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ISRAEL, MITOS FUNDACIONALES Y DESMITIFICACIÓN

Mar Gijón Mendigutia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Israel, Mitos Fundacionales Y Desmitificación

Mar Gijón Mendigutia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                            

 

 

 

 

Los “Nuevos Historiadores” Israelíes:

MITOS FUNDACIONALES Y DESMITIFICACIÓN

Mar Gijón Mendigutia

Procedencia Del Texto: Revista De Estudios Internacionales Mediterráneos - REIM - Nº 5 - Mayo-Agosto 2008 - Pp. 27-41       Http://Www.Uam.Es/Otroscentros/TEIM/Revista/Numeros.Htm

 

 

 

 

 

 

Resumen

En el presente artículo trataremos el nacimiento de la Cuestión pales-tina y por extensión el del problema de los refugiados palestinos bajo el prisma de los llamados “nuevos historiadores” israelíes. Éstos han sido los actores determinantes que han echado abajo los mitos crea-dos por Israel -y mantenidos también por los países occidentales- que ha¬bía en torno a los sucesos que ocurrieron durante y después de la gue¬rra de 1948, y en especial, lo relacionado con la expulsión de los habitantes nativos palestinos que se convirtieron en refugiados.

La denominación de “nuevos historiadores” la recibió un grupo de investigadores israelíes en la década de 1980,[ ] siendo los más repre-sentativos Benny Morris, Tom Segev, Avi Shlaim, Ilan Pappé y Sim-ha Flapan.[ ] Llevaron a cabo distintos trabajos de investigación sobre la fundación del estado de Israel y de la guerra de 1948, que se pudie-ron realizar ante la desclasificación masiva de la documentación ar-chivada sobre todo en Israel -y también en Cisjordania y Occidente-, lo que permitió que pudieran indagar y sacar a la luz nuevos datos descono¬cidos o tergiversados hasta el momento.[ ] Estos estudios se plasmaron en distintas obras,[ ] las más representativas son: The Birth of the Pales¬tinian Refugee Problem 1947¬-1949, libro imprescindible de Benny Morris y ya un clásico al respecto;[ ]; 1949; The First Is-raelis, de Tom Segev; Collusion across the Jordan. King Abdallah, the Zionist Movement and the Partition of  Palestine,[ ] de Avi Shlaim; Britain and the Arab-Israeli Conflict 1948-1951, de Ilan Pappé;[ ] The Birth of Israel, Myth and Realities,[ ] de Simha Flapan.

 

 

Según podemos comprobar en palabras de Benny Morris «a lo largo de los años, la historia del conflicto árabe-sionista ha experimentado una innovación interpretativa, aclaratoria. [...] Y esto [...] ha posibili-tado una ruptura en la historiografía [...] que es comúnmente denomi-nada la “nueva historiografía”».[ ] Pero, no obstante; «hizo falta un cambio de dirección en la historiografía israelí para que comenzara a emerger la realidad… y el discurso que cuestiona el relato sionista se hiciera creíble… Este discurso se vuelve legítimo porque es objeto de un trabajo de historiadores israelíes; ni los testimonios de miles de víctimas, ni las investigaciones de historiadores árabes, ni la misma realidad empírica habrían podido romper el monopolio del relato sio¬nista, en tanto los propios investigadores israelíes no hicie-ran coinci¬dir sus investigaciones con el discurso de las víctimas».[ ]

Efectivamente, es muy importante destacar que la búsqueda de archi-vos por parte de estos historiadores israelíes tendió a afirmar las prin¬cipales tesis de los palestinos al relatar lo que venían argumen-tando desde 1948. Por lo que hay que recordar que «[...] las versiones de la historia producidas por la historiografía tradicional árabe son funda¬mentalmente diferentes de los mitos sobre el origen de Israel [...]».[ ] Algunos de los primeros investigadores y estudiosos palesti-nos que se documentaron y realizaron trabajos previamente fueron Constantine Zurayk, Arif al-Arif y Walid Khalidi.[ ] Además hay otros estudiosos, tanto palestinos como extranjeros, a los que no se incluyen en el grupo de “nuevos historiadores”, pero que han aporta-do otras obras relevan¬tes en este campo como Nur Masalha, Elias Sanbar, Sharif Kanaana, Nafez Nazzal, Elias Shoufani, Rashid Khali-di, Norman G. Finkelstein y Erskine Childers entre otros.[ ]

No obstante, independientemente de denominaciones, de quien haya escrito estos trabajos, o en una época más tardía o más temprana, to-dos estos estudios son imprescindibles y forman parte de un todo, de un movimiento del que son partícipes cada uno de ellos de alguna forma, y que propició que en un determinado momento —que arran-có en los años ochenta con la invasión de Líbano y continuó hasta alcan¬zar su máximo apogeo con la primera Intifada— se encontrasen mu¬chos de ellos y conocieran las distintas investigaciones de los de-más, lo que motivó nuevos planteamientos. Como explica Ilan Pappé: 

En esos años la Intifada abrió un nuevo capítulo en el diálogo palestino-israelí que esencialmente llevaba el sector universi-tario.[ ]  [...] Gracias a este diálogo la mayoría de los inves-ti¬gadores israelíes que se ocupaban de la historia de su país y no estaban vinculados a grupos políticos extremistas conocie-ron la versión histórica de sus colegas palestinos. Muchos de ellos, con motivo de este encuentro, pudieron apreciar el au-téntico valor de unos trabajos universitarios que hasta en-tonces se consideraban pura propaganda. Salieron a relucir algunos capítulos desagradables o vergonzosos de la historia israelí. Pero sobre todo los investigadores israelíes tomaron conciencia de la contradicción fundamental entre las aspira-ciones nacionales sionistas y su ejecución a expensas de la población local de Palestina.[ ]

Por lo tanto, se hizo evidente que esta “nueva historiografía” israelí estaba en consonancia con una nueva imagen crítica, que influía en varias disciplinas de las ciencias sociales, y en la mayoría de los pro-fesores de las universidades israelíes. Estos “nuevos historiadores”, y por extensión, los también denominados como “nuevos sociólogos” habían sido debidamente presionados por las instituciones para estu-diar y enseñar la historia de Israel, y por esta razón, al constatar dis-tintas fuentes, fueron los primeros en rechazar la reflexión conven-cio¬nal del propio sistema.[ ]

El debate suscitado pasó de las publicaciones académicas más espe-cializadas, por lo general, más restringidas, a los periódicos y en es-pe¬cial a los artículos del popular diario israelí Haaretz. Lo que pro-vocó que la polémica en torno a las ideas de los “nuevos historiado-res” lle¬gase a toda la población. A esto también ayudó en gran medi-da la pu¬blicación de varios libros anteriormente mencionados.[ ]  Como  conse¬cuencia, estas circunstancias permitieron que todo ello fuera de dominio público, y después de que pasara el tiempo sufi-ciente, se pudo hablar de un verdadero fenómeno cultural,[ ] pero que como veremos más adelante tendría distintas connotaciones.

La prensa nacional israelí, en general, califica a estos investigadores de “postsionistas”,[ ] aunque bien es cierto que entre ellos hay quie-nes rechazan este término.[ ] Por ejemplo, el historiador Nur Masal-ha los considerará así «los autores israelíes no son un grupo monolí-tico; van desde sionistas progresistas hasta el “postsionismo”, desde el historiador positivista de la vieja escuela hasta el relativista “postmo¬derno”».[ ] Ante las distintas denominaciones de las que son objeto estos intelectuales, algunos de ellos, como Ilan Pappé, piensa que lo que sería más adecuado sería llamarles “revisionistas”.[ ] No obstante, Benny Morris rechaza este término porque puede recordar el movi¬miento revisionista del sionismo de Zeev Jabotinsky lo que puede lle¬var a “confusión”. También evita esta denominación porque para él «en general, los “viejos historiadores” de Israel no eran real-mente historiadores, ni produjeron auténticamente historia. En reali-dad eran cronistas, y con frecuencia apologistas».[ ]

 

“Nuevos”[ ] y “Viejos” historiadores 

A mediados de los años noventa, el gran debate histórico que se esta-ba produciendo en Israel provocó un enfrentamiento académico entre la vieja guardia y los “nuevos historiadores”.[ ]

Los “viejos historiadores” -como responsables directos de los mitos fundacionales- se vieron obligados a defender mejor su terreno ante estos «inquietantes» estudios. Empezaron atacando a los “nuevos his-toriadores” calificándolos como «judíos que se odiaban a sí mismos» e hicieron algo muy parecido a una caza de brujas.[ ] Entre algunos de los argumentos que esgrimieron para acusarles se encontraban los de reescribir la historia a imagen y semejanza de sus enemigos, (ára-bes y palestinos), y  buscar la propia destrucción del estado de Israel al so¬cavar su legitimidad. Para este propósito la vieja guardia no re-paró en hacer uso de los medios de comunicación estatales y así con-seguir que la opinión pública se movilizase y estuviera en contra de los «traido¬res», al mismo tiempo que manipulaban los miedos y la aprensión de esta sociedad.[ ]

Estos ataques procedían no solo de historiadores ortodoxos como Shabtai Teveth, Anita Shapira, Shlomo Aharonson, Itamar Rabino-wich, Efraim Karsh, Yoav Gelber y Abraham Sela sino también de algunos escritores y periodistas populares del estilo de Aharon Meg-ged, Hanoch Bar-Tov o David Bar-Ilan.[ ] No obstante, sus oponen-tes, sobre todo, Benny Morris, defendieron que la nueva ideología había nacido precisamente porque «Israel ya era mayor de edad, sufi-cientemente fuerte y reconocido su derecho a la existencia por sus enemigos árabes».[ ]

A lo largo de los años, muchos académicos israelíes optaron por el compromiso sionista y por las versiones “oficiales” de los hechos «causadas por las exigencias de sus profesiones y los requerimientos del estado sionista-judío».[ ] Por eso no es sorprendente que las cla-ses dirigentes políticas y académicas reaccionaran de esa forma ante la “nueva historiografía”. Hicieron todo lo posible para boicotear en to¬dos los ámbitos esos primeros pasos dados hacia una autocrítica y concienciación en el reconocimiento del papel de Israel en el Desas-tre palestino.

Algunas pruebas de esto son que tanto los académicos con mayor po-der, fieles a los principios sionistas, como en los departamentos de Estudios de Oriente Próximo de las universidades israelíes siguen ig-norando e intentan ocultar la Nakba palestina como hecho histórico u objeto de estudio.[ ] Y para alcanzar este objetivo forman parte de las numerosas represalias que se han llevado a cabo contra los “nue-vos historiadores” o todo aquel que vaya contra el establishment sio-nista.

Por ejemplo, la persecución que se hizo a Teddy Katz y utilizando este pretexto a Ilan Pappé. Teddy Katz estudiante en la Universidad de Haifa llevó a cabo su tesis con los datos suficientes para probar que se había producido una matanza en Tantura en 1948 ejecutada por la bri¬gada Alexandroni, pero ante la polémica desatada y las pre-siones a las que le sometieron tuvo que firmar una declaración y re-conocer lo in¬fundado de su investigación. Aún así, Ilan Pappé, profe-sor de Historia en la misma universidad, secundó este trabajo por los sólidos datos que demostraban que esa masacre realmente había teni-do lugar. Como consecuencia, el consejo de disciplina quiso despe-dirle con la excusa de este respaldo público. No obstante, gracias al apoyo internacional se evitó la exclusión pero quedó claro que la universidad «ya no era un refugio de liberalismo, y que las autorida-des no tenían ningún re¬paro en iniciar una caza de brujas contra quie-nes se negaban a adap¬tarse al nuevo orden intelectual y moral».[ ]

Algo similar le ocurrió a Benny Morris después de la publicación de sus obras. Fueron numerosas las voces que querían retirarle como pro¬fesor de la Universidad Ben Gurión de Israel por «manchar el nombre de esta universidad», o a Simha Flapan al que  su propio kibbutz se negó a enterrarle en sus tierras a causa de su libro The Birth of Israel, Myth and Realities, considerado herético en su épo-ca.[ ]

 

Mitos fundacionales y desmitificación

Como destacamos anteriormente, los mitos fundacionales en la crea-ción del estado de Israel son una serie de tesis oficiales sionistas vali-dadas y seguidas por las principales esferas académicas y políticas israelíes. Estas versiones han sido extendidas y mantenidas en el res-to del mundo a lo largo de los años, hasta que han visto la luz una serie de nuevas investigaciones llevadas a cabo por un grupo de estu-diosos israelíes, palestinos y en menor medida extranjeros. Estos han conse¬guido «desmontar» uno a uno los diferentes mitos a través de diversas fuentes, siendo la más importante la información procedente de los archivos israelíes desclasificados de la guerra de 1948.

Por ejemplo, el mito de «una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tie-rra», base fundamental del sionismo antes de la guerra de 1948 y que no se han cansado de divulgar por doquier los líderes israelíes, no es tan solo «un famoso lema propagandístico sionista desde sus inicios. Aparece en casi toda la historiografía sionista israelí que trata de la construcción de la nación».[ ] Muchos de los judíos israelíes han creído a pies juntillas que Palestina estaba deshabitada y era un de-sierto hasta que aparecieron ellos.

Curiosamente este «kafkiano» mito cae por sí mismo al dar paso a otro de los más importantes y más utilizado por los israelíes como es el de que los dirigentes árabes realizaron diversos llamamientos a la población a través de la radio, e instaron a los palestinos a que huye-ran, abandonasen sus casas, y todo ello voluntariamente. Como con-trapartida, estos historiadores proporcionaron la prueba de la expul-sión planificada de 750.000¬ - 800.000 palestinos en 1948. Por una parte, se comprobaron los archivos radiofónicos que no revelaban ningún llamamiento. Y, por otro lado, el estudio del Plan Dalet o Plan D, probó realmente que el objetivo sionista era hacer desapare-cer la comunidad palestina y expulsar a todos sus miembros, (con masacres y distintas matanzas a menor o mayor escala), con la inten-ción de acelerar el éxodo de la población.

Por último, se encuentra el mito de que Israel era «débil» ante su po-deroso «enemigo árabe», además de que cuando terminó la contienda quería firmar la paz con los diferentes países de la zona, algo que, como comprobaremos más adelante, también han desmentido los nue¬vos estudios.[ ]

A continuación detallaremos algunos de estos mitos por su relevan-cia, especialmente el mito del éxodo voluntario de los palestinos.[ ]

Mito primero: el éxodo voluntario de la población palestina

Según la historiografía tradicional israelí, los palestinos, como mu-cho 500.000, partieron voluntariamente respondiendo a los llama-mientos de los dirigentes árabes. Incluso se llega a decir que los líde-res judíos intentaron persuadirles para que se quedaran.[ ] Al igual que tampoco se había planeado ninguna expulsión, y las escasas ma-tanzas que hubo que lamentar, según los israelíes, -como Deir Yas-sin, el 9 de abril de 1948- fueron perpetradas por tropas extremistas e incontroladas perte¬necientes al Irgún de Menahim Beguin y el Stern de Yitzhak Sha¬mir.[ ]

Pero para los historiadores fue una expulsión a conciencia «según lo dispuesto en un plan político-militar jalonado de matanzas».[ ] Co-mo demuestran los análisis posteriores, uno de ellos realizado por Benny Morris, los archivos no recogen ningún llamamiento nacional, pales¬tino o árabe. Tampoco hay ninguna prueba de que los países árabes, ni el Alto Comité Árabe (ACA) promovieran un éxodo masi-vo, ni de que hubieran dado instrucciones generales o hecho llama-miento alguno a los palestinos para que huyeran de sus hogares.

También, Walid Khalidi, en un análisis anterior y más profundo, exa-minó, por un lado, los archivos radiofónicos y buscó cualquier indi-cio de las supuestas órdenes de los líderes árabes, y por otra parte, al mismo tiempo, continuó su investigación partiendo de la idea de que si no se habían realizado estos llamamientos, por lo tanto, se había producido una expulsión a gran escala de esta población. Para ello pudo reunir los datos suficientes y sacar a la luz el denominado Plan Dalet que corroboró esta teoría.

Archivos radiofónicos y el Plan Dalet

En primer lugar, para desmentir esta tesis, Walid Khalidi inició su investigación consultando los archivos de radio de la BBC en el Bri-tish Museum de Londres:

Si las órdenes se hubieran emitido por radio [...] y si se hu-bie¬ran escuchado en […] pueblos y […] ciudades provocando la salida precipitada de miles de habitantes, tendría que ha-ber grabaciones con rastros o ecos de esas órdenes. Había que buscarlos en los archivos de las estaciones de observa-ción de los gobiernos británico y estadounidense [...] que cu-brían toda la zona de Oriente Próximo [...]  

No encontró el menor rastro de órdenes de evacuación en el bando árabe; por el contrario, las emisoras árabes habían dado instrucciones a los palestinos para que permaneciesen en sus casas. A Walid Kha-lidi, por otra parte y por separado, se le unió el escritor Erskine Chil-ders quien examinaría también los archivos de la BBC y llegaría a las mismas conclusiones que él.[ ] Mientras tanto, en la revista The Spec¬tator se producía un debate-enfrentamiento entre Childers, Kha-lidi y Jon Kimche.[ ] Finalmente, se pudo demostrar irrefutablemen-te lo que aquellos ya sabían, que los llamamientos nunca habían exis-tido y que no se había producido ningún exilio voluntario.

Desmentida esta teoría de los llamamientos y del éxodo voluntario, Walid Khalidi, consiguió dilucidar el Plan Dalet o Plan D,[ ] al re-cons¬truir distintas fuentes sionistas como el libro de los hermanos Kimche, Jon y David, A Clash of Destinies, la obra del antiguo mili-tar Netanael Lorch, The Edge of the Sword,[ ] y las fuentes en he-breo Sefer HaPalmah, Qravot 5708, y Sefer Toldot HaHaganah.[ ]

En definitiva, el Plan Dalet y el estudio que conlleva, es la prueba de-cisiva que demuestra que existió y que se ejecutó este plan como par-te de una gran estrategia general urdida por el movimiento sionista, in¬cluso «la inspiración del Plan D es el propio concepto sionista, su aplicación tiene su origen en el pensamiento estratégico del sio-nismo».[ ] Las pautas trazadas y los objetivos marcados llevaban a un mismo fin: la creación de un estado judío. Y sabían que si querían alcanzarlo era preciso hacer desaparecer la comunidad que había pre-viamente, destruyendo las bases que la sustentaban, expulsando a sus habitantes y cometiendo asesinatos para que ese éxodo fuera más rápido y eficaz.

Además, la importancia de este estudio y del Plan Dalet radica en que este plan, acompañado de otras estrategias, fue la “causa”, y el efecto el nacimiento de la Cuestión palestina y el problema de los refugia-dos palestinos. Su ejecución inició una interminable y dramática «si-tua¬ción» aún sin resolver y parte indispensable de la solución del con¬flicto, los refugiados.

 

El Concepto de Traslado

Otro de los aspectos que lleva consigo el “mito del éxodo voluntario” y que es preciso resaltar y centrarnos en él es el término de “trasla-do” o “transferencia” de la población —eufemismos utilizados para deno¬minar la expulsión—. Este concepto ha sido el «protagonista» en la planificación de la política sionista durante el siglo pasado. La demo¬grafía palestina y la cuestión de la tierra ya estaban en el núcleo mismo de la idea preconcebida sionista de “traslado” y de los planes secretos para llevarlo a cabo entre 1930 y 1940.[ ]

Hay numerosas pruebas basadas en documentos de archivos israelíes que revelan que los principales políticos como Chaim Weitzman, pri-mer presidente de Israel, David Ben Gurión, primer ministro, y Mos-he Sharret, ministro de Asuntos Exteriores, habían aprobado previa-mente «el “traslado” entre 1937-1948 y previsto la “limpieza de la tierra” en 1948». Además, intentaron por todos los medios influir en las pro¬puestas de la Comisión Peel en 1937, en la cual se proponía una parti¬ción de Palestina entre árabes y judíos, algo que conllevaba de por sí la idea de la “transferencia”.[ ]

El estallido de la guerra también demostró que la evacuación masiva solo era posible si iba acompañada de gran número de atrocidades. Así lo constata el historiador militar israelí Arieh Yitzhaki al afirmar que las fuerzas judías perpetraron importantes matanzas, entre 1948-49, y otras menores (individuos o grupos pequeños) en casi todos los pue¬blos. Otro historiador en la línea de Yitzhaki que corrobora esta ver¬sión, Uri Milstein, va más allá al afirmar que en 1948 todas las bata¬llas terminaron en matanzas.[ ]

Además, en agosto de 1948, en clara sintonía con la política planifi-cada y aplicada hasta entonces por los sionistas, el gobierno israelí dio un paso más y creó un Comité de Traslado que estaba encargado «formal y oficialmente (aunque en secreto)» de dirigir el asentamien-to de los refugiados palestinos en los países árabes. De este comité saldrían las principales líneas de acción de la propaganda israelí so-bre los refugiados palestinos, «así como algunos de los mitos del 48». Formaban parte de él, el alto consejero de Asuntos Árabes del ministe¬rio de Asuntos Exteriores, Ezra Danin, el consejero del primer minis¬tro de Asuntos Territoriales, Zalman Lifshitz, y Yosef Weitz, jefe del departamento de Colonización de Tierras del Fondo Nacional Judío.[ ] El espíritu de este comité se puede observar en las propias palabras de Yosef Weitz:

«debemos tener clara una cosa: en este país no hay sitio para dos pueblos [...] y la única solución es la tierra de Israel sin árabes [...] trasladar a los árabes de aquí a los países vecinos [...]. No tiene que quedar ni un solo pueblo, ni una sola tribu beduina».[ ]

Finalmente, también los análisis de este estudio presentan claramente a un Ben Gurión que «acariciaba la idea del “traslado” desde hacía tiempo» a la vez que dirigía la expulsión de los árabes y la confisca-ción de sus bienes, pero no obstante, muy preocupado en no dejar ras-tro de su responsabilidad. Con este objetivo se expurgaron de los ar-chivos ciertos textos con alusiones al “traslado” y las operaciones de expulsión que estaban planeadas o ya habían sido ejecutadas.[ ]

Como hemos visto con el Plan Dalet y la idea misma de “traslado”, podemos decir que había y se seguía un verdadero plan, un gran plan -que se fue gestando en distintos espacios y esferas políticas sionistas y prosionistas- para poder crear el estado de Israel y seguir poniéndo-lo en práctica una vez que esto se hubiera alcanzado. Para ello ejecu-tar¬ían tácticas atroces que facilitarían la expulsión, afianzarían lo conse¬guido, e impulsarían una rápida colonización de la tierra. Así que, como podemos comprobar ahora, cuando Ben Gurión declaró en el consejo de ministros, en junio de 1948, su intención de evitar el re-greso de los refugiados palestinos «a cualquier precio», en realidad formaba parte de un programa político muy concreto. 

 

Mito segundo:

un frágil Israel frente a un poderoso enemigo árabe

 

En primer lugar, forma parte también de este mito reflejar la funda-ción de Israel como heroica al verse como una «victoria milagrosa» de «personas desvalidas»,  pues era común difundir la idea de que la comunidad judía estaba formada por un gran número de supervivien-tes del holocausto a duras penas capaces de combatir. 

En segundo lugar, el gran desequilibrio que había entre «la minoría judía y la multitud árabe» ha sido descrito por los “viejos historiado-res” en numerosas ocasiones. Pero nuevamente, la apertura de los ar-chivos ha determinado esta línea de investigación con un nuevo enfo-que y contrario al relato sionista predominante: el Yishuv y el resto de judíos en Palestina no estaban en inferioridad de condiciones y su po¬der no era menor que el de los ejércitos árabes. Es decir, el mito de la lucha de David contra Goliat constantemente repetida en los dis-tintos ámbitos israelíes realmente no se produjo. 

También se ha demostrado que era errónea la idea de que todos los estados árabes se unieron conjuntamente, el 15 de mayo de 1948, para destruir el recién creado estado israelí, invadir Palestina y ex-pulsar a sus habitantes judíos. Las distintas investigaciones, por ejemplo en este caso de Simha Flapan, concluyen que los países ára-bes no tenían por objeto la liquidación del nuevo estado, sino preve-nir la aplicación de un amenazante acuerdo entre el gobierno provi-sional judío y el rey Abdallah con su proyecto de crear de nuevo una “Gran Siria” .

Tampoco, como ha indagado Avi Shlaim, la situación que aparece a partir de la guerra de 1948 es la de «un Israel completamente solo contra la fuerza combinada de todo el mundo árabe».  Lo cual corro-bora Benny Morris: «el mapa en el que se ve un Israel minúsculo ro-deado de un mundo árabe gigantesco no reflejaba con exactitud -ni tampoco lo hace hoy- la verdadera relación de fuerzas militares en la región». 

El rechazo de todos estos aspectos se centra en distintas pruebas. Por un lado, los nuevos documentos encontrados confirman la superiori-dad de las fuerzas israelíes en efectivos, en armamento (tierra, mar y aire), en un mejor entrenamiento, y una mayor experiencia y coordi-nación. Además de un claro respaldo por parte de dos de los países más poderosos, Estados Unidos y la URSS. Con este último, el apoyo se hizo mucho más patente en el ámbito diplomático y militar. 

Por otra parte, otra prueba en la que se han centrado los estudios ha sido en la importancia de la mencionada alianza transjordana-sionista que emergió durante 1930-1940.  Según las investigaciones de Avi Shlaim, esta alianza demuestra que se produjo un acuerdo secreto el 17 de noviembre de 1947 (días antes del plan de partición de la ONU) entre Golda Meir y el rey Abdallah de Transjordania. En él se repart-ían Palestina, y la Legión Árabe (único ejército árabe poderoso en la zona) se comprometía a no cruzar la frontera del territorio que sería asignado al estado judío.  Con ello los sionistas pretendían en pri-mer lugar frustrar la creación de un estado árabe. Y al mismo tiempo se intentaba incrementar el territorio asignado por Naciones Unidas.   A todo ello también contribuyó evitar la guerra contra los estados árabes en su conjunto, pues Israel sabía la total desunión que había entre ellos a causa de sus diferentes intereses. 

La Legión Árabe participaría en la guerra a partir del 15 de mayo de 1948, pero, como se ha constatado, no penetró nunca en territorio isra¬elí, ni tomó la iniciativa en las grandes batallas, menos en el caso de Jerusalén. Jerusalén fue el único punto en discordia y coincide con el único lugar en el que se enfrentó la Legión Árabe de Transjordania y las fuerzas israelíes con la huída de estos últimos .

Finalmente, cuando se firmaron los distintos armisticios al final de la contienda en 1949, el pacto secreto judeo-jordano se impuso al plan de partición de la ONU y consiguieron así lo que pretendían; Jordania ocupó y se anexionó Cisjordania, e Israel, el gran beneficiado, au-mentó en un tercio la superficie de lo que le había sido atribuido por las Naciones Unidas.

 

Mito tercero:

el deseo de paz expresado por Israel al finalizar la guerra 

 

De nuevo, según la versión oficial, Israel siempre ha “tendido su mano” para alcanzar la paz, pero dado que los líderes árabes desde un principio no reconocieron su derecho a existir, nunca ha habido nin-gún interlocutor con quien negociar.

Como respuesta, los nuevos estudios han demostrado que desde fina-les de la Segunda Guerra Mundial hasta 1952, Israel rechazó pro-puestas realizadas por los estados árabes y por mediadores neutrales que podrían haber alcanzado un acuerdo.  Estas investigaciones apun¬tan a que los líderes árabes y sus gobiernos estuvieron prepara-dos para negociar una solución del conflicto antes, durante y después de la guerra de 1948. Y la conclusión general que se puede obtener es que tanto Egipto como Siria y los palestinos demostraron por sus acciones que había oportunidades para la paz, pero que Israel no es-tuvo prepa¬rado o no fue capaz de pagar el precio requerido,  e inclu-so desairó algunas propuestas. 

El ejemplo más representativo y extraordinario de estos ofrecimien-tos es el del caso de Siria. Tras el golpe de Estado ideado por el coro-nel sirio Husni Zaim, éste propuso que Siria absorbiera y reasentara a 300.000 refugiados palestinos en la zona de Yazira, al norte del país.  Esta región con su escasa población y tierra fértil proporcio-naba las condiciones ideales para un reasentamiento a gran escala. Husni Zaim pensaba que con esta propuesta el proyecto sería finan-ciado externa¬mente y que esta medida conllevaría numerosos benefi-cios para Si¬ria.  Por lo tanto, mientras que la idea fue recibida de forma entu¬siasta por Estados Unidos, Israel despreció la oferta. Aun-que algunos intentaron destacar la oportunidad única que se presen-taba, el go¬bierno israelí no aceptó, pues Ben Gurión estaba determi-nado a impo¬ner armisticios-tratados por la fuerza militar, no acuer-dos de paz.  Cuando empezaron a replantearse esta sugerencia ya era demasiado tarde: Zaim había sido derrocado por un nuevo golpe mi-litar.

Finalmente, como colofón a este artículo debemos hacer ciertas ob-ser¬vaciones. Como resalta Dominique Vidal: «es normal […] que las conclusiones de los “nuevos historiadores” molesten y disgusten a muchos israelíes, porque lo que se ha desvelado no es una página cualquiera de su historia, es ni más ni menos que “el pecado original” de Israel […] . 

Efectivamente es el “pecado original” de Israel. Y es fundamental se-ñalar que el estudio realizado por los distintos investigadores, en lo que respecta a la guerra de 1948, refleja claramente que la cuestión de la responsabilidad del éxodo palestino «no se resolverá hasta que no se resuelva la propia Cuestión palestina».

Con los estudios realizados sobre la Nakba se pretende tratar el ori-gen mismo del problema. Además, debatir sobre las causas y circuns-tan¬cias del éxodo puede reflejar el abanico de soluciones que se pro-pon¬gan al problema de los refugiados.  Es decir, no se trata simple-mente de contar lo que ocurrió en 1948 como «un ejercicio sin nin-gún propósito en la historia».  De lo que se trata es de resaltar, como ex¬plica Nur Masalha:

Solo si se comprende […] la Nakba sufrida por el pueblo palestino en 1948 se podrá comprender la importancia del derecho al retorno para los palestinos. El dolor infligido […] solo puede enderezarse median-te un reconocimiento de su derecho a regresar a su tierra y su derecho a la restitución de sus propiedades. […] Una reconciliación genuina entre ambos pueblos […] solo será posible cuando Israel asuma la responsabilidad por haber sido el principal artífice del problema de los refugiados palestinos.    

 

 

 

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