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Libro N° 14065. Principios De Economía Política, Vol. 1. Roscher, Wilhelm.



© Libro N° 14065. Principios De Economía Política, Vol. 1. Roscher, Wilhelm.  Emancipación. Julio 19 de 2025

  

Título Original: © Principios De Economía Política, Vol. 1. Wilhelm Roscher

 

Versión Original: © Principios De Economía Política, Vol. 1. Wilhelm Roscher

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PRINCIPIOS DE ECONOMÍA POLÍTICA, VOL. 1

Wilhelm Roscher

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Principios De Economía Política, Vol. 1

Wilhelm Roscher

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Título: Principios De Economía Política, Vol. 1

Autor: Wilhelm Roscher

Colaborador: L. Wolowski

Traductor: John J. Lalor

Fecha de lanzamiento: 4 de enero de 2009 [Libro electrónico n.° 27698]

Idioma: Inglés

 

 

 


 

Principios de la economía política

Por

William Roscher,

Profesor de Economía Política en la Universidad de Leipzig,

Miembro correspondiente del Instituto de Francia,

Consejero Privado de Su Majestad,

El rey de Sajonia.

De la decimotercera edición alemana (1877).

Con capítulos adicionales proporcionados por el autor,

Para esta primera edición en inglés y americano,

Sobre el papel moneda y el comercio internacional,

Y el sistema de protección;

Y un ensayo preliminar

Sobre el método histórico en la economía política

(Del francés)

Por

L. Wolowski

El Todo Traducido Por

John J. Lalor, AM

Volumen I.

Nueva York:

Henry Holt & Cía.

1878


Contenido

·                Prefacio del traductor.

·                Prefacio del autor. (1ª edición).

·                De los prefacios del autor. (2.ª a 11.ª edición).

·                Ensayo preliminar.

·                Introducción.

·                Capítulo I. Ideas fundamentales.

·                Sección I. Bienes—Necesidades.

·                Sección II. Bienes.—Bienes económicos.

·                Sección III. Bienes.—Las tres clases de bienes.

·                Sección IV. Del Valor.—Valor en Uso.

·                Sección V. Valor.—Valor en el Cambio.

·                Sección VI. Valor.—Supuesta contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio.

·                Sección VII. Recursos o medios (Vermögen).

·                Sección VIII. Valoración de los Recursos.

·                Sección IX. Riqueza.

·                Sección X. Riqueza.—Señales de riqueza nacional.

·                Sección XI. De la Economía.

·                Sección XII. Economía.—Grados de Economía.

·                Sección XIII. Economía Política.—El organismo económico.

·                Sección XIV. Origen de la economía de una nación.

·                Sección XV. Enfermedades del organismo social.

·                Capítulo II. Posición de la Economía Política en el Círculo de las Ciencias Afines.

·                Sección XVI. Economía Política o Nacional.

·                Sección XVII. Ciencias relativas a la vida nacional.—La ciencia de la economía pública.—La ciencia de las finanzas.

·                Sección XVIII. Ciencias relativas a la vida nacional.—Estadística.

·                Sección XIX. Economía privada—Ciencia cameralística.

·                Sección XX. Economía privada. (Continuación.)

·                Sección XXI. De qué trata la economía política.

·                Capítulo III. Los métodos de la economía política.

·                Sección XXII. Métodos anteriores.

·                Sección XXIII. El método idealista.

·                Sección XXIV. El método idealista. (Continuación.)

·                Sección XXV. El método idealista. (Continuación.)

·                Sección XXVI. El método histórico: anatomía y fisiología de la economía pública.

·                Sección XXVII. Ventajas del método histórico o fisiológico.

·                Sección XXVIII. Ventajas del método histórico. (Continuación.)

·                Sección XXIX. El carácter práctico del método histórico en la economía política.

·                Libro I. De la producción de bienes.

·                Capítulo I. Factores de producción.

·                Sección XXX. Significado de Producción.

·                Sección XXXI. Los factores de producción.—Naturaleza externa.

·                Sección XXXII. Naturaleza externa.—El mar.—El clima.

·                Sección XXXIII. Naturaleza externa.—Dones de la naturaleza con valor en cambio.

·                Sección XXXIV. Naturaleza externa. (Continuación.)

·                Sección XXXV. Naturaleza externa.—Elementos de la productividad agrícola.

·                Sección XXXVI. Naturaleza externa.—Divisiones adicionales de los dones de la naturaleza.

·                Sección XXXVII. Naturaleza externa.—El carácter geográfico de un país.

·                Sección XXXVIII. Del Trabajo.—Divisiones del Trabajo.

·                Sección XXXIX. Trabajo.—Gusto por el trabajo.—Salario a destajo.

·                Sección XL. Trabajo.—La fuerza de trabajo de los individuos.

·                Sección XLI. Trabajo.—Efecto de la estima en que se le tiene.

·                Sección XLII. Del Capital.—Las clases de bienes que componen el capital de una nación.

·                Sección XLIII. Capital.—Capital productivo.

·                Sección XLIV. Capital.—Capital fijo y capital circulante.

·                Sección XLV. El capital.—Cómo se origina.

·                Capítulo II. Cooperación de los factores.

·                Sección XLVI. La cooperación productiva de los tres factores.

·                Sección XLVII. Cooperación productiva de los tres factores. Los tres grandes períodos de la economía de una nación.

·                Sección XLVIII. Historia crítica de la idea de productividad.

·                Sección XLIX. Historia crítica de la idea de productividad.—La doctrina de los fisiócrates.

·                Sección L. El mismo tema continúa.

·                Sección LI. El mismo tema continúa.

·                Sección LII. Idea de Productividad.

·                Sección LIII. El mismo tema continúa.

·                Sección LIV. Importancia de una debida proporción en las diferentes ramas de la productividad.

·                Sección LV. El Grado de Productividad.

·                Capítulo III. La organización del trabajo.

·                Sección LVI. Desarrollo de la división del trabajo.

·                Sección LVII. Desarrollo de la división del trabajo.—Su extensión en diferentes períodos.

·                Sección LVIII. Ventajas de la división del trabajo.

·                Sección LIX. Condiciones de la división del trabajo.

·                Sección LX. Influencia de la extensión del mercado en la división del trabajo.

·                Sección LXI. La división del trabajo: medios para aumentarla.

·                Sección LXII. El reverso o lado oscuro de la división del trabajo.

·                Sección LXIII. El lado oscuro de la división del trabajo.—Sus ganancias y pérdidas.

·                Sección LXIV. La cooperación del trabajo.

·                Sección LXV. Del principio de estabilidad o de continuidad del trabajo.

·                Sección LXVI. Ventaja de las Grandes Empresas.

·                Capítulo IV. Libertad y esclavitud.

·                Sección LXVII. El origen de la esclavitud.

·                Sección LXVIII. El mismo tema continúa.

·                Sección LXIX. Origen de la esclavitud.—Falta de libertad.

·                Sección LXX. Emancipación.

·                Sección LXXI. Desventajas de la esclavitud.

·                Sección LXXII. Efecto de un avance en la civilización sobre la esclavitud.

·                Sección LXXIII. El mismo tema continuó.

·                Sección LXXIV. El mismo tema continúa.

·                Sección LXXV. El mismo tema continúa.

·                Sección LXXVI. (Apéndice al Capítulo IV.) Del Sistema de Servicio Doméstico.

·                Capítulo V. Comunidad de bienes y propiedad privada. Capital—Propiedad.

·                Sección LXXVII. Capital.—Importancia de la propiedad privada.

·                Sección LXXVIII. Socialismo y comunismo.

·                Sección LXXIX. Socialismo y comunismo. (Continuación.)

·                Sección LXXX. Socialismo y comunismo. (Continuación.)

·                Sección LXXXI. Comunidad de bienes.

·                Sección LXXXII. La organización del trabajo.

·                Sección LXXXIII. La organización del trabajo. (Continuación.)

·                Sección LXXXIV. La Organización del Trabajo. (Continuación.)

·                Sección LXXXV. Del derecho de herencia.

·                Sección LXXXVI. Utilidad económica del derecho de herencia.

·                Sección LXXXVII. Propiedad Inmobiliaria.

·                Sección LXXXVIII. Bienes Raíces. (Continuación.)

·                Capítulo VI. Crédito.

·                Sección LXXXIX. Crédito en general.

·                Sección XC. Crédito—Efectos del Crédito.

·                Sección XCI. Leyes del Deudor.

·                Sección XCII. Historia de las leyes de crédito.

·                Sección XCIII. Medios para fomentar el crédito.

·                Sección XCIV. Cartas de respiro (moratorios especiales).

·                Libro II. La circulación de mercancías.

·                Capítulo I. Circulación en General.

·                Sección XCV. Significado de la circulación de mercancías.

·                Sección XCVI. Rapidez de circulación.

·                Sección XCVII. Libertad de Competencia.

·                Sección XCVIII. Cómo se pagan los bienes.—La renta de los bienes.

·                Sección XCIX. Libertad de Competencia y Comercio Internacional.

·                Capítulo II. Precios

·                Sección C. Precios en General.

·                Sección CI. Efecto de la lucha de intereses opuestos sobre el precio.

·                Sección CII. Demanda.

·                Sección CIII. Demanda.—Bienes Indispensables.

·                Sección CIV. Influencia de la solvencia del comprador en los precios.

·                Sección CV. Suministro.

·                Sección CVI. El costo de producción.

·                Sección CVII. Equilibrio de precios.

·                Sección CVIII. Efecto de un aumento de precio muy superior al costo.

·                Sección CIX. Efecto de una disminución del precio por debajo del costo.

·                Capítulo CX. Diferentes costos de producción de los mismos bienes.

·                Sección CXI. Costos de producción diferentes para los mismos bienes. (Continuación)

·                Sección CXII. Excepciones.

·                Sección CXIII. Excepciones. (Continuación.)

·                Sección CXIV. Precios fijados por el Gobierno.

·                Sección CXV. Influencia de la creciente civilización en los precios.

·                Capítulo III. El dinero en general.

·                Sección CXVI. Instrumento de cambio. Medida de valor. Trueque.

·                Sección CXVII. Efecto de la introducción del dinero.

·                Sección CXVIII. Las diferentes clases de dinero.

·                Sección CXIX. Los metales como dinero.

·                Sección CXX. Dinero—Los metales preciosos.

·                Sección CXXI. Valor de uso y valor de cambio del dinero.

·                Sección CXXII. Valor a cambio de dinero.

·                Sección CXXIII. La cantidad de dinero que necesita una nación.

·                Sección CXXIV. La cantidad de dinero que necesita una nación. (Continuación.)

·                Sección CXXV. Uniformidad del valor en el cambio de los metales preciosos.

·                Sección CXXVI. Uniformidad del valor de cambio de los metales preciosos. (Continuación.)

·                Capítulo IV. Historia de los Precios.

·                Sección CXXVII. Medida de precios,—Medida constante.

·                Sección CXXVIII. Valor de cambio estimado en mano de obra.

·                Sección CXXIX. Los metales preciosos, la mejor medida de los precios.

·                Sección CXXX. Historia de los precios de las principales necesidades de la vida.

·                Sección CXXXI. Historia de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación.)

·                Sección CXXXII. Historia de los precios de las principales necesidades vitales. (Continuación.)

·                Sección CXXXIII. Historia de los precios de las principales necesidades vitales. (Continuación.)

·                Sección CXXXIV. Historia de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación.)

·                Sección CXXXV. Historia de los valores de los metales preciosos. En la Antigüedad y en la Edad Media.

·                Sección CXXXVI. Efecto del descubrimiento de minas americanas, etc., sobre el valor de los metales preciosos.

·                Sección CXXXVII. Revolución de precios al comienzo de la historia moderna.

·                Sección CXXXVIII. Revolución de precios.—Influencia del uso no monetario del oro y la plata.

·                Sección CXXXIX. Historia de los precios.—Descubrimientos californianos y australianos.

·                Sección CXL. Revolución de precios.—Su influencia en los recursos nacionales.

·                Sección CXLI. Efecto de un aumento en el precio de los metales preciosos.

·                Sección CXLII. El precio del oro comparado con el de la plata.

·                Sección CXLIII. El precio del oro comparado con el de la plata. (Continuación.)

·                Apéndice I. Papel moneda.

·                Sección I. Papel Moneda y Papel-Dinero.

·                Sección II. Ventajas y desventajas del papel moneda.

·                Sección III. Clases de Redención.

·                Sección IV. Circulación Obligatoria.

·                Sección V. Reanudación de los pagos en especie.

·                Sección VI. El papel moneda: ¿una maldición o una bendición?

·                Notas al pie

[pág. iii]

 

 

 


Dedicación.

A

WILLIAM H. GAYLORD, Esq .,

ASESOR DE DERECHO ,

DE CLEVELAND, OHIO,

A CUYO CUIDADO FRATERNO SE DEBE EN GRAN PARTE EL QUE VIVÍ PARA
TRADUCIRLOS,

ESTOS VOLÚMENES

ESTÁN INSCRITOS CON CARIÑO.

[pág. v]


 

Prefacio del traductor.

Nuestra literatura es abundante en obras sobre los principios de la Economía Política. Sin embargo, según la información del traductor, no existe ninguna que trate esta ciencia según el método histórico. Por lo tanto, podemos aventurarnos a expresar la esperanza de que esta traducción ocupe un lugar hasta ahora desocupado en las literaturas de Inglaterra y América, y lo ocupe de forma aún más eficiente y aceptable, dado que el profesor Roscher es el fundador y aún líder de la escuela histórica de la Economía Política. Si esta fuera la única recomendación de nuestro proyecto, no sería inútil. Pero un vistazo al libro del profesor Roscher convencerá incluso al lector más apresurado de que sus páginas fascinan por su interés y son ricas en tesoros de erudición que no deberían permanecer inaccesibles para el estudiante de inglés por estar encerrado en una lengua extranjera.

La presente traducción ha recibido, en su totalidad, la revisión del autor, y si aún quedan imperfecciones en la traducción de su pensamiento al inglés, la culpa ciertamente no es suya, pues su revisión ha sido minuciosa.

Los tres apéndices han sido proporcionados por el profesor Roscher expresamente para esta edición. Dado que están destinados a formar parte de la obra sobre la Economía Política de la Industria y el Comercio, en la que se encuentra actualmente involucrado, autoriza [pág. vi]Su publicación en inglés, únicamente por los editores de esta edición de sus principios, y únicamente con el propósito de añadirlos a la presente traducción. Desea especialmente que su publicación en su forma actual no interfiera en modo alguno con sus derechos sobre su próximo volumen, y que no se traduzcan a ningún idioma ni se vuelvan a traducir al alemán.

El ensayo del Sr. Wolowski sobre el método histórico en Economía Política no forma parte del libro del Profesor Roscher , y ni él ni su autor, sino solo el traductor, son responsables de su aparición aquí. En él, el lector encontrará una breve reseña de la vida del Profesor Roscher , resumida hasta la fecha de su redacción. El traductor tiene poco que añadir a dicha reseña; toda la información que posee, además de la que contiene, se resume en las siguientes líneas de una carta que recibió del autor en respuesta a una solicitud de que proporcionara los datos biográficos que no se encuentran en el ensayo de Wolowski : «Quizás se podría decir... que he rechazado repetidamente las llamadas a las Universidades de Múnich, Viena y Berlín, pero que nunca me he arrepentido de haber permanecido en Leipzig».

Los agradecimientos del traductor se deben, en primer lugar, al eminente autor mismo, por la revisión de la prueba de placa de toda la obra, y luego al profesor William F. Allen , de la Universidad de Wisconsin, por su interés en el progreso de la empresa y por muchas sugerencias valiosas; también al profesor WG Sumner , de Yale College, por algunos excelentes consejos sobre la mejor traducción de ciertas palabras en el Apéndice sobre papel moneda.

[pág. vii]


Prefacio del autor. (1ª edición).

Mi System der Volkswirthschaft se completará, Deo volente , en cuatro partes. La segunda contendrá la economía nacional de la agricultura y las ramas conexas de la producción natural; la tercera, la economía nacional de la industria y el comercio; y la cuarta, la economía del estado y de la comuna ( Gemeindehaushalt ). Si bien la obra completa constituirá un todo sistemático, cada parte tendrá su propio título, constituirá un tratado independiente y se venderá por separado.

Del peculiar método que he seguido en esta obra, y que rendirá aún mejores frutos en los volúmenes subsiguientes, he dado una explicación suficiente en los §§ 26 y siguientes, y ahora solo deseo decir algunas palabras sobre la relación de las notas con el texto. El lector atento se convencerá pronto de que, de las muchas citas de esta obra, ninguna se ha hecho con un vano afán de erudición. Parte de ellas sirve como prueba necesaria de hechos sorprendentes aducidos, pero poco conocidos. Otra parte pretende incitar al lector al estudio de ciertas cuestiones estrechamente relacionadas con las tratadas en el texto, pero que, sin embargo, son diferentes. El objetivo de la mayor parte es proporcionar información sobre la historia de los principios económicos. En la medida en que las fuentes a mi disposición lo han permitido, me he esforzado por señalar los primeros gérmenes, las principales etapas de desarrollo, los contrastes y, finalmente, lo que se ha logrado hasta ahora en la ciencia económica. Esto a veces requirió una pequeña victoria sobre mí mismo, ya que era consciente de haber... [pág. viii]Descubrí ciertos hechos por mi cuenta, cuando posteriormente descubrí que algún escritor antiguo y olvidado hacía tiempo había hecho observaciones similares. Por lo tanto, esta obra puede servir tanto de manual como de historia de la literatura de Economía Política. Los estudiosos de esta ciencia saben lo poco que los escritores han hecho hasta ahora en este sentido. Por lo tanto, agradeceré mucho a quienes trabajan en este campo si, ya sea por escrito o por la prensa, me informan cuando he cometido un error al atribuir una verdad o un error de importancia científica a su primer autor.

Ya he dicho en el título que esta obra está destinada no sólo a los eruditos, sino a todos los hombres educados, a los hombres de espíritu serio, que desean la verdad y la ciencia por sí mismas. Como aquel historiador antiguo, a quien honro sobre todos los demás como mi maestro, deseo que mi trabajo sea útil a aquellos, ὅσοι βουλήσοντοι τῶν τε γενομένων τὸ σαφὲς σκοπεῖν καὶ τῶν μελλόντων ποτὲ αὖθις κατὰ τὸ ἀνθρώπειον τοιούτων καὶ παραπλησίων ἔσεσθαι. ( Tucídides I, 22.)

Universidad de Leipzig ,

finales de mayo de 1854.

[pág. ix]


De los prefacios del autor. (2.ª a 11.ª edición).

El prefacio de la segunda edición está fechado en octubre de 1856; el de la tercera, en abril de 1858; el de la cuarta, en abril de 1861; el de la quinta, en noviembre de 1863; el de la sexta, en noviembre de 1865; el de la séptima, en noviembre de 1868; el de la octava, en agosto de 1869; el de la novena, en marzo de 1871; el de la décima, en mayo de 1873; y el de la undécima (sin modificaciones), en diciembre de 1873. Cada edición sucesiva se ha anunciado, prácticamente, como una edición mejorada y ampliada; y la décima edición contiene ciento cincuenta y seis páginas más que la primera, aunque en algunos lugares se han realizado numerosas abreviaturas con respecto a ediciones anteriores. Hay muchos aspectos de algunas de las ediciones anteriores que la crítica me indujo, hace tiempo, a cambiar. He considerado mi deber hacia el público, que brindó a mi obra una acogida tan cálida y amistosa, tener en cuenta, en cada edición sucesiva, no solo mis propias investigaciones, sino también las de todos los demás con los que llegué a familiarizarme, y, siempre que ha sido posible, corregir las ilustraciones estadísticas con las fuentes más recientes. En cada edición posterior, he enriquecido especialmente varios párrafos con aspectos históricos, etnográficos y estadísticos puntuales. Plutarco tiene toda la razón, a pesar de que los pedantes puedan insultarlo por ello, cuando dice que las nimiedades, una palabra e incluso una broma, a menudo son más importantes, al caracterizar la vida de un pueblo o una época, que las grandes batallas que costaron la vida a decenas de miles de hombres.

He cambiado los títulos “La ley de la renta de Ricardo” y “La ley maltusiana del aumento de la población”, que [pág. x]Anteriormente usé "para otros". Pero no quiero que se me malinterprete. Considero que es un deber de reverencia para los eruditos —como se ha practicado desde hace mucho tiempo en el caso de las ciencias naturales—, en las ciencias de la mente humana, llamar a las leyes naturales, métodos, etc., en cuyo conocimiento algún investigador en particular ha obtenido méritos muy distinguidos, con el nombre de dicho investigador. En el caso de la ley de la renta, la aplicación de esta regla le daría a Ricardo este honor tan indudablemente como a Malthus en el del crecimiento de la población, a pesar de que Ricardo no haya logrado encontrar la mejor forma posible de abstracción, y aunque incluso Malthus, en una reacción unilateral contra una unilateralidad anterior aún mayor, no siempre pudo evitar errores positivos y negativos. La ciencia reciente se ha esforzado, con éxito, por examinar los hechos que contradicen las formulaciones ricardiana y maltusiana de las leyes en cuestión, y por ampliar las fórmulas en consecuencia. Yo mismo he contribuido a esto en la medida de mis posibilidades. Pero, mientras tanto, no es difícil comprender que, mientras se lleva a cabo este proceso de elucidación, la mayoría de los estudiosos, especialmente aquellos con una mentalidad más dogmática que histórica, deberían estimar a estos dos líderes más por sus pocos defectos que por los grandes méritos de sus descubrimientos. Por lo tanto, si ahora elimino el título de «ley maltusiana», es para evitar que los lectores apresurados se hagan la ilusión de que los §§ 242 y siguientes enseñan lo que la mayoría entiende por maltusianismo; cuando tal vez podrían omitir esa parte por completo. Por mi parte, no dudo de que, cuando el proceso de elucidación antes mencionado haya concluido por completo, el futuro otorgará a Ricardo y a Malthus su pleno reconocimiento como economistas políticos y descubridores de primer orden .

[pág. 001]


Ensayo preliminar.

Ensayo preliminar sobre la aplicación del método histórico al estudio de la economía política,

por M. Wolowski,

miembro del Instituto de Francia.

Nunquam bene percipiemus usu necessarium nisi et noverimus jus illud usu non necessarium. Nexum est et colligatum alterum alteri. Nulli sunt servi nobis, cur quæstiones de servis vexamus? Digna imperito vox. " —Cuj . , vii, en título. Excavar. De Justitia et Jure. 2

“ Homo sum, humani nihil a me alienum puto. ” — Terence. 3

“ Ista præpotens, ac gloriosa philosophia. ” — Cicerón , De Or., I, 43. 4

I.

No es un deseo insensato de hacer un vano despliegue de citas lo que nos lleva, al comienzo de este ensayo, que pretende señalar los resultados de la aplicación de un nuevo método al estudio de la Economía Política, a invocar la autoridad de un poeta y moralista, de un jurisconsulto y de un filósofo. El autor encuentra en las palabras recién citadas la más alta expresión del pensamiento. [pág. 002]que dicta estas líneas, a saber: que las investigaciones imparciales de la historia, un sentimiento profundo de las necesidades morales y materiales del hombre y la luz de la filosofía, deben regir la enseñanza de una ciencia cuyo objeto es mostrarnos cómo las cosas que están destinadas a satisfacer nuestras necesidades se producen y se distribuyen entre las distintas clases o individuos de una nación; cómo se intercambian unas contra otras y cómo se consumen.

El siglo XIX nos ofrece algo más que el admirable espectáculo del rápido y fértil desarrollo de la energía mecánica y las fuerzas naturales. Este es solo uno de los aspectos, incluso podríamos decir solo uno de los resultados, del progreso general de la mente humana. La renovación de los estudios morales e intelectuales ha servido de punto de partida para la aplicación a los hechos de las conquistas del pensamiento. La ciencia ha precedido al arte.

En el primer rango de los estudios mencionados se encuentra la filosofía , que nos inicia en el conocimiento de la naturaleza humana, fundamento del derecho, y que traduce sus legítimas aspiraciones a un lenguaje comprensible; la historia , esa profetisa de la verdad, como la llamó uno de los antiguos, que nos presenta la fiel imagen de tiempos pasados, no simplemente reuniendo un esqueleto de hechos, sino siguiendo el progreso vivo de los acontecimientos y el desarrollo orgánico de las instituciones. Tal ha sido, al menos, la labor de aquellas nobles mentes que han consagrado sus energías a la resurrección de épocas pasadas, en su verdadera forma, y tal es el servicio que les debemos por el éxito de la reforma de los estudios históricos, que emprendieron con tan excepcional devoción y tan maravillosa sagacidad.

Esta renovación de la historia ha ejercido una influencia sumamente fecunda en el ámbito de la filosofía, en el del derecho, y creemos que resultará igualmente útil en el de la economía política. Nos ha servido para prevenirnos de ser fácilmente engañados por nociones a priori .

[pág. 003]

Al exhibirnos los resultados de la vida y la experiencia de siglos, al enseñarnos por qué pasos ha ascendido la mente humana a su eminencia actual y cuál ha sido la educación que se le dio en el pasado, nos ha permitido ascender de los fenómenos a los principios que los presiden; de los hechos a la ley; y ha sustituido las suposiciones arbitrarias y los sistemas puramente ideales por la lenta pero progresiva labor del genio de las naciones. No es que haga oídos sordos a las exaltadas lecciones de la filosofía, ni que niegue las relaciones eternas que resultan de la naturaleza de las cosas . Lejos de eso. Al contrario, proporciona una base sólida a las investigaciones intelectuales y, por así decirlo, una respuesta para todas las ciencias morales a esta frase de Rœderer: «La política es un campo que hasta ahora solo se ha recorrido en globo; es hora de poner pie en tierra firme».

La historia, así entendida, no se limita a la mera descripción; también asume el papel de juez. Si bien derriba mucho de lo que la pasión y la inexactitud han generado, y así restaura el respeto por el pasado, no lo convierte en un fetiche. Lo mira con valentía y lo cuestiona, en lugar de postrarse ante él y venerarlo con la mirada baja. Así, al mostrarnos claramente los múltiples vínculos que nos unen a ella, escapa de inmediato tanto a la precipitación de la impaciencia como al cansancio de la rutina.

La imparcialidad que inculca no es indiferencia; y no hay peligro de que la justicia que imparte a las épocas pasadas degenere en un vano escepticismo o en un optimismo conveniente.

El estudio de la historia, así entendido, tiene otra ventaja: nos acostumbra a esas investigaciones pacientes y desinteresadas, a esas labores prolongadas, cuyo resultado positivo al principio se nos escapa por un tiempo, solo para aparecer ante nuestros ojos, con mucha más brillantez, cuando una investigación rigurosa lo ha descubierto. Nos libera de la letal restricción de la utilidad inmediata.

No hay nada más fatal para la ciencia que la impaciencia febril por los resultados que sólo se obtienen en exceso en nuestra propia [pág. 004]días, y que induce a la gente a correr tras aquel que tiene más prisa, y que conduce a conclusiones apresuradas.

«La investigación emprendida con un amor desinteresado por la ciencia», dice el erudito Hugo, uno de los maestros de la escuela histórica del derecho en Alemania, « esa investigación que al principio no promete otra ventaja que la verdad y el cultivo de la mente, es precisamente la que nos brinda las mayores recompensas. ¿No estaríamos rezagados, en todas las ciencias, si nos hubiéramos aferrado únicamente a aquellos principios cuya utilidad en la práctica ya se conocía? ¿Acaso no cosechamos hoy, de muchos descubrimientos, ventajas que su autor jamás soñó?»

Sin duda, esta tendencia, a menos que otras exigencias la limiten, no está exenta de peligro. Podemos dejarnos llevar por la atracción peculiar de estos nobles estudios, refugiarnos en la antigüedad y caer en una especie de misticismo histórico que termina en la afirmación de que todo lo que ha sido es absolutamente cierto, y que, en lugar de limitarse a la explicación de fenómenos transitorios, los reviste de toda la dignidad de principios. Nos esforzaremos por evitar el peligro señalado por Mallebranche. «Los eruditos estudian más para adquirir una grandeza quimérica en la imaginación de otros hombres que para adquirir mayor amplitud y fortaleza mental ellos mismos. Convierten sus cabezas en una especie de almacén donde acumulan, sin orden ni discriminación, todo lo que tiene aspecto de erudición; es decir, todo lo que puede parecer raro o extraordinario y despertar la admiración de los demás. Se enorgullecen de reunir, en este museo arqueológico, antigüedades sin nada de rico o sólido, y cuyo precio depende únicamente de la fantasía, el azar o la pasión».

Una ostentación de erudición puede oscurecer la verdad y sepultarla bajo su peso, en lugar de sacarla a la luz. Al concentrar la mente en los vestigios materiales del pasado, puede apartarla del movimiento intelectual del presente y darnos una generación de eruditos, sin duda de gran mérito. [pág. 005]pero que se mueven como extraños entre sus contemporáneos.

Sin sentido práctico y sin ideas elevadas, una persona puede ser, sin duda, un erudito, pero no puede ser historiador. Como dice el proverbio, los árboles no dejan ver el bosque. Para que este noble estudio dé su fruto más valioso; es decir, para que nos proteja de fórmulas ambiciosas y quimeras destructivas, debemos buscar otro camino.

“El mundo”, dice Montaigne, “es incapaz de curarse a sí mismo. Es tan impaciente con lo que lo agobia que solo piensa en cómo librarse de ello, sin preguntarse a qué precio. Mil ejemplos nos muestran que, por lo general, se cura a sí mismo a su propio costo. Deshacerse del mal presente no es cura, a menos que haya una mejora general de la situación. El bien no sucede inmediatamente al mal. Un mal, y otro peor, puede suceder a otro, como los asesinos de César, que llevaron la república a tal extremo que tuvieron motivos para arrepentirse de haberse entrometido en ella”. Tal es, con demasiada frecuencia, la suerte de quienes, abandonados a su imaginación y sin consultar el pasado, mezclan promesas de libertad con el despotismo de las utopías que pretenden imponer a las naciones con el pretexto de otorgarles el derecho al voto. Despreciando la obra de siglos, creen poder construir sobre un suelo sacudido por la destrucción y desmoronado, hasta compararlo con arena movediza.

El desprecio por el pasado se asocia con la pasión por la reforma. Los hombres piensan en destruir aquello que solo debe transformarse. Condenan todo lo que ha sido, incondicionalmente, y se lanzan hacia un nuevo futuro. El sufrimiento sufrido irrita y perturba la mente. Derribar es tan fácil que se supone que construir lo es también. De ahí surgen sistemas, como si el mundo fuera a comenzar de nuevo. El orgullo de la libertad y de la acción humana se convierte en el principio de la ciencia; y, como todos los nuevos principios, pretende un dominio exclusivo y absoluto. El racionalismo gobierna; la filosofía abstracta. [pág. 006]Ignora las tradiciones y las exigencias de la vida de las naciones; y ahora encuentra en ella, como en la geometría, solo principios y deducciones. El recuerdo de la opresión reciente nos lleva a actuar como Tarquino, y a nivelar a las clases altas en lugar de elevar a las inferiores. La libertad y la igualdad gobiernan entonces por su lado negativo, en lugar de ejercer la influencia positiva y benéfica que deberían tener: desarrollar todas las fuerzas al máximo, ennoblecer la mente, dar más elasticidad al alma y mayor vigor al pensamiento, dar origen a esas formas variadas y a esa energía moral que deberían acercarnos a la igualdad final en el seno de Dios. 6

Olvidamos que nadie nace libre y que todos debemos esforzarnos por serlo,

Feindlich ist des Mannes Streben

Con responsabilidad de mantenimiento

Geht der Wilde por la vida

Sin rastro ni esperanza,

—Schiller .

¡Y hacerse digno de la libertad, mediante el ejercicio de la virtud varonil! Porque la forma ha cambiado, creemos que hemos cambiado la naturaleza humana.

Es fácil comprender por qué, donde prevalecen estas ideas, el estudio del pasado debe ser descuidado y despreciado. Se hacen esfuerzos por evitarlo. ¿Por qué, se pregunta, revivir recuerdos de opresión y miseria? El viejo mundo está destrozado. Aniquilado. ¡Paz a sus cenizas! O bien, tras su destrucción, se busca de nuevo; y, con el pretexto de erradicar los males que lo habitan, se ataca la base eterna sobre la que se asienta la sociedad humana, las leyes no hechas por el hombre, y que no le corresponde al hombre cambiar. El mundo se convierte en un vasto laboratorio, donde se multiplican los experimentos más temerarios, donde la humanidad no es más que arcilla en manos del alfarero, que todo pretendido "pensador" puede moldear a su antojo, dándole la falsa apariencia de independencia y de un ser emancipado.

[pág. 007]

Y, en efecto, si la voluntad humana fuese todopoderosa, si los estados se distinguen entre sí solo por sus fronteras, si todo puede cambiarse como el escenario de una obra de teatro con un simple gesto de la varita mágica de un sistema, si el hombre puede arbitrariamente dictar el derecho, si las naciones pueden someterse a evoluciones como un regimiento de tropas; ¡qué campo presentaría el mundo para intentar realizar los sueños más descabellados, y qué tentación se presentaría para apoderarse, por la fuerza, del gobierno de los asuntos humanos, para destruir los derechos de propiedad y los derechos del capital, para satisfacer ardientes anhelos sin problemas y proporcionar los tan codiciados medios de disfrute! Los Titanes han intentado escalar los cielos y han caído en el materialismo más degradante. El dogmatismo puramente especulativo se hunde en el materialismo.

Todo ha cambiado, tanto los hombres como las cosas. Sin embargo, escuchamos el mismo estilo de declamación de siempre. Hay quienes desean arar la tierra que la revolución aplastó ayer; y creen que marchan por el camino del progreso. No ven que han confundido su época y que los audaces intentos del pasado han adquirido ahora un significado completamente opuesto. Sin detenerse a preguntar hacia dónde se inclina el nuevo mundo, repiten las mismas palabras, juran in verba magistri y emprenden el camino de la destrucción, creyendo estar creando un mundo nuevo.

Nada es más natural que estos excesos produzcan otros excesos, en dirección contraria. Movidas por el odio o el miedo al absolutismo revolucionario, las naciones buscan refugio en el absolutismo gubernamental, o retroceden hacia la Edad Media, y consideran el vínculo mutuo de protección y dependencia de ese período como el ideal y la realización de la verdadera libertad. La historia ya no es el desarrollo orgánico de la vida social, y el hombre, como un soldado que irreflexiva y caprichosamente ha ido más allá de su lugar de aprovisionamiento, se ve obligado a desandar sus pasos. La reacción está claramente definida. El pasado se opone al presente, no como un [pág. 008]lección que debe aprovecharse, sino como un modelo que debe aceptarse apresuradamente; y los hombres se vuelven revolucionarios en una dirección retrógrada.

Sin embargo, la historia, estudiada rigurosamente, desconoce estas complacencias y debilidades. No desciende a la apoteosis de un pasado irrecuperable. El verdadero espíritu histórico consiste en discernir correctamente lo que pertenece a cada época. Su objetivo no es, en absoluto, devolver la vida a los muertos, sino explicar por qué y cómo vivieron. En armonía con una sana filosofía, establece un límite a los caprichos de la voluntad arbitraria, más allá del cual esta no puede ir. Nos llama incesantemente, desde las alturas de la abstracción, a los hechos y las cosas positivas.

En la creación de sistemas, solo una cosa solía olvidarse: los hombres, tratados en ellos como cifras; pues el despotismo intelectual tiene esto en común con toda autoridad despótica. La historia nos enseña que no podemos alcanzar nada grande ni duradero si no es dirigiéndonos al alma. Si el alma decae, ya no puede haber grandes pensamientos ni grandes acciones. La sociedad vive del espíritu que la habita. Puede, por un instante, someterse al imperio de la fuerza, pero, a la larga, solo escucha la voz de la justicia. Así se llevó a cabo la mayor revolución que registra la historia: la del cristianismo. Se dirigió solo al alma; pero al cambiar los corazones de los hombres, transformó la sociedad por completo.

La violenta lucha entre un dogmatismo imperioso y un intento torpe y erróneo de retroceso se resuelve en una visión superior que permite la unión del conservadurismo y el progreso. Los intentos violentos y los esfuerzos temerarios amenazaban con menospreciar las más nobles enseñanzas de la filosofía y hacerlas repulsivas para el hombre; y, por otro lado, un respeto ciego a las instituciones consagradas por la historia amenazaba con sofocar todo examen y toda libertad de juicio.

Pero una doctrina más sana nos ha permitido comprender que [pág. 009]Continuamos la obra de generaciones anteriores; desarrollamos los gérmenes que sembraron sucesivamente; perfeccionamos lo que solo habían esbozado y desechamos lo que carece de fundamento en la condición social del hombre. Todo está conectado; cada cosa está ligada a todas las demás; nada se repite. Las esperanzas de una renovación repentina y total, basada en fórmulas absolutas, se desvanecen ante el toque de este sólido estudio. Esto nos muestra cuán firmes e inquebrantables son esas reformas que comenzaron apoderándose de las mentes humanas, cuyo espíritu preciso había penetrado en las almas de naciones enteras antes de manifestarse en hechos.

El derecho y la economía forman parte de la vida de las naciones, al igual que el idioma y las costumbres. El poder de la historia no contradice en absoluto la supremacía de la razón.

II.

Estas dos tendencias, la racionalista y la histórica, se encuentran enfrentadas en todas partes. Lideran una guerra eterna, que se renueva en cada época, bajo nuevos nombres y nuevas formas. Los hechos consumados y el pensamiento renovador dividen el mundo entre ellas. A veces moderan su ritmo, y otras, lo impulsan. Pero estas dos fuerzas, en lugar de comprometer los destinos de la humanidad con su acción opuesta, los mantienen y equilibran, como los impulsos contrarios dados por la mano del Gran Arquitecto han poblado el universo con mundos que gravitan en el espacio.

Victor Cousin, autoridad muy competente en la materia, ha afirmado que la historia de la filosofía es la antorcha de la filosofía misma. Las notables obras que la han enriquecido en este sentido son bien conocidas. La historia, por su parte, se ve iluminada por la filosofía. Así, nos enseña a no despreciar los hechos, pero al mismo tiempo a no ser esclavos de los precedentes. Hace justicia por igual a los incrédulos y a los fanáticos, a los practicantes demasiado flexibles y a los teóricos inflexibles.

[pág. 010]

Sin duda, podemos decir con Henri Klimrath, quien, en conexión con algunos otros, emprendió la obra de restauración del estudio histórico en su aplicación al derecho francés, que hay un absoluto, verdadero, bello, bueno y justo, la ratio recta summi Jovis , 7 la razón suprema fundada en la naturaleza de las cosas. 8 Las verdades eternas enseñadas por la filosofía constituyen la ley superior, una ley que no data del día en que fue puesta por escrito, sino del día de su nacimiento; y nació con la inteligencia divina misma. Qui non tum denique incipit lex esse, cum scripta est, sed tum cum orta est. Orta autem simul est cum mente divina. 9 Y Troplong añade acertadamente: «Hay reglas anteriores a todas las leyes positivas. No puedo admitir que la acción de la conciencia y la idea del derecho sean obra del legislador. No es la ley la que creó la familia, la propiedad, la libertad, la igualdad, la idea del bien y del mal. Puede, de hecho, organizar todo esto, pero al hacerlo, solo trabaja sobre los cimientos que la naturaleza ha puesto, y es perfecta a medida que se acerca a las leyes eternas e inmutables que el Creador ha grabado en nuestros corazones. Lo que cambia no es la ley eterna, cuya revelación llega al hombre incesantemente y por una acción necesaria, sino la forma en que la humanidad la reviste, las instituciones que el hombre construye sobre sus cimientos inmutables». 10

Creemos, pues, en la ley de la naturaleza, y lamentamos que el señor Roscher no comparta nuestra opinión, al menos que no exprese con suficiente claridad su fe en ella, ni la aplique con la suficiente amplitud en la hermosa obra que nos complace hacer accesible al público francés. 11 Creemos en ella en su totalidad. [pág. 011]En sentido filosófico, y no simplemente en el sentido jurídico que le atribuye Ulpiano. «No confundamos», observa Portalis, «el orden físico de la naturaleza, común a todos los seres animados, con la ley natural, peculiar del hombre. Llamamos ley natural a los principios que rigen al hombre considerado como ser moral, es decir, como un ser inteligente y libre, destinado a vivir en sociedad con otros seres, inteligentes y libres como él». 12 La famosa división tripartita de Ulpiano: la ley natural, el derecho de gentes y el derecho civil, prueba, por el significado que les atribuye, ya sea de un malentendido o de la idea imperfecta que los estoicos habían concebido de la esencia de la ley natural. En vano Cujas agotó todos los recursos de su noble intelecto para explicarla. 13

[pág. 012]

Es necesario distinguir entre la ley física y la ley ( droit ) de los seres inteligentes. Sin duda, la existencia de los hombres, así como la de los animales, está limitada por el tiempo. Ambos viven y mueren; pero el alma escapa a las necesidades de la naturaleza material.

En cuanto se plantea la cuestión del bien , la inteligencia gobierna, la razón entra en juego y se recurre a la ciencia del bien y del mal como guía. Por lo tanto, la ley natural de la especie humana no es la ley física que obedecen todas las criaturas.

Era necesario que insistiéramos en estos principios. Era necesario que demostráramos que existe una ley independiente del derecho positivo y local, una ley que no es la expresión de una voluntad arbitraria, sino una emanación de la naturaleza de las cosas. 14

De ahí los rasgos comunes que encontramos en todas partes y las formas variables que desarrollan el derecho en armonía con las condiciones especiales de cada sociedad civil.

Debemos descender a las profundidades de la naturaleza humana para descubrir estas leyes eternas y permanentes; y si el mero esfuerzo de la mente no las alcanza directamente, podrían descubrirse en los fenómenos de la vida de las naciones. La historia nos ofrece la contraprueba y confirmación de la doctrina filosófica.

El desarrollo de la sociedad no ofrece una expresión matemática de estas verdades superiores. Les da una forma que se modifica incesantemente en la ley escrita. Quien solo descubre en ellas una regla absoluta, considera los cambios como evidencias de capricho y error. Solo comprende las revoluciones de las cosas quien conoce su causa y la necesidad que las produce.

[pág. 013]

Solón tenía razón cuando dio a los atenienses no las leyes más perfectas, sino las mejores que podían soportar.

No es en los intentos contemporáneos a la infancia de la sociedad, o casi, donde debemos buscar la plena realización de los preceptos de la ley natural; pues los principios obedecen a la regla establecida por Aristóteles. «La naturaleza de cada cosa es precisamente aquello que constituye su fin; y cuando cada ser ha alcanzado su pleno desarrollo, decimos que esa es su propia naturaleza». 15

Las ideas del derecho natural se purifican a medida que la sociedad se vuelve más ilustrada y libre; pero la verdad solo aparece sucesivamente en las fases por las que pasa. Nos permite captar un aspecto tras otro, pero no se entrega por completo, en ningún momento, a las investigaciones del historiador o del jurisconsulto.

La historia y la filosofía se interpenetran y se complementan.

III.

Las dos escuelas, la filosófica y la histórica, se han encontrado en nuestros días en el ámbito del derecho. ¿Quién no recuerda la gran y noble contienda que se libró, a principios de este siglo, entre dos descendientes de franceses que se refugiaron en Alemania y que unieron en sus propias personas, de manera tan maravillosa, las diferentes aptitudes del país de origen y de la tierra que los vio nacer: entre Thibaut y Savigny?

Sería difícil encontrar una cuestión científica de carácter superior, debatida por campeones más dignos de arrojar luz sobre ella.

Había aparecido el Código Napoleón . Había, para usar la feliz expresión de Rossi, convertido en ley la revolución social. [pág. 014]Producido por la destrucción del privilegio. Fue la fórmula práctica que expresaba las conquistas realizadas.

La filosofía del siglo XVIII ya había inspirado el Código Prusiano. Sin embargo, fue sobre la cuestión de la codificación sobre la que se desarrolló esta memorable controversia. Los dos principales contendientes, aunque se batían valientemente, uno contra el otro, seguían teniéndose en alta estima, y en medio de la melé, se desarrolló el profundo estudio del derecho .

No podemos detenernos mucho en este tema ni analizar los argumentos de Thibaut 16 y Savigny 17. Lo que nos interesa ahora no es tanto la cuestión debatida, sino el movimiento intelectual que dio origen. Savigny defendió el derecho antiguo, Thibaut lo atacó. Numerosos y distinguidos jurisconsultos se posicionaron en uno y otro bando. Surgió una nueva escuela que, con el mayor éxito, hizo que el derecho arrojara luz sobre la historia y la historia sobre el derecho.

La aplicación del método histórico al estudio del derecho produjo los resultados más felices.

Sin reconocerlo, los jefes de los partidos contendientes obedecían a un impulso político. Savigny, por su nacimiento y sus gustos, se inclinó hacia el conservadurismo; Thibaut, guiado por sus convicciones, hacia las filas liberales. Sin embargo, la natural elevación de su genio los preservó de toda exageración. El glorioso defensor de la tradición conservó un espíritu liberal, y el ardiente defensor de la reforma no deseaba ninguna conmoción.

En lo que concierne más directamente a la cuestión que ahora nos ocupa, Savigny, al tiempo que mantenía que el derecho era algo contingente, humano, nacional, y al tiempo que ponía de relieve el carácter práctico y elevado de sus sucesivos desarrollos que introdujeron reformas y protegieron [pág. 015]Contra la revolución —desarrollos que, no confiando en la letra de la ley escrita, alimentan sin cesar la ley viva y creada, esa ley llamada, con el lenguaje enérgico de un gran jurisconsulto, ley escrita en el corazón de los ciudadanos— , está lejos de negar la importancia de una filosofía alta y sana que dirija al hombre en el trabajo ininterrumpido al que está llamado, en la esfera de la jurisprudencia.

Los hombres no pueden renunciar a la ley, como tampoco al lenguaje, cuyas formas han ido modificando gradualmente para traducir mejor sus pensamientos en palabras. La tarea del legislador es la elaboración sucesiva de disposiciones obligatorias. A veces se opondrá y a veces secundará el progreso natural del derecho; pero, al hacerlo, siempre le será necesario ascender a la naturaleza de las cosas y comprender sus relaciones, si no quiere desviarse en la práctica ni perderse entre los cambios sucesivos y parciales a los que el ilustre profesor berlinés limitaría la legítima ambición del poder legislativo. Ir más allá, en una época como la nuestra, le parecía una obra destructiva. Sin embargo, lejos de negar la influencia del pensamiento, y por ende de la filosofía, actuando en su ámbito, Savigny invoca su fecunda ayuda.

Thibaut, por otro lado, con mayor confianza en el poder del espíritu de los tiempos modernos, no creía que una buena codificación fuera imposible. Su punto de partida había sido un clamor por la independencia nacional. Sabía muy bien cuánta veneración merecían aquellas instituciones, obra lenta y progresiva del genio nacional, y cuál era el poder que poseían. Deseaba, por tanto, reformarlas, no abolirlas. Comprendía bien que la grandeza del propio Código Napoleónico y el respeto que inspiraba se debían a que sus raíces hundían profundamente en el pasado, aun cuando la idea moderna que contenía brillaba como una luz en el mundo de las cosas. Por lo tanto, sin cuestionar el valor de la historia, se negó a reconocer su derecho a un reinado exclusivo. 18

[pág. 016]

La vida y actividad que prevalecen en el estudio del derecho, y los brillantes éxitos que este ha alcanzado recientemente, se deben, en gran parte, a los ilustres representantes de la escuela histórica. Cabe añadir, aquí, que la escuela histórica francesa, que tan dignamente ha heredado el espíritu de Montesquieu, no ha logrado menos en este sentido que la antigua escuela alemana. Ha reconciliado a los opuestos, pero no mutuamente hostiles, [pág. 017]Las tendencias de Savigny y Thibaut. Ha examinado concienzudamente los hechos para mostrar su concatenación y permitir que su significado y alcance se comprendan con claridad. Un jurisconsulto francés, que es a la vez nuestra máxima autoridad en derecho natural, abrió el camino con sus excelentes ensayos sobre la necesidad de reformar los estudios históricos aplicables al derecho; sobre la influencia de los legistas en la civilización francesa , etc .; y con sus prefacios, equivalentes a obras completas, sobre hipotecas, ventas, préstamos, sociedades, contratos de fletamento, etc. Puede decirse con certeza que renovó la antigua y prolífica alianza entre la historia y el derecho.

En lugar de perseguir una abstracción pura, esta escuela histórica se ha limitado al conocimiento de la vida humana y la evolución de la sociedad. Ha aplicado al derecho, con un éxito bien conocido, el principio que ha regenerado las ciencias sociales, la filosofía, las letras, la historia y la economía política; ciencias que son, por así decirlo, diferentes ámbitos de un mismo imperio intelectual, que se interpenetran sin confundirse, entre las cuales no debe erigirse ninguna barrera celosa y entre las cuales debe fomentarse la reciprocidad del intercambio mediante la supresión de deberes ficticios, que han existido durante demasiado tiempo.

[pág. 018]

IV.

No necesitamos insistir más en la naturaleza del método histórico aplicado al derecho ni en los servicios que ya ha prestado. Sobre este punto, no caben dos opiniones. Y, si alguien se pregunta por qué lo mencionamos en una obra sobre Economía Política, solo podemos decirle que lo hemos hecho para llamar su atención sobre un precedente instructivo, y por la razón adicional de que el mismo método se adapta especialmente bien al estudio de la Economía Política. Sus ventajas son las mismas, sus tendencias las mismas, y existen los mismos motivos que nos inducen a utilizarlo. Al describir las sucesivas fases de la cuestión en el caso del derecho, hemos cumplido una parte importante de la tarea que nos habíamos impuesto: reivindicar el empleo del método histórico en el ámbito de la Economía Política.

El estudio de la historia es el mejor y más poderoso antídoto contra las fantasías sociales y las fantasías ideales. François Beaudouin tenía razón cuando dijo: « Cæca sine historia jurisprudentia »; y estamos muy seguros de que, sin la historia como elemento, la Economía Política corre el gran riesgo de andar a ciegas.

La mente humana necesita saber dónde se encuentra en todo momento, rodeada como está de tantos caminos que discurren en tantas direcciones diferentes. Debe rendir cuentas a sí misma de su progreso, de sus desviaciones del camino correcto y de sus errores. 20 Solo la historia puede arrojar luz sobre cuestiones que no son simples curiosidades intelectuales, sino que, más bien, están profundamente relacionadas con los intereses vitales de la sociedad. Confirma las nobles enseñanzas de la filosofía al mostrar cómo nuestra vida se compone de un tejido inmutable de relaciones, y cómo el hombre, aunque pueda variar sus colores y cambiar su diseño, no puede renovar su textura.

Nos enseña a no admirar nada ni a despreciar nada más allá de... [pág. 019]Medida. Nos ilumina sobre cuestiones de naturaleza muy compleja. Al observar la evolución de la humanidad, siguiendo el desarrollo de hechos y teorías sociales, discernimos mejor los principios y nos volvemos cautelosos ante los alquimistas del pensamiento, quienes imaginan que la sociedad puede experimentar una transformación entre la salida y la puesta del sol.

Así como existe una ley natural, también existen ciertos principios de la Economía Política que emanan de la filosofía y pueden reducirse a un principio supremo: el de la libertad y la responsabilidad. El dominio de la Economía Política es el trabajo de generaciones. Pero rechazamos con todas nuestras fuerzas la doctrina materialista que, confundiendo inexplicablemente las cosas, intenta asimilar ideas tan distintas como la inteligencia y las cosas; y que descendería al extremo de emplear el dinamómetro para medir la fuerza creativa del hombre y sus resultados, y que solo ve cifras donde hay un alma viviente.

El hombre es un ser inteligente, dotado de órganos, 21 de órganos personales , con los que el Creador lo dotó, al darle un cuerpo dotado de aptitudes maravillosas, y de órganos externos que encuentra en la naturaleza, sujetos a su poder. El hombre fue creado a imagen de Dios, dicen las Escrituras, y estas palabras encierran un profundo significado. Solo él, entre todos los seres terrestres, posee una chispa de inteligencia divina. Solo él ha sido llamado a proseguir la magnífica obra de la creación, dando un nuevo rostro a un mundo al que no puede añadir ni un átomo.

El trabajo no es más que la acción del espíritu sobre sí mismo y sobre la materia. 22 De ahí su dignidad y grandeza. De ahí también las dificultades en el camino de los estudios económicos; ya que, considerarlos únicamente como concernientes a cuestiones de producción material, es olvidar que los productos de la industria están hechos para el hombre, no el hombre para los productos industriales; ignorar la estrecha relación [pág. 020]entre sus fructíferas investigaciones y todo el círculo de las ciencias morales; para degradarlas y mutilarlas.

Desde el momento en que la ciencia se ocupa únicamente del hombre y de la acción de la mente; desde el momento en que su fin pasa a ser no solo el disfrute material, sino la elevación moral, las cuestiones que analiza se vuelven ciertamente más complejas, pero la respuesta, cuando se encuentra, es más prolífica en resultados. La riqueza, entonces, se considera solo como una de las fuerzas de la civilización. Otros intereses, además de los puramente materiales, ocupan el primer lugar. Esta filosofía práctica que, según el precepto de Bacon, busca mejorar las condiciones de vida, tiene presente que la fuente más fructífera del desarrollo material reside en el desarrollo intelectual. Reconoce humildemente que no es el primogénito de la familia y se fortalece con esta confesión. Desde el momento en que es la mente la que produce y gobierna el mundo, la perfección intelectual y moral se convierten en causa y efecto del progreso material. «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas».

El aumento de la producción, entonces, parece un instrumento de elevación en el orden moral. 23 La energía del alma, la inteligencia y la virtud viril constituyen la principal fuente de la riqueza de las naciones; la crean, la desarrollan y la preservan. La riqueza aumenta, disminuye y desaparece con el aumento, la disminución y la desaparición de estos nobles atributos del alma.

El trabajo es hijo del pensamiento. Nada ocurre en el mundo exterior que no haya sido concebido primero en la mente. La mano es sierva del intelecto; y su trabajo es exitoso, bello o útil en proporción a la actividad y desarrollo del intelecto, y en proporción a cómo lo justo, lo bello y lo bueno ejercen su poder sobre él.

La producción no es, por lo tanto, un trabajo material, sino espiritual. ¿Cómo, entonces, pueden separarse los actos y su moralidad? ¿Cómo no comprender que el mercado laboral tiene sus propias características distintivas? [pág. 021]¿leyes y que la educación, incluso desde el punto de vista material, se convierte en el interés más alto y el deber más importante de la sociedad, ya que de ella depende la eficiencia del trabajo?

Desde que, tras largos años, la doctrina del cristianismo impregnó las leyes del mundo civilizado; desde que la enseñanza de Pablo, de que todos los hombres son hijos de un mismo Padre, tomó forma y cuerpo, y que el principio de la igualdad de todos los hombres ante su Creador se complementó con la doctrina y la práctica de esa igualdad ante las leyes, las masas pensantes se han esforzado por descubrir el porqué de sus acciones y el porqué de sus sufrimientos. Han recurrido al pasado y se han preguntado por qué han obtenido una porción tan limitada.

La gente, por lo tanto, piensa; y, por lo tanto, es fundamental que piense correctamente. Es fundamental que se proteja de las falsas promesas utópicas. De ahora en adelante, no hay seguridad para la estabilidad del mundo sino en la satisfacción de las mentes. No hay descanso para la humanidad a menos que los hombres comprendan las condiciones de su destino; a menos que, en lugar de correr,

“ Toujours insatiable et jamais assouvis ” ,

después de la copa embriagadora del goce material (porque las necesidades no gobernadas por el intelecto y el corazón son infinitas en número, y la gratificación de una da origen a otra), se someten a la ley del sacrificio y dan juego a la facultad más noble con que el Creador nos ha dotado: el imperio moral sobre uno mismo.

En este camino, de arduo ascenso, encontraremos no solo paz de alma, sino también bienes más reales y numerosos que aquellos con los que las tentaciones del error nos deslumbrarían. Los mayores obstáculos a superar no son los materiales, sino las dificultades morales. Como dice Franklin, en esencia, quien te diga que puedes triunfar, de cualquier manera que no sea con trabajo y economía, es un charlatán.

Pero el trabajo es más productivo en la medida en que es más inteligente, [pág. 022]Así como la mano y la mente se mantienen al ritmo de la otra, los buenos hábitos morales generan orden y disciplina voluntaria.

La economía es sacrificio, une el presente al futuro, amplía el horizonte del pensamiento, inspira previsión, alarga la palanca de la actividad humana, dotándola de nuevos instrumentos.

La vida deja de ser una preocupación por el sustento del cuerpo, y el mundo material se convierte en la sombra del espiritual. El primero se pone al servicio del segundo, y el libre esfuerzo del hombre lo eleva a una esfera de pensamiento superior y a un campo de acción más amplio. Cuanto más se dedica un trabajo, dice Channing, más valioso es.

Nosotros, los hombres de hoy, somos espectadores de un espectáculo maravilloso. El vapor surca la tierra. La industria ha experimentado un avance extraordinario. La fuerza mecánica dobla los materiales más rebeldes. La química, la física y las ciencias naturales están descubriendo un nuevo mundo. Pero ¿de dónde proviene todo esto? ¿Cuál es el principio de esta nueva vida? Respondemos: el progreso intelectual y moral. La mente ha crecido; el alma se ha expandido. Dios ha permitido al hombre ser libre y le ha proporcionado los medios para serlo.

Así, el hombre, como decía Mignet, se convierte en esa poderosa criatura a quien Dios ha dado la tierra como vasto teatro de su acción, el universo como objeto inagotable de su conocimiento, las fuerzas de la naturaleza al servicio creciente de sus necesidades, permitiéndole, mediante una información cada vez mayor, obtener una cantidad cada vez mayor de bienestar.

El hombre es libre. —1789 puso en práctica el sublime precepto del Evangelio. Tiene su destino en sus manos. Pero los derechos que disfruta le imponen nuevos deberes. Si la igualdad es el sentimiento que predomina en nuestros días, debemos cuidarnos de confundirla con la nivelación del comunismo. No es externamente, sino dentro de nosotros, donde debe desarrollarse mediante la cultura intelectual y moral.

La historia preserva al estudiante de ser extraviado por una adhesión demasiado servil a cualquier sistema. Expone la locura de la [pág. 023]El «contrato social» y los sueños idílicos sobre las ventajas de la vida salvaje. Muestra que la naturaleza, en lugar de prodigar sus tesoros, los distribuye con mano tacaña, y que es necesario conquistarla con trabajo, inteligencia y paciencia antes de poder controlarla.

Nos muestra la libertad humana cada día más fuerte, gracias al progreso moral e intelectual, apoyado en los dos poderosos pilares de la propiedad, complemento del hombre, reflejo material de su poder espiritual; y el capital, fruto de la abstinencia, símbolo del poder moral y resultado de la actividad ilustrada.

La historia avanza con paso firme, porque se siente segura en el conocimiento de las leyes de la naturaleza humana y en su experiencia de las sucesivas manifestaciones de la vida social. En lugar de la vaguedad de las concepciones ideales, nos permite captar y apreciar la realidad de la vida. No se limita al estudio del hombre. Nos familiariza con hombres cuyas necesidades se extienden y se ennoblecen en proporción a la perfección de sus facultades. Los sentimientos y el intelecto se desarrollan simultáneamente en el hombre. El salvaje es el más egoísta de los hombres.

Por eso, creemos que la Economía Política no puede prescindir de los servicios de la moral y de la filosofía, de la historia y del derecho, pues son ramas de un tronco común, por cuyo interior circula la misma savia.

V.

El aislamiento de la teoría de la Economía Política es característico de nuestra época. En épocas más remotas, encontramos este estudio confundido con las demás ciencias morales, de las que formaba parte integral. Cuando el genio de Adam Smith le dio un carácter distintivo, no quiso separarlo de aquellas ramas del conocimiento sin las cuales solo podría permanecer como una planta marchita por la ausencia de la luz de la ética.

[pág. 024]

Es preciso renunciar a la idea singular de que milenios pudieran transcurrir sin dejar huella alguna de lo que los hombres ilustrados hubieran pensado y elaborado en materia de Economía Política, entre tantas naciones, y que jamás se hubiera pensado en cultivar ese rico dominio intelectual, mientras que en cualquier otra dirección nos es fácil ascender por un camino ya despejado hasta la más remota antigüedad.

Ya se ha reconocido que el dominio clásico , fecundado por la cultura intelectual en gran y pequeña escala, fue extremadamente rico en indicios valiosos, aunque no se presenten bajo la forma distinta que luego afectó a las diferentes ramas de la vida pública.

En cuanto a la pretendida simplicidad primitiva de la Edad Media, que se afirma que prevaleció durante ese período, una especie de vegetación económica, quienes la sostienen olvidan la larga serie de teorías comunistas que, a intervalos cortos, encontraron expresión en muchas luchas sangrientas, y cuya represión requirió los esfuerzos combinados de la Iglesia y el Estado.

Sin duda, no es en sus formas modernas donde se encuentran los elementos de la ciencia político-económica del pasado. Pero cuando logramos reunir las partes dispersas y fragmentadas; cuando nos adentramos en las costumbres, decretos, ordenanzas, capitulares, leyes y reglamentos de aquellos tiempos; cuando, por así decirlo, nos topamos, sin darnos cuenta, con la vida de las naciones, en los documentos más ingeniosos y confidenciales que la reflejan con la mayor fidelidad por su sencillez, bien podemos asombrarnos de los resultados obtenidos. Donde quizás esperábamos encontrar solo erudición, cosechamos una rica cosecha de lecciones, tanto más valiosas por su desinterés.

Los actos legislativos y administrativos frecuentemente desarrollan verdaderas doctrinas económicas. Es fácil descubrir en ellos el curso progresivo de una teoría que se adentra directamente en las aplicaciones prácticas.

¿Qué resultados no podríamos esperar de estos esfuerzos, si el [pág. 025]El genio de la investigación y la adivinación, que tanto ha elevado los estudios históricos en nuestros días, ¡debería tener una mirada observadora y penetrante en esta dirección! ¡Cuán limitado fue el campo en el que Guérard erigió el monumento científico que nos legó en su Políptica de Irminon ! Y cuán valiosas son las lecciones que nos deja, ya que aquí no se trata de la historia de las doctrinas profesadas ni de los acontecimientos inesperados, sino del desarrollo histórico de la sociedad económica, que nos muestra la marcha viviente de los principios.

VI.

La Economía Política no es, como acabamos de decir, una ciencia nueva. Ha sido una ciencia distinta solo por un corto tiempo. Hasta el siglo XVIII, se confundía con la filosofía, la moral, la política, el derecho y la historia. Pero de ello no se sigue que, por haber adquirido tal importancia que merezca un lugar propio, deba cesar su estrecha relación con los nobles estudios que hasta entonces la habían absorbido. De esto se deduce también otra consecuencia. Desde el momento en que la Economía Política deja de ser considerada una ciencia nueva, encuentra tras de sí una larga serie de ancestros, ya que se ve obligada a investigar un pasado al que tantos vínculos la unen. Esta tarea puede aumentar sus dificultades, pero, al mismo tiempo, aumenta singularmente el atractivo de un estudio que, en lugar de presentarnos únicamente las áridas deducciones del dogmatismo, nos llega con toda la frescura y el color de la vida.

Podemos permitir que quienes hacen de la Economía Política una simple pieza de aritmética ignoren estos estudios retrospectivos y su importancia; pues las matemáticas tienen poco que ver con la historia. Pero ocurre lo contrario con la vida de las naciones. Estas descubrirían de dónde vienen para saber hacia dónde se dirigen.

No obedecen a un vano interés de curiosidad, como suponía J. B. Say cuando, al esbozar una breve historia del progreso [pág. 026]de Economía Política, dijo: “Sin embargo, todo tipo de historia tiene derecho a satisfacer la curiosidad”. Es lamentable que este eminente pensador pudiera ignorar así uno de los elementos esenciales de la ciencia a la que prestó tan grandes e incuestionables servicios. Le faltaba sentido histórico. “La historia de una ciencia”, escribe, 25 “no es como la narración de cosas que han sucedido. ¿De qué nos serviría hacer una colección de opiniones absurdas, de doctrinas denostadas que merecían ser denostadas? Sería a la vez inútil y fastidioso exhumarlas así si conociéramos perfectamente la economía pública de los cuerpos sociales. Nos puede importar poco aprender lo que nuestros predecesores han soñado sobre este tema y describir la larga serie de errores en la práctica que han retrasado el progreso del hombre en la búsqueda de la verdad. El error es algo que se olvida, no se aprende”. Como si lo que una vez se encontró en el tiempo no se encontrara hoy en el espacio; ¡Como si alguna vez hubiera existido una institución que no tuviera su razón de ser y no hubiera constituido un punto de apoyo en la búsqueda de una verdad superior o de una aplicación más inteligente y saludable de una antigua! Hay muchísimos sistemas reales y muchísimos hechos presentes que solo pueden comprenderse con la ayuda de la historia; y con cuánta frecuencia un conocimiento de la historia nos impediría tomar por inventos maravillosos las máquinas anticuadas de otras épocas, cuya única ventaja y único mérito es haber permanecido desconocidas. ¡Cuánta de la pretendida audacia de los innovadores ha sido pura palabrería que la sabiduría de la época había desechado como basura! Además, como dijo Bacon: «Verumtamen sæpe necessarium est, quod non est optimal».

[pág. 027]

VII.

No es casualidad que los grandes economistas hayan sido a la vez historiadores y filósofos. Basta mencionar a Adam Smith, Turgot, Malthus, Sismondi, Droz, Rossi y Léon Faucher. Con demasiada frecuencia se olvida que el padre de la Economía Política moderna, Adam Smith, consideraba esta ciencia solo una parte del curso de filosofía moral que impartía en Glasgow, y que abarcaba cuatro divisiones:

1. Teología universal. —La existencia y los atributos de Dios; principios o facultades de la mente humana, base de la religión.

2. Ética. —Teoría de los sentimientos morales.

3. Principios morales relativos a la justicia. —En esto, como aprendemos de uno de los alumnos de Adam Smith en un bosquejo conservado por David Stewart, siguió un plan que parece haberle sido sugerido por Montesquieu. Se esforzó por rastrear los sucesivos avances de la jurisprudencia desde las épocas más bárbaras hasta las más refinadas. Demostró cuidadosamente cómo las artes que contribuyen a la subsistencia y a la acumulación de propiedad actúan sobre las leyes y los gobiernos, y producen avances y cambios en ellos análogos a los que ellas mismas experimentan.

En la primera parte de su curso, como sabemos por la misma autoridad, examinó las diversas regulaciones políticas que no se basaban en el principio de justicia sino en la conveniencia, cuyo objetivo es aumentar la riqueza, el poder y la prosperidad del estado. Desde esta perspectiva, consideró las instituciones políticas relacionadas con el comercio, las finanzas, la iglesia y el ejército. Sus conferencias sobre los diferentes temas constituyen la esencia de la obra que posteriormente publicó sobre la riqueza de las naciones. Discípulo de Hutcheson, Adam Smith siempre aplicó el método experimental, «que, en lugar de perderse en cuestiones magníficas y arriesgadas, [pág. 028]especulaciones, se adhiere a hechos ciertos y universales que nos descubre nuestra propia conciencia, por el lenguaje, la literatura, la historia y la sociedad”. 26 Antes de asumir la cátedra de filosofía, Adam Smith había enseñado bellas letras y retórica en Edimburgo, en 1748. Había escrito una obra sobre el origen y la formación de las lenguas; y fue porque había estudiado profundamente las ciencias morales que le fue dado inaugurar una nueva ciencia y convertirse en un gran economista. El Sr. Cousin ha hecho gran hincapié en el gusto y el talento de Adam Smith por la historia. “Cualquiera que sea el tema que trate, vuelve la mirada hacia atrás sobre el camino recorrido ante sí mismo e ilumina cada objeto en su camino con la ayuda de la antorcha que la reflexión ha puesto en su mano. Así, en Economía Política, sus principios no solo preparan el futuro, sino que renuevan el pasado y descubren la razón, hasta entonces desconocida, de hechos antiguos que la historia había reunido sin comprenderlos. No es suficiente decir que Adam Smith poseía una gran variedad de información histórica; Debemos añadir que poseía un auténtico espíritu histórico. Gracias a esta eminente facultad, el filósofo de Glasgow adquirió gran influencia. En 1810, cuando el imperio francés alcanzó el apogeo de su grandeza, Marwitz escribió: «Hay un monarca tan poderoso como Napoleón: Adam Smith». No es necesario recordar las investigaciones históricas de Turgot.

El título principal de distinción de Malthus, su obra sobre la población, es tanto una obra histórica como político-económica; y no es suficientemente conocido que fue profesor de historia y economía política en la universidad de la Compañía de las Indias Orientales en Aylesbury.

No necesitamos decir más sobre este tema. Las obras de los otros escritores que hemos mencionado son demasiado conocidas como para permitir que alguien piense que excluyeron la historia y la ciencia moral del estudio de la Economía Política. Por lo tanto, [pág. 029]La escuela que ha surgido en Alemania, 27 y que se esfuerza por hacer por la Economía Política lo que Savigny, Eichhorn, Schrader, Mommsen, Rudorff y tantos otros ilustres eruditos han hecho por la jurisprudencia, no puede ser acusada con razón de temeridad. No ha hecho más que desplegar el noble estandarte que enarbolan los más venerados maestros de la ciencia.

VIII.

A la cabeza de esta escuela se encuentra William Roscher, profesor de Economía Política en la Universidad de Leipzig, cuya excelente obra, Principios de Economía Política, en la que sigue el método histórico , acabamos de traducir. William Roscher tiene (1857) apenas cuarenta años. Nació en Hannover el 21 de octubre de 1817. Su vida laboriosa y sencilla es la de un digno representante de la ciencia. «Me piden», nos escribió recientemente, «que les dé alguna información sobre los incidentes de mi vida. Tengo, gracias a Dios, muy poco que contarles. Las vidas cuya historia es interesante relatar rara vez son vidas felices». Se limitó a darnos algunas fechas que son, por así decirlo, los hitos de una carrera llena de utilidad. Roscher, de 1835 a 1839, estudió jurisprudencia y filología en las universidades de Gotinga y Berlín. Los eruditos profesores que ejercieron [pág. 030]La mayor influencia en su desarrollo intelectual la tuvieron los historiadores Gervinus y Ranke, el filólogo K.O. Müller y el germanista Albrecht. Es evidente que estudió en una buena escuela y que se benefició de ella. Fue nombrado doctor en 1838; admitido en 1840 como profesor particular en Gotinga; nombrado en 1843 profesor extraordinario de la misma universidad y llamado en 1844 a ocupar la cátedra de profesor titular en Erlangen. Desde 1848 ha desempeñado el mismo cargo en la Universidad de Leipzig, donde fue durante seis años miembro de la Junta de Pobres, donde también enseña en la escuela de agricultura. Su fama ha crecido rápidamente. Muchas universidades alemanas se han emulado entre sí por el honor de contar con él, pero él no ha estado dispuesto a abandonar Leipzig. Su primer trabajo notable fue su tesis doctoral: De historicæ doctrinae apud sophistas majores vestigiis , escrita en 1838. En 1842, publicó su excelente trabajo, que desde entonces se ha vuelto clásico: “La vida, los trabajos y la época de Tucídides”. 28 Desde entonces, importantes trabajos, todos con el sello de variados y profundos conocimientos científicos, y de una erudición notable por su sagacidad y elegancia, se han sucedido sin interrupción. En 1843, trató la cuestión del lujo 29 con mano maestra, y sentó las bases de su gran trabajo, del cual solo ha aparecido la primera parte hasta ahora, al mismo tiempo que trazaba a gran escala el programa de un curso de Economía Política según el método histórico. 30 En 1844, publicó su estudio histórico sobre Socialismo y Comunismo, 31 y en 1845 y 1846, sus ideas sobre la política y las estadísticas de los sistemas de agricultura. Es, además, autor de una excelente obra sobre la [pág. 031]Comercio de cereales; 32 de un libro notable sobre el sistema colonial; 33 de un esbozo sobre las tres formas de Estado; 34 de una memoria sobre las relaciones entre la Economía Política y la Antigüedad clásica; 35 de una obra de gran interés sobre la historia de las doctrinas económicas en Inglaterra en los siglos XVI y XVII, una obra repleta de las investigaciones más curiosas; 36 de un libro sobre el principio económico de la economía forestal; 37 y, por último, de la gran obra, cuya primera parte hemos traducido bajo el título de Principios de Economía Política, y que se completará con la publicación sucesiva de otros tres volúmenes: sobre la Economía Política de la Agricultura y las ramas relacionadas de la producción primitiva, la Economía Política de la Industria y el Comercio, y uno sobre la Economía Política del Estado y la Comuna. Esta obra, una vez terminada, será una verdadera enciclopedia de la ciencia. 38

Junto a William Roscher, debemos mencionar un [pág. 032]El joven economista Knies, ex profesor de la Universidad de Marburgo, pero a quien la persecución política obligó a aceptar un puesto secundario en el instituto de Schaffhausen durante un tiempo, y que actualmente ocupa en la Universidad de Friburgo, en Brisgovia, un puesto más digno de su gran talento. Esperamos, en una obra que nos proponemos publicar sobre Economía Política en Alemania, dar a conocer al público las obras de este escritor. Merecen la mayor atención. Conocemos pocas obras que igualen su Economía Política, escrita según el método histórico. 39 También hablaremos de otro economista, ex profesor de Marburgo, víctima también del poder del elector de Hesse, Hildebrand, ahora profesor en la Universidad de Zúrich. Su National-Œkonomie 40 es un libro repleto de interés, y en ninguna parte hemos encontrado una mejor crítica del sistema de Proudhon que en sus páginas. Si la nueva escuela hubiera producido sólo a estos tres hombres, aún así habría dejado su huella en la historia de la ciencia.

Otras obras, no menos importantes, reclamarán nuestra atención en el libro al que hemos dedicado ya muchos años de trabajo. Si logramos nuestro propósito, revisaremos las obras de numerosos académicos de gran mérito, cuyos nombres, lamentablemente, solo se conocen fuera de Alemania. Las obras de Rau, Hermann, Robert Mohl, Hannsen, Helferich, Schütz, Kosegarten, Wirth, etc., constituyen una rica mina de la que esperamos extraer mucha información valiosa. Tampoco descuidaremos las producciones originales de J. Moser, el Franklin de Alemania, ni las pintorescas, pero a veces impactantes, ideas de Adam Müller. Por último, nuestro erudito amigo, el profesor Stein de Viena, nos brindará la oportunidad de mostrar el mérito de importantes y extensas obras, animadas por el espíritu filosófico. Por ahora, debemos limitarnos a una visión de la aplicación del método histórico a la Economía Política.

[pág. 033]

Existe un prejuicio bastante extendido contra este orden de obras, recuerdo de la antigua pugna entre Thibaut y Savigny, que inclina a suponer que la escuela histórica se inclina hacia las doctrinas políticas del pasado y es hostil al espíritu liberal de los tiempos modernos. Nada más lejos de la realidad. Los nombres de Roscher, Knies y Hildebrand bastan para disipar este prejuicio. Sus obras, inspiradas por un profundo amor al progreso, no permiten tal interpretación errónea. El punto de vista histórico no consiste en venerar el pasado, ni en menospreciar el presente. No considera la sucesión de fenómenos como una fluctuación de acontecimientos sin unidad ni propósito. Al contrario, el método histórico armoniza a la perfección con las necesidades del progreso genuino. Los cambios logrados dan testimonio del poder libre y creativo del hombre, actuando dentro de los límites que le permiten los grados de inteligencia alcanzados, del desarrollo de la moral y de la libertad individual. La filosofía de la Economía Política, resultado de esta serena enseñanza, libre de las pasiones partidistas —pues la ciencia no reconoce ninguna adhesión partidista—, es como la del derecho, opuesta a los sueños, más o menos ingeniosos o temerarios, que reconstruyen el mundo en el pensamiento. Al mostrar cómo, en todos los tiempos, la humanidad ha comprendido y aplicado los principios que rigen la producción de riqueza, puede decir, con el jurisconsulto romano: «Justitiam namque colimus... æquum ab iniquo separantes... veram nisi fallor philosophiam, non simulatam affectantes». «La mente humana —dice Rossi—, esforzándose por alcanzar el conocimiento de sí misma, estimando su fuerza, adoptando un método y aplicándolo con conciencia de su modo de proceder al conocimiento de todas las cosas; tal es la filosofía. Sin ella, no hay ciencia en ninguna rama del conocimiento humano». Así, con la ayuda de una mente crítica, mediante una investigación cuidadosa y gran sagacidad, llegamos a las verdades fundadas en las observaciones realizadas.

[pág. 034]

IX.

Existe otro método que, partiendo de principios evidentes por sí mismos, desarrolla la ciencia mediante conclusiones extraídas, a la manera de los geómetras. La aparente severidad y simplicidad de este método resultan muy seductoras y peligrosas cuando no se trata de cifras, sino de personas; cuando las variadas, complejas y delicadas exigencias que se acumulan al entrar en juego la naturaleza humana no encajan exactamente con la fórmula; y cuando, en lugar de tratar con abstracciones, debemos abordar realidades. Uno de nuestros venerados maestros, el ilustre Rossi, creyó que podría eliminar la dificultad estableciendo una distinción entre la Economía Política pura y la Economía Política aplicada . No sin cierta vacilación nos atrevemos a discrepar de tan alta autoridad; pero debemos confesar que esta distinción dista mucho de satisfacernos. La duda que ha dejado en nuestra mente ha sido la principal causa que nos ha inclinado hacia el método histórico. «La Economía Política Racional», dice Rossi, «es la ciencia que investiga la naturaleza, las causas y el movimiento de la riqueza, basándose en los hechos generales y constantes de la naturaleza humana y del mundo exterior. En la Economía Política aplicada, la ciencia se toma como medio. Se tienen en cuenta los hechos externos. La nacionalidad, el tiempo y el lugar desempeñan un papel importante».

Aceptemos por un momento estas definiciones; ¿cuál es la consecuencia? Que existen dos ciencias, una de las cuales, puramente especulativa, tiene más que ver con la filosofía que con los conflictos permanentes que agitan al mundo; la otra no podría, por sí sola, proporcionarnos reglas prácticas ni un formulario para las medidas a tomar en un caso dado, ya que tal pretensión sería vana y ridícula, pero sí informaría el juicio práctico de los hombres encargados de resolver las innumerables y complejas cuestiones que surgen a diario. Si la ciencia pura se niega a interferir en los asuntos de este mundo; si, como dicen los eruditos, [pág. 035]El creador de la doctrina que ahora consideramos nos da a entender que comprometería la solución de las cuestiones por la embriaguez de la lógica y la ambición de un sistema perfecto. Si, en consecuencia, ha de ser venerada como una divinidad inmóvil e inactiva, ¿cómo podría bastarnos esta satisfacción platónica? ¿No estarían los oponentes de las doctrinas económicas dispuestos a reconocer todos los principios, siempre que las consecuencias que de ellos se deduzcan se dejaran a su criterio? ¿Y no acudirían a nosotros, repletos de argumentos extraídos de las circunstancias de nacionalidad, tiempo y espacio, para refutar la posibilidad de aplicar la ciencia pura?

On ne vaincra jamais les Romains que dans Rome.

Este es, por lo tanto, el terreno que debemos explorar. Debemos desarrollar una Economía Política aplicada que tenga en cuenta las circunstancias externas. Para ello, nadie cuestionará que el mejor y más decisivo de los métodos es el histórico, que se ocupa del tiempo, el espacio y la nacionalidad, y que conduce a una reforma adecuada donde se requiere.

Además, los principios no se establecerán con menos firmeza por inducción histórica que por deducción dogmática, y, además, la ciencia será inseparable del arte. No somos de los que niegan los principios ni los cuestionan. Lo que deseamos es que no sean venerados como fetiches, sino que formen parte de la esencia misma de las naciones.

Además: las deducciones abstractas de la ciencia pura no nos dejan sin inquietud, ya que tratan al hombre mucho más como una fuerza material que como una fuerza moral. Bajo el vigoroso procedimiento de las matemáticas especulativas, el hombre se convierte en una cantidad constante para todos los tiempos y todos los países, mientras que, en realidad, es una cantidad variable. Todos los elementos puestos en juego son entidades ideales, cuyo reverso encontramos en la poesía, donde

¡Tout prend un corps, une ame, un esprit, un visage!

y donde todo pierde el carácter de vida y se transforma en unidades inanimadas. El hombre es algo diferente de [pág. 036]La suma de los servicios que se le puede obligar a prestar y la suma de los placeres que se le pueden procurar. No debemos correr el riesgo de rebajarlo al nivel de una herramienta viviente; y desde el momento en que se nos exige tener en cuenta su destino moral, ¿qué sucede con el cálculo abstracto?

INCÓGNITA.

Nos hemos equivocado, dice Rossi, al reprochar a Quesnay su famoso laissez faire, laissez passer , que es pura ciencia. Nosotros también opinamos que el reproche era infundado, pues provenía de una concepción errónea del principio mismo. Pero nos parece que, lejos de condenar esta doctrina en su aplicación seria, el método histórico puede servir para explicarla y justificarla. Al emplear menos rigidez y sequedad en la forma, alcanza consecuencias más acordes con la vida social. Pero no es de extrañar que no encontremos de esta manera muchos precedentes antiguos y gloriosos. Los grandes principios de la libertad industrial, así como los de la libertad comercial, se originaron en Francia. Forbonnais tenía razón cuando dijo: «Podemos felicitarnos de poder encontrar, en nuestros viejos libros y ordenanzas, con qué reivindicar nuestro derecho a esa luz que generalmente suponíamos que había sido revelada a los ingleses y holandeses antes que nosotros». Cuanto más profundizaba Forbonnais en sus investigaciones en nuestros anales, mayor era el número de rastros de oposición a los prejuicios en favor de la exclusión y del monopolio, hasta hace poco considerados principios de la política administrativa. 41

El famoso axioma del laissez faire y del laissez passer , cuyas tendencias subversivas se pretenden condenar, no fue inventado por Quesnay. Solo le dio un sentido científico a la inspiración de un comerciante llamado Legendre. Este último, consultado por Colbert sobre la mejor manera de proteger... [pág. 037]comercio, dejó caer estas palabras que desde entonces se han vuelto tan célebres.

No debemos perder de vista su verdadero significado ni malinterpretar la intención que los dictó. Quesnay dijo: «Dejen en paz todo lo que sea perjudicial, no para las buenas costumbres, ni para la libertad, ni para la propiedad, ni para la seguridad personal. Permitan que se venda todo lo que se haya producido sin delito». Y añadió: «Solo la libertad juzga con acierto; solo la competencia nunca vende demasiado caro y siempre paga un precio razonable y legítimo». Lejos de ser la ausencia de regla, la libertad es la regla misma. Dejar hacer el bien es prevenir el mal. 42

Se necesitan instituciones que completen el ejercicio de la independencia adquirida por el trabajo, y leyes que regulen dicho ejercicio. El laissez-faire y el laissez-passer de los economistas no se asemejan en nada a la fórmula absoluta que algunos han denunciado y otros han intentado utilizar, como exoneración de toda preocupación e intervención a la autoridad.

Para comprender correctamente esta máxima, debemos remontarnos al régimen opresivo de la sociedad antigua. La fórmula de Quesnay fue, ante todo, una protesta contra las restricciones que obstaculizaban el libre desarrollo del trabajo. Pero no pretendía abolir el cargo de legislador ni privar a la sociedad ni al individuo del apoyo del poder público que vela por el cumplimiento de nuestro destino.

Puede haber parecido conveniente encontrar en la gravedad de un principio político-económico una excusa para las dulzuras del far niente legislativo y administrativo , pero generalmente se admite que el papel de la autoridad ha crecido, en lugar de disminuir, bajo el régimen de la libertad laboral. La tarea es, en nuestros días, difícil, tanto para los individuos como para las naciones; pues la libertad dispensa sus favores solo a las virtudes masculinas de un pueblo laborioso e ilustrado.

La libertad no es licencia. Se niega a doblegarse bajo el yugo, [pág. 038]pero se somete a la regla. La misión de la autoridad no es constreñir, sino aconsejar; no mandar, sino ayudar a lograr; no absorber la actividad individual, sino desarrollarla. No pretende suscitar una indiferencia conveniente por parte del gobierno, ni la retirada indolente de toda influencia protectora a la dignidad de un principio. Decir, por otro lado, que el laisser faire y el laisser passer de los economistas significa: dejar el robo en paz; dejar el fraude en paz, etc., es divertirse jugando con las palabras y argumentar de una manera indigna de cualquier respuesta seria. Con el pretexto de pintar un retrato de la doctrina económica, se nos da su caricatura. Tal nunca ha sido el sistema, a cuya elaboración se han dedicado los corazones más puros y los intelectos más nobles. Una negación no constituye la ciencia de la Economía Política.

Es muy conveniente encerrar a la humanidad en un círculo de acción, trazado con rigurosa precisión, y gobernar los movimientos previstos. Pero tales concepciones artificiales mutilan la actividad humana. Garantizar al hombre toda la libertad e impedir su abuso: tales son los datos del problema. La tarea es grande y difícil. Lejos de ceder en elevación a los sistemas ideales, los supera en extensión y variedad de combinaciones. Quienes ignoran su alcance ceden, quizás, a cierta indolencia intelectual. Restringido dentro de sus límites naturales, el famoso laisser faire y laisser passer de los Fisiócrates merece aún hoy nuestro respeto y nuestra confianza. Debe conservarse en la memoria agradecida de los hombres, junto con la máxima que Quesnay logró imprimir en Versalles, de mano del propio Luis XV: «Pauvres paysans, pauvre royaume; pauvre royaume, pauvre souverain». 43

[pág. 039]

XI.

Para volver a la cuestión del método, Rossi empleó un ingenioso ejemplo para explicar su pensamiento: 44 “¿Son” , pregunta, “estas deducciones [de la ciencia pura] perfectamente legítimas? ¿Son siempre ciertas estas consecuencias? Es incontestablemente cierto que un proyectil, disparado en cierto ángulo, describirá cierta curva; esta es una verdad matemática. Es igualmente cierto que la resistencia que ofrece el medio por el que se mueve modifica el resultado especulativo en la práctica, hasta cierto punto; esta es una verdad de observación. ¿Es falsa la deducción matemática? De ninguna manera; pero supone un vacío. Me apresuro a reconocerlo. La economía especulativa también ignora ciertos hechos y deja de lado ciertas resistencias”. Ahora bien, desde el momento en que nos ocupamos de los intereses humanos, no es posible suponer un vacío, ignorar los hechos más vulgares y los ejemplos más comunes de resistencia, ni perderse en la abstracción. Los correctivos de la Economía Política aplicada no pueden eliminar este pecado original, o corren el grave peligro de encubrir los principios mismos. En balística, además, podemos medir la resistencia que el medio en el que nos vemos obligados a operar hace que la fuerza de impulso y el objetivo obedezcan a la misma ley y cedan al mismo proceso de cálculo. Pero ¿es así cuando se toca la parte más íntima y sensible del hombre? ¿No existe el peligro de que las hipótesis sean engañosas y de que se nos acuse de trabajar en el vacío? Conocemos bien la sólida razón que puede oponerse a este sarcasmo; pero ¿es conveniente exponerse a él?

Además, las consecuencias no son lo suficientemente graves como para justificar que nos expongamos al peligro. Los principios de la ciencia pura son muy escasos. Incluso podrían reducirse fácilmente a uno, del cual M. Cousin ha sido elocuente. [pág. 040]Intérprete: la libertad humana. Esta libertad no necesita de la Economía Política para brillar con el lustre de la evidencia; nada puede prevalecer contra ella. Podemos demostrar que es tan fecunda como respetable; pero si la ciencia de la riqueza intentara demostrar lo contrario, las bases primordiales de la sociedad, la libertad, la propiedad y la familia no serían menos sagradas ni menos necesarias, pues son un derecho de la humanidad. No podrían ser ignoradas, ni siquiera bajo el pretexto de cualquier mecanismo que pretendiera producir más. 45 Estos principios soberanos de la economía emanan de la ley moral, y no tienen por qué temer el poder de los hechos, pues la prosperidad de las naciones depende del respeto que las rodea y de las garantías que las protegen.

Hemos hablado de la ley moral; y, de hecho, en nuestra opinión, es imposible desterrarla del ámbito de la economía pública. Cualquier otro punto de vista nos parece demasiado estrecho. Y cuando vemos a hombres eminentes extraviarse en la búsqueda de un ideal que no tiene en cuenta el alma humana y que solo encuentra ecuaciones donde hay sentimientos e ideas, no podemos evitar pensar que son infieles al pensamiento del fundador de la ciencia, Adam Smith. El hombre no es simplemente una máquina. No se somete ciegamente a los impulsos externos. Es él mismo, el mayor de los impulsos. Pero para gobernar las cosas, primero debe aprender a dominarse a sí mismo. El interés personal es el poderoso motivo al que obedece. El hombre no vive solo, aislado, en el mundo. Væ soli! Vive en sociedad y se beneficia de las relaciones que establece con otros seres, inteligentes como él, y por los que siente una simpatía natural.

El bien que les llega le produce satisfacción, y el mal que les acontece le recae igualmente. No puede volver la espalda por completo a su propia personalidad. Además de su propio interés, siente y comparte otro interés: el interés de todos. El interés personal es perfectamente legítimo. El amor a uno mismo no puede... [pág. 041]Ser condenado. El Salvador mismo nos ha ordenado amar al prójimo como a nosotros mismos. Amarlo más que a nosotros mismos es una virtud muy alta y hermosa. Es la abnegación que inspiró a los héroes cristianos. Pero el heroísmo es poco común y no puede imponerse ni tomarse como norma. El interés personal es un poderoso estímulo, y la armonía superior de las relaciones sociales lo hace contribuir al bien común.

Lo que debe condenarse es una desviación fatal de este sentimiento que destruye su efecto y limita sus acciones. Lo que debemos evitar es la degeneración del interés personal en un egoísmo que agota, en lugar de nutrir, y que compromete el futuro por la búsqueda exclusiva del beneficio presente; pues el egoísmo es miope. Por otro lado, el sentimiento más amplio y generoso que nos inclina a compadecernos de nuestros semejantes en sus penas y a unir nuestro destino al suyo; es decir, el sentimiento del interés general, también tiene un límite.

Sería falsa si absorbiera al individuo; si destruyera la fuerza motriz más poderosa secando la fuente abundante de actividad; si atacara la energía moral enervando la responsabilidad; si ampliara el círculo de resultados obtenidos hasta tal punto que casi nadie sintiera el rebote.

El mal que produce el egoísmo, esa triste parodia del interés personal, se manifiesta bajo una forma igualmente formidable cuando el interés general se manifiesta en el comunismo. La cooperación entre el interés personal y el interés general es siempre necesaria, tanto para el beneficio individual como para el beneficio social. Existe tanto peligro en aniquilar al individuo como en exaltarlo. La historia nos proporciona ejemplos memorables de ello. No nos permite extraviarnos en los estrechos caminos de una personalidad irritable y celosa, ni perdernos en el vago laberinto de un comunismo quimérico y falso. Este último destruiría lo que constituye el poder y la dignidad del hombre. Borraría los rasgos más prominentes de su noble naturaleza, destruyendo el sostén de la energía y la actividad, y el alimento de la fuerza moral.

[pág. 042]

XII.

Pero, se nos dice, la Economía Política es solo la ciencia del egoísmo; Adam Smith es el profeta del individualismo; enriquecerse per fas et nefas es su enseñanza fundamental. Tal juicio evidencia mucha frivolidad y poca ilustración. ¿Cómo podría el hombre que concibió el estudio de los intereses humanos a tan gran escala, el filósofo que reconoció a Hutcheson como su maestro y dio a sus ideas un carácter aún más expansivo, ser el apóstol del egoísmo; y cómo puede la ciencia que fundó ser su evangelio? Aquí hay un error de hecho y un defecto de apreciación. Hutcheson había basado la filosofía moral en el sentimiento que, según él, engendraba todas las demás virtudes, en la benevolencia, que es desinteresada, ocupada con el bienestar ajeno, con el bien público y el interés general. Adam Smith fue más allá y buscó basarla en un sentimiento aún más enérgico, en la compasión.

La primera frase de su Teoría de los Sentimientos Morales, que constituye un resumen completo de su teoría, dice así: «Por muy egoísta que se considere al hombre, existen evidentemente principios en su naturaleza que le interesan la fortuna ajena y hacen que su felicidad le sea necesaria, aunque no derive nada de ella, salvo el placer de verla». Y esta no es una declaración vacía de su parte. Es la idea que, de todas las que aparecen en su libro, le resulta más cercana; y por ello, ataca enérgicamente a aquellos filósofos que consideran el amor propio y sus refinamientos como la causa universal de todos nuestros sentimientos, y que intentan explicar la compasión por medio del amor propio.

La Rochefoucauld, Mandeville y Helvetius nunca se encontraron con un adversario más decidido y enérgico. En ninguna parte se han encontrado virtudes dulces y amables, como la condescendencia ingenua, la humanidad indulgente, y las virtudes respetables y severas, como el desinterés y el autocontrol, que someten nuestros movimientos a las exigencias de la dignidad de nuestra... [pág. 043]La naturaleza, mejor comprendida o interpretada. Adam Smith es el filósofo de la compasión. 46 Su teoría triunfa sobre el egoísmo cobarde y vergonzoso que concentra la vida moral del individuo en sí mismo y la separa de la vida de la raza humana, del estoicismo ultraderechista que rechaza la ayuda del sentimiento a la razón. 47 Según él, la ley de la moral privada es la compasión; la ley de la jurisprudencia natural, la justicia; la ley de la producción de riqueza, el trabajo libre. Pero si bien defendió este principio con energía, no se hizo culpable de una verdadera retractación al adorar al ídolo que acababa de derribar. Habría sido culpable de la más extraña de todas las contradicciones si hubiera hecho del vicio que acababa de lacerar el eje mismo de otra parte de su enseñanza.

Lamentamos que este ensayo, que ya ha excedido con creces los límites que le asignamos al principio, no nos permita reproducir aquí la hermosa demostración de Knies, en la que con tanta erudición y elocuencia reivindica a Adam Smith de esta extraña imputación, colocando así la Economía Política sobre su verdadera base, la base de la moral, eliminando decisivamente todo pretexto de error y todo subterfugio. Esta parte es uno de los puntos fuertes de su excelente obra sobre “Economía Política, desde el punto de vista histórico”. Volveremos sobre este tema.

XIII.

¿De qué no se ha acusado a los economistas políticos? Se les ha acusado, sobre todo, de frialdad y crueldad, y la sentencia dictada contra ellos se ha resumido en estas palabras: "¡La Economía Política no tiene entrañas!" . En efecto, el representante de la ciencia, quien ha sido más atacado y presentado como la imagen de la insensibilidad impasible; sobre quien se han prodigado los ultrajes más sangrientos, [pág. 044]Es Malthus. Escuchémoslo. Nos dice en su obra sobre Economía Política que si un país no tuviera otro medio para enriquecerse que buscar el éxito en la lucha con otros países, a costa de una reducción de los salarios, diría sin vacilar: «¡Fuera con tanta riqueza!»; que es muy deseable que las clases trabajadoras estén bien remuneradas, y esto por una razón mucho más importante que todas las consideraciones relacionadas con la riqueza; es decir, la felicidad de la gran masa de la sociedad. Y continúa diciendo que no conoce nada más detestable que la idea de condenar a sabiendas a las clases trabajadoras a cubrirse de harapos, a alojarse en chozas miserables, para que podamos vender algunas telas y calicós más a países extranjeros. Es cierto que ningún defensor, por muy decidido que sea, de las clases trabajadoras ha dicho nada más contundente o profundo. La razón es que nada era más ajeno a las ideas de Malthus que la rigidez sistemática de las teorías matemáticas de la riqueza. Que, ministro del Evangelio, había meditado sobre sus altos preceptos. Toda su doctrina se basa en la idea moral. «Estaba profundamente convencido de que existen principios en la Economía Política que solo son verdaderos en la medida en que se limitan a ciertos límites. Veía la principal dificultad de la ciencia en la frecuente combinación de causas complejas, en la acción y reacción de las causas entre sí, y en la necesidad de establecer límites o excepciones a un gran número de proposiciones importantes». Aquí siempre volvemos al terreno ondulante de la ciencia viva, en lugar de tener que seguir el camino rectilíneo trazado por la letra muerta. Siempre nos vemos obligados a retroceder, por mucho que se pretenda lo contrario, a las realidades cuyo secreto solo la historia posee. La idea de riqueza no puede abarcarlo todo cuando se trata de juzgar e ilustrar a los hombres. Para ello, es necesario conocer las diversas fases de la economía social y lo que las naciones han concebido sobre los intereses económicos. [pág. 045]que nunca han dejado de interesarles mucho, lo que han intentado y lo que han conseguido.

Por lo tanto, debemos pasar página del libro del pasado y estudiar su aspecto económico, como hemos estudiado su aspecto político y literario. Debemos seguir a las naciones vivas a través de sus diversos períodos de desarrollo y comprender las causas de la destrucción de las que han desaparecido. Al abordar el estudio comparativo de los destinos económicos de las naciones, nuestras investigaciones se limitan a un pequeño número de naciones individuales; una razón más para no omitir ninguna y, sobre todo, para escudriñar, como lo haría un anatomista con su bisturí, el principio de vida de las que ya no existen. Podemos, al darnos cuenta de la inmensa variedad de fenómenos que se revelan mediante la aplicación de principios a los hechos, y en los que nada es absoluto ni permanente, sino que, por el contrario, todo es relativo y sucesivo, adquirir esa seguridad de tacto y precisión de visión que se encuentran entre las conquistas más valiosas de la ciencia.

Sería un error suponer que la teoría simplifica las soluciones prácticas. Lejos de proporcionarnos una especie de fórmula, nos enseña a identificar diversas dificultades. Saca a la luz los múltiples aspectos y las consideraciones fértiles y variadas, cuyo examen es la misión del verdadero estadista y legislador. De esta manera, la acción del pensamiento y el poder de la idea moral se revelan con la mayor brillantez . El hombre deja de ser un elemento inerte y se manifiesta como un ser sensible, y el sublime pensamiento de Pascal: «La humanidad es como un hombre que vive y aprende siempre», se confirma con el resultado. Sería vano y temerario intentar realizar el deseo de abdicar violentamente del pasado. Las lecciones que nos transmite son tan instructivas como atractiva es la imagen que despliega ante nuestros ojos. Ya no nos queda más que ver y oír, para curarnos de la más generosa impaciencia con lo existente y para retirarnos de los intentos más peligrosos.

[pág. 046]

XIV.

El testimonio invariable de siglos afirma la continua y gradual mejora del hombre gracias a la energía individual y el pensamiento moral. La necesidad y el sufrimiento lo han impulsado a progresar. La previsión, el trabajo, el sacrificio y la virtud lo han redimido en parte. Ningún derecho ha sido menoscabado ni usurpado, y cada paso en la civilización ha sido un paso en el camino hacia la libertad. En lugar de responsabilizar a esta última de una miseria material y moral que está llamada a remediar, podemos demostrar que, a medida que aumentan la libertad real y las garantías legales, el mal disminuye.

No queremos ceder a un optimismo conveniente ni negar los sufrimientos que agobian demasiado al mundo. Estamos lejos de haber alcanzado el fin asignado a nuestros esfuerzos; pero no permitamos que la esperanza que albergamos de un mayor progreso nos ciegue ante lo que ya se ha logrado. Esto último nos muestra que vamos por buen camino y que no hemos actuado imprudentemente al dar rienda suelta a las facultades humanas. Los cambios repentinos solo se producen en escenarios. En el mundo real, la marcha del progreso es lenta y laboriosa. Puede acelerarse con un golpe de suerte, pero sería vano intentar apresurarlo.

El hombre aún sufre. Nadie desea negar el mal, solo estimar su magnitud. Sin embargo, es innegable que su imperio fatal se está reduciendo en lugar de expandirse. Es especialmente el progreso alcanzado en las regiones superiores del intelecto y de los sentimientos lo que aquí ejerce su influencia benéfica. De nuestra grandeza moral depende nuestro poder material. La elevación o degradación del carácter, la energía o debilidad de la voluntad: tal es la fuente primera del bien o del mal. El mundo, como bien dice Chalmers, está constituido de tal manera que seríamos materialmente felices si fuéramos moralmente buenos.

El progreso industrial contribuye, como hemos dicho, a la perfección moral. No es la fuente de esa perfección, sino su instrumento; [pág. 047]Pues la ignorancia y la miseria, sus acompañantes habituales, son malos consejeros. La Economía Política muestra cómo se multiplican los bienes de este mundo. Muestra cómo la modesta comodidad puede generalizarse, impulsando así todas las nobles virtudes sin despertar una pasión ciega por las riquezas. Enseña moderación en lugar de fomentar la codicia, y no contradice las sublimes palabras de San Agustín: «La familia humana, viviendo por la fe, usa los bienes de la tierra como extraños, no para ser cautivada por ellos ni apartada de la meta a la que tienden, que es Dios, sino para encontrar en ellos un apoyo que, lejos de agravar, aligera la carga de este cuerpo perecedero que oprime el alma».

XV.

Visto desde abajo, todo diverge. Visto desde arriba, todo se une y se combina. Uno de los grandes méritos del método histórico es que eleva el punto de observación y brinda al observador el apoyo de la tradición y el buen sentido, ese maestro de la vida; que evita el divorcio entre diferentes ramas del conocimiento del mismo orden, que constituyen una sola familia intelectual, que no hay posibilidad de confundir, y que sería peligroso aislar.

Aristóteles, ese genio universal, descubrió la Economía Política, y fue el método histórico el que se la reveló. Cabe añadir que el gran filósofo solo había visto una fase de esta ciencia, la crematística, y que sus ideas aquí llevan la impronta de la época en que vivió. Aristóteles, sin embargo, distinguió esta ciencia de todas las demás y de la economía doméstica, tan afín a ella. Sin duda, no fundó el estudio moderno de la Economía Política, pero su profundo intelecto le dio un presentimiento de ella.

El honor de producir simultáneamente a Adam Smith, Quesnay y Turgot corresponde al siglo XVIII. Fue en el [pág. 048]Fue en el curso de filosofía de Glasgow donde este estudio encontró un lugar definido. El ilustre fundador de la Economía Política no contempló disolver la antigua alianza entre esta y las ciencias morales, la historia, la filosofía, la jurisprudencia y las bellas letras, todas ellas exploradas y estudiadas a fondo. Que quienes ambicionen seguir, aunque sea a distancia, los pasos de Adam Smith no olviden cuál fue la cuna del noble estudio al que han consagrado su intelecto.

L. WOLOWSKI.

[pág. 051]


Introducción.

Capítulo I.

Ideas fundamentales.

Sección I

Bienes-Deseos.

El punto de partida, así como el punto objeto de nuestra ciencia, es el Hombre. 49

Todo hombre tiene innumerables necesidades, físicas e intelectuales. 50 51 Las necesidades son necesidades, decencias ( Anstandsbedürfnisse ) o lujos. La insatisfacción de las necesidades necesarias causa enfermedad o muerte; la de las necesidades de decencia pone en peligro la propia... [pág. 052]Posición social. 52 El número mucho mayor y la mayor duración de sus necesidades se encuentran entre las diferencias más notables entre el hombre y la bestia: 53 necesidades como ropa, combustible, 54 herramientas y las resultantes de su infancia mucho más prolongada; estas últimas, junto con otras causas, han contribuido en gran medida a hacer del matrimonio algo necesario y universal. Mientras que los animales inferiores no tienen necesidades, sino necesidades, y mientras su carencia agregada, incluso en la serie más larga de generaciones, no admite un aumento cualitativo, el círculo de las necesidades del hombre es susceptible de una extensión indefinida. 55 Y, de hecho, todo avance cultural realizado por el hombre se expresa en un aumento en el número y la intensidad de sus necesidades racionales. Nadie que se distinga en algo se siente impulsado a ello por una necesidad peculiar; y esta necesidad es tanto la causa como el efecto de la facultad que le es peculiar. Nadie excepto el poeta siente la necesidad de poetizar; nadie excepto el filósofo, de filosofar. En cada aspecto, intelectual o físico, en el que el hombre supera al niño, experimenta nuevas necesidades desconocidas para este. Nuestra educación consiste, principalmente, en despertar necesidades y procurar su satisfacción.

[pág. 053]

Los bienes son cualquier cosa que pueda usarse, directa o indirectamente, para la satisfacción de cualquier necesidad humana verdadera 56 o legítima, 57 y cuya utilidad, para este propósito, es reconocida. Por lo tanto, la idea de bienes es esencialmente relativa. Cada cambio en las necesidades o el conocimiento del hombre va acompañado de un cambio rápido y correspondiente, ya sea en los límites del círculo 58 de bienes, o en su importancia relativa. Así, la planta del tabaco probablemente ha existido durante miles de años. Sin embargo, se convirtió en bienes solo desde el momento en que el hombre reconoció su uso para fumar, rapé, etc., y experimentó la necesidad de ella para estos fines. De manera similar, la piedra caliza de las canteras de Solenhofen se ha convertido en bienes , de considerable importancia, solo desde la invención de la litografía; los huesos en descomposición, solo desde la del estiércol de polvo de hueso; El caucho desde aproximadamente 1825, y la gutapercha, solo desde 1844. Por otro lado, los amuletos, los filtros e incluso las reliquias, desde la decadencia de la fe en su eficacia, han perdido su calidad de bienes. Si el ingreso total de toda la humanidad se dividiera equitativamente entre todos, por una revolución repentina, los diamantes, por ejemplo, [pág. 054]Su valor disminuiría considerablemente, ya que depende, en gran medida, de las necesidades generadas por la vanidad o el deseo de eclipsar a los demás. La cerveza, el tabaco, etc., ascenderían en la escala de bienes, ya que el círculo de aquellos cuyas necesidades satisfacen se habría ampliado enormemente. En general, el avance de la civilización tiene, por sí mismo, el efecto de aumentar la cantidad y el número de bienes, aumentando así las necesidades y el conocimiento de las personas. Alcanzaríamos el ideal si todos los hombres experimentaran solo necesidades verdaderas o legítimas, pero estas completamente; si pudieran ver claramente el camino hacia su satisfacción y encontrar los medios para satisfacerlas con el esfuerzo más propicio para su desarrollo físico e intelectual. 60

Sección II.

Bienes.—Bienes económicos.

Por economía ( Wirthschaft = agricultura o administración del hogar), entendemos la actividad sistematizada del hombre para satisfacer su necesidad ( Bedarf = requisito) de bienes externos. 61 Este tratado se ocupa únicamente de los bienes económicos (fines o medios de la economía). 62 Cuanto mayor sea el avance de la civilización o la cultura humana, [pág. 055]Cuanto menos aptos son los hombres para buscar la satisfacción de sus necesidades, aislados de sus semejantes, o, en otras palabras, para llevar a cabo sus economías o explotaciones agrícolas separados unos de otros. Cuanto más numerosas sean las necesidades de los hombres y cuanto más diferentes sean sus facultades, más natural se vuelve el intercambio 63. Dado que todos los bienes derivan su carácter de bienes del hecho de que están destinados a satisfacer las necesidades humanas, la mera posibilidad de intercambio debe aumentar en gran medida la posibilidad de que las cosas se conviertan en bienes. Pensemos en el maquinista, cuyos productos solo utiliza el astrónomo, mientras que este último nunca está en condiciones de fabricarlos por sí mismo. ( Hufeland. ) El comercio es la serie de combinaciones creadas por el intercambio de servicios: “una red viva de relaciones, cuyas necesidades y servicios siempre tejen y destejen”. ( Hermann. ) Por regla general, con un avance de la civilización, aumenta el número de bienes que se convierten en bienes económicos, y el número de bienes económicos que se convierten en bienes comerciales (objetos o medios que promueven el comercio). 64 Pero esto debe considerarse un avance real solo en la medida en que lo obtenido sea superior a lo que se poseía antes, como consecuencia de la especialización de las profesiones o la mayor división del trabajo (§ 48 y siguientes). Cuando un pequeño árabe de la calle le exige dinero a un extraño por indicarle el camino, con razón lo censuramos; pero nadie encontraría [pág. 056]sería impropio que primero se capacitara para desempeñar el papel de guía y luego viviera de acuerdo con su vocación. 65

Sección III.

Bienes.—Las tres clases de bienes.

Todos los bienes económicos se dividen en tres clases:

A. Personas o servicios personales. Es totalmente repugnante al sentido de humanidad considerar la persona de un hombre en su totalidad como un instrumento destinado a satisfacer las necesidades de otro. 66 [pág. 057]Sin embargo, esto ocurre dondequiera que exista la esclavitud; en su forma más grosera, en el canibalismo. Entre las naciones civilizadas, podemos hablar, bajo este concepto, solo de los servicios o capacidades individuales de las personas; o, de hecho, del conjunto de los servicios prestados por ellas durante un tiempo determinado a voluntad, o un período breve. 67

B. Cosas , tanto muebles como inmuebles. 68

C. Relaciones con personas o cosas que con frecuencia pueden estimarse con la misma precisión que los bienes materiales. (La res incorpora [pág. 058](del derecho romano.) Solo necesito mencionar lo que se llama buena voluntad, que libremente, y en beneficio de los propios clientes, pero aún con cierta certeza, se vincula a ciertas localidades, y por la cual los taberneros, a veces, como en teatros, depósitos y clubes, pagan una renta tan enorme. 69 Cuando se vende un periódico, el comprador con frecuencia no compra nada más que las relaciones existentes entre sus trabajadores, suscriptores, etc. Gran parte del valor de una buena empresa comercial reside en la confianza que inspira a todos los que tratan con ella, evitándoles así un mundo de preocupaciones y problemas. 70 Un general puede ser de incalculable valor para un ejército que él mismo ha ayudado a organizar. En otro, o al servicio de un país que no es el suyo, podría carecer por completo de valor, incapaz de lograr nada. 71 Con el progreso de la civilización, a medida que el hombre se vuelve más social, aumenta el número de relaciones valiosas, mientras que el de monopolios legalizados suele disminuir. ( Schäffle. ) 72

[pág. 059]

Sección IV.

De valor.—Valor en uso.

El valor económico de los bienes es la importancia que poseen para los fines del hombre, considerado en su condición de objeto de economía (uso del hogar, agricultura, etc. ). 73

Desde la perspectiva de quien desea emplearlos directamente, sin duda la más antigua, el valor aparece primero como valor de uso; y aquí, según la diferencia de fines subjetivos que pretende satisfacer, podemos hablar de valor de producción o valor de disfrute; y de este último, a su vez, como valor de utilización o valor de consumo. El valor de uso de los bienes es mayor cuanto más generales y urgentes sean las necesidades que se calcula que satisfacen, y cuanto más plenas, seguras, duraderas, fáciles y placenteras son las gratificaciones. 74 Por lo tanto, rara vez es posible encontrar una expresión matemática precisa de la relación existente entre el valor de uso de diferentes bienes. 75 Así, es posible estimar el [pág. 060]el poder nutritivo de diferentes clases de bienes, el valor del trigo o del heno por ejemplo, pero no la bondad o calidad de su sabor, del atractivo de su apariencia, etc.

Pero cuanto más se acostumbran los hombres a comparar el conjunto de las necesidades humanas y el conjunto de los bienes que contribuyen a su satisfacción, como si fueran dos grandes totalidades que se funden gradualmente, más se convierte el valor de uso de los diferentes tipos de bienes, a efectos de valoración social, en un carácter fungible. 76 Si se produce o descubre un nuevo tipo de bien que satisface las mismas necesidades de forma más completa que otro, este último, aunque no haya sufrido cambios, generalmente pierde valor, especialmente si los nuevos bienes pueden producirse en cualquier cantidad deseada. Un ejemplo de ello es el cambio en el valor del pastel, la hierba de los tintoreros, por la introducción del índigo.

Las cosas presentes en cantidades mayores que las necesarias para satisfacer la necesidad que satisfacen, conservan su valor pleno en el uso, hasta el límite de esa necesidad, después de lo cual son simplemente un elemento de posible valor futuro, dependiente de un aumento de la necesidad; pero no tienen valor para el uso presente. 77

Sin embargo, la valoración económica de los bienes no se agota en absoluto, en lo que respecta al ama de casa individual aislada, en el mero establecimiento de su valor de uso. Como el esfuerzo sistemático de cada individuo racional en [pág. 061]Su administración doméstica está orientada a obtener, con un mínimo sacrificio de placer y energía, la máxima satisfacción de sus necesidades; incluso un Adán o un Crusoe, en su economía, se ve obligado a estimar no solo lo que los bienes que adquirirá (valor de uso), sino también su costo (costo-valor). Incluso el bien más indispensable, por ejemplo, el aire atmosférico, se considera sin valor cuando puede obtenerse en cantidad suficiente sin sacrificio alguno. 78

Sección V

Valor.—Valor en el intercambio.

El valor de cambio de los bienes, o la calidad que los hace intercambiables por otros bienes, se basa en una combinación de su valor de uso con su valor de costo, tal como lo hacen los hombres en sus relaciones entre sí. 79 Sin valor de uso, el valor de cambio 80 es impensable.

Pero hay muchos bienes, incluso indispensables, que no son en absoluto susceptibles de ser intercambiados; por ejemplo, la luz y el calor del sol, el mar abierto, etc. 81 Otros bienes, [pág. 062]Aunque susceptibles de intercambio, carecen de valor en el intercambio, pues existen en superabundancia y todos pueden obtenerlos sin esfuerzo ni recompensa; por ejemplo, el agua potable en la mayoría de los lugares, el hielo en invierno y la madera en el bosque primigenio. 82 Además, la idea de estos «bienes gratuitos» es en gran medida relativa. El agua de un río puede, para beber, ser un bien «gratuito» , y, sin embargo, para el riego, tener un gran valor en el intercambio. ( John Stuart Mill ).

Pero, para que los bienes adquieran valor en el cambio, es necesario que, además de su valor de uso, haya un valor que debe ser reconocido 83 por un cierto número de personas al menos, que tengan la capacidad de llegar a ser propiedad exclusiva de algún individuo, y, por tanto, de ser enajenados o transferidos; y esta enajenación o transferencia debe ser deseada a causa de la dificultad de llegar a poseerlos de cualquier otro modo. 84

[pág. 063]

Sección VI.

Valor.—Supuesta contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio.

Escritores recientes, especialmente socialistas, han aludido a la gran contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio. Sin embargo, esta contradicción se desvanece cuando se tienen en cuenta la idea de economía mencionada y las dos caras o aspectos que presenta el valor económico. Se dice, por ejemplo, que una libra de oro tiene un valor de cambio mucho mayor que una libra de hierro; mientras que el valor de uso del hierro es incomparablemente mayor que el del oro. Cuestiono [pág. 064]Esta última afirmación. Es cierto que la necesidad de hierro es mucho más universal y urgente que la de oro. Por otro lado, una libra de oro satisface la necesidad de ese metal mucho más que una libra de hierro. Podemos hablar de una contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio, como máximo, solo si la cantidad existente de un artículo en el comercio, del cual se puede prescindir, no se estima proporcionalmente inferior a la oferta total existente de un bien indispensable. Pero este es un caso que no suele ocurrir. Cuando, por ejemplo, el trigo es muy caro, como en años de escasez, la gente prefiere pagar un precio muy alto por él antes que prescindir, aunque sea parcialmente, de su uso; y, por lo tanto, de todos los artículos de primera necesidad. A medida que las personas progresan en la cultura económica, se vuelven más expertas en adaptar el valor de cambio de los bienes relacionados, no solo a su valor de costo, sino también a su valor de uso. 86 87

Cuanto más bajo es el estado de la economía de una nación, cuanto más aislados viven los hombres unos de otros, mayor es la prominencia que dan al valor de uso, en comparación con el valor de cambio, un hecho que hace que la valoración de los recursos, que será de aplicación universal, sea un asunto más difícil. 88 89 90

[pág. 065]

Sección VII.

Recursos o medios (Vermögen).

Los recursos , o medios , en el sentido en que aquí se utiliza el término, son el conjunto de bienes económicos que posee una persona física o jurídica, una vez deducidas sus deudas y sumadas todas las reclamaciones válidas y legítimas. 91 Por lo tanto, existen recursos privados, corporativos, municipales, etc., estatales, nacionales y mundiales. Al estimar los recursos de un pueblo, es necesario, por supuesto, deducir las deudas de cada miembro de la nación con sus compatriotas.

[pág. 066]

Sección VIII.

Valoración de Recursos.

A menudo se ha cuestionado si la valoración de los recursos debe basarse en el valor de uso o en el valor de intercambio de sus partes constituyentes. 92 Este último, por supuesto, carece de interés, salvo en la medida en que nos concierne la posibilidad de obtener el control de parte de los recursos o medios de otro, mediante la entrega de una parte de los propios bienes. Al estimar el valor de los recursos privados, que requieren ser objeto continuo de comercio, este punto es, por supuesto, de suma importancia. Si algunos de sus componentes, por ejemplo, las tierras pertenecientes a un fideicomiso , no pueden entrar inmediatamente en el mercado, al menos los ingresos que generan se miden por su valor de intercambio.

Es muy distinto, incluso con los recursos de toda una nación. Dichos recursos son, evidentemente, mucho más independientes y tienen mucha menos necesidad de ser intercambiados con sus iguales que los recursos privados. El comercio exterior de las naciones más grandes y avanzadas, hasta ahora, ha sido solo una pequeña parte de su comercio interior. 93 Una valoración, [pág. 067]Por lo tanto, basarse en el valor de intercambio, por muy interesante que sea para determinar cómo se reparte la propiedad entre las diferentes clases y personas que componen la nación, proporcionaría poca información sobre la magnitud absoluta de la riqueza nacional. Esto, por supuesto, se aplica en mayor medida a los recursos del mundo entero.

Si ahora calculáramos los recursos de un pueblo entero, o incluso del mundo, sumando el valor de intercambio de sus componentes, muchos elementos muy importantes quedarían completamente fuera de la cuenta; como por ejemplo, puertos, ríos navegables, innumerables relaciones que, de hecho, carecen de valor de intercambio, pero que son de suma importancia porque impulsan la economía de la nación. Lo mismo puede decirse de las carreteras construidas de cualquier tipo, cuyo valor político-económico puede ser mucho mayor que el valor de intercambio de sus existencias, que su costo de producción, etc. El aumento del valor de intercambio de cualquiera de las ramas de los recursos de una persona física o jurídica contribuye al enriquecimiento real de la nación o del mundo, solo si dicho aumento se basa en una mayor utilidad en calidad o cantidad. Si un terremoto secara repentinamente varios de nuestros manantiales, y así se diera valor de intercambio al agua potable de los restantes, asistiríamos, de hecho, a la introducción de un nuevo objeto en la lista de bienes de intercambio. Los propietarios de manantiales podrían disponer de una mayor porción de los recursos nacionales, pero a expensas del resto de la población; y todo el país se habría empobrecido en bienes debido a la catástrofe. Ni siquiera el valor de intercambio de los recursos nacionales aumentaría; pues todos los demás bienes, que hasta entonces, en comparación con el agua, tenían una capacidad ilimitada de intercambio, perderían tanta de esa capacidad como la había ganado el agua. 94 Por otro lado, si se desarrollara un nuevo mineral [pág. 068]Si se descubriera un manantial cuyo gran valor en uso le diera valor en el intercambio, los recursos de la nación aumentarían realmente, no sólo en términos de utilidad, sino en valor de cambio; porque ningún otro bien, anteriormente conocido, perdería, como consecuencia del descubrimiento, su poder de cambio. 95

Sección IX.

Poder.

La posesión de grandes recursos, también potencialmente duraderos; objetivamente, a estos recursos en sí mismos los llamamos riqueza. Pero debe ser grande en un doble sentido: grande en comparación con las necesidades racionales de su poseedor, y grande, también, en comparación con los recursos de otras personas, especialmente con los recursos de quienes se encuentran en la misma condición de vida. Para ser llamado rico, no basta con tener suficiente (el aspecto individual); es necesario tener más que otros. 96 Si todos los hombres poseyeran [pág. 069]De mucho, pero todos de una cantidad exactamente igual, cada uno se vería obligado, cabe conjeturar, a ser su propio deshollinador, su propio recolector de basura y su propio "limpiabotas". ¿Y cómo podría alguien, entonces, ser considerado propiamente rico? Este es el aspecto social de la idea de riqueza. 97 Por lo tanto, una persona con los mismos recursos podría ser muy rica en una ciudad de provincias, mientras que en la capital solo podría disfrutar de una comodidad moderada. 98

[pág. 070]

Sección X.

Riqueza.—Señales de riqueza nacional.

Tendríamos una idea muy imperfecta de la riqueza de un pueblo (§ 8 ) si la estimáramos en su valor de cambio. [pág. 071]De la suma total de los componentes de los recursos nacionales. Sin embargo, mediante los siguientes signos, se puede obtener una noción aproximada del valor en uso de los recursos de una nación:

A. Cuando, incluso las clases bajas, que constituyen en todas partes la mayor parte de la población, se encuentran cómodas, en una condición digna de seres humanos. Así, C. Dupin se sorprende de las grandes cantidades de carne, mantequilla, queso y té ingresadas en las cuentas de las casas de pobres de Inglaterra, y de la gran [pág. 072]se procurará que sean de la mejor calidad. 100 Un buen síntoma de tal estado de cosas es la elevada duración media de la vida humana, especialmente cuando hay un número relativamente grande de nacimientos. (§ 246.)

B. Cuando un desembolso considerable, destinado a la satisfacción de las necesidades más refinadas, se realiza voluntariamente, y solo por quienes poseen un sentido económico adecuado. Así, en Inglaterra, las diversas sociedades misioneras, bíblicas y de folletos tuvieron, en 1841, unos ingresos totales de 630.000 libras esterlinas. Las expediciones en busca de Franklin costaron más de un millón de libras esterlinas. El gasto estatal también pertenece a esta categoría, siempre que se recauden impuestos y se obtengan préstamos sin ninguna opresión notable. La suma de 20.000.000 de libras esterlinas, votada en 1833 por el Parlamento británico para la abolición de la esclavitud, es uno de los signos más afortunados de la riqueza nacional de Inglaterra. 101

C. Una gran cantidad de edificios valiosos y mejoras permanentes; por ejemplo, carreteras de todo tipo, obras de riego y drenaje. Así, en Londres, de septiembre de 1843 a septiembre de 1845, se construyeron plazas y calles con una longitud total de 11,1 millas geográficas. El número de casas de nueva construcción en Londres, entre 1843 y 1847, fue de casi 27.000. Así, en Inglaterra y Gales hay 492 millas geográficas de canales navegables, mientras que se estima que sus ríos navegables tienen una longitud de tan solo 449 millas. El número de millas de ferrocarril en el Imperio Británico, en 1865, fue de 2.897 millas geográficas, con un coste de 459 millones de libras; en 1870, fue de 3.270 millas geográficas, con un coste total de 650 millones de libras esterlinas.

D. La frecuente ocurrencia de pagos comerciales cuantiosos, que se expresa especialmente en la magnitud y el alto costo del medio de cambio más común. Así, todos los pagos se realizan en Inglaterra en papel moneda (por sumas de al menos cinco [pág. 073]libras esterlinas) o en monedas de oro. La plata se usa solo como cambio, como el cobre en la mayoría de los demás países. ( Infra , § 118 , ss.) 102

E. Préstamos frecuentes a naciones extranjeras. Por lo tanto, Storch divide a todos los países en países prestatarios o pobres, países prestatarios o ricos, y países independientes que ocupan un lugar intermedio entre los dos primeros. 103

Sección XI.

De Economía (Ganadería).

Toda economía normal 104 (agricultura) busca asegurar el máximo beneficio personal con el mínimo costo o desembolso. 105 Y siempre hay dos incentivos intelectuales en la base de esta economía. Primero, el interés propio, cuya manifestación positiva es el esfuerzo por adquirir la mayor cantidad posible de bienes del mundo, y su expresión negativa, el esfuerzo por perder la menor cantidad posible de ellos (adquisición, ahorro). El interés propio, al perder su moral y asumir un carácter culpable, degenera en egoísmo; la adquisición, en codicia; y la disposición al ahorro, en avaricia (el solipsismo de Kant). El incentivo para mejorar la propia condición es común a todos los hombres, sin importar cuán diversos sean. [pág. 074]La forma o la intensidad de su manifestación. Nos guía a todos desde la cuna hasta la tumba. Puede estar restringido dentro de ciertos límites, pero nunca extinguido por completo. Es, en el ámbito de la economía, lo que el instinto de autoconservación es para nuestra existencia física: un poderoso principio de creación, preservación y vida renovada (I Tesalonicenses 4:11, ss.). 106 Luego está el incentivo de la demanda de la voz de Dios en nosotros, la voz de la conciencia, ya sea que la llamemos, en un esquema filosófico, «el esbozo de las ideas de equidad, derecho, benevolencia, perfección y libertad interior», o, al enmarcar nuestras vidas de acuerdo con ellas, la búsqueda del Reino de Dios. 107 No importa cuánto se haya desfigurado la imagen de Dios en la mayoría de los hombres, no hay nadie en quien el anhelo por él haya desaparecido tanto como para no dejar rastro. Esto pone límites a nuestro egoísmo y [pág. 075]lo transmuta en un medio terrenal que nos permite aproximarnos a un ideal eterno.

Así como en la estructura del mundo las tendencias aparentemente opuestas de las fuerzas centrífugas y centrípetas producen la armonía de las esferas, así también en la vida social del hombre, el interés propio y la conciencia generan en él el sentimiento del bien común. 108 Este sentimiento del interés común es la base sobre la que se alzan, en sucesivas etapas, la vida de la familia, de la comunidad, de la nación y de la humanidad, esta última de las cuales debe coincidir con la vida de la Iglesia. Solo ella puede realizar el reino de los cielos en la tierra. Solo mediante este sentimiento la religión puede hacerse activa y moral. Solo mediante él, el interés propio puede ser realmente seguro y siempre eficaz. Incluso la mente más calculadora debe reconocer que innumerables instituciones, relaciones, etc., son útiles e incluso necesarias para muchos individuos, y que solo pueden establecerse o mantenerse desde un sentido del bienestar general, porque ningún individuo podría hacer el sacrificio requerido para establecerlas o mantenerlas. Y así, dado que el comercio ha forjado los intereses de todos en una gran red, la mejor manera de satisfacer nuestras propias necesidades es ayudar a otros a satisfacer las suyas. El interés propio lleva a cada uno a elegir el camino en la vida en el que encontrará la menor competencia y el mayor apoyo; en otras palabras, el que responde a la necesidad más apremiante y menos satisfecha de la comunidad. Por regla general, el médico que cura al mayor número de pacientes con la mayor habilidad, y el fabricante que produce los mejores productos al menor precio, se convertirá en el más rico. Además, es fácil ver que, a medida que el círculo de intereses comunes se reduce, se aproxima al interés propio; y [pág. 076]al «Reino de Dios» 109 a medida que crece. Y, sin embargo, todos estos círculos se condicionan mutuamente. El cosmopolitismo o el celo eclesiástico, sin amor a la patria; el patriotismo, sin fidelidad a la comunidad en la que se vive, o amor a la familia, son más que sospechosos. Lo contrario también es cierto. Este es un vínculo fundamental entre los grandes aparentes opuestos. 110 111

[pág. 077]

Sección XII.

Economía.—Grados de Economía.

Gracias a este sentimiento por el bien común, la eterna y destructiva guerra —la bellum omnium contra omnes— que un egoísta sin escrúpulos no dejaría de generar entre hombres comprometidos en la búsqueda aislada de sus propios intereses económicos, cesa en la organización superior y bien ordenada de la sociedad. En ella se basan las diversas formas de economía en común: economía familiar, economía corporativa o asociativa. [pág. 078]economía municipal y economía nacional. 113 Y estas formas de economía en común son tan esencialmente la condición y el complemento de la economía individual, que ésta, sin ellas, o bien no podría mantenerse en absoluto, o, al menos, sólo en el estadio más bajo de la civilización.

Aunque la ciencia superior de la Economía Política se ha concebido casi siempre como el estudio de la actividad nacional agregada de un pueblo, recientemente muchos consideran que la Economía Política no es un todo real, sino solo una mera abstracción. Esto es cierto, especialmente en el caso de muchos teóricos incondicionales del librecambio, en parte debido a la repugnancia hacia la tutela gubernamental de las empresas o la economía privadas. También es cierto en el caso de ciertos filósofos que consideran la idea de «pueblo» como meramente nominal. Sin embargo , hay [pág. 079]Dos cosas son necesarias para que podamos llamar a una cosa compuesta de varias partes un todo real: las partes y el todo deben tener una acción recíproca entre sí, y el todo, como tal, debe tener una acción demostrable propia. ( Drobisch. ) En este sentido, “el pueblo” es, sin duda, un [pág. 080]La realidad, y no solo los individuos que constituyen el "pueblo". Además, se afirma con razón que toda actividad agrícola o económica presupone una voluntad ( "actividad sistematizada", etc., supra , § 2 ). Dicha voluntad se atribuye a los individuos, a las personas jurídicas, al Estado, pero no, sin embargo, al "pueblo" en su conjunto. Sin embargo, esta voluntad no tiene por qué ser completamente consciente, como se desprende del caso de los individuos menos dotados y menos cultos que se dedican a la economía doméstica. La sistematización en la economía pública de un pueblo encuentra su expresión más clara en las leyes económicas y en las instituciones del Estado. Pero también se expresa, sin la intervención del Estado, en las leyes establecidas por el uso y por las opiniones de juristas o tribunales, en la comunidad de palabras, costumbres y gustos, etc.: cosas que tienen un importante significado económico, que dependen de la naturaleza común de la tierra, de la raza y de la historia, y que influyen en el Estado, al menos tanto como son influenciadas por él. 116 117

Lo máximo que se puede decir actualmente, en lo que respecta a una economía de la humanidad o una economía mundial, es que se puede demostrar que se han realizado importantes preparativos para ello. Nos estamos acercando a ella gracias al carácter cada vez más cosmopolita de la ciencia, la creciente cooperación internacional del trabajo, la mejora de los medios de transporte, la creciente emigración, el mayor amor por la paz y la mayor tolerancia entre las naciones, etc.

[pág. 081]

Sección XIII.

Economía Política.—El organismo económico.

La idea que transmite la palabra organismo es, sin duda, una de las más oscuras de todas; y estoy tan lejos de querer explicar con esa idea el significado de la economía pública o nacional, que sólo usaría la palabra organismo como la expresión más corta y más familiar de una serie de problemas que la siguiente investigación se propone resolver.

Hay dos puntos especialmente importantes aquí. En el movimiento de cualquier máquina, es posible distinguir con la mayor precisión entre la causa y el efecto del movimiento: el viento, por ejemplo, es simple y llanamente la causa de la fricción de las piedras de molino en un molino, y no está en lo más mínimo influenciada ni condicionada por esta última. Pero, en la economía pública de cada pueblo, la reflexión paciente muestra pronto al observador que los eventos o fenómenos simultáneos más importantes se condicionan mutuamente. Así, un estado floreciente de la agricultura es imposible sin industrias florecientes; pero, a la inversa, la prosperidad de esta última supone la prosperidad de la primera como condición precedente. Es como en el cuerpo humano. Los movimientos respiratorios se producen por la acción de la médula espinal; y la médula espinal, a su vez, continúa funcionando solo a través de la sangre, es decir, [pág. 082]Con la ayuda de la respiración. En casos como este, nos vemos obligados, al explicar los fenómenos, a dar vueltas en círculo, a menos que admitamos la existencia de una vida orgánica, de la cual cada hecho individual es solo la manifestación. 119 120

Es innegable, además, que la comprensión humana del funcionamiento y la utilidad de una máquina siempre debe preceder a la existencia de la máquina misma. Esta comprensión humana es la base del plan, y el plan, a su vez, es la base de la máquina. Lo contrario ocurre en el caso de los organismos, esas «máquinas divinas», como las llamó Leibniz. Los hombres habían digerido alimentos y reproducido su especie miles de años antes de que los fisiólogos hubieran desarrollado una verdadera teoría de la digestión o la reproducción. De hecho, no pretendo, ni mucho menos, que la economía pública de las naciones esté regida por la necesidad natural, en el mismo grado que, por ejemplo, el cuerpo humano. Sin embargo, descubriremos que las pequeñas variaciones arbitrarias habituales aquí y allá en el curso de su desarrollo generalmente se compensan entre sí, de acuerdo con la ley de los grandes números. Aquí también encontramos armonías, a menudo de maravillosa belleza, que existían mucho antes de que nadie las soñara; innumerables [pág. 083]leyes naturales , 121 cuyo funcionamiento no depende de su reconocimiento por los individuos, y, sobre las cuales, sólo puede obtener poder quien ha aprendido a obedecerlas. ( Bacon ) 122 123 124 Pero [pág. 084]Nunca debe perderse de vista que las leyes naturales que rigen la economía pública de un pueblo, al igual que las de la mente humana, se distinguen en un punto esencial de las del mundo material. Se refieren a seres racionales y libres, quienes, por ser así libres y racionales, son responsables ante Dios y su conciencia, y constituyen en conjunto una especie capaz de progresar.

Sección XIV.

Origen de la economía de una nación.

La economía pública de un pueblo tiene su origen simultáneamente con el pueblo. No es invención del hombre ni revelación de Dios. Es el producto natural de las facultades y propensiones que hacen al hombre hombre. 125 Así como puede demostrarse que la familia que vive aislada de todas las demás contiene, en sí misma, los gérmenes de toda organización política, 126 también puede demostrarse que toda gestión doméstica independiente contiene los gérmenes de toda actividad político-económica. La economía pública de una nación crece con la nación. Con la nación, florece y madura. Su época de florecimiento y madurez es el período de su mayor fortaleza y, al mismo tiempo, el de su más perfecto desarrollo. [pág. 085]De todos sus órganos más importantes. 127 En cuanto a esto, puede decirse que los esfuerzos económicos de cualquier época están representados por dos grandes partidos: uno progresista y otro conservador. El primero busca acelerar el período de desarrollo más rico y variado de la nación, mientras que el segundo pospone su fin lo máximo posible; de ahí que la decadencia económica de un pueblo a veces se interprete como progreso por la primera clase, y su progreso como decadencia por la segunda. Por regla general, la unión y el equilibrio de estos partidos suelen ser máximos en la madurez, porque entonces la inteligencia y el espíritu de sacrificio por el bien común son más comunes. 128

Finalmente, la economía pública de una nación declina con el pueblo. ( Infra , § 263 y siguientes.)

Sección XV.

Enfermedades del organismo social.

Si la economía pública de un pueblo es un organismo, debemos esperar encontrar que las perturbaciones que la afectan presenten ciertas analogías con las enfermedades del cuerpo físico. Por lo tanto, podemos esperar aprender mucho que pueda ser útil en [pág. 086]Práctica, a partir de los métodos probados de la medicina. 129 En las enfermedades del cuerpo, es necesario distinguir con precisión entre la naturaleza de la enfermedad y sus síntomas externos, aunque puede ser necesario combatir estos últimos directamente, y no solo con miras a aliviarlos. Siguiendo el ejemplo del médico, deberíamos dirigir nuestra atención particularmente al método curativo que la naturaleza misma seguiría, si el arte no interviniera. «El poder curativo de la naturaleza no es un poder peculiar; es el resultado de una serie de ajustes acertados, mediante los cuales la propia perturbación mórbida pone en marcha los resortes que pueden destruir el mal o paralizar su acción. De hecho, no es más que el poder original que formó el cuerpo y preserva su vida en contacto con las causas externas de perturbación y el desorden interno provocado por estas causas». ( Ruete. )

[pág. 087]


Capítulo II.

Posición de la economía política en el círculo de las ciencias afines.

Sección XVI.

Economía Política o Nacional.

Por ciencia de la Economía Nacional, o Economía Política, entendemos la ciencia que tiene que ver con las leyes del desarrollo de la economía de una nación, o con su vida económica nacional. (Filosofía de la historia de la Economía Política, [pág. 088]Según von Mangoldt.) Como todas las ciencias políticas o ciencias de la vida nacional , se ocupa, por una parte, de la consideración del hombre individual y, por otra, extiende sus investigaciones a toda la humanidad. 131

La vida nacional, como toda la vida, es un todo, cuyos diversos fenómenos están íntimamente conectados entre sí. Por lo tanto, para comprender científicamente un aspecto de ella, es necesario conocer todos sus aspectos. Pero, especialmente, es necesario fijar la atención en los siete siguientes: lenguaje, religión, arte, ciencia, derecho, Estado y economía. 132 Sin lenguaje, toda actividad mental superior es impensable; sin religión, todo lo demás perdería su fundamento más firme y su fin supremo. Solo mediante el arte, todos estos aspectos alcanzan la belleza; solo mediante la ciencia, la claridad. El derecho surge en el momento en que los conflictos de voluntad se vuelven inevitables y se desea un ajuste. El Estado tiene que ver con ellos, en la medida en que tengan alguna fuerza o validez externa. De hecho, ninguna relación humana, ni siquiera la más elevada y gratificante, tiene sus intereses económicos. Es, por lo tanto, natural que cada una de las ciencias que se relacionan con estas diversas áreas de la vida humana presuponga, en parte, todas las demás y, en parte, sirva de base para ellas. 133

[pág. 089]

Pero en medio de esta relación universal, es fácil ver que el derecho, el Estado y la economía constituyen una familia, por así decirlo, separada y más estrechamente conectada. (Las ciencias sociales, en el sentido más estricto de la expresión).

Se limitan casi exclusivamente a lo que Schleiermacher ha llamado “acción efectiva” ( wirksame Handeln ), mientras que el arte y la ciencia pertenecen casi por completo a la “acción de representación” ( darstellenden Handeln ); y la religión y el lenguaje combinan ambos tipos. El derecho, el estado y la economía también tienen sus raíces tan profundas en la imperfección física e intelectual del hombre, que apenas podemos imaginar su continuidad más allá de su vida en la tierra (Evangelio de Mateo, 22, 30). Pero dentro de estos límites, sus diversas provincias y los temas con los que se ocupan son casi coincidentes. Solo los consideran desde diferentes puntos de vista: la ciencia de la política desde la de la soberanía; la ciencia de la economía política desde la de la satisfacción de la necesidad de bienes externos por parte del pueblo; la ciencia del derecho desde la de la prevención o el ajuste pacífico de los conflictos de voluntad. Como todo acto económico, consciente o inconscientemente, supone formas de derecho, así también, la gran mayoría de las leyes relativas a los derechos, y la mayor cantidad de sentencias en materia de derechos, contienen un elemento económico. En innumerables casos, la ciencia del derecho nos da solo el cómo externo ; el porqué más profundo nos lo revela la ciencia de la Economía Política. 134 135 Y, en cuanto al Estado, ¿quién, por ejemplo, puede apreciar... [pág. 090]¿La importancia política de una nobleza, sin comprender el carácter económico de la renta y la posesión de grandes latifundios? ¿Quién puede apreciar políticamente a las clases inferiores de la sociedad, a menos que se inicie en el conocimiento de las leyes que rigen los salarios y la población? ¡Sería mucho más fácil cultivar la psicología sin fisiología! «El Estado es la sociedad protegida por la fuerza» ( Herbart ). Hay dos bases para todo poder material: la riqueza y la capacidad bélica (χρήματα, según Tucídides); y cuánto esta última necesita de la primera queda bien expresado en el conocido dicho de Montecuccoli: «El dinero no es solo la primera , sino también la segunda y la tercera condición de la guerra».

Federico el Grande considera las finanzas el pulso del Estado, y Richelieu, el punto de apoyo que Arquímedes buscaba para impulsar el mundo. En todas las naciones modernas, la historia de los debates sobre la recaudación de ingresos y la aprobación de presupuestos es, al mismo tiempo, la historia de la vida parlamentaria; y la mayoría de las grandes revoluciones, sin exceptuar la Reforma del siglo XVI, si no causadas, han sido impulsadas por dificultades financieras.

[pág. 091]

Sección XVII.

Ciencias relativas a la vida nacional.—La ciencia de la economía pública.—La ciencia de las finanzas.

Si por economía pública de una nación entendemos la legislación económica y la guía o dirección gubernamental de la economía de personas privadas, 138 la ciencia de la economía pública se convierte, en lo que respecta a su forma, en una rama de la ciencia política, mientras que en cuanto a su materia, su objeto es casi coincidente con el de la Economía Política. De ahí que tantos autores utilicen los términos economía pública, o economía del Estado ( Staatswirthschaft ), y Economía Nacional ( Volkswirthschaft ), como sinónimos. 139 La hipótesis según la cual esta ciencia debería descartar toda consideración del Estado, o debería negarse a presuponer su formación, 140 nos conduciría a una región ideal, difícil de definir, probablemente completamente imposible e inaccesible a la experiencia.

Igualmente clara es la estrecha conexión entre la política y la Economía Política, en el caso de la ciencia financiera, o de la ciencia de la administración pública, o en el de la administración de los asuntos públicos. Esta última, evidentemente, en cuanto a su fin, pertenece a la política, pero en cuanto a los medios para alcanzarlo, a la Economía Nacional. Así como el fisiólogo no puede comprender la acción del cuerpo humano sin comprender la de la cabeza, tampoco podríamos comprender la totalidad orgánica de la economía nacional si dejáramos de lado el Estado, la mayor economía de todas, [pág. 092]aquel que actúa ininterrumpida e irresistiblemente sobre todos los demás, por consideración. 141

Por el término policía , nos referimos al poder estatal cuya función es, sin mediación, prevenir toda perturbación del orden externo entre el pueblo. 142 Puede extender su acción a todos los ámbitos de la vida nacional mencionados anteriormente, siempre que el orden externo se vea amenazado o requiera protección; pero su acción es especialmente importante en los ámbitos del derecho y la economía. Por lo tanto, la ciencia del poder policial , de todas aquellas doctrinas resultantes de la investigación de la vida nacional, abarca solo una fase de cada una de ellas; y las fases de la doctrina así abordadas las combina en un todo, con fines prácticos. Su relación con estas ciencias es similar a la de la cirugía con las ciencias médicas, o a la de la ciencia del procedimiento legal con la ciencia del derecho.

[pág. 093]

Sección XVIII.

Ciencias relativas a la vida nacional.—Estadística.

Llamamos estadística a la imagen o representación de la vida social en períodos de tiempo determinados, y especialmente en la actualidad, dibujada a escala según las leyes de desarrollo descubiertas mediante las ciencias teóricas antes mencionadas; por así decirlo, un tramo a través de la corriente. ( Schlözer las llama: historia detenida). 143 La estadística, así definida, está tan lejos de decir demasiado como de decir muy poco. Para ofrecer un cuadro completo de su objeto, la estadística debería, por supuesto, abarcar la vida de un pueblo en todos sus aspectos. Pero debería considerar dichos hechos solo como propiedad propia, cuyo significado es capaz de comprender; es decir, solo aquellos que pueden clasificarse según las leyes de desarrollo conocidas. Los datos ininteligibles se recopilan solo con la esperanza de comprender su significado en el futuro, comparándolos entre sí. Mientras tanto, son para el estadístico solo lo que los experimentos inacabados son para el investigador de la naturaleza.

Cada día gana más terreno la idea de que las estadísticas deberían ocuparse —sin limitarse, no obstante, a ellos— de los hechos presentes, de «hechos que afectan a la sociedad y al Estado, que son susceptibles de ser expresados en cifras». 144 Cuanto más engañosa sea la observación inmediata de un hecho individual y aislado, en los casos en que un gran número de datos simultáneos [pág. 094]Cuanto más se observen hechos aislados e individuales de la vida nacional, más importante es descubrir relaciones numéricas adecuadas, anotando todos los actos o experiencias similares de los hombres, el tiempo y el lugar en cuestión, y la relación del conjunto de estos fenómenos con la suma total de la población, o con la suma total de fenómenos correspondientes en otros lugares. Una vez hecho esto, y los hechos se enumeran completamente y registran correctamente, no hay peligro de error subjetivo. Y esta especie de «medición política y social», como la llama Hildebrando, puede aplicarse no solo a cantidades, sino a todas las cualidades accesibles a la observación de los sentidos; ya que las cualidades individuales o aisladas de las cosas enumeradas pueden ser a su vez objeto de enumeración. Sin duda, este método numérico es el más perfecto para todas las divisiones de la estadística en las que puede seguirse; y, por lo tanto, nuestro objetivo debe ser que el aspecto numérico de la estadística sea lo más completo posible. Pero una faceta de una ciencia no es una ciencia en sí misma. Como no existe una ciencia natural propiamente dicha llamada microscopía, que abarque todas las observaciones realizadas mediante el microscopio, se debe tener cuidado de no deducir el principio de una ciencia del instrumento principal que emplea. Siempre habrá muchos hechos importantes en la vida nacional que no puedan someterse al cálculo numérico, aunque puedan establecerse con la certeza histórica habitual. Si las estadísticas se limitaran, como se mencionó anteriormente, seguirían siendo una colección de fragmentos y, en lugar de ser una ciencia propiamente dicha, se convertirían en un método. 145

Además, es evidente que, de la estadística en general, la económica [pág. 095]La estadística constituye una parte fundamental, y precisamente la más accesible al análisis numérico. Dado que estas estadísticas económicas deben estar siempre bajo la luz de la Economía Política, también le proporcionan valiosos materiales para la continuación de su estructura y el fortalecimiento de las bases que ya posee. Son, además, la condición indispensable para la aplicación práctica de los teoremas económicos.

Sección XIX.

Economía privada. Ciencia cameralística.

El significado del término ciencia cameralística ( Cameralyssenschaft ) solo puede explicarse por la historia del sistema cameralístico. 146 Desde finales de la Edad Media, encontramos, en la mayoría de los países alemanes, una institución llamada Consejo ( Kammer ), cuya competencia era administrar el dominio público y velar por los derechos reales. Inicialmente, una mera comisión gubernamental, no tardó en convertirse en una junta independiente. Este cambio se había producido en Borgoña ya en el año 1409. Fue en ese país donde el emperador Maximiliano conoció la institución; y con la erección de los consejos áulicos en Innspruck y Viena (1498 y 1501), dio el principal impulso a su imitación en Alemania. Como, en aquella época, la división del trabajo estaba muy poco desarrollada y, en consecuencia, la autoridad personal y colegial estaba aún más desarrollada, es fácil... [pág. 096]Concebimos que gran parte de las nuevas y crecientes tareas de administración policial se confiaban a estos consejos. Se les encargaba especialmente lo que hoy se conoce como policía económica ( Wirthschaftspolizei ), y una parte importante de la administración de justicia, en sus departamentos inferiores, se encomendaba a sus subordinados. Los hombres más eminentes que escribieron sobre asuntos camerales en el siglo XVII insistieron en que era deber de los consejos áulicos atender no solo las cuestiones fiscales, sino que también les correspondía determinar las cuestiones de policía económica. 147 El interés de los príncipes absolutos debió favorecer enormemente a estas instituciones camerales, pues eran en sus manos instrumentos dóciles que escapaban a la molesta intervención de los estados de sus reinos.

Gradualmente, los conocimientos necesarios para estos funcionarios del consejo, que no tenían cabida en las clases de derecho, se fueron consolidando en un cuerpo doctrinal específico. Después de que hombres como Morhof y Thomasius prepararan el terreno, Federico Guillermo I, hábil cameralista y autor del magistral sistema financiero de Prusia, dio el importante paso de fundar, en Halle y Fráncfort del Óder, cátedras especiales de economía y ciencia cameralística; las cuales, considerando la época, fueron desempeñadas con gran habilidad por Gasser y Dithmar (1727). [pág. 097]Así, se formó en las universidades alemanas una escuela propia de cameralistas, que, a través de Jung, Rössig y Schmalz, perduró hasta el siglo XIX. El término «ciencia cameralista», fruto del azar, se utilizó, cabe mencionar, con muy diversos límites en su significado. 149

Sin embargo, en Alemania la economía política se desarrolló a partir de la ciencia jurídica y de las ciencias camerales, mientras que en Inglaterra e Italia tuvo su origen principalmente en el estudio de cuestiones de finanzas y comercio exterior.

Sección XX.

Economía privada. (Continuación.)

Si abstraemos de la ciencia cameralística, tal como se entendía en el siglo pasado, lo que tiene en común con toda la economía, 150 y, por lo tanto, con la economía pública, lo que pertenece al conjunto de la economía gubernamental, solo quedan unas cuantas reglas, como las que rigen las principales ramas de la actividad privada y que indican cómo deben llevarse a cabo con el mayor beneficio para quienes se dedican a ellas. Tales son la economía forestal y rural, la ciencia minera, la tecnología, incluida la arquitectura, y todo lo relacionado con las fundiciones, y la ciencia comercial. Ahora que la expresión ciencia cameralística está totalmente obsoleta, el conjunto [pág. 098]De estas, se podría designar con el nombre de economía privada. Obviamente, no tendríamos aquí una ciencia simple ni pura, sino solo una compilación de lemas filosófico-naturales y económicos. Así, en agricultura, por ejemplo, el conocimiento de los diferentes tipos de suelo, del cultivo de la tierra, de las diferentes plantas y animales, etc., pertenece al dominio de las ciencias naturales; mientras que todo lo relacionado con el coste de producción, el empleo del capital, los salarios, el intercambio de productos, el producto neto y el precio de la tierra es puramente político-económico. Los economistas políticos también requieren un conocimiento del aspecto natural de las ciencias cameralistas. Dicho conocimiento es indispensable para toda teoría detallada y viva, y especialmente para la aplicación práctica de la ciencia económica. La gran diferencia radica en que el cameralista se interesa por la producción de bienes materiales por sí mismos, mientras que el economista político los considera solo en su relación con la vida nacional. 151

Parecería, además, que los economistas políticos, especialmente [pág. 099]En Alemania, han dado demasiada importancia a establecer límites formales a su ciencia específica. ¿Por qué no seguir el ejemplo de los estudiosos de la naturaleza, a quienes les importa poco si este o aquel descubrimiento pertenece a la física o la química, a la astronomía o a las matemáticas, siempre y cuando se realicen muchos e importantes descubrimientos? 152

Sección XXI.

De qué trata la economía política.

La Economía Política trata principalmente de los intereses materiales de las naciones. Indaga cómo satisfacer las diversas necesidades de la población de un país, especialmente las de alimento, vestido, combustible, vivienda, instinto sexual, etc.; cómo la satisfacción de estas necesidades influye en la vida nacional en su conjunto y cómo, a su vez, esta influye en ellas. (Evangelio de Mateo, 4, 4). Esto por sí solo basta para comprender la importancia de esta ciencia. Bacon compara la relación entre la virtud y la riqueza con la de un ejército y su bagaje. En opinión de Jenofonte, la riqueza solo es realmente útil para quien sabe aprovecharla. Desde un punto de vista económico, el hombre más feliz es quien más la ha acumulado, con honor y la ha utilizado mejor. 153 Que, incluso en un sentido material, el intelecto de un pueblo es su elemento más importante, es evidente por el ejemplo de los chinos, quienes durante tanto tiempo estuvieron familiarizados con la imprenta, la pólvora y la brújula marinera, sin que por medio de ellos lograran ganarse la opinión pública inteligente, formar un buen ejército o llegar a comprender el arte de la navegación en gran medida.

La subvaloración de los asuntos económicos, por la que épocas de inferior cultura, como por ejemplo nuestra propia Edad Media, son ahora [pág. 100]Elogiado y ahora censurado, fue en realidad una rara excepción incluso en estas épocas. 154 Otros tipos de adquisición y disfrute ocupaban entonces el primer plano; pero nunca hubo un momento en que la ganancia y el disfrute en general no fueran objetos predilectos de búsqueda y se tuvieran en alta estima. Las necesidades físicas de los hombres incultos claman mucho más fuerte que las intelectuales. (§ 2 , 14. ) 155 Por otro lado, en épocas de sobrecultura, cuando comienza la decadencia, la sobreestimación de las cosas materiales suele generalizarse. 156 Los meros sirvientes de Mammón, ya sean economistas políticos o particulares, pueden ver su depravación fielmente reflejada en el comunismo como en un espejo. No debemos pasar por alto el hecho de que esto sucede con naciones enteras. [pág. 101]Como ocurre con el individuo que amasa su propia fortuna. Alcanza la cima de su riqueza generalmente después de haber pasado la flor de la vida. El período más floreciente de la existencia de una nación suele preceder a su decadencia e introducirla. 157 Por lo tanto, aquí nada podría ser más falso, como señaló Maquiavelo, que la opinión general de que el dinero es el nervio de la guerra. 158

[pág. 102]


Capítulo III.

Los métodos de la economía política.

Sección XXII.

Métodos anteriores.

Los métodos 159 que se aplicarían a cualquier ciencia de la vida nacional, principios tomados de cualquier otra ciencia, se consideran hoy generalmente obsoletos. Esto es especialmente cierto en el caso del método teológico que prevaleció, casi exclusivamente durante la Edad Media, 160 y del método jurídico del siglo XVII.

Sería mucho más acorde con las tendencias intelectuales de la época adoptar un modo matemático de tratamiento en Economía Política, que involucrara, como tal modo de tratamiento lo hace, no la materia de la ciencia, sino sólo un análisis formal. [pág. 103]Principio. Lo general en Economía Política tiene, debe reconocerse, mucha analogía con las ciencias matemáticas. Al igual que estas últimas, está repleta de abstracciones. 161 Así como, estrictamente hablando, no existen líneas o puntos matemáticos en la naturaleza, ni palanca matemática, no existe en ninguna parte la producción o la renta, pura y simplemente. Las leyes matemáticas del movimiento operan en un vacío hipotético y, cuando se aplican, están sujetas a importantes modificaciones como consecuencia de la resistencia atmosférica. Algo similar ocurre con la mayoría de las leyes de nuestra ciencia; como, por ejemplo, aquellas según las cuales el precio de las mercancías es fijado por el comprador y el vendedor. Además, siempre supone que las partes del contrato se guían únicamente por su propio interés y no se dejan influenciar por consideraciones secundarias. No es de extrañar, por lo tanto, que muchos autores se hayan esforzado por revestir las leyes de la Economía Política con fórmulas algebraicas. 162 Y, de hecho, dondequiera que las magnitudes [pág. 104]y se tratan las relaciones entre magnitudes, debe ser posible someterlas a cálculo. Herbart ha demostrado que esto es así en el caso de la psicología; 163 y todas las ciencias que tratan de la vida nacional, especialmente la nuestra, son psicológicas. 164 Pero las ventajas del modo matemático de expresión disminuyen a medida que los hechos a los que se aplica se vuelven más complicados. Esto es cierto incluso en la psicología ordinaria del individuo. ¡Cuánto más, por lo tanto, en la representación de la vida nacional! Aquí las fórmulas algebraicas pronto se volverían tan complicadas que harían casi imposible cualquier progreso posterior en la operación. 165 Su empleo, especialmente en una ciencia cuya esfera es, en la actualidad, aumentar el número de los hechos observados, convertirlos en objeto de una investigación exhaustiva y variar las combinaciones en las que pueden entrar, es un asunto de gran dificultad, si no del todo imposible. 166 Porque, ciertamente, como nuestra ciencia tiene que ver con los hombres, debe tomarlos y tratarlos como realmente son, movidos a la vez por motivos muy diferentes y no económicos, pertenecientes a un pueblo, estado, época, etc. enteramente definidos. La abstracción según la cual [pág. 105]Todos los hombres son iguales por naturaleza, diferenciándose solo por diferencias de educación, posición social, etc., todos igualmente bien equipados, hábiles y libres en materia de producción y consumo económico. Esto, como han demostrado Ricardo y von Thünen, debe ser una etapa indispensable en la labor preparatoria de los economistas políticos. Sería especialmente conveniente, cuando un hecho económico se produce por la cooperación de muchos factores diferentes, que el investigador aislara mentalmente el factor cuya naturaleza peculiar desea examinar en ese momento. Todos los demás factores deberían considerarse, por un tiempo, como no operativos e inmutables, y luego preguntarse: ¿cuál sería el efecto de un cambio en el factor a examinar, ya sea que el cambio se produzca por su aumento o disminución? Pero nunca debe perderse de vista que, después de todo, tal factor es solo una abstracción, por lo que, no solo en la transición a la práctica, sino incluso en la teoría completa, debemos recurrir a la infinita variedad de la vida real. 167

Hay dos preguntas importantes en todas las ciencias cuyo tema es la vida nacional o social: 1. ¿Qué es ? (¿Qué ha sido? ¿Cómo llegó a serlo? etc.) 2. ¿Qué debería ser ? La mayoría de los economistas políticos han confundido estas preguntas, pero no todos en la misma medida. 168

[pág. 106]

Cuando se hace una distinción cuidadosa entre ellos, se pone de manifiesto el contraste entre los métodos fisiológicos o históricos (realistas) y los idealistas. 169

Sección XXIII.

El método idealista.

Cualquiera que haya leído un buen número de obras idealistas que tratan de la economía pública (el Estado, el derecho, etc.) no puede dejar de sorprenderse por las enormes diferencias, e incluso contradicciones, entre lo que los teóricos han considerado deseable y [pág. 107]Necesario. Casi no hay punto importante que no pueda ser citado a favor o en contra de las más altas autoridades. No debemos ignorar este hecho. «El vértigo que surge al contemplar las profundidades del conocimiento es el comienzo de la filosofía, como el dios Taumas fue, según la fábula, el padre de Iris» ( Platón ). De manera similar, el estudiante de economía pública (política, filosofía del derecho, etc.) debe familiarizarse con las variaciones que se han producido en lo que los hombres, en diferentes períodos de la historia, han exigido al Estado y a la economía pública, hasta quedar absorto en la contemplación.

Sección XXIII.

El método idealista. (Continuación.)

Es imposible pasar por alto de inmediato que esas descripciones ideales que han gozado de gran fama y ejercido gran influencia se alejan muy poco de las condiciones reales de la economía pública (del Estado, el derecho, etc.) que rodea a sus autores. 170 Esto no es mera casualidad. El poder de los grandes teóricos, como, de hecho, el de todos los grandes hombres, reside, por regla general, en que satisfacen la necesidad de su época de forma inusual; y la tarea peculiar de los teóricos es expresar esta necesidad con claridad científica y justificarla con profundidad científica. Pero las verdaderas necesidades de un pueblo se verán satisfechas, a la larga, en la vida, 171 en la medida en que esto sea posible a causa de la imperfección moral. [pág. 108]Del hombre. Al menos deberíamos estar alerta cuando oímos decir que naciones enteras han sido forzadas a seguir un camino antinatural por sacerdotes, tiranos y caviladores. Pues, ¿cómo es posible dejar completamente de lado la libertad humana y la divina Providencia? Los supuestos tiranos generalmente son parte integral del pueblo mismo; todos sus recursos provienen del pueblo. Debieron ser nuevos Arquímedes, ajenos a su propio mundo. (Compárese, sin embargo, infra , § 263).

Es cierto que si el resultado del crecimiento de las generaciones es producir gradualmente un pueblo diferente, estos hombres diferentes pueden requerir instituciones diferentes. Entonces surge una lucha entre los ancianos y los de la generación más joven; los primeros desean conservar lo probado por el tiempo, los segundos buscan satisfacer sus nuevas necesidades por nuevos medios. Así como el mar siempre oscila entre el flujo y el reflujo de las mareas, así también la vida de las naciones, entre períodos de reposo y de crisis: períodos de reposo, cuando las formas existentes responden a la verdadera sustancia de las cosas, y de crisis, cuando la sustancia o el contenido modificados buscan construir una nueva forma para sí mismos. Tales crisis se llaman reformas cuando se efectúan de forma pacífica y de acuerdo con el derecho positivo. Cuando se llevan a cabo violando la ley, se llaman revoluciones. 172

Que toda revolución, por grande que sea la necesidad del cambio que produce, es en sí misma un enorme mal, un grave problema. [pág. 109]Y, a veces, la enfermedad fatal del cuerpo político es evidente. El daño a la moral que el espectáculo de la injusticia victoriosa casi siempre produce puede sanar, por regla general, solo en la siguiente generación. Donde la ley ha sido pisoteada, prevalecerá el "derecho del más fuerte" ; y el más fuerte es, hasta cierto punto, el más inescrupuloso e imprudente en la elección de los medios a emplear. De ahí el hecho bien conocido de que, en tiempos revolucionarios, los peores con tanta frecuencia siguen siendo los vencedores. La contrarrevolución, que suele seguir los pasos de la revolución, y con la violencia correspondiente, es una compensación solo para los más miopes. Permite que la enfermedad, la familiarización del pueblo con la infracción de la ley, continúe, hasta que se ataque a las partes hasta entonces sanas. Por lo tanto, un pueblo debería, si desea que le vaya bien en los cambios que realiza en la forma de las cosas, tomar como modelo el Tiempo, cuyas reformas son las más seguras e irresistibles, pero, al mismo tiempo, como dice Bacon, tan graduales que no pueden verse ni observarse en ningún momento. Es cierto que, así como todo lo grande es difícil, también lo es la realización de una reforma ininterrumpida. Su realización, de hecho, supone dos cosas: una constitución tan sabiamente planeada que mantenga las puertas abiertas tanto a las instituciones del pasado que desaparecen como a las instituciones del futuro; y, entre todas las clases del pueblo, un autocontrol moral tan absoluto que, sin importar los inconvenientes o el sacrificio, solo se utilicen las vías legales. De esta manera, se pueden satisfacer dos de las mayores y aparentemente más contradictorias necesidades de toda persona jurídica o moral: la falta de continuidad ininterrumpida y la de libre desarrollo.

[pág. 110]

Sección XXV.

El método idealista. (Continuación.)

Es indudable que todas las leyes económicas y todas las instituciones económicas se crean para el pueblo, no el pueblo para dichas leyes e instituciones. Su mutabilidad no es, por lo tanto, un mal que la humanidad deba intentar eliminar, sino saludable y loable, en la medida en que corre paralela a la transformación del pueblo y a los cambios que han experimentado sus necesidades. 173 Por lo tanto, no hay razón para que los sistemas ideales más diversos se contradigan. Cualquiera de ellos puede ser correcto, pero, por supuesto, solo para un pueblo y una época. En este caso, el único error sería que pretendieran ser universalmente aplicables. No puede haber un ideal económico adaptado a las diversas necesidades de cada pueblo, como tampoco puede haber una vestimenta que se ajuste a cada individuo. Las cuerdas de los niños y el personal de la edad serían grandes molestias para el hombre. «La razón se convierte en un disparate y la beneficencia en un tormento». Por lo tanto, quienquiera que elabore el ideal de la mejor economía pública —y la mayoría de los economistas políticos realmente han deseado hacerlo— debería, si quisiera ser completamente veraz y al mismo tiempo práctico, yuxtaponer tantos ideales diferentes como tipos de personas existan. 174 Además, tendría que revisar su trabajo cada pocos años; pues, a medida que un pueblo cambia y surgen nuevas necesidades, el ideal económico adecuado para él también debe cambiar. Pero es imposible lograr esto a tan gran escala. Además, apreciar el presente de forma tan instantánea y percibir con precisión el pulso... [pág. 111]De este modo, el tiempo ininterrumpidamente requiere un talento diferente del que incluso los científicos más distinguidos suelen poseer; talentos de naturaleza enteramente práctica, como los que se convierten en un gran ministro del Interior o de Hacienda. Y es un hecho reconocido que incluso los más hábiles de estos profesionales, como dijo el joven Pitt de sí mismo, generalmente intuyen su camino y no lo ven con la claridad necesaria para indicárselo a los demás.

Sección XXVI.

El método histórico: anatomía y fisiología de la economía pública.

Nos negamos por completo a prestarnos teóricamente a la construcción de tales sistemas ideales. Nuestro objetivo es simplemente describir la naturaleza económica del hombre y sus necesidades económicas, investigar las leyes y el carácter de las instituciones adaptadas a la satisfacción de estas necesidades, y el mayor o menor éxito con el que se han logrado. 175 Nuestra tarea es, por así decirlo, la anatomía y fisiología de la economía social o nacional.

Estos son asuntos que se encuentran dentro del dominio de la realidad, susceptibles de demostración o refutación mediante las operaciones ordinarias de la ciencia; totalmente verdaderos o totalmente falsos, y, por lo tanto, en el primer caso, no susceptibles de volverse obsoletos. Procedemos a la manera del investigador de la naturaleza. Nosotros también tenemos nuestro bisturí y microscopio, y tenemos una ventaja sobre el estudiante de la naturaleza en esto: que la autoobservación del cuerpo es extremadamente limitada, mientras que la de la mente es casi ilimitada. Sin embargo, hay otros aspectos en los que él nos supera. Cuando desea [pág. 112]Al estudiar una especie dada, puede realizar cien o mil experimentos y usar cien o mil individuos para su propósito. Por lo tanto, puede controlar fácilmente cada observación por separado y distinguir la excepción de la regla. Pero, ¿cuántas naciones hay que podamos usar para fines de comparación? Su escasez hace aún más imperativo compararlas todas. Sin duda, la comparación no puede suplir la observación; pero esta puede volverse más completa, multifacética y más rica en el número de sus puntos de vista. Interesados por igual en las diferencias y semejanzas, primero debemos formar nuestras reglas a partir de estas últimas, considerar las primeras como las excepciones y luego esforzarnos por explicarlas. ( Infra , § 266).

Sección XXVII.

Ventajas del método histórico o fisiológico.

La aplicación exhaustiva de este método eliminará numerosas controversias sobre cuestiones importantes. 176 Los hombres están tan lejos de ser demonios como de ser ángeles. Encontramos pocos guiados únicamente por motivos ideales, pero también pocos que solo escuchen la voz del egoísmo y se preocupen solo por sí mismos. Por lo tanto, cabe suponer que cualquier opinión vigente sobre ciertos intereses tangibles que conciernen de cerca al hombre, y que ha sido compartida por grandes partidos e incluso por pueblos enteros durante generaciones, no se basa únicamente en la ignorancia o en un perverso amor por el mal. El error consiste, con mayor frecuencia, en aplicar medidas saludables, e incluso absolutamente necesarias en ciertas circunstancias, a circunstancias completamente diferentes. Y aquí, un profundo conocimiento de las condiciones de la medida basta para aclarar las diferencias entre ambos partidos. Una vez que las leyes naturales de la Economía Política son suficientemente conocidas y reconocidas, [pág. 113]Todo lo que se necesita, en cualquier caso, son estadísticas más exactas y fiables del hecho en cuestión para conciliar todas las controversias partidistas sobre cuestiones de política económica pública, al menos en la medida en que surjan de una diferencia de opinión. Puede que la ciencia nunca logre esto, debido a los nuevos problemas que surgen constantemente y exigen solución. También puede que, en la mayor parte de las controversias partidistas, los propósitos opuestos de los partidos desempeñen un papel incluso más importante que las opiniones opuestas. Sea como fuere, es necesario, especialmente en una época tan agitada como la nuestra, cuando todo buen ciudadano tiene el deber de aliarse con un partido, que todo miembro honesto de un partido busque asegurar, en medio del océano de opiniones efímeras, una base sólida de verdad científica, tan universalmente reconocida como la verdad, como lo son los principios de la física matemática por médicos de las más diversas escuelas.

Sección XXVIII.

Ventajas del método histórico. (Continuación.)

Otro rasgo característico del método histórico es que elimina el sentimiento de autosuficiencia y la fanfarronería que lleva a la mayoría de los hombres a ridiculizar lo que no comprenden, y a los superiores a despreciar a las civilizaciones inferiores. Quien conoce las leyes del desarrollo de la planta, no puede dejar de ver en la semilla el germen de su crecimiento, y en su flor, el heraldo de la decadencia. Si hubiera habitantes de la luna, y uno de ellos visitara nuestra tierra y encontrara niños y adultos juntos, ignorando las leyes del desarrollo humano, ¿no consideraría al niño más hermoso un mero monstruo, con una cabeza enorme, brazos y piernas de crecimiento atrofiado, genitales inútiles y carente de razón? La locura de tal juicio sería obvia para todos; y, sin embargo, nos encontramos con miles como él en el estado y la economía pública de [pág. 114]naciones cuando se encontraban en etapas inferiores de civilización, y esto, incluso entre los escritores más distinguidos. 177

Podemos, ciertamente, hacer una comparación crítica de diferentes formas, cada una de las cuales responde perfectamente a su objeto o contenido; pero tal comparación puede poseer objetividad histórica sólo cuando se basa en una visión correcta del curso peculiar de desarrollo seguido por el pueblo en cuestión.

Las formas del período de madurez pueden considerarse las más perfectas; las formas tempranas, las inmaduras, y las posteriores, las de la época de decadencia. 178 Pero determinar con precisión el punto culminante de la civilización de un pueblo es sumamente difícil. El anciano cree, por regla general, que los tiempos empeoran, porque ya no puede aprovecharlos; el joven, por regla general, que mejoran, porque espera sacarles provecho. Sin embargo, se trata siempre de una cuestión puramente empírica; y al resolverla, la mirada del observador puede adquirir una singular agudeza mediante el estudio comparativo de tantas naciones como sea posible, especialmente de las que ya han desaparecido. 179

Si alguien pudiera contemplar la historia de la humanidad como un todo, de la cual las historias de las naciones individuales no son más que partes, los pasos sucesivos en la evolución de la humanidad le proporcionarían, por supuesto, una regla objetiva similar para todos ellos. [pág. 115]puntos en los que pueblos enteros difieren permanentemente entre sí. 180

Sección XXIX.

El carácter práctico del método histórico en la economía política.

Antes de concluir, debo referirme a una posible objeción a la Economía Política histórica o fisiológica: que, si bien puede enseñarse, no puede ser una ciencia práctica. Si se asume que solo son prácticos aquellos principios que pueden ser aplicados inmediatamente por cualquier lector, esta obra debe renunciar a toda pretensión de tal título. Dudo mucho que, en este sentido, exista una sola ciencia susceptible de una exposición práctica. 181 Los auténticos profesionales, que conocen la vida con sus miles de relaciones por experiencia, serán los primeros en admitir que tal conjunto de prescripciones, cuando se trata del conocimiento y la guía de los hombres, sería engañoso y peligroso en la medida en que dichas prescripciones fueran positivas y apodícticas, es decir, no prácticas y doctrinarias.

Nuestro objetivo no ha sido escribir un libro práctico, sino capacitar a nuestros lectores para ser prácticos. Con este fin, hemos buscado describir las leyes de la naturaleza que el hombre no puede controlar, sino, como mucho, utilizar. Llamamos la atención del lector sobre los diferentes puntos de vista desde los cuales debe observarse cada hecho económico para hacer justicia a cada afirmación. Nos gustaría acostumbrar al lector, al examinar... [pág. 116]El más insignificante hecho político-económico, sin perder nunca de vista la totalidad, no solo de la economía pública, sino también de la vida nacional. Creemos firmemente que solo quien comprende plenamente por qué se impusieron o introdujeron ciertos gravámenes y cargas, monopolios, privilegios, servicios, etc., puede formarse un juicio correcto y defender sus puntos de vista contra toda objeción sobre cuestiones como dónde, cómo y cuándo deben abolirse ciertos gravámenes y cargas, monopolios, privilegios, servicios, etc., y comprender plenamente su origen. En particular, deseamos inculcar ciertas reglas de acción a quienes se han confiado a nuestra guía, tras haber demostrado previamente su excelencia. Nuestra mayor ambición es que nuestros lectores puedan descubrir dichas reglas por sí mismos, tras haber sopesado concienzudamente todos los hechos, sin la influencia de ninguna autoridad terrenal. 182 183

[pág. 119]


Libro I

La producción de bienes.

Capítulo I.

Factores de producción.

Sección XXX.

Significado de producción.

Crear nueva materia es más de lo que le es dado al hombre. Por lo tanto, con el término producción, en su sentido más amplio, nos referimos simplemente a la creación de nuevos bienes: el descubrimiento de nuevas utilidades, la transformación de bienes ya existentes en nuevas utilidades, 184 la creación de medios para la satisfacción de las necesidades humanas, a partir del conjunto de materia originalmente presente en el mundo. (¡ Producere! ). Nos limitamos, sin embargo, en esto a los bienes económicos, tal como se definen en el § 2. En un sentido secundario y más limitado, la producción es un aumento de recursos, en la medida en que los bienes producidos satisfacen una necesidad humana mayor que los empleados en la propia producción. 185 186 187

[pág. 120]

Sin embargo, sería un error suponer que la creación de ciertas utilidades para el propio productor o para otros constituye el único fin de la producción económica. Cuanto más perfecta se vuelve la producción económica, mayor es el placer que el productor siente por sus productos, placer que es a la vez efecto y causa de su éxito. Por lo tanto, la producción es, en gran medida, su propio fin. Es bien sabido que esto es así en el caso de los artistas. «Si solo quieres descendencia de ella, un mortal también puede engendrarla. Que quien se regocija en la diosa no busque en ella a la mujer», dice Schiller. No hay obrero verdaderamente hábil que no tenga algo de artístico en su modo de producción. E incluso la actividad productiva más insignificante, siempre que no sea excesiva ni mal dirigida, debe ejercer por sí misma una buena influencia en el desarrollo físico y moral o la preservación del productor. Un cerebro ocioso es el taller del diablo. 188

Sección XXXI.

Los factores de producción.—Naturaleza externa. 189

La división de las fuerzas naturales, que antes existía en orgánicas, químicas y mecánicas, no tiene gran importancia en la Economía Política. La tendencia es cada vez mayor a dividir las fuerzas orgánicas en químicas y en mecánicas. Entre las fuerzas mecánicas y químicas, además, el límite no es fijo, pues el calor siempre puede producir movimiento, y el movimiento siempre puede producir calor. Por lo tanto, es aún más importante para nosotros encontrar una división de los dones económicos (materia, fuerzas y relaciones) de la naturaleza externa en tales [pág. 121]como capaces de adquirir valor de cambio y los que no lo son. (Véase § 5. )

A. Aquellos dones de la naturaleza que, porque no pueden ser apropiados por nadie, o que al menos son inagotables comparados con las necesidades del hombre, y por tanto nunca tienen un valor directo en el intercambio, pertenecen o bien a la clase de bienes libres , en el sentido más completo de la palabra, como, por ejemplo, la luz del sol y la atmósfera ( supra , § 5 ); 191 o constituyen, en razón de su conexión peculiar e intransmisible con todo el país, un elemento esencial de los recursos nacionales.

Sección XXXII.

Naturaleza externa.—El mar.—El clima.

A la última categoría pertenece, por ejemplo, el mar, única frontera natural de un país, que desde el punto de vista militar constituye una protección para él, sin perturbar al mismo tiempo el tráfico pacífico. ( Riedel. ) Aquí también pertenecen las corrientes oceánicas, especialmente cuando están sostenidas uniformemente por vientos regulares, 192 el flujo y reflujo de las mareas, que constituyen [pág. 122]una pieza de maquinaria comercial de la mayor importancia, particularmente cuando afectan las aguas de ríos a gran distancia. 193 En esta época, cuando el amor por los viajes es tan grande y tan universal, ¿qué precios pagan en muchos lugares los extraños por la belleza de un paisaje a su propietario?

Cabe mencionar aquí especialmente el clima y su calor o humedad. Las líneas llamadas isotérmicas, es decir, líneas de calor anual igual, son, por lo tanto, de suma importancia para la economía pública, porque las «zonas de producción» dependen principalmente de ellas. 194 Sin embargo, aquí nos ocupamos no solo [pág. 123]Con la temperatura media anual, pero especialmente con la distribución del calor entre las distintas partes del día y las diferentes estaciones del año, y el calor máximo en verano y el frío invernal (las líneas isotérmica e isotermal). Las tierras costeras suelen tener inviernos más suaves y veranos más frescos que las continentales, con un calor medio anual igual. Esto produce una gran diferencia en la vegetación, ya que hay muchas plantas que soportan muy bien el frío invernal, pero requieren un verano caluroso; y viceversa . 195 De no ser por este hecho, en relación con el letargo invernal de las plantas, gran parte del norte sería totalmente inhabitable. Además, la temperatura de un lugar no depende exclusivamente de su latitud ni de su altitud. [pág. 124]sobre el nivel del mar. 196 La humedad del clima es, por regla general, alta en proporción a la cantidad de agua en sus inmediaciones y a su temperatura; aunque, por ejemplo, en Europa, el número de días lluviosos aumenta a medida que nos acercamos al norte. 197 Aunque la distancia de un lugar al ecuador y su altura sobre el nivel del mar tienen, en muchos aspectos, un efecto similar (líneas isotérmicas verticales y horizontales y zonas de producción), las regiones montañosas se distinguen uniformemente por un mayor grado de humedad, lo que las hace más adecuadas para el pastoreo y el cultivo forestal. Pero la flora de una localidad, al ser el resultado de todas sus condiciones, nos proporciona un criterio mucho mejor del valor del clima para fines económicos que las observaciones termométricas más precisas. En igualdad de condiciones, la fuerza productiva de la naturaleza opera, sin duda, con mayor energía en climas cálidos. Cuanto más alejado está un país del ecuador, más se limita su fertilidad a sus zonas más bajas. 198 Un calor mayor, por regla general, hará madurar antes el mismo producto y permitirá así que la misma tierra se utilice varias veces en el mismo año. 199 Cada cultivo individual [pág. 125]La cosecha, por regla general, es más abundante, 200 y los productos son mejores en muchos aspectos. La fruta, por ejemplo, y el vino, contienen más azúcar, 201 y las plantas oleaginosas contienen más aceite. Por último, dado que la naturaleza en los países cálidos es mucho más generosa, el hombre puede utilizarla con menos consideración por las consecuencias. Hay menos necesidad de bosques extensos, de grandes provisiones invernales, especialmente para animales; 202 se demandan menos edificios, y también hay menos demanda de mano de obra humana y bruta, ya que el trabajo de arar, sembrar, etc., se extiende a lo largo de una mayor parte del año. 203 Es cierto, por otro lado, que también [pág. 126]La fuerza destructora de la naturaleza es mayor en los países cálidos que en los fríos. (§ 209.) 204

Sección XXXIII.

Naturaleza externa.—Dones de la naturaleza con valor a cambio.

B. Aquellos dones de la naturaleza externa que pueden convertirse en objetos de propiedad privada y, al mismo tiempo, poseen suficiente escasez relativa como para darles valor en el intercambio, son muebles y agotables en un lugar determinado, o están firmemente vinculados a la tierra. La primera categoría abarca, por ejemplo, los animales y plantas silvestres que cumplen alguna función útil, los minerales, sobre todo la materia combustible fósil 205 —la [pág. 127]“Diamantes negros”, carbón, del cual, junto con sus canales, Franklin dijo que había convertido a Inglaterra en lo que es. El efecto económico de su carácter móvil se aprecia mejor al comparar el uso de un estrato ordinario de carbón con el de un fuego subterráneo prolongado en una mina de carbón. 206 Este último solo puede ser directamente útil para quienes se encuentran en su vecindad inmediata. Cada capa inferior de carbón ardiente sería menos útil. Un aumento de su poder real por acumulación en el tiempo o el lugar es casi imposible. En todos estos aspectos, el carbón móvil se adapta incomparablemente mejor a la satisfacción de las necesidades humanas. Se puede decir que la capacidad de calor para secar, destilar, fundir y endurecer, o para impartir movimiento rápido a objetos pesados mediante la producción de vapor confinado, es, al menos, mil veces mayor cuando se consumen mil bushels de carbón que cuando se consume uno. En la mayoría de los casos, incluso la concentración de una gran cantidad de carbón aumentará, lo cual no solo es absoluto, sino también relativo. 207 208

[pág. 128]

Sección XXXIV.

Naturaleza externa. (Continuación.)

Los materiales, fuerzas y relaciones o condiciones de la naturaleza externa, inamoviblemente conectados con partes de la tierra, incluso cuando son inagotables en sí mismos, o bien permiten solo una cantidad definida de utilización económica, como, por ejemplo, la fuerza mecánica de una cascada dada, que solo puede impulsar un número definido de molinos de un tamaño definido; 209 o su mayor utilización va acompañada de dificultades que aumentan con mayor rapidez. Este último es el caso, especialmente en el empleo de la tierra para fines agrícolas. Según Senior, uno de los cuatro axiomas fundamentales de la Economía Política es que el trabajo adicional, invertido en una cantidad dada de tierra, produce, por regla general, un rendimiento relativamente menor; suponiendo, por supuesto, que el arte de la agricultura se mantenga igual. No es posible [pág. 129]Determinar, ya sea de forma general o en casos particulares, el punto preciso en el que la agricultura debe detenerse para evitar rendimientos relativamente menores derivados del aumento del gasto de mano de obra y capital. Las mejoras en el arte agrícola pueden hacer que esta se alargue considerablemente. Pero la existencia de tal punto es indudable. Nadie creerá que un acre de tierra pueda producir una cantidad de medios de subsistencia suficiente para sustentar a toda Europa, independientemente de la cantidad de semillas, abono, etc., empleada. 210 Esto es más evidente en la economía forestal, donde el aumento absoluto del llamado capital de la madera se reduce, después de cierto tiempo, de año en año. 211

[pág. 130]

Sección XXXV.

Naturaleza externa.—Elementos de la productividad agrícola.

Al tratar la productividad agrícola de un terreno, es necesario distinguir tres aspectos: su capacidad de producción, su capacidad de cultivo y su capacidad directa de proporcionar alimento a las plantas. 212 Las plantas crecen extrayendo una parte de los elementos que forman parte de su composición de la atmósfera y otra de la tierra mediante la acción de la luz solar y el agua. Si bien el aire, el calor del sol y, en la mayor parte del mundo, el agua, son bienes gratuitos e inagotables, el suministro de alimento de la tierra para las plantas debe considerarse análogo, en cuanto a su agotabilidad y capacidad de apropiación, a los yacimientos de carbón, minerales, etc., que se encuentran en los distritos mineros. Esto es cierto, con algunas diferencias importantes, como por ejemplo, que, por regla general, es imposible, excepto mediante el cultivo de plantas, obtener de la tierra las reservas de alimento que contiene; 213 y que es posible, mediante la agricultura, reponer la parte de estas reservas extraída de la tierra por la cosecha mediante el uso de abonos. 214

Incomparablemente más importante en la valoración económica de un terreno es su capacidad de cultivo, porque de esto depende [pág. 131]Mucho menos de la buena o mala calidad del arte del labrador. Me refiero aquí a la llamada constitución física del suelo vegetal; su capacidad de retención de agua, su consistencia (suelo ligero o pesado), de la cual depende la dificultad de trabajarlo; su capacidad de secarse, en un tiempo más corto o más largo, y la consiguiente disminución de volumen; su capacidad para extraer humedad de la atmósfera y absorber los diversos tipos de gases; su capacidad para absorber y contener calor (suelos calientes, templados y fríos). 215 Mucho depende aquí de la profundidad del suelo vegetal y de la constitución del subsuelo, que, por ejemplo, cuando es muy permeable, mejora un suelo muy húmedo, pero en forma de mineral de hierro de pradera ( Wiesenerz ), causa un gran daño. La forma vertical del terreno también es un elemento muy importante para estimar la fertilidad natural del suelo. En las zonas montañosas, la cantidad de tierra utilizable (¡y con qué trabajo!) suele ser relativamente menor que en las tierras bajas. Por lo tanto, los primeros se vuelven demasiado pequeños para sus habitantes, quienes, por lo tanto, pululan por las llanuras que se extienden ante ellos, ya sea como colonos o conquistadores. 216 En el hemisferio oriental, las laderas del norte [pág. 132]Las regiones montañosas están situadas en una situación más desfavorable, aunque las laderas meridionales suelen estar sujetas a variaciones más duras y repentinas de deshielo y congelación. 217

Pero todas estas cualidades especiales del suelo deben distinguirse de su base general: la capacidad de carga que posee la tierra como mera superficie, y que la roca más desnuda (¡Malta!) y el lecho de un arroyo (¡los jardines flotantes de China!) poseen en cierta medida, ya que existe la posibilidad de establecer una superficie vegetal sobre ellos. Esta capacidad de carga, que en la mayoría de los casos solo la da la naturaleza y que solo puede incrementarse de forma muy limitada y con un gran desembolso, suele adquirir un valor de intercambio considerable en las proximidades cuando la población es muy densa. 218 219

[pág. 133]

Sección XXXVI.

Naturaleza externa.—Otras divisiones de los dones de la naturaleza.

Los dones de la naturaleza se dividen en aquellos que se pueden disfrutar directamente y aquellos que son útiles solo indirectamente, al facilitar la producción. (Medios naturales de disfrute, medios de adquisición). 220 Una superfluidad extrema de los primeros es tan desastrosa para la civilización como una escasez excesiva de ellos. ¡Qué simple la economía de un país tropical! Un campo de plátanos sustenta veinticinco veces más hombres que un campo de trigo ( K. Ritter ); y con infinitamente menos trabajo; pues todo lo que se necesita es cortar los tallos con su fruto maduro, aflojar la tierra un poco y muy superficialmente, cuando brotan nuevos tallos. 221 Al pie de las montañas de México, un padre necesita trabajar solo dos días a la semana para mantener a su familia. Por lo tanto, nada excita tanto la admiración del viajero como la diminutividad del terreno cultivado que rodea cada choza indígena. 222 Pero en estos paraísos terrenales, [pág. 134]Donde, como dijo Byron, incluso el pan se recoge como fruta, las fuerzas del hombre se adormecen con la misma certeza con la que se entorpecen en los desiertos polares. 223 La frase: «Con el sudor de tu frente comerás el pan» ha sido una bendición para la humanidad. Atenas no solo era la capital literaria y política, sino también la económica de Grecia; y, sin embargo, el Ática era uno de los países más estériles del mundo. 224 La desafortunada Messina, por otro lado, era la provincia más fértil de Grecia. En la época moderna, ningún país de igual extensión ha producido tantos grandes capitanes, estadistas, sabios y artistas como Holanda, cuyas zonas más seguras son tan infértiles como las fértiles se ven amenazadas por el mar. Por otro lado, ¡cuán recientemente e imperfectamente ha caído la llamada tierra negra del sur de Rusia bajo la influencia de la civilización! 225

[pág. 135]

Sección XXXVII.

Naturaleza externa.—El carácter geográfico de un país.

El carácter geográfico de un país está, por regla general, íntimamente ligado no solo a su flora y fauna, sino también al carácter de su gente. Una de las mayores glorias del progreso de la ciencia moderna es que ha reconocido de nuevo el poder de este maravilloso organismo y ha hecho de la geografía un nexo explicativo entre la naturaleza y la historia. Las condiciones más favorables para el desarrollo de la civilización se encuentran en un país bien desarrollado que desciende gradualmente a través de una serie de terrazas intermedias desde la cima de una montaña hasta una llanura; especialmente cuando están conectadas entre sí por un buen sistema fluvial; ya que aquí las peculiaridades opuestas de las poblaciones de las tierras altas y costeras tienden a producir una nacionalidad única y variada. Donde las transiciones son demasiado abruptas, como por ejemplo en Nueva Holanda, dificultan fácilmente la intercomunicación; y, aún más, donde las diversas partes del país son muy extensas; como, por ejemplo, el desierto del norte de África, la meseta de Sudáfrica o la de Asia Central. Europa se ve favorecida sobre todas las demás partes del mundo por la feliz combinación de montaña y llanura. 228 Podríamos perseguir el paralelo existente entre el suelo y el carácter de un pueblo hasta en los más mínimos detalles y descubrir, incluso en los [pág. 136]Diferencia entre los vinos españoles, franceses, alemanes y húngaros, un reflejo de los diferentes caracteres de los pueblos. 229

¿Pero de dónde proviene esto? ¿Es posible que la naturaleza muerta haya afectado tan irresistiblemente la mente viva? No necesitamos dar una respuesta materialista a la pregunta. Casi todos los pueblos han emigrado en algún momento de su existencia . Impulsados por sus gustos y tendencias peculiares, se asentaron en los lugares más acordes con su carácter. Una mano superior los dominaba; una que, debemos confiar plenamente, los colocó en las circunstancias externas más favorables para el desarrollo de todas sus facultades.

Pero las influencias del hombre sobre la naturaleza no son menos notables que las de la naturaleza sobre el hombre. La mayor cantidad de animales y plantas domésticas que Europa posee hoy en día se ha visto obligada a introducirlas desde otras partes del globo. 231 En el interior de la Galia, la vid rara vez maduraba en tiempos de Cristo. 232 Por otro lado, Mesopotamia, antiguamente uno de los jardines [pág. 137]del mundo, está ahora cubierto de canales secos, rellenos ligeramente por debajo de la superficie con montones de ladrillos y jarrones rotos, restos y otros vestigios de una población otrora densa. Su antiguo y rico suelo aluvial, ahora casi calcinado, produce actualmente apenas algo, salvo algunas plantas salinas, mimosas, etc. 233 Cuanto mayor es la civilización de un pueblo, menos depende de la naturaleza del país.

Sección XXXVIII.

Del Trabajo.—Divisiones del Trabajo.

La capacidad del hombre para la mayor parte del trabajo económico está tan estrechamente relacionada con la exquisita articulación de la mano humana, que Buffon podía decir sin exagerar que la razón y la mano hicieron al hombre hombre. 234 Pero es cierto del trabajo económico, como de todos los demás trabajos, que es más eficiente en la medida en que la mente predomina sobre la materia.

La mejor división del trabajo económico es la siguiente: 235

A. Descubrimientos e invenciones. 236

B. Ocupación de los dones espontáneos de la naturaleza, como, por ejemplo, [pág. 138]de plantas silvestres, animales salvajes y minerales. 237 Cuando éste es el único tipo de trabajo económico, el hombre depende necesariamente de la naturaleza en un alto grado.

C. La producción de materias primas, es decir, la dirección que se da a la naturaleza para la producción de materias primas, mediante la ganadería, la agricultura, la silvicultura, etc., pero no mediante la minería.

D. La transformación ( Verarbeitung ) de materias primas por medio de manufacturas, fábricas, oficios, etc.

E. La distribución de existencias de bienes entre quienes han de usarlos directamente, ya sea de persona a persona o de un lugar a otro (venta al por mayor), o entre los individuos del mismo lugar (venta al por menor). 238 A esta clase también pertenecen el arrendamiento, alquiler, préstamo, etc.

F. Servicios, en el sentido más limitado del término, que abarca tanto los bienes personales como los incorpóreos; como, por ejemplo, los trabajos del médico, del maestro, del virtuoso, del estadista, del juez y de los predicadores, cuyo oficio es, por vía de eminencia, producir y preservar la riqueza inmaterial, conocida como el Estado y la Iglesia. 239

El orden seguido en la clasificación anterior es aquel en que suelen desarrollarse históricamente las diferentes clases de trabajo.

[pág. 139]

Sección XXXIX.

Trabajo.—Gusto por el trabajo.—Salario a destajo.

El gusto del hombre por el trabajo está condicionado especialmente por la medida y la seguridad con la que puede esperar disfrutar del fruto de su trabajo. De ahí que, por regla general, el esclavo (§ 71 y ss.) y el agricultor trabajen con menos gusto, el jornalero con menos diligencia que el trabajador a destajo, 240 quien, al mismo tiempo, está más satisfecho consigo mismo y da mayor satisfacción a su amo, 241 ya que obtiene más tanto para sí como para su amo. La superioridad del trabajo a destajo es [pág. 140]Mayor en la medida en que el trabajador calcula su propia ventaja. Por lo tanto, es menor en el caso de los trabajadores ingenuos e incultos, y en el de los verdaderamente concienzudos. 242 El temor a ver empeorar la propia condición por falta de trabajo ejerce una influencia exactamente similar a la esperanza de mejorarla. En ambos aspectos, la libre competencia (§ 97 ) debe considerarse uno de los principales medios para fomentar el gusto por el trabajo. 243

Entre las causas que han contribuido a hacer de Inglaterra el primer país del mundo, visto desde un punto de vista político-económico, los escritores ingleses de Economía Política han señalado como una de las principales la prevalencia allí de los salarios a destajo. 244 El pago por pieza debería, por supuesto, ser [pág. 141]Se practica solo en casos en que el trabajo puede dividirse en una serie de tareas aisladas, y se completa con dicha serie. Por lo tanto, no es aplicable cuando se requieren muchas cosas diferentes del mismo trabajador; ni en relaciones en las que la continuidad, como, por ejemplo, la inclinación o disposición del trabajador, es lo principal. 245 Cuanto más se profundiza la división del trabajo en nuestros días, mayor es el papel que desempeña el dinero en nuestra economía social, y cuanto más se disuelven las relaciones duraderas, más general se vuelve el trabajo a destajo, que, con todas sus ventajas materiales, tiene, moralmente hablando, su lado oscuro. (¡ Atomismo! ) 246 En muchas ramas [pág. 142]En el caso de las manufacturas, se ha abandonado porque la excelencia de su trabajo se vio afectada por la prisa del trabajador y porque no se le pudo controlar adecuadamente. 247 Es más bien la cantidad que la calidad del trabajo lo que aumenta con el trabajo a destajo, y donde lo que se desea es la calidad del trabajo, este sistema no tiene el mismo alcance. Y donde se da, como por ejemplo en el caso de los tipógrafos comunes, se recurre al pago por día para los cajistas que se dedican a tratados matemáticos, facsímiles, inscripciones, etc. Por parte del trabajador, generalmente solo los ociosos y torpes se oponen al trabajo a destajo por principio. Es lamentable que los mejores y más diligentes trabajadores se dejen llevar por él hasta un punto perjudicial para su salud. 248 Sin embargo, muchos [pág. 143]Las deficiencias del principio del salario a destajo pueden subsanarse mediante acuerdos con grupos enteros de trabajadores, siempre que estos no sean demasiado grandes como para impedir el conocimiento y la supervisión mutua de sus miembros. 249 La cantidad de trabajo es máxima, su calidad óptima y el material empleado se utiliza con mayor moderación cuando el trabajador trabaja por cuenta propia o participa en las ganancias. Esto último solo es adecuado en aquellas ramas del negocio cuyo éxito depende de la calidad del trabajo. Obligar al trabajador a participar únicamente en las ganancias no funcionará, ya que generalmente es demasiado pobre para correr riesgos o prescindir de sus ingresos durante mucho tiempo. Por lo tanto, el sistema de pago de comisiones es aún más recomendable, ya que combina un salario fijo con una participación en las ganancias. Este sistema es muy común en Norteamérica, donde gran parte del trabajo debe confiarse a los trabajadores. Se practica también en la pesca de ballenas y en los barcos griegos del Levante dedicados a la navegación costera, donde depende mucho más del cuidado de los marineros que de la habilidad del capitán. 251 Presupone [pág. 144]Buenos obreros, casi iguales a sus amos en educación, 252 por ejemplo, en el caso de los capataces; pues cualquier incentivo para el gusto por el trabajo, que no solo sea más justo sino también más complejo, no es solo una condición, sino también el efecto de una cultura superior. Pero si la economía de un pueblo está madura para los salarios aparceros, y los amos comienzan a introducirlos con seriedad en casos individuales, el trabajo producido mejorará tanto que no tardará mucho en que todos los demás se vean obligados a seguirlos. 253

Sin embargo, para que los trabajadores disfruten del fruto de su laboriosidad, es necesario, ante todo, que se garantice el orden público. Incluso los más trabajadores se desaniman donde prevalecen el despotismo o la anarquía. Por otro lado, ni siquiera la mayor seguridad es incentivo suficiente para una nación de fatalistas. 254

[pág. 145]

Sección XL.

Trabajo.—La fuerza de trabajo de los individuos.

La fuerza de trabajo promedio de los individuos varía mucho entre las distintas naciones. 255 La razón de esto es, en parte, sin duda, una diferencia en las dotes naturales. Así, por ejemplo, ningún pueblo supera al inglés y al angloamericano en energía, ninguno al alemán en inteligencia en el trabajo ni al francés en gusto. Si bien podemos suponer que las diferentes agencias de reclutamiento atribuyen el mismo significado a la expresión «capacidad militar» , se pueden extraer conclusiones importantes sobre la fuerza de trabajo física de las diferentes localidades a partir de la relación existente entre [pág. 146]el número de personas aptas para el servicio militar y de aquellas que están legalmente obligadas a prestarlo. 256

Pero estas conclusiones se ven enormemente modificadas por el estado de la civilización y de la sociedad. Donde las clases trabajadoras son despreciadas y remuneradas de forma indigna de seres humanos, la calidad de su trabajo estará en consonancia con la estima que se le tiene. Lo contrario también suele ser cierto en circunstancias diferentes (§ 173). Así, en Francia se ha observado que los trabajadores nativos, provistos de una alimentación tan sustanciosa como la de los trabajadores ingleses, apenas son inferiores a estos últimos en el valor técnico de su trabajo. 257 Un jornalero de Mecklemburgo come casi el doble que un trabajador de Turingia, pero rinde casi el doble. Por lo tanto, los empleadores se benefician a largo plazo al pagar bien a sus trabajadores. A medida que avanza la civilización, el mismo número de trabajadores no solo se vuelve más industrioso y más capaz, sino que la misma cantidad y calidad de trabajo se vuelve, por regla general, más barata. 258

[pág. 147]

La cultura moral de un pueblo ejerce la mayor influencia aquí. En toda empresa privada, gran parte de los gastos que conlleva, y en todo estado, gran parte de los gastos de su sistema policial y de su sistema de administración de justicia, se originan únicamente en la deshonestidad de las personas. Si se pudiera prescindir de todo este gasto y depositar plena confianza en las personas, sería posible dedicar mucho más tiempo y energía al trabajo verdaderamente útil. 259 Al estimar la fuerza de trabajo de diferentes naciones o diferentes períodos de tiempo, la división de la población por edad también es importante. Por regla general, la fuerza de trabajo de los varones es máxima entre los veinticinco y los cuarenta y cinco años. Por lo tanto, cuanto más numerosa sea la clase de la población entre estas edades, más favorablemente se encuentra, en igualdad de condiciones, en cuanto al trabajo. 260 261 Pero, por regla general, el número relativo de personas adultas es mayor en las naciones altamente civilizadas. (§ 248.) 262

[pág. 148]

Sección XLI.

Trabajo.—Efecto de la estima en que se lo tiene.

A medida que la civilización avanza, el trabajo se vuelve más honorable. Todas las naciones bárbaras lo desprecian por servil. Pigrum et iners videtur sudore adquirere quod possis sanguine parare : ha sido el lema de todos los tiempos medievales. En la Islandia pagana, el propietario de un terreno podía ser privado de él por un adversario que pudiera vencerlo en combate singular. Este modo de adquisición se consideraba más honorable que la compra. Era la propia forma de investidura de Thor. Las ideas de los romanos sobre la adquisición legítima pueden inferirse de la palabra mancipium (manu capere). 263 El cristianismo puro, por otro lado, predicó la honorabilidad del trabajo desde el principio (Tes. 4, 11; II. Tes. 3, 8 ss.; Ef. 4, 28). Y así en el tiempo de la Reforma, 264 cuando la cristiandad estaba volviendo a su pureza primitiva.

En consonancia con esto está el hecho de que las personas más cultivadas [pág. 149]Las naciones, y lo mismo puede decirse de los individuos, valoran el tiempo sumamente. “El tiempo es dinero.” ( Benjamin Franklin ). Un proverbio inglés dice que el tiempo es la materia de la que está hecha la vida. 265 Mientras que en las naciones negras los individuos ni siquiera conocen su propia edad; mientras que en Rusia hay muy pocos relojes que den las horas, incluso en las torres de las iglesias, en Inglaterra un reloj se considera una prenda indispensable, incluso para los muy jóvenes y para algunos de los estratos más bajos de la sociedad. 266 Los ferrocarriles funcionan en este sentido como una especie de reloj nacional. La introducción de la maquinaria y la división más minuciosa del trabajo hacen de la puntualidad una necesidad. Mientras que los sudamericanos y los antillanos son terriblemente descuidados en cada uno de sus movimientos, un descuido que se delata incluso en su habla arrastrada, 267 la vida de un habitante de Nueva Inglaterra se ha comparado con la prisa de una locomotora. En los mercados del Asia central, nada sorprende tanto al europeo como el poco valor que dan al tiempo los comerciantes de la India y de Bucaría, que quedan plenamente satisfechos cuando, tras una interminable espera, consiguen obtener un precio algo más alto por sus mercancías. 268

[pág. 150]

Sección XLII.

Del capital.—Las clases de bienes que componen el capital de una nación.

Se denomina capital 269 a todo producto almacenado con el fin de producirlo más. (§ 220). 270

[pág. 151]

Por tanto, el capital de una nación está constituido especialmente por las siguientes clases de bienes:

[pág. 152]

A. Mejoras del suelo , por ejemplo, obras de drenaje y riego, diques, setos, etc., que, de hecho, a veces son parte tan integral del terreno que es difícil distinguirlos de él. 271 A esta clase pertenecen todas las plantaciones permanentes.

B. Edificios , que abarcan talleres y almacenes, así como viviendas; también carreteras artificiales de todo tipo.

C. Herramientas, máquinas y utensilios de todo tipo; 272 estos últimos, especialmente para el servicio personal y para la conservación y el transporte de otros bienes. Una máquina se distingue de una herramienta en que la fuerza motriz de la primera no le es comunicada inmediatamente por el cuerpo humano, que solo la dirige; mientras que la segunda sirve como una especie de equipo o como un mejor sustituto de algún miembro del cuerpo humano. 273 Para ser ventajosos, estos tres tipos de capital deben ahorrar más trabajo o fatiga de lo que ha costado producirlos. Sin embargo, las herramientas son más antiguas que las máquinas. Los aborígenes australianos usaban solo una lanza y un garrote para cazar; los indios americanos, algo más civilizados, el arco y la flecha; los europeos usan armas de fuego; en todos ellos se observa un progreso gradual. De las fuerzas ciegas que comunican movimiento a las máquinas, el agua fue la primera utilizada, luego el viento y, por último, el vapor. 274

[pág. 153]

D. Animales útiles y de trabajo , en la medida en que sean criados, alimentados y desarrollados mediante el cuidado humano.

E. Materiales de transformación ( Verwandlungsstoffe ): ya sea el material principal que constituye la sustancia esencial de un nuevo producto, por ejemplo el hilo del tejedor, la lana cruda, la seda o el algodón del hilandero; o el material secundario que, de hecho, entra en la obra, pero solo con fines de ornamentación, como el pan de oro, el laca, los colores, etc.

F. Sustancias auxiliares que se consumen en la producción pero que no constituyen parte visible del producto crudo, 275 como el carbón en la herrería, la pólvora en la chatarra o en la minería, el ácido muriático en la preparación de gelatina, el cloro en el blanqueo, etc.

G. Medios de subsistencia de los productores, que se les adelantan hasta que se completa la producción.

H. Stock comercial , que el comerciante mantiene siempre a mano para satisfacer las necesidades de sus clientes.

I. El dinero como herramienta principal en todo comercio que se realiza.

K. Existe también lo que puede llamarse capital incorpóreo (cuasicapital según Schmitthenner ), que es tanto resultado de la producción como cualquier otro capital y se utiliza en la producción, [pág. 154]pero que, en su mayor parte, no se agota con el uso. Existen especies de este tipo de capital que pueden transferirse, como por ejemplo, la buena voluntad de una empresa consolidada. Otras están tan inseparablemente ligadas a la capacidad humana para el trabajo como las mejoras del suelo a una parcela de tierra; por ejemplo, la mayor destreza adquirida por un trabajador mediante el estudio científico, o la mayor confianza que ha adquirido mediante una larga experiencia. 276 El Estado mismo es el capital incorpóreo más importante de toda nación, ya que es claramente indispensable, al menos indirectamente, para la producción económica. 277

La mayor parte del capital nacional se encuentra en constante transformación. Se destruye y reproduce continuamente. Pero desde el punto de vista de la economía privada, así como del pueblo en su conjunto, decimos que el capital se conserva, aumenta o disminuye según se conserve, aumente o disminuya su valor. 278 Pretium succedit in locum roi et res in locum pretii. «La mayor parte del valor de la riqueza que ahora existe en Inglaterra ha sido producida por la mano del hombre en los últimos doce meses. De hecho, una proporción muy pequeña de ese gran agregado existía hace diez años; del actual capital productivo del país, apenas queda una parte, salvo granjas y algunos barcos y máquinas; [pág. 155]y aun éstos no habrían sobrevivido, en la mayoría de los casos, tanto tiempo si no se hubiera empleado mano de obra nueva durante ese período para repararlos... El capital se mantiene en existencia de época en época, como la población, no por conservación, sino por reproducción.” ( JS Mill .)

Sección XLIII.

Capital.—Capital productivo.

El capital, según el uso que se le pueda dar, puede dividirse en aquel que afecta a la producción de bienes materiales y aquel que afecta a los bienes personales o a las relaciones útiles. El primero, bajo el nombre de capital productivo, se suele oponer, en la literatura político-económica reciente, al capital en uso. 279 Evidentemente, cualquiera de los dos tipos de capital mencionados puede utilizarse para ambos fines. 280 De hecho, ambas clases coinciden en muchos aspectos. Así, un carruaje de cuadra o una biblioteca circulante son capital productivo para su propietario, y capital en uso ( Gebrauchskapital ) para la nación .[pág. 156] En general; aunque la biblioteca circulante de la que un carpintero obtiene información técnica, o el vehículo de la caballeriza que lleva a un Borsig a su despacho, sin duda se ha utilizado en la producción de bienes materiales. Casi todo el capital en uso puede convertirse en capital productivo; por lo tanto, el primero podría llamarse capital inactivo y el segundo capital de trabajo. 282 Una de las principales diferencias entre el capital productivo y el capital en uso es que el primero, incluso cuando se emplea con el mayor cuidado, no se reemplaza a sí mismo tan inmediatamente como el segundo por sus rendimientos. 283 Por otro lado, la verdadera línea divisoria entre el capital en uso y los objetos consumidos que no son capital, y esto concuerda plenamente con nuestra definición de capital, es que estos últimos no solo están sujetos a una destrucción más rápida y siempre contemplada, mientras que en el caso del primero, su destrucción es solo la contraparte imprevista de su uso.

En un pueblo altamente civilizado, una gran cantidad de capital en uso, en comparación con el capital productivo del país, puede considerarse un signo inequívoco de gran riqueza. Cuando esto sucede, la gente, sin perder el deseo de adquirir más, cree tener suficiente para disfrutar plenamente del presente. Basta recordar la munificencia desplegada por la clase media inglesa con su vajilla de plata y otros utensilios domésticos. Pero los pueblos de Rusia, y también de México, no pueden hacer una exhibición insignificante de platería. 284 Aquí el lujo [pág. 157]Es solo un síntoma de la reticencia o incapacidad de los habitantes del país para utilizar su capital en la producción de riqueza. ¡Cuánto más rica sería España hoy si hubiera empleado el capital ocioso gastado en la ornamentación de sus iglesias en la construcción de carreteras y canales! 285 La mayoría de las naciones en un bajo estado de civilización sufren la ausencia de garantías legales. Cada uno se ve obligado a convertir su propiedad en una forma que permita transferirla con mayor facilidad de un lugar a otro y ocultarla. Esta es la razón principal por la que [pág. 158]Los orientales poseen, en términos relativos, muchísimas piedras preciosas y gran cantidad de metales preciosos. La misma causa explica la simplicidad de sus viviendas. 286 Por otro lado, el capital productivo se encuentra en mayor proporción entre las naciones civilizadas que avanzan rápidamente hacia la riqueza, como por ejemplo, los estadounidenses.

Sección XLIV.

Capital.—Capital fijo y capital circulante.

El capital, según su empleo, se divide en capital fijo y capital circulante. El capital fijo puede ser utilizado muchas veces en la producción por su propietario; el capital circulante, solo una vez. El valor de este último tipo de capital pasa íntegramente al valor del nuevo producto. En el caso del primer tipo de capital, solo el valor de su uso pasa al nuevo producto. ( Hermann. ) Por lo tanto, las bestias de carga del agricultor pertenecen a su capital fijo; su alimento y el ganado destinado al matadero, a su capital circulante. En una fábrica de máquinas, una caldera destinada a la venta es capital circulante; mientras que una similar, mantenida en reserva para las máquinas utilizadas en la producción, es capital fijo. Ricardo atribuye un significado ligeramente diferente a estos dos términos: llama capital fijo al que se consume lentamente, y circulante, [pág. 159]lo que desaparece rápidamente. 287 El capital fijo es, de hecho, producido y preservado por el capital circulante; pero, en su mayor parte, se transforma de nuevo en capital circulante. 288 Además, solo por medio de este último, el primero puede emplearse productivamente. 289 La importancia relativa del capital fijo y circulante para un país depende de si el país es avanzado o solo uno en desarrollo. Un pueblo con mucho capital fijo es, de hecho, muy rico; pero corre el riesgo de ofrecer muchos puntos vulnerables a un enemigo agresivo y de convertir así el mammón, fácilmente comprometido, en un ídolo. Hacer un sacrificio pasajero del país para que el pueblo y el estado puedan salvarse, como hicieron los escitas contra Darío, los atenienses contra Jerjes y los rusos contra Napoleón, se vuelve difícil a medida que la nación se ha enriquecido en capital fijo. 290 Pero, como [pág. 160]el destino de este último cambia con mucha mayor dificultad que el del capital circulante; las naciones muy cultivadas tendrían muchas dificultades para satisfacer nuevas necesidades si no pudieran apropiarse siempre de los resultados del ahorro adicional para la producción de nuevo capital fijo.

Sección XLV.

El capital.—Cómo se origina.

El capital es principalmente el resultado del ahorro que retira nuevos productos del disfrute-consumo inmediato de su poseedor y los preserva, o al menos su valor, para que sirvan de base para un uso duradero. 291 Como el capital representa la solidaridad del pasado, presente y futuro económico, por regla general se remonta al pasado y avanza hacia el futuro, a través de un período de tiempo más largo en proporción a su cantidad y eficiencia. 292 También aquellos productores cuyos productos perecen rápidamente pueden ahorrar intercambiando sus productos. [pág. 161]y capitalizando su contravalor. Así, el actor, cuya actuación no deja tras de sí más que un recuerdo, puede emplear el trigo que recibió de un granjero que acudió a escucharlo como trabajador del hierro e invertir el producto permanentemente en un ferrocarril. La transformación puede efectuarse mediante dinero, bonos, etc., pero no por ello deja de ser real. El orden, la previsión y el autocontrol son las condiciones intelectuales que preceden al ahorro y al capital. La disposición infantil y de buen amigo que solo se preocupa por el presente le es adversa. Es cierto que el deseo de ahorrar solo puede desarrollarse donde existen garantías legales de propiedad; 293 garantías que son a la vez las condiciones precedentes y el efecto de toda civilización económica. 294 Los indios, esquimales, etc., tuvieron que ser instruidos por primera vez por los misioneros y comerciantes —y se hizo con la mayor dificultad— a salvar su botín y a preservar las fuentes naturales de su adquisición. Originalmente, en el calor y la excitación de la caza y la pesca salvajes, solían destruir en el acto lo que no podían disfrutar en el momento. 295 En las etapas más bajas de la civilización, el primer ahorro de capital de alguna importancia se efectúa con frecuencia mediante el robo o la esclavitud. 296 En ambos casos, son los más fuertes quienes obligan a los más débiles a consumir menos de lo que producen. Véase infra . [pág. 162]§ 68. Allí donde la civilización está en su apogeo, la inclinación al ahorro, por regla general, es muy marcada. 297 Empieza a declinar allí donde un pueblo mismo está en decadencia en civilización, y especialmente allí donde las garantías legales han perdido su fuerza.

Pero el capital puede incrementarse incluso sin sacrificio personal; por ejemplo, mediante la mera ocupación de ciertos bienes, hasta entonces no reconocidos como tales. Así también, mediante el establecimiento de relaciones valiosas, cuyas ventajas se convierten en el bien común de todos, o bien, por la exclusiva voluntad de un individuo, obtienen valor a cambio. El propio progreso de la civilización puede incrementar el valor del capital existente. Así, por ejemplo, una casa, considerada como capital, puede duplicar su valor si se abre una calle frecuentada en sus inmediaciones. A esta categoría pertenecen todas las mejoras en las artes que permiten al capital existente alcanzar mayores logros que antes. La invención de la brújula incrementó el valor del capital empleado en la marina mercante hasta un punto incalculable. 298 El aumento de capital logrado mediante el ahorro pronto encuentra un límite, a menos que este se amplíe con el progreso de la civilización. 299 300

[pág. 163]


Capítulo II.

Cooperación de los factores.

Sección XLVI.

La cooperación productiva de los tres factores.

Toda producción económica exige generalmente la cooperación de tres factores: naturaleza externa, trabajo y capital. Pero para el economista político, el trabajo es lo principal; y no solo porque todo capital presupone trabajo, ni porque toda combinación de los tres factores sea un acto de trabajo; [pág. 164]pero, en general, porque “la idea que la mente humana tiene de medios y fines hace que todos los bienes sean bienes por primera vez”. ( Hufeland ).

Dejando de lado las fuerzas libres de la naturaleza, en cuyo entorno vivimos y trabajamos, y considerando también que toda la materia prima proviene de ella, la tierra es la base indispensable de toda economía. Pero ¡cuán poco puede hacer la naturaleza sin ayuda para satisfacer las necesidades humanas! ¡Cuánto menos para producir bienes con valor a cambio! Un bosque virgen, por ejemplo, vendido en su estado natural, tiene, sin duda, valor a cambio, pero solo porque se considera que puede ser talado y que ya existen medios de transporte. 301 La mayor parte de las fuerzas de la naturaleza están latentes en los nómadas y las naciones de cazadores. Cuando el trabajo se desarrolla, se les da la libertad de apoyarlo. 302 Es muy raro que algo pueda producirse sin capital. Incluso el más pobre recolector de bayas silvestres necesita una cesta y debe vestirse. 303 Si no hubiera capital, cada individuo tendría que empezar desde cero en cada momento. La vida solo sería posible en un clima tropical. Ningún hombre, desde los días de Adán, ha podido trabajar, excepto con la condición de que se le hubiera hecho un anticipo considerable de capital. No hay un clavo en toda Inglaterra, dice Senior, que no pueda, directa o indirectamente. [pág. 165]se remonta directamente a los ahorros realizados antes de la conquista normanda. 304

Sección XLVII.

Cooperación productiva de los tres factores. Los tres grandes períodos de la economía de una nación.

La relación entre los tres factores es necesariamente muy diferente en las distintas ramas de producción. Por ejemplo, en el caso de la ganadería en una pradera, la mano de obra hace muy poco, mientras que la tierra lo hace casi todo. Por lo tanto, un país extenso y escasamente poblado se adapta mejor a este tipo de producción. Pero donde la tierra escasea, como en las ciudades ricas y populosas, la actividad humana debe orientarse hacia aquellas ramas de la industria que requieren capital y mano de obra, como las manufacturas y los oficios. (§ 198.) 305

Desde esta perspectiva, la historia del desarrollo de la economía pública de cada pueblo puede dividirse en tres grandes períodos. En el período más temprano, la naturaleza es el elemento predominante en todas partes. Los bosques, las aguas y los prados proporcionan alimento casi espontáneamente a una población escasa. Esta es la edad de oro o saturnina que relatan las sagas. La riqueza, propiamente dicha, no existe aquí, y quienes no poseen un terreno corren el riesgo de volverse completamente dependientes, o incluso esclavos, de un terrateniente. En el segundo período, aquel por el que han pasado todas las naciones modernas desde finales de la Edad Media, el elemento, el trabajo, adquiere una importancia cada vez mayor. El trabajo favorece el origen y desarrollo de las ciudades, así como los derechos exclusivos, los derechos de los municipios y gremios mediante los cuales el trabajo se capitaliza, por así decirlo. [pág. 166]La clase media se forma intermedia entre los siervos y los propietarios de la tierra. En el tercer período, el capital, por así decirlo, da tono a todo. El valor de la tierra aumenta enormemente por el gasto de capital en ella, y en las manufacturas, el trabajo mecánico prepondera sobre el trabajo de la mano humana. 306 La riqueza nacional experimenta un aumento diario; y es el "capitalismo" el que primero da una existencia independiente a la actividad económica del hombre; de la misma manera que la ley se emancipa, por así decirlo, de la propiedad de la tierra, de la iglesia y de la familia solo en el estado constitucional ( Rechtsstaat ). 307 Pero, durante este período, la clase media, con su moderada comodidad y sólida cultura, puede disminuir en número, y la riqueza colosal se enfrenta a la miseria más abyecta. 308 Aunque puede demostrarse que estos tres períodos existen en la historia de todos los países altamente civilizados, las naciones de la antigüedad, relativamente hablando, nunca avanzaron mucho más allá del segundo, ni siquiera en sus días más prósperos. Gran parte de lo que se logra entre nosotros mediante capital y máquinas, los griegos y romanos lo hacían mediante el trabajo de esclavos. Dejando de lado el cristianismo, casi todas las pequeñas diferencias entre la economía pública de los antiguos y la de los modernos pueden reducirse a esta distinción fundamental. 309 310

[pág. 167]

Sección XLVIII.

Historia crítica de la idea de productividad.

En este capítulo, la parte histórico-dogmática ( dogmengeschichtliche ) es de suma importancia, porque trata de la conexión [pág. 168]Entre las nociones fundamentales más profundas y las principales ramas de la vida práctica. Es evidente que todo economista político debe construir su exposición de la productividad a partir de sus nociones previas de bienes y valor. Por lo tanto, debemos distinguir entre las exposiciones lógicas, pero demasiado limitadas, y las completamente erróneas. 311

[pág. 169]

Así, el Sistema Mercantil admite cualquier modo de aplicar los tres factores de producción, pero los considera realmente productivos solo en la medida en que aumentan la cantidad de metales preciosos que posee la nación, ya sea mediante la minería nacional o mediante el comercio exterior. Esta perspectiva se sostiene y se desmorona con la idea, demasiado limitada, de riqueza nacional antes mencionada (§ 9 ), que este sistema defendía. 312 La mayoría de los partidarios del Sistema Mercantil atribuyen mayor poder a la industria para atraer oro y plata del extranjero que a la agricultura, y a las industrias más finas que a las más burdas; al comercio activo y directo, más que al comercio pasivo e indirecto.

[pág. 170]

Sección XLIX.

Historia crítica de la idea de productividad.—La doctrina de los fisiócrates.

La doctrina de los fisiócrates se explica en parte por una reacción muy natural a la estrechez de miras del sistema mercantil y, al mismo tiempo, por un presentimiento, malinterpretado, de la verdadera teoría de la renta (§ 150 y siguientes). De las seis clases de trabajo mencionadas anteriormente (§ 38 ), solo se consideran productivas aquellas que aumentan la cantidad de materia prima útil para los fines humanos. Todas las demás clases, independientemente de su utilidad, se consideran estériles, asalariadas, porque obtienen sus ingresos únicamente de la superabundancia de los terratenientes y los trabajadores del campo. Los comerciantes, en el sentido estricto del término, solo producen un cambio en la forma del material, cuyo mayor valor depende de la cantidad de otro material consumido para los fines de su trabajo. Si se ahorra algo de este material, el valor de sus productos disminuye, aunque en beneficio de la economía de toda la nación. En cualquier caso, la industria no podría crear riqueza, sino solo hacerla más duradera. Podría, por así decirlo, acumular el valor de la cantidad de alimentos consumidos durante la construcción de una casa en la casa misma. 313

[pág. 171]

Pero si los artesanos realmente ganaran, en valor de sus productos, solo lo que consumieron durante su trabajo, les sería difícil encontrar empleadores que les proporcionaran capital. Todos reconocerán que un Thorwaldsen y un cantero común, con el mismo bloque de mármol, las mismas herramientas y la misma comida, necesariamente, al cabo del mismo tiempo, producirían valores extremadamente diferentes. 314 E incluso en el caso de que la industria añadiera a la materia prima solo exactamente la misma cantidad de valor que la consumida por los trabajadores, ¿puede decirse que el trabajo deja de ser productivo simplemente porque lo consumen los propios trabajadores? Si así fuera, incluso la agricultura, en la mayoría de los países con baja civilización, sería improductiva. 315

El comercio, según la teoría de los Fisiócrates, solo transfiere la riqueza ya existente de una mano a otra. Lo que los comerciantes ganan con ello es a costa de la nación. Por lo tanto, es deseable que esta pérdida sea lo más [pág. 172]Lo más pequeño posible. ¡De ahí la esterilidad! 316 Pero las ramas más importantes del negocio, especialmente el comercio al por mayor, están conectadas con el transporte de bienes ( Verri ), ya sea de un lugar o de un período de tiempo a otro. Aquí el comerciante genuino especula esencialmente sobre la diferencia de los valores en uso que posteriormente son mayores que antes. 317 El hielo enviado anualmente desde Boston a tierras tropicales satisfizo una necesidad mucho más urgente y extendida allí que si se hubiera quedado en casa. Y así, el almacenamiento de grano en grandes cantidades después de una cosecha abundante retira, de hecho, un objeto de disfrute del consumo de la gente; pero su venta, después de una mala cosecha, sin duda aumenta su disfrute en un grado mucho mayor de lo que había disminuido antes. Además, la condición de ambas partes del contrato suele mejorar en todo comercio normal. ( Condillac. ) 318 Nadie se desprende de bienes intercambiables a menos que le sean de menor utilidad que los que recibe a cambio. 319 Así pues, el valor de uso de los recursos de una nación se ve realmente incrementado por el comercio. A los demás atributos de los bienes, añade una de las principales condiciones de todo uso, la accesibilidad ( Kudler ), con la que o bien los dota de nuevo o bien los incrementa en grado. Para ello, el comerciante utiliza herramientas, al igual que el fabricante. [pág. 173]Lo que las ruecas, los telares y los talleres son para estos últimos, los barcos, los almacenes, las grúas, etc., son para los primeros. Si la producción no se completa hasta que el producto se adecua a su fin último, el consumo, el comercio puede considerarse el último eslabón de la cadena del trabajo productivo. Constituye, al mismo tiempo, una serie de eslabones intermedios; sin él no es posible la división del trabajo, y sin división del trabajo, no hay mayor productividad económica. 320 Cómo el comercio puede aumentar el valor de intercambio de las mercancías, sin perjudicar en modo alguno al comprador, no necesita más ilustración. 321

Sección L.

El mismo tema continúa.

Incluso Adam Smith calificó de improductivos los servicios, en el sentido más estricto del término (§ 3 ), tanto los serios e importantes del estadista, el clérigo y el médico, como los frívolos del cantante de ópera, el bailarín y el bufón. El trabajo de ninguno de ellos puede fijarse ni incorporarse en ningún... [pág. 174]objeto particular. 322 323 Pero, ¿qué extraño es que el trabajo de un luthier se llame productivo, mientras que el del violinista se llame improductivo; aunque el producto del primero no tenga otro objeto que ser tocado por el segundo? ( Garnier ). ¿No es extraño que el criador de cerdos se llame productivo, y el educador del hombre improductivo ( List ); el boticario, que prepara un ungüento que alivia por el momento, productivo, el médico, improductivo, a pesar del hecho de que su prescripción en relación con la dieta, o su operación quirúrgica, pueden curar radicalmente la enfermedad más grave?

Si la productividad del empleo de los factores de producción se hace depender de si se acompaña de un resultado material, nadie negará que el trabajo del labrador, por ejemplo, es productivo; y nadie, al menos de la escuela de Adam Smith, que el del oficinista, que encarga la materia prima para el dueño de la fábrica, lo es. Han participado indirectamente en la producción. Pero, ¿acaso el servidor del estado, que protege la propiedad de sus ciudadanos, o el médico, que preserva la salud del productor, no tienen una participación igualmente mediata pero indispensable en ella? Al guarda forestal que ahuyenta a los cuervos, todos lo llaman productivo; ¿por qué no, entonces, al soldado, que ahuyenta a uno mucho peor? [pág. 175]¿Enemigo de todo el país? ( McCulloch ). Pero la división total del negocio en dos ramas, una directamente productiva y la otra indirectamente productiva, solo puede defenderse respecto a ciertos tipos de bienes. ( Schmitthenner ). El trabajo del juez, por ejemplo, solo es indirectamente productivo en la fabricación de zapatos, ya que garantiza el pago de la cuenta del zapatero. Por otro lado, el zapatero contribuye solo muy indirectamente a la seguridad general que brinda la ley, al proteger el pie del juez. 324

Tampoco se puede alegar ninguna inferioridad efectiva del servicio simplemente porque el poder productivo de una rama de negocio sea, medido por la duración de sus resultados, mayor que el de otra. 325 ¿Qué es más perecedero que una hogaza de pan comprada para la cena? ¿Qué es más imperecedero que el monumentum ære perennius de un Horacio? El trabajo invertido en las personas y en las relaciones ( Verhältnissen ) es, tanto en la medida [pág. 176]y la duración de sus resultados, mucho menos estimable que cualquier otra; pero su capacidad de acumulación y su poder de propagación son mayores que cualquier otro. Es en el ámbito de lo «inmaterial» donde el hombre es más «creativo». ( Lueder. ) 326 Finalmente, tampoco debe afirmarse con demasiada frecuencia la mayor indispensabilidad de las ramas más materiales de los negocios. La agricultura produce grano, que es indispensable, y tabaco, que no lo es; la industria, telas, así como encajes; el comercio extrae de la misma parte del mundo ruibarbo y nidos comestibles de pájaros; y así, a los servicios pertenecen los indispensables del educador y el juez, así como los del equilibrista y el guía de osos, de los que se puede prescindir. 327 De hecho, la línea divisoria entre la producción material y la intelectual no puede, de ninguna manera, trazarse con precisión. 328

Sección LI.

El mismo tema continúa.

La mayor parte de los escritores recientes 329 han llegado, por lo tanto, a la opinión de que todo negocio útil que ministra [pág. 177]para satisfacer las necesidades de bienes externos de todo el pueblo posee productividad económica. 330 Pero hay una gran diferencia para la ciencia si una opinión se considera verdadera porque nadie ha sugerido una duda sobre su corrección o porque todas las dudas sobre su verdad han sido eliminadas triunfalmente.

[pág. 178]

Sección LII.

Idea de Productividad.

Nunca debe perderse de vista que la economía pública de un pueblo debe considerarse un organismo que, cuando crece sanamente, desarrolla órganos más diversos, pero siempre en la proporción adecuada, que no solo son sustentados por el cuerpo, sino que también sirven para sustentarlo. El conjunto de las necesidades de toda la economía pública, etc., se satisface mediante la actividad colectiva del pueblo. Cada individuo que emplea sus tierras, trabajo o capital para el conjunto, recibe su parte del producto global, independientemente de si contribuyó o no a la creación del tipo de producto por el que se le paga. Así, en una fábrica de alfileres, el obrero que se ocupa únicamente en fabricar las cabezas de los alfileres no recibe su pago en alfileres ni en cabezas de alfileres, sino en una parte del resultado global de la fabricación, en dinero. Por lo tanto, todo sector empresarial, por cuyos logros existe una demanda racional y que se remunera en proporción a sus méritos, ha trabajado productivamente. Es improductivo solo cuando nadie necesita lo que ha producido o cuando nadie paga por ello; Pero, en este caso, lo que es cierto del escritor sin lectores —que es improductivo— y del cantante sin oyentes, es igualmente cierto del campesino cuyo trigo se pudre en su granero, porque no puede encontrarle venta. 331

[pág. 179]

Sección LIII.

El mismo tema continúa.

En este asunto, nuevamente, se observa una importante diferencia entre la economía privada o individual y la economía en su sentido más amplio, en el sentido de una economía-mundo. La productividad del trabajo se estima, en el caso de la primera, según el valor de intercambio de su resultado; en el caso de la segunda, según su valor de uso. Existe un gran número de empleos que son muy remunerativos para los particulares, pero que son completamente improductivos, e incluso perjudiciales, para la humanidad, debido a que privan a otros tanto o incluso más de lo que les proporcionan a quienes los ejercen. Aquí se incluyen, además de los delitos formales contra la propiedad, los juegos de azar, las especulaciones usurarias (§ 113 ) y las medidas adoptadas para atraer clientes de otros competidores. Asimismo, los experimentos científicos, los medios de comunicación, etc., pueden ser completamente improductivos en la economía individual del empresario de pompas fúnebres y, sin embargo, ser más beneficiosos para la humanidad en general que lo que han sido. [pág. 180]Costo del primero. 333 En este sentido, la economía nacional ocupa un lugar intermedio entre la economía individual y la economía mundial. 334 En sentido estricto, solo aquellos empleos que aumentan los recursos mundiales deberían considerarse productivos. Por lo tanto, la labor del gobierno debería llamarse así solo en la medida en que sus gastos estén cubiertos por los impuestos pagados voluntariamente por la parte más razonable de los ciudadanos; y también solo en la medida en que su trabajo sea realmente necesario para el logro de su fin. 335 La productividad de un empleo supone, además, que no se realiza a costa de otros empleos de los que es más difícil prescindir. En una nación sana, en este asunto podemos confiar, hasta cierto punto, en el juicio de la opinión pública, que sabe apreciar, en su justo valor, a los jugadores profesionales, a los timadores y al lujo de los soldados. Cuanto más grande, más libre y más cultivada sea una nación, tanto más probable será que la productividad de la economía privada sea también la productividad económica nacional, y que la productividad económica nacional sea la productividad económica mundial. 336

Sección LIV.

Importancia de una debida proporción en las diferentes ramas de la productividad.

Mucho depende siempre de la debida proporción entre las diferentes ramas de productividad. Así, España, por ejemplo, se ha mantenido pobre bajo las condiciones más ventajosas. [pág. 181]Circunstancias en el mundo, 337 porque permitía una preponderancia desproporcionada de servicios personales. El carácter del pueblo español siempre le ha dado una inclinación hacia el orgullo aristocrático y la ociosidad económica. Los comerciantes, en ese país, buscaban, por regla general, acumular apenas lo suficiente para vivir de los intereses de su capital; tras lo cual, de preferencia, lo trasladaban a alguna otra provincia, donde pudieran ser considerados nobles; o se retiraban a un monasterio. Incluso en 1781, la Academia de Madrid consideró que le correspondía proponer un premio al mejor ensayo en apoyo de la tesis: «Los oficios útiles no menoscaban en nada el honor personal». 338 Durante el siglo en que el país alcanzó su mayor gloria, todo el pueblo se empeñó en ser para toda Europa lo que los nobles, oficiales y funcionarios son para una sola nación. “Quien quiera hacer fortuna”, dijo Cervantes, “que busque la iglesia, el mar (es decir, vaya como aventurero a América) o el palacio del rey”. Bajo Felipe III, había en España novecientos ochenta y ocho conventos y treinta y dos mil frailes mendicantes. El número de monasterios se triplicó entre 1574 y 1624, y el número de monjes aumentó en una proporción aún mayor. Muchas de sus manufacturas, gran parte de su comercio y no pocas de sus granjas más importantes estaban controladas por extranjeros, especialmente por italianos. Había, al parecer, en 1610, ciento sesenta mil comerciantes extranjeros viviendo en Castilla. En 1787, todavía había 188.625 sacerdotes, monjes, monjas, etc.; 280.092 sirvientes; 480.589 nobles; 964.571 jornaleros; 987.187 campesinos; 310.739 mecánicos y fabricantes; [pág. 182]34.339 comerciantes. 339 Como contraparte de esto, Estados Unidos tenía, en 1840, alrededor del 77,5 por ciento de su población dedicada a la agricultura, el 16,8 en las manufacturas y la minería, el 4,2 en el transporte marítimo y el comercio, y el 1,3 en las profesiones académicas. 340

[pág. 183]

Podríamos sentirnos tentados, en vista de este contraste, a volver una vez más a la improductividad de los servicios personales. Sin embargo, no es la dirección que se da a las fuerzas productivas, sino su despilfarro, lo que resulta perjudicial. Cuando el magiar, por mera vanidad, conduce una yunta de cuatro a seis caballos cuando dos son suficientes; o cuando, como en 1831, la agricultura irlandesa empleó a 1.131.715 trabajadores para producir un valor de treinta y seis millones de libras esterlinas, mientras que la de Gran Bretaña 341 producía ciento cincuenta millones al año y empleaba solo a 1.055.982 trabajadores, estas causas son tan seguras de empobrecer al país como el despilfarro de los españoles al mantener semejante ejército de clérigos y sirvientes. Por supuesto, ¡la tentación de malgastar la riqueza en parques es mayor que en huertos! La probabilidad de que un hombre se arruine por tener demasiados sirvientes es mayor que la de que... [pág. 184]hará lo mismo empleando demasiados operarios. 342 Y tanto más cuanto hay muchos y especialmente importantes servicios que regulan su propia remuneración: así, por regla general, los del estadista, los del militar en tiempos de guerra y los del sacerdote en la era de la superstición. 343

Sección LV.

El grado de productividad.

En cuanto al grado de productividad, cabe destacar que la aplicación más productiva de los factores de producción es aquella que, con el menor gasto de recursos, satisface la mayor necesidad en la economía de un pueblo. En este caso, se produce un cambio continuo, que corresponde precisamente a la evolución de las necesidades y las facultades. Tras una mala cosecha, por ejemplo, el trabajo que procura grano de países extranjeros o los suministros de años anteriores es el más productivo; y, tras un terremoto que destruye una gran ciudad, el trabajo del constructor. La agricultura es, por regla general, la más productiva. [pág. 185]el trabajo de las naciones subdesarrolladas y la industria de las naciones altamente desarrolladas. 344 345

[pág. 186]


Capítulo III.

La organización del trabajo.

Sección LVI.

Desarrollo de la división del trabajo.

Cuanto más grande se vuelve un árbol, más ramas produce. Cuanto más perfecta es una especie animal, más necesita un órgano específico para cada propósito específico. Y así, la división del trabajo se ha desarrollado y ha seguido el ritmo del desarrollo de la sociedad humana. Mientras que Crusoe se veía obligado a cubrir todas sus necesidades con su propio trabajo, encontramos que en la familia india más agreste, el hombre se emplea en la guerra, la caza, la pesca, la fabricación de armas y barcos, y en el transporte de estos últimos durante largas marchas; la mujer, por otro lado, se dedica a la preparación de alimentos, al corte de madera, al curado de pieles, a la costura de ropa, a la construcción y conservación del tipi, al cuidado de los niños y al transporte de equipaje durante la marcha. 346 Estas ocupaciones, al principio enteramente domésticas, [pág. 187]se convirtieron, poco a poco, en industrias separadas, que están constantemente sujetas a nuevas subdivisiones. 347

Sección LVII.

Desarrollo de la división del trabajo.—Su extensión en diferentes períodos.

En la edad media de un pueblo, la división del trabajo no se lleva a cabo en gran medida. Los cortesanos del rey Frotho III. le aconsejaron que se casara, "ya que de lo contrario el lino andrajoso de su majestad nunca sería remendado". San Dunstan, aunque ocupaba una alta posición en la política y en la Iglesia, era un excelente herrero, fundidor de campanas y diseñador de túnicas femeninas. Chriemhild en el Nibelungenlied era una sombrerera trabajadora y hábil. En el período correspondiente de la historia griega y romana, encontramos a Penélope y Lucrecia en el telar, Nausicaa, una lavandera, la hija del rey de los Lestrigons, trayendo agua del manantial, Odiseo, un carpintero, una reina de Macedonia como cocinera y finalmente la rueca de Tanaquil. 348 En las tierras altas de Escocia, en 1797, había una gran cantidad de campesinos cuya ropa era toda hecha a mano, con la excepción de sus gorras; Nada venía del extranjero, excepto el sastre, sus agujas y herramientas de hierro en general. Pero el campesino mismo era el tejedor, batanero, tintorero, curtidor, zapatero, etc., de su propia familia: 349 hombres, un manitas. 350

[pág. 188]

En la Inglaterra actual, por otro lado, la fabricación de relojes se divide en ciento dos ramas que requieren un aprendizaje especial; solo el llamado "acabado de relojes" se encarga de otras ramas. En Wolverhampton, puede ocurrir que un hombre empleado en la fabricación de llaves no sea capaz de fabricar una llave completa después de un aprendizaje de diez años, debido a que durante ese tiempo solo se ha dedicado a limar. En la agricultura inglesa, según las nociones alemanas, hay muy pocos conjuntos completos. Existe allí una clara distinción entre los cultivadores de maíz y los criadores de ganado; y estos últimos se dividen a su vez en criadores de ganado joven, engordadores de ganado, etc. Sus industrias están, en gran parte, divididas en provincias. Así, las manufacturas de lino se limitan casi exclusivamente a Leeds y Dundee, las manufacturas de lana a Leeds, las manufacturas de algodón a Manchester, [pág. 189]y Glasgow, cerámica a Stafford, hierro tosco al sur de Gales, ferretería a Birmingham, cuchillería a Sheffield. Y así en los diferentes barrios de la ciudad. Así, en las grandes ciudades, los bancos, tiendas, oficinas, etc., se encuentran en una sola zona, con apenas viviendas intermedias.

De la división del trabajo dependen todas las diferencias de estado y clase, y toda la cultura humana. No se puede afirmar que no exista una división del trabajo entre los animales; pero aquellos animales entre los que existe algo análogo a la división del trabajo entre los hombres se distinguen considerablemente por su economía similar a la humana y la importancia relativa de sus logros.

Sección LVIII.

Ventajas de la división del trabajo.

Las ventajas de toda división adecuada del trabajo, resultantes de las diferencias naturales de las facultades y disposiciones humanas, son las siguientes:

[pág. 190]

A. La mayor destreza del trabajador. Incluso físicamente, muchas capacidades se mejoran extraordinariamente mediante un número indefinido de repeticiones de la misma operación; esto, sin embargo, dificulta la realización de otras operaciones. Así, el hombre que ha desarrollado sus músculos y endurecido sus manos trabajando en una herrería se vuelve incapaz de convertirse en violinista u oculista. 355 Aquí reside especialmente la posibilidad de aprovechar al máximo toda clase de fuerza de trabajo. Incluso niños 356 y ancianos pueden, de esta manera, participar en la producción de bienes. También resulta factible liberar a los hombres dotados de facultades superiores del trabajo común y permitirles dedicarse exclusivamente al desarrollo de las facultades peculiares con las que la naturaleza los ha dotado. 357

B. Un gran ahorro de tiempo y esfuerzo. Cuanto más sencilla sea la operación realizada por un solo obrero, más fácil será aprenderla; menor será el precio del aprendizaje, que depende, al menos, de que los principiantes realicen un trabajo peor y reciban un salario más bajo. «El camino más corto hacia... [pág. 191]“El fin se encuentra más fácilmente cuando el fin mismo está cerca y puede mantenerse continuamente a la vista”. ( JB Say .) Cuando un mismo trabajador combina diferentes operaciones, se pierde mucho tiempo cambiando herramientas, etc. Además, siempre le toma tiempo a un trabajador ponerse manos a la obra. Quien cambia con tanta frecuencia se vuelve más fácilmente indolente. Por último, existe un gran número de operaciones que exigen el mismo esfuerzo agregado, independientemente del número de objetos en los que se realicen. Así ocurre, por ejemplo, con los pastores, carteros, etc. 358 El correo transporta mil cartas con casi la misma facilidad que una; y la vida entera de un comerciante mayorista apenas alcanzaría para llevar todas las cartas que envía en un solo día a su destino. Durante la Edad Media, todo hombre estaba obligado a velar por su seguridad personal y el mantenimiento de sus derechos; mientras que en 1850, en Gran Bretaña, veintiún millones de personas están protegidas en sus personas y bienes, de una manera infinitamente más eficaz y a menor coste, por quince mil soldados y por un número mucho menor de policías, cuyo papel es preservar el orden público. ( Senior .) Algo similar ocurre entre los comerciantes, y puede admitirse como correcto en principio que cada nuevo intermediario, libremente reconocido por ambas partes en el comercio, 359 hace que el trabajo sea mejor o más barato.

C. Como la tierra de un país es, en cierto sentido, la extensión natural del cuerpo nacional, la división internacional del trabajo proporciona un medio indirecto, pero a menudo indispensable, de obtener los productos de países y climas extranjeros. 360 Si el pueblo inglés deseaba obtener por sí mismo, y sin recurrir a ningún intermediario, la cantidad de té [pág. 192]que consumen anualmente, es posible que toda su población agrícola no alcance para obtenerlo; mientras que, en la actualidad, se obtiene mediante el trabajo de cuarenta y cinco mil obreros industriales. ( Senior .) Además, la división del trabajo aumenta no solo la aptitud del obrero, sino también su incentivo para el trabajo productivo, ya que garantiza a todos la certeza de poder, mediante el intercambio, disfrutar de las producciones de todos los demás. 361

Sección LIX.

Condiciones de la división del trabajo.

Es mediante su división que el trabajo, considerado como factor de producción, alcanza su máximo grado de eficiencia. Por lo tanto, sus resultados en cualquier industria son más importantes en la medida en que el elemento trabajo predomina en ella. Por lo tanto, estos resultados son mucho menores en la agricultura, por ejemplo, que en los oficios o en los servicios personales. 362 El sembrador o cosechador más experto no puede dedicarse todo el año a la siembra o la cosecha. Algún tipo de rotación de cultivos, alguna combinación de labranza y ganadería es necesaria para todo agricultor. De esto depende la importancia de las industrias técnicas secundarias de la agricultura, que son, en principio, [pág. 193]Se oponía a la división del trabajo. Por lo tanto, casi cualquier persona que se dedique a un oficio, sin importar su tipo, supone un mayor número de clientes que un labrador del mismo rango.

Cuanto más se divide el trabajo, mayor es la cantidad de capital necesaria. 363 Incluso puede decirse que todo el trabajo preparatorio se convierte en capital en relación con el trabajo posterior. Si diez trabajadores aislados pueden producir diez docenas de artículos de cualquier tipo diariamente, y, tras la introducción de una división del trabajo más eficiente, cincuenta docenas, el empleador debe proporcionarles, en este último caso, no solo cinco veces más capital, sino probablemente cincuenta veces más que el que producen entonces quinientas docenas continuamente.

Sección LX.

Influencia de la extensión del mercado en la división del trabajo.

Pero es especialmente la extensión del mercado la que determina los límites de la división del trabajo; pues existe una relación directa y necesaria entre la división del trabajo y el intercambio de su excedente. Por lo tanto, la división del trabajo puede alcanzar su máximo potencial en el caso de aquellos productos que se transportan con mayor facilidad de un lugar a otro y que, al mismo tiempo, poseen la utilidad más ampliamente reconocida. La pequeñez del mercado puede depender de la escasez de la población o de su dispersión; 364 de su [pág. 194]Menor capacidad de pago o deficientes medios de comunicación. 365 Por lo tanto, en pueblos, ciudades pequeñas y, aún más, en granjas aisladas, muchas ramas de negocio son gestionadas por una sola persona, que se dividen entre muchas en ciudades más grandes; esto es especialmente cierto en el caso de negocios con una demanda principalmente local. 366 Mientras que en localidades pequeñas el barbero también suele ser médico, en las grandes hay dentistas, oculistas, parteros, cirujanos, etc. 367 ; y mientras que en las primeras el tabernero es a la vez comerciante de artículos secos y de comestibles, en las segundas hay comerciantes de té, cigarros, artículos de luto (en almacenes de ropa de cama de Londres), etc., y hoteles para todas las clases de viajeros. Solo puede haber una clase distinta de porteadores, cocheros, etc., donde el comercio es muy activo. 368 E incluso en ciudades como París, donde las costosas industrias que abastecen el lujo, como por ejemplo la de los joyeros, sólo admiten una división limitada del trabajo, este efecto depende de lo pequeño del mercado; un mercado, en verdad, [pág. 195]Que geográficamente puede extenderse por toda la Tierra, pero que, en sentido económico, siempre debe ser pequeña debido al reducido número de clientes con capacidad de pago. Las verdaderas maravillas producidas por la división del trabajo y el empleo de maquinaria debemos buscarlas en la fabricación de los productos más baratos y comunes. 369

Sección LXI.

La división del trabajo: medios para aumentarla.

Por lo tanto, quien quiera aumentar la división del trabajo entre la gente debe, ante todo, ampliar su mercado; y esto se logra con mayor eficiencia mejorando los medios de comunicación. Incluso en nuestros días, es por las vías navegables que se transportan los artículos más pesados con el menor gasto de fuerza; pero donde la civilización no ha avanzado, estas vías ofrecen aún mayores ventajas, debido a su seguridad, conveniencia y prioridad. Y aquí está la explicación de la íntima conexión entre los inicios de todas las civilizaciones y la existencia, cerca del escenario de tales inicios, de buenas vías navegables naturales. «Incluso el habitante más agreste de la costa marina capta muy pronto la idea de la distancia, algo que falta por completo en el habitante de la selva virgen. Apenas vislumbra la isla lejana, su anhelo por lo lejano adquiere un carácter bien definido. Trozos de madera que flotan junto a él le sugieren... [pág. 196]“El mejor material para mantenerse a flote en el agua, y un pez la mejor forma para su artesanía”. ( Klemm. ) Por lo tanto, el mar Mediterráneo, especialmente su porción oriental, con los diversos pueblos y productos de sus costas, con sus numerosas islas, penínsulas y bahías, su fácil navegación, pero poco influenciada por las mareas o las corrientes oceánicas, fue la principal sede de la civilización antigua. 371 El significado literal de Ática es costa. ( Estrabón. ) La colonización de un nuevo país suele comenzar, siempre que sea posible, en la costa, especialmente en islas cercanas a ella, y seguir el curso de los ríos hacia el interior. Incluso continentes enteros ocupan, en su mayor parte, en la historia del mundo, la posición que les asigna su desarrollo costero. 372 Si bien es difícil determinar si, en el caso del continente europeo, predominan sus extremidades o su tronco, puede decirse que África es un tronco sin miembros. Sus islas, la mayoría de ellas insignificantes en sí mismas, están casi completamente separadas de él por las corrientes oceánicas. Esto explica por qué Madagascar no tuvo, en absoluto, la influencia en la civilización africana que Creta, Sicilia y Gran Bretaña tuvieron en La civilización de Europa. Asia ocupa, en este sentido, una posición intermedia entre Europa y África. El tronco de ese continente representa para sus miembros una proporción aproximada de 670.000 a 150.000 millas cuadradas. Y lo que es peor aún, el centro del conjunto es un muro casi infranqueable entre el norte, el sur, el este y el oeste de Asia. De ahí la tenaz peculiaridad y el desarrollo aislado de las civilizaciones china, malaya, india y árabe; mientras que las tres penínsulas del sur de Europa, por ejemplo, se han influenciado mutuamente de forma tan amplia y diversa. 373 El hemisferio norte, comparado con el sur, presenta [pág. 197]un contraste similar al que existe entre Europa y África, o entre los ricos grupos costeros del Atlántico comparados con los pobres del Pacífico. 374 Pero son especialmente las llanuras extensas y bien irrigadas las que mejor se adaptan a la construcción de carreteras y, por lo tanto, a facilitar la división del trabajo. Y si bien en muchos países encontramos que las regiones montañosas alcanzaron cierta etapa de desarrollo antes que otras, porque eran más fáciles de proteger mediante la fuerza militar, encontramos también que incluso aquí, las llanuras han tenido, en su mayor parte, la mayor parte del poder y de la civilización (norte de Italia, norte de Francia, las llanuras de Suiza y [pág. 198]Alemania del Norte). Véase § 36. 375 Sin embargo, no debemos dejar de considerar el reverso de la imagen de las grandes vías del mundo. Las mismas razones que las elevan a la dignidad de líneas de comercio las convierten en líneas de guerra; e incluso el contagio de grandes plagas y de los vicios dominantes sigue, por regla general, las vías comerciales.

Sección LXII.

El reverso o lado oscuro de la división del trabajo.

La división del trabajo, altamente desarrollada, suele conllevar dificultades, cuyos aspectos positivos y negativos solo se observan con mayor claridad en las grandes ciudades. Sin embargo, cuando se le acusa de agravar la desigualdad natural entre los hombres, la acusación solo puede responderse con la siguiente respuesta: sin la división del trabajo, todos seríamos igualmente pobres y groseros; pues cada uno estaría absorbido por la necesidad de satisfacer sus necesidades básicas y nadie podría desarrollar sus facultades superiores. Incluso el hombre más pobre disfruta más gracias a la división del trabajo que viviendo aislado de sus semejantes. El más desdichado, el inválido sin propiedad alguna, el padre de familia con más hijos de los que puede mantener, simplemente moriría de hambre en la selva virgen.

[pág. 199]

Aquellos socialistas que nunca se cansan de predicar la “asociación”, pasan por alto, en su mayor parte, la gran y libre asociación que nuestras necesidades, deseos o gustos están en constante cambio, y que nos es dada, por supuesto, por la división del trabajo. 376 Sin embargo, la habilidad producida por la división del trabajo está inevitablemente conectada con una unilateralidad correspondiente. Los rusos, por ejemplo, son sumamente aptos, pero rara vez se distinguen en algo. 377 El amor por su vocación, o el orgullo por ella, es algo desconocido para el trabajador ruso. Elude todo trabajo continuo. 378 La experiencia ha demostrado que los napolitanos e italianos, en general, exhiben gran habilidad cuando trabajan solos; pero que cuando muchos de ellos trabajan juntos, se confunden rápidamente. Los ingleses, por otro lado, son lentos para aprender algo nuevo o para superar dificultades inesperadas; pero no tienen iguales como trabajadores en las industrias organizadas. 379 La dificultad que se experimenta al buscar una nueva vocación, donde prevalece una alta división del trabajo, surge tanto del hecho de que cada persona aquí ha recibido una formación más parcial como de la necesidad que tiene de competir desde el principio únicamente con trabajadores consumados. La escuela de Rousseau ha insistido demasiado en la tendencia de la civilización superior a disminuir la independencia individual. Cuando dices que debes cultivar un árbol, combatir al enemigo, construir una cabaña, vivir de menos, hacer cien lugares en los bosques sin otra guía que el viento y el sol, sin otra provisión que un arco y flechas; esto es [pág. 200]¡Entonces qué es un hombre! 380 Podríamos responder que construir un barco de vapor o un palacio, y viajar alrededor del mundo, es mucho mejor. ( Dunoyer ). Incluso físicamente, el hombre civilizado es superior al salvaje, como se puede inferir de la mayor duración promedio de vida del primero. Por supuesto, no se deben comparar los extremos, ni contrastar la complexión de un tejedor o estudiante con la de un jefe salvaje. 381

De manera similar, la unilateralidad de la división internacional del trabajo puede entrañar un gran peligro para la independencia nacional.

Sección LXIII.

El lado oscuro de la división del trabajo: sus ganancias y pérdidas.

De hecho, cuando la unilateralidad producida por la división del trabajo llega hasta el punto de causar la degeneración de la personalidad del trabajador, la pérdida humana de la nación es mayor que [pág. 201]La ganancia material que se obtiene con ella. Así, la ocupación de pulir metales o dorar, cuando se continúa durante mucho tiempo sin interrupción, invariablemente arruina la salud. ¿Cuál debe ser el aspecto del alma de un trabajador que, durante cuarenta años, no ha hecho más que observar el momento en que la plata alcanza el grado de fusión que precede a la vaporización? Que es ciego a todo lo demás, pero recibe un buen salario por sus servicios. 383 Schleiermacher declaró acertadamente que toda acción humana puramente mecánica, mediante la cual el hombre se convierte en una herramienta viviente (¡esclavo!), es inmoral. Cuando la división del trabajo haya llegado a este punto, las máquinas deberían ocupar el lugar del hombre. La moralidad de una profesión puede medirse por el grado en que se corresponde con la vocación universal de la raza. 384 No es, por lo tanto, una inconsistencia, sino más bien una profunda necesidad, cuando, donde la civilización está en su apogeo, se hacen tantas demandas que la división del trabajo debería tomar un camino retrógrado. La práctica de ejercicios gimnásticos por parte de las clases sedentarias, el servicio militar universal, la participación de los ciudadanos en el gobierno municipal y en los asuntos políticos, de los laicos en el gobierno de la iglesia, de los ricos en la administración de la caridad; todo esto se considera, desde una perspectiva materialista, una gran pérdida de tiempo. Podría ser que, si la división del trabajo se llevara a cabo con mayor rigor, [pág. 202]De esta manera, podríamos obtener resultados más perfectos con menos gasto económico. Pero el hombre en su totalidad es más importante que la suma de sus logros y disfrutes. (Lucas 9:25). ¡Ay de la nación donde solo los juristas tienen un sentido desarrollado del derecho, donde el juicio político y el patriotismo cultivado son patrimonio exclusivo de funcionarios y funcionarios, donde solo el ejército permanente tiene coraje guerrero y el clero solo religiosidad consciente; donde los padres dejan toda la preocupación por la educación a los maestros de las diversas ramas del saber, y donde el vigor físico solo se encuentra entre los proletarios! Por lo tanto, no hay nada más ruinoso que una educación prematura y unilateral en un solo oficio o profesión, algo que a menudo ocurre debido a la pobreza antes de que se hayan sentado las bases de la educación general que se convierte en ser humano. Cuanto más alta sea la posición de un hombre, más debería ser, por así decirlo, un representante de toda la raza humana. ¿Quién, por ejemplo, querría ver a un gobernante educado como los hombres en una rama específica de la ciencia o en una profesión específica? 385 386 El mejor correctivo para la unilateralidad [pág. 203]El resultado de una alta división del trabajo consiste en la ampliación y el empleo multifacético del tiempo libre, ambos facilitados por la misma alta civilización que siempre acompaña a la división del trabajo. 387

Sección LXIV.

La cooperación del trabajo.

La cooperación o combinación 388 del trabajo debe, sin embargo, corresponder siempre a la división del trabajo. Ambas no son más que aspectos diferentes de la misma idea del trabajo social: la separación de diferentes tipos de trabajo, en la medida en que se perturben mutuamente, y la unión o combinación de ellos en la medida en que se ayuden mutuamente. 389 El vinatero o cultivador de lino necesariamente... [pág. 204]Moriría de hambre si no pudiera contar con el cultivador de maíz. El obrero de una fábrica de alfileres, que solo prepara las cabezas de los alfileres, debe estar seguro de sus colegas que afilan las puntas, si su trabajo no fuera completamente en vano. El trabajo del comerciante ni siquiera es concebible sin el de los diferentes productores entre los que media. Cuando la producción de un determinado artículo depende de los servicios de seis tipos diferentes de trabajo, uno de los cuales, sin embargo, exige el triple de tiempo y otro el doble que los demás, es evidente que, para que el negocio pueda llevarse a cabo adecuadamente, se deben emplear tantos obreros que su número dividido por 9 no deje ningún resto. ( Rau. ) La unión o combinación de diferentes tipos de trabajo es más perfecta cuando los obreros viven más cerca unos de otros; cuando, por lo tanto, no están separados por grandes dificultades de transporte; o en diferentes países, en cuyo caso, una guerra podría destrozarlo todo.

Sección LXV.

El principio de estabilidad o de continuidad del trabajo.

La cooperación a lo largo del tiempo es de igual importancia: el principio de estabilidad o de continuidad del trabajo. Cuando un trabajador fallece, es necesario contar con un sustituto. Es bien sabido que es mucho más difícil iniciar un negocio que, posteriormente, mejorarlo y expandirlo; y esto, cuanto más complicado es. Una nueva empresa se arraigará fácilmente solo donde ya existan varias similares; por ejemplo, un nuevo establecimiento manufacturero, donde, gracias a la existencia de otros establecimientos similares, se hayan desarrollado previamente los hábitos necesarios de los trabajadores, de los capitalistas y del público en general. La habilidad de los trabajadores se propaga especialmente mediante la observación y la emulación personal de... [pág. 205]Los jóvenes; de ahí que la introducción de nuevas industrias se realice mejor mediante la inmigración de trabajadores cualificados. 390 De ahí la nefasta influencia de tales interrupciones, como por ejemplo, la derogación del edicto de Nantes. De ahí también que el despotismo y el reinado del pueblo sean tan desfavorables para la economía de un país, donde no puede haber garantía de una observancia y desarrollo constantes de las leyes. Entre las mejores aplicaciones del principio de la continuidad del trabajo se encuentran la construcción de iglesias en la Edad Media, los canales nacionales, los sistemas de calles y fortificaciones de los tiempos modernos; todos los cuales han sido creados únicamente por la cooperación de varias generaciones con el mismo fin. 391 El medio más notable por el cual se ha impulsado dicha cooperación en los tiempos modernos es el crédito público, «una letra de cambio para la posteridad»; sin embargo, todo ahorro es, en principio, el mismo. El elemento más poderoso en la cooperación en el tiempo de trabajo es la economía en común de la familia, aunque difiere en grado según los distintos tipos de herencia familiar. Donde, como entre la clase media inglesa, es costumbre asegurar la propiedad empresarial de la familia a un hijo por testamento y confiar la gestión del negocio, durante la vida del padre, al legatario para que cuide de los demás hijos mediante seguros, ahorros, etc., obtenidos con el excedente del negocio, puede haber empresas antiguas que se mantengan siempre nuevas, sin embargo, porque combinan la experiencia de la edad con la energía de la juventud y nunca se disuelven por una división de la herencia. Pero la [pág. 206]La igualdad obligatoria de herederos, vigente en Francia, obliga a casi cada nueva generación a fundar una nueva empresa. (Véase § 85 y siguientes) . 392

Sección LXVI.

Ventaja de las grandes empresas.

En los resultados de la división y cooperación del trabajo reside la superioridad de todas las grandes empresas, y estas son, por lo tanto, menores en la agricultura que en la industria. «Es más difícil adquirir los primeros mil que los segundos millones». Haciendo abstracción de las condiciones del capital y del mercado, el límite hasta el cual la creciente magnitud de una empresa se vuelve más ventajosa reside en la creciente dificultad de la supervisión. Innumerables mejoras comerciales, como correos, ferrocarriles, telégrafos, casas de cambio, bancos, etc., han contribuido poderosamente a ampliar estos límites. Con frecuencia es posible, incluso en pequeñas empresas, asegurar las ventajas de las grandes empresas mediante la asociación entre los interesados. Deben, por supuesto, poseer el capital necesario. Si no lo tienen en propiedad, deben pedirlo prestado. Por supuesto, es especialmente difícil aquí preservar la unidad necesaria, sin la cual la cooperación del trabajo se convierte en la confusión del trabajo. Cuanto más morales e inteligentes sean los participantes y más simple el negocio, más extenso será y más probable será su éxito. (§ 90 .) 393 394 395

[pág. 207]


Capítulo IV.

Libertad y esclavitud.

Sección LXVII.

El origen de la esclavitud.

Una institución como la de la servidumbre personal, que, como se puede demostrar, ha existido entre todas las naciones de las que la historia nos habla, [pág. 208]La información que nos llega, en un momento u otro, debe tener causas muy generales. Entre estas cabe mencionar especialmente la sujeción por la guerra. No es posible calcular en qué medida el principio de que era apropiado reducir al hombre a la esclavitud... [pág. 209]A quienes se consideraba correcto matar, contribuyó a que la guerra fuera menos sangrienta en una época incivilizada. 396 Una nación de cazadores está casi obligada a no dar cuartel; el conquistador estaría obligado a alimentar a su prisionero o a ponerle armas. Sin duda, constituye un gran avance humanitario que este estado de cosas sea reemplazado por la esclavitud entre las naciones nómadas. 397

En tiempos de paz, la dependencia económica es resultado de la pobreza, el endeudamiento excesivo, etc. 398 Donde no hay división del trabajo, el individuo no tiene forma de satisfacer sus necesidades, excepto cultivando un trozo de tierra. Pero, ¿cómo puede el pobre infeliz que no tiene capital 399 ni tierra intercambiar nada de valor por ninguno de los dos? Tal adelanto, donde no hay garantía legal, solo puede hacerse a crédito de una prenda muy importante. Pero el hombre desprovisto de toda propiedad no puede ofrecer nada más que su poder productivo o el de su familia. 400 Y [pág. 210]Así ocurre con el pequeño terrateniente que ha perdido todo su capital; 401 pues, considerando la superabundancia de tierra, la parte que posee tiene valor de intercambio solo en la medida en que esté unida a la certeza de ser cultivada; y aquí está el origen de la glebae adscriptio . La transmisión hereditaria de la relación con los hijos parece serles igualmente útil; o ¿quién, si no fuera así, pensaría en proporcionarles alimento? También sucede con frecuencia que padres pobres prefieren vender a sus hijos a verlos morir de hambre. 402 De ahí el extraño hecho de que la mayoría de las naciones tengan el sistema de esclavitud más rígido precisamente cuando la tierra produce alimentos con mayor facilidad. Basta con citar el ejemplo de las Islas de los Mares del Sur, en la época de su descubrimiento. En muchos países negros, donde la gente aún no ha aprendido a utilizar animales para el transporte, las clases más bajas, aunque gozan de una libertad nominal, son utilizadas como bestias de carga. 403

[pág. 211]

Sección LXVIII.

El mismo tema continúa.

En todas las etapas más bajas de la civilización, la mayor ausencia de sentimiento de necesidad y la mayor indolencia suelen prevalecer, incluso en su grado más alto. Tan pronto como se satisfacen sus necesidades más básicas, los hombres comienzan a considerar el trabajo como una ocupación vergonzosa y la indolencia como la forma más alta de disfrute. (§ 41 , 213 y siguientes). Los esfuerzos sostenidos y voluntarios, en cualquier número, solo se hacen posibles mediante la creación de nuevas necesidades; pero estas nuevas necesidades suponen una civilización superior. La salida de este círculo lamentable se logra entonces de la manera más humana, mediante la intervención de maestros extranjeros; ya que los representantes de un pueblo más culto (misioneros, comerciantes, etc.), con su propio ejemplo, familiarizan a la nación con más necesidades y, al mismo tiempo, contribuyen a su satisfacción. 404 Pero, en el caso de naciones cuya civilización está completamente aislada, o que solo interactúan con otras de igual nivel, el progreso es exclusivamente producto de la fuerza. El aislamiento bárbaro de las familias cesa cuando los más fuertes y poderosos obligan a los más débiles a servirles. Es entonces cuando comienza realmente la división del trabajo : el vencedor se dedica por completo a trabajos de mayor envergadura, como la política, la guerra, el culto, etc.; realizarlos suele ser un placer en sí mismo. Los vencidos realizan los trabajos inferiores. La mitad del pueblo se ve obligada a trabajar por algo que va más allá de sus propias necesidades. Y es, aquí como en otras partes, el primer paso el que cuesta. 405 (§ 45 ).

[pág. 212]

Sección LXIX.

Origen de la esclavitud.—Falta de libertad.

No debe suponerse que la esclavitud, en esta etapa, sea tan opresiva incluso para quienes han sido privados de su libertad. El sentimiento de degradación moral que la esclavitud, incluso haciendo abstracción de sus abusos, despierta en nosotros, es desconocido en una época muy incivilizada. 406 El niño obedece voluntariamente las órdenes de extraños y sus padres lo alquilan para servir, etc. La necesidad o el anhelo de libertad se mueve al ritmo del crecimiento intelectual de un pueblo. El trabajo excesivo sistemático de sirvientes o esclavos, en interés de sus amos, es apenas concebible en una época inculta, cuando, en ausencia de comercio [pág. 213]En las relaciones interpersonales, cada familia consume lo que produce. 407 Lo único que el esclavo debe temer es un estallido ocasional de tiranía por parte del amo, algo bastante frecuente en todas las relaciones de las civilizaciones inferiores. El miedo restringe a los amos hasta cierto punto; pues, en aquellos primeros tiempos, ¡cuán pocas eran las instituciones estatales que podían protegerlos de la venganza de sus esclavos! 408 409

[pág. 214]

Sección LXX.

Emancipación.

A medida que los estados crecen y las costumbres de los hombres se suavizan, las filas de la esclavitud son cada vez menos propensas a ser reclutadas por la guerra. 410 Entonces se hace necesario recurrir a la familia para mantener su número, lo que hace su condición mucho más soportable y supone que ya se ha hecho más soportable en otros aspectos. Los estados modernos son, por regla general, más grandes que los antiguos. Los alemanes, mucho antes de la época de Carlomagno, habían tratado a los prisioneros de guerra de origen alemán con mayor benevolencia que a los de origen galo o eslavo. 411 La condición de estos últimos incluso mejoró desde que las naciones comenzaron a pensar en realizar conquistas permanentes. Desde las guerras eslavas del siglo X, y ciertamente desde las contiendas lituanas, parece que los prisioneros de guerra no fueron reducidos a la esclavitud. 412 Caballería, [pág. 215]Y permitir que los prisioneros salieran libres, bajo su palabra de honor, contribuyó en gran medida a este resultado.

Cuanto más productiva es la agricultura, más numerosas son las necesidades de los terratenientes, más extensa se vuelve la división del trabajo y las relaciones comerciales, y más fácil es para una gran clase de la comunidad obtener sustento para sí misma y sus familias sin cultivar tierras propias. (Salarios). Cuando los intercambios a través del dinero se vuelven habituales, el principal argumento a favor de la esclavitud desaparece; y el hombre fuerte, rico y capaz puede, sin recurrir a la fuerza, controlar el trabajo de otros. Todo avance en la cultura económica debe necesariamente contribuir en esta dirección. Así, sin el arado, por ejemplo, todos seríamos en realidad solo un número limitado de glebæ adscripti . Se debe especialmente a la creciente perfección de las herramientas, las máquinas y las operaciones, que el esclavo de la antigüedad se transformó en el siervo de la Edad Media y, posteriormente, en el jornalero de los tiempos modernos. 413 Cabe destacar, en particular, que las máquinas, desde 1750, «hicieron posible por primera vez la libertad constitucional de muchos, en lugar de la libertad feudal de unos pocos». ( Schäffle. )

[pág. 216]

Sección LXXI.

Desventajas de la esclavitud.

La esclavitud promueve la división del trabajo solo al principio. Cuanto más dependiente es el esclavo, peor trabaja. Todo lo que estropea o deja que se desperdicie solo perjudica a su amo. De ahí que la explotación esclavista esté solo un grado alejada de lo que los alemanes llaman Raubbau , y que significa, en nuestra traducción más precisa, la gestión más desconsiderada y derrochadora posible. 414 Todo lo que consume es simplemente una ganancia para sí mismo. La industria y la habilidad le son perjudiciales, porque, si bien destaca por estas cualidades, su amo le exige más trabajo y se muestra más reacio a liberarlo. En lugar de los innumerables incentivos del trabajador libre: preocupación por el futuro, su familia, honor y comodidad, el esclavo generalmente se siente impulsado por uno: el miedo al maltrato, y a este gradualmente se vuelve insensible. 415 La división del trabajo que exigen las manufacturas, y que se encuentra mayormente solo donde cada persona tiene libertad para elegir su propia ocupación, es difícilmente suponible donde prevalece la esclavitud, en el sentido estricto de la palabra. Lo mismo ocurre con el espíritu de invención y mejora. 416 E incluso donde las glebas más moderadas[pág. 217] Cuando se obtiene la adscriptio , la división del trabajo se ve muy obstaculizada. Por lo tanto, todos los jueces competentes coinciden en la maldad del trabajo esclavo; 417 que, como por ejemplo en Estados Unidos, se utilizaba solo donde los esclavos se hacinaban en grandes cantidades y, por lo tanto, podían ser fácilmente supervisados. Y no solo los esclavos mismos son indolentes, sino también sus amos; más particularmente en países esclavistas donde todo trabajo se considera vergonzoso. ¡Qué debe ser la economía nacional de un pueblo, la mitad del cual se niega a hacer lo correcto y apropiado, por malicia, y la otra mitad por orgullo! Tan pronto como, debido al aumento de la población y el consiguiente aumento del consumo, este enorme desperdicio de fuerza ya no puede soportarse, los trabajadores libres se vuelven más rentables, no solo para ellos mismos y para toda la comunidad, sino para la mayor cantidad de individuos que la componen. 418 En las fincas de Bernstoff, la cantidad de centeno cosechado antes [pág. 218]y después de la emancipación era como 3:8-1/3; de cebada como 4:9-1/3; de avena como 2-2/8:8. 419

Los dueños de siervos, en particular, tienden a desperdiciar su trabajo, pues imaginan que lo obtienen gratis. Tucker realizó un curioso cálculo que tiende a demostrar que, cuando la civilización alcanza cierto punto, el interés propio del amo conduce a la emancipación. En Rusia, donde hay setenta y cinco personas por milla cuadrada inglesa, le parecía que la servidumbre seguía siendo una buena especulación económica. En Europa occidental, donde había ciento diez personas por milla cuadrada, la libertad, en todas las relaciones entre amo y sirviente, la consideraba más ventajosa para todas las partes. La emancipación comenzó en Inglaterra en el siglo XIV, cuando ese país tenía una población de cuarenta por milla cuadrada, y se completó en el siglo XVII, cuando la población era de noventa y dos por milla cuadrada. 420 Tucker concluye que el punto de inflexión llega cuando la población, en relación con el número de millas cuadradas, es de 66:1. 421 Tal cálculo, por supuesto, no puede ser universalmente cierto. El trabajador libre suele poder disponer de una porción mucho mayor de la suma total de los beneficios económicos. [pág. 219]que el esclavo o siervo, quienes deben conformarse con lo mínimo necesario para subsistir. 422 Por lo tanto, el trabajo libre solo es más rentable para los amos cuando la producción en general se ve tan favorecida que una mayor cantidad de bienes les corresponde también. Pero esto siempre será así cuando los trabajadores sean capaces de desarrollarse. 423

Sección LXXII.

Efecto de un avance en la civilización sobre la esclavitud.

Al mismo tiempo, el mismo grado de servidumbre se vuelve cada vez más opresivo para el esclavo a medida que avanza la civilización. Cuanto mayor es su progreso intelectual, más siente la falta de libertad y más agudamente experimenta la degradación de su condición. El desarrollo del lujo cava una brecha entre amo y sirviente que se ensancha cada día. (§ 227 y siguientes). A medida que se extiende el comercio, se vuelve más rentable para el amo exigir un trabajo excesivo a su esclavo. En las Indias Occidentales, era un problema que cada esclavista resolvía por sí mismo: si, mediante un aumento desmesurado de la producción, que costó la vida a muchos esclavos, la ganancia en azúcar era mayor que la pérdida ocasionada por la [pág. 220]muerte consecuente de los negros. 424 Cuando, con el avance de la civilización, el Estado garantiza a todos una protección más segura de sus derechos que la que disfrutaban en una etapa menos avanzada de mejora social, se elimina el último freno a los amos, el miedo a la venganza de sus esclavos. 425 La desmoralización aumenta naturalmente en la misma proporción; tanto la del amo como la de sus sirvientes. 426

Sección LXXIII.

El mismo tema continúa.

Esto explica por qué, en todos los países, el poder del Estado, en un período de transición hacia una civilización superior, se ha esforzado por suavizar la esclavitud. La Iglesia merece gran reconocimiento por este aspecto. Pronto extinguió la esclavitud por completo en Escandinavia, y en algunas partes de Europa abolió al menos la venta de prisioneros a países extranjeros.[pág. 221] El Concilio Agatheuse , en el año 506, decretó que los siervos no debían ser asesinados por sus amos a su antojo, sino que debían ser llevados ante un tribunal de justicia (los tribunales señoriales de tiempos más recientes). Además, las innumerables festividades de la iglesia favorecían enormemente a los esclavos. El papa Alejandro III recomendó su emancipación gradual. Uno de los principales pasos en el camino del progreso se dio cuando ya no pudieron venderse individualmente, sino solo con la aldea o en la finca a la que pertenecían.La aristocracia feudal mejoró la condición de los esclavos al reducir a un gran número de hombres libres a su nivel . Esto[pág. 222] no podía efectuarse sin una mejora real de la esclavitud; y, más tarde, cuando la aristocracia feudal decayó, los siervos mayores fueron, junto con aquellos que anteriormente habían sido libres, elevados de su condición abyecta. El sentido de la caballerosidad no permitía que un señor fuera servido por un esclavo. El viejo adagio “el siervo vive para servir y sirve para vivir”, fue perdiendo fuerza gradualmente. Se requería que los siervos realizaran ciertas tareas en las tierras de su amo y le pagaran cierta cantidad de su propio producto. Los heriots ( mortuorio ), que se volvieron comunes a partir del siglo VIII ( J. Grimm ), pueden considerarse evidencia de que incluso a los esclavos se les permitía adquirir y poseer propiedades por derecho propio. Así se eliminó una de las principales desventajas de la esclavitud, en sentido económico. 433 Se puede afirmar, como característico de la aristocracia de la época feudal, que trataban a quienes, como los siervos, estaban completamente a su merced, con mucha más consideración que a los que eran libres y, aunque dependían de ellos, tenían ciertos derechos garantizados por contrato. La monarquía absoluta se encontraba en [pág. 223]Casi todas las naciones, al comienzo de la época moderna, se vieron obligadas, por su lucha con la aristocracia medieval, a favorecer la emancipación de los siervos y de las clases bajas. Incluso en Rusia, Iván III (1462-1505) parece haber restituido al campesinado el derecho a la migración, del que se le había privado con la invasión mongola, y no lo volvieron a perder hasta los grandes disturbios de principios del siglo XVII, que otorgaron el poder a la nobleza. 434

Allí donde la civilización ha alcanzado su más alto desarrollo, el poder irresistible de la opinión pública, gobernada por las ideas de la fraternidad universal de los hombres y de la igualdad democrática, provoca la abolición de todas las relaciones de servidumbre irredimibles y hereditarias. 435 436 437

[pág. 224]

Sección LXXIV.

El mismo tema continúa.

No se puede dudar que un salto completamente directo de la servidumbre completa a la libertad completa puede ir acompañado de muchos [pág. 225]males. Ningún hombre "nace libre", 438 sino solo con la facultad de ser libre; pero esta facultad debe desarrollarse. El conocimiento y el respeto por la ley, y el autocontrol, que son las condiciones y límites de la libertad, nunca se adquieren sin trabajo, rara vez sin cometer graves errores, y nunca excepto mediante la práctica de ellos. Por regla general, ambas partes, tanto amos como sirvientes, desearían librarse de inmediato de todos los inconvenientes de la condición anterior y, sin embargo, seguir disfrutando de sus ventajas. El sirviente, por ejemplo, ya no cederá a la obediencia específica de antaño, sino que seguirá exigiendo una dulzura específica del terrateniente o prestamista de capital, su antiguo amo. Es inevitable que haya quejas de ambas partes. 439 Pero en las etapas superiores de la cultura económica, la relación de protección paternal e infantil [pág. 226]La obediencia entre las diferentes clases del pueblo, que ni siquiera en la época medieval se alcanzó en toda su pureza, es ciertamente irrevocable. Por lo tanto, toda esperanza de una mejor situación se basa únicamente en que las clases bajas puedan alcanzar cuanto antes la verdadera independencia. 440

Sección LXXV.

El mismo tema continúa.

Incluso en la antigüedad, las principales naciones del mundo no pudieron evitar que la influencia humanizadora de la civilización se hiciera sentir en sus esclavos. Y si no llegaron a lograr la abolición total de la esclavitud, esto debe atribuirse sin duda a su inferioridad religiosa. 441 En Atenas, durante la guerra del Peloponeso, era casi imposible distinguir a los esclavos de los hombres libres más pobres por su apariencia o vestimenta. Su trato era leve en la medida en que la deserción era más fácil debido a la pequeñez del estado o la frecuencia de las guerras. Estaba prohibido golpearlos; y solo un tribunal de justicia podía castigarlos con la muerte. 442 La emancipación, en casos individuales, era muy frecuente, y los nombres de Ágoratos y del revisor de leyes Nicómaco muestran la gran importancia que un esclavo emancipado podía desempeñar en la nación. 443 [pág. 227]El sistema ilota de los lacedemonios conservó durante mucho más tiempo mucho más de la barbarie medieval; pero incluso en este caso, podemos inferir de los levantamientos y emancipaciones frecuentes de los ilotas, de sus servicios en la guerra, etc., que su suerte se hizo menos dura de lo que había sido. 444

Entre los romanos, para quienes la guerra y la conquista se consideraron durante tanto tiempo los principales medios de adquisición, la esclavitud era relativamente muy dura. Pero, más tarde , llegaron a existir varios grados diferentes de esclavitud ( servi ordinarii y mediastini, etc.) y en la esclavitud, cada gradación denota alguna mejora de la condición. El esclavo obtenía el derecho a poseer recursos propios ( peculium ). Además de esto, [pág. 228]La emancipación se hizo mucho más frecuente en la última república; tanto es así, que Augusto consideró necesario aprobar leyes que gravaran la emancipación frívola. ( L. Aelia Sentia y Furia .) 449 Donde hombres como Terencio, Roscio, Tiro, Fedro y el padre de Horacio se levantaron de la condición de esclavitud, el tratamiento de los esclavos no puede haber sido completamente brutalizante. 450 Bajo los emperadores que oprimían a los ciudadanos libres, la legislación se dirigió más que nunca hacia la protección de los esclavos. 451 En lugar de la esclavitud permanente, se introdujo una condición de cosas y se hizo más general cada día, una en la que el siervo podía contraer un matrimonio legal, tener propiedades propias y en la que estaba protegido contra un aumento arbitrario de la cuota que tenía que pagar a su amo, ya fuera en dinero o productos, aunque todavía permaneciera atado a la tierra. Esta clase estaba formada no sólo por los originarios , o aquellos nacidos en ella, sino también por un gran número de hombres libres empobrecidos, prisioneros de guerra bárbaros, etc. 452 453

[pág. 229]

Sección LXXVI. (Apéndice al Capítulo IV.)

El sistema de servicio doméstico.

En la mayoría de los países, el sistema de servidumbre se desarrolló gradualmente a partir de la servidumbre, o de alguna condición de tutela análoga. Esto se aprecia con mayor claridad en la prolongada permanencia del servicio forzoso, mediante el cual los súbditos del señor feudal se veían obligados a permitir que sus hijos permanecieran en la corte del señor como sirvientes, ya sea sin remuneración alguna o por salarios muy bajos fijados por una costumbre arraigada. 454 Aquí también se encuentra el derecho de corrección, tan generalmente concedido a los amos en tiempos pasados. En las etapas superiores de la civilización, toda la relación tiende a resolverse cada vez más en la libertad de competencia; y este proceso suele darse antes y de forma más evidente en las ciudades. Donde se reúnen grandes cantidades de hombres, la oferta y la demanda [pág. 230]Los tipos de servicios se encuentran con mayor facilidad. Cuanto más se acerca el sistema de servicio doméstico al salario a destajo y al jornal, más corta es la duración habitual (presuntiva) del contrato, más voluntaria es la licencia por ambas partes; más tiende la relación a limitarse a servicios individuales acordados de antemano (§ 39 ) , y con mayor frecuencia ambas partes intentan sustituir a los trabajadores domésticos por trabajadores asalariados que viven fuera de la familia. El extremo de esta tendencia en la actualidad son los institutos de servicio doméstico en las ciudades, cuyo carácter más flexible y democrático se expresa en que han extendido el uso de los servicios personales a un círculo de consumidores más reducido del que antes habrían pensado en emplearlos. En inglés [pág. 231]En la agricultura, esta transición se completó principalmente en la tercera década de este siglo. El cambio fue indudablemente favorable al perfeccionamiento de la agricultura, pero con frecuencia perjudicó las relaciones sociales entre ricos y pobres del país. 458 En Alemania, la venta de los dominios públicos, el reclutamiento y el servicio militar obligatorio han contribuido en esta dirección. 459 Así, por ejemplo, en Prusia, los sirvientes, en 1816, representaban el 15,18 % de la población masculina mayor de 14 años y el 17,84 % de la población femenina mayor de 14 años. En 1861, en cambio, solo representaban el 11,88 % y el 12,93 %, respectivamente, mientras que el número de jornaleros y obreros, en el mismo período, aumentó del 16,29 % de los hombres al 10,87 %. mujeres, al 20,95 y al 16,65 por ciento, respectivamente. 460 En la mayoría de los países civilizados, el grado de la sociedad [pág. 232]El nivel de reclutamiento de los sirvientes se reduce cada vez más a medida que el espíritu de independencia se extiende a los estratos más profundos de la humanidad. 461

La clase sirvienta podría seguir siendo durante mucho tiempo una escuela de desarrollo para aquellos de las clases bajas que, a pesar de su madurez física, no son intelectualmente independientes; así como el deber de portar armas ha sido una escuela de superación para todos los jóvenes varones. Los sirvientes de por vida son tan poco deseables como los soldados de por vida.

En la mayoría de los lugares, el largo período de transición de la servidumbre total a la libre competencia estuvo regido por un sistema policial de tutela, muy desfavorable para la clase sirvienta. Tal era especialmente la disposición de que todos los jóvenes de las clases bajas, que no pudieran demostrar expresamente que estaban empleados bajo el techo paterno o en algún oficio, debían ser obligados a buscar trabajo fuera o dentro del país; 462 así era también la estricta prohibición de los reclamos salariales "usurarios" y de "engañar" a los sirvientes de sus amos. 463 Además, una [pág. 233]Muchas disposiciones relativas a los sirvientes, basadas en perspectivas propias de una situación económica anterior, pretendían obstaculizar que los peones agrícolas y los sirvientes rurales se convirtieran en sirvientes en las ciudades; y, por otro lado, facilitar el abandono rápido del servicio en todos los casos en que el sirviente deseara casarse. Todas estas preferencias a favor de una clase de contratistas, y a costa de otra, se oponen radicalmente al espíritu político moderno. Las leyes relativas a los sirvientes suelen, en nuestros días, tener un único objetivo: prevenir, mediante el registro policial, el fraude y el incumplimiento de contrato, así como toda disputa y litigio, mediante la formulación legal de las condiciones que, con frecuencia, se entienden tácitamente.

El ideal de la relación entre amo y sirviente se alcanza cuando ambos la consideran parte de la vida de una familia cristiana. 466 De ahí la benevolencia por un lado y la devoción por el otro, la fidelidad por ambos, el cuidado desinteresado por los intereses presentes y futuros del otro, tanquam sua ; y especialmente por el futuro eterno del otro. Es difícil decir si este estado de sentimiento mutuo se fomenta mejor mediante el sistema patriarcal, un sistema policial o la libre competencia. Sin embargo, se puede afirmar que depende de una abnegación mutua y continua, difícil de alcanzar. [pág. 234]Allí donde realmente prevalece, se obtienen todas las ventajas del sistema de trabajo a destajo de manera digna y orgánica, y sin sus inconvenientes atomísticos. 467

[pág. 235]


Capítulo V.

Comunidad de bienes y propiedad privada. Capital—Propiedad.

Sección LXXVII.

Capital.—Importancia de la propiedad privada.

Así como el trabajo humano solo puede alcanzar su pleno desarrollo suponiendo que la libertad personal alcance su plena importancia y dimensiones económicas, el capital solo puede desarrollar su pleno poder productivo suponiendo la existencia de la libertad de propiedad personal. ¿Quién ahorraría algo, es decir, renunciaría al disfrute presente, si no tuviera la certeza del disfrute futuro? 468 Desde la época de Locke, 469 la legitimidad de la propiedad privada se ha basado, por la mayoría de los economistas políticos, en el derecho inherente a todo trabajador, ya sea a consumir o a ahorrar el producto de su trabajo. Pero no debe olvidarse aquí que, al menos en las etapas superiores de la economía de una nación, casi ningún trabajo o ahorro es posible sin la cooperación de la sociedad. Y la sociedad debe concebirse no solo como la suma total de los individuos que la componen, sino en su totalidad. [pág. 236]pasado, presente y futuro, y también como guiados y llevados hacia adelante por ideas y necesidades eternas. 470

[pág. 237]

Sección LXXVIII.

Socialismo y comunismo.

En contraposición a esto, ha encontrado auge la idea de una comunidad de bienes, especialmente en épocas en que se cumplen las cuatro condiciones siguientes: 471

A. Una confrontación bien definida entre ricos y pobres. Mientras exista una clase media considerable entre ellos, su fuerza moral impide que ambos extremos colisionen. No hay mayor protección contra la envidia de las clases superiores y el desprecio por las inferiores que la disolución gradual e ininterrumpida de una clase social en otra. ¡ Sperate miseri, cavete felices! En tal estado de organización social, encontramos la máxima y más fresca actividad productiva en cada peldaño de la gran escalera. Los de abajo se esfuerzan al máximo por ascender, y los de arriba, [pág. 238]No caer en el abismo. Pero donde ricos y pobres están separados por un abismo insalvable, ¡cómo arrecian el orgullo por un lado y la envidia por el otro! Y especialmente en los focos industriales, las grandes ciudades, donde la miseria más profunda se encuentra junto al lujo más descarado, y donde los mismos desdichados, conscientes de su número, se alimentan mutuamente de sus malas pasiones. Lamentablemente, es innegable que cuando una nación alcanza la cima de su desarrollo, prevalecen múltiples tendencias que enriquecen a los ricos y empobrecen a los pobres, al menos relativamente, y, por lo tanto, disminuyen la clase media en ambos bandos; a menos que se ejerzan influencias correctivas que operen en dirección contraria. 472

B. Un alto grado de división del trabajo , por el cual, por un lado, la dependencia mutua del hombre con el hombre se hace cada vez mayor, pero por el cual, al mismo tiempo, el ojo del hombre inculto se vuelve cada vez menos capaz de percibir la conexión existente entre mérito y recompensa, o servicio y remuneración. Imaginemos la isla de Crusoe. Allí, cuando un hombre, después de trabajar muchos meses, ha ahuecado un árbol para convertirlo en una canoa, sin más herramientas que un diente de animal, a otro que, mientras tanto, podría estar durmiendo sobre su piel de oso, no se le ocurre disputarle el derecho del primero al fruto de su trabajo. ¡Qué diferente esto de la condición de las cosas donde la civilización está avanzada, como en nuestros días; donde el banquero, de un solo plumazo, parece ganar mil veces más que un jornalero en una semana; donde, en el caso de quienes prestan dinero con intereses, sus deudores olvidan con demasiada frecuencia lo laborioso que fue el proceso de adquisición del capital prestado por parte de los poseedores, o sus predecesores en la propiedad. Más especialmente, tenemos, en tiempos de "superpoblación", masas enteras [pág. 239]de hombres honestos que no piden limosna, sino sólo trabajo, una oportunidad de ganarse el pan, y sin embargo están al borde de la inanición. 473

C. Una violenta sacudida o desconcierto de la opinión pública en su relación con el sentimiento de lo correcto, por las revoluciones , especialmente cuando se suceden rápidamente una tras otra y toman rumbos opuestos. En tales ocasiones, ambos partidos generalmente se han prostituido en aras del favor de las masas; y estas últimas han tomado conciencia de los cambios que la fuerza de sus armas puede producir. De esta manera, es imposible que hasta que el orden se restablezca por completo, las riendas del poder no se aflojen de muchas maneras ante las demandas de la multitud. De esta manera, también, se les incita a hacer afirmaciones pretenciosas que luego son muy difíciles de silenciar. En toda revolución larga y de gran alcance, ya sea emprendida en interés de la corona, la nobleza o la clase media, encontramos, junto a la semilla que pretendía sembrar, la cizaña del comunismo brotar.

D. Pretensiones de las clases bajas como consecuencia de una constitución democrática. El comunismo es la exageración, lógicamente no incoherente, del principio de igualdad. Los hombres que siempre se consideran «el pueblo soberano» y que consideran su bienestar como la ley suprema del Estado, son más propensos que otros a sentir con mayor intensidad la distancia que separa su propia miseria de la superabundancia ajena. Y, en efecto, ¡hasta qué punto nuestras necesidades físicas están determinadas por nuestro molde intelectual! El groenlandés se siente cómodo en su choza de barro, con su cántaro de aceite. Un inglés en la misma condición se desesperaría. 474 475

[pág. 240]

Sección LXXIX.

Socialismo y comunismo. (Continuación.)

Lo que se acaba de decir servirá para explicar por qué, en los cuatro períodos siguientes de la historia del mundo, las ideas socialistas y comunistas han estado más difundidas: entre los antiguos en la época de la decadencia de Grecia, 476 y en la de la degeneración de la República romana; 477 entre los modernos [pág. 241]en la época de la Reforma, 478 y nuevamente, en nuestros días. 479

Sección LXXX.

Socialismo y comunismo. (Continuación.)

Vemos, pues, que los intentos del socialismo y del comunismo no son, en absoluto, fenómenos inéditos en el pasado. [pág. 242]y peculiares de los tiempos modernos, como sus ciegos partidarios y detractores nos quieren hacer creer. Son más bien enfermedades [pág. 243]del cuerpo social, que han afectado a toda nación altamente civilizada en ciertos períodos de su existencia. Si el [pág. 244]Si el cuerpo es demasiado débil para reaccionar de manera sana y curativa (§ 84 ), el mal tiende a conducir a la decadencia de toda verdadera libertad y [pág. 245]Orden. El comunista, considerando todo lo demás, especialmente la organización del Estado, solo como instrumentos para satisfacer sus necesidades materiales y absolutas, considera al liberal como un necio que siempre persigue los fantasmas de su mente, o como un bribón que oculta su egoísmo bajo la máscara del bienestar público. 480 Por lo tanto, los partidarios del comunismo se conforman con cualquier forma de gobierno que parezca ofrecerles más, y esto un despotismo despiadado puede lograrlo, al menos por el momento. Y, aunque siempre están dispuestos a cualquier revolución en la forma de gobierno y son fáciles de convencer, se ven cautivados con mayor facilidad por una revolución despótica. Por otro lado, cuando el comunismo amenaza seriamente todo lo que constituye la riqueza de un pueblo, los poseedores de esa riqueza se ven obligados a refugiarse en cualquier refugio que les prometa protegerlos, aunque al buscar ese mismo refugio puedan destruir su propia libertad política. 481 La liga aquea, que bajo el liderazgo de Arato, el «enemigo de los tiranos», había surgido prometiendo tantas esperanzas, se vio obligada más tarde, y principalmente por temor a los efectos contagiosos del socialismo espartano bajo Cleómenes, a [pág. 246]unirse a los macedonios, es decir, entregarse por completo. (§ 204).

Sección LXXXI.

Comunidad de bienes.

Ahora, por el momento, apartamos la mirada de la terrible revolución, destructora de toda civilización, que necesariamente precedería al establecimiento de una comunidad de bienes, 482 y nos preguntamos cuáles serían las consecuencias. Entre ángeles ( «dioses e hijos de dioses» de Platón) y simples animales, una comunidad de bienes podría, quizás, existir sin causar daño. Y así también podría existir entre hombres unidos por los lazos del amor más sincero. La vida de toda familia modelo va acompañada de una especie de comunidad de bienes. 483 Pero en organizaciones sociales más extensas, este amor nunca se encuentra excepto como un elemento del entusiasmo religioso más exaltado, que, por regla general, es de muy corta duración; del cual los Hechos de los Apóstoles (II, 44 y ss., 32 y ss., V, I, II) nos ofrecen el ejemplo más conocido y hermoso. 484

[pág. 247]

Donde no existe este amor, cada participante en la comunidad de bienes, por regla general, tratará de hacer lo mínimo y disfrutar lo máximo posible. 485 En una sociedad de cien mil [pág. 248]Miembros, cada individuo estaría interesado en los resultados de su frugalidad agregada solo indirectamente, y solo en la medida de una cienmilésima parte del total; es decir, prácticamente, nada en absoluto. 486 El egoísmo individual se concentraría por completo en la división de lo que toda la comunidad producía. En consecuencia, y casi siempre, sería perjudicial para el conjunto y para los demás individuos de la sociedad; mientras que, en la actualidad, esto solo ocurre en casos excepcionales. Cuando Louis Blanc, como Mably lo había hecho antes, recomendó que el punto de honor sustituyera al interés personal , como estímulo a la producción y freno al consumo, y citó al ejército como ejemplo de su funcionamiento, olvidó, entre otras cosas, los treinta casos en los que [pág. 249]El Código Militar dicta sentencia de muerte contra quienes infrinjan sus disposiciones. De hecho, los anabaptistas de Münster no pudieron evitar castigar con la muerte toda transgresión de sus preceptos comunistas. 487 Si, en una comunidad donde los principios del comunismo se aplicaran rigurosamente, todas las cargas y los placeres de la vida fueran iguales y se dividieran equitativamente según las ideas de la masa, hombres como Thaer, Arkwright y otros de su clase, que ahora proveen de pan a cientos de miles con sus estudios y laboratorios, podrían entonces, como máximo, con un rastrillo y una pala, alimentar a tres o cuatro. La división del trabajo, con su infinita fuerza productiva, cesaría en su mayor parte. La consecuencia no sería que las clases más humildes se liberaran del trabajo tosco, mecánico, poco intelectual y severo; sino que las clases altas se verían arrastradas a involucrarse en él también. ¡Y qué aumento habría en el número de consumidores al mismo tiempo! Todo hombre, con tranquilidad, seguiría los impulsos humanos más imperiosos si toda la comunidad educara a sus hijos. Pero hemos visto que la comunidad de bienes se desea con mayor urgencia en tiempos de superpoblación. Por lo tanto, en este caso, el mal se agravaría aún más, al aumentar el consumo y disminuir la producción.

Donde ahora hay mil personas ricas y cien mil proletarios, después de una generación no habría nadie rico y doscientos mil proletarios. La miseria y la necesidad serían universales. 488 Para el propósito [pág. 250]De dar a la multitud un período de placer muy agradable, aunque más bien breve , un período de transición, casi todo lo que constituye la riqueza de una nación, todos los bienes superiores de la vida, tendría que ser desechado, y de ahí en adelante todos los hombres tendrían que contentarse con las gratificaciones que ofrecen las patatas, el brandy y los placeres de los apetitos más sensuales. Y entonces, la educación igualitaria para todos, exigida por los comunistas, no tendría otro resultado que este: que nadie adquiriría una formación científica superior. Pero , después de todo, se esconde en el comunismo mucha más envidia de la que generalmente se supone.

[pág. 251]

Sección LXXXII.

La organización del trabajo.

La mayoría de los partidarios teóricos de la doctrina de la comunidad de bienes, sintiendo 491 más o menos el peso de las objeciones anteriores, la han complementado con la idea de una organización del trabajo 492 o la supervisión centralizada de toda la producción y el consumo, ya sea por el gobierno ya existente o por uno que se creará de nuevo. Tal gobierno sería, por supuesto, un despotismo como el mundo apenas ha visto, un cesaropapacio, usurpando tanto el lugar como el poder del Padre de la Familia universal. 493 Pero los males mencionados anteriormente no dejarían de conllevar. Todo incentivo que ahora [pág. 252]Si el hombre se dedica a la industria, la frugalidad desaparecería, y solo quedaría la filantropía universal; o, si se prefiere, el patriotismo, virtudes que no faltan ni siquiera ahora. Incluso la tutela del gobierno recién creado se ejercería con mucha laxitud, pues se ejercería sin ningún interés personal, ni siquiera en el caso más favorable. Es bien sabido y fácil de entender que las industrias estatales nunca se desarrollan, a la larga, con el mismo celo ni se ven coronadas por el mismo éxito que las industrias privadas competidoras. Es bien sabido, también, la estrecha conexión entre la libertad política de un pueblo y su producción económica; que, por ejemplo, la mayor riqueza de Inglaterra, en comparación con la de Turquía, depende, en gran medida, de la libertad que prevalece en el primer país y de la servidumbre que prevalece en el segundo. 494 Y podemos preguntarnos aquí cuál sería el resultado si el despotismo del gobierno se extendiera diez veces más de lo que ha llegado jamás en Turquía, cuando, además, el déspota que dirigía el estado no era un individuo con sus pocos funcionarios, sino la multitud, con sus millones de ojos y millones de manos. En la práctica, equivaldría a dar a cada productor una escolta de policía y un agente de Hacienda, como si fuera un prisionero.

¿Y dónde estaría la ganancia? Una división de la riqueza que a muchos les parecería injusta existiría ahora tanto como antes, porque los ociosos y los inexpertos recibirían la misma recompensa que los más trabajadores y hábiles. 495 La oposición de una clase social a otra, tan querida [pág. 253]de, continuaría. La única diferencia sería que, mientras que ahora proviene de los débiles, entonces provendría de los fuertes. 496 La asociación obligatoria es ciertamente más prolífica en conflictos y delitos que un estado social en el que cada uno gestiona sus propios asuntos.

Un viaje a pie, en compañía de otros, se considera, por todos, una excelente prueba de amistad. Pero una comunidad de bienes sería, en el sentido estricto de la palabra, un viaje a pie por toda la vida con innumerables "amigos". Aquí, cada uno se creería con derecho a poseer lo que quisiera. ¿Y quién decidiría, ya que tantos comunistas predican la disolución y extinción de todo gobierno y el reinado de la anarquía? Además, no cabe duda de que la diferencia de talentos y necesidades humanas pronto, a pesar de todas las leyes, conduciría de nuevo a una diferencia de propiedad. Por lo tanto, esa primera revolución tendría que repetirse de vez en cuando: ¡un verdadero trabajo de Sísifo! Apenas las abejas producen algo, llegan los zánganos y lo reparten de nuevo.

Sección LXXXIII.

La organización del trabajo. (Continuación.)

La experiencia, sin embargo, nos enseña que, en todas las etapas inferiores de la civilización, existe una comunidad de bienes en mayor o menor medida. 497 La institución de la propiedad privada se ha desarrollado más plenamente a partir de esta situación solo en la medida en que el bienestar y la cultura se han desarrollado como causa y efecto de dicho bienestar. Así, entre la mayoría de las naciones de cazadores y pescadores, la idea de la propiedad privada era desconocida. [pág. 254]cuando se descubrieron estas naciones. Esto es, de hecho, muy natural. Su principal fuente de producción fluye como si fuera propia, aparentemente inagotable; y el cazador difícilmente puede pensar en algo como salvar algo de su botín. 498 Y, entre las naciones nómadas, la tierra es una gran pradera de propiedad común; y la industria del saqueo se considera, como en todas las etapas inferiores de la civilización, especialmente honorable. 499 Los conquistadores del Perú encontraron allí algo muy parecido a una comunidad de bienes, bajo la tutela despótica del estado, a saber: una división anual de todas las tierras entre el pueblo, en proporción a su rango; el cultivo de estas tierras en común, bajo la supervisión del estado y al son de la música. Pero, en la etapa de civilización en la que se encontraba el Perú entonces, la tierra es prácticamente el único recurso que se posee. Los resultados fueron los habituales. Un país como el Perú, con [pág. 255]Una sola ciudad, sin bestias de carga, sin arados, sin oficios ni comercio, no puede ser rica. 500 Es bien sabido que la constitución de Licurgo estableció una especie de comunidad de bienes entre los espartanos. Basta recordar la educación pública, las comidas en común, la autorización del robo, 501 la prohibición del comercio de metales preciosos y muebles finos, la división equitativa de la propiedad y el carácter inalienable de la tierra , 502 etc. Con tales leyes, Esparta no podía ser rica ni desear serlo. De todos los estados griegos de importancia histórica, fue el que más conservó las peculiaridades económicas propias de una etapa inferior de civilización. Entre la mayoría de las naciones modernas, la idea fundamental de sus leyes territoriales, que se originaron en la Edad Media, es que cada familia es solo usufructuaria y que la comunidad es la propietaria soberana del suelo. Esta comunidad de posesión de la tierra se expresa, entre otras cosas, en la vasta extensión de bosques y pastos comunales, en la variada intersección de parcelas de tierra unas con otras, que, de hecho, cambian de propietarios de tiempo en tiempo, y en la propiedad común. [pág. 256]La explotación de la tierra, llevada al extremo, etc. 503 En toda la época medieval, 504 no solo el individuo era considerado propietario de la tierra, sino, por encima de él, la familia. Al mismo tiempo, es frecuente encontrar una gran cantidad de bienes de manos muertas en manos de corporaciones, tierras de monasterios, tierras de la corona y dominios de gran importancia. 505 Todas estas instituciones han disminuido en número y mostrado una tendencia a desaparecer, a medida que la agricultura o la economía nacional se han vuelto más productivas.

Sección LXXXIV.

La organización del trabajo. (Continuación.)

A esta tendencia se opone, de hecho, otra no menos poderosa. En todas partes, a medida que la civilización avanza, el ámbito de acción del Estado se amplía y los fines a los que sirve se multiplican.

En su origen, el gobierno se estableció únicamente para preservar la seguridad externa de sus súbditos. Gradualmente, llega a velar por su seguridad jurídica interna, imponiendo la paz interna, prohibiendo la venganza por derramamiento de sangre, etc. A continuación, extiende su cuidado al bienestar, la cultura e incluso la comodidad del pueblo. Pero las exigencias del Estado deben crecer en la misma proporción que el servicio que presta. Mientras que Lowe, en 1822, estimó el ingreso neto anual del pueblo británico en [pág. 257]£251,000,000; los gastos del gobierno, 506 en 1813 y 1814, promediaron £106,000,000, y estas sumas fueron dedicadas voluntariamente a fines públicos por el parlamento. Y así, entre 1685 y 1841, la población de Inglaterra más que triplicó sus números, pero, en el mismo período de tiempo, el gasto del estado se multiplicó por cuarenta. ( Macaulay ). Simultáneamente con este desarrollo de las cosas, se vuelve cada vez más habitual por el ejercicio del poder de dominio eminente y otros similares, sacrificar los derechos privados, adquiridos por los mejores títulos, al bien común preponderante. Podemos aludir, además, al deber, universalmente impuesto en los tiempos modernos, de realizar el servicio militar, a los sistemas nacionales de instrucción pública en tantos países; al gran número de sociedades, compañías por acciones, días festivos populares; pero particularmente a las asociaciones de seguros de todo tipo. Y así, de hecho, puede afirmarse que nos hemos acercado más a una comunidad de bienes de lo que se hubiera podido soñar hace cien años. 507 Y, sin embargo, estas son, en su mayor parte, instituciones en las que encontramos reflejada la peculiar fuerza y solidez de nuestra época. Quien desee comparar el poder de un pueblo con el de otro, debe tener en cuenta no solo los elementos que constituyen su fuerza intelectual y física, sino especialmente su inclinación a permitir que estos elementos cooperen en aras de fines públicos. 508

[pág. 258]

Podemos preguntarnos ahora: ¿En qué momento esta creciente comunidad deja de ser una ganancia? Esto es tan fácil de determinar en general como difícil de determinar cuál es su límite en casos particulares. El progreso hacia una comunidad de intereses de esta naturaleza es beneficioso, siempre y cuando, sin duda, corresponda al sentimiento de la comunidad de tener intereses comunes. De ahí que en el arte y la literatura impere una noble forma de comunismo, la que impulsa a los más fuertes a trabajar voluntariamente por los más débiles, y con el mayor éxito. 509 Así también, la atención cristiana a los pobres, incluso si se llevara a la altura de los consejos evangélicos (Lucas 3:11), no sería un obstáculo directo para el desarrollo de la economía pública de una nación, siempre que se diera y aceptara únicamente como benevolencia cristiana. Toda aproximación a una comunidad de bienes debe realizarse por el amor de los ricos hacia los pobres, no por el odio de los pobres hacia los ricos. Si todos los hombres fueran verdaderos cristianos, podría existir una comunidad de bienes sin peligro. Pero, además, la institución de la propiedad privada no tendría ningún lado oscuro. Todo empleador daría a sus trabajadores el salario más alto posible y exigiría a cambio el menor sacrificio posible. 510 511

[pág. 259]

Sección LXXXV.

El derecho de herencia.

El derecho a la herencia de los recursos tiene su origen en la combinación de la idea de familia con la idea de propiedad. Y, de hecho, esta combinación de ideas es muy natural. La mayor parte de la humanidad considera los placeres de la familia como el máximo logro y se esfuerza, siempre que sus recursos económicos lo permiten, por asegurarlos. Al mismo tiempo, el egoísmo de la mayoría de los hombres no se limita a su propia persona, sino que se extiende también a su posteridad. De ahí que la cama y la comida, el eonnubium y el commercium se hayan considerado, desde tiempos inmemoriales, ideas correlativas; y, para los socialistas más sensatos, la comunidad de esposas (o el celibato) es tan apreciada como la comunidad de bienes. 513 (§ 245.) Y en la práctica, la mayor parte de las naciones de cazadores, que, según nuestras concepciones, no tienen conocimiento de una familia verdadera ni de la propiedad, tienen la costumbre de enterrar con los muertos las cosas que utilizaron para matar su ganado, etc., o para privar a los niños menores de su herencia. 514

[pág. 260]

Sección LXXXVI.

Utilidad Económica Del Derecho De Sucesión.

La certeza de que el bienestar material de sus hijos depende, en gran medida, de su laboriosidad y frugalidad es uno de los incentivos más poderosos para el bien, en el caso de la mayoría de los hombres. Y esta es la base de la utilidad económica del derecho familiar de herencia. 515 Apenas existe otra institución que se oponga a la superpoblación con tanta eficacia, debido a que el obstáculo que se le impone aquí se sitúa muy directamente, donde más se siente, es decir, en la vida familiar. Cuanto más débil sea el sentimiento familiar, menos interfiere la abolición del derecho de herencia con los intereses económicos de una nación. De ahí, por ejemplo, que los impuestos sobre legados, herencias, donaciones testamentarias, etc., sean menos objetables en la medida en que afecten únicamente a quienes se encuentran en los grados más remotos de parentesco, en los que la herencia es algo meramente accidental. Mientras que, cuando una nación está todavía en las etapas intermedias de civilización, el derecho familiar de herencia parece ser muy fuerte, especialmente en lo que respecta a la propiedad territorial, consecuencia del hecho de que se reconoce que existe en la familia un tipo superior de título sobre dicha propiedad; en un período en que el individualismo se vuelve más desarrollado, la libertad de tesorería tiende a prevalecer cada vez más. 516 Entonces el derecho de herencia se convierte, [pág. 261]Por así decirlo, una forma más elevada de propiedad personal, una prolongación de la misma más allá de la muerte. Si la libertad testamentaria se viera demasiado obstaculizada, el egoísmo se manifestaría de una manera mucho más perjudicial para los intereses económicos, a saber: en el consumo de la riqueza durante la vida de su propietario. Cada persona no sería más que un usufructuario vitalicio de su propia propiedad.

Pero, al mismo tiempo, en períodos de decadencia moral, la libertad completa puede degenerar hasta producir males igualmente graves. Los ricos beocios, en los últimos días de la historia helénica, solían organizarse en compañías de bebedores disolutos; y no solo los que no tenían hijos, sino incluso los padres de familia cedían sus propiedades a estas compañías, limitando a su descendencia a una porción que tenían el deber de dejarles. Así ocurrió también en Roma, en la época de Cicerón, cuando todo conocido de prestigio se sentía muy mal si no se le recordaba en el testamento del testador, y donde Octavio, por ejemplo, en los últimos veinte años de su reinado, recibió unos 70.000.000 de táleros mediante legados que le dejaron sus «amigos». 517 Aquí, [pág. 262]La derogación de la ley que obliga a los testadores a dejar una determinada proporción de su riqueza a sus hijos eliminaría la última salvaguardia de su bienestar material. 518

Sección LXXXVII.

Propiedad territorial.

Como la tierra, en su estado no cultivado, no ha sido producida por el hombre ni puede ser consumida en su totalidad, la demostración anterior de la necesidad de la propiedad privada no puede, sin [pág. 263]No más preámbulos, extenderse a la tierra. 519 Por lo tanto, la propiedad individual sobre la tierra es en todas partes mucho más reciente que la propiedad individual sobre el capital. 520

Pero es necesario un cierto gasto de capital y trabajo para que la tierra se utilice productivamente, y, en la mayoría de los casos, este empleo de capital y trabajo es de larga duración, irrevocable por naturaleza, y cuyos frutos solo pueden cosecharse después de un tiempo. Ahora bien, esta cooperación entre capital y trabajo es tal que nadie se atrevería a emplearlos en el cultivo de la tierra si no tuviera la mayor seguridad de poseerla. Por lo tanto, la agricultura en su etapa más rudimentaria presupone la propiedad de la tierra, al menos desde que se la "pica con la azada" hasta que "sonríe con la cosecha"; o, para expresarlo con mayor precisión, durante todo el tiempo transcurrido entre el trabajo del arado y el de la hoz. Cuanto más aumentan la población y la civilización, más productos deben extraerse del suelo. Pero esto solo puede lograrse mediante un cultivo más intensivo (agricultura de alto nivel), prodigándole una mayor cantidad de capital y trabajo y, por regla general, ampliando el ámbito de las operaciones agrícolas mediante combinaciones cada vez más artificiales. Por lo tanto, el progreso de la civilización exige una fijación cada vez mayor y una configuración más pronunciada de la propiedad de la tierra (la especificación de los juristas), en beneficio de todos los que participan en este progreso, e incluso de quienes no poseen tierras. Si no existiera la propiedad de la tierra, todos la encontrarían más [pág. 264]difícil y laborioso satisfacer su falta de productos agrícolas; 521 y los productos mismos serían de clase inferior.

Así, por ejemplo, en Camargo, el lackmus se preparaba antiguamente con plantas que se obtenían gratuitamente en los bosques. Sin embargo, entonces era mucho más caro que ahora, ya que las plantas se cultivan artificialmente en terrenos. 522 Con la pesca, la situación es distinta. La apropiación de ríos o mares no tendería a aumentar la abundancia de sus productos, por lo que esta apropiación es, en general, poco frecuente. 523

Sección LXXXVIII.

Propiedad territorial. (Continuación.)

Cuando esta mezcla de capital y trabajo con la tierra no ha tenido lugar en gran medida, la propiedad privada de la tierra no se ha desarrollado en ningún grado. Así, incluso ahora hay muchos países semicivilizados en los que la tierra se pierde por no haber sido cultivada durante muchos años, y donde puede ser ocupada por la primera persona que la cultive. 524 En Europa, la propiedad común [pág. 265]La posesión de bosques y pastizales se mantuvo durante mucho más tiempo que la de tierras cultivables, porque, en el caso de los primeros, el trabajo y el capital desempeñan un papel mucho menos importante en su gestión. Y, sin embargo, incluso en el caso de las tierras cultivables, etc., y en las etapas más avanzadas de la civilización, la cualidad de propiedad está aún menos desarrollada que la cualidad de propiedad del capital. ¡Cuán rara vez encontramos fidei commissa de capital, o capital jurídicamente vinculado! Encontramos que el derecho de todas las naciones antiguas establecía una marcada distinción entre bienes muebles e inmuebles, y que el poder de disponer de los primeros mediante venta, prenda, dote, partición, etc., era mucho más libre. E incluso ahora, el poder de policía que puede ejercerse sobre los bienes muebles es mucho más restringido que el de las casas y los terrenos. 525 La justicia del derecho exclusivo de posesión sobre lo que uno ha ganado y ahorrado es evidente para todos. Por otra parte, la apropiación de las “fuerzas naturales originales e indestructibles” tiene su base no tanto en la justicia como en el bien común; y el Estado siempre se ha considerado con derecho a imponer al “monopolio de la tierra”, que concedió al primer poseedor, toda clase de limitaciones y condiciones en interés del bien común. [pág. 266]y, a veces, considerar la propiedad privada de la tierra a la luz de una función semipública. 526 Puedo citar los principios feudales de la última parte de la Edad Media, que están tan alejados de nuestras ideas sobre la propiedad privada de la tierra; y, sin embargo, de los cuales se escuchan muchos ecos, incluso en nuestros días, y no dejan de tener influencia en la práctica. Así, por ejemplo, incluso en Inglaterra, la mayor parte de los impuestos para pobres, para el sostenimiento de la iglesia establecida, el mantenimiento de las vías públicas, etc., se acumulan sobre la renta de la tierra. Muchos socialistas han propuesto convertir al Estado en el único propietario de la tierra, 527 añadiendo a veces la condición de que los antiguos propietarios privados sean compensados con capital, cuando sería al menos supuesta la posibilidad de atraer capital privado a cultivarla si se celebraran arrendamientos largos y seguros. Esto constituiría una buena gestión de tierras, que se extendería por todo el país. Basta con echar un vistazo a los reinos en los que se encuentra algo análogo. [pág. 267]especialmente los despotismos del este, 528 para adivinar que un sistema así no basta para asegurar la productividad real de la economía de una nación. 529

[pág. 268]


Capítulo VI.

Crédito.

Sección LXXXIX.

Crédito en general.

El crédito 530 es el poder de disposición sobre los bienes de otro, 531 otorgado voluntariamente a cambio de la mera promesa de un contravalor. 532 Como dice Franklin: Un buen sueldo es dueño de la cartera ajena. Por lo tanto, es evidente que quienquiera que obtenga crédito debe ser considerado capaz y con la intención de cumplir su promesa. Donde [pág. 269]Esta creencia se basa simplemente en la opinión que se tiene de la persona del deudor; hablamos de crédito personal, 533 en contraposición especialmente al crédito basado en comodato, prenda, hipoteca, etc. Cuanto mayor sea el tiempo transcurrido entre la realización de la promesa y el plazo fijado para su cumplimiento, menos seguro será este último, donde la garantía es simplemente la persona del deudor. Es principalmente en naciones muy incivilizadas, y también en naciones en decrepitud, y durante períodos de anarquía y despotismo, que la seguridad personal es más importante que cualquier otra. Lo mismo es cierto, aunque por otras razones, en naciones civilizadas muy dinámicas, donde la gente valora mucho el elemento del trabajo en su economía, entre cuyos miembros se encuentra, sin duda, la seguridad jurídica, pero donde la peculiar sensibilidad de la especulación se vería demasiado obstaculizada por la naturaleza más lenta de otros créditos; como, por ejemplo, en Norteamérica e incluso en la antigua Roma. Las naciones civilizadas que han alcanzado el estado económico estacionario, por esta razón prefieren mucho más la mayor seguridad y la ausencia de preocupaciones que acompañan al crédito no personal. 534 Al estimar la capacidad del deudor para cumplir su promesa, debemos tener en cuenta, especialmente, el carácter disponible de sus recursos; de lo contrario, sería imposible comprender [pág. 270]por qué el comerciante puede con tanta frecuencia obtener un préstamo sobre sus acciones por valor total, mientras que el propietario de la tierra sólo puede ofrecerlo como garantía hasta la mitad de su valor.

El crédito, en general, cobra mayor importancia con el avance de la civilización, especialmente en el caso del crédito destinado a fines productivos. Esto es consecuencia de la mayor división del trabajo, que hace que se comercialicen con mayor frecuencia productos inacabados; productos que adquieren valor solo después de un tiempo, pero que, transcurrido este, tienen valor presente. De hecho, a medida que el mundo avanza y la civilización crece, resulta mucho más fácil predecir el futuro con certeza. El futuro también se convierte en una fuente de preocupación, y el capital fijo, en consecuencia, desempeña un papel cada vez más importante. El límite al desarrollo del crédito es este: solo es seguro cuando el deudor invierte los bienes prestados en la producción, como mínimo, de su equivalente. Por eso, la personalidad del Estado, revestida de inmortalidad y con un poder tributario formalmente ilimitado, se ve tan a menudo tentada a realizar transacciones crediticias que nunca se liquidan. 535 Las enfermedades sociales de los pánicos y de las empresas extravagantes guardan con el crédito la misma relación que la incredulidad y la superstición con la verdadera religión. 536 ( Schäffle .)

Sección XC.

Crédito—Efectos del crédito.

En cuanto a los efectos del crédito, podemos observar que es tan impotente para producir directamente nuevo capital como lo es la división del trabajo para producir nuevos trabajadores. A cada crédito del [pág. 271]El acreedor corresponde a un débito del deudor. Como dijo Turgot: Todo crédito es un emprunt . 537 538 539 Pero, por otro lado, el crédito [pág. 272]Facilita la transmisión de los elementos de producción, especialmente del capital, de una mano a otra. 540 Por lo tanto, cuando el deudor emplea el capital que ha tomado prestado de forma más productiva que la que hubiera hecho el acreedor, todo el país sale ganando; mientras que, por el contrario, sale perdiendo cuando una persona dedicada a la industria se adelanta al ocioso, el frugal al derrochador, el acaudalado al especulador descontrolado. En las naciones en decadencia, donde cada nuevo desarrollo acelera la decadencia, esta última alternativa puede ser la predominante; y, especialmente aquí, la concesión usura de crédito por parte del astuto al ingenuo puede conducir a una ruinosa esclavitud por deudas. Entre un pueblo vigoroso y enérgico, el primero tiende a gobernar, ya que solo mediante el empleo productivo de los préstamos concedidos se les permite pagar permanentemente los intereses. En este caso, el crédito es un medio invaluable, no solo para poner en movimiento el capital inactivo y hacer aún más activo el capital activo, sino especialmente para concentrar el capital, lo que le permite ganar tanto poder productivo como el trabajo mediante la cooperación del mismo. Esto se logra, con mucha frecuencia, mediante sociedades anónimas, cuyo principio las recomienda especialmente en empresas donde se requiere capital estacionario en lugar de capital circulante, y donde el capital generalmente desempeña un papel mayor que el trabajo; y donde este trabajo puede estar sujeto a disposiciones que pueden establecerse con precisión de antemano; como, por ejemplo, en el caso de muelles, compañías de seguros, bancos, etc. [pág. 273]Los bancos, entonces, se convierten en verdaderos depósitos de capital, siempre que se establezcan y gestionen de forma adecuada y juiciosa; verdaderos depósitos que reciben en un lugar el capital superfluo en otro, para abastecer a otro con el necesario. Cuanto más aumenta la confianza, más se despiertan de su letargo, incluso las más pequeñas cantidades de capital, y se vuelven activas y productivas. Solo mediante el crédito se puede obtener la ayuda del capital extranjero para la producción nacional. De hecho, el crédito, considerado como un intercambio de probables bienes futuros por bienes realmente existentes, es una de las principales funciones de la solidaridad temporal de la economía de las naciones. ( Schäffle ). Sin crédito, habría muy poco espacio para la especulación propiamente dicha.

Podemos ver cómo la posibilidad de dar y recibir crédito promueve la riqueza al considerar a las clases más pobres, cuya pobreza, como causa y efecto, está estrechamente relacionada con la ausencia de crédito. Y aquí tenemos una sugerencia del lado positivo del crédito, análoga a la mencionada en el § 62 sobre la cooperación en el trabajo, a saber: que tiende a intensificar la desigualdad entre los hombres. El hombre que se distingue por la cantidad de su riqueza o por su posición es naturalmente conocido por un círculo mucho más amplio que otros. De lo cual se deduce que, mediante el crédito, puede aumentar su poder, ya mucho mayor en el mundo económico, mediante un multiplicador mucho mayor. 542 Por lo tanto, no necesita [pág. 274]Nos sorprende que los grandes obtengan crédito de los que están en una posición inferior, al menos con la misma frecuencia con la que ellos les dan crédito a su vez.

Para el acreedor, la posibilidad de otorgar préstamos es un poderoso incentivo para la frugalidad. Sin crédito, quienes no estuvieran en condiciones de emplear su capital productivamente solo ahorrarían dentro de límites muy estrechos. 543

Sección XCI.

Leyes de deudores.

El crédito privado está siempre condicionado, y en muchos sentidos, por la situación de los negocios de toda la nación; en otras palabras, [pág. 275]En otras palabras, por su situación político-económica. Especialmente en las etapas más avanzadas de la civilización, un insolvente puede fácilmente arrastrar consigo a innumerables personas; y donde las leyes son deficientes o impotentes, ni siquiera el hombre más rico puede prever su propia solvencia con antelación. Una de las condiciones más importantes del crédito es la certeza de que, si la buena voluntad del deudor para cumplir con sus obligaciones falla, se verá compensada por el proceso judicial obligatorio. De ahí la importancia de un procedimiento judicial imparcial, ilustrado, rápido y económico. 544 Cuanto más rigurosas sean las leyes relativas a la deuda para prevenir la deshonestidad por parte del deudor, más ventajosas serán para los deudores honorables y honestos. Adam Smith afirmó con razón que, en países donde los acreedores no están completamente protegidos por los tribunales, el hombre honorable que pide prestado dinero se encuentra en la misma situación que el hombre notoriamente deshonesto o el derrochador en países mejor gobernados. Le resulta más difícil obtener préstamos y se ve obligado a pagar una tasa de interés más alta. 545 Por otra parte, las leyes rigurosas sobre los deudores disminuyen [pág. 276]Toda la nación, el monto de las "deudas incobrables", es decir, una parte considerable del costo de producción. Al mismo tiempo, promueven, en la medida en que las leyes lo permiten, el honor nacional y la confianza mutua entre los hombres. La excelencia de sus leyes de deudores, en su período más floreciente, fue uno de los principales elementos que contribuyeron a la importancia de Atenas y Roma en la historia mundial. 546

Sección XCII.

Historia de las leyes de crédito.

En la historia de las leyes relativas al crédito podemos distinguir, en muchos países, tres etapas de desarrollo.

A. Las leyes, en la primera etapa, son muy severas. En la Edad Media germánica, el insolvente caía en desgracia. Se convertía en esclavo de su acreedor ( zu Hand und Halfter ), quien podía encarcelarlo, encadenarlo ( stöcken und blöcken ) y probablemente matarlo. Una ley noruega permitía al acreedor, cuando su deudor no trabajaba y sus amigos no pagaban un rescate, llevarlo ante los tribunales y «cortarle la parte que quisiera, arriba o abajo». 547 Juzgar de [pág. 277]Para entender correctamente estas disposiciones, es necesario tener presentes las múltiples formas en que los recursos familiares estaban en esa época atados y ligados, y no olvidar “el poder de desafío de estas naturalezas de hierro”. 548 ( Niebuhr .)

B. El derecho canónico introdujo principios más suaves. Gregorio Magno ya había prohibido la posesión del cuerpo del deudor. 549 Por esta razón, durante la última parte de la Edad Media, era costumbre estipular contractualmente que las disposiciones del derecho antiguo regirían en esta materia, sometiéndose a prisión, etc. 550 La influencia del derecho romano hizo que, en el caso de deudores insolventes, fuera gradualmente más habitual exigirles únicamente la cesión de sus bienes en beneficio de sus acreedores. Esto, sin embargo, condujo a numerosos fraudes; estos se hicieron más frecuentes a medida que las leyes que regían los bienes de las partes mientras existía el vínculo matrimonial, y las ejecuciones contra bienes inmuebles, etc., eran deficientes.

C. Por lo tanto, en épocas más civilizadas, se ha vuelto a la severidad de épocas anteriores. Las personas dedicadas al comercio, especialmente aquellas cuyo capital es tan volátil y para quienes el tiempo es algo tan preciado, difícilmente pueden prescindir voluntariamente del encarcelamiento personal por deudas. Por lo tanto, la legislación sobre letras de cambio, sancionada especialmente mediante el encarcelamiento de la persona, desempeña un papel muy importante en las ciudades comerciales del siglo XVII, como lo hizo, naturalmente, mucho antes en Italia y los Países Bajos. 551 Leyes modernas en [pág. 278]Muchos casos castigan al quebrado cuando un examen de sus libros, llevados según métodos aprobados, no demuestra su inocencia. 552 La gran facilidad de la quiebra fraudulenta, donde el comercio ha alcanzado un alto grado de desarrollo y complejidad; la falta de honor que se muestra al especular para beneficio propio con el capital de un extraño y sin el conocimiento del verdadero propietario; el número comparativamente pequeño de quiebras intachables e irreprochables, 553 ciertamente justifican estas disposiciones. 554 555

[pág. 279]

Sección XCIII.

Medios de fomento del crédito.

Uno de los medios más eficaces para fomentar el crédito consiste en una legislación destinada a secar la fuente de las deudas incobrables, poniendo obstáculos a los créditos temerarios o usureros. [pág. 280]para objetos de lujo o placer, a malos clientes. 556 Pero la aplicación de estas leyes debe ser clara y sencilla en cuanto a su contenido, y no requerir indagaciones personales impracticables para un comerciante. 557 Así, por ejemplo, un breve plazo de prescripción establecido por ley en materia de anticipos para reclamaciones monetarias ordinarias es una restricción beneficiosa, tanto para el acreedor como para el deudor, ya que impide la acumulación de una multitud de pequeñas deudas que, de manera casi imperceptible pero al mismo tiempo, abruman irresistiblemente al deudor bajo su peso. 558 Otra [pág. 281]Un medio eficiente son las asociaciones de empresarios para difundir listas de morosos y procesar sus propias demandas en común. 559 Por otro lado, la experiencia ha demostrado que el encarcelamiento por deudas, como medio para hacer valer la reclamación de un acreedor, cuando el monto de la deuda es muy pequeño y solo los deudores muy pobres pueden incurrir en él, es de poca utilidad. Incluso es perjudicial, porque muchos vendedores confiarían en ese medio para obligar al pago en el futuro en lugar de exigirlo de inmediato, como deberían hacer en interés propio y de sus clientes. Por regla general, solo los acreedores ricos pueden recurrir a él con éxito, una clase que obliga al pago por este medio arrancándolo de las relaciones del deudor con más frecuencia que del propio deudor. La gestión de deudas en instituciones penitenciarias parece, por las mismas razones, no lograr su objetivo, ya que incluso las instituciones bien administradas apenas cubren sus gastos corrientes con los ingresos derivados de esta fuente. 560 La inequidad del encarcelamiento por deudas radica en que castiga al deudor desafortunado con la misma severidad que al malicioso. Debe distinguirse claramente del encarcelamiento reconocido por los tribunales como castigo por quiebra imprudente o fraudulenta. 561 Debemos dictar sentencia. [pág. 282]Similar a la relativa al encarcelamiento del deudor por el embargo de sus salarios aún no vencidos, al menos en la medida en que sea absolutamente necesario para salvarse a sí mismo y a su familia de la necesidad, no se exceptúa. La prohibición de dicho embargo, más allá de esto, equivaldría a declarar que todos los trabajadores sin capital, incluso los mejores, deberían ser considerados indignos de crédito. 562 También podemos incluir en esta categoría las leyes que exceptúan de la ejecución las herramientas necesarias de un comerciante, ya que privarlo de ellas sería impedirle... [pág. 283]empleando incluso su trabajo para satisfacer las reclamaciones de sus acreedores.

Sección XCIV.

Cartas de respiro (moratorios especiales).

Las cartas especiales de respiro ( Specialmoratorien ) son una suspensión de las leyes relativas a la deuda, otorgadas a favor de un individuo ( Quinquennalia ). Su propósito era proteger no solo al deudor, sino también al conjunto de acreedores contra la severidad miope de uno de ellos. Solían otorgarse especialmente cuando el deudor demostraba que la ejecución inmediata no solo tendría el efecto de arruinarse, sino también de dejar a sus acreedores con las manos vacías; mientras que, si se le diera tiempo, podría satisfacer a todos. 564 Sin embargo, la concesión de tales cartas ha sido prohibida recientemente en casi todos los países por ser arbitraria y [pág. 284]Como una especie de justicia de gabinete. Su concesión tampoco debe compararse con la facultad de indultar. En caso de indulto, el Estado ofendido perdona. En este caso, sacrifica el derecho incuestionable de una parte en beneficio, muy dudoso, de otra. Cuando tales cartas se conceden en gran número, el crédito inevitablemente se resiente. "¡ Quinquinnellen gehören in die Hollen! "

Sin embargo, en épocas difíciles, cuando un gran número de deudores se encuentran en situación de insolvencia simultánea, se ha planteado la modificación temporal de las leyes relativas a la deuda. En tales ocasiones, se ha argumentado que sería extremadamente difícil tratar, lege artis , a miles de personas en quiebra a la vez; que miles de empresas tendrían que cerrar, sus acciones se venderían al mercado a precios ficticios y sus empleados serían despedidos. Pero, si se otorgaran ciertos privilegios a quienes se declararan incapaces de cumplir con sus obligaciones antes de cierta fecha, se sabría, al menos, que los demás se encontraban en una situación sólida; y esto tendría el efecto de fortalecer el crédito, que antes se había visto universalmente afectado. Sin embargo, dejando de lado cualquier caso de abuso, debemos recordar que un favor realmente injusto, otorgado al deudor, podría conllevar la ruina de su acreedor. Además, la incertidumbre de la ley tendría un efecto mucho peor en el crédito que la incertidumbre sobre la situación personal de los individuos. 566 Cuando, como suele ocurrir en las etapas inferiores de la civilización, deudores y acreedores forman dos clases distintas, la cuestión del derecho no cambia, en realidad, pero se proporciona una base sólida para la medición política de los intereses opuestos. En otro caso [pág. 285]En mi trabajo he mostrado cómo, tras grandes guerras, los terratenientes endeudados han sido protegidos de los capitalistas. (Véase Roscher , Nationalökonomik des Ackerbaues, § 137 y ss.) 567 568

[pág. 287]


Libro II.

La circulación de mercancías.

[pág. 289]

Capítulo I.

Circulación en general.

Sección XCV.

Significado de la circulación de mercancías.

Cuanto más desarrollada esté la división del trabajo, más frecuentes y necesarios se vuelven los intercambios. Mientras que el ermitaño dedicado a la producción solo piensa en sus propias necesidades, y el simple ama de casa en las de su hogar, el hombre que forma parte de una nación y participa en su economía general debe tener presente el MERCADO en el que se intercambian bienes de un tipo por bienes de otro. Cuanto más grandes, diversas y cambiantes sean las condiciones de este mercado, mayores serán las facultades intelectuales requeridas para participar en él con éxito y en beneficio de todos los involucrados. 569 Bienes destinados al intercambio [pág. 290]Se denominan mercancías. Por circulación de mercancías se entiende su paso de un propietario a otro. 570 Entre las principales causas de la circulación, podemos mencionar la diferencia en la naturaleza y civilización de los países y pueblos, la distinción entre ciudad y campo, la división de las personas en clases, etc. 571 La rapidez de la circulación depende, por un lado, de la cantidad de mercancías y, por otro, del grado de división del trabajo. En ambos aspectos, es, por lo tanto, un indicador importante de la riqueza de la nación y del mundo.

Distintas mercancías tienen grados muy distintos de capacidad de circulación ( Circulationsfähigkeit ), es decir, de certeza de encontrar compradores y de facilidad para encontrarlos. Cuanto menor sea el volumen y el peso de una mercancía en comparación con su valor; cuanto más largo y cómodo sea su almacenamiento; cuanto más invariables y conocidos sean su valor de uso y su valor de cambio; cuanto más fácilmente se traslade de un lugar a otro, con mayor facilidad se transmitirá de un período a otro y de la posesión de una persona a la posesión de otra. Así, por ejemplo, los metales preciosos circulan más rápidamente que los productos industriales; [pág. 291]Estos, a su vez, más que las materias primas, 572 y los bienes inmuebles circulan con menor rapidez que todos. Una mejora en los medios de transporte aumenta naturalmente la capacidad de circulación de toda la riqueza de un pueblo, y especialmente de aquellos bienes que antes no eran transferibles, así como de aquellos cuyo costo de transporte constituía un componente particularmente importante del precio. 573 Cuanto mayor sea la capacidad de circulación de cualquier tipo de bien, mayor será el poder de control de su propietario en el mundo del comercio. Si comparamos a dos hombres, cada uno con un millón de dólares, pero uno con ese millón en dinero y el otro en tierras, veremos que el primero puede, para fines presentes, como prestar al estado en caso de necesidad, colaborar en una conspiración, etc., disponer de recursos con mucha más facilidad y eficacia que el segundo. En las circunstancias normales de la economía de una nación, observamos que quien posee dinero rara vez carece de pan, combustible o ropa, mientras que muchos propietarios de otras propiedades pueden carecer de dinero. 574 Es cierto que los recursos que, por así decirlo, pueden tomar la ofensiva con mayor energía, ofrecen menos resistencia a la desgracia imprevista. Quien los posee está en condiciones de perderlo todo con un solo golpe de dado. A medida que la civilización avanza, aumenta la capacidad circulante de la riqueza de una nación. 575

[pág. 292]

Sección XCVI.

Rapidez de circulación.

Con un avance en la economía pública popular, encontramos una mayor velocidad de circulación, tanto como causa como efecto. Toda mejora, todo aquello que acorta el proceso de producción, debe facilitar y acelerar la circulación de mercancías. Así, el perfeccionamiento de los medios de transporte de mercancías, de los medios de intercambio y del crédito, implica un aumento en el número de intermediarios que compran para luego vender. Por otro lado, cuanto más rápida sea la circulación de la riqueza, más puede promover la producción. Por ejemplo, cuanto más rápido intercambie el fabricante de telas sus productos por dinero, más rápidamente podrá emplear el dinero en la compra de nuevas herramientas y la contratación de nueva mano de obra; y más pronto podrá aparecer en el mercado con telas nuevas. Es aquí precisamente como ocurre en la agricultura, que es más productiva cuando la semilla regresa varias veces al año (varias cosechas 576 ) a la mano de [pág. 293]El campesino es más frecuente que donde esto ocurre solo una vez. Cuanto más cerca estén los miembros del organismo comercial, más rápida suele ser la circulación. Por lo tanto, es más rápida en la industria que en la agricultura; en el comercio minorista que en el mayorista; en las grandes ciudades que en el campo; entre una población densa que entre una población dispersa.

La regularidad de la circulación aumenta con la cultura económica. Su concentración en grandes puntos terminales y su interrupción por las malas estaciones del año pertenecen a las etapas más bajas de la economía política de un pueblo; aunque las malas cosechas, las inundaciones, las guerras, las revoluciones, etc., pueden, en cualquier momento, provocar una lentitud o una detención de la circulación.

Sección XCVII.

Libertad de competencia.

Pero es especialmente la libertad de circulación la que aumenta con el avance de la civilización, y este avance, como los dos anteriores, afecta primero a la circulación doméstica o interior. La libertad de competencia, la libertad de comercio e industria, expresiones técnicas utilizadas para designar la libertad en general en el ámbito de la economía de una nación, es la conclusión natural que se extrae de los principios de independencia individual y de propiedad privada. Por lo tanto, su desarrollo es tan lento como el de estos, y alcanza su pleno desarrollo solo en las naciones altamente cultivadas, sus colonias y dependencias. En etapas muy bajas del desarrollo económico, la circulación de bienes se ve obstaculizada por la ausencia de seguridad jurídica; más tarde, por los privilegios otorgados a un gran número de familias, corporaciones, municipios, clases, etc., y más tarde aún por la poderosa tutela que ejerce el Estado mediante su poder legislativo e incluso educativo. 577 Cada una de estas épocas constituye [pág. 294]El final del anterior es más suave que el anterior. Finalmente llega el período de completa libertad, cuando a cada persona se le permite administrar sus propios asuntos incluso si sufre daño, siempre que este se limite a sí mismo.

Los últimos tiempos del Imperio Romano son la mejor ilustración de cómo, con el declive de las condiciones que deben preceder a la libertad de competencia, esa misma libertad decae. 578

La libertad de competencia desencadena todas las fuerzas económicas, buenas y malas. Por lo tanto, cuando las primeras predominan, aceleran la época de la grandeza de un pueblo, como lo hacen con su decadencia cuando las segundas se imponen. 579 Podemos decir de la libertad económica lo que se puede decir de todas las demás libertades: que la eliminación de las restricciones externas solo puede justificarse y produce el mayor bien del mayor número cuando se impone un imperio severo sobre sí mismo. Sin esto, no impediría ni evitaría la ociosidad, la usura ni la superpoblación. La libertad no debe ser simplemente negativa. Debe ser positiva. Si, debido a la inmadurez o la sobremadurez de un pueblo, no existe una clase media robusta entre ellos, la competencia ilimitada puede convertirse en lo que Bazard llama un sauve-qui-peut general (que el diablo se lleve al último); lo que Fourier designa como un morcellement industriel y un fraude commerciale ; lo que M. Chevalier denominó "un campo de batalla en el que los pequeños son devorados por los [pág. 295]grande;” y en tal caso, como dice Bodz-Reymond, la palabra competencia, que significa simplemente que a cada uno se le permite correr en cualquier dirección que vea una puerta abierta, no es más que otra expresión para vagabundeo. Pero aquí el mal no reside en una competencia excesiva, sino en que por un lado hay muy poca competencia. 580 El principio opuesto a la competencia es siempre el monopolio, es decir, como dice John Stuart Mill, la imposición de impuestos a la industria en beneficio de la indolencia e incluso la rapacidad; y la protección contra la competencia es sinónimo de una dispensa de la necesidad de ser tan industrioso e inteligente como los demás.

Una protección de esta naturaleza, suficientemente eficaz para alcanzar su fin, no dejaría de detener los esfuerzos de quienes habían logrado algo, e incluso de hacerlos retroceder. Es cierto que la libertad de competencia es una especie de declaración de guerra, 581 entre los hombres considerados como productores; pero, al mismo tiempo, convierte a todos los hombres considerados como consumidores en miembros de una sociedad, en la que todos los miembros están igualmente interesados, un hecho demasiado pasado por alto por los socialistas. 582 Es el medio especialmente por el cual la mayor y cada vez mayor porción de las fuerzas de la naturaleza se eleva al carácter de propiedad libre y común de la raza humana. 583 «El hombre no es el favorito de la naturaleza en el sentido de que la naturaleza lo ha hecho todo por él, sino en el sentido de que le ha dotado de la capacidad de hacerlo todo por sí mismo. El derecho a la libertad de competencia puede, por lo tanto, considerarse tanto [pág. 296]la protección y la imagen de esta provisión de la naturaleza.” ( Zachariä. ) 584

Por lo tanto, quien alega o alega una excepción a la regla de la libre competencia debe demostrar su postura en cada caso individual, ya que la carga de la prueba recae sobre él. Pero el deber de intervención del Estado se señala positivamente cuando cualquier interés común a todo el pueblo no está en condiciones de afirmarse; y negativamente, cuando la costumbre que hasta entonces había impedido un abuso indudable se ha debilitado demasiado para seguir prestando ese servicio. En ambos casos, quisiera llamar la atención sobre la protección de los niños de las fábricas contra el egoísmo concurrente de sus padres y patrones. 585 586 Supra , § 39 .

[pág. 297]

Sección XCVIII.

Cómo se pagan los bienes.—La renta de los bienes.

El pago de los bienes (§ 1 y siguientes) de cualquier especie sólo puede hacerse en otros bienes. 587 588 Por lo tanto, cuanto mayor, más variado y mejor [pág. 298]Cuanto más adaptada esté la producción para satisfacer necesidades, más fácilmente encontrará un producto un mercado rentable; más fácilmente en Inglaterra, por ejemplo, a pesar, o mejor dicho, debido a la gran competencia que allí existe, que en Groenlandia o Madagascar. De esto se deduce que, por regla general, una persona está en mejores condiciones para comprar más bienes cuanto más ha producido. Según las cifras oficiales, el valor medio de una cosecha de trigo y patatas en Prusia era anteriormente de 332.500.000 táleros. Sin embargo, en el año 1850, era de tan solo 262.000.000 táleros. Como era de esperar, los habitantes del campo en ese año no podían comprar a las ciudades tanto como en años normales, por una diferencia de 70.000.000 táleros. Esto ilustra cómo todas las clases sociales, que viven de encontrar un mercado libre para sus productos, están interesadas en la prosperidad de todas las demás. Como dice Bastiat: «Todos los intereses legítimos son armoniosos». Cuanto más floreciente es una ciudad, mejor están los pueblos que la rodean, que la abastecen; y cuanto más ricas son estas ciudades, más floreciente es la industria de la ciudad que atiende sus necesidades. 589 Es importante tener presente este hecho, especialmente en tiempos de civilización avanzada, cuando el sentimiento de que todos tenemos intereses en común tiende a latente. Nada puede servir mejor para despertarlo cuando ya lo es. Una nación, dice Louis Blanc, en la que una parte del pueblo es oprimida por otra, es como un hombre [pág. 299]Herido en la pierna. El miembro sano se ve impedido por el miembro enfermo de realizar sus funciones. 590

Sección XCIX.

Libertad de Competencia y Comercio Internacional.

¿Se aplica la misma regla a las relaciones comerciales entre las naciones? Donde el sentimiento de que toda la humanidad constituye una vasta familia es más fuerte que el de su diversidad política y religiosa; donde el sentido del derecho y el amor a la paz han extinguido toda chispa peligrosa de ambición imperial y toda envidia bélica; donde, especialmente, sus intereses económicos son correctamente comprendidos por ambas partes, un conflicto real entre los intereses de dos naciones debe ser siempre un fenómeno poco frecuente y una excepción a la regla general, que no debe admitirse hasta que se haya demostrado claramente su existencia. 591 Las naciones altamente cultivadas generalmente [pág. 300]ven los primeros pasos de la civilización de un pueblo extranjero con más buenos ojos que el progreso posterior que acerca a esas naciones a sí mismas. 592 Sin embargo, la realización de las condiciones antes mencionadas por todos lados es algo tan improbable, la “filantropía” antipatriótica algo tan sospechoso, 593 la mayor parte de la humanidad [pág. 301]Tan incapaz de desarrollarse salvo bajo las limitaciones de la nacionalidad, que solo observaría con solicitud la desaparición total de los celos nacionales. Nada contribuyó tanto a las conquistas macedonia y romana como el cosmopolitismo de los filósofos griegos posteriores. 594

Como todo comercio se basa en la dependencia mutua de las partes contratantes, no debe sorprendernos que el comercio internacional sea tan dependiente. Pero esta dependencia no tiene por qué ser, en absoluto, igual de grande para ambas partes. Más bien, es el individuo o la nación que tiene la mayor necesidad de bienes o productos extranjeros el que más depende. Por lo tanto, parece que, en las relaciones comerciales entre un pueblo agrícola y uno industrial, donde el primero proporciona alimentos y materia prima para manufacturas, y el segundo artículos manufacturados, estos últimos son los más dependientes. En caso de guerra, por ejemplo, es mucho más fácil prescindir durante mucho tiempo de artículos manufacturados que de la mayoría de los alimentos. 595 Sin embargo, esta situación se modifica considerablemente, para mejor, por todas aquellas circunstancias de las que depende el comercio activo dominante de una nación. Es, por ejemplo, mucho más fácil para los ingleses, debido a su mayor familiaridad y conocimiento de las leyes y la naturaleza del comercio, debido a sus conexiones comerciales, su capital, crédito y medios de transporte, pero más particularmente debido a la mayor capacidad de circulación de sus recursos nacionales, encontrar un nuevo mercado en lugar de uno que se les ha cerrado, que para los rusos con su sistema mucho más inamovible de economía pública . 596[pág. 302] Es cierto, sin embargo, que un bloqueo efectivo, que excluyera a ambas naciones de todos los mercados del mundo, sería mucho más perjudicial para Inglaterra que para Rusia.

[pág. 303]


Capítulo II.

Precios.

Sección C.

Precios en General.

El precio de una mercancía es su valor de cambio expresado en la cantidad de otra mercancía definida, por la que se intercambia o se intercambiará. Por lo tanto, es posible que cualquier mercancía tenga tantos precios diferentes como otros tipos de mercancías con las que pueda compararse. 597 Pero siempre que se habla de precio, pensamos solo en una comparación de la mercancía cuyo valor se va a estimar con la mercancía que, en ese momento y lugar, es más corriente y tiene la mayor capacidad de circulación. (Dinero). 598 Cuando dos mercancías han cambiado su relación de precios entre sí, no es posible, a partir del simple hecho de tal cambio de relación, determinar en qué lado se ha producido el cambio. Si encontramos que una mercancía A se encuentra con todas las demás mercancías, C, D, E, etc., en la misma relación en cuanto a precio que [pág. 304]antes, mientras que la mercancía B, comparada con la misma, ha cambiado su lugar en la escala de precios, podemos inferir que B, y no A, ha abandonado su posición anterior. 599

Las palabras costoso y caro, a diferencia de común y barato, indican un precio alto. Sin embargo, llamamos costoso a un producto cuyo precio, comparado con el de otros productos similares, es alto. Por otro lado, llamamos caro a un producto cuando lo comparamos consigo mismo y con su precio promedio en otros lugares y momentos. 600

En casos individuales, el precio de una mercancía se determina, generalmente y a la vez de forma superficial, por la costumbre; las personas piden y pagan por una mercancía lo mismo que otros han pedido y pagado por ella. Si profundizamos e indagamos qué originó este precio habitual y qué puede cambiarlo continuamente, llegamos a la lucha de intereses entre compradores y vendedores. Y si la ciencia analiza los elementos fundamentales de los incentivos de esta lucha y las fuerzas que la impulsan, es necesario que tenga en cuenta toda la economía de la nación, e incluso toda la vida nacional.

Sección CI.

Efecto de la lucha de intereses opuestos sobre el precio.

En ningún otro ámbito de la economía pública de un pueblo se manifiestan tan claramente las maniobras del interés propio como en la determinación de los precios. Cuando el precio de una mercancía se fija por el conflicto de intereses opuestos, el egoísmo de cada individuo dicta que debe obtener así el máximo beneficio posible. [pág. 305]de los bienes ajenos y perder lo menos posible de los propios. En esta lucha, la victoria suele ser del más fuerte, y el precio es mayor o menor, según la superioridad del comprador o del vendedor. 602 Pero, en tal caso, ¿quién es el más fuerte? La superioridad política o física puede inclinar la balanza en un sentido u otro solo en épocas de extrema barbarie, y especialmente en épocas de escasa seguridad jurídica. 603 Por regla general, es la parte cuyo deseo de conservar sus propios bienes es más fuerte y la que menos se conmueve por la falta de mercancías ajenas. Como en todo conflicto, la confianza en uno mismo, a veces incluso una confianza ilimitada en uno mismo, es un elemento importante del éxito. Una parte en un contrato de compraventa o trueque que considere su posición inmediata decididamente más fuerte que la de la otra parte, difícilmente se apartará de sus exigencias. De ahí que, en el intercambio, una parte con tanta frecuencia se abstenga hasta que la otra haya expresado sus condiciones. 604 Cuán diferente es la [pág. 306]precio de los mismos terrenos que una nueva empresa ferroviaria está obligada a pagar y los precios que obtendría por ellos de los propietarios colindantes en caso de disolución de la compañía.

Pero la lucha por subir o bajar los precios, siempre en curso, sufre modificaciones de todo tipo en todas las naciones verdaderamente comerciales, en parte por la influencia de la conciencia pública, que tacha de inhumano y censurable el expolio de la parte contraria por actos que las leyes no alcanzan. Y esta consideración de la conciencia pública se agudiza cuanto menor es la competencia real en el artículo vendido. 605 Pero la principal modificación en esta lucha se produce por el hecho de que donde la civilización ha avanzado más, cada producto se ofrece a la venta por una gran cantidad y es deseado por una gran cantidad. 606 Tan pronto como varios buscan el mismo objetivo, surge naturalmente una rivalidad entre ellos, que induce a cada uno a alcanzar el fin deseado, incluso haciendo mayores sacrificios que otros. [pág. 307]Cuanto mayor sea la oferta de un bien en comparación con su demanda, menor será su precio; cuanto mayor sea la demanda en comparación con la oferta, mayor será su precio. Y, de hecho, aquí se trata no solo de la cantidad de bienes ofrecidos o demandados, sino también de la intensidad de la oferta y la demanda. 607

Si la fuerza de intercambio de ambos contratantes es igual, o, en otras palabras, si ambos, con el mismo conocimiento, están interesados en la culminación del intercambio, de esta actitud mutua de las partes resulta lo que se denomina un precio equitativo o promedio, en el que ambas partes obtienen lo que merecen. En este caso, cada uno sale ganando, ya que se desprendió del bien que le era menos necesario y recibió a cambio el bien que le era más necesario. Sin embargo, desde la perspectiva no solo de la economía nacional, sino de la economía mundial, el valor dado y el valor recibido son iguales. 608 609

[pág. 308]

Por regla general, la relación de precios entre dos mercancías está determinada por esta relación entre la oferta y la demanda: por el deseo de poseerlas y la dificultad de obtenerlas. Por lo tanto, debemos examinar de qué relaciones más profundas dependen la oferta y la demanda. 610 En el caso del comprador, el [pág. 309]El valor de uso de la mercancía y su propia capacidad de pago constituyen el límite máximo de su precio, el cual, sin embargo, puede verse modificado por el costo de producción 611 en otro lugar o momento. En el caso del vendedor, el costo de producción es el límite mínimo, el cual, sin embargo, puede verse ampliado por el costo de adquisición de la mercancía por el comprador en otro momento o lugar. 612

Sección CII.

Demanda.

El comprador, al demandar, suele considerar principalmente el valor de uso de un producto, según si satisface, en mayor o menor grado, una necesidad necesaria, la decencia o el lujo. La diferencia de opinión sobre a cuál de estas categorías pertenece una necesidad dada depende no solo de la naturaleza del país y las costumbres de su gente, sino, en su mayor parte, también de los prejuicios de clase y de la individualidad personal. 613 Un hombre razonable empleará solo lo [pág. 310]excedente de la primera clase en la satisfacción de las necesidades de la segunda, y nuevamente sólo el excedente de la segunda en la satisfacción de las necesidades de la tercera. 614

Si el valor de uso de un producto aumenta o disminuye, y las circunstancias circundantes permanecen invariables, su precio también aumenta o disminuye. 615 616

[pág. 311]

Sección CIII.

Demanda.—Bienes indispensables.

Cuando la oferta de artículos de lujo disminuye, es cierto que su precio sube. Pero como ahora hay muchos compradores que ya no pueden pagarlos, la demanda también disminuye, y su precio, en consecuencia, sube menos de lo que podría inferirse simplemente de la cantidad y el estado de la oferta. Por otro lado, un aumento de la oferta que baja el precio suele, en el caso de placeres de amplia distribución, como los que se obtienen con raíces finas, verduras, etc., producir un aumento de la demanda, lo que frena la caída del precio.

Es muy distinto en el caso de bienes indispensables, como por ejemplo el trigo. Cuando falta un artículo de este tipo, se prefiere prescindir de todos los demás, hasta cierto punto, en lugar de practicar la frugalidad en el pan; sobre todo porque el pan no se usa, sino que se consume rápidamente, mientras que la ropa y los artículos metálicos duran mucho tiempo. Incluso después de una cosecha sobreabundante, dejando de lado el desperdicio voluntario, el consumo aumenta gracias a una mejor separación de la harina, un aumento en la cantidad de maíz para alimentar al ganado y la destilación de bebidas alcohólicas. Por lo tanto, la demanda y la oferta no corren en paralelo en todo momento; y los artículos indispensables tienden a mayores perturbaciones en el precio que aquellos de los que se puede prescindir. 617 618 El precio del grano, en particular, varía en proporción. [pág. 312]Muy diferente de la razón inversa de la cantidad de la cosecha; 619 aunque una fórmula para ello expresada en cifras, como la de Gregory King, nunca puede ser aplicable universalmente. 620 Los agricultores deben, en todas partes y siempre, retener del mercado cierta cantidad de su cosecha para semilla, para uso doméstico, etc. Solo la necesidad absoluta puede inducirlos a recurrir a la cantidad así reservada. Pero la relación entre esta parte y el total es muy diferente en los distintos países. 621 En las etapas superiores de la civilización, donde el pago en dinero ha sustituido al pago en productos y a todos los demás tipos de pago, y donde el cultivador de la tierra paga los salarios de sus [pág. 313]los trabajadores ganan casi exclusivamente con dinero, de modo que, como todos los demás, compran el pan que necesitan en el mercado; un déficit dado en la cosecha debe repartirse entre una oferta de mercado mucho mayor; y los precios, por tanto, quedan mucho menos afectados que en las etapas inferiores de la civilización. 622 Y así, es claro que una mala cosecha similar debe afectar los precios de manera muy diferente, si hay una gran importación o exportación de los medios de subsistencia, y si han precedido varias malas cosechas, o varias cosechas con un rendimiento superior al promedio.

En otro aspecto, el precio de los productos indispensables es muy sensible, ya que el mero temor a una futura escasez de ellos tiene una influencia mucho más profunda y amplia que el temor a la escasez de artículos de lujo. Por muy buena que haya sido la cosecha de trigo, si el clima posteriormente interfiere con su recolección, el precio del trigo, en países donde el espíritu especulativo está alerta, sin duda subirá, porque la perspectiva de la futura cosecha se vuelve entonces algo dudosa. 623

Sección CIV.

Influencia de la solvencia del comprador en los precios.

El comprador, además del valor de uso de los bienes que desea comprar, considera su propia solvencia ( Zahlungsfähigkeit = capacidad de pago). Solo la demanda solvente puede influir en los precios. 624 Por ejemplo, entre un pueblo compuesto casi en su totalidad por [pág. 314]De los proletarios, habrá muchos casos de hambruna y muerte tras una mala cosecha, pero el precio del maíz solo experimentará un ligero aumento. 625 Pero donde la mayor parte de los habitantes posee propiedades, y donde los ricos ayudan a las clases más pobres mediante impuestos a los pobres y actos de beneficencia, es casi imposible limitar el aumento del precio del maíz. Por una conexión necesaria, cuando los artículos indispensables se encarecen, la demanda de artículos de los que se puede prescindir generalmente disminuye, y viceversa . 626 Todo comerciante, involucrado en un negocio extenso, está interesado en conocer de antemano los resultados de la cosecha de maíz. Cuanto más sube el precio de un producto, más se reduce, por supuesto, el círculo de quienes pueden comprarlo. 627 628

[pág. 315]

Sección CV.

Suministrar.

En el caso de intercambios casuales aislados, el vendedor también considera, en primer lugar, el valor de uso y compara la satisfacción que la mercancía que se entrega y la que se recibe pueden proporcionar. Es cierto que, al realizar esta estimación, está sujeto al máximo grado de error y engaño. 629 En el comercio bien organizado de una nación con una economía altamente desarrollada, el vendedor, que tenía este mismo comercio en mente en su producción, suele considerar casi exclusivamente el valor de cambio de su mercancía.

Sección CVI.

El costo de producción.

Como nadie está dispuesto a perder nada, todo vendedor considerará lo que le han costado sus bienes, y el coste de producirlos o adquirirlos como el precio mínimo que se puede pedir por ellos. 630 Al mismo tiempo, la idea que encierra la expresión [pág. 316]El costo de producción, aunque abarca siempre lo que desaparece de los recursos del productor para entrar en la producción, varía mucho según se lo considere desde el punto de vista de la economía individual, de la nación o del mundo.

Un individuo que paga impuestos a su gobierno, que ha arrendado tierras y empleado mano de obra y capital para la producción, debe, además del capital utilizado en dicha producción, denominar costo de producción a todo su desembolso en intereses, salarios, rentas e impuestos; 631 ya que, a menos que todo esto le sea devuelto en el precio de la mercancía, la empresa en su conjunto solo puede perjudicarlo. 632 Por supuesto, añadirá una ganancia equitativa para remunerar su empresa, ya que sin dicha ganancia no podría vivir ni producir; de lo contrario, se vería obligado a consumir su capital. En el momento en que las tasas actuales de impuestos, intereses, salarios y rentas cambian en un país, el costo de producción también cambia en el caso del individuo involucrado en la producción, por muy inalterado que permanezca el proceso técnico. 633 Pero tomando la [pág. 317]Al considerar la nación, o a toda la humanidad, no debemos perder de vista que estas tres grandes fuentes de ingresos, así como los impuestos, no son, propiamente hablando, fuentes de donde fluyen los ingresos, sino canales a través de los cuales se distribuye el ingreso agregado de la nación o del mundo entre los individuos. 634 Por lo tanto, los salarios, por ejemplo, que proporcionan los medios de vida a la mayor parte de la población, no pueden considerarse simplemente un factor de la producción económica. El pueblo, considerado en su totalidad, posee la tierra gratuitamente. Todo ahorro en rentas, intereses del capital o salarios no es más que un cambio en la proporción en que los resultados de la producción se distribuían hasta entonces entre los cooperadores. Tal cambio puede ser ventajoso o contrario; pero no supone una disminución del sacrificio que el pueblo en general debe hacer para la producción. Por tanto, en sentido político-económico, al coste de producción pertenece únicamente el capital necesariamente gastado en la producción y que ha desaparecido como parte de los recursos de la nación, haciendo abstracción de los sacrificios personales en favor de la producción. 635 El valor del capital circulante que en el proceso se agota por completo debe, [pág. 318]Por supuesto, se restituirá íntegramente en el precio, el del capital fijo utilizado sólo en la medida en que haya sido utilizado. 636

También debe tenerse presente el riesgo que corre el productor hasta que el producto producido se consume efectivamente. 637 Existen riesgos reales en pequeñas empresas que, por la intervención de una compañía de seguros, o en empresas grandes que se aseguran a sí mismas, se convierten en una parte más o menos variable del costo de producción. En este último caso, el precio del producto aumenta por este medio con mucha regularidad. En el primer caso, el aumento depende en parte de si la satisfacción de las personas con la ganancia es mayor que su dolor por la pérdida correspondiente. 638

Aquellas empresas que necesariamente producen diferentes productos al mismo tiempo merecen una consideración especial. 639 Aquí podemos hablar de « costos de producción unificados », y basta con que la suma de estos costos esté cubierta por el precio total de ambos productos. Esto complica en cierta medida los cálculos que el vendedor debe realizar para determinar su demanda mínima de cada producto. Para determinarla, debe restar de los costos de producción unificados el valor que espera con certeza para el otro producto. 640

[pág. 319]

Sección CVII.

Equilibrio de precios.

Los bienes cuyo costo de reproducción, 641 es decir, el mayor costo necesario de reproducción, es el mismo, tienen uniformemente el mismo valor de cambio. Toda desviación de este nivel pone inmediatamente en movimiento fuerzas que intentan restablecerlo, así como el agua del mar busca su nivel, a pesar de las montañas y abismos que los vientos traen de su seno. 642 643

[pág. 320]

Sección CVIII.

Efecto de un aumento de precio muy por encima del costo.

Si el precio de mercado supera con creces el coste de producción, los productores obtienen una ganancia superior a la media del país. Esto los induce, mediante la apropiación de nuevas tierras y el empleo de nueva mano de obra y capital, a ampliar sus negocios. Otras partes también participan en este rentable sector comercial. Esta competencia no solo encarece los medios de producción, sino que, al aumentar la demanda, debe eventualmente reducir el precio del producto al nivel normal de ganancia, es decir, a un equilibrio con otras mercancías. 644 Por lo tanto, al principio, cada disminución de [pág. 321]El coste de producción 645 beneficia al productor; pero posteriormente, y de forma permanente, a los consumidores: una ley económica sumamente beneficiosa en sus operaciones, similar a la acción de la legislación positiva en materia de patentes. No hay mayor estímulo para realizar mejoras que la certeza de una recompensa para quien las introduce primero. Sin embargo, en el momento en que la mejora es imitada por todos los productores, la ventaja obtenida se convierte en el bien común de toda la nación. 646 Estas son, como dice J. B. Say, conquistas realizadas sobre la fuerza productiva gratuita de la naturaleza. En consecuencia, el valor en uso de los recursos de un pueblo aumenta; generalmente, también, su valor en el intercambio, en la medida en que la producción de los bienes ahora más baratos aumenta en una medida mayor que la disminución de su coste de producción. 647

En cuanto a la alternativa tan frecuentemente discutida, de si es preferible obtener un gran porcentaje de ganancia en la venta de una pequeña cantidad de bienes, o un pequeño porcentaje en una gran cantidad, encontramos que, en las etapas inferiores de la civilización, la [pág. 322]Se prefiere lo primero, y lo segundo, en los de mayor categoría. 648 Y, de hecho, lo segundo no solo es más humano, sino que, a la larga, es más rentable para quien lo adopta como norma en los negocios. En el caso de las mercancías, ahora corre poco riesgo por un cambio de moda, porque las modas de las masas cambian con mucha menos rapidez que las de las altas esferas de la sociedad. En el caso de los bienes indispensables, por otro lado, ahora puede calcular con mayor certeza el crecimiento de la población y, por lo tanto, un mercado futuro para sus productos. La competencia, que antes dedicaba todos sus esfuerzos a lograr la exclusión, por ley, de todos los rivales, ahora se dedica, principalmente, a idear medios para superarlos mediante la superioridad de la mano de obra, y así aumentar el poder de las verdaderas fuentes de la riqueza de una nación.

[pág. 323]

Sección CIX.

Efecto de una disminución del precio por debajo del costo.

Si el precio de mercado cae por debajo del costo de producción, el productor naturalmente sufre pérdidas y disminuye sus existencias lo antes posible. Que establecimientos enteros dedicados a la industria abandonen una rama que sufre una crisis y se incorporen a una floreciente debe ser siempre una rara excepción. 649 Pero el fabricante desanimado puede retrasar la renovación de sus existencias, 650 reemplazando su maquinaria por nueva; puede despedir a algunos de sus trabajadores y reducir la jornada laboral de los demás. Además, la mayoría de las industrias funcionan con capital prestado, capital que, por lo tanto, debe devolverse al prestamista. Sin embargo, en ciertas circunstancias, la industria puede continuar durante algún tiempo, incluso con pérdidas reales, 651 siempre que la pérdida de intereses, etc., que seguiría a la suspensión total del trabajo, supere la pérdida producida por la disminución. [pág. 324]del precio, pero ya casi no. Si la oferta de la mercancía cuyo precio ha bajado ha disminuido, el resultado posterior depende de las causas que, en primer lugar, provocaron la baja del precio. Si la disminución del precio se debió únicamente a una oferta excesiva, al eliminarse esta sobreabundancia, el precio volverá a subir. 652 Si se produjo por una disminución del valor de uso de la mercancía, la disminución de la oferta puede restablecer el estado anterior de cosas solo en la medida en que al menos una parte de los compradores atribuya a la mercancía el mismo valor de uso que antes. 653 Por último, si la baja del precio se debió a una disminución del número de compradores o a una disminución de su capacidad de compra, el precio anterior se restablecerá cuando la producción se haya adaptado a un círculo de consumidores correspondientemente más reducido. 654 Esto último es cierto especialmente cuando el precio, sin haber sufrido ningún cambio absoluto, se ha vuelto relativamente demasiado bajo debido a un aumento en el coste de producción. 655

[pág. 325]

Capítulo CX.

Diferentes costos de producción de los mismos bienes.

La mayoría de los bienes se producen simultáneamente, pero en circunstancias diferentes y a un coste muy distinto. Para estimar la influencia de este hecho en el precio, debemos distinguir entre aquellos bienes cuya producción más barata puede ofrecerse a placer y aquellos en cuya producción es necesario, para satisfacer la demanda total, recurrir al modo de producción más caro en lugar del más barato.

En el primer caso, el precio de las mercancías se regula naturalmente por el menor coste de producción. Quien no pueda mantener esta competencia permanentemente, haría mucho mejor en abandonar la industria por completo; pues no está en su poder aumentar el precio disminuyendo la oferta; los rivales más poderosos solo tendrían que aumentar el suyo en consecuencia. 656

Si fuera aplicable la misma ley, en este último caso, los productores [pág. 326]Quienes se encontraran en una situación menos favorable se verían obligados a abandonar el mercado inmediatamente. En consecuencia, el mercado ya no podría satisfacer la necesidad global; y el precio del producto seguiría subiendo hasta que los productores expulsados del mercado volvieran a él. Por lo tanto, el precio a largo plazo se determina por el coste de producción del producto, producido en las condiciones menos ventajosas, siendo dicha producción necesaria para satisfacer la necesidad global. Quien produce en condiciones más ventajosas recibe, por el mismo precio de los bienes que le resultan más baratos, un excedente de beneficio; este excedente es mayor cuanto mejor sea su situación, en relación con la producción, en comparación con la de sus competidores menos favorecidos. 657 658

[pág. 327]

Sección CXI.

Diferentes costos de producción de los mismos bienes. (Continuación)

Por lo tanto, el precio de una mercancía y la relación entre su oferta y demanda se condicionan mutuamente. Del nivel del precio depende, en gran medida, cuántos compradores se decidirán a hacer una demanda efectiva; pero, al mismo tiempo, hasta qué nivel del coste de producción extenderán los vendedores su oferta. 659 Podemos hablar de un equilibrio entre la oferta y la demanda solo cuando la primera se corresponde con el deseo de quienes están dispuestos a cubrir el coste total de producción. ( Malthus ). Se ha preguntado, de hecho, si sería más natural y mejor que la demanda precediera a la oferta o la oferta a la demanda. 660 Pero la pregunta es ilógica, cuando se expresa de manera tan general, ya que la oferta y [pág. 328]La demanda y la demanda son solo dos caras de la misma transacción. Pero, podemos decir que, en el caso de los bienes indispensables, su escasez (demanda) siempre se percibe antes que su exceso (oferta), y que en el caso de los bienes de los que se puede prescindir, incluyendo, originalmente, el dinero, ocurre lo contrario. Además, quien se dedica a la producción de cualquier tipo de bienes, por regla general, rara vez puede investigar directamente la relación entre la oferta y la demanda. Generalmente, solo puede comparar el precio de mercado del producto con el coste de producción. Muchos errores son inevitables en este caso; pero cometerlos es el sacrificio necesario que debe soportarse para adquirir las ventajas, más que compensatorias, de la libre competencia. 661

Sección CXII.

Excepciones.

La regla de que los bienes que tienen el mismo costo de producción también tienen igual valor en el intercambio solo es aplicable en la medida en que sea posible transferir los factores de producción a voluntad de una rama de producción a otra. Donde no existe esta verdadera libre competencia, el precio depende enteramente de la cantidad de la oferta, en comparación con la solvencia o capacidad de pago del comprador; y, por lo tanto, a veces puede superar con creces el costo de producción (precio de monopolio) y a veces caer muy por debajo de él (precio forzado o infraprecio). 662 Estos obstáculos a la competencia dependen, en parte, [pág. 329]Por causas naturales. Así, en el caso de las obras de arte de un artista fallecido, cuya cantidad no puede aumentar; 663 o en el de celebridades vivas que no pueden extender su actividad intelectual al mismo ritmo que crece su reputación. Lo mismo ocurre con las piedras preciosas, que a veces se encuentran gratis y, por lo tanto, no cuestan nada, pero que, al mismo tiempo, tienen un precio elevado. 664 Muchos productos agrícolas valiosos, junto con su producción, se limitan a una zona definida y a veces muy pequeña. 665 Debe considerarse una modificación de tales monopolios naturales cuando se encuentran sustitutos a un precio más bajo para un tipo de bienes que disminuyen, al menos en parte, su demanda; por ejemplo, vinos de mesa comunes en lugar de vinos finos. La regla se aplica mucho más estrictamente a aquellos bienes que, debido a su mayor cantidad, pueden reemplazar a los inferiores, 666 que a aquellos donde esto no es posible.

[pág. 330]

La principal causa de los precios forzados o bajos ( Schleuderpreise ) es la facilidad con la que el producto se deteriora y, por lo tanto, debe encontrar una venta rápida, especialmente cuando su almacenamiento o transporte se ve acompañado de dificultades adicionales. 667 Sin embargo, los bienes muy duraderos también están sujetos a precios bajos, y especialmente aquellos que duran más, porque su oferta solo puede disminuir muy lentamente. Así, por ejemplo, las casas en una ciudad en decadencia. Los precios bajos se encuentran con mayor frecuencia en el caso de bienes que se producen sin intención de producirlos, como por ejemplo, los trapos y los excrementos. Cuanto más preponderan las fuerzas de la naturaleza en la producción, menos se puede aumentar o disminuir la oferta a voluntad y, en consecuencia, con mayor frecuencia encontramos precios de monopolio y bajos precios. (Compárese con § 131 y siguientes). Así, la producción de trigo está invariablemente relacionada con el orden de las estaciones. Entre la siembra y la cosecha, transcurren varios meses que ni el capital ni la habilidad pueden acortar en absoluto. El cultivo de la tierra, para ser mucho mayor y más duradero, supone tantas condiciones previas (aumento del ganado, edificaciones, etc.) que solo puede lograrse después de varios años. Por lo tanto, el trigo, mucho más que los productos manufacturados, está sujeto a precios opresivamente altos y opresivamente bajos durante un largo período. Sea cual sea la influencia de las fuerzas que operan en sentido contrario, [pág. 331]El precio del trigo depende en gran medida del resultado de la última cosecha. 668

Sección CXIII.

Excepciones. (Continuación.)

Otros impedimentos a la libre competencia tienen su origen en las condiciones sociales. La regla que rige los precios solo se aplica cuando el vendedor y el comprador están igualmente dispuestos a intercambiar. Pero en todos los casos en que el productor realiza su negocio, no para obtener ganancias gratuitas, sino simplemente para obtener un medio de vida, puede estar sujeto a muchas excepciones importantes. 669 Cuanto más rico es un vendedor, más tiempo puede esperar una oportunidad favorable para vender. Así, por ejemplo, el precio del trigo es algo más bajo en épocas de pagos universales que en otras épocas del año, porque una gran cantidad de campesinos se ve obligada a vender. Cuando la población rural está universalmente necesitada, el precio desciende después de la cosecha a una cifra inusualmente baja, y en primavera vuelve a subir considerablemente.

A veces el precio se ve afectado por los acuerdos del comprador o del vendedor, pero más fácilmente por los de los intermediarios entre [pág. 332]Consumidor y productor. 670 Las costumbres propias de clases enteras pueden ejercer la misma influencia, y dichas costumbres son especialmente poderosas en las etapas más bajas del desarrollo comercial e industrial. Incluso en la actualidad, sustituyen con frecuencia la libertad de competencia en el comercio minorista, en la industria editorial y en la determinación de los honorarios de abogados y médicos, así como en la distribución de la renta de una nación entre las tres grandes ramas de su economía general, 671 decidiendo, en lugar de la competencia, cuánto corresponde a cada una. Dondequiera que existan gremios, comunidades, castas, etc., con privilegios legales; dondequiera que se presenten dificultades para la exportación e importación; dondequiera que existan derechos de preferencia o monopolios, 672 en el sentido estricto de la palabra, el flujo y reflujo nivelador de los elementos de la producción puede verse aún más gravemente afectado. Una legislación 673 de este tipo perjudica a la parte no privilegiada de la población más que beneficia a la privilegiada. (Véase § 97 ). 674

La palabra usura , tan arbitrariamente empleada en el lenguaje cotidiano, debería ser admitida en la ciencia sólo para designar un precio de hambruna, causado o intensificado fraudulenta e intencionadamente.

[pág. 333]

Sección CXIV.

Precios fijados por el gobierno.

Ningún poder puede, por supuesto, fijar el precio de una mercancía a largo plazo si no puede fijar simultáneamente la relación entre la oferta y la demanda. Por lo tanto, los precios fijos fijados por la autoridad gubernamental solo pueden tener un papel en la práctica en la medida en que no establezcan un precio que se oponga al estado real de las cosas, solo en la medida en que lo expresen indudable y en armonía con las condiciones naturales. Con esta restricción, los precios fijos pueden, en ausencia de una competencia real, que siempre puede determinar mejor los precios, ser útiles para ambas partes; de lo contrario, una parte se beneficiaría en un momento y la otra en otro de una ventaja injusta; pero no tardarían en sufrir las perturbaciones que esto causa en todas las transacciones comerciales. Qué agradable es para un viajero en Suiza, o incluso en Italia, encontrar precios fijos allí. 675 Especialmente donde la competencia se ve impedida por privilegios estatales, el establecimiento de precios fijos por parte del estado para la protección del público puede ser necesario. 676 Es más difícil fijar un [pág. 334]fijar el precio de un producto en proporción a su complejidad y a su variabilidad en calidad; y donde hay diferentes grados de calidad del mismo producto, y la transición de un grado a otro es casi imperceptible, ese precio se evade fácilmente. 677 En el caso de toda empresa realizada [pág. 335]por muchos en común, donde no es posible la competencia, es necesario suplir el defecto por medios similares al establecimiento de precios fijos; como en el caso del gobierno, mediante honorarios por servicios gubernamentales y la cooperación de una cámara de diputados en la imposición de impuestos y la determinación de los salarios oficiales, etc. 678

Sección CXV.

Influencia de la creciente civilización en los precios.

En general, los precios se vuelven cada vez más regulares a medida que avanza la civilización económica nacional. El progreso de la civilización tiende a acercar a las partes involucradas en la lucha por los precios, es decir, compradores y vendedores, en la medida en que disminuye uniformemente el coste de producción y aumenta la capacidad de pago del comprador. 679 (Véase § 101 ). La división más universal del trabajo hace que el intercambio comercial sea más necesario para todos, al mismo tiempo que lo convierte en un hábito; y, por lo tanto, el intercambio deja cada vez más de ser una cuestión de capricho o azar. Los mejores medios de transporte y comunicación facilitan, en todos los sentidos, el encuentro entre la oferta y la demanda. Con el avance de la educación y la cultura general, el conocimiento de las mercancías también se generaliza, y cada comprador está en mejor posición para estimar el coste de producción que debe asumir el vendedor. Por lo tanto, los precios fraudulentos y los precios fundados [pág. 336]Los errores se vuelven menos frecuentes; y todo esto se ve favorecido por la mayor precisión de las pesas y medidas. El aumento de la población intensifica la competencia en todas las ramas del comercio, al tiempo que, con la mayor libertad de circulación, se eliminan varias causas que antes producían precios muy altos en un lugar y muy bajos en otro. 680 Pero, sobre todo, el crecimiento de una clase distinta de comerciantes conduce a la uniformidad de precios. Esta clase se ve incitada por su propio interés a comprar a precios bajos y vender a precios altos. Así, su competencia en el primer caso eleva los precios y los baja en el segundo. 681 En todas las etapas inferiores de la civilización, la costumbre de hacer ofertas y rebajar los precios desempeña un papel importante, mientras que donde la cultura es más alta, el sistema de precios fijos (pero no por el gobierno) gana terreno continuamente. Aquí se aplica el principio de Turgot: el precio actual de un artículo se sobreentiende tácitamente cuando se pregunta a un comerciante el precio de sus mercancías. 682

[pág. 337]

Esta proposición es cierta tanto en el caso de individuos como de clases y naciones enteras. 683 Es evidente que bajo un sistema de precios fijos podemos descubrir con mayor certeza cuál es el precio equitativo que en el calor del regateo, que además consume mucho tiempo precioso. Por último, uno de los principales requisitos de una escala de precios bien desarrollada es el honor nacional, y este, sin duda, aumenta en las etapas superiores de la civilización, no solo por la mayor cultura moral que... [pág. 338]Entonces prevalece, pero también, y especialmente, porque se comprende mejor lo que constituye el interés real y mejor de un pueblo. 684 Entre las naciones en decadencia, muchos de estos desarrollos toman un camino regresivo. La gran diferencia entre ricos y pobres, entre educados e incultos, produce a su vez grandes fluctuaciones de precios. Un pueblo proletario que ha caído tan bajo como para vivir de patatas sufrirá mucho más por las variaciones de precio y de los medios de subsistencia que un pueblo que vive del trigo; debido a la dificultad de exportar o conservar las patatas. 685 Tampoco cabe duda de que la mayor constancia posible de precios es la condición más beneficiosa para la economía general de un pueblo. Donde los precios cambian mientras el costo de producción permanece constante. [pág. 339]Lo mismo, una persona solo puede ganar lo que otra ha perdido. Pero tales ganancias y pérdidas inmerecidas tienden invariablemente a destruir las raíces más profundas de la actividad económica de un pueblo; y la especulación intencional basada en tales cambios suele asumir un carácter inmoral. (Apuestas bursátiles). 686 Incluso si Macleod tuviera razón al afirmar que un aumento o una disminución de los precios debe considerarse una advertencia de exceso, el primero de exceso de consumo, el segundo de producción, nadie dudará de que es interés de todo organismo limitar el dolor al mínimo posible, incluso si sus consecuencias son tan beneficiosas para la preservación de todo el cuerpo.

[pág. 340]


Capítulo III.

El dinero en general.

Sección CXVI.

Instrumento de intercambio. Medida de valor. Trueque.

Dondequiera que la división del trabajo esté muy desarrollada, la continuidad del trueque, o el intercambio directo de un objeto de consumo por otro, presenta dificultades casi insuperables. ¡Qué difícil sería siempre encontrar a la persona que pudiera proporcionarnos precisamente lo que necesitamos y, al mismo tiempo, necesitar aquello de lo que tenemos excedente! 687 Pero, ¡con cuánta menos frecuencia ocurriría que...! [pág. 341]La necesidad y el excedente de otro corresponderían exactamente en cantidad; por ejemplo, un fabricante de clavos, deseoso de intercambiarlos por una vaca, se encontraría con un ganadero que necesitaría exactamente la misma cantidad de clavos que vale una vaca. Aquí hay una dificultad principal: existen muchos bienes que no pueden dividirse sin disminuir o incluso destruir su valor; y otros no pueden almacenarse en cantidad sin convertirse en una carga muy pesada para su propietario. ¡Qué útil sería, por lo tanto, que existiera un bien que fuera aceptable para todos en todo momento, especialmente si, además, poseyera las cualidades de durabilidad, capacidad de transporte, almacenamiento y conservación! Cualquier persona que poseyera un suministro adecuado de este bien tendría la seguridad de obtener todos los demás bienes intercambiables a través de él; y todo vendedor estaría satisfecho de intercambiar lo que tuviera disponible por este "bien universal". Si dos valores son iguales a un tercero, son iguales entre sí. Por lo tanto, es sencillo utilizar este producto, el más corriente de todos, con el que se comparan con mayor frecuencia todos los demás, como medida de los valores relativos de todos los demás productos intercambiables. Existe la necesidad de tal medida, y es análoga a la necesidad que experimenta el matemático que tiene que sumar una columna de fracciones y lo hace reduciéndolas primero a un denominador común. ( Storch. ) 688 Una persona encargada de la tarea de evaluar [pág. 342]Si no tuviera una medida similar, los valores de doscientos artículos diferentes le obligarían a recargar su memoria con al menos 19.900 689 proporciones diferentes. Con esto, solo necesitaría recordar 199.

A una mercancía de este tipo, universalmente popular y que, por ello, se utiliza como intermediaria en la realización de intercambios de la más variada naturaleza, en la medición de todos los valores de cambio y como portador de valor ( Werthträger ) en el tiempo el espacio, la llamamos dinero. ( Merce universale: Berri; produit préféré: Ganilh; marchandise intermédiare; Bastiat. ) 692

[pág. 343]

Las partes más ilustradas de cada comunidad empresarial comienzan gradualmente a exigir el pago en el producto. [pág. 344]que tiene por el momento la mayor capacidad de circulación. Si a esto se añade la sanción del gobierno, y si la [pág. 345]El propio gobierno reconoce este mismo “bien universal” como medio de pago de todas las deudas, o como “moneda de curso legal”. [pág. 346]( potencia liberadora ), cuando no se ha convenido expresamente otra cosa, la «mercancía universal» en cuestión se convierte entonces en dinero en el sentido más pleno de la idea que transmite la palabra. 693

[pág. 347]

Sección CXVII.

Efecto de la introducción del dinero.

Con la introducción del dinero, la mayoría de los intercambios se dividen en dos mitades: compra y venta. 694 También podemos decir con Schlözer que, por su medio, el intercambio, por primera vez, se convierte en venta, y el valor oculto en el intercambio, en precio claro y definido ( Permatio vicina emtioni ). Si no hubiera dinero, la parte del intercambio, que ocupa la posición económica más ventajosa, tendría una superioridad mucho mayor sobre la otra que la que tiene ahora. Muchos compradores de pan, en particular, se morirían de hambre antes de poder acordar con el vendedor la cantidad de pan que recibiría a cambio del producto del que debía disponer. El productor de los medios de subsistencia tendría aquí una ventaja extrema, ya que la urgente necesidad del intercambio para una parte, y la capacidad de la otra para posponerlo, harían de la determinación del precio un asunto completamente arbitrario. 695 Por lo tanto, el desarrollo del dinero como instrumento de comercio se mantiene a la par con el desarrollo de la libertad individual. El pago del salario en dinero hace al trabajador más responsable de su agricultura, etc., pero al mismo tiempo, más libre que el pago en productos. Ahora, además, se hace posible una mayor división del trabajo; pues cuanto más fácil sea obtener todo lo demás con dinero, más fácil será para cada persona dedicarse exclusivamente a una rama de negocio. 696 Sin dinero, además, solo listo [pág. 348]Las mercancías podían intercambiarse entre sí. Solo cuando el dinero se convirtió en el instrumento de comercio, fue posible separar los ingresos netos de los brutos y, por lo tanto, administrar adecuadamente los ingresos ( Schäffle ). Ahora, también, se vuelve realmente remunerativo producir más de lo que uno necesita para su propio uso y ahorrar. Sin dinero, el propietario de cualquier tipo de capital, que no pudiera emplearlo él mismo, estaría obligado, si quisiera prestarlo, a encontrar no solo a una persona que necesitara capital, sino a una que necesitara precisamente el tipo de capital que él tenía. Por ejemplo, la persona que tuviera un caballo de más se vería obligada a buscar a otra que lo necesitara, etc. Y qué difícil sería determinar la cantidad de interés, si tuviera que pagarse en productos o en especie, e incluso obtener un rendimiento en productos o en especie del capital que se presumiblemente se había utilizado ( Storch ). Los bienes muebles o recursos solo pueden adquirir importancia tras la introducción del dinero, ya que, antes de dicha introducción, debido a su gran variedad 697 y a su naturaleza perecedera, eran inmensamente inferiores a la propiedad territorial. De ahí que el dinero, en la economía de una nación, sea lo que la sangre es en la vida del animal. Es, por así decirlo, el depósito común en el que se disuelve primero todo el alimento y mediante el cual, posteriormente, los elementos de nutrición y conservación se distribuyen a los diversos órganos 698. De hecho, no existe ninguna máquina que tenga [pág. 349]Ahorró tanto trabajo como dinero ( Lauderdale ). Es cierto que las sombras que la riqueza suele proyectar, la extravagancia, la avaricia y la desigualdad de todo tipo, pueden fácilmente alargarse y oscurecerse como consecuencia de la introducción del dinero. 699 Pero ¿no podría el bisturí que, en manos del cirujano, tanto hace por la vida, convertirse en un instrumento peligroso en manos de un niño? La invención del dinero se ha comparado acertadamente con la invención de la escritura. 700 Sin embargo, podemos llamar a la introducción del dinero como el medio universal de intercambio (economía monetaria), 701 en el que los bienes destinados al uso se intercambian por dinero 702 —en lugar del trueque (economía de trueque), que es un sistema de economía pública ( Schäffle ), en una forma, todavía muy poco desarrollada, siendo el hombre allí menos sociable. [pág. 350]con sus semejantes, uno de los avances más grandes y benéficos jamás logrados por la raza humana. 703

[pág. 351]

Sección CXVIII.

Los diferentes tipos de dinero.

Se han utilizado como dinero, según las circunstancias, muy diversos tipos de mercancías; pero, uniformemente, solo aquellas que poseen un valor económico universalmente reconocido. 704 En general, las personas en un nivel inferior de civilización suelen emplear, principalmente, como instrumento de intercambio únicamente mercancías ordinarias, destinadas a satisfacer una necesidad vulgar y urgente. A medida que avanzan en la civilización, eligen, a cada paso, un objeto cada vez más costoso para este propósito, 705 y que satisface las necesidades más elevadas.

[pág. 352]

A. Las razas de cazadores, al menos en los países no tropicales, suelen utilizar las pieles como dinero, pues es el producto casi exclusivo de su trabajo, el que puede conservarse durante un largo período de tiempo, el que constituye su principal prenda de vestir y su principal exportación en las regiones más desarrolladas. 706

B. Las razas nómadas y las razas agrícolas de menor nivel, 707 pasan, por una gradación natural, al uso del ganado como dinero; lo que supone ricos pastos a disposición de todos. Si fuera de otra manera, habría muchos a quienes se les pagaría. [pág. 353]de esta clase se habían formado, quienes no sabrían qué hacer con el ganado que se les daba, debido a los gastos de su mantenimiento. 708

[pág. 354]

Sección CXIX.

Los metales como dinero.

C. Que los metales se usaran como moneda mucho después que las mercancías mencionadas, y los metales preciosos, a su vez, después que los metales no preciosos, no puede en modo alguno demostrarse como una verdad universal. Más bien, en algunos países el oro se obtiene con tan poca habilidad, y tanto el oro como la plata satisfacen una necesidad tan viva y generalizada, tan tempranamente sentida, que se los utiliza como instrumento de intercambio desde tiempos muy remotos. En el caso de razas aisladas, mucho depende de la naturaleza de los metales que la constitución geológica del país les ha proporcionado. En general , sin embargo, la ley anterior prevalece aquí. Cuanto mayor sea el desarrollo de un pueblo, [pág. 355]cuanto más frecuente sea la ocurrencia de grandes pagos; y para efectuarlos, cuanto más costoso sea un metal, mejor, por supuesto, está adaptado para efectuar tales pagos. Además, solo las naciones ricas pueden poseer los metales costosos en una cantidad absolutamente grande. 712 Entre los judíos, el oro como dinero, data solo de la época de David. 713 Se dice que el rey Fidón, de Argos, introdujo la moneda de plata en Grecia, aproximadamente a mediados del siglo VIII antes de Cristo. El oro comenzó a usarse en un período mucho posterior. 714 Los romanos acuñaron moneda de plata, por primera vez, en 209 antes de Cristo, y, en 207, las primeras monedas de oro. 715 Entre las naciones modernas, Venecia (1285) y Florencia parecen haber sido las primeras en haber acuñado oro en alguna cantidad. 716 Enrique III de Inglaterra (ob. 1272), fue el primero en acuñar oro, pero con tan poco éxito, que durante mucho tiempo después, Eduardo III. (ob. 1377) fue considerado como el primer monarca inglés que acuñó oro. 717 Es evidente lo poco que un pueblo bárbaro está en condiciones de utilizar un material muy costoso como dinero. [pág. 356]Como lo demuestra el relato que Tácito ofrece sobre los antiguos alemanes, quienes preferían la plata al oro en el comercio. 718 Inglaterra nos presenta un ejemplo del otro extremo. Desde 1816, la plata, en ese país, se ha utilizado únicamente como medio de cambio, y la circulación del oro rige casi todas las transacciones comerciales. 719

D. Las costumbres locales de algunos países han elevado a muchos otros productos a la categoría de instrumentos de intercambio, especialmente donde la población es pobre y los metales que podrían utilizarse como dinero no han existido en cantidades suficientes ni en la proporción necesaria. Sin embargo, la gente siempre se ha limitado, en cuanto al material de su dinero, a productos universalmente aceptables, tan uniformes como sea posible y corrientes como artículos de exportación o importación. 720

[pág. 357]

Sección CXX.

Dinero—Los metales preciosos.

Que los metales preciosos son uniformemente preferidos en los mercados altamente [pág. 358]las naciones cultivadas 721 como instrumento de cambio, depende de la grandeza y uniformidad de su valor en el cambio, pero especialmente de su durabilidad y flexibilidad en cuanto a la forma.

Este valor en el cambio es grande, porque su belleza, que consiste en su brillo y su sonido sonoro, 722 les da un gran valor en el uso; y porque, al mismo tiempo, su rareza en la naturaleza hace que su suministro sea relativamente pequeño, 723 y no susceptible de aumento a placer. 724 Como contienen tanta [pág. 359]Un valor en un volumen tan pequeño los hace fáciles de transportar de un lugar a otro con mínima dificultad, un asunto de suma importancia en un instrumento de intercambio. 725 Por lo tanto, es mucho más fácil mantener la demanda y la oferta al mismo nivel en todo el mundo que la demanda y la oferta de la mayoría de los demás productos. Y esto, sobre todo porque no existen diferentes tipos de oro y plata, sino solo diferentes calidades de su pureza. 726 También contribuye a la uniformidad de su valor en el intercambio el hecho de que se destinan principalmente a satisfacer necesidades de lujo. Los productos más indispensables están sujetos a las mayores variaciones. [pág. 360]En cuanto al precio (véase § 103 ), mientras que, en el caso de los metales preciosos, la diversidad de usos que pueden dárseles contribuye en gran medida a que su valor como instrumentos de intercambio sea más equitativo. Si la oferta es escasa, las vasijas de oro y plata tienen menos demanda; una parte de las antiguas se funde, y viceversa .

En cuanto a durabilidad, los metales preciosos superan a casi todos los demás productos. No se ven afectados en absoluto por el aire ni el agua, y solo pueden corroerse con muy pocos fluidos. El fuego puede, de hecho, cambiar su forma, pero apenas en grado alguno el valor del oro, y el de la plata muy poco, y solo cuando se somete a una ráfaga o corriente de aire muy potente. 727 728 Por lo tanto, si bien al almacenarlos, prácticamente no sufren nada (un artículo muy valioso es un artículo en el que se pueden depositar ahorros), su desgaste por el uso puede reducirse considerablemente al mezclarlos con otros metales en la proporción adecuada. 729 Esta durabilidad contribuye en gran medida a mantener el precio de los metales preciosos más uniforme. Para cuando la cosecha de trigo se cosecha correctamente, la mayor parte del trigo previamente almacenado se consume, por regla general; y, por lo tanto, el suministro de trigo depende casi por completo de [pág. 361]El rendimiento de la última cosecha. Por otro lado, es probable que existan hoy en circulación muchas monedas, cuya materia prima se extrajo de las minas de oro de Tracia en la época del rey Felipe o de las minas de plata de España durante el reinado de Aníbal. Comparadas con las inconmensurables reservas de oro y plata que se han ido acumulando durante miles de años, su nueva producción anual se pierde como una gota en un balde. Por lo tanto, solo cuando el rendimiento de las minas se ha mantenido durante mucho tiempo, o cuando es excesivamente alto o notablemente bajo, puede el precio de sus productos variar significativamente. 730 Incluso durante la revolución de precios, entre 1492 y 1560, la disminución anual de sus precios fue de solo medio punto porcentual.

Su gran flexibilidad de forma tiene también ventajas muy importantes para nuestro propósito: primero, que pueden dividirse con mucha precisión en partes muy pequeñas, y que el volumen de cada parte corresponde exactamente al valor de la parte; 731 y segundo, que toman una impresión a muy bajo costo, una impresión que es una expresión autorizada y confiable de su peso y calidad, ahorrando así al público comercial la peligrosa molestia de pesarlas y probarlas cada vez que se usan. 732 733 734 El estado, por regla general, asume este deber. [pág. 362](Acuñación.) Sin embargo, cuando no se reconoce su autoridad, como suele suceder en el comercio internacional, todavía hoy se utilizan lingotes de oro y plata, y, por lo tanto, deben pesarse y probarse. 735 736

[pág. 363]

Sección CXXI.

Valor de uso y valor de cambio de dinero.

El valor original del uso de los metales preciosos, para satisfacer ciertas necesidades de lujo de la manera más estética y sustancial, aún persiste; pero con el avance de la civilización, el uso del oro y la plata para este propósito se ha rezagado cada vez más respecto al uso más reciente de estos metales como el mejor material para la moneda. Y dado que ahora los servicios que presta el dinero pueden dividirse en dos clases: almacenamiento o conservación, y transmisión (división, concentración) de valores, 737 el primero siempre desempeña un papel más importante en las etapas iniciales del desarrollo del comercio monetario; y el segundo, en las etapas posteriores del mismo desarrollo. Podemos comparar mejor el dinero con las demás máquinas o instrumentos del comercio. 738

Quien, en tiempos de escasez de bienes, y especialmente de capital, se queja de falta de dinero, comete el mismo error que si atribuyera la escasez o ausencia de grano, cuando existe, a la escasez de carros para transportarlo, o a la estrechez de los caminos rurales. La inferencia puede, de hecho, estar bien fundada en ocasiones, pero ciertamente solo excepcionalmente; y, sin embargo, generalmente es la primera que los políticos y económicos... [pág. 364]Los charlatanes piensan en la práctica. 739 Como todas las herramientas o instrumentos, el dinero forma parte del capital de un individuo, de una nación o del mundo. Considerado desde el punto de vista de la empresa o la economía privada, el dinero es capital circulante, pero desde el punto de vista de la economía mundial, es capital fijo. 740

[pág. 365]

Sección CXXII.

Valor a cambio de dinero.

Se dice que el valor de cambio del dinero es alto cuando todos los demás bienes valorados en dinero son baratos; y bajo en el caso contrario. Nos ocupamos aquí de la aplicación de la más general de todas las leyes de precios; por lo tanto, de la demanda y la oferta de dinero. Su demanda depende de las necesidades y los medios de pago de sus compradores. Por lo tanto, si un país tiene poco comercio, necesitará, por esta razón, pocos instrumentos de comercio, es decir, poco dinero para efectuar intercambios. Si es pobre en otros bienes, obtendrá poco dinero a cambio. En el primer aspecto, existe un principio benéfico de igualación o compensación que disminuye las variaciones de precio del dinero, independientemente de su tipo, ante la necesidad de usar más cuando el número de transacciones comerciales se mantiene igual y el dinero se abarata, y menos cuando se encarece. 741 La oferta de dinero depende, a largo plazo, principalmente del coste de producción. Pero como el coste de producción en diferentes minas es muy diferente, el valor de cambio de los metales preciosos está determinado por el coste de producirlos en las minas más pobres, que deben explotarse para satisfacer la necesidad total de ellos. (Véase § 110. ) 742 Cuanto más desfavorables sean las condiciones [pág. 366]Cuanto mayor sea su producción, mayor será la cantidad de mercancías que debe entregarse por una libra de oro, plata, etc.; para que los productores no se vean disuadidos de proseguir con su trabajo. Los extremos del valor en el intercambio del dinero dependen del uso al que se destina. Ese valor no puede superar el punto en que las piezas de dinero individuales se vuelven incómodas debido a su pequeño tamaño, ni caer por debajo del punto en que se produce un inconveniente similar por su tamaño excesivo. En ambos casos, sería necesario recurrir a otros instrumentos de intercambio.

Sección CXXIII.

La cantidad de dinero que necesita una nación.

La magnitud de la cantidad de dinero necesaria para la economía total de un estado no siempre se puede determinar con exactitud, ni por la cantidad de recursos nacionales ni por el número de la población. 743 Es muy fácil refutar la opinión de que la cantidad total de dinero en efectivo en un [pág. 367]país constituye un equivalente de la cantidad agregada de todas las demás mercancías que se encuentran allí en cualquier momento, de tal manera que los dos platillos de esta gran balanza ( Locke ) cuelgan siempre en un estado de equilibrio, y que un aumento de la cantidad de dinero, permaneciendo igual la cantidad de todas las demás mercancías, debe ser productivo de una disminución exactamente correspondiente en el valor de cada pieza de dinero. 744 Piensa [pág. 368]¡Solo de la gran cantidad de mercancías que se obtienen y consumen sin intercambio alguno! Más bien, la cantidad de dinero necesaria para mantener inalterado el valor de cambio del dinero empleado en la economía pública de un pueblo, 745 depende de la cooperación de las siguientes condiciones:

A. El número y la extensión de las transacciones comerciales realizadas mediante dinero ; 746 una relación que, evidentemente, aumenta (véase § 56 y ss.) con cada avance en la división del trabajo. De ahí que la transición de la servidumbre y el trabajo a sueldo al trabajo libre, del trabajo doméstico al jornalero y a destajo, del servicio militar feudal al de los ejércitos pagados y permanentes, de los privilegios territoriales y las asignaciones sobre productos, como el bombeo de incendios, etc., al pago de funcionarios en dinero, de los derechos sobre productos a los impuestos en dinero y los derechos de arrendamiento regulares, de las requisiciones a los préstamos de dinero; en una palabra, de la economía de trueque ( Naturalwirthschaft ) de la Edad Media al comercio monetario en las etapas superiores de la civilización, es decir, del sistema «feudal» al «comercial» , debe, por sí misma, aumentar la necesidad de dinero ( Geldbedarf ) de un pueblo.

B. La rapidez de la circulación del dinero ; porque, en la mayoría de las transacciones comerciales, un dólar que circula diez veces al año realmente realiza el mismo servicio que diez dólares que van de mano en mano una vez al año; así como el uso económico de un barco empleado en el transporte de mercancías no depende solo de su comodidad, sino también de su rapidez. 747 El uso económico del dinero no [pág. 369]no depende simplemente de su cantidad. Dice Sismondi : “La cantidad del medio de circulación en un estado debe ser igual a la suma de los pagos hechos en él en un tiempo dado, dividida por la suma de las veces que el primero, en promedio, ha cambiado de propietario dentro de ese tiempo”. 748 Bajo circunstancias económicas dadas, la rapidez del medio de circulación no es, tomado en general, de ninguna manera un asunto arbitrario. Ocurrirá muy raramente que un hombre compre o consuma una mercancía para que otro no necesite dinero. 749 Si la mayor cantidad de personas que ganan dinero (y en naciones con una vida económica saludable, esta cantidad siempre está compuesta por hombres conocidos por la buena administración de sus propios asuntos) estuvieran inclinadas a pagar el dinero que han ingresado, rápidamente, prevalecería una producción muy activa en todas partes; y esto, a su vez, supone una libertad comercial general y una gran seguridad jurídica. Cuanto menos se desarrollen estas condiciones, más difícil se vuelve no solo invertir productivamente el dinero recibido hoy mañana, sino que, con mayor urgencia, una adecuada previsión exige mantener un fondo de reserva para tiempos de necesidad. (Véase § 43 ). 750 Incluso en la misma época y entre las mismas personas, el dinero se mueve con mayor lentitud bajo la influencia de épocas problemáticas y críticas; pues los peligros de guerra y sedición, la inminente imposición de impuestos onerosos, la sobreoferta comercial y los numerosos casos de quiebra, incitan a los poseedores de dinero a aferrarse con ansiedad a su reserva actual. 751

En países menos civilizados, la misma situación conduce [pág. 370]La gente incluso a enterrar sus tesoros monetarios. En las grandes ciudades, la circulación del dinero suele ser más rápida que en las zonas rurales; en un país densamente poblado que en uno escasamente poblado; y en el comercio que en la agricultura. 752 Toda mejora en los medios de comunicación tiende a facilitarla. El rico posee, por regla general, menos dinero, en términos relativos, que el pobre. Por lo tanto, una distribución más equitativa de los recursos de una nación entre la población aumentaría la cantidad de dinero necesaria. 753 Si bien se calcula que la concentración temporal de la circulación en unos pocos plazos de pago importantes provocará que una gran suma de dinero permanezca inactiva en el intervalo, 754 su concentración en el espacio en las grandes ciudades comerciales debe prescindir de la necesidad de un gran número de instrumentos de cambio. En Inglaterra, es costumbre que toda persona en situación de bienestar, en cuanto recibe dinero, lo deposite en un banquero y realice todos sus pagos mediante cheques emitidos por este último. En la actualidad, los londinenses utilizan el dinero en efectivo únicamente para realizar pagos. [pág. 371]salarios, y en el comercio entre comerciantes minoristas y consumidores. El banquero es allí el cajero común de un gran número de particulares, y está en condiciones de realizar sus pagos con una cantidad mucho menor de dinero, especialmente cuando deben ser hechos por uno de sus depositantes a otro. 755 Esta "unión de cajas de dinero" ( Kassenvereinigung ) se ha efectuado también a mayor escala; ya que los banqueros, en mayor o menor número, suelen tener un banco como centro; y los bancos rurales, a su vez, estar en relación constante con las grandes instituciones monetarias de Londres, sujetas a una especie de supervisión general por parte del Banco de Inglaterra. Estas grandes instituciones monetarias tienen, por así decirlo, un punto de encuentro común en la Cámara de Compensación, donde la mayor parte de sus pagos se realizan mediante una mera compensación de débitos y créditos; 756 y este banco es, por así decirlo, el cajero en jefe de la nación y está en posesión de casi la totalidad de las reservas de efectivo del pueblo inglés. 757

[pág. 372]

C. La cantidad y rapidez de circulación de los representantes del dinero. Estos, en la medida en que sean dignos del nombre que aquí se les da, dependen del crédito de quienes los emiten; es decir, de la certeza de que, en el momento fijado, serán rescatados en dinero. A esta categoría pertenecen el papel moneda del Estado que no devenga intereses, y los pagarés del Tesoro del Estado que sí los devengan, los billetes de banco, las letras de cambio, los pagarés, los créditos contables de particulares, e incluso a veces los certificados de depósito de mercancías en almacenes públicos. Se estima que, en la actualidad, nueve décimas partes de todos los pagos realizados en Gran Bretaña se efectúan sin la ayuda de dinero, ni siquiera de billetes de banco. 758 La capacidad de una persona para realizar compras no depende simplemente de la [pág. 373]La cantidad de dinero que posee, pero también a crédito. Quien compra a crédito contribuye tanto al aumento del precio de las mercancías como quien compra al contado; con la excepción, sin embargo, de que cuando el primero finalmente no cumple su promesa de pago, el precio que ha fijado vuelve a caer rápidamente. 759 Y, de hecho, todas las diversas formas de crédito mencionadas anteriormente coinciden esencialmente en esto, aunque difieran entre sí en cuanto a su costo y rapidez de circulación.

Sección CXXIV.

La cantidad de dinero que necesita una nación. (Continuación.)

De las tres condiciones mencionadas, es evidente que la primera influye en la cantidad de dinero necesario, en sentido opuesto a las otras dos. El curso habitual del desarrollo es el siguiente: en un pueblo en desarrollo, el número de transacciones monetarias aumenta al principio; posteriormente, cuando la educación se ha generalizado y la gente se ha acostumbrado a dar y recibir crédito, la circulación del dinero se acelera y se produce un aumento de sus sustitutos. Por lo tanto, es perfectamente natural que la necesidad de dinero de un pueblo cuya economía pública está solo a medias desarrollada, en proporción al número de habitantes, sea mayor, no solo que la de un pueblo cuya economía está totalmente subdesarrollada, sino también que la de un pueblo cuya economía pública ha alcanzado la máxima perfección. 760 761

[pág. 374]

Sección CXXV.

Uniformidad del valor en el intercambio de los metales preciosos.

Las propiedades peculiares de los metales preciosos descritas anteriormente (§ 120 ) explican de manera bastante satisfactoria por qué, al mismo tiempo [pág. 375]Tiempo, pero en diferentes países, tienen un valor de intercambio más cercano al de cualquier otra mercancía. Como un fluido en tubos que se comunican entre sí, los metales preciosos buscan el mismo nivel de valor en todo el mundo. 762 Sin embargo, no debe suponerse que todo aumento absoluto o relativo de la cantidad de dinero en un país deba producir inmediatamente una disminución correspondiente de su valor; y además, causar una exportación de dinero. 763 Si el número de transacciones comerciales aumenta en la misma proporción que la cantidad de dinero, su valor permanece completamente inalterado. 764 Lo mismo ocurre cuando el aumento de la afluencia de dinero, en lugar de desbordar los canales de circulación, solo aumenta el volumen en el [pág. 376]Depósitos de dinero contante. Mediante estas reservas de dinero contante, una nación puede realizar pagos muy cuantiosos a otra sin alterar en lo más mínimo la circulación ni, por lo tanto, el valor del dinero. 765 Si, en efecto, tales pagos continuaran fluyendo en la misma dirección durante mucho tiempo, sin duda influirían en la circulación y generarían una corriente en sentido contrario.

Sin embargo, puede ocurrir que el valor del dinero en distintos países sea permanentemente diferente cuando existen dificultades duraderas que impiden la estabilización de la corriente monetaria entrante o saliente. Así, los metales preciosos mantienen un alto valor, especialmente en aquellos países que solo pueden obtenerlos proporcionando mercancías de difícil transporte. Si, por ejemplo, un inglés, ansioso por aprovechar el alto valor del dinero en Polonia, [pág. 377]Si se importaran a Inglaterra artículos polacos, como trigo, madera, lana, etc., estos llegarían a su destino con un precio muy elevado debido al elevado coste del transporte. Que Polonia o Inglaterra tengan que asumir este coste depende de las relaciones entre la oferta y la demanda. Sin embargo, es cierto que la migración de dinero se dificulta enormemente, incluso dentro de ciertas diferencias de valor, especialmente donde las vías de comunicación son generalmente deficientes. Por lo tanto, cuantos menos países suplan la escasez de productos de los distritos de metales preciosos, más deben otras naciones obtener el dinero que necesitan solo de segunda y tercera mano; mediante lo cual, naturalmente, el dinero mismo se encarece cada vez más. Ahora bien, son, por regla general, las naciones en un nivel bajo de civilización las que se dedican a la exportación de materias primas, y son las menos aptas para participar directamente en el comercio. Por lo tanto, cuando no poseen minas de oro o plata, el valor monetario suele ser mayor en ellas. sobre todo porque la ausencia de seguridad jurídica y de protección que generalmente impera allí hace que el valor en uso de los metales preciosos sea una cuestión de gran urgencia para ellos. 766 767

Las disposiciones legislativas o gubernamentales directas pueden operar en la misma dirección; como, por ejemplo, las leyes de embargo japonesas que, no hace mucho tiempo, limitaron todo el comercio exterior a dos [pág. 378]naciones extranjeras. 768 Tengo intención de tratar de la influencia de los impuestos sobre el valor del dinero, en una futura obra que escribiré sobre la Economía Política del Estado.

Sección CXXVI.

Uniformidad del valor de intercambio de los metales preciosos. (Continuación.)

La mayoría de las naciones pueden satisfacer su necesidad de metales preciosos solo a través del comercio exterior. Por lo tanto, consideran, muy naturalmente, el costo de producción de los artículos de exportación mediante cuyo intercambio obtienen los metales preciosos, ya sea directa o indirectamente, como el costo de producción de estos mismos metales. Sin embargo, la regla de que todas las mercancías con igual costo de producción tienen igual valor en el intercambio solo es aplicable dentro de los límites del mismo territorio económico (§ 107 ), pues con frecuencia es físicamente imposible, y aún más difícil, por leyes, costumbres y mentalidades, transferir factores de producción de un país a otro simplemente por el mercado más ventajoso que encontrarían allí. Así, por ejemplo, cuando Inglaterra intercambia sus productos de algodón y lana, e instrumentos de acero por plata mexicana, el costo de producción de ambos equivalentes puede ser muy diferente, y una de las partes en este comercio puede obtener permanentemente una ganancia mayor que la otra. 769 Según el § 101 , será más favorecida aquella parte en la que el deseo de conservar sus propias mercancías esté más lejos de ser... [pág. 379]Superado por su deseo de obtener la otra. Pero, en el fondo, la plata no es un artículo indispensable. Especialmente en comunidades comerciales altamente civilizadas, es más fácil obtener sustitutos, mientras que los principales artículos de exportación ingleses son, en su mayoría, objetos para satisfacer necesidades bastante urgentes, muy generales y de rápido crecimiento; y que, además, no son difíciles de transportar. No sorprende, por lo tanto, que las mercancías inglesas, en los países argentíferos, se vendan generalmente por encima del precio medio entre el coste de producción inglés y el mexicano, por ejemplo, o el coste de obtenerlas en otros lugares; y que la plata, en cambio, se venda en Inglaterra por debajo del mismo precio. Pero esto reduce el precio de los metales preciosos de este último país en general. Por lo tanto, un cambio en los canales del comercio internacional, que en la mayoría de los países es la única fuente de oro y plata, puede encarecer el precio de los metales preciosos en un lugar y abaratarlo en otro, incluso cuando las condiciones de producción de las minas permanecen inalteradas. 770 En un país aislado, cualquier [pág. 380]Cualquier cantidad de oro y plata bastaría, en última instancia, una vez que la gente se hubiera acostumbrado a ella, para cubrir todas las necesidades de circulación. Pero, en el comercio con el resto del mundo, la mayor cantidad y el menor precio de los metales preciosos, es decir, de aquellos productos más corrientes y con mayor dinamismo económico, deben, sin duda, ser de la mayor ventaja para un país; y esto independientemente de que, en ciertas circunstancias, sean síntoma de una economía pública especialmente desarrollada. Si suponemos dos naciones, A y B, iguales en todos los demás aspectos, pero que A tiene el doble de dinero que B, y que los precios son el doble de altos allí que en B; Sin embargo, con el mismo esfuerzo o sacrificio, A podría recaudar el doble de impuestos que B. En caso de una guerra entre ellos, A podría pagar en efectivo las necesidades de un ejército que hubiera invadido B, con una cuarta parte del sacrificio que B tendría que hacer para apoyar a su ejército en A, si invertimos el caso y suponemos que B hubiera invadido A. 771

[pág. 381]


Capítulo IV.

Historia de los precios.

Sección CXXVII.

Medida de precios,—Medida constante.

Si tuviéramos una medida de precios con la misma universalidad de aplicación e inmutabilidad que la medida de longitud, determinada por cálculo astronómico, no solo podríamos comprender con claridad todos los datos relativos al valor, es decir, una parte importante de la ciencia histórica, sino que, además, tendríamos un medio práctico para condicionar y fijar incluso las rentas perpetuas, de tal manera que siempre otorgaran el mismo poder económico y adquisitivo a quien las recibe. No es de extrañar, por tanto, que los economistas políticos, desde la época de Petty, se hayan esforzado con celo por encontrar una medida constante de precios. 772 Si por esto entendemos una especie de bienes que siempre mantengan el mismo poder de cambio, en comparación con todas las demás mercancías, [pág. 382]La idea de una medida “constante” de precios es impensable. Tendríamos que suponer aquí que ningún tipo de bien variara en precio; ya que, de lo contrario, al menos en comparación con aquellos que variaban en precio, la medida de precios sería en sí misma variable. 773 Pero sí podemos buscar un tipo de bien tal que sus elementos inherentes y los elementos peculiares a él, en lo que a él respecta, y que determinan el precio, ejerzan la misma influencia uniforme en todo momento. Si existiera tal tipo de bien, y su valor de cambio en comparación con otros tipos de bien variara, tendríamos la certeza, al menos, de que la causa del cambio no residía en él, sino en ellos; que no se había encarecido ni abaratado, sino que ellos se habían encarecido o abaratado. Tal tipo de bien tendría estas dos características: A. Una cantidad dada tendría, en todas las circunstancias, el mismo valor de uso para el mismo número de personas. B. Se requeriría, en todas las circunstancias, el mismo coste para producirlo, y, por tanto, la oferta podría siempre ir exactamente al ritmo del número de quienes lo demandan. 774 De esta manera, la oferta y la demanda de esta clase de bienes, haciendo abstracción de la cantidad de contravalores, conservarían para siempre la misma relación invariable.

Sección CXXVIII.

Valor de cambio estimado en mano de obra.

Adam Smith opina que los diferentes tipos de bienes, por muy alejados que puedan estar entre sí, [pág. 383]El tiempo o el espacio tienen igual valor en el intercambio cuando se puede comprar una cantidad igual de trabajo humano por sus medios. Adopta, debido a las grandes diferencias en el trabajo, el trabajo promedio del trabajador manual común. Una jornada de trabajo, y el sacrificio de «descanso, libertad y felicidad» que conlleva, conllevan, en todas las circunstancias, el mismo inconveniente (valor). Si en un momento dado el trabajo de ese día se intercambia por más, y en otro por menos, de cualquier tipo de bien, es solo porque el precio de este último ha subido o bajado. 775

Pero podemos preguntarnos si el mismo sacrificio de la libertad supone una dificultad tan grande para un ruso como para un beduino; o si el sacrificio de una cantidad igual de descanso es tan duro para un habitante de Nueva Inglaterra como para un turco, o tan difícil de soportar en un caluroso día de julio como en el frío del invierno. Además, tenemos [pág. 384]Aquí se trata principalmente sólo del valor de cambio; y ese valor en el caso del trabajo de los jornaleros está sujeto a fluctuaciones muy grandes.

Los elementos de los que dependen la demanda y la oferta de trabajo no son, en sí mismos, invariables, ni sus variaciones suelen compensarse entre sí. En las naciones progresistas, el valor en uso del trabajo de los jornaleros aumenta, así como la capacidad de sus empleadores para pagarles; pero, al mismo tiempo, por regla general, y al menos en términos relativos, la oferta de trabajo disminuye debido al aumento del coste de producción de los trabajadores. Precisamente lo contrario ocurre en las naciones en declive y en las superpobladas. El trabajador se ve obligado a aceptar precios desorbitados por su trabajo, y especialmente a aceptarlos durante un largo periodo. 776 Con cuánta frecuencia ocurre que, aunque sea transitoriamente, cuando los salarios bajan, el trabajo mejora, y viceversa . 777

La escuela de Ricardo emplea, como medida del precio de diversas clases de bienes, la cantidad de trabajo mediante el cual se producen los bienes mismos. 778 Es evidente que la misma [pág. 385]La cantidad de trabajo común produce resultados muy diferentes, según se realice bien o mal. Por lo tanto, Ricardo debió usar la palabra «trabajo» en el sentido de trabajo idealmente adaptado a su fin. Pero de esta manera sería imposible reducir todos los diferentes tipos de trabajo a un denominador común. 779 Tampoco podrían estimarse los efectos peculiares de la capitalización ni la influencia de las limitaciones naturales o artificiales de la competencia en términos de tal medida. (Véanse §§ 47 , 107 , 189.) 780

Sección CXXIX.

Los metales preciosos la mejor medida de los precios.

Es tan imposible encontrar una medida constante de precios como lograr la cuadratura del círculo. ( J.B. Say. ) Si las dos magnitudes a comparar están separadas entre sí en el espacio, pero no en el tiempo, los metales preciosos constituyen no solo la mejor medida de sus precios, sino también una muy buena. Sin embargo, los metales preciosos están sujetos a variaciones de precio muy sensibles y accidentales en largos períodos de tiempo. Por lo tanto, si quisiéramos comparar sumas de dinero de diferentes épocas, primero debemos elaborar una lista de precios actuales de todos los artículos de comercio más importantes para el período en cuestión, y en las cantidades que se necesitan en cada... [pág. 386]Vida cotidiana. Tendríamos que calcular a continuación el promedio de estos precios medios y, así, determinar el valor relativo de las cantidades a estimar. 781 Quien limitara su comparación a unas pocas especies de mercancías, dice von Mangoldt, perdería en exactitud lo que ganaría en comprensión.

En cada una de estas listas, el salario diario ocuparía un lugar muy importante. El deseo de influir en la vida y las acciones de otros hombres, y el deseo de una distinción social relativamente mayor en comparación con la distinción social de otros, es muy general; y casi ninguna prueba de que se haya logrado es mejor que la posesión del poder de controlar un gran número de jornadas de trabajo. El hombre que puede mantener a mil jornaleros es, sin duda, en un sentido político-económico [pág. 387]En sentido figurado, un personaje importante. Además, el nivel de los jornales tiene la influencia más directa en el precio de muchos otros productos. 782

No menos importante es el precio del trigo, o más bien del principal artículo de alimentación del pueblo, por el momento, con el que están tan esencialmente relacionados el precio de la materia prima del interior —en la medida en que pueda producirse del mismo suelo alternativamente con el trigo— y, a largo plazo, también los salarios del trabajo. 783 La misma necesidad indispensable del trigo que hace que su precio fluctúe tanto de un año a otro y de un mes a otro, promueve la uniformidad de su precio medio, 784 cuando se tienen en cuenta muchos años. 785 786 [pág. 388]( Malthus. ) Si, debido al gran progreso en la agricultura, el costo de producción del trigo se redujera a la mitad, un gran aumento demográfico no tardaría en producirse. Por otro lado, habría una disminución demográfica si, debido a la destrucción de los sistemas artificiales de riego u otras medidas que apuntaran a una civilización regresiva, el costo de producción del trigo aumentara permanentemente.

Pero incluso el precio promedio del trigo, durante una larga serie de años, no es completamente invariable. El aumento del consumo obliga a la nación, en su conjunto, a cubrir sus necesidades de trigo con fuentes menos fértiles, lo que aumenta su precio en general. Es cierto que el progreso de la ciencia agrícola y del comercio del trigo contrarresta esta tendencia, retrasa el aumento del precio del trigo y puede, durante un tiempo, producir una tendencia opuesta. También es cierto que la gente se ve inducida por sus intereses más generales y vitales a aprovechar esta posibilidad. Pero a pesar de la frecuencia de las excepciones, la regla se mantiene. 787 Si, por lo tanto, quisiéramos fijar una anualidad perpetua que siempre valga la pena [pág. 389]Si se calculara el mismo dinero que una cierta cantidad de trigo había costado, en promedio, durante las tres décadas anteriores, el valor de esta anualidad aumentaría, en general, con el avance de la civilización. 788 Para obtener algo que permaneciera igual, sería necesario combinar el trigo con al menos un producto principal, cuyo precio base intrínseca se desarrollara independientemente del precio del grano; pero que se pagara en dinero. Los metales preciosos son, en muchos aspectos, tan diametralmente opuestos al trigo en propiedades, por ejemplo, en su prescindibilidad, transportabilidad y durabilidad, que estas dos clases de productos son las más adecuadas para actuar como contrapesos mutuos. 789

Sección CXXX.

Historia de los precios de las principales necesidades de la vida.

Cuanto más avanza la civilización, más caros son todos aquellos bienes en cuya producción interviene el factor naturaleza. [pág. 390]Los productos en los que predomina el valor de cambio tienden a volverse más baratos; y, por otro lado, todos aquellos en los que el trabajo y el capital desempeñan el papel productivo principal. 790 Esto se explica no solo por la capacidad casi ilimitada de aumentar el trabajo y el capital, mientras que las fuerzas naturales que tienen valor de cambio son susceptibles de aumentar en una medida tan pequeña; sino también, y especialmente, porque las nuevas adiciones de trabajo y capital suelen producir resultados relativamente menores en la producción de materias primas y relativamente mayores en la industria y el comercio. (§ 33 , ss.). 791

Por lo tanto, de las relaciones entre los precios de las diferentes clases de mercancías, podemos extraer conclusiones importantes sobre el grado de civilización alcanzado por un país. La ley anterior también explica el hecho de que una nación joven, que no ha avanzado mucho en su desarrollo y en la que, por supuesto, predomina la producción de materias primas, obtiene sus necesidades comerciales y manufacturadas, preferentemente, de... [pág. 391]Precisamente las naciones extranjeras más civilizadas. Estas últimas están en condiciones, y acostumbradas, a ofrecer la mayor cantidad y la mejor calidad de artículos manufacturados por la cantidad requerida de materia prima; y, por supuesto, viceversa . Por lo tanto, en este intercambio entre naciones, confluyen la necesidad más urgente y la posibilidad más completa y fácil de satisfacerla. 792 Solo las metrópolis muy civilizadas pueden aferrarse a las posesiones coloniales en nuestros días.

Sección CXXXI.

Historia de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación)

A. En el caso de una gran cantidad de materias primas, encontramos repetidamente el siguiente curso de desarrollo. En las etapas inferiores de la civilización, crecen por sí solas y en cantidades tales que una pequeña cantidad de trabajo, y solo el trabajo de ocupación, es más que suficiente para satisfacer la pequeña demanda. Aquí, como es natural, el precio de las materias primas es muy bajo. Después de esto, aumenta con cada avance de la civilización, por dos razones: primero, porque la demanda se hace cada vez mayor; y luego, porque las fuentes de producción naturalmente libres, requeridas por otras necesidades, ahora fluyen cada vez con menos abundancia. 793 Este aumento de precio continúa hasta que se llega al punto en que se acostumbra, en lugar de la mera ocupación de los dones gratuitos de la naturaleza, producir los productos en cuestión mediante la mayor [pág. 392]El laborioso proceso de producción propiamente dicho. De ahora en adelante, la búsqueda habitual de precios estables exige que nuestra mercancía, como todas las demás que suponen un sacrificio igual de los medios de producción, reclame un valor igual en el intercambio. Si por alguna causa peculiar la producción de esta mercancía no es posible, o si no puede aumentar considerablemente, su precio, que en esas circunstancias estaría limitado únicamente por el poder adquisitivo del comprador, podría alcanzar su máximo nivel de precios bajo el acicate de la vanidad o del mero amor por la mercancía misma. Esto último es cierto especialmente en el caso de la carne de venado; 794 lo anterior, en el caso del ganado doméstico, 795 el pescado de agua dulce, 796 y la madera. 797 798

[pág. 393]

Sección CXXXII.

Historia de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación)

B. El aumento de los precios se observa primero en aquella clase de bienes en cuestión que, debido a su pequeño volumen y [pág. 394]Su valor comparativamente alto, y debido a su mayor capacidad para conservarse durante más tiempo, son más adecuados para buscar un mercado más favorable. Esto se aplica particularmente a las pieles, el vellón, el pelo, las plumas, [pág. 395]Dientes, cuernos, etc., de animales, con los cuales, en la cría de ganado, etc., las personas en un nivel bajo de civilización son mucho más propensas a especular que con su carne. Aquí se considera, y con razón, mucho más rentable criar muchos animales mal cuidados que unos pocos bien cuidados; pues el cuidado que se les brinda a los animales tiene, por regla general, mucha más influencia en el propio cuerpo que en su pelaje. 799 En la pesca, [pág. 396]caviar, vejigas de esturión, aceite y hueso de ballena; 800 y en la silvicultura, [pág. 397]La brea, el alquitrán, la potasa y, en cierta medida, el material de construcción, etc., desempeñan el mismo papel. 801

Por el contrario, el precio de las porciones más difíciles de transportar, por su volumen o por la dificultad de conservación, es el que sube más tarde. A esta categoría pertenece la leche, cuya producción en estado fresco solo puede ser objeto de especulación económica donde la civilización alcanza su máximo apogeo, y especialmente en las proximidades de las grandes ciudades. 802 De hecho, es posible, mediante su transformación en mantequilla o queso, conservar la leche y hacerla apta para [pág. 398]Transporte. Pero para llevar a cabo un negocio de este tipo con fines comerciales, se requieren un cuidado y una limpieza que son características nacionales solo de un pueblo altamente civilizado (§ 229), y la preparación de un queso de calidad superior, que siempre es un proceso muy largo, está condicionada por el empleo de capital con mucha anticipación a la obtención de un rendimiento, algo que ninguna nación pobre está en condiciones de generar. 803 Las vacas son principalmente animales productores de leche. 804 Por lo tanto, su precio, por regla general, sube más tarde que el de los bueyes, pero, en las etapas más avanzadas de la civilización, sube de forma mucho más sorprendente. Algo análogo ocurre con los productos resultantes de lo que queda tras la producción de otros bienes o mercancías. Mientras esto solo satisfaga la demanda, el coste de producción de la primera mercancía es prácticamente nulo, y por lo tanto su precio es muy bajo. Por esta razón, los cerdos son relativamente baratos en dos períodos muy diferentes de la economía nacional de un pueblo: en una etapa muy baja de civilización, cuando los bosques son abundantes y los cerdos se engordan con bellotas y nueces de haya, y también cuando pueden considerarse como un producto colateral de alguna gran industria, como las destilerías y la producción lechera; y cuando son criados por una población numerosa, especialmente rural, de pequeños medios y trabajadores, para aprovechar, en el primer caso, los restos de la producción y, en el segundo, del consumo. 805 Cuando no se da ninguna de estas dos razones, [pág. 399]El precio de los cerdos suele aumentar considerablemente con el avance de la civilización. 806 807 808 (Véase Roscher, Nationalökonomik des Ackerbaues, §§ 177 y siguientes)

[pág. 400]

Sección CXXXIII.

Historia de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación)

C. Las materias primas que, desde el principio, se han obtenido mediante los medios de producción propiamente dichos, mantienen una uniformidad de precio mucho mayor. En las etapas más bajas de la civilización, nunca se encuentran en exceso permanente; y a medida que la economía de un pueblo avanza, la creciente escasez de fuerzas naturales puede verse más o menos compensada. [pág. 401]por el mayor abaratamiento del capital y la mano de obra. Esto es cierto, especialmente en el caso del trigo. (Véase § 129 y Roscher, Nationalökonomik des Ackerbaues, pág. 43.) 809

D. También en el caso de las materias primas que son objeto de ocupación, y nunca de producción real, como, por ejemplo, los minerales, una economía pública progresiva, al alterar los diferentes elementos del precio en dirección opuesta, puede mantener su precio en general inalterado. En este caso, sin duda, el descubrimiento de nuevas y, sobre todo, ricas reservas naturales puede ejercer una influencia incalculable; pero tales «accidentes» subyacen a las leyes del desarrollo humano solo en la medida en que las épocas intelectualmente más activas son también las más laboriosas y afortunadas en el descubrimiento de sus recursos naturales. 810

[pág. 402]

Sección CXXXIV.

Historia de los precios de las principales necesidades de la vida. (Continuación)

E. Los productos industriales se abaratan cada vez más a medida que avanza la cultura económica; mientras que, por ejemplo, en Inglaterra, hacia finales de la Edad Media, una sola camisa se consideraba lo suficientemente importante como para ser con frecuencia objeto de legado testamentario. 811 Y, de hecho, el precio de los productos industriales disminuye cuanto más importante es el papel que desempeñan el capital y la división del trabajo en su producción, en comparación con el de la materia prima. 812 [pág. 403]Por esta razón, en los últimos tiempos, las telas finas se han vuelto, en términos relativos, mucho más baratas que las gruesas. 813 El plomo, que durante la Edad Media en Inglaterra era mucho más barato que el hierro, debido a la dificultad de extraer este último, se ha encarecido mucho en nuestros días. 814 Por el contrario, donde la materia prima desempeña el papel más importante en las manufacturas, el precio del artículo manufacturado puede aumentar con el avance de la civilización. Por lo tanto, los artículos de madera se consiguen a precios más bajos en los países montañosos, donde la división del trabajo no es muy extensa, pero donde la materia prima es barata. 815

[pág. 404]

F. Pero el precio de las mercancías disminuye, especialmente en las etapas superiores de la civilización, en la medida en que depende del comercio. 816 Aquí el capital y el trabajo humano son casi exclusivamente eficaces, y las mejoras modernas de la comunicación, la seguridad jurídica y la competencia son especialmente notables. 817

G. Dado que los servicios personales son, por regla general, realizados y recibidos únicamente por individuos, el principio según el cual el trabajo en general se abarata en las etapas superiores de la civilización no se aplica a ellos en gran medida. 818 Sin embargo, podemos afirmar que el avance de la civilización tiene, de forma bastante universal, una doble influencia en el precio pagado por los servicios personales. En primer lugar, la libertad de competencia, con la determinación más precisa y equitativa del precio que produce (en contraposición a la servidumbre, el privilegio y la costumbre), siempre tiende [pág. 405]Para obtener la ventaja; y además, mediante la creciente combinación de trabajo y uso (§§ 56 , ss. 207), se logra una gradación cada vez mejor y más definida entre los servicios ordinarios y los de orden superior. Cuando estos últimos no pueden aumentarse a placer, el precio pagado por ellos puede, a medida que aumenta la riqueza de los consumidores, volverse, por motivos de vanidad o de costumbre ( Gebrauchsgründen ), casi ilimitado. La bailarina, a quien Herodes (Marcos, 6, 23) prometió incluso la mitad de su reino, es, tanto en sentido político-económico como moral, un ejemplo aleccionador para las naciones demasiado refinadas. 819

Sección CXXXV.

Historia de los valores de los metales preciosos.—En la Antigüedad y en la Edad Media.

Es imposible escribir una historia real de los valores de los metales preciosos en la época antigua y medieval: las fuentes de [pág. 406]La información es muy escasa. Pero parece posible sugerir algunos fragmentos y algo del desarrollo de esa historia, al menos en resumen .

Así, por ejemplo, en los primeros tiempos de la historia antigua, el suministro de metales preciosos provenientes de las minas se vio impedido de entrar en el mercado por el sistema entonces imperante de acaparamiento de tesoros por parte del Estado, los templos, etc., y posteriormente por las grandes reservas de tesoros guardadas por particulares. 821 Las revoluciones de precios en la antigüedad se produjeron con la misma frecuencia por la repentina apertura de tales depósitos que por el descubrimiento de fuentes más ricas. Así, por ejemplo, acontecimientos como la disipación de los tesoros de Pericles, los subsidios de los reyes persas, el expolio de muchos templos a consecuencia del declive de la religiosidad y la distribución de los tesoros persas por Alejandro Magno, 822 tuvieron una vasta influencia en el innegable aumento del precio de las mercancías griegas en el siglo posterior a la Guerra del Peloponeso. 823 Posteriormente, se dice que en Roma se duplicó el precio de las tierras. [pág. 407]Por la afluencia del botín de guerra egipcio. 824 Es una prueba notable del subdesarrollo del comercio en los primeros períodos de la historia antigua que las perturbaciones de los precios fueran, al menos en apariencia, tan completamente locales. Fenicia, Palestina, etc., debieron experimentar, en la época de Salomón, una avalancha de metales preciosos, mientras que Grecia, por ejemplo, fue entonces, y durante siglos después, extremadamente pobre en ellos. 825 En general, no cabe duda de que el valor de cambio de los metales preciosos estuvo en continuo declive hasta la época de mayor auge de los emperadores romanos. 826 Durante la Edad Media, parece haber vuelto a ser mucho más alto; porque la gran pérdida de tesoros causada por la migración de naciones, etc., el cese casi total de la producción en las minas y la lentitud de la circulación monetaria jugaron un papel mucho más importante que la disminución del comercio. 827 828

[pág. 408]

Sección CXXXVI.

Efecto del descubrimiento de minas americanas, etc. sobre el valor de los metales preciosos.

El descubrimiento de América influyó en el mercado de los metales preciosos menos por la riqueza peculiar de las minas en esa parte del mundo que por su casi increíble número. 829 Sin embargo, las fuentes de riqueza que los conquistadores descubrieron al principio fueron muy sobreestimadas. 830 La producción de las minas americanas adquirió gran importancia tras el descubrimiento de Potosí, en 1545, al que pronto siguió la explotación de las minas americanas en Guanajuato (1558). [pág. 409]Coincidiendo con esto se produjo la extraordinaria “casualidad” de la invención de Medina, en 1557; mediante la cual, se hizo posible separar la plata de los elementos extraños mediante el proceso frío de amalgamación, en lugar de fundirla como se había hecho hasta entonces; una invención aún más importante en América, por la razón de que en ese país, donde hay tanto mineral rico, apenas hay combustible, en el vecindario 831 de donde se encuentra. Durante los primeros cien años, las minas de Perú ocuparon el lugar más prominente; mientras que después fueron completamente eclipsadas por las mexicanas. 832 Según Humboldt, 833 la exportación anual de oro y plata de América a Europa, entre 1492 y 1500, ascendió a 250,000 piastras; entre 1500 y 1545, a 3,000,000; 834 desde entonces hasta 1600, a 11.000.000; en el siglo XVII, a unos 16.000.000; durante la primera mitad del siglo XVIII, a 22.500.000; durante la segunda mitad, a 35.300.000.

La producción de oro en Brasil comenzó a ser importante a principios del siglo XVIII, con la explotación de las minas de plata mexicanas de Valencia, Vizcaína, etc., desde mediados del mismo siglo. A principios del siglo XIX, México producía anualmente 537.512 kilogramos de plata y 1.609 kilogramos de oro; Perú, 140.078 y 782 kilogramos de plata y oro, respectivamente; Buenos Aires, 110.764 y 506 kilogramos; Chile, 6.827 y 2.807 kilogramos; Nueva Granada, 4.714 kilogramos de oro; Brasil, 3.700 kilogramos de [pág. 410]oro; toda América en conjunto, 795.581 kilogramos de plata y 14.018 kilogramos de oro, con un valor aproximado de 60.750.000 táleros. 836 Durante las sublevaciones entre 1810 y 1825, que separaron a Hispanoamérica de la metrópoli, la producción de las minas disminuyó tan sorprendentemente como había aumentado en la generación anterior debido a la mayor liberalidad de la política colonial española. 837 Desde entonces, se ha observado un cierto aumento, que, sin embargo, inmediatamente antes del descubrimiento de las minas de oro de California no había alcanzado de ninguna manera el nivel alcanzado en 1808, sino solo una producción anual de 701.570 kilogramos de plata y 15.215 kilogramos de oro, con un valor agregado de más de 56.000.000 de táleros. 838

En Europa, también, la obtención de metales preciosos durante los siglos XV y XVI experimentó un gran auge, especialmente en Alemania; 839 pero, por otro lado, las minas de oro y plata españolas fueron clausuradas en 1535 por una ley. En el siglo XVII, hubo otra pausa, seguida, a finales del XVIII, por un segundo período de actividad que aún no ha concluido. El gran desarrollo de la producción de oro en las minas de los Urales desde 1819, y en las minas de Altái desde 1829, 840 el resurgimiento de la producción de plata en la antigua España... [pág. 411]Las minas desde 1835, 841 y el descubrimiento de Pattinson, mediante el cual se pueden refinar los minerales de plomo más pobres que contienen plata, son aquí de gran importancia. 842 Poco antes de 1848, se estimaba que todas las minas del viejo mundo producían anualmente unos 274.000 kilogramos de plata y 56.000 kilogramos de oro, con un valor agregado de más de 69.000.000 de táleros. 843 844

Sección CXXXVII.

Revolución de los precios al comienzo de la historia moderna.

El mero descubrimiento de minas nuevas y más ricas no tiene por qué reducir, por sí solo, el precio de los metales preciosos. Su precio depende de su coste de producción; y puede aumentar considerablemente, incluso en las condiciones naturales más favorables, debido a la falta de habilidad del trabajo y al coste de los medios de producción. [pág. 412]subsistencia, de maquinaria y de sustancias auxiliares, por la inseguridad de la propiedad o de la persona; por la guerra, impuestos opresivos 845 etc. Las nuevas minas pueden producir una disminución en el precio de los metales preciosos solo en la medida en que, por la misma cantidad de capital y trabajo gastados, produzcan, a pesar de todas esas deducciones, un resultado mayor. 846

Opino que el precio del dinero metálico, desde el descubrimiento de América, ha disminuido hasta el momento actual en una proporción de tres a cuatro a uno. 847 Los precios del trigo en Francia, [pág. 413]de 1800 a 1850, fueron aproximadamente siete veces mayores que en la segunda mitad del siglo XV; y en Inglaterra aproximadamente seis veces mayores. Pero, no debe pasarse por alto aquí, cómo el trigo puede haberse encarecido en sí mismo ( an sich ) y cómo el oro disminuyó considerablemente menos que la plata. Es cierto que este declive de los metales preciosos no fue completamente constante. Nos encontramos a principios de la era moderna con una verdadera revolución en los precios. Los precios del centeno, en la Baja Sajonia, de 1525 a 1550, fueron el doble de altos que de 1475 a 1500. Según Garnier, los precios franceses del trigo, de 1450 a 1500, fueron, en promedio, 408 francos de la época actual por setier ; de 1501 a 1520, 5 francos; de 1522 a 1540, 11,26 francos; De 1541 a 1560, 11,69 francos; de 1561 a 1580, 21,33 francos; de 1581 a 1600, 32,51 francos; durante la primera mitad del siglo XVII, 22,77 francos; en la segunda mitad, 26,83 francos; de 1701 a 1750, 19,64 francos. De igual manera, en Inglaterra, donde el trigo costó, de 1560 a 1600, 2,64 veces más que de 1450 a 1500. 848

[pág. 414]

Ahora bien, el aumento de la producción minera no puede ser la única causa de esta gran perturbación de los precios. Comenzó, en la mayoría de los países, en un momento en que los suministros provenientes de América eran aún demasiado escasos como para explicar tal efecto. Una de las principales causas del fenómeno fue que, precisamente en este período, se produjo en muchas naciones una transición de una circulación monetaria lenta, aún más lenta por la costumbre generalizada de acumular tesoros, a una circulación rápida, acelerada aún más por el uso de todo tipo de sustitutos del dinero. (§ 123 ). 849 En el fruto más temprano de la civilización europea (Italia), esta transición se había consumado hacía tiempo; y, por ello, el valor de cambio de los metales preciosos fue allí, durante mucho tiempo, comparativamente bajo. 850

A partir del segundo tercio del siglo XVII, el valor del medio de circulación parece, en general, haber permanecido estacionario. 851 Tooke intenta demostrar la estabilidad [pág. 415]La disminución del valor del dinero hasta finales del siglo XVIII se debe al aumento de los salarios laborales durante esa época; pero yo prefiero relacionar este último fenómeno con la elevación simultánea de las clases dedicadas al trabajo manual. Así, Adam Smith infiere un aumento del precio del dinero después de principios del siglo XVIII a partir de los precios del trigo; 852 pero sería mejor considerar la causa de esto como la serie inusualmente larga de buenas cosechas. 853 Una serie igualmente inusualmente larga de malas cosechas, durante la segunda mitad del siglo, explica satisfactoriamente el aumento simultáneo de los precios medios del maíz. La Gran Guerra que duró de 1793 a 1815, también, según una opinión muy extendida, debió causar la disminución del valor del dinero; un hecho que generalmente se atribuye al aumento del papel moneda en tantos estados.

Toda gran guerra puede fácilmente tener como efecto ralentizar la circulación del dinero, promover el acaparamiento e incluso el enterramiento de tesoros para tiempos difíciles, y paralizar el crédito y su capacidad para sustituir al dinero. Por lo tanto, parece preferible buscar la causa de las variaciones de precio durante la gran guerra en las propias mercancías cuyo precio se vio afectado, ya que su producción debe [pág. 416]Se han visto enormemente perturbados. Hizo improductivos a los hombres más fornidos y a los caballos más poderosos, e incluso los empleó como agentes de destrucción. Interrumpió el comercio de mil maneras, o lo impulsó por cauces antinaturales, y desvió los intereses intelectuales de las naciones hacia todas las direcciones, salvo hacia la industria económica. A esto hay que añadir la falta de seguridad en todas partes. 854

El cese de estas restricciones a la producción, como consecuencia de la restauración de la paz en todo el mundo y el gran progreso logrado posteriormente en casi todas las ramas de la industria, explica por qué, desde 1818 a 1848, los metales preciosos aparentemente se mantuvieron más altos que durante el período inmediatamente anterior. 855 856

Sección CXXXVIII.

Revolución en los precios.—Influencia del uso no monetario del oro y la plata.

Para comprender por qué un aumento tan grande en la producción de metales preciosos produjo una disminución tan pequeña de su valor de cambio, debemos centrar nuestra atención en los otros usos del oro y la plata. La cantidad dedicada a estos usos nunca puede determinarse con mucha precisión, ya que [pág. 417]El sello gubernamental de cada nuevo artículo de oro o plata no proporcionaría evidencia alguna sobre la cantidad de tales artículos fabricados a partir de artículos viejos, etc. 857 Sin embargo, es cierto que la cantidad total de oro y plata empleada de esta manera aumenta con el aumento del lujo y la riqueza entre las naciones modernas, y que una cantidad de los metales preciosos así utilizados, especialmente cuando se usan para dorar, por ejemplo, se pierde irreparablemente. 858 Además de esto, existe el desgaste y [pág. 418]El desgarro de las monedas en circulación, que naturalmente es mayor en el caso de las piezas grandes que en las pequeñas, y, por lo tanto, en el caso de la plata que en el del oro. Además, existe el daño causado por la pérdida de monedas en conflagraciones y naufragios, y el ocasionado por tesoros enterrados y olvidados. 859

Pero, finalmente, la causa principal consiste en el poderoso aumento de la demanda de dinero, que, durante los dos últimos siglos, el gran impulso dado a la rapidez de la circulación y el gran aumento de los sustitutos del dinero apenas han podido contrarrestar. Además del gran crecimiento [pág. 419]De población y de riqueza, al menos en Europa y el nuevo mundo, solo necesito llamar la atención sobre el inmenso avance logrado en la división del trabajo y la transición del comercio por trueque al comercio a través de la instrumentalidad del dinero. Toda la marina mercante y de guerra de Inglaterra, alrededor de 1602, tenía, según Anderson, una capacidad de solo 45.000 toneladas, es decir, ni una quinta parte de lo que tiene ahora la pequeña ciudad de Bremen; una capacidad que al cierre del año 1873 ascendía a 237.206 toneladas, mientras que en 1872 solo su marina mercante tenía una capacidad de 7.213.000 toneladas. El comercio exterior agregado de Inglaterra, Francia, Rusia y Estados Unidos, en 1750, ascendió a unos 260.000.000 de táleros; En 1864, superó los 5.400.000.000, y entre 1871 y 1872, en un año, superó los 9.000.000.000 de táleros. Tampoco debe olvidarse que el comercio de Europa con Oriente, desde principios del siglo XVI, aumentó enormemente. Esto, en la actualidad, produce uniformemente un saldo muy desfavorable para Europa, que solo puede compensarse con grandes envíos de plata al extranjero. 860 Si China e India de repente... [pág. 420]Si recurriéramos a otros productos en lugar de oro y plata, el resultado sería una gran revolución en los precios en Europa.

Sección CXXXIX.

Historia de los precios.—Descubrimientos de California y Australia.

Tengoborski opina que el flujo de oro proveniente de Siberia por sí solo habría sido absorbido por la creciente necesidad de dinero de las naciones civilizadas; pero que los descubrimientos simultáneos en California y Australia, en septiembre de 1847 y febrero de 1851, tarde o temprano provocarían una revolución en los precios. Y, de hecho, la fecundidad de estos países no tiene parangón. América del Norte, que en 1846 produjo sólo 3.600 libras de oro, según Sœtbeer, produjo en los años de 1849 a 1863, respectivamente, 118.000, 148.000, 178.000, 195.000, 180.000, 165.000, 165.000, 165.000, 160.000, 145.000, 125.000, 120.000, 115.000 y 110.000. Austria produjo en los años de 1851 a 1863, respectivamente, 27.000, 196.000, 250.000, 160.000, 170.000, 195.000, 180.000, 175.000, 160.000, 150.000, 160.000, 160.000, 170.000 libras de oro.

De 1864 a 1867, la producción total mundial de oro fue, según la última autoridad mencionada, de un promedio anual de 188,4 millones de táleros, y de plata, de 94,8 millones. En Europa, sin incluir Rusia, la producción fue, en 1863, [pág. 421]3960 libras de oro y 405 000 libras de plata; en el Imperio ruso, 46 500 libras de oro y 40 000 libras de plata; en México, 12 000 libras de oro y 1 250 000 libras de plata; en América del Sur y Central, 12 500 libras de oro y 520 000 libras de plata; en África, India y Asia Menor, 30 000 libras de oro y 40 000 libras de plata, un total de 384 000 libras de oro y 2 905 000 libras de plata. FX Neumann 861 862 estima que el mundo entero produjo, en los años [pág. 422]1868-1870, anualmente, 192,8 millones de táleros de oro y 94 millones de táleros de plata; y en 1873, de ambos metales, 291 millones de táleros.

La pregunta de si en esta segunda mitad del siglo XIX tendremos una revolución de precios similar a la del siglo XVI solo puede responderse hipotéticamente. Las excavaciones de oro más productivas en la actualidad probablemente se agotarán pronto, como podemos juzgar por casos análogos del pasado. 863 Pero es muy posible que, por [pág. 423]Tras una larga serie de años, se descubrirán otras excavaciones igualmente ricas. Es casi seguro que la incansable actividad de ingleses y norteamericanos no cesará hasta agotar los favores de la naturaleza. 864 Toda mejora en la agricultura, en las vías de comunicación y en la seguridad pública de las tierras auríferas reduce el coste de producción. Sin duda, en otros países existen numerosos placeres que bastan con el toque de la civilización europea para producir oro en abundancia. 865 Sería, de hecho, necesario que esta misma civilización convirtiera a estos mismos países en mejores mercados para los metales preciosos, aumentando su demanda.

[pág. 424]

En lo que respecta a la plata, no cabe duda de que América posee minas ilimitadas en extensión y, hasta ahora, casi vírgenes. «Llegará el día», dice Duport, 866, «un siglo antes o después, en que la producción de plata no tendrá otros límites que los que le impone la continua disminución de su precio». Parece, además, que no falta mercurio, especialmente en California; y el coste de su producción hasta la fecha puede reducirse considerablemente gracias a la mano de obra cualificada, máquinas y medios de transporte. 867 Todo esto supone un gran progreso de los países mineros en la civilización en general; y, sin embargo, hasta ahora, la independencia republicana de México, etc., en comparación con los últimos años del sistema colonial español en ese país, supone un gran retroceso. La conquista de Hispanoamérica por Estados Unidos daría un gran impulso a la mejora económica; y aquí, [pág. 425]Además, el aumento de la producción iría acompañado de un aumento de la demanda.

Pero, sobre todo, la demanda de metales preciosos, que naturalmente aumenta con la riqueza, el comercio y el lujo de las naciones, debe constituir un elemento decisivo para responder a nuestra pregunta. Nada, por ejemplo, si se avecinara una reducción de precios, la promovería tanto como una serie de guerras o revoluciones devastadoras en Europa. Además, no debe olvidarse que el mercado monetario es ahora casi comparable al mundial y pronto lo abarcará; y ese mercado abarca no solo los metales preciosos, sino también los innumerables representantes del dinero y los medios de crédito. Por lo tanto, la cuenca a la que tributan las corrientes de oro y plata del mundo es inconmensurablemente mayor que en el siglo XVI; su nivel no puede modificarse con la misma facilidad, y una adición igual cada año a su contenido anterior solo puede aumentarlo ligeramente. 868 Tampoco podría producirse fácilmente una disminución considerable del valor de los metales preciosos sin ralentizar la circulación del dinero y reducir relativamente la frecuencia del uso de medios de crédito, lo que, en consecuencia, frenaría en cierta medida la caída posterior. 869 En el caso de otras mercancías, una baja de precios probablemente solo conduce a una demanda absolutamente mayor; en el caso del dinero, conduce a una demanda necesariamente mayor. Que el mercado monetario actual puede soportar fuertes sacudidas es evidente, entre otros factores, por el alto precio del oro en comparación con el de la plata. 870 871

[pág. 426]

Sección CXL.

Revolución en los precios.—Su influencia sobre los recursos nacionales.

Las consecuencias ulteriores de una revolución de precios de este tipo contribuirían a la riqueza real de un pueblo sólo en el sentido de que colocarían a ese pueblo en condiciones de emplear, con menos sacrificios, los metales preciosos en gran escala para ministrar [pág. 427]a los lujos de la vida. Esta pequeña ventaja se vería contrarrestada por la depreciación de las reservas metálicas, y especialmente por la necesidad de dedicar de ahí en adelante una mayor cantidad de oro y plata a la circulación. 872 Pero tal revolución produciría un revés repentino en la distribución de la riqueza de una nación entre sus miembros constituyentes. Todos aquellos que, en virtud de contratos previamente celebrados, tienen pagos pendientes, se benefician en la medida de la diferencia entre el precio anterior y el real, mientras que quienes deben recibir dichos pagos pierden en la misma medida. 873 Por lo tanto, quienes trabajan en empresas industriales mejoran su situación, porque inmediatamente aumentan los precios . 874[pág. 428] de sus propias producciones; y, al menos durante un tiempo, continuar utilizando capital tomado prestado de otros, tierras arrendadas o alquiladas, etc., a los precios antiguos. 875

Además, al principio, y antes de que se produzca una depreciación correspondiente de su valor, un aumento del dinero produce, por regla general, una baja tasa de interés (§ 185) y un deseo de comprar por parte del público. Todo esto puede servir como un poderoso estímulo para la producción a gran escala. 876 Quienes con mayor probabilidad sufrirán pérdidas son los funcionarios 877 con salario fijo y los llamados rentistas, acreedores de la nación y de particulares. Incluso los banqueros no tienen medios para fijar el valor de sus mercancías, que ven desaparecer, por así decirlo, ante sus propios ojos. 878 De los terratenientes, aquellos que están endeudados se benefician, especialmente los más pobres y los más especulativos. 879 En cuanto a [pág. 429]Por otra parte, los propietarios de grandes propiedades que han enajenado sus derechos de diezmo o de servicio vasallo, etc., a cambio de capital o de sumas fijas que deben pagarse a intervalos regulares, es decir, en muchos lugares la gran masa de la nobleza, sufren una caída social nada insignificante.

La condición de quienes se ganaban la vida con el trabajo manual sin duda se deterioró en el siglo XVI, como puede inferirse de la extraordinaria actividad de caridad pública en ese período.

Entre 1500 y 1550, la plata compraba en Orleans de 4,1 a 4,5 veces más trabajo común que ahora, mientras que la plata, comparada con el precio promedio de veintisiete mercancías, se ha abaratado en una proporción de solo 2,6 a 2,7:1. ( Mantellier ). A esta clase le era imposible aumentar el precio de sus mercancías tan rápidamente como bajaba el del medio de circulación, porque no podían esperar ni retener su mercancía ni un instante. (§ 164). 880 Esto sería, de hecho, muy diferente en nuestros días. Los salarios, debido a las facilidades, tanto físicas como morales, que se han puesto en todas partes en el camino de la emigración, fueron necesariamente uno de estos artículos cuyo precio subió más rápido, en comparación con el dinero. 881 Por último, el propio Estado se beneficia de la disminución [pág. 430]Valor de la cosa, es decir, el valor real de su deuda pública; 882 pero, al mismo tiempo, pierde en todos los impuestos, derechos, etc., que no se estiman en un porcentaje determinado del valor de los artículos gravados. 883 Por lo tanto, como regla general, necesitaría imponer nuevos impuestos. Ahora bien, el derecho parlamentario a imponer impuestos, por muy amplio que sea jurídicamente, suele ser de gran importancia en la práctica solo cuando se trata de aumentar la carga existente. Por lo tanto, este derecho, dondequiera que exista, alcanza su máxima actividad con una revolución en los precios. 884 885

Sin embargo, las nuevas incorporaciones de oro y plata a la oferta ya existente pueden no producir inmediatamente una depreciación correspondiente del valor de los metales preciosos. Si los primeros receptores de la oferta adicional de dinero la cambian rápidamente por otros bienes, probablemente les reportará el valor anterior a cambio del metal. La depreciación no suele ser perceptible hasta que pasa a manos de una tercera o cuarta persona. Por lo tanto, en este caso, es una gran ventaja ser el primero en poseerla. El poder amenazante mundial de España, en el siglo XVII, fue impulsado esencialmente por las minas de oro y plata americanas; 886 y no es un asunto menos [pág. 431]Hoy en día, es de gran importancia que la mayor riqueza mineral del mundo pertenezca a Siberia, California y Australia; es decir, especialmente a Rusia y a los países colonizados por Gran Bretaña. Además, en cuanto a las clases sociales en las que se divide una nación, solo la corona, la Iglesia y un número comparativamente pequeño de funcionarios, soldados y oficiales controlaban la América española; ¿ y quién puede decir cómo este hecho fortaleció a la monarquía absoluta de España? En el siglo XVII, en cambio, fueron principalmente los fabricantes y comerciantes, y más especialmente aún, los obreros, quienes se beneficiaron de los nuevos descubrimientos de oro.

Sección CXLI.

Efecto de un aumento del precio de los metales preciosos.

Una gran mejora en el precio de los metales preciosos produciría, natural y necesariamente, una revolución de precios en dirección opuesta a la descrita, mucho más perjudicial para la economía nacional. Dicha revolución afectaría con mayor fuerza a las clases más sensibles y, en el momento, más productivas, dado que el precio del producto terminado disminuiría en comparación con los avances realizados para la producción; y beneficiaría a quienes viven ociosamente del fruto de su trabajo. Simultáneamente, se produciría un crecimiento perceptible del consumo en ciertos sectores, útiles, sin duda, en sí mismos, pero propensos a degenerar en exceso, y que, por lo tanto, son más fáciles de atender. (§ 212, ss.) [pág. 432]En este sentido, los descubrimientos de oro del siglo XIX, sin los cuales sin duda se habría producido un aumento del precio del dinero, han evitado una grave crisis económica en las naciones. Además, esta revolución inversa de los precios puede moderarse mediante medidas gubernamentales, como la reducción de impuestos, la emisión de papel moneda, etc.

Sección CXLII.

El precio del oro comparado con el de la plata.

El precio del oro, comparado con el de la plata, no depende, en absoluto, enteramente de la proporción entre las cantidades de ambos. Más bien, a largo plazo, está determinado por el coste medio de producción necesario en aquellas minas de oro y plata que existen en las condiciones más desfavorables, pero que aún es necesario explotar para satisfacer la demanda total de estos metales. En general, con el avance de la civilización económica, el oro se ha encarecido en comparación con la plata. El primero, en la Edad Media, valía entre diez y doce veces más que el segundo, mientras que ahora es... [pág. 433]vale de quince a casi dieciséis veces más. 891 En el mismo período de tiempo, también, el oro en los países altamente civilizados suele ser comparativamente más caro. 892

Estos hechos se explican tanto por la demanda como por la oferta. Dado que la producción de oro requiere tan poca habilidad o capital, y la de plata tanto de ambos, el primero puede considerarse un producto natural en mayor medida que el segundo, y por lo tanto, le es aplicable la regla establecida en el § 130. ( Senior. ) Además, en las etapas más avanzadas de la civilización, especialmente cuando los metales preciosos son baratos, son habituales los pagos mayores, para cuya fabricación el oro es sin duda el más adecuado; así como en el comercio cotidiano los comerciantes suelen aceptar una pieza de oro como pago, incluso con un sobreprecio, mientras que el campesinado duda en hacerlo. 893

[pág. 434]

Es muy cuestionable si el oro o la plata, en general, están sujetos a mayores variaciones de precio. El hecho de que el oro sea un producto estrictamente natural constituiría en sí mismo un poderoso elemento de variación (§ 112 ). Pero, por otro lado, su mayor durabilidad y el mayor cuidado dedicado a su conservación hacen que la cantidad existente predomine en importancia sobre su aumento anual. La demanda de oro varía más repentinamente que la de plata. En caso de guerra o sedición, el primero se extravía o se esconde con mayor facilidad. También es más deseable para el estado para su fondo militar. Por otro lado, debido a su mayor capacidad de transporte, puede responder con mayor facilidad a tales reclamaciones de un país a otro. En general, me inclino a pensar que, durante períodos cortos, la plata mantiene mejor su valor, y el oro, durante períodos más largos. 894

[pág. 435]

Sección CXLIII.

El precio del oro comparado con el de la plata. (Continuación.)

Si la producción de oro de California se viera acompañada, en 895, por una notable caída del valor de dicho metal, se plantea la cuestión de si la plata se depreciaría necesariamente con ella. Senior afirma que no, debido a que ambos metales preciosos no se sustituyen mutuamente en la mayoría de los casos. Si un país necesitara 1000 libras de oro y 15 000 libras de plata como moneda, en 896 , y estas dos sumas de metal tuvieran el mismo valor, un aumento del oro a la mitad, que depreciaría su precio en relación con la plata a 10:1, no desbordaría los canales de circulación. Las 1500 libras de oro ahora equivalen también a solo 15 000 libras de plata, y viceversa .

Pondría limitaciones muy importantes a esta afirmación. Incluso una depreciación moderada del oro expulsaría a la plata de todos aquellos países que tenían una moneda mixta compuesta por ambos metales; y, por lo tanto, la oferta de plata aumentaría en los demás países. Por lo tanto, es muy posible, hasta cierto punto, que las monedas de plata de mayor tamaño sean reemplazadas por monedas de oro de menor tamaño, como las de diez y cinco francos, etc. Rau tiene toda la razón al suponer que un aumento general del precio de las mercancías en comparación con el de la moneda, como resultado de un gran aumento del oro, tendría mayor alcance en los países donde el oro es el medio de circulación, y comenzaría más tarde en aquellos. [pág. 436]que tuvieron una circulación mixta, y continuaron por menor tiempo en aquellos países que, por fuerza de ley, tenían circulación sólo de plata. 897 898

[pág. 437]


Apéndice I.

Papel moneda.

[pág. 439]

Sección I

Papel moneda y papel moneda.

El papel moneda debe distinguirse de otros papeles de valor o papel moneda, 899 que también pueden ser emitidos por el poseedor o tenedor, y con frecuencia sirven como medio de pago. En el caso de estos bonos u obligaciones, 900 su capacidad de circulación es un asunto secundario, y lo principal es la autenticación de una relación jurídica económica; mientras que el papel moneda está destinado principalmente, si no exclusivamente, a actuar como dinero. 901 El papel moneda se presenta en muchas formas diferentes, pero casi siempre devenga intereses. Su valor depende en gran medida de la tasa y la certeza de su interés. En el [pág. 440]Por otra parte, el intento de asegurar una recepción más favorable para el papel moneda mediante la promesa de intereses ha tenido muy pocos éxitos. 902 Y, en realidad, las buenas perspectivas en cuanto a los intereses ( Zinsaussichten ) y la facilidad de transferencia de unas manos a otras son dos cualidades que se encuentran en direcciones muy diferentes. 903

Los numerosos escritores recientes que atribuyen al papel moneda las marcas de irredimibilidad y circulación forzada confunden la degeneración, lamentablemente demasiado frecuente, de una institución con su verdadera naturaleza. Contradicen, además, el uso del lenguaje que, en países donde la plata es el estándar, sin vacilar... [pág. 441]904 El papel moneda emitido por el Estado merece, en efecto, el nombre en toda su extensión; pero a partir de este punto encontramos una serie de grados en dirección descendente, que todavía pueden llamarse dinero; 905 y veremos especialmente que las diferencias entre el papel moneda estatal y los billetes de banco, tan ampliamente afirmadas, son, en gran medida, diferencias no de clase, sino de grado.

La idea de sustituir los metales preciosos como medio de circulación por un material menos costoso la conocían incluso los antiguos; pero, con excepción de los cartagineses, casi nunca hicieron uso de ella, salvo en casos de necesidad y transitoriamente. 906

[pág. 442]

De modo similar, la Edad Media en Europa, como en general todo mayor desarrollo del sistema de crédito (y todo papel moneda es dinero de crédito), tiene un crecimiento natural sólo en las etapas superiores de la civilización. 907 908

[pág. 443]

Sección II.

Ventajas y desventajas del papel moneda.

Donde sea posible otorgar al papel moneda el mismo poder adquisitivo que posee el dinero metálico, es indudable que el primero debe tener muchas ventajas sobre el segundo. Es cierto que el papel moneda es muy inconveniente para pequeñas cantidades; 909 pero aún más conveniente para grandes cantidades, tanto para fines de conteo como para fines de almacenamiento de valores y para su transmisión de un lugar a otro; un asunto de mayor importancia en proporción a la mala calidad de los medios de transporte de un país y al bajo precio del metal de su moneda hasta el momento. 910 A la mayoría de la gente le parece aún más importante que el papel moneda prescinda del uso de una gran cantidad de metales preciosos para fines de circulación, que ahora pueden convertirse en utensilios, etc., en el propio país o utilizarse en países extranjeros para realizar inversiones de capital allí, o en la compra de mercancías. 911 En el ámbito nacional [pág. 444]En las economías con un comercio en crecimiento, la misma ventaja se ve negativamente reflejada en que no se ven obligados a satisfacer la creciente demanda de dinero mediante la adquisición de metales costosos. 912 De los miembros individuales de la nación, quienes emplean el papel moneda experimentarán todas estas ventajas de conveniencia. Los emisores se apropian de las ventajas económicas o de ahorro del papel moneda, en forma de préstamos sin intereses, que otorgan a los poseedores de dinero o a quienes tienen derecho a un crédito monetario y para quienes el papel moneda es aceptable en lugar del dinero en efectivo. 913 Una disminución, por ejemplo, del número de billetes de banco o de papel moneda estatal. [pág. 445]El dinero no disminuye el capital disponible de la gente. Su único efecto es que una porción menor de este queda a disposición del banco o del gobierno.

Pero en contraste con estas ventajas existen grandes desventajas, ya que el papel moneda carece de la mayoría de las propiedades que originalmente hicieron de los metales preciosos los mejores instrumentos de intercambio y las mejores medidas de valor. Además, el papel moneda puede aumentarse a voluntad y casi sin costo; y un excedente ocasional no puede fluir ni a otras ramas de actividad (como un excedente de dinero metálico puede fluir a utensilios, ornamentación, etc.) ni a otros países. Y así, la constancia del valor del papel moneda, es decir, uno de los requisitos principales de todo buen dinero, se ve sumamente comprometida. Es cierto que el poder de pago o carácter de "curso legal" que el Estado le otorga a dicho dinero puede ciertamente complementar de alguna manera su valor material y formal. Pero este suplemento o adición constituye, en el caso de grandes cantidades 914, una pequeña cuota; de lo contrario, la cantidad de dinero, en comparación con la cantidad de dinero necesaria para el comercio, tendría que fijarse con mucha precisión; algo especialmente difícil en el caso del papel moneda, que es casi gratuito 915 .

[pág. 446]

Sección III.

Tipos de redención.

Si bien el dinero de metal precioso conlleva, por así decirlo, la mayor parte de su valor en sí mismo, hasta el punto de que aparece en la inscripción de su anverso, la inscripción del papel moneda es casi la única razón de su valor. 916 (Valor crediticio). El emisor promete de una forma u otra, expresa o tácitamente, su intención de canjear el billete, casi sin valor en sí mismo, por bienes reales; y el valor de esta promesa depende de la probabilidad de su cumplimiento. 917 El único tipo de canje plenamente satisfactorio consiste en que todo tenedor del papel moneda pueda, inmediatamente al solicitarlo, obtener su valor nominal en dinero metálico corriente. Solo esto puede, a largo plazo, mantener el papel moneda a su valor nominal completo. Pero la experiencia enseña que incluso con métodos de redención menos perfectos, el papel moneda puede mantener una parte de su valor nominal, y una parte mayor en la medida en que se aproximen las siguientes condiciones: ausencia de consideraciones personales, inmediatez de la redención y vigencia de los bienes mediante los cuales se efectúa la redención. Así, por ejemplo, la aceptación del papel moneda para todas las deudas con el Estado en países con altos impuestos, grandes industrias estatales, etc.; donde las tierras del Estado están en régimen de arrendamiento, etc., tiene una gran influencia en su curso de intercambio. La redención en parcelas de tierra es un método muy imperfecto. [pág. 447]uno, no sólo por las grandes diferencias en el valor de las parcelas de tierra según la calidad, la situación, los tiempos, etc., sino también porque sólo un número muy pequeño de hombres, especialmente donde el dinero es el medio habitual de cambio, están en condiciones de aceptar parcelas de tierra. 918 Es una cuestión de si [pág. 448]La amenaza de castigar la negativa a aceptar papel moneda, o a aceptarlo a su valor nominal completo, puede considerarse un modo negativo de redención. Sin embargo, es cierto que es el modo más bárbaro y, a la larga, el menos eficiente, aquel en el que el emisor solo calcula con el miedo de quienes lo aceptan; y, lo que es más desmoralizante, con la esperanza que albergan de poder venderlo a otros por temor. 919 920

[pág. 449]

Sección IV.

Circulación Obligatoria.

Cuando el papel moneda que no es completamente redimible —y es casi imposible que a largo plazo lo sea— ha caído por debajo de su valor nominal, el resultado, en el caso de todo papel moneda privado, es la quiebra ( Vermögensbruch ) del individuo que lo emite; en el caso del papel moneda estatal, la disposición legal de que tendrá una circulación obligatoria ( Zwangcourse ; cours forcé ). 921 ¿En qué medida? [pág. 450]La caída del tipo de cambio real del papel moneda en cualquier caso depende no solo de la cantidad emitida en comparación con las necesidades del comercio, sino también, y más aún, del grado de confianza que inspire el estado de los asuntos públicos. 922 La primera consecuencia de una moneda depreciada es que el dinero de metal precioso se retira de la circulación e incluso del país, por no poder mantener su valor real junto con el papel moneda, el efecto habitual en todos los patrones o monedas mixtas insostenibles. 923 Una segunda, y [pág. 451]Una consecuencia peor es la revolución injusta que se produce en tantas relaciones de ingresos y propiedad, basadas en viejos contratos, en beneficio del deudor, en desventaja del acreedor y de quienes reciben salarios nominalmente fijos. 924 Estas consecuencias son similares en naturaleza a las producidas por el recorte de la moneda; pero en grado son mucho más peligrosas. 925 Además, la depreciación del papel no produce, en absoluto, un aumento igual en los precios de todas las mercancías. Los precios de aquellas mercancías cuyos vendedores están en una posición más favorable en la lucha por los precios suben antes y más alto. Esto es cierto especialmente para las mercancías extranjeras, también para las mercancías nacionales que pueden exportarse fácilmente, y muy particularmente para aquellas mercancías que tienen la [pág. 452]Mayor capacidad de circulación, por ejemplo, oro y plata. 926 Por lo tanto, sería un gran error en países donde existe papel moneda irredimible con circulación obligatoria, medir su poder adquisitivo con un descuento especial en comparación con los metales preciosos. Por lo tanto, un papel moneda depreciado tiene transitoriamente un efecto en la industria similar al de un arancel protector, e incluso al pago de primas de exportación, ya que permite a los fabricantes permitir que una parte de su costo de producción, es decir, lo que deben pagar a sus trabajadores, a sus antiguos acreedores y, en parte, también a sus proveedores de materia prima, aumente en un grado menor al de la pérdida de valor del papel moneda. 927 Esta es, de hecho, una ventaja muy inequitativa otorgada a los particulares en el [pág. 453]Ante la miseria general del país. 928 929 Y estas malas consecuencias se ven agravadas por el principio de tendencia descendente que siempre implica un papel moneda depreciado. El estado, cuyas dificultades financieras provocaron el mal, ve cómo gran parte de sus ingresos se desvanece ante sus ojos; 930 mientras que, en lo que respecta a sus gastos, nada es más lógico para desorientarlo que semejante creación imaginaria de la nada. Y algo que contribuye en gran medida a esto es la terrible sensibilidad de un papel moneda depreciado ante las complicaciones de la política exterior, una cualidad que puede causar al gobierno tantos inconvenientes externos como ventajas le generó la emisión de su papel moneda en el país. 931 [pág. 454]Por lo tanto, se recurre a emisiones adicionales de papel, que aumentan fácilmente en la misma medida en que el tipo de cambio ( Cours ) ha disminuido. 932 Grandes intereses privados operan en la misma dirección. Entre el aumento del volumen del papel moneda en circulación y su consecuente depreciación, siempre transcurre algún tiempo; y mientras tanto, el poder adquisitivo del propietario del dinero o su capital prestamista es realmente mayor que antes. El primero aumenta la demanda de mercancías, el segundo facilita su aparición. Sin embargo, la oleada de especulación con la que suele ir acompañado el aumento del papel moneda 933 al principio depende de un error compartido por muchos en cuanto a su verdadero valor. Por lo tanto, no dura mucho, y el marchitamiento crítico de las burbujas infladas es mayor en proporción a las dimensiones previas de estas burbujas. Y ahora muchos creen que los negocios o la economía de la nación podrían mantenerse en su curso mediante nuevas emisiones de papel moneda; y los sabios esperan, al menos, poder así posponer la catástrofe lo suficiente como para poder poner sus bienes en condiciones seguras. Y, de hecho, la restauración de una moneda depreciada va acompañada de crisis completamente similares a las que siguieron a su primera caída; solo que son en dirección opuesta. 934 Y, por lo tanto, concienzudos [pág. 455]Los estadistas se ven frecuentemente disuadidos de intentar lograr tal restauración. Sin embargo, el lado más oscuro de un papel moneda separado del dinero de metales preciosos consiste en las frecuentes y violentas fluctuaciones de valor a las que está sujeto. 935 La consecuencia de estas fluctuaciones es que toda transacción comercial, toda transacción de crédito e incluso todo acto de ahorro, en el que el dinero desempeña algún papel, adquiere la impresión de un juego de azar; 936 una consecuencia de una influencia profunda y de amplio alcance, especialmente en las etapas superiores de la civilización, donde la importancia del comercio, del sistema crediticio y de la economía monetaria, a diferencia de la economía de trueque, es tan grande; lo que produce allí un estado de incertidumbre que, de otro modo, solo sería peculiar. [pág. 456]Hasta la época medieval bárbara. 937 Todo esto desalienta a los mejores comerciantes y agricultores más que a cualquier otra clase social, y desmoraliza la economía de una nación; y la desmoraliza tanto más cuanto más fácil es para el Estado influir en el valor del papel moneda en comparación con el metal, y cuanto más irresistible es su influencia. 938 La circulación obligatoria del papel moneda es una herramienta mucho más poderosa, y a la vez mucho más sencilla, para practicar la extorsión que los impuestos más onerosos o los préstamos forzosos, y al mismo tiempo, el poder más amplio que un gobierno puede poseer para llevar a cabo ambas medidas. ( Ad. Wagner. )

Todos los horrores de la última república romana, el vaciamiento de las provincias por gobernadores ladrones con sus publicanos y pecadores, la acumulación de fortunas monstruosas sin producción propiamente dicha, sino únicamente mediante la usura y la rapiña: todo esto revive de nuevo mediante la instrumentalidad de la enfermedad económica nacional llamada crisis del papel, en una forma menos violenta, por cierto, pero mucho más insidiosa y apenas menos perniciosa.

[pág. 457]

Sección V

Reanudación de los pagos en especie.

La curación de la enfermedad del papel moneda que hemos descrito se ha intentado efectuar de tres maneras más concretas.

A. Mediante la reducción o restitución del papel moneda depreciado a su valor nominal total. La mejor manera de lograrlo es incorporando gradualmente papel moneda al tesoro estatal mediante impuestos o préstamos, y negándose a permitir su nueva emisión. El consiguiente aumento en la tasa de cambio de los billetes en circulación por dinero en metálico se produce no solo por la disminución de la cantidad de papel en circulación, sino también por la creciente confianza en el futuro que inspira dicha medida gubernamental. 939 Si bien este procedimiento tiene, en teoría, muchas ventajas, en la práctica no se recomienda, excepto cuando la depreciación del papel moneda no ha sido muy pronunciada o ha existido durante poco tiempo. 940 [pág. 458]De lo contrario, la revolución en todas las relaciones de propiedad y la perturbación de toda especulación legítima —siempre peligrosa y fácilmente abusiva— producida por la depreciación se repetirían con la restauración de los valores, con la única diferencia de que la perturbación se produciría la segunda vez en sentido opuesto. Y que quienes previamente resultaron perjudicados ahora sean compensados por el daño sufrido en primera instancia es imposible, dado que la depreciación ha sido más prolongada. Muchos de quienes sufren los efectos de la depreciación se ven ahora obligados, incluso como contribuyentes, a contribuir al enriquecimiento de los especuladores que han acumulado el papel depreciado en sus propias manos.

B. El extremo opuesto de tal proceder consistiría en que se permitiera que el papel moneda depreciado siguiera depreciándose hasta perder prácticamente su valor, tras lo cual una nueva moneda, ya fuera de metal o de papel, tendría que surgir como un nuevo mundo tras el apaciguamiento de las aguas del diluvio. Por lo tanto, una de dos: ¡la bancarrota universal declarada con el propósito más claro, o la resignación a la desesperación! 941

[pág. 459]

C. Por lo tanto, se ha seguido con mayor frecuencia la vía intermedia entre estas dos, a saber: la reducción legal del valor de la moneda ( gesetzliche Devalvirung ), que consiste en reducir el valor nominal del papel moneda a su valor actual en el momento de la entrada en vigor de la ley, y canjearlo en especie o en otro papel que se emita en cantidades menores. 942 Aunque esto se ha basado no pocas veces en el falso principio de que el valor de cada cantidad de dinero es inversamente proporcional a la cantidad total de todo el dinero en circulación; sin embargo, es incuestionable que es solo la declaración abierta de la bancarrota estatal lo que toda la medida implica, y que en la mayoría de los casos ya ha ocurrido sin posibilidad de reparación. En este caso no hay ninguna perturbación nueva y peligrosa para la economía nacional; y las fluctuaciones de valor en el [pág. 460]Se evitan las futuras consecuencias, inseparables de la contracción gradual del volumen de papel moneda, continuada hasta alcanzar su valor nominal; esto último, por supuesto, solo suponiendo que se respete estrictamente el papel moneda metálico puro o el papel moneda canjeable. 943 Pero el problema de cómo proteger de todo daño a ambas partes 944 de los contratos celebrados a un tipo de cambio diferente al que deben cumplirse es uno que nunca se resolverá por completo. Por lo tanto, de las diferentes medidas para preservar económicamente un estado en casos de necesidad extraordinaria, la emisión de papel moneda con circulación obligatoria es mucho más desastrosa para el pueblo que la concesión de préstamos a la tasa de interés más alta, e incluso que incurrir en mora en el pago a los funcionarios y acreedores del estado. 945

[pág. 461]

Sección VI.

Papel moneda: ¿una maldición o una bendición?

Considerando el carácter de espada de doble filo de este poderoso instrumento, 946 y las terribles consecuencias que puede acarrear. [pág. 462]El abuso produce, es fácil concebir por qué tantos economistas políticos han expresado serias dudas sobre si, en general, la invención del papel moneda ha sido más una maldición que una bendición para la humanidad. La controversia es, hasta cierto punto, ociosa, ya que ninguna nación (o individuo) madura, ni ninguna nación que se considere madura, renunciará a la posibilidad de un crecimiento brillante simplemente por temor a no poder resistir las tentaciones de abuso peligroso que conlleva. Políticamente, la mejor protección contra tal tentación es una constitución moderada, que obligue al poder supremo del estado, mediante contrapesos sabios y apropiados, a permitir que todos los intereses legítimos se manifiesten, o al menos se expresen; y a utilizar no solo los instrumentos y medidas más hábiles, sino también los más valorados. Una constitución así, en efecto, no puede hacerse; debe ser el fruto maduro de una vida nacional larga, continua y bien dirigida. 947 De los extremos de las formas de gobierno, la monarquía ilimitada y la democracia están igualmente expuestas a la enfermedad del papel moneda. 948 Las aristocracias están menos expuestas a ella, por la razón de que por su propia naturaleza evitan la centralización; y la [pág. 463]El sistema de papel moneda está íntimamente conectado con este último. Nada fortalece tanto a la autoridad central como la prerrogativa del papel moneda, con un poder ilimitado sobre los precios de todas las mercancías; y, por otro lado, siempre que el papel moneda tenga un amplio campo de acción, se supone 949 una interrelación profunda e íntima de los diferentes miembros de la economía nacional. Y en lo que respecta a las diversas etapas económicas, el papel moneda está muy alejado de todas las épocas medievales; y por las mismas razones que hacen que el comercio exterior sea preponderante aquí y concentre todo el comercio en caravanas, ciudades de productos básicos, ferias y recomiende la acumulación de tesoros, etc. 950 Más adelante, por otro lado, encontramos dos etapas especialmente adaptadas al papel moneda. Tenemos primero, países coloniales aún subdesarrollados pero intelectualmente activos (y, por lo tanto, deseosos de progreso), que poseían una abundancia de medios naturales de producción sin poder, sin embargo, concentrarlos en manos de un empresario de pompas fúnebres ( Unternehmer ) para... [pág. 464]Falta de dinero. 951 En este caso, tanto el ahorro de metales preciosos como la facilitación del transporte mediante papel moneda son de suma utilidad. Además, tenemos países muy desarrollados y ricos; no solo porque su educación económica popular puede protegerlos de los peligros del papel moneda, sino porque el rico tiene relativamente menos necesidad de dinero y puede prescindir de las reservas de metal con mayor facilidad, gracias a su influencia sobre el abastecimiento de otros. 952


Notas al pie

1.

El prefacio del autor a la duodécima edición se limita a señalar las mejoras, etc., introducidas en la undécima. No hay ningún prefacio nuevo para la decimotercera edición del original, publicada en 1877 .

2.

Nunca comprenderemos a fondo la razón del derecho consuetudinario si no conocemos también lo que no lo es. Uno está conectado y ligado al otro. No tenemos esclavos; ¿para qué molestarnos con preguntas sobre esclavos? Palabras dignas de un novato.

3.

“Soy un hombre y no pienso que nada que pertenezca al hombre me sea ajeno.”

4.

“Esa excelente y gloriosa filosofía.”

5.

Introducción a la revista Civilistisches Magazin.

6.

Dunoyer , De la libertad del trabajo.

7.

Cicerón , De Leg., I.

8.

Discurso preliminar del Código Civil.

9.

Cicerón , De Leg., II, 4. “Legem neque hominum ingeniis excogitatam, nec scitum aliquod esse populorum, sed æternum quiddam quod universum mundum regeret, imperandi, prohibendique sapientia”. Ibídem.

10.

Revista de Législ. et de Jurispr. (1841, XIII, p. 39.) Montesquieu dice: “Las relaciones de justicia y equidad son anteriores a todas las leyes positivas”.

11.

El Sr. Wolowski tradujo la segunda edición de los Principios de Roscher al francés y añadió el presente ensayo como prefacio. Desde la publicación de la traducción de Wolowski, la obra original ha tenido once ediciones, se ha ampliado considerablemente y se ha enriquecido con nuevas notas, fruto de casi veinte años adicionales de investigación y reflexión. La decimotercera edición alemana, a partir de la cual se realizó la presente traducción, tiene ciento setenta páginas más que la primera. — Nota del traductor.

12.

Y añade: «Los animales que solo ceden a un impulso o a un instinto ciego se unen solo de forma fortuita o periódica y desprovista de toda moralidad. Pero en el caso de los hombres, la razón está más o menos presente en cada acto de su vida. El sentimiento se encuentra junto al deseo, y el derecho sucede al instinto. Descubro un verdadero contrato en la unión de los dos sexos».

Sería imposible presentar una refutación más completa y elocuente de la definición de los jurisconsultos romanos que rebaja el matrimonio al nivel de la unión promiscua de los animales y que limita la ley natural a la ley común al hombre y a la bestia. “Jus naturale est quod natura omnia animalia docuit; nam jus istud non humani generis proprium, sed omnium animalium quæ in terra, quæ in mare nascuntur, avium quoque commune est. Hinc descendit maris atque feminæ conjunctio, quam nos matrimonium appellamus, hinc liberorum procreatio, hinc educatio; videmus etenim cætera quoque animalia, feras etiam, istius juris peritia censeri.” DLI De Just. et Jure.

13.

Comentario. en teta. Dig., De Just. et Jure, VII, 11ª edición de Nápoles. El ingenioso argumento del gran jurisconsulto se derrumba ante las hermosas palabras de Cicerón: "Ut justitia, ita jus sine ratione non consistit; soli ratione utentes jure ac lege vivunt". De Natura Deorum, II, 62. “Virtus ratione constat, brutæ ratione non utuntur, cujus sunt expertia, ergo jure non vivunt, et ut rationis, sic jures sunt expertia”. Además, el propio Cujas reconoce cuán defectuosa e incompleta era la definición que defendía: "At ne jus quidem naturale, de quo agimus, est commune omnium animalium quatenus racionale, est, sed quatenus sensible est, sensui congruit. Tullius participare hominem cum brutis eo quod sentit, sed ratione ab eo differre. Et alio loco: jus naturale esse commune omnium Quiritium, veluti ut se velint tueri: sed hoc distanciare hominem a bellua, quod bellua sensu moveatur, homo etiam ratione”.

14.

Rossi.

15.

Política, I, cap. I, II.

dieciséis.

Ueber die Nothwendigkeit eines Allgemeinen burgerlichen Rechts fur Deutschland.

17.

Vom Beruf unserer Zeit für Gesetzgebung etc.

18.

En una de sus últimas producciones (Última edición de la sogennante historia y ninguna historia de Rechtsschule, Archives du Droit Civil, Heidelberg, XXI 1838) el veterano de la escuela filosófica, reanudando un debate iniciado un cuarto de siglo antes, se defiende enérgicamente contra las interpretaciones erróneas que se ha querido dar a su pensamiento. “¿De ahí se sigue”, pregunta, “que porque un hombre anhela reformas, debe abandonar el estudio del pasado? Y si hay nuevas leyes que interpretar, ¿cómo podría su genio maligno disuadirlo del necesario conocimiento de las leyes antiguas? ¿Hay un solo jurisconsulto que, con la esperanza de un futuro mejor, desprecie el significado y el espíritu de lo que aún existe? No conozco ni uno solo... Y cuando se me acusa de pasar por alto las instituciones del pasado con frialdad y odio en mi corazón, por ser uno de los primeros en expresar la esperanza de un futuro mejor, se me imputa una acusación completamente incomprensible... Se me reprocha despreciar la historia del derecho. Es una calumnia contra mí. Aunque solo me he reído de estos informes, el error de un hombre me afligió; pues ese hombre se llamaba Niebuhr... Cuando [Niebuhr] regresó de Italia para dedicarse por completo a la ciencia, en su retiro en Bonn, pasó por Heidelberg, Donde permaneció cinco o seis días. Durante gran parte de ese tiempo nos vimos con frecuencia. Al principio se mostró un poco distante, pero Cicerón nos hizo amigos. Tras unas palabras alegres sobre ese escritor, me preguntó qué pensaba de él. Respondí lacónicamente: «Si quemaran a todos los autores latinos y me permitieran indultar a uno de ellos, diría sin dudarlo: Perdonen las obras de Cicerón». Exclamó con alegría: «Por fin he encontrado a un hombre que juzga con acierto a Cicerón. Comparto tu admiración por él, y por eso le puse a mi hijo el nombre de Marco». Se rompió el hielo, y me dijo con franqueza que no entendía cómo podía ser un enemigo acérrimo del derecho romano y de la historia del derecho. Le di a entender que simplemente me habían calumniado, y añadí que, para vivir plenamente con los clásicos, siempre me había negado a dar consejos legales o a actuar como consejero, aunque podría haber amasado una fortuna de ese modo. Le dije que debía mi alegría y mi vigor, en gran parte, a mi amor por los clásicos de todas las épocas, incluso los ajenos al ámbito de la jurisprudencia; pero que me aferraba, por encima de todo, a las buenas cualidades de la nación alemana, y que no dudaba en decir con Facciolato: «Expedit omnes gentes Romanis legibus operam dare, suis vivere».

Al oír mis palabras, exclamó con su habitual energía y vivacidad: «Habes me consentientem, labes me consentientem». Desde ese momento, la frialdad entre nosotros se disipó, y abordamos, sin ningún reparo, un sinfín de preguntas en una sola conversación en la que, como antes, me esforcé por aprender de él.

Así pues, recibo con sincera gratitud todas las obras, tanto útiles como profundas, que han aparecido en nuestros días sobre la historia del derecho. Sería una locura por mi parte negar el impulso que ha recibido el estudio del derecho positivo. Se han descubierto nuevas fuentes. Su novedad e importancia han despertado el fervor de muchos estudiosos que las han estudiado a fondo; hecho que hizo necesaria la revisión de las fuentes más antiguas, que siguen siendo, con mucho, las más importantes. Estas dos circunstancias pronto hicieron imperativo proceder a la realización de investigaciones dogmáticas minuciosas. Así pues, ahora hay una nueva vida entre los jurisconsultos y una gran actividad, que espero que continúe por mucho tiempo.

19.

Revista de Législ. et de Jurisprudence, 1834-35.

20.

Rossi.

21.

Señor de Bonald.

22.

El señor Cousin lo ha expuesto de forma admirable en sus conferencias sobre Adam Smith, Curso de Filosofía Moderna.

23.

Channing.

24.

Knies. Die politische Œkonomie vom Standpunkte der geschichtlichen Methode, Braunschweig, 1853.

25.

Cours Complet d'Economie politique, II, 540, éd. Guillaumin.

26.

Primo.

27.

Español Adjuntamos aquí un extracto de Geschichte, Literatur, und Bedeutung der Nationalökonomie de Heinrich Contzen , Cassel und Leipzig, 1876, pág. 7: “Roscher ... es considerado con razón el verdadero fundador y el principal representante de la escuela histórica. Esta escuela está ganando continuamente en extensión y ha encontrado, tanto en Alemania como en Francia, los discípulos más distinguidos, hombres que honran a Roscher como su maestro y maestro, el líder cuyo faro siguen. Roscher combina el aprendizaje positivo más rico con una claridad rara y una belleza plástica en la presentación de su pensamiento. Estos se le conceden en todos los sentidos; y no lo disminuye, ni altera el hecho de que los posee, que, aquí y allá, un crítico malhumorado o maliciosamente mordaz los ponga en duda”. Debe tenerse en cuenta aquí que Wolowski escribió en 1857; Contzen, como Wolowski, un escritor político-económico de renombre, en 1876.— Nota del traductor.

28.

Leben, Werk und Zeitalter des Thukydides.

29.

Archivo Rau , Heidelberg. Este notable ensayo apareció desde entonces en Ansichten der Volkswirthschalt vom geschichtlichen Standpunkte, de Roscher, 1861. —Nota del traductor.

30.

Grundriss zu Vorlesungen über die Staatswirthschaft nach geschichtlichen Methode.

31.

Berliner Zeitschrift für allgem Geschichte.

32.

Ueber Kornhandel und Theuerungspolitik, 3ª ed., 1852.

33.

Untersuchungen über das Kolonialwesen.

34.

Umrisse zur Naturlehre der drei Staatsformen (Berliner Zeitschrift, 1847-1848).

35.

Ueber das Verhältniss der Nationalökonomie zum klassischen Alterthume (K. Sachs Akademie der Wissenschaft, 1849). También se encuentra en Ansichten, etc. de Roscher.— Traductor.

36.

Zur Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre im 16 und 17 Jahrh.

37.

Ein nationalökonom. Princep der Forstwirthschaft.

38.

La obra completa de Roscher , titulada "Un sistema de economía política", abarca las cuatro partes mencionadas; cada una de ellas constituye una obra independiente. La primera parte, o Principios de economía política, abarca el tema generalmente tratado en los tratados ingleses de economía política.

Además de las obras antes mencionadas, el profesor Roscher ha escrito Ansichten der Volkswirthschaft aus dem geschichtlichen Standpunkte, 2ª ed., Leipzig, 1861; Die deutche Nationalökonomik an der Grenzscheide des sechszehnten und siebenzehnten Jahrhunderts, Leipzig, 1862; Gründungsgeschichte des Zollvereins, Berlín, 1870; Betrachtungen über die geographische Lage der grossen Städte, Leipzig, 1871; Bertrachtungen über die Währungsfrage der deutschen Münzreform, Berlín, 1872; Geschichte der Nationalökonomik en Deutschland, Munich, 1874; Nationalökonomik des Ackerbaues, 8.ª ed., Stuttgart, 1875.— Nota del traductor.

39.

Die politische Œkonomie vom Standpunkte der geschichtlichen Methode.

40.

Die National Œkonomie der Gegenwart und Zukunft.

41.

Investigaciones sobre las finanzas de Francia.

42.

Frédéric Passy , de la Contrainte et de la Liberté.

43.

Pobre campesinado, pobre reino; pobre reino, pobre soberano.

44.

Curso de Economía. polit., 2e., Leçon I, p. 33.

45.

Esto sería: Propter vitiam, vitæ perdere causas.

46.

Cousin , loc. cit., pág. 276.

47.

Ibíd. , 274.

48.

Frédéric Passy : De la Contrainte et de la Liberté.

49.

Schäffle , Deutsche Vierteljahrsschrift (1861), enfatiza esto. Adam Smith , La riqueza de las naciones (1776), de forma muy característica, comienza con el trabajo anual de la nación; J. B. Say (Traité d'Economie Politique, 1802), con la riqueza ; Ricardo (Principles of Political Economy and Taxation, 1817), con la idea del valor.

50.

Hermann , Staatswirthschaftliche Untersuchungen (2.ª ed., 1870, pág. 81), estima que la suma total de las necesidades ( Bedarf ) del pueblo bávaro, durante un año entero, es de 177.000.000 de florines para alimentos (77 millones para trigo y patatas, 69 millones para carne, 15 millones para leche, etc., 16 millones para huevos, verduras, sal y especias); 50 millones para ropa, 45 millones para vivienda, 37,5 millones para combustible, 60 millones para bebidas.

51.

El original añade: deren Gesammtheit sein Bedarf heisst ; cuyo conjunto se denomina su Requisito ( Bedarf ). Al no existir un equivalente exacto en inglés para la palabra Bedarf en este contexto, se adjunta esta nota .

52.

Según Boisguillebert (nacido en 1714) en el Traité des Grains, I, c. 4, las necesidades ( necessaire , commode , délicat , superflu y magnifique ) surgen en orden sucesivo con el aumento del bienestar o la prosperidad, y se abandonan en orden inverso, con el aumento de la necesidad. Tucker distingue entre lo necesario, lo cómodo y lo conveniente según las condiciones respectivas, elegancias y refinamientos, y, por último, «lo grandioso y lo magnífico» (Two Sermons, 1774, 29 y ss.); FBW Hermann , loc. cit., 1.ª ed., 1832, 68; los bienes necesarios (Güter der Nothdurft) son bienes que contribuyen al placer y la recuperación, a la cultura y al esplendor.

53.

Compárese Tucker , Sobre el proyecto de ley de naturalización (1751 y siguientes), IV, nota.

54.

No hay pueblo sin fuego (¡Prometeo!); y parece que asar a la parrilla fue el primer modo de preparar alimentos; luego siguió la cocción en cavidades calientes, y por último llegó la ebullición en recipientes. ( Klemm , Allgemeine Kulturgeschichte, I, 180, 343.)

55.

Hay un interesante intento de Faucher , en el Vierteljahrsschrift für Volkswirthschaft und Kulturgeschichte, 1868, III, 148 y siguientes, de determinar el lugar relativo de nuestras diversas necesidades según su capacidad de extensión o contracción.

56.

La calificación “verdadero” excluye del círculo de los bienes no sólo todas aquellas cosas que podrían satisfacer sólo necesidades irracionales o inmorales (compárese Mischler , Grundsätze der Nationalökonomie, 1856, I, 187), sino que también reivindica la idea fundamental de todo el sistema de la Economía Política como tema de investigación tanto moral como psicológica.

57.

Incluso Aristóteles (Eth. nicom. V, 8), considera que todas las cosas destinadas a entrar en el comercio deben ser susceptibles de comparación entre sí, y que la medida de esta comparación es la necesidad , que es el fundamento de toda asociación entre los hombres.

58.

Un árabe ayudó a saquear una caravana y se llevó, como parte del botín, un cofre de perlas. Creyó que era una caja de arroz y se las dio a su esposa para que las cocinara, pero al ver que no estaban tiernas, las tiró. ( Niebuhr , Beschreibung von Arabien, 383). Véase una anécdota similar en Amiano Marcelo , XXII . Compárese con Estrabón , VIII , 381.

59.

Tan pronto como los persas abandonaron la superstición de que la contemplación diaria de una turquesa era un talismán contra el mal de ojo ( K. Ritter , Erdkunde, VIII, 327), esa piedra preciosa perdió gran parte de su valor. Por otro lado, los amuletos de la antigüedad, aunque hace tiempo que perdieron su carácter de objetos de superstición, ahora tienen un valor real para el arqueólogo.

60.

Dado que la observación muestra que, con el paso del tiempo, la materia tiende cada vez más a convertirse en bienes , las formas ciegas del movimiento de la naturaleza a convertirse en trabajo y sustento útiles, y la existencia impersonal y sin objeto a transformarse en propiedad y cultura personales, Schäffle se inclina a creer que todo el mecanismo del gobierno inconsciente de la naturaleza está destinado, en última instancia, a contribuir a la realización del bien moral, que es el único realmente valioso. Das gesellschaftliche System der menschlichen Wirthschaft, III, Auff., 1873, I, 3.

61.

Hermann , loc. cit., 1.ª ed., I, llama bienes internos a todo lo que cada uno encuentra en sí mismo, don gratuito de la naturaleza; también a lo que desarrollamos en nosotros mismos mediante nuestra propia acción libre; y externos, a todo lo que creamos u obtenemos, a través del mundo exterior, como medio para satisfacer nuestras necesidades. Los bienes internos de una persona pueden ser bienes externos para otra, como, por ejemplo, cuando la primera los transmite directamente a la segunda para que los disfrute, mediante palabras, comportamiento, etc., o indirectamente, en combinación con otros bienes externos.

62.

La exclusión de todo lo demás se ha calificado, de hecho, de unilateralidad y materialismo. Pero, como dice Senior , nadie culpa al escritor de tácticas por limitar su atención a temas militares; ni se le objeta que, al hacerlo, fomente la guerra eterna. Por otro lado, J. B. Storch (1815) dedicó una parte especial de su obra a la consideración de los «bienes internos» (salud, conocimiento, moralidad, seguridad, ocio, etc.). Véase la traducción de Rau de su Manual, II, 337 y ss. Compárese con Gioja , Nuovo Prospetto delle Scienze economiche, 1815 y ss. VIII.

63.

La inclinación al intercambio es, según Adam Smith , una de las características más importantes que distinguen al hombre del animal (La riqueza de las naciones, I, cap. 2). Véase también Büsch , Geldumlanf (1780), I, § 29, sobre el intercambio entre los animales inferiores.

64.

Observado por Aristóteles. Polit. I, cap. 6.

65.

Los esfuerzos de los economistas políticos por seleccionar, entre la infinidad de bienes, aquellos que deberían constituir el objeto de sus investigaciones han tomado dos direcciones en los últimos tiempos. Bastiat se limita aquí demasiado exclusivamente al comercio. El economista político debería ocuparse únicamente de las necesidades y satisfacciones, donde el trabajo, que es el vínculo entre ellas, lo realiza otra persona a cambio de una remuneración. Así, el acto ordinario de respirar queda fuera del círculo; el del buceador, por el que se paga, no. (Harmonies économiques, 1850, 68 y ss.) Pero incluso Robinson Crusoe tenía su propio sistema de economía. ¿Son los productos que el agricultor consume en su propia casa, el trabajo que realiza él mismo, menos importantes económicamente que los productos que vende o el trabajo de sus sirvientes? Schäffle tiene razón cuando afirma que la respiración ordinaria no es una función económica, porque es una necesidad inconsciente de la naturaleza. Pero su definición es demasiado amplia, ya que sitúa la esencia del carácter económico de los bienes o de un acto en la adaptación consciente de los medios a los fines humanos. (Tübinger Progr. z. 27 sept. 1862, 9, 24 ss.) Dar un paseo no es una operación económica, aunque puede ser el mejor medio para un fin muy importante: la salud. Los mismos bienes o el mismo acto pueden tener, con frecuencia, según el fin propuesto, un carácter económico o no económico. La belleza del cuerpo humano, por ejemplo, por muy sistemáticamente que se utilice con fines de vanidad, no es un bien económico . Pero es una especulación económica, por vil que sea, cuando un hombre confía en su hermosa figura para asegurarse una esposa rica o, con fines de lucro, le permite posar como modelo para artistas o participar en tableaux vivants . Según C. Menger , Grundsätze der Volkswirthschaftslehre (1871) I, 51 y ss., no existen bienes económicos, salvo aquellos cuya disponibilidad es, como máximo, igual a la cantidad requerida. Pero ¿no es acaso el mayor río navegable, incluso en el país menos poblado, un bien económico?

66.

Hegel , Rechtsphilosophie, § 67. Incluso el uso de un cadáver como abono, o para cualquier propósito mercantil, repugna a nuestros sentimientos, «debido a la dignidad de la personalidad». ( Schäffle , National Œkonomie, 1860, 28). En este sentido, la prostitución es un remanente de la esclavitud. Schäffle tiene razón al afirmar que compensar los servicios personales con bienes materiales que no proporcionan tanta comida, etc., como los primeros han costado en gasto de energía vital, es una forma lenta y, a menudo, muy cruel de canibalismo. (Kapitalismus und Socialismus, 1870, 18).

67.

Bornitz , De rerum Sufficientia in Republica procuranda, 1625, da en esta enciclopedia de ciencia política, junto con una disertación sobre agricultura, comercio y manufacturas, un estudio completo de la ministeria . Varios escritores modernos se niegan a considerar los servicios personales, o la capacidad de prestar dichos servicios, como elementos de la riqueza: compárese Kaufmann , Untersuchungen im Gebiete der politischen Œkonomie, 1830, II, Heft I. Sin embargo, no demuestran más que esto, que esa clase de bienes tiene algo muy peculiar. Así, Malthus , Principles of Political Economy (1820), cap. I, secc. I, objetos que no pueden inventariarse ni gravarse; pero ¿pueden los bienes materiales serlo tan completamente? ¿Pueden todas las partes de la riqueza de una nación ser inventariadas y gravadas de esa manera? Rau , Lehrbuch der pol. Œkonomie (1826) I, § 46, señala que la aptitud personal para realizar servicios muere con la persona, y que los servicios personales no pueden almacenarse (?), etc. Apelo simplemente a la definición que he dado anteriormente de bienes económicos, y que se aplica igualmente a servicios de todo tipo que pueden realizarse para otras personas. Además, quienes se oponen a este punto de vista son incapaces de dar una explicación satisfactoria de todos los fenómenos del comercio. Por supuesto, la calificación "reconocido como útil" es de suma importancia como marca para determinar qué son bienes. Pero una prima donna, o un médico de renombre mundial, desnudo por un naufragio en las costas de América del Norte, está ciertamente, en mejor situación que un mendigo ciego, su compañero de sufrimiento. Compárese Storch , Handbuch II, 335 y sigs. y sus Considérations sur la Nature du Revenu National.

68.

Ad. Müller compara a las personas, en la medida en que prestan algún tipo de servicio, con cosas, y, en la medida en que se requiere preservar su individualidad, con personas. Los niños, en el estatus de caballero rural, por ejemplo, son tratados más como personas, y los domésticos, más como cosas; la tierra participa de una especie de personalidad, pero no los instrumentos de trabajo. (Nothwendigkeit einer theolog. Grundlage der Staatswissenschaft, 1819, 48.)

69.

El privilegio de vender refrescos en el jardín del Palacio Real se alquilaba antiguamente por 38.000 francos al año.

70.

Véanse los casos citados por Hermann , Staatswirtsch. Untersuchungen, 6 y ss. y por Bernoulli , Schweiz. Archiv. für Statistik und N. Œkon. II, 55. ¡Piense en la firma de JM Farina! En Atenas, los buenos terrenos se arrendaban a una renta muy alta, incluso cuando no había inversión del capital del arrendatario. ( Demóstenes , pro. Phorm., 948; adv. Steph. I, iiii.) Existe, de nuevo, la venta de inventos, mientras todavía son “meras ideas”. Según Schäffle , Theorie der ausschliessendnen Verhältnisse, 1857, II y ss., el valor a cambio de estas relaciones depende del ingreso extra que se asegura de hecho, o de derecho, contra la disminución, por la exclusión de la competencia. Por lo tanto, recomienda, en lugar de la palabra «relaciones», «costumbre» o «público». Pero estas palabras, de ninguna manera, agotan el significado expresado por «relación». Así, la buena administración de los asuntos públicos, aunque no tenga valor de intercambio, es uno de los bienes económicos más valiosos que un pueblo puede poseer.

71.

La relación mencionada anteriormente entre un general y un ejército puede incluso tener un gran valor de intercambio. Por ejemplo, los condotieros italianos del siglo XV.

72.

Las relaciones que privan a una persona de lo que aportan a su poseedor tienen valor como componentes de la fortuna privada de una persona, pero no de la riqueza de la nación. A esta clase pertenecen las deudas debidas a personas o cosas, la costumbre forzosa o la buena voluntad de todo tipo; como, por ejemplo, las setenta y dos oficinas de cambio en París, cada una de las cuales valía más de un millón de francos; o el derecho de navegación por el Elba hasta Magdeburgo, que, a principios de este siglo, valía en cada caso unos 10.000 táleros. ( Krug , Abriss. der St. Œkonomie, 62).

73.

Schäffle , N. Œkonomie, 10. En alemán, este mismo término se utiliza para designar la utilidad y, en ocasiones, los objetos útiles (los llamados valores). Sin embargo, conviene distinguir claramente entre utilidad y valor de uso. La utilidad es una cualidad de las cosas mismas, en relación, es cierto, con las necesidades humanas. El valor de uso es una cualidad que se les imputa, resultado del pensamiento humano o de su percepción de ellas. Así, por ejemplo, en una ciudad asediada, las reservas de alimentos no aumentan en utilidad, pero sí su valor de uso. Compárese con Schäffle , System, III, I, 170.

74.

Genovesi , Economia civile (1869), II, I, 7. L. Say , De la Richesse individuelle et de la Richesse publique (1827), 29, estima el valor de los bienes según el grado de malestar que conlleva la privación de ellos.

75.

Friedländer , sin embargo, ha hecho un intento general en esta dirección. Theorie des Werthes (Dorpat, 1852). Pero Th. Fix (Journal des Economistes, 1844, IX, 12) afirma: «Es tan imposible establecer una escala de valores como encontrar una medida matemática exacta y permanente de nuestras necesidades, pasiones, deseos, gustos y fantasías».

76.

Compárese con Knies , Geld und Credit, 1873, I, 126 y ss. El muy respetable intento de A. Samter , Sociallehre (1875), con la idea del valor social ( Gesellschaftswerth ) abarca demasiado la idea del valor en el intercambio. Será necesario investigar más a fondo sobre el concepto de «necesidad impotente», ya que, desde una perspectiva ética y dietética nacional elevada, se plantea la cuestión de si, en qué medida y cómo, la «necesidad impotente» puede convertirse en una necesidad potente.

77.

Friedländer , loc. cit., 50. Si se publican demasiados ejemplares del mejor libro, es seguro que muchos de ellos no serán más que papel de desecho.

78.

Schäffle , System, II, aufl., 55. Véase también su Kapitalismus und Socialismus, 1870, 31, 35, 43.

79.

Así, Kleinwächter (Jahrbücher für N. Oek. und Statistik de Hildebrand, 1867, II, 318), define valor de cambio = valor de uso + costo. Según Schäffle, se trata de “una comparación encubierta entre el valor de costo y el valor en uso de los dos tipos de bienes a intercambiar”. (Kapitalismus und Socialismus, 35.)

80.

Un intermediario puede, en lo que a él respecta, atribuir valor de cambio a las mercancías solo en la medida en que sean útiles para la última persona que las adquirió. Por ello, Storch denomina valor de uso inmediato y valor de cambio , valor mediato. Como los ingleses suelen expresar lo inmediato con palabras de origen germánico y lo mediato con palabras latinas, Locke denomina valor de uso «worth» y valor de cambio, simplemente «value». ( K. Marx , El Capital. Crítica de la economía política, 1867, I, 2.)

81.

Por supuesto, es diferente cuando, por ejemplo, una hermosa vista al mar o una posición deseable en términos de aire y sol están asociadas a un pedazo de tierra.

82.

En Rávena, una cisterna tenía mayor valor de intercambio que una viña: Marcial , III, 56. En París, también, el agua potable, cuyo transporte requiere considerables dificultades, cuesta 1-1/3 táleros por metro cúbico. Cabe mencionar también la nieve y el hielo en verano, que se venden en las capitales del sur de Europa a 0,34 groschens de plata la libra. Según Carey , la «utilidad» es la medida del poder del hombre sobre la naturaleza, y el «valor», la medida del poder de la naturaleza sobre el hombre. Añade, de forma muy imprecisa, que ambos siempre van en dirección opuesta. (Principios de las Ciencias Sociales, 1861, VI, cap. 9).

83.

Por lo tanto , Ad. Müller denomina valor de uso, valor individual, y valor de cambio, valor social. Los alemanes denominan Affectionswerth (valor de afecto) al valor de los bienes cuyo valor de uso solo es reconocido por una persona, un valor que influye en su valor de cambio solo cuando quien lo estima no es el propio poseedor de los bienes. Un ejemplo de esto último es un trozo de papel lleno de notas, inteligibles solo para quien las ha escrito.

84.

La importantísima diferencia entre valor de uso y valor de cambio fue reconocida incluso por Aristóteles. Aristóteles. Pol. I, 9. Hutchinson , Sistema de filosofía moral (1755), II, 53 y sigs. Los fisiócrates hablan con mucha frecuencia de valeur usuelle y vénale , en los que, según Dupont , Physiocratie, CXVIII, se basa la diferencia entre bienes y riquezas . El valor de un séptico de blé, considerado como riqueza, no consiste en su precio. ( Quesnay , ed. Daire, 300.) Turgot distingue entre “ valor estimativo ” e “ cambiable o apreciativo ”; el primero designa la relación entre la cantidad de energía, física y mental, que uno está dispuesto a gastar para obtener los bienes, y la suma total de sus energías, físicas y mentales; este último la relación entre la energía agregada similar de dos personas que están dispuestas a gastar para obtener cada uno de los bienes a intercambiar, y la suma total de sus energías en general. (Valeurs et Monnaies, pág. 87 y ss., ed. Daire.) Ad. Smith , en su Wealth of Nations, I, cap. 4, muestra que conocía la diferencia entre valor de uso y valor de cambio; pero luego abandona por completo la consideración del primero. A este respecto, solo ha tenido seguidores demasiado fieles y unilaterales entre sus compatriotas, de modo que Ricardo , Principles, cap. 28, pregunta qué puede tener en común el valor de cambio con la capacidad de las mercancías para servir como alimento o vestido. (Véase, sin embargo, cap. XIX y ss.) Muchos "librecambistas" no tendrían objeción en interponerse si un pueblo abandonara el cultivo del trigo, etc., para dedicarse exclusivamente a la fabricación de encaje de punto, siempre que este último tuviera un mayor valor de cambio. Los dos grados de la idea de valor han sido examinados con mucha minuciosidad por Hufeland en su Neue Grundlegung der Staatswirthschaftskunst (1807), I, 118 y ss.; Lotz , Revision der Grundbegriffe (1811 y ss.), I, 31 y ss.; Storch , Handbuch, I; Rau , Lehrbuch, I, 56 y ss.; Thomas , Theorie des Verkehrs, I, pág. 11; Knies , Tübing. Zeitschr. 1855; la declaración de Bastiat (Harmonies, pág. 171 y ss.): que “ valeur ” (con el que Bastiat se refiere únicamente al valor en el intercambio), = le raport de deux services échangés , contiene un doble error: la ambigüedad de la palabra Servicios , lo cual se aplica tanto a la obtención de utilidad como al trabajo útil, y el error de que el trabajo necesario para producir una mercancía, del que se libera al comprador, determina por sí solo su valor en el intercambio. Compárese infra §§ 47 , 107 , 110 , 115 y ss., y Knies , loc. cit., pág. 644 y ss.

85.

Proudhon , Système des Contradictions économiques, 1846, cap. 2.

86.

En Francia, según Cordier (Mémoire sur l'Agriculture de la Flandre Française), la cosecha de trigo dio, en

1817, cuarenta y ocho millones de hectolitros, con un valor de cambio de dos mil cuarenta y seis millones de francos; en

1818, cincuenta y tres millones de hectolitros, con un valor de cambio de mil cuatrocientos cuarenta y dos millones de francos; en

1819, sesenta y cuatro millones de hectolitros, con un valor de cambio de mil ciento setenta millones de francos.

Un aumento en el valor de cambio del trigo, como el observado en 1817, es sinónimo de una disminución en el valor de cambio del dinero y de todos aquellos bienes cuyo precio monetario no ha aumentado. No se opone a las opiniones aquí defendidas que, cuando los artículos de primera necesidad son muy escasos, la falta de ropa, muebles, artículos de lujo, etc., no se siente tan intensamente como en otras ocasiones, y que el valor de uso de estos bienes disminuye; y viceversa .

87.

Compárese con B. Hildebrand , N. Œkonomie der Gegenwart und Zukunft, 1848, I, p. 316 y sigs. Knies , loc. cit.

88.

La mayor importancia que se concede hoy en día al valor de cambio que al valor de uso se aprecia especialmente en la actitud que el comprador, poseedor del bien más corriente (dinero), asume hacia el vendedor, una actitud similar a la de un patrón hacia su cliente. En el interior de África, quien posee dinero, como tal, difícilmente menospreciaría a quien posee los medios de subsistencia. Los indígenas sudamericanos están dispuestos a prestar un servicio por un poco de brandy, lo cual sería en vano pedirles por diez veces su valor en oro. (Ausland, 15 de enero de 1870). El avaro estima que la posibilidad de conseguir, por un dólar, cien artículos diferentes de un dólar cada uno, vale cien dólares.

89.

Cuando cambian las necesidades de una persona o de un pueblo, es posible que el valor de uso de un bien, que antes tenía mayor importancia, ocupe el lugar que antes ocupaba su valor de cambio; y viceversa . Así, el joven vende el juguete que usó en su infancia; el hombre, el aparato educativo de sus primeros años; el anciano, los instrumentos que le permitieron adquirir riqueza y que ya no puede utilizar sin un gran esfuerzo. ( Menger , Grundsätze, I, 220 y ss.)

90.

Rau (Lehrbuch, I, § 61 y siguientes) distingue entre el valor concreto o cuantitativo que una determinada clase de bienes puede tener para una determinada persona, bajo ciertas circunstancias, y el valor abstracto o de especie que una clase entera de mercancías puede tener para los hombres en general.

Pero F. J. Neumann (Tübinger Zeitschrift, 1872, pág. 288 y sigs.) objeta que incluso el valor abstracto de una mercancía sugiere siempre la relación entre un número definido de hombres concretos y una cantidad definida de bienes; de lo contrario, por la expresión valor de los bienes no debe entenderse lo que generalmente se quiere significar, sino solamente la capacidad de satisfacer una sola necesidad.

91.

Storch , en Últimas noticias de la naturaleza de los nacionales (1824, 1825), 5, define ( Vermögen ) así: una fuente de ingresos, permanente y susceptible de transmisión, cuyo poseedor no necesita trabajar para obtenerla. Por lo tanto, no aprueba la expresión «recursos del pueblo» ( Volksvermögen ).

92.

Véase especialmente Lord Lauderdale , Investigación sobre la naturaleza y el origen de la riqueza pública, 1804, cap. 2. Storch , loc. cit.

93.

Moreau de Jonnès , Le Commerce au 19. Siècle (1825) I, 114 y ss., afirma que Estados Unidos importó del extranjero el 9,6 %, Francia el 6 % y Gran Bretaña el 5,8 % de su consumo anual; y exportó, respectivamente, el 10,4 %, el 6,2 % y el 9,8 % de su producción anual. Las recientes tendencias al libre comercio y la mejora de los medios de transporte internacionales han incrementado sin duda la importancia relativa del comercio exterior. En el reino de Sajonia (1853), Engel estima que el 10/47 % de la producción total del país se destinó al extranjero y que el 10/47 % del consumo fue importado.

94.

Cuando la tierra de un país se vuelve más cara, simplemente a causa del aumento de la población, o de los bienes cuya cantidad es susceptible de aumento, porque el coste de producción ha aumentado, esto no puede considerarse un aumento de la riqueza del pueblo ( v. Mangoldt ) .

95.

El valor en el intercambio tampoco es una cualidad inherente a los bienes, sino solo una relación entre ellos y otros bienes. Por lo tanto, es absurdo hablar de un aumento o disminución de todos los valores en el intercambio. Si los bienes A pierden capacidad de ser intercambiados por los bienes B, los bienes B, por supuesto, aumentan en poder de intercambio en comparación con A, y viceversa . Es necesario cuidarse de ser engañado aquí por la intervención del dinero, es decir, por la costumbre universal entre los hombres de emplear un tipo definido de bienes como medio de intercambio para todos los demás. Sin embargo, hay muchos escritores que han sido engañados de esta manera. Así, Galiani , Delia Moneta (1750), II, pág. 2, que considera el aumento duradero de los precios de todas las mercancías como un signo infalible de prosperidad nacional. En el mismo sentido está el lema de los Fisiócrates: Abondance et cherté c'est opulence . En su forma más burda, en Saint Chamans , Nouv. Ensayo sobre la Riqueza de las Naciones (1824), 456, quien desearía que lo que ahora es un don gratuito de la naturaleza nos llegue o se produzca solo como recompensa por el trabajo. Verri , por otro lado, Meditaciones sobre economía política (1771), cap. V, opina que el número de compradores en un país debería ser el menor posible y el de vendedores el mayor posible, para que así los precios sean bajos; (como si cada comprador no fuera, eo ipso , también vendedor).

96.

Kaufmann , Untersuchungen, I, pág. 165 segundos También, Verri , Meditazioni, XVII, 2.

97.

Las diferencias características de la pobreza, la indigencia, la capacidad de vivir, la fortuna y la riqueza, hábilmente tratadas por von Justi , Staatswirthschaft, I, p. 449, ss. Rau , Lehrbuch I, § 76, ss., establece la siguiente gradación: privación y miseria, pobreza, indigencia, “progresar” , comodidad, riqueza, superfluidad. L. Say llama ricos a quienes pueden satisfacer las necesidades del lujo; acomodados, a quienes pueden disponer de las comodidades de la vida; y miserables, a quienes no pueden obtener una suficiencia de los objetos de primera necesidad. En Francia, los límites de estas situaciones están marcados por un ingreso de respectivamente 60.000, 6.000 y 900 francos por familia, de modo que una familia con un ingreso de solo 300 francos por año está en una condición de miseria. (Traité de la Richesse, 1827, I y sigs., 71 y sigs.)

98.

Palmieri , Ricchezza nazionale, Introd. La mayoría de las definiciones de riqueza son más bien parciales que falsas. Sócrates , por ejemplo, solo considera la relación existente entre los recursos y las necesidades de sus propietarios. ( Xenoph. Memor., IV, 2, 37 y ss. Œconom. II, 2 y ss.). Platón , por otro lado, como suelen hacer los socialistas, prioriza el exceso sobre lo que poseen los demás. (Legg. V, 742 y ss.). Las observaciones de Jenofonte , Hierón, 4, sobre la naturaleza de la riqueza, son multifacéticas y hermosas. Aristóteles distingue entre riqueza natural y artificial: πλῆθος ὀργάνων οἰκονομακῶν καὶ πολιτικῶν—πλῆθος νομίσματος. (Polit, I, 3, 9, 16.) Compárese con Cicerón , Parad. VI. La idea dominante del llamado sistema mercantil se expresa así en un panfleto sajón de 1530 (Müntzbelangende Antwort, etc.): "El dinero es la verdadera consigna; donde hay mucho dinero, hay riqueza, está claro". Compárese con Lutero , Werke, edición Irmisch, XXII, p. 200 ss. Véanse algunas excelentes observaciones en oposición a esto, en el panfleto sajón, Gemeyne Stimmen von der Müntz, 1530. Schröder , Fürstliche Schatz-und Rentkammer, 1686, cap. XXIX. “Un país se enriquece en proporción a como extrae oro o dinero, ya sea de la tierra o de otros países; se empobrece, en proporción a como el dinero lo abandona. La riqueza de un país debe estimarse por la cantidad de oro y plata que contiene”. Véase un argumento muy apasionado contra esta visión en Boisguillebert , Dissertation sur la Nature des Richesses, escrita en algún momento entre 1697 y 1714. Berkeley , Querist (1735), núms. 562, 542. Entre los ingleses, la visión correcta prevaleció mucho antes, especialmente entre los fundadores del imperio colonial americano. Véase Hachluyt , Voyages (1600) III, 22 ff. 45 y sigs. 152 y sigs. 165 y sigs. 182 y sigs. 266 y siguientes; pero especialmente la obra “Virginia's Verger” en “Purchas Pilgrims” (1625), IV, p. 809 y sigs. Sin embargo, varios españoles fueron llevados por duras experiencias a adoptar una visión opuesta a la visión de Midas (compárese con Aristóteles , Polit. I, cap. 3, 16), por la que se dejaron llevar los primeros exploradores americanos: Garcilasso de la Vega (1609), Comment. reales II, cap. 6; Saavedra Faxardo , Idea Principis christiani (1640) Symb. 69: potissimæ divitiæ ac opes terræ fructus sunt, nec ditiores in regnis fodinæ, quam agricultura; más emolumentos, acclivia montis Vesuvii latera adverunt, quam Potosus mons . Contemporáneo de aquellos ingleses fue el italiano Giov. botero, quien llamó la atención sobre el hecho de que Francia e Italia eran los países de Europa más ricos en oro, aunque no poseían minas del metal precioso: Della Ragion di Stato (1591) p. 88 y sigs. También Sully , quien llamó a la agricultura y la ganadería los pechos del estado, las verdaderas minas y perlas del Perú. (Economies royales I, cap. 81. Véase, sin embargo, II, p. 381). Montchrêtien , Traité d'Économie politique (1615) 81, 172 y sig. Según Sir D. North, Discourses upon Trade, 1691, la riqueza es sinónimo de libertad frente a la necesidad y la capacidad de procurarse muchas comodidades, mientras que Temple (ob. 1700, Works I, 140 y sig.) mira completamente el lado subjetivo de la riqueza. Pollexfen , “England and East India inconsistent in their Manufactures” (1697), considera el oro y la plata como la única riqueza real. A esta definición, Davenant (ob. 1714) opone otra. La riqueza, según él, es todo aquello que coloca al príncipe o al pueblo en una condición de superabundancia, paz y seguridad. Véase sus Obras, I, pág. 381 y siguientes. Incluso considera los poderes intelectuales, las alianzas, etc., entre la riqueza nacional. Compárese con W. Roscher , Zur Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre 1851, en las actas de la Real Academia Sajona de Ciencias, vol. III. Vauban (Dime royale 1707), edición de Daire, dice: “La verdadera riqueza de un pueblo consiste en la abundancia de aquellas cosas, cuyo uso es tan necesario para sostener la vida del hombre, que no se puede prescindir de ellas en absoluto”. Por la riqueza de un pueblo , Galiani , Della Moneta II, c. 2, entiende el conjunto de tierras, casas, bienes muebles, dinero, etc. que le pertenecen, pero que el elemento principal de la riqueza, y la condición precedente de todos los demás, son los hombres mismos. Por lo tanto, el proceso de empobrecimiento de un pueblo en su decadencia sigue el siguiente curso: primero emigra el dinero, luego disminuye la población, después las casas se arruinan y, finalmente, la tierra misma se convierte en un desperdicio. Según Broggia , la riqueza es un avanzo osia valore di tutto cio che avanza al proprio consumo e bisogno , Delle Monete, 1743, IV, 307, 314; Cust. Palmieri (ob. 1794), también dice: il superfluo constituisce la richezza . (Publica Felicità.) Según Turgot , Sobre la Formación y Distribución de las Riquezas 1771, § 90, la riqueza de una nación consiste en el producto neto de la propiedad territorial capitalizada al precio ordinario de la tierra, y luego en el agregado de todos los bienes muebles del país. Büsch, Geluumlauf III, § 27, considera una cierta duración del producto o ingreso como un elemento esencial en la idea de riqueza. Lauderdale , Inquiry, cap. II, distingue la riqueza nacional de la riqueza privada; la primera abarca todo lo que el hombre codicia como agradable o deseable; mientras que una de las características de la segunda es que no debería haber una superfluidad general de ella a mano. Varios economistas ingleses modernos llaman riqueza solo a aquello cuya producción cuesta trabajo humano. Así, Malthus , Definitions (1827) p. 234. Torrens , Production of Wealth, 1821, cap. I. Cuando Rossi , Cours d'Economie politique, 1835, L. 2, dice: tout choose propre à satisfacaire aux besoins de l'homme est richesse , demuestra cómo la frecuente inexactitud del idioma francés impide un análisis minucioso. La mayoría de las definiciones más recientes se refieren a los recursos más que a la riqueza. Bastiat distingue entre riqueza efectiva y relativa ; la primera se basa en la utilidad y la segunda en el valor . (Armonías, cap. 6).

99.

La riqueza nacional de Atenas, en la época de la centésima Olimpiada, fue estimada por Böckh (Staatshaushalt der Athen, I, p. 636, 2.ª ed.) entre treinta y cuarenta mil talentos, además de los bienes estatales no imponibles. La de Gran Bretaña se estima en unos 8.000 millones de libras esterlinas (Athenæum, 5 de marzo de 1853). Wolowski estimó la de Francia en al menos 116.000 millones de francos, con un incremento anual de 1,5 mil millones (L'or et l'Argent, 1870. Enquête, 59). David A. Wells estimó la de Estados Unidos, en 1860, sin incluir a los esclavos, en 14.183 millones de dólares, o 451,20 dólares per cápita, mientras que en Inglaterra la riqueza per cápita era de unos 1.000 dólares. ( Hildebrand's Jahib., 1870, I, 431.) La riqueza nacional del reino de Sajonia equivale a 600 millones de táleros en bienes inmuebles y 600 millones en bienes muebles. ( Engel , Statist. Zeitschr., agosto de 1856). La de Wurtemberg equivale a 2.710 millones de florines, de los cuales 700 millones corresponden a bienes muebles y 100 millones a créditos sobre países extranjeros. (Statistisches Handbuch, 1863.) Naturalmente, todas estas estimaciones son muy inexactas.

100.

Ch. Dupin , Fuerzas productivas, pág. 82. Véase infra , § 230.

101.

Compárese con Meidinger , Das britische Reich in Europa, págs. 79, 238, 261.

102.

Davenant considera el aumento de casas, barcos y existencias de bienes como la señal más clara de un aumento de la riqueza nacional; y, por otro lado, una alta tasa de interés, un bajo precio de la tierra, bajos salarios, una disminución de la población y un aumento de tierras no cultivadas como señales de empobrecimiento nacional. (Works, I, págs. 354, seq. II, pág. 283.) Sir M. Decker , Ensayo sobre las causas de la decadencia del comercio exterior (1744), 3, cita como señales de empobrecimiento las siguientes: la miseria de los pobres y de las manufacturas, el bajo precio de la lana, los largos plazos de crédito a los comerciantes minoristas, frecuentes quiebras, exportación de metales, un tipo de cambio desfavorable, pocas monedas nuevas, muchos casos de impago de rentas de tierras arrendadas y altos impuestos a los pobres.

103.

Storch , Handbuch, I, 45. Compárese infra , § 187.

104.

Sobre la diferencia entre economía humana y animal, véase Schön , Neue Untersuchungen der N. Œkonomie, (1835), 4.

105.

Compárese Schäffle , System, III, Aufl. Yo, 2, 28.

106.

Knies , en su Polit. Œkonomie vom geschichtl. Standpunkte, 1853, págs. 160 y ss., muestra, con gran acierto, cómo el amor a uno mismo —que, de hecho, debe distinguirse del egoísmo— no está en conflicto con el amor al prójimo; sino que, en las naturalezas sanas, se encuentra aliado con un sentimiento de equidad y del bien común. Véase también, F. Fuoco , Saggi economici, Pisa, 1825, n.º 7. Schutz , Das sittliche Element in der Volswirthschaft: Tübinger Zeitschrift für Staatswissensch. 1844, págs. 132 y ss.

107.

“Que buscaran al Señor, si en alguna manera, palpando, pudieran buscarlo.” (Hechos, 17, 27. Compárese con Mateo, 6:33, también 1 Timoteo, 5:8.) Adam Müller en su Nothwendigkeit einer theolog. Grundlage, 49 seq., es un firme defensor de todo esto, pero de una postura bastante limitada. El agricultor, dice, debe trabajar primero por amor a Dios, luego por el fruto, es decir, por el producto bruto, y finalmente por el producto neto. Su trabajo es un encargo. Müller considera las relaciones comerciales de los hombres, tal como existen en la actualidad, como “la incómoda esclavitud mutua de todos.” (Nothwendigkeit einer theolog. Grundlage, 49 ss.) El economista, cap. Perin , que escribe desde el punto de vista político-económico católico, sustituye la conciencia por el renoncement , como la fuerza antagónica del intérêt , una expresión inapropiada, por ser meramente negativa, aunque en perfecta armonía con la religiosidad ascética de la Edad Media. (De la Richesse dans les Sociétiés chrêtiennes, 1861, II vol., passim) Compárese con Roscher en Gelzer's Protestant. Monatsblättern, enero de 1863. Puchta , Institutionen, I, f. 8, opone al individualismo —o el impulso de distinguirnos de los demás, y que, cuando no se controla, conduce al egoísmo, el orgullo y el odio— el amor y el derecho, que son poderes controladores sobre el primero.

108.

Incluso los antiguos concebían a Eros como un principio constructor del mundo. Según la expresión de Schön (loc. cit.), que no es difícil de malinterpretar, el sentimiento del interés común se manifiesta como ley y como fuerza. Y, en realidad, es necesario que, para no permitir que la conciencia adormecida se quede atrás del interés propio, siempre despierto, cree instituciones y normas duraderas que vayan más allá del capricho individual o del momento; por ejemplo, en la familia, el matrimonio, la educación, etc.

109.

Cuanto más deja el interés privado de ser momentáneo y se convierte en algo vitalicio e incluso hereditario, mejor armoniza con el sentimiento del interés común.

110.

Perin dice (1, 93) que el conflicto de intereses se reconcilia en la búsqueda del logro del bien supremo, es decir, Dios, “que se da a todos en igual medida, y sin embargo siempre permanece el mismo, y de cuya plenitud todos pueden sacar, y sin embargo la parte de nadie disminuye”. Pero lo mismo es cierto de todos los bienes ideales y de toda forma de sentimiento por el interés común, el más alto de los cuales es, de hecho, la religiosidad.

111.

Según Kant , Anthropologie, pág. 239, el deseo de comodidad y bienestar, y la inclinación a la virtud, cuando el primero es adecuadamente restringido por el segundo, producen el grado más alto de bien moral, unido al grado más alto de bien físico. Es bien sabido que durante la Edad Media, en todos los países excepto Italia, e incluso hasta el siglo XVII, las ciencias morales estuvieron bajo una influencia teológica unilateral, cuya condena ascética del interés propio pudo haber sido suficiente durante un período de violencia. En virtud de una reacción muy natural, y como protesta del individualismo contra la restricción de la monarquía absoluta, los materialistas del siglo XVIII se esforzaron por descubrir, incluso en los fenómenos más exaltados de la sociedad humana, solo la expresión de un interés propio ilustrado. Véase la Fábula de las abejas de Mandeville , o los vicios privados, las virtudes públicas (1723), pero especialmente, Helvétius , De l'Esprit (1758). Voltaire dice que, en todas las célebres máximas de De Rochefoucauld (1665) hay una sola verdad contenida, que l'amour propre est le mobile de toutes nos actions . (Pero véase, por contra, Pufendorf , Jus Naturæ et Gentium, 1672, II, 3, 15.) Esta tendencia fue rechazada, especialmente por los ingleses, quienes no podían ignorar la influencia ejercida en la vida pública por el sentimiento del bien común. David Hume , Treatise on Human Nature (1739), III, 54, opina que los intereses de los demás son, en general, en el caso de casi todo hombre más fuertes que incluso su propio interés personal. Hutcheson , System of Moral Philosophy (1755), habla del principio innato de la benevolencia. El hombre no es un todo perfecto; una parte pertenece a su propia persona, parte a su familia, parte a la nación, parte incluso a toda la humanidad. Burke , en su Investigación sobre el origen de nuestras ideas sobre lo sublime y lo bello (1756), distingue dos principios fundamentales de acción: el de la autoconservación y el de la sociedad. En el primero se basa el sentido de lo sublime; en el segundo, el de lo bello. Según Ferguson , en su Historia de la sociedad civil (1767), I, 3, 4, el «sentido de unión» suele ser más fuerte donde la ventaja derivada de la conexión es menor; por ejemplo, es más débil en los países comerciales altamente cultos. Adam Smith , en su Teoría de los sentimientos morales (1768), ha sido tan parcial al reducirlo todo a la «simpatía», como lo ha sido en su Riqueza de las Naciones al reducirlo todo al «interés propio»; pero no sin la conciencia de que, para explicar la realidad, es necesario tener en cuenta ambos ( Buckle) .). Sería, de hecho, tan absurdo basar la economía solo en el interés propio, como basar el matrimonio meramente en el apetito sexual. Recientemente, Hermann , Staatswirthschaftliche Untersuchungen, 1.ª ed., parte 1.ª, descubre en el interés propio y en el sentimiento por el bien común, los dos resortes de toda economía. Incluso basaría la llamada Economía Política teórica, en el estudio del interés propio, su práctica en la del bien común. M. Chevalier , Cours d'Economie politique, 1844, II, 412 ss., entiende algo muy parecido a esto por el contraste entre libertad y centralización. El antagonismo y la asociación de Bazard , Exposition de la Doctrine de Saint Simon (1829), pág. 144 ss. Una investigación más detallada mostrará, sin embargo, que el interés propio, que no debe confundirse con el egoísmo, y el interés común no son opuestos coordinados ni exhaustivos. Compárese el hermoso contraste que Goethe (edición de bolsillo de 1833, vols. 46, 97) estableció entre «Piedad» y «Egoisterei».

112.

Pablo , I. Corintios 12, ofrece la descripción modelo más hermosa de un organismo social. Compárese, sin embargo, la fábula de Menenio Agripa en Livio , II, 32.

113.

Excelentes comienzos de una teoría general de las economías en común en Schäffle , N. Œkonomie, II, Aufl., 62 ss., 331 ss.

114.

El francés y el inglés, con su fuerte sesgo político, utilizan las expresiones «economie politique» y «political economy» respectivamente. En Alemania, donde los términos «pueblo» ( Volk ) y «estado» ( Stäat ) son mucho menos coextensivos, se prefieren las palabras «Volkswirthschaft» y «Nationalökonomie» . Pero incluso Hufeland , quien primero difundió el término «Volkswirthschaft» (Grundlegung, I, 14), llamó la atención sobre la peculiaridad de que «el término «economía» sugiere que hay alguien que economiza y guía, un economista jefe, y que tal persona, incluso según la opinión más correcta, falta en la economía pública de un pueblo».

115.

Según Th. Cooper , Lecciones sobre los elementos de la economía política (1726), 1, 15 y ss. 117, la riqueza de una sociedad no es sino la riqueza agregada de todos los individuos que la componen. Cada individuo vela por sus propios intereses y, por lo tanto, la nación más rica debe ser aquella en la que cada individuo se abandona por completo a sí mismo. (Si así fuera, ¡las naciones salvajes serían las más ricas!) Cooper llega incluso a desaprobar la protección que una armada nacional brinda al comercio en alta mar; ninguna guerra naval vale lo que cuesta, y los comerciantes deberían protegerse. Dice, también, que la palabra «nación» es una invención de los gramáticos, hecha para evitar la molestia de la circunloquia, ¡una nulidad! Adam Smith está, como era de esperar, muy alejado de tales absurdos. (Compárese con La riqueza de las naciones, IV, cap. 2, y el final del cuarto libro). Pero, incluso él opina que los hombres, en el afán de su propio beneficio, se ven conducidos “naturalmente, o más bien necesariamente” (IV, cap. 2), al empleo que resulta más útil a la sociedad. Pero aquí Adam Smith pasa por alto el hecho de que cada nación individual anhela la inmortalidad terrenal y, en consecuencia, se ve frecuentemente obligada a hacer sacrificios inmediatos en aras de un futuro lejano, algo que nunca puede redundar en beneficio privado de los individuos mortales que la componen. Y así, D. North , Discursos sobre el comercio (1691), 13 ss., afirma que en materia comercial, las diferentes naciones guardan exactamente la misma relación con el mundo entero que las ciudades individuales con el reino y las familias individuales con la ciudad. De igual modo, Boisguillebert , Factum de la France, cap. 10, 327, edición de Daire. Benjamin Franklin (ob. 1790), Political Papers, § 4. Y JB Say , Traité d'Economie politique (1802) I, 15: cada nación está, en relación con las naciones vecinas, en la situación de una provincia con relación a las provincias vecinas. Desafortunadamente, ¡esa doctrina es refutada de manera palpable en cada guerra! Dicho de J. Bentham : Les intérêts individuels sont les seuls intérêts réels (Traité de Législation, I, 229). Infra § 98 .

Entre quienes, en la antigüedad, sostuvieron con mayor vehemencia que la idea de la economía nacional no es meramente nominal, se encuentra Platón (De Republ., IV, 420, I, 462); más recientemente, Fichte (Der geschlossene Handelstaat, 1800), aunque, en general, los socialistas conceden tan poca importancia a la nacionalidad como sus más acérrimos oponentes. Adam Müller es un escritor que merece reconocimiento por su defensa de la economía nacional y del Estado en su conjunto, primordiales para los individuos, e incluso para las generaciones. Atribuye a la guerra el mérito de haber profundizado el conocimiento científico del Estado y de haber ilustrado a los individuos de la manera más contundente sobre su identidad como partes de un todo. (Elemente der Staatskunst, 1809, I, 7, 113). Llama a la economía pública, en su conjunto, el producto de todos los productos. ¿De qué sirve, se pregunta, el uso de toda la riqueza si no se garantiza a sí misma? Y esto, puede hacerlo, solo a través de la organización de todo el pueblo, es decir, a través de la nación (I, 202). La teoría del trabajo de Adam Smith sería correcta si considerara toda la vida nacional de un pueblo en sí misma como una enorme pieza de trabajo. (II, 265). Y así, Müller dirige sus polémicas contra la premisa de Adam Smith de un mercado mundial meramente mercantil. (II, 290). Del mismo modo, los teóricos del arancel proteccionista, Ganieh , Théorie de l'Economie politique (1822), II, 198 y ss. y Fr. List , Nationales System der politischen Oek. (1842), I, 240 y ss. Colton , Economía Política de los Estados Unidos, 1853. Sismondi , Nuevos Príncipes (1819), I, 197, ridiculiza la opinión que reduce el interés público a meros intereses privados: A tiene interés en robar a B; B, el más débil, está igualmente interesado en dejarse robar, para no sufrir peor. ¡¿Pero el Estado...?!

116.

¡Las guerras nacionales no son en realidad meros actos de la voluntad del Estado! Desde 1800, Irlanda, y desde 1858, incluso la India británica, constituyen un solo estado con Inglaterra, y sin embargo, ¡cuán diferentes son las tendencias económicas de estos distintos países, de las que el agricultor o empresario debe estar al tanto!

117.

También se podría negar la realidad de un arroyo, considerado en su conjunto, ya que su lecho, nadie lo llama arroyo, y su contenido acuoso cambia a cada instante. Sin embargo, es bien sabido por la geografía científica que cada arroyo tiene sus propias características.

118.

Esto equivaldría a explicar ignotum per ignotius . Y, sin embargo, hay muchos escritores modernos que creen haber dicho algo completamente suficiente al afirmar que el Estado es un organismo. Ya un escritor como Hufeland (N. Grundlegung, I, 113) protesta contra tales abusos. Quien opere con esta noción debería, al menos, haber leído las agudas observaciones, tan bien calculadas para disipar opiniones preconcebidas, realizadas por Lotze en su Allgemeine Physiologie des körperlichen Lebens, 1-165. La concepción orgánica de la vida nacional, la vida de todo un pueblo, donde los órganos individuales son seres libres y racionales, es evidentemente mucho más difícil de formar que la del cuerpo animal o humano.

119.

Español Primero llamé la atención, en mi trabajo sobre la vida, obra y época de Tucídides , al hecho de que ese gran historiador siempre explica las causas de la siguiente manera: A. es producida por B., y B. por A. ( Roscher , Leben Work und Zeitalter des Thukydides, 199 y sigs.; compárese especialmente Tucídides , I, 2, 7, ss.) Tal círculo no es vicioso. Todos los historiadores de primera clase han explicado así los fenómenos históricos. La deducción unilateral de A. de B., y B. de C., etc., que los llamados escritores pragmáticos como Polibio , por ejemplo, es el resultado de pasar por alto toda acción recíproca. Scialoja , Principii (1840), pág. 60, hace una observación algo similar para la Economía Política.

120.

Que llamemos al fundamento desconocido e inexplicable de todo análisis, y al que nuestro análisis no puede acceder, fuerza vital, forma genérica, espíritu de la nación o pensamiento divino, es por el momento un asunto de indiferencia científica. Tanto más necesarios son el autoconocimiento y la honestidad, en general, que admiten la existencia de este trasfondo y que, al negarlo, no niegan la conexión del todo, que es, en su mayor parte, mucho más importante que las partes analizadas. Pero, al mismo tiempo, debo expresar mi enérgica protesta contra las imputaciones de herejía hechas por quienes no comprenden el sagrado deber de la ciencia, mediante la investigación incesante, de ampliar aún más los límites de este trasfondo inexplicable.

121.

Cuando Hildebrand , por ejemplo, objeta la aplicación de la expresión «ley natural» a las acciones económicas del hombre, por considerarla contraria a la libertad humana y a su capacidad de progreso (Jahrbücher der N. Œek. und Statistik., 1863, Heft., I), no puedo estar de acuerdo con él. Utilizo la expresión «ley natural» siempre que observo uniformidad, explicable en sus conexiones más amplias y no dependiente del designio humano. No cabe duda de que existen tales uniformidades. Basta mencionar la ley filológica de la llamada «permutación de consonantes», que los individuos siguen al hablar —ciertamente no por obligación— y, mediante la cual se manifiesta el progreso del conjunto hablante. O bien, podría llamar la atención sobre el hecho bien conocido de que, en países populosos, los matrimonios y los delitos, que en su mayoría son gratuitos, se reparten entre las diferentes clases de edad en una proporción mucho más uniforme, año tras año, que las muertes, que no son gratuitas. Me adhiero con mayor firmeza a la expresión “ley natural”, porque nadie se ofende ni objeta la expresión “naturaleza del alma humana”. Pero a esta misma naturaleza del alma humana pertenecen la libertad y la responsabilidad del individuo, así como la capacidad de la especie para el progreso. Compárese A. Wagner , sobre la ley en las acciones aparentemente caprichosas del hombre ( Die Gesetzmässigkeit in den scheinbar willkürlichen menschlichen Handlungen , 1864, pág. 63 y siguientes), en el que, sin embargo, solo llega hasta el punto de mostrar que la ley y la libertad coexisten juntas como hechos indudables, mientras que la aparente contradicción entre ambas permanece. Moralische Statistik und die menschliche Willensfreiheit, 1867, de Drobisch es una importante contribución a la literatura sobre esta cuestión.

122.

Whately , en su cuarta conferencia (Lectures, 1831), muestra de una manera muy clara, cómo Londres es abastecido y abastecido por hombres que no tienen otro objetivo en mente que su propio interés personal, cada uno de los cuales posee un conocimiento muy limitado de las necesidades globales de sus habitantes, y sin embargo trabajan en las manos de los demás, en interés del conjunto, de manera puramente instintiva, e infinitamente mejor, tal vez, que las operaciones de la comisión gubernamental más hábil, organizada para el mismo propósito.

123.

Se dice que Alfonso de Castilla, rey astrólogo del siglo XIII, afirmó que el universo habría estado mucho mejor constituido si el Creador le hubiera pedido consejo de antemano. Astrónomos como Newton y Gauss, sin duda, opinaron lo contrario.

124.

MacCulloch señala que existe una diferencia esencial entre las ciencias físicas y las ciencias morales y políticas: los principios de las primeras se aplican en todos los casos, mientras que los de las segundas solo en la mayoría de los casos, una idea desarrollada con gran habilidad por Knies (loc. cit., passim ). Si, con Newmarch (London Statistical Journal, 1861, pág. 460 y siguientes), admitiéramos que no existe una «ley», excepto cuando es posible predecir cada suceso individual bajo ella, no existirían ni siquiera las «leyes» de la probabilidad de la vida. La palabra «elemento» también significa algo muy diferente en Economía Política que en Química: una combinación que podría descomponerse, pero que esa ciencia deja a otras ciencias. El «elemento» de la Economía Política es el hombre. Compárese con Pickford , Einleitung in die politische Œk., 1860, 17.

125.

Es en este sentido que Aristóteles (Polit., I, p. 1, 9 Schn.) dice: φανερὸν, ὅτι τῶν φύσει ἡ πόλις ἐστὶ, καὶ ὅτι ἄνθρωπος φύσει πολιτικὸν ζῶον. Según L. Stein, Lehrbuch der Volkswirthschaft , 1858, 33, la economía política de un pueblo comienza donde comienza el excedente de individuos.

126.

Compárese con KL von Haller , Restauration der Staatswissenchaft, I, p. 446 y sigs.

127.

Como Salustio caracteriza el apogeo político de los romanos: Optimis moribus et maxima concordia egit populus Romanus inter secundum atque postremum bellum Carthaginiense. Véase Agustín (Civ. Dei II, 18). Puchta (Institutionen, I, f. 83), con gran sentido común, distingue en cada pueblo su carácter individual de aquel que comparte con toda la humanidad. Este último existe entre las naciones salvajes solo como un germen enterrado bajo el peso abrumador de aquello que les es especial. El período de perfecto equilibrio de ambos elementos coincide con el de la verdadera cultura de un pueblo. En el curso posterior del desarrollo, este último, el elemento más general, se vuelve gradualmente superpoderoso, destruye al individuo y, por lo tanto, disuelve la nacionalidad.

128.

Así formulados, los principios de los dos grandes partidos, evidentemente, no se contradicen más que sus consignas habituales, «libertad» y «orden» . De ahí que todos los grandes estadistas de los mejores períodos de la historia hayan adoptado el camino intermedio recomendado por Aristóteles.

129.

Véase Lotze , Allgemeine Pathologie, 1842. Ruete , Lehrbuch der allgemeinen Therapie, 1852. Obviamente, estas analogías no deben forzarse demasiado. Una de las diferencias más esenciales entre ambos radica en que, en las enfermedades del cuerpo político, los médicos y las enfermeras son, en sí mismos, parte del organismo enfermo.

130.

Véase la bellísima exposición de Ahren , Organische Staatslehre, 1850, I, 77. Economía nacional ( Nationalökonomie = economía pública); economía nacional ( Nationalökonomik = la ciencia de la economía pública). Este último término fue propuesto por primera vez en Alemania en 1849 por Uhde ; el primero se naturalizó allí en 1805: v. Soden , Nationalökonomie, 1805; Jacob , Grundsätze der N. Œk., 1806. En Italia, G. Ortes lo utilizó ya en 1774, en su Dell Economia nazionale, y en Inglaterra fue empleado, incluso en 1867, por Ferguson , History of Civil Society, III, p. 4. Holanda. Volkshuyshoudkunde. Por regla general, fuera de Alemania se utiliza el término economía política, économie politique , que en cierto modo está calculado para engañar al estudiante. (Así Montchrêtien sieur de Vatteville , Traité de l'Economie politique , 165; más tarde JJ Rousseau , Discours sur l'Economie politique, más tarde aún los Traités d'E. p., Maillardère , Page y JB Say , 1801-1803). Economía Política ( Sir J. Stewart , Investigación sobre los principios de la PE, 1767); también Economía Pública ( Petty , varios Ensayos, 1682, 35); Economia politica o pubblica (este último de Verri y Beccaria ). El título Economia civile ( Genovesi , Lezioni, d'Ec. civ. 1769), ha encontrado pocos adeptos. Sin embargo, ha sido utilizado recientemente por Cernuschi : Illusions des Sociétés coöperatrices (1866). El término Economie sociale se ha utilizado aún más en Francia (Dunoyer, Nouveau Traité d'Ec. soc., 1830), recomendado por JB Say y empleado por Buat (Des vrais Principes de l'Origine et de la Filiation du Mot Economie politique, en el Journal des Economistes, 1852).

131.

Stein , Lehrbuck der VW, prologa su «Ciencia de la Economía Pública» (págs. 329-358) con una «Ciencia de la Economía» (págs. 96-328), que, sin embargo, trata las economías individuales únicamente como elementos de la economía nacional. Una ciencia de la economía doméstica o individual aislada podría, por supuesto, abordar únicamente las relaciones económicas de los anacoretas. Quienes objeten que la Economía Política no es un todo real se conformarán con la definición dada por F. I. Neumann : «La ciencia de la relación de las economías domésticas o individuales entre sí y con el Estado en su conjunto». (Tüb. Zeitschr., 1872, 267).

132.

En la medida en que estas diversas instituciones se ocupan de objetos que van más allá de lo humano o sobrenatural, sólo el modo en que son aceptadas o en que se hace uso de ellas es una expresión de la vida nacional.

133.

Así, J. Tucker considera que la religión, el estado y el comercio son solo partes de un mismo plan general: por lo tanto, ninguna institución puede considerarse apropiada, dentro del ámbito de cualquiera de estos, si se opone claramente a las otras dos, porque la armonía de la obra de Dios es inquebrantable. (Cuatro tratados y dos sermones sobre temas políticos y comerciales, 1774, Sermón I.)

134.

Riedel (National Œkonomie, 1838, I, pág. 178 y ss.) ilustra bien la diferencia entre la manera en que el derecho y la economía política abordan la misma cuestión. El derecho (para evitar conflictos o resolver controversias) considera al deudor como propietario del capital y le permite asumir todo el riesgo; la economía política, por otro lado, al profundizar en la naturaleza del contrato, llega a un resultado completamente opuesto. El jurista tiende peligrosamente a subestimar el imperio de las leyes naturales; el economista político, con la misma facilidad, subestima el elemento del libre albedrío. ( Arnold , Cultur und Recht I, 97). En este sentido, ambas ciencias se complementan muy bien. Roesler ( Hildebrand's Jahrb., 1868, II, y 1869, I) muestra, y no exagera, que los economistas políticos han hecho un uso demasiado escaso de los resultados de la ciencia del derecho.

135.

Los juristas siempre experimentarán la necesidad de despojar a sus ideas aisladas de su carácter puramente accidental, agrupándolas de tal manera que constituyan un todo completo e independiente. Se requiere un conocimiento profundo para percibir su necesaria conexión desde un punto de vista histórico-jurídico. La Economía Política, con su característica precisión y utilidad práctica, es la que mejor puede encontrar su lugar en la actualidad. Es, en la mayor parte de las cuestiones jurídicas, la ciencia sistemáticamente elaborada de «la naturaleza de la cosa». Véanse los hábiles inicios de una política legislativa y una historia superior del derecho, basados en la Economía Política, de H. Dankwardt : N. Œk. und Jurisprudenz, 3 Hefte, 1857, y mi prefacio a los Estudios Nacionales y Civilistas de Dankwardt , 1862.

136.

El poder intelectual de un pueblo depende del desarrollo vigoroso y armonioso de las siete esferas de la vida.

137.

Montecuccoli , Besondere und geheime Kriegsnachrichten (Leipzig, 1736). Un juicio muy similar de César en Dio Cass. , XLII, 49.

138.

Bülan , Handbuch der Staatswirthschaftslehre, 1835.

139.

Así contra Justi , Staatswirthschaft 1755. Kraus , Staatswirthschaft, publicado por Auerswald, 1808; Schmalz , Handbuch der Staatswirthschaft, 1808. Más recientemente, Hermann , Staatswirthschaftliche Untersuchungen, 1832. En Francia, la expresión économie de l'état , se utiliza muy raramente. Gavard , Príncipes del'E. Estado de Estado, 1796.

140.

Pölitz , Staatswissenschaften im Lichte unserer Zeit, II, 3. Compárese con Lotz , Handbuch der Staatswirthschaft (2.ª ed., 1837), I, 10 y sigs.

141.

Español Nuestra visión de la Economía Política ocupa un lugar intermedio entre extremos opuestos. La visión expresada por Whately , Lectures on Political Economy (1831), No. 1, y cubierta por el término propuesto “cataláctica”, es demasiado estrecha. De manera similar, Macleod , Elements of Political Economy, 1858, I, 11. Una objeción similar puede plantearse al título anterior del libro de Pritzwitz : Die Kunst reich zu werden,—el arte de enriquecerse. Por otro lado, Dunoyer , Liberté du Travail (1845), L. IX, cap. I, va demasiado lejos en conjunto: “no solo de qué manera una nación se enriquece, sino según qué leyes tiene más éxito en la ejecución de todas sus funciones”. Y así Storch , Handbuch, traducido al alemán por Rau , I, 9. Muchos escritores modernos definen la Economía Política simplemente como la teoría de la sociedad; por ejemplo, Scialoja , Principj. dell'Economia sociale, 1840. Cibrario , E. polit. del medio Evo, III, 1842.

142.

Para las muchas y variadas definiciones del poder policial, véase von Berg , Handbuch des Polezeirechts, I, 1-12; Butte , Versuch der Begründung eines System der Polezei (1807), 6 y ss.; Rosshirt , Ueber den Begriff der Staatspolizoi (1817), 34 y ss. Una de las principales dificultades es que el dominio práctico del poder policial está, como consecuencia de los sucesivos grados de civilización por los que pasa un pueblo, sujeto a mayores modificaciones que cualquier otro poder estatal. Llamamos la atención especialmente sobre las expresiones “sin mediación, para prevenir” y “orden externo” en nuestra definición. La iglesia, la escuela, la administración de justicia, etc., actúan mediatamente hacia la prevención de tales disturbios; y hay muchas otras instituciones que ofrecen protección inmediata al orden de naturaleza más alta e intelectual.

143.

Véase la gran cantidad de definiciones anteriores recopiladas en R. von Mohl , Gesch. und Literatur der Staatswissenschaften III, págs. 637 y siguientes. Existen dos grupos principales: uno la considera la ciencia de los asuntos de relevancia política, y el otro, la ciencia de las condiciones actuales o pasadas.

144.

Véase Dufau , Traité de Statistique, 1840; Moreau de Jonnès , Elementos de estadística, 1847; Knies , Die Statistik als selbstständige Wissenschaft, 1850. B. Hildebrand , en su Jahrbüchern, 1866, I etc., pero especialmente las obras de Quetelet . Para una opinión contraria, véase Fallati , Einleitung in die Wissenschaft der Statistik der St., 1843; Jonak , Theorie der Statistik, 1856, y Heeren , en el Gött. Gelehrten Anzeigen, 1806, núm. 84, 1807, 1302.

145.

Así lo piensa V. Rümelin (Tübinger Zeitschr., 1863, 653 y ss.); y recomienda, en lugar de la estadística, una rama independiente del saber, limítrofe con la historia y la geografía, llamada demografía. Su estadística es una ciencia auxiliar de todas las ciencias experimentales del hombre, así como la crítica y la hermenéutica son una ciencia metodológica auxiliar de muchas ciencias, por lo demás diferentes. Sería difícil justificar el uso del nombre estadística para dicha ciencia, ya que no corresponde a ninguno de los dos significados de la palabra «estado» (estado-condición).

146.

Los antiguos, entendidos con el término cámara καμάρα , cubrían lugares especialmente abovedados, así como bóvedas de los más variados tipos. Compárese con Herodes , I, 199; Diodo. , II, 9; Estrabón , XI, 495; Arriano , Exp. Alex. , VII, 5, 55; Dio Cass . XXXVI, 32; Salustio , aC, 55; Cicerón , ad Q. fratrem III, 1; Plin. , HN XXX, 27; Séneca , Epist., 86; Tácito. Historia. III, 47; Sueton , Nero, 34. Durante la Edad Media, el significado de cámara del tesoro ( Schatzkammer ) se volvió predominante: camera est locus, in quem thesaurus recoilligitur, vel conclave, in quo pecunia reservatur ( Ocham , Cap. Quid sit Scaccarium). Gradualmente se convirtió en sinónimo de finanzas, desde la época de Carlomagno, o al menos desde Luis II. (Carta de 874). Véase Ducange , Glossarium, contra Camera y Muratori Antiquitt. Ital., I, 932 y sigs.

147.

Un agricultor debe arar y abonar su tierra si quiere cosechar de ella. Debe engordar su ganado si lo sacrifica; y proporcionar a sus vacas buen forraje si quiere que den buena leche. De igual manera, un príncipe debe empezar por asegurar a sus súbditos comida sana y abundante, si quiere recibir algo de ellos. von Schröder , Fürstl. Schatz-und Rentkammer (1686), prefacio, § 11. Von Horneck antes que él, Oesterreich über alles wann es nur will, p. 220, ed. de 1707, había expresado la idea de que la atenta solicitud por la economía pública del país no era un parergon , ni un apéndice , del consejo ( Kammer ), sino su verdadera base, y que abarcaba muchos temas que no tenían nada en común con la cameralia ( « Cameralien » ).

148.

Morhof , Polihistor (1688), III. Thomasius , 1728, Cautelæ circa præcognita Jurisprudentiæ (1710), cap. 17. (Cautelæ circa studium œconomicum.) Además, en sus conferencias sobre “Teutschen Fürstenstaat” de Seckendorff . Compárese con Roscher y Gesch. der N. Œk. en Deutschland, 328 y sigs.

149.

Mientras que Dithmar (1731) distingue entre economía-policía y ciencias cameralísticas y restringe estas últimas a finanzas e impuestos; Darjes (1756) comprende bajo el nombre de ciencia cameralística, economía (municipal y rural), y policía, así como temas cameralísticos en el sentido estricto del término, es decir, los derechos públicos, de dominio y reales. Mientras que Nau (1791), en su “Ersten Linien der C.”, trata solo de las ramas de la economía privada, Schmalz (1797) trata también de la economía nacional o pública, y Rössig (1792) divide la ciencia cameralística en la doctrina de los derechos públicos de dominio y reales (ciencia cameralística en sentido estricto), y la doctrina de los impuestos y la policía.

150.

Así, por ejemplo, todo lo relativo a la economía doméstica, a la contabilidad y a la administración financiera privada.

151.

John Stuart Mill , Principios de Economía Política (1848), I, pág. 25, distingue entre las condiciones físicas que influyen en la situación económica de un pueblo y las condiciones morales y psicológicas; estas últimas tienen su origen en las instituciones sociales o en los principios fundamentales de la naturaleza humana. Solo estas últimas pertenecen al ámbito de la Economía Política. Según J. B. Say , Traité, Introd., esta ciencia abarca simultáneamente la agricultura, la manufactura y el comercio, pero solo en su relación con el aumento o la disminución de la riqueza, y no se ocupa de los medios empleados para alcanzar el fin deseado. Por regla general, dice Arndt (Naturgemässe Volkswirthschaft, 1851, pág. 16), considera no tanto las cosas en sí mismas como su valor de cambio. Lotz (Handbuch, I, pág. 6 y siguientes) define de igual modo la Economía Política, la ciencia de la actividad única que constituye la base de todas las industrias, etc. FG Schulze (Último fundamento de la economía popular, 1826) caracteriza la Economía Política como la ciencia de las condiciones fundamentales del bienestar de un pueblo, en la medida en que se encuentran en la naturaleza humana.

Cuando Adam Smith (libro IV, cap. II) afirma que el gobierno, en materia económica, es inferior a la persona más destacada dedicada a la actividad industrial, solo tiene razón desde un punto de vista técnico. Y cuando Stewart , por otro lado, reivindica para el estado el cargo de pater-familias (libro II, cap. 13), evidentemente se refiere únicamente a la economía nacional.

152.

Véase también Rau (Ueber die Cameralwissenschaft, Entwickelung ihres Wesens und ihrer Theile, 1825); Baumstark (Cameralistische Enclycopädie, 1835).

153.

Jenofe, Econom. I, 8 y ss. Cyrop. VIII; 2, 23. Veía con igual claridad las luces y sombras morales de la riqueza. (Econ. XI, 9. Conviv. 4. Memor. I, 6. Cyrop. VIII, 3, 35 y ss. Hierón 4.)

154.

Tomás de Aquino valora los bienes terrenales según el fin para el que están destinados; cuando se utilizan para un buen propósito, tienen un valor mediatamente verdadero. Por lo tanto, fue un error de los estoicos despreciarlos en cualquier circunstancia. (Summa Theol. II, 2. Qu., 50, 3. 58, 2. 59, 3. 125, 4.)

155.

Whateley considera al salvaje muy inferior al materialista, en lugar de superior. Este último posee, aunque abusa de él con frecuencia, la facultad de autocontrol y previsión, totalmente ausente en el primero. (Lectures, n.º 6). Dunoyer , De la Liberté du Traväil, liv. IV, cap. I, 8, una apología de la integridad moral de la civilización, pues promueve la destreza militar, favorece el desarrollo de las ciencias e incluso es poética. Baudrillart , Manual d'Œkonomie politique, 1857, 24. Véase Fallati , Ueber die sogennannte matriellen Tendenz der Gegenwart, 1842.

156.

Véase la inscripción en la tumba de Sardanápalo: ταῦτ᾽ ἔχω, ὄσσ᾽ ἔφαγον καὶ ἐφύβρισα καί μετ᾽ ἔδωτος. τέδπν ἔπαθον. (Estrabón, XIV, 672.) Isaías , 122, 13, 56, 12, y el libro de la sabiduría (2) caracteriza la visión del pueblo judío caído. En Grecia, las escuelas cínica y epicúrea no fueron más que fases diferentes de la misma degeneración. “¡La sed de dinero y nada más será la ruina de Esparta!” ( Cicerón , De Offic, II, 22, 77.) Véase la magnífica descripción de Demóstenes, en la que muestra que la sobreestimación de las cosas materiales fue la principal causa de la decadencia de Atenas, y en la que pone gran énfasis en el hecho de que Atenas, en su decadencia, tenía una mayor población, más riqueza, barcos y evidencias de poder externo que en su edad de oro. ( Fil., III, 120 seq.) También Fil., IV, 144, nos previene contra el criterio de Manchester de prosperidad nacional. Véase Platón , De Rep., VIII. En Roma, el principio ommia venalia esse fue un elemento principal en la decadencia total y caída de la república. ( Salustio , Cat., 10 ff., Jug., 8 ff.) En una época en la que la gente cree que puede hacerlo todo con dinero, la ruina de todas las cosas es el fin último de la especulación mercantil, financiera y política. ( Condillac , Le Commerce et le Gouverment, 1776, II, 18.)

157.

Español Bajo Pericles, el tesoro ateniense del estado contenía como máximo 9.700 talentos. ( Tucid. II, 13.) Por otro lado, Alejandro Magno tenía un tesoro de 180.000 talentos acumulados en la ciudadela de Ecbatana. ( Estrabón , XV, 731); Ptolomeo II. dejó tras de sí 740.000 talentos. ( Appian. præf. 10, Droysen , Geschichte des Hellenismus II, 44 y sigs.) En la época de Nerón hubo más de una hija de liberto que poseía un espejo que valía una suma mayor que la que el senado había asignado como dote a la hija del gran Escipión. ( Séneca , Quæst. Natur. I, 17. Compárese con Cons, ad Helviam, 12.) McCulloch dice que un despotismo inteligente puede enriquecer a una nación tanto como la libertad. (En su Discurso sobre el surgimiento, etc. de la economía política, 1825, 77 y siguientes)

158.

Bacon (Sermones, 56) afirma que los estados jóvenes se distinguen especialmente por sus instintos guerreros; los estados maduros, por la literatura; los antiguos y decadentes, por la industria y el comercio. Davenant señala con acierto que el desarrollo del comercio entre un pueblo tiene un valor ambiguo. Si bien incrementa la riqueza, al mismo tiempo puede introducir lujo, codicia y fraude, destruir la virtud, suprimir la simplicidad de modales y costumbres, y finalmente desembocar inevitablemente en la esclavitud interna o externa. (Obras II, 275). Sin embargo, la simplicidad del estado patriarcal no puede perdurar siempre, aunque solo sea por la emulación de naciones extranjeras. (1, 348, ss.) El empobrecimiento incluso de la nación más rica es inevitable cuando su moralidad decae. Es especialmente cierto que la economía pública de un pueblo solo puede prosperar donde prevalece la libertad política, y esto, independientemente del hecho de que la riqueza sin libertad carece de valor. (II, 336 y ss., 380 y ss., 285.) Según Ferguson , la riqueza privada, honestamente adquirida, usada correctamente y con moderación, administrada con sentido de independencia, puede ser para quienes la poseen, un elemento de autoconfianza y de libertad, siempre que aflojen sus bolsillos no por vanidad o para su gratificación personal, sino por loables propósitos partidistas. Pero en épocas de decadencia, incluso una cantidad mayor de riqueza está muy lejos de producir estos resultados. (Historia de la sociedad civil, VI, 5.) Whately , por el contrario, sostiene que solo la riqueza personal —nunca la riqueza nacional— tiene una influencia desastrosa en la moral. Lecciones, n.º 2.

159.

“El método de una ciencia es de mucha mayor importancia que cualquier descubrimiento individual, por maravilloso que sea.” ( Cuvier. )

160.

Así, por ejemplo, G. Biel (ob. 1495), el “último de los escolásticos”, nos da su doctrina de Economía Política, en una obra sobre Teología Dogmática, en el capítulo sobre la Penitencia, siendo su punto de partida la investigación, cómo el daño económico causado por el pecador puede ser reparado. Roscher , Geschichte der Nationalökonomik in Deutchland, 1074, I, 23. ¡La Melittotheologia, Arachnotheologia de tiempos posteriores! Un intento reciente en esta dirección ha sido hecho por Ad. Müller , Nothwendigkeit einer theologischen Grundage der gesammten Staatswissenschaften und der Staatswirthschaft insbesondere (1819), es decir, “necesidad de una base teológica para toda ciencia política, y especialmente para la Economía Política”. Divide la ciencia política en dos partes: la ciencia del derecho y la ciencia de la sabiduría, abarcando bajo esta última denominación la política, la Economía Política, etc. El derecho emana de Dios, como juez supremo; la ciencia de la sabiduría, de Dios, como nuestro Padre Supremo.

161.

Se recurre a la abstracción a gran escala, separando y examinando por separado diversos elementos que siempre se encuentran combinados en la vida. Es precisamente así como procede la anatomía, diseccionando cada miembro del cuerpo humano, separando los huesos, ligamentos y músculos, convirtiéndose así en la escuela preparatoria necesaria para la fisiología.

162.

Así, por ejemplo, Canard , Principes d'Economie politique (1801). También Kröncke , en varias de sus obras, y el Conde Buquoy , en su Theorie der Nationalwirthschaft (1816), p. 333 y sigs.; Lang , Grundlinien einer politischen Arithmetik, Charkow, 1811, y más especialmente v. Thünen , Der isolirte Staat, vol. Yo (1842), vol. II, 1850. Véase mi crítica a su método en Georgika de Birnbaum , 1869, 77 y sigs. El primer volumen de Voa Thünen es un ensayo hacia una exposición geométrica de la ciencia. Véase también Rau , Lehrbuch I, § 154, apéndice; von Mangoldt , Grundriss der Volkswirthschaftslehre (1862); Cazaux , Elements d'Economie privée et Principes mathématiques de la Théorie des Richesses (1838); F. Fuoco , Saggi economici (1827) II, 61 y sigs. Walras , Eléments d'Econ. politique pure (1874). Jevons se ha esforzado recientemente por dar a la Economía Política una base matemática reduciendo los objetos que trata a los sentimientos calculables de placer (+) y dolor (-). La duración de un sentimiento se trata como una abscisa, su intensidad como la ordenada de una curva y su cantidad como el área. Los sentimientos futuros se reducen a los presentes, al permitir su distancia y la incertidumbre de su ocurrencia. Todo esto, sin embargo, es más curioso que científicamente útil.

163.

Herbart , Ueber die Möglichkeit und Nothwendigkeit, Mathematik auf Psychologie anzuwenden; Kleinere Schriften, II, 417.

164.

Lo perjudicial que resulta ignorar la naturaleza psicológica de la Economía Política se evidencia en los errores de Karl Marx , quien personifica las cosas de una manera casi mitológica. Así, según él, la modestia debería atribuirse a un abrigo que se intercambia por un lienzo, y el propósito al lienzo, etc. (El Capital, 1867, I, 19, 22 y ss.). El mayor defecto de este hombre inteligente, aunque poco perspicaz, su incapacidad para reducir fenómenos complejos a sus elementos constitutivos, se ve agravado considerablemente por su forma de ver las cosas.

165.

Compárese con J. B. Say , Traité I, introd. Así pues, sería ciertamente posible describir la fisonomía de cada individuo mediante una fórmula matemática muy compleja, y sin embargo, nadie preferiría el método habitual de tomar fotografías. Los movimientos simples de los cuerpos celestes, por el contrario, siempre se tratan matemáticamente. ( Lotze , Allgemeine Physiologie, 322 y ss.)

166.

Cuando Fawcett dice que todos los “principios de la Economía Política describen tendencias en lugar de resultados reales” (Manual de Economía Política, 1863, pág. 90), nuestro método, el histórico, proporcionaría también la teoría de estos últimos.

167.

La mayoría de los escritores perdieron de vista este aspecto durante la segunda mitad del siglo XVIII, pues consideraban que la igualdad era la condición más antigua y su restauración el ideal por el que luchar. Cuánto de esto aún se aferra a la actual escuela librecambista; véase en Roscher , Gesch. der N. Œk. in Deutschland, 10, 17 y ss.

168.

Así, por ejemplo, Ricardo examina casi exclusivamente la situación actual, mientras que los socialistas se limitan, aún más exclusivamente, a la investigación de cómo deberían ser las cosas. Desde que Rau escribió, ha sido muy habitual en Alemania distinguir entre Economía Política teórica y práctica. Muchos piensan que un buen manual de Economía Política práctica, prescindiendo de la introducción, las demostraciones, etc., sería también un buen código legal de aplicación universal. Mercier de la Rivière afirmó que deseaba proponer una organización que necesariamente produjera toda la felicidad que se puede disfrutar en la tierra (Ordre essentiel et naturel (1767), Disc. prélim.). Compárese también con Sismondi , N. Principes, I, cap. 2.

169.

El término «método» se utiliza en un sentido esencialmente diferente cuando se investiga si en Economía Política se sigue el método inductivo o deductivo. JS Mill denomina a la Economía Política, y de hecho a toda la «sociología», una ciencia deductiva concreta, cuyas conclusiones a priori , basadas en las leyes de la naturaleza humana, deben comprobarse mediante la experiencia, ya sea comparándolas con los fenómenos concretos mismos o con sus leyes empíricas. En esto, se asemeja a la astronomía y la física. (Sistema de Lógica VI, cap. 9. Ensayos sobre algunas cuestiones pendientes de Economía Política, n.º 5). Según esto, se puede decir que un hecho económico ha recibido una explicación científica solo cuando sus explicaciones deductiva e inductiva coinciden. «Solo aquellos principios que, tras obtenerse mediante uno, se confirman mediante el otro método, pueden considerarse con base científica». ( von Mangoldt , Grundriss, 8.) Aunque coincido con este punto de vista, me parece necesario mencionar puntos en los que es necesaria cautela: A. Incluso la explicación deductiva de los hechos económicos se basa en la observación, es decir, en la autoobservación de la persona que los explica, quien, consciente o inconscientemente, siempre debe preguntarse: Si hubiera experimentado o realizado el mismo hecho, ¿qué habría pensado, querido y sentido? El hombre que no puede traducirse a sí mismo en las almas de los demás, dará una explicación errónea de la mayoría de los hechos económicos. En la cuestión, por ejemplo, de la determinación del precio de un artículo, la persona que puede mirar en la mente de una de las partes contratantes solamente, dará una explicación unilateral de los hechos. B. Además, toda explicación, es decir, conexión satisfactoria del hecho que busca explicación con otros hechos que ya están claros, puede ser solo provisional. Cuanto más amplio sea nuestro horizonte, más profunda debería ser nuestra solución de todas las preguntas. Dentro de cien años, si la ciencia avanza mientras tanto, las soluciones que nos resulten satisfactorias serán menospreciadas por nuestra posteridad, tal como nosotros menospreciamos las especulaciones de nuestros padres anteriores a Adam Smith.

170.

Tanquam e vinculis sermocinantur , dice Bacon (De Dignit. et Augm. Scient., III, 3), refiriéndose a quienes han escrito sobre las leyes de forma práctica. Hugo , también (Naturrecht, 1819, p. 9), llama la atención sobre la semejanza de las llamadas leyes de la naturaleza con el derecho positivo vigente en la época. En cuanto al idealismo político, véase Roscher : De historicæ doctrinae apud sophistas majores vestigiis (Gött. 1838, 26 ss.). Las únicas excepciones a esta regla son los eclécticos, que forman su propio sistema a partir de las flores de todos los extranjeros, un sistema, de hecho, sin raíz, y que, por lo tanto, pronto se marchitará.

171.

En este contexto, naturalmente, tal afirmación solo puede formularse como un programa a llevar a cabo, cuyas pruebas se buscarán en el resto del trabajo. Por «el pueblo» no nos referimos a los gobernados, excluyendo a las clases gobernantes, sino a ambas clases en conjunto. Atribuimos a la expresión el significado más amplio posible. No la limitamos a la generación actual, sino que pretendemos que abarque todas las generaciones desde el comienzo de la historia de un pueblo hasta su fin.

172.

La costumbre, que se ha generalizado, de llamar revoluciones a todos los movimientos democráticos, y solo a ellos (así, Stahl : ¿Fue la primera revolución?, 1852, y muchos otros escritores de tendencia totalmente opuesta, especialmente en Francia), no está justificada. Es cierto que las revoluciones democráticas (e imperiales) son más frecuentes que otras en nuestros tiempos, al igual que las revoluciones aristocráticas lo fueron en la Edad Media y las monárquicas a principios de la historia moderna. Sin embargo, la esencia de la revolución reside en el funcionamiento del cambio contrario a la ley positiva, reconocido como tal por la conciencia popular.

173.

Compárese, especialmente, las primeras páginas de Sir J. Stewart , Principios de economía política.

174.

Véase Colton , Public Economy of the United States, pág. 28, quien, de hecho, injustificadamente, se refiere a toda la Economía Política, lo que propiamente pertenece a sus preceptos.

175.

Je n'impose rien, je ne propuesta même rien: j'expose. ( Ch. Dunoyer ). Cherbuliez , Précis de la Science économique, 1862, pág. 7 y sigs., ha exagerado esta idea de una manera extrañamente poco práctica. Que el método histórico no se diferencia esencialmente del estadístico recomendado recientemente, véase Roscher , Gesch. der Nat. Ok., 1035 ss.

176.

Storch , Manual, II, 222.

177.

Ad. Müller , una mente esencialmente medieval, es culpable de esta misma fanfarronería en sentido opuesto, cuando llama al «presente, con sus desórdenes políticos, simplemente un estado intermedio: la transmisión de la sabiduría natural o inconsciente de los padres, a través de la curiosidad de sus hijos, al reconocimiento racional de dicha sabiduría por parte de sus nietos». (Theorie des Geldes, 1816, pref.)

178.

Así, por ejemplo, no se puede decir que una universidad modelo sea mejor que una escuela pública modelo; y, sin embargo, la primera es superior, porque la edad a la que está adaptada es, sin duda, intelectualmente superior.

179.

Knies (Polit. Œk., 256 ss.) observa que sería un gran error, y es el error de la mayoría, considerar lo que se ha logrado o por lo que se ha luchado en el presente como el absoluto non plus ultra , y así mirar a todas las generaciones futuras como llamadas a desempeñar el papel de monos y rumiantes; una observación que vale la pena tomar en serio.

180.

No me cabe duda de que, hasta la actualidad, la humanidad, en su conjunto, desde el inicio del conocimiento histórico, siempre ha avanzado. En casos individuales, su avance se ha visto interrumpido por tantas pausas, e incluso por tantos retrocesos ocasionales, que es preciso tener mucho cuidado de no inferir una excelencia superior de la mera consecuencia.

181.

Buckle escribe sobre personas cuyo conocimiento se limita a lo que ven lo que sucede ante sus ojos y a quienes se les llama prácticos sólo por su ignorancia; y añade que, aunque pretenden despreciar la teoría, en realidad son esclavos de la teoría, de las teorías de otros.

182.

Compárese todo este capítulo con Roscher , Leben Werk und Zeitalter des Thukydides, 1842, págs. 25, 239-275; Roscher , Grundries zu Vorlesungen über die Staatswirthschaft nach geschichtlicher Methode, 1843, prefacio; Roscher Geschichte der Nat. Ok. en Deutchland (1874), 882 y siguientes, 1017 ss., y D. Vierteljahrsschrift, y siguientes. Véase también la erudita y precisa Theorie und Geschichte der N. Œkonomik, vol. I, 1858, II, 1860. No encuentro ninguna contradicción real entre las opiniones aquí expresadas y las de Kautz , cuando él (I, pp. 313 y siguientes) introduce la historia y la razón ético-práctica con sus ideales como fuentes de la Economía Política, con el fin de que la ciencia pueda ser algo más que una simple imagen, es decir, un modelo de la vida económica. Aparte del hecho de que solo la razón ético-práctica puede comprender la historia, los ideales de un período constituyen uno de los elementos más importantes de su historia. Las aspiraciones de una época encuentran en ellos su mejor expresión. El economista histórico-político como tal, ciertamente no es reacio a formular planes de reforma, ni puede decirse que no sea apto para el desempeño de tal tarea. Solo que difícilmente recomendará sus reformas como absolutamente mejores que aquello que pretenden suplantar. Se limitará a mostrar que existe una necesidad que, probablemente, pueda satisfacerse mejor con lo que él propone. Véase Sartorius , Einladungsblätter zu Vorlesungen über die Politik, 1793.

183.

“Hay un libro que los jóvenes pueden usar para envejecer y los ancianos para permanecer jóvenes: la Historia.” ( KS Zaccharia ).

184.

Especialmente cuando la ciencia natural comienza a ser “una ciencia práctica”. ( L. Stein ).

185.

La diferencia entre el sentido amplio y el estricto de producción se corresponde esencialmente con la de ingreso bruto y neto (§ 145). Compárese también con los §§ 206, 211 y siguientes.

186.

Von Mangoldt distingue la aparición de valores libres en la producción realizada con un fin económico. (Grundriss, 9.)

187.

Gioja , Nuevo Prospecto delle Scienze economiche (1815), I, 49 y ss. Además de la producción positiva, existe una producción latente que previene el deterioro de los bienes. No es posible realizar una estimación tan precisa de esta última como de la primera; y en este último caso depende mucho más de la continuidad y la adecuada expansión. Por lo tanto, la producción latente es especialmente una preocupación del Estado. ( Knies , Telegraph als Verkehrsmittel, 1857, 232.)

188.

Véase Schäffle , en el Programa de la Universidad de Tubinga, 27 de septiembre de 1862, sobre el desastroso efecto de la ociosidad en la comunidad. Los griegos llamaban, muy apropiadamente, εὐπράττειν ( Garve ) a la vida feliz.

189.

En toda esta obra utilizamos la expresión “naturaleza exterior” en contraposición no sólo al alma, sino también al cuerpo del hombre, designando toda su actividad físico-intelectual con el término “fuerza de trabajo” ( Arbeits kraft ).

190.

Por la expresión "fuerzas naturales" designamos los cambios económicamente útiles de la materia, los cambios de lugar así como de composición, que se realizan sin la cooperación del hombre; por ejemplo, la gigantesca maquinaria que proporciona a la mayor parte de la humanidad agua para beber, para fines domésticos y otros, la evaporación del mar, la formación de nubes, lluvia, manantiales, ríos, etc. Véase Bastiat , Armonías, 277. Así, los rayos del sol son indirectamente la causa, no sólo de la vegetación, sino también de todas las fuerzas del viento y del vapor.

191.

A pesar de esta "libertad", bien podría suceder que estos dones de la naturaleza solo puedan utilizarse, en muchos casos, con un cierto gasto. El fotógrafo puede obligar a la luz del sol a trabajar para él solo mediante una cámara oscura, y el herrero a la atmósfera, solo mediante un fuelle. Pero ninguno de los dos logrará jamás, en sus cuentas con sus clientes, incluir los servicios del sol o del aire.

192.

Las corrientes oceánicas más importantes pueden explicarse por dos causas: el flujo de agua desde los mares polares hacia el ecuador (corriente polar) y la revolución de la Tierra sobre su eje (corriente equinoccial); además, existen las corrientes reflejas producidas por la forma horizontal de las costas. Gracias a estas rutas oceánicas naturales, Inglaterra se encuentra 300 millas geográficamente más cerca de casi todas las costas comerciales importantes del mundo que los Estados Orientales de la Unión Americana. La única excepción es la costa atlántica de América al norte del ecuador. Los norteamericanos, para cruzar la línea o doblar uno de los dos grandes cabos, deben primero atravesar el océano hasta las Azores. Por otro lado, la costa occidental de Sudamérica está muy separada de México, por ejemplo, por sus corrientes oceánicas. La colonización de América por Europa, en lugar de por China, es consecuencia de la dirección de las corrientes oceánicas, como también lo es el hecho de que América tiene ahora la mayor posibilidad de influir en la civilización de China y Japón. ¡Qué influencia tiene la cálida corriente del Golfo en el clima templado del noroeste de Europa!

193.

Si bien el Mississippi no tiene flujo ni reflujo, la influencia del océano se siente en el Hudson, que tiene 60 millas geográficas de largo, una distancia de 29 millas desde su desembocadura.

194.

Así, A. Young , Travels in France I, 293 ff., ha definido, con precisión aproximada, los límites dentro de los cuales crecen la vid, el maíz y el olivo. Y así von Cancrin , Dorpater Jahrbuch IV, 1, distingue la zona de hielo, la zona de musgo de reno (un liquen del que viven los renos en invierno), la zona forestal, la zona dentro de cuyos límites se cría el ganado; aquella en la que comienza el cultivo del centeno, aquella en la que se hace permanente; las zonas de trigo, árboles frutales, vid, maíz, olivo, caña de azúcar y gusanos de seda. Estados Unidos se divide en zonas de cría de ganado, trigo, algodón, arroz y azúcar. Incluso en Europa, más allá del paralelo 60 de latitud norte, apenas se puede cultivar trigo; los límites polares del cultivo del centeno se extienden, como máximo, seis o siete grados más. Hacia el norte, la cebada se extiende a veces hasta el grado 70. Aquí la agricultura prácticamente cesa, y los habitantes se ven obligados a consumir sustancias animales como alimento. Por otro lado, estos tres cereales no se adaptan a un clima tropical, mientras que el árbol del pan, por ejemplo, no prospera a más de 22 grados del Ecuador, ni el plátano a más de 35. Compárese con Grisebach , Die Vegetation der Erde nach ihrer klimatischen Anordnung. II, 1871.

195.

Así, el centeno y el trigo prosperan en muchas partes de Siberia (Iakutzk) a una temperatura anual de -7,50 °C, mientras que en Islandia ningún cereal madura a una temperatura anual de +4 °C. Pero en el primer lugar, el calor estival es de +16,2 °C; el frío invernal, de -39,2 °C; en Islandia, de +12 °C y -1,6 °C. En Inglaterra, el mirto, el laurel, la camelia y la fucsia soportan bien el invierno; mientras que la vid no madura en ninguna parte. Por otro lado, Astracán y Hungría son países vitivinícolas, aunque el primero es tan frío en invierno como el Cabo Norte, y aunque el frío es más intenso en Hungría que en las Islas Feroe, donde ya no crecen ni el roble ni el haya. No se produce buen vino en la costa occidental de Francia, al norte de los 47 °20' de latitud norte; en Champaña, al norte de los 49 °C, ni en el Rheingau, al norte de los 51 °C. En Noruega, el calor promedio es mayor en la costa que en el centro del país, donde, sin embargo, el grano madura, mientras que no ocurre así en la costa; pues la suavidad del invierno, por intensa que sea, no compensa la falta de calor. Por otro lado, el ganado en la costa puede permanecer mucho más tiempo al aire libre, y el mar rara vez se congela de tal manera que interfiera con la pesca. Blom , Norwegen I, 39. Boussingnault (Economie rurale considérée dans ses Rapports avec la Chimie, II) ha realizado algunos intentos interesantes para calcular mediante un proceso matemático la cantidad de calor necesaria para los vegetales durante el período de vegetación. Así, por ejemplo, el trigo requiere unos 12° (Réaumur) de calor durante 140 días; es decir, casi 140 x 12° = 1680° Réaumur. En Venezuela, la caña de azúcar requiere más tiempo para crecer en una posición más alta y por lo tanto más fresca que en una más baja y más cálida, y el tiempo requerido es proporcional a la altura.

196.

Por lo tanto, las líneas isotérmicas no son paralelas al ecuador ni entre sí. La mayoría de ellas tienen dos cumbres septentrionales y dos meridionales; las primeras en las costas occidentales de Europa y América, y las segundas en el este de Norteamérica y en el interior de Asia.

197.

La cantidad de lluvia que cae anualmente es de 16 a 17 pulgadas en San Petersburgo y Peste; 19 en Berlín, 21 en Mannheim y 26 en Tubinga; de 16 a 24 en el interior de Francia; de 25 en la costa francesa; de 24 en la costa este de Inglaterra; de 35 en la costa oeste; de 36 en Milán y 44 en Génova; y de 70 a 120 en las costas de la mayoría de los países tropicales. Sobre las influencias político-económicas de la mayoría de los climas, véase Gobbi , Ueber die Abhängikeit der Populationskräfte von den einfachen Grundfstoffen, 1842.

198.

El límite de nieve en Mageröe, Noruega, es de 2200 m; en Islandia, de 2900 m; en los Urales septentrionales, de 4500 m; en los Alpes, de 8200 m; en el Cáucaso, de 10 400 m; y en Quito, de 14 850 pies de altitud. Por ello, las regiones montañosas que no producen nada en el norte, producen magníficos viñedos en países más cálidos.

199.

En Alemania central, incluso se puede producir una segunda cosecha después de la del maíz. En Arabia, la misma semilla produce tres cosechas, porque el grano que cae al suelo al momento de la cosecha germina inmediatamente y sirve para nuevas semillas. ( Niebuhr , Descripción, 154).

200.

Así, en los estados del norte de la Unión americana, el trigo produce sólo de cuatro a cinco veces la cantidad sembrada; en Francia, de cinco a seis veces ( Lavoisier ); en Chile, de doce veces; en el norte de México, de diecisiete veces; en Perú, de dieciocho a veinte veces; en el sur de México, de veinticinco y hasta treinta y cinco veces; en Alemania, la semilla de maíz produce, en el mejor de los casos, cien veces más, mientras que en la zona tórrida el rendimiento es, por lo general, de trescientos a cuatrocientos veces mayor.

201.

El maíz andaluz produce en el molino solo la mitad de residuos de salvado que el trigo báltico. Bourgoing , Tableau de l'Espagne, II, 155. El trigo báltico contiene entre un 6 % y un 7 % de nitrógeno, y el argelino, entre un 20 % y un 25 %. ( Kabsch , Pflanzenleben der Erde, 1865).

202.

En Europa, la temporada de floración se retrasa cuatro días por cada grado de latitud norte. ( Schübler ). A medida que avanzamos hacia el norte, la diferencia se hace menos perceptible, pero más a medida que avanzamos hacia el sur. En los países montañosos se observa una diferencia similar, producida por una influencia climática similar. Es de unos 10 a 12 días, para una altitud de entre 500 y 600 pies. ( Wolff , Naturgesetzliche Grundlagen des Ackerbaues I, pág. 332 y sig.) En los cantones donde se originó la confederación suiza, el pastoreo en los Alpes suele durar trece semanas, pero en las zonas más altas solo dura de seis a siete semanas. ( Businger , C. Unterwalden., pág. 52).

203.

En Italia central, el trigo de invierno se puede sembrar en octubre, noviembre o diciembre; el trigo de verano, en febrero o marzo. ( Sismondi , Tableau de l'Agriculture Toscane, p. 35.) En Judea, era posible cosechar higos durante diez meses al año. ( Joseph , Bell. Jud., III, p. 10.) Por otro lado, está Jemtland, donde el campesino en muchos lugares rodea la parte norte de su campo de trigo con haces de leña y los enciende en agosto, cuando sopla el viento del norte, para proteger su tierra de las heladas; y donde la expresión "años verdes" se usa para designar aquellos en los que la cosecha debe recogerse antes de que madure. ( Forsell , Statistik von Schweden, 24.) En la valoración realizada de las tierras del reino de Sajonia, para fines de evaluación, el costo de mantener una yunta de bueyes en el país más bajo se estima en solo tres cuartas partes de lo que es en las localidades más altas, porque en el primero, se pueden calcular 200 días de trabajo en el año, en el último solo 159. En Rusia central, la mayor parte del trabajo de la agricultura, siembra y cosecha, tiene que terminarse en el espacio de cuatro meses. En Alemania central, se distribuyen en siete meses. En igualdad de condiciones, se necesitan siete caballos y labradores en Rusia, donde solo se requieren cuatro en Alemania central, ( von Haxthausen , Studien I, 174.) Sobre los impedimentos puestos en el camino de la agricultura por el clima de Prusia oriental, vea Meitzen , Boden und landwirthsch. Verhältnisse des preussichen Staats, 1868, I, Abschn., 6.

204.

En ambos hemisferios, la zona donde la temperatura disminuye más rápidamente se encuentra entre los 40 y 50 grados de latitud norte. Esta circunstancia debe tener una influencia positiva en la cultura y la industria de la nación que habita en las proximidades de esa zona. Aquí es donde las regiones de la vid se unen a las del olivo. En ningún lugar del mundo los productos del reino vegetal y las más variadas maravillas de la agricultura se suceden con tanta rapidez. La gran variedad de productos dinamiza el comercio e incrementa la actividad industrial de las naciones agrícolas. ( Humboldt ). Es cierto, sin embargo, que los países tropicales también poseen, en sus zonas montañosas, la tierra fría , templada y caliente , superpuestas una a la otra.

205.

El suministro total de carbón de Gran Bretaña (1869) fue de 2180 millones de quintales; de Bélgica (1862), de 207 millones; de Francia (1868), de 256 millones; de Prusia (1870), de 600 millones; de Austria (1870), incluyendo el lignito pardo, de 158 millones; de Rusia (1868), de poco más de 9 millones. El gran yacimiento carbonífero inglés, en los condados de Durham y Northumberland, abarca 732 millas cuadradas inglesas; el de Gales del Sur, 1200, con una profundidad de 95 pies, de modo que la milla cuadrada geográfica contiene aquí 679 millones de toneladas, cada una de veinte quintales. Para obtener la misma cantidad de material combustible que Prusia suministró en 1865 con su carbón, sería necesario utilizar 6.331 millas cuadradas de bosque ( von Dèchen , en Engel's Zeitschrift, 1867, 258). El suministro de carbón es, por supuesto, agotable, mientras que, por ejemplo, los campos de turba se renuevan gradualmente. Compárese con Griesbach , über die Bildung des Torfs, en los Göttinger Studien, 1845, vol. I. La importancia de los yacimientos de carbón de Estados Unidos, veintidós veces más grandes que los de Gran Bretaña, en el futuro lejano, es inestimable.

206.

Sólo necesito llamar la atención sobre el fuego de tierra ( Erdbrand ) con el propósito de forzar el crecimiento de plantas de jardín en los alrededores de Zwickau, que se dice que existe desde 1505.

207.

Así, en las máquinas de vapor de Watt de mayor potencia, se requiere un consumo horario de diez libras de carbón para producir una fuerza equivalente a la de un caballo, mientras que en las máquinas más pequeñas, de tan solo un caballo de fuerza, se necesitan veintidós libras. Véase Prechtl , Technolo. Encyklopädie, III, 669.

208.

Es fácil ver que son las sustancias más importantes necesarias en la industria las que se mencionan en esta sección. Muchos economistas políticos han considerado que la principal diferencia entre la agricultura y las industrias y economías de las ciudades reside en el contraste aquí mencionado. Así, A. Sena , Sulle Cause che possono far abbondare li Regni d'oro e d'argento, dove non sono miniere, 1613, I, 3. Véase la descripción de la diferencia entre tierra y máquinas en Malthus , Principles, III, 5; Senior , Outlines, 86. Pero no es más que una diferencia de gradación. Incluso en los negocios más activos hay un límite que la acumulación de medios de producción no puede traspasar sin una disminución relativa de los ingresos. Este límite viene impuesto por la naturaleza limitada de esos seres orgánicos que deben contribuir a la producción, ya sea activa o pasivamente. Así, por ejemplo, un establecimiento manufacturero o un negocio comercial solo puede ampliarse con ventaja mientras un superintendente pueda dirigirlo. Así, cuando el ganado recibe alimento abundante y sustancioso, una libra de carne le cuesta al productor un precio mucho mayor que cuando recibe un suministro más moderado: a veces en una proporción de 1,95:0,98. Boussingault , Economía rural, II. En caso de sobrealimentación absoluta, el productor debe sufrir pérdidas. Pero incluso la naturaleza inorgánica impone sus propios límites; como, por ejemplo, cuando barcos, máquinas, etc., debido a la resistencia insuficiente de los materiales con los que están hechos, no pueden construirse más allá de cierto tamaño. Pero todos estos límites son mucho más estrechos que los impuestos por la inmovilidad.

209.

Senior , Outlines, 26, 81 y sigs. Véase Stewart , Principles, II, cap. 11; Ortes , EN, I, 18, II, 18 y sigs. Este importantísimo principio de la Economía Política queda ilustrado así por John Stuart Mill , Principles, libro I, cap. 12: «La limitación a la producción derivada de las propiedades del suelo no es como el obstáculo opuesto por un muro, que permanece inamovible en un punto determinado y no ofrece ningún impedimento al movimiento salvo que lo detenga por completo. Más bien podríamos compararlo con una banda muy elástica y extensible, que rara vez se estira con tanta violencia que no pueda estirarse más, pero cuya presión se siente mucho antes de alcanzar el límite final, y se siente con mayor severidad cuanto más nos acercamos a dicho límite». Esto es, si cabe, más evidente en la construcción que en la agricultura, tanto en la construcción de nuevos pisos como en la excavación de sótanos más profundos.

210.

Ad. Mayer , en Das Düngerkapital und der Raubbau (Heidelberg, 1869), ve las únicas condiciones de producción que el hombre no puede aumentar a voluntad exclusivamente en los rayos del sol, cuyo empleo también depende de la cantidad de tierra. Así explicaría la ley de Senior .

211.

Véanse las tablas de crecimiento en Cotta , Anweisung zum Waldbau, pág. 228. El conde Buquoy , en Theorie der N. Wirthschaft, pág. 54, ridiculiza el absurdo procedimiento de muchos agricultores, como si al forzar la reja del arado a hundirse más en el suelo, pudieran obligarlo a producir un doble rendimiento, y pregunta: si alguien cavara un pie cuadrado de tierra hasta el centro de la tierra y lo abonara, ¿quién se lo quitaría de encima? En cuanto al efecto del abono, las investigaciones de Kuhlmann han demostrado que 300 kilogramos de guano produjeron en tres años un aumento por hectárea en el rendimiento de 2469 kilogramos de heno; mientras que 600 kilogramos produjeron un aumento de tan solo 2870 kilogramos. Schübler descubrió que, donde se había usado sal para abonar, 40 kilogramos producían un máximo de fertilidad, a partir del cual cada aumento en la cantidad de sal se acompañaba de una disminución de los rendimientos, lo que finalmente conducía a una esterilidad total. Véase Wolff , Naturgesetzliche Grundlagen, I, 408, 412, 502. El aumento constante del riego convertiría la tierra en un pantano en lugar de aumentar indefinidamente su fertilidad. La siembra abundante tampoco sirve de nada cuando llega a tal punto que las plantas crecen tan juntas que interfieren con su correcto desarrollo.

212.

Estas diferencias se corresponden con las diferencias en los tipos de deterioro a que está sujeta la tierra debido a los ríos, las inundaciones, la lava, etc., el agotamiento del suelo y el crecimiento silvestre de la tierra.

213.

Desde un punto de vista técnico, tal vez sería practicable, en la mayoría de los casos, obtener el ácido fosfórico inmediatamente del terreno y transferirlo a otro; pero la relación entre el costo y el resultado lo hace imposible desde un punto de vista económico.

214.

Sin duda, siempre es una ventaja poco común que ciertos tipos de suelo, ricos en kali y materia vegetal descompuesta, produzcan una larga serie de cosechas sin necesidad de añadir estiércol, siempre que se permita un breve intervalo en el proceso de descomposición para reemplazar el abono vegetal agotado. Esto ocurre en muchas regiones volcánicas. Compárese con respecto a distritos similares en el Decán: Rilter , Erdkunde, V, 714.

215.

Según Schübler , la absorción de agua por 100 partes de tierra es, en el caso de la arena de cuarzo, del 25 % de su peso; para la arcilla, del 70 %; para la tierra calcárea, del 85 %; para el humus, del 190 %; y para 100 partes de su valor, respectivamente, del 37,9 %, 66,2 % y 69,2 %. La consistencia de los cuatro tipos de tierra, en estado seco, es de 0,100, 5 % y 8,7 %; su adherencia, en estado húmedo, a los aperos agrícolas de hierro, es de 0,17 %, 1,12 %, 0,65 % y 0,40 %. De 100 partes de agua mezcladas con estos tipos de tierra, la evaporación en cuatro horas, a una temperatura de 18° 75' (centígrados), es del 88,4, 31,3, 28 y 20,5 por ciento, respectivamente. La disminución de volumen cuando la tierra húmeda se seca, a la misma temperatura, es del 0, 18,3, 5 y 20. Su absorción relativa de humedad atmosférica durante 48 horas es del 0, 24, 17,5 y 55; su absorción de oxígeno en 30 días es, respectivamente, del 1,6, 15,3, 10,8 y 2,03 por ciento; y, por último, su capacidad de retención de calor está en una proporción del 95,6, 66,7, 61,8 y 49.

216.

En Austria, por debajo del Enns, solo el 3,8 por ciento del suelo es estéril; en el Tirol, el 29 por ciento; en Dalmacia, el 48,1 por ciento. ( Springer ). En los Pirineos franceses, el 43 por ciento se considera incapaz de cultivo; en los Alpes, en las Landas y Morbihan, el 42 por ciento; en los departamentos de Nord y Somme, el 1,3 por ciento. ( Schnitzler ). Franscini considera que el 36 por ciento de Suiza no es apto para la labranza. El concepto de "estéril" es muy vago y, por lo tanto, una comparación entre diferentes países sobre este punto no debe hacerse sin gran cautela.

217.

Wolff , loc. cit., 353 y ss. En cuanto a la manera en que el suelo y el clima se benefician o perjudican mutuamente, véase Schwerz , Prackt. Ackerbau I, 12.

218.

En este sentido, también es muy importante la diferencia fundamental entre la agricultura y la industria, ya que los productos de la primera, de igual valor que los de la segunda, requieren una superficie de apoyo muy grande; los de la industria, una muy pequeña. Si el «cultivo del agua» de Nobbe llegara a adquirir una gran importancia práctica, la agricultura se acercaría a la industria en este aspecto.

219.

Wolkoff ha llamado especialmente la atención sobre el mero emplazamiento : Lectures d'Economie polítique rationelle (1861), pp. 90 y ss., 157 y ss. La afirmación bastante amplia y entusiasta de Bastiat de que ningún mero producto de la naturaleza posee valor (en contraposición a la utilidad), una exageración de su muy honorable disputa con los socialistas (¡1848!), es refutada por la experiencia diaria, como cuando, por ejemplo, se hacen descubrimientos accidentales de vetas metálicas, yacimientos de carbón, etc., que adquieren inmediatamente un gran valor de cambio.

220.

Aristóteles distingue entre ἀπολαυστικὰ y κάρπιμα. (Rhet., I, 5.)

221.

Humboldt , Ensayo político sobre Nueva España, IV, 9, en el que estima la relación del cultivo del plátano con el del trigo, en cuanto a cantidad, en 4.000 a 30, “probablemente el mejor regalo de la naturaleza al hombre que despierta y el objeto del cultivo más antiguo”.

222.

Se decía que en la Isla de Pascua, tres días de trabajo bastaban para el sustento de un hombre durante todo el año. Un regalo similar de la naturaleza a las tierras tropicales es el dátil. Se le dan tantos usos diferentes que los árabes de la costa del Golfo Pérsico afirman que es posible construir un barco, aparejarlo, abastecerlo y transportarlo con dátiles. Las casas se construyen con madera de palma, se cubren con hojas de palma, se decoran con esteras de palma, se iluminan con astillas de palma y se calientan con carbón de palma. Toda la arquitectura de estos países está inspirada en el dátil. El vino de dátil es la bebida embriagadora favorita. Existe un proverbio popular que dice que una buena ama de casa puede variar la preparación del dátil para sus invitados todos los días del mes. Incluso se come la pulpa. Cada árbol produce un promedio de 50 a 250 libras de dátiles; y un árbol puede vivir más de 200 años. Un acre puede contener más de 200 árboles. El trabajo de cultivo es muy ligero, aunque requiere más cuidado que el del plátano. Compárese con Ritter , Erdkunde, XII, 763. Un acre plantado de palma de sagú produce tantos nutrientes como 163 acres de tierra de trigo. (Viaje de la Frigatte Novara, II, 113.)

223.

Véase D. Hume , Discursos n.º I (Sobre el comercio). Si bien en los países cálidos «el sol produce más trabajo para el hombre, disminuye la propia fuerza humana» ( M. Wirth ). Sin embargo, Goethe, Obras (16 meses, 1840), XXIII, 246, demuestra que estas personas, a su excedente de recursos naturales para el disfrute y la consiguiente pereza y despreocupación, añaden el lado positivo de una disposición alegre.

224.

Lo notó incluso Tucíd. , I, 2. Véase también la comparación de Eurípides entre Esparta y Mesina, en Estrabón , VIII, 366.

225.

Observamos, en muchos países, que sus zonas septentrionales están dotadas por la naturaleza de medios de disfrute ( Genussmitteln ) con menor frecuencia que las zonas meridionales, pero con mayor abundancia de medios de adquisición ( Erwerbsmitteln ). Por lo tanto, las primeras son las más tardías en desarrollarse; pero una vez desarrolladas, ocupan un lugar mucho más destacado en la civilización que las segundas. Esto se aplica a Italia, España, Portugal, Francia, los Países Bajos y Estados Unidos, y a América del Norte en general, en comparación con América del Sur. Algo similar puede observarse en el contraste entre Austria y Prusia. Esta última es más fría y menos fértil, pero muy superior a la primera en extensión de costa, ríos y materia combustible fosilizada.

226.

La regla no deja de tener excepciones. Así, por ejemplo, Borneo y Nueva Guinea son muy similares físicamente, pero zoológicamente son dos mundos diferentes: el primero pertenece a la India y el segundo a Australia.

227.

Incluso el idioma, que es la expresión más general y precisa del genio intelectual de un pueblo, presenta un contraste sorprendentemente análogo en los países montañosos y costeros. Así, comparemos el jónico, el latín, el bajo alemán, el danés y el portugués con el dórico, el osco, el alto alemán, el sueco y el español.

228.

Véase Estrabón , II, 126 y siguientes.

229.

El ejemplo más llamativo, ilustrativo de la manera en que la naturaleza de un país influye en el carácter de un pueblo, lo ofrece la diferencia en el desarrollo de los arios en la India y Persia, especialmente cuando su estancia en el territorio del Indo, antes de la cercana al Ganges, se considera una etapa intermedia.

230.

Los escritores franceses, especialmente, han exagerado la influencia de la naturaleza sobre el hombre. Así, Bodino . de República. (1584), V, I; Montesquieu , Esprit des Lois, XVII, 6. XVIII, 1, 18. Cabanis , Rapport du Physique et du Moral de l'Homme (1805), IX, Mémoire, Influence des Climats. Comte , también, Traité de Législation (1827), opina que “el grado de civilización que un pueblo puede alcanzar no depende del grado de desarrollo del que es capaz por naturaleza, sino del que su situación geográfica le permite alcanzar”. Véase también Herodoto , III, 106; Hipocr ., De Ære etc., 71; Eurípides , Medea, 820 y sigs.; Plutarco , De Exilio, 13. EM Arndt , en su Anleitung zu historischen Characterschilderungen (1810), y Ritter y su escuela, han encontrado el término adecuado . Véase, también, KS Zachariæ , Idee einer volkswirthschaftlichen Geographic als Grundlage der praktischen N. Œkonomie fur jedes einzelne Volk: Vierzig Bücher v. Staate, II, 79. Véase, también, Turgot , Géographie politique, 1750, Œuvres (ed. Daire, II, 611 y sigs.); Lüder , Nationalindustrie und Staatswirthschaft, III, 1800 y sigs.

231.

Malte Brun , Précis. de la Geographie Universelle, VI. pr.

232.

Estrabón , IV, 178. Sobre el clima de la antigua Alemania, véase Tácito , Germen, 2.

233.

Fraser , Viajes en Koordistán y Mesopotamia, II, 5. Véase, también, la descripción de la antigua Susiana en Estrabón XV, 731, con la de la nueva por M'Kinneir , Geogr. Memorias de Persia, 92.

234.

Así, Galenus , De Usu Partium Corporis humani, LI El animal mentalmente más cercano al hombre, el elefante, también posee un miembro más parecido a la mano humana que cualquier otro animal. Su tronco fue llamado manus por los romanos. De ahí que los indios llamen elefante al animal dotado de una mano. Helvecio exagera la opinión de Buffon en aras del materialismo. Aristóteles , (De partt. anim. IV, 10), se opone al dicho de Anaxágoras: διὰ τὸ χεῖρας ἔχειν φρονιμώτατον εἶναι τῶν ζώων ἄνθρωπον. Compárese con Bell , Sobre la mano humana, 1836.

235.

En cuanto a la imperfección de la división ordinaria en trabajo agrícola, industrial y comercial, véase John Stuart Mill , I, cap. 2, 9. La división de todo el trabajo en intelectual y físico no es más satisfactoria, pues ni siquiera el trabajo más básico es completamente físico. Véase Buckle , Historia de la Civilización, vol. II.

236.

Dioscórides y Galeno conocían, como máximo, 600 plantas; Linneo , 8.000. Hacia 1812, se habían descrito unas 30.000; en 1837, unas 60.000; en 1849, unas 100.000. Buckle , Historia de la Civilización, etc., II, pág. 359.

237.

Industria extractiva , según Dunoyer . Cuando los dones espontáneos de la naturaleza se agotan, esta ocupación se convierte fácilmente en producción .

238.

Industrie voituriére , según Dunoyer ; industria traslocatrice contra trasformatrice , según Scialoja . Ortes distingue sólo cuatro clases: agricoltori , artefici , dispensatori y administradori , o raccoglitori , manifattori y difensori di bene (EN I, 2; III, 14). A. Walker , La ciencia de la riqueza (1867), pág. 34, conoce sólo tres clases: transmutación, transformación, transporte.

239.

Esto no debe entenderse en el sentido de que alguna vez hubo un período en el que estas ciencias fueran desconocidas. Basta mencionar la posición que ocupaban el sacerdote y el caballero en la Edad Media. Pero, consideradas como trabajo económico, destinadas únicamente a fines del libre comercio, han cobrado gran importancia solo en un período relativamente reciente. Así, por ejemplo, en Baja Austria, en 1866, había un abogado o notario por cada 6.569 habitantes; en Bohemia, por cada 14.860; en Galitzia, por cada 22.361; en toda la Austria Cis-Leitania, 12.259. En 1865, en Prusia había uno por cada 11.149; en Baviera, por cada 7.350; en Hannover, por cada 4.946; en 1862, en Baden, uno por cada 4.992; en 1867, en Sajonia, uno por cada 3.048. Hildebrand's Tagebuch, 1868, I, 234. Había en Prusia, en 1871, un médico por cada 3.230 habitantes; en Berlín, por cada 1.100; en Heldesheim, por cada 1.803; en Colonia, por cada 2.120, en Marienwerder, por cada 7.240; en Gumbinnen, por cada 10.047. Engel , Preuss. Statis. Zeitschrift, 1872, 376. El verbo “arar” es, según los filólogos comparativos, de origen más reciente que “tejer”. ( Lassen , Indische Alterth. I, 814 y sigs.) Y sin embargo, la agricultura, en el sentido arriba indicado, precede indudablemente a la industria.

240.

Observado por Geiler contra Kaisersberg . Compárese con Schmoller en el Tübinger Zeitschr., 1860, 483. El salario por hora ocupa un lugar intermedio entre el salario por día y el salario a destajo.

241.

Así, la introducción del salario a destajo en la Baja Silesia aumentó las ganancias diarias de los trabajadores en un tercio, la mitad e incluso más. Engel's Stastist. Zeitschr. (1868), pág. 327. Las investigaciones del Congreso agrícola alemán sobre la condición de los trabajadores agrícolas en el imperio alemán (informe de V. D. Goltz , 1875) muestran que, en toda Alemania, por término medio, las ganancias diarias de un trabajador contratado ( Accordlöhner ) son, en relación con el salario diario de verano de un jornalero, de 15:10 (1420). Por otro lado, Brassey , en la construcción de un ferrocarril, descubrió que los mismos trabajadores dedicados a nivelar, cavar, etc., costaban 18 peniques por yarda cuando se les pagaba por día y 7 peniques cuando se les pagaba por pieza. (Trabajo y salarios, 266). La experiencia suiza indica que la producción se volvió un 20 % más barata con el sistema de salario a destajo. ( Böhmert , Beitr., 109.)

242.

Según la Enquête de V. D. Goltz , las ganancias de los obreros por pieza, comparadas con los salarios pagados a los obreros por día en verano, son especialmente altas en Franconia media (16.5:10); en el círculo de Leipzig del imperio alemán (16.6), en la llanura de Braunschweig (16.8), dentro de la jurisdicción de Hildesheim (18.1), del Palatinado bávaro (18.6), en el Hesse renano (23.2), especialmente bajas en Stettin (13.2:10), en Stralsund (12.4), en Schleswig Holstein (12), en Osnabrück (11.7).

243.

Según v. Flotow , Anleitung zur Fertigung der Ertragsanschlage, I, 80, cuatro días de trabajo de siervo equivalen a solo tres de un jornalero libre. Según v. Jacob , Ueber die Arbeit Leibeigener und freier Bauern (1815), 21, dos jornaleros equivalen a tres siervos, y un caballo de granja equivale a dos empleados por siervos. Es tan imposible obtener estimaciones generales precisas aquí como en el caso del trabajo esclavo. Por regla general, la esperanza no solo es un acicate más humano sino también más agudo para la acción. Pero si se emplea la fuerza, no hay duda de que cuanto mayor sea, más efectiva es. Dondequiera que se ha arrebatado a los amos el derecho al castigo corporal, el valor técnico de la servidumbre ha disminuido uniformemente. En las Indias Occidentales inglesas, antiguamente, los amos filantrópicos que trataban a sus negros con una delicadeza inusitada obtenían de ellos, por regla general, muy malos resultados económicos. Si bien cada esclavo expresaba su mayor indignación por la ociosidad de los demás cuando tenían un amo tan bueno, todos eran igual y excesivamente perezosos. La producción semanal de una plantación se desplomó rápidamente bajo este sistema, de treinta y tres toneles a veintitrés, y finalmente a trece. Math. Levis , Journal of a West India Proprietor, 1834; Edinburg Review, XLV, 410. Por la misma razón, los negros de las colonias españolas, tratados con mucha más amabilidad que los de otras nacionalidades europeas, producían un trabajo mucho peor. Véase, sin embargo, Columella , De Re rust., I, 8.

244.

Según Howlett , en su libro The Insufficiency of the Causes to which the Increase of our Poor Rate have been atributed (1788), el salario a destajo se había vuelto habitual “hace unos años”. Muy recientemente, los sindicatos han vuelto a restringir el sistema de salario a destajo (§ 176).

245.

Este sistema es inaplicable en el caso de los sirvientes domésticos ( Gesinde ), quienes forman parte del hogar y ofrecen a sus amos, además de sus servicios, la ventaja de tener a una persona siempre a su disposición, y cuyo salario, por lo tanto, constituye en gran parte su manutención y alojamiento. Menos aún puede aplicarse al caso del médico de familia, cuyos servicios no consisten simplemente en recetar, sino que también es el amigo profesional de la familia. Lo mismo puede decirse del funcionario estatal, clérigo, etc., de quienes se exige que sacrifiquen toda su vida al servicio del público. En contra de la adopción del salario a destajo en el caso de los funcionarios estatales, cabe argumentar además que ningún caso legal ni ningún acto de la vida pública es exactamente igual a otro. No puede aplicarse al de los soldados, porque solo son llamados a la acción después de un largo período de paz, durante el cual deben mantenerse listos para la guerra. ( Schäffle , N. Œk., II, 388.) Hasta hace poco, los tribunales, en aras de su dignidad, también solían pagar a sus mecánicos no por pieza, siempre que fuera posible, sino con un salario fijo. Un profesor competente en una universidad es útil no solo por sus conferencias, sino también por su reputación y ejemplo, etc.; por lo tanto, en este caso, se prefiere una combinación de salario por pieza y un salario fijo. En cuanto a los servicios, cuya permanencia constituye su carácter esencial, la remuneración también suele ser permanente o hereditaria, como en el caso de muchos funcionarios públicos, mientras la civilización aún no ha avanzado. Posteriormente, a medida que el progreso de la civilización se hace sentir, esta herencia suele limitarse al soberano. Para una opinión contraria, véase Boxhorn , Institutt. politt. (1663), 41.

246.

Así, los chinos, quienes, mediante una exageración ridícula que raya en la caricatura de muchas de nuestras tendencias recientes, podrían ofrecernos un reflejo aleccionador de nosotros mismos en nuestro estado actual de civilización, rara vez trabajan eficientemente cuando no se les vigila. Solo mediante el salario a destajo o el sistema de reparto se les puede inducir a realizar un buen trabajo. RM Micking ; Recuerdos de Manila y las Islas Filipinas, 1851.

247.

Los jornaleros, por ejemplo, deben ser vigilados durante la cosecha para evitar que pierdan el tiempo, y los trabajadores a destajo para evitar que sigan trabajando a pesar del tiempo lluvioso, atando las gavillas, por ejemplo, lo que provoca su pudrición. En Inglaterra, se considera casi imposible inducir a los trabajadores a cortar el trigo lo suficientemente cerca del suelo. ( Sinclair , Código de Agricultura, 102.) La prisa de los trabajadores a destajo en la cosecha de la colza ocasiona grandes pérdidas por la caída de la semilla. En Rusia, el descuelgue de los animales se paga por pieza, y los trabajadores dañan un gran número de pieles en su prisa. Steinhaus , Russlands industrielle und commercielle Verhältnisse, 425. Los salarios a destajo deben ser completamente desestimados en el devanado de seda. Véase Bernouilli , Technologie, II, 215. Se recomienda un salario anual en el cuidado del ganado, ya que en este sector es deseable cierta conexión ( Anschluss ) con las personas. En el sector de la construcción, los contratistas en Inglaterra prefieren un salario fijo; pero emplean obreros modelo, los llamados "caballos de campana", a quienes pagan un salario elevado y que mantienen a los demás en la tensión con su ejemplo, y que por ello son muy odiados por sus colegas.

248.

Adam Smith , W. of Nations, I, cap. 8. Howlett , también, lc, opina que el trabajo a destajo aumenta los ingresos de los trabajadores, pero a expensas de su capacidad para el trabajo constante. El conde Görtz , en su Reise, 328, relata el efecto fatal que el trabajo a destajo en Demarara tiene en los trabajadores blancos y sus caballos. Tras la Revolución de Febrero, los trabajadores parisinos exigieron la abolición del trabajo a destajo y la consiguieron en varias fábricas. Revue des deux Mondes, 15 de marzo de 1848.

249.

En varias fábricas suizas, los subcontratistas reciben un salario, mientras que los montadores trabajan por contrato colectivo. ( Böhmert , Arbeiterverältnisse und Fabrikeinrichtungen der Schw., II, 70.) La subcontratación, en la que el contrato se realiza generalmente con una sola persona, generalmente con una capacidad superior a la media, y esta última contrata a otros trabajadores por cuenta propia, es considerada por los empleadores filantrópicos como una de las peores formas de remuneración. El sistema más democrático de contrato colectivo es mucho mejor, aunque incluso en este caso es muy fácil que los miembros más débiles de un buen grupo trabajen en exceso. (Edinburg Review, octubre de 1873, 365.)

250.

Especialmente importante en las fábricas químicas. El gasto en engrase de los ferrocarriles renanos se redujo, gracias a las primas ofrecidas como recompensa por el ahorro, de 27.000 táleros a 5.000, a pesar del aumento del tráfico. ( v. Mangoldt , Volkswirthschaftslehre, 349). Esta era, además, la forma más eficaz de controlar el robo de material.

251.

En la pesquería de cachelot, el capitán recibe un dieciseisavo, el patrón, un veinticincovo, el segundo patrón, un treinta y cinco, el contramaestre, un sesentavo, cada marinero, un ochenta y cinco de las ganancias. ( Humboldt , N. Espagne, IV, 10.) Este sistema es muy común en Norteamérica. Véase Carey en JS Mill's Principles, V, cap. 9, 7. En la Islandia pagana, a los marineros siempre se les pagaba una cierta cuota de las ganancias. Leo , en Raumer's historischem Taschenbuch, 1835, 524. A menudo sucedía lo mismo en China. McCulloch , Comm. Diction. v. Canton. En Inglaterra, su empleo se volvió muy difícil por las leyes de asociación, que hacían a cada individuo, excepto en las grandes sociedades autorizadas, responsable de todo tipo de deudas contraídas por el resto de la empresa. JS Mill , B. IV, cap. 7, 5.

252.

El pintor de casas Leclaire, en París, obtuvo resultados muy altos en este aspecto. Leclaire , Répartition des Bénéfices du Travail, 1842. Retuvo por sus propios servicios como contratista la suma de 6.000 francos y pagó a cada trabajador el salario que había recibido hasta entonces. Lo restante se dividió equitativamente entre todos al final del año. Leclaire nos asegura que siempre estuvo satisfecho con el sistema. El pago de una proporción de las ganancias generales a los trabajadores es aconsejable solo si su capacidad de supervisión del conjunto no es muy inferior a la de sus empleadores. Cuando se paga una proporción especial, en ramas específicas de negocio, es suficiente si su supervisión se extiende a esa rama en particular. Pero una participación en las ganancias del negocio siempre supone una supervisión correspondiente del propio negocio, así como la contabilidad.

253.

Un remedio muy bueno contra la indigencia entre las clases bajas. ( Umpfenbach , National Œkonomie, 1867, 214.) Pero si alguna vez será posible hacer que la remuneración del peón o la de un cajista dependa del éxito final de su trabajo, qnœre .

254.

Tournefort , hablando del fatalismo de los turcos, dice que siempre y en todas partes dejan el mundo tal como lo encontraron. Según su propio proverbio, donde los otomanos han puesto los pies, la hierba no vuelve a crecer.

255.

Los experimentos realizados con el dinamómetro en 1800 y siguientes muestran que la fuerza manual promedio de un habitante de la Tierra de Van Dieman es a la de un habitante de Nueva Holanda, de Timor, de un infante de marina francés y de un colono inglés en Australia, en una proporción de 50, 51, 58, 69, 71 kilogramos. Péron , Voyage de Découverte aux Terres australes, 2.ª ed., II, 417. Se encontró más recientemente en el ejército estadounidense que la fuerza de elevación promedio de los soldados blancos era de 314 a 343 libras; de los infantes de marina blancos, 307; de los estudiantes, 308; de los negros, 323; de los mulatos, 348; y de los indios, 419. Gould , Investigations in the Military and Anthropolog. Estadísticas de soldados estadounidenses, 1869, 458 y ss. Según los fabricantes ingleses, un trabajador inglés logra casi tanto como uno francés (?), y este último, a su vez, más que un irlandés. Un contratista inglés, que había trabajado en fábricas francesas, expresó su opinión sobre los franceses en este sentido: "No se puede llamar trabajo lo que hacen; es solo mirarlo y desear que se haga". Senior , Outlines, 149. Así, por ejemplo, un buen hilandero inglés con una máquina de 800 husos podría producir 66 libras de hilo, n.º 40, mientras que un francés podría producir solo 48 libras. ( M. Mohl , Reise durch Frankreich, 535; compárese con Dingler , Polyt. Journal, I, 63 y ss.) Que los estadounidenses también son inferiores a los ingleses en fuerza y destreza lo atestigua el estadounidense Hewitt . Véase Brentano , Arbeitergilden, II, 231. Un aserrador de madera berlinés logró en diez días lo mismo que un aserrador de Prusia Occidental de Labiau en veintisiete. J. G. Hoffmann. Los agricultores ingleses del Helesponto prefieren pagar a los trabajadores griegos 10 libras al año «además de su manutención», en lugar de 3 libras a los trabajadores turcos. ( Lord Carlisle , Diario en aguas turcas y griegas, 1854, pág. 77 y ss.) En Paulo-pinang, el trabajador agrícola malayo recibe 2,5 dólares al mes, el malabar, 4 dólares, el chino, 6 dólares; por esta compensación trabajan 26, 28 y 30 días, respectivamente. Ritter , Erdkunde, v, 54.

256.

La comparación entre diferentes países arroja poca luz sobre este tema. Así, en Francia, hay 614 personas de cada 1.000 examinadas aptas para el servicio militar; en Baviera, 705; en Dinamarca, 523; en Austria, 498; en Prusia, 284; en Sajonia, 259; en Inglaterra, donde el reclutamiento se realiza entre las clases más bajas, 665; y en Wurtemberg, 490. ( Wappäus , Allg. Bevölkerungsstatistik, II, 71, 140.) Massy , Observaciones sobre el examen de los reclutas, 1854. ( Memminger , Würt. Jahrb., 1843, 103.) La comparación entre diferentes partes del mismo estado es mucho más ilustrativa. Así, en Sajonia, las ciudades solo ofrecen 197, y las llanuras, solo 265 por 1.000 (Sächs. statist. Ztschr., 1856, n.º 4 y siguientes); y en Francia, entre los nacidos ilegítimos, hay un gran número de no aptos para el servicio militar (Journ. des Econ., 1850, XXV, 69). Según el Anuario austriaco de estadísticas militares, en 1870, en promedio, en toda la monarquía, había 211 por 1.000 de los que podían ingresar en las filas militares, aptos para el servicio; en el mando de Innsbruck, 325; en Lemberg, 179.

257.

M. Chevalier , Cours, I, 115. Adam Smith , B. I, cap. 8, destacó la gran laboriosidad de los trabajadores bien remunerados. Entre los analfabetos, el trabajo debe ser casi necesariamente repulsivo en la medida en que está mal remunerado.

258.

Así, A. Young comentó que los salarios en Irlanda son terriblemente bajos, mientras que la mano de obra está lejos de ser barata. En su “Evidence in Respect to the Occupation of Land in Ireland”, II, 135, dice que un jornalero escocés a 1 chelín por día es más barato que un jornalero irlandés a ½ chelín. Según McCulloch , “Statis. Account of the British Empire”, I, 666, la mano de obra industrial en Alemania y Francia es más cara que en Inglaterra, porque en los primeros países hay, ceteris paribus , el doble de trabajadores empleados en la mayoría de las manufacturas. Véase Senior , Lectures on Wages, 1830, 11, y los informes de los comités del parlamento, passim on French manufacturers (1825). Lo mismo se ha experimentado en la historia agrícola de Schleswig-Holstein. Véase Hanssen , Archiv. der Politisch. Œk. IV, 421. La main d'œuvre est chère en Russie dès qu'il s'agit d'une suree capacité et d'un sure degré d'instruction professional, tandis que celle de l'ouvrier ordinaire n'est nulle part aussi bas. ( Tegoborsky. )

259.

Así también Columela , RR I, 9. JS Mill , Principios, I, cap. 7, 5.

260.

Así, por ejemplo, la Lex Visigoth., VIII, 4, 16, gradúa la multa que debe pagar el asesino según la edad de su víctima. Esta aumenta hasta los 20 años en el caso de los varones y disminuye después de los 50. En el caso de las mujeres, el máximo se alcanza entre los 15 y los 40 años. De igual modo, Moisés , Libro III, 27.

261.

En cuanto a los dos sexos, la fuerza rénica de los hombres adultos duplica la de las mujeres en la especie humana. La diferencia entre ellos en la juventud no es tan grande. La fuerza manuelle de ambos sexos a los 30 años es de 9:5. ( Quételet , Sur l'Homme II, págs. 73 y siguientes). La proporción numérica de un sexo con respecto al otro varía poco entre las naciones que han alcanzado cierto grado de civilización. Véase infra , § 245.

262.

Es de gran importancia calcular aquí el número de días del año en que el trabajador se ve obligado a estar ocioso por causa de enfermedad. Fenger , (Quid faciant ætas annique tempus ad frecuentiam et diuturnitatem morborum, Hafniæ 1840), encuentra el siguiente resultado:

Entre 15 y 19 años, 7,2 días. Entre 35 y 39 años, 7,8 días.
Entre 20 y 24 años, 10,3 días. Entre 40 y 44 años, 8,3 días.
Entre 25 y 29 años, 9,5 días. Entre 45 y 49 años, 11,6 días.
Entre 30 y 34 años, 7,6 días. Entre 50 y 59 años, 14,1 días.

Según Villermé , en los Annales d'Hygiène, II,

A los 60 años, 16 días. A los 67 años, 42 días.
A los 65 años, 31 días. A los 70 años, 75 días.

Esta última tabla es el resultado de una comparación de las tablas de setenta sociedades de ayuda mutua escocesas. Compárese con Digler , Polyt. Journal, XXIV, 168.

263.

Tácito , Germ., 14. León , en Raumer's Taschenbuch, 1835, 418. Maxime sua esse credebant, quæ: ex hostibus cepissent. ( Gajus IV, 16). ¡Subasta romana sub hasta ! Se observaban opiniones similares entre los tracios. Véase Heródoto , V, 6. En Esparta, incluso en tiempos de Agesilao, el trabajo económico se consideraba indigno de un hombre libre ( Plutarco , Edades, 26); mientras que los atenienses, desde la época de Solón, castigaban la ociosidad, y desde la de Pericles «no conocieron otra festividad que la de ocuparse de sus negocios». Tucid. , I. 70. Para algunas observaciones acertadas sobre este tema, véase Riehl , Die deutsche Arbeit, 1861.

264.

Compárese Erasmus Colloq. (ed. Stallb. ), 21 y sigs., 213 y sigs., 392 y sigs.

265.

Temple aprendió de los holandeses de su época que el tiempo de los hombres industriosos es el mayor recurso de un país. (Obras I, 129). «El tiempo de un comerciante es su pan». ( Sir M. Decker , Ensayo sobre la Decadencia, etc., 1744, 24). Walpole , en su Testamento político II, 385, habla de la inferioridad de la Iglesia católica a este respecto. Me gustaría aludir a la prohibición medieval de «vender tiempo» como uno de los principales fundamentos de la prohibición de la usura. (Véase Roscher , Gesch. der N. Œk. in Deutschland, 7). «Economia di tempo equivale a prolungamento di existenza». ( Soialeja ).

266.

Douville , Voyage au Congo I, 239. Véase v. Haxthausen , Studien, II, 439; W. Jacob , Production and Consumption of the precious Metals, II, 209. La división del día en horas data de la época de los relojes de sol de Alejandría. No se conoció en Roma hasta después del año 491 de la ciudad. ( Mommsen , Römische Geschichte, I, 301.)

267.

Pinckard , Notas sobre las Indias Occidentales, 1806, II, 107. En España, parece que nadie tiene prisa en las calles. ¡Qué contraste entre el andar despreocupado de la gente en los balnearios y los centros turísticos de peregrinos y la prisa precipitada en los centros comerciales!

268.

Meyendorff , Viaje a Boukhara, 246.

269.

La historia de esta idea ofrece un ejemplo notable de la confusión que produce el empleo de la terminología científica en la vida cotidiana. Hasta que, poco después, todos los significados posibles de la palabra capital se encontraban en el diccionario de la Academia Francesa, exceptuando únicamente su significado científico político-económico. Durante la Edad Media, el latín capitale se usaba para significar tanto dinero prestado como ganado. ( Ducange , sv) Cuando la cultura griega estaba en su apogeo, Demóstenes albergaba muy buenas ideas sobre la naturaleza del capital, al que a veces llama ἀφορμὴ, a veces ἔρανος, cuyo significado extiende también al capital incorpóreo de una buena reputación. (Adv. Mid., 574; pro Phorm, 947). Lo mismo puede decirse de la concepción romana del peculium . Véase Hildebrand's Jahrbb., 1866, I. 338. Sobre los inicios de la idea actual del capital entre los escolásticos posteriores, véase Funck , Tübinger Ztschr., 1869, 149. El diario de Lucas Rems , 1491-1541 (ed. Greiff , 1861), llama al capital comercial, en la mayoría de los casos, el bien supremo ( Hauptgut ) p. 37; también Cavedal . Las palabras dinero y capital, interés y precio del dinero se confunden ahora en la vida cotidiana, como lo hacían antes la mayoría de los escritores. En el siglo XVII, se pueden mencionar a Child y Locke como ejemplos. Hobbes tenía una vaga noción del poder productivo del capital. Véase Roscher , Zur Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre, 49, 60, 102. Así, también, en el siglo XVIII, Law , Sur l'Usage des Monnaies, 697; Comercio y dinero (1705) 117; Mélon , Essai politique sur le Commerce, 1734, cap. 22; Galiani , Della Moneta, IV, 1, 3; Blackstone , Comentarios, 1764, II, 456; Genovesi , Economía civile, II, 2, 18, 13; Stewart , Principios, IV, 1, cap. IV; Verri , Meditaciones, XIV; Büsch , Geldumlauf, V. 14; A. Young , Aritmética política (1774), 1, cap. 7. Hume , por otro lado, en Discursos (1752), n.º 4 (sobre el interés), demuestra que la tasa de interés depende, no como suponía Locke , de la abundancia o escasez de dinero, sino del estado de la ganancia y de la relación entre la demanda y la oferta de capital. De igual manera, J. Massie , Ensayo sobre las causas que rigen la tasa de interés (1750). QuesnayDiálogo sobre el Comercio, 173 (ed. Daire), demuestra que tenía una concepción muy clara de la operación y de los principales componentes del capital. Turgot , Sobre la Formación y la Distribución de la Riqueza, § 14, 54-79, se acercó mucho a la verdad, pero no la alcanzó. Reconoció la necesidad de los anticipos que, por regla general, son resultado del ahorro, en todos los casos de producción. También distingue en el producto de la tierra, además del producto neto y la subsistencia del trabajador , la ganancia de este último. Asimismo, señala numerosas diferencias entre el «precio del dinero» considerado en su relación con el comercio y en su relación con los préstamos. Explica el interés del capital, como Schröder , en su Schatz-und Rentkammer, 231, y Benjamin Franklin , en su Inquiry into the Nature of a Paper Currency (1729) lo habían hecho antes, por el hecho de que el propietario del capital puede comprar un pedazo de tierra con su capital, y así obtener un ingreso sin trabajar. El dinero, dijo, de hecho no era productivo, pero tampoco lo era cualquier otra cosa que pudiera prestarse o arrendarse, con la excepción de la tierra y el ganado. Adam Smith merece el mayor crédito por su análisis de la idea del capital, aunque opone "capital" a lo que los alemanes llaman capital en uso, el "stock para el consumo inmediato". Cuando Canard , Principes d'Economie politique (1801) y JB Say , Cours pratique, 1828, I, 285, incluyeron la fuerza de trabajo del hombre en el capital, dieron un paso atrás. "El trabajo es capital, primario y fundamental". Colton , 275. Todo individuo adulto, dice McCulloch , Principios, 1825, II, cap. 2, puede considerarse como una máquina cuya construcción ha costado varios años de cuidados continuos y una suma considerable. Es solo otra cara de esta misma perversidad, cuando McCulloch intenta forzar los resultados producidos por animales y máquinas en la definición de trabajo. Schlozer , Anfangsgründe (1805), I, 21, llega al extremo de llamar al alma materia prima, que recibe poder productivo del trabajo del maestro. Para un cálculo del valor monetario del hombre en las diferentes edades de la vida, véase Statis. Journ. XVI, 43 y sigs. Véase, por otro lado, Malthus , Definiciones, cap. 7; y Rossi , en el Journal des Economistes, VI, 113. Tampoco lo hace la opinión de Ganilh , Systèmes d'Economie politique (1809), I, 243; del anuncio. Müller , Concordia, 93 y sigs., 211; de Hermann , “Staatswirth”Untersuchungen, No. 3; de Dunoyer , Liberté du Travail, L. VI; de Bastiat , Carey y otros, que incluyen porciones de tierra en sí mismas bajo el encabezado de capital, parecen estar mejor fundadas. Hermann define el capital como la base duradera de cada utilidad poseída de valor en el intercambio. Schäffle considera la tierra tal como la naturaleza nos la ofrece, entre los bienes libres . Desde el momento en que se gasta trabajo y capital en ella, se convierte en capital inamovible, pero admite que aún conserva muchos puntos esenciales que la distinguen de otros capitales. (N. Œk. Theorie der ausschliessenden Absatzverhältnisse, 1867, 65 y ss., 89 y ss.) Estas diferencias me parecen aún más importantes que las que la tierra y el capital tienen en común; especialmente porque el desarrollo histórico de sus relaciones procede en su mayor parte en direcciones opuestas. Así, por ejemplo, a medida que la civilización avanza, la tierra tiende a encarecerse y el capital a abaratarse. ¡Qué difícil sería aclarar las ideas de la agricultura intensiva y extensiva si la tierra se considerara capital! Y no solo siempre es teóricamente, sino también muy a menudo en la práctica, posible separar el valor de un terreno determinado de las mejoras de capital más duraderas ( Kapitalmeliorationen ) realizadas en él. Basta con pensar en la superficie construida.

270.

Marx hace una afirmación muy arbitraria cuando dice que sólo el capital que opera en el comercio, e incluso sólo aquel que opera en el comercio donde el dinero se utiliza como instrumento de cambio, puede ser llamado propiamente capital; y que, por lo tanto, la biografía moderna del capital data sólo del siglo XVI (El Capital I, 106 y siguientes).

271.

Véase, por otra parte, Wolkoff , Lectures d'Economie politique rationelle, 167.

272.

Hermann (II ed., 238 y sigs.) distingue especialmente los dispositivos preparatorios auxiliares del trabajo, como las construcciones fijas, etc., los recipientes, las herramientas, las máquinas y los instrumentos de medida, etc.

273.

Así, por ejemplo, el arado y el fusil son máquinas, la pala y la cerbatana son herramientas. Un martillo puede considerarse como un puño duro e insensible; el fuelle, como un par de pulmones muy fuertes y duraderos. Las tenazas sustituyen a los dedos, al igual que la cuchara a la mano vacía, y el cuchillo a los dientes. Por otro lado, un gran número de máquinas pueden compararse con un obrero completo. Así, la acción del molino que muele grano se parece muy poco al soplo del viento o al correr del agua, mientras que el movimiento de la mano del mortero en el pequeño mortero para lanzar granadas corresponde al movimiento del brazo. ( Rau , Lehrbuch I, § 125). La infinidad de funciones de las que son capaces nuestros miembros se relaciona con su incapacidad para alcanzar por sí solos la mayor parte de sus fines. Por lo tanto, los animales que no requieren herramientas pueden emprender muy pocas cosas. «El hombre es un animal que fabrica herramientas». ( B. Franklin ) .

274.

Esto se aprecia con mayor claridad en la historia de la molienda del maíz. En la época de Moisés, e incluso de Homero, solo existían molinos manuales, y originalmente solo morteros. Posteriormente, se emplearon molinos impulsados por caballos. Poco después de la época de Cicerón, se empezaron a utilizar molinos impulsados por energía hidráulica. Brunck , Analecta, II, 119, Ep. 39. Los molinos construidos sobre pontones no datan de tiempos anteriores a Belisario. Los molinos de viento se conocen desde el siglo IX; los molinos de viento holandeses, solo desde mediados del siglo XVI. Véase Beckman , Beiträge zur Geschichte der Erfindungen II, I ff.

275.

Compárese con Platón , Polit., 280.

276.

Así, Ganilh , Théorie de l'Economie politique I, 133, considera el conocimiento, el talento y la probidad de los comerciantes, así como su reputación, partes valiosas de su capital comercial. Véase también Möser , Patriot. Ph. II, 26. Véanse algunas observaciones acertadas sobre el capital intelectual de las naciones, como compuesto por «trabajo preparatorio conocido y desconocido a lo largo de su historia», en Lotze , Mikrokosomos II, 353 y ss.

277.

Compárese con Dietzel , System der Staatsanleihen (1856), 71 y ss. Y, aún antes, Ad. Müller había considerado los impuestos no como una prima de seguro, sino como «el interés del capital intelectual invisible, pero absolutamente necesario, de la nación» (Elemente, III, 75). Por supuesto, el Estado es mucho más que una especie de capital; así como una catedral gótica es algo más que una pieza de mampostería, pero no por ello deja de ser una pieza de mampostería.

278.

JB Say , Tratado de Economía Política I, cap. 10. Pensemos únicamente en lo que en fisiología se conoce como cambio o transformación de la materia ( Stoffwechsel! ).

279.

Capital productivo ha sido traducido al alemán con la palabra Erwerbstamm , por el autor de “Staatswirthschaft nach Naturgesetzen”, 1819. Malthus , Definiciones, cap. 10, y Rau , Lehrbuch, I, § 51, llaman sólo capital al capital productivo. Según el señor Chevalier , los bienes pierden su calidad de capital tan pronto como llegan a manos de un consumidor. Schäffle , N. Œk., II, aufl., 59, llama al capital en uso Genussvermögen (recursos destinados al disfrute) y al capital productivo Kapitalvermögen (recursos de capital). Por otra parte, JB Say , Traité, I, 13; McCulloch , Principios, II, 2, 3, Hermann , Staatswirthschaft. Untersuchungen, pág. 60 y ss., y v. Mangoldt , Volkswirthschaftslehre, 122, dividen el capital en capital en uso y capital productivo, según proporcione al poseedor aquello que este pueda aprovechar directa o indirectamente al convertirse en propietario de bienes por medio de él. Aristóteles distingue entre ὄργανα y κτήματα: el primero se refiere a ποίησις; por ejemplo, una lanzadera; el segundo a πράξις, como, por ejemplo, la ropa de cama y las prendas de vestir. (Polit., I, 2, 5.)

280.

Así, por ejemplo, la clase A abarca parques y bosques; la B, teatros, iglesias, fábricas, arsenales, graneros, paseos y caminos públicos. Los paseos, además, pueden utilizarse para el cultivo de frutales y los caminos para excursiones de placer.

281.

Traducido como “capital de consumo” por Wolowski, pág. 96 de sus Principios de Roscher.— Nota del traductor.

282.

El capital muerto, o mejor dicho, el capital inactivo, es aquel capital productivo que, por el momento, permanece sin uso y que, por lo tanto, ni siquiera produce disfrute personal. La suma total de este tipo de capital se ve considerablemente disminuida por la intervención de las cajas de ahorro. El capital prestado que se ha empleado improductivamente, evidentemente, ya no forma parte de la riqueza de un pueblo. Véase infra , § 189.

283.

Wolkoff tiene toda la razón cuando, en sus Lecciones, pág. 142, llama al retorno del capital en uso no revenu , sino déstruction gradualelle . Schäffle también tiene toda la razón cuando afirma que solo un aumento de la propiedad, destinado simplemente al disfrute, es antieconómico, ya que no hace que las capacidades personales de trabajo ( Arbeitsvermögen ) sean mucho más productivas de lo que serían de otro modo. N. Œk., II, aufl., 224.

284.

Humboldt , N. Espange, II, cap. 17; Schlözer , Anfangsgründe, II, 109. Ausland, 140, núm. 313. Sobre la extraordinaria riqueza incluso de las campesinas rusas en perlas, véase v. Haxthausen , Studien, 87, 309.

285.

Townsend , Journey in Spain, I, 115, 310. En la época patriarcal de los judíos, había una cantidad relativamente grande de objetos ornamentales de oro y plata: Michælis , De Pretiis Rerum apud Hebræos, en Comm. Soc. Götting., III, 151 y sigs., 160. La conservadora Esparta, en la edad media de su historia, ciertamente no era rica, y sin embargo tenía más oro y plata que cualquier otro estado griego: Platón , Alcib., I, 123. Según San Juan , The Hellenes, III, 142, los antiguos tenían relativamente muchos más metales preciosos en forma de objetos de adorno que los modernos. Los romanos, con su habitual buen sentido, no hicieron uso de la plata como artículo de lujo hasta que alcanzaron una gran riqueza. Véase Catón , RR, cap. 23, y Séneca , De Vita beata, cap. 21. Entonces los embajadores cartagineses despotricaron contra sus anfitriones porque encontraron las mismas piezas de plata de mesa en todas las casas a las que fueron invitados. El joven Escipión, incluso, no poseía más relativamente de 32 libras de platería. Mommsen , Römische Geschichte, II, 383. La importancia relativamente grande de los almacenes para uso doméstico, sin embargo, recorre toda la historia romana. El título de penu legato , en las Pandectas (Digesto, XXIII, 9), apunta a esto, durante el reinado de los emperadores, y en épocas anteriores, la derivación de penates de penu . Véase Rodbertus , en Hildebrand's Jahrbuch, 1870, I, 365. Inmensa importancia del anillo en los antiguos países del norte: Weinhold , Altnord. Leben, 184 y sigs. La época de la caballería era muy rica en vajilla de plata, copas, palanganas, etc. Büsching , Ritterzeit und Ritterwesen, II, 137. Anderson , Origin of Commerce, a. 1386. Lord Burleigh , en la época de la reina Isabel, dejó tras de sí entre catorce y quince mil libras esterlinas en platería; eso es casi tanto como el resto de todo su patrimonio; y, parecería, que para un hombre de su rango, incluso esto no se consideraba mucho. Collins' Life of B., 44. Según Giustiniani , el cardenal Wolsey poseía artículos de plata por un valor de 1.500.000 ducados, y la mayor parte de los lores de la época estaban igualmente bien provistos de ellos.

286.

Los beduinos son aficionados a adornar a sus esposas e hijos con todas las joyas que poseen, tanto en días festivos como en otros días, de modo que a veces tienen cuatro o seis brazaletes en cada brazo y quince aretes en cada oreja. Burckhardt , Bemerkungen, 188. Wellsted (traducción de Roederer), I, 224. En Asia Menor, las muchachas llevan toda su dote en forma de adornos personales. Belgiojoso , Revue des deux Mondes, 1 de febrero de 1855. En la India Oriental, incluso las ciudades más desdichadas tienen sus trabajadores de la plata. Los emires de Scinde, con unos ingresos anuales de 300.000 libras esterlinas, tenían un tesoro valorado en 20.000.000 de libras esterlinas, de los cuales casi 7.000.000 de libras esterlinas estaban en joyas. Ritter , Erdkunde VII, pág. 185. En el Ganges superior se usan más joyas y otros adornos que en el inferior, donde los ricos prefieren invertir su capital en latifundios. Ritter , VI, 1143.

287.

Los primeros inicios de esta división se encuentran en Quesnay (Analyse du Tableau économique, 1758), donde desarrolla la diferencia entre avances primitivos y avances annuelles . Véase también Adam Smith , W. de N., II, cap. 1, quien, sin embargo, reduce la diferencia entre ellos principalmente a las relaciones de posesión, y por lo tanto incluye el grano y la semilla en el capital fijo. Hermann , Staatsw. Untersuch., 269 y sigs.; Ricardo , Principles, cap. 1, sec. 2; Schmitt-henner , Staatswissenschaften, I, 387, divide el capital en I, infungible , es decir, 1, fijo en el sentido estricto de la palabra; 2, capital de transporte; II, fungible , 1, capital transformable; a, material (materia prima, material auxiliar, etc.), b, productos formados; 2, capital circulante; a, mercancías; b, dinero. A. Walker , S. de W., 57, llama capital circulante a aquel que puede transferirse fácilmente de una rama de producción a otra; fijo, aquel que puede usarse con ventaja solo para el propósito para el cual fue destinado originalmente.

288.

Se quema la carpintería antigua; se venden utensilios de hierro viejos; también se derriban casas. Emminghaus , Allg. Gewerbelehre, 1868, 175.

289.

Si los mongoles, por ejemplo, despojaran a China de todos sus bienes muebles, con excepción de su dinero enterrado, sus bienes inmuebles solo serían productivos a partir del momento en que ese dinero se utilizara para asegurar otros bienes muebles. En cualquier caso, la producción solo sería proporcional a las semillas, el ganado, etc., prestados. ( Sismondi , Riquezas comerciales, 1803, I, pág. 61.)

290.

Que los atenienses lo abandonaron todo para oponerse a Jerjes, con mucha mayor facilidad que bajo Pericles, incluso en la llanura del Ática. Büchsenschütz (Besitz und Erwerb im griech. Alterthum, 589) lo explica por el hecho de que en el intervalo entre ambos períodos, el capital fijo aumentó considerablemente. En épocas rudimentarias, el término comunidad o nación entendía por un número de hombres; y el estado, mientras sus miembros permanecieran, se consideraba íntegro. En los estados refinados y mercantiles, la situación a veces se invierte. La nación es un territorio cultivado y mejorado por sus dueños; si se destruye la posesión incluso mientras el amo permanece, el estado se deshace. Ferguson , Hist. of civil Society, V, 4; v. Mangoldt , Volkswirthschaftslehre, 159. El capital fijo no está tan seguro de agotarse por completo como de circular. Sobre este punto véase Schäffle , N. Œk., 53.

291.

Si la actividad productiva total del hombre se designa con la palabra trabajo (así como todo lo producido en un terreno se denomina erróneamente su producto), entonces todo el capital puede considerarse el resultado no consumido del trabajo. La reciente teoría socialista que considera el capital como los salarios ganados pero no pagados es una grave equivocación respecto a esta verdad. Este es el origen únicamente del capital de opresores y engañadores, y solo en parte del suyo. Véase infra , § 189.

292.

Mientras nos ponemos la ropa de invierno, la ropa de primavera ya está en las tiendas; la tela ligera para la ropa del próximo verano ya se está fabricando, y la lana para la ropa del próximo invierno ya está hilada. ¡ Piensen en el estudio previo que debió realizar el médico, a quien llamamos en cualquier momento! Menger , Grundsätze, I, § 33 y ss.

293.

Así, en profesiones peligrosas, como por ejemplo, entre soldados y marineros, hay muy poca salvación. Lo mismo puede decirse de las épocas de peste. Véase J. Rae , Nuevos Principios sobre el Tema de la Economía Política, 1834.

294.

Que guardemos nuestras propiedades bajo llave, mientras que en la época de Platón era costumbre sellarlas, constituye en sí mismo un gran avance. Véase Becker , Caricles, I, 202 y ss. Anteriormente, se utilizaban nudos artificiales. Homero , Odisea, VII, 443.

295.

Compárese Hearne , Reise, nach Prinzwalesfort, 43, 58, 119. Barrow von Sprengel , 282. Humboldt , Relation historique, II, 245. Ausland, 1844, No. 359; 1845, No. 84. Stein-Wappüus , Handbuch der Geographie, I, 310. Para una prueba de que el clero, al predicar la abnegación, contribuyó en gran medida a la creación de capital en la primera parte de la historia medieval, véase Guórard , Polyptiques d'Irminon Préf., 13.

296.

Sobre la inevitabilidad de la esclavitud, cuando se necesita capital y nadie se preocupa de ahorrar, véase de Metz Noblet , Phénomènes économiques, I, 306.

297.

Español El origen del capital por “conexiones sociales” ( gesellschaftliche Zusammenhänge ) Lassalle (Bastiat-Schultze, 92, 98) exagera hasta el absurdo de que nunca se salvó capital. Esto está relacionado en parte con su confusión de tierra con capital (103 seq.). Por otro lado, PL ( v. Lilienfeld ), Gedanken über die Staatswissenschaft der Zukunft (1873), distingue entre la creación externa e interna de capital en la sociedad humana; este último basado en la condición de cada ser orgánico, en virtud del cual el presente es generado por el pasado y genera el futuro. La sustancia intercelular de las plantas, el panal de las abejas y la sangre en el cuerpo animal corresponden al capital de una nación.

298.

Hermann , St. Untersuchungen, 289 y ss.; List , System der politischen Œkonomie, I, 325 y ss. Así, por ejemplo, la capitalización entre una raza de cazadores puede prolongarse durante más tiempo mediante la creación de rebaños; la de una raza de pastores, mediante la construcción de casas y la mejora de las tierras; la de un pueblo agrícola, mediante el establecimiento de oficios, caminos artificiales, etc. En cuanto a cómo, en general, la acumulación de bienes en gran medida presupone el intercambio, y cómo, en primer lugar, con el intercambio, a través de la existencia de una superabundancia, puede originarse la riqueza, véase Hermann , loc. cit., II, Aufl., 25 y ss.

299.

El aumento anual del capital de Francia durante los últimos años del reinado de Luis Felipe se estimó entre 200 y 300 millones de francos; durante los mejores años del reinado de Napoleón III, en 600 millones. Journal des Econ., noviembre de 1861, 170. El capital del imperio británico, a juzgar por las estadísticas del impuesto sobre la renta, aumentó de 1843 a 1853, solo en Gran Bretaña, al menos 42.000.000 de libras esterlinas anuales; de 1854 a 1860, en todo el imperio, al menos 114.000.000 de libras esterlinas; y solo en 1863, en 130.000.000 de libras esterlinas. London Statis. Journal, 1864, 118 y sigs. Una guerra librada en suelo inglés sin duda sería más destructiva para el capital que una librada en Rusia; Pero Rusia se recuperaría de una crisis como la de 1854-55 con mucha mayor dificultad debido a la escasa tendencia de su población a acumular capital. En países con predominio de la clase media, la influencia de la acumulación de capital en la política exterior favorece la paz. En países despóticos o democráticos, puede favorecer con la misma facilidad la guerra.

300.

La “formación absoluta” de capital descrita anteriormente es, por supuesto, la única en la economía general de la humanidad. En la economía individual, con frecuencia nos encontramos con otra que es solo “relativa”, como cuando el aumento de los recursos de uno va acompañado de una disminución igual o incluso mayor de los de otro. Este es el caso, por ejemplo, de la concesión de privilegios o monopolios. El mismo fenómeno se observa también en las relaciones económicas entre diferentes naciones. Supra , § 64 .

301.

Así , Cicerón , De Off., II, 3, 4. La naturaleza puede, en efecto, producir mero valor en uso sin la cooperación del trabajo, en el sentido estricto de la palabra; como, por ejemplo, un bosque que protege un distrito de avalanchas, etc. Pero «todo lo que se ha transformado en bienes tiende constantemente a volver a su estado natural y a retirarse de la vida de los bienes». Stein , Lehrbuch.

302.

Comparar Lista , System der Polit. Œkon. Pero véase también la excelente discusión de JS Mill , Principios, IV, cap. VI, 2, sobre la monotonía de la naturaleza, cuando el hombre la toma en posesión exclusiva; “con cada metro de tierra cultivable capaz de producir alimentos para los seres humanos; cada yermo florido o pasto natural arado; todos los cuadrúpedos o aves que no están domesticados para el uso del hombre, exterminados como sus rivales por la comida; cada seto o árbol superfluo arrancado, y apenas queda un lugar donde un arbusto o flor silvestre pueda crecer, sin ser erradicado como maleza, en nombre de una agricultura mejorada”.

303.

En París, en 1820, las herramientas necesarias para un trapero costaban 6,25 francos. Garnier , Elementos de economía política, 43.

304.

No debe pasarse por alto que todo el trabajo invertido en un fin lejano también se considera capital. Véase Droz , Economía política, 1829, I, 6.

305.

Para una buena exposición de cómo Inglaterra necesita más productos agrícolas, las Indias Orientales más capital y las Indias Occidentales más mano de obra, véase Fawcett , Manual of PE, 110.

306.

Es un hecho muy significativo que, actualmente, en ciertos países europeos, como por ejemplo en Alemania, al trabajador se le llama receptor y al capitalista dador de trabajo. Las expresiones empleadas por Canard , Say y Hermann enseñan una lección similar.

307.

Schäffle , Kapitalismus und Socialismus, 124 ss.

308.

Es evidente que, considerándolo en términos absolutos, el factor predominante de un período anterior puede seguir aumentando durante el siguiente; y, por regla general, continúa aumentando.

309.

Español Solo necesito citar el ejemplo de los esclavos, que anunciaban las horas, cumpliendo así las funciones de un reloj: Marcial , VIII. 67; Juvenal , X. 216; Petron. 26; del giro de las ruedas hidráulicas, en Egipto y Babilonia, por manos humanas. Estrabón , XVI. 738, XVII., 807. Entre los antiguos, se necesitaba un pastor, y además pastorcillos, para cuidar veinte ovejas. ( Geopon. XVIII, 1.) En las regiones altamente cultivadas, el número llegaba a cincuenta. ( Demosth. , adv. Euerg. et Mnes., 1155.) Rara vez pasaba de ochenta ( Varrón , De re rust., II. 10, 10. 2, 20), o de cien ( Catón , RR c. 10); mientras que, recientemente, cinco hombres son suficientes para cuidar mil ochocientas ovejas. Véase el discurso de Roscher sobre la relación de la economía política con la antigüedad clásica, en los informes de la Royal Saxon Science Association, mayo de 1849. También D. Hume , Discursos, No. 10.

310.

Algunas escuelas han sobreestimado el poder productivo de cada uno de los factores de producción. Después de que Graciano (s. I, siglo XIII, cuarto i) reconociera claramente la necesaria cooperación de los tres elementos, la unilateralidad con la que los reformadores enfatizaban la bendición de Dios como única fuente de riqueza provocó una gran sobreestimación de la naturaleza del factor. El sistema mercantil sobreestimó el factor capital, en uno de sus componentes más evidentes: el dinero. En tiempos posteriores nuevamente: " La terre est la source ou la matière d'où l'on tire la ichesse; le travail de l'homme est la forme qui la produit. Tous les hommes d'un état subsistent et s'enrichissent aux dépens des propriétaires des terres. " ( Cantillon , Sur la Nature du Commerce, 1755, I. 33, 55.) La terre est l'unique source des richesses. ( Quesnay , Maximes générales de Gouvernement, 1758, cap. 3.) En otro lugar, de hecho, el mismo escritor dice: les revenus sont le produit des terres et des hommes (Grains , p. 276, Daire), y Mirabeau frecuentemente hacía hincapié en la necesaria cooperación entre el trabajo y el capital. (Landwirthschaftsphilosophie, traducción de Wichmann, I, 5.) Turgot , Sur la Formation et Distribution des Richesses, § 7. Para una excelente refutación de esta unilateralidad “fisiocrática” , que, si todos los hombres están dotados por naturaleza de iguales derechos, conduce al socialismo, véase Canard , Principes, 6. Según Gioja , N. Prospetto, I. 35, el papel desempeñado por el trabajo en la producción de queso parmesano es mil veces mayor que el desempeñado por la tierra; y en la producción de un tulipán holandés, cien mil veces mayor. Los ingleses suelen, de manera similar, sobreestimar el poder relativo del trabajo. ( Ponocratie , según Ancillon , Essais philosophiques, 1817, II. 327.) “El comercio y los negocios surgen primero del trabajo de los hombres”. ( North , Discursos sobre el Comercio, 112.) Así, Locke (1690), Del Gobierno Civil, II, 5, 40 y ss., opina que al menos el 9/10 del valor de los productos del suelo, útiles para el hombre, debe atribuirse al trabajo, y, en el caso de la mayoría, incluso el 99/100. Y así, Berkeley (1735), Querist, n.º 38 y ss. Esta opinión es defendida con mayor audacia —algo inusual en el caso de los discípulos independientes de un gran maestro— por McCulloch , Principios, II, cap. 1, que afirma que es al trabajo, y solo al trabajo, a quien el hombre debe todo lo que posee valor a cambio. De igual modo, J. MillElementos (1824), III, 2. Las consecuencias que el socialismo podría extraer de estas premisas son evidentes. Todo el sistema de Karl Marx , por ejemplo, se basa, sin ningún intento de demostración, en el supuesto de que la escuela de Ricardo tiene razón. Ya se han encontrado opiniones mucho más moderadas. Así, Hobbes , De Cive, XIII, 14, y Leviath , 24 (1642 y 1651), llama al labor et parsimonia fuentes necesarias de riqueza; al proventus terræ et aquæ, fuentes útiles; y Petty , Sobre los impuestos (1679), 47, dice: «El trabajo es el padre y el principio activo de la riqueza, como las tierras son la madre. La tierra y el trabajo juntos son las fuentes de toda riqueza; sin una competencia de tierras no habría subsistencia, y solo una muy pobre sin trabajo». Harris , Upon Money and Coins, 1757, PI Adam Smith , también, a pesar del conocido pasaje al principio de su obra, con mucha frecuencia pone énfasis en “el producto anual de la tierra y el trabajo”. (Véanse los pasajes recopilados en Leser , Begriff des Reichthums bei AS, 97). Según Leibniz, regionis potentia consistet in terra, rebus, hominibus . (ed. Dutens, IV. 2, 531). La escuela de Ricardo suele incluir el capital bajo el título de trabajo, como trabajo acumulado. Esto es tan correcto como decir que todo lo que hace un hombre adulto, lo habían hecho sus padres. ( Umpfenbach , Nat. Œk., 64). Solo hay una manera en que el trabajo, e incluso entonces la expresión no es del todo correcta, puede considerarse como el único factor de la producción; y eso es presuponer las fuerzas de la naturaleza como algo natural ( als sich von selbst verstehend ), y llamar trabajo al uso agregado que la mente humana hace de ellas. O podríamos decir con el viejo Epicarmos que los dioses venden todos los bienes por trabajo. ( Jenof ., Memor. II. 1.) Además, incluso en producciones puramente intelectuales, por ejemplo en producciones poéticas, la naturaleza, el trabajo y la experiencia, la cultura heredada de épocas anteriores (una especie de capital intelectual), cooperan uniformemente. Pero ¡cuán casi completamente sin valor en la literatura son todas las producciones puras (¡vacías!) de la fantasía!

311.

Antes del predominio del sistema mercantil, Montchrétien astutamente llamó a todos los oficios: parcelles et fragments de cette sagesse divine que Dieu nous communique par le moyen de la raisen . Por medio de los tres estamentos; obreros, artesanos, comerciantes, todo el estado es alimento; por ellos todo beneficio se hace. La utilidad regula los rangos de las artes . (Traité, 12, 45, 66.) La enseñanza de P. Gregorius Tolosanos (ob. 1597) sobre las diferentes clases de la sociedad y las diferentes vocaciones de los hombres, es aún más acorde con la doctrina actual de la producción; solo que, en el tono moralizador de la época, habla más de su dignidad que de su influencia en la creación de riqueza: De Rep. I, 195. Véanse también las opiniones anteriores de Franc. Patricio (ob. 1494), De Rep. I, 4, 7, 8.

312.

Compárese A. Serra , Breve Trattato delle Cause che possono far abbondare i Regni d'Oro d'Argento, 1613. Th. Mun , England's Treasure by foreign Trade, 1664. Ch. King , British Merchant or Commerce Preserved, 1721. Pero, particularmente, AC Leib , Von Verbesserung Land und Leuten etc. (1708), quien, desde el punto de vista del Sistema Mercantil, traza una distinción muy clara entre las clases productivas e improductivas. Véase, también, infra , § 116 . Primeramente refutado por W. Petty , Political Anatomy of Ireland, 67, 82. Quantulumcunque regarding Money (1682). D. North , Discourses upon trade (1691). Véase Roscher, Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre, 77, 88, 138. Y posteriormente, especialmente, Ad. Smith , W. of N. IV., cap. 1 y ss. La doctrina de Adam Smith sobre el trabajo productivo e improductivo se encuentra ya, en este período, en Petty , Various Essays, 127 y ss. Political Anatomy, 185 y ss.; también, en la obra anónima A Discourse of Trade, Coyn and Paper Credit, Londres (1697), 44, 159.

313.

Quesnay , Dialogue sur les Travaux des Artisans, 210 y sigs.; 289 ed. Daire; Turgot , Sur la Formation etc., § 8; Dupont , Correspondence avec JB Say, 400, ed. Daire. B. Franklin , Letter to Dr. Evans (1768), y Positions Concerning National Wealth (1769), Works ed. Sparks, VII y II. De modo similar, incluso Aristóteles , Oec., I, 2, dice que el comercio, el trabajo asalariado y la guerra obtienen ganancias de los hombres, con o sin su voluntad; pero que solo la agricultura obtiene botín de la naturaleza. Y así Cicerón dice de los comerciantes: nihil proficiunt, nisi admodum mentiantur . De Off., I, 42. La misma opinión parece haber prevalecido durante la Edad Media. Véase Thom. Aquin. , De Rebus publicis, II, 3, 5 seq. Lutero sostuvo una idea similar (Vom Kaufhandel und Wucher, 1524). Prefiere la agricultura al comercio. Véase la edición Irmischer de sus obras, XXII, 284; XXXVI, 172; LXI, 352. Calvino consideraba el comercio útil y honorable; de modo que, ex ipsius mercatoris diligentia atque industria , su beneficio puede ser mayor que el de la agricultura. (Ed. opp. Amstelod, 1664, IX, 223.) Asgill , Varias afirmaciones probadas para crear otra especie de dinero que el oro (1691): «Lo que llamamos mercancías no es más que tierra separada del suelo; el hombre no comercia con nada más que tierra». Respecto de Cantillon , compárese § 47, nota 4. Lo violenta que fue la innovación de la teoría fisiocrática en su tiempo se puede inferir de lo que escribe Zincke en las Sammlungen de Leipzig, X, 551 y siguientes (1753), pág. 20, XIII, 861.

314.

Quesnay , lc, 189, no ignora que muchos trabajadores ganan más que el coste de su subsistencia; pero afirmaba que esto era resultado de un monopolio natural o legal de la misma. Cuanto más cara era la mano de obra, más productiva parecía. Por el contrario, véase Dohm sobre el sistema fisiocrático, en el Deutsch. Museum, 1778, II, 313 y ss.

315.

Gournay (compárese con Turgot , Eloge de G., en la edición de Guillaumin, I, 266, 271 y sigs.), así como Raynal , Histoire des Indes, vol. X, Livre 19, a pesar de la similitud de sus puntos de vista con los de Quesnay, reconocieron por este motivo la productividad de la industria. Para algunos ejemplos notables que ilustran cómo puede aumentar el valor a cambio de la materia prima, véase la obra anónima Paying Old Debts without New Taxes, Londres, 1723. Véase también Algarotti (ob. 1794), 318, en Custodi , Economisti classici italiani, Parte moderna, I. Así, un cwt. de hierro fundido grueso se convierte, en una manufactura de Berlín, en 88.440 botones de camisa que valen 6-⅔ groschens de plata cada uno. Por lo tanto, el valor aumenta de 1 a 2 táleros a 19.653. El aumento del valor en uso por el trabajo industrial es evidente.

316.

Quesnay , Diálogo sobre el comercio.

317.

Reconocido muy tempranamente por Ad. Contzen , Politicorum, Lib. VIII, C. 10 (1629).

318.

Esto no escapó a la atención de Federico II. Von Raumer , Hohenstaufen, III, 535.

319.

Condillac reconoce el poder productivo tanto de la industria como del comercio; y que el servicio prestado por el estado es al menos económicamente indispensable. (Le Commerce et le Gouvernment, 1776, I, 6, 7, 10.) Beccaria , Economia pubblica (1769 ff.), IV, 4, 24. Boisguillebert (ob. 1714), Sur la Nature des Richesses, ilustró la utilidad del comercio con la imagen de un número de hombres atados a pilares, a cien pasos de distancia, uno con una superabundancia de alimentos pero desnudo, un segundo con una superabundancia de combustible, un tercero con una superabundancia de ropa, etc.; todos los cuales perecen, por no poder intercambiar sus respectivos excedentes entre sí. Según Lotz , Revisión, I, 217, "comprar caro", aparte del fraude real, significa solo una disminución de la posible ganancia.

320.

Verri , Meditazioni, XXIV, en lugar de llamar al comerciante productivo, lo llama mediador entre productores y consumidores. Sería igual de razonable llamar al zapatero mediador entre la producción y el consumo de cuero; o al comerciante de telas, que corta la tela de la pieza, un ayudante preparatorio del sastre. El trabajo del comercio es especialmente como el del pescador o el del excavador de turba, porque producen solo en la medida en que transfieren bienes de lugares inaccesibles a accesibles. Véase, sin embargo, Rau , Lehrbuch, I, § 103. Véase la demostración del poder productivo del comercio en general, así como de lo que, a modo de preferencia, se llama industria, en Ad. Smith , W. de N., IV, cap. 9. Una refutación mucho más fundamental del Principio Fisiocrático se puede encontrar en Jacob , N. Œk., 204 y siguientes.

321.

En 1843, se embarcaron cerca de 55.000 toneladas de hielo desde Boston. Inicialmente, se pagó menos de 25 centavos por tonelada. Embalado a bordo, su valor era de 2,55 dólares por tonelada. La venta final alcanzó los 3.575.000 dólares. Ausland, 1844, n.º 278. Los antiguos conocían una producción similar de hielo, cuyo valor de intercambio podía reducirse casi por completo al trabajo del comercio. Véase Xenoph. , Memor., II, I, 30; Athen. III 97; Proverbios de Salomón, 25, 13.

322.

Oeste de N., cap. 3. Véase, sin embargo, la traducción francesa de Garnier de Ad. Smith, Préf. pág. IX y V, nota 20. De modo similar, Malthus , Principios, cap. 1, Lect. 21. Definiciones, cap. 7, 10.

323.

Bacon ya había dicho de la nobleza, el clero y los literatos: sorti reipublicæ nihil addunt (Serm., 15, 29); en contraposición a lo cual, Hobbes señala con acierto que incluso el trabajo humano puede, como otras cosas, intercambiarse por bienes de todo tipo. (Leviathan, 24.) En la obra, Discourse of Trade, Coyn and Credit, págs. 44 y siguientes, y pág. 156, se admite la absoluta necesidad del trabajo intelectual , así como del trabajo físico; pero se insiste en que los médicos, clérigos y juristas nunca pueden enriquecer a un país, y que un número relativamente grande de ellos incluso conduciría a la pobreza nacional. (Véase Roscher , Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre, 138.) David Hume considera a los comerciantes como productivos, pero dice que un médico o un abogado solo pueden enriquecerse a costa de otros. (Discursos, n.º 4, Sobre el interés.) Ferguson compara con gran astucia esta valoración de la riqueza nacional con la de un avaro. Historia de la sociedad civil, VI, I.

324.

De igual modo, Lauderdale , Inquiry, 355; Lotz , Handbuch der Staätswirthschaft, I, § 39, y Rau , Lehrbuch I, § 195, solo reconocen productividad indirecta al comercio. Se puede demostrar, en numerosos casos, que dicha productividad coexiste con la productividad directa, debido a las mil maneras en que se entrelazan todos los hilos económicos. Así, Paley señala en su obra sobre los Principios de Moral y Política que un fabricante de tabaco puede incluso contribuir indirectamente al cultivo de cereales; un actor, a la industria, etc.

325.

Así Sismondi , Nuevos Príncipes, II, cap. 1, y, anteriormente, Mengotti Colbertismo, 317. (Cust.) Véase, por otra parte, Hermann , Staatsw. Untersuchungen, 34 y sigs. Incluso JB Say no hace ningún tipo de justicia a este respecto con los servicios personales. Habla de productos que ne s'attachent à rien qui s'évanouissent à mésure qu'ils naissent, qu'il est imposible d'accumuler, qui n'ajoutent rein à la richesse nationale . Compárese Catéchisme (3ª ed.) 52 y sigs., 174 y sigs. Por otra parte Dunoyer , Libertê du Travail, LV, observa que aquí el trabajo y su resultado se hacen cambiar de lugar; El primero, como todo trabajo, es muy perecedero, el segundo tan duradero como en el caso de otros tipos de trabajo. En un caso, la utilidad se fija en las cosas, en el otro en las personas. Ad. Müller , Elemente der Staatskunst passim, llama especialmente la atención sobre cómo los tipos de trabajo, llamados improductivos por Adam Smith , preservan el estado y, de esa manera, todos los bienes individuales intercambiables. De manera similar, Storch , Handbuch, I, 347; Steinlein , Handbuch, I, 460. Lauderdale (443), sin embargo, tiene razón cuando dice que la duración continuada del producto del trabajo depende, por lo general, más del capricho de los consumidores que de la naturaleza del trabajo.

326.

Garnier llama la atención sobre el hecho de que existe una gran cantidad de productos materiales, como encajes, perfumes, etc., que difícilmente pueden utilizarse en la producción posterior y, en general, los recursos propios, en su mayor parte, no se conservan en bienes duraderos, sino que se preservan mediante el cambio de formas técnicas de producción. Hermann , I, Aufl., 115.

327.

Cuando Schön , Nat. Œkonomie, 33, ridiculiza la idea de la productividad de los servicios personales, citando el ejemplo de la prostitución ejercida como oficio, olvida que muchos bienes materiales también pueden causar daño moral a quien los adquiere. Se dice que en Francia hay 3.500 comerciantes y revendedores de escritos e imágenes inmorales, que venden anualmente nueve millones de ejemplares, ¡a un precio de seis millones de francos! (Moniteur, 9 de abril de 1853).

328.

Compárese con Schäffle , Theorie der ausschliessenden Absatzverhältnise, 1867, 135. seq.

329.

Muchos socialistas dan un paso atrás en este sentido, pues consideran productivo únicamente el trabajo manual. La escuela de Fourier , en particular, declama con vehemencia contra la improductividad del comercio y de la mayoría de los servicios personales. Compárese con V. Considérant , Destinée sociale, 1851, I, 44.

330.

Además de lo anterior, véase Gioja , N. Prospetto, I, 246 y sigs.; Scialoja , 42; JB Say , Traité, I, cap. 2; Hufeland , N. Grundlegung, I, 42, 54; Gr. Soden , Nat. Œkonomie, I, 142 y sigs. Hermann , St. Untersuchungen, 20 y sigs., distingue tres puntos de vista político-económicos: el del productor, el del consumidor y el de la economía de toda la nación. El productor llama a su trabajo productivo, en caso de que reciba de vuelta su desembolso de capital con la tasa de ganancia usual en el comercio del país. Desde este punto de vista, por lo tanto, todo servicio que se paga, según el deseo, parece productivo. Por otro lado, el consumidor atribuye productividad a todos esos tipos de trabajo cuyos logros puede utilizar y que puede obtener a un precio conveniente. Por lo tanto, siempre que paga voluntariamente por un servicio, reconoce su productividad. Por último, desde un punto de vista económico-nacional, se considera productivo todo trabajo que aumente la cantidad de bienes expuestos a la venta en el mercado; y esto lo hacen los servicios personales. La productividad técnica, que depende de la ejecución de las ideas técnicas que flotan ante la mente del trabajador, debe distinguirse de esta productividad económica. Es posible que, técnicamente, el trabajo pueda ser muy productivo y, sin embargo, causar pérdidas económicas; por ejemplo, las bellas artes y las llamadas obras maestras de los oficios. Véase Séneca , De Benef., II, 33. H. (33) proporciona una muy buena refutación de la doctrina de que mucho depende de si el trabajo se ha pagado con capital o con ingresos. Eiselen , Volkswirthschaft (1843), 27 y sigs., señala que el trabajador, por ejemplo, que cultiva maíz, debe además cuidar su salud y la conservación de su casa; Esto forma parte de su trabajo agregado necesario. ¿Por qué, entonces, debería considerarse improductivo cuando dicho trabajo secundario lo realizan personas particulares? De lo contrario, el agricultor no tendría tiempo para su actividad principal. Edinburgh Review, 1804, IV, 343 y sigs.; Wakefield , An Essay upon Political Economy, 1804, quien se ocupa principalmente de la teoría de la productividad del trabajo. L. Lauderdale afirma que cuando la riqueza de una nación se estima según su valor de uso, todo el trabajo útil es productivo; y que cuando se estima según su valor de cambio, todo el trabajo pagado es productivo. (Inquiry, cap. 3). Stein (Lehrbuch, 68; Tüb. Zeitschr., 1868, 230) condiciona la noción de productividad a la presencia de una superfluidad de valores. Pero, cabe preguntarse, ¿trabaja improductivamente una familia que no hace más que mantenerse a sí misma? (Compárese, sin embargo, § 30 ).JS Mill dio un paso sorprendentemente retrógrado en la doctrina sobre este punto en sus Principios, I, cap. 3. Compárese con sus Ensayos sobre algunas cuestiones pendientes de economía política, n.º 3. Una exageración aún más sorprendente se encuentra en De Augustinis Instituzzioni di Economia sociale (Nápoles, 1837), quien llega al extremo de llamar productiva a una persona culpable de incendio provocado porque ha generado para sí misma «el placer de la destrucción» . Más recientemente, von Mangoldt distingue entre el trabajo económico y el trabajo de la cultura: este último se incorpora al hombre mismo, mientras que el primero se emplea en el mundo exterior para transformarlo de forma que corresponda a las necesidades humanas. Desde la perspectiva de la economía política, solo este último es productivo. (Volkswirthschaftslehre, 1865, 26 ss.)

331.

Podríamos, de hecho, comparar la producción original, aquella que precedió a todas las demás, con la alimentación; los oficios, con la digestión; el comercio, con los movimientos de los diversos miembros del cuerpo; los servicios personales con la inspiración, y, sin embargo, todos son igualmente necesarios para la vida del cuerpo. Así, Gamilh compara la agricultura con la raíz de un árbol del cual el servicio prestado por el Estado es la copa. El crecimiento de este último contribuye, así como el de la primera, a la nutrición del conjunto, y está muy lejos de agotar al árbol. Théorie de l' EP, II, 46 y ss. La “producción natural” lograría, de hecho, muy poco sin la protección legal garantizada por el Estado, o sin las herramientas proporcionadas por la industria, etc. Pero es, además, en la mayoría de los casos, una distorsión de la verdad hablar de hombres o clases de hombres productivos e improductivos. Estas expresiones son apropiadas solo cuando se aplican a tipos individuales de trabajo. Véase Murhard , Ideen über Nat. Œk., 88 y ss. Las personas gravemente enfermas son temporalmente improductivas y los niños que mueren prematuramente son improductivos durante toda su vida.

332.

No, sin embargo, en el caso en que el perdedor estima que el placer del juego es mayor que la pérdida.

333.

JB Say , Tratado, I. cap. 1.

334.

V. Cancrin , Œkonomie der menschlichen Gesellschaften, 1845, 10, habla, en este caso, de producción privativa. Entre los socialistas,la expresión de Bazard «l'exploitation de l'homme par l'homme » ha encontrado un fuerte eco; en lugar de la cual solodebería permitirse «l'exploitation du globe par l'homme» . (Exposición de la Doctrina de St. Simon, 24). Pero von Schröder ya había advertido al mundo sobre la «comida imaginaria» , que solo conducía a la ociosidad. (F. Schatz- und Rentkammer, 191, 363).

335.

Por lo tanto, no debería haber demasiados cargos ni demasiados bien remunerados. Véase Storch , Nationaleinkommen, 33 y ss.

336.

Véase v. Mangoldt , Volkswirthschaftslehre, 29 y sigs.

337.

Permanecieron pobres , y no se empobrecieron , como generalmente se supone; pues la enorme riqueza de España, bajo los Reyes Católicos y durante los primeros años de Carlos V, es solo una fábula . Carlos V dijo: «Francia tiene sobreabundancia de todo, y España carece de todo». Véase también el informe de la embajada de Navagero (1526), «Viaggio fatto in Spagna e in Francia» (Venecia, 1563), y Ranke , Fürsten und Volker, I, 393 y ss.

338.

El premio lo ganó Arreta de Monteseguro . El autor de la historia del Asia portuguesa, traducida por Stevens , opina (III, cap. 6) que el comercio no es un tema adecuado para la historia seria.

339.

Hay una descripción muy fina de este espíritu en Clenard , Epist. I. ad Latomum (1535 ff.). Compárese con Juvellanos , en Laborde , Itinéraire déscriptif, IV, 176. Townsend , Journey through Spain, II, 207, 117. Buckle , History of Civilization, II, cap. I. El censo de 1788 arrojó el número de sacerdotes y monjes, soldados, marineros, nobles, abogados, recaudadores de impuestos, escritores, estudiantes y domésticos, en 1.221.000, en un total de 3.800.000 hombres; de cuyo número había una multitud de mendigos, vagabundos, etc. que se podía deducir. Laborde , Itinéraire, II, 32 ff. Las diecisiete universidades y las innumerables pequeñas escuelas de latín, con su instrucción gratuita y sus muchas becas, indujeron a un número desproporcionadamente grande a dedicarse al estudio. A principios de este siglo, había al menos 200.000 sacerdotes, monjas ( Geistliche ), etc., en una población de solo tres a tres millones y medio. ( Ebeling , Erdbeschreibung von Portugal, 66.) Senior muestra que la pobreza de los otomanos es causada por demasiados empleados estatales, recaudadores de impuestos y comerciantes minoristas. (Diario mantenido en Turquía y Grecia, 1857-58.) Así, también, J. Tucker , Four Tracts, 1774, 18, contrasta a los hombres dedicados a la industria con los ociosos ricos, cuyo aumento, posiblemente por la inmigración, haría del pueblo una nación de "caballeros y damas, lacayos, mozos de cuadra, lavanderas, etc." Schmitthener , N. Œk., 656, llama a una condición como la de España “tisis económico-nacional”.

340.

Tucker , Progress of the US, 137. Los siguientes datos también servirán para una comparación: En Bélgica, en 1856, se estimó que, dejando a las personas sin profesión fuera de consideración, el 45,6 por ciento eran agricultores, el 37,2 por ciento industriales, el 6,7 por ciento en comercio, el 2,8 por ciento en profesiones liberales, el 1,5 por ciento en fuerza pública , el 2,1 por ciento en propietarios, rentistas, pensionistas y el 3,7 por ciento en domesticité . En Prusia, en 1871, de toda la población masculina, el 28,6 por ciento se dedicaba a la agricultura, el cultivo forestal, la caza y la pesca; el 32,3 por ciento a la minería, la industria, la construcción y las fundiciones; el 8,56 por ciento en comercio y comercio; el 20,3 por ciento en servicios personales y trabajos manuales que no pertenecían a ninguno de los grupos mencionados anteriormente; el 2,3 por ciento en el ejército y la marina; el 3,7 por ciento en otras ocupaciones; El 2,7% eran inquilinos, pensionistas y personas que vivían de la venta o el alquiler de casas, reservando alojamiento para sí mismos en ellas, y personas que no dieron cuenta de su profesión. (Preuss. statisc. Zeitschr., 1875, 32 y sig.) Sin embargo, es sorprendente que el Amtl. Jahrbuch, III, de Engels , indique que solo el 48% pertenecía a la primera categoría y el 25% a la segunda. En el reino de Sajonia, en 1861, el 25,1% de la población eran agricultores y silvicultores; el 56,1% se dedicaba a la industria; el 7,7% al comercio; el 6,8% al arte, la ciencia, el servicio del estado y de personas privadas; mientras que el 4,1% no tenía ninguna profesión en particular o no la tenía. Baviera, en 1852, tenía el 67,9% de su población dedicada a la agricultura; 22,7 % en el sector artesanal y manufacturero; 5,5 % en personas que viven de los intereses de su dinero y prestan servicios personales de mayor categoría; 1,9 % en el ejército; y 2 % en las listas de pobres. En Hermann , Beiträge zur Statistik des Königreichs Bayern. En Francia, según los informes oficiales, había:

Agricultores 61,46 por ciento. en 1851, el 51,49 por ciento. en 1866;
Industrias y comerciantes, 25,95 por ciento. en 1851, el 32,78 por ciento. en 1866;
Profesiones liberales 9,73 por ciento. en 1851, el 9,48 por ciento. en 1866.

A lo que debe añadirse que, en 1851, había 2,86 sans profession ou dont les professions n'ont pu être statutées ; y que, en 1866, por otro lado, había 2,87 por ciento. en profesiones se rattachant à l'agriculture, industrie et commerce. (Legoyt.) En Inglaterra y Gales, dejando a la clase doméstica fuera de consideración (mujeres sin medios independientes de empleo, niños de la escuela, sirvientas, etc.), y también la "clase indefinida", había, en 1861, 25,3 por ciento de la población dedicada a actividades agrícolas; 60,7 en industriales; 7,8 en comerciales; y 6,06 en actividades profesionales. En Italia, omitiendo amas de casa, niños y personas enfermas, había, en 1862, 57,4 por ciento de la población dedicada a la agricultura; 22,9 en actividades industriales; 4 en comercio; y 3,9 por ciento en el ejército y en las profesiones liberales. (Annali univ. di Statistica, febrero de 1866.) Sobre Holanda, a mediados del siglo XVII, véase J. de Wit , Mémoires, 34 y siguientes.

341.

Csaplovics , Gemälde von Ungarn II, 1. Torrens , El presupuesto: sobre política comercial y colonial, 106 y sigs.

342.

Precisamente como hay más gente arruinada por las bebidas espirituosas que por el pan. El robo de tiempo también es más frecuente entre los sirvientes. Apenas hay nada en la agricultura que se compare con los lazzaroni que esperan todo el día para ayudar a atracar una góndola, descargar un carruaje, etc. Hay más en la caza, la pesca o la ganadería.

343.

Español Compárese Bastiat , Harmonies économiques, cap. 17. Por lo tanto, Sismondi considera que uno de los principales méritos del estado constitucional es que, en él, la población gardienne no regula su propia remuneración. (NP, I, 144.) Saint Simon , de hecho, dice que los miembros franceses de la Chambre , en su tiempo, obtenían ingresos del estado tres veces mayores que los de sus propios recursos y estaban, por lo tanto, profundamente interesados en aumentar el presupuesto. (Vues sur la Propriété et la Législation, 1818.) También quisiera llamar la atención sobre la sobreestimación nacional y la sobrepoblación de vocaciones eruditas que padeció Alemania, incluso en la época de Luis XIV. ( v. Schröder , Fürstl. Schatz-und Rentkammer, 302 y siguientes); La legislación fiscal puede llegar a ser en este caso un buen medio de educación popular .

344.

Esto fue reconocido muy tempranamente por Gregor. Tolsan , lc Ad. Müller , Elemente, II, 255. Storch , Handbuch, II, 229 y ss. ( Schleiermacher , Christ. Sitte, 668.) A. Smith, W. of N., II, cap. 5, atribuyó mayor productividad al trabajo agrícola que al industrial; en el primer caso, no solo se puso en funcionamiento el trabajo humano, sino que las fuerzas de la naturaleza se vieron obligadas a cooperar con él. De manera similar, Malthus , Adiciones (1817) al Ensayo sobre el principio de población, B. III, cap. 8-12. Principios de PE, 217 y ss. Ambos explican así la renta de la tierra, y en lo que respecta a los productos, que solo tienen valor en el intercambio, tienen razón. Por lo tanto, es aún más sorprendente que Carey , el celoso defensor de un arancel protector y oponente de la renta, regrese en esto a Adam Smith. Principios de las ciencias sociales, 1858, II, 35, y passim. Compárese también JB Say , Traité, II, cap. 8; Sismondi , NP, II, cap. 5. Para la mejor refutación de este punto de vista, véase Ricardo , Principios, cap. 2, 3. ¿No pone todo trabajo la fuerza de la naturaleza en operación? Ad opera nihil aliud potest homo, quam ut corpora naturalia admoveat, reliqua natura intus transigit. ( Bacon ). De manera similar, Verri , Meditazioni, III, 1. Una expresión se escapa incluso al propio Ricardo (cap. 7), en el sentido de que los capitalistas son la clase productora.

345.

Basándose en estadísticas muy superficiales de Inglaterra y Francia, Ganilh defiende una teoría de las fuerzas productivas de las diversas ramas de la economía, totalmente opuesta a la de Adam Smith . Prioriza el comercio exterior; luego siguen el comercio mayorista, la industria y la agricultura. (Théorie, I, 240 y ss.)

346.

Ausland, 1846, n.º 54. Expresiones que aún se usan en Europa, como Spindelmagen (relación con el huso), Kunkellehen (sujeción del cordón del delantal), etc., por ejemplo, sugieren esta antiquísima y puramente familiar división del trabajo. Las clases bajas de la población, incluso en los países más civilizados, suelen conservar algunas de las costumbres peculiares de épocas muy primitivas. De ahí que, entre los proletarios, la división del trabajo entre hombres y mujeres sea aún muy reducida. Los empleos habituales en las diferentes etapas de la vida de los hombres, y sus vestimentas, son mucho más uniformes que entre las clases altas. Véase Riehl , Die Familie, 1855, pássim.

347.

Como demuestra Dankwardt , el jus civile de la época romana más temprana se basa en la condición del trabajo aislado, y el jus gentium posterior , en la división del trabajo. N. Œk. und Jurisprudenz, 1857, Heft. I.

348.

Saxo Gramm. , Hist. Dan. V, 101. Turner , Hist. of the A. Saxons B. VII, cap. 11. Nibel., 351 y ss. Hay un proverbio francés: du temps que la reine Berthe filait . La reina Berta era hija mítica de Carlomagno. Es posible que el personaje al que se hace referencia sea la antigua diosa alemana del hilado, Berchta. Sobre la hija de Otón el Grande, véase Dithmar , Merseb. II. Homero , Od. V, 31 y ss.; X, 106; XXIII, 189 y ss. Heródoto , VIII, 137. Livio , I, 57.

349.

Edén , Estado de los Pobres I, 558 y sigs. En el interior del Perú, el sacerdote también suele ser tendero ( Pöppig , Viajes, II, 365); en Canadá, como en muchos pueblos alpinos poco visitados, hotelero. En países con una civilización poco desarrollada, la escasa división del trabajo existente también está regulada de forma muy deficiente. Así, en Rusia, es frecuente que los niños débiles trabajen en el campo, mientras que en la ciudad se encuentran hombres poderosos que venden todo tipo de comestibles e imágenes de santos. ( Storch , Gemälde des russischen Reichs II, 364. v. Haxthausen , Estudios I, 335.)

350.

Babbage , Economía de la maquinaria, 1833, 201. L. Faucher , Angleterre II, Ch. “ la Ville des Serruriers ”. Las estadísticas industriales de París, proporcionadas por H. Say en 1847 y 1848, muestran que solo en esa ciudad hay 325 ramas diferentes de industria, 17 de las cuales se ocupan de la producción de alimentos; 21 de la construcción; 32 de la fabricación de muebles; 21 de la de ropa; 36 de la de hilo y tejidos; 7 de pieles y cueros; 14 de vehículos, talabartería y equipo militar; 33 de productos químicos y cerámica; 33 de trabajar el metal, el vidrio, etc.; 35 de los metales preciosos y las joyas; 27 de la imprenta, el grabado y el papel; 15 de la de artículos de madera y mimbre; 34 de los artículos de París . Según el almanaque industrial de Birmingham, hay en esa ciudad fabricantes de botones de oro, plata, metal, nácar, etc.; fabricantes de martillos, tinteros, clavos de ataúd, collares de perro, palillos de dientes, estribos, anzuelos, espuelas, agujas de carga, etc.

351.

Y lo mismo ocurre con las subdivisiones. La franela se fabrica casi exclusivamente en Halifax, las mantas de lana entre Leeds y Huddersfield, etc.

352.

La misma división del trabajo se desarrolló entre los holandeses en el siglo XVII, lo que despertó entonces la admiración de los ingleses. Véase Sir W. Temple, Observations upon the U. Provinces, 1672, cap. 3. Works, I, 128, 143. En 1615, Montchrêtien presentó a los flamencos como modelo para los franceses en este aspecto.

353.

Sobre las abejas, véase Virgilio, Georg. IV, 158.

354.

El principio de la división del trabajo era conocido por los antiguos: Jenofonte , Cyri Discipl., VIII, 2, 5. Platón , de Rep., II, 369, III, 394, IV, 443; Isocrat , Busir., 8. Aristóteles , Polit., II, 8, 8. Entre los escritores más modernos, compárese con Thomas Aquin , De Reg. pr., I, 1, II, 3. Lutero (Works by Walch, I, 388), en su Commentary on Genesis, 3, 19. Petty , Various Essays, 1682, p. 113. Consideraciones sobre el comercio de las Indias Orientales, Londres, 1701. Roscher , Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre, 118. Mandeville , The Fable of the Bees, edición aumentada de 1723, pág. 411. Berkeley , Querist, 1735, n.º 415, 430, 520 y sigs., 586: «Lo que es asunto de todos no es asunto de nadie». Harris , De la monetisation des coines (1757), I, 16. JJ Rousseau , Emile (1762), L. III. Turgot , Sur la Formation et la Distribution des Richesses, § 3, págs. 50, 62, 66. Diderot , Encyclopédie de l'Art, sv Art. J. Tucker , Four Tracts (1774), págs. 25 y sigs. Boccaria , Economia pubblica, I, 1, 9. Pero el autor al que más debemos en este aspecto es, sin duda, Adam Smith . A él le debemos casi por completo nuestro conocimiento de las leyes naturales desarrolladas en § 59 y sigs.

355.

Según Adam Smith , un clavador puede hacer 2.300 clavos ( Rau dice 3.000 tachuelas de zapatero en Odenwalde) por día; un herrero que sólo es empleado ocasionalmente en la fabricación, de 800 a 1.000; y herreros que nunca han hecho clavos antes, de 200 a 300. Un limador hábil hace 200 golpes en un minuto; un fabricante de peines experto puede hacer en un día de 60 a 70 peines de tal finura que hay de 40 a 48 dientes por pulgada en ellos; ocho fabricantes de ladrillos de Lieja, trabajando juntos, producen 4.800 ladrillos por día; los niños empleados en una fábrica de agujas, en la fabricación de los ojos de las agujas, se vuelven tan hábiles en eso que pueden hacer un pequeño agujero en el cabello más fino y pasar otro cabello a través de él. Rau , Lehrbuch I, § 115. El viejo proverbio «la práctica hace al maestro» lo siguen incluso los ladrones en su gran división del trabajo. Véase Thiele , Die jüdischen Gauner I, 87. Fregier , Des Classes Dangéreuses.

356.

Los niños, con sus dedos más delgados, pueden apuntar el doble de agujas en el mismo tiempo que una persona adulta.

357.

La fabricación de agujas inglesas exige, por parte de los obreros, grados de habilidad tan diversos que su salario varía entre 6 peniques y 20 chelines diarios. Si el obrero más hábil fabricara agujas enteras él solo, se vería obligado a conformarse en parte con una cuarentava parte de lo que recibiría de otro modo. Babbage , loc. cit.

358.

En el caso de las máquinas y en las ramas químicas de la industria, el trabajo aumenta en una proporción mucho menor que el material utilizado en la producción.

359.

En oposición a los monopolios y a la coacción práctica que tiene su origen en la ignorancia, etc.

360.

Por eso Torrens llama al comercio exterior la “división territorial del trabajo” (Ensayo sobre la producción de riqueza, 1821, 155 y siguientes).

361.

Véase Bastiat , Armonías, cap. 1, para una exposición muy hermosa de la doctrina de que cada hombre recibe de la sociedad mucho más de lo que realiza por su parte.

362.

El trabajo conjunto de un gran número de personas a menudo perjudica la agricultura, pues cada una espera a que las demás trabajen, echándoles toda la culpa, etc. ( Columela , I, 9). Como habrán observado muchas amas de casa, dos costureras o planchadoras hacen, en un día, menos que una en dos. Por supuesto, esta regla no se aplica a trabajos que no pueden ser realizados por una sola persona bajo ninguna circunstancia, o cuya magnitud fácilmente lo desanimaría, y en los que la ayuda mutua es fácil de obtener; como en el izado de cargas pesadas, la construcción de carreteras, diques, etc.

363.

Ad. Smith , B., II, Introd. Hufeland , Neue Grundlegung, I, 215. En muchos casos, la división del trabajo, por supuesto, favorece el ahorro de capital. Si cada trabajador necesitara todas las herramientas necesarias para el trabajo en el que participa, tres cuartas partes de ellas tendrían que estar inactivas actualmente. J. Rae , Nuevos principios sobre el tema de la economía política, 164.

364.

Esta necesidad se observa, aunque en una forma peculiar, incluso allí donde prevalece lo que se ha llamado la “organización despótica del trabajo” , en lugar de la libertad.

365.

En las Tierras Altas de Escocia, en la época de Adam Smith, no había herreros que fabricaran únicamente clavos, ya que ningún herrero tenía mercado para más de 1.000 clavos al año, es decir, para tantos como los que se pudieran fabricar en un solo día.

366.

Por supuesto, es muy diferente cuando se trata de un mercado extranjero, aunque sea indirectamente. Así, por ejemplo, en las montañas Hartz hay personas que simplemente fabrican postes, artesas, maderas para ajedrez, bloques, tejas, etc.

367.

No debe inferirse demasiado de la existencia entre los egipcios de médicos especialistas en los diversos órganos del cuerpo. Heródoto , II, 84. Algo análogo se encuentra incluso entre las naciones bárbaras; pero se explica enteramente por la superstición del pueblo. Véase Klemm , Kulturgeschichte, I, 266.

368.

En toda Hesse, bajo el reinado de Felipe el Magnánimo, solo había dos boticarios: uno en Cassel y otro en Marburgo. Rommel , Gesch. v. Hessen, IV, pág. 419, nota. Y no había panaderos entre los romanos antes de la guerra con Perseo. Todo el pan que necesitaba la familia lo horneaba la esposa o las criadas. Plin. , HN XVIII, 28. El horno común en las nuevas ciudades marca el período de transición. Incluso en la Francia central, hay localidades donde cada familia hornea su propio pan con un mes de antelación; y en los departamentos alpinos, incluso con un año de antelación. M. Chevalier , Cours II, 366.

369.

De lo anterior se desprende claramente que en los países en decadencia, donde el mercado se contrae y el capital disminuye, la división del trabajo también debe disminuir.

370.

Según Arago , un caballo utiliza la misma fuerza para arrastrar 20 quintales por una carretera normal que para arrastrar 200 sobre una vía férrea o 1200 por un canal. ¡Apenas podría cargar 2 o 3 sobre su lomo! Moniteur, 1838, n.° 116. Sin embargo, es cierto que la introducción de nuestros ferrocarriles ha mermado en cierta medida las ventajas de las costas.

371.

Compárese con Humboldt , Essai politique sur l'Ile de Cuba, II, 205.

372.

Estrabón , II, 121 y ss. En Europa, hay una milla de costa por cada 31 millas cuadradas en el interior; en América del Norte, hasta 56; en América del Sur, 91; en Asia, 100; en África, 142. ( Humboldt. )

373.

Si todavía existiera la conexión original del mar Caspio y del mar de Aral con el Océano Helado, es probable que como consecuencia de ello se hubiera formado una Escandinavia asiática.

374.

Lo que es cierto del mar a este respecto puede afirmarse también, aunque en menor medida, de los ríos que transportan los frutos civilizadores de las costas hacia el interior. Casi todas las grandes ciudades que no están situadas en puertos costeros derivan su importancia de los ríos, especialmente cuando se han construido en lugares adaptados por la naturaleza al transbordo de mercancías. El hecho de que Venecia finalmente eclipsara a Génova se debe, en gran medida, a su control de un importante río, el Po. La importancia económica de Holanda, de Hamburgo y Bremen guardará, a la larga, la misma relación entre sí que la importancia geográfica de los valles del Rin, el Elba y el Weser. Como nada es más desastroso para una nación que la pérdida de su costa (basta con citar los esfuerzos de los reyes libios y, posteriormente, de Filipo de Macedonia por conquistar las colonias griegas en sus costas; y en tiempos más recientes, de Rusia antes de Pedro el Grande, o del Zollverein sin las costas del mar alemán), así también, la influencia económica y política de un río aumenta a medida que uno se acerca a su desembocadura. De ahí la justificación del gran interés tomado por Alemania y Austria en la cuestión de los principados danubianos. Estados Unidos reconoció este hecho cuando compró Luisiana por 80.000.000 de francos. Bignon , Hist. de France III, 111 ss. Los lectores de historia están familiarizados con el importante papel que desempeñaron las tres Mesopotamias asiáticas: la comprendida entre el Éufrates y el Tigris; la comprendida entre el Ganges y el Brahmapootra; la comprendida entre el Hoang-Ho y el Yang-tse-Kiang, a la que finalmente podría añadirse el Punjab. Esta relación es reconocida por la conciencia popular, en el caso del Ganges, por la creencia en la sacralidad de la corriente. Ningún río ha tenido tanta influencia en la civilización como el Nilo: sus crecidas periódicas han facilitado extraordinariamente las labores agrícolas; su extensión y regularidad favorecieron el progreso de la astronomía; la inundación de la tierra condujo a la geodesia; las obras hidráulicas requeridas por la crecida de las aguas dieron origen a una escuela de arquitectura para la cual el río proporcionó un excelente medio de transporte para las enormes masas que debían ser trasladadas. K. Ritter , Erdkunde, I, pág. 880 y ss.; VI, pág. 1168 y ss. En este aspecto, también, América y Europa tienen ventaja sobre Asia y África. Si bien el Danubio se encuentra, en algunos lugares, a apenas tres millas alemanas del Rin —que, sin embargo, fluye en dirección casi opuesta—, en Asia, las corrientes orientales están separadas de las occidentales, y las septentrionales de las meridionales, por una franja de tierra difícil de recorrer, de unas 300 millas alemanas de extensión. Además, las principales corrientes del norte de Asia desembocan en el Océano Helado, lo que disminuye considerablemente su importancia. El nacimiento del Misuri se encuentra a solo una milla del río Columbia, aunque ambos fluyen hacia mares opuestos.

375.

La ley que rige la marcha de la civilización desde la montaña a la llanura y a las tierras costeras fue observada incluso por Estrabón , XIII, 592, y en parte por Platón , De Leg., 677 y siguientes.

376.

Así, por ejemplo, todos los clientes de un zapatero forman juntos una asociación de calzados, etc. Dunoyer , Libertad del trabajo, L. IV, cap. 10.

377.

Storch , Handbuch, III, 188 y ss. El viajero holandés Usselinx habla de forma similar de la imitatividad y la polifacética capacidad de los suecos (Argonautica Gustavica, 20). Los sirvientes chilenos ( peones ) son una buena combinación de cocinero, arriero, constructor, mensajero, etc. Una vez que han recorrido un camino, nunca lo olvidan. Un cuchillo les sirve de sustituto a la mayoría de las herramientas, y trozos de cuero a clavos. Pöppig , Reise, I, 171 y ss.

378.

von Haxthausen , Studien, I, 63, 113. En 1827, un sombrerero ruso recibía 12 rublos por un sombrero, y uno alemán 35 ( Schön , N. Œkonomie, 78).

379.

Véase el informe de un gran fabricante de Kohl , Inglaterra y Gales, pág. 332 y siguientes.

380.

Raynal , Historia de las Indias (1780), L. XV. Y Rousseau , en su Discurso sobre la Inegalidad (1754), también declama contra todo tipo de capital: si no hubiera escaleras, los hombres subirían mejor; y lanzarían una piedra mejor si no tuvieran hondas. Sin duda, hay una verdad malinterpretada en este dicho. Es sin duda muy saludable, en el estado actual de la sociedad, en el que los asuntos de cada uno son gestionados por otro, que ocasionalmente llegue un momento en que nadie pueda ocupar nuestro lugar, y cada uno solo pueda recurrir a sí mismo. Y aquí reside el inmenso valor que la guerra justa, cuando no se prolonga mucho, pero tiene un final feliz, a veces tiene sobre la vida de un pueblo.

381.

Los salvajes estadounidenses son, en promedio, más débiles que los blancos. En una pelea a puñetazos, los kentuckianos y virginianos demostraron ser muy superiores a los indígenas. Véase Lawrence , Lectures, 403, supra , § 40 .

382.

Para una evaluación muy imparcial de los aspectos positivos y negativos de la división del trabajo , incluso antes de la época de Adam Smith, véase Ferguson , History of Civil Society (1767), IV, I, V, 3 y ss. También Garve , Versuche, III, 41. Adam Smith no ignoraba el lado negativo de la división del trabajo, que, en parte, eliminaría mediante la instrucción popular a expensas del Estado y una especie de educación obligatoria. W. of N., V, cap. 1, 3, art. 2. Una de las principales peculiaridades de la Economía Política de J. Möser es su firme oposición a cualquier división del trabajo altamente desarrollada. Patr. Ph., I, 2, 21, III, 32, 34.

383.

von Ledebur , Viajes en Altai, I, 384. El trabajo conjunto de esposa e hijo, introducido recientemente por los fabricantes, no puede considerarse un grado superior de la división del trabajo, sino solo un cambio muy desfavorable en su naturaleza, ya que sería mejor emplear a las mujeres en sus quehaceres domésticos y dejar a los niños con sus estudios y juegos. Entre las clases altas, debería incluirse en la educación femenina para contrarrestar, en la familia, los efectos de la creciente división del trabajo entre los varones mediante el desarrollo de lo universalmente humano: el arte, la sociabilidad, las tareas del hogar, etc.

384.

Schleiermacher , Christliche Sitte, 465 y ss., 676 y ss., 154 y ss. Partiendo de un sentimiento similar, aunque muy exagerado, los griegos de la época clásica propiamente dicha consideraban deshonrosas todas las profesiones que se perseguían con ánimo de lucro, sin exceptuar siquiera las de médico y maestro. Platón , de Rep., I, 347 y ss. Aristóteles. , Rhet., I, 9, 27: μηδεμίαν ἐργάζεσθαι βὰναυσον τέχνην, ἐλευθέρον γάρ τὸ μὴ πρὸς ἄλλον ζην.

385.

Así, por ejemplo, el superintendente de una fábrica debe tener una mejor preparación general, pero puede arreglárselas con una preparación menos especializada que sus obreros.

386.

Tucídides dice de los contemporáneos de Pericles: “Los mismos hombres se dedican, entre nosotros, en parte a los negocios domésticos y políticos; en parte, otros que se ocupan de la agricultura y la industria no tienen un conocimiento mediocre de los asuntos de estado. A quienes no toman parte en lo primero, no los llamamos personas que aman su comodidad, sino hombres inútiles” (II, 40). Durante el período siguiente, Atenas fue destruida principalmente por la creciente división del trabajo entre ciudadanos y soldados. Porque “separar las artes que forman al ciudadano y al estadista, las artes de la política y la guerra, es un intento de desmembrar el carácter humano y de destruir esas mismas artes que pretendemos mejorar” ( Ferguson ). Sabemos por Valerio Máximo que los soldados romanos de la época de Mario tenían, sin duda, una mejor formación técnica que sus antepasados que derrotaron a Aníbal; pero ¿era en un sentido militar o político que estaban así mejor formados? La hermosa definición de Catón insinúa algo de la misma naturaleza: el buen orador era vir bonus dicendi peritus . ( Quintiliano , XII, I.) Y así Garve , Versuche, IV, 51 y sigs., espera de la elevación política de la ciudadanía, de aquellos que poseen el derecho de ciudadanos, no sólo la utilidad en una dirección particular, sino el desarrollo de todo el hombre, cosa que hasta ahora se esperaba sólo de la nobleza.

387.

Como la vocación peculiar de una persona no ocupa toda su vida, debemos establecer una clara distinción entre la unilateralidad del trabajo y la unilateralidad de la vida ( von Mangoldt , Volkswirthschaftslehre, 227). Solo esta última debe evitarse a toda costa; y la encontramos en la Edad Media, con sus limitadas divisiones del trabajo, quizás con mayor frecuencia que donde la civilización ha alcanzado una etapa superior. Durante la Edad Media, no era inusual convertir sentimientos que todos deberían cultivar a veces, aunque solo fuera temporalmente, en la vocación permanente de algunos. Así, uno oraba toda su vida o se dedicaba a la contemplación, y liberaba a otros de la necesidad de realizar estos deberes. La consecuencia fue que estos últimos se hundieron tan profundamente en la mundanidad y la falta de espíritu interior como los primeros en la ociosidad y la hipocresía. Pero, por otro lado, cuando, en nuestros días, el impresor libera al escritor de una parte del trabajo que podría ser suyo, el desarrollo personal de ninguno de los dos se resiente.

388.

L'uomo è un' tal potenza, che unita all' altra non fa un eguale alla somma, ma al quadrato della somma. ( Genovesi. ) En cuanto a cómo la acción de cada hombre individual es una especie de división y unión de diferentes tipos de trabajo, ver Stein , Lehrbuch, 24.

389.

Compárese con Ad. Müller , Elemente der Staatskunst, III, 1809. Fr. List , System der polit. Œkonomie, 222 y ss., 409 y ss. Wakefield , en su edición de Adam Smith, distingue dos grados de cooperación: simple y compleja. En el caso del trabajo simple, el mismo tipo de trabajo se realiza al mismo tiempo y lugar por varios individuos, como, por ejemplo, por muchos peones en la construcción. En el otro caso, se realizan diferentes tipos de trabajo en diferentes momentos y lugares, pero todos destinados a un fin mayor. La agricultura ofrece espacio especialmente para el primero, y también es conocido por un gran número de especies animales.

390.

Tejedores flamencos en Inglaterra, refugiados franceses en países protestantes; mineros alemanes en España, Escandinavia, Hungría y América.

391.

Esto, tan desarrollado en Egipto y la India, donde prevalece el principio de castas, está muy poco desarrollado en los despotismos de Asia. Los grandes príncipes de estos últimos países construyen principalmente por vanidad. Por ello, sus sucesores rara vez completan sus obras y apenas las reparan. En ningún otro lugar hay tantos edificios a medio terminar y aún en ruinas. Klemm , Kulturgeschichte, VIII, 86. Riedel , N. Œkonomie I, 259, señala con mucha acierto que los tipos de cooperación que más contribuyen a la propagación de la habilidad, tanto en el comercio como en el trabajo manual, presentan una división del trabajo menos real, y viceversa.

392.

Compárese con Leplay , La Réforme sociale en France (1864).

393.

Español Sobre la asociación en general, véase M. Chevalier , Cours, III, Leçon, 24, 25. Sobre este tema tan tratado en nuestros días, véase, con más detalle, sobre su aplicación a la agricultura, mi obra, Nationalökonomik des Ackerbaues, 4, § 39, 47 y siguientes; 68, 133 y siguientes; sobre su aplicación a la industria, especialmente cuando se trata de la relación del trabajo manual y las manufacturas con las grandes fábricas; véase Roscher , Ansichten der Volkswirthschaft, II, Aufl., 1861, Abhandlung, IV, V.

394.

Adam Smith señaló que las leyes de la división del trabajo se aplican también a las obras intelectuales; y, de hecho, en todas las naciones con un nivel de civilización muy bajo, los gérmenes de todo arte y ciencia se encuentran conectados con la teología; y, posteriormente, los gérmenes de toda poesía e historia con la épica. La expresión: non defuit homini, sed scientiæ, quod nescivit Salmasius , es una prueba clara de la insignificancia de la ciencia de la época. Pensemos en el aumento de las ramas de estudio en nuestras universidades alemanas durante los últimos cien años. Actualmente hay treinta y cuatro profesores regulares en la facultad de filosofía de Leipzig, cuando entonces solo había nueve. Pero aquí también se cumple el principio de que una división excesiva del trabajo, donde la conexión más amplia y el fundamento más profundo de todas las ciencias desaparecen de la conciencia, socava la salud y la libertad intelectuales. Y el daño aquí es mayor e irreparable que en el ámbito del mero trabajo físico. Véase Hufeland , N. Grundlegung, I, 207 y ss. Si nos acabamos de convertir en alejandrinos, no podemos, sin embargo, esperar de Aristóteles. Jurisprudentia est divinarum atque humanarum rerum notitia, justi atque injusti scientia ( Ulpiano ). Es notable que las naciones que carecen de una verdadera literatura nacional propia, una vez que superan los límites de la barbarie absoluta, aprenden lenguas extranjeras, etc., con la mayor facilidad.

395.

La utopía socialista de Ch. Fourier (Théorie des quatre Mouvements, 1808. Théorie de l'Unité universelle, 1822. Le nouveau Monde industriel et sociétaire, 1829) se basa en las siguientes ideas fundamentales. A. La civilización actual es la de un mundo al revés, especialmente en la medida en que atribuye un autogobierno "moral" (una palabra que siempre usó en un sentido irónico) al hombre. En el mundo de Fourier, por otro lado, se supone que cada hombre, en todo momento, da rienda suelta a cada pasión ; y el juego de estas gratificaciones constituye la armonía , en la que los más pobres encuentran más placer que los reyes en la época actual. (Véase § 207 de esta obra). B. Lo principal para promover esto es una reforma radical en la división y cooperación del trabajo tal como existen en la actualidad. Español En lugar de las actuales aldeas y ciudades, deberíamos tener solo falansterios, cada uno con 2.000 habitantes, y situados en el centro de la tierra que cultivan. En lugar de las actuales naciones y estados, deberíamos tener una república confederada universal, jerárquicamente graduada, con el francés como idioma universal. Según las exigencias de la passion papillonne , cada uno debería llevar a cabo los más diversos tipos de negocios lado a lado, y cada uno de ellos como máximo dos horas por día; es decir, todos deberían ser un diletante, nadie un maestro, y todo debería hacerse lo peor posible. Proudhon , Contradictions économiques, cap. 3, objeta esto, que un trabajador debe, de alguna manera, ser considerado responsable de su trabajo. El propio Fourier calcula que, en su harmonía todos los placeres son trabajo productivo; y que, gracias a este cambio constante, uno podría contentarse con dormir de 4,5 a 5,5 horas, e incluso niños de 2,5 años podrían participar en el trabajo. Así, se generaría una gran rivalidad entre los cultivadores de manzanas y los de peras, tan grande que surgirían allí más intrigas de ataque y defensa [ pasión cabalista ] que en todos los gabinetes de Europa, en cuya resolución los membrillos actuarían como intermediarios. Además de todo esto, existen ayudas maravillosas: una fructífera corona de luz se eleva sobre el polo norte; las naranjas florecen en Siberia; el mar se vuelve tan delicioso como la limonada; mueren animales peligrosos, y en su lugar surgen antileones y antiballenas, animales útiles al hombre, que arrastran sus barcos durante las calmas. Estas ideas no se retractan en absoluto en las obras posteriores de Fourier . Véase Nouveau Monde (Oeuvres) IV, 447. Las proposiciones de Robert OwenUna nueva visión de la sociedad (1812) guarda gran similitud con las de Fourier. Se diferencian únicamente en la ausencia del carácter cuartelero francés de las falanges y en el carácter fantástico de la presentación de la doctrina. Él pretendía dividir toda la tierra en distritos de 1.000 acres cada uno; cada distrito tendría una ciudad de cuatro esquinas con 1.000 habitantes, siguiendo un sistema de producción y consumo en común, aunque no con plena igualdad; desarrollando tanto la agricultura como otros negocios. Una característica principal aquí es un sistema de educación completamente nuevo. El autor afirma que el hombre ha sido hasta ahora esclavo de una trinidad abominable: religión, propiedad personal y matrimonio indisoluble. (Declaración de Independencia Mental).

396.

Compárese con Tácito , Histor., II, 44.

397.

Véase Iselin , Geschichte der Menschheit (1764), III, 7. Bazard , Exposition de la Doctrine de Saint Simon, 1831, 153. Entre las naciones negras, la privación de libertad es uno de los castigos más habituales para los delitos; pero el delincuente tiene la opción de sustituirse por su esposa o hijo. L.A. de Oliveira Méndez , en el Memor. econom. de la Real Academia de Lisboa, vol. IV, I, 1812. En cuanto a la esclavitud a causa de delitos entre los alemanes, véase Grimm, D. Rechtsalterth., 328 y ss.

398.

La pérdida en el juego fue una causa frecuente de esclavitud entre los antiguos germanos. Tácito , Germ., 24. Para las principales causas de esclavitud entre los israelitas, véanse los libros de Moisés, II, 22, 3; III, 25, 39; IV, 21, 26 ss.; entre los indios, Leyes de Menu, VIII, 415. Los primeros siervos de Rusia fueron prisioneros de guerra y sus hijos. Las leyes de Jaroslaws reconocen, además, las siguientes causas: insolvencia, matrimonio con un esclavo, incumplimiento ilegal de un contrato de servicio, huida y contrato incondicional de servicio. Karamsin , Rus. Gesch., II, 37.

399.

Al menos semillas y medios de subsistencia hasta la época de la cosecha.

400.

Casos de esclavitud voluntaria para escapar de la hambruna. Papencordt , Geschichte der Vandalen, 186; Victor , Chron., V, 17; Tur., VII, 45; Lex Bajuv, VI, 3; L. Fris, XI, I. Según el Edictum Pistense (a., 864), c., 34, uno podía liberarse de nuevo devolviendo el dinero de la compra y un 20 por ciento adicional. Ocurría con frecuencia que las personas aceptaban espontáneamente la condición de vasallo para disfrutar de la protección de un personaje poderoso. Véase Stüve , Lasten des Grundeigenthums, p. 74. En 1812, un joven himalayo se ofreció al viajero Moorcroft como esclavo para obtener alimentos durante la hambruna. K. Ritter , Erdkunde, III, p. 999. El mismo hecho ocurrió, pero en mayores proporciones bajo el reinado de José en Egipto. Moisés , I, 47, 18 ss.

401.

César , BG, VI, 13.

402.

Solón fue el primero en prohibir este comercio en Atenas. Kindlinger , en su Geschichte der deutschen Hörigkeit, pág. 621, habla de un niño prometido como esclavo antes de nacer, por sus padres, como una especie de renta agrícola. (Véase el Edictum Pistense, en Baluz , II, 192.) En Chile, los campesinos más pobres, que no eran completamente blancos, vendían a sus hijos en las ciudades, donde crecían con las familias de sus amos, y luego eran mantenidos como sirvientes en un estado de semiservidumbre. Es cierto que no existe ninguna ley que regule esta situación. ( Pöppig , Reise, I, 201 y ss.)

403.

Ritter , XIII, 727. Por ejemplo, los hombres en Sudamérica solían cabalgar. M. Chevalier , Cours, I, 251; Lœwenstern , Le Mexique, Souvenirs d'un Voyageur (1843); y Stephens , Travels in Yucatan (1841), muestran cómo, incluso en Centroamérica, aunque los indígenas gozan de libertad legal, debido a su insensata forma de endeudarse, surgen diversas relaciones legales que prácticamente equivalen a una gleba adscriptio . Compárese, sin embargo, con Humboldt , Neuspanien, IV, 263. Esta situación también se ha generado en Perú mediante el pago de uno o dos años de salario por adelantado. ( Pöppig , Reise, II, 225.)

404.

Así, Forbonnais , Eléments du Commerce (1854) I, 364, dice del comercio con salvajes: il fait naître dans ces Nations le goût du superflu et des commodités, qui multiplie le, échanges et leur donne le goût du travail.

405.

En naciones muy incivilizadas, donde la servidumbre es desconocida, generalmente encontramos la esclavitud de la mujer y la servidumbre temporal del yerno para asegurar el matrimonio de la hija. Esto aún ocurre entre los lapones. Klemm , Kulturgeschichte III, pág. 54. La esclavitud era desconocida entre los griegos en los tiempos más remotos. Herodes , VI, 263. FA Wolf , Darstell. der Afterthumswissenschaft, III, duda que cualquier gran avance en el desarrollo intelectual hubiera sido posible sin la esclavitud.

406.

En Rusia, donde los campesinos libres y los siervos vivían lado a lado, se ha observado que estos últimos nunca fueron tan ricos ni tan pobres como los primeros. ( Kohl , Reise durch Russland II, 8, 300.) Los campesinos de Livonia se han empobrecido más desde su emancipación. ( Cancrin , Œkonomie der menschlichen Gesellschaften, 41). Muchos de los siervos se negaron a aceptar la emancipación. ( Büsch , Geldumlauf, Einleitung, § 6.) Y así Martius , Reise in Brasilien II, 552 ff., nos asegura que los esclavos negros en Brasil son por regla general un grupo muy alegre. También opina que están mejor vestidos, alojados, alimentados y empleados que en su propio país. Para la notable defensa oficial de la esclavitud norteamericana dirigida por Calhoun a Lord Aberdeen, véase el Allg. Zeitung, 1844, n.º 145. En este documento, encontramos una comparación entre los negros libres del norte y los esclavos del sur. En el norte, había un caso de sordomudo, ceguera y demencia por cada 96; en el sur, por cada 672; un indigente, inválido y prisionero por cada 6 en el norte, y por cada 54 en el sur. En Maine, una doceava parte de los negros padecía enfermedades; en Florida, una decena. El hecho de que la población esclava de Estados Unidos aumentara, entre 1840 y 1860, de 2.873.698 a 4.441.830, mientras que la población negra libre de Jamaica, entre 1833 y 1843, experimentó una disminución alarmante, tiene el mismo significado. Sin embargo, no se debe inferir demasiado de todo esto, ya que los negros en América están muy lejos de ser hijos de la tierra.

407.

Los sirvientes de la Odisea que cuidaban cerdos y ganado, etc., se encontraban sin duda en mejores condiciones en muchos aspectos que los campesinos del Ática, quienes eran libres, pero estaban sumidos en deudas hasta la época de Solón. Sobre la indulgencia del trato a los esclavos en los primeros tiempos romanos, véase Plutarco , Coriol., 24, y Catón , I, 3, 20 y ss.; Catón , de Re rust, 5, 56 y ss.; Macrob. , Stat. I, 10 y ss. Sobre la situación de los siervos entre los alemanes, véase Grimm , Deutsche Rechtsalterthümer, pág. 339 y ss.; entre los antiguos escandinavos, etc., Dahlman , Geschichte von Dänemark, I, 163. Véase Tácito , Germ., 25.

408.

Compárese Landnamabok, I, 6.

409.

Las opiniones de los antiguos a favor y en contra de la esclavitud se encuentran en Arist. Polit. I, 2. Véanse especialmente los bellos pasajes de Filemón : Meineke , Comicorum jr., 364, 410. Aristóteles incluso piensa que hay casos en los que amo y esclavo podrían unirse por una necesidad mutua, cada uno del otro. El primero necesita manos para ejecutar el trabajo de su cerebro; el segundo un cerebro que guíe sus manos. Donde el grado de dependencia corresponde exactamente a la diferencia de capacidad, Aristóteles , dejando sus abusos fuera de cuestión, declara que la esclavitud es justa. Véase, también, Eth. Nicom., VIII, 11. De manera similar, el pitagórico Bryson en Stobœus , Florid. LXXXV, 15. Pero Aristóteles presentaría la emancipación de todos los esclavos como una recompensa que podrían tener en perspectiva. Polit VII, 9, 9; Œcon. I, 5. Es característico de los numerosos testamentos de los filósofos, que se encuentran en Diógenes Laercio , que contengan declaraciones que otorgan la libertad a los esclavos. Los esenios y los terapéuticos condenaron la esclavitud en todas las circunstancias. Filón , Oposición II, págs. 458, 482, Oposición I. Véase Séneca , De Benef. III, 20. El jus naturale de la época de los Césares reconocía la libertad e igualdad del hombre. Digesto, XII, 664, L. 17, 32. El Nuevo Testamento no lo rechaza absolutamente, sino que lo santifica, así como todas las demás relaciones de la vida. Compárese con Lucas, 17, 7; Efesios 6, 5 y siguientes; Colosenses 3, 22; Tito 2, 9. Más especialmente, I Timoteo, VI, 1 y siguientes. No fue hasta el siglo IX que surgió la opinión de que la esclavitud era anticristiana porque todos los hombres fueron hechos a imagen de Dios. Planck , Geschichte der kirchlichen Gesellschaftsverfassung, II, 350. Sachsenspiegel, III, 42. Un escritor tan reciente como Pufendorf explica la esclavitud como el resultado de un contrato libre; faciam, ut des. Jus naturæ (1672) VI, 3. Más recientemente , Linguet , Théorie des Lois civiles (1767), V, cap. 30, y Hugo , Naturrecht, § 186 y siguientes, se han esforzado por demostrar que los esclavos están en una condición preferible a la de los hombres libres pobres. Y así, Möser Patriot Phantasien, II, pág. 154 y siguientes. Quienes, como Thaer, separan el elemento de producción, el «trabajo», del de la «inteligencia», justifican la esclavitud basándose en el mismo principio que Aristóteles, sin saberlo. Por el contrario, véase F. G. Schultze , N. Œkonomie (1856), 418.

410.

Turgot , Sur la Formation, etc., § 21. El imperio universal de los romanos lo demostró. Por ejemplo, durante las guerras de Lúculo, un esclavo costaba solo cuatro dracmas. ( Apiano , Bell. Mithr., 78). Sardi venales : debido a la saturación del mercado con esclavos sardos, lograda gracias a la victoria de Tib. Graco, 177 a. C. Muchas de las guerras menores de los romanos solo pueden considerarse como cacerías de esclavos. Pero las grandes guerras también fueron seguidas por alzamientos de esclavos debido a la gran cantidad de nuevos esclavos que crearon. Así, 198 en el Lacio, 196 en Etruria. ( Libros , Aufstände der unfreien Arbeiter von, 143-129, v. Chr., 1874.) Durante los períodos relativamente pacíficos que precedieron a muchas de las revoluciones romanas, los piratas entregaron grandes cantidades de esclavos. Con frecuencia, miles de esclavos fueron llevados a Delos y vendidos en un solo día. ( Estrabón , XIV, 668.) Como la emancipación era una medida que la gente no se decidía a adoptar, estos piratas satisfacían una necesidad temporal, lo que explica en parte la, por lo demás, incomprensible tolerancia del estado hacia ellos.

411.

Gregor. Turón. , III, 15.

412.

Grimm , D. Rechtsalterthümer, 323. Es un hecho extraño que en varios casos notables los prisioneros de guerra fueran vendidos como esclavos en Italia durante el siglo XV. ( Sismondi , Hist. des Républiques italiennes, IX, p. 312 seq.; XI, p. 138 seq.) E incluso en el siglo XVI, el Papa permitió que aquellos de los estados opuestos a él fueran tratados de esta manera. Sismondi, supra , XI, 251; XIII, 485. Raynold , Ana. etc. 1506, artículo 25 y siguientes.

413.

Esta graduación de esclavo, siervo y trabajador, ha sido llevada a cabo especialmente por Saint Simon , Oeuvres, 328 y sigs. Incluso Proudhon admite que la condición de las clases bajas es mejor ahora que antes. (Contradictions économiques, cap. X, 2.) Compárese M. Chevalier , Cours, I. Leçons 1 y 2, donde muestra que nuestro poder productivo ha aumentado durante los últimos cuatro o cinco siglos en la producción de hierro en la proporción de 1 a 25 a 30; en la preparación de harina desde la época de Homero en la proporción de 1:144; en la producción de algodón durante los últimos 70 años en la proporción de 1:320. Aristóteles predijo, hace mucho tiempo, que "cuando la lanzadera se moviera por sí sola, y las plectras por sí mismas tocaran la lira, no necesitaríamos más esclavos". Polit., 2, 5. Cada paso de verdadero progreso nos acerca al cumplimiento de la profecía.

414.

Los plantadores norteamericanos empleaban herramientas toscas en lugar de finas y mulas en lugar de caballos porque sus esclavos los cuidaban muy poco.

415.

Nunca se puede obtener tanto trabajo del esclavo como el temor de perder su situación y de no poder obtener otra, del trabajador libre. ( Hume. ) Marlo , Weltœkonomie, 1848, I, 2, 38, concede que esto es cierto sólo cuando todas las fuerzas de la naturaleza son apropiadas por la ocupación y el número de trabajadores es mayor que la falta de trabajadores.

416.

Incluso en Brasil, por regla general, solo los hombres libres son empleados como refinadores de azúcar, destiladores, carreteros, etc. ( Koster , Travels in Brazil, 1816, 362). Storch , Russland unter Alexander I, Heft, 23, pág. 255, cita la opinión de un eminente fabricante ruso de que primero sería necesario liberar a los trabajadores sirvientes de las fábricas. Los amos generalmente han dejado de emplear a sus propios siervos en las manufacturas, les han permitido buscar trabajo por sí mismos y solo les han exigido que les paguen una especie de impuesto. Cuando se adoptó este plan, se encontró que trabajaban mucho mejor ( v. Haxthausen , Studien I, 61, 116). Fue una consecuencia de la esclavitud que, en la antigüedad, los muy ricos compraran tan poco: ¡omnia domi nascuntur ! ( Petron , 38).

417.

Así , Homero , Od. XVII, 322, en cuya época incluso había jornaleros, θῆτες o ἔριθοι. (Od. IV, 644; X, 85; XI, 490; XIV, 102. Hesíodo , Opera, 602.) Y Varrón , De Re Rust. I, 17, aconseja que los trabajos difíciles los realicen más bien jornaleros. Coli rura ab ergastulis pessimum est et quidquid agitur a desperantibus. Plin. , HN XVIII, 7. Omne género agri tolerabilius sub liberis colonis, quam sub villicis. ( Columetta , De Re Rust I, 7.) Se ha estimado que, en las Indias Occidentales, un esclavo negro realizaba sólo un tercio del trabajo realizado por un inglés en su propio país. ( B. Edwards , Historia de las Indias Occidentales Británicas, II, 131.) Durante la única tarde semanal en que se permitía a los negros trabajar por cuenta propia, realizaban tanto como en otros días completos. Edimburgo R. IV, 842. Compárese con Bentham , Traité de Législation I, 319. Ch. Comte , Traité de Législation, 1827, Livre V.; Cairnes , The Slave-Power, its Character, Career and Probable Designs, 1862; Olmsted , Journeys and Explorations in the Cotton Kingdom, 1861.

418.

Mientras que los tiranos mayores habían prohibido la ociosidad, Dracón y Solón incluso lo hicieron bajo pena de degradación (véanse pasajes en Büchsenschütz , Besitz und Erwerb, 260). Sócrates llamó a la ἅργια la hermana de la Libertad (Eliano, VHX, 14), y a la σκολή la más hermosa de todas las profesiones.

419.

B. Franklin , Observaciones sobre la población de nuevos países, etc., 1751.

420.

Monumento erigido a Bernstorff por sus campesinos, 8, 15. Las fincas de Zàmoiski rindieron, 17 años después de la emancipación, tres veces más que durante la servidumbre. Coxe , Viajes por Polonia, I, 22. La transformación de los siervos en agricultores hereditarios le costó al conde Bernstorff 100.000 táleros; pero los ingresos derivados de sus tierras aumentaron en consecuencia, en veinticuatro años, de 3.000 a 27.000 táleros. Un segador inglés puede segar un campo dos y tres veces más grande que un segador ruso en un tiempo determinado. Si el primero recibe jornales equivalentes a setenta libras de trigo, y el segundo a solo doce, el trabajo del inglés sigue siendo más barato; pues produce 100 libras de heno mientras que el segundo produce solo ocho. Jacob , 43 y siguientes. Pero el alquiler de siervos en las grandes ciudades de Rusia rendía menos a sus amos que en el interior. Storch , Handbuch, II, 286.

421.

Tucker , Progreso de los Estados Unidos, 1843, págs. 111 y siguientes. No es necesario destacar la inexactitud de estas cifras, ni comentar lo poco útil que sería para nuestro propósito actual un promedio obtenido a partir de la densidad de población en diferentes partes de Rusia, donde dichas densidades son, en sí mismas, tan diferentes.

422.

Los espartanos parecían haber contado con que un hombre libre adulto recibiría el doble de comida ordinaria que un esclavo ( Tucid. , VI, 16) .

423.

Stewart , Principles, I, 7, de acuerdo con datos históricos, dice que los campesinos en nuestros días trabajan para otras personas, porque tienen necesidades que solo pueden satisfacerse de esta manera; porque "son esclavos de sus propias necesidades". La incuestionable superioridad del trabajo libre sobre el esclavo, en materia de economía, ha sido abordada especialmente por Turgot , Sur la Formation et la Distribution, § 28, y por Adam Smith , Wealth of Nations, I, 8, III, 2. Pero véase JB Say , Traité, I, cap. 19, y Storch , Handbuch, II, 184. Cuando Hume , Discourses, No. 11, Populousness of ancient Nations, demuestra el mayor costo de la esclavitud a partir del hecho de que el amo de los esclavos debe criarlos o comprarlos, olvida que en el caso de los trabajadores libres está obligado a prever también el sustento de los hijos del trabajador. Lo único que el esclavista tiene que hacer es adelantar todo de una vez.

424.

Humboldt , Cuba, I, 177. Ashworth , Tour in the US Cuba and Canada, 1861. Los esclavos en Luisiana trabajaban tanto que vivían, en promedio, apenas siete años. Edinburg Rev., LXXXIII, 73. Incluso los estoicos no estaban de acuerdo sobre si era correcto, en caso de naufragio, sacrificar un esclavo barato para salvar un caballo valioso. ( Cicerón , de Off. III, 23.) Si el interés propio de los amos es un incentivo para el trato suave de sus esclavos depende del precio por el cual se puedan obtener nuevos esclavos. Esta es una razón poderosa por la que un alto grado de civilización, donde no hay influencias contrarrestadas, debe hacer que la esclavitud sea menos soportable. Cuanto más valiosos son los esclavos, peor es su condición. En las estériles Bahamas, el precio era de £21; en Demarara, £86. En el primer lugar, se les exigía poco trabajo y estaban bien alimentados y vestidos. Por lo tanto, su número ha aumentado allí, mientras que en Demarara ha disminuido. (Edinburgh Rev., XLVI, 496, 180.)

425.

Proverbio: quot servi totidem hostes. ( Macrob. , sáb. I, 11, 13.)

426.

Jefferson , Notas sobre Virginia, 212. La castidad de ambas partes se resiente especialmente. ¡El leno de la comedia antigua era un traficante de esclavos! Compárese con L. 27, Digesto, V, 3. En las colonias negras inglesas, no era raro que los invitados de los plantadores, incluso en las familias más distinguidas, al retirarse, pidieran al sirviente acompañante una chica, con tan poca preocupación como en Inglaterra por una luz. (Negro Slavery, or a Creed of... that state of Society as it exists in the United States and in the Colonies of the West Indies, Londres, 1823, 53).

427.

Incluso la ley de Upland prohibía la venta de cristianos. Los hijos de un esclavo y de una persona libre nacían libres. La emancipación se consideraba un acto cristiano, que debía realizarse para la salvación del alma. La esclavitud voluntaria se prohibió en 1266, y Magnus Erichson la prohibió en general a partir del año 1335. Véase Geijer , Geschichte von Schweden, págs. 157, 185, 273. Estrup , en Falcks N. Staatsburg Magazin, 1837, 179, ss.

428.

L. Alam, 137, 1. L. Fris., 17, 5. Decreto de 960 sobre la abolición del comercio de esclavos cristianos entre Alemania, Italia y el Imperio Bizantino. Tafel und Thomas , Urkunden der Staats-und Handelsgeschichte von Venedig, I, 18 y sigs.

429.

Tácito . Germen. 25. En el Legg. Walliæ 206 (Wolton) leemos: “ Hero eadem potestas in servum suum ac in jumentum ” .

430.

El concilio de Londres de 1102 prohibió la venta de hombres como si fueran animales. (Concilio, ed. Venet. 1730, XII, 1100, n.º 27). Guérard , Polípticos de Irminon, Prolegómenos, 220, describe un modelo pedagógico para la emancipación de los siervos de la Iglesia. En general, la Iglesia contribuyó más a la emancipación de los siervos de otros que a la de los suyos. Véase cap. 39, C. XII, qu. 2; c. 3, 4; De Rebus eccl.

431.

En Flandes desde finales del siglo XII. Warnkönig , Flandrische Staats und Rechtsgeschichte (I, 244).

432.

En lo que se refiere a Alemania, compárese Sugenheim , Geschichte der Aufhebung der Leibeigenschaft in Europa, 1861, pág. 350 y sigs. La destrucción del antiguo sistema señorial ( Hofwesen ) en los siglos XV y XVI, fue a menudo desfavorable para los esclavos y favorable para los siervos. Maurer , Gesch. der Frohnhöfe, II, 92. En Polonia, donde originalmente todos eran terratenientes iguales, muchos se hundieron gradualmente en la pobreza hasta la condición de los llamados kinetes , quienes, aunque personalmente libres, no estaban muy lejos de los esclavos. A partir del siglo XIII, se concedió un gran número de inmunidades, siguiendo el modelo de las concedidas en Alemania, mediante las cuales perdieron, en su mayor parte, su sujeción directa únicamente al emperador y al imperio. Esto fue pronto seguido como consecuencia de su opresión personal. ( Röpell , Geschichte von Polen, I, p. 308 ss., y p. 570 ss.) En Bohemia, la antigua forma de servidumbre había desaparecido tanto en el siglo XIV, que podría decirse que solo era conocida por la historia. Pero durante el reinado del débil rey, Ladislao II, una nueva especie de servidumbre se puso de moda, resultado de la preponderancia del elemento aristocrático. Palacky , Gesch. von Böhmen, II, p. 33 ss.; III, 31 ss. La Dinamarca aristocrática, antes de la guerra campesina de 1255-1258, sometió al campesinado libre que había sido arrendatario por un período de años a un deber ilimitado de socage. Waldemar III, redujo al mismo tipo de servicio al campesinado terrateniente, que especialmente a partir de la fecha del reinado de Margarita, se convirtió en una especie de glebæ adscriptio . A partir del siglo XVI, cuando el poder real prácticamente desapareció, estos privilegios públicos fueron abandonados a la nobleza hasta tal punto que, en 1650, apenas había 5.000 campesinos libres. Dahlmann , III, pág. 73 y ss. Sin embargo, la severidad del servidumbre dio paso en el siglo XIV al vornedskap (servidumbre modificada), una forma más suave de vasallaje. Véase Kolderup Rosenvinge , Grundriss der dänischen Rechtsgeschichte, § 94.

433.

La expresión francesa mainmorte proviene originalmente de la privación del derecho a la herencia. En la época de Beaumanoir, en 1283, era costumbre que, tras la convivencia de varios siervos durante un año y un día, sus bienes muebles pasaran a ser propiedad común de la comunidad. ( Warnkönig , Französische Rechtsgeschichte, II, 157.)

434.

En Francia, Luis X convirtió en una especulación fiscal la venta de la libertad de los siervos en distritos enteros, incluso contra su voluntad. Su edicto, Ordonnances, I, 583, reconoce que todos los hombres son libres por naturaleza y que no sin razón se llama a Francia la tierra de los francos, etc. Incluso en 1298, Felipe IV había intercambiado la servidumbre a la corona de varias provincias por un impuesto territorial. El último gobernante del Delfinado otorgó a todos los siervos de la corona su libertad gratuitamente en 1394 ( Sugenheim , pág. 130). Cuando se escribieron las llamadas coutumes , solo había nueve provincias en las que la servidumbre estaba permitida por ley local. La derrota de la jacquerie perjudicó la causa de la emancipación en Francia de la misma manera que la supresión de la guerra de los campesinos lo hizo en Alemania. Alrededor de 1779, la mainmorte fue abolida en todos los territorios de la corona, y su prueba se hizo casi imposible en todos los demás. ( Warnkönig , II, 151 seq.) Sin embargo, se dice que había 150.000 siervos de cuerpo en Francia en 1789. ( Cassagnac , Causes de la Revolution, III, 11.) Colomán, quien murió en 1114, prohibió la trata de esclavos en Hungría y trabajó para elevar a todos los esclavos cristianos a conditionarii (arrendatarios). Pero el derecho de migración fue abolido en 1351. El rey Segismundo, y aún más, Matías Corvino, lo restablecieron, después de la supresión de la guerra de los campesinos, pero en 1514 se perdió de nuevo hasta 1586. El progreso posterior se detuvo hasta el Urbario de María Teresa.

435.

En Italia, Federico II liberó a todos los siervos de la corona. (Constitutt. Regni Sicil., 164.) Un ejemplo modelo de emancipación en Bolonia en 1256. Los siervos del estado simplemente fueron puestos en libertad; la libertad de aquellos de personas privadas fue comprada con el dinero del estado, y un pequeño diezmo de grano fue impuesto a los emancipados como compensación por el gasto incurrido en su nombre. En el futuro, no habría un solo esclavo en el territorio de Bolonia. Los motivos que llevaron a esta medida son una extraña mezcla de cristianismo y democracia. ( Muzzi , Annali di Bologna, 1840, I, 479.) Italia, a fines del siglo XIV, estaba completamente libre de la servidumbre cristiana. ( Muratori , Antt. Ital., I, 798.) En el cantón de Berna, Suiza, la esclavitud fue abolida gradualmente, el proceso comenzando aproximadamente a principios del siglo XV. Continuó, sin embargo, en el caso de los amos ordinarios hasta 1798. Sugenheim , pág. 530 y siguientes. En Inglaterra, los esfuerzos de Alfredo el Grande hacia la abolición gradual de la esclavitud ( Wilkins , Leges, 29) quedaron sin resultado. Sin embargo, los pasos dados por Guillermo I, hacia un fin mucho más estrecho, parecen haber sido más exitosos. (Leges Will. Conq., 225, 229; Turner , Hist. of England, I, 135). Desde la época de la conquista normanda, los prisioneros de guerra dejaron de reclutar las filas de la esclavitud. Bajo Enrique III y Eduardo I, los arrendatarios de socage se hicieron cada vez más frecuentes; pero, en poco tiempo, sus deberes se volvieron menos onerosos y podían ser desempeñados por otros contratados para el propósito, en lugar de por ellos mismos. El primer vestigio notable de una clase trabajadora asalariada se encuentra en la ley de 1351, que puede considerarse un esfuerzo realizado por la nobleza para oponerse a las tendencias a favor de la emancipación, que fueron una consecuencia del desarrollo de las ciudades. ( Eden , State of the Poor, I, 7, 12, 30, 41,) Infra , § 175. Aunque la guerra campesina bajo Wat Tyler y Straw, que deseaban abolir la servidumbre de un golpe, fracasó en su objetivo, encontramos que hubo muchos casos de emancipación por parte de individuos en los siglos XIV y XV cuando la muerte o la enfermedad los sorprendió, en los que declararon la ineptitud moral de la esclavitud. ( Wycliffe : “When Adam dalve and Eve hila, who was then the gentleman?” ) Elizabeth liberó a los últimos siervos de la corona. Compárese con 12 Charles II, cap. 24, 1660. La emancipación en las tierras bajas de Escocia se completó en 1574. ( Tytler , Hist. of Scotland, II, 260.)

436.

Leyes de emancipación modernas: en Prusia, 1719, 1807, 1819; Lausitz; 1820, Westfalia; en Austria, 1781 (Bohemia y Moravia), 1782 (otros países alemanes y Galicia); 1785 (Hungría); Schleswig-Holstein, 1804, después de que muchos de los terratenientes habían emancipado voluntariamente a sus propios siervos; en Baviera, en 1808; en el reino de Westfalia, en 1808; en Hessen-Darmstadt, en 1811; en Württemberg, en 1817; en Baden, en 1783, 1820 en países recientemente adquiridos; en Mecklemburgo, en 1820; en el reino de Sajonia, en 1832; En Hannover, en 1833. La ley de 1702, que abolía la servidumbre en Dinamarca, fue evadida hasta 1788, y en parte, incluso hasta 1800, por la Schollband (fianza de tierra) introducida en su lugar. El único pueblo cristiano en Europa que, hasta hace poco, tenía siervos era el ruso. En 1834, los siervos de Rusia sumaban 22.000.000, es decir, alrededor del 40 % de la población total. Mientras tanto, la ley del 19 de febrero de 1861, aprobada tras cuatro años de preparación, fijó la fecha de la emancipación a principios de 1863. La esclavitud está abolida en Estados Unidos desde el 1 de enero de 1863; primero, en todas las partes del país que se rebelaron.

437.

Hay un debate muy interesante en el Journ. des Economistes de junio de 1863 sobre si los dueños de siervos tienen derecho a una compensación por su emancipación, a cargo de Laboulaye , Wolowski , Lavergne , Garnier , Simon y otros. En Estados Unidos, se habrían necesitado 2.000 millones de dólares para compensar plenamente a los esclavistas por privarlos de sus esclavos. (Quart. R., enero de 1874, 142). Compárese mi opinión con Roscher , Nationalökonomi des Ackerbaues, § 124.

438.

Si dejamos a un recién nacido en su “libertad natural” durante veinticuatro horas, ¡con toda probabilidad estará muerto al final de ese período!

439.

Compárese con Edinburgh Review, LXXXIII, 64 y ss., abril de 1851, 333. Annalen XXV de Klein , 70 y ss. Incluso en el quinto libro de Moisés, 15, 13 y ss., vemos que la experiencia había considerado que un siervo liberado, sin capital ni tierras, podría fácilmente encontrarse en peores condiciones que antes. En Estados Unidos, la previsión de una disminución en el número de negros emancipados no se ha materializado. El censo de 1870 mostró una población negra de 4.880.000 habitantes, casi un diez por ciento más que en 1860. El aumento del número de iglesias, escuelas y cajas de ahorros también es testimonio de la prosperidad de la población negra. ( R. Somers , The Southern States since the War, 1871).

440.

JS Mill , Principios, 10, cap. 7.

441.

En cuanto a los judíos, véase Ewald , Geschichte von Israel, I 2, p. 198. En general, véase H. Wallon , Hist, de l'Esclavage dans l'Antiquité, II, 1847.

442.

Tucídides IV, 27; Jenofe, De Re. rep. Art. I, 10 ss.; Aristófanes, Nubes, 6; Antiph. De Caede Herodes, 727. En las «Ranas» de Aristófanes, la relación entre el esclavo Jantias y su amo es un testimonio elocuente del buen trato que recibía. Los esclavos gozaban de gran libertad de expresión ( Demósteo, Fil., III, iii). Sobre los amos acusados de crueldad, véase Demósteo, Mid. 529, 7. Atenas, VI, 266. El esclavo maltratado podía refugiarse en un templo, tras lo cual su amo se veía obligado a venderlo ( Escol., Aristófanes, Equit., 1309; Plutarco , Tes., 36).

443.

Los esclavos podían comprar su libertad con su peculium . Véase Petit. Legg., Art. II, 179. Muchos vivían enteramente por cuenta propia, pagando un determinado derecho o impuesto a sus amos y eran muy capaces de ahorrar. RF Hermann , Privatalterthümer, § 13, 9, 58, 11 y ss. Véase el ejemplo en Platón , De Rep. VI, 495, donde un esclavo que se había enriquecido pide en matrimonio a la hija de su antiguo amo. Además, existía una indisposición general a mantener a los griegos como esclavos. ( Philostr. Apoll. VIII, 7, 12.) El caso citado en Demosth . adv. Nicostr. 1249 y ss., es aún más contundente por este motivo.

444.

Bajo el reinado de Cleómenes, muchos adquirieron su libertad con sus propios medios. Plutarco , Cleom. 23. En un período anterior, hombres como Lisandro, Gilipo y Calikratidos habían pertenecido a una clase compuesta por hijos de esclavos criados como ciudadanos.

445.

Cicerón , Pro Muræna, IX, 22.

446.

Pensemos en la ergástula subterránea , en los porteros encadenados y en las exhibiciones de gladiadores.

447.

Incluso desde la época de Plauto , los servi honestiores solían tener vicarios , o esclavos subordinados. Plaut. Asin. I, 4, Séneca De Tranq. Anim. 8. Compárese con Cicerón , Parad. V, 2. Entre los esclavos del estado, los escribanos públicos a veces se encontraban en excelentes condiciones.

448.

El peculium alcanzó su pleno desarrollo en la época de Plauto y Terencio. Compárese con Terencio , Form. I, 1. Era costumbre prometer a los esclavos su libertad en cuanto adquirían cierto peculium . ( Dionisio, Hal. , Ant. Rom., IV, 24. Tac. , Ann., XIV, 42.) Los amos humanitarios permitían a sus esclavos disponer libremente de su peculium por testamento. ( Plin. , Ep., VIII, 16.) Muchos romanos daban a sus esclavos un salario fijo, del cual podían ahorrar. ( Sénec. , Epist., 80, 7.) Los pastores criaban algunas ovejas para su uso exclusivo. ( Plaut. , Asin., III, 1, 36; Varro , RR, I, 17, 7.) Se ofrecían primas por ciertos productos ( Athen. , VI, 274 d), e incluso hubo casos en que se cedieron negocios a esclavos. (Corp. Inscr. Gr., No. 4,713 s.) Los servi publici tenían derecho a disponer de la mitad de lo que poseían, por testamento. ( Ulpiano , XX, 16.) A veces se hacían contratos de préstamo entre amo y esclavo. ( Plut. , Catón, I, 21, L., 49, § 2, Digesto, XV, 1.)

449.

Compárese con Tácito , Ann., XIII, 26 y ss. Entre 356 y 211 d. C., parece que se emanciparon, en promedio, 1380 esclavos al año. ( Dureau de la Malle , Economie polit. des Romains, I, 290 y ss.)

450.

Sobre los esclavos de Ático, altamente educados, de los cuales los griegos tenían pocos ejemplos anteriormente, véase Drumann , Geschichte Roms., V, 66. Los altos precios —100.000 e incluso 200.000 sestercios— que se pagaban por los esclavos, suponen un alto grado de educación. ( Marcial , I, 59; III, 62; XI, 70; Séneca , Ep., 27.) Pero incluso Cicerón se avergonzaba de su aflicción por la muerte de un esclavo excepcionalmente inteligente. (Ad. Att., I, 12.)

451.

En una época anterior, incluso la censura castigaba a los amos crueles. Pero la mayor parte de las medidas para evitar la condena arbitraria a muerte de los esclavos, su castración, etc., y para otorgarles derechos contra sus amos por actos libidinosos hacia ellos, por crueldad, falta de manutención o por proporcionarles mala alimentación, se tomaron después de la época de Adriano. (Compárese con Séneca , de Benef., III, 22; de Ira, III, 40, Sueton. , Claud, 25, Dom., 7; Spartian. , Hadr., 18; Cayo , I, 53; L., 1, § 2, Digest, I, 6; L., 1, § 8, D., I, 12; L., 1, § 2, D., XLVII, 8; L., 1; Cod., IX, 14; Contra, véase Dio Cass , I, V, 17.) Sin embargo, la vitæ necisque potestas existía en la época de Justiniano. ( Zimmern , Geschichte des röm., Privatrechts, I, 2, 661 y sigs.)

452.

Salviano , De Gubern. Dei, V, 8. Theod. , CAD. V, 4. Eumenis , Costa de Paneg. 8, 9. Trebell , encuesta. Claud., 9. Justino. Cad., XI, 26, 47. Compárese con Savigny , Ueber den romischen Colonat. Academia berlinesa, 1822-23.

453.

Las cifras que aparecen en Atenas , VI, 103, sobre el número de esclavos en Grecia son casi increíbles. Solo para el Ática, las estimaciones varían entre 110.000 ( Letronne , en el Mem. de l'Académie des Inscr., 1822, 192, ss.) y 400.000 ( Atenas, siglo I), mientras que el número de hombres libres se estima entre 130.000 y 150.000. En Roma, desde la expulsión de los reyes hasta la destrucción de Cartago, el número de esclavos se mantuvo prácticamente igual. ( Blair , Estado de la esclavitud entre los romanos, 1833, 10, 15.) Por otro lado, Dureau de la Malle opina que en 576 a. C., el número de esclavos era al número de hombres libres como 1 a 25, y en 225 a. C. (incluyendo a los metecos), como 22 a 27. (Economie polit. des Romains I 270 ff., 296.) Compárese Cato , de Re. rust. I, 3, IV, X, 1 XI; 1, XVII, XVIII, 1. En Alemania, se estimó que el número de esclavos, desde el siglo VIII al X, era al menos tan grande como el de hombres libres. ( Grimm , D. Rechtsaltherthümer, 334.) Entre los anglosajones, antes de la conquista normanda, era mucho mayor, incluso tres cuartas partes de toda la población. ( Turner , Hist. of the AS, VIII, 9.) Compárese sobre el tema de todo este capítulo mi artículo en el Archiv. der polit Œkonomie, NF, IV, 30 y sigs.

454.

Con frecuencia , el señor solo tenía derecho de preferencia en caso de que los hijos del arrendatario desearan abandonar el techo de sus padres y trabajar en otro lugar.

455.

En la época de Adam Smith , en Inglaterra, se presumía que un sirviente había sido contratado por un año. (I, 2, 15ª ed., Bas.) La ordenanza de Federico el Grande de 1769, sobre este tema, prohibía a cualquier persona entrar en servicio por un tiempo menor que este (II, § 1 y siguientes), mientras que la ordenanza sajona de 1835, sobre el mismo asunto, permitía los contratos por mes en las ciudades. Darjes , Erste Gründe der Cameralwissenschaften, 2.ª ed. (1768), pág. 432, exige que los sirvientes siempre se contraten por al menos cuatro o cinco años, y que sus amos tengan, durante todo este tiempo, el derecho a hacer cumplir el contrato. En Norteamérica, sin embargo, el servicio por mes se ha vuelto habitual y general, y, por regla general, no se requiere notificación de la disolución del contrato. (Deutsche Vierteljahrsschrift, 1853, II, 191.) En Suiza, los contratos de servicio por semana los hacen con frecuencia incluso los sirvientes rurales. ( Böhmert , Arbeiterverhh., II, 157.)

456.

En el sur de Inglaterra, los peones agrícolas solían cambiar de trabajo solo en San Miguel. La elección de tal fecha hacía que los agricultores dependieran mucho de ellos, ya que coincidía con la época de la cosecha. ( Marshall , Rural Economy of the Southern Countries, II, 233). Una queja similar se presentó en Cleves. ( Schwerz , Rheinischwestphälische Landw., 21 y ss.). En Jülich, se exigía un preaviso de medio año, durante el cual el sirviente que lo había recibido realizaba su trabajo con disgusto e incitaba a sus compañeros contra su amo. ( Schwerz , II, 87).

457.

Las familias de jornaleros, a quienes el propietario del terreno cede el uso de una casa, un pequeño huerto, una vaca, etc., constituyen dicha transición; así como los trabajadores que reciben alimento. En Brandeburgo, en 1644, solo se permitía trabajar como jornaleros a las personas casadas o viudas con hijos. ( Mylius, CC Marzo , V, 1, 3, 11.)

458.

Wakefield , Swing desenmascarado, o las causas del incendiario rural, 1831.

459.

Gracias a lo anterior, el número de pequeños propietarios independientes aumentó considerablemente en el país. Los amos se sienten reacios a contratar jóvenes susceptibles de ser sometidos al servicio militar, ya que pueden ser llamados en el momento en que más se necesitan sus servicios. El soldado que regresa, por regla general, se siente por encima de realizar servicios domésticos. ( Schwerz , passim, I, 191 y sigs., 236.) Por esta razón, los salarios de los sirvientes en Cléveris aumentaron mucho más que los de los jornaleros. (194.) En Bélgica, un peón agrícola costaba, en promedio, 400 francos al año; un jornalero, con 300 días de trabajo al año, solo 339 francos. ( Horn , Statist. Gemälde, 175.) En el Palatinado, los jornaleros que no reciben nada más que su salario cuestan a sus amos menos que aquellos que solo reciben su comida; y los sirvientes son los más preciados de todos. ( Hanssen, Archiv der Politischen Œkonomie, NF X, 243.) Si en 1813 los sirvientes estaban relativamente peor pagados que los jornaleros ( Lotz , Revisión, III, 147), era a causa de la regresión, al menos temporal, de la civilización que toda gran guerra causa.

460.

Engel , Preuss. Statist. Jahrb., II, 261. Los servicios que contribuyen a la comodidad personal se asignan naturalmente con mucha menos frecuencia a jornaleros independientes que aquellos que contribuyen a la producción propiamente dicha. Por lo tanto, a medida que la civilización avanza, el servicio doméstico, especialmente el femenino, constituye una proporción cada vez mayor del número total de sirvientes. En Prusia, en 1816, el número de sirvientes que atendían la comodidad personal era solo el 4,19 % del número total de sirvientes dedicados a la industria; de las sirvientas, era el 13,4 %. En 1861, por otro lado, los porcentajes eran del 8,4 y el 37,2 %. En Gran Bretaña, del número total de sirvientes mayores de 20 años, solo el 2 % se dedicaba a servicios personales. En 1841, eran el 3,5 %. ( Meidinger .) En Francia, en 1851, el 2,5 por ciento de toda la población vivía en domesticité . (Stat. off.)

461.

En Inglaterra, ahora más especialmente, entre los jornaleros agrícolas: Edinburgh Rev., abril de 1862.

462.

Un elemento clave de la anterior «organización del trabajo». También lo fue la Ordenanza de Servicios de Magdeburgo de 1789.

463.

Landesordnungen sajones de 1482 y 1543. Cod. Agosto. I, 3, 23. La Gesindeordnung (regulación de servicios) de Federico el Grande amenazó con la casa de corrección a los síndicos y, en ciertas circunstancias, también a quienes pagaban salarios superiores al salario fijo; pero, como norma, se permitía el pago de salarios inferiores. (V, § 7) Se tuvo mucho cuidado de que los salarios superiores a los permitidos por la ley no se evadieran mediante el pago de arrha o en productos. La misma ley prohibía privar al sirviente de su derecho a determinar el servicio haciéndole préstamos a largo plazo (II, § 7). Incluso v. Berg , Handbuch des deutschen Polizeirechts, lo llama un deber de las autoridades públicas encargadas de la protección de la propiedad y de la seguridad pública, para ver que no haya escasez de buenos sirvientes, y que el público (como si aquellos que venden sus servicios no fueran parte de él) no debería ser hecho víctima de demandas exorbitantes en materia de salarios de los sirvientes. Jung , más humano, exige que las autoridades protejan, especialmente, a la parte más débil. (Grundlehre der Staatswirthschaft, 1792, 700). En la legislación prusiana, el rescripto de Silesia del 13 de marzo de 1809, es el comienzo del nuevo orden de cosas. ( Rabe , Samml. preuss. Gesetze, X, 59 y sigs.) El Obertribunal , o tribunal superior, decidió en 1874 que ya no se debía permitir que la repatriación de los sirvientes fugitivos por parte de la policía, prevista en la ley de 1810 sobre los sirvientes.

464.

Ordenanza del elector de Sajonia de 1766, que prohibía a los habitantes de las ciudades contratar aprendices entre el campesinado, a menos que hubieran trabajado al menos cuatro años como peón agrícola, a partir de los catorce años. Similarmente, en Prusia en 1781.

465.

En Berlín, incluso antes del período “populacionista” : Fidicin , Histor. diploma. Beiträge zur Gesch. der Stadt Berlin, I, 101. (Del año 1397.)

466.

1 Pedro, 2, 18 ss.; 1 Timoteo, 6, 12; Efesio, 6, 5; Filemón, 15 ss.

467.

En las colonias alemanas menonitas de Rusia, cada joven sirve durante unos años en la familia de otro campesino. Esto se considera una especie de escuela. Los salarios son, por supuesto, muy altos y el trato, muy benigno. v. Haxthausen , Studien, II, 185. En el suroeste de Alemania, donde abundan los pequeños terratenientes, se observa una situación muy similar. ( v. Goltz , loc. cit., 452.)

468.

Para una exposición magistral de la doctrina de que el derecho de prescripción o limitación está relacionado con la necesidad político-económica de la propiedad, véase John Stuart Mill , Principios, 3, II, cap. 2, sec. 2.

469.

Locke , Sobre el gobierno civil, II, §25-51; y así L. Mendelssohn , Jerusalén (1783), 32; Thiers , Du Droit de la Propriété (1849).

470.

Los escritores modernos, en su intento de encontrar una base filosófica para el derecho de propiedad, han tomado dos direcciones principales, la primera jurídica, la segunda política. El axioma, res nullius cedit primo occupanti (compárese L. 3, Digesto, XLI, 1), explica solo la parte más pequeña de las relaciones de propiedad, y eso solo debido a una circunstancia muy fortuita. Según Hobbes (Leviatán, 24), la propiedad tiene su origen en el reconocimiento de esta por el poder del estado, por la autoridad pública , el gobierno ( Bossuet , Política tirada de l'Ecriture, Sainte, L. 3, 4), o como Montesquieu (Esprit des Lois XXVI., 15) lo expresa más suavemente, en las leyes. La aplicación de este principio, debido a la extrema variabilidad de las leyes de cada estado, conduciría a la más extrema inseguridad y a una constante oscilación de una utopía a otra, de una revolución a otra, si no se reconociera, al mismo tiempo, que cada uno tenía un título justo sobre las adquisiciones que había hecho, no porque la ley, vigente en ese momento, reconociera el derecho, sino porque eran el producto de su trabajo y ahorro. La teoría que basa el derecho de propiedad en el contrato no puede ser objetada con la misma razón. Así, Hugo Grocio , Jus Belli et Pacis, II, 2, quien incluso justifica la ocupación de cosas sin dueño, en el supuesto de la existencia de un contrato implícito. Es muy característico del inglés, que en su lenguaje político, las palabras "libertad" y "propiedad" se encuentren tan frecuentemente juntas. En uno de sus discursos clásicos, pronunciado por Fox en 1784, este define la libertad con estas palabras: «Consiste en la posesión segura y sagrada de la propiedad de un hombre» , etc. La doctrina reciente, frecuente, de que todo hombre tiene derecho a una cantidad de propiedad que corresponda a sus necesidades, puede utilizarse para sancionar todo tipo de inferencias socialistas. Una descripción completamente desconcertante y desconcertante se encuentra en «Qué es la propiedad» de Proudhon (1848), precursora de la cual pueden considerarse las «Recherches philosophiques sur le Droit de Propriété et le Vol» de Brissot . En la época medieval, existían numerosos otros títulos de propiedad, además de la producción y el ahorro. El título que se tiene en mayor estima actualmente, se ve reforzado y generalizado por esta extrema diferencia con respecto a todos los demás.

471.

El término socialismo, introducido por L. Reybaud, es tan ambiguo como simple e inteligible es el término comunismo. Pero la mayoría de los socialistas coinciden en que la verdadera "sociedad" (que, de hecho, debe distinguirse del Estado) es, junto con sus fundamentos, las relaciones existentes de propiedad y familia, completamente errónea. Una reconstrucción radical, afirman, es necesaria para eliminar para siempre el principal mal de este sistema, a saber: la flagrante diferencia entre ricos y pobres, educados e ignorantes. La diferencia entre las doctrinas de los socialistas y de la Economía Política no consiste, en absoluto, en que los primeros se preocupen más por el bienestar de las clases bajas, ni siquiera en que otorguen un alcance más amplio a la economía en común. Pero el socialismo es, de hecho, una vida o administración del hogar en común ( Gemeinwirthschaft ), que va mucho más allá del sentimiento por el interés común ( Gemeinsinn ). Dicha economía en común siempre se opone a la libertad y, en su primera introducción, es contraria a la ley. No puede garantizar ninguna compensación a quienes han sufrido violencia o fuerza, ya que conduce a un agotamiento irreflexivo y derrochador de los recursos de la nación, ya que debilita el incentivo a la industria y la frugalidad. La Economía Política, por otro lado, recomienda una expropiación cuando con ella se fortalecen los incentivos a la industria y la frugalidad; y el aumento de recursos así obtenido le sirve como compensación plena a aquellos cuyas propiedades han sido expropiadas .

472.

Véase Roscher , Betrachtungen über Socialismus und Communismus, Berliner Zeitschrift für Geschichtwissenschaft, 1845, III, 422 y sigs.

473.

Vivre en travaillant ou mourir en combattant : el emblema de las banderas de los tejedores de seda amotinados en Lyon, en 1832.

474.

Vauban (Dime Royale, 34 ss.) nos asegura que, en los últimos años del reinado de Luis XIV, casi una décima parte del pueblo francés mendigaba, y que cinco décimas no podían dar limosna, pues se encontraban al borde de la indigencia; tres décimas estaban muy malheridas, avergonzadas por sus deudas y por el proceso ; apenas un uno por ciento podía decirse que estaba en su mejor momento . ¡Cuánto mejor se encuentra el obrero parisino actual! Y, sin embargo, en aquella época, no había la menor difusión de doctrinas comunistas. De hecho, rara vez hombres completamente oprimidos reaccionan contra su miseria con gran energía.

475.

“Si mi capricho es la fuente de la ley, entonces mi disfrute puede ser la fuente de la división de los recursos de la nación”. Stahl , Rechtsphilosophie, II, 2, 72.

476.

Que el socialismo de Platón , De Repub., V, no era una mera fantasía, lo demuestra la polémica que Aristófanes dirige contra él en su Eclesiazuses. Véase también Aristófanes , Polit., II, 2, Schn. En la práctica contemporánea de los griegos, con la creciente democratización del Estado, se hizo cada vez más habitual que este corriera con los gastos de los medios de subsistencia de la gran multitud. (Véase Plutarco , Cimo, 10.) Cada acto de la vida pública estaba pagado. A los ciudadanos se les pagaba por asistir a las reuniones populares tres óbolos al día, mientras que la paga de los soldados era de seis y la de los marineros de tres. ( Tucídides , III, 17; VII, 27; VIII, 45.) La paga del jornalero más común era de tres a cuatro óbolos al día. Aristófanes. , Ecl., 310, y Pólux , VII, 29. El número de magistrados era muy grande, para que el mayor número posible pudiera participar en esta especie de remuneración. Así, en Atenas, cuando tenía solo unos 20.000 habitantes, había 6.000 jueces. Además de todo esto, había innumerables fiestas, representaciones, banquetes, etc., que se ofrecían al pueblo gratuitamente. Los ricos, obligados a asumir todos los gastos así generados, vivían en tal estado de terror hacia el populacho, que consideraban su propio empobrecimiento como una especie de liberación. ( Jenof. , Conviv., 4, y Lisias , pro Bonis). Isócrates dijo que era mucho más peligroso ser rico que cometer un delito, ya que en este último caso se podía obtener un indulto o un castigo leve. (De Permut., pág. 160.) ( Lysias , De Invalido, de sacra Olea, ss.) Hay poca diferencia entre este estado de cosas y una semicomunidad de bienes. Solo que, de hecho, la gran masa de esclavos estaba excluida de disfrutarlos. El contraste que algo más tarde distinguió a los cínicos de los cirenonepicúreos ofrece una sorprendente analogía con la que, en nuestros tiempos, existe entre los socialistas puros y los adoradores de Mammón, al estilo del Doctor Ure. Sobre la Utopía de Yámbulo , véase Diodoro , II, 55 y ss.

477.

Nuestras fuentes de información sobre la división de la república romana en una oligarquía adinerada y el proletariado son muy numerosas. Compárese infra , § 205. Los discursos de los Gracos (p. ej. Plut. , T. Gracchus, 9), y aún más los violentos discursos de la conspiración de Catilina ( Salustio , Cat., 20, 23, 37-39), nos recuerdan con mucha fuerza los lemas del socialismo moderno. Con mucha frecuencia nos encontramos con la expresión de un anhelo de volver al pasado más incivilizado y remoto, cuando no había dinero ni riqueza, una aspiración que se encuentra en el fundamento mismo del comunismo. Así, Virgilio , Geo., I, 125 y ss., Tibull. I, 3, 35 y ss. Propert. II, 13, III, 5, 11; Séneca , Epist., 90; Senec. , Oct. II, Hippol. , II, 2; Plin. , HN XXXII, 3. Por otra parte, la práctica de apoyar al populacho a expensas de grandes candidatos o del estado, se desarrolló en gran medida. Las masas vivían en gran medida de la venta de su derecho al sufragio al mejor postor. En la elección de cónsules en el año 54, se ofrecieron 500.000 táleros a la centuria llamada a votar primero. ( Cicerón , ad Quintum II, 15; ad. AH IV, 15.) Incluso Catón tuvo parte en tal soborno. ( Sueton. , Caes., 19.) En la reforma social del joven Graco, además de la limitación de la gran propiedad territorial, los puntos principales fueron los siguientes: la venta de trigo por debajo del precio de mercado, pero solo a los habitantes de la propia Roma; la construcción de grandes carreteras en Italia; colonización a expensas del estado y el aumento del salario de los soldados. ( Ritsch , Gracchen, 392 ff.) Los planes socialistas de Rulo fueron mucho más allá. Si sus leyes agrarias se hubieran puesto en ejecución, habría confiscado casi todo el país en interés de los pobres y de sus demagogos. ( Cicerón , De Lege agrar.) Roma experimentó dos veces una revolución social del carácter más espantoso, una por la cual una gran parte de todos los bienes privados cayó en manos de los desposeídos (soldados), que no sabían cómo sacarle provecho o invertirlos, bajo Sila, y luego bajo los posteriores Triunviros. (Compárese con Appian , Bell, civil., V, 5, 22.) Quejas relativas a este último, en Horat. , Epist., I, 2, 49; Virgil , Buc., IX, 28; Tibull. I, 1, 19, IV, 1, 182; Adecuado. , IV, 1, 129. El anciano Graco había prometido compensación a los últimos poseedores. Tabulae novaede Cina, Catilina, Celio, Dolebella. Clodio introdujo la distribución de trigo, que según Cicerón pro Sexto, 25, consumía casi una quinta parte de los ingresos públicos. De esta manera, se mantuvo a unas 320.000 personas durante un largo periodo ( Suetón , César, 41; Dión C. , XLIII, 21; L. LV, 10), pero solo de forma que se les evitara la inanición ( Salustio , 268.ª ed. Bip.). A todo esto pronto se añadieron distribuciones de sal, harina y aceite, baños gratuitos, innumerables representaciones públicas, banquetes colosales, pago de un año de renta, etc. ¡Panem et circenses! (Juvenal, X, 80 y ss.) La mera distribución de dinero bajo Augusto, en la que participaron de 200.000 a 320.000 hombres, costó cada vez de 2.500.000 a 6.000.000 de táleros. (Monum Ancyr., 372 Wolf.) Se concedió asistencia extraordinaria, con preferencia, a las colonias de pobres. ( Sueton. , Caes, 42.) Sobre toda esta política, véase Plin. , Paneg., 26 y ss. Incluso en Constantinopla, en el momento de su fundación, se hicieron grandes distribuciones de pan a expensas de Egipto, aunque difícilmente podía haber un verdadero pauperismo en esa nueva y floreciente ciudad. ( Teod. , Cod., XIII, 4, XIV 16; Sócrat. , II, 13.) Sólo puedo aludir al plan propuesto por el emperador Galieno al neoplatónico Plotino, para fundar una ciudad en la que se llevaran a cabo las ideas de la república de Platón. (Porfirio, V, Plotino, 8.)

478.

Durante los dos siglos que marcaron la mitad de la Reforma, la transición del sistema agrícola campesino al sistema de labranza moderna afectó gravemente a las clases populares. Así también se vio afectada la caída del precio de los metales preciosos (§ 140 ). La supresión de numerosos monasterios aumentó la miseria de los pobres; las numerosas leyes de pobres promulgadas en Inglaterra, España, etc., no fueron suficientes para remediarlo. El sentimiento popular durante este período de tribulación se expresó en la Guerra de los Campesinos, en la secta anabaptista, en las numerosas reformas y contrarreformas, en la revuelta de los Países Bajos, en los conflictos por la corona en Francia e Inglaterra, etc. En Italia, el contraste entre la oligarquía adinerada y el proletariado se había desarrollado durante varios siglos, pero desde mediados del siglo XVI se había vuelto mucho más opresivo debido al empobrecimiento general del país. Para una descripción de los panteístas “Hermanos y Hermanas del Espíritu Libre”, con su comunidad de bienes y de mujeres, véase Ullmann , Reformatoren vor der Reformation, II, 18 y ss. Fueron muy numerosos desde el siglo XIII al XV en Italia y Francia, así como en Alemania, y nos llevan a los adanitas en la guerra husita. ( Aschbach , Geschichte K. Sigismunds, III, 109.) Aún antes, tenemos la secta de los Giovannali, que tenían sus propiedades y mujeres en común, y que, en 1355, habían ganado el tercio de Córcega, pero que luego fueron suprimidos por Génova y la Iglesia. ( Lebret , Geschichte von Italien, VI, 208 y ss.) El socialista burdo, John Balle , tiene aproximadamente la misma relación con Wycliffe, que Münzer y Bockholt tuvieron con Lutero. ( Walsingham , Hist. Angliæ in Camden, Scriptt. , 275.) Hans Böheim de Würzburg, 1476, parece ser el precursor directo de Münzer. ( Ullmann , I, 421 y ss.) Era casi tan habitual en la época de Lutero como en 1848, o en nuestros días, oír hablar de la profunda desmoralización del comercio —la Fuggerei de la Alemania de la época— y del sistema universal de fraude que prevalecía. Véanse las citas en Hagen , Deutschland's Verhältnisse im Reform-Zeitalter, II, 313 y ss. El principio fundamental de Münzer: ¡Omnia simul communia! Sebastian Frank, Chronica, Zeytbuch und Geschychtbibel etc., 1551, fol. VI, 16, 27, 116, 194, 414, 433. La vida de John Bockholt nos presenta un marcado contraste. Mientras llevaban a sus mujeres perfumadas, relucientes de joyas, a su lecho rosa, con cortinas de tela dorada, donde él se reclinaba, sus súbditos eran víctimas de los horrores de la hambruna, hasta tal punto que se vieron obligados a salar los cuerpos de niños que morían de hambre. ¡Qué terrible el fin de este comunista benefactor de la humanidad! Comunidad libertina de bienes y mujeres. ( Calvino , Instructio adv. Libertinos, cap. 21.) Comunistas ingleses en la época de la Reforma. ( J. Story , Comment. on the Constitution of the US, I, 36.) Incluso bajo Cromwell, hubo muchos ingleses que creían que los agricultores ya no estaban obligados a pagar renta a los terratenientes. Sobre la secta de los niveladores, véase Walker , History of the Independency, II, 152. Incluso en Erasmo , encontramos cierta simpatía por el comunismo. (Enchirid. milit. Christ, 80.) Contra , véase Melanchthon , Prolegg. in Cic. de Off., Corp. Reform, XVI, 549 y siguientes. Las obras sistemáticas más notables de este período son Utopia, 1516, de Tomás Moro , y Civitas, solis, 1620, de Campanella . Tomás Moro dice sin rodeos que todos los gobiernos existentes son, de hecho, solo conspiraciones permanentes de los ricos para promover sus propios intereses bajo la máscara del bien común y para despojar a la mano de obra. La abolición del dinero, que debería seguir utilizándose solo para la guerra exterior, eliminaría, según él, toda la miseria. En su utopía no existía realmente la propiedad privada. Debería existir una supervisión estricta de todo el trabajo por parte de las autoridades públicas, cuyo deber sería velar por que nadie abandonara las actividades agrícolas. Todos deberían comer en una mesa común y vestirse de la misma manera. El comercio interior debería dar paso a un intercambio mutuo de regalos bajo la supervisión del Estado. Campanella , además de la comunidad de bienes, recomienda una ocupación continuamente variada, que no dure más de cuatro horas diarias; la educación en común, especialmente mediante imágenes, enciclopedias populares, etc., todo ello bajo la guía suprema de un despotismo compuesto por sabios, algunos seculares y otros espirituales, que operen a través de la confesión. Los socialistas casi siempre tienen más éxito en la parte crítica de sus obras que en la positiva. Compárese con R. Mohl , Geschichte und Literatur der Staatswissenschaften, § 1, 165 y siguientes.

479.

Considerando la aversión que J. J. Rousseau mostraba a la propiedad privada y el poder ilimitado que otorgaba a la mayoría en el Estado (Contrato Social, 1761, II, cap. 4), es innegable que su libertad e igualdad contienen, como mínimo, gérmenes de comunismo nada desdeñable. Sin embargo, en el estado actual de la sociedad civil, el respeto por los derechos de propiedad se inculcaría en la mente del niño desde muy temprano, incluso antes de que se desarrollara el sentimiento de libertad (Emile, 1762, Livre II). Casi al mismo tiempo, Morelly publicó su Basiliade ou Naufrage des Iles flottantes (1753), una novela política en favor del comunismo. Véase el Código de la Naturaleza del mismo autor, 1755. Mably , en sus dos obras, Dudas propuestas a los economistas, 1768, y La legislación o los principios de las leyes, 1776, recomendó la abolición de toda desigualdad y una verdadera comunidad de bienes. La introducción de la propiedad le parece un faute qu'il était presque impossible de faire . Incluso Beccaria considera la propiedad un derecho terrible, pero quizás necesario, que ha dejado a los desafortunados solo una existencia desnuda. (Dei Delitti e delle Pene, 1765, cap. 22). El Terror francés estuvo muy cerca de materializar estas ideas. Basta con mencionar la abolición del censo, los pagos a los obreros que asistían a las reuniones de sección, los dos francos diarios, la enorme extensión de las confiscaciones, las requisiciones y los préstamos forzosos, la revolución operada en la fortuna de las personas por el sistema de asignación de asignaciones, el precio máximo fijado para todos los artículos de primera necesidad, la abolición de los impuestos indirectos y de lo que quedaba de las instituciones económicas heredadas de la Edad Media. Según St. Just : «La opulencia es una infamia; no hace falta ni riqueza ni pobreza ». El Cahier des Pauvres exige, ante todo, que los salarios «ya no se calculen según los principios asesinos del lujo desenfrenado». Véase la carta de Forster del 15 de noviembre de 1793 (Sämmtl. Schriften, IX, 125). Sobre la conspiración de Baboeuf, ejecutado en 1796, quien pretendía la más completa igualdad y comunidad de trabajo, disfrute y educación, la abolición de las grandes ciudades, etc., véase Buonarotti , La Conjuration de B., 1821. Este libro contribuyó poderosamente al resurgimiento de las ideas comunistas tras la Revolución de Julio. Entre los comunistas modernos que se distinguen de los más antiguos, especialmente por el matiz industrial que dieron a sus teorías, CabetVoyage en Icarie, 1840, II, ocupa un lugar destacado. Declara que la abolición de la religión, la familia y el Estado son cuestiones abiertas, y desea que la práctica de la comunidad de bienes tenga éxito solo mediante la vía pacífica de la convicción.

Compárese Reybaud , Etudes sur les Réformateurs contemporains ou Socialistes modernes, 1840. L. Stein , Der Socialismus und Communismus des heutigen Frankreich. Véase, también, la docta historia de los sistemas socialistas en Marlo's Weltökonomie, I, 2, 435 y ss.; y en lo que respecta a la época más reciente, R. Meyer , Der Emancipationskampf des vierten Standes, II, 1874, ss.; un libro que, a pesar de sus muchos defectos, tanto doctrinales como periodísticos, es tan rico en pensamiento y en el conocimiento del tema que trata, como está impregnado de un amor a la verdad sin importar las consecuencias. Entre los opositores del socialismo y el comunismo, Malthus , De la población, B. III, cap. 3, y B. Hildebrand , Die Nationalökonomie der Gegenwart und Zukunft, vol. I, 1848, ocupan un lugar muy destacado. JS Mill , Principles, II, cap. 1, 3, llama la atención sobre el hecho de que hasta ahora el principio de la libre propiedad nunca se ha llevado a cabo de manera consistente. El primer ordenamiento social de la sociedad moderna fue casi en todas partes el resultado de la conquista y la violencia, de las cuales aún quedan grandes vestigios. Siempre se han convertido en propiedad cosas que no deberían serlo. Los gobiernos se han esforzado por intensificar la oscuridad del lado oscuro de la propiedad y han favorecido la concentración en lugar de la difusión de la riqueza, etc. Por lo tanto, nadie puede afirmar que los llamados males sociales tuvieran su origen en la propiedad como tal. Schäffle , Kapitalismus und Socialismus, 1870, ha hecho un esfuerzo muy notable por reconocer todo lo que hay de verdad en el socialismo y por combatir sus errores.

480.

Es bien conocido el reproche de Saint-Simón a los liberales de que su principio fundamental era: ote-toi de là, que je m'y mette .

481.

Compárese con Malthus , Adiciones al Ensayo sobre la población, 1817, IV, cap. 7.

482.

Los trabajadores igualitarios querían asesinar no sólo al rey, a la corte y al ministerio, sino también a los liberales y a todos los propietarios.

483.

De hecho, tan pronto como este amor verdadero desaparece en el estado matrimonial, la comunidad de bienes, incluso allí, degenera con demasiada facilidad en un despojo de la parte mejor por la peor.

484.

Español La comunidad de bienes de los primeros cristianos en Jerusalén, tan frecuentemente citada y ensalzada ( Santiago , I, 1), era solo una comunidad de uso, no de propiedad (Hechos IV, 32), y, de principio a fin, un acto voluntario de amor, no un deber (V. 4), y mucho menos, un derecho que los pobres pudieran reclamar. A pesar de todo esto, esa comunidad de bienes produjo un estado crónico de pobreza en la iglesia de Jerusalén. Por lo tanto, Pablo hizo colectas para ellos por todas partes, sin, sin embargo, establecer en ningún lugar una institución similar. (Romanos, 15, 26; I. Corintios, 16, 1.) Compárese Mosheim , De vera Natura Communionis Bonorum in Ecclesia Hierosol., en su Dissertatt. ad Histor. Eccles. pertinentes, II, 1 ff. En cuanto a si Bernabé (Epist., 19) deseaba decir algo más, compárese Epist. ad Diognetum, 5. Para una recomendación real de una comunidad de bienes, sobre bases económicas, véase Joh. Chrysostom. , en Acta Apost., Hom. XI. También Clemens Rom. c. 2 C. 12, qu. 1. Comunidad de bienes entre los esenios: Philo. Opp. II. 457 ff. Joseph. Bell , Jud., II. 8. Bellermann , Geschichtliche Nachrichten über die Essener. (1821.) En muchos monasterios, ha habido y hay una especie de comunidad de bienes. Hubo una vez una disputa singular sobre este tema, llevada a cabo entre los minoritas y el Papa, en el tiempo de Luis de Baviera. Los minoritas afirmaban que la propiedad era una cosa, tan condenable, que incluso la comida, en el momento de comerla, no pertenecía a la persona que la usaba. El Papa, por otro lado, enseñó que incluso Cristo y los Apóstoles poseían propiedades, en parte personales y en parte comunes. ( Raynaldi , Ann. eccl., XV, 241, 285 y ss.) Comunidad de bienes de los Homiliados, más tarde de los Hermanos de la Vida Común, a la usanza de los monjes, pero de una índole mucho más elevada. ( Ullmann , Reformatoren vd Reform, II, 62 y ss.) Los primeros colonos de New Haven, Connecticut, poseían sus propiedades en común. La tierra se dividía entre las familias en proporción al número de personas que las componían y al ganado que traían consigo; y todas las compras y ventas se hacían a cuenta de toda la comunidad. Y así sucedió en Massachusetts durante los primeros siete años de existencia de la colonia. ( Ebeling , Geschichte und Erdbeschreib. der Vereinigten Staaten, II, 391, I, 557.) Comunidad de bienes de Herrnhut en Pensilvania, de 1742 a 1762, pero que se eliminó cuando el número de colonos se volvió demasiado grande. ( Ebeling , IV, 717.) Comunidad de bienes de los Shakers y los Lutheran Rappers. ( Buckingham , Eastern States, II, 214, 427. Prinz Neuwied, Viajes en Norteamérica, I, 136, ss.) Sectas rusas con comunidad de bienes. ( v. Haxthausen , I, 366, 407.) Harless , Ética cristiana § 501, distingue muy bien entre la postura «anticristiana» y la «pseudocristiana» , desde la cual se pretende establecer la doctrina de la comunidad de bienes. La visión cristiana de este tema (compárese Efesios, 4, 28, I; Tesalonicenses, 4, 11, II, 3, 12; Mateo, 6, 24; Pedro, 4, 10; Mateo, 26, 7-11) es acusada de hipocresía por muchos socialistas. Dicen que es muy fácil, cuando uno vive en una situación acomodada, presentar a los pobres que su pobreza es una escuela para el cielo y predicar el desprecio por las riquezas, etc. Olvidan por completo que la primera promulgación del Evangelio se realizó en una época en que prevalecía la peor clase de pauperismo; y que incluso el propio Maestro y la mayor parte de sus apóstoles pertenecían al estrato más bajo de la sociedad. Lucas , 9, 58. Sin embargo, muchos Padres de la Iglesia, en sus exhortaciones a la benevolencia, emplearon un lenguaje en el que los socialistas modernos han encontrado una rica mina que han trabajado con ahínco. (Compárese con Villegardelle , Histoire des Idées sociales, 1846, 61 y ss.)

485.

Incluso Aristóteles dice que lo que es común a muchos es asunto de poca importancia para cualquiera. (Polit., II, 1.) Bastiat señala: “Hoy competimos para ver quién trabaja más y mejor. Bajo otro régimen, deberíamos emularnos unos a otros para ver quién trabajaría menos y peor”. (Harmonies Econ., cap. VIII.) Cuando los primeros colonos de Virginia, en 1611, abandonaron el sistema de trabajo común y de sociedades anónimas, se realizaba tanto trabajo en un día como antes en una semana, o tanto por tres trabajadores como antes por treinta. ( Purchas , Pilgrims, iv, 1866. Bancroft , History of the United States, I, 161.) Incluso en Nueva Inglaterra, por lo tanto, entre hombres constantes y acostumbrados al trabajo, que por conciencia habían sacrificado tanto, una comunidad de bienes fue acompañada ininterrumpidamente por el hambre. Un cambio para mejor tuvo lugar, por primera vez en 1623 con la introducción de la institución de la propiedad privada que fue seguida en 1624 por el derecho de herencia. ( Bancroft , I, 340.) Las colonias militares de Argelia, también, en las que se practicaba la agricultura en común, pidieron, al cabo de un año, que se abandonara el sistema, por la razón de que no servía para nada más que para generar holgazanes; y sin embargo, estos colonos eran todos hombres poderosos de aproximadamente la misma edad y acostumbrados al orden y al servicio en común. Además, recibían ayuda de la nación con paga y comida. Compárese el relato de Bugeaud : Revue des deux Mondes, 1 de junio de 1848. “Las asociaciones francesas (después de 1848), cuyo objetivo era el trabajo en común, han desaparecido casi todas”. M. Chevalier en el Journal des Débats, 3 de febrero de 1851. En los Estados Unidos, dieciséis falansterios de fourieristas, fundados entre 1840 y 1846, se derrumbaron en 1855. ( D. Vierteljahrsschrift , octubre de 1855, 205 y sigs.)

486.

Incluso en Nueva Armonía, los miembros consideraban la tarea que debían realizar para obtener alimento, ropa y alojamiento como una servidumbre en el peor sentido de la palabra. ( H. Bernhard v. Weimar , Nordamerikan. Reise, V, 134 y ss.; 151, 310 y ss.) Resulta muy incoherente que los socialistas mantengan la propiedad y la herencia del Estado. Para ser coherentes, deberían otorgar ambos derechos únicamente a la humanidad en su conjunto. Compárese con Kiraly , Ueber Socialismus und Comm., 1868, 35.

487.

No sería del todo justo adoptar una visión parcial de los talleres nacionales de 1848 y afirmar que constituyen una refutación práctica de las utopías socialistas, ya que no se realizó ningún experimento serio con ellos. Compárese con E. Thomas , «Histoire des Ateliers nationaux considérés sous le double Point de Vue politique et social», 1848.

488.

Los socialistas generalmente pasan por alto el hecho de que la mayor cantidad de goces de los que las clases más pobres están excluidas, por el derecho de propiedad, no existirían en absoluto si no fuera por ese mismo derecho. ( Spittler , Politik, 356 y ss.) Esta observación también puede hacerse sobre las ingeniosas objeciones de Hugo . (Naturrecht, § 208 y ss.) Una de las piezas más efectivas de declamación socialista es que las clases bajas tienen un promedio de vida mucho más corto que las altas. De ahí que se acuse a la institución de la propiedad privada de ser una especie de expoliación de los pobres de tantos años de vida, y se condene a toda la "sociedad actual" por esa razón. Aquí nuevamente no se tiene en cuenta que hace unos siglos el promedio general de vida probablemente era aún menor; y que fue precisamente el crecimiento y desarrollo de la "sociedad actual" lo que alargó los días incluso de las clases más pobres, aunque puede haber prolongado los de los ricos en una proporción aún mayor. Véase § 246.

489.

Pero una comunidad de bienes no lograría, ni de lejos, tanto como generalmente se supone. En Prusia, por ejemplo, en 1867, solo alrededor del tres por ciento del total de familias de la comunidad tenía una renta anual de 1.000 táleros; solo el nueve por ciento tenía 500 táleros o más, y solo 6.465 tenían una renta de más de 4.000 táleros, mientras que solo 590 tenían una de 16.000 táleros. (Preuss. statist. Ztschr, 1868, 83. Held , Die Einkommensteuer, 197 y ss.) ¡Cuán poco, por tanto, podrían ganar los pobres aquí con el expolio de los ricos! Además, el consumo puramente personal de los ricos, después de todo, no es tan grande; y si se abandonara todo lujo, innumerables personas perderían sus ganancias. (Compárese con Ad. Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. 11, 2.) Sería matar a la gallina que hasta entonces había puesto el huevo de oro para dividir su carne un poco más equitativamente.

490.

Babeuf declaró que todas las artes y ciencias eran malas. Quería que nadie aprendiera nada más que lectura, escritura, aritmética y algo de geografía de Francia; y que se impusiera la más estricta censura para mantener a todos dentro de estos límites. Compárese la hábil crítica de Proudhon , Contradicciones, cap. 12.

491.

Según Umpfenbach , Nationalökonomie, 201, donde existe una comunidad de bienes, solo cabe la alternativa de que cada persona o cada familia reciba exactamente la misma cantidad. (Lo primero sería más acorde con el principio, pero ¡qué superpoblación sería la consecuencia!). Precisamente así, también, si cada persona viniera a tomar su propia porción (¡anarquía!), o si se repartiera entre todos por una junta de distribuidores (¡despotismo!).

492.

Esta expresión se puso de moda, principalmente, a través de L. Blanc , Organization du Travail (1841), las ideas principales en las que el trabajo son las siguientes: La supresión de la competencia mediante el establecimiento de industrias estatales; igualdad de remuneración para el trabajo; igualdad y determinación legislativa de la tasa de interés; la elección de superintendentes por los trabajadores. Con muchos socialistas modernos, el shibboleth no es tanto liberté como solidarité . Además, Naturrecht (1796) de Fichte , y su geschlossener Handelsstaat, están, sin duda, entre las obras más notables a favor de una "organización del trabajo". Apuntan a la destrucción del sistema social actual, que, como mucho, solo necesita ser reformado y rejuvenecido; y a galvanizar el cuerpo muerto hacia una vida nueva y diferente (¡el caldero mágico de Medea!). Compárese con Corvaja , Bancocrazia o il gran Libro sociale, 1840.

493.

La colonia icariana de Cabet en América contaba con 298 adultos y tan solo 107 niños. Sin embargo, a pesar de esta situación, tan favorable para la producción, no tuvo mucho éxito. Su gobierno era muy similar al de un correccional o una penitenciaría. Incluso en materia religiosa, a pesar de toda pretendida tolerancia, los miembros que no estaban de acuerdo con Cabet eran descritos en el semanario oficial como «infames o aveugles» . (D. Vierteljahrsschrift, 1855, octubre, 205 y ss.)

494.

Un sabio oriental afirma que la tierra posee el ideal de seguridad jurídica, por el cual una bella mujer, adornada con perlas, podría viajar sin peligro. ¿Qué diría semejante sabio de un país europeo donde incluso los niños huérfanos no solo conservan sus bienes, sino que los ven incrementados al ser puestos a interés, tan pronto como alcanzan la mayoría de edad? ( Barrow ).

495.

“La igualdad del comunismo es la peor especie de desigualdad, porque garantiza a uno por dos horas de mal trabajo lo mismo que a otro por cuatro horas de buen trabajo.” ( Bastiat , Armonías económicas, cap. 8.)

496.

Proudhon , En Qué es la propiedad, 283, dice con mucha razón que «la comunidad de bienes es el expolio del fuerte por el débil».

497.

Llamada comunidad negativa de bienes, por Zacchariä , Vierzig Bücher vom Staate, IV, 146, en contraposición a la comunidad positiva y universal de ganancias, tal como la deseaban los comunistas.

498.

Comunidad de bienes y de mujeres entre los ictiófagos del mar Rojo, que vivían en cuevas, andaban desnudos la mayor parte del tiempo, saqueaban a todos los náufragos y nunca llegaban a una edad avanzada. Diodoro , III, 15 y sigs. Peripl. , Maris Erythr., 12. Sobre los escitas, véase Estrabón , VII, 300; los españoles, Plutarco , Mario, 6; los retios, Dión Cass. LIV, 22; los tribales, Isocr. , Panath., § 237; los kilicios, Sexto , Empir. Pirro. Hipot. III, 24. Comunidad de bienes entre los caribes que realizaban todo su trabajo en común y tenían, al menos en el caso de los varones, una mesa común y almacenes comunes con suministros. ( Petr. Martyr , Dec. VII, 1. Rochefort , II, c. 16. B. Edwards , History of the West Indies, I, 43 ff.) Entre los kuskowimers de la América rusa, todos los hombres físicamente aptos de la tribu viven juntos. ( v. Wrangell , Nachrichten, 129.) Entre los habitantes de las islas Aleutianas, al menos en tiempos de escasez de alimentos, el producto de las pesquerías se divide según sus necesidades. ( V. Wrangell , 185.) La organización del trabajo se aplica rígidamente entre los otomacos, en las orillas del Orinoco, y son, sin embargo, más civilizados que sus vecinos. ( Depons , Voyage, I, 295.) Sin embargo, una comunidad de bienes debe considerarse un avance, en el caso de un pueblo aislado; y es un error considerarla la condición más primitiva, como lo hacen, por ejemplo, Ambrosio , De off. Minist. I, 28, y Federico II , en el prefacio a su código general. (Allgemein. Gesetzbuche, 1231.) La hospitalidad de los habitantes de las Islas Amistosas linda con una comunidad de bienes. ( Mariner , Freundschaftsinseln, 75, 81. Klemm , Kulturgeschichte, IV, 398.) Sobre los inicios de la propiedad entre los esquimales, véase Klemm , II, 294.

499.

Οὐκ ἄδοξον ἧν παρὰ τοῖς παλαιοῖς ληστεύειν, ἀλλ᾽ ἔνδξον. ( Didym. , ad Odyss. II, 73, IX, 252.)

500.

En México, los españoles encontraron propiedad de la tierra entre los nativos más distinguidos, pero sólo una especie de posesión en común y almacenes comunes entre los campesinos. ( Robertson , Historia de América, § VII.) De ahí que la agricultura del país fuera tan poco importante que el pequeño ejército de los conquistadores con frecuencia producía hambruna con sus marchas.

501.

Los cherkeseses consideraban honorable el robo siempre que el ladrón no fuera descubierto in fraganti . Compárese con Koch , Reise in den kaukasischen Isthmus, I, 370 y sigs. Bell , Journal of a Residence in Circassia, I, 181, II, 201. Las bandas de ladrones organizadas del antiguo Egipto, cuando era tan civilizado ( Diodoro , I, 80), pueden, por otra parte, explicarse por condiciones similares que existen en las grandes ciudades de nuestra época.

502.

¡Qué terrible organización del trabajo encontramos en Esparta, combinada con una comunidad de bienes! Recordemos la exposición de niños autorizada por ley, el modo de educación que debió costar la vida a todos aquellos de constitución débil, la cryptia , la estricta jerarquía de edad, etc. Plut. , Inst. Lac. 2, aprecia el mal sabor del caldo negro en su justo valor. La comunidad de bienes cretense se basaba principalmente en la relación antinatural creada por las autoridades conocida como paiderastia; y que era un medio muy eficaz para prevenir la superpoblación. ( Plat. , De Legg, I, 636. Arist. , Polit. II, 8.)

503.

Razones notables para ello en César , Bell. Gall., VI, 22.

504.

Sobre todo en Rusia, aún existen multitud de instituciones de este tipo entre los habitantes del país. Véase Roscher , Nationalökonomik des Ackerbaues, § 71 y siguientes.

505.

En el Corpus Juris Canonici, cumbre de la teología, la política y la jurisprudencia medievales, el ideal de una comunidad de bienes ocupa un lugar casi tan prominente como en las obras de los socialistas modernos. La única diferencia radica en que en el primero la oposición a la propiedad privada surge de una religiosidad unilateral y del desprecio por el mundo, mientras que en el segundo surge generalmente de la irreligiosidad y la sobreestimación de los bienes terrenales.

506.

Esto no incluye el costo de las escuelas, iglesias e instituciones benéficas.

507.

Según Lassalle , System der erworbenen Rechte, 1861, § 259, la historia muestra que el derecho, a medida que avanza la civilización, reduce cada vez más la esfera de propiedad de los individuos privados, en la medida en que tiende cada vez más a colocar un mayor número de objetos fuera del círculo de la propiedad individual.

508.

El sansimonismo es un ejemplo de advertencia de esta tendencia. Saint Simon nunca perdió una oportunidad para dar rienda suelta a su absoluto desprecio por los liberales y por el gobierno constitucional —ce bátard du régime féodal et du régime industriel— y para aconsejar a la corona, siguiendo el ejemplo de Luis XI, que se colocara a la cabeza de la clase obrera y en oposición a la clase media. (Oeuvres de Saint Simon , ed. 1841, 44, 148, 209). Bazard , Exposition, 76, exigió que cesara todo antagonismo entre los poderes temporales y espirituales, toda oposición en aras de la libertad, la méfiance organisée de los parlamentos y toda competencia. Incluso habría otorgado educación según la capacidad , que habría determinado mediante los chefs légitimes de la société (280). Todos los casos de delitos , es decir, todos los actos inoportunos, incluso en el ámbito científico y artístico, deberían remitirse al tribunal penal . Deberían juzgarse según el procedimiento de los tribunales mercantiles, es decir, de forma sumaria, sin apelación y por peritos (317 y siguientes). Todas las relaciones de propiedad deberían determinarse mediante la decisión arbitral de los jefes de industria (326). Bazard insiste constantemente en que el reino del genio y la abnegación, por un lado, y por otro, de la confianza y la obediencia, es la única política verdadera (330). El sansimonismo estaba estrechamente relacionado con el bonapartismo.

509.

Schäffle , Nat. Œk., III, Aufl., I, 61.

510.

Si eliminamos mentalmente todos los elementos perjudiciales de una comunidad de bienes y le añadimos todos los incentivos y restricciones necesarios, tendremos un estado de cosas completamente similar al de una nación cuyos asuntos públicos y privados se gestionan de acuerdo con los principios de un sistema sano de Economía Política tal como se entiende hoy. (Edinburgh Review, enero de 1851).

511.

Cómo la verdadera libertad va acompañada de lo que Bastiat llama “el verdadero sansimonismo y el verdadero comunismo”, véase infra , § 210.

512.

Los experimentos de una comunidad de bienes, que han tenido éxito en la práctica, se basaron en el celibato más o menos completo de los miembros de las sociedades. Compárese con Hermann , Staatsw. Unters., II, Aufl., 45.

513.

Así, Proudhon (Contradicciones, cap. 5) dice que muchos socialistas que construirían sus sociedades según el tipo de familia, como la molscule organique , están todos equivocados. La familia tiene un carácter “monárquico, patriarcal” . En él se forma y preserva el principio de autoridad. Sobre él se basó la sociedad antigua y feudal; y “precisamente contra esta vieja constitución patriarcal, la democracia moderna protesta y se rebela”. Fourier llama al matrimonio, un groupe essentiellement faux: faux par le nombre borné à deux, par l'absence de liberté et par les dissidences du goṅt, qui éclatent dès le premier jour . (Nuevo Mundo, 57.)

514.

Sobre los indios de América del Norte, véase Schoolraft , Información respecto a las tribus indias de los Estados Unidos, II, 194; sobre el sudamericano d'Orbigny , Voyage, IV, 220, y, passim, sobre los isleños de los mares del Sur, Novara-Reise, II, 418; sobre los antiguos albaneses, Estrabón , XI, 503.

515.

La transmisión hereditaria de la propiedad a la posteridad tiene una evidente tendencia a convertir al hombre en un buen ciudadano. Inclina sus pasiones hacia el deber y lo induce a contribuir al bien común, asegurándole que su recompensa no morirá con él, sino que será transmitida a aquellos a quienes le unen los sentimientos más queridos y tiernos. (Véase Blackstone's Commentaries, II, 11). Sin el derecho a la herencia, el crédito es prácticamente imposible, ya que con la muerte del deudor cesaría la única garantía del acreedor.

516.

Español La libertad testamentaria (que se obtuvo en algunos lugares a principios del siglo XVIII) prevalece completamente en Inglaterra en la actualidad, contrariamente al principio del derecho romano que exige que se deje una porción obligatoria ( la légitime ) a los herederos, que aún es vinculante en Francia, pero en una forma muy desarrollada. La consecuencia es que los últimos testamentos son tan frecuentes en Inglaterra como raros en Francia. Hubo, en París, en 1825, 7.649 particiones judiciales y solo 1.081 testamentarias de propiedad. ( Monnier .) En Gran Bretaña, en 1838, el número de enajenaciones testamentarias de propiedad gravadas se mantuvo en relación con aquellas en las que no había testamento, en la proporción de 8:3; y los valores de la propiedad enajenada en 10:1. ( Porter .) En un pueblo conocido por su elevada moral, la libertad testamentaria constituye un poderoso medio para fortalecer la autoridad paterna, por un lado, y para mantener vivo en la mente de los padres, por otro, el sentido de responsabilidad por el futuro de sus hijos. Compárese con Helferich , Tübinger Zeitschr., 1854, 143, ss.

517.

Polibio , XX, 6. De ahí que toda (?) la riqueza de Tebas, cuando fue destruida por Alejandro Magno, fuera de tan solo 440 talentos. (Atenas, IV, 148.) Drumann , Gesch. Roms. etc., VI, 333 ss. Cicerón , Phil., II, 16. Hoeck , Röm. Gesch., I, 2, 118. Suetón , Octavo, 66. Un ejemplo especialmente escandaloso se encuentra en Petronio , 140. Para una teoría magistral sobre la búsqueda de legados, véase Horacio , Sabio, II, 5. Compárese con Luciano , Diálogos de los muertos, 5-9. Petronio habla de una turba hæredipetarum . (124.)

518.

Incluso el lema revolucionario, paternité , realmente no significa nada más que el derecho igual de todos a la herencia, es decir, ¡la abolición del derecho a la herencia! ( R. Meyer ). El ataque más fuerte, desde un punto de vista científico, hecho al derecho a la herencia en tiempos más recientes, proviene del sansimonismo. El propio fundador, después de una vida rica en experiencia pero pobre en acción, gastada en la búsqueda de mucho pero en el hallazgo de poco, solo tuvo éxito en alinear a las clases industriales y propietarias entre sí, en declarar que la clase más pobre era la más importante de todas y en basar la nueva religión del amor en la emancipación del trabajo. Sus discípulos fueron más allá. Para abolir todos los privilegios de nacimiento, Bazard , Exposition de la Doctrine de Saint Simon, 1831, p. 172, ff., enseñó que no era suficiente distribuir los empleos públicos según el mérito y en interés del pueblo en general, sino que la distribución de la propiedad debía hacerse de acuerdo con el mismo principio. La desigualdad de propiedad debería corresponder a la desigualdad de mérito. Cada persona podría, durante su vida, conservar lo adquirido, pero donarlo al estado al morir. De esta manera, se lograría una reconciliación entre el interés general y el interés privado; y los ingresos públicos así obtenidos podrían emplearse fácilmente en lugar de los ingresos recaudados por los impuestos que más gravan a las clases inferiores. F. Huet , también, en Le Regne social du Christianisme, 1853, III, 5, dispondría que toda la propiedad privada, tras la muerte del propietario, recaiga igualmente sobre todos los jóvenes trabajadores . Las consecuencias prácticas de este sistema pueden verse ahora en Turquía. Allí, los principales feudos militares se mantienen de esta manera. Por lo tanto, el propietario turco de un feudo de este tipo construye lo menos posible. Cuando una de sus paredes amenaza con derrumbarse, se mantiene en pie mediante puntales. Si de hecho se derrumba, la única consecuencia es que hay menos habitaciones en la casa y el propietario se instala junto a las ruinas. ( Denon , I, p. 193.) En el Butan, existe una especie de sansimonismo práctico. Robinson , Relato descriptivo de Assan, 1841.

519.

Fue principalmente el temor a las consecuencias de las declamaciones de los socialistas y su declamación contra el “monopolio” lo que indujo a Bastiat a reducir todo el valor de la propiedad territorial al del capital empleado en su abono, mejora, etc. (Armonías, cap. 9). Sin embargo, podemos concederle sin reservas que, por regla general, hasta el momento de su posesión original por el hombre, la tierra no tenía ningún valor (278).

520.

Kant piensa todo lo contrario: Metaph. Anfangsgründe der Rechtslehre, (Werke, IX, 72 y siguientes). Contra , Grocio , JB et P., II, 2. Graswinkel , en su Schriften für die Freiheit des Meeres, 1652 y siguientes, en Laspeyres , Geschichte der niederländischen N. Œk., 12. Hufeland , Neue Grundlegung, I, 307.

521.

“Un distrito de Tartaria de diez millas cuadradas, en el que varias hordas apacientan sus rebaños, puede contener entre 400 y 500 pastores, que encuentran empleo en este modo de producción.” En Brie, en Francia, en la misma área, 50.000 campesinos que no poseen tierras, viven y obtienen sus únicos ingresos de su trabajo en los campos ( JB Say ).

522.

Schubert , Reise durch Frankreich und Italien, I, 188.

523.

Sin trabajo, la tierra no le ofrece al hombre más que un lugar de descanso. Por lo tanto, las razones de la propiedad privada no son tan amplias como para demostrar que las grandes vías fluviales y terrestres no deban reservarse como propiedad común y como hogar para todos. ( Zacarías , del Estado, VII, 43)

524.

Esta es la práctica en Taway. Ritter , Erdkunde, V, 130. Y lo mismo en la antigua Alemania. J. Grimm , Rechtsalterthümer, 92. Derecho del “fuego muerto” en España y Portugal durante la Edad Media. S. Rosa de Viterbo : Elucidario das Palavras etc., I, 470. En muchas partes de Persia, la tierra pertenece a cualquiera que la haya provisto de agua por canales o pozos. ( Fraser , Journey in Chorasan, cap. 7.) Especialmente después de la devastación mongola a principios del siglo XIV, se decretó que la tierra que había permanecido sin cultivar durante mucho tiempo debía pertenecer a la persona que la hizo productiva. ( d'Ohsson , Hist. des Mongols, IV, 418.) De manera similar, en el tiempo de los antiguos persas ( Polyb. , X, 28, 3), la cosecha de los primeros cinco años pertenecía a la persona que primero irrigaba la tierra. En el alto Éufrates, asimismo, la tierra muy a menudo no se vende ni se arrienda. Cualquiera que la cultive y pague una décima parte del producto al bey puede tenerla por nada. ( Ritter , X, 669; comparar VIII, 468; IX, 900.) Lo mismo ocurre entre los negros fulah y mandinga, e incluso entre los tscherkesanos. ( Klemm , Kulturgeschichte, III, 337 y sigs.) Como las últimas etapas de desarrollo tan a menudo presentan ejemplos de una reversión a las primeras, encontramos que Teodosio y Valentiniano decretaron que el agri deserti debería, después de dos años de cultivo, pertenecer al poseedor. L. 8, Cod. Just., XI, 58.

525.

Así, cualquiera puede quemar su propio abrigo o tirarlo al agua; pero nadie puede incendiar su casa ni ahogar sus tierras destruyendo una presa. Incluso quien no utilice una gran extensión de tierra en una región densamente poblada apenas tendría permiso. La expropiación de tierras por parte del Estado, actualmente en tiempos de paz, se limita casi exclusivamente a la tierra.

526.

Así, P. v. Arnim , en su obra titulada «Ideen zu einer vollständigen landwirthschaftlichen», Buchführung, 1805, un tratado sobre «contabilidad agrícola», considera al agricultor como un funcionario estatal que debe cultivar lo que en conciencia crea, o lo que el estado declare más necesario. Sugiere que el estado someta a todos los nuevos compradores de tierras a un examen para determinar si son lo suficientemente ricos y nobles como para actuar de esta manera.

527.

Así, por ejemplo, Herbert Spencer , Estática Social, 1851, 114 y ss., y en cierta medida Spinoza , Tract. polit., VI, 2. Actualmente existen en Inglaterra varias Asociaciones para la Reforma de la Tenencia de la Tierra, algunas de las cuales pretenden expropiar toda la tierra y otorgarle la titularidad al Estado. El programa de las demás abarca no solo la oposición al derecho de primogenitura, a la fidei commissa familiar y la afirmación del derecho a la libertad de comercio de la tierra, así como un uso más democrático de las tierras comunales, sino también la apropiación por parte del Estado del aumento de la renta de la tierra que no se debe al trabajo del terrateniente, sino únicamente al aumento de la población y de la riqueza de la comunidad o de la nación. Newmarch , por otra parte, observa muy correctamente que, puesto que es imposible trazar una línea de demarcación que muestre el aumento del valor de la tierra a partir del aumento de la población, etc., el propietario de la tierra al realizar mejoras nunca sabría si las hizo para sí mismo o para el estado. (Statist. Journal, 1871, 488 y siguientes). Compárese Wolkoff , Sur la Rente foncière, 1854, y H. H. Gossen , Entwickelung der Gesetze des menschlichen Verkehrs (1854).

528.

En el Congo y en la costa de oro de Guinea, la tierra, en aldeas enteras, se cultiva en común y la cosecha se distribuye entre las familias per cápita. Dondequiera que reine el absolutismo, el príncipe también es el propietario de toda la tierra. ( Klemm , III, 337). En China, donde la tenencia original en común de la tierra por todos se rompió en el siglo III antes de Cristo, toda la tierra del país pertenece ahora, estrictamente hablando, al estado; y el poseedor de tierra que permite que se cultive es castigado. ( Plath. en phil.-hist. Sitzungsberichten der Münchener Akad., 1873, 793 y siguientes). En Corea, la propiedad privada de la tierra es desconocida; la tierra cultivable es dividida por el estado según el número de miembros de una familia. ( Ritter , IV, 633). El ejemplo, a mayor escala, de un país sin propiedad privada de la tierra son las Indias Orientales Británicas. Compárese el artículo de Ch. Campbell , en los ensayos publicados por el Cobden Club; Sistema de tenencia de la tierra en varios países, 1870.

529.

La diferencia legal y económica entre la propiedad de la tierra y la propiedad del capital está bien definida por JS Mill , Principios, II, cap. 2, 6. “Las razones que forman la justificación, desde un punto de vista económico, de la propiedad de la tierra, solo son válidas en la medida en que el propietario de la tierra es su mejorador. En ninguna teoría sólida de la propiedad privada se contempló jamás que el propietario de la tierra deba ser un mero sinecurista acuartelado en ella”. Aquí alude especialmente a Irlanda. El fourierista, Considérant , distingue con precisión entre el capital producido por el trabajo y el ahorro, y el aumento del valor de la tierra causado por el capital y el trabajo, y su valor original. Solo los dos primeros elementos pueden convertirse justamente en propiedad. Pero como, por razones prudenciales, es necesario otorgar a los individuos el derecho de propiedad privada sobre la tierra, a quienes no son tales propietarios se les debe garantizar, como compensación por la propiedad común que han perdido, el derecho al trabajo. (Teoría del Derecho de Propiedad y del Derecho al Trabajo.) En Inglaterra, la opinión de que el apoyo obligatorio a los pobres se introdujo como compensación por el establecimiento de la propiedad privada de la tierra ha gozado de considerable apoyo. Bishop Woodward , Sobre la conveniencia de un plan regular para el mantenimiento de los pobres en Irlanda, 1775. Compárese con Eden , Estado de los pobres, I, 413. Sin embargo, las tasas para los pobres, en un país como Inglaterra, son mucho mayores que el equivalente de lo que su suelo podría producir sin la ayuda del capital.

530.

La principal obra clásica sobre este tema es Nebenius , Der öffentliche Credit, 1820, 2.ª ed., 1829. Anteriormente, Salmasius , De Modo Usurarum, 1639; e incluso Demóstenes , adv. Dionysiod, 1283. Compárese además Schäffle , en el Deutsch. Vierteljahrsschrift, n.º 106, II, 289 y sigs.

531.

Los préstamos obligatorios del Estado, por ejemplo, ocupan una posición intermedia entre los impuestos y las operaciones de crédito propiamente dichas.

532.

Además de los préstamos propiamente dichos, todos los pagos por adelantado o las demoras en el pago de las arras, todos los arrendamientos y alquileres, que Courcelle-Seneuil llama un médiocre degré de crédit , los seguros e incluso todos los contratos de salarios en los que el pago se retrasa durante un largo período de tiempo, son especies de crédito. Para una buena distinción entre arrendamiento ( Pacht ) y alquiler ( Miethe ), véase Knies , Tübinger Ztschr., 1860, 180 y ss., y Freiburger Univ. Programm., 9 de septiembre de 1862. D. Wakefield , Essay upon Political Economy, 1804, 35, distingue entre el “crédito de préstamo” que se da a un hombre pobre con la esperanza de que lo pague por medio de su trabajo, y el “crédito de intercambio”, o crédito entre propietarios. Definición de Cieszkowski : le crédit c'est la métamorphose des capitaux stables et engagés en capitaux circulants et dégagés . (Du Crédit et de la Circulation, 2ª ed., 1847.) Según Knies , Tübinger Ztschr., 1859, 568, toda operación de crédito es un intercambio o venta de servicios, uno de los cuales debe realizarse en el presente y el contraservicio de la otra parte en el futuro. Según Macleod , se trata de “una venta de deudas”.

533.

El crédito personal, por supuesto, predomina en el comercio. De ahí que, en la vida mercantil, la información relativa al estatus personal, la reputación, etc., de sus colegas desempeñe un papel tan importante para el comerciante. Esta información se hizo más accesible en Inglaterra gracias a la institución Lloyd. Sobre instituciones similares en Norteamérica, véase Tellkampf , Beiträge, I, 51. El crédito otorgado con garantía es una modificación, a veces del crédito personal y a veces del crédito real. Compárese, infra , la teoría sobre banqueros, corredores, etc.

534.

En los despotismos, el crédito es casi enteramente personal. Montesquieu Esprit des Lois, LV, 15. En Nueva York, dice M. Chevalier , un comerciante con recursos por valor de 200.000 francos, puede hacer negocios por entre 1.000.000 y 1.500.000 de francos. En París, en circunstancias similares, al mismo hombre le resultaría difícil obtener un crédito por valor de 500.000 francos. En Holanda, hace doscientos años, quien hipotecaba su propiedad estaba obligado a pagar un tipo de interés más alto que en los negocios ( Becher , Polit. Discurs, 1763, 699), mientras que el período estacionario, hace cien años, dificultaba enormemente el crédito personal. En Zúrich, se vio fomentado por la prohibición de prestar dinero fuera del país ( Büsch , Geldumlauf, III, 40).

535.

Schäffle , Nat. Œk., II, Aufl., 112.

536.

Schäffle , según el fin que se pretende conseguir, divide el crédito en crédito de producción (inversión de préstamos en bienes inmuebles y en bienes muebles afectados a operaciones industriales), crédito de consumo y crédito de compensación, o préstamos hechos para pagar compras aplazadas y depósitos de garantía, herencias, etc. (Kapitalismus und Socialismus, 552.)

537.

Pinto , Traité de la Circulation et du Crédit, 1771, considera los préstamos que devengan intereses como nuevas porciones de los recursos de un país (p. 161), y que los préstamos gubernamentales que no se hacen excediendo sus poderes son une alchymie réalisée dont souvent eux mêmes qui l' opèrent n' entendent pas tout le mystère , (p. 338). De manera similar y anterior, v. Schröder , F. Schatz-und Rentkammer, 238 y sigs.; Mélon , Essai politique sur le Commerce, 1734, cap. 6; a continuación, Hamilton , Informe a la Cámara de Representantes sobre el tema de las Manufacturas, 5 de diciembre de 1791; Von Struensee , Abhandlungen, 1800, I, 259. Véase infra, § 210. Más recientemente, St. Chamans , Nouvel Essai sur la Richesses des Nations, 1824, 83 y ss. Hasta cierto punto, incluso Dietzel , System der Staatsanleihen, 1855, 200. Este es un error peligroso, ya que a todo crédito se le compensa con un débito de igual importe; y las evidencias de deuda no son más que reclamaciones sobre los ingresos futuros del estado. Esto fue plenamente reconocido por Cantillon , 291 y ss. Uno de los principales defensores de esta perspectiva entre los escritores de Economía Política es el vivaz, agudo y prácticamente hábil, pero sofísticamente superficial, Macleod . (Elementos de Economía Política, 1858, cap. 3, Diccionario, 1862, v. Crédito). El derecho de demanda transferible del acreedor lo considera capital inmaterial. Mientras que los conocimientos de embarque, los recibos de almacén, los recibos de astillero, etc., solo representan mercancías, el billete de banco es mercancía nueva. Incluso el dinero metálico solo tiene valor crediticio, puesto que solo puede utilizarse para efectuar intercambios. Al signo negativo del acreedor puede corresponder un signo positivo del deudor; pero este último es negativo solo en el sentido de que hablamos de electricidad negativa, un grado termométrico negativo. Cuando se arrienda una propiedad, el propietario tiene, en su demanda de renta, un plus vendible ; pero el arrendatario no tiene un menos correspondiente . (No es así. En la misma medida en que el propietario tiene sus pagos futuros del arrendamiento descontados, el valor actual de venta de su propiedad disminuye; o si no se vende, la última parte que obtuvo el descuento ha reducido su capital disponible con el anticipo tanto como ha aumentado el del arrendador.) El “descuento del futuro”, es decir, la aparente capitalización de las esperanzas, tan en boga en la actualidad, puede ser un gran estímulo para la producción, como también puede serlo para la extravagancia sin fundamento.

538.

Muchos teóricos atribuyen una creación directa de nuevo capital al crédito, en la medida en que la capacidad de las evidencias de deuda para circular como medio de intercambio efectúa un ahorro real y permite que los antiguos instrumentos de intercambio muy costosos e intrínsecamente valiosos se utilicen de alguna otra manera. (§ 123 ). Compárese con Ricardo , Propuestas para una moneda segura y económica (1817). JS Mill , Principios, II, 174 y 36. McCulloch , Diccionario comercial, art. Crédito. Y así fue en las primeras cuatro ediciones de este libro mío. Pero aquí también hay, inmediatamente, solo una transferencia de capital ya existente. La persona, por ejemplo, que acepta un billete de banco como pago, presta una parte de su capital al banco; y la ventaja para toda la comunidad de tales operaciones de crédito consiste principalmente en esto: que una cantidad tan grande de capital en efectivo que permanece inactiva en los bancos, etc., puede usarse de manera más productiva.

539.

Cuando Roesler dice que el crédito es capital, producto del ahorro, y muy útil para la producción ulterior ( Grands. , 300), confunde el crédito mismo con los fundamentos del crédito, que son, en gran parte, capital material o moral.

540.

Compárese Discurso sobre el comercio, Coyn y Paper-Credit, Londres, 1697, 72 y sigs.

541.

Compárese Buron , Guerre au Crédit, 1868. Schäffle , Tüb. Ztsch., 1869, 296 y sigs. Con una comprensión profunda de su impacto político-económico, O. Michaelis (Berliner V. Jahrsschr. 1863, IV, 121) afirma: «El valor de capital de mi crédito no es igual al valor nominal de mis comprobantes de deuda [pagarés, etc.], sino al importe capitalizado del excedente extra que he obtenido en mi negocio mediante crédito, una vez deducidos los costes y la prima de riesgo».

542.

En los libros que siguen, investigaremos con sumo cuidado cuáles son los medios más adecuados para remediar esta peligrosa tendencia. Basta con señalar que esta se encuentra en una asociación juiciosa de pequeños capitalistas y también en la capitalización, por así decirlo, de las cualidades personales. Una sociedad de trabajadores bien organizada, sin capital, puede, de hecho, obtener crédito, como lo demuestran, por ejemplo, las sociedades Schultze-Delitsch, los artel-schnicks rusos (sociedades de ayuda al mercado), etc. ( Frühauf , Die russ. Artels en Faucher's Vierteljahrsschrift, 1868, I, 106 y ss.). También podemos mencionar el mayor crédito que se otorga a un terrateniente al convertirse en miembro de una asociación de préstamos inmobiliarios, en comparación con lo que podía obtener antes de unirse a ella. La creencia popular de los antiguos egipcios les proporcionó un instrumento de crédito muy valioso al pignorar los restos de sus antepasados. ( Heródoto , II, 136.)

543.

B. Hildebrand opina que la Economía Política del futuro puede ser caracterizada como economía de crédito, de la misma manera que la Economía del presente puede ser llamada economía monetaria, y la del pasado como economía de trueque del trueque. (National Œkonomie der Gegenwart und Zukunft, I, 276 ff.) La visión de Hildebrand es correcta en la medida en que, con cada avance en la civilización, el crédito llega a tener una importancia absoluta y relativa cada vez mayor, aunque en la Edad Media, especialmente bajo formas feudales ( Lehensformen ), hubo innumerables operaciones de crédito. Sin embargo, por lo demás, los tres tipos de economía de Hildebrand no están, de ninguna manera, coordinados. Mientras que el trueque y la compra a través de la instrumentalidad del dinero, en cada caso, se excluyen completamente entre sí, es imposible imaginar una transacción de crédito de la cual la promesa de una prestación de trueque o de una prestación de dinero no constituya la base. Durante un “ período económico monetario ( geldwirthschaftlichen )” [es decir, uno durante el cual el dinero es el medio de intercambio, y no los billetes; y cuando el trueque no se obtiene.— Traductor ] el servicio prestado por el dinero como medio de intercambio puede, en su mayor parte, ser suplantado por el crédito. El dinero, como medida de valor, sigue siendo el sustrato del crédito mismo. (Véase Knies en el Tübinger Ztschr., 1860, 154 y ss.; y en el Freiburger Programm, 9 de septiembre de 1862, 19). Aún antes, A. Wagner , Beitr. zur Lehre von den Banken, 1857 y ss. Entre las proposiciones más prácticas del sansimonismo está la de un système genéral des banques , destinado a administrar todos los bienes de la nación y a prestarlos a los individuos dedicados a la producción. ( Bazard , 205 y sigs.)

544.

Resulta perjudicial para el crédito permitir que el deudor espere varios decretos o sentencias antes de que se establezca su responsabilidad; permitirle, en condiciones favorables, demoras, revocaciones de sentencia, el pago de las costas del proceso, etc. El plazo para que un acreedor presentara su reclamación ante la junta de acreedores en la Cámara de Boedel de Ámsterdam era anteriormente de treinta y tres años y tres meses. ( Büsch , Darst. der Handlung, Zusatz, 82.) En la presidencia de Bengala había, en 1819, 81.000 casos en mora, y en 1829, 140.000. Westminster Review, XIX, 142.

545.

Y, sin embargo, Melon opina que el estado debería favorecer al deudor tanto como sea posible. (Essai politique sur le Commerce, cap. 12, 18.) Esta era la opinión sostenida sobre este tema por los profesionales más antiguos. En Bengala, el dhura , una especie de “juicio de Dios”, en el que se declaraba vencedor a la parte que pudiera resistir más tiempo contra el hambre, era el único medio para obligar a un deudor a pagar su deuda. En consecuencia, el campesino bengalí no podía pedir dinero prestado a menos del 60 por ciento anual. Edinburgh Review, XXII, 67. Sobre los daños que acompañan a las leyes y tribunales de crédito de Rusia, por los cuales todos los bienes extranjeros se vuelven extremadamente caros, véase v. Sternberg , Bemerkungen über R., 100 y siguientes. En un país en el que muchos personajes poderosos están por encima de las leyes, un banco prestamista incorporado puede ser una necesidad indispensable. ( Storch , Handbuch, II, pág. 23 y sigs.) En Nápoles, incluso en 1804, ningún deudor podía ser arrestado durante los últimos seis meses del embarazo de la reina. Anteriormente, se podía fracasar en los negocios y evitar todo castigo exhibiendo públicamente la parte más íntima del cuerpo desnudo ante una columna de la Vicaria . ( Rehfues , Gemälde von Neapel, I, pág. 203 y sigs., 222.) En Schwytz, el tipo de interés es tan elevado porque la ley permite al deudor pagar a su acreedor, lo quiera o no, con artículos de mobiliario doméstico, ropa, etc., cuyo valor se estima muy elevado. ( Hermann , Staatsw. Untersuchungen, 202.) En Estados Unidos, debido a las numerosas prórrogas concedidas al deudor por las leyes "democráticas" introducidas allí, se ha vuelto bastante habitual otorgar escrituras de garantía completa al prestar capital, en lugar de una simple hipoteca. De esta manera, el acreedor corre el riesgo, si le sobreviene una desgracia, de verse obligado a vender su propiedad a una cuarta parte de su valor.

546.

Véase el juramento de Heliast en Demóstomo , adv. Timocr., 746. El sistema romano de créditos en la época de Polibio era mucho mejor que el cartaginés. Polibio , VI, 56, XXXII, 13.

547.

Sachsenspiegel, III, 39. J. Grimm , Deutsche Rechtsalterthümer, 612 y sigs. Dahlmann , Dänische Gesch., II, 245, 339. Hermann , Russ. Gesch., III, 357. Sobre la esclavitud por deudas entre los malayos, véase Ausland, 1845, núm. 157.

548.

Beaujour , Tableau du Commere en Grèce, II, 176.

549.

C. 2 X. De Pignor. Una disposición apropiada en un gobierno sacerdotal. Diodoro. , I, 79.

550.

Permanencia del deudor en un lugar hasta satisfacer al acreedor, y otras estipulaciones degradantes, que, sin embargo, fueron prohibidas por los reglamentos de policía del Imperio en 1548, art. 17.

551.

Ursprung des Wechselrechts de Marten , 1797. Statuta Mediol., 1480, fol. 238 y siguientes. La ley municipal de Florencia encarcelaba incondicionalmente al padre o abuelo por la deuda del hijo, cuando este último se dedicaba a actividades industriales con su consentimiento. (Stat. Flor., I, 201.) En Bolonia, los hermanos de un quebrado que habían constituido un hogar con él eran considerados responsables de sus deudas. (Statuti dell' Università de Mercantati della Città di B., 1550, fol. 110.) La ley de Ginebra excluía de todos los cargos honoríficos al hijo que había dejado sin pagar las deudas de su padre. Montesquieu , E. des Lois, XX, 16. La consecuencia fue que, entre las clases altas, ningún acreedor perdió nada durante siglos. ( KL v. Haller , Restauration der Staatswissenschaften, VI, 519.) Compárese con la “Reforma de Nurenberg” de 1479, fol. 61 y 68 de la edición de 1564.

552.

Compárese la RPO de 1548, art. 22. Y así, por el Code de Commerce, III, 4, I, incluso el simple quebrado en contraposición al fraudulento es castigado, y toda persona incapaz de pagar sus deudas es declarada simple quebrado, quien, entre otras cosas, ha hecho gastos domésticos excesivos o ha perdido sumas considerables en el juego, etc. Compárese Sully , Mémoires, Livre XXVI, quien declara que es su ley más saludable, que los fraudulentos quebrados deben, como los ladrones, ser castigados con la muerte, y que todas sus asignaciones, regalos, etc. fraudulentos, deben declararse nulos. Además, Ordonn. de Louis XIV., sur les Failletes, art. 11; J. de Wit , Mémoires, 77 y ss.; v. den Heuvel , Sur le Commerce de la Hollande, 110 y ss. Federico Guillermo I, en 1715, amenazó con galeras a todos los quebrados insensatos y, en 1723, a todos aquellos que, conociendo su situación de insolvencia, solicitaran nuevos préstamos. Mylius , Corp. Const. Marzo II, 2, 31, 40. Para China, véase Davis , The Chinese, I, 247 y ss. Gr. Soden , Nat. Oek., III, 231, exige que, en caso de duda, se presuma siempre la culpabilidad del quebrado.

553.

En Inglaterra, solo una décima parte de los quebrados se consideran inocentes. Elliot , Credit the Life of Commerce, 1845, 50 y sigs.

554.

La contrainte par corps de deudores fue abolida en Francia en 1792, pero restablecida en 1797. Incluso Turgot comentó que desde que la esclavitud había cesado ya no había temor (?) de que los pobres fueran oprimidos por el encarcelamiento por deudas. (Sur le Prêt d' argent, § 31.) Según Droz , la cuestión no es sopesar la “libertad” frente al “dinero miserable”, sino la privación de esa libertad a unos pocos y el incumplimiento de las obligaciones contraídas, es decir, frente a la destrucción de la confianza pública.

555.

Un desarrollo similar ocurrió entre los griegos:

A. Esclavitud rigurosa por deudas, que Cipselo moderó en Corinto ( Pausan , V. 17, 2) y Solón abolió en Atenas ( Plutarco , Sol., 15; Demóstomo , de fals. Legat., 412).

B. La creación imprudente de deudas como se ve en Aristófanes; mientras que fuera de Atenas la esclavitud por deudas duró todavía mucho tiempo. ( Hermann , Griech. Privatalterth., § 57, 20.) En el tiempo de Demóstenes, el comerciante que se atrasaba en el pago de sus deudas era encarcelado, y el deudor a la gruesa que privaba a su acreedor de su garantía podía ser castigado con la muerte, ( Demosth. adv. Pharm., 922, 958), y esto a pesar de que se introdujo la cessio honorum . Hermann , § 70, 3. Compárese con Xenoph. , Vectigg., 3, Demosth. adv. Apat., 892; adv. Lacrit., y adv. Dionisio. En Corinto, el estado supervisaba los gastos realizados por los partidos. Esto era parte de su política crediticia. ( Athænæus , VI, 227.) Para una notable ley rodia relativa a las deudas, véase Sext. Emp., Hypot. I, 149.

En Roma:

A. La característica principal del derecho antiguo en esta materia era la venta eventual de la persona del deudor al obtener el préstamo ( nexum ); la facultad del acreedor de ejecutar al addictus o venderlo en el extranjero; y, finalmente, el in partes secante , en concurso de acreedores. Sin estas rigurosas disposiciones, el prestatario podría haber evadido fácilmente sus deudas mediante la emancipación de su hijo y la cesión de sus bienes. ( Niebuhr , Rom. Gesch., II, 770 y ss.; Savigny en el Abb. der Berliner Acad., 1833. Zimmern , Gesch. des röm. Privatrechts, III, 131 y ss.)

B. Posteriormente, no encontramos nada sobre la ejecución del deudor ni sobre la venta de su persona; pero podía ser obligado a realizar trabajos forzados para su acreedor sin protección contra malos tratos. La esclavitud por deudas fue restringida por la Lex Poetelia ( Niebuhr , III, pág. 178; Mommsen , III, 494). La ley pretoriana introdujo la costumbre de poner al acreedor en posesión de los bienes del deudor, con facultad de venta, lo cual le daba mala fama. Véanse varios pasajes en Walter , Röm Rechtsgesch, 763 y ss.; Tertull , Apol., 4; Tab. Herac. I, 115 y ss. Posteriormente, la Lex Julia de César permitió al deudor honesto evitar la prisión mediante la cesión de sus bienes.

C. La oligarquía adinerada que prevalecía en Roma provocó la adopción de medidas extremadamente severas contra los deudores morosos. ( Plut. , Lucull., 20. Cic. , ad. Att. V. 21, VI.), aunque sus propios miembros contrajeron deudas de la manera más imprudente. César, en el año 62 d. C., excluyendo a sus activos ( activen ), adeudaba 25.000.000 de sestercios; Marco Antonio, en el año 24, 6.000.000; en el año 38, 40.000.000; Curión, 60.000.000; Milón, 70.000.000. ( Mommsen , Römische Geschichte, III, 486.) Compárese con Gelio , XX, 1, XV, 14.

556.

Cada vez que un nuevo comerciante, que vende bienes a crédito mensual, se establece en un distrito, el número de pobres aumenta invariablemente. ( McCulloch , Diccionario Comercial). El crédito ruinoso otorgado por los judíos a los campesinos westfalianos comienza con una cuenta por los bienes que han logrado obtener, después de transcurridos cinco o seis años. El judío rara vez demanda cuentas en los tribunales; pero asedia al deudor y descubre dónde está su última cabeza de ganado y su último suministro de provisiones. Como está dispuesto a aceptar todo lo que tenga algún valor, a veces como pago de atrasos, y a veces como pago de alguna nueva pieza de basura, seguro que al final obtendrá lo que le corresponde, pero no hasta que su víctima, hundida cada vez más en el abismo de la deuda con cada "acomodo", esté completamente arruinada. ( Schmerz , Rheinish-Westphäl. LW, 396 y sigs.)

557.

En los estadios inferior y medio de la civilización encontramos multitud de leyes que limitan a los menores, estudiantes, etc., pero sobre todo a los terratenientes, a un mínimo de crédito que, sin embargo, varía mucho según la persona y está sujeto a una serie de formas embarazosas, como por ejemplo el consentimiento de una tercera persona, etc. (Compárese Bayerische LO von 1553, fol. 83). Sin embargo, estas leyes dejan tanto espacio al juego de la deshonestidad como al de la falta de reflexión.

558.

Español Sobre las regulaciones municipales ( Städteordnungen ) de los siglos XIV y XV, que obligaban especialmente a los acreedores judíos a redimir sus evidencias de deuda en un plazo de dos a cinco años, véase Stobbe , Juden im Mittelalter, 129. Compárese además con la LO de Würtemberg de 1515, Statut. Ferrar, ed. 1650, lib. II, rub. 37, 289. Según las demás disposiciones de las leyes de Norteamérica, algunas cuentas contables debían ser demandadas en un plazo de seis y otras de diecisiete años. ( Ebeling , Gerchichte und Erdberschreibung der v. Staaten, II, 247, 298.) La ley prusiana del 31 de marzo de 1838 establece un período de prescripción de tres años para todas las deudas comerciales ordinarias. Una ley similar se aprobó en el Reino de Sajonia en 1846. En Londres, se ha encontrado un gran número de sombrereros, sastres, comerciantes de botas y zapatos, etc., cuyos libros mostraban créditos de más de £4,000, la mayoría de ellos sin superar las £10. ¡Cuánto de todo esto debe perderse por completo, y cómo esa pérdida debe aumentar las sumas pagadas por botas, zapatos y sombreros por el pagador puntual! ( McCulloch , contra Crédito). Encontramos, incluso en Atenas, que el período de prescripción se acortó en interés del crédito, y que en el caso de menores, no excedió los cinco años. ( Demosth. contra Nausim., 989.) Garantía para un deudor no mayor a un año. ( Demosth. contra Apatur., 901.) La prohibición de Zaleukos de emitir cualquier evidencia de deuda va mucho más allá. ( Zenob. , Proverbio V, 4.)

559.

Compárese con el informe del Dresden Handelskammer, 1864, 11.

560.

A. Mayer , en Vierteljahrsschrift de Faucher , 1865, IV, 65.

561.

Aprendemos de los debates en el parlamento inglés del 9 de febrero de 1827 que, en dos años y medio, hubo, en Londres y sus alrededores, 70.000 casos de prisión por deudas, cuyos costos fueron de £150.000 a £200.000. En 1831, había en una prisión de deudores 1.120 prisioneros, que debían en promedio £2 3s. 2d. ( McCulloch , lc) Hubo, en 1792, un caso de una mujer que, por una deuda de £19, permaneció en prisión 45 años, y otros similares. (Véase Archenholtz , Annalen, IX, 87 y siguientes; X, 169 y siguientes, XIII, 125.) En Inglaterra en 1844, el arresto por sumas inferiores a £19 estaba prohibido. Johnson ya había propuesto una disposición similar (Idler, 1758, núms. 22 y 38). El encarcelamiento por deudas se abolió en Francia, Inglaterra y Austria en 1867; en la Confederación Alemana del Norte, el 29 de mayo de 1868, pero se mantuvo el arresto por garantía. Sismondi critica casi todas las leyes en su contexto, porque atacan a la persona del deudor más que a sus bienes personales, y a sus bienes personales más que a sus inmuebles. Pretende que todo esto sea justo lo contrario de lo que es. El primero interfiere con la fuente misma de la riqueza: la fuerza productiva del trabajo; el segundo provoca que las mercancías se vendan muy por debajo de su valor. Ninguno de estos males acompaña al último ( N. Principes , I, 250).

562.

Una ley de la Confederación Alemana del Norte permite la pignoración de salarios futuros únicamente en el caso de funcionarios públicos y de quienes ocupen puestos fijos al servicio de particulares, cuyos salarios superen los 400 táleros anuales. El proyecto original exceptuaba únicamente los bienes necesarios para los trabajadores y sus dependientes directos; mientras que la ley aprobada generaliza la prohibición. Esto se hizo, sin duda, para comodidad tanto de los empleadores como de los tribunales; por ejemplo, en el distrito de Dortmund, hubo, en un año, 10.000 casos de embargo de salarios. (Annalen des ND Bundes und Zollvereins, 1869, 1071 y sigs.) Pero se podría haber evitado igualmente la imprudencia de aquellos obreros cuyos salarios están por debajo de la media, sin arrastrar a aquellos cuyos salarios están por encima de la media a su nivel, si se hubiera hecho una distinción entre crédito de producción y crédito de consumo, y se hubiera limitado este último previendo que no se debería iniciar ninguna demanda por los suministros hechos a bares, tabernas, etc.

563.

En el segundo libro de Moisés , 22, 25 y ss., y el quinto, 24, 6. Una antiquísima ley normanda dispone que en las acciones por deudas, la ejecución no debe ejecutarse contra los bienes del deudor que le sean indispensables para mantener su posición, como los caballos de un conde o la armadura de un caballero. (Dialog. de Scaccario.) La Carta Magna extendió esta disposición para incluir los aperos agrícolas y el ganado del campesinado. En el momento en que estas leyes, como consecuencia de un falso principio de humanidad, exceptúan cualquier cosa que no sea absolutamente necesaria, perjudican el crédito. Así, por ejemplo, en Brasil, una ley de 1758, que disponía que nada empleado inmediatamente o directamente necesario para la producción de azúcar debía ser embargado en la ejecución, causó un gran perjuicio a la producción azucarera. ( Koster , Travels in B., 1816, 356 y ss.)

564.

§ 2, Cod. De Prec. Imper. Off., I, 19. Las dietas del Imperio habían concedido dichas cartas en el siglo XIV. ( Wachsmuth , Europ. Sittengesch., IV, 690.) Por regla general, se concedían solo con el conocimiento previo del Emperador, según las ordenanzas de policía del Imperio de 1548, art. 22.

565.

Así sucedió en Austria, Sajonia, Brunswick y los electorados de Hesse y Baden. En Prusia, solo podían concederse tras un decreto judicial al efecto; y se permitía la apelación ante un tribunal superior para revocarla o confirmarla. Compárese con Mittermaier en el Archiv. für civilist. Praxis, XVI, y también con P. de la Court , Aanwysing der politike Gronden en Maximen van Holland, etc., 1669, I, cap. 25. Núremberg obtuvo como privilegio, en 1495, que ninguna moratoria fuera válida contra sus ciudadanos. ( Roth , Geschichte des Nürnb. Handels, I, 86.)

566.

Compárense las discusiones en la Asamblea Nacional Francesa en agosto de 1848. Es mucho menos desventajoso en tiempos de gran conmoción, cuando todos los negocios se paralizan, extender el plazo de pago de las letras de cambio, etc. Esta medida evita una serie de quiebras que el saldo real de las deudas contraídas por una persona no hace necesarias.

567.

En la persecución de los judíos en la Edad Media, el llamado Brief-todten (asesinato de cartas), o la destrucción de títulos, era muy común. En 1188, el gobierno francés liberó a todos los cruzados del pago de los intereses de sus deudas y les concedió una prórroga de tres años para saldar el capital. ( Sismondi , Hist. des Français, VI, 82.) Se implementaron medidas compulsivas similares contra los judíos y los usureros en 1223 (Ibid, VI, 539 ss.); y en 1299 (Ordonnances, I, 1331), a petición formal de la nobleza. (Ordonnances, II, 59.) De nuevo, en 1594, se liberó un tercio de los intereses de todas las deudas nacionales y privadas. ( Sismondi , XXI, 318.) La moratoria general de los milaneses por un período de ocho años, introducida en 1251, después de su guerra con Francia, fue de un carácter esencialmente diferente. ( Sismondi , Geschichte der italienischen Republiken, III, 155.) Lo mismo puede decirse del indulto general concedido por Felipe II en Bélgica. ( Boxhorn , Disquisitt. politicæ, 241 ff.)

568.

La abolición o condonación de deudas, tan frecuente en las antiguas épocas revolucionarias, nos recuerda, en muchos sentidos, las crisis que el papel moneda desencadenó en la época moderna y que generó el Estado. Los antepasados de Alcibíades e Hipónico sentaron las bases de una inmensa fortuna, en tiempos de Solón, comprando grandes cantidades de tierras con préstamos de varios ciudadanos, poco antes de la abolición de las deudas. ( Plutarco , Sol., 15.)

569.

Enorme consumo de cera en las iglesias de la Edad Media. Tan solo en la catedral de Wittenberg, poco antes de la Reforma, se quemaban anualmente más de 15.000 kilos de velas de cera, etc. Al mismo tiempo, se solía usar miel en lugar de azúcar. Por lo tanto, la apicultura en aquella época, desde el punto de vista de la circulación, debía ser mucho más importante que hoy. Así, en los países católicos, la diferencia en la manifestación externa de la religión provoca que la importancia relativa del consumo de pescado aumente o disminuya. En 1803, en Francia había poca demanda de crucifijos de marfil, rosarios, etc. En 1844, aumentó la demanda de estos objetos y de reclinatorios para el dormitorio. ( Mohl , Gewerbwissenschafliche Reise, 101.) Para vender azúcar con éxito en Persia, es necesario saber que en ese país solo se vende en pequeños trozos con forma de sombrero, que se usan solo como obsequios semivoluntarios; y que, en ese caso, la costumbre fija el número de trozos. ( Steinhaus , Russlands commercielle etc. Verhh., 151.) En el Levante, los trabajadores prefieren las barras de hierro pequeñas y de formas variadas porque les resulta difícil manipular las grandes. Los ingleses lo tienen mucho mejor presente que los rusos. ( Steinhaus. ) Un comerciante que envíe madera al sur de Francia debe estar familiarizado con la forma de las duelas que se usan en la fabricación de barriles allí. Compárese con Büsch , Geldumlauf, VI, 2, 2.

570.

La circulación de los bienes comparada con la circulación de la sangre: por Mirabeau , Philosophie Rurale, cap. 3. Turgot , Sur la Formation etc. § 69. Canard. , Principes, cap. 6.

571.

Eiselen , Volkswirthschaftslehre, 98 y ss. Si en la antigüedad el comercio desempeñaba un papel mucho menos importante que en la actualidad, era, como dice Montesquieu , porque todo el mundo comercial era entonces más uniforme en cuanto a clima y características de sus productos que ahora. (Esprit des Lois, XXI, 4.)

572.

De los pasos sucesivos, las gavillas, el maíz, la harina, el pan... la harina tiene la mayor capacidad de circulación. Y, de hecho, la última operación de trabajo sobre un gran número de bienes, debido a su consiguiente utilidad más especializada, se acompaña de una disminución de su capacidad de circulación. A modo de ejemplo, podemos mencionar la ropa confeccionada en comparación con la tela. La capacidad de circulación de una mercancía es mucho mayor cuando la demanda suele aumentar con la oferta, como ocurre con el oro y la plata, pero no con los libros científicos, los instrumentos de óptica, etc. Muchas mercancías tienen poca capacidad de circulación, porque nadie desea comprarlas si no es de primera mano. Véase Menger , Grundsätze, I, 245 y sigs.

573.

Knies. , Die Eisenbahnen und ihre Wirkungen, 1853, 79.

574.

Compárese con Schmitthenner , I, quien llama la atención, y con razón, sobre la importancia de los préstamos con hipotecas mobiliarias. Pero Berkeley , Querist, n.º 265, señala que un hacendado con unos ingresos anuales de 1000 libras esterlinas puede, «en caso de urgencia», hacer menos bien o mal que un comerciante con 20 000 libras esterlinas en efectivo.

575.

Una diferencia muy importante entre Rusia e Inglaterra.

576.

Storch , Handbuch, I, 273 y sigs. Existe también una circulación inútil que no está calculada para promover la división del trabajo, sino para emplear el tiempo o el capital ociosos, como en el caso de los juegos de azar, la especulación bursátil, el trigo, etc. Incluso el consumo empobrecedor puede producir rapidez de circulación, como en Alemania durante los años de guerra de 1812 y 1813. ( F.G. Schulze , N. Œkonomie, 1856, 667.) Basándose en este hecho, Hume (1752) sobre el crédito público, Discursos, n.º 8, argumenta a favor de la antigua opinión de que toda circulación es saludable y debe fomentarse. Boisguillebert , Traité des Grains, I, 6, llegó incluso a elogiar la guerra porque aceleraba la circulación de la riqueza. Sobre la necesidad de una circulación sin repos , véase ibíd., II, 10. De manera similar , Law , Trade and Money, 1705, y Dutos , Réflexions Politiques sur le Commerce, sobrevaloraron la circulación de la riqueza como tal. Con respecto al sistema mercantil, véase § 116. Darjes , Erste Gründe der Cameralwissenschaft, 1768, 531. E incluso Büsch , Geldumlauf, I, 29, 32 y ss., III, 96, quien en otros lugares casi siempre pasa por alto la producción real y solo ve la circulación del dinero causada por ella. Así, llama a los pobres cuando reciben ayuda económica y la gastan, ¡miembros útiles de la sociedad! (IV, 32, 39. De manera similar, v. Struensee , Abhandlungen, 1800, I, 282 y ss., 400 y ss.)

577.

Como ocurrió, por ejemplo, en Francia en 1577, cuando todo el comercio, y en 1585 toda la industria, fueron declarados de derecho dominiano . Luis XIV opinaba que el rey era dueño absoluto de toda la propiedad privada de sacerdotes y del pueblo. (Mémoires histor. de Louis XIV, II, 121.) Compárese con Duclos , Mémoires, I, 14 y ss.

578.

Compárese con Theod. Cod., V, 9, 1; Just. Cod., X, 19, 8; XI, 47, 21, 23; XI, 50, 51, 52, 55, 58. Cuán pleno estaba el período clásico de los juristas romanos de la idea de la libertad de competencia, lo vemos en Pablo : L. 22, § 3, Dig. XIX, 2. Las disposiciones relativas a la lesio enormis aparecen por primera vez en la época de Diocleciano. (Just. Cod., IV, 44, 2.)

579.

Benjamin Franklin afirma que cuanto más libre es la forma de gobierno, más se manifiesta el pueblo en su verdadera naturaleza. La antigua Roma, con el temprano desarrollo de su disposición racional, pronto aprendió a favorecer la libertad de intercambio comercial. Compárese con Mommsen , Römische Geschichte, I, passim. Esto fue, sin duda, un elemento de su grandeza, pero también de los males proletarios que se desarrollaron en ella tempranamente, y que solo fueron frenados por el crecimiento absoluto del Estado y el desarrollo de sus intereses económicos durante siglos.

580.

No debe olvidarse que la competencia tanto sube como baja los precios. Las expresiones «precio más alto» y «precio más bajo» denotan solo diferentes aspectos de la misma relación. M. Chevalier opina que nuestra actual competencia desenfrenada es característica únicamente de un período de transición prolífico en nuevos inventos, una competencia que pronto será seguida por la paz. (Cours, II, 450 y ss.)

581.

Ἀγαθὴ ἔρις: Hesíodo, opp., 10 y sigs.

582.

«Quien habla de competencia suprime la existencia de un fin común», dice Proudhon , aunque añade, al estilo de Bileam , que curar los males de la competencia con la competencia es tan absurdo como conducir a los hombres a la libertad con la libertad o cultivar el espíritu con el cultivo del espíritu.

583.

Compárese con Bastiat , Armonías económicas, cap. 10.

584.

Si todas las clases estuvieran protegidas de la competencia, ninguna se beneficiaría de ella, ya que un «privilegio universal» es un absurdo. Si solo se protege a ciertas clases o individuos, se hace a costa de todos los demás.

585.

La pregunta no debería formularse así: “¿Capricho o imperio?”, sino “¿imperio moral o imperio del derecho?”, Schmoller contra Treitschke en el Jahrbb de Hildebrand .

586.

Respecto a los argumentos con los que se defendían las restricciones comerciales de la Edad Media, véase más adelante. En su mayoría, estaban bien fundamentadas para la época en que se impulsaron. Una educación juiciosa a menudo se verá obligada a establecer limitaciones, pero siempre con la intención, por este medio, de posibilitar una mayor independencia. Así, la corriente comercial puede ser demasiado débil en un país pobre y escasamente poblado para que la oferta y la demanda se encuentren y satisfagan siempre y en todas partes. En tales circunstancias, su concentración artificial en ciertos puntos es uno de los medios más eficientes para promover la economía de todo el pueblo. La política de libertad de comercio fue recomendada incluso en el siglo XVII por J. Child , North y Davenant. W. Roscher , Zur Geschichte der englisch. Volkswirthschaftslehre, 65 y ss., 85 y ss., 113 y ss., 142 y ss. Y antes aún, en Holanda, por Salmasius , De Usurus, 1638, 583 y de la Court . Compárese con Tübinger Ztschr., 330 y sigs. Así dice Boisguillebert : Il n'y avait qu'à laisser faire la Nature et la libertê, qui est le Commissionaire de cette même Nature . (Factum de la France, 1707, cap. 5.) Véase, también, Dissertation sur la Nature des Richesses, cap. VI; Détail de la France, 1697, II, cap. 13; tr. des Grains, II, 8. En su mayor parte dictado por una reacción contra el colbertismo.

Véase además, Mélon , Essai Politique sur le Commerce, 1734, cap. 2. M. Decker , Essay on the Causes of the Decline of Foreign Trade, 1744, 31 y ss., 106 y ss. J. Tucker , Essay on the advantages and neglects that each each other are intended with respect to Trade, 1750. Forbonnais , Elémens du Commerce, 1754, I, 63. Genovesi , c. I, 17, 3, opina que al menos en caso de duda, el comercio necesitaba más libertad que protección. Verri , en sus Meditazioni, va aún más lejos. Los fisiócrates, con su laissez aller y laissez faire, recomiendan la competencia como el mejor medio para aumentar el ingreso neto de un pueblo. Según Dupont , 147 y ss., éd. En Daire, el ámbito legislativo se limita a declarar las leyes de la naturaleza. Su lema es: libertad y propiedad . Adam Smith exige que el Estado solo haga tres cosas: asegurar la protección contra estados extranjeros, la administración de justicia en el país, y el establecimiento y mantenimiento de ciertas instituciones beneficiosas para toda la comunidad, pero que el interés privado no podría establecer por falta de medios para cubrir los gastos que conllevan. (La Riqueza de las Naciones, V, cap. I, 2.) Por lo tanto, exige (III, cap. 2) la abolición de todo tipo de fidei commissa , de las regalías sobre las minas (I, cap. 11, 2), de todos los privilegios corporativos y exclusivos, de todos los deberes de protección, etc. (IV, cap. I y ss.), pero especialmente de la política colonial hasta entonces en boga. (IV, cap. 8.)

Los ataques de los socialistas a la libertad de competencia fueron iniciados por Fichte , Geschlossener Handelsstaat, 126, donde se la denomina sistema de robo o sistema de expoliación. Pretendía que el Estado se preocupara más por la industria humana que si los hombres fueran golondrinas. Véase también Sismondi , N. Principes, passim, quien exige en todas partes la protección del gobierno para los más débiles. Fourier , N. Monde industriel, 396, quien opina que el monopolio general es siempre un preservativo del comercio . Bastiat , Harmonies économiques, cap. 10, ofrece una refutación muy valiosa de estas insensateces. Recientemente, Rodbertus , Hildebrand's Jahrbücher, 1865, II, 272, opina que el “individualismo social” ha tenido siempre en la historia la tarea de disolver las sociedades en decadencia, como, por ejemplo, bajo los Césares.

587.

Quien quiera vender a otros debe comprarlos. ( Child. , Discurso sobre el Comercio, 358). De igual manera , Temple , Obras III, 19, y Becher , Discurso Político, 1547. Esta visión parece haberse convertido en la primera nacional en Holanda. Compárese también Quesnay , 71 y Mirabeau , Philosophie rurale, 1763, cap. 2.

588.

A menudo oímos decir: «No se vende nada porque no hay dinero». Pero la verdadera causa aquí no es, en la mayoría de los casos, la falta de dinero, sino la falta de otros bienes que puedan servir como contravalor. En épocas difíciles, por ejemplo, muchos tejedores se considerarían afortunados, incluso si no pudieran ganar dinero por su tela, si en cambio obtuvieran carne, pan, madera, materia prima, etc. Si solo faltara dinero, eso podría fácilmente ser un síntoma tan favorable en el comercio, como cuando no hay suficientes tiendas, barcos de vapor, etc., para mantener las actividades del país. Compárese con North , Discourses upon Trade, 1691, 11 y ss., pero especialmente con la célebre teoría de los mercados de J. B. Say , tratado I, cap. XV.

589.

Véanse las observaciones de Humboldt sobre cómo, en Hispanoamérica, la agricultura en las proximidades de las minas aumenta y disminuye con la riqueza de estas últimas. (N. Espagne, III, 11 y ss.) Véase también Harrington (ob. 1677), Sobre la prerrogativa de un gobierno popular, I, cap. 11; Cantillon , Nature du Commerce, 16. Y así Stein , Lehrbuch, 122 y ss., señala cómo las grandes empresas producen especialmente para el consumo del pequeño propietario sin capital y cómo, por tanto, la condición floreciente de una determina la de la otra.

590.

De hecho, quienes viven del expolio ajeno, como ladrones, estafadores, etc., solo se interesan por la prosperidad económica de estos últimos mientras no se ponga en peligro su expolio. Solo en esta medida se puede afirmar, con el padre List , que la nobleza de la Edad Media, al obedecer al cálculo egoísta que condujo a la opresión del campesinado, se dedicó a una especulación tan desastrosa como la de un fabricante actual que alimentara su máquina de vapor únicamente con serrín o trozos de papel viejo. Las ciudades de la Edad Media tenían un interés económico mucho más indudable en la emancipación del campesinado como clase que la nobleza o el clero.

591.

Ciertamente existen tales excepciones, incluso si no fuera cierto “que el más piadoso no puede descansar en paz a menos que sea aceptable para su vecino impío”. Las naciones que suministran los mismos productos que nosotros pueden, de hecho, “arruinar nuestro mercado”, así como en casa el zapatero egoísta puede desear la prosperidad de todos los usuarios de zapatos, es decir, de todas las demás industrias, pero no la de todos los demás productores de zapatos. La opinión que prevaleció durante mucho tiempo, de que la ganancia de un hombre era siempre la pérdida de otro ( Th. Morus , Utopia 79, ed. Colon. 1555; Baco. , Sermones fideles, cap. 15; quid-quid alicubi adiicitur, alibi detrahitur ; M. Montaigne, Essais I, 21: les prouficit de l'un est le dommage de l'autre ) prevaleció durante mucho más tiempo en los asuntos internacionales donde la observación es mucho más difícil que en los asuntos nacionales; aunque incluso aquí, P. de la Court , Maximes politiques, 1658, contrasta el interés económico de Holanda con el del resto de los Países Bajos y lo prefiere al suyo. Incluso Voltaire dice: “El deseo de la grandeza de la patria incluye el deseo del mal a nuestro vecino. Evidentemente ningún país puede ganar excepto lo que otro pierde.” (Dict. philosophique, v. Patrie.) Compárese, sin embargo, el peut-être en su Histoire de la Russie, I, 1, con motivo del tratado de comercio anglo-ruso. Del mismo modo, Galiani , Della Moneta, I, 1, IV, 1; Verri , Opuscoli, 335, y recientemente v. Cancrin , quien dice que “en la vida cotidiana, la propiedad se adquiere solo a expensas de otra persona”. (Weltreichthum, 1821, 119. Oekonomie der menschl. Gesellschaft, 1845, 23.) La visión cosmopolita ( Xenoph. , Cyrop., III, 2, 17. Hier., 10) que prevalece en la escuela de Adam Smith fue introducida por Hume , Ensayos, 1752, Sobre los celos del comercio. Quesnay , Encyclopédie, v. Grains, 294, ed. Daire; A. Smith , Teoría de los sentimientos morales, 1759, pág. 6, sec. 2, cap. 2. Pinto , Lettre sur la Jalousie de Commerce, 1771, y J. Tucker , Cuatro tratados sobre temas comerciales y políticos, 1776, 34 y ss. y 42 y ss. “El sistema de estados no ejerce ninguna influencia sobre el comercio mundial.” ( Lotz , Handbuch I, 11.) Más recientemente, R. CobdenEn su Rusia, Edimburgo, 1836, entre otros, argumentó que la conquista de Turquía por los rusos sería útil para Inglaterra, porque entonces probablemente se venderían allí más (?) productos ingleses. Rusia no se fortalecería por ello, ya que las conquistas siempre perjudican más al conquistador que lo benefician. La idea del equilibrio europeo es, por lo tanto, una quimera, porque no se puede impedir que ningún estado tenga un crecimiento interno, por grande que sea. Así, en el verano de 1853, oímos al London Times predicar a veces que cada cañonazo disparado por los ingleses contra los rusos podría matar a un deudor o cliente inglés. Los venecianos mantuvieron una opinión similar a principios del siglo XV. Compárese con M. Sanudo en Muratori , Scriptores, XXII, 950 y sigs. Véase supra, § 12 .

Además, Malthus había reconocido que existían rivalidades naturales entre las naciones que producían excepciones a las leyes de Tucker. (Principios, Prefacio). De manera similar, Garve , en Pflichten de Cicerón (1783), III, 146 y siguientes.

592.

B. Franklin , Obras, vol. III, 49. Sismondi reclama para todas las naciones civilizadas el derecho a interferir con los gobiernos de otras naciones con las que tienen o podrían tener relaciones comerciales, y a insistir en que tengan un buen gobierno bajo el cual el comercio pueda desarrollarse libremente. (NP VII, cap. 4.)

593.

Como, por ejemplo, cuando el amigo de los hombres dice que sentía por un inglés o un alemán lo mismo que por un francés al que no conocía. Mirabeau , Filosofía rural, cap. 6.

594.

Así, por ejemplo, el estoico Zenón: Plutarco. De Alex, fort, 1, 6.

595.

Compárese incluso Lauderdale , Inquiry, 274 y siguientes.

596.

Qué bien, por ejemplo, resistieron los ingleses el bloqueo continental de Napoleón, cuyos males se vieron agravados por varias malas cosechas. Su peor momento no coincidió, de hecho, con el de la lucha con Estados Unidos. Los antiguos atenienses, durante su contienda con Filipo de Macedonia, consideraban la cuestión del suministro del Bósforo, etc., una cuestión de vida o muerte. Pero esto solo puede considerarse una prueba contundente del escaso desarrollo que habían alcanzado sus talentos comerciales en aquel entonces. ¡Con qué facilidad, según nuestras ideas, habrían obtenido grano de Sicilia o Egipto!

597.

Según el agudo análisis del lenguaje realizado por F. J. Neumann , Tübinger Ztschr., 1872, 317 y sigs., la palabra «precio» hace referencia a una compra o venta real, mientras que la expresión «valor de cambio», generalmente llamada simplemente valor, se basa en una valoración o insinúa de manera general que un objeto posee valor; el valor de cambio es, por así decirlo, el promedio de varias determinaciones de precio. El precio, según Schäffle , es la consecuencia externa del valor de cambio, un medio para representar este último. (N. Œk., III, Aufl., I, 218.) Solo a través de la diferencia entre el valor de cambio (posibilidad universal) y el precio (realidad especial) es posible la laesio enormis de los juristas. ( Schmitthenner , Staatswissenschen, I, 416.)

598.

Por precio de mercado, prix courant , se entiende el precio monetario de las mercancías, determinado por la competencia.

599.

Un problema muy similar al del movimiento de los cuerpos en el espacio.

600.

Lotz , Handbuch, 50 y sigs., llama mercancías costosas a aquellas que se obtienen sólo con un alto coste de producción, y caras a aquellas cuyo precio está por encima del coste de producción.

601.

Compárese con Canard , Principes d'Economie politique, cap. 3. Casi simultáneamente, H. Thornton , 1802, Paper-Credit of Great Britain.

602.

Véase Jackson's Account of Morocco, 284, para casos en los que, en el Sahara, cuando los vientos abrasadores del desierto habían secado el agua de las botellas de cuero de la caravana, un vaso de agua costaba entre 10 y 500 dólares.

603.

Los aborígenes norteamericanos consienten muy frecuentemente, en sus intercambios, en aceptar cualquier oferta que les hagan sus iguales, por insuficiente que sea, por temor a la venganza. Schoolcraft , Information, etc., II, 178. En cuanto a los efectos de la astucia, los tungusi, cuando reciben una copa de brandy de los rusos, se vuelven casi idiotas y regalan sus bienes a precios ficticios en bebida. ( v. Wrangell , Nachrichten, I, 233.) En las etapas superiores de la civilización, por otro lado, las personas muy distinguidas no son, de ninguna manera, privilegiadas debido a su posición en la lucha por los precios. En los tiempos modernos, las reclamaciones ( reclaman ) han tomado el lugar de un mayor poder físico o político. Compárese con E. Hermann , Leitfaden der Wirthschaftslehre 1870, 91 y sigs.

604.

Así , Galiani afirma que antes de que una de las dos partes exprese su deseo de comprar o vender, la balanza se equilibra. El primero que habla sopla sobre uno de ellos, y este cae. (Diálogo sobre el Comercio de Bleds, 1770, n.º 6). Esto se ha verificado de forma sorprendente en California, donde los productos más valiosos se compraban a menudo en subastas a precios muy bajos, mientras que, al adquirirlos a comerciantes e incluso a los tenderos más desfavorecidos, se vendían a precios exorbitantes. ( Gerstäcker , en Allg. Zeitg., mayo de 1850.) Así, en Francia se cosecharon en 1817 48.000.000 de hectolitros de trigo, valorados en 2.046.000.000 de francos, y en 1820 44.500.000 de hectolitros, valorados en 895.000.000 de francos. ( Cordier. ) Esta enorme diferencia de precio existía porque en 1817 el mundo entero temblaba aún por la impresión causada por el fracaso de las cosechas de 1816, mientras que en 1820 aún prevalecía el sentimiento de comodidad y seguridad causado por el rico año de 1819. Precios bajos en ventas forzadas por decreto, etc. Véase más adelante, § 5. El hecho de que los viajeros sean tan frecuentemente aprovechados para efectuar cambios de moneda se explica en parte por sus necesidades urgentes, bien conocidas por la otra parte, y en parte por su supuesta ignorancia en la materia. Por lo tanto, en las subastas, pujar mejor que el otro resulta muy atractivo para los compradores ignorantes o impulsivos.

605.

Sus contemporáneos lo consideraron inmoral cuando Guillermo el Conquistador introdujo la costumbre de arrendar las granjas al mejor postor. ( A. Thierry , Conquête de l'Angleterre, II, 116, ed. Bruxelles). A las mentes poéticas y delicadas les repugna pensar que todo tiene un precio exactamente fijado. (§ 2.) Basta con referirme al cuadro de Helena que Zeuxis exhibió por dinero, acto que sus contemporáneos caracterizaron como una especie de prostitución. Val. Mac , III, 7. Ælian , V, 4, IV, 12. El juicio de Sócrates sobre el pago de los sofistas. Xenoph. , Memor., I, 6, 13.

606.

La competencia solo tiene una influencia negativa sobre los precios, en la medida en que modifica el funcionamiento extremo de los demás factores que los determinan. Thornton , Paper Credit. Lotz , Revisión, 1811, I, 74 y ss., 241 y ss.

607.

La expresión, “intensidad de la demanda”, en Malthus , Principios, cap. 2, sec. 2. Ya un escritor como Sir J. Stewart llama la atención sobre la diferencia entre una demanda grande y alta, y pequeña y baja. Una demanda alta siempre elevará el precio, como cuando, por ejemplo, dos virtuosos adinerados compiten en una subasta. Paucorum furore pretiosa , como dice Séneca. Un penique inglés de la época de Enrique VII, una vez se vendió, en tal ocasión, por £600. En 1868, en la subasta de Lafitte, siete botellas de vino se vendieron a Rothschild a 235 francos cada una después de que la Maison dorée había ofrecido 233. (N. freie Presse, 17 de diciembre de 1868). Una gran demanda con frecuencia no tiene otro resultado que aumentar la oferta, y el precio sube solo en la medida en que la demanda es demasiado repentina para permitir un crecimiento paralelo de la oferta. (Principios, Libro II, cap. 2, 10.) El precio actual del té no podría permanecer inalterado si diez comerciantes privados diferentes, compitiendo entre sí, o el agente de una sociedad comercial privilegiada, enviaran pedidos a China de una cantidad igual de té. ( Verri , Meditazioni, IV, 8 y sigs.)

608.

Se le atribuyó un peso inmenso a la æqualitas permutationis (según Aristóteles , Eth. Nicom., V. 7) en la ética y la economía de la Edad Media escolástica y en la época de la Reforma. Compárese con Melanchton , en Corp. Ref., XVI, 495 y ss., XXII, 230.

609.

Una teoría muy bárbara del precio en Xenoph. , De Vectigg., 4. Los antiguos hicieron poco progreso al respecto, aunque no faltan observaciones ingeniosas sobre ciertos fenómenos de los precios. (Véase Aristot. , (?) Oecon. II; Cicero , De Off. III, 12 ss.) Mariana , De Rege et Regis Institutione, 1598, III, explica el precio como la relación del valor con la cantidad. Según Locke , el precio de una cosa está determinado por la relación entre “cantidad” y “venta” : el aumento o disminución de sus cualidades útiles lo influye solo en la medida en que altera esa relación. (Consideraciones sobre las consecuencias de la disminución del interés, etc., 1691, Obras II, 20 ss.) Law , por el contrario, dice que el “venta” nunca puede ser mayor que la “cantidad”, pero que la “demanda” puede serlo. Por lo tanto, propone la fórmula: cantidad en proporción a la demanda. (Trade and Commerce considered, 1705, cap. 1). En el cap. 6, Law distingue tres elementos en el precio: calidad, cantidad y demanda. La expresión «cantidad» es, sin duda, muy insatisfactoria. ¡Cuántos ejemplos no da Tooke (Thoughts and Details, on the high and low Prices of the last thirteen Years, 1823, parte IV) para ilustrar cómo, cuando la oferta era mínima, los precios eran los más bajos y viceversa ! Esto ocurría casi siempre después de que el mercado se saturara, cuando muchos especuladores habían perdido y nadie se atrevía a comprar de nuevo. Montanari (nacido en 1687) nos proporciona una excelente teoría de los precios. (Della Moneta, 64 y sigs., Custodi). Y una aún mejor, Sam. Pufendorf , Jus Naturæ et Gentium, 1672, V. 1, quien debe considerarse la máxima autoridad en las leyes de los precios antes de Stewart . Boisguillebert , Traité des Grains, II, 1, 10. Galiani , Della Moneta, I, 2, solo conoce los factores utilidad y rareza , aunque en su exposición de esta última, aborda muchos puntos que hoy en día se denominarían coste de producción. La sabiduría de la Providencia nos ha concedido las cosas más útiles en mayor abundancia para abaratarlas. Stewart , Principles II, 2, 4, prestó un gran servicio a la teoría de los precios, relacionando la oferta con el coste de producción, la demanda con la necesidad y la capacidad de pago; y merece ser considerado el predecesor inmediato de la notable teoría de Hermann . ( Hermann , Staatsw. Untersuchungen, 66 y ss.) Para una teoría peculiar de los precios, véase Paganini , Saggio sopra il justo Pregio delle Cose, 189 y sigs. Neri , Osservazioni, 1751, 127. Gust. Menger , Grundsätze, I, 179 y sigs., ha hecho un interesante intento de explicar la formación de los precios en su forma más simple, suponiendo un monopolio en el vendedor, y pasando luego a las modificaciones posteriores introducidas por la competencia de muchos vendedores.

610.

En lugar de separar, en un mismo asunto, los puntos de vista del comprador y del vendedor, podemos distinguir la contraprestación de la cosa a adquirir y la cosa a dar por una misma persona. ( Rau. ) El poseedor del bien más corriente aparece especialmente como demandante, mientras que el del menos corriente aparece como oferente o suministrador ( v. Mangoldt. ).

611.

Esto es para bienes gratuitos=0, para bienes monopolizados=1/0.

612.

El hecho evidente de que todo precio supone la comparación de dos mercancías, y que todo comprador es, al mismo tiempo, vendedor, ha sido pasado por alto por demasiados autores. De ahí la opinión de Dutot de que, como todos compran y pocos venden, el Estado, en caso de duda, debería favorecer al comprador. (Réflexions sur le Commerce et les Finances, 1738, 962, ed. Daire). De ahí la cuestión, a menudo debatida, de si es más útil la carestía o la baratura: esta última defendida, por ejemplo, por Herbert , Police générale des Grains, 1755; Verri , Meditazioni, V; la primera por Boisguillebert , Traité des Grains, I, 7, II, 9; y por los Fisiócrates. ( Quesnay , Maximes générales, Nr. 18 ff., I, Problème Économique; también por A. Young , Polit. Arithmetics, cap. 8.) Los profanos en Economía Política entienden por carestía sólo la baratura general del medio de circulación o intercambio, y viceversa .

613.

Así, incluso un pobre napolitano necesita a veces un vaso de agua helada. La introducción del uso extensivo de la nieve en Sicilia mejoró la salud pública. ( Rehfues , Gemälde von Neapel, I, 37 y ss.) Por otro lado, las pieles, en el extremo norte, son artículos de primera necesidad. Los periódicos en un país libre satisfacen una necesidad mucho más urgente que en países que no lo son. Así, Senior afirma que los zapatos son «necesarios» para todos los ingleses, ya que sin ellos, su salud se resentiría. Para las clases bajas de Escocia son «lujos». La costumbre les permite andar descalzos sin dificultad ni degradación. Para la clase media del mismo país, son «decencias». Allí se usan zapatos, no para proteger los pies, sino para mostrar una actitud cívica. En Turquía, el tabaco es una decencia y el vino un lujo. En Inglaterra ocurre lo contrario. (Outlines, 36 y ss.)

614.

En cuanto a la relatividad de los opuestos de “templanza” y “exceso”, cada persona debe atender a los siguientes puntos: a, no exceder los ingresos propios; b, proveer para uno mismo y su familia; c, guardar algo para un día lluvioso; d, colocarse en posición de cuidar a los pobres; e, no entregarse a ningún placer perjudicial para el cuerpo o la mente; f, no dar mal ejemplo. ( Tucker , Two Sermons, 29 y sigs.) Menger , Grundsätze, I, 92 y sigs., intenta comparar el valor en uso de diferentes bienes desde el punto de vista de que los medios de gratificación de una necesidad menos urgente, cuando las necesidades más urgentes del presente están satisfechas por completo, deben preferirse a los medios de gratificar en exceso estas últimas.

615.

Así, el precio de muchas prendas oscuras sube en un momento de inesperado duelo universal. Un caso muy notable ocurrió en París, a la muerte de Enrique II. ( Montanari , Delia Moneta, 85, Custodi.) Por otro lado, un cambio de moda puede deprimir considerablemente el precio de muchos productos. Tal cambio puede ocurrir incluso en el caso de las piedras preciosas; por ejemplo, ahora en Londres, una esmeralda perfecta es sumamente apreciada. ( King , Precious Stones and Metals, 1871.) El aumento de muchos medicamentos en tiempos de cólera, y de las sanguijuelas, por ejemplo, en París, fue del 600 por ciento. El aumento del precio de la pólvora, los caballos, etc., al estallar una guerra, y del precio del hierro causado por la extensa construcción de ferrocarriles. En Circasia, una buena cota de malla valía antiguamente entre 10 y 200 bueyes: pero desde que se descubrió que no servía de protección contra las balas de cañón, su precio cayó un 50 por ciento. ( Bell , Diario de una residencia en Circasia, I, 403.)

616.

Sobre los bienes “conexos” ( connexen ), cuyo uso supone el uso del otro, como por ejemplo el azúcar y el café, la madera y la piedra utilizadas en la construcción de edificios, véase Schäffle , Nat.-Oek, II. Aufl., 179.

617.

Observado por Necker , Sur la Législation et le Commerce des Grains, 1776. Compárese con Roscher , Ueber Kornhandel und Theuerungspolitik, 1853, 1 y ss. En Atenas, por ejemplo, el medimnos del trigo costaba habitualmente cinco dracmas, pero durante el asedio de Sila subió a 1000 dracmas. ( Demóstomo contra Forma, 918. Plutarco , Sila, 13.) Compárese con II Reyes, 6, 25, 7, 1. En París, durante el asedio de Enrique IV, subió al 5000 por ciento del precio ordinario. ( Lauderdale , Inquiry, 60 ss.) Durante el asedio de Breisach, en 1638, un ratón llegó a valer 1 florín, el cuarto de perro, 7 florines, un cuarto de trigo, 80 táleros. ( Röse , Leben H. Bernhards, M., 11, 269.) Compárese con Estrabón , V, 248 ss.

618.

El trigo sigue siendo más indispensable que la carne. Por ello, en los diez principales mercados de Prusia, el precio del centeno subió mucho más entre 1811 y 1860 que el de la carne de vacuno; el primero, entre 0,32 y 1,03 groschens de plata, y el segundo, entre 2,32 y 4,94 groschens de plata. (Annalen der preussischen Landwirthschaft, 1869, n.º 9). Así, en la región del Rin, las cosechas de vino han experimentado variaciones de precio mucho mayores que las del mosto, aunque la calidad del producto ha variado considerablemente según los años. Así, la cosecha de 1830 fue de tan solo 225 piezas, la de 1868, de 10 845, y, sin embargo, el precio mínimo entre 1831 y 1865 fue de tan solo 3 a 58 florines por pieza. ( Engel , Preuss. Statist., Ztschr., 1871, 168 y sigs.)

619.

En Inglaterra, el precio del trigo ha subido con frecuencia del 100 al 200 por ciento cuando la cosecha era entre un sexto y un tercio inferior a la media, y cuando la oferta extranjera había modificado incluso esta situación. ( Tooke , Historia de los Precios, I, 10 y siguientes). Tooke opina que en un país con leyes de pobres como las de Inglaterra, un déficit de un tercio en la cosecha de trigo, si no hubiera provisiones ni importaciones extranjeras, haría subir el precio del trigo un 500, un 600 e incluso un 1000 por ciento (pág. 15).

620.

Véase Davenant , Political and Commercial Works, Londres, 1771, II, 224. Tooke conocía a Davenant. Según esta ley, un déficit del 10 % en la cosecha elevaría el precio del maíz un 30 %; uno del 20 % lo elevaría un 80 %; uno del 30 % lo elevaría un 160 %; uno del 40 % lo elevaría un 280 %; y uno del 50 % lo elevaría un 450 %.

621.

En Inglaterra, el 38,8 por ciento de la oferta llega al mercado (Quart. Review, XXXVI, 425). En Bélgica, el 40 por ciento, y en Sajonia, al menos el 50 por ciento ( Engel , Jahrb. der Statistik etc. von Sachsen, I, 276). En Alemania, los agricultores se autoconsumen, en promedio, dos tercios ( v. Viebahn , Zoll.-v-Statist., II, 958). Platón , De Legg., VIII, coincide notablemente con esto.

622.

Sobre la diferencia a este respecto entre Inglaterra, Alemania y el noroeste de Noruega, véase Hermann , pág. 71.

623.

Por lo tanto, no es raro que el grano se encarezca no por una escasez real, sino porque generalmente se supone que dicha escasez existe. Para una explicación de por qué el trigo y productos similares tienen un precio casi invariable, cuando se toma el promedio de una larga serie de años, véase infra § 129 .

624.

Caso en Nápoles: tras una mala cosecha, el precio del maíz se mantuvo muy bajo, ya que la cosecha de aceite también había fracasado, y los pobres no podían ganar nada en la industria en la que estaban mayormente empleados, y viceversa . ( Galliani , Della Moneta, II, 2.) Así, Adam Smith , en La riqueza de las naciones, I, cap. 7, distingue entre demanda efectiva y absoluta . De igual manera, J. Steuart , Principios I, cap. 18. En este sentido, conviene distinguir cuidadosamente entre deseo y demanda.

625.

Así ocurrió durante la hambruna que sufrió Irlanda en 1821, durante la cual las patatas subieron hasta alcanzar precios fabulosos, pero el trigo apenas subió, y por lo tanto hubo que exportarlo.

626.

En Tooke , Historia de los Precios (2.ª edición de Pensamientos y Detalles, etc.), encontramos repetidamente la afirmación de que cuando el precio del trigo sube, el precio de los productos coloniales y manufacturados baja, y viceversa . Así, en Inglaterra, el precio de las evidencias de la deuda nacional aumenta entre un 2 % y un 3 % en años fructíferos, por encima de lo que es después de una mala cosecha. ( Lauderdale , Investigación, 93). La nación británica pagó por el algodón que necesitaba para su propio consumo en 1845 más de 19.500.000 libras esterlinas; en 1847, solo 9.500.000 libras esterlinas. ( Banfield , Organización de la Industria, 162).

627.

Por lo tanto, J. B. Say afirmó que la riqueza disponible de un pueblo es como una pirámide, con la escala de precios de los diversos productos inscrita en su lateral. Cuanto más alto se encuentra un producto en esta escala de precios, menor es la sección correspondiente de la pirámide. Compárese con Sir W. Temple , Ensayo sobre el origen y la naturaleza del gobierno, Obras I, 23 y siguientes.

628.

Este hecho, en conexión con el precedente, explica el conocido enigma de por qué el remanente de una pieza de bienes es comparativamente más barato que la pieza entera, mientras que una pequeña parte de la deuda pública es más cara que una grande. ( Lauderdale , cap. 1.)

629.

Se dice que Rhode Island fue comprada a los indios en 1638 a cambio de unas gafas ( B. Franklin , Political... Pieces, 1707). Según Chalmers , se compró por 50 hilos de coral, 12 hachas y 12 abrigos (Political Annals of the U. States). Compárese con Ebeling , II, 108. Durante mucho tiempo, las telas holandesas y el opio se intercambiaron en Sumatra por oro en polvo diez veces superior a su valor ( Saalfeld , Geschichte des holl. Kolonialwesens, I, 260). Se dice que la Compañía de la Bahía de Hudson obtuvo, a principios de este siglo, un beneficio del 2000 % en sus intercambios con los indios. ( Anderson , Origen del Comercio, a. 1751.) Cuando se descubrió Altái, los nativos dieron tantas pieles de marta cibelina como cabían en una tetera o caldera rusa. Con 10 rublos en hierro era fácil ganar entre 500 y 660 rublos. Storch , Gemälde des russ., R., II, 16; K. Ritter , Erdkunde, II, 557. Casos similares entre los alemanes: Tácito , Germ., 5.

630.

Un vendedor que no se dedica realmente al negocio de la venta para ganarse la vida, y que no ha comprado ni producido con la intención de vender, es propenso a considerar en cambio el precio de mercado, para cuya determinación han cooperado los que realmente se dedican al comercio. De manera algo imprecisa, Adam Smith y Ricardo llaman al importe del coste de producción “precio natural”, J. B. Say lo llama prix naturel o también prix originaire , porque la mercancía en su primera entrada al mundo costó mucho. Sismondi y Storch lo llaman prix nécessaire , y Lotz, Kostenpreis. P. Cantillon , Nature de Commerce, 33 y sigs., entiende por prix intrinsique de una mercancía la cantidad de tierra y mano de obra, tomando también en consideración la calidad de ambas, necesarias para su producción.

631.

El hilo de algodón más barato se numera del 60 al 80. El más grueso es más caro por la cantidad de materia prima que contiene, y el más fino por la mayor cantidad de mano de obra que requiere. ( Babbage. ) Por razones similares, las cadenas venecianas cuestan por braccio : el n.° 0, el más fino, 60 francos; el n.° 1, 40 francos; los n.° 2 y 3, 20 francos; el n.° 24, el más grueso, 60 francos. ( Rau. )

632.

Si una persona empleada en la producción ha proporcionado él mismo algunos de los elementos de producción; si, por ejemplo, ha trabajado con sus propias manos, empleado su propio capital, etc., suele cobrar por ellos tanto como valdrían si se alquilara o prestara su capital.

633.

La mayoría de los economistas políticos consideran el coste de producción únicamente desde la perspectiva del individuo involucrado en la producción. Así, Darjes , Erste Gründe, 218 y ss.; Ad. Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. 6. J. B. Say denomina producción uniforme a un intercambio en el que se desprenden los servicios productivos de las fuerzas naturales, del trabajo y del capital para obtener productos. La estimación del valor de estos servicios es el coste de producción. Para algunos ejemplos interesantes sobre cómo se calcula el coste de producción en este sentido, véase Hermann , I ed., 136 y ss.

634.

Jacob traducido por Say , 1807, II, 450. Hufeland , N. Grundelgung, I, 309.

635.

Compárese con L. Lauderdale , Investigación, 124, contra los Fisiócrates. ( Riedel , Economía Nacional, 1838, I, 68). Un país con ventajas sobre otros en cuanto al coste de producción de un producto puede ofrecerlo en el mercado al precio más bajo. Por ejemplo, si se emplea la misma cantidad de capital y se puede producir una gran cantidad de trigo, ya sea por la fertilidad excepcional del suelo o por la extensión de la agricultura (cultivo en una gran superficie), el trigo, al ser la misma demanda, será especialmente barato, independientemente de la proporción de las tres ramas de ingresos. Si se ha empleado un número relativamente elevado de trabajadores en su cultivo, cada uno recibirá un salario menor, y viceversa .

636.

El grabado en cobre y acero ofrece un ejemplo de los diferentes tipos de desgaste del capital fijo y su influencia en los precios. Canard , en sus Principios, cap. IV, considera que uno de los elementos más importantes del coste de producción es el tiempo que el capital debe estancarse para la producción.

637.

De este riesgo depende, por ejemplo, el alto precio de la vainilla ( Humboldt , N. Espagne, IV, 10), de los vinos espumosos y de los artículos de moda.

638.

Mangoldt , Lehre vom Unternehmergewinn, 1855, 81 y sigs. Compárese con Thünen , Der isolirte Staat, II, 1, 80 y sigs.

639.

Lana y cordero, aguardiente y ganado cebado, terneros y leche, miel y cera, gas y coca cola, gallinas y huevos, etc.

640.

El propio Adam Smith señaló que cualquier reducción artificial del precio de las pieles o la lana necesariamente eleva el precio de la carne, y viceversa . (La riqueza de las naciones, I, cap. 11, 3.) Para una teoría muy elaborada sobre este tema, véase J. S. Mill , Principios, III, cap. 16, § 1. Así, el precio de la lana australiana no subió tanto como la producción de oro nos habría hecho suponer, debido a que el precio del cordero se disparó.

641.

Una observación importante y correcta de Carey es que el precio de una mercancía depende mucho más del coste de producción de su similar que de su propio coste de producción, que ya pertenece al pasado.

642.

Compárese con JS Mill , III, cap. 3, § 1. Un precio demasiado alto, causado por la especulación, o uno demasiado bajo, debido a la depreciación, suele ir seguido de un reflujo o flujo igualmente excesivo. ( Tooke , Historia de los Precios, III, 55). Y Law , Trade and Money, 41, señala que el precio de una mercancía siempre tiende a coincidir con el «costo inicial». Adam Smith expresa este hecho al afirmar que el costo de producción es el centro en torno al cual siempre gravita el precio de mercado. (I, cap. 7). Pero aquí persiste el error de que la ganancia del productor es una parte del costo de producción. Compárese con Malthus , Definiciones, cap. 6.

643.

Español La visión inglesa, muy característica del pueblo, es que el equilibrio de los precios depende de esto, de que todas las mercancías deben tener un valor igual al del trabajo que han costado. (Compárese con Aristot. , Eth. Nicom., V, 5.) La misma doctrina se puede encontrar en su estado germinal en Hobbes , Leviathan, 24, 1651, y Rice Vaughan , Discourse of Coin and Coinage, 1675. Más exhaustivamente en Petty , Treatise of Taxes and Contributions, 1679, 24, 31, 67. (Compárese con Locke , Civil government, II, § 40 ff.; B. Franklin , Inquiry into the Nature and Necessity of a paper Currency, 1729; Works, ed. Sparks, vol. II.) Adam Smith admite que esto es cierto solo en los primeros comienzos de la sociedad, antes del origen de la propiedad en la tierra y en el capital. (La riqueza de las naciones, I, cap. 5.) Desarrollado con mayor amplitud en Ricardo , Principios, cap. I, 4, 30. Marx , Zur Kritik der polit. Œkonomie, 1859, 6, intenta mejorar esto llamando a todos los valores en el intercambio “una cantidad determinada de tiempo de trabajo espeso cuajado”, es decir, por trabajo un trabajo social de producción qualitätslose promediado . Por contra , compárese Hufeland , N. Grundlegung, I, 134, 156 y sigs.; y Malthus , Principios, cap. 2, secs. 2, 3, quien afirma muy seriamente que el precio no está determinado por el coste de producción, sino por la relación existente entre la demanda y la oferta, influyéndolo el coste de producción solo en la medida en que influye en esta relación. Llama la atención sobre las tasas bajas por las cuales el costo de producción del trabajo se eleva, pero sus salarios disminuyen; también sobre el caso de los billetes de banco, etc. ( Tooke , History of Prices, V, 49 y sigs.; JS Mill , Principles, III, cap. 16, 2.) Para un caso muy marcado de reacción contra Adam Smith y Ricardo, véase Macleod , Elements, cap. 2, quien, sin embargo, es demasiado parcial al considerar solo la cantidad necesaria para el comprador y sus medios. Incluso Condillac había dicho: une chose n'a pas une valeur, parcequ'elle coûte, mais elle coûte (du travail ou de l'argent), parcequ'elle a une valeur . (Commerce et Gouvernement, 16.) La doctrina de Ricardo es más defendible de lo que parece a primera vista. Basta con entrelazar su teoría de la renta, admitir que el capital es trabajo acumulado, restar todos los objetos que constituyen un monopolio natural y no olvidar que el valor intrínseco del trabajo es una de las causas de la diferencia de precio entre los distintos tipos de trabajo. Ricardo hace justicia al valor de uso incluso en passant.Un extraño intento de McCulloch por convertir el trabajo en la causa de la no utilización del capital. (Principios, III, cap. 6, 2.) McCulloch ha exagerado con frecuencia las verdades a medias de sus doctrinas hasta tal punto que ha producido, sin quererlo, un reductio ad absurdum . Según Torrens , antes de cualquier separación entre capitalistas y trabajadores, el precio depende enteramente del trabajo realizado y, posteriormente, del capital invertido, ya que los salarios, la renta, etc., están cubiertos por el capital de quien participa en la empresa. (Producción de la Riqueza, cap. 1.)

644.

Español Ce que l'on appelle chereté, c'est l' unique remède à la chereté. ( Dupont de Nemours. ) Las ofertas de división en común, en Inglaterra, aumentan y disminuyen según el precio más alto o más bajo del grano durante el año anterior. ( Tooke , Thoughts and Details, III, 105 y siguientes). La hambruna del algodón después de 1861 aumentó el precio del hilo de lino en un corto período de cincuenta por ciento, aunque la materia prima del lino no subió de precio, sino solo porque no se tuvo cuidado de aumentar el número de hilanderos de lino. ( Ausland , I, 1865.) Sin embargo, en 1864, había 490.000 husos para máquinas de lino en curso de construcción. (Informe de la Cámara de Comercio de Chemnitz, 1864, 101.)

645.

Por ejemplo, gracias al descubrimiento de nuevas fuerzas naturales, la invención de máquinas, la mejor división del trabajo, la mejora de las carreteras, etc. En Francia, como consecuencia del avance técnico, el precio del quintal de salitre bajó de 100 a 9 francos. Véase un ejemplo similar en Chaptal , De l'Industrie française, II, 64, 70, 434.

646.

Hermann , Staatsw. Untersuchungen, 212.

647.

El ideal más elevado, pero inalcanzable, de dicho progreso consistiría en que todos los productos se obtuvieran sin coste alguno. Si este ideal fuera alcanzable, todos serían infinitamente ricos y toda la riqueza sería gratuita, como el aire y la luz del sol. (Compárese con J. B. Say , Traité, II, 2.) La victoria completa de la humanidad sobre la naturaleza consistiría en que todos los hombres fueran libres y todas las fuerzas de la naturaleza, esclavas del hombre. ( Smitthenner. ) Carey insinúa algo similar cuando afirma que, con el avance de la civilización, la tendencia es que los hombres se vuelvan cada vez más valiosos y las mercancías, menos «valor».

648.

Podríamos hablar aquí de un principio aristocrático y democrático para la determinación de los precios. La mayor utilidad de este último se defiende en el Discurso del Comercio, Coyn and Credit, Londres, 1697. Bacon tiene una buena opinión sobre la máxima: «Las ganancias ligeras hacen que las bolsas llenen; pues las ganancias ligeras abultan, mientras que las grandes abundan de vez en cuando». De manera similar, Gurnay en Cliquot de Blervache , Consideraciones sobre el comercio, etc., 1758, 48, 54. En cuanto a cómo Morrison, el célebre comerciante, se hizo rico al adherirse a los principios: "vender barato tanto como comprar barato" y "decir siempre la verdad", véase Chadwick , en el Statistical Journal, 1862, 503. Compárese la opinión relacionada del continuador de Adam Smith en una dirección ética, Garve , en Cicero's Pflichten, III, 100. El principio contrario, la astucia de los judíos, según Estrabón , XVII, 800, fue seguido por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, cuando, en 1652, provocó que se destruyera la mayor cantidad de raíces vegetales en las Molucas. Saalfeld , Geschichte des holländischen Kolonialwesens, I, 272. También, cuando grandes cantidades de raíces fueron destruidas por la quema en las Indias Orientales. ( Huysers Beschryving der Oostindischen Etablissmenten, 1789, 22.) Para un argumento inteligente contra tal práctica, véase de la Court , Anwysing der heilsame Gronden, 1663. El principio similar al de la patente, mencionado en el texto, funciona al mismo tiempo democrática y aristocráticamente, ambas palabras entendidas en su mejor sentido.

649.

Esto es cierto, en primer lugar, en aquellas industrias estrechamente relacionadas entre sí, o en aquellas que se desarrollan con escaso capital fijo; también en las etapas más bajas de la civilización, donde las luces y sombras causadas por una división del trabajo altamente desarrollada no son muy intensas. Sobre las numerosas dificultades que Ricardo pasó por alto en todos los demás casos, véase Sismondi , NP, II, cap. 2. El trabajador pierde así su habilidad anterior, es decir, su capital principal, y ciertamente no puede esperar hasta haber adquirido otra habilidad diferente.

650.

Cuando se espera una bajada de precios, la demanda es menor que el consumo: “demanda pospuesta”; mientras que, la expectativa de que el precio subirá, produce “demanda anticipada”. Tooke , Historia de los precios, II, 155.

651.

Así, por ejemplo, si los trabajadores se veían expuestos a la inanición o era probable que se marcharan; si grandes reservas de materia prima corrían peligro de estropearse; si un capital fijo de gran valor se dedicaba a una industria y no podía transferirse fácilmente a otra. La primera y la tercera causa se dan con frecuencia en la minería y dan lugar a la forma de explotación conocida como Zubusgruben , es decir, una especie de explotación minera a cambio de acciones. En Inglaterra, después de la primavera de 1862, el hilo de algodón no era tan caro como el algodón en rama, como para que la pérdida causada por la caída pudiera compensarse. ( Ausland , 24 de septiembre de 1862).

652.

Además, en el período inmediatamente posterior, la bajada de precios por una oferta excesiva puede generar cierta desesperación entre los productores, lo que los llevaría, con la esperanza de cubrir sus pérdidas, a aumentar aún más la oferta, hasta la ruina de muchos. Generalmente, cuando una época de precios altos va seguida de una de precios bajos, encontramos un intervalo durante el cual los vendedores intentan defenderse de la caída y, en consecuencia, apenas se realizan transacciones comerciales, mientras que los precios altos se mantienen nominalmente. Y viceversa . Tooke , Historia de los Precios, II, 62.

653.

Así, por ejemplo, cuando el cambio de moda provocó el desuso de las pelucas largas en la vida cotidiana, su precio no dejó de bajar hasta desaparecer por completo. Pero, si alguien quiere encargar una hoy para un baile de máscaras, para el teatro, etc., pagará lo mismo que antes. Por otro lado, el precio de la barba de ballena nunca ha vuelto a ser tan alto como en la época en que se usaban las enaguas con miriñaques.

654.

La gran peste de la época de Eduardo III provocó durante el primer año, debido a la disminución del consumo, una escasez extraordinaria de provisiones. Al año siguiente, sin embargo, se encarecieron alarmantemente, debido a la escasez de productores, especialmente entre las clases humildes. Un cuarto de trigo costaba en 1348 4 chelines y 2 peniques; en 1349, 5 chelines y 5 peniques; en 1350, 8 chelines y 3 peniques; en 1351, 10 chelines y 2 peniques; mientras que en 1346 y 1347, su precio promedio fue de 6 chelines y 8 peniques y 7 chelines y 8 peniques. Rogers , Historia de la Agricultura y los Precios, I, 232.

655.

Por ejemplo, cuando se imponen nuevos impuestos o aranceles. Generalmente, cuando el costo de producción ha aumentado considerablemente, los compradores no esperan a que la disminución de la competencia entre los vendedores los obligue a exigir precios más altos, sino que se comprometen a un acuerdo, especialmente cuando muchos desean intensamente el producto y el aumento del costo es mínimo. ( Rau , Handbuch, I, § 163.)

656.

Bajo esta regla caen, según el § 33 , la mayoría de los productos de la industria propiamente dicha. "Si perdemos un mercado durante un año, generalmente lo perdemos para siempre", dijo un fabricante experimentado ante el comité parlamentario de tejedores de telares manuales, 1840-42. Por supuesto, el costo del transporte hasta el mercado debe estimarse como parte del costo de producción. En consecuencia de esto, así como de la diferencia de los derechos impositivos, etc., la superioridad de un productor a otro puede ser más que superada. En el caso de las mercancías coloniales, que van al interior de un país desde diferentes puertos marítimos, el territorio abastecido desde cada puerto está determinado en su mayor parte por estos datos. Así, en Suiza, por ejemplo, encontramos los distritos abastecidos por Havre, Génova y Róterdam; en Austria, los distritos abastecidos por Hamburgo y Trieste son contiguos, pero la línea fronteriza está sujeta a muchos cambios. ( Rau , Lehrbuch, I, § 164.) Debe entenderse que aquí no hablamos de gastos anormales realizados por los productores individualmente, ya sea como consecuencia de falta de habilidad o por accidente.

657.

Esto es especialmente cierto en la producción agrícola, en la que, por regla general, además de la tierra más fértil y mejor situada, se debe utilizar la peor. Lo que Whately llama "plusvalía" aparece aquí en forma de renta, mientras que, en otros casos, toma la forma de salarios inusualmente altos o de beneficios del capital. Esto lo desarrolla de forma muy bella y sistemática Schäffle , N. Œk., II; Aufl., 192 y sig. Según Senior , Outlines, 15, la relación de precios entre dos mercancías no depende de las cantidades que llegan al mercado, sino de la fuerza relativa de las dificultades que impiden el aumento de dichas cantidades. Si los mismos productores pueden optar por el modo de producción más barato que no basta para abastecer el mercado, así como por el más caro, tenemos, por lo general, un precio que es la media entre los dos costes de producción. Lo mismo ocurre con las mercancías "de contrabando" que deberían haber pagado derechos. ( Hermann , loc. cit., 83, ss.)

658.

A esta sección pertenecen los secretos de la producción, que pueden aprovecharse ad libitum o dentro de ciertos límites. En la agricultura, las ventajas de la producción rara vez pueden permanecer en secreto. Compárese, sin embargo, el caso mencionado en la traducción de Adam Smith de Garnier , V, 119, y el de los huertos que producían 1.000 libras anuales por cada 32 acres, resultado de la reciente introducción del cultivo del cerezo en Kent, durante el reinado de Enrique VIII. ( Anderson , Origen del Comercio, a, 1540). Por lo tanto, existe cierto odio entre los productores agrícolas por mantener en secreto un medio de mejora agrícola.

659.

Compárese Boisguillebert , Traité des Grains, II, cap. 2. John Stuart Mill habla de una ecuación: el precio de un producto en un mercado dado siempre es lo suficientemente alto como para producir una demanda correspondiente a la oferta actual o a una oferta esperada. Solo el precio de dichos productos, que no puede aumentarse en una medida deseable, depende de la oferta y la demanda. En el caso de todos los demás, por otro lado, la demanda y la oferta dependen del precio, y este del coste de producción. La oferta y la demanda siempre tienden a un equilibrio que nunca se alcanza realmente cuando el precio es lo suficientemente alto como para cubrir el coste de producción (?). (Principios, III, cap. 2, § 4; cap. 3, § 2.) La teoría de precios de Schäffle está coronada por la proposición de que todos los vendedores y compradores que compiten, de manera económica, no desean vender por debajo del valor de coste individual ni superar el valor de uso individual al comprar. Por lo tanto, en una multitud de competencia de la oferta, las producciones más costosas salen del campo de competencia en una serie descendente de costo-valor; y en una multitud de competencia de la demanda, los antojos más cansados en una serie ascendente de valor en uso; hasta que las cantidades ofrecidas en la oferta y demandadas se cubren mutuamente sin pérdida y se han colocado mutuamente en equilibrio cuantitativo. (N. Œk. Aufl., I, 188 y siguientes; compárese con 173, 185.) Es, sin embargo, por decir lo menos, un ejemplo de solicitud sin fundamento, cuando Wade , Historia de las clases medias y trabajadoras, 214, dice que un trabajador desempleado podría deprimir los salarios agregados del trabajo, casi ad infinitum .

660.

Hufeland , N. Grundlegung, I, 78; Ricardo , Principios, cap. 31.

661.

Dunoyer , Liberté du Travail, VIII, cap. 4; Rau , Lehrbuch, I, § 158.

662.

Para una buena clasificación de los monopolios, véase Senior , Outlines, 103 y siguientes. Menger , Grundsätze, I, 195, muestra que ningún monopolista puede determinar arbitrariamente la extensión del mercado para su producto monopolizado cuando el precio es fijo, ni el máximo del precio cuando se conoce la extensión del mercado. Además, el precio puede permanecer más tiempo por encima del coste de producción que por debajo, debido a que es más fácil abandonar un negocio que iniciarlo, y a que el miedo a las pérdidas es un incentivo más frecuente para la acción que la esperanza de ganancia. Por lo tanto, el precio del grano, cuando todo lo demás es muy caro, tiende a variar con respecto al precio medio que en épocas en que todo es muy barato. Por ejemplo, los precios de Múnich de 1750 a 1800 muestran que su precio máximo fue un 147 % superior y el mínimo un 47 % inferior al promedio de veinte años. ( Rau , Lehrbuch, § 162, 182).

663.

La casualidad juega un papel importante aquí. Así, la Concepción de Murillo, que el mariscal Soult había ofrecido varias veces por 150.000 francos, pero en vano, se vendió en mayo de 1852 por 586.000 francos. El novillo de Paul Potter en La Haya, que costó 625 florines en 1748, se valoró antes de mediados del siglo XIX en 200.000 florines. ( Dethmar. )

664.

El comprador decide hacerlo porque, con toda probabilidad, le costaría más ir a la India o Brasil en busca de piedras preciosas. Además, tras la explotación de las minas brasileñas en 1728, y de nuevo tras la Revolución Francesa, el precio de los diamantes cayó considerablemente; en un caso, debido al aumento de la oferta, en el otro, a la disminución de la demanda. ( Ritter , VI, 355, 365.)

665.

Así, las uvas de Champaña y Johannisberg, al trasplantarse a Crimea, perdieron casi todo su sabor autóctono. Sobre el monopolio práctico de China en el cultivo del té, y el de Ceilán, especialmente en su zona suroeste, en el de la canela, al menos en lo que respecta a su peculiar aroma, compárese Ritter , Erdkunde, VI, 123 y ss. Los pequeños ciervos de Angora, tan pronto como abandonan la pequeña región de Asia Menor a la que pertenecen, corren el riesgo de degenerar. (Revue des deux Mondes, 15 de mayo de 1850). Los nidos de pájaros indios no cuestan más del 11 % del precio de mercado (recolección, secado, etc.). ( Crawfurd , Archipiélago de las Indias Orientales, III, 432 y ss.; Hogendorp , Sur l'Ile de Java, 201).

666.

Escaso material para combustible, mal trabajo de los jornaleros: viviendas, asistencia médica. ( Menger , Grundsätze, I, 116.)

667.

Así, el pescado de mar, las ostras, etc., eran antiguamente mucho más baratos durante el verano que durante el invierno en Ostende y Scheveningen, porque en invierno podían enviarse a distancia. En el mercado de Billingsgate, en la temporada de caballa, el pescado costaba por cien de 48 a 50 chelines a las 5 de la mañana, 36 chelines a las 10 y 24 chelines por la tarde. ( H. Schulze , Nat-Œkonomische Bilder aus England, 1853, 241.) En la región del Rin, el precio de la fruta no varía tanto como en Sajonia, porque allí se acostumbra emplear el excedente en la fabricación de sidra, conservas, etc., lo que la hace transportable y duradera. Con frecuencia, después de una cosecha muy abundante de uvas o aceitunas, prevalecen los precios bajos, a veces debido a la falta de embarcaciones, bodega, etc.; por lo tanto, deben venderse rápidamente.

668.

Compárese con Adam Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. 7; Tooke , Historia de los precios, I, 97. El precio de las pieles varía mucho, a veces hasta un 300 % al año, porque, en el caso de este producto completamente natural, todo depende de su almacenamiento, de la temperatura, etc. ( McCulloch , Commerc. Dict., sv). Por otro lado, el precio del café suele variar solo después de varios años, porque las nuevas plantaciones solo producen después de un lapso de años. ( Ibíd. ) El precio de los cerdos varía mucho más que el del ganado vacuno, porque los primeros pueden prepararse para el matadero en un tercio del tiempo que requiere el segundo. ( Thaer , Rationelle Landwirthschaft, IV, 374).

669.

Así, la renta de las granjas, donde una numerosa población proletaria vivirá exclusivamente de la agricultura, depende prácticamente de la cantidad de personas y la extensión de la tierra. ( JS Mill , Principios, III, cap. 2.) En el comercio minorista, donde se trata la necesidad personal, los precios están mucho más sujetos a modificaciones por pequeñas circunstancias que en el comercio mayorista, donde ambas partes solo buscan "hacer negocios". ( JS Mill , III, cap. 1, § 5. Tooke , II, 72 y sig.)

670.

Buhoneros, carniceros, comerciantes de grano, posaderos, etc. Un caso notable es el de comerciantes parisinos de pieles de liebre que intentaron arruinar la nueva moda de los sombreros de seda distribuyendo una gran cantidad de ellos entre la plebe a precios de farsa. ( Hermann , 1.ª ed., 91). El autor fue testigo de un intento similar, pero fallido, en Berlín en 1838-39, por parte de los sastres contra el llamado abrigo Macintosh. Sobre la conspiración de los comerciantes ingleses de artículos de segunda mano contra las subastas, véase Athæneum, 5 de diciembre de 1863. Una de las exageraciones características de McCulloch es que afirma que las conspiraciones para aumentar el precio de una mercancía por medios artificiales se desbaratan en cuanto empiezan a lograr su objetivo gracias al interés de los miembros individuales en beneficiarse de los precios elevados. (Edición de Adam Smith , Edimburgo, 1863, pág. 59.)

671.

JS Mill , Principios, II, cap. 4.

672.

Monopolios universalmente prohibidos: L. un. C. De Monopol. (IV, 59.) Orden de policía del Imperio, 1548, tit. 18.

673.

Los privilegios que el comprador concede voluntariamente al vendedor suelen ser útiles para ambas partes. ( Hermann , loc. cit. 155, 158.)

674.

Además, los gremios, castas, corporaciones, etc., cuando el mercado disminuye, pueden producir precios bajos con la misma facilidad con la que monopolizan los precios cuando el mercado es muy bueno. (Véase Adam Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. 7).

675.

Así, por ejemplo, el viajero que quisiera cruzar un arroyo se vería entregado a la tierna merced del barquero, sin protección alguna contra sus exigencias. Pero las repetidas imposiciones en materia de precios tendrían como efecto desacreditar un punto como lugar de cruce e inducirían al público a buscar otro. Lo mismo ocurre con los cocheros de alquiler y los transportistas en las grandes ciudades, y con los posaderos, hoteles y terminales postales, etc.

676.

Los precios fijos por autoridad gubernamental se intentaron con mayor prontitud tras malas cosechas, pero, de hecho, con una extraña ignorancia de las razones naturales del aumento de precio del pan. Así ocurrió en la época de Carlomagno (Capítulo A, 805; Baluz , I, 423). Lo mismo ocurrió con otros artículos de necesidad universal, cuando su precio era opresiva pero necesariamente elevado (véase § 175). Durante los últimos siglos de la Edad Media, con su multitud de monopolios reales, y a principios de la era moderna, los precios fijos se generalizaron cada vez más. El primer ejemplo en la historia de Inglaterra de un precio fijo para el pan fue en 1202 ( v. Raumer , Hohenstaufen, V, 372), y en 1266, Enrique III. El más antiguo en Prusia fue en 1393. ( Voigt , Geschichte von Preussen, II, 659.) Muchos ejemplos de precios fijos en las provincias del Rin de Austria en 1530. En Mylius , Corp. Const. March, V, 2, 587 ff., encontramos una ordenanza de 1653 que fija los precios en Berlín, e incluye 72 industrias. Hay un sistema muy complicado de precios fijos en la ordenanza policial del electorado de Sajonia de 1612, y en el decreto sobre la moneda de 1822. En cuanto a cómo, en Sajonia en 1578, se intentó determinar el coste de la producción de zapatos por parte de los zapateros, véase Joh. Falke , Gesch. des Kurf. August in volkswirthschaft. Beziehung, 1868, 252. Hubo una enorme extensión de la fijación gubernamental de precios bajo Felipe II.; una de las principales causas por las que Castilla estaba tan por detrás de Aragón económicamente. ( Townsend , Journey through Spain, II, 221.) A veces estas medidas se adoptaron para evitar precios de crisis; como en Hochheim, a favor de los vinateros. ( Becher , Polit. Discurs, II, 1652.) La predilección especialmente de las autoridades alemanas por la fijación de precios por poder gubernamental, en los siglos XVI y XVII es muy notable. Así, Luther , vom Kaufhandel und Wucher, 1524; Calvin , Leben Calvins, por Henry , II, Beilage, 3, 23; Bornitz , De Rerum Sufficientia, 1625, 246; Seckendorff , Teutscher Fürstenstaat, 5.ª ed., 1776, 210; Becher , II, 1823 y sigs.; Horneck , Oesterrich über Alles, wenn es will, 1684, 123; Leibniz ed. Dutens , VI, I, 250; Thomasius , Göttl. Rechtsgelahrtheit, 1709, 209; incluso Federico el Grande, Mylius , N. Corp. Const. March, I, 190. De igual manera, Mariana , De Rege et Regis Institutione, III, c. 9. Compárese, sin embargo, III, c. 8, y Bacon , Serm., 15; Historia Henrici, 1037, 1040. Por otro lado, Child, 1690, y North , 1691, reprueban todas estas medidas. Roscher , Zur Geschichte der englischen Volkswirthschaftslehre, 65, 90 y ss. Aún antes, Salmasius , quien permitiría que rigiera la libre proporción de foros . (De Usuris, 1638, 583.) Para una tarifa de precios muy rigurosa en las antiguas leyes indias, por la cual, entre otras cosas , el precio de las provisiones debía fijarse de nuevo cada catorce días, véase Menu , Leyes, VIII, cap. 401 y ss.

677.

Donde el comercio es libre, el filete de ternera , por ejemplo, vale cuatro veces más que la carne del cuello o la garganta del buey; pero los precios fijados por un gobierno apenas pueden reconocer la diferencia. Con qué facilidad no podría eludirse un precio fijo para la cerveza, por ejemplo, diluyendo esa bebida con agua, o los precios fijos para los posaderos distribuyendo porciones más pequeñas en cantidad o de calidad inferior. Además, un escritor tan antiguo como De la Court , en Polit. Discoursen, 1662, c. 4, señala que el establecimiento de precios fijos por la autoridad gubernamental eleva el precio promedio de todos los productos en lugar de disminuirlo, debido a que los pocos vendedores por oficio pueden hacer más para influir en las autoridades que los muchos compradores, cuyos intereses se dividen entre innumerables productos diferentes.

678.

Schäffle , Nat.-Œkonomie, II, 384 y sigs.

679.

Banfield , Organización de la Industria, 120. “Cuando la vida económica de un pueblo aún está subdesarrollada, y la producción de una empresa no se basa desde el principio en el consumo estimado de otra, la circulación de bienes trae consigo grandes ganancias y grandes pérdidas; mientras que las ganancias y las pérdidas se hacen menores, pero al mismo tiempo más uniformes y regulares, en proporción a que la circulación de bienes aumenta en rapidez y regularidad”. ( Stein , Lehrbuch, 212.)

680.

En Bélgica, durante los últimos cuarenta años, el precio del trigo se ha vuelto más constante cada año, mientras que el del centeno se ha vuelto más variable; esto se debe a que el centeno ha dejado gradualmente de ser un artículo de consumo popular y, por lo tanto, de ser un artículo importante en el comercio, y es consumido casi en su totalidad y directamente por sus productores. ( Horn , Statist. Gemälde von B., 1853, 185.) Rodbertus conjetura acertadamente que el precio del trigo era mucho más variable en la antigüedad que en la actualidad. ( Hildebrand's Jahrb., 1870, I, 36.) Esto se puede inferir de las sorprendentemente grandes reservas familiares que se acumulaban, como se desprende del Digesto, XXXIII, De Penu legato.

681.

En Würtemberg, incluso los funcionarios, etc., compran su propio vino casi siempre directamente del viticultor. Esto provoca que los precios allí sean extremadamente variables, a menudo de una hora a otra. ( v. Reden , Statist. Zeitschrift, nov. 1847, 1008). La gran contribución de la mera existencia de un mercado regular a la estabilidad de los precios se aprecia en los suburbios de Hamburgo, donde el pescado que se vende en la calle se vende por la tarde a un tercio del precio que se pedía por la mañana. Además, las compras realizadas con fines especulativos pueden incrementar las fluctuaciones de precios si esta se realiza de forma inadecuada, especialmente cuando un bajo tipo de interés y la baja rentabilidad de quien la realiza han generado una competencia desleal entre los especuladores. En este caso, el precio de una mercancía sube, no por una causa natural, sino porque ya había subido antes, y viceversa . ( Senior , Outlines, 17 y ss.; Hermann , 90 y ss.)

682.

EspañolQue los precios fijos suponen que los hombres se dedican a la producción del producto en cuestión, como su vocación en la vida, véase Garve , Zu Cicero's Pflichten, III, 64 y sigs. Comercio de repartidores, como el ajedrez, y en caravanas, etc. Sobre el terrible regateo de los beduinos, véase Wellsted , Reise in Arabien, traducción de Rödiger , I, 147; y las bromas aún peores en Cachemira, donde el comerciante, en primer lugar, siempre niega que posee el producto deseado, luego comienza a buscarlo, para descubrir qué valor le pone el comprador, etc. ( K. Ritter , Erdkunde, III, 475). Sobre las prácticas en las ferias indias, véase Th. Skinner , Excursion in India, 1832, I, cap. 6; sobre los bazares en Asia, Andree , Globus XII, 7, 211. Herberstein dice de los rusos en el siglo XVI: mercantur fallacissime et dolosissime nec paucis verbis... mercatores nonnunquam non uno tantum aut altera mense suspensos detinent, verum ad extremam desperationem perducere solent . De ahí las grandes variaciones en los precios y las mercancías. (Rerum Moscov. Commentt., ed. Starczewski, 39 y sigs.) De manera similar también, en 1674, según Kilburger : Büsching's Magazin, III, 249. Pero, por el contrario, se dice de los Plescover, educados mediante el trato con la Hanse; tanta integritas... in contractibus, ut uno tantum verbo res ipsas indicant omni verbositate in fraudem emptoris omissa . ( Herberstein , 52.) En la Inglaterra actual, la costumbre de marcar cada mercancía con su precio es muy común. Sobre la rapidez y la escasez de palabras con las que se fijan los precios en ese país, donde los comerciantes ni siquiera saludan a sus clientes, ni los clientes a los comerciantes, véase CG Simon , Observations recueillies en Angleterre, 1835, I, 129 y s. Las leyes atenienses (?), que establecían que se debían pedir precios fijos y que los vendedores no debían sentarse para vender más rápido, apuntan a algo similar. ( Athen. , VI, 226 y s. Platón , De Legg., XI, 916 y s.) La ley ateniense prohibía la mendacidad en los mercados. (Véase Demosth. , Lept., 459.)

683.

Así, el comercio de libros alemán tiene precios fijos. Muchos comerciantes nunca hacen una oferta a sus clientes cultos, quienes suelen hacerlo con los campesinos, etc., porque saben que estos solo compran después de haber obligado al vendedor a rebajar considerablemente su precio inicial. Entre los cuáqueros, la regla ha sido desde el principio no pedir nunca más por sus productos de lo que estaban dispuestos a aceptar. ( Hume , Historia de Inglaterra, cap. 62).

684.

Sir William Temple , Observations upon the Netherlands, Works I, 134, compara el honor en el comercio con la disciplina en un ejército. De manera similar, Law , Trade and Money, 209 f. Ferguson , History of Civil Society, III, 4. Cuando el vendedor no está obligado a dar a conocer la existencia de ciertos defectos en sus mercancías al comprador antes de la venta, siempre hay margen para el fraude. Compárese Digest De Edict. aedilit., XXI, I. Sobre el significado de las máximas legales alemanas: Hand muss Hand wahren y Ein Wort, ein Mann , véase Eisenhart , Deutsches Recht in Sprüchwörtern, 311 f., 319 f. Es un principio en materia de negocios que la persona que por malicia o descuido recomienda a un hombre de cuya probidad ya existen dudas, debe soportar el daño causado por su recomendación. ( Martens , Grundriss des Handelsrechtes, 24 ff.) Muchos intentos de deshonestidad se previenen mediante leyes que en contratos importantes, especialmente en ventas de tierras, etc., requieren la presencia de testigos, y esto particularmente en las etapas más bajas de la civilización. ( Meier y Schömann , Attischer Process, 522; Roman, Emancipatio; Grimm , Deutsche Rechtsalterthümer, 608 s.), o incluso una proclamación pública ante la comunidad reunida, al menos documentos escritos investidos con todas las formalidades legales como se practica entre los pueblos civilizados. Sobre leyes griegas de esta naturaleza, véase especialmente, Teofrasto. , en Estobaeo , Sermón., XLIV, 22. Muy notable en Esparta. Schol. Aristófan. , Aves, 1284.

685.

Compárese con Lotz , Revisión, I, 255 y ss. En Inglaterra, el precio del trigo rara vez variaba más de 1 a 2. En Irlanda, el precio de las patatas variaba de 1 a 6. ( McCulloch , Comm. Dict., v. Potatoes). Compárese con Engel , Jahrbuch für Sachsen, I, 491 y ss. La costumbre de pedir precios exorbitantes con la expectativa de ser rebatido es común en Italia y se ha extendido hasta extremos alarmantes, relacionada con la mala costumbre imperante allí de pedir un pequeño pago a posteriori por cada pequeña gratificación o bebida recibida.

686.

Storch , Handbuch, I, 311. JB Say , Traité I, cap. 16. En cuanto a cómo el comercio, cuando está plenamente desarrollado, suele ser más moral que cuando está solo a medias, véase Garve , loc. cit., y Versuche IV, 149 y ss. ¡Qué fortuna para la economía pública de las naciones que los precios del grano, en particular, hayan experimentado un crecimiento más estable desde la Edad Media! Véase Roscher , Ueber Kornhandel, 56, 61.

687.

El comercio mediante trueque era muy común en varios estados de la Unión Americana a finales del siglo XVIII. En Vermont, por ejemplo, era habitual que un médico intercambiara sus medicinas por un caballo, y que el impresor comprara maíz, mantequilla, etc., por un periódico. ( Ebeling , Geschichte und Erdbeschreibung, II, 537.) En Maryland, la Asamblea fijó por ley las proporciones relativas en las que el tabaco, la carne de cerdo, el maíz y el trigo debían intercambiarse entre sí. ( Ebeling , V, 435 y sigs. Douglas , Summary of the British Settlements in N. America, 1670, V, 2, 359.) Incluso en 1815, los niños solían correr por las calles de Corrientes, gritando: "¡Sal por velas, tabaco por pan, etc." Fue el comercio con Inglaterra el que impulsó el comercio monetario en Estados Unidos. ( Robertson , Letters on South America, 1843, I, 52.) De manera similar en Rhokand hasta finales del siglo XVIII, donde las ciudades, como consecuencia, presentaron la apariencia de una feria todo el año. A principios de este siglo, el kan introdujo el uso de moneda de cobre hecha de cañones persas; y mucho más tarde aún, había apenas un millón de rublos en dinero por millón de hombres. ( Ritter , Erdkunde, VII, 753.) Basil Hall encontró que los habitantes incivilizados de las islas Loo-Choo ignoraban el uso del dinero. (Voyage of Discovery, 1818.) Con respecto al comercio por trueque en la era homérica, véase la Ilíada, VII, 472 y siguientes. Una supuesta ley de Licurgo prohibía el uso de dinero en las compras y permitía solo el trueque. ( Justin. , III, 2.) Según Pausan. , III, 12, en su época en la India (?) sólo existía el trueque.

688.

La persona que solía pagar cuatro libras de carne con veinte libras de pan, y a quien se le pide que dé veinte libras de pan a cambio de otro artículo, debe, por supuesto, tener en mente alguna unidad de medida que le sirva como medio de comparación entre el valor de ese artículo y el de cuatro libras de carne. En Dinamarca, durante el dominio de la aristocracia, existían precios fijos sancionados por la tradición de un largo uso, según los cuales los precios de todos los productos se estimaban en relación con una tonelada de cebada o centeno, una consecuencia natural, aparentemente, de la falta de una medida común que rija en la mayor parte de las transacciones. Bergsoe , Archiv der Polit. Œk., IV, 314; el Código Islandés de Graugan contiene un notable precio fijo de esta naturaleza en el suplemento del Kaupa-Balkr o Código Comercial, I, p. 500. De manera similar entre los antiguos persas. Reynier , Economie publique des Perses, 308.

689.

Es decir, (200x(200-1))/2. Compárese con Rau en Storch , Handbuch, III, 253. El "al menos" se refiere al hecho de que, en el trueque, debe tenerse en cuenta la gran variedad de productos. ( Knies , Geld und Credit, I, 218.)

690.

Este transporte de valores supone una igualdad de valores del dinero en dos lugares, mientras que el transporte de mercancías supone valores diferentes de la misma clase de mercancías en ambos lugares. ( Knies , Dinero y crédito, I, 218.)

691.

Si bien las palabras «pecunia» , «danaro» , «dinero » y «argent » derivan de cualidades no esenciales, la palabra alemana para «dinero», «geld» , se corresponde con la cualidad esencial del dinero, ya que denota aquello que tiene valor en todas partes ( gilt ). Por otro lado, «nummus» y «νόμισμα» (de «νόμος») ( Bœckh. Metrolog. Unters., 310), moneta (del inglés, «dinero»), provienen del templo de Juno Moneta, donde se acuñaron las monedas romanas durante mucho tiempo. En alemán antiguo, la palabra para «dinero», «geld », significa todo lo que se paga. ( Grimm , D. Rechtsalterth., 382.) El significado actual de la palabra se encuentra en un documento muy antiguo de 1327. ( Arnold , z. Geschichte des Eigenthums in den deutschen Städten, 89.)

692.

Las definiciones erróneas del dinero pueden dividirse en dos clases: las que transmiten la idea de que es más que una mercancía y las que implican que es menos.

Este era un punto controvertido incluso entre los griegos. Muchos afirmaban que la riqueza consistía exclusivamente en la posesión de mucho dinero; como encontramos, por ejemplo, en el diálogo pseudoplatónico Eryxias; mientras que otros insistían en que el dinero era algo puramente imaginario (λῆρος), y la creación, exclusivamente, de leyes humanas. ( Aristot. , Polit., I, 3, 16, Schn.) Νόμισμα σύμβολον τῆς ἀλλαγῆς ἔνεκα. ( Platón , De Rep., II, 371.) Anacharsis compara el dinero con las fichas. ( Plutarco , De Profectt in Virtute.) El propio Aristóteles se adhirió a la segunda opinión, aunque vio claramente que solo las cosas útiles y corrientes (χρείαν εὐμεταχείριστον πρὸς τὸ ζῆν) podían usarse como dinero. (Polit., I, 3, 14 y sigs. Eth. Nicom., V, 5, 6, Rhet., II, 16.) Jenofonte atribuyó al dinero propiedades que ninguna otra mercancía poseía; especialmente cuando dijo que nunca podría ser demasiado abundante y que su precio nunca podría caer. (De Vectt. Ath., 4.) La mejor explicación antigua de la naturaleza del dinero es la del jurisconsulto Pablo , LI; Digesto, XVIII, 1; y bien merece el largo comentario que le dedica P. Neri , Osservazioni etc., en Custodi , PA, VI, 324, ff.

Entre los modernos, Melancthon , Corp. Ref., XVI, 498, y Seb. Frank , Chronik., 760, consideran el dinero como un mero símbolo. Por otro lado, la sobreestimación que los partidarios del Sistema Mercantil tenían de los metales preciosos se debía, sin duda, a su utilidad muy superior como dinero; pues con frecuencia encontramos que los partidarios de dicha escuela insisten en que los metales preciosos deben circular. (Véase § 9 y § 210). v. Schröder , Fürstl. Schatz- und Rentkammer, III y sig., considera las nuevas monedas de cobre como un incremento de la riqueza nacional, pero no el resto del cobre, que es meramente un producto comercial. Con frecuencia llama al dinero, el péndulo commercii , y expresa ideas sobre él tan entusiastas como oscuras (p. 86). Horneck , en su Oesterreich über Alles wenn es will, 1864, llama al oro y a la plata "nuestra mejor sangre, la médula misma de nuestra fuerza" y "los dos instrumentos universales más indispensables de la actividad y existencia humana". (p. 188) . Th. Mun , England's Treasure by forraign Trade, 1664, (cap. 2) considera el dinero en efectivo y los recursos como sinónimos en todos los sentidos. Solo que dice (cap. 4) que a veces es aconsejable dejar que el dinero de uno permanezca en países extranjeros y usar letras de cambio, bancos, etc., en casa, como sustituto. F. Gee , Trade and Commerce of Gr. Britain, edición de 1738, lamenta la "tontería obstinada de quienes piensan que el dinero es una mercancía como cualquier otra". Una de las demandas más comunes de los partidarios del Sistema Mercantil es que las minas locales de oro y plata se exploten sin importar el sacrificio, ya que el dinero empleado en su explotación permanece en el país y el metal precioso recién acuñado es una ganancia neta. Compárese con Schröder , loc. cit. 109 y sigs., 181. Horneck , loc. cit. 173. Broggia , Della Monete, 1743, cap. 33; v. Fusti , Staatswirthschaft, 1755, I, 246: Forbonnais , Finances de France, 1758, I, 148. Ulloa , Noticias Americanas, 1772, cap. 12. Rara vez encontramos una visión correcta sobre este tema en el siglo XVII. Sully , de quien Enrique IV. dijo que nunca encontró nada que poseyera belleza que costara el doble de su valor real, y que a veces lo tenía. (Economies royales, LXXIII.) Así lo tenía v. Seckendorff , Teutscher Fürstenstaat, 1655, 5.ª edición.

Es acorde con el curso habitual del desarrollo humano que las exageraciones del Sistema Mercantil condujeron a una reacción caracterizada por una exageración en la dirección opuesta. Incluso Davanzati , en Sulle Monete, 1588, remonta el valor del dinero a las convenciones humanas y se niega a encontrarlo en la naturaleza. Un ternero natural, piensa, es più nobile que uno de oro; aunque en otro lugar expresa su admiración por los metales preciosos, los llama cagioni seconde della vita beata y los alaba porque nos procuran tutt'essi beni (20, 21, Cust.). Montanari (ob., 1687) demuestra, a partir del uso del dinero de cuero, etc., que la autoridad del Estado es el único poder que confiere al dinero su carácter de dinero. (Della Moneta, 35.) Davenant (ob., 1714) lleva su inclinación a llamar al dinero “el sirviente del comercio, la medida del comercio”, hasta el punto de compararlo con un billete o mostrador. (Works, I, 355, 444.) Tan firmemente como Law , él mismo, se opone a la teoría de la convención (Trade and Money, cap. I; Sur l' Usage des Monnaies, 1720, p. 1.), su discípulo Dutot , en sus Réflexions polit. sur le Commerce et les Finances, 1738, 905, éd. Daire, contrasta no solo el papel moneda sino también el oro y la plata como riqueza representativa, con la riqueza real. Berkeley , Querist, 1735, enseña que la noción real del dinero no es la de una “mercancía, patrón, medida, prenda, sino [No. 23] billete o mostrador, que da derecho al poder y está preparado para registrar y transferir dicho poder”. (441, 475.) Incluso si los nombres, libra , chelín, etc., permanecen, y el metal se descarta, cada artículo puede aún ser contado y vendido, como antes, la industria promovida y el curso del comercio preservado. (p. 440.) Según Montesquieu , Esprit des Lois, XXI, 22, el oro y la plata son una riqueza de ficción o de signo . Compárese con Lettres persanes, II, 18. Benjamin Franklin también mantiene que el valor del oro, por ejemplo, es principalmente un valor de crédito. Observaciones relativas al papel moneda americano, 1765, Works, II, edición de Sparks. Forbonnais , Finances de France, I, 86 y sig., llama al dinero, simplemente un medio para poner mercancías, que son las únicas que tienen valor originalmente, en circulación. Por lo tanto, es, en sí mismo, una cuestión de indiferencia si, por una cantidad dada de moneda, una persona da un tálero o diez. En los Elements de Commerce, I, 11, II, 67 y siguientes, establece una distinción entre richesses naturalles (materia prima), artificielles (productos manufacturados) y richesses de Convention (dinero). von Schlözer, Aufangsgründe, 1805, 100, 138, llama al dinero algo imaginario; y Th. Smith , Ensayo sobre la teoría del dinero y el intercambio, 1807, afirma que el dinero verdadero es solo una medida ideal de valor, del cual las monedas a su vez son solo los representantes. Compárese, sin embargo, Edinb. Review, octubre de 1808. Oppenheim , Die Natur des Geldes, 1855, admite que en los inicios del comercio, el dinero poseía el carácter de una mercancía; pero dice que tan pronto como los servicios de circulación del dinero-mercancía prevalecieron sobre sus servicios en el consumo, perdió toda su importancia para este último propósito, y que todas las relaciones dependientes de él cesaron. En la actualidad, afirma que el dinero es solo el representante de las mercancías, pero no la mercancía en sí misma. Véase, por otro lado, el análisis crítico de Roscher en el Literarisches Centralblatt, 1855, diciembre.

La verdadera doctrina fue defendida en forma clásica por Nicolás Oresmio (ob. 1382). Véase su Tractatus de Origine et Jure nec non et Mutationibus Monetarum, recién editado por Wolowski : París, 1864. Véase el ensayo de Roscher en las Comptes rendus de la Académie des Sciences morales et politiques, vol. 62, 435 y sigs. Basado en este último tenemos a Gabr. Biel (ob. 1495), De Monetarum Potestate simul et Utilitate, 1542, y G. Agricola , De Re Metallica, 1556, I, 4 y sigs. Esta verdadera doctrina se aclimató por primera vez en Inglaterra y Holanda, y antes de que el sistema mercantil los invadiera. Compárese Hobbes , Leviatán, 24, donde se describe la concoctio bonorum mediante el dinero, y el completo y claro capítulo 12 de Salmasius , De Usuris (1638), quien, entre otras cosas, muestra cómo Midas, quien convirtió todo en pan, murió de sed. Petty demuestra con gran claridad que la riqueza nacional no consiste exclusiva ni principalmente en el dinero. Todo país, dice, necesita cierta cantidad de dinero para comerciar. Sería un desperdicio aumentar el primero, manteniendo el segundo igual. Pero los metales preciosos, debido a su durabilidad y valor universalmente reconocido, poseen el carácter de riqueza en mayor grado que otros bienes.

En general, el uso del dinero en una nación es como el uso de la grasa en el individuo. (Quantulumcunque regarding Money, 1682). Compárese Roscher , z. Geschichte der eng. Volkswirthschaftslehre, 80 y sig. Davanzati y Hobbes lo habían comparado con la sangre, como lo hizo recientemente Schmitthenner , Staatswissenschaften, 1839, I, 459. North llama al dinero una mercancía de la cual puede haber tanto un exceso como una escasez. (Discourse on Trade, prefacio y posdata). Compárese Locke , Considerations on the Lowering of Interest, 1691, Works II, 13 y sig., 19. Galiani , 1750, Della Moneta, IV, mantiene un lugar intermedio muy feliz entre los alquimistas y los filósofos que desprecian el oro. Véase, además, Quesnay, éd. Daire , 64, 75 y sigs. Turgot , Sur la Formation des Richesses, § 30 y sigs., tenía muchas opiniones claras sobre este tema. Verri , Meditazioni, 1771, II, 1, llama al dinero la mercancía universalmente corriente. Las expresiones, medida de valor, prenda, representante de todas las mercancías podrían ser ciertas también para todas las demás mercancías. Sin embargo, no se puede negar que la mayoría de los economistas políticos modernos no han tenido suficientemente en cuenta las peculiaridades que distinguen al dinero de todas las demás mercancías, como es evidente a partir de la doctrina de la balanza comercial prevaleciente en la época de Hume y Adam Smith. En esta medida, por lo tanto, la reacción semimercantilista instituida por Ganilh , Théorie de l'Economie politique, 2822, II, 380 y sigs., 426; St. Chamans , N. Essai sur la Richesse des Nations, 1824, cap. y Colton , Public Economy for the United States, 1849, 203 y ss., quienes resaltan la diferencia entre «el dinero como objeto» y «el dinero como instrumento de comercio», no era del todo infundada. Ad. Müller exagera una idea correcta y la degenera en una especie de mística bromista al llamar dinero a todo individuo del estado y a toda mercancía que posee valor, ya sea en el intercambio o en un carácter social.

El objetivo supremo del Estado es desarrollar cada vez más este carácter monetario. (Elementos de la cultura estatal, II, 194, 199). El estadista, dice, debe ser dinero. (III, 206). Una monografía muy valiosa sobre este tema es De la Monnaie, de M. Chevalier , 1850, que constituye el tercer volumen de su Curso de Economía Política. Knies , Dinero y Crédito, I, 1873, es aquí sumamente minucioso y agudo, especialmente al mantener separadas, mediante líneas de demarcación bien definidas, las cinco funciones diferentes del dinero: medida de valor (mediante su correcta división en partes: precio-medida), instrumento de cambio, medio de transporte de valores y medio de almacenamiento y conservación de valores.

693.

Knies muestra cómo la constitución de dinero en curso legal por parte del Estado, aunque sólo sea de importancia secundaria, no es de ninguna manera un asunto irrelevante, ya que las personas deben entonces tenerlo, incluso si no lo quieren para fines de uso o intercambio, para cumplir con sus obligaciones de ese modo, etc., etc. (Tübinger, Zetschrift, 1858, 272.)

En todos estos casos, la economía de trueque ( Naturalwirthschaft ) se enfrenta a dificultades cada vez mayores a medida que avanza la civilización. ¿Cómo, por ejemplo, podrían compensarse 50 días anuales de trabajo o servicio social con la realización de 1.000 días de trabajo o servicio social de una sola vez? El rico necesita dinero principalmente como medio de pago, el pobre como medio de intercambio. El requerimiento o necesidad de un pueblo de medios de pago es mucho más susceptible de expansión o contracción que la de medios de intercambio, especialmente por la intervención de derechos de reclamación en lugar de dinero. (Knies , loc. cit, 200 y sigs.) Ravit , Beitr. z. Lehre vom Gelde, enfatiza demasiado esta característica del dinero a la manera de un jurista. Pero tiene toda la razón al adoptar la exclusión de la rei vindicatio contra el poseedor honesto como necesaria para la realización de la idea del dinero.

694.

Sismondi , NP, I, 131, observa muy acertadamente que esto ha hecho que la práctica sea tanto más fácil como ha dificultado la teoría.

695.

Derecho , Comercio y Dinero, 19. Por lo tanto, antes de la invención del dinero, apenas se producía lo indispensable para la existencia. Si no hubiera dinero, habría muy pocos eruditos, artistas, etc., pues las clases que producen la mayor parte de lo indispensable para la existencia tienen poca demanda de ellos. Büsch , Geldumlauf, I, 11 y ss., 36, II, 54.

696.

Turgot , Formación y distribución, § 48 y siguientes. Las mercancías que se deterioran rápidamente solo pudieron ser producidas por personas dedicadas a su producción como negocio después de la invención de la moneda pequeña. ( Lueder , N. Œk., 1820, 283.)

697.

Compárese con Knies , Geld und Credit, I, 219.

698.

Compárese Schmitthenner , loc. cit., I, 457. Una de las principales ventajas del dinero consiste en que cada productor puede descubrir qué hay en exceso o en defecto en la nación, por medio de la relación del precio en dinero de sus productos con el coste de producirlos, estimado en dinero ( v. Thünen , Isolirte Staat, II, 2, 235).

699.

De ahí que tantos socialistas ataquen el dinero. Th. Moro nos asegura que con la simple abolición del dinero, el vicio y la miseria desaparecerían, en su mayor parte, por sí solos. Por ello, en su Utopía, los criminales son atados con cadenas de oro y los orinales están hechos de oro y plata para hacer estos metales despreciables. (Ed. 1555, ss., 197 ss.) Opiniones similares entre los romanos supercultos. (Compárense §§ 79 , 204.) Auri sacra fames . Virgilio , Eneida, III, 56. Plinio también recordaría los días del comercio por trueque. (HN, XXXIII, 3.) Incluso en Boisguillebert , Factum de la France, cap. 4, encontramos, junto con muchas opiniones correctas sobre la naturaleza del dinero, una declamación apasionada contra él debido a su lado más oscuro. Argent criminel . (Détail de la France, 7. Dissertation sur la Nature des Richesses etc.) Más recientemente, este lado más oscuro ha sido abordado por F. Möser , Patriot. Phant., I, 28; Ortes , Economia nazionale, II, 17, y el supuesto restaurador de la Edad Media, Ad. Müller . Mientras que este último escritor alaba el sistema feudal como una “sublime fusión de persona y cosa” (Elemente I, 221), el actual sistema de salarios, por ser un sistema de compensación, lo critica y prefiere el feudal por la razón opuesta (?). “El único mérito que el Estado reconoce en nuestros días es el del servicio ”. (III, 259.) Kosegarten , Geschichtliche systematische, Uebersicht der N. Oek., 1856, 146 y sigs., no es amigo del sistema económico al que el dinero da un carácter distintivo. Por el contrario , compárese con Bastiat , Maudit Argent, 1849.

700.

Mirabeau , Philosophie rurale, 1763, cap. 2, añade como tercera gran invención el tableau économique de los Fisiócrates. Para una comparación entre el dinero y el lenguaje, véase Hamann , Werke, II, 135 y ss., 509. Hehn , Kulturpflanzen und Hausthière, considera característico de la raza que el vino, la escritura con letras y el dinero deban su origen al linaje monoteísta del pueblo semítico.

701.

Donde cada hombre se convierte en comerciante, y la sociedad misma en una sociedad comercial. Ad. Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. 4.

702.

Igualmente descriptiva es la palabra alemana billig ( equitativo ) para barato. ¡Aquí queda claro que el lenguaje se pone del lado del poseedor del dinero!

703.

El contraste entre la economía de trueque y la economía monetaria es de suma importancia fundamental. Se repite con tanta regularidad en la historia de toda nación altamente desarrollada que los economistas políticos dotados de una profunda percepción histórica no podrían pasarlo por alto. Así, Aristóteles , por ejemplo, establece con sumo cuidado y precisión la diferencia entre οἰκονομικὴ y χρηματιστικὴ, es decir, entre la economía natural y la economía artificial, correspondiente a la diferencia entre el valor de uso y el valor de cambio. (Polit., I, 3, Schn.) De modo similar, D. Hume , quien permite que un período de lujo, cultura, industria, comercio y manufacturas, de libertad y circulación de dinero, sea precedido por uno en el que no se despierta el sentimiento de necesidad, en el que prevalecen la tosquedad y la ociosidad, uno en el que solo se practica la agricultura, y la economía monetaria y la libertad declinan, y prevalece el comercio por trueque. (Discursos, passim, especialmente Sobre el interés y sobre el dinero). Un contraste similar lo encontramos con frecuencia, y como uno de sus pensamientos fundamentales, en J. Steuart .

En cuanto a cómo se efectúa generalmente la transición de la economía de trueque a la economía monetaria, véase FG Hoffmann , Lehre vom Gelde, 1838, 176 y sigs. En el Tirol, incluso en 1820, la mayor parte del trabajo puramente mecánico, como el del herrero, el carpintero y la lavandera, eran deberes puramente feudales. Por otro lado, el pago en dinero era la norma a principios del siglo XIV. ( F. Beidermann , Technische Bildung in Oesterreich, 3.) Sin embargo, durante mucho tiempo después, las funciones de una medida de valor las realizaban las piezas de tierra, y las de un instrumento de intercambio el ganado y los productos naturales. ( Arnold, Gesch. des Eigenth ., 207.) En Francia, la economía monetaria, es decir, el comercio mediante dinero, había adquirido importancia antes. ( Nitsch ., Ministerialität und Bürgerthum, im 11. und 12. Jahr., 143.) Incluso en la época de María Estuardo, los escoceses estimaban la renta de la tierra en “calderos de víveres”. ( Moryson , Itinerario, 1617, III, 155.) En la antigua Italia, durante los primeros tres siglos de Roma, hubo, con la excepción de las colonias griegas, solo comercio por trueque. Mommsen , Römische Gesch., I, 293, muestra que las ases más antiguas no eran dinero en el sentido más alto de la palabra, sino que pertenecían más bien a la etapa de la economía de trueque. Por otro lado, encontramos en la época de los juristas clásicos, así como la esclavitud había limitado la esfera de acción del dinero, el principio: pecuniæ nomine non solum numerata pecunia, sed omnes res, tam soli quam mobiles, et tam corpora quam jura continenteur . (L. 222, Digest L. 16; comparar 4, 5, 178.) De manera similar en Cicerón , Top. 6. De Invent, II, 21. De Legg, II, 19, 21; III, 3. Compárese con Dionisio. Hal. , NR IV, 15.

704.

Si el dinero no fuera más que una medida de valores en el intercambio, debería, por esa razón, si no por otra, tener valor en el intercambio mismo, como una medida de longitud debe necesariamente tener longitud misma. (Medimos el tiempo en un reloj mediante la revolución de las manecillas en la esfera). De nuevo, el valor en el intercambio supone valor en uso. El llamado "dinero de cuenta", como el lac de roupies de la India Oriental , el reis portugués y la antigua libra esterlina inglesa no son magnitudes imaginarias, que desaparecerían con las cifras de nuestro sistema de conteo (véase Hufeland , N. Grundlegung, II, 33, en respuesta a Struensee , Abh., III, 501); sino valores monetarios reales que no pueden representarse únicamente por piezas individuales de moneda, unidades de valor en su mayor parte ya no reconocidas por el estado, pero que el pueblo aún conserva. Véase la refutación de M. Park (Viajes, 27) de la fábula difundida por Montesquieu , Esprit des Lois, XXII, 8, de que el patrón monetario regular de los negros mandingas era un mero patrón imaginario. Hobbes , Leviatán, 24, demuestra un profundo conocimiento de este tema.

705.

Compárese con P. Neri , Observaciones, 1751, VI, 1. Lord Liverpool , Tratado sobre las Monedas del Reino, 1805. Quien acepta dinero como tal siempre debe albergar la esperanza de poder disponer de él nuevamente como tal. Por lo tanto, dicha aceptación siempre supone la existencia de cierta confianza comercial. Los salvajes goahiros, entre Río de la Hacha y Maracaibo, son demasiado desconfiados como para aceptar en el comercio cualquier cosa que no sean mercancías de uso inmediato. ( Depons , Viaje en la Tierra Firme, I, 314.) De igual manera, en el siglo XII, los paganos lapones. ( Arndt , Liefl. Chronik, II, 3.) Las mercancías que los bárbaros pueden consumir de inmediato son objetos de primera necesidad, mientras que las personas más civilizadas, en condiciones de soportar mayores gastos, priorizan las cualidades técnicas del dinero, como la divisibilidad, la transportabilidad y la durabilidad. V. Scheel muestra de forma muy convincente cómo, a medida que aumenta el comercio, el dinero se ve sometido, por así decirlo, a un proceso similar al de la destilación: primero, el mero aumento de las reservas para su uso, luego, los valores preponderantes en el intercambio, y finalmente, los meros pedidos del mismo, sin valor independiente. Hildebrand's Jahrbb., 1866, I, 16.

706.

Esta última circunstancia sigue siendo de gran importancia durante un largo período en las zonas frías. Así, la piel de castor sigue siendo la unidad de medida del comercio en gran parte del territorio de la Compañía de la Bahía de Hudson. Se estima que tres martas equivalen a un castor, un zorro blanco a dos castores, un zorro negro o un oso a cuatro castores, y un rifle a quince castores. (Ausland, 1846, n.º 21). La palabra estonia, raha , «dinero», significa en la lengua afín de los lapones, «piel». ( Krug , Zur Münzkunde Russlands, 1805). Sobre el dinero de piel en la Rusia medieval, véase Nestor , traducción de Schlözer , III, 90. La antigua palabra kung , «dinero», significa marta. Poco a poco, en lugar de pieles enteras, solo se entregaban dos "hocicos" u otras piezas de cuero de aproximadamente una pulgada cuadrada, que probablemente eran selladas por el gobierno y canjeadas por pieles enteras en las revistas oficiales. Por lo tanto, se supone que existe una especie de asignaciones y perturbaciones del crédito. Los conquistadores mongoles no las reconocieron, por lo que repentinamente perdieron su valor. En Nóvgorod y Pskov, el sistema continuó durante algún tiempo más, debido a que estos lugares tenían poco comercio con los mongoles. En el resto del reino se hizo necesario introducir la moneda de plata, y en el norte, volver a las pieles auténticas de ardilla y castor. Karamsin , Russ. Gesch., I, 203, 385; I, 96, 191 y ss. Voyage de Rubruquis, en Bergeron , Voyages I, 91. Herberstein , Rer. moscov. Commentt, 58 y ss. Incluso en 1610, un cofre militar ruso fue capturado por el enemigo y en él se encontraron 5.450 rublos de plata y 7.000 rublos de piel. ( Karamsin , XI, 183.)

707.

Cuando los daneses progresaron hasta el punto de practicar la agricultura, utilizaron cereales en lugar de ganado, en cantidades correspondientes al valor de una vaca o una oveja, como dinero, para que su idea de una unidad de medida no se oscureciera. ( Ravit , Beiträge, 3.)

708.

Determinación homérica de los precios de los bueyes. Ilíada, II, 449; VI, 236; XXI, 79; XXIII, 703 y ss.; Odisea, I, 431. Compárese, sin embargo, con II, VII, 473 y ss. En la época de Dracón, se imponían multas monetarias por el ganado ( Pólux , IX, 60 y ss.), y en Atenas, antes de la época de Solón, incluso las monedas de metal llevaban, en su mayoría, la figura de un buey. Plutarco , Teseo, 25. Böckh ., Metr. Uuntersuch., 121 y ss. Entre los romanos más antiguos ( Cicerón , de Rep., II, 35) la imposición de multas a la propiedad, las monedas estampadas por primera vez por Servio, boum oviumque effigie ( Plin. , HN, XVIII, 3, Cassiodor. , Var., VII, 32), y las palabras pecunia , peculium , peculatus , derivadas de pecus , apuntan a algo análogo. ( Varro , De LL, V, 19; De Re Rust., II, 1; Cicero , De Rep., II, 9; Ovidio , Fast., V, 281; Plutarco , Publicola, 11.) Antiguas multas alemanas en ganado, en Tácito , Germ., 12, 21; Lex Ripuar, 36, 11; Lex Saxonum, 19. Ulfilas traduce αργύριον δοῦναι ( Marcos , 14, 11), faihu giban . Documentos alemanes muy antiguos, de los siglos VII y VIII, mencionan los caballos como precio de compra. ( Gr. Grimm , Deutsche Rechtsalterth., 586 s.) Otón el Grande impuso multas al ganado. ( Widuk Corb., II, 6.) De modo similar, en las leyes de Hungría del rey Esteban ( Wachsmuth , Europäische Sitturgesch., II), en las antiguas leyes irlandesas Brehon ( Leland ; History of Ireland, 36 ff.), así como en la colección de leyes escocesa, Regiam Majestatem , de 1330. ( Honard , II, 263 f, 537.) Viva pecunia de los anglosajones en las leyes de Guillermo I. En la antigua Suecia, toda propiedad se estimaba en  = ganado ( Geijer , Schw. Gesch., I, 100), igual que ahora, en islandés, fe = propiedad. En Berna, el alemán vieh , ganado, se usa para expresar mercancías. Entre las razas realmente nómadas esto es, por supuesto, aún más cierto. Así, los kirguisos usan caballos y ovejas como dinero, y pieles de lobo y de cordero como cambio. ( Pallas , Viajes por Rusia, 1771, I, 390.) Entre algunas tribus tártaras, todo está estipulado en vacas. ( v. Haxthausen , Estudios, II, 371.) Entre los nómadas persas, las ovejas se usan como dinero; o cuando están sometidos en las ciudades, maíz, paja y lana. ( Ritter.)Bueyes usados como moneda entre los Tscherkessen. ( Klemm , Kulturgeschichte, IX, 16.) Sin embargo, W. B. Hermann duda que el ganado se usara alguna vez como medio de intercambio. Cree, más bien, que solo se empleaba como medida de precio. (Münchener Gel. Anz., 580.)

709.

Aquella de la vanidad que se presenta en algunas personas antes que la de la vestimenta.

710.

En Génesis 1, 24, el oro aparece solo como un adorno valioso. Abraham pagó sus compras en plata.

711.

Por esta razón, el dinero de zinc es tan natural entre los malayos y los chinos como el dinero de hierro entre los senegambianos. ( Mungo Park , Travels, 27.) Y así Plutarco , Lysand., 17, puede tener razón cuando llama al hierro el primer medio universal de pago. También en Esparta, donde se hicieron industriosos esfuerzos para mantener el nivel inferior de cultura, este medio de pago se mantuvo durante más tiempo. Compárese, sin embargo, con St. John , The Hellenes, III, 260 y ss. Las primeras monedas de cobre fueron acuñadas poco tiempo antes de Filipo, padre de Alejandro Magno. ( Eckhel , Doctr. Numm, I, XXX y ss.) Por otro lado, Italia, en parte porque tenía minas propias y en parte debido a su intercambio con Cartago (Chipre), se había vuelto, en un período muy lejano, tan rica en cobre que la circulación del cobre, o para hablar con más precisión, del bronce, se introdujo de forma natural. Compárese con Niebuhr , Röm. Gesch., I, 475 y ss. ( Aes alienum, obæratus, ærarium, æstimare. ). El cobre era tanto más adecuado para este fin cuanto más frecuente se encontraba puro. Generalmente se prefería al hierro debido a su mayor facilidad de trabajo. ( Hesíodo , Opp., 150 y ss.; Lucrecio , V, 1285 y ss.) En las naciones modernas, la moneda de cobre parece haberse empleado solo después de la de plata. Así, no se acuñó en Inglaterra antes de la época de Jacobo I. ( Adam Smith , I, cap. 5), ni en Suecia antes de 1625. ( Geijer , Schwed., Gesch., III, 56.) ¡Durante la Revolución Francesa, se acuñó moneda a partir del metal de campanas fundidas!

712.

En Rusia, entre 1763 y 1788, se acuñaron 76 millones de rublos de oro y plata, frente a 54 millones de rublos de cobre ( Hermann ). Por otro lado, en Francia, entre 1727 y 1796, se acuñaron solo 40 millones de francos de cobre, 10 millones de billones o monedas de base, y 3967 millones de oro y plata.

713.

Michaelis , De Pretiis Rerum apud veteres Hebræos, 183.

714.

Estrabón , VIII, 358. Hierón, tirano de Siracusa, tuvo grandes dificultades para obtener oro. Cuando los espartanos quisieron hacer una ofrenda de oro en Delfos, se vieron obligados a recurrir a Creso. ( Heródoto , I, 69; Teopompo , en Atenas , VI, 231 y sigs.) Aristóteles , Ranas, 720, llama al oro «nuevo» en contraposición al «dinero antiguo», es decir, la plata.

715.

Plin. , HN, XXXIII, 13. Compárese, sin embargo, con Dureau de la Malle , Economie polit. des Romans, I, 69, según Varrón , apud Charisium, I, 81. ( Putsch. ). Es cierto, sin embargo, que cuando Italia fue conquistada, los romanos habían introducido la plata como medio de circulación, y que era el medio predominante; pero en la época de César y Augusto, la circulación del oro era la predominante. Aun así, el tesoro estatal se depositaba en oro durante el período de circulación de la plata, porque el oro era, sin duda, más adecuado para el almacenamiento y el transporte.

716.

Muratori , Antiquitt., IV, Diss., 28.

717.

Enrique se vio obligado a emitir una orden al alcalde y a los alguaciles de Londres para que pusieran en circulación su oro; pero pronto se vio obligado a desistir de ejecutar su plan. Eduardo III solo pudo prohibir que se rechazaran las rosas nobles, tras una larga circulación voluntaria. ( L. Liverpool , loc. cit.)

718.

Alemán, 5. Aún más llamativo es el ejemplo citado por Herbelot , Bibliothéque Orientale (1697), 485. Rubruquis , Voyage, cap. 13. En tiempos de Nadir-shah, los kurdos daban, sin la menor vacilación, una libra de oro por una libra de plata o cobre. ( Ritter , Erdkunde, VIII, 395.)

719.

Recomendado incluso por Adam Smith , cap. 5, y para Alemania por FG Hoffmann , Drei Aufsätze über das Münzwesen, 1832. En Egipto, también, durante mucho tiempo el país más rico de la Edad Media, prevaleció la circulación del oro hasta el siglo XII. ( Macrisi , Historia Monetae Arab., cap. 3ra. ed., Tychsen .) Los ingresos de Harun Alraschid se estimaron en unos 7.500 cwt. de oro. ( Ritter , Erdkunde, X, 235.) Algo similar se relaciona con Carnatic, "la tierra de los antiguos emporios". Ritter , Erdkunde, V, 564, después de Ferishta .

720.

El uso del cauris ( Cypræa moneta ) en la India, al este y al otro lado del Ganges, en el norte de Asia y en el sur de África, depende de su empleo ornamental, de su mayor uniformidad y de la rareza del cobre, que de otro modo sería más adecuado para el intercambio. En Calcuta, 1280 cauris equivalen a aproximadamente medio chelín. ( McCulloch. ) Compárese con K. Ritter , África, 149, 324, 422, 1038; Asien, I, 964; II, 120; III, 233, 739; IV, 53, 420; Salin , III, 62; Botz , en el Tübinger Ztschr. Lo mismo ocurre entre la población pesquera del noroeste de América. ( Stein-Wappäus , Handbuch I, 352.) La sal como moneda en la frontera chino-birmana ( Marco Polo , 38), pero especialmente en el interior de África, donde la naturaleza no la produce, sino que es traída por caravanas desde los desiertos, donde se encuentra sal en grandes cantidades. M. Polo , Travels, 305, halló que el precio actual de una tableta de sal, de dos pies y medio de largo, un pie y dos pulgadas de ancho y dos pulgadas de grosor, equivalía al valor de dos libras esterlinas entre los mandingos. En Abisinia, las barras de sal suelen tener seis pulgadas de largo, tres de ancho y una pulgada y media de grosor, y están unidas con una anilla de hierro para protegerlas de fracturas. Sesenta de ellas valen un tálero. (Ausland, 1846, No. 35.) Esclavos usados como dinero: Barth , Reise, III, 338, 344. Bloques de té en el Asia superior y Siberia; y son entregados por los chinos a los mongoles como pago para las tropas. ( Ritter , Asien, III, 252,) En Keachta, un bloque de té es igual en precio a un rublo de papel. (Ausland, 1846, No. 20. Timkowski , Reise nach China, 143.) Dinero de dátiles en el oasis de Sivah. ( Hornemann , Reise, 21.) También en el país de los dátiles persa, donde, antiguamente, la pieza de dinero de plata más baja se acuñaba en forma de dátil ( Ritter , Asien, VIII, 752, 819.)

Los antiguos mexicanos usaban como dinero cocos, en bolsas de 24.000 piezas, telas de algodón, pequeños trozos de cobre y polvo de oro en plumas. ( Humboldt , N. Espagne, IV, 11.) Los granos de cacao todavía se usan allí como cambio pequeño. (Ibidem, IV, 10.) En el Amazonas, se usan tortas de cera que pesan una libra. ( Smyth , Journey from Lima to Para, 1836.) Entre los antiguos habitantes de Rügen, el lino ( Helmold , I, 39); y aún entre los islandeses, el llamado Vadhmâl . Durante la Edad Media, 120 ells de Vadhmâl equivalían en valor a una vaca lechera o seis ovejas lecheras, o dos onzas y media de plata. ( Leo en Raumer's histor. Taschenbuch, 1835, 515.) Que el antiguo modo de valoración del norte, por el Vadhmâl y en vacas es más antiguo que por el marco , lo demuestra Wilda , Gesch. des deutschen Strafrechts, I, 331. El dinero de bacalao utilizado por los islandeses fue, debido a su gran importancia comercial como artículo de exportación, un avance sobre el uso del Vadhmâl . Entre los cafres, además de cauris , esteras, jabalinas, corales de vidrio, pero particularmente anillos de latón, se utilizan como dinero. De trescientos a cuatrocientos de estos anillos están ensartados juntos, y dos de tales cuerdas equivalen en valor a una vaca. ( Klemm , Kulturgeschichte, III, 308, 320 f.) Marfil utilizado como dinero en los alrededores de las colonias portuguesas en África. ( Martius , Reise, II, 670.) En Logone, Denham (1822) ff., se había encontrado con piezas de hierro como medio de circulación; pero por otro lado, Barth (1849), con pequeñas tiras de algodón de 2 a 3 pulgadas de ancho y camisas por sumas mayores. (AR, III, 274, 297, 538.) En las colonias, el dinero de esta naturaleza continúa durante mucho tiempo. Así, el bacalao se usa en Terranova, el azúcar en las Indias Occidentales inglesas ( Adam Smith , I, cap. 4), el tabaco en Maryland y Virginia. ( Douglas , V, 2, 389; Ebeling , V, 435 ff.) Este último estaba relacionado con la inspección y el almacenamiento del tabaco destinado a la exportación. El pago se realizaba en órdenes sobre el tabaco almacenado e inspeccionado, incluso a fines del siglo XVIII. En 1618 se decretó en Virginia la circulación forzada del tabaco, bajo severas sanciones. ( Gouge , Historia del papel moneda y la banca en los Estados Unidos, cap. 1.)

721.

Cuando las caravanas ya no hacían escala en el oasis de Agades, el dinero de oro y plata cayó en desuso, y los cereales, las telas, etc. pasaron a servir como instrumentos de circulación. ( Barth , Viajes y encuadernaciones, I, 144.)

722.

Ad. Müller afirma con gran pertinencia, pero en un tono muy místico, que los metales preciosos combinan en gran medida, y sin embargo de manera muy simple, las principales cualidades en las que se expresa la grandeza del hombre: rareza, flexibilidad, uniformidad, movilidad, durabilidad y belleza. (Elemente, II, 266). En otro lugar, afirma que el bien ideal supremo es Dios, y el bien material supremo, ¡el oro! (III, 65). El misticismo del oro alcanzó su máximo desarrollo entre los alquimistas de los siglos XVI y XVII.

723.

Las capas de hierro se trabajan solo cuando contienen al menos un 18 % de metal. Generalmente, se estima que el horno debe rendir un 30 %. En las minas de cobre de Mansfield, Noruega, Agordo y Venecia, el rendimiento baja hasta entre un uno y un tres %. Por otro lado, las minas de plata que rinden un 0,17 % de metal se consideran dignas de trabajar. Por último, el oro es tan raro que, por lo general, solo se puede extraer de vez en cuando mediante los procesos mineros ordinarios. Por regla general, los hombres se contentan con recogerlo donde la naturaleza se ha encargado de refinarlo. El límite extremo de la explotación del oro parece alcanzarse, según Plattner y Haussmann , en Goslar, cuando en 5 200 000 partes de tierra mineral hay una de oro. A pesar de esto, sin embargo, debido a su gran ductilidad, los metales preciosos han podido penetrar incluso en las chozas más humildes de una forma u otra. Se ha estimado que una hoja de plata puede atenuarse batiéndola hasta alcanzar un grosor de tan solo 0,00001 de pulgada, y una hoja de oro, hasta 0,0000035 de pulgada. Una onza de oro extendida sobre un hilo de plata puede alcanzar una longitud de 13.000 millas inglesas. ( McCulloch ).

724.

¡Con qué facilidad, por ejemplo, se podía aumentar el dinero de cuero, como el que usaban los antiguos galos ( Cassiodor , Varia, II, 32), hasta cualquier cantidad deseada, y así reducir su precio!

725.

Engel , para la tarifa usual de transporte terrestre y ferroviario (10 y 5 pfennigs por milla y centésimas de milla), estima el aumento del precio de las siguientes mercancías, por una milla de transporte de un quintal aduanero ( Zollcentner ), en el siguiente porcentaje de su valor medio:

Oro, valor 47610 Reichsthaler alemanes por quintal, 0,000007 por tierra, 0,0000035 por ferrocarril.
Plata, valor 3000, 0,00111 por tierra, 0,00055 por ferrocarril.
Algodón, valor 45, 0,074 por tierra, 0,037 por ferrocarril.
Estaño, valor 24, 0,1389 por tierra, 0,0694 por ferrocarril.
Plomo, valor 8, 0,416 por tierra, 0,208 por ferrocarril.
Hierro, valor 2,5, 1,333 por tierra, 0,666 por ferrocarril.
Centeno, valor 2, 1,666 por tierra, 0,833 por ferrocarril.
Papas, valor 0,6, 5,555 por tierra, 2,777 por ferrocarril.
Carbón, valor 0,12, 27.777 por tierra, 13.888 por ferrocarril.

Su gran gravedad específica facilita, además, el transporte de los metales preciosos. Así, Cazeau calcula que un valor dado de oro es 17.222 veces más fácil de transportar que el mismo valor en trigo. Pero como, a igual peso, el trabajo de transporte es inversamente proporcional al volumen, esta cifra debe multiplicarse por 26, obteniendo así 447.772 veces. En el caso de la plata, la relación con el trigo es de 1:15.554. Respecto al cobre, véase Storch , Handbuch 1, 488. Chevalier , Cours, III, 17 y ss.

726.

En el fondo, esto también es cierto respecto de los diversos tipos de cobre; sólo que aquí el refinado completo es impracticable debido a la relación entre el coste de producción y el precio del producto.

727.

Por otro lado, el cobre, y aún más el zinc, el estaño y el plomo, pierden gran parte de su valor en el fuego. Las perlas pueden perder todo su valor en el fuego, y los diamantes, más de la mitad.

728.

El agua regia , una mezcla de ácido nítrico y muriático, disuelve el oro. El cloro y el bromo lo atacan. Se ha observado que se vaporiza a temperaturas muy altas. Un hilo de oro se vaporiza al pasar una fuerte corriente eléctrica a través de él. Una pequeña bola de oro desprende una gran cantidad de vapor si se coloca entre dos puntas de carbono y se somete a la acción de una potente pila galvánica. ( KF Naumann )

729.

Comparar Hatchett , Experimentos y observaciones de las diversas aleaciones, sobre la gravedad específica y el peso comparativo del oro, 1863. Las piezas francesas de cinco francos se desgastan, en promedio, en un año, 0,00016; la corona inglesa, 0,00018; la media corona, alrededor de 0,00173; y el chelín, alrededor de 0,00456. ( L. Liverpool , Tratado sobre las monedas, 204; M. Chevalier , Cours, III, 128 y siguientes). El desgaste por el uso del gulden del sur de Alemania es de 0,292 por 1.000. ( Rau , en el Archiv. NFX, 256). Según Jacob , el desgaste promedio de la moneda es de 2,38 por 1.000. (Investigación histórica sobre la producción y el consumo de los metales preciosos, cap. 23).

730.

Adam Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. II, Digr.

731.

Solera , Sur les Valueurs, 1785, 271 y ss.; Custodi . Medio buey, por ejemplo, vale la mitad que uno entero solo para unos pocos fines bien definidos. En cuanto a la variación del valor del diamante según su tamaño, etc., véase Dufrênoy , Traité de Minéralogie, II, 77 y ss. Por otro lado, las partes separadas de una pieza de metal se reducen fácilmente a un todo.

732.

En el caso del buey, es imposible imaginar una marca que no pueda ser eludida por su carne perdida.

733.

El coste de la acuñación de monedas desde 1849 ha sido de ¾ del 1 por ciento en el caso de la plata, y en el del oro no exactamente del 2 por 1.000. ( M. Chevalier , Cours, III, 110.)

734.

El platino posee muchas de las propiedades necesarias para ser un instrumento de intercambio en un grado tan alto como el oro y la plata: gran valor de intercambio, gran gravedad específica y gran durabilidad. Por otro lado, su flexibilidad es mínima, por lo que el costo de acuñación sería elevado. La conversión de monedas de platino en utensilios y de utensilios en monedas, lo que contribuiría a la oferta monetaria cuando fuera necesaria y a su disminución cuando la demanda disminuyera, sería mucho más difícil por esta razón; y también por la escasa belleza que posee este metal, lo que lo hace poco apto para fines de lujo. En estas circunstancias, la rareza del metal constituye un gran inconveniente, ya que el descubrimiento de una nueva mina provocaría una gran perturbación en los precios. Por esta razón, las monedas rusas de platino han estado, en general, muy infravaloradas en el mundo comercial desde 1828, y el experimento se abandonó en 1845-46. Compárese con J. Schòn , National Œkonomie, 128 y ss. El aluminio, descubierto por Wöhler y que puede prepararse a partir de tierra arcillosa, es muy susceptible de manipulación ( maleable y dúctil, casi sin límite, excesivamente fusible ), casi tan indestructible como los metales preciosos, pero se distingue fácilmente de la plata por un delicado color azulado, que se ha comparado con el del estaño; por su baja gravedad específica, de 2,5 a 2,67, y su timbre similar al del hierro. Por lo tanto, es muy dudoso que el aluminio pueda sustituir a la plata, y aún más si puede utilizarse para acuñar monedas.

735.

Lingote, lingote de oro . En la India, más allá del Ganges, y en China, los lingotes son muy utilizados. ( Sycee. ) En este último país, además de estos lingotes, no se acuñan monedas, salvo las de una mezcla de cobre y plomo, para cambio pequeño. ( Th. Smith , Un intento de definir algunos de los primeros principios de economía política, 31. Timkowski , Viajes a China, III, 366.) Sobre el comercio brasileño de lingotes, véase Spix und Martius , Viajes, I, 346 y ss. Están sellados con el escudo nacional, el símbolo de la ceca, el número de registro, el año y el grado de pureza. Sobre los lingotes persas, los laries , véase Noback , Handbuch der Munzverrh., III, Taf. 29.

736.

Respecto a la utilidad de los metales preciosos para fines monetarios, véase Plinio , AN XXXIII, 3; Oresmio , De Mutatione Monetarum, cap. 2; Law , Sur l' Usage des Monnaies, 683 y ss. Daire , donde leemos que antes de la invención del dinero, la plata había servido para todo tipo de propósitos útiles, pero que ahora servía para su propósito más importante, a saber, la fabricación del mejor material para el dinero en muchos aspectos. Sin embargo, el libro de Law , Money and Trade considered (1705) se basa principalmente en la idea de que las parcelas de tierra son mucho más adecuadas para fines monetarios que los metales preciosos (185). Galliani , Della Moneta, 1750, I, 3, 4, y P. Neri , Osservazioni, 1751 y ss., Cust., tienen ideas muy correctas sobre este tema.

737.

La capacidad del dinero para actuar como depósito de riqueza ha sido sobreestimada tanto por el llamado Sistema Mercantil como por la llamada escuela monetaria su capacidad para transferir riqueza .

738.

Adam Smith compara el dinero con una gran rueda, mediante la cual se distribuye una parte justa de los medios de subsistencia y disfrute a cada miembro de la sociedad. En otro lugar, compara su utilidad con las calles y los caminos. (La riqueza de las naciones, II, cap. 2). Hume , Sobre el dinero, Pr., prefiere compararlo con el aceite con el que se engrasan las ruedas de la circulación. Sismondi compara el dinero con los maleteros. (N. Principes, II, cap. 2). “El dinero es al comercio lo que los ferrocarriles son a la locomoción, un artificio para disminuir la fricción.” ( JS Mill. ) Según Schmitthenner , 455, tiene la misma relación con otras mercancías que la lengua escrita de la literatura de un pueblo con sus dialectos.

739.

Las opiniones de Law sobre el dinero son, en parte, excelentes. Así, por ejemplo, afirma que la devaluación de la moneda por necesidad financiera es una locura tan grande como intentar agrandar una pieza demasiado pequeña para su propósito, disminuyendo la longitud de la vara de medir. (Sur l'Usage des Monnaies, 697). Un país completamente aislado de los demás podría arreglárselas tan bien con cien libras esterlinas como con un millón. (Money and Trade, pág. 88). En otro lugar, confunde el dinero con el capital hasta tal punto que considera todo aumento de la cantidad de dinero en un país como un enriquecimiento de la población, un medio para dar empleo a los pobres, impulsar la industria, etc. (Money and Trade, 23, 26 y ss., 168). Una cantidad determinada de dinero solo puede dar empleo, como máximo, a un cierto número de personas. (21.) El poder y la riqueza de una nación dependen de la población y sus reservas de bienes, estas del comercio, y el comercio a su vez de la cantidad de dinero. (Pp. 110, 220.) El consejo dado, en 1848, a la Asamblea Nacional de Francia, pero que tuvo el buen sentido de rechazar, de inundar toda Francia con los llamados bons hypothécaires , es similar a las proposiciones prácticas de Law. M. Chevalier , Cours, III, 8, ridiculiza con razón la construcción literal de las palabras: l'argent est abondant , cuando a los comerciantes les resulta fácil obtener crédito, y lo considera tan bien fundado como inferir de la máxima: l'argent est le nerf de la guerre , que los rifles y las balas estaban hechos de plata.

740.

Adam Smith no tenía del todo claro este punto. Por ello, de forma bastante inconsistente, llama al dinero improductivo, «stock muerto», porque no deja rastros materiales de los bienes que ha transferido de una mano a otra. (II, cap. 2.) ¿No se aplica lo mismo al comercio mismo? Y, sin embargo, Adam Smith lo llama productivo. Su error es, sin duda, un remanente de la doctrina fisiocrática, que Smith aún mantenía. Compárese con Quesnay , 94, ed. Daire. Incluso Twiss afirma que el dinero empleado como dinero es improductivo, pero que, cuando se emplea como mercancía, es productivo. (Vista del progreso de la economía política, desde el siglo XVI, 1847.) Además, no es una peculiaridad exclusiva del dinero que, tras haber servido a los fines de la producción, salga del producto inalterado. Lo mismo ocurre con el mercurio empleado en la amalgamación. ( Hermann , 2.ª edición, 302.)

741.

Senior , Tres Lecciones sobre el Valor del Dinero, 1840, no se equivoca, en este punto, al afirmar que el valor de cambio de los metales preciosos sigue estando determinado en última instancia por la escasez de bienes de lujo. Esta última determina hasta qué punto la producción se extenderá mediante la explotación de las minas más pobres, mientras que las necesidades de circulación pueden satisfacerse tanto con pequeñas como con grandes cantidades de metales.

742.

El buen o mal resultado de esta producción depende de muchos elementos diferentes que pueden compensarse entre sí. En California y Australia, el oro se encuentra en grandes cantidades y se extrae fácilmente; pero los trabajadores tienen grandes demandas que la naturaleza del país hace difícil de satisfacer. En las minas de Harz, donde el costo apenas se cubre ( Lehzen , Hannover's Staatshaushalt, 1853, I, 139), los pozos a veces tienen 175-½ brazas de profundidad, pero esto se compensa en cierta medida con las moderadas demandas de los trabajadores y su habilidad en la minería. Entre los mandingos, el material aurífero es tan rico que ⅓ por 1.000 del peso de la arena se lava en oro puro en diez minutos ( M. Park , Journal, 53 y ss., addenda, XIX), mientras que en Europa, donde la proporción es de solo 1/100 por 1.000, las minas aún se consideran dignas de explotación. Pero claro, ¡cuántos obreros hay! En Perú, la imponente altura de las minas sobre el nivel del mar y la escasez de material combustible compensan con creces muchas ventajas, mientras que en Noruega el bajo precio de la madera compensa numerosas desventajas. Otro factor que contribuye a la uniformidad del precio de los metales preciosos es que la gran cantidad de capital fijo requerido en la mayor parte de las empresas mineras pospone durante mucho tiempo la explotación de buenas minas, así como el abandono de las deficientes.

743.

Los autores más antiguos han estimado la cantidad de dinero necesaria en un país en 1/5, 1/10 ( Petty ), 1/15 e incluso 1/30 del ingreso anual de un pueblo ( Adam Smith , II, cap. 2). Según Cantillon , Sur la Nature du Commerce, pág. 73, es de 1/6 a 1/10 de la producción bruta anual de una nación.

744.

Davanzati , Lezione sulle Moneta, 1588, 32 y sigs., Cust., opina que todos los bienes terrenales que sirven para satisfacer las necesidades humanas son, en virtud del acuerdo, iguales en valor a todo el oro, la plata y el cobre; y que las partes se comportan como el todo. El precio de una mercancía se basa en que las personas encuentren en ella tanta felicidad como la que les proporciona una cantidad dada de oro, etc. De igual manera, Montanari , quien añade como limitación la cantidad de dinero gastable en el comercio (Della Moneta, 45, 64, Cust.). La misma opinión lleva a Locke a la singular conclusión de que, como ahora hay en el mundo diez veces más plata que antes del descubrimiento de América, cada pieza de plata, considerada por separado y en relación con las mercancías que no han variado, vale solo una décima parte de lo que valía entonces. Locke parte aquí de la premisa básica, compartida incluso por Ganilh (Théorie, II, 386 y ss.), de que en el caso del dinero la demanda es siempre, en términos relativos, igual de fuerte y tan grande como la oferta, o sea, la cantidad en el mercado (Obras, II, 23 y ss.). Véase también Montesquieu , Esprit des Lois, XXII, 7, 8. Por el contrario, véase Montesquieu , ibid. XXII, 5, 6, y Hume , Sobre el dinero y la balanza comercial, Ensayos II, 1752.

Hume sabía perfectamente bien que solo el dinero circulante y las mercancías circulantes operaban sobre el precio, pero no tuvo en cuenta la rapidez de la circulación. De manera similar, Forbonnais , Eléments du Commerce, II, 212; incluso Canard , Principes, cap. 6; Fichte , Geschloss. Handelstaat, 93 y sigs., y Stein , Lehrbuch, 58. Contestada por Law , Trade and Money considered, 140, una obra dirigida especialmente contra el ensayo mercantilista, Britannia languens; 1680, por Mélon , Essai politique sur le Commerce, cap. 22; Genovesi , Economia civile, 1764, II, 1, 15; Steuart , Principles, II, cap. 28; Verri , Meditazioni, XVII, 3 y sigs.; Büsch , Gedlumlauf, II, 40. El simple inventario de la mayoría de los recursos privados, cuyo valor en otras mercancías es mucho mayor que en dinero, basta para demostrar el error de la doctrina de Davanzati . Así, en Francia, en tiempos de Necker, el dinero en efectivo del reino se estimaba en 2.200.000.000 de libras, y el valor medio de la cosecha de trigo, solo en 1.000.000.000. Necker , Législation et Commerce des Grains, 1776, I, 215. Recientemente, Michel Chevalier estimó la cantidad de dinero en Francia entre 3,5 y 4 mil millones, mientras que la estimación oficial de sus bienes inmuebles, solo en Francia, superaba los 83 mil millones.

745.

Cuando el dinero se encarece, naturalmente se necesita menos; y cuando es más barato, más, para el mismo propósito.

746.

A diferencia de los regalos, los actos de expoliación, pero sobre todo el trueque.

747.

Muchos consideran que el descubridor de esta verdad fue Bandini , Discorso economico, 1737, 141 s., Cust. Berkely , sin embargo, en el Querist, 1735, 477 s., escribe: «Seis peniques pagados dos veces valen lo mismo que un chelín pagado una vez». Mucho antes, en 1797, Boisguillebert , Détail de la France, II, 19, tuvo el germen de esta doctrina, pero confunde la circulación con el consumo. Y Locke , Considerations, II, 13 ss., la presentó en 1691 con gran claridad, aunque no siempre se mantuvo fiel a su teoría. Compárese con Quesnay , ed. Daire, 64; Cantillon , 159 ss., 382.

748.

Si el número de cambios anuales efectuados por 1 dólar = u; el número total de dólares en el depósito de dinero = m; la rapidez de circulación, es decir el número de cambios efectuados en promedio por cada dólar en un año, = s: entonces u = ms, s = u/m, m = u/s.

749.

Como el dinero valioso se guarda y conserva con tanta facilidad, nadie se apresura a deshacerse de él. St. Chamans , N. Ensayo sobre la riqueza de las naciones, 122 y ss.

750.

Entre los kurdos, todo el dinero de sus campamentos se utiliza para comprar adornos para la cabeza de sus mujeres. ( K. Ritter , Erdkunde, X, 887.)

751.

Así, Sir David North , Discurso sobre el comercio, 1691, Postscr.

752.

Lotz , Handbuch, 377, opina que incluso en Inglaterra, 100.000 libras esterlinas empleadas en el comercio de tierras apenas pueden generar intercambios por un valor de 1.000.000 de libras esterlinas al año. La misma suma empleada con el mismo propósito en Londres, en acciones y en el comercio de mercancías, generará intercambios por un valor de 160.000.000 de libras esterlinas.

753.

Cernuschi , Mécanique de l'Échange, 1865, 132 y sigs.

754.

Así, Petty (nacido en 1687) opina que Inglaterra necesitaba la mitad de sus rentas de la tierra, la cuarta parte de las rentas de las viviendas y 1/52 de los salarios anuales, debido a que las rentas de la tierra se pagan semestralmente, las de las viviendas trimestralmente y los salarios semanales. (Varios ensayos, 179; Anatomía política de Irlanda, 116). Locke , por otro lado, supone 1/50 de los salarios, una cuarta parte de los ingresos de los terratenientes y 1/20 del dinero en efectivo que ingresan los comerciantes anualmente. De estas cantidades, al menos la mitad debería estar siempre disponible en efectivo, si no se quería paralizar el comercio. Si los arrendamientos se pagaran a corto plazo, se podría ahorrar mucho dinero. (Obras, II, 13 y sigs.) Pinto , Traité du Crédit et de la Circulation, 34, llama especialmente la atención sobre el caso de Tournay, en el que el comandante, durante el asedio de 1745, hizo servir 7.000 florines durante siete semanas para pagar a la guarnición; tomando prestada esa suma cada semana de los posaderos, etc.; que ellos, a su vez, habían recibido de los soldados.

755.

Si todos confiaran sus pagos al mismo banquero, sería posible arreglárselas con casi nada de dinero. Pero incluso ahora, si 100 comerciantes estuvieran obligados a guardar 3.000 dólares cada uno en sus arcas para imprevistos, un banquero podría hacer lo mismo con 50.000 dólares, ya que es improbable que los imprevistos en cuestión les ocurran a todos al mismo tiempo.

756.

En la Cámara de Compensación de Londres, en 1839, se pagaron £954.401.600 mediante el uso de £66.275.600 como medio circulante, en su mayoría billetes del Banco de Inglaterra. ( Tooke , Investigación sobre el Principio de la Moneda, 27). Desde mayo de 1868 hasta mayo de 1869, £7.068.078.000. (Statist. Journal, 1869, 229). La Cámara de Compensación de Nueva York, en 1867, efectuó pagos por un monto de £5.735.031.900 (Ibíd., 1867, 577), y en 1868, $30.880.000.000. ( Hildebrand's Jahrb., 1869, II, 168).

757.

Este sistema comenzó a mediados del siglo XVII. (A Discourse of Trade Coyn and Paper Credit, 64.) Ya un escritor como Sir J. Child , N. Discourse on Trade, 46, dice que durante algún tiempo, todo hombre que tuviera entre 50 y 100 libras esterlinas en dinero, lo enviaba a su banquero, y que desde entonces, todo el dinero fluyó hacia Londres y el país se vio privado de él. (127 y sigs.) Por regla general, los orfebres también eran banqueros. Uno de esos orfebres había emitido, en la época del Gran Incendio de 1666, 1.200.000 libras esterlinas en billetes. (A Discourse etc., 67.) El Banco de Inglaterra, como centro monetario, data de 1694. Los bancos de Londres se convirtieron en intermediarios principalmente antes de la época de la Revolución Francesa. ( Thornton , Paper-Credit of Great Britain, 1802.) Esta notable institución había crecido hasta alcanzar vastas dimensiones incluso en la época de Thornton, aunque se ha ampliado mucho desde 1825. ( Tooke , History of Prices, 152 f.) Condiciones similares entre casi todos los pueblos altamente civilizados. Así en Grecia, compárese Becker , Charicles, I, 294. Con respecto a una persona que tenía recursos por valor de 14 talentos, 26 minas y, por lo tanto, un tres por ciento en efectivo, véase Lisias, adv. Diog., 6. En Roma, compárese Polibio , XXXII, 13. Cicerón , pro Font., I, 1. Para casos análogos italianos, parte de los cuales pueden rastrearse hasta el siglo XII, véase Lobero , Memorie storiche della Banca de S. Georgio, 1832; o la «cassiere» holandesa Richesse de Hollande, I, 376 y ss. En Francia se observa una creciente centralización del comercio monetario en París ( M. Chevalier , Cours., III, 418); y ahora del comercio monetario de Alemania en Berlín.

758.

Compárese con Fullarton , Sobre la regulación de las monedas, 1845. Entre los holandeses, la costumbre de utilizar todos los productos comerciales, en la medida de lo posible, como base del medio circulante, se desarrolló mucho antes. ( Child , Discurso sobre el comercio, 65, 264 y sig.) En Gran Bretaña, el importe total de letras de cambio puestas en circulación fue, en 1839, de 528.000.000 de libras esterlinas, suma que se ha incrementado anualmente a un ritmo de unos 24.000.000 de libras esterlinas. ( Tooke , Inquiry into the Currency Principle, 26.) Entre 1828 y 1847 circularon al mismo tiempo, por término medio, 79.127.000 libras en letras de cambio en Inglaterra, y en Escocia, 17.380.000 libras (Athenæum, 1850, No. 175), y en Gran Bretaña e Irlanda, de 180.000.000 a 200.000.000 libras. ( Tooke , History of Prices, VI, 588,) Según Macleod , las letras de cambio y los pagarés sumaban en conjunto 500.000.000 de libras; las letras de cambio, los billetes de banco y los créditos bancarios, más de 600.000.000 de libras. (Elementos, 12, 325.) Macleod llama moneda a la suma total de todas las deudas contraídas por cada individuo en el país. (Elementos, 43.)

759.

Un caso en Inglaterra, en 1857, en el que una casa con un capital de 10.000 libras quebró con pasivos por valor de 900.000 libras. (Informe del Comité Selecto sobre la Ley Bancaria, 1858, XV.) O donde un especulador con 1.200 libras realizó compras a crédito por valor de 80.000 libras y luego quebró con un déficit de 16.000 libras. ( Fawcett , Manual, 442 y ss.)

760.

Comentado por un escritor tan antiguo como Davenant , Obras, IV, 106 y ss. Compárese, sin embargo, con II, 238. Quesnay , ed. Daire, 75 y ss. Lord King , Reflexiones sobre los efectos de la restricción bancaria, 1804, 17 y ss. Tratado exhaustivamente por Chevalier , Cours., III, 397 y ss. Lamenta profundamente que las aduanas de Francia le hagan necesitar entre 3½ y 4 mil millones de dinero en efectivo, mientras que Inglaterra comercia mucho más con 1.200 millones. (I, 207 y ss.) En Francia, se dice que la cantidad de dinero, en 1812, fue de 1.500.000.000 de francos (?). ( Peuchet , Statistique élémentaire, 473.) En Prusia, en 1805, era de 90.000.000 de táleros. ( Krug , Betracht. über den Nationalwohlstand des preuss. St., I, 244.) La cantidad anual de producción en el primer país era de 7.036.000.000 de francos; en el último se estimaba en 261.000.000 de táleros, de modo que en Prusia la relación entre el dinero y el ingreso nacional era de 1:2,9; en Francia, de 1:4,69.

761.

Es casi imposible determinar con exactitud la cantidad de dinero en un país; debido a que, más allá de las suposiciones de los banqueros, etc., no existe autoridad confiable, a menos que se trate de los informes sobre la acuñación y la emisión de papel moneda. La información, no menos necesaria, que se deriva de las estadísticas de importación y exportación de dinero, la fundición de monedas en fundiciones de oro, etc., nunca puede obtenerse con exactitud. En Inglaterra, a finales del siglo XVI, el medio circulante se estimaba en 4.000.000 de libras esterlinas ( Hume , Historia de Inglaterra, cap. 44, ap.); bajo Carlos II, en 6.000.000 de libras esterlinas, cuando la población era de 6.000.000. ( Petty , Various Essays, 179.) Alrededor de 1711, Davenant , New Dialogues, 11 y siguientes, menciona £12.000.000 como la cantidad; y Anderson , Origin of Commerce, a., 1659, £16.000.000 en 1762. La circulación de oro, poco antes de 1797, fue estimada por Rose en al menos £40.000.000; por Lord Liverpool , en £30.000.000; por Tooke , en sólo £22.500.000. (Historia de los Precios, V, 130 y sigs.) Moreau de Jonnés , 1837, supuso 43.500.000 libras esterlinas (Statistique, I, 329), y Helferich (Schwankungen der edlen Met., 1843, 147), 45.000.000 libras esterlinas. Sir Robert Peel , estimó la cantidad en 1845 en 59.000.000 libras esterlinas, a las que debía añadirse un promedio de 28.000.000 libras esterlinas en billetes de banco, tras la deducción de la reserva metálica. Según Jevons , la cantidad de dinero británico ahora es de 80.000.000 libras esterlinas en oro, 14.000.000 libras esterlinas en plata, 1.000.000 libras esterlinas en cobre; la suma total, incluyendo lingotes y billetes de banco, después de la deducción de sus representantes metálicos, £134,000,000. (Economist, diciembre de 1868, julio de 1869). En Francia, Vauban , Dîme royale, 104 (Daire), estimó el dinero en efectivo en alrededor de 500,000,000 de libras, más de 750,000,000 de francos, con lo que Voltaire , Siècle de Louis, XIV, cap. 30, concuerda en lo que respecta al año 1683. En 1730, Voltaire , supone que la cantidad es de 1,200,000,000 de las monedas de ese momento. Necker , Administration des Finances, III, 66, lo estimó, en 1784, en 2,200,000,000 de libras; Mollien , alrededor de 1806, en 2.300.000.000. Las valoraciones en la época de Luis Felipe oscilaban entre 2.400.000.000 y 2.500.000.000 (Cámara de Diputados, 13 de abril de 1847), y 4.000.000.000 ( Blanqui ). Las valoraciones de 1870 eran, según Wolowski , de 4.000 millones; y para Bonnet , de 5.000 a 6.000 millones. Compárese con Wolowski.Se dice que el Zollverein alemán tenía, a principios de 1870 ( Soetbeer ), 480.000.000 o 520.000.000 de táleros ( Weibezahn ) en dinero en efectivo.

En Wirtemberg, Memminger , en 1840, estimó los recursos del país en 1.600.000.000 de guldens, de los cuales 36.000.000 eran efectivo; y los ingresos brutos anuales en 179.000.000 de guldens; de modo que el dinero representaba el 20 % de estos últimos y el 2,25 % de los primeros. Las ventas anuales fueron de 226.000.000. Por lo tanto, el dinero en efectivo debía circular de media entre seis y siete veces al año. En el electorado de Hesse, había per cápita 4 táleros, 18 sgrs., 9 hellers de dinero metálico, y 3 táleros, 9 sgrs., 4 hellers de papel moneda. ( B. Hildebrand , Statist. Mitth., 1853, 185.) La cantidad de dinero en Nápoles, en 1840, se estimó en 42.000.000 de ducados. ( Scialoja. ) Se ha estimado que, en 1830, España poseía 1.725.000.000 de francos. ( Barrego von Rottenkamp , 330.)

762.

Montanari , Della Moneta, 52 y sigs.

763.

El influyente ensayo de David Hume sobre la balanza comercial no expresa este error, pero sin duda fue la ocasión para que muchos de sus discípulos lo propugnen. Está relacionado con el error mencionado en el §123. Quesnay , 101 (Daire) vio este punto con mucha más claridad. Lo mismo hizo Graumann , Gesammelte Briefe vom Gelde (1762), 12 y ss.; 73 y ss.

764.

Esto se ve, por ejemplo, cuando se emite papel moneda en épocas en que el comercio prospera y se retira cuando esta coyuntura cesa.

765.

Muy bien elaborado por Fullarton , Sobre la regulación de las monedas, 71 y ss., 139 y ss. Compárese, sin embargo, con Becaria , Económica pública, IV, 4, 27. Cuando Inglaterra, con motivo de la eliminación de la restricción bancaria en 1821 y 1822, hizo que se estamparan 9.520.759 y 5.356.788 libras esterlinas, esta poderosa demanda apenas afectó al agio oro en París. ( M. Chevalier , Cours, III, 157.) Y, por otro lado, el sistema de asignados, desarrollado durante la primera Revolución Francesa, a tan gran escala, no influyó en el precio de la plata en el resto de Europa. ( Lord King , Reflexiones sobre la restricción bancaria, 1804.) Así, Tooke , Historia de los precios, I, 205, describe un gran aumento del medio de circulación, tras el cual los precios de las mercancías se mantuvieron sin cambios, el maíz cayó y los productos coloniales subieron de precio, tanto como antes como por causas inherentes a las propias mercancías. Durante los primeros años de la restricción bancaria, 1799-1801, el precio del grano subió muy rápidamente, mientras que todos los productos transatlánticos se desplomaron. ( Tooke , I, 232 y sigs.) La importación inusualmente grande de trigo del 1 de enero de 1846 al 14 de enero de 1847 se pagó en Francia con una disminución de la reserva metálica bancaria ( encaisse ) de 172.000.000 de francos. ( M. Chevalier , Cours, III, 470.) Un experto en Inglaterra opina que un aumento de los billetes bancarios de aproximadamente £5.000.000 no elevaría los precios ni aumentaría la especulación, sino que solo aumentaría los depósitos de los banqueros. Pero, si, por el contrario, £5.000.000, por cualquier imprevisto, llegaran a manos de la clase trabajadora, este dinero, en su mayor parte, entraría inmediatamente en circulación; por lo tanto, el precio de las mercancías subiría y seguiría subiendo hasta que esa cantidad llegara a manos más estrechas, como ocurriría después de un tiempo. ( Tooke , III, 156 y siguientes, II, 323.)

766.

Esto explica el alto precio del oro en el Asia lejana, que antes estaba separada de América, la principal fuente de suministro de metales preciosos, por un viaje alrededor de la tierra, el curso habitual entonces del comercio mundial.

Los metales preciosos suelen ser más caros en las zonas rurales que en las grandes ciudades, y en el interior que en la costa. Gracias a las mejoras en las carreteras públicas, etc., en Alemania, la diferencia en el valor del dinero entre la Alta y la Baja Alemania casi ha desaparecido. ( Rau , en el Archiv der polit. Oek., III, 338.)

767.

Buen comienzo de esta doctrina en Hume , Sobre la balanza comercial. Además, Thornton , El crédito en papel de Gran Bretaña, cap. 11. Adam Smith , por otro lado, afirma que el oro y la plata, por ser superfluidades costosas, se pagan uniformemente más caros en los países más ricos. (La riqueza de las naciones, I, cap. 11, 3: Digr.)

768.

De igual manera en China, e incluso en el Alto Egipto, la China, por así decirlo, de la antigüedad. Compárese con Heródoto , II, 112 y ss.; Homero , Od., IV, 354 y ss. La religión de los egipcios les prescribía un modo de vida difícilmente practicable en el extranjero. Estaban sistemáticamente inspirados por un horror hacia todo lo extranjero. Sentían una fuerte antipatía por la sal, el pescado y los pilotos. En la mitología egipcia, Osiris representa el Nilo, Tifón el desierto y el mar. ( Plutarco , De Iside, 32.)

769.

La otra parte, por supuesto, también obtiene beneficios. Está en mejores condiciones que si quisiera producir el producto deseado en su propio país.

770.

El primer germen claro de esta doctrina, que es uno de los principios teóricos más importantes de la política de comercio internacional, se encuentra en David Hume , On Interest; Cantillon , Nature du Commerce, 226, 369 y sigs. Ricardo , Principles, cap. 7. “Habiendo sido elegidos el oro y la plata como medio general de circulación, son, por la competencia del comercio, distribuidos en tales proporciones entre los diferentes países del mundo, como para acomodarse al tráfico natural que tendría lugar si no existieran tales metales, y el comercio entre países fuera puramente un comercio de trueque”. Rebenius , Oeff. Credit, I, 29 y sigs. Aún más desarrollado, especialmente por John Stuart Mill , Elements, 1821, III, 4, 13 y sigs.; Torrens , The Budget, 1844. John Stuart Mill , Essays on some unsettled Principles of Political Economy, 1844, No. 1, y Principles, III, cap. 19, § 3, 5.ª ed.: “La apertura de una nueva rama del comercio de exportación desde Inglaterra; un aumento en la demanda extranjera de productos ingleses, ya sea por el curso natural de los acontecimientos o por la derogación de los aranceles; un control a la demanda en Inglaterra de productos extranjeros, por la imposición de aranceles de importación en Inglaterra o de aranceles de exportación en otros lugares; estos y todos los demás eventos de tendencia similar, deberían hacer que las importaciones de Inglaterra, lingotes y otras cosas tomadas en conjunto, ya no sean un equivalente para las exportaciones; y los países que reciben sus exportaciones se verían obligados a ofrecer sus productos, y lingotes entre el resto, en términos más baratos, para restablecer la ecuación de la demanda; y así Inglaterra obtendría dinero más barato y adquiriría un rango de precios generalmente más alto”.

Conjeturado vagamente por Beccaria (EP, 3, 18) e incluso por Galiani (Della Moneta, II, 2), la admirable obra de Senior , Tres conferencias sobre el coste de la obtención del dinero (1830), parte de la idea de que cada país obtiene productos nacionales y extranjeros a un coste que disminuye en la misma medida en que aumenta la productividad del trabajo de su población. Esto, sin duda, explicaría por qué quizás cien jornadas de trabajo inglesas en las manufacturas de algodón se intercambiarían por la misma cantidad de plata que se produce con doscientos días de trabajo en las minas y fundiciones mexicanas. Esto no produciría, en absoluto, una bajada del precio de los metales preciosos en relación con otras mercancías inglesas, sino que la influencia se sentiría por igual en todos los productos de la industria nacional inglesa.

771.

Se encuentra en germen en Cantillon , Nature du Commerce, 1755, 249 y ss. 307. Büsch , Geldumlauf, 14. Kaufmann , Untersuchungen, I, 75 y ss. Muchas de las doctrinas del llamado Sistema Mercantil, del cual trataré en mi trabajo proyectado sobre la Economía Política del Comercio, han dado expresión a esta verdad de una manera inexacta y exagerada; pero no eran completamente erróneas, como suponen los partidarios de Hume y Smith. Sin embargo, JS Mill , Principles II, cap. 19, § 2, no admite completamente el grado de baratura del dinero en Inglaterra generalmente asumido. Según él, son las necesidades de lujo (luxy-wants) las que se vuelven tales por el hábito, las que producen "la carestía de vivir en Inglaterra".

772.

Petty considera la búsqueda de una medida que pudiera aplicarse tanto a la tierra como al trabajo como uno de los principales problemas de la Economía Política. (Anatomía Política de Irlanda, 62 y sigs.) Sir J. Steuart , Principios, III, cap. I, tomó el asunto muy fácilmente al considerar la llamada “moneda de cuenta”, por ejemplo, el “dinero bancario”, como una magnitud de valor invariable. Compárese con Jacob , Grundsätze der National Œkonomie, II, 441 y sigs. Cazaux , Economie politique et privée, 1825, 16 y sigs., tiene un estudio no poco interesante sobre este tema; pero él parte, a lo largo de su argumento, del supuesto de que la tasa de interés es el precio del dinero. Si la tasa de interés en dos países = I e i, los precios del mismo producto = P y p, los verdaderos valores de las cosas, V y v; entonces tenemos v: V:: ip: IP!

773.

Antes que él, y con mucha razón, Montanari , Della Moneta, I, pág. 84 y sigs., compara los medios empleados para medir una mercancía por otra con los medios utilizados para estimar el tiempo en términos de espacio, como cuando se mide por las revoluciones de las manecillas de un reloj, y, de nuevo, el espacio en términos de tiempo.

774.

En este caso no se puede tomar en consideración la solvencia o capacidad de pago de los compradores, ya que es sinónimo de la cantidad de contravalores que se quieren medir.

775.

Adam Smith , La riqueza de las naciones, I, cap. 5. De modo similar, Lutero , vom Kaufhandel: Werke, ed. Walch , X, 1098 y sig. B. Franklin consideraba el trabajo empleado en la producción de trigo como la mejor medida de los precios. (Carta a Ld. Kames: Works, ed. Sparks , VII.) Como Adam Smith, también Sismondi , Richesse commerciale, I, 371 y sig.; Kraus , Staatswirthschaft, I, 84; v. Schlözer , Anfangsgründe, I, 41. También Malthus , en la segunda edición y sucesivas de sus Principios, cap. I, 6, y Definiciones, cap. 8, 9. La medida del valor, 1823. Zachariä , Vierzig Bücher, VII, 53 y sig., sostiene que, al menos dentro de los límites de cada nación, la fuerza de trabajo promedio de un hombre es invariable. Suponiendo, por lo tanto, que este principio sea cierto, los medios de subsistencia necesarios para mantener a un trabajador durante una jornada laboral constituyen, indirectamente, una medida de precios. Tooke , History of Prices, I, 56, dice que el monto del salario diario es siempre una mejor medida del precio de los metales preciosos que el precio del trigo. Incluso en 1750, Galiani , Della Moneta, II, 2, había negado la imposibilidad de una medida de precio completamente invariable en este mundo de cambios, pero consideraba al hombre mismo la menos variable de las medidas, y en un país donde prevalecía la esclavitud, a los esclavos. Pensaba que la macuta de los negros era una parte del precio promedio de los esclavos. En la práctica, la medida propuesta por Adam Smith se aplicó en la Constitución francesa de 1791, ya que establecía que la participación en las asambleas primarias debía depender del pago de un impuesto anual equivalente al salario de tres días de trabajo, y la elegibilidad como èlecteur , de la posesión de unos ingresos equivalentes al salario de doscientos días de trabajo. Owen se esforzó por basar el valor del papel moneda en circulación en su utópica república no en un metal de cierto peso o sello, sino en las horas de trabajo como unidad. ( Reybaud , Réformateurs Contemporains, I, 255.)

776.

La miserable condición de la clase obrera irlandesa, hasta hace poco, es bien conocida: vivían en cabañas de barro sin ventanas, suelos de tablas ni chimeneas, etc., en el mismo apartamento que sus cerdos; vivían casi exclusivamente de patatas y andaban harapientos. Estos mismos irlandeses, coelum, non animum mutantes , recibían en Norteamérica, por el trabajo más rudo, salarios de 50 a 75 centavos, además de pan y carne de trigo tres veces al día, café y azúcar dos veces al día, mantequilla una vez y siete u ocho vasos de whisky o brandy. ( M. Chevalier , Lettres sur l'Amérique du Nord, I, 159.)

777.

Así, en Mauricio, la inmigración de culíes ha producido una disminución de los salarios de los negros, pero un aumento de su industria. En Barbados, los negros son más trabajadores y sus salarios son más bajos que en Jamaica. Los salarios de los buenos trabajadores, como por ejemplo durante la crisis comercial en Manchester, a menudo bajan, mientras que los de los malos trabajadores suben; como, por ejemplo, en un pueblo por el que pasa un ferrocarril. Compárese con Lauderdale Inquiry, cap. 1; Sartorius , Abhandlungen, 1806, I, 16 y ss.; Lotz , Revision, I, 99 y ss.; M. Chevalier , Cours, III, 88 y ss.

778.

Además de los pasajes citados en el § 107 , compárese también Harris , On Money and Coins, II, 1757 y sig.; Jacob también precedió a Ricardo . Véase la traducción alemana de Say , II, 435, 507.

779.

La introducción de las palabras “el tiempo de trabajo socialmente necesario” en las fórmulas no hace que la medida sea más práctica para los economistas políticos ni para los socialistas.

780.

Cantillon , quien reduce todo el coste de producción a la tierra y el trabajo, considera que la "paridad" entre ambos es la siguiente: el trabajo del esclavo más humilde corresponde a la cantidad de tierra que el propietario está obligado a emplear para su sustento, así como para el sustento del esclavo y de los hijos que lo reemplazarán. (Nature du Commerce, 42). Los fisiócrates creían que el valor interno ( innere ) de dos mercancías guardaba la misma relación entre sí que la superficie de tierra directa o indirectamente necesaria para su producción. Schlettwein , Grundfeste der Staaten, 1792, 230.

781.

El llamado Sachwerth (valor de cosa, valor real) de Hermann , St. Untersuchungen, 101 y ss. Así, Poulett Scrope recomendó un «estándar tabular», que se establecería oficialmente y se renovaría periódicamente, para servir de referencia a quienes desearan fijar permanentemente su dinero de forma que fuera intercambiable por un valor igual en cosas . (Principios de Economía Política, 1833, 406.) Algo similar se intentó con 50 mercancías, entre 1833 y 1837, por Porter , Progress of the Nation, 1.ª ed., II, 236 y ss., y luego, con 40 mercancías, por Jevons en el Statistical Journal, 1865. Por supuesto, no todas las mercancías de un precio dado tienen la misma importancia a este respecto. Así, por ejemplo, una fluctuación en el precio de los diamantes no afectaría al valor material ni al valor real de un jornal, pero sí al valor material de un ingreso principesco. Hay excelentes observaciones sobre este importante tema en la obra de Lowe , On the Actual Condition of England, caps. 8 y 9. La controversia se desarrolló entre Jevons , A serious Fall in the Value of Gold, and its social Effects, 1863; Statist. Journal, 1865; y Laspeyres , Hildebrand's Jahrb., 1864, 81 y ss.; 1871, I, 296 y ss. en el que el primero recomienda la media geométrica de los precios relativos de mercancías separadas en diferentes puntos del tiempo, para calcular el precio relativo promedio: y el último, como es usual, la media aritmética, es revisada y criticada muy a fondo por Drobisch , quien muestra que ninguno de estos métodos es suficiente, sino que también debe tomarse en cuenta la cantidad de cada mercancía separada, para lo cual proporciona fórmulas prácticas. (Math. phys. Berichte der K. Sächs. Gesellsch., 1871, I, 143 y ss., 416 y ss.) Es cierto que un ingreso fijo en dinero podría mantener su valor real o valor de cosa ( Sachwerth ) tan poco si el cwt. del pan aumentara en tantos dólares como hubiera bajado el cwt. de la pimienta; como si el aumento del precio del pan dependiera de un precio decreciente de la pimienta.

782.

Además de esto, podemos sacar del valor de un día de salario una conclusión correcta en cuanto a la condición económica de la mayoría de la gente, y suponiendo la división habitual de la riqueza nacional, también en cuanto al grado en que la gente ha sometido las fuerzas de la naturaleza a su servicio .

783.

Ricardo , cap. 22, en realidad refutó sólo la opinión de que un aumento en los salarios del trabajo producido por los precios más altos del maíz, necesariamente haría que todos los bienes o productos del trabajo fueran correspondientemente más caros.

784.

Compárese el § 103. En París, en 1817, el setier de trigo costaba el 5 de marzo, 55½ francos; el 2 de abril, 57 francos; el 23 de abril, 60 francos; el 14 de mayo, 63 francos; el 21 de mayo, 66 francos; el 28 de mayo, 75 francos; el 4 de junio, 82 francos; y el 11 de junio, 92 francos. ( Tooke , Historia de los Precios, II, 17.)

785.

Locke , 98. Cuando Condillac afirma que el trigo es la mejor medida de precios, añade que, cuando se logra el libre comercio de trigo, este se produce. (Commerce et Gouvernement, 1, 23.) Fichte , por otro lado, si bien aboga por la dirección despótica de todo el comercio por parte del Estado, emplearía el trigo como medida fundamental de precios. (Geschl. Handelstaat, 47 y ss.) Que el grano no proporciona una buena medida de precios ni en naciones muy cultivadas ni en las bárbaras, véase Hermann , II, Aufl., 451.

786.

El precio promedio debe basarse en los precios de muchos años, ya que los precios de las cosechas varían no solo de un año a otro, sino también de una década a otra. Véase Roscher , Nationalökonomik des Ackerbaues, § 152, y Roscher , Kornhandel und Theuerungspolitik, 47 y siguientes. Las grandes guerras suelen perturbar la agricultura de tal manera que el precio del maíz aumenta considerablemente. Por lo tanto, no es infrecuente usar los precios del grano como una especie de barómetro para determinar la presión real de una guerra sobre la vida económica de un pueblo. A juzgar por este estándar, Inglaterra sufrió mucho menos por la Guerra de las Rosas en el siglo XV que por las guerras civiles del siglo XVII; y menos que Francia por las guerras religiosas del siglo XVI. El año de guerra de 1631-32, en el que Gustavo Adolfo y los emperadores tuvieron que perdonar al país, debe haber sido mucho menos opresivo para Sajonia que las campañas suecas posteriores. Roscher , en Tübinger Zeitschrift, 1857, 471.

787.

La mayoría de los países atraviesan estos períodos sucesivos en su comercio de cereales: en el primero, predomina la exportación; en el segundo, hay equilibrio; en el tercero, predomina la importación. ( M. Chevalier , III, 74 y ss.) Compárese con Tacit. , Ann., XII, 43. Omitiendo los dos años más caros y los dos más baratos, las provincias prusianas se encontraban en las siguientes circunstancias:

En todo el Reino, el precio del centeno, entre 1816 y 1837, era de 40 groschens de plata. La población por milla cuadrada era de 2776.
En Prusia, 32,2 groschens de plata y 1827.
En Posen, 34,3 groschens de plata y 2180.
En Brandeburgo-Pomerania, 38,4 groschens de plata y 2093.
En Sajonia, 40,3 groschens de plata y 2366.
En Silesia, 38,0 groschens de plata y 3612.
En Westfalia, 47,7 groschens de plata y 3600.
En la provincia del Rin, 49,4 groschens de plata y 5078.

Rau , Lehrbuch, I, § 183. En cuanto a cuándo se puede suponer que el precio del trigo ha permanecido inalterado, véase Hermann , loc. cit., 125 y siguientes.

788.

Petty recomendó el alimento diario promedio necesariamente requerido por un hombre como la medida del precio, estimada sobre la base de los medios de subsistencia más baratos. (Polit. Anatomy of Ireland, 62 ff.) Thaer usó como tal medida el salario diario más pequeño; como él supuso, expresado en centeno, es decir, 1/9 del scheffel prusiano . De manera similar, Malthus , en su primera edición, y Buquoy , Theorie der Nationalwirthschaft, 240. Pero esto es simplemente sustituir el trigo por una cantidad y calidad determinadas arbitrariamente del mismo como una medida de precios. Para experimentos prácticos de este tipo, hechos por la depreciación del papel moneda durante la Revolución Francesa, véase M. Chevalier , Cours, III, 98; y Constitution de 1795, V, 68, VI, 173. Count Soden , Nat. Œk., II, 338 y sig., exige que todos los impuestos, salarios de los funcionarios estatales, etc., se regulen en función del precio del trigo. Esta misma postura se ha sugerido recientemente en muchos estados alemanes.

789.

Reconocido generalmente por Locke , Consideraciones 24. Además, Galliani , Della Moneta, II, 2; Adam Smith , I, cap. 5. Schäffle , N. Œk., II, Aufl., 127, sostiene que una medida constante de precio, tal como permitiría a una persona estipular, por ejemplo, un salario que siempre fuera del mismo valor, es imposible. De igual modo, Hildebrand's Jahrb., 1871, 315 y ss.

790.

Compárese con J. Tucker , Four Tracts on political and commercial Subjects, 28 y ss., quien sostiene que es una regla, casi sin excepción, que las manufacturas complejas o complejas son más baratas en los países ricos; las materias primas, en los pobres. Así, por ejemplo, el maíz (?) y los productos de jardinería en los primeros; el ganado, la lana, la leche, las pieles y la carne, en los segundos. Los barcos y los bienes muebles son más baratos en los primeros, mientras que la madera puede considerarse casi un producto gratuito de la naturaleza en estos países. Véase especialmente Adam Smith , Wealth of Nations, cap. 11, Digr.

791.

Senior , Outlines 119 y sig., realiza el siguiente cálculo: De los 15 peniques que cuesta una hogaza de pan en Inglaterra, 10 peniques se destinan a la compra de trigo y los otros 5 peniques al molinero, panadero, etc. Si ahora suponemos que, como consecuencia de una mayor demanda y, por consiguiente, de una mayor producción en circunstancias más desfavorables, el precio del trigo sube a 20 peniques, el coste de producción posiblemente, debido a una mejor división del trabajo, bajaría a 3 peniques y medio, y, por consiguiente, el precio de la hogaza de pan aumentaría a 23 peniques y medio. En el caso del encaje, ocurre justo lo contrario, ya que una pieza de materia prima que vale solo 2 chelines puede, debido al trabajo invertido en ella, llegar a valer hasta 105 libras. Si el consumo de encaje aumentara de tal manera que el valor de la materia prima ascendiera a 4 chelines, la disminución simultánea del coste de fabricación hasta un cuarto del precio total dejaría el precio del artículo manufacturado en £ 78, 19s.

792.

Cuando, por ejemplo, los habitantes de las costas bálticas, preferentemente, mantenían relaciones con las ciudades hanseáticas, holandesas e inglesas, es decir, con las naciones industriales y comerciales más importantes de su propio ámbito, en todo esto perseguían únicamente su propio interés. En cuanto a cómo esta interacción entre países «viejos» y «nuevos» es susceptible de alcanzar el máximo desarrollo, véase Torrens , The Budget: On Commercial and Colonial Policy, 1844, y anteriormente, Wakefield , England and America, II, 1823.

793.

La tala de bosques primitivos, el cultivo de prados naturales, etc.

794.

En Hungría, durante el siglo XVI, tanto plebeyos como nobles consumían la carne de venado más selecta. Herberstein , Rer. Moscov. Comm., 97. En Rusia, incluso las clases más bajas disfrutaban con frecuencia de liebre y pato asados, etc. Kohl , Reise in Russland, II, 386. Aun así, en San Petersburgo, el precio de las aves silvestres aumentó entre Pedro el Grande y Alejandro I en un 600 por ciento. ( Storch , Handbuch, I, 368). En Pittsburgh, en 1807, el cordero, la ternera y la carne de res costaban de 4 a 6 centavos la libra, y la carne de caza solo de 3 a 4,5 centavos la libra. ( Melish , Travels through the United States, II, 57). Cuanto más se aplican las leyes de caza, más se prolonga su bajo precio, especialmente cuando no es fácil para los pobres conseguirla. Los modernos rara vez han considerado la cría artificial de animales de caza; entre los romanos, la cría artificial se limitaba a la liebre y el zorzal. ( Varrón , RR, III, 12 y ss.; Columela , RR, VIII, 10.) De ahí los enormes precios que se pagaban por la caza, de los cuales Plinio , HNX, 43, relata un ejemplo de la época de los emperadores. Por otro lado, Polibio nos asegura que, en su época, la caza se conseguía prácticamente gratis en Lusitania. XXXIV, 8, 7.

795.

Español En Buenos Aires, en el siglo XIX, se podían ver mendigos a caballo. ( Robertson , Cartas sobre Sudamérica, II, 294.) En Krasnojarsk, en 1770, 1-½ rublos era el precio de un buey, 1 rublo de una vaca, de 2 a 3 de un caballo, de 0.3 a 0.5 de una oveja; 0.15 de un ciervo. ( Pallas , Sibirische Reise, III, 5, II 12.) Según las tablas de precios en Sir FM Eden , Estado de los pobres, Apéndice I, y Rogers , Historia de la agricultura y los precios (1866), I, 245, 361, los siguientes precios obtenidos en Inglaterra;

(En promedio.)

en 1125-26, un buey, 1 chelín; un cuarto de trigo, 20 chelines;
en 1260-1400, un buey, 13 chelines 1-¼d; un cuarto de trigo, 5 chelines 10-¾d;
en 1406, un buey, 9-½ chelines; un cuarto de trigo, 4-½ chelines;
en 1463, un buey, 10-20 chelines; un cuarto de trigo, 1-⅔-4-⅔ chelines.

Compárese con Hume , History of England, hacia 1327. Bajo Enrique VIII, la ternera, la vaca, el cordero y el cerdo eran alimentos para los pobres en Inglaterra, y costaban en promedio 1-½d por libra; mientras que el trigo costaba de 7 a 8 chelines por cuarto. (24 Henry VII, c. 3. Price , Observations, II, 148 y sigs.) Lo mismo se desprende de los "precios razonables" que Carlos I, en 1663, había establecido mediante jurados jurados, a saber: que los diferentes tipos de carne eran mucho más baratos comparativamente que el maíz en nuestros días. (Rymer , Foedera, XIX, 511. Anderson , Origin of Commerce, hacia 1633.) En muchos lugares de las tierras altas de Escocia, a mediados del siglo XVII, una libra de pan de avena costaba tanto o más que una libra de la mejor carne. La unión de Escocia con la Inglaterra más civilizada pronto cambió la relación, de modo que en la época de Adam Smith , la buena carne, en casi toda Gran Bretaña, valía de dos a cuatro veces más que el mismo peso de pan de trigo. (La riqueza de las naciones, I, cap. 11, 1.) El Hospital Thomas de Londres pagaba, en promedio, por una buena carne de res por kilo:

1701-1710: 1 chelín 7,9 peniques.
1764-1773: 1 chelín 3,7 peniques.
1794-1803: 1 chelín 5 peniques.
1804-1821: 1 chelín 10,9 peniques.
1822-1842: 1 chelín 1,5 peniques.

Porter , Progress of the Nation, III, 112.) Entre las pruebas más ciertas del alto grado de civilización económica alcanzado en la Italia septentrional hacia el final de los tiempos medievales está el hecho de que el precio del ganado, comparado con el del trigo en los siglos XIII y XIV, varía muy poco de lo que es hoy. ( Cibrario , Economia politica del medio Evo, III, 335-383.) Compárese con Rau , Lehrbuch I, § 185. En Atenas, el coste de un medimnos de trigo era tan grande como el de una oveja en la época de Solón. En la era de Demóstenes, costaba solo la mitad. ( Böckh , Staatshaushalt der Athener, I, 107, 132.) Es obvio, sin embargo, que el precio de la carne comparado con el del maíz, se redujo por la gran extensión del cultivo artificial de praderas; pues, cuando el primero alcanza su máximo, se convierte en un gran estímulo para la promoción del segundo. Así, en Inglaterra, el precio de la carne, a principios del siglo XVI, era, en promedio, más alto que en la época de Adam Smith . (loc. cit.) A la misma causa se atribuye la situación en Prusia mencionada por V. Podewils , Wirth schaftserfahrungen, II, 15.

Como base común para tales cálculos, se puede aceptar lo siguiente. Es evidente que las praderas, pastizales y campos de forraje deben producir tanta carne como los campos de maíz de las mismas dimensiones y calidad, y con una ubicación igualmente favorable para el maíz. Según Block , un acre prusiano ( Morgen ) de la mejor calidad, utilizado como pradera, produce un valor de heno igual a 1000 libras, un valor de trébol igual a 2420; como campo de hortalizas, un valor de remolacha o patata igual a 6050-6930 libras . La estimación de Lengerke es que 110 libras de forraje para ganado, expresadas en términos de heno, producen en promedio 40 libras de leche y de 3,5 a 4 libras de carne. Esto daría, como máximo, 36, 88 y 220-252 libras de carne. El rendimiento del trigo, según estimaciones de V. Lengerke , en el mejor suelo y como promedio, es de 14 scheffels prusianos (80 libras, es decir, 1120 libras) anuales por acre ( Morgen ). Los tres períodos en la historia de los precios del ganado fueron claramente reconocidos por Thaer , Landw. Gewerblehre, 1815, p. 100.

796.

Es un hecho muy característico, en relación con la pesca fluvial, que la fábula de que los sirvientes antiguamente estipulaban no comer salmón excepto dos veces por semana se encuentre en tantos lugares. Así en el Elba y el Rin. Compárese con Thaarup , Dänische Statistik, I, 112. En Escocia, hacia finales del siglo XVII, la historia corría en algunos lugares, que era cinco veces por semana. ( Walter Scott , Old Mortality, cap. 8.) En Inglaterra, el pescado parece haber sido un bocado entre las clases más pobres en el siglo XIV. ( Rogers , I, 606.) Era más caro especialmente durante la Cuaresma. (Statist. Journ., 1861, 544 ff.) La producción artificial de pescado de mar parece haber sido intentada solo por los antiguos romanos. En general, la ley de Adam Smith de que una demanda diez veces mayor puede, por regla general, ser satisfecha solo por un trabajo mayor que diez veces mayor, se aplica aquí. (I, 370, ed. Basil.) Pero esta relación se ve oscurecida hasta cierto punto por el hecho de que la fuente de producción de peces marinos, el océano, que puede ser reclamado en cualquier momento por la ocupación, es prácticamente ilimitada. Por lo tanto, en este caso, los avances en la ciencia náutica y el progreso del conocimiento geográfico podrían compensar durante mucho tiempo el agotamiento de los mares más cercanos, e incluso contrarrestarlo con creces.

797.

En muchas naciones en un estado de civilización bajo, la agricultura consiste en la quema de bosques. En 1594, el bosque de Lauenförder produjo alimento para cerdos por valor de 1110 táleros y madera por valor de 44 táleros. ( v. Berg , Staatsforstwirthsch., 213.) El bosque de Harzgerode, en la línea ducal de Anhalt-Bernburg, se estimó en 6000 táleros. Cien años después, traían anualmente 70.000 táleros, aunque, mientras tanto, se hizo muy poco progreso en la ciencia de cultivarlos ( v. Justi , Staatswirthschaft, II, 211). Podemos formarnos una noción de la relatividad de la idea de la carestía de la madera a partir del hecho de que en Baviera, por ejemplo, en 1840, hubo muchas quejas de que en el distrito de Isark el precio subió de 6 a 9 florines; en los distritos de Regen y el bajo Maine, de 11 a 14 florines a 15 a 18; en el distrito del Rin, de 20 a 26 florines por cuerda ( Klafter ). ( Rau , Lehrbuch, III, § 150, a.) Además, el precio de la madera en el bosque sube, con el avance de la civilización, mucho más rápidamente que en el mercado; en el que, por último, el trabajo y el capital desempeñan un papel mayor. ( Rau , I, § 385.)

798.

Plan para la producción artificial de ostras perleras. (Novara-Reise, I, 303.) Los avestruces parecen estar dejando de ser meramente objetos de ocupación y convirtiéndose en objetos de cría. (Ausland, 1869, § 13.)

799.

Así, los experimentos de Wolff en Möckern han demostrado que, en el caso de las ovejas alimentadas con heno, la lana se vuelve mucho más pesada y la carne más magra que en las ovejas alimentadas con un alimento más concentrado. Si bien en Inglaterra se estima, actualmente, que la lana de las ovejas de South-Down vale apenas una décima parte de lo que vale su carne ( Jacob , On Corn Trade, 166), el cordero, entre los años 1260 y 1400, valía, en promedio, 17 peniques; y esto incluso en una época en que los precios subían gradualmente; pero la lana de un animal (1 libra, 7-¾ onzas), 5-¼ peniques. ( Rogers , I, 362, 395). Incluso bajo los reyes anglosajones, el vellón valía el 40 por ciento. Del valor de la oveja entera ( David Hume ). Así, W. Macann , en su Two Thousand Miles Ride through the Argentina Provinces, 1853, I, 151, afirma que en el interior de Buenos Aires compró 8.000 ovejas a 18 peniques la docena y, tras una marcha de 200 millas inglesas, vendió las pieles a sesenta peniques la docena. En Goya, antiguamente, un caballo vivo costaba 3 peniques, su piel en la costa, 12 peniques; la matanza del animal costaba 3 peniques, la extracción y limpieza de la piel 3 peniques; y se pagaban 3 peniques por el transporte ( Robertson ) .

Español En Irlanda, en 1763, no era infrecuente que la piel y el sebo de un buey costaran tanto en una ciudad comercial como el buey entero había costado en la ciudad de mercado más cercana. ( Temple , Works III, 13.) En Inglaterra, de 1260 a 1400, el precio medio de una vaca entera era de 9s. 9d.; el de la piel, de 1s. 8d., y las vacas eran más baratas en la primera década, es decir, 6s. 2d., y las pieles más caras de lo que eran generalmente después, es decir, entre 1,9 y 1/4d. ( Rogers , I, 361, 451.) En Sajonia, según Engel (1853), el precio medio del ganado con cuernos era de unos 46 táleros; el de su piel, de 4 táleros y 21 groschens de plata. EspañolRusia exportó, 1842-1847, 72.636.166 rublos de plata en sebo, 1.832.137 rublos de plata en pelo de caballo, 10.811.735 rublos de cerdas ( Borsten ), 7.387.140 de pieles sin curar, 36.159.452 de lana de oveja, pero solo carne por un valor de 370.362 rublos, y animales enteros por un valor de 6.853.241 rublos. ( P. Storch , Der Bauernstand Russlands, 289 y sigs.) El sebo es allí diez veces más caro que el mismo volumen de trigo. ( Steinhaus , Russlands industrielle und commercielle Verhältnisse, 294 y sigs.); Mientras que en Sajonia, según Engel (1821), una libra de trigo costaba en promedio 7,8 pfennigs y una libra de sebo 30 p. Sin embargo, el reciente progreso de Rusia en la civilización ha tenido como consecuencia que la exportación de sebo (1833 = 4,5 millones de puds ; 1869 = 2,25 millones) haya disminuido considerablemente, mientras que la de mantequilla y ganado ha aumentado. ( v. Lengefeld , R. en el 19.º año, 220 y ss.)

En Inglaterra, durante el siglo XIV, una libra de carne costaba, por término medio, ¼d.; la de manteca, de 1-½ a 2. ( Rogers , I, 411.) Por otra parte, de 1848 a 1856, el precio medio de enero de la carne de res de América fue de 110 chelines; el de sebo de San Petersburgo, 48s. 11d. por quintal. ( Newmarch .) Y así, en tiempos de Pallas , los cosacos perseguían a los ciervos de sus estepas solo por su piel y sus cuernos. ( Pallas , Viaje, III, 524.) Mientras que los griegos obtuvieron el cuerno de Macedonia y Tracia ( Heródoto , VII, 156), es una prueba sorprendente de alta civilización que en Atenas (?), aproximadamente en la época de la centésima Olimpíada, un cuero de buey valía sólo 3 dracmas, y el buey entero 77 dracmas. ( Böckh , Staatshaushalt, I, 105 y siguientes.)

Dado que el buey se utiliza principalmente como alimento e instrumento de trabajo, y la oveja, en cambio, solo como instrumento para producir lana, es fácil comprender por qué, con el avance de la civilización, el precio de los bueyes aumenta mucho más que el de las ovejas. En Atenas, en la época de Solón, un buey valía lo mismo que cinco ovejas ( Plutarco , Solón, 23). Lo mismo ocurría en países con baja civilización en la época de Polibio ( Polibio , XXXIV, 8; Gell. , XI, 1). ¿Por qué ocurría lo mismo en Roma al comienzo de la República? ( Plutar , Popl., 11). En Inglaterra, la proporción entre el precio de un buey y el de una oveja era...

en 927 como 6:1 ( Henry .)
en 1125 como 3:1
en 1182 como 6.3:1
en 1197 como 9:1
en 1229 como 8:1 ( Eden .)
en 1260-1492 (av.) como 9.2:1 ( Rog. )
en 1497 como 10:1
en 1500 como 11.6:1
en 1511 como 8:1
en 1528 como 10:1
en 1529 como 12.8:1
en 1531 como 9.4:1
en 1551 como 10.6:1
en 1597 como 8.2:1 ( Eden .)

Actualmente, la proporción puede ser de 10 a 20:1. En Sajonia, es de 48 táleros por 5,27. ( Engel .)

800.

Hacia 1793, Rusia exportaba pescado por valor de 10.000 rublos, vejigas de esturión por 452.000 y caviar por 188.000. ( Storch , Rusia, II, 184.) Pero esto había cambiado mucho incluso en 1850. En la actualidad, se exporta un 64 por ciento de vejigas de esturión, un 27 por ciento de caviar y un 7 por ciento de pescado entero. ( Steinhaus , Russland's industrielle und commercielle Verhältnisse, 102, 368.) Sin embargo, los pescadores de Astrakan siguen devolviendo al agua la mayor parte del esturión que capturan. ( Pallas , Viajes al sur de Rusia, I, 189; Steinhaus , 99.) El pescado salado es adecuado para el transporte a larga distancia no solo porque se puede conservar, sino también porque se puede pescar y preparar en la gran ruta fluvial. Atenas obtenía del Mar Negro, además de madera, alquitrán, lana, pieles, cordaje, miel, cera y esclavos, también pescado salado. ( Wolf , z. Demosth. Leptin., 252; Bockh , Staatshaush. I, 51.) Este último, de Cerdeña, Egipto y España. ( Pólux , VI, 48.)

801.

Los principales países productores de potasa son Rusia y Norteamérica. Se estima que un cwt de potasa requiere, en promedio, 480 cwt de madera. ( Pfeil , Grundsätze der Forstwirthsch. in Bezug. auf National-Oekon. etc., I, 128.) Entre 1800 y 1840, el precio de la madera para combustible en Wurtemberg triplicó su precio; el de los materiales de construcción, el precio se multiplicó por 1,6. (Deutsche Vierteljahrsschrift, 1847, n.º 4, 104.)

802.

Mientras que las naciones bárbaras se toman pocos problemas para convertir la leche de sus vacas en contabilidad ( Roscher , Ideen z. Politik und Statistik der Ackerbausysteme, Archiv. der politische Œkonomie, neue Folge, III, 202), Reuning , en 1844, calculó que la leche de todas las vacas en Sajonia asciende a un valor de 10.000.000 de táleros, su carne a más de 2.000.000 y el trabajo realizado por ellas de diversas maneras a 3.000.000. En Silesia, en la última década del siglo XVIII, un cuarto de leche se estimaba en 2 pfennigs (Festschrift der deutschen Landwirthschaftsversammlung, 1869, 343), mientras que ahora se vende casi en todas partes por 12 pfennigs . ( Schmoller .) En el alto estado de civilización que Sajonia había alcanzado a fines del siglo XVI, cuando la caza ya era cara y los precios de otras carnes eran casi tan altos como en 1800, un sheffel de centeno valía 44 medidas ( Mass. ) de leche, y recientemente 82-⅔ medidas. ( Schmoller , Tübinger Ztschr., 1871. 336 ff.)

803.

Los principales países y ciudades productores de queso son Holanda, Limburgo, Suiza, Gloucester, Chester, Ayrshire, etc. Compárese Roscher , loc. cit., 195 y sigs.

804.

En Inglaterra, en el año 1000, una vaca valía tan solo lo mismo que dos ovejas. ( Anderson , Origen del Comercio, a., 979). La mejor mantequilla valía solo 1 penique la libra en 1550, mientras que la carne de cerdo valía 1-1/8, la de ternera y cordero, 1-1/2, y la de res, 2-1/4 peniques. El precio de la mantequilla era extremadamente variable en el siglo XVI. ( Eden ) .

805.

Durante la Edad Media, el cerdo constituía el alimento animal más habitual, incluso de las mejores clases. ( Büsching , Ritterzeit und Ritterwesen, I, 164). La Lex Salica concede una importancia inmensa al cerdo . (Tit., II, XIV; Emendatt. Caroli Magni, II, 1 ff.) El arzobispo de Colonia utilizaba cada día 24 cerdos grandes y 8 medianos, y cuatro más en las tres grandes festividades. El abad de Corvey utilizaba diariamente cinco cerdos gordos y uno magro, además de dos jóvenes. ( Kindlingen , Münsterische Beitr., Urkunden, 147, 126). En 1345, en la corte del Delfinado, se utilizaban anualmente para 30 personas, 30 cerdos salados y 52 frescos; Mientras que en el París moderno, con 800.000 habitantes, solo se consumen 32.000 cerdos al año. ( Roquefort , De la Vie privée des Fr., I, 310 y sig.) Compárese con esto el lugar que ocupaban los porquerizos en la Odisea en la época de la caballería griega. En Inglaterra, en la época de Guillermo I, se gravaban los bosques según el número de cerdos que podían alimentar. Actualmente, existe una enorme producción de cerdos en Servia, que, en muchos lugares, constituye la única fuente de ingresos para la población agrícola.

EspañolY hacia fines del siglo XVIII, se dice que Servia recibía solo de Austria 1.300.000 florines anuales por cerdos. ( Ranke , Serb. Revolution, 95.) En 1864, las exportaciones totales de Servia ascendieron a 62.500.000 piastras, de las cuales 28.162.260 fueron para cerdos, 7.043.000 para lana, 7.662.000 para pieles de oveja y ciervo, 5.732.000 para ganado vacuno, 1.222.400 para sebo. ( Kanitz , Serbien, 598 y sigs.) Gran producción de cerdos también en Moldavia y en Valaquia, en Estados Unidos y México, donde, en lugar de mantequilla, solo se usa manteca de cerdo y sebo; también en Lombardía, la provincia prusiana del Rin, Bélgica, los distritos ingleses productores de leche, Gloucester, Wilt, Dumfries, Galloway y los distritos donde abundan los proletarios agrícolas: Irlanda y Yorkshire. Es una consecuencia de la misma ley que, entre los isleños de los mares del Sur, el cerdo era el principal animal doméstico, como todavía lo es entre los chinos. De manera similar en toda Asia, más allá del Ganges ( Ritter , Erdkunde, IV, 938, 1101); en la semibárbara Italia superior en la época de Polibio (II, 15); en la propia Gall, en la época de Augusto. ( Estrabón , IV, 192, 197). La América de los antiguos griegos, Sicilia, exportaba cerdos, principalmente, en la época de Hermipo. ( Atenas , I, 27). E incluso entre los romanos, el consumo de carne de cerdo era mucho mayor que el de carne de res. ( Marquard-Becker , Handbuch, V, 2, 39.)

806.

En las ciudades de Prusia sujetas a un impuesto por el privilegio de mantener mataderos, una libra de carne de res costaba en promedio, en 1846, de 2 groschens de plata, 5 pfennigs , a 3 chelines y 4 peniques; la de cerdo, de 3 chelines y 2 peniques a 4 chelines y 4 peniques. ( Dieterici. ) En Moscú, también, esta última es más cara en la actualidad. Antes de la época de Pedro el Grande, era más barata. ( Storch , Handbuch I, 364.) Era un signo de alta civilización, también, que en Florencia, en el siglo XV, la ternera costara, en promedio, 2,5 soldados; el cordero, 2,1/3 soldados; pero la de cerdo, 4 soldados. ( Pagnini , Saggio sopra il gilusto Pregio delle Cose, 325 s., Cust.) Es sobre todo la clase media-baja la que demanda carnes grasas. Las ovejas inglesas, muy gordas, no se llevan a Londres, sino a los distritos manufactureros. ( Lauderdale , Inquiry, 322 s.) En cuanto a si el precio relativamente alto de la carne de cerdo y el hecho de que en los últimos tiempos de Roma el jabalí fuera el plato más de moda, compárese con Becker , Gallus, II, 186.

807.

La cría de aves de corral es similar, ya que frecuentemente se alimentan con restos de consumo; solo que su producción no se adapta a países incivilizados, ya que es difícil protegerlas allí. En Texas, se dice que cuesta más criar diez pollos que criar diez niños. ( Kennedy , traducción de Czarnkowski, 1846, 115). La cría independiente de aves de corral solo es aconsejable donde hay muchos consumidores adinerados, ya que son un manjar natural. Enorme producción de palomas en Cambridge, Huntington, etc. ( McCulloch , Cuenta Estadística, I, 189). En París, el consumo de carne de cerdo y aves de corral ha aumentado ligeramente desde la Revolución. ( M'Chevalier , Cours. I, 113).

808.

Según Schuckburg , Philosophical Transactions de 1798, y Kraus , Vermischte Schriften, I, tab. I, los precios de las siguientes especies animales aumentaron en Inglaterra entre 1550 y 1795: caballos, 904 %; bueyes, 896 %; ovejas, 876 %; vacas, 2050 %; cerdos, 1964 %; gansos, 300 %; la mantequilla subió de 5 peniques por libra a 11,5 peniques; la cerveza, de 1 penique por galón a 2,35 peniques; los jornales agrícolas, de ½ chelín a 1 chelín 5,5 ¼ peniques; el trigo, 326 %. Compárese, sin embargo, Edinburg Review, III, 246 y siguientes. En Alemania también, las vacas y los cerdos han aumentado mucho más de precio que los caballos y las ovejas. (Tübinger Ztschr., 1871, 342.) Dutot , Réflexions, 946 y ss., ed. Daire, afirma que el valor de los metales preciosos en Francia disminuyó entre los tiempos de Luis XII y Luis XV en una proporción de 3,79/91:1. Por otro lado, los precios de los distintos productos aumentan en grados muy diferentes:

Ovejas gordas, de 7 céntimos a 10 libras.
Ovejas flacas, de 5 céntimos a 5 libras y 10 céntimos.
Cerdos, de 10 céntimos a 25-35 libras.
Capones, de 1 céntimos a 12 céntimos.
Gallinas, de 1 ½ céntimos a 6 céntimos.
Palomas, de 1 ½ céntimos a 3 céntimos.
Ciervos, de 1 ½ céntimos a 15 céntimos.

809.

Así, en Turingia, el precio medio en plata del maíz desde el siglo XVI hasta el período 1848-61 aumentó en una proporción de 1 a 3-4; el precio de las diferentes clases de animales, por otro lado, de 1 a 5-10. ( Knies , en Hildebrand's Jahrbb., 1863, 78.) Sin embargo, el precio de las diferentes clases de maíz, en comparación entre sí, puede verse modificado por diversas circunstancias. Así, las Capitulares Sajonas de 797, c., II, estimaron los precios del centeno, la cebada y la avena en una proporción de 30:30:15; mientras que la Cámara de Magdeburgo de 1804 los estimó en 17:14:8. En el reino de Sajonia, entre 1841 y 1849, los precios promedio del trigo, el centeno, la cebada y la avena se situaban en una proporción de 144:100:75:47 ( Engel ); mientras que, en la Edad Media, el trigo, el centeno y la avena eran de 9:6:3 ( Gersdorf , Cod. Depl. Sax., II, p. XXXIV); bajo el príncipe Augusto, el maíz, la cebada y la avena eran de 24:22:12. Suponiendo que el precio del centeno fuera igual a 100, el coste era:

En Bruselas, en el siglo XVI, trigo 126,7, cebada 80, avena 50
En Bruselas, en el siglo XVII, trigo 138,8, cebada 82,9, avena 51,9
En Bruselas, en el siglo XVIII, trigo 147, cebada 86,7, avena 55,2
En Bruselas, 1815-1844, trigo 156
En Bruselas, 1841-1850, trigo 153, cebada 82,7, avena 51
En Berlín, 1789-1818, trigo 135, cebada 74,8, avena 54
En Berlín, 1819-1832, trigo 143,5, cebada 74,9, avena 52

Rau , Lehrbuch, I, § 183.) Para comprender esto, es necesario tener presente el aumento relativamente grande del pan de trigo, la cerveza de cebada y los caballos como artículos de lujo. El precio inusualmente bajo de la avena en Norteamérica, en comparación con el del trigo, depende de la facilidad de exportación de este último. En Florencia, en el siglo XV, el precio del trigo era de 22 ⅔, el del centeno, de 12, y el de la cebada, de 8 soldi . ( Pagnini , Sopra il giusto Pregio delle Cose, 325.)

810.

Los llamados precios de aduana ingleses ( Zollhauspreise ) corresponden a los precios del mercado de 1696. Si se supone que son = 100, el precio

De acero y hierro fue, en 1826, 83, en 1831, 56.
De carbón fue, en 1826, 47, en 1831, 45.

Entre 1835 y 1850, el hierro escocés ya se había abaratado a la mitad ( Meidinger , 387), y el carbón en Londres a un tercio ( Porter ).

811.

Rogers , Historia de la agricultura, I, 67.

812.

En Inglaterra, en 1172, un buey costaba 2 chelines; en 1175, la tela verde costaba por ana, 2-10/12 chelines; la tela roja, 5-½ chelines. ( Eden. ) En los estados occidentales de Norteamérica, el agricultor da dos libras de lana gruesa por una libra de hilo de lana; envía 4 fanegas de trigo al molinero por la harina de tres fanegas (Ausland, 1843, No. 68), mientras que en Rávena, en el siglo XIII, la tarifa del molinero era 1/10 ( von Raumer , Hohenstaufen II, 437); según los precios fijados en Fantazzi , (Monumen. Ravennet.); en Alemania, durante los últimos siglos de la Edad Media, 1/8 ( J. Grimm , Weisthümer, III, 8); A finales del siglo XVI, de 1/8 a 1/5 ( Coler , Oeconomia, II, 3); en la Alemania moderna, generalmente 1/16 de la materia prima, y en las estepas del sur de Rusia, cuando el viento amainaba, en verano, incluso la mitad. (Mitth. der freien ökonom. Gesellsch. zu Petersburg, 1853, 85.) En la Guayana, en 1806, una silla de montar y bridas muy comunes no se podían conseguir por menos de 10 ½ guineas. ( Pinckard , Notes on the West Indies, III, 1806.) El conde Görtz estaba obligado a pagar 2 dólares, en Demarara, por la limpieza de un rifle, y otra persona por el engrasado de un carruaje, 5 dólares. (Reise um die Welt, 1864, 327.) Un vestido de dama en Mobile cuesta cuatro veces más que en Londres o París. ( Ch. Lyell , Segunda visita a los Estados Unidos, II, 70.) En Atenas, las prendas de vestir, incluso para las clases más pobres, nunca fueron tan baratas como lo son hoy en los países civilizados. (Compárese con Plutarco , De Tranquill. Anim., 10.)

813.

En la Alta Italia, entre 1261 y 1400, una camisa de dama y su confección costaban 14,77 liras; el lino de Reims, 7,04; el luto común, 0,45; el paño negro de Moriana, 2,83; el paño de Mecheln, 43,83; el de Ypres, 47,04; el paño escarlata, 80,44 por ala. ( Cibrario , 1. 1.) Por otro lado, hoy, en el mercado de Leipzig, la diferencia de precio entre el paño más caro y el más barato apenas supera la proporción de 18:1. Incluso Scaruffi , Sulle Moneta, 1679, 163, Cust, señala que el lino de cáñamo y artículos burdos similares habían aumentado mucho más de precio que los brocados; pero atribuye esta circunstancia al estado desordenado de la acuñación de monedas. Está mucho mejor explicado por Adam Smith , La riqueza de las naciones, I, 386, ed. Basil.

814.

Antes de la peste del siglo XIV, el cwt. de plomo valía 10-½d.; el de hierro, 4s. 1d. ( Rogers , I. 599.) Por otro lado, entre 1848 y 1856, el precio medio en enero del hierro en barra fue de £7, 11s.; el del plomo, más de £20. ( Newmarch. )

815.

Así, en Inglaterra, el precio:

En 1826, el vidrio representaba el 387%; en 1831, el 369%.
En cuero, el 285%; en 1831, el 123%.
En artículos de seda, el 158%; en 1831, el 249%.

del precio de los mismos artículos en 1796. ( Rau. ) De 29 productos químicos de la manufactura parisina, el salario laboral representa en promedio solo el 7,4 por ciento del precio de venta; y, en algunos casos, solo del 1 al 2 por ciento. ( Chabrol , Richerches Statistiques sur la Ville de Paris, 1821; Hermann , Staatsw. Untersuch., 137.) En Buschtiehrad, entre 1670 y 1870, la cebada aumentó del 1 al 4,8; el lúpulo al 6,52; la leña al 6,14; el impuesto especial al 6,54; pero la cerveza solo al 2,81; aunque los salarios se decuplicaron. ( Inama Sternegg , Gesch. der Preise im österreich. Ausstellungsbericht von 1873, 43.)

816.

Un manto de seda forrado con piel costaba en tiempos de Carlomagno, 400 cheffels de centeno, uno no forrado, 200. ( Hullmann , Finanzgeschichte, 212 y sigs.) En Florencia, en el siglo XV, una libra de azúcar equivalía a 15 libras de cordero. ( Pagnini , 326.) En Turín, en el siglo XIV, 1 libra de pimienta equivalía a 28 libras de sal. ( Cibrario , III, 359, 362.) Incluso a mediados del siglo XV, la corte del duque Guillermo de Sajonia pagaba por una libra de azúcar 1 tálero y 8 groschens, mientras que los honorarios ducales pagados a sirvientes y obreros rara vez superaban los 2 gr. Por lo tanto, incluso en una comida principesca, a menudo apenas se consumía ½ libra. ( Büsching , Ritterzeit, I, 137 y sigs.)

817.

Las capitulares de Carlomagno suponen que las ganancias de un comerciante son del 100 al 200 por ciento. (a. 809, c. 34.) E incluso en nuestros días, los comerciantes en los mercados de Kabul con frecuencia no están satisfechos con una ganancia del 300 al 400 por ciento. ( K. Ritter , Erdkunde, VII, 244), y las caravanas que salen de Marruecos hacia Sudán suelen, a cambio de mercancías por un valor de 1.000.000 de piastras, regresar con un suministro de otras mercancías por valor de 10.000.000. ( Stein-Wappäus , Handbuch, Africa, 33.) Según Büsch , Geldumlauf, II, 10, el precio de los productos de las Indias Orientales en Hamburgo era de alrededor del 70 por ciento. más alto que en casa, mientras que Plinio , HN IV, 26, habla de un precio cien veces (?) más alto; y sus especias, en el tiempo del dominio portugués, se vendieron con una ganancia de al menos 600 por ciento, en Europa. ( Crawfurd , Historia, VII, 360; Ritter , Erdkunde, V, 872.)

818.

Cuando Humboldt encontró a un misionero cerca de Cumaná que pagaba 7 piastras por una vaca, y se vio obligado a pagar 17 piastras por una sangría, realizada con bastante torpeza, encontró un ejemplo de una de las peculiaridades de la vida colonial: tener todas las necesidades de las etapas superiores de la civilización, pero no los medios para satisfacerlas. (Relación histórica, I, 374.)

819.

Enormes pagos hechos a distinguidos virtuosos, actores, sofistas y hetares en el tiempo en cuestión, también a Apeles, Arístides, etc., por obras de arte. ( Plin. , XXXIV, 19, 2, XXXV, 36, 19.) El actor Esopo (ver § 233, nota 6) tenía una fortuna de 20.000.000 de sestercios, mientras que Pompeyo, por ejemplo, tenía 70.000.000. Roscio recibía del estado por cada día que actuaba, 286 táleros, y ganaba 43.000 al año. ( Mommsen , Römische Geschichte, III, 483, 547.) Compárese con Cicerón , pro Roscio Comœdo, 10, y Plin. , HN IX, 59, X, 72. El cítarahabiente Amoebaeos recibía un talento por cada actuación. ( Atenas XIV, 623.) Según Plinio , HN XXIX, 5, los príncipes romanos otorgaban anualmente a los doctores más distinguidos 250.000 sestercios, e incluso más como honorario. A finales del siglo XVIII, los más destacados actores parisinos recibían entre 4.000 y 5.000 francos anuales. Hoy en día, 100.000 se consideran ingresos moderados para una persona. (Journ. des Economistes, mayo de 1854, 279.) Se dice que Frederick Hase ganó 30.000 dólares en América en diez semanas. (Leipz. Tagebb., 15 de enero de 1871.) Steuart , Principios, II, cap. 30. Adam Smith suele representar como regla que los bienes superfluos, como el oro y la plata, son más preciados en las naciones más ricas, los bienes necesarios en las más pobres, y viceversa . Pero la oferta influye mucho más en el precio permanente de una mercancía que su demanda. Y el principio mencionado solo se aplica si la oferta es ilimitada en un caso y limitada en otro. Por lo tanto, la comparación de la plata con las obras de pintores y escultores no es apropiada: en estas existe un monopolio natural, mientras que la primera, debido a su durabilidad y facilidad de transporte, puede, por el contrario, aumentarse casi a voluntad.

820.

Además de Böckh. , Staatshaushalt der Athener, 1817, Libro I, compárese con Arbuthnot , Tablas de monedas antiguas, pesos y medidas, 2.ª ed., 1754, Reitmeyer , Ueber den Bergbau der Alten, 1785, y Michaelis, De Pretiis Rerum apud veteros Hebræos, en el comentario. Sociedad. Gottingensis, vol. III. Las principales fuentes de información entre los antiguos son Diodor. , V; Estrabón , III, V; Plin. , HN, XXXIII.

821.

Los ingresos monetarios del rey persa, que ascendían a 14.560 talentos anuales, se convertían en lingotes y, por lo tanto, se depositaban en el tesoro. Heródoto , III, 95 y ss. Incluso el pequeño príncipe vasallo Pitio de Celenas poseía un tesoro de 2.000 talentos de plata y 4.000.000 de piezas de oro. (Ibíd., VII, 26 y ss.) Sobre las reservas de dinero de particulares, véase Plinio , HN, XXXIII, 47.

822.

Un buey valía, en tiempos de Solón, 5 dracmas; en 410 a. C., 51 dr.; 374 a. C., 77¼ dr.; un medimnos de trigo en tiempos de Solón, 1 dr., alrededor de 390, 3 dr., bajo Alejandro Magno, en promedio, 5 dr. ( Böckh. , I, 102, s.) La cantidad usual de rescate pagada por un prisionero de guerra, en tiempos de Cleómenes, era de 2 minas ( Heródoto , V, 77, VI, 79); bajo Dionisio, I, 300 m. ( Aristóteles , Oeconom, II, 21); bajo Filipo de Macedonia, de 300 a 400 m. ( Demóstomo , De fals. Legat., 394); bajo Demetrio Poliorketes, 1.000 por un hombre libre, 5 por un esclavo. ( Diod. , XX, 84.)

823.

Este botín para Susa solamente ascendió a entre 40.000 y 50.000 talentos; para Persépolis, a 120.000; para Pasargadas, a 600. Curcio , V, 2, 6; Estrabón , XV, 731; Justino , XI, 14; Arriano , III, 16; Diod. , XVII, 66, 71; Plutarco , Alex., 36.

824.

Oros. , VI, 19; Dio, C. , LI, 21; Sebo. , agosto de 41. Disminución del valor del dinero bajo Constantino el Grande, cuando se acuñaban los objetos preciosos de los templos paganos. (Monitio ad Theod., Aug. de inbidenda Largitate, Thes. , Antt. Renn., XI, 1415; Taylor , ad Warm. Sandvic, 38.)

825.

Compárese con I Reyes, 10, 14, 27 y ss.; I Crónicas, 22, 2 y ss.; II Crónicas, 9, 15 y ss., 12, 10 y ss. Sobre Ofir: K. Ritter , Erdkunde, XIV, 407 y ss.; sobre las maravillas del descubrimiento de España: Heródoto , IV, 152. Aristóteles , De Mirab., 146; Diodoro, V, 35 y ss. Por otra parte, sobre Grecia, Atenas, VI, 19 y ss.

826.

Compárese con Plin. , HN, XIV, 1. Sin embargo, el valor del dinero en la época de los Césares parece haber sido mucho mayor que ahora, como lo demuestran, por ejemplo, las donaciones de Trajano (16 sestercios mensuales para los niños y 12 sestercios mensuales para las niñas), pues los alimentos que se les proporcionaban, según Digesto XXXIV, 1, abarcaban todo su sustento. Compárese con el excelente ensayo sobre este tema de Rodbertus , en Hildebrand's Jahrbb., 1870, I.

827.

La conquista de los ávaros parece haber producido temporalmente un abaratamiento considerable de los metales preciosos. ( Guérard , Polyptiques, I, 141.) Aumento del valor del dinero en Escandinavia, durante la última parte de la Edad Media. ( Wilda , Gesch. des deutschen Strafrechts, I, 323 y sigs.)

828.

En Inglaterra, de 1279 a 1509, se acuñaron un promedio de solo 6.868½ libras esterlinas; de 1603 a 1830, en cambio, 819.415 libras esterlinas. El promedio anual en la época de Jorge IV era de 4.262.652 ( Jacob , cap. IV). Una prueba de la incertidumbre de la historia de los precios en la Edad Media es que Jacob , cap. 12, infiere, a partir del precio del grano, que el precio de la plata se mantuvo bastante estacionario de 1120 a 1550, mientras que Adam Smith , I, cap. 11, 3, infiere del mismo hecho un notable aumento en el precio de la plata de 1350 a 1570. Sobre esto último, véase Leber , Fortune privée au moyen Age, 16 y sig. Tooke-Newmarch , History of Prices, VI, 391; mientras que Rogers , Statist. Journ., 1861, 544 y ss., halla que en Inglaterra, entre 1300 y 1532, no hubo variación alguna en el precio de la plata. Según Soetbeer , Forschungen zur deutschen Geschichte, VI, 94, el trigo y el centeno, comparados con la plata, valían durante el período carolingio aproximadamente una cuarta parte de su valor entre 1750 y 1850. Hegel , Shassburger Chroniken, II, 1012, atribuye al oro un poder adquisitivo dos veces y media mayor en los siglos XIII y XIV que en el siglo XIX; y a la plata, un poder adquisitivo aproximadamente tres veces mayor.

829.

Español Los minerales de plata de Perú y México producen, en promedio, solo de 2 a 3 por 1,000 de metal; los de Potosí, en la actualidad, apenas 1 por 1,000; los de México, según Humboldt , en promedio, de 3 a 4 onzas por quintal; de modo que muchos de los minerales europeos son decididamente más ricos. Mientras que las vetas de la mina sajona, Himmelsfürst, tienen una anchura de solo 0.2 a 0.3 metros; la Veta-Madre de Guanajuato, en algunas partes tiene menos de 8, y a veces incluso 50 metros de anchura; y la Veta-Grade de Zacatecas tiene de 5 a 10 metros de anchura. En Pasco hay vetas de mineral de plata que tienen 114 e incluso 123 metros. Tschudi , Reise in Peru, K., 12; Chevalier , Cours, III, 184 y ss., 241 y ss. Según Humboldt , Essai sur la Nouvelle Espagne, III, pág. 413, se necesitan once veces más mineros en Himmelsfürst que en Valenciana para obtener la misma cantidad de plata.

830.

Así, por ejemplo, el célebre rescate de Atahualpa (incluso según Garcilaso de la Vega ) ascendió a sólo 5.000.000 de táleros, mientras que el rey francés Juan, después de la batalla de Poitiers, en 1356, tuvo que pagar 41.000.000 de francos por su rescate. ( Leber , Fortune privée au moyen Age, 121 y ss.)

831.

Compárese M. Chevalier , III, 190 y sigs. Descubrimiento de las minas de mercurio de Guancavelica, 1567.

832.

El rendimiento de Potosí ascendió, desde 1545 a 1638, a 395.619.000 pesos. ( Ulloa , Viage, II, I, 13.) Hasta el presente, el rendimiento agregado allí se ha estimado entre 6.000 y 7.000 millones de francos.

833.

Sobre las suposiciones peor fundadas de los escritores anteriores, véase Humboldt , N. Espagne, IV, 237.

834.

Realmente se introdujeron en España, hacia 1525, no mucho más de 2.000.000 de francos al año; y después de 1550, seis veces más. ( L. Ranke , Fürsten und Völker, I, 347 y sigs.) Compárese con Humboldt , Ueber die Schwankungen der Goldproduction, en Vierteljahrsschrift, 1838, IV, 18.

835.

Sobre las exportaciones brasileñas de oro en el siglo XVIII, véase Schäfer , Gesch. von portugal, V, 192 y ss.

836.

Según Humboldt , NE, IV, 218, la cantidad hasta principios de este siglo era de 17.000 kilogramos de oro y 800.000 kilogramos de plata.

837.

Así, por ejemplo, México, durante este período, rindió, en promedio, 65 millones de francos, en lugar de la cantidad anterior de entre 130 y 140 millones. En Carro de Potosí, en 1826, de las 132 minas de carbón existentes, solo 12 estaban en funcionamiento. Compárese con Adams , El estado actual de las minas mexicanas, 1822. Jacob supone que, hacia 1830, la cantidad de dinero en Europa y América era un sexto menor que en 1809 (Cap. 28).

838.

De ellos, 1.800 kilogramos de oro proceden de Estados Unidos.

839.

Fischer , Geschichte des deutschen Handels, 2.ª ed., II, 616 y sigs., 673 y sigs. Pero se dice que las minas de Schwaz, en el Tirol, produjeron hasta 1523 55.000 marcos al año; la mina de plata de Freiberg, de 1542 a 1616, 16.000 marcos al año. Compárese con von Langen , Kurfürst Moritz, II, 56.

840.

Los yacimientos de oro rusos, bastante insignificantes antes de 1814, han experimentado un gran progreso desde 1840. Su producción total, entre 1814 y 1861, sin contar la cantidad malversada, ascendió a 37.000 puds , equivalentes a 16,3 kilogramos. El mejor año, 1847, arrojó una producción de 1.757 puds ; entre 1852 y 1861, un promedio de 1.556 puds ; y solo en 1861, 1.442 puds , de los cuales 1.041 provinieron de los lavaderos privados de arenas auríferas de Siberia. ( Walcker , en Faucher's Vierleljahrsschrift, 1869, II, 115.)

841.

La producción española de plata arrojó, en 1845, más de 184.000 marcos; en 1850, más de 291.000. ( Willkomm , Halbinsel der Pyranäen, 1855, 537.)

842.

Anales de Minas, X, 831 y sigs.

843.

De esta cantidad, llegaron a Europa, sin incluir Rusia, 150.000 kilogramos de plata, 2.650 kilogramos de oro; a Rusia, 24.000 kilogramos de plata y 30.000 kilogramos de oro (comprendiendo las cantidades probablemente retiradas sin conocimiento de las autoridades aduaneras); al resto de Asia, 100.000 kilogramos de oro; a África, 4.000. ( M. Chevalier. )

844.

Según la suposición de Humboldt , antes de la época de Colón, en Europa circulaban 170 millones de piastras; alrededor de 1600, 600 millones; alrededor de 1700, 1.400 millones; en 1809, aproximadamente 1.824 millones. Hasta 1803, se produjeron en América 9.915.000 marcos (españoles) de oro y 512.700.000 de plata. (NE, 245.) Gallatin estima que, antes de Colón, había 1.600 millones de francos; en 1830, en Europa y América, entre 22 y 27 millones de francos. (Consideraciones sobre el Sistema Monetario y Bancario de los Estados Unidos, 1831.) Según M. Chevalier (1850), toda la plata producida en América tenía un volumen de tan solo 11.657 metros cúbicos; y todo el oro, de tan solo 151 metros cúbicos. Este último, por lo tanto, no llenaría ni la mitad del salón de un caballero francés .

845.

Tanto más favorables a los gobiernos cuanto que afectan principalmente a los consumidores extranjeros. Así, el gobierno español impuso inicialmente un impuesto del 50 % del rendimiento bruto de la materia prima al comprador de plata; desde 1503, bajo el reinado de Orando, del 33,5 %; y posteriormente, del 20 %. Este último impuesto, por lo tanto, entró en plena vigencia bajo el reinado de Cortés. Este impuesto se redujo en México, en 1725, y en Perú en 1736, al 10 %, y posteriormente, en el caso del oro, al 3 %. Se impuso una fuerte tributación al mineral de oro ruso (35 % de la materia prima), en virtud del ucase del 14 de abril de 1849. Compárese con M. Chevalier , III, 274.

846.

Cantillon , Nature du Commerce, 215, 236, muestra muy claramente cómo el aumento del precio de las mercancías se produjo, en primera instancia, por el mayor consumo de los poseedores de oro, y cómo, por tanto, afectó primero a aquellas mercancías que deseaban especialmente.

847.

Esta es la opinión de Adam Smith . Similarmente, de David Hume , Sobre el dinero. Según Letronne , Consideraciones sobre la evaluación de las monedas griegas y romanas, 119, y Böckh , Staatshaushalt, I, 88, el valor promedio del trigo en relación con la plata fue, en Atenas, 400 a. C., de 1:3146; en Roma, 50 a. C., de 1:2681; en Francia, poco antes de 1520 después de Cristo, de 1:4320; en el siglo XIX es de 1:1050. Th. Smith , De Republ. Anglorum, I, supone que el precio de la plata, desde la época de la caballería hasta 1625, disminuyó en una proporción de 120:40. El español Moncado (1619), lo sitúa en 6:1. ( Jacob , cap. 19.) El propio Jacob , en comparación con su propia época, como 7:1 (cap. 15.) Mucho más moderado es Newmarch en la Historia de los precios de Tooke , VI, 345 y sigs., quien supone un aumento en los precios de las mercancías de alrededor del 200 por ciento. El valor estimado del vino de diezmo ( Zehntwein ) casi se duplicó en la Baja Austria durante el siglo XVI. ( Oberleitner , Finanzlage N. Oesterreichs im 16 Jahrhundert, 36.) Según las importantes investigaciones de Mantellier , Mémoires de la Société Archéologique de l'Orleanais, vol. 1, 103 y sigs.; Extracto de Lespeyres en Hildebrand's Jahrb., 1865, I, 1, el poder adquisitivo de la plata comparado con el valor promedio de veintisiete mercancías, suponiendo que haya sido 1 de 1750 a 1850, fue, de 1350 a 1450, 2.9; de 1450 a 1550, 2.8; de 1550 a 1650, 1.5; de 1650 a 1750, 2.1. Según Rogers , los precios del maíz en relación con la plata fueron de 1596 a 1636, como máximo 2.3 veces más altos que de 1260 a 1400; de 1637 a 1700, 2.6 veces; de 1701 a 1764, 2.1 veces; de 1726 a 1820, 3,2 veces. ( Rogers , I, 180.)

848.

En Alemania, el aumento de precios se observó primero en el precio de los comestibles extranjeros, que en parte subió un 400 por ciento. La opinión popular buscó la causa en la mala disposición de las grandes casas comerciales. Para facilitar la competencia de las casas más pequeñas con las más grandes, el Reichstag, en 1522, prohibió todas las compañías con un capital de más de 50.000 florines; y, en 1524, el tesoro real quiso demandar a los infractores de esta ley. Pero las ciudades se las ingeniaron para evitar el golpe. ( L. Ranke , Geschichte der Reformation, II, 42 y ss., 134 y ss.) En España, el gobierno, especialmente entre 1550 y 1560, se esforzó por oponerse al creciente encarecimiento de los bienes de todo tipo, prohibiendo la exportación de los productos más importantes y poniendo obstáculos al comercio minorista. Las clases bajas en Inglaterra atribuyeron el ascenso a la supresión de los monasterios ( Percy , Reliques of ancient Poetry, II, 296), mientras que Enrique VIII se esforzó por mejorar la condición de las cosas mediante leyes contra el lujo, el establecimiento gubernamental de precios fijos, la expulsión de comerciantes extranjeros, etc. (21 Enrique VIII). El primer escritor que parece haber visto claramente la verdadera causa de los cambios en el precio fue Bodinus , Response aux Paradoxes de Mr. de Malestroit touchant l'Enchérissement de toutes Choses et des Monnaies (1568). Esta obra fue traducida al latín por H. Conring , 1671; y reeditada en la obra: Discours sur les Causes de l'extrême Cherté, qui est aujourd'hui en France (1574). A continuación, tenemos al autor inglés WS , A Compendious or briefe Examination of certayne ordinary Complaints of divers of our Countrymen of these our Days, Londres, 1581. En Befold's Vitæ et Mortis Consideratio politica, 1623, 13 f., tenemos una explicación correcta de la caritas sine inopia que debe considerarse como propiedad común de su tiempo.

849.

Lo mismo Quesnay , 77 años, Daire. Sir J. Stewart , Príncipes, cap. 3. Kraus , Vermischte Schriften, II, 131 y sigs. Hermann , Staatsw. Unters., 127. Helferich , Von den periodischen Schwankungen im Werth der edlen Metalle, 1843, 70 y sigs.

850.

Según Cibrario , un hectolitro de trigo valía, en Turín, de 1289 a 1379, en promedio, 905 gr. de plata fina; es decir, aproximadamente tres veces más que en París antes del descubrimiento de América, y tanto como en París de 1546 a 1556. En Turín, de 1825 a 1835, valía alrededor de 1702 gr. Incluso en el siglo XV, los embajadores extranjeros se quejaban del enorme coste de la vida allí. Así, por ejemplo, Raumer's histor. Taschenbuch, 1833, 162. Compárese también, Carli , Del Valore della Proporzione dei Metalli monetati con i Generi in Italia prima delle Scoperte dell' Indie, 1760, en el que, de hecho, exagera el asunto y busca probar sus opiniones con la más burda sofistería.

851.

El principal resultado de las excelentes investigaciones de Helferich . ( Helferich , loc. cit.) La opinión general, de hecho, es que este statu quo del valor de los metales preciosos fue interrumpido alrededor de mediados del siglo XVIII por otra caída, y que esta última dio paso a una subida posterior en 1815 y después. Así David Hume , History of England, cap. 44, App. 31, cap. 49, App. A. Young , Political Arithmetics, cap. 6. Más recientemente, Rau , Lehrbuch, I, § 176. M. Chevalier , Cours, III, 320 ff. Uno de los principales defensores de la opinión de que todo aumento realizado en el medio de circulación produce una depreciación correspondiente es Nebenius , Deutsche Vierteljahrsschrift (1841). En Inglaterra un quarter de trigo valía, en promedio, 38s. 8/9d., de 1595 a 1685. Sobre una estabilidad similar de los precios del grano en Bélgica, véase Schwerz , Belgische Landwirthschaft, III, 37. Según Suckburg (lc), el valor en cambio del dinero de 1640 a 1700 disminuyó un 32-2/9 por ciento; de 1700 a 1760, un 43 por ciento; de 1760 a 1806, un 84 por ciento.

852.

Entre 1637 y 1700 el precio del trigo en Inglaterra fue en promedio de 51 chelines; entre 1701 y 1764, de sólo 40,5 chelines.

853.

Así, el precio tan caro del trigo en Alemania durante los primeros treinta años después de la Guerra de los Treinta Años fue causado, en gran parte, por la despoblación producida por la guerra.

854.

También en Alemania la causa del encarecimiento de tantos bienes durante la Guerra de los Treinta Años hay que buscarlo en los bienes mismos.

855.

Desde 1815, la mayoría de los productos de Birmingham y Sheffield han caído del 50 al 70 u 80 por ciento en precio, o al menos del 20 al 30. ( McCulloch , Statist. Account, I, 705.) The Quarterly Review, mayo de 1830, habla incluso de una disminución media de los precios de los productos ingleses en general, del 50 por ciento.

856.

Excelentemente realizado en Tooke , Historia de los Precios, III, 1838. Que el mercado mundial no se ve tan fácilmente afectado por un aumento del medio de circulación, lo demuestra este hecho, entre otros, el de que la inmensa exportación de dinero metálico francés como consecuencia de la emisión de papel moneda entre 1716 y 1720, y nuevamente en 1790 y los años siguientes, coincide con precios muy bajos del trigo en los países vecinos. ( Helferich , loc. cit., 139, 190 y ss.) Y, sin embargo, en el primer caso, la cantidad fue de 400.000.000 de francos, y en el segundo, al menos 1.000.000.

857.

Jacob estima esta parte en solo el 2,5 por ciento, McCulloch , en el 20, Lowe en el 25, Necker y Helferich en el 50, Humboldt en el 66,2/3 de la cantidad total trabajada. Ciertamente es, en nuestros días, debido a la creciente oferta agregada, mayor que hasta ahora; pero es muy diferente en diferentes países. Nebenius , Deutsche Vierteljahrsschrift, 1851, 56 seq., estima el consumo agregado de oro y plata nuevos para fines industriales en 14,5 piastras anuales, y además de esto siete millones de oro y plata viejos ( Bruchgold und Bruchsilber ). El desgaste anual de los artículos de oro y plata previamente existentes, se estima, asciende a 4.420.000 piastras (1/420); El aumento anual de sus cantidades agregadas en Europa a 6.000.000 de piastras (1,5 por ciento, correspondiente al aumento de la población) y 4.200.000 (una quinta parte del consumo total), se emplea, como él afirma, en dorado, enchapado, etc. Este último rubro probablemente aumenta mucho debido al plateado galvánico, la invención de la fotografía, etc.

858.

Jacob abarca en la cantidad de metal empleado con fines industriales, en los siglos XVI y XVII, 1/5 de la cantidad que, después de deducir la pérdida en el comercio asiático, se agregó a las reservas de oro y plata de Europa; es decir, en el siglo XVII, alrededor de 2,500,000 piastras anuales; en el siglo XVIII, ⅔ (!); es decir, anualmente, 15,000,000 piastras; en 1830, en Inglaterra, £2,457,221; en Francia, 120,000; Suiza, 350,000; en el resto de Europa, £1,605,490; en América del Norte, alrededor de 300,000; en total, £5,900,000. La estimación de Humboldt es de 21,000,000 piastras; McCulloch's , 6.050.000 libras esterlinas. Según los registros de la Monnaie de París , la cantidad de platería en Francia se multiplicó por siete entre 1709 y 1759 ( Humboldt ). En Inglaterra, entre 1807 y 1814, se acuñaron 8.290.000 onzas de plata para fines manufactureros; de 1830 a 1837, solo 7.387.000; en 1851, 924.000. McCulloch estima el consumo anual de plata, solo en Birmingham, para fines de chapado, en 150.000 onzas; en Sheffield, en 500.000; y el consumo de oro en los distritos alfareros en 650 libras esterlinas por semana. Birmingham consumía (1831) para fines de dorado, 1.000 libras esterlinas de oro al año. ( Whately. ) Ahora emplea semanalmente 3.000 onzas de oro y 6.000 onzas de plata en la fabricación de artículos de oro y plata, además de la cantidad destinada al dorado y al lavado de plata. (Quart. Rev., abril de 1866, 381.) Los joyeros de Nueva York fabrican anualmente artículos de oro y plata por valor de 3.000.000 de dólares, en su mayoría material nuevo. (Economist, 16 de abril de 1853.) En Viena, en 1781, había solo 167 trabajadores de oro y plata; en 1840, 229; en 1847, 539. ( Baumgartner , en la Wiener Akademie, 3 de mayo de 1857). Jacob estima que la masa agregada de artículos de oro y plata, en placa, instrumentos, etc., en Europa y América, es 1-¼ tan grande como la del dinero contante y sonante; y solo en Inglaterra es el doble (cap. 28); mientras que Tengoborski piensa que a principios del siglo XIX, la moneda constituía ⅔ de la cantidad total de metales preciosos. A veces tiene lugar un movimiento en la dirección opuesta, como, por ejemplo, en aquellas revoluciones en las que se confiscó la plata de la iglesia; en las desafortunadas guerras de Luis XIV, etc. Nebenius , loc. cit., 17, menciona a un platero del sur de Alemania que fundió en los años posteriores a 1802, plata de monasterio por la cantidad de 11.000.000 de guldens.

859.

Español Sobre el desgaste de las monedas, véase § 120 , y Hermann , en el Archiv. der politischen Oek., I, 1841. Compárese también, Faust , Concilia pro Aerario, 1641, 263 y sigs. Este desgaste es tan grande que M. Chevalier supone que solo bastaría para reducir una cantidad de dinero bajo Constantino el Grande de 5.000 millones a 300 millones, en la época de Felipe IV. (ob. 1314.) Cours, II, 322. Cuán grande es el número de monedas, especialmente de las denominaciones más pequeñas, que se pierden por completo es evidente por el hecho de que en el momento de la desmonetización de las piezas de 15 y 30 sous de 1791-92, que ascendían a 25.000.000, solo se presentaron para su canje 16.000.000. De las piezas de 10 céntimos acuñadas con una N, que ascendían a 3.286.932 francos, solo quedaban 2.000.000 al ser retiradas de la circulación, a pesar de que algunos particulares habían contribuido a la acuñación. ( M. Chevalier , III, 321.) McCulloch estima la pérdida total causada por este motivo en un 1 % anual, y Helferich , en un ¾ %. Cuanto mayor sea el stock total de oro y plata, mayor será el desgaste absoluto. Por lo tanto, si anualmente hubiera una afluencia igual de productos minerales a los mercados, la presión de este aumento de la oferta, debido únicamente a esa causa, se traduciría en una serie convergente de precios. ( Tooke , History of Prices, II, 151 y ss.)

860.

La Compañía Británica de las Indias Orientales exportaba oro y plata en promedio anualmente desde:

1711-1720, £434.000
1721-1730, 532.000
1731-1740, 487.000
1741-1750, 631.000
1751-1760, 571.000
1761-1770, 152.000
1771-1780, 43.000
1781-1790, 393.000
1791-1800, 352.000
1801-1807, 852.000

Milburn , Oriental Commerce, 1813, 419. Según M. Chevalier , Introduction aux Rapports de l'Exposition de 1867, el comercio de Europa y Norteamérica con India, China, Japón y las islas australianas ascendió en 1800 a tan solo 410 millones de francos, y en 1866 a 4.024 millones. Sin embargo, durante un tiempo, el gran aumento de la exportación de manufacturas inglesas a las Indias Orientales y de opio de estas últimas a China cambió la relación, de modo que la exportación de metales preciosos del sur de Asia compensó con creces las importaciones. Por otro lado, entre 1853 y 1856 se embarcaron 240.000.000 de táleros a India y China desde Inglaterra y los puertos del Mediterráneo; en 1863 y 1864, incluso llegaron a 300 millones, que en su mayor parte se perdieron allí. Además, la inmensa cantidad de dinero en efectivo —a menudo hasta de 12 a 15 millones en libras esterlinas— en el tesoro estatal, y los adornos de plata (§§ 44, 123) habituales en la India, exigen un suministro anual considerable para compensar el desgaste. Newmarch habla de 400 millones de libras esterlinas que pueden mantenerse en su estado actual mediante un aumento anual del 1 %. (Historia de los Precios, VI, 723.) De 1865 a 1869, los barcos de vapor ingleses transportaron oro y plata a Oriente en las siguientes cantidades anuales: 93,9, 66,3, 24,6, 70,2 y 60,4 millones de táleros, además de lo cual casi la misma cantidad provino directamente de California. Statist. Journ., 1871, 122 y ss.

861.

Tooke-Newmarch , Historia de Precios, VI, 147 y ss., estima las existencias totales de oro a finales de 1848 en 5.600.000 libras esterlinas; en 1856, en 172.000.000 libras esterlinas más. Según Lavasseur , la cantidad de plata en Oriente aumentó, entre 1848 y 1857, de 22.000 a 24.000 millones de francos; y la cantidad de oro, de 9.500 a 15.500 millones. (Annuarie d'Economie politique, 1858, 632.) La cantidad total de oro y plata en el mundo civilizado, Wolowski estimó entre 55 y 60 mil millones de francos, en 1870. (L'Or et l'Argent, Enquête, 19.) Compárese con Mason , The Gold Regions of California from the Official Reports, 1848. Tengoborski , Sur les Gîtes aurifères de la Californie et de l'Australie, 1853. Goldfield's Statistics emitido por el Mining Department en Victoria, 1862. WR Blake , The Production of the precious Metals, or statist. Notice of the principal Gold and Silver producing Regions of the World (Nueva York, 1869).

862.

Denkschrift betr. die deutsche Münzeinigung Mai, 1869, de Soetbeer , y aún antes, en Vierteljahrsschrift, 1865, II, de Faucher . Según M. Chevalier , todas las minas del mundo, poco antes de 1865, producían 284.000 kilogramos de oro y 190.000 kilogramos de plata al año: un total de 373.000 táleros (Journal des Economistes, junio de 1866), mientras que, en 1848, la cantidad total de monedas de oro acuñadas en el mundo se estimaba en 560.000.000; Gran Bretaña, Francia, Norteamérica y Sídney habían añadido, desde entonces y hasta 1871, 597.780.000 libras esterlinas. Las adiciones se han hecho en cantidades decrecientes: así, 1857-59, 37,2 millones anuales; 1869-71, 16,99 millones anuales. (Statist. Journ., 1872, 376 y sigs.) Las estimaciones sobre cuánto podría ganar un buscador de oro en un día han sido diversas. Así, Larkin lo estima entre $25 y $50; Mason , en $10; Folson , en$25 a $40; Butler King , en $16, calculando una onza en $16. Todas estas estimaciones parecen dar un promedio demasiado alto en conjunto. En Australia, según Khull , Colonial Review, junio de 1853, un buscador puede producir solo una onza diaria, o menos de 4 táleros. Según W. Stamer , Recollections of a Life of Adventure, II, 1866, un lavador de oro en Victoria ganaba en 1858, en promedio, £250 por año; en 1865, solo £70; mientras que el trabajo diario valía 15 chelines. Por lo tanto, se deben depositar grandes esperanzas en la naturaleza de lotería del lavado de oro. En el Rin, un lavador de oro se satisface con ⅔ de gramo de oro, que vale de 13 a 18 groschens de plata. ( Daubrée , Comptes rendus de l' Académie des Sciences, XXII, 639.) Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el renano dedica al lavado de oro solo el tiempo libre que le deja su vocación como pescador, mientras que el lavador de oro en el nuevo mundo, por regla general, dedica todo su tiempo a ello; y que sus trabajos se ven interrumpidos por la larga temporada de lluvias, ataques de fiebre, etc. A esto hay que añadir la gran diferencia de los precios medios de los medios de subsistencia y la diferencia de todas las condiciones sociales.

863.

Compárese, por ejemplo, sobre la productividad temprana de los distritos auríferos brasileños que pronto cesaron: Spix und Martius , Reise nach Brasilien, I, 262 y sig., 350. Gardner , Travels in the Interior of Brazil, 1846. Sobre La Española, véase Benzoni , N. Mundo, I, 61, y Peschel , Gesch. der Entdeckungen, 304, 556. Hasta ahora, el oro se había obtenido mediante el proceso de minería habitual, solo en muy pocos lugares. Por regla general, se ha encontrado en tierras aluviales no lejos de la superficie. Compárese con Ansted , The Gold-Seekers' Manual, 1849. Estas circunstancias han hecho que la producción de oro sea importante desde el principio; y todavía la hacen comparativamente fácil, mientras que causa poca demanda de capital pero sí de gran habilidad. Tan pronto como se ha trabajado la mayor parte del país para extraer oro, lo cual no requiere mucho tiempo, se abandona por completo, mientras que en la producción de plata, la gran cantidad de capital invertido en pozos, galerías, hornos, etc., ata a las partes involucradas en la empresa al lugar y exige su continuación. Sin embargo, en los últimos tiempos, Australia y California han desarrollado la minería y la producción mecánica de oro de forma sorprendente. Según Laur , La Production des Métaux précieux en Californie, 1862, 33, y el Journal des Economistes, noviembre de 1862, el oro-cuarzo californiano produjo, en 1851, un promedio de 635 francos por tonelada; en 1860, solo de 80 a 85 francos; pero los métodos de lavado de oro se han abaratado en una proporción de 2500:1. No obstante, la producción de metales preciosos parece estar disminuyendo incluso ahora. Según el Statist Journal, 1866, pág. 99, ascendía en promedio a:

en 1849-51, oro 23,9 millones de libras, plata 15,5 millones de libras.
en 1852-56, oro 38,7 millones, plata 16,1 millones.
en 1857-59, oro 36,5 millones, plata 17,1 millones.
en 1860-63, oro 33,5 millones, plata 18,2 millones.
en 1864-68, oro 30,0 millones, plata 19,5 millones.

El número de buscadores de oro en Victoria disminuyó constantemente de 125.764 en 1857 a 63.053 en 1867.

864.

Una de las principales dificultades en la producción de oro es la pérdida por malversación, que se estima en un promedio del 20 %. Las pequeñas empresas de trabajadores por cuenta propia estarían menos expuestas a la tentación, y las razas anglosajonas y norteamericanas se adaptan muy bien a ella. ( M. Chevalier , III, 261.)

865.

Español El oro es en cierto sentido uno de los metales más extendidos, aunque solo se encuentra en pequeñas cantidades; de modo que en el Rin, por ejemplo, se necesitan de 17 a 22 millones de granos de oro para hacer un kilogramo. Un número extraordinariamente grande de lugares deben su civilización a los buscadores de oro. Compárese con Tácito , Agr., 12. Selecciono los siguientes "hallazgos" de Erdkunde de Ritter . Shangallas (I, 249); aún más la terraza de Fazoglu en sí (I, 253, compárese con Bruce , Travels, V, 316, VI, 255, 342), en Monomotapa (I, 140); en Manica, al oeste de Sofala (I, 145), especialmente desde la supresión del comercio de esclavos (I, 305, 471); en tierra de Mandigo (I, 360, 372); en el camino de Gambia a Tombuctú (I, 457); en el lago Mangara (I, 493); entre Tombuctú y Finnin (I, 445); en Nubia (I, 667, ss.); minas de plata y mercurio sin explotar en el bajo Bagradas (I, 493); riqueza aurífera en Malaca, aurea chersonesus (V, 6 ss., 27); Tonkín, Lao y Ava (III, 926, 1, 216, IV, I, 213); Assam (IV, 294); el pequeño Tíbet (III, 657); Cachemira (III, 1,155); en el alto Setledsch (III, 654 ss., 668); en las fuentes montañosas del Indo (III, 508, 529, 593, 608); en el Cabool (VII, 23); en Peshaver (VII, 223); Badakschan (VII, 795); ricas minas de plata abandonadas por falta de madera cerca de Herat (VIII, 243); en Armenia (X, 273). Se dice que en el sur de China existen grandes tesoros de metales preciosos, cuya extracción se ha opuesto hasta ahora. (IV, 756.) La riqueza de Arabia en minas de oro, mencionada por Diodoro , II, 50, III, 45, y Agatha , De Mare rubro, 60, es de dudosa existencia, ya que no se encuentran rastros de ellas en el país hoy en día. Por otro lado, en ambas orillas del Océano Pacífico, las partes de la tierra más ricas en volcanes parecen poseer casi en todas partes cantidades de oro iguales a las de California y Victoria. (Edinburgh Review, enero de 1863, 82 y sigs.) La cantidad de tesoros que a veces se pueden obtener de antiguos y olvidados "hallazgos" lo demuestra el Altai (es decir, la montaña de oro), que incluso el viejo Tschudi había hurgado ( K. Ritter , II); y donde el amor de Heródoto (III, 16) por la verdad, tan frecuentemente cuestionado, ha sido recientemente reivindicado de forma tan brillante. Compárese con v. Ungern-Sternberg , Gesch. des Goldes, 1835. A. Erman , Ueber die geographische Verbreitung des Goldes, 1835. Según Murchison , Siberia, cap. 17, el oro se encuentra únicamente "en rocas cristalinas y paleozoicas, o en la deriva de estas rocas, que es una acumulación terciaria del plioceno"; y que se encuentra con mayor abundancia.“en minerales de cuarzo, vetas y pizarras silúricas alteradas transversalmente, principalmente del Silúrico inferior, frecuentemente cerca de su unión con rocas eruptivas”.

866.

Compárese con Humboldt , N. Espagne, IV, 147 y sigs.; St. Clair Duport , Essai sur la Production des Metaux précieux en Mexique, 1843; M. Chevalier , Cours., III, 483 y sigs.

867.

El costo de un kilogramo de plata, expresado en términos de plata misma, hasta el momento de su envío, es estimado por Duport de la siguiente manera: sal y magistral , 61 gramos; azogue, 112 gramos; estampado, 171 gramos; transformación del mineral, 72 gramos; renta y supervisión, 38 gramos; aranceles, etc., 145 gramos; fundición, transporte y envío, 35 gramos. Quedan como beneficio por la minería, 336 gramos. En cuanto a cómo la producción de plata americana aumenta y corre paralelo al abaratamiento del azogue, véase Humboldt , N. Espagne, IV, 91 y ss.

868.

Wolowski calcula que el incremento anual, mucho menor, de la cantidad de metales preciosos en el siglo XVI, frecuentemente de 1/12, ahora constituye solo 1/50 de la mayor cantidad existente. (L'Or et l'Argent Enquête, 50.)

869.

En Estados Unidos el stock de dinero en efectivo se estimó en 1820 en 5,1 táleros per cápita; en 1849, en 8,6 táleros; en 1854, en cambio, en 13 táleros.

870.

Español El peso de la masa de oro introducida anualmente en Europa se situó en la proporción de 1:60-65 con respecto a la de la plata en el siglo XVII; en la primera mitad del siglo XVIII, en la de 1:30; en la segunda mitad, en la de 1:40; y, sin embargo, las variaciones en el precio no fueron en lo más mínimo paralelas. Según Sœtbeer (Beiträge und Materialien zur Beurtheilung von Geld und Bankfragen, 1855, 102 y siguientes), el curso medio de plata ( silbercurs ) del oro había caído, entre 1852 y 1854, solo un 2,05 por ciento, en comparación con el de 1800-1840. Y, sin embargo, el valor de la producción anual de oro se situó en la proporción de la producción anual de plata, a principios del siglo XIX, en 29 a 71; en 1846, en 47 a 53; en 1848-56, 3 a 1.

871.

Si bien el público, incluso desde 1850, cree haber notado una depreciación del valor del dinero, muchos economistas políticos eruditos no están dispuestos a aceptarla. Los principales defensores de esta opinión son Tooke y Newmarch , en el vol. VI de la Historia de los Precios (1857). También Lavergne , en el Journal des Economistes. En realidad, el aumento del encarecimiento de muchos bienes hasta 1857 podría atribuirse a causas que afectaban a los propios bienes: disminución de la oferta debido a malas cosechas, exceso de oferta comercial, etc.; aumento de la demanda por la capitalización a gran escala, la especulación, pero especialmente por el ascenso de las clases populares, etc.

El 1 de enero de 1869, los precios al por mayor en Londres eran casi todos un 10 % inferiores a los del 1 de julio de 1857. Solo el índigo, el algodón y la carne habían subido. ( Hildebrand's Jahrb., 1870, I, 328). En muchos casos, el aumento de la carestía es completamente local, debido a las mayores facilidades de transporte en lugares donde los precios ya eran más altos. Pero como las nuevas verdades son fácilmente exageradas por sus descubridores, gran parte de la opinión de Tooke sobre estos acontecimientos se basa en una polémica excesivamente llevada contra la teoría de la balanza comercial, habitual en la llamada escuela monetaria. Compárese, en oposición a Tooke, Lavasseur , en el Journal des Economistes, marzo de 1838, y M. Chevalier , La Baisse probable de l'Or, 1858. Lavasseur , a partir de la diferencia entre los precios oficiales y reales en aduanas en Francia, calcula que las materias primas en 1856 eran, en promedio, un 63 por ciento más caras que en 1826, y en 1858, un 20 por ciento más caras que en 1826; y que los artículos manufacturados eran, en 1856, igual de caros, y en 1858, un 6 por ciento más caros que en 1856. Un promedio de todos los productos mostró, en 1856, un aumento del 30 por ciento, y en 1858 del 9 por ciento. ( Hildebrand's Jahrb., 1864, II, 118.)

En el mercado de Hamburgo, entre 1847 y 1865, 87 artículos bajaron de precio, 183 subieron y 24 se mantuvieron prácticamente sin cambios. (Amtl. Statistik von 1887, 18 y ss.) Jevons supone un aumento general del precio de las mercancías entre 1849 y 1869 de aproximadamente el 18 %. (Economist, 8 de mayo de 1869). Realiza esta estimación a partir de los precios promedio de marzo de 50 de los principales artículos. Suponiendo un precio medio de marzo de 1849=100, tenemos, según él, para los años siguientes, respectivamente: 101, 103, 101, 116, 130, 125, 129, 132, 118, 120, 124, 123, 124, 123, 122, 121, 128, 118, 120, 119. Los años anteriores mostraron: 1789=133; 1799=202; 1809=245; 1819=175; 1829=124; 1839=144. (Compárese supra, § 129 , nota 1.) El presupuesto de una familia de cinco profesores suizos se ha encarecido desde 1840 y siguientes, manteniéndose su consumo constante y limitado a los artículos más básicos, en un 72,5 por ciento. (Böhmert, Arbeiterervhältnisse etc., I, 302 y siguientes, 355.) Sin embargo, Knies explica muy bien que la depreciación se subestime con mayor precisión en Inglaterra y se sobreestime en Alemania, a través de los efectos de nivelación de precios de los medios de comunicación más modernos. (Tübinger Zeitschr., 1858, 280 y siguientes).

872.

Compárese con Leibniz sobre las consecuencias que se derivarían de la realización de los sueños de los alquimistas. Sería una gran desgracia, pues entonces un bolsillo ya no bastaría para transportar dinero, y la gente tendría que usar carretillas como se hace ahora en Suecia. (Ed. de Ópera Dutens, V, 199, 401.)

873.

Beccaria considera equitativo que el deudor pague siempre el valor original del metal (EP, IV, 2, 17). Galiani , por otro lado, no permitiría que los particulares, incluso cuando el Estado causa arbitrariamente una disminución del valor real del dinero, mantuvieran el valor real de la moneda en sus contratos (Della Moneta, V. 3).

874.

Es precisamente esta clase la que primero llega a comprender la naturaleza esencial del cambio efectuado.

875.

Así, los arrendatarios ingleses, que en el siglo XVI tenían contratos de arrendamiento a largo plazo, ascendieron en la escala social como consecuencia de las revoluciones de precios, un hecho de importancia en las luchas políticas del siglo XVII. Compárese con Sir FM Eden , Estado de los Pobres, I, 119 y sigs.

876.

Tooke-Newmarch insiste demasiado en esto y, por ello, considera casi cualquier aumento de los metales preciosos como una bendición. De hecho, la población de Australia, el Reino Unido y los Estados Unidos aumentó un 44,5 % entre 1848 y 1871; la producción de carbón y de ferrocarriles en Inglaterra, entre 1856 y 1869, en aproximadamente un 60,6 %; la producción inglesa de artículos de lana, lino, algodón e hilado, entre 1848 y 1870, entre un 110 % y un 335 %. (Statist. Journal, 1872, 376 y ss.)

877.

La queja de Lutero sobre la precaria situación del clero. Véase Schmoller , en el Tübinger Ztschr., 1860. Esto demuestra claramente cuánto más seguros son para la corona los dominios que una lista civil, y las donaciones de tierras a una iglesia que los pagos en dinero. La Ley de Isabel, 18 de Eliz., estipula que, en el caso de las propiedades universitarias, ⅔ de la renta del arrendamiento debía pagarse en metal y ⅓ en grano. En la época de Adam Smith , este último tercio valía tanto como los otros dos. (I, cap. 5.)

878.

En el siglo XVI, esta clase tenía poca importancia en la mayoría de los países; en nuestros tiempos, su ruina causaría disturbios generales. La clase más astuta de capitalistas, de hecho, encontraría la manera de canjear sus créditos por valores más seguros, o establecería como condición recibir al final una gran suma.

879.

Así, por ejemplo, el hijo de un terrateniente fallecido que conserva las tierras como suyas se comporta con sus hermanos que han ingresado al servicio militar o civil de su país pagándoles periódicamente una suma determinada. Si una revolución fuera realmente inminente, los terratenientes pronto se emularían entre sí para mejorar sus propiedades mediante préstamos de capital, aunque solo fuera para aprovechar la depreciación del medio de circulación en su propio beneficio. En el siglo XVI, el endeudamiento de los terratenientes era relativamente poco importante.

880.

De las Tablas de Roger , Statist. Journal, 1861, 551 y ss., se desprende que, entre 1583 y 1620, época en la que la población de Inglaterra no aumentó ni en riqueza ni en número, se produjo un aumento considerable en el precio de casi todos los productos básicos ingleses. Así, por ejemplo, el precio del trigo fue, de 1591 a 1600, un 468 %, y de 1611 a 1620, incluso un 495 % superior al de 1530 a 1533. El trabajador sajón ganaba, en 1599, con el trigo, solo la mitad que en 1455. (Tübinger Ztschr., 1871, 354).

881.

Cuando la mano de obra es indispensable para los empleadores, puede ocurrir que una pequeña disminución en la oferta incremente considerablemente el precio. Los salarios, en casi todas las ramas de trabajo, aumentaron entre 1851 y 1856, aproximadamente entre un 15 y un 20 por ciento.

882.

Esto también tenía poca importancia en el siglo XVI, ¡pero qué importante es ahora!

883.

Los impuestos sobre la renta, los derechos ad valorem y los diezmos suben y bajan en su monto nominal a medida que el precio del medio de circulación baja y sube.

884.

Así, por ejemplo, la victoria del Parlamento inglés sobre el poder ilimitado de la corona, en la primera mitad del siglo XVII, se vio muy favorecida por el hecho de que esta, a pesar de toda su economía, siempre se encontraba en apuros financieros debido a la depreciación de la moneda. (¡Poder del bolsillo, poder de la espada!). Sin embargo, cualquier fuerza mantenida en acción es un arma de doble filo. Si bien en circunstancias favorables puede desarrollarse así, en circunstancias desfavorables puede agotarse. ¡Cuántas asambleas representativas, durante las revoluciones de precios de los siglos XVI y XVII, permitieron que sus energías se estancaran!

885.

La mayoría de los puntos anteriores están muy bien analizados en la obra WS , citada anteriormente, § 137 .

886.

Como nadie dudaba entonces: Compárese con W. Raleigh , El descubrimiento de Guayana, Pref. Me refiero a Filipo de Macedonia.

887.

Compárese con Roscher , Kolonien, Kolonialpolitik und Auswanderung, 1856, 145 y sigs.

888.

Algo similar podría haberse observado en Inglaterra en 1819, etc., con la restauración del papel moneda depreciado. Entre las naciones con un nivel de civilización relativamente bajo, la variación en el medio de circulación tiene menor importancia que entre las naciones más civilizadas, porque el comercio monetario, y aún más, el crédito, están relativamente poco desarrollados.

889.

Fawcett exagera mucho cuando dice que, con el aumento de la población y la riqueza, el aumento del dinero es tan necesario como el hambre. (Manual, 370.)

890.

Galiani , Dellab Moneta, III, 1. En la época de la Lex Salica, 10:1. Según el Edictum Pistense de Carlos II, cap. 24 ( Pertz , Mon. Germ., III, 488), 12:1. En la época del Sachsenspiegel (III, 45), nuevamente 10:1. Bajo San Luis, rey de Francia, 12,5:1. ( Leblanc , Traité historique des Monnaies de la France, cap. 1, 2.) En Polonia, 1356, 12:1. ( Muratori , Dissertt. Medii Aevi, II, 28.) En Inglaterra, 1262, 9,6; 1272 = 12,5; 1345 = 13,7:1. ( Rogers , 1, 593 y sigs.) Bajo Enrique VI, y en 1494 = 12:1. ( Anderson , Origen del comercio, a. 1422, 1494.) En Dinamarca, bajo los antiguos reyes de la Unión = 8:1. ( Dahlmann , Dänische Geschichte, III, 52.) Y así durante casi todo el período medieval de Escandinavia, como por ejemplo en los Graugans. ( Wilda , Gesch. des deutschen Strafrechts, I, 329.) En Italia, 1579 = 12:1. ( Scaruffi , Sopra le Moneta, 1582.) En Holanda, 1589 = 11,6:1. Bodinus , De Republ., 1584, II, 3, mantiene 12:1 como la proporción general; pero la Cámara Apostólica adoptó la proporción de 12,8:1. En Alemania, según los ejemplos citados por A. Riese , 1522 = 10:1. Las leyes monetarias de Alemania la dan en 1524 = 11-1/3:1, en 1551 = 11:1, 1559 = 11-3/7:1; Budelius , De Monetis, 1591 = 11-1/4:1. A principios del siglo XVII la proporción en España era = 13,3; en Alemania = 12,16; en Flandes = 13,22; en Inglaterra = 13,5:1. ( Forbonnais , Finances de la France, I, 52.) Alrededor de 1641, en Flandes, era 12,5; en Francia, 13,5; en España, 14,1. Inmediatamente después de la muerte de Colbert, el tipo de cambio en Génova era de 15,03; en Milán, de 14,75:1. ( Montanari , Della Moneta, 80.) Si bien en el siglo XVII el oro subió, en el XVIII se desplomó debido a los lavados de oro brasileños y a los numerosos billetes de banco en circulación, que en su mayoría eran de gran denominación. ( Steuart , Principios, III, cap. 13.) En Amsterdam, en 1751, el tipo de cambio seguía siendo de 14,5:1.

891.

En Hamburgo, la relación del precio del oro con el de las barras de plata varió, entre 1816 y 1852, entre 15,11 y 16,2 a 1 ( Soetbeer ); en Londres, de 1816 a 1837, entre 15,80 y 14,97 a 1.

892.

En Asia, es generalmente más bajo que en Europa, durante siglos en su mayoría = 10:1. Pero en Birmania es = 17:1, principalmente debido al grado en que la indulgencia en el lujo se lleva allí. ( Crawfurd , Embassy, 433. Ritter , Erdkunde, V, 244, 266.) Con respecto a China, véase M. Chevalier , Cours, III, 359. En África, el oro es bajo en comparación con la plata, en proporción a la distancia del mundo civilizado. Así, una onza de oro en Shenaar costaba 12 piastras; en Suakim, 20; en Djidda, 22. ( Ritter , Erdkunde, I, 538.) En Tombuctú, Mungo Park encontró que la relación del oro a la plata era de 1-½:1. Compárese con Marco Polo, II, 39 seq.

893.

En la antigüedad, se observa un procedimiento similar. Según las leyes indias de Manu, VIII, 134 ss., = 2,5:1; en Oriente, durante mucho tiempo, = 10:1; bajo Darío Histaspis, = 13:1. ( Heródoto , 111, 95.) En Grecia, en tiempos de Lisias, = 10:1 ( Lisias , pro bonis Arist., Conon); según Platón, = 12:1 ( Hipparch. , 231); según Demóstenes , adv. Phorm., 214, = 14:1 ( Böckh , Staatst., I, 43); estimación de Menandro, = 10:1, probablemente porque la victoria de Alejandro había abaratado el oro. ( Pollux , IX, 76.) Entre los romanos, alrededor de 189 a. C., = 10:1 ( Livio , XXXVIII, 11); algo más tarde, = 11.9:1 ( Mommsen , en el histor. phil. Berichten der K. Sächs. Gesellschaft, 1851, 184 ff.); en el siglo IV después de Cristo, = 14:1. ( Teod. , Cod. VIII, 4, 27.) A veces encontramos variaciones repentinas. Así, según Polibio , XXXIV, 10, el oro, en Italia, se hundió alrededor de ⅓ como consecuencia de la apertura de las minas en Aquilea. Se hundió a la proporción de 9:1 cuando César gastó el contenido del tesoro romano, que consistía en oro. ( Surton. , Cæs., 54.) La proporción de 17:1, durante las guerras de Aníbal, fue una especie de bancarrota nacional. Véase Plin. , HN, XXXIII, B.

894.

Tras la Revolución de Febrero, el agio del oro, comparado con el de la plata, aumentó del 10,17 al 70 por 1.000. ( M. Chevalier Cours, III, 346.) Por otro lado, desde el descubrimiento de América, el oro, comparado con las materias primas, ha declinado mucho menos que la plata. Compárese con Hermann , Ueber den gegenwärtigen Zustand des Münzwesens, en Rau's Archiv., I, 151 y ss. Según Lord Liverpool , Treatise on the Coins of the Realm, el valor de la moneda de oro en el mercado londinense, comparado con los billetes, varió en 40 años casi un 5,5 %.

895.

Recientemente, se ha hecho posible extraer una pequeña cantidad de oro de las monedas de plata antiguas, con cierta ventaja. La industria europea producía de esta manera unos 1600 kilogramos de oro al año. La mitad de esta cantidad se obtenía en Francia y el resto en Hamburgo, Ámsterdam, Bruselas y San Petersburgo. ( Michel Chevalier , Cours, III, 302.)

896.

Senior , Sobre el valor del dinero, 77 y ss. Es cierto que una simple variación en los precios no induciría a la gente a tener vajillas de oro ni ornamentos arquitectónicos de plata.

897.

Rau , Lehrbuch, 6.ª ed., I, § 277 c. En opinión de Rau (loc. cit.), podemos esperar, en el curso de las próximas décadas, una disminución del precio del oro de aproximadamente el 76 % y de tan solo el 10 % del precio de la plata (debido a los bajos precios del mercurio). Pero aquí parece pasar por alto por completo la influencia que tendría un cambio de patrón en importantes distritos comerciales.

898.

Compara las obras ya mencionadas. Fleetwood , Chronicon preciosum, o una cuenta del dinero inglés de oro y plata, el precio del maíz y otras mercancías, etc., durante seiscientos años el pasado año 1707; Dupré de Saint Maur , Essai sur les Monnaies ou Réflexions sur les Rapports entre les Denrées et l'Argent, 1746; Unger , Ordnung der Fruchtpreise, 1752; Paucton , Métrologie ou Traité des Mesures, etc., des anciens Peuples et les modernes, 1780; el apéndice de Annals of Commerce de Macpherson , 1805; las tablas en la traducción de Garnier de Adam Smith, vol. II, 1822; A. Young , Investigación sobre el valor progresivo del dinero en Inglaterra, marcado por el precio de los productos agrícolas, 1812; WF Lloyd , Precios del Maíz en Oxford, a Principios del Siglo XIV, y también desde 1583 hasta la actualidad, 1830; Helferich , en Tüb. Zeitschrift, 1858, 471 y ss. Hay algunas notas muy interesantes sobre la historia de los precios durante los períodos merovingio y carolingio en Guérard , Polípticas, I, 141 y ss.

899.

Así, por ejemplo, los bonos (y sus cupones) de estados, ciudades, grandes corporaciones, certificados de acciones, hipotecas, letras de cambio, cheques.

900.

Un reglamento prusiano de 1765 ( Goldschmidt , Handbuch des Handelsrechts, I, 550), llama papel moneda ( Effekten ) a los instrumentos de comercio en los que se designa un valor o una valuta .

901.

Garnier , traducción francesa de Adam Smith, II, 143 y ss., distingue entre papel moneda y papel promesa: este último nunca circula simultáneamente con el capital que representa. Say afirma, por ejemplo, que las pruebas de endeudamiento estatal, como los bonos estatales, requieren dinero si circulan, pero rara vez actúan como dinero en circulación. (Traité, III, cap. 2.) Sismondi define muy bien la diferencia en su Richesse Commerciale, I, 160. Rau , Lehrbuch, I, § 293, exige a todo papel moneda válido: a., que su mera transferencia, incluso sin prueba de su legítima adquisición, baste para conferir la propiedad al receptor; b., que el poder que lo emite goce de confianza universal o sea capaz de exigir reconocimiento universal; c., que su rescate no esté fijado en un plazo determinado.

902.

Que no es posible evitar que el papel moneda se devalúe mediante el pago de intereses, lo aprendieron los norteamericanos en más de un experimento durante el siglo XVIII. ( Benjamin Franklin , Remarks and Facts relative to the Paper Money of America, 1765). El mismo fenómeno se observó en el caso de los vales españoles , creados durante la guerra de Norteamérica debido a la ausencia de la flota argentífera. ( Bour-going , Tableau de l' Espagne, II, 38 y sigs. Humboldt , N. Espagne, II, 808). Cuando las monedas portuguesas (desde 1797) aún tenían un seis por ciento, su valor se depreció; y cuando se detuvo repentinamente el pago de intereses, el tipo de cambio no bajó. ( Balbi , Esai statist. sur le Portugal, I, 323.) En Austria, en septiembre de 1820, los billetes de banco que no generaban intereses tenían un precio superior al de los billetes del tesoro imperial, que sí generaban un interés del 1 por ciento, aunque el crédito de ambos tipos de papel tenía en última instancia el mismo fundamento, es decir, el crédito estatal austríaco.

903.

El intento de hacer que el papel moneda genere intereses sugiere (como los sansimonistas recomiendan con mucho entusiasmo; Enfantin , Ser les Banques, d' Escompte en el Producteur, 1826), esa torpe espada, inventada por el conde Wilhelm von Bückeburg, ¡en cuya hoja se fija una pistola! Poco antes de cada vencimiento del pago de intereses, la circulación de dicho papel moneda se detendría. Si la tasa de descuento descendiera por debajo de la tasa de interés que devengaban dichos billetes, serían buscados con avidez y desaparecerían en grandes cantidades, y no se volvería a ver hasta que la tasa de descuento hubiera alcanzado una cifra elevada, momento en el que se presentarían repentinamente para su reembolso. Por lo tanto, dicho papel moneda con intereses sería un grave factor que agravaría las fluctuaciones del mercado monetario entre épocas de bonanza y de recesión. Cuando el papel moneda que devenga intereses paga los intereses al tipo habitual en el país, es atesorado por los avaros ( v. Struensee , Abhandlungen, III, 387). Compárese Forbonnais , Principes économiques, pág. 234, ed. Guill., mientras que v. Prittwitz , Kunst reich zu werden (1840, 359), se deleita en elaborar la idea de un papel moneda que devengue intereses.

904.

De los juristas, véase Thöl , Handelsrecht, I, § 51, y las autoridades a favor y en contra en Goldschmidt , Handelsrecht, II, Kap. 4, 1, 2. La circulación obligatoria de papel moneda es un elemento esencial solo en referencia a la persona que lo emite. De los economistas políticos, especialmente A. Wagner en el Staatswörterbuch de Bluntschli , Art. Papiergeld, Band, VII, quien, sin embargo, muy pronto se ve obligado a oponer al papel moneda "propio", otro tipo no "propio". Adam Smith, sin vacilar, considera los billetes de banco también papel moneda. (W. de N., II, cap. 2, p. 28, Bas.) Huskisson entiende por "papel moneda" solo el papel moneda irredimible del estado, mientras que los billetes de banco deben considerarse como "papel moneda". (La cuestión relativa a la depreciación de nuestra moneda, 1810.)

905.

Seyd , Münz, Währungs- und Bankfragen in Deutschland, 50 y sigs., distingue cuatro clases de papel moneda: 1.ª clase, papel moneda recubierto de efectivo; 2.ª clase, billetes de banco recubiertos a la manera de los bancos; 3.ª clase, papel moneda estatal; 4.ª clase, papel moneda como los billetes de la Confederación del Sur después de su derrota.

906.

Incluso Platón , De Legg., V, 742, estaba familiarizado con el dinero de tipo espartano, destinado únicamente al comercio interior: νόμισμα ἐπιχώριον, αὐτοῖς μὲν ἔντιμον τοῖς δὲ. ἄλλοις ἀνθρώποις ἀδόκιμον. Además, el Estado reservaba para el comercio exterior una reserva de moneda helénica universal, de la que, en caso de necesidad, los particulares podían adquirir mediante el intercambio la parte que necesitaran. Español Cuando Dionisio I emitió estaño en lugar de plata, todos los siracusanos, aunque notaron la falsificación, actuaron en sus relaciones mutuas como si consideraran genuinas las monedas. ( Aristot. , Œcon., II, 21, Pollux , IX, 79.) Timoteo se comportó con más honorabilidad cuando, presionado por la escasez de dinero, dio a sus tropas fichas de monedas de cobre, que pasaron por el momento por su valor completo en el campamento; pero que luego se canjearon por su valor completo en plata. ( Aristot. , Œc. II, 22.) Compárese Polyæn , Strateg., IV, 10, 2. La moneda de hierro que los clazomenios intercambiaban con los ricos por plata, que generaba intereses, pero que los ricos estaban obligados a tomar, tenía una duración más larga; la plata se usaba para pagar a los acreedores estatales extranjeros, la moneda de hierro circulaba por el momento en la ciudad y se canjeaba gradualmente. ( Aristóteles , loc. cit, II, 17.)

El papel moneda cartaginés nos recuerda aún más al papel moneda: cualquier objeto, del tamaño de una moneda, se guardaba en un sobre de cuero con el sello estatal y circulaba como si fuera la moneda que pretendía ser. Mieris , Beschryving der Munstn, 1726, explica la saga de la piel de buey de Dido mediante este dinero de cuero. Sin embargo, es cierto que la sorpresa con la que el diálogo sofista, Eryxias, menciona el asunto demuestra lo ajeno que era para los griegos. Respecto a los denarios romanos plateados que se acuñaban con las monedas de plata, pero que también eran aceptados por el tesoro estatal, véase Mommsen , RG, I, 405.

907.

En la Edad Media, el dinero de cuero se emitió como promesa de pago futuro: por el dux de Venecia en las guerras de 1122 y 1126 ( Montanari , Della Moneta, 34); por el rey Juan de Inglaterra, durante la lucha de los barones ( Camden ); por el emperador Federico II en el asedio de Faventia ( Malespini , Hist. Fior., 130, Villani , Hist. Fior., VI, 21); por Luis IX durante su cautiverio ( v. Raumer Hohenstaufen, V, 461), Juan de Francia, 1360 ( Anderson , Origin of Commerce). En las marcas de plomo de Frankfurt que luego fueron redimidas por la Rechnerei : Kirchner , I, 541. Las fichas de cobre de Lavallette durante el asedio de Malta tenían la inscripción: non æs sed fides . El papel moneda que se emitió durante el asedio de Leyden, los habitantes preferirían conservarlo después antes que canjearlo, ad perpetuam liberationis divinæ memoriam . ( Bornitii , De Nummis, 1605, I, 15. Monedas de socorro, melacs , durante el asedio de Landau y del Ragoczy húngaro , Marpurger , Beschreibung der Banquen, 213. Krones , Zur Geschichte Ungarns im Zeitalter R's, 1870.)

908.

Español Los chinos han tenido varios tipos de papel moneda en su país desde el siglo VII después de Cristo. A veces los llamaban "monedas voladoras, monedas convenientes", y a veces cupones , bonos , convenciones ( Klaproth , Mémoires relatives à l'Asie, I, 375 y ss.), por los cuales las caravanas, tan pronto como habían pasado los límites estaban obligadas a cambiar su plata ( Pegolotti , Pratica della Mercatura in Della decima etc., III, 3). Estos tenían circulación obligatoria en China. Los grandes kanes mongoles aquí se familiarizaron con el papel moneda. ( M. Polo , II, 21.) Así, especialmente en Persia, donde la negativa a aceptar dicho dinero y la imitación del mismo se castigaba con la muerte (1340). Compárese con Ferishta , ed. Briggs , I, 414 y ss. d'Ohsson , Hist. des Mongols, IV, 101 y sigs.; II, 487. Incluso aquí se dieron casos de quiebra estatal y, finalmente, retiradas del papel depreciado. ( Klaproth , loc. cit.) En Japón, según Oliphant , Narrative of L. Elgin's Mission to China and Sapan (1859), todas las monedas extranjeras debían cambiarse por papel moneda en las oficinas de los banqueros estatales.

909.

Adam Smith menciona el papel moneda norteamericano de 1 chelín y los billetes de Yorkshire de 1 chelín y medio. Hasta 1828, Suecia tenía billetes de 28 pfennigs .

910.

Por lo tanto, en Suecia, con su patrón cobre de larga duración, el sistema de bancos emisores se desarrolló muy pronto. Los billetes de transporte ( Transportzettel ) (que se encontraban en ese país desde 1661) del banco de Estocolmo se consideran los billetes más antiguos. Compárese, sin embargo, con Palgrave , en el Statist. Journal, 1873. Cuando, en 1768, Catalina II introdujo el papel moneda en Rusia, la gente pagó gustosamente un ¼ por ciento de cambio al tesoro estatal. ( Brückner , en Hildebrand's Jahrbücher, 1863, 49.) Según Cancrin , Oconomie der menschl. Gesellschaft, 116, particulares cambiaron 40 millones de rublos de plata por papel en un plazo de cuatro a cinco meses. Y así, en 1780, los billetes de Berlín tenían un pequeño porcentaje de cambio. por encima de la par, y los billetes del Banco de San Carlos, en 1788, del 1 al 1,5 por ciento. ( Rau , Archiv., II, 161.)

911.

Cuando en épocas en que el papel moneda se ve con desconfianza, los campesinos y otros entierran su dinero metálico, esta ventaja, por supuesto, se pierde. Por otro lado, la exportación de dinero de metales preciosos, causada por la emisión de papel moneda, no debe considerarse un mal necesario, sino más bien como la condición precedente que en la mayoría de los casos hace posibles por primera vez las ventajas anteriores del papel moneda. Compárese con Ad. Wagner , Die russische Papierwährung (1868), 22, 24, 33. Ricardo , Proposals for an economic and sure Currency, 1816, estimó que Inglaterra, después de la abolición de la restricción bancaria, necesitaba veinte millones de libras esterlinas. El interés sobre esta cantidad de capital, incluido el desgaste, etc., debería estimarse en al menos un diez por ciento; es decir, para todo el reino, al menos de dos millones y medio a tres millones al año. En esto, Ricardo fundó su propuesta de basar los billetes bancarios en lingotes de oro. En su época, el ensayo: Guineas: una carga innecesaria y costosa para el comercio, o la impolicidad de revocar el proyecto de ley de restricción bancaria considerado (Londres, 1802), encontró gran aprobación.

912.

Adam Smith señala el caso análogo en el que un fabricante reemplaza una máquina costosa por una barata, vende la primera y utiliza la diferencia entre la antigua y la nueva para expandir su negocio. (W. of N., II, cap. 2). Cuando, de hecho, todas las naciones han introducido el uso del papel moneda, la mayor parte de las ventajas que una nación podía obtener por medio de él desaparece, y el único resultado final es una depreciación del valor del dinero y de los metales preciosos. Anteriormente, la ventaja obtenida por la nación que emitía papel moneda era mayor que su participación en la depreciación. ( Wolowski , Enquête de 1865, 108).

913.

Cuando E. Seyd afirma que los billetes de banco son más costosos que el dinero metálico, porque los primeros en Inglaterra requieren un desembolso para su administración del 1,5 por ciento anual, mientras que el desgaste del dinero metálico asciende a sólo el 1 por ciento en 20 años (Statist. Journal, 1872, 511), pasa por alto la pérdida de interés y los costos de acuñación en el último caso.

914.

Relacionado con esto está el hecho de que en Francia, durante la crisis del asignado, los billetes grandes de 10.000 francos eran más difíciles de eliminar que los pequeños. ( Pariser Zustände de A. Schmidt , III, 22.)

915.

La numeración del papel moneda. Un estado que descuidara esto no solo se reservaría la posibilidad de un aumento ilimitado, sino que cedería todo control sobre sus funcionarios encargados de la emisión del papel moneda. La Ley , el Comercio y el Dinero, 162, aconseja el pago de una cuantiosa recompensa monetaria a quien demuestre la existencia de un número superior al permitido por la ley, o de un número duplicado. De hecho, como interventor en jefe, ordenó la destitución del preboste de marchands , pues, encargado de quemar el papel retirado de la circulación, observó que el mismo número reaparecía varias veces.

916.

Si un viajero deseara pagar a su posadero con un billete de un banco completamente desconocido en la localidad, este lo rechazaría sin duda. Si, por el contrario, le ofreciera una moneda de plata, cuyo sello e inscripción no le resultaran familiares, se la cobraría al valor del metal que contenía, tras deducir los costes de comprobación, acuñación y compensación por las molestias ocasionadas. Ignorado por Berkeley , quien, de hecho, consideraba el dinero metálico como simples «fichas» o billetes (Querist, n.º 23, 26, 441, 475), y atribuye importantes ventajas al papel moneda —que, gracias al «sello» y la «firma», se vuelve tan costoso como el oro (440)— sobre el dinero metálico (226).

917.

Cualquier persona que haya presenciado una ejecución fiscal o la venta de una propiedad por falta de pago de impuestos ( Stuerexecution ) admitirá que un recibo fiscal es al menos tan valioso como un paraguas o una ventana de cristal que protege de la tormenta. Michælis considera la cantidad de pagos corrientes al estado por derechos, impuestos, etc., como la única base correcta para el papel moneda de valor completo (Berliner Vierteljahrsschrift, 1863, III). Mejor aún cuando Höfken aconseja que solo se emita la cantidad de papel moneda que corresponda al saldo promedio ( Bestand ) en el tesoro nacional. L. Stein defiende con gran vehemencia esta base impositiva . En 1704, Luis XIV emitió papel moneda con un interés del 7 %, cuya aceptación por parte de todos los funcionarios reales del tesoro estaba prohibida. ( Dutot , Réflexions, 863, Daire.) Law , Trade and Money (1705) atribuye a las parcelas de tierra la mayor constancia de valor, porque no pueden ser reemplazadas, porque no pueden ser aumentadas ni disminuidas, y porque ayudan a producir todos los demás bienes (p. 170). Si bien la plata no puede sino depreciarse, tiene una perspectiva diferente a la de subir (188). Por lo tanto , Law recomendó los billetes basados en parcelas de tierra como la mejor forma de dinero. (163, 191, 195.) De manera similar, Benjamin Franklin , Modest Inquiry into the Nature and Necessity of a Paper Currency: and the Paper Money of Pennsylvania, New York and New Jersey estaba realmente basado en parcelas de tierra, y debía ser extinguido por los propietarios enfeudados, y el interés pagado por ellos. ( Ebeling , Gesch. und Erdbeschreib, von N. Amerika, III, 621, IV, 649.)

918.

F. Renonard de Ste Croix , Voyage aux Indes orientales (1810), I, 32, describe una especie de papel moneda basado en parcelas de tierra que habían perdido el 40 % de su valor nominal, aunque sus tenedores recibieron el feudo a solo la mitad de su valor. Los mandats territoriaux franceses de 1796 disminuyeron en cinco meses al 5 % de su valor nominal, aunque contenían la disposición de que los tenedores podían, sin venta pública ( subasta ), recibir una cierta cantidad de los bienes nacionales a cambio de los mandats . Los asignados fueron aún más defectuosos después de su redención (en la Caisse de l'extraordinaire ), que fue la intención inicial, y su extracción de intereses no se cumplió. Dejando de lado la base imponible, los pagarés podrían, en la venta de las propiedades nacionales, ser introducidos como medio de pago: algo que no habría sido inoperante, siempre que la cantidad del papel moneda se hubiera limitado estrictamente al precio de las parcelas de tierra tasadas en dinero. El 1 de abril de 1790, se emitieron 400.000.000 de francos en asignados, y en septiembre, 800.000.000 más, ambos en conjunto aproximadamente iguales a la propiedad secularizada de la iglesia. ( Ad. Schmidt , Pariser Zustände, II, 97.) Pero como posteriormente cesó toda proporción entre estas dos magnitudes, o mejor dicho, como hasta el 1 de enero de 1793, se emitieron 3.626.000.000 de asignados; hasta septiembre de 1794, más de 8.800.000.000; hasta septiembre de 1795, 19.700.000.000; y, finalmente, hasta septiembre de 1796, 45.578.000.000 de francos, de los que quizá 6.500.000 fueron quemados o desmonetizados, el precio de los bienes nacionales sobre las tierras debe haber aumentado naturalmente tanto como disminuyeron los asignados.

919.

Español El papel moneda emitido por el sucesor de Colbert, Chamillard, pronto perdió debido a su cantidad demasiado grande, el 25 por ciento de su valor, a pesar del hecho de que devengaba intereses y que ¼ de todos los pagos a personas privadas debían hacerse en él. ( Forbonnais , Recherches et Considérations, II, 182.) Cuando el pueblo de los Estados Unidos, en 1775, emitió papel moneda, su valor no disminuyó hasta fines de 1776, siempre que la cantidad no excediera los $20,000,000, ya que se consideró una cuestión de honor tomarlo a la par. Después, cuando la cantidad emitida continuó aumentando, ni siquiera la ley que rehusaba aceptarlo, o insistir en tomarlo por debajo de la par, debía castigarse con la pérdida de la mercancía, y que la parte culpable debía ser declarada enemigo nacional, pudo evitar que disminuyera su valor; De modo que, en mayo de 1871, un dólar en especie valía 200,5 dólares en papel. Compárese con Franklin , Obras, ed. Sparks, II, 421, VIII, 328, 505.

Francia, durante el Terror, amenazó el 2 de abril de 1793 con seis años de prisión a quienes reclamaran un descuento en la toma de asignados, y el 1 de agosto, a propuesta de Couthon, con veinte años de prisión. Además, se fijaron precios máximos para los principales artículos de primera necesidad, y quienes los superaran se castigaban con severas sanciones. En Francia, y más aún en los países vecinos conquistados, muchas personas preferían tomar asignados en lugar de pago antes que dejarse robar mediante requisas. Sin embargo, el 4 de junio de 1796, un franco en especie se canjeó por 800 francos asignados. Compárese con Büsch , Geldumlauf, III (§ 58 y ss., d'Ivernois , État. des Finances Française, 1796).

920.

Los billetes del tesoro prusiano de 1806, en virtud de un decreto publicado en 1807, debían ser aceptados por todos a un tipo de cambio que se publicaría oficialmente periódicamente. Entre el 1 de diciembre de 1807 y el 28 de febrero de 1809, el tipo de cambio normal más alto fue del 71%, y el más bajo, del 27%. En enero de 1815, la negativa a aceptarlos a la par, salvo en ciertos casos, se amenazó con una multa de entre 500 y 1.000 táleros o una pena de prisión de entre 6 y 12 meses. Pero, en efecto, en diciembre de 1812, de 8.000.000 de táleros, solo circulaban 731.625. Compárese el § 7 del decreto del 19 de enero de 1813. En abril de 1815, se ordenó que la mitad de todos los impuestos se pagaran en dichos billetes o, en su defecto, se añadiera un 8,5 % como penalización. Esta penalización, reducida en 1827 a 1 groschen de plata, no se abolió formalmente ni siquiera en 1870, aunque hacía tiempo que había caído en desuso. Hubo una fuga de los tenedores de los billetes en 1830 para su rescate, y de nuevo en 1841 y 1848; en 1848, la cifra alcanzó un máximo de 40.000 táleros en un día, y en total no superó los 100.000 táleros. ( Bergius , en el Tübinger Zeitschr., 1870, 226 y sigs.) Alrededor de 1846, se calculó que apenas 1/250 al año del papel moneda prusiano se presentaba para su rescate, mientras que ⅓ de los ingresos estatales llegaba en forma de papel moneda. ( Rau , Archiv., V, 125, 207.) Los billetes del tesoro sajón nunca perdieron más del 2 por ciento, aunque el tesoro estatal los rescataba hasta 1804 solo a un agio de 9 pfennigs por tálero, y después de 1 pfennig .

921.

Quienes tienen derecho a reclamar dinero están obligados a aceptar el papel moneda a su valor nominal o solo a su valor actual por el momento. En este último caso, la compulsión injusta es mucho menor, pero al mismo tiempo, el recurso en su conjunto es mucho menos productivo para el Estado; por lo tanto, el primero es el más habitual. Se dispuso en Austria el 22 de mayo y el 2 de junio de 1848 que el primero sería la regla y que el segundo regiría en los casos en que se hubiera estipulado oro o plata extranjera. ( Höfken , Oesterreichs Finanzprobleme, pág. 53). El 7 de febrero de 1856, se permitió contratar mediante promesa expresa préstamos en la moneda metálica del país, tanto para el interés como para el reembolso del capital. De ahí una especie de moneda paralela. Si a los particulares se les hace absolutamente imposible protegerse contra la circulación obligatoria del papel moneda, los más prudentes se ven obligados a enviar su capital al extranjero, lo que tiene consecuencias muy desventajosas, sobre todo para los países pobres. ( Wagner , Tübing. Zeitschr., 1863, 441.)

922.

Así, por ejemplo, las monedas de Federico y, durante un tiempo, los asignados franceses se vieron favorecidos por el entusiasmo popular, mientras que Gustavo III de Suecia pudo dar poco valor a su papel. ( v. Struensee , Abh., III, 577.) En Francia, en 1796, se emitieron 2.400.000.000 de mandatos en lugar de todos los asignados pendientes; es decir, tantos como asignados había al cierre del año 1792. Y, sin embargo, estos últimos estaban entonces solo un 25 por ciento por debajo de la par; los primeros, antes de que transcurriera un mes, un 80, y en nueve meses, casi un 98 por ciento por debajo de la par. ( St Chamans , Nouvelle Essai sur la Richesse des Nations, p. 150. A. Schmidt , Parisier Zustände, III, 121 ff.) En Austria, en 1811, el volumen del papel moneda se contrajo, pero de una manera tan violenta y destructiva del crédito que su tipo de cambio no aumentó en consecuencia. (Tub. Zeitschr., 1763, 1874.) Después de 1848, también, el tipo de cambio del papel moneda austríaco fue influenciado mucho más perceptiblemente por las variaciones en el estado de cosas político que por los cambios en su volumen. (Tub. Zeitschr., 1856, 129.) En el verano y el invierno de 1866, circularon alrededor de 650.000.000 de rublos de papel, sin apenas aumento ni disminución; y sin embargo la tasa de cambio fue, durante una parte del verano, del 66, y en invierno, del 84 por ciento del valor en plata del rublo. ( Wagner , Russ. Papierwährung, 74.) Ejemplos en que el aumento del precio de las mercancías comenzó a ser más general sólo después de que el volumen del papel moneda hubo disminuido; en Austria, en 1851 y 1866; en Rusia, en 1857 (loc. cit.).

923.

Entonces, el dinero de metal precioso se convierte en una mercancía de la que se pueden acumular grandes cantidades en el propio país, en los bancos, pero principalmente para el comercio exterior. Se dice que los empresarios austriacos en 1860 y los años siguientes invirtieron "atesoramientos" por valor de varios cientos de millones de florines en intercambios con países con moneda metálica. (Tüb. Zeitschr., 422.) El papel moneda de buena calidad nunca expulsará toda la oferta de dinero en efectivo de un país, ya que siempre debe reservarse una buena parte para fines de redención; el papel moneda depreciado opera mucho más en este sentido. Incluso la exportación de cambio pequeño puede convertirse en una especulación rentable tan pronto como la depreciación del papel moneda supere el señoreaje. Entonces, generalmente se acuña cambio pequeño de peor calidad, como, por ejemplo, en Austria, cobre en lugar de plata; y en 1860, 12 millones de florines de papel moneda pequeño. En este caso, la exportación del mejor dinero no es una consecuencia, sino el motivo de la fabricación del peor.

924.

Durante el período de asignación, podía ocurrir que un propietario, una vez transcurrido el plazo de arrendamiento de su tierra, se viera obligado a cederla a los agricultores, debido a que los impuestos, requisiciones, etc., pagados por estos ascendían a un importe superior a la renta agrícola. En el primer caso, el cálculo se basaba en el valor reciente depreciado de los asignados; en el segundo, en el mayor valor que estos tenían al momento de la celebración del contrato. ( Büsch , Geldumlauf, III, 62.) Un escritor en la Revue des deux Mondes, del 15 de abril de 1865, piensa que una de las razones por las que la guerra civil estadounidense fue tan popular en el noroeste fue porque el papel moneda emitido durante la rebelión hizo fácil para esa parte del país pagar las deudas hipotecarias que la habían agobiado desde 1848. Incluso de las dos catástrofes legales, Duclos , en sus memorias, comenta que produjeron una gran mezcla de aquellos que anteriormente habían estado separados por diferencias de clase y eliminaron las ideas previas de decoro, idoneidad, etc.

925.

Durante la época en que se practicaba el recorte de la moneda, es casi imposible demostrar que el dinero se devaluara por debajo del 11 % de su valor debido. Véase, por otro lado, el § 3. En Austria, en 1810, una persona debía pagar 1200 florines en papel moneda por 100 florines en plata. (Tüb. Zeitschr., 1861, 593.) En Norteamérica, en 1781, se necesitaban 280 dólares en papel moneda para comprar 1 dólar en plata. ( Ebeling , Gesch. und Erdbeschreib., von NA, 1856, III, 580; IV, 440; V, 437.) Durante la guerra civil estadounidense, el papel moneda de los estados del sur se redujo a ½ (diciembre de 1863) e incluso a 1/35 (octubre de 1864) de su valor nominal. Compárese Hock , Finanzen der V. Staaten, 514 y siguientes. Observado incluso por Storch , Handbuch, traducción de Rau , III, 141 y siguientes. (Véase, por otra parte, C. King , Thoughts, pág. 113.) En París, en julio de 1795, la mayor parte de las mercancías estimadas en asignados valían tanto como si el tipo de cambio de estos últimos fuera del 6,14 por ciento de su valor nominal, mientras que en realidad ascendía a solo el 3,5 por ciento.

926.

Donde se prohíbe el intercambio de dinero metálico con respecto al papel, la disminución de este último se manifestará no sólo en los tipos de cambio extranjeros, sino también en el precio de las barras de metales preciosos.

927.

Los cambios del agio o prima dependen principalmente de la oferta y la demanda de metales preciosos, es decir, de la extensión e intensidad de las transacciones comerciales que deben realizarse con estos mismos metales. ( Wagner, Russ. Papierw., 87.) Por lo tanto, durante períodos cortos de tiempo, puede decirse en un país de papel moneda que las transacciones comerciales basadas en dinero en efectivo tienen un gran elemento de variación en ellas. ( Wagner en Bluntschli's Staats-wörterbuch, III, 971.) Los precios de compra y arrendamiento de capital fijo, de casas, por ejemplo, aumentan mucho menos porque la mayoría de las personas considera la crisis como transitoria y de corta duración. ( A. Walker , Sc. of W., 133.) En Austria en 1859, el aumento del agio de cambio de plata de la paridad al 40 por ciento, y su posterior caída en 7 meses al 20 por ciento, dejó el precio de la moneda casi totalmente inafectado. ( A. Wagner , Gött. Anz., 1860, 114.) Que la gente del campo en general sufre más por un papel moneda malo que la gente de las ciudades y los habitantes de las ciudades, véase Bonamy Price , Currency and Banking, 175, seq. En los estados del norte de la unión americana, en 1864, 12 tipos de productos nacionales habían aumentado un 148 por ciento, 7 tipos de productos extranjeros, un 164 por ciento, y 7 que podían obtenerse solo de los estados del sur, un 353 por ciento. ( v. Hock , 186 seq.) Como las emisiones de papel moneda en gran cantidad se hacen tan frecuentemente debido a la guerra, es comparativamente fácil entender por qué los artículos para los cuales la guerra crea una demanda deberían aumentar de precio muy pronto y muy alto; mientras que ocurre lo contrario en tiempos de dificultades fiscales, en el caso de una gran cantidad de artículos de lujo, de los cuales se puede prescindir fácilmente. Büsch observa (Werke, VII, 91) que los comerciantes minoristas a menudo aumentan sus precios para no verse obligados a pagar tantas monedas pequeñas como cambio del dólar de papel.

928.

Compárese Hufeland , N. Grundlegung, II, 241. Por esta razón, los empresarios egoístas ( Unternehmer = hombres de empresa) se han opuesto, tanto en Austria como en Rusia ( Wagner , Rus. PW, 105), pero más aún en Norteamérica ( v. Hock , 556 y ss.), a las medidas destinadas a restaurar los valores ( Valuta ), por considerarlas antinacionales. Incluso Sperausky experimentó esto en 1809, cuando publicó ideas muy acertadas sobre el papel moneda, mientras que en los tiempos de ensueño de Catalina II, nadie siquiera pensaba que el papel moneda estatal fuera una deuda estatal. ( Bernhardi , Russ. Geschichte, II, 2, 636.) Uno de los principales representantes de este curso es HC Carey , Our Resources (1866), y en el New York Herald, 1865. Por otro lado, Faucher llama correctamente a la exportación más activa de países, con un papel moneda malo, una exportación de naciones bárbaras, el comercio de la miseria, para el cual cualquier precio pagado en metal o en cualquier producto de civilización de mayor categoría es aceptable. (Vierteljahrsschrift, 1868, IV, 167.) La nación en conjunto pierde en el comercio internacional por la sencilla razón de que sus acreedores extranjeros aceptarán su papel moneda como máximo a su tipo de cambio actual contra la especie, mientras que los deudores extranjeros lo imponen a la nación a su valor nominal.

929.

Las distintas provincias de un gran imperio también pueden tener grados muy distintos de depreciación del mismo papel moneda. Así, en el interior de Rusia, su tipo de cambio frente a la moneda en metálico no había disminuido durante mucho tiempo más allá del 50 % de su valor nominal; mientras que el tipo de cambio exterior suponía una disminución del 33,1/3 %. ( Cancrin , Weltreichthum, 68.)

930.

Un aumento de los derechos, impuestos ( Abgaben ), etc., rara vez podrá progresar en la misma medida en que se hunde el papel moneda; en todo caso, sería necesaria una ley para efectuar esto, lo que, sin embargo, siempre llega después que la decadencia. ( Sismondi , Du Papier Monnaie, 27.)

931.

Wagner , Russische Papierwährung, 142, estima que la guerra de Crimea depreció el tipo de cambio medio corriente del papel moneda ruso en un 11,1 por ciento, la guerra italiana de 1859 en un 14,5 por ciento, la guerra alemana de 1866 en un 19,4 por ciento, a pesar del hecho de que Rusia no participó directamente en las dos últimas guerras.

932.

Los más de cuarenta y cinco mil millones de asignados franceses, estimados a sus tipos de cambio actuales, en realidad produjeron al Estado sólo unos seis mil millones. ( Gentz , Histor. Journ., 1800, II, 317, según Lecoulteux .)

933.

Muy bien explicado por H. Thornton , Paper Credit of Great Britain, cap. 10. En cuanto a cómo, en Austria, la crisis del papel moneda contribuyó a llevar los rígidos recursos nacionales a un estado de fusión y a sacudir la inercia nacional por la sensación de inseguridad, véase Buquoy , Theorie d. Wirthschaft, 1816, 347 y ss. Schäffle , System, 3 aufl., 254 seq., piensa que si Austria primero ajustara sus valores y luego, en caso de otra guerra, recurriera a una segunda depreciación, las desastrosas perturbaciones de su economía nacional consecuentes en esto se producirían dos veces en lugar de una, y no sin razón.

934.

Las letras del tesoro prusiano se situaban, en junio de 1809, al 36 % de su valor nominal; en junio de 1810, al 84,5 %; en enero de 1812, al 13,5 %; en diciembre de 1812, al 44,5 %; en junio de 1813, al 26,5 %; en julio de 1813, al 24,5 %; el 31 de diciembre de 1813, al 49,5 %; en enero de 1815, al 88 %; y el 5 de enero de 1816, al 99 %. El papel moneda austriaco, expresado en dinero metálico, ascendió, en promedio, entre 1849 y 1855, a 292 millones de florines; pero en ciertos momentos, fluctuó entre 231 millones y 337 millones. (Tübing. Zeitschr., 1856, 124.) El agio de la plata fluctuó durante el período de los Bancozettel (billetes bancarios, una especie de papel moneda austríaco) de un día para otro en el cambio del 40 y hasta del 100 por ciento: así, con la noticia de la entrada de Napoleón en París, entre el 25 de marzo y el 4 de abril, de 330 a 440; con la recepción de la noticia del resultado de la batalla de Waterloo, en tres días, de 458 a 412; después de la abdicación de Napoleón, de 412 a 320. ( Gentz , Werke, V, 62.) Huskisson llama correctamente a un papel moneda depreciado algo mucho peor que una moneda recortada: el recorte de la moneda es, por así decirlo, un gran golpe después del cual la gente puede volver a calcular con certeza; pero el papel moneda malo es una fluctuación continua.

935.

“La única diferencia aquí es que no es tarea de cada individuo decidir si se unirá al juego o no.” ( Helferich. )

936.

Durante el último período del asignado, cada casa estaba llena de productos, cada bolsillo, de muestras; cada "exquisito" y cada dama era comerciante, porque ya nadie confiaba en el dinero. La gente había retrocedido a la bárbara condición del comercio por trueque. ( Goncourt , Histoire de la Société française hanging le Directoire, 1854.) La constitución francesa de 1795 fijó los salarios de los miembros del Directorio en 50.000 miriogramos de trigo (art. 173, 68). En Delaware, mientras duró la depreciación del papel moneda, la renta agrícola solía pagarse en productos agrícolas. ( Ebeling , V, 37.)

937.

“De todos los artificios para engañar a la humanidad, ninguno ha sido más eficaz que aquel que la engaña con papel moneda.” ( D. Webster ). El Secretario del Tesoro estadounidense, McCulloch , afirma, en el informe del 7 de diciembre de 1868 sobre los billetes de curso legal: “No cabe duda de que estos actos han tendido a embotar y ahogar la conciencia pública, y son responsables en gran medida de la desmoralización que prevalece tan generalmente.” Niebuhr atribuye el declive de la antigua honestidad española, en la que tanto se confiaba en todos los grandes centros monetarios, principalmente a los valles . (Nichtphilol. Nachlass, 489).

938.

Esto nos trae a la mente los crímenes masivos impersonales a los que nuestros tiempos son tan terriblemente propensos, cuando muchos hombres que se horrorizarían ante un acto común de hurto o de homicidio con intención de cometerlo, roban miles a sangre fría mediante una empresa fraudulenta o, por causa de un seguro fraudulento, destruyen las vidas de toda la tripulación de un barco.

939.

Préstamos sajones de dos millones de táleros en billetes del tesoro ( Kassenbillets ), agosto de 1813, que debían devengar intereses en plata y pagarse en plata. La compra de metales preciosos, o los préstamos concedidos por el Estado en el extranjero con la intención de canjear papel moneda, logran el mismo fin a un coste mucho mayor. ( Peschel , D. Vierteljahrsschrift, 1858, III, 254.) Si la moneda consiste en billetes bancarios dotados por el Estado de circulación obligatoria y carácter irredimible, dicho préstamo metálico, realizado para reembolsar al banco un préstamo al Estado en billetes depreciados, constituye un regalo al banco sin motivo; y el dinero metálico que entra en el país fluye de vuelta al extranjero cuando se levanta la restricción bancaria, ya que, junto con los billetes apreciados, crea una circulación excesiva.

940.

Aunque en Inglaterra la suspensión del rescate de billetes duró de 1797 a 1819, la depreciación de los billetes durante la mayor parte de este tiempo no se produjo en absoluto (verano de 1797 a 1799, 1802 y siguientes) o fue muy pequeña; e incluso durante los últimos cinco años de guerra, no superó con creces el 30 %. Alrededor de 1817, los billetes volvieron a alcanzar su paridad, y perdieron muy poco durante los años siguientes, como consecuencia de los grandes préstamos de las potencias continentales en el mercado inglés. En tales circunstancias, la reiterada promesa del Estado de hacer que los billetes fueran rescatables a su valor nominal completo fue sin duda una razón convincente para la Ley Peel de 1819. A favor de esta ley se encuentran especialmente Tooke , Hist. of Prices, II, pág. 60 y siguientes, y J. S. Mill , Principles, III, cap. 13. La llamada escuela Birmingham-Atwood y Lord Ashburton , en su declaración ante el Comité Agrícola de 1836, se opusieron. Sin embargo, según Rob. Muschet , en sus Tablas que muestran las ganancias y pérdidas para los tenedores de bonos derivadas de las fluctuaciones en el valor de la moneda (1826), los acreedores estatales, en general, perdieron más por la depreciación de los bonos que por su posterior alza. Wagner también se muestra decididamente a favor de la línea de acción A.

941.

Esto ha ocurrido con frecuencia en el caso del papel moneda de una revuelta sofocada: así, por ejemplo, el húngaro de 1849; en el caso de la Confederación del Sur. Pero los asignados también tuvieron este fin, aunque, según Büsch (Werke IX, 526), las intenciones del país al principio eran buenas; y en Austria, en 1810, se hicieron muchas predicciones en esta dirección. (Per contra Rehberg , Sämmtl. Schriften. IV, 334.) No muy diferente fue la suerte de las fichas suecas ( Münzzeichen ) de Carlos XII, que fueron alteradas siete veces entre 1715 y 1718; y donde, además, las fichas cobradas en un plazo demasiado breve se transformaron en monedas de cambio de 1/32 de su valor anterior. ( Brückner en Jahrb de Hildebrand . 1864, I, 161, ss.)

942.

Así fue, por ejemplo, en Austria, en 1811 y 1820, a 1/5 y 2/5 del valor nominal, en 1799 en los Estados Unidos, en 1813 en Dinamarca con los billetes de moneda ( Courantzettel ), en 1816 en Noruega con los billetes de dólar del banco real, en Suecia en 1814 con los billetes de banco ( Bancozetteln ) al 37-½ por ciento, en 1839 en Rusia con las bankassignationen , a 2/7 de su valor nominal. De los escritores teóricos este curso es recomendado entre otros por Jacob , Staatsfinanzwissenschaft, § 980 ff.; Nebenius , Œff. Credit, 2 Aufl., ff.; Deutsche Vierteljahrsschrift, 1841, I, 65; Rau , Lehrbuch, III, § 528; Helferich , Tüb. Ztschr., 1856, 435 y sigs. Según v. Rotteck , Lehrbuch, IV 402, se puede asumir que el papel moneda se distribuye entre la gente de un país en proporción a sus recursos: que es también la hipótesis en la que se basa toda tributación directa. Por lo tanto, la depreciación gradual del papel moneda opera como la imposición de un impuesto y la reducción del valor ( Deralvirung ) es, por así decirlo, solo la liberación del mismo. Además Gentz (Werke by Schlezier, IV, 58) muestra a partir del ejemplo de Austria en 1811, que en el caso de la adopción de un papel moneda depreciado causa una mejor impresión dar 100 florines en especie por 1.000 florines en papel, que 200 florines en un nuevo tipo de papel. Los tenedores del antiguo papel moneda han perdido la confianza en el papel moneda. De similar importancia es la abolición inmediata de la circulación obligatoria del papel moneda a su valor nominal ( Prince Smith en Faucher's Vierteljahrsschrift, VII, 126 y ss.) y la introducción de la circulación obligatoria de acuerdo con las cotizaciones diarias del valor real del papel en comparación con la moneda en metálico ( Strache , Die Valuta in Œsterreich, 1861; per contra , Ad. Wagner , Tüb. Zeitschr., 1861, 606 y ss.).

943.

Medidas como las adoptadas en Austria en 1811, donde se creó una “diputación de rescate y extinción”, independiente del gobierno, que juró impedir un mayor aumento del papel moneda, no son suficientes por sí solas.

944.

El Código Civil (art. 1895) hace que el valor nominal sea completamente concluyente; así también, el Landrecht prusiano (I, § 790): que proclama la omnipotencia e infalibilidad del poder estatal de la manera más ingenua o de la más brutal. El poder otorgado por Puchta al valor metálico (Pandecten, VII, aufl., § 38) no es aplicable ni al papel moneda ni a la moneda pequeña; e ignora por completo que las monedas acuñadas y el dinero en circulación son algo diferente de las meras mercancías metálicas e incluso de las barras metálicas. El derecho civil austriaco ( bürgerliche Gesetzbuch ) decide a favor del valor corriente (986 seq.): una opinión que sostienen la mayoría de los juristas modernos desde Savigny (Obligationenrecht, I, 404; antes aún, Hufeland , Ueber die rechtliche Natur des Geldschulden, 180). Pero ni siquiera reconocen que la depreciación, por ejemplo, del papel moneda en comparación con la especie y la disminución general del poder adquisitivo son idénticas sólo en el caso del papel moneda o de las monedas reducidas que no tienen circulación obligatoria. ( A. Wagner , Tüb. Ztschr., 1863, 478 y sigs.)

945.

Supongamos que, en este momento, el Estado solo pudiera cumplir con su deber para con sus servidores hasta la mitad. Si lo admitiera francamente, pagara la mitad en buen dinero y permaneciera en deuda con la otra mitad, podría posteriormente, en tiempos mejores, compensarles a ellos o a sus herederos lo que ahora había rechazado; y así, el crédito privado, cuya perturbación el Estado solo puede sufrir, no sufriría disminución alguna. Ambas son muy diferentes cuando el Estado disfraza su insolvencia bajo la máscara del aparente pago total en papel moneda que ha perdido el 50 % de su valor nominal. En contra del mito de que los asignados salvaron a Francia, véase Levasseur , en la Acad. des Sc. m. et. pág.

946.

No es infrecuente que el papel moneda de una nación se haya visto afectado directa o indirectamente por un estado hostil. Así, por ejemplo, Inglaterra, en 1794, toleró una fábrica de asignados en Lambeth, mientras que los franceses imitaron los billetes de banco ingleses. ( Archenholz , Aenalen XI, 429.) Napoleón en 1812 emitió billetes de banco rusos falsos. ( Cancrin , Œconomie der menschl. Gesellschaft, 136. Niebuhr , Gesch. der Revolution, II, 314.) Cuando María Teresa quiso por primera vez introducir el papel moneda, Bolza, su ministro de finanzas, en su urgente llamado a que desistiera de adoptar tal medida, predijo la posterior bancarrota, etc. ( Mailath , Oesterr. Gesch., V., 83.) Adam Smith compara la circulación del oro y la plata con una autopista que, de hecho, no produce nada directamente. El papel moneda es un avance similar al que se produciría mediante la construcción de una máquina adaptada al transporte aéreo de personas y mercancías, y que permitiría que las carreteras hasta entonces utilizadas se convirtieran en prados, tierras de cultivo, etc. Ad. Smith enfatiza con mucha fuerza la inseguridad de estas "alas daédicas" en comparación con la "tierra sólida del oro y la plata", especialmente en la desgracia transitoria producida por la guerra. (W. de N., II, p. 78, Bas.) David Hume dice de todos los medios de intercambio en papel que comparten todos los perjuicios de un aumento del dinero en especie, la mejora del precio de las mercancías, el agravamiento de los obstáculos a la exportación; pero que no comparten las propiedades útiles del dinero en especie. (Discursos, sobre el dinero y sobre la balanza comercial). El joven Mirabeau impidió que Necker continuara con su plan de emitir papel moneda con las palabras: ¡el papel moneda es la peste circulante! Aunque Napoleón fue inconsecuente en su política bancaria (compárese con Horn , Bankfreiheit, 304), siempre rechazó el papel moneda. Como en 1805 escribió al ministro de Justicia: « je ne veut pas de papier monnaie» ; así, en oposición al ministro del Interior, en 1810 lo comparó con la peste: «le plus grandfléau des Nations » (Acad. des Sciences m. et p., 1864, II, 212). Sismondi también compara el papel moneda con los cañones de papel de los chinos, que ofrecen un servicio barato hasta que llega la hora del peligro. (N. Principles, II, 107). De los bancos, dice: «les avantages aussi-legers les dangers aussi graves » (Eludes, II, 421). Cancrin, Œkonomie der menschl. Gesellschaft, 1845, 152 ff., dice que cree que posiblemente hubiera sido mejor no haber establecido bancos, pero que aun así el ansia por lo nuevo es preponderadamente buena, trae consigo inventos y mejoras. Incluso Tooke considera la inseguridad del papel moneda una desventaja que contrarresta con creces su bajo precio. (Consideraciones sobre el estado de la moneda, 1829, 85.) Sobre las dudas de Jefferson y Gallatin , véase Wolowski , Enquête, 170, seq. Webster llamó al papel moneda "la más eficaz de las invenciones para fertilizar el campo del rico con el sudor de la frente del pobre". Tout papier monnaie par lui même est un mensonage. ( M. Chevalier , Cours, III, 428.) M. Niebuhr llama a los bancos un veneno que debe usarse con moderación. (Bankrevolution und Bankreform, 1846, 37.) Compárense los escritores nombrados en el § 2 .

947.

Avec la liberté un peuple n'a jamais de mauvaises monnaies ( F. Lenormant ): enteramente así, siempre que liberté se traduzca “libertad verdadera y asegurada”.

948.

Los proyectos vertiginosos de Law bajo los regentes de Orleans y los asignados de la Primera República; Austria, Rusia y Estados Unidos; la monarquía absoluta danesa y Suecia, ambas bajo Carlos XII, y sus tiempos oligárquicos. La historia del papel moneda de Rhode Island es peculiarmente escandalosa. Todas las deudas debían pagarse en un plazo de dos años o se declararían inválidas, y en tales casos se prescindía de los jurados. ( Ebeling , Gesch. und Erdbeschreib. von N. America, II, 173 y ss.)

949.

Ad. Müller compara el dinero metálico “cosmopolita” con un idioma universal: el papel moneda ata a uno al país, ya que a las personas no les gusta viajar al extranjero cuando solo entienden su lengua materna. Como el papel moneda obliga a los súbditos a interesarse por el estado, un estado como Austria actuaría muy insensatamente si comenzara su reorganización mejorando sus valores depreciados ( Valuta ). (Elemente der Staatskunst, 180, III, 171; II, 339 ss.) Incluso en 1830, encontró fallas en el préstamo austriaco para el pago del papel moneda. (Briefwechsel mit Gentz, 321 seq.) Elogió el papel moneda porque afirmó que llevó a un país de vuelta a la economía de trueque y servicio de la Edad Media. (Verm. Schriften, I, 59 ss.) De manera similar, Gentz , en sus escritos posteriores. Compárese con Roscher , Gesch., der N. Œk., en Deutschland, II, 762.

950.

¿Quién, por ejemplo, guardaría un dólar de papel en la caja de ahorros para su ahijado? En este sentido, también los países orientales han conservado gran parte de la tradición medieval. Sobre la aversión de los egipcios actuales por el papel moneda, véase Stephan , Ægypten, 250 ss. Esto resulta aún más sorprendente, ya que durante varios meses después de la cosecha, se envían diariamente por correo desde Alejandría entre 4.000.000 y 8.000.000 de piastras en especie a particulares en las provincias. A esto se suma la enorme diferencia entre las monedas francesas, inglesas y austriacas que circulan en el país, cuyas cotizaciones son muy diferentes en las distintas provincias. La situación es aún peor en Arabia. ( v. Maltzan , Reise, I, 27.)

951.

Compárese v. Schlozer , Anfangsgründe, I, 140 y sigs. M. Niebuhr (Rau's Archiv. NF II, 125) considera que el papel moneda se adapta mejor a países sin intercambio comercial, pero que al mismo tiempo requieren una especie de dinero de fácil cálculo y transporte (Rusia); países cuya economía nacional tiene un crecimiento extraordinariamente rápido (Estados Unidos); y en países excepcionalmente sólidos (Escocia).

952.

List , Nat. System der politischen Œk., I, 394. Un particular de escasos recursos que emprendiera un viaje sin dinero se vería expuesto a todo tipo de contratiempos; un rey o un Rothschild, en cuanto fuera reconocido como tal, encontraría crédito en todas partes. Así, los empresarios ingleses tienen deudas pendientes en todo el mundo, que podrían ser exigidas sin mayor dificultad en metales preciosos. Cuanto más se desarrolle la división del trabajo, mejor podrá verse reflejada la situación de la economía de una nación en el desarrollo de su sistema bancario y sus exportaciones e importaciones.


*** FIN DEL LIBRO ELECTRÓNICO PROYECTO GUTENBERG PRINCIPIOS DE ECONOMÍA POLÍTICA, VOL. 1 ***

         


 

 

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