© Libro N° 13968. ¡Honor Y
Gloria Eterna A Los Jacobinos! Riesco
Larraín, Manuel. Emancipación.
Junio 21 de 2025
Título Original: © ¡Honor Y Gloria Eterna A Los
Jacobinos! Manuel Riesco Larraín
Versión Original: © ¡Honor Y Gloria Eterna A Los Jacobinos! Manuel Riesco Larraín
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
A LOS JACOBINOS!
Manuel Riesco Larraín
¡Honor Y
Gloria Eterna
¡A Los
Jacobinos!
Manuel Riesco Larraín
¡Honor y Gloria Eterna
a
los Jacobinos!
por Manuel
Riesco Larraín
Índice:
¡Miren…Hay Montañas En La Luna…!
¡El Aire Está Lleno De Dinosaurios De Brillantes
Plumajes Multicolores !
¡ Y Todos Los Caminos Conducían A Roma !
"Los Agentes Siempre Frustrados Y Siempre
Resurgentes,
De Una Historia No Dominada"
¡Honor y Gloria Eterna a los Jacobinos!
La Izquierda XXI y Los Jacobinos
…o0o…
Manuel Riesco *
¡Honor y Gloria Eterna a los Jacobinos!
"Examiné todas estas cosas, y cómo los hombres
luchan y pierden la batalla, y aquello por lo que lucharon tiene lugar pese a
su derrota, y cuando llega resulta ser distinto a lo que se proponían bajo otro
nombre"
William Morris , pensador revolucionario inglés,
siglo XIX [1]
¡Miren…Hay Montañas En La Luna…!
…exclama
el Galileo de Berthold Brecht a un grupo de teólogos que en definitiva no se
atreven a comprobar, observando a través del nuevo telescopio, la tremenda
evidencia que los pondría ante la necesidad de revisar, e invertir
completamente, la que era hasta entonces su comprensión y la del mundo entero
de la época, acerca naturaleza del universo.
Durante
los últimos años el hecho histórico también enorme del término súbito de los
regímenes comunistas ha puesto a la humanidad entera en la necesidad de
modificar radicalmente su concepción acerca de la historia del siglo veinte.
La
comprensión de este fenómeno delimitador de épocas requiere una
conceptualización completamente nueva respecto de la naturaleza de las
revoluciones del siglo veinte. Porque, dígase lo que se diga, todo el mundo,
sus actores y detractores, sus observadores, críticos y partidarios en todo el
mundo, estuvimos convencidos hasta ahora que dichas revoluciones eran
efectivamente lo que la primera de ellas proclamó que era: la vía de superación
del régimen capitalista.
La
conceptualización anterior deja a todos en un callejón teórico sin salida. En
efecto: quienes sostienen que lo que vivimos estos años constituye el triunfo
definitivo del capitalismo sobre su sucesor, el socialismo, están obligados a
llegar a la poco plausible conclusión que la historia habría llegado entonces a
su fin. Por su parte, quiénes piensan que estos trascendentales procesos
históricos constituyen un revés en el tránsito iniciado durante este siglo
hacia la superación del capitalismo tienen que caer en
"explicaciones" completamente ajenas al método histórico o
¡negarse a mirar por el telescopio!. Sin considerar a aquellos que simplemente
dejan de creer.
La
paradoja de la culminación de los procesos iniciados por las revoluciones
socialistas de este siglo en acelerados tránsitos ¡al capitalismo! no tiene
solución. Esto es, en el espacio teórico definido por los conceptos que hasta
ahora hemos manejado al respecto. Para resolver el dilema es imperioso,
entonces, ampliar dicho espacio teórico agregándole una nueva dimensión
conceptual.
Parece
útil la hipótesis de suponer que el carácter de la época histórica vivida
durante este siglo no fue diferente a la del siglo pasado, esto es, que
precisamente hasta ahora continuamos viviendo el período de transición de la
vieja sociedad agraria, señorial, a la modernidad capitalista. Bajo ese
concepto, el carácter de las revoluciones de este siglo no habría sido en
verdad anticapitalista, a despecho de los deseos o programas de sus actores y
de los temores de algunos de sus enemigos, sino el mismo que las revoluciones
del siglo anterior.
Esta
hipótesis permite: comprender los procesos históricos de fin de siglo en su
unidad, al mismo tiempo que ruptura, con los procesos revolucionarios y de
transformación que les antecedieron en esos mismos paises; reivindicar el
carácter progresista y en definitiva exitoso de aquellos procesos
revolucionarios, aunque su culminación no haya sido la proclamada por ellos
sino curiosamente la contraria y - lo que es más importante - despejar el
camino teórico para luchar por la superación efectiva del capitalismo.
Si
se revisa algo de lo que se sabe respecto a como sucedieron viejas sociedades
transiciones, se comprobará que esta idea parece adquirir contornos más o menos
razonables.
¡El Aire Está Lleno De Dinosaurios De Brillantes
Plumajes Multicolores !
La
historia parece mostrar que "solo en la noche de nuestra ignorancia
adquieren el mismo color todas las formas extrañas". [2]
Las
sociedades esclavistas adquirieron formas que diferían tanto unas de otras como
la Ateniense, en que los esclavos constituían propiedad individual de sus
dueños, de la Espartana, donde éstos eran propiedad colectiva de los
ciudadanos.
El
señorialismo, concepto que los historiadores utilizan en referencia a los modos
de producción que surgen entre el esclavismo y el capitalismo en diversos
continentes, refleja con su sola ambigüedad la multiplicidad de formas de
éstos, que van desde los señorialismos Aztecas a los Chinos, al mismo tiempo
que lo rudimentario, todavía, de los conocimientos al respecto.
El
feudalismo propiamente tal, el más estudiado de los modos de producción
señoriales, con el que se usa definir los modos de producción que predominaron
en Europa y Japón entre los siglos V y XIX, aproximadamente, presenta formas y
etapas variadas y diferentes, que se desarrollan con siglos de desfase unas de
otras y en las diversas regiones. Es así que el feudalismo envuelve en su
desarrollo a la Edad Media, el Renacimiento y el Absolutismo, casi quince
siglos de la historia de Europa. .
La
sola etapa absolutista del feudalismo, que se desarrolla en Europa entre los
siglos XV XIX, aproximadamente, presenta también formas muy diversas. Parece
haber cierto consenso en que el absolutismo clásico, Francés, Inglés y Español,
representa la forma estatal de dominio aristocrático sobre una estructura
social compuesta mayoritariamente por campesinos dependientes pero ya liberados
de la servidumbre, ciudades desarrolladas con gremios y burguesía comercial
fuertes, relativamente pocos campesinos libres aristócratas propietarios
legales de la tierra. El absolutismo oriental, Austríaco, Ruso, etc., en
cambio, representa la forma estatal mediante la cual la aristocracia
definitivamente consolida la servidumbre en esa región de Europa. El
absolutismo desarrollado por la aristocracia Sueca, en cambio, descansa sobre
una estructura social donde predominan ¡los campesinos libres!.
Si
tal diversidad se puede apreciar en un nivel de análisis tan abstracto como el
de los modos de producción, qué decir de la infinidad de formas en que estos se
combinan en el plano más concreto de las formaciones sociales, en sus diversas
regiones y etapas de desarrollo. Residuos de los modos de producción en
descomposición de cuya síntesis surgió el feudalismo, los esclavos, por
ejemplo, estuvieron presentes durante gran parte de la edad media europea y los
campesinos libres no fueron nunca completamente eliminados. Dichos antiguos
modos de producción se combinaron con el feudal propiamente tal, en diferentes
proporciones, en la mayoría de las formaciones sociales concretas de la época.
Los
procesos de transición de la antigüedad al feudalismo en Europa, por su parte,
son completamente diferentes en el occidente y en el oriente, siendo muy
posterior en la segunda parte del continente.
En
Europa Occidental, la transición de la antigüedad al feudalismo abarca un
período de casi cinco siglos, desde las invasiones bárbaras del siglo V y hasta
su consolidación hacia el siglo X y se considera estar determinada por la
fusión del legado de la antigüedad romana y las tribus germánicas. En su
desarrollo subsecuente, alcanza su apogeo en los siglos XII y XIII, entra en
crisis el siglo XIV y deja paso al renacimiento y el absolutismo partir del
siglo XV.
En
el oriente del continente, en cambio, el legado romano es mucho más
débil o inexistente, no habiéndose desarrollado allí un régimen
esclavista generalizado, por lo cual el feudalismo se genera a partir de bases
tribales mucho más primitivas, sujeto al estímulo del occidente feudal, por una
parte y al freno de sucesivas invasiones nómadas, por otra. El resultado es que
los campesinos son sometidos definitivamente con posterioridad a la gran crisis
del siglo XIV y es en los siglos XV y XVI cuando recién se aprecia en el este
del continente europeo la aparición de una verdadera economía señorial. ¡Cinco
siglos más tarde que en Europa Occidental!
El
desarrollo de sistemas señoriales en Asia, América y Africa, allí donde alcanzó
desenvolverse aún en forma parcial, sigue caminos y adquiere formas que recién
se están develando y abarcan asimismo larguísimos períodos de tiempo.
Frente
a este panorama de creciente variedad de formas y procesos de desarrollo que
caracterizan las transiciones entre épocas históricas anteriores - y luego del
mazazo de realidad que hemos recibido a fines de siglo - cuan curioso, quizás
presuntuoso y casi ridículo, resulta ahora, haber supuesto que el advenimiento,
auge y senectud de la moderna era capitalista se pudiera haber resuelto apenas
en un par de siglos. El mismo ciclo que a la época anterior le tomó casi mil
quinientos años recorrer. Siguiendo además un molde único.
Y
¡oh sorpresa! precisamente aquellas zonas del mundo que hasta entonces se
habían caracterizado por un retraso de siglos, resultaban ahora saltando al
futuro, olímpicamente, por encima de una era completa.
Como
ocurre con todos los descubrimientos, que una vez hechos resultan casi obvios
para todo el mundo, cuánto más razonable resulta ahora considerar que la
consolidación del capitalismo en el mundo haya abarcado al menos los tres
últimos siglos, incluyendo el siglo XX completo, se haya producido más
tempranamente en las regiones que asimismo habían completado con anticipación
las etapas previas y sólo después en el resto del mundo y que no en todas
partes se haya seguido un molde único, sino caminos alternativos, originales,
en unos lugares y en otros.
Los
científicos y los cineastas afirman ahora que los dinosaurios, lejos de haberse
extinguido, llenan los cielos del planeta convertidos en las innumerables
especies de pájaros. En la misma forma, a medida que la investigación histórica
avanza, apoyada en teorías crecientemente poderosas y sutiles, el cuadro del
desarrollo de la sociedad humana se va llenando de colores y matices cada vez
más ricos. Y de pronto, lo que parecía ser una cosa a ojos de todo el mundo,
resulta ser otra muy diferente.
¡Y Todos Los Caminos Conducían A Roma !
El
fin del siglo XX nos enfrenta a un hecho al parecer definitivo: la culminación
del proceso de transición del conjunto de la humanidad a la modernidad
capitalista. La magnitud gigantesca del proceso de transición al capitalismo
quizás más que nada queda reflejada en su impacto sobre la población mundial:
al iniciarse la era cristiana, se estima que la población mundial alcanzaba
unos 250 millones de personas, diez siglos después, cuando el feudalismo se
consolidaba en Europa Occidental, esa cifra se mantenía, aproximadamente,
igual. Hacia el siglo XV, cuando se iniciaba el Renacimiento, la población del
mundo se acercaba a los 500 millones de personas. Hoy día el mundo cuenta 5.300
millones de habitantes y se espera que a inicios del próximo siglo la humanidad
alcance los 7.000 millones de personas.
El
proceso de transición a la modernidad capitalista no está aún completo, ni
mucho menos. Desde el punto de vista de las transformaciones en la estructura
económica, la clave de la transición al capitalismo en general parece ser la
llamada acumulación originaria, es decir, la expulsión de los campesinos de la
tierra y su subsecuente transformación en obreros potenciales. Todavía en 1994,
según Naciones Unidas, más del 70% de la población mundial aún vive y trabaja
en el campo. En América Latina, sólo en cuatro países, Argentina, Chile,
Uruguay y Venezuela, la proporción de población urbana bordea el 90%. En países
como Bolivia y Paraguay, la población urbana apenas supera el 50%, en Ecuador y
en la tierra de Mariátegui y dicha proporción, si bien es algo mayor, en poco
supera al 60%. Parece claro, a la luz de estas cifras, que es aún mucho lo que
falta para que el proceso culmine definitivamente.
Al
ritmo vertiginoso que transcurre la transición al capitalismo en nuestros días,
sin embargo, principalmente en los paises más populosos, es probable que, así
como la llegada del siglo XX posiblemente pasó más o menos inadvertida para la
abrumadora mayoría de la población mundial, que por entonces vivía en el campo
sumida en la ignorancia, la mayor parte de la humanidad celebre la llegada del
siglo XXI en las plazas calles de ciudades comunicadas entre sí como una aldea
global. Muchos de ellos probablemente pensando volver a vivir en el campo
nuevamente, trabajando desde allí mediante la supercarretera de información.
No
conviene olvidar, por cierto, que como resultado del mismo proceso que nos ha
liberado de la sujeción a la tierra, a la familia y a la ignorancia, quiénes
despedimos el siglo XX, aún sometidos a señores capitalistas y encandilados por
el fetiche del dinero, probablemente, en promedio, pasemos más hambre y frío y
vivamos más neuróticos y en peor equilibrio con la naturaleza, que nuestros
abuelos, al iniciar el siglo.
Cuando
los historiadores configuren ahora, a posteriori, una tipología más completa
del proceso de transición al capitalismo, que considere las formas peculiares
que la misma adquirió durante el siglo que termina, dicha tipología
probablemente incluirá, al menos, dos vías principales de transición aparte de
la clásica: la vía "islámica" y la vía del "socialismo
real". Es posible que las transiciones aún en curso, como las que recién
culminan, se viven por estos días o están a punto de vivirse, en América Latina
o en Africa puedan configurar tipos adicionales.
Parece
posible ahora, sin embargo, empezar a examinar la particularidad que distingue
la "vía del socialismo real" de las otras. Esta dice relación con la
forma que adquiere en dicha vía el proceso básico de la transición, antes
mencionado: la llamada acumulación originaria del capital que, como Marx la ha
definido consiste en realidad en la acumulación primitiva de obreros requerida
para que el capitalismo pueda echar a andar su reproducción, es decir la
reproducción de los obreros, por sus propios pies.
La
acumulación originaria, que se produce solamente cuando puede y tiene que
producirse por razones económicas es, sin embargo, un proceso de naturaleza
puramente histórica. En dicho proceso la violencia, como dice Marx, juega un
rol decisivo.
En
el caso clásico, que Marx estudia en la Inglaterra del siglo XVII, pero que se
repite en forma similar en todas las transiciones de este tipo, la acumulación
originaria adquiere un carácter privado, individual. Es así como en todos estos
procesos, los campesinos son expulsados de la tierra, usualmente por la fuerza,
por la guerra, por la revolución, por la ley, por la reforma agraria, por la
contrarrevolución, etc. y lanzados a los caminos donde luego son contratados en
forma individual por capitalistas privados.
La
peculiaridad distintiva de la "vía del socialismo real" parece
consistir en que la contratación como obreros de los campesinos expulsados de
su tierra se hace en forma colectiva, por el estado, quién hace el papel de
capitalista colectivo.
En
Rusia, por ejemplo, la acumulación originaria masiva tiene lugar en el curso de
la "ofensiva del socialismo en todo el frente", lanzada por Stalin en
los años 30. En dicho proceso, la llamada "colectivización de la
agricultura" parece haber sido en realidad precisamente lo contrario, es
decir, la transferencia a la naciente industria soviética de enormes
contingentes de campesinos quiénes pasaron así, sin la intermediación de los
caminos ni la contratación de capitalistas individuales, a transformarse en
asalariados sometidos al capitalista colectivo, representado por el estado.
Historiadores
del período[3] han llamado la atención hace ya
algunas décadas acerca de la homología de este proceso con su similar en
occidente. Incluso existen leyes idénticas en la Rusia de Stalin y en la
Inglaterra Cromweliana, como aquella que establecía que los deslindes de los
grandes predios debían cerrarse, incorporando a los mismos todas las
propiedades campesinas que quedaran dentro de los deslindes así definidos. De
esta manera fueron expropiados legalmente muchos miles de campesinos más en la
Rusia socialista de los años 30 que en la Inglaterra capitalista del siglo
XVII. ¡Tal es, al parecer, la esencia de los planes quinquenales de Stalin.
La
particularidad de la "vía del socialismo real" parece haber
consistido, entonces, en que los nuevos esclavos asalariados, es decir los
campesinos transformados a la fuerza en obreros, no fueron de propiedad
individual, tal como ocurrió en la vía clásica, sino colectiva. Dicha
particularidad no sólo conformó a los obreros, es decir a la clase explotada,
de determinada manera, sino también a la clase explotadora. Esta última
aparentemente se fue constituyendo gradualmente a partir de la burocracia
partidaria y estatal, hasta tomar plena conciencia de si misma durante los
procesos de fin de siglo, donde pierde aceleradamente su carácter colectivo
para estallar en miles de capitalistas individuales.
La
propiedad colectiva de los explotados no es un fenómeno nuevo. Como se ha
mencionado arriba, ello ocurría en la antigua Esparta esclavista. Pero en forma
más reciente y significativa, también es un fenómeno que se presenta con los
siervos feudales, precisamente en Rusia. En el siglo XIX, es decir ayer mismo,
el estado absolutista Ruso poseía tierras con 20 millones de siervos ¡dos
quintas partes de la población campesina de Rusia! [4]
"Los Agentes Siempre Frustrados Y Siempre
Resurgentes, De Una Historia No Dominada" [5]
Lo
que ha venido ocurriendo durante los últimos años en la región centroamericana,
que incluye hasta el sur de México, se presenta hoy de manera casi evidente
para cualquier observador que provenga de paises que ya han completado más o
menos su tránsito a la modernidad. El atraso prevaleciente en la región
mencionada hace patente que las viejas relaciones de tipo latifundario que
hasta hoy allí permanecen -en El Salvador, por ejemplo, hasta hace poco,
catorce familias eran propietarias de buena parte del país y la mayor parte de
sus habitantes vivían y trabajaban en el campo- ahogan el desarrollo de esas
sociedades y que deben ser removidas. Lo que esa región parece estar pidiendo a
gritos es bastante prosaico: de alguna manera sacar a dichos campesinos de la
tierra para transformarlos en obreros.
¡Pero
del dicho al hecho hay un trecho que constituye toda una epopeya! A quién
visite en estos días El Salvador, por ejemplo, no dejará de impresionarle la
gesta de ese pueblo, de rasgos mayas casi puros, que ha sido capaz de librar
una guerra de diez años en un país cuyo territorio no es mucho más extenso que
el de una gran ciudad, contra un adversario feroz respaldado por la principal
potencia capitalista del mundo, hasta lograr una paz digna y de paso
transformar la estructura del país hasta la médula. Oculto todavía por los
estertores de la guerra que termina y no reflejado aún en el espejo de la
conciencia de sus parteros, un pequeño jaguar centroamericano acaba de nacer.
¡Cuantos sueños, cuanto heroísmo, cuanto dolor, cuanta muerte, fueron necesarios
para ello!
La
nueva sociedad, antes de nacer, se forja en el cuerpo de quiénes la traen a la
vida. ¡Para hacer las cosas que la historia demanda, la gente llena su cerebro
de imágenes, su piel de sensaciones, su corazón de amores, sus entrañas de
pasiones!
Las
ideas del cambio la gente las toma desde cualquier matriz. El marxismo, la más
avanzada expresión del pensamiento humano en este terreno hasta el siglo
pasado, ha sido fuente de inspiración de millones de revolucionarios de este
siglo, simplemente porque es ante todo una filosofía del desarrollo, del
cambio, de la transformación. Siendo anticapitalista "hacia
adelante", ciertamente es radicalmente antilatifundaria. Su "última
Thule" comunista, además, empata muy bien con las concepciones del
comunitarismo campesino. Pero también han sido grandes matrices de inspiración
revolucionaria del siglo el islamismo y el cristianismo.
En
el caso de El Salvador, por ejemplo, el gran pensador del cambio
revolucionario, a nivel de su inspiración filosófica, es el sacerdote Jesuita
español Ignacio Ellacuría, asesinado junto a otros cinco sacerdotes en 1989 por
soldados del batallón salvadoreño-norteamericano Atlacat. A su vez, Ellacuría
se inspira en el pensador cristiano vasco Xavier Zubiri. Dice por ejemplo
Ellacuría "no basta filosóficamente con buscar la verdad, sino que
hay que procurar filosóficamente realizarla para hacer la justicia y construir
la libertad" [6]. No es extraño que los Salvadoreños se
hayan dejado guiar por tales concepciones para enfrentar las grandes
transformaciones que había que realizar!
Los
que hacen saltar la historia hacia adelante no dejan de llevar, de contrabando
entremedio de sus banderas revolucionarias, algunas añejas pancartas. Los
clásicos sansculottes parisinos, sin ir más lejos, cortaron la cabeza del rey
añorando al mismo tiempo la implantación de una "tasación general",
es decir, una fijación de los "beneficios de la industria, los salarios
del trabajo y los márgenes del comercio"[7], vieja política utilizada por
los mismos reyes para obtener el apoyo del pueblo contra la burguesía en
tiempos difíciles. Asimismo, las viejas mentalidades campesinas, las ideas de
las corporaciones gremiales, las concepciones proteccionistas de la burguesía,
todas ellas más o menos antimercantiles, opresivas y conservadoras, han
impregnado el ideario de las masas populares que realizaron todas las
revoluciones en nuestro siglo. A pesar de ello, sin embargo, todas estas
revoluciones han procedido sin titubeos a realizar las reformas económicas y
políticas decisivas que han abierto paso a la modernidad en todo el mundo.
Así
como muchas veces los revolucionarios hacen lo que hay que hacer a pesar de
estar inspirados, parcialmente, en programas que fueron adecuados para
situaciones del pasado y que ya no lo son y otros que no van a ser nunca
adecuados para ninguna situación, también actúan movidos por ideas justas, pero
cuyo tiempo aún no ha llegado.
¡Lo
importante es que son ideas que los estimulan a actuar para hacer las
transformaciones objetivamente necesarias!
Hoy
aparece más claro, por ejemplo, que las ideas ilustradas que inspiraron a los
héroes de la independencia de América Latina parecen haber estado también
adelantadas al proceso que en verdad realizaron: "el tremendo hecho de que
en siglo de la independencia de las repúblicas latinoamericanas se produjo en
grandísima escala, como no lo había habido antes desde México hasta Chile, la
inquilinización del campesinado indígena porque se "repartieron" las
tierras de las comunidades indígenas. De la división subdivisión de las tierras
de las comunidades indígenas resultó no la propiedad del indio campesino, sino
resultó el latifundio".[8]
Es
posible que otro tanto haya ocurrido con el marxismo, cuyo desarrollo se hizo
aséptico durante este siglo, al alejarlo de la economía y la política el
monopolio que en este terreno asumió el movimiento comunista, subordinándolo a
su táctica, y reduciéndolo casi exclusivamente a los ámbitos de la cultura.
Nada parece impedir que la enjundiosa vertiente teórica que ofrece el marxismo
para la crítica y superación del capitalismo sea redescubierta con renovado
interés por quiénes se planteen, ahora sí en verdad, este problema.
¡Honor y Gloria Eterna a los Jacobinos!
Cuando
se haga la tipología de las transiciones a la modernidad capitalista a que
hemos aludido antes, es probable también que las etapas clásicas de la
transición francesa sean las utilizadas para periodizar el desarrollo del
modelo general.
Al
menos, dichas etapas clásicas parecen estar también presentes a grandes rasgos
en las "vías espartanas" de transición al capitalismo, de este siglo.
Es así como la etapa de "Revolución Burguesa Y Movimiento Popular" de
la Revolución Francesa (1789-1792)[9] encuentra su correlato en la
Kerenskiada Rusa. La etapa de "Gobierno Revolucionario Movimiento
Popular" de la Revolución Francesa (agosto 1792-mayo 1795) tiene su
homólogo más o menos evidente en Rusia en el período que va desde el Octubre
Rojo
De
paso, nadie que haya leido "El 18 Brumario de Luis Bonaparte", de
Marx, dejará de notar ciertos rasgos del período allí estudiado que parecieran
prefigurar los regímenes facistas del siglo siguiente. Ojalá que Rusia, en su
tránsito a la modernidad, no repita el ejemplo de Alemania e Italia y evite a
la humanidad el drama de un 18 Brumario del señor Zhirinovsky. Alguna esperanza
respecto a que el facismo no constituya una fase inevitable en estas
transiciones parecen ofrecer las naciones que, además, las iniciaron más de un
siglo antes que nadie : los holandeses y los ingleses, cuyas revoluciones del
siglo XVII en verdad abrieron el camino cuya cima se alcanza en medio de las
convulsiones de los días que vivimos.
El
juego de establecer tipologías es muy arriesgado - por cada parecido pueden
siempre encontrarse varias diferencias; además, no se trata de establecer
semejanzas, sino de identificar los elementos de salto generales, en el sentido
de "generadores" -y ciertamente no ha llegado aún el momento de hacer
éstas. Queda mucho que ver todavía respecto como se desenvuelven los procesos
que actualmente afectan a los ex paises socialistas.
Por
otra parte, son muchos más los elementos de análisis que se requiere poner en
juego, además del asunto básico de la transición a la modernidad, como
determinantes de estos procesos. Uno no menor, desde luego, es la geopolítica
de los intereses nacionales, lo que requiere de otros acercamientos al tema que
no tienen nada que ver con la economía política, que es el que adopta este
autor.
Interesa
destacar por ahora, sin embargo, que la burguesía en la transición clásica de
Francia, recién asienta definitivamente su gobierno directo en 1830,
curiosamente bajo la forma de una monarquía constitucional. Antes de ello, con
el fin de vencer la resistencia aristocrática "…la burguesía tuvo que
resignarse a la alianza popular … consintió en la instauración de la dictadura
napoleónica"[10]
Es
decir, en la transición clásica a la modernidad, existe un período de al menos
40 años durante el cual el carácter burgués de la misma queda más o menos
oculto debido a que son otros actores, el pueblo y la burocracia usurpadora del
poder, quiénes representan los roles protagónicos. No es de asombrarse,
entonces, que en las revoluciones socialistas de este siglo el protagonismo de
estos mismos actores, durante 70 años en Rusia y 40 años en China, hayan
obscurecido casi totalmente el verdadero carácter de dichos procesos. .
No
es este el espacio ni el autor que se interesen en relevar el papel y los
logros que cupo a las burocracias civiles y militares que usurparon el poder en
determinadas fases de estos procesos. Ya los dictadores que usualmente las
encabezaron se presentaron en vida como "líderes esclarecidos de todos los
pueblos del mundo", se cubrieron a sí mismos de todos los honores y
privilegios, en la misma medida que aplastaban a sus pueblos y no pocas veces a
sus vecinos con mano de hierro. En casos excepcionales, estos napoleones fueron
trágicos líderes ilustrados, con una historia de jacobinismo previo. Otras
veces, sin embargo, las gemas de su collar de gobernantes parecen haber sido la
astucia, la ambición, la traición y la falta de escrúpulos, pero ante todo la
brutalidad. Poco despúes de muertos, si la justicia no les llegó antes, cuando
la gente los cambia al cementerio que se merecen, es generalmente a una tumba
más chica que la que ellos mismos se construyeron.
Sí
interesa, en cambio, destacar el rol decisivo del actor popular, de la gente
sencilla, que cuando fue convocada por la historia, en todos y cada uno de
estos procesos de tránsito la modernidad, irrumpió masivamente en la escena
metiendo cuchillo a fondo para cortar, generalmente por lo sano, lo podrido y
despejar así el paso a la criatura que nacía. Porque cuando hubo cosas que
realizar, no fueron los satisfechos quiénes resolvieron que había llegado el
tiempo de cambiar. Fueron siempre los descontentos. Los hambrientos de justicia
y de todo. La gente común y corriente. Los jóvenes de todas las edades. Los
bienaventurados. Los de abajo.
El
protagonismo popular en los procesos de transición a la modernidad no es cosa
de un sólo momento. En ninguno de estos procesos el primer plano del pueblo se
reduce a una sóla Toma de Bastilla, un sólo Asalto Al Palacio de Invierno. En
el caso de la transición clásica, hay por lo menos tres momentos en que la voz
de mando que se escucha proviene de los de abajo: la de Robespierre, la de los
revolucionarios de 1848 y ciertamente la de los Comuneros de 1871. Es posible
que ahora, a la vista de los acontecimientos del fin de siglo, el Asalto Al
Cielo no sea caracterizado ya por los hijos del viejo Marx y del viejo Lenin
como la primera de las revoluciones proletarias. Quizás en un análisis mucho
más complejo del proceso de transición a la modernidad capitalista en todo el
mundo, dicho momento heroico sea visto como una irrupción popular necesaria
para que el proceso mismo avanzara de una a otra de sus propias fases.
En
la transición a la modernidad, el pueblo aportó la mayor cuota de sufrimientos
y soportó las mayores privaciones, nunca alcanzó privilegio alguno y terminó
más o menos tan necesitado como siempre, aunque es cierto que conquistó su
libertad en muchos aspectos muy importantes.
Sus
jefes, revolucionarios auténticos, generalmente terminaron sintiéndo deslizar
sobre sus cuellos la misma guillotina con que cortaron la cabeza a la vieja
sociedad.
Los
sans-culottes parisinos, como los 662 Vencedores, supervivientes de la Toma de
La Bastilla el 14 de Julio de 1789, lejos de ser "la hez de la
sociedad", como se los ha querido presentar, eran en su mayoría, casi dos
tercios del conjunto, "personas de oficios, artesanos y
obreros…pertenecientes a una treintena de oficios (en primera fila los de la
madera, 49 carpinteros y 48 ebanistas, luego 41 cerrajeros, 28 zapateros…).
Aproximadamente una cuarta parte se relacionaba esencialmente con el pequeño
comercio, con las tiendas(21 tenderos, 11 mercaderes de vino, 3 cabareteros…).
Los asalariados, difícilmente identificables a través del vocabulario de la
época …, aparecen en clara minoría: 150 aproximadamente (de ellos 25 mozos de
cuerda, porteadores, identificables con toda seguridad). Una sola mujer: Marie
Charpentier, mujer de Hanserne, lavandera de la parroquia de Saint -Hipolite en
el barrio de Saint-Marcel"[11].
Los
sans-culottes predominaron en estas jornadas, "pero también participaron
en las jornadas pequeños grupos de "burgueses", rentistas, miembros
de las profesiones liberales…las mujeres desempeñaron también un papel
particularmente importante con motivo de la marcha sobre Versalles, en las
algaradas a causa de las subsistencias y en los saqueos de 1792 y 1793, en las
jornadas de Pradial”[12]
Es
probable que una relación de los Guardias Rojos que asaltaron el Palacio de
Invierno en San Petersburgo, en Octubre del 17, no entregue resultados muy
diferentes en cuanto su origen social, aún cuando es probable que el mayor
desarrollo relativo de la industria capitalista en la Rusia de entonces
aportara un destacamento obrero algo más significativo.
Los
campesinos, "fuese cual fuese la importancia y la eficacia del movimiento
revolucionario de las masas urbanas, la revolución burguesa no se hubiese
impuesto si las masas campesinas, la inmensa mayoría de la nación, no hubiera
entrado, a su vez, en la Revolución…Si bien es cierto que las masas parisinas
desempeñaron un papel esencial desde el 14 de julio hasta las jornadas de
octubre de 1989, luego a partir de la primavera de 1792, fue sin duda la
revuelta campesina la que, en el intervalo, impulsó a la revolución hacia
adelante".[13]
¿No
parece bastar un cambio de fechas para que el párrafo anterior sea enteramente
aplicable a los campesinos rusos?
Los
Jacobinos, Marat, Danton, Saint-Just…Robespierre, los revolucionarios que se
apoyaron en el pueblo y condujeron su sublevación. Desde 1792 hasta el 9 de
termidor del año II (27 de julio de 1794) dominaron la escena revolucionaria.
Se liquidaron unos a otros y fueron guillotinados todos ellos el 10 de termidor
del año II.
En
el intertanto condujeron el gobierno revolucionario, hicieron rodar las cabezas
del rey, de la reina y del feudalismo, abolieron la esclavitud en las colonias,
derrotaron la intervención de todas las potencias de la época.Crearon la
República Francesa "una indivisible" y la dotaron de un registro
civil, una ley de divorcio, un nuevo calendario, la educación primaria
obligatoria y gratuita, el Conservatorio Nacional de las Artes y Oficios la
Ecóle Normale Superieur. Legaron al mundo una nueva era, La Marsellesa y el
sistema métrico decimal.
Al
hablar de los revolucionarios franceses no se puede dejar de mencionar a los
militantes, que dirigían las actividades populares en los campos y en los
barrios de París y a los Conjurados de la Igualdad de Babeuf, "quién al
perecer en el cadalso de la plaza de Vendôme había contribuido a abrir las
puertas del porvenir",[14] pero son ciertamente los jacobinos
quiénes representan en la gesta clásica la voluntad humana de transformar al
mundo en su expresión más elevada.
Los
jacobinos renacieron con nombres diferentes las revoluciones que, una tras
otra, sucedieron a la Francesa, ampliando cada vez más la esfera de la
modernidad, la que por estos días está por cubrir todo el globo.
Sus
idearios fueron diferentes, muchas veces críticos de aquel que sustentaban sus
hermanos mayores. Sus métodos a veces un poco más democráticos, mas humanos que
los de aquellos, conforme la especie humana se desarrolla. Otras veces, muchas,
mas brutales que los originales, reflejo también de zonas más primitivas por
donde transitaban su historias.
Los
jacobinos se llamaron maderistas, carranzistas, villistas, algunos de ellos,
pero más que nada fueron zapatistas, en aquella revolución que abrió en las
tierras de Cahuactemoc el camino de todas las transiciones a la modernidad
triunfantes de este siglo.
Estuvieron
presentes, de seguro, en las grandes revoluciones que se hicieron en el nombre
de Alá.
Pero
en las principales revoluciones del siglo XX los jacobinos se llamaron a si
mismos bolcheviques, comunistas, socialistas, miristas, sandinistas,
revolucionarios marxistas. Sus nombres propios fueron Lenin, Trotsky, Bujarin,
Che Guevara y tantos otros. Aunque hubo quiénes permanecieron fieles a la
Marsellesa, aunque la apellidaran socialista, la mayoría de los jacobinos del
siglo XX concurrimos al combate entonando La Internacional.
Nuestro
sueño ya no era la imposible sociedad de pequeños productores a la que
aspiraban nuestros hermanos, los jacobinos clásicos. El sueño de los
principales jacobinos del siglo XX, ahora realizable, sólo que anticipado,
consiste en abrir paso a la inevitable superación de la era capitalista, la
misma a la cual en definitiva nuestras revoluciones de este siglo precisamente
abrieron paso. Tal sueño queda en pie, intacto y expectante para el siglo XXI.
En
todas las transiciones a la modernidad los jacobinos pierden. Esto es, luego de
alcanzar el poder y hacer lo que tienen que hacer. Ello es necesariamente así
porque el carácter de las revoluciones de estos dos siglos define que el
trabajador, a quién ellos expresan, no sea la fuerza fundamental de las
sociedades que nacen. Sin embargo, su presencia permanece vigilante, así como
la del pueblo, a lo largo del curso de las transiciones, obligando por su sola
presencia a quiénes se constituyen como clase dirigente de estos procesos a
cumplir efectivamente su rol histórico.
Donde
las revoluciones de este siglo fueron comunistas, los jacobinos se llamaron
comunistas. Pero no siempre los comunistas continuaron siendo jacobinos. Cuando
mantuvieron el poder, se transformaron, aquellos que siguieron en el poder, en
termidorianos, en bonapartistas y ahora, finalmente, en burgueses hechos y
derechos. Los verdaderos jacobinos generalmente terminaron víctimas de las
purgas de sus ex-camaradas.
Se
llamaron a si mismos militantes de la Unidad Popular, Miristas. Fueron
campesinos, obreros, artistas, intelectuales, estudiantes, artesanos,
comerciantes, soldados, pueblo.
Soñaron
con el socialismo pero hicieron la reforma agraria y nacionalizaron el cobre,
dieron a los niños medio litro de leche y ocho años de enseñanza básica
obligatoria, las transformaciones que en verdad despejaron el camino por el
cual el país está avanzando.
Fueron
liquidados, muchos de ellos, miles desaparecieron. Otros pasaron lo mejor de
sus vidas en el exilio, fuera y dentro del país
Desde
la clandestinidad antipinochetista no dejaron de porfiar, forzando así de hecho
quiénes les sucedieron a realizar las transformaciones adicionales que el país
requería, o perderlo todo. Cuando fue nuevamente necesario, se hicieron
presentes encabezando la protesta del pueblo para liquidar la dictadura y abrir
paso a un estado democrático, más adecuado a la nueva estructura consolidada en
el país. Hoy día están presentes, son garantía que se completen las
transformaciones pendientes, que el país se desarrolle y la gente no viva tan
mal. Acompañando y construyendo el sujeto popular que se ha venido
desarrollando a través de todas estas luchas. Más que nada atentos de como se
viene gestando el porvenir y sus creadores, la sociedad que inevitablemente habrá
de suceder a la modernidad capitalista, a la cual el país está accediendo
finalmente, con tanto retraso, merced también a las luchas de los jacobinos
chilenos.
La Izquierda XXI y Los Jacobinos
La
izquierda del siglo XXI, en la mayor parte del mundo, tiene ante sí problemas y
tareas diferentes, precisamente en virtud del legado de los revolucionarios de
los siglos anteriores: la modernidad capitalista.
Tales
problemas nuevos se presentaron primero a quiénes vivieron también antes los
procesos de transición al captalismo. Empezando por el propio Marx, que analizó
un estado de cosas que recién ahora, más de un siglo después de su muerte, se
ha generalizado en todo el globo, con nuevas dimensiones, por cierto. Quiénes
han mantenido y desarrollado su legado en las sociedades más avanzadas y han
sufrido, desde luego, la misma marginalidad relativa que caracterizó la vida de
Marx, han comprendido hace años, que la naturaleza diferente de tales problemas
requerían también enfoques diferentes. Más sutiles, adecuados a sociedades más
democráticas y complejas. Son, en general, muy críticos del Jacobinismo, y con
razón. Las formas de éstos no necesariamente deberán repetirse en la transición
del capitalismo a la sociedad que le suceda.
Lo
anterior, sin embargo, no puede hacer perder de vista el rol necesario que el
Jacobinismo desempeñó en las transiciones a la modernidad, especialmente en el
siglo XX, cuando este fenómeno en verdad adquirió alcance mundial. Hoy puede
afirmarse, quizás, que el Jacobinismo, entendido en el sentido amplio que se le
ha dado en este escrito, fue una forma política propia y adecuada de fases
determinadas, populares, de la transición a la modernidad capitalista. En este
sentido, su rol progresista es gigantesco. El recoger su herencia, cualquiera
sea el nombre que hayan tomado, será probablemente algo que los historiadores,
los intelectuales y los pueblos, siempre justos a la larga, apreciarán
debidamente. Con mayor distancia, sobriedad y altura[15] que
la que hoy pueden tener en muchos lugares del mundo.
A Salvador Allende, Presidente Jacobino de Chile,
la nación moderna que a él más que nadie debe su existencia, deberá construirle
pronto el monumento que se merece, el mayor de todos, frente al que honra al
Presidente Balmaceda.
Manuel
Riesco
November
17, 1999[16]
Revista Encuentro XXI, Nº1, verano del sur
1995
http://www.geocities.com/~encuentroxxi
* Manuel Riesco es chileno, 1947. Es ingeniero
civil industrial, magíster en economía, de la Universidad de Chile y cursó
estudios de doctorado en economía política en el Instituto de Ciencias Sociales
de la Academia de Ciencias de la URSS.
[1] Citado por Thompson, E.P.en "La Miseria
De La Teoría ", Barcelona, crítica, 1981, p. 146.
[2] Anderson, Perry; "El Estado
Absolutista"; Sg. XXI, 1992, pg. 568.
[3] Ver Deutscher, Isaac. "Stalin" y
"Trotsky".
[4] Anderson, Perry;
"El Estado Absolutista", Sg. XXI, 1992, pg. 354.
[5] Thompson, E.P., citado por Perry Anderson
"Teoría, política e historia" Siglo XXI 1985; p.17.
[6] Ellacuría, Ignacio; "
Función Liberadora de la Filosofía", ECA, 1985, 435-346, p. 59.
[7] Soboul, Albert; "La Revolución
Francesa" Crítica, Barcelona, 1987; p. 127.
[8] Lipschutz, Alejandro; "El movimiento
Indigenista y La Reestructuración Cultural Americana"; América indígena,
vol XII, Nº4, octubre 1953.
[9] Soboul, Albert; "La Revolución
Francesa" : Cuadros Cronológicos. Crítica, Barcelona, 1987; p. 425-463.
Las etapas de la Revolución Francesa que se presentan han sido tomadas de esta
fuente.
[10] Soboul, Albert; "La Revolución
Francesa" Crítica, Barcelona, 1987; p. 117.
[11] Soboul, Albert; "La Revolución
Francesa" Crítica, Barcelona, 1987; p. 225
[12] Soboul, Albert; "La
Revolución Francesa" Crítica, Barcelona, 1987; p. 229.
[13] Soboul, Albert; "La
Revolución Francesa" Crítica, Barcelona, 1987; p. 274.
[14] Soboul, Albert; "La Revolución
Francesa" Crítica, Barcelona, 1987; p. 144.
[15] Hay quiénes, concordando a rasgos generales
con la visión acá expuesta acerca del carácter de los socialismos reales,
rechazan, sin embargo tales experiencias por el delito de no haber tenido clara
conciencia de lo que en verdad eran y haber proclamado que eran algo diferente.
Esta posición conduce rápidamente a los mayores absurdos. Ejemplo de ello es el
reciente libro "El Vacilar De Las Cosas" (Ed. Sudamericana, Buenos
Aires), del ensayista Juan José Sebreli. Allí y so pretexto de defender el
"verdadero Marx", Sebreli llega al extremo de calificar de"mala
izquierda" a todos los revolucionarios de este siglo. Aclara que éstos
incluyen a "los marxistas y todas sus variantes en el siglo XX,
leninistas, estalinistas, trotskistas, maoistas, castristas, guevaristas,
tercermundistas, gauchistes, teólogos de la liberación". A Cuba la llama
"ese museíto folklórico de provincia donde se exhiben los restos
arqueológicos de una civilización desaparecida", construida, como los otros
socialismos, por "idiotas políticos.... los miles de militantes anónimos
que sufrieron persecusiones, exilio, torturas y a veces la muerte".
[16] Pudiera ser de algún interés al lector
conocer la trayectoria de este artículo.
La
primera versión del mismo fué terminada por el autor a principios de 1994.
Convencido éste que se trataba de una obra de interés, que exponía un
importante descubrimiento de tipo histórico, realizó los esfuerzos de
divulgación que autores en este estado de conciencia suelen efectuar.
Entre
éstos, los consabidos intentos de publicación, infructuosos en su mayor parte,
en los más diversos medios. Entre los que han tenido oportunidad de ponderar la
publicación del trabajo en cuestión, sin que se hayan verificado, hasta el
momento, resultados positivos, se cuentan El Mercurio de Santiago, The New Left
Review (Inglaterra), Utopías (España), Revista UCA (El Salvador). También fue
enviado a Revista Pluma Y Pincel (Chile) y Revista Punto Final (Chile),
publicaciones, estas últimas, que han acogido generosa y pacientemente diversos
otros escritos de este autor, pero que en este caso se excusaron por la razón
que se indica a continuación.
Ascanio
Cavallo, hombre de fina inteligencia, director del Diario La Epoca, de
Santiago, Chile, consideró interesante la tésis y publicó el artículo
practicamente completo, en su suplemento dominical, cuidadosamente editado,
intercalando sugestivas ilustraciones de Delacroix y Kandinsky. El huracán de
reacciones provocado dicha publicación partió, al parecer, con rumbo
desconocido. El único vestigio del mismo que alcanzó a conocer el autor fué un
único llamado telefónico, del conocido actor y también columnista de La Epoca,
Nissim Sharim, quién valoró calurosamente el artículo, agregando que había
tenido tiempo de ponderarlo detenidamente, así como todos los artículos
aparecidos en la prensa de ese día, por la circunstancia de encontrarse
entonces enfermo, en cama.
En
dos oportunidades, comprensivos amigos del autor, lograron hacerle espacio para
exponer la tesis del artículo en sendos seminarios. Estas fueron el Encuentro
de la Asociación Americana de Juristas y Semana Marxista, ambos celebrados en
Chile durante 1994, sugestivamente ambos en la universidad ARCIS. En ambos
casos, como es fácil de suponer, el temario de los paneles en el cual se
incluyó al autor bien poco tenían que ver con el contenido del artículo en
cuestión. Quizás en parte por este motivo, eran dignos de ver, en ambas
ocasiones, los rostros de estupefacción del auditorio al escuchar la entusiasta
exposición que el autor hizo del trabajo. En el caso de los asistentes a a
Semana Marxista, principalmente estudiantes, no hubo absolutamente ninguna
reacción. En el caso de los Juristas, quizás por venir muchos de ellos del
extranjero, probablemente preparados para cualquier cosa, o quizás porque había
más de uno de nacionalidad Argentina, hubo abundantes comentarios, preguntas y
críticas, no todas ellas negativas.
La
más profunda crítica que recibió el artículo en Chile provino del filósofo, ex
director de Principios, revista teórica del PC y actual experto en materias
ecológicas, JMA, quién señaló que la tésis del artículo permitía iniciar toda
una nueva industria de reciclaje de desechos teóricos.
Finalmente,
sin embargo, el artículo ha terminado por demostrar definitivamente el viejo
aserto que no hay profeta en su tierra.
En
efecto, quizás por razones de obscura intriga, interés real o simplemente
azares del destino, el hecho es que el autor se encontró una tarde, por primera
y probablemente última vez en su vida, con un pasaje para viajar al día siguiente
a España, a exponer el contenido del trabajo en un seminario
sobre...Mariátegui. Con la venia del seductor Peruano, cuyas referencias
poblaron el texto rapidamente, el artículo fue presentado como ponencia -
remunerada además - al Encuentro sobre Mariátegui, organizado por Fundación de
Investigaciones Marxistas, de España, en Madrid. El selecto y reducido público
presente recibió esta vez sin estupefacción y más de alguien observó que se
trataba de una tesis "sugerente".
Incluso el director de una prestigiosa publicación,
comentó: " ¿ I gather you are reevaluating the roll of the Petit-Burgoisie
in the revolutionary process?"
El
autor podrá reclamar ciertas incomprensiones, pero no puede dejar de reconocer
que ha pasado tiempo de su vida, gracias a los Jacobinos.

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