© Libro N° 13923. Escrito En La
Habana. Cárdenas,
Moisés. Emancipación. Junio 7 de
2025
Título Original: © Escrito En La Habana. Moisés
Cárdenas
Versión Original: © Escrito En La Habana. Moisés Cárdenas
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a Biblioteca Emancipación 04, 06,2025
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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Moisés Cárdenas
Escrito En La
Habana
Moisés Cárdenas
ESCRITO EN LA HABANA
Moisés Cárdenas
2
© ESCRITO EN LA HABANA Autor:
Moisés Cárdenas.
Editor:
Fondo Editorial Ollé.
Corrección:
Moisés Cárdenas.
Prólogo:
Benedicto González Vargas.
Diseño de portada y contraportada:
Edgar Freites.
Ilustraciones internas y de portada:
Leandro Cárdenas.
ISBN: 978-980-8067-10-1
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4
Agradezco a Dios por su infinita
creación.
A Leandro Cárdenas por sumarse en esta aventura marina con sus
ilustraciones.
A Duilia Tinoco, Daniel Ibarra, Aimeé Torres, Ero Del Canto, mecenas que
contribuyen en este proyecto y gracias a Edgar Freites por su amor a las letras
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No es un misterio
la altura poética que alcanzan los versos de Moisés Cárdenas en cada una de sus
publicaciones y Escrito en La Habana no es una excepción. Muy por el contrario,
en estos versos que fluyen del hablante lírico, con la misma escurridiza fuerza
de las aguas que tan omnipresentes están en este poemario, pueden encontrarse
decenas de imágenes que nos hablan de mares, libros y amores. La mujer hermosa,
sensual, húmeda, como objeto de pasión y de deseo cubre las páginas de esta
obra con la misma fuerza que el mar, en ocasiones como quieta imagen, pero a
menudo imparable en fuerzas y energías.
Otro leitmotiv
permanente son los libros, autores, personajes, concurren al poemario como si
vinieran en barcas de distinto origen y calado y también aportan necesarias
intertextualidades enriqueciendo el texto y abriendo ventanas a nuevas miradas.
La plena identidad
entre la energía del mar y la sensualidad femenina puede encontrarse
permanentemente en el texto, pero con cuánta claridad en estos versos del poema
«Mujer marina»:
El mar es como una mujer con bata
negra
misteriosa bajo las ráfagas
hambrientas
de una noche torrencial.
El mar es como una mujer
impulsada en las tormentas de sus
deseos
caminando en las aguas con tacones
blancos.
El mar es como una mujer
en la plenitud de la humedad de sus
pechos,
en los brazos de la luna,
con el mar quiebra su gemido.
O en estos otros que encontramos en
«Camino»:
Esta noche mientras duermes
en silencio sobre mi pecho
con mis dedos recorro tu delicado
pezón.
Siento la humedad de tus piernas
como aquella vez que nos bañamos en
el mar.
Recuerdo que estabas como luna llena
mientras yo caminaba sobre tu cuerpo
como un caracol en una isla de
misterios
El hablante lírico
se convierte en este poemario en marino, más que eso, en pirata, que asalta los
tesoros de la mujer amada.
Pero no sólo con
amores, libros y mares se tejen estos versos, seres vivos de toda índole son
testigos, de algún modo, de los sentimientos y emociones, de los anhelos que
fluyen por las corrientes marinas de este poemario: caracoles, cangrejos,
estrellas de mar, delfines, zorzales, tigres, leones y seres fabulosos como
ángeles y sirenas les acompañan. Este poemario es un todo con la esencia de la
vida, es un ecosistema que se
reproduce a sí mismo en cada verso, en cada imagen, en cada metáfora, en
cada cópula amorosa sugerida y sugerente.
Y, por cierto, en
este ecosistema no pueden faltar los astros: la luna, el sol, las estrellas,
los cometas, tienen también su espacio, su mención, su momento, así como las
arenas y las rocas.
¿Qué falta en este
mundo maravilloso, sensual y poético? Ciertamente un lector que ame la poesía y
se deje seducir por los versos de Moisés Cárdenas en este poema bello, largo,
intenso que sólo por engañarnos aparenta ser varios poemas reunidos bajo un mismo
título, cuando es un único poema con distintos momentums.
Libro hermoso en
sus palabras y en la vibración que alcanzan los versos en los verdaderos
buscadores del tesoro que siempre es la Poesía.
Benedicto González
Vargas.
En la primavera del 2024.
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Necesito del mar
porque me enseña: no sé si aprendo música o conciencia: no sé si es ola sola o
ser profundo, o sólo ronca voz o deslumbrante suposición de peces y navíos.
Pablo Neruda, del poema «El mar»
El viejo decía
siempre la mar. Así es como le dicen en español cuando la quieren. A veces los
que la quieren hablan mal de ella, pero lo hacen siempre como si fuera una
mujer.
Ernest Hemingway,
El viejo y el mar.
.
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misteriosa
espíritu sensible
La poesía
grito sagrado
fuerza marina
caballo enloquecido
tigre volador
un volcán en llamas.
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un rayo azul en el cielo
marcó la hora de la vigilia
Nació en sus manos
cantos de grillos
que espantaron símbolos
en el crepúsculo
y llegó la estrella viajera
para proclamar
mensajes escritos
en sueños.
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Cuando la inocencia
queda en un barco
Un día remoto de infancia en el
puerto allí donde el mar acariciaba la arena,
estuve sentado con mis sueños de ser
marinero. Al pie de una roca flotaban unas cuantas gaviotas, y me encantaba
verlas deslizarse con mudo desdén sobre el cielo terciopelo.
Una parte de mi alma
jugaba en la arena
la otra abría la puerta
del barco del asombro.
En esa ocasión se me vino a la
memoria El Principito, que lo había leído
en una tarde lluviosa en mi
habitáculo frente a la ventana que daba junto a la calle. Aquel libro estuvo
guardado bajo el sofá de la sala,
lleno de polvo, deshojado por el
viento.
bañado de lágrimas
nocturnas de los recuerdos de mi madre dados en su juventud,
sin saber ella, cuyas páginas
danzarían en aquel mar de aventuras como las de Robinson Crusoe
o como los pasajes de Simbad el
marino.
Pero El Principito en aquel desolado
puerto, navegaba en el ser y el no ser porque era un niño que estaba
sin comprender el mundo de los
adultos.
Esas cosas ridículas que hace esta
estirpe llenas de celos, alucinaciones, malicias, convirtiéndolos en bufones
y payasos de sus propios circos.
Sólo la brisa que mece los barcos
puede comprender
para qué está hecho el mundo. Atónito
ante la magnitud del espacio
14
descubrí la belleza
de la naturaleza
en la redondez de los senos de la
playa.
Ese día el viento crisolaba
las naves de los aqueos,
un soplo desnudo
vistió aquella tarde la arena con una
sirena cubierta de miel, quizá pudo ser Helena o Afrodita.
Sea lo que haya sido
en aquel paisaje de plenitud oceánica
salió de las olas,
y lentamente se deslizó entre los
corales hasta esconderse entre el sol.
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Cuando llegó la hora de las
estaciones habitó en mi ropa todos los olores del tiempo y descubrí un espejo
sobre la biblioteca.
La noche guardó el reloj en su
bolsillo
miré las estrellas
pensé en viajar al mar.
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La ciudadela preguntó:
—¿De dónde vienes?
—De la niebla —contestó el poeta.
—¿Qué lugar es?
—Es el recinto de hidalgos y laureles
bañados de gotas de llovizna. —¿Qué haces acá?
—Recordando cómo mi amada se bañaba
en el mar del deseo. —¿Cuál mar?
—El mar que está frente a La Habana
que viaja en la espalda de un delfín.
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En el universo está tu figura
modelada por los ángeles eternos, cuelgas en tu cuerpo un collar donde se
suspenden dos estrellas. En el regazo de tu mirada
se cortan las tempestades abriendo la
puerta del deseo,
y como un gato montés hambriento miro
tu cintura con ganas de devorarte toda,
saboreando tu galaxia.
19
El mar es como una mujer
vestida con bata negra,
misteriosa bajo las ráfagas
de una noche torrencial.
El mar es como una mujer
impulsada en las tormentas de sus
deseos, donde camina con tacones blancos.
En el mar
la mujer mueve sus caderas, mueve sus
pechos.
El mar es como una mujer
con los brazos abiertos hacia la
luna, donde quiebra su gemido.
20
Aquí en la ciudad de mi refugio
levanto esquirlas poéticas, sobre las alas de un zorzal.
Entrego mis versos
que vuelan con el pájaro de
misterios.
En el aire flota la poesía,
invito su canto
en una tarde de sol.
¡Vuela hasta el mar!
¡Salpica tus alas de sal!
¡Baña tus encantos en aguas azules!
El pájaro abraza las gaviotas vuela
en el espacio sideral y vuelve al sur.
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22
Cuando contemplo
tu cuerpo tendido en la cama
cae despacio
la hora.
Salto tu ventanal
entro en tu sueño
toco tu almohada,
me convierto en león marino.
Paso mi lengua
en tus delicados pechos
joyas del crepúsculo.
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Por tu cuerpo
se deslizó un beso
que navegó hacia el mar.
Tomé tu cintura,
tus labios,
tus piernas,
despacio te llevé
al fondo del océano.
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Fantaseo navegar
en el mar como un pirata.
Anclar en la playa,
raptar tu cuerpo
y subirte
al barco del deseo.
25
La noche alegre canta borracha
y los enamorados desde el balcón
alzan sus manos.
Saludan la noche,
tocan sus labios.
Los enamorados
juntan estrellas en las manos, donde
cabalgan
en los brazos de la noche.
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27
Quiero volver
al balcón tropical
donde te besé.
El éxtasis acarició la arena,
nuestros labios
encendieron la luna.
28
El movimiento
sensual de tu cuerpo
se parece al caminar
de la estrella marina
sobre el agua.
29
El trébol del cielo
camina en la luna
en el despliegue
de tus ojos risueños.
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No encuentro palabras
sólo grabaré tu boca
en las alas de un campanario.
Subiré escaleras de amor
haré cometas con retazos de luna y
cuando llegue el amanecer desnudaré tu alma con la fuerza del mar.
31
32
Mañana seré marinero
escribiré un poema
donde se construirá
un barco de cristal.
33
Con tus senos en el mar
dejo que nos alcance
la luna en menguante.
34
El silbido de un velero acaricia la
suavidad del mar.
35
Esta noche mientras duermes en
silencio sobre mi pecho con mis dedos
recorro tu delicado pezón.
Siento la humedad de tus piernas como
aquella vez
que nos bañamos en el mar.
Recuerdo que estabas como luna llena
mientras yo,
caminaba sobre tu cuerpo
como un caracol en una isla de
misterios.
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37
Cuando te vi con tu vestido azul y el
sol en tu pecho, mordí la noche.
Nuestros cuerpos pisaron la arena,
buscamos los sentidos bajo las aguas entre el cosmos del deseo.
Cuando toqué tus
manos en el mar alcé los cuentos de hadas y sirenas.
Escribí en mis brazos versos que
llegaron hasta mis ojos, los hundí en la arena y saqué frente a ti
una rosa de cristal.
Comprendí,
que el amor te hace
donde todo es una fuerte ola.
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He leído Borges,
fui atrapado por «Las ruinas
circulares», me senté a esperar a Los cronopios pensado en Cortázar.
Escribí en la pared
pedazos de poemas de Girondo, soñé
con canciones de Gardel.
Pinté el sabor de un vino en mi
lengua, pero ya esos idilios
los doblo en una servilleta.
Tomando un café
mis ojos brotaron lágrimas
y los fantasmas
entraron en este habitáculo
de suspiros que quiebran el ocaso.
Aquí chilla mi boca
en quererte escuchar, quisiera traerte desde aquella tierra donde se golpea el
frío,
para soplar en la orilla de tu
ombligo
y decirte: ¡Gloria
eres!
Tú que te llevaste
mis obstinados caballos.
41
Creación
En un espejo
pinté con óleos el mar,
nubes y veleros.
Después lo llevé al sol
y cuando se secó
lo colgué en la pared.
Miré recuerdos,
quise entrar en el espejo
y marcar mis pies sobre la arena,
transformarme en gaviota picotear los senos de una mujer tendida en la arena.
Ocurrió lo extraño,
una luz hizo entrar mi cuerpo.
Envuelto en su magia encontré la creación.
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Cuando el maestro
desplegó sobre la arena
el pergamino de los
marineros, salió la sonrisa de un querubín, el ocaso quijotesco,
el resplandor de una estrella.
El maestro reveló un sueño
donde las constelaciones hablaron,
los versos viajaron en una red que guardó el poema.
44
El tigre salió del mar,
una inmensa ola
lo llevó hasta la orilla,
en la arena se echó
y respiró.
De pronto, salió del mar un león, las
olas lo arrastraron hasta la orilla, y cuando vio al tigre rugió.
Los felinos abrieron sus fauces, el
tigre iluminó sus ojos.
El león entendió el mensaje, siguió
su camino.
El tigre
quedó echado en la arena.
45
Entre mis manos embotello risas
descargo en el puerto mariposas sorbo un trago de whisky ahoga la
incertidumbre.
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47
A Gabriela
apasionadamente
Bajo el cielo tropical del Caribe,
volaban sus ojos al ritmo de trova, son, salsa y chachachá.
Ella cargaba sus piernas de mástil en
el vuelo de las gaviotas.
Ella increíblemente bella disparó
arena blanca. Ella bañada por un cálido mar turquesa movía su silueta en el
velero de Eros.
Violenta tormenta me llevó anclar a
lo que yo simplemente soñé, liberar sus pecas rosas
como si fuera el verso en primavera.
Un pedazo de mí arrodillado en los
caracoles en la plenitud de su ombligo guardó silencio.
Quizá Guillen haría un soneto de
miel.
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Quizá Martí diría en especie de profecía:
«Montar a caballo, ir a la guerra, es
ir en cara al amor». Quizá Heredia cantaría el verso
en las alturas goteando golondrinas.
Quizá yo mismo no sería capaz de
fusilar poemas en la alcoba de sus besos.
Pero como buen marinero colgué la
brújula de su memoria, pulí mi traje con estrellas marinas para abrazarla a los
cuatros vientos en el salvaje sabor de su lengua ciudadela que ilumina las
paredes.
Ella enciende crucigramas en un barco
enloquecido que no encuentra olas de vuelta a casa.
Quisiera silbar su boca
y lubricar su cuerpo
en una noche entera en alas blancas.
Ahora que soy un moribundo
guerrillero
49
imagino
desgranándose el poema como la misma lluvia.
Y aquí a cientos de kilómetros
acostado en el mueble viendo tejer hojas, llueve su ausencia. La nostalgia
puede ser un poema
ardiendo como piedra de horno dentro
de uno mismo.
Miro mis manos, veo
su rostro celeste lo real maravilloso queda suspendido en el calor de sus
besos.
La distancia es una llama que aviva
el deseo las palomas llevan en su vuelo una carta espero que guste.
Quisiera beber mañana
su piel de leche.
50
51
Anexos
«Cuando caminamos al filo de la nostalgia», es el título de la primera
parte del libro “El silencio en su propio olvido”, publicado en el
año 2008, y como una forma de homenaje, se comparten unos poemas.
52
Desde la casa de
Neruda en Isla Negra
Abro el libro del recuerdo
a lo lejos una pluma
vuela en Isla Negra.
Un pez espada sentado a orillas del
mar
recita los versos del capitán
estrellas, mar, aire,
rocas, cielo.
Juntos todos
yo y el pez
nos reunimos con el viejo Pablo a los
pies de su tumba con ojos cósmicos.
Pablo
camarada
hermano
nostálgico
sobre la red
y una canción desesperada.
Isla Negra, octubre
del 2006
54
Desde la antigua casa La Chascona
En los parpados de la cordillera a
orillas de sueños Neruda y Matilde
besan sus cuerpos mirando al sur.
Vicente Huidobro haciendo versos en el fondo del Pacífico.
Gabriela Mistral enseñando blancas
mariposas. Más allá
en algún lugar
de esta ciudad
hay un delfín bebiendo vinos
un malabarista jugando
con caballitos de mar
y un pescador
saliendo de su red.
Santiago de Chile,
octubre del 2006.
55
Fantasía en playas
de Cartagena
Desde la tierra del olvido
un barco cargado
canta en castillo de arena
Descarga ninfas
vestidas de acordeones
ellas tejen mariposas
en gotas de ciudad amurallada
El reloj baña
palmeras
olas multicolores
En el puerto
ellas besan
a un niño
jugando con su barco de papel
Cartagena, marzo
del 2007
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2.30 a.m.
Luego de un par de copas
brindadas en el mar
al navío de cumbia
cubierta de ensueños
la luna acaricia las ventanas
los turistas duermen en piel
bronceada fotografiando gaviotas
mientras acá en el sexto piso del
Decamerón
las primeras páginas de Cien años de
Soledad revoletean en mis pestañas la brisa sacude las faldas
de la vieja ciudad
Abajo
Duerme ella
«La bella remedios»
que vuela sobre olas
perseguido por su aroma
le escribo un poema
desde arriba
que la desnudo con versos
mientras ella
desnuda se baña en la piscina
Cartagena, marzo
del 2007.
58
corren barquitos de papel
el marinero naufraga
en una botella de vino.
59
Creación............................................................................ 43
Sueño viajero.................................................................... 44
Zarpazos en el mar............................................................. 45
Recuerdo........................................................................... 46
Escrito en La Habana.......................................................... 48
Anexos.............................................................................. 52
Desde la casa de Neruda en Isla Negra............................ 53
Desde la antigua casa La Chascona................................. 55
Fantasía en playas de Cartagena..................................... 56
En el hotel Decamerón................................................... 57
Por las redes del silencio................................................. 59
61
Obra diagramada por
el Fondo Editorial Ollé
Diciembre 2024.
62

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