© Libro N° 13897. Imaginario Y
Antirracionalismo En Ciencias Sociales. Larochelle,
Gilbert. Emancipación. Mayo 31 de 2025
Título Original: © Imaginario Y Antirracionalismo En
Ciencias Sociales. Gilbert Larochelle
Versión
Original: © Imaginario Y
Antirracionalismo En Ciencias Sociales. Gilbert Larochelle
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión
original de textos:
https://www.monografias.com/trabajos32/imaginario-antirracionalismo-ciencias-sociales/imaginario-antirracionalismo-ciencias-sociales
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro
contenido, con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un
medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los
contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la
circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría
corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son
estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
https://i.pinimg.com/736x/7d/93/61/7d936143f3a2e3242dd9ac7f315b5773.jpg
Portada E.O. de Imagen original:
https://fasbam.edu.br/wp-content/uploads/2019/03/Comunicac%CC%A7a%CC%83o-e-FIlosofia.jpg
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
IMAGINARIO Y
ANTIRRACIONALISMO EN CIENCIAS SOCIALES
Gilbert Larochelle
Imaginario Y
Antirracionalismo En Ciencias Sociales
Gilbert Larochelle
Imaginario y
antirracionalismo en
Ciencias
Sociales
Gilbert
Larochelle
Departamento
de ciencias humanas, Universidad de Québec en Chicoutimi
(Traducido
por María Inés Van Messem, Universidad de Guadalajara)
Resumen
Desde su nacimiento hasta nuestros días, las
ciencias humanas se han enfrentado con tentaciones contradictorias: su misión
fue definida ya sea por la necesidad de demostrar la positividad de su objeto
de estudio, o bien por una preocupación no menos intensa de consagrar la
supremacía de la dimensión simbólica al desarrollo de las relaciones sociales.
Si bien varios autores, entre los cuales incluímos a Jürgen Habermas , han
señalado los peligros de caer en una oscilación entre esas dos perspectivas
epistemológicas, el resurgimiento de un real interés por lo imaginario ha dado
lugar , desde los últimos veinte años, a varias teorizaciones estimuladas sin
duda por la pérdida de credibilidad del marxismo y el estructuralismo así como
por el auge de las ciencias interpretativas .Teniendo en cuenta esas lecturas
antinómicas del sentido de las ciencias humanas, el presente artículo formula
una reflexión sobre el estatuto de la noción de imaginario (Castoriadis,Breton
y Derrida), recuerda brevemente los argumentos de su exclusión y expone algunos
elementos del alegato oído a menudo para rehabilitarlo. Su objetivo comparativo
es mostrar que la desvalorización clásica y la sobreestimación de lo imaginario
son dos radicalismos cuya lógica fundamental es similar en varios aspectos, e
incluso lleva a la metafísica por caminos diferentes.
"La inversión de una proposición metafísica es
una proposición metafísica" (Martín Heidegger).
Las ciencias humanas no se abrieron sino de manera
tardía a una redefinición del estatuto del símbolo en la vida colectiva.Al
respecto,la contribución de la antropología cultural quizás fue decisiva para
demostrar la importancia de esta variable en el estudio de la acción humana.
Asimismo, las sociologías de tipo positivista y marxista se mantuvieron
reticentes ante lo que se consideraba todavía hasta hace poco, lo sabemos, como
una expresión no ya de un enceguecimiento sino más bien de una alienación.
La función de lo imaginario aparece en toda
circunstancia como una dimensión cuya eficacia podría ignorarse cada vez menos,
aunque la legitimidad de ese campo de investigación a veces fuera
cuestionada.Las modalidades del desarrollo de esta preocupación toman, sin
embargo, formas inéditas en las cuales el reconocimiento de lo que ayer se
desacretidaba da lugar a nuevas conceptualizaciones teóricas entusiastas en las
cuales la ficción sirve de paradigma fundante.
Sin cuestionar los aportes heurísticos
especialmente pospositivistas que el recurso a esta noción incita a abrir, la
presente reflexión apunta a identificar y analizar algunas impasses que surgen
de un encantamiento epistemológico de lo imaginario como medio de evitar
reduccionismos y sus avatares. La idea general que la inspira se permite una
observación crítica cuya pertinencia es preciso poner a prueba; la
sobreestimación de la imaginación simbólica, en varias perspectivas en las
cuales se erige en palabra maestra, conduce a las mismas aporías que su
desvalorización clásica.Las ciencias humanas ofrecen innumerables ilustraciones
de la convergencia argumentativa de esas dos opciones antinómicas cuyo nombre
parece ocultar semejanzas funcionales e incluso un mismo orden de aspiraciones
a una interpretación hegemónica.Pueden leerse los discursos de Castoriadis,
Breton y Derrida para ejemplificar
esta reversibilidad de los efectos por su concesión
de un privilegio epistemológico a la noción de ficción, a pesar de que no se
los pueda reducir.
Ya a fines de los años sesenta, Jürgen Habermas
decía que la salida del positivismo no debía estar acompañada por la
constitución de un contra-reduccionismo, precisamente por la elevación del
idealismo hermenéutico al rango de una ciencia candidata a las atribuciones de
la universalidad.(1).Su llamado de atención permitía igualmente esbozar un
programa intelectual que debía culminar en una nivelación de la brecha
existente entre las metodologías analíticas e interpretativas.Quizás era
preciso ver en ello, más
allá de su ambición un poco temeraria, una defensa
contra la unidimensionalidad que no fue sólo la enfermedad infantil de las
ciencias humanas sino, desgraciadamente, en general su procedimiento de
evolución . La actualidad del cuestionamiento de Habermas persiste pues la
preocupación que subyace puede volver a transcribirse en un proyecto de
comprensión de las tematizaciones contemporáneas de lo imaginario.¿En qué
medida la advertencia de Habermas conserva su potencial pedagógico?La
absolutización de la función del símbolo puede llegar a desembocar , según toda
verosimilitud, en una reinversión de la metafísica de un ideal regulador o bien
en la definición de una unidad de medida presumiblemente susceptible de agotar
la explicación de todos los hechos sociales.
Teniendo en cuenta los aspectos puntales de este
artículo, su indiferencia tanto a la emancipación en el campo del saber como al
establecimiento de convergencias entre órdenes del discurso específicos que
finalmente pretenden ser inconmensurables , más bien es necesario recordar a
grandes rasgos, en un primer momento, cuáles fueron las premisas dominantes en
las argumentaciones de exclusión del símbolo.En un segundo momento, una
comparación con el contra-signo que hoy representa el redescubrimiento contemporáneo
de las virtudes de lo imaginario permitiría eliminar algunos escollos
que acompañan sus usos en ciencias humanas, sobre
todo en ciencias sociales, pues estas últimas están siempre investigando por sí
mismas sobre el tema.
VERDAD Y SIMBOLO
El símbolo puede definirse como un signo que evoca
una representación abstracta.Sea cual fuere el ámbito en el que se utiliza, el
sentido particular que se le confiere, su consistencia propia remite siempre a
la idea de un encuentro entre dos términos distintos a priori.La etimología
primera designa la confluencia de dos corrientes de agua, su punto de
cruce(2).Entonces, el sumballein ,concreto porque se recurre a un soporte
material, abstracto porque se convoca un universo de referencia que lo orienta en
un orden semántico, reúne aspectos separados.Hacer ver en un objeto algo
distinto a sí mismo, tal es la función del símbolo cuya eficacia atraviesa los
dos lados de una polarización y termina por anular, en la práctica, la
antinomina de ésta. En cambio, lo imaginario constituye la representación
evocada por el símbolo para atribuirle una significación específica(3).Depende
de éste tanto como lo completa en la
medida en que lo simbólico sólo puede descansar en
un modelo, en un protocolo de inteligibilidad último que en cierta medida sirve
para manifestar, para encarnar .La relación entre lo imaginario y el símbolo(4)
no se agota, resumiendo, ni en la simple equivalencia ni en la exclusión, ya
que las dimensiones que reúne, contradictorias en teoría y complementarias en
realidad, no prevalecen una sobre la otra sino
según un cierto ángulo de perspectiva.La
ambivalencia de lo simbólico, debido a esta doble pertenencia a mundos
diferentes, primero fue considerara como un obstáculo epistemológico para
adquirir "ideas claras y distintas"- para retomar la expresión de
Descartes - antes de ser propuesta recientemente , debido a una voluntad de
invertir los razonamientos clásicos, como un instrumento de revelación de una
nueva heurística en ciencias humanas.
El recorrido de acreditación de la sociología desde
su nacimiento a su acceso al estatuto de ciencia,por ejemplo, fue ampliamente
inspirado por una veleidad de contener la función del símbolo,e incluso por un
proyecto deliberado de vencerla:Saint-Simon y Comte, poseedores de una
sensibilidad ante la voluptuosidad de los hechos contra las representaciones
metafísicas,no reconocen su importancia sino para sustraerla a la condición de
un saber que codifica en cierta manera las regularidades empíricas en un
orden nomotético. Le Play confiere a esta ciencia
joven una misión esencialmente descriptiva mientras que Durkheim da la
impresión de corregir el reduccionismo imperante decretando que el universo
social "no es otra cosa sino el entorno moral o, mejor, el conjunto de los
diferentes entornos morales que rodean al individuo"(5).Esta aparente
primacía otorgada a los aspectos invisibles, por lo tanto a los símbolos como
comunidad humana en general, pronto ha chocado , sin embargo, con los efectos perversos
de una consigna metodológica. La necesidad de captar los hechos sociales
"como cosas, es decir como modalidades externas al individuo"(6) que
Durkheim proclama, deja sin explicación por un lado el modo de inscripción del
investigador en la sociedad en la cual éste participa.Por otro lado, contribuye
a circunscribir un espacio de excepción dentro del cual el poder del signo
jamás puede ser apreciado sino desde afuera, en una estabilidad artificial y
engañosa que le amputa su dinamismo, incluyendo las determinaciones que ejerce
sobre los procesos mismos del conocimiento. La eficacia de la imaginación
simbólica sólo se convierte en el vestigio de una causalildad muerta o por lo
menos inoperante debido a
la suntuosidad de una objetivación sin división.La
recepción del símbolo o su referente abstracto, lo imaginario, está
condicionada por la capacidad del sujeto para transformalo radicalmente en otro
distinto a sí mismo.El método, en Durkheim, recibe así la orden de cosificar
las no-cosas y sustituye, por lo menos en sus efectos, algunos elementos del
prometeismo y la ingeniería social de los primeros sociólogos.
.La línea divisoria entre la objetivación del
símbolo y su ascendente abstracto cruza correlativamente otra línea,
precisamente la que distribuye los decretos de verdad y falsedad en el estudio
de las representaciones de la sociedad. Desde una impasse a superar(Saint-Simon
y Comte),una vigilancia metodológica a desarrollar(Durkheim y Weber), el
deslizamiento hacia la denegación del símbolo moviliza las preocupaciones
intelectuales tanto más rápido cuanto su potencial "veritativo"parece
nulo y en consecuencia, no puede sino constituir una pantalla ante el
desarrollo de las ciencias humanas.Los criterios de transparencia y visibilidad
como lugar de elección del determinismo culminan en la identificación de la
positividad como verdad o - lo que es lo mismo - de la realidad como utilidad.
Por el contrario, un largo combate se inicia a comienzos del siglo XIX y
continúa hasta nuestros días contra la derrota general del espíritu que
representan las producciones simbólicas dispensadoras de ilusiones y quimeras.Entonces
se dibuja aquello que consiste en otorgar a lo social, más que a la ciencia que
lo estudia, un objeto susceptible de acceder a la respetabilidad del saber.La
batalla emprendida para
contener la desvastación del símbolo, esta
derivación secular del sistema teológico, conocerá múltiples implicaciones, es
decir influencias diversas ,en la mayoría de las grandes teorías modernas. La
batalla se libra de mil maneras, pero principalmente en un doble frente, o sea,
mediante un levantamiento de trabas destinado hacer fracasar definitivamente
tanto la moral como las ideologías, ambas definidas como vectores privilegiados
de lo imaginario.
Por un lado, contra las prescripciones normativas
de los moralistas(Louis de Bernard,Joseph de Maistre), las ciencias humanas
asientan sus bases en la descalificación de la relación implícita que se crea
entre la lógica del símbolo, la restauración de la metafísica, la resistencia a
un progreso social e intelectual cuya significación se debe a la amalgama
opuesta y juzgada mucho más prometedora que lo real y lo racional. Por otro
lado, contra el movimiento de los "ideólogos"( de Tracy,Sieyes,Garat,
Cabanis, Volney)de quienes Napoleón se burla cubriéndolos del título peyorativo
de "intelectuales", el universo de las prenociones y prejuicios
populares cuyo tipo de discurso además es visto como la cristalización vendrá a
ofrecer , por la negativa, la confirmación del valor intrínseco del par
verdad/positividad. Por último, el problema de la falsedad de las
representaciones de la sociedad, más o menos atribuído a la influencia de lo
imaginario sobre el lenguaje, será asumido en cierta manera por la sociología
de la alienación. Radicalizando la crítica hegeliana de la religión (Escritos
teológicos de juventud), Feuerbach y Bauer amplían esta idea mediante la
tematización general de la "falsa conciencia"que Marx ,cuidadoso más
que nadie de las causalidades positivas,toma para sí en La ideología alemana:
"Hasta ahora, los hombres se han hecho ideas falsas sobre sí mismos, sobre
lo que son o sobre lo que deberían ser. Ellos organizaron sus relaciones según
sus representaciones de Dios, del hombre normal.Las invenciones de su cerebro
terminaron por subyugarlos". De allí la terapéutica que se impone:
"Liberémoslos de las quimeras, de los dogmas inaccesibles, de los seres de
imaginación que los doblegan bajo un yugo envilecedor"(7). Al tener como
objetivo tanto la moral como la ideología y la "falsa conciencia" ,el
famoso precepto
del"corte epistemológico" condensa este
ideal de exclusión del símbolo - mediante una fórmula irónicamente metafórica!-
y se inscribe en la continuidad de una ofensiva iniciada por las obras de
Descartes, Kant, Marx, Bachelard,etc.
Sin embargo, en la senda del optimismo que inspira
su emergencia, las ciencias humanas juegan con ambivalencias o bien duplicidad
al asumir las dicotomías heredadas de la filosofía clásica.La sociología da
principalmente la impresión de tergiversar los términos de una preocupación
contradictoria porque evoluciona simultáneamente en dos cuadros. Especulativa,
prescribe de manera trascendental las condiciones de existencia y validez de su
objeto. Esta criteriología obtiene su credibilidad de una denegación de los
ideales del Antiguo Régimen tanto o quizás más que de un trabajo de inducción
de lo real. Descriptiva, la criteriología se muestra insistente para hacer
reconocer su caracter positivo, para fundamentar su búsqueda de legitimidad en
la inmanencia al intentar satisfacer las reglas que ella misma decreta.Sus a
priori articulan pues la doble lógica de la interrogación y la respuesta, la
prescripción y el abandono a lo empírico.Sin embargo, sólo la segunda parte de
la dualidad es reivindicada, por lo tanto
los argumentos del descrédito de lo imaginario
pueden hacer creer de este modo en una distanciación del positivismo, por fin
realizada, con respecto del símbolo. Para retomar la palabra de Hilary Putnam,
ese modo de aprehensión proviene de un "realismo interno" porque la
definición de la realidad se establece mediante un acto cognitivo cuya
comprensión permanece sin explicitar.Dispensadores de certezas, los argumentos
que oponen verdad y símbolo ceden ante el sustancialismo,es decir, a la constitución
de un mundo similar por su rigidez ante la physis aristotélica(8)
La pérdida de credibilidad intelectual y política
de las filosofías de inspiración materialista contribuye considerablemente,
desde hace algunos años, a la revisión de la relación entre los conceptos de
realidad e imaginario, de verdad y falsedad. La concepción clásica del símbolo
inicia lentamente un cambio de dirección, sobre todo en ciencias sociales en
donde la consideración del lado oculto de las relaciones humanas aparece como
un instrumento para poner en evidencia determinaciones tanto más profundas cuanto
invisibles. Para aquel que quisiera forzar una interpretación al anunciar
esquemáticamente
algunas razones que pueden explicar semejante
relectura, parece que es preciso detectarlas en tres planos de relativización ;
cada uno de ellos marca los límites de una corriente teórica y el puntapie
inicial en la formulación de nuevos postulados.
a) A ciertos usos del marxismo que reducen toda la
causalidad de la vida en común al poder de la infraestructura, el recurso a la
noción de imaginario les permite mostrar las miserias de la sociología de la
alienación, su esencialismo y su moralismo, en síntesis, la imposibilidad de
llevar al "opio del pueblo"
las abstracciones de las cuales procede la
sociedad.
b) A los encantamientos del estructuralismo que
fijan el símbolo en invariantes más allá de la representación, las
observaciones relativas a la historicidad de la acción y las categorías se
multiplican hoy en día para restaurar el orden de la contingencia.La puesta en
relieve del caracter metafórico(9) de todos los esquemas intelectuales se
presenta como una estrategia de decentramiento de los referentes últimos en la
aprehensión del mundo.
c) Al objetivismo cientista del positivismo que
sanciona el privilegio del observador, la realidad de sus concepciones y la
neutralidad de sus recortes, la hermenéutica pasa a ser, como lo subraya
Vattimo,"el idioma común de la filosofía y la cultura"(10), y en gran
parte, de las ciencias sociales .Su alcance reside en que el intérprete asume
al mismo tiempo su propia historicidad y la de su objeto.El locutor se
encuentra comprometido en un diálogo complejo dentro del cual se superponen
condicionamientos y emergen nuevos modos de aprehensión.La dimensión simbólica
no es en absoluto extraña a esta empresa de decentramiento.Por el contrario, su
redescubrimiento parece favorecer al mismo tiempo una forma de radicalización
de las ciencias hermenéuticas contra las metodologías analíticas.
Esos tres factores , entre muchos otros más,
contribuyen a promover de manera más o menos directa una denegación, una
renuncia a desear un espacio objetivo como fase terminal del discurso.En este
caso, esos factores se manifiestan debido al desencadenamiento de lecturas
hiperconstructivistas algunas de las cuales caen en un ficcionalismo
absoluto.Tales enfoques , recordémoslo,confinan a ese tipo de transformación
que fustiga Habermas y contra el cual se basa su advertencia acerca de la
atracción y los peligros del contra-signo.
EL FICCIONALISMO RADICAL
La historia de la dificil coexistencia entre verdad
y símbolo es testigo del vértigo que provoca el "horror al vacío"´,
descrito por Pascal como una repulsión ejercida por la naturaleza misma. La
impresión de plenitud de lo real , en el fondo, está ligada a la certeza de que
el principio de causalidad yace allí, que jamás se aleja de allí; en síntesis,
que el mundo, en su contingencia, responde a una organización intrínseca que no
lo desborda en absoluto.Una corriente de pensamiento que podemos llamar
"ficcionalismo radical" y cuya inspiración parece provenir tanto del
neo-kantismo como del nihilismo, aporta sin embargo un desmentido de
pertinencia a esa tesis al tratar de demostrar que la fuerza del vacío original
o el poder de lo invisible constituye el verdadero lugar de producción de las
relaciones sociales. Lo no-dicho, lo no-visto , lo no-sabido,más allá del
discurso, los sentidos y el conocimiento...;los teóricos de esta interpretación
buscan allí las huellas aplicando casi al pie de la letra la fórmula
nietzcheana del "volverse fábula del mundo"(cf. El crepúsculo de los
ídolos). Con un enfoque más ilustrativo que exhaustivo y sin pretender agotar
todos los matices entre las proposiciones enunciadas a través de esta
perspectiva, probablemente no parezca abusivo ver en el pensamiento de
Cornelius Castoriadis, Stanislas Breton y Jacques Derrida - para citar sólo
tres ejemplos - un deslizamiento de las virtualidades
heurísticas de lo imaginario hacia esas impasses
que lleva un ficcionalismo paroxístico.
En La institución imaginaria de la sociedad,una de
las principales obras de Cornelius Castoriadis , la yuxtaposición de una
crítica fundamental al marxismo y a la elaboración de una opción de reemplazo
centrada en las nociones de institución y de imaginario no es atribuible por
cierto a lo arbitrario de una división metodológica(11).
Además, sería superficial ver en esa obra sólo un
nuevo alineamiento intelectual efectuado en la mitad de un recorrido
biográfico.Con la distancia de más de dos decenios desde la publicación de
dicho libro, el establecimiento de una continuidad, la construcción de una
línea de puntos entre el primero y el segundo Castoriadis se muestra quizás más
instructiva para la comprensión de la lógica de su argumentación con respecto
al símbolo de lo que es la sola puesta en acción de un cambio de ciento ochenta
grados.No se trata de insinuar, ni mucho menos sostener la idea de una
reductibilidad cualquiera entre el contenido de las tesis del escritor
militante en Socialismo o barbarie y el del teórico de lo imaginario, sino, de
manera más limitada, indicar recurrencias significativas, referencias comunes,
en resumen, remanencias sorprendentes entre formas de pensamiento que una
percepción inmediata estaría sin duda proclive a disociar.Es preciso recordar
que tal preocupación está ligada a la convergencia , de la cual este artículo
hace la hipótesis ,entre las absolutizaciones negativa y positiva de lo
imaginario.
El juego oscilatorio del marxismo a lo imaginario
que en Castoriadis comienza en el transcurso de los años sesenta parece surgir
de la constatación de la impotencia de la teoría para expresar lo real. Frente
al desencantamiento político y al nuevo encuadre epistemológico que se
desprende, todo su esfuerzo para volver a conceptualizar se despliega sólo
asumiendo un distanciamiento crítico y una alteración de la relación que este
autor tenía como evidente entre las cosas y sus representaciones.La noción de
institución permite encarnar este enfoque particular porque viene a restaurar
la parte ideal de la realidad, especialmente en las relaciones sociales.esta
nueva distribución de las virtudes heurísticas sirve para poner en escena la
ieda elemental según la cual nunca hubo identidad posible entre el significante
y el significado, entre el concepto y su referente concreto. Así, lo inasible
del objeto, sus escapadas y su dependencia para con el observador concurren
para delimitar el sitio de un nuevo campo de causalidad, a partir de entonces
centrado en la sooberana potencia de estructuración que ejerce, en su óptica,
lo imaginario..El uso de esta última noción no sólo denuncia la represión
clásica de la imagen, de los procesos de su creación y su fijación , sino que
la eleva a la nobleza de una determinación última de la acción.
El procedimiento de argumentación se debe, a simple
vista,a una metamorfosis: de la contingencia de las condiciones materiales
antaño agrupadas en él por la infraestructura, la sociedad se ve a partir de
entonces ubicada bajo la jurisdicción de una creación ex nihilo (12).La
categoría -eje de "imaginario
radical" golpea los sentidos y su definición
remite a esta "capacidad de hacer surgir como imagen algo que no lo es ni
lo ha sido."(13)Su originalidad se asocia a la búsqueda de un principio
primero y perfectamente no sometido a un condicionamiento cualquiera , ya que
el alcance del que se ve atribuída
se desprende de una dinámica sui generis y forma el
eslabón inicial de una cadena de determinaciones.La designación de la ficción
como causalidad causante y no causada equivale a circunscribir un lugar sin
frontera, a intentar revelar una fuerza que opera "en el vacío",si
podemos decirlo así, pero de la cual, sin embargo, todos los efectos (lo
social-histórico) se desprenderían en una degradación de matices, en
"capas sucesivas de sedimentación"(14).Lo
que llamamos la realidad, desde su punto de vista, no describe sino diferentes
actualizaciones de esas derivaciones ..En síntesis, el pensamiento se muestra
allí como una racionalización del símbolo pero ya no es posible que sea una
simbolización de la racionalidad. Esta premisa se desprende de la primacía de
la poesis sobre el logos.
Toda la dificultad de esta lectura consiste en
explicar , de otra manera que por encantamiento retórico, el pasaje de
la"nada"*(constituyente) a una cosa(constituída), de la ficción a lo
real, de lo posible a la contingencia, de la indeterminación a la
determinación. Lo imaginario es aprehendido como un instrumento de revelación
porque retoma, en su principio, la Causa sui de la trascendencia divina al
secularizar, en cierta manera, el "creacionismo" del Génesis.La
representación de su eficacia presupone además la dotación metafísica de una
capacidad de desencarnación del sujeto imaginante en relación con su medio de
pertenencia.Dicho de otra manera, sería preciso que éste esté constantemente en
instancia de ruptura virtual con las solicitudes del universo que lo rodea para
ponerse en disponibilidad de imaginar con toda fantasía,a partir de nada, eso
en donde todo parece que se juega finalmente.Los problemas epistemológicos que
surgen de ese tipo de recurso a la ficción sólo reiteran los escollos del positivismo
invirtiendo el modo de argumentación del marxismo: a) constitución de
una"última instancia" autónoma
e independiente de las fluctuaciones de la
historicidad y cuyo caracter determinante no sufre ninguna división;b)
voluntarismo en la concepción del devenir que sugiere un sujeto imaginante que
asume el mundo, cuya omnipotencia suple la primacía de las fuerzas productivas;
c) concepción del cambio por grandes rupturas, de acuerdo con el modelo de una
revolución permanente, que mezclan constantemente las huellas de la
anterioridad que excluye lógicamente el creare ex nihilo;d) evocación de una
ontología(15) que se puede designar por el oxymorón de un "substancialismo
de la ficción" que determina absolutamente, transformado en una nueva
"positividad", la indeterminación de constituir la única causalidad
efectiva.Que la lógica de la demostración cambie de sentido en relación con el
marxismo aunque fuese en el modo del radicalismo, confirma aquí la recurrencia
de una percepción extremadamente clásica de lo imaginario en vez de
contradecirla, según la cual éste no podría ser sino algo paralelo a las
contingencias, argumentos que aducirían los racionalistas para inflingirle un
estatuto peyorativo. La prestación de un genio astuto a esas fuerzas de la
nada, reprobadas por su oscuridad o elevadas al rango de una beatitud, equivale
esencialmente a reproducir una forma de platonismo y
contemplar esencias.Ese tipo de ficcionalismo de
alto voltaje supone una teoría implícita del "suplemento de alma" en
la medida en que intenta evolucionar al margen de toda corporeidad.
Ahora bien, si lo imaginario era ab initio una
efervescencia errática al abrigo del condicionamiento de lo que existe, nadie
podría reconocer allí el principio primero de cualquier cosa. Si sus contenidos
no guardaran una huella de lo que dejan, pasarían a ser literalmente
"inimaginables" pues ninguna referencia permitiría identificarlos
como lo que deroga contingencias(16).Enunciar por ejemplo que "esto no
es" supone una referencia implícita a su negativo que marca su límite
trransgrediéndolo.Hablar de la ficción no quiere decir nada si la alteridad que
designa no instruye el proceso de lo que ella sirve para contradecir.La nada*,
el vacío, *son también categorías relacionales cuya autonomía no es menos
inmodesta que la plenitud que quieren destituir, con toda razón por otra
parte.Ya que la solucion de recambio no aporta nada más que la convergencia de
los contrarios, es preciso buscar, por lo tanto, fuera del radicalismo al
principio de heurística de lo imaginario.(17)
En Etre, monde et imaginaire, Stanislas Breton
ilustra también las miserias del ficcionalismo para emanciparse del deseo de
conquistar un tipo "puro"sobre el cual, por otra parte, las
ambiciones hegemónicas siempre toman apoyo.(18),Su reprobación con respecto de
las dualidades, de las cuales la de logos y mythos procuran un modelo para
todas las otras que se desprenden , lo incita a prospectar, desde una
perspectiva alta, su lugar de concepción, dado que el principio generador los
une.Su proyecto intelectual consiste justamente en identificar un nivel de
trascendencia superior, pues ni uno ni el otro de
los dos lados que en general se oponen ofrece,
subraya, un puesto de observación privilegiado a tal punto que pueda ser
considerado como una última instancia. Sin embargo, en la cumbre última de la
jerarquía que su discurso propone reinterpretar e incluso volver a componer,
las distinciones binarias se reabsorben en una entidad fundamental que los
integra y los reconcilia disipando su aparente contradicción.Lo imaginario,
causalidad trascendente de efectos contingentes, pasa a ser aquello por lo cual
todo fenómeno accede a la existencia por mutación del no-ser en manifestaciones
concretas:"aquello a partir de lo cual algo viene a la existencia no es
nada de lo que emerge de él."( 19 ) Una categoría de análisis más bien
radical vehiculiza esta idea del pasaje de la libertad a la necesidad a partir
de la indeterminación de un referente último:la "nada"* ,
porque"uno no puede prescindir de este indeseable así como la aritmética
no puede prescindir del cero"(20).
Encontramos aquí especialmente el modo de pensar ex
nihilo de Castoriadis; claro que la lógica de Breton no titubea en declararse
"ontológica" y sobre esta base, prescribir condiciones de
calificación de lo "indeseable". La noción nebulosa
de"imaginario-nada"*, no sólo no es más concebible que su contrario,
sino que , en el fondo no hace sino subsumir las dicotomías en una
quintaesencia aún más abstracta. Esta reemplaza el caracter dualista del
reduccionismo por un monismo supremo, lo que quizás no sea la manera más segura
de superar las implicaciones nefastas que se denuncia allí. Por último, libra
un combate para apropiarse la hegemonía paradigmática, para reconocer un
trasfondo no colonizado.Lo que prueba que la ficción no es en absoluto un
camino llano de antemano para salir de las pretensiones metafísicas.
La empresa derridiana,anterior a los presupuestos
teóricos de Castoriadis y Breton , recibe poderosamente la atracción que ejerce
la noción de imaginario aunque literalmente no se la designe con ese vocablo.Su
proyecto teórico, la "deconstrucción",
lleva la marca; más aún, desarrolla sus
potencialidades.Su principio, que no podríamos llamar fundante a primera vista,
está basado en el caracter central de la ausencia,en la tematización de una
ficción que se envuelve en el lenguaje y allí se agota.En Derrida, el ángulo de
perspectiva consiste en operar una recuperación de las positividades en función
de un enfoque muy englobante ,descomponer "la mayor totalidad- el concepto
de episteme y la metafísica logocéntrica - de la cual se produjeron (...) todos
los métodos occidentales de análisis, explicación, lectura e
interpretación"(21).Para Derrida, las diferentes dualidades derivan de
esta metafísica.Y es para darles la estocada que la batalla se libra en el
ruedo de la desconstrucción,cuya razón de ser no tiene otra justificación que
la de terminar con la ilusión de una plenitud de referencia.
La ofensiva se desarrolla en una multiplicidad de
frentes e intenta ocupar de manera diferente el terreno conquistado; contra la
separación del sentido propio y el sentido figurado, la metáfora; contra la
ilusoria servidumbre del significante con respecto al significado: una
escritura no referencial ; contra la palabra plena cuyo logos sería la verdad,
una problemática de la huella; contra la división de la identidad y la
alteridad, el grafema insólito de la diferencia; contra la oposición de la
literatura y la filosofía, un estetismo de confusión de los géneros
discursivos. La misma preocupación por doquier: "La autonomía del
representante, escribe Derrida, se torna absurda: alcanzó su límite y rompió
con todo lo representado, con toda originalidad viviente, con todo presente
viviente"(22).Rechazando la metafísica heidegeriana de la presencia,aunque
esté inscripta en la "epocalidad" del Ser, el autor De la
gramatología planifica más bien la revocación de toda trascendencia, paragolpe supérfluo
del lenguaje. Su principal blanco se sitúa
en el sistema de referencia del signo, aquello por
lo cual el prejuicio que divide la verdad y la falsedad accede al
reconocimiento.El autor ve allí el algoritmo por el cual la reformulación del
problema , con el fin de evitar o bien lo arbitrario o una cierta forma de
naturalismo, debe pasar una y otra inclinación ,que tienen como función
inevitable hacer "derivar la historicidad"(23). La inexistencia de un
soporte más aquí y más allá del discurso vuelve indescifrable todo sistema de
criterios y necesaria la ayuda de la ficción para testimoniar dicha
inexistencia.La ficción surge como la categoría maestra de la deconstrucción.
La idea transversal en el enfoque derridiano y cuyo
impulso justifica por sí solo su complacencia para un funcionalismo radical
depende finalmente de la voluntad que demuestra para instaurar un procedimiento
de indecidibilidad que tiene a la escritura como
teatro para representar un juego(el lenguaje) pero sin lo que está en juego
tradicionalmente( la representación). Podemos pensar, además, que esta
seducción por el no-ser o por el rechazo de toda ontología revela una profunda
desconfianza ante los atavismos de una Razón que se toma a sí misma por una
instancia suprema, juez y parte en la exposición de las reglas de elaboracion
del saber. Más allá de esta negatividad formal,¿ la deconstrucción mantiene sin
embargo el desafío de proporcionar una opción de reemplazo?Su desarrollo ,
manifiestamente, no parece resistir a tal interrogación crítica, ya que el
recentramiento que opera sobre la ficción, como último recurso, cae del mismo
modo en la autoreferenciabilidad o en la circularidad argumentativa. Ahora
bien, para evitar las emboscadas que permite denunciar y para ser coherente con
el razonamiento, la supremacía de lo narrativo está obligada forzosamente a no
ser ella misma autofundante.
La salida del logocentrismo no constituye una
operación cuya simplicidad gana de golpe sobre la evidencia. Pues, las amenazas
abundan y se manifiestan en el pensamiento de Derrida bajo la forma de un
dilema del cual no es fácil liberarse:a) si la racionalidad procura el
instrumento crítico para consumar la ruptura consigo misma o la liberación de
la esfera de influencia que crea, la deconstrucción entonces
se encuentra ante una contradicción molesta en
relación con las pretensiones que la fundamentan; b) si es dejada de lado como
modo de demostración, la metodología derridiana sólo puede recurrir a
peticiones
de principios; por eso el retorno forzado de lo
arbitrario, de una propuesta primera y autónoma que uno plantea, pero del cual
nadie dispone, lo que constituye el mismo orden de encantamiento
autoreferencial que el de los racionalistas ante la Razón. Justamente, la
crítica que Derrida dirige al logocentrismo parece completamente reversible, es
decir aplicable a la argumentación misma que él despliega.Por un lado, la
reivindicación de un principio de incertidumbre o de un sistema de
indecidibilidad general permite también subrayar que la elección que se plantea
entre los apriori del logocentrismo y los del
ficcionalismo radical tampoco podría establecerse
de una manera definitiva, ya que la deconstrucción revela un arbitrario pero
finalmente recompone otro( 24 ).Ante las dos opciones que se esbozan ,
intercambiables en su equivalencia, irreductibles en su coherencia respectiva,
todo lo que subsiste se
debe a la simple constatación de su diferencia. Y
nada autoriza a concluir que una es superior a la otra, si no, el relativismo
de intención no haría honor a los resultados que quiere obtener.Por lo tanto,
si ninguna jerarquía parece recibible,¿qué es lo que justifica la pertinencia
de retener la deconstrucción en vez de las interpretaciones tradicionales?
(25).La única hipótesis de explicación que puede contestar esta pregunta hay
que buscarla en la reaparición insidiosa de una filosofía de la verdad para cuya
promoción la ficción pasa a ser un estandarte, incluso la modalidad negativa de
su actualización.En consecuencia, ese razonamiento no suprime la lógica de la
referencia del significante, el sistema de referencia(remisión)
que pretende deshacer, sino que invierte el sentido
del mismo, porque la supuesta superioridad de la ficción no puede estar apoyada
sino en otra ficción meta-referencial que a su vez hace "derivar a la
historicidad"; su deconstrucción porpone aceptar el desafío.¿Habría que
reinventar otro lenguaje para salir verdaderamente del logocentrismo?
CONCLUSIÓN : HISTORICIDAD Y HERMENEUTICA
La noción de imaginario en ciencias humanas sólo
puede ser heurística si sus usos derogan la inmodestia del radicalismo y la
lógica del testimonio en un referente último que lo acompaña.Aunque estén
obnubilados por una u otra de las dos tentaciones contradictorias, la represión
del símbolo o la celebración de su magnificencia, el encantamiento de un
"estado de gracia" en esas representaciónes diferentes del estatuto
de la ficción , parten o llegan a una metafísica del ser.Que el trazado de semejante
conquista tome sus vías de actualización de la presencia o ausencia , desde un
cierto punto de vista sigue
siendo accesorio ya que una profunda convergencia
surge al cabo de una comprensión comparada de esas dos opciones.El juego de las
contrariedades aquí sirve precisamente para enmascarar la similitud de las
reglas que lo engendran. Esta"coincidencia de los contrarios", viejo
principio filosófico que alimenta la reflexión de Nicolas Cusano en los inicios
del Renacimiento, no es instructiva simplemente porque hace una lista de los
usos, ni siquiera porque recopila elementos de una historiografía de las
ciencias humanas
a través de los mismos. Allí donde los contrastes
se evidencian mediante la fórmula declamatoria
de"inversiones"(Hegel/Marx),"superaciones"
(Castoriadis,Breton), "diferencia" que
pueda realmente diferir(Derrida), su pertinencia pasa a ser tributaria de una
"arqueología" de las continuidades, de un trabajo paciente de
búsqueda en esos "restos" en los que quizás reside lo esencial.
Haber decidido aclarar en este artículo una
coïncidencia no revelada de los contrarios, o si se quiere, una convergencia de
efectos entre las tesis realista e idealista no equivale a nivelar la
especificidad de todos los discursos ni a relegarlos a un prejuicio de unidad
funcional. Al respecto, los "modos de empleo" de la noción de
imaginario no fueron analizados con la intención de endulzar los querer-decir
subyacentes ni con el deseo de ignorar la heterogeneidad de su contexto teórico
de uso.Además, la búsqueda de un compromiso entre los dos términos de la
polaridad oculta también un deseo de trascender: las prenociones populares la
consagran con el vocablo aristotélico de "justo medio"(mesotes) y el
universo político extrae de allí dividendos al glorificar las virtudes del
"centrismo", posición que habría que ver subordinada, lógicamente, a
dos radicalismos y no a uno solo!.Ahora bien, no se trata de trazar una
bisectriz de referencia y aislar una zona franca como lo hacen las miradas
positivistas e idealistas con lo imaginario; dos preocupaciones que de ninguna
manera pretenden ser soluciones deben enmarcar un recurso heurístico a esta
categoría.
La inscripción de todo discurso en la historicidad
permite recordar el caracter temporario de las explicaciones, incluso de
aquellas centradas en lo imaginario, considerar la
"pertenencia"(Vattimo) de los locutores,sus significantes y sus significados,
en un universo "del que no disponen pero en y por el cual están
dispuestos"(26).
Contrariamente a las inquietudes que pueda
despertar prima facie , esta observación de ninguna manera equivale a confinar
la imaginación al campo de las contingencias , sino más bien las utiliza para
concebir la alteridad. Paradójicamente indica que si bien imaginar no es
traducir y mucho menos duplicar un referente,ninguna proyección de la mente
tampoco podría sustraerse a la situación concreta de los "sujetos" y
"objetos":esas dos categorías -límites jamás constituyen condiciones
- una para la otra- sino más bien condicionamientos recíprocos que acompañan su
relación, su negociación siempre abierta. El horizonte de lo no-fenoménico está
bordeado, por lo tanto, por la contingencia que marca tanto la
frontera como la posibilidad de dicho horizonte.
La influencia de la ficción sobre la vida colectiva
parece ser útilmente subversiva sólo si ningúno de sus vínculos ha roto con una
realidad ya actualizada; dicho de otra manera, parece ser útilmente subversiva
sólo si contribuye a exhibir el poco de realidad de éste.. Pues, lo imaginario
como expresión de la subjetividad parece acechado constantemente cuando es
captado por la indiferencia a toda fenomenalidad ante la amenaza de convertirse
en una simple problemática de la ausencia de sujeto.
La centralidad metodológica de la ficción, para
evitar rehacer el retrato de una nueva imagen del ser, debe verse acotada por
un trabajo de decentramiento constante para que la crítica que permite operar
sobre el sentido sea al mismo tiempo un rechazo de todo mundo final.
La consideración de la dimensión intepretativa de
todo análisis es por cierto capaz de evitar los enfoques contemplativos que, en
Heidegger -recordémoslo- asocian la historicidad y la ontología, la fluidez del
devenir y la recurrencia del Ser.Más allá de la simple constatación del
relativismo y el "politeismo de los valores"(Weber) la hermenéutica
disuelve de raíz la búsqueda de una correspondencia entre una verdad originaria
- aunque esté encarnada en la cosa o en la ficción- el discurso y el fenómeno.
Contra las pretenciones de representar la existencia bajo sus diversas
modalidades, la fenomenología defiende no sólo la interdependencia del que mira
y lo mirado sino que sitúa en la perspectiva del primero la responsabilidad del
sentido .Si bien no busca a su vez el punto de vista más panorámico sobre el
mundo y escapa así a la reivindicación de las otras teorías desde una altura
superior, será necesario sin embargo
que mantenga las promesas que anuncia , que honre
la disponibilidad intelectual de la cual se honran sus partidarios.Necesita
esta exigencia para que no sea una simple "rehabilitación del
prejuicio"(27), por lo tanto,un subjetivismo para oponerse al objetivismo,
lo que atentaría contra el ideal de ponderación que parece estarle asociado.Por
el momento el desafío de la hermenéutica surge de la ambición de mantener un
discurso sobre el hilo precario de una subjetividad situada entre lo que Vattimo
llama"la familiaridad
y la extraneidad" ante el mundo(28).La
posibilidad de una sociología y una filosofía de lo imaginario reside, en
definitiva, en soslayar una doble amenaza evitando una representación
desencarnada en donde por un lado la totalidad se reduciría a las cosas
visibles y palpables (reduccionismo por objetivación simbólica)y por el otro,
la nada sería todo(ficcionalismo).Esa es una condición esencial para enfrentar
los múltimples deslizamientos que desgraciadamente acompañan con demasiada
frecuencia las estrategias de evolución de las ciencias sociales y humanas.
(*Nota de la traductora: En el texto en francés: le
rien, salvo en le rien, le vide, le néant)
30 de marzo de 1998.
________________________
NOTAS
1.Jürgen Habermas,On the Logic of Social
Sciences,Cambridge,The MIT Press. 1988,página xiii
2. René Alleau, La science des
symboles,Paris,Payot,1975,páginas 32-33.
3. Para una exposición más detallada de una
teorización acerca de las relaciones entre el símbolo y lo imaginario, ver
nuestro libro El imaginario tecnocrático, Montréal,Boréal,1990.448 páginas.
4. Esas observaciones destinadas a establecer una
demarcación semántica elemental entre lo imaginario y lo simbólico no sólo
descuidan deliberadamente la diversidad de interpretaciones posibles, la
irreductibilidad de contextos teóricos y sus usos disciplinarios sino también
responden sólo a la
necesidad de tener, como elemento previo, una
distinción utilitaria para los objetivos de este artículo.
5. Emile Durkheim,Textes:1.Eléments d’une théorie
sociale,Paris,Minuit,1975, página 28.
6. Ibid,página 47
7 . Karl Marx,L’idéologie allemande,Paris
,Gallimard,Bibliotheque de la Pléïade,página 1049.
8. Para un desarrollo más amplio de este tema, ver
el artículo de Jean-Paul Sironneau,"Sociologie et imaginaire: du handicap
a la reconaissance", in Revue du Centre de Recherche sur
l’imaginaire,N°2,1986, páginas 61-79.
9.Para algunas ilustraciones de la metáfona
considerada como paradigma, señalemos los trabajos de Herbert
Simons(Eds),Rhetoric in the Human Sciences,Newbury,Sage
Publications,1989;Richard H.Brown,"Social Reality as Narrative Text:
Interactions, Institutions and Polities as Language",in Current
Perspectives in Social Theory"Vol 6,1985, páginas 17-37; del mismo
autor," Métaphore et méthode: de la logique et de la découverte en
sociologie" in Cahiers internationaux de sociologie,Vol.LXII,1977, páginas
61-73; Max Black,Models and Metaphor,Ithaca,Cornell University Press,1968; René
Jongen y otros,La métaphore, approche pluridisciplinaire,Bruxelles ,Faculté
Universitaire Saint-Louis,1980; S.Kofman,Nietzsche
et la métaphore,Paris,Payot,1972; Georges Lakoff y Mark Johnson,Metaphors We
Live By,Chicago,The University of Chicago Press,1980; Claudine
Normand,Métaphore et concept, Paris P:U:F:,1976
10. Gianni Vattimo,Ethique de l’interprétation,
Paris, La Découverte,1991,página 45.
11. Cornelius Castoriadis,L’institution imaginaire
de la société, Paris, Seuil,1975.Para una crítica, ver
Jürgen Habermas,The Philosophical Discourses of
Modernity,Cambridge ,The MIT Press,1987, páginas
327 a 335.
12.Ibid,páginas 177-183
13. Ibid,página 178, nota infra n° 21
14. Ibid, página 183
15. Brian Singer,"The later Castoriadis:
Institution under Interrogation" in Canadian Journal of Political and
Social Theory, Vol.4,N°1,Invierno de 1980, página 96.
16.Pierre Francastel, uno de los teóricos más
aguerridos en el estudio de lo imaginario,observó que a igual distancia del
idealismo y el positivismo,sus proyecciones y sus nuevas representaciones sólo
pueden ejercerse mediante una tensión constante de desborde y recuperación de
las formas antiguas.Esta idea es particularmente verificable, según este autor,
en el campo de la tecnología en donde toda
innovación proviene necesariamente de una
recombinación de técnicas existentes pero cuya organización inédita crea
relaciones y usos nuevos. L’image, la vision et
l’imagination,Paris,Denoël/Gonthier,1983, página 146.
17. Para un desarrollo menos sobre este tema, cf mi
libro Lo imaginario tecnocrático,Montréal;Les
Editions du Boréal,1990,440 páginas.
18. Stanislas Breton,Etre, monde, imaginaire
Paris,Seuil,1976
19. Ibid,página 140
20. Ibid, página 135
21. Jacques Derrida,De la
grammatologie,Paris,Minuit,1967,página 68(la cursiva es de Derrida)
22. Ibid.página 429
23. Ibid,página 50.
24. Sobre las paradojas de la auto-referencialidad,
el lector puede consultar la reflexión de James L.Marsh , a la cual este
artículo le está sumamente agradecido: "Strategies of Evasion: The Paradox
of Self-Referentiality and the Post-Modern Critique of Rationality" in
Contemporary Currents, Vol.XXIX N°3,Publicación n°115, 1989, páginas 338-349.
25. Ibid.Páginas 344-345
26. Gianni Vattimo,Op.cit.,página 50
27. La expresión de G.Gadamer es citada por Gianni
Vattimo,Ibid,página 134
28. Ibid, página 209

No hay comentarios:
Publicar un comentario