© Libro N° 13971. Israel, Mitos
Fundacionales Y Desmitificación. Gijón
Mendigutia, Mar. Emancipación.
Junio 21 de 2025
Título Original: © Israel, Mitos Fundacionales Y
Desmitificación. Mar Gijón Mendigutia
Versión Original: © Israel, Mitos Fundacionales Y Desmitificación. Mar Gijón
Mendigutia
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ISRAEL, MITOS FUNDACIONALES
Y DESMITIFICACIÓN
Mar Gijón Mendigutia
Israel, Mitos
Fundacionales Y Desmitificación
Mar Gijón Mendigutia
Los “Nuevos
Historiadores” Israelíes:
MITOS FUNDACIONALES
Y DESMITIFICACIÓN
Mar Gijón
Mendigutia
Procedencia Del
Texto: Revista De Estudios Internacionales Mediterráneos - REIM - Nº 5 -
Mayo-Agosto 2008 - Pp. 27-41
Http://Www.Uam.Es/Otroscentros/TEIM/Revista/Numeros.Htm
Resumen
En el presente artículo trataremos el nacimiento de la Cuestión
pales-tina y por extensión el del problema de los refugiados palestinos bajo el
prisma de los llamados “nuevos historiadores” israelíes. Éstos han sido los
actores determinantes que han echado abajo los mitos crea-dos por Israel -y
mantenidos también por los países occidentales- que ha¬bía en torno a los
sucesos que ocurrieron durante y después de la gue¬rra de 1948, y en especial,
lo relacionado con la expulsión de los habitantes nativos palestinos que se
convirtieron en refugiados.
La denominación de “nuevos historiadores” la recibió un grupo de
investigadores israelíes en la década de 1980,[ ] siendo los más
repre-sentativos Benny Morris, Tom Segev, Avi Shlaim, Ilan Pappé y Sim-ha
Flapan.[ ] Llevaron a cabo distintos trabajos de investigación sobre la
fundación del estado de Israel y de la guerra de 1948, que se pudie-ron
realizar ante la desclasificación masiva de la documentación ar-chivada sobre
todo en Israel -y también en Cisjordania y Occidente-, lo que permitió que
pudieran indagar y sacar a la luz nuevos datos descono¬cidos o tergiversados
hasta el momento.[ ] Estos estudios se plasmaron en distintas obras,[ ] las más
representativas son: The Birth of the Pales¬tinian Refugee Problem 1947¬-1949,
libro imprescindible de Benny Morris y ya un clásico al respecto;[ ]; 1949; The
First Is-raelis, de Tom Segev; Collusion across the Jordan. King Abdallah, the
Zionist Movement and the Partition of
Palestine,[ ] de Avi Shlaim; Britain and the Arab-Israeli Conflict
1948-1951, de Ilan Pappé;[ ] The Birth of Israel, Myth and Realities,[ ] de
Simha Flapan.
Según podemos comprobar en palabras de Benny Morris «a lo largo de los
años, la historia del conflicto árabe-sionista ha experimentado una innovación
interpretativa, aclaratoria. [...] Y esto [...] ha posibili-tado una ruptura en
la historiografía [...] que es comúnmente denomi-nada la “nueva
historiografía”».[ ] Pero, no obstante; «hizo falta un cambio de dirección en
la historiografía israelí para que comenzara a emerger la realidad… y el
discurso que cuestiona el relato sionista se hiciera creíble… Este discurso se
vuelve legítimo porque es objeto de un trabajo de historiadores israelíes; ni
los testimonios de miles de víctimas, ni las investigaciones de historiadores
árabes, ni la misma realidad empírica habrían podido romper el monopolio del
relato sio¬nista, en tanto los propios investigadores israelíes no hicie-ran
coinci¬dir sus investigaciones con el discurso de las víctimas».[ ]
Efectivamente, es muy importante destacar que la búsqueda de archi-vos
por parte de estos historiadores israelíes tendió a afirmar las prin¬cipales
tesis de los palestinos al relatar lo que venían argumen-tando desde 1948. Por
lo que hay que recordar que «[...] las versiones de la historia producidas por
la historiografía tradicional árabe son funda¬mentalmente diferentes de los
mitos sobre el origen de Israel [...]».[ ] Algunos de los primeros
investigadores y estudiosos palesti-nos que se documentaron y realizaron
trabajos previamente fueron Constantine Zurayk, Arif al-Arif y Walid Khalidi.[
] Además hay otros estudiosos, tanto palestinos como extranjeros, a los que no
se incluyen en el grupo de “nuevos historiadores”, pero que han aporta-do otras
obras relevan¬tes en este campo como Nur Masalha, Elias Sanbar, Sharif Kanaana,
Nafez Nazzal, Elias Shoufani, Rashid Khali-di, Norman G. Finkelstein y Erskine
Childers entre otros.[ ]
No obstante, independientemente de denominaciones, de quien haya escrito
estos trabajos, o en una época más tardía o más temprana, to-dos estos estudios
son imprescindibles y forman parte de un todo, de un movimiento del que son
partícipes cada uno de ellos de alguna forma, y que propició que en un
determinado momento —que arran-có en los años ochenta con la invasión de Líbano
y continuó hasta alcan¬zar su máximo apogeo con la primera Intifada— se
encontrasen mu¬chos de ellos y conocieran las distintas investigaciones de los
de-más, lo que motivó nuevos planteamientos. Como explica Ilan Pappé:
En esos años la Intifada abrió un nuevo capítulo en el diálogo
palestino-israelí que esencialmente llevaba el sector universi-tario.[ ] [...] Gracias a este diálogo la mayoría de
los inves-ti¬gadores israelíes que se ocupaban de la historia de su país y no
estaban vinculados a grupos políticos extremistas conocie-ron la versión
histórica de sus colegas palestinos. Muchos de ellos, con motivo de este
encuentro, pudieron apreciar el au-téntico valor de unos trabajos universitarios
que hasta en-tonces se consideraban pura propaganda. Salieron a relucir algunos
capítulos desagradables o vergonzosos de la historia israelí. Pero sobre todo
los investigadores israelíes tomaron conciencia de la contradicción fundamental
entre las aspira-ciones nacionales sionistas y su ejecución a expensas de la
población local de Palestina.[ ]
Por lo tanto, se hizo evidente que esta “nueva historiografía” israelí
estaba en consonancia con una nueva imagen crítica, que influía en varias
disciplinas de las ciencias sociales, y en la mayoría de los pro-fesores de las
universidades israelíes. Estos “nuevos historiadores”, y por extensión, los
también denominados como “nuevos sociólogos” habían sido debidamente
presionados por las instituciones para estu-diar y enseñar la historia de
Israel, y por esta razón, al constatar dis-tintas fuentes, fueron los primeros
en rechazar la reflexión conven-cio¬nal del propio sistema.[ ]
El debate suscitado pasó de las publicaciones académicas más
espe-cializadas, por lo general, más restringidas, a los periódicos y en
es-pe¬cial a los artículos del popular diario israelí Haaretz. Lo que pro-vocó
que la polémica en torno a las ideas de los “nuevos historiado-res” lle¬gase a
toda la población. A esto también ayudó en gran medi-da la pu¬blicación de
varios libros anteriormente mencionados.[ ]
Como conse¬cuencia, estas
circunstancias permitieron que todo ello fuera de dominio público, y después de
que pasara el tiempo sufi-ciente, se pudo hablar de un verdadero fenómeno
cultural,[ ] pero que como veremos más adelante tendría distintas
connotaciones.
La prensa nacional israelí, en general, califica a estos investigadores
de “postsionistas”,[ ] aunque bien es cierto que entre ellos hay quie-nes
rechazan este término.[ ] Por ejemplo, el historiador Nur Masal-ha los
considerará así «los autores israelíes no son un grupo monolí-tico; van desde
sionistas progresistas hasta el “postsionismo”, desde el historiador
positivista de la vieja escuela hasta el relativista “postmo¬derno”».[ ] Ante
las distintas denominaciones de las que son objeto estos intelectuales, algunos
de ellos, como Ilan Pappé, piensa que lo que sería más adecuado sería llamarles
“revisionistas”.[ ] No obstante, Benny Morris rechaza este término porque puede
recordar el movi¬miento revisionista del sionismo de Zeev Jabotinsky lo que
puede lle¬var a “confusión”. También evita esta denominación porque para él «en
general, los “viejos historiadores” de Israel no eran real-mente historiadores,
ni produjeron auténticamente historia. En reali-dad eran cronistas, y con
frecuencia apologistas».[ ]
“Nuevos”[ ] y “Viejos” historiadores
A mediados de los años noventa, el gran debate histórico que se esta-ba
produciendo en Israel provocó un enfrentamiento académico entre la vieja
guardia y los “nuevos historiadores”.[ ]
Los “viejos historiadores” -como responsables directos de los mitos
fundacionales- se vieron obligados a defender mejor su terreno ante estos
«inquietantes» estudios. Empezaron atacando a los “nuevos his-toriadores”
calificándolos como «judíos que se odiaban a sí mismos» e hicieron algo muy
parecido a una caza de brujas.[ ] Entre algunos de los argumentos que
esgrimieron para acusarles se encontraban los de reescribir la historia a
imagen y semejanza de sus enemigos, (ára-bes y palestinos), y buscar la propia destrucción del estado de
Israel al so¬cavar su legitimidad. Para este propósito la vieja guardia no
re-paró en hacer uso de los medios de comunicación estatales y así con-seguir
que la opinión pública se movilizase y estuviera en contra de los «traido¬res»,
al mismo tiempo que manipulaban los miedos y la aprensión de esta sociedad.[ ]
Estos ataques procedían no solo de historiadores ortodoxos como Shabtai
Teveth, Anita Shapira, Shlomo Aharonson, Itamar Rabino-wich, Efraim Karsh, Yoav
Gelber y Abraham Sela sino también de algunos escritores y periodistas
populares del estilo de Aharon Meg-ged, Hanoch Bar-Tov o David Bar-Ilan.[ ] No
obstante, sus oponen-tes, sobre todo, Benny Morris, defendieron que la nueva
ideología había nacido precisamente porque «Israel ya era mayor de edad,
sufi-cientemente fuerte y reconocido su derecho a la existencia por sus
enemigos árabes».[ ]
A lo largo de los años, muchos académicos israelíes optaron por el
compromiso sionista y por las versiones “oficiales” de los hechos «causadas por
las exigencias de sus profesiones y los requerimientos del estado
sionista-judío».[ ] Por eso no es sorprendente que las cla-ses dirigentes
políticas y académicas reaccionaran de esa forma ante la “nueva
historiografía”. Hicieron todo lo posible para boicotear en to¬dos los ámbitos
esos primeros pasos dados hacia una autocrítica y concienciación en el reconocimiento
del papel de Israel en el Desas-tre palestino.
Algunas pruebas de esto son que tanto los académicos con mayor po-der,
fieles a los principios sionistas, como en los departamentos de Estudios de
Oriente Próximo de las universidades israelíes siguen ig-norando e intentan
ocultar la Nakba palestina como hecho histórico u objeto de estudio.[ ] Y para
alcanzar este objetivo forman parte de las numerosas represalias que se han
llevado a cabo contra los “nue-vos historiadores” o todo aquel que vaya contra
el establishment sio-nista.
Por ejemplo, la persecución que se hizo a Teddy Katz y utilizando este
pretexto a Ilan Pappé. Teddy Katz estudiante en la Universidad de Haifa llevó a
cabo su tesis con los datos suficientes para probar que se había producido una
matanza en Tantura en 1948 ejecutada por la bri¬gada Alexandroni, pero ante la
polémica desatada y las pre-siones a las que le sometieron tuvo que firmar una
declaración y re-conocer lo in¬fundado de su investigación. Aún así, Ilan
Pappé, profe-sor de Historia en la misma universidad, secundó este trabajo por
los sólidos datos que demostraban que esa masacre realmente había teni-do
lugar. Como consecuencia, el consejo de disciplina quiso despe-dirle con la
excusa de este respaldo público. No obstante, gracias al apoyo internacional se
evitó la exclusión pero quedó claro que la universidad «ya no era un refugio de
liberalismo, y que las autorida-des no tenían ningún re¬paro en iniciar una
caza de brujas contra quie-nes se negaban a adap¬tarse al nuevo orden
intelectual y moral».[ ]
Algo similar le ocurrió a Benny Morris después de la publicación de sus
obras. Fueron numerosas las voces que querían retirarle como pro¬fesor de la
Universidad Ben Gurión de Israel por «manchar el nombre de esta universidad», o
a Simha Flapan al que su propio kibbutz
se negó a enterrarle en sus tierras a causa de su libro The Birth of Israel,
Myth and Realities, considerado herético en su épo-ca.[ ]
Mitos fundacionales y desmitificación
Como destacamos anteriormente, los mitos fundacionales en la crea-ción
del estado de Israel son una serie de tesis oficiales sionistas vali-dadas y
seguidas por las principales esferas académicas y políticas israelíes. Estas
versiones han sido extendidas y mantenidas en el res-to del mundo a lo largo de
los años, hasta que han visto la luz una serie de nuevas investigaciones
llevadas a cabo por un grupo de estu-diosos israelíes, palestinos y en menor
medida extranjeros. Estos han conse¬guido «desmontar» uno a uno los diferentes
mitos a través de diversas fuentes, siendo la más importante la información
procedente de los archivos israelíes desclasificados de la guerra de 1948.
Por ejemplo, el mito de «una tierra sin pueblo, para un pueblo sin
tie-rra», base fundamental del sionismo antes de la guerra de 1948 y que no se
han cansado de divulgar por doquier los líderes israelíes, no es tan solo «un
famoso lema propagandístico sionista desde sus inicios. Aparece en casi toda la
historiografía sionista israelí que trata de la construcción de la nación».[ ]
Muchos de los judíos israelíes han creído a pies juntillas que Palestina estaba
deshabitada y era un de-sierto hasta que aparecieron ellos.
Curiosamente este «kafkiano» mito cae por sí mismo al dar paso a otro de
los más importantes y más utilizado por los israelíes como es el de que los
dirigentes árabes realizaron diversos llamamientos a la población a través de
la radio, e instaron a los palestinos a que huye-ran, abandonasen sus casas, y
todo ello voluntariamente. Como con-trapartida, estos historiadores
proporcionaron la prueba de la expul-sión planificada de 750.000¬ - 800.000
palestinos en 1948. Por una parte, se comprobaron los archivos radiofónicos que
no revelaban ningún llamamiento. Y, por otro lado, el estudio del Plan Dalet o
Plan D, probó realmente que el objetivo sionista era hacer desapare-cer la
comunidad palestina y expulsar a todos sus miembros, (con masacres y distintas
matanzas a menor o mayor escala), con la inten-ción de acelerar el éxodo de la
población.
Por último, se encuentra el mito de que Israel era «débil» ante su
po-deroso «enemigo árabe», además de que cuando terminó la contienda quería
firmar la paz con los diferentes países de la zona, algo que, como
comprobaremos más adelante, también han desmentido los nue¬vos estudios.[ ]
A continuación detallaremos algunos de estos mitos por su relevan-cia,
especialmente el mito del éxodo voluntario de los palestinos.[ ]
Mito primero: el éxodo voluntario de la población palestina
Según la historiografía tradicional israelí, los palestinos, como mu-cho
500.000, partieron voluntariamente respondiendo a los llama-mientos de los
dirigentes árabes. Incluso se llega a decir que los líde-res judíos intentaron
persuadirles para que se quedaran.[ ] Al igual que tampoco se había planeado
ninguna expulsión, y las escasas ma-tanzas que hubo que lamentar, según los
israelíes, -como Deir Yas-sin, el 9 de abril de 1948- fueron perpetradas por
tropas extremistas e incontroladas perte¬necientes al Irgún de Menahim Beguin y
el Stern de Yitzhak Sha¬mir.[ ]
Pero para los historiadores fue una expulsión a conciencia «según lo
dispuesto en un plan político-militar jalonado de matanzas».[ ] Co-mo
demuestran los análisis posteriores, uno de ellos realizado por Benny Morris,
los archivos no recogen ningún llamamiento nacional, pales¬tino o árabe.
Tampoco hay ninguna prueba de que los países árabes, ni el Alto Comité Árabe
(ACA) promovieran un éxodo masi-vo, ni de que hubieran dado instrucciones
generales o hecho llama-miento alguno a los palestinos para que huyeran de sus
hogares.
También, Walid Khalidi, en un análisis anterior y más profundo,
exa-minó, por un lado, los archivos radiofónicos y buscó cualquier indi-cio de
las supuestas órdenes de los líderes árabes, y por otra parte, al mismo tiempo,
continuó su investigación partiendo de la idea de que si no se habían realizado
estos llamamientos, por lo tanto, se había producido una expulsión a gran
escala de esta población. Para ello pudo reunir los datos suficientes y sacar a
la luz el denominado Plan Dalet que corroboró esta teoría.
Archivos radiofónicos y el Plan Dalet
En primer lugar, para desmentir esta tesis, Walid Khalidi inició su
investigación consultando los archivos de radio de la BBC en el Bri-tish Museum
de Londres:
Si las órdenes se hubieran emitido por radio [...] y si se hu-bie¬ran
escuchado en […] pueblos y […] ciudades provocando la salida precipitada de
miles de habitantes, tendría que ha-ber grabaciones con rastros o ecos de esas
órdenes. Había que buscarlos en los archivos de las estaciones de observa-ción
de los gobiernos británico y estadounidense [...] que cu-brían toda la zona de
Oriente Próximo [...]
No encontró el menor rastro de órdenes de evacuación en el bando árabe;
por el contrario, las emisoras árabes habían dado instrucciones a los
palestinos para que permaneciesen en sus casas. A Walid Kha-lidi, por otra
parte y por separado, se le unió el escritor Erskine Chil-ders quien examinaría
también los archivos de la BBC y llegaría a las mismas conclusiones que él.[ ]
Mientras tanto, en la revista The Spec¬tator se producía un
debate-enfrentamiento entre Childers, Kha-lidi y Jon Kimche.[ ] Finalmente, se
pudo demostrar irrefutablemen-te lo que aquellos ya sabían, que los
llamamientos nunca habían exis-tido y que no se había producido ningún exilio
voluntario.
Desmentida esta teoría de los llamamientos y del éxodo voluntario, Walid
Khalidi, consiguió dilucidar el Plan Dalet o Plan D,[ ] al re-cons¬truir
distintas fuentes sionistas como el libro de los hermanos Kimche, Jon y David,
A Clash of Destinies, la obra del antiguo mili-tar Netanael Lorch, The Edge of
the Sword,[ ] y las fuentes en he-breo Sefer HaPalmah, Qravot 5708, y Sefer
Toldot HaHaganah.[ ]
En definitiva, el Plan Dalet y el estudio que conlleva, es la prueba
de-cisiva que demuestra que existió y que se ejecutó este plan como par-te de
una gran estrategia general urdida por el movimiento sionista, in¬cluso «la
inspiración del Plan D es el propio concepto sionista, su aplicación tiene su
origen en el pensamiento estratégico del sio-nismo».[ ] Las pautas trazadas y
los objetivos marcados llevaban a un mismo fin: la creación de un estado judío.
Y sabían que si querían alcanzarlo era preciso hacer desaparecer la comunidad
que había pre-viamente, destruyendo las bases que la sustentaban, expulsando a
sus habitantes y cometiendo asesinatos para que ese éxodo fuera más rápido y
eficaz.
Además, la importancia de este estudio y del Plan Dalet radica en que
este plan, acompañado de otras estrategias, fue la “causa”, y el efecto el
nacimiento de la Cuestión palestina y el problema de los refugia-dos
palestinos. Su ejecución inició una interminable y dramática «si-tua¬ción» aún
sin resolver y parte indispensable de la solución del con¬flicto, los
refugiados.
El Concepto de Traslado
Otro de los aspectos que lleva consigo el “mito del éxodo voluntario” y
que es preciso resaltar y centrarnos en él es el término de “trasla-do” o
“transferencia” de la población —eufemismos utilizados para deno¬minar la
expulsión—. Este concepto ha sido el «protagonista» en la planificación de la
política sionista durante el siglo pasado. La demo¬grafía palestina y la
cuestión de la tierra ya estaban en el núcleo mismo de la idea preconcebida
sionista de “traslado” y de los planes secretos para llevarlo a cabo entre 1930
y 1940.[ ]
Hay numerosas pruebas basadas en documentos de archivos israelíes que
revelan que los principales políticos como Chaim Weitzman, pri-mer presidente
de Israel, David Ben Gurión, primer ministro, y Mos-he Sharret, ministro de
Asuntos Exteriores, habían aprobado previa-mente «el “traslado” entre 1937-1948
y previsto la “limpieza de la tierra” en 1948». Además, intentaron por todos
los medios influir en las pro¬puestas de la Comisión Peel en 1937, en la cual
se proponía una parti¬ción de Palestina entre árabes y judíos, algo que
conllevaba de por sí la idea de la “transferencia”.[ ]
El estallido de la guerra también demostró que la evacuación masiva solo
era posible si iba acompañada de gran número de atrocidades. Así lo constata el
historiador militar israelí Arieh Yitzhaki al afirmar que las fuerzas judías
perpetraron importantes matanzas, entre 1948-49, y otras menores (individuos o
grupos pequeños) en casi todos los pue¬blos. Otro historiador en la línea de
Yitzhaki que corrobora esta ver¬sión, Uri Milstein, va más allá al afirmar que
en 1948 todas las bata¬llas terminaron en matanzas.[ ]
Además, en agosto de 1948, en clara sintonía con la política
planifi-cada y aplicada hasta entonces por los sionistas, el gobierno israelí
dio un paso más y creó un Comité de Traslado que estaba encargado «formal y
oficialmente (aunque en secreto)» de dirigir el asentamien-to de los refugiados
palestinos en los países árabes. De este comité saldrían las principales líneas
de acción de la propaganda israelí so-bre los refugiados palestinos, «así como
algunos de los mitos del 48». Formaban parte de él, el alto consejero de
Asuntos Árabes del ministe¬rio de Asuntos Exteriores, Ezra Danin, el consejero
del primer minis¬tro de Asuntos Territoriales, Zalman Lifshitz, y Yosef Weitz,
jefe del departamento de Colonización de Tierras del Fondo Nacional Judío.[ ]
El espíritu de este comité se puede observar en las propias palabras de Yosef
Weitz:
«debemos tener clara una cosa: en este país no hay sitio para dos
pueblos [...] y la única solución es la tierra de Israel sin árabes [...]
trasladar a los árabes de aquí a los países vecinos [...]. No tiene que quedar
ni un solo pueblo, ni una sola tribu beduina».[ ]
Finalmente, también los análisis de este estudio presentan claramente a
un Ben Gurión que «acariciaba la idea del “traslado” desde hacía tiempo» a la
vez que dirigía la expulsión de los árabes y la confisca-ción de sus bienes,
pero no obstante, muy preocupado en no dejar ras-tro de su responsabilidad. Con
este objetivo se expurgaron de los ar-chivos ciertos textos con alusiones al
“traslado” y las operaciones de expulsión que estaban planeadas o ya habían
sido ejecutadas.[ ]
Como hemos visto con el Plan Dalet y la idea misma de “traslado”,
podemos decir que había y se seguía un verdadero plan, un gran plan -que se fue
gestando en distintos espacios y esferas políticas sionistas y prosionistas-
para poder crear el estado de Israel y seguir poniéndo-lo en práctica una vez
que esto se hubiera alcanzado. Para ello ejecu-tar¬ían tácticas atroces que
facilitarían la expulsión, afianzarían lo conse¬guido, e impulsarían una rápida
colonización de la tierra. Así que, como podemos comprobar ahora, cuando Ben
Gurión declaró en el consejo de ministros, en junio de 1948, su intención de
evitar el re-greso de los refugiados palestinos «a cualquier precio», en
realidad formaba parte de un programa político muy concreto.
Mito segundo:
un frágil Israel frente a un poderoso enemigo árabe
En primer lugar, forma parte también de este mito reflejar la funda-ción
de Israel como heroica al verse como una «victoria milagrosa» de «personas
desvalidas», pues era común difundir la
idea de que la comunidad judía estaba formada por un gran número de
supervivien-tes del holocausto a duras penas capaces de combatir.
En segundo lugar, el gran desequilibrio que había entre «la minoría
judía y la multitud árabe» ha sido descrito por los “viejos historiado-res” en
numerosas ocasiones. Pero nuevamente, la apertura de los ar-chivos ha
determinado esta línea de investigación con un nuevo enfo-que y contrario al
relato sionista predominante: el Yishuv y el resto de judíos en Palestina no
estaban en inferioridad de condiciones y su po¬der no era menor que el de los
ejércitos árabes. Es decir, el mito de la lucha de David contra Goliat
constantemente repetida en los dis-tintos ámbitos israelíes realmente no se
produjo.
También se ha demostrado que era errónea la idea de que todos los
estados árabes se unieron conjuntamente, el 15 de mayo de 1948, para destruir
el recién creado estado israelí, invadir Palestina y ex-pulsar a sus habitantes
judíos. Las distintas investigaciones, por ejemplo en este caso de Simha
Flapan, concluyen que los países ára-bes no tenían por objeto la liquidación
del nuevo estado, sino preve-nir la aplicación de un amenazante acuerdo entre
el gobierno provi-sional judío y el rey Abdallah con su proyecto de crear de
nuevo una “Gran Siria” .
Tampoco, como ha indagado Avi Shlaim, la situación que aparece a partir
de la guerra de 1948 es la de «un Israel completamente solo contra la fuerza
combinada de todo el mundo árabe». Lo
cual corro-bora Benny Morris: «el mapa en el que se ve un Israel minúsculo
ro-deado de un mundo árabe gigantesco no reflejaba con exactitud -ni tampoco lo
hace hoy- la verdadera relación de fuerzas militares en la región».
El rechazo de todos estos aspectos se centra en distintas pruebas. Por
un lado, los nuevos documentos encontrados confirman la superiori-dad de las
fuerzas israelíes en efectivos, en armamento (tierra, mar y aire), en un mejor
entrenamiento, y una mayor experiencia y coordi-nación. Además de un claro
respaldo por parte de dos de los países más poderosos, Estados Unidos y la
URSS. Con este último, el apoyo se hizo mucho más patente en el ámbito
diplomático y militar.
Por otra parte, otra prueba en la que se han centrado los estudios ha
sido en la importancia de la mencionada alianza transjordana-sionista que
emergió durante 1930-1940. Según las
investigaciones de Avi Shlaim, esta alianza demuestra que se produjo un acuerdo
secreto el 17 de noviembre de 1947 (días antes del plan de partición de la ONU)
entre Golda Meir y el rey Abdallah de Transjordania. En él se repart-ían
Palestina, y la Legión Árabe (único ejército árabe poderoso en la zona) se
comprometía a no cruzar la frontera del territorio que sería asignado al estado
judío. Con ello los sionistas pretendían
en pri-mer lugar frustrar la creación de un estado árabe. Y al mismo tiempo se
intentaba incrementar el territorio asignado por Naciones Unidas. A todo ello también contribuyó evitar la
guerra contra los estados árabes en su conjunto, pues Israel sabía la total
desunión que había entre ellos a causa de sus diferentes intereses.
La Legión Árabe participaría en la guerra a partir del 15 de mayo de
1948, pero, como se ha constatado, no penetró nunca en territorio isra¬elí, ni
tomó la iniciativa en las grandes batallas, menos en el caso de Jerusalén.
Jerusalén fue el único punto en discordia y coincide con el único lugar en el
que se enfrentó la Legión Árabe de Transjordania y las fuerzas israelíes con la
huída de estos últimos .
Finalmente, cuando se firmaron los distintos armisticios al final de la
contienda en 1949, el pacto secreto judeo-jordano se impuso al plan de
partición de la ONU y consiguieron así lo que pretendían; Jordania ocupó y se
anexionó Cisjordania, e Israel, el gran beneficiado, au-mentó en un tercio la
superficie de lo que le había sido atribuido por las Naciones Unidas.
Mito tercero:
el deseo de paz expresado por Israel al finalizar la guerra
De nuevo, según la versión oficial, Israel siempre ha “tendido su mano”
para alcanzar la paz, pero dado que los líderes árabes desde un principio no
reconocieron su derecho a existir, nunca ha habido nin-gún interlocutor con
quien negociar.
Como respuesta, los nuevos estudios han demostrado que desde fina-les de
la Segunda Guerra Mundial hasta 1952, Israel rechazó pro-puestas realizadas por
los estados árabes y por mediadores neutrales que podrían haber alcanzado un
acuerdo. Estas investigaciones apun¬tan
a que los líderes árabes y sus gobiernos estuvieron prepara-dos para negociar
una solución del conflicto antes, durante y después de la guerra de 1948. Y la
conclusión general que se puede obtener es que tanto Egipto como Siria y los
palestinos demostraron por sus acciones que había oportunidades para la paz,
pero que Israel no es-tuvo prepa¬rado o no fue capaz de pagar el precio
requerido, e inclu-so desairó algunas
propuestas.
El ejemplo más representativo y extraordinario de estos ofrecimien-tos
es el del caso de Siria. Tras el golpe de Estado ideado por el coro-nel sirio
Husni Zaim, éste propuso que Siria absorbiera y reasentara a 300.000 refugiados
palestinos en la zona de Yazira, al norte del país. Esta región con su escasa población y tierra
fértil proporcio-naba las condiciones ideales para un reasentamiento a gran
escala. Husni Zaim pensaba que con esta propuesta el proyecto sería finan-ciado
externa¬mente y que esta medida conllevaría numerosos benefi-cios para
Si¬ria. Por lo tanto, mientras que la
idea fue recibida de forma entu¬siasta por Estados Unidos, Israel despreció la
oferta. Aun-que algunos intentaron destacar la oportunidad única que se
presen-taba, el go¬bierno israelí no aceptó, pues Ben Gurión estaba
determi-nado a impo¬ner armisticios-tratados por la fuerza militar, no
acuer-dos de paz. Cuando empezaron a
replantearse esta sugerencia ya era demasiado tarde: Zaim había sido derrocado
por un nuevo golpe mi-litar.
Finalmente, como colofón a este artículo debemos hacer ciertas
ob-ser¬vaciones. Como resalta Dominique Vidal: «es normal […] que las
conclusiones de los “nuevos historiadores” molesten y disgusten a muchos
israelíes, porque lo que se ha desvelado no es una página cualquiera de su
historia, es ni más ni menos que “el pecado original” de Israel […] .
Efectivamente es el “pecado original” de Israel. Y es fundamental
se-ñalar que el estudio realizado por los distintos investigadores, en lo que
respecta a la guerra de 1948, refleja claramente que la cuestión de la
responsabilidad del éxodo palestino «no se resolverá hasta que no se resuelva
la propia Cuestión palestina».
Con los estudios realizados sobre la Nakba se pretende tratar el ori-gen
mismo del problema. Además, debatir sobre las causas y circuns-tan¬cias del
éxodo puede reflejar el abanico de soluciones que se pro-pon¬gan al problema de
los refugiados. Es decir, no se trata
simple-mente de contar lo que ocurrió en 1948 como «un ejercicio sin nin-gún
propósito en la historia». De lo que se
trata es de resaltar, como ex¬plica Nur Masalha:
Solo si se comprende […] la Nakba sufrida por el pueblo palestino en
1948 se podrá comprender la importancia del derecho al retorno para los
palestinos. El dolor infligido […] solo puede enderezarse median-te un
reconocimiento de su derecho a regresar a su tierra y su derecho a la
restitución de sus propiedades. […] Una reconciliación genuina entre ambos
pueblos […] solo será posible cuando Israel asuma la responsabilidad por haber
sido el principal artífice del problema de los refugiados palestinos. •

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