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© Libro N° 13942. Neoliberalismo Y Ongs: Visión Crítica Del Voluntariado. Segovia Bernabé, José Luis.  Emancipación. Junio 14 de 2025

  

Título Original: © Neoliberalismo Y Ongs: Visión Crítica Del Voluntariado. José Luis Segovia Bernabé

 

Versión Original: © Neoliberalismo Y Ongs: Visión Crítica Del Voluntariado. José Luis Segovia Bernabé

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NEOLIBERALISMO Y ONGS:

Visión Crítica Del Voluntariado

José Luis Segovia Bernabé

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Neoliberalismo Y Ongs:

Visión Crítica Del Voluntariado

José Luis Segovia Bernabé

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Luis Segovia Bernabé

Neoliberalismo Y Ongs:

Visión Crítica Del Voluntariado

Fuente: http://www.ucm.es/info/nomadas/2/jlsegovia1.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONTENIDO

 

Introducción crítica

Las ONGs: Criterios de discernimiento

Notas que caracterizarían al militante deel tejido social solidario

Algunos retos

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCION CRITICA

Cuando todo movimiento social resulta siempre sospechoso al poder -al menos por su esponta-neismo y potencialidad de disidencia- no deja de causar cierta perplejidad la paradoja de que sea el propio poder el que incentive ciertas formas de dinamización del tejido social a través del volunta-riado. Así a la Ley del Voluntariado, siguió el Con-greso Estatal, los Planes trianuales de promoción del voluntariado y, en general, una actitud tan po-sitiva e incentivadora por parte de quienes mane-jan los hilos de la vida política y económica que obliga, más que nunca, a caminar bajo la "dinámi-ca de la sospecha". En esa línea ya se han mani-festado plumas más competentes denunciando la falacia (PETRAS) y la perversión (GOMEZ GIL) de lo solidario, ese peligroso camino hacia la solida-ridad de diseño (indolora, la llama LIPOVESTKY).

Desde este saludable apriorismo crítico nos pare-ce que estamos ante un claro intento de desvir-tuar, manipular,y rentabilizar esa explosión de so-lidaridad natural que cristaliza en la multiplicación de ONGS. Digamos ya desde ahora que el acró-nimo "ONG" nos desagrada por varias razones. En primer lugar, porque no parecen rigurosas las definiciones negativas: no es correcto definirse por lo que uno "no es" -no gubernamental, en nuestro caso-. En segundo lugar, porque no es decir demasiado de lo definido: también son no gubernamentales "el clan de los Charlines" o el cada vez más largo "Banco Bilbao Vizcaya Argen-taria etc., etc.", y no nos sentimos nada identifica-dos ni con el uno ni con el otro. Y en tercer lugar, porque definirnos sólo con relación a lo guberna-mental nos parece una reducción peligrosa y tal vez interesada. Preferimos otros términos que se han ido acuñando con definiciones positivas: "teji-do social solidario" (TSS), "colectivos sociales al-truistas" etc.

Así neutralizamos mejor, nos parece, ciertos ries-gos de instrumentalización al servicio de tapar agujeros del desmontaje del escaso estado de bienestar logrado: por ejemplo, nos causa asom-bro y vergüenza ajena que la mismísima Ley del Voluntariado (Ley 6/1996 de 15 de enero), en su Exposición de Motivos (algo así como la justifica-ción de la norma), reduzca el "Estado social y de-mocrático de Derecho" ( ) (el subrayado es nues-tro), nacido del pacto constitucional, a mero "mo-derno Estado de Derecho". Modernísimo desde luego, pero se omite, en una ley que se refiere como ninguna a lo social, la nota irrenunciable de "social" que tiene el Estado. Tanta pretendida "modernidad" no es inocente. A renglón seguido se nos dice que la "responsabilidad para satisfa-cer los intereses generales es compartida entre Estado y sociedad". Pues rotundamente no. Esta es una manipulación inaceptable. Ser responsable es tener que responder. Y a quien por imperativo constitucional corresponde responder y promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas, así como remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud (estoy citando literalmente el art. 9.2 de la Consti-tución) es a los poderes públicos, no a los volun-tarios o las ONGs. Otra cosa es el derecho a par-ticipar en la política social que tienen todos los ciudadanos y sus asociaciones. Pero no se puede confundir la responsabilidad –que no se delega ni se comparte, como torticeramente explicita la Ley de Voluntariado-, con tener la exclusiva en la in-tervención e impedir la participación social. Natu-ralmente que estamos en contra de que el Estado sea el único actor de la política social. Por su-puesto que reclamamos el espacio del Tejido So-cial Solidario, el de los propios excluidos, el de los profesionales etc., pero nunca a costa de eliminar lo "social" de la definición de Estado. A estas altu-ras, el lector habrá caído en la cuenta de que vo-luntariado, ONGs y otras formas benévolas poco avisadas no son sino herramientas en un intento de pacífica involución del estado del bienestar ha-cia uno "moderno" de corte neto neoliberal. En fin, una vez más una utilización del lenguaje nada inocente.

 

II.- LAS ONGs: CRITERIOS DE DISCERNIMIEN-TO

Para discernir el posicionamiento de las ONGs, tanto las volcadas al Cuarto Mundo como las de-dicadas al Desarrollo internacional, nos servire-mos de los actores sociales que según GARCIA ROCA deben estar presentes en cualquier inter-vención: La Administración, los profesionales, el Tejido Social Solidario (TSS) y los propios exclui-dos.

La Administración vendría caracterizada por la planificación general de políticas y la aportación de recursos.

Los técnicos añadirían la precisión en la interven-ción social a través de sus concretas metodolo-gías y herramientas de cada disciplina.

El Tejido Social Solidario se caracterizaría por la gratuidad y la inmediatez en la respuesta (funda-mentalmente temporal, en cuanto capacidad de pronta respuesta, y secundariamente espacial en cuanto que es el primer cinturón del entorno el que inicialmente responde, aunque se vaya am-pliando a sucesivos cinturones hasta llegar a la solidaridad internacional).

Finalmente, los excluidos señalarían el referente ético último para cualquier toma de decisión y se constituirían en criterio de evaluación. Igualmente aparecerían como auténticos protagonistas de las acciones, auténticos sujetos definidos por sus po-sibilidades y no meros objetos recipiendarios de acciones ajenas que los definen desde las nece-sidades y carencias. En el primer sentido ayudan superar el mito del bien común definido desde cri-terios estadísticos, sustituyéndolo por el del bien de los últimos. Con ellos en cuanto referente sa-bemos si algo es realmente ético. El bien de los más frágiles y vulnerables, la incidencia en su ca-lidad de vida es lo que determina la eticidad en materia política, económica o social. El hecho de que el Producto Nacional Bruto aumente o la Ren-ta Per Capita, o cualquier otra macromagnitud, no es exponente necesario de que la suerte de los más pobres haya mejorado. Por otra parte, no ha-ce falta apelar al criterio de respeto a la diferencia y a las minorías, por cuanto la aplicación de la forma más grosera que se quiera de la regla de las mayorías falla de raíz por cuanto la mayoría del planeta malvive en la precariedad.

Pues bien, considerados estos cuatro actores so-ciales, vamos a ver el posicionamiento de las ONGs con respecto a ellos como criterio de dis-cernimiento de cual es la ubicación de cada colec-tivo.

* Una cuestión previa es la ausencia de "perchas" donde colgar el traje de las reflexiones sobre la identidad de cada ONG. Nosotros vamos a utilizar unas claves. Se pueden perfectamente utilizar otras. Lo que nos preocupa no es que se compar-tan o no las nuestras, sino la ausencia en muchos casos de reflexión suficiente sobre la identidad, el papel, la filosofía de fondo que anima a cada co-lectivo del Tejido Social Solidario. Falta reflexión, cosmovisiones, panorámicas de conjunto, globa-les. El famoso "piensa globalmente y actúa local-mente", exige tener una reflexión hecha, o mejor ir haciéndola al hilo de la acción en continua autocrí-tica. No estamos hablando de posiciones dogmá-ticas o pensamientos cerrados. Sí de ciertos nive-les de ideología, de interpretación de la realidad, de lectura de la misma desde distintas claves (económica, política, ideológica, creyente...). 

* Ello explica por qué se ha caído en cierta depar-tamentalización y escisión artificiosa de la reali-dad, propia de las estados burocratizados: al que se ocupa de los ancianos le trae el pairo la deuda externa, el que trabaja con drogadictos es ajeno al 0.7, el que anda hermanado con una comunidad africana no quiere saber nada del anciano turuta que vive en la puerta de al lado. En la aldea glo-bal, tenemos que universalizar valores solidarios desde los excluidos de aquí y allá, náufragos to-dos de un mismo barco que fondeado en las aguas del pensamiento único neoliberal amenaza a todos por igual.

* Un claro criterio de discernimiento lo constituye, a nuestro juicio, detectar el papel que efectiva-mente asigna la ONG a la Administración: hay ONGs que aceptan que el estado pinte cada vez menos y ellas cada vez más. En algún borrador de trabajo de alguna ONG hemos podido leer con estupor que el ideal es que el Estado sea mínimo y las ONGs sean las que gestionen incluso los impuestos de los ciudadanos. Para esta concep-ción la mayor aportación de las ONGs sería "su capacidad de generar puestos de trabajo". No me extenderé en nuestro desacuerdo con este plan-teamiento. Al modelo más avanzado de organiza-ción sociopolítica que hemos sabido darnos -el Estado social y democrático de Derecho- no po-demos pedirle que renuncie a su identidad, a lo más "de suyo," que es lograr la justicia social en la comunidad. En otro caso, lo acabaremos redu-ciendo, como pretenden las formas más radicales de neoliberalismo, a la defensa externa -¿cómo defenderse de las poderosas transnacionales que hacen tambalear economías?, ¿con misiles Pa-triot?- o a tareas de orden público interior para mantener a los pobres dóciles y ordenados, sin que se salgan excesivamente de madre. Indivi-dualización de problemas estructurales, culpabili-zación moral y control social de la pobreza son las nuevas tareas que asume el modelo neoliberal.

Por otra parte, si el Estado no se ocupa de la justi-cia, la igualdad y la libertad, enseguida vendrían valedores transnacionales para hacerse cargo de esos valores y administrárnoslos a los ciudada-nos. En el modelo neoliberal que se va implantan-do, y no precisamente en la línea más dura, el presidente de los Estados Unidos, Clinton, llegó a afirmar no hace mucho que nadie como las gran-des religiones para ocuparse de los pobres... Muy religioso desde luego. Y tentador, sobre todo cuando supone que se va a hacer un trasvase de montón de recursos hacia las ONGs y sus em-pleados. Pero, ¿es eso ético? Por tanto, el primer elemento discriminador es el papel frente a la Ad-ministración. O aceptación sumisa del Estado mí-nimo o crítica y exigente de las responsabilidades de la Administración frente a lo que constituye su última razón de ser: el bienestar -al menos la vida digna- de todos sus ciudadanos.

Otro elemento para el discernimiento se refiere a los técnicos. Habrá que ver qué peso específico tienen los técnicos en las ONGS, de modo cuanti-tativo y cualitativo. Ello no supone un cuestiona-miento de su papel, indiscutible por otra parte, pe-ro sí invita a discernir para evitar no confundir co-sas muy legítimas pero completamente diferentes: una ONG no es una empresa de servicios. El Te-jido Social Solidario es fundamentalmente eso: en primer lugar tejido, en segundo social y en tercero solidario. ¿A que nos facilita bastante el discerni-miento hablar de TSS y no de ONG?. ¿No hemos perdido la ingenuidad de saber cuantas cosas tan distintas encubre el "sin ánimo de lucro" de tantos estatutos, de tantas y tan falsas ONGs. ( ) 

Para discernir adecuadamente habrá que estar a las partidas presupuestarias, qué se va en gastos de gestión, cuánto en personal contratado, cuál es el talante de los técnicos (suplen y asfixian o co-laboran y dinamizan el voluntariado), desde qué planteamiento y motivación trabajan (como asala-riados con relaciones de tipo patronaje con la ONG o de auténtica afección a la misma), con pe-ríodo previo de voluntariado antes de ser libera-das o contratadas desde el "Segunda Mano", qué nivel de afinidad personal tienen con el estilo de la ONG, qué identificación real con eso que venimos llamando filosofía de fondo.

Si en la ONG hay sobrepeso de técnicos y perso-nal contratado, lo sentimos pero eso ya no es una ONG, no es parte del Tejido Social Solidario. Es otra cosa. Tal vez muy interesante o muy necesa-ria. Pero al Cesar lo que es del Cesar... Si se pier-de el "todo es según el dolor con que se mira", pueden acabar confundiéndose -inconscientemente si se quiere- los intereses del técnico -su puesto de trabajo- con los intereses de los destinatarios de su acción. Eso puede llevar a un proceso en escalada donde al final lo importan-te acaba siendo la defensa de la ONG, su imagen de marca -y con ello la de los puestos laborales-, por encima de los intereses de los destinatarios para los que supuestamente se puso en marcha la entidad. Ya sabemos que cuando se hipertro-fian las estructuras, se amplia en exceso el campo y predomina el personal contratado, el riesgo de alimentarse a sí misma la institución y olvidarse paulatinamente de los reales destinatarios es casi inevitable.

* Por lo que se refiere al discernimiento desde el propio Tejido Social Solidario, conviene que nos detengamos en tres momentos por los que ha pa-sado en la historia reciente de España. De ellos sacaremos bastante provecho para nuestro fin, sobre todo por lo que respecta a una diferencia-ción que nos parece básica y que sólo adquiere contornos más definidos desde la perspectiva his-tórica: la diferencia entre MILITANTE y VOLUN-TARIO. 

- Un primer momento de MILITANCIA POLITICA, que podemos centrar en los últimos años del franquismo. Su objetivo era la lucha por las liber-tades, la instauración de la democracia, la amnis-tía para los presos políticos, el reconocimiento de las singularidades nacionalistas... Estamos ante un claro predominio de "lo político". No es de ex-trañar que los actores fundamentales fueran par-tidos políticos legalizados o en la clandestinidad, asociaciones de vecinos, sindicatos camuflados etc. Simultaneamente, la solidaridad con otros pueblos del Tercer Mundo, al amparo del mismo paraguas ideológico del momento, también estaba presente. El contacto con movimientos de libera-ción en otros países, especialmente en América Latina no era infrecuente. Los golpes de estado militares de Chile y Argentina, el derrocamiento de Somoza por el Frente Sandinista de Liberación Nacional y sus expectativas revolucionarias, la oposición a las tiranías en El Salvador, Guatema-la... daban no pequeños motivos para sentirse so-lidarios desde lo político allende el Atlántico.

- Instaurada la democracia, bastantes de los líde-res se situaron políticamente en los aledaños del poder, al tiempo que desde el mismo se intentaba desvertebrar el tejido social aglutinado hasta en-tonces en los sectores más activos en torno a lo político. Si a ello unimos la pérdida de conciencia de la clase obrera y un general aburguesamiento de buena parte de los sectores reivindicativos en-tenderemos mejor la dormición que empezó a pa-decer lo político. Sin embargo, otros sectores que no sucumbieron a ninguna de las tentaciones an-tedichas empezaron a descubrir que la democra-cia política no podía ser la meta. Subsistían pro-blemas muy graves de paro, desigualdad, droga-dicción, las desigualdades entre el Norte y el Sur se constataban a nivel nacional y planetario. Lle-gamos al momento de la MILITANCIA SOCIAL de los primeros años 80. Los agentes eran nuevos colectivos sociales preocupados por las formas de exclusión en el Cuarto Mundo y con una mayor sensibilidad hacia los aledaños de la aldea global en el Tercero.

- Un tercer momento, a principios de los 90 de EXPLOSION DEL VOLUNTARIADO y las ONGs. Fenómeno peligroso y prometedor al tiempo. Peli-groso por cuanto puede suponer la instrumentali-zación política de, precisamente, la falta de calado político de las ONGs y por cuanto puede cumplir la función de catarsis colectiva, tranquilizando las conciencias de los ciudadanos, ocupando a no pocos de ellos el tiempo libre que genera el tardío acople al mercado laboral o la jubilación anticipa-da, o el paro crónico. Prometedor en cuanto es expresiva del innato deseo humano de apertura al otro y a sus necesidades y concreción posible de los dos sentimientos sobre los que asienta la dig-nificación de la especie humana: la indignación ante lo injusto evitable, y la compasión ante el su-frimiento y la humillación del otro. Prometedor también en cuanto esta desordenada, confusa y ambigua explosión de ONGs puede dar paso, tras un inevitable escrupuloso discernimiento de in-tereses, a la creación de plataformas, coordinado-ras que lleguen a constituir, ojalá a nivel planeta-rio, un auténtico grupo de presión, un auténtico partido de la permanente oposición con capacidad de influencia en las decisiones políticas y econó-micas, en interés siempre de los más pobres de nuestro planeta.

Vista esta evolución, de la militancia política a la social y de esta a una forma "light" de solidaridad, veamos ahora algunos rasgos que, más allá de los convencionalismos del lenguaje -no nos im-porta seguir hablando de voluntario- nos permiten hacer un discernimiento para ver quiénes son los que integran nuestras ONGs, qué procesos se dan en el seno de las mismas para asumir el pen-samiento fuerte, y qué aspectos son los que des-tacan en la identidad interior y exterior de la ONG.

 

NOTAS que caracterizarían al MILITANTE del TEJIDO SOCIAL SOLIDARIO:

- El militante apuesta por una "causa", en sentido fuerte y amplio, con el correspondiente compo-nente ideológico (interpretación de la realidad). Por eso el militante lee, debate, cuestiona, se cuestiona, va elaborando "perchas" donde colocar las acciones, las discusiones. En todo caso, ocu-pa no "su tiempo" sino "su vida".

- Es la totalidad de la persona la que queda impli-cada en la causa. No hay fisuras, ni eventuales esquizofrenias entre la vida personal y la proyec-ción política. En el caso de ser técnico no se es-cinde la vida personal de la profesional.

- El militante se identifica con el movimiento al que se adscribe en su globalidad: ideario, objetivos, estrategias... Habla siempre de "nosotros", nunca en tercera persona. 

- Es alguien que más que dedicar su "tiempo libre" a la causa, anda con muy poco tiempo libre pero se las ingenia para "liberar" tiempo para que ello que entiende fundamental. No es sólo la cantidad de tiempo sino la calidad del tiempo que dedica. Se deja contagiar por la realidad que le invade más allá de los tiempos de dedicación explícita.

- El militante se posiciona dialécticamente: la apuesta por unos valores excluye explícitamente otros. Las opciones son "descaradas" e implican una clara toma de postura, máxime en un mundo donde si hay pobres es precisamente porque hay otros ricos. No puede contemporizar.

- El militante se siente sujeto de una clase social, por origen o por opción, y vinculado a los destinos del mundo obrero y explotado con el que se halla en sintonía. Entiende que la solidaridad es sobre todo la de los débiles para con los débiles y ello a nivel internacional. También sabe que ejercer la solidaridad es jugar siempre contra los propios intereses, jugar en contra. Por eso no existe soli-daridad sin renuncia y sin dolor.

En suma, se trata de la reconversión de la MILI-TANCIA POLITICA en MILITANCIA SOCIAL como adaptación a las nuevas circunstancias.

Por lo que se refiere a los VOLUNTARIOS y sus ONGs como forma expresiva de mostrar las para-dojas y ambigüedades de este concepto no deja de ser curioso que "voluntarios" eran los que iban al servicio militar antes de tiempo o a las colonias de ultramar, y ahora "voluntarios" son precisa-mente algunos que se quieren librar del servicio militar haciendo prestaciones en ONGs. Parado-jas.

- El centro de su interés no está siempre constitui-do por una "causa", sino por una amplia gama de motivaciones. Estás abarcan un amplio espectro desde la necesidad de "hacer algo por los de-más", hasta "ocupar" su tiempo libre para combatir el aburrimiento en los casos del voluntariado más "light" ( ).

- El voluntario vive perfectamente sin "perchas" ideológicas ni cuestionamientos ético-religiosos de grueso calado. Es más, se ha metido en la ONG porque pasa de la política y la deja para los políticos. Lo suyo es solo ayudar. Las cosmovi-siones y planteamientos críticos para otros. Ni que decir tiene lo cómodo que es para el poder este tipo de voluntario dócil, sumiso, obediente y mano de obra barata, chico para todo, que no pregunta, no se pregunta, no denuncia, no se queja... 

- El voluntario sólo se deja afectar determinadas zonas y horas de su vida. Lo otro constituye su intimidad y tiene muy claro que no se va a llevar "los problemas a casa". Nada le impide ponerse un visón en una fiesta privada, aunque luego esté presente en una marcha en defensa de las nutrias salvajes. En el mejor de los casos, la adhesión es parcial y condicionada.

- Hay una identificación de tipo genérica con el movimiento. Se habla de él en tercera persona. Se vive como algo ajeno a la persona. No se tienen que compartir, ni siquiera conocer sus motivacio-nes, ideario, estrategias... Sólo se "cubre hueco". 

- No acaba de sentirse cómodo en lo dialéctico: se trata más de personalidades conciliadoras, propi-ciadoras del consenso y la negociación, de apro-vechar "lo bueno que hay en todo", de evitar radi-calismos que "no llevan a ninguna parte".

- El voluntario no se implica en las estrategias, no participa en los debates internos importantes, es un peón manejado desde fuera pero con escasa incidencia en la marcha de la ONG, siempre en manos de técnicos o personal de alta dirección.

- No tiene conciencia de clase ni clara ubicación política: pertenece a la clase media, acomodada, y con estudios superiores en no pocos casos. Pre-fiere la solidaridad indolora, la que no le suponga un cuestionamiento de su vida, de su trabajo, de su economía... 

En este momento, con toda la ambigüedad que tiene la somera descripción hecha, se produce un interesante debate en el seno de no pocas movi-mientos solidarios sobre el papel de la militancia y la nueva forma de activismo social que represen-tan los voluntarios. Hay diferencias de bulto entre diferentes ONGs aún no suficientemente explici-tadas.

En general se cuestiona la idoneidad de vincular a proyectos altruistas a personas que realizan una "obligación estatal" como es el caso de los presta-cionistas (aquellos que efectúan la Prestación So-cial Sustitutoria ( )). Muchos se manifiestan con-trarios a la vigente Ley del Voluntariado que per-vierte la esencia gratuita de la solidaridad humana y acaba por recoger sólo las aspiraciones de la propia Administración Pública.

La ambigüedad y falta de definición en que se desenvuelve en ocasiones el voluntariado y las ONGs no deben de impedir el reconocimiento que estamos ante un nuevo fenómeno social de enorme riqueza que no puede ser despreciado y que debe ser integrado al servicio de la transfor-mación de la realidad.

Un nuevo discriminador de una ONG será deter-minar si se sirve a sí misma, a su protección so-cial, a su imagen o a los destinatarios de los pro-yectos. Para ello es clave llegar a discernir si la clave son "mi ONG, mis voluntarios o, incluso, mis pobres", o si precisamente el centro son aquellos a los que no somos capaces de llegar, los más nuestros, son los que no lo serán nunca. En el fondo lo determinante es si la ONG aspira como horizonte último a desaparecer o a consolidarse. Ahí se juega no poco. Si hay realmente voluntad hacerse innecesaria o si se quiere convertir en algo cada vez más importante e imprescindible con un "aparato" cada vez más complejo.

Por último nos queda utilizar como criterio de dis-cernimiento cuál es el papel que efectivamente dan a los excluidos con los que dicen ser solida-rios. En efecto determinar si tienen papel protago-nista, son sujetos en definitiva, o por el contrario son objeto de atenciones, ayudas etc. por bienin-tencionadas que sean. Si realmente hay procesos de emancipación y liberación para devolverles su voz y su dignidad -¡la suya!- o si por el contrario nos empeñamos en "ser voz de los sin voz" para de este modo sutil condenarlos a perpetua mudez. Por otra parte, bueno es determinar quien es el que determina las necesidades. Es la ONG la que señala las necesidades y se empeña en contestar lo que nadie tal vez preguntó, o por el contrario se responden a las necesidades que señalan los su-jetos. ¿Se les suple o se les acompaña? ¿Se les hace ser independientes, autónomos o se les condena a eterna relación de dependencia agra-decida?. ¿Se les da o se está dispuesto a recibir de ellos, a dejarnos interpelar por ellos y su forma de ver las cosas desde abajo? 

¿Les dignificamos o son ellos los que nos dignifi-can a nosotros? ¿Sabemos siempre respetar y esperar o imponemos nuestros criterios y metodo-logías? Son una batería de preguntas de una se-rie que puede ser infinitamente más larga pero que en líneas generales nos ayuda a descubrir como el tipo de relación con los excluidos nos da una buena tipología de ONGs muy interesante pa-ra el discernimiento.

 

ALGUNOS RETOS 

* El mundo de las ONGs, como en general todos los Nuevos Movimientos sociales (NMS), necesi-tan progresar en la conciencia "politica" de la na-turaleza de los problemas que abordan. No se tra-ta sólo de vendar a "los heridos de la vida" sino de evitar la producción sistemática de traumatismos injustos. Los movimientos a favor del Cuarto Mun-do deben descubrir que no compiten con los que apuestan por el Tercero y viceversa, y que con-juntamente están llamados a constituirse en grupo de presión, una especie de "partido de la perma-nente oposición" que, sin pretender ser alternativa de poder. exija que el mismo se ponga al servicio no del bien común -que suele ser meramente es-tadístico- sino al bien de los empobrecidos del Tercero y Cuarto Mundo. Para que ello sea posi-ble será preciso superar la actual atomización, respetando las peculiaridades metodológicas y estratégicas de cada movimiento, para propiciar plataformas, coordinadoras etc... de más amplio espectro y de más amplia base social. Para ello también será preciso articular cauces flexibles de participación ( ) de "militantes" y "voluntarios", sin dogmatismos. Estamos en un momento histórico de síntesis superador quizá del enfrentamiento dialéctico militante-voluntario, profesional-voluntario, público-privado... Los movimientos cí-vicos críticos, los cada vez más abundantes de corte "cristiano liberador" y los confesionales "so-cial-proféticos" tienen buenas perspectivas de en-tendimiento integrando iniciativas obreras, ciuda-danas, estudiantiles... 

* Es preciso rescatar el valor fuerte de la "solidari-dad", aguada por no pocos voluntarios y ONGs "light". Para ello es preciso pasar de una solidari-dad de consumo (L.ARANGUREN), de diseño (M.D.HERNÁNDEZ), indolora y a la carta (LIPO-VESTKY), posmoderna, a una solidaridad de la mano de la justicia y el pensamiento fuerte. La éti-ca de la justicia planetaria necesita ser asumida si no queremos que la ética de la solidaridad se quede en tranquilizador de malas conciencias. La solidaridad supone estar dispuesto a tomar parti-do y siempre supone perder algo. No existe la so-lidaridad indolora.

* Ciertamente es el momento de las revoluciones transversales. El mundo obrero, los excluidos en el Cuarto Mundo y las masas empobrecidas del Tercero han de ser los referentes pero no van a ser sujetos únicos de la revolución pendiente. Lamentablemente ya no hay revolución sin televi-sión. Ello supone que la transformación de la realidad requiere el compromiso militante de mu-chos más que los tradicionales sujetos históricos. No se olvide que las Revoluciones obreras se gestan en el humus ideológico de la Revolución burguesa. La revolución pendiente va a implicar a muchos más actores sociales.

Todo ello requiere apuestas firmes y radicales pe-ro al mismo tiempo flexibles y capaces de articular diferentes metodologías y estrategias, al menos por la via del no enfrentamiento sistemático. Un ejemplo aclarará lo que apuntamos. La causa de la paz debe de estar agradecida a la disidencia radical de los insumisos, pero sería injusta si olvi-dara a los miles de objetores que han ido gene-rando una conciencia colectiva, y aún no habría por qué excluir a un sector de las Fuerzas Arma-das con un pensamiento menos convencional.

Para alcanzar esa revolución pendiente, como di-ce DIAZ SALAZAR, habrá integrar el compromiso con lo lúdico y gratuito, la radicalidad severa (huelga de hambre...) con "radicalidades interme-dias y cotidianas" sin perder de vista que vivimos en un mundo de remedios, parcheos y pequeñas soluciones que apuntan, eso sí, hacia la utopía (VITORIA). 

* Hay que perder el miedo a una paulatina identifi-cación de las señas de cada ONG con los presu-puestos ideológicos que están detrás ahora todos encubiertas con el marchamo común de la solida-ridad, No pueden seguir pactando con todo y to-dos. Habrá también que evitar lo que señala el úl-timo informe de PETRAS ( ): los intelectuales se han refugiado en las ONGs y cubren su disidencia a través de programas para atender a una minoría de excluidos mientras olvida el lento empobreci-miento de toda la población fruto de las políticas neoliberales. Sólo la vinculación al mundo obrero de aquí y la causa de los oprimidos allá puede ga-rantizar una visión más global del problema de la marginación.

* En la era de la "revolución de las comunicacio-nes" no se puede renunciar a las nuevas vias de información (Internet) que van a suponer a la lar-ga, sobre todo inicialmente en el primer Mundo, la democratización de los flujos de información, el avance en la democracia participativa y la posibi-lidad de comunicación directa y personal (p.e el Comandante Cero dispone de E-Mail)

• En el Primer Mundo hay que estar espe-cialmente atentos ante el incipiente desmon-taje del discreto Estado del Bienestar levan-tado. Unos movimientos con poca impedi-menta ideológica y cargados de buena vo-luntad pueden ser fácilmente instrumentali-zados por las administraciones públicas al servicio de los agujeros que van dejando tras desmontar redes de servicios sociales y prestaciones básicas. Los movimientos soli-darios deben posicionarse a favor de garan-tizar los logros alcanzados y en ningún caso pueden ser la "mano de obra barata" que le-gítima una política social de corte liberal e insolidario. Se trata de ejercer un derecho democrático a participar en un modelo de Estado Social que no puede renunciar a ese adjetivo 

* Es preciso ir superando la atomización de ONGs, respetando las peculiaridades metodológi-cas y estrategicas de cada colectivo del TSS, pero propiciando la constitución de plataformas, coor-dinadoras etc. de más amplio espectro y de más grande base social. Para ello habrá que articular cauces flexibles de participación, donde siendo válido el punto de partida de la buena fe de cual-quier voluntario, esté diseñado por la entidad todo un proceso de sensibilización y concienciación que permita ir asumiendo y cuestionando las "per-chas" ideológicas sobre las que trabaja la ONG. Todo esto debe ser trabajado desde las propias ONGs que sin excluir a priori a nadie tampoco pueden cerrar los ojos y aceptar formas de parti-cipación contrarias no tanto a sus intereses corpo-rativos como a los de los pobres a los que se de-fiende.

Habrá que estar muy atentos a un doble riesgo: por parte de las pequeñas ONGs la búsqueda de plataformas y coordinadoras como espacios "para ser alguien", sobre todo insistiendo en su carácetr instrumental (obtener subvenciones, p.e.). Y por parte de las grandes Coordinadoras el quedarse sin identidad por haber fagocitado a las pequeñas entidades para haberse convertido en macro-estructuras, ajenas por completo a los intereses de los asociaciones del TSS, tornándose en au-ténticas corporaciones influyentes pero sin identi-dad ni representatividad.

En fin, si algo hemos de agradecer a los militantes en los movimientos del Tejido Social Solidario (TSS) es que nos presentan la realidad como ma-nifiestamente mejorable a través de una solidari-dad al alcance de todos. Con ello han desenterra-do dos viejos principios éticos sobre los que es-pabilar el sueño de la utopía: 1º "El imperativo ca-tegórico" kantiano recordando que cada ser hu-mano es siempre un fin en sí mismo no instrumen-talizable; 2º "El imperativo de la disidencia" (MU-GUERZA) que invita a no callar ni pactar con lo injusto, innoble o indigno. El TSS través de las dis-tintas formas que adoptan los Nuevos Movimien-tos Sociales (NMS) expresivos de la "benevolen-cia de las masas" (CASADO ( )) tiene en esta ocasión que decir bastante más que palabras. Supone una no pequeña aportación de plusvalía utópica a lo que Freire denominó "lo inédito via-ble". Efectivamente con los movimientos auténti-camente solidarios las causas pérdidas parecen empezar a estarlo menos. ■                                                                                   

 

 

 

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