© Libro N° 13879. La Teoría De
La Dependencia. Balance Y Perspectivas. Dos Santos,
Theotonio. Emancipación. Mayo 31 de 2025
Título Original: © Dos Santos, Theotonio (2002),
Teoría de la dependencia
Versión Original: © La Teoría De La Dependencia. Balance Y Perspectivas. Theotonio
Dos Santos
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión
original de textos:
chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://ru.iiec.unam.mx/3099/1/TeoDep.pdf
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro
contenido, con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un
medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los
contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la
circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría
corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son
estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
https://i.pinimg.com/736x/7d/93/61/7d936143f3a2e3242dd9ac7f315b5773.jpg
Portada E.O. de Imagen original:
https://www.alainet.org/sites/default/files/styles/articulo-ampliada/public/teorias_de_la_dependencia.jpg?itok=OYmP7Yi8
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA
Balance Y Perspectivas
Theotonio Dos Santos
La Teoría De
La Dependencia
Balance Y
Perspectivas
Theotonio Dos Santos
Versión preliminar
La teoría de la
dependencia
Balance y
perspectivas
Traducción: Mónica Bruckmann
Versión original:
Dos Santos, Theotonio (2002), Teoría
de la dependencia.
Balance y perspectivas, México, Plaza y
Janés.
1
Índice
|
Prólogo |
4 |
|
|
|
||
|
Parte 1: DE LA TEORÍA DE LA
DEPENDENCIA A LA TEORÍA DEL SISTEMA MUNDIAL |
5 |
|
|
|
||
|
1. |
El cuadro teórico e histórico de la
teoría del desarrollo |
5 |
|
|
||
|
2. |
La teoría de la dependencia: un
balance |
12 |
|
|
||
|
3. |
El debate sobre la dependencia |
27 |
|
|
||
|
4. |
La globalización y el enfoque del
sistema mundo |
33 |
|
|
||
|
Parte 2: DESARROLLO Y DEPENDENCIA
EN EL PENSAMIENTO SOCIAL LATINO AMERICANO |
42 |
|
|
|
||
|
1. |
La temática del desarrollo:
continuidad y cambio |
42 |
|
|
||
|
2. |
La CEPAL y la sustitución de
importaciones |
47 |
|
|
||
|
3. La Revolución burguesa y la
nueva dependencia |
52 |
|
|
|
||
2
3
Prólogo
Este libro reúne
tres artículos1 que fueron revisados para componer un panorama más amplio sobre la
teoría de la dependencia, su evolución y el amplio debate que la suscitó. La
actualidad del tema se destaca particularmente en la tercera parte del libro,
en la cual se discute la influencia de esta teoría y de las polémicas a ella
asociadas sobre la política económica hoy ejecutada por el gobierno de Fernando
Henrique Cardoso, uno de los autores que dio origen a la teoría.
En la medida en que
yo, junto con Ruy Mauro Marini y Vania Bambirra, soy considerado uno de los
defensores de las corrientes más radicales de esta teoría, en la cual se
inscriben muchos otros científicos sociales, entre los cuales se debe destacar,
sobre todo, André Gunder Frank, me cabía retomar el hilo de la madeja de una
polémica que está profundamente asociada a la historia de los pueblos
colonizados y dependientes.
La emancipación
política de gran parte de esos pueblos después de la Segunda Guerra Mundial no
aseguró todavía su plena realización histórica. Este libro es una contribución
más a esta lucha, que como mostramos, pasa profundamente por la lucha
ideológica, por la historia de las ideas y por la evolución de las ciencias
sociales, convertidas en discursos académicos similares al pensamiento
escolástico medieval.
Theotonio Dos Santos Niteroi,
Noviembre de 1998
1 “La teoría de la
Dependencia: un balance histórico” en Francisco López Segrera, Los Retos de la
Globalización: Ensayos en homenaje a Theotonio Dos Santos. CRESAL-UNESCO,
Caracas, 1998; “The Latin American Development: past, present and future”, en
Sing C. Chew y Robert Denimark (eds.) The Underdevelopment of Development,
Essays for André Gunder Frank, y “Foundations of Cardoso Government”, Latin
American Perspectives.
4
PARTE 1
De la teoría de la
dependencia a la Teoría del Sistema Mundial
CAPÍTULO 1: EL CUADRO TEÓRICO E
HISTÓRICO DE LA TEORÍA DEL DESARROLLO
La URSS, heredera
del imperio ruso, que fuera invadido tres veces (por Napoleón, por Alemania
durante la Primera Guerra Mundial y por la ocupación nazista durante la Segunda
Guerra), salió de la Segunda Guerra con una vasta zona bajo ocupación, la cual
procuró consolidar a través de regímenes aliados de corte ideológico que
protegiesen su frente occidental. Estos fueron, sin embargo, implantados
improvisadamente y sin respaldo social suficiente. Esto llevará a una sucesión
de graves crisis (Berlín, Hungría, Polonia). Las oposiciones a los gobiernos de
Europa Central contaban con apoyo externo significativo de varios orígenes. Esa
inestabilidad era reforzada por la intensificación de la guerra fría. Esta era
una estrategia de confrontación global establecida por los EUA e Inglaterra
contra la URSS y sus posibles aliados, con base en una doctrina de “contención”
de una supuesta expansión soviética. De hecho, la guerra fría fue
implantada por los EUA para consolidar su hegemonía sobre el llamado mundo
occidental. Sus efectos fueron, sin embargo, extremamente negativos para la
URSS y los demás países que implantaron economías y Estados socialistas.
Acosados por fuerzas materiales e ideológicas extremamente superiores, estos
países intentaron presentar sus experiencias históricas de transición al
socialismo como modelos de una sociedad, una economía y un mundo cultural post
capitalista - modelos rígidos que intentaban transformar en leyes generales de
la evolución histórica las limitadas y localizadas soluciones institucionales
que pusieron en práctica muchas
|
veces improvisadamente. |
5 |
|
|
En esta
recomposición mundial de fuerzas, emerge un conjunto de nuevos Estados
nacionales jurídicamente soberanos, entre ellos algunos extremamente poderosos.
La mayor concentración poblacional de la tierra se reunió en dos unidades
estatales: China e India se constituyen en Estados nacionales después de
décadas de dominio colonial o semicolonial. Al lado de India se forman los
estados islámicos de Pakistán y Bangla Desh. Potencias estratégicas, desde el
punto de vista geopolítico, como Egipto (que domina el tránsito entre el
Mediterráneo y el Golfo Pérsico), Turquía, Persia (hoy Irán), Siria y otros,
también se liberan del dominio extranjero y se constituyen en Estados
nacionales. Los movimientos de liberación nacional incendian Asia y África. El
Medio Oriente se convierte en una zona de disputa donde opera un complejo juego
de potencias locales e internacionales. La reemergencia del mundo árabe da una
nueva connotación al principal polo petrolero del mundo. Nasser intenta
unificar los pueblos árabes, pero su pan-arabismo encontrará serias
limitaciones. Con el tiempo, sin embargo, la versión laica de Nasser será
reemplazada por un pan islamismo de fuerte contenido fundamentalista,
sometiendo el mundo político al clero y la religión por éste interpretada.
América latina, a
pesar de ser una zona de Estados independientes desde el siglo XIX, se siente
identificada con las aspiraciones de independencia política y sobre todo
económica de los antiguos pueblos coloniales. Desea, además de una
independencia política real frente a las presiones diplomáticas e
intervenciones políticas y militares directas de Inglaterra, sobre todo hasta
1930, y de los EUA particularmente después de la Segunda Guerra, una
independencia económica que viabilice sus Estados nacionales, su desarrollo y
su bienestar.
La conferencia
Afro-Asiática de Bandung, en 1955, realizada en la Indonesia de Sukarno, reunió
a los líderes de India, Egipto, China y Yugoslavia, consagrando una nueva
realidad política, económica, cultural y civilizatoria. Nuevas instituciones
económicas o políticas como la Conferencia de las Naciones Unidas para el
Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) y el Movimiento de los No -Alineados, darán
continuidad al espíritu de Bandung. Las organizaciones regionales de las
Naciones Unidas, como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), no
podían escapar de ese nuevo clima económico, político y espiritual. Entidades
como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO) reflejaban el pensamiento crítico e innovador de esas
regiones. Josué de Castro, el médico y científico social brasileño que denunció
la gravedad de la situación alimentaria en el planeta, en sus obras Geografía
del hambre y Geopolítica del hambre, llegó a la
presidencia de la FAO proponiendo una política mundial contra el subdesarrollo.
6
Era inevitable, por
lo tanto, que las ciencias sociales pasaran a reflejar esta nueva realidad.
Estas se habían constituido, desde el siglo XIX, en torno a la explicación de
la Revolución Industrial y del surgimiento de la civilización occidental como
un gran proceso social creador de la “modernidad”. Este concepto comprendía la
noción de un nuevo estadio civilizatorio, presentado, a su vez, como resultado
histórico de la acción de las fuerzas económicas como el mercado, el socialismo
o las burguesías nacionales. Otras veces aparecen como el resultado de un
modelo de conducta racional del individuo posesivo y utilitario, que sería la
expresión última de la naturaleza humana en tanto liberada de tradiciones y
mitos anti-humanos. Otras veces, aún esas conductas económicas, políticas y
culturales eran presentadas como un producto de la superioridad racial o
cultural de Europa.
La crisis del
colonialismo, iniciada en la Primera Guerra Mundial y profundizada después de
la segunda Guerra Mundial, colocaría en discusión algunas de esas
interpretaciones de la evolución histórica. La derrota nazista imponía un total
rechazo de la tesis de excepcionalidad europea y superioridad racial. La
modernidad debería ser encarada fundamentalmente como un fenómeno universal, un
estadio social que todos los nuevos pueblos deberían alcanzar, pues
correspondía al pleno desarrollo de la sociedad democrática que una parte de
los victoriosos identificaban con el liberalismo norteamericano e inglés, y
otra parte, con el socialismo ruso (que se confundía con una versión que de
éste hiciera el entonces intocable Josef Stalin, cuyo liderazgo según se creía,
garantizó la victoria de la URSS y los aliados).
Surge así una vasta
literatura científica dedicada al análisis de estos temas, bajo el título
general de “teoría del desarrollo”. La característica principal de esta
literatura era la concepción de desarrollo como la adopción de normas de
comportamiento, actitudes y valores identificados con la racionalidad económica
moderna, caracterizada por la búsqueda de la máxima productividad, la
generación de ahorro y la creación de inversiones que llevasen a la acumulación
permanente de los individuos y, en consecuencia, de cada sociedad nacional. Los
pensadores que fundaron las ciencias sociales modernas habían identificado esas
actitudes y comportamientos: Karl Marx, Emile Durheim y Max Weber, además de
los economistas clásicos (Adam Smith y Ricardo) y sus seguidores (Stuart Mill).
Sus continuadores neoclásicos establecerían teorías convergentes, en ciertos
aspectos, en otros contradictorios, sobre esa sociedad moderna y sobre los
procesos que conducían a su implantación.
Durante el siglo
XX, sociólogos como Talcott Parsons y Merton; antropólogos como Levy-Bruhl,
Franz Boas y Herkovics; politólogos como Lipset, Almond y Apter diseñaron un
modelo ideal más o menos coherente de las formas de comportamiento compatibles
con esa sociedad moderna, y establecieron técnicas de verificación empírica más
o menos desarrolladas para detectar el grado de modernización alcanzadas por
las sociedades
7
concretas. La
teoría del desarrollo buscó localizar los obstáculos a la plena implantación de
la modernidad y definir los instrumentos de intervención capaces de alcanzar
los resultados deseados en el sentido de aproximar cada sociedad existente a
esa sociedad ideal. Por más que esas construcciones teóricas pretendiesen ser
construcciones neutras en términos de valores, y alardeasen de haber superado
cualquier filosofía de la historia que buscase establecer un fin para la
humanidad, era imposible esconder la evidencia de que se consideraba la
sociedad moderna, que naciera en Europa y se afirmara en los Estados Unidos de
América, como un ideal a alcanzar y una meta sociopolítica a conquistar. Era
más o menos evidente, también, una aceptación tácita de que la instalación de
esa sociedad era una necesidad histórica irrefutable.
Esto se hizo más
evidente cuando se colocó la necesidad de proponer políticas coherentes de
desarrollo que procurasen elevar toda la población mundial al nivel alcanzado
por los países desarrollados, que habían llegado a este estadio “superior” de
organización social. En el área de la economía, autores como Singer, Lewis,
Harrod, Domar, Nurske intentaron formalizar los comportamientos y políticas
posibles y necesarios para alcanzar el desarrollo. Otros, más escépticos, y
algunos hasta críticos, no dejaron de buscar los mismos resultados con métodos
menos formales. Perroux, Haberler, Vines, Singer, Hirschmann, Myrdal no dejaron
de pretender el mismo objetivo: elevar las sociedades tradicionales, de
comportamiento no racional y valores comunitarios limitados, a la condición de
sociedades modernas, racionales, universalistas, etc.
En la década de
1950, la teoría del desarrollo alcanzó su momento más radical, y al mismo
tiempo, más divulgado, a través de la obra de W. W. Rostow (1961). Él definió
todas las sociedades pre-capitalistas como tradicionales. Ese barbarismo
histórico, que provocó la protesta de los historiadores serios, era necesario
para resaltar los varios estadios del desarrollo que se iniciaría con el famoso
“take off”, el “despegue” del desarrollo que habría ocurrido en Inglaterra de
1760, en los Estados Unidos post Guerra Civil, en la Alemania de Bismarck, en
el Japón de la restauración Meiji, etc. La cuestión del desarrollo pasó a ser,
de este modo, un modelo ideal de acciones económicas, sociales y políticas
interrelacionadas, que ocurrirían en determinados países, siempre que se diesen
las condiciones para su “despegue”.
Su libro (The
Process of Economics Growth) se consideraba un “manifiesto
anti-comunista” y no ocultaba su objetivo ideológico. Se trataba de demostrar
que el inicio del desarrollo no dependía de un Estado revolucionario, como
ocurrió en la URSS, y sí de un conjunto de medidas económicas tomadas por
cualquier Estado nacional que asumiese una ideología desarrollista. En un libro
posterior, menos divulgado, Rostow defendió la necesidad de que ese Estado
desarrollista fuese un Estado fuerte y sus trabajos como consultor de la CIA
fueron una de las principales referencias de las políticas de golpes de Estado
modernizadores practicado en las décadas de 1960 y 70, a partir del golpe
brasilero de 1964.
8
El modelo de Rostow
tenía un comienzo común, en la indiferenciada masa de economías y sociedades
tradicionales, en la que él transformó los 6 mil años de historia de la
civilización, y terminaba en la indiferenciada sociedad post-industrial, Era de
la prosperidad a la cual reducía el futuro de la humanidad, tomando como
ejemplo los años dorados del crecimiento económico norteamericano de la
post-guerra.
A pesar de su
simplismo, este modelo prevalece en la cabeza de los científicos sociales
contemporáneos. Continúa orientando investigaciones y proyectos de desarrollo,
a pesar de que su punto de partida – la sociedad tradicional – se haya
convertido en un cuerpo más diversificado, en razón de la expansión de la
subjetividad de los pueblos descolonizados, y la idea de que la sociedad
afluente haya caído del pedestal después de los movimientos de masas de 1968.
Tal vez esta haya sido una de las intervenciones más fuertes y brutales de la
ideología en el campo científico. Rostow no dejó de seguir las modas
posteriores: en 1970, se adhirió al estudio de los ciclos largos de Kondratiev,
en 1990 llamó la atención sobre la necesidad de retomar la temática del desarrollo
a través de un método multidisciplinario que de cuenta de esta problemática
(ver Rostow 1978 y 1994). A pesar de ser más serias, aunque fallidas, estas
obras jamás alcanzarán la difusión del manifiesto anticomunista de la década de
1950.
Pero los ataques de
Rostow no dejaron de reconocer la importancia política, histórica, ideológica y
científica de la obra de Karl Marx. En aquel momento, la guerra fría colocaba
en evidencia la experiencia de desarrollo de la URSS. En verdad, la revolución
rusa fue la primera tentativa de conducir racionalmente una experiencia de
desarrollo económico por medio de la planificación estatal centralizada. El
Estado soviético estableció el Primer Plan Quinquenal en 1929 y desde este año
pasó a definir su crecimiento económico y social por intermedio de ese
instrumento revolucionario que fuera adoptado en parte por la Revolución
Mexicana, después por el Estado Hindú, plenamente por la República Popular
China y por las repúblicas populares de Europa Oriental. Los éxitos económicos
de estos países imponían respuestas ideológicas como las de Rostow.
El pensamiento
marxista no escapaba, sin embargo, de ese esquema general de raciocinio. Para
Marx, la modernidad se identificaba con la revolución democrático-burguesa. Se
trataba de una versión clasista e histórica de un modelo cuyas pretensiones
universales derivaban de su origen de clase, es decir, la ideología burguesa.
Los pensadores no críticos aceptaban su sociedad como la Sociedad, como una
forma final e ideal de sociedad en general. Para Marx, esa formación social
representaba solamente un estadio del desarrollo global de la humanidad. Al
enfrentarse a las especificidades de la formación social rusa, Marx tuvo
simpatía por la tesis populista de que Rusia tendría un camino propio – vía
comunidades rurales o MIR ruso – para el socialismo sin pasar por el
capitalismo. Sin embargo, ni él ni Engels pudieron elaborar en detalle esa idea
|
general. |
9 |
|
|
Con el surgimiento
de la revolución rusa, la cuestión se volvía extremamente complicada. A partir
de entonces se hacía necesario explicar cómo el socialismo surgiría como un
nuevo régimen político y como un nuevo régimen económico, que contenía
elementos importantes de un modo de producción nuevo, en una sociedad que no
había alcanzado todavía la madurez de la revolución burguesa ni de la
modernización.
Los regímenes
dirigidos por los partidos comunistas, implantados en la URSS y, desde la
Segunda Guerra Mundial, en varias partes del mundo no desarrollado, tomarían
como tarea realizar esa modernización que las burguesías colonizadas y
dependientes (también llamadas burguesías compradoras en Asia y en África), a
veces casi inexistentes en esos países, no habían conseguido realizar. Esta
modernización asumía una forma nueva al realizarse bajo el comando de la clase
obrera y del partido que la representaba, según la ideología de los regímenes
de “democracia popular”, entonces en el poder. Pero en la mayoría de esos
países no había una clase obrera capaz de conducir este proceso político, ni
una industria moderna que pudiera sustentar una producción post-capitalista.
Esos regímenes de transición al socialismo buscaban combinar una economía
estatal y en parte socialista, con el mercado y otras formas de producción más
arcaicas.
Difícil
problemática que el pensamiento dialéctico intentaba resolver. Es necesario
recordar, sin embargo, que la hegemonía del stalinismo había significado
también una derrota de la dialéctica marxista de origen hegeliano. La versión
stalinista del marxismo se aproximaba más al positivismo. La solución
stalinista fue convertir el régimen soviético, tal como Stalin lo definía, en
un modelo ideal a ser seguido por los nuevos regímenes revolucionarios. Los
fundamentos de estos modelos eran: crecimiento económico sustentado en la
industrialización de base y, sólo secundariamente, en la industria de bienes de
consumo; partido único o coalición de partidos democrático populares
controlados por el Partido Comunista para conducir las transformaciones
revolucionarias; reforma agraria y distribución de la renta que asegurase mayor
igualdad social; cultura popular que valorizase el folklore, las
manifestaciones del trabajo y la construcción del socialismo.
Para alcanzar tales
democracias populares eran necesarias condiciones especiales cuya existencia no
se reconocía en los países del llamado Tercer Mundo. Por eso se esperaba que,
en la mayor parte de los países subdesarrollados y dependientes, se completase
la revolución burguesa, de la cual deberían participar los partidos comunistas,
para enseguida colocarse un objetivo socialista. Los casos de China, Corea,
Vietnam y posteriormente, el caso cubano, vinieron a romper este principio y
provocaron una crisis en el pensamiento stalinista. La posibilidad de que la
revolución democrático burguesa se transformara en revolución socialista en
esos países pasó a constituir un nuevo dato para la discusión en el campo
marxista.
10
En 1958, Paul Baran
demostró que la gestión socialista del excedente económico de las economías
subdesarrolladas aseguraba no solamente una mejor distribución de renta, sino
también un crecimiento económico más rápido y equilibrado. El modelo soviético,
el modelo yugoslavo (que no aceptó varios aspectos del primero), el modelo
chino, que partía de condiciones económicas nuevas y, posteriormente, el modelo
cubano e inclusive el Argelino, más allá de los cambios producto de la
des-stalinización de Europa Oriental, se convirtieron en objeto de estudio de
una concepción socialista más plena y compleja y se constituyeron en nuevas
propuestas de gestión socialista del desarrollo económico. Muchos grupos y
sectas intentaron, sin embargo, transformar estas experiencias históricas en
“modelos” supuestamente superiores de transición al socialismo.
A pesar de los
esfuerzos de teorizar sobre los elementos comunes y específicos de estas
experiencias, así como de lo que las distinguía del desarrollo capitalista, los
estudios de esos casos contenían fuertes elementos normativos que pretendían
presentar el socialismo como la “solución” de todos los “males” del
capitalismo, aún en economías que todavía no habían alcanzado los elementos
básicos de una economía industrial moderna. No se trata aquí de desarrollar
todos los elementos de un debate por cierto importante, pero muy equivocado en
su premisa básica, sobre lo que podría ser el socialismo como régimen de
transición de un capitalismo subdesarrollado y dependiente hacia un nuevo modo
de producción post capitalista. La dificultad del debate se veía agravada por
el hecho de que tales regímenes se establecían en una economía mundial
capitalista. La propia URSS no podía desarrollarse según su voluntad y estaba
obligada a condicionar su desarrollo a las exigencias de la guerra fría
impuesta por los EUA.1
La principal
característica de toda la literatura que discutimos hasta ahora era, sin
embargo, la visión del subdesarrollo como una ausencia de desarrollo. El
“atraso” de los países subdesarrollados era explicado por los obstáculos que en
ellos existía para su pleno desarrollo y modernización. Sin embargo, a inicios
de la década de 1960 estas teorías pierden su relevancia y fuerza debido a la
incapacidad del capitalismo de reproducir experiencias exitosas de desarrollo
en sus ex-colonias, que, en su mayoría iniciaban su proceso de independencia a
partir de la Segunda Guerra Mundial. Aún países que presentaban tasas de
crecimiento económico bastante elevadas, como los latinoamericanos, cuya
independencia política había sido alcanzada a principios del siglo XIX, estaban
limitados por la profundidad de su dependencia económica y política de la
economía internacional. Su crecimiento económico parecía destinado a acumular
miseria, analfabetismo y una distribución de renta desastrosa. Era necesario
buscar nuevos rumbos teóricos.
1 Según la Agencia
para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos, había fuerzas armadas
norteamericanas en 64 países, en 1968, cuando llegó a su auge la política
militarista de los EUA, con la escalada de la Guerra de Vietnam (apud Magdoff,
1969).
11
CAPÍTULO 2: LA TEORÍA DE LA
DEPENDENCIA: UN BALANCE
La teoría de la
dependencia, que surgió en América Latina en la década de 1960, intentaba
explicar las nuevas características del desarrollo socioeconómico de la región,
iniciado de hecho entre 1930-1945. Desde la década de 1930, las economías
latinoamericanas, bajo el impacto de la crisis económica mundial iniciada en
1929, se habían orientado en dirección a la industrialización, caracterizada
por la sustitución de productos industriales importados desde las potencias
económicas centrales por una producción nacional. Enseguida, terminado el largo
ciclo depresivo (caracterizado por dos guerras mundiales, una crisis global en
1929 y la exacerbación del proteccionismo y del nacionalismo), se restablecía
después de la Segunda Guerra Mundial, a través de la hegemonía norte americana,
la integración de la economía mundial. El capital, concentrado entonces en los
EUA, se expandió para el resto del mundo, en busca de oportunidades de
inversión orientadas hacia el sector industrial.
En estos años de
crisis, la economía americana generalizó el fordismo como régimen de producción
y circulación, al mismo tiempo que incrementó la revolución
científico-tecnológica durante la década de 1940. La oportunidad de un nuevo
ciclo expansivo de la economía exigía la extensión de esas características
económicas en el ámbito planetario. Era ésta la tarea que el capital
internacional asumía, teniendo como base de operación la enorme economía norte
americana y su poderoso Estado nacional, además de un sistema de instituciones
internacionales y multilaterales establecido en Breton Woods.
Implantada
elementalmente durante la década de 1930-40, la industria, en los principales
países dependientes y coloniales, sirvió de base para la nueva fase de
desarrollo económico de post guerra y se terminó articulando con el movimiento
de expansión de capital internacional, cuyo núcleo era las empresas
multinacionales creadas de 1940 a 1960. Esa nueva realidad replicaba la noción
de que el subdesarrollo significaba falta de desarrollo. Se abría camino para
comprender el desarrollo y el subdesarrollo como resultado histórico del
desarrollo del capitalismo, como un sistema mundial que producía al mismo
tiempo desarrollo y subdesarrollo.
Si la teoría del
desarrollo y del subdesarrollo era el resultado de la superación del dominio
colonial y del surgimiento de burguesías locales deseosas de encontrar su
camino de participación en la expansión del capitalismo mundial, la teoría de
la dependencia, surgida durante la segunda mitad de la década de 1960,
representó un esfuerzo crítico para comprender las limitaciones de un
desarrollo iniciado en un período histórico en que la economía mundial estaba
ya constituida bajo la hegemonía de enormes grupos económicos
12
y poderosas fuerzas
imperialistas, aún cuando una parte de ellas estaba en crisis y abría
oportunidad para el proceso de descolonización.
Los economistas
suecos Magnus Blomströn y Bjorn Hettne se convirtieron en competentes
historiadores de la teoría de la dependencia. Su libro más completo sobre el
tema (Blomströn y Hettne, 1990, Pág.15) afirma que hay un “conflicto de
paradigmas” entre el paradigma modernizante y el enfoque de la dependencia.
Ellos identifican dos antecedentes inmediatos para el enfoque de la
dependencia:
a) Creación de
tradición crítica al euro centrismo implícito en la teoría del desarrollo. Se
debe incluir en este caso, las críticas nacionalistas al imperialismo
euro-norteamericano y la crítica a la economía neoclásica de Raúl Prebisch y de
la CEPAL.
b) El debate
latinoamericano sobre el subdesarrollo, que tiene como primer antecedente el
debate entre el marxismo clásico y el neo-marxismo, en el cual se resaltan las
figuras de Paul Baran y Paul Sweezy.
Ellos resumen en cuatro puntos las
ideas centrales que los varios componentes de la escuela de la dependencia
defienden:
i) El subdesarrollo
está conectado de manera estrecha con la expansión de los países
industrializados;
ii) El desarrollo y
subdesarrollo son aspectos diferentes de un mismo proceso universal;
iii) El subdesarrollo no
puede ser considerado como primera condición para un proceso evolucionista;
iv) La dependencia no
es sólo un fenómeno externo, sino que se manifiesta también bajo diferentes
formas en la estructura interna (social, ideológica y política).
De ahí que Blomströn y Hettne puedan
distinguir tres o cuatro corrientes en la escuela de la dependencia:
a) La crítica o
autocrítica estructuralista de los científicos sociales ligados a la CEPAL que
descubren los límites de un proyecto de desarrollo nacional autónomo. En este
grupo se colocan incuestionablemente
13
Oswaldo Sunkel y
una gran parte de los trabajos maduros de Celso Furtado e inclusive la obra
final de Raúl Prebisch reunida en su libro El Capitalismo Periférico. Fernando
Henrique Cardoso aparece a veces como miembro de esta corriente y otras veces
se identifica con la siguiente (tesis que los miembros de esta corriente
claramente rechazan y con justa razón).
b) La corriente
neo-marxista que se basa fundamentalmente en los trabajos de Theotonio Dos
Santos, Ruy Mauro Marini y Vania Bambirra, así como los demás investigadores
del Centro de Estudios Socioeconómicos de la Universidad de Chile (CESO). André
Gunder Frank aparece a veces como miembro del mismogrupo, pero su clara
posición de negar su vínculo teórico estrecho con el marxismo y su proposición
de un esquema de expropiación internacional más o menos estático lo separan del
enfoque dialéctico de los otros neo-marxistas.
c) Cardoso y Faletto
se colocarían en una corriente marxista más ortodoxa por su aceptación del
papel positivo del desarrollo capitalista y de la imposibilidad o inutilidad
del socialismo para alcanzar el desarrollo.
d) En este caso, Frank
representaría la cristalización de la teoría de la dependencia fuera de las
tradiciones marxistas ortodoxas o neo-marxistas.
A pesar del
brillantísimo y del esfuerzo de fidelidad expresado en su esquema histórico,
Blomströn y Hettne pueden ser replicados en lo que respecta a su presentación
del debate entre el pensamiento ortodoxo marxista y la corriente que ellos
llaman de neo-marxistas. En realidad esta última corriente tiene muchos matices
que ellos no parecen reconocer. Sin embargo, esa discusión nos llevaría
demasiado lejos para los límites de ese trabajo. Podríamos decir que esta es,
entre varias propuestas, la que más se aproxima a una descripción correcta de
las principales tendencias teóricas que conforman la teoría de la dependencia.
Insatisfecho con
esta propuesta, André Gunder Frank (1991) realizó un análisis de las corrientes
de la teoría de la dependencia contenido en cinco libros publicados a comienzos
de la década de 1990. Frank constató una enorme dispersión en la clasificación
de los “dependentistas” entre las varias escuelas de pensamiento según estos
libros. La lista que él tuvo el cuidado de establecer sirve como un intento de
presentación, de una manera más neutra, de los principales pensadores
relacionados de acuerdo a sus orígenes teóricos. Dentro de los estructuralistas
encontramos a Prebisch, Furtado, Sunkel, Paz, Pinto, Tavares, Jaguaribe,
Ferrer, Cardoso y Faletto. En lo que respecta a la teoría de la dependencia,
además de Cardoso y Faletto que aparecen relacionados a ambas escuelas, los
demás pensadores mencionados son: Baran, Frank, Marini, Dos Santos, Quijano,
Bambirra, Hinkelammert, Braun, Emmanuel, Amin y Warren. Frank diferencia aún,
en el debate sobre la teoría de la dependencia, entre los reformistas no marxistas,
los marxistas y los neo-marxistas.
14
El siguiente
cuadro, elaborado por André Gunder Frank (1991), presenta a los autores más
citados en el debate sobre la teoría de la dependencia, de acuerdo con los
cinco libros publicados sobre el asunto entre 1989-1990: Hettne, Development
Theory and the Three Worlds (1990); Hunt, Economic Theories of
Development (1989); Kay, Latin American Theories of
Development and Underdevelopment (1989); Larrain, Theories of
Development (1989); Lehman, Democracy and
Development in Latin America (1990). Estos autores habían distinguido,
además de las teorías de la modernización y del estructuralismo,cuatro
corrientes de la teoría de la dependencia: los reformistas (Refor), los no
marxistas (No-Mx), los marxistas (Mx) y los neo-mar-xistas (NeoMx).
CUADRO 1
Podemos comprender
mejor el sentido de estas opciones teóricas cuando revisamos el reordenamiento
de la temática de las ciencias sociales latinoamericanas provocada por la
teoría de la dependencia. Este reordenamiento reflejaba no sólo nuevas
preocupaciones que emergían para el análisis social y económico, sino también,
nuevas opciones metodológicas inspiradas en los orígenes teóricos de los
investigadores.
En su conjunto, el
debate científico latinoamericano revela su integración en una fuerte
perspectiva transdisciplinaria. No fue por casualidad que América Latina (que
ya revelaba al mundo un autor marxista tan original como Mariátegui, en la
década de 1920), produjo durante las décadas de 1930, 40 y 50, pensadores tan
originales como Gilberto Freire (que practicaba una sociología de fuerte
contenido antropológico, ecológico, psicoanalítico e histórico que encantó a
gran parte del pensamiento europeo); Josue de Castro (que unía una excelente
formación en las ciencias de la vida, la medicina, la ecología y la geografía
humana a un enfoque económico, sociológico y antropológico extremamente moderno
– inspirador de gran parte del debate mundial no sólo sobre el hambre y su
geopolítica, sino también sobre el subdesarrollo como fenómeno planetario, y de
la relación entre ecología y desarrollo); Caio Prado Junior (cuyo marxismo –a
veces estrecho metodológicamente – no le impidió desarrollar una obra histórica
de gran profundidad sobre las raíces de la sociedad colonial y sobre el
carácter de la revolución brasileña); Guerreiro Ramos (cuyas raíces
existencialistas permitían que pensase de manera pionera sobre el nacimiento
del movimiento negro contemporáneo, además de iluminar el contenido
civilizatorio de la lucha del Tercer Mundo); Raúl Prebisch (cuya visión
económica trascendía el economiscismo tradicional y revelaba fuertes
implicaciones sociales y políticas– iluminada por
15
los
brillantes insigths del sociólogo hispano-latinoamericano
Medina Echavarría); Sergio Bagú (que descubre el carácter capitalista del
proyecto colonial ibérico a través de una metodología de análisis marxista
modernizada por los recientes avances de las ciencias históricas y sociales);
Florestan Fernandes (cuyo esfuerzo metodológico de integrar el funcionalismo de
origen Durkheimniano, el tipo ideal weberiano y la dialéctica materialista
marxista tal vez no haya tenido los resultados esperado, pero impulsó un
proyecto filosófico metodológico que se desdoblará en la evolución del
pensamiento latinoamericano como contribución específica a las ciencias
sociales contemporáneas); o Gino Germani (que logró sistematizar el enfoque
metodológico de las ciencias sociales norteamericanas con su liberalismo
exacerbado en la creación de un modelo de análisis del desarrollo como proceso
de modernización).
La acumulación de
éstas y otras propuestas metodológicas en la región reflejaba la creciente
densidad del pensamiento social, que superaba la simple aplicación de
reflexiones, metodologías o propuestas científicas importadas de los países
centrales para abrir un campo teórico propio, con metodología propia, identidad
temática y camino para una praxis más realista.
La teoría de la
dependencia intentó ser una síntesis de este movimiento intelectual e
histórico. La crítica de Bagú, Vitale y Caio Prado Junior al concepto de
feudalismo aplicado a América Latina fue uno de los puntos iniciales de las
batallas conceptuales que indicaban las profundas implicaciones teóricas del
debate que se avecinaba. André Gunder Frank recogió esa problemática para darle
una dimensión regional e internacional. La definición del carácter de las
economías coloniales como feudales servía de base a las propuestas políticas
que señalaban la necesidad de una revolución burguesa en la región. Inspirado
en la revolución cubana que se declaró socialista en 1962, Frank abrió fuego
contra los intentos de limitar la revolución latinoamericana al contexto de la
revolución burguesa. Radical en sus enfoques, él va a declarar el carácter
capitalista de América Latina desde sus orígenes. Producto de la expansión del
capitalismo comercial europeo durante el siglo XVI, América Latina surgió para
atender las demandas de Europa, insertándose así en el mundo del mercado
mundial capitalista.
No es éste el lugar
para revisar con detalle el extenso debate que siguió a esos ataques y a la
propuesta de Frank de analizar el mundo colonial como un sistema de apropiación
de excedentes económicos generados en los más recónditos lugares del mundo. Yo
mismo censuré el carácter estático del modelo de Frank y su desprecio por las
relaciones de producción asalariadas como fundamento más importante del
capitalismo industrial, única forma de producción que puede asegurar una
reproducción capitalista, a partir de la cual ese sistema se transforma en un
modo de producción nuevo y radicalmente revolucionario (ver Dos Santos, 1972b).
16
Era, sin embargo,
evidente que Frank estaba en lo cierto en la esencia de su crítica. América
Latina surgió como una economía mercantil, volcada hacia el comercio mundial y
no puede ser, de forma alguna, identificada como un modo de producción feudal.
Las relaciones serviles y esclavistas desarrolladas en la región fueron parte,
pues, de un proyecto colonial y de la acción de fuerzas sociales y económicas
comandadas por el capital mercantil financiero en pleno proceso de acumulación
– que Marx considera primaria o primitiva, esencial para explicar el origen del
moderno modo de producción capitalista. Estas formas sociales de transición son
de difícil caracterización. Ya lanzamos, en la época de ese debate, la tesis de
que hay una semejanza entre las formaciones sociales de transición al
socialismo y las formaciones socioeconómicas que servirían de transición al
capitalismo.
No se podía esperar
que la revolución democrático-burguesa fuese el factor movilizador de la
región. Pero los errores de Frank abrían también un flanco muy serio. Estos
hacían subestimar los obstáculos representados por la hegemonía del latifundio
exportador y por la sobre vivencia de relaciones serviles o semi-serviles a la
formación de una sociedad civil capaz de conducir una lucha revolucionaria. No
se debe olvidar el avance de las relaciones asalariadas en la agroindustria
azucarera cubana y la importancia de sus clases medias y de su proletariado
urbano, cuya huelga general contribuyó ampliamente a la victoria de diciembre
de 1958, para explicar el radicalismo y los éxitos de la revolución cubana (ver
libro de Vania Bambirra, 1974).
El debate sobre el
feudalismo se desdobló inmediatamente en el debate sobre la burguesía nacional.
Se trataba de saber hasta qué punto el socialismo de la región había creado una
burguesía nacional capaz de proponer una revolución nacional democrática. Una
vez más Frank polarizó la discusión con su negación rotunda del carácter
nacional de las burguesías latino americanas. Formadas en los intereses del
comercio internacional, estas se identificaban con los intereses del capital
imperialista y abdicaban completamente a cualquier aspiración nacional y
democrática. Varios estudios mostraban los límites del empresariado de la
región: poco conocimiento de la realidad política del país, poca presencia
junto al sistema de poder, poco conocimiento técnico y económico, falta de una
postura innovadora y de una voluntad de oponerse a los intereses del capital
internacional que pudiesen perjudicar el empresariado nacional.
Yo y otros
sociólogos nos lanzamos contra esas concepciones simplistas. Durante la década
de 1930, figuras como Roberto Simonsen, Euvaldo Lodi y varios otros mostraban
una amplia consecuencia política y económica del empresariado nacional. Sus
entidades de clase, como la Federación Nacional de Industria, formulaban un
proyecto de desarrollo con alto contenido nacionalista y apoyaban el proyecto
de Estado nacional democrá-tico dirigido por Getulio Vargas.
17
Sin embargo, yo
buscaba mostrar los límites estructurales de este proyecto frente a una
expansión de las empresas multinacionales para el sector industrial. Estas
tenían ventajas tecnológicas definitivas y sólo podrían ser detenidas en su
expansión por Estados nacionales muy fuertes que necesitaban un amplio apoyo de
la población obrera y de la clase media, sobre todo de los estudiantes, que
aspiraban al desarrollo económico como única posibilidad de incorporarlos al
mercado de trabajo.
No se trataba,
pues, de una cuestión de ausencia de conocimiento, disposición de lucha, o
determinación. Había serios límites de clase en el proyecto nacional
democrático que llegó a ser desarrollado intelectualmente a través del
Instituto Brasilero de Economía, Sociología y Política (IBESP) y posteriormente
por el Instituto Superior de Estudios Brasileros (ISEB), en la década de 1950,
que tenía una base material en la Federación Nacional de Industrias y en varios
órganos de la administración pública que apoyaron el segundo gobierno de
Vargas, cuando este proyecto alcanzó su auge. Tales fuerzas se demostraron, sin
embargo, vacilantes cuando pudieron valorar la fuerza y la profundidad de la
oposición de los centros de poder mundial a este proyecto. La avasalladora
campaña por el impeachment de Vargas fue detenida por su
suicidio, y su carta-testamento provocó una arrasadora movilización popular que
hizo retroceder a la derecha y llevó a una fórmula de compromiso con el
gobierno de Juscelino Kubitschek: Brasil abría sus puertas al capital
internacional, garantizando sin embargo, sus pretensiones estratégicas al
exigir un alto grado de integración de su parque industrial, que debería
expandirse hasta el montaje de una industria de base.
El enorme
crecimiento industrial logrado de 1955 a 1960 profundizó las contradicciones
socio económicas e ideológicas en el país. El caso brasileño era el más
avanzado en el continente y no aseguró un camino pacífico. La burguesía
brasileña descubrió que el camino de la profundización de la industria exigía
la reforma agraria y otros cambios dirigidos a la creación de un amplio mercado
interno y la generación de una base intelectual, científica y técnica capaz de
sustentar un proyecto alternativo. Tales cambios tenían el precio de aceptar
una amplia agitación política e ideológica en el país, que amenazaba su poder.
El golpe de Estado
de 1964 cerró las puertas al avance nacional democrático y colocó al país en el
camino del desarrollo dependiente, apoyado en el capital internacional y en un
ajuste estratégico con el sistema de poder mundial. “Lo que es bueno para Estados
Unidos es bueno para Brasil” – la fórmula del general Juracy Magalhães,
ministro de Relaciones Exteriores del régimen militar, consolidaba esa
posición. Por más que los
18
años posteriores
hayan demostrado el conflicto entre los intereses norteamericanos y los del
desarrollo nacional brasilero, no fue más posible romper la sociedad sellada
con hierro y fuego en el asalto al poder de 1964.
No era posible, por
lo tanto, despreciar la lucha interna generada por el avance de la
industrialización en la década de 1930, y la constatación de la capitulación
final de la burguesía nacional no anulaba totalmente su esfuerzo anterior.
Capas de la tecnocracia civil y militar, sectores de trabajadores y de la
propia burguesía nunca abandonaron totalmente el proyecto nacional democrático.
Pero éste perdió su carácter hegemónico, a pesar de algunos momentos de
irrupción en el poder central durante la dictadura. Durante los años de
transición a la democracia, en la década de 1980, este proyecto reapareció en
el movimiento por las “Elecciones Directas Ya”, volvió a influenciar las
elecciones locales y marcó política e ideológicamente la constituyente de 1988,
hasta la formación del llamado “Gran Centro” durante su fase final que logró
detener solamente en parte el contenido progresista de la Constitución de 1988.
Sin embargo, la reorganización de los sectores hegemónicos de la clase
dominante les permitió la recuperación del control en 1989, con la victoria
electoral de Fernando Collor. La reacción conservadora encontró un camino
todavía más sólido con la alianza de centro-derecha que venció las elecciones
de 1994, con Fernando Henrique Cardoso en la presidencia.
Fernando Henrique
Cardoso fue uno de los que demostró, en 1960, la debilidad de la burguesía
nacional y su disposición a convertirse en socia menor del capital
internacional. Fue también uno de los que observó el límite histórico del
proyecto nacional democrático y del populismo que lo conducía.
Desde 1974, como
señaláramos en nuestro artículo sobre la evolución política e intelectual (ver
Dos Santos, 1994), Cardoso aceptó la irreversibilidad del desarrollo
dependiente y la posibilidad de compatibilizarlo con la democracia
representativa. A partir de ahí, según Cardoso, la tarea democrática se
convertía en un objetivo central contra un Estado autoritario, apoyado sobre
todo en una “burguesía de Estado” que sustentaba el carácter corporativo y
autoritario del mismo. Según él, los enemigos de la democracia no serían, por
lo tanto, el capital internacional y su política monopolista, captadora y
expropiadora de los recursos generados en nuestros países. Los verdaderos
enemigos serían el corporativismo y una burguesía burocrática conservadora que,
entre otras cosas, limitó la capacidad de negociación internacional del país
dentro de un nuevo nivel de dependencia generado por el avance tecnológico y
por la nueva división internacional del trabajo que se esbozó en la década de
1970, como resultado de la reubicación de la industria mundial.
19
Estas tesis ganaron
fuerza internacional y crearon el ambiente ideológico de la alianza de
centro-derecha que se vino a configurar durante la década de 1980 en México,
Argentina, Perú, Venezuela, Bolivia y Brasil. Una importante ala de la
izquierda populista o liberal se adhirió al programa de ajuste económico
impuesto por el consenso de Washington en 1989, y aseguró la estabilidad
monetaria y el precarísimo equilibrio macroeconómico de él derivado.
En compensación por
esta adhesión, estos gobiernos se garantizaban un largo período en el poder por
medio del apoyo internacional. América Latina entró así, en un nuevo nivel de
relación, que disfrutó sobretodo bajo la forma de vastos movimientos de capital
financiero y su proyección en la prensa internacional, caracterizados por:
- monedas fuertes (principio quebrado
en México a finales de 1994);
-estabilidad monetaria preservada en
una coyuntura mundial deflacionaria que liquidó todas las inflaciones de dos
dígitos en el mundo entero;
-estabilidad fiscal
obtenida a través de la privatización de las empresas públicas y el corte de
gastos estatales, pero amenazada por el aumento de la emisión de bonos de deuda
pública, pagados con intereses cada vez más altos que terminaron por generar déficit
públicos aún superiores a los existentes a inicios de la década de 1990.
Gobiernos
reelegidos sucesivamente a través de la reanudación del estatuto de las
reelecciones, que retoma el mecanismo político que llevó a las autocracias
ilustradas de fines del siglo XIX, todas con fuerte apoyo internacional, y que
las llevó finalmente, a colocarse en vías de una integración de las Américas
bajo el comando norte americano (o sea, el ALCA) (ver Dos Santos, 1996).
Ese camino de
sumisión estratégica creciente, seguido por las burguesías latinoamericanas,
parece confirmar las previsiones más radicales sobre su carácter “entreguista”
y “comprador”. La crisis de la deuda externa en la década de 1980, la crisis
socioeconómica que significó la política de “ajuste estructural” para permitir
el pago de la deuda externa parecen confirmar el carácter dependiente de
nuestras economías. Pero la resistencia de las tecnocracias continentales a
esas situaciones fue mucho mayor de lo se esperaba. De repente se vio un
re-alineamiento diseñándose en el sub continente. Surgen resistencias al
proyecto neoliberal entre los militares, la Iglesia, sectores de la burocracia
estatal y, sobretodo, técnicos, ingenieros y científicos. Todos ellos ligados a
la existencia de un Estado nacional fuerte y de un desarrollo económico de base
nacional
20
significativa. Los
trabajadores industriales y de servicio se colocaron, sin embargo, en el centro
de la resistencia. Todos estos sectores tienen un papel ínfimo en el proyecto
neoliberal, y algunos de ellos llegan inclusive a tornarse inútiles.
Las dificultades de
eliminar totalmente esas resistencias mantuvieron el proyecto neoliberal en el
marco de un régimen liberal democrático y parece dar razón a la tesis de que el
desarrollo dependiente es compatible con los regímenes políticos liberales democráticos.
Mientras tanto, es
necesario resaltar que hubo situaciones de excepción, como el caso de Perú,
donde Fujimori implantó un régimen de excepción que fue tolerado por las
nacientes democracias de la región.
En Chile, la oposición regresó a la
vida política y al gobierno a través de un difícil compromiso con la
preservación de instituciones dictatoriales, entre ellas la senaduría vitalicia
de Pinochet.
Hubo también
tentativas de rebelión en el seno de las fuerzas armadas argentinas y
venezolanas, en 1990-93, cuyas implicaciones todavía están en curso
particularmente con el gobierno de Hugo Chávez. Hubo, además, el surgimiento de
nuevos movimientos guerrilleros, entre los cuales se destaca esta nueva forma
de política insurreccional que es el Ejercito Zapatista, en México. Es
importante también considerar la sobre vivencia y el fortalecimiento reciente
de las fuerzas insurreccionales en Colombia, donde la crisis del Estado se hace
cada vez más aguda. Nadie puede asegurar que la actual onda democrática liberal
resistirá indefinidamente a esa combinación de políticas económicas recesivas,
abertura externa, especulación financiera, desempleo y exclusión social
creciente. Aún cuando, en este contexto, un importante sector de la población
pueda mejorar sus padrones de consumo, eso difícilmente sustituirá el
desgarramiento del tejido social, de la identidad cultural y de las
expectativas de trabajo y de competitividad productiva de gran parte de la
población (ver nuestro libro sobre este tema: Dos Santos, 1991).
Esa evolución de
los acontecimientos parece confirmar otra temática puesta en evidencia por la
teoría de la dependencia: la tendencia creciente a la exclusión social, como
resultado del aumento de la concentración económica y de la desigualdad social.
“Dependiente, concentrador y excluyente”, estas eran las características
básicas del desarrollo dependiente asociado al capital internacional,
destacadas por la teoría. Estas características se exacerbaron durante la
década de 1980, bajo el impacto de la globalización comandada por el capital
financiero internacional para el pago de la deuda externa y la nueva fase de
monedas fuertes y privatizaciones de la década de 1990, en el marco del
consenso de Washington.
21
La evolución de la
revolución científico-técnica parece confirmar los análisis de fines de la
década de 1960. Como mostrábamos en aquella época, precediendo en por lo menos
una década la literatura sobre la “reconversión industrial”, ésta favoreció al
crecimiento de la exportación industrial en los países dependientes de
desarrollo medio, mientras los países centrales se especializaban en la
tecnología de punta, generadora de nuevos sectores de servicio volcados hacia
el conocimiento, la información, el ocio y la cultura.
Sin embargo, como
previmos, la expansión industrial de América Latina no trajo como consecuencia
su pasaje hacia el campo de los países industriales desarrollados. Al
contrario, ha aumentado su distancia con relación a los países centrales
colocados en la punta de la revolución post industrial, mientras las industrias
obsoletas y contaminantes se concentran en los países de desarrollo medio. Lo
más grave, con todo, comenzó a ocurrir en la década de 1980 pues, conforme
anticipamos, la creciente adopción de la automación disminuyó drásticamente el
empleo industrial. Cada vez más alejado de los centros de producción
científica, tecnológica y cultural, los países en vías de desarrollo se
insertan en la trampa del crecimiento económico sin empleo, sin ver, por otro
lado, expandirse las oportunidades de ocupación en educación, salud, cultura,
ocio y otras actividades típicas de la revolución científico-técnica.
La devaluación de
las capas medias de profesionales resultante de esta falta de inversión en
investigación y desarrollo sólo es compensada, parcialmente, por la emigración
de gran parte de ellos hacia los países centrales. Se profundiza así la
captación de recursos humanos, brain drain de la década de
1960, ahora atrayendo cerebros de los países de desarrollo medio, cuya
estructura de educación superior se tornó inútil frente a la baja demanda de
servicios resultante de un desarrollo dependiente, subordinado, concentrador y
excluyente. Los cuadros formados por sus universidades, sin medios para la
investigación, y sin contacto con las verdaderas fuentes de demanda de
investigación y desarrollo, van a ser reclutados en los países centrales (ver
Dos Santos, 1993, 1995 etc.).
Al lado de estas
tendencias, prosigue la penetración del capitalismo en las zonas rurales,
expulsando cada vez más la población hacia los centros urbanos. La urbanización
se transforma, de manera creciente en metropolinización y “favelización”, es
decir, marginalidad y exclusión social, que asumen muchas veces el carácter de
un corte étnico, lo que explica la fuerza de las reivindicaciones étnicas en
los centros urbanos de la región. De hecho, el renacimiento de la cuestión
indígena y de los movimientos negros bajo nuevas formas, cada vez más
radicales, es una expresión de esa situación.
22
El abandono del
esfuerzo científico y tecnológico regional llevó también al abandono del sector
de bienes de capital, donde se concentra la llave del proceso de revolución
científico-técnica y la posibilidad de un desarrollo auto-sostenido. La
complejidad de la industria de base y su modernización a través de la
robotización comienza a retirarla hasta de países como Brasil, donde alcanzó un
alto nivel de desarrollo.
El Estado nacional
se ve oprimido por estos cambios: con el pago de los intereses de la deuda
externa en la década de 1980, se crea una inmensa deuda interna, con altísimos
intereses y alta rotación. En la década de 1990, cuando la tasa de interés
internacional cae, los países dependientes se ven estimulados y hasta forzados
a emprender políticas económicas de valorización de sus monedas nacionales.
Estas políticas los llevan a generar importantes déficit comerciales, los
cuales procuran cubrir atrayendo capital especulativo de corto plazo,
pagándoles altos intereses internamente.
Es así que, al
escaparnos de los intereses internacionales altos (hoy extremamente bajos),
caímos en la trampa de intereses internos altos.
El Estado se convierte en prisionero
del capital financiero, ahogado por una deuda pública en crecimiento
exponencial, cuyo servicio no deja ya ningún espacio para la inversión estatal,
y también cada vez menos para las políticas sociales y aún para la manutención
del modesto funcionalismo público de la región.
El contenido de
clase del Estado se hace, pues, más evidente todavía. Se pone completamente al
servicio del gran capital financiero, subordinado cada vez más a otros sectores
de la burguesía. Se ve obligado a abandonar el clientelismo y el patrimonialismo
de las antiguas oligarquías, por lo cual el Estado atendía a sus familias y a
una vasta población de clase media. Suprime la apertura llevada a cabo por el
populismo a los dirigentes sindicales y otras entidades corporativas. No hay
dinero para nadie más – el hambre del capital financiero es insaciable.
Las políticas de
bienestar volcadas hacia los sectores de baja renta y hacia la previsión social
también se ven definitivamente amenazadas. La onda neoliberal estimula medidas
que giran alrededor de una recuperación del dinamismo del mercado, que no funcionó
en ninguna parte del mundo. Los gobiernos de Reagan y Tatcher no abandonan el
gasto público, a pesar de liderar el movimiento neoliberal. Por el contrario,
Reagan aumentó más de cinco veces el déficit público norteamericano, creando
una enorme deuda pública que sirvió de punto de partida al movimiento
financiero de la década de 1980. Los alemanes y japoneses fueron los
principales beneficiarios de esa política: aumentaron su superávit comercial
con los Estados Unidos e invirtieron sus utilidades en títulos de deuda pública
a altas tasas de interés. Al mismo tiempo, convirtieron sus monedas en
poderosos instrumentos de política económica (ver nuestro artículo de 1992).
23
Lo que más
sorprendió a los teóricos no dependentistas fue el crecimiento de los países
del Sudeste Asiático. Muchos autores presentaron la consolidación del
crecimiento de esos países como evidencia del fracaso de la teoría de la
dependencia. Son varios los estudios sobre esos procesos, que son unánimes en
reivindicar las especificidades de la situación regional. Las economías de esa
región no contrajeron una gran deuda externa en la década de 1970, como los
países latinoamericanos y los de Europa del Este. Estas pasaron por reformas
agrarias radicales en las décadas de 1940-50, para lo cual tuvieron especial
apoyo norteamericano, en razón de su proximidad con los enemigos de la guerra
fría. Contaron con la acumulación de capitales japoneses y la política del MITI
de exportar las tecnologías de industrias en proceso de obsolescencia para los
países vecinos y tuvieron condiciones especiales de penetración en el mercado
norteamericano por las razones geopolíticas ya mencionadas. Pero, sobretodo,
esas economías practicaron una fuerte intervención estatal y proteccionismo que
les permitió sustentar sus políticas económicas y desarrollar, al mismo tiempo,
una base tecnológica propia, aunque modesta.
Nada de eso
impidió, sin embargo, que sufrieran con rigor la crisis financiera
internacional cuando la valorización del yen, en 1992, comenzó a limitar sus
exportaciones para el m ercado norteamericano. El yen fuerte permitió a Japón
sustituir en parte el mercado norteamericano, mientras que China ocupaba el
espacio de exportador para los Estados Unidos, dejados por Japón, los “tigres”
y los “gatos” asiáticos. Japón volvió al mercado americano y las demás
economías exportadoras asiáticas se vieron en la necesidad de devaluar sus
monedas para recuperar espacio en el mercado norteamericano. Bajo el ataque de
los especuladores, la crisis se volvió más dramática y mostró los límites de
esas economías.
Esa evolución
muestra que la agenda colocada a la orden del día por la teoría de la
dependencia continúa siendo de gran actualidad, a pesar de los cambios
fundamentales ocurridos en el período. Esos cambios siguieron, sin embargo, las
tendencias señaladas a fines de la década de 1960. Con nuestros estudios sobre
la nueva dependencia, el surgimiento del subimperialismo y el papel de
marginalización y exclusión social, nos anticipamos claramente a la evolución
de los acontecimientos.
Pero lo que
resalta, sobre todo, es la cuestión metodológica. Más que nunca, la
problemática del subdesarrollo y desarrollo necesita ser analizada dentro del
proceso de evolución del sistema económico mundial. En éste, persiste la
división entre un centro económico, tecnológico y cultural, una periferia
subordinada y dependiente, y formas de semiperiferia que ganaron gran dinamismo
durante la fase depresiva del ciclo de Kondratiev (1967-1993). Todo indica que
se retomó el crecimiento a partir de 1994 y nuevos alineamientos deben
24
producirse con la
entrada de la economía mundial a un nuevo ciclo largo de Kondratiev (ver Dos
Santos, 1991, 92, 93, 94, 95, 98).
La caída del
socialismo estatizante de fuerte influencia stalinista, el socialismo en una
sola gran región del mundo, provocó una ola de euforia neoliberal que perjudicó
muy gravemente la evolución de esos países. Todo indica, sin embargo, que la
población de esos países deberá rectificar esa aventura altamente costosa en
vidas humanas y en bienestar social.
Las contradicciones
entre Estados Unidos, Europa y Japón encontraron el canal del Grupo de los
Siete para encaminarlas. Rusia (liberada de sus aliados o “satélites” europeos
y de la periferia de la antigua Unión Soviética) fue precariamente integrada a
este grupo. Pero China, en pleno crecimiento, la India y Brasil, entre otras
dieciocho potencias medias, no encontraran todavía su lugar en el sistema
mundial post guerra fría. La no resolución de esta cuestión crucial tendrá un
alto costo para la paz mundial.
La separación del
mundo en bloques regionales parece ser la forma intermediaria que el proceso de
globalización viene asumiendo para resistir al libre movimiento de capitales
financieros o de las empresas transnacionales o globales. Esto se encuentra también
en las previsiones de la teoría de la dependencia, inclusive la importancia de
las integraciones regionales en América Latina como el camino más sólido para
la integración regional de todo el continente. Los propios Estados Unidos se
ven obligados a buscar un camino de mayor aproximación hemisférica. El acuerdo
de libre comercio de América del Norte (NAFTA) muestra las dificultades de esa
integración de estructuras tan asimétricas y tan desiguales. La propuesta del
área de libre comercio de las Américas (ALCA) encuentra resistencia en todos
lados. La integración bien sucedida del Mercado Común del Sur (Mercosur)
reafirma el principio de que es más fácil integrar mercados de niveles
semejantes, particularmente de significativo desarrollo industrial.
Sin embargo, la
Asociación de las Naciones de Sudeste Asiático (ASEAN) muestra la posibilidad
de una complementariedad entre un país central que ocupa la función de un polo
de acumulación como Japón y otros periféricos, en que el primero organice su
mercado como consumidor de los productos de los mercados próximos, con
transferencia de tecnología para garantizar la calidad de sus abastecedores.
Los EUA estarían dispuestos a generar una política de buena vecindad que
integrase las Américas bajo su égida. Si no lo hacen a mediano plazo, tal vez
ya encuentre un Brasil consolidado como líder de un desarrollo regional en
América del Sur.
25
Como vemos, los
cambios teóricos y metodológicas iniciados en la década de 1960, como
cristalización de un amplio esfuerzo teórico y político anterior, tiene un
alcance mucho mayor de lo que se pensaba. Estos indicaron la necesidad de
repensar la cuestión del desarrollo dentro de un contexto teórico mucho más
amplio, que colocaba en cuestión el paradigma dominante en las ciencias
sociales. Es necesario, pues, que discutamos el impacto internacional de los
estudios sobre la dependencia para comprender sus posibilidades y sus límites
teóricos.
26
CAPÍTULO 3: EL DEBATE
SOBRE LA DEPENDENCIA
Para comprender la
evolución de la teoría de la dependencia, es necesario tomar en consideración
su enorme difusión y, enseguida, los más diversos ataques que esta teoría
sufrió en las décadas de 1970-80. Pasamos a presentar un examen de la
literatura sobre el asunto, distinguiendo dos décadas.
En la década de
1970 una extensa literatura sobre la teoría de la dependencia dio inicio al
debate sobre el tema, a partir de una perspectiva universal. El artículo de
Suzzane Bodenheimer, “Dependency and Imperialism” (Politics and Society n°5,
mayo de 1970), fue tal vez la primera tentativa de presentar una teoría de la
dependencia como una nueva escuela de pensamiento que proponía un paradigma
científico alternativo al mainstream del pensamiento social
occidental. En Febrero de 1973, The Journal of Interamerican Studies dedicó
una edición especial a la teoría de la dependencia, de contenido esencialmente
crítico, el cual asumía claramente un punto de vista conservador. Los diversos
autores levantaban la cuestión de que la noción de dependencia era una disculpa
para explicar el fracaso económico de los países subdesarrollados. Este mismo
año, Norman Girvan (1973) buscaba aplicar el concepto de dependencia a la
realidad caribeña, ejerciendo una particular influencia sobre el gobierno
Manley, en Jamaica. La verdad, este trabajo será un punto de partida de la
escuela caribeña de lengua inglesa de la dependencia (ver Blomström y Hettne,
1984, 1990, Pág. 128-155).
En África, la
teoría de la dependencia encontró una elaboración teórica en curso sobre el
desarrollo y se produjo una fusión bastante provechosa. Samir Amin (1974)
convocó una reunión en Dakar, en 1970, para producir un encuentro entre el
pensamiento social latinoamericano y africano. Cuatro años más tarde, Abelatif
Benachenou convocará a la realización de un Congreso de economistas del Tercer
Mundo en Argel, que dará origen a una Asociación de Economistas del Tercer
Mundo. Anteriormente, en Dar el Salaam, se reunieron científicos sociales de
todo el mundo que intentaban un camino teórico alternativo, muy influenciado
por el estructuralismo y por la teoría de la dependencia. Surge de este
esfuerzo el libro de Tamas Sentzes (1971) sobre el desarrollo económico, que se
convirtió en un clásico en la región. Entre los estudios africanos surgen los
trabajos de Wallerstein y Giovanni Arrighi, que tanto impacto tendrán
posteriormente, con su sede en el Fernand Braudel Center, en Binghampton.
En Asia,
particularmente en la India, ya había una larga tradición de crítica
antiimperialista y de formulación de caminos propios de desarrollo. Pero esas
propuestas, a pesar de estar más abiertamente apoyadas en la planificación
estatal, no dejaban de partir de la disyuntiva entre tradicional y moderno,
atraso
27
y desarrollo, a
pesar de reconocer los aspectos económicos, social y culturalmente positivos de
la cultura hindú. Gandhi, sobretodo, había apoyado la movilización de masas
antiimperialista en el reconocimiento de valores de la cultura hindú, entre los
cuales no estaba solamente la no-violencia, sino también la producción autónoma
y artesanal de la comunidad hindú. Por esta razón, ciertos sectores del
pensamiento nacional democrático hindú recibieron mal una visión de
subdesarrollo que la ligaba a la formulación del capitalismo moderno como una
economía mundial. Blomström y Hettne (1984-1990) insisten en la poca influencia
de la teoría de la dependencia sobre el pensamiento hindú.
Sin embargo, muchos
autores hindúes no solamente integraron la noción de dependencia a sus
dimensiones teóricas o presentaciones didácticas, sino también asumieron la
teoría de la dependencia como instrumental analítico (ver Baghshi, 1972 y
Todaro; M.P., 1977). Con relación al conjunto de Asia, se puede ver este
impacto en el libro organizado por Ngo Man Lan (1984). Ahí aparece la profunda
influencia de los estudios sobre la dependencia en las regiones más típicamente
subdesarrolladas, como Filipinas, Tailandia y el Sudeste Asiático en general,
donde se gestaba la experiencia de los tigres asiáticos.
En América Latina,
el programa de la Unidad Popular de Salvador Allende y algunas tendencias del
gobierno revolucionario peruano incorporaban elementos claves de la teoría de
la dependencia. La teoría de la liberación que surgía en el Perú con Gustavo Gutiérrez
tomó la teoría de la dependencia como su referencia fundamental. Otros autores,
como Enrique Dussel, asumieron claramente esta perspectiva analítica,
integrándola a su interpretación teórica del marxismo y del cristianismo. Luigi
Bordin procuró demostrar las profundas relaciones entre la teología de la
liberación en Brasil y en América Latina y la contribución teórica del ala
marxista de la teoría de la dependencia.
En Cuba, la revista
pensamiento crítico abrió sus páginas al nuevo pensamiento latino americano y
persistió como una influencia teórica fundamental hasta la derrota del Che
Guevara en el debate entablado entre él y Rafael Rodríguez sobre el papel de
las motivaciones materiales y de las motivaciones morales en la planificación
socialista. El fracaso de la gran cosecha de los 10 millones de toneladas y
otros errores de la dirección revolucionaria llevaron a la adhesión del PC
cubano a las tesis del “marxismo-leninismo” ortodoxo soviético, con sus
manuales de materialismo histórico y dialéctico, sus interpretaciones del
imperialismo, de la Revolución Rusa, de las revoluciones de liberación nacional
que se restringían al paso de sociedades feudales o pre-capitalistas al
capitalismo moderno y a la democracia liberal.
28
Las teorías de la
modernización que buscábamos superar se cristalizaban bajo la forma de un
marxismo de inspiración positivista, en el cual predominaba un evolucionismo
mecanicista. Cuba volvía a ser un país exportador de caña de azúcar e
importador de manufacturados, sólo que ahora en el campo socialista.
El socialismo
permitía, sin embargo, un uso de los excedentes de esa exportación en la
implantación del más avanzado proyecto educativo, de salud y de control popular
sobre el Estado. Sin embargo, aún con las deformaciones burocráticas impuestas
por los rusos, no se consiguió quebrar la espina dorsal de la revolución
cubana. Esta llama revolucionaria permitió a Cuba enfrentar y superar las
consecuencias de la caída del socialismo real en Europa Oriental y la URSS.
Vania Bambirra protagonizó una amplia polémica con la ortodoxia cubana, tanto
guevarista como comunista. En el seminario realizado en el Centro de Estudios
Socioeconómicos, en Santiago de Chile, ella cuestionó las interpretaciones
comunes de la revolución cubana y reivindicó el papel de las luchas
democráticas, de las masas urbanas, de la movilización histórica por la huelga
general y hasta una buena parte de la militancia del Partido Comunista de Cuba
en el éxito de la revolución. Esas tesis fueron publicadas en su libro La
Revolución Cubana: una reinterpretación, que fue leído por sectores de
la dirección política cubana pero no fue divulgada en el país por sus
concepciones no-ortodoxas. En él se aplicaba la teoría de la dependencia para
mostrar no solamente las verdaderas causas del proceso revolucionario cubano,
sino también sus dificultades. En Cuba, Francisco López Segrera utilizaba la
teoría de la dependencia para interpretar el conjunto de la historia cubana
(López Segrera, 1972). La teoría de la dependencia ganaba así una avasalladora
influencia en la región latinoamericana y del Caribe; en Estados Unidos, África
y Asia profundizaba su campo de influencia a través de la teología de la
liberación. En Europa, la misma teoría encontraba eco en la izquierda
revolucionaria, en la izquierda del socialismo y la socialdemocracia. Influyó
investigaciones de gran valor, como las realizadas por el Starnberg Institut,
en Alemania, sobre la nueva división internacional del trabajo, los teóricos
españoles, alemanes, franceses e ingleses. Entró también en los países nórdicos
al influir en las investigaciones para la paz.
En 1977, Helena
Tuomi hacía un levantamiento de los modelos de dependencia en la investigación
occidental sobre desarrollo (ver Tuomi, 1977). Ella encontró, en aquel año,
cinco proyectos de investigación que intentaban definir las variables
independientes y dependientes capaces de explicar las relaciones de
dependencia. Estas investigaciones procuraban medir, en períodos de tiempo más
o menos largos, estas variables buscando definir modelos de explicación de
subdesarrollo y probarlos empíricamente.2
2 Ellos eran Bruce
Russet (1975), Kaufman, Chernostsky & Geller (1975), Chase Dunn (1975),
Duvall et ali. (1976), Alschuler (1976). Entre los nórdicos que discutieron la
cuestión de los modelos de dependencia y su impacto en los estudios sobre la
paz, ver Autola, Esko (1976), Galtung, Johan (1971), Hveen Helge (1973), Tuomi,
Helma (1977), Váyrinen, Raimo (1976).
29
Pero era en América
Latina que los estudios sobre la dependencia avanzaban por todas partes. A
mediados de la década de 1970 comienza, sin embargo, un movimiento de crítica a
la teoría de la dependencia. En el Congreso Latinoamericano de Sociología de 1975,
en Costa Rica, esa discusión tomó gran parte del evento. Los resultados de este
debate fueron publicados en el libro Debates sobre la Teoría de la
Dependencia y la Sociología Latinoamericana (EDUCA, San José, 1979),
bajo la supervisión editorial de Daniel Camacho.
Heraldo Muñoz
publicó uno de los mejores resúmenes sobre la teoría de la dependencia en sus
artículos: “El Análisis de la Teoría de la Dependencia en los Centros: Ejemplo
de EE.UU.” (en Estudios Internacionales, Vol. 12, n°45,
enero-marzo, Pág.68-76), y “Cambio y Continuidad en el Debate sobre la
Dependencia y el Imperialismo” (en Estudios Internacionales, Vol.
11, n°44, octubre-diciembre, 1978, Pág. 88-138). En 1982 él editó From
Dependency to Development – Strategies to overcome Underdevelopment and Inequality (Editorial
Westview Press, Boulder, Colorado). Ver también Gustavo Rodríguez O., “De la
CEPAL a la teoría de la dependencia: Un esquema descriptivo”, IESE, Cochabamba,
1979, y el capítulo sobre el marxismo latinoamericano escrito por Juan
Portantiero para la colección History of Marxism, dirigida por Eric
J. Hobsbawm. La gran ola de críticas a la teoría de la dependencia se amplió
sobre todo en la segunda mitad de la década de 1970 y comienzos de la década de
1980, proveniente en parte de autores latinoamericanos. Agustín Cueva, en “Problemas
y Perspectivas de la Teoría de la Dependencia” (CELA – UNAM), dio inicio a
una nueva crítica de la dependencia, acusando a sus autores de sobreestimar
factores externos con relación a factores internos y de que abandonaron el
análisis de las clases sociales. Después de eso, él publicó el libro El
Desarrollo del Capitalismo en América Latina (Siglo XXI, México, 1978)
en el cual dio continuidad a esas críticas. Posteriormente, él
aceptó el hecho de que estaba engañado en sus críticas y pasó a destacar las
conquistas del ala marxista de la teoría de la dependencia frente a los ataques
que ésta recibiría del pensamiento conservador latinoamericano y europeo.
Octavio Rodríguez publicó su “Informe sobre las Críticas de la Concepción de la
CEPAL” (Secretaría de la Presidencia, México, 1974), donde defendía a Prebisch
y la CEPAL de las críticas de la teoría de la dependencia. Enrique Semo (La
Crisis Actual del Capitalismo, Cultura Popular, México, 1975), presentó una
crítica basada en la interdependencia como una tendencia en la economía
internacional. El trabajo de Vania Bambirra titulado Teoría de la
Dependencia: una Anticrítica (Era, México, 1978) responde a gran parte
de esas críticas. Ella muestra sobre todo los errores de interpretación que
estas contenían, atribuyendo a los teóricos de la dependencia posiciones que
nunca defendieron, como la idea de una tendencia al estancamiento económico,
una sobre valoración de los factores externos a los internos, entre otras.
30
Existe también un
grupo de críticos de la teoría de la dependencia que se autodenominan
“marxistas ortodoxos” o simplemente “marxistas”. 3 Ellos creen que la teoría de la
dependencia coloca las determinaciones externas como fundamentales y relega a
un segundo plano la lucha de clases al interior de cada país. Condenan también
cualquier visión crítica del desarrollo del capitalismo, que, según ellos, no
presenta diferencias entre los países dominantes y los dependientes. Esta
tendencia endogenista cree que el imperialismo representa un progreso al
desarrollar las fuerzas productivas en nivel internacional. Ellos no comprenden
cómo el imperialismo bloquea el desarrollo de las fuerzas productivas de las
naciones colonizadas, mutila su poder de crecimiento económico, de desarrollo
educativo, de salud y otros. No consiguen entender el fenómeno de la sobre
explotación y la transferencia internacional de excedentes generados en el
Tercer Mundo y enviado a los países centrales.
De hecho, ocurrirá
una convergencia entre las críticas de Fernando Henrique Cardoso y sus colegas
que iniciaron la teoría de la dependencia y las críticas de los llamados
“marxistas” (ver el capítulo sobre el tema en este libro, mi artículo sobre las
polémicas con Cardoso). Estos, sin embargo, llevan su “ortodoxia” muy lejos,
defendiendo la necesidad de analizar los modos de producción al interior de
cada economía. Son llamados de autonomistas y endogenistas y fueron analizados
por Marini (1995) con rigor y precisión. Una lectura seria de Marx jamás
autorizaría ese tipo de interpretaciones del marxismo. Él siempre llamó la
atención para el carácter internacional del modo de producción capitalista y
consideró el comercio internacional como condición necesaria de la acumulación
primitiva capitalista. Marx jamás autorizaría una concepción
clasista que
colocase en oposición el análisis de las economías nacionales y el estudio de
su articulación con la economía mundial. Él siempre entendió la formación del
capitalismo como la dialéctica entre la economía mundial, como fenómeno
independiente, y el conjunto de economías nacionales en competencia, apoyándose
en sus Estados nacionales.
3 Ellos consideran
“no-marxista” la búsqueda del establecimiento de elementos estructurales que
forman un contexto nacional donde se desarrolla una lucha de clases, y son
incapaces de comprender el sentido histórico de los conceptos de imperialismo y
dependencia. En esta línea están los textos de O´Brien (1975), Kahl (1976),
Palma (1978). Los libros más globales y serios publicados sobre el tema en la
década de 1980 fueron: Ronald Chilcote, Theories of Development and
Underdevelopment, Westview Press, Boulder, Londres, 1985; Magnus Blomström
y Bjorn Hettne, Development Theory in Transition, The Dependency Debate
&Beyond; Third World Responses, Zed Books, Londres, 1984. Ronald
Chilcote publicó también un libro sobre esta polémica llamado Dependency
and Marxism: Toward a Resolution of the Debate, Westview, Boulder y
Londres, 1982. Un debate muy serio acerca del impacto teórico y empírico de la
teoría de la dependencia puede ser encontrado en Christopher Abel y Colin M.
Lewis, Latin America, Economic Imperialism and State: The Politica
Economy of the External Connection from Independence to Present, The Athlone
Press, Londres 1985. Si este libro no fuese tan restringido, las contribuciones
de Cardoso, Faletto y Frank se podrían convertir en una sólida referencia para
el estudio de la teoría de la dependencia.La participación soviética también
fue relevante en este debate, particularmente los siguientes artículos y libro:
Institute of World Economy and International Relations of the Science Academy
(IMEMO), Developing Countries: Regularities, Tendencies and
Perspective, editado en la Unión Soviética en 1978. Kiva
Maidánik, El Procreso Revolucionario de América Latina visto desde la
URSS, Editorial Tailer, C. Por A., Santo Domingo, República Dominicana,
1982. Vladimir Davydov, Nueva Ronda de Debates a cerca de la
Dependencia, América Laitna, Moscú, n°11, 1984, y ¿Qué es la
Teoría de la Dependencia?, América Latina, Moscú n°12 1985, y n°13, 1986
31
Las implicaciones
teóricas de la teoría de la dependencia están todavía por desarrollarse. Su
evolución en dirección a una teoría del sistema mundial, buscando reinterpretar
la formación y el desarrollo del capitalismo moderno dentro de esa perspectiva,
es un paso adelante en este sentido, como veremos en los próximos capítulos4 , podrían
convertir en una sólida referencia para el estudio de la teoría de la
dependencia. La participación soviética también fue relevante en este debate,
particularmente los siguientes artículos y libro: Institute of World Economy
and International Relations of the Science Academy (IMEMO), Developing
Countries: Regularities, Tendencies and Perspective, editado en la
Unión Soviética en 1978. Kiva Maidánik, El Procreso Revolucionario de
América Latina visto desde la URSS, Editorial Tailer, C. Por A., Santo
Domingo, República Dominicana, 1982. Vladimir Davydov, Nueva
Ronda de Debates a cerca de la Dependencia, América Laitna, Moscú,
n°11, 1984, y ¿Qué es la Teoría de la Dependencia?, América Latina,
Moscú n°12, 1985, y n°13, 1986.
André Gunder Frank
(1991) escribió a comienzos de la década de 1990 un libro autobiográfico en el
cual analiza algunos de sus libros sobre el tema citado al inicio de este
balance. Debemos, sin embargo, añadir a esa lista las siguientes publicaciones
más recientes: Charles Oman y Ganeshan Wignajara, The PostwarEvolution
of Development Thinking, OECD Development Center, Paris, 1991. Alvin Y.
So, Social Change and Development, Modernization, Dependency and World
System Theories, Sage Library of Social Research, Londres,
1990. David E. Apter, Rethinking Development, Modernization, Dependency
and Postmodern Politics, Sage Publication, Londres, 1990. Richard
Peet, Global Capitalism- Theories of Social Development, Routledge,
Londres y New York, 1991. Heintz R. Sonntag, Duda – Certeza - Crisis,
La Evolución de las Ciencias Sociales en América Latina, UNESCO –
Editorial Nueva Sociedad, Caracas, Venezuela, 1989. Este último libro integró
el debate sobre la teoría de la dependencia con un nuevo avance conceptual
establecido en la década de 1970, que relaciona la discusión sobre el
desarrollo al debate sobre la teoría del sistema-mundo. Este nuevo avance es
consecuencia de una creciente precisión del concepto de economía mundial.
4 La literatura sobre
la teoría de la dependencia crece cada día en todas partes del mundo, aún
después de que varios autores decretaron su fallecimiento.
32
CAPÍTULO 4: LA GLOBALIZACIÓN Y
EL ENFOQUE DEL SISTEMA-MUNDO
La teoría de la
dependencia proseguía y perfeccionaba un enfoque global que pretendía
comprender la formación y evolución del capitalismo como economía mundial.
Prebisch ya hablaba, en la década de 1950, sobre la existencia de un centro y
una periferia mundial, tesis que perfeccionará en la década de 1970 bajo la
influencia del debate sobre la dependencia (ver Prebisch, 1981). La teoría de
la dependencia buscó refinar ese esquema al rever la teoría del imperialismo
desde su formación, con Hilferding, Rosa Luxemburgo, Hobson, Lenin y Bukharin.
André Gunder Frank (1991) llama la atención para esa búsqueda de análisis del
sistema mundial que se diseña sobre todo a comienzos de la década de 1970 con
Amin (1974), Frank (1978, 1980 y 1981), Dos Santos (1970 y 1978), pero gana
realmente gran aliento con la obra de Immanuel Wallerstein (1974, 1980, 1989),
que desarrolló la tradición de Fernand Braudel (1979). Todo eso ha sido objeto
de una amplia discusión.5
Varios autores
reconocen la estrecha relación de la teoría del sistema-mundo con la teoría de
la dependencia. Bjorn Hettne elabora inclusive un cuadro del la evolución del
debate sobre desarrollo y dependencia, en el cual la teoría de la dependencia
tiene como resultado de su evolución la teoría del sistema-mundo, mientras la
tendencia estructuralista marcha para la teoría de las necesidades básicas
abanderada por el Banco Mundial
5 El concepto de
economía mundial como realidad independiente fue desarrollado por la escuela de
la dependencia, sobre todo en la década de 1970: André Gunder Frank escribió en
este período: World Accumulation, 1492-1789, y Dependent
Accumulation and Underdevelopment, ambos editados por la Montly Review
Press en 1978. Posteriormente desarrolló su análisis en Crisis in the
World Economy y Crisis in the Third World, ambos
publicados por la Holmes & Meier, New York, 1980, 1981. Samir Amin produjo,
durante este mismo período Accumulation on a World Scale: A
critic of the Theory of Underdevelopment, Montly Review Press, New
York, 1974. Theotonio Dos Santos desarrolló el mismo tema en La Crisis
Norteamericana y América latina, PLA, Santiago, 1970, así como
en Imperialismo y Dependencia, Era, México, 1978. Ese interés
por la economía mundial también se manifestó en el artículo de
Fernando Henrique Cardoso “Imperialismo y Dependencia en América Latina”,
Structure of Dependency, F. Bonilla y R Girling (organizadores), Stanford,
California, Institute of Political Studies, 1973, así como el artículo de O.
Sunkel sobre “Capitalismo transnacional y desintegración
nacional en América Latina”, Social and Economic Studies, University of
West Indies, 22-1, 1973. Prebisch también se orientó en dirección a la economía
mundial durante este período, sobre todo en su libro Capitalismo
Periférico, Crisis y Transformación, Fondo de Cultura Económica,
México, 1981. Al mismo tiempo, Ruy Mauro Marini escribió Dialéctica de
la Dependencia, confirmando su tendencia a un análisis más teórico y
global, expresada aún con más claridad por Orlando Caputo en las tesis sobre “Las
Teorías de la Economía Mundial”, defendida por él cuando candidato al
título de doctor en la Coordinación del Doctorado de Economía de la UNAM,
México, 1979 (que infelizmente no fue publicada).
33
en la década de
1970, bajo la dirección de Mc Namara. Mientras tanto, la tendencia endogenista
(que se pretende marxista y que él llama análisis de los modos de producción)
se origina, según él, de los modelos marxistas de acumulación de capital y
representaría una tercera vertiente teórica. Según Hettne, la teoría de la
dependencia también habría tenido este origen en los modelos marxistas de
acumulación, pero habría sufrido la influencia del análisis económico
estructuralista de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Las
teorías de la modernización habrían mantenido, por otro lado, su cuadro de
análisis occidentalista y euro centrista, mientras sufrían la crítica de los
modelos de “otro desarrollo” o desarrollo alternativo. Estos últimos
terminarían, según creemos, influenciando la concepción de desarrollo humano de
PNUD. Esas tendencias pueden ser visualizadas en el diagrama presentado por
Bjorn Hettne (1982, Pág..140).
DIAGRAMA
El enfoque del
sistema-mundo busca analizar la formación y evolución del modo capitalista de
producción como un sistema de relaciones económico sociales, políticas y
culturales que nacen al final de la Edad Media europea y evoluciona para
convertirse en un sistema planetario y confundirse con la economía mundial. Ese
enfoque, aún en elaboración, destaca la existencia de un centro, una periferia
y una semi-periferia, además de distinguir, entre las economías centrales, una
economía hegemónica que articula el conjunto del sistema.
Al mismo tiempo, la
teoría del sistema-mundo absorbió la idea de ondas y ciclos largos de Braudel
(1979), que se diferencian de los ciclos de Kondratiev. Existen, sin embargo,
tentativas de conciliar los ciclos de Kondratiev de cincuenta a sesenta años con
los ciclos más largos o seculares, ligados al movimiento del capital
financiero, descubiertos por Braudel. De esta forma, la evolución del
capitalismo es considerada una sucesión de ciclos económicos, articulados con
procesos políticos, sociales y culturales. Arrighi (1995) consiguió ordenar la
historia del capitalismo como una sucesión de cuatro ciclos largos de
acumulación, basados en cuatro centros hegemónicos:
1. El ciclo genovés
(que se articula con las conquistas ibéricas), que se inicia a fines del ciclo
XIV e inicios del siglo XV, cuando se forma la base de acumulación financiera
de Génova, como ciudad estado y, posteriormente, como nación de los genoveses,
localizada en varios centros financieros europeos, el cual se prolonga hasta
fines del siglo XVI y comienzos del XVII. Este ciclo tiene en las monarquías
ibéricas su principal instrumento político y militar.
34
2. El ciclo holandés,
que se inicia exactamente a fines del siglo XVI e inicios del siglo XVII hasta
mitades del siglo XVIII.
3. El ciclo británico,
que se inicia a mitades del siglo XVIII y se prolonga hasta la Primera y
Segunda Guerra Mundial.
4. El ciclo
norteamericano, que se inicia durante la Primera Guerra y se desarrolla durante
la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, cuando hay señales de emergencia
de un nuevo ciclo que tendrá como centro el Sudeste Asiático, o algún núcleo de
poder supranacional.
Giovanni Arrighi
(1995) analiza la relación de estos ciclos con los principales centros
financieros que se terminarán transformando en centros hegemónicos aliados a
centros comerciales. Esos análisis carecen de una mayor profundización del
aspecto productivo que establezca los regímenes de producción para explicar
mejor el funcionamiento de esos ciclos. En este sentido, mis trabajos, como Dos
Santos (1978), intentan articular la noción de sistema mundial con las grandes
estructuras de producción y particularmente con la revolución
científico-técnica (Dos Santos, 1983 y 1986), buscando un camino de
investigación en parte complementaria al esfuerzo más global de la teoría
sistema-mundo, en parte reordenador de este esfuerzo. Una característica
importante de los análisis del sistema mundial es la negación de las
interpretaciones del mundo contemporáneo con base en la bipolarización de
post-guerra, considerando una relación entre dos sistemas de poder paralelos.
Los varios teóricos del sistema mundial insistirán siempre en la existencia de
un solo sistema económico global en este período, de carácter capitalista y
sobre la hegemonía norteamericana. La evolución de la economía soviética y del
bloque de naciones a ella más o menos ligadas no había sido capaz de salir del
contexto determinado por el sistema mundial capitalista. Siempre se esperó que
la agudización de este conflicto en la década de 1980 destruiría el modelo de
guerra fría que definiría las zonas geopolíticas mundiales – en este sentido,
ver Dos Santos (1978, 1993), Wallerstein (1979, 1984) y Frank (1980, 1981).
Los estudios del
sistema-mundo se situaron como expresión teórica de un amplio debate sobre las
transformaciones que ocurrieron en la economía y política mundial de la década
de 1970. Desde fines de 1960, surgiría una amplia documentación empírica sobre las
corporaciones multinacionales, las nuevas direcciones de la economía mundial y
el nuevo orden económico mundial propuesto por lo no-alineados en las
35
Naciones Unidas.
Varios informes sobre la situación económica mundial se sucedieron, expresando
las varias corrientes internacionales y, sobre todo, la creciente preocupación
con el medio ambiente amenazado.6
6 Este cambio en dirección al concepto
de economía mundial también dio origen a una creciente literatura sobre las
corporaciones multinacionales y el surgimiento de un análisis metodológico de
la economía mundial, por instituciones internacionales, sobretodo con la
creación , en 1978, de la publicación anual del Banco Mundial, World
Development Report. En la década de 1970, se crearon también varios
modelos de economía mundial, preparados por organizaciones internacionales, así
como la publicación, en 1973, de The State of the World, producida
por el gabinete de la presidencia norteamericana. Los estudios clásicos de
Vernon, en las décadas de 1960-70 (Raymond Vernon, The Sovereignity in
the Bay) son una referencia pionera para los estudios de las corporaciones
multinacionales. Debemos considerar estas pesquisas como una relevante
anticipación del análisis de la economía mundial. Las contribuciones de
Theotonio Dos Santos sobre este tema están resumidas en los libros Imperialismo
y Corporaciones Multinacionales, PLA, Santiago, 1973, e Imperialismo
y Dependencia, Era, México, 1978. Ver también “The Multinational
Corporations: Cells of Contemporary Capitalism”, en Laru Studies,
n°6, Toronto, Canadá, 1978, “Big Capital and Structure of Power”, “The New
Tendences of Foreign Investments in Latin America”, en Petras y Zeitlin
(organizadores), Latin America: Reform or Revolution, Fawcett, New
York, 1969.
El Centro de las Naciones Unidas para
Corporaciones Transnacionales fue creado a inicios de la década de 1970 y
publicó cuatro informes generales con datos empíricos sustanciales sobre las
corporaciones multinacionales y el desarrollo mundial: “Multinational
Corporations and World Development: a reexamination” (1978), “Transnational
Corporations in World Development: Third Survey” (1983), “Transnational
Corporations in World Development: Trends and Prospects “ (1988).
En 1981 se inicia
la publicación de World Investment Report, dedicado a “The
Triad of Foreign Direct Investment”, y en 1992, Transnational
Corporation as Engines of Growth. Estos estudios fueron influenciados por
una visión más sistemática del capitalismo mundial, muy bien sintetizado por
C.A. Michelet en Le Capitalisme Mondial, P.U.F., París, 1985.
A partir de 1994 los World Investment Report fueron entregados
a responsabilidad de la UNCTAD.
Ver también W. Andreff, Les
Multinacionales, La Découverte, París 1987, y Pierre Groa, Atlas
Mondial des Multinationales e L’Espace des Multinationales, Récins-La
Documentation Français, Paris, 1990.
La discusión en
torno al nuevo orden económico mundial tuvo su inicio en razón de la propuesta
de la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, del presidente
Luis Echeverría, votada en las Naciones Unidas en 1973. posteriormente, en 1975,
Boumediènne creó el término “nuevo orden mundial” en el encuentro de los
no-alineados en Argelia. Bajo el impacto de la crisis del petróleo, los países
del Tercer Mundo avanzaron considerablemente en el plano internacional con la
creación de la “década del desarrollo”, votada por la asamblea de las Naciones
Unidas en 1969; con el desarrollo de la UNCTAD; con el funcionamiento del
Movimiento de los No-Alineados y el diálogo Norte-Sur. Una vasta literatura fue
producida durante este período sobre el “nuevo orden económico mundial”, que
incluía el debate sobre la ecología, despertado por el encuentro de Estocolmo
en 1972. Esta literatura se apoyó principalmente en el siguiente conjunto de
informes internacionales:
Club de Roma, The Limits to
Growth, Universe Books, New York, 1972.
What Now?, The Dag
Hammarskjöld report to the United Nations, Development Dialogue, 1-2, 1975.
Amilcar Herrera y otros, Catastropher
or New Society? A Latin American World Model, IDRC, Otawa, 1976.
36
Jean Timbergen (coordinador), Reshaping
the International Order, RIO, Report to the Club of Rome, Dutton, New York,
1976.
Amilcar Herrera y otros, Las
Nuevas Tecnologías y el Futuro de América Latina, Siglo XXI, México, 1992.
Fidel Castro, The World
Economic and Social Crisis, Peoples’s Publishimg House, Delhi, 1983.
O desafío aol sul - Relatorio
da Comissão Sul, Lisboa, Afrontamento, 1990
OECD, Interfuctures,
París, 1979.
The Global 2000 Report to the
President of the US, Government Printing Office, Washingtong D.C., 1980.
W. Leontief, The Future of
World Economy, Naciones Unidas, 1977.
Willy Brand Commission Report, North-South:
A Program for Survival, Pan Books, Londres y Sidney, 1980.
Willy Brand Commission Report, Common
Crisis North-South: Cooperation for World Recovery, Pan Books, Londres
y Sidney, 1983
Willy Brand and Michael Manley, Global
Challenge, from Crisis to Cooperation: Breaking the North-South Stalemate,
Report of the Socialist International Commitee on Economic Policy, Pan Books,
Londres y Sidney, 1985.
Olof Palme Commission Report, Common
Security: A Program for Disarmament, Pan Books, Londres y Sidney, 1982.
En las décadas de 1970-80 la idea de
un orden mundial lleva a la creación de informes permanentes sobre la economía
mundial.
Desde 1978 el banco Mundial inicia
una publicación llamada World Development Report , responsable por el análsis
de uno o dos temas centrales, y publica, también anualmente, su World
Development Indicators.
A partir de 1980, el Fondo monetario
Internacional pasa a publicar su World Economic Outlook, anual
hasta 1984 y a partir de ahí semestral. Desde 1986 Naciones Unidas publica
el Report on the World Economy, basado en informes regionales de
Europa, América Latina, Asia y África, por medio de sus comisiones regionales y
de las organizaciones especiales de las Naciones Unidas.
La UNCTAD también ha mantenido sus
informes anuales de gran valor crítico y excelente fuente estadística.
En 1991, el PNUD inicia una
publicación anual Human Development Report.
Desde su fundación, en 1961, la OECD
estudia la economía mundial y publica el Economic Outlook, que
comprende sus países miembros. La OECD también creó un modelo econométrico
mundial, el interlink.
El WALRAS representa otro modelo
multinacional que aplicó un modelon de equilibrio general para cuantificar la
economía internacional. Durante ese período fue elaborado un gran número de
informes privados sobre la situación de la economía mundial, como L’Etat
du Monde, publicada desde 1981 por la editorial La Découverte, París, y
RAMSÉS – Rapport Annuel Mondial sur le Système Économique et les Estratégies,
publicado desde 1981 por el Instituto Francés de Relaciones Internacionales
(IFRI), así como The State of the World, del Worldwatch Institute Report,
publicado desde 1984, sobre los progresos en relación a una sociedad
autosustentable.
37
Dentro de esta
perspectiva globalizadora7 es necesario afirmar sobre todo los siguientes elementos de una
síntesis teórico metodológica en proceso:
1. La teoría social se
debe desprender de su extrema especialización y retomar la tradición de grandes
teorías explicativas con el objetivo de reordenar el sistema de interpretación
del mundo contemporáneo.
7 Como vimos, el
cambio conceptual más importante referente a la economía mundial se relaciona a
la constitución de una nueva concepción teórica en la década de 1970, y
principalmente en la de 1980, basada en la categoría de sistema mundial.
Fernand Braudel
desarrolló sus conceptos de “économie-monde” en el tercer volúmen de Civilisation
Matérielle, Economie et Capitalisme, bajo el título de Temps du
Monde (Armand Colin, París, 1979). Immanuel Wallerstein presentó sus
ideas sobre el sistema-mundo en The Capitalism World Economy y The
Politics of the World Economy, ambos publicados por La Maison des Sciences
de l’Homme (1979 y 1984). El también publicó la síntesis de sus
conceptos en Le Capitalisme Historique. Su perspectiva histórica de
formación de un sistema-mundo está siendo publicada en varios volúmenes de
su Modern World System (Academic, New York, 1974, 1980, 1989).
Las ideas de André Gunder Frank sobre el sistema-mundo están en “A
Theoretical Introduction to 5000 years of World System History” (en
Review, Binghampton, Vol. XIII, n°2, Pág. 155-248, 1990). Samir Amin, desde su
intento de articular un proceso de acumulación mundial (1974), viene
interviniendo sistemáticamente en el debate. Ver sobretodo sus últimos trabajos
de 1993, 1993b, 1995, 1996, 1996b. Un panorama bien amplio del debate sobre la
mundialización desde el punto de vista de la teoría del sistema mundial se
puede obtener a través del libro Los Retos de la Globalización, Ensayos en
Homenaje a Theotonio Dos Santos, organizado por Francisco López Segrera y
editado por la UNESCO, Caracas, 1998.
Dos importantes
debates metodológicos sobre el concepto de sistema-mundo están en Oliver
Dolphus, “le Système Monde”, en L’Information Geographique, 1992,
n°54, Pág. 45-52, y Michel Beaud, “Sur la Conaissance de l’Economie Mondiale”,
mimeo, París, 1990. Un ensayo sobre las políticas económicas y cómo
éstas se relacionan a la idea del sistema mundial está en Kostas Vergopoulos,
“Mondialisation et Dispersión” Université de Paris VIII, mimeo, París, 1990.
Octavio Ianni intentó una sistematización en su Teoría da Globalização,
Vozes, 1994, Petrópolis.
Autores
norteamericanos relacionan la teoría del capital monopólico de Sweezy y Baran y
la escuela de la teoría de la dependencia como dos bases importantes de la
teoría del sistema-mundo. Frank acepta esta relación en su autobiografía. Se
debe destacar sobretodo la influencia de Paul Baran con su Economía
Política del Crecimiento.
38
2. Esa
reinterpretación debe superar, sobretodo, la idea de que el modo de producción
capitalista, surgido en Europa en el siglo XVIII, es la referencia fundamental
de una nueva sociedad mundial. Este fenómeno debe ser visto como un episodio
localizado, parte de un proceso histórico más global que tiene que ver con la
integración del conjunto de las experiencias civilizatorias en una nueva
civilización planetaria, pluralista y no exclusiva, basada en la
no-subordinación del mundo a ninguna sociedad determinada.
La literatura sobre globalización de
la economía mundial, el proceso de regionalización y la integración regional
creció en progresión geométrica durante los últimos tres años:
¤ El Fernand Braudel Center, de la New
York State University at Binghampton, es el más importante centro de estudios
del sistema mundial dentro del pensamiento de Immanuel Wallerstein.
¤ El centre d’Études,
Perspectives et d’Informations Internationales (CEPII), Francia, produce un
amplio análisis de la economía mundial, teniendo inclusive su propio modelo
econométrico.
¤ El WIDER, en Finlandia, parte
integrante de la Universidad de las Naciones Unidas, produce un gran número de
estudios sobre política económica con un abordaje en escala mundial.
¤ El FAST, en
Bruselas, se dedicaba a las previsiones del desarrollo tecnológico en relación
a la economía mundial y a la sociedad, habiéndose extinguido en 1995.
¤ El SPRU, en Susex,
se dedica al estudio de las relaciones entre los cambios tecnológicos y las
“ondas largas” de Kondratiev. En esta misma línea tenemos también el Maastrich
Economic research Institute on Innovation and Technology (MERIIT), que no dá la
misma importancia a las ondas largas.
¤ El Starnberg Institute, en Starnberg, está
especializado en el estudio de la división internacional del trabajo,
desarrollo y corporaciones transnacionales.
¤ La OECD Development Studies Center
tiene innumerables investigaciones sobre la economía mundial y el papel de los
países en desarrollo.
¤ El GEMDEV,
localizado en la Universidad de París, reune todos sus institutos de
investigación sobre la economía mundia y el Tercer Mundo, y estableció una red
de estudios del sistema-mundo.
¤ El Instituto de
Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de
Rusia (IMEMO), es la más antigua institución dedicada al estudio de la economía
mundial.
¤ El Instituto de
Economía Mundial y sus varios centros de la Academia de Ciencias Sociales de
China es un nuevo e importante punto de apoyo de un enfoque global
¤ Un esfuerzo
antropológico-ecológico-teórico para producir una teoría global de la
civilización mundial fue realizado por Tadao Umesao, que organiza desde 1982 un
simposio anual sobra “La civilización japonesa y el mundo moderno” en el museo
nacional de etnología que él dirige en Osaka.
¤ En japón, el Institute of Developing Economies
mantiene un seguimiento sistemático de los países en desarrollo,
particularmente del Sudeste Asiático.
¤ La Escuela Francesa
de Regulación está cada vez más interesada en la economía mundial. Siguiendo la
línea de François Perroux y maurice Byé, Gerard Destanne de Bernis pretende
abordar teóricamente la economía mundial bajo la forma de escuela de regulación,
en su tratado sobre Rélations Économiques Internationales, así como
en sus investigaciones como director de ISMEA, en París.
39
3. La formación y
evolución del sistema mundial capitalista debe orientar el análisis de las
experiencias nacionales, regionales y locales, buscando rescatar las dinámicas
históricas específicas como parte de un esfuerzo conjunto de la humanidad para
superar la forma explotadora, expropiadora, concentradora y excluyente en que
ese sistema evolucionó.
4. El análisis de ese
proceso histórico debe rescatar su forma cíclica, procurando situar los
aspectos acumulativos al interior de sus límites, establecidos por la evolución
de las fuerzas productivas, relaciones sociales de producción, justificación
ideológica de estas relaciones y límites del conocimiento humano.
* Samir Amin da continuidad a sus
investigaciones sobre África, así como su trabajo teórico sobre el
sistema-mundo, principalmente dentro del contexto del Third World Forum en El
Cairo.
* En Cuba, el Centro de Investigaciones
de la Econimía Mundial, ligado al comité central del PC de Cuba, viene
realizando un seguimiento sistemático de la economía mundial
* En México, varias instituciones se
dedican más o menos sistemáticamente al tema, como el Instituto de
Investigaciones Económicas de la UNAM, particularmente el equipo de
investigación dirigido por Ana Esther Ceceña, el Centro de Estudios
Interdisciplinarios, dirigido por Pablo Gonzáles Casanova, el Centro de
Estudios de la Economía Mundial de la Facultad de Economía de la Universidad
Autónoma de Puebla y varias otras instituciones.
* René Dreifuss creó un Centro de
Estudios Estratégicos en la Universidad Federal Fluminense, que estudia
detalladamente no solamente las estrategias globales sino también las
instituciones dedicadas a investigar y actuar en nivel mundial. En La
Internacional Capitalista – Estrategias y Tácticas del Empresariado
Transnacional – 1918 a 1986, Espaço e Tempo, Río de Janeiro, 1987, él hace
un levantamiento histórico de estas instituciones. Su más reciente
libro sobre la globalización y planetarización (editora Vozes, Río de Janeiro,
1996), expresa el resultado de este trabajo.
* El Grupo de Estudios sobre la
Economía Mundial, Integración Regional y Mercado de Trabajo (GREMIMT) que
dirijo en la Facultad de Economía de la Universidad Federal Fluminense, busca
consolidar mis estudios sobre el tema y elabora un balance anual de la coyuntura
mundila todavía en maduración.
* En 1998 fue creada
una Cátedra Unesco y una Red de Estudios sobre la Economía Mundial con el
patrocinio de la UNESCO y de la Universidad de las Naciones Unidas, bajo mi
coordinación, que pretende generar una sinergia entre ésta y otras
instituciones de investigadores volcados hacia elestudio del tema en la
expectativa de favorecer un salto de calidad en el análisis del sistema mundial
y su futuro.
40
5. En este sentido, la
evolución de la ciencia social debe ser entendida como parte de un proceso más
global de la relación del hombre con la naturaleza: la suya propia, la
inmediata, la ambiental y el cosmos, solo aparentemente ausente de la dinámica
de humanización. Es decir, ésta debe ser entendida como un momento dentro de un
proceso más amplio de desarrollo de la subjetividad humana, compuesta por
individuos, clases sociales, etnias, géneros, instituciones y pueblos que están
construyendo el futuro siempre abierto de esta relaciones.
41
Desarrollo y
dependencia en el pensamiento social latinoamericano
CAPÍTULO 1. LA TEMÁTICA DEL
DESARROLLO: CONTINUIDAD Y CAMBIO
¿Qué lugar ocupó la
cuestión del desarrollo en el pensamiento social latinoamericano?. Como vimos
en la primera parte, ese pensamiento surgió dentro de un cuadro local y
regional, evolucionó en dirección a una contestación del pensamiento social de
los países centrales hasta ganar una universalidad que llevó a influenciar
otros esfuerzos teóricos libertarios en todo el mundo.
La temática del
desarrollo, bajo varias formas y presentaciones, ha sido una constante en el
pensamiento social latinoamericano. Durante el siglo XIX estuvo, en gran parte,
dominado por el debate sobre civilización y barbarie. La elite criolla veía que
sus países se retardaban cada vez más dentro de un mundo en evolución muy
rápida, en el que prevalecían los valores culturales de Europa Occidental. Ese
atraso parecía explicarse por la mayoritaria presencia cultural, social y
étnica no-europea. Dentro de la supuesta confrontación del Occidente avanzado y
el Oriente atrasado, los latinoamericanos se sentían más próximos del Oriente
de que del Occidente.
Esta percepción
derrotista asume también la forma de localizar a América Latina en un polo
negativo de la dicotomía entre moderno y arcaico, urbano y rural, entre
progreso y atraso. El concepto de progreso pasó a ser una de las categorías
fundamentales del pensamiento de las clases medias latinoamericanas, muy
influenciadas por la filosofía positivista de Auguste Comte. El positivismo
colocaba como meta histórica de la civilización el desarrollo de la industria,
la tecnología y la ciencia, cuya implantación sería el resultado de la acción
de una clase industrial.
42
El progreso que
América Latina no conseguía protagonizar fue visto, durante la segunda mitad
del siglo XIX, como el resultado de la importación del conocimiento científico
y las tecnologías y no como el desarrollo propio y autónomo de las mismas. La
ideología del progreso reflejaba el punto de vista de las clases medias que
buscaban estar al compás de los sectores medios y las clases dominantes de los
países centrales para los cuales América Latina exportaba materias primas y
productos agrícolas y de los cuales importaba manufactura y tecnología.
Esa visión
dicotómica comenzará a ser revisada entre las décadas de 1920–30, cuando se
consolida la perspectiva de la industrialización de la región. En consecuencia,
los pares dicotómicos comienzan a reformularse.1
En las décadas de
1940-50 se desarrolló el pensamiento de la CEPAL, que va a dar un fundamento de
análisis económico y un basamento empírico, así como apoyo institucional, a la
búsqueda de bases autónomas de desarrollo. Estas se definirán a través de la afirmación
de la industrialización como elemento aglutinador y articulador del desarrollo,
progreso, modernidad, civilización y democracia política.2 La
industrialización se afirmó sobre todo en Brasil, México, Argentina y, en
parte, en México y Colombia. Para sus liderazgos más modernos, la
industrialización era la llave del desarrollo. El atraso, lo arcaico, la
barbarie, eran resultado de la especialización de esas economías, volcadas
hacia la exportación de productos primarios. Algunos autores como Gilberto
Freyre denunciaban la monoproducción como destructora de las alternativas
económicas. Otros denunciaban el capital extranjero, que tuvo un papel muy
importante en la creación del sector exportador de
1Ruy Mauro Marini,
con la colaboración de Margara Millán, realizó entre 1993 y 1995 un Seminario
Interno Permanente del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de
Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM) sobre
la teoría social latinoamericana, que comienza exactamente por los autores de
la década de 1920, como Ramiro Guerra en Cuba, José Carlos Mariátegui y Haya de
la Torre en Perú. En razón del contexto mexicano en que se desarrolló el
seminario, faltó la profundización de la contribución brasileña de Gilberto
Freyre, cuya interpretación de Brasil y de finales de la década de 1920 (sin
hablar de otras figuras importantes en la fundación de las ciencias sociales
brasileñas, argentinas y chilenas). Ese defecto fue en parte corregido en la
antología sobre el pensamiento latinoamericano que preparamos (Ruy Mauro Marini
y yo), para UNESCO, publicada por la CRESAL-UNESCO, Caracas, 1999.
2 Ver, sobretodo, la
antología organizada por Adolfo Gurrieri: La Obra de Prebisch en la
CEPAL, 2 Vols., Fondo de Cultura Económica, México, 1982, y la selección
oficial de la CEPAL, Cincuenta Años de pensamiento en la CEPAL, 2
Vols., Fondo de Cultura Económica, México, 2000.
43
varios países, por
convertirse en verdaderos “enclaves externos”, que no producían ningún efecto
sobre el conjunto de las economías nacionales. Las inversiones en los sectores
exportadores no crearon “economías externas”. Se consolida así la noción de subdesarrollo
como una situación económica, social, política y cultural en la cual se
mezclan, de forma negativa, el “enclave”, la monocultivo, la cuestión racial,
el colonialismo interno, el llamado “dualismo” económico. Estos diversos
elementos actúan unos sobre otros y configuran una situación de atraso y
subdesarrollo, un círculo viciosos que era necesario romper para conseguir
avanzar rumbo al desarrollo.
Sin embargo, el
conjunto de transformaciones asociadas a la industrialización era encarado bajo
el título de revolución burguesa. Gran parte de la problemática del desarrollo
se inscribía en la cuestión de la necesidad de una Revolución burguesa en América
Latina. Era su ausencia lo que explicaba el atraso en la región. La re-volución
burguesa también se relacionaba a la cuestión agraria, vista bajo dos aspectos.
De un lado, la destrucción del latifundio como fuerza política y económica, que
fundaba el dominio de las oligarquías rurales y de los sectores volcados hacia
la exportación de productos primarios.
Tenía, por lo
tanto, un contenido político, social y económico: la lucha contra el
latifundio. Por otro lado, el latifundio era mostrado como generador de
desigualdades económico-sociales y un bloqueo al desarrollo del campesinado y a
la constitución de un mercado interno.
La reforma agraria
aparecía, por lo tanto, como una solución para esos dos grandes problemas, y
tenía antecedentes históricos extremamente importantes en la región, como la
Revolución Mexicana, que ejerció una gran fuerza de irradiación ideológica
sobre todo el continente. Esta revolución se desdobló en las luchas
revolucionarias de la década de 1910, en las luchas por la creación del Estado
moderno, nacional y democrático alcanzado a través de la Constitución mexicana
de 1917. Esta afirmaba el principio de la reforma agraria, de la propiedad
nacional de los minerales y de las riquezas nacionales; del Estado como
regulador de la economía y del progreso vinculado a las transformaciones
sociales, económicas y políticas.
La irradiación de
los ideales de la Revolución Mexicana se hizo aún más importante en la década
de 1930, cuando el gobierno de Cárdenas los profundiza y radicaliza, llevando
la reforma agraria a un campo más amplio, intentando desarrollar las
cooperativas y los ejidos mexicanos, inspirados en la revolución rusa. Por
medio de la nacionalización del petróleo, Cárdenas afirmaba el principio del
monopolio estatal de las riquezas nacionales y, a través de la instauración del
plan económico, defendía la necesidad de que el Estado conduzca el proceso de
industrialización.
44
Con la afirmación
de las centrales campesinas y obreras como fuerzas fundamentales de la
conducción del Estado mexicano, se configuraba un cuadro político en el que la
democracia liberal sería sustituida por una democracia participativa, donde la
organización política y sindical de los trabajadores constituía una de las
bases fundamentales de otro concepto democrático muy inspirado en los procesos
revolucionarios mundiales socialistas, que se consagraban en el proceso
mexicano por medio de la idea de la educación socialista.
La irradiación de
la influencia mexicana se cristaliza en figuras como Haya de la Torre, fundador
del APRA peruano, que afirmaba el concepto de la Indo América. En él y otros
líderes políticos de la región, la cuestión social, racial, étnica y cultural se
mezclaban para afirmar la autonomía de las naciones latinoamericanas. Esta
autonomía se fundaba en la afirmación de las poblaciones indígenas, tesis que
expandirá su radio de influencia hasta los partidos comunistas, que tendrán que
adaptar la ideología de la Tercera Internacional a las condiciones específicas
del Tercer Mundo, en general, y de América Latina en particular. En la
tentativa de imitar la discusión que se llevaba a cabo en Asia (sobretodo en la
India y China), se procuraba buscar en América Latina una población autóctona,
dominada por los europeos, por la colonización y por el imperialismo. Las
poblaciones indígenas aparecían como la fuente de una lucha social que sería
también económica y política. En la década de 1920, Mariátegui lograría demostrar
que la cuestión indígena tenía su fundamento en la cuestión agraria, Mella
destacaría el papel de los movimientos estudiantiles y Ponce colocaría en
primer plano la necesidad de la educación.
Pero el marxismo
latinoamericano no puede escapar de ese contexto más global formado por el
pensamiento democrático latinoamericano que se había desarrollado durante el
siglo XIX, particularmente hacia el final, en autores como Martí y Hostos, que
luchaban por la afirmación nacional, antiimperialista y anticolonial en Cuba y
Puerto Rico.3 Independiente de los debates sobre cuestiones específicas, el
cuadro, en su conjunto, era caracterizado por la necesidad de pasar por una
revolución burguesa en América Latina. Esta revolución burguesa necesitaba de
una clase protagónica, que sería una burguesía industrial nacional. Las fuerzas
sociales y movimientos de izquierda, particularmente los movimientos
comunistas, alcanzaron su auge político en América Latina entre las décadas de
1930-50. En esta época, la Unión Soviética, como gran potencia industrial y
vencedora de la Segunda Guerra Mundial, atrajo el apoyo de la intelectualidad,
de gran parte de la tecnocracia, de sectores de la industria (inclusive
empresariales) como un modelo de solución de los
3 Un bello cuadro de la formación de la
conciencia nacional y continental en América Latina se encuentra en Ricarte
Soler, Idea y Cuestión Nacional Latinoamericanas, Siglo XXI
Editores, México, 2000.
45
problemas de atraso
económico a través de la planificación. Algunos autores apelaban al concepto de
Schumpeter, del empresariado innovador, para caracterizarlo como protagonista
de esa revolución. Se trataba de superar un cuadro histórico marcado por las
“sobre vivencias feudales” o pre-capitalistas interpretadas de varias maneras.
Sin embargo, durante las décadas 1930-40, la condición de exportadora de
materias primas, de productos primarios, agrícolas, etc. se va a constituir,
cada vez más, en el obstáculo económico crucial al desarrollo de la región.
46
CAPÍTULO 2: LA CEPAL Y LA
SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES
La afirmación de
este punto de vista industrialista se hace aún más claro con la creación, 1947,
de la CEPAL, bajo el liderazgo de Raúl Prebisch. Él profundiza la crítica sobre
el sector exportador como principal obstáculo al “desarrollo económico”. Este
enfoque sustituía en gran medida el concepto de revolución burguesa.
La CEPAL era una
organización emanada de los gobiernos latinoamericanos y un órgano encargado de
la propuesta de políticas y asesoría a gobiernos. Sus estudios se concentran en
las políticas capaces de viabilizar el proceso de industrialización, buscando
superar los obstáculos del desarrollo. Sus propuestas de políticas preservaban,
sin embargo, las estructuras de poder existentes.
Ello porque el
desarrollo industrial de la región se tornaría dependiente del sector
exportador, a través del proceso de sustitución de importaciones. Este proceso
fue resultado de una situación histórica y después pasó a ser sistematizado en
el ámbito teórico y conceptual. Esto fue resultado de algo que André Gunder
Frank señaló con mucho énfasis en sus estudios sobre América Latina: las
dificultades generadas por las crisis globales del capitalismo mundial. En
particular, la crisis de 1929 tuvo un efecto limitante sobre el comercio
mundial, que en aquella época cayó en cerca de 50%, lo que provocó la
disminución de las importaciones de la región.
Celso Furtado
también mostró cómo la política de financiamiento de los stocks de café en
Brasil mantuvo el ingreso medio del país durante la crisis de 1929 y, por lo
tanto, la demanda interna. En otros países se buscó preservar al máximo el
poder interno de compra. Se creó así un proteccionismo espontáneo como
consecuencia de la crisis económica mundial, que viabilizó el desarrollo de la
industria nacional, la cual pasó a sustituir gran parte de los productos que se
importaban anteriormente.
La Primera y
Segunda Guerra Mundial cumplieron el papel de limitantes de las importaciones,
pero al mismo tiempo, funcionarían como estimuladoras de las importaciones. En
este sentido, fueron coyunturas extremamente favorables a la sustitución de
importaciones.
Algunos autores,
entre los cuales me coloco, llamaron la atención sobre las crisis del siglo XIX
que no producirían un efecto importante en términos de industrialización porque
la etapa del desarrollo manufacturero de la región latinoamericana era todavía
muy débil, impidiéndole aprovechar las circunstancias.
47
Por otro lado, las
grandes expansiones económicas mundiales en la década de 1850-60 y en el
período de 1895-1914 van a restaurar profundamente la economía de nuestra
región a favor de las exportaciones de productos agrícolas y materias primas
demandadas por la economía europea (y posteriormente también la norteamericana)
en plena expansión.
El fenómeno de la
sustitución de importaciones surgió como resultado de las crisis y
contradicciones del comercio mundial y comenzó a ser objeto de sistematización
teórica y política en la década de 1930, cuando, en un artículo muy importante
en el Boletín del Ministerio de Industria, Comercio y Trabajo,
Roberto Simonsen (el gran historiador económico y líder industrial brasileño)
lo describió por primera vez.
En la década de
1950, la CEPAL estudió las particularidades del proceso de sustitución de
importaciones: éste se inicia por la sustitución de importaciones de productos
de consumo, sobretodo de elite, que luego se ven saturados. Pero en la década
de 1940, la sustitución de importaciones se orienta hacia los bienes de consumo
durables, y solamente en una última etapa, ya en 1960, se da inicio a una
sustitución en el sector de maquinarias. Esa característica del proceso de
industrialización con base en la sustitución de importaciones, hizo que el
crecimiento industrial dependiera enormemente de las divisas obtenidas con las
exportaciones. Esas divisas fueron, en algunos casos, radicalmente expropiadas
de los exportadores y apropiadas por el Estado para servir al proceso de
industrialización. Este es el caso típico de Brasil, donde la estatización del
comercio exterior se afirmó definitivamente en la década de 1930, apropiándose
el Estado de las divisas obtenidas con las exportaciones y pagando a los
exportadores en moneda nacional.
Esa política fue
objeto de reacción la latifundista y comercial exportadora, que denunciaba la
llamada “confiscación cambial”. La política cambial pasó a definir el valor de
la moneda nacional frente a las monedas nacionales a través de las tasas de
cambio diferenciadas y administradas, generando un profundo efecto sobre la
riqueza del sector exportador. Este recibía en moneda nacional el resultado de
sus exportaciones y estaba obligado a comprar en el mercado interno sus
productos de consumo y en él realizar sus inversiones.
La articulación
estructural de sobre vivencia del sector exportador y la industrialización va a
configurar una alianza política muy propia de los países latinoamericanos, en
los cuales encontramos una política de sobre vivencia del latifundio apoyada
por la burguesía industrial. Esta quedó limitada en su dimensión
revolucionaria, teniendo que abandonar la perspectiva de una confrontación con
las oligarquías tradicionales y de una distribución de renta en el campo que
generase un mercado interno más significativo. Ella no fue capaz de vender
medios de producción y productos de consumo para la masa campesina y así
aumentar la capacidad productiva de los países a través de la expansión de su
demanda interna. Se creó, en consecuencia, un bloqueo estructural al desarrollo
económico de la región.
48
Esta limitación
estructural se refleja claramente en el pensamiento de la CEPAL. Representando
en gran medida esa burguesía industrial, la CEPAL procuró salidas que no
afectasen la cuestión agraria y que permitiesen expropiar recursos del
latifundio con mecanismos de intervención estatal, sin llegar al
enfrentamiento. Uno de esos mecanismos fue la inflación, que permitía una
política de precios relativos favorable al sector industrial. Otro mecanismo,
como vimos, fue la nacionalización de las divisas y la política cambial.
Finalmente, fueron usados recursos basados en la intervención directa del
Estado en la economía rural, con subsidios a la producción exportadora,
mientras se protegían, al mismo tiempo, los productos agrícolas de consumo
popular, con fijación de precios que aseguraban el apoyo de las camadas urbanas
más carentes.
La naturaleza
capitulacionista de la burguesía en la región se mostraba también en su actitud
conciliadora frente al capital externo. A pesar de reconocer su carácter
expoliador, ella necesitaba del mismo debido al control que ejercía éste sobre
la tecnología y sobre los mercados internacionales, dominados por poderosos
cárteles y monopolios. El capital internacional dominaba gran parte de los
sectores volcados hacia la exportación, energía, transportes, comunicaciones y,
en algunos casos, hacia la industrialización de los productos exportados o aún
más, hacia la exportación de estos productos.
En este cuadro, el
capital internacional aparecía como un aliado de la estructura latifundista o
minero-exportadora, de la economía de monocultivo, del latifundio que mantenía
relaciones de trabajo semi serviles que se caracterizaban, en general, como “pre-capitalistas”.
André Gunder Frank tuvo un papel extremamente positivo al caracterizar, en la
década de 1960, esas economías como una modalidad de capitalismo creada a
partir de la evolución de la economía mundial y de la división internacional
del trabajo. Es verdad que esta modalidad de capitalismo dependiente y
subordinado, estaba bajo la hegemonía del capital mercantil y no desarrollaba
elementos esenciales para el avance del capitalismo, como el régimen asalariado
y la formación de un proletariado moderno. Pero no nos olvidemos que el primer
proletariado latinoamericano surgió ligado al sector exportador. Las primeras
manifestaciones de las clases trabajadoras en la región están asociadas,
notoriamente, a los centros mineros donde se constituyó un proletariado minero
con cierto grado de organización, cuyos ejemplos más brillantes se encuentran
en Chile y Bolivia. Fue aún en el sector ferroviario volcado hacia el
transporte de las exportaciones, que surgió otra categoría fundamental del
movimiento sindical latinoamericano. Fueron los asalariados agrícolas de la
United Fruits que marcaron, en América Central y el Caribe, su presencia
revolucionaria en la década de 1920-30.
Un puñado de
obreros industriales sólo se constituye a fines del siglo XIX y durante los
años de la Primera Guerra Mundial. Su carácter artesanal se expresaba en la
orientación ideológica anarquista que predominaba en la región hasta fines de
la década de 1920. Solamente en la década de 1930 comienza a afirmarse una
industria nacional, con la formación de trabajadores textiles, metalúrgicos y
de un sindicalismo industrial urbano.
49
La burguesía
industrial latinoamericana, que nacía del proceso de industrialización de las
décadas de 1930-40, se veía en una situación difícil con relación al capital
internacional. Ella aspiraba a sustituirlo, pero no tenía el conocimiento
tecnológico ni el peso financiero para enfrentar las grandes inversiones que se
hacían necesarias para asegurar la competitividad en una fase más avanzada del
desarrollo tecnológico. De ahí que se haya apoyado en el Estado para cumplir
gran parte de estas funciones, sobretodo en aquellos sectores donde al capital
internacional se rehusaba a invertir. El caso más típico es el del petróleo en
América Latina, que era considerado por los centros estratégicos mundiales más
como una reserva de Estados Unidos de que como una zona a ser explotada. Esto
trae como consecuencia que el capital internacional no se interese por la
inversión petrolera, excepto en el caso de Venezuela, donde este recurso
existía a flor de tierra, abundante y barato. Era pues natural que el capital
internacional surgiese como una restricción a la industrialización de la región
y en apoyo al sector exportador y a la oligarquía rural, minera y comercial
exportadora.
Se trataba, por lo
tanto, de orientar la inversión internacional, y esta es la problemática que la
CEPAL intentará enfrentar, conceptual y prácticamente, al colocar el capital
internacional como elemento de apoyo esencial al desarrollo económico e industrial
de nuestros países. El capital internacional aparecía como un complemento al
ahorro interno necesario para la industrialización. En la práctica, el capital
internacional podría traer del exterior maquinaria, un sistema de producción,
una tecnología que el capital nacional no tenía, pero raramente se disponía a
traer los recursos para su funcionamiento en la economía local. Por el
contrario, éste buscaba apoyarse en los ahorros internos de los países donde
invertía con el objetivo de financiar su instalación. Necesitaba, por ejemplo,
de una amplia infraestructura energética, de comunicaciones, carreteras, etc.,
que cabría a los países huéspedes viabilizar. En este sentido, se realizaron
varias misiones norteamericanas en los años de post-guerra, con el objetivo de
promover la creación de esa infraestructura de energía y transportes capaz de
sustentar la entrada maciza de las inversiones industriales en las décadas de
1950-60.
El pensamiento
económico de la CEPAL seguía un camino paralelo a esas tendencias históricas.
En la década de 1950, se concentró en la crítica a la exportación de productos
primarios, mostrando sus límites históricos a través del mecanismo de pérdida
de términos de intercambio. Mostró inclusive que la hegemonía del sector
exportador, tal como se configuraba, era un obstáculo al proceso de
industrialización. Pero al mismo tiempo, mostraba que era necesario extraer
excedentes del sector exportador para transferirlos a la industria. Esto exige
mecanismos de intervención indirectos, como la inflación, que permitiesen una
política de precios relativos, pero favorable al sector industrial urbano o a
la Intervención directa del Estado (generando recursos por vías a veces
deficitarias) para viabilizar el proceso deindustrialización.
50
Estamos por lo
tanto en un contexto bastante nuevo. La temática del desarrollo tal como se
presenta en las décadas de 1950-60, bajo la influencia del pensamiento
cepalino, se aparta del debate entre civilización y barbarie, entre moderno y
arcaico, entre progreso y atraso para producir un debate más consistente en
términos de desarrollo y subdesarrollo, entre una estructura industrial
moderna, con todas sus consecuencias sociales y políticas, en oposición a una
estructura agraria o minera, que debería ser progresivamente sustituida.
51
CAPÍTULO 3: LA REVOLUCIÓN
BURGUESA Y LA NUEVA DEPENDENCIA
En el ámbito de la
izquierda, particularmente en el Partido Comunista, la misma cuestión se
colocaba bajo el concepto de la necesaria “revolución democrático-burguesa”. Se
afirmaba la necesidad de una burguesía nacional que debería ser apoyada por el
movimiento proletario obrero, urbano y campesino, para realizar las
transformaciones democrático burguesas que viabilizarían el progreso de esas
regiones. El movimiento obrero se afirmaba dentro de la sociedad democrática
nacional.
La visión de la
revolución democrática se desdoblaba en enfoques más o menos radicales: desde
aquellos que afirmaban que la revolución democrático burguesa debería ser
dirigida por la burguesía nacional a aquellos que decían que el movimiento
obrero y el movimiento campesino debería asumir el liderazgo, ya sea empujando
a la burguesía, ya sea asumiendo directamente las tareas de la revolución. Esta
problemática alcanzó su auge en las décadas de 1950-60, cuando se agregaron a
ella la cuestión del capital internacional y el papel del imperialismo.
El raciocinio era
complejo. Esta revolución democrático-burguesa era nacional y democrática. Para
afirmarse tenía que contener el papel del imperialismo como fuerza sustentadora
de los sectores exportadores oligárquicos y anti -industrialistas. ¿Pero qué
posición tomar con relación al imperialismo ligado al sector industrial, es
decir, al capital internacional que pasaba a invertir en el sector industrial?
En este caso, las posiciones eran todavía vacilantes y confusas. La tendencia
era aceptar el capital internacional, pero someterlo a cierto control para
contener la salida de lucros por éste obtenidos y obligarlo a tener un papel
subsidiario al desarrollo industrial de la región.
En este contexto se
inició una reinterpretación de la revolución burguesa en la región y de las
economías llamadas “pre-capitalistas”. Fue necesario repensar el papel del
desarrollo capitalista en la región y situar su evolución económica en el
cuadro de expansión del capitalismo mercantil europeo, particularmente
portugués y español. Posteriormente el capital mercantil se ve sustituido por
el capital manufacturero y posteriormente industrial holandés, francés, inglés
y norteamericano. Fue necesaria, inclusive, una profunda revisión en el enfoque
de nuestra historia, procurando mostrar que las relaciones esclavistas y
serviles fueron establecidas por el capital comercial, que posteriormente se
combinaron con los intereses del capital industrial moderno, que necesitaba de
materias primas y productos agrícolas a precios bajos. Se generó entonces un
tipo de servilismo y esclavismo modernos, muy diferentes del esclavismo clásico
y del régimen servil feudal. Era necesaria una discusión profunda sobre el
pasado supuestamente feudal de la región.
52
Los estudios que ya
habían sido producidos en las décadas de 1930-50, como la historia económica de
Roberto Simonsen, o los trabajos del historiador argentino Sergio Bagú sobre el
régimen colonial, los de Luis Vitale sobre el capitalismo en Chile, los de Caio
Prado Junior sobre la colonización y la cuestión agraria en Brasil, los de
Celso Furtado sobre el papel del sector exportador; formaban un conjunto de
críticas contundentes a la tesis del carácter feudal de la economía colonial.
André Gunder Frank se va a apoyar en esas investigaciones para incitar un
cambio de paradigma, al afirmar que no se podía hablar de una economía feudal
en la región, pero sí de modalidades de expansión del capitalismo comercial, y
después, del capitalismo industrial.
Frank ofreció, sin
embargo, un modelo de interpretación de esas relaciones internacionales que
buscaban articular los varios niveles de la colonización interna y de
extracción de excedentes para el exterior, desde las regiones más distantes,
pasando por las centralizaciones locales, regionales y nacionales, para
terminar en las manos del capital internacional. Él denunciaba la existencia de
un brutal proceso de extracción de excedentes de la región que inviabilizaban
su desarrollo económico. Al contrario de lo que se decía entonces, el dominio
del capital internacional generaba un proceso de expropiación de sus riquezas,
en vez de ser un proveedor de capital y colaborar con el desarrollo económico
de la región.
Esta constatación
va a ser formulada, repensada y rearticulada muchas veces por el pensamiento
latinoamericano, que intentó escapar del radicalismo expresado en la visión
inicial de Frank. Se buscó balancear la relación entre la entrada de capitales
externos, sobre la forma de maquinaria, tecnología, etc., y la expropiación de
las riquezas de la región, bajo la forma de retirada de lucros y de precios
relativos desfavorables para el sector agrario y minero. Esta revisión de
conjunto tenía implicaciones muy grandes en lo que se refiere al papel de la
burguesía nacional. Algunos autores como Frank, buscaban afirmar la
inexistencia de esa burguesía nacional; otros, como yo mismo y Fernando
Henrique Cardoso, destacábamos su creciente compromiso con el capital internacional.
Así como el grupo
de investigación con el cual trabajé (ver sobre todo el estudio de Vania
Bambirra, El Capitalismo Dependiente de América Latina, Siglo XXI,
México), yo opté por la segunda visión, intentando demostrar que
entre las décadas de 1920-50 se buscó afirmar una burguesía nacional de base
industrial en la región. Esta estuvo en la raíz del Cardenismo, dio origen al
pensamiento de la CEPAL y a modelos ideológicos bastante sofisticados, como el
ISEB en Brasil. Influenció visiones más pequeño burguesas como la Alianza
Popular Revolucionaria Americana (el APRA peruano), que se presentó bajo varias
modalidades en el resto de la región. Sirvió de inspiración y apoyo a los
movimientos de tipo populista, de afirmación nacional democrática, desde sus
formas más radicales, como la Revolución Mexicana, en sus varios
desdoblamientos – sobre todo a través del cardenismo – hasta figuras menos
radicales, más conservadoras, como Perón o
53
Vargas. Todas ellas
formaban parte, sin embargo, de una visión nacional y democrática. Ambos
conceptos eran vistos como instrumentos y condición sine qua non de
afirmación de los pueblos, como condición de su desarrollo económico.
Este enfoque
histórico-crítico fue desarrollado por la teoría de la dependencia en trabajos
míos o del grupo del CESO de la Universidad de Chile y tuvo uno de sus momentos
más brillantes en la obra de Ruy Mauro Marini, en 1967, en su visión del
sub-imperialismo, que mostraba que la implantación de las economías
industriales en varios países latinoamericanos daba origen al surgimiento del
capital financiero en la región. Este capital financiero no se contentaría, sin
embargo, con la modalidad de desarrollo local, sino aspiraría a un desarrollo
regional, a la extracción de excedentes fuera de sus fronteras, y buscaría una
conciliación con el capital internacional, algún tipo de alianza para poder
afirmarse como capital financiero. Este era el caso que se configuraba con
mucha claridad en Brasil, que se encontraba en ese momento, muy adelantado en
ese proceso.
Al mismo tiempo, yo
buscaba mostrar que los ciclos económicos latinoamericanos – hasta la década de
1950, extremamente vinculados al ciclo de la economía mundial y sus efectos
sobre las producciones agrícolas y mineras – cambiaban de carácter a partir de
esta misma década. Debido al avance de la industrialización, los ciclos pasaban
a mostrar modalidades endógenas, ciclos de cuatro a diez años, que ya
reflejaban la interiorización de una industria de maquinaria con dinámica
tecnológica propia y consecuente forma cíclica.
Busqué también
demostrar que el avance del sector industrial demandaba la necesidad de
establecer una nueva política frente al capital internacional. Este venía a
sustituir el capital nacional en el proceso de industrialización, trayendo
tecnologías, financiamiento y padrones de competitividad de economías que ya
tenían productos tecnológicamente maduros. Era inevitable, por lo tanto, que el
capital internacional sometiese al nacional a su dinámica, lo que reflejaba la
fuerza emergente de una economía mundial basada en un nuevo tipo de empresa
multinacional. Debo recordar que fui el primero en analizar la expansión de la
empresa multinacional en América Latina, sobre todo en libro El Nuevo
Carácter de la Dependencia (CESO, Santiago, 1967).
Este conjunto de
nuevos estudios llevaba a una reformulación de orden teórico global y exigía
una metodología de análisis que situase la historia de América Latina en el
contexto de expansión del sistema capitalista mundial y que visualizase, por lo
tanto, el surgimiento de esas economías como una modalidad específica de
expansión del capitalismo en el ámbito mundial. Esa modalidad específica se
redefinía en cada país, en cada región, en cada localidad, de acuerdo con las
estructuras económicas y sociales encontradas por los colonizadores
54
que venían a
implantar las economías exportadoras. Los intentos de resolver las limitaciones
de las economías locales llevaron, inclusive, al comercio esclavo africano,
dando origen a un violento proceso de trasplante de gran parte de la población
africana hacia América Latina, el Caribe y el Sur de los Estados Unidos para
construir una economía exportadora del Caribe hacia el Atlántico Sur.
Se creó, así, un
gran complejo económico dominado inicialmente por el capital comercial
manufacturero, que dio origen a la implantación de un moderno sistema
manufacturero agrícola exportador. Los ingenios de azúcar no pueden ser
considerados solamente una economía agraria tradicional o feudal, sino una
economía moderna volcada hacia la exportación y la producción mercantil en alta
escala. Esta economía va a evolucionar a una nueva fase con la expansión del
capital industrial en Europa y la reconversión de esa región para atender las
nuevas demandas del proceso de industrialización europeo.
Todo ésto formaba
un nuevo contexto de orden global, que redefiniría las perspectivas de la
región latinoamericana. Los países que buscaron salir de este contexto y en los
cuales se desarrollará una economía interna – con distribución de renta y
formación de un mercado interno a través de soluciones políticas propias y
creativas – fueron simplemente destruidos. Esto ocurrió con las misiones
indígenas jesuitas, destruidas por la corona hispano-portuguesa, las rebeliones
de ciertos polos manufactureros en toda América Latina durante los años que van
de 1840 a 1852, o aún con la economía manufacturera de Paraguay, país arrasado
por una guerra genocida, conocida en Brasil como la Guerra del Paraguay. Estos
regímenes manufactureros eran todavía insipientes y no tenía fuerza para
sobrevivir a la fuerza de la expansión de la economía mundial, que entraría en
un ciclo de desarrollo extremamente exitoso de 1850 hasta 1871-75.
Los mercados
internos locales crearían economías más fuertes solamente en la época de las
crisis largas de período de 1871-75 a 1895 y de la iniciada con la guerra de
1914, que se desdoblará en la crisis de 1929 y en la Segunda Guerra Mundial. En
este período se establecerán, como vimos, condiciones para el inicio de un
proceso de industrialización en la región, bajo la modalidad de sustitución de
importaciones. Pero la naciente economía industrial va a enfrentar, después de
la Segunda Guerra Mundial, el fenómeno de la reestructuración de la economía
mundial, bajo la hegemonía norteamericana.
Esta
reestructuración se basó en la implantación de la revolución científico técnica
y en la expansión y difusión mundial de las tecnologías de producción masiva,
particularmente en el sector de bienes durables. Esta expansión creó una nueva
fase de inversiones, que partía de los centros creadores de esa tecnología
hacia el exterior. Por un lado, se trataba de modernizar y aumentar la
competitividad de esos centros, sustituyendo un parque industrial envejecido en
25 años de depreciación económica (1918 a 1940-45). Por otro lado, se
55
trataba de
aprovechar la creación de nuevas industrias de bienes durables que servían de
soporte a estas nuevas inversiones internacionales.
En las décadas de
1950-60, el proceso de industrialización de los países dependientes todavía
continuaba sustituyendo importaciones pero, en muchos casos se pasó a producir
productos completamente nuevos introducidos por el capital internacional. El
fortalecimiento de las barreras tarifarias establecidas en las décadas de
1930-40 había creado condiciones favorables para las industrias nacientes en
los países en desarrollo. El capital internacional procuró entonces saltar las
barreras arancelarias para invertir al interior de esos mercados protegidos y
beneficiarse de sus ventajas. De esta forma el capital internacional abandonaba
su base de inversión tradicional en los sectores primario-exportadores para
invertir en manufacturas volcadas hacia el mercado interno de los países
dependientes y subdesarrollados.
El surgimiento del
capital internacional en el campo industrial creaba una nueva realidad para el
pensamiento ideológico de la región y generaba un realineamiento de fuerzas que
se fue produciendo en un amplio proceso de luchas en la década de 1950. Estas
luchas fueron marcadas por las revoluciones boliviana (1952), ecuatoriana
(1954), venezolana (1958) y cubana (1958 -59), todas volcadas contra las viejas
oligarquías primario-exportadoras y los regímenes autoritarios que las
sostenían. Estos procesos revolucionarios sufrieron una sangrienta oposición
del capital internacional y particularmente del gobierno norteamericano cuando
intentaron nacionalizar el sector exportador y dividir la tierra a través de la
reforma agraria. Durante este período se acentúa también la lucha de las
fuerzas aliadas al capital internacional contra los liderazgos y movimientos
populistas que mantenían un proyecto nacional democrático. Entre ellas se
desatacaron la deposición de Perón (1955) y la tentativa de impeachment de
Vargas, que lo llevó al suicidio (1954).
A fines de la
década de 1950, se consolidó en los Estados Unidos la visión de que la
implantación de un proceso de desarrollo necesitaba de una elite militar,
empresarial y hasta sindical que estableciese un régimen político fuerte, claro
y modernizador. Esa visión se expresó en el libro de Johnson Johnson sobre las
clases medias latinoamericanas y formó parte de un proyecto político de
intervención en la región, que tuvo una de sus principales bases en la
Universidad de Stanford, en California.
El golpe de Estado
de 1964 en Brasil fue el momento fundador de ese nuevo modelo. Este consiguió
contener la burguesía nacional más importante del hemisferio occidental, que
tenía aspiraciones de ser un poder internacional o por lo menos regional
significativo, en razón de la extensión de su país y de las riquezas
internacionales. En sustitución de ese proyecto nacional, el régimen militar
creado en 1964 dio origen a una modernización fundada en la alianza e
integración de esa burguesía al capital internacional, consagrando un
56
tipo de desarrollo
industrial dependiente, subordinado a las modalidades de expansión y de
organización del capitalismo internacional, que sometían los centros de
acumulación locales a la lógica de expansión del centro hegemónico mundial. A
partir de entonces, por medio de golpes militares sucesivos, se sometieron las
burguesías locales a la condición de socios menores del capital internacional,
lo que las llevó a abandonar sus perspectivas de independencia nacional y
pretensiones de desarrollo tecnológico propio.
Estos golpes se
basaron en el terror y la tortura, en formas cada vez más duras de acción
terrorista de Estado. Se trataba de una nueva modalidad de fascismo. El
concepto de fascismo no está necesariamente asociado a la existencia de
partidos o movimientos fascistas. El fascismo se impuso en toda Europa en la
década de 1930, sin contar con partidos fascistas importantes en la mayoría de
los países. Se trataba de un régimen del capital monopólico, basado en el
terror. Eso fue exactamente lo que se desarrolló entre 1964 y 1976 en América
Latina y otras regiones del Tercer Mundo. En las regiones donde todavía
sobrevivía alguna condición democrática, esa modalidad de fascismo provocó la
unión de fuerzas para actuar sobre el sistema económico mundial en busca de
mejores condiciones de negociación para los países dependientes.
57
CAPÍTULO 4. EL NUEVO ORDEN
ECONÓMICO MUNDIAL: OFENSIVA DEL TERCER MUNDO
Fue sobre
inspiración de Raúl Prebisch que se creó la UNCTAD a inicios de la década de
1960, para articular las reivindicaciones económicas del Tercer Mundo. Fue el
gobierno venezolano de Andrés Pérez que nacionalizó el petróleo de ese país y
dio origen a los países exportadores de Petróleo (OPEP), cuya acción de
rehabilitación del precio del petróleo sacudió la economía mundial en 1973. Fue
el presidente Echeverría, de México, que buscando retomar los principios del
cardenismo propuso y consiguió aprobar en las Naciones Unidas la Carta de
Derechos Económicos de las Naciones Unidas y creó el Sistema Económico
Latinoamericano (SELA).
Esos cambios
expresaban el surgimiento, en la arena mundial, de los nuevos estados
post-coloniales, que generaron un avance en el tercer mundo como polo
ideológico. A este se sumaba el avance de los países socialistas, en la medida
en que muchos de los procesos de transformación del Tercer Mundo se dirigían
cada vez más hacia una transición socialista. Esos cambios se manifiestan sobre
todo en la creación de los No-Alineados, que buscaba articular políticamente el
Tercer Mundo, refugiándose ideológicamente en las tesis lanzadas en 1955 por la
Conferencia de Bandung. Esta conferencia desencadenó un profundo movimiento
ideológico, diplomático y político que significó un intento de repensar el
mundo bajo el punto de vista de aquellos países que habían sido subyugados al
régimen colonial por más de doscientos años y que regresaban al terreno
internacional como estados modernos, apoyados sobre las grandes civilizaciones
de la humanidad. Esa nueva realidad exigía una profunda revisión de la economía
mundial.
La década de 1970
estuvo marcada por la contra ofensiva de la Comisión Trilateral, con el
objetivo de unir Estados Unidos, Europa y Japón contra la ofensiva del Tercer
Mundo y del campo socialista, apoyándose en la política de derechos humanos del
presidente norteamericano Jimmy Carter. Se trataba de producir una
desvinculación activa entre las democracias occidentales y los gobiernos
dictatoriales de base militar que habían inspirado hasta hacía poco tiempo.
Esos regímenes habían cumplido su papel represivo y ahora tendían a desarrollar
pretensiones nacionalistas inaceptables para una economía mundial en
globalización.
La política de
liberalización conservadora persistió en la década de 1980 bajo el ejido de los
gobiernos conservadores de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, con el apoyo de
Helmut Kohl en Alemania y varias experiencias de políticas neoliberales
fundadas, en 1989, en el Consenso de Washington. En este consenso se unían el
FMI, el Banco Mundial y otras agencias internacionales para imponer el “ajuste
estructural” a los países dependientes, cercados por un brutal incremento de la
tasa de interés internacional, que convertiría sus elevadas deudas externas en
fantásticas succionadoras de sus excedentes
58
económicos,
llevándolos al estancamiento e inclusive al retroceso económico-social. Todavía
está por ser evaluada definitivamente la profundidad de las transformaciones
producidas en la economía mundial en la década de 1980. Sobre ello escribí
artículos intentando explicar la base de la recuperación económica que se dio
en la economía mundial entre 1983-87, la cual se apoyó en el déficit fiscal
norteamericano, que lanzó sobre la economía mundial una demanda de centenas de
miles de millones de dólares, permitiendo una reactivación de la economía
mundial que dejaba para el futuro la cuestión del déficit fiscal
norteamericano, con todos los desdoblamientos que vimos en la década de 1990,
entre los cuales está la crisis que se abatió sobre la economía mundial entre
1989-1994.
En este contexto,
la teoría de la dependencia fue atacada por la derecha y por la izquierda. De
la izquierda, este ataque provenía del sector que afirmaba que la teoría
representaba una especie de evolución del pensamiento de la CEPAL, al mantener
la importancia de cuestiones como capital internacional, economía exportadora y
la división internacional del trabajo. Según ellos, se trataba del predominio
de los elementos ligados a la circulación económica sobre el estudio del
sistema productivo. Para esos críticos, el centro del debate tendría que estar
en la cuestión del modo de producción y de las relaciones de clase social, como
si las clases sociales no se constituyeran al interior de los modos de
producción y de los sistemas económicos y formaciones sociales concretas.4
4 Sobre el debate
hasta el año de 1977, particularmente en América Latina, ver el capítulo XIX de
mi libro Imperialismo y Dependencia (Era, México, 1978). Mis
reflexiones recientes están en Democracia y Socialismo en el
Capitalismo Dependiente (Vozes, Petrópolis, 1991). El libro de
Cristóbal Kay, Latin American Theories of Development and Underdevelopment
(Routledge, Londres 1989) ofrece el mejor resumen de los debates del período y
su artículo “For a renewal of developmente studies: Latina American theories and
neoliberalism in the era of structural adjustment” (Third World Quarterly, Vol.
14, n°4, 1993), indica con aguda perspicacia algunos caminos actuales del
debate. Ambos traen una copiosa bibliografía que recomendamos a los
interesados. En esta misma línea de rescate del debate teórico recomendamos
C.P. Oman y G. Wignaraja The Postwar Evolution of Development Thinking (Macmillan,
Londres, 1991), Magnus Blomström y Bjor Hettne, La Teoría del
Desarrollo en Transición (Fondo de Cultura Económica, México, 1990) y
una decena más de libros que están citados en la bibliografía. André Gunder
Frank (El desarrollo del Subdesarrollo: Un Ensayo Autobiográfico, Nueva
Sociedad, Caracas, 1991) produjo un ensayo autobiográfico en el cual analiza
gran parte de esta literatura. Ronald Chilcote viene haciendo un
seguimiento detallado de este debate desde sus Theories of Development and
Underdevelopment (Westview Press, Londres, 1984). A.Y.So articula las teorías
del desarrollo, de la dependencia y del sistema –mundo en su Social Change and
Development: Modernization, Dependency and World System (Newbury Park, CA,
Sage, 1990) Ver también W. Hout, Capitalism and Third World: Development,
Dependency and the World System (Edward Elgar, Aldershot, 1993).
59
En verdad, esta
reacción crítica ultra izquierdista estaba muy inspirada en la Revolución
Cultural china, y en la idea de una revolución agraria, que sustituiría la
visión marxista del papel del proletariado moderno. Estas críticas eran una
especie de canto de cisne de la visión que atribuía al régimen feudal y a las
modalidades de nuestras economías agrarias tradicionales un papel central en
las economías latinoamericanas y caribeñas.
Irónicamente, fue
en la década de 1980 que se terminó con el resto del sistema económico rural
volcado hacia una economía de autoconsumo tanto en América Latina como en
África y gran parte de Asia. Las décadas de 1970-80 estuvieron marcadas por la
destrucción de las economías de autoconsumo y el lanzamiento de masas
gigantescas de las regiones rurales en dirección a las regiones urbanas del
Tercer Mundo, generando un fenómeno de creciente marginalidad urbana,
concentrada en las grandes metrópolis del Tercer Mundo.
Esa de crítica de
ultra izquierda no tenía realmente nada que ofrecer. Pero hubo, de otro lado,
una reacción conservadora y globalista. Esta se fundó en la ofensiva
Reagan-Thatcher que se formó en torno a la recuperación de la economía
latinoamericana de 1983 a 1989, presentada como la creadora de una nueva
modalidad de la economía mundial. Pero las formas que ésta asume en las décadas
de 1980 no son necesariamente las formas finales de una nueva economía mundial
globalizada. Por el contrario, en este período se producen desviaciones muy
profundas dentro del proceso de globalización, sobretodo, con la con la
creación de una enorme burbuja financiera internacional.
Las
transformaciones ocurridas en el ámbito socialista, con la caída del llamado
“imperio soviético” hacia finales de la década, son presentadas como
expresiones del triunfo total de un pensamiento neoliberal en los terrenos
económico y político. Esta excitación ideológica va a encontrar su punto más
alto en la obra de Fukuyama, El Fin de la Historia. Él dedica a la
teoría de la dependencia un capítulo de su libro y la identifica como el gran
enemigo a ser destruido, como la última modalidad de resistencia al fin de la
historia y a la victoria definitiva del capitalismo y del liberalismo en el
mundo.
Actualmente la
reacción conservadora globalista de la década de 1980, que mantenía cierta
adhesión a algunos principios liberales, se encuentra en plena crisis. No sólo
por las dificultades económicas para la viabilización de ese modelo ocasionadas
por la recesión sino también por el desgaste de la ideología neoliberal y su
sustitución en el pensamiento conservador, por tendencias neofascistas que
tomaron cuerpo en la década de 1990, mientras que por otro lado, las alas más
dinámicas del capital necesitan de la ampliación de mercados para viabilizar un
nuevo período de expansión capitalista.
60
Hagamos una
recapitulación que nos permita explicar ese movimiento histórico. El gobierno
Carter, como vimos, colocó la cuestión de los derechos humanos como objetivo
central de su política externa, enfrentándose a los regímenes militares que
habían sido creados por los Estados Unidos en la década de 1960 e inicios de
los 70. Este enfrentamiento obedecía a dos razones fundamentales. Primeramente,
había una razón de carácter más profundo y global, que es la creciente
contradicción entre el proceso de globalización de la economía mundial y las
resistencias nacionalistas de gobiernos nacionales, apoyados por ejércitos
nacionales, que terminaban por crear obstáculos al proceso de globalización.
El caso más extremo
fue el de la revolución que, en 1968, estableció en Perú un régimen de
izquierda comandado por militares. Otro caso considerado extremamente peligroso
era el régimen militar brasileño, que en un radicalismo de derecha, con visos
nacionalistas y pretensiones de gran potencia, se estableció durante el
gobierno Médici (1989-93). Este enfoque se prolongó todavía durante el gobierno
de Giesel, con un acuerdo nuclear entre Brasil y Alemania y otros
desdoblamientos de esa modalidad de nacionalismos de derecha. Todo esto
conducía a un choque de intereses del proceso de globalización, bajo el comando
de las multinacionales, por un lado, y de las concepciones geopolíticas del
Pentágono, por otro.
Una segunda razón
para el enfrentamiento entre el proceso de globalización y los regímenes
militares era la necesidad de sustentar la política de derechos humanos como
factor movilizador, como factor de justificación ideológica para el
enfrentamiento con los países socialistas y los regímenes del Tercer Mundo,
que, en general, no presentaban formas organizativas de tipo
liberal-democráticas.
Con la vinculación
del concepto de derechos humanos a las formas de gobierno liberal se fueron
creando condiciones para una ofensiva ideológica contra esos gobierno que, como
vimos, fueron creados por el propio capital internacional, que armó y apoyó los
golpes de Estado que los originaron. La retirada de ese apoyo y la adopción de
una política de sustentación de regímenes liberales consiguió desestabilizar
los regímenes de derecha y abrir camino para la reconstrucción de un sistema
liberal-democrático en América Latina.
A fines de la
década de 1970, todavía había condiciones para que esa lucha democrática
asumiese un carácter más profundo, y no simplemente de make up del
sistema, sin mayores transformaciones sociales. En la década de 1980, las
banderas liberal-democráticas van siendo controladas progresivamente por el
pensamiento conservador. Fue exactamente en este proceso histórico que vimos a
una corriente de la teoría de la dependencia – que tendría en Fernando Henrique
Cardoso su expresión más coherente - defender la tesis de la viabilidad de un
proceso de democratización al interior de un capitalismo dependiente. Esta
corriente
61
abandonaba
cualquier perspectiva de crítica y de enfrentamiento con el capitalismo
dependiente, sus expresiones monopólicas y sus intereses articulados con el
capital internacional. Limitaba sus objetivos reformistas a los objetivos
liberales, al proceso de destrucción y de desestabilización de las dictaduras,
para construir regímenes democráticos.
Ayudada por la
situación internacional, esa corriente se fortaleció y se tornó extremadamente
crítica de la teoría de la dependencia y de sus formulaciones iniciales. Pasó a
criticar los análisis sobre la creciente dificultad de consolidación de
regímenes democráticos en el capitalismo dependiente. Ruy Mauro Marini, Vania
Bambirra y yo mantuvimos una posición crítica con relación al capitalismo
monopolista y dependiente, pero percibimos, en la década de 1970, que esos
cambios de posición en el sistema capitalista mundial permitirían un avance
dentro del capitalismo dependiente.
Lo que nos separaba
de la otra corriente neo-conservadora no era la constatación de las
posibilidades de avance democrático, pero sí la contestación de la tesis de que
este eran compatibles con la sobre vivencia de un capitalismo dependiente. Es
exactamente éste el punto de divergencia, puesto que mi visión es de que la
acumulación y el avance democrático de la región desestabilizarán
crecientemente el capitalismo dependiente en la región, y aumentarán la
contradicción entre esos movimientos democráticos y la sobrevivencia del
capitalismo dependiente. Como demostramos en nuestro libro Socialismo y
Democracia en el Capitalismo Dependiente, lo opuesto era también verdad. En la
medida en que no se avanzase hacia la solución de la dependencia, de la sobre
explotación, del atraso y de la exclusión, entraba en crisis la posibilidad de
mantener la democracia en la región.
Otro aspecto
importante de la evolución de la teoría de la dependencia es su
direccionamiento, ya a comienzos de la década de 1970, hacia el análisis y la
profundización del estudio del sistema económico mundial. Frank se refiere a su
toma de posición (citando a Samir Amin y a mí) a comienzos de la década de
1970. Este fue el momento de la concientización de la necesidad de una teoría
del sistema económico mundial. El surgimiento y maduración de la obra de
Immanuel Wallerstein, de comprensión y análisis de la formación histórica de
ese sistema mundial, bajo una fuerte inspiración en el pensamiento de Fernand
Braudel, se dará en esta década.
En este período,
André Gunder Frank reforzó el análisis del sistema mundial, que para él se
habría formado ya durante el período del Imperio Romano, en el año 300, a
través de la ruta de la seda. Las tesis de Frank son muy interesantes, pero es
necesario discutir las rupturas y continuidades de este proceso. Yo aceptaría
62
la idea de que
existe una acumulación histórica en torno a un sistema-mundo que va agrupando
imperios, reestructurándolos alrededor del Mediterráneo, el Norte de África,
India hasta China, teniendo como eje la ruta de la seda. No hay duda de que ese
tipo de análisis es extremamente significativo. Sin embargo, él nos aleja de
una visión exclusivamente Latinoamericana, forzando a un análisis más global.
Darcy Ribeiro en la década de 1970, y Wolf, en los 80, ensayaron enfoques
globales de la historia de las civilizaciones que incluyen a América latina,
pero no nos cabe analizarlos aquí.
Durante las décadas
de 1970-80 se da una evolución muy importante de Raúl Prebisch. Al dejar la
UNCTAD, él crea la revista de la CEPAL, en 1978, en la cual escribe un conjunto
de ensayos que servirán de base para su libro sobre el sistema económico centro-periferia.
Esta revisión fue ampliamente influenciada por la teoría de la dependencia.
Vamos a encontrar también, en la corriente de la CEPAL una inquietud permanente
en el sentido de la necesidad de construir un pensamiento más global sobre el
sistema mundo. Esa evolución encontrará una de sus mejores expresiones en el
análisis de Fernando Franzylbert sobre la industrialización truncada, las
empresas transnacionales y la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo con
equidad y una nueva inmersión en la economía mundial. Al mismo tiempo, Oswaldo
Sunkel intentará revivir la teoría del desarrollo en el contexto de un
“neo-estructuralismo”.
63
CAPÍTULO 5: LA OFENSIVA
NEOLIBERAL Y SU CRISIS
La década de 1980
estuvo marcada, en América Latina, por una ofensiva liberal muy fuerte en torno
al ajuste de sus economías para pagar la deuda externa. En un período en que
las tasas de interés se elevaron al extremo, la región fue obligada a ajustarse
a la creación de un excedente exportador. Se creó un gran superávit comercial
para destinarlo al pago de tasas de interés extremamente expoliadoras. La tesis
que vinimos levantando a lo largo de estos años (y que particularmente André
Gunder Frank defendió con tanta vehemencia), de que la función del capital
internacional, del sistema económico mundial, era la apropiación y la
extracción brutal de excedentes de nuestras regiones, de las regiones
dependientes, se mostró evidente.
No era pues
necesario hacer estudios críticos de las estadísticas de la balanza de pagos,
como los que hicieron tan bien Caputo y Pizarro a fines de la década de 1960,
porque las propias estadísticas oficiales en la década de 1980 pasaron a
revelar que América Latina era una región exportadora de excedentes y de
ahorros.
La generación de
este excedente cada vez mayor, que no se convierte en inversión interna y sí se
destina al pago de intereses y otros tributos coloniales, obligó a un aumento
de la distribución negativa de la renta. Para generarlo fue necesaria una rebaja
brutal de los niveles salariales y de la participación de los salarios en las
rentas nacionales. Por lo tanto, también aumentará la marginalización social,
la pobreza y, de forma más drástica, la indigencia en el Tercer Mundo y en
América Latina.
En contraste con
esta situación, se presentan los casos relativamente modestos pero exitosos de
los tigres asiáticos: Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur.
Posteriormente surgirán los llamados tigres menores de Asia. Según la
propaganda oficial, ellos son la demostración de que no hay un sistema
económico mundial perverso. Aunque estos ejemplos propagandísticos siempre
existieron. En la década de 1970, el llamado “milagro económico brasileño”
cumplirá el papel de los posteriores tigres asiáticos. En la década de 1990,
otros modelos tendrán que ser creados, puesto que los tigres asiáticos se
encontraban en situación bastante difícil. En Asia, despunta cada vez más el
éxito de China Popular, bajo el gobierno del Partido Comunista, sin embargo,
hasta ahora no se atrevieron a proponer un modela chino para el Tercer Mundo.
La elección de esos
modelos no forma parte de la ciencia económica o social. Se trata de una
elaboración ideológica, de una propaganda política para justificar situaciones
históricas en las que persisten los graves procesos de explotación entre los
pueblos. Pretenden desviar el debate de las cuestiones centrales de
64
nuestro tiempo, que
no se caracteriza por el equilibrio y la convergencia de las varias regiones
del globo, y sí por una creciente brecha entre ricos y pobres, indigentes y
marginales.
El proceso de
ajuste estructural en América Latina llevó al debilitamiento de sus Estados,
que transfirieron sus recursos al sistema económico mundial al mismo tiempo que
creaban una gigantesca deuda interna para cuyo pago continúan transfiriendo
enormes recursos, con el pago por parte del Estado, de altísimas tasas de
interés. Estos recursos fueron apropiados, en un primer momento, por el capital
nacional financiero, pero en la etapa actual, con el ingreso masivo de
capitales internacionales de corto plazo, están siendo transferidos en gran
parte al capital internacional, que está aumentando en la región en busca de
elevadas remuneraciones de los intereses de la deuda pública, o enormes
devaluaciones de los mercados de acciones, así como de otras brechas propicias
para la especulación.
Los cambios y
reestructuraciones permanentes de esas economías para atender las demandas y
exigencias del sistema económico mundial continúan siendo la esencia de su
historia. Los regímenes dictatoriales fueron impuestos a la región para
profundizar esa dependencia. Ellos crearon grandes masas de marginales y la
creciente sub-utilización de mano de obra en la región, que dificulta la acción
política de las fuerzas que se oponen a este sistema económico. Pero esto
también debilita la capacidad de la región de servir al sistema económico
mundial.
Con el avance de la
automatización y de la robotización, el desarrollo industrial de la región,
volcado ahora hacia el mercado mundial, genera cada vez menos empleo. El
crecimiento de las actividades de servicio en los países centrales compensa en
parte esta pérdida de empleos, pero los países dependientes no avanzan en las
actividades de investigación, diseño, educación, información y otras fuentes
nuevas de empleo. Ellos deben continuar industrializándose, pero lo hacen
aumentando la masa de desempleados y marginalizados sociales.
En verdad, todo
esto forma un cuadro extremamente desfavorable para una acción política
contestataria, también afecta el pensamiento y la ciencia, puesto que ella
pierde condiciones de elaboración y medios de investigación en la medida en que
los Estados nacionales también se debilitan seriamente, afectando la capacidad
de investigación y desarrollo, tanto en el campo de las ciencias naturales y
exactas como en el de las ciencias sociales y humanas. Este cuadro, que
presenta expectativas más desoladoras que esperanzadoras, podrá, sin embargo,
sufrir modificaciones significativas durante los próximos años en la medida en
que el sistema económico mundial entró en un proceso de recuperación a partir
del año 1994.
65
El retorno al
crecimiento económico que ocurre desde entonces en los Estados Unidos y más
recientemente en Europa creó un contexto político internacional más favorable,
una rearticulación de las fuerzas interesadas en resolver los grandes problemas
de la miseria, analfabetismo, condiciones de vida extremamente desfavorables de
las grandes mayorías poblacionales del mundo.
Se trata aquí de
apropiarse de los avances tecnológicos y científicos realizados por la
revolución científico técnica en las últimas décadas para colocarlos al
servicio de las poblaciones trabajadoras de todo el mundo. Y la realización de
esta tarea exige la superación del discurso espontaneísta neoliberal y la
recuperación de las grandes cuestiones socioeconómicas abandonadas en la década
de 1980.
Son muchos los
aspectos en los cuales los países del Tercer Mundo deben desempeñar un papel
extremamente significativo en la reconstrucción del sistema mundial. Su
posición tropical, de receptores de una gran fuente de energía solar, permite
que un desarrollo tecnológico adecuado convierta a esos países en fuentes muy
significativas de riqueza, de desarrollo sustentable, en un mundo en que la
crisis de la civilización capitalista es también la de un modelo de producción
extensivo y de gran desperdicio de energía.
Este modelo se
encuentra en la actualidad altamente cuestionado por el movimiento verde
mundial. De alguna forma, la emergencia de potencias del Tercer Mundo – como
China, India o Brasil – podrá, junto con otros centros importantes que están
localizados en el Tercer Mundo, o fuera de los centros de poder mundial,
rectificar gran parte de las tendencias en curso en la economía mundial.
Ese proceso será,
sin embargo, largo y complejo, y exigirá una reforma muy profunda de la actual
direccionamiento del desarrollo científico y tecnológico. El avance de la
biotecnología, por ejemplo, puede ser extremamente favorable para un uso más
racional de la biodiversidad que se encuentra en las regiones tropicales.
El mundo del siglo
XXI rediscutirá la cuestión del desarrollo dentro de principios mucho más
amplios y complejos. El desarrollo no estará relacionado solamente a la
apropiación de la capacidad tecnológica extensiva, generada por la segunda
revolución industrial, que se extendió desde mediados del siglo XIX hasta la
década de 1960, pero sí por la apropiación de un conocimiento y una acción
económica intensiva, cada vez más cualitativa, promovida por la revolución
científico técnica, que es el fundamento de las transformaciones económicas,
sociales, políticas y culturales vividas por el mundo después de la Segunda
Guerra Mundial.
66
Este cambio de
enfoque se relaciona, por lo tanto, con un cuestionamiento de orden
civilizacional mundial, de comportamiento y de los fundamentos de la ideología
dominante en el mundo liberal capitalista. Los nuevos fundamentos que deberán
imponerse serán de contenido mucho más colectivista. Este colectivismo no podrá
dejar de lado la gran conquista histórica que representó el nacimiento del
individuo como fundamento de la sociedad. Pero no el individuo utilitario
pensado por la doctrina liberal y creado por el capitalismo.
Un nuevo individuo
está en gestación, un individuo que reconoce que su desarrollo es el resultado
de la acumulación histórica, económica, social, política y cultural. Él deberá
reconocer en su individualidad no una contradicción con lo social, sino una realización
histórica de lo social. Esta nueva modalidad de civilización establecerá una
nueva relación entre individuo y sociedad, en la cual la sociedad creará o
buscará crear individuos con alto potencial de desarrollo y procurará atender
sus necesidades para que alcancen el máximo de eficiencia social.
Esta nueva
sociedad, que deberá emerger durante el siglo XXI, debe ser extensiva a todos
los individuos. Este proceso no se confunde con el igualitarismo, que fue parte
de los ideales de la civilización liberal burguesa. No se trata de
igualitarismo. Se trata de respetar y profundizar la diversidad de los
individuos, en una sociedad que dará a cada uno de acuerdo a su necesidad y
pedirá a cada uno de acuerdo con su capacidad.
Esta nueva sociedad
configurará una nueva civilización planetaria. En ella, la cuestión del
desarrollo deberá ser repensada junto a las grandes revisiones del papel del
individuo, sobre la posición de hombre y mujeres en la economía mundial y en la
sociedad, sobre la convivencia entre los miembros de diversas etnias, sin
aplastar sus diferencias culturales y físicas. Sobre todo, tiene que
recolocarse la interacción entre las distintas civilizaciones, que representan
experiencias culturales, históricas, económicas y sociales extremadamente
diferenciadas.
En fin, se trata de
la necesidad de superación del cuadro económico, social, político y cultural
creado por la civilización liberal burguesa, que se confundió históricamente
con la hegemonía mundial de Europa, y posteriormente de los Estados Unidos.
Muchas características específicas de las sociedades, economías y culturas
europeas fueron identificadas con la propia civilización, generando el euro
centrismo. Estas se convirtieron en instrumento de dominación, de subordinación
y de explotación de unas regiones por otras. Centro y polos dependientes
tuvieron que producir brutales excedentes para alimentar los polos centrales de
acumulación.
67
Todo este cuadro
deberá sufrir una gran transformación, en la cual, durante un largo período,
las grandes civilizaciones serán referencias extremamente significativas para
la construcción de una sociedad plural, de una verdadera civilización
planetaria. Al contrario de lo que nos sugiere Huntington, no debemos avanzar
hacia un choque de civilizaciones y sí hacia un generoso encuentro de
civilizaciones.
68
Los fundamentos teóricos del gobierno
de Fernando Henrique Cardoso: nueva
etapa de la
polémica sobre la teoría de la dependencia
CAPÍTULO 1: INTRODUCCIÓN
Es extremamente
positivo que Brasil haya elegido, en 1994, un presidente de la república nacido
de la oposición a la dictadura militar, instaurada en 1964, que sea también un
científico social, estudioso de nuestra realidad económica, política y social. Sin
embargo, consta en el anecdotario de las elecciones presidenciales la supuesta
afirmación de Fernando Henrique Cardoso de que renegaba de lo que había
escrito. Esa actitud habría buscado abrir un camino a su candidatura
presidencial, apoyada en su propio Partido de la Socialdemocracia Brasilera
(PSDB) y por las fuerzas conservadoras del Partido del Frente Liberal (PFL),
del Partido Progresista Brasileño (PPB) y del Partido Laborista Brasileño
(PTB), además de los sectores conservadores del Partido del Movimiento
Democrático Brasileño (PMDB). Pero, además de haber desmentido esas
declaraciones, él publicó en la misma época dos libros con sus escritos
teóricos de las dos últimas décadas. Las Ideas y su Lugar – Ensayos
sobre las Teorías del Desarrollo (Editorial Siciliano, Sao Paulo,
1993). Si realmente estuviese intentando negar o ocultar sus ideas,
no las estaría divulgando. Al releer los trabajos reunidos en estas
recopilaciones, publicados en general entre 1960 y 1980, se confirmó nuestra
posición de que su posición política actual no se caracteriza por la
incoherencia. Esta refleja claramente una evolución (¿positiva o negativa?) de
sus concepciones sociológicas y políticas.
Al igual que gran parte de los libros
publicados en aquel entonces, se dirige a una explícita polémica1 con mis
trabajos y con el grupo de científicos sociales del Centro de Estudios
Socioeconómicos de la Universidad de
1 Sólo en un punto
Fernando Henrique pierde la elegancia que lo caracteriza. Después de reconocer
la existencia de un movimiento intelectual más amplio en el cual se sitúan
nuestros descubrimiento teóricos, él intenta atribuir la teoría de la
dependencia a su autoría solitaria. Esto lo lleva a filigranas innecesarias,
como citar mis trabajos sobre la nueva dependencia de 1968 como posteriores a
los suyos. Él afirma: “Theotonio Dos Santos, por ejemplo, presenta una visión
similar en el estudio que escribió después (sic) de la
discusión en Santiago, del ensayo escrito por Faletto y por mí sobre Development
and Dependency. Vea Dos Santos – La Nueva Dependencia,
69
Chile (CESO) que yo
dirigía, en Santiago. Nopuedo, entonces, dejar de agregar mi testimonio a la
amplia literatura que se viene publicando sobre el pensamiento y las posiciones
políticas de Fernando Henrique Cardoso. Además de esto, con la muerte de Ruy
Mauro Marini, que fue el objeto más inmediato de las críticas de un texto
clásico de Fernando Henrique Cardoso y José Serra, que nos involucraba a todos,
me siento en el deber de dar continuidad a esa polémica que representa, en el
plano de las ideas, el embate real, en el plano político, sobre los destinos de
Brasil y de los países dependientes.2 Quiero hacer, sin embargo, con
toda la serenidad posible después de la avalancha de votos y de apoyo político
que él
Santiago, CESO,
1968”. Sigue un elogio a mi exposición “simple y clara” del modelo de conexión
dialéctica y no mecánica entre intereses internos y externos. Quedo así
reducido a la condición de buen expositor de las tesis de Fernando ... (ver
nota 9 de Las Ideas y su Lugar, Pág..147). Sin embargo, en otros
estudios, como en la Pág. 63 de la Construcción de la Democracia,
él cita la versión mimeografiada de La gran empresa y el capital
extranjero (Santiago, 1966)... Ahora, yo ya había anticipado en 1966
esas tesis de 1968 y Cardoso las había leído y citado... Todo esto es una
tontería. Hicimos varios seminarios juntos en Santiago de Chile y, a pesar de
ser yo más joven, creo que nos influenciamos mutuamente. A pesar de que muchos
autores hayan intentado revelarse creadores de la
teoría de la
dependencia, fuimos yo, André Gunder Frank y Fernando Henrique Cardoso.
Considero eso una cuestión secundaria. En Brasil, por lo menos, Fernando
Henrique ya ganó ese título de autor de la teoría, entre otras razones por su
desempeño electoral y por el cerco realizado a la teoría de la dependencia en
el país durante toda la década de 1980, cuando regresamos del exilio.
Internacionalmente, sin embargo, la situación no es la misma. Por eso, en el
capítulo III – “El consumo de la teoría de la dependencia en los Estados
Unidos” – Cardoso invierte contra la visión de mi protagonismo y de Frank, muy
común en varias partes del mundo. Al criticar las visiones simplistas de los
estudios sobre la dependencia, él afirma: “Se toman los trabajos más generales
y formales de Frank como si ellos expresasen lo mejor de su obra, se añade la
definición formal de dependencia aportada por Theotonio Dos santos, se
desdobla a veces (sic) esa problemática con la del
sub-imperialismo y de la marginalidad, se le agrega una u otra (sic)
citación envuelta de algunos de mis trabajos o de los de Sunkel y se tiene la
teoría de la dependencia, como un fantoche fácil de destruir” (Cardoso, Las
Ideas y su Lugar, Pág.. 136).
2 Después de 1973,
cuando la polémica comenzó a delinearse, publiqué varios estudios sobre los
cuales Cardoso hace referencia. Reuní parte de mis trabajos anteriores y los
revisé para publicar Imperialismo y Dependencia, en 1978. Este
libro fue traducido al japonés y recientemente al chino, demostrando la
reanudación de los estudios sobre la dependencia en el mundo asiático. Desde
1974, durante mi segundo exilio en México, me dediqué a las cuestiones más
globales de la revolución científico-técnica y de la economía mundial,
evolucionando, junto con Immanuel Wallerstein, André Gunder Frank y Samir Amin,
entre otros, hacia la teoría del sistema mundial, sobre la cual continúo mis
estudios actuales. Mi último trabajo sobre este tema fue Economía
mundial, integración regional y desarrollo sustentable (Vozes, 1994).
Ver también la primera parte de este libro y la bibliografía al final. Una
descripción de mi itinerario intelectual se encuentra en el artículo de Carlos
Eduardo Martins, “Un intelectual planetario”, en el libro Los Retos de
la Globalización. Ensayos en homenaje a Theotonio Dos Santos, 2 vols.,
UNESCO, Caracas, 1998
70
recibió en las
elecciones de 1994 y del apoyo político del quecontinúa disfrutando en escala
decreciente, conforme se demostró en las elecciones presidenciales de 1998, en
que se reeligió. En tales circunstancias, es difícil mantener la objetividad,
que no significa, evidentemente, neutralidad.
71
CAPÍTULO 2. NUESTROS ACUERDOS: UNA NUEVA
DEPENDENCIA
En primer lugar, es
necesario resaltar que Fernando Henrique siempre presentó sus críticas con
mucha elegancia y respeto, al interior de una aventura intelectual común de la
cual participamos: la llamada “teoría de la dependencia”. Sin embargo, es
desagradable constatar que el Centro Brasileño de Análisis y Planificación
(CEBRAP), que él fundó y en aquel entonces dirigía, nunca publicó la respuesta
contundente de Ruy Mauro Marini a sus críticas. Por el contrario, se hizo un
silencio constreñidor sobre esa polémica que la prensa brasileña viene
manteniendo hasta el presente momento. Fernando Henrique Cardoso esclarece muy
bien que el surgimiento del movimiento intelectual que dio origen a la teoría
de la dependencia se dio en un momento privilegiado para la historia de las
ideas sociales latinoamericanas.
En aquel período,
que podríamos situar entre 1964 y 1974, el pensamiento de la región cobró una
dimensión planetaria, pasando a influenciar la evolución de las ciencias
sociales a un nivel universal. Este muestra cómo el pensamiento de la CEPAL,
donde brillaba en primer plano el economista argentino Raúl Prebisch,
representó una etapa extremamente avanzada de la reflexión en la región sobre
su evolución histórica, experiencia política y posición en la evolución del
sistema económico y político mundial.
A decir verdad,
este profundo esfuerzo intelectual de carácter crítico, realizado a partir del
encuentro de varios exiliados en Chile, entre 1974 y 1973, sólo fue posible a
partir de los antecedentes teóricos que la CEPAL había sintetizado tan bien.
Fue a partir de este encuentro que se dio origen a la llamada “teoría de la
dependencia” o los “estudios sobre la dependencia”, como prefiere Fernando
Henrique Cardoso.
La CEPAL, como el
ISEB en Brasil, representó el auge de la ideología nacional-desarrollista en
América Latina y en todo el llamado Tercer Mundo. Era la afirmación de las
clases dominantes de región de que no aceptarían retroceder a la condición de
simples exportadoras de productos agrícolas y materias primas que la
caracterizó hasta la década de 1920. Ellas confiaban en el papel de la reciente
industrialización de varios países latinoamericanos como fundamento de su
modernización, identificando el proceso de industrialización como el desarrollo
económico, social y político.
Para afirmar tales
posiciones, el pensamiento social latinoamericano tenía que demostrar los
límites de una economía exportadora de bienes primarios. Para Assis
Chateubriand, por ejemplo, Brasil era un país de “vocación esencialmente
agrícola” y este era el punto de vista de gran parte de nuestras elites
económicas y políticas, así como de sus modelos internacionales.
72
Prebisch demostró,
respaldado en datos de las Naciones Unidas, que el intercambio entre productos
primarios y manufacturas, llevaba a la pérdida de los términos de intercambio
de la región: los precios de los productos agrícolas y materias primas tendían
secularmente a bajar, mientras que los precios de los productos manufacturados
tendían a estabilizarse o inclusive a subir. Las razones de estos términos
negativos de intercambio se fundamentaban en el límite a la expansión del
consumo de bienes alimenticios por parte de cada familia, a medida que su
ingreso se elevaba.
Estas tendían a
detener el aumento del consumo alimenticio y a aumentar el consumo de bienes
industriales y de servicio. Se traba de una ley de presupuestos familiares que
ya fue demostrado por el estadístico alemán E. Engel. Las materias primas, por
su lado, ya venían siendo sustituidas por productos sintéticos. Entonces, las
exportaciones de productos primarios no ofrecían ningún futuro.
No es necesario que
profundicemos aquí sobre el significado teórico de estas tesis. Estas afectaban
directamente el corazón de las teorías económicas clásicas y neoclásicas, que
afirmaban que las ventajas comparativas debían llevar a cada país a especializarse
en los productos para los cuales demostraba mayor productividad o “mejores
condiciones”.
De ahí que muchos
concluyeran que el mejor camino para el bienestar y la modernización de una
nación era especializarse en los productos con los que mejor podrían competir
en el mercado mundial. Estos argumentos fueron usados ad nauseam para
negar la necesidad de industrialización de los países periféricos dentro del
sistema económico mundial.
Ocurre, sin
embargo, que los desarrollistas habían confiado demasiado en el papel de la
industrialización para garantizar la modernización económica y la creación de
centros nacionales de decisión económica o de acumulación capitalista. Ellos
también habían identificado la industrialización con la creación de condiciones
democráticas, a través de la distribución de renta y otras características
consideradas intrínsecas al capitalismo industrial. Esto era natural en la
época en que algunos autores hablaban de una civilización industrial,
identificando el funcionamiento del capitalismo de los países centrales de la
economía mundial con su base material: la industria moderna.
La teoría de la
dependencia procuró demostrar que esta industrialización no traía las
consecuencias esperadas por la visión desarrollista y nacional-democrática.
Esta no representaba autonomía de decisión, porque la industrialización pasaba
a ser comandada por la inversión externa, fundada en la empresa multinacional,
cuyo centro de poder continuaba en los polos centrales de la economía mundial.
73
La
industrialización no traía distribución de renta, porque ocurría en la época
del capitalismo oligopólico y financiero, que tiende a concentrar en grandes
grupos económicos el poder y la riqueza. Al mismo tiempo, la tecnología moderna
valorizaba el trabajo calificado y las actividades de gerencia en detrimento de
los asalariados sin calificación, provocando una fuerte diferenciación de renta
en el seno de la clase asalariada.
Además, al basarse
en una tecnología importada, ahorradora de mano de obra, la industrialización
dependiente no creaba empleo “suficiente” para incorporar a los trabajadores
desplazados del campo y de las actividades de autoconsumo. Los trabajadores
abandonaban el campo camino a las metrópolis como consecuencia de la
destrucción de esas economías de autoconsumo, debido al avance de las fuerzas
capitalistas en el campo, pero no encontraban los medios para convertirse, en
su mayoría, en obreros urbanos, como en los inicios de la industrialización
europea. Esta ahí el origen de lo que en aquella época ya se llamaba
marginalidad urbana.
Hoy en día esta
marginalización y exclusión gana visos de violenta exclusión social, como
consecuencia de la profundización y del crecimiento del subempleo y el
desempleo que se explican por la larga crisis económica que afectó la economía
mundial en el período 1967-1994. La mayor duración del desempleo y el subempleo
se transforma en aumento de la marginalidad y la exclusión, y el surgimiento de
una economía informal.
Fernando Henrique
Cardoso participó de todos esos “descubrimientos”, que nos obligaban a revertir
el centro de nuestros análisis de las economías pre-capitalistas que, según se
creía hasta entonces, era el principal obstáculo para el desarrollo, para buscar
comprender las contradicciones que surgían al interior del desarrollo
capitalista especial o dependiente en el que nos encontrábamos. Nuestros
acuerdos se extendían a otros problemas de mayor interés teórico, que continúan
siendo de gran actualidad.
Uno de los puntos
centrales de los combates intelectuales de la época fue la negación del
carácter feudal de la colonización latinoamericana. Esta era una empresa típica
del capitalismo comercial europeo, y las economías y sociedades que generó no
podían ser confundidas con las economías cerradas y sólo puntualmente ligadas
al mercado que se desarrolló en la Edad Media europea.
Seguimos, en este
sentido, una línea de análisis que Roberto Simonsen y Caio Prado Junior en
Brasil, Luis Vitale en Chile, y Sergio Bagú en Argentina, habían iniciado
brillantemente. André Gunder Frank tuvo un papel muy especial en esta
confrontación, proponiendo un modelo de funcionamiento de las relaciones de
dependencia extremamente polémico. Él describía estas relaciones como una
sucesión regional de círculos de producción y extracción de excedente
económico. Los excedentes producidos en las más diversas regiones nacionales
terminaban finalmente convergiendo hacia los centros internacionales de poder.
74
La fuerte polémica
originada por el trabajo de Frank consiguió por lo menos descartar
definitivamente la idea de que América Latina vivía en un atraso feudal que
cabría a los capitalistas modernos rescatar.3 Otra temática que logramos
imponer fue la imposibilidad de analizar el imperialismo como un fenómeno
externo, que se oponía a nuestras realidades locales. El concepto de
dependencia permitía mostrar los lazos entre nuestras sociedades y las economías
nacionales y regionales y la economía mundial bajo la forma del imperialismo.
Sería imposible concebir las relaciones socioeconómicas que se desarrollaban al
interior de nuestras sociedades sin iluminarlas con la expansión del
capitalismo mundial del centro hacia la periferia. Pero también sería imposible
comprender correctamente las economías centrales sin vincularlas a su expansión
colonial e imperialista. Esas premisas metodológicas permitían, por ejemplo,
que se enfrentase con mayor rigor la cuestión de la revolución
democrático-burguesa y de la burguesía nacional. Se podía concluir claramente
por la incapacidad histórica de esa burguesía de sustentar un programa
económico de independencia y autonomía que le garantizasen el control sobre el
excedente económico generado en la región. Era claro que el mayor o menor
control de los medios de producción internos permitían un mayor o menor
desarrollo, pero parecía evidente que había una continuidad entre los intereses
capitalistas locales, regionales, nacionales e internacionales que lleva a las
luchas por el control de los excedentes generados y apropiados en cada nivel.
La complejidad de la temática nos obligó a romper con los enfoque estáticos y
a-históricos, con mayor o menos profundidad. Se llegó a crear un consenso sobre
la necesidad de una metodología histórico-estructural que se opusiese a la
dicotomía entre el devenir histórico y su aprehensión como sistema. Con mayor o
menor éxito, se desarrolló en la región una práctica científica volcada hacia
el análisis concreto de las ciencias sociales como continuidad histórica y como
estructuras dialécticamente ínter actuantes Podríamos tal vez afirmar que
existe un estilo científico latinoamericano que se afirmó entre la década de
1920 y el presente, caracterizado por un enfoque interdisciplinario, dialéctico
e histórico-estructural que enfatiza especialmente el análisis de la totalidad
y su relación con las partes.
3 Es un poco difícil para el lector
seguir en detalle el rico debate entablado entre nosotros sobre la dependencia
y sus salidas. Mi crítica a Frank fue publicada de Montly Review,
edición en español. Esta fue incorporada posteriormente a mi libro Dependencia
y Cambio Social, publicado en Chile, Argentina y Venezuela, y después
en Imperialismo y Dependencia, publicado en México, en Japón y
recientemente en China. Buena parte de ese material se encuentra también en mi
libro Crisis de capital y proceso revolucionario, (Mazzotta,
Milán).
75
La gran fuga de
científicos sociales, principalmente economistas, hacia los Estados Unidos a
partir de la segunda mitad de la década de 1960, abrió camino para una nueva
mentalidad científica extremamente analítica, a-histórica, funcionalista y
profundamente formalizadora. A pesar de algunos avances instrumentales que
pueda haber traído, esa tradición logró sobre todo justificar en el plano
teórico (o mejor dicho, formal, porque su nivel teórico es espantosamente bajo,
confundiendo en general la teoría con modelos analíticos formales) una
creciente absorción de nuestra problemática teórica y práctica por el acontecer
científico de los países centrales. Se trata de una recolonización de nuestra
intelectualidad, que progresó especialmente bajo el oscurantismo de las
dictaduras militares.
Es importante
comprender el papel de esa evolución global en la dirección tomada por el
sociólogo Fernando Henrique Cardoso, que tuvo un papel especial en esa dinámica
intelectual. Aquí se inicia, por lo tanto, el capítulo de nuestras divergencias
cada vez más profundas.
76
CAPÍTULO 3. NUESTRAS DIFERENCIAS: ¿HAY LEYES DE
DESARROLLO DEPENDIENTE?
Del análisis de
aquellas tendencias de desarrollo del capitalismo dependiente, que se vienen
agravando con el tiempo, nacía una conclusión en que se concentra gran parte
del centro de la polémica que dividió el grupo inicial que se reunió, en
Santiago, en torno a los estudios de la dependencia.
Fernando Henrique
pasó a insistir, cada vez más incisivamente, en la negación de todo
“determinismo económico” que pretendiese identificar “mecánicamente” la
situación de dependencia con los fenómenos aquí resaltados. Ni la
superexplotación (que Ruy Mauro Marini mostrara como un mecanismo de
compensación de la expropiación internacional provocada por la situación de
dependencia), ni la pérdida de términos de intercambio, ni las remesas de
excedentes desde las regiones dependientes hacia las dominantes, ni la
consecuente distribución regresiva de la renta, ni la marginalidad creciente
que esta provoca, nada de esto sería, según Fernando Henrique, tendencias
irreversibles y componentes intrínsecos de la situación de dependencia.
Confundiendo
profundamente la verdadera cuestión que nos dividía, Fernando Henrique Cardoso
afirma, en la página 143 de su libro Las Ideas y su Lugar, que
hay dos modalidades polares de concebir el proceso de desarrollo capitalista:
"Los que creen que el
capitalismo dependiente se basa en la superexplotación del trabajo, es incapaz
de ampliar el mercado interno, genera incesante desempleo y marginalidad y
presenta tendencias al estancami miento y una especie de constante reproducción
del subdesarrollo (como Frank, Marini y, hasta cierto del capital punto, Dos
Santos), - los que piensan que por lo menos en algunos países de la periferia,
la penetración industrial-financiero acelera la producción de la plusvalía
relativa, intensifica las fuerzas productivas y, si genera desempleo en las
fases de concentración económica, absorbe mano de obra en los ciclos
expansivos,produciendo, en este aspecto, un efecto similar al del capitalismo
en las economías avanzadas, donde coexisten desempleo y absorción, riqueza y
miseria" (subrayados míos)
Como ven los
lectores, fui contemplado con la atingencia de “hasta cierto punto”. Pero ésta
es insuficiente. Yo fui el científico social latinoamericano que contempló de
manera más incisiva el crecimiento económico y particularmente el crecimiento
industrial de América Latina como la característica esencial, y no hasta cierto
punto, del nuevo carácter del capitalismo dependiente latinoamericano. Combatí
en 1964 todas las tesis estancacionistas que veían en la
política de estabilización monetaria de Roberto Campos la destrucción de la industria
brasileña. Al contrario, afirmé que la política de estabilización debería
llevar a una nueva fase del
77
crecimiento, basada
sin embargo en un nivel más alto de productividad, concentración económica,
monopolización y estatización (ver mis artículos sobre el fascismo brasileño en
la revista Encontros com a Civilização Brasileira n° 3, o
sobre concentración económica en la Revista de la Universidad de
Concepción (1968) o en la versión mimeografiada de “Crisis económica y
crisis política en Brasil”, que se convirtió en la base de mi libro Socialismo
o Fascismo, el dilema latinoamericano).
Ruy Mauro Marini
tampoco puede incluirse en esta visión estancacionista, pues sus tesis de 1967
sobre el sub-imperialismo brasilero partían de la idea del surgimiento del
capital financiero (unión del capital bancario e industrial) en Brasil y en su
fortalecimiento a través del golpe militar. Estas mostraban exactamente el
papel de Estado brasileño como creador de mercado interno como sustitución a
las reformas estructurales que el golpe militar inviabilizó. Tampoco André
Gunder Frank, a pesar de su método estructural-funcionalista, que fui uno de
los primeros en criticar3, por defender la idea de cierta continuidad de las formas de
dependencia, sin tomar en cuenta los cambios en las fuerzas productivas, puede
ser acusado de estancacionista. Lo que queda claro es el significado de la
segunda posición en la cual se inscribe Fernando Henrique. Según ésta, puede y
no puede haber mayor tasa de desempleo y subempleo en las economías
capitalistas dependientes. En eso estamos plenamente de acuerdo. Yo fui uno de
los que desarrollaron el estudio de los ciclos largos, medios y cortos en los
países dependientes, y tal vez el primero en defender la tesis de la
internacionalización de los ciclos industriales en países como Brasil. Pero no
se trata de que haya o no variaciones en las tasas de subempleo y desempleo. La
cuestión es su peso estructural, es decir, si ellas tienden a ser mayores en
los países dependientes que en los desarrollados, al margen de sus variaciones.
Y si es verdad que nuestras tasas de desempleo no tienden a ser mayores, porque
registran una población que está buscando empleo formal, es también bastante
claro que nuestras tasas de subempleo tienden no sólo a ser muchas veces
mayores que las de los países dominantes, sino también a crecer todavía más, en
la medida que las economías de autoconsumo existentes van siendo destruidas,
sobre todo en nuestros sectores rurales (pero, muy importante también, en
nuestra estructura doméstica urbana, hoy en reestructuración).
Todos sabemos que
nuestras calles están llenas de comerciantes ambulantes, mendigos y todo tipo
de prestadores de todo tipo de servicios posibles; que nuestras casas continúan
llenas de sirvientes (incluyendo las casas de clase media y hasta de obreros calificados
que contratan servicios de trabajadores domésticos). Y todos sabemos el peso
que representa esa mano de obra descalificada en la disminución del padrón
salarial de los países capitalistas subdesarrollados y dependientes. Por eso,
el candidato competidor de
78
Fernando Henrique
Cardoso, el tornero mecánico Lula, afirmó en una célebre entrevista en la
década de 1970, que el mayor miedo de los trabajadores de ABC * –
como él en la época – era el de ser reducidos a la indigencia, como fue su
propio padre.
De esta forma, la
masa de subempleados compite no sólo con el trabajador empleado no calificado.
Esta afecta inclusive el poder de negociación del trabajador calificado, que
acepta, en nuestros países, salarios muy inferiores al padrón internacional,
debido al miedo de retroceder a situaciones de miseria que observa a su
alrededor. Por lo tanto, la introducción de tecnologías más sofisticadas en
nuestros países no consigue eliminar situaciones de sobre explotación de
nuestros trabajadores. En mis estudios sobre la revolución científico- técnica
y su impacto en la división internacional del trabajo, vengo demostrando que la
expansión industrial de las economías capitalistas dependientes se da en un
período de disminución del empleo industrial, el cual viene siendo sustituido,
en los países desarrollados, por los trabajadores de servicios ligados al
conocimiento, cultura y educación, comunicación, ocio, gerenciamiento y
marketing. Pero estos sectores quedan reservados a los países dominantes de la
nueva división internacional del trabajo. Nada indica, por lo tanto, que
nuestro crecimiento como exportadores industriales revierta las tendencias al
subempleo, a la marginalidad y a la exclusión social. Los datos vienen
confirmando la profundización de esta situación. Llegamos, finalmente, a
algunas conclusiones. El desarrollo del capitalismo dependiente,
particularmente nuestra conversión en grandes exportadores industriales, no
asegura mayor absorción de mano de obra que en el pasado. Al contrario, todo
parece indicar que las masas de desempleados, subempleados y marginalizados
aumentarán en nuestras economías, en términos absolutos y relativos. Esas
serían leyes de desarrollo del capitalismo dependiente, a no ser que se lograse
dejar de ser dependientes y se pasase a invertir en tecnología de punta, en
alto grado de educación (como vienen intentando desesperadamente los coreanos
del sur y los taiwaneses, cuya dependencia del antiguo imperialismo japonés fue
profundamente afectada por la derrota del mismo en la Segunda Guerra Mundial,
por la reforma agraria, exigida por los vencedores americanos, y por el apoyo
económico y político de los EUA, frente a la proximidad del enemigo ideológico
chino, norcoreano y vietnamita).
No existe un límite
económico absoluto para el pleno desarrollo de las fuerzas productivas en el
capitalismo dependiente. Los límites son políticos. Y el cambio de las
condiciones políticas y geopolíticas mundiales o regionales puede alterar las
condiciones políticas nacionales o locales de estos países, superando su
condición
* Nota de la traductora: el ABC es una
zona industrial periférica de Sao Paulo, compuesta por tres ciudades: Santo
André, Sao Bernardo do Campo y Sao Caetano.
79
de dependientes. En
1964, en Brasil, si el enfrentamiento entre los sectores nacional-democrático y
los sectores liberales se hubieran mantenido solamente en el plano interno, el
golpe de Estado de 1964 fracasaría claramente, como fracasaron todas las intentos
anteriores de golpe. Dos factores desestabilizaron la correlación de fuerzas:
la acción conspiradora del gran capital internacional invertido en Brasil, que
formó el Instituto de Investigación y Estudios Sociales (IPES), y la amenaza
directa de invasión de tropas norteamericanas, hoy plenamente reconocidas con
la abertura de los papeles de Lyndon Jonson.
80
CAPÍTULO 4. LAS NUEVAS
CONDICIONES POLÍTICAS INTERNACIONALES
Las coyunturas
internacionales pueden definir claramente el destino de las acciones
nacionales, sobre todo de los países dependientes, sin poder económico militar
para resistir las mismas e invadidos por los intereses económicos de esas
fuerzas internacionales. Vivimos hoy una situación diferente del período
1960-1975, cuando desarrollamos las bases de una teoría de la dependencia. Las
clases dominantes norteamericanas están divididas en cuanto al uso
internacional de la fuerza y su aparato ideológico y burocrático está casi
totalmente a favor de una política de derechos humanos. Por eso tenemos que
separar los análisis de la década de 1960 de los actuales. En aquella época,
sustenté una posición que Cardoso critica fuertemente en varios capítulos de su
libro: la creciente radicalización de la región entre soluciones fascistas y
socialistas. Yo afirmaba entonces que, por un lado, las masas urbanas sometidas
a las tendencias a la concentración del poder y de la renta y a la exclusión
social tendían a apoyar las formas de gobierno democráticas, dándoles sin
embargo un fuerte contenido popular, lo que llevaría a una creciente
reivindicación por reformas estructurales que condujesen al socialismo. Por
otro lado, como respuesta a la tendencia a soluciones post-capitalistas, la
clase dominante buscaba soluciones de fuerza cada vez que se veía amenazado su
dominio. Socialismo o fascismo aparecían como horizontes políticos para
los regímenes democráticos o para las dictaduras de la región. Ese análisis fue
acusado de mecanicista y de reflejar un determinismo económico ya superado.
Pero decir hoy en
día que yo estaba equivocado es poco razonable. Escritas en 1966,5 esas tesis
fueron ampliamente comprobadas. Estas fueron reafirmadas por el golpe de estado
de Onganía en Argentina, por el Acto Institucional N° 5, en Brasil, por el
régimen revolucionario de los militares peruanos, por la Asamblea Popular
Boliviana, por el gobierno de la Unidad Popular en Chile, por la sucesión de
golpes de derecha en
5 Además de mi
artículo sobre la amenaza fascista, publicado en Encontros com a
Civilização Brasileira, n° 3 (1966), ver “Crise económica e crise política
no Brasil”, mimeografiado (1966), que se incorporó en gran parte al libro Socialismo
o fascismo: Dilema de América Latina, publicado en Chile (primera edición
en 1968), Argentina, México e Italia. Ver también mi ensayo sobre la crisis
económica en los países dependientes, publicado en la antología Capitalism
in the 70’s, editada en Holanda (1970), Inglaterra, Alemania, Corea, Japón
y varios otros países.
81
Bolivia, Uruguay,
Chile y Argentina que, junto al gobierno Médici, en Brasil, formaron un círculo
de hierro parafascista en el Cono Sur, que se prolongó hasta 1976-80. Dicho sea
de paso, tendencias similares se presentaron en Indonesia, Persia (hoy Irán),
Filipinas y otros países.
Desde 1973, vemos
sin embargo, un cambio en las posiciones internacionales sobre esta cuestión.
Analizo este cambio, entre otros trabajos, en mi libro sobre la Evolución
Histórica en Brasil (publicado por la editorial Vozes). El terror
promovido por el gran capital internacional, el cual identifico como fascismo
(que defino como el “régimen de terror del gran capital”), ya había cumplido su
misión principal. Derrotados los movimientos insurreccionales en su fase
inicial por la contra-insurrección, derrotados los gobiernos populares y el
gobierno socialista de Allende, se abría camino para el acuerdo político y la
restauración democrática. Los militares, principales instrumentos de la
política de fuerza y terror, se convirtieron en peligrosos aliados. En el
poder, desarrollaron aspiraciones nacionalistas de derecha que se oponían a las
tendencias de internacionalización hegemonizadas por las empresas
transnacionales. La conciencia de esa dificultad exigió un vasto proceso de
alejamiento de los militares del poder en los últimos veinte años, a partir de
la política de derechos humanos, iniciado en el gobierno de Carter, que
revertía la política de estímulo y aceptación de las dictaduras militares,
seguidas por Nixon (bajo la sugerencia del informe de Nelson Rockefeller,
preparado en 1968, después de su viaje al sub continente).
Samuel P.
Huntington, consejero de Golbery do Couto e Silva, figura prominente de la
comisión trilateral, había propuesto este cambio político en su célebre
artículo de 1973. Recientemente él analizó lo que llama la tercera ola
democrática, iniciada en 1974 y todavía en vigor en 1991, cuando escribió el
libro La tercera ola: La democratización a fines del siglo XX (Editorial
Atica, 1994). Es bueno señalar que no se trata de un movimiento
restringido a los países periféricos y dependientes. Esta ola incluyó también
países que Immanuel Wallerstein llama semi-periféricos, como Portugal, España y
Grecia. Huntington muestra en este libro que, en el pasado, cada ola
democrática fue seguida por una ola contraria (como la ola fascista de
1922-1942 y la ola de golpes militares que él sitúa en el período 1958-1975).
Enseguida, él
pregunta si la actual ola democrática no será también sucedida por un nuevo
período de reversión democrática. Según él, esto dependerá de la confianza de
los líderes políticos en la democracia. Para mí, dependerá de su capacidad de
soportar las presiones populares por reformas de la propiedad y de las rentas
que surgen necesariamente de la dinámica de los regímenes
democráticos. Esta es la temática de mi libro Democracia y socialismo
en el capitalismos dependiente (Vozes, 1991).
82
Mas divergencias:
el reformismos dependiente y el fin de la Teoría de la depencencia
Sin embargo, Fernando Henrique
Cardoso tiene sobre esas cuestiones, una posición totalmente divergente de la
que defiendo, como se puede ver en los libros señalados. Él buscó sobre todo
mostrar la posibilidad:
a) de amenizar los
efectos desestructuradores de las contradicciones creadas por la dependencia de
la economía mundial, por la concentración de la renta y del poder, y por la
marginalización social, a través de políticas sociales y de cierto grado de
absorción de la mano de obra en las fases de crecimiento;
b) de que la
concentración capitalista dependiente no sea necesariamente más contradictoria
que la de los países capitalistas centrales y nada obliga a que continúe
basándose en la sobre explotación del trabajo, como propone Ruy Mauro Marini en
su Dialéctica de la Dependencia;
c) De conjugar el
desarrollo capitalista dependiente o asociado, como él prefiere, a regímenes
políticos liberales y democráticos;
d) De que regímenes
“autoritarios-burocráticos” (ver Guillermo O´Donnell) instituidos en América
Latina en el período 1960-80 no hayan sido formas de fascismo. Estos podían, y
de hecho fueron, ser sustituidos sin violencia por regímenes democráticos
viables y sujetos de consolidación teórica. De hecho, según esa tesis, los
enemigos del desarrollo son el populismo y el corporativismo, sea de Estado o
de la sociedad civil, volvemos así a las tesis dualistas, pre-teoría de la
dependencia, que colocaba la cuestión del subdesarrollo como consecuencia del
atraso de nuestras sociedades tradicionales y no del carácter de nuestro
desarrollo capitalista;
e) En consecuencia, la
consolidación de la democracia en el continente no depende de un rompimiento de
la dependencia, de una destrucción del poder hegemónico del capital
monopolista, ni de una reforma agraria o cualquier cambio de formas de
propiedad;
83
Son estas tesis que
fundamentan la actuación política de Fernando Henrique Cardoso en nuestros días
y él las exhibió de manera clara y precisa en sus campañas presidenciales y en
su programa de gobierno. Estas contaron con el respaldo de veinte años de ola
democrática. Hasta el momento, esta ola sólo hizo estabilizar los regímenes
democráticos implantados en el período. Las explosiones autoritarias en el
Perú, en Haití y las desestabilizaciones militares y populares en Venezuela y
Argentina no configuran todavía una nueva ola reversa, como las califica
Huntington. La dureza de los embates durante las décadas de 1960-70 y de la
ofensiva conservadora neoliberal de la década de 1980 no estimula un mayor
radicalismo en las demandas sociales.
La victoria
electoral de Fernando Henrique Cardoso no fue pues una simple casualidad. Se
inscribe en un consecuente pensamiento político del cual él no renegó para nada
y sólo tendió a profundizar. ¿Pero, será que esa coyuntura favorable permite
cerrar la polémica? Hace algunos años que sus seguidores hablan sobre el fin de
la teoría de la dependencia, en el sentido de negar las tesis que esta levantó
en la década de 1960. Sin embargo, todos los años sepublican en el mundo entero
nuevos libros sobre la “teoría de la dependencia”, lo que indica que ella no
murió.6 ¿Por qué?.
La primera razón es
la subsistencia de un sistema económico mundial caracterizado por la diferencia
entre países centrales o dominantes y periféricos o dependientes. Esa imagen de
las relaciones internacionales es todavía verdadera, aún cuando existen dos
fenómenos nuevos con relación al momento inicial de los estudios de la
dependencia. Primeramente, la hegemonía norteamericana – que parecía intocable
en aquel momento
– entró en grave
declive a partir de la década de 1960. La recuperación de Europa y de Japón
acentuó la rivalidad entre las potencias centrales, creando la triada
hegemónica (anunciada por la Comisión Trilateral, en la década de 1970)
EUA-Europa-Japón, con un importante crecimiento relativo de los dos centros no
americanos. En este contexto se alivió la presión sobre la URSS, que hizo un
esfuerzo brutal para competir militarmente con los EUA. Este esfuerzo le
permitió condiciones estratégicas suficientes para iniciar la perestorika y el
glasnost. Al decidir impedir la polarización militar impuesta por la Guerra de
las Estrellas de Reagan, la URSS
6 Para una teoría de
la dependencia considerada “enterrada”, es extraña la vasta literatura que se
produce sobre ella en todo el mundo. Además de las centenas de trabajos
publicados, solamente en los últimos años podemos citar los siguientes libros
dedicados a la teoría de la dependencia, fuera de los dos de Fernando Henrique
Cardoso que están siendo objetos de este capítulo: Bjorn Hettne, Development
Theory and the Three Worlds, 1990. Hunt, Economic Theories of Development,
Hemel, Henises tead, Harverster Wheatsheaf, 1989. Cristóbal Kay, Latin American
Theories of Development and Under development, Routledge, Londres, 1989.
Larraín, Theories of Development, Polity Press, Londres, 1989. Lehman,
Democracy and Development in Latin America, Temple University Press, Londres,
1990 André Gunder Frank, El Desarrollo del Subdesarrollo - Un Ensayo
Autobiográfico, Ed. Nueva Sociedad, 1991. Charles Oman e Garreshan Wignajara,
The Postwar Evolution of Development
84
decidió desarmarse
unilateralmente en la década de 1980, retirando militarmente sus tropas de
ocupación de Europa Oriental, eliminando el Pacto de Varsovia y disolviéndose
como URSS, además de disolver el Partido Comunista. Esa magnífica y corajuda
acción del liderazgo soviético, teniendo al frente a Gorvachov, ha sido
presentada como una derrota del socialismo. Tal vez haya sido la más atrevida y
lúcida acción a favor del avance del socialismo en toda la historia. Las
desandanzas posteriores, comandadas por Yeltsin, y las “reformas” neoliberales
no pueden ser atribuidas a la apertura económica y política de la perestroika y
del glasnot. Marx disolvió la Primera Internacional, así como Lenin decretó el
fin de la Segunda Guerra Mundial, Stalin disolvió el Komintern en 1942, recreó
el Kominform en 1947 y el PC soviético lo disolvió en 1969. La historia del
avance del socialismo ha ocurrido por medio de esas autodisoluciones, que
eliminan las fases superadas y apoyan las nuevas fases superiores de su desarrollo.
Es la aplicación de la dialéctica a la
Thinking, OECD
Development Center, 1991. Alvin Y.So, Social Change and Development,
Modernization, Dependency and World System Theories, Sage Library of Social
Research, 1990. David E. Apter, Rethinking Development. Modernization. Dependency
and Post modern Politics, Sage Publication, 1990. Heintz R. Sonntaz
Duda/Certeza/Crisis. La Evolución de las Ciencias Sociales de América Latina,
UNESCO, 1989. Richard Peet, Global Capitalism-Theories of Societal Development.
Routledge, 1991 Francis Fukuyama, El fin de la historia y el último
hombre (1992), dedica su capítulo 9 a la crítica de la teoría de la
dependencia, según él “el intento más reciente de mantener viva una forma de
marxismo en el Tercer Mundo”. Magnus Blomström y Bjorn Hettne, Las
teorías del desarrollo en transición, Fondo de Cultura Económica,
1992. Theotonio Dos Santos, Democracia e socialismo no capitalismo
dependente, Vozes, 1991. Ruy Mauro Marini et ali publicó, en 1994-95, tres
volúmenes de ensayos sobre el pensamiento social latinoamericano y
cuatro volúmenes de textos de referencia de los autores de este pensamiento,
con el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ellos reflejan el
renacimiento del pensamiento social latinoamericano aplastado en gran medida por
la ola neoliberal de la década de 1980. dicho sea de paso, la CEPAL está
realizando también una profunda revisión del pensamiento de Prebisch y de sus
varios pensadores. Sing C. Chew y Robert C. Denemarke acaban de publicar una
antología de ensayos en homenaje a André Gunder Frank, que revisa muy bien toda
esta temática: The Underdevelopment of Development (Sage
Publications Inc., 1966). Me tocó a mí representar a América latina en esta
antología, donde colaboran autores de todos los continentes. No citamos aquí
los varios artículos y nuevos libros en preparación sobre el tema, en varios
países, para no ocupar demasiado espacio con las citaciones bibliográficas.
Sobre los cambios económicos y geopolíticos ligados al auge del neoliberalismo
y al fin de la guerra fría, publiqué recientemente, entre otros, los siguientes
artículos:
- “The Future of Geopolitical
Alignments”, The Ritsumeikan Journal of International Relations, Kyoto, 1992.
(no traducido al portugués)
- “As ilusões do neoliberalismo”,
Carta, Publicación del senador Darcy Ribeiro, 1993.
- Y el libro: Economía mundial,
integración regional y desarrollo sustentable (Vozes, 1993, nueva
edición con postfacio en 1998).
85
estrategia
política. Para pasara a etapas superiores, es necesario eliminar etapas
superadas, como el stalinismo soviético y la Tercera Internacional. Eso no
permite ninguna conclusión a favor de una Cuarta Internacional. El trotskismo
es una creación de la fase stalinista y no podrá jamás ser un polo alternativo
al stalinismo.
En el nuevo sistema
mundial que se perfila, se acentúa la nueva división internacional del trabajo,
que ya preveíamos en 1967 (ver mi libro El Nuevo Carácter de la
Dependencia). En esta fase, gran parte de la producción industrial mundial
se desplazaba hacia los países de desarrollo medio. Surgían los llamados Nuevos
países Industriales, entre los cuales se incluye Brasil, México, Corea del Sur,
Taiwán y otros. El éxito de Brasil en la década de 1970 creó la figura
publicitaria de “milagro brasileño”, el éxito de los países asiáticos en la
década de 1980 creó esta nueva figura propagandística. Lo importante es que
estos países, al lado de las potencias petrolíferas y de las economías medias
europeas del sur y oriental, formaron un nuevo campo de poder mundial. Al mismo
tiempo, el crecimiento económico de China vino a cambiar drásticamente el peso
relativo del Sudeste Asiático y del Pacífico en la economía mundial. En la
década de 1970 se completó también la descolonización de África, extinguiéndose
en menos de treinta años todos los imperios europeos. Si a esto agregamos la
industrialización de la india, su modernización e ingreso al club atómico,
además de sumarnos a la emergencia de los países petroleros y las potencias
regionales que fueron antiguos imperios como Turquía, tenemos un cuadro mundial
completamente nuevo. En este nuevo mundo, el concepto de imperialismo necesita
nuevas precisiones. Se puede decir que el sistema económico mundial está
sufriendo un cambio de calidad, al cual se precipitó en la década de 1980.
No es aquí el lugar
para profundizar el tema, pero hemos afirmado 8 que los próximos 25 años serán
marcados por la “hegemonía compartida” de los Estados Unidos. En este período,
que se inició en 1993-1994, se inauguró una nueva fase de crecimiento económico
de largo plazo (25 años) de acuerdo con las ondas largas de Kondratiev. Esta
nueva fase de crecimiento sustentado se combina con la ampliación del
desempleo, particularmente en el sector rural, afectado por la automatización y
la robotización. Viviremos una fuerte reforma social en los países centrales,
basada en una drástica disminución de la jornada de trabajo.
En el campo
político, los conservadores bajarán radicalmente su perfil a favor del
renacimiento de la Segunda Internacional y del ascenso de los partidos verdes.
Esa tesis, que defendíamos en 1994 e inclusive antes, son hoy una realidad, con
las victorias de los partidos socialdemócratas y socialistas en toda Europa y
particularmente con la formación de la coalición rojo-verde en Alemania en
1998. Sin embargo, la crisis de la deuda externa en la década de 1980 vino a
reforzar una tesis fundamental de la teoría de la dependencia: los países
centrales son captadores de excedentes económicos de los países periféricos y
dependientes, fenómeno que
86
explica gran parte
de nuestras dificultades. André Gunder Frank, Orlando Caputo, Roberto Pizarro y
otros intentamos romper el manoseo tradicional de los conceptos estadísticos de
la balanza de pagos, practicados en particular por las organizaciones internacionales,
para poder probar esta tesis. Los datos siempre ocultaban esa transferencia
negativa que se explica en parte por el intercambio desigual comercial, y se
profundiza con el pago de intereses, royalties, servicio técnicos y
la remesa de utilidades abierta o disfrazada. El propio Fernando Henrique
adopta la concepción de una exportación de excedentes de los países
dependientes hacia los centrales en varios de sus trabajos publicados en las
dos antologías que analizamos aquí.
La crisis de la
deuda externa demostró muy claramente nuestra debilidad y nuestra condición de
exportadores de excedentes para los países centrales. Este hecho fue reconocido
en todos los análisis internacionales de la crisis de la deuda en la década de 1980,
pues, aún con esta metodología estadística tradicional, se reveló claramente
nuestra condición de exportadores del excedente económico aquí generado hacia
los centros de la economía mundial. Este hecho no podría dejar de reavivar las
cuestiones propuestas por la teoría de la dependencia.7
7Llamamos la atención a nuestros
lectores para el excelente libro de Reinaldo Gonçalves: Globalização e
desnacionalização, Paz e Terra, Sao Paulo,
1999. Se tata de una recuperación de
los avances
metodológicas que señalamos aplicados
de una manera concluyente e irrefutable, al caso brasilero reciente. Harán de
todo para esconder este libro.
87
CAPÍTULO 5. DEUDA EXTERNA E
INTERNA: LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS Y LA CUESTIÓN DEMOCRÁTICA
La deuda externa
representó una enorme sangría de nuestros recursos y provocó fenómenos nuevos
en nuestra economía durante la década de 1980. Estos no fueron analizados en
los libros citados de Fernando Henrique y no parecen estar siendo considerados
tampoco en la política económica que él y su equipo están implementando. En
este período se creó una situación próxima a la hiperinflación, al generar
enormes superávit comerciales en divisas, que fueron usados para pagar los
intereses de la deuda externa. Para evitar la hiperinflación pagamos a nuestros
exportadores en títulos de deuda pública interna, disminuyendo la necesidad de
emisión de moneda pero generando otra sangría: los intereses de la deuda
interna.
Hoy en día la
crisis de la deuda externa está en parte disminuida, en razón de los acuerdo
políticos logrados en torno a la deuda y de la drástica caída de las tasas de
interés en nivel internacional. Dos factores generaron una enorme holgura de
caja a inicios de la década de 1990: la suspensión provisional y unilateral de
los pagos de intereses internacionales y la disminución forzosa de los gastos
estatales. La disminución del gasto público creó un “superávit” del tesoro
nacional suficientemente grande como para permitir que más del 50% de los
gastos de la Unión8 se destinen al pago de los intereses de una deuda pública que
llegaba a ser renovada mensual, quincenal e inclusive diariamente!
En consecuencia,
cambiamos gran parte de la deuda externa por la deuda interna produciendo una
nueva crisis fiscal y cambial a mediano plazo. Y aún así, el Banco mundial, el
FMI y las clases dominantes de este país no hablaban de otra cosa que no sea el
“ajuste fiscal”. Este no consiste en cortar drásticamente el pago de los
altísimos e injustificables intereses pagados por el Estado brasileño y sí en
una reducción más de los gastos públicos, que deberían atender las necesidades
de la población. En cada nueva crisis internacional, se elevan los intereses,
aumenta la deuda pública y el déficit público y se exige un nuevo “ajuste”
fiscal. Como resultado, el Estado brasileño es destruido a un ritmo creciente y
la economía nacional se desarticula y desorganiza, además de ahogarse en la
recesión y la depresión.
Claro, esa política
es insustentable. Va totalmente en contra de las leyes del mercado y de la
economía internacional. Brasil es hoy un país de altísima liquidez. Las
empresas brasileñas -al contrario del mundo
8 ndt: se refiere al gobierno central
de Brasil
88
entero, en que la
mayoría de empresas presentan grandes pasivos- operan con enormes excedentes de
caja, que son aplicados en el mercado financiero. Muchas empresas ganan más con
esas inversiones que con su actividad específica. Las familias de clase media
hacia arriba, en lugar de deber varias veces su renta, tienen grandes
excedentes financieros, renunciando a la compra de inmuebles y otras
inversiones típicas de esos sectores sociales.
Todo esto muestra
que hay en el país un excedente financiero que debería generar una caída de la
tasa de interés. Esta debería ser hasta negativa si el mercado financiero
pudiese funcionar libremente. En vez de eso, en un caso de intervencionismo
estatal perverso y autodestructivo, los tecnócratas que comandan el Estado
brasileño (que tiene una deuda relativamente pequeña, a pesar de su crecimiento
exponencial durante el actual gobierno) llegan al absurdo de emitir bonos sobre
bonos de deuda pública para pagar los absurdos intereses de una deuda pública
artificialmente alimentada. Todo esto en nombre de una “teoría” económica según
la cual, la libertad del mercado financiero llevaría a “una explosión de
consumo” y eliminaría el ahorro. ¿Qué derecho tienen de imponer al pueblo
brasileño esa brutal carga fiscal en nombre de una tutela tecnocrática sobre
nuestra economía?
Los resultados de
esa política son criminales. Esta profundiza la desigualdad social, reforzando
la concentración de la renta nacional en manos de un pequeño grupo. Privilegia
un sector financiero totalmente inútil. Los bancos ya no prestan para ninguna actividad
económica de este país. Sus recursos están totalmente orientados hacia la
especulación con la deuda pública. Al mismo tiempo, los intereses altos atraen
las inversiones especulativas internacionales, provocando, de inmediato, un
alivio cambial más, a mediano y largo plazo, una sangría de recursos brutal,
como se puede apreciar claramente en 1997-98 durante la crisis asiática y en el
período pre-electoral.
Sin embargo, lo más
grave es el efecto de las altísimas tasas de interés (que llegaron a superar el
50% al año, en un momento de valorización del real y de baja de la inflación!)
sobre la tasa de lucro media del país. No es posible pedir intereses bajos a
empresarios que pueden obtener más de 50% de interés anual sin ningún riesgo!
Toda esta palabrería a favor de la disminución de precios es inútil. Con la
tasa media de interés que el gobierno asegura, la tasa de utilidad tendrá que
ser superior al 60%, lo que representa, en consecuencia, más de seis veces la
media mundial, y nuestros precios tiene que estar de 30 a 40% que los del
mercado internacional. Por eso, la desvalorización cambial no provocó un
aumento de las exportaciones.
89
Si sumamos a eso la
tendencia a la valorización del real que incluye y oculta la inflación interna,
veremos cuán difícil es mantener exportaciones significativas sin bajos
salarios, por un lado, y subsidio estatal a las exportaciones (los cuales son
también inflacionarios), por otro. En verdad, el desempeño de las exportaciones
brasileñas fue desmotivante durante el primer año de gobierno de Fernando
Henrique Cardoso. Y se encaminó hacia un desastroso “déficit” comercial que
creció cada año (excepto en 1998, debido a la caída de las importaciones en
razón de la recesión). Solamente las empresas públicas pueden hacer el
sacrificio (y de hecho lo están haciendo) para garantizar precios más bajos.
Pero ellas están siendo vendidas a capitalistas que no aceptan operar con tasas
de utilidad tan bajas! Hubo de hecho un aumento de tarifas de los sectores
privados, que empuja los precios hacia arriba.
Está claro, pues,
que las presiones inflacionarias continuarán existiendo por el hecho de que los
costos de producción (que incluye la tasa media de utilidad determinada por la
tasa media de interés) continuarán extremadamente elevados, mientras esa política
de interés continúe.
Esa perversidad
permitió que Brasil tuviera un sector financiero cuya participación en la renta
nacional llegó a ser por lo menos cinco veces mayor que en una economía
desarrollada. Esta permite todavía que recibamos 23 mil millones de dólares en
1994 y 70 mil millones más en 1995 para invertir en títulos públicos que pagan
50% de intereses al año o que pueden especular, con poco riesgo, en la bolsa de
valores, obteniendo más del 100% al año. Es decir, desde 1995 era posible
prever que en dos o tres años, los inversionistas extranjeros podrían lucrar
aquí dentro, en operaciones sin riesgo o especulativas, el equivalente a
nuestras reservas cambiales conquistadas a costa de la miseria de la mayoría de
nuestro pueblo! Es necesario señalar que sólo una parte de las divisas que
ingresaron al país se destinó a inversiones en el sector productivo. El grueso
fue destinado a la especulación, la compra de empresas privatizadas y de
algunas empresas nacionales, con énfasis creciente en la internacionalización
de nuestro sistema bancario.
¿Y cómo pueden
existir tantos recursos para la especulación en un país donde existen 32
millones de miserables?: A través de la sobre explotación de la clase
trabajadora. Los datos muestran un enorme aumento de la productividad de
nuestras empresas, por lo menos en la década pasada. Sin embargo, el salario
medio real no recupera las caídas de 1980-1991, sin hablar de los salarios más
bajos (el salario mínimo cayó drásticamente en la década de 1990 y tuvo una
modesta recuperación con el Plan Real luego perdida con la desvalorización del
real). Mientras el sector financiero aumentó su participación en la renta
nacional, el sector salarial perdió radicalmente su participación. La masa
salarial representaba 60% de la renta nacional en 1960, hoy se reduce a menos
de 30%. Con la actual política monetaria, esta situación sólo tiende a
agravarse. ¿Cuál es pues la consecuencia de esa política? El desempleo aumenta,
a pesar del alivio
90
inmediato provocado
por la caída de la inflación, y a pesar de la recuperación del crecimiento
económico que el gobierno busca desesperadamente contener. La violencia, la
marginalidad, la economía informal y el hambre aumentan... La distribución de
renta se torna cada vez más concentrada.
Que me disculpe
Fernando Henrique, pero no consigue convencerme de que, sin profundas reformas
estructurales, países como Brasil podrán caminar hacia la paz social, el
equilibrio económico y una solución pacífica de sus contradicciones, tal como
lo indican sus libros aquí citados y sus campañas electorales. Él mismo
sustenta, en un lúcido texto de adenda a su libro Las ideas y su lugar,
que los tigres asiáticos que “entraron en un proceso de internacionalización de
la economía, fueron más prudentes con respecto a la captación de recursos
financieros en el exterior y establecieron políticas más audaces para la
corrección de los desniveles sociales, incluyendo, en algunos casos, la reforma
agraria y, en todos los casos, la valorización relativa de los salarios” (los
subrayados son míos, Pág. 236-237). Una corrección: la reforma agraria se
aplico en todos los casos, pues Hong Kong y Singapur son zonas
prácticamente urbanas y Corea y Formosa realizaron profundas reformas agrarias.
Los países latinoamericanos señalados como “bien sucedidos” en la
internacionalización de la década de 1980 también tuvieron reforma agraria:
México y Chile. Es pues lamentable que, sabiendo de esto, Fernando Henrique
haya dado un perfil tan bajo a su política de colonización agrícola. Recién
elegido, nominó como encargado de la reforma agraria a un representante de los
propietarios de tierra. Presionado por las tomas de haciendas lideradas por el
Movimiento de los Sin Tierra, colocó un nuevo presidente del INCRA, más
liberal, que cayó enseguida. A los trancos y barrancos consiguió sustentar
posteriormente un cuadro más positivo en el sector, pero no demuestra ninguna
voluntad política de enfrenta esa cuestión vital, a pesar de tener el apoyo de
la Iglesia e inclusive del capital internacional para una reforma modera.
La cuestión democrática y el nuevo
gobierno de Fernando Henrique
¿Y la cuestión
democrática? La democracia avanza. Este es un hecho indiscutible y positivo en
todo el planeta. Pero la población no confía tanto en esta democracia. Ella
protesta a través de la abstención, del voto nulo y de otros mecanismos de
rechazo a un mundo político que le parece extraño. U opta políticamente por
soluciones conservadoras que no coloquen en riesgo los avances democráticos
conseguidos a duras penas en el mundo entero. Hace solamente cincuenta años que
salimos de la Segunda Guerra Mundial, mientras el nazi-fascismo dominaba la
mayor parte del mundo, y hace solamente once años que salimos totalmente de la
dictadura en Brasil y en gran parte de América Latina.
91
Sin embargo, el
gobierno Fernando Henrique Cardoso no tuvo ningún impedimento para recurrir a
los métodos políticos conservadores, autoritarios y desmovilizadores de la
población. La tendencia del ejecutivo al uso indiscriminado de “medidas
provisionales”, creadas como mecanismos de excepción por la Constitución de
1988, revela el carácter autoritario del gobierno y su necesidad de apoyarse
más en una tecnocracia oculta y políticamente irresponsable que en una
articulación política de la sociedad.
Su gobierno viene,
en el plano político, apoyándose consistentemente en los partidos de
centro-derecha, que le dan sustento. El presidente es claramente un aliado
político e ideológico de dos partidos herederos de la dictadura (el PS y el FL)
y se articula con fracciones del partido heredero de la oposición “consentida”
a la dictadura, el PMD y grupos oportunistas de esta coalición clientelista,
como es el PTB.
Las dos elecciones
de Fernando Henrique fueron una demostración de la importancia de ese cuadro
conservador. Después de intentar quebrar lasestructuras nacionales con la
elección de un playboy* como presidente, los electores brasileños
buscaron, en 1994, una fórmula conservadora que Fernando Henrique encarnó muy
bien. Pero el pueblo buscó esta fórmula conservadora en los métodos, mas no
necesariamente en los objetivos. En su reelección, en 1998, el presidente
Fernando Henrique prometió dedicarse a las cuestiones sociales y colocó
como slogan fundamental: “El presidente que acabó con la
inflación acabará ahora con el desempleo”. No quiero con eso defender una
crisis social y política, ni tampoco prevengo, a un corto plazo, una conmoción
política revolucionaria. Por el contrario, busco mostrar que hubo y todavía hay
espacio político para un conservadurismo reformista que Fernando Henrique
consiguió encarnar tan bien. Lo que replico, sin embargo, es que este
conservadurismo nos lleve a una atenuación de las contradicciones sociales y
políticas a mediano y largo plazo. Los monarcas ilustrados de fines del siglo
XIX no consiguieron subsistir a las revoluciones democrático-burguesas. Los
modernizadores latinoamericanos de fines del siglo XIX no consiguieron detener
las explosiones sociales que abrieron el siglo XX, desde la Revolución
Mexicana, pasando por en tenientismo y desembocando en el
populismo de la década de 1930. la belle époque y el
reformismo social-demócrata en ascensión hacia finales del siglo XIX sólo anticiparon
las dos guerras mundiales del siglo XX y la violenta radicalización social y
política de 1917 a 1945-49. No estoy aquí anunciando cataclismos. Sé muy bien
que luego vienen las descalificaciones de “catastrofistas” y otras más con las
que se intentaron desterrar la teoría de la dependencia y el pensamiento
dialéctico de la academia y de la política brasileras. Pedro no se puede
permitir que un pragmatismo sin propuesta, de origen derechista y conservador,
se imponga en detrimento de la verdad científica. Es simplemente insano negar
la gravedad de los problemas sociales que se acumulan en el mundo moderno, a
partir de dudosos equilibrios macroeconómicos obtenidos muy a corto plazo, a
costa de otros desequilibrios mucho más serios.
92
Fernando Henrique
sabe de eso. Su opción tiene un claro sentido pragmático. San Tiago Dantas
decía, a comienzos de la década de 1960, en una entrevista a la revista O
Cruceiro, que Brasil necesitaba de un hombre de derecha con un lenguaje de
izquierda. Esta era la salida que preveía para un país favorecido por el
desarrollo pero impedido de proseguirlo, debido a las grandes resistencias de
los capitalistas. Pragmatismo responsable de una clase social en decadencia que
intentaba ganar tiempo en la historia. La situación hoy cambió. Derrumbada la
dictadura militar que demuestra la falta de propuestas del capitalismo
dependiente, Fernando Henrique parece querer convencernos de que Brasil
necesita hoy de un hombre de izquierda con un lenguaje de derecha.
¿Pragmatismo responsable de una ola
democrática mundial todavía embrionaria?
San Tiago Dantas
fracasó en su intento de reformismo ilustrado. Sus camaradas de derecha
preferían el golpe de Estado y el enfrentamiento con la izquierda. ¿Podrá
Fernando Henrique garantizar la moderación del apetito de la enorme masa de
desposeídos de Brasil y del mundo? ¿Podrá garantizar, igualmente, que la
derecha no apelará a la desesperación y la irracionalidad fascista?
El sólo probaría
esta tesis si consiguiese avanzar las reformas sociales, súper postergadas en
Brasil y en su gobierno moderado-conservador. Si no lo consigue, y nada indica
que lo hará, todo será en vano. La izquierda Brasileña debería apoyarlo si él
buscase este camino. Está madura para eso. Pero convengamos en que ella hizo
bien en no alienar su independencia a una propuesta estratégica tan peligrosa.
El gobierno de FHC se fue comprometiendo cada vez más con el programa de
derecha. Esos hechos funcionaron como una buena advertencia para ciertas
precipitaciones en el campo de la oposición, de quienes querían pasar de
cualquier modo hacia el otro lado, con PFL y todo. Fue extremamente positivo
que la oposición de izquierda se haya mantenido unida y asía haya ido a las
elecciones de 1998, presentando una alternativa seria para el país. Sumados sus
votos con otras propuestas de oposición, estas representaron 49% de los
electores brasileños en 1998.
* ndt: el autor se refiere aquí a
Fernando Collor de Melo
93
Los estudios
científicos pueden ayudar a esclarecer esas opciones y éste es el papel de la
polémica sobre la teoría de la dependencia. Esta se irá desdoblando todavía por
mucho tiempo, a pesar del entierro prematuro que Fernando Henrique Cardoso y
sus seguidores quisieron hacer en la década de 1970. La reedición de sus libros
aquí discutidos fue una prueba de eso. El aumento de seminarios, publicaciones
y debates sobre la “teoría de la dependencia” es otra prueba. La dialéctica, el
debate, la confrontación de argumentos, de los intereses y de las estrategias y
tácticas son el camino que conquistamos con la democracia. A través de ella
encontraremos nuestro destino, por más que gobiernos conservadores intenten
impedirlo y aseguren la conservación de la dependencia, de la concentración de
la renta, de la contención del crecimiento y del pleno empleo, de la exclusión
social y de todos los desdoblamientos perversos de esta opción.
Tiene que existir
un camino virtuoso para nuestros pueblos y el ejercicio de la democracia nos
ayudará a encontrarlo y ponerlo en práctica.
94
Abel, Christopher, Latin America,
Economic Imperialism and the State; The Political Economy of the External
Connection from Independence to Present, The Athlone Press, Londres, 1985.
Ackermann, Maria
das Graças, Les entrepreneurs métallurgiques au Chili-, memoria
presentada a l 1970 (mimeo).
et le développement -étude d’un
groupe d’industriels École Pratique des Hautes Études, París, setiembre
de
Aguilar M., Alonso, Teoría y política
del desarrollo latinoamericano, Ed. Universidad Nacional Autónoma de México,
México, 1967.
Alberti, Blas M. e Alejandro
Horowiez, “La penetración imperialista en las ciencias sociales en América Latina.
A propósito de André Gunder Frank y Theotônio dos Santos”, Santiago de Chile,
1972.
Alschuler Lawrence R., “A
Sociological Theory of Latin American Underdevelopment”, Comparative Studies,
VI, 1973.
Alschuler Lawrence R., “Satelization
and Stagnation in Latin America”, International Studies Quatery, Vol. 20, nº 1,
Marzo de 1976.
Amin, Samir, Accumulation on a
World Scale: A Critique of the Theory of Underdevelopment, Monthly Review
Press, New York, 1974.
Amin, Samir, The Challenge of
Globalization, Review International Political Economy, RIPE, Vol. 3, No 2,
Summer 1996, Routhedge, Londres, Pág. 216-259.
95
Amin, Samir, La
gestion capitaliste de la crise, L Harmattan, París, 1995.
Amin, Samir et al, Mondialisation
et accumulation, L Harmattan, París, 1993.
Amin, Samir, Itinéraire
intellectuel, Regards sur le demi siècle 1945 - 1990,
L Harmattan, París 1993 sobre todo:
Cap. III (La Teoría de la Acumulación), Cap. VII (Critique du Soviétisme), Cap.
VIII (Régulation).
Amin, Samir, Les défis de la
mondialisation, l’ Harmattan, París, 1996, particularmente el
Cap. V (“Mondialization et finantiation), y la conclusión (“Retour au theme de
la transition socialiste”).
Apter, David E., Rethinking
Development Modernization, Dependency and Postmodern Politics, Sage
Publications, Londres, 1990.
Bacha, Claire Savit, “A dependencia
nas relações internacionais: uma introdução à experiencia brasileira”, tesis de
maestría presentada al IUPERJ, Río de Janeiro, 1971.
Bagchi, A K., La inversión
privada en la India, CUP, 1972.
Bagchi, A K, “Capital
extranjero y desarrollo económico en la India. Un vistazo general”, en K. Gough
y H.P.
Sharma (eds.), Imperialismo y
revolución en Asia del Sur, New York, Monthly Review Press, 1973.
Bagchi, A K, “La
desindustrialización de la India en el siglo XIX y sus implicaciones teóricas”,
Journal of Development Studies, 12 (2) enero, 1976, 135-164.
96
Bagchi, A K, La economía
política del subdesarrollo, CUP, 1982.
Bagchi, A K, “Desviación de la
economía india”, The Herald Review, Bangalore (India), I, 35, 5-11 de mayo de
1985, 39-44.
Bagchi, A K, “El discurso
sobre la planificación y la economía política de la India post-colonial: del
compromiso frágil al consenso democrático”, EPW, XXVI, 11-12 de marzo de 1990,
611-628.
Bagú, Sergio, “Dependencia y
subdesarrollo en América Latina, comentarios”, Problemas del desarrollo, n.4
México, UNAM, 1970.
Bambirra, Vania ,
“Integración monopólica mundial e industrialización: sus contradicciones”,
Sociedad y desarrollo, Vol. I n. 1, Santiago, 1972.
Bambirra, Vania, Teoría de la
Dependencia: Una Anticrítica, Era, México, 1978.
Bambirra, Vania, El Capitalismo
dependiente en América Latina, Siglo XXI, México, 1974.
Bambirra, Vania, La Revolución
Cubana: Una reinterpretación, Ed. Nuestro Tiempo, México, 1974.
Bambirra, Vania, (introducción y
compilación), Diez años de experiencia insurreccional en América Latina, Ed.
PLA, Santiago de Chile, 1970.
Banco Mundial, Informe Económico
de 1992, FGV.
Beaud, Michel, “Sur la
Connaissance de l Économie Mondiale”, mimeo, París, 1990.
97
Bielchowsky Ricardo, Pensamento
Econômico Brasileiro, O ciclo ideológico do Desenvolvimento, 2a edição
revisada, Contraponto, Río de Janeiro, 1995.
Bitar, Sergio, Inversión
extranjera en la industria manufacturera de Chile.
Bizelli, Edimilson, “La política
norteamericana para América Latina”. Economía y Ciencias Sociales, nº
extraordinario en acuerdo con el CESO, Caracas, diciembre de 1973.
Blomström, Magnus, Development
Theory in Trasition, The Dependency Debate & Beyond; Third World Responses,
Zed Books, Londres, 1984.
Blomström Magnus and Hettne Bjorn, La Teoría Del
Desarrollo en Transición, Fondo de Cultura Económica, México, 1990.
Bodenheimer, Suzzane, “Dependency
and Imperialism”, Politics and Society, n°5, mayo de 1970.
Bodenheimer, Suzzane, “Dependency and
Imperialism: The Roots of Latin American Underdevelopment”.
NACLA Newsletter, 1970.
Bordin, Luigi, Marxismo e
Teologia da Libertação , Editorial Dos Pontos, Río de Janeiro, 1986.
Bosi, Alfredo, Dialética da
colonização, Companhia das Letras, Sao Paulo, 1992.
Brand, Willy, Global Challenge,
From Crisis to Cooperation; Breaking the North-South Stalematc, Report of the
Socialist International Committee on Economic Policy, Pan Books, Londres &
Sidney, 1985.
98
Braudel, Fernand, “Économie-monde”,
no 3º volume de Civilisation Matérielle, Économic et Capitalisme, sob o título
Le Temps du Monde, Armand Colin, Paris, 1979.
Briones, Álvaro, Economía y
Ciencias Sociales, sobre Empresas Transnacionales y dependencia tecnológica,
“Los conglomerados transnacionales, la tecnología y el mercado de bienes
intermedios”, número extraordinario en acuerdo con el CESO, Caracas, diciembre
de 1973.
Camacho, Daniel, Debates sobre la
Teoría da la Dependencia y la Sociología Latinoamericana, EDUCA, San José,
1979.
Cardoso Fernando
Henrique y Faletto Enzo, Dependência e Desenvolvimento na América Latia,
Editorial Paz e Terra, 1969.
Cardoso, Fernando
Henrique, “¿Teoría de la dependencia o análisis de situaciones concretas de
dependencia?”, Revista Latinoamericana de Ciencia Política, I, diciembre de
1971.
Cardoso, Fernando Henrique, Imperialismo
e dependencia, 1972, mimeo.
Cardoso, Fernando Henrique, Estado e
Autoritarismo, Editorial Paz e Terra, Sao Paulo, 1974.
Cardoso, Fernando
Henrique, A Construção da Democria: Estudos sobre política, Sao
Paulo, Siciliano, 1993.
Cardoso, Fernando
Henrique, As idéias e o seu lugar: Ensaio sobre as teorias do desenvolvimento,
Petrópolis, Vozes, 1993.
99
Carmona de la Peña,
Fernando, Dependencia y cambios estructurales, Editorial Nuestro Tiempo. México,
1970.
Castro, Josué, Geopolítica da
Fome, Editorial Brasiliense, Sao Paulo, 1951.
Castro, Fidel, The World
Economic and Social Crisis, People s Publishing House, Delhi, 1983.
Ceceña Cervantes, José Luis, Superexplotación,
dependencia y
desarrollo. IIE,
México, 1980.
CEPAL, Cincuenta años de
pensamiento en la CEPAL, Fondo de Cultura Económica, México, 2000, 2 Vols.
Chew, Sing C. and Robert C. Denemark, The
Underdevelopment of Development, Newbury Park: Sage, 1996.
Chilcote, Ronald H., “A Critical
Synthesis of the Dependency Literature”, Latin American Perspectives, I,
primavera de 1974, Riverside.
Chilcote, Ronald, Theories of
Development and Underdevelopment, ed. Westview Press, Boulder and London, 1984.
Chilcote, Ronald, Dependency and
Marxism; Toward a Revolution of the Debate, ed. Westview, Boulder y Londres,
1982.
Chilcote Ronald, Teorías de
Política Comparativa, La Búsqueda de un Paradigma Reconsiderado, Vozes,
Petrópolis, 1998.
100
Club of Rome, The Limits to
Growth, Universe Books, Nova York, 1972.
Comissão Sul, O desafio do Sul,
Afrontamento, 1990.
Córdoba, Armando y Silva Michelena,
Héctor, Aspectos Teóricos del Subdesarrollo, Ed. del Instituto de
Investigaciones Económicas, Caracas, 1967
Córdoba, Armando, El capitalismo
subdesarrollado de A.G. Frank, editorial Nueva Izquierda, Caracas, 1972.
Córdova, Arnaldo, La política de
masas del cardenismo, Era, México, 1974.
Costa João Cruz, Contribuição
à História das Idéias no Brasil, José Olympio Editora, Río de Janeiro, 1956.
Cueva, Agustín, El Desarrollo del
Capitalismo en América Latina, siglo XXI, México, 1978.
Cueva, Agustín, “Problemas y
Perspectivas de la Teoría de la Dependencia”, CELA, UNAM.
Dantas San Tiago, Dois Momentos de
Rui Barbosa.
Davydov, Vladimir, “Nueva Ronda de
Debates Acerca de la Dependencia”, América Latina, Moscú, n. 11, 1984.
Dolphus,Olivier,”Le Système
Monde”, en L Information Géographique, 1992, n°54, Pág. 45-52.
101
Dos Santos,
Theotonio, 1966a “La Gran empresa y capital extranjero”. Mimeo, Santiago.
Dos Santos, Theotonio, Encontros com
a Civilização Brasileira, no. 3., Editorial Civilização Brasileira, Rio de
Janeiro, 1966.
Dos Santos, Theotonio, “Crise
Econômica e Crise Política no Brasil”. Mimeo, Santiago, Centro de Estudos
Sócios Económicos, 1966.
Dos Santos, Theotonio, El nuevo
carácter de dependencia. Santiago de Chile, Centro de Estudios
Socio-Económicos, 1967.
Dos Santos, Theotonio, 1968a, “El
capitalismo colonial según A.G. Frank”, Monthly Review en Castellano, 5 de
Noviembre de 1968.
Dos Santos, Theotonio, 1968b,
Imperialismo y dependencia. Ciudad de México, Era, 1968.
Dos Santos, Theotonio, La nueva
dependencia. Santiago de Chile, Centro de Estudios Socio-económicos, 1968.
Dos Santos, Theotonio, Socialismo o
Fascismo: el dilema de América Latina, Santiago de Chile, Editorial PLA, 1968.
Dos Santos, Theotonio, Dependencia y
cambio social. Santiago de Chile, Centro de Estudios Socio-Económicos, 1970.
Dos Santos, Theotonio, La Crisis
Norte-Americana y América Latina, ed. PLA, Santiago de Chile, 1970.
102
Dos Santos, Theotonio, “Structures of
Dependency”, The American Economy, Review, Mayo de 1970, New York, Pags.
231-236.
Dos Santos, Theotonio, 1971, Het
Kapitalisme in de Jaren Zeventig, Amsterdan: Backhandel Van Gennep, 1971.
Dos Santos, Theotonio, Il Capitalism
negli anni 70, Gabriele Mazzotta editore, Milano, 1972.
Dos Santos, Theotonio, “El Capitalismo
Colonial según André Gunder
Frank”, Monthly Review, ediciones en
Castellano, año V, n. 52, noviembre de 1972, Santiago do Chile.
Dos Santos, Theotonio, Imperialismo y
Corporaciones Multinationales, ed. PLA, Santiago de Chile, 1973.
Dos Santos, Theotonio, Imperialismo
y Dependencia, 2a parte, Era, 1975
Dos Santos, Theotonio, Imperialismo y
Dependencia, Era, México, 1978.
Dos Santos, Theotonio, La Revolución
Histórica y la Crisis del Milagro Económico, México D.F., Editorial Nueva
Imagen, 1978
Dos Santos, Theotonio, Iglesia y
Estado en América Latina, (con Pío García, Enrique Dussel et ali), Ciudad de
México, SEPLA, 1979.
103
Dos Santos,
Theotonio, Brasil: Crisis Económica y Transición Democrática (con João
Francisco Neto, Paulo Gonzaga da Silva y Severo Salles), Ciudad de México,
Cuadernos del SEPLA, 1979.
Dos Santos,
Theotonio, La Estrategia y Táctica Socialistas, de Marx y Engels a Lenin (con
Vania Bambirra), Ciudad de México, Ediciones Era, 2 Vols. , 1980.
Dos Santos, Theotonio, 1983, Revolução
científico-técnica e capitalismo contemporâneo. Petrópolis, Vozes, 1983
Dos Santos, Theotonio, Teorias do
Capitalismo Contemporâneo, Belo Horizonte, Veja, 1983.
Dos Santos, Theotonio, Forças Produtivas
e Relações de Produção, Vozes, 1983.
Dos Santos,
Theotonio, “Fundamentos Teóricos do Governo Fernando Henrique Cardoso”,
Política e Administração, FESP, Río de Janeiro, Vol. 2, n° 4, 1994, Pág. 64-73;
Ciência e Letras, Porto Alegre, agosto de 1996, Pág. 121-141.
Dos Santos,
Theotonio, “A Crise Atual e sua Dimensão Tecnológica”, Textos para Discussão,
FESP, RJ-1, octubre de 1985.
Dos Santos, Theotonio, Forças
Produtivas e Relações de Produção, Petrópolis: Vozes, 1985.
Dos Santos, Theotonio, O Caminho
Brasileiro para o Socialismo,
Petrópolis: Vozes,
1986.
Dos Santos, Theotonio, Revolução
científico-técnica e acumulação de Capital. Petrópolis:
Vozes, 1987.
104
Dos Santos,
Theotonio, La Crisis Internacional del Capitalismo y los Nuevos Modelos de
Desarrollo. Ed.
Contrapunto, 1987.
Dos Santos, Theotonio, “A Revolução
Científico-Técnica e a Nova Divisão
Internacional do Trabalho”, Journal
of International Relations, Ritsumeikan University, 1990.
Dos Santos, Theotonio, A Trilateral:
nova fase do capitalismo mundial (con
Hugo Assman, Noam Chomsky et alii),
San José, Centroamericana, 1978, Petrópolis, Vozes, 1990.
Dos Santos, Theotonio, 1991, Democracia
e socialismo no capitalismo dependente, Petrópolis, Vozes, 1990.
Dos Santos, Theotonio, “The future of
geopolitical alignments”, The
Ritsumeikan Journal of International
Relations, Vol. 4, n° 3, Págs. 1-32, Kyoto, marzo de 1992.
Dos Santos, Theotonio, Economía mundial,
integração regional e desenvolvi-mento sustentável. Petrópolis, Vozes, 1993.
Dos Santos, Theotonio, “As ilusões do
neo-liberalismo” . Carta, (Publicación del Senador Darcy Ribeiro), Brasilia,
1993.
Dos Santos, Theotonio, Economia mundial,
integração regional e desenvolvimento sustentável, Petróplis, Vozes, 1994.
Dos Santos, Theotonio, Revolução
científico-técnica, divisão internacional do trabalho e sistema económico
mundial. Cadernos ANGE, Vitória, 1994.
105
Dos Santos,
Theotonio, 1995, A evolução histórica do
Brasil: Da
Colônia a crise da Nova República.
Petrópolis, Vozes, 1995.
Dos Santos, Theotonio, “Os Fundamentos
Teóricos do Governo Fernando Henrique Cardoso”, Ciencias & Letras, Porto
Alegre, 1996.
Dos Santos, Theotonio, “América Latina:
Democracia e ajuste estrutural”, Años 90, Porto Alegre, 1996.
Dos Santos, Theotonio, Sistema Econômico
Mundial, Gênese e Alcance de um Conceito, textos para discusión, GREMIMT,
Niteroi, 1998.
Dreifuss, René, A Internacional
Capitalista - Estratégias e Táticas do Empresariado Transnacional - 1918 a
1986, ed. Espaço e Tempo, Río de Janeiro, 1987.
Dreifuss, René, A Época das
perplexidades: Mundialização, Globalização e Planetarização, Vozes, Petrópolis,
1996.
Dunn, C. Chase, “The Effects of
International Economic Dependence on Development and Inequality: A Cross
National Study”, American Sociological Review, XL, diciembre de 1975.
Durand P., Víctor Manuel, “México:
dependencia o independencia en 1980” en El perfil de México en 1980.
Duvall, Raymund et al., “A Formal Model
of „dependency theory: structure,
measurement and some preliminary
data”, Edimburgo, Congreso del IPSA, 16-21 de Agosto de 1976.
106
Dussel, Enrique , Para una
Ética de la Liberación Latinoamericana, t.1-2 (escritos en 1970-1972), Siglo
XXI, Buenos Aires, 1973; t.3 (escrito en 1973), Edicol, México, 1977; t. 4-5
(escritos en 1974-1975), USTA, Bogotá, 1979-1980 (en portugués, Loyola, Sao
Paulo, t. 1-5, 1982). Hay otras ediciones en lengua española.
Dussel, Enrique, El dualismo
en la antropología de la Cristiandad, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1974.
Dussel, Enrique, La Producción
Teórica de Marx. Un comentario a los Gründrisse, Siglo XXI, México, 1985.
Dussel, Enrique, ¿Qué es la
teoría de la dependencia?”, América Latina, Moscú, n° 12. 1985, y n° 3, 1986.
Dussel, Enrique, Hacia un Marx
Desconocido. Un Comentario de los Manuscritos del 61-63, Siglo XXI, México,
1988.
Dussel, Enrique, El Último
Marx (1863-1882) y la Liberación Latinoamericana, siglo XXI, México, 1990.
Dussel, Enrique, “Re-lecture
Marx. Aus der Perspektive der Lateinamerikanixchen Philosophie der Befreiung”,
en Bremen Philosophica, Folleto Universitat Bremen, Studiengang Philosophie,
n°5, 10 p., 1992
Dussel, Enrique, Las
Metáforas Teológicas de Marx, Verbo Divino, Estella (España), 1993.
Dussel, Enrique, Historia de
la Filosofía Latinoamericana y Filosofía de la Liberación, Nueva América,
Bogotá, 1994
Economic Survey of Japan, 1988-1989 y
1989-1990.
107
Fajnzylber,
Fernando, Sistema industrial en Brasil, 1970.
Fajnzylber, Fernando, Sistema
industrial y exportación de manufacturas, IPEA, Brasilia, 1973.
Faria, Vilmar E., “Dépendence et
idéologie des dirigeants industriels brésiliens”, Sociologie du Travail, n° 3,
julio-setiembre de 1971, París; Faria escribió también una monografía todavía
inédita sobre el mismo tema.
Fausto, Ayrton, “La nueva
situación de dependencia y el análisis sociopolítico de Theotonio dos Santos”,
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, n°1-2, Santiago de Chile, 1971.
Fernandes,
Florestan, “Patrones de dominación externa en América Latina”, Revista
Mexicana de Sociología, Vol. XXXII, n° 6, noviembre-diciembre de 1970.
Frank, André Gunder, El Desarrollo del
Subdesarrollo. Un Ensayo Autobiográfico, editorial Nueva Sociedad, Caracas,
1991.
Frank, André Gunder , World
Accumulation, 1492-1789, y Dependent Accumulation and Underdevelopment, ambos
editados por Monthly Review en 1978.
Frank, André Gunder, Crisis in the
World Economy, y Crisis in the Third World, ambos publicados por Holmes &
Meier, New York, 1980, 1981.
Frank, André
Gunder, “A Theoretical Introduction to 5000 years of World System
History”, in Review, Binghamton, Vol. XIII, n° 2, Pág. 155-248, primavera de
1990.
108
Freeman Christopher
(ed.), Long Waves in the World Economy, Frances Pinter, Londres, 1984.
Fundação Gulbenkian e Grupo Lisboa, Limite à
Competição, Lisboa, 1994.
Furtado, Celso, O mito do
desenvolvimento economico, Sao paulo, Paz e Terra, 1974.
Furtado, Celso, Teoria e Política
do Desenvolvimento Econômico, Editora Nacional, 1979.
Fukuyama, Francis, O fim da história
e o último homem, Río de Janeiro, Rocco, 1992.
Galtung, Johan, “A Structural
Theory of Imperialism”, Journal of Peace Research, 2, 1971, Pág. 81-117.
Gaos José, El Pensamiento
Hispano-americano. Antología del Pensamiento de Lengua Española en la Edad
Contemporánea, Edición de Obras completas, Vol. V, Universidad Nacional
Autónoma de México, México, 1993.
García, Antonio, “Atraso y
dependencia en América Latina”. Hacia una teoría latinoamericana de las
ciencias sociales del desarrollo, Eudeba, Buenos Aires, 1972.
Girvan, Norman, “The Development
of Dependency Economics in the Caribbean and Latin America: Review and
Comparison”, Social and Economic Studies, XXII, marzo de 1973.
Gonzáles,
Estanislao, “Venezuela: nueva política petrolera y dependencia”. Economía y
Ciencias Sociales, Caracas, 1973.
Graciarena, Jorge, “La dinámica del
capitalismo del subdesarrollo en América Latina”, Foro Internacional, XIII,
México, abril-junio de 1973.
109
Grou, Pierre, Atlas Mondial des
Multinationales e L Espace des Multinationales, Réclus-La Documentation
Française, París, 1990.
Gurrieri Adolfo, La Obra de
Prebish en la CEPAL, F.C.E., México, 1982.
Hasenbalg, G.,
Brigadão C., Leite Costa, F.J., O sector financiero no Brasil:
aspectos históricos, Dados, IUPERJ, Río de Janeiro, 1970.
Herrera, Amilcar, Catastrophe or
New Society? A Latin American World Model, IDRC, Ottawa, 1976.
Herrera, Amilcar, Las Nuevas
Tecnologías y el Futuro de América Latina. Campinas, Unicamp, 1991.
Hettne, Bjorn, Development
Theory and the Three Worlds, SAREL Report, R-2. Estocolmo, 1990.
Hettne, Bjorn e
Blomström, Magnus, Development Theory in Transition, The Dependency Debate & Beyond;
Third World Reponses, Zed Books, Londres, 1984. Edición en español por el Fondo
de Cultura Económica, 1990.
Hinkelammert, Franz, El subdesarrollo
latinoamericano. Un caso de desarrollo capitalista, Ed. Paidos, Buenos Aires,
1970.
Hinkelammert, Franz, “La teoría
clásica del imperialismo, el subdesarrollo y la acumulación socialista”,
Cuadernos de la Realidad Nacional, Santiago de Chile, n.4, junio de 1970.
Hinkelammert, Franz, “Teoría de la
dialéctica del desarrollo desigual”, Cuadernos de la Realidad Nacional,
Santiago de Chile, n°6, diciembre de 1970.
110
Hirshman Albert O.
, Estratégias de Desenvolvimento Econômico.
Hunt, Economic
Theories of Development, Harverster Wheatsheaf, New York 1989.
Huntington, Samuel P. , A terceira
onda: A democratização no final do século XX. Sao Paulo, Atica, 1994.
Hveem, Helge, “The Global
dominance system. Notes on a theory of global political
economy”, Journal
of
Peace Research, 4, 1973, Pág.
319-340.
IMEMO - Institute
of World Economy and International Relations of the Science Academy, Developing
Countries:
Regularities, Tendencies and
Perspectives, editado en Russia en 1978.
Ianni, Octavio, Imperialismo y
cultura de la violencia en América Latina, Editorial Silgo XXI, México, 1970.
Ianni, Octavio, Sociología del
Imperialismo, Editorial Sep-Setentas, México, 1970.
Ianni, Octavio, “La Sociología de
la dependencia en América Latina”. Revista Paraguaya de Sociología, Vol.
I, n.21, Asunción, mayo-agosto de
1971.
Kahl, Joseph A., Modernization
Exploitation and Dependency in Latin America, New Brunswick, New Jersey, 1976.
Kay, Cristóbal, Latin
American Theories of Development and Underdevelopment, 1989.
Kauffman, Robert, “A Preliminary
Test of the Theory of Dependency”, Comparative Politics, VII, abril de 1975.
111
Labastida, J., “Los grupos
dominantes frente a las alternativas de cambio”, en El perfil de México en
1980, Siglo XXI, México, 1979.
Lall, Sanjaya, “Is Dependence a
Useful Concept in Analysing Underdevelopment?”, World Development, III,
noviembre de 1975.
Larraín, Theories
of Development, Plity-B Blackwell, Cambridge, Mass. Y Londres, 1989.
Lechman, Democracy and
Development in Latin America, Temple University, Philadelphia, 1990.
Lebedinsky, Mauricio, Del subdesarrollo
al desarrollo, Quipo, Buenos Aires, 1968.
Lebedinsky, Mauricio, América Latina en
la encrucijada de la década del setenta, Centro de Estudios, Buenos Aires,
1970.
Leiva, J.L., El sector
externo, los grupos sociales y las políticas económicas en Chile (1830-1940),
CESO, mimeo, Santiago de Chile, 1970.
Le Roy, Cis et Ali, “Toward a
Resolution of the Weakness of Dependency Theory”, Riverside, Collective Paper
of Graduate Students, University of California, 1973.
Lessa, C. y Vasconi, T., Hacia una
crítica de las interpretaciones del desarrollo latinoamericano, Universidad
Central de Venezuela, 1969.
112
Lewis Arthur W., A Teoria do
Desenvolvimento Econômico, Zehar, Río de Janeiro, 1960.
Lewis, Colin M., Latin
America, Economic Imperialism and the State; The Political Economy of the
External Connection from Independence to Present, The Athlone Press, Londres,
1985.
Loureiro Maria Rita (org.), 50 Anos de
Ciência Econômica no Brasil, Vozes, Petrópolis, 1997.
López Segrera, Francisco, Cuba: Capitalismo
dependiente y subdesarrollo (1510 – 1959), Casa de las Américas, La Habana,
1972.
Love, Joseph L., A Construção
do Terceiro Mundo – Teorias do subdesenvolvimento na Romênia e no Brasil, Paz e
Terra, Sao Paulo, 1998.
Luciano, Martins, Politique et
développement économique: structures de pouvoir et système de décisions au
Brésil, Anthropos, 19 , París.
Madison Angus, The World Economy
in the 20th Century, OCDE, París, 1989.
Magalhães João Paulo de Almeida, Paradígmas
Econômicos e Desenvolvimento, a Experiência Brasileira, Editora UFRJ y EDUERJ,
Río de Janeiro, 1996.
Magdoff Harry, La Era del
Imperialismo, Editorial Nuestro Tiempo, México, 1969.
Maidánik, Kiva, El Proceso
Revolucionario de América Latina visto desde la URSS, editora Taller, C. por
A., Santo Domingo, República Dominicana, 1982.
Malavé-Matta, Héctor, “Dialéctica del
subdesarrollo y dependencia”, Problemas del Desarrollo, México, agosto-octubre
de 1972.
113
Manley, Michael, Global Challenge,
From Crisis to Cooperation; Breaking the
North-South
Stalematc, Report of the Socialist International Committee on Economic Policy,
Pan Books, Londres & Sidney, 1985.
Marini, Ruy Mauro, Subdesarrollo
y Revolución, Siglo XXI, México, 1985, 12da edición (1º edición, 1969).
Marini, Ruy Mauro, Sous-développement
et révolution en Amérique latine, Maspero, París, 1972.
Marini, Ruy Mauro, Il
subimperialismo brasiliano, Einaldi, Turín, 1974.
Marini, Ruy Mauro, Subdesenvolvimento
e revolução, Iniciativas Editoriais, Lisboa, 1975.
Marini, Ruy Mauro, Dialéctica de
la dependencia, Era, México, 1990, 10ma edición (1º edición, 1973);
Marini, Ruy Mauro, El reformismo
y la contrarrevolución. Estudios sobre Chile, Era, México, 1976.
Marini, Ruy Mauro, Análisis de
los mecanismos de protección al salario en la esfera de la producción,
Secretaría de Trabajo, México, 1983.
Marini, Ruy Mauro, Democracia e
Integração na América Latina, Ed. del autor, Sao Paulo, 1990.
Marini, Ruy Mauro “Brazilian
Sub-Imperialism”, Monthly Review (New York),
Enero de 1972; “Sub imperialismo del
Brasil”, Monthly Review (Buenos Aires), 1-2, Mayo de 1973.
Marini, Ruy Mauro “Subdesarrollo
y revolución en América Latina”, Tricontinental (Habana, con ediciones también
en francés e inglés), 1968; Monthly Review - Selecciones en Castellano
(Santiago de Chile), setiembre de 1969.
114
Marini, Ruy Mauro “La
dialéctica del desarrollo capitalista en Brasil”, Cuadernos Americanos
(México), XXV, n°5, junio de 1966.
Marini, Ruy Mauro “Brazilian
Interdependence and Imperialist Integration”, Monthly Review (New York),
diciembre de 1965; “La interdependencia brasileña y la integración
imperialista”, Monthly Review en Castellano (Buenos Aires), 1966.
Marini, Ruy Mauro “Contradicciones
y conflictos en el Brasil contemporáneo”, Foro Internacional (México),
abril-junio de 1965.
Marini, Ruy Mauro “Las Razones
del Neo-desarrollismo, respuesta a F.H. Cardoso y J. Serra”, Revista Mexicana
de Sociología, México, número especial, 1978 (este mismo número publica el
artículo de Cardoso).
Marini, Ruy Mauro, 1965,
Brazilian, “Interdependence” and imperialists integration. Monthly Review ,
Diciembre de 1965.
Marini, Ruy Mauro, Dialéctica de la
Dependencia, Serie Popular Era, Ciudad de México, 1974.
Marini, Ruy Mauro, La Teoría Social
lantinoamericana, 4 Vols. , Ciudad de México, El Caballito,
1994-1995.
Marini, Ruy Mauro y
Millán,Márgara (orgs.), La Teoría Social Latinoamericana, Textos
Escogidos. 3 Vols., Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1995.
Marini, Ruy Mauro y
Millán, Márgara (orgs.), La Teoría Social Latinoamericana, Tomo I: Los
Orígenes; Tomo II: Subdesarrollo y Dependencia; Tomo III: La Centralidad del
Marxismo; Tomo IV: Cuestiones Contemporáneas; Ediciones el Caballito –
Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1996.
Marini Ruy Mauro y
Dos Santos Theotonio, Antología sobre el Pensamiento Social Latinoamericano, CRESALC-UNESCO,
Caracas, 1999.
115
Martz, John, “Political
Science and Latin American Studies: A Discipline in Search of a Region”, Latin
American Research Review, VI, primavera de 1971.
Maza Zavala, D. F., Los
mecanismos de la dependencia, Fondo Editorial Salvador de la Plaza, Caracas,
1973.
Michellet, C.A., Le Capitalisme
Mondial, P.U.F., París, 1985.
Meeropol, Michael, “Towards a
Political Economy Analysis of Underdevelopment”, Review of Radical Economy, IV,
1972.
Moreno, José, CEPAL, reformismo
e imperialismo, Ed. Barbara, Caracas, 1971.
Mota, Carlos Guilherme, Ideologia da
Cultura Brasileira (1933-74), Editorial Ática, Sao Paulo, 1978.
Muñoz, Heraldo, “El Análisis de
la Teoría de la Dependencia en los Centros: Ejemplos de EE.UU.”, en Estudios
Internacionales, enero-marzo de 1979.
Muñoz, Heraldo, “Cambio y
Continuidad en el Debate sobre la Dependencia y el Imperialismo”, en Estudios
Internacionales, octubre-diciembre de 1978.
Muñoz, Heraldo, From Dependency
to Development - Strategies to Overcome Underdevelopment and Inequality,
editorial Westview Press, Boulder, Colorado, 1982.
Murga, Antonio, “Dependency: A
Latin American View”, NACLA Newsletter, IV, febrero de 1971.
Naciones Unidas, Comisión
Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Nosso Futuro Comum, Fundación
Getúlio Vargas, 1988.
116
Ngo Man Lan, Real Growth:
Critical Studies in Asian Development, 2 vols., Hindustan Publishing
Corporation, Delhi, 1984.
Número Especial sobre “Ciclos
Largos”. Review, Vol. II, n° 4, 1979.
O’Brien, Phillip, “A Critique of
Latin American Theories of Dependence”, en Oxgal et ali, Beyond the Sociology
of Development, Londres, 1975.
O Desafio ao Sul - Relatório da
Comissão Sul, ed. Afrontamento, Lisboa, 1990.
OECD, Council at
Ministerial Level, Background Report Concluding the Technology Economy Programs
(TEP), París, 1991.
Olof Palme Commission Report, Common Security;
A Program for Disarmament, Pan Books, Londres & Sidney, 1982.
Oman, Charles, The Postwar
Evolution of Development Thinking, OECD Development Center, París, 1991.
Palma, Gabriel, 1978,
“Dependency: A Formal Theory of Underdevelopment or a Methodology for the
Analysis of Concrete situations of Underdevelopment”, World development n° 6,
Pág. 881-894, 1978.
Peet, Richard, Global Capitalism
- Theories of Societal Development, Routledge, Londres y New York, 1991.
Peralta, Ramos M., Etapas de
acumulación de capital y lucha de clases en la Argentina, 1930-1970, Siglo XXI,
Buenos Aires, 1972.
Perroux François, A Economia do
Século XXI, Herder, Lisboa, 1967 (2a edición 1964).
Pereira, Y. E., Endeudamiento
exterior, IPEA, Brasilia, 1974.
Pinto A., “El modelo de
desarrollo reciente en América Latina”, en El Trimestre Económico, n. 150,
México, 1970.
Pinto, Aníbal, “Notas sobre
desarrollo, subdesarrollo y dependencia”, El Trimestre Económico, Vol. 39, n.
154, México, 1972.
117
Pinto, Aníbal, “El sistema
centro-periferia 20 años después”, International Economics. Ensayos en honor de
Raúl Prebisch, Estados Unidos, Ed. L.E.D. Marco, Academic Press, 1972.
Pizarro, Roberto y Caputo, Orlando, Imperialismo,
dependencia y relaciones económicas internacionales, editorial PLA, Santiago,
Chile, 1970.
Pizarro, Roberto y Caputo, Orlando, Desarrollo y
capital extranjero: las nuevas formas del imperialismo en Chile, Ceso, Santoago
de Chile, 1972.
PNUD, Human
Development Report, ONU, New York, 1991.
Portantiero, Juan Carlos, “El Marxismo
Latinoamericano” en History of Marxism, dirigida por Eric J. Hobsbawn, 8
volúmenes.
Prebisch, Raúl, Capitalismo
Periférico, Crisis y Transformación, Fondo de Cultura Económica, México, 1981.
Quijano, Aníbal, “Nationalism and
Capitalism in Peru: a study of neo imperialism”, Monthly Review, Vol. 23, n° 3,
julio-agosto de 1971.
Ramos, Sergio, Chile: ¿Una
economía en transición?, Editorial PLA, Santiago, 1970.
Reyna, J.L., “Movilización
o partipación política: discusión de algunas hipótesis para el caso mexicano”.
El Perfil de México en 1980, Siglo XXI, México, 1972. Además de este trabajo
ver su tesis de doctorado.
Rodríguez, Gustavo O., De la Cepal a la
Teoría de la Dependencia: un esquema descriptivo, IESE, Cochabamba, 1979.
118
Rodríguez, Octavio, “Informe sobre
las Críticas a la Concepción de la CEPAL”, Secretaria de la Presidencia,
México, 1974.
Rostow, W.W., Etapas do
Crescimento Econômico, Zahar editores, Río de Janeiro, 1961.
Rostow, W.W., The World
Economy: History and Prospects, University of Texas Press, Austin, 1978.
Rostow, W.W., Theories of
Economic Growth from David Hume to the Present-with a Perspective in the Next
Century, Oxford University, New York, 1994.
Russet, Bruce, “An empirical
assessment of global inequalities and dependence”, Theories of Dominance
and Dependency Structures, Actas del seminario en Oslo, 13-14 de Marzo de 1975,
Vol. II, PRIO, Oslo, 1975.
Sachs, Ignacy, Estratégias de
Transição para o Século XXI, Studo Nobel, Sao Paulo, 1993.
Sankatsing Glenn, Las Ciencias
Sociales en el Caribe: Un balance crítico. UNESCO - Editorial Nueva Sociedad,
Caracas, 1990.
Schmidt, Benicio
Viera, “Um teste de duas estrategias políticas: a dependencia e a autonomia”,
tesis de maestría, mimeo., Belo Horizonte, 1970.
Schumpeter, Theoria do
Desenvolvimento Econômico, Os Economistas, Abril editora, Sao Paulo, 1980.
Schwartz Roberto, Ao Vencedor, as
Batatas, Forma Literária e processo social nos inícios do romance brasileiro,
3a edición, Livraria Duas Cidades, Sao Paulo, 1988.
119
Semo, Enrique, La Crisis Actual
del Capitalismo, Editorial de Cultura Popular, México, 1975.
Sentzes, Tamas, The Political
Economy of Underdevelopment, Akadémiari Kiadó, Budapest, 1971.
Sepúlveda, Cristian, Desarrollo
económico en Chile. Cuadernos del CESO, 1973, (mimeo).
So, Alvin Y., Social Change
and Development, Modernization, Dependency and World System Theories, Sage
Library of Social Research, Londres, 1990.
Sonntang, Heintz R., Duda/Certeza/Crisis.
La Evolución de las Ciencias Sociales de América Latina, UNESCO - Editorial
Nueva Sociedad, Caracas, Venezuela, 1989.
Stavenhagen, Rodolfo, “The Future of
Latin America: Between Underdevelopment and Revolution”. Latin American
Perspectives, Vol. I, n°1, 1974.
Stavenhagen, Rodolfo, “¿Cómo
descolonizar las ciencias sociales?”, Sociología y Subdesarrollo, Nuestro
Tiempo, México, 1972.
Sunkel, Oswaldo, “Política
nacional de desarrollo y dependencia externa”, Revista de Estudios
Internacionales, Vol. I, n. 1, Santiago de Chile, mayo de 1967.
Sunkel Oswaldo, “Capitalismo
Transnacional e Desintegração Nacional na América Latina”, Social and Economic
Studies, University of West Indies, 22-1, 1973.
The Global 2000 Report to the
President of the US, Government Printing Office, Washington, D.C., 1980.
120
The Journal of
Internacional Studies, dedicó una edición especial al la Teoría de la Dependencia en febrero
de 1973.
Timbergen, Jean (coordinador),
Reshaping the International Order, Rio, Relatorio del Club de Roma, Dutton, New
York, 1976.
Todaro, M.P., Economic
Development in the Third World, Longman, Londres, 1977.
Tuomi, Helena, “Dependency
Models in Western Development Research”, in Dependency & Latin American
Development, Seminar of Latin America: A Report, Eeva-Luisa Myllimäkí y Brett
Dellinger, ed. Rauhaan Tutkien, Finish Peace Research Association, Helsinki,
1977.
United Nations, Center on
Transnational Corporations, World Investment Report, New York, 1992,
1993, 1994, 1995, 1996.
United Nations, Center on
Transnational Corporations, Transnational Corporations in World Development.
Trends and Prospects, 1998.
Vaitsos, C., Comercialización
de tecnología en el Pacto Andino, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1973.
Väyrinen, Raimo , “The Role
of Transnational Corporations in International Trade”, Tampere Peace Research
Institute, Occasional Papers, nº 3, 1976.
Vasconi, T., Dependencia y
superestructura y otros ensayos, en colaboración con Inés Recca, Modernización
y crisis en la Universidad Latinoamericana.
Villa, M., “Las bases
del Estado mexicano y su problemática actual” en El perfil de México en 1980,
Vol. 3, Siglo XXI, México, 1979.
Vuskovic, P., “Distribución
del ingreso y opciones de desarrollo”, en CEREN, Universidad Católica de Chile,
Santiago de Chile, 1970.
Wallerstein, Immanuel, The
Capitalist World Economy, Cambridge University Press, Cambridge, 1979.
Wallerstein, Immanuel, The Politics
of the World Economy, Maison des Sciences de I Homme, París, 1984.
121
Wallerstein,
Immanuel, Modern World System, Academic, New York, Vol. I, 1974
Wallerstein, Immanuel, Modern World
System, Academic, New York, Vol. II 1980.
Wallerstein, Immanuel, Modern World
System, Academic, New York, Vol. III, 1989.
Wallerstein, Immanuel, O Capitalismo
Histórico, Ed. Brasiliense, Sao Paulo, 1986.
Weffort, F. C., “Clases
populares y desarrollo social”. ILPES, Febrero de 1968.
Wignajara, Ganeshan, The Postwar
Evolution of Development Thinking, OECD Development Center, París, 1991.
W. Andreff, Les
Multinationales, La Découverte, París, 1987.
W. Leontief, The Future of
World Economy, Naciones Unidas, 1977.
Willy Brand Commission Report, North-South; A
Programme for Survival, Pan Books, Londres & Sidney, 1980.
Willy Brand Commission Report, Common Crisis
North-South; Cooperation for World Recovery, Pan Books, Londres & Sidney,
1983.
122
CUADRO 1
Escuelas de la teoría del desarrollo
en América Latina
|
Autores |
Modernización |
Estructuralismo |
|
Dependencia |
|
|
|
|
|
|
Refor |
No-Mx |
Mx |
NeoMx |
|
Prebisch |
Lar |
Kay Lar Het |
|
|
|
|
|
Furtado |
|
Kay Lar Hnt Het |
|
|
|
|
|
Sunkel + Paz |
Kay Lar Hnt Het |
Kay |
|
|
|
|
|
Pinto |
|
Kay |
Kay |
|
|
|
|
Tavares |
|
|
|
|
|
|
|
Jagauribe |
|
Kay |
Kay |
|
|
|
|
Ferrer |
|
Kay |
Kay |
|
|
|
|
Cardoso + Faletto |
Kay Hnt |
Kay |
Lar |
|
|
|
|
Baran |
|
|
|
Lar |
|
Het |
|
Frank |
|
|
|
Lar |
Kay |
Het |
|
Marini |
|
|
|
Lar |
Kay |
Het |
|
Dos Santos |
|
|
Lar |
Kay |
Het |
|
|
Bambirra |
|
|
|
|
Kay |
Het |
|
Quijano |
|
|
|
|
Kay |
|
|
Hinkelammert |
|
|
Lar |
|
|
|
|
Braun Kay |
|
|
|
|
|
|
|
Emmanuel |
|
|
Lar |
|
Hnt |
|
|
Amin |
|
|
|
Lar |
|
Hnt |
|
Warren |
|
|
|
|
|
Hny |
123
Diagramas sobre las teorías del
desarrollo
Orientaciones teóricas:
(P) Positivo-formal (F)
(N) Normativo-formal
(F)
(P) Positivo-sustantivo
(S)
(N) Normativo-sustantivo
(S)
N

No hay comentarios:
Publicar un comentario