© Libro N° 13944. Orígenes Del
Nacionalismo Vasco. Hermosilla,
Ignacio. Emancipación. Junio 14 de
2025
Título Original: © Orígenes
Del Nacionalismo Vasco. Ignacio Hermosilla
Versión Original: © Orígenes Del Nacionalismo Vasco. Ignacio Hermosilla
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión
original de textos:
https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/origenes.del.nacionalismo.vasco.rtf
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro
contenido, con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un
medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los
contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la
circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría
corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son
estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
https://i.pinimg.com/736x/6e/f5/24/6ef524c3671bed5e0dcb02c3c5eb1b1c.jpg
https://www.google.com/url?sa=i&url=https%3A%2F%2Fwww.elconfidencial.com%2Fespana%2Fpais-vasco%2F2024-04-22%2Fnacionalismo-vasco-origen-historia_3871267%2F&psig=AOvVaw089W2lYa21VeiN0A3hWWEC&ust=1749836338455000&source=images&cd=vfe&opi=89978449&ved=08SjFSqSJ6DYAcBJrNGN76hEhcij5vtyJK5G819CvV7Fm
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
ORÍGENES DEL NACIONALISMO
VASCO
Ignacio Hermosilla
Orígenes Del
Nacionalismo Vasco
Ignacio Hermosilla
A raíz de la publicación en octubre de 1997 de «El bucle melánco-lico.
Historias de nacionalistas vascos», libro de Jon Juaristi, que obtuvo el Premio
Espasa hoy, hemos decidido publicar un breve serial acerca de los orígenes y
desarrollo del nacionalismo vasco. Jon Juaristi (Bilbao 1951) es catedrático de
Filología Española en la Universidad del País Vasco y ocupa, en la actualidad
la Cátedra Rey Juan Carlos I de España en la New York University. Fue
mili-tante etarra y hoy en día es uno de los más radicales detractores del
«fascismo abertzale». Como tal, forma parte destacada del «Fo-ro de Ermua».
El escritor bilbaíno hace un recorrido a través de los personajes más
significantes del nacionalismo vasco y su realidad histórica y cultural de los
poco más de 100 años de historia, hasta los conmo-vedores e imborrables dos
días de julio (del 10 por la tarde al 12 de madrugada, cuando se confirma el
asesinato de Miguel Angel Blanco a manos de ETA) en que nace de nuevo un pueblo
vasco que no quiere arrodillarse más ante el victimismo abertzale.
Este serial constará de tres partes:
1- - Orígenes del nacionalismo vasco.
2- - Un país invadido; la patria y los enemigos. «El dramón nacionalista».
3- - El nazismo en el nacionalismo vasco.
Capítulo 1
Arana, Gallastegi «Gudari», José Álvarez Txillardegi
y la actual ETA
El nacionalismo vasco nace a finales del siglo xix. El «fundador» del
nacionalismo en Euskadi es Sabino Arana Goiri, que coinci-diendo con los
desastres de Cuba y Filipinas para el imperio espa-ñol, comienza a elaborar el
cuerpo ideológico y fustes teóricos que perdurarán con múltiples matices a lo
largo de los cien años de nacionalismo vasco. ¿Pero: habían otros antes
«abertzales»? En Sabino Arana se produce una ruptura respecto a lo que algunos,
sin mucha fortuna, han nombrado precursor del nacionalismo vas-co.
¿En ciertos círculos abertzales goza de prestigio el vasco-francés
Joseph-Augustin Chao (1811-1858) como típico representante de un nacionalismo
romántico inspirado en ideas republicanas? Pues bien, Chao afirma que las
guerras carlistas escondían en vasconia una especie de movimiento nacionalista
de carácter revolucionario. Y en ningún momento los carlistas se sienten
identificados con semejante característica. Para los carlistas la guerra es una
unión de los católicos y los visigodos para salvar el antiguo sistema
tradicio-nalista, reencarnado en el infante Carlos María Isidro frente al
en-tendimiento de Isabel con los liberales.
Los nuevos nacionalistas radicales quieren presentar a Zumalacá-rregui
como el primer héroe de la patria, cuando era un general absolutista y español
a la vieja usanza tradicionalista. Chao era un francés que supo promocionar
turísticamente la región vascofran-cesa con la atracción del romanticismo
cercano a casa: un país de ancestrales tradiciones y donde, no muy lejos de las
adorables pla-yas y palacetes de verano para la aristocracia, un grupo de
guerre-ros autóctonos se está matando. Un representante ejemplar del esoterismo
francés de mediados del siglo XIX y un reinventor y falsificador del folklore
vasco en los concursos de poesías que, para la aristocracia, organizaba en
Biarritz, San Sebastián o Zarauz (la figura de Aitor, padre de todos los vascos,
es creación exclusiva de Chao). Políticamente sus ideas fueron totalmente
despreciadas por los propios carlistas.
Por otra parte, la defensa de los Fueros no fue nunca la principal
reivindicación de los carlistas, que era la unidad ideológica y de poder de lo
católico (la Iglesia), representados por los curas y los pequeños nobles
rurales asociados a un modo de vida tradicional. Los vascos apoyaron y se
sumaron al ejército del pretendiente Car-los como muchos gallegos, catalanes y
castellanos pertenecientes al pueblo rural.
Sin embargo Sabino Arana Goiri establece una nueva tesis sobre la que
construir unas nuevas relaciones: la lucha por recuperar la Pa-tria vasca,
nación que había sido privada de su realización por si-glos y siglos de
opresión por parte del imperio español. Pero en-tonces ¿qué bases tiene el
joven Sabino para dar semejante salto hasta defender la raza vasca por sus ocho
apellidos vascos, su fe católica y su comunidad euskara (lengua,
costumbres,...)?
Por un lado está el declive y definitivo desastre del imperio espa-ñol
con la pérdida de Cuba y Filipinas, imperio del cual tanto cata-lanes como
extremeños, gallegos y por supuesto vascos habían sido un fiel soporte. Por
otro lado está el paso de los astilleros madereros, que fabricaban barcos de
madera (como los derrotados en Cuba) al imperio de la California Bilbaína: el
ferrocarril, la me-talúrgica y los barcos de metal. Arana, familia de
astilleros madere-ros, ve la ruina familiar provocada por el desastre de Cuba y
el estallido minero-metalúrgico (Barakaldo, Gallarta, Ortuella,...) Y es en la
antigua Bilbao proletaria y la pequeña y mediana empresarial Abando, donde se
fragua el nacimiento del nacionalismo vasco (Arana) y el socialismo nacional
(Unamuno). Pero el miedo hacia los herederos de minas y ferrerias rurales que
trastocaron en un par de décadas unos medios de vida que habían resistido casi
cua-tro siglos de vida, sumieron en la angustia a la tímida burguesía mercantil
bilbaína. Los Chavarri o los Vizana poco entendían de patrias y de
nacionalismos: sólo se guiaban por cómo aumentaban sus beneficios.
Una vez establecido el pacto para explotar a la clase obrera espa-ñola,
el nacionalismo vasco podrá ya, sin un capitalismo vasco que lo cobije,
desarrollar y llevar casi hasta el extremo su natural victi-mismo. Es en la
Vizcaya menos étnica, la vizcaya más castellanó-fona, donde nació el
nacionalismo vasco. El pequeño empresario patriota comenzó a elaborar y a
extender furibundamente las teo-rías de un país invadido, ocupado por una
nación enemiga. A es-tablecer la división racial entre maketo (inmigrante español)
y vas-co. El límite está situado ya entre la comunidad nacional vasca y el
resto (españoles, maketos, advenedizos e invasores). Nunca se perdió una
patria, sino un imperio en donde la pequeña burguesía nacional tenía un hueco y
sus braconadas y carlotadas, su sitio.
Capítulo 2
El dramón nacionalista: un país invadido,
la patria y los enemigos
Tras la muerte, a primeros de siglo, de Sabino Arana Goiri, el pa-dre de
la idea nacionalista, empieza a extenderse y desarrollarse el nacionalismo. En
la formación de la oligarquía española, en tiem-pos de la Restauración, toma
parte activa la gran burguesía indus-trial y financiera vasca. Un principio de
siglo que vendrá marcado por la primera Gran Guerra, que no hace sino reforzar
la relación de alianza y de dependencia respecto al imperialismo inglés y
au-mentar el emporio y beneficios de la llamada «California del Hie-rro»
(Bilbao).
En este panorama se desarrolla el Partido Nacionalista Vasco (PNV), toma
cuerpo y se dota de un proyecto nacional y de un amplio apoyo social que llega
a zonas antes reservadas para los carlistas. También es ahora cuando se dan las
primeras divisiones en el nacionalismo, entre los posibilistas y los radicales.
El drama nacionalista se va complicando en un camino lleno de
traiciones. ¿Existe una burguesía nacional vasca? Desde el abertza-lismo
radical (lease izquierda abertzale) se dice que no existe una burguesía vasca.
Existe el imperialismo español que explota y oprime al pueblo y a la nación
vasca. Dicha afirmación pone de manifiesto o bien la ignorancia o bien la
demagogia nacionalista. ¿Acaso alguien puede negar a los Chavarri, Lizana,
Zubiría, Gan-darias, etc., su condición de vascos? ¿Acaso no son éstos los
here-deros legítimos de las herrerías rurales y las minas vascas?¿No es pues De
La Sota uno de los principales soportes del Partido Na-cionista Vasco? Bien,
pues.
Donde hay una burguesía vasca que explota una mano de obra, en su
mayoría inmigrante (maketa), no hay colonialismo, por mucho que los
nacionalistas radicales se empecinen en decir que los capi-talistas vascos no
son vascos. Y es que en el desarrollo del nacio-nalismo vasco lo que se ha ido
imponiendo es que el único criterio fiable para distinguir entre vascos y
españoles es el de las lealtades políticas.
En la época de la Restauración el gran capital vasco pasa a formar parte
de la oligaquía española financiera y terrateniente, aliada y dependiente al
imperialismo. No importa a cual durante la Primera Guerra. El que se declare
España neutral permite a cada sector oligárquico hacer negocios con cualquiera
de los bandos. Es ésta una época de acumulación de capital. Unos los hicieron
con Ale-mania, otros con Inglaterra. Ramón de la Sota, luego Sir Ramón de la
Sota, fue uno de los notables vizcaínos que con su flota na-viera abasteció
Inglaterra burlando la vigilancia de los submarinos alemanes y engordando sus
beneficios.
También existe una mediana y pequeña burguesía vasca, heredera de las
derrotas carlistas que habían deteriorado las fortunas fami-liares. Habían
pasado de hidalgos rurales y de dueños de las pro-vincias a clases medias
urbanas. Quedan colocados entre el gran capital y el proletario industrial.
El nacionalismo vasco, patrimonio de la burguesía
Lo que es un hecho es que el desarrollo de la gran burguesía in-dustrial
y financiera permite y potencia el nacionalismo. Sin ella no sería
nacionalismo, sería carlismo. La existencia de unos medios de producción
propios y el desarrollo de los mismos, permite alentar la idea de una nación
vasca. Son de hecho los propios oligarcas, neguríticos (de Neguri, barrio
residencial de la burguesía vasca), los llamados «euskalerriacos», quienes
concentran la dirección del PNV, al que en 1916 cambian el nombre oficial por
el de Comu-nión Nacionalista Vasca.
Los más ligados al imperialismo inglés son quienes financian la Sociedad
Euskalerria, la revista cultural Hermes y el diario Euskadi. Representan la
línea oficial, la posibilista: ir conquistando cada vez mayor autonomía
pactando con quien convenga en cada momen-to, pero sin romper la ley. El
primero de los hijos de «Sir Ramon de la Sota» es presidente de la diputación
de Bizkaia entre 1917 y 1919 y lidera, junto con los catalanes, la campaña por
los estatutos de autonomía en su relación con las otras burguesías.
El nacionalismo secesionista también es de la burguesía: la peque-ña y
mediana burguesía propietaria y mercantil, representadas por Gallastegi, Meabe,
Juala,... habla ya en 1921 de preparar la guerra por la independencia. Es el
auge de las nacionalidades (en 1916 estalla la rebelión republicana irlandesa).
Buscan la creación de un capitalismo nacional vasco basado en la pequeña
empresa y que tenga asegurado y protegido un mercado. Un verdadero
naciona-lista vasco deberá en primer lugar aislarse de los «maketos», aun-que
éstos pertenezcan a su misma clase. Defienden una política aislacionista, con
un intacto sentimiento de
Con todo, el nacionalismo lo que consigue es hacer que el conflic-to se
desvíe de la lucha de clases a la lucha entre razas y naciones. Por mantener
los privilegios unidos a las peculiaridades de lengua, raza, comunidad
nacional, o bien por conquistar la independencia. No es de extrañar que sea
Bilbao la cuna del nacionalismo y del nacionalismo radical, donde las
contradicciones entre los diferentes sectores de la burguesía más se agudizan.
Una burguesía vasca industrial y financiera exportadora, y una mediana y
pequeña bur-guesía comerciante y propietaria de origen rural totalmente
despla-zada por la primera.
La rebelión irlandesa de 1916 y la división nacionalista
Es en 1916 cuando se fragua la división nacionalista que llegará hasta
nuestros días. De un lado están los llamados posibilistas, con De la Sota a la
cabeza y el sector oficial del partido. Y del otro lado Elias Gallastegi, así
como la mayor parte de miembros de Juventud Vasca que habían sido adoctrinados
por Luis Arana Goi-ri, hermano de Sabino Arana: los aranistas radicales. En la
transi-ción de primeros de siglo el reparto de poder se resolvía sin mayo-res
problemas, confiando a los aranistas para los cargos internos del partido y a
los euskalerriacos (posibilistas) la representación política en los
ayuntamientos y la diputación.
En torno a 1907 los jóvenes influidos por el sector más sabiniano
excedió en sus ataques y enfrentamientos a liberales y socialistas «españoles»,
en reacción a que la dirección jelkide dedidiera acatar la legalidad del Estado
español, azuzados desde la revista «Aberri» (órgano de expresión del
radicalismo abertzale) por Santiago Mea-be, cuyo seudónimo Geyme era un
acróstico de «Gora Euzkadi y Muera España». En estos años ingresó en Juventud
Vasca Elias Gallastegi.
El concepto central de la cultura nacionalista de la época es la
pu-reza: pureza de raza y lengua, y por supuesto de costumbres. Y es que el
joven Gallastegi pronto hará llamamientos al aislamiento racial y al rechazo a
las voces románicas en un euskera que nunca llegará a hablar ni escribir; y
también censura a «chiquiteros», el baile agarrao y la camaradería entre sexos.
Fruto del desarraigo, no hablan ni conocen el euskera en su casa, no han
conocido la vida del caserio (la vida miserable, la crisis endémica del campo
viz-caíno). Se radicaliza como joven nacionalista según el cánon sabi-niano:
«puro de raza, casto, abstemio, trabajador, católico practi-cante,...»... y
eterno estudiante de euskera. Su radicalización le lle-vará más tarde a someter
el ideal religioso al patriótico.
Las burguesías que promueven la primera Gran Guerra del siglo empiezan a
agitar su propaganda patriótica, con un lenguaje mar-cadamente religioso.
Gallastegi «Gudari» será quien invertirá los valores nacionalistas dándole por
fin línea de masas al nacionalis-mo. Todo al servicio de Euzkadi. El sector
posibilista de Ramón de la Sota condena la rebelión irlandesa sin ahorrarse ni
un solo adjetivo. Sota estaba viendo crecer su imperio fruto de su
colabo-ración con los británicos mientras duraba la guerra, mientras que para
el sector aranista la independencia de Irlanda era interpretada como una
victoria propia. Para el nacionalismo vasco supuso la ruptura «definitiva»
entre quienes proponen la conquista de la in-dependencia de manera gradual,
adquiriendo cada vez más auto-nomía, y los que exigen la ruptura de todos los
vínculos con Es-paña y empezar ya la lucha por la independencia.
Igancio Hermosilla
Capítulo 3
El nacionalismo vasco y el frente popular
Lo cierto es que, aunque algunos digan lo contrario, a las fuerzas
sublevadas (requetés, mercenarios rifeños, legionarios italianos y aviadores
nazis), les costó casi un año llegar a Bilbao desde Vito-ria, hoy a menos de
una hora en coche. Los gudaris defendieron su tierra, Euskadi, codo con codo
con milicianos socialistas, co-munistas y anarquistas y con tropas del ejército
leal a la República. Y lo hicieron heróicamente, sabiendo que defender la
República era defender su tierra y su libertad. En este número pretendemos
desentrañar qué factores fueron los que hicieron posible que na-cionalistas
dieran su vida y se mantuvieran firmes en defender la legalidad republicana. Y
por qué fue el PCE quien más y mejor defendió la necesidad de un gobierno
Vasco.
El movimiento nacionalista vasco no se puede entender si no es desde la
situación de la lucha de clases a nivel internacional, na-cional y cuáles son
los intereses que la burguesía nacional vasca defiende.
La situación de la época va a estar marcada por dos cuestiones
principalmente y que afectarán a España y a Euskal Herria. Por un lado, la gran
depresión ha provocado que las burguesías monopo-listas y las oligarquías
terratenientes o financiero-industriales opta-ran por el fascismo como última
tabla de salvación.
De otro lado la política salida del VIIº congreso de la Internacio-nal
propone la alianza contra el fascismo al conjunto de la clase obrera y también
a la pequeña burguesía y ciertos sectores de la burguesía media. Es dentro del
Frente Popular donde se hace po-sible el primer Estatuto de Autonomía y el
primer gobierno vasco. Jose Antonio Aguirre, en su primer discurso como
presidente del gobierno vasco dirá: «Frente-popular-vasco, amplia conjunción de
fuerzas democráticas sociales, frente a la reacción y el fascismo, por encima
de su ideología partidista y de sus intereses de clase». Tal fue el espíritu
que se vivió el 7 de octubre de 1936.
En Euskadi, la burguesía nacional vasca se vió necesitada de apo-yar y
mantener su lealtad al gobierno republicano. Fue el PNV, como representante de
esta clase, quien tuvo que entrar en alianza con el PCE y los socialistas y el
conjunto de fuerzas de Euskadi. Lo que estaba en juego era la defensa de la
libertad política para poder organizarse como clase y defender sus intereses y
su pro-grama de soberanía.
Características vascas
Un primer hecho es que en Euskadi no existen los terratenientes; no hay
latifundios y por tanto el clero, salvo en Navarra, no está ligado a la defensa
de grandes latifundios. Lo que es más decisivo son las aspiraciones de
soberanía que la burguesía defiende para sí, un proyecto que corresponde a los
intereses de una burguesía in-dustrial que es principalmente exportadora, y que
quiere para sí un «Estado» para defender y perpetuar sus intereses.
Por otro lado, tanto el partido socialista como las juventudes
so-cialistas son de marcada tendencia prietistas (de Indalecio Prieto), más
moderadas que Largo Caballero. Los republicanos son pocos pero con gran
influencia y prestigio entre intelectuales y demás. Y los anarquistas se
manifiestan con bastante pulcritud ante la legali-dad vigente. Se unifican en
el mantenimiento de los pactos auto-nómicos.
En la contradicción entre
proletariado y burguesía, principalmente concentrado en Bilbao y en Eibar,
existe ya una tradición de nego-ciaciones y pactos para resolver los
conflictos, tras las huelgas re-volucionarias de 1905 y 1907. También el
aumento de la renta per cápita dentro de la clase obrera inmigrante actúa como
amorti-guante: la «droga del salario». La situación privilegiada es un arma que
la burguesía utiliza para cuñar y silenciar y dividir la lucha de la clase
obrera.
En otro lado están tanto los carlistas como el sector ortodoxo y
tradicional del PNV, (Luis Arana, Guda, Aintzo,É). El partido carlista, con
fuerte implantación en Navarra y en algunas zonas rurales de Guipúzcoa, se va a
declarar a favor de la conspiración fascista y van a ser utilizados sus
batallones como principal fuerza de choque. Donde más arraigo tiene es en
Navarra, anclada en los antiguos privilegios que la hicieron una de las zonas
rurales más ricas de España. En otro ámbito, existe una minoría dentro del
Partido Nacionalista Vasco, un sector radical, atado al racismo y chovinismo de
su fundador Sabino Arana Goiri, y sus posiciones -afirman que es una disputa
entre españoles¬ les llama a permanecer al margen de la disputa. Lo minoritario
de estas posiciones acaba con la expulsión de Luis Arana del partido.
Comienza la guerra popular
Una vez comenzado el levantamiento fascista, se forma el «comi-sariado
de defensa de Vizcaya» en el cual el PNV está ausente. La burguesía nacional
vasca como tal se centra en dos cuestiones: por un lado arma los gudaris para
la defensa de las iglesias en Bilbao. El PNV tiene sus esfuerzos concentrados
en la negociación del Estatuto de Autonomía y en el primer gobierno vasco con
el go-bierno de la República.
Es un hecho que son los batallones de los sindicatos los que to-man la
iniciativa en la defensa de Guipúzcoa y Vizcaya. Los Gu-daris son sólo un
tercio de los batallones que combaten en el fren-te. En Bilbao se forman
milicias de gudaris para la defensa de la Iglesia y para mantener la
producción. El comisariado comienza las conversaciones con el PNV para que se
sume al frente y tome la iniciativa. El principal aliado que encuentra el PNV
es el Partido Comunista, que agarra firmemente la formación del Frente
Popu-lar, incluyendo a la burguesía media, para frenar al fascismo.
El Gobierno republicano del socialista Largo Caballero ofrece la cartera
de obras públicas a Aguirre. Pero el PNV se mantiene fir-me en el pacto por la
autonomía que no tardaría en llegar: es el 7 de octubre de 1936. En medio de
las conversaciones, un sector del PNV mantendrá contactos con el general
sublevado Mola, a las que el lehendakari Aguirre responderá con energía,
tachándoles de cobardes que sólo buscan cómo mantener sus haciendas. Éste será
un sentimiento común entre los nacionalistas vascos que empiezan a lanzarse ya
sin reservas a la defensa del frente norte. Desde oc-tubre de 1936 y hasta
junio de 1937, cuando cae Bilbao, el PNV cuenta con 22 batallones, el partido
Socialista con 14, el Partido Comunista 7 batallones, la CNT 6 batallones, ANV
(Acción Na-cionalista Vasca) 2 batallones y los republicanos cuentan con 2
batallones en total.
La alianza de clase
Fue el Partido Comunista quien mejor entendió las necesidades de los
nacionalistas vascos. La necesidad como clase de defender sus intereses pasaba
por la libertad política y de organización. Una necesidad que inevitablemente
llevó a que el PNV defendiera a la República española. Y que moderó con un
talante progresista al PNV de la época y en particular al primer lehendakari,
el lehenda-kari Aguirre.
Ignacio Hermosilla

No hay comentarios:
Publicar un comentario