de... [pág.
391]Precisamente las naciones extranjeras más civilizadas. Estas últimas están
en condiciones, y acostumbradas, a ofrecer la mayor cantidad y la mejor calidad
de artículos manufacturados por la cantidad requerida de materia prima; y, por
supuesto, viceversa . Por lo tanto, en este intercambio entre
naciones, confluyen la necesidad más urgente y la posibilidad más completa y
fácil de satisfacerla. 792 Solo
las metrópolis muy civilizadas pueden aferrarse a las posesiones coloniales en
nuestros días.
Sección CXXXI.
Historia
de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación)
A.
En el caso de una gran cantidad de materias primas, encontramos repetidamente
el siguiente curso de desarrollo. En las etapas inferiores de la civilización,
crecen por sí solas y en cantidades tales que una pequeña cantidad de trabajo,
y solo el trabajo de ocupación, es más que suficiente para satisfacer la
pequeña demanda. Aquí, como es natural, el precio de las materias primas es muy
bajo. Después de esto, aumenta con cada avance de la civilización, por dos
razones: primero, porque la demanda se hace cada vez mayor; y luego, porque las
fuentes de producción naturalmente libres, requeridas por otras necesidades,
ahora fluyen cada vez con menos abundancia. 793 Este
aumento de precio continúa hasta que se llega al punto en que se acostumbra, en
lugar de la mera ocupación de los dones gratuitos de la naturaleza, producir
los productos en cuestión mediante la mayor [pág. 392]El laborioso proceso
de producción propiamente dicho. De ahora en adelante, la búsqueda habitual de
precios estables exige que nuestra mercancía, como todas las demás que suponen
un sacrificio igual de los medios de producción, reclame un valor igual en el
intercambio. Si por alguna causa peculiar la producción de esta mercancía no es
posible, o si no puede aumentar considerablemente, su precio, que en esas
circunstancias estaría limitado únicamente por el poder adquisitivo del
comprador, podría alcanzar su máximo nivel de precios bajo el acicate de la
vanidad o del mero amor por la mercancía misma. Esto último es cierto
especialmente en el caso de la carne de venado; 794 lo
anterior, en el caso del ganado doméstico, 795 el
pescado de agua dulce, 796 y
la madera. 797 798
[pág.
393]
Sección CXXXII.
Historia
de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación)
B.
El aumento de los precios se observa primero en aquella clase de bienes en
cuestión que, debido a su pequeño volumen y [pág. 394]Su valor
comparativamente alto, y debido a su mayor capacidad para conservarse durante
más tiempo, son más adecuados para buscar un mercado más favorable. Esto se
aplica particularmente a las pieles, el vellón, el pelo, las plumas, [pág.
395]Dientes, cuernos, etc., de animales, con los cuales, en la cría de ganado,
etc., las personas en un nivel bajo de civilización son mucho más propensas a
especular que con su carne. Aquí se considera, y con razón, mucho más rentable
criar muchos animales mal cuidados que unos pocos bien cuidados; pues el
cuidado que se les brinda a los animales tiene, por regla general, mucha más
influencia en el propio cuerpo que en su pelaje. 799 En
la pesca, [pág. 396]caviar, vejigas de esturión, aceite y hueso de
ballena; 800 y
en la silvicultura, [pág. 397]La brea, el alquitrán, la potasa y, en
cierta medida, el material de construcción, etc., desempeñan el mismo
papel. 801
Por
el contrario, el precio de las porciones más difíciles de transportar, por su
volumen o por la dificultad de conservación, es el que sube más tarde. A esta
categoría pertenece la leche, cuya producción en estado fresco solo puede ser
objeto de especulación económica donde la civilización alcanza su máximo
apogeo, y especialmente en las proximidades de las grandes ciudades. 802 De
hecho, es posible, mediante su transformación en mantequilla o queso, conservar
la leche y hacerla apta para [pág. 398]Transporte. Pero para llevar a cabo
un negocio de este tipo con fines comerciales, se requieren un cuidado y una
limpieza que son características nacionales solo de un pueblo altamente
civilizado (§ 229), y la preparación de un queso de calidad superior, que
siempre es un proceso muy largo, está condicionada por el empleo de capital con
mucha anticipación a la obtención de un rendimiento, algo que ninguna nación
pobre está en condiciones de generar. 803 Las
vacas son principalmente animales productores de leche. 804 Por
lo tanto, su precio, por regla general, sube más tarde que el de los bueyes,
pero, en las etapas más avanzadas de la civilización, sube de forma mucho más
sorprendente. Algo análogo ocurre con los productos resultantes de lo que queda
tras la producción de otros bienes o mercancías. Mientras esto solo satisfaga
la demanda, el coste de producción de la primera mercancía es prácticamente
nulo, y por lo tanto su precio es muy bajo. Por esta razón, los cerdos son
relativamente baratos en dos períodos muy diferentes de la economía nacional de
un pueblo: en una etapa muy baja de civilización, cuando los bosques son
abundantes y los cerdos se engordan con bellotas y nueces de haya, y también
cuando pueden considerarse como un producto colateral de alguna gran industria,
como las destilerías y la producción lechera; y cuando son criados por una
población numerosa, especialmente rural, de pequeños medios y trabajadores,
para aprovechar, en el primer caso, los restos de la producción y, en el
segundo, del consumo. 805 Cuando
no se da ninguna de estas dos razones, [pág. 399]El precio de los cerdos
suele aumentar considerablemente con el avance de la civilización. 806 807 808 (Véase
Roscher, Nationalökonomik des Ackerbaues, §§ 177 y siguientes)
[pág.
400]
Sección CXXXIII.
Historia
de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación)
C.
Las materias primas que, desde el principio, se han obtenido mediante los
medios de producción propiamente dichos, mantienen una uniformidad de precio
mucho mayor. En las etapas más bajas de la civilización, nunca se encuentran en
exceso permanente; y a medida que la economía de un pueblo avanza, la creciente
escasez de fuerzas naturales puede verse más o menos compensada. [pág.
401]por el mayor abaratamiento del capital y la mano de obra. Esto es cierto,
especialmente en el caso del trigo. (Véase § 129 y
Roscher, Nationalökonomik des Ackerbaues, pág. 43.) 809
D.
También en el caso de las materias primas que son objeto de ocupación, y nunca
de producción real, como, por ejemplo, los minerales, una economía pública
progresiva, al alterar los diferentes elementos del precio en dirección
opuesta, puede mantener su precio en general inalterado. En este caso, sin
duda, el descubrimiento de nuevas y, sobre todo, ricas reservas naturales puede
ejercer una influencia incalculable; pero tales «accidentes» subyacen
a las leyes del desarrollo humano solo en la medida en que las épocas
intelectualmente más activas son también las más laboriosas y afortunadas en el
descubrimiento de sus recursos naturales. 810
[pág.
402]
Sección CXXXIV.
Historia
de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación)
E.
Los productos industriales se abaratan cada vez más a medida que avanza la
cultura económica; mientras que, por ejemplo, en Inglaterra, hacia finales de
la Edad Media, una sola camisa se consideraba lo suficientemente importante
como para ser con frecuencia objeto de legado testamentario. 811 Y,
de hecho, el precio de los productos industriales disminuye cuanto más
importante es el papel que desempeñan el capital y la división del trabajo en
su producción, en comparación con el de la materia prima. 812 [pág.
403]Por esta razón, en los últimos tiempos, las telas finas se han vuelto, en
términos relativos, mucho más baratas que las gruesas. 813 El
plomo, que durante la Edad Media en Inglaterra era mucho más barato que el
hierro, debido a la dificultad de extraer este último, se ha encarecido mucho
en nuestros días. 814 Por
el contrario, donde la materia prima desempeña el papel más importante en las
manufacturas, el precio del artículo manufacturado puede aumentar con el avance
de la civilización. Por lo tanto, los artículos de madera se consiguen a
precios más bajos en los países montañosos, donde la división del trabajo no es
muy extensa, pero donde la materia prima es barata. 815
[pág.
404]
F.
Pero el precio de las mercancías disminuye, especialmente en las etapas
superiores de la civilización, en la medida en que depende del comercio. 816 Aquí
el capital y el trabajo humano son casi exclusivamente eficaces, y las mejoras
modernas de la comunicación, la seguridad jurídica y la competencia son
especialmente notables. 817
G.
Dado que los servicios personales son, por regla general, realizados y
recibidos únicamente por individuos, el principio según el cual el trabajo en
general se abarata en las etapas superiores de la civilización no se aplica a
ellos en gran medida. 818 Sin
embargo, podemos afirmar que el avance de la civilización tiene, de forma
bastante universal, una doble influencia en el precio pagado por los servicios
personales. En primer lugar, la libertad de competencia, con la determinación
más precisa y equitativa del precio que produce (en contraposición a la
servidumbre, el privilegio y la costumbre), siempre tiende [pág. 405]Para
obtener la ventaja; y además, mediante la creciente combinación de trabajo y
uso (§§ 56 ,
ss. 207), se logra una gradación cada vez mejor y más definida entre los
servicios ordinarios y los de orden superior. Cuando estos últimos no pueden
aumentarse a placer, el precio pagado por ellos puede, a medida que aumenta la
riqueza de los consumidores, volverse, por motivos de vanidad o de costumbre
( Gebrauchsgründen ),
casi ilimitado. La bailarina, a quien Herodes (Marcos, 6, 23) prometió incluso
la mitad de su reino, es, tanto en sentido político-económico como moral, un
ejemplo aleccionador para las naciones demasiado refinadas. 819
Sección CXXXV.
Historia
de los valores de los metales preciosos.—En la Antigüedad y en la Edad Media.
Es
imposible escribir una historia real de los valores de los metales preciosos en
la época antigua y medieval: las fuentes de [pág. 406]La información es
muy escasa. Pero parece posible sugerir algunos fragmentos y algo del
desarrollo de esa historia, al menos en resumen .
Así,
por ejemplo, en los primeros tiempos de la historia antigua, el suministro de
metales preciosos provenientes de las minas se vio impedido de entrar en el
mercado por el sistema entonces imperante de acaparamiento de tesoros por parte
del Estado, los templos, etc., y posteriormente por las grandes reservas de
tesoros guardadas por particulares. 821 Las
revoluciones de precios en la antigüedad se produjeron con la misma frecuencia
por la repentina apertura de tales depósitos que por el descubrimiento de
fuentes más ricas. Así, por ejemplo, acontecimientos como la disipación de los
tesoros de Pericles, los subsidios de los reyes persas, el expolio de muchos
templos a consecuencia del declive de la religiosidad y la distribución de los
tesoros persas por Alejandro Magno, 822 tuvieron
una vasta influencia en el innegable aumento del precio de las mercancías
griegas en el siglo posterior a la Guerra del Peloponeso. 823 Posteriormente,
se dice que en Roma se duplicó el precio de las tierras. [pág. 407]Por la
afluencia del botín de guerra egipcio. 824 Es
una prueba notable del subdesarrollo del comercio en los primeros períodos de
la historia antigua que las perturbaciones de los precios fueran, al menos en
apariencia, tan completamente locales. Fenicia, Palestina, etc., debieron
experimentar, en la época de Salomón, una avalancha de metales preciosos,
mientras que Grecia, por ejemplo, fue entonces, y durante siglos después,
extremadamente pobre en ellos. 825 En
general, no cabe duda de que el valor de cambio de los metales preciosos estuvo
en continuo declive hasta la época de mayor auge de los emperadores
romanos. 826 Durante
la Edad Media, parece haber vuelto a ser mucho más alto; porque la gran pérdida
de tesoros causada por la migración de naciones, etc., el cese casi total de la
producción en las minas y la lentitud de la circulación monetaria jugaron un
papel mucho más importante que la disminución del comercio. 827 828
[pág.
408]
Sección CXXXVI.
Efecto
del descubrimiento de minas americanas, etc. sobre el valor de los metales
preciosos.
El
descubrimiento de América influyó en el mercado de los metales preciosos menos
por la riqueza peculiar de las minas en esa parte del mundo que por su casi
increíble número. 829 Sin
embargo, las fuentes de riqueza que los conquistadores descubrieron al
principio fueron muy sobreestimadas. 830 La
producción de las minas americanas adquirió gran importancia tras el
descubrimiento de Potosí, en 1545, al que pronto siguió la explotación de las
minas americanas en Guanajuato (1558). [pág. 409]Coincidiendo con esto se
produjo la extraordinaria “casualidad” de la invención de Medina, en
1557; mediante la cual, se hizo posible separar la plata de los elementos
extraños mediante el proceso frío de amalgamación, en lugar de fundirla como se
había hecho hasta entonces; una invención aún más importante en América, por la
razón de que en ese país, donde hay tanto mineral rico, apenas hay combustible,
en el vecindario 831 de
donde se encuentra. Durante los primeros cien años, las minas de Perú ocuparon
el lugar más prominente; mientras que después fueron completamente eclipsadas
por las mexicanas. 832 Según
Humboldt, 833 la
exportación anual de oro y plata de América a Europa, entre 1492 y 1500,
ascendió a 250,000 piastras; entre 1500 y 1545, a 3,000,000; 834 desde
entonces hasta 1600, a 11.000.000; en el siglo XVII, a unos 16.000.000; durante
la primera mitad del siglo XVIII, a 22.500.000; durante la segunda mitad, a
35.300.000.
La
producción de oro en Brasil comenzó a ser importante a principios del siglo
XVIII, con la explotación de las minas de plata mexicanas de Valencia,
Vizcaína, etc., desde mediados del mismo siglo. A principios del siglo XIX,
México producía anualmente 537.512 kilogramos
de plata y 1.609 kilogramos de oro; Perú, 140.078 y 782 kilogramos de plata y
oro, respectivamente; Buenos Aires, 110.764 y 506 kilogramos; Chile, 6.827 y
2.807 kilogramos; Nueva Granada, 4.714 kilogramos de oro; Brasil, 3.700
kilogramos de [pág. 410]oro; toda América en conjunto, 795.581 kilogramos
de plata y 14.018 kilogramos de oro, con un valor aproximado de 60.750.000
táleros. 836 Durante
las sublevaciones entre 1810 y 1825, que separaron a Hispanoamérica de la
metrópoli, la producción de las minas disminuyó tan sorprendentemente como
había aumentado en la generación anterior debido a la mayor liberalidad de la
política colonial española. 837 Desde
entonces, se ha observado un cierto aumento, que, sin embargo, inmediatamente
antes del descubrimiento de las minas de oro de California no había alcanzado
de ninguna manera el nivel alcanzado en 1808, sino solo una producción anual de
701.570 kilogramos de plata y 15.215 kilogramos de oro, con un valor agregado
de más de 56.000.000 de táleros. 838
En
Europa, también, la obtención de metales preciosos durante los siglos XV y XVI
experimentó un gran auge, especialmente en Alemania; 839 pero,
por otro lado, las minas de oro y plata españolas fueron clausuradas en 1535
por una ley. En el siglo XVII, hubo otra pausa, seguida, a finales del XVIII,
por un segundo período de actividad que aún no ha concluido. El gran desarrollo
de la producción de oro en las minas de los Urales desde 1819, y en las minas
de Altái desde 1829, 840 el
resurgimiento de la producción de plata en la antigua España... [pág.
411]Las minas desde 1835, 841 y
el descubrimiento de Pattinson, mediante el cual se pueden refinar los
minerales de plomo más pobres que contienen plata, son aquí de gran
importancia. 842 Poco
antes de 1848, se estimaba que todas las minas del viejo mundo producían
anualmente unos 274.000 kilogramos de plata y 56.000 kilogramos de oro, con un
valor agregado de más de 69.000.000 de táleros. 843 844
Sección CXXXVII.
Revolución
de los precios al comienzo de la historia moderna.
El
mero descubrimiento de minas nuevas y más ricas no tiene por qué reducir, por
sí solo, el precio de los metales preciosos. Su precio depende de su coste de
producción; y puede aumentar considerablemente, incluso en las condiciones
naturales más favorables, debido a la falta de habilidad del trabajo y al coste
de los medios de producción. [pág. 412]subsistencia, de maquinaria y de
sustancias auxiliares, por la inseguridad de la propiedad o de la persona; por
la guerra, impuestos opresivos 845 etc.
Las nuevas minas pueden producir una disminución en el precio de los metales
preciosos solo en la medida en que, por la misma cantidad de capital y trabajo
gastados, produzcan, a pesar de todas esas deducciones, un resultado
mayor. 846
Opino
que el precio del dinero metálico, desde el descubrimiento de América, ha
disminuido hasta el momento actual en una proporción de tres a cuatro a
uno. 847 Los
precios del trigo en Francia, [pág. 413]de 1800 a 1850, fueron
aproximadamente siete veces mayores que en la segunda mitad del siglo XV; y en
Inglaterra aproximadamente seis veces mayores. Pero, no debe pasarse por alto
aquí, cómo el trigo puede haberse encarecido en sí mismo ( an
sich ) y cómo el oro disminuyó considerablemente
menos que la plata. Es cierto que este declive de los metales preciosos no fue
completamente constante. Nos encontramos a principios de la era moderna con una
verdadera revolución en los precios. Los precios del centeno, en la Baja
Sajonia, de 1525 a 1550, fueron el doble de altos que de 1475 a 1500. Según
Garnier, los precios franceses del trigo, de 1450 a 1500, fueron, en promedio,
408 francos de la época actual por setier ; de 1501 a 1520, 5
francos; de 1522 a 1540, 11,26 francos; De 1541 a 1560, 11,69 francos; de 1561
a 1580, 21,33 francos; de 1581 a 1600, 32,51 francos; durante la primera mitad
del siglo XVII, 22,77 francos; en la segunda mitad, 26,83 francos; de 1701 a
1750, 19,64 francos. De igual manera, en Inglaterra, donde el trigo costó, de
1560 a 1600, 2,64 veces más que de 1450 a 1500. 848
[pág.
414]
Ahora
bien, el aumento de la producción minera no puede ser la única causa de esta
gran perturbación de los precios. Comenzó, en la mayoría de los países, en un
momento en que los suministros provenientes de América eran aún demasiado
escasos como para explicar tal efecto. Una de las principales causas del
fenómeno fue que, precisamente en este período, se produjo en muchas naciones
una transición de una circulación monetaria lenta, aún más lenta por la
costumbre generalizada de acumular tesoros, a una circulación rápida, acelerada
aún más por el uso de todo tipo de sustitutos del dinero. (§ 123 ). 849 En
el fruto más temprano de la civilización europea (Italia), esta transición se
había consumado hacía tiempo; y, por ello, el valor de cambio de los metales
preciosos fue allí, durante mucho tiempo, comparativamente bajo. 850
A
partir del segundo tercio del siglo XVII, el valor del medio de circulación
parece, en general, haber permanecido estacionario. 851 Tooke
intenta demostrar la estabilidad [pág. 415]La disminución del valor del
dinero hasta finales del siglo XVIII se debe al aumento de los salarios
laborales durante esa época; pero yo prefiero relacionar este último fenómeno
con la elevación simultánea de las clases dedicadas al trabajo manual. Así,
Adam Smith infiere un aumento del precio del dinero después de principios del
siglo XVIII a partir de los precios del trigo; 852 pero
sería mejor considerar la causa de esto como la serie inusualmente larga de
buenas cosechas. 853 Una
serie igualmente inusualmente larga de malas cosechas, durante la segunda mitad
del siglo, explica satisfactoriamente el aumento simultáneo de los precios
medios del maíz. La Gran Guerra que duró de 1793 a 1815, también, según una
opinión muy extendida, debió causar la disminución del valor del dinero; un
hecho que generalmente se atribuye al aumento del papel moneda en tantos
estados.
Toda
gran guerra puede fácilmente tener como efecto ralentizar la circulación del
dinero, promover el acaparamiento e incluso el enterramiento de tesoros para
tiempos difíciles, y paralizar el crédito y su capacidad para sustituir al
dinero. Por lo tanto, parece preferible buscar la causa de las variaciones de
precio durante la gran guerra en las propias mercancías cuyo precio se vio
afectado, ya que su producción debe [pág. 416]Se han visto enormemente
perturbados. Hizo improductivos a los hombres más fornidos y a los caballos más
poderosos, e incluso los empleó como agentes de destrucción. Interrumpió el
comercio de mil maneras, o lo impulsó por cauces antinaturales, y desvió los
intereses intelectuales de las naciones hacia todas las direcciones, salvo hacia
la industria económica. A esto hay que añadir la falta de seguridad en todas
partes. 854
El
cese de estas restricciones a la producción, como consecuencia de la
restauración de la paz en todo el mundo y el gran progreso logrado
posteriormente en casi todas las ramas de la industria, explica por qué, desde
1818 a 1848, los metales preciosos aparentemente se mantuvieron más altos que
durante el período inmediatamente anterior. 855 856
Sección CXXXVIII.
Revolución
en los precios.—Influencia del uso no monetario del oro y la plata.
Para
comprender por qué un aumento tan grande en la producción de metales preciosos
produjo una disminución tan pequeña de su valor de cambio, debemos centrar
nuestra atención en los otros usos del oro y la plata. La cantidad dedicada a
estos usos nunca puede determinarse con mucha precisión, ya que [pág.
417]El sello gubernamental de cada nuevo artículo de oro o plata no
proporcionaría evidencia alguna sobre la cantidad de tales artículos fabricados
a partir de artículos viejos, etc. 857 Sin
embargo, es cierto que la cantidad total de oro y plata empleada de esta manera
aumenta con el aumento del lujo y la riqueza entre las naciones modernas, y que
una cantidad de los metales preciosos así utilizados, especialmente cuando se
usan para dorar, por ejemplo, se pierde irreparablemente. 858 Además
de esto, existe el desgaste y [pág. 418]El desgarro de las monedas en
circulación, que naturalmente es mayor en el caso de las piezas grandes que en
las pequeñas, y, por lo tanto, en el caso de la plata que en el del oro.
Además, existe el daño causado por la pérdida de monedas en conflagraciones y
naufragios, y el ocasionado por tesoros enterrados y olvidados. 859
Pero,
finalmente, la causa principal consiste en el poderoso aumento de la demanda de
dinero, que, durante los dos últimos siglos, el gran impulso dado a la rapidez
de la circulación y el gran aumento de los sustitutos del dinero apenas han
podido contrarrestar. Además del gran crecimiento [pág. 419]De población y
de riqueza, al menos en Europa y el nuevo mundo, solo necesito llamar la
atención sobre el inmenso avance logrado en la división del trabajo y la
transición del comercio por trueque al comercio a través de la instrumentalidad
del dinero. Toda la marina mercante y de guerra de Inglaterra, alrededor de
1602, tenía, según Anderson, una capacidad de solo 45.000 toneladas, es decir,
ni una quinta parte de lo que tiene ahora la pequeña ciudad de Bremen; una
capacidad que al cierre del año 1873 ascendía a 237.206 toneladas, mientras que
en 1872 solo su marina mercante tenía una capacidad de 7.213.000 toneladas. El
comercio exterior agregado de Inglaterra, Francia, Rusia y Estados Unidos, en
1750, ascendió a unos 260.000.000 de táleros; En 1864, superó los
5.400.000.000, y entre 1871 y 1872, en un año, superó los 9.000.000.000 de
táleros. Tampoco debe olvidarse que el comercio de Europa con Oriente, desde
principios del siglo XVI, aumentó enormemente. Esto, en la actualidad, produce
uniformemente un saldo muy desfavorable para Europa, que solo puede
compensarse con grandes envíos de plata al extranjero. 860 Si
China e India de repente... [pág. 420]Si recurriéramos a otros productos
en lugar de oro y plata, el resultado sería una gran revolución en los precios
en Europa.
Sección CXXXIX.
Historia
de los precios.—Descubrimientos de California y Australia.
Tengoborski
opina que el flujo de oro proveniente de Siberia por sí solo habría sido
absorbido por la creciente necesidad de dinero de las naciones civilizadas;
pero que los descubrimientos simultáneos en California y Australia, en
septiembre de 1847 y febrero de 1851, tarde o temprano provocarían una
revolución en los precios. Y, de hecho, la fecundidad de estos países no tiene
parangón. América del Norte, que en 1846 produjo sólo 3.600 libras de oro,
según Sœtbeer, produjo en los años de 1849 a 1863, respectivamente, 118.000,
148.000, 178.000, 195.000, 180.000, 165.000, 165.000, 165.000, 160.000,
145.000, 125.000, 120.000, 115.000 y 110.000. Austria produjo en los años de
1851 a 1863, respectivamente, 27.000, 196.000, 250.000, 160.000, 170.000,
195.000, 180.000, 175.000, 160.000, 150.000, 160.000, 160.000, 170.000 libras
de oro.
De
1864 a 1867, la producción total mundial de oro fue, según la última autoridad
mencionada, de un promedio anual de 188,4 millones de táleros, y de plata, de
94,8 millones. En Europa, sin incluir Rusia, la producción fue, en
1863, [pág. 421]3960 libras de oro y 405 000 libras de plata; en el
Imperio ruso, 46 500 libras de oro y 40 000 libras de plata; en
México, 12 000 libras de oro y 1 250 000 libras de plata; en
América del Sur y Central, 12 500 libras de oro y 520 000 libras de
plata; en África, India y Asia Menor, 30 000 libras de oro y 40 000
libras de plata, un total de 384 000 libras de oro y 2 905 000
libras de plata. FX Neumann 861 862 estima
que el mundo entero produjo, en los años [pág. 422]1868-1870, anualmente,
192,8 millones de táleros de oro y 94 millones de táleros de plata; y en 1873,
de ambos metales, 291 millones de táleros.
La
pregunta de si en esta segunda mitad del siglo XIX tendremos una revolución de
precios similar a la del siglo XVI solo puede responderse hipotéticamente. Las
excavaciones de oro más productivas en la actualidad probablemente se agotarán
pronto, como podemos juzgar por casos análogos del pasado. 863 Pero
es muy posible que, por [pág. 423]Tras una larga serie de años, se
descubrirán otras excavaciones igualmente ricas. Es casi seguro que la
incansable actividad de ingleses y norteamericanos no cesará hasta agotar los
favores de la naturaleza. 864 Toda
mejora en la agricultura, en las vías de comunicación y en la seguridad pública
de las tierras auríferas reduce el coste de producción. Sin duda, en otros
países existen numerosos placeres que bastan con el toque de
la civilización europea para producir oro en abundancia. 865 Sería,
de hecho, necesario que esta misma civilización convirtiera a estos mismos
países en mejores mercados para los metales preciosos, aumentando su demanda.
[pág.
424]
En
lo que respecta a la plata, no cabe duda de que América posee minas ilimitadas
en extensión y, hasta ahora, casi vírgenes. «Llegará el día», dice
Duport, 866, «un
siglo antes o después, en que la producción de plata no tendrá otros límites
que los que le impone la continua disminución de su precio». Parece,
además, que no falta mercurio, especialmente en California; y el coste de su
producción hasta la fecha puede reducirse considerablemente gracias a la mano
de obra cualificada, máquinas y medios de transporte. 867 Todo
esto supone un gran progreso de los países mineros en la civilización en
general; y, sin embargo, hasta ahora, la independencia republicana de México,
etc., en comparación con los últimos años del sistema colonial español en ese
país, supone un gran retroceso. La conquista de Hispanoamérica por Estados
Unidos daría un gran impulso a la mejora económica; y aquí, [pág.
425]Además, el aumento de la producción iría acompañado de un aumento de la
demanda.
Pero,
sobre todo, la demanda de metales preciosos, que naturalmente aumenta con la
riqueza, el comercio y el lujo de las naciones, debe constituir un elemento
decisivo para responder a nuestra pregunta. Nada, por ejemplo, si se avecinara
una reducción de precios, la promovería tanto como una serie de guerras o
revoluciones devastadoras en Europa. Además, no debe olvidarse que el mercado
monetario es ahora casi comparable al mundial y pronto lo abarcará; y ese
mercado abarca no solo los metales preciosos, sino también los innumerables
representantes del dinero y los medios de crédito. Por lo tanto, la cuenca a la
que tributan las corrientes de oro y plata del mundo es inconmensurablemente
mayor que en el siglo XVI; su nivel no puede modificarse con la misma
facilidad, y una adición igual cada año a su contenido anterior solo puede
aumentarlo ligeramente. 868 Tampoco
podría producirse fácilmente una disminución considerable del valor de los
metales preciosos sin ralentizar la circulación del dinero y reducir
relativamente la frecuencia del uso de medios de crédito, lo que, en
consecuencia, frenaría en cierta medida la caída posterior. 869 En
el caso de otras mercancías, una baja de precios probablemente solo conduce a
una demanda absolutamente mayor; en el caso del dinero, conduce a una demanda
necesariamente mayor. Que el mercado monetario actual puede soportar fuertes
sacudidas es evidente, entre otros factores, por el alto precio del oro en
comparación con el de la plata. 870 871
[pág.
426]
Sección CXL.
Revolución
en los precios.—Su influencia sobre los recursos nacionales.
Las
consecuencias ulteriores de una revolución de precios de este tipo
contribuirían a la riqueza real de un pueblo sólo en el sentido de que
colocarían a ese pueblo en condiciones de emplear, con menos sacrificios, los
metales preciosos en gran escala para ministrar [pág. 427]a los lujos de
la vida. Esta pequeña ventaja se vería contrarrestada por la depreciación de
las reservas metálicas, y especialmente por la necesidad de dedicar de ahí en
adelante una mayor cantidad de oro y plata a la circulación. 872 Pero
tal revolución produciría un revés repentino en la distribución de la riqueza
de una nación entre sus miembros constituyentes. Todos aquellos que, en virtud
de contratos previamente celebrados, tienen pagos pendientes, se benefician en
la medida de la diferencia entre el precio anterior y el real, mientras que
quienes deben recibir dichos pagos pierden en la misma medida. 873 Por
lo tanto, quienes trabajan en empresas industriales mejoran su situación,
porque inmediatamente aumentan los precios . 874[pág.
428] de sus propias producciones; y, al menos durante un tiempo, continuar
utilizando capital tomado prestado de otros, tierras arrendadas o alquiladas,
etc., a los precios antiguos. 875
Además,
al principio, y antes de que se produzca una depreciación correspondiente de su
valor, un aumento del dinero produce, por regla general, una baja tasa de
interés (§ 185) y un deseo de comprar por parte del público. Todo esto puede
servir como un poderoso estímulo para la producción a gran escala. 876 Quienes
con mayor probabilidad sufrirán pérdidas son los funcionarios 877 con
salario fijo y los llamados rentistas, acreedores de la nación y de
particulares. Incluso los banqueros no tienen medios para fijar el valor de sus
mercancías, que ven desaparecer, por así decirlo, ante sus propios ojos. 878 De
los terratenientes, aquellos que están endeudados se benefician, especialmente
los más pobres y los más especulativos. 879 En
cuanto a [pág. 429]Por otra parte, los propietarios de grandes propiedades
que han enajenado sus derechos de diezmo o de servicio vasallo, etc., a cambio
de capital o de sumas fijas que deben pagarse a intervalos regulares, es decir,
en muchos lugares la gran masa de la nobleza, sufren una caída social nada
insignificante.
La
condición de quienes se ganaban la vida con el trabajo manual sin duda se
deterioró en el siglo XVI, como puede inferirse de la extraordinaria actividad
de caridad pública en ese período.
Entre
1500 y 1550, la plata compraba en Orleans de 4,1 a 4,5 veces más trabajo común
que ahora, mientras que la plata, comparada con el precio promedio de
veintisiete mercancías, se ha abaratado en una proporción de solo 2,6 a 2,7:1.
( Mantellier ). A esta clase le era imposible aumentar el
precio de sus mercancías tan rápidamente como bajaba el del medio de
circulación, porque no podían esperar ni retener su mercancía ni un instante.
(§ 164). 880 Esto
sería, de hecho, muy diferente en nuestros días. Los salarios, debido a las
facilidades, tanto físicas como morales, que se han puesto en todas partes en
el camino de la emigración, fueron necesariamente uno de estos artículos cuyo
precio subió más rápido, en comparación con el dinero. 881 Por
último, el propio Estado se beneficia de la disminución [pág. 430]Valor de
la cosa, es decir, el valor real de su deuda pública; 882 pero,
al mismo tiempo, pierde en todos los impuestos, derechos, etc., que no se
estiman en un porcentaje determinado del valor de los artículos gravados. 883 Por
lo tanto, como regla general, necesitaría imponer nuevos impuestos. Ahora bien,
el derecho parlamentario a imponer impuestos, por muy amplio que sea
jurídicamente, suele ser de gran importancia en la práctica solo cuando se
trata de aumentar la carga existente. Por lo tanto, este derecho, dondequiera
que exista, alcanza su máxima actividad con una revolución en los
precios. 884 885
Sin
embargo, las nuevas incorporaciones de oro y plata a la oferta ya existente
pueden no producir inmediatamente una depreciación correspondiente del valor de
los metales preciosos. Si los primeros receptores de la oferta adicional de
dinero la cambian rápidamente por otros bienes, probablemente les reportará el
valor anterior a cambio del metal. La depreciación no suele ser perceptible
hasta que pasa a manos de una tercera o cuarta persona. Por lo tanto, en este
caso, es una gran ventaja ser el primero en poseerla. El poder amenazante
mundial de España, en el siglo XVII, fue impulsado esencialmente por las minas
de oro y plata americanas; 886 y
no es un asunto menos [pág. 431]Hoy en día, es de gran importancia que la
mayor riqueza mineral del mundo pertenezca a Siberia, California y Australia;
es decir, especialmente a Rusia y a los países colonizados por Gran Bretaña.
Además, en cuanto a las clases sociales en las que se divide una nación, solo
la corona, la Iglesia y un número comparativamente pequeño de funcionarios,
soldados y oficiales controlaban la América española; ¿ y
quién puede decir cómo este hecho fortaleció a la monarquía absoluta de España?
En el siglo XVII, en cambio, fueron principalmente los fabricantes y
comerciantes, y más especialmente aún, los obreros, quienes se beneficiaron de
los nuevos descubrimientos de oro.
Sección CXLI.
Efecto
de un aumento del precio de los metales preciosos.
Una
gran mejora en el precio de los metales preciosos produciría, natural y
necesariamente, una revolución de precios en dirección opuesta a
la descrita, mucho más perjudicial para la economía nacional. Dicha revolución
afectaría con mayor fuerza a las clases más sensibles y, en el momento, más
productivas, dado que el precio del producto terminado disminuiría en
comparación con los avances realizados para la producción; y beneficiaría a
quienes viven ociosamente del fruto de su trabajo. Simultáneamente, se
produciría un crecimiento perceptible del consumo en ciertos sectores, útiles,
sin duda, en sí mismos, pero propensos a degenerar en exceso, y que, por lo
tanto, son más fáciles de atender. (§ 212, ss.) [pág. 432]En este sentido,
los descubrimientos de oro del siglo XIX, sin los cuales sin duda se habría
producido un aumento del precio del dinero, han evitado una grave crisis
económica en las naciones. Además, esta revolución inversa de los precios puede
moderarse mediante medidas gubernamentales, como la reducción de impuestos, la
emisión de papel moneda, etc.
Sección CXLII.
El
precio del oro comparado con el de la plata.
El
precio del oro, comparado con el de la plata, no depende, en absoluto,
enteramente de la proporción entre las cantidades de ambos. Más bien, a largo
plazo, está determinado por el coste medio de producción necesario en aquellas
minas de oro y plata que existen en las condiciones más desfavorables, pero que
aún es necesario explotar para satisfacer la demanda total de estos metales. En
general, con el avance de la civilización económica, el oro se ha encarecido en
comparación con la plata. El primero, en la Edad Media, valía entre diez y doce
veces más que el segundo, mientras que
ahora es... [pág. 433]vale de quince a casi dieciséis veces más. 891 En
el mismo período de tiempo, también, el oro en los países altamente civilizados
suele ser comparativamente más caro. 892
Estos
hechos se explican tanto por la demanda como por la oferta. Dado que la
producción de oro requiere tan poca habilidad o capital, y la de plata tanto de
ambos, el primero puede considerarse un producto natural en mayor medida que el
segundo, y por lo tanto, le es aplicable la regla establecida en el
§ 130.
( Senior. ) Además,
en las etapas más avanzadas de la civilización, especialmente cuando los
metales preciosos son baratos, son habituales los pagos mayores, para cuya
fabricación el oro es sin duda el más adecuado; así como en el comercio
cotidiano los comerciantes suelen aceptar una pieza de oro como pago, incluso
con un sobreprecio, mientras que el campesinado duda en hacerlo. 893
[pág.
434]
Es
muy cuestionable si el oro o la plata, en general, están sujetos a mayores
variaciones de precio. El hecho de que el oro sea un producto estrictamente
natural constituiría en sí mismo un poderoso elemento de variación (§ 112 ).
Pero, por otro lado, su mayor durabilidad y el mayor cuidado dedicado a su
conservación hacen que la cantidad existente predomine en importancia sobre su
aumento anual. La demanda de oro varía más repentinamente que la de plata. En
caso de guerra o sedición, el primero se extravía o se esconde con mayor
facilidad. También es más deseable para el estado para su fondo militar. Por
otro lado, debido a su mayor capacidad de transporte, puede responder con mayor
facilidad a tales reclamaciones de un país a otro. En general, me inclino a
pensar que, durante períodos cortos, la plata mantiene mejor su valor, y el
oro, durante períodos más largos. 894
[pág.
435]
Sección CXLIII.
El
precio del oro comparado con el de la plata. (Continuación.)
Si
la producción de oro de California se viera acompañada, en 895, por
una notable caída del valor de dicho metal, se plantea la cuestión de si la
plata se depreciaría necesariamente con ella. Senior afirma que no, debido a
que ambos metales preciosos no se sustituyen mutuamente en la mayoría de los
casos. Si un país necesitara 1000 libras de oro y 15 000 libras de plata
como moneda, en 896 ,
y estas dos sumas de metal tuvieran el mismo valor, un aumento del oro a la
mitad, que depreciaría su precio en relación con la plata a 10:1, no
desbordaría los canales de circulación. Las 1500 libras de oro ahora equivalen
también a solo 15 000 libras de plata, y viceversa .
Pondría
limitaciones muy importantes a esta afirmación. Incluso una depreciación
moderada del oro expulsaría a la plata de todos aquellos países que tenían una
moneda mixta compuesta por ambos metales; y, por lo tanto, la oferta de plata
aumentaría en los demás países. Por lo tanto, es muy posible, hasta cierto
punto, que las monedas de plata de mayor tamaño sean reemplazadas por monedas
de oro de menor tamaño, como las de diez y cinco francos, etc. Rau tiene toda
la razón al suponer que un aumento general del precio de las mercancías en
comparación con el de la moneda, como resultado de un gran aumento del oro,
tendría mayor alcance en los países donde el oro es el medio de circulación, y
comenzaría más tarde en aquellos. [pág. 436]que tuvieron una circulación
mixta, y continuaron por menor tiempo en aquellos países que, por fuerza de
ley, tenían circulación sólo de plata. 897 898
[pág.
437]
Apéndice I.
Papel
moneda.
[pág.
439]
Sección I
Papel
moneda y papel moneda.
El
papel moneda debe distinguirse de otros papeles de valor o papel moneda, 899 que
también pueden ser emitidos por el poseedor o tenedor, y con frecuencia sirven
como medio de pago. En el caso de estos bonos u obligaciones, 900 su
capacidad de circulación es un asunto secundario, y lo principal es la
autenticación de una relación jurídica económica; mientras que el papel moneda
está destinado principalmente, si no exclusivamente, a actuar como
dinero. 901 El
papel moneda se presenta en muchas formas diferentes, pero casi siempre devenga
intereses. Su valor depende en gran medida de la tasa y la certeza de su
interés. En el [pág. 440]Por otra parte, el intento de asegurar una
recepción más favorable para el papel moneda mediante la promesa de intereses
ha tenido muy pocos éxitos. 902 Y,
en realidad, las buenas perspectivas en cuanto a los intereses ( Zinsaussichten )
y la facilidad de transferencia de unas manos a otras son dos cualidades que se
encuentran en direcciones muy diferentes. 903
Los
numerosos escritores recientes que atribuyen al papel moneda las marcas de
irredimibilidad y circulación forzada confunden la degeneración,
lamentablemente demasiado frecuente, de una institución con su verdadera
naturaleza. Contradicen, además, el uso del lenguaje que, en países donde la
plata es el estándar, sin vacilar... [pág. 441]904 El
papel moneda emitido por el Estado merece, en efecto, el nombre en toda su
extensión; pero a partir de este punto encontramos una serie de grados en
dirección descendente, que todavía pueden llamarse dinero; 905 y veremos
especialmente que las diferencias entre el papel moneda estatal y los billetes
de banco, tan ampliamente afirmadas, son, en gran medida, diferencias no de
clase, sino de grado.
La
idea de sustituir los metales preciosos como medio de circulación por un
material menos costoso la conocían incluso los antiguos; pero, con excepción de
los cartagineses, casi nunca hicieron uso de ella, salvo en casos de necesidad
y transitoriamente. 906
[pág.
442]
De
modo similar, la Edad Media en Europa, como en general todo mayor desarrollo
del sistema de crédito (y todo papel moneda es dinero de crédito), tiene un
crecimiento natural sólo en las etapas superiores de la civilización. 907 908
[pág.
443]
Sección II.
Ventajas
y desventajas del papel moneda.
Donde
sea posible otorgar al papel moneda el mismo poder adquisitivo que posee el
dinero metálico, es indudable que el primero debe tener muchas ventajas sobre
el segundo. Es cierto que el papel moneda es muy inconveniente para pequeñas
cantidades; 909 pero
aún más conveniente para grandes cantidades, tanto para fines de conteo como
para fines de almacenamiento de valores y para su transmisión de un lugar a
otro; un asunto de mayor importancia en proporción a la mala calidad de los
medios de transporte de un país y al bajo precio del metal de su moneda hasta
el momento. 910 A
la mayoría de la gente le parece aún más importante que el papel moneda
prescinda del uso de una gran cantidad de metales preciosos para fines de
circulación, que ahora pueden convertirse en utensilios, etc., en el propio
país o utilizarse en países extranjeros para realizar inversiones de capital
allí, o en la compra de mercancías. 911 En
el ámbito nacional [pág. 444]En las economías con un comercio en
crecimiento, la misma ventaja se ve negativamente reflejada en que no se ven
obligados a satisfacer la creciente demanda de dinero mediante la adquisición
de metales costosos. 912 De
los miembros individuales de la nación, quienes emplean el papel moneda
experimentarán todas estas ventajas de conveniencia. Los emisores se apropian
de las ventajas económicas o de ahorro del papel moneda, en forma de préstamos
sin intereses, que otorgan a los poseedores de dinero o a quienes tienen
derecho a un crédito monetario y para quienes el papel moneda es aceptable en
lugar del dinero en efectivo. 913 Una
disminución, por ejemplo, del número de billetes de banco o de papel moneda
estatal. [pág. 445]El dinero no disminuye el capital disponible de la
gente. Su único efecto es que una porción menor de este queda a disposición del
banco o del gobierno.
Pero
en contraste con estas ventajas existen grandes desventajas, ya que el papel
moneda carece de la mayoría de las propiedades que originalmente hicieron de
los metales preciosos los mejores instrumentos de intercambio y las mejores
medidas de valor. Además, el papel moneda puede aumentarse a voluntad y casi
sin costo; y un excedente ocasional no puede fluir ni a otras ramas de
actividad (como un excedente de dinero metálico puede fluir a utensilios,
ornamentación, etc.) ni a otros países. Y así, la constancia del valor del
papel moneda, es decir, uno de los requisitos principales de todo buen dinero,
se ve sumamente comprometida. Es cierto que el poder de pago o carácter
de "curso legal" que el Estado le otorga a dicho dinero
puede ciertamente complementar de alguna manera su valor material y formal.
Pero este suplemento o adición constituye, en el caso de grandes
cantidades 914, una
pequeña cuota; de lo contrario, la cantidad de dinero, en comparación con la
cantidad de dinero necesaria para el comercio, tendría que fijarse con mucha
precisión; algo especialmente difícil en el caso del papel moneda, que es casi
gratuito 915 .
[pág.
446]
Sección III.
Tipos
de redención.
Si
bien el dinero de metal precioso conlleva, por así decirlo, la mayor parte de
su valor en sí mismo, hasta el punto de que aparece en la inscripción de su
anverso, la inscripción del papel moneda es casi la única razón de su
valor. 916 (Valor
crediticio). El emisor promete de una forma u otra, expresa o tácitamente, su
intención de canjear el billete, casi sin valor en sí mismo, por bienes reales;
y el valor de esta promesa depende de la probabilidad de su cumplimiento. 917 El
único tipo de canje plenamente satisfactorio consiste en que todo tenedor del
papel moneda pueda, inmediatamente al solicitarlo, obtener su valor nominal en
dinero metálico corriente. Solo esto puede, a largo plazo, mantener el papel
moneda a su valor nominal completo. Pero la experiencia enseña que incluso con
métodos de redención menos perfectos, el papel moneda puede mantener una parte
de su valor nominal, y una parte mayor en la medida en que se aproximen las
siguientes condiciones: ausencia de consideraciones personales, inmediatez de
la redención y vigencia de los bienes mediante los cuales se efectúa la
redención. Así, por ejemplo, la aceptación del papel moneda para todas las
deudas con el Estado en países con altos impuestos, grandes industrias
estatales, etc.; donde las tierras del Estado están en régimen de
arrendamiento, etc., tiene una gran influencia en su curso de intercambio. La
redención en parcelas de tierra es un método muy imperfecto. [pág.
447]uno, no sólo por las grandes diferencias en el valor de las parcelas de
tierra según la calidad, la situación, los tiempos, etc., sino también porque
sólo un número muy pequeño de hombres, especialmente donde el dinero es el
medio habitual de cambio, están en condiciones de aceptar parcelas de tierra. 918 Es
una cuestión de si [pág. 448]La amenaza de castigar la negativa a aceptar
papel moneda, o a aceptarlo a su valor nominal completo, puede considerarse un
modo negativo de redención. Sin embargo, es cierto que es el modo más bárbaro
y, a la larga, el menos eficiente, aquel en el que el emisor solo calcula con
el miedo de quienes lo aceptan; y, lo que es más desmoralizante, con la
esperanza que albergan de poder venderlo a otros por temor. 919 920
[pág.
449]
Sección IV.
Circulación
Obligatoria.
Cuando
el papel moneda que no es completamente redimible —y es casi imposible que a
largo plazo lo sea— ha caído por debajo de su valor nominal, el resultado, en
el caso de todo papel moneda privado, es la quiebra ( Vermögensbruch )
del individuo que lo emite; en el caso del papel moneda estatal, la disposición
legal de que tendrá una circulación obligatoria ( Zwangcourse ; cours
forcé ). 921 ¿En
qué medida? [pág. 450]La caída del tipo de cambio real del papel moneda en
cualquier caso depende no solo de la cantidad emitida en comparación con las
necesidades del comercio, sino también, y más aún, del grado de confianza que
inspire el estado de los asuntos públicos. 922 La
primera consecuencia de una moneda depreciada es que el dinero de metal
precioso se retira de la circulación e incluso del país, por no poder mantener
su valor real junto con el papel moneda, el efecto habitual en todos los
patrones o monedas mixtas insostenibles. 923 Una
segunda, y [pág. 451]Una consecuencia peor es la revolución injusta que se
produce en tantas relaciones de ingresos y propiedad, basadas en viejos
contratos, en beneficio del deudor, en desventaja del acreedor y de quienes
reciben salarios nominalmente fijos. 924 Estas
consecuencias son similares en naturaleza a las producidas por el recorte de la
moneda; pero en grado son mucho más peligrosas. 925 Además,
la depreciación del papel no produce, en absoluto, un aumento igual en los
precios de todas las mercancías. Los precios de aquellas mercancías cuyos
vendedores están en una posición más favorable en la lucha por los precios
suben antes y más alto. Esto es cierto especialmente para las mercancías
extranjeras, también para las mercancías nacionales que pueden exportarse
fácilmente, y muy particularmente para aquellas mercancías que tienen
la [pág. 452]Mayor capacidad de circulación, por ejemplo, oro y
plata. 926 Por
lo tanto, sería un gran error en países donde existe papel moneda irredimible
con circulación obligatoria, medir su poder adquisitivo con un descuento
especial en comparación con los metales preciosos. Por lo tanto, un papel
moneda depreciado tiene transitoriamente un efecto en la industria similar al
de un arancel protector, e incluso al pago de primas de exportación, ya que
permite a los fabricantes permitir que una parte de su costo de producción, es
decir, lo que deben pagar a sus trabajadores, a sus antiguos acreedores y, en
parte, también a sus proveedores de materia prima, aumente en un grado menor al
de la pérdida de valor del papel moneda. 927 Esta
es, de hecho, una ventaja muy inequitativa otorgada a los particulares en
el [pág. 453]Ante la miseria general del país. 928 929 Y
estas malas consecuencias se ven agravadas por el principio de tendencia
descendente que siempre implica un papel moneda depreciado. El estado, cuyas
dificultades financieras provocaron el mal, ve cómo gran parte de sus ingresos
se desvanece ante sus ojos; 930 mientras
que, en lo que respecta a sus gastos, nada es más lógico para desorientarlo que
semejante creación imaginaria de la nada. Y algo que contribuye en gran medida
a esto es la terrible sensibilidad de un papel moneda depreciado ante las
complicaciones de la política exterior, una cualidad que puede causar al
gobierno tantos inconvenientes externos como ventajas le generó la emisión de
su papel moneda en el país. 931 [pág.
454]Por lo tanto, se recurre a emisiones adicionales de papel, que aumentan
fácilmente en la misma medida en que el tipo de cambio ( Cours )
ha disminuido. 932 Grandes
intereses privados operan en la misma dirección. Entre el aumento del volumen
del papel moneda en circulación y su consecuente depreciación, siempre
transcurre algún tiempo; y mientras tanto, el poder adquisitivo del propietario
del dinero o su capital prestamista es realmente mayor que antes. El primero
aumenta la demanda de mercancías, el segundo facilita su aparición. Sin
embargo, la oleada de especulación con la que suele ir acompañado el aumento
del papel moneda 933 al
principio depende de un error compartido por muchos en cuanto a su verdadero
valor. Por lo tanto, no dura mucho, y el marchitamiento crítico de las burbujas
infladas es mayor en proporción a las dimensiones previas de estas burbujas. Y
ahora muchos creen que los negocios o la economía de la nación podrían
mantenerse en su curso mediante nuevas emisiones de papel moneda; y los sabios
esperan, al menos, poder así posponer la catástrofe lo suficiente como para
poder poner sus bienes en condiciones seguras. Y, de hecho, la restauración de
una moneda depreciada va acompañada de crisis completamente similares a las que
siguieron a su primera caída; solo que son en dirección opuesta. 934 Y,
por lo tanto, concienzudos [pág. 455]Los estadistas se ven frecuentemente
disuadidos de intentar lograr tal restauración. Sin embargo, el lado más oscuro
de un papel moneda separado del dinero de metales preciosos consiste en las
frecuentes y violentas fluctuaciones de valor a las que está sujeto. 935 La
consecuencia de estas fluctuaciones es que toda transacción comercial, toda
transacción de crédito e incluso todo acto de ahorro, en el que el dinero
desempeña algún papel, adquiere la impresión de un juego de azar; 936 una
consecuencia de una influencia profunda y de amplio alcance, especialmente en
las etapas superiores de la civilización, donde la importancia del comercio,
del sistema crediticio y de la economía monetaria, a diferencia de la economía
de trueque, es tan grande; lo que produce allí un estado de incertidumbre que,
de otro modo, solo sería peculiar. [pág. 456]Hasta la época medieval
bárbara. 937 Todo
esto desalienta a los mejores comerciantes y agricultores más que a cualquier
otra clase social, y desmoraliza la economía de una nación; y la desmoraliza
tanto más cuanto más fácil es para el Estado influir en el valor del papel
moneda en comparación con el metal, y cuanto más irresistible es su
influencia. 938 La
circulación obligatoria del papel moneda es una herramienta mucho más poderosa,
y a la vez mucho más sencilla, para practicar la extorsión que los impuestos
más onerosos o los préstamos forzosos, y al mismo tiempo, el poder más amplio
que un gobierno puede poseer para llevar a cabo ambas medidas. ( Ad.
Wagner. )
Todos
los horrores de la última república romana, el vaciamiento de las provincias
por gobernadores ladrones con sus publicanos y pecadores, la acumulación de
fortunas monstruosas sin producción propiamente dicha, sino únicamente mediante
la usura y la rapiña: todo esto revive de nuevo mediante la instrumentalidad de
la enfermedad económica nacional llamada crisis del papel, en una forma menos
violenta, por cierto, pero mucho más insidiosa y apenas menos perniciosa.
[pág.
457]
Sección V
Reanudación
de los pagos en especie.
La
curación de la enfermedad del papel moneda que hemos descrito se ha intentado
efectuar de tres maneras más concretas.
A.
Mediante la reducción o restitución del papel moneda depreciado a su valor
nominal total. La mejor manera de lograrlo es incorporando gradualmente papel
moneda al tesoro estatal mediante impuestos o préstamos, y negándose a permitir
su nueva emisión. El consiguiente aumento en la tasa de cambio de los billetes
en circulación por dinero en metálico se produce no solo por la disminución de
la cantidad de papel en circulación, sino también por la creciente confianza en
el futuro que inspira dicha medida gubernamental. 939 Si
bien este procedimiento tiene, en teoría, muchas ventajas, en la práctica no se
recomienda, excepto cuando la depreciación del papel moneda no ha sido muy
pronunciada o ha existido durante poco tiempo. 940 [pág.
458]De lo contrario, la revolución en todas las relaciones de propiedad y la
perturbación de toda especulación legítima —siempre peligrosa y fácilmente
abusiva— producida por la depreciación se repetirían con la restauración de los
valores, con la única diferencia de que la perturbación se produciría la
segunda vez en sentido opuesto. Y que quienes previamente resultaron
perjudicados ahora sean compensados por el daño sufrido en primera instancia es
imposible, dado que la depreciación ha sido más prolongada. Muchos de quienes
sufren los efectos de la depreciación se ven ahora obligados, incluso como
contribuyentes, a contribuir al enriquecimiento de los especuladores que han
acumulado el papel depreciado en sus propias manos.
B.
El extremo opuesto de tal proceder consistiría en que se permitiera que el
papel moneda depreciado siguiera depreciándose hasta perder prácticamente su
valor, tras lo cual una nueva moneda, ya fuera de metal o de papel, tendría que
surgir como un nuevo mundo tras el apaciguamiento de las aguas del diluvio. Por
lo tanto, una de dos: ¡la bancarrota universal declarada con el propósito más
claro, o la resignación a la desesperación! 941
[pág.
459]
C.
Por lo tanto, se ha seguido con mayor frecuencia la vía intermedia entre estas
dos, a saber: la reducción legal del valor de la moneda
( gesetzliche Devalvirung ),
que consiste en reducir el valor nominal del papel moneda a su valor actual en
el momento de la entrada en vigor de la ley, y canjearlo en especie o en otro
papel que se emita en cantidades menores. 942 Aunque
esto se ha basado no pocas veces en el falso principio de que el valor de cada
cantidad de dinero es inversamente proporcional a la cantidad total de todo el
dinero en circulación; sin embargo, es incuestionable que es solo la
declaración abierta de la bancarrota estatal lo que toda la medida implica, y
que en la mayoría de los casos ya ha ocurrido sin posibilidad de reparación. En
este caso no hay ninguna perturbación nueva y peligrosa para la economía
nacional; y las fluctuaciones de valor en el [pág. 460]Se evitan las
futuras consecuencias, inseparables de la contracción gradual del volumen de
papel moneda, continuada hasta alcanzar su valor nominal; esto último, por
supuesto, solo suponiendo que se respete estrictamente el papel moneda metálico
puro o el papel moneda canjeable. 943 Pero
el problema de cómo proteger de todo daño a ambas partes 944 de
los contratos celebrados a un tipo de cambio diferente al que deben cumplirse
es uno que nunca se resolverá por completo. Por lo tanto, de las diferentes
medidas para preservar económicamente un estado en casos de necesidad
extraordinaria, la emisión de papel moneda con circulación obligatoria es mucho
más desastrosa para el pueblo que la concesión de préstamos a la tasa de
interés más alta, e incluso que incurrir en mora en el pago a los funcionarios
y acreedores del estado. 945
[pág.
461]
Sección VI.
Papel
moneda: ¿una maldición o una bendición?
Considerando
el carácter de espada de doble filo de este poderoso instrumento, 946 y
las terribles consecuencias que puede acarrear. [pág. 462]El abuso
produce, es fácil concebir por qué tantos economistas políticos han expresado
serias dudas sobre si, en general, la invención del papel moneda ha sido más
una maldición que una bendición para la humanidad. La controversia es, hasta
cierto punto, ociosa, ya que ninguna nación (o individuo) madura, ni ninguna
nación que se considere madura, renunciará a la posibilidad de un crecimiento
brillante simplemente por temor a no poder resistir las tentaciones de abuso
peligroso que conlleva. Políticamente, la mejor protección contra tal tentación
es una constitución moderada, que obligue al poder supremo del estado, mediante
contrapesos sabios y apropiados, a permitir que todos los intereses legítimos
se manifiesten, o al menos se expresen; y a utilizar no solo los instrumentos y
medidas más hábiles, sino también los más valorados. Una constitución así, en
efecto, no puede hacerse; debe ser el fruto maduro de una vida nacional larga,
continua y bien dirigida. 947 De
los extremos de las formas de gobierno, la monarquía ilimitada y la democracia
están igualmente expuestas a la enfermedad del papel moneda. 948 Las
aristocracias están menos expuestas a ella, por la razón de que por su propia
naturaleza evitan la centralización; y la [pág. 463]El sistema de papel
moneda está íntimamente conectado con este último. Nada fortalece tanto a la
autoridad central como la prerrogativa del papel moneda, con un poder ilimitado
sobre los precios de todas las mercancías; y, por otro lado, siempre que el
papel moneda tenga un amplio campo de acción, se supone 949 una
interrelación profunda e íntima de los diferentes miembros de la economía
nacional. Y en lo que respecta a las diversas etapas económicas, el papel
moneda está muy alejado de todas las épocas medievales; y por las mismas
razones que hacen que el comercio exterior sea preponderante aquí y concentre
todo el comercio en caravanas, ciudades de productos básicos, ferias y
recomiende la acumulación de tesoros, etc. 950 Más
adelante, por otro lado, encontramos dos etapas especialmente adaptadas al
papel moneda. Tenemos primero, países coloniales aún subdesarrollados pero
intelectualmente activos (y, por lo tanto, deseosos de progreso), que poseían
una abundancia de medios naturales de producción sin poder, sin embargo,
concentrarlos en manos de un empresario de pompas fúnebres ( Unternehmer )
para... [pág. 464]Falta de dinero. 951 En
este caso, tanto el ahorro de metales preciosos como la facilitación del
transporte mediante papel moneda son de suma utilidad. Además, tenemos países
muy desarrollados y ricos; no solo porque su educación económica popular puede
protegerlos de los peligros del papel moneda, sino porque el rico tiene
relativamente menos necesidad de dinero y puede prescindir de las reservas de
metal con mayor facilidad, gracias a su influencia sobre el abastecimiento de
otros. 952
Notas al pie
El
prefacio del autor a la duodécima edición se limita a señalar las mejoras,
etc., introducidas en la undécima. No hay ningún prefacio nuevo para la
decimotercera edición del original, publicada en 1877 .
Nunca
comprenderemos a fondo la razón del derecho consuetudinario si no conocemos
también lo que no lo es. Uno está conectado y ligado al otro. No tenemos
esclavos; ¿para qué molestarnos con preguntas sobre esclavos? Palabras dignas
de un novato.
“Soy
un hombre y no pienso que nada que pertenezca al hombre me sea ajeno.”
“Esa
excelente y gloriosa filosofía.”
Introducción
a la revista Civilistisches Magazin.
Dunoyer ,
De la libertad del trabajo.
Cicerón ,
De Leg., I.
Discurso
preliminar del Código Civil.
Cicerón ,
De Leg., II, 4. “Legem neque hominum ingeniis excogitatam, nec scitum
aliquod esse populorum, sed æternum quiddam quod universum mundum regeret,
imperandi, prohibendique sapientia”. Ibídem.
Revista
de Législ. et de Jurispr. (1841, XIII, p. 39.) Montesquieu dice: “Las
relaciones de justicia y equidad son anteriores a todas las leyes positivas”.
El
Sr. Wolowski tradujo la segunda edición de los Principios de Roscher al francés
y añadió el presente ensayo como prefacio. Desde la publicación de la
traducción de Wolowski, la obra original ha tenido once ediciones, se ha
ampliado considerablemente y se ha enriquecido con nuevas notas, fruto de casi
veinte años adicionales de investigación y reflexión. La decimotercera edición
alemana, a partir de la cual se realizó la presente traducción, tiene ciento
setenta páginas más que la primera. — Nota del traductor.
Y
añade: «Los animales que solo ceden a un impulso o a un instinto ciego se
unen solo de forma fortuita o periódica y desprovista de toda moralidad. Pero
en el caso de los hombres, la razón está más o menos presente en cada acto de
su vida. El sentimiento se encuentra junto al deseo, y el derecho sucede al
instinto. Descubro un verdadero contrato en la unión de los dos sexos».
Sería
imposible presentar una refutación más completa y elocuente de la definición de
los jurisconsultos romanos que rebaja el matrimonio al nivel de la unión
promiscua de los animales y que limita la ley natural a la ley común al hombre
y a la bestia. “Jus naturale est quod natura omnia animalia docuit; nam
jus istud non humani generis proprium, sed omnium animalium quæ in terra, quæ
in mare nascuntur, avium quoque commune est. Hinc descendit maris atque feminæ
conjunctio, quam nos matrimonium appellamus, hinc liberorum procreatio, hinc
educatio; videmus etenim cætera quoque animalia, feras etiam, istius juris
peritia censeri.” DLI De Just. et Jure.
Comentario.
en teta. Dig., De Just. et Jure, VII, 11ª edición de Nápoles. El ingenioso
argumento del gran jurisconsulto se derrumba ante las hermosas palabras de
Cicerón: "Ut justitia, ita jus sine ratione non consistit; soli
ratione utentes jure ac lege vivunt". De Natura Deorum, II,
62. “Virtus ratione constat, brutæ ratione non utuntur, cujus sunt
expertia, ergo jure non vivunt, et ut rationis, sic jures sunt
expertia”. Además, el propio Cujas reconoce cuán defectuosa e incompleta
era la definición que defendía: "At ne jus quidem naturale, de quo
agimus, est commune omnium animalium quatenus racionale, est, sed quatenus
sensible est, sensui congruit. Tullius participare hominem cum brutis eo quod
sentit, sed ratione ab eo differre. Et alio loco: jus naturale esse commune
omnium Quiritium, veluti ut se velint tueri: sed hoc distanciare hominem a
bellua, quod bellua sensu moveatur, homo etiam ratione”.
Rossi.
Política,
I, cap. I, II.
Ueber
die Nothwendigkeit eines Allgemeinen burgerlichen Rechts fur Deutschland.
Vom
Beruf unserer Zeit für Gesetzgebung etc.
En
una de sus últimas producciones (Última edición de la sogennante historia y
ninguna historia de Rechtsschule, Archives du Droit Civil, Heidelberg, XXI
1838) el veterano de la escuela filosófica, reanudando un debate iniciado un
cuarto de siglo antes, se defiende enérgicamente contra las interpretaciones
erróneas que se ha querido dar a su pensamiento. “¿De ahí se
sigue”, pregunta, “que porque un hombre anhela reformas, debe
abandonar el estudio del pasado? Y si hay nuevas leyes que interpretar, ¿cómo
podría su genio maligno disuadirlo del necesario conocimiento de las leyes
antiguas? ¿Hay un solo jurisconsulto que, con la esperanza de un futuro mejor,
desprecie el significado y el espíritu de lo que aún existe? No conozco ni uno
solo... Y cuando se me acusa de pasar por alto las instituciones del pasado con
frialdad y odio en mi corazón, por ser uno de los primeros en expresar la
esperanza de un futuro mejor, se me imputa una acusación completamente
incomprensible... Se me reprocha despreciar la historia del derecho. Es una
calumnia contra mí. Aunque solo me he reído de estos informes, el error de un
hombre me afligió; pues ese hombre se llamaba Niebuhr... Cuando [Niebuhr]
regresó de Italia para dedicarse por completo a la ciencia, en su retiro en
Bonn, pasó por Heidelberg, Donde permaneció cinco o seis días. Durante gran
parte de ese tiempo nos vimos con frecuencia. Al principio se mostró un poco
distante, pero Cicerón nos hizo amigos. Tras unas palabras alegres sobre ese
escritor, me preguntó qué pensaba de él. Respondí lacónicamente: «Si
quemaran a todos los autores latinos y me permitieran indultar a uno de ellos,
diría sin dudarlo: Perdonen las obras de Cicerón». Exclamó con
alegría: «Por fin he encontrado a un hombre que juzga con acierto a
Cicerón. Comparto tu admiración por él, y por eso le puse a mi hijo el nombre
de Marco». Se rompió el hielo, y me dijo con franqueza que no entendía
cómo podía ser un enemigo acérrimo del derecho romano y de la historia del
derecho. Le di a entender que simplemente me habían calumniado, y añadí que,
para vivir plenamente con los clásicos, siempre me había negado a dar consejos
legales o a actuar como consejero, aunque podría haber amasado una fortuna de
ese modo. Le dije que debía mi alegría y mi vigor, en gran parte, a mi amor por
los clásicos de todas las épocas, incluso los ajenos al ámbito de la
jurisprudencia; pero que me aferraba, por encima de todo, a las buenas
cualidades de la nación alemana, y que no dudaba en decir con
Facciolato: «Expedit omnes gentes Romanis legibus operam dare, suis
vivere».
Al
oír mis palabras, exclamó con su habitual energía y vivacidad: «Habes me
consentientem, labes me consentientem». Desde ese momento, la frialdad
entre nosotros se disipó, y abordamos, sin ningún reparo, un sinfín de
preguntas en una sola conversación en la que, como antes, me esforcé por
aprender de él.
Así
pues, recibo con sincera gratitud todas las obras, tanto útiles como profundas,
que han aparecido en nuestros días sobre la historia del derecho. Sería una
locura por mi parte negar el impulso que ha recibido el estudio del derecho
positivo. Se han descubierto nuevas fuentes. Su novedad e importancia han
despertado el fervor de muchos estudiosos que las han estudiado a fondo; hecho
que hizo necesaria la revisión de las fuentes más antiguas, que siguen siendo,
con mucho, las más importantes. Estas dos circunstancias pronto hicieron
imperativo proceder a la realización de investigaciones dogmáticas minuciosas.
Así pues, ahora hay una nueva vida entre los jurisconsultos y una gran
actividad, que espero que continúe por mucho tiempo.
Revista
de Législ. et de Jurisprudence, 1834-35.
Rossi.
Señor
de Bonald.
El
señor Cousin lo ha expuesto de forma admirable en sus
conferencias sobre Adam Smith, Curso de Filosofía Moderna.
Channing.
Knies. Die
politische Œkonomie vom Standpunkte der geschichtlichen Methode, Braunschweig,
1853.
Cours
Complet d'Economie politique, II, 540, éd. Guillaumin.
Primo.
Español
Adjuntamos aquí un extracto de Geschichte, Literatur, und Bedeutung der
Nationalökonomie de Heinrich Contzen , Cassel und Leipzig,
1876, pág. 7: “Roscher ... es considerado con razón el verdadero fundador y el
principal representante de la escuela histórica. Esta escuela está ganando
continuamente en extensión y ha encontrado, tanto en Alemania como en Francia,
los discípulos más distinguidos, hombres que honran a Roscher como su maestro y
maestro, el líder cuyo faro siguen. Roscher combina el aprendizaje positivo más
rico con una claridad rara y una belleza plástica en la presentación de su
pensamiento. Estos se le conceden en todos los sentidos; y no lo disminuye, ni
altera el hecho de que los posee, que, aquí y allá, un crítico malhumorado o
maliciosamente mordaz los ponga en duda”. Debe tenerse en cuenta aquí que
Wolowski escribió en 1857; Contzen, como Wolowski, un escritor
político-económico de renombre, en 1876.— Nota del traductor.
Leben,
Werk und Zeitalter des Thukydides.
Archivo
Rau , Heidelberg. Este notable ensayo apareció
desde entonces en Ansichten der Volkswirthschalt vom geschichtlichen
Standpunkte, de Roscher, 1861. —Nota del traductor.
Grundriss
zu Vorlesungen über die Staatswirthschaft nach geschichtlichen Methode.
Berliner
Zeitschrift für allgem Geschichte.
Ueber
Kornhandel und Theuerungspolitik, 3ª ed., 1852.
Untersuchungen
über das Kolonialwesen.
Umrisse
zur Naturlehre der drei Staatsformen (Berliner Zeitschrift, 1847-1848).
Ueber
das Verhältniss der Nationalökonomie zum klassischen Alterthume (K. Sachs
Akademie der Wissenschaft, 1849). También se encuentra en Ansichten, etc. de
Roscher.— Traductor.
Zur
Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre im 16 und 17 Jahrh.
Ein
nationalökonom. Princep der Forstwirthschaft.
La
obra completa de Roscher ,
titulada "Un sistema de economía política", abarca las
cuatro partes mencionadas; cada una de ellas constituye una obra independiente.
La primera parte, o Principios de economía política, abarca el tema
generalmente tratado en los tratados ingleses de economía política.
Además
de las obras antes mencionadas, el profesor Roscher ha escrito
Ansichten der Volkswirthschaft aus dem geschichtlichen Standpunkte, 2ª ed.,
Leipzig, 1861; Die deutche Nationalökonomik an der Grenzscheide des
sechszehnten und siebenzehnten Jahrhunderts, Leipzig, 1862; Gründungsgeschichte
des Zollvereins, Berlín, 1870; Betrachtungen über die geographische Lage der
grossen Städte, Leipzig, 1871; Bertrachtungen über die Währungsfrage der
deutschen Münzreform, Berlín, 1872; Geschichte der Nationalökonomik en
Deutschland, Munich, 1874; Nationalökonomik des Ackerbaues, 8.ª ed., Stuttgart,
1875.— Nota del traductor.
Die
politische Œkonomie vom Standpunkte der geschichtlichen Methode.
Die
National Œkonomie der Gegenwart und Zukunft.
Investigaciones
sobre las finanzas de Francia.
Frédéric
Passy , de la Contrainte et de la Liberté.
Pobre
campesinado, pobre reino; pobre reino, pobre soberano.
Curso
de Economía. polit., 2e., Leçon I, p. 33.
Esto
sería: Propter vitiam, vitæ perdere causas.
Cousin ,
loc. cit., pág. 276.
Ibíd. ,
274.
Frédéric
Passy : De la Contrainte et de la Liberté.
Schäffle ,
Deutsche Vierteljahrsschrift (1861), enfatiza esto. Adam Smith ,
La riqueza de las naciones (1776), de forma muy característica, comienza con el
trabajo anual de la nación; J. B. Say (Traité d'Economie
Politique, 1802), con la riqueza ; Ricardo (Principles
of Political Economy and Taxation, 1817), con la idea del valor.
Hermann ,
Staatswirthschaftliche Untersuchungen (2.ª ed., 1870, pág. 81), estima
que la suma total de las necesidades ( Bedarf )
del pueblo bávaro, durante un año entero, es de 177.000.000 de florines para
alimentos (77 millones para trigo y patatas, 69 millones para carne, 15
millones para leche, etc., 16 millones para huevos, verduras, sal y especias);
50 millones para ropa, 45 millones para vivienda, 37,5 millones para
combustible, 60 millones para bebidas.
El
original añade: deren
Gesammtheit sein Bedarf heisst ; cuyo
conjunto se denomina su Requisito ( Bedarf ).
Al no existir un equivalente exacto en inglés para la palabra Bedarf en
este contexto, se adjunta esta nota .
Según Boisguillebert (nacido
en 1714) en el Traité des Grains, I, c. 4, las necesidades ( necessaire , commode , délicat , superflu y magnifique )
surgen en orden sucesivo con el aumento del bienestar o la prosperidad, y se
abandonan en orden inverso, con el aumento de la necesidad. Tucker distingue
entre lo necesario, lo cómodo y lo conveniente según las condiciones
respectivas, elegancias y refinamientos, y, por último, «lo grandioso y lo
magnífico» (Two Sermons, 1774, 29 y ss.); FBW Hermann ,
loc. cit., 1.ª ed., 1832, 68; los bienes necesarios (Güter der Nothdurft) son
bienes que contribuyen al placer y la recuperación, a la cultura y al esplendor.
Compárese Tucker ,
Sobre el proyecto de ley de naturalización (1751 y siguientes), IV, nota.
No
hay pueblo sin fuego (¡Prometeo!); y parece que asar a la parrilla fue el
primer modo de preparar alimentos; luego siguió la cocción en cavidades
calientes, y por último llegó la ebullición en recipientes. ( Klemm ,
Allgemeine Kulturgeschichte, I, 180, 343.)
Hay
un interesante intento de Faucher , en el Vierteljahrsschrift
für Volkswirthschaft und Kulturgeschichte, 1868, III, 148 y siguientes, de
determinar el lugar relativo de nuestras diversas necesidades según su
capacidad de extensión o contracción.
La
calificación “verdadero” excluye del círculo de los bienes no sólo
todas aquellas cosas que podrían satisfacer sólo necesidades irracionales o
inmorales (compárese Mischler , Grundsätze der
Nationalökonomie, 1856, I, 187), sino que también reivindica la idea
fundamental de todo el sistema de la Economía Política como tema de
investigación tanto moral como psicológica.
Incluso Aristóteles (Eth.
nicom. V, 8), considera que todas las cosas destinadas a entrar en el comercio
deben ser susceptibles de comparación entre sí, y que la medida de esta
comparación es la necesidad , que es el fundamento de toda
asociación entre los hombres.
Un
árabe ayudó a saquear una caravana y se llevó, como parte del botín, un cofre
de perlas. Creyó que era una caja de arroz y se las dio a su esposa para que
las cocinara, pero al ver que no estaban tiernas, las tiró. ( Niebuhr ,
Beschreibung von Arabien, 383). Véase una anécdota similar en Amiano
Marcelo , XXII . Compárese con Estrabón , VIII ,
381.
Tan
pronto como los persas abandonaron la superstición de que la contemplación
diaria de una turquesa era un talismán contra el mal de ojo ( K. Ritter ,
Erdkunde, VIII, 327), esa piedra preciosa perdió gran parte de su valor. Por
otro lado, los amuletos de la antigüedad, aunque hace tiempo que perdieron su
carácter de objetos de superstición, ahora tienen un valor real para el
arqueólogo.
Dado
que la observación muestra que, con el paso del tiempo, la materia tiende cada
vez más a convertirse en bienes , las formas ciegas del
movimiento de la naturaleza a convertirse en trabajo y sustento útiles, y la
existencia impersonal y sin objeto a transformarse en propiedad y cultura
personales, Schäffle se inclina a creer que todo el mecanismo
del gobierno inconsciente de la naturaleza está destinado, en última instancia,
a contribuir a la realización del bien moral, que es el único realmente valioso.
Das gesellschaftliche System der menschlichen Wirthschaft, III, Auff., 1873, I,
3.
Hermann ,
loc. cit., 1.ª ed., I, llama bienes internos a todo lo que cada uno encuentra
en sí mismo, don gratuito de la naturaleza; también a lo que desarrollamos en
nosotros mismos mediante nuestra propia acción libre; y externos, a todo lo que
creamos u obtenemos, a través del mundo exterior, como medio para satisfacer
nuestras necesidades. Los bienes internos de una persona pueden ser bienes
externos para otra, como, por ejemplo, cuando la primera los transmite
directamente a la segunda para que los disfrute, mediante palabras,
comportamiento, etc., o indirectamente, en combinación con otros bienes
externos.
La
exclusión de todo lo demás se ha calificado, de hecho, de unilateralidad y
materialismo. Pero, como dice Senior , nadie culpa al escritor
de tácticas por limitar su atención a temas militares; ni se le objeta que, al
hacerlo, fomente la guerra eterna. Por otro lado, J. B. Storch (1815)
dedicó una parte especial de su obra a la consideración de los «bienes
internos» (salud, conocimiento, moralidad, seguridad, ocio, etc.). Véase
la traducción de Rau de su Manual, II, 337 y ss. Compárese
con Gioja , Nuovo Prospetto delle Scienze economiche, 1815 y
ss. VIII.
La
inclinación al intercambio es, según Adam Smith , una de las
características más importantes que distinguen al hombre del animal (La riqueza
de las naciones, I, cap. 2). Véase también Büsch , Geldumlanf
(1780), I, § 29, sobre el intercambio entre los animales inferiores.
Observado
por Aristóteles. Polit. I, cap. 6.
Los
esfuerzos de los economistas políticos por seleccionar, entre la infinidad de
bienes, aquellos que deberían constituir el objeto de sus investigaciones han
tomado dos direcciones en los últimos tiempos. Bastiat se
limita aquí demasiado exclusivamente al comercio. El economista político
debería ocuparse únicamente de las necesidades y satisfacciones, donde el
trabajo, que es el vínculo entre ellas, lo realiza otra persona a cambio de una
remuneración. Así, el acto ordinario de respirar queda fuera del círculo; el
del buceador, por el que se paga, no. (Harmonies économiques, 1850, 68 y ss.)
Pero incluso Robinson Crusoe tenía su propio sistema de economía. ¿Son los
productos que el agricultor consume en su propia casa, el trabajo que realiza
él mismo, menos importantes económicamente que los productos que vende o el
trabajo de sus sirvientes? Schäffle tiene razón cuando afirma
que la respiración ordinaria no es una función económica, porque es una
necesidad inconsciente de la naturaleza. Pero su definición es demasiado
amplia, ya que sitúa la esencia del carácter económico de los bienes o de un
acto en la adaptación consciente de los medios a los fines humanos. (Tübinger
Progr. z. 27 sept. 1862, 9, 24 ss.) Dar un paseo no es una operación económica,
aunque puede ser el mejor medio para un fin muy importante: la salud. Los
mismos bienes o el mismo acto pueden tener, con frecuencia, según el fin
propuesto, un carácter económico o no económico. La belleza del cuerpo humano,
por ejemplo, por muy sistemáticamente que se utilice con fines de vanidad, no
es un bien económico . Pero es una especulación económica, por
vil que sea, cuando un hombre confía en su hermosa figura para asegurarse una
esposa rica o, con fines de lucro, le permite posar como modelo para artistas o
participar en tableaux vivants .
Según C. Menger , Grundsätze der Volkswirthschaftslehre (1871)
I, 51 y ss., no existen bienes económicos, salvo aquellos cuya disponibilidad
es, como máximo, igual a la cantidad requerida. Pero ¿no es acaso el mayor río
navegable, incluso en el país menos poblado, un bien económico?
Hegel ,
Rechtsphilosophie, § 67. Incluso el uso de un cadáver como abono, o para
cualquier propósito mercantil, repugna a nuestros sentimientos, «debido a
la dignidad de la personalidad». ( Schäffle , National
Œkonomie, 1860, 28). En este sentido, la prostitución es un remanente de la
esclavitud. Schäffle tiene razón al afirmar que compensar los
servicios personales con bienes materiales que no proporcionan tanta comida,
etc., como los primeros han costado en gasto de energía vital, es una forma
lenta y, a menudo, muy cruel de canibalismo. (Kapitalismus und Socialismus,
1870, 18).
Bornitz ,
De rerum Sufficientia in Republica procuranda, 1625, da en esta enciclopedia de
ciencia política, junto con una disertación sobre agricultura, comercio y
manufacturas, un estudio completo de la ministeria . Varios
escritores modernos se niegan a considerar los servicios personales, o la
capacidad de prestar dichos servicios, como elementos de la riqueza: compárese Kaufmann ,
Untersuchungen im Gebiete der politischen Œkonomie, 1830, II, Heft I. Sin
embargo, no demuestran más que esto, que esa clase de bienes tiene algo muy
peculiar. Así, Malthus , Principles of Political Economy
(1820), cap. I, secc. I, objetos que no pueden inventariarse ni gravarse; pero
¿pueden los bienes materiales serlo tan completamente? ¿Pueden todas las partes
de la riqueza de una nación ser inventariadas y gravadas de esa manera? Rau ,
Lehrbuch der pol. Œkonomie (1826) I, § 46, señala que la aptitud personal para
realizar servicios muere con la persona, y que los servicios personales no
pueden almacenarse (?), etc. Apelo simplemente a la definición que he dado
anteriormente de bienes económicos, y que se aplica igualmente a servicios de
todo tipo que pueden realizarse para otras personas. Además, quienes se oponen
a este punto de vista son incapaces de dar una explicación satisfactoria de
todos los fenómenos del comercio. Por supuesto, la
calificación "reconocido como útil" es de suma importancia
como marca para determinar qué son bienes. Pero una prima donna, o un médico de
renombre mundial, desnudo por un naufragio en las costas de América del Norte,
está ciertamente, en mejor situación que un mendigo ciego, su compañero de
sufrimiento. Compárese Storch , Handbuch II, 335 y sigs. y sus
Considérations sur la Nature du Revenu National.
Ad.
Müller compara a las personas, en la medida en que
prestan algún tipo de servicio, con cosas, y, en la medida en que se requiere
preservar su individualidad, con personas. Los niños, en
el estatus de caballero rural, por ejemplo, son tratados más como
personas, y los domésticos, más como cosas; la tierra participa de una especie
de personalidad, pero no los instrumentos de trabajo. (Nothwendigkeit einer
theolog. Grundlage der Staatswissenschaft, 1819, 48.)
El
privilegio de vender refrescos en el jardín del Palacio Real se alquilaba
antiguamente por 38.000 francos al año.
Véanse
los casos citados por Hermann , Staatswirtsch. Untersuchungen,
6 y ss. y por Bernoulli , Schweiz. Archiv. für Statistik und
N. Œkon. II, 55. ¡Piense en la firma de JM Farina! En Atenas, los buenos
terrenos se arrendaban a una renta muy alta, incluso cuando no había inversión
del capital del arrendatario. ( Demóstenes , pro. Phorm., 948;
adv. Steph. I, iiii.) Existe, de nuevo, la venta de inventos, mientras todavía
son “meras ideas”. Según Schäffle , Theorie der
ausschliessendnen Verhältnisse, 1857, II y ss., el valor a cambio de estas
relaciones depende del ingreso extra que se asegura de hecho, o de derecho,
contra la disminución, por la exclusión de la competencia. Por lo tanto,
recomienda, en lugar de la palabra «relaciones», «costumbre» o «público». Pero
estas palabras, de ninguna manera, agotan el significado expresado
por «relación». Así, la buena administración de los asuntos públicos,
aunque no tenga valor de intercambio, es uno de los bienes económicos más
valiosos que un pueblo puede poseer.
La
relación mencionada anteriormente entre un general y un ejército puede incluso
tener un gran valor de intercambio. Por ejemplo, los condotieros italianos del
siglo XV.
Las
relaciones que privan a una persona de lo que aportan a su poseedor tienen
valor como componentes de la fortuna privada de una persona, pero no de la
riqueza de la nación. A esta clase pertenecen las deudas debidas a personas o
cosas, la costumbre forzosa o la buena voluntad de todo tipo; como, por
ejemplo, las setenta y dos oficinas de
cambio en París, cada una de las cuales valía más de
un millón de francos; o el derecho de navegación por el Elba hasta Magdeburgo,
que, a principios de este siglo, valía en cada caso unos 10.000 táleros.
( Krug , Abriss. der St. Œkonomie, 62).
Schäffle ,
N. Œkonomie, 10. En alemán, este mismo término se utiliza para designar la
utilidad y, en ocasiones, los objetos útiles (los llamados valores). Sin
embargo, conviene distinguir claramente entre utilidad y valor de uso. La
utilidad es una cualidad de las cosas mismas, en relación, es cierto, con las
necesidades humanas. El valor de uso es una cualidad que se les imputa,
resultado del pensamiento humano o de su percepción de ellas. Así, por ejemplo,
en una ciudad asediada, las reservas de alimentos no aumentan en utilidad, pero
sí su valor de uso. Compárese con Schäffle , System, III, I,
170.
Genovesi ,
Economia civile (1869), II, I, 7. L. Say , De la Richesse
individuelle et de la Richesse publique (1827), 29, estima el valor de los
bienes según el grado de malestar que conlleva la privación de ellos.
Friedländer ,
sin embargo, ha hecho un intento general en esta dirección. Theorie des Werthes
(Dorpat, 1852). Pero Th. Fix (Journal des Economistes, 1844,
IX, 12) afirma: «Es tan imposible establecer una escala de valores como
encontrar una medida matemática exacta y permanente de nuestras necesidades,
pasiones, deseos, gustos y fantasías».
Compárese
con Knies , Geld und Credit, 1873, I, 126 y ss. El muy
respetable intento de A. Samter , Sociallehre (1875), con la
idea del valor social ( Gesellschaftswerth )
abarca demasiado la idea del valor en el intercambio. Será necesario investigar
más a fondo sobre el concepto de «necesidad impotente», ya que, desde
una perspectiva ética y dietética nacional elevada, se plantea la cuestión de
si, en qué medida y cómo, la «necesidad impotente» puede convertirse
en una necesidad potente.
Friedländer ,
loc. cit., 50. Si se publican demasiados ejemplares del mejor libro, es seguro
que muchos de ellos no serán más que papel de desecho.
Schäffle ,
System, II, aufl., 55. Véase también su Kapitalismus und Socialismus, 1870, 31,
35, 43.
Así, Kleinwächter (Jahrbücher
für N. Oek. und Statistik de Hildebrand, 1867, II, 318), define valor de cambio
= valor de uso + costo. Según Schäffle, se trata de “una comparación
encubierta entre el valor de costo y el valor en uso de los dos tipos de bienes
a intercambiar”. (Kapitalismus und Socialismus, 35.)
Un
intermediario puede, en lo que a él respecta, atribuir valor de cambio a las
mercancías solo en la medida en que sean útiles para la última persona que las
adquirió. Por ello, Storch denomina valor de uso inmediato
y valor de cambio , valor mediato. Como los ingleses suelen
expresar lo inmediato con palabras de origen germánico y lo mediato con
palabras latinas, Locke denomina valor de
uso «worth» y valor de cambio, simplemente «value». ( K.
Marx , El Capital. Crítica de la economía política, 1867, I, 2.)
Por
supuesto, es diferente cuando, por ejemplo, una hermosa vista al mar o una
posición deseable en términos de aire y sol están asociadas a un pedazo de
tierra.
En
Rávena, una cisterna tenía mayor valor de intercambio que una viña: Marcial ,
III, 56. En París, también, el agua potable, cuyo transporte requiere
considerables dificultades, cuesta 1-1/3 táleros por metro cúbico. Cabe
mencionar también la nieve y el hielo en verano, que se venden en las capitales
del sur de Europa a 0,34 groschens de plata la libra. Según Carey , la
«utilidad» es la medida del poder del hombre sobre la naturaleza,
y el «valor», la medida del poder de la naturaleza sobre el hombre.
Añade, de forma muy imprecisa, que ambos siempre van en dirección opuesta.
(Principios de las Ciencias Sociales, 1861, VI, cap. 9).
Por
lo tanto , Ad. Müller denomina valor de uso, valor individual,
y valor de cambio, valor social. Los alemanes denominan Affectionswerth (valor
de afecto) al valor de los bienes cuyo valor de uso solo es reconocido por una
persona, un valor que influye en su valor de cambio solo cuando quien lo estima
no es el propio poseedor de los bienes. Un ejemplo de esto último es un trozo
de papel lleno de notas, inteligibles solo para quien las ha escrito.
La
importantísima diferencia entre valor de uso y valor de cambio fue reconocida
incluso por Aristóteles. Aristóteles. Pol. I, 9. Hutchinson ,
Sistema de filosofía moral (1755), II, 53 y sigs. Los fisiócrates hablan con
mucha frecuencia de valeur usuelle y vénale ,
en los que, según Dupont , Physiocratie, CXVIII, se basa la
diferencia entre bienes y riquezas . El
valor de un séptico de blé, considerado como riqueza, no consiste en su precio. ( Quesnay ,
ed. Daire, 300.) Turgot distingue entre “ valor
estimativo ” e “ cambiable o apreciativo ”; el
primero designa la relación entre la cantidad de energía, física y mental, que
uno está dispuesto a gastar para obtener los bienes, y la suma total de sus
energías, físicas y mentales; este último la relación entre la energía agregada
similar de dos personas que están dispuestas a gastar para obtener cada uno de
los bienes a intercambiar, y la suma total de sus energías en general. (Valeurs
et Monnaies, pág. 87 y ss., ed. Daire.) Ad. Smith , en su
Wealth of Nations, I, cap. 4, muestra que conocía la diferencia entre valor de
uso y valor de cambio; pero luego abandona por completo la consideración del
primero. A este respecto, solo ha tenido seguidores demasiado fieles y
unilaterales entre sus compatriotas, de modo que Ricardo ,
Principles, cap. 28, pregunta qué puede tener en común el valor de cambio con
la capacidad de las mercancías para servir como alimento o vestido. (Véase, sin
embargo, cap. XIX y ss.) Muchos "librecambistas" no
tendrían objeción en interponerse si un pueblo abandonara el cultivo del trigo,
etc., para dedicarse exclusivamente a la fabricación de encaje de punto,
siempre que este último tuviera un mayor valor de cambio. Los dos grados de la
idea de valor han sido examinados con mucha minuciosidad por Hufeland en
su Neue Grundlegung der Staatswirthschaftskunst (1807), I, 118 y ss.; Lotz ,
Revision der Grundbegriffe (1811 y ss.), I, 31 y ss.; Storch ,
Handbuch, I; Rau , Lehrbuch, I, 56 y ss.; Thomas ,
Theorie des Verkehrs, I, pág. 11; Knies , Tübing. Zeitschr.
1855; la declaración de Bastiat (Harmonies, pág. 171 y ss.):
que “ valeur ” (con
el que Bastiat se refiere únicamente al valor en el intercambio), = le
raport de deux services échangés , contiene
un doble error: la ambigüedad de la palabra Servicios , lo
cual se aplica tanto a la obtención de utilidad como al trabajo útil, y el
error de que el trabajo necesario para producir una mercancía, del que se
libera al comprador, determina por sí solo su valor en el intercambio.
Compárese infra §§ 47 , 107 , 110 , 115 y
ss., y Knies , loc. cit., pág. 644 y ss.
Proudhon ,
Système des Contradictions économiques, 1846, cap. 2.
En
Francia, según Cordier (Mémoire sur l'Agriculture de la
Flandre Française), la cosecha de trigo dio, en
1817,
cuarenta y ocho millones de hectolitros, con un valor de cambio de dos mil
cuarenta y seis millones de francos; en
1818,
cincuenta y tres millones de hectolitros, con un valor de cambio de mil
cuatrocientos cuarenta y dos millones de francos; en
1819,
sesenta y cuatro millones de hectolitros, con un valor de cambio de mil ciento
setenta millones de francos.
Un
aumento en el valor de cambio del trigo, como el observado en 1817, es sinónimo
de una disminución en el valor de cambio del dinero y de todos aquellos bienes
cuyo precio monetario no ha aumentado. No se opone a las opiniones aquí
defendidas que, cuando los artículos de primera necesidad son muy escasos, la
falta de ropa, muebles, artículos de lujo, etc., no se siente tan intensamente
como en otras ocasiones, y que el valor de uso de estos bienes disminuye;
y viceversa .
Compárese
con B. Hildebrand , N. Œkonomie der Gegenwart und Zukunft,
1848, I, p. 316 y sigs. Knies , loc. cit.
La
mayor importancia que se concede hoy en día al valor de cambio que al valor de
uso se aprecia especialmente en la actitud que el comprador, poseedor del bien
más corriente (dinero), asume hacia el vendedor, una actitud similar a la de un
patrón hacia su cliente. En el interior de África, quien posee dinero, como
tal, difícilmente menospreciaría a quien posee los medios de subsistencia. Los
indígenas sudamericanos están dispuestos a prestar un servicio por un poco de
brandy, lo cual sería en vano pedirles por diez veces su valor en oro.
(Ausland, 15 de enero de 1870). El avaro estima que la posibilidad de
conseguir, por un dólar, cien artículos diferentes de un dólar cada uno, vale
cien dólares.
Cuando
cambian las necesidades de una persona o de un pueblo, es posible que el valor
de uso de un bien, que antes tenía mayor importancia, ocupe el lugar que antes
ocupaba su valor de cambio; y viceversa . Así, el joven vende
el juguete que usó en su infancia; el hombre, el aparato educativo de sus
primeros años; el anciano, los instrumentos que le permitieron adquirir riqueza
y que ya no puede utilizar sin un gran esfuerzo. ( Menger ,
Grundsätze, I, 220 y ss.)
Rau (Lehrbuch,
I, § 61 y siguientes) distingue entre el valor concreto o cuantitativo que una
determinada clase de bienes puede tener para una determinada persona, bajo
ciertas circunstancias, y el valor abstracto o de especie que una clase entera
de mercancías puede tener para los hombres en general.
Pero F.
J. Neumann (Tübinger Zeitschrift, 1872, pág. 288 y sigs.) objeta que
incluso el valor abstracto de una mercancía sugiere siempre la relación entre
un número definido de hombres concretos y una cantidad definida de bienes; de
lo contrario, por la expresión valor de los bienes no debe entenderse lo que
generalmente se quiere significar, sino solamente la capacidad de satisfacer
una sola necesidad.
Storch ,
en Últimas noticias de la naturaleza de los nacionales (1824, 1825), 5, define
( Vermögen )
así: una fuente de ingresos, permanente y susceptible de transmisión, cuyo
poseedor no necesita trabajar para obtenerla. Por lo tanto, no aprueba la
expresión «recursos del pueblo» ( Volksvermögen ).
Véase
especialmente Lord Lauderdale , Investigación sobre la
naturaleza y el origen de la riqueza pública, 1804, cap. 2. Storch ,
loc. cit.
Moreau
de Jonnès , Le Commerce au 19. Siècle (1825) I, 114 y
ss., afirma que Estados Unidos importó del extranjero el 9,6 %, Francia el 6 %
y Gran Bretaña el 5,8 % de su consumo anual; y exportó, respectivamente, el
10,4 %, el 6,2 % y el 9,8 % de su producción anual. Las recientes tendencias al
libre comercio y la mejora de los medios de transporte internacionales han
incrementado sin duda la importancia relativa del comercio exterior. En el
reino de Sajonia (1853), Engel estima que el 10/47 % de la
producción total del país se destinó al extranjero y que el 10/47 % del consumo
fue importado.
Cuando
la tierra de un país se vuelve más cara, simplemente a causa del aumento de la
población, o de los bienes cuya cantidad es susceptible de aumento, porque el
coste de producción ha aumentado, esto no puede considerarse un aumento de la
riqueza del pueblo ( v. Mangoldt ) .
El
valor en el intercambio tampoco es una cualidad inherente a los bienes, sino
solo una relación entre ellos y otros bienes. Por lo tanto, es absurdo hablar
de un aumento o disminución de todos los valores en el intercambio. Si los
bienes A pierden capacidad de ser intercambiados por los bienes B, los bienes
B, por supuesto, aumentan en poder de intercambio en comparación con A, y viceversa .
Es necesario cuidarse de ser engañado aquí por la intervención del dinero, es
decir, por la costumbre universal entre los hombres de emplear un tipo definido
de bienes como medio de intercambio para todos los demás. Sin embargo, hay
muchos escritores que han sido engañados de esta manera. Así, Galiani ,
Delia Moneta (1750), II, pág. 2, que considera el aumento duradero de los
precios de todas las mercancías como un signo infalible de prosperidad
nacional. En el mismo sentido está el lema de los Fisiócrates: Abondance
et cherté c'est opulence . En su
forma más burda, en Saint Chamans , Nouv. Ensayo sobre la
Riqueza de las Naciones (1824), 456, quien desearía que lo que ahora es un don
gratuito de la naturaleza nos llegue o se produzca solo como recompensa por el
trabajo. Verri , por otro lado, Meditaciones sobre economía
política (1771), cap. V, opina que el número de compradores en un país debería
ser el menor posible y el de vendedores el mayor posible, para que así los
precios sean bajos; (como si cada comprador no fuera, eo ipso ,
también vendedor).
Kaufmann ,
Untersuchungen, I, pág. 165 segundos También, Verri ,
Meditazioni, XVII, 2.
Las
diferencias características de la pobreza, la indigencia, la capacidad de
vivir, la fortuna y la riqueza, hábilmente tratadas por von Justi ,
Staatswirthschaft, I, p. 449, ss. Rau , Lehrbuch I, § 76, ss.,
establece la siguiente gradación: privación y miseria, pobreza,
indigencia, “progresar” , comodidad, riqueza, superfluidad. L.
Say llama ricos a quienes pueden satisfacer las necesidades del lujo;
acomodados, a quienes pueden disponer de las comodidades de la vida; y
miserables, a quienes no pueden obtener una suficiencia de los objetos de
primera necesidad. En Francia, los límites de estas situaciones están marcados
por un ingreso de respectivamente 60.000, 6.000 y 900 francos por familia, de
modo que una familia con un ingreso de solo 300 francos por año está en una
condición de miseria. (Traité de la Richesse, 1827, I y sigs., 71 y sigs.)
Palmieri ,
Ricchezza nazionale, Introd. La mayoría de las definiciones de riqueza son más
bien parciales que falsas. Sócrates , por ejemplo, solo
considera la relación existente entre los recursos y las necesidades de sus
propietarios. ( Xenoph. Memor., IV, 2, 37 y ss. Œconom. II, 2
y ss.). Platón , por otro lado, como suelen hacer los
socialistas, prioriza el exceso sobre lo que poseen los demás. (Legg. V, 742 y
ss.). Las observaciones de Jenofonte , Hierón, 4, sobre la
naturaleza de la riqueza, son multifacéticas y hermosas. Aristóteles distingue
entre riqueza natural y artificial: πλῆθος ὀργάνων οἰκονομακῶν καὶ
πολιτικῶν—πλῆθος νομίσματος. (Polit, I, 3, 9, 16.) Compárese con Cicerón ,
Parad. VI. La idea dominante del llamado sistema mercantil se expresa así en un
panfleto sajón de 1530 (Müntzbelangende Antwort, etc.): "El dinero es
la verdadera consigna; donde hay mucho dinero, hay riqueza, está
claro". Compárese con Lutero , Werke, edición
Irmisch, XXII, p. 200 ss. Véanse algunas excelentes observaciones en oposición
a esto, en el panfleto sajón, Gemeyne Stimmen von der Müntz, 1530. Schröder ,
Fürstliche Schatz-und Rentkammer, 1686, cap. XXIX. “Un país se enriquece
en proporción a como extrae oro o dinero, ya sea de la tierra o de otros
países; se empobrece, en proporción a como el dinero lo abandona. La riqueza de
un país debe estimarse por la cantidad de oro y plata que contiene”. Véase
un argumento muy apasionado contra esta visión en Boisguillebert ,
Dissertation sur la Nature des Richesses, escrita en algún momento entre 1697 y
1714. Berkeley , Querist (1735), núms. 562, 542. Entre los
ingleses, la visión correcta prevaleció mucho antes, especialmente entre los
fundadores del imperio colonial americano. Véase Hachluyt ,
Voyages (1600) III, 22 ff. 45 y sigs. 152 y sigs. 165 y sigs. 182 y sigs. 266 y
siguientes; pero especialmente la obra “Virginia's
Verger” en “Purchas Pilgrims” (1625), IV, p. 809 y sigs. Sin
embargo, varios españoles fueron llevados por duras experiencias a adoptar una
visión opuesta a la visión de Midas (compárese con Aristóteles ,
Polit. I, cap. 3, 16), por la que se dejaron llevar los primeros exploradores
americanos: Garcilasso de la Vega (1609), Comment. reales II,
cap. 6; Saavedra Faxardo , Idea Principis christiani (1640)
Symb. 69: potissimæ divitiæ ac opes terræ fructus sunt,
nec ditiores in regnis fodinæ, quam agricultura; más emolumentos, acclivia
montis Vesuvii latera adverunt, quam Potosus mons .
Contemporáneo de aquellos ingleses fue el italiano Giov. botero,
quien llamó la atención sobre el hecho de que Francia e Italia eran los países
de Europa más ricos en oro, aunque no poseían minas del metal precioso: Della
Ragion di Stato (1591) p. 88 y sigs. También Sully , quien
llamó a la agricultura y la ganadería los pechos del estado, las verdaderas
minas y perlas del Perú. (Economies royales I, cap. 81. Véase, sin embargo, II,
p. 381). Montchrêtien , Traité d'Économie politique (1615) 81,
172 y sig. Según Sir D. North, Discourses upon Trade, 1691, la
riqueza es sinónimo de libertad frente a la necesidad y la capacidad de
procurarse muchas comodidades, mientras que Temple (ob. 1700,
Works I, 140 y sig.) mira completamente el lado subjetivo de la riqueza. Pollexfen , “England
and East India inconsistent in their Manufactures” (1697), considera el
oro y la plata como la única riqueza real. A esta definición, Davenant (ob.
1714) opone otra. La riqueza, según él, es todo aquello que coloca al príncipe o
al pueblo en una condición de superabundancia, paz y seguridad. Véase sus
Obras, I, pág. 381 y siguientes. Incluso considera los poderes intelectuales,
las alianzas, etc., entre la riqueza nacional. Compárese con W. Roscher ,
Zur Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre 1851, en las actas de la
Real Academia Sajona de Ciencias, vol. III. Vauban (Dime
royale 1707), edición de Daire, dice: “La verdadera riqueza de un pueblo
consiste en la abundancia de aquellas cosas, cuyo uso es tan necesario para
sostener la vida del hombre, que no se puede prescindir de ellas en
absoluto”. Por la riqueza de un pueblo , Galiani , Della
Moneta II, c. 2, entiende el conjunto de tierras, casas, bienes muebles, dinero,
etc. que le pertenecen, pero que el elemento principal de la riqueza, y la
condición precedente de todos los demás, son los hombres mismos. Por lo tanto,
el proceso de empobrecimiento de un pueblo en su decadencia sigue el siguiente
curso: primero emigra el dinero, luego disminuye la población, después las
casas se arruinan y, finalmente, la tierra misma se convierte en un
desperdicio. Según Broggia , la riqueza es un
avanzo osia valore di tutto cio che avanza al proprio consumo e bisogno ,
Delle Monete, 1743, IV, 307, 314; Cust. Palmieri (ob. 1794),
también dice: il superfluo constituisce la
richezza . (Publica Felicità.) Según Turgot ,
Sobre la Formación y Distribución de las Riquezas 1771, § 90, la riqueza de una
nación consiste en el producto neto de la propiedad territorial capitalizada al
precio ordinario de la tierra, y luego en el agregado de todos los bienes
muebles del país. Büsch, Geluumlauf III, § 27, considera una cierta
duración del producto o ingreso como un elemento esencial en la idea de
riqueza. Lauderdale , Inquiry, cap. II, distingue la riqueza
nacional de la riqueza privada; la primera abarca todo lo que el hombre codicia
como agradable o deseable; mientras que una de las características de la
segunda es que no debería haber una superfluidad general de ella a mano. Varios
economistas ingleses modernos llaman riqueza solo a aquello cuya producción
cuesta trabajo humano. Así, Malthus , Definitions (1827) p.
234. Torrens , Production of Wealth, 1821, cap. I.
Cuando Rossi , Cours d'Economie politique, 1835, L. 2,
dice: tout choose propre à satisfacaire aux besoins de
l'homme est richesse ,
demuestra cómo la frecuente inexactitud del idioma francés impide un análisis
minucioso. La mayoría de las definiciones más recientes se refieren a los
recursos más que a la riqueza. Bastiat distingue entre riqueza
efectiva y relativa ;
la primera se basa en la utilidad y
la segunda en el valor .
(Armonías, cap. 6).
La
riqueza nacional de Atenas, en la época de la centésima Olimpiada, fue estimada
por Böckh (Staatshaushalt der Athen, I, p. 636, 2.ª ed.) entre
treinta y cuarenta mil talentos, además de los bienes estatales no imponibles.
La de Gran Bretaña se estima en unos 8.000 millones de libras esterlinas
(Athenæum, 5 de marzo de 1853). Wolowski estimó la de Francia
en al menos 116.000 millones de francos, con un incremento anual de 1,5 mil
millones (L'or et l'Argent, 1870. Enquête, 59). David A. Wells estimó
la de Estados Unidos, en 1860, sin incluir a los esclavos, en 14.183 millones
de dólares, o 451,20 dólares per cápita, mientras que en Inglaterra la riqueza
per cápita era de unos 1.000 dólares. ( Hildebrand's Jahib.,
1870, I, 431.) La riqueza nacional del reino de Sajonia equivale a 600 millones
de táleros en bienes inmuebles y 600 millones en bienes muebles. ( Engel ,
Statist. Zeitschr., agosto de 1856). La de Wurtemberg equivale a 2.710 millones
de florines, de los cuales 700 millones corresponden a bienes muebles y 100
millones a créditos sobre países extranjeros. (Statistisches Handbuch, 1863.)
Naturalmente, todas estas estimaciones son muy inexactas.
Ch.
Dupin , Fuerzas productivas, pág. 82. Véase infra ,
§ 230.
Compárese
con Meidinger , Das britische Reich in Europa, págs. 79, 238,
261.
Davenant considera
el aumento de casas, barcos y existencias de bienes como la señal más clara de
un aumento de la riqueza nacional; y, por otro lado, una alta tasa de interés,
un bajo precio de la tierra, bajos salarios, una disminución de la población y
un aumento de tierras no cultivadas como señales de empobrecimiento nacional.
(Works, I, págs. 354, seq. II, pág. 283.) Sir M. Decker ,
Ensayo sobre las causas de la decadencia del comercio exterior (1744), 3, cita
como señales de empobrecimiento las siguientes: la miseria de los pobres y de
las manufacturas, el bajo precio de la lana, los largos plazos de crédito a los
comerciantes minoristas, frecuentes quiebras, exportación de metales, un tipo
de cambio desfavorable, pocas monedas nuevas, muchos casos de impago de rentas
de tierras arrendadas y altos impuestos a los pobres.
Storch ,
Handbuch, I, 45. Compárese infra , § 187.
Sobre
la diferencia entre economía humana y animal, véase Schön ,
Neue Untersuchungen der N. Œkonomie, (1835), 4.
Compárese Schäffle ,
System, III, Aufl. Yo, 2, 28.
Knies ,
en su Polit. Œkonomie vom geschichtl. Standpunkte, 1853, págs. 160 y ss.,
muestra, con gran acierto, cómo el amor a uno mismo —que, de hecho, debe
distinguirse del egoísmo— no está en conflicto con el amor al prójimo; sino
que, en las naturalezas sanas, se encuentra aliado con un sentimiento de
equidad y del bien común. Véase también, F. Fuoco , Saggi
economici, Pisa, 1825, n.º 7. Schutz , Das sittliche Element
in der Volswirthschaft: Tübinger Zeitschrift für Staatswissensch. 1844, págs.
132 y ss.
“Que
buscaran al Señor, si en alguna manera, palpando, pudieran
buscarlo.” (Hechos, 17, 27. Compárese con Mateo, 6:33, también 1 Timoteo,
5:8.) Adam Müller en su Nothwendigkeit einer theolog.
Grundlage, 49 seq., es un firme defensor de todo esto, pero de una postura
bastante limitada. El agricultor, dice, debe trabajar primero por amor a Dios,
luego por el fruto, es decir, por el producto bruto, y finalmente por el
producto neto. Su trabajo es un encargo. Müller considera las
relaciones comerciales de los hombres, tal como existen en la actualidad,
como “la incómoda esclavitud mutua de todos.” (Nothwendigkeit einer
theolog. Grundlage, 49 ss.) El economista, cap. Perin , que
escribe desde el punto de vista político-económico católico, sustituye la
conciencia por el renoncement ,
como la fuerza antagónica del intérêt ,
una expresión inapropiada, por ser meramente negativa, aunque en perfecta
armonía con la religiosidad ascética de la Edad Media. (De la Richesse dans les
Sociétiés chrêtiennes, 1861, II vol., passim) Compárese con Roscher en Gelzer's Protestant.
Monatsblättern, enero de 1863. Puchta , Institutionen, I, f.
8, opone al individualismo —o el impulso de distinguirnos de los demás, y que,
cuando no se controla, conduce al egoísmo, el orgullo y el odio— el amor y el
derecho, que son poderes controladores sobre el primero.
Incluso
los antiguos concebían a Eros como un principio constructor del mundo. Según la
expresión de Schön (loc. cit.), que no es difícil de
malinterpretar, el sentimiento del interés común se manifiesta como ley y como
fuerza. Y, en realidad, es necesario que, para no permitir que la conciencia
adormecida se quede atrás del interés propio, siempre despierto, cree
instituciones y normas duraderas que vayan más allá del capricho individual o
del momento; por ejemplo, en la familia, el matrimonio, la educación, etc.
Cuanto
más deja el interés privado de ser momentáneo y se convierte en algo vitalicio
e incluso hereditario, mejor armoniza con el sentimiento del interés común.
Perin dice
(1, 93) que el conflicto de intereses se reconcilia en la búsqueda del logro
del bien supremo, es decir, Dios, “que se da a todos en igual medida, y
sin embargo siempre permanece el mismo, y de cuya plenitud todos pueden sacar,
y sin embargo la parte de nadie disminuye”. Pero lo mismo es cierto de
todos los bienes ideales y de toda forma de sentimiento por el interés común,
el más alto de los cuales es, de hecho, la religiosidad.
Según Kant ,
Anthropologie, pág. 239, el deseo de comodidad y bienestar, y la inclinación a
la virtud, cuando el primero es adecuadamente restringido por el segundo,
producen el grado más alto de bien moral, unido al grado más alto de bien
físico. Es bien sabido que durante la Edad Media, en todos los países excepto
Italia, e incluso hasta el siglo XVII, las ciencias morales estuvieron bajo una
influencia teológica unilateral, cuya condena ascética del interés propio pudo
haber sido suficiente durante un período de violencia. En virtud de una
reacción muy natural, y como protesta del individualismo contra la restricción
de la monarquía absoluta, los materialistas del siglo XVIII se esforzaron por
descubrir, incluso en los fenómenos más exaltados de la sociedad humana, solo
la expresión de un interés propio ilustrado. Véase la Fábula de las
abejas de Mandeville , o los vicios privados, las virtudes
públicas (1723), pero especialmente, Helvétius , De l'Esprit
(1758). Voltaire dice que, en todas las célebres máximas
de De Rochefoucauld (1665) hay una sola verdad
contenida, que l'amour propre est le
mobile de toutes nos actions . (Pero
véase, por contra, Pufendorf , Jus Naturæ et Gentium, 1672,
II, 3, 15.) Esta tendencia fue rechazada, especialmente por los ingleses,
quienes no podían ignorar la influencia ejercida en la vida pública por el
sentimiento del bien común. David Hume , Treatise on Human
Nature (1739), III, 54, opina que los intereses de los demás son, en general,
en el caso de casi todo hombre más fuertes que incluso su propio interés
personal. Hutcheson , System of Moral Philosophy (1755), habla
del principio innato de la benevolencia. El hombre no es un todo perfecto; una
parte pertenece a su propia persona, parte a su familia, parte a la nación,
parte incluso a toda la humanidad. Burke , en su Investigación
sobre el origen de nuestras ideas sobre lo sublime y lo bello (1756), distingue
dos principios fundamentales de acción: el de la autoconservación y el de la
sociedad. En el primero se basa el sentido de lo sublime; en el segundo, el de
lo bello. Según Ferguson , en su Historia de la sociedad civil
(1767), I, 3, 4, el «sentido de unión» suele ser más fuerte donde la
ventaja derivada de la conexión es menor; por ejemplo, es más débil en los
países comerciales altamente cultos. Adam Smith , en su Teoría
de los sentimientos morales (1768), ha sido tan parcial al reducirlo todo
a la «simpatía», como lo ha sido en su Riqueza de las Naciones al
reducirlo todo al «interés propio»; pero no sin la conciencia de que,
para explicar la realidad, es necesario tener en cuenta ambos ( Buckle)
.). Sería, de hecho, tan absurdo basar la economía solo en el interés
propio, como basar el matrimonio meramente en el apetito sexual.
Recientemente, Hermann , Staatswirthschaftliche
Untersuchungen, 1.ª ed., parte 1.ª, descubre en el interés propio y en el
sentimiento por el bien común, los dos resortes de toda economía. Incluso
basaría la llamada Economía Política teórica, en el estudio del interés propio,
su práctica en la del bien común. M. Chevalier , Cours
d'Economie politique, 1844, II, 412 ss., entiende algo muy parecido a esto por
el contraste entre libertad y centralización. El antagonismo y
la asociación de Bazard ,
Exposition de la Doctrine de Saint Simon (1829), pág. 144 ss. Una investigación
más detallada mostrará, sin embargo, que el interés propio, que no debe
confundirse con el egoísmo, y el interés común no son opuestos coordinados ni
exhaustivos. Compárese el hermoso contraste que Goethe (edición
de bolsillo de 1833, vols. 46, 97) estableció
entre «Piedad» y «Egoisterei».
Pablo ,
I. Corintios 12, ofrece la descripción modelo más hermosa de un organismo
social. Compárese, sin embargo, la fábula de Menenio Agripa en Livio ,
II, 32.
Excelentes
comienzos de una teoría general de las economías en común en Schäffle ,
N. Œkonomie, II, Aufl., 62 ss., 331 ss.
El
francés y el inglés, con su fuerte sesgo político, utilizan las
expresiones «economie politique» y
«political economy» respectivamente. En Alemania, donde los términos «pueblo»
( Volk ) y
«estado» ( Stäat )
son mucho menos coextensivos, se prefieren las palabras «Volkswirthschaft» y «Nationalökonomie» .
Pero incluso Hufeland , quien primero difundió el
término «Volkswirthschaft» (Grundlegung,
I, 14), llamó la atención sobre la peculiaridad de que «el término
«economía» sugiere que hay alguien que economiza y guía, un economista jefe, y
que tal persona, incluso según la opinión más correcta, falta en la economía
pública de un pueblo».
Según Th.
Cooper , Lecciones sobre los elementos de la economía política (1726),
1, 15 y ss. 117, la riqueza de una sociedad no es sino la riqueza agregada de
todos los individuos que la componen. Cada individuo vela por sus propios
intereses y, por lo tanto, la nación más rica debe ser aquella en la que cada
individuo se abandona por completo a sí mismo. (Si así fuera, ¡las naciones
salvajes serían las más ricas!) Cooper llega incluso a
desaprobar la protección que una armada nacional brinda al comercio en alta
mar; ninguna guerra naval vale lo que cuesta, y los comerciantes deberían
protegerse. Dice, también, que la palabra «nación» es una invención
de los gramáticos, hecha para evitar la molestia de la circunloquia, ¡una
nulidad! Adam Smith está, como era de esperar, muy alejado de
tales absurdos. (Compárese con La riqueza de las naciones, IV, cap. 2, y el
final del cuarto libro). Pero, incluso él opina que los hombres, en el afán de
su propio beneficio, se ven conducidos “naturalmente, o más bien
necesariamente” (IV, cap. 2), al empleo que resulta más útil a la
sociedad. Pero aquí Adam Smith pasa por alto el hecho de que
cada nación individual anhela la inmortalidad terrenal y, en consecuencia, se
ve frecuentemente obligada a hacer sacrificios inmediatos en aras de un futuro
lejano, algo que nunca puede redundar en beneficio privado de los individuos
mortales que la componen. Y así, D. North , Discursos sobre el
comercio (1691), 13 ss., afirma que en materia comercial, las diferentes
naciones guardan exactamente la misma relación con el mundo entero que las
ciudades individuales con el reino y las familias individuales con la ciudad.
De igual modo, Boisguillebert , Factum de la France, cap. 10,
327, edición de Daire. Benjamin Franklin (ob. 1790), Political
Papers, § 4. Y JB Say , Traité d'Economie politique (1802) I,
15: cada nación está, en relación con las naciones vecinas, en la situación de
una provincia con relación a las provincias vecinas. Desafortunadamente, ¡esa
doctrina es refutada de manera palpable en cada guerra! Dicho de J.
Bentham : Les intérêts
individuels sont les seuls intérêts réels (Traité
de Législation, I, 229). Infra § 98 .
Entre
quienes, en la antigüedad, sostuvieron con mayor vehemencia que la idea de la
economía nacional no es meramente nominal, se encuentra Platón (De
Republ., IV, 420, I, 462); más recientemente, Fichte (Der
geschlossene Handelstaat, 1800), aunque, en general, los socialistas conceden
tan poca importancia a la nacionalidad como sus más acérrimos oponentes. Adam
Müller es un escritor que merece reconocimiento por su defensa de la economía
nacional y del Estado en su conjunto, primordiales para los individuos, e
incluso para las generaciones. Atribuye a la guerra el mérito de haber
profundizado el conocimiento científico del Estado y de haber ilustrado a los
individuos de la manera más contundente sobre su identidad como partes de un
todo. (Elemente der Staatskunst, 1809, I, 7, 113). Llama a la economía pública,
en su conjunto, el producto de todos los productos. ¿De qué sirve, se pregunta,
el uso de toda la riqueza si no se garantiza a sí misma? Y esto, puede hacerlo,
solo a través de la organización de todo el pueblo, es decir, a través de la
nación (I, 202). La teoría del trabajo de Adam Smith sería
correcta si considerara toda la vida nacional de un pueblo en sí misma como una
enorme pieza de trabajo. (II, 265). Y así, Müller dirige sus polémicas contra
la premisa de Adam Smith de un mercado mundial meramente mercantil. (II, 290).
Del mismo modo, los teóricos del arancel proteccionista, Ganieh ,
Théorie de l'Economie politique (1822), II, 198 y ss. y Fr. List ,
Nationales System der politischen Oek. (1842), I, 240 y ss. Colton ,
Economía Política de los Estados Unidos, 1853. Sismondi ,
Nuevos Príncipes (1819), I, 197, ridiculiza la opinión que reduce el interés
público a meros intereses privados: A tiene interés en robar a B; B, el más
débil, está igualmente interesado en dejarse robar, para no sufrir peor. ¡¿Pero
el Estado...?!
¡Las
guerras nacionales no son en realidad meros actos de la voluntad del Estado!
Desde 1800, Irlanda, y desde 1858, incluso la India británica, constituyen un
solo estado con Inglaterra, y sin embargo, ¡cuán diferentes son las tendencias
económicas de estos distintos países, de las que el agricultor o empresario
debe estar al tanto!
También
se podría negar la realidad de un arroyo, considerado en su conjunto, ya que su
lecho, nadie lo llama arroyo, y su contenido acuoso cambia a cada instante. Sin
embargo, es bien sabido por la geografía científica que cada arroyo tiene sus
propias características.
Esto
equivaldría a explicar ignotum per ignotius .
Y, sin embargo, hay muchos escritores modernos que creen haber dicho algo
completamente suficiente al afirmar que el Estado es un organismo. Ya un
escritor como Hufeland (N. Grundlegung, I, 113) protesta
contra tales abusos. Quien opere con esta noción debería, al menos, haber leído
las agudas observaciones, tan bien calculadas para disipar opiniones
preconcebidas, realizadas por Lotze en su Allgemeine
Physiologie des körperlichen Lebens, 1-165. La concepción orgánica de la vida
nacional, la vida de todo un pueblo, donde los órganos individuales son seres
libres y racionales, es evidentemente mucho más difícil de formar que la del
cuerpo animal o humano.
Español
Primero llamé la atención, en mi trabajo sobre la vida, obra y época de Tucídides ,
al hecho de que ese gran historiador siempre explica las causas de la siguiente
manera: A. es producida por B., y B. por A. ( Roscher , Leben
Work und Zeitalter des Thukydides, 199 y sigs.; compárese especialmente Tucídides ,
I, 2, 7, ss.) Tal círculo no es vicioso. Todos los historiadores de primera
clase han explicado así los fenómenos históricos. La deducción unilateral de A.
de B., y B. de C., etc., que los llamados escritores pragmáticos como Polibio ,
por ejemplo, es el resultado de pasar por alto toda acción recíproca. Scialoja ,
Principii (1840), pág. 60, hace una observación algo similar para la Economía
Política.
Que
llamemos al fundamento desconocido e inexplicable de todo análisis, y al que
nuestro análisis no puede acceder, fuerza vital, forma genérica, espíritu de la
nación o pensamiento divino, es por el momento un asunto de indiferencia
científica. Tanto más necesarios son el autoconocimiento y la honestidad, en
general, que admiten la existencia de este trasfondo y que, al negarlo, no
niegan la conexión del todo, que es, en su mayor parte, mucho más importante
que las partes analizadas. Pero, al mismo tiempo, debo expresar mi enérgica
protesta contra las imputaciones de herejía hechas por quienes no comprenden el
sagrado deber de la ciencia, mediante la investigación incesante, de ampliar
aún más los límites de este trasfondo inexplicable.
Cuando Hildebrand ,
por ejemplo, objeta la aplicación de la expresión «ley natural» a las
acciones económicas del hombre, por considerarla contraria a la libertad humana
y a su capacidad de progreso (Jahrbücher der N. Œek. und Statistik., 1863,
Heft., I), no puedo estar de acuerdo con él. Utilizo la expresión «ley
natural» siempre que observo uniformidad, explicable en sus conexiones más
amplias y no dependiente del designio humano. No cabe duda de que existen tales
uniformidades. Basta mencionar la ley filológica de la
llamada «permutación de consonantes», que los individuos siguen al
hablar —ciertamente no por obligación— y, mediante la cual se manifiesta el
progreso del conjunto hablante. O bien, podría llamar la atención sobre el
hecho bien conocido de que, en países populosos, los matrimonios y los delitos,
que en su mayoría son gratuitos, se reparten entre las diferentes clases de
edad en una proporción mucho más uniforme, año tras año, que las muertes, que
no son gratuitas. Me adhiero con mayor firmeza a la expresión “ley
natural”, porque nadie se ofende ni objeta la expresión “naturaleza
del alma humana”. Pero a esta misma naturaleza del alma humana pertenecen
la libertad y la responsabilidad del individuo, así como la capacidad de la
especie para el progreso. Compárese A. Wagner , sobre la ley
en las acciones aparentemente caprichosas del hombre ( Die
Gesetzmässigkeit in den scheinbar willkürlichen menschlichen Handlungen ,
1864, pág. 63 y siguientes), en el que, sin embargo, solo llega hasta el punto de
mostrar que la ley y la libertad coexisten juntas como hechos indudables,
mientras que la aparente contradicción entre ambas permanece. Moralische
Statistik und die menschliche Willensfreiheit, 1867, de Drobisch es
una importante contribución a la literatura sobre esta cuestión.
Whately ,
en su cuarta conferencia (Lectures, 1831), muestra de una manera muy clara,
cómo Londres es abastecido y abastecido por hombres que no tienen otro objetivo
en mente que su propio interés personal, cada uno de los cuales posee un
conocimiento muy limitado de las necesidades globales de sus habitantes, y sin
embargo trabajan en las manos de los demás, en interés del conjunto, de manera
puramente instintiva, e infinitamente mejor, tal vez, que las operaciones de la
comisión gubernamental más hábil, organizada para el mismo propósito.
Se
dice que Alfonso de Castilla, rey astrólogo del siglo XIII, afirmó que el
universo habría estado mucho mejor constituido si el Creador le hubiera pedido
consejo de antemano. Astrónomos como Newton y Gauss, sin duda, opinaron lo
contrario.
MacCulloch señala
que existe una diferencia esencial entre las ciencias físicas y las ciencias
morales y políticas: los principios de las primeras se aplican en todos los
casos, mientras que los de las segundas solo en la mayoría de los casos, una
idea desarrollada con gran habilidad por Knies (loc.
cit., passim ). Si, con Newmarch (London
Statistical Journal, 1861, pág. 460 y siguientes), admitiéramos que no existe
una «ley», excepto cuando es posible predecir cada suceso individual
bajo ella, no existirían ni siquiera las «leyes» de la probabilidad
de la vida. La palabra «elemento» también significa algo muy
diferente en Economía Política que en Química: una combinación que podría
descomponerse, pero que esa ciencia deja a otras ciencias.
El «elemento» de la Economía Política es el hombre. Compárese con Pickford ,
Einleitung in die politische Œk., 1860, 17.
Es
en este sentido que Aristóteles (Polit., I, p. 1, 9 Schn.)
dice: φανερὸν, ὅτι τῶν φύσει ἡ πόλις ἐστὶ, καὶ ὅτι ἄνθρωπος φύσει πολιτικὸν
ζῶον. Según L. Stein, Lehrbuch der Volkswirthschaft , 1858,
33, la economía política de un pueblo comienza donde comienza el excedente de
individuos.
Compárese
con KL von Haller , Restauration der Staatswissenchaft, I, p.
446 y sigs.
Como Salustio caracteriza
el apogeo político de los romanos: Optimis
moribus et maxima concordia egit populus Romanus inter secundum atque postremum
bellum Carthaginiense. Véase Agustín (Civ.
Dei II, 18). Puchta (Institutionen, I, f. 83), con gran
sentido común, distingue en cada pueblo su carácter individual de aquel que
comparte con toda la humanidad. Este último existe entre las naciones salvajes
solo como un germen enterrado bajo el peso abrumador de aquello que les es
especial. El período de perfecto equilibrio de ambos elementos coincide con el
de la verdadera cultura de un pueblo. En el curso posterior del desarrollo,
este último, el elemento más general, se vuelve gradualmente superpoderoso,
destruye al individuo y, por lo tanto, disuelve la nacionalidad.
Así
formulados, los principios de los dos grandes partidos, evidentemente, no se
contradicen más que sus consignas
habituales, «libertad» y «orden» . De ahí que todos los
grandes estadistas de los mejores períodos de la historia hayan adoptado el
camino intermedio recomendado por Aristóteles.
Véase Lotze ,
Allgemeine Pathologie, 1842. Ruete , Lehrbuch der allgemeinen
Therapie, 1852. Obviamente, estas analogías no deben forzarse demasiado. Una de
las diferencias más esenciales entre ambos radica en que, en las enfermedades
del cuerpo político, los médicos y las enfermeras son, en sí mismos, parte del
organismo enfermo.
Véase la
bellísima exposición de Ahren , Organische Staatslehre, 1850, I, 77.
Economía nacional ( Nationalökonomie =
economía pública); economía nacional ( Nationalökonomik =
la ciencia de la economía pública). Este último término fue propuesto por
primera vez en Alemania en 1849 por Uhde ; el primero se
naturalizó allí en 1805: v. Soden , Nationalökonomie,
1805; Jacob , Grundsätze der N. Œk., 1806. En Italia, G.
Ortes lo utilizó ya en 1774, en su Dell Economia nazionale, y en
Inglaterra fue empleado, incluso en 1867, por Ferguson ,
History of Civil Society, III, p. 4. Holanda. Volkshuyshoudkunde. Por regla
general, fuera de Alemania se utiliza el término economía política, économie
politique , que en cierto modo está calculado para
engañar al estudiante. (Así Montchrêtien sieur de Vatteville ,
Traité de l'Economie politique ,
165; más tarde JJ Rousseau , Discours sur l'Economie
politique, más tarde aún los Traités d'E. p., Maillardère , Page y JB
Say , 1801-1803). Economía Política ( Sir J. Stewart ,
Investigación sobre los principios de la PE, 1767); también Economía Pública
( Petty , varios Ensayos, 1682, 35); Economia politica o pubblica (este
último de Verri y Beccaria ). El título Economia
civile ( Genovesi , Lezioni, d'Ec. civ. 1769), ha
encontrado pocos adeptos. Sin embargo, ha sido utilizado recientemente
por Cernuschi : Illusions des Sociétés coöperatrices (1866).
El término Economie sociale se
ha utilizado aún más en Francia (Dunoyer, Nouveau Traité d'Ec. soc., 1830),
recomendado por JB Say y empleado por Buat (Des
vrais Principes de l'Origine et de la Filiation du Mot Economie politique, en
el Journal des Economistes, 1852).
Stein ,
Lehrbuck der VW, prologa su «Ciencia de la Economía Pública» (págs.
329-358) con una «Ciencia de la Economía» (págs. 96-328), que, sin
embargo, trata las economías individuales únicamente como elementos de la
economía nacional. Una ciencia de la economía doméstica o individual aislada
podría, por supuesto, abordar únicamente las relaciones económicas de los
anacoretas. Quienes objeten que la Economía Política no es un todo real se
conformarán con la definición dada por F. I. Neumann : «La
ciencia de la relación de las economías domésticas o individuales entre sí y
con el Estado en su conjunto». (Tüb. Zeitschr., 1872, 267).
En
la medida en que estas diversas instituciones se ocupan de objetos que van más
allá de lo humano o sobrenatural, sólo el modo en que son aceptadas o en que se
hace uso de ellas es una expresión de la vida nacional.
Así, J.
Tucker considera que la religión, el estado y el comercio son solo
partes de un mismo plan general: por lo tanto, ninguna institución puede
considerarse apropiada, dentro del ámbito de cualquiera de estos, si se opone
claramente a las otras dos, porque la armonía de la obra de Dios es
inquebrantable. (Cuatro tratados y dos sermones sobre temas políticos y
comerciales, 1774, Sermón I.)
Riedel (National
Œkonomie, 1838, I, pág. 178 y ss.) ilustra bien la diferencia entre la manera
en que el derecho y la economía política abordan la misma cuestión. El derecho
(para evitar conflictos o resolver controversias) considera al deudor como
propietario del capital y le permite asumir todo el riesgo; la economía
política, por otro lado, al profundizar en la naturaleza del contrato, llega a
un resultado completamente opuesto. El jurista tiende peligrosamente a
subestimar el imperio de las leyes naturales; el economista político, con la
misma facilidad, subestima el elemento del libre albedrío. ( Arnold ,
Cultur und Recht I, 97). En este sentido, ambas ciencias se complementan muy
bien. Roesler ( Hildebrand's Jahrb., 1868,
II, y 1869, I) muestra, y no exagera, que los economistas políticos han hecho
un uso demasiado escaso de los resultados de la ciencia del derecho.
Los
juristas siempre experimentarán la necesidad de despojar a sus ideas aisladas
de su carácter puramente accidental, agrupándolas de tal manera que constituyan
un todo completo e independiente. Se requiere un conocimiento profundo para
percibir su necesaria conexión desde un punto de vista histórico-jurídico. La
Economía Política, con su característica precisión y utilidad práctica, es la
que mejor puede encontrar su lugar en la actualidad. Es, en la mayor parte de
las cuestiones jurídicas, la ciencia sistemáticamente elaborada de «la
naturaleza de la cosa». Véanse los hábiles inicios de una política
legislativa y una historia superior del derecho, basados en la Economía
Política, de H. Dankwardt : N. Œk. und Jurisprudenz, 3 Hefte,
1857, y mi prefacio a los Estudios Nacionales y Civilistas de Dankwardt ,
1862.
El
poder intelectual de un pueblo depende del desarrollo vigoroso y armonioso de
las siete esferas de la vida.
Montecuccoli ,
Besondere und geheime Kriegsnachrichten (Leipzig, 1736). Un juicio muy similar
de César en Dio Cass. , XLII, 49.
Bülan ,
Handbuch der Staatswirthschaftslehre, 1835.
Así contra
Justi , Staatswirthschaft 1755. Kraus ,
Staatswirthschaft, publicado por Auerswald, 1808; Schmalz ,
Handbuch der Staatswirthschaft, 1808. Más recientemente, Hermann ,
Staatswirthschaftliche Untersuchungen, 1832. En Francia, la expresión économie
de l'état , se utiliza muy raramente. Gavard ,
Príncipes del'E. Estado de Estado, 1796.
Pölitz ,
Staatswissenschaften im Lichte unserer Zeit, II, 3. Compárese con Lotz ,
Handbuch der Staatswirthschaft (2.ª ed., 1837), I, 10 y sigs.
Español
Nuestra visión de la Economía Política ocupa un lugar intermedio entre extremos
opuestos. La visión expresada por Whately , Lectures on
Political Economy (1831), No. 1, y cubierta por el término
propuesto “cataláctica”, es demasiado estrecha. De manera
similar, Macleod , Elements of Political Economy, 1858, I, 11.
Una objeción similar puede plantearse al título anterior del libro de
Pritzwitz : Die Kunst reich zu werden,—el arte de enriquecerse. Por
otro lado, Dunoyer , Liberté du Travail (1845), L. IX, cap. I,
va demasiado lejos en conjunto: “no solo de qué manera una nación se
enriquece, sino según qué leyes tiene más éxito en la ejecución de todas sus
funciones”. Y así Storch , Handbuch, traducido al alemán
por Rau , I, 9. Muchos escritores modernos definen la Economía
Política simplemente como la teoría de la sociedad; por ejemplo, Scialoja ,
Principj. dell'Economia sociale, 1840. Cibrario , E. polit.
del medio Evo, III, 1842.
Para
las muchas y variadas definiciones del poder policial, véase von Berg ,
Handbuch des Polezeirechts, I, 1-12; Butte , Versuch der
Begründung eines System der Polezei (1807), 6 y ss.; Rosshirt ,
Ueber den Begriff der Staatspolizoi (1817), 34 y ss. Una de las principales
dificultades es que el dominio práctico del poder policial está, como
consecuencia de los sucesivos grados de civilización por los que pasa un
pueblo, sujeto a mayores modificaciones que cualquier otro poder estatal.
Llamamos la atención especialmente sobre las expresiones “sin mediación,
para prevenir” y “orden externo” en nuestra definición. La
iglesia, la escuela, la administración de justicia, etc., actúan mediatamente
hacia la prevención de tales disturbios; y hay muchas otras instituciones que
ofrecen protección inmediata al orden de naturaleza más alta e intelectual.
Véase
la gran cantidad de definiciones anteriores recopiladas en R. von Mohl ,
Gesch. und Literatur der Staatswissenschaften III, págs. 637 y siguientes.
Existen dos grupos principales: uno la considera la ciencia de los asuntos de
relevancia política, y el otro, la ciencia de las condiciones actuales o
pasadas.
Véase Dufau ,
Traité de Statistique, 1840; Moreau de Jonnès , Elementos de
estadística, 1847; Knies , Die Statistik als selbstständige
Wissenschaft, 1850. B. Hildebrand , en su Jahrbüchern, 1866, I
etc., pero especialmente las obras de Quetelet . Para una
opinión contraria, véase Fallati , Einleitung in die
Wissenschaft der Statistik der St., 1843; Jonak , Theorie der
Statistik, 1856, y Heeren , en el Gött. Gelehrten Anzeigen,
1806, núm. 84, 1807, 1302.
Así
lo piensa V. Rümelin (Tübinger Zeitschr., 1863, 653 y ss.); y
recomienda, en lugar de la estadística, una rama independiente del saber,
limítrofe con la historia y la geografía, llamada demografía. Su estadística es
una ciencia auxiliar de todas las ciencias experimentales del hombre, así como
la crítica y la hermenéutica son una ciencia metodológica auxiliar de muchas
ciencias, por lo demás diferentes. Sería difícil justificar el uso del nombre
estadística para dicha ciencia, ya que no corresponde a ninguno de los dos
significados de la palabra «estado» (estado-condición).
Los
antiguos, entendidos con el término cámara καμάρα , cubrían
lugares especialmente abovedados, así como bóvedas de los más variados tipos.
Compárese con Herodes , I, 199; Diodo. , II,
9; Estrabón , XI, 495; Arriano , Exp. Alex. ,
VII, 5, 55; Dio Cass . XXXVI, 32; Salustio ,
aC, 55; Cicerón , ad Q. fratrem III, 1; Plin. ,
HN XXX, 27; Séneca , Epist., 86; Tácito. Historia.
III, 47; Sueton , Nero, 34. Durante la Edad Media, el
significado de cámara del tesoro ( Schatzkammer )
se volvió predominante: camera est
locus, in quem thesaurus recoilligitur, vel conclave, in quo pecunia reservatur ( Ocham ,
Cap. Quid sit Scaccarium). Gradualmente se convirtió en sinónimo de finanzas,
desde la época de Carlomagno, o al menos desde Luis II. (Carta de 874).
Véase Ducange , Glossarium, contra Camera y Muratori Antiquitt.
Ital., I, 932 y sigs.
Un
agricultor debe arar y abonar su tierra si quiere cosechar de ella. Debe
engordar su ganado si lo sacrifica; y proporcionar a sus vacas buen forraje si
quiere que den buena leche. De igual manera, un príncipe debe empezar por
asegurar a sus súbditos comida sana y abundante, si quiere recibir algo de
ellos. von Schröder , Fürstl. Schatz-und Rentkammer (1686),
prefacio, § 11. Von Horneck antes que él, Oesterreich über
alles wann es nur will, p. 220, ed. de 1707, había expresado la idea de que la
atenta solicitud por la economía pública del país no era un parergon ,
ni un apéndice , del consejo ( Kammer ),
sino su verdadera base, y que abarcaba muchos temas que no tenían nada en común
con la cameralia ( « Cameralien » ).
Morhof ,
Polihistor (1688), III. Thomasius , 1728, Cautelæ circa
præcognita Jurisprudentiæ (1710), cap. 17. (Cautelæ circa studium œconomicum.)
Además, en sus conferencias sobre “Teutschen Fürstenstaat” de
Seckendorff . Compárese con Roscher y Gesch. der
N. Œk. en Deutschland, 328 y sigs.
Mientras
que Dithmar (1731) distingue entre economía-policía y ciencias
cameralísticas y restringe estas últimas a finanzas e impuestos; Darjes (1756)
comprende bajo el nombre de ciencia cameralística, economía (municipal y
rural), y policía, así como temas cameralísticos en el sentido estricto del
término, es decir, los derechos públicos, de dominio y reales. Mientras
que Nau (1791), en su “Ersten Linien der C.”, trata
solo de las ramas de la economía privada, Schmalz (1797) trata
también de la economía nacional o pública, y Rössig (1792)
divide la ciencia cameralística en la doctrina de los derechos públicos de
dominio y reales (ciencia cameralística en sentido estricto), y la doctrina de
los impuestos y la policía.
Así,
por ejemplo, todo lo relativo a la economía doméstica, a la contabilidad y a la
administración financiera privada.
John
Stuart Mill , Principios de Economía Política (1848), I,
pág. 25, distingue entre las condiciones físicas que influyen en la situación
económica de un pueblo y las condiciones morales y psicológicas; estas últimas
tienen su origen en las instituciones sociales o en los principios
fundamentales de la naturaleza humana. Solo estas últimas pertenecen al ámbito
de la Economía Política. Según J. B. Say , Traité, Introd.,
esta ciencia abarca simultáneamente la agricultura, la manufactura y el
comercio, pero solo en su relación con el aumento o la disminución de la
riqueza, y no se ocupa de los medios empleados para alcanzar el fin deseado.
Por regla general, dice Arndt (Naturgemässe Volkswirthschaft,
1851, pág. 16), considera no tanto las cosas en sí mismas como su valor de
cambio. Lotz (Handbuch, I, pág. 6 y siguientes) define de
igual modo la Economía Política, la ciencia de la actividad única que
constituye la base de todas las industrias, etc. FG Schulze (Último
fundamento de la economía popular, 1826) caracteriza la Economía Política como
la ciencia de las condiciones fundamentales del bienestar de un pueblo, en la
medida en que se encuentran en la naturaleza humana.
Cuando Adam
Smith (libro IV, cap. II) afirma que el gobierno, en materia
económica, es inferior a la persona más destacada dedicada a la actividad
industrial, solo tiene razón desde un punto de vista técnico. Y cuando Stewart ,
por otro lado, reivindica para el estado el cargo de pater-familias (libro II,
cap. 13), evidentemente se refiere únicamente a la economía nacional.
Véase
también Rau (Ueber die Cameralwissenschaft, Entwickelung ihres
Wesens und ihrer Theile, 1825); Baumstark (Cameralistische
Enclycopädie, 1835).
Jenofe, Econom.
I, 8 y ss. Cyrop. VIII; 2, 23. Veía con igual claridad las luces y sombras
morales de la riqueza. (Econ. XI, 9. Conviv. 4. Memor. I, 6. Cyrop. VIII, 3, 35
y ss. Hierón 4.)
Tomás
de Aquino valora los bienes terrenales según el fin
para el que están destinados; cuando se utilizan para un buen propósito, tienen
un valor mediatamente verdadero. Por lo tanto, fue un error de los estoicos
despreciarlos en cualquier circunstancia. (Summa Theol. II, 2. Qu., 50, 3. 58,
2. 59, 3. 125, 4.)
Whateley considera
al salvaje muy inferior al materialista, en lugar de superior. Este último
posee, aunque abusa de él con frecuencia, la facultad de autocontrol y
previsión, totalmente ausente en el primero. (Lectures, n.º 6). Dunoyer ,
De la Liberté du Traväil, liv. IV, cap. I, 8, una apología de la integridad
moral de la civilización, pues promueve la destreza militar, favorece el
desarrollo de las ciencias e incluso es poética. Baudrillart ,
Manual d'Œkonomie politique, 1857, 24. Véase Fallati , Ueber die
sogennannte matriellen Tendenz der Gegenwart, 1842.
Véase
la inscripción en la tumba de Sardanápalo: ταῦτ᾽ ἔχω, ὄσσ᾽ ἔφαγον καὶ ἐφύβρισα
καί μετ᾽ ἔδωτος. τέδπν ἔπαθον. (Estrabón, XIV, 672.) Isaías ,
122, 13, 56, 12, y el libro de la sabiduría (2) caracteriza la visión del
pueblo judío caído. En Grecia, las escuelas cínica y epicúrea no fueron más que
fases diferentes de la misma degeneración. “¡La sed de dinero y nada más
será la ruina de Esparta!” ( Cicerón , De Offic, II, 22,
77.) Véase la magnífica descripción de Demóstenes, en la que muestra que la
sobreestimación de las cosas materiales fue la principal causa de la decadencia
de Atenas, y en la que pone gran énfasis en el hecho de que Atenas, en su
decadencia, tenía una mayor población, más riqueza, barcos y evidencias de
poder externo que en su edad de oro. ( Fil., III, 120 seq.) También Fil., IV,
144, nos previene contra el criterio de Manchester de prosperidad nacional.
Véase Platón , De Rep., VIII. En Roma, el principio ommia
venalia esse fue un elemento principal en la decadencia
total y caída de la república. ( Salustio , Cat., 10 ff.,
Jug., 8 ff.) En una época en la que la gente cree que puede hacerlo todo con
dinero, la ruina de todas las cosas es el fin último de la especulación
mercantil, financiera y política. ( Condillac , Le Commerce et
le Gouverment, 1776, II, 18.)
Español
Bajo Pericles, el tesoro ateniense del estado contenía como máximo 9.700
talentos. ( Tucid. II, 13.) Por otro lado, Alejandro Magno
tenía un tesoro de 180.000 talentos acumulados en la ciudadela de Ecbatana.
( Estrabón , XV, 731); Ptolomeo II. dejó tras de sí 740.000
talentos. ( Appian. præf. 10, Droysen ,
Geschichte des Hellenismus II, 44 y sigs.) En la época de Nerón hubo más de una
hija de liberto que poseía un espejo que valía una suma mayor que la que el
senado había asignado como dote a la hija del gran Escipión. ( Séneca ,
Quæst. Natur. I, 17. Compárese con Cons, ad Helviam, 12.) McCulloch dice
que un despotismo inteligente puede enriquecer a una nación tanto como la
libertad. (En su Discurso sobre el surgimiento, etc. de la economía política,
1825, 77 y siguientes)
Bacon (Sermones,
56) afirma que los estados jóvenes se distinguen especialmente por sus
instintos guerreros; los estados maduros, por la literatura; los antiguos y
decadentes, por la industria y el comercio. Davenant señala
con acierto que el desarrollo del comercio entre un pueblo tiene un valor
ambiguo. Si bien incrementa la riqueza, al mismo tiempo puede introducir lujo,
codicia y fraude, destruir la virtud, suprimir la simplicidad de modales y
costumbres, y finalmente desembocar inevitablemente en la esclavitud interna o
externa. (Obras II, 275). Sin embargo, la simplicidad del estado patriarcal no
puede perdurar siempre, aunque solo sea por la emulación de naciones
extranjeras. (1, 348, ss.) El empobrecimiento incluso de la nación más rica es
inevitable cuando su moralidad decae. Es especialmente cierto que la economía
pública de un pueblo solo puede prosperar donde prevalece la libertad política,
y esto, independientemente del hecho de que la riqueza sin libertad carece de
valor. (II, 336 y ss., 380 y ss., 285.) Según Ferguson , la
riqueza privada, honestamente adquirida, usada correctamente y con moderación,
administrada con sentido de independencia, puede ser para quienes la poseen, un
elemento de autoconfianza y de libertad, siempre que aflojen sus bolsillos no
por vanidad o para su gratificación personal, sino por loables propósitos
partidistas. Pero en épocas de decadencia, incluso una cantidad mayor de
riqueza está muy lejos de producir estos resultados. (Historia de la sociedad
civil, VI, 5.) Whately , por el contrario, sostiene que solo
la riqueza personal —nunca la riqueza nacional— tiene una influencia desastrosa
en la moral. Lecciones, n.º 2.
“El
método de una ciencia es de mucha mayor importancia que cualquier
descubrimiento individual, por maravilloso que sea.” ( Cuvier. )
Así,
por ejemplo, G. Biel (ob. 1495), el “último de los
escolásticos”, nos da su doctrina de Economía Política, en una obra sobre
Teología Dogmática, en el capítulo sobre la Penitencia, siendo su punto de
partida la investigación, cómo el daño económico causado por el pecador puede
ser reparado. Roscher , Geschichte der Nationalökonomik in
Deutchland, 1074, I, 23. ¡La Melittotheologia, Arachnotheologia de tiempos
posteriores! Un intento reciente en esta dirección ha sido hecho por Ad.
Müller , Nothwendigkeit einer theologischen Grundage der gesammten
Staatswissenschaften und der Staatswirthschaft insbesondere (1819), es
decir, “necesidad de una base teológica para toda ciencia política, y
especialmente para la Economía Política”. Divide la ciencia política en
dos partes: la ciencia del derecho y la ciencia de la sabiduría, abarcando bajo
esta última denominación la política, la Economía Política, etc. El derecho
emana de Dios, como juez supremo; la ciencia de la sabiduría, de Dios, como
nuestro Padre Supremo.
Se
recurre a la abstracción a gran escala, separando y examinando por separado
diversos elementos que siempre se encuentran combinados en la vida. Es
precisamente así como procede la anatomía, diseccionando cada miembro del
cuerpo humano, separando los huesos, ligamentos y músculos, convirtiéndose así
en la escuela preparatoria necesaria para la fisiología.
Así,
por ejemplo, Canard , Principes d'Economie politique (1801).
También Kröncke , en varias de sus obras, y el Conde
Buquoy , en su Theorie der Nationalwirthschaft (1816), p. 333 y
sigs.; Lang , Grundlinien einer politischen Arithmetik,
Charkow, 1811, y más especialmente v. Thünen , Der isolirte
Staat, vol. Yo (1842), vol. II, 1850. Véase mi crítica a su método
en Georgika de Birnbaum , 1869, 77 y sigs. El primer
volumen de Voa Thünen es un ensayo hacia una exposición
geométrica de la ciencia. Véase también Rau , Lehrbuch I, § 154,
apéndice; von Mangoldt , Grundriss der Volkswirthschaftslehre
(1862); Cazaux , Elements d'Economie privée et Principes
mathématiques de la Théorie des Richesses (1838); F. Fuoco ,
Saggi economici (1827) II, 61 y sigs. Walras , Eléments
d'Econ. politique pure (1874). Jevons se ha esforzado
recientemente por dar a la Economía Política una base matemática reduciendo los
objetos que trata a los sentimientos calculables de placer (+) y dolor (-). La
duración de un sentimiento se trata como una abscisa, su intensidad como la
ordenada de una curva y su cantidad como el área. Los sentimientos futuros se
reducen a los presentes, al permitir su distancia y la incertidumbre de su
ocurrencia. Todo esto, sin embargo, es más curioso que científicamente útil.
Herbart ,
Ueber die Möglichkeit und Nothwendigkeit, Mathematik auf Psychologie
anzuwenden; Kleinere Schriften, II, 417.
Lo
perjudicial que resulta ignorar la naturaleza psicológica de la Economía
Política se evidencia en los errores de Karl Marx , quien
personifica las cosas de una manera casi mitológica. Así, según él, la modestia
debería atribuirse a un abrigo que se intercambia por un lienzo, y el propósito
al lienzo, etc. (El Capital, 1867, I, 19, 22 y ss.). El mayor defecto de este
hombre inteligente, aunque poco perspicaz, su incapacidad para reducir
fenómenos complejos a sus elementos constitutivos, se ve agravado considerablemente
por su forma de ver las cosas.
Compárese
con J. B. Say , Traité I, introd. Así pues, sería ciertamente
posible describir la fisonomía de cada individuo mediante una fórmula
matemática muy compleja, y sin embargo, nadie preferiría el método habitual de
tomar fotografías. Los movimientos simples de los cuerpos celestes, por el
contrario, siempre se tratan matemáticamente. ( Lotze ,
Allgemeine Physiologie, 322 y ss.)
Cuando Fawcett dice
que todos los “principios de la Economía Política describen tendencias en
lugar de resultados reales” (Manual de Economía Política, 1863, pág. 90),
nuestro método, el histórico, proporcionaría también la teoría de estos
últimos.
La
mayoría de los escritores perdieron de vista este aspecto durante la segunda
mitad del siglo XVIII, pues consideraban que la igualdad era la condición más
antigua y su restauración el ideal por el que luchar. Cuánto de esto aún se
aferra a la actual escuela librecambista; véase en Roscher ,
Gesch. der N. Œk. in Deutschland, 10, 17 y ss.
Así,
por ejemplo, Ricardo examina casi exclusivamente la situación
actual, mientras que los socialistas se limitan, aún más exclusivamente, a la
investigación de cómo deberían ser las cosas. Desde que Rau escribió,
ha sido muy habitual en Alemania distinguir entre Economía Política teórica y
práctica. Muchos piensan que un buen manual de Economía Política práctica,
prescindiendo de la introducción, las demostraciones, etc., sería también un
buen código legal de aplicación universal. Mercier de la Rivière afirmó
que deseaba proponer una organización que necesariamente produjera toda la
felicidad que se puede disfrutar en la tierra (Ordre essentiel et naturel
(1767), Disc. prélim.). Compárese también con Sismondi , N.
Principes, I, cap. 2.
El
término «método» se utiliza en un sentido esencialmente diferente cuando se
investiga si en Economía Política se sigue el método inductivo o
deductivo. JS Mill denomina a la Economía Política, y de hecho
a toda la «sociología», una ciencia deductiva concreta, cuyas
conclusiones a priori , basadas en las leyes de la naturaleza
humana, deben comprobarse mediante la experiencia, ya sea comparándolas con los
fenómenos concretos mismos o con sus leyes empíricas. En esto, se asemeja a la
astronomía y la física. (Sistema de Lógica VI, cap. 9. Ensayos sobre algunas
cuestiones pendientes de Economía Política, n.º 5). Según esto, se puede decir
que un hecho económico ha recibido una explicación científica solo cuando sus
explicaciones deductiva e inductiva coinciden. «Solo aquellos principios
que, tras obtenerse mediante uno, se confirman mediante el otro método, pueden
considerarse con base científica». ( von Mangoldt ,
Grundriss, 8.) Aunque coincido con este punto de vista, me parece necesario
mencionar puntos en los que es necesaria cautela: A. Incluso la explicación
deductiva de los hechos económicos se basa en la observación, es decir, en la
autoobservación de la persona que los explica, quien, consciente o
inconscientemente, siempre debe preguntarse: Si hubiera experimentado o
realizado el mismo hecho, ¿qué habría pensado, querido y sentido? El hombre que
no puede traducirse a sí mismo en las almas de los demás, dará una explicación
errónea de la mayoría de los hechos económicos. En la cuestión, por ejemplo, de
la determinación del precio de un artículo, la persona que puede mirar en la
mente de una de las partes contratantes solamente, dará una explicación
unilateral de los hechos. B. Además, toda explicación, es decir, conexión
satisfactoria del hecho que busca explicación con otros hechos que ya están
claros, puede ser solo provisional. Cuanto más amplio sea nuestro horizonte,
más profunda debería ser nuestra solución de todas las preguntas. Dentro de
cien años, si la ciencia avanza mientras tanto, las soluciones que nos resulten
satisfactorias serán menospreciadas por nuestra posteridad, tal como nosotros
menospreciamos las especulaciones de nuestros padres anteriores a Adam Smith.
Tanquam
e vinculis sermocinantur ,
dice Bacon (De Dignit. et Augm. Scient., III, 3), refiriéndose
a quienes han escrito sobre las leyes de forma práctica. Hugo ,
también (Naturrecht, 1819, p. 9), llama la atención sobre la semejanza de las
llamadas leyes de la naturaleza con el derecho positivo vigente en la época. En
cuanto al idealismo político, véase Roscher : De historicæ
doctrinae apud sophistas majores vestigiis (Gött. 1838, 26 ss.). Las únicas
excepciones a esta regla son los eclécticos, que forman su propio sistema a
partir de las flores de todos los extranjeros, un sistema, de hecho, sin raíz,
y que, por lo tanto, pronto se marchitará.
En
este contexto, naturalmente, tal afirmación solo puede formularse como un
programa a llevar a cabo, cuyas pruebas se buscarán en el resto del trabajo.
Por «el pueblo» no nos referimos a los gobernados, excluyendo a las
clases gobernantes, sino a ambas clases en conjunto. Atribuimos a la expresión
el significado más amplio posible. No la limitamos a la generación actual, sino
que pretendemos que abarque todas las generaciones desde el comienzo de la
historia de un pueblo hasta su fin.
La
costumbre, que se ha generalizado, de llamar revoluciones a todos los
movimientos democráticos, y solo a ellos (así, Stahl : ¿Fue la
primera revolución?, 1852, y muchos otros escritores de tendencia totalmente
opuesta, especialmente en Francia), no está justificada. Es cierto que las
revoluciones democráticas (e imperiales) son más frecuentes que otras en
nuestros tiempos, al igual que las revoluciones aristocráticas lo fueron en la
Edad Media y las monárquicas a principios de la historia moderna. Sin embargo,
la esencia de la revolución reside en el funcionamiento del cambio contrario a
la ley positiva, reconocido como tal por la conciencia popular.
Compárese,
especialmente, las primeras páginas de Sir J. Stewart ,
Principios de economía política.
Véase Colton ,
Public Economy of the United States, pág. 28, quien, de hecho,
injustificadamente, se refiere a toda la Economía Política, lo que propiamente
pertenece a sus preceptos.
Je
n'impose rien, je ne propuesta même rien: j'expose. ( Ch.
Dunoyer ). Cherbuliez , Précis de la Science
économique, 1862, pág. 7 y sigs., ha exagerado esta idea de una manera
extrañamente poco práctica. Que el método histórico no se diferencia
esencialmente del estadístico recomendado recientemente, véase Roscher ,
Gesch. der Nat. Ok., 1035 ss.
Storch ,
Manual, II, 222.
Ad.
Müller , una mente esencialmente medieval, es
culpable de esta misma fanfarronería en sentido opuesto, cuando llama
al «presente, con sus desórdenes políticos, simplemente un estado
intermedio: la transmisión de la sabiduría natural o inconsciente de los
padres, a través de la curiosidad de sus hijos, al reconocimiento racional de
dicha sabiduría por parte de sus nietos». (Theorie des Geldes, 1816,
pref.)
Así,
por ejemplo, no se puede decir que una universidad modelo sea mejor que una
escuela pública modelo; y, sin embargo, la primera es superior, porque la edad
a la que está adaptada es, sin duda, intelectualmente superior.
Knies (Polit.
Œk., 256 ss.) observa que sería un gran error, y es el error de la mayoría,
considerar lo que se ha logrado o por lo que se ha luchado en el presente como
el absoluto non plus ultra ,
y así mirar a todas las generaciones futuras como llamadas a desempeñar el
papel de monos y rumiantes; una observación que vale la pena tomar en serio.
No
me cabe duda de que, hasta la actualidad, la humanidad, en su conjunto, desde
el inicio del conocimiento histórico, siempre ha avanzado. En casos
individuales, su avance se ha visto interrumpido por tantas pausas, e incluso
por tantos retrocesos ocasionales, que es preciso tener mucho cuidado de no
inferir una excelencia superior de la mera consecuencia.
Buckle escribe
sobre personas cuyo conocimiento se limita a lo que ven lo que sucede ante sus
ojos y a quienes se les llama prácticos sólo por su ignorancia; y añade que,
aunque pretenden despreciar la teoría, en realidad son esclavos de la teoría,
de las teorías de otros.
Compárese
todo este capítulo con Roscher , Leben Werk und Zeitalter des
Thukydides, 1842, págs. 25, 239-275; Roscher , Grundries zu
Vorlesungen über die Staatswirthschaft nach geschichtlicher Methode, 1843,
prefacio; Roscher Geschichte der Nat. Ok. en Deutchland
(1874), 882 y siguientes, 1017 ss., y D. Vierteljahrsschrift, y siguientes.
Véase también la erudita y precisa Theorie und Geschichte der
N. Œkonomik, vol. I, 1858, II, 1860. No encuentro ninguna contradicción real
entre las opiniones aquí expresadas y las de Kautz , cuando él
(I, pp. 313 y siguientes) introduce la historia y la razón ético-práctica con
sus ideales como fuentes de la Economía Política, con el fin de que la ciencia
pueda ser algo más que una simple imagen, es decir, un modelo de la vida
económica. Aparte del hecho de que solo la razón ético-práctica puede
comprender la historia, los ideales de un período constituyen uno de los
elementos más importantes de su historia. Las aspiraciones de una época
encuentran en ellos su mejor expresión. El economista histórico-político como tal,
ciertamente no es reacio a formular planes de reforma, ni puede decirse que no
sea apto para el desempeño de tal tarea. Solo que difícilmente recomendará sus
reformas como absolutamente mejores que aquello que pretenden suplantar. Se
limitará a mostrar que existe una necesidad que, probablemente, pueda
satisfacerse mejor con lo que él propone. Véase Sartorius ,
Einladungsblätter zu Vorlesungen über die Politik, 1793.
“Hay
un libro que los jóvenes pueden usar para envejecer y los ancianos para
permanecer jóvenes: la Historia.” ( KS Zaccharia ).
Especialmente
cuando la ciencia natural comienza a ser “una ciencia
práctica”. ( L. Stein ).
La
diferencia entre el sentido amplio y el estricto de producción se corresponde
esencialmente con la de ingreso bruto y neto (§ 145). Compárese también con los
§§ 206, 211 y siguientes.
Von
Mangoldt distingue la aparición de valores libres en
la producción realizada con un fin económico. (Grundriss, 9.)
Gioja ,
Nuevo Prospecto delle Scienze economiche (1815), I, 49 y ss. Además de la
producción positiva, existe una producción latente que previene el deterioro de
los bienes. No es posible realizar una estimación tan precisa de esta última
como de la primera; y en este último caso depende mucho más de la continuidad y
la adecuada expansión. Por lo tanto, la producción latente es especialmente una
preocupación del Estado. ( Knies , Telegraph als
Verkehrsmittel, 1857, 232.)
Véase Schäffle ,
en el Programa de la Universidad de Tubinga, 27 de septiembre de 1862, sobre el
desastroso efecto de la ociosidad en la comunidad. Los griegos llamaban, muy
apropiadamente, εὐπράττειν ( Garve ) a la vida feliz.
En
toda esta obra utilizamos la expresión “naturaleza exterior” en
contraposición no sólo al alma, sino también al cuerpo del hombre, designando
toda su actividad físico-intelectual con el término “fuerza de
trabajo” ( Arbeits kraft ).
Por
la expresión "fuerzas naturales" designamos los cambios
económicamente útiles de la materia, los cambios de lugar así como de
composición, que se realizan sin la cooperación del hombre; por ejemplo, la
gigantesca maquinaria que proporciona a la mayor parte de la humanidad agua
para beber, para fines domésticos y otros, la evaporación del mar, la formación
de nubes, lluvia, manantiales, ríos, etc. Véase Bastiat ,
Armonías, 277. Así, los rayos del sol son indirectamente la causa, no sólo de
la vegetación, sino también de todas las fuerzas del viento y del vapor.
A
pesar de esta "libertad", bien podría suceder que estos
dones de la naturaleza solo puedan utilizarse, en muchos casos, con un cierto
gasto. El fotógrafo puede obligar a la luz del sol a trabajar para él solo
mediante una cámara oscura, y el herrero a la atmósfera, solo mediante un
fuelle. Pero ninguno de los dos logrará jamás, en sus cuentas con sus clientes,
incluir los servicios del sol o del aire.
Las
corrientes oceánicas más importantes pueden explicarse por dos causas: el flujo
de agua desde los mares polares hacia el ecuador (corriente polar) y la
revolución de la Tierra sobre su eje (corriente equinoccial); además, existen
las corrientes reflejas producidas por la forma horizontal de las costas.
Gracias a estas rutas oceánicas naturales, Inglaterra se encuentra 300 millas
geográficamente más cerca de casi todas las costas comerciales importantes del
mundo que los Estados Orientales de la Unión Americana. La única excepción es
la costa atlántica de América al norte del ecuador. Los norteamericanos, para
cruzar la línea o doblar uno de los dos grandes cabos, deben primero atravesar
el océano hasta las Azores. Por otro lado, la costa occidental de Sudamérica
está muy separada de México, por ejemplo, por sus corrientes oceánicas. La
colonización de América por Europa, en lugar de por China, es consecuencia de
la dirección de las corrientes oceánicas, como también lo es el hecho de que
América tiene ahora la mayor posibilidad de influir en la civilización de China
y Japón. ¡Qué influencia tiene la cálida corriente del Golfo en el clima
templado del noroeste de Europa!
Si
bien el Mississippi no tiene flujo ni reflujo, la influencia del océano se
siente en el Hudson, que tiene 60 millas geográficas de largo, una distancia de
29 millas desde su desembocadura.
Así, A.
Young , Travels in France I, 293 ff., ha definido, con precisión
aproximada, los límites dentro de los cuales crecen la vid, el maíz y el olivo.
Y así von Cancrin , Dorpater Jahrbuch IV, 1, distingue la zona
de hielo, la zona de musgo de reno (un liquen del que viven los renos en
invierno), la zona forestal, la zona dentro de cuyos límites se cría el ganado;
aquella en la que comienza el cultivo del centeno, aquella en la que se hace
permanente; las zonas de trigo, árboles frutales, vid, maíz, olivo, caña de
azúcar y gusanos de seda. Estados Unidos se divide en zonas de cría de ganado,
trigo, algodón, arroz y azúcar. Incluso en Europa, más allá del paralelo 60 de
latitud norte, apenas se puede cultivar trigo; los límites polares del cultivo
del centeno se extienden, como máximo, seis o siete grados más. Hacia el norte,
la cebada se extiende a veces hasta el grado 70. Aquí la agricultura
prácticamente cesa, y los habitantes se ven obligados a consumir sustancias
animales como alimento. Por otro lado, estos tres cereales no se adaptan a un
clima tropical, mientras que el árbol del pan, por ejemplo, no prospera a más
de 22 grados del Ecuador, ni el plátano a más de 35. Compárese con Grisebach ,
Die Vegetation der Erde nach ihrer klimatischen Anordnung. II, 1871.
Así,
el centeno y el trigo prosperan en muchas partes de Siberia (Iakutzk) a una
temperatura anual de -7,50 °C, mientras que en Islandia ningún cereal madura a
una temperatura anual de +4 °C. Pero en el primer lugar, el calor estival es de
+16,2 °C; el frío invernal, de -39,2 °C; en Islandia, de +12 °C y -1,6 °C. En
Inglaterra, el mirto, el laurel, la camelia y la fucsia soportan bien el
invierno; mientras que la vid no madura en ninguna parte. Por otro lado,
Astracán y Hungría son países vitivinícolas, aunque el primero es tan frío en
invierno como el Cabo Norte, y aunque el frío es más intenso en Hungría que en
las Islas Feroe, donde ya no crecen ni el roble ni el haya. No se produce buen
vino en la costa occidental de Francia, al norte de los 47 °20' de latitud
norte; en Champaña, al norte de los 49 °C, ni en el Rheingau, al norte de los
51 °C. En Noruega, el calor promedio es mayor en la costa que en el centro del
país, donde, sin embargo, el grano madura, mientras que no ocurre así en la
costa; pues la suavidad del invierno, por intensa que sea, no compensa la falta
de calor. Por otro lado, el ganado en la costa puede permanecer mucho más
tiempo al aire libre, y el mar rara vez se congela de tal manera que interfiera
con la pesca. Blom , Norwegen I, 39. Boussingnault (Economie
rurale considérée dans ses Rapports avec la Chimie, II) ha realizado algunos
intentos interesantes para calcular mediante un proceso matemático la cantidad
de calor necesaria para los vegetales durante el período de vegetación. Así, por
ejemplo, el trigo requiere unos 12° (Réaumur) de calor durante 140 días; es
decir, casi 140 x 12° = 1680° Réaumur. En Venezuela, la caña de azúcar requiere
más tiempo para crecer en una posición más alta y por lo tanto más fresca que
en una más baja y más cálida, y el tiempo requerido es proporcional a la
altura.
Por
lo tanto, las líneas isotérmicas no son paralelas al ecuador ni entre sí. La
mayoría de ellas tienen dos cumbres septentrionales y dos meridionales; las
primeras en las costas occidentales de Europa y América, y las segundas en el
este de Norteamérica y en el interior de Asia.
La
cantidad de lluvia que cae anualmente es de 16 a 17 pulgadas en San Petersburgo
y Peste; 19 en Berlín, 21 en Mannheim y 26 en Tubinga; de 16 a 24 en el
interior de Francia; de 25 en la costa francesa; de 24 en la costa este de
Inglaterra; de 35 en la costa oeste; de 36 en Milán y 44 en Génova; y de 70 a
120 en las costas de la mayoría de los países tropicales. Sobre las influencias
político-económicas de la mayoría de los climas, véase Gobbi ,
Ueber die Abhängikeit der Populationskräfte von den einfachen Grundfstoffen,
1842.
El
límite de nieve en Mageröe, Noruega, es de 2200 m; en Islandia, de 2900 m; en
los Urales septentrionales, de 4500 m; en los Alpes, de 8200 m; en el Cáucaso,
de 10 400 m; y en Quito, de 14 850 pies de altitud. Por ello, las
regiones montañosas que no producen nada en el norte, producen magníficos
viñedos en países más cálidos.
En
Alemania central, incluso se puede producir una segunda cosecha después de la
del maíz. En Arabia, la misma semilla produce tres cosechas, porque el grano
que cae al suelo al momento de la cosecha germina inmediatamente y sirve para
nuevas semillas. ( Niebuhr , Descripción, 154).
Así,
en los estados del norte de la Unión americana, el trigo produce sólo de cuatro
a cinco veces la cantidad sembrada; en Francia, de cinco a seis veces ( Lavoisier );
en Chile, de doce veces; en el norte de México, de diecisiete veces; en Perú,
de dieciocho a veinte veces; en el sur de México, de veinticinco y hasta
treinta y cinco veces; en Alemania, la semilla de maíz produce, en el mejor de
los casos, cien veces más, mientras que en la zona tórrida el rendimiento es,
por lo general, de trescientos a cuatrocientos veces mayor.
El
maíz andaluz produce en el molino solo la mitad de residuos de salvado que el
trigo báltico. Bourgoing , Tableau de l'Espagne, II, 155. El
trigo báltico contiene entre un 6 % y un 7 % de nitrógeno, y el argelino, entre
un 20 % y un 25 %. ( Kabsch , Pflanzenleben der Erde, 1865).
En
Europa, la temporada de floración se retrasa cuatro días por cada grado de
latitud norte. ( Schübler ). A medida que avanzamos hacia el
norte, la diferencia se hace menos perceptible, pero más a medida que avanzamos
hacia el sur. En los países montañosos se observa una diferencia similar,
producida por una influencia climática similar. Es de unos 10 a 12 días, para
una altitud de entre 500 y 600 pies. ( Wolff ,
Naturgesetzliche Grundlagen des Ackerbaues I, pág. 332 y sig.) En los cantones
donde se originó la confederación suiza, el pastoreo en los Alpes suele durar
trece semanas, pero en las zonas más altas solo dura de seis a siete semanas.
( Businger , C. Unterwalden., pág. 52).
En
Italia central, el trigo de invierno se puede sembrar en octubre, noviembre o
diciembre; el trigo de verano, en febrero o marzo. ( Sismondi ,
Tableau de l'Agriculture Toscane, p. 35.) En Judea, era posible cosechar higos
durante diez meses al año. ( Joseph , Bell. Jud., III, p. 10.)
Por otro lado, está Jemtland, donde el campesino en muchos lugares rodea la
parte norte de su campo de trigo con haces de leña y los enciende en agosto,
cuando sopla el viento del norte, para proteger su tierra de las heladas; y
donde la expresión "años verdes" se usa para designar
aquellos en los que la cosecha debe recogerse antes de que madure. ( Forsell ,
Statistik von Schweden, 24.) En la valoración realizada de las tierras del
reino de Sajonia, para fines de evaluación, el costo de mantener una yunta de
bueyes en el país más bajo se estima en solo tres cuartas partes de lo que es
en las localidades más altas, porque en el primero, se pueden calcular 200 días
de trabajo en el año, en el último solo 159. En Rusia central, la mayor parte
del trabajo de la agricultura, siembra y cosecha, tiene que terminarse en el
espacio de cuatro meses. En Alemania central, se distribuyen en siete meses. En
igualdad de condiciones, se necesitan siete caballos y labradores en Rusia,
donde solo se requieren cuatro en Alemania central, ( von Haxthausen ,
Studien I, 174.) Sobre los impedimentos puestos en el camino de la agricultura
por el clima de Prusia oriental, vea Meitzen , Boden und
landwirthsch. Verhältnisse des preussichen Staats, 1868, I, Abschn., 6.
En
ambos hemisferios, la zona donde la temperatura disminuye más rápidamente se
encuentra entre los 40 y 50 grados de latitud norte. Esta circunstancia debe
tener una influencia positiva en la cultura y la industria de la nación que
habita en las proximidades de esa zona. Aquí es donde las regiones de la vid se
unen a las del olivo. En ningún lugar del mundo los productos del reino vegetal
y las más variadas maravillas de la agricultura se suceden con tanta rapidez.
La gran variedad de productos dinamiza el comercio e incrementa la actividad
industrial de las naciones agrícolas. ( Humboldt ). Es
cierto, sin embargo, que los países tropicales también poseen, en sus zonas
montañosas, la tierra fría , templada y caliente ,
superpuestas una a la otra.
El
suministro total de carbón de Gran Bretaña (1869) fue de 2180 millones de
quintales; de Bélgica (1862), de 207 millones; de Francia (1868), de 256
millones; de Prusia (1870), de 600 millones; de Austria (1870), incluyendo el
lignito pardo, de 158 millones; de Rusia (1868), de poco más de 9 millones. El
gran yacimiento carbonífero inglés, en los condados de Durham y Northumberland,
abarca 732 millas cuadradas inglesas; el de Gales del Sur, 1200, con una
profundidad de 95 pies, de modo que la milla cuadrada geográfica contiene aquí
679 millones de toneladas, cada una de veinte quintales. Para obtener la misma
cantidad de material combustible que Prusia suministró en 1865 con su carbón,
sería necesario utilizar 6.331 millas cuadradas de bosque ( von Dèchen ,
en Engel's Zeitschrift, 1867, 258). El suministro de carbón
es, por supuesto, agotable, mientras que, por ejemplo, los campos de turba se
renuevan gradualmente. Compárese con Griesbach , über die
Bildung des Torfs, en los Göttinger Studien, 1845, vol. I. La importancia de
los yacimientos de carbón de Estados Unidos, veintidós veces más grandes que
los de Gran Bretaña, en el futuro lejano, es inestimable.
Sólo
necesito llamar la atención sobre el fuego de tierra ( Erdbrand )
con el propósito de forzar el crecimiento de plantas de jardín en los
alrededores de Zwickau, que se dice que existe desde 1505.
Así,
en las máquinas de vapor de Watt de mayor potencia, se requiere un consumo
horario de diez libras de carbón para producir una fuerza equivalente a la de
un caballo, mientras que en las máquinas más pequeñas, de tan solo un caballo
de fuerza, se necesitan veintidós libras. Véase Prechtl ,
Technolo. Encyklopädie, III, 669.
Es
fácil ver que son las sustancias más importantes necesarias en la industria las
que se mencionan en esta sección. Muchos economistas políticos han considerado
que la principal diferencia entre la agricultura y las industrias y economías
de las ciudades reside en el contraste aquí mencionado. Así, A. Sena ,
Sulle Cause che possono far abbondare li Regni d'oro e d'argento, dove non sono
miniere, 1613, I, 3. Véase la descripción de la diferencia entre tierra y
máquinas en Malthus , Principles, III, 5; Senior ,
Outlines, 86. Pero no es más que una diferencia de gradación. Incluso en los
negocios más activos hay un límite que la acumulación de medios de producción
no puede traspasar sin una disminución relativa de los ingresos. Este límite
viene impuesto por la naturaleza limitada de esos seres orgánicos que deben
contribuir a la producción, ya sea activa o pasivamente. Así, por ejemplo, un
establecimiento manufacturero o un negocio comercial solo puede ampliarse con
ventaja mientras un superintendente pueda dirigirlo. Así, cuando el ganado
recibe alimento abundante y sustancioso, una libra de carne le cuesta al
productor un precio mucho mayor que cuando recibe un suministro más moderado: a
veces en una proporción de 1,95:0,98. Boussingault , Economía
rural, II. En caso de sobrealimentación absoluta, el productor debe sufrir
pérdidas. Pero incluso la naturaleza inorgánica impone sus propios límites;
como, por ejemplo, cuando barcos, máquinas, etc., debido a la resistencia
insuficiente de los materiales con los que están hechos, no pueden construirse
más allá de cierto tamaño. Pero todos estos límites son mucho más estrechos que
los impuestos por la inmovilidad.
Senior ,
Outlines, 26, 81 y sigs. Véase Stewart , Principles, II, cap.
11; Ortes , EN, I, 18, II, 18 y sigs. Este importantísimo
principio de la Economía Política queda ilustrado así por John Stuart
Mill , Principles, libro I, cap. 12: «La limitación a la
producción derivada de las propiedades del suelo no es como el obstáculo
opuesto por un muro, que permanece inamovible en un punto determinado y no
ofrece ningún impedimento al movimiento salvo que lo detenga por completo. Más
bien podríamos compararlo con una banda muy elástica y extensible, que rara vez
se estira con tanta violencia que no pueda estirarse más, pero cuya presión se
siente mucho antes de alcanzar el límite final, y se siente con mayor severidad
cuanto más nos acercamos a dicho límite». Esto es, si cabe, más evidente
en la construcción que en la agricultura, tanto en la construcción de nuevos
pisos como en la excavación de sótanos más profundos.
Ad.
Mayer , en Das Düngerkapital und der Raubbau
(Heidelberg, 1869), ve las únicas condiciones de producción que el hombre no
puede aumentar a voluntad exclusivamente en los rayos del sol, cuyo empleo
también depende de la cantidad de tierra. Así explicaría la ley de
Senior .
Véanse
las tablas de crecimiento en Cotta , Anweisung zum Waldbau,
pág. 228. El conde Buquoy , en Theorie der N. Wirthschaft,
pág. 54, ridiculiza el absurdo procedimiento de muchos agricultores, como si al
forzar la reja del arado a hundirse más en el suelo, pudieran obligarlo a
producir un doble rendimiento, y pregunta: si alguien cavara un pie cuadrado de
tierra hasta el centro de la tierra y lo abonara, ¿quién se lo quitaría de
encima? En cuanto al efecto del abono, las investigaciones de Kuhlmann han
demostrado que 300 kilogramos de guano produjeron en tres años un aumento
por hectárea en el rendimiento de 2469 kilogramos de heno;
mientras que 600 kilogramos produjeron un aumento de tan solo 2870
kilogramos. Schübler descubrió que, donde se había usado sal
para abonar, 40 kilogramos producían un máximo de fertilidad, a partir del cual
cada aumento en la cantidad de sal se acompañaba de una disminución de los
rendimientos, lo que finalmente conducía a una esterilidad total. Véase Wolff ,
Naturgesetzliche Grundlagen, I, 408, 412, 502. El aumento constante del riego
convertiría la tierra en un pantano en lugar de aumentar indefinidamente su
fertilidad. La siembra abundante tampoco sirve de nada cuando llega a tal punto
que las plantas crecen tan juntas que interfieren con su correcto desarrollo.
Estas
diferencias se corresponden con las diferencias en los tipos de deterioro a que
está sujeta la tierra debido a los ríos, las inundaciones, la lava, etc., el
agotamiento del suelo y el crecimiento silvestre de la tierra.
Desde
un punto de vista técnico, tal vez sería practicable, en la mayoría de los
casos, obtener el ácido fosfórico inmediatamente del terreno y transferirlo a
otro; pero la relación entre el costo y el resultado lo hace imposible desde un
punto de vista económico.
Sin
duda, siempre es una ventaja poco común que ciertos tipos de suelo, ricos en
kali y materia vegetal descompuesta, produzcan una larga serie de cosechas sin
necesidad de añadir estiércol, siempre que se permita un breve intervalo en el
proceso de descomposición para reemplazar el abono vegetal agotado. Esto ocurre
en muchas regiones volcánicas. Compárese con respecto a distritos similares en
el Decán: Rilter , Erdkunde, V, 714.
Según Schübler ,
la absorción de agua por 100 partes de tierra es, en el caso de la arena de
cuarzo, del 25 % de su peso; para la arcilla, del 70 %; para la tierra
calcárea, del 85 %; para el humus, del 190 %; y para 100 partes de su valor,
respectivamente, del 37,9 %, 66,2 % y 69,2 %. La consistencia de los cuatro
tipos de tierra, en estado seco, es de 0,100, 5 % y 8,7 %; su adherencia, en
estado húmedo, a los aperos agrícolas de hierro, es de 0,17 %, 1,12 %, 0,65 % y
0,40 %. De 100 partes de agua mezcladas con estos tipos de tierra, la
evaporación en cuatro horas, a una temperatura de 18° 75' (centígrados), es del
88,4, 31,3, 28 y 20,5 por ciento, respectivamente. La disminución de volumen
cuando la tierra húmeda se seca, a la misma temperatura, es del 0, 18,3, 5 y
20. Su absorción relativa de humedad atmosférica durante 48 horas es del 0, 24,
17,5 y 55; su absorción de oxígeno en 30 días es, respectivamente, del 1,6,
15,3, 10,8 y 2,03 por ciento; y, por último, su capacidad de retención de calor
está en una proporción del 95,6, 66,7, 61,8 y 49.
En
Austria, por debajo del Enns, solo el 3,8 por ciento del suelo es estéril; en
el Tirol, el 29 por ciento; en Dalmacia, el 48,1 por ciento. ( Springer ).
En los Pirineos franceses, el 43 por ciento se considera incapaz de cultivo; en
los Alpes, en las Landas y Morbihan, el 42 por ciento; en los departamentos de
Nord y Somme, el 1,3 por ciento. ( Schnitzler ). Franscini considera
que el 36 por ciento de Suiza no es apto para la labranza. El concepto
de "estéril" es muy vago y, por lo tanto, una comparación
entre diferentes países sobre este punto no debe hacerse sin gran cautela.
Wolff ,
loc. cit., 353 y ss. En cuanto a la manera en que el suelo y el clima se
benefician o perjudican mutuamente, véase Schwerz , Prackt.
Ackerbau I, 12.
En
este sentido, también es muy importante la diferencia fundamental entre la
agricultura y la industria, ya que los productos de la primera, de igual valor
que los de la segunda, requieren una superficie de apoyo muy grande; los de la
industria, una muy pequeña. Si el «cultivo del agua» de Nobbe llegara
a adquirir una gran importancia práctica, la agricultura se acercaría a la
industria en este aspecto.
Wolkoff ha
llamado especialmente la atención sobre el mero emplazamiento :
Lectures d'Economie polítique rationelle (1861), pp. 90 y ss., 157 y ss. La
afirmación bastante amplia y entusiasta de Bastiat de que ningún mero
producto de la naturaleza posee valor (en contraposición a la utilidad), una
exageración de su muy honorable disputa con los socialistas (¡1848!), es
refutada por la experiencia diaria, como cuando, por ejemplo, se hacen descubrimientos
accidentales de vetas metálicas, yacimientos de carbón, etc., que adquieren
inmediatamente un gran valor de cambio.
Aristóteles distingue
entre ἀπολαυστικὰ y κάρπιμα. (Rhet., I, 5.)
Humboldt ,
Ensayo político sobre Nueva España, IV, 9, en el que estima la relación del
cultivo del plátano con el del trigo, en cuanto a cantidad, en 4.000 a
30, “probablemente el mejor regalo de la naturaleza al hombre que
despierta y el objeto del cultivo más antiguo”.
Se
decía que en la Isla de Pascua, tres días de trabajo bastaban para el sustento
de un hombre durante todo el año. Un regalo similar de la naturaleza a las
tierras tropicales es el dátil. Se le dan tantos usos diferentes que los árabes
de la costa del Golfo Pérsico afirman que es posible construir un barco,
aparejarlo, abastecerlo y transportarlo con dátiles. Las casas se construyen
con madera de palma, se cubren con hojas de palma, se decoran con esteras de
palma, se iluminan con astillas de palma y se calientan con carbón de palma.
Toda la arquitectura de estos países está inspirada en el dátil. El vino de
dátil es la bebida embriagadora favorita. Existe un proverbio popular que dice
que una buena ama de casa puede variar la preparación del dátil para sus
invitados todos los días del mes. Incluso se come la pulpa. Cada árbol produce
un promedio de 50 a 250 libras de dátiles; y un árbol puede vivir más de 200
años. Un acre puede contener más de 200 árboles. El trabajo de cultivo es muy
ligero, aunque requiere más cuidado que el del plátano. Compárese con Ritter ,
Erdkunde, XII, 763. Un acre plantado de palma de sagú produce tantos nutrientes
como 163 acres de tierra de trigo. (Viaje de la Frigatte Novara, II, 113.)
Véase D.
Hume , Discursos n.º I (Sobre el comercio). Si bien en los países
cálidos «el sol produce más trabajo para el hombre, disminuye la propia
fuerza humana» ( M. Wirth ). Sin embargo, Goethe, Obras
(16 meses, 1840), XXIII, 246, demuestra que estas personas, a
su excedente de recursos naturales para el disfrute y la consiguiente pereza y
despreocupación, añaden el lado positivo de una disposición alegre.
Lo
notó incluso Tucíd. , I, 2. Véase también la comparación
de Eurípides entre Esparta y Mesina, en Estrabón ,
VIII, 366.
Observamos,
en muchos países, que sus zonas septentrionales están dotadas por la naturaleza
de medios de disfrute ( Genussmitteln )
con menor frecuencia que las zonas meridionales, pero con mayor abundancia de
medios de adquisición ( Erwerbsmitteln ).
Por lo tanto, las primeras son las más tardías en desarrollarse; pero una vez
desarrolladas, ocupan un lugar mucho más destacado en la civilización que las
segundas. Esto se aplica a Italia, España, Portugal, Francia, los Países Bajos
y Estados Unidos, y a América del Norte en general, en comparación con América
del Sur. Algo similar puede observarse en el contraste entre Austria y Prusia.
Esta última es más fría y menos fértil, pero muy superior a la primera en
extensión de costa, ríos y materia combustible fosilizada.
La
regla no deja de tener excepciones. Así, por ejemplo, Borneo y Nueva Guinea son
muy similares físicamente, pero zoológicamente son dos mundos diferentes: el
primero pertenece a la India y el segundo a Australia.
Incluso
el idioma, que es la expresión más general y precisa del genio intelectual de
un pueblo, presenta un contraste sorprendentemente análogo en los países
montañosos y costeros. Así, comparemos el jónico, el latín, el bajo alemán, el
danés y el portugués con el dórico, el osco, el alto alemán, el sueco y el
español.
Véase Estrabón ,
II, 126 y siguientes.
El
ejemplo más llamativo, ilustrativo de la manera en que la naturaleza de un país
influye en el carácter de un pueblo, lo ofrece la diferencia en el desarrollo
de los arios en la India y Persia, especialmente cuando su estancia en el
territorio del Indo, antes de la cercana al Ganges, se considera una etapa
intermedia.
Los
escritores franceses, especialmente, han exagerado la influencia de la
naturaleza sobre el hombre. Así, Bodino . de República.
(1584), V, I; Montesquieu , Esprit des Lois, XVII, 6. XVIII,
1, 18. Cabanis , Rapport du Physique et du Moral de l'Homme
(1805), IX, Mémoire, Influence des Climats. Comte , también,
Traité de Législation (1827), opina que “el grado de civilización que un
pueblo puede alcanzar no depende del grado de desarrollo del que es capaz por
naturaleza, sino del que su situación geográfica le permite
alcanzar”. Véase también Herodoto , III, 106; Hipocr .,
De Ære etc., 71; Eurípides , Medea, 820 y sigs.; Plutarco
, De Exilio, 13. EM Arndt , en su Anleitung zu historischen
Characterschilderungen (1810), y Ritter y su escuela, han
encontrado el término adecuado . Véase, también, KS Zachariæ ,
Idee einer volkswirthschaftlichen Geographic als Grundlage der praktischen N.
Œkonomie fur jedes einzelne Volk: Vierzig Bücher v. Staate, II, 79. Véase,
también, Turgot , Géographie politique, 1750, Œuvres (ed.
Daire, II, 611 y sigs.); Lüder , Nationalindustrie und
Staatswirthschaft, III, 1800 y sigs.
Malte
Brun , Précis. de la Geographie Universelle, VI.
pr.
Estrabón ,
IV, 178. Sobre el clima de la antigua Alemania, véase Tácito ,
Germen, 2.
Fraser ,
Viajes en Koordistán y Mesopotamia, II, 5. Véase, también, la descripción de la
antigua Susiana en Estrabón XV, 731, con la de la nueva por M'Kinneir ,
Geogr. Memorias de Persia, 92.
Así, Galenus ,
De Usu Partium Corporis humani, LI El animal mentalmente más cercano al hombre,
el elefante, también posee un miembro más parecido a la mano humana que
cualquier otro animal. Su tronco fue llamado manus por
los romanos. De ahí que los indios llamen elefante al animal dotado de una
mano. Helvecio exagera la opinión de Buffon en aras del
materialismo. Aristóteles , (De partt. anim. IV, 10), se opone al
dicho de Anaxágoras: διὰ τὸ χεῖρας ἔχειν φρονιμώτατον εἶναι τῶν ζώων ἄνθρωπον.
Compárese con Bell , Sobre la mano humana, 1836.
En
cuanto a la imperfección de la división ordinaria en trabajo agrícola,
industrial y comercial, véase John Stuart Mill , I, cap. 2, 9.
La división de todo el trabajo en intelectual y físico no es más satisfactoria,
pues ni siquiera el trabajo más básico es completamente físico. Véase Buckle ,
Historia de la Civilización, vol. II.
Dioscórides y Galeno conocían,
como máximo, 600 plantas; Linneo , 8.000. Hacia 1812, se
habían descrito unas 30.000; en 1837, unas 60.000; en 1849, unas 100.000. Buckle ,
Historia de la Civilización, etc., II, pág. 359.
Industria
extractiva , según Dunoyer . Cuando los
dones espontáneos de la naturaleza se agotan, esta ocupación se
convierte fácilmente en producción .
Industrie
voituriére , según Dunoyer ; industria
traslocatrice contra trasformatrice ,
según Scialoja . Ortes distingue sólo cuatro
clases: agricoltori , artefici , dispensatori y administradori ,
o raccoglitori , manifattori y difensori
di bene (EN I, 2; III, 14). A. Walker , La ciencia de
la riqueza (1867), pág. 34, conoce sólo tres clases: transmutación,
transformación, transporte.
Esto
no debe entenderse en el sentido de que alguna vez hubo un período en el que
estas ciencias fueran desconocidas. Basta mencionar la posición que ocupaban el
sacerdote y el caballero en la Edad Media. Pero, consideradas como trabajo
económico, destinadas únicamente a fines del libre comercio, han cobrado gran
importancia solo en un período relativamente reciente. Así, por ejemplo, en
Baja Austria, en 1866, había un abogado o notario por cada 6.569 habitantes; en
Bohemia, por cada 14.860; en Galitzia, por cada 22.361; en toda la Austria
Cis-Leitania, 12.259. En 1865, en Prusia había uno por cada 11.149; en Baviera,
por cada 7.350; en Hannover, por cada 4.946; en 1862, en Baden, uno por cada
4.992; en 1867, en Sajonia, uno por cada 3.048. Hildebrand's Tagebuch,
1868, I, 234. Había en Prusia, en 1871, un médico por cada 3.230 habitantes; en
Berlín, por cada 1.100; en Heldesheim, por cada 1.803; en Colonia, por cada
2.120, en Marienwerder, por cada 7.240; en Gumbinnen, por cada 10.047. Engel ,
Preuss. Statis. Zeitschrift, 1872, 376. El verbo “arar” es, según los
filólogos comparativos, de origen más reciente que “tejer”. ( Lassen ,
Indische Alterth. I, 814 y sigs.) Y sin embargo, la agricultura, en el sentido
arriba indicado, precede indudablemente a la industria.
Observado
por Geiler contra Kaisersberg . Compárese con Schmoller en
el Tübinger Zeitschr., 1860, 483. El salario por hora ocupa un lugar intermedio
entre el salario por día y el salario a destajo.
Así,
la introducción del salario a destajo en la Baja Silesia aumentó las ganancias
diarias de los trabajadores en un tercio, la mitad e incluso más. Engel's Stastist.
Zeitschr. (1868), pág. 327. Las investigaciones del Congreso agrícola alemán
sobre la condición de los trabajadores agrícolas en el imperio alemán (informe
de V. D. Goltz , 1875) muestran que, en toda Alemania, por
término medio, las ganancias diarias de un trabajador contratado ( Accordlöhner )
son, en relación con el salario diario de verano de un jornalero, de 15:10
(1420). Por otro lado, Brassey , en la construcción de un
ferrocarril, descubrió que los mismos trabajadores dedicados a nivelar, cavar,
etc., costaban 18 peniques por yarda cuando se les pagaba por día y 7 peniques
cuando se les pagaba por pieza. (Trabajo y salarios, 266). La experiencia suiza
indica que la producción se volvió un 20 % más barata con el sistema de salario
a destajo. ( Böhmert , Beitr., 109.)
Según
la Enquête de V. D. Goltz , las ganancias de los obreros por
pieza, comparadas con los salarios pagados a los obreros por día en verano, son
especialmente altas en Franconia media (16.5:10); en el círculo de Leipzig del
imperio alemán (16.6), en la llanura de Braunschweig (16.8), dentro de la
jurisdicción de Hildesheim (18.1), del Palatinado bávaro (18.6), en el Hesse
renano (23.2), especialmente bajas en Stettin (13.2:10), en Stralsund (12.4),
en Schleswig Holstein (12), en Osnabrück (11.7).
Según v.
Flotow , Anleitung zur Fertigung der Ertragsanschlage, I, 80, cuatro
días de trabajo de siervo equivalen a solo tres de un jornalero libre.
Según v. Jacob , Ueber die Arbeit Leibeigener und freier
Bauern (1815), 21, dos jornaleros equivalen a tres siervos, y un caballo de
granja equivale a dos empleados por siervos. Es tan imposible obtener
estimaciones generales precisas aquí como en el caso del trabajo esclavo. Por
regla general, la esperanza no solo es un acicate más humano sino también más
agudo para la acción. Pero si se emplea la fuerza, no hay duda de que cuanto
mayor sea, más efectiva es. Dondequiera que se ha arrebatado a los amos el
derecho al castigo corporal, el valor técnico de la servidumbre ha disminuido
uniformemente. En las Indias Occidentales inglesas, antiguamente, los amos
filantrópicos que trataban a sus negros con una delicadeza inusitada obtenían
de ellos, por regla general, muy malos resultados económicos. Si bien cada
esclavo expresaba su mayor indignación por la ociosidad de los demás cuando
tenían un amo tan bueno, todos eran igual y excesivamente perezosos.
La producción semanal de una plantación se desplomó rápidamente bajo este
sistema, de treinta y tres toneles a veintitrés, y finalmente a trece. Math.
Levis , Journal of a West India Proprietor, 1834; Edinburg Review,
XLV, 410. Por la misma razón, los negros de las colonias españolas, tratados
con mucha más amabilidad que los de otras nacionalidades europeas, producían un
trabajo mucho peor. Véase, sin embargo, Columella , De Re
rust., I, 8.
Según Howlett ,
en su libro The Insufficiency of the Causes to which the Increase of our Poor
Rate have been atributed (1788), el salario a destajo se había vuelto
habitual “hace unos años”. Muy recientemente, los sindicatos han
vuelto a restringir el sistema de salario a destajo (§ 176).
Este
sistema es inaplicable en el caso de los sirvientes domésticos ( Gesinde ),
quienes forman parte del hogar y ofrecen a sus amos, además de sus servicios,
la ventaja de tener a una persona siempre a su disposición, y cuyo salario, por
lo tanto, constituye en gran parte su manutención y alojamiento. Menos aún
puede aplicarse al caso del médico de familia, cuyos servicios no consisten
simplemente en recetar, sino que también es el amigo profesional de la familia.
Lo mismo puede decirse del funcionario estatal, clérigo, etc., de quienes se
exige que sacrifiquen toda su vida al servicio del público. En contra de la
adopción del salario a destajo en el caso de los funcionarios estatales, cabe
argumentar además que ningún caso legal ni ningún acto de la vida pública es
exactamente igual a otro. No puede aplicarse al de los soldados, porque solo
son llamados a la acción después de un largo período de paz, durante el cual
deben mantenerse listos para la guerra. ( Schäffle , N. Œk.,
II, 388.) Hasta hace poco, los tribunales, en aras de su dignidad, también
solían pagar a sus mecánicos no por pieza, siempre que fuera posible, sino con
un salario fijo. Un profesor competente en una universidad es útil no solo por
sus conferencias, sino también por su reputación y ejemplo, etc.; por lo tanto,
en este caso, se prefiere una combinación de salario por pieza y un salario
fijo. En cuanto a los servicios, cuya permanencia constituye su carácter
esencial, la remuneración también suele ser permanente o hereditaria, como en
el caso de muchos funcionarios públicos, mientras la civilización aún no ha
avanzado. Posteriormente, a medida que el progreso de la civilización se hace
sentir, esta herencia suele limitarse al soberano. Para una opinión contraria,
véase Boxhorn , Institutt. politt. (1663), 41.
Así,
los chinos, quienes, mediante una exageración ridícula que raya en la
caricatura de muchas de nuestras tendencias recientes, podrían ofrecernos un
reflejo aleccionador de nosotros mismos en nuestro estado actual de
civilización, rara vez trabajan eficientemente cuando no se les vigila. Solo
mediante el salario a destajo o el sistema de reparto se les puede inducir a
realizar un buen trabajo. RM Micking ; Recuerdos de Manila y
las Islas Filipinas, 1851.
Los
jornaleros, por ejemplo, deben ser vigilados durante la cosecha para evitar que
pierdan el tiempo, y los trabajadores a destajo para evitar que sigan
trabajando a pesar del tiempo lluvioso, atando las gavillas, por ejemplo, lo
que provoca su pudrición. En Inglaterra, se considera casi imposible inducir a
los trabajadores a cortar el trigo lo suficientemente cerca del suelo. ( Sinclair ,
Código de Agricultura, 102.) La prisa de los trabajadores a destajo en la
cosecha de la colza ocasiona grandes pérdidas por la caída de la semilla. En
Rusia, el descuelgue de los animales se paga por pieza, y los trabajadores
dañan un gran número de pieles en su prisa. Steinhaus ,
Russlands industrielle und commercielle Verhältnisse, 425. Los salarios a
destajo deben ser completamente desestimados en el devanado de seda.
Véase Bernouilli , Technologie, II, 215. Se recomienda un
salario anual en el cuidado del ganado, ya que en este sector es deseable
cierta conexión ( Anschluss )
con las personas. En el sector de la construcción, los contratistas en
Inglaterra prefieren un salario fijo; pero emplean obreros modelo, los
llamados "caballos de campana", a quienes pagan un salario
elevado y que mantienen a los demás en la tensión con su ejemplo, y que por ello
son muy odiados por sus colegas.
Adam
Smith , W. of Nations, I, cap. 8. Howlett ,
también, lc, opina que el trabajo a destajo aumenta los ingresos de los
trabajadores, pero a expensas de su capacidad para el trabajo constante. El
conde Görtz , en su Reise, 328, relata el efecto fatal que el trabajo
a destajo en Demarara tiene en los trabajadores blancos y sus caballos. Tras la
Revolución de Febrero, los trabajadores parisinos exigieron la abolición del
trabajo a destajo y la consiguieron en varias fábricas. Revue des deux Mondes,
15 de marzo de 1848.
En
varias fábricas suizas, los subcontratistas reciben un salario, mientras
que los montadores trabajan por contrato colectivo. ( Böhmert ,
Arbeiterverältnisse und Fabrikeinrichtungen der Schw., II, 70.) La
subcontratación, en la que el contrato se realiza generalmente con una sola
persona, generalmente con una capacidad superior a la media, y esta última
contrata a otros trabajadores por cuenta propia, es considerada por los
empleadores filantrópicos como una de las peores formas de remuneración. El
sistema más democrático de contrato colectivo es mucho mejor, aunque incluso en
este caso es muy fácil que los miembros más débiles de un buen grupo trabajen
en exceso. (Edinburg Review, octubre de 1873, 365.)
Especialmente
importante en las fábricas químicas. El gasto en engrase de los ferrocarriles
renanos se redujo, gracias a las primas ofrecidas como recompensa por el
ahorro, de 27.000 táleros a 5.000, a pesar del aumento del tráfico. ( v.
Mangoldt , Volkswirthschaftslehre, 349). Esta era, además, la forma
más eficaz de controlar el robo de material.
En
la pesquería de cachelot, el capitán recibe un dieciseisavo, el patrón, un
veinticincovo, el segundo patrón, un treinta y cinco, el contramaestre, un
sesentavo, cada marinero, un ochenta y cinco de las ganancias. ( Humboldt ,
N. Espagne, IV, 10.) Este sistema es muy común en Norteamérica. Véase Carey en JS
Mill's Principles, V, cap. 9, 7. En la Islandia pagana, a los
marineros siempre se les pagaba una cierta cuota de las ganancias. Leo ,
en Raumer's historischem Taschenbuch, 1835, 524. A menudo
sucedía lo mismo en China. McCulloch , Comm. Diction. v.
Canton. En Inglaterra, su empleo se volvió muy difícil por las leyes de
asociación, que hacían a cada individuo, excepto en las grandes sociedades
autorizadas, responsable de todo tipo de deudas contraídas por el resto de la
empresa. JS Mill , B. IV, cap. 7, 5.
El
pintor de casas Leclaire, en París, obtuvo resultados muy altos en este
aspecto. Leclaire , Répartition des Bénéfices du Travail,
1842. Retuvo por sus propios servicios como contratista la suma de 6.000
francos y pagó a cada trabajador el salario que había recibido hasta entonces.
Lo restante se dividió equitativamente entre todos al final del año. Leclaire nos
asegura que siempre estuvo satisfecho con el sistema. El pago de una proporción
de las ganancias generales a los trabajadores es aconsejable solo si su
capacidad de supervisión del conjunto no es muy inferior a la de sus
empleadores. Cuando se paga una proporción especial, en ramas específicas de
negocio, es suficiente si su supervisión se extiende a esa rama en particular.
Pero una participación en las ganancias del negocio siempre supone una
supervisión correspondiente del propio negocio, así como la contabilidad.
Un
remedio muy bueno contra la indigencia entre las clases bajas. ( Umpfenbach ,
National Œkonomie, 1867, 214.) Pero si alguna vez será posible hacer que la
remuneración del peón o la de un cajista dependa del éxito final de su
trabajo, qnœre .
Tournefort ,
hablando del fatalismo de los turcos, dice que siempre y en todas partes dejan
el mundo tal como lo encontraron. Según su propio proverbio, donde los otomanos
han puesto los pies, la hierba no vuelve a crecer.
Los
experimentos realizados con el dinamómetro en 1800 y siguientes muestran que
la fuerza manual promedio
de un habitante de la Tierra de Van Dieman es a la de un habitante de Nueva
Holanda, de Timor, de un infante de marina francés y de un colono inglés en
Australia, en una proporción de 50, 51, 58, 69, 71 kilogramos. Péron ,
Voyage de Découverte aux Terres australes, 2.ª ed., II, 417. Se encontró más
recientemente en el ejército estadounidense que la fuerza de elevación promedio
de los soldados blancos era de 314 a 343 libras; de los infantes de marina
blancos, 307; de los estudiantes, 308; de los negros, 323; de los mulatos, 348;
y de los indios, 419. Gould , Investigations in the Military
and Anthropolog. Estadísticas de soldados estadounidenses, 1869, 458 y ss.
Según los fabricantes ingleses, un trabajador inglés logra casi tanto como uno
francés (?), y este último, a su vez, más que un irlandés. Un contratista
inglés, que había trabajado en fábricas francesas, expresó su opinión sobre los
franceses en este sentido: "No se puede llamar trabajo lo que hacen;
es solo mirarlo y desear que se haga". Senior , Outlines,
149. Así, por ejemplo, un buen hilandero inglés con una máquina de 800 husos
podría producir 66 libras de hilo, n.º 40, mientras que un francés podría
producir solo 48 libras. ( M. Mohl , Reise durch Frankreich,
535; compárese con Dingler , Polyt. Journal, I, 63 y ss.) Que
los estadounidenses también son inferiores a los ingleses en fuerza y destreza
lo atestigua el estadounidense Hewitt . Véase Brentano ,
Arbeitergilden, II, 231. Un aserrador de madera berlinés logró en diez días lo
mismo que un aserrador de Prusia Occidental de Labiau en veintisiete. J.
G. Hoffmann. Los agricultores ingleses del Helesponto prefieren pagar
a los trabajadores griegos 10 libras al año «además de su
manutención», en lugar de 3 libras a los trabajadores turcos. ( Lord
Carlisle , Diario en aguas turcas y griegas, 1854, pág. 77 y ss.) En
Paulo-pinang, el trabajador agrícola malayo recibe 2,5 dólares al mes, el
malabar, 4 dólares, el chino, 6 dólares; por esta compensación trabajan 26, 28
y 30 días, respectivamente. Ritter , Erdkunde, v, 54.
La
comparación entre diferentes países arroja poca luz sobre este tema. Así, en
Francia, hay 614 personas de cada 1.000 examinadas aptas para el servicio
militar; en Baviera, 705; en Dinamarca, 523; en Austria, 498; en Prusia, 284;
en Sajonia, 259; en Inglaterra, donde el reclutamiento se realiza entre las
clases más bajas, 665; y en Wurtemberg, 490. ( Wappäus , Allg.
Bevölkerungsstatistik, II, 71, 140.) Massy , Observaciones
sobre el examen de los reclutas, 1854. ( Memminger , Würt.
Jahrb., 1843, 103.) La comparación entre diferentes partes del mismo estado es
mucho más ilustrativa. Así, en Sajonia, las ciudades solo ofrecen 197, y las
llanuras, solo 265 por 1.000 (Sächs. statist. Ztschr., 1856, n.º 4 y
siguientes); y en Francia, entre los nacidos ilegítimos, hay un gran número de
no aptos para el servicio militar (Journ. des Econ., 1850, XXV, 69). Según el
Anuario austriaco de estadísticas militares, en 1870, en promedio, en toda la
monarquía, había 211 por 1.000 de los que podían ingresar en las filas militares,
aptos para el servicio; en el mando de Innsbruck, 325; en Lemberg, 179.
M.
Chevalier , Cours, I, 115. Adam Smith ,
B. I, cap. 8, destacó la gran laboriosidad de los trabajadores bien
remunerados. Entre los analfabetos, el trabajo debe ser casi necesariamente
repulsivo en la medida en que está mal remunerado.
Así, A.
Young comentó que los salarios en Irlanda son terriblemente bajos,
mientras que la mano de obra está lejos de ser barata. En su “Evidence in
Respect to the Occupation of Land in Ireland”, II, 135, dice que un
jornalero escocés a 1 chelín por día es más barato que un jornalero irlandés a
½ chelín. Según McCulloch , “Statis. Account of the
British Empire”, I, 666, la mano de obra industrial en Alemania y Francia
es más cara que en Inglaterra, porque en los primeros países hay, ceteris
paribus , el doble de trabajadores empleados en la
mayoría de las manufacturas. Véase Senior , Lectures on Wages,
1830, 11, y los informes de los comités del parlamento, passim on
French manufacturers (1825). Lo mismo se ha experimentado en la historia
agrícola de Schleswig-Holstein. Véase Hanssen , Archiv. der
Politisch. Œk. IV, 421. La main d'œuvre
est chère en Russie dès qu'il s'agit d'une suree capacité et d'un sure degré
d'instruction professional, tandis que celle de l'ouvrier ordinaire n'est nulle
part aussi bas. ( Tegoborsky. )
Así
también Columela , RR I, 9. JS Mill ,
Principios, I, cap. 7, 5.
Así,
por ejemplo, la Lex Visigoth., VIII, 4, 16, gradúa la multa que debe pagar el
asesino según la edad de su víctima. Esta aumenta hasta los 20 años en el caso
de los varones y disminuye después de los 50. En el caso de las mujeres, el
máximo se alcanza entre los 15 y los 40 años. De igual modo, Moisés ,
Libro III, 27.
En
cuanto a los dos sexos, la fuerza rénica de
los hombres adultos duplica la de las mujeres en la especie humana. La
diferencia entre ellos en la juventud no es tan grande. La fuerza manuelle de
ambos sexos a los 30 años es de 9:5. ( Quételet , Sur l'Homme
II, págs. 73 y siguientes). La proporción numérica de un sexo con respecto al
otro varía poco entre las naciones que han alcanzado cierto grado de
civilización. Véase infra , § 245.
Es
de gran importancia calcular aquí el número de días del año en que el
trabajador se ve obligado a estar ocioso por causa de enfermedad. Fenger ,
(Quid faciant ætas annique tempus ad frecuentiam et diuturnitatem morborum,
Hafniæ 1840), encuentra el siguiente resultado:
Entre
15 y 19 años, 7,2 días. Entre 35 y 39 años, 7,8 días.
Entre 20 y 24 años, 10,3 días. Entre 40 y 44 años, 8,3 días.
Entre 25 y 29 años, 9,5 días. Entre 45 y 49 años, 11,6 días.
Entre 30 y 34 años, 7,6 días. Entre 50 y 59 años, 14,1 días.
Según Villermé ,
en los Annales d'Hygiène, II,
A
los 60 años, 16 días. A los 67 años, 42 días.
A los 65 años, 31 días. A los 70 años, 75 días.
Esta
última tabla es el resultado de una comparación de las tablas de setenta
sociedades de ayuda mutua escocesas. Compárese con Digler ,
Polyt. Journal, XXIV, 168.
Tácito ,
Germ., 14. León , en Raumer's Taschenbuch,
1835, 418. Maxime sua esse credebant, quæ: ex hostibus
cepissent. ( Gajus IV, 16). ¡Subasta
romana sub hasta ! Se observaban opiniones similares entre los
tracios. Véase Heródoto , V, 6. En Esparta, incluso en tiempos
de Agesilao, el trabajo económico se consideraba indigno de un hombre libre ( Plutarco ,
Edades, 26); mientras que los atenienses, desde la época de Solón, castigaban
la ociosidad, y desde la de Pericles «no conocieron otra festividad que la
de ocuparse de sus negocios». Tucid. , I. 70. Para algunas
observaciones acertadas sobre este tema, véase Riehl , Die
deutsche Arbeit, 1861.
Compárese Erasmus Colloq.
(ed. Stallb. ), 21 y sigs., 213 y sigs., 392 y sigs.
Temple aprendió
de los holandeses de su época que el tiempo de los hombres industriosos es el
mayor recurso de un país. (Obras I, 129). «El tiempo de un comerciante es
su pan». ( Sir M. Decker , Ensayo sobre la Decadencia,
etc., 1744, 24). Walpole , en su Testamento político II, 385,
habla de la inferioridad de la Iglesia católica a este respecto. Me gustaría
aludir a la prohibición medieval de «vender tiempo» como uno de los
principales fundamentos de la prohibición de la usura. (Véase Roscher ,
Gesch. der N. Œk. in Deutschland, 7). «Economia di tempo equivale a
prolungamento di existenza». ( Soialeja ).
Douville ,
Voyage au Congo I, 239. Véase v. Haxthausen , Studien, II,
439; W. Jacob , Production and Consumption of the precious
Metals, II, 209. La división del día en horas data de la época de los relojes
de sol de Alejandría. No se conoció en Roma hasta después del año 491 de la
ciudad. ( Mommsen , Römische Geschichte, I, 301.)
Pinckard ,
Notas sobre las Indias Occidentales, 1806, II, 107. En España, parece que nadie
tiene prisa en las calles. ¡Qué contraste entre el andar despreocupado de
la gente en los balnearios y los centros turísticos de peregrinos y la prisa
precipitada en los centros comerciales!
Meyendorff ,
Viaje a Boukhara, 246.
La
historia de esta idea ofrece un ejemplo notable de la confusión que produce el
empleo de la terminología científica en la vida cotidiana. Hasta que, poco
después, todos los significados posibles de la palabra capital se
encontraban en el diccionario de la Academia Francesa, exceptuando únicamente
su significado científico político-económico. Durante la Edad Media, el
latín capitale se usaba
para significar tanto dinero prestado como ganado. ( Ducange ,
sv) Cuando la cultura griega estaba en su apogeo, Demóstenes albergaba
muy buenas ideas sobre la naturaleza del capital, al que a veces llama ἀφορμὴ,
a veces ἔρανος, cuyo significado extiende también al capital incorpóreo de una
buena reputación. (Adv. Mid., 574; pro Phorm, 947). Lo mismo puede decirse de
la concepción romana del peculium .
Véase Hildebrand's Jahrbb., 1866, I. 338. Sobre los inicios de
la idea actual del capital entre los escolásticos posteriores, véase Funck ,
Tübinger Ztschr., 1869, 149. El diario de Lucas Rems ,
1491-1541 (ed. Greiff , 1861), llama al capital comercial, en
la mayoría de los casos, el bien supremo ( Hauptgut )
p. 37; también Cavedal . Las palabras dinero y capital,
interés y precio del dinero se confunden ahora en la vida cotidiana, como lo
hacían antes la mayoría de los escritores. En el siglo XVII, se pueden
mencionar a Child y Locke como ejemplos. Hobbes tenía
una vaga noción del poder productivo del capital. Véase Roscher ,
Zur Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre, 49, 60, 102. Así,
también, en el siglo XVIII, Law , Sur l'Usage des Monnaies,
697; Comercio y dinero (1705) 117; Mélon , Essai politique sur
le Commerce, 1734, cap. 22; Galiani , Della Moneta, IV, 1,
3; Blackstone , Comentarios, 1764, II, 456; Genovesi ,
Economía civile, II, 2, 18, 13; Stewart , Principios, IV, 1,
cap. IV; Verri , Meditaciones, XIV; Büsch ,
Geldumlauf, V. 14; A. Young , Aritmética política (1774), 1,
cap. 7. Hume , por otro lado, en Discursos (1752), n.º 4
(sobre el interés), demuestra que la tasa de interés depende, no como
suponía Locke , de la abundancia o escasez de dinero, sino del
estado de la ganancia y de la relación entre la demanda y la oferta de capital.
De igual manera, J. Massie , Ensayo sobre las causas que rigen
la tasa de interés (1750). QuesnayDiálogo sobre el Comercio, 173
(ed. Daire), demuestra que tenía una concepción muy clara de la operación y de
los principales componentes del capital. Turgot , Sobre la
Formación y la Distribución de la Riqueza, § 14, 54-79, se acercó mucho a la
verdad, pero no la alcanzó. Reconoció la necesidad de los anticipos que, por
regla general, son resultado del ahorro, en todos los casos de producción.
También distingue en el producto de la tierra, además del producto
neto y la subsistencia
del trabajador , la ganancia de
este último. Asimismo, señala numerosas diferencias entre el «precio del
dinero» considerado en su relación con el comercio y en su relación con
los préstamos. Explica el interés del capital, como Schröder ,
en su Schatz-und Rentkammer, 231, y Benjamin Franklin , en su
Inquiry into the Nature of a Paper Currency (1729) lo habían hecho antes, por
el hecho de que el propietario del capital puede comprar un pedazo de tierra
con su capital, y así obtener un ingreso sin trabajar. El dinero, dijo, de
hecho no era productivo, pero tampoco lo era cualquier otra cosa que pudiera
prestarse o arrendarse, con la excepción de la tierra y el ganado. Adam
Smith merece el mayor crédito por su análisis de la idea del capital,
aunque opone "capital" a lo que los alemanes llaman capital
en uso, el "stock para el consumo inmediato". Cuando Canard ,
Principes d'Economie politique (1801) y JB Say , Cours pratique,
1828, I, 285, incluyeron la fuerza de trabajo del hombre en el capital, dieron
un paso atrás. "El trabajo es capital, primario y
fundamental". Colton , 275. Todo individuo adulto,
dice McCulloch , Principios, 1825, II, cap. 2, puede
considerarse como una máquina cuya construcción ha costado varios años de
cuidados continuos y una suma considerable. Es solo otra cara de esta misma
perversidad, cuando McCulloch intenta forzar los resultados
producidos por animales y máquinas en la definición de trabajo. Schlozer ,
Anfangsgründe (1805), I, 21, llega al extremo de llamar al alma materia prima,
que recibe poder productivo del trabajo del maestro. Para un cálculo del valor
monetario del hombre en las diferentes edades de la vida, véase Statis. Journ.
XVI, 43 y sigs. Véase, por otro lado, Malthus , Definiciones,
cap. 7; y Rossi , en el Journal des Economistes, VI, 113.
Tampoco lo hace la opinión de Ganilh , Systèmes d'Economie
politique (1809), I, 243; del anuncio. Müller , Concordia, 93
y sigs., 211; de Hermann , “Staatswirth”Untersuchungen,
No. 3; de Dunoyer , Liberté du Travail, L. VI; de Bastiat , Carey y
otros, que incluyen porciones de tierra en sí mismas bajo el encabezado de
capital, parecen estar mejor fundadas. Hermann define el
capital como la base duradera de cada utilidad poseída de valor en el
intercambio. Schäffle considera la tierra tal como la
naturaleza nos la ofrece, entre los bienes libres . Desde el
momento en que se gasta trabajo y capital en ella, se convierte en capital
inamovible, pero admite que aún conserva muchos puntos esenciales que la
distinguen de otros capitales. (N. Œk. Theorie der ausschliessenden
Absatzverhältnisse, 1867, 65 y ss., 89 y ss.) Estas diferencias me parecen aún
más importantes que las que la tierra y el capital tienen en común;
especialmente porque el desarrollo histórico de sus relaciones procede en su
mayor parte en direcciones opuestas. Así, por ejemplo, a medida que la civilización
avanza, la tierra tiende a encarecerse y el capital a abaratarse. ¡Qué difícil
sería aclarar las ideas de la agricultura intensiva y extensiva si
la tierra se considerara capital! Y no solo siempre es teóricamente, sino
también muy a menudo en la práctica, posible separar el valor de un terreno
determinado de las mejoras de capital más duraderas ( Kapitalmeliorationen )
realizadas en él. Basta con pensar en la superficie construida.
Marx hace
una afirmación muy arbitraria cuando dice que sólo el capital que opera en el
comercio, e incluso sólo aquel que opera en el comercio donde el dinero se
utiliza como instrumento de cambio, puede ser llamado propiamente capital; y
que, por lo tanto, la biografía moderna del capital data sólo del siglo XVI (El
Capital I, 106 y siguientes).
Véase,
por otra parte, Wolkoff , Lectures d'Economie politique
rationelle, 167.
Hermann (II
ed., 238 y sigs.) distingue especialmente los dispositivos
preparatorios auxiliares del trabajo, como las construcciones fijas,
etc., los recipientes, las herramientas, las máquinas y los instrumentos de
medida, etc.
Así,
por ejemplo, el arado y el fusil son máquinas, la pala y la cerbatana son
herramientas. Un martillo puede considerarse como un puño duro e insensible; el
fuelle, como un par de pulmones muy fuertes y duraderos. Las tenazas sustituyen
a los dedos, al igual que la cuchara a la mano vacía, y el cuchillo a los
dientes. Por otro lado, un gran número de máquinas pueden compararse con un
obrero completo. Así, la acción del molino que muele grano se parece muy poco
al soplo del viento o al correr del agua, mientras que el movimiento de la mano
del mortero en el pequeño mortero para lanzar granadas corresponde al
movimiento del brazo. ( Rau , Lehrbuch I, § 125). La infinidad
de funciones de las que son capaces nuestros miembros se relaciona con su
incapacidad para alcanzar por sí solos la mayor parte de sus fines. Por lo
tanto, los animales que no requieren herramientas pueden emprender muy pocas
cosas. «El hombre es un animal que fabrica herramientas». ( B.
Franklin ) .
Esto
se aprecia con mayor claridad en la historia de la molienda del maíz. En la
época de Moisés, e incluso de Homero, solo existían molinos manuales, y
originalmente solo morteros. Posteriormente, se emplearon molinos impulsados
por caballos. Poco después de la época de Cicerón, se empezaron a utilizar
molinos impulsados por energía hidráulica. Brunck , Analecta,
II, 119, Ep. 39. Los molinos construidos sobre pontones no datan de tiempos
anteriores a Belisario. Los molinos de viento se conocen desde el siglo IX; los
molinos de viento holandeses, solo desde mediados del siglo XVI. Véase Beckman ,
Beiträge zur Geschichte der Erfindungen II, I ff.
Compárese
con Platón , Polit., 280.
Así, Ganilh ,
Théorie de l'Economie politique I, 133, considera el conocimiento, el talento y
la probidad de los comerciantes, así como su reputación, partes valiosas de su
capital comercial. Véase también Möser , Patriot. Ph. II, 26.
Véanse algunas observaciones acertadas sobre el capital intelectual de las
naciones, como compuesto por «trabajo preparatorio conocido y desconocido
a lo largo de su historia», en Lotze , Mikrokosomos II,
353 y ss.
Compárese
con Dietzel , System der Staatsanleihen (1856), 71 y ss. Y,
aún antes, Ad. Müller había considerado los impuestos no como
una prima de seguro, sino como «el interés del capital intelectual
invisible, pero absolutamente necesario, de la nación» (Elemente, III,
75). Por supuesto, el Estado es mucho más que una especie de capital; así como
una catedral gótica es algo más que una pieza de mampostería, pero no por ello
deja de ser una pieza de mampostería.
JB
Say , Tratado de Economía Política I, cap. 10.
Pensemos únicamente en lo que en fisiología se conoce como cambio o
transformación de la materia ( Stoffwechsel! ).
Capital
productivo ha sido traducido al alemán con la palabra Erwerbstamm ,
por el autor de “Staatswirthschaft nach Naturgesetzen”, 1819. Malthus ,
Definiciones, cap. 10, y Rau , Lehrbuch, I, § 51, llaman sólo
capital al capital productivo. Según el señor Chevalier , los
bienes pierden su calidad de capital tan pronto como llegan a manos de un
consumidor. Schäffle , N. Œk., II, aufl., 59, llama al capital
en uso Genussvermögen (recursos
destinados al disfrute) y al capital productivo Kapitalvermögen (recursos
de capital). Por otra parte, JB Say , Traité, I, 13; McCulloch ,
Principios, II, 2, 3, Hermann , Staatswirthschaft.
Untersuchungen, pág. 60 y ss., y v. Mangoldt ,
Volkswirthschaftslehre, 122, dividen el capital en capital en uso y capital
productivo, según proporcione al poseedor aquello que este pueda aprovechar
directa o indirectamente al convertirse en propietario de bienes por medio de
él. Aristóteles distingue entre ὄργανα y κτήματα: el primero
se refiere a ποίησις; por ejemplo, una lanzadera; el segundo a πράξις, como,
por ejemplo, la ropa de cama y las prendas de vestir. (Polit., I, 2, 5.)
Así,
por ejemplo, la clase A abarca parques y bosques; la B, teatros, iglesias,
fábricas, arsenales, graneros, paseos y caminos públicos. Los paseos, además,
pueden utilizarse para el cultivo de frutales y los caminos para excursiones de
placer.
Traducido
como “capital de consumo” por Wolowski, pág. 96 de sus Principios de
Roscher.— Nota del traductor.
El
capital muerto, o mejor dicho, el capital inactivo, es aquel capital productivo
que, por el momento, permanece sin uso y que, por lo tanto, ni siquiera produce
disfrute personal. La suma total de este tipo de capital se ve
considerablemente disminuida por la intervención de las cajas de ahorro. El
capital prestado que se ha empleado improductivamente, evidentemente, ya no
forma parte de la riqueza de un pueblo. Véase infra , § 189.
Wolkoff tiene
toda la razón cuando, en sus Lecciones, pág. 142, llama al retorno del capital
en uso no revenu ,
sino déstruction gradualelle . Schäffle también
tiene toda la razón cuando afirma que solo un aumento de la propiedad,
destinado simplemente al disfrute, es antieconómico, ya que no hace que las
capacidades personales de trabajo ( Arbeitsvermögen )
sean mucho más productivas de lo que serían de otro modo. N. Œk., II, aufl.,
224.
Humboldt ,
N. Espange, II, cap. 17; Schlözer , Anfangsgründe, II, 109.
Ausland, 140, núm. 313. Sobre la extraordinaria riqueza incluso de las
campesinas rusas en perlas, véase v. Haxthausen , Studien, 87,
309.
Townsend ,
Journey in Spain, I, 115, 310. En la época patriarcal de los judíos, había una
cantidad relativamente grande de objetos ornamentales de oro y plata: Michælis ,
De Pretiis Rerum apud Hebræos, en Comm. Soc. Götting., III, 151 y sigs., 160.
La conservadora Esparta, en la edad media de su historia, ciertamente no era
rica, y sin embargo tenía más oro y plata que cualquier otro estado griego: Platón ,
Alcib., I, 123. Según San Juan , The Hellenes, III, 142, los
antiguos tenían relativamente muchos más metales preciosos en forma de objetos
de adorno que los modernos. Los romanos, con su habitual buen sentido, no
hicieron uso de la plata como artículo de lujo hasta que alcanzaron una gran
riqueza. Véase Catón , RR, cap. 23, y Séneca ,
De Vita beata, cap. 21. Entonces los embajadores cartagineses despotricaron
contra sus anfitriones porque encontraron las mismas piezas de plata de mesa en
todas las casas a las que fueron invitados. El joven Escipión, incluso, no
poseía más relativamente de 32 libras de platería. Mommsen ,
Römische Geschichte, II, 383. La importancia relativamente grande de los
almacenes para uso doméstico, sin embargo, recorre toda la historia romana. El
título de penu legato , en las Pandectas (Digesto, XXIII, 9),
apunta a esto, durante el reinado de los emperadores, y en épocas anteriores,
la derivación de penates de penu .
Véase Rodbertus , en Hildebrand's Jahrbuch,
1870, I, 365. Inmensa importancia del anillo en los antiguos países del norte: Weinhold ,
Altnord. Leben, 184 y sigs. La época de la caballería era muy rica en vajilla
de plata, copas, palanganas, etc. Büsching , Ritterzeit und
Ritterwesen, II, 137. Anderson , Origin of Commerce, a. 1386. Lord
Burleigh , en la época de la reina Isabel, dejó tras de sí entre
catorce y quince mil libras esterlinas en platería; eso es casi tanto como el
resto de todo su patrimonio; y, parecería, que para un hombre de su rango,
incluso esto no se consideraba mucho. Collins' Life of B., 44.
Según Giustiniani , el cardenal Wolsey poseía artículos de
plata por un valor de 1.500.000 ducados, y la mayor parte de los lores de la
época estaban igualmente bien provistos de ellos.
Los
beduinos son aficionados a adornar a sus esposas e hijos con todas las joyas
que poseen, tanto en días festivos como en otros días, de modo que a veces
tienen cuatro o seis brazaletes en cada brazo y quince aretes en cada
oreja. Burckhardt , Bemerkungen, 188. Wellsted (traducción
de Roederer), I, 224. En Asia Menor, las muchachas llevan toda su dote en forma
de adornos personales. Belgiojoso , Revue des deux Mondes, 1
de febrero de 1855. En la India Oriental, incluso las ciudades más desdichadas
tienen sus trabajadores de la plata. Los emires de Scinde, con unos ingresos
anuales de 300.000 libras esterlinas, tenían un tesoro valorado en 20.000.000
de libras esterlinas, de los cuales casi 7.000.000 de libras esterlinas estaban
en joyas. Ritter , Erdkunde VII, pág. 185. En el Ganges
superior se usan más joyas y otros adornos que en el inferior, donde los ricos
prefieren invertir su capital en latifundios. Ritter , VI,
1143.
Los
primeros inicios de esta división se encuentran en Quesnay (Analyse
du Tableau économique, 1758), donde desarrolla la diferencia entre avances
primitivos y avances
annuelles . Véase también Adam Smith ,
W. de N., II, cap. 1, quien, sin embargo, reduce la diferencia entre ellos
principalmente a las relaciones de posesión, y por lo tanto incluye el grano y
la semilla en el capital fijo. Hermann , Staatsw. Untersuch.,
269 y sigs.; Ricardo , Principles, cap. 1, sec. 2; Schmitt-henner ,
Staatswissenschaften, I, 387, divide el capital en I, infungible ,
es decir, 1, fijo en el sentido estricto de la palabra; 2, capital de
transporte; II, fungible , 1, capital transformable; a, material
(materia prima, material auxiliar, etc.), b, productos formados; 2, capital
circulante; a, mercancías; b, dinero. A. Walker , S. de W.,
57, llama capital circulante a aquel que puede transferirse fácilmente de una
rama de producción a otra; fijo, aquel que puede usarse con ventaja solo para
el propósito para el cual fue destinado originalmente.
Se
quema la carpintería antigua; se venden utensilios de hierro viejos; también se
derriban casas. Emminghaus , Allg. Gewerbelehre, 1868, 175.
Si
los mongoles, por ejemplo, despojaran a China de todos sus bienes muebles, con
excepción de su dinero enterrado, sus bienes inmuebles solo serían productivos
a partir del momento en que ese dinero se utilizara para asegurar otros bienes
muebles. En cualquier caso, la producción solo sería proporcional a las
semillas, el ganado, etc., prestados. ( Sismondi , Riquezas
comerciales, 1803, I, pág. 61.)
Que
los atenienses lo abandonaron todo para oponerse a Jerjes, con mucha mayor
facilidad que bajo Pericles, incluso en la llanura del Ática. Büchsenschütz (Besitz
und Erwerb im griech. Alterthum, 589) lo explica por el hecho de que en el
intervalo entre ambos períodos, el capital fijo aumentó considerablemente. En
épocas rudimentarias, el término comunidad o nación entendía por un número de
hombres; y el estado, mientras sus miembros permanecieran, se consideraba
íntegro. En los estados refinados y mercantiles, la situación a veces se
invierte. La nación es un territorio cultivado y mejorado por sus dueños; si se
destruye la posesión incluso mientras el amo permanece, el estado se
deshace. Ferguson , Hist. of civil Society, V, 4; v.
Mangoldt , Volkswirthschaftslehre, 159. El capital fijo no está tan
seguro de agotarse por completo como de circular. Sobre este punto véase Schäffle ,
N. Œk., 53.
Si
la actividad productiva total del hombre se designa con la palabra trabajo (así
como todo lo producido en un terreno se denomina erróneamente su producto),
entonces todo el capital puede considerarse el resultado no consumido del
trabajo. La reciente teoría socialista que considera el capital como los
salarios ganados pero no pagados es una grave equivocación respecto a esta
verdad. Este es el origen únicamente del capital de opresores y engañadores, y
solo en parte del suyo. Véase infra , § 189.
Mientras
nos ponemos la ropa de invierno, la ropa de primavera ya está en las tiendas;
la tela ligera para la ropa del próximo verano ya se está fabricando, y la lana
para la ropa del próximo invierno ya está hilada. ¡ Piensen en el estudio
previo que debió realizar el médico, a quien llamamos en cualquier
momento! Menger , Grundsätze, I, § 33 y ss.
Así,
en profesiones peligrosas, como por ejemplo, entre soldados y marineros, hay
muy poca salvación. Lo mismo puede decirse de las épocas de peste. Véase J.
Rae , Nuevos Principios sobre el Tema de la Economía Política, 1834.
Que
guardemos nuestras propiedades bajo llave, mientras que en la época de Platón
era costumbre sellarlas, constituye en sí mismo un gran avance. Véase Becker ,
Caricles, I, 202 y ss. Anteriormente, se utilizaban nudos artificiales. Homero ,
Odisea, VII, 443.
Compárese Hearne ,
Reise, nach Prinzwalesfort, 43, 58, 119. Barrow von Sprengel ,
282. Humboldt , Relation historique, II, 245. Ausland, 1844,
No. 359; 1845, No. 84. Stein-Wappüus , Handbuch der
Geographie, I, 310. Para una prueba de que el clero, al predicar la abnegación,
contribuyó en gran medida a la creación de capital en la primera parte de la
historia medieval, véase Guórard , Polyptiques d'Irminon
Préf., 13.
Sobre
la inevitabilidad de la esclavitud, cuando se necesita capital y nadie se
preocupa de ahorrar, véase de Metz Noblet , Phénomènes
économiques, I, 306.
Español
El origen del capital por “conexiones sociales” ( gesellschaftliche
Zusammenhänge ) Lassalle (Bastiat-Schultze,
92, 98) exagera hasta el absurdo de que nunca se salvó capital. Esto está
relacionado en parte con su confusión de tierra con capital (103 seq.). Por
otro lado, PL ( v. Lilienfeld ), Gedanken
über die Staatswissenschaft der Zukunft (1873), distingue entre la creación
externa e interna de capital en la sociedad humana; este último basado en la
condición de cada ser orgánico, en virtud del cual el presente es generado por
el pasado y genera el futuro. La sustancia intercelular de las plantas, el
panal de las abejas y la sangre en el cuerpo animal corresponden al capital de
una nación.
Hermann ,
St. Untersuchungen, 289 y ss.; List , System der politischen
Œkonomie, I, 325 y ss. Así, por ejemplo, la capitalización entre una raza de
cazadores puede prolongarse durante más tiempo mediante la creación de rebaños;
la de una raza de pastores, mediante la construcción de casas y la mejora de
las tierras; la de un pueblo agrícola, mediante el establecimiento de oficios,
caminos artificiales, etc. En cuanto a cómo, en general, la acumulación de
bienes en gran medida presupone el intercambio, y cómo, en primer lugar, con el
intercambio, a través de la existencia de una superabundancia, puede originarse
la riqueza, véase Hermann , loc. cit., II, Aufl., 25 y ss.
El
aumento anual del capital de Francia durante los últimos años del reinado de
Luis Felipe se estimó entre 200 y 300 millones de francos; durante los mejores
años del reinado de Napoleón III, en 600 millones. Journal des Econ., noviembre
de 1861, 170. El capital del imperio británico, a juzgar por las estadísticas
del impuesto sobre la renta, aumentó de 1843 a 1853, solo en Gran Bretaña, al
menos 42.000.000 de libras esterlinas anuales; de 1854 a 1860, en todo el
imperio, al menos 114.000.000 de libras esterlinas; y solo en 1863, en
130.000.000 de libras esterlinas. London Statis. Journal, 1864, 118 y sigs. Una
guerra librada en suelo inglés sin duda sería más destructiva para el capital
que una librada en Rusia; Pero Rusia se recuperaría de una crisis como la de
1854-55 con mucha mayor dificultad debido a la escasa tendencia de su población
a acumular capital. En países con predominio de la clase media, la influencia
de la acumulación de capital en la política exterior favorece la paz. En países
despóticos o democráticos, puede favorecer con la misma facilidad la guerra.
La “formación
absoluta” de capital descrita anteriormente es, por supuesto, la única en
la economía general de la humanidad. En la economía individual, con frecuencia
nos encontramos con otra que es solo “relativa”, como cuando el aumento
de los recursos de uno va acompañado de una disminución igual o incluso mayor
de los de otro. Este es el caso, por ejemplo, de la concesión de privilegios o
monopolios. El mismo fenómeno se observa también en las relaciones económicas
entre diferentes naciones. Supra , § 64 .
Así
, Cicerón , De Off., II, 3, 4. La naturaleza puede, en efecto,
producir mero valor en uso sin la cooperación del trabajo, en el sentido
estricto de la palabra; como, por ejemplo, un bosque que protege un distrito de
avalanchas, etc. Pero «todo lo que se ha transformado en bienes tiende
constantemente a volver a su estado natural y a retirarse de la vida de los
bienes». Stein , Lehrbuch.
Comparar Lista ,
System der Polit. Œkon. Pero véase también la excelente discusión de JS
Mill , Principios, IV, cap. VI, 2, sobre la monotonía de la
naturaleza, cuando el hombre la toma en posesión exclusiva; “con cada
metro de tierra cultivable capaz de producir alimentos para los seres humanos;
cada yermo florido o pasto natural arado; todos los cuadrúpedos o aves que no
están domesticados para el uso del hombre, exterminados como sus rivales por la
comida; cada seto o árbol superfluo arrancado, y apenas queda un lugar donde un
arbusto o flor silvestre pueda crecer, sin ser erradicado como maleza, en
nombre de una agricultura mejorada”.
En
París, en 1820, las herramientas necesarias para un trapero costaban 6,25
francos. Garnier , Elementos de economía política, 43.
No
debe pasarse por alto que todo el trabajo invertido en un fin lejano también se
considera capital. Véase Droz , Economía política, 1829, I, 6.
Para
una buena exposición de cómo Inglaterra necesita más productos agrícolas, las
Indias Orientales más capital y las Indias Occidentales más mano de obra,
véase Fawcett , Manual of PE, 110.
Es
un hecho muy significativo que, actualmente, en ciertos países europeos, como
por ejemplo en Alemania, al trabajador se le llama receptor y
al capitalista dador de trabajo. Las expresiones empleadas
por Canard , Say y Hermann enseñan
una lección similar.
Schäffle ,
Kapitalismus und Socialismus, 124 ss.
Es
evidente que, considerándolo en términos absolutos, el factor predominante de
un período anterior puede seguir aumentando durante el siguiente; y, por regla
general, continúa aumentando.
Español
Solo necesito citar el ejemplo de los esclavos, que anunciaban las horas,
cumpliendo así las funciones de un reloj: Marcial , VIII.
67; Juvenal , X. 216; Petron. 26; del giro de
las ruedas hidráulicas, en Egipto y Babilonia, por manos humanas. Estrabón ,
XVI. 738, XVII., 807. Entre los antiguos, se necesitaba un pastor, y además
pastorcillos, para cuidar veinte ovejas. ( Geopon. XVIII, 1.)
En las regiones altamente cultivadas, el número llegaba a cincuenta. ( Demosth. ,
adv. Euerg. et Mnes., 1155.) Rara vez pasaba de ochenta ( Varrón ,
De re rust., II. 10, 10. 2, 20), o de cien ( Catón , RR c.
10); mientras que, recientemente, cinco hombres son suficientes para cuidar mil
ochocientas ovejas. Véase el discurso de Roscher sobre la
relación de la economía política con la antigüedad clásica, en los informes de
la Royal Saxon Science Association, mayo de 1849. También D. Hume ,
Discursos, No. 10.
Algunas
escuelas han sobreestimado el poder productivo de cada uno de los factores de
producción. Después de que Graciano (s. I, siglo XIII, cuarto
i) reconociera claramente la necesaria cooperación de los tres elementos, la
unilateralidad con la que los reformadores enfatizaban la bendición de Dios
como única fuente de riqueza provocó una gran sobreestimación de la naturaleza
del factor. El sistema mercantil sobreestimó el factor capital, en uno de sus
componentes más evidentes: el dinero. En tiempos posteriores
nuevamente: " La terre est la
source ou la matière d'où l'on tire la ichesse; le travail de l'homme est la
forme qui la produit. Tous les hommes d'un état subsistent et s'enrichissent
aux dépens des propriétaires des terres. " ( Cantillon ,
Sur la Nature du Commerce, 1755, I. 33, 55.) La terre est l'unique
source des richesses. ( Quesnay , Maximes générales
de Gouvernement, 1758, cap. 3.) En otro lugar, de hecho, el mismo escritor
dice: les revenus sont le produit des terres et des
hommes (Grains , p. 276, Daire),
y Mirabeau frecuentemente hacía hincapié en la necesaria
cooperación entre el trabajo y el capital. (Landwirthschaftsphilosophie,
traducción de Wichmann, I, 5.) Turgot , Sur
la Formation et Distribution des Richesses, § 7. Para una excelente refutación
de esta unilateralidad “fisiocrática” , que, si todos los hombres
están dotados por naturaleza de iguales derechos, conduce al socialismo,
véase Canard , Principes, 6. Según Gioja , N.
Prospetto, I. 35, el papel desempeñado por el trabajo en la producción de
queso parmesano es mil veces mayor que el desempeñado por la
tierra; y en la producción de un tulipán holandés, cien mil veces mayor. Los
ingleses suelen, de manera similar, sobreestimar el poder relativo del trabajo.
( Ponocratie , según Ancillon , Essais
philosophiques, 1817, II. 327.) “El comercio y los negocios surgen primero
del trabajo de los hombres”. ( North , Discursos sobre el
Comercio, 112.) Así, Locke (1690), Del Gobierno Civil, II, 5,
40 y ss., opina que al menos el 9/10 del valor de los productos del suelo,
útiles para el hombre, debe atribuirse al trabajo, y, en el caso de la mayoría,
incluso el 99/100. Y así, Berkeley (1735), Querist, n.º 38 y
ss. Esta opinión es defendida con mayor audacia —algo inusual en el caso de los
discípulos independientes de un gran maestro— por McCulloch ,
Principios, II, cap. 1, que afirma que es al trabajo, y solo al trabajo, a
quien el hombre debe todo lo que posee valor a cambio. De igual modo, J.
MillElementos (1824), III, 2. Las consecuencias que el socialismo podría
extraer de estas premisas son evidentes. Todo el sistema de Karl Marx ,
por ejemplo, se basa, sin ningún intento de demostración, en el supuesto de que
la escuela de Ricardo tiene razón. Ya se han encontrado opiniones mucho más
moderadas. Así, Hobbes , De Cive, XIII, 14, y Leviath ,
24 (1642 y 1651), llama al labor et
parsimonia fuentes necesarias de riqueza; al
proventus terræ et aquæ, fuentes
útiles; y Petty , Sobre los impuestos (1679), 47,
dice: «El trabajo es el padre y el principio activo de la riqueza, como
las tierras son la madre. La tierra y el trabajo juntos son las fuentes de toda
riqueza; sin una competencia de tierras no habría subsistencia, y solo una muy
pobre sin trabajo». Harris , Upon Money and Coins, 1757,
PI Adam Smith , también, a pesar del conocido pasaje al
principio de su obra, con mucha frecuencia pone énfasis en “el producto
anual de la tierra y el trabajo”. (Véanse los pasajes recopilados en Leser ,
Begriff des Reichthums bei AS, 97). Según Leibniz, regionis potentia
consistet in terra, rebus, hominibus . (ed. Dutens, IV. 2, 531). La
escuela de Ricardo suele incluir el capital bajo el título de
trabajo, como trabajo acumulado. Esto es tan correcto como decir que todo lo
que hace un hombre adulto, lo habían hecho sus padres. ( Umpfenbach ,
Nat. Œk., 64). Solo hay una manera en que el trabajo, e incluso entonces la
expresión no es del todo correcta, puede considerarse como el único factor de
la producción; y eso es presuponer las fuerzas de la naturaleza como algo
natural ( als sich von selbst verstehend ),
y llamar trabajo al uso agregado que la mente humana hace de ellas. O podríamos
decir con el viejo Epicarmos que los dioses venden todos los
bienes por trabajo. ( Jenof ., Memor. II. 1.) Además, incluso
en producciones puramente intelectuales, por ejemplo en producciones poéticas,
la naturaleza, el trabajo y la experiencia, la cultura heredada de épocas
anteriores (una especie de capital intelectual), cooperan uniformemente. Pero
¡cuán casi completamente sin valor en la literatura son todas las producciones
puras (¡vacías!) de la fantasía!
Antes
del predominio del sistema mercantil, Montchrétien astutamente
llamó a todos los oficios: parcelles et
fragments de cette sagesse divine que Dieu nous communique par le moyen de la
raisen . Por medio de los tres estamentos; obreros,
artesanos, comerciantes, todo el estado es alimento; por ellos todo beneficio
se hace. La utilidad regula los rangos de las artes .
(Traité, 12, 45, 66.) La enseñanza de P. Gregorius Tolosanos (ob.
1597) sobre las diferentes clases de la sociedad y las diferentes vocaciones de
los hombres, es aún más acorde con la doctrina actual de la producción; solo
que, en el tono moralizador de la época, habla más de su dignidad que de su
influencia en la creación de riqueza: De Rep. I, 195. Véanse también las
opiniones anteriores de Franc. Patricio (ob. 1494), De Rep. I,
4, 7, 8.
Compárese A.
Serra , Breve Trattato delle Cause che possono far abbondare i Regni
d'Oro d'Argento, 1613. Th. Mun , England's Treasure by foreign
Trade, 1664. Ch. King , British Merchant or Commerce
Preserved, 1721. Pero, particularmente, AC Leib , Von
Verbesserung Land und Leuten etc. (1708), quien, desde el punto de vista del
Sistema Mercantil, traza una distinción muy clara entre las clases productivas
e improductivas. Véase, también, infra , § 116 .
Primeramente refutado por W. Petty , Political Anatomy of
Ireland, 67, 82. Quantulumcunque regarding Money (1682). D. North ,
Discourses upon trade (1691). Véase Roscher, Geschichte der
englischen Volkswirthschaftslehre, 77, 88, 138. Y posteriormente,
especialmente, Ad. Smith , W. of N. IV., cap. 1 y ss. La
doctrina de Adam Smith sobre el trabajo productivo e
improductivo se encuentra ya, en este período, en Petty ,
Various Essays, 127 y ss. Political Anatomy, 185 y ss.; también, en la obra
anónima A Discourse of Trade, Coyn and Paper Credit, Londres (1697), 44, 159.
Quesnay ,
Dialogue sur les Travaux des Artisans, 210 y sigs.; 289 ed. Daire; Turgot ,
Sur la Formation etc., § 8; Dupont , Correspondence avec JB
Say, 400, ed. Daire. B. Franklin , Letter to Dr. Evans (1768),
y Positions Concerning National Wealth (1769), Works ed. Sparks, VII y II. De
modo similar, incluso Aristóteles , Oec., I, 2, dice que el
comercio, el trabajo asalariado y la guerra obtienen ganancias de los hombres,
con o sin su voluntad; pero que solo la agricultura obtiene botín de la
naturaleza. Y así Cicerón dice de los comerciantes: nihil
proficiunt, nisi admodum mentiantur . De Off.,
I, 42. La misma opinión parece haber prevalecido durante la Edad Media. Véase Thom.
Aquin. , De Rebus publicis, II, 3, 5 seq. Lutero sostuvo
una idea similar (Vom Kaufhandel und Wucher, 1524). Prefiere la agricultura al
comercio. Véase la edición Irmischer de sus obras, XXII, 284; XXXVI, 172; LXI,
352. Calvino consideraba el comercio útil y honorable; de modo
que, ex ipsius mercatoris diligentia atque
industria , su beneficio puede ser mayor que el de la
agricultura. (Ed. opp. Amstelod, 1664, IX, 223.) Asgill ,
Varias afirmaciones probadas para crear otra especie de dinero que el oro
(1691): «Lo que llamamos mercancías no es más que tierra separada del
suelo; el hombre no comercia con nada más que tierra». Respecto de Cantillon ,
compárese § 47, nota 4. Lo violenta que fue la innovación de la teoría
fisiocrática en su tiempo se puede inferir de lo que escribe Zincke en
las Sammlungen de Leipzig, X, 551 y siguientes (1753), pág. 20, XIII, 861.
Quesnay ,
lc, 189, no ignora que muchos trabajadores ganan más que el coste de su
subsistencia; pero afirmaba que esto era resultado de un monopolio natural o
legal de la misma. Cuanto más cara era la mano de obra, más productiva parecía.
Por el contrario, véase Dohm sobre el sistema fisiocrático, en
el Deutsch. Museum, 1778, II, 313 y ss.
Gournay (compárese con
Turgot , Eloge de G., en la edición de Guillaumin, I, 266, 271 y
sigs.), así como Raynal , Histoire des Indes, vol. X, Livre
19, a pesar de la similitud de sus puntos de vista con los de Quesnay,
reconocieron por este motivo la productividad de la industria. Para algunos
ejemplos notables que ilustran cómo puede aumentar el valor a cambio de la
materia prima, véase la obra anónima Paying Old Debts without New Taxes,
Londres, 1723. Véase también Algarotti (ob. 1794), 318, en Custodi ,
Economisti classici italiani, Parte moderna, I. Así, un cwt. de hierro fundido
grueso se convierte, en una manufactura de Berlín, en 88.440 botones de camisa
que valen 6-⅔ groschens de plata cada uno. Por lo tanto, el valor aumenta de 1
a 2 táleros a 19.653. El aumento del valor en uso por el trabajo industrial es
evidente.
Quesnay ,
Diálogo sobre el comercio.
Reconocido
muy tempranamente por Ad. Contzen , Politicorum, Lib. VIII, C.
10 (1629).
Esto
no escapó a la atención de Federico II. Von Raumer ,
Hohenstaufen, III, 535.
Condillac reconoce
el poder productivo tanto de la industria como del comercio; y que el servicio
prestado por el estado es al menos económicamente indispensable. (Le Commerce
et le Gouvernment, 1776, I, 6, 7, 10.) Beccaria , Economia
pubblica (1769 ff.), IV, 4, 24. Boisguillebert (ob. 1714), Sur
la Nature des Richesses, ilustró la utilidad del comercio con la imagen de un
número de hombres atados a pilares, a cien pasos de distancia, uno con una
superabundancia de alimentos pero desnudo, un segundo con una superabundancia
de combustible, un tercero con una superabundancia de ropa, etc.; todos los
cuales perecen, por no poder intercambiar sus respectivos excedentes entre sí.
Según Lotz , Revisión, I, 217, "comprar
caro", aparte del fraude real, significa solo una disminución de la
posible ganancia.
Verri ,
Meditazioni, XXIV, en lugar de llamar al comerciante productivo, lo llama
mediador entre productores y consumidores. Sería igual de razonable llamar al
zapatero mediador entre la producción y el consumo de cuero; o al comerciante
de telas, que corta la tela de la pieza, un ayudante preparatorio del sastre.
El trabajo del comercio es especialmente como el del pescador o el del
excavador de turba, porque producen solo en la medida en que transfieren bienes
de lugares inaccesibles a accesibles. Véase, sin embargo, Rau ,
Lehrbuch, I, § 103. Véase la demostración del poder productivo del comercio en
general, así como de lo que, a modo de preferencia, se llama industria, en Ad.
Smith , W. de N., IV, cap. 9. Una refutación mucho más fundamental del
Principio Fisiocrático se puede encontrar en Jacob , N. Œk.,
204 y siguientes.
En
1843, se embarcaron cerca de 55.000 toneladas de hielo desde Boston.
Inicialmente, se pagó menos de 25 centavos por tonelada. Embalado a bordo, su
valor era de 2,55 dólares por tonelada. La venta final alcanzó los 3.575.000
dólares. Ausland, 1844, n.º 278. Los antiguos conocían una producción similar
de hielo, cuyo valor de intercambio podía reducirse casi por completo al
trabajo del comercio. Véase Xenoph. , Memor., II, I, 30;
Athen. III 97; Proverbios de Salomón, 25, 13.
Oeste
de N., cap. 3. Véase, sin embargo, la traducción francesa de Garnier de
Ad. Smith, Préf. pág. IX y V, nota 20. De modo similar, Malthus ,
Principios, cap. 1, Lect. 21. Definiciones, cap. 7, 10.
Bacon ya
había dicho de la nobleza, el clero y los literatos: sorti
reipublicæ nihil addunt (Serm.,
15, 29); en contraposición a lo cual, Hobbes señala con
acierto que incluso el trabajo humano puede, como otras cosas, intercambiarse
por bienes de todo tipo. (Leviathan, 24.) En la obra, Discourse of Trade, Coyn
and Credit, págs. 44 y siguientes, y pág. 156, se admite la absoluta necesidad
del trabajo intelectual , así como del trabajo físico; pero se
insiste en que los médicos, clérigos y juristas nunca pueden enriquecer a un
país, y que un número relativamente grande de ellos incluso conduciría a la
pobreza nacional. (Véase Roscher , Geschichte der englischen
Volkswirthschaftslehre, 138.) David Hume considera a los
comerciantes como productivos, pero dice que un médico o un abogado solo pueden
enriquecerse a costa de otros. (Discursos, n.º 4, Sobre el interés.) Ferguson compara
con gran astucia esta valoración de la riqueza nacional con la de un avaro.
Historia de la sociedad civil, VI, I.
De
igual modo, Lauderdale , Inquiry, 355; Lotz ,
Handbuch der Staätswirthschaft, I, § 39, y Rau , Lehrbuch I, §
195, solo reconocen productividad indirecta al comercio. Se puede demostrar, en
numerosos casos, que dicha productividad coexiste con la productividad directa,
debido a las mil maneras en que se entrelazan todos los hilos económicos.
Así, Paley señala en su obra sobre los Principios de Moral y
Política que un fabricante de tabaco puede incluso contribuir indirectamente al
cultivo de cereales; un actor, a la industria, etc.
Así Sismondi ,
Nuevos Príncipes, II, cap. 1, y, anteriormente, Mengotti Colbertismo,
317. (Cust.) Véase, por otra parte, Hermann , Staatsw.
Untersuchungen, 34 y sigs. Incluso JB Say no hace ningún tipo
de justicia a este respecto con los servicios personales. Habla de
productos que ne s'attachent à rien qui s'évanouissent à mésure qu'ils
naissent, qu'il est imposible d'accumuler, qui n'ajoutent rein à la richesse
nationale . Compárese Catéchisme (3ª ed.) 52 y sigs.,
174 y sigs. Por otra parte Dunoyer , Libertê du Travail, LV,
observa que aquí el trabajo y su resultado se hacen cambiar de lugar; El
primero, como todo trabajo, es muy perecedero, el segundo tan duradero como en
el caso de otros tipos de trabajo. En un caso, la utilidad se fija en las
cosas, en el otro en las personas. Ad. Müller , Elemente der
Staatskunst passim, llama especialmente la atención sobre cómo los tipos de
trabajo, llamados improductivos por Adam Smith , preservan el
estado y, de esa manera, todos los bienes individuales intercambiables. De
manera similar, Storch , Handbuch, I, 347; Steinlein ,
Handbuch, I, 460. Lauderdale (443), sin embargo, tiene razón
cuando dice que la duración continuada del producto del trabajo depende, por lo
general, más del capricho de los consumidores que de la naturaleza del trabajo.
Garnier llama
la atención sobre el hecho de que existe una gran cantidad de productos
materiales, como encajes, perfumes, etc., que difícilmente pueden utilizarse en
la producción posterior y, en general, los recursos propios, en su mayor parte,
no se conservan en bienes duraderos, sino que se preservan mediante el cambio
de formas técnicas de producción. Hermann , I, Aufl., 115.
Cuando Schön ,
Nat. Œkonomie, 33, ridiculiza la idea de la productividad de los servicios
personales, citando el ejemplo de la prostitución ejercida como oficio, olvida
que muchos bienes materiales también pueden causar daño moral a quien los
adquiere. Se dice que en Francia hay 3.500 comerciantes y revendedores de
escritos e imágenes inmorales, que venden anualmente nueve millones de
ejemplares, ¡a un precio de seis millones de francos! (Moniteur, 9 de abril de
1853).
Compárese
con Schäffle , Theorie der ausschliessenden Absatzverhältnise,
1867, 135. seq.
Muchos
socialistas dan un paso atrás en este sentido, pues consideran productivo
únicamente el trabajo manual. La escuela de Fourier , en
particular, declama con vehemencia contra la improductividad del comercio y de
la mayoría de los servicios personales. Compárese con V. Considérant ,
Destinée sociale, 1851, I, 44.
Además
de lo anterior, véase Gioja , N. Prospetto, I, 246 y
sigs.; Scialoja , 42; JB Say , Traité, I,
cap. 2; Hufeland , N. Grundlegung, I, 42, 54; Gr.
Soden , Nat. Œkonomie, I, 142 y sigs. Hermann , St.
Untersuchungen, 20 y sigs., distingue tres puntos de vista político-económicos:
el del productor, el del consumidor y el de la economía de toda la nación. El
productor llama a su trabajo productivo, en caso de que reciba de vuelta su
desembolso de capital con la tasa de ganancia usual en el comercio del país.
Desde este punto de vista, por lo tanto, todo servicio que se paga, según el
deseo, parece productivo. Por otro lado, el consumidor atribuye productividad a
todos esos tipos de trabajo cuyos logros puede utilizar y que puede obtener a
un precio conveniente. Por lo tanto, siempre que paga voluntariamente por un
servicio, reconoce su productividad. Por último, desde un punto de vista
económico-nacional, se considera productivo todo trabajo que aumente la
cantidad de bienes expuestos a la venta en el mercado; y esto lo hacen los
servicios personales. La productividad técnica, que depende de la ejecución de
las ideas técnicas que flotan ante la mente del trabajador, debe distinguirse
de esta productividad económica. Es posible que, técnicamente, el trabajo pueda
ser muy productivo y, sin embargo, causar pérdidas económicas; por ejemplo, las
bellas artes y las llamadas obras maestras de los oficios. Véase Séneca ,
De Benef., II, 33. H. (33) proporciona una muy buena
refutación de la doctrina de que mucho depende de si el trabajo se ha pagado
con capital o con ingresos. Eiselen , Volkswirthschaft (1843),
27 y sigs., señala que el trabajador, por ejemplo, que cultiva maíz, debe
además cuidar su salud y la conservación de su casa; Esto forma parte de su
trabajo agregado necesario. ¿Por qué, entonces, debería considerarse improductivo
cuando dicho trabajo secundario lo realizan personas particulares? De lo
contrario, el agricultor no tendría tiempo para su actividad principal.
Edinburgh Review, 1804, IV, 343 y sigs.; Wakefield , An Essay
upon Political Economy, 1804, quien se ocupa principalmente de la teoría de la
productividad del trabajo. L. Lauderdale afirma que cuando la
riqueza de una nación se estima según su valor de uso, todo el trabajo útil es
productivo; y que cuando se estima según su valor de cambio, todo el trabajo
pagado es productivo. (Inquiry, cap. 3). Stein (Lehrbuch, 68;
Tüb. Zeitschr., 1868, 230) condiciona la noción de productividad a la presencia
de una superfluidad de valores. Pero, cabe preguntarse, ¿trabaja
improductivamente una familia que no hace más que mantenerse a sí misma?
(Compárese, sin embargo, § 30 ).JS
Mill dio un paso sorprendentemente retrógrado en la doctrina sobre
este punto en sus Principios, I, cap. 3. Compárese con sus Ensayos sobre
algunas cuestiones pendientes de economía política, n.º 3. Una exageración aún
más sorprendente se encuentra en De Augustinis Instituzzioni
di Economia sociale (Nápoles, 1837), quien llega al extremo de llamar
productiva a una persona culpable de incendio provocado porque ha generado para
sí misma «el placer de la destrucción» . Más recientemente, von
Mangoldt distingue entre el trabajo económico y el trabajo de la
cultura: este último se incorpora al hombre mismo, mientras que el primero se
emplea en el mundo exterior para transformarlo de forma que corresponda a las
necesidades humanas. Desde la perspectiva de la economía política, solo este
último es productivo. (Volkswirthschaftslehre, 1865, 26 ss.)
Podríamos,
de hecho, comparar la producción original, aquella que precedió a todas las
demás, con la alimentación; los oficios, con la digestión; el comercio, con los
movimientos de los diversos miembros del cuerpo; los servicios personales con
la inspiración, y, sin embargo, todos son igualmente necesarios para la vida
del cuerpo. Así, Gamilh compara la agricultura con la raíz de
un árbol del cual el servicio prestado por el Estado es la copa. El crecimiento
de este último contribuye, así como el de la primera, a la nutrición del
conjunto, y está muy lejos de agotar al árbol. Théorie de l' EP, II, 46 y
ss. La “producción natural” lograría, de hecho, muy poco sin la
protección legal garantizada por el Estado, o sin las herramientas
proporcionadas por la industria, etc. Pero es, además, en la mayoría de los
casos, una distorsión de la verdad hablar de hombres o clases de hombres
productivos e improductivos. Estas expresiones son apropiadas solo cuando se
aplican a tipos individuales de trabajo. Véase Murhard , Ideen
über Nat. Œk., 88 y ss. Las personas gravemente enfermas son temporalmente
improductivas y los niños que mueren prematuramente son improductivos durante
toda su vida.
No,
sin embargo, en el caso en que el perdedor estima que el placer del juego es
mayor que la pérdida.
JB
Say , Tratado, I. cap. 1.
V.
Cancrin , Œkonomie der menschlichen Gesellschaften,
1845, 10, habla, en este caso, de producción privativa. Entre los
socialistas,la expresión de Bazard «l'exploitation
de l'homme par l'homme » ha
encontrado un fuerte eco; en lugar de la cual solodebería permitirse «l'exploitation
du globe par l'homme» . (Exposición de la Doctrina de St. Simon, 24).
Pero von Schröder ya
había advertido al mundo sobre la «comida imaginaria» , que solo
conducía a la ociosidad. (F. Schatz- und Rentkammer, 191, 363).
Por
lo tanto, no debería haber demasiados cargos ni demasiados bien remunerados.
Véase Storch , Nationaleinkommen, 33 y ss.
Véase v.
Mangoldt , Volkswirthschaftslehre, 29 y sigs.
Permanecieron pobres
, y no se empobrecieron , como generalmente se supone; pues la
enorme riqueza de España, bajo los Reyes Católicos y durante los primeros años
de Carlos V, es solo una fábula . Carlos V dijo: «Francia
tiene sobreabundancia de todo, y España carece de todo». Véase también el
informe de la embajada de Navagero (1526), «Viaggio fatto in
Spagna e in Francia» (Venecia, 1563), y Ranke , Fürsten und
Volker, I, 393 y ss.
El
premio lo ganó Arreta de Monteseguro . El autor de la historia
del Asia portuguesa, traducida por Stevens , opina (III, cap.
6) que el comercio no es un tema adecuado para la historia seria.
Hay
una descripción muy fina de este espíritu en Clenard , Epist.
I. ad Latomum (1535 ff.). Compárese con Juvellanos , en Laborde ,
Itinéraire déscriptif, IV, 176. Townsend , Journey through
Spain, II, 207, 117. Buckle , History of Civilization, II,
cap. I. El censo de 1788 arrojó el número de sacerdotes y monjes, soldados,
marineros, nobles, abogados, recaudadores de impuestos, escritores, estudiantes
y domésticos, en 1.221.000, en un total de 3.800.000 hombres; de cuyo número
había una multitud de mendigos, vagabundos, etc. que se podía deducir. Laborde ,
Itinéraire, II, 32 ff. Las diecisiete universidades y las innumerables pequeñas
escuelas de latín, con su instrucción gratuita y sus muchas becas, indujeron a
un número desproporcionadamente grande a dedicarse al estudio. A principios de
este siglo, había al menos 200.000 sacerdotes, monjas ( Geistliche ),
etc., en una población de solo tres a tres millones y medio. ( Ebeling ,
Erdbeschreibung von Portugal, 66.) Senior muestra que la
pobreza de los otomanos es causada por demasiados empleados estatales,
recaudadores de impuestos y comerciantes minoristas. (Diario mantenido en
Turquía y Grecia, 1857-58.) Así, también, J. Tucker , Four
Tracts, 1774, 18, contrasta a los hombres dedicados a la industria con los
ociosos ricos, cuyo aumento, posiblemente por la inmigración, haría del pueblo
una nación de "caballeros y damas, lacayos, mozos de cuadra,
lavanderas, etc." Schmitthener , N. Œk., 656, llama a una
condición como la de España “tisis económico-nacional”.
Tucker ,
Progress of the US, 137. Los siguientes datos también servirán para una
comparación: En Bélgica, en 1856, se estimó que, dejando a las personas sin
profesión fuera de consideración, el 45,6 por ciento eran
agricultores, el 37,2 por ciento industriales, el 6,7 por ciento en comercio,
el 2,8 por ciento en profesiones liberales, el 1,5 por ciento en fuerza
pública , el 2,1 por ciento en
propietarios, rentistas, pensionistas y el 3,7 por
ciento en domesticité . En
Prusia, en 1871, de toda la población masculina, el 28,6 por ciento se dedicaba
a la agricultura, el cultivo forestal, la caza y la pesca; el 32,3 por ciento a
la minería, la industria, la construcción y las fundiciones; el 8,56 por ciento
en comercio y comercio; el 20,3 por ciento en servicios personales y trabajos
manuales que no pertenecían a ninguno de los grupos mencionados anteriormente;
el 2,3 por ciento en el ejército y la marina; el 3,7 por ciento en otras
ocupaciones; El 2,7% eran inquilinos, pensionistas y personas que vivían de la
venta o el alquiler de casas, reservando alojamiento para sí mismos en ellas, y
personas que no dieron cuenta de su profesión. (Preuss. statisc. Zeitschr.,
1875, 32 y sig.) Sin embargo, es sorprendente que el Amtl. Jahrbuch,
III, de Engels , indique que solo el 48% pertenecía a la primera
categoría y el 25% a la segunda. En el reino de Sajonia, en 1861, el 25,1% de
la población eran agricultores y silvicultores; el 56,1% se dedicaba a la
industria; el 7,7% al comercio; el 6,8% al arte, la ciencia, el servicio del estado
y de personas privadas; mientras que el 4,1% no tenía ninguna profesión en
particular o no la tenía. Baviera, en 1852, tenía el 67,9% de su población
dedicada a la agricultura; 22,7 % en el sector artesanal y manufacturero; 5,5 %
en personas que viven de los intereses de su dinero y prestan servicios
personales de mayor categoría; 1,9 % en el ejército; y 2 % en las listas de
pobres. En Hermann , Beiträge zur Statistik des Königreichs
Bayern. En Francia, según los informes oficiales, había:
Agricultores 61,46
por ciento. en 1851, el 51,49 por ciento. en 1866;
Industrias y comerciantes, 25,95
por ciento. en 1851, el 32,78 por ciento. en 1866;
Profesiones liberales 9,73
por ciento. en 1851, el 9,48 por ciento. en 1866.
A
lo que debe añadirse que, en 1851, había 2,86 sans
profession ou dont les professions n'ont pu être statutées ;
y que, en 1866, por otro lado, había 2,87 por ciento. en profesiones
se rattachant à l'agriculture, industrie et commerce. (Legoyt.) En
Inglaterra y Gales, dejando a la clase doméstica fuera de consideración
(mujeres sin medios independientes de empleo, niños de la escuela, sirvientas,
etc.), y también la "clase indefinida", había, en 1861,
25,3 por ciento de la población dedicada a actividades agrícolas; 60,7 en
industriales; 7,8 en comerciales; y 6,06 en actividades profesionales. En
Italia, omitiendo amas de casa, niños y personas enfermas, había, en 1862, 57,4
por ciento de la población dedicada a la agricultura; 22,9 en actividades
industriales; 4 en comercio; y 3,9 por ciento en el ejército y en las
profesiones liberales. (Annali univ. di Statistica, febrero de 1866.) Sobre
Holanda, a mediados del siglo XVII, véase J. de Wit ,
Mémoires, 34 y siguientes.
Csaplovics ,
Gemälde von Ungarn II, 1. Torrens , El presupuesto: sobre
política comercial y colonial, 106 y sigs.
Precisamente
como hay más gente arruinada por las bebidas espirituosas que por el pan. El
robo de tiempo también es más frecuente entre los sirvientes. Apenas hay nada
en la agricultura que se compare con los lazzaroni que esperan todo el día para
ayudar a atracar una góndola, descargar un carruaje, etc. Hay más en la caza,
la pesca o la ganadería.
Español
Compárese Bastiat , Harmonies économiques, cap. 17. Por lo
tanto, Sismondi considera que uno de los principales méritos
del estado constitucional es que, en él, la población
gardienne no regula su propia remuneración. (NP, I,
144.) Saint Simon , de hecho, dice que los miembros franceses
de la Chambre , en su tiempo, obtenían ingresos del estado
tres veces mayores que los de sus propios recursos y estaban, por lo tanto,
profundamente interesados en aumentar el presupuesto. (Vues sur la Propriété et
la Législation, 1818.) También quisiera llamar la atención sobre la
sobreestimación nacional y la sobrepoblación de vocaciones eruditas que padeció
Alemania, incluso en la época de Luis XIV. ( v. Schröder ,
Fürstl. Schatz-und Rentkammer, 302 y siguientes); La legislación fiscal
puede llegar a ser en este caso un buen medio de educación popular .
Esto
fue reconocido muy tempranamente por Gregor. Tolsan , lc Ad.
Müller , Elemente, II, 255. Storch , Handbuch, II,
229 y ss. ( Schleiermacher , Christ. Sitte, 668.) A.
Smith, W. of N., II, cap. 5, atribuyó mayor productividad al trabajo
agrícola que al industrial; en el primer caso, no solo se puso en
funcionamiento el trabajo humano, sino que las fuerzas de la naturaleza se
vieron obligadas a cooperar con él. De manera similar, Malthus ,
Adiciones (1817) al Ensayo sobre el principio de población, B. III, cap. 8-12.
Principios de PE, 217 y ss. Ambos explican así la renta de la tierra, y en lo
que respecta a los productos, que solo tienen valor en el intercambio, tienen
razón. Por lo tanto, es aún más sorprendente que Carey , el
celoso defensor de un arancel protector y oponente de la renta, regrese en esto
a Adam Smith. Principios de las ciencias sociales, 1858, II, 35, y passim.
Compárese también JB Say , Traité, II, cap. 8; Sismondi ,
NP, II, cap. 5. Para la mejor refutación de este punto de vista, véase Ricardo ,
Principios, cap. 2, 3. ¿No pone todo trabajo la fuerza de la naturaleza en
operación? Ad opera nihil aliud potest
homo, quam ut corpora naturalia admoveat, reliqua natura intus transigit. ( Bacon ).
De manera similar, Verri , Meditazioni, III, 1. Una expresión
se escapa incluso al propio Ricardo (cap. 7), en el sentido de
que los capitalistas son la clase productora.
Basándose
en estadísticas muy superficiales de Inglaterra y Francia, Ganilh defiende
una teoría de las fuerzas productivas de las diversas ramas de la economía,
totalmente opuesta a la de Adam Smith . Prioriza el comercio
exterior; luego siguen el comercio mayorista, la industria y la agricultura.
(Théorie, I, 240 y ss.)
Ausland,
1846, n.º 54. Expresiones que aún se usan en Europa, como Spindelmagen (relación
con el huso), Kunkellehen (sujeción
del cordón del delantal), etc., por ejemplo, sugieren esta antiquísima y
puramente familiar división del trabajo. Las clases bajas de la población,
incluso en los países más civilizados, suelen conservar algunas de las
costumbres peculiares de épocas muy primitivas. De ahí que, entre los
proletarios, la división del trabajo entre hombres y mujeres sea aún muy
reducida. Los empleos habituales en las diferentes etapas de la vida de los
hombres, y sus vestimentas, son mucho más uniformes que entre las clases altas.
Véase Riehl , Die Familie, 1855, pássim.
Como
demuestra Dankwardt , el jus
civile de la época romana más temprana se basa en la
condición del trabajo aislado, y el jus
gentium posterior , en la división del trabajo. N.
Œk. und Jurisprudenz, 1857, Heft. I.
Saxo
Gramm. , Hist. Dan. V, 101. Turner ,
Hist. of the A. Saxons B. VII, cap. 11. Nibel., 351 y ss. Hay un proverbio
francés: du temps que la reine Berthe filait .
La reina Berta era hija mítica de Carlomagno. Es posible que el personaje al
que se hace referencia sea la antigua diosa alemana del hilado, Berchta. Sobre
la hija de Otón el Grande, véase Dithmar , Merseb. II. Homero ,
Od. V, 31 y ss.; X, 106; XXIII, 189 y ss. Heródoto , VIII,
137. Livio , I, 57.
Edén ,
Estado de los Pobres I, 558 y sigs. En el interior del Perú, el sacerdote
también suele ser tendero ( Pöppig , Viajes, II, 365); en
Canadá, como en muchos pueblos alpinos poco visitados, hotelero. En países con
una civilización poco desarrollada, la escasa división del trabajo existente
también está regulada de forma muy deficiente. Así, en Rusia, es frecuente que
los niños débiles trabajen en el campo, mientras que en la ciudad se encuentran
hombres poderosos que venden todo tipo de comestibles e imágenes de santos. ( Storch ,
Gemälde des russischen Reichs II, 364. v. Haxthausen ,
Estudios I, 335.)
Babbage ,
Economía de la maquinaria, 1833, 201. L. Faucher , Angleterre
II, Ch. “ la Ville des Serruriers ”. Las
estadísticas industriales de París, proporcionadas por H. Say en
1847 y 1848, muestran que solo en esa ciudad hay 325 ramas diferentes de
industria, 17 de las cuales se ocupan de la producción de alimentos; 21 de la
construcción; 32 de la fabricación de muebles; 21 de la de ropa; 36 de la de
hilo y tejidos; 7 de pieles y cueros; 14 de vehículos, talabartería y equipo
militar; 33 de productos químicos y cerámica; 33 de trabajar el metal, el
vidrio, etc.; 35 de los metales preciosos y las joyas; 27 de la imprenta, el
grabado y el papel; 15 de la de artículos de madera y mimbre; 34 de los
artículos de París . Según el almanaque
industrial de Birmingham, hay en esa ciudad fabricantes de botones de oro,
plata, metal, nácar, etc.; fabricantes de martillos, tinteros, clavos de ataúd,
collares de perro, palillos de dientes, estribos, anzuelos, espuelas, agujas de
carga, etc.
Y
lo mismo ocurre con las subdivisiones. La franela se fabrica casi
exclusivamente en Halifax, las mantas de lana entre Leeds y Huddersfield, etc.
La
misma división del trabajo se desarrolló entre los holandeses en el siglo XVII,
lo que despertó entonces la admiración de los ingleses. Véase Sir W.
Temple, Observations upon the U. Provinces, 1672, cap. 3. Works, I,
128, 143. En 1615, Montchrêtien presentó a los flamencos como
modelo para los franceses en este aspecto.
Sobre
las abejas, véase Virgilio, Georg. IV, 158.
El
principio de la división del trabajo era conocido por los antiguos: Jenofonte ,
Cyri Discipl., VIII, 2, 5. Platón , de Rep., II, 369, III,
394, IV, 443; Isocrat , Busir., 8. Aristóteles ,
Polit., II, 8, 8. Entre los escritores más modernos, compárese con Thomas
Aquin , De Reg. pr., I, 1, II, 3. Lutero (Works by
Walch, I, 388), en su Commentary on Genesis, 3, 19. Petty ,
Various Essays, 1682, p. 113. Consideraciones sobre el comercio de las Indias
Orientales, Londres, 1701. Roscher , Geschichte der englischen
Volkswirthschaftslehre, 118. Mandeville , The Fable of the
Bees, edición aumentada de 1723, pág. 411. Berkeley , Querist,
1735, n.º 415, 430, 520 y sigs., 586: «Lo que es asunto de todos no es
asunto de nadie». Harris , De la monetisation des coines
(1757), I, 16. JJ Rousseau , Emile (1762), L. III. Turgot ,
Sur la Formation et la Distribution des Richesses, § 3, págs. 50, 62, 66. Diderot ,
Encyclopédie de l'Art, sv Art. J. Tucker , Four Tracts (1774),
págs. 25 y sigs. Boccaria , Economia pubblica, I, 1, 9. Pero
el autor al que más debemos en este aspecto es, sin duda, Adam Smith .
A él le debemos casi por completo nuestro conocimiento de las leyes naturales
desarrolladas en § 59 y
sigs.
Según Adam
Smith , un clavador puede hacer 2.300 clavos ( Rau dice
3.000 tachuelas de zapatero en Odenwalde) por día; un herrero que sólo es
empleado ocasionalmente en la fabricación, de 800 a 1.000; y herreros que nunca
han hecho clavos antes, de 200 a 300. Un limador hábil hace 200 golpes en un
minuto; un fabricante de peines experto puede hacer en un día de 60 a 70 peines
de tal finura que hay de 40 a 48 dientes por pulgada en ellos; ocho fabricantes
de ladrillos de Lieja, trabajando juntos, producen 4.800 ladrillos por día; los
niños empleados en una fábrica de agujas, en la fabricación de los ojos de las
agujas, se vuelven tan hábiles en eso que pueden hacer un pequeño agujero en el
cabello más fino y pasar otro cabello a través de él. Rau ,
Lehrbuch I, § 115. El viejo proverbio «la práctica hace al
maestro» lo siguen incluso los ladrones en su gran división del trabajo.
Véase Thiele , Die jüdischen Gauner I, 87. Fregier ,
Des Classes Dangéreuses.
Los
niños, con sus dedos más delgados, pueden apuntar el doble de agujas en el
mismo tiempo que una persona adulta.
La
fabricación de agujas inglesas exige, por parte de los obreros, grados de
habilidad tan diversos que su salario varía entre 6 peniques y 20 chelines
diarios. Si el obrero más hábil fabricara agujas enteras él solo, se vería
obligado a conformarse en parte con una cuarentava parte de lo que recibiría de
otro modo. Babbage , loc. cit.
En
el caso de las máquinas y en las ramas químicas de la industria, el trabajo
aumenta en una proporción mucho menor que el material utilizado en la
producción.
En
oposición a los monopolios y a la coacción práctica que tiene su origen en la
ignorancia, etc.
Por
eso Torrens llama al comercio exterior la “división
territorial del trabajo” (Ensayo sobre la producción de riqueza, 1821, 155
y siguientes).
Véase Bastiat ,
Armonías, cap. 1, para una exposición muy hermosa de la doctrina de que cada
hombre recibe de la sociedad mucho más de lo que realiza por su parte.
El
trabajo conjunto de un gran número de personas a menudo perjudica la
agricultura, pues cada una espera a que las demás trabajen, echándoles toda la
culpa, etc. ( Columela , I, 9). Como habrán observado muchas
amas de casa, dos costureras o planchadoras hacen, en un día, menos que una en
dos. Por supuesto, esta regla no se aplica a trabajos que no pueden ser
realizados por una sola persona bajo ninguna circunstancia, o cuya magnitud
fácilmente lo desanimaría, y en los que la ayuda mutua es fácil de obtener;
como en el izado de cargas pesadas, la construcción de carreteras, diques, etc.
Ad.
Smith , B., II, Introd. Hufeland ,
Neue Grundlegung, I, 215. En muchos casos, la división del trabajo, por
supuesto, favorece el ahorro de capital. Si cada trabajador necesitara todas
las herramientas necesarias para el trabajo en el que participa, tres cuartas
partes de ellas tendrían que estar inactivas actualmente. J. Rae ,
Nuevos principios sobre el tema de la economía política, 164.
Esta
necesidad se observa, aunque en una forma peculiar, incluso allí donde
prevalece lo que se ha llamado la “organización despótica del
trabajo” , en lugar de la libertad.
En
las Tierras Altas de Escocia, en la época de Adam Smith, no había herreros que
fabricaran únicamente clavos, ya que ningún herrero tenía mercado para más de
1.000 clavos al año, es decir, para tantos como los que se pudieran fabricar en
un solo día.
Por
supuesto, es muy diferente cuando se trata de un mercado extranjero, aunque sea
indirectamente. Así, por ejemplo, en las montañas Hartz hay personas que
simplemente fabrican postes, artesas, maderas para ajedrez, bloques, tejas,
etc.
No
debe inferirse demasiado de la existencia entre los egipcios de médicos
especialistas en los diversos órganos del cuerpo. Heródoto ,
II, 84. Algo análogo se encuentra incluso entre las naciones bárbaras; pero se
explica enteramente por la superstición del pueblo. Véase Klemm ,
Kulturgeschichte, I, 266.
En
toda Hesse, bajo el reinado de Felipe el Magnánimo, solo había dos boticarios:
uno en Cassel y otro en Marburgo. Rommel , Gesch. v. Hessen,
IV, pág. 419, nota. Y no había panaderos entre los romanos antes de la guerra
con Perseo. Todo el pan que necesitaba la familia lo horneaba la esposa o las
criadas. Plin. , HN XVIII, 28. El horno común en las nuevas
ciudades marca el período de transición. Incluso en la Francia central, hay
localidades donde cada familia hornea su propio pan con un mes de antelación; y
en los departamentos alpinos, incluso con un año de antelación. M.
Chevalier , Cours II, 366.
De
lo anterior se desprende claramente que en los países en decadencia, donde el
mercado se contrae y el capital disminuye, la división del trabajo también debe
disminuir.
Según Arago ,
un caballo utiliza la misma fuerza para arrastrar 20 quintales por una
carretera normal que para arrastrar 200 sobre una vía férrea o 1200 por un
canal. ¡Apenas podría cargar 2 o 3 sobre su lomo! Moniteur, 1838, n.° 116. Sin
embargo, es cierto que la introducción de nuestros ferrocarriles ha mermado en
cierta medida las ventajas de las costas.
Compárese
con Humboldt , Essai politique sur l'Ile de Cuba, II, 205.
Estrabón ,
II, 121 y ss. En Europa, hay una milla de costa por cada 31 millas cuadradas en
el interior; en América del Norte, hasta 56; en América del Sur, 91; en Asia,
100; en África, 142. ( Humboldt. )
Si
todavía existiera la conexión original del mar Caspio y del mar de Aral con el
Océano Helado, es probable que como consecuencia de ello se hubiera formado una
Escandinavia asiática.
Lo
que es cierto del mar a este respecto puede afirmarse también, aunque en menor
medida, de los ríos que transportan los frutos civilizadores de las costas
hacia el interior. Casi todas las grandes ciudades que no están situadas en
puertos costeros derivan su importancia de los ríos, especialmente cuando se
han construido en lugares adaptados por la naturaleza al transbordo de
mercancías. El hecho de que Venecia finalmente eclipsara a Génova se debe, en
gran medida, a su control de un importante río, el Po. La importancia económica
de Holanda, de Hamburgo y Bremen guardará, a la larga, la misma relación entre
sí que la importancia geográfica de los valles del Rin, el Elba y el Weser.
Como nada es más desastroso para una nación que la pérdida de su costa (basta
con citar los esfuerzos de los reyes libios y, posteriormente, de Filipo de
Macedonia por conquistar las colonias griegas en sus costas; y en tiempos más
recientes, de Rusia antes de Pedro el Grande, o del Zollverein sin las costas
del mar alemán), así también, la influencia económica y política de un río
aumenta a medida que uno se acerca a su desembocadura. De ahí la justificación
del gran interés tomado por Alemania y Austria en la cuestión de los
principados danubianos. Estados Unidos reconoció este hecho cuando compró
Luisiana por 80.000.000 de francos. Bignon , Hist. de France
III, 111 ss. Los lectores de historia están familiarizados con el importante
papel que desempeñaron las tres Mesopotamias asiáticas: la comprendida entre el
Éufrates y el Tigris; la comprendida entre el Ganges y el Brahmapootra; la
comprendida entre el Hoang-Ho y el Yang-tse-Kiang, a la que finalmente podría
añadirse el Punjab. Esta relación es reconocida por la conciencia popular, en
el caso del Ganges, por la creencia en la sacralidad de la corriente. Ningún
río ha tenido tanta influencia en la civilización como el Nilo: sus crecidas
periódicas han facilitado extraordinariamente las labores agrícolas; su
extensión y regularidad favorecieron el progreso de la astronomía; la inundación
de la tierra condujo a la geodesia; las obras hidráulicas requeridas por la
crecida de las aguas dieron origen a una escuela de arquitectura para la cual
el río proporcionó un excelente medio de transporte para las enormes masas que
debían ser trasladadas. K. Ritter , Erdkunde, I, pág. 880 y
ss.; VI, pág. 1168 y ss. En este aspecto, también, América y Europa tienen
ventaja sobre Asia y África. Si bien el Danubio se encuentra, en algunos
lugares, a apenas tres millas alemanas del Rin —que, sin embargo, fluye en
dirección casi opuesta—, en Asia, las corrientes orientales están separadas de
las occidentales, y las septentrionales de las meridionales, por una franja de
tierra difícil de recorrer, de unas 300 millas alemanas de extensión. Además,
las principales corrientes del norte de Asia desembocan en el Océano Helado, lo
que disminuye considerablemente su importancia. El nacimiento del Misuri se
encuentra a solo una milla del río Columbia, aunque ambos fluyen hacia mares
opuestos.
La
ley que rige la marcha de la civilización desde la montaña a la llanura y a las
tierras costeras fue observada incluso por Estrabón , XIII,
592, y en parte por Platón , De Leg., 677 y siguientes.
Así,
por ejemplo, todos los clientes de un zapatero forman juntos una asociación de
calzados, etc. Dunoyer , Libertad del trabajo, L. IV, cap. 10.
Storch ,
Handbuch, III, 188 y ss. El viajero holandés Usselinx habla de
forma similar de la imitatividad y la polifacética capacidad de los suecos
(Argonautica Gustavica, 20). Los sirvientes chilenos ( peones )
son una buena combinación de cocinero, arriero, constructor, mensajero, etc.
Una vez que han recorrido un camino, nunca lo olvidan. Un cuchillo les sirve de
sustituto a la mayoría de las herramientas, y trozos de cuero a clavos. Pöppig ,
Reise, I, 171 y ss.
von
Haxthausen , Studien, I, 63, 113. En 1827, un sombrerero
ruso recibía 12 rublos por un sombrero, y uno alemán 35 ( Schön ,
N. Œkonomie, 78).
Véase
el informe de un gran fabricante de Kohl , Inglaterra y Gales,
pág. 332 y siguientes.
Raynal ,
Historia de las Indias (1780), L. XV. Y Rousseau , en su
Discurso sobre la Inegalidad (1754), también declama contra todo tipo de
capital: si no hubiera escaleras, los hombres subirían mejor; y lanzarían una
piedra mejor si no tuvieran hondas. Sin duda, hay una verdad malinterpretada en
este dicho. Es sin duda muy saludable, en el estado actual de la sociedad, en
el que los asuntos de cada uno son gestionados por otro, que ocasionalmente
llegue un momento en que nadie pueda ocupar nuestro lugar, y cada uno solo
pueda recurrir a sí mismo. Y aquí reside el inmenso valor que la guerra justa,
cuando no se prolonga mucho, pero tiene un final feliz, a veces tiene sobre la
vida de un pueblo.
Los
salvajes estadounidenses son, en promedio, más débiles que los blancos. En una
pelea a puñetazos, los kentuckianos y virginianos demostraron ser muy
superiores a los indígenas. Véase Lawrence , Lectures,
403, supra , § 40 .
Para
una evaluación muy imparcial de los aspectos positivos y negativos de la
división del trabajo , incluso antes de la época de Adam
Smith, véase Ferguson , History of Civil Society (1767), IV,
I, V, 3 y ss. También Garve , Versuche, III, 41. Adam
Smith no ignoraba el lado negativo de la división del trabajo,
que, en parte, eliminaría mediante la instrucción popular a expensas del Estado
y una especie de educación obligatoria. W. of N., V, cap. 1, 3, art. 2. Una de
las principales peculiaridades de la Economía Política de J. Möser es
su firme oposición a cualquier división del trabajo altamente desarrollada.
Patr. Ph., I, 2, 21, III, 32, 34.
von
Ledebur , Viajes en Altai, I, 384. El trabajo
conjunto de esposa e hijo, introducido recientemente por los fabricantes, no
puede considerarse un grado superior de la división del trabajo, sino solo un
cambio muy desfavorable en su naturaleza, ya que sería mejor emplear a las
mujeres en sus quehaceres domésticos y dejar a los niños con sus estudios y
juegos. Entre las clases altas, debería incluirse en la educación femenina para
contrarrestar, en la familia, los efectos de la creciente división del trabajo
entre los varones mediante el desarrollo de lo universalmente humano: el arte,
la sociabilidad, las tareas del hogar, etc.
Schleiermacher ,
Christliche Sitte, 465 y ss., 676 y ss., 154 y ss. Partiendo de un sentimiento
similar, aunque muy exagerado, los griegos de la época clásica propiamente
dicha consideraban deshonrosas todas las profesiones que se perseguían con
ánimo de lucro, sin exceptuar siquiera las de médico y maestro. Platón ,
de Rep., I, 347 y ss. Aristóteles. , Rhet., I, 9, 27: μηδεμίαν
ἐργάζεσθαι βὰναυσον τέχνην, ἐλευθέρον γάρ τὸ μὴ πρὸς ἄλλον ζην.
Así,
por ejemplo, el superintendente de una fábrica debe tener una mejor preparación
general, pero puede arreglárselas con una preparación menos especializada que
sus obreros.
Tucídides dice
de los contemporáneos de Pericles: “Los mismos hombres se dedican, entre
nosotros, en parte a los negocios domésticos y políticos; en parte, otros que
se ocupan de la agricultura y la industria no tienen un conocimiento mediocre
de los asuntos de estado. A quienes no toman parte en lo primero, no los
llamamos personas que aman su comodidad, sino hombres inútiles” (II, 40).
Durante el período siguiente, Atenas fue destruida principalmente por la
creciente división del trabajo entre ciudadanos y soldados.
Porque “separar las artes que forman al ciudadano y al estadista, las
artes de la política y la guerra, es un intento de desmembrar el carácter
humano y de destruir esas mismas artes que pretendemos mejorar” ( Ferguson ).
Sabemos por Valerio Máximo que los soldados romanos de la
época de Mario tenían, sin duda, una mejor formación técnica que sus
antepasados que derrotaron a Aníbal; pero ¿era en un sentido militar o político
que estaban así mejor formados? La hermosa definición de Catón insinúa algo de
la misma naturaleza: el buen orador era vir
bonus dicendi peritus . ( Quintiliano ,
XII, I.) Y así Garve , Versuche, IV, 51 y sigs., espera de la
elevación política de la ciudadanía, de aquellos que poseen el derecho de
ciudadanos, no sólo la utilidad en una dirección particular, sino el desarrollo
de todo el hombre, cosa que hasta ahora se esperaba sólo de la nobleza.
Como
la vocación peculiar de una persona no ocupa toda su vida, debemos establecer
una clara distinción entre la unilateralidad del trabajo y la unilateralidad de
la vida ( von Mangoldt , Volkswirthschaftslehre, 227). Solo
esta última debe evitarse a toda costa; y la encontramos en la Edad Media, con
sus limitadas divisiones del trabajo, quizás con mayor frecuencia que donde la
civilización ha alcanzado una etapa superior. Durante la Edad Media, no era
inusual convertir sentimientos que todos deberían cultivar a veces, aunque solo
fuera temporalmente, en la vocación permanente de algunos. Así, uno oraba toda
su vida o se dedicaba a la contemplación, y liberaba a otros de la necesidad de
realizar estos deberes. La consecuencia fue que estos últimos se hundieron tan
profundamente en la mundanidad y la falta de espíritu interior como los
primeros en la ociosidad y la hipocresía. Pero, por otro lado, cuando, en
nuestros días, el impresor libera al escritor de una parte del trabajo que
podría ser suyo, el desarrollo personal de ninguno de los dos se resiente.
L'uomo
è un' tal potenza, che unita all' altra non fa un eguale alla somma, ma al
quadrato della somma. ( Genovesi. )
En cuanto a cómo la acción de cada hombre individual es una especie de división
y unión de diferentes tipos de trabajo, ver Stein , Lehrbuch,
24.
Compárese
con Ad. Müller , Elemente der Staatskunst, III, 1809. Fr.
List , System der polit. Œkonomie, 222 y ss., 409 y ss. Wakefield ,
en su edición de Adam Smith, distingue dos grados de cooperación: simple y
compleja. En el caso del trabajo simple, el mismo tipo de trabajo se realiza al
mismo tiempo y lugar por varios individuos, como, por ejemplo, por muchos
peones en la construcción. En el otro caso, se realizan diferentes tipos de
trabajo en diferentes momentos y lugares, pero todos destinados a un fin mayor.
La agricultura ofrece espacio especialmente para el primero, y también es
conocido por un gran número de especies animales.
Tejedores
flamencos en Inglaterra, refugiados franceses en países protestantes; mineros
alemanes en España, Escandinavia, Hungría y América.
Esto,
tan desarrollado en Egipto y la India, donde prevalece el principio de castas,
está muy poco desarrollado en los despotismos de Asia. Los grandes príncipes de
estos últimos países construyen principalmente por vanidad. Por ello, sus
sucesores rara vez completan sus obras y apenas las reparan. En ningún otro
lugar hay tantos edificios a medio terminar y aún en ruinas. Klemm ,
Kulturgeschichte, VIII, 86. Riedel , N. Œkonomie I, 259,
señala con mucha acierto que los tipos de cooperación que más contribuyen a la
propagación de la habilidad, tanto en el comercio como en el trabajo manual,
presentan una división del trabajo menos real, y viceversa.
Compárese
con Leplay , La Réforme sociale en France (1864).
Español
Sobre la asociación en general, véase M. Chevalier , Cours,
III, Leçon, 24, 25. Sobre este tema tan tratado en nuestros días, véase, con
más detalle, sobre su aplicación a la agricultura, mi obra, Nationalökonomik
des Ackerbaues, 4, § 39, 47 y siguientes; 68, 133 y siguientes; sobre su
aplicación a la industria, especialmente cuando se trata de la relación del
trabajo manual y las manufacturas con las grandes fábricas; véase Roscher ,
Ansichten der Volkswirthschaft, II, Aufl., 1861, Abhandlung, IV, V.
Adam
Smith señaló que las leyes de la división del
trabajo se aplican también a las obras intelectuales; y, de hecho, en todas las
naciones con un nivel de civilización muy bajo, los gérmenes de todo arte y
ciencia se encuentran conectados con la teología; y, posteriormente, los
gérmenes de toda poesía e historia con la épica. La expresión: non
defuit homini, sed scientiæ, quod nescivit Salmasius ,
es una prueba clara de la insignificancia de la ciencia de la época. Pensemos
en el aumento de las ramas de estudio en nuestras universidades alemanas
durante los últimos cien años. Actualmente hay treinta y cuatro profesores
regulares en la facultad de filosofía de Leipzig, cuando entonces solo había
nueve. Pero aquí también se cumple el principio de que una división excesiva
del trabajo, donde la conexión más amplia y el fundamento más profundo de todas
las ciencias desaparecen de la conciencia, socava la salud y la libertad
intelectuales. Y el daño aquí es mayor e irreparable que en el ámbito del mero
trabajo físico. Véase Hufeland , N. Grundlegung, I, 207 y ss.
Si nos acabamos de convertir en alejandrinos, no podemos, sin embargo, esperar
de Aristóteles. Jurisprudentia est
divinarum atque humanarum rerum notitia, justi atque injusti scientia ( Ulpiano ).
Es notable que las naciones que carecen de una verdadera literatura nacional
propia, una vez que superan los límites de la barbarie absoluta, aprenden
lenguas extranjeras, etc., con la mayor facilidad.
La
utopía socialista de Ch. Fourier (Théorie des quatre
Mouvements, 1808. Théorie de l'Unité universelle, 1822. Le nouveau Monde
industriel et sociétaire, 1829) se basa en las siguientes ideas fundamentales.
A. La civilización actual es la de un mundo al revés, especialmente en la medida
en que atribuye un autogobierno "moral" (una palabra que
siempre usó en un sentido irónico) al hombre. En el mundo de Fourier, por otro
lado, se supone que cada hombre, en todo momento, da rienda suelta a cada pasión ;
y el juego de estas gratificaciones constituye la armonía ,
en la que los más pobres encuentran más placer que los reyes en la época
actual. (Véase § 207 de esta obra). B. Lo principal para promover esto es una
reforma radical en la división y cooperación del trabajo tal como existen en la
actualidad. Español En lugar de las actuales aldeas y ciudades, deberíamos
tener solo falansterios, cada uno con 2.000 habitantes, y situados en el centro
de la tierra que cultivan. En lugar de las actuales naciones y estados,
deberíamos tener una república confederada universal, jerárquicamente graduada,
con el francés como idioma universal. Según las exigencias de la passion
papillonne , cada uno debería llevar a cabo los más
diversos tipos de negocios lado a lado, y cada uno de ellos como máximo dos
horas por día; es decir, todos deberían ser un diletante, nadie un maestro, y
todo debería hacerse lo peor posible. Proudhon ,
Contradictions économiques, cap. 3, objeta esto, que un trabajador debe, de
alguna manera, ser considerado responsable de su trabajo. El propio Fourier calcula
que, en su harmonía todos
los placeres son trabajo productivo; y que, gracias a este cambio constante,
uno podría contentarse con dormir de 4,5 a 5,5 horas, e incluso niños de 2,5
años podrían participar en el trabajo. Así, se generaría una gran rivalidad
entre los cultivadores de manzanas y los de peras, tan grande
que surgirían allí más intrigas de ataque y defensa [ pasión
cabalista ] que en todos los gabinetes de Europa, en
cuya resolución los membrillos actuarían como intermediarios. Además de todo
esto, existen ayudas maravillosas: una fructífera corona de luz se eleva sobre
el polo norte; las naranjas florecen en Siberia; el mar se vuelve tan delicioso
como la limonada; mueren animales peligrosos, y en su lugar surgen antileones y
antiballenas, animales útiles al hombre, que arrastran sus barcos durante las
calmas. Estas ideas no se retractan en absoluto en las obras posteriores de
Fourier . Véase Nouveau Monde (Oeuvres) IV, 447. Las proposiciones
de Robert OwenUna nueva visión de la sociedad (1812) guarda gran
similitud con las de Fourier. Se diferencian únicamente en la ausencia del
carácter cuartelero francés de las falanges y en el carácter fantástico de la
presentación de la doctrina. Él pretendía dividir toda la tierra en distritos
de 1.000 acres cada uno; cada distrito tendría una ciudad de cuatro esquinas
con 1.000 habitantes, siguiendo un sistema de producción y consumo en común,
aunque no con plena igualdad; desarrollando tanto la agricultura como otros
negocios. Una característica principal aquí es un sistema de educación
completamente nuevo. El autor afirma que el hombre ha sido hasta ahora esclavo
de una trinidad abominable: religión, propiedad personal y matrimonio
indisoluble. (Declaración de Independencia Mental).
Compárese
con Tácito , Histor., II, 44.
Véase Iselin ,
Geschichte der Menschheit (1764), III, 7. Bazard , Exposition
de la Doctrine de Saint Simon, 1831, 153. Entre las naciones negras, la
privación de libertad es uno de los castigos más habituales para los delitos;
pero el delincuente tiene la opción de sustituirse por su esposa o hijo. L.A.
de Oliveira Méndez , en el Memor. econom. de la Real Academia de
Lisboa, vol. IV, I, 1812. En cuanto a la esclavitud a causa de delitos entre
los alemanes, véase Grimm, D. Rechtsalterth., 328 y ss.
La
pérdida en el juego fue una causa frecuente de esclavitud entre los antiguos
germanos. Tácito , Germ., 24. Para las principales causas de
esclavitud entre los israelitas, véanse los libros de Moisés, II, 22, 3; III,
25, 39; IV, 21, 26 ss.; entre los indios, Leyes de Menu, VIII, 415. Los
primeros siervos de Rusia fueron prisioneros de guerra y sus hijos. Las leyes
de Jaroslaws reconocen, además, las siguientes causas: insolvencia, matrimonio
con un esclavo, incumplimiento ilegal de un contrato de servicio, huida y
contrato incondicional de servicio. Karamsin , Rus. Gesch.,
II, 37.
Al
menos semillas y medios de subsistencia hasta la época de la cosecha.
Casos
de esclavitud voluntaria para escapar de la hambruna. Papencordt ,
Geschichte der Vandalen, 186; Victor , Chron., V, 17; Tur.,
VII, 45; Lex Bajuv, VI, 3; L. Fris, XI, I. Según el Edictum Pistense (a., 864),
c., 34, uno podía liberarse de nuevo devolviendo el dinero de la compra y un 20
por ciento adicional. Ocurría con frecuencia que las personas aceptaban
espontáneamente la condición de vasallo para disfrutar de la protección de un
personaje poderoso. Véase Stüve , Lasten des Grundeigenthums,
p. 74. En 1812, un joven himalayo se ofreció al viajero Moorcroft como esclavo
para obtener alimentos durante la hambruna. K. Ritter ,
Erdkunde, III, p. 999. El mismo hecho ocurrió, pero en mayores proporciones
bajo el reinado de José en Egipto. Moisés , I, 47, 18 ss.
César ,
BG, VI, 13.
Solón fue
el primero en prohibir este comercio en Atenas. Kindlinger ,
en su Geschichte der deutschen Hörigkeit, pág. 621, habla de un niño prometido
como esclavo antes de nacer, por sus padres, como una especie de renta
agrícola. (Véase el Edictum Pistense, en Baluz , II, 192.) En
Chile, los campesinos más pobres, que no eran completamente blancos, vendían a
sus hijos en las ciudades, donde crecían con las familias de sus amos, y luego
eran mantenidos como sirvientes en un estado de semiservidumbre. Es cierto que
no existe ninguna ley que regule esta situación. ( Pöppig ,
Reise, I, 201 y ss.)
Ritter ,
XIII, 727. Por ejemplo, los hombres en Sudamérica solían cabalgar. M.
Chevalier , Cours, I, 251; Lœwenstern , Le Mexique,
Souvenirs d'un Voyageur (1843); y Stephens , Travels in
Yucatan (1841), muestran cómo, incluso en Centroamérica, aunque los indígenas
gozan de libertad legal, debido a su insensata forma de endeudarse, surgen
diversas relaciones legales que prácticamente equivalen a una gleba
adscriptio . Compárese, sin embargo, con Humboldt ,
Neuspanien, IV, 263. Esta situación también se ha generado en Perú mediante el
pago de uno o dos años de salario por adelantado. ( Pöppig ,
Reise, II, 225.)
Así, Forbonnais ,
Eléments du Commerce (1854) I, 364, dice del comercio con salvajes: il
fait naître dans ces Nations le goût du superflu et des commodités, qui
multiplie le, échanges et leur donne le goût du travail.
En
naciones muy incivilizadas, donde la servidumbre es desconocida, generalmente
encontramos la esclavitud de la mujer y la servidumbre temporal del yerno para
asegurar el matrimonio de la hija. Esto aún ocurre entre los lapones. Klemm ,
Kulturgeschichte III, pág. 54. La esclavitud era desconocida entre los griegos
en los tiempos más remotos. Herodes , VI, 263. FA Wolf ,
Darstell. der Afterthumswissenschaft, III, duda que cualquier gran avance en el
desarrollo intelectual hubiera sido posible sin la esclavitud.
En
Rusia, donde los campesinos libres y los siervos vivían lado a lado, se ha
observado que estos últimos nunca fueron tan ricos ni tan pobres como los
primeros. ( Kohl , Reise durch Russland II, 8, 300.) Los
campesinos de Livonia se han empobrecido más desde su emancipación. ( Cancrin ,
Œkonomie der menschlichen Gesellschaften, 41). Muchos de los siervos se negaron
a aceptar la emancipación. ( Büsch , Geldumlauf, Einleitung, §
6.) Y así Martius , Reise in Brasilien II, 552 ff., nos
asegura que los esclavos negros en Brasil son por regla general un grupo muy
alegre. También opina que están mejor vestidos, alojados, alimentados y
empleados que en su propio país. Para la notable defensa oficial de la
esclavitud norteamericana dirigida por Calhoun a Lord
Aberdeen, véase el Allg. Zeitung, 1844, n.º 145. En este documento, encontramos
una comparación entre los negros libres del norte y los esclavos del sur. En el
norte, había un caso de sordomudo, ceguera y demencia por cada 96; en el sur,
por cada 672; un indigente, inválido y prisionero por cada 6 en el norte, y por
cada 54 en el sur. En Maine, una doceava parte de los negros padecía
enfermedades; en Florida, una decena. El hecho de que la población esclava de
Estados Unidos aumentara, entre 1840 y 1860, de 2.873.698 a 4.441.830, mientras
que la población negra libre de Jamaica, entre 1833 y 1843, experimentó una
disminución alarmante, tiene el mismo significado. Sin embargo, no se debe
inferir demasiado de todo esto, ya que los negros en América están muy lejos de
ser hijos de la tierra.
Los
sirvientes de la Odisea que cuidaban cerdos y ganado, etc., se encontraban sin
duda en mejores condiciones en muchos aspectos que los campesinos del Ática,
quienes eran libres, pero estaban sumidos en deudas hasta la época de Solón.
Sobre la indulgencia del trato a los esclavos en los primeros tiempos romanos,
véase Plutarco , Coriol., 24, y Catón , I, 3,
20 y ss.; Catón , de Re rust, 5, 56 y ss.; Macrob. ,
Stat. I, 10 y ss. Sobre la situación de los siervos entre los alemanes,
véase Grimm , Deutsche Rechtsalterthümer, pág. 339 y ss.;
entre los antiguos escandinavos, etc., Dahlman , Geschichte
von Dänemark, I, 163. Véase Tácito , Germ., 25.
Compárese
Landnamabok, I, 6.
Las
opiniones de los antiguos a favor y en contra de la esclavitud se encuentran
en Arist. Polit. I, 2. Véanse especialmente los bellos pasajes
de Filemón : Meineke , Comicorum jr., 364,
410. Aristóteles incluso piensa que hay casos en los que amo y
esclavo podrían unirse por una necesidad mutua, cada uno del otro. El primero
necesita manos para ejecutar el trabajo de su cerebro; el segundo un cerebro
que guíe sus manos. Donde el grado de dependencia corresponde exactamente a la
diferencia de capacidad, Aristóteles , dejando sus abusos
fuera de cuestión, declara que la esclavitud es justa. Véase, también, Eth.
Nicom., VIII, 11. De manera similar, el pitagórico Bryson en Stobœus ,
Florid. LXXXV, 15. Pero Aristóteles presentaría la
emancipación de todos los esclavos como una recompensa que podrían tener en
perspectiva. Polit VII, 9, 9; Œcon. I, 5. Es característico de los numerosos
testamentos de los filósofos, que se encuentran en Diógenes Laercio ,
que contengan declaraciones que otorgan la libertad a los esclavos. Los esenios
y los terapéuticos condenaron la esclavitud en todas las circunstancias. Filón ,
Oposición II, págs. 458, 482, Oposición I. Véase Séneca , De
Benef. III, 20. El jus naturale de
la época de los Césares reconocía la libertad e igualdad del hombre. Digesto,
XII, 664, L. 17, 32. El Nuevo Testamento no lo rechaza absolutamente, sino que
lo santifica, así como todas las demás relaciones de la vida. Compárese con
Lucas, 17, 7; Efesios 6, 5 y siguientes; Colosenses 3, 22; Tito 2, 9. Más
especialmente, I Timoteo, VI, 1 y siguientes. No fue hasta el siglo IX que
surgió la opinión de que la esclavitud era anticristiana porque todos los
hombres fueron hechos a imagen de Dios. Planck , Geschichte
der kirchlichen Gesellschaftsverfassung, II, 350. Sachsenspiegel, III, 42. Un
escritor tan reciente como Pufendorf explica la esclavitud
como el resultado de un contrato libre; faciam,
ut des. Jus naturæ (1672) VI, 3. Más recientemente
, Linguet , Théorie des Lois civiles (1767), V, cap. 30,
y Hugo , Naturrecht, § 186 y siguientes, se han esforzado por
demostrar que los esclavos están en una condición preferible a la de los
hombres libres pobres. Y así, Möser Patriot Phantasien, II,
pág. 154 y siguientes. Quienes, como Thaer, separan el
elemento de producción, el «trabajo», del de la
«inteligencia», justifican la esclavitud basándose en el mismo principio
que Aristóteles, sin saberlo. Por el contrario, véase F. G. Schultze ,
N. Œkonomie (1856), 418.
Turgot ,
Sur la Formation, etc., § 21. El imperio universal de los romanos lo demostró.
Por ejemplo, durante las guerras de Lúculo, un esclavo costaba solo cuatro
dracmas. ( Apiano , Bell. Mithr., 78). Sardi venales :
debido a la saturación del mercado con esclavos sardos, lograda gracias a la
victoria de Tib. Graco, 177 a. C. Muchas de las guerras menores de los romanos
solo pueden considerarse como cacerías de esclavos. Pero las grandes guerras
también fueron seguidas por alzamientos de esclavos debido a la gran cantidad
de nuevos esclavos que crearon. Así, 198 en el Lacio, 196 en Etruria. ( Libros ,
Aufstände der unfreien Arbeiter von, 143-129, v. Chr., 1874.) Durante los
períodos relativamente pacíficos que precedieron a muchas de las revoluciones
romanas, los piratas entregaron grandes cantidades de esclavos. Con frecuencia,
miles de esclavos fueron llevados a Delos y vendidos en un solo día. ( Estrabón ,
XIV, 668.) Como la emancipación era una medida que la gente no se decidía a
adoptar, estos piratas satisfacían una necesidad temporal, lo que
explica en parte la, por lo demás, incomprensible tolerancia del estado hacia
ellos.
Gregor.
Turón. , III, 15.
Grimm ,
D. Rechtsalterthümer, 323. Es un hecho extraño que en varios casos notables los
prisioneros de guerra fueran vendidos como esclavos en Italia durante el siglo
XV. ( Sismondi , Hist. des Républiques italiennes, IX, p. 312
seq.; XI, p. 138 seq.) E incluso en el siglo XVI, el Papa permitió que aquellos
de los estados opuestos a él fueran tratados de esta manera. Sismondi,
supra , XI, 251; XIII, 485. Raynold , Ana. etc. 1506,
artículo 25 y siguientes.
Esta
graduación de esclavo, siervo y trabajador, ha sido llevada a cabo
especialmente por Saint Simon , Oeuvres, 328 y sigs.
Incluso Proudhon admite que la condición de las clases bajas
es mejor ahora que antes. (Contradictions économiques, cap. X, 2.)
Compárese M. Chevalier , Cours, I. Leçons 1 y 2, donde muestra
que nuestro poder productivo ha aumentado durante los últimos cuatro o cinco
siglos en la producción de hierro en la proporción de 1 a 25 a 30; en la
preparación de harina desde la época de Homero en la proporción de 1:144; en la
producción de algodón durante los últimos 70 años en la proporción de
1:320. Aristóteles predijo, hace mucho tiempo,
que "cuando la lanzadera se moviera por sí sola, y las plectras por
sí mismas tocaran la lira, no necesitaríamos más esclavos". Polit.,
2, 5. Cada paso de verdadero progreso nos acerca al cumplimiento de la
profecía.
Los
plantadores norteamericanos empleaban herramientas toscas en lugar de finas y
mulas en lugar de caballos porque sus esclavos los cuidaban muy poco.
Nunca
se puede obtener tanto trabajo del esclavo como el temor de perder su situación
y de no poder obtener otra, del trabajador libre. ( Hume. ) Marlo ,
Weltœkonomie, 1848, I, 2, 38, concede que esto es cierto sólo cuando todas las
fuerzas de la naturaleza son apropiadas por la ocupación y el número de
trabajadores es mayor que la falta de trabajadores.
Incluso
en Brasil, por regla general, solo los hombres libres son empleados como
refinadores de azúcar, destiladores, carreteros, etc. ( Koster ,
Travels in Brazil, 1816, 362). Storch , Russland unter
Alexander I, Heft, 23, pág. 255, cita la opinión de un eminente fabricante ruso
de que primero sería necesario liberar a los trabajadores sirvientes de las
fábricas. Los amos generalmente han dejado de emplear a sus propios siervos en
las manufacturas, les han permitido buscar trabajo por sí mismos y solo les han
exigido que les paguen una especie de impuesto. Cuando se adoptó este plan, se
encontró que trabajaban mucho mejor ( v. Haxthausen , Studien
I, 61, 116). Fue una consecuencia de la esclavitud que, en la antigüedad, los
muy ricos compraran tan poco: ¡omnia domi
nascuntur ! ( Petron , 38).
Así
, Homero , Od. XVII, 322, en cuya época incluso había
jornaleros, θῆτες o ἔριθοι. (Od. IV, 644; X, 85; XI, 490; XIV, 102. Hesíodo ,
Opera, 602.) Y Varrón , De Re Rust. I, 17, aconseja que los
trabajos difíciles los realicen más bien jornaleros. Coli
rura ab ergastulis pessimum est et quidquid agitur a desperantibus. Plin. ,
HN XVIII, 7. Omne género agri tolerabilius
sub liberis colonis, quam sub villicis. ( Columetta ,
De Re Rust I, 7.) Se ha estimado que, en las Indias Occidentales, un esclavo
negro realizaba sólo un tercio del trabajo realizado por un inglés en su propio
país. ( B. Edwards , Historia de las Indias Occidentales
Británicas, II, 131.) Durante la única tarde semanal en que se permitía a los
negros trabajar por cuenta propia, realizaban tanto como en otros días
completos. Edimburgo R. IV, 842. Compárese con Bentham ,
Traité de Législation I, 319. Ch. Comte , Traité de
Législation, 1827, Livre V.; Cairnes , The Slave-Power, its
Character, Career and Probable Designs, 1862; Olmsted ,
Journeys and Explorations in the Cotton Kingdom, 1861.
Mientras
que los tiranos mayores habían prohibido la ociosidad, Dracón y Solón incluso
lo hicieron bajo pena de degradación (véanse pasajes en Büchsenschütz ,
Besitz und Erwerb, 260). Sócrates llamó a la ἅργια la hermana
de la Libertad (Eliano, VHX, 14), y a la σκολή la más hermosa de todas las
profesiones.
B.
Franklin , Observaciones sobre la población de nuevos
países, etc., 1751.
Monumento
erigido a Bernstorff por sus campesinos, 8, 15. Las
fincas de Zàmoiski rindieron, 17 años después de la
emancipación, tres veces más que durante la servidumbre. Coxe ,
Viajes por Polonia, I, 22. La transformación de los siervos en agricultores
hereditarios le costó al conde Bernstorff 100.000 táleros;
pero los ingresos derivados de sus tierras aumentaron en consecuencia, en
veinticuatro años, de 3.000 a 27.000 táleros. Un segador inglés puede segar un
campo dos y tres veces más grande que un segador ruso en un tiempo determinado.
Si el primero recibe jornales equivalentes a setenta libras de trigo, y el
segundo a solo doce, el trabajo del inglés sigue siendo más barato; pues
produce 100 libras de heno mientras que el segundo produce solo ocho. Jacob ,
43 y siguientes. Pero el alquiler de siervos en las grandes ciudades de Rusia
rendía menos a sus amos que en el interior. Storch , Handbuch,
II, 286.
Tucker ,
Progreso de los Estados Unidos, 1843, págs. 111 y siguientes. No es necesario
destacar la inexactitud de estas cifras, ni comentar lo poco útil que sería
para nuestro propósito actual un promedio obtenido a partir de la densidad de
población en diferentes partes de Rusia, donde dichas densidades son, en sí
mismas, tan diferentes.
Los
espartanos parecían haber contado con que un hombre libre adulto recibiría el
doble de comida ordinaria que un esclavo ( Tucid. , VI, 16) .
Stewart ,
Principles, I, 7, de acuerdo con datos históricos, dice que los campesinos en
nuestros días trabajan para otras personas, porque tienen necesidades que solo
pueden satisfacerse de esta manera; porque "son esclavos de sus
propias necesidades". La incuestionable superioridad del trabajo
libre sobre el esclavo, en materia de economía, ha sido abordada especialmente
por Turgot , Sur la Formation et la Distribution, § 28, y por Adam
Smith , Wealth of Nations, I, 8, III, 2. Pero véase JB Say ,
Traité, I, cap. 19, y Storch , Handbuch, II, 184. Cuando Hume ,
Discourses, No. 11, Populousness of ancient Nations, demuestra el mayor costo
de la esclavitud a partir del hecho de que el amo de los esclavos debe criarlos
o comprarlos, olvida que en el caso de los trabajadores libres está obligado a
prever también el sustento de los hijos del trabajador. Lo único que el
esclavista tiene que hacer es adelantar todo de una vez.
Humboldt ,
Cuba, I, 177. Ashworth , Tour in the US Cuba and Canada, 1861.
Los esclavos en Luisiana trabajaban tanto que vivían, en promedio, apenas siete
años. Edinburg Rev., LXXXIII, 73. Incluso los estoicos no estaban de acuerdo
sobre si era correcto, en caso de naufragio, sacrificar un esclavo barato para
salvar un caballo valioso. ( Cicerón , de Off. III, 23.) Si el
interés propio de los amos es un incentivo para el trato suave de sus esclavos
depende del precio por el cual se puedan obtener nuevos esclavos. Esta es una
razón poderosa por la que un alto grado de civilización, donde no hay
influencias contrarrestadas, debe hacer que la esclavitud sea menos soportable.
Cuanto más valiosos son los esclavos, peor es su condición. En las estériles
Bahamas, el precio era de £21; en Demarara, £86. En el primer lugar, se les
exigía poco trabajo y estaban bien alimentados y vestidos. Por lo tanto, su
número ha aumentado allí, mientras que en Demarara ha disminuido. (Edinburgh
Rev., XLVI, 496, 180.)
Proverbio: quot
servi totidem hostes. ( Macrob. ,
sáb. I, 11, 13.)
Jefferson ,
Notas sobre Virginia, 212. La castidad de ambas partes se resiente
especialmente. ¡El leno de la comedia antigua era un
traficante de esclavos! Compárese con L. 27, Digesto, V, 3. En las colonias
negras inglesas, no era raro que los invitados de los plantadores, incluso en
las familias más distinguidas, al retirarse, pidieran al sirviente acompañante
una chica, con tan poca preocupación como en Inglaterra por una luz. (Negro
Slavery, or a Creed of... that state of Society as it exists in the United
States and in the Colonies of the West Indies, Londres, 1823, 53).
Incluso
la ley de Upland prohibía la venta de cristianos. Los hijos de un esclavo y de
una persona libre nacían libres. La emancipación se consideraba un acto
cristiano, que debía realizarse para la salvación del alma. La
esclavitud voluntaria se prohibió en 1266, y Magnus Erichson la prohibió en
general a partir del año 1335. Véase Geijer , Geschichte von
Schweden, págs. 157, 185, 273. Estrup , en Falcks N.
Staatsburg Magazin, 1837, 179, ss.
L.
Alam, 137, 1. L. Fris., 17, 5. Decreto de 960 sobre la abolición del comercio
de esclavos cristianos entre Alemania, Italia y el Imperio Bizantino. Tafel
und Thomas , Urkunden der Staats-und Handelsgeschichte von Venedig, I,
18 y sigs.
Tácito .
Germen. 25. En el Legg. Walliæ 206 (Wolton) leemos: “ Hero
eadem potestas in servum suum ac in jumentum ”
.
El
concilio de Londres de 1102 prohibió la venta de hombres como si fueran
animales. (Concilio, ed. Venet. 1730, XII, 1100, n.º 27). Guérard ,
Polípticos de Irminon, Prolegómenos, 220, describe un modelo pedagógico para la
emancipación de los siervos de la Iglesia. En general, la Iglesia contribuyó
más a la emancipación de los siervos de otros que a la de los suyos. Véase cap.
39, C. XII, qu. 2; c. 3, 4; De Rebus eccl.
En
Flandes desde finales del siglo XII. Warnkönig , Flandrische
Staats und Rechtsgeschichte (I, 244).
En
lo que se refiere a Alemania, compárese Sugenheim , Geschichte
der Aufhebung der Leibeigenschaft in Europa, 1861, pág. 350 y sigs. La
destrucción del antiguo sistema señorial ( Hofwesen )
en los siglos XV y XVI, fue a menudo desfavorable para los esclavos y favorable
para los siervos. Maurer , Gesch. der Frohnhöfe, II, 92. En
Polonia, donde originalmente todos eran terratenientes iguales, muchos se
hundieron gradualmente en la pobreza hasta la condición de los llamados kinetes ,
quienes, aunque personalmente libres, no estaban muy lejos de los esclavos. A
partir del siglo XIII, se concedió un gran número de inmunidades, siguiendo el
modelo de las concedidas en Alemania, mediante las cuales perdieron, en su
mayor parte, su sujeción directa únicamente al emperador y al imperio. Esto fue
pronto seguido como consecuencia de su opresión personal. ( Röpell ,
Geschichte von Polen, I, p. 308 ss., y p. 570 ss.) En Bohemia, la antigua forma
de servidumbre había desaparecido tanto en el siglo XIV, que podría decirse que
solo era conocida por la historia. Pero durante el reinado del débil rey,
Ladislao II, una nueva especie de servidumbre se puso de moda, resultado de la
preponderancia del elemento aristocrático. Palacky , Gesch.
von Böhmen, II, p. 33 ss.; III, 31 ss. La Dinamarca aristocrática, antes de la
guerra campesina de 1255-1258, sometió al campesinado libre que había sido
arrendatario por un período de años a un deber ilimitado de socage. Waldemar
III, redujo al mismo tipo de servicio al campesinado terrateniente, que
especialmente a partir de la fecha del reinado de Margarita, se convirtió en
una especie de glebæ adscriptio . A partir del siglo XVI,
cuando el poder real prácticamente desapareció, estos privilegios públicos
fueron abandonados a la nobleza hasta tal punto que, en 1650, apenas había 5.000
campesinos libres. Dahlmann , III, pág. 73 y ss. Sin embargo,
la severidad del servidumbre dio paso en el siglo XIV al vornedskap (servidumbre
modificada), una forma más suave de vasallaje. Véase Kolderup
Rosenvinge , Grundriss der dänischen Rechtsgeschichte, § 94.
La
expresión francesa mainmorte proviene
originalmente de la privación del derecho a la herencia. En la época de
Beaumanoir, en 1283, era costumbre que, tras la convivencia de varios siervos
durante un año y un día, sus bienes muebles pasaran a ser propiedad común de la
comunidad. ( Warnkönig , Französische Rechtsgeschichte, II,
157.)
En
Francia, Luis X convirtió en una especulación fiscal la venta de la libertad de
los siervos en distritos enteros, incluso contra su voluntad. Su edicto,
Ordonnances, I, 583, reconoce que todos los hombres son libres por naturaleza y
que no sin razón se llama a Francia la tierra de los francos, etc. Incluso en
1298, Felipe IV había intercambiado la servidumbre a la corona de varias
provincias por un impuesto territorial. El último gobernante del Delfinado
otorgó a todos los siervos de la corona su libertad gratuitamente en 1394
( Sugenheim , pág. 130). Cuando se escribieron las
llamadas coutumes , solo
había nueve provincias en las que la servidumbre estaba permitida por ley
local. La derrota de la jacquerie perjudicó
la causa de la emancipación en Francia de la misma manera que la supresión de
la guerra de los campesinos lo hizo en Alemania. Alrededor de 1779, la
mainmorte fue abolida en todos los territorios de la corona, y su
prueba se hizo casi imposible en todos los demás. ( Warnkönig ,
II, 151 seq.) Sin embargo, se dice que había 150.000 siervos de cuerpo en
Francia en 1789. ( Cassagnac , Causes de la Revolution, III,
11.) Colomán, quien murió en 1114, prohibió la trata de esclavos en Hungría y
trabajó para elevar a todos los esclavos cristianos a conditionarii (arrendatarios).
Pero el derecho de migración fue abolido en 1351. El rey Segismundo, y aún más,
Matías Corvino, lo restablecieron, después de la supresión de la guerra de los
campesinos, pero en 1514 se perdió de nuevo hasta 1586. El progreso posterior
se detuvo hasta el Urbario de María Teresa.
En
Italia, Federico II liberó a todos los siervos de la corona. (Constitutt. Regni
Sicil., 164.) Un ejemplo modelo de emancipación en Bolonia en 1256. Los siervos
del estado simplemente fueron puestos en libertad; la libertad de aquellos de
personas privadas fue comprada con el dinero del estado, y un pequeño diezmo de
grano fue impuesto a los emancipados como compensación por el gasto incurrido
en su nombre. En el futuro, no habría un solo esclavo en el territorio de
Bolonia. Los motivos que llevaron a esta medida son una extraña mezcla de
cristianismo y democracia. ( Muzzi , Annali di Bologna, 1840,
I, 479.) Italia, a fines del siglo XIV, estaba completamente libre de la
servidumbre cristiana. ( Muratori , Antt. Ital., I, 798.) En
el cantón de Berna, Suiza, la esclavitud fue abolida gradualmente, el proceso
comenzando aproximadamente a principios del siglo XV. Continuó, sin embargo, en
el caso de los amos ordinarios hasta 1798. Sugenheim , pág.
530 y siguientes. En Inglaterra, los esfuerzos de Alfredo el Grande hacia la
abolición gradual de la esclavitud ( Wilkins , Leges, 29)
quedaron sin resultado. Sin embargo, los pasos dados por Guillermo I, hacia un
fin mucho más estrecho, parecen haber sido más exitosos. (Leges Will. Conq.,
225, 229; Turner , Hist. of England, I, 135). Desde la época
de la conquista normanda, los prisioneros de guerra dejaron de reclutar las
filas de la esclavitud. Bajo Enrique III y Eduardo I, los arrendatarios de
socage se hicieron cada vez más frecuentes; pero, en poco tiempo, sus deberes
se volvieron menos onerosos y podían ser desempeñados por otros contratados
para el propósito, en lugar de por ellos mismos. El primer vestigio notable de
una clase trabajadora asalariada se encuentra en la ley de 1351, que puede
considerarse un esfuerzo realizado por la nobleza para oponerse a las
tendencias a favor de la emancipación, que fueron una consecuencia del
desarrollo de las ciudades. ( Eden , State of the Poor, I, 7,
12, 30, 41,) Infra , § 175. Aunque la guerra campesina bajo
Wat Tyler y Straw, que deseaban abolir la servidumbre de un golpe, fracasó en
su objetivo, encontramos que hubo muchos casos de emancipación por parte de
individuos en los siglos XIV y XV cuando la muerte o la enfermedad los
sorprendió, en los que declararon la ineptitud moral de la esclavitud. ( Wycliffe : “When
Adam dalve and Eve hila, who was then the gentleman?” ) Elizabeth liberó a
los últimos siervos de la corona. Compárese con 12 Charles II, cap. 24, 1660.
La emancipación en las tierras bajas de Escocia se completó en 1574. ( Tytler ,
Hist. of Scotland, II, 260.)
Leyes
de emancipación modernas: en Prusia, 1719, 1807, 1819; Lausitz; 1820,
Westfalia; en Austria, 1781 (Bohemia y Moravia), 1782 (otros países alemanes y
Galicia); 1785 (Hungría); Schleswig-Holstein, 1804, después de que muchos de
los terratenientes habían emancipado voluntariamente a sus propios siervos; en
Baviera, en 1808; en el reino de Westfalia, en 1808; en Hessen-Darmstadt, en
1811; en Württemberg, en 1817; en Baden, en 1783, 1820 en países recientemente
adquiridos; en Mecklemburgo, en 1820; en el reino de Sajonia, en 1832; En
Hannover, en 1833. La ley de 1702, que abolía la servidumbre en Dinamarca, fue
evadida hasta 1788, y en parte, incluso hasta 1800, por la Schollband (fianza
de tierra) introducida en su lugar. El único pueblo cristiano en Europa que,
hasta hace poco, tenía siervos era el ruso. En 1834, los siervos de Rusia
sumaban 22.000.000, es decir, alrededor del 40 % de la población total.
Mientras tanto, la ley del 19 de febrero de 1861, aprobada tras cuatro años de
preparación, fijó la fecha de la emancipación a principios de 1863. La
esclavitud está abolida en Estados Unidos desde el 1 de enero de 1863; primero,
en todas las partes del país que se rebelaron.
Hay
un debate muy interesante en el Journ. des Economistes de junio de 1863 sobre
si los dueños de siervos tienen derecho a una compensación por su emancipación,
a cargo de Laboulaye , Wolowski , Lavergne , Garnier , Simon y
otros. En Estados Unidos, se habrían necesitado 2.000 millones de dólares para
compensar plenamente a los esclavistas por privarlos de sus esclavos. (Quart.
R., enero de 1874, 142). Compárese mi opinión con Roscher ,
Nationalökonomi des Ackerbaues, § 124.
Si
dejamos a un recién nacido en su “libertad natural” durante
veinticuatro horas, ¡con toda probabilidad estará muerto al final de ese
período!
Compárese
con Edinburgh Review, LXXXIII, 64 y ss., abril de 1851, 333. Annalen XXV de
Klein , 70 y ss. Incluso en el quinto libro de Moisés, 15, 13 y ss.,
vemos que la experiencia había considerado que un siervo liberado, sin capital
ni tierras, podría fácilmente encontrarse en peores condiciones que antes. En
Estados Unidos, la previsión de una disminución en el número de negros
emancipados no se ha materializado. El censo de 1870 mostró una población negra
de 4.880.000 habitantes, casi un diez por ciento más que en 1860. El aumento
del número de iglesias, escuelas y cajas de ahorros también es testimonio de la
prosperidad de la población negra. ( R. Somers , The Southern
States since the War, 1871).
JS
Mill , Principios, 10, cap. 7.
En
cuanto a los judíos, véase Ewald , Geschichte von Israel, I 2,
p. 198. En general, véase H. Wallon , Hist, de l'Esclavage
dans l'Antiquité, II, 1847.
Tucídides IV,
27; Jenofe, De Re. rep. Art. I, 10 ss.; Aristófanes, Nubes,
6; Antiph. De Caede Herodes, 727. En las «Ranas» de
Aristófanes, la relación entre el esclavo Jantias y su amo es un testimonio
elocuente del buen trato que recibía. Los esclavos gozaban de gran libertad de
expresión ( Demósteo, Fil., III, iii). Sobre los amos acusados
de crueldad, véase Demósteo, Mid. 529, 7. Atenas, VI, 266. El
esclavo maltratado podía refugiarse en un templo, tras lo cual su amo se veía
obligado a venderlo ( Escol., Aristófanes, Equit., 1309; Plutarco ,
Tes., 36).
Los
esclavos podían comprar su libertad con su peculium .
Véase Petit. Legg., Art. II, 179. Muchos vivían enteramente por cuenta propia,
pagando un determinado derecho o impuesto a sus amos y eran muy capaces de
ahorrar. RF Hermann , Privatalterthümer, § 13, 9, 58, 11 y ss.
Véase el ejemplo en Platón , De Rep. VI, 495, donde un esclavo
que se había enriquecido pide en matrimonio a la hija de su antiguo amo.
Además, existía una indisposición general a mantener a los griegos como
esclavos. ( Philostr. Apoll. VIII, 7, 12.) El caso citado
en Demosth . adv. Nicostr. 1249 y ss., es aún más contundente
por este motivo.
Bajo
el reinado de Cleómenes, muchos adquirieron su libertad con sus propios
medios. Plutarco , Cleom. 23. En un período anterior, hombres
como Lisandro, Gilipo y Calikratidos habían pertenecido a una clase compuesta
por hijos de esclavos criados como ciudadanos.
Cicerón ,
Pro Muræna, IX, 22.
Pensemos
en la ergástula subterránea
, en los porteros encadenados y en las exhibiciones de gladiadores.
Incluso
desde la época de Plauto , los servi
honestiores solían tener vicarios ,
o esclavos subordinados. Plaut. Asin. I, 4, Séneca De
Tranq. Anim. 8. Compárese con Cicerón , Parad. V, 2. Entre los
esclavos del estado, los escribanos públicos a veces se encontraban en
excelentes condiciones.
El
peculium alcanzó su pleno desarrollo en la época de Plauto y Terencio.
Compárese con Terencio , Form. I, 1. Era costumbre prometer a
los esclavos su libertad en cuanto adquirían cierto peculium .
( Dionisio, Hal. , Ant. Rom., IV, 24. Tac. ,
Ann., XIV, 42.) Los amos humanitarios permitían a sus esclavos disponer
libremente de su peculium por
testamento. ( Plin. , Ep., VIII, 16.) Muchos romanos daban a
sus esclavos un salario fijo, del cual podían ahorrar. ( Sénec. ,
Epist., 80, 7.) Los pastores criaban algunas ovejas para su uso exclusivo.
( Plaut. , Asin., III, 1, 36; Varro , RR, I,
17, 7.) Se ofrecían primas por ciertos productos ( Athen. ,
VI, 274 d), e incluso hubo casos en que se cedieron negocios a esclavos. (Corp.
Inscr. Gr., No. 4,713 s.) Los servi publici tenían
derecho a disponer de la mitad de lo que poseían, por testamento. ( Ulpiano ,
XX, 16.) A veces se hacían contratos de préstamo entre amo y esclavo. ( Plut. ,
Catón, I, 21, L., 49, § 2, Digesto, XV, 1.)
Compárese
con Tácito , Ann., XIII, 26 y ss. Entre 356 y 211 d. C.,
parece que se emanciparon, en promedio, 1380 esclavos al año. ( Dureau
de la Malle , Economie polit. des Romains, I, 290 y ss.)
Sobre
los esclavos de Ático, altamente educados, de los cuales los griegos tenían
pocos ejemplos anteriormente, véase Drumann , Geschichte
Roms., V, 66. Los altos precios —100.000 e incluso 200.000 sestercios— que se
pagaban por los esclavos, suponen un alto grado de educación. ( Marcial ,
I, 59; III, 62; XI, 70; Séneca , Ep., 27.) Pero incluso Cicerón se
avergonzaba de su aflicción por la muerte de un esclavo excepcionalmente
inteligente. (Ad. Att., I, 12.)
En
una época anterior, incluso la censura castigaba a los amos crueles. Pero la
mayor parte de las medidas para evitar la condena arbitraria a muerte de los
esclavos, su castración, etc., y para otorgarles derechos contra sus amos por
actos libidinosos hacia ellos, por crueldad, falta de manutención o por
proporcionarles mala alimentación, se tomaron después de la época de Adriano.
(Compárese con Séneca , de Benef., III, 22; de Ira, III,
40, Sueton. , Claud, 25, Dom., 7; Spartian. ,
Hadr., 18; Cayo , I, 53; L., 1, § 2, Digest, I, 6; L., 1, § 8,
D., I, 12; L., 1, § 2, D., XLVII, 8; L., 1; Cod., IX, 14; Contra, véase Dio
Cass , I, V, 17.) Sin embargo, la vitæ
necisque potestas existía en la época de
Justiniano. ( Zimmern , Geschichte des röm., Privatrechts, I,
2, 661 y sigs.)
Salviano ,
De Gubern. Dei, V, 8. Theod. , CAD. V, 4. Eumenis ,
Costa de Paneg. 8, 9. Trebell , encuesta. Claud., 9. Justino. Cad.,
XI, 26, 47. Compárese con Savigny , Ueber den romischen
Colonat. Academia berlinesa, 1822-23.
Las
cifras que aparecen en Atenas , VI, 103, sobre el número de
esclavos en Grecia son casi increíbles. Solo para el Ática, las estimaciones
varían entre 110.000 ( Letronne , en el Mem. de l'Académie des
Inscr., 1822, 192, ss.) y 400.000 ( Atenas, siglo I), mientras
que el número de hombres libres se estima entre 130.000 y 150.000. En Roma,
desde la expulsión de los reyes hasta la destrucción de Cartago, el número de
esclavos se mantuvo prácticamente igual. ( Blair , Estado de
la esclavitud entre los romanos, 1833, 10, 15.) Por otro lado, Dureau
de la Malle opina que en 576 a. C., el número de esclavos era al
número de hombres libres como 1 a 25, y en 225 a. C. (incluyendo a los
metecos), como 22 a 27. (Economie polit. des Romains I 270 ff., 296.)
Compárese Cato , de Re. rust. I, 3, IV, X, 1 XI; 1, XVII,
XVIII, 1. En Alemania, se estimó que el número de esclavos, desde el siglo VIII
al X, era al menos tan grande como el de hombres libres. ( Grimm ,
D. Rechtsaltherthümer, 334.) Entre los anglosajones, antes de la conquista
normanda, era mucho mayor, incluso tres cuartas partes de toda la población.
( Turner , Hist. of the AS, VIII, 9.) Compárese sobre el tema
de todo este capítulo mi artículo en el Archiv. der polit Œkonomie, NF, IV, 30
y sigs.
Con
frecuencia , el señor solo tenía derecho de preferencia
en caso de que los hijos del arrendatario desearan abandonar el techo de sus
padres y trabajar en otro lugar.
En
la época de Adam Smith , en Inglaterra, se presumía que un
sirviente había sido contratado por un año. (I, 2, 15ª ed., Bas.) La ordenanza
de Federico el Grande de 1769, sobre este tema, prohibía a cualquier persona
entrar en servicio por un tiempo menor que este (II, § 1 y siguientes),
mientras que la ordenanza sajona de 1835, sobre el mismo asunto, permitía los
contratos por mes en las ciudades. Darjes , Erste Gründe der
Cameralwissenschaften, 2.ª ed. (1768), pág. 432, exige que los sirvientes
siempre se contraten por al menos cuatro o cinco años, y que sus amos tengan,
durante todo este tiempo, el derecho a hacer cumplir el contrato. En
Norteamérica, sin embargo, el servicio por mes se ha vuelto habitual y general,
y, por regla general, no se requiere notificación de la disolución del
contrato. (Deutsche Vierteljahrsschrift, 1853, II, 191.) En Suiza, los
contratos de servicio por semana los hacen con frecuencia incluso los
sirvientes rurales. ( Böhmert , Arbeiterverhh., II, 157.)
En
el sur de Inglaterra, los peones agrícolas solían cambiar de trabajo solo en
San Miguel. La elección de tal fecha hacía que los agricultores dependieran
mucho de ellos, ya que coincidía con la época de la cosecha. ( Marshall ,
Rural Economy of the Southern Countries, II, 233). Una queja similar se
presentó en Cleves. ( Schwerz , Rheinischwestphälische Landw.,
21 y ss.). En Jülich, se exigía un preaviso de medio año, durante el cual el
sirviente que lo había recibido realizaba su trabajo con disgusto e incitaba a
sus compañeros contra su amo. ( Schwerz , II, 87).
Las
familias de jornaleros, a quienes el propietario del terreno cede el uso de una
casa, un pequeño huerto, una vaca, etc., constituyen dicha transición; así como
los trabajadores que reciben alimento. En Brandeburgo, en 1644, solo se
permitía trabajar como jornaleros a las personas casadas o viudas con hijos.
( Mylius, CC Marzo , V, 1, 3, 11.)
Wakefield ,
Swing desenmascarado, o las causas del incendiario rural, 1831.
Gracias
a lo anterior, el número de pequeños propietarios independientes aumentó
considerablemente en el país. Los amos se sienten reacios a contratar jóvenes
susceptibles de ser sometidos al servicio militar, ya que pueden ser llamados
en el momento en que más se necesitan sus servicios. El soldado que regresa,
por regla general, se siente por encima de realizar servicios domésticos.
( Schwerz , passim, I, 191 y sigs., 236.) Por esta razón, los
salarios de los sirvientes en Cléveris aumentaron mucho más que los de los
jornaleros. (194.) En Bélgica, un peón agrícola costaba, en promedio, 400
francos al año; un jornalero, con 300 días de trabajo al año, solo 339 francos.
( Horn , Statist. Gemälde, 175.) En el Palatinado, los
jornaleros que no reciben nada más que su salario cuestan a sus amos menos que
aquellos que solo reciben su comida; y los sirvientes son los más preciados de
todos. ( Hanssen, Archiv der Politischen Œkonomie, NF X, 243.)
Si en 1813 los sirvientes estaban relativamente peor pagados que los jornaleros
( Lotz , Revisión, III, 147), era a causa de la regresión, al
menos temporal, de la civilización que toda gran guerra causa.
Engel ,
Preuss. Statist. Jahrb., II, 261. Los servicios que contribuyen a la comodidad
personal se asignan naturalmente con mucha menos frecuencia a jornaleros
independientes que aquellos que contribuyen a la producción propiamente dicha.
Por lo tanto, a medida que la civilización avanza, el servicio doméstico,
especialmente el femenino, constituye una proporción cada vez mayor del número
total de sirvientes. En Prusia, en 1816, el número de sirvientes que atendían
la comodidad personal era solo el 4,19 % del número total de sirvientes
dedicados a la industria; de las sirvientas, era el 13,4 %. En 1861, por otro
lado, los porcentajes eran del 8,4 y el 37,2 %. En Gran Bretaña, del número
total de sirvientes mayores de 20 años, solo el 2 % se dedicaba a servicios
personales. En 1841, eran el 3,5 %. ( Meidinger .) En Francia,
en 1851, el 2,5 por ciento de toda la población vivía en domesticité .
(Stat. off.)
En
Inglaterra, ahora más especialmente, entre los jornaleros agrícolas: Edinburgh
Rev., abril de 1862.
Un
elemento clave de la anterior «organización del trabajo». También lo
fue la Ordenanza de Servicios de Magdeburgo de 1789.
Landesordnungen sajones de
1482 y 1543. Cod. Agosto. I, 3, 23. La Gesindeordnung (regulación
de servicios) de Federico el Grande amenazó con la casa de corrección a los
síndicos y, en ciertas circunstancias, también a quienes pagaban salarios
superiores al salario fijo; pero, como norma, se permitía el pago de
salarios inferiores. (V, § 7) Se tuvo mucho cuidado de que los salarios
superiores a los permitidos por la ley no se evadieran mediante el pago
de arrha o en productos. La misma ley prohibía privar al
sirviente de su derecho a determinar el servicio haciéndole préstamos a largo
plazo (II, § 7). Incluso v. Berg , Handbuch des deutschen
Polizeirechts, lo llama un deber de las autoridades públicas encargadas de la
protección de la propiedad y de la seguridad pública, para ver que no haya
escasez de buenos sirvientes, y que el público (como si aquellos que venden sus
servicios no fueran parte de él) no debería ser hecho víctima de demandas
exorbitantes en materia de salarios de los sirvientes. Jung ,
más humano, exige que las autoridades protejan, especialmente, a la parte más
débil. (Grundlehre der Staatswirthschaft, 1792, 700). En la legislación
prusiana, el rescripto de Silesia del 13 de marzo de 1809, es el comienzo del
nuevo orden de cosas. ( Rabe , Samml. preuss. Gesetze, X, 59 y
sigs.) El Obertribunal ,
o tribunal superior, decidió en 1874 que ya no se debía permitir que la
repatriación de los sirvientes fugitivos por parte de la policía, prevista en
la ley de 1810 sobre los sirvientes.
Ordenanza
del elector de Sajonia de 1766, que prohibía a los habitantes de las ciudades
contratar aprendices entre el campesinado, a menos que hubieran trabajado al
menos cuatro años como peón agrícola, a partir de los catorce años.
Similarmente, en Prusia en 1781.
En
Berlín, incluso antes del período “populacionista” : Fidicin ,
Histor. diploma. Beiträge zur Gesch. der Stadt Berlin, I, 101. (Del año 1397.)
1
Pedro, 2, 18 ss.; 1 Timoteo, 6, 12; Efesio, 6, 5; Filemón, 15 ss.
En
las colonias alemanas menonitas de Rusia, cada joven sirve durante unos años en
la familia de otro campesino. Esto se considera una especie de escuela. Los
salarios son, por supuesto, muy altos y el trato, muy benigno. v.
Haxthausen , Studien, II, 185. En el suroeste de Alemania, donde
abundan los pequeños terratenientes, se observa una situación muy similar.
( v. Goltz , loc. cit., 452.)
Para
una exposición magistral de la doctrina de que el derecho de prescripción o
limitación está relacionado con la necesidad político-económica de la
propiedad, véase John Stuart Mill , Principios, 3, II, cap. 2,
sec. 2.
Locke ,
Sobre el gobierno civil, II, §25-51; y así L. Mendelssohn ,
Jerusalén (1783), 32; Thiers , Du Droit de la Propriété
(1849).
Los
escritores modernos, en su intento de encontrar una base filosófica para el
derecho de propiedad, han tomado dos direcciones principales, la primera
jurídica, la segunda política. El axioma, res
nullius cedit primo occupanti (compárese
L. 3, Digesto, XLI, 1), explica solo la parte más pequeña de las relaciones de
propiedad, y eso solo debido a una circunstancia muy fortuita. Según Hobbes (Leviatán,
24), la propiedad tiene su origen en el reconocimiento de esta por el poder del
estado, por la autoridad pública ,
el gobierno ( Bossuet ,
Política tirada de l'Ecriture, Sainte, L. 3, 4), o como Montesquieu (Esprit
des Lois XXVI., 15) lo expresa más suavemente, en las leyes. La aplicación de
este principio, debido a la extrema variabilidad de las leyes de cada estado,
conduciría a la más extrema inseguridad y a una constante oscilación de una
utopía a otra, de una revolución a otra, si no se reconociera, al mismo tiempo,
que cada uno tenía un título justo sobre las adquisiciones que había hecho, no
porque la ley, vigente en ese momento, reconociera el derecho, sino porque eran
el producto de su trabajo y ahorro. La teoría que basa el derecho de propiedad
en el contrato no puede ser objetada con la misma razón. Así, Hugo
Grocio , Jus Belli et Pacis, II, 2, quien incluso justifica la
ocupación de cosas sin dueño, en el supuesto de la existencia de un contrato
implícito. Es muy característico del inglés, que en su lenguaje político, las
palabras "libertad" y "propiedad" se
encuentren tan frecuentemente juntas. En uno de sus discursos clásicos, pronunciado
por Fox en 1784, este define la libertad con estas palabras: «Consiste en
la posesión segura y sagrada de la propiedad de un hombre» , etc. La
doctrina reciente, frecuente, de que todo hombre tiene derecho a una cantidad
de propiedad que corresponda a sus necesidades, puede utilizarse para sancionar
todo tipo de inferencias socialistas. Una descripción completamente
desconcertante y desconcertante se encuentra en «Qué es la propiedad» de
Proudhon (1848), precursora de la cual pueden considerarse las
«Recherches philosophiques sur le Droit de Propriété et le Vol» de
Brissot . En la época medieval, existían numerosos otros títulos de
propiedad, además de la producción y el ahorro. El título que se tiene en mayor
estima actualmente, se ve reforzado y generalizado por esta extrema diferencia
con respecto a todos los demás.
El
término socialismo, introducido por L. Reybaud, es tan ambiguo
como simple e inteligible es el término comunismo. Pero la mayoría de los
socialistas coinciden en que la verdadera "sociedad" (que,
de hecho, debe distinguirse del Estado) es, junto con sus fundamentos, las
relaciones existentes de propiedad y familia, completamente errónea. Una
reconstrucción radical, afirman, es necesaria para eliminar para siempre el
principal mal de este sistema, a saber: la flagrante diferencia entre ricos y
pobres, educados e ignorantes. La diferencia entre las doctrinas de los
socialistas y de la Economía Política no consiste, en absoluto, en que los
primeros se preocupen más por el bienestar de las clases bajas, ni siquiera en
que otorguen un alcance más amplio a la economía en común. Pero el socialismo
es, de hecho, una vida o administración del hogar en común ( Gemeinwirthschaft ),
que va mucho más allá del sentimiento por el interés común ( Gemeinsinn ).
Dicha economía en común siempre se opone a la libertad y, en su primera
introducción, es contraria a la ley. No puede garantizar ninguna compensación a
quienes han sufrido violencia o fuerza, ya que conduce a un agotamiento
irreflexivo y derrochador de los recursos de la nación, ya que debilita el
incentivo a la industria y la frugalidad. La Economía Política, por otro lado,
recomienda una expropiación cuando con ella se fortalecen los
incentivos a la industria y la frugalidad; y el aumento de recursos así
obtenido le sirve como compensación plena a aquellos cuyas propiedades han
sido expropiadas .
Véase Roscher ,
Betrachtungen über Socialismus und Communismus, Berliner Zeitschrift für
Geschichtwissenschaft, 1845, III, 422 y sigs.
Vivre
en travaillant ou mourir en combattant :
el emblema de las banderas de los tejedores de seda amotinados en Lyon, en
1832.
Vauban (Dime
Royale, 34 ss.) nos asegura que, en los últimos años del reinado de Luis
XIV, casi una décima parte del pueblo francés mendigaba, y que cinco décimas no
podían dar limosna, pues se encontraban al borde de la indigencia; tres décimas
estaban muy malheridas, avergonzadas por sus deudas y por
el proceso ; apenas un uno por ciento podía decirse que
estaba en su mejor momento .
¡Cuánto mejor se encuentra el obrero parisino actual! Y, sin embargo, en
aquella época, no había la menor difusión de doctrinas comunistas. De hecho,
rara vez hombres completamente oprimidos reaccionan contra su miseria con gran
energía.
“Si
mi capricho es la fuente de la ley, entonces mi disfrute puede
ser la fuente de la división de los recursos de la nación”. Stahl ,
Rechtsphilosophie, II, 2, 72.
Que
el socialismo de Platón , De Repub., V, no era una mera
fantasía, lo demuestra la polémica que Aristófanes dirige
contra él en su Eclesiazuses. Véase también Aristófanes ,
Polit., II, 2, Schn. En la práctica contemporánea de los griegos, con la
creciente democratización del Estado, se hizo cada vez más habitual que este
corriera con los gastos de los medios de subsistencia de la gran multitud.
(Véase Plutarco , Cimo, 10.) Cada acto de la vida pública
estaba pagado. A los ciudadanos se les pagaba por asistir a las reuniones
populares tres óbolos al día, mientras que la paga de los soldados era de seis
y la de los marineros de tres. ( Tucídides , III, 17; VII, 27;
VIII, 45.) La paga del jornalero más común era de tres a cuatro óbolos al
día. Aristófanes. , Ecl., 310, y Pólux , VII,
29. El número de magistrados era muy grande, para que el mayor número posible
pudiera participar en esta especie de remuneración. Así, en Atenas, cuando
tenía solo unos 20.000 habitantes, había 6.000 jueces. Además de todo esto, había
innumerables fiestas, representaciones, banquetes, etc., que se ofrecían al
pueblo gratuitamente. Los ricos, obligados a asumir todos los gastos así
generados, vivían en tal estado de terror hacia el populacho, que consideraban
su propio empobrecimiento como una especie de liberación. ( Jenof. ,
Conviv., 4, y Lisias , pro Bonis). Isócrates dijo
que era mucho más peligroso ser rico que cometer un delito, ya que en este
último caso se podía obtener un indulto o un castigo leve. (De Permut., pág.
160.) ( Lysias , De Invalido, de sacra Olea, ss.) Hay poca
diferencia entre este estado de cosas y una semicomunidad de bienes. Solo que,
de hecho, la gran masa de esclavos estaba excluida de disfrutarlos. El
contraste que algo más tarde distinguió a los cínicos de los cirenonepicúreos
ofrece una sorprendente analogía con la que, en nuestros tiempos, existe entre
los socialistas puros y los adoradores de Mammón, al estilo del Doctor Ure.
Sobre la Utopía de Yámbulo , véase Diodoro ,
II, 55 y ss.
Nuestras
fuentes de información sobre la división de la república romana en una
oligarquía adinerada y el proletariado son muy numerosas. Compárese infra ,
§ 205. Los discursos de los Gracos (p. ej. Plut. , T.
Gracchus, 9), y aún más los violentos discursos de la conspiración de Catilina
( Salustio , Cat., 20, 23, 37-39), nos recuerdan con mucha
fuerza los lemas del socialismo moderno. Con mucha frecuencia nos encontramos
con la expresión de un anhelo de volver al pasado más incivilizado y remoto,
cuando no había dinero ni riqueza, una aspiración que se encuentra en el
fundamento mismo del comunismo. Así, Virgilio , Geo., I, 125 y
ss., Tibull. I, 3, 35 y ss. Propert. II, 13,
III, 5, 11; Séneca , Epist., 90; Senec. ,
Oct. II, Hippol. , II, 2; Plin. , HN XXXII,
3. Por otra parte, la práctica de apoyar al populacho a expensas de grandes
candidatos o del estado, se desarrolló en gran medida. Las masas vivían en gran
medida de la venta de su derecho al sufragio al mejor postor. En la elección de
cónsules en el año 54, se ofrecieron 500.000 táleros a la centuria llamada a
votar primero. ( Cicerón , ad Quintum II, 15; ad. AH IV, 15.)
Incluso Catón tuvo parte en tal soborno. ( Sueton. ,
Caes., 19.) En la reforma social del joven Graco, además de la limitación de la
gran propiedad territorial, los puntos principales fueron los siguientes: la
venta de trigo por debajo del precio de mercado, pero solo a los habitantes de
la propia Roma; la construcción de grandes carreteras en Italia; colonización a
expensas del estado y el aumento del salario de los soldados. ( Ritsch ,
Gracchen, 392 ff.) Los planes socialistas de Rulo fueron mucho más allá. Si sus
leyes agrarias se hubieran puesto en ejecución, habría confiscado casi todo el
país en interés de los pobres y de sus demagogos. ( Cicerón ,
De Lege agrar.) Roma experimentó dos veces una revolución social del carácter
más espantoso, una por la cual una gran parte de todos los bienes privados cayó
en manos de los desposeídos (soldados), que no sabían cómo sacarle provecho o
invertirlos, bajo Sila, y luego bajo los posteriores Triunviros. (Compárese
con Appian , Bell, civil., V, 5, 22.) Quejas relativas a este
último, en Horat. , Epist., I, 2, 49; Virgil ,
Buc., IX, 28; Tibull. I, 1, 19, IV, 1, 182; Adecuado. ,
IV, 1, 129. El anciano Graco había prometido compensación a los últimos
poseedores. Tabulae novaede Cina, Catilina, Celio, Dolebella.
Clodio introdujo la distribución de trigo, que según Cicerón pro Sexto, 25,
consumía casi una quinta parte de los ingresos públicos. De esta manera, se
mantuvo a unas 320.000 personas durante un largo periodo ( Suetón ,
César, 41; Dión C. , XLIII, 21; L. LV, 10), pero solo de forma
que se les evitara la inanición ( Salustio , 268.ª ed. Bip.).
A todo esto pronto se añadieron distribuciones de sal, harina y aceite, baños
gratuitos, innumerables representaciones públicas, banquetes colosales, pago de
un año de renta, etc. ¡Panem et
circenses! (Juvenal, X, 80 y ss.) La mera distribución
de dinero bajo Augusto, en la que participaron de 200.000 a 320.000 hombres,
costó cada vez de 2.500.000 a 6.000.000 de táleros. (Monum Ancyr., 372 Wolf.)
Se concedió asistencia extraordinaria, con preferencia, a las colonias de
pobres. ( Sueton. , Caes, 42.) Sobre toda esta política,
véase Plin. , Paneg., 26 y ss. Incluso en Constantinopla, en
el momento de su fundación, se hicieron grandes distribuciones de pan a
expensas de Egipto, aunque difícilmente podía haber un verdadero pauperismo en
esa nueva y floreciente ciudad. ( Teod. , Cod., XIII, 4, XIV
16; Sócrat. , II, 13.) Sólo puedo aludir al plan propuesto por
el emperador Galieno al neoplatónico Plotino, para fundar una ciudad en la que
se llevaran a cabo las ideas de la república de Platón. (Porfirio, V, Plotino,
8.)
Durante
los dos siglos que marcaron la mitad de la Reforma, la transición del sistema
agrícola campesino al sistema de labranza moderna afectó gravemente a las
clases populares. Así también se vio afectada la caída del precio de los
metales preciosos (§ 140 ).
La supresión de numerosos monasterios aumentó la miseria de los pobres; las
numerosas leyes de pobres promulgadas en Inglaterra, España, etc., no fueron
suficientes para remediarlo. El sentimiento popular durante este período de
tribulación se expresó en la Guerra de los Campesinos, en la secta anabaptista,
en las numerosas reformas y contrarreformas, en la revuelta de los Países
Bajos, en los conflictos por la corona en Francia e Inglaterra, etc. En Italia,
el contraste entre la oligarquía adinerada y el proletariado se había
desarrollado durante varios siglos, pero desde mediados del siglo XVI se había
vuelto mucho más opresivo debido al empobrecimiento general del país. Para una
descripción de los panteístas “Hermanos y Hermanas del Espíritu Libre”, con
su comunidad de bienes y de mujeres, véase Ullmann ,
Reformatoren vor der Reformation, II, 18 y ss. Fueron muy numerosos desde el
siglo XIII al XV en Italia y Francia, así como en Alemania, y nos llevan a los
adanitas en la guerra husita. ( Aschbach , Geschichte K.
Sigismunds, III, 109.) Aún antes, tenemos la secta de los Giovannali, que
tenían sus propiedades y mujeres en común, y que, en 1355, habían ganado el
tercio de Córcega, pero que luego fueron suprimidos por Génova y la Iglesia.
( Lebret , Geschichte von Italien, VI, 208 y ss.) El
socialista burdo, John Balle , tiene aproximadamente la misma
relación con Wycliffe, que Münzer y Bockholt tuvieron con Lutero. ( Walsingham ,
Hist. Angliæ in Camden, Scriptt. , 275.) Hans Böheim de
Würzburg, 1476, parece ser el precursor directo de Münzer. ( Ullmann ,
I, 421 y ss.) Era casi tan habitual en la época de Lutero como en 1848, o en
nuestros días, oír hablar de la profunda desmoralización del comercio —la Fuggerei de
la Alemania de la época— y del sistema universal de fraude que prevalecía.
Véanse las citas en Hagen , Deutschland's Verhältnisse im
Reform-Zeitalter, II, 313 y ss. El principio fundamental de Münzer: ¡Omnia
simul communia! Sebastian Frank,
Chronica, Zeytbuch und Geschychtbibel etc., 1551, fol. VI, 16, 27, 116, 194,
414, 433. La vida de John Bockholt nos presenta un marcado contraste. Mientras
llevaban a sus mujeres perfumadas, relucientes de joyas, a su lecho rosa, con
cortinas de tela dorada, donde él se reclinaba, sus súbditos eran víctimas de
los horrores de la hambruna, hasta tal punto que se vieron obligados a salar
los cuerpos de niños que morían de hambre. ¡Qué terrible el fin de este
comunista benefactor de la humanidad! Comunidad libertina de bienes y mujeres.
( Calvino , Instructio adv. Libertinos, cap. 21.) Comunistas
ingleses en la época de la Reforma. ( J. Story , Comment. on
the Constitution of the US, I, 36.) Incluso bajo Cromwell, hubo muchos ingleses
que creían que los agricultores ya no estaban obligados a pagar renta a los
terratenientes. Sobre la secta de los niveladores, véase Walker ,
History of the Independency, II, 152. Incluso en Erasmo ,
encontramos cierta simpatía por el comunismo. (Enchirid. milit. Christ,
80.) Contra , véase Melanchthon , Prolegg. in
Cic. de Off., Corp. Reform, XVI, 549 y siguientes. Las obras sistemáticas más
notables de este período son Utopia, 1516, de Tomás Moro ,
y Civitas, solis, 1620, de Campanella . Tomás Moro dice
sin rodeos que todos los gobiernos existentes son, de hecho, solo
conspiraciones permanentes de los ricos para promover sus propios intereses
bajo la máscara del bien común y para despojar a la mano de obra. La abolición
del dinero, que debería seguir utilizándose solo para la guerra exterior,
eliminaría, según él, toda la miseria. En su utopía no existía realmente la
propiedad privada. Debería existir una supervisión estricta de todo el trabajo
por parte de las autoridades públicas, cuyo deber sería velar por que nadie
abandonara las actividades agrícolas. Todos deberían comer en una mesa común y
vestirse de la misma manera. El comercio interior debería dar paso a un
intercambio mutuo de regalos bajo la supervisión del Estado. Campanella ,
además de la comunidad de bienes, recomienda una ocupación continuamente
variada, que no dure más de cuatro horas diarias; la educación en común,
especialmente mediante imágenes, enciclopedias populares, etc., todo ello bajo
la guía suprema de un despotismo compuesto por sabios, algunos seculares y
otros espirituales, que operen a través de la confesión. Los socialistas casi
siempre tienen más éxito en la parte crítica de sus obras que en la positiva.
Compárese con R. Mohl , Geschichte und Literatur der
Staatswissenschaften, § 1, 165 y siguientes.
Considerando
la aversión que J. J. Rousseau mostraba a
la propiedad privada y el poder ilimitado que otorgaba a la mayoría en el
Estado (Contrato Social, 1761, II, cap. 4), es innegable que su libertad e
igualdad contienen, como mínimo, gérmenes de comunismo nada desdeñable. Sin
embargo, en el estado actual de la sociedad civil, el respeto por los derechos
de propiedad se inculcaría en la mente del niño desde muy temprano, incluso
antes de que se desarrollara el sentimiento de libertad (Emile, 1762, Livre II).
Casi al mismo tiempo, Morelly publicó su Basiliade ou Naufrage
des Iles flottantes (1753), una novela política en favor del comunismo. Véase
el Código de la Naturaleza del mismo autor, 1755. Mably , en
sus dos obras, Dudas propuestas a los economistas, 1768, y La legislación o los
principios de las leyes, 1776, recomendó la abolición de toda desigualdad y una
verdadera comunidad de bienes. La introducción de la propiedad le parece un
faute qu'il était presque impossible de faire .
Incluso Beccaria considera la propiedad un derecho terrible,
pero quizás necesario, que ha dejado a los desafortunados solo una existencia
desnuda. (Dei Delitti e delle Pene, 1765, cap. 22). El Terror francés estuvo
muy cerca de materializar estas ideas. Basta con mencionar la abolición del
censo, los pagos a los obreros que asistían a las reuniones de sección, los dos
francos diarios, la enorme extensión de las confiscaciones, las requisiciones y
los préstamos forzosos, la revolución operada en la fortuna de las personas por
el sistema de asignación de asignaciones, el precio máximo fijado para todos
los artículos de primera necesidad, la abolición de los impuestos indirectos y
de lo que quedaba de las instituciones económicas heredadas de la Edad Media.
Según St. Just : «La
opulencia es una infamia; no hace falta ni riqueza ni pobreza ».
El Cahier des Pauvres exige, ante todo, que los salarios «ya no se
calculen según los principios asesinos del lujo desenfrenado». Véase la
carta de Forster del 15 de noviembre de 1793 (Sämmtl. Schriften, IX, 125).
Sobre la conspiración de Baboeuf, ejecutado en 1796, quien pretendía la más
completa igualdad y comunidad de trabajo, disfrute y educación, la abolición de
las grandes ciudades, etc., véase Buonarotti , La Conjuration
de B., 1821. Este libro contribuyó poderosamente al resurgimiento de las ideas
comunistas tras la Revolución de Julio. Entre los comunistas modernos que se
distinguen de los más antiguos, especialmente por el matiz industrial que dieron
a sus teorías, CabetVoyage en Icarie, 1840, II, ocupa un lugar
destacado. Declara que la abolición de la religión, la familia y el Estado son
cuestiones abiertas, y desea que la práctica de la comunidad de bienes tenga
éxito solo mediante la vía pacífica de la convicción.
Compárese Reybaud ,
Etudes sur les Réformateurs contemporains ou Socialistes modernes, 1840. L.
Stein , Der Socialismus und Communismus des heutigen Frankreich.
Véase, también, la docta historia de los sistemas socialistas en Marlo's Weltökonomie,
I, 2, 435 y ss.; y en lo que respecta a la época más reciente, R. Meyer ,
Der Emancipationskampf des vierten Standes, II, 1874, ss.; un libro que, a
pesar de sus muchos defectos, tanto doctrinales como periodísticos, es tan rico
en pensamiento y en el conocimiento del tema que trata, como está impregnado de
un amor a la verdad sin importar las consecuencias. Entre los opositores del
socialismo y el comunismo, Malthus , De la población, B. III,
cap. 3, y B. Hildebrand , Die Nationalökonomie der Gegenwart
und Zukunft, vol. I, 1848, ocupan un lugar muy destacado. JS Mill ,
Principles, II, cap. 1, 3, llama la atención sobre el hecho de que hasta ahora
el principio de la libre propiedad nunca se ha llevado a cabo de manera
consistente. El primer ordenamiento social de la sociedad moderna fue casi en
todas partes el resultado de la conquista y la violencia, de las cuales aún
quedan grandes vestigios. Siempre se han convertido en propiedad cosas que no
deberían serlo. Los gobiernos se han esforzado por intensificar la oscuridad
del lado oscuro de la propiedad y han favorecido la concentración en lugar de
la difusión de la riqueza, etc. Por lo tanto, nadie puede afirmar que los
llamados males sociales tuvieran su origen en la propiedad como tal. Schäffle ,
Kapitalismus und Socialismus, 1870, ha hecho un esfuerzo muy notable por
reconocer todo lo que hay de verdad en el socialismo y por combatir sus
errores.
Es
bien conocido el reproche de Saint-Simón a los liberales de
que su principio fundamental era: ote-toi de
là, que je m'y mette .
Compárese
con Malthus , Adiciones al Ensayo sobre la población, 1817,
IV, cap. 7.
Los trabajadores
igualitarios querían asesinar no sólo al rey, a la corte y
al ministerio, sino también a los liberales y a todos los propietarios.
De
hecho, tan pronto como este amor verdadero desaparece en el estado matrimonial,
la comunidad de bienes, incluso allí, degenera con demasiada facilidad en un
despojo de la parte mejor por la peor.
Español
La comunidad de bienes de los primeros cristianos en Jerusalén, tan
frecuentemente citada y ensalzada ( Santiago , I, 1), era solo
una comunidad de uso, no de propiedad (Hechos IV, 32), y, de principio a fin,
un acto voluntario de amor, no un deber (V. 4), y mucho menos, un derecho que
los pobres pudieran reclamar. A pesar de todo esto, esa comunidad de bienes
produjo un estado crónico de pobreza en la iglesia de Jerusalén. Por lo tanto,
Pablo hizo colectas para ellos por todas partes, sin, sin embargo, establecer
en ningún lugar una institución similar. (Romanos, 15, 26; I. Corintios, 16,
1.) Compárese Mosheim , De vera Natura Communionis Bonorum in
Ecclesia Hierosol., en su Dissertatt. ad Histor. Eccles. pertinentes, II, 1 ff.
En cuanto a si Bernabé (Epist., 19) deseaba decir algo más,
compárese Epist. ad Diognetum, 5. Para una recomendación real de una comunidad
de bienes, sobre bases económicas, véase Joh. Chrysostom. , en
Acta Apost., Hom. XI. También Clemens Rom. c. 2 C. 12, qu. 1.
Comunidad de bienes entre los esenios: Philo. Opp. II. 457
ff. Joseph. Bell , Jud., II. 8. Bellermann ,
Geschichtliche Nachrichten über die Essener. (1821.) En muchos monasterios, ha
habido y hay una especie de comunidad de bienes. Hubo una vez una disputa
singular sobre este tema, llevada a cabo entre los minoritas y el Papa, en el
tiempo de Luis de Baviera. Los minoritas afirmaban que la propiedad era una
cosa, tan condenable, que incluso la comida, en el momento de comerla, no
pertenecía a la persona que la usaba. El Papa, por otro lado, enseñó que
incluso Cristo y los Apóstoles poseían propiedades, en parte personales y en
parte comunes. ( Raynaldi , Ann. eccl., XV, 241, 285 y ss.)
Comunidad de bienes de los Homiliados, más tarde de los Hermanos de la Vida
Común, a la usanza de los monjes, pero de una índole mucho más elevada. ( Ullmann ,
Reformatoren vd Reform, II, 62 y ss.) Los primeros colonos de New Haven,
Connecticut, poseían sus propiedades en común. La tierra se dividía entre las
familias en proporción al número de personas que las componían y al ganado que
traían consigo; y todas las compras y ventas se hacían a cuenta de toda la
comunidad. Y así sucedió en Massachusetts durante los primeros siete años de
existencia de la colonia. ( Ebeling , Geschichte und
Erdbeschreib. der Vereinigten Staaten, II, 391, I, 557.) Comunidad de
bienes de Herrnhut en Pensilvania, de 1742 a 1762, pero que se
eliminó cuando el número de colonos se volvió demasiado grande. ( Ebeling ,
IV, 717.) Comunidad de bienes de los Shakers y los Lutheran Rappers. ( Buckingham ,
Eastern States, II, 214, 427. Prinz Neuwied, Viajes en
Norteamérica, I, 136, ss.) Sectas rusas con comunidad de bienes. ( v.
Haxthausen , I, 366, 407.) Harless , Ética cristiana
§ 501, distingue muy bien entre la postura «anticristiana» y la
«pseudocristiana» , desde la cual se pretende establecer la doctrina de la
comunidad de bienes. La visión cristiana de este tema (compárese Efesios, 4,
28, I; Tesalonicenses, 4, 11, II, 3, 12; Mateo, 6, 24; Pedro, 4, 10; Mateo, 26,
7-11) es acusada de hipocresía por muchos socialistas. Dicen que es muy fácil,
cuando uno vive en una situación acomodada, presentar a los pobres que su
pobreza es una escuela para el cielo y predicar el desprecio por las riquezas,
etc. Olvidan por completo que la primera promulgación del Evangelio se realizó
en una época en que prevalecía la peor clase de pauperismo; y que incluso el
propio Maestro y la mayor parte de sus apóstoles pertenecían al estrato más
bajo de la sociedad. Lucas , 9, 58. Sin embargo, muchos Padres
de la Iglesia, en sus exhortaciones a la benevolencia, emplearon un lenguaje en
el que los socialistas modernos han encontrado una rica mina que han trabajado
con ahínco. (Compárese con Villegardelle , Histoire des Idées
sociales, 1846, 61 y ss.)
Incluso Aristóteles dice
que lo que es común a muchos es asunto de poca importancia para cualquiera.
(Polit., II, 1.) Bastiat señala: “Hoy competimos para ver
quién trabaja más y mejor. Bajo otro régimen, deberíamos emularnos unos a otros
para ver quién trabajaría menos y peor”. (Harmonies Econ., cap. VIII.)
Cuando los primeros colonos de Virginia, en 1611, abandonaron el sistema de
trabajo común y de sociedades anónimas, se realizaba tanto trabajo en un día
como antes en una semana, o tanto por tres trabajadores como antes por treinta.
( Purchas , Pilgrims, iv, 1866. Bancroft ,
History of the United States, I, 161.) Incluso en Nueva Inglaterra, por lo
tanto, entre hombres constantes y acostumbrados al trabajo, que por conciencia
habían sacrificado tanto, una comunidad de bienes fue acompañada
ininterrumpidamente por el hambre. Un cambio para mejor tuvo lugar, por primera
vez en 1623 con la introducción de la institución de la propiedad privada que
fue seguida en 1624 por el derecho de herencia. ( Bancroft , I,
340.) Las colonias militares de Argelia, también, en las que se practicaba la
agricultura en común, pidieron, al cabo de un año, que se abandonara el
sistema, por la razón de que no servía para nada más que para generar
holgazanes; y sin embargo, estos colonos eran todos hombres poderosos de
aproximadamente la misma edad y acostumbrados al orden y al servicio en común.
Además, recibían ayuda de la nación con paga y comida. Compárese el
relato de Bugeaud : Revue des deux Mondes, 1 de junio de
1848. “Las asociaciones francesas (después de 1848), cuyo objetivo era el
trabajo en común, han desaparecido casi todas”. M. Chevalier en
el Journal des Débats, 3 de febrero de 1851. En los Estados Unidos, dieciséis
falansterios de fourieristas, fundados entre 1840 y 1846, se derrumbaron en
1855. ( D. Vierteljahrsschrift , octubre de 1855, 205 y sigs.)
Incluso
en Nueva Armonía, los miembros consideraban la tarea que debían realizar para
obtener alimento, ropa y alojamiento como una servidumbre en el peor sentido de
la palabra. ( H. Bernhard v. Weimar , Nordamerikan. Reise, V,
134 y ss.; 151, 310 y ss.) Resulta muy incoherente que los socialistas
mantengan la propiedad y la herencia del Estado. Para ser coherentes, deberían
otorgar ambos derechos únicamente a la humanidad en su conjunto. Compárese
con Kiraly , Ueber Socialismus und Comm., 1868, 35.
No
sería del todo justo adoptar una visión parcial de los talleres
nacionales de 1848 y afirmar que constituyen una
refutación práctica de las utopías socialistas, ya que no se realizó ningún
experimento serio con ellos. Compárese con E. Thomas ,
«Histoire des Ateliers nationaux considérés sous le double Point de Vue
politique et social», 1848.
Los
socialistas generalmente pasan por alto el hecho de que la mayor cantidad de
goces de los que las clases más pobres están excluidas, por el derecho de
propiedad, no existirían en absoluto si no fuera por ese mismo derecho. ( Spittler ,
Politik, 356 y ss.) Esta observación también puede hacerse sobre las ingeniosas
objeciones de Hugo . (Naturrecht, § 208 y ss.) Una de las
piezas más efectivas de declamación socialista es que las clases bajas tienen
un promedio de vida mucho más corto que las altas. De ahí que se acuse a la
institución de la propiedad privada de ser una especie de expoliación de los
pobres de tantos años de vida, y se condene a toda la "sociedad
actual" por esa razón. Aquí nuevamente no se tiene en cuenta que hace
unos siglos el promedio general de vida probablemente era aún menor; y que fue
precisamente el crecimiento y desarrollo de la "sociedad
actual" lo que alargó los días incluso de las clases más pobres,
aunque puede haber prolongado los de los ricos en una proporción aún mayor.
Véase § 246.
Pero
una comunidad de bienes no lograría, ni de lejos, tanto como generalmente se
supone. En Prusia, por ejemplo, en 1867, solo alrededor del tres por ciento del
total de familias de la comunidad tenía una renta anual de 1.000 táleros; solo
el nueve por ciento tenía 500 táleros o más, y solo 6.465 tenían una renta de
más de 4.000 táleros, mientras que solo 590 tenían una de 16.000 táleros.
(Preuss. statist. Ztschr, 1868, 83. Held , Die
Einkommensteuer, 197 y ss.) ¡Cuán poco, por tanto, podrían ganar los pobres
aquí con el expolio de los ricos! Además, el consumo puramente personal de los
ricos, después de todo, no es tan grande; y si se abandonara todo lujo,
innumerables personas perderían sus ganancias. (Compárese con Ad. Smith ,
La riqueza de las naciones, I, cap. 11, 2.) Sería matar a la gallina que hasta
entonces había puesto el huevo de oro para dividir su carne un poco más
equitativamente.
Babeuf declaró
que todas las artes y ciencias eran malas. Quería que nadie aprendiera nada más
que lectura, escritura, aritmética y algo de geografía de Francia; y que se
impusiera la más estricta censura para mantener a todos dentro de estos
límites. Compárese la hábil crítica de Proudhon ,
Contradicciones, cap. 12.
Según Umpfenbach ,
Nationalökonomie, 201, donde existe una comunidad de bienes, solo cabe la
alternativa de que cada persona o cada familia reciba exactamente la misma
cantidad. (Lo primero sería más acorde con el principio, pero ¡qué
superpoblación sería la consecuencia!). Precisamente así, también, si cada
persona viniera a tomar su propia porción (¡anarquía!), o si se repartiera
entre todos por una junta de distribuidores (¡despotismo!).
Esta
expresión se puso de moda, principalmente, a través de L. Blanc ,
Organization du Travail (1841), las ideas principales en las que el trabajo son
las siguientes: La supresión de la competencia mediante el establecimiento de
industrias estatales; igualdad de remuneración para el trabajo; igualdad y
determinación legislativa de la tasa de interés; la elección de
superintendentes por los trabajadores. Con muchos socialistas modernos, el
shibboleth no es tanto liberté como solidarité .
Además, Naturrecht (1796) de Fichte , y su geschlossener
Handelsstaat, están, sin duda, entre las obras más notables a favor de
una "organización del trabajo". Apuntan a la destrucción
del sistema social actual, que, como mucho, solo necesita ser reformado y rejuvenecido;
y a galvanizar el cuerpo muerto hacia una vida nueva y diferente (¡el caldero
mágico de Medea!). Compárese con Corvaja , Bancocrazia o il
gran Libro sociale, 1840.
La
colonia icariana de Cabet en América contaba con 298 adultos y tan solo 107
niños. Sin embargo, a pesar de esta situación, tan favorable para la
producción, no tuvo mucho éxito. Su gobierno era muy similar al de un
correccional o una penitenciaría. Incluso en materia religiosa, a pesar de toda
pretendida tolerancia, los miembros que no estaban de acuerdo con Cabet eran
descritos en el semanario oficial como «infames
o aveugles» . (D. Vierteljahrsschrift, 1855, octubre, 205
y ss.)
Un
sabio oriental afirma que la tierra posee el ideal de seguridad jurídica, por
el cual una bella mujer, adornada con perlas, podría viajar sin peligro. ¿Qué
diría semejante sabio de un país europeo donde incluso los niños huérfanos no
solo conservan sus bienes, sino que los ven incrementados al ser puestos a
interés, tan pronto como alcanzan la mayoría de edad? ( Barrow ).
“La
igualdad del comunismo es la peor especie de desigualdad, porque garantiza a
uno por dos horas de mal trabajo lo mismo que a otro por cuatro horas de buen
trabajo.” ( Bastiat , Armonías económicas, cap. 8.)
Proudhon ,
En Qué es la propiedad, 283, dice con mucha razón que «la comunidad de
bienes es el expolio del fuerte por el débil».
Llamada
comunidad negativa de bienes, por Zacchariä , Vierzig Bücher
vom Staate, IV, 146, en contraposición a la comunidad positiva y universal de
ganancias, tal como la deseaban los comunistas.
Comunidad
de bienes y de mujeres entre los ictiófagos del mar Rojo, que vivían en cuevas,
andaban desnudos la mayor parte del tiempo, saqueaban a todos los náufragos y
nunca llegaban a una edad avanzada. Diodoro , III, 15 y
sigs. Peripl. , Maris Erythr., 12. Sobre los escitas,
véase Estrabón , VII, 300; los españoles, Plutarco ,
Mario, 6; los retios, Dión Cass. LIV, 22; los tribales, Isocr. ,
Panath., § 237; los kilicios, Sexto , Empir. Pirro. Hipot.
III, 24. Comunidad de bienes entre los caribes que realizaban todo su trabajo
en común y tenían, al menos en el caso de los varones, una mesa común y
almacenes comunes con suministros. ( Petr. Martyr , Dec. VII,
1. Rochefort , II, c. 16. B. Edwards ,
History of the West Indies, I, 43 ff.) Entre los kuskowimers de la América
rusa, todos los hombres físicamente aptos de la tribu viven juntos. ( v.
Wrangell , Nachrichten, 129.) Entre los habitantes de las islas
Aleutianas, al menos en tiempos de escasez de alimentos, el producto de las
pesquerías se divide según sus necesidades. ( V. Wrangell ,
185.) La organización del trabajo se aplica rígidamente entre los otomacos, en
las orillas del Orinoco, y son, sin embargo, más civilizados que sus vecinos.
( Depons , Voyage, I, 295.) Sin embargo, una comunidad de
bienes debe considerarse un avance, en el caso de un pueblo aislado; y es un
error considerarla la condición más primitiva, como lo hacen, por
ejemplo, Ambrosio , De off. Minist. I, 28, y Federico
II , en el prefacio a su código general. (Allgemein. Gesetzbuche,
1231.) La hospitalidad de los habitantes de las Islas Amistosas linda con una
comunidad de bienes. ( Mariner , Freundschaftsinseln, 75,
81. Klemm , Kulturgeschichte, IV, 398.) Sobre los inicios de
la propiedad entre los esquimales, véase Klemm , II, 294.
Οὐκ
ἄδοξον ἧν παρὰ τοῖς παλαιοῖς ληστεύειν, ἀλλ᾽ ἔνδξον. ( Didym. ,
ad Odyss. II, 73, IX, 252.)
En
México, los españoles encontraron propiedad de la tierra entre los nativos más
distinguidos, pero sólo una especie de posesión en común y almacenes comunes
entre los campesinos. ( Robertson , Historia de América, §
VII.) De ahí que la agricultura del país fuera tan poco importante que el
pequeño ejército de los conquistadores con frecuencia producía
hambruna con sus marchas.
Los
cherkeseses consideraban honorable el robo siempre que el ladrón no fuera
descubierto in fraganti . Compárese con Koch ,
Reise in den kaukasischen Isthmus, I, 370 y sigs. Bell ,
Journal of a Residence in Circassia, I, 181, II, 201. Las bandas de ladrones
organizadas del antiguo Egipto, cuando era tan civilizado ( Diodoro ,
I, 80), pueden, por otra parte, explicarse por condiciones similares que
existen en las grandes ciudades de nuestra época.
¡Qué
terrible organización del trabajo encontramos en Esparta, combinada con una
comunidad de bienes! Recordemos la exposición de niños autorizada por ley, el
modo de educación que debió costar la vida a todos aquellos de constitución
débil, la cryptia , la estricta jerarquía de edad, etc. Plut. ,
Inst. Lac. 2, aprecia el mal sabor del caldo negro en su justo valor. La
comunidad de bienes cretense se basaba principalmente en la relación
antinatural creada por las autoridades conocida como paiderastia; y que era un
medio muy eficaz para prevenir la superpoblación. ( Plat. , De
Legg, I, 636. Arist. , Polit. II, 8.)
Razones
notables para ello en César , Bell. Gall., VI, 22.
Sobre
todo en Rusia, aún existen multitud de instituciones de este tipo entre los
habitantes del país. Véase Roscher , Nationalökonomik des
Ackerbaues, § 71 y siguientes.
En
el Corpus Juris Canonici, cumbre de la teología, la política y la
jurisprudencia medievales, el ideal de una comunidad de bienes ocupa un lugar
casi tan prominente como en las obras de los socialistas modernos. La única
diferencia radica en que en el primero la oposición a la propiedad privada
surge de una religiosidad unilateral y del desprecio por el mundo, mientras que
en el segundo surge generalmente de la irreligiosidad y la sobreestimación de
los bienes terrenales.
Esto
no incluye el costo de las escuelas, iglesias e instituciones benéficas.
Según Lassalle ,
System der erworbenen Rechte, 1861, § 259, la historia muestra que el derecho,
a medida que avanza la civilización, reduce cada vez más la esfera de propiedad
de los individuos privados, en la medida en que tiende cada vez más a colocar
un mayor número de objetos fuera del círculo de la propiedad individual.
El
sansimonismo es un ejemplo de advertencia de esta tendencia. Saint Simon nunca
perdió una oportunidad para dar rienda suelta a su absoluto desprecio por los
liberales y por el gobierno constitucional —ce bátard
du régime féodal et du régime industriel— y
para aconsejar a la corona, siguiendo el ejemplo de Luis XI, que se colocara a
la cabeza de la clase obrera y en oposición a la clase media. (Oeuvres de Saint
Simon , ed. 1841, 44, 148, 209). Bazard , Exposition,
76, exigió que cesara todo antagonismo entre los poderes temporales y
espirituales, toda oposición en aras de la libertad, la
méfiance organisée de los parlamentos y
toda competencia. Incluso habría otorgado educación según la
capacidad , que habría determinado mediante los chefs
légitimes de la société (280).
Todos los casos de delitos ,
es decir, todos los actos inoportunos, incluso en el ámbito científico y
artístico, deberían remitirse al tribunal penal . Deberían juzgarse según
el procedimiento de los tribunales mercantiles, es decir, de forma
sumaria, sin apelación y por peritos (317 y siguientes). Todas las relaciones
de propiedad deberían determinarse mediante la decisión
arbitral de los jefes de industria (326). Bazard insiste
constantemente en que el reino del genio y la abnegación, por un lado, y por
otro, de la confianza y la obediencia, es la única política verdadera (330). El
sansimonismo estaba estrechamente relacionado con el bonapartismo.
Schäffle ,
Nat. Œk., III, Aufl., I, 61.
Si
eliminamos mentalmente todos los elementos perjudiciales de una comunidad de
bienes y le añadimos todos los incentivos y restricciones necesarios, tendremos
un estado de cosas completamente similar al de una nación cuyos asuntos
públicos y privados se gestionan de acuerdo con los principios de un sistema
sano de Economía Política tal como se entiende hoy. (Edinburgh Review, enero de
1851).
Cómo
la verdadera libertad va acompañada de lo que Bastiat llama “el
verdadero sansimonismo y el verdadero comunismo”, véase infra ,
§ 210.
Los
experimentos de una comunidad de bienes, que han tenido éxito en la práctica,
se basaron en el celibato más o menos completo de los miembros de las
sociedades. Compárese con Hermann , Staatsw. Unters., II,
Aufl., 45.
Así, Proudhon (Contradicciones,
cap. 5) dice que muchos socialistas que construirían sus sociedades según el
tipo de familia, como la molscule
organique , están todos equivocados. La familia tiene
un carácter “monárquico, patriarcal” . En él se forma y preserva el
principio de autoridad. Sobre él se basó la sociedad antigua y feudal;
y “precisamente contra esta vieja constitución patriarcal, la democracia
moderna protesta y se rebela”. Fourier llama al
matrimonio, un groupe essentiellement
faux: faux par le nombre borné à deux, par l'absence de liberté et par les
dissidences du goṅt, qui éclatent dès le premier jour .
(Nuevo Mundo, 57.)
Sobre
los indios de América del Norte, véase Schoolraft ,
Información respecto a las tribus indias de los Estados Unidos, II, 194; sobre
el sudamericano d'Orbigny , Voyage, IV, 220, y, passim, sobre
los isleños de los mares del Sur, Novara-Reise, II, 418; sobre los antiguos
albaneses, Estrabón , XI, 503.
La
transmisión hereditaria de la propiedad a la posteridad tiene una evidente
tendencia a convertir al hombre en un buen ciudadano. Inclina sus pasiones
hacia el deber y lo induce a contribuir al bien común, asegurándole que su
recompensa no morirá con él, sino que será transmitida a aquellos a quienes le
unen los sentimientos más queridos y tiernos. (Véase Blackstone's Commentaries,
II, 11). Sin el derecho a la herencia, el crédito es prácticamente imposible,
ya que con la muerte del deudor cesaría la única garantía del acreedor.
Español
La libertad testamentaria (que se obtuvo en algunos lugares a principios del
siglo XVIII) prevalece completamente en Inglaterra en la actualidad,
contrariamente al principio del derecho romano que exige que se deje una
porción obligatoria ( la légitime )
a los herederos, que aún es vinculante en Francia, pero en una forma muy
desarrollada. La consecuencia es que los últimos testamentos son tan frecuentes
en Inglaterra como raros en Francia. Hubo, en París, en 1825, 7.649 particiones
judiciales y solo 1.081 testamentarias de propiedad. ( Monnier .)
En Gran Bretaña, en 1838, el número de enajenaciones testamentarias de
propiedad gravadas se mantuvo en relación con aquellas en las que no había
testamento, en la proporción de 8:3; y los valores de la propiedad enajenada en
10:1. ( Porter .) En un pueblo conocido por su elevada moral,
la libertad testamentaria constituye un poderoso medio para fortalecer la
autoridad paterna, por un lado, y para mantener vivo en la mente de los padres,
por otro, el sentido de responsabilidad por el futuro de sus hijos. Compárese
con Helferich , Tübinger Zeitschr., 1854, 143, ss.
Polibio ,
XX, 6. De ahí que toda (?) la riqueza de Tebas, cuando fue destruida por
Alejandro Magno, fuera de tan solo 440 talentos. (Atenas, IV, 148.) Drumann ,
Gesch. Roms. etc., VI, 333 ss. Cicerón , Phil., II, 16. Hoeck ,
Röm. Gesch., I, 2, 118. Suetón , Octavo, 66. Un ejemplo
especialmente escandaloso se encuentra en Petronio , 140. Para
una teoría magistral sobre la búsqueda de legados, véase Horacio ,
Sabio, II, 5. Compárese con Luciano , Diálogos de los muertos,
5-9. Petronio habla de una turba
hæredipetarum . (124.)
Incluso
el lema revolucionario, paternité ,
realmente no significa nada más que el derecho igual de todos a la herencia, es
decir, ¡la abolición del derecho a la herencia! ( R. Meyer ).
El ataque más fuerte, desde un punto de vista científico, hecho al derecho a la
herencia en tiempos más recientes, proviene del sansimonismo. El propio
fundador, después de una vida rica en experiencia pero pobre en acción, gastada
en la búsqueda de mucho pero en el hallazgo de poco, solo tuvo éxito en alinear
a las clases industriales y propietarias entre sí, en declarar que la clase más
pobre era la más importante de todas y en basar la nueva religión del
amor en la emancipación del trabajo. Sus discípulos fueron más allá.
Para abolir todos los privilegios de nacimiento, Bazard ,
Exposition de la Doctrine de Saint Simon, 1831, p. 172, ff., enseñó que no era
suficiente distribuir los empleos públicos según el mérito y en interés del
pueblo en general, sino que la distribución de la propiedad debía hacerse de
acuerdo con el mismo principio. La desigualdad de propiedad debería
corresponder a la desigualdad de mérito. Cada persona podría, durante su vida,
conservar lo adquirido, pero donarlo al estado al morir. De esta manera, se
lograría una reconciliación entre el interés general y el interés privado; y
los ingresos públicos así obtenidos podrían emplearse fácilmente en lugar de
los ingresos recaudados por los impuestos que más gravan a las clases
inferiores. F. Huet , también, en Le Regne social du
Christianisme, 1853, III, 5, dispondría que toda la propiedad privada, tras la
muerte del propietario, recaiga igualmente sobre
todos los jóvenes trabajadores . Las
consecuencias prácticas de este sistema pueden verse ahora en Turquía. Allí,
los principales feudos militares se mantienen de esta manera. Por lo tanto, el
propietario turco de un feudo de este tipo construye lo menos posible. Cuando
una de sus paredes amenaza con derrumbarse, se mantiene en pie mediante
puntales. Si de hecho se derrumba, la única consecuencia es que hay menos
habitaciones en la casa y el propietario se instala junto a las ruinas. ( Denon ,
I, p. 193.) En el Butan, existe una especie de sansimonismo práctico. Robinson ,
Relato descriptivo de Assan, 1841.
Fue
principalmente el temor a las consecuencias de las declamaciones de los
socialistas y su declamación contra el “monopolio” lo que
indujo a Bastiat a reducir todo el valor de la propiedad
territorial al del capital empleado en su abono, mejora, etc. (Armonías, cap.
9). Sin embargo, podemos concederle sin reservas que, por regla general, hasta
el momento de su posesión original por el hombre, la tierra no tenía
ningún valor (278).
Kant piensa
todo lo contrario: Metaph. Anfangsgründe der Rechtslehre, (Werke, IX, 72 y
siguientes). Contra , Grocio , JB et P., II,
2. Graswinkel , en su Schriften für die Freiheit des Meeres,
1652 y siguientes, en Laspeyres , Geschichte der
niederländischen N. Œk., 12. Hufeland , Neue Grundlegung, I,
307.
“Un
distrito de Tartaria de diez millas cuadradas, en el que varias hordas
apacientan sus rebaños, puede contener entre 400 y 500 pastores, que encuentran
empleo en este modo de producción.” En Brie, en Francia, en la misma área,
50.000 campesinos que no poseen tierras, viven y obtienen sus únicos ingresos
de su trabajo en los campos ( JB Say ).
Schubert ,
Reise durch Frankreich und Italien, I, 188.
Sin
trabajo, la tierra no le ofrece al hombre más que un lugar de descanso. Por lo
tanto, las razones de la propiedad privada no son tan amplias como para
demostrar que las grandes vías fluviales y terrestres no deban reservarse como
propiedad común y como hogar para todos. ( Zacarías , del
Estado, VII, 43)
Esta
es la práctica en Taway. Ritter , Erdkunde, V, 130. Y lo mismo
en la antigua Alemania. J. Grimm , Rechtsalterthümer, 92.
Derecho del “fuego muerto” en España y Portugal durante la Edad
Media. S. Rosa de Viterbo : Elucidario das Palavras etc., I,
470. En muchas partes de Persia, la tierra pertenece a cualquiera que la haya
provisto de agua por canales o pozos. ( Fraser , Journey in
Chorasan, cap. 7.) Especialmente después de la devastación mongola a principios
del siglo XIV, se decretó que la tierra que había permanecido sin cultivar
durante mucho tiempo debía pertenecer a la persona que la hizo productiva.
( d'Ohsson , Hist. des Mongols, IV, 418.) De manera similar,
en el tiempo de los antiguos persas ( Polyb. , X, 28, 3), la
cosecha de los primeros cinco años pertenecía a la persona que primero irrigaba
la tierra. En el alto Éufrates, asimismo, la tierra muy a menudo no se vende ni
se arrienda. Cualquiera que la cultive y pague una décima parte del producto al
bey puede tenerla por nada. ( Ritter , X, 669; comparar VIII,
468; IX, 900.) Lo mismo ocurre entre los negros fulah y mandinga, e incluso
entre los tscherkesanos. ( Klemm , Kulturgeschichte, III, 337
y sigs.) Como las últimas etapas de desarrollo tan a menudo presentan ejemplos
de una reversión a las primeras, encontramos que Teodosio y Valentiniano
decretaron que el agri deserti debería, después de dos años de
cultivo, pertenecer al poseedor. L. 8, Cod. Just., XI, 58.
Así,
cualquiera puede quemar su propio abrigo o tirarlo al agua; pero nadie puede
incendiar su casa ni ahogar sus tierras destruyendo una presa. Incluso quien no
utilice una gran extensión de tierra en una región densamente poblada apenas
tendría permiso. La expropiación de tierras por parte del Estado, actualmente
en tiempos de paz, se limita casi exclusivamente a la tierra.
Así, P.
v. Arnim , en su obra titulada «Ideen zu einer vollständigen
landwirthschaftlichen», Buchführung, 1805, un tratado
sobre «contabilidad agrícola», considera al agricultor como un
funcionario estatal que debe cultivar lo que en conciencia crea, o lo que el
estado declare más necesario. Sugiere que el estado someta a todos los nuevos
compradores de tierras a un examen para determinar si son lo suficientemente
ricos y nobles como para actuar de esta manera.
Así,
por ejemplo, Herbert Spencer , Estática Social, 1851, 114 y
ss., y en cierta medida Spinoza , Tract. polit., VI, 2.
Actualmente existen en Inglaterra varias Asociaciones para la Reforma de la
Tenencia de la Tierra, algunas de las cuales pretenden expropiar toda
la tierra y otorgarle la titularidad al Estado. El programa de las demás abarca
no solo la oposición al derecho de primogenitura, a la fidei commissa familiar
y la afirmación del derecho a la libertad de comercio de la tierra, así como un
uso más democrático de las tierras comunales, sino también la apropiación por
parte del Estado del aumento de la renta de la tierra que no se debe al trabajo
del terrateniente, sino únicamente al aumento de la población y de la riqueza
de la comunidad o de la nación. Newmarch , por otra parte,
observa muy correctamente que, puesto que es imposible trazar una línea de
demarcación que muestre el aumento del valor de la tierra a partir del aumento
de la población, etc., el propietario de la tierra al realizar mejoras nunca
sabría si las hizo para sí mismo o para el estado. (Statist. Journal, 1871, 488
y siguientes). Compárese Wolkoff , Sur la Rente foncière,
1854, y H. H. Gossen , Entwickelung der Gesetze des
menschlichen Verkehrs (1854).
En
el Congo y en la costa de oro de Guinea, la tierra, en aldeas enteras, se
cultiva en común y la cosecha se distribuye entre las familias per cápita.
Dondequiera que reine el absolutismo, el príncipe también es el propietario de
toda la tierra. ( Klemm , III, 337). En China, donde la
tenencia original en común de la tierra por todos se rompió en el siglo III
antes de Cristo, toda la tierra del país pertenece ahora, estrictamente
hablando, al estado; y el poseedor de tierra que permite que se cultive es
castigado. ( Plath. en phil.-hist. Sitzungsberichten der
Münchener Akad., 1873, 793 y siguientes). En Corea, la propiedad privada de la
tierra es desconocida; la tierra cultivable es dividida por el estado según el
número de miembros de una familia. ( Ritter , IV, 633). El
ejemplo, a mayor escala, de un país sin propiedad privada de la tierra son las
Indias Orientales Británicas. Compárese el artículo de Ch. Campbell ,
en los ensayos publicados por el Cobden Club; Sistema de tenencia de la tierra
en varios países, 1870.
La
diferencia legal y económica entre la propiedad de la tierra y la propiedad del
capital está bien definida por JS Mill , Principios, II, cap.
2, 6. “Las razones que forman la justificación, desde un punto de vista
económico, de la propiedad de la tierra, solo son válidas en la medida en que
el propietario de la tierra es su mejorador. En ninguna teoría sólida de la
propiedad privada se contempló jamás que el propietario de la tierra deba ser
un mero sinecurista acuartelado en ella”. Aquí alude especialmente a
Irlanda. El fourierista, Considérant , distingue con precisión
entre el capital producido por el trabajo y el ahorro, y el aumento del valor
de la tierra causado por el capital y el trabajo, y su valor original. Solo los
dos primeros elementos pueden convertirse justamente en propiedad. Pero como,
por razones prudenciales, es necesario otorgar a los individuos el derecho de
propiedad privada sobre la tierra, a quienes no son tales propietarios se les
debe garantizar, como compensación por la propiedad común que han perdido, el
derecho al trabajo. (Teoría del Derecho de Propiedad y del Derecho al Trabajo.)
En Inglaterra, la opinión de que el apoyo obligatorio a los pobres se introdujo
como compensación por el establecimiento de la propiedad privada de la tierra
ha gozado de considerable apoyo. Bishop Woodward , Sobre la
conveniencia de un plan regular para el mantenimiento de los pobres en Irlanda,
1775. Compárese con Eden , Estado de los pobres, I, 413. Sin
embargo, las tasas para los pobres, en un país como Inglaterra, son mucho
mayores que el equivalente de lo que su suelo podría producir sin la ayuda del
capital.
La
principal obra clásica sobre este tema es Nebenius , Der
öffentliche Credit, 1820, 2.ª ed., 1829. Anteriormente, Salmasius ,
De Modo Usurarum, 1639; e incluso Demóstenes , adv. Dionysiod,
1283. Compárese además Schäffle , en el Deutsch.
Vierteljahrsschrift, n.º 106, II, 289 y sigs.
Los
préstamos obligatorios del Estado, por ejemplo, ocupan una posición intermedia
entre los impuestos y las operaciones de crédito propiamente dichas.
Además
de los préstamos propiamente dichos, todos los pagos por adelantado o las
demoras en el pago de las arras, todos los arrendamientos y alquileres,
que Courcelle-Seneuil llama un
médiocre degré de crédit , los
seguros e incluso todos los contratos de salarios en los que el pago se retrasa
durante un largo período de tiempo, son especies de crédito. Para una buena
distinción entre arrendamiento ( Pacht )
y alquiler ( Miethe ),
véase Knies , Tübinger Ztschr., 1860, 180 y ss., y Freiburger
Univ. Programm., 9 de septiembre de 1862. D. Wakefield , Essay
upon Political Economy, 1804, 35, distingue entre el “crédito de
préstamo” que se da a un hombre pobre con la esperanza de que lo pague por
medio de su trabajo, y el “crédito de intercambio”, o crédito entre
propietarios. Definición de Cieszkowski : le
crédit c'est la métamorphose des capitaux stables et engagés en capitaux
circulants et dégagés . (Du
Crédit et de la Circulation, 2ª ed., 1847.) Según Knies ,
Tübinger Ztschr., 1859, 568, toda operación de crédito es un intercambio o
venta de servicios, uno de los cuales debe realizarse en el presente y el
contraservicio de la otra parte en el futuro. Según Macleod ,
se trata de “una venta de deudas”.
El
crédito personal, por supuesto, predomina en el comercio. De ahí que, en la
vida mercantil, la información relativa al estatus personal, la reputación,
etc., de sus colegas desempeñe un papel tan importante para el comerciante.
Esta información se hizo más accesible en Inglaterra gracias a la institución
Lloyd. Sobre instituciones similares en Norteamérica, véase Tellkampf ,
Beiträge, I, 51. El crédito otorgado con garantía es una modificación, a veces
del crédito personal y a veces del crédito real. Compárese, infra ,
la teoría sobre banqueros, corredores, etc.
En
los despotismos, el crédito es casi enteramente personal. Montesquieu Esprit
des Lois, LV, 15. En Nueva York, dice M. Chevalier , un
comerciante con recursos por valor de 200.000 francos, puede hacer negocios por
entre 1.000.000 y 1.500.000 de francos. En París, en circunstancias similares,
al mismo hombre le resultaría difícil obtener un crédito por valor de 500.000
francos. En Holanda, hace doscientos años, quien hipotecaba su propiedad estaba
obligado a pagar un tipo de interés más alto que en los negocios ( Becher ,
Polit. Discurs, 1763, 699), mientras que el período estacionario, hace cien
años, dificultaba enormemente el crédito personal. En Zúrich, se vio fomentado
por la prohibición de prestar dinero fuera del país ( Büsch ,
Geldumlauf, III, 40).
Schäffle ,
Nat. Œk., II, Aufl., 112.
Schäffle ,
según el fin que se pretende conseguir, divide el crédito en crédito de
producción (inversión de préstamos en bienes inmuebles y en bienes muebles
afectados a operaciones industriales), crédito de consumo y crédito de
compensación, o préstamos hechos para pagar compras aplazadas y depósitos de
garantía, herencias, etc. (Kapitalismus und Socialismus, 552.)
Pinto ,
Traité de la Circulation et du Crédit, 1771, considera los préstamos que
devengan intereses como nuevas porciones de los recursos de un país (p. 161), y
que los préstamos gubernamentales que no se hacen excediendo sus poderes son une
alchymie réalisée dont souvent eux mêmes qui l' opèrent n' entendent pas tout
le mystère , (p. 338). De manera similar y anterior, v.
Schröder , F. Schatz-und Rentkammer, 238 y sigs.; Mélon ,
Essai politique sur le Commerce, 1734, cap. 6; a continuación, Hamilton ,
Informe a la Cámara de Representantes sobre el tema de las Manufacturas, 5 de
diciembre de 1791; Von Struensee , Abhandlungen, 1800, I, 259.
Véase infra, § 210. Más recientemente, St. Chamans , Nouvel
Essai sur la Richesses des Nations, 1824, 83 y ss. Hasta cierto punto, incluso Dietzel ,
System der Staatsanleihen, 1855, 200. Este es un error peligroso, ya que a todo
crédito se le compensa con un débito de igual importe; y las evidencias de
deuda no son más que reclamaciones sobre los ingresos futuros del estado. Esto
fue plenamente reconocido por Cantillon , 291 y ss. Uno de los
principales defensores de esta perspectiva entre los escritores de Economía
Política es el vivaz, agudo y prácticamente hábil, pero sofísticamente
superficial, Macleod . (Elementos de Economía Política, 1858,
cap. 3, Diccionario, 1862, v. Crédito). El derecho de demanda transferible del
acreedor lo considera capital inmaterial. Mientras que los conocimientos de
embarque, los recibos de almacén, los recibos de astillero, etc., solo
representan mercancías, el billete de banco es mercancía nueva. Incluso el dinero
metálico solo tiene valor crediticio, puesto que solo puede utilizarse para
efectuar intercambios. Al signo negativo del acreedor puede corresponder un
signo positivo del deudor; pero este último es negativo solo en el sentido de
que hablamos de electricidad negativa, un grado termométrico negativo. Cuando
se arrienda una propiedad, el propietario tiene, en su demanda de renta, un plus vendible
; pero el arrendatario no tiene un menos correspondiente . (No
es así. En la misma medida en que el propietario tiene sus pagos futuros del
arrendamiento descontados, el valor actual de venta de su propiedad disminuye;
o si no se vende, la última parte que obtuvo el descuento ha reducido su
capital disponible con el anticipo tanto como ha aumentado el del arrendador.)
El “descuento del futuro”, es decir, la aparente capitalización de
las esperanzas, tan en boga en la actualidad, puede ser un gran estímulo para
la producción, como también puede serlo para la extravagancia sin fundamento.
Muchos
teóricos atribuyen una creación directa de nuevo capital al crédito, en la
medida en que la capacidad de las evidencias de deuda para circular como medio
de intercambio efectúa un ahorro real y permite que los antiguos instrumentos
de intercambio muy costosos e intrínsecamente valiosos se utilicen de alguna
otra manera. (§ 123 ).
Compárese con Ricardo , Propuestas para una moneda segura y
económica (1817). JS Mill , Principios, II, 174 y 36. McCulloch ,
Diccionario comercial, art. Crédito. Y así fue en las primeras cuatro ediciones
de este libro mío. Pero aquí también hay, inmediatamente, solo una
transferencia de capital ya existente. La persona, por ejemplo, que acepta un
billete de banco como pago, presta una parte de su capital al banco; y la
ventaja para toda la comunidad de tales operaciones de crédito consiste
principalmente en esto: que una cantidad tan grande de capital en efectivo que
permanece inactiva en los bancos, etc., puede usarse de manera más productiva.
Cuando Roesler dice
que el crédito es capital, producto del ahorro, y muy útil para la producción
ulterior ( Grands. , 300), confunde el crédito mismo con los
fundamentos del crédito, que son, en gran parte, capital material o moral.
Compárese
Discurso sobre el comercio, Coyn y Paper-Credit, Londres, 1697, 72 y sigs.
Compárese Buron ,
Guerre au Crédit, 1868. Schäffle , Tüb. Ztsch., 1869, 296 y
sigs. Con una comprensión profunda de su impacto político-económico, O.
Michaelis (Berliner V. Jahrsschr. 1863, IV, 121) afirma: «El valor de
capital de mi crédito no es igual al valor nominal de mis comprobantes de deuda
[pagarés, etc.], sino al importe capitalizado del excedente extra que he
obtenido en mi negocio mediante crédito, una vez deducidos los costes y la
prima de riesgo».
En
los libros que siguen, investigaremos con sumo cuidado cuáles son los medios
más adecuados para remediar esta peligrosa tendencia. Basta con señalar que
esta se encuentra en una asociación juiciosa de pequeños capitalistas y también
en la capitalización, por así decirlo, de las cualidades personales. Una
sociedad de trabajadores bien organizada, sin capital, puede, de hecho, obtener
crédito, como lo demuestran, por ejemplo, las sociedades Schultze-Delitsch,
los artel-schnicks rusos (sociedades de ayuda al mercado),
etc. ( Frühauf , Die russ. Artels en Faucher's Vierteljahrsschrift,
1868, I, 106 y ss.). También podemos mencionar el mayor crédito que se otorga a
un terrateniente al convertirse en miembro de una asociación de préstamos
inmobiliarios, en comparación con lo que podía obtener antes de unirse a ella.
La creencia popular de los antiguos egipcios les proporcionó un instrumento de
crédito muy valioso al pignorar los restos de sus antepasados. ( Heródoto ,
II, 136.)
B.
Hildebrand opina que la Economía Política del futuro
puede ser caracterizada como economía de crédito, de la misma manera que la
Economía del presente puede ser llamada economía monetaria, y la del pasado
como economía de trueque del trueque. (National Œkonomie der Gegenwart und
Zukunft, I, 276 ff.) La visión de Hildebrand es correcta en la
medida en que, con cada avance en la civilización, el crédito llega a tener una
importancia absoluta y relativa cada vez mayor, aunque en la Edad Media,
especialmente bajo formas feudales ( Lehensformen ),
hubo innumerables operaciones de crédito. Sin embargo, por lo demás, los
tres tipos de economía de Hildebrand no están, de ninguna manera,
coordinados. Mientras que el trueque y la compra a través de la
instrumentalidad del dinero, en cada caso, se excluyen completamente entre sí,
es imposible imaginar una transacción de crédito de la cual la promesa de una
prestación de trueque o de una prestación de dinero no constituya la base.
Durante un “ período económico monetario ( geldwirthschaftlichen )”
[es decir, uno durante el cual el dinero es el medio de intercambio, y no los
billetes; y cuando el trueque no se obtiene.— Traductor ] el
servicio prestado por el dinero como medio de intercambio puede, en su mayor
parte, ser suplantado por el crédito. El dinero, como medida de valor, sigue
siendo el sustrato del crédito mismo. (Véase Knies en el
Tübinger Ztschr., 1860, 154 y ss.; y en el Freiburger Programm, 9 de septiembre
de 1862, 19). Aún antes, A. Wagner , Beitr. zur Lehre von den
Banken, 1857 y ss. Entre las proposiciones más prácticas del sansimonismo está
la de un système genéral des banques ,
destinado a administrar todos los bienes de la nación y a prestarlos a los
individuos dedicados a la producción. ( Bazard , 205 y sigs.)
Resulta
perjudicial para el crédito permitir que el deudor espere varios decretos o
sentencias antes de que se establezca su responsabilidad; permitirle, en
condiciones favorables, demoras, revocaciones de sentencia, el pago de las
costas del proceso, etc. El plazo para que un acreedor presentara su
reclamación ante la junta de acreedores en la Cámara de Boedel de Ámsterdam era
anteriormente de treinta y tres años y tres meses. ( Büsch ,
Darst. der Handlung, Zusatz, 82.) En la presidencia de Bengala había, en 1819,
81.000 casos en mora, y en 1829, 140.000. Westminster Review, XIX, 142.
Y,
sin embargo, Melon opina que el estado debería favorecer al
deudor tanto como sea posible. (Essai politique sur le Commerce, cap. 12, 18.)
Esta era la opinión sostenida sobre este tema por los profesionales más
antiguos. En Bengala, el dhura , una especie de “juicio
de Dios”, en el que se declaraba vencedor a la parte que pudiera resistir
más tiempo contra el hambre, era el único medio para obligar a un deudor a
pagar su deuda. En consecuencia, el campesino bengalí no podía pedir dinero
prestado a menos del 60 por ciento anual. Edinburgh Review, XXII, 67. Sobre los
daños que acompañan a las leyes y tribunales de crédito de Rusia, por los
cuales todos los bienes extranjeros se vuelven extremadamente caros,
véase v. Sternberg , Bemerkungen über R., 100 y siguientes. En
un país en el que muchos personajes poderosos están por encima de las leyes, un
banco prestamista incorporado puede ser una necesidad indispensable. ( Storch ,
Handbuch, II, pág. 23 y sigs.) En Nápoles, incluso en 1804, ningún deudor podía
ser arrestado durante los últimos seis meses del embarazo de la reina.
Anteriormente, se podía fracasar en los negocios y evitar todo castigo
exhibiendo públicamente la parte más íntima del cuerpo desnudo ante una columna
de la Vicaria . ( Rehfues , Gemälde von
Neapel, I, pág. 203 y sigs., 222.) En Schwytz, el tipo de interés es tan
elevado porque la ley permite al deudor pagar a su acreedor, lo quiera o no,
con artículos de mobiliario doméstico, ropa, etc., cuyo valor se estima muy
elevado. ( Hermann , Staatsw. Untersuchungen, 202.) En Estados
Unidos, debido a las numerosas prórrogas concedidas al deudor por las
leyes "democráticas" introducidas allí, se ha vuelto
bastante habitual otorgar escrituras de garantía completa al prestar capital,
en lugar de una simple hipoteca. De esta manera, el acreedor corre el riesgo,
si le sobreviene una desgracia, de verse obligado a vender su propiedad a una
cuarta parte de su valor.
Véase
el juramento de Heliast en Demóstomo , adv. Timocr., 746. El
sistema romano de créditos en la época de Polibio era mucho mejor que el
cartaginés. Polibio , VI, 56, XXXII, 13.
Sachsenspiegel,
III, 39. J. Grimm , Deutsche Rechtsalterthümer, 612 y
sigs. Dahlmann , Dänische Gesch., II, 245, 339. Hermann ,
Russ. Gesch., III, 357. Sobre la esclavitud por deudas entre los malayos, véase
Ausland, 1845, núm. 157.
Beaujour ,
Tableau du Commere en Grèce, II, 176.
C.
2 X. De Pignor. Una disposición apropiada en un gobierno sacerdotal. Diodoro. ,
I, 79.
Permanencia
del deudor en un lugar hasta satisfacer al acreedor, y otras estipulaciones
degradantes, que, sin embargo, fueron prohibidas por los reglamentos de policía
del Imperio en 1548, art. 17.
Ursprung
des Wechselrechts de Marten , 1797.
Statuta Mediol., 1480, fol. 238 y siguientes. La ley municipal de Florencia
encarcelaba incondicionalmente al padre o abuelo por la deuda del hijo, cuando
este último se dedicaba a actividades industriales con su consentimiento.
(Stat. Flor., I, 201.) En Bolonia, los hermanos de un quebrado que habían
constituido un hogar con él eran considerados responsables de sus deudas.
(Statuti dell' Università de Mercantati della Città di B., 1550, fol. 110.) La
ley de Ginebra excluía de todos los cargos honoríficos al hijo que había dejado
sin pagar las deudas de su padre. Montesquieu , E. des Lois,
XX, 16. La consecuencia fue que, entre las clases altas, ningún acreedor perdió
nada durante siglos. ( KL v. Haller , Restauration der
Staatswissenschaften, VI, 519.) Compárese con la “Reforma de
Nurenberg” de 1479, fol. 61 y 68 de la edición de 1564.
Compárese
la RPO de 1548, art. 22. Y así, por el Code de Commerce, III, 4, I, incluso el
simple quebrado en contraposición al fraudulento es castigado, y toda persona
incapaz de pagar sus deudas es declarada simple quebrado,
quien, entre otras cosas, ha hecho gastos domésticos excesivos o ha perdido
sumas considerables en el juego, etc. Compárese Sully ,
Mémoires, Livre XXVI, quien declara que es su ley más saludable, que los
fraudulentos quebrados deben, como los ladrones, ser castigados con la muerte,
y que todas sus asignaciones, regalos, etc. fraudulentos, deben declararse
nulos. Además, Ordonn. de Louis XIV., sur les Failletes, art. 11; J. de
Wit , Mémoires, 77 y ss.; v. den Heuvel , Sur le
Commerce de la Hollande, 110 y ss. Federico Guillermo I, en 1715, amenazó con
galeras a todos los quebrados insensatos y, en 1723, a todos aquellos que,
conociendo su situación de insolvencia, solicitaran nuevos préstamos. Mylius ,
Corp. Const. Marzo II, 2, 31, 40. Para China, véase Davis ,
The Chinese, I, 247 y ss. Gr. Soden , Nat. Oek., III, 231,
exige que, en caso de duda, se presuma siempre la culpabilidad del quebrado.
En
Inglaterra, solo una décima parte de los quebrados se consideran
inocentes. Elliot , Credit the Life of Commerce, 1845, 50 y
sigs.
La contrainte
par corps de deudores fue abolida en Francia en 1792,
pero restablecida en 1797. Incluso Turgot comentó que desde
que la esclavitud había cesado ya no había temor (?) de que los pobres fueran
oprimidos por el encarcelamiento por deudas. (Sur le Prêt d' argent, § 31.)
Según Droz , la cuestión no es sopesar la
“libertad” frente al “dinero miserable”, sino la privación de
esa libertad a unos pocos y el incumplimiento de las obligaciones contraídas,
es decir, frente a la destrucción de la confianza pública.
Un
desarrollo similar ocurrió entre los griegos:
A.
Esclavitud rigurosa por deudas, que Cipselo moderó en Corinto ( Pausan ,
V. 17, 2) y Solón abolió en Atenas ( Plutarco , Sol.,
15; Demóstomo , de fals. Legat., 412).
B.
La creación imprudente de deudas como se ve en Aristófanes; mientras que fuera
de Atenas la esclavitud por deudas duró todavía mucho tiempo. ( Hermann ,
Griech. Privatalterth., § 57, 20.) En el tiempo de Demóstenes, el comerciante
que se atrasaba en el pago de sus deudas era encarcelado, y el deudor a la
gruesa que privaba a su acreedor de su garantía podía ser castigado con la
muerte, ( Demosth. adv. Pharm., 922, 958), y esto a pesar de
que se introdujo la cessio honorum
. Hermann , § 70, 3.
Compárese con Xenoph. , Vectigg., 3, Demosth. adv.
Apat., 892; adv. Lacrit., y adv. Dionisio. En Corinto, el estado supervisaba
los gastos realizados por los partidos. Esto era parte de su política
crediticia. ( Athænæus , VI, 227.) Para una notable ley rodia
relativa a las deudas, véase Sext. Emp., Hypot. I, 149.
En
Roma:
A.
La característica principal del derecho antiguo en esta materia era la venta
eventual de la persona del deudor al obtener el préstamo ( nexum );
la facultad del acreedor de ejecutar al addictus o
venderlo en el extranjero; y, finalmente, el in
partes secante , en concurso de
acreedores. Sin estas rigurosas disposiciones, el prestatario podría haber
evadido fácilmente sus deudas mediante la emancipación de su hijo y la cesión
de sus bienes. ( Niebuhr , Rom. Gesch., II, 770 y ss.; Savigny en
el Abb. der Berliner Acad., 1833. Zimmern , Gesch. des röm.
Privatrechts, III, 131 y ss.)
B.
Posteriormente, no encontramos nada sobre la ejecución del deudor ni sobre la
venta de su persona; pero podía ser obligado a realizar trabajos forzados para
su acreedor sin protección contra malos tratos. La esclavitud por deudas fue
restringida por la Lex Poetelia ( Niebuhr , III, pág.
178; Mommsen , III, 494). La ley pretoriana introdujo la
costumbre de poner al acreedor en posesión de los bienes del deudor, con
facultad de venta, lo cual le daba mala fama. Véanse varios pasajes en Walter ,
Röm Rechtsgesch, 763 y ss.; Tertull , Apol., 4; Tab. Herac. I,
115 y ss. Posteriormente, la Lex Julia de César permitió al deudor honesto
evitar la prisión mediante la cesión de sus bienes.
C.
La oligarquía adinerada que prevalecía en Roma provocó la adopción de medidas
extremadamente severas contra los deudores morosos. ( Plut. ,
Lucull., 20. Cic. , ad. Att. V. 21, VI.), aunque sus propios
miembros contrajeron deudas de la manera más imprudente. César, en el año 62 d.
C., excluyendo a sus activos ( activen ), adeudaba 25.000.000
de sestercios; Marco Antonio, en el año 24, 6.000.000; en el año 38,
40.000.000; Curión, 60.000.000; Milón, 70.000.000. ( Mommsen ,
Römische Geschichte, III, 486.) Compárese con Gelio , XX, 1,
XV, 14.
Cada
vez que un nuevo comerciante, que vende bienes a crédito mensual, se establece
en un distrito, el número de pobres aumenta invariablemente. ( McCulloch ,
Diccionario Comercial). El crédito ruinoso otorgado por los judíos a los
campesinos westfalianos comienza con una cuenta por los bienes que han logrado
obtener, después de transcurridos cinco o seis años. El judío rara vez demanda
cuentas en los tribunales; pero asedia al deudor y descubre dónde está su
última cabeza de ganado y su último suministro de provisiones. Como está
dispuesto a aceptar todo lo que tenga algún valor, a veces como pago de
atrasos, y a veces como pago de alguna nueva pieza de basura, seguro que al
final obtendrá lo que le corresponde, pero no hasta que su víctima, hundida
cada vez más en el abismo de la deuda con
cada "acomodo", esté completamente arruinada. ( Schmerz ,
Rheinish-Westphäl. LW, 396 y sigs.)
En
los estadios inferior y medio de la civilización encontramos multitud de leyes
que limitan a los menores, estudiantes, etc., pero sobre todo a los
terratenientes, a un mínimo de crédito que, sin embargo, varía mucho según la
persona y está sujeto a una serie de formas embarazosas, como por ejemplo el
consentimiento de una tercera persona, etc. (Compárese Bayerische LO von 1553,
fol. 83). Sin embargo, estas leyes dejan tanto espacio al juego de la
deshonestidad como al de la falta de reflexión.
Español
Sobre las regulaciones municipales ( Städteordnungen )
de los siglos XIV y XV, que obligaban especialmente a los acreedores judíos a
redimir sus evidencias de deuda en un plazo de dos a cinco años, véase Stobbe ,
Juden im Mittelalter, 129. Compárese además con la LO de Würtemberg de 1515,
Statut. Ferrar, ed. 1650, lib. II, rub. 37, 289. Según las demás disposiciones
de las leyes de Norteamérica, algunas cuentas contables debían ser demandadas
en un plazo de seis y otras de diecisiete años. ( Ebeling ,
Gerchichte und Erdberschreibung der v. Staaten, II, 247, 298.) La ley prusiana
del 31 de marzo de 1838 establece un período de prescripción de tres años para
todas las deudas comerciales ordinarias. Una ley similar se aprobó en el Reino
de Sajonia en 1846. En Londres, se ha encontrado un gran número de sombrereros,
sastres, comerciantes de botas y zapatos, etc., cuyos libros mostraban créditos
de más de £4,000, la mayoría de ellos sin superar las £10. ¡Cuánto de todo esto
debe perderse por completo, y cómo esa pérdida debe aumentar las sumas pagadas
por botas, zapatos y sombreros por el pagador puntual! ( McCulloch ,
contra Crédito). Encontramos, incluso en Atenas, que el período de prescripción
se acortó en interés del crédito, y que en el caso de menores, no excedió los
cinco años. ( Demosth. contra Nausim., 989.) Garantía para un
deudor no mayor a un año. ( Demosth. contra Apatur., 901.) La
prohibición de Zaleukos de emitir cualquier evidencia de deuda va mucho más
allá. ( Zenob. , Proverbio V, 4.)
Compárese
con el informe del Dresden Handelskammer, 1864, 11.
A.
Mayer , en Vierteljahrsschrift de Faucher ,
1865, IV, 65.
Aprendemos
de los debates en el parlamento inglés del 9 de febrero de 1827 que, en dos
años y medio, hubo, en Londres y sus alrededores, 70.000 casos de prisión por
deudas, cuyos costos fueron de £150.000 a £200.000. En 1831, había en una
prisión de deudores 1.120 prisioneros, que debían en promedio £2 3s. 2d.
( McCulloch , lc) Hubo, en 1792, un caso de una mujer que, por
una deuda de £19, permaneció en prisión 45 años, y otros similares.
(Véase Archenholtz , Annalen, IX, 87 y siguientes; X, 169 y
siguientes, XIII, 125.) En Inglaterra en 1844, el arresto por sumas inferiores
a £19 estaba prohibido. Johnson ya había propuesto una
disposición similar (Idler, 1758, núms. 22 y 38). El encarcelamiento por deudas
se abolió en Francia, Inglaterra y Austria en 1867; en la Confederación Alemana
del Norte, el 29 de mayo de 1868, pero se mantuvo el arresto por garantía. Sismondi critica
casi todas las leyes en su contexto, porque atacan a la persona del deudor más
que a sus bienes personales, y a sus bienes personales más que a sus inmuebles.
Pretende que todo esto sea justo lo contrario de lo que es. El primero
interfiere con la fuente misma de la riqueza: la fuerza productiva del trabajo;
el segundo provoca que las mercancías se vendan muy por debajo de su valor. Ninguno
de estos males acompaña al último ( N. Principes , I, 250).
Una
ley de la Confederación Alemana del Norte permite la pignoración de salarios
futuros únicamente en el caso de funcionarios públicos y de quienes ocupen
puestos fijos al servicio de particulares, cuyos salarios superen los 400
táleros anuales. El proyecto original exceptuaba únicamente los bienes
necesarios para los trabajadores y sus dependientes directos; mientras que la
ley aprobada generaliza la prohibición. Esto se hizo, sin duda, para comodidad
tanto de los empleadores como de los tribunales; por ejemplo, en el distrito de
Dortmund, hubo, en un año, 10.000 casos de embargo de salarios. (Annalen des ND
Bundes und Zollvereins, 1869, 1071 y sigs.) Pero se podría haber evitado
igualmente la imprudencia de aquellos obreros cuyos salarios están por debajo
de la media, sin arrastrar a aquellos cuyos salarios están por encima de la
media a su nivel, si se hubiera hecho una distinción entre crédito de
producción y crédito de consumo, y se hubiera limitado este último previendo
que no se debería iniciar ninguna demanda por los suministros hechos a bares,
tabernas, etc.
En
el segundo libro de Moisés , 22, 25 y ss., y el quinto, 24, 6.
Una antiquísima ley normanda dispone que en las acciones por deudas, la
ejecución no debe ejecutarse contra los bienes del deudor que le sean
indispensables para mantener su posición, como los caballos de un conde o la
armadura de un caballero. (Dialog. de Scaccario.) La Carta Magna extendió esta
disposición para incluir los aperos agrícolas y el ganado del campesinado. En
el momento en que estas leyes, como consecuencia de un falso principio de
humanidad, exceptúan cualquier cosa que no sea absolutamente necesaria,
perjudican el crédito. Así, por ejemplo, en Brasil, una ley de 1758, que
disponía que nada empleado inmediatamente o directamente necesario para la
producción de azúcar debía ser embargado en la ejecución, causó un gran
perjuicio a la producción azucarera. ( Koster , Travels in B.,
1816, 356 y ss.)
§
2, Cod. De Prec. Imper. Off., I, 19. Las dietas del Imperio habían concedido
dichas cartas en el siglo XIV. ( Wachsmuth , Europ.
Sittengesch., IV, 690.) Por regla general, se concedían solo con el
conocimiento previo del Emperador, según las ordenanzas de policía del Imperio
de 1548, art. 22.
Así
sucedió en Austria, Sajonia, Brunswick y los electorados de Hesse y Baden. En
Prusia, solo podían concederse tras un decreto judicial al efecto; y se
permitía la apelación ante un tribunal superior para revocarla o confirmarla.
Compárese con Mittermaier en el Archiv. für civilist. Praxis,
XVI, y también con P. de la Court , Aanwysing der politike
Gronden en Maximen van Holland, etc., 1669, I, cap. 25. Núremberg obtuvo como
privilegio, en 1495, que ninguna moratoria fuera válida contra
sus ciudadanos. ( Roth , Geschichte des Nürnb. Handels, I,
86.)
Compárense
las discusiones en la Asamblea Nacional Francesa en agosto de 1848. Es mucho
menos desventajoso en tiempos de gran conmoción, cuando todos los negocios se
paralizan, extender el plazo de pago de las letras de cambio, etc. Esta medida
evita una serie de quiebras que el saldo real de las deudas contraídas por una
persona no hace necesarias.
En
la persecución de los judíos en la Edad Media, el llamado Brief-todten (asesinato
de cartas), o la destrucción de títulos, era muy común. En 1188, el gobierno
francés liberó a todos los cruzados del pago de los intereses de sus deudas y
les concedió una prórroga de tres años para saldar el capital. ( Sismondi ,
Hist. des Français, VI, 82.) Se implementaron medidas compulsivas similares
contra los judíos y los usureros en 1223 (Ibid, VI, 539 ss.); y en 1299
(Ordonnances, I, 1331), a petición formal de la nobleza. (Ordonnances, II, 59.)
De nuevo, en 1594, se liberó un tercio de los intereses de todas las deudas
nacionales y privadas. ( Sismondi , XXI, 318.) La moratoria general
de los milaneses por un período de ocho años, introducida en 1251, después de
su guerra con Francia, fue de un carácter esencialmente diferente. ( Sismondi ,
Geschichte der italienischen Republiken, III, 155.) Lo mismo puede decirse
del indulto general concedido por Felipe II en Bélgica.
( Boxhorn , Disquisitt. politicæ, 241 ff.)
La
abolición o condonación de deudas, tan frecuente en las antiguas épocas
revolucionarias, nos recuerda, en muchos sentidos, las crisis que el papel
moneda desencadenó en la época moderna y que generó el Estado. Los antepasados
de Alcibíades e Hipónico sentaron las bases de una inmensa fortuna, en tiempos
de Solón, comprando grandes cantidades de tierras con préstamos de varios
ciudadanos, poco antes de la abolición de las deudas. ( Plutarco ,
Sol., 15.)
Enorme
consumo de cera en las iglesias de la Edad Media. Tan solo en la catedral de
Wittenberg, poco antes de la Reforma, se quemaban anualmente más de 15.000
kilos de velas de cera, etc. Al mismo tiempo, se solía usar miel en lugar de
azúcar. Por lo tanto, la apicultura en aquella época, desde el punto de vista
de la circulación, debía ser mucho más importante que hoy. Así, en los países
católicos, la diferencia en la manifestación externa de la religión provoca que
la importancia relativa del consumo de pescado aumente o disminuya. En 1803, en
Francia había poca demanda de crucifijos de marfil, rosarios, etc. En 1844,
aumentó la demanda de estos objetos y de reclinatorios para el
dormitorio. ( Mohl , Gewerbwissenschafliche Reise, 101.) Para
vender azúcar con éxito en Persia, es necesario saber que en ese país solo se
vende en pequeños trozos con forma de sombrero, que se usan solo como obsequios
semivoluntarios; y que, en ese caso, la costumbre fija el número de trozos.
( Steinhaus , Russlands commercielle etc. Verhh., 151.) En el
Levante, los trabajadores prefieren las barras de hierro pequeñas y de formas
variadas porque les resulta difícil manipular las grandes. Los ingleses lo
tienen mucho mejor presente que los rusos. ( Steinhaus. ) Un
comerciante que envíe madera al sur de Francia debe estar familiarizado con la
forma de las duelas que se usan en la fabricación de barriles allí. Compárese
con Büsch , Geldumlauf, VI, 2, 2.
La
circulación de los bienes comparada con la circulación de la sangre: por Mirabeau ,
Philosophie Rurale, cap. 3. Turgot , Sur la Formation etc. §
69. Canard. , Principes, cap. 6.
Eiselen ,
Volkswirthschaftslehre, 98 y ss. Si en la antigüedad el comercio desempeñaba un
papel mucho menos importante que en la actualidad, era, como dice
Montesquieu , porque todo el mundo comercial era entonces más uniforme
en cuanto a clima y características de sus productos que ahora. (Esprit des
Lois, XXI, 4.)
De
los pasos sucesivos, las gavillas, el maíz, la harina, el pan... la harina
tiene la mayor capacidad de circulación. Y, de hecho, la última operación de
trabajo sobre un gran número de bienes, debido a su consiguiente utilidad más
especializada, se acompaña de una disminución de su capacidad de circulación. A
modo de ejemplo, podemos mencionar la ropa confeccionada en comparación con la
tela. La capacidad de circulación de una mercancía es mucho mayor cuando la
demanda suele aumentar con la oferta, como ocurre con el oro y la plata, pero
no con los libros científicos, los instrumentos de óptica, etc. Muchas
mercancías tienen poca capacidad de circulación, porque nadie desea comprarlas
si no es de primera mano. Véase Menger , Grundsätze, I, 245 y
sigs.
Knies. ,
Die Eisenbahnen und ihre Wirkungen, 1853, 79.
Compárese
con Schmitthenner , I, quien llama la atención, y con razón,
sobre la importancia de los préstamos con hipotecas mobiliarias. Pero Berkeley ,
Querist, n.º 265, señala que un hacendado con unos ingresos anuales de 1000
libras esterlinas puede, «en caso de urgencia», hacer menos bien o
mal que un comerciante con 20 000 libras esterlinas en efectivo.
Una
diferencia muy importante entre Rusia e Inglaterra.
Storch ,
Handbuch, I, 273 y sigs. Existe también una circulación inútil que no está
calculada para promover la división del trabajo, sino para emplear el tiempo o
el capital ociosos, como en el caso de los juegos de azar, la especulación
bursátil, el trigo, etc. Incluso el consumo empobrecedor puede producir rapidez
de circulación, como en Alemania durante los años de guerra de 1812 y 1813. ( F.G.
Schulze , N. Œkonomie, 1856, 667.) Basándose en este hecho, Hume (1752)
sobre el crédito público, Discursos, n.º 8, argumenta a favor de la antigua
opinión de que toda circulación es saludable y debe fomentarse. Boisguillebert ,
Traité des Grains, I, 6, llegó incluso a elogiar la guerra porque aceleraba la
circulación de la riqueza. Sobre la necesidad de una circulación
sin repos , véase ibíd., II, 10. De manera similar ,
Law , Trade and Money, 1705, y Dutos , Réflexions
Politiques sur le Commerce, sobrevaloraron la circulación de la riqueza como
tal. Con respecto al sistema mercantil, véase § 116. Darjes ,
Erste Gründe der Cameralwissenschaft, 1768, 531. E incluso Büsch ,
Geldumlauf, I, 29, 32 y ss., III, 96, quien en otros lugares casi siempre pasa
por alto la producción real y solo ve la circulación del dinero causada por
ella. Así, llama a los pobres cuando reciben ayuda económica y la gastan,
¡miembros útiles de la sociedad! (IV, 32, 39. De manera similar, v.
Struensee , Abhandlungen, 1800, I, 282 y ss., 400 y ss.)
Como
ocurrió, por ejemplo, en Francia en 1577, cuando todo el comercio, y en 1585
toda la industria, fueron declarados de derecho
dominiano . Luis XIV opinaba que el rey era dueño
absoluto de toda la propiedad privada de sacerdotes y del pueblo. (Mémoires
histor. de Louis XIV, II, 121.) Compárese con Duclos ,
Mémoires, I, 14 y ss.
Compárese
con Theod. Cod., V, 9, 1; Just. Cod., X, 19, 8; XI, 47, 21, 23; XI, 50, 51, 52,
55, 58. Cuán pleno estaba el período clásico de los juristas romanos de la idea
de la libertad de competencia, lo vemos en Pablo : L. 22, § 3,
Dig. XIX, 2. Las disposiciones relativas a la
lesio enormis aparecen por primera vez en la época de
Diocleciano. (Just. Cod., IV, 44, 2.)
Benjamin
Franklin afirma que cuanto más libre es la forma de
gobierno, más se manifiesta el pueblo en su verdadera naturaleza. La antigua
Roma, con el temprano desarrollo de su disposición racional, pronto aprendió a
favorecer la libertad de intercambio comercial. Compárese con Mommsen ,
Römische Geschichte, I, passim. Esto fue, sin duda, un elemento de su grandeza,
pero también de los males proletarios que se desarrollaron en ella
tempranamente, y que solo fueron frenados por el crecimiento absoluto del Estado
y el desarrollo de sus intereses económicos durante siglos.
No
debe olvidarse que la competencia tanto sube como baja los precios. Las
expresiones «precio más alto» y «precio más bajo» denotan solo diferentes
aspectos de la misma relación. M. Chevalier opina que nuestra
actual competencia desenfrenada es característica únicamente de un período de
transición prolífico en nuevos inventos, una competencia que pronto será
seguida por la paz. (Cours, II, 450 y ss.)
Ἀγαθὴ
ἔρις: Hesíodo, opp., 10 y sigs.
«Quien
habla de competencia suprime la existencia de un fin común», dice Proudhon ,
aunque añade, al estilo de Bileam , que curar los males de la
competencia con la competencia es tan absurdo como conducir a los hombres a la
libertad con la libertad o cultivar el espíritu con el cultivo del espíritu.
Compárese
con Bastiat , Armonías económicas, cap. 10.
Si
todas las clases estuvieran protegidas de la competencia, ninguna se
beneficiaría de ella, ya que un «privilegio universal» es un absurdo.
Si solo se protege a ciertas clases o individuos, se hace a costa de todos los
demás.
La
pregunta no debería formularse así: “¿Capricho o
imperio?”, sino “¿imperio moral o imperio del derecho?”, Schmoller contra Treitschke en
el Jahrbb de Hildebrand .
Respecto
a los argumentos con los que se defendían las restricciones comerciales de la
Edad Media, véase más adelante. En su mayoría, estaban bien fundamentadas para
la época en que se impulsaron. Una educación juiciosa a menudo se verá obligada
a establecer limitaciones, pero siempre con la intención, por este medio, de
posibilitar una mayor independencia. Así, la corriente comercial puede ser
demasiado débil en un país pobre y escasamente poblado para que la oferta y la
demanda se encuentren y satisfagan siempre y en todas partes. En tales
circunstancias, su concentración artificial en ciertos puntos es uno de los
medios más eficientes para promover la economía de todo el pueblo. La política
de libertad de comercio fue recomendada incluso en el siglo XVII por J.
Child , North y Davenant. W. Roscher ,
Zur Geschichte der englisch. Volkswirthschaftslehre, 65 y ss., 85 y ss., 113 y
ss., 142 y ss. Y antes aún, en Holanda, por Salmasius , De
Usurus, 1638, 583 y de la Court . Compárese con Tübinger
Ztschr., 330 y sigs. Así dice Boisguillebert : Il
n'y avait qu'à laisser faire la Nature et la libertê, qui est le Commissionaire
de cette même Nature . (Factum
de la France, 1707, cap. 5.) Véase, también, Dissertation sur la Nature des
Richesses, cap. VI; Détail de la France, 1697, II, cap. 13; tr. des Grains, II,
8. En su mayor parte dictado por una reacción contra el colbertismo.
Véase
además, Mélon , Essai Politique sur le Commerce, 1734, cap.
2. M. Decker , Essay on the Causes of the Decline of Foreign
Trade, 1744, 31 y ss., 106 y ss. J. Tucker , Essay on the
advantages and neglects that each each other are intended with respect to
Trade, 1750. Forbonnais , Elémens du Commerce, 1754, I,
63. Genovesi , c. I, 17, 3, opina que al menos en caso de
duda, el comercio necesitaba más libertad que protección. Verri ,
en sus Meditazioni, va aún más lejos. Los fisiócrates, con su laissez
aller y laissez
faire, recomiendan la competencia como el mejor
medio para aumentar el ingreso neto de un pueblo. Según Dupont ,
147 y ss., éd. En Daire, el ámbito legislativo se limita a declarar las leyes
de la naturaleza. Su lema es: libertad y
propiedad . Adam Smith exige que el
Estado solo haga tres cosas: asegurar la protección contra estados extranjeros,
la administración de justicia en el país, y el establecimiento y mantenimiento
de ciertas instituciones beneficiosas para toda la comunidad, pero que el interés
privado no podría establecer por falta de medios para cubrir los gastos que
conllevan. (La Riqueza de las Naciones, V, cap. I, 2.) Por lo tanto, exige
(III, cap. 2) la abolición de todo tipo de fidei
commissa , de las regalías sobre las minas (I, cap.
11, 2), de todos los privilegios corporativos y exclusivos, de todos los
deberes de protección, etc. (IV, cap. I y ss.), pero especialmente de la
política colonial hasta entonces en boga. (IV, cap. 8.)
Los
ataques de los socialistas a la libertad de competencia fueron iniciados
por Fichte , Geschlossener Handelsstaat, 126, donde se la
denomina sistema de robo o sistema de expoliación. Pretendía que el Estado se
preocupara más por la industria humana que si los hombres fueran golondrinas.
Véase también Sismondi , N. Principes, passim, quien exige en
todas partes la protección del gobierno para los más débiles. Fourier ,
N. Monde industriel, 396, quien opina que el
monopolio general es siempre un preservativo
del comercio . Bastiat , Harmonies
économiques, cap. 10, ofrece una refutación muy valiosa de estas insensateces.
Recientemente, Rodbertus , Hildebrand's Jahrbücher, 1865, II,
272, opina que el “individualismo social” ha tenido siempre en la
historia la tarea de disolver las sociedades en decadencia, como, por ejemplo,
bajo los Césares.
Quien
quiera vender a otros debe comprarlos. ( Child. , Discurso
sobre el Comercio, 358). De igual manera , Temple , Obras III,
19, y Becher , Discurso Político, 1547. Esta visión parece
haberse convertido en la primera nacional en Holanda. Compárese también Quesnay ,
71 y Mirabeau , Philosophie rurale, 1763, cap. 2.
A
menudo oímos decir: «No se vende nada porque no hay dinero». Pero la
verdadera causa aquí no es, en la mayoría de los casos, la falta de dinero,
sino la falta de otros bienes que puedan servir como contravalor. En épocas
difíciles, por ejemplo, muchos tejedores se considerarían afortunados, incluso
si no pudieran ganar dinero por su tela, si en cambio obtuvieran carne, pan,
madera, materia prima, etc. Si solo faltara dinero, eso podría fácilmente ser
un síntoma tan favorable en el comercio, como cuando no hay suficientes
tiendas, barcos de vapor, etc., para mantener las actividades del país.
Compárese con North , Discourses upon Trade, 1691, 11 y ss.,
pero especialmente con la célebre teoría de los mercados de J. B. Say ,
tratado I, cap. XV.
Véanse
las observaciones de Humboldt sobre cómo, en Hispanoamérica,
la agricultura en las proximidades de las minas aumenta y disminuye con la
riqueza de estas últimas. (N. Espagne, III, 11 y ss.) Véase también Harrington (ob.
1677), Sobre la prerrogativa de un gobierno popular, I, cap. 11; Cantillon ,
Nature du Commerce, 16. Y así Stein , Lehrbuch, 122 y ss.,
señala cómo las grandes empresas producen especialmente para el consumo del
pequeño propietario sin capital y cómo, por tanto, la condición floreciente de
una determina la de la otra.
De
hecho, quienes viven del expolio ajeno, como ladrones, estafadores, etc., solo
se interesan por la prosperidad económica de estos últimos mientras no se ponga
en peligro su expolio. Solo en esta medida se puede afirmar, con el
padre List , que la nobleza de la Edad Media, al obedecer al cálculo
egoísta que condujo a la opresión del campesinado, se dedicó a una especulación
tan desastrosa como la de un fabricante actual que alimentara su máquina de
vapor únicamente con serrín o trozos de papel viejo. Las ciudades de la Edad
Media tenían un interés económico mucho más indudable en la emancipación del
campesinado como clase que la nobleza o el clero.
Ciertamente
existen tales excepciones, incluso si no fuera cierto “que el más piadoso
no puede descansar en paz a menos que sea aceptable para su vecino
impío”. Las naciones que suministran los mismos productos que nosotros
pueden, de hecho, “arruinar nuestro mercado”, así como en casa el
zapatero egoísta puede desear la prosperidad de todos los usuarios de zapatos,
es decir, de todas las demás industrias, pero no la de todos los demás
productores de zapatos. La opinión que prevaleció durante mucho tiempo, de que
la ganancia de un hombre era siempre la pérdida de otro ( Th. Morus ,
Utopia 79, ed. Colon. 1555; Baco. , Sermones fideles, cap.
15; quid-quid alicubi adiicitur, alibi detrahitur ; M.
Montaigne, Essais I, 21: les
prouficit de l'un est le dommage de l'autre )
prevaleció durante mucho más tiempo en los asuntos internacionales donde la
observación es mucho más difícil que en los asuntos nacionales; aunque incluso
aquí, P. de la Court , Maximes politiques, 1658, contrasta el
interés económico de Holanda con el del resto de los Países Bajos y lo prefiere
al suyo. Incluso Voltaire dice: “El deseo de la grandeza
de la patria incluye el deseo del mal a nuestro vecino. Evidentemente ningún
país puede ganar excepto lo que otro pierde.” (Dict. philosophique, v.
Patrie.) Compárese, sin embargo, el peut-être en
su Histoire de la Russie, I, 1, con motivo del tratado de comercio anglo-ruso.
Del mismo modo, Galiani , Della Moneta, I, 1, IV, 1; Verri ,
Opuscoli, 335, y recientemente v. Cancrin , quien dice
que “en la vida cotidiana, la propiedad se adquiere solo a expensas de
otra persona”. (Weltreichthum, 1821, 119. Oekonomie der menschl.
Gesellschaft, 1845, 23.) La visión cosmopolita ( Xenoph. ,
Cyrop., III, 2, 17. Hier., 10) que prevalece en la escuela de Adam Smith fue
introducida por Hume , Ensayos, 1752, Sobre los celos del
comercio. Quesnay , Encyclopédie, v. Grains, 294, ed.
Daire; A. Smith , Teoría de los sentimientos morales, 1759,
pág. 6, sec. 2, cap. 2. Pinto , Lettre sur la Jalousie de
Commerce, 1771, y J. Tucker , Cuatro tratados sobre temas
comerciales y políticos, 1776, 34 y ss. y 42 y ss. “El sistema de estados
no ejerce ninguna influencia sobre el comercio mundial.” ( Lotz ,
Handbuch I, 11.) Más recientemente, R. CobdenEn su Rusia,
Edimburgo, 1836, entre otros, argumentó que la conquista de Turquía por los
rusos sería útil para Inglaterra, porque entonces probablemente se venderían allí
más (?) productos ingleses. Rusia no se fortalecería por ello, ya que las
conquistas siempre perjudican más al conquistador que lo benefician. La idea
del equilibrio europeo es, por lo tanto, una quimera, porque no se puede
impedir que ningún estado tenga un crecimiento interno, por grande que sea.
Así, en el verano de 1853, oímos al London Times predicar a veces que cada
cañonazo disparado por los ingleses contra los rusos podría matar a un deudor o
cliente inglés. Los venecianos mantuvieron una opinión similar a principios del
siglo XV. Compárese con M. Sanudo en Muratori ,
Scriptores, XXII, 950 y sigs. Véase supra, § 12 .
Además,
Malthus había reconocido que existían rivalidades naturales entre las naciones
que producían excepciones a las leyes de Tucker. (Principios, Prefacio). De
manera similar, Garve , en Pflichten de Cicerón (1783), III,
146 y siguientes.
B.
Franklin , Obras, vol. III, 49. Sismondi reclama
para todas las naciones civilizadas el derecho a interferir con los gobiernos
de otras naciones con las que tienen o podrían tener relaciones comerciales, y
a insistir en que tengan un buen gobierno bajo el cual el comercio pueda
desarrollarse libremente. (NP VII, cap. 4.)
Como,
por ejemplo, cuando el amigo de los
hombres dice que sentía por un inglés o un alemán lo
mismo que por un francés al que no conocía. Mirabeau ,
Filosofía rural, cap. 6.
Así,
por ejemplo, el estoico Zenón: Plutarco. De Alex, fort, 1, 6.
Compárese
incluso Lauderdale , Inquiry, 274 y siguientes.
Qué
bien, por ejemplo, resistieron los ingleses el bloqueo continental de Napoleón,
cuyos males se vieron agravados por varias malas cosechas. Su peor momento no
coincidió, de hecho, con el de la lucha con Estados Unidos. Los antiguos
atenienses, durante su contienda con Filipo de Macedonia, consideraban la
cuestión del suministro del Bósforo, etc., una cuestión de vida o muerte. Pero
esto solo puede considerarse una prueba contundente del escaso desarrollo que
habían alcanzado sus talentos comerciales en aquel entonces. ¡Con qué
facilidad, según nuestras ideas, habrían obtenido grano de Sicilia o Egipto!
Según
el agudo análisis del lenguaje realizado por F. J. Neumann ,
Tübinger Ztschr., 1872, 317 y sigs., la palabra «precio» hace
referencia a una compra o venta real, mientras que la expresión «valor de
cambio», generalmente llamada simplemente valor, se basa en una valoración
o insinúa de manera general que un objeto posee valor; el valor de cambio es,
por así decirlo, el promedio de varias determinaciones de precio. El precio,
según Schäffle , es la consecuencia externa del valor de
cambio, un medio para representar este último. (N. Œk., III, Aufl., I, 218.)
Solo a través de la diferencia entre el valor de cambio (posibilidad universal)
y el precio (realidad especial) es posible la laesio
enormis de los juristas. ( Schmitthenner ,
Staatswissenschen, I, 416.)
Por
precio de mercado, prix courant ,
se entiende el precio monetario de las mercancías, determinado por la
competencia.
Un
problema muy similar al del movimiento de los cuerpos en el espacio.
Lotz ,
Handbuch, 50 y sigs., llama mercancías costosas a aquellas que se obtienen sólo
con un alto coste de producción, y caras a aquellas cuyo precio está por encima
del coste de producción.
Compárese
con Canard , Principes d'Economie politique, cap. 3. Casi
simultáneamente, H. Thornton , 1802, Paper-Credit of Great
Britain.
Véase Jackson's Account
of Morocco, 284, para casos en los que, en el Sahara, cuando los vientos
abrasadores del desierto habían secado el agua de las botellas de cuero de la
caravana, un vaso de agua costaba entre 10 y 500 dólares.
Los
aborígenes norteamericanos consienten muy frecuentemente, en sus intercambios,
en aceptar cualquier oferta que les hagan sus iguales, por insuficiente que
sea, por temor a la venganza. Schoolcraft , Information, etc.,
II, 178. En cuanto a los efectos de la astucia, los tungusi, cuando reciben una
copa de brandy de los rusos, se vuelven casi idiotas y regalan sus bienes a
precios ficticios en bebida. ( v. Wrangell , Nachrichten, I,
233.) En las etapas superiores de la civilización, por otro lado, las personas
muy distinguidas no son, de ninguna manera, privilegiadas debido a su posición
en la lucha por los precios. En los tiempos modernos, las reclamaciones ( reclaman )
han tomado el lugar de un mayor poder físico o político. Compárese con E.
Hermann , Leitfaden der Wirthschaftslehre 1870, 91 y sigs.
Así
, Galiani afirma que antes de que una de las dos partes
exprese su deseo de comprar o vender, la balanza se equilibra. El primero que
habla sopla sobre uno de ellos, y este cae. (Diálogo sobre el Comercio de
Bleds, 1770, n.º 6). Esto se ha verificado de forma sorprendente en California,
donde los productos más valiosos se compraban a menudo en subastas a precios
muy bajos, mientras que, al adquirirlos a comerciantes e incluso a los tenderos
más desfavorecidos, se vendían a precios exorbitantes. ( Gerstäcker ,
en Allg. Zeitg., mayo de 1850.) Así, en Francia se cosecharon en 1817
48.000.000 de hectolitros de trigo, valorados en 2.046.000.000 de francos, y en
1820 44.500.000 de hectolitros, valorados en 895.000.000 de francos. ( Cordier. )
Esta enorme diferencia de precio existía porque en 1817 el mundo entero
temblaba aún por la impresión causada por el fracaso de las cosechas de 1816,
mientras que en 1820 aún prevalecía el sentimiento de comodidad y seguridad
causado por el rico año de 1819. Precios bajos en ventas forzadas por decreto,
etc. Véase más adelante, § 5. El hecho de que los viajeros sean tan
frecuentemente aprovechados para efectuar cambios de moneda se explica en parte
por sus necesidades urgentes, bien conocidas por la otra parte, y en parte por
su supuesta ignorancia en la materia. Por lo tanto, en las subastas, pujar
mejor que el otro resulta muy atractivo para los compradores ignorantes o
impulsivos.
Sus
contemporáneos lo consideraron inmoral cuando Guillermo el Conquistador
introdujo la costumbre de arrendar las granjas al mejor postor. ( A.
Thierry , Conquête de l'Angleterre, II, 116, ed. Bruxelles). A las
mentes poéticas y delicadas les repugna pensar que todo tiene un precio
exactamente fijado. (§ 2.) Basta con referirme al cuadro de Helena que Zeuxis
exhibió por dinero, acto que sus contemporáneos caracterizaron como una especie
de prostitución. Val. Mac , III, 7. Ælian ,
V, 4, IV, 12. El juicio de Sócrates sobre el pago de los
sofistas. Xenoph. , Memor., I, 6, 13.
La
competencia solo tiene una influencia negativa sobre los precios, en la medida
en que modifica el funcionamiento extremo de los demás factores que los
determinan. Thornton , Paper Credit. Lotz ,
Revisión, 1811, I, 74 y ss., 241 y ss.
La
expresión, “intensidad de la demanda”, en Malthus ,
Principios, cap. 2, sec. 2. Ya un escritor como Sir J. Stewart llama
la atención sobre la diferencia entre una demanda grande y alta, y pequeña y
baja. Una demanda alta siempre elevará el precio, como cuando, por ejemplo, dos
virtuosos adinerados compiten en una subasta. Paucorum
furore pretiosa , como dice Séneca. Un
penique inglés de la época de Enrique VII, una vez se vendió, en tal ocasión,
por £600. En 1868, en la subasta de Lafitte, siete botellas de vino se
vendieron a Rothschild a 235 francos cada una después de que la Maison
dorée había ofrecido 233. (N. freie Presse, 17 de
diciembre de 1868). Una gran demanda con frecuencia no tiene otro resultado que
aumentar la oferta, y el precio sube solo en la medida en que la demanda es
demasiado repentina para permitir un crecimiento paralelo de la oferta.
(Principios, Libro II, cap. 2, 10.) El precio actual del té no podría
permanecer inalterado si diez comerciantes privados diferentes, compitiendo
entre sí, o el agente de una sociedad comercial privilegiada, enviaran pedidos
a China de una cantidad igual de té. ( Verri , Meditazioni,
IV, 8 y sigs.)
Se
le atribuyó un peso inmenso a la æqualitas
permutationis (según Aristóteles , Eth.
Nicom., V. 7) en la ética y la economía de la Edad Media escolástica y en la
época de la Reforma. Compárese con Melanchton , en Corp. Ref.,
XVI, 495 y ss., XXII, 230.
Una
teoría muy bárbara del precio en Xenoph. , De Vectigg., 4. Los
antiguos hicieron poco progreso al respecto, aunque no faltan observaciones
ingeniosas sobre ciertos fenómenos de los precios. (Véase Aristot. ,
(?) Oecon. II; Cicero , De Off. III, 12 ss.) Mariana ,
De Rege et Regis Institutione, 1598, III, explica el precio como la relación
del valor con la cantidad. Según Locke , el precio de una cosa
está determinado por la relación
entre “cantidad” y “venta” : el aumento o disminución de
sus cualidades útiles lo influye solo en la medida en que altera esa relación.
(Consideraciones sobre las consecuencias de la disminución del interés, etc.,
1691, Obras II, 20 ss.) Law , por el contrario, dice que
el “venta” nunca puede ser mayor que la “cantidad”, pero
que la “demanda” puede serlo. Por lo tanto, propone la fórmula:
cantidad en proporción a la demanda. (Trade and Commerce considered, 1705, cap.
1). En el cap. 6, Law distingue tres elementos en el precio:
calidad, cantidad y demanda. La expresión «cantidad» es, sin duda,
muy insatisfactoria. ¡Cuántos ejemplos no da Tooke (Thoughts
and Details, on the high and low Prices of the last thirteen Years, 1823, parte
IV) para ilustrar cómo, cuando la oferta era mínima, los precios eran los más
bajos y viceversa ! Esto ocurría casi siempre después de que
el mercado se saturara, cuando muchos especuladores habían perdido y nadie se
atrevía a comprar de nuevo. Montanari (nacido en 1687) nos
proporciona una excelente teoría de los precios. (Della Moneta, 64 y sigs.,
Custodi). Y una aún mejor, Sam. Pufendorf , Jus Naturæ et
Gentium, 1672, V. 1, quien debe considerarse la máxima autoridad en las leyes
de los precios antes de Stewart . Boisguillebert ,
Traité des Grains, II, 1, 10. Galiani , Della Moneta, I, 2,
solo conoce los factores utilidad y rareza ,
aunque en su exposición de esta última, aborda muchos puntos que hoy en día se
denominarían coste de producción. La sabiduría de la Providencia nos ha
concedido las cosas más útiles en mayor abundancia para abaratarlas. Stewart ,
Principles II, 2, 4, prestó un gran servicio a la teoría de los precios,
relacionando la oferta con el coste de producción, la demanda con la necesidad
y la capacidad de pago; y merece ser considerado el predecesor inmediato de
la notable teoría de Hermann . ( Hermann , Staatsw.
Untersuchungen, 66 y ss.) Para una teoría peculiar de los precios, véase Paganini ,
Saggio sopra il justo Pregio delle Cose, 189 y sigs. Neri ,
Osservazioni, 1751, 127. Gust. Menger , Grundsätze, I, 179 y
sigs., ha hecho un interesante intento de explicar la formación de los precios
en su forma más simple, suponiendo un monopolio en el vendedor, y pasando luego
a las modificaciones posteriores introducidas por la competencia de muchos
vendedores.
En
lugar de separar, en un mismo asunto, los puntos de vista del comprador y del
vendedor, podemos distinguir la contraprestación de la cosa a adquirir y la
cosa a dar por una misma persona. ( Rau. ) El poseedor
del bien más corriente aparece especialmente como demandante, mientras que el
del menos corriente aparece como oferente o suministrador ( v.
Mangoldt. ).
Esto
es para bienes gratuitos=0, para bienes monopolizados=1/0.
El
hecho evidente de que todo precio supone la comparación de dos mercancías, y
que todo comprador es, al mismo tiempo, vendedor, ha sido pasado por alto por
demasiados autores. De ahí la opinión de Dutot de que, como
todos compran y pocos venden, el Estado, en caso de duda, debería favorecer al
comprador. (Réflexions sur le Commerce et les Finances, 1738, 962, ed. Daire).
De ahí la cuestión, a menudo debatida, de si es más útil la carestía o la baratura:
esta última defendida, por ejemplo, por Herbert , Police
générale des Grains, 1755; Verri , Meditazioni, V; la primera
por Boisguillebert , Traité des Grains, I, 7, II, 9; y por los
Fisiócrates. ( Quesnay , Maximes générales, Nr. 18 ff., I,
Problème Économique; también por A. Young , Polit.
Arithmetics, cap. 8.) Los profanos en Economía Política entienden por carestía
sólo la baratura general del medio de circulación o intercambio, y viceversa .
Así,
incluso un pobre napolitano necesita a veces un vaso de agua helada. La
introducción del uso extensivo de la nieve en Sicilia mejoró la salud pública.
( Rehfues , Gemälde von Neapel, I, 37 y ss.) Por otro lado,
las pieles, en el extremo norte, son artículos de primera necesidad. Los
periódicos en un país libre satisfacen una necesidad mucho más urgente que en
países que no lo son. Así, Senior afirma que los zapatos
son «necesarios» para todos los ingleses, ya que sin ellos, su salud
se resentiría. Para las clases bajas de Escocia son «lujos». La
costumbre les permite andar descalzos sin dificultad ni degradación. Para la
clase media del mismo país, son «decencias». Allí se usan zapatos, no
para proteger los pies, sino para mostrar una actitud cívica. En Turquía, el
tabaco es una decencia y el vino un lujo. En Inglaterra ocurre lo contrario.
(Outlines, 36 y ss.)
En
cuanto a la relatividad de los opuestos
de “templanza” y “exceso”, cada persona debe atender a los
siguientes puntos: a, no exceder los ingresos propios; b, proveer para uno
mismo y su familia; c, guardar algo para un día lluvioso; d, colocarse en
posición de cuidar a los pobres; e, no entregarse a ningún placer perjudicial
para el cuerpo o la mente; f, no dar mal ejemplo. ( Tucker ,
Two Sermons, 29 y sigs.) Menger , Grundsätze, I, 92 y sigs.,
intenta comparar el valor en uso de diferentes bienes desde el punto de vista
de que los medios de gratificación de una necesidad menos urgente, cuando las
necesidades más urgentes del presente están satisfechas por completo, deben
preferirse a los medios de gratificar en exceso estas últimas.
Así,
el precio de muchas prendas oscuras sube en un momento de inesperado duelo
universal. Un caso muy notable ocurrió en París, a la muerte de Enrique II.
( Montanari , Delia Moneta, 85, Custodi.) Por otro lado, un
cambio de moda puede deprimir considerablemente el precio de muchos productos.
Tal cambio puede ocurrir incluso en el caso de las piedras preciosas; por
ejemplo, ahora en Londres, una esmeralda perfecta es sumamente apreciada.
( King , Precious Stones and Metals, 1871.) El aumento de
muchos medicamentos en tiempos de cólera, y de las sanguijuelas, por ejemplo,
en París, fue del 600 por ciento. El aumento del precio de la pólvora, los
caballos, etc., al estallar una guerra, y del precio del hierro causado por la
extensa construcción de ferrocarriles. En Circasia, una buena cota de malla
valía antiguamente entre 10 y 200 bueyes: pero desde que se descubrió que no
servía de protección contra las balas de cañón, su precio cayó un 50 por
ciento. ( Bell , Diario de una residencia en Circasia, I,
403.)
Sobre
los bienes “conexos” ( connexen ),
cuyo uso supone el uso del otro, como por ejemplo el azúcar y el café, la
madera y la piedra utilizadas en la construcción de edificios, véase Schäffle ,
Nat.-Oek, II. Aufl., 179.
Observado
por Necker , Sur la Législation et le Commerce des Grains,
1776. Compárese con Roscher , Ueber Kornhandel und
Theuerungspolitik, 1853, 1 y ss. En Atenas, por ejemplo, el medimnos del
trigo costaba habitualmente cinco dracmas, pero durante el asedio de Sila subió
a 1000 dracmas. ( Demóstomo contra Forma, 918. Plutarco ,
Sila, 13.) Compárese con II Reyes, 6, 25, 7, 1. En París, durante el asedio de
Enrique IV, subió al 5000 por ciento del precio ordinario. ( Lauderdale ,
Inquiry, 60 ss.) Durante el asedio de Breisach, en 1638, un ratón llegó a valer
1 florín, el cuarto de perro, 7 florines, un cuarto de trigo, 80 táleros.
( Röse , Leben H. Bernhards, M., 11, 269.) Compárese con Estrabón ,
V, 248 ss.
El
trigo sigue siendo más indispensable que la carne. Por ello, en los diez
principales mercados de Prusia, el precio del centeno subió mucho más entre
1811 y 1860 que el de la carne de vacuno; el primero, entre 0,32 y 1,03
groschens de plata, y el segundo, entre 2,32 y 4,94 groschens de plata.
(Annalen der preussischen Landwirthschaft, 1869, n.º 9). Así, en la región del
Rin, las cosechas de vino han experimentado variaciones de precio mucho mayores
que las del mosto, aunque la calidad del producto ha variado considerablemente
según los años. Así, la cosecha de 1830 fue de tan solo 225 piezas, la de 1868,
de 10 845, y, sin embargo, el precio mínimo entre 1831 y 1865 fue de tan
solo 3 a 58 florines por pieza. ( Engel , Preuss. Statist.,
Ztschr., 1871, 168 y sigs.)
En
Inglaterra, el precio del trigo ha subido con frecuencia del 100 al 200 por
ciento cuando la cosecha era entre un sexto y un tercio inferior a la media, y
cuando la oferta extranjera había modificado incluso esta situación. ( Tooke ,
Historia de los Precios, I, 10 y siguientes). Tooke opina que
en un país con leyes de pobres como las de Inglaterra, un déficit de un tercio
en la cosecha de trigo, si no hubiera provisiones ni importaciones extranjeras,
haría subir el precio del trigo un 500, un 600 e incluso un 1000 por ciento
(pág. 15).
Véase Davenant ,
Political and Commercial Works, Londres, 1771, II, 224. Tooke conocía a
Davenant. Según esta ley, un déficit del 10 % en la cosecha elevaría el precio
del maíz un 30 %; uno del 20 % lo elevaría un 80 %; uno del 30 % lo elevaría un
160 %; uno del 40 % lo elevaría un 280 %; y uno del 50 % lo elevaría un 450 %.
En
Inglaterra, el 38,8 por ciento de la oferta llega al mercado (Quart. Review,
XXXVI, 425). En Bélgica, el 40 por ciento, y en Sajonia, al menos el 50 por
ciento ( Engel , Jahrb. der Statistik etc. von Sachsen, I,
276). En Alemania, los agricultores se autoconsumen, en promedio, dos tercios
( v. Viebahn , Zoll.-v-Statist., II, 958). Platón ,
De Legg., VIII, coincide notablemente con esto.
Sobre
la diferencia a este respecto entre Inglaterra, Alemania y el noroeste de
Noruega, véase Hermann , pág. 71.
Por
lo tanto, no es raro que el grano se encarezca no por una escasez real, sino
porque generalmente se supone que dicha escasez existe. Para una explicación de
por qué el trigo y productos similares tienen un precio casi invariable, cuando
se toma el promedio de una larga serie de años, véase infra § 129 .
Caso
en Nápoles: tras una mala cosecha, el precio del maíz se mantuvo muy bajo, ya
que la cosecha de aceite también había fracasado, y los pobres no podían ganar
nada en la industria en la que estaban mayormente empleados, y viceversa .
( Galliani , Della Moneta, II, 2.) Así, Adam Smith ,
en La riqueza de las naciones, I, cap. 7, distingue
entre demanda efectiva y absoluta . De igual manera, J.
Steuart , Principios I, cap. 18. En este sentido, conviene distinguir
cuidadosamente entre deseo y demanda.
Así
ocurrió durante la hambruna que sufrió Irlanda en 1821, durante la cual las
patatas subieron hasta alcanzar precios fabulosos, pero el trigo apenas subió,
y por lo tanto hubo que exportarlo.
En Tooke ,
Historia de los Precios (2.ª edición de Pensamientos y Detalles, etc.),
encontramos repetidamente la afirmación de que cuando el precio del trigo sube,
el precio de los productos coloniales y manufacturados baja, y viceversa .
Así, en Inglaterra, el precio de las evidencias de la deuda nacional aumenta
entre un 2 % y un 3 % en años fructíferos, por encima de lo que es después de
una mala cosecha. ( Lauderdale , Investigación, 93). La nación
británica pagó por el algodón que necesitaba para su propio consumo en 1845 más
de 19.500.000 libras esterlinas; en 1847, solo 9.500.000 libras esterlinas.
( Banfield , Organización de la Industria, 162).
Por
lo tanto, J. B. Say afirmó que la riqueza disponible de un
pueblo es como una pirámide, con la escala de precios de los diversos productos
inscrita en su lateral. Cuanto más alto se encuentra un producto en esta escala
de precios, menor es la sección correspondiente de la pirámide. Compárese
con Sir W. Temple , Ensayo sobre el origen y la naturaleza del
gobierno, Obras I, 23 y siguientes.
Este
hecho, en conexión con el precedente, explica el conocido enigma de por qué el
remanente de una pieza de bienes es comparativamente más barato que la pieza
entera, mientras que una pequeña parte de la deuda pública es más cara que una
grande. ( Lauderdale , cap. 1.)
Se
dice que Rhode Island fue comprada a los indios en 1638 a cambio de unas gafas
( B. Franklin , Political... Pieces, 1707). Según Chalmers ,
se compró por 50 hilos de coral, 12 hachas y 12 abrigos (Political Annals of
the U. States). Compárese con Ebeling , II, 108. Durante mucho
tiempo, las telas holandesas y el opio se intercambiaron en Sumatra por oro en
polvo diez veces superior a su valor ( Saalfeld , Geschichte
des holl. Kolonialwesens, I, 260). Se dice que la Compañía de la Bahía de
Hudson obtuvo, a principios de este siglo, un beneficio del 2000 % en sus
intercambios con los indios. ( Anderson , Origen del Comercio,
a. 1751.) Cuando se descubrió Altái, los nativos dieron tantas pieles de marta
cibelina como cabían en una tetera o caldera rusa. Con 10 rublos en hierro era
fácil ganar entre 500 y 660 rublos. Storch , Gemälde des
russ., R., II, 16; K. Ritter , Erdkunde, II, 557. Casos
similares entre los alemanes: Tácito , Germ., 5.
Un
vendedor que no se dedica realmente al negocio de la venta para ganarse la
vida, y que no ha comprado ni producido con la intención de vender, es propenso
a considerar en cambio el precio de mercado, para cuya determinación han
cooperado los que realmente se dedican al comercio. De manera algo
imprecisa, Adam Smith y Ricardo llaman al
importe del coste de producción “precio natural”, J. B. Say
lo llama prix naturel o
también prix originaire ,
porque la mercancía en su primera entrada al mundo costó mucho. Sismondi y Storch lo
llaman prix nécessaire ,
y Lotz, Kostenpreis. P. Cantillon , Nature de Commerce, 33 y
sigs., entiende por prix intrinsique de
una mercancía la cantidad de tierra y mano de obra, tomando también en
consideración la calidad de ambas, necesarias para su producción.
El
hilo de algodón más barato se numera del 60 al 80. El más grueso es más caro
por la cantidad de materia prima que contiene, y el más fino por la mayor
cantidad de mano de obra que requiere. ( Babbage. ) Por
razones similares, las cadenas venecianas cuestan por braccio :
el n.° 0, el más fino, 60 francos; el n.° 1, 40 francos; los n.° 2 y 3, 20
francos; el n.° 24, el más grueso, 60 francos. ( Rau. )
Si
una persona empleada en la producción ha proporcionado él mismo algunos de los
elementos de producción; si, por ejemplo, ha trabajado con sus propias manos,
empleado su propio capital, etc., suele cobrar por ellos tanto como valdrían si
se alquilara o prestara su capital.
La
mayoría de los economistas políticos consideran el coste de producción
únicamente desde la perspectiva del individuo involucrado en la producción.
Así, Darjes , Erste Gründe, 218 y ss.; Ad. Smith ,
La riqueza de las naciones, I, cap. 6. J. B. Say denomina
producción uniforme a un intercambio en el que se desprenden los servicios
productivos de las fuerzas naturales, del trabajo y del capital para obtener
productos. La estimación del valor de estos servicios es el coste de
producción. Para algunos ejemplos interesantes sobre cómo se calcula el coste
de producción en este sentido, véase Hermann , I ed., 136 y
ss.
Jacob traducido
por Say , 1807, II, 450. Hufeland , N.
Grundelgung, I, 309.
Compárese
con L. Lauderdale , Investigación, 124, contra los
Fisiócrates. ( Riedel , Economía Nacional, 1838, I, 68). Un
país con ventajas sobre otros en cuanto al coste de producción de un producto
puede ofrecerlo en el mercado al precio más bajo. Por ejemplo, si se emplea la
misma cantidad de capital y se puede producir una gran cantidad de trigo, ya
sea por la fertilidad excepcional del suelo o por la extensión de
la agricultura (cultivo en una gran superficie), el trigo, al ser la misma
demanda, será especialmente barato, independientemente de la proporción de las
tres ramas de ingresos. Si se ha empleado un número relativamente elevado de
trabajadores en su cultivo, cada uno recibirá un salario menor, y viceversa .
El
grabado en cobre y acero ofrece un ejemplo de los diferentes tipos de desgaste
del capital fijo y su influencia en los precios. Canard , en
sus Principios, cap. IV, considera que uno de los elementos más importantes del
coste de producción es el tiempo que el capital debe estancarse para
la producción.
De
este riesgo depende, por ejemplo, el alto precio de la vainilla ( Humboldt ,
N. Espagne, IV, 10), de los vinos espumosos y de los artículos de moda.
Mangoldt ,
Lehre vom Unternehmergewinn, 1855, 81 y sigs. Compárese con Thünen ,
Der isolirte Staat, II, 1, 80 y sigs.
Lana
y cordero, aguardiente y ganado cebado, terneros y leche, miel y cera, gas y
coca cola, gallinas y huevos, etc.
El
propio Adam Smith señaló que cualquier
reducción artificial del precio de las pieles o la lana necesariamente eleva el
precio de la carne, y viceversa . (La riqueza de las naciones,
I, cap. 11, 3.) Para una teoría muy elaborada sobre este tema, véase J.
S. Mill , Principios, III, cap. 16, § 1. Así, el precio de la lana
australiana no subió tanto como la producción de oro nos habría hecho suponer,
debido a que el precio del cordero se disparó.
Una
observación importante y correcta de Carey es que el precio de
una mercancía depende mucho más del coste de producción de su similar que de su
propio coste de producción, que ya pertenece al pasado.
Compárese
con JS Mill , III, cap. 3, § 1. Un precio demasiado alto,
causado por la especulación, o uno demasiado bajo, debido a la depreciación,
suele ir seguido de un reflujo o flujo igualmente excesivo. ( Tooke ,
Historia de los Precios, III, 55). Y Law , Trade and Money,
41, señala que el precio de una mercancía siempre tiende a coincidir con
el «costo inicial». Adam Smith expresa este hecho al
afirmar que el costo de producción es el centro en torno al cual siempre
gravita el precio de mercado. (I, cap. 7). Pero aquí persiste el error de que
la ganancia del productor es una parte del costo de producción. Compárese
con Malthus , Definiciones, cap. 6.
Español
La visión inglesa, muy característica del pueblo, es que el equilibrio de los
precios depende de esto, de que todas las mercancías deben tener un valor igual
al del trabajo que han costado. (Compárese con Aristot. , Eth.
Nicom., V, 5.) La misma doctrina se puede encontrar en su estado germinal
en Hobbes , Leviathan, 24, 1651, y Rice Vaughan ,
Discourse of Coin and Coinage, 1675. Más exhaustivamente en Petty ,
Treatise of Taxes and Contributions, 1679, 24, 31, 67. (Compárese con Locke ,
Civil government, II, § 40 ff.; B. Franklin , Inquiry into the
Nature and Necessity of a paper Currency, 1729; Works, ed. Sparks, vol.
II.) Adam Smith admite que esto es cierto solo en los primeros
comienzos de la sociedad, antes del origen de la propiedad en la tierra y en el
capital. (La riqueza de las naciones, I, cap. 5.) Desarrollado con mayor
amplitud en Ricardo , Principios, cap. I, 4, 30. Marx ,
Zur Kritik der polit. Œkonomie, 1859, 6, intenta mejorar esto llamando a todos
los valores en el intercambio “una cantidad determinada de tiempo de
trabajo espeso cuajado”, es decir, por trabajo un trabajo social de
producción qualitätslose promediado
. Por contra , compárese Hufeland , N.
Grundlegung, I, 134, 156 y sigs.; y Malthus , Principios, cap.
2, secs. 2, 3, quien afirma muy seriamente que el precio no está determinado
por el coste de producción, sino por la relación existente entre la demanda y
la oferta, influyéndolo el coste de producción solo en la medida en que influye
en esta relación. Llama la atención sobre las tasas bajas por las cuales el
costo de producción del trabajo se eleva, pero sus salarios disminuyen; también
sobre el caso de los billetes de banco, etc. ( Tooke , History
of Prices, V, 49 y sigs.; JS Mill , Principles, III, cap. 16,
2.) Para un caso muy marcado de reacción contra Adam Smith y Ricardo,
véase Macleod , Elements, cap. 2, quien, sin embargo, es
demasiado parcial al considerar solo la cantidad necesaria para el comprador y
sus medios. Incluso Condillac había dicho: une
chose n'a pas une valeur, parcequ'elle coûte, mais elle coûte (du travail ou de
l'argent), parcequ'elle a une valeur .
(Commerce et Gouvernement, 16.) La doctrina de Ricardo es más
defendible de lo que parece a primera vista. Basta con entrelazar su teoría de
la renta, admitir que el capital es trabajo acumulado, restar todos los objetos
que constituyen un monopolio natural y no olvidar que el valor intrínseco del
trabajo es una de las causas de la diferencia de precio entre los distintos
tipos de trabajo. Ricardo hace justicia al valor de uso
incluso en passant.Un
extraño intento de McCulloch por convertir el trabajo en la
causa de la no utilización del capital. (Principios, III, cap. 6, 2.) McCulloch ha
exagerado con frecuencia las verdades a medias de sus doctrinas hasta tal punto
que ha producido, sin quererlo, un reductio
ad absurdum . Según Torrens , antes de
cualquier separación entre capitalistas y trabajadores, el precio depende
enteramente del trabajo realizado y, posteriormente, del capital invertido, ya
que los salarios, la renta, etc., están cubiertos por el capital de quien
participa en la empresa. (Producción de la Riqueza, cap. 1.)
Español
Ce que l'on appelle chereté, c'est l' unique remède à la chereté. ( Dupont
de Nemours. ) Las ofertas de división en común, en Inglaterra,
aumentan y disminuyen según el precio más alto o más bajo del grano durante el
año anterior. ( Tooke , Thoughts and Details, III, 105 y
siguientes). La hambruna del algodón después de 1861 aumentó el precio del hilo
de lino en un corto período de cincuenta por ciento, aunque la materia prima
del lino no subió de precio, sino solo porque no se tuvo cuidado de aumentar el
número de hilanderos de lino. ( Ausland , I, 1865.) Sin
embargo, en 1864, había 490.000 husos para máquinas de lino en curso de
construcción. (Informe de la Cámara de Comercio de Chemnitz, 1864, 101.)
Por
ejemplo, gracias al descubrimiento de nuevas fuerzas naturales, la invención de
máquinas, la mejor división del trabajo, la mejora de las carreteras, etc. En
Francia, como consecuencia del avance técnico, el precio del quintal de salitre
bajó de 100 a 9 francos. Véase un ejemplo similar en Chaptal ,
De l'Industrie française, II, 64, 70, 434.
Hermann ,
Staatsw. Untersuchungen, 212.
El
ideal más elevado, pero inalcanzable, de dicho progreso consistiría en que
todos los productos se obtuvieran sin coste alguno. Si este ideal fuera
alcanzable, todos serían infinitamente ricos y toda la riqueza sería gratuita,
como el aire y la luz del sol. (Compárese con J. B. Say ,
Traité, II, 2.) La victoria completa de la humanidad sobre la naturaleza
consistiría en que todos los hombres fueran libres y todas las fuerzas de la
naturaleza, esclavas del hombre. ( Smitthenner. ) Carey insinúa
algo similar cuando afirma que, con el avance de la civilización, la tendencia
es que los hombres se vuelvan cada vez más valiosos y las mercancías,
menos «valor».
Podríamos
hablar aquí de un principio aristocrático y democrático para la determinación
de los precios. La mayor utilidad de este último se defiende en el Discurso del
Comercio, Coyn and Credit, Londres, 1697. Bacon tiene una
buena opinión sobre la máxima: «Las ganancias ligeras hacen que las bolsas
llenen; pues las ganancias ligeras abultan, mientras que las grandes abundan de
vez en cuando». De manera similar, Gurnay en Cliquot
de Blervache , Consideraciones sobre el comercio, etc., 1758, 48, 54.
En cuanto a cómo Morrison, el célebre comerciante, se hizo rico al adherirse a
los principios: "vender barato tanto como comprar
barato" y "decir siempre la verdad", véase Chadwick ,
en el Statistical Journal, 1862, 503. Compárese la opinión relacionada del
continuador de Adam Smith en una dirección ética, Garve ,
en Cicero's Pflichten, III, 100. El principio contrario, la astucia de los
judíos, según Estrabón , XVII, 800, fue seguido por la
Compañía Holandesa de las Indias Orientales, cuando, en 1652, provocó que se
destruyera la mayor cantidad de raíces vegetales en las Molucas. Saalfeld ,
Geschichte des holländischen Kolonialwesens, I, 272. También, cuando grandes
cantidades de raíces fueron destruidas por la quema en las Indias Orientales.
( Huysers Beschryving der Oostindischen Etablissmenten, 1789,
22.) Para un argumento inteligente contra tal práctica, véase de la
Court , Anwysing der heilsame Gronden, 1663. El principio similar al
de la patente, mencionado en el texto, funciona al mismo tiempo democrática y aristocráticamente,
ambas palabras entendidas en su mejor sentido.
Esto
es cierto, en primer lugar, en aquellas industrias estrechamente relacionadas
entre sí, o en aquellas que se desarrollan con escaso capital fijo; también en
las etapas más bajas de la civilización, donde las luces y sombras causadas por
una división del trabajo altamente desarrollada no son muy intensas. Sobre las
numerosas dificultades que Ricardo pasó por alto en todos los demás casos,
véase Sismondi , NP, II, cap. 2. El trabajador pierde así su
habilidad anterior, es decir, su capital principal, y ciertamente no puede
esperar hasta haber adquirido otra habilidad diferente.
Cuando
se espera una bajada de precios, la demanda es menor que el
consumo: “demanda pospuesta”; mientras que, la expectativa de que el
precio subirá, produce “demanda anticipada”. Tooke ,
Historia de los precios, II, 155.
Así,
por ejemplo, si los trabajadores se veían expuestos a la inanición o era
probable que se marcharan; si grandes reservas de materia prima corrían peligro
de estropearse; si un capital fijo de gran valor se dedicaba a una industria y
no podía transferirse fácilmente a otra. La primera y la tercera causa se dan
con frecuencia en la minería y dan lugar a la forma de explotación conocida
como Zubusgruben ,
es decir, una especie de explotación minera a cambio de acciones. En
Inglaterra, después de la primavera de 1862, el hilo de algodón no era tan caro
como el algodón en rama, como para que la pérdida causada por la caída pudiera
compensarse. ( Ausland , 24 de septiembre de 1862).
Además,
en el período inmediatamente posterior, la bajada de precios por una oferta
excesiva puede generar cierta desesperación entre los productores, lo que los
llevaría, con la esperanza de cubrir sus pérdidas, a aumentar aún más la
oferta, hasta la ruina de muchos. Generalmente, cuando una época de precios
altos va seguida de una de precios bajos, encontramos un intervalo durante el
cual los vendedores intentan defenderse de la caída y, en consecuencia, apenas
se realizan transacciones comerciales, mientras que los precios altos se
mantienen nominalmente. Y viceversa . Tooke , Historia
de los Precios, II, 62.
Así,
por ejemplo, cuando el cambio de moda provocó el desuso de las pelucas largas
en la vida cotidiana, su precio no dejó de bajar hasta desaparecer por
completo. Pero, si alguien quiere encargar una hoy para un baile de máscaras,
para el teatro, etc., pagará lo mismo que antes. Por otro lado, el precio de la
barba de ballena nunca ha vuelto a ser tan alto como en la época en que se
usaban las enaguas con miriñaques.
La
gran peste de la época de Eduardo III provocó durante el primer año, debido a
la disminución del consumo, una escasez extraordinaria de provisiones. Al año
siguiente, sin embargo, se encarecieron alarmantemente, debido a la escasez de
productores, especialmente entre las clases humildes. Un cuarto de trigo
costaba en 1348 4 chelines y 2 peniques; en 1349, 5 chelines y 5 peniques; en
1350, 8 chelines y 3 peniques; en 1351, 10 chelines y 2 peniques; mientras que
en 1346 y 1347, su precio promedio fue de 6 chelines y 8 peniques y 7 chelines
y 8 peniques. Rogers , Historia de la Agricultura y los
Precios, I, 232.
Por
ejemplo, cuando se imponen nuevos impuestos o aranceles. Generalmente, cuando
el costo de producción ha aumentado considerablemente, los compradores no
esperan a que la disminución de la competencia entre los vendedores los obligue
a exigir precios más altos, sino que se comprometen a un acuerdo, especialmente
cuando muchos desean intensamente el producto y el aumento del costo es mínimo.
( Rau , Handbuch, I, § 163.)
Bajo
esta regla caen, según el § 33 ,
la mayoría de los productos de la industria propiamente dicha. "Si
perdemos un mercado durante un año, generalmente lo perdemos para
siempre", dijo un fabricante experimentado ante el comité
parlamentario de tejedores de telares manuales, 1840-42. Por supuesto, el costo
del transporte hasta el mercado debe estimarse como parte del costo de
producción. En consecuencia de esto, así como de la diferencia de los derechos
impositivos, etc., la superioridad de un productor a otro puede ser más que
superada. En el caso de las mercancías coloniales, que van al interior de un
país desde diferentes puertos marítimos, el territorio abastecido desde cada
puerto está determinado en su mayor parte por estos datos. Así, en Suiza, por
ejemplo, encontramos los distritos abastecidos por Havre, Génova y Róterdam; en
Austria, los distritos abastecidos por Hamburgo y Trieste son contiguos, pero
la línea fronteriza está sujeta a muchos cambios. ( Rau ,
Lehrbuch, I, § 164.) Debe entenderse que aquí no hablamos de gastos anormales
realizados por los productores individualmente, ya sea como consecuencia de
falta de habilidad o por accidente.
Esto
es especialmente cierto en la producción agrícola, en la que, por regla
general, además de la tierra más fértil y mejor situada, se debe utilizar la
peor. Lo que Whately llama "plusvalía" aparece
aquí en forma de renta, mientras que, en otros casos, toma la forma de salarios
inusualmente altos o de beneficios del capital. Esto lo desarrolla de forma muy
bella y sistemática Schäffle , N. Œk., II; Aufl., 192 y sig.
Según Senior , Outlines, 15, la relación de precios entre dos
mercancías no depende de las cantidades que llegan al mercado, sino de la
fuerza relativa de las dificultades que impiden el aumento de dichas
cantidades. Si los mismos productores pueden optar por el modo de producción
más barato que no basta para abastecer el mercado, así como por el más caro,
tenemos, por lo general, un precio que es la media entre los dos costes de
producción. Lo mismo ocurre con las mercancías "de
contrabando" que deberían haber pagado derechos. ( Hermann ,
loc. cit., 83, ss.)
A
esta sección pertenecen los secretos de la producción, que pueden
aprovecharse ad libitum o
dentro de ciertos límites. En la agricultura, las ventajas de la producción
rara vez pueden permanecer en secreto. Compárese, sin embargo, el caso
mencionado en la traducción de Adam Smith de Garnier ,
V, 119, y el de los huertos que producían 1.000 libras anuales por cada 32
acres, resultado de la reciente introducción del cultivo del cerezo en Kent,
durante el reinado de Enrique VIII. ( Anderson , Origen del
Comercio, a, 1540). Por lo tanto, existe cierto odio entre los productores
agrícolas por mantener en secreto un medio de mejora agrícola.
Compárese Boisguillebert ,
Traité des Grains, II, cap. 2. John Stuart Mill habla de una
ecuación: el precio de un producto en un mercado dado siempre es lo
suficientemente alto como para producir una demanda correspondiente a la oferta
actual o a una oferta esperada. Solo el precio de dichos productos, que no
puede aumentarse en una medida deseable, depende de la oferta y la demanda. En
el caso de todos los demás, por otro lado, la demanda y la oferta dependen del
precio, y este del coste de producción. La oferta y la demanda siempre tienden
a un equilibrio que nunca se alcanza realmente cuando el precio es lo
suficientemente alto como para cubrir el coste de producción (?). (Principios,
III, cap. 2, § 4; cap. 3, § 2.) La teoría de precios de Schäffle está
coronada por la proposición de que todos los vendedores y compradores que
compiten, de manera económica, no desean vender por debajo del valor de coste
individual ni superar el valor de uso individual al comprar. Por lo tanto, en
una multitud de competencia de la oferta, las producciones más costosas salen
del campo de competencia en una serie descendente de costo-valor; y en una
multitud de competencia de la demanda, los antojos más cansados en una serie
ascendente de valor en uso; hasta que las cantidades ofrecidas en la oferta y
demandadas se cubren mutuamente sin pérdida y se han colocado mutuamente en
equilibrio cuantitativo. (N. Œk. Aufl., I, 188 y siguientes; compárese con 173,
185.) Es, sin embargo, por decir lo menos, un ejemplo de solicitud sin fundamento,
cuando Wade , Historia de las clases medias y trabajadoras,
214, dice que un trabajador desempleado podría deprimir los salarios agregados
del trabajo, casi ad infinitum .
Hufeland ,
N. Grundlegung, I, 78; Ricardo , Principios, cap. 31.
Dunoyer ,
Liberté du Travail, VIII, cap. 4; Rau , Lehrbuch, I, § 158.
Para
una buena clasificación de los monopolios, véase Senior ,
Outlines, 103 y siguientes. Menger , Grundsätze, I, 195,
muestra que ningún monopolista puede determinar arbitrariamente la extensión
del mercado para su producto monopolizado cuando el precio es fijo, ni el
máximo del precio cuando se conoce la extensión del mercado. Además, el precio
puede permanecer más tiempo por encima del coste de producción que por debajo,
debido a que es más fácil abandonar un negocio que iniciarlo, y a que el miedo
a las pérdidas es un incentivo más frecuente para la acción que la esperanza de
ganancia. Por lo tanto, el precio del grano, cuando todo lo demás es muy caro,
tiende a variar con respecto al precio medio que en épocas en que todo es muy
barato. Por ejemplo, los precios de Múnich de 1750 a 1800 muestran que su
precio máximo fue un 147 % superior y el mínimo un 47 % inferior al promedio de
veinte años. ( Rau , Lehrbuch, § 162, 182).
La
casualidad juega un papel importante aquí. Así, la Concepción de Murillo, que
el mariscal Soult había ofrecido varias veces por 150.000 francos, pero en
vano, se vendió en mayo de 1852 por 586.000 francos. El novillo de Paul Potter
en La Haya, que costó 625 florines en 1748, se valoró antes de mediados del
siglo XIX en 200.000 florines. ( Dethmar. )
El
comprador decide hacerlo porque, con toda probabilidad, le costaría más ir a la
India o Brasil en busca de piedras preciosas. Además, tras la explotación de
las minas brasileñas en 1728, y de nuevo tras la Revolución Francesa, el precio
de los diamantes cayó considerablemente; en un caso, debido al aumento de la
oferta, en el otro, a la disminución de la demanda. ( Ritter ,
VI, 355, 365.)
Así,
las uvas de Champaña y Johannisberg, al trasplantarse a Crimea, perdieron casi
todo su sabor autóctono. Sobre el monopolio práctico de China en el cultivo del
té, y el de Ceilán, especialmente en su zona suroeste, en el de la canela, al
menos en lo que respecta a su peculiar aroma, compárese Ritter ,
Erdkunde, VI, 123 y ss. Los pequeños ciervos de Angora, tan pronto como
abandonan la pequeña región de Asia Menor a la que pertenecen, corren el riesgo
de degenerar. (Revue des deux Mondes, 15 de mayo de 1850). Los nidos de pájaros
indios no cuestan más del 11 % del precio de mercado (recolección, secado,
etc.). ( Crawfurd , Archipiélago de las Indias Orientales,
III, 432 y ss.; Hogendorp , Sur l'Ile de Java, 201).
Escaso
material para combustible, mal trabajo de los jornaleros: viviendas, asistencia
médica. ( Menger , Grundsätze, I, 116.)
Así,
el pescado de mar, las ostras, etc., eran antiguamente mucho más baratos
durante el verano que durante el invierno en Ostende y Scheveningen, porque en
invierno podían enviarse a distancia. En el mercado de Billingsgate, en la
temporada de caballa, el pescado costaba por cien de 48 a 50 chelines a las 5
de la mañana, 36 chelines a las 10 y 24 chelines por la tarde. ( H.
Schulze , Nat-Œkonomische Bilder aus England, 1853, 241.) En la región
del Rin, el precio de la fruta no varía tanto como en Sajonia, porque allí se
acostumbra emplear el excedente en la fabricación de sidra, conservas, etc., lo
que la hace transportable y duradera. Con frecuencia, después de una cosecha
muy abundante de uvas o aceitunas, prevalecen los precios bajos, a veces debido
a la falta de embarcaciones, bodega, etc.; por lo tanto, deben venderse
rápidamente.
Compárese
con Adam Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. 7; Tooke ,
Historia de los precios, I, 97. El precio de las pieles varía mucho, a veces
hasta un 300 % al año, porque, en el caso de este producto completamente
natural, todo depende de su almacenamiento, de la temperatura, etc. ( McCulloch ,
Commerc. Dict., sv). Por otro lado, el precio del café suele variar solo
después de varios años, porque las nuevas plantaciones solo producen después de
un lapso de años. ( Ibíd. ) El precio de los cerdos varía
mucho más que el del ganado vacuno, porque los primeros pueden prepararse para
el matadero en un tercio del tiempo que requiere el segundo. ( Thaer ,
Rationelle Landwirthschaft, IV, 374).
Así,
la renta de las granjas, donde una numerosa población proletaria vivirá
exclusivamente de la agricultura, depende prácticamente de la cantidad de
personas y la extensión de la tierra. ( JS Mill , Principios,
III, cap. 2.) En el comercio minorista, donde se trata la necesidad personal,
los precios están mucho más sujetos a modificaciones por pequeñas
circunstancias que en el comercio mayorista, donde ambas partes solo
buscan "hacer negocios". ( JS Mill , III,
cap. 1, § 5. Tooke , II, 72 y sig.)
Buhoneros,
carniceros, comerciantes de grano, posaderos, etc. Un caso notable es el de
comerciantes parisinos de pieles de liebre que intentaron arruinar la nueva
moda de los sombreros de seda distribuyendo una gran cantidad de ellos entre la
plebe a precios de farsa. ( Hermann , 1.ª ed., 91). El autor
fue testigo de un intento similar, pero fallido, en Berlín en 1838-39, por
parte de los sastres contra el llamado abrigo Macintosh. Sobre la conspiración
de los comerciantes ingleses de artículos de segunda mano contra las subastas,
véase Athæneum, 5 de diciembre de 1863. Una de las exageraciones
características de McCulloch es que afirma que las
conspiraciones para aumentar el precio de una mercancía por medios artificiales
se desbaratan en cuanto empiezan a lograr su objetivo gracias al interés de los
miembros individuales en beneficiarse de los precios elevados. (Edición
de Adam Smith , Edimburgo, 1863, pág. 59.)
JS
Mill , Principios, II, cap. 4.
Monopolios
universalmente prohibidos: L. un. C. De Monopol. (IV, 59.) Orden de policía del
Imperio, 1548, tit. 18.
Los
privilegios que el comprador concede voluntariamente al vendedor suelen ser
útiles para ambas partes. ( Hermann , loc. cit. 155, 158.)
Además,
los gremios, castas, corporaciones, etc., cuando el mercado disminuye, pueden
producir precios bajos con la misma facilidad con la que monopolizan los
precios cuando el mercado es muy bueno. (Véase Adam Smith , La
riqueza de las naciones, I, cap. 7).
Así,
por ejemplo, el viajero que quisiera cruzar un arroyo se vería entregado a la
tierna merced del barquero, sin protección alguna contra sus exigencias. Pero
las repetidas imposiciones en materia de precios tendrían como efecto
desacreditar un punto como lugar de cruce e inducirían al público a buscar
otro. Lo mismo ocurre con los cocheros de alquiler y los transportistas en las
grandes ciudades, y con los posaderos, hoteles y terminales postales, etc.
Los
precios fijos por autoridad gubernamental se intentaron con mayor prontitud
tras malas cosechas, pero, de hecho, con una extraña ignorancia de las razones
naturales del aumento de precio del pan. Así ocurrió en la época de Carlomagno
(Capítulo A, 805; Baluz , I, 423). Lo mismo ocurrió con otros
artículos de necesidad universal, cuando su precio era opresiva pero
necesariamente elevado (véase § 175). Durante los últimos siglos de la Edad
Media, con su multitud de monopolios reales, y a principios de la era moderna,
los precios fijos se generalizaron cada vez más. El primer ejemplo en la
historia de Inglaterra de un precio fijo para el pan fue en 1202 ( v.
Raumer , Hohenstaufen, V, 372), y en 1266, Enrique III. El más antiguo
en Prusia fue en 1393. ( Voigt , Geschichte von Preussen, II,
659.) Muchos ejemplos de precios fijos en las provincias del Rin de Austria en
1530. En Mylius , Corp. Const. March, V, 2, 587 ff.,
encontramos una ordenanza de 1653 que fija los precios en Berlín, e incluye 72
industrias. Hay un sistema muy complicado de precios fijos en la ordenanza
policial del electorado de Sajonia de 1612, y en el decreto sobre la moneda de
1822. En cuanto a cómo, en Sajonia en 1578, se intentó determinar el coste de
la producción de zapatos por parte de los zapateros, véase Joh. Falke ,
Gesch. des Kurf. August in volkswirthschaft. Beziehung, 1868, 252. Hubo una
enorme extensión de la fijación gubernamental de precios bajo Felipe II.; una
de las principales causas por las que Castilla estaba tan por detrás de Aragón
económicamente. ( Townsend , Journey through Spain, II, 221.)
A veces estas medidas se adoptaron para evitar precios de crisis; como en
Hochheim, a favor de los vinateros. ( Becher , Polit. Discurs,
II, 1652.) La predilección especialmente de las autoridades alemanas por la
fijación de precios por poder gubernamental, en los siglos XVI y XVII es muy
notable. Así, Luther , vom Kaufhandel und Wucher, 1524; Calvin ,
Leben Calvins, por Henry , II, Beilage, 3, 23; Bornitz ,
De Rerum Sufficientia, 1625, 246; Seckendorff , Teutscher
Fürstenstaat, 5.ª ed., 1776, 210; Becher , II, 1823 y
sigs.; Horneck , Oesterrich über Alles, wenn es will, 1684,
123; Leibniz ed. Dutens , VI, I, 250; Thomasius ,
Göttl. Rechtsgelahrtheit, 1709, 209; incluso Federico el
Grande, Mylius , N. Corp. Const. March, I, 190. De igual
manera, Mariana , De Rege et Regis Institutione, III, c. 9.
Compárese, sin embargo, III, c. 8, y Bacon , Serm., 15;
Historia Henrici, 1037, 1040. Por otro lado, Child, 1690, y North ,
1691, reprueban todas estas medidas. Roscher , Zur Geschichte
der englischen Volkswirthschaftslehre, 65, 90 y ss. Aún antes, Salmasius ,
quien permitiría que rigiera la libre proporción
de foros . (De Usuris, 1638, 583.) Para una tarifa de
precios muy rigurosa en las antiguas leyes indias, por la cual, entre
otras cosas , el precio de las provisiones debía fijarse de nuevo cada
catorce días, véase Menu , Leyes, VIII, cap. 401 y ss.
Donde
el comercio es libre, el filete de
ternera , por ejemplo, vale cuatro veces más que la
carne del cuello o la garganta del buey; pero los precios fijados por un
gobierno apenas pueden reconocer la diferencia. Con qué facilidad no podría
eludirse un precio fijo para la cerveza, por ejemplo, diluyendo esa bebida con
agua, o los precios fijos para los posaderos distribuyendo porciones más
pequeñas en cantidad o de calidad inferior. Además, un escritor tan antiguo
como De la Court , en Polit. Discoursen, 1662, c. 4, señala
que el establecimiento de precios fijos por la autoridad gubernamental eleva el
precio promedio de todos los productos en lugar de disminuirlo, debido a que
los pocos vendedores por oficio pueden hacer más para influir en las autoridades
que los muchos compradores, cuyos intereses se dividen entre innumerables
productos diferentes.
Schäffle ,
Nat.-Œkonomie, II, 384 y sigs.
Banfield ,
Organización de la Industria, 120. “Cuando la vida económica de un pueblo
aún está subdesarrollada, y la producción de una empresa no se basa desde el
principio en el consumo estimado de otra, la circulación de bienes trae consigo
grandes ganancias y grandes pérdidas; mientras que las ganancias y las pérdidas
se hacen menores, pero al mismo tiempo más uniformes y regulares, en proporción
a que la circulación de bienes aumenta en rapidez y regularidad”. ( Stein ,
Lehrbuch, 212.)
En
Bélgica, durante los últimos cuarenta años, el precio del trigo se ha vuelto
más constante cada año, mientras que el del centeno se ha vuelto más variable;
esto se debe a que el centeno ha dejado gradualmente de ser un artículo de
consumo popular y, por lo tanto, de ser un artículo importante en el comercio,
y es consumido casi en su totalidad y directamente por sus productores. ( Horn ,
Statist. Gemälde von B., 1853, 185.) Rodbertus conjetura
acertadamente que el precio del trigo era mucho más variable en la antigüedad
que en la actualidad. ( Hildebrand's Jahrb., 1870, I, 36.)
Esto se puede inferir de las sorprendentemente grandes reservas familiares que
se acumulaban, como se desprende del Digesto, XXXIII, De Penu legato.
En
Würtemberg, incluso los funcionarios, etc., compran su propio vino casi siempre
directamente del viticultor. Esto provoca que los precios allí sean
extremadamente variables, a menudo de una hora a otra. ( v. Reden ,
Statist. Zeitschrift, nov. 1847, 1008). La gran contribución de la mera
existencia de un mercado regular a la estabilidad de los precios se aprecia en
los suburbios de Hamburgo, donde el pescado que se vende en la calle se vende
por la tarde a un tercio del precio que se pedía por la mañana. Además, las
compras realizadas con fines especulativos pueden incrementar las fluctuaciones
de precios si esta se realiza de forma inadecuada, especialmente cuando un bajo
tipo de interés y la baja rentabilidad de quien la realiza han generado una
competencia desleal entre los especuladores. En este caso, el precio de una
mercancía sube, no por una causa natural, sino porque ya había subido antes,
y viceversa . ( Senior , Outlines, 17 y
ss.; Hermann , 90 y ss.)
EspañolQue
los precios fijos suponen que los hombres se dedican a la producción del
producto en cuestión, como su vocación en la vida, véase Garve ,
Zu Cicero's Pflichten, III, 64 y sigs. Comercio de repartidores, como el
ajedrez, y en caravanas, etc. Sobre el terrible regateo de los beduinos,
véase Wellsted , Reise in Arabien, traducción de
Rödiger , I, 147; y las bromas aún peores en Cachemira, donde el
comerciante, en primer lugar, siempre niega que posee el producto deseado,
luego comienza a buscarlo, para descubrir qué valor le pone el comprador, etc.
( K. Ritter , Erdkunde, III, 475). Sobre las prácticas en las
ferias indias, véase Th. Skinner , Excursion in India, 1832,
I, cap. 6; sobre los bazares en Asia, Andree , Globus XII, 7,
211. Herberstein dice de los rusos en el siglo XVI: mercantur
fallacissime et dolosissime nec paucis verbis... mercatores nonnunquam non uno
tantum aut altera mense suspensos detinent, verum ad extremam desperationem
perducere solent . De ahí las grandes
variaciones en los precios y las mercancías. (Rerum Moscov. Commentt., ed.
Starczewski, 39 y sigs.) De manera similar también, en 1674, según Kilburger :
Büsching's Magazin, III, 249. Pero, por el contrario, se dice de los Plescover,
educados mediante el trato con la Hanse; tanta
integritas... in contractibus, ut uno tantum verbo res ipsas indicant omni
verbositate in fraudem emptoris omissa .
( Herberstein , 52.) En la Inglaterra actual, la costumbre de
marcar cada mercancía con su precio es muy común. Sobre la rapidez y la escasez
de palabras con las que se fijan los precios en ese país, donde los
comerciantes ni siquiera saludan a sus clientes, ni los clientes a los
comerciantes, véase CG Simon , Observations recueillies en
Angleterre, 1835, I, 129 y s. Las leyes atenienses (?), que establecían que se
debían pedir precios fijos y que los vendedores no debían sentarse para vender
más rápido, apuntan a algo similar. ( Athen. , VI, 226 y
s. Platón , De Legg., XI, 916 y s.) La ley ateniense prohibía
la mendacidad en los mercados. (Véase Demosth. , Lept., 459.)
Así,
el comercio de libros alemán tiene precios fijos. Muchos comerciantes nunca
hacen una oferta a sus clientes cultos, quienes suelen hacerlo con los
campesinos, etc., porque saben que estos solo compran después de haber obligado
al vendedor a rebajar considerablemente su precio inicial. Entre los cuáqueros,
la regla ha sido desde el principio no pedir nunca más por sus productos de lo
que estaban dispuestos a aceptar. ( Hume , Historia de
Inglaterra, cap. 62).
Sir
William Temple , Observations upon the
Netherlands, Works I, 134, compara el honor en el comercio con la disciplina en
un ejército. De manera similar, Law , Trade and Money, 209 f. Ferguson ,
History of Civil Society, III, 4. Cuando el vendedor no está obligado a dar a
conocer la existencia de ciertos defectos en sus mercancías al comprador antes
de la venta, siempre hay margen para el fraude. Compárese Digest De Edict.
aedilit., XXI, I. Sobre el significado de las máximas legales alemanas: Hand
muss Hand wahren y Ein
Wort, ein Mann , véase Eisenhart ,
Deutsches Recht in Sprüchwörtern, 311 f., 319 f. Es un principio en materia de
negocios que la persona que por malicia o descuido recomienda a un hombre de
cuya probidad ya existen dudas, debe soportar el daño causado por su
recomendación. ( Martens , Grundriss des Handelsrechtes, 24
ff.) Muchos intentos de deshonestidad se previenen mediante leyes que en
contratos importantes, especialmente en ventas de tierras, etc., requieren la
presencia de testigos, y esto particularmente en las etapas más bajas de la
civilización. ( Meier y Schömann , Attischer
Process, 522; Roman, Emancipatio; Grimm , Deutsche
Rechtsalterthümer, 608 s.), o incluso una proclamación pública ante la
comunidad reunida, al menos documentos escritos investidos con todas las
formalidades legales como se practica entre los pueblos civilizados. Sobre
leyes griegas de esta naturaleza, véase especialmente, Teofrasto. ,
en Estobaeo , Sermón., XLIV, 22. Muy notable en Esparta. Schol.
Aristófan. , Aves, 1284.
Compárese
con Lotz , Revisión, I, 255 y ss. En Inglaterra, el precio del
trigo rara vez variaba más de 1 a 2. En Irlanda, el precio de las patatas
variaba de 1 a 6. ( McCulloch , Comm. Dict., v. Potatoes).
Compárese con Engel , Jahrbuch für Sachsen, I, 491 y ss. La
costumbre de pedir precios exorbitantes con la expectativa de ser rebatido es
común en Italia y se ha extendido hasta extremos alarmantes, relacionada con la
mala costumbre imperante allí de pedir un pequeño pago a posteriori por cada
pequeña gratificación o bebida recibida.
Storch ,
Handbuch, I, 311. JB Say , Traité I, cap. 16. En cuanto a cómo
el comercio, cuando está plenamente desarrollado, suele ser más moral que
cuando está solo a medias, véase Garve , loc. cit., y Versuche
IV, 149 y ss. ¡Qué fortuna para la economía pública de las naciones que los
precios del grano, en particular, hayan experimentado un crecimiento más
estable desde la Edad Media! Véase Roscher , Ueber Kornhandel,
56, 61.
El
comercio mediante trueque era muy común en varios estados de la Unión Americana
a finales del siglo XVIII. En Vermont, por ejemplo, era habitual que un médico
intercambiara sus medicinas por un caballo, y que el impresor comprara maíz,
mantequilla, etc., por un periódico. ( Ebeling , Geschichte
und Erdbeschreibung, II, 537.) En Maryland, la Asamblea fijó por ley las
proporciones relativas en las que el tabaco, la carne de cerdo, el maíz y el
trigo debían intercambiarse entre sí. ( Ebeling , V, 435 y
sigs. Douglas , Summary of the British Settlements in N.
America, 1670, V, 2, 359.) Incluso en 1815, los niños solían correr por las
calles de Corrientes, gritando: "¡Sal por velas, tabaco por pan,
etc." Fue el comercio con Inglaterra el que impulsó el comercio
monetario en Estados Unidos. ( Robertson , Letters on South
America, 1843, I, 52.) De manera similar en Rhokand hasta finales del siglo
XVIII, donde las ciudades, como consecuencia, presentaron la apariencia de una
feria todo el año. A principios de este siglo, el kan introdujo el uso de
moneda de cobre hecha de cañones persas; y mucho más tarde aún, había apenas un
millón de rublos en dinero por millón de hombres. ( Ritter ,
Erdkunde, VII, 753.) Basil Hall encontró que los habitantes
incivilizados de las islas Loo-Choo ignoraban el uso del dinero. (Voyage of
Discovery, 1818.) Con respecto al comercio por trueque en la era homérica,
véase la Ilíada, VII, 472 y siguientes. Una supuesta ley de Licurgo prohibía el
uso de dinero en las compras y permitía solo el trueque. ( Justin. ,
III, 2.) Según Pausan. , III, 12, en su época en la India (?)
sólo existía el trueque.
La
persona que solía pagar cuatro libras de carne con veinte libras de pan, y a
quien se le pide que dé veinte libras de pan a cambio de otro artículo, debe,
por supuesto, tener en mente alguna unidad de medida que le sirva como medio de
comparación entre el valor de ese artículo y el de cuatro libras de carne. En
Dinamarca, durante el dominio de la aristocracia, existían precios fijos
sancionados por la tradición de un largo uso, según los cuales los precios de
todos los productos se estimaban en relación con una tonelada de cebada o
centeno, una consecuencia natural, aparentemente, de la falta de una medida
común que rija en la mayor parte de las transacciones. Bergsoe ,
Archiv der Polit. Œk., IV, 314; el Código Islandés de Graugan contiene
un notable precio fijo de esta naturaleza en el suplemento del Kaupa-Balkr o
Código Comercial, I, p. 500. De manera similar entre los antiguos persas. Reynier ,
Economie publique des Perses, 308.
Es
decir, (200x(200-1))/2. Compárese con Rau en Storch ,
Handbuch, III, 253. El "al menos" se refiere al hecho de
que, en el trueque, debe tenerse en cuenta la gran variedad de productos.
( Knies , Geld und Credit, I, 218.)
Este
transporte de valores supone una igualdad de valores del dinero en dos lugares,
mientras que el transporte de mercancías supone valores diferentes de la misma
clase de mercancías en ambos lugares. ( Knies , Dinero y
crédito, I, 218.)
Si
bien las palabras «pecunia» , «danaro» , «dinero »
y «argent » derivan de cualidades no esenciales, la palabra
alemana para «dinero», «geld» ,
se corresponde con la cualidad esencial del dinero, ya que denota aquello que
tiene valor en todas partes ( gilt ). Por otro lado, «nummus» y
«νόμισμα» (de «νόμος») ( Bœckh. Metrolog. Unters., 310), moneta (del
inglés, «dinero»), provienen del templo de Juno Moneta, donde se acuñaron las
monedas romanas durante mucho tiempo. En alemán antiguo, la palabra para
«dinero», «geld »,
significa todo lo que se paga. ( Grimm , D. Rechtsalterth.,
382.) El significado actual de la palabra se encuentra en un documento muy
antiguo de 1327. ( Arnold , z. Geschichte des Eigenthums in
den deutschen Städten, 89.)
Las
definiciones erróneas del dinero pueden dividirse en dos clases: las que
transmiten la idea de que es más que una mercancía y las que implican que es
menos.
Este
era un punto controvertido incluso entre los griegos. Muchos afirmaban que la
riqueza consistía exclusivamente en la posesión de mucho dinero; como
encontramos, por ejemplo, en el diálogo pseudoplatónico Eryxias; mientras que
otros insistían en que el dinero era algo puramente imaginario (λῆρος), y la
creación, exclusivamente, de leyes humanas. ( Aristot. ,
Polit., I, 3, 16, Schn.) Νόμισμα σύμβολον τῆς ἀλλαγῆς ἔνεκα. ( Platón ,
De Rep., II, 371.) Anacharsis compara el dinero con las
fichas. ( Plutarco , De Profectt in Virtute.) El propio Aristóteles se
adhirió a la segunda opinión, aunque vio claramente que solo las cosas útiles y
corrientes (χρείαν εὐμεταχείριστον πρὸς τὸ ζῆν) podían usarse como dinero.
(Polit., I, 3, 14 y sigs. Eth. Nicom., V, 5, 6, Rhet., II, 16.) Jenofonte atribuyó
al dinero propiedades que ninguna otra mercancía poseía; especialmente cuando
dijo que nunca podría ser demasiado abundante y que su precio nunca podría
caer. (De Vectt. Ath., 4.) La mejor explicación antigua de la naturaleza del
dinero es la del jurisconsulto Pablo , LI; Digesto, XVIII, 1;
y bien merece el largo comentario que le dedica P. Neri ,
Osservazioni etc., en Custodi , PA, VI, 324, ff.
Entre
los modernos, Melancthon , Corp. Ref., XVI, 498, y Seb.
Frank , Chronik., 760, consideran el dinero como un mero símbolo. Por
otro lado, la sobreestimación que los partidarios del Sistema Mercantil tenían
de los metales preciosos se debía, sin duda, a su utilidad muy superior como
dinero; pues con frecuencia encontramos que los partidarios de dicha escuela
insisten en que los metales preciosos deben circular. (Véase § 9 y
§ 210). v. Schröder , Fürstl. Schatz- und Rentkammer, III y
sig., considera las nuevas monedas de cobre como un incremento de la riqueza
nacional, pero no el resto del cobre, que es meramente un producto comercial.
Con frecuencia llama al dinero, el péndulo commercii , y
expresa ideas sobre él tan entusiastas como oscuras (p. 86). Horneck ,
en su Oesterreich über Alles wenn es will, 1864, llama al oro y a la
plata "nuestra mejor sangre, la médula misma de nuestra
fuerza" y "los dos instrumentos universales más
indispensables de la actividad y existencia humana". (p. 188) .
Th. Mun , England's Treasure by forraign Trade, 1664, (cap. 2)
considera el dinero en efectivo y los recursos como sinónimos en todos los
sentidos. Solo que dice (cap. 4) que a veces es aconsejable dejar que el dinero
de uno permanezca en países extranjeros y usar letras de cambio, bancos, etc.,
en casa, como sustituto. F. Gee , Trade and Commerce of Gr.
Britain, edición de 1738, lamenta la "tontería obstinada de quienes
piensan que el dinero es una mercancía como cualquier otra". Una de
las demandas más comunes de los partidarios del Sistema Mercantil es que las
minas locales de oro y plata se exploten sin importar el sacrificio, ya que el
dinero empleado en su explotación permanece en el país y el metal precioso
recién acuñado es una ganancia neta. Compárese con Schröder ,
loc. cit. 109 y sigs., 181. Horneck , loc. cit. 173. Broggia ,
Della Monete, 1743, cap. 33; v. Fusti , Staatswirthschaft,
1755, I, 246: Forbonnais , Finances de France, 1758, I,
148. Ulloa , Noticias Americanas, 1772, cap. 12. Rara vez
encontramos una visión correcta sobre este tema en el siglo XVII. Sully ,
de quien Enrique IV. dijo que nunca encontró nada que poseyera belleza que
costara el doble de su valor real, y que a veces lo tenía. (Economies royales,
LXXIII.) Así lo tenía v. Seckendorff , Teutscher Fürstenstaat,
1655, 5.ª edición.
Es
acorde con el curso habitual del desarrollo humano que las exageraciones del
Sistema Mercantil condujeron a una reacción caracterizada por una exageración
en la dirección opuesta. Incluso Davanzati , en Sulle Monete,
1588, remonta el valor del dinero a las convenciones humanas y se niega a
encontrarlo en la naturaleza. Un ternero natural, piensa, es più
nobile que uno de oro; aunque en otro lugar expresa
su admiración por los metales preciosos, los llama cagioni
seconde della vita beata y los
alaba porque nos procuran tutt'essi beni (20,
21, Cust.). Montanari (ob., 1687) demuestra, a partir del uso
del dinero de cuero, etc., que la autoridad del Estado es el único poder que
confiere al dinero su carácter de dinero. (Della Moneta, 35.) Davenant (ob.,
1714) lleva su inclinación a llamar al dinero “el sirviente del comercio,
la medida del comercio”, hasta el punto de compararlo con un billete o
mostrador. (Works, I, 355, 444.) Tan firmemente como Law , él
mismo, se opone a la teoría de la convención (Trade and Money, cap. I; Sur l'
Usage des Monnaies, 1720, p. 1.), su discípulo Dutot , en sus
Réflexions polit. sur le Commerce et les Finances, 1738, 905, éd. Daire,
contrasta no solo el papel moneda sino también el oro y la plata como riqueza
representativa, con la riqueza real. Berkeley , Querist, 1735,
enseña que la noción real del dinero no es la de una “mercancía, patrón,
medida, prenda, sino [No. 23] billete o mostrador, que da derecho al poder y
está preparado para registrar y transferir dicho poder”. (441, 475.)
Incluso si los nombres, libra , chelín, etc., permanecen, y el
metal se descarta, cada artículo puede aún ser contado y vendido, como antes,
la industria promovida y el curso del comercio preservado. (p. 440.)
Según Montesquieu , Esprit des Lois, XXI, 22, el oro y la
plata son una riqueza de ficción o de signo .
Compárese con Lettres persanes, II, 18. Benjamin Franklin también
mantiene que el valor del oro, por ejemplo, es principalmente un valor de
crédito. Observaciones relativas al papel moneda americano, 1765, Works, II,
edición de Sparks. Forbonnais , Finances de France, I, 86 y
sig., llama al dinero, simplemente un medio para poner mercancías, que son las
únicas que tienen valor originalmente, en circulación. Por lo tanto, es, en sí
mismo, una cuestión de indiferencia si, por una cantidad dada de moneda, una
persona da un tálero o diez. En los Elements de Commerce, I, 11, II, 67 y
siguientes, establece una distinción entre richesses
naturalles (materia prima), artificielles (productos
manufacturados) y richesses de
Convention (dinero). von Schlözer, Aufangsgründe, 1805, 100, 138,
llama al dinero algo imaginario; y Th. Smith , Ensayo sobre la
teoría del dinero y el intercambio, 1807, afirma que el dinero verdadero es
solo una medida ideal de valor, del cual las monedas a su vez son solo los
representantes. Compárese, sin embargo, Edinb. Review, octubre de 1808. Oppenheim ,
Die Natur des Geldes, 1855, admite que en los inicios del comercio, el dinero
poseía el carácter de una mercancía; pero dice que tan pronto como los
servicios de circulación del dinero-mercancía prevalecieron sobre sus servicios
en el consumo, perdió toda su importancia para este último propósito, y que
todas las relaciones dependientes de él cesaron. En la actualidad, afirma que
el dinero es solo el representante de las mercancías, pero no la mercancía en
sí misma. Véase, por otro lado, el análisis crítico de Roscher en
el Literarisches Centralblatt, 1855, diciembre.
La
verdadera doctrina fue defendida en forma clásica por Nicolás Oresmio (ob.
1382). Véase su Tractatus de Origine et Jure nec non et Mutationibus Monetarum,
recién editado por Wolowski : París, 1864. Véase el
ensayo de Roscher en las Comptes rendus de la Académie des
Sciences morales et politiques, vol. 62, 435 y sigs. Basado en este último
tenemos a Gabr. Biel (ob. 1495), De Monetarum Potestate simul
et Utilitate, 1542, y G. Agricola , De Re Metallica, 1556, I,
4 y sigs. Esta verdadera doctrina se aclimató por primera vez en Inglaterra y
Holanda, y antes de que el sistema mercantil los invadiera. Compárese Hobbes ,
Leviatán, 24, donde se describe la concoctio
bonorum mediante el dinero, y el completo y claro
capítulo 12 de Salmasius , De Usuris (1638), quien, entre
otras cosas, muestra cómo Midas, quien convirtió todo en pan, murió de
sed. Petty demuestra con gran claridad que la riqueza nacional
no consiste exclusiva ni principalmente en el dinero. Todo país, dice, necesita
cierta cantidad de dinero para comerciar. Sería un desperdicio aumentar el
primero, manteniendo el segundo igual. Pero los metales preciosos, debido a su
durabilidad y valor universalmente reconocido, poseen el carácter de riqueza en
mayor grado que otros bienes.
En
general, el uso del dinero en una nación es como el uso de la grasa en el
individuo. (Quantulumcunque regarding Money, 1682). Compárese Roscher ,
z. Geschichte der eng. Volkswirthschaftslehre, 80 y sig. Davanzati y Hobbes lo
habían comparado con la sangre, como lo hizo recientemente Schmitthenner ,
Staatswissenschaften, 1839, I, 459. North llama al dinero una
mercancía de la cual puede haber tanto un exceso como una escasez. (Discourse
on Trade, prefacio y posdata). Compárese Locke ,
Considerations on the Lowering of Interest, 1691, Works II, 13 y sig.,
19. Galiani , 1750, Della Moneta, IV, mantiene un lugar
intermedio muy feliz entre los alquimistas y los filósofos que desprecian el
oro. Véase, además, Quesnay, éd. Daire , 64, 75 y sigs. Turgot ,
Sur la Formation des Richesses, § 30 y sigs., tenía muchas opiniones claras
sobre este tema. Verri , Meditazioni, 1771, II, 1, llama al
dinero la mercancía universalmente corriente. Las expresiones, medida de valor,
prenda, representante de todas las mercancías podrían ser ciertas también para
todas las demás mercancías. Sin embargo, no se puede negar que la mayoría de
los economistas políticos modernos no han tenido suficientemente en cuenta las
peculiaridades que distinguen al dinero de todas las demás mercancías, como es
evidente a partir de la doctrina de la balanza comercial prevaleciente en la
época de Hume y Adam Smith. En esta medida, por lo tanto, la reacción
semimercantilista instituida por Ganilh , Théorie de
l'Economie politique, 2822, II, 380 y sigs., 426; St. Chamans ,
N. Essai sur la Richesse des Nations, 1824, cap. y Colton ,
Public Economy for the United States, 1849, 203 y ss., quienes resaltan la
diferencia entre «el dinero como objeto» y «el dinero como
instrumento de comercio», no era del todo infundada. Ad. Müller exagera
una idea correcta y la degenera en una especie de mística bromista al llamar
dinero a todo individuo del estado y a toda mercancía que posee valor, ya sea
en el intercambio o en un carácter social.
El
objetivo supremo del Estado es desarrollar cada vez más este carácter
monetario. (Elementos de la cultura estatal, II, 194, 199). El estadista, dice,
debe ser dinero. (III, 206). Una monografía muy valiosa sobre este tema es De
la Monnaie, de M. Chevalier , 1850, que constituye el tercer
volumen de su Curso de Economía Política. Knies , Dinero y
Crédito, I, 1873, es aquí sumamente minucioso y agudo, especialmente al
mantener separadas, mediante líneas de demarcación bien definidas, las cinco
funciones diferentes del dinero: medida de valor (mediante su correcta división
en partes: precio-medida), instrumento de cambio, medio de transporte de
valores y medio de almacenamiento y conservación de valores.
Knies muestra
cómo la constitución de dinero en curso legal por parte del Estado, aunque sólo
sea de importancia secundaria, no es de ninguna manera un asunto irrelevante,
ya que las personas deben entonces tenerlo, incluso si no lo quieren para fines
de uso o intercambio, para cumplir con sus obligaciones de ese modo, etc., etc.
(Tübinger, Zetschrift, 1858, 272.)
En
todos estos casos, la economía de trueque ( Naturalwirthschaft )
se enfrenta a dificultades cada vez mayores a medida que avanza la
civilización. ¿Cómo, por ejemplo, podrían compensarse 50 días anuales de
trabajo o servicio social con la realización de 1.000 días de trabajo o
servicio social de una sola vez? El rico necesita dinero principalmente como
medio de pago, el pobre como medio de intercambio. El requerimiento o necesidad
de un pueblo de medios de pago es mucho más susceptible de expansión o contracción
que la de medios de intercambio, especialmente por la intervención de derechos
de reclamación en lugar de dinero. (Knies , loc. cit, 200 y
sigs.) Ravit , Beitr. z. Lehre vom Gelde, enfatiza demasiado
esta característica del dinero a la manera de un jurista. Pero tiene toda la
razón al adoptar la exclusión de la rei
vindicatio contra el poseedor honesto como necesaria
para la realización de la idea del dinero.
Sismondi ,
NP, I, 131, observa muy acertadamente que esto ha hecho que la práctica sea
tanto más fácil como ha dificultado la teoría.
Derecho ,
Comercio y Dinero, 19. Por lo tanto, antes de la invención del dinero, apenas
se producía lo indispensable para la existencia. Si no hubiera dinero, habría
muy pocos eruditos, artistas, etc., pues las clases que producen la mayor parte
de lo indispensable para la existencia tienen poca demanda de ellos. Büsch ,
Geldumlauf, I, 11 y ss., 36, II, 54.
Turgot ,
Formación y distribución, § 48 y siguientes. Las mercancías que se deterioran
rápidamente solo pudieron ser producidas por personas dedicadas a su producción
como negocio después de la invención de la moneda pequeña. ( Lueder ,
N. Œk., 1820, 283.)
Compárese
con Knies , Geld und Credit, I, 219.
Compárese Schmitthenner ,
loc. cit., I, 457. Una de las principales ventajas del dinero consiste en que
cada productor puede descubrir qué hay en exceso o en defecto en la nación, por
medio de la relación del precio en dinero de sus productos con el coste de
producirlos, estimado en dinero ( v. Thünen , Isolirte Staat,
II, 2, 235).
De
ahí que tantos socialistas ataquen el dinero. Th. Moro nos
asegura que con la simple abolición del dinero, el vicio y la miseria
desaparecerían, en su mayor parte, por sí solos. Por ello, en su Utopía, los
criminales son atados con cadenas de oro y los orinales están hechos de oro y
plata para hacer estos metales despreciables. (Ed. 1555, ss., 197 ss.)
Opiniones similares entre los romanos supercultos. (Compárense §§ 79 ,
204.) Auri sacra fames . Virgilio ,
Eneida, III, 56. Plinio también recordaría los días del
comercio por trueque. (HN, XXXIII, 3.) Incluso en Boisguillebert ,
Factum de la France, cap. 4, encontramos, junto con muchas opiniones correctas
sobre la naturaleza del dinero, una declamación apasionada contra él debido a
su lado más oscuro. Argent criminel .
(Détail de la France, 7. Dissertation sur la Nature des Richesses etc.) Más
recientemente, este lado más oscuro ha sido abordado por F. Möser ,
Patriot. Phant., I, 28; Ortes , Economia nazionale, II, 17, y
el supuesto restaurador de la Edad Media, Ad. Müller .
Mientras que este último escritor alaba el sistema feudal como
una “sublime fusión de persona y cosa” (Elemente I, 221), el actual
sistema de salarios, por ser un sistema de compensación, lo critica y prefiere
el feudal por la razón opuesta (?). “El único mérito que
el Estado reconoce en nuestros días es el del servicio ”. (III,
259.) Kosegarten , Geschichtliche systematische, Uebersicht
der N. Oek., 1856, 146 y sigs., no es amigo del sistema económico al que el dinero
da un carácter distintivo. Por el contrario , compárese
con Bastiat , Maudit Argent, 1849.
Mirabeau ,
Philosophie rurale, 1763, cap. 2, añade como tercera gran invención el tableau
économique de los Fisiócrates. Para una comparación
entre el dinero y el lenguaje, véase Hamann , Werke, II, 135 y
ss., 509. Hehn , Kulturpflanzen und Hausthière, considera
característico de la raza que el vino, la escritura con letras y el dinero
deban su origen al linaje monoteísta del pueblo semítico.
Donde
cada hombre se convierte en comerciante, y la sociedad misma en una sociedad
comercial. Ad. Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. 4.
Igualmente
descriptiva es la palabra alemana billig ( equitativo )
para barato. ¡Aquí queda claro que el lenguaje se pone del lado del poseedor
del dinero!
El
contraste entre la economía de trueque y la economía monetaria es de suma
importancia fundamental. Se repite con tanta regularidad en la historia de toda
nación altamente desarrollada que los economistas políticos dotados de una
profunda percepción histórica no podrían pasarlo por alto. Así, Aristóteles ,
por ejemplo, establece con sumo cuidado y precisión la diferencia entre
οἰκονομικὴ y χρηματιστικὴ, es decir, entre la economía natural y la economía
artificial, correspondiente a la diferencia entre el valor de uso y el valor de
cambio. (Polit., I, 3, Schn.) De modo similar, D. Hume , quien
permite que un período de lujo, cultura, industria, comercio y manufacturas, de
libertad y circulación de dinero, sea precedido por uno en el que no se
despierta el sentimiento de necesidad, en el que prevalecen la tosquedad y la
ociosidad, uno en el que solo se practica la agricultura, y la economía
monetaria y la libertad declinan, y prevalece el comercio por trueque.
(Discursos, passim, especialmente Sobre el interés y sobre el dinero). Un
contraste similar lo encontramos con frecuencia, y como uno de sus pensamientos
fundamentales, en J. Steuart .
En
cuanto a cómo se efectúa generalmente la transición de la economía de trueque a
la economía monetaria, véase FG Hoffmann , Lehre vom Gelde,
1838, 176 y sigs. En el Tirol, incluso en 1820, la mayor parte del trabajo
puramente mecánico, como el del herrero, el carpintero y la lavandera, eran
deberes puramente feudales. Por otro lado, el pago en dinero era la norma a principios
del siglo XIV. ( F. Beidermann , Technische Bildung in
Oesterreich, 3.) Sin embargo, durante mucho tiempo después, las funciones de
una medida de valor las realizaban las piezas de tierra, y las de un
instrumento de intercambio el ganado y los productos naturales. ( Arnold,
Gesch. des Eigenth ., 207.) En Francia, la economía monetaria, es
decir, el comercio mediante dinero, había adquirido importancia antes. ( Nitsch .,
Ministerialität und Bürgerthum, im 11. und 12. Jahr., 143.) Incluso en la época
de María Estuardo, los escoceses estimaban la renta de la tierra
en “calderos de víveres”. ( Moryson , Itinerario,
1617, III, 155.) En la antigua Italia, durante los primeros tres siglos de
Roma, hubo, con la excepción de las colonias griegas, solo comercio por
trueque. Mommsen , Römische Gesch., I, 293, muestra que las
ases más antiguas no eran dinero en el sentido más alto de la palabra, sino que
pertenecían más bien a la etapa de la economía de trueque. Por otro lado,
encontramos en la época de los juristas clásicos, así como la esclavitud había
limitado la esfera de acción del dinero, el principio: pecuniæ
nomine non solum numerata pecunia, sed omnes res, tam soli quam mobiles, et tam
corpora quam jura continenteur . (L. 222,
Digest L. 16; comparar 4, 5, 178.) De manera similar en Cicerón ,
Top. 6. De Invent, II, 21. De Legg, II, 19, 21; III, 3. Compárese con Dionisio.
Hal. , NR IV, 15.
Si
el dinero no fuera más que una medida de valores en el intercambio, debería,
por esa razón, si no por otra, tener valor en el intercambio mismo, como una
medida de longitud debe necesariamente tener longitud misma. (Medimos el tiempo
en un reloj mediante la revolución de las manecillas en la esfera). De nuevo,
el valor en el intercambio supone valor en uso. El llamado "dinero de
cuenta", como el lac de roupies de la India Oriental
, el reis portugués y la antigua libra esterlina inglesa no
son magnitudes imaginarias, que desaparecerían con las cifras de nuestro
sistema de conteo (véase Hufeland , N. Grundlegung, II, 33, en
respuesta a Struensee , Abh., III, 501); sino valores
monetarios reales que no pueden representarse únicamente por piezas
individuales de moneda, unidades de valor en su mayor parte ya no reconocidas
por el estado, pero que el pueblo aún conserva. Véase la refutación de M.
Park (Viajes, 27) de la fábula difundida por Montesquieu ,
Esprit des Lois, XXII, 8, de que el patrón monetario regular de los negros
mandingas era un mero patrón imaginario. Hobbes , Leviatán,
24, demuestra un profundo conocimiento de este tema.
Compárese
con P. Neri , Observaciones, 1751, VI, 1. Lord
Liverpool , Tratado sobre las Monedas del Reino, 1805. Quien acepta
dinero como tal siempre debe albergar la esperanza de poder disponer de él
nuevamente como tal. Por lo tanto, dicha aceptación siempre supone la
existencia de cierta confianza comercial. Los salvajes goahiros, entre Río de
la Hacha y Maracaibo, son demasiado desconfiados como para aceptar en
el comercio cualquier cosa que no sean mercancías de uso inmediato. ( Depons ,
Viaje en la Tierra Firme, I, 314.) De igual manera, en el siglo XII, los
paganos lapones. ( Arndt , Liefl. Chronik, II, 3.) Las
mercancías que los bárbaros pueden consumir de inmediato son objetos de primera
necesidad, mientras que las personas más civilizadas, en condiciones de
soportar mayores gastos, priorizan las cualidades técnicas del dinero, como la
divisibilidad, la transportabilidad y la durabilidad. V. Scheel muestra
de forma muy convincente cómo, a medida que aumenta el comercio, el dinero se
ve sometido, por así decirlo, a un proceso similar al de la destilación:
primero, el mero aumento de las reservas para su uso, luego, los valores
preponderantes en el intercambio, y finalmente, los meros pedidos del mismo,
sin valor independiente. Hildebrand's Jahrbb., 1866, I, 16.
Esta
última circunstancia sigue siendo de gran importancia durante un largo período
en las zonas frías. Así, la piel de castor sigue siendo la unidad de medida del
comercio en gran parte del territorio de la Compañía de la Bahía de Hudson. Se
estima que tres martas equivalen a un castor, un zorro blanco a dos castores,
un zorro negro o un oso a cuatro castores, y un rifle a quince castores.
(Ausland, 1846, n.º 21). La palabra estonia, raha , «dinero»,
significa en la lengua afín de los lapones, «piel». ( Krug ,
Zur Münzkunde Russlands, 1805). Sobre el dinero de piel en la Rusia medieval,
véase Nestor , traducción de Schlözer , III,
90. La antigua palabra kung , «dinero», significa marta. Poco
a poco, en lugar de pieles enteras, solo se entregaban
dos "hocicos" u otras piezas de cuero de aproximadamente
una pulgada cuadrada, que probablemente eran selladas por el gobierno y
canjeadas por pieles enteras en las revistas oficiales. Por lo tanto, se supone
que existe una especie de asignaciones y perturbaciones del crédito. Los
conquistadores mongoles no las reconocieron, por lo que repentinamente
perdieron su valor. En Nóvgorod y Pskov, el sistema continuó durante algún
tiempo más, debido a que estos lugares tenían poco comercio con los mongoles.
En el resto del reino se hizo necesario introducir la moneda de plata, y en el
norte, volver a las pieles auténticas de ardilla y castor. Karamsin ,
Russ. Gesch., I, 203, 385; I, 96, 191 y ss. Voyage de Rubruquis, en Bergeron ,
Voyages I, 91. Herberstein , Rer. moscov. Commentt, 58 y ss.
Incluso en 1610, un cofre militar ruso fue capturado por el enemigo y en él se
encontraron 5.450 rublos de plata y 7.000 rublos de piel. ( Karamsin ,
XI, 183.)
Cuando
los daneses progresaron hasta el punto de practicar la agricultura, utilizaron
cereales en lugar de ganado, en cantidades correspondientes al valor de una
vaca o una oveja, como dinero, para que su idea de una unidad de medida no se
oscureciera. ( Ravit , Beiträge, 3.)
Determinación
homérica de los precios de los bueyes. Ilíada, II, 449; VI, 236; XXI, 79;
XXIII, 703 y ss.; Odisea, I, 431. Compárese, sin embargo, con II, VII, 473 y
ss. En la época de Dracón, se imponían multas monetarias por el ganado ( Pólux ,
IX, 60 y ss.), y en Atenas, antes de la época de Solón, incluso las monedas de
metal llevaban, en su mayoría, la figura de un buey. Plutarco ,
Teseo, 25. Böckh ., Metr. Uuntersuch., 121 y ss. Entre los
romanos más antiguos ( Cicerón , de Rep., II, 35) la
imposición de multas a la propiedad, las monedas estampadas por primera vez por
Servio, boum oviumque effigie ( Plin. ,
HN, XVIII, 3, Cassiodor. , Var., VII, 32), y las
palabras pecunia , peculium , peculatus ,
derivadas de pecus ,
apuntan a algo análogo. ( Varro , De LL, V, 19; De Re Rust.,
II, 1; Cicero , De Rep., II, 9; Ovidio ,
Fast., V, 281; Plutarco , Publicola, 11.) Antiguas multas
alemanas en ganado, en Tácito , Germ., 12, 21; Lex Ripuar, 36,
11; Lex Saxonum, 19. Ulfilas traduce αργύριον δοῦναι ( Marcos ,
14, 11), faihu giban . Documentos alemanes muy antiguos, de
los siglos VII y VIII, mencionan los caballos como precio de compra. ( Gr.
Grimm , Deutsche Rechtsalterth., 586 s.) Otón el Grande impuso multas
al ganado. ( Widuk Corb., II, 6.) De modo similar, en las
leyes de Hungría del rey Esteban ( Wachsmuth , Europäische
Sitturgesch., II), en las antiguas leyes irlandesas Brehon ( Leland ;
History of Ireland, 36 ff.), así como en la colección de leyes escocesa, Regiam
Majestatem , de 1330. ( Honard , II, 263 f,
537.) Viva pecunia de
los anglosajones en las leyes de Guillermo I. En la antigua Suecia, toda
propiedad se estimaba en fä = ganado ( Geijer ,
Schw. Gesch., I, 100), igual que ahora, en islandés, fe =
propiedad. En Berna, el alemán vieh , ganado, se usa para
expresar mercancías. Entre las razas realmente nómadas esto es, por supuesto,
aún más cierto. Así, los kirguisos usan caballos y ovejas como dinero, y pieles
de lobo y de cordero como cambio. ( Pallas , Viajes por Rusia,
1771, I, 390.) Entre algunas tribus tártaras, todo está estipulado en vacas.
( v. Haxthausen , Estudios, II, 371.) Entre los nómadas
persas, las ovejas se usan como dinero; o cuando están sometidos en las
ciudades, maíz, paja y lana. ( Ritter.)Bueyes usados como moneda
entre los Tscherkessen. ( Klemm , Kulturgeschichte, IX, 16.)
Sin embargo, W. B. Hermann duda que el ganado se usara alguna
vez como medio de intercambio. Cree, más bien, que solo se empleaba como medida
de precio. (Münchener Gel. Anz., 580.)
Aquella
de la vanidad que se presenta en algunas personas antes que la de la
vestimenta.
En
Génesis 1, 24, el oro aparece solo como un adorno valioso. Abraham pagó sus
compras en plata.
Por
esta razón, el dinero de zinc es tan natural entre los malayos y los chinos
como el dinero de hierro entre los senegambianos. ( Mungo Park ,
Travels, 27.) Y así Plutarco , Lysand., 17, puede tener razón
cuando llama al hierro el primer medio universal de pago. También en Esparta,
donde se hicieron industriosos esfuerzos para mantener el nivel inferior de
cultura, este medio de pago se mantuvo durante más tiempo. Compárese, sin
embargo, con St. John , The Hellenes, III, 260 y ss. Las
primeras monedas de cobre fueron acuñadas poco tiempo antes de Filipo, padre de
Alejandro Magno. ( Eckhel , Doctr. Numm, I, XXX y ss.) Por
otro lado, Italia, en parte porque tenía minas propias y en parte debido a su
intercambio con Cartago (Chipre), se había vuelto, en un período muy lejano,
tan rica en cobre que la circulación del cobre, o para hablar con más
precisión, del bronce, se introdujo de forma natural. Compárese con Niebuhr ,
Röm. Gesch., I, 475 y ss. ( Aes alienum,
obæratus, ærarium, æstimare. ). El
cobre era tanto más adecuado para este fin cuanto más frecuente se encontraba
puro. Generalmente se prefería al hierro debido a su mayor facilidad de
trabajo. ( Hesíodo , Opp., 150 y ss.; Lucrecio ,
V, 1285 y ss.) En las naciones modernas, la moneda de cobre parece haberse
empleado solo después de la de plata. Así, no se acuñó en Inglaterra antes de
la época de Jacobo I. ( Adam Smith , I, cap. 5), ni en Suecia
antes de 1625. ( Geijer , Schwed., Gesch., III, 56.) ¡Durante
la Revolución Francesa, se acuñó moneda a partir del metal de campanas
fundidas!
En
Rusia, entre 1763 y 1788, se acuñaron 76 millones de rublos de oro y plata,
frente a 54 millones de rublos de cobre ( Hermann ). Por otro
lado, en Francia, entre 1727 y 1796, se acuñaron solo 40 millones de francos de
cobre, 10 millones de billones o monedas de base, y 3967
millones de oro y plata.
Michaelis ,
De Pretiis Rerum apud veteres Hebræos, 183.
Estrabón ,
VIII, 358. Hierón, tirano de Siracusa, tuvo grandes dificultades para obtener
oro. Cuando los espartanos quisieron hacer una ofrenda de oro en Delfos, se
vieron obligados a recurrir a Creso. ( Heródoto , I, 69; Teopompo ,
en Atenas , VI, 231 y sigs.) Aristóteles ,
Ranas, 720, llama al oro «nuevo» en contraposición al «dinero
antiguo», es decir, la plata.
Plin. ,
HN, XXXIII, 13. Compárese, sin embargo, con Dureau de la Malle ,
Economie polit. des Romans, I, 69, según Varrón , apud
Charisium, I, 81. ( Putsch. ). Es cierto, sin embargo, que
cuando Italia fue conquistada, los romanos habían introducido la plata como
medio de circulación, y que era el medio predominante; pero en la época de
César y Augusto, la circulación del oro era la predominante. Aun así, el tesoro
estatal se depositaba en oro durante el período de circulación de la plata,
porque el oro era, sin duda, más adecuado para el almacenamiento y el
transporte.
Muratori ,
Antiquitt., IV, Diss., 28.
Enrique
se vio obligado a emitir una orden al alcalde y a los alguaciles de Londres
para que pusieran en circulación su oro; pero pronto se vio obligado a desistir
de ejecutar su plan. Eduardo III solo pudo prohibir que se rechazaran las rosas
nobles, tras una larga circulación voluntaria. ( L. Liverpool ,
loc. cit.)
Alemán,
5. Aún más llamativo es el ejemplo citado por Herbelot ,
Bibliothéque Orientale (1697), 485. Rubruquis , Voyage, cap.
13. En tiempos de Nadir-shah, los kurdos daban, sin la menor vacilación, una
libra de oro por una libra de plata o cobre. ( Ritter ,
Erdkunde, VIII, 395.)
Recomendado
incluso por Adam Smith , cap. 5, y para Alemania por FG
Hoffmann , Drei Aufsätze über das Münzwesen, 1832. En Egipto, también,
durante mucho tiempo el país más rico de la Edad Media, prevaleció la
circulación del oro hasta el siglo XII. ( Macrisi , Historia
Monetae Arab., cap. 3ra. ed., Tychsen .) Los ingresos de Harun
Alraschid se estimaron en unos 7.500 cwt. de oro. ( Ritter ,
Erdkunde, X, 235.) Algo similar se relaciona con Carnatic, "la tierra
de los antiguos emporios". Ritter , Erdkunde, V, 564,
después de Ferishta .
El
uso del cauris ( Cypræa moneta ) en la India,
al este y al otro lado del Ganges, en el norte de Asia y en el sur de África,
depende de su empleo ornamental, de su mayor uniformidad y de la rareza del
cobre, que de otro modo sería más adecuado para el intercambio. En Calcuta, 1280 cauris equivalen
a aproximadamente medio chelín. ( McCulloch. ) Compárese
con K. Ritter , África, 149, 324, 422, 1038; Asien, I, 964;
II, 120; III, 233, 739; IV, 53, 420; Salin , III, 62; Botz ,
en el Tübinger Ztschr. Lo mismo ocurre entre la población pesquera del noroeste
de América. ( Stein-Wappäus , Handbuch I, 352.) La sal como
moneda en la frontera chino-birmana ( Marco Polo , 38), pero
especialmente en el interior de África, donde la naturaleza no la produce, sino
que es traída por caravanas desde los desiertos, donde se encuentra sal en
grandes cantidades. M. Polo , Travels, 305, halló que el
precio actual de una tableta de sal, de dos pies y medio de largo, un pie y dos
pulgadas de ancho y dos pulgadas de grosor, equivalía al valor de dos libras
esterlinas entre los mandingos. En Abisinia, las barras de sal suelen tener
seis pulgadas de largo, tres de ancho y una pulgada y media de grosor, y están
unidas con una anilla de hierro para protegerlas de fracturas. Sesenta de ellas
valen un tálero. (Ausland, 1846, No. 35.) Esclavos usados como dinero: Barth ,
Reise, III, 338, 344. Bloques de té en el Asia superior y Siberia; y son
entregados por los chinos a los mongoles como pago para las tropas. ( Ritter ,
Asien, III, 252,) En Keachta, un bloque de té es igual en precio a un rublo de
papel. (Ausland, 1846, No. 20. Timkowski , Reise nach China,
143.) Dinero de dátiles en el oasis de Sivah. ( Hornemann ,
Reise, 21.) También en el país de los dátiles persa, donde, antiguamente, la
pieza de dinero de plata más baja se acuñaba en forma de dátil ( Ritter ,
Asien, VIII, 752, 819.)
Los
antiguos mexicanos usaban como dinero cocos, en bolsas de 24.000 piezas, telas
de algodón, pequeños trozos de cobre y polvo de oro en plumas. ( Humboldt ,
N. Espagne, IV, 11.) Los granos de cacao todavía se usan allí como cambio
pequeño. (Ibidem, IV, 10.) En el Amazonas, se usan tortas de cera que pesan una
libra. ( Smyth , Journey from Lima to Para, 1836.) Entre los
antiguos habitantes de Rügen, el lino ( Helmold , I, 39); y
aún entre los islandeses, el llamado Vadhmâl . Durante la Edad
Media, 120 ells de Vadhmâl equivalían en valor a una vaca
lechera o seis ovejas lecheras, o dos onzas y media de plata. ( Leo en Raumer's histor.
Taschenbuch, 1835, 515.) Que el antiguo modo de valoración del norte, por
el Vadhmâl y en vacas es más antiguo que por el marco ,
lo demuestra Wilda , Gesch. des deutschen Strafrechts, I, 331.
El dinero de bacalao utilizado por los islandeses fue, debido a su gran
importancia comercial como artículo de exportación, un avance sobre el uso
del Vadhmâl . Entre los cafres, además de cauris ,
esteras, jabalinas, corales de vidrio, pero particularmente anillos de latón,
se utilizan como dinero. De trescientos a cuatrocientos de estos anillos están
ensartados juntos, y dos de tales cuerdas equivalen en valor a una vaca.
( Klemm , Kulturgeschichte, III, 308, 320 f.) Marfil utilizado
como dinero en los alrededores de las colonias portuguesas en África. ( Martius ,
Reise, II, 670.) En Logone, Denham (1822) ff., se había
encontrado con piezas de hierro como medio de circulación; pero por otro
lado, Barth (1849), con pequeñas tiras de algodón de 2 a 3
pulgadas de ancho y camisas por sumas mayores. (AR, III, 274, 297, 538.) En las
colonias, el dinero de esta naturaleza continúa durante mucho tiempo. Así, el
bacalao se usa en Terranova, el azúcar en las Indias Occidentales inglesas
( Adam Smith , I, cap. 4), el tabaco en Maryland y Virginia.
( Douglas , V, 2, 389; Ebeling , V, 435 ff.)
Este último estaba relacionado con la inspección y el almacenamiento del tabaco
destinado a la exportación. El pago se realizaba en órdenes sobre el tabaco
almacenado e inspeccionado, incluso a fines del siglo XVIII. En 1618 se decretó
en Virginia la circulación forzada del tabaco, bajo severas sanciones. ( Gouge ,
Historia del papel moneda y la banca en los Estados Unidos, cap. 1.)
Cuando
las caravanas ya no hacían escala en el oasis de Agades, el dinero de oro y
plata cayó en desuso, y los cereales, las telas, etc. pasaron a servir como
instrumentos de circulación. ( Barth , Viajes y
encuadernaciones, I, 144.)
Ad.
Müller afirma con gran pertinencia, pero en un tono
muy místico, que los metales preciosos combinan en gran medida, y sin embargo
de manera muy simple, las principales cualidades en las que se expresa la
grandeza del hombre: rareza, flexibilidad, uniformidad, movilidad, durabilidad
y belleza. (Elemente, II, 266). En otro lugar, afirma que el bien ideal supremo
es Dios, y el bien material supremo, ¡el oro! (III, 65). El misticismo del oro
alcanzó su máximo desarrollo entre los alquimistas de los siglos XVI y XVII.
Las
capas de hierro se trabajan solo cuando contienen al menos un 18 % de metal.
Generalmente, se estima que el horno debe rendir un 30 %. En las minas de cobre
de Mansfield, Noruega, Agordo y Venecia, el rendimiento baja hasta entre un uno
y un tres %. Por otro lado, las minas de plata que rinden un 0,17 % de metal se
consideran dignas de trabajar. Por último, el oro es tan raro que, por lo
general, solo se puede extraer de vez en cuando mediante los procesos mineros
ordinarios. Por regla general, los hombres se contentan con recogerlo donde la
naturaleza se ha encargado de refinarlo. El límite extremo de la explotación
del oro parece alcanzarse, según Plattner y Haussmann ,
en Goslar, cuando en 5 200 000 partes de tierra mineral hay una de
oro. A pesar de esto, sin embargo, debido a su gran ductilidad, los metales
preciosos han podido penetrar incluso en las chozas más humildes de una forma u
otra. Se ha estimado que una hoja de plata puede atenuarse batiéndola hasta
alcanzar un grosor de tan solo 0,00001 de pulgada, y una hoja de oro, hasta
0,0000035 de pulgada. Una onza de oro extendida sobre un hilo de plata puede
alcanzar una longitud de 13.000 millas inglesas. ( McCulloch ).
¡Con
qué facilidad, por ejemplo, se podía aumentar el dinero de cuero, como el que
usaban los antiguos galos ( Cassiodor , Varia, II, 32), hasta
cualquier cantidad deseada, y así reducir su precio!
Engel ,
para la tarifa usual de transporte terrestre y ferroviario (10 y 5 pfennigs por
milla y centésimas de milla), estima el aumento del precio de las siguientes
mercancías, por una milla de transporte de un quintal aduanero ( Zollcentner ),
en el siguiente porcentaje de su valor medio:
Oro,
valor 47610 Reichsthaler alemanes por quintal, 0,000007 por
tierra, 0,0000035 por ferrocarril.
Plata, valor 3000, 0,00111 por tierra, 0,00055 por ferrocarril.
Algodón, valor 45, 0,074 por tierra, 0,037 por ferrocarril.
Estaño, valor 24, 0,1389 por tierra, 0,0694 por ferrocarril.
Plomo, valor 8, 0,416 por tierra, 0,208 por ferrocarril.
Hierro, valor 2,5, 1,333 por tierra, 0,666 por ferrocarril.
Centeno, valor 2, 1,666 por tierra, 0,833 por ferrocarril.
Papas, valor 0,6, 5,555 por tierra, 2,777 por ferrocarril.
Carbón, valor 0,12, 27.777 por tierra, 13.888 por ferrocarril.
Su
gran gravedad específica facilita, además, el transporte de los metales
preciosos. Así, Cazeau calcula que un valor dado de oro es
17.222 veces más fácil de transportar que el mismo valor en trigo. Pero como, a
igual peso, el trabajo de transporte es inversamente proporcional al volumen,
esta cifra debe multiplicarse por 26, obteniendo así 447.772 veces. En el caso
de la plata, la relación con el trigo es de 1:15.554. Respecto al cobre,
véase Storch , Handbuch 1, 488. Chevalier ,
Cours, III, 17 y ss.
En
el fondo, esto también es cierto respecto de los diversos tipos de cobre; sólo
que aquí el refinado completo es impracticable debido a la relación entre el
coste de producción y el precio del producto.
Por
otro lado, el cobre, y aún más el zinc, el estaño y el plomo, pierden gran
parte de su valor en el fuego. Las perlas pueden perder todo su valor en el
fuego, y los diamantes, más de la mitad.
El
agua regia , una mezcla de ácido nítrico y muriático,
disuelve el oro. El cloro y el bromo lo atacan. Se ha observado que se vaporiza
a temperaturas muy altas. Un hilo de oro se vaporiza al pasar una fuerte
corriente eléctrica a través de él. Una pequeña bola de oro desprende una gran
cantidad de vapor si se coloca entre dos puntas de carbono y se somete a la
acción de una potente pila galvánica. ( KF Naumann )
Comparar Hatchett ,
Experimentos y observaciones de las diversas aleaciones, sobre la gravedad
específica y el peso comparativo del oro, 1863. Las piezas francesas de cinco
francos se desgastan, en promedio, en un año, 0,00016; la corona inglesa,
0,00018; la media corona, alrededor de 0,00173; y el chelín, alrededor de
0,00456. ( L. Liverpool , Tratado sobre las monedas,
204; M. Chevalier , Cours, III, 128 y siguientes). El desgaste
por el uso del gulden del sur de Alemania es de 0,292 por 1.000. ( Rau ,
en el Archiv. NFX, 256). Según Jacob , el desgaste promedio de
la moneda es de 2,38 por 1.000. (Investigación histórica sobre la producción y
el consumo de los metales preciosos, cap. 23).
Adam
Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. II,
Digr.
Solera ,
Sur les Valueurs, 1785, 271 y ss.; Custodi . Medio buey, por
ejemplo, vale la mitad que uno entero solo para unos pocos fines bien
definidos. En cuanto a la variación del valor del diamante según su tamaño,
etc., véase Dufrênoy , Traité de Minéralogie, II, 77 y ss. Por
otro lado, las partes separadas de una pieza de metal se reducen fácilmente a
un todo.
En
el caso del buey, es imposible imaginar una marca que no pueda ser eludida por
su carne perdida.
El
coste de la acuñación de monedas desde 1849 ha sido de ¾ del 1 por ciento en el
caso de la plata, y en el del oro no exactamente del 2 por 1.000. ( M.
Chevalier , Cours, III, 110.)
El
platino posee muchas de las propiedades necesarias para ser un instrumento de
intercambio en un grado tan alto como el oro y la plata: gran valor de
intercambio, gran gravedad específica y gran durabilidad. Por otro lado, su
flexibilidad es mínima, por lo que el costo de acuñación sería elevado. La
conversión de monedas de platino en utensilios y de utensilios en monedas, lo
que contribuiría a la oferta monetaria cuando fuera necesaria y a su
disminución cuando la demanda disminuyera, sería mucho más difícil por esta
razón; y también por la escasa belleza que posee este metal, lo que lo hace
poco apto para fines de lujo. En estas circunstancias, la rareza del metal
constituye un gran inconveniente, ya que el descubrimiento de una nueva mina
provocaría una gran perturbación en los precios. Por esta razón, las monedas
rusas de platino han estado, en general, muy infravaloradas en el mundo
comercial desde 1828, y el experimento se abandonó en 1845-46. Compárese
con J. Schòn , National Œkonomie, 128 y ss. El aluminio,
descubierto por Wöhler y que puede prepararse a partir de tierra arcillosa, es
muy susceptible de manipulación ( maleable
y dúctil, casi sin límite, excesivamente fusible ),
casi tan indestructible como los metales preciosos, pero se distingue
fácilmente de la plata por un delicado color azulado, que se ha comparado con
el del estaño; por su baja gravedad específica, de 2,5 a 2,67, y su timbre
similar al del hierro. Por lo tanto, es muy dudoso que el aluminio pueda
sustituir a la plata, y aún más si puede utilizarse para acuñar monedas.
Lingote,
lingote de oro . En la India, más allá
del Ganges, y en China, los lingotes son muy utilizados. ( Sycee. )
En este último país, además de estos lingotes, no se acuñan monedas, salvo las
de una mezcla de cobre y plomo, para cambio pequeño. ( Th. Smith ,
Un intento de definir algunos de los primeros principios de economía política,
31. Timkowski , Viajes a China, III, 366.) Sobre el comercio
brasileño de lingotes, véase Spix und Martius , Viajes, I, 346
y ss. Están sellados con el escudo nacional, el símbolo de la ceca, el número
de registro, el año y el grado de pureza. Sobre los lingotes persas, los laries ,
véase Noback , Handbuch der Munzverrh., III, Taf. 29.
Respecto
a la utilidad de los metales preciosos para fines monetarios, véase Plinio ,
AN XXXIII, 3; Oresmio , De Mutatione Monetarum, cap. 2; Law ,
Sur l' Usage des Monnaies, 683 y ss. Daire , donde leemos que
antes de la invención del dinero, la plata había servido para todo tipo de
propósitos útiles, pero que ahora servía para su propósito más importante, a
saber, la fabricación del mejor material para el dinero en muchos aspectos. Sin
embargo, el libro de Law , Money and Trade considered (1705)
se basa principalmente en la idea de que las parcelas de tierra son mucho más
adecuadas para fines monetarios que los metales preciosos (185). Galliani ,
Della Moneta, 1750, I, 3, 4, y P. Neri , Osservazioni, 1751 y
ss., Cust., tienen ideas muy correctas sobre este tema.
La
capacidad del dinero para actuar como depósito de riqueza ha sido sobreestimada
tanto por el llamado Sistema Mercantil como por la llamada escuela monetaria su
capacidad para transferir riqueza .
Adam
Smith compara el dinero con una gran rueda,
mediante la cual se distribuye una parte justa de los medios de subsistencia y
disfrute a cada miembro de la sociedad. En otro lugar, compara su utilidad con
las calles y los caminos. (La riqueza de las naciones, II, cap. 2). Hume ,
Sobre el dinero, Pr., prefiere compararlo con el aceite con el que se engrasan
las ruedas de la circulación. Sismondi compara el dinero con
los maleteros. (N. Principes, II, cap. 2). “El dinero es al comercio lo
que los ferrocarriles son a la locomoción, un artificio para disminuir la
fricción.” ( JS Mill. ) Según Schmitthenner ,
455, tiene la misma relación con otras mercancías que la lengua escrita de la
literatura de un pueblo con sus dialectos.
Las
opiniones de Law sobre el dinero son, en
parte, excelentes. Así, por ejemplo, afirma que la devaluación de la moneda por
necesidad financiera es una locura tan grande como intentar agrandar una pieza
demasiado pequeña para su propósito, disminuyendo la longitud de la vara de
medir. (Sur l'Usage des Monnaies, 697). Un país completamente aislado de los
demás podría arreglárselas tan bien con cien libras esterlinas como con un
millón. (Money and Trade, pág. 88). En otro lugar, confunde el dinero con el
capital hasta tal punto que considera todo aumento de la cantidad de dinero en
un país como un enriquecimiento de la población, un medio para dar empleo a los
pobres, impulsar la industria, etc. (Money and Trade, 23, 26 y ss., 168). Una
cantidad determinada de dinero solo puede dar empleo, como máximo, a un cierto
número de personas. (21.) El poder y la riqueza de una nación dependen de la
población y sus reservas de bienes, estas del comercio, y el comercio a su vez
de la cantidad de dinero. (Pp. 110, 220.) El consejo dado, en 1848, a la
Asamblea Nacional de Francia, pero que tuvo el buen sentido de rechazar, de
inundar toda Francia con los llamados bons
hypothécaires , es similar a las proposiciones prácticas de
Law. M. Chevalier , Cours, III, 8, ridiculiza con razón la
construcción literal de las palabras: l'argent
est abondant , cuando a los comerciantes les resulta fácil
obtener crédito, y lo considera tan bien fundado como inferir de la máxima: l'argent
est le nerf de la guerre , que los
rifles y las balas estaban hechos de plata.
Adam
Smith no tenía del todo claro este punto. Por ello,
de forma bastante inconsistente, llama al dinero improductivo, «stock
muerto», porque no deja rastros materiales de los bienes que ha
transferido de una mano a otra. (II, cap. 2.) ¿No se aplica lo mismo al
comercio mismo? Y, sin embargo, Adam Smith lo llama productivo. Su error es,
sin duda, un remanente de la doctrina fisiocrática, que Smith aún mantenía.
Compárese con Quesnay , 94, ed. Daire. Incluso Twiss afirma
que el dinero empleado como dinero es improductivo, pero que, cuando se emplea
como mercancía, es productivo. (Vista del progreso de la economía política,
desde el siglo XVI, 1847.) Además, no es una peculiaridad exclusiva del dinero
que, tras haber servido a los fines de la producción, salga del producto
inalterado. Lo mismo ocurre con el mercurio empleado en la amalgamación. ( Hermann ,
2.ª edición, 302.)
Senior ,
Tres Lecciones sobre el Valor del Dinero, 1840, no se equivoca, en este punto,
al afirmar que el valor de cambio de los metales preciosos sigue estando
determinado en última instancia por la escasez de bienes de lujo. Esta última
determina hasta qué punto la producción se extenderá mediante la explotación de
las minas más pobres, mientras que las necesidades de circulación pueden
satisfacerse tanto con pequeñas como con grandes cantidades de metales.
El
buen o mal resultado de esta producción depende de muchos elementos diferentes
que pueden compensarse entre sí. En California y Australia, el oro se encuentra
en grandes cantidades y se extrae fácilmente; pero los trabajadores tienen
grandes demandas que la naturaleza del país hace difícil de satisfacer. En las
minas de Harz, donde el costo apenas se cubre ( Lehzen ,
Hannover's Staatshaushalt, 1853, I, 139), los pozos a veces tienen 175-½ brazas
de profundidad, pero esto se compensa en cierta medida con las moderadas
demandas de los trabajadores y su habilidad en la minería. Entre los mandingos,
el material aurífero es tan rico que ⅓ por 1.000 del peso de la arena se lava
en oro puro en diez minutos ( M. Park , Journal, 53 y ss.,
addenda, XIX), mientras que en Europa, donde la proporción es de solo 1/100 por
1.000, las minas aún se consideran dignas de explotación. Pero claro, ¡cuántos
obreros hay! En Perú, la imponente altura de las minas sobre el nivel del mar y
la escasez de material combustible compensan con creces muchas ventajas,
mientras que en Noruega el bajo precio de la madera compensa numerosas
desventajas. Otro factor que contribuye a la uniformidad del precio de los
metales preciosos es que la gran cantidad de capital fijo requerido en la mayor
parte de las empresas mineras pospone durante mucho tiempo la explotación de
buenas minas, así como el abandono de las deficientes.
Los
autores más antiguos han estimado la cantidad de dinero necesaria en un país en
1/5, 1/10 ( Petty ), 1/15 e incluso 1/30 del ingreso anual de
un pueblo ( Adam Smith , II, cap. 2). Según Cantillon ,
Sur la Nature du Commerce, pág. 73, es de 1/6 a 1/10 de la producción bruta
anual de una nación.
Davanzati ,
Lezione sulle Moneta, 1588, 32 y sigs., Cust., opina que todos los bienes
terrenales que sirven para satisfacer las necesidades humanas son, en virtud
del acuerdo, iguales en valor a todo el oro, la plata y el cobre; y que las
partes se comportan como el todo. El precio de una mercancía se basa en que las
personas encuentren en ella tanta felicidad como la que les
proporciona una cantidad dada de oro, etc. De igual manera, Montanari ,
quien añade como limitación la cantidad de dinero gastable en el
comercio (Della Moneta, 45, 64, Cust.). La misma opinión lleva a
Locke a la singular conclusión de que, como ahora hay en el mundo diez
veces más plata que antes del descubrimiento de América, cada pieza de plata,
considerada por separado y en relación con las mercancías que no han variado,
vale solo una décima parte de lo que valía entonces. Locke parte
aquí de la premisa básica, compartida incluso por Ganilh (Théorie,
II, 386 y ss.), de que en el caso del dinero la demanda es siempre, en términos
relativos, igual de fuerte y tan grande como la oferta, o sea, la cantidad en
el mercado (Obras, II, 23 y ss.). Véase también Montesquieu ,
Esprit des Lois, XXII, 7, 8. Por el contrario, véase Montesquieu ,
ibid. XXII, 5, 6, y Hume , Sobre el dinero y la balanza
comercial, Ensayos II, 1752.
Hume
sabía perfectamente bien que solo el dinero circulante y las mercancías
circulantes operaban sobre el precio, pero no tuvo en cuenta la rapidez de la
circulación. De manera similar, Forbonnais , Eléments du
Commerce, II, 212; incluso Canard , Principes, cap. 6; Fichte ,
Geschloss. Handelstaat, 93 y sigs., y Stein , Lehrbuch, 58.
Contestada por Law , Trade and Money considered, 140, una obra
dirigida especialmente contra el ensayo mercantilista, Britannia languens;
1680, por Mélon , Essai politique sur le Commerce, cap.
22; Genovesi , Economia civile, 1764, II, 1, 15; Steuart ,
Principles, II, cap. 28; Verri , Meditazioni, XVII, 3 y
sigs.; Büsch , Gedlumlauf, II, 40. El simple inventario de la
mayoría de los recursos privados, cuyo valor en otras mercancías es mucho mayor
que en dinero, basta para demostrar el error de la doctrina de
Davanzati . Así, en Francia, en tiempos de Necker, el dinero en
efectivo del reino se estimaba en 2.200.000.000 de libras, y el valor medio de
la cosecha de trigo, solo en 1.000.000.000. Necker ,
Législation et Commerce des Grains, 1776, I, 215. Recientemente, Michel
Chevalier estimó la cantidad de dinero en Francia entre 3,5 y 4 mil
millones, mientras que la estimación oficial de sus bienes inmuebles, solo en
Francia, superaba los 83 mil millones.
Cuando
el dinero se encarece, naturalmente se necesita menos; y cuando es más barato,
más, para el mismo propósito.
A
diferencia de los regalos, los actos de expoliación, pero sobre todo el
trueque.
Muchos
consideran que el descubridor de esta verdad fue Bandini ,
Discorso economico, 1737, 141 s., Cust. Berkely , sin embargo,
en el Querist, 1735, 477 s., escribe: «Seis peniques pagados dos veces
valen lo mismo que un chelín pagado una vez». Mucho antes, en 1797, Boisguillebert ,
Détail de la France, II, 19, tuvo el germen de esta doctrina, pero confunde la
circulación con el consumo. Y Locke , Considerations, II, 13
ss., la presentó en 1691 con gran claridad, aunque no siempre se mantuvo fiel a
su teoría. Compárese con Quesnay , ed. Daire, 64; Cantillon ,
159 ss., 382.
Si
el número de cambios anuales efectuados por 1 dólar = u; el número total de
dólares en el depósito de dinero = m; la rapidez de circulación, es decir el
número de cambios efectuados en promedio por cada dólar en un año, = s:
entonces u = ms, s = u/m, m = u/s.
Como
el dinero valioso se guarda y conserva con tanta facilidad, nadie se apresura a
deshacerse de él. St. Chamans , N. Ensayo sobre la riqueza de
las naciones, 122 y ss.
Entre
los kurdos, todo el dinero de sus campamentos se utiliza para comprar adornos
para la cabeza de sus mujeres. ( K. Ritter , Erdkunde, X,
887.)
Así, Sir
David North , Discurso sobre el comercio, 1691, Postscr.
Lotz ,
Handbuch, 377, opina que incluso en Inglaterra, 100.000 libras esterlinas
empleadas en el comercio de tierras apenas pueden generar intercambios por un
valor de 1.000.000 de libras esterlinas al año. La misma suma empleada con el
mismo propósito en Londres, en acciones y en el comercio de mercancías,
generará intercambios por un valor de 160.000.000 de libras esterlinas.
Cernuschi ,
Mécanique de l'Échange, 1865, 132 y sigs.
Así, Petty (nacido
en 1687) opina que Inglaterra necesitaba la mitad de sus rentas de la tierra,
la cuarta parte de las rentas de las viviendas y 1/52 de los salarios anuales,
debido a que las rentas de la tierra se pagan semestralmente, las de las
viviendas trimestralmente y los salarios semanales. (Varios ensayos, 179;
Anatomía política de Irlanda, 116). Locke , por otro lado,
supone 1/50 de los salarios, una cuarta parte de los ingresos de los
terratenientes y 1/20 del dinero en efectivo que ingresan los comerciantes
anualmente. De estas cantidades, al menos la mitad debería estar siempre
disponible en efectivo, si no se quería paralizar el comercio. Si los
arrendamientos se pagaran a corto plazo, se podría ahorrar mucho dinero.
(Obras, II, 13 y sigs.) Pinto , Traité du Crédit et de la
Circulation, 34, llama especialmente la atención sobre el caso de Tournay, en
el que el comandante, durante el asedio de 1745, hizo servir 7.000 florines
durante siete semanas para pagar a la guarnición; tomando prestada esa suma
cada semana de los posaderos, etc.; que ellos, a su vez, habían recibido de los
soldados.
Si
todos confiaran sus pagos al mismo banquero, sería posible arreglárselas con
casi nada de dinero. Pero incluso ahora, si 100 comerciantes estuvieran
obligados a guardar 3.000 dólares cada uno en sus arcas para imprevistos, un
banquero podría hacer lo mismo con 50.000 dólares, ya que es improbable que los
imprevistos en cuestión les ocurran a todos al mismo tiempo.
En
la Cámara de Compensación de Londres, en 1839, se pagaron £954.401.600 mediante
el uso de £66.275.600 como medio circulante, en su mayoría billetes del Banco
de Inglaterra. ( Tooke , Investigación sobre el Principio de
la Moneda, 27). Desde mayo de 1868 hasta mayo de 1869, £7.068.078.000.
(Statist. Journal, 1869, 229). La Cámara de Compensación de Nueva York, en
1867, efectuó pagos por un monto de £5.735.031.900 (Ibíd., 1867, 577), y en
1868, $30.880.000.000. ( Hildebrand's Jahrb., 1869, II, 168).
Este
sistema comenzó a mediados del siglo XVII. (A Discourse of Trade Coyn and Paper
Credit, 64.) Ya un escritor como Sir J. Child , N. Discourse
on Trade, 46, dice que durante algún tiempo, todo hombre que tuviera entre 50 y
100 libras esterlinas en dinero, lo enviaba a su banquero, y que desde
entonces, todo el dinero fluyó hacia Londres y el país se vio privado de él.
(127 y sigs.) Por regla general, los orfebres también eran banqueros. Uno de
esos orfebres había emitido, en la época del Gran Incendio de 1666, 1.200.000
libras esterlinas en billetes. (A Discourse etc., 67.) El Banco de Inglaterra,
como centro monetario, data de 1694. Los bancos de Londres se convirtieron en
intermediarios principalmente antes de la época de la Revolución Francesa. ( Thornton ,
Paper-Credit of Great Britain, 1802.) Esta notable institución había crecido
hasta alcanzar vastas dimensiones incluso en la época de Thornton, aunque se ha
ampliado mucho desde 1825. ( Tooke , History of Prices, 152
f.) Condiciones similares entre casi todos los pueblos altamente civilizados.
Así en Grecia, compárese Becker , Charicles, I, 294. Con
respecto a una persona que tenía recursos por valor de 14 talentos, 26 minas y,
por lo tanto, un tres por ciento en efectivo, véase Lisias, adv. Diog., 6. En
Roma, compárese Polibio , XXXII, 13. Cicerón ,
pro Font., I, 1. Para casos análogos italianos, parte de los cuales pueden
rastrearse hasta el siglo XII, véase Lobero , Memorie storiche
della Banca de S. Georgio, 1832; o la «cassiere» holandesa Richesse
de Hollande, I, 376 y ss. En Francia se observa una creciente centralización
del comercio monetario en París ( M. Chevalier , Cours., III,
418); y ahora del comercio monetario de Alemania en Berlín.
Compárese
con Fullarton , Sobre la regulación de las monedas, 1845.
Entre los holandeses, la costumbre de utilizar todos los productos comerciales,
en la medida de lo posible, como base del medio circulante, se desarrolló mucho
antes. ( Child , Discurso sobre el comercio, 65, 264 y sig.)
En Gran Bretaña, el importe total de letras de cambio puestas en circulación
fue, en 1839, de 528.000.000 de libras esterlinas, suma que se ha incrementado
anualmente a un ritmo de unos 24.000.000 de libras esterlinas. ( Tooke ,
Inquiry into the Currency Principle, 26.) Entre 1828 y 1847 circularon al mismo
tiempo, por término medio, 79.127.000 libras en letras de cambio en Inglaterra,
y en Escocia, 17.380.000 libras (Athenæum, 1850, No. 175), y en Gran Bretaña e
Irlanda, de 180.000.000 a 200.000.000 libras. ( Tooke ,
History of Prices, VI, 588,) Según Macleod , las letras de
cambio y los pagarés sumaban en conjunto 500.000.000 de libras; las letras de
cambio, los billetes de banco y los créditos bancarios, más de 600.000.000 de
libras. (Elementos, 12, 325.) Macleod llama moneda a la suma
total de todas las deudas contraídas por cada individuo en el país. (Elementos,
43.)
Un
caso en Inglaterra, en 1857, en el que una casa con un capital de 10.000 libras
quebró con pasivos por valor de 900.000 libras. (Informe del Comité Selecto
sobre la Ley Bancaria, 1858, XV.) O donde un especulador con 1.200 libras
realizó compras a crédito por valor de 80.000 libras y luego quebró con un
déficit de 16.000 libras. ( Fawcett , Manual, 442 y ss.)
Comentado
por un escritor tan antiguo como Davenant , Obras, IV, 106 y
ss. Compárese, sin embargo, con II, 238. Quesnay , ed. Daire,
75 y ss. Lord King , Reflexiones sobre los efectos de la
restricción bancaria, 1804, 17 y ss. Tratado exhaustivamente por Chevalier ,
Cours., III, 397 y ss. Lamenta profundamente que las aduanas de Francia le
hagan necesitar entre 3½ y 4 mil millones de dinero en efectivo, mientras que
Inglaterra comercia mucho más con 1.200 millones. (I, 207 y ss.) En Francia, se
dice que la cantidad de dinero, en 1812, fue de 1.500.000.000 de francos (?).
( Peuchet , Statistique élémentaire, 473.) En Prusia, en 1805,
era de 90.000.000 de táleros. ( Krug , Betracht. über den
Nationalwohlstand des preuss. St., I, 244.) La cantidad anual de producción en
el primer país era de 7.036.000.000 de francos; en el último se estimaba en
261.000.000 de táleros, de modo que en Prusia la relación entre el dinero y el
ingreso nacional era de 1:2,9; en Francia, de 1:4,69.
Es
casi imposible determinar con exactitud la cantidad de dinero en un país;
debido a que, más allá de las suposiciones de los banqueros, etc., no existe
autoridad confiable, a menos que se trate de los informes sobre la acuñación y
la emisión de papel moneda. La información, no menos necesaria, que se deriva
de las estadísticas de importación y exportación de dinero, la fundición de
monedas en fundiciones de oro, etc., nunca puede obtenerse con exactitud. En
Inglaterra, a finales del siglo XVI, el medio circulante se estimaba en
4.000.000 de libras esterlinas ( Hume , Historia de
Inglaterra, cap. 44, ap.); bajo Carlos II, en 6.000.000 de libras esterlinas,
cuando la población era de 6.000.000. ( Petty , Various
Essays, 179.) Alrededor de 1711, Davenant , New Dialogues, 11
y siguientes, menciona £12.000.000 como la cantidad; y Anderson ,
Origin of Commerce, a., 1659, £16.000.000 en 1762. La circulación de oro, poco
antes de 1797, fue estimada por Rose en al menos £40.000.000;
por Lord Liverpool , en £30.000.000; por Tooke ,
en sólo £22.500.000. (Historia de los Precios, V, 130 y sigs.) Moreau
de Jonnés , 1837, supuso 43.500.000 libras esterlinas (Statistique, I,
329), y Helferich (Schwankungen der edlen Met., 1843, 147),
45.000.000 libras esterlinas. Sir Robert Peel , estimó la
cantidad en 1845 en 59.000.000 libras esterlinas, a las que debía añadirse un
promedio de 28.000.000 libras esterlinas en billetes de banco, tras la
deducción de la reserva metálica. Según Jevons , la cantidad
de dinero británico ahora es de 80.000.000 libras esterlinas en oro, 14.000.000
libras esterlinas en plata, 1.000.000 libras esterlinas en cobre; la suma
total, incluyendo lingotes y billetes de banco, después de la deducción de sus
representantes metálicos, £134,000,000. (Economist, diciembre de 1868, julio de
1869). En Francia, Vauban , Dîme royale, 104 (Daire), estimó
el dinero en efectivo en alrededor de 500,000,000 de libras, más de 750,000,000
de francos, con lo que Voltaire , Siècle de Louis, XIV, cap.
30, concuerda en lo que respecta al año 1683. En 1730, Voltaire ,
supone que la cantidad es de 1,200,000,000 de las monedas de ese momento. Necker ,
Administration des Finances, III, 66, lo estimó, en 1784, en 2,200,000,000 de
libras; Mollien , alrededor de 1806, en 2.300.000.000. Las
valoraciones en la época de Luis Felipe oscilaban entre 2.400.000.000 y
2.500.000.000 (Cámara de Diputados, 13 de abril de 1847), y 4.000.000.000
( Blanqui ). Las valoraciones de 1870 eran, según Wolowski ,
de 4.000 millones; y para Bonnet , de 5.000 a 6.000 millones.
Compárese con Wolowski.Se dice que el Zollverein alemán tenía, a
principios de 1870 ( Soetbeer ), 480.000.000 o 520.000.000 de
táleros ( Weibezahn ) en dinero en efectivo.
En
Wirtemberg, Memminger , en 1840, estimó los recursos del país
en 1.600.000.000 de guldens, de los cuales 36.000.000 eran efectivo; y los
ingresos brutos anuales en 179.000.000 de guldens; de modo que el dinero
representaba el 20 % de estos últimos y el 2,25 % de los primeros. Las ventas
anuales fueron de 226.000.000. Por lo tanto, el dinero en efectivo debía
circular de media entre seis y siete veces al año. En el electorado de Hesse,
había per cápita 4 táleros, 18 sgrs., 9 hellers de dinero
metálico, y 3 táleros, 9 sgrs., 4 hellers de papel moneda. ( B.
Hildebrand , Statist. Mitth., 1853, 185.) La cantidad de dinero en
Nápoles, en 1840, se estimó en 42.000.000 de ducados. ( Scialoja. )
Se ha estimado que, en 1830, España poseía 1.725.000.000 de francos. ( Barrego
von Rottenkamp , 330.)
Montanari ,
Della Moneta, 52 y sigs.
El
influyente ensayo de David Hume sobre la
balanza comercial no expresa este error, pero sin duda fue la ocasión para que
muchos de sus discípulos lo propugnen. Está relacionado con el error mencionado
en el §123. Quesnay , 101
(Daire) vio este punto con mucha más claridad. Lo mismo hizo Graumann ,
Gesammelte Briefe vom Gelde (1762), 12 y ss.; 73 y ss.
Esto
se ve, por ejemplo, cuando se emite papel moneda en épocas en que el comercio
prospera y se retira cuando esta coyuntura cesa.
Muy
bien elaborado por Fullarton , Sobre la regulación de las
monedas, 71 y ss., 139 y ss. Compárese, sin embargo, con Becaria ,
Económica pública, IV, 4, 27. Cuando Inglaterra, con motivo de la eliminación
de la restricción bancaria en 1821 y 1822, hizo que se estamparan 9.520.759 y
5.356.788 libras esterlinas, esta poderosa demanda apenas afectó al agio oro en
París. ( M. Chevalier , Cours, III, 157.) Y, por otro lado, el
sistema de asignados, desarrollado durante la primera Revolución Francesa, a
tan gran escala, no influyó en el precio de la plata en el resto de Europa.
( Lord King , Reflexiones sobre la restricción bancaria,
1804.) Así, Tooke , Historia de los precios, I, 205, describe
un gran aumento del medio de circulación, tras el cual los precios de las
mercancías se mantuvieron sin cambios, el maíz cayó y los productos coloniales
subieron de precio, tanto como antes como por causas inherentes a las propias
mercancías. Durante los primeros años de la restricción bancaria, 1799-1801, el
precio del grano subió muy rápidamente, mientras que todos los productos
transatlánticos se desplomaron. ( Tooke , I, 232 y sigs.) La
importación inusualmente grande de trigo del 1 de enero de 1846 al 14 de enero
de 1847 se pagó en Francia con una disminución de la reserva metálica bancaria
( encaisse ) de
172.000.000 de francos. ( M. Chevalier , Cours, III, 470.) Un
experto en Inglaterra opina que un aumento de los billetes bancarios de
aproximadamente £5.000.000 no elevaría los precios ni aumentaría la
especulación, sino que solo aumentaría los depósitos de los banqueros. Pero,
si, por el contrario, £5.000.000, por cualquier imprevisto, llegaran a manos de
la clase trabajadora, este dinero, en su mayor parte, entraría inmediatamente
en circulación; por lo tanto, el precio de las mercancías subiría y seguiría
subiendo hasta que esa cantidad llegara a manos más estrechas, como ocurriría
después de un tiempo. ( Tooke , III, 156 y siguientes, II,
323.)
Esto
explica el alto precio del oro en el Asia lejana, que antes estaba separada de
América, la principal fuente de suministro de metales preciosos, por un viaje
alrededor de la tierra, el curso habitual entonces del comercio mundial.
Los
metales preciosos suelen ser más caros en las zonas rurales que en las grandes
ciudades, y en el interior que en la costa. Gracias a las mejoras en las
carreteras públicas, etc., en Alemania, la diferencia en el valor del dinero
entre la Alta y la Baja Alemania casi ha desaparecido. ( Rau ,
en el Archiv der polit. Oek., III, 338.)
Buen
comienzo de esta doctrina en Hume , Sobre la balanza
comercial. Además, Thornton , El crédito en papel de Gran
Bretaña, cap. 11. Adam Smith , por otro lado, afirma que el
oro y la plata, por ser superfluidades costosas, se pagan uniformemente más
caros en los países más ricos. (La riqueza de las naciones, I, cap. 11, 3:
Digr.)
De
igual manera en China, e incluso en el Alto Egipto, la China, por así decirlo,
de la antigüedad. Compárese con Heródoto , II, 112 y
ss.; Homero , Od., IV, 354 y ss. La religión de los egipcios
les prescribía un modo de vida difícilmente practicable en el extranjero.
Estaban sistemáticamente inspirados por un horror hacia todo lo extranjero.
Sentían una fuerte antipatía por la sal, el pescado y los pilotos. En la
mitología egipcia, Osiris representa el Nilo, Tifón el desierto y el mar.
( Plutarco , De Iside, 32.)
La
otra parte, por supuesto, también obtiene beneficios. Está en mejores
condiciones que si quisiera producir el producto deseado en su propio país.
El
primer germen claro de esta doctrina, que es uno de los principios teóricos más
importantes de la política de comercio internacional, se encuentra en David
Hume , On Interest; Cantillon , Nature du Commerce,
226, 369 y sigs. Ricardo , Principles, cap. 7. “Habiendo
sido elegidos el oro y la plata como medio general de circulación, son, por la
competencia del comercio, distribuidos en tales proporciones entre los
diferentes países del mundo, como para acomodarse al tráfico natural que
tendría lugar si no existieran tales metales, y el comercio entre países fuera
puramente un comercio de trueque”. Rebenius , Oeff. Credit, I,
29 y sigs. Aún más desarrollado, especialmente por John Stuart Mill ,
Elements, 1821, III, 4, 13 y sigs.; Torrens , The Budget,
1844. John Stuart Mill , Essays on some unsettled Principles
of Political Economy, 1844, No. 1, y Principles, III, cap. 19, § 3, 5.ª
ed.: “La apertura de una nueva rama del comercio de exportación desde
Inglaterra; un aumento en la demanda extranjera de productos ingleses, ya sea
por el curso natural de los acontecimientos o por la derogación de los
aranceles; un control a la demanda en Inglaterra de productos extranjeros, por
la imposición de aranceles de importación en Inglaterra o de aranceles de
exportación en otros lugares; estos y todos los demás eventos de tendencia
similar, deberían hacer que las importaciones de Inglaterra, lingotes y otras
cosas tomadas en conjunto, ya no sean un equivalente para las exportaciones; y
los países que reciben sus exportaciones se verían obligados a ofrecer sus
productos, y lingotes entre el resto, en términos más baratos, para restablecer
la ecuación de la demanda; y así Inglaterra obtendría dinero más barato y
adquiriría un rango de precios generalmente más alto”.
Conjeturado
vagamente por Beccaria (EP, 3, 18) e incluso por Galiani (Della
Moneta, II, 2), la admirable obra de Senior , Tres
conferencias sobre el coste de la obtención del dinero (1830), parte de la idea
de que cada país obtiene productos nacionales y extranjeros a un coste que
disminuye en la misma medida en que aumenta la productividad del trabajo de su
población. Esto, sin duda, explicaría por qué quizás cien jornadas de trabajo
inglesas en las manufacturas de algodón se intercambiarían por la misma cantidad
de plata que se produce con doscientos días de trabajo en las minas y
fundiciones mexicanas. Esto no produciría, en absoluto, una bajada del precio
de los metales preciosos en relación con otras mercancías inglesas, sino que la
influencia se sentiría por igual en todos los productos de la industria
nacional inglesa.
Se
encuentra en germen en Cantillon , Nature du Commerce, 1755,
249 y ss. 307. Büsch , Geldumlauf, 14. Kaufmann ,
Untersuchungen, I, 75 y ss. Muchas de las doctrinas del llamado Sistema
Mercantil, del cual trataré en mi trabajo proyectado sobre la Economía Política
del Comercio, han dado expresión a esta verdad de una manera inexacta y
exagerada; pero no eran completamente erróneas, como suponen los partidarios de
Hume y Smith. Sin embargo, JS Mill , Principles II, cap. 19, §
2, no admite completamente el grado de baratura del dinero en Inglaterra
generalmente asumido. Según él, son las necesidades de lujo (luxy-wants) las
que se vuelven tales por el hábito, las que producen "la carestía de
vivir en Inglaterra".
Petty considera
la búsqueda de una medida que pudiera aplicarse tanto a la tierra como al
trabajo como uno de los principales problemas de la Economía Política.
(Anatomía Política de Irlanda, 62 y sigs.) Sir J. Steuart ,
Principios, III, cap. I, tomó el asunto muy fácilmente al considerar la
llamada “moneda de cuenta”, por ejemplo, el “dinero
bancario”, como una magnitud de valor invariable. Compárese con Jacob ,
Grundsätze der National Œkonomie, II, 441 y sigs. Cazaux ,
Economie politique et privée, 1825, 16 y sigs., tiene un estudio no poco
interesante sobre este tema; pero él parte, a lo largo de su argumento, del
supuesto de que la tasa de interés es el precio del dinero. Si la tasa de
interés en dos países = I e i, los precios del mismo producto = P y p, los
verdaderos valores de las cosas, V y v; entonces tenemos v: V:: ip: IP!
Antes
que él, y con mucha razón, Montanari , Della Moneta, I, pág. 84 y
sigs., compara los medios empleados para medir una mercancía por otra con los
medios utilizados para estimar el tiempo en términos de espacio, como cuando
se mide por las revoluciones de las manecillas de un reloj, y, de nuevo, el
espacio en términos de tiempo.
En
este caso no se puede tomar en consideración la solvencia o capacidad de pago
de los compradores, ya que es sinónimo de la cantidad de contravalores que se
quieren medir.
Adam
Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. 5. De
modo similar, Lutero , vom Kaufhandel: Werke, ed. Walch ,
X, 1098 y sig. B. Franklin consideraba el trabajo empleado en
la producción de trigo como la mejor medida de los precios. (Carta a Ld. Kames:
Works, ed. Sparks , VII.) Como Adam Smith, también Sismondi ,
Richesse commerciale, I, 371 y sig.; Kraus ,
Staatswirthschaft, I, 84; v. Schlözer , Anfangsgründe, I, 41.
También Malthus , en la segunda edición y sucesivas de sus
Principios, cap. I, 6, y Definiciones, cap. 8, 9. La medida del valor, 1823. Zachariä ,
Vierzig Bücher, VII, 53 y sig., sostiene que, al menos dentro de los límites de
cada nación, la fuerza de trabajo promedio de un hombre es invariable.
Suponiendo, por lo tanto, que este principio sea cierto, los medios de
subsistencia necesarios para mantener a un trabajador durante una jornada
laboral constituyen, indirectamente, una medida de precios. Tooke ,
History of Prices, I, 56, dice que el monto del salario diario es siempre una
mejor medida del precio de los metales preciosos que el precio del trigo.
Incluso en 1750, Galiani , Della Moneta, II, 2, había negado
la imposibilidad de una medida de precio completamente invariable en este mundo
de cambios, pero consideraba al hombre mismo la menos variable de las medidas,
y en un país donde prevalecía la esclavitud, a los esclavos. Pensaba que la macuta de
los negros era una parte del precio promedio de los esclavos. En la práctica,
la medida propuesta por Adam Smith se aplicó en la Constitución francesa de
1791, ya que establecía que la participación en las asambleas primarias debía
depender del pago de un impuesto anual equivalente al salario de tres días de
trabajo, y la elegibilidad como èlecteur ,
de la posesión de unos ingresos equivalentes al salario de doscientos días de
trabajo. Owen se esforzó por basar el valor del papel moneda
en circulación en su utópica república no en un metal de cierto peso o sello,
sino en las horas de trabajo como unidad. ( Reybaud ,
Réformateurs Contemporains, I, 255.)
La
miserable condición de la clase obrera irlandesa, hasta hace poco, es bien
conocida: vivían en cabañas de barro sin ventanas, suelos de tablas ni
chimeneas, etc., en el mismo apartamento que sus cerdos; vivían casi
exclusivamente de patatas y andaban harapientos. Estos mismos irlandeses, coelum,
non animum mutantes , recibían en
Norteamérica, por el trabajo más rudo, salarios de 50 a 75 centavos, además de
pan y carne de trigo tres veces al día, café y azúcar dos veces al día,
mantequilla una vez y siete u ocho vasos de whisky o brandy. ( M.
Chevalier , Lettres sur l'Amérique du Nord, I, 159.)
Así,
en Mauricio, la inmigración de culíes ha producido una disminución de los
salarios de los negros, pero un aumento de su industria. En Barbados, los
negros son más trabajadores y sus salarios son más bajos que en Jamaica. Los
salarios de los buenos trabajadores, como por ejemplo durante la crisis
comercial en Manchester, a menudo bajan, mientras que los de los malos
trabajadores suben; como, por ejemplo, en un pueblo por el que pasa un
ferrocarril. Compárese con Lauderdale Inquiry, cap. 1; Sartorius ,
Abhandlungen, 1806, I, 16 y ss.; Lotz , Revision, I, 99 y
ss.; M. Chevalier , Cours, III, 88 y ss.
Además
de los pasajes citados en el § 107 ,
compárese también Harris , On Money and Coins, II, 1757 y
sig.; Jacob también precedió a Ricardo .
Véase la traducción alemana de Say , II, 435, 507.
La
introducción de las palabras “el tiempo de trabajo socialmente
necesario” en las fórmulas no hace que la medida sea más práctica para los
economistas políticos ni para los socialistas.
Cantillon ,
quien reduce todo el coste de producción a la tierra y el trabajo, considera
que la "paridad" entre ambos es la siguiente: el trabajo
del esclavo más humilde corresponde a la cantidad de tierra que el propietario
está obligado a emplear para su sustento, así como para el sustento del esclavo
y de los hijos que lo reemplazarán. (Nature du Commerce, 42). Los fisiócrates
creían que el valor interno ( innere ) de dos mercancías
guardaba la misma relación entre sí que la superficie de tierra directa o
indirectamente necesaria para su producción. Schlettwein ,
Grundfeste der Staaten, 1792, 230.
El
llamado Sachwerth (valor de
cosa, valor real) de Hermann , St. Untersuchungen, 101 y ss.
Así, Poulett Scrope recomendó un «estándar
tabular», que se establecería oficialmente y se renovaría periódicamente,
para servir de referencia a quienes desearan fijar permanentemente su dinero de
forma que fuera intercambiable por un valor igual en cosas .
(Principios de Economía Política, 1833, 406.) Algo similar se intentó con 50
mercancías, entre 1833 y 1837, por Porter , Progress of the
Nation, 1.ª ed., II, 236 y ss., y luego, con 40 mercancías, por Jevons en
el Statistical Journal, 1865. Por supuesto, no todas las mercancías de un
precio dado tienen la misma importancia a este respecto. Así, por ejemplo, una
fluctuación en el precio de los diamantes no afectaría al valor material ni al
valor real de un jornal, pero sí al valor material de un ingreso principesco.
Hay excelentes observaciones sobre este importante tema en la obra de
Lowe , On the Actual Condition of England, caps. 8 y 9. La
controversia se desarrolló entre Jevons , A serious Fall in
the Value of Gold, and its social Effects, 1863; Statist. Journal, 1865;
y Laspeyres , Hildebrand's Jahrb., 1864, 81 y
ss.; 1871, I, 296 y ss. en el que el primero recomienda la media geométrica de
los precios relativos de mercancías separadas en diferentes puntos del tiempo,
para calcular el precio relativo promedio: y el último, como es usual, la media
aritmética, es revisada y criticada muy a fondo por Drobisch ,
quien muestra que ninguno de estos métodos es suficiente, sino que también debe
tomarse en cuenta la cantidad de cada mercancía separada, para lo cual
proporciona fórmulas prácticas. (Math. phys. Berichte der K. Sächs.
Gesellsch., 1871, I, 143 y ss., 416 y ss.) Es cierto que un ingreso fijo en
dinero podría mantener su valor real o valor de cosa ( Sachwerth )
tan poco si el cwt. del pan aumentara en tantos dólares como hubiera bajado el
cwt. de la pimienta; como si el aumento del precio del pan dependiera de un
precio decreciente de la pimienta.
Además
de esto, podemos sacar del valor de un día de salario una conclusión correcta
en cuanto a la condición económica de la mayoría de la gente, y suponiendo la
división habitual de la riqueza nacional, también en cuanto al grado en que la
gente ha sometido las fuerzas de la naturaleza a su servicio .
Ricardo ,
cap. 22, en realidad refutó sólo la opinión de que un aumento en los salarios
del trabajo producido por los precios más altos del maíz, necesariamente haría
que todos los bienes o productos del trabajo fueran correspondientemente más
caros.
Compárese
el § 103. En
París, en 1817, el setier de
trigo costaba el 5 de marzo, 55½ francos; el 2 de abril, 57 francos; el 23 de
abril, 60 francos; el 14 de mayo, 63 francos; el 21 de mayo, 66 francos; el 28
de mayo, 75 francos; el 4 de junio, 82 francos; y el 11 de junio, 92 francos.
( Tooke , Historia de los Precios, II, 17.)
Locke ,
98. Cuando Condillac afirma que el trigo es la mejor medida de
precios, añade que, cuando se logra el libre comercio de trigo, este se
produce. (Commerce et Gouvernement, 1, 23.) Fichte , por otro
lado, si bien aboga por la dirección despótica de todo el comercio por parte
del Estado, emplearía el trigo como medida fundamental de precios. (Geschl.
Handelstaat, 47 y ss.) Que el grano no proporciona una buena medida de precios
ni en naciones muy cultivadas ni en las bárbaras, véase Hermann ,
II, Aufl., 451.
El
precio promedio debe basarse en los precios de muchos años, ya que los precios
de las cosechas varían no solo de un año a otro, sino también de una década a
otra. Véase Roscher , Nationalökonomik des Ackerbaues, § 152,
y Roscher , Kornhandel und Theuerungspolitik, 47 y siguientes.
Las grandes guerras suelen perturbar la agricultura de tal manera que el precio
del maíz aumenta considerablemente. Por lo tanto, no es infrecuente usar los
precios del grano como una especie de barómetro para determinar la presión real
de una guerra sobre la vida económica de un pueblo. A juzgar por este estándar,
Inglaterra sufrió mucho menos por la Guerra de las Rosas en el siglo XV que por
las guerras civiles del siglo XVII; y menos que Francia por las guerras
religiosas del siglo XVI. El año de guerra de 1631-32, en el que Gustavo Adolfo
y los emperadores tuvieron que perdonar al país, debe haber sido mucho menos
opresivo para Sajonia que las campañas suecas posteriores. Roscher ,
en Tübinger Zeitschrift, 1857, 471.
La
mayoría de los países atraviesan estos períodos sucesivos en su comercio de
cereales: en el primero, predomina la exportación; en el segundo, hay
equilibrio; en el tercero, predomina la importación. ( M. Chevalier ,
III, 74 y ss.) Compárese con Tacit. , Ann., XII, 43. Omitiendo
los dos años más caros y los dos más baratos, las provincias prusianas se
encontraban en las siguientes circunstancias:
En
todo el Reino, el precio del centeno, entre 1816 y 1837, era de 40 groschens de
plata. La población por milla cuadrada era de 2776.
En Prusia, 32,2 groschens de plata y 1827.
En Posen, 34,3 groschens de plata y 2180.
En Brandeburgo-Pomerania, 38,4 groschens de plata y 2093.
En Sajonia, 40,3 groschens de plata y 2366.
En Silesia, 38,0 groschens de plata y 3612.
En Westfalia, 47,7 groschens de plata y 3600.
En la provincia del Rin, 49,4 groschens de plata y 5078.
Rau ,
Lehrbuch, I, § 183. En cuanto a cuándo se puede suponer que el precio del trigo
ha permanecido inalterado, véase Hermann , loc. cit., 125 y
siguientes.
Petty recomendó
el alimento diario promedio necesariamente requerido por un hombre como la
medida del precio, estimada sobre la base de los medios de subsistencia más
baratos. (Polit. Anatomy of Ireland, 62 ff.) Thaer usó como
tal medida el salario diario más pequeño; como él supuso, expresado en centeno,
es decir, 1/9 del scheffel prusiano . De manera similar, Malthus ,
en su primera edición, y Buquoy , Theorie der
Nationalwirthschaft, 240. Pero esto es simplemente sustituir el trigo por una
cantidad y calidad determinadas arbitrariamente del mismo como una medida de
precios. Para experimentos prácticos de este tipo, hechos por la depreciación
del papel moneda durante la Revolución Francesa, véase M. Chevalier ,
Cours, III, 98; y Constitution de 1795, V, 68, VI, 173. Count Soden ,
Nat. Œk., II, 338 y sig., exige que todos los impuestos, salarios de los
funcionarios estatales, etc., se regulen en función del precio del trigo. Esta
misma postura se ha sugerido recientemente en muchos estados alemanes.
Reconocido
generalmente por Locke , Consideraciones 24. Además, Galliani ,
Della Moneta, II, 2; Adam Smith , I, cap. 5. Schäffle ,
N. Œk., II, Aufl., 127, sostiene que una medida constante de precio, tal como
permitiría a una persona estipular, por ejemplo, un salario que siempre fuera
del mismo valor, es imposible. De igual modo, Hildebrand's Jahrb.,
1871, 315 y ss.
Compárese
con J. Tucker , Four Tracts on political and commercial
Subjects, 28 y ss., quien sostiene que es una regla, casi sin excepción,
que las manufacturas complejas o complejas son más baratas en los
países ricos; las materias primas, en los pobres. Así, por ejemplo,
el maíz (?) y los productos de jardinería en los primeros; el ganado, la lana,
la leche, las pieles y la carne, en los segundos. Los barcos y los bienes
muebles son más baratos en los primeros, mientras que la madera puede
considerarse casi un producto gratuito de la naturaleza en estos países. Véase
especialmente Adam Smith , Wealth of Nations, cap. 11, Digr.
Senior ,
Outlines 119 y sig., realiza el siguiente cálculo: De los 15 peniques que
cuesta una hogaza de pan en Inglaterra, 10 peniques se destinan a la compra de
trigo y los otros 5 peniques al molinero, panadero, etc. Si ahora suponemos
que, como consecuencia de una mayor demanda y, por consiguiente, de una mayor
producción en circunstancias más desfavorables, el precio del trigo sube a 20
peniques, el coste de producción posiblemente, debido a una mejor división del
trabajo, bajaría a 3 peniques y medio, y, por consiguiente, el precio de la
hogaza de pan aumentaría a 23 peniques y medio. En el caso del encaje, ocurre
justo lo contrario, ya que una pieza de materia prima que vale solo 2 chelines
puede, debido al trabajo invertido en ella, llegar a valer hasta 105 libras. Si
el consumo de encaje aumentara de tal manera que el valor de la materia prima
ascendiera a 4 chelines, la disminución simultánea del coste de fabricación
hasta un cuarto del precio total dejaría el precio del artículo manufacturado
en £ 78, 19s.
Cuando,
por ejemplo, los habitantes de las costas bálticas, preferentemente, mantenían
relaciones con las ciudades hanseáticas, holandesas e inglesas, es decir, con
las naciones industriales y comerciales más importantes de su propio ámbito, en
todo esto perseguían únicamente su propio interés. En cuanto a cómo esta
interacción entre países «viejos» y «nuevos» es susceptible
de alcanzar el máximo desarrollo, véase Torrens , The Budget:
On Commercial and Colonial Policy, 1844, y anteriormente, Wakefield ,
England and America, II, 1823.
La
tala de bosques primitivos, el cultivo de prados naturales, etc.
En
Hungría, durante el siglo XVI, tanto plebeyos como nobles consumían la carne de
venado más selecta. Herberstein , Rer. Moscov. Comm., 97. En
Rusia, incluso las clases más bajas disfrutaban con frecuencia de liebre y pato
asados, etc. Kohl , Reise in Russland, II, 386. Aun así, en
San Petersburgo, el precio de las aves silvestres aumentó entre Pedro el Grande
y Alejandro I en un 600 por ciento. ( Storch , Handbuch, I,
368). En Pittsburgh, en 1807, el cordero, la ternera y la carne de res costaban
de 4 a 6 centavos la libra, y la carne de caza solo de 3 a 4,5 centavos la
libra. ( Melish , Travels through the United States, II, 57).
Cuanto más se aplican las leyes de caza, más se prolonga su bajo precio,
especialmente cuando no es fácil para los pobres conseguirla. Los modernos rara
vez han considerado la cría artificial de animales de caza; entre los romanos,
la cría artificial se limitaba a la liebre y el zorzal. ( Varrón ,
RR, III, 12 y ss.; Columela , RR, VIII, 10.) De ahí los
enormes precios que se pagaban por la caza, de los cuales Plinio ,
HNX, 43, relata un ejemplo de la época de los emperadores. Por otro lado,
Polibio nos asegura que, en su época, la caza se conseguía prácticamente gratis
en Lusitania. XXXIV, 8, 7.
Español
En Buenos Aires, en el siglo XIX, se podían ver mendigos a caballo. ( Robertson ,
Cartas sobre Sudamérica, II, 294.) En Krasnojarsk, en 1770, 1-½ rublos era el
precio de un buey, 1 rublo de una vaca, de 2 a 3 de un caballo, de 0.3 a 0.5 de
una oveja; 0.15 de un ciervo. ( Pallas , Sibirische Reise,
III, 5, II 12.) Según las tablas de precios en Sir FM Eden ,
Estado de los pobres, Apéndice I, y Rogers , Historia de la
agricultura y los precios (1866), I, 245, 361, los siguientes precios obtenidos
en Inglaterra;
(En
promedio.)
en
1125-26, un buey, 1 chelín; un cuarto de trigo, 20 chelines;
en 1260-1400, un buey, 13 chelines 1-¼d; un cuarto de trigo, 5 chelines 10-¾d;
en 1406, un buey, 9-½ chelines; un cuarto de trigo, 4-½ chelines;
en 1463, un buey, 10-20 chelines; un cuarto de trigo, 1-⅔-4-⅔ chelines.
Compárese
con Hume , History of England, hacia 1327. Bajo Enrique VIII,
la ternera, la vaca, el cordero y el cerdo eran alimentos para los pobres en
Inglaterra, y costaban en promedio 1-½d por libra; mientras que el trigo
costaba de 7 a 8 chelines por cuarto. (24 Henry VII, c. 3. Price ,
Observations, II, 148 y sigs.) Lo mismo se desprende de los "precios
razonables" que Carlos I, en 1663, había establecido mediante jurados
jurados, a saber: que los diferentes tipos de carne eran mucho más baratos
comparativamente que el maíz en nuestros días. (Rymer ,
Foedera, XIX, 511. Anderson , Origin of Commerce, hacia 1633.)
En muchos lugares de las tierras altas de Escocia, a mediados del siglo XVII,
una libra de pan de avena costaba tanto o más que una libra de la mejor carne.
La unión de Escocia con la Inglaterra más civilizada pronto cambió la relación,
de modo que en la época de Adam Smith , la buena carne, en
casi toda Gran Bretaña, valía de dos a cuatro veces más que el mismo peso de
pan de trigo. (La riqueza de las naciones, I, cap. 11, 1.) El Hospital Thomas
de Londres pagaba, en promedio, por una buena carne de res por kilo:
1701-1710:
1 chelín 7,9 peniques.
1764-1773: 1 chelín 3,7 peniques.
1794-1803: 1 chelín 5 peniques.
1804-1821: 1 chelín 10,9 peniques.
1822-1842: 1 chelín 1,5 peniques.
( Porter ,
Progress of the Nation, III, 112.) Entre las pruebas más ciertas del alto grado
de civilización económica alcanzado en la Italia septentrional hacia el final
de los tiempos medievales está el hecho de que el precio del ganado, comparado
con el del trigo en los siglos XIII y XIV, varía muy poco de lo que es hoy.
( Cibrario , Economia politica del medio Evo, III, 335-383.)
Compárese con Rau , Lehrbuch I, § 185. En Atenas, el coste de
un medimnos de trigo era tan grande como el de una oveja en la
época de Solón. En la era de Demóstenes, costaba solo la mitad. ( Böckh ,
Staatshaushalt der Athener, I, 107, 132.) Es obvio, sin embargo, que el precio
de la carne comparado con el del maíz, se redujo por la gran extensión del
cultivo artificial de praderas; pues, cuando el primero alcanza su máximo, se
convierte en un gran estímulo para la promoción del segundo. Así, en
Inglaterra, el precio de la carne, a principios del siglo XVI, era, en
promedio, más alto que en la época de Adam Smith . (loc. cit.)
A la misma causa se atribuye la situación en Prusia mencionada por V.
Podewils , Wirth schaftserfahrungen, II, 15.
Como
base común para tales cálculos, se puede aceptar lo siguiente. Es evidente que
las praderas, pastizales y campos de forraje deben producir tanta carne como
los campos de maíz de las mismas dimensiones y calidad, y con una ubicación
igualmente favorable para el maíz. Según Block , un acre
prusiano ( Morgen )
de la mejor calidad, utilizado como pradera, produce un valor de heno igual a
1000 libras, un valor de trébol igual a 2420; como campo de hortalizas, un
valor de remolacha o patata igual a 6050-6930 libras . La estimación de
Lengerke es que 110 libras de forraje para ganado, expresadas en
términos de heno, producen en promedio 40 libras de leche y de 3,5 a 4 libras
de carne. Esto daría, como máximo, 36, 88 y 220-252 libras de carne. El
rendimiento del trigo, según estimaciones de V. Lengerke , en
el mejor suelo y como promedio, es de 14 scheffels prusianos
(80 libras, es decir, 1120 libras) anuales por acre ( Morgen ).
Los tres períodos en la historia de los precios del ganado fueron claramente
reconocidos por Thaer , Landw. Gewerblehre, 1815, p. 100.
Es
un hecho muy característico, en relación con la pesca fluvial, que la fábula de
que los sirvientes antiguamente estipulaban no comer salmón excepto dos veces
por semana se encuentre en tantos lugares. Así en el Elba y el Rin. Compárese
con Thaarup , Dänische Statistik, I, 112. En Escocia, hacia
finales del siglo XVII, la historia corría en algunos lugares, que era cinco
veces por semana. ( Walter Scott , Old Mortality, cap. 8.) En
Inglaterra, el pescado parece haber sido un bocado entre las clases más pobres
en el siglo XIV. ( Rogers , I, 606.) Era más caro
especialmente durante la Cuaresma. (Statist. Journ., 1861, 544 ff.) La
producción artificial de pescado de mar parece haber sido intentada solo por
los antiguos romanos. En general, la ley de Adam Smith de que
una demanda diez veces mayor puede, por regla general, ser satisfecha solo por
un trabajo mayor que diez veces mayor, se aplica aquí. (I, 370, ed. Basil.)
Pero esta relación se ve oscurecida hasta cierto punto por el hecho de que la
fuente de producción de peces marinos, el océano, que puede ser reclamado en
cualquier momento por la ocupación, es prácticamente ilimitada. Por lo tanto,
en este caso, los avances en la ciencia náutica y el progreso del conocimiento
geográfico podrían compensar durante mucho tiempo el agotamiento de los mares
más cercanos, e incluso contrarrestarlo con creces.
En
muchas naciones en un estado de civilización bajo, la agricultura consiste en
la quema de bosques. En 1594, el bosque de Lauenförder produjo alimento para
cerdos por valor de 1110 táleros y madera por valor de 44 táleros. ( v.
Berg , Staatsforstwirthsch., 213.) El bosque de Harzgerode, en la
línea ducal de Anhalt-Bernburg, se estimó en 6000 táleros. Cien años después,
traían anualmente 70.000 táleros, aunque, mientras tanto, se hizo muy poco
progreso en la ciencia de cultivarlos ( v. Justi ,
Staatswirthschaft, II, 211). Podemos formarnos una noción de la relatividad de
la idea de la carestía de la madera a partir del hecho de que en Baviera, por
ejemplo, en 1840, hubo muchas quejas de que en el distrito de Isark el precio
subió de 6 a 9 florines; en los distritos de Regen y el bajo Maine, de 11 a 14
florines a 15 a 18; en el distrito del Rin, de 20 a 26 florines por cuerda
( Klafter ). ( Rau , Lehrbuch, III, § 150,
a.) Además, el precio de la madera en el bosque sube, con el avance de la
civilización, mucho más rápidamente que en el mercado; en el que, por último,
el trabajo y el capital desempeñan un papel mayor. ( Rau , I,
§ 385.)
Plan
para la producción artificial de ostras perleras. (Novara-Reise, I, 303.) Los
avestruces parecen estar dejando de ser meramente objetos de ocupación y
convirtiéndose en objetos de cría. (Ausland, 1869, § 13.)
Así,
los experimentos de Wolff en Möckern han demostrado que, en el caso de las
ovejas alimentadas con heno, la lana se vuelve mucho más pesada y la carne más
magra que en las ovejas alimentadas con un alimento más concentrado. Si bien en
Inglaterra se estima, actualmente, que la lana de las ovejas de South-Down vale
apenas una décima parte de lo que vale su carne ( Jacob , On
Corn Trade, 166), el cordero, entre los años 1260 y 1400, valía, en promedio,
17 peniques; y esto incluso en una época en que los precios subían
gradualmente; pero la lana de un animal (1 libra, 7-¾ onzas), 5-¼ peniques.
( Rogers , I, 362, 395). Incluso bajo los reyes anglosajones,
el vellón valía el 40 por ciento. Del valor de la oveja entera ( David
Hume ). Así, W. Macann , en su Two Thousand Miles
Ride through the Argentina Provinces, 1853, I, 151, afirma que en el interior
de Buenos Aires compró 8.000 ovejas a 18 peniques la docena y, tras una marcha
de 200 millas inglesas, vendió las pieles a sesenta peniques la docena. En
Goya, antiguamente, un caballo vivo costaba 3 peniques, su piel en la costa, 12
peniques; la matanza del animal costaba 3 peniques, la extracción y limpieza de
la piel 3 peniques; y se pagaban 3 peniques por el transporte ( Robertson )
.
Español
En Irlanda, en 1763, no era infrecuente que la piel y el sebo de un buey
costaran tanto en una ciudad comercial como el buey entero había costado en la
ciudad de mercado más cercana. ( Temple , Works III, 13.) En
Inglaterra, de 1260 a 1400, el precio medio de una vaca entera era de 9s. 9d.;
el de la piel, de 1s. 8d., y las vacas eran más baratas en la primera década,
es decir, 6s. 2d., y las pieles más caras de lo que eran generalmente después,
es decir, entre 1,9 y 1/4d. ( Rogers , I, 361, 451.) En
Sajonia, según Engel (1853), el precio medio del ganado con
cuernos era de unos 46 táleros; el de su piel, de 4 táleros y 21 groschens de
plata. EspañolRusia exportó, 1842-1847, 72.636.166 rublos de plata en sebo,
1.832.137 rublos de plata en pelo de caballo, 10.811.735 rublos de cerdas
( Borsten ), 7.387.140 de pieles sin curar, 36.159.452 de lana
de oveja, pero solo carne por un valor de 370.362 rublos, y animales enteros
por un valor de 6.853.241 rublos. ( P. Storch , Der
Bauernstand Russlands, 289 y sigs.) El sebo es allí diez veces más caro que el
mismo volumen de trigo. ( Steinhaus , Russlands industrielle
und commercielle Verhältnisse, 294 y sigs.); Mientras que en Sajonia,
según Engel (1821), una libra de trigo costaba en promedio
7,8 pfennigs y una libra de sebo 30 p. Sin
embargo, el reciente progreso de Rusia en la civilización ha tenido como
consecuencia que la exportación de sebo (1833 = 4,5 millones de puds ;
1869 = 2,25 millones) haya disminuido considerablemente, mientras que la de
mantequilla y ganado ha aumentado. ( v. Lengefeld , R. en el
19.º año, 220 y ss.)
En
Inglaterra, durante el siglo XIV, una libra de carne costaba, por término
medio, ¼d.; la de manteca, de 1-½ a 2. ( Rogers , I, 411.) Por
otra parte, de 1848 a 1856, el precio medio de enero de la carne de res de
América fue de 110 chelines; el de sebo de San Petersburgo, 48s. 11d. por
quintal. ( Newmarch .) Y así, en tiempos de Pallas ,
los cosacos perseguían a los ciervos de sus estepas solo por su piel y sus
cuernos. ( Pallas , Viaje, III, 524.) Mientras que los griegos
obtuvieron el cuerno de Macedonia y Tracia ( Heródoto , VII,
156), es una prueba sorprendente de alta civilización que en Atenas (?),
aproximadamente en la época de la centésima Olimpíada, un cuero de buey valía
sólo 3 dracmas, y el buey entero 77 dracmas. ( Böckh ,
Staatshaushalt, I, 105 y siguientes.)
Dado
que el buey se utiliza principalmente como alimento e instrumento de trabajo, y
la oveja, en cambio, solo como instrumento para producir lana, es fácil
comprender por qué, con el avance de la civilización, el precio de los bueyes
aumenta mucho más que el de las ovejas. En Atenas, en la época de Solón, un
buey valía lo mismo que cinco ovejas ( Plutarco , Solón, 23).
Lo mismo ocurría en países con baja civilización en la época de Polibio ( Polibio ,
XXXIV, 8; Gell. , XI, 1). ¿Por qué ocurría lo mismo en Roma al
comienzo de la República? ( Plutar , Popl., 11). En
Inglaterra, la proporción entre el precio de un buey y el de una oveja era...
en
927 como 6:1 ( Henry .)
en 1125 como 3:1
en 1182 como 6.3:1
en 1197 como 9:1
en 1229 como 8:1 ( Eden .)
en 1260-1492 (av.) como 9.2:1 ( Rog. )
en 1497 como 10:1
en 1500 como 11.6:1
en 1511 como 8:1
en 1528 como 10:1
en 1529 como 12.8:1
en 1531 como 9.4:1
en 1551 como 10.6:1
en 1597 como 8.2:1 ( Eden .)
Actualmente,
la proporción puede ser de 10 a 20:1. En Sajonia, es de 48 táleros por 5,27.
( Engel .)
Hacia
1793, Rusia exportaba pescado por valor de 10.000 rublos, vejigas de esturión
por 452.000 y caviar por 188.000. ( Storch , Rusia, II, 184.)
Pero esto había cambiado mucho incluso en 1850. En la actualidad, se exporta un
64 por ciento de vejigas de esturión, un 27 por ciento de caviar y un 7 por
ciento de pescado entero. ( Steinhaus , Russland's
industrielle und commercielle Verhältnisse, 102, 368.) Sin embargo, los
pescadores de Astrakan siguen devolviendo al agua la mayor parte del esturión
que capturan. ( Pallas , Viajes al sur de Rusia, I, 189; Steinhaus ,
99.) El pescado salado es adecuado para el transporte a larga distancia no solo
porque se puede conservar, sino también porque se puede pescar y preparar en la
gran ruta fluvial. Atenas obtenía del Mar Negro, además de madera, alquitrán,
lana, pieles, cordaje, miel, cera y esclavos, también pescado salado. ( Wolf ,
z. Demosth. Leptin., 252; Bockh , Staatshaush. I, 51.) Este
último, de Cerdeña, Egipto y España. ( Pólux , VI, 48.)
Los
principales países productores de potasa son Rusia y Norteamérica. Se estima
que un cwt de potasa requiere, en promedio, 480 cwt de madera. ( Pfeil ,
Grundsätze der Forstwirthsch. in Bezug. auf National-Oekon. etc., I, 128.)
Entre 1800 y 1840, el precio de la madera para combustible en Wurtemberg
triplicó su precio; el de los materiales de construcción, el precio se
multiplicó por 1,6. (Deutsche Vierteljahrsschrift, 1847, n.º 4, 104.)
Mientras
que las naciones bárbaras se toman pocos problemas para convertir la leche de
sus vacas en contabilidad ( Roscher , Ideen z. Politik und
Statistik der Ackerbausysteme, Archiv. der politische Œkonomie, neue Folge,
III, 202), Reuning , en 1844, calculó que la leche de todas
las vacas en Sajonia asciende a un valor de 10.000.000 de táleros, su carne a
más de 2.000.000 y el trabajo realizado por ellas de diversas maneras a
3.000.000. En Silesia, en la última década del siglo XVIII, un cuarto de leche
se estimaba en 2 pfennigs (Festschrift der deutschen
Landwirthschaftsversammlung, 1869, 343), mientras que ahora se vende casi en
todas partes por 12 pfennigs . ( Schmoller .)
En el alto estado de civilización que Sajonia había alcanzado a fines del siglo
XVI, cuando la caza ya era cara y los precios de otras carnes eran casi tan
altos como en 1800, un sheffel de centeno valía 44 medidas
( Mass. ) de leche, y recientemente 82-⅔ medidas. ( Schmoller ,
Tübinger Ztschr., 1871. 336 ff.)
Los
principales países y ciudades productores de queso son Holanda, Limburgo,
Suiza, Gloucester, Chester, Ayrshire, etc. Compárese Roscher ,
loc. cit., 195 y sigs.
En
Inglaterra, en el año 1000, una vaca valía tan solo lo mismo que dos ovejas.
( Anderson , Origen del Comercio, a., 979). La mejor
mantequilla valía solo 1 penique la libra en 1550, mientras que la carne de
cerdo valía 1-1/8, la de ternera y cordero, 1-1/2, y la de res, 2-1/4 peniques.
El precio de la mantequilla era extremadamente variable en el siglo XVI.
( Eden ) .
Durante
la Edad Media, el cerdo constituía el alimento animal más habitual, incluso de
las mejores clases. ( Büsching , Ritterzeit und Ritterwesen,
I, 164). La Lex Salica concede una importancia inmensa al
cerdo . (Tit., II, XIV; Emendatt. Caroli Magni, II, 1 ff.) El arzobispo de
Colonia utilizaba cada día 24 cerdos grandes y 8 medianos, y cuatro más en las
tres grandes festividades. El abad de Corvey utilizaba diariamente cinco cerdos
gordos y uno magro, además de dos jóvenes. ( Kindlingen ,
Münsterische Beitr., Urkunden, 147, 126). En 1345, en la corte del Delfinado,
se utilizaban anualmente para 30 personas, 30 cerdos salados y 52 frescos;
Mientras que en el París moderno, con 800.000 habitantes, solo se consumen
32.000 cerdos al año. ( Roquefort , De la Vie privée des Fr.,
I, 310 y sig.) Compárese con esto el lugar que ocupaban los porquerizos en la
Odisea en la época de la caballería griega. En Inglaterra, en la época de
Guillermo I, se gravaban los bosques según el número de cerdos que podían
alimentar. Actualmente, existe una enorme producción de cerdos en Servia, que,
en muchos lugares, constituye la única fuente de ingresos para la población
agrícola.
EspañolY
hacia fines del siglo XVIII, se dice que Servia recibía solo de Austria
1.300.000 florines anuales por cerdos. ( Ranke , Serb.
Revolution, 95.) En 1864, las exportaciones totales de Servia ascendieron a
62.500.000 piastras, de las cuales 28.162.260 fueron para cerdos, 7.043.000
para lana, 7.662.000 para pieles de oveja y ciervo, 5.732.000 para ganado
vacuno, 1.222.400 para sebo. ( Kanitz , Serbien, 598 y sigs.)
Gran producción de cerdos también en Moldavia y en Valaquia, en Estados Unidos
y México, donde, en lugar de mantequilla, solo se usa manteca de cerdo y sebo;
también en Lombardía, la provincia prusiana del Rin, Bélgica, los distritos
ingleses productores de leche, Gloucester, Wilt, Dumfries, Galloway y los
distritos donde abundan los proletarios agrícolas: Irlanda y Yorkshire. Es una
consecuencia de la misma ley que, entre los isleños de los mares del Sur, el
cerdo era el principal animal doméstico, como todavía lo es entre los chinos.
De manera similar en toda Asia, más allá del Ganges ( Ritter ,
Erdkunde, IV, 938, 1101); en la semibárbara Italia superior en la época
de Polibio (II, 15); en la propia Gall, en la época de
Augusto. ( Estrabón , IV, 192, 197). La América de los
antiguos griegos, Sicilia, exportaba cerdos, principalmente, en la época de
Hermipo. ( Atenas , I, 27). E incluso entre los romanos, el
consumo de carne de cerdo era mucho mayor que el de carne de res. ( Marquard-Becker ,
Handbuch, V, 2, 39.)
En
las ciudades de Prusia sujetas a un impuesto por el privilegio de mantener
mataderos, una libra de carne de res costaba en promedio, en 1846, de 2
groschens de plata, 5 pfennigs , a 3 chelines y 4 peniques; la
de cerdo, de 3 chelines y 2 peniques a 4 chelines y 4 peniques. ( Dieterici. )
En Moscú, también, esta última es más cara en la actualidad. Antes de la época
de Pedro el Grande, era más barata. ( Storch , Handbuch I,
364.) Era un signo de alta civilización, también, que en Florencia, en el siglo
XV, la ternera costara, en promedio, 2,5 soldados; el cordero, 2,1/3 soldados;
pero la de cerdo, 4 soldados. ( Pagnini , Saggio sopra il
gilusto Pregio delle Cose, 325 s., Cust.) Es sobre todo la clase media-baja la
que demanda carnes grasas. Las ovejas inglesas, muy gordas, no se llevan a
Londres, sino a los distritos manufactureros. ( Lauderdale ,
Inquiry, 322 s.) En cuanto a si el precio relativamente alto de la carne de
cerdo y el hecho de que en los últimos tiempos de Roma el jabalí fuera el plato
más de moda, compárese con Becker , Gallus, II, 186.
La
cría de aves de corral es similar, ya que frecuentemente se alimentan con
restos de consumo; solo que su producción no se adapta a países incivilizados,
ya que es difícil protegerlas allí. En Texas, se dice que cuesta más criar diez
pollos que criar diez niños. ( Kennedy , traducción de
Czarnkowski, 1846, 115). La cría independiente de aves de corral solo es
aconsejable donde hay muchos consumidores adinerados, ya que son un manjar
natural. Enorme producción de palomas en Cambridge, Huntington, etc. ( McCulloch ,
Cuenta Estadística, I, 189). En París, el consumo de carne de cerdo y aves de
corral ha aumentado ligeramente desde la Revolución. ( M'Chevalier ,
Cours. I, 113).
Según Schuckburg ,
Philosophical Transactions de 1798, y Kraus , Vermischte
Schriften, I, tab. I, los precios de las siguientes especies animales
aumentaron en Inglaterra entre 1550 y 1795: caballos, 904 %; bueyes, 896 %;
ovejas, 876 %; vacas, 2050 %; cerdos, 1964 %; gansos, 300 %; la mantequilla
subió de 5 peniques por libra a 11,5 peniques; la cerveza, de 1 penique por
galón a 2,35 peniques; los jornales agrícolas, de ½ chelín a 1 chelín 5,5 ¼
peniques; el trigo, 326 %. Compárese, sin embargo, Edinburg Review, III, 246 y
siguientes. En Alemania también, las vacas y los cerdos han aumentado mucho más
de precio que los caballos y las ovejas. (Tübinger Ztschr., 1871, 342.) Dutot ,
Réflexions, 946 y ss., ed. Daire, afirma que el valor de los metales preciosos
en Francia disminuyó entre los tiempos de Luis XII y Luis XV en una proporción
de 3,79/91:1. Por otro lado, los precios de los distintos productos aumentan en
grados muy diferentes:
Ovejas
gordas, de 7 céntimos a 10 libras.
Ovejas flacas, de 5 céntimos a 5 libras y 10 céntimos.
Cerdos, de 10 céntimos a 25-35 libras.
Capones, de 1 céntimos a 12 céntimos.
Gallinas, de 1 ½ céntimos a 6 céntimos.
Palomas, de 1 ½ céntimos a 3 céntimos.
Ciervos, de 1 ½ céntimos a 15 céntimos.
Así,
en Turingia, el precio medio en plata del maíz desde el siglo XVI hasta el
período 1848-61 aumentó en una proporción de 1 a 3-4; el precio de las
diferentes clases de animales, por otro lado, de 1 a 5-10. ( Knies ,
en Hildebrand's Jahrbb., 1863, 78.) Sin embargo, el precio de
las diferentes clases de maíz, en comparación entre sí, puede verse modificado
por diversas circunstancias. Así, las Capitulares Sajonas de 797, c., II,
estimaron los precios del centeno, la cebada y la avena en una proporción de 30:30:15;
mientras que la Cámara de Magdeburgo de 1804 los estimó en 17:14:8. En el reino
de Sajonia, entre 1841 y 1849, los precios promedio del trigo, el centeno, la
cebada y la avena se situaban en una proporción de 144:100:75:47 ( Engel );
mientras que, en la Edad Media, el trigo, el centeno y la avena eran de 9:6:3
( Gersdorf , Cod. Depl. Sax., II, p. XXXIV); bajo el príncipe
Augusto, el maíz, la cebada y la avena eran de 24:22:12. Suponiendo que el
precio del centeno fuera igual a 100, el coste era:
En
Bruselas, en el siglo XVI, trigo 126,7, cebada 80, avena 50
En Bruselas, en el siglo XVII, trigo 138,8, cebada 82,9, avena 51,9
En Bruselas, en el siglo XVIII, trigo 147, cebada 86,7, avena 55,2
En Bruselas, 1815-1844, trigo 156
En Bruselas, 1841-1850, trigo 153, cebada 82,7, avena 51
En Berlín, 1789-1818, trigo 135, cebada 74,8, avena 54
En Berlín, 1819-1832, trigo 143,5, cebada 74,9, avena 52
( Rau ,
Lehrbuch, I, § 183.) Para comprender esto, es necesario tener presente el
aumento relativamente grande del pan de trigo, la cerveza de cebada y los
caballos como artículos de lujo. El precio inusualmente bajo de la avena en
Norteamérica, en comparación con el del trigo, depende de la facilidad de
exportación de este último. En Florencia, en el siglo XV, el precio del trigo
era de 22 ⅔, el del centeno, de 12, y el de la cebada, de 8 soldi .
( Pagnini , Sopra il giusto Pregio delle Cose, 325.)
Los
llamados precios de aduana ingleses ( Zollhauspreise )
corresponden a los precios del mercado de 1696. Si se supone que son = 100, el
precio
De
acero y hierro fue, en 1826, 83, en 1831, 56.
De carbón fue, en 1826, 47, en 1831, 45.
Entre
1835 y 1850, el hierro escocés ya se había abaratado a la mitad ( Meidinger ,
387), y el carbón en Londres a un tercio ( Porter ).
Rogers ,
Historia de la agricultura, I, 67.
En
Inglaterra, en 1172, un buey costaba 2 chelines; en 1175, la tela verde costaba
por ana, 2-10/12 chelines; la tela roja, 5-½ chelines. ( Eden. )
En los estados occidentales de Norteamérica, el agricultor da dos libras de
lana gruesa por una libra de hilo de lana; envía 4 fanegas de trigo al molinero
por la harina de tres fanegas (Ausland, 1843, No. 68), mientras que en Rávena,
en el siglo XIII, la tarifa del molinero era 1/10 ( von Raumer ,
Hohenstaufen II, 437); según los precios fijados en Fantazzi ,
(Monumen. Ravennet.); en Alemania, durante los últimos siglos de la Edad Media,
1/8 ( J. Grimm , Weisthümer, III, 8); A finales del siglo XVI,
de 1/8 a 1/5 ( Coler , Oeconomia, II, 3); en la Alemania
moderna, generalmente 1/16 de la materia prima, y en las estepas del sur de
Rusia, cuando el viento amainaba, en verano, incluso la mitad. (Mitth. der
freien ökonom. Gesellsch. zu Petersburg, 1853, 85.) En la Guayana, en 1806, una
silla de montar y bridas muy comunes no se podían conseguir por menos de 10 ½
guineas. ( Pinckard , Notes on the West Indies, III,
1806.) El conde Görtz estaba obligado a pagar 2 dólares, en
Demarara, por la limpieza de un rifle, y otra persona por el engrasado de un
carruaje, 5 dólares. (Reise um die Welt, 1864, 327.) Un vestido de dama en
Mobile cuesta cuatro veces más que en Londres o París. ( Ch. Lyell ,
Segunda visita a los Estados Unidos, II, 70.) En Atenas, las prendas de vestir,
incluso para las clases más pobres, nunca fueron tan baratas como lo son hoy en
los países civilizados. (Compárese con Plutarco , De
Tranquill. Anim., 10.)
En
la Alta Italia, entre 1261 y 1400, una camisa de dama y su confección costaban
14,77 liras; el lino de Reims, 7,04; el luto común, 0,45; el paño negro de
Moriana, 2,83; el paño de Mecheln, 43,83; el de Ypres, 47,04; el paño
escarlata, 80,44 por ala. ( Cibrario , 1. 1.) Por otro lado,
hoy, en el mercado de Leipzig, la diferencia de precio entre el paño más caro y
el más barato apenas supera la proporción de 18:1. Incluso Scaruffi ,
Sulle Moneta, 1679, 163, Cust, señala que el lino de cáñamo y artículos burdos
similares habían aumentado mucho más de precio que los brocados; pero atribuye
esta circunstancia al estado desordenado de la acuñación de monedas. Está mucho
mejor explicado por Adam Smith , La riqueza de las naciones,
I, 386, ed. Basil.
Antes
de la peste del siglo XIV, el cwt. de plomo valía 10-½d.; el de hierro, 4s. 1d.
( Rogers , I. 599.) Por otro lado, entre 1848 y 1856, el
precio medio en enero del hierro en barra fue de £7, 11s.; el del plomo, más de
£20. ( Newmarch. )
Así,
en Inglaterra, el precio:
En
1826, el vidrio representaba el 387%; en 1831, el 369%.
En cuero, el 285%; en 1831, el 123%.
En artículos de seda, el 158%; en 1831, el 249%.
del
precio de los mismos artículos en 1796. ( Rau. ) De 29
productos químicos de la manufactura parisina, el salario laboral representa en
promedio solo el 7,4 por ciento del precio de venta; y, en algunos casos, solo
del 1 al 2 por ciento. ( Chabrol , Richerches Statistiques sur
la Ville de Paris, 1821; Hermann , Staatsw. Untersuch., 137.)
En Buschtiehrad, entre 1670 y 1870, la cebada aumentó del 1 al 4,8; el lúpulo
al 6,52; la leña al 6,14; el impuesto especial al 6,54; pero la cerveza solo al
2,81; aunque los salarios se decuplicaron. ( Inama Sternegg ,
Gesch. der Preise im österreich. Ausstellungsbericht von 1873, 43.)
Un
manto de seda forrado con piel costaba en tiempos de Carlomagno, 400 cheffels
de centeno, uno no forrado, 200. ( Hullmann ,
Finanzgeschichte, 212 y sigs.) En Florencia, en el siglo XV, una libra de
azúcar equivalía a 15 libras de cordero. ( Pagnini , 326.) En
Turín, en el siglo XIV, 1 libra de pimienta equivalía a 28 libras de sal.
( Cibrario , III, 359, 362.) Incluso a mediados del siglo XV,
la corte del duque Guillermo de Sajonia pagaba por una libra de azúcar 1 tálero
y 8 groschens, mientras que los honorarios ducales pagados a sirvientes y
obreros rara vez superaban los 2 gr. Por lo tanto, incluso en una comida
principesca, a menudo apenas se consumía ½ libra. ( Büsching ,
Ritterzeit, I, 137 y sigs.)
Las
capitulares de Carlomagno suponen que las ganancias de un comerciante son del
100 al 200 por ciento. (a. 809, c. 34.) E incluso en nuestros días, los
comerciantes en los mercados de Kabul con frecuencia no están satisfechos con
una ganancia del 300 al 400 por ciento. ( K. Ritter ,
Erdkunde, VII, 244), y las caravanas que salen de Marruecos hacia Sudán suelen,
a cambio de mercancías por un valor de 1.000.000 de piastras, regresar con un
suministro de otras mercancías por valor de 10.000.000. ( Stein-Wappäus ,
Handbuch, Africa, 33.) Según Büsch , Geldumlauf, II, 10, el
precio de los productos de las Indias Orientales en Hamburgo era de alrededor
del 70 por ciento. más alto que en casa, mientras que Plinio ,
HN IV, 26, habla de un precio cien veces (?) más alto; y sus especias, en el
tiempo del dominio portugués, se vendieron con una ganancia de al menos 600 por
ciento, en Europa. ( Crawfurd , Historia, VII, 360; Ritter ,
Erdkunde, V, 872.)
Cuando
Humboldt encontró a un misionero cerca de Cumaná que pagaba 7 piastras por una
vaca, y se vio obligado a pagar 17 piastras por una sangría, realizada con
bastante torpeza, encontró un ejemplo de una de las peculiaridades de la vida
colonial: tener todas las necesidades de las etapas superiores de la
civilización, pero no los medios para satisfacerlas. (Relación histórica, I,
374.)
Enormes
pagos hechos a distinguidos virtuosos, actores, sofistas y hetares en el tiempo
en cuestión, también a Apeles, Arístides, etc., por obras de arte. ( Plin. ,
XXXIV, 19, 2, XXXV, 36, 19.) El actor Esopo (ver § 233, nota 6) tenía una
fortuna de 20.000.000 de sestercios, mientras que Pompeyo, por ejemplo, tenía
70.000.000. Roscio recibía del estado por cada día que actuaba, 286 táleros, y
ganaba 43.000 al año. ( Mommsen , Römische Geschichte, III,
483, 547.) Compárese con Cicerón , pro Roscio Comœdo, 10,
y Plin. , HN IX, 59, X, 72. El cítarahabiente Amoebaeos
recibía un talento por cada actuación. ( Atenas XIV, 623.)
Según Plinio , HN XXIX, 5, los príncipes romanos
otorgaban anualmente a los doctores más distinguidos 250.000 sestercios, e
incluso más como honorario. A finales del siglo XVIII, los más destacados
actores parisinos recibían entre 4.000 y 5.000 francos anuales. Hoy en día,
100.000 se consideran ingresos moderados para una persona. (Journ. des
Economistes, mayo de 1854, 279.) Se dice que Frederick Hase ganó 30.000 dólares
en América en diez semanas. (Leipz. Tagebb., 15 de enero de 1871.) Steuart ,
Principios, II, cap. 30. Adam Smith suele representar como
regla que los bienes superfluos, como el oro y la plata, son más preciados en
las naciones más ricas, los bienes necesarios en las más pobres, y viceversa .
Pero la oferta influye mucho más en el precio permanente de una mercancía que
su demanda. Y el principio mencionado solo se aplica si la oferta es ilimitada
en un caso y limitada en otro. Por lo tanto, la comparación de la plata con las
obras de pintores y escultores no es apropiada: en estas existe un monopolio
natural, mientras que la primera, debido a su durabilidad y facilidad de
transporte, puede, por el contrario, aumentarse casi a voluntad.
Además
de Böckh. , Staatshaushalt der Athener, 1817, Libro I,
compárese con Arbuthnot , Tablas de monedas antiguas, pesos y
medidas, 2.ª ed., 1754, Reitmeyer , Ueber den Bergbau der
Alten, 1785, y Michaelis, De Pretiis Rerum apud veteros Hebræos, en el
comentario. Sociedad. Gottingensis, vol. III. Las principales fuentes de
información entre los antiguos son Diodor. , V; Estrabón ,
III, V; Plin. , HN, XXXIII.
Los
ingresos monetarios del rey persa, que ascendían a 14.560 talentos anuales, se
convertían en lingotes y, por lo tanto, se depositaban en el tesoro. Heródoto ,
III, 95 y ss. Incluso el pequeño príncipe vasallo Pitio de Celenas poseía un
tesoro de 2.000 talentos de plata y 4.000.000 de piezas de oro. (Ibíd., VII, 26
y ss.) Sobre las reservas de dinero de particulares, véase Plinio ,
HN, XXXIII, 47.
Un
buey valía, en tiempos de Solón, 5 dracmas; en 410 a. C., 51 dr.; 374 a. C.,
77¼ dr.; un medimnos de trigo en tiempos de Solón, 1 dr., alrededor de 390, 3
dr., bajo Alejandro Magno, en promedio, 5 dr. ( Böckh. , I,
102, s.) La cantidad usual de rescate pagada por un prisionero de guerra, en
tiempos de Cleómenes, era de 2 minas ( Heródoto , V, 77, VI,
79); bajo Dionisio, I, 300 m. ( Aristóteles , Oeconom, II,
21); bajo Filipo de Macedonia, de 300 a 400 m. ( Demóstomo ,
De fals. Legat., 394); bajo Demetrio Poliorketes, 1.000 por un hombre libre, 5
por un esclavo. ( Diod. , XX, 84.)
Este
botín para Susa solamente ascendió a entre 40.000 y 50.000 talentos; para
Persépolis, a 120.000; para Pasargadas, a 600. Curcio , V, 2,
6; Estrabón , XV, 731; Justino , XI,
14; Arriano , III, 16; Diod. , XVII, 66,
71; Plutarco , Alex., 36.
Oros. ,
VI, 19; Dio, C. , LI, 21; Sebo. , agosto de
41. Disminución del valor del dinero bajo Constantino el Grande, cuando se
acuñaban los objetos preciosos de los templos paganos. (Monitio ad Theod., Aug.
de inbidenda Largitate, Thes. , Antt. Renn., XI, 1415; Taylor ,
ad Warm. Sandvic, 38.)
Compárese
con I Reyes, 10, 14, 27 y ss.; I Crónicas, 22, 2 y ss.; II Crónicas, 9, 15 y
ss., 12, 10 y ss. Sobre Ofir: K. Ritter , Erdkunde, XIV, 407 y
ss.; sobre las maravillas del descubrimiento de España: Heródoto ,
IV, 152. Aristóteles , De Mirab., 146; Diodoro, V, 35 y ss.
Por otra parte, sobre Grecia, Atenas, VI, 19 y ss.
Compárese
con Plin. , HN, XIV, 1. Sin embargo, el valor del dinero en la
época de los Césares parece haber sido mucho mayor que ahora, como lo
demuestran, por ejemplo, las donaciones de Trajano (16 sestercios mensuales
para los niños y 12 sestercios mensuales para las niñas), pues los alimentos que
se les proporcionaban, según Digesto XXXIV, 1, abarcaban todo su sustento.
Compárese con el excelente ensayo sobre este tema de Rodbertus ,
en Hildebrand's Jahrbb., 1870, I.
La
conquista de los ávaros parece haber producido temporalmente un abaratamiento
considerable de los metales preciosos. ( Guérard ,
Polyptiques, I, 141.) Aumento del valor del dinero en Escandinavia, durante la
última parte de la Edad Media. ( Wilda , Gesch. des deutschen
Strafrechts, I, 323 y sigs.)
En
Inglaterra, de 1279 a 1509, se acuñaron un promedio de solo 6.868½ libras
esterlinas; de 1603 a 1830, en cambio, 819.415 libras esterlinas. El promedio
anual en la época de Jorge IV era de 4.262.652 ( Jacob , cap.
IV). Una prueba de la incertidumbre de la historia de los precios en la Edad
Media es que Jacob , cap. 12, infiere, a partir del precio del
grano, que el precio de la plata se mantuvo bastante estacionario de 1120 a
1550, mientras que Adam Smith , I, cap. 11, 3, infiere del
mismo hecho un notable aumento en el precio de la plata de 1350 a 1570. Sobre
esto último, véase Leber , Fortune privée au moyen Age, 16 y
sig. Tooke-Newmarch , History of Prices, VI, 391; mientras
que Rogers , Statist. Journ., 1861, 544 y ss., halla que en
Inglaterra, entre 1300 y 1532, no hubo variación alguna en el precio de la
plata. Según Soetbeer , Forschungen zur deutschen Geschichte,
VI, 94, el trigo y el centeno, comparados con la plata, valían durante el
período carolingio aproximadamente una cuarta parte de su valor entre 1750 y
1850. Hegel , Shassburger Chroniken, II, 1012, atribuye al oro
un poder adquisitivo dos veces y media mayor en los siglos XIII y XIV que en el
siglo XIX; y a la plata, un poder adquisitivo aproximadamente tres veces mayor.
Español
Los minerales de plata de Perú y México producen, en promedio, solo de 2 a 3
por 1,000 de metal; los de Potosí, en la actualidad, apenas 1 por 1,000; los de
México, según Humboldt , en promedio, de 3 a 4 onzas por
quintal; de modo que muchos de los minerales europeos son decididamente más
ricos. Mientras que las vetas de la mina sajona, Himmelsfürst, tienen una
anchura de solo 0.2 a 0.3 metros; la Veta-Madre de Guanajuato, en algunas
partes tiene menos de 8, y a veces incluso 50 metros de anchura; y la
Veta-Grade de Zacatecas tiene de 5 a 10 metros de anchura. En Pasco hay vetas
de mineral de plata que tienen 114 e incluso 123 metros. Tschudi ,
Reise in Peru, K., 12; Chevalier , Cours, III, 184 y ss., 241
y ss. Según Humboldt , Essai sur la Nouvelle Espagne, III,
pág. 413, se necesitan once veces más mineros en Himmelsfürst que en Valenciana
para obtener la misma cantidad de plata.
Así,
por ejemplo, el célebre rescate de Atahualpa (incluso según Garcilaso
de la Vega ) ascendió a sólo 5.000.000 de táleros, mientras que el rey
francés Juan, después de la batalla de Poitiers, en 1356, tuvo que pagar
41.000.000 de francos por su rescate. ( Leber , Fortune privée
au moyen Age, 121 y ss.)
Compárese M.
Chevalier , III, 190 y sigs. Descubrimiento de las minas de mercurio
de Guancavelica, 1567.
El
rendimiento de Potosí ascendió, desde 1545 a 1638, a 395.619.000 pesos. ( Ulloa ,
Viage, II, I, 13.) Hasta el presente, el rendimiento agregado allí se ha
estimado entre 6.000 y 7.000 millones de francos.
Sobre
las suposiciones peor fundadas de los escritores anteriores, véase Humboldt ,
N. Espagne, IV, 237.
Realmente
se introdujeron en España, hacia 1525, no mucho más de 2.000.000 de francos al
año; y después de 1550, seis veces más. ( L. Ranke , Fürsten
und Völker, I, 347 y sigs.) Compárese con Humboldt , Ueber die
Schwankungen der Goldproduction, en Vierteljahrsschrift, 1838, IV, 18.
Sobre
las exportaciones brasileñas de oro en el siglo XVIII, véase Schäfer ,
Gesch. von portugal, V, 192 y ss.
Según Humboldt ,
NE, IV, 218, la cantidad hasta principios de este siglo era de 17.000
kilogramos de oro y 800.000 kilogramos de plata.
Así,
por ejemplo, México, durante este período, rindió, en promedio, 65 millones de
francos, en lugar de la cantidad anterior de entre 130 y 140 millones. En Carro
de Potosí, en 1826, de las 132 minas de carbón existentes, solo 12 estaban en
funcionamiento. Compárese con Adams , El estado actual de las
minas mexicanas, 1822. Jacob supone que, hacia 1830, la
cantidad de dinero en Europa y América era un sexto menor que en 1809 (Cap.
28).
De
ellos, 1.800 kilogramos de oro proceden de Estados Unidos.
Fischer ,
Geschichte des deutschen Handels, 2.ª ed., II, 616 y sigs., 673 y sigs. Pero se
dice que las minas de Schwaz, en el Tirol, produjeron hasta 1523 55.000 marcos
al año; la mina de plata de Freiberg, de 1542 a 1616, 16.000 marcos al año.
Compárese con von Langen , Kurfürst Moritz, II, 56.
Los
yacimientos de oro rusos, bastante insignificantes antes de 1814, han
experimentado un gran progreso desde 1840. Su producción total, entre 1814 y
1861, sin contar la cantidad malversada, ascendió a 37.000 puds , equivalentes
a 16,3 kilogramos. El mejor año, 1847, arrojó una producción de 1.757 puds ; entre
1852 y 1861, un promedio de 1.556 puds ; y solo en 1861,
1.442 puds , de los cuales 1.041 provinieron de los lavaderos
privados de arenas auríferas de Siberia. ( Walcker , en
Faucher's Vierleljahrsschrift, 1869, II, 115.)
La
producción española de plata arrojó, en 1845, más de 184.000 marcos; en 1850,
más de 291.000. ( Willkomm , Halbinsel der Pyranäen, 1855,
537.)
Anales
de Minas, X, 831 y sigs.
De
esta cantidad, llegaron a Europa, sin incluir Rusia, 150.000 kilogramos de
plata, 2.650 kilogramos de oro; a Rusia, 24.000 kilogramos de plata y 30.000
kilogramos de oro (comprendiendo las cantidades probablemente retiradas sin
conocimiento de las autoridades aduaneras); al resto de Asia, 100.000
kilogramos de oro; a África, 4.000. ( M. Chevalier. )
Según
la suposición de Humboldt , antes de la época de Colón, en
Europa circulaban 170 millones de piastras; alrededor de 1600, 600 millones;
alrededor de 1700, 1.400 millones; en 1809, aproximadamente 1.824 millones.
Hasta 1803, se produjeron en América 9.915.000 marcos (españoles) de oro y
512.700.000 de plata. (NE, 245.) Gallatin estima que, antes de
Colón, había 1.600 millones de francos; en 1830, en Europa y América, entre 22
y 27 millones de francos. (Consideraciones sobre el Sistema Monetario y Bancario
de los Estados Unidos, 1831.) Según M. Chevalier (1850), toda
la plata producida en América tenía un volumen de tan solo 11.657 metros
cúbicos; y todo el oro, de tan solo 151 metros cúbicos. Este último, por lo
tanto, no llenaría ni la mitad del salón de un caballero
francés .
Tanto
más favorables a los gobiernos cuanto que afectan principalmente a los
consumidores extranjeros. Así, el gobierno español impuso inicialmente un
impuesto del 50 % del rendimiento bruto de la materia prima al comprador de
plata; desde 1503, bajo el reinado de Orando, del 33,5 %; y posteriormente, del
20 %. Este último impuesto, por lo tanto, entró en plena vigencia bajo el
reinado de Cortés. Este impuesto se redujo en México, en 1725, y en Perú en
1736, al 10 %, y posteriormente, en el caso del oro, al 3 %. Se impuso una
fuerte tributación al mineral de oro ruso (35 % de la materia prima), en virtud
del ucase del 14 de abril de 1849. Compárese con M. Chevalier ,
III, 274.
Cantillon ,
Nature du Commerce, 215, 236, muestra muy claramente cómo el aumento del precio
de las mercancías se produjo, en primera instancia, por el mayor consumo de los
poseedores de oro, y cómo, por tanto, afectó primero a aquellas mercancías que
deseaban especialmente.
Esta
es la opinión de Adam Smith . Similarmente, de David
Hume , Sobre el dinero. Según Letronne ,
Consideraciones sobre la evaluación de las monedas griegas y romanas, 119,
y Böckh , Staatshaushalt, I, 88, el valor promedio del trigo
en relación con la plata fue, en Atenas, 400 a. C., de 1:3146; en Roma, 50 a.
C., de 1:2681; en Francia, poco antes de 1520 después de Cristo, de 1:4320; en
el siglo XIX es de 1:1050. Th. Smith , De Republ. Anglorum, I,
supone que el precio de la plata, desde la época de la caballería hasta 1625,
disminuyó en una proporción de 120:40. El español Moncado (1619),
lo sitúa en 6:1. ( Jacob , cap. 19.) El propio Jacob ,
en comparación con su propia época, como 7:1 (cap. 15.) Mucho más moderado
es Newmarch en la Historia de los precios de Tooke ,
VI, 345 y sigs., quien supone un aumento en los precios de las mercancías de
alrededor del 200 por ciento. El valor estimado del vino de diezmo ( Zehntwein )
casi se duplicó en la Baja Austria durante el siglo XVI. ( Oberleitner ,
Finanzlage N. Oesterreichs im 16 Jahrhundert, 36.) Según las importantes
investigaciones de Mantellier , Mémoires de la Société
Archéologique de l'Orleanais, vol. 1, 103 y sigs.; Extracto de Lespeyres en Hildebrand's Jahrb.,
1865, I, 1, el poder adquisitivo de la plata comparado con el valor promedio de
veintisiete mercancías, suponiendo que haya sido 1 de 1750 a 1850, fue, de 1350
a 1450, 2.9; de 1450 a 1550, 2.8; de 1550 a 1650, 1.5; de 1650 a 1750, 2.1.
Según Rogers , los precios del maíz en relación con la plata
fueron de 1596 a 1636, como máximo 2.3 veces más altos que de 1260 a 1400; de
1637 a 1700, 2.6 veces; de 1701 a 1764, 2.1 veces; de 1726 a 1820, 3,2 veces.
( Rogers , I, 180.)
En
Alemania, el aumento de precios se observó primero en el precio de los
comestibles extranjeros, que en parte subió un 400 por ciento. La opinión
popular buscó la causa en la mala disposición de las grandes casas comerciales.
Para facilitar la competencia de las casas más pequeñas con las más grandes, el
Reichstag, en 1522, prohibió todas las compañías con un capital de más de
50.000 florines; y, en 1524, el tesoro real quiso demandar a los infractores de
esta ley. Pero las ciudades se las ingeniaron para evitar el golpe. ( L.
Ranke , Geschichte der Reformation, II, 42 y ss., 134 y ss.) En
España, el gobierno, especialmente entre 1550 y 1560, se esforzó por oponerse
al creciente encarecimiento de los bienes de todo tipo, prohibiendo la
exportación de los productos más importantes y poniendo obstáculos al comercio
minorista. Las clases bajas en Inglaterra atribuyeron el ascenso a la supresión
de los monasterios ( Percy , Reliques of ancient Poetry, II,
296), mientras que Enrique VIII se esforzó por mejorar la condición de las
cosas mediante leyes contra el lujo, el establecimiento gubernamental de
precios fijos, la expulsión de comerciantes extranjeros, etc. (21 Enrique
VIII). El primer escritor que parece haber visto claramente la verdadera causa
de los cambios en el precio fue Bodinus , Response aux
Paradoxes de Mr. de Malestroit touchant l'Enchérissement de toutes Choses et
des Monnaies (1568). Esta obra fue traducida al latín por H. Conring ,
1671; y reeditada en la obra: Discours sur les Causes de l'extrême Cherté, qui
est aujourd'hui en France (1574). A continuación, tenemos al autor inglés WS ,
A Compendious or briefe Examination of certayne ordinary Complaints of divers
of our Countrymen of these our Days, Londres, 1581. En Befold's Vitæ
et Mortis Consideratio politica, 1623, 13 f., tenemos una explicación correcta
de la caritas sine inopia que debe considerarse como propiedad
común de su tiempo.
Lo
mismo Quesnay , 77 años, Daire. Sir J. Stewart ,
Príncipes, cap. 3. Kraus , Vermischte Schriften, II, 131 y
sigs. Hermann , Staatsw. Unters., 127. Helferich ,
Von den periodischen Schwankungen im Werth der edlen Metalle, 1843, 70 y sigs.
Según Cibrario ,
un hectolitro de trigo valía, en Turín, de 1289 a 1379, en promedio, 905 gr. de
plata fina; es decir, aproximadamente tres veces más que en París antes del
descubrimiento de América, y tanto como en París de 1546 a 1556. En Turín, de
1825 a 1835, valía alrededor de 1702 gr. Incluso en el siglo XV, los
embajadores extranjeros se quejaban del enorme coste de la vida allí. Así, por
ejemplo, Raumer's histor. Taschenbuch, 1833, 162. Compárese
también, Carli , Del Valore della Proporzione dei Metalli
monetati con i Generi in Italia prima delle Scoperte dell' Indie, 1760, en el
que, de hecho, exagera el asunto y busca probar sus opiniones con la más burda
sofistería.
El
principal resultado de las excelentes investigaciones de Helferich .
( Helferich , loc. cit.) La opinión general, de hecho, es que
este statu quo del valor de los metales preciosos fue
interrumpido alrededor de mediados del siglo XVIII por otra caída, y que esta
última dio paso a una subida posterior en 1815 y después. Así David
Hume , History of England, cap. 44, App. 31, cap. 49, App. A. Young ,
Political Arithmetics, cap. 6. Más recientemente, Rau ,
Lehrbuch, I, § 176. M. Chevalier , Cours, III, 320 ff. Uno de
los principales defensores de la opinión de que todo aumento realizado en el
medio de circulación produce una depreciación correspondiente es Nebenius ,
Deutsche Vierteljahrsschrift (1841). En Inglaterra un quarter de trigo valía,
en promedio, 38s. 8/9d., de 1595 a 1685. Sobre una estabilidad similar de los
precios del grano en Bélgica, véase Schwerz , Belgische
Landwirthschaft, III, 37. Según Suckburg (lc), el valor en cambio del dinero de
1640 a 1700 disminuyó un 32-2/9 por ciento; de 1700 a 1760, un 43 por ciento;
de 1760 a 1806, un 84 por ciento.
Entre
1637 y 1700 el precio del trigo en Inglaterra fue en promedio de 51 chelines;
entre 1701 y 1764, de sólo 40,5 chelines.
Así,
el precio tan caro del trigo en Alemania durante los primeros treinta años
después de la Guerra de los Treinta Años fue causado, en gran parte, por la
despoblación producida por la guerra.
También
en Alemania la causa del encarecimiento de tantos bienes durante la Guerra de
los Treinta Años hay que buscarlo en los bienes mismos.
Desde
1815, la mayoría de los productos de Birmingham y Sheffield han caído del 50 al
70 u 80 por ciento en precio, o al menos del 20 al 30. ( McCulloch ,
Statist. Account, I, 705.) The Quarterly Review, mayo de 1830, habla incluso de
una disminución media de los precios de los productos ingleses en general, del
50 por ciento.
Excelentemente
realizado en Tooke , Historia de los Precios, III, 1838. Que
el mercado mundial no se ve tan fácilmente afectado por un aumento del medio de
circulación, lo demuestra este hecho, entre otros, el de que la inmensa
exportación de dinero metálico francés como consecuencia de la emisión de papel
moneda entre 1716 y 1720, y nuevamente en 1790 y los años siguientes, coincide
con precios muy bajos del trigo en los países vecinos. ( Helferich ,
loc. cit., 139, 190 y ss.) Y, sin embargo, en el primer caso, la cantidad fue
de 400.000.000 de francos, y en el segundo, al menos 1.000.000.
Jacob estima
esta parte en solo el 2,5 por ciento, McCulloch , en el
20, Lowe en el 25, Necker y Helferich en
el 50, Humboldt en el 66,2/3 de la cantidad total trabajada.
Ciertamente es, en nuestros días, debido a la creciente oferta agregada, mayor
que hasta ahora; pero es muy diferente en diferentes países. Nebenius ,
Deutsche Vierteljahrsschrift, 1851, 56 seq., estima el consumo agregado de oro
y plata nuevos para fines industriales en 14,5 piastras anuales, y además de
esto siete millones de oro y plata viejos ( Bruchgold und Bruchsilber ).
El desgaste anual de los artículos de oro y plata previamente existentes, se
estima, asciende a 4.420.000 piastras (1/420); El aumento anual de sus
cantidades agregadas en Europa a 6.000.000 de piastras (1,5 por ciento,
correspondiente al aumento de la población) y 4.200.000 (una quinta parte del
consumo total), se emplea, como él afirma, en dorado, enchapado, etc. Este
último rubro probablemente aumenta mucho debido al plateado galvánico, la
invención de la fotografía, etc.
Jacob abarca
en la cantidad de metal empleado con fines industriales, en los siglos XVI y
XVII, 1/5 de la cantidad que, después de deducir la pérdida en el comercio
asiático, se agregó a las reservas de oro y plata de Europa; es decir, en el
siglo XVII, alrededor de 2,500,000 piastras anuales; en el siglo XVIII, ⅔ (!);
es decir, anualmente, 15,000,000 piastras; en 1830, en Inglaterra, £2,457,221;
en Francia, 120,000; Suiza, 350,000; en el resto de Europa, £1,605,490; en
América del Norte, alrededor de 300,000; en total, £5,900,000. La
estimación de Humboldt es de 21,000,000 piastras; McCulloch's ,
6.050.000 libras esterlinas. Según los registros de la Monnaie de
París , la cantidad de platería en Francia se multiplicó por siete entre 1709 y
1759 ( Humboldt ). En Inglaterra, entre 1807 y 1814, se
acuñaron 8.290.000 onzas de plata para fines manufactureros; de 1830 a 1837,
solo 7.387.000; en 1851, 924.000. McCulloch estima el consumo
anual de plata, solo en Birmingham, para fines de chapado, en 150.000 onzas; en
Sheffield, en 500.000; y el consumo de oro en los distritos alfareros en 650
libras esterlinas por semana. Birmingham consumía (1831) para fines de dorado,
1.000 libras esterlinas de oro al año. ( Whately. ) Ahora
emplea semanalmente 3.000 onzas de oro y 6.000 onzas de plata en la fabricación
de artículos de oro y plata, además de la cantidad destinada al dorado y al
lavado de plata. (Quart. Rev., abril de 1866, 381.) Los joyeros de Nueva York
fabrican anualmente artículos de oro y plata por valor de 3.000.000 de dólares,
en su mayoría material nuevo. (Economist, 16 de abril de 1853.) En Viena, en
1781, había solo 167 trabajadores de oro y plata; en 1840, 229; en 1847, 539. ( Baumgartner ,
en la Wiener Akademie, 3 de mayo de 1857). Jacob estima que la
masa agregada de artículos de oro y plata, en placa, instrumentos, etc., en
Europa y América, es 1-¼ tan grande como la del dinero contante y sonante; y
solo en Inglaterra es el doble (cap. 28); mientras que Tengoborski piensa
que a principios del siglo XIX, la moneda constituía ⅔ de la cantidad total de
metales preciosos. A veces tiene lugar un movimiento en la dirección opuesta,
como, por ejemplo, en aquellas revoluciones en las que se confiscó la plata de
la iglesia; en las desafortunadas guerras de Luis XIV, etc. Nebenius ,
loc. cit., 17, menciona a un platero del sur de Alemania que fundió en los años
posteriores a 1802, plata de monasterio por la cantidad de 11.000.000 de
guldens.
Español
Sobre el desgaste de las monedas, véase § 120 ,
y Hermann , en el Archiv. der politischen Oek., I, 1841.
Compárese también, Faust , Concilia pro Aerario, 1641, 263 y
sigs. Este desgaste es tan grande que M. Chevalier supone que
solo bastaría para reducir una cantidad de dinero bajo Constantino el Grande de
5.000 millones a 300 millones, en la época de Felipe IV. (ob. 1314.) Cours, II,
322. Cuán grande es el número de monedas, especialmente de las denominaciones
más pequeñas, que se pierden por completo es evidente por el hecho de que en el
momento de la desmonetización de las piezas de 15 y 30 sous de 1791-92, que
ascendían a 25.000.000, solo se presentaron para su canje 16.000.000. De las
piezas de 10 céntimos acuñadas con una N, que ascendían a 3.286.932 francos,
solo quedaban 2.000.000 al ser retiradas de la circulación, a pesar de que
algunos particulares habían contribuido a la acuñación. ( M. Chevalier
, III, 321.) McCulloch estima la pérdida total causada por este
motivo en un 1 % anual, y Helferich , en un ¾ %. Cuanto
mayor sea el stock total de oro y plata, mayor será el desgaste absoluto. Por
lo tanto, si anualmente hubiera una afluencia igual de productos minerales a
los mercados, la presión de este aumento de la oferta, debido únicamente a esa
causa, se traduciría en una serie convergente de precios. ( Tooke ,
History of Prices, II, 151 y ss.)
La
Compañía Británica de las Indias Orientales exportaba oro y plata en promedio
anualmente desde:
1711-1720,
£434.000
1721-1730, 532.000
1731-1740, 487.000
1741-1750, 631.000
1751-1760, 571.000
1761-1770, 152.000
1771-1780, 43.000
1781-1790, 393.000
1791-1800, 352.000
1801-1807, 852.000
Milburn ,
Oriental Commerce, 1813, 419. Según M. Chevalier ,
Introduction aux Rapports de l'Exposition de 1867, el comercio de Europa y
Norteamérica con India, China, Japón y las islas australianas ascendió en 1800
a tan solo 410 millones de francos, y en 1866 a 4.024 millones. Sin embargo,
durante un tiempo, el gran aumento de la exportación de manufacturas inglesas a
las Indias Orientales y de opio de estas últimas a China cambió la relación, de
modo que la exportación de metales preciosos del sur de Asia compensó con
creces las importaciones. Por otro lado, entre 1853 y 1856 se embarcaron
240.000.000 de táleros a India y China desde Inglaterra y los puertos del
Mediterráneo; en 1863 y 1864, incluso llegaron a 300 millones, que en su mayor
parte se perdieron allí. Además, la inmensa cantidad de dinero en efectivo —a
menudo hasta de 12 a 15 millones en libras esterlinas— en el tesoro estatal, y
los adornos de plata (§§ 44, 123) habituales en la India, exigen un suministro
anual considerable para compensar el desgaste. Newmarch habla
de 400 millones de libras esterlinas que pueden mantenerse en su estado actual
mediante un aumento anual del 1 %. (Historia de los Precios, VI, 723.) De 1865
a 1869, los barcos de vapor ingleses transportaron oro y plata a Oriente en las
siguientes cantidades anuales: 93,9, 66,3, 24,6, 70,2 y 60,4 millones de
táleros, además de lo cual casi la misma cantidad provino directamente de
California. Statist. Journ., 1871, 122 y ss.
Tooke-Newmarch ,
Historia de Precios, VI, 147 y ss., estima las existencias totales de oro a
finales de 1848 en 5.600.000 libras esterlinas; en 1856, en 172.000.000 libras
esterlinas más. Según Lavasseur , la cantidad de plata en
Oriente aumentó, entre 1848 y 1857, de 22.000 a 24.000 millones de francos; y
la cantidad de oro, de 9.500 a 15.500 millones. (Annuarie d'Economie politique,
1858, 632.) La cantidad total de oro y plata en el mundo civilizado, Wolowski estimó
entre 55 y 60 mil millones de francos, en 1870. (L'Or et l'Argent, Enquête,
19.) Compárese con Mason , The Gold Regions of California from
the Official Reports, 1848. Tengoborski , Sur les Gîtes
aurifères de la Californie et de l'Australie, 1853. Goldfield's Statistics
emitido por el Mining Department en Victoria, 1862. WR Blake ,
The Production of the precious Metals, or statist. Notice of the principal Gold
and Silver producing Regions of the World (Nueva York, 1869).
Denkschrift
betr. die deutsche Münzeinigung Mai, 1869, de Soetbeer ,
y aún antes, en Vierteljahrsschrift, 1865, II, de Faucher .
Según M. Chevalier , todas las minas del mundo, poco antes de
1865, producían 284.000 kilogramos de oro y 190.000 kilogramos de plata al año:
un total de 373.000 táleros (Journal des Economistes, junio de 1866), mientras
que, en 1848, la cantidad total de monedas de oro acuñadas en el mundo se
estimaba en 560.000.000; Gran Bretaña, Francia, Norteamérica y Sídney habían
añadido, desde entonces y hasta 1871, 597.780.000 libras esterlinas. Las
adiciones se han hecho en cantidades decrecientes: así, 1857-59, 37,2 millones
anuales; 1869-71, 16,99 millones anuales. (Statist. Journ., 1872, 376 y sigs.)
Las estimaciones sobre cuánto podría ganar un buscador de oro en un día han
sido diversas. Así, Larkin lo estima entre $25 y $50; Mason ,
en $10; Folson , en$25 a $40; Butler King ,
en $16, calculando una onza en $16. Todas estas estimaciones parecen dar un
promedio demasiado alto en conjunto. En Australia, según Khull ,
Colonial Review, junio de 1853, un buscador puede producir solo una onza
diaria, o menos de 4 táleros. Según W. Stamer , Recollections
of a Life of Adventure, II, 1866, un lavador de oro en Victoria ganaba en 1858,
en promedio, £250 por año; en 1865, solo £70; mientras que el trabajo diario
valía 15 chelines. Por lo tanto, se deben depositar grandes esperanzas en la
naturaleza de lotería del lavado de oro. En el Rin, un lavador de oro se
satisface con ⅔ de gramo de oro, que vale de 13 a 18 groschens de plata. ( Daubrée ,
Comptes rendus de l' Académie des Sciences, XXII, 639.) Sin embargo, debe
tenerse en cuenta que el renano dedica al lavado de oro solo el tiempo libre
que le deja su vocación como pescador, mientras que el lavador de oro en el
nuevo mundo, por regla general, dedica todo su tiempo a ello; y que sus
trabajos se ven interrumpidos por la larga temporada de lluvias, ataques de
fiebre, etc. A esto hay que añadir la gran diferencia de los precios medios de
los medios de subsistencia y la diferencia de todas las condiciones sociales.
Compárese,
por ejemplo, sobre la productividad temprana de los distritos auríferos
brasileños que pronto cesaron: Spix und Martius , Reise nach
Brasilien, I, 262 y sig., 350. Gardner , Travels in the
Interior of Brazil, 1846. Sobre La Española, véase Benzoni ,
N. Mundo, I, 61, y Peschel , Gesch. der Entdeckungen, 304,
556. Hasta ahora, el oro se había obtenido mediante el proceso de minería
habitual, solo en muy pocos lugares. Por regla general, se ha encontrado en
tierras aluviales no lejos de la superficie. Compárese con Ansted ,
The Gold-Seekers' Manual, 1849. Estas circunstancias han hecho que la
producción de oro sea importante desde el principio; y todavía la hacen
comparativamente fácil, mientras que causa poca demanda de capital pero sí de
gran habilidad. Tan pronto como se ha trabajado la mayor parte del país para
extraer oro, lo cual no requiere mucho tiempo, se abandona por completo,
mientras que en la producción de plata, la gran cantidad de capital invertido
en pozos, galerías, hornos, etc., ata a las partes involucradas en la empresa
al lugar y exige su continuación. Sin embargo, en los últimos tiempos,
Australia y California han desarrollado la minería y la producción mecánica de
oro de forma sorprendente. Según Laur , La Production des
Métaux précieux en Californie, 1862, 33, y el Journal des Economistes,
noviembre de 1862, el oro-cuarzo californiano produjo, en 1851, un promedio de
635 francos por tonelada; en 1860, solo de 80 a 85 francos; pero los métodos de
lavado de oro se han abaratado en una proporción de 2500:1. No obstante, la
producción de metales preciosos parece estar disminuyendo incluso ahora. Según
el Statist Journal, 1866, pág. 99, ascendía en promedio a:
en
1849-51, oro 23,9 millones de libras, plata 15,5 millones de libras.
en 1852-56, oro 38,7 millones, plata 16,1 millones.
en 1857-59, oro 36,5 millones, plata 17,1 millones.
en 1860-63, oro 33,5 millones, plata 18,2 millones.
en 1864-68, oro 30,0 millones, plata 19,5 millones.
El
número de buscadores de oro en Victoria disminuyó constantemente de 125.764 en
1857 a 63.053 en 1867.
Una
de las principales dificultades en la producción de oro es la pérdida por
malversación, que se estima en un promedio del 20 %. Las pequeñas empresas de
trabajadores por cuenta propia estarían menos expuestas a la tentación, y las
razas anglosajonas y norteamericanas se adaptan muy bien a ella. ( M.
Chevalier , III, 261.)
Español
El oro es en cierto sentido uno de los metales más extendidos, aunque solo se
encuentra en pequeñas cantidades; de modo que en el Rin, por ejemplo, se
necesitan de 17 a 22 millones de granos de oro para hacer un kilogramo. Un
número extraordinariamente grande de lugares deben su civilización a los
buscadores de oro. Compárese con Tácito , Agr., 12. Selecciono
los siguientes "hallazgos" de Erdkunde de Ritter .
Shangallas (I, 249); aún más la terraza de Fazoglu en sí (I, 253, compárese
con Bruce , Travels, V, 316, VI, 255, 342), en Monomotapa (I,
140); en Manica, al oeste de Sofala (I, 145), especialmente desde la supresión
del comercio de esclavos (I, 305, 471); en tierra de Mandigo (I, 360, 372); en
el camino de Gambia a Tombuctú (I, 457); en el lago Mangara (I, 493); entre
Tombuctú y Finnin (I, 445); en Nubia (I, 667, ss.); minas de plata y mercurio
sin explotar en el bajo Bagradas (I, 493); riqueza aurífera en Malaca, aurea
chersonesus (V, 6 ss., 27); Tonkín, Lao y Ava (III, 926, 1, 216, IV,
I, 213); Assam (IV, 294); el pequeño Tíbet (III, 657); Cachemira (III, 1,155);
en el alto Setledsch (III, 654 ss., 668); en las fuentes montañosas del Indo
(III, 508, 529, 593, 608); en el Cabool (VII, 23); en Peshaver (VII, 223);
Badakschan (VII, 795); ricas minas de plata abandonadas por falta de madera
cerca de Herat (VIII, 243); en Armenia (X, 273). Se dice que en el sur de China
existen grandes tesoros de metales preciosos, cuya extracción se ha opuesto
hasta ahora. (IV, 756.) La riqueza de Arabia en minas de oro, mencionada
por Diodoro , II, 50, III, 45, y Agatha , De
Mare rubro, 60, es de dudosa existencia, ya que no se encuentran rastros de
ellas en el país hoy en día. Por otro lado, en ambas orillas del Océano
Pacífico, las partes de la tierra más ricas en volcanes parecen poseer casi en
todas partes cantidades de oro iguales a las de California y Victoria.
(Edinburgh Review, enero de 1863, 82 y sigs.) La cantidad de tesoros que a
veces se pueden obtener de antiguos y
olvidados "hallazgos" lo demuestra el Altai (es decir, la
montaña de oro), que incluso el viejo Tschudi había hurgado ( K. Ritter ,
II); y donde el amor de Heródoto (III, 16) por la verdad, tan frecuentemente
cuestionado, ha sido recientemente reivindicado de forma tan brillante.
Compárese con v. Ungern-Sternberg , Gesch. des Goldes,
1835. A. Erman , Ueber die geographische Verbreitung des
Goldes, 1835. Según Murchison , Siberia, cap. 17, el oro se
encuentra únicamente "en rocas cristalinas y paleozoicas, o en la
deriva de estas rocas, que es una acumulación terciaria del
plioceno"; y que se encuentra con mayor abundancia.“en minerales de
cuarzo, vetas y pizarras silúricas alteradas transversalmente, principalmente
del Silúrico inferior, frecuentemente cerca de su unión con rocas eruptivas”.
Compárese
con Humboldt , N. Espagne, IV, 147 y sigs.; St. Clair
Duport , Essai sur la Production des Metaux précieux en Mexique,
1843; M. Chevalier , Cours., III, 483 y sigs.
El
costo de un kilogramo de plata, expresado en términos de plata misma, hasta el
momento de su envío, es estimado por Duport de la siguiente
manera: sal y magistral , 61 gramos; azogue, 112 gramos;
estampado, 171 gramos; transformación del mineral, 72 gramos; renta y
supervisión, 38 gramos; aranceles, etc., 145 gramos; fundición, transporte y
envío, 35 gramos. Quedan como beneficio por la minería, 336 gramos. En cuanto a
cómo la producción de plata americana aumenta y corre paralelo al abaratamiento
del azogue, véase Humboldt , N. Espagne, IV, 91 y ss.
Wolowski calcula
que el incremento anual, mucho menor, de la cantidad de metales preciosos en el
siglo XVI, frecuentemente de 1/12, ahora constituye solo 1/50 de la mayor
cantidad existente. (L'Or et l'Argent Enquête, 50.)
En
Estados Unidos el stock de dinero en efectivo se estimó en 1820 en 5,1 táleros
per cápita; en 1849, en 8,6 táleros; en 1854, en cambio, en 13 táleros.
Español
El peso de la masa de oro introducida anualmente en Europa se situó en la
proporción de 1:60-65 con respecto a la de la plata en el siglo XVII; en la
primera mitad del siglo XVIII, en la de 1:30; en la segunda mitad, en la de
1:40; y, sin embargo, las variaciones en el precio no fueron en lo más mínimo
paralelas. Según Sœtbeer (Beiträge und Materialien zur
Beurtheilung von Geld und Bankfragen, 1855, 102 y siguientes), el curso medio
de plata ( silbercurs )
del oro había caído, entre 1852 y 1854, solo un 2,05 por ciento, en comparación
con el de 1800-1840. Y, sin embargo, el valor de la producción anual de oro se
situó en la proporción de la producción anual de plata, a principios del siglo
XIX, en 29 a 71; en 1846, en 47 a 53; en 1848-56, 3 a 1.
Si
bien el público, incluso desde 1850, cree haber notado una depreciación del
valor del dinero, muchos economistas políticos eruditos no están dispuestos a
aceptarla. Los principales defensores de esta opinión son Tooke y Newmarch ,
en el vol. VI de la Historia de los Precios (1857). También Lavergne ,
en el Journal des Economistes. En realidad, el aumento del encarecimiento de
muchos bienes hasta 1857 podría atribuirse a causas que afectaban a los propios
bienes: disminución de la oferta debido a malas cosechas, exceso de oferta
comercial, etc.; aumento de la demanda por la capitalización a gran escala, la
especulación, pero especialmente por el ascenso de las clases populares, etc.
El
1 de enero de 1869, los precios al por mayor en Londres eran casi todos un 10 %
inferiores a los del 1 de julio de 1857. Solo el índigo, el algodón y la carne
habían subido. ( Hildebrand's Jahrb., 1870, I, 328). En muchos
casos, el aumento de la carestía es completamente local, debido a las mayores
facilidades de transporte en lugares donde los precios ya eran más altos. Pero
como las nuevas verdades son fácilmente exageradas por sus descubridores, gran
parte de la opinión de Tooke sobre estos acontecimientos se basa en una
polémica excesivamente llevada contra la teoría de la balanza comercial,
habitual en la llamada escuela monetaria. Compárese, en oposición a
Tooke, Lavasseur , en el Journal des Economistes, marzo de
1838, y M. Chevalier , La Baisse probable de l'Or, 1858. Lavasseur ,
a partir de la diferencia entre los precios oficiales y reales en aduanas en
Francia, calcula que las materias primas en 1856 eran, en promedio, un 63 por
ciento más caras que en 1826, y en 1858, un 20 por ciento más caras que en
1826; y que los artículos manufacturados eran, en 1856, igual de caros, y en
1858, un 6 por ciento más caros que en 1856. Un promedio de todos los productos
mostró, en 1856, un aumento del 30 por ciento, y en 1858 del 9 por ciento.
( Hildebrand's Jahrb., 1864, II, 118.)
En
el mercado de Hamburgo, entre 1847 y 1865, 87 artículos bajaron de precio, 183
subieron y 24 se mantuvieron prácticamente sin cambios. (Amtl. Statistik von
1887, 18 y ss.) Jevons supone un aumento general del precio de
las mercancías entre 1849 y 1869 de aproximadamente el 18 %. (Economist, 8 de
mayo de 1869). Realiza esta estimación a partir de los precios promedio de
marzo de 50 de los principales artículos. Suponiendo un precio medio de marzo
de 1849=100, tenemos, según él, para los años siguientes, respectivamente: 101,
103, 101, 116, 130, 125, 129, 132, 118, 120, 124, 123, 124, 123, 122, 121, 128,
118, 120, 119. Los años anteriores mostraron: 1789=133; 1799=202; 1809=245;
1819=175; 1829=124; 1839=144. (Compárese supra, § 129 ,
nota 1.) El presupuesto de una familia de cinco profesores suizos se ha
encarecido desde 1840 y siguientes, manteniéndose su consumo constante y
limitado a los artículos más básicos, en un 72,5 por ciento. (Böhmert,
Arbeiterervhältnisse etc., I, 302 y siguientes, 355.) Sin embargo, Knies explica
muy bien que la depreciación se subestime con mayor precisión en Inglaterra y
se sobreestime en Alemania, a través de los efectos de nivelación de precios de
los medios de comunicación más modernos. (Tübinger Zeitschr., 1858, 280 y
siguientes).
Compárese
con Leibniz sobre las consecuencias que se derivarían de la
realización de los sueños de los alquimistas. Sería una gran desgracia, pues
entonces un bolsillo ya no bastaría para transportar dinero, y la gente tendría
que usar carretillas como se hace ahora en Suecia. (Ed. de Ópera Dutens, V,
199, 401.)
Beccaria considera
equitativo que el deudor pague siempre el valor original del metal (EP, IV, 2,
17). Galiani , por otro lado, no permitiría que los
particulares, incluso cuando el Estado causa arbitrariamente una disminución
del valor real del dinero, mantuvieran el valor real de la moneda en sus
contratos (Della Moneta, V. 3).
Es
precisamente esta clase la que primero llega a comprender la naturaleza
esencial del cambio efectuado.
Así,
los arrendatarios ingleses, que en el siglo XVI tenían contratos de
arrendamiento a largo plazo, ascendieron en la escala social como consecuencia
de las revoluciones de precios, un hecho de importancia en las luchas políticas
del siglo XVII. Compárese con Sir FM Eden , Estado de los
Pobres, I, 119 y sigs.
Tooke-Newmarch insiste
demasiado en esto y, por ello, considera casi cualquier aumento de los
metales preciosos como una bendición. De hecho, la población de Australia, el
Reino Unido y los Estados Unidos aumentó un 44,5 % entre 1848 y 1871; la
producción de carbón y de ferrocarriles en Inglaterra, entre 1856 y 1869, en
aproximadamente un 60,6 %; la producción inglesa de artículos de lana, lino,
algodón e hilado, entre 1848 y 1870, entre un 110 % y un 335 %. (Statist.
Journal, 1872, 376 y ss.)
La
queja de Lutero sobre la precaria
situación del clero. Véase Schmoller , en el Tübinger Ztschr.,
1860. Esto demuestra claramente cuánto más seguros son para la corona los
dominios que una lista civil, y las donaciones de tierras a una iglesia que los
pagos en dinero. La Ley de Isabel, 18 de Eliz., estipula que, en el caso de las
propiedades universitarias, ⅔ de la renta del arrendamiento debía pagarse en
metal y ⅓ en grano. En la época de Adam Smith , este último
tercio valía tanto como los otros dos. (I, cap. 5.)
En
el siglo XVI, esta clase tenía poca importancia en la mayoría de los países; en
nuestros tiempos, su ruina causaría disturbios generales. La clase más astuta
de capitalistas, de hecho, encontraría la manera de canjear sus créditos por
valores más seguros, o establecería como condición recibir al final una gran
suma.
Así,
por ejemplo, el hijo de un terrateniente fallecido que conserva las tierras
como suyas se comporta con sus hermanos que han ingresado al servicio militar o
civil de su país pagándoles periódicamente una suma determinada. Si una
revolución fuera realmente inminente, los terratenientes pronto se emularían
entre sí para mejorar sus propiedades mediante préstamos de capital, aunque
solo fuera para aprovechar la depreciación del medio de circulación en su
propio beneficio. En el siglo XVI, el endeudamiento de los terratenientes era
relativamente poco importante.
De
las Tablas de Roger , Statist. Journal, 1861, 551 y ss., se
desprende que, entre 1583 y 1620, época en la que la población de Inglaterra no
aumentó ni en riqueza ni en número, se produjo un aumento considerable en el
precio de casi todos los productos básicos ingleses. Así, por ejemplo, el
precio del trigo fue, de 1591 a 1600, un 468 %, y de 1611 a 1620, incluso un
495 % superior al de 1530 a 1533. El trabajador sajón ganaba, en 1599, con el
trigo, solo la mitad que en 1455. (Tübinger Ztschr., 1871, 354).
Cuando
la mano de obra es indispensable para los empleadores, puede ocurrir que una
pequeña disminución en la oferta incremente considerablemente el precio. Los
salarios, en casi todas las ramas de trabajo, aumentaron entre 1851 y 1856,
aproximadamente entre un 15 y un 20 por ciento.
Esto
también tenía poca importancia en el siglo XVI, ¡pero qué importante es ahora!
Los
impuestos sobre la renta, los derechos ad valorem y los
diezmos suben y bajan en su monto nominal a medida que el precio del medio de
circulación baja y sube.
Así,
por ejemplo, la victoria del Parlamento inglés sobre el poder ilimitado de la
corona, en la primera mitad del siglo XVII, se vio muy favorecida por el hecho
de que esta, a pesar de toda su economía, siempre se encontraba en apuros
financieros debido a la depreciación de la moneda. (¡Poder del bolsillo, poder
de la espada!). Sin embargo, cualquier fuerza mantenida en acción es un arma de
doble filo. Si bien en circunstancias favorables puede desarrollarse así, en
circunstancias desfavorables puede agotarse. ¡Cuántas asambleas
representativas, durante las revoluciones de precios de los siglos XVI y XVII,
permitieron que sus energías se estancaran!
La
mayoría de los puntos anteriores están muy bien analizados en la obra WS ,
citada anteriormente, § 137 .
Como
nadie dudaba entonces: Compárese con W. Raleigh , El
descubrimiento de Guayana, Pref. Me refiero a Filipo de Macedonia.
Compárese
con Roscher , Kolonien, Kolonialpolitik und Auswanderung,
1856, 145 y sigs.
Algo
similar podría haberse observado en Inglaterra en 1819, etc., con la
restauración del papel moneda depreciado. Entre las naciones con un nivel de
civilización relativamente bajo, la variación en el medio de circulación tiene
menor importancia que entre las naciones más civilizadas, porque el comercio
monetario, y aún más, el crédito, están relativamente poco desarrollados.
Fawcett exagera
mucho cuando dice que, con el aumento de la población y la riqueza, el aumento
del dinero es tan necesario como el hambre. (Manual, 370.)
Galiani ,
Dellab Moneta, III, 1. En la época de la Lex Salica, 10:1. Según el Edictum
Pistense de Carlos II, cap. 24 ( Pertz , Mon. Germ., III,
488), 12:1. En la época del Sachsenspiegel (III, 45), nuevamente 10:1. Bajo San
Luis, rey de Francia, 12,5:1. ( Leblanc , Traité historique
des Monnaies de la France, cap. 1, 2.) En Polonia, 1356, 12:1. ( Muratori ,
Dissertt. Medii Aevi, II, 28.) En Inglaterra, 1262, 9,6; 1272 = 12,5; 1345 =
13,7:1. ( Rogers , 1, 593 y sigs.) Bajo Enrique VI, y en 1494
= 12:1. ( Anderson , Origen del comercio, a. 1422, 1494.) En
Dinamarca, bajo los antiguos reyes de la Unión = 8:1. ( Dahlmann ,
Dänische Geschichte, III, 52.) Y así durante casi todo el período medieval de
Escandinavia, como por ejemplo en los Graugans. ( Wilda ,
Gesch. des deutschen Strafrechts, I, 329.) En Italia, 1579 = 12:1. ( Scaruffi ,
Sopra le Moneta, 1582.) En Holanda, 1589 = 11,6:1. Bodinus ,
De Republ., 1584, II, 3, mantiene 12:1 como la proporción general; pero la
Cámara Apostólica adoptó la proporción de 12,8:1. En Alemania, según los
ejemplos citados por A. Riese , 1522 = 10:1. Las leyes
monetarias de Alemania la dan en 1524 = 11-1/3:1, en 1551 = 11:1, 1559 =
11-3/7:1; Budelius , De Monetis, 1591 = 11-1/4:1. A principios
del siglo XVII la proporción en España era = 13,3; en Alemania = 12,16; en
Flandes = 13,22; en Inglaterra = 13,5:1. ( Forbonnais ,
Finances de la France, I, 52.) Alrededor de 1641, en Flandes, era 12,5; en
Francia, 13,5; en España, 14,1. Inmediatamente después de la muerte de Colbert,
el tipo de cambio en Génova era de 15,03; en Milán, de 14,75:1. ( Montanari ,
Della Moneta, 80.) Si bien en el siglo XVII el oro subió, en el XVIII se
desplomó debido a los lavados de oro brasileños y a los numerosos billetes de
banco en circulación, que en su mayoría eran de gran denominación. ( Steuart ,
Principios, III, cap. 13.) En Amsterdam, en 1751, el tipo de cambio seguía
siendo de 14,5:1.
En
Hamburgo, la relación del precio del oro con el de las barras de plata varió,
entre 1816 y 1852, entre 15,11 y 16,2 a 1 ( Soetbeer ); en
Londres, de 1816 a 1837, entre 15,80 y 14,97 a 1.
En
Asia, es generalmente más bajo que en Europa, durante siglos en su mayoría =
10:1. Pero en Birmania es = 17:1, principalmente debido al grado en que la
indulgencia en el lujo se lleva allí. ( Crawfurd , Embassy,
433. Ritter , Erdkunde, V, 244, 266.) Con respecto a China,
véase M. Chevalier , Cours, III, 359. En África, el oro es
bajo en comparación con la plata, en proporción a la distancia del mundo
civilizado. Así, una onza de oro en Shenaar costaba 12 piastras; en Suakim, 20;
en Djidda, 22. ( Ritter , Erdkunde, I, 538.) En Tombuctú,
Mungo Park encontró que la relación del oro a la plata era de 1-½:1. Compárese
con Marco Polo, II, 39 seq.
En
la antigüedad, se observa un procedimiento similar. Según las leyes indias de
Manu, VIII, 134 ss., = 2,5:1; en Oriente, durante mucho tiempo, = 10:1; bajo
Darío Histaspis, = 13:1. ( Heródoto , 111, 95.) En Grecia, en
tiempos de Lisias, = 10:1 ( Lisias , pro bonis Arist., Conon);
según Platón, = 12:1 ( Hipparch. , 231);
según Demóstenes , adv. Phorm., 214, = 14:1 ( Böckh ,
Staatst., I, 43); estimación de Menandro, = 10:1, probablemente porque la
victoria de Alejandro había abaratado el oro. ( Pollux , IX,
76.) Entre los romanos, alrededor de 189 a. C., = 10:1 ( Livio ,
XXXVIII, 11); algo más tarde, = 11.9:1 ( Mommsen , en el
histor. phil. Berichten der K. Sächs. Gesellschaft, 1851, 184 ff.); en el siglo
IV después de Cristo, = 14:1. ( Teod. , Cod. VIII, 4, 27.) A
veces encontramos variaciones repentinas. Así, según Polibio ,
XXXIV, 10, el oro, en Italia, se hundió alrededor de ⅓ como consecuencia de la
apertura de las minas en Aquilea. Se hundió a la proporción de 9:1 cuando César
gastó el contenido del tesoro romano, que consistía en oro. ( Surton. ,
Cæs., 54.) La proporción de 17:1, durante las guerras de Aníbal, fue una
especie de bancarrota nacional. Véase Plin. , HN, XXXIII, B.
Tras
la Revolución de Febrero, el agio del oro, comparado con el de la plata,
aumentó del 10,17 al 70 por 1.000. ( M. Chevalier Cours, III,
346.) Por otro lado, desde el descubrimiento de América, el oro, comparado con
las materias primas, ha declinado mucho menos que la plata. Compárese con Hermann ,
Ueber den gegenwärtigen Zustand des Münzwesens, en Rau's Archiv.,
I, 151 y ss. Según Lord Liverpool , Treatise on the Coins of
the Realm, el valor de la moneda de oro en el mercado londinense, comparado con
los billetes, varió en 40 años casi un 5,5 %.
Recientemente,
se ha hecho posible extraer una pequeña cantidad de oro de las monedas de plata
antiguas, con cierta ventaja. La industria europea producía de esta manera unos
1600 kilogramos de oro al año. La mitad de esta cantidad se obtenía en Francia y
el resto en Hamburgo, Ámsterdam, Bruselas y San Petersburgo. ( Michel
Chevalier , Cours, III, 302.)
Senior ,
Sobre el valor del dinero, 77 y ss. Es cierto que una simple variación en los
precios no induciría a la gente a tener vajillas de oro ni ornamentos
arquitectónicos de plata.
Rau ,
Lehrbuch, 6.ª ed., I, § 277 c. En opinión de Rau (loc. cit.), podemos esperar,
en el curso de las próximas décadas, una disminución del precio del oro de
aproximadamente el 76 % y de tan solo el 10 % del precio de la plata (debido a
los bajos precios del mercurio). Pero aquí parece pasar por alto por completo
la influencia que tendría un cambio de patrón en importantes distritos
comerciales.
Compara
las obras ya mencionadas. Fleetwood , Chronicon preciosum, o
una cuenta del dinero inglés de oro y plata, el precio del maíz y otras
mercancías, etc., durante seiscientos años el pasado año 1707; Dupré de
Saint Maur , Essai sur les Monnaies ou Réflexions sur les Rapports
entre les Denrées et l'Argent, 1746; Unger , Ordnung der
Fruchtpreise, 1752; Paucton , Métrologie ou Traité des
Mesures, etc., des anciens Peuples et les modernes, 1780; el apéndice de Annals
of Commerce de Macpherson , 1805; las tablas en la
traducción de Garnier de Adam Smith, vol. II, 1822; A.
Young , Investigación sobre el valor progresivo del dinero en
Inglaterra, marcado por el precio de los productos agrícolas, 1812; WF
Lloyd , Precios del Maíz en Oxford, a Principios del Siglo XIV, y
también desde 1583 hasta la actualidad, 1830; Helferich , en
Tüb. Zeitschrift, 1858, 471 y ss. Hay algunas notas muy interesantes sobre la
historia de los precios durante los períodos merovingio y carolingio en Guérard ,
Polípticas, I, 141 y ss.
Así,
por ejemplo, los bonos (y sus cupones) de estados, ciudades, grandes
corporaciones, certificados de acciones, hipotecas, letras de cambio, cheques.
Un
reglamento prusiano de 1765 ( Goldschmidt , Handbuch des
Handelsrechts, I, 550), llama papel moneda ( Effekten )
a los instrumentos de comercio en los que se designa un valor o una valuta
.
Garnier ,
traducción francesa de Adam Smith, II, 143 y ss., distingue entre papel moneda
y papel promesa: este último nunca circula simultáneamente con el capital que
representa. Say afirma, por ejemplo, que las pruebas de
endeudamiento estatal, como los bonos estatales, requieren dinero si circulan,
pero rara vez actúan como dinero en circulación. (Traité, III, cap. 2.) Sismondi define
muy bien la diferencia en su Richesse Commerciale, I, 160. Rau ,
Lehrbuch, I, § 293, exige a todo papel moneda válido: a., que su mera
transferencia, incluso sin prueba de su legítima adquisición, baste para
conferir la propiedad al receptor; b., que el poder que lo emite goce de
confianza universal o sea capaz de exigir reconocimiento universal; c., que su
rescate no esté fijado en un plazo determinado.
Que
no es posible evitar que el papel moneda se devalúe mediante el pago de
intereses, lo aprendieron los norteamericanos en más de un experimento durante
el siglo XVIII. ( Benjamin Franklin , Remarks and Facts
relative to the Paper Money of America, 1765). El mismo fenómeno se observó en
el caso de los vales españoles , creados durante la guerra de
Norteamérica debido a la ausencia de la flota argentífera. ( Bour-going ,
Tableau de l' Espagne, II, 38 y sigs. Humboldt , N. Espagne,
II, 808). Cuando las monedas portuguesas (desde 1797) aún
tenían un seis por ciento, su valor se depreció; y cuando se detuvo
repentinamente el pago de intereses, el tipo de cambio no bajó. ( Balbi ,
Esai statist. sur le Portugal, I, 323.) En Austria, en septiembre de 1820, los
billetes de banco que no generaban intereses tenían un precio superior al de
los billetes del tesoro imperial, que sí generaban un interés del 1 por ciento,
aunque el crédito de ambos tipos de papel tenía en última instancia el mismo
fundamento, es decir, el crédito estatal austríaco.
El
intento de hacer que el papel moneda genere intereses sugiere (como los
sansimonistas recomiendan con mucho entusiasmo; Enfantin , Ser
les Banques, d' Escompte en el Producteur, 1826), esa torpe espada, inventada
por el conde Wilhelm von Bückeburg, ¡en cuya hoja se fija una pistola! Poco
antes de cada vencimiento del pago de intereses, la circulación de dicho papel
moneda se detendría. Si la tasa de descuento descendiera por debajo de la tasa
de interés que devengaban dichos billetes, serían buscados con avidez y
desaparecerían en grandes cantidades, y no se volvería a ver hasta que la tasa
de descuento hubiera alcanzado una cifra elevada, momento en el que se
presentarían repentinamente para su reembolso. Por lo tanto, dicho papel moneda
con intereses sería un grave factor que agravaría las fluctuaciones del mercado
monetario entre épocas de bonanza y de recesión. Cuando el papel moneda que
devenga intereses paga los intereses al tipo habitual en el país, es atesorado
por los avaros ( v. Struensee , Abhandlungen, III, 387).
Compárese Forbonnais , Principes économiques, pág. 234, ed.
Guill., mientras que v. Prittwitz , Kunst reich zu werden
(1840, 359), se deleita en elaborar la idea de un papel moneda que devengue
intereses.
De
los juristas, véase Thöl , Handelsrecht, I, § 51, y las
autoridades a favor y en contra en Goldschmidt , Handelsrecht,
II, Kap. 4, 1, 2. La circulación obligatoria de papel moneda es un elemento
esencial solo en referencia a la persona que lo emite. De los economistas
políticos, especialmente A. Wagner en el
Staatswörterbuch de Bluntschli , Art. Papiergeld, Band, VII,
quien, sin embargo, muy pronto se ve obligado a oponer al papel
moneda "propio", otro tipo
no "propio". Adam Smith, sin vacilar, considera
los billetes de banco también papel moneda. (W. de N., II, cap. 2, p. 28,
Bas.) Huskisson entiende por "papel
moneda" solo el papel moneda irredimible del estado, mientras que los
billetes de banco deben considerarse como "papel
moneda". (La cuestión relativa a la depreciación de nuestra moneda, 1810.)
Seyd ,
Münz, Währungs- und Bankfragen in Deutschland, 50 y sigs., distingue cuatro
clases de papel moneda: 1.ª clase, papel moneda recubierto de efectivo; 2.ª
clase, billetes de banco recubiertos a la manera de los bancos; 3.ª clase,
papel moneda estatal; 4.ª clase, papel moneda como los billetes de la
Confederación del Sur después de su derrota.
Incluso Platón ,
De Legg., V, 742, estaba familiarizado con el dinero de tipo espartano,
destinado únicamente al comercio interior: νόμισμα ἐπιχώριον, αὐτοῖς μὲν
ἔντιμον τοῖς δὲ. ἄλλοις ἀνθρώποις ἀδόκιμον. Además, el Estado reservaba para el
comercio exterior una reserva de moneda helénica universal, de la que, en caso
de necesidad, los particulares podían adquirir mediante el intercambio la parte
que necesitaran. Español Cuando Dionisio I emitió estaño en lugar de plata,
todos los siracusanos, aunque notaron la falsificación, actuaron en sus
relaciones mutuas como si consideraran genuinas las monedas. ( Aristot. ,
Œcon., II, 21, Pollux , IX, 79.) Timoteo se comportó con más
honorabilidad cuando, presionado por la escasez de dinero, dio a sus tropas
fichas de monedas de cobre, que pasaron por el momento por su valor completo en
el campamento; pero que luego se canjearon por su valor completo en plata.
( Aristot. , Œc. II, 22.) Compárese Polyæn ,
Strateg., IV, 10, 2. La moneda de hierro que los clazomenios intercambiaban con
los ricos por plata, que generaba intereses, pero que los ricos estaban
obligados a tomar, tenía una duración más larga; la plata se usaba para pagar a
los acreedores estatales extranjeros, la moneda de hierro circulaba por el
momento en la ciudad y se canjeaba gradualmente. ( Aristóteles ,
loc. cit, II, 17.)
El
papel moneda cartaginés nos recuerda aún más al papel moneda: cualquier objeto,
del tamaño de una moneda, se guardaba en un sobre de cuero con el sello estatal
y circulaba como si fuera la moneda que pretendía ser. Mieris ,
Beschryving der Munstn, 1726, explica la saga de la piel de buey de Dido
mediante este dinero de cuero. Sin embargo, es cierto que la sorpresa con la
que el diálogo sofista, Eryxias, menciona el asunto demuestra lo ajeno que era
para los griegos. Respecto a los denarios romanos plateados que se acuñaban con
las monedas de plata, pero que también eran aceptados por el tesoro estatal,
véase Mommsen , RG, I, 405.
En
la Edad Media, el dinero de cuero se emitió como promesa de pago futuro: por el
dux de Venecia en las guerras de 1122 y 1126 ( Montanari ,
Della Moneta, 34); por el rey Juan de Inglaterra, durante la lucha de los
barones ( Camden ); por el emperador Federico II en el asedio
de Faventia ( Malespini , Hist. Fior., 130, Villani ,
Hist. Fior., VI, 21); por Luis IX durante su cautiverio ( v. Raumer Hohenstaufen,
V, 461), Juan de Francia, 1360 ( Anderson , Origin of
Commerce). En las marcas de plomo de Frankfurt que luego fueron redimidas por
la Rechnerei : Kirchner , I, 541. Las fichas
de cobre de Lavallette durante el asedio de Malta tenían la inscripción: non
æs sed fides . El papel moneda que se emitió durante el
asedio de Leyden, los habitantes preferirían conservarlo después antes que
canjearlo, ad perpetuam liberationis
divinæ memoriam . ( Bornitii ,
De Nummis, 1605, I, 15. Monedas de socorro, melacs , durante
el asedio de Landau y del Ragoczy húngaro , Marpurger ,
Beschreibung der Banquen, 213. Krones , Zur Geschichte Ungarns
im Zeitalter R's, 1870.)
Español
Los chinos han tenido varios tipos de papel moneda en su país desde el siglo
VII después de Cristo. A veces los llamaban "monedas voladoras,
monedas convenientes", y a veces cupones , bonos , convenciones ( Klaproth ,
Mémoires relatives à l'Asie, I, 375 y ss.), por los cuales las caravanas, tan
pronto como habían pasado los límites estaban obligadas a cambiar su plata
( Pegolotti , Pratica della Mercatura in Della decima etc.,
III, 3). Estos tenían circulación obligatoria en China. Los grandes kanes
mongoles aquí se familiarizaron con el papel moneda. ( M. Polo ,
II, 21.) Así, especialmente en Persia, donde la negativa a aceptar dicho dinero
y la imitación del mismo se castigaba con la muerte (1340). Compárese con Ferishta ,
ed. Briggs , I, 414 y ss. d'Ohsson , Hist.
des Mongols, IV, 101 y sigs.; II, 487. Incluso aquí se dieron casos de quiebra
estatal y, finalmente, retiradas del papel depreciado. ( Klaproth ,
loc. cit.) En Japón, según Oliphant , Narrative of L. Elgin's
Mission to China and Sapan (1859), todas las monedas extranjeras debían
cambiarse por papel moneda en las oficinas de los banqueros estatales.
Adam
Smith menciona el papel moneda norteamericano de 1 chelín y los billetes de
Yorkshire de 1 chelín y medio. Hasta 1828, Suecia tenía billetes de 28 pfennigs .
Por
lo tanto, en Suecia, con su patrón cobre de larga duración, el sistema de
bancos emisores se desarrolló muy pronto. Los billetes de transporte ( Transportzettel )
(que se encontraban en ese país desde 1661) del banco de Estocolmo se
consideran los billetes más antiguos. Compárese, sin embargo, con
Palgrave , en el Statist. Journal, 1873. Cuando, en 1768, Catalina II
introdujo el papel moneda en Rusia, la gente pagó gustosamente un ¼ por ciento
de cambio al tesoro estatal. ( Brückner , en Hildebrand's Jahrbücher,
1863, 49.) Según Cancrin , Oconomie der menschl. Gesellschaft,
116, particulares cambiaron 40 millones de rublos de plata por papel en un
plazo de cuatro a cinco meses. Y así, en 1780, los billetes de Berlín tenían un
pequeño porcentaje de cambio. por encima de la par, y los billetes del Banco de
San Carlos, en 1788, del 1 al 1,5 por ciento. ( Rau , Archiv.,
II, 161.)
Cuando
en épocas en que el papel moneda se ve con desconfianza, los campesinos y otros
entierran su dinero metálico, esta ventaja, por supuesto, se pierde. Por otro
lado, la exportación de dinero de metales preciosos, causada por la emisión de
papel moneda, no debe considerarse un mal necesario, sino más bien como la
condición precedente que en la mayoría de los casos hace posibles por primera
vez las ventajas anteriores del papel moneda. Compárese con Ad. Wagner ,
Die russische Papierwährung (1868), 22, 24, 33. Ricardo ,
Proposals for an economic and sure Currency, 1816, estimó que Inglaterra,
después de la abolición de la restricción bancaria, necesitaba veinte millones
de libras esterlinas. El interés sobre esta cantidad de capital, incluido el
desgaste, etc., debería estimarse en al menos un diez por ciento; es decir,
para todo el reino, al menos de dos millones y medio a tres millones al año. En
esto, Ricardo fundó su propuesta de basar los billetes
bancarios en lingotes de oro. En su época, el ensayo: Guineas: una carga
innecesaria y costosa para el comercio, o la impolicidad de revocar el proyecto
de ley de restricción bancaria considerado (Londres, 1802), encontró gran
aprobación.
Adam
Smith señala el caso análogo en el que un
fabricante reemplaza una máquina costosa por una barata, vende la primera y
utiliza la diferencia entre la antigua y la nueva para expandir su negocio. (W.
of N., II, cap. 2). Cuando, de hecho, todas las naciones han introducido el uso
del papel moneda, la mayor parte de las ventajas que una nación podía obtener
por medio de él desaparece, y el único resultado final es una depreciación del
valor del dinero y de los metales preciosos. Anteriormente, la ventaja obtenida
por la nación que emitía papel moneda era mayor que su participación en la
depreciación. ( Wolowski , Enquête de 1865, 108).
Cuando
E. Seyd afirma que los billetes de banco son más costosos que el dinero
metálico, porque los primeros en Inglaterra requieren un desembolso para su
administración del 1,5 por ciento anual, mientras que el desgaste del dinero
metálico asciende a sólo el 1 por ciento en 20 años (Statist. Journal, 1872,
511), pasa por alto la pérdida de interés y los costos de acuñación en el
último caso.
Relacionado
con esto está el hecho de que en Francia, durante la crisis del asignado, los
billetes grandes de 10.000 francos eran más difíciles de eliminar que los
pequeños. ( Pariser Zustände de A. Schmidt , III, 22.)
La
numeración del papel moneda. Un estado que descuidara esto no solo se
reservaría la posibilidad de un aumento ilimitado, sino que cedería todo
control sobre sus funcionarios encargados de la emisión del papel moneda. La
Ley , el Comercio y el Dinero, 162, aconseja el pago de una cuantiosa
recompensa monetaria a quien demuestre la existencia de un número superior al
permitido por la ley, o de un número duplicado. De hecho, como interventor en
jefe, ordenó la destitución del preboste de
marchands , pues, encargado de
quemar el papel retirado de la circulación, observó que el mismo número
reaparecía varias veces.
Si
un viajero deseara pagar a su posadero con un billete de un banco completamente
desconocido en la localidad, este lo rechazaría sin duda. Si, por el contrario,
le ofreciera una moneda de plata, cuyo sello e inscripción no le resultaran
familiares, se la cobraría al valor del metal que contenía, tras deducir los
costes de comprobación, acuñación y compensación por las molestias ocasionadas.
Ignorado por Berkeley , quien, de hecho, consideraba el dinero
metálico como simples «fichas» o billetes (Querist, n.º 23, 26, 441,
475), y atribuye importantes ventajas al papel moneda —que, gracias
al «sello» y la «firma», se vuelve tan costoso como el oro
(440)— sobre el dinero metálico (226).
Cualquier
persona que haya presenciado una ejecución fiscal o la venta de una propiedad
por falta de pago de impuestos ( Stuerexecution )
admitirá que un recibo fiscal es al menos tan valioso como un paraguas o una
ventana de cristal que protege de la tormenta. Michælis considera
la cantidad de pagos corrientes al estado por derechos, impuestos, etc., como
la única base correcta para el papel moneda de valor completo (Berliner
Vierteljahrsschrift, 1863, III). Mejor aún cuando Höfken aconseja
que solo se emita la cantidad de papel moneda que corresponda al saldo promedio
( Bestand ) en el tesoro nacional. L.
Stein defiende con gran vehemencia esta base
impositiva . En 1704, Luis XIV emitió papel moneda con un interés del 7 %,
cuya aceptación por parte de todos los funcionarios reales del tesoro estaba
prohibida. ( Dutot , Réflexions, 863, Daire.) Law ,
Trade and Money (1705) atribuye a las parcelas de tierra la mayor constancia de
valor, porque no pueden ser reemplazadas, porque no pueden ser aumentadas ni
disminuidas, y porque ayudan a producir todos los demás bienes (p. 170). Si
bien la plata no puede sino depreciarse, tiene una perspectiva diferente a la
de subir (188). Por lo tanto , Law recomendó los billetes
basados en parcelas de tierra como la mejor forma de dinero. (163, 191, 195.)
De manera similar, Benjamin Franklin , Modest Inquiry into the
Nature and Necessity of a Paper Currency: and the Paper Money of Pennsylvania,
New York and New Jersey estaba realmente basado en parcelas de tierra, y debía
ser extinguido por los propietarios enfeudados, y el interés pagado por ellos.
( Ebeling , Gesch. und Erdbeschreib, von N. Amerika, III, 621,
IV, 649.)
F.
Renonard de Ste Croix , Voyage
aux Indes orientales (1810), I, 32, describe una especie de papel moneda basado
en parcelas de tierra que habían perdido el 40 % de su valor nominal, aunque
sus tenedores recibieron el feudo a solo la mitad de su valor. Los mandats
territoriaux franceses de 1796 disminuyeron en cinco meses al 5 % de
su valor nominal, aunque contenían la disposición de que los tenedores podían,
sin venta pública ( subasta ),
recibir una cierta cantidad de los bienes nacionales a cambio de los mandats .
Los asignados fueron aún más defectuosos después de su redención (en la Caisse
de l'extraordinaire ), que fue la intención inicial, y su extracción
de intereses no se cumplió. Dejando de lado la base imponible, los pagarés
podrían, en la venta de las propiedades nacionales, ser introducidos como medio
de pago: algo que no habría sido inoperante, siempre que la cantidad del papel
moneda se hubiera limitado estrictamente al precio de las parcelas de tierra
tasadas en dinero. El 1 de abril de 1790, se emitieron 400.000.000 de francos
en asignados, y en septiembre, 800.000.000 más, ambos en conjunto
aproximadamente iguales a la propiedad secularizada de la iglesia. ( Ad.
Schmidt , Pariser Zustände, II, 97.) Pero como posteriormente cesó
toda proporción entre estas dos magnitudes, o mejor dicho, como hasta el 1 de
enero de 1793, se emitieron 3.626.000.000 de asignados; hasta septiembre de
1794, más de 8.800.000.000; hasta septiembre de 1795, 19.700.000.000; y,
finalmente, hasta septiembre de 1796, 45.578.000.000 de francos, de los que
quizá 6.500.000 fueron quemados o desmonetizados, el precio de los bienes
nacionales sobre las tierras debe haber aumentado naturalmente tanto como
disminuyeron los asignados.
Español
El papel moneda emitido por el sucesor de Colbert, Chamillard, pronto perdió
debido a su cantidad demasiado grande, el 25 por ciento de su valor, a pesar
del hecho de que devengaba intereses y que ¼ de todos los pagos a personas
privadas debían hacerse en él. ( Forbonnais , Recherches et
Considérations, II, 182.) Cuando el pueblo de los Estados Unidos, en 1775,
emitió papel moneda, su valor no disminuyó hasta fines de 1776, siempre que la
cantidad no excediera los $20,000,000, ya que se consideró una cuestión de
honor tomarlo a la par. Después, cuando la cantidad emitida continuó
aumentando, ni siquiera la ley que rehusaba aceptarlo, o insistir en tomarlo
por debajo de la par, debía castigarse con la pérdida de la mercancía, y que la
parte culpable debía ser declarada enemigo nacional, pudo evitar que
disminuyera su valor; De modo que, en mayo de 1871, un dólar en especie valía
200,5 dólares en papel. Compárese con Franklin , Obras, ed.
Sparks, II, 421, VIII, 328, 505.
Francia,
durante el Terror, amenazó el 2 de abril de 1793 con seis años de prisión a
quienes reclamaran un descuento en la toma de asignados, y el 1 de agosto, a
propuesta de Couthon, con veinte años de prisión. Además, se fijaron precios
máximos para los principales artículos de primera necesidad, y quienes los
superaran se castigaban con severas sanciones. En Francia, y más aún en los
países vecinos conquistados, muchas personas preferían tomar asignados en lugar
de pago antes que dejarse robar mediante requisas. Sin embargo, el 4 de junio
de 1796, un franco en especie se canjeó por 800 francos asignados. Compárese
con Büsch , Geldumlauf, III (§ 58 y ss., d'Ivernois ,
État. des Finances Française, 1796).
Los
billetes del tesoro prusiano de 1806, en virtud de un decreto publicado en
1807, debían ser aceptados por todos a un tipo de cambio que se publicaría
oficialmente periódicamente. Entre el 1 de diciembre de 1807 y el 28 de febrero
de 1809, el tipo de cambio normal más alto fue del 71%, y el más
bajo, del 27%. En enero de 1815, la negativa a aceptarlos a la par, salvo en
ciertos casos, se amenazó con una multa de entre 500 y 1.000 táleros o una pena
de prisión de entre 6 y 12 meses. Pero, en efecto, en diciembre de 1812, de
8.000.000 de táleros, solo circulaban 731.625. Compárese el § 7 del decreto del
19 de enero de 1813. En abril de 1815, se ordenó que la mitad de todos los
impuestos se pagaran en dichos billetes o, en su defecto, se añadiera un 8,5 % como
penalización. Esta penalización, reducida en 1827 a 1 groschen de plata, no se
abolió formalmente ni siquiera en 1870, aunque hacía tiempo que había caído en
desuso. Hubo una fuga de los tenedores de los billetes en 1830 para su rescate,
y de nuevo en 1841 y 1848; en 1848, la cifra alcanzó un máximo de 40.000
táleros en un día, y en total no superó los 100.000 táleros. ( Bergius ,
en el Tübinger Zeitschr., 1870, 226 y sigs.) Alrededor de 1846, se calculó que
apenas 1/250 al año del papel moneda prusiano se presentaba para su rescate,
mientras que ⅓ de los ingresos estatales llegaba en forma de papel moneda.
( Rau , Archiv., V, 125, 207.) Los billetes del tesoro sajón
nunca perdieron más del 2 por ciento, aunque el tesoro estatal los rescataba
hasta 1804 solo a un agio de 9 pfennigs por
tálero, y después de 1 pfennig .
Quienes
tienen derecho a reclamar dinero están obligados a aceptar el papel moneda a su
valor nominal o solo a su valor actual por el momento. En este último caso, la
compulsión injusta es mucho menor, pero al mismo tiempo, el recurso en su
conjunto es mucho menos productivo para el Estado; por lo tanto, el primero es
el más habitual. Se dispuso en Austria el 22 de mayo y el 2 de junio de 1848
que el primero sería la regla y que el segundo regiría en los casos en que se
hubiera estipulado oro o plata extranjera. ( Höfken ,
Oesterreichs Finanzprobleme, pág. 53). El 7 de febrero de 1856, se permitió
contratar mediante promesa expresa préstamos en la moneda metálica del país,
tanto para el interés como para el reembolso del capital. De ahí una especie de
moneda paralela. Si a los particulares se les hace absolutamente imposible
protegerse contra la circulación obligatoria del papel moneda, los más
prudentes se ven obligados a enviar su capital al extranjero, lo que tiene
consecuencias muy desventajosas, sobre todo para los países pobres. ( Wagner ,
Tübing. Zeitschr., 1863, 441.)
Así,
por ejemplo, las monedas de Federico y, durante un tiempo, los asignados
franceses se vieron favorecidos por el entusiasmo popular, mientras que Gustavo
III de Suecia pudo dar poco valor a su papel. ( v. Struensee ,
Abh., III, 577.) En Francia, en 1796, se emitieron 2.400.000.000 de mandatos en
lugar de todos los asignados pendientes; es decir, tantos como asignados había
al cierre del año 1792. Y, sin embargo, estos últimos estaban entonces solo un
25 por ciento por debajo de la par; los primeros, antes de que transcurriera un
mes, un 80, y en nueve meses, casi un 98 por ciento por debajo de la par.
( St Chamans , Nouvelle Essai sur la Richesse des Nations, p.
150. A. Schmidt , Parisier Zustände, III, 121 ff.) En Austria,
en 1811, el volumen del papel moneda se contrajo, pero de una manera tan
violenta y destructiva del crédito que su tipo de cambio no aumentó en
consecuencia. (Tub. Zeitschr., 1763, 1874.) Después de 1848, también, el tipo
de cambio del papel moneda austríaco fue influenciado mucho más perceptiblemente
por las variaciones en el estado de cosas político que por los cambios en su
volumen. (Tub. Zeitschr., 1856, 129.) En el verano y el invierno de 1866,
circularon alrededor de 650.000.000 de rublos de papel, sin apenas aumento ni
disminución; y sin embargo la tasa de cambio fue, durante una parte del verano,
del 66, y en invierno, del 84 por ciento del valor en plata del rublo. ( Wagner ,
Russ. Papierwährung, 74.) Ejemplos en que el aumento del precio de las
mercancías comenzó a ser más general sólo después de que el volumen del papel
moneda hubo disminuido; en Austria, en 1851 y 1866; en Rusia, en 1857 (loc.
cit.).
Entonces,
el dinero de metal precioso se convierte en una mercancía de la que se pueden
acumular grandes cantidades en el propio país, en los bancos, pero
principalmente para el comercio exterior. Se dice que los empresarios
austriacos en 1860 y los años siguientes
invirtieron "atesoramientos" por valor de varios cientos de
millones de florines en intercambios con países con moneda metálica. (Tüb.
Zeitschr., 422.) El papel moneda de buena calidad nunca expulsará toda la
oferta de dinero en efectivo de un país, ya que siempre debe reservarse una
buena parte para fines de redención; el papel moneda depreciado opera mucho más
en este sentido. Incluso la exportación de cambio pequeño puede convertirse en
una especulación rentable tan pronto como la depreciación del papel moneda
supere el señoreaje. Entonces, generalmente se acuña cambio pequeño de peor
calidad, como, por ejemplo, en Austria, cobre en lugar de plata; y en 1860, 12
millones de florines de papel moneda pequeño. En este caso, la exportación del
mejor dinero no es una consecuencia, sino el motivo de la fabricación del peor.
Durante
el período de asignación, podía ocurrir que un propietario, una vez
transcurrido el plazo de arrendamiento de su tierra, se viera obligado a
cederla a los agricultores, debido a que los impuestos, requisiciones, etc.,
pagados por estos ascendían a un importe superior a la renta agrícola. En el
primer caso, el cálculo se basaba en el valor reciente depreciado de los
asignados; en el segundo, en el mayor valor que estos tenían al momento de la
celebración del contrato. ( Büsch , Geldumlauf, III, 62.) Un
escritor en la Revue des deux Mondes, del 15 de abril de 1865, piensa que una
de las razones por las que la guerra civil estadounidense fue tan popular en el
noroeste fue porque el papel moneda emitido durante la rebelión hizo fácil para
esa parte del país pagar las deudas hipotecarias que la habían agobiado desde
1848. Incluso de las dos catástrofes legales, Duclos , en sus
memorias, comenta que produjeron una gran mezcla de aquellos que anteriormente
habían estado separados por diferencias de clase y eliminaron las ideas previas
de decoro, idoneidad, etc.
Durante
la época en que se practicaba el recorte de la moneda, es casi imposible
demostrar que el dinero se devaluara por debajo del 11 % de su valor debido.
Véase, por otro lado, el § 3. En
Austria, en 1810, una persona debía pagar 1200 florines en papel moneda por 100
florines en plata. (Tüb. Zeitschr., 1861, 593.) En Norteamérica, en 1781, se
necesitaban 280 dólares en papel moneda para comprar 1 dólar en plata. ( Ebeling ,
Gesch. und Erdbeschreib., von NA, 1856, III, 580; IV, 440; V, 437.) Durante la
guerra civil estadounidense, el papel moneda de los estados del sur se redujo a
½ (diciembre de 1863) e incluso a 1/35 (octubre de 1864) de su valor nominal.
Compárese Hock , Finanzen der V. Staaten, 514 y siguientes.
Observado incluso por Storch , Handbuch, traducción de
Rau , III, 141 y siguientes. (Véase, por otra parte, C. King ,
Thoughts, pág. 113.) En París, en julio de 1795, la mayor parte de las
mercancías estimadas en asignados valían tanto como si el tipo de cambio de
estos últimos fuera del 6,14 por ciento de su valor nominal, mientras que en
realidad ascendía a solo el 3,5 por ciento.
Donde
se prohíbe el intercambio de dinero metálico con respecto al
papel, la disminución de este último se manifestará no sólo en los tipos de
cambio extranjeros, sino también en el precio de las barras de metales
preciosos.
Los
cambios del agio o prima dependen principalmente de la oferta y la demanda de
metales preciosos, es decir, de la extensión e intensidad de las transacciones
comerciales que deben realizarse con estos mismos metales. ( Wagner, Russ.
Papierw., 87.) Por lo tanto, durante períodos cortos de tiempo, puede decirse
en un país de papel moneda que las transacciones comerciales basadas en dinero
en efectivo tienen un gran elemento de variación en ellas. ( Wagner en Bluntschli's Staats-wörterbuch,
III, 971.) Los precios de compra y arrendamiento de capital fijo, de casas, por
ejemplo, aumentan mucho menos porque la mayoría de las personas considera la
crisis como transitoria y de corta duración. ( A. Walker , Sc.
of W., 133.) En Austria en 1859, el aumento del agio de cambio de plata de la
paridad al 40 por ciento, y su posterior caída en 7 meses al 20 por ciento,
dejó el precio de la moneda casi totalmente inafectado. ( A. Wagner ,
Gött. Anz., 1860, 114.) Que la gente del campo en general sufre más por un
papel moneda malo que la gente de las ciudades y los habitantes de las
ciudades, véase Bonamy Price , Currency and Banking, 175, seq.
En los estados del norte de la unión americana, en 1864, 12 tipos de productos
nacionales habían aumentado un 148 por ciento, 7 tipos de productos
extranjeros, un 164 por ciento, y 7 que podían obtenerse solo de los estados
del sur, un 353 por ciento. ( v. Hock , 186 seq.) Como las
emisiones de papel moneda en gran cantidad se hacen tan frecuentemente debido a
la guerra, es comparativamente fácil entender por qué los artículos para los
cuales la guerra crea una demanda deberían aumentar de precio muy pronto y muy
alto; mientras que ocurre lo contrario en tiempos de dificultades fiscales, en
el caso de una gran cantidad de artículos de lujo, de los cuales se puede
prescindir fácilmente. Büsch observa (Werke, VII, 91) que los
comerciantes minoristas a menudo aumentan sus precios para no verse obligados a
pagar tantas monedas pequeñas como cambio del dólar de papel.
Compárese Hufeland ,
N. Grundlegung, II, 241. Por esta razón, los empresarios egoístas ( Unternehmer =
hombres de empresa) se han opuesto, tanto en Austria como en Rusia ( Wagner ,
Rus. PW, 105), pero más aún en Norteamérica ( v. Hock , 556 y
ss.), a las medidas destinadas a restaurar los valores ( Valuta ),
por considerarlas antinacionales. Incluso Sperausky experimentó
esto en 1809, cuando publicó ideas muy acertadas sobre el papel moneda,
mientras que en los tiempos de ensueño de Catalina II, nadie siquiera
pensaba que el papel moneda estatal fuera una deuda estatal. ( Bernhardi ,
Russ. Geschichte, II, 2, 636.) Uno de los principales representantes de este
curso es HC Carey , Our Resources (1866), y en el New York
Herald, 1865. Por otro lado, Faucher llama correctamente a la
exportación más activa de países, con un papel moneda malo, una exportación de
naciones bárbaras, el comercio de la miseria, para el cual cualquier precio
pagado en metal o en cualquier producto de civilización de mayor categoría es
aceptable. (Vierteljahrsschrift, 1868, IV, 167.) La nación en conjunto pierde
en el comercio internacional por la sencilla razón de que sus acreedores
extranjeros aceptarán su papel moneda como máximo a su tipo de cambio actual
contra la especie, mientras que los deudores extranjeros lo imponen a la nación
a su valor nominal.
Las
distintas provincias de un gran imperio también pueden tener grados muy
distintos de depreciación del mismo papel moneda. Así, en el interior de Rusia,
su tipo de cambio frente a la moneda en metálico no había disminuido durante
mucho tiempo más allá del 50 % de su valor nominal; mientras que el tipo de
cambio exterior suponía una disminución del 33,1/3 %. ( Cancrin ,
Weltreichthum, 68.)
Un
aumento de los derechos, impuestos ( Abgaben ),
etc., rara vez podrá progresar en la misma medida en que se hunde el papel
moneda; en todo caso, sería necesaria una ley para efectuar esto, lo que, sin
embargo, siempre llega después que la decadencia. ( Sismondi ,
Du Papier Monnaie, 27.)
Wagner ,
Russische Papierwährung, 142, estima que la guerra de Crimea depreció el tipo
de cambio medio corriente del papel moneda ruso en un 11,1 por ciento, la
guerra italiana de 1859 en un 14,5 por ciento, la guerra alemana de 1866 en un
19,4 por ciento, a pesar del hecho de que Rusia no participó directamente en
las dos últimas guerras.
Los
más de cuarenta y cinco mil millones de asignados franceses, estimados a sus
tipos de cambio actuales, en realidad produjeron al Estado sólo unos seis mil
millones. ( Gentz , Histor. Journ., 1800, II, 317, según Lecoulteux .)
Muy
bien explicado por H. Thornton , Paper Credit of Great
Britain, cap. 10. En cuanto a cómo, en Austria, la crisis del papel moneda
contribuyó a llevar los rígidos recursos nacionales a un estado de fusión y a
sacudir la inercia nacional por la sensación de inseguridad, véase Buquoy ,
Theorie d. Wirthschaft, 1816, 347 y ss. Schäffle , System, 3
aufl., 254 seq., piensa que si Austria primero ajustara sus valores y luego, en
caso de otra guerra, recurriera a una segunda depreciación, las desastrosas
perturbaciones de su economía nacional consecuentes en esto se producirían dos
veces en lugar de una, y no sin razón.
Las
letras del tesoro prusiano se situaban, en junio de 1809, al 36 % de su valor
nominal; en junio de 1810, al 84,5 %; en enero de 1812, al 13,5 %; en diciembre
de 1812, al 44,5 %; en junio de 1813, al 26,5 %; en julio de 1813, al 24,5 %;
el 31 de diciembre de 1813, al 49,5 %; en enero de 1815, al 88 %; y el 5 de
enero de 1816, al 99 %. El papel moneda austriaco, expresado en dinero
metálico, ascendió, en promedio, entre 1849 y 1855, a 292 millones de florines;
pero en ciertos momentos, fluctuó entre 231 millones y 337 millones. (Tübing.
Zeitschr., 1856, 124.) El agio de la plata fluctuó durante el período de
los Bancozettel (billetes bancarios, una especie de papel
moneda austríaco) de un día para otro en el cambio del 40 y hasta del 100 por
ciento: así, con la noticia de la entrada de Napoleón en París, entre el 25 de
marzo y el 4 de abril, de 330 a 440; con la recepción de la noticia del
resultado de la batalla de Waterloo, en tres días, de 458 a 412; después de la
abdicación de Napoleón, de 412 a 320. ( Gentz , Werke, V,
62.) Huskisson llama correctamente a un papel moneda
depreciado algo mucho peor que una moneda recortada: el recorte de la moneda
es, por así decirlo, un gran golpe después del cual la gente puede volver a
calcular con certeza; pero el papel moneda malo es una fluctuación continua.
“La
única diferencia aquí es que no es tarea de cada individuo decidir si se unirá
al juego o no.” ( Helferich. )
Durante
el último período del asignado, cada casa estaba llena de productos, cada
bolsillo, de muestras; cada "exquisito" y cada dama era
comerciante, porque ya nadie confiaba en el dinero. La gente había retrocedido
a la bárbara condición del comercio por trueque. ( Goncourt ,
Histoire de la Société française hanging le Directoire, 1854.) La constitución
francesa de 1795 fijó los salarios de los miembros del Directorio en
50.000 miriogramos de trigo (art. 173, 68). En Delaware,
mientras duró la depreciación del papel moneda, la renta agrícola solía pagarse
en productos agrícolas. ( Ebeling , V, 37.)
“De
todos los artificios para engañar a la humanidad, ninguno ha sido más eficaz
que aquel que la engaña con papel moneda.” ( D. Webster ).
El Secretario del Tesoro estadounidense, McCulloch , afirma,
en el informe del 7 de diciembre de 1868 sobre los billetes de curso
legal: “No cabe duda de que estos actos han tendido a embotar y ahogar la
conciencia pública, y son responsables en gran medida de la desmoralización que
prevalece tan generalmente.” Niebuhr atribuye el declive de la
antigua honestidad española, en la que tanto se confiaba en todos los grandes
centros monetarios, principalmente a los valles .
(Nichtphilol. Nachlass, 489).
Esto
nos trae a la mente los crímenes masivos impersonales a los que nuestros
tiempos son tan terriblemente propensos, cuando muchos hombres que se
horrorizarían ante un acto común de hurto o de homicidio con intención de
cometerlo, roban miles a sangre fría mediante una empresa fraudulenta o, por
causa de un seguro fraudulento, destruyen las vidas de toda la tripulación de
un barco.
Préstamos
sajones de dos millones de táleros en billetes del tesoro ( Kassenbillets ),
agosto de 1813, que debían devengar intereses en plata y pagarse en plata. La
compra de metales preciosos, o los préstamos concedidos por el Estado en el
extranjero con la intención de canjear papel moneda, logran el mismo fin a un
coste mucho mayor. ( Peschel , D. Vierteljahrsschrift, 1858,
III, 254.) Si la moneda consiste en billetes bancarios dotados por el Estado de
circulación obligatoria y carácter irredimible, dicho préstamo metálico,
realizado para reembolsar al banco un préstamo al Estado en billetes
depreciados, constituye un regalo al banco sin motivo; y el dinero metálico que
entra en el país fluye de vuelta al extranjero cuando se levanta la restricción
bancaria, ya que, junto con los billetes apreciados, crea una circulación
excesiva.
Aunque
en Inglaterra la suspensión del rescate de billetes duró de 1797 a 1819, la
depreciación de los billetes durante la mayor parte de este tiempo no se
produjo en absoluto (verano de 1797 a 1799, 1802 y siguientes) o fue muy
pequeña; e incluso durante los últimos cinco años de guerra, no superó con
creces el 30 %. Alrededor de 1817, los billetes volvieron a alcanzar su
paridad, y perdieron muy poco durante los años siguientes, como consecuencia de
los grandes préstamos de las potencias continentales en el mercado inglés. En
tales circunstancias, la reiterada promesa del Estado de hacer que los billetes
fueran rescatables a su valor nominal completo fue sin duda una razón
convincente para la Ley Peel de 1819. A favor de esta ley se encuentran
especialmente Tooke , Hist. of Prices, II, pág. 60 y
siguientes, y J. S. Mill , Principles, III, cap. 13. La
llamada escuela Birmingham-Atwood y Lord Ashburton , en su
declaración ante el Comité Agrícola de 1836, se opusieron. Sin embargo,
según Rob. Muschet , en sus Tablas que muestran las ganancias
y pérdidas para los tenedores de bonos derivadas de las fluctuaciones en el
valor de la moneda (1826), los acreedores estatales, en general, perdieron más
por la depreciación de los bonos que por su posterior alza. Wagner también
se muestra decididamente a favor de la línea de acción A.
Esto
ha ocurrido con frecuencia en el caso del papel moneda de una revuelta
sofocada: así, por ejemplo, el húngaro de 1849; en el caso de la Confederación
del Sur. Pero los asignados también tuvieron este fin, aunque, según Büsch (Werke
IX, 526), las intenciones del país al principio eran buenas; y en Austria, en
1810, se hicieron muchas predicciones en esta dirección. (Per contra Rehberg ,
Sämmtl. Schriften. IV, 334.) No muy diferente fue la suerte de las fichas
suecas ( Münzzeichen )
de Carlos XII, que fueron alteradas siete veces entre 1715 y 1718; y donde,
además, las fichas cobradas en un plazo demasiado breve se transformaron en
monedas de cambio de 1/32 de su valor anterior. ( Brückner en
Jahrb de Hildebrand . 1864, I, 161, ss.)
Así
fue, por ejemplo, en Austria, en 1811 y 1820, a 1/5 y 2/5 del valor nominal, en
1799 en los Estados Unidos, en 1813 en Dinamarca con los billetes de moneda
( Courantzettel ),
en 1816 en Noruega con los billetes de dólar del banco real, en Suecia en 1814
con los billetes de banco ( Bancozetteln )
al 37-½ por ciento, en 1839 en Rusia con las bankassignationen ,
a 2/7 de su valor nominal. De los escritores teóricos este curso es recomendado
entre otros por Jacob , Staatsfinanzwissenschaft, § 980
ff.; Nebenius , Œff. Credit, 2 Aufl., ff.; Deutsche
Vierteljahrsschrift, 1841, I, 65; Rau , Lehrbuch, III, §
528; Helferich , Tüb. Ztschr., 1856, 435 y sigs. Según v.
Rotteck , Lehrbuch, IV 402, se puede asumir que el papel moneda se
distribuye entre la gente de un país en proporción a sus recursos: que es
también la hipótesis en la que se basa toda tributación directa. Por lo tanto,
la depreciación gradual del papel moneda opera como la imposición de un
impuesto y la reducción del valor ( Deralvirung )
es, por así decirlo, solo la liberación del mismo. Además Gentz (Werke
by Schlezier, IV, 58) muestra a partir del ejemplo de Austria en 1811, que en
el caso de la adopción de un papel moneda depreciado causa una mejor impresión
dar 100 florines en especie por 1.000 florines en papel, que 200 florines en un
nuevo tipo de papel. Los tenedores del antiguo papel moneda han perdido la
confianza en el papel moneda. De similar importancia es la abolición inmediata
de la circulación obligatoria del papel moneda a su valor nominal ( Prince
Smith en Faucher's Vierteljahrsschrift, VII, 126 y
ss.) y la introducción de la circulación obligatoria de acuerdo con las
cotizaciones diarias del valor real del papel en comparación con la moneda en
metálico ( Strache , Die Valuta in Œsterreich, 1861; per
contra , Ad. Wagner , Tüb. Zeitschr., 1861, 606 y
ss.).
Medidas
como las adoptadas en Austria en 1811, donde se creó una “diputación de
rescate y extinción”, independiente del gobierno, que juró impedir un
mayor aumento del papel moneda, no son suficientes por sí solas.
El
Código Civil (art. 1895) hace que el valor nominal sea completamente
concluyente; así también, el Landrecht prusiano (I, § 790): que proclama la
omnipotencia e infalibilidad del poder estatal de la manera más ingenua o de la
más brutal. El poder otorgado por Puchta al valor metálico
(Pandecten, VII, aufl., § 38) no es aplicable ni al papel moneda ni a la moneda
pequeña; e ignora por completo que las monedas acuñadas y el dinero en
circulación son algo diferente de las meras mercancías metálicas e incluso de
las barras metálicas. El derecho civil austriaco ( bürgerliche
Gesetzbuch ) decide a favor del valor corriente (986
seq.): una opinión que sostienen la mayoría de los juristas modernos
desde Savigny (Obligationenrecht, I, 404; antes aún, Hufeland ,
Ueber die rechtliche Natur des Geldschulden, 180). Pero ni siquiera reconocen
que la depreciación, por ejemplo, del papel moneda en comparación con la
especie y la disminución general del poder adquisitivo son idénticas sólo en el
caso del papel moneda o de las monedas reducidas que no tienen circulación
obligatoria. ( A. Wagner , Tüb. Ztschr., 1863, 478 y sigs.)
Supongamos
que, en este momento, el Estado solo pudiera cumplir con su deber para con sus
servidores hasta la mitad. Si lo admitiera francamente, pagara la mitad en buen
dinero y permaneciera en deuda con la otra mitad, podría posteriormente, en
tiempos mejores, compensarles a ellos o a sus herederos lo que ahora había
rechazado; y así, el crédito privado, cuya perturbación el Estado solo puede
sufrir, no sufriría disminución alguna. Ambas son muy diferentes cuando el
Estado disfraza su insolvencia bajo la máscara del aparente pago total en papel
moneda que ha perdido el 50 % de su valor nominal. En contra del mito de que
los asignados salvaron a Francia, véase Levasseur , en la
Acad. des Sc. m. et. pág.
No
es infrecuente que el papel moneda de una nación se haya visto afectado directa
o indirectamente por un estado hostil. Así, por ejemplo, Inglaterra, en 1794,
toleró una fábrica de asignados en Lambeth, mientras que los franceses imitaron
los billetes de banco ingleses. ( Archenholz , Aenalen XI,
429.) Napoleón en 1812 emitió billetes de banco rusos falsos. ( Cancrin ,
Œconomie der menschl. Gesellschaft, 136. Niebuhr , Gesch. der
Revolution, II, 314.) Cuando María Teresa quiso por primera vez introducir el
papel moneda, Bolza, su ministro de finanzas, en su urgente llamado a que
desistiera de adoptar tal medida, predijo la posterior bancarrota, etc. ( Mailath ,
Oesterr. Gesch., V., 83.) Adam Smith compara la circulación
del oro y la plata con una autopista que, de hecho, no produce nada
directamente. El papel moneda es un avance similar al que se produciría
mediante la construcción de una máquina adaptada al transporte aéreo de
personas y mercancías, y que permitiría que las carreteras hasta entonces
utilizadas se convirtieran en prados, tierras de cultivo, etc. Ad.
Smith enfatiza con mucha fuerza la inseguridad de
estas "alas daédicas" en comparación con
la "tierra sólida del oro y la plata", especialmente en la
desgracia transitoria producida por la guerra. (W. de N., II, p. 78,
Bas.) David Hume dice de todos los medios de intercambio en
papel que comparten todos los perjuicios de un aumento del dinero en especie,
la mejora del precio de las mercancías, el agravamiento de los obstáculos a la
exportación; pero que no comparten las propiedades útiles del dinero en
especie. (Discursos, sobre el dinero y sobre la balanza comercial). El
joven Mirabeau impidió que Necker continuara con su plan de
emitir papel moneda con las palabras: ¡el
papel moneda es la peste circulante! Aunque
Napoleón fue inconsecuente en su política bancaria (compárese con Horn ,
Bankfreiheit, 304), siempre rechazó el papel moneda. Como en 1805 escribió al
ministro de Justicia: « je ne veut pas
de papier monnaie» ; así, en oposición al
ministro del Interior, en 1810 lo comparó con la peste: «le
plus grandfléau des Nations » (Acad.
des Sciences m. et p., 1864, II, 212). Sismondi también
compara el papel moneda con los cañones de papel de los chinos, que ofrecen un
servicio barato hasta que llega la hora del peligro. (N. Principles, II, 107).
De los bancos, dice: «les avantages
aussi-legers les dangers aussi graves » (Eludes,
II, 421). Cancrin, Œkonomie der menschl. Gesellschaft, 1845, 152
ff., dice que cree que posiblemente hubiera sido mejor no haber establecido
bancos, pero que aun así el ansia por lo nuevo es preponderadamente buena, trae
consigo inventos y mejoras. Incluso Tooke considera la
inseguridad del papel moneda una desventaja que contrarresta con creces su bajo
precio. (Consideraciones sobre el estado de la moneda, 1829, 85.) Sobre las
dudas de Jefferson y Gallatin , véase Wolowski ,
Enquête, 170, seq. Webster llamó al papel moneda "la
más eficaz de las invenciones para fertilizar el campo del rico con el sudor de
la frente del pobre". Tout papier
monnaie par lui même est un mensonage. ( M.
Chevalier , Cours, III, 428.) M. Niebuhr llama a los
bancos un veneno que debe usarse con moderación. (Bankrevolution und
Bankreform, 1846, 37.) Compárense los escritores nombrados en el § 2 .
Avec
la liberté un peuple n'a jamais de mauvaises monnaies ( F.
Lenormant ): enteramente así, siempre que liberté se
traduzca “libertad verdadera y asegurada”.
Los
proyectos vertiginosos de Law bajo los regentes de Orleans y los asignados de
la Primera República; Austria, Rusia y Estados Unidos; la monarquía absoluta
danesa y Suecia, ambas bajo Carlos XII, y sus tiempos oligárquicos. La historia
del papel moneda de Rhode Island es peculiarmente escandalosa. Todas las deudas
debían pagarse en un plazo de dos años o se declararían inválidas, y en tales
casos se prescindía de los jurados. ( Ebeling , Gesch. und
Erdbeschreib. von N. America, II, 173 y ss.)
Ad.
Müller compara el dinero metálico
“cosmopolita” con un idioma universal: el papel moneda ata a uno al país,
ya que a las personas no les gusta viajar al extranjero cuando solo entienden
su lengua materna. Como el papel moneda obliga a los súbditos a interesarse por
el estado, un estado como Austria actuaría muy insensatamente si comenzara su
reorganización mejorando sus valores depreciados ( Valuta ).
(Elemente der Staatskunst, 180, III, 171; II, 339 ss.) Incluso en 1830,
encontró fallas en el préstamo austriaco para el pago del papel moneda.
(Briefwechsel mit Gentz, 321 seq.) Elogió el papel moneda porque afirmó que
llevó a un país de vuelta a la economía de trueque y servicio de la Edad Media.
(Verm. Schriften, I, 59 ss.) De manera similar, Gentz , en sus
escritos posteriores. Compárese con Roscher , Gesch., der N.
Œk., en Deutschland, II, 762.
¿Quién,
por ejemplo, guardaría un dólar de papel en la caja de ahorros para su ahijado?
En este sentido, también los países orientales han conservado gran parte de la
tradición medieval. Sobre la aversión de los egipcios actuales por el papel
moneda, véase Stephan , Ægypten, 250 ss. Esto resulta aún más
sorprendente, ya que durante varios meses después de la cosecha, se envían
diariamente por correo desde Alejandría entre 4.000.000 y 8.000.000 de piastras
en especie a particulares en las provincias. A esto se suma la enorme
diferencia entre las monedas francesas, inglesas y austriacas que circulan en
el país, cuyas cotizaciones son muy diferentes en las distintas provincias. La
situación es aún peor en Arabia. ( v. Maltzan , Reise, I, 27.)
Compárese v.
Schlozer , Anfangsgründe, I, 140 y sigs. M. Niebuhr (Rau's
Archiv. NF II, 125) considera que el papel moneda se adapta mejor a países sin
intercambio comercial, pero que al mismo tiempo requieren una especie de dinero
de fácil cálculo y transporte (Rusia); países cuya economía nacional tiene un
crecimiento extraordinariamente rápido (Estados Unidos); y en países
excepcionalmente sólidos (Escocia).
List ,
Nat. System der politischen Œk., I, 394. Un particular de escasos recursos que
emprendiera un viaje sin dinero se vería expuesto a todo tipo de contratiempos;
un rey o un Rothschild, en cuanto fuera reconocido como tal, encontraría
crédito en todas partes. Así, los empresarios ingleses tienen deudas pendientes
en todo el mundo, que podrían ser exigidas sin mayor dificultad en metales
preciosos. Cuanto más se desarrolle la división del trabajo, mejor podrá verse
reflejada la situación de la economía de una nación en el desarrollo de su
sistema bancario y sus exportaciones e importaciones.
*** FIN DEL LIBRO
ELECTRÓNICO PROYECTO GUTENBERG PRINCIPIOS DE ECONOMÍA POLÍTICA, VOL. 1 ***

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