© Libro N° 13905. Simbiosis De
Fuego Dormido. Molina
Miranda, Guillermo. Emancipación. Junio 7 de 2025
Título Original: © Simbiosis De Fuego Dormido. Guillermo
Molina Miranda
Versión
Original: © Simbiosis De Fuego
Dormido. Guillermo Molina Miranda
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Guillermo Molina Miranda
Simbiosis De
Fuego Dormido
Guillermo Molina Miranda
SIMBIOSIS DE FUEGO DORMIDO
GUILLERMO MOLINA MIRANDA
IBAGUÉ
NOVIEMBRE 2002
CONTENIDO
LÚMEN ESQUIVO
VENGO
EN RUMBO
CARGADO VOY
RUMIANDO
ANUNCIO
QUIERO
LA PALABRA
LUMEN ESQUIVO
AL BORDE DEL
VOLCÁN
DESDE LOS HILARES
OID
TODAVÍA
SERES DE TRAPOS
ESE ROSTRO
ARMERO
ESTIGMAS DE LUZ
AL BORDE DEL
VOLCÁN
LINDERO DEL
VEINTIUNO
SABLES USA-DOS
PALPITAR ALTIVO
SIN RESUELLO
MARATÓN DE RELEVOS
INSOMNIO
PALPITAR ALTIVO
SILUETAS
¿CALLAR?
RESUELLOS
SE
RESISTEN
AYER, NO MÁS
VERDADES Y PRESAGIOS
COMENZARON
VERDADES Y
PRESAGIOS
SERÁ MEJOR
NO IMPORTA
PERIPLO
SIRGADOS
OJOS
SOLEDAD
SOLO ME HABRÉ IDO
MAR DE LEVA
LLOVIZNA DE
BLANCAS ALAS
LLEGAS CON LA
BRISA DEL MAR
SOY
CIERTA ILUSIÓN
CASI ME BOGO EL
MAR
OTRO ABRIGO
MUERO, COMO MUERE
EL MANGLAR
AGONÍA
DULCE MEDIO DIA
AHORA QUE TE VAS
RECUERDOS Y
NOSTALGIAS
MUCHO TIEMPO, TIEMPO HACE
ALEGRÍA VESTIDA DE
VERDE
PEONES ENCENDIDOS
VOLVER AL APOSENTO
SIMBIOSIS DE FUEGO DORMIDO
VENGO
Vengo como
crepúsculo, filo entre filo, ser y nada.
Tránsito,
luz y penumbra. Existir y memoria.
Ímpetu que
cabalga y se desdobla, ser efímero.
Alas del
viento que roza la mejilla de la aurora.
Frágil paso,
impronta ineludible. Telaraña homínida
loza tras
loza, febril y descarnada.
Vengo
reconcomio en mano y laberinto.
Aquí, en el
despliegue del vértice
se pierde y
flota infinita lo finito.
Denuedos
hirientes o empedrados
límites y
soles de resuello;
lo finito
cabalga halado en el transcurso
hora encinta
que llega y se dilata sempiterna.
Anego
ciudades evocadas, nombres callados
palabras
heridas que peregrinan entre esencias
inmensidad
cósmica, pleamar feraz atómico, inconsulto.
Efímera luz
y sombra apenas agitada.
Ser entre
otros: categórico.
Nave
derruida en la lerda levedad privatizada:
en derredor
despeñamos ladrándole a la luna
aleteando
sin parar hartos de hartazgo acostumbrado
sin romper
aún los grillos que nos depara la noche.
Disipados
flotando mares de oprobio,
cimentando
penurias al ardor de arteria rota
o sueños
hechizados o futuros roídos de nada
o
luciérnagas: apenas hilos de sol que se dispersan.
Por la misma
ronda que enciende las abarcas
el filo
pancista extendido, errático y monedeo
resuella
animal acumulando dedos y sesos
y rechina,
entre dientes, agridulce la tormenta.
El día quizá
alcance la noche y se reviente
al son de
rocas o sudores, libros, muslos o pezones
o los
derrita para buscar cortedad, como hasta ahora
recubierta
hasta el tuétano de piel y agua sangre.
Si queremos
ser libres, desbrozaremos la noche.
Sí queremos
ser dignos, removeremos aire y mar.
El átomo o
el silencio saltarán los caminos:
lo lúcido
subirá amamantado de fuego.
Ardor
amotinado de ansias infinitas que rebuscan
en la noche
las estrellas:
espacio y
tiempo sacudirán sus pechos
y un ser
flamante reventará alboradas.
Tendrá, sólo
llaves que acabaran cerrojos.
Tendrá, sólo
cosechas que llenaran despensa.
Tendrá
harina, como otros, que amasaron todos
y erguido de
sueños
redimirá su
herrumbre y servidumbre.
Vengo como
crepúsculo para ser también un todo
meteoro
encendido entre la brumosa levedad
que asalte
vacío y hecatombe
que inunde
asqueada nada de cruentas inopias
calculadora
sequedad de hambre hombre
y sueño y
vida y muerte apanada
legataria de
siglos y promesas hoyadas.
Al fin,
luciérnagas unidas alumbraran la noche:
asalto al
mendaz cielo, a la bastilla torva
y un día
cualquiera, como otro
inmarcesible
de fuego anidará los suelos.
Quizá, ese
día, alcance la noche y la reviente.
EN
RUMBO
En rumbo,
proscrito del sueño consentido;
ahogo que
abarca puja en lumbre tras embuste.
Nado,
fatigas o silencios ahogados
orilla
cándida que visualiza el sueño;
cerca, hilos
rotos de marasmo turbios
concitan sin
parar para doblegar los ceños.
Enrumbo,
como se asa agua entre las rocas,
goteando sin
cesar: sartal palabras y sonidos
y frutos
hechos bancos de salmuera servidumbre,
como pequeño
barco yacido entre las rocas
que expira
enmarañado para hundirse.
Goteando
alfileres, sin cesar
en rumbo y
cruzo la senda allanada
con ristra
de palabras, retumbos de cabestro.
Traigo,
extenuaciones de mutismos sofocados.
Las hojas
caen sin repicar el campo.
Bordes
ingenuos forjan almohadas y resuellos.
Traigo,
agonías de horas derrumbadas
sobre sí
mismas muerden las desleídas fauces.
Estoy aquí,
histrión de sueños sin fronteras
sumergido en
la playa de las ansias;
ansias de
otros y otros sueños en mis vuelos;
tormentoso
quedo congelado, saltando del ocaso
tapizado
entre muros y cadenas
nuncio de
sombra y sol, hasta la aurora.
Inmensidad
que late en saltos y mordiscos
que circunda
otras fronteras como olas.
Bullir entre
veneros crece
cual hierba
para ser podada.
Rebaños
indolentes y dolientes de pavor
a ser sin
ser destino transcurrido
desaliños o
aderezos, flores o impurezas
rosales
todos.
Sumergido,
en la playa de oníricas miradas
hasta el
fondo vengo en tormentoso quedo;
salto de
ocasos tapizados con muros y cadenas.
Desde
abismal destrozo enmarañado arrimo
con la
alquímica voz del condenado
ocupo
corazón, razón y sin sabores.
Tiempo
detenido que bordea cataclismos.
Dimensión
legendaria que desagua entereza.
Clamo, tu
libertad mezclada sin bruma
del soberano
egoísmo que idolatras.
Clamo,
vericueto a vericueto perdurable
vasta
sobriedad, instantes que zambullen
arrobos
inocentes que no vuelan
y se acaban
y se extinguen.
Clamo, sabor
a música y a olas,
a tremor
de rincones y de venas.
Clamo, la
magia de las flores todas
del plantón
la savia azucarada
los arbóreos
nichos y los cantos de sirena.
Vengo, de
noches acalladas, pavor de almohadas
voces
hastiadas o adobadas o cegadas.
Recojo,
aromas del pinar al musitar el viento
huracanado
suspiro de calles erizadas
arado
invertido rasurando dueños;
hilos,
vertiendo rabia entre la paz dormida
hontanar de
ensueños conquistados.
En rumbo, en
estelar insomnio aquijotado
hilvanando
insignias, cocinando grafías
detrás de la
consigna y el arrobo;
tener, tener
abiertas las arterias
¡que fluyan
enredaderas, lirios y gladiolos!
Vengo, a
galope tembloroso desbocado
sintiendo
agónico expirar entre las ceibas,
atiborradas
dicciones, decires o nostalgias
nuevo
resurgir de soles y mañanas.
Mezcla de
brazos, sudores y fatigas
cabezas
zarandeadas en ramajes.
Abiertas
tengo arterias cual arroyos y gárrulos
para que el
mar inunde la maraña,
para que
fluyan musgos y esponjas y ensenadas
y la noche
se calle y la noche se duerma.
La nada, es
solo comienzo del sueño
que trémulo
cabalga en la intemperie.
Tránsito de
ser. Aún no existe.
Es feto que
por millares se alimenta.
Cobra vida
la roca; las estampas rebasan
la noche se
eclipsa y la hazaña sopla
entre
torrente y flama, meollo y rayo
brotando
presagia amarilla y roja la mañana.
La roca
cobra vida, los iconos desbordan.
La gesta
diaria se diluye al viento...
entre
diluvio y llama, corazón y nido
nacen
turbiones y poemas.
CARGADO
VOY
Derrumbando
pavores que nacen de las sombras
colgado voy
del huracán proscrito.
Traigo
conmigo lacerada herida
ojos sin
ojos, sin sosiego vidas.
Diluviana
metralla se entrecruza
acallando la
siembra del obrero.
Resiste el
brazo, la cadena templa;
en la
espesura navegan las ideas.
Asolado
galope del corsario
blandiendo
en su puño la ceniza;
un Bolívar
reclama la victoria
un Martí
resucita entre la bruma.
¿A qué pezón
se otean los coyotes
que afloran
a merced cada mañana
para anegar
las ceibas y palmeras,
para ahogar
de anemia la campiña?
Belitres
engolfados tras el oro
al palio
norteño se coligan,
de Charalá
ondea la odisea
y un grito
de furor en las barriadas vuela.
Conjugando
fatigas y frazadas
anuncio la
vuelta a los orígenes.
Sigo,
cargando entre la nube espesa
magia, color
palabra derretida,
hacedor de
ilusiones y caminos.
Caminan ya
tras los segados pasos
resuenan ya
los himnos del combate.
Ya se
anuncia otra vez el medio día
y en
jornadas de gloria venideras,
brillará
cual un sol, la madrugada.
RUMIANDO
Desde el
sumidero enmarañado rumio
senda de
voces condenadas,
amuralladas,
secas, lastimeras fuentes.
El tiempo
detenido bordea el cataclismo.
Dimensión de
sueños pronunciados.
Mundo ajeno
y ancho que sumerge la esencia
Haremos un
jardín al cerco que iluminas.
Rumio,
zambullir al tirano de la noche
levantar los
castos adoquines
y como
pincel mágico trocar mundos de sal
pero de
azúcar juntos.
Rumio,
fresco el aroma de la infancia
detrás de la
consigna y el hechizo.
Palabra
agigantada por las esporas
de la flor
que se revienta en los andenes
y resurge y
crece entre hilados, calles y poblados.
Rumio, un
sueño de voces redimidas.
ANUNCIO
Traigo fatigas
y frazadas.
Anuncio la
vuelta a los orígenes
entre la
nube espesa mágica que brota
color de
palabra derretida.
Hacedores de
ilusiones y caminos
tras los
segados pasos ya caminan;
brotan de
los linderos asfixiados
emergen de
la locura calcinada
arriban tras
la mies de sus bramidos.
Anuncio las huestes
cansadas de la hartura,
y redoblar
de jolgorios y de himnos.
Anuncio
jornadas de gloria sudorosas
como se
mecen erguidas las palmeras.
Anuncio la
noche dormida y soñada
clara,
fecundada de pienso, brazos abrazados
luz que
parirá la nueva aurora.
Anuncio el
albor y la cosecha de proscritos.
QUIERO
Quiero
fundirme a la palabra.
Volar,
calar, rebotar libre de encierro
púas y
alambradas.
Ver oscura
claridad de estrellas
destilar
incesantes a la noche
una selva de
alforjas y diamantes
un
desabrochar de rayos al crepúsculo;
abrir
alfombra placida de silos
sentir la sombra
renacer las flores
y oír silvestre
el canto de los nidos.
Quiero libre
los brazos, las azadas
moldear en
barro el universo entero.
Llevar a
cuesta el corazón que gime
germen,
semilla, brisa y río.
Mitigar la
sed acuartelada y muda
donde posan
palabras acalladas.
Llenar de afluentes los resecos prados
y estrechar
otrora, al mendigo en su morada.
Quiero
sentir millones de resuellos
hervir
vergüenzas y erigir quimeras
recoger
descalzos virginal ensueño;
volver
garras genocidas, sueños;
las bombas
miel y los mísiles sueros.
Quiero, solo
quiero, ser reminiscencia
sin plegar
la voz ni la palabra
hallar la
ancorca que labró la patria
y fundir, fundir
en melaza sus raíces.
Recoger lava
y horadar luceros
y con cieno
rojo de la patria
trenzar
la colcha que abrigará tu vientre.
Sólo,
solo quiero ...
volver
garras genocidas, sueños;
las bombas
miel y los mísiles suero.
LA
PALABRA
A lomo de
alazán abriendo paso
una sílaba
tras otra se avecina.
La hierba
crece en tu jardín sublime
y renacen de
flores tus orillas.
No abriré
más huella que tus pasos.
Con
escarceos seguiré la brisa,
otros están
y vienen retorciendo
cogollos de dolor
y de agonías.
Del mágico copón
bebo tu limo
que destila
tu piel en la argamasa;
quedo bajo
las luminarias del espasmo
y regreso sollozos
y sonrisas.
Palabras que
se cruzan entre riscos
vienen y van
en olas doloridas;
otras
transitan frescas levaduras
y en tu mar
nos probamos la herejía.
Cada minuto
nace y se levanta.
Cada segundo
huye o se marchita.
Haré gran
surco e izaré la vela
y
regresaremos a la luz, un día.
No abriré
más huella que la tuya.
Sembrado con
abrojo está el camino.
Con el amor
navegaré en tu ola,
con la
tormenta desbrozaré mi pluma.
LUMEN
ESQUIVO
¡En tú
jardín! ¡oh rosa!
ocultos se
anidan los espinos.
El aroma es
narcótico de playa
ensoñación
apasionada tus lagunas.
Lumen
esquivo, casquivano y loco
que boga por
la mar a medio noche.
Manantial
sumergido atravesando bosque
harina en
que se cuecen los quejidos.
Germen
homínido que viaja por el cosmos
ruleta
enquistada en la memoria.
Polen
lascivo que deviene lánguido
antes
paidea, consumación y nicho.
Como veloz
saeta deseo conquistarte.
Como
asteroide raudo a visitar estrellas.
Seducirte
por siempre hasta los tuétanos
peregrinar
contigo hasta la parca.
Ser meteoro
que cruza tu camino.
Ser
astillero para dejar mi lanza.
Cruzar tu
océano de rostros y de muslos
y en ellos
embriagarme con tu vino.
AL
BORDE DEL VOLCÁN
DESDE
LOS HILARES
Desde los
hilares de secos ancestros
o entre
aluviones de dormidas playas
al rojo
granizo de los cafetales
cruzan mis
congojas y mis olivares.
Desde los
hogares fundidos de leño
o los que
sin mieles se tornan aciagos
los aires
traspasan silencios cargados
y los
manantiales cándidos tornados.
Aquí
recostado sobre el aspa al vuelo
los higos,
el fruto del aserradero
traigo
hacinadas las yescas al suelo
y los
calamares de mis desconsuelos.
Desde la
premura de la tosca arcilla
de la cementera
de embriones y rocas
batir
empuñadas las ondas y flechas
hundir
aceradas palabras al trueno.
Desde las
orillas de huracanes sueltos
bajo las
paredes de perdida lava
traigo las
alforjas repletas de cimbra
y las
alpargatas rellenas de ensueños.
OID
Oíd el
crujir, las voces todas;
los oleajes
verdes, las mansas lomas.
Brazos al
son de leños caídos
alzando los
remos, forjando los higos.
El eco
retumba, las aguas se anidan
y sobre la
espuma rabiosa que vuela
los rayos
descubren los suaves aromas.
Olor de
guayabos, húmedos pantanos.
Las flores
silvestres, los verdes follajes
las hojas
floridas en faustos ocobos.
Sonidos
envueltos en gran mestizaje
las voces calladas,
los silbos del viento.
Turpiales y
trinos; corazón y arada;
Los ranchos
ajenos. Las palmas aladas.
Mezcla de
colores, jardín de retales.
Casas
adobadas en lienzo y escoba
calles y
caminos; luces de plomada
danzas en
las villas ariscas y agrestes.
Por los
briosos rizos o los motes valles
las grietas
se adornan en raudos cristales;
los campos alegres,
los ojos vivaces
el aire se
enciende al llegar al llano.
Juntase los
pasos. Los techos poblados.
Las cuadras
y mangas, los plácidos parques
y sobre las
sombras de los gualandayes
se mecen los
aires de los cobijados.
TODAVÍA
Tumulto de
lanzas, maquinales ayeres.
Las suaves
veredas, alegres senderos.
Oigo todavía
rechinar los arcos.
Oigo todavía
las sendas veloces del crujir guerrero.
Peñas
atrevidas al son de tambores.
Lunas
arrullando el dormido fuego.
Hojas de
palma erizadas de humo;
danza
vibrante, plumas removidas.
Siento entre
la brisa palpitar el vientre
sosegar
afluentes, respiros de cuna.
Siento aún
presentes los fistos, zumbidos
y los
lacerados y abiertos pezones.
Suspirar de
aceros, gemir los pendones
y las hojas
muertas que vuela al sendero.
Siento la
ralea, las venas vertidas.
La soga
dolida. El halar del viento.
Un dios
apagando la llama prendida
la tinta
rodando en la cuenca vacía.
Siento
jadeante, corazón perdido.
Ardillas,
iguanas y tu leal bohío.
Ojo
punzante, liebre en tu latido
y la
cordillera de ufano respiro.
Por andar
tus pasos, por querer tus nidos
por sentir
descalzo el sendero mío
siento la
avalancha de recuerdos idos.
Más allá de
lunas, más acá de soles.
Garras de
buitre; próvidas tierras.
Hombros
sangrantes, sable tendido.
Todavía oigo
los suaves arrullos.
Siembra de
danza, pira fundida
el crujir
indómito de su puño erguido
y la voz
guerrera de huracán fundido.
SERES
DE TRAPOS
Tras de la
calzada humeante y ciega
por la
cercanía grisácea y tosca
relleno de
hilachas, cartón acolchado
vienen
desfilando los seres de trapo.
Hilera
ondeante, corazones rotos;
pedazos de
cielo recién desterrados.
Estrellas fugaces
de las faldiqueras
rosas
desprendidas de la mar ingrata.
Helechos
enjutos, divagos, ausentes
y los
cabizbajos árboles de fuego.
Vienen
desfilando los seres de trapo
las llagas
al aire, las risas al cesto.
Árboles
dolidos en aciaga acera
hojas
decaídas, resecas e inmóviles.
Desfilan
agrestes los seres de trapo
atrás de
manteles, atrás de notarios
con los
sinsabores y la brava carga
y los
adoquines de sus alas rotas.
Un déspota
cubre su villana gula
entre
laderas de crueles zambas
mientras los
hermanos, juntos, separados
añoran la
hora de los desayunos.
Taciturnos
quedan los que enlatigados
cultivan la
tierra de color rojizo
mientras
rancios feudos multiplican pastos
y las s
gordas reses merodean su fruto.
Ballestas
que hieren la piel y canela
el mentor ya
cruza sus pérfidos lances
mientras agoniza
entre las aceras
el agua
potable, las alcantarillas
y entre
cartones reviven los pasos
los seres de
trapo.
Tras de la
calzada rellena de pasmo
Vienen
desfilando los seres de trapo.
ESE ROSTRO
Ese rostro
que yace sobre el césped
plagado de
quietud y de silencio;
adobado en
pedazos, perforado
hilacha
sentidos al momento.
¿Cuántas
veces visto? Uno mismo
truncado en
el paraje de la sombra
rondando las
almohadas o los sueños
tropezándose
o cayéndose en el pozo.
Ese rostro
piedra con olor amargo
sacralizado
en el confín de simios;
caído y
allanado hasta los huesos
zumo y
bebida del redil siniestro.
Del germen
mismo toma su alimento
cuna sonora
de la cruel cuchilla;
Convierte el
respiro en agonía
bebe los
filos del espasmo mórbido.
Ese rostro
que yace sobre el césped
que pinta de
luto la mañana fresca
es la nave
encallada por el rayo
que en vez
de a pique por los aires flota
y en vez de
calma nos presagia fuego.
Ese rostro
espejo de la lluvia
y de la mesa
tormentosa y sola
arrastra
consigo intolerable hidra
alza funesta
la espantosa hiedra.
De mil
razones el espiral se asiste
de mil
maneras la vendetta cunde;
de miedo
ladra el can en la espesura
pero sin fin
ninguna, la razón se oculta.
Ese rostro
piedra se nos va en pedazos
afecto en
los rincones y parajes.
Esquina,
acera, muladar y campo
es el mismo
dolor y el mismo llanto.
Ese rostro
que yace sobre el césped
plagado de
quietud y de silencio.
ARMERO
Motas
blancas, motas verdes
con los
dedos constreñidos.
El sol
tostando los cuarzos
con sed
cantaban los mirlos.
Ardientes
los años pasan
azules los
alabastros.
Pescar en la
noche clara
las
canciones de la infancia.
Con el torso
a la deriva
con la falda
a medio lance
con la
camisa de techo
con la
sonrisa por manta.
Brigadas
tejiendo lonas
en medio de
loza blanca
la piel se
curte a pedazos
a pedazos
corre el alma.
Madrugadas a
la espera
que se
pasmen los antojos.
Unos dinares
de espuma
unas vidas
que se expanden.
Los vientos
traen la escarcha
del calor
los aguaceros.
El trueno
dispara el rayo
detrás del
rayo el reguero.
El respingo
se respeta
después de
la zarandeada.
Se desgarran
las espigas
la gota
también se agota.
¡Qué vapor
que ya se siente!
¡Qué halo
que no respira!
Rodaban las
ruedas sueltas
el polvo por
las esquinas.
Calles solas
y mordidas
por la
espera cenicienta.
Voces de los
almendros
aguas claras
y tendidas.
Esquina de
cuatro vientos
entre
manojos roída.
Aspas de
clases y lechos
aire de paso
encendido.
La noche
aturdida llega
el relámpago
empecina.
Las casas
rodaron todas
y con la lava,
las vidas.
Armero
retumba ya
entre las
cruces perdidas.
Fantasmas de
mil cabezas
dolores
incontenidos.
ESTIGMAS
DE LUZ
Estigmas de
luz, verdad acorralada.
Flujos
ahogados erizando pasos
tenues
corazones palpitando la rivera.
Humantes
transeúntes atafagados.
Olas de
corajes rasgando vestiduras.
Un siglo
más, la hierba ondea
mientras el
cieno en ascuas lapidado
lento crece
y moribundo
alborea la
eterna primavera.
Atrás, la
herrumbre de la luz y de la espada.
Atrás, la
hipócrita hermandad del paradigma.
El ser es
todo y por el ser el mundo.
La realidad
aquí. El sol nos quema.
Por
sí, la satrapía, no durará más tiempo.
AL
BORDE DEL VOLCÁN
Un día llegó
el calor junto a las aguas.
La incuria
derretida en un mar turbio
anegó con
mutismo
y consagró
espacios a la angustia.
¡Nos pesa el
lodo vertido, la hecatombe!
Nos duelen
disparos de desidia
que acabaron
las espigas y el aroma.
Al borde del
volcán que se agiganta
de las venas
al crujir, ya se derrite.
Lava de
sombras tragadas por Átropos
de ojos lava
derretidas en la sombra.
De los
pechos el grito se levanta
del corazón
la herida se acrecienta.
Sílice de
lloros y lamentos.
Lava
desgarradora de gemidos.
Ayer no más,
de las espigas ríos.
Mieles ayer,
no más, de los sembrados.
Ayer no más,
entre las piedras vida;
hoy solo
hilachas y corazón partido.
Flota Amero
de la proscrita tierra
como
fantasma a coludir el frío.
¡Nos pesa el
lodo vertido y la hecatombe!
¡De la
desidia nos duelen los quejidos!
Ciudad
blanca, alegre y sudorosa
¿dónde queda
el cedazo y el bullicio?
¿Dónde cada
latir de ciclas y suspiros?
¿Dónde cada
tañer y cada pluma?
Al borde del
volcán que se dispersa
del nuevo
sol tus hijos resucitan.
Armero,
huella que eterniza el mundo
un océano de
flores te circunde.
Ayer no más brotaban
los almendros
y el corazón
yacía entre las nubes.
Ayer no más
fluían arrozales
y la vida
suspiraba entre las piedras.
¡Nos pesa el
lodo vertido, la hecatombe!
¡Nos duelen
disparos de desidia
que acabaron
las espigas y el aroma!
LINDERO
DEL VEINTIUNO
Colmena
de recuerdos traemos cada día
seculares
asfixias, nostalgias acopiadas.
A veces las
cargamos a gritos, escondidas;
venimos mole
a mole cayendo en el vacío.
Disímiles,
maltrechos, rejuntos o libertos
lloviendo
los extremos ardientes y agresivos.
Ausentes,
presentes, idos o regresados
extremos
derretidos para fundir un astro.
¡Huracanes
de brazos! ¡Huracán de voluntades!
Venimos
cejijuntos, gibosos o virtuales
a cuestas
por los siglos lacerados de fisto.
A bordo del
veintiuno proseguimos la marcha.
¡El origen
nos quema! ¡inedia interminable!
¿Cuándo
sopesaremos la lumbre del aliento?
¿Cuándo
avizoraremos el palpitar del sueño?
Porque lo
inefable respira en cada nervio.
Cada palma
aupada es fuerza de rayo
es un puño
esculpido por la fuerza de otros.
Mirando
esperanzados el fanal del obrero
marcharemos
sin cuento atrás de los estrechos.
Por si, lo
débil, ante el valor cabalga;
por sí, la
inercia, ante la lucha cede.
Por sí, lo
inerte ante la vida fluye.
Por sí, lo
eterno, se ahoga de premura.
Por sí la
satrapía, no durará más tiempo.
¿Cuándo
levantaremos la lumbre del jadeo?
¿Cuándo
divisaremos el palpitar del sueño?
SABLES
USA-DOS
Por enésima
y más
sables
Usa-dos.
Ala
convertida en garra
té posas en
las postrimerías
del hambre
latina.
Por veces
insospechadas
pico de
buitre
escarbando
las entrañas de América.
Y...
¿nosotros?
Profundidades
allanadas
a través de
garfios de pólvora.
Y...
¿nosotros?
Océanos
rasurados
rasgados al
vuelo del trueno y la infamia.
Gritos y
ecos de alambre
voces y
gritos diezmados.
¡Son tantos
los sables Usa-dos
para abrir
los cristales de sangre!
¡Son tantos,
los ojos cerrados!
¡Son tantos,
los vasos quebrados!
¡Es tanto,
despojo reunido!
¡Es tanta,
la vieja canalla!
Son de danza
dantesca.
Luz enredada
en la sombra.
¡Son cantos
plagados de ruido
son tumbas,
son cruces
son turbas,
son llantos!
Sombra
imperial
sigues ahí
ahondando
la herida ya
abierta.
Son tantos
los sables Usa-dos
para abrir
de los pozos y sales
los
cristales cargados de sangre.
¡Son tumbas,
son cruces!
¡Son turbas,
son brazos!
¡Aceros
reunidos
y puños de
gloria!
PALPITAR
ALTIVO
SIN
RESUELLO
Oí temblar
la voz sin el resuello;
oí gemir
mientras el sueño ahumaba
sabana o
colcha entrecruzada.
Escombros
erizados
pegados a la
vera de la noche.
Fanales
pequeños
abiertos en
la sombra
contenidas
las perlas por asombros.
Puja de
Caínes
manchando
las almohadas.
Fragua de
mito y de leyenda.
¿Porqué para
la luz, la sombra?
Niñez
acorralada
al filo de
la noche
¡sola!
MARATÓN
DE RELEVOS
Enjambres
cabalgan de noche.
Olor a
pólvora, olor a sal.
Cortos el
verano y el invierno se juntan.
La vida gira
como una rueda suelta.
¿Adónde?
Pregunta la
primavera
y el
sol ausente
de nuevo
aparece en la espesura
inundando
los objetos callados
pero
enfrentados al quejido.
Muchas veces,
desaparece el tímpano
pero el
águila
a lo lejos,
observará la presa.
Desbordar es
nuestro camino.
Maratón de
relevos
donde el
tiempo se esfuma.
Los dedos se
alargan hasta alcanzar la estrella;
cada
aspereza tocará nuestro vientre
cada línea
entrará y tendrá razón
el centro
estará más cerca
y nada será
ajeno y nada será nuestro.
La calma
habrá dormitado para siempre
y la
diferencia asirá la victoria.
INSOMNIO
Infesto de
metralla
recorre
lacerantes las laderas
revienta los
andenes, azota las moradas.
Infaustos
adoquines en la piel blanda y tierna
mientras los
torbellinos inocuos
punzan sin
parar los olvidos
las
alforjas, las sementeras
y llueve en
cada rincón
de estancia
sofocada.
Esquinas
esparcidas, plazas desplazadas.
Albergues
sin vestidos
sembrados
sin remojos.
Cunas
adoloridas
mantas sin
respiros.
Se rajaron
políticos del hambre.
Se quebraron
los puentes del desangre.
Se fundieron
palabras de los sueños
y a los
sueños los cegaron sin ser sueños.
Rimeros de
huesos rasurados y ausentes.
Insomnio
en mogotes que no cesa.
Paladares
reventando fiebres
del presente
acorralados por las parcas.
No es fácil
dormitar en las estancias
si se vive
despierto en las aceras.
PALPITAR
ALTIVO
Vienes a
pelo del indómito hilo
transitando
oscuros túneles de acecho.
Vienes
ungido en arena de playas
deshechas
por el habitado forastero
que clava
tus entrañas en silencio.
Vienes
alzando moles aceradas a los cielos
rompiendo el
espinazo a los espacios.
Traes con el
andar pesado y taciturno
un cajueliar
de horas al suplicio.
Estas
arrinconada, descerezando los torsos
quitándole
el lance a la babilla.
Vienes
recorriendo con tiza los destinos
enlazando la
ternura de la sementera
para no
dejarla regar en el lindero.
Llegas desde
las calles aturdidas de cieno
ofreciendo
pedazos de sonrisa a la hojarasca;
haciéndole
el quite a la delgada hoja que te asila.
Vienes en
humanas subfiguras ambulantes,
en humanas
tristezas opresivas,
en guijarros
de hermandad aprisionadas.
Estás ahí...
¡Oh palpitar
altivo!
Uniendo
cabos, redes y frazadas
dejando ir
el polen a la orilla
pujando para
cubrir la desnudez del árbol.
SILUETAS
Siluetas de
dolor en la penumbra
allegan como
balas por la herida.
Vienen a mí,
nos llegan en mareas
arriban sin
cesar hasta el hartazgo.
Ya no es
sentir, de la bellota pura
el manantial
que brota florecida;
son los
cortejos que bajan de la cima
cual racimos
sin gajos y sin vidas.
Ya no es la
risa, goteando cada rosa
frescor,
amor, ardor y lozanía;
es la
cuchilla que desgranando viene
ventura,
corazón y sesos.
Vienen
danzando en círculos de fuego
desde Urabá,
la Sierra o la Llanura;
bajan a
nuestro lecho, golpean nuestra ira
llegan entre
lo espeso y claro en cada esquina
ungiendo en hiel,
la sacrosanta herida.
Hace rato se
lapida la semilla.
Rato hace se
desbocan los caminos
sin llegar
alguna parte desvanecen.
Hace tiempo
el olvido es centenario
la bota
emula la quimera fresca.
Rato hace se
viene derrumbando
la silueta
pintada en la penumbra.
¿CALLAR?
Deambulan
estertores y esperanzas
agitadas en
ansias infinitas.
Pasos
aglomerados con premuras
cubriendo
surcos al final del día.
Ires y
venires sin presea.
¿Cuántas
banalidades y sequías?
Fuerza que
no resista, retrocede.
Fuego que no
se aliente, se liquida.
Sin nuestra
voz, no habrá remedio.
Sin el eco,
el sonido se evapora.
¿Por qué
callar, cuando el dolor oprime?
Sin
resuello, la vida ya no es vida.
RESUELLOS
Un montón de
resuellos
se agolpan
al paso de avenidas de fuego.
En las
esquinas, escondidos
cascos
impacientes amenazan la jornada.
Parece
tiempo de lluvia.
Parece olor
a escondido.
El aliento
se monta en la nube.
Afluencias
cabalgan la sombra.
Hedor a
pólvora, hedor a heno.
Acervo de
resuellos
se apilan
anidando el jardín.
SE RESISTEN
Oscuros nubarrones
merodean
el asustado
paraje entre montañas.
Vuelan
amargos los recuerdos
pero la
bruma no deja rodar las esperanzas.
Pájaros de
hierro revoletean insistentes.
Así está la
patria, anunciando aleteos
y tableteos
de hermanos rivales que se esfuman.
Arriba, en
el techo del palacio y del imperio
hace rato
mal piensan, horadan el destino
que las iras
cesarían con las balas.
Tercos
oprobios centenarios
y
sangrientos privilegios devanean;
se resisten
a caer como la lluvia.
El aluvión
en el desierto se evapora
pero de
arena, la tormenta crece.
Se resisten
a caer como la lluvia
cuando se
aleja en silencio
en el
verano.
AYER,
NO MÁS
Ayer, no más
reventaron
el acueducto con recibos.
Talvez el
gasoducto de sangre otra vez.
Ayer, no más
aparecieron
en la esquina “cuatro vientos”
más muñecos
sin sueños;
volaron como
siempre
la torre del
ensueño
mientras el
amo sigiloso
se lleva la
valija para seguir el viaje
sin sentido
de retorno.
Por eso,
ésta tarde
veo llover
como el poeta
desde
temprano
asnos sobre
la bandera.
Ayer, no más
sentado
sobre mi excoriación
y mi excrecencia
puente que
sirve de brida a la vida
veo también
bajar soles
arriando luz
para tragarme antes
mucho antes
que me trague entero.
Por eso, no
más, ésta tarde
veo salir de
su escondite la tragedia.
VERDADES
Y PRESAGIOS
COMENZARON
Comenzaron
de pronto a expirar.
Un virus
recorrió la destrozada canción.
Las nubes
escondiéndose coqueteaban al sol
la luna se
encaramaba en un árbol
mientras la lluvia
paría hojas secas y muertas.
El arroyo
sin amos hiló delgado
suavemente
sin saberlo,
el fruto fue cayendo de inocente
y el avaro
amasó entre las sombras la tragedia.
Necesidad a
punta enrojecida.
Subida para
caer en siglos depilados.
Lo cierto es
que la asfixia
tocó sin
cuenta a la puerta y a la mesa.
Lo cierto es
que se desvanece
desde
entonces la cosecha
y en
derredor se seca la leche que amamanta.
Un día,
bajaron los simios a la estancia
a defender
la avidez de los holgados.
Un día,
dividieron las almohadas
y de mísera
tiniebla enrarecieron
las vidas,
los futuros y el trabajo.
Un día el
mercado sin ley rompió la sobremesa.
Un día,
también
el sudor
derretirá con sal el plomo
y los
orificios sellarán la muerte.
VERDADES
Y PRESAGIOS
Ciclo y
movimiento, forma y resuello
repetir sin
hastío, girando sin remedio.
Frontera
extendida, recortada, trunca
vertida
hasta el confín: puerta de luz y de sombra.
A veces,
bebo tu corriente enmarañada
y, al otro
día, la inmensa sed socavándome
alientos por
donde me muero de continuo.
Morir, es
cuestión de hilo. Elementos
materia
vibrante, ahogo infinito
sucumbir al
eterno fluir
somos ruedas
del cosmos.
Rayos de
luz, aromas al través de los cuerpos
líquido
veloz o estancado
siempre en
derredor morimos.
A veces, la
colcha nos abruma mil nostalgias
pero nunca
hemos gemido solos:
el elemento
mueve sus alas y muerde espesuras:
respira
efluvio perenne, vigor y movimiento.
El metal
oscuro arde, se retuerce
atravesamos
roca, llegamos a la nube
somos aire y
sangre y vértigo de estrella.
Molécula de
tierra adherida, trofeo, mezcla.
Hemos
llegado para saltar fronteras
desde dentro
expulsamos la fiebre
desde dentro
exhalamos pus.
Hedor y
color circulan dialogando
gestos al
vacío arañando imposibles soledades
estremeciendo
conductos
llegando al
centro del nervio;
placidez,
no: ¡grito!
Ardor o nube
soslayados al compás de lo etéreo;
a veces,
abismos y picachos
inhalan
hecatombes o triunfos en madeja;
azar jugando
a ser dios
luna,
santuario roído y esperanza.
Pasión que
exhala, se retuerce y nutre;
¿Hasta dónde
llegar? No hay parada.
El bullicio
recuerda el otrora salvaje
primigenia
salvedad de ser
empecinado
por volver atrás.
Hasta el
árbol se adecua, burla el gen
sacando
ventaja a la incomodidad.
Oleaje
atravesando parajes distintos y distantes;
caída,
subida, cada uno con el límite;
más allá el
reflejo carcomiendo
uno a uno la
telúrica ponzoña de la vida.
Somos vida y
muerte fluyendo brazas de acecho
cenizas de
nieve atiborradas al cesto.
Somos ayer y
mañana fenecidos.
Sólo un hilo
de la daga pende la vida.
Sólo un higo
basta para formar especie.
La
oportunidad recorrerá y andará sin miedo
telaraña
etérea que carcome y crece
como los
números paran sin capricho
inventados
sin nombres ni hacedores
reinventados
de moles que como el vientre
surcaran
millones sin cuento de figuras.
Somos hálito
de materia que vomita
como agujero
negro las entrañas
pero
recubierto en cáscara
como el
insecto halla su nirvana
nosotros
encarnamos el tiempo y lo parimos.
Nada
terminará, todo habrá empezado.
La dicha,
apenas gozo del instante.
Cada
fracción se habrá ido, habrá llegado.
Relámpago
jadeante, fuego interminable.
Somos llama
que consumirá el tedio
e hilando
dolores encontrados entre dedos y pienso
habrá
revaluado la cima y la cimera.
El átomo
proseguirá sin parar. Somos vida.
Torbellino
sin fondo, revolcando aguas saladas
o espuma
rojiza arreciará doliéndonos la vida.
Luz y sombra
posando dominios
inundando
objetos callados
pero
enfrentados al quejido.
SERÁ
MEJOR
Tener un
arrecife de ensueños
es mejor,
así vivan en él fantasmas.
Quizá mejor
aún, tener un costal de palabras
o un
laberinto desvencijado de historias
a un vivir
sin historial ni sueños.
Consideran
varios, mejor poseer
una funda de
cuentos
para
envolver un país a oscuras.
Otros
auguran, un sarampión de diatribas
contra la
bestia negra
o un ópalo
encarnado para detener
al fumigador
de espasmos.
De todas
formas, es mejor una nube afeitada
que un
silencio de gritos
ante un país
erizado a la francesa.
Aún es
mejor, un agite de sorna
que un
pavimento de ataúdes.
Se piensa
por eso tener una ola inmensa de risas
y un
columpio repleto de alegría
cuando nos
bañemos con cristales
y
arremetamos ante el empuje del odio traspasado.
¿Será mejor
entonces, agostar sudores con quejidos?
¿Será mejor,
dormir sobre laureles
o de mañanas,
vestir el nuevo día?
NO
IMPORTA
Domeñar paso
o voz, dicen algunos
pero el
mundo renguea hacia el suplicio.
A veces
remangados madrugamos yertos.
A veces al
tabique entre muladar congénito
capital que
acosa y se dilata
resurge entre
polvo la humareda
llama
flameante que nos quema.
Consumimos
oleadas de espasmos insurrectos;
aguantamos
inmersiones o desahucio
pero seremos
por fin de la crisálida
un mundo
nuevo que brotara del lance.
Pero, con
pulso de sastre coseremos
grieta
atentatoria que conspira
y volveremos
viveros esperanzas
para no
dejarla marchita con el tiempo.
Cubriremos
frío con fuego.
Al calor
anegaremos sombra.
Los filos
lacerando las entrañas
doblarán en
brazos que los hacen polvo.
Pero, no
habrá lugar para la bestia
que empaña
trabajos y sudarios
arquitecto
de pan ausente y ausente abrigo
farsante de
piel y de cordero.
No habrá
para el humano máquina
ni maquila,
ni chancro de la charca.
No tendremos
acorralada la ventura.
Saldremos
auscultar en descampado vientre
sinfonía
luminosa del entorno
bebiendo
germen de la cumbre savia
que tras
siglos pisada nos legaron
historias,
quehaceres y vejatorios ciscos
brazos que
sin fatigas ahogaron
breñas
sombrías de la bestia.
Soberanos
por fin, germinaremos todo
pompa y
vestido entre la brizna, toda
piel mate
entremezclada en cisne
flor en
roca, en la sequía lluvia.
El suplicio
caerá como los ídolos
no importa,
si envejece en las gavetas.
Entre nube y
nube, corazón ungido
panal en
panal muy llameante
culminara
sin tregua
su obra ya,
la abeja.
PERIPLO
Hace rato
inicié el periplo por la espesura abierta.
Hace rato
vengo sacándole piojos, garrapatas
secándoselas
jaleándolas
lidiándolas
al bravío
cornudo que acicala mis huesos.
No sé si
llegué tarde
tal vez
alcance a mitigar la pesadilla
pero aún, la
espuma abraza el medio día.
Las ramas
relampaguean
haciendo
brisas la mañana ida.
Allí, por ese
sendero azulado
verdoso,
anublado
junto a la
cortina en cementada
que reduce
ahora los espacios ensombrados
viene
alargando
acortando
las fauces, el tiempo.
Por allí,
persigo a la liebre oji-rota
a la ovípara
mal nacida
a la coja de
mina insurrecta
a la
lentejuela ad-herida a la revancha loca.
El atardecer
florea olor a musgo;
lástima que
se evapora en forma casta.
Debajo del
puente grisáceo transcurre
presencio la
tormenta
ansias de
plomo y de metralla profanan la vida;
gotas
heladas como garfios bajan
garfios
heridos como sables en la carne
sables
reventados en sangre como uñas
arrancadas a
tirones cual horquilla
como garras
de jaguar
encerrado
queriendo abrir mi pecho.
Las veo
desgarrando mis entrañas
pegado junto
a ellas está la fuliginosa cascada
que baña día
tras día con espasmos la tarde
y a veces,
se extingue en ellas sin consuelo.
Vuelve,
repite a cada rato la partida;
vuelve, ya
es costumbre volver, es perfidia
porque al
amanecer en el insomnio perpetuo
estaré,
también yo
definitivamente
¡sólo!
SIRGADOS
Sin
contornos ondulantes
sirgando el
cipo de la fuente
con la
extensa, expansiva
ola gris que
deja el tiempo
va y viene
de la vida
va y viene
de la muerte.
Ríos cruzan
universos
moles, luz,
planetas, olmos
goznes rudos
que agigantan
los
repliegues del entorno.
Y, a medida
que se extiende
la avizora
trasparencia
somos polen,
somos esporas
somos iones
sumergidos
en la médula
del cosmos.
Allí vamos
sin remedio
aquí apenas
soslayamos.
Ya sin
dedos, ya sin manos
y, sirgados
al albergue.
OJOS
Pozos que
resplandecen en silencio
nunca se
llenan;
los cierro y
figuras y formas me absorben;
solo hay
colores rojos
negros,
blancos, amarillos;
se tragan
enteros edificios y ríos de relámpagos;
se
oscurecen, brillan alejándose despacio;
en ellos
caben vidas, mundos distantes, distintos;
han
fotocopiado movimientos, ondas, péndulos
traen
fantasmas de cuadros, redondeles, rodillos
abismos, más
pliegues, pliegues sin sentido;
son dos
cavernas que van al centro de la tierra
vierten
calor, derriten el magma
viajan a
través del agua enlodando los sentidos;
no. Jamás
les ha importado las fronteras
menos
cercas, mamposteros menos
más aún,
tampoco importa lo pueril
solo van,
vienen arrasando seres
constelaciones
para devorarlos
en sombras,
luces y fogones;
páginas
abiertas
donde se
escribe sin cansancio
donde se
dilata el átomo
forma por
donde se evapora el pensamiento;
dicen todo,
escudriñan todo
como ave
avizora en la esbelta cima
o en la
profundidad revestida de estaño
en la
pradera de mercurio
o en las
agitadas aguas de plomo y de ceniza;
son
presencia de ríos que fluyen
y se
consumen en el fuego;
son fuego
mismo cubiertos en llamas enloquecidas
ardientes,
adheridas al hielo, a la nieve dispersa;
por eso se
derriten en tormentas
por eso
sangran de continuo
queriendo
aullarle a las estrellas
queriendo
ahogarse en el mar
nubes sin
fronteras donde reposta sin descanso;
vigilias,
sueños presenciados
ensoñaciones
nostálgicas
cantos
embrujados
esperanzas
resueltas y ahogadas;
han tenido
en sus manos puñales
han viajado
a todos
parajes
conocidos o desconocidos
han
protagonizado amores encendidos
aturdidos,
diáfanos, angustiosos, moribundos;
han
desaparecido, expirados y oteado al dinosaurio y,
han vuelto a
renacer cada mañana
parajes
enlutados, distantes
cada átomo
de tiempo consumido
para beberse
de un trago
así mismos,
la noche.
Alfileres
que chupan, pinchan
desinflan mi
lóbrega morada o que la estrellan
o que la
embeleñan o que la consumen en viandas
o la
atafagan voluptuosamente;
con ellos
recojo a manos llenas
constelaciones,
astros cavernosos y gibosos
errantes en
nebulosas ahítas
de suspiros
y de guerras;
espejos en
que derrito mi delirio
flores
adornando tu vestido;
fluir por la
ventana cóncava celeste;
me conducen
al miedo o al sosiego
por donde
iremos temprano hacia el abismo;
luceros que
palpitan en mi pecho
como búho
sin sueño
como
inmensidad eterna y sin consuelo;
lunas que
gimen y tiritan en la noche.
SOLEDAD
Por los
rincones coquetea preñada siempre
desconsolada,
imaginada al llegar el día
ausente a
cada velo de la luna
ahí se va en
tu desvencijado corazón sin sonido;
ahuyentada
por miedo a su red roída por gritos no oídos
por luceros
escondidos debajo de los muebles
sacados
a empellones del cuarto de los trastos;
te
escondes como llamándome
lejos,
cerca pisas sin proyectar ruidos en la materia
tejiendo
telaraña de carencias hasta el fondo;
en
derredor tocamos los objetos hechos ballenas incendiadas de dolor para no
respirar tan rápido
o por
respirar a destiempo cuando ya no hay sino ruinas
en el
opacado bosque o en la espesura del miedo.
Al tocarte
voy como cayendo sin principio
sin fin que
quiere ahogarme en melodía de mi mismo
estrangularme
entre tus fauces confundidas
a galope
extraño y taciturno.
Has
extirpado el tímpano para detener vacíos erizados
donde alojas
mis ojos, mientras otros en derredor
conmigo
mueren a momentos.
Se presenta
como loba enamorada
hambrienta,
lista para parir un mundo constelado
encinta para
viajar sin linderos a la nada
que derrama
segundos como volcán de tiempo;
es como la
noche a veces estrellada, cayendo;
es como el
aullido del chacal que desde el norte brama
para sembrar
pavor victimario al que lo habita;
vienes sin
prisa, sin golpear la frente
con la
astucia de la hiena o el sigilo del felino
listo a
hartarse, a zambullirse hasta las tripas rotas
o a la
médula hecha sólo grito, rayando profundidades
de erupción
dormida a la mirada segura de tu triunfo;
así,
envuelta, amortajada en la migaja
trasparente
en los harapos de mi alma
adherida a
ella sigues ambulando sin dejar los huesos
que te
asisten hasta lamerlos de infinito.
Sin sol,
edades infecundas desbrozando albores
estancias
desbrazadas cargadas de raudales
o roídas o
comiéndonos las uñas para siempre.
A ti me acerco,
a veces dejando caer una moneda coja
al pozo
mágico de cerezas escondidas
y viajar sin
vuelta
sin seguro y
sin lindes.
De ahí, de
tus impías entrañas bebo cada rato
seco mis
pobres adoquines
robándole
segundos al cansancio;
consumido, a
cada rato vuelvo para enjugarme
y roer
telarañas de olvidos inconexos
de gritos
ahorcados sin consuelo
de ira
aprisionada que respira odios lacustres
a la mar de
la incesante ola que nos traga.
SOLO
ME HABRÉ IDO
Cae la
lluvia y languidez del día.
El calor se
derrite en agonías.
El sueño
cruza umbral de eco.
Todo parece
repetirse al cabo
una nueva
luz, un nuevo cielo.
Todo parece
decaer e irse
como
castillo de naipes se fenece.
Lo que fue
joven en adulto y viejo.
Lo que fue
fuerte en decadencia y muerte.
Tránsito de
ser volando como diásporas
acaballadas
en fusión apasionada;
elementos
gimiendo alborozadas enterezas
luminosidades
entonando himnos celestes
formas
cuajando corazones enjutos
brisas,
espacio, suspiros tragándose la nada.
Solo ser y
no ser que ríen incesantes
éxodo
inagotable que germina auroras
sin límites,
sin apego, solo pariendo semen
recreando
cada muñón o céfiro o lozanía.
Mañana,
caerá la tarde o asirá la madrugada.
Mañana, me
iré callado para perderme
sin nave ni
vuelo ni cuidado
y sólo, solo
me habré ido.
Cae la tarde
y la nostalgia vuelve
y sólo...
¡solo me habré ido!
MAR DE LEVA
LLOVIZNA
DE BLANCAS ALAS
Llovizna de
blancas alas
que cae
junto a mi verja.
¿Cómo
pudiera tenerla
cerca a mi
pecho cayendo,
y refrescar
el fuego
que dora mis
sentimientos?
Llovizna de
la mañana
grata paz en
mi ventana.
¿Cómo
pudiera tocarla
sin que se
empapen mis venas
sin que mis
huesos se hielen
sin que la
escarcha me lleve?
Llovizna de
blancas alas
¿Cómo
quisiera beberla
para calmar esta
llama
para apagar este
incendio
que del
volcán de mis penas
por siglos
asolarme quiere?
¿Cómo
pudiera llovizna
llovizna de
blancas alas
con la
frescura de ensueños
arrimarme a
tú quimera
ser ladrón
de tus besos
ser quien té
roba el sueño?
¡Oh llovizna
de alas blancas!
Ven muy
pronto a mi ventana
y
en el lomo de tus alas
ser
el amo en tú aposento.
¡Llovizna de
blancas alas
ven, ven muy
pronto a mi ventana!
LLEGAS
CON LA BRISA DEL MAR
Suspiro como
garra
que llega
cual relámpago salado
sobre la
fiebre hendida de mi pecho.
Lejanía
ansiosa, fulgurante ola
que tras
estanque agitado y torvo
remueve
ardoroso
aroma
inconfundible del ayer.
¿Cuánto no
diera por tener
tu hebra
leve que me roza el viento?
Viento en
costado que raya como fiera
entrañas,
arterias diluidas como fuego
regadas de abismos
y memorias como sueño.
¿Cuántos
kilómetros de lejanías
en derredor
del eco?
¿Cuántos
oleajes
arenas
derretidas en el confín del nido?
Rosa en la
mejilla desde el ocre llanto
labio
agitado en el silencio triste
palmera
alineada entre la mar reseca y tú.
Melodía que
vienes en átomos de acecho
ahogo de
seda sobre sienes de mi canto
cayo
encallecido de fluir sin aura.
Ensombrecida
piel perdida en ariscos remos
repletas de
estrellas de mar para asfixiarme.
¿Cuánta
distancia entre la lluvia
de lapsos
y de verde
y de cemento
y de saliva
distante?
He devorado
leguas de fuego y avenidas en sal.
He flotado
el umbral encantado de sirenas
y nadado en
el sueño jamás presentido
por
hallarte.
He trasegado
por la férvida playa recurrente
que ahoga en
trizas esperanzadas la agonía.
Orate en
remansos edificado en tus pliegues
sólo aromas
consumados a la brasa
sólo
oquedades arrojadas al llanto.
Vuelvo
insano a tragarme recebos ausentes.
He edificado
huracán de sueños jamás olvidados
he proscrito
tu nombre para silenciar la chimenea
que golpea
quema
y quema
y late
y late.
Y sigues ahí
en la
profundidad marina del costado
agujero
negro en la jornada rota.
Lejos
pero llegas
con la brisa del mar.
SOY
Soy, cada
enunciado que mana de tus labios
cada pez
enredado en tu telar
cada brisa
que descubre el velo
cada pasión
que quiere regresar.
Soy, cada
bosque encantado
cada nave
encallada
y cada
efusión volcánica que quiere descollar.
Llegas como
aliento
y te exhumas
en mi paladar.
Soy cada
terruño rasurado
cada canción
herida que quiere ya brotar.
De cansados
bosques vengo
a tenues
bosques afiebrados voy
contigo,
acariciando cada hoja
contigo, a
calar en tu morar.
Contigo, perdiéndome
en tu savia;
Contigo, ha
semillero y semental.
Contigo,
recogiendo cada grano atrincherado.
Contigo, a
ser huerto y ser pajar.
Soy, cada suspiro
detenido siempre.
Cada llanto,
cada festejar.
Cada corazón
reventado y quieto.
Cada golpe
en el pecho
y cada
respirar.
Soy, cada
pasión perdida
que clama
regresar.
CIERTA
ILUSIÓN
Transparente
ilusión y ensueño tu mirada
Ahogo de luz
y holgura al infinito.
Tonada
estremecida que carcome
calor
embriagado que suspira
detritus
anidando escarcha
ahíta más el
corazón marchito.
Cegado por
tu luz trago la senda
desde
distante foco, el olvido;
llevo las
manos llenas, el vacío;
oquedades de
ausencia y dolor vertidos.
Sientes
conmigo, desdichas dibujadas
y alegrías
talladas como mías;
sientes la
dicha de alejarme, siempre
y conmigo,
pena de alejarte, nunca.
Sientes
conmigo, construir un muro
aunar las
manos para tallar un fuerte;
tu para
irte, yo para tenerte;
tu para
olvidarme, yo para quererte.
CASI
ME BOGO EL MAR
Vine, desde
no sé qué parajes mariposa
Candelilla
de besos
para posarme
en ti.
Traigo
Saharas en mis dorsos
y grises
hilachas de alcanfor.
Cabe en tus
ojos colmena de mis labios
oasis fértil
y fresco orillo.
En tu arena,
mis playas fueron nidos;
en tu mar,
una recia embarcación.
Los rizos
fueron olas que se alzaron
y yo, un
pobre ruiseñor.
De lejos tu
presencia vuela
de lejos quema
tu candor.
¡Mujer, que
a gritos quiero verte!
¡Mujer, tan
lejos hoy de mí!
Quiero volar
a tu encuentro ola mía.
Quiero
abrigar y palpar tu corazón.
¡Mujer, que
a gritos quiero verte!
¡Mujer, tan
lejos hoy de mí!
Hoy, mujer
por ti
casi me bogo
el mar.
OTRO
ABRIGO
Llego cual
saeta
sin médula,
sin flecha y sin orilla.
Nostalgias
sólo el camino silba.
Quizá eres
ya, mi calcinado brío.
Quizá soy
yo, tú ya franqueado nido.
A veces
imagino pasaportes
de sueños
agotados.
A veces,
después de todo el río inmenso
de leguas y
metros y kilómetros
vuelvo a
palpar la misma playa horadada
el mismo
vacío arrinconado y sin respiro.
Zambullo
inviolado tiempo.
Soslayos
terrenos indecisos
desde la
cúspide saciada
incluso la
insaciable inmensidad.
Persigo
todos los rostros.
Conjuro tú
grito de piedra y tú carroña.
Recorro
canciones en el arrullo
del mar
perdido en una playa blanca.
Vierto mis
ojos en naves que flotan
sobre las
palmeras que construye salado haz el sol
y veo en
picada atrapar tú corazón.
Camino entre
olas como el viento
salto al
abismo cual orate ávido
y recorro el
ayer, sin encontrarte.
Agujas de
viento que rozan mi rostro;
oscuridad,
azote como siglos
distancia
que bebo entre milenios.
Congelado,
colgado
pendiendo en
el abismo entre picachos
en pico de
las aves anidada viene
tú corazón
partido se reside, duerme
mientras el
mío vuela y vuela
en busca de
otro abrigo.
MUERO,
COMO MUERE EL MANGLAR
Atrás el
quedo y el arrobo franco
la mirada
ensoñada, el hontanar.
Atrás la
dulce melodía
la canción
que quiere
regresar.
Ya,
deslumbrante la brizna
que galopaba
en las tranquilas olas
fue cediendo
a la picada mar.
Ya, la
triste golondrina
se posó
suavemente en su portal
presagiando
fuerte lluvia
y crudo
vendaval.
Atrás quedó
la algarabía
el rojo
festín y la sonrisa llena
de un
éxtasis robado a la quietud.
Hoy, es
ilusión perdida.
Ayer es hoy
contigo
seco
como muere
el manglar.
Muero de ti
secándome a pedazos.
Siglos de
agonía, silos de morir.
Sed que
carcome medula y huesos.
¿Quién la
domina?
¿Quién la
propaga?
Ya, no tus
calcinados besos
Ya, no tus
ígneos arrecifes.
Sólo
encantados rizos
de nueva
embarcación.
Ayer fueron
estancias.
Hoy son
puerto en el mar.
Ayer eran
remansos.
Hoy el
fuerte tremolar de tu mirar.
Ayer el
breve remolino.
Hoy es caída
vertical y espanto
torbellino,
cascada, pedregal.
¿Cuánto te
debo vida?
¿Cuánto he
de pagar?
-La cuenta
está saldada
saldada
quedará-.
Muero, como
muere el manglar.
Lenta
agonía, lento sufrir.
Muero de ti,
secándome a pedazos.
Muero, como
muere el manglar.
Hoy, hoy, ¡soy
puerto en el mar!
AGONÍA
Vi en tu
rostro una nevada alfombra
en tus
labios asomo de granizo;
fueron
lacerantes rayos
tizones de
puñales en mi herida.
En tus
linces vi cual un fanal dormido
una perla
rodar sobre cascadas.
Devolverla
quise con angustia
fuente
creadora de ternura.
Quise
ahogarla entre la mar soñada
sobre
peñascos que nos da la vida.
Quise
arrullarla para detenerla
y ella, ahogó
las ilusiones mías.
Vi tus
fanales nostálgicos un día
con dolor
que trasciende a la tortura.
Fue de
pronto caer hacia el vacío
y no ser
nada
y padecerlo
todo
y no saber
¡cómo se
calma esta agonía!
Vi, nevar en
tu rostro, el otro día.
DULCE MEDIO DIA
Tiempo
sin tiempo ahora contenido
efímera ave,
nube diluida.
Dulce medio
día de fuego cabellera
ceniza en mi
palma y yo ceniza
deleite de
la rosa y de la risa.
Canto de
ensueño, luz del día.
¡Oh corazón
postrado!
¡Oh cuña
taponando mi costado!
Luna que
llena mi mantel vacío.
Tu efigie en
mis manos detenida.
Cintura cual
eje de la vida.
¡Oh miedo y
finitud, luces que pasan
terror por
que la luz penetre
porque la
sombra llegue
porque el
ruido infeste esta marea!
Dolor porque
nos vamos paso a paso.
Terror
porque la noche nos alcance
y muera
agonizando con el día.
¡Oh angustia
por el viento que amenaza
esparcir sin
sentido nuestras vidas!
Dulce medio
día detenido
mejor será
sembrarlo en la memoria
mientras
ella perdure, perdurará mi vida.
AHORA
QUE TE VAS
Ahora que el
silencio consume la nostalgia
y deja
sentir la vida sollozando.
Ahora que la
noche cede su herrumbre prodigiosa
a un sol
cayéndose de golpe.
Ahora que
los caminos son fingidos goznes
tapizados
por brillos seculares que apolillan
ocultos en
orillas que deshojan
efluvios o
nervios que acuchillan.
Ahora que
erramos en suspiros
matinales
valles de un robado ensueño
desbocamos
recuerdos y reímos otra vez.
Ahora que
distantes vuelan nuestros nidos
y la finitud
es sólo un respirar.
Ahora que la
congoja quiere prendar el cosmos
y convertir
estrellas en días pincelados
y rayos y
luz y crines azulados
para sitiar
cada céntimo de voz.
Quiero ceder
portales, compuertas y caminos
quiero ser
solo clamor o herida o huella
o mar
de fauna y flora
o solo
amanecer.
Un ahora
convertido en nunca
y un nunca y
un correr.
Ahora que
las luces se desprenden
y el alarido
de la gran ciudad
quiere
sorberse de tajo la quietud
quiero
zambullirme en tu regazo
ser cada
dolor una expresión.
Ahora, ahora
que te vas y no regresas
quiero ser
puerto, estación y tren.
RECUERDOS Y
NOSTALGIAS
MUCHO TIEMPO, TIEMPO
HACE
Mucho tiempo, tiempo
hace
aguas claras que
rodaban
piedras blancas o
verdosas
linderos que aún
nacían.
Jugueteaban arenillas
mojando la brisa
suave
las rojizas
salpicaban
los graznidos de las
garzas.
Venas de vida fluían
exuberantes murmullos
acoplaránse las voces
los remilgos y
sonrisas.
Sudorosos los parajes
espermas brotar
corrían
virginales encantados
hijos de tierra
surgían.
Caballos y miles
dardos
chapotearon las
estancias
flechas y arcos
cayeron
hilos de sangre
tejieron
el corazón de la
patria.
Mucho pujo y gran
valor
ardentía y osadía
mostraron aquellas
razas
amos siempre de la
casa.
Descubrieron mucho
más
los que de lejos
vinieron
que eran torpes
bestias almas
que con mucho mundo
basto
pobres eran las
umbrías
que asolaron los
parajes
las hamacas y los
sueños
que batieron a los
niños
a los indios, nuestra
raza.
Mucho dicen las
palabras,
pocos hacen lo que
dicen
los cruzados
resurgieron
con la culpa y el
pecado.
Hijos, hijos de la
tierra
mezclados a la
bravura
soles nuevos que
alumbraron
los pateos de la
guerra.
Vencidos así no más
por la carta mal
habida
vida ojerosa de
chagras
devastadas y
obstruidas.
Nadie ahora se
detiene
espantados por la
lupa
que han dejado las
penurias
en los rostros y
figuras.
Somos mezcla, somos
fuerza
de peones encendidos
de bravuras
silenciados
a puntillas y a
gemidos.
Brota el alma del
Tolima
del volcán de las
espumas
incrustados en el día
de la Colombia
dormida.
Pasa y pasa la
corriente
entre los siglos
sumidas
las comarcas de la
patria
siguen aun oprimidas.
Sueños, sueños,
sueños idos
los esfuerzos
libertarios
zarpa el águila
imperial
sobre la liebre
dormida.
Queda vida, quedan
sueños
quedan hombres y
bravía
mujeres que aquí posáis
de gran valor y
ardentía.
ALEGRÍA
VESTIDA DE VERDE
Por las
piedras, en la orilla
buscando un
cangrejo cojo
con la
espuma me mecía
mientras la
lluvia corría.
Eran años de
la infancia
alegría
vestida de verde
de colores
alegría.
Comitiva,
comitiva
purgando
seco los palos
para saltear
la congoja
y
derrochárnosla todita.
Devorando
las alturas
mordía las
piedras sueltas
buscando
cangrejo cojo
mientras
turbiones corrían.
Eran espuma
los años
eran nubes
de osadía
eran húmedos
fulgores
donde
tanteamos la vida
donde
forjamos siluetas
que nunca,
jamás se olvidan.
Años esos de
la infancia
donde
rodamos a cuestas
detrás de mastos
celajes
o cometas de
sonrisas.
Comitiva,
comitiva
hirviendo
seco los fustes
para freír
la tristeza
y comérnosla
todita.
Alegría
vestida de verde
manto donde
nos cubrimos;
lánguido
tesoro perdido
triste y en
agonía
igual que mi
corazón
marchito por
tu osadía.
Eran años de
la infancia
alegría
vestida de verde
de colores
alegría.
PEONES
ENCENDIDOS
Mucho
tiempo, tiempo hace
aguas castas
que bramaban
piedras
cándidas que ardían
verdes
linderos nacían.
Jugueteaban
arenillas
la brisa
suave soñaba
las rojizas
salpicaban
los graznidos
de las garzas.
Vetas de
vida fluían
exuberantes
murmullos
acoplaránse
las voces
los remilgos
y sonrisas.
Sudorosos
los parajes
espermas
brotar corrían
virginales
encantados
hijos de
tierra surgían.
Caballos y
miles dardos
chapotearon
las estancias
flechas
mudas y arcos fieros
e hilos de
sangre tejieron
el corazón
de la patria.
Mucho pujo y
brilló en roca
y valor
creció en follaje
ardentía
tocaba nichos
osadías
quedas velaban.
Amos siempre
de la casa
huracanes
sumergidos.
Hijos de
maíz y litera.
Poco dicen
las palabras
pocos hacen
lo que dicen
los cruzados
resurgieron
con la cruz
y el pecado.
Pobres eran
las umbrías
eran torpes
bestias almas
que asolaron
los parajes
las hamacas
y los sueños
que batieron
los infantes
la ralea y
el bohío.
Hijos, hijos
de la tierra
mezclados a
la bravura
soles nuevos
que alumbraron
los pateos
de la guerra.
Vencidos así
no más
por la carta
mal habida
vida ojerosa
de chagras
violadas y
obstruidas.
Nadie ahora
se detiene
espantados
por la lupa
que han
dejado las penurias
en los
rostros y figuras.
Somos
mezcla, somos fuerza
de peones
encendidos
de bravuras
silenciadas
a puntillas
y a gemidos.
Brota el
alma del Yulima
del volcán
de las espumas
incrustados
en el día
de la
Colombia fundida.
Hilos de río
encendido
siglos
diezmados de cuna
las comarcas
de la patria
siguen aun
afligidas.
Sueños,
sueños, sueños idos
zarpa el
águila imperial
sobre la
liebre dormida.
Queda vida,
quedan sueños
quedan voces
y bravía.
Somos
mezcla, somos fuerza
de blasones
encendidos
de bravuras
silenciadas
a puntillas
y a gemidos.
VOLVER
AL APOSENTO
Volver a los
rincones adorados
do
aprendimos a batir las alas.
Volver a
galopar las ilusiones
donde la
espina vertió ligera lágrima
mientras la
flor entre los dedos iba.
Aposento de
infancia, cuna mía
¿Cuán añejos
vapores diluidos?
¿Cuánta
contento junto compartido?
Eco de
fantasmales avenidas
nicho
ancestral, sueños de luna.
Cada lugar
sofocado velozmente
cada grieta
aventura y un lucero.
Cada recodo
valor, miedo y ansía
cada hoja
caída afán por otro día
cada ahogo
latido
cada guiño
fuego y lozanía.
Lejos y
cerca estamos.
¿Sin ese
ayer qué somos y hemos sido?
Sin ese
transcurrir sin tiempo y sin olvido:
eco y
quejido, lloro y alegría.
Rincón,
rincón, gañir de cuna
donde
aprendimos a querer la vida.

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