© Libro N° 13894. Obsesiones Y
Fobias. Freud,
Sigmund. Emancipación. Mayo 31 de 2025
Título Original: © Obsesiones Y Fobias. Sigmund
Freud
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Original: © Obsesiones Y Fobias.
Sigmund Freud
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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OBSESIONES Y FOBIAS
Sigmund Freud
Obsesiones Y
Fobias
Sigmund Freud
SIGMUND FREUD
OBSESIONES Y FOBIAS
1894 [1895]
SU MECANISMO PSÍQUICO Y SU ETIOLOGÍA
Aclaración Preliminar
Comenzaremos por negar dos aserciones muy
frecuentemente repetidas con relación a los síntomas objeto de este estudio, o
sea a las obsesiones y las fobias. Es preciso afirmar: 1º. Que no forman parte
de la neurastenia propiamente dicha, puesto que los enfermos atacados de estos
síntomas son unas veces neurasténicos y otras no. 2º. Que no es exacto hacerlos
depender de la degeneración mental, pues los hallamos en personas no más
degeneradas que la mayoría de los neuróticos, y, además, suelen corregirse, e
incluso en algunas ocasiones curarse.
Las obsesiones y las fobias son neurosis aparte, de
un mecanismo especial y de una etiología que en un cierto número de casos me ha
sido posible descubrir; mecanismo y etiología que espero volver a hallar en un
gran número de casos nuevos.
Para mejor delimitar nuestro tema dejaremos a un
lado una cierta clase de obsesiones intensas, que no son sino recuerdos,
imágenes no alteradas de sucesos importantes. Citaré como ejemplo la obsesión
de Pascal, que creía ver abrirse un abismo a su izquierda «desde el día en que
la carroza en que iba estuvo a punto de volcar y precipitarse en el Sena».
Estas obsesiones y estas fobias, que podríamos calificar de traumáticas, se
enlazan a los síntomas de la histeria.
Una vez separado este grupo, es necesario
distinguir otros dos: a) Las obsesiones propias; y b) las fobias. Su diferencia
esencial es la siguiente:
En toda obsesión hay dos elementos: 1º. Una idea
que se impone al enfermo. 2º. Un estado emotivo asociado. Ahora bien: en las
fobias, este estado emotivo es siempre la angustia, mientras que en las
obsesiones propias puede ser igualmente cualquier otro, tal como la duda, el
remordimiento o la cólera. Ante todo, trataré de explicar el mecanismo
psicológico, verdaderamente singular, de las obsesiones propias, muy diferente
del de las fobias.
I
En muchas obsesiones verdaderas es evidente que el
estado emotivo es lo principal, puesto que persiste inalterado, variando, en
cambio, la idea a él asociada. Así, la sujeto de nuestra observación número 1
tenía remordimientos muy varios: de haber robado, de haber maltratado a sus
hermanas, de haber fabricado moneda falsa, etc. Igualmente, las personas que
dudan, dudan de muchas cosas a la vez sucesivamente. El estado emotivo
permanece en estos casos invariable, mutándose, en cambio, la idea. En otros es
ésta también fija, como en la muchacha de nuestra observación número 4, que
profesaba un odio incomprensible a todas las criadas de la casa, cambiando, no
obstante, de persona.
Pues bien: un escrupuloso análisis psicológico de
estos casos muestra que el estado emotivo como tal está siempre justificado. La
muchacha número 1, que siente remordimientos, tiene suficientes motivos para
ello; las mujeres de la observación número
3, que dudaban de su resistencia contra las
tentaciones, sabían muy bien por qué, y la
muchacha número 4, que detestaba a las criadas,
tenía perfecta razón para quejarse de ellas. El sello patológico de estos casos
consiste, pues, únicamente en los dos singulares caracteres siguientes: 1º. Que
el estado emotivo se ha eternizado. 2º. Que la idea asociada no es ya la idea
justa, la idea original, relacionada con la etiología de la obsesión, sino una
idea sustitutiva de la misma.
Prueba de ello es que en los antecedentes del
enfermo, y en la época inicial de la obsesión, puede hallarse siempre la idea
original, después sustituida. Tales ideas sustituidas tienen caracteres
comunes, correspondiendo a impresiones verdaderamente penosas de la vida sexual
del individuo, que éste se ha forzado en olvidar, sin conseguir más que
reemplazar la idea inconciliable por otra, poco apropiada para asociarse al
estado emotivo, el cual, por su parte, ha permanecido sin alteración. A esta
forzosa conexión del
estado emotivo y la idea asociada es a la que se
debe el carácter absurdo de las obsesiones. Expondré aquí mis observaciones y
daré luego como conclusión una tentativa de explicación teórica.
Observación número 1. -Una muchacha, que se hacía
reproches de haber robado, fabricado moneda falsa, etc., según sus lecturas
cotidianas, dándose, sin embargo, cuenta de lo absurdo de tales reproches.
Rectificación de la sustitución. -Se reprochaba el
onanismo, que practicaba en
secreto, sin poder renunciar a él.
Quedó curada por medio de una escrupulosa
observación, que la impidió masturbarse.
Observación número 2. -Un joven estudiante de
Medicina, que padecía una obsesión análoga. Se reprochaba múltiples actos
inmorales: haber matado a su prima, desflorado a su hermana, incendiado una
casa, etc. Llegó a sentir la necesidad de volverse continuamente en la calle
para convencerse de que no había matado al transeúnte con quien acababa de
cruzarse.
Rectificación. -Había leído en un libro de
divulgación médica que el onanismo, al cual se entregaba, desmoralizaba al
individuo, habiéndole impresionado mucho la noticia.
Observación número 3. -Varias mujeres que se
quejaban de la obsesión de arrojarse por la ventana, herir a sus hijos con
cuchillos, tijeras, etc.
Rectificación. Tentaciones obsesivas típicas.
-Tratábase de mujeres insatisfechas
en su matrimonio, que se debatían contra los deseos
y las ideas voluptuosas que surgían en ellas a la vista de otros hombres.
Observación número 4. -Una joven perfectamente sana
de espíritu y muy inteligente, que mostraba un odio infinito contra las criadas
de la casa. Este odio se había despertado en ella ante los descaros de una
criada y se había ido transmitiendo luego de criada en criada, haciendo
imposible el servicio de la casa. Como motivo de este sentimiento -mezcla de
odio y de repugnancia- alegaba la sujeto que las suciedades de aquellas
criaturas le estropeaban su idea del amor.
Rectificación. -La joven había sido testigo
involuntario de una escena amorosa de su madre. Al sorprenderla se cubrió el
rostro y se tapó los oídos, haciendo luego todo lo posible por olvidar la
escena, que la repugnaba, y cuyo recuerdo la hubiera obligado a separarse de su
madre, a la que amaba tiernamente.
Consiguió, en efecto, el deseado olvido; pero la
cólera que despertó en ella ver ensuciada su idea del amor persistió en su
ánimo, asociándose a ella poco después le idea de una persona que pudiese
reemplazar a su madre.
Observación número 5. -Una joven se había aislado
casi completamente a consecuencia de un miedo obsesivo a la incontinencia de
orina. No podía salir de su cuarto ni recibir una visita sin haber orinado
múltiples veces.
Hallándose en su casa y en reposo no sentía miedo
alguno.
Rectificación. -Se trataba de una tentación o una
desconfianza obsesiva. De lo que desconfiaba no era de su vejiga, sino de su
resistencia contra un impulso amoroso. Así lo demostraba el origen de la
obsesión. Una vez, en el teatro, había sentido, a la vista de un hombre que le
gustaba, un deseo amoroso, acompañado (como siempre en la polución espontánea
de las mujeres) de ganas de orinar. Habiéndose visto obligada a abandonar el
teatro, fue presa desde aquel momento del miedo a volver a sentir la misma sensación;
pero el deseo de orinar se sustituyó al deseo amoroso.
Curó completamente.
Las observaciones precedentes, si bien muestran
diversos grados de complejidad, tienen en común que la idea original
(inconciliable) ha sido sustituida por otra.
En las que a continuación pasamos a exponer, la
idea original ha sido también sustituida, pero ya no por otra idea, sino por
actos o impulsos que sirvieron originariamente de alivio o de procedimientos
protectores, y que ahora se hallan en una grotesca asociación con un estado
emotivo, con el que no armonizan, pero que es el original, y continúa estando
tan justificado como en un principio.
Observación número 6. Aritmomanía obsesiva. -Una
mujer había contraído la obsesión de contar las losas de la acera, los
escalones, etc., y lo realizaba de continuo, presa de un ridículo estado de
angustia.
Rectificación. -Había comenzado a contar para
distraerse de sus ideas obsesivas (tentaciones), y lo había conseguido, pero
quedando sustituida la obsesión primitiva por el impulso a contar.
Observación número 7. Especulación obsesiva
(Grübelsucht). -Una mujer padecía
ataques de esta obsesión, que no cesaban sino
durante los períodos, siendo entonces reemplazados por miedos hipocondríacos.
El tema del ataque era una parte del cuerpo o una función; por ejemplo, la
respiración. ¿Por qué es necesario respirar? ¿Y si yo no quisiera respirar?
Etcétera.
Rectificación. -Al principio había tenido miedo de
volverse loca; fobia hipocondriaca, muy frecuente en las mujeres no satisfechas
por su marido, caso que era el
suyo. Para convencerse de que no iba a volverse
loca y de que aún gozaba de su inteligencia, había comenzado a plantearse
cuestiones y a ocuparse de problemas de importancia. Con esto consiguió al
pronto tranquilizarse, pero la especulación mental llegó a sustituirse a la
fobia. Desde hacía quince años padecía alternativamente períodos de miedo
(patofobia) y de especulación obsesiva.
Observación número 8. Duda obsesiva. -Varios casos
que mostraban los síntomas típicos de esta obsesión, pero que se explicaban
sencillamente. Estas personas habían padecido o padecían aún obsesiones
diversas, y la conciencia de que la obsesión había perturbado sus actos e
interrumpido el curso de sus pensamientos, les hacía dudar legítimamente de la
fidelidad de su memoria. Todo el mundo siente vacilar su seguridad en sus
propios actos, y se ve obligado a releer una carta o a rehacer una cuenta
cuando su atención ha sido repetidamente distraída varias veces durante la
ejecución del acto. La duda es una consecuencia lógica de la presencia de las
obsesiones.
Observación número 9. Duda obsesiva (vacilación).
-La sujeto de la observación número 4 se había vuelto excesivamente lenta en
todos los actos de la vida ordinaria, particularmente en los de su tocado. Le
eran necesarias horas enteras para anudar los cordones de sus zapatos o para
arreglarse las uñas. Por su parte, lo explicaba diciendo que no podía atender a
su tocado mientras la preocupaban las ideas obsesivas ni inmediatamente después
de cada retorno de las mismas.
Observación número 10. Duda obsesiva. Temor a los
papeles escritos. -Una joven, que había sentido escrúpulos después de haber
escrito una carta, y que a partir de tal momento recogía todos los papeles que
veía, dando como explicación el temor de haber confesado un amor secreto.
A fuerza de repetirse sin cesar el nombre de su
amado, había surgido en ella el miedo de que dicho nombre se hubiese escapado
de su pluma, habiéndolo trazado sobre un papel cualquiera en un momento de
ensimismamiento.
Observación número 11. Misofobia. -Una mujer, que
se lavaba las manos cien veces al día, y por no tocarlos con ellas abría los
pestillos de las puertas empujándolos con el codo.
Rectificación. -Era el caso de lady Macbeth. Las
abluciones tenían un carácter
simbólico y se hallaban destinadas a sustituir por
la pureza física la pureza moral, que la sujeto lamentaba haber perdido. Se
atormentaba con el remordimiento de una infidelidad conyugal, cuyo recuerdo
había decidido ahogar.
Por lo que respecta a la teoría de esta
sustitución, me limitaré a dar respuesta a tres cuestiones que aquí se
plantean:
1ª. ¿Cómo puede llevarse a cabo tal sustitución?
Parece constituir la expresión de una disposición
psíquica especial. Por lo menos, hallamos muy frecuentemente en las obsesiones
la herencia similar, como en la histeria. Así, el enfermo de la observación
número 2 me comunicó que su padre había padecido síntomas semejantes, y un día
me presentó a un primo hermano con obsesiones y «tic» convulsivo, y a la hija
de su hermana, niña de once años, que mostraba ya obsesiones (probablemente
remordimientos).
2ª. ¿Cuál es el motivo de tal sustitución?
A mi juicio, podemos considerarla como un acto de
defensa del yo contra la idea inconciliable. Entre mis enfermos hay algunos que
recuerdan el esfuerzo de voluntad realizado para expulsar la idea o el recuerdo
penoso del campo de la conciencia (observaciones números 3, 4 y 11). En otros
casos, esta expulsión de la idea inconciliable se produjo de un modo
inconsciente, que no ha dejado huella alguna en la memoria de los enfermos.
3ª. ¿Por qué el estado emotivo asociado a la idea
obsesiva se ha perpetuado, en lugar de desvanecerse como los demás estados de
nuestro yo?
La respuesta a esta interrogación consta en la
teoría sobre los síntomas histéricos,
fruto de mi colaboración con Breuer. Aquí sólo haré
observar que el hecho mismo de la sustitución hace imposible la desaparición
del estado emotivo.
II
A estos grupos de obsesiones propias se añade el de
las fobias. Éstas se diferencian de las obsesiones -según antes hubimos de
indicar- en que el estado emotivo a ellas concomitante es siempre la angustia.
Añadiremos ahora que las obsesiones son múltiples y más especializadas, y, en
cambio, las fobias, más bien monótonas y típicas.
También en las fobias podemos distinguir dos
grupos, caracterizados por el objeto de la angustia: primero, fobias comunes:
miedo exagerado a aquellas cosas que todo el mundo teme algo, tales como la
noche, la soledad, la muerte, las enfermedades, las serpientes, los peligros en
general, etc.; y segundo, fobias ocasionales: angustia emergente en
circunstancias especiales que no inspiran temor al hombre sano. Así, la
agorafobia y las demás fobias de la locomoción. Es interesante observar que
estas últimas fobias no son obsesivas, como las obsesiones propias y las fobias
comunes. El estado emotivo no surge en estos casos, sino en circunstancias
especiales, que el enfermo evita cuidadosamente.
El mecanismo de las fobias es totalmente diferente
del de las obsesiones. No se trata ya de una sustitución, ni resulta posible
descubrir, por medio del análisis psíquico,
una idea inconciliable sustituida. Sólo se
encuentra un estado emotivo de angustia, que por una especie de elección ha
hecho resaltar todas las ideas susceptibles de llegar a ser objeto de una
fobia. En los casos de agorafobia, etc., se encuentra con frecuencia el
recuerdo de un ataque de angustia, y en realidad lo que el enfermo teme es la
emergencia de tal ataque en aquellas circunstancias especiales en las que cree
no podrá escapar a él.
La angustia de este estado emotivo existente en el
fondo de las fobias no se deriva de ningún recuerdo. Habremos, pues, de
preguntarnos cuál puede ser el origen de esta potente condición del sistema
nervioso.
En respuesta a esta interrogación espero poder
demostrar otra vez que está
justificado establecer una neurosis especial, la
neurosis de angustia, de la cual es el síntoma principal dicho estado emotivo.
Enumeraremos sus diversos síntomas e insistiremos en la necesidad de distinguir
esta neurosis de la neurastenia, con la cual se halla ahora confundida. Así,
las fobias forman parte de la neurosis de angustia y aparecen acompañadas casi
siempre de otros síntomas de la misma serie.
La neurosis de angustia es también de origen
sexual, pero no se enlaza a ideas tomadas de la vida sexual, ni en realidad
posee un mecanismo psíquico. Su etiología específica es la acumulación de la
tensión genésica, provocada por la abstinencia o la irritación genésica
frustrada (por el efecto del coito reservado, de la impotencia relativa del
marido, de las excitaciones sin satisfacción ulterior de los novios, de la
abstinencia forzada, etc.).
En estas condiciones, extraordinariamente
frecuentes, sobre todo para la mujer, en la sociedad actual, es en las que se
desarrolla la neurosis de angustia, de la cual las fobias son una manifestación
psíquica.
Para concluir, indicaremos que las fobias y las
obsesiones propiamente dichas pueden combinarse y se combinan, efectivamente,
con gran frecuencia. Así, podemos
hallar que en los comienzos de la enfermedad
existía una fobia, desarrollada como síntoma
de la neurosis de angustia. La idea que constituye
la fobia y a la cual se encuentra asociado el miedo puede ser sustituida por
otra idea o más bien por el procedimiento protector que parece aliviar al
miedo. La observación número 6 (especulación obsesiva) constituye un acabado
ejemplo de esta clase, o sea de una fobia doblada de una obsesión propiamente
dicha, por sustitución.

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