© Libro N° 13962. La
Obsolescencia Del Marxismo. Marcuse,
Herbert. Emancipación. Junio 21 de
2025
Título Original: © La Obsolescencia Del Marxismo. Herbert
Marcuse
Versión Original: © La Obsolescencia Del Marxismo. Herbert Marcuse
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Herbert Marcuse
La
Obsolescencia Del Marxismo
Herbert Marcuse
LA OBSOLESCENCIA
DEL MARXISMO *
Herbert Marcuse
Debo comenzar por cuestionar el título dado a mi trabajo. En él se ha
omitido algo muy importante: el signo de interrogación. En mi opi¬nión, este
signo de interrogación es el símbolo más condensado de la dialéctica en la
teoría marxista, pero específicamente su sim-bolismo resi¬de en el hecho de que
es obsoleta precisamente en la me¬dida en que dicha obsolescencia convalida los
conceptos básicos de la teoría. Más simplemente: los factores que han llevado a
la transitoriedad y obsolescencia de algunos conceptos decisivos de Marx están
antici¬pados en la mis¬ma teoría marxista como alternati-vas y tendencias del
sis¬tema capitalista. Por lo tanto, una revisión e incluso una reformu¬lación
de la teoría marxista no puede significar simplemente el ajuste de esta teoría
a los nuevos hechos; sino que debe proceder como un desarrollo y una crítica
internos de los con-ceptos marxistas. En mi presentación, yo no hago la
distinción que hacen algunos de mis cole¬gas, entre Marx y Engels por un lado y
la teoría marxista poste¬rior, por el otro. Más bien considero, por ejem-plo, a
la teoría del im¬perialismo de Rosa Luxemburgo, Hilfer¬ding y Lenin como
desarro¬llos auténticos de la teoría marxista original. Una tercera y última
advertencia: pues¬to que he sido presentado como filósofo, quisiera
discul¬parme por considerar condiciones y problemas políticos muy concretos e
inmediatos.
El título de mi ponencia no pretende sugerir que el análisis del
sis-tema capitalista hecho por Marx es anti¬cuado; por el contrario, pienso que
se han confirmado las nociones más fundamentales de su análisis, que pue¬den
resumirse en las siguientes proposiciones:
1) En el capitalismo, las relaciones sociales entre los hombres se
ri-gen más por el valor de cambio que por el valor de uso de las mer-cancías y
servicios que ellos pro¬ducen, es decir que su posición está regida por el
merca¬do.
2) En esta sociedad de cambio, la satisfacción de las necesidades
humanas tiene lugar sólo como un residuo de la producción renta-ble.
3) En la evolución del capitalismo, se desarrolla una doble
contra-dic¬ción: a) entre la productividad creciente del trabajo y el
perma-nente incremento de la riqueza so¬cial, por un lado y su uso represivo y
destructivo, por el otro; y b) entre el carácter social de los medios de
pro¬ducción (que no son instrumentos de trabajo individua¬les sino colectivos)
y su propiedad y control privados.
4) El capitalismo puede resolver esta contradicción so¬lo
temporaria-mente por medio del aumento del derro¬che, los gastos superfluos y
la destrucción de las fuerzas productivas. La carrera competitiva por los
beneficios derivados de la producción armamentística conduce a u¬na vasta
concentración del poder económico, a una agre¬siva expan-sión exterior, a
conflictos con otros poderes imperialistas y final-mente a un ciclo recurrente
de gue¬rra y depresión.
5) Solamente se puede romper este ciclo si las clases trabajadoras, que
soportan el embate de la explotación, se apoderan del aparato productivo y lo
colocan bajo el control colectivo de los mismos pro-ductores.
Sostengo que estas proposiciones, con excepción de la última, pare-cen
ser corroboradas por el desarrollo de los hechos. La última pro-posición se
refiere a los países in¬dustrialmente avanzados, donde iba a tener lugar la
tran¬sición al socialismo, y es precisamente en estos países donde las clases
trabajadoras no son en ningún sentido un po¬tencial revolucionario. La
invalidación de uno de los concep-tos bási¬cos de Marx reclama un análisis de
la si¬tuación internacio-nal en la que se desarrollan las socieda¬des
industriales avanzadas.
El concepto marxista de la transición del capitalismo al socialismo sólo
puede discutirse significativamente dentro de la estructura in-ter¬nacional,
global, en la que o¬pera realmente el sistema de capita-lismo avanzado. Den¬tro
de esta estructura, pueden enunciarse las siguientes condiciones. El nivel de
vida, en continuo ascenso, en los países in¬dustriales desarrollados no se debe
sólo a fenó¬menos de "superficie", sino a la superabundante
produc¬tividad del trabajo y a las nuevas formas de derroche ren¬table abiertas
al sistema industrial avanzado.
Otro factor que promueve la unificación y la integra¬ción de la
socie-dad es una administración científica alta¬mente eficaz de las
necesi-dades, en demanda y su satis¬facción. Esta administración científica,
que opera más enérgicamente en la industria de la publicidad y de los
entretenimientos, hace tiempo que ha dejado de ser ape¬nas una parte de la
superestructura; se ha convertido en una parte del proce-so pro¬ductivo básico
y de los costos necesarios de producción. No se com¬praría una cantidad tan grande
de mercancías si no existiera una ad¬ministra¬ción matemática y científica de
las necesidades y una esti¬mulación científica de la demanda.
Estos factores han hecho posible el continuo creci¬miento del
capita-lismo y la necesidad vital de la revolu¬ción ya no prevalece entre
aquellas clases que, como "productores inmediatos", podrían ser
ca-paces de dete¬ner la producción capitalista. La concepción de la
re-volu¬ción en Marx se basaba en la existencia de una clase pau-perizada y
deshumanizada, pero que al mismo tiempo es¬taba exenta de todo compromiso con
el sistema capita¬lista y representaba, por consi¬guiente, una nueva fuerza histórica
con necesidades y aspira-ciones cualitativamente diferentes. En la terminología
hegeliana, esta clase es la "negación determinada" del sistema
capitalista y de las necesi¬dades y satisfacciones vigentes. Pero la emergencia
de tal fuerza ne¬gativa interna, cuya existencia y acción demostraría la
necesidad histórica de la transición del ca¬pitalismo al socialismo está
bloqueada en los países in¬dustriales avanzados, no por la repre-sión violenta
o por métodos terroristas de gobierno sino por una cierta coor¬dinación y
administración científicas y confortables. El lazo histórico interno entre el
capitalismo y el socialismo parece así romperse no sólo ide¬ológica sino
también prác¬ticamente, como re-sultado de los cambios en la propia base del
sistema.
Quisiera mencionar brevemente dos intentos de salvar esta cuestio-nada
concepción marxista de la transición al socialismo. En primer lugar, está la
teoría de la aristocra¬cia obrera, que sostiene que la inte¬gración del trabajo
en el sistema capitalista sólo afecta en reali-dad a algunos grupos
privilegiados de trabajadores, los que pertene-cen a la burocracia sindical y
los que dirigen las camarillas de los partidos, mientras que la masa no está
sujeta a dicha integración. Esta teoría me parece anticuada; la integra¬ción de
ningún modo se reduce a la pequeña minoría de la burocracia obrera, sino que se
extiende a la masa. Los grupos no privilegiados que soportan el em-bate de la
ex¬plotación permanecen fuera del trabajo organizado. En segundo lu¬gar, está
la teoría de la "estimulación tempo¬raria" del capitalismo y de la
"pauperización relativa". Respecto a la noción de estimulación
temporaria, sólo se puede señalar que, hasta donde podemos saber, todo es
temporario en la historia; además, desde un punto de vis¬ta semántico, el
concepto no tiene mucho sentido: ¿cuánto dura lo "temporario"? La
"pauperización rela¬tiva" es un concepto que tiene sentido, tanto
lógica co¬mo sociológicamente, pero es insignificante en el contex¬to de las
precondiciones revolu-cionarias de la transición al socialismo. Si se puede
seguir hablando de pauperiza¬ción cuando los trabajadores no sólo tienen un
automó-vil sino dos, no sólo un aparato de televisión sino tres, es¬to puede
seguir siendo pauperiza¬ción pero no creo que nadie pueda sostener que esta
clase de paupe¬rización promueva la necesidad vital de un pensamiento y de una
ac¬ción radicales.
¿Ha sido invalidada la teoría marxista por esta quie¬bra de la
concep-ción clásica de la transición del capitalis¬mo al socialismo? Para
res-ponder a esta pregunta, co¬menzaré por referirme a un pasaje de los
Grundrisse der Kritik der politischen Oekonomie (1857). La impor-tan¬cia de
este pasaje consiste en el hecho de que Marx inten¬ta apa-rentemente
"abstraerse" del proletariado revolu¬cionario y concen-trarse
enteramente en las tendencias tecnológico-económicas inter-nas del capitalismo,
que mostrarían las tendencias desintegradoras del sistema ca¬pitalista.
En la medida en que progresa la industria en gran esca¬la, la crea-ción
de la verdadera riqueza depende menos del tiempo de trabajo y de la cantidad de
trabajo in¬vertidos, que del poder de los instru-mentos puestos en acción
durante el tiempo de trabajo. Estos ins-trumen¬tos y su poderosa eficacia no
están en proporción con el tiempo de trabajo inmediato que requiere la
pro¬ducción; más bien su eficacia depende del nivel alcan¬zado por el progreso
científico y tecnológico o por la aplicación de la ciencia a la producción… El
trabajo humano, ya no aparece entonces como encerrado en el pro-ceso de
producción; más bien el hombre mismo se relaciona con el proceso de producción
sólo como supervisor y regulador. Perma-nece fuera del proceso de producción,
en lugar de ser su principal agente… En
esta transformación, el gran pilar de la producción y de la riqueza ya no es el
trabajo inmediato desempe–ado por el hombre mismo, ni su tiempo de trabajo,
sino la apropiación de su propia productividad univer¬sal (poder creativo), es
decir el conoci-miento y el do¬minio de la naturaleza a través de su existencia
so-cial; en una palabra, el desarrollo del individuo social (completo). El robo
del tiempo de trabajo de otros hombres, sobre el que actual-mente descansa la
rique¬za social, aparece entonces como una base miserable en comparación con
las nuevas bases que la industria en gran escala ha creado. Tan pronto como el
trabajo humano en su forma inmediata haya dejado de ser la gran fuente de
riqueza, el tiempo de trabajo dejará de ser, y necesariamente debe dejar de ser
la medida de la riqueza; y el valor de cambio necesariamente deja-rá de ser la
medida del valor de uso. El trabajo excedente de la ma-sa (de la población),
entonces, deja de ser la condición del desarro-llo de la riqueza social; y el
ocio de unos pocos deja de ser la con-dición para el desarro¬llo de las
facultades intelectuales universales del hom¬bre. El modo de producción que
descansa en el valor de cambio se desmorona. (K.Marx, Gnindrisse der Kritík der
poli-tischen Oeko¬nomie, Berlín Este, 1953, p.592, ss.).
Nada se dice aquí sobre la lucha de clases o sobre la pauperización; el
análisis del colapso del capitalismo está enteramente centrado en la dinámica
"técnica" interna del sistema; en una palabra, en la ten-dencia
básica del ca¬pitalismo avanzado hacia la automación. En las imágenes y
nociones de este pasaje (el hombre ya no está encerra¬do en el proceso de
producción, permanece afuera, rela¬cionándose él mismo con el proceso de
producción), Marx ha expresado su visión más progresista y radical del socialismo.
¿Cuáles son las implicaciones de este pasaje? El desa¬rrollo técnico de
las fuerzas productivas dentro del siste¬ma capitalista alcanza un nivel en el
cual la utilización del trabajo físico del hombre como ins¬trumento de
pro¬ducción se torna casi innecesaria. Sin embargo, las técni¬cas por sí mismas
no logran nada; la transformación de los ope¬rarios de la producción, de
capitalistas en socialis¬tas requeriría aún una revolución. Pero el nivel del
desa¬rrollo capitalista en las vísperas de la revolución sería tal que
requeriría un ideal y una realidad dife¬rentes de socia¬lismo. En otras
palabras, parece que la idea del socia¬lis¬mo de Marx no era suficientemente
radical ni sufi-ciente¬mente utó¬pica. El subestimó el nivel que podía alcanzar
la productividad del trabajo en el sistema capitalista y las posibilida-des
sugeridas por la obtención de ese nivel. Los logros técnicos del capitalismo
harían posible un desarro¬llo socialista que superaría la distinción marxista
entre trabajo socialmente necesario y trabajo creador, entre trabajo alienado y
trabajo no alienado, entre el reino de la necesidad y el reino de la libertad.
En tiempos de Marx, esta visión resultaba sin duda prematura y nada realista, y
por lo tanto su concepto básico de la transi¬ción al socialismo siguió siendo
el refe-rido al desarrollo y la racionalización de las fuerzas productivas; su
libera¬ción de los con¬troles represivos y destructivos eran la pri¬mera tarea
del socialismo. Pero a pesar de todas las dife¬rencias cualitati-vas, este concepto
de “desarrollo de las fuerzas productivas” esta-blece una continuidad
tecnoló¬gica entre el capitalismo y el socia-lismo. En virtud de es¬ta
continuidad, la transición del capitalismo al socialismo sería en pri¬mer lugar
un cambio cuantitativo: mayor pro¬ductividad. Luego; el paso de la cantidad a
la cualidad, la nega-ción determinada, sería una reconducción del apara¬to
productivo hacia el completo desarrollo y satisfacción de las necesidades
hu-manas.
Me parece que esta concepción corresponde a una eta¬pa del desarro-llo
de las fuerzas productivas que ya ha si¬do superada por las socie-dades
industriales avanzadas. En estas sociedades, se reduce gra-duahnente: a) la
fuerza física de trabajo como productora de artícu-los; b) las má¬quinas como
meros instrumentos del trabajo indivi-dual o de grupo; c) la escasez debida al
bajo grado de producti¬vidad y a la tendencia a la maximización del beneficio;
y d) la necesidad de abo¬lir la explotación del trabajo orga¬nizado.
Estas son las posibilidades de la sociedad industrial avanzada y
es-pe¬cialmente de la "sociedad opulenta" (usaré el término con un
sen-tido irónico). La sociedad opulenta indica que se ha franqueado la etapa
deldesa¬rrollo de las fuerzas productivas que Marx consideraba como el límite
interno del capitalismo. Ha superado esas condicio-nes a despecho de la pobreza
prevaleciente en es¬ta sociedad. Porque el concepto marxista implica la
iden¬tidad de las clases pauperizadas con los productores in¬mediatos, es
decir, con el trabajo industrial. Difí¬cilmente sea este el caso de la sociedad
opulenta, puesto que esta sociedad ha superado las condiciones del capitalismo
clá¬sico a pesar de la utilización superflua y destructiva de las fuerzas
produc-tivas, que de acuerdo con Marx era una de las contradicciones
in-controla¬bles que conducirían a la crisis final del capitalismo. Por otra
parte, la sociedad opulenta parece haber dominado esta contra-dicción debi¬do a
que la utilización superflua y destructiva de las fuer¬zas produc¬tivas
demuestra que es rentable y promotora de pros-peridad. ¿Pero verdaderamente ha
logrado la so¬ciedad opulenta con-tener un cambio social radical? O de otro
modo: ¿ha logrado conte-ner el potencial revolucio¬nario?
Esta cuestión requiere un reexamen de la teoría de la transición que
tenga en cuenta los factores históricos pre¬valecientes. Quisiera ofre-cer
algunas sugestiones para un reexamen de ese tipo, haciendo una distinción entre
los países industriales atrasados e indicando muy escueta¬mente la situación en
estas tres categorías con referencia al potencial socialista. Para expresarlo
de otra manera: ¿podemos iden¬tificar actualmente en estos tres tipos de
sociedades, las fuerzas (políticas, económicas y cultura¬les) que, en términos
de la concep-ción marxista, pueden ser explosivas operando en la dirección
con-si¬derada por la teoría marxista?
Quisiera comenzar con la relación entre los países in¬dustriales
avan¬zados y aquellos menos avanzados. La pre¬gunta, en este caso, es: ¿podemos
decir que la sociedad opulenta, es decir la sociedad nor¬teamericana
contempo¬ránea, suministrará el modelo de desarro-llo a sociedades capitalistas
aún más atrasadas, como Francia, Italia e in¬cluso Alemania? Quienes argumentan
contra esta afirma¬ción, habi¬tualmente enfatizan la existencia de un
movi¬miento obrero po-lítico todavía poderoso en Francia e Italia, y su nueva
estrategia, la "auto¬gestión", que combi¬na elementos marxistas con
elementos del sindi¬calismo tradicional. Este movimiento aspira a conquistar
para los trabajadores, dentro del sistema capitalista, un poder y una
in-fluencia crecientes en la administración de las in¬dustrias claves y también
en otras, y supone que se llega¬rá a su control gradual por parte de los mismos
obreros.
En mi opinión esta nueva estrategia puede ser eficaz solo después de la
revolución y no antes de ella. Con an¬terioridad a la revolución, e impulsada
dentro de la es¬tructura de un sistema capitalista todavía con buena sa¬lud,
esta estrategia muy probablemente haría surgir, por parte de los obreros,
intereses creados en el mismo siste¬ma ca-pita¬lista. El argumento que afirma
que la sociedad norteamericana sumi¬nistrará el modelo de las sociedades
capitalistas más atrasadas, se apoya en la noción marxis¬ta de que los modos de
trabajo más pro¬ductivos y avan¬zados tarde o temprano tendrán un "efecto
mode-lo" so¬bre los países menos adelantados.
Permítanme referirme, también brevemente, a la si¬tuación de los paí¬ses
atrasados. Creo que actualmente, en los países subdesarrolla-dos combatientes,
prevalecen al menos estos prerrequisitos objeti-vos del socialismo:
1) La mayoría de los "productores inmediatos" viven en
condiciones de miseria y de intolerable explotación, y la abolición de dichas
con¬diciones implica la abolición del sistema social vigente.
2) Las reducidas clases dominantes son evidentemente incapaces de
promover bajo su propia dirección, el desa¬rrollo de las fuerzas pro-ductivas;
por consiguiente, la ex¬plotación de los nativos es protegi-da y perpetuada por
potencias extranjeras, y la revolución social coin¬cide con la liberación
nacional.
3) Hay un maduro liderazgo combatiente que pro¬mueve activamente la
organización de la población some¬tida y el desarrollo de su con-ciencia. Sin
lugar a dudas, las clases dominadas no integran un pro-letariado indus¬trial
sino rural, pero como tales, son los "productores in¬mediatos", los
cuales, en virtud de su función en el pro¬ceso pro-ductivo, constituyen las
bases sociales del siste¬ma establecido, y es en ese terreno donde, de acuerdo
con la teoría marxista, el proleta-riado se convierte en el agente histórico de
la revolución.
Por otra parte, en estos países existe la posibilidad de saltar la etapa
de la industrialización capitalista represiva, industrialización que condujo a
incrementar la enérgica dominación del aparato producti-vo y distributivo sobre
la sometida población. En lugar de eso, los países atrasa¬dos pueden tener la
oportunidad de un desarrollo tecno-lógico que adecúe el aparato industrial a
las necesidades vitales y a las fa¬cultades libremente desanolladas de los
seres humanos. Sin embargo, esta oportunidad histórica de saltar las etapas
precedentes de desa¬rrollo represivo parece oscurecerse por el hecho de que
estos países de¬penden, a causa de las necesidades de capital de la
acu-mulación primitiva, de las sociedades industriales avanza¬das y de sus
intereses imperiales.
En tercer lugar, por último, está la situación de la so¬ciedad
opulen-ta. Repito que en mi opinión, la sociedad opulenta corrobora más que
refuta las contradicciones internas que Marx atribuía al desarro-llo
capitalista. Es cierto que estas contradicciones (que señalé al comien¬zo)
están diferidas y "administradas", pero no pueden ser resueltas por
el Estado de Bienestar o por el Estado de Guerra. Por-que este Estado se
enfrenta con la creciente dificultad de absorber el incre¬mento del excedente
eco¬nómico, resultado a su vez del incre-mento de la producti¬vidad del
trabajo. Esta dificultad es superada tempora¬ria¬mente por una intensificada
productividad del trabajo, por la re¬producción de enormes establecimientos
milita¬res, por la obsoles¬cencia planificada y por la científica es¬timulación
de las necesidades y de la demanda. Pero es¬tas tendencias integrativas y
cohesivas son neutralizadas por el progreso de la automación que tiende al
desem¬pleo tecnológico, y este curso sólo puede ser deteni-do produciendo más y
más mercancías innecesarias y servi¬cios pa-rasitarios.
Dentro del sistema de la opulencia represiva, tiene lu¬gar una notable
radicalización de la juventud y de los in¬telectuales. Esto es más que un
simple fenómeno ideoló¬gico; es un movimiento que, a pesar de todas sus
limita¬ciones, tiende a una fundamental transevaluación de los valores. Forma
parte de las fuerzas humanas y sociales que, en escala global, resisten el
poder opresivo de la so¬ciedad opulenta.
Para concluir, haré una sumaria identificación de estas fuerzas den-tro
de la estructura internacional y global. Porque sólo dentro de esa estructura
podemos discutir la cuestión de si el sistema capitalista avanzado está frente
a una "crisis final", como sostiene la teoría marxista. Lo que sucede
en Asia o en África no es algo exterior al sis¬tema, sino que ha llegado a
convertirse en parte integran¬te del mismo sistema. Teniendo esto en cuenta,
podemos esbozar el si-guiente síndrome de un potencial revolucio¬nario:
primero, los mo-vi¬mientos de liberación nacional de los países atrasados;
segundo, el movimiento obrero de la "nueva estrategia" en Europa;
tercero, los estratos no privilegiados de la población de la sociedad
opulen-ta; y cuarto, los intelectuales opositores. A estas cuatro cate¬gorías,
debe agregarse una que aquí no discutí, es decir las sociedades co-munistas
existentes, como fuerzas que tarde o temprano pueden entrar en coli¬sión con
las socie¬dades capitalistas. ¿Son estas socie-dades comunis¬tas opo¬nentes
activas, son observadores neutrales o son el médi¬co en el lecho de enfermo del
capitalismo (o sea: la exis-tencia real del co¬munismo estimula el crecimiento
y la cohesión del capitalismo?)
Entre estas cuatro tendencias que he llamado el sín¬drome de un
po-tencial revolucionario, el catalizador ma¬yor parece ser el primero: los
movimientos de liberación nacional. Luchando contra las gue-rras de liberación,
la sociedad opulenta lucha por su propio futuro, por su po¬tencial de materias
primas, trabajo barato e inversiones. Sin duda, el concepto clásico de
imperialismo es anticua¬do; cierta-mente los Estados Unidos no tienen intereses
básicos que puedan explicar la guerra en Vietnam. Pero Vietnam debe ser visto
en el contexto glo¬bal: un triunfo del movimiento de liberación nacional puede
ser la señal para la realización de otros movimientos en otras áreas del mundo,
áreas mucho más próximas al propio país, donde están en juego verdaderos intereses
económicos. En comparación con esta amenaza, la radicalización de los
intelectuales, especial-mente entre la juventud, parece un acontecimiento
menor. Sin em-bargo, hay que ver una circunstancia más amplia. Aquí la
dialéctica histórica a¬fecta al mismo materialismo dialéctico. Para el grado en
que la conciencia crítica ha sido absorbida y coordinada por la so-ciedad
opulenta, el hecho de que la conciencia se libere de la mani-pulación y el
adoctri¬namiento im¬puestos sobre ella por el capitalis-mo, se convierte en una
tarea y en un prerrequisito primordiales. El desarrollo, no de la con¬ciencia
de clase, sino de la conciencia como tal, libre de las distor¬siones impuestas
sobre ella, parece ser el pre-rrequisito básico para un cambio radical. Y co¬mo
la represión se extiende y aplasta a toda la población sometida, la tarea
intelectual, la tarea de discusión y de educación, la tarea de desgarrar no
sólo el velo tecnológi¬co sino tam¬bién los demás velos tras los cuales ope-ran
la dominación y la repre¬sión, todos estos factores "ideoló¬gicos" se
transforman en verdaderos factores materiales de una transformación radical. •

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