© Libro N° 13970. Viaje
Nocturno Al Séptimo Cielo. Irving,
Washington. Emancipación. Junio 21
de 2025
Título Original: © Viaje Nocturno Al Séptimo Cielo. Washington
Irving
Versión Original: © Viaje Nocturno Al Séptimo Cielo. Washington Irving
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
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VIAJE NOCTURNO AL SÉPTIMO
CIELO
Washington Irving
Viaje
Nocturno Al Séptimo Cielo
Washington Irving
Mahoma consiguió asilo en la casa
de Mutim Ibn Aadi, uno de sus discípulos, y se atrevió a volver a La Meca. A la
visita sobrenatural de los genios en el valle de Najla siguió pronto una visión
o revelación mucho más extraordinaria y que desde entonces ha constituido un
terma de comentario y conjeturas entre los mahometanos devotos. Nos referimos
al famoso viaje nocturno a Jerusalén y de ahí al séptimo cielo. Los detalles
del mismo nos han llegado como si los narrara el propio Mahoma, pero la verdad
es que se trata de una tradición que no procede directamente del Profeta. No
obstante, algunos citan textos del Corán como confirmación de la misma.
No intentamos presentar aquí esta
visión o revelación con toda su amplitud y exotismo. Nos limitaremos sólo a
exponer algunos de sus rasgos más esenciales.
La noche en que se produjo se
describe como una de las más oscuras y silenciosas acaecidas hasta entonces. No
se oía ni el canto del gallo, ni el ladrido de los perros, ni los alaridos de
las bestias, ni el ulular de las lechuzas. Las mismas aguas dejaron de murmurar
y los vientos de silbar; era como si toda la naturaleza se hubiera quedado
inmóvil y muerta. A medianoche, Mahoma se despertó al oír una voz que le decía:
"¡Despierta, deja de dormir!" Vio junto a él al ángel Gabriel. Su
frente era limpia y serena, su cutis blanco como la nieve, el pelo le caía
sobre los hombros; tenía alas de muchos y deslumbrantes colores, y sus ropas
estaban cubiertas de perlas y bordados de oro.
Presentó a Mahoma un corcel
blanco de formas y características maravillosas; no se parecía a ningún
ejemplar de los que había visto antes, y, a decir verdad, es distinto de todos
los animales descritos hasta entonces. Tenía rostro humano, pero las mejillas
eran las de un caballo: sus ojos eran como jacintos y brillantes como
estrellas. Tenía alas de águila resplandecientes de rayos de luz; y todo su
conjunto aparecía cuajado de gemas y piedras preciosas. Era una hembra y por su
increíble esplendor y velocidad recibió el nombre de Al Buraq, o relámpago.
Mahoma se dispuso a montar en
este corcel sobrenatural; pero cuando alargó la mano hacia él el animal
retrocedió y se encabritó.
"¡Estáte quieto, oh
Buraq! dijo Gabriel ; respeta al profeta
de Dios. Nunca te ha montado un hombre mortal más honrado por Alá.
¡Oh Gabriel! replicó Al Buraq, que en quella ocasión
recibió el don milagroso del habla ; ¿acaso no llevé en tiempos antiguos a
Abrahán, el amigo de Dios, cuando visitó a su hijo Ismael? ¡Oh Gabriel! ¿no es
él el mediador, el intercesor, el autor de la profesión de fe?
Sí, Buraq, pero éste es Mahoma
Ibn Abdallah, de una de las tribus de Arabia Feliz y de la verdadera fe. Es el
jefe de los hijos de Adán, el mayor de los legados divinos, el sello de los
profetas. Todas las criaturas deben contar con su intercesión antes de entrar
en el paraíso. El cielo está a su mano derecha, como recompensa para los que
creen en él; a su izquierda está el fuego de la Gehena, donde serán arrojados
quienes se opongan a sus doctrinas.
¡Oh Gabriel suplicó Buraq
por la fe que existe entre tú y él, haz que interceda por mí en el día
de la resurrección.
Te aseguro ¡oh Buraq! exclamó Mahoma , que gracias a mi intercesión
entrarás en el paraíso.
Al oír estas palabras, el animal
se acercó y se inclinó para que el Profeta subiera a sus espaldas. Luego se
levantó y se remontó por encima de las montañas de La Meca.
Mientras pasaban como el rayo
entre el cielo y la tierra, Gabriel clamó en voz alta: "¡Detente, oh
Mahoma!, desciende a la tierra y haz la oración con dos inflexiones del
cuerpo."
Bajaron a la tierra y después de
la oración Mahoma dijo:
"¡Oh amigo y querido de mi
alma!, ¿por qué me ordenas rezar en este lugar?
Porque éste es el monte Sinaí,
en el que Dios se comunicó con Moisés."
Ascendiendo de nuevo por los
aires, pasaron rápidamente entre el cielo y la tierra hasta que Gabriel volvió
a decir por segunda vez: "¡Detente, oh Mahoma! Desciende y haz la oración
con dos inflexiones."
Descendieron; Mahoma rezó y
volvió a preguntar: "¿Por qué me has ordenado rezar en este lugar?
Porque estamos en Belén, donde
nació Jesús, el hijo de María."
Luego reanudaron su recorrido por
los aires, hasta que se oyó una voz a la derecha, que exclamó: "¡Oh
Mahoma! Detente un momento, que quiero hablarte; de todos los seres creados es
a ti a quien tengo mayor amor."
Pero Buraq seguía avanzando y
Mahoma no hizo nada por detenerlo, pues pensó que no estaba en su mano fijar su
marcha, sino en la de Dios, el todopoderoso y glorioso.
Entonces se oyó otra voz a la
izquierda, pidiendo a Mahoma con palabras semejantes que se detuviera; pero
Buraq seguía avanzando y Mahoma no se detuvo. Entonces vio ante él a una dama
de resplandeciente belleza, adornada con todos los lujos y riquezas de la
tierra. Ella se dirigió hacia él con cautivadora sonrisa: "Detente un
momento, oh Mahoma, que quiero hablar contigo. Te amo a ti más que a todos los
demás seres." Pero Buraq seguía hacia adelante y Mahoma no hacía nada por
impedirlo, considerando que no era él quien debía marcar su camino sino Dios,
el todopoderoso y glorioso.
Sin embargo, dirigiéndose a
Gabriel le preguntó: "¿Qué voces son las que he oído y quién es la dama
que me ha saludado?"
"La primera, oh Mahoma, era
la voz de un judío; si le hubieras escuchado, todo tu pueblo se habría pasado
al judaísmo.
"La segunda era la voz de un
cristiano: si la hubieras escuchado, tu pueblo se habría inclinado al
cristianismo.
"La dama era el mundo con
todas sus riquezas, vanidades y atractivos; si la hubieras escuchado, tu nación
habría elegido los placeres de esta vida en vez de la felicidad eterna, y todos
habrían quedado condenados a la perdición."
Siguiendo su marcha por los aires
llegaron a la puerta del sagrado templo de Jerusalén. Mahoma bajó de Al Buraq,
lo ató a los aros donde los profetas lo habían atado en tiempo anteriores.
Luego entró al templo y encontró allí a Abrahán, a Moisés, a Isa (Jesús) y a
muchos más de los profetas. Después de rezar en su compañía un rato, vio cómo
bajaba del cielo una escalera de luz hasta que la parte inferior descansó en la
Sajra o piedra angular del templo, la piedra de Jacob. Ayudado por el ángel
Gabriel, Mahoma subió por la escalera con la rapidez del relámpago.
Cuando llegó al primer cielo,
Gabriel llamó a la puerta. "¿Quién es?
preguntaron desde dentro . "Gabriel" contestó el ángel . "¿Quién está
contigo?" "Mahoma." "¿Ha recibido su misión?"
"Sí." "¡Entonces le damos la bienvenida!" Y se abrió la
puerta.
El primer cielo era de plata
pura, y en su bóveda resplandeciente las estrellas estaban colgadas de cadenas
de oro. En cada estrella hay un ángel colocado como centinela para evitar que
los demonios asciendan a la sagrada mansión. Al entrar Mahoma, se le acercó un
anciano y Gabriel dijo: "Este es tu padre Adán,ríndele homenaje". Así
lo hizo Mahoma y Adán le abrazó y le llamó el mayor entre sus hijos y el
primero de los profetas.
En este cielo había innumerables
animales de todas las clases. Gabriel explicó que eran ángeles que, con
aquellas formas, intercedían ante Alá por las distintas razas de animales
existentes en la tierra. Entre ellos había un gallo de inmaculada blancura y
tan alto que su cresta tocaba el segundo cielo, a pesar de estar situado a más
de quinientos días de viaje por encima del primero. Aquella ave tan maravillosa
regalaba el oído de Alá todas las mañanas con su canto melodioso. Todas las
criaturas de la tierra, excepto el hombre, se despiertan con su voz, y todas
las aves de su especie cantan aleluyas imitando su tono.
Luego subieron al segundo cielo.
Como antes, Gabriel llamó a la puerta; se hicieron las mismas preguntas y
respuestas; abrieron la puerta y entraron.
Este cielo era todo él de acero
pulido y de brillo resplandeciente. En él encontraron a Noé, que abrazó a
Mahoma y le proclamó como el mayor de los profetas.
Al llegar al tercer cielo,
entraron con el mismo ceremonial. Estaba todo él cuajado de piedras preciosas,
demasiado brillantes para los ojos humanos. Había un ángel sentado, de inmensa
altura, cuyos ojos estaban separados por una distancia equivalente al recorrido
de un viaje de setenta mil días. Tenía a sus órdenes cien mil batallones de
hombres armados. Ante él había un enorme libro abierto, en el que estaba
continuamente escribiendo y borrando.
"Este, ¡oh Mahoma! dijo Gabriel , es Azrail, el ángel de la
muerte, que goza de la confianza de Alá. En el libro que tiene ante él escribe
los nombres de los que van a nacer y borra los nombres de los que han vivido ya
el tiempo que se les ha asignado y que, por lo tanto, muere en ese mismo
instante."
A continuación ascendieron hasta
el cuarto cielo, hecho de plata de la mejor calidad. Entre los ángeles que lo
habitaban había uno cuya altura equivalía al recorrido de un viaje de
quinientos días. Tenía el rostro preocupado y le caían lágrimas de los ojos.
"Este dijo Gabriel es el ángel de las lágrimas, destinado a
llorar por los pecados de los hijos de los hombres y a predecir los males que
les aguardan".
El quinto cielo era de oro
purísimo. En él Mahoma fue recibido por Aarón con abrazos y felicitaciones. En
este cielo habita el ángel vengador, que domina sobre el fuego. De todos los
ángeles vistos por Mahoma, éste era el más espantoso y horrible. Su rostro
parecía de cobre y estaba lleno de quistes y verrugas. De sus ojos salía un
brillo como del relámpago y en su mano tenía una lanza de fuego. Estaba sentado
en un trono rodeado de llamas, y ante él había un montón de cadenas al rojo
vivo. Si descendiera a la tierra en su forma verdadera, las montañas se
consumirían, los mares se secarían y todos sus habitantes morirían de terror. A
él, y a los ángeles que le sirven, le está confiada la ejecución de la venganza
divina contra los infieles y pecadores.
Abandonaron tan terrible morada y
ascendieron al sexto cielo, hecho de piedra transparente, llamada Hasala, que
significa carbúnculo. Había en él un gran ángel, mitad de nieve y mitad de
fuego, pero ni la nieve se derretía ni se apagaba el fuego. En torno a él había
un coro de ángeles menores que no cesaba de exclamar: "¡Oh Alá, que has
unido la nieve y el fuego, une a todos tus fieles servidores en la obediencia a
tu ley!"
"Este dijo Gabriel
es el ángel guardián del cielo y de la tierra. El es quien envía a los
ángeles hasta las personas de tu pueblo para inclinarles en favor de tu misión
y las llama al servicio de Dios; seguirá haciéndolo hasta el día de la
resurrección."
Allí estaba el profeta Musa
(Moisés). A diferencia de los demás profetas que se habían alegrado al ver a
Mahoma, Moisés derramó lágrimas.
"¿Por qué lloras?",
preguntó Mahoma. Moises le respondió: "Porque estoy viendo a un sucesor
que está llamado a enviar al paraíso a muchos más miembros de su pueblo de los
que yo podré enviar de entre los recalcitrantes hijos de Israel."
Desde alli ascendió al séptimo
cielo, donde fue recibido por el patriarca Abrahán. Esta feliz morada está
formada por luz divina, y su gloria es tan inmensa que la lengua humana no
puede describirla. Para hacernos una idea del resto, bastará con describir a
uno de sus habitantes celestiales. Sobrepasaba a toda la tierra en magnitud y
tenía setenta mil cabezas; cada una de ellas tenía setenta mil bocas; cada boca
setenta mil lenguas; cada lengua hablaba setenta mil idiomas distintos y en
todos ellos se cantaban sin cesar las glorias del Altísimo.
Mientras contemplaba a este
maravilloso ser, Mahoma se vio transportado de repente hasta el loto conocido
con el nombre de Sidra, que florece a la derecha del trono invisible de Alá.
Las ramas de este árbol cubren una distancia superior a la que existe entre la
tierra y el sol. Bajo su sombra viven, felices, ángeles en número superior al
de las arenas de las costas marinas o de las orillas de todos los ríos y
arroyos. Las hojas son como las orejas de un elefante; miles de pájaros
inmortales pueblan sus ramas y desde ellas repiten los sublimes versos del
Corán. Sus frutos son más suaves que la leche y más dulces que la miel. Si
reuniéramos a todos los seres creados por Dios, podríamos alimentar a todos
ellos con uno solo de estos frutos. Cada semilla contiene una hurí, o virgen
celestial, destinada a proporcionar la felicidad a los verdaderos creyentes. De
este árbol manan cuatro ríos: dos fluyen hacia el interior el paraíso y otros
dos salen más allá del mismo y se convierten en el Nilo y en el Eufrates.
Mahoma y su guía celestial se
dirigieron luego hacia Al Mamur, o Casa de Adoración, formada por rubíes o
jacintos rojos y rodeada de innumerables lámparas, siempre encendidas. Cuando
entró Mahoma, le ofrecieron tres recipientes: uno con vino, otro con leche y
otro con miel. Cogió el recipiente lleno de leche y bebió de él.
"Has obrado bien; tu
elección ha sido correcta exclamó
Gabriel . Si hubieras bebido vino, tu pueblo se habría descarriado."
La casa sagrada se parece, en la
forma, a la Kaaba de La Meca, y está situada justo encima de ella, en el
séptimo cielo. Todos los días la visitan setenta mil ángeles del rango más
elevado. En aquel preciso momento estaban realizando la sagrada procesión a su
alrededor. Mahoma se incorporó a ellos y dio también siete vueltas.
Gabriel no podía seguir ya
adelante. Mahoma recorrió entonces, más rápido que el pensamiento, un espacio
inmenso, atravesando dos regiones de luz deslumbrante y una de profunda
oscuridad. Al salir de esta oscuridad total, quedó sobrecogido de terror y
miedo al encontrarse en presencia de Alá y a sólo dos tiros de flecha de su
trono. El rostro de la divinidad estaba cubierto por veinte mil velos, pues la
contemplación de su gloria no podía ser resistida por el hombre. Extendió las
manos y colocó una sobre el pecho y otra sobre el hombro de Mahoma, que notó
cómo un frío helador penetraba hasta su corazón y hasta la médula de sus
huesos. Luego experimentó una sensación de felicidad extática, mientras Ie
rodeaba una atmósfera dulce y fragante, que nadie puede entender, exceptuando
los que han estado en la presencia divina.
Mahoma recibió de Dios mismo
muchas de las doctrinas contenidas en el Corán y la prescripción de señalar las
cincuenta oraciones que todo creyente de verdad debía realizar diariamente.
Cuando descendió de la presencia
divina y volvió a encontrarse con Moisés, éste preguntó qué le había ordenado
Alá.
"Que haga cincuenta
oraciones todos los días.
¿Y piensas cumplir esta
obligación? Yo lo he probado antes que tú. Lo intenté con los hijos de Israel,
pero en vano; vuelve, pues, y pide una misión menos difícil."
Mahoma volvió y consiguió una
reducción de diez oraciones; pero cuando contó a Moisés el éxito de su intento,
éste volvió a hacerle la misma objeción. Cuarenta oraciones eran demasiadas.
Siguiendo su consejo, Mahoma regresó otra vez y consiguió que las redujeran a
cinco.
Moisés siguió formulando
objeciones. "¿Crees que tu pueblo va a rezar diariamente cinco veces? ¡Por
Alá! Yo lo intenté con los hijos de Israel y todo fue en vano; vuelve, pues, y
pide una nueva reducción."
"No replicó Mahoma , he pedido tantas veces
clemencia que me siento avergonzado." Con estas palabras saludó a Moisés y
se marchó.
Por la escalera de luz descendió
hasta el templo de Jerusalén, y encontró a Buraq en el sitio donde lo había
dejado. Montó en él y en un instante llegó al lugar de donde había partido.
Este relato de la visión, o viaje
nocturno, responde sobre todo a las versiones de los historiadores Abulfeda, Al
Bujari y Abu Huraira, y aparece con más detalle en la Vida de Mahoma de
Gagnier. El viaje ha suscitado infinitos comentarios y disputas entre los
especialistas. Algunos dicen que no fue más que un sueño o visión nocturna y
basan su tesis en una tradición procedente de Aixa, la esposa de Mahoma, que
declaró que, en la noche en que se produjo la visión, su cuerpo había estado
totalmente inmóvil, y que el viaje nocturno había sido de carácter espiritual.
Pero al presentar esta tradición no tuvieron en cuenta que, cuando se dice que
ocurrió el viaje, Aixa era todavía una niña y, aunque desposada con él, no era
todavía la esposa de Mahoma.
Otros afirman que hizo el viaje
celestial corporalmente y que todo transcurrió en un espacio de tiempo tan
breve que, al volver, consiguió evitar que cayera al suelo un vaso de agua que
el ángel Gabriel había empujado con el ala al marcharse.
Otros dicen que Mahoma sólo dijo
que había hecho el viaje nocturno al templo de Jerusalén y que la subida
posterior al cielo era una visión. Según Ahmed ben Joseh, la visita nocturna al
templo aparece testificada en palabras del mismo patriarca de Jerusalén.
"Por entonces dice , cuando Mahoma
envió un mensajero al emperador Heraclio, en Constantinopla, invitándole a
abrazar el islamismo, el patriarca estaba en presencia del emperador. El
mensajero relató el viaje nocturno del profeta. El patriarca no salía de su
asombro e informó al emperador de una circunstancia que coincidía con el relato
del mensajero. "Tengo costumbre
dijo él de no retirarme a
descansar por la noche hasta después de cerrar todas las puertas del templo. La
noche mencionada, las cerré todas según mi costumbre, pero había una que era
imposible mover. Mandé llamar a los carpinteros, que, después de examinar la
puerta, declararon que el dintel del pórtico y el edificio mismo habían cedido
de tal manera que era imposible cerrar la puerta. Así pues, tuve que dejarla
abierta. Por la mañana temprano, al despuntar el día, volví de nuevo a la
puerta y vi cómo la piedra situada en el ángulo del templo estaba perforada y
había vestigios del lugar donde habían sujetado a Al Buraq. Entonces dije a los
presentes que aquella puerta no se habría quedado inmóvil a no ser que algún
profeta hubiera estado en oración.""
Las tradiciones siguen diciendo
que cuando Mahoma relató su viaje nocturno a una gran asamblea convocada en La
Meca, muchos se maravillaron y creyeron, otros se quedaron dudando, mientras
que los coixíes se reían con menosprecio.
"Dices que has estado en el
templo de Jerusalén exclamó Abu Chahl ;
demuestra la verdad de tus palabras y descríbelo."
Durante un momento, Mahoma no
supo cómo reaccionar a aquella petición, pues había visitado el templo por la
noche, cuando no era posible distinguir sus formas. Pero, de repente, el ángel
Gabriel se puso a su lado y colocó ante sus ojos una reproducción exacta del
edificio sagrado, y de esa manera pudo responder sin vacilar a las preguntas
más minuciosas.
El relato resultaba demasiado
fuerte incluso para algunos de sus discípulos. Pero Abu Bakr, viéndoles vacilar
en su fe y en peligro de apostatar, comprometió su palabra de que el relato era
cierto. En recompensa de ello, Mahoma le dio el título de Al Siddiq, o Testigo
de la Fe, con que fue conocido en adelante.
Como ya hemos observado, este
viaje nocturno se basa casi por completo en la tradición, aunque algunas de sus
circunstancias aparecen vagamente aludidas en el Corán. Toda la historia pudo
ser una creación fantástica de musulmanes fanáticos a propósito de una de las
visiones o éxtasis a que Mahoma era propenso y cuya descripción hizo que los
coraixíes le tacharan de loco.
***

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