© Libro N° 13881. Por Una
Hermandad Planetaria De Los Pueblos. Morales, Evo.
Discurso. Emancipación. Mayo 31 de 2025
Título Original: © Por Una
Hermandad Planetaria De Los Pueblos. Evo Morales
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Original: © Por Una Hermandad
Planetaria De Los Pueblos. Evo Morales
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POR UNA HERMANDAD
PLANETARIA DE LOS PUEBLOS
Evo Morales
Por Una
Hermandad Planetaria De Los Pueblos
Evo Morales
POR UNA HERMANDAD PLANETARIA DE LOS PUEBLOS
EVO MORALES
Texto del discurso del presidente del
Estado Plurinacional de Bolivia Evo Morales Ayma, al inauguar la Cumbre del
G77+China, en Santa Cruz, el sábado 14 de junio de 2014.
Hace 50 años, grandes
líderes levantaron las banderas de la lucha anticolonial y decidieron marchar
junto a sus pueblos por el camino de la soberanía y de la independencia.
Eran tiempos donde
potencias mundiales y transnacionales disputaban el dominio sobre territorios y
recursos naturales para seguir engrandeciéndose a costa de la pobreza de los
pueblos del Sur.
En este contexto, el 15
de junio de 1964, al concluir la Conferencia de las Naciones Unidas sobre
Comercio y Desarrollo, 77 países del Sur se reunieron (AHORA SOMOS 133 + CHINA)
para mejorar su capacidad de negociación comercial conjunta, desde un bloque
que promueva sus intereses colectivos, respetando las decisiones soberanas.
A lo largo de estos 50
años, los países trascendieron en sus planteamientos impulsando resoluciones en
Naciones Unidas y acciones comunes favorables al desarrollo sustentado en la
cooperación Sur-Sur, a un nuevo orden económico mundial, a la responsabilidad
sobre el cambio climático, y a las relaciones económicas en el marco de
tratamientos preferenciales.
En este camino, destaca
la lucha por la descolonización del mundo, la autodeterminación y soberanía de
los pueblos sobre los recursos naturales.
Pese a todos los
esfuerzos y luchas por la igualdad y justicia de los pueblos del mundo, las
jerarquías y desigualdades planetarias se han incrementado.
Hoy 10 países del mundo
controlan el 40% de la riqueza de todo el planeta; 15 empresas transnacionales
controlan el 50% de la producción mundial.
Hoy, como hace 100 años a
nombre del libre mercado y de la democracia, un puñado de potencias imperiales
invade países, bloquea el comercio, impone precios al resto del mundo, asfixia
economías nacionales, conspira contra gobiernos progresistas y recurre al
espionaje contra los habitantes del planeta.
Una reducida élite de
países y empresas transnacionales dominan autoritariamente los destinos del
mundo, de sus economías y sus recursos naturales.
La desigualdad económica
y social entre regiones del mundo, entre países, entre clases sociales, entre
ciudadanos, se ha incrementado de manera abusiva.
El 0,1% de la población
mundial es propietaria del 20% del patrimonio de la humanidad. Si en 1920, en
Estados Unidos, un gerente de empresa ganaba 20 veces el salario de un obrero,
actualmente gana 331 veces.
Pero esta manera injusta
de concentrar la riqueza, esta manera depredadora de destruir la naturaleza,
está generando también una crisis estructural que la vuelve insostenible en el
tiempo.
Se trata de una crisis
estructural, porque afecta a todos los componentes del propio desarrollo del
capitalismo, es decir es una crisis financiera, energética, climática, hídrica,
alimentaria, institucional y de valores, que se retroalimentan unas a otras. Es
decir es una crisis de la propia civilización capitalista.
La crisis financiera se
produjo por la codicia por mayores ganancias del capital financiero, que generó
una profunda especulación financiera internacional, favoreciendo a algunos
grupos, corporaciones transnacionales o centros de poder que concentraron la
riqueza.
Se trata de burbujas
financieras que generan ganancias especulativas, que al final revientan, y con
ello arrastran a la pobreza a trabajadores que recibieron créditos baratos; a
ahorristas de clase media que confiaron sus depósitos a codiciosos especuladores
que de la noche a la mañana quiebran o llevan sus capitales a otros países,
provocando la bancarrota de naciones enteras.
Estamos enfrentando,
también, una crisis energética marcada por el consumo excesivo en los países
desarrollados, por la contaminación de fuentes de energía y el acaparamiento
energético por parte de las transnacionales.
Paralelamente vemos una
reducción de reservas a nivel mundial, altos costos de extracción de petróleo y
gas, con una menor capacidad de producción por el agotamiento gradual de los
combustibles fósiles y el cambio climático global.
La crisis climática
obedece a la anarquía de la producción capitalista, cuyos niveles de consumo e
industrialización descontrolada han generado un exceso de emisiones de gases
contaminantes provocando el calentamiento global y desastres naturales que afectan
al mundo entero.
Desde hace más de 15 mil
años hasta la industrialización
capitalista, la presencia de gases con efecto invernadero no sobrepasaba las
250 partículas por millón de moléculas en la atmósfera.
Desde el siglo XIX y en
particular en el siglo XX y XXI, fruto de la acción del capitalismo depredador,
hemos pasado a 400 partículas, llevando a un irreversible calentamiento de la
atmósfera, con sus secuelas de catástrofes climáticas que afectan, en primer
lugar, a los pueblos más pobres y vulnerables del Sur, particularmente a los
países insulares producto del deshielo de los glaciares.
El calentamiento global,
a su vez genera una crisis hídrica, profundizada por la privatización,
agotamiento de fuentes y mercantilización del agua dulce, incrementando
progresivamente la cantidad de población que no puede acceder al agua potable.
La escasez de agua en
diversas regiones del planeta está conduciendo a conflictos armados y guerras
que agravan aún más la disponibilidad de este recurso considerado como no
renovable.
Como tendencia se observa
un crecimiento de la población y una reducción en la producción de alimentos,
lo que deriva en una crisis
alimentaria.
A esto se suma la disminución de tierras
productoras de alimentos, los desequilibrios entre el campo y la ciudad, el
monopolio de empresas transnacionales en la comercialización de semillas e
insumos agrícolas y la especulación en el precio de los alimentos.
El modelo imperial
concentrador y especulador, generó a su vez una crisis institucional marcada
por una desigual e injusta estructura de poder mundial, en especial en el
Sistema de Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, la Organización
Mundial del Comercio, entre otros.
Fruto de todo ello, los
derechos sociales de los pueblos están en peligro. La promesa de igualdad y
justicia planetaria es cada vez más lejana y la existencia de la propia
naturaleza está amenazada de extinción.
Hemos llegado a un límite
y hay que tomar acciones mundiales urgentes para salvar a la sociedad, a la
humanidad y a la Madre Tierra.
En Bolivia, hemos
comenzado a dar pasos en este sentido. Hasta el año 2005 en Bolivia se aplicaba
la política neoliberal que generó concentración de la riqueza, desigualdad
social y pobreza, incrementando la marginación, discriminación y exclusión
social.
En Bolivia, la lucha
histórica de los movimientos sociales, especialmente del movimiento indígena
originario campesino, nos ha permitido iniciar pacíficamente, mediante el voto
y sin utilizar la violencia, una Revolución Democrática y Cultural que destierre
la exclusión, la explotación, el hambre, el odio, para reconstruir el camino
del equilibrio, de la complementariedad, del consenso con identidad propia, del
Vivir Bien.
A partir del año 2006, el
Gobierno Boliviano aplicó una nueva política económica y social, expresada en
un nuevo Modelo Económico Social Comunitario y Productivo, cuyos ejes
fundamentales son: la nacionalización de los recursos naturales, la
recuperación para beneficio de todos los bolivianos del excedente económico, la
redistribución de la riqueza y la participación activa del Estado en la
economía.
El 2006 el Estado y el
pueblo tomamos la decisión política, económica y social más relevante: la
nacionalización de los hidrocarburos, que se constituye en el eje central de
nuestra revolución. Con esta medida, el Estado participa y controla la
propiedad de los hidrocarburos e industrializa el gas natural.
Contrariamente a la
consigna neoliberal del crecimiento económico en base a la demanda externa
(“exportar o morir”), el nuevo modelo apostó por combinar las exportaciones con
el crecimiento del mercado interno, impulsada principalmente por las políticas redistributivas
del ingreso, descongelamiento e incrementos sucesivos del salario mínimo
nacional, aumentos salariales anuales superiores a la tasa de inflación,
subvenciones cruzadas y bonos de transferencias a los más necesitados.
Todo esto permitió que la
economía boliviana incremente su Producto Interno Bruto de 9 mil a más de 30
mil millones de dólares, en los últimos ocho años.
La nacionalización de los
hidrocarburos, el crecimiento de la economía boliviana, y la política de
austeridad de gastos, permitieron que tengamos superávit fiscal durante ocho
años consecutivos, que contrastan con los déficits fiscales recurrentes que Bolivia
registró durante más de 66 años.
Cuando asumimos el
gobierno, la diferencia entre la población más rica y la más pobre, era de 128
veces. Ahora esa diferencia se redujo a sólo 46 veces. Actualmente Bolivia está
entre los 6 países con mejor distribución del ingreso, en la región.
Esto muestra que los
pueblos tenemos opciones y que podemos derrotar los destinos impuestos por el
colonialismo y el neoliberalismo.
Todos estos logros en tan
poco tiempo le debemos a la conciencia social y política del pueblo boliviano.
HEMOS RECUPERADO LA
PATRIA PARA TODOS, UNA PATRIA QUE FUE ENAJENADA POR EL MODELO NEOLIBERAL, QUE
VIVIÓ ENVILECIDA POR EL VIEJO SISTEMA DE PARTIDOS POLÍTICOS Y QUE FUE GOBERNADA
DESDE AFUERA COMO SI FUÉRAMOS UNA COLONIA.
HEMOS DEJADO DE SER EL
PAÍS INVIABLE COMO NOS DECÍAN LOS ORGANISMOS FINANCIEROS INTERNACIONALES Y
HEMOS DEJADO DE SER UN PAÍS INGOBERNABLE COMO NOS HACÍA CREER EL IMPERIO
NORTEAMERICANO.
HOY DÍA, LOS BOLIVIANOS
HEMOS RECUPERADO LA DIGNIDAD Y EL ORGULLO Y CREEMOS EN NOSOTROS MISMOS, EN
NUESTRA FUERZA Y EN NUESTRO DESTINO. QUIERO DECIRLE AL MUNDO ENTERO CON LA
MAYOR HUMILDAD, QUE LOS ÚNICOS ARQUITECTOS SABIOS Y CAPACES DE CAMBIAR SU
FUTURO SON LOS PROPIOS PUEBLOS.
POR TANTO PROPONEMOS
CONSTRUIR OTRO MUNDO: TAREAS PARA CONSTRUIR LA SOCIEDAD DEL VIVIR BIEN.
PRIMERO: DEL DESARROLLO SUSTENTABLE AL DESARROLLO
INTEGRAL PARA VIVIR BIEN, EN ARMONÍA Y EQUILIBRIO CON LA MADRE TIERRA
Necesitamos construir una
visión distinta del desarrollo occidental capitalista, transitando desde el
paradigma del Desarrollo Sostenible al paradigma del Desarrollo Integral para
Vivir Bien, que busca no sólo el equilibrio entre los seres humanos, sino el
equilibrio y la armonía con nuestra Madre Tierra.
Ningún desarrollo es
sustentable si la producción destruye la Madre Tierra, ya que es la fuente de
la vida y nuestra existencia. Ninguna economía es duradera si produce
desigualdades y exclusiones.
Ningún progreso es justo
y deseable si el bienestar de unos es a costa de la explotación y la miseria de
otros.
El Desarrollo Integral
para Vivir Bien significa generar bienestar para todos, sin exclusiones;
significa respetar la diversidad de economías de nuestras sociedades; respetar
los conocimientos locales y respetar la Madre Tierra y su diversidad biológica,
que alimentará a las generaciones venideras.
Desarrollo Integral para
Vivir Bien es producir para satisfacer necesidades reales, y no para ampliar
infinitamente las ganancias.
Es distribuir las
riquezas, cerrando la herida de la desigualdad, y no ampliar las injusticias.
Es combinar la ciencia
contemporánea con la sabiduría tecnológica ancestral de los pueblos indígenas,
campesinos y originarios que dialoga con respeto a la naturaleza
Es pensar en los pueblos
y no en los mercados financieros.
Es colocar a la
naturaleza como centro de la vida, y al ser humano como una criatura más de esa
naturaleza.
El Desarrollo Integral
para Vivir Bien con respeto a la Madre Tierra no es una economía ecologista
para los países pobres, mientras los países ricos aumentan la desigualdad y la
destrucción de la naturaleza.
El desarrollo integral
sólo es viable a nivel planetario, si existe control de los Estados junto a sus
pueblos sobre todos sus recursos energéticos.
Necesitamos tecnologías,
inversiones, producción, créditos, empresas y mercados, no para subordinarlos a
la dictadura del lucro y del lujo, sino para ponerlos al servicio y necesidades
de los pueblos, y de la ampliación de los bienes y servicios comunes.
SEGUNDO: SOBERANÍA SOBRE LOS RECURSOS NATURALES Y ÁREAS
ESTRATÉGICAS
Los países dueños de
materias primas debemos y podemos asumir el control soberano de la producción y
también de la industrialización de nuestras materias primas.
La nacionalización de
empresas y áreas estratégicas permite que el Estado asuma la conducción de la
producción, el control soberano de la riqueza e iniciar la planificación para
industrializar las materias primas, y distribuir la ganancia entre la población.
Ejercer soberanía sobre
los recursos naturales y áreas estratégicas no significa aislarse de los
mercados mundiales, es vincularse a estos mercados para beneficio de nuestros
países y no de unos cuantos propietarios privados. Soberanía sobre los recursos
naturales y áreas estratégicas no es impedir la participación de capitales y
tecnología extranjera; es subordinar esa inversión y esa tecnología a las
necesidades de cada país.
TERCERO: BIENESTAR PARA TODOS CONVIRTIENDO LOS SERVICIOS
BÁSICOS COMO DERECHO HUMANO
ÌLA PEOR TIRANÍA QUE
ENFRENTA LA HUMANIDAD ES PERMITIR QUE LOS SERVICIOS BÁSICOS ESTÉN BAJO CONTROL
DE LAS EMPRESAS TRANSNACIONALES. ESTO SIGNIFICA CONDENAR A LA HUMANIDAD AL
INTERÉS PARTICULAR Y A LOS OBJETIVOS MERCANTILES DE UNA MINORÍA QUE SE HACE RICA
Y PODEROSA CON LA VIDA Y SEGURIDAD DE LAS PERSONAS.
POR ESO DECIMOS QUE LOS
SERVICIOS BÁSICOS SON INHERENTES A LA CONDICIÓN HUMANA. ¿CÓMO PUEDE UN SER
HUMANO VIVIR SIN AGUA POTABLE, SIN ENERGÍA ELÉCTRICA O SIN COMUNICACIONES? SI
LOS DERECHOS HUMANOS NOS HACEN IGUALES ENTRE TODOS, LO QUE MATERIALIZA LA IGUALDAD
ES EL ACESO UNIVERSAL A LOS SERVICIOS BÁSICOS. EL AGUA NOS HACE IGUALES COMO LA
LUZ O LAS COMUNICACIONES.
Para resolver las
inequidades sociales es necesario incorporar en la legislación internacional y
en la normativa nacional de todos los países, que los servicios básicos (el
agua, electricidad, comunicaciones y el saneamiento básico) son un derecho
humano fundamental de las personas.
Esto significa que es una
obligación legal de estados el garantizar la universalidad de los servicios
básicos, por encima de costos o de ganancias.
CUARTO: EMANCIPACIÓN DEL ACTUAL SISTEMA FINANCIERO
INTERNACIONAL Y CONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA ARQUITECTURA FINANCIERA
Proponemos liberarnos del
yugo financiero internacional construyendo un nuevo sistema financiero que
priorice los requerimientos de las actividades productivas de los países del
Sur, en el marco del desarrollo integral.
Tenemos que crear y
fortalecer bancos del Sur que impulsen proyectos industriales, que refuercen
los mercados internos regionales, que fomenten los intercambios comerciales
entre nuestros países, pero en base a la complementariedad, la solidaridad.
Necesitamos, además,
impulsar la regulación soberana de las actividades financieras mundiales que
amenazan la estabilidad de las economías nacionales.
Debemos desarrollar un
mecanismo internacional de reestructuración de la deuda, que profundiza la
dependencia de los pueblos del Sur estrangulando sus posibilidades de
desarrollo.
Debemos sustituir las
instituciones financieras como el FMI
por otras que permitan una mejor y mayor participación de los países del
sur en sus estructuras de decisión, hoy capturadas por potencias imperiales.
Es preciso establecer
límites a las ganancias especulativas y a la excesiva acumulación de riqueza.
QUINTO: CONSTRUIR LA GRAN ALIANZA ECONÓMICA, CIENTÍFICA,
TECNOLÓGICA Y CULTURAL DE LOS PAÍSES DEL G77 + CHINA
Después de siglos de
colonialismo, de transferencias de riqueza a las metrópolis imperiales y de
empobrecimiento de nuestras economías los países del sur han comenzado a
retomar una importancia decisiva en el desarrollo de la economía mundial.
Asia, África y
Latinoamérica no sólo son el 77% de la población mundial, sino también
representan cerca del 43% de la economía mundial; y esta importancia va en
crecimiento. Los pueblos del Sur somos el futuro del mundo.
Para reforzar y
planificar esta inevitable tendencia mundial necesitamos tomar medidas
inmediatas.
Necesitamos intensificar
los intercambios comerciales entre los países del sur y orientar nuestras
actividades productivas en función de los requerimientos de otras economías del
sur, en base a la complementariedad de necesidades y capacidades.
Necesitamos programas de
transferencia tecnológica entre los países del Sur. La soberanía y el liderazgo
tecnológico imprescindible para una nueva economía mundial con justicia no lo
podrá lograr cada país por sí mismo.
La ciencia tiene que ser
un patrimonio de toda la humanidad, y al servicio del bienestar de todos; sin
exclusiones ni hegemonismos. Para un futuro digno de todos los pueblos del
mundo, necesitamos una integración para la liberación. No una cooperación para
la dominación.
Para llevar adelante
estas dignas tareas al servicio de los pueblos del mundo invitamos a integrarse
al G77 a Rusia y otros países que son nuestros hermanos en necesidades y
compromisos.
Nuestra alianza del G77
no cuenta con una institución propia que efectivice los planteamientos,
declaraciones y planes de acción de nuestros países. Por ello, Bolivia propone
la constitución del INSTITUTO DE DESCOLONIZACIÓN Y COOPERACIÓN SUR –SUR.
Este instituto estará
encargado de proporcionar asistencia técnica a los países del Sur, para
profundizar la implementación de las propuestas del G77 + China.
También otorgará
asistencia técnica y fortalecimiento institucional para el desarrollo y la
autodeterminación; para llevar a cabo investigaciones; y proponemos que la sede
del instituto de descolonización se encuentre en Bolivia.
SEXTO: ERRADICAR EL HAMBRE DE LOS PUEBLOS DEL MUNDO
Es un imperativo en el
mundo erradicar el hambre y promover que se aplique y se ejerza plenamente el
derecho humano a la alimentación.
La priorización de la
producción de alimentos debe contar con la participación de los pequeños
productores y comunidades indígenas campesinas, que son las que preservan un
conocimiento ancestral en lo que se refiere a la producción de alimentos.
Para lograr la
erradicación del hambre, los países del sur debemos generar condiciones para el
acceso democrático y equitativo a la propiedad de la tierra, que no permita el
monopolio de este recurso a través del latifundio, pero que tampoco fomente la
fragmentación minifundista e improductiva.
Consolidar la soberanía y
seguridad alimentaria, mediante el acceso a los alimentos sanos y saludables
para el bienestar de la población.
Eliminar los monopolios
transnacionales en la provisión de insumos agrícolas para garantizar seguridad
alimentaria con soberanía.
Que cada uno de nuestros
países garantice los alimentos básicos y propios que consume su población a
partir del fortalecimiento de sus prácticas productivas, culturales,
ecológicas, así como el intercambio solidario entre pueblos. A su vez, los
Estados tenemos que responsabilizarnos de garantizar la energía eléctrica, la
integración vial, el acceso al agua, y fertilizantes orgánicos.
SÉPTIMO: FORTALECER LA SOBERANÍA DE LOS ESTADOS SIN
INTERVENCIONISMO, INJERENCIA NI ESPIONAJE
Propiciar en el marco de
las Naciones Unidas, una nueva institucionalidad para el Nuevo Orden Planetario
para el Vivir Bien.
Las instituciones que
emergieron después de la Segunda Guerra Mundial, como las Naciones Unidas, hoy
requieren una profunda transformación.
Se requieren organismos
internacionales que fomenten la paz, que eliminen las jerarquías mundiales y
que promuevan la igualdad entre los Estados.
Por ello, tiene que
desaparecer el Consejo de Seguridad de la ONU porque en vez de asegurar la Paz
entre las naciones ha promovido la guerra y las invasiones de potencias
imperiales para apoderarse de los recursos naturales de los países invadidos.
Hoy en vez de Consejo de Seguridad hay un Consejo de Inseguridad y de Invasión
Imperial.
Ningún país, ninguna
institución o interés puede justificar la invasión de un país por otro. La
soberanía de los Estados y la resolución interna de los conflictos de cada
país, es la base fundamental de la paz y de las Naciones Unidas.
Denuncio aquí el bloqueo
económico injusto contra Cuba, las agresivas e ilegales políticas del gobierno
de los Estados Unidos contra Venezuela, incluyendo la iniciativa legislativa
del Comité de Relaciones Exteriores del Senado dirigida a imponer sanciones a
este país afectando su soberanía e independencia política, en clara violación
de los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas.
Esa es la persecución y
el golpismo internacional que constituye el colonialismo moderno, el
colonialismo de esta nueva época.
Es este nuevo tiempo, en
estos tiempos del Sur, debemos ser capaces de superar y sanar las heridas
heredadas por guerras fratricidas alentadas por intereses capitalistas
foráneos, debemos consolidar esquemas de integración que faciliten nuestra
convivencia pacífica, nuestro desarrollo y nuestra fe en valores compartidos
como la justicia.
Solamente juntos podremos
lograr una vida digna para nuestras naciones.
OCTAVO: RENOVACIÓN DEMOCRÁTICA DE LOS ESTADOS
El tiempo de los
imperios, de las jerarquías coloniales y de las oligarquías financieras se está
terminando. Por todas partes vemos a los pueblos del mundo demandar su
protagonismo en la historia.
El siglo XXI tiene que
ser el siglo de los pueblos, de los obreros, de los campesinos, de los
indígenas, de los jóvenes, de las mujeres; es decir, de los oprimidos.
El protagonismo de los
pueblos significa la renovación y profundización de la democracia. Tenemos que
complementar la democracia electoral con la democracia participativa y con la
democracia comunitaria.
De la limitada
gobernabilidad partidaria y parlamentaria tenemos que pasar a la gobernabilidad
social de la democracia.
Eso significa que para
tomar decisiones estatales, se debe tomar en cuenta la deliberación de los
parlamentos, pero también la deliberación de los movimientos sociales que
permiten fluir la energía viva de nuestros pueblos.
La renovación de la
democracia en este nuevo siglo también requiere que la acción política se
constituya en un completo y permanente servicio a la vida, que es, a su vez, un
compromiso ético, humano y moral con nuestros pueblos, con los más humildes.
Y para ello, debemos
recuperar los códigos de nuestros ancestros: no robar, no mentir, no ser flojo
y no ser adulón.
Democracia es también
distribución de la riqueza y ampliación de los bienes comunes que tiene la
sociedad.
Democracia es
subordinación de los gobernantes a las decisiones de los gobernados.
Democracia no es
beneficio personal de los gobernantes ni
mucho menos abuso de poder: es servicio amoroso y abnegado hacia el pueblo. Es
la entrega del tiempo, del conocimiento, del esfuerzo y de la propia vida para
alcanzar el bienestar de los pueblos y de la humanidad.
NOVENO.- UN NUEVO MUNDO DESDE EL SUR PARA TODA LA
HUMANIDAD
Ha llegado el tiempo de
las naciones del sur.
Antes fuimos colonizados
y esclavizados, y con nuestro trabajo robado se levantaron los imperios del
Norte.
Hoy, a cada paso que
damos por nuestra liberación los imperios entran en decadencia y comienzan a
derrumbarse.
Pero nuestra liberación
no es solo la liberación de los pueblos del Sur. Es a la vez la liberación de
la humanidad entera porque nosotros no luchamos para dominar a otros; luchamos
para que nadie domine a otro.
Y a la vez solo nosotros
podemos salvar a la fuente de toda vida y de toda sociedad: La Madre Tierra que
ahora está amenazada de muerte por la angurria de un capitalismo depredador y
enloquecido.
Hoy otro mundo no solo es
posible sino que es imprescindible.
Hoy otro mundo es
imprescindible porque si no, no habrá ningún mundo posible.
Y ese otro mundo de
igualdad, de complementariedad, de convivencia orgánica con la madre tierra
solo puede surgir de los mil idiomas, de los mil colores, de las mil culturas
hermanadas de todos los Pueblos del Sur.
Santa Cruz, Bolivia, 14
de junio de 2014.

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