© Libro N° 13837. Sobre La
Vejez. Cicerón,
Marco Tulio. Traducción Rosario Delicado Méndez. Emancipación.
Mayo 17 de 2025
Título Original: © MARCO TULIO CICERÓN. SOBRE LA
VEJEZ. Traducción Rosario Delicado Méndez
Versión Original: © Marco Tulio Cicerón. Sobre La Vejez. Traducción Rosario Delicado Méndez
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
MARCO TULIO CICERÓN
SOBRE LA VEJEZ
Traducción Rosario Delicado Méndez
MARCO TULIO
CICERÓN
SOBRE LA
VEJEZ
Traducción
Rosario Delicado Méndez
MARCO TULIO CICERÓN
SOBRE LA VEJEZ
Traducción Rosario Delicado Méndez
Colección: Clásicos
[SOBRE LA AMISTAD], SOBRE LA VEJEZ
Traducción
Rosario Delicado Méndez
ISBN: 84-934544-0-0
Depósito Legal: M-45693-2005
Editor: P.M.T. Editorial Tal -Vez
C/ Mayor, 47
Velilla de San Antonio
28891 Madrid.
Impreso en
Arteprint. Impresores digitales S. L. L.
C/ Andalucía, 3 - 2
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28840 Mejorada del Campo (Madrid)
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 1
Rosario Delicado Méndez nació en Mérida (Badajoz).
Es doctora por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis "Tito
Livio en España: (los códices latinos en las bibliotecas españolas, la
tradición castellana, directa e indirecta" y catedrática de Filología
Latina. Ha publicado distintos artículos sobre estudios clásicos en las
revistas "Helmática", "Alor Novísimo"y "Revista de
Estudios Clásicos". Ha participado en congresos de estudios humanísticos y
clásicos presentando distintas comunicaciones. Actualmente trabaja como asesora
del ámbito sociolingüístico en el Centro de Apoyo al Profesorrado de Coslada.
La traducción de los textos de Cicerón "Sobre
la amistad" y "Sobre la vejez" va dedicada a "los
estudiantes de los maravillosos años del bachillerato, cuando el alumno
disfrutaba del latín de Cicerón, para recordar algunos de los valores que nos
transmitieron aquellos varones ilustres, nuestros antepasados.", en
palabras de la propia Rosario Delicado.
EDITORIAL TAL VEZ, "COLECCIÓN CLÁSICOS"
DEDICATORIA:
A todos los estudiantes, especialmente para los
alumnos de "los maravillosos años del bachillerato", cuando todavía
el alumno disfrutaba con el latín de Cicerón y de las obras de los autores
clásicos en general.
Sólo pretendo con esta traducción recordar a los
estudiantes algunos de los valores que nos transmitieron aquellos "varones
ilustres", nuestros antepasados.
Texto latino obtenido de:
http://www.thelatinlibrary.com/cicero/senectute.shtml
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 2
[La reseña corresponde a esta otra edición] *
MARCO TULIO CICERÓN
De Senectute
Editorial Triacastela,
Madrid, 2001.
209 páginas.
Formato: 13,5
x 21 cm
ISBN: 84-930914-5-6
Tipo de encuadernación: Rústica
Tras recordar que De senectute, de Cicerón, es
"la única obra latina exclusivamente consagrada a los ancianos",
George Minois afirma: "puede parecer extraño que la civilización romana,
tan severa con los ancianos, haya producido esta extraordinaria apología de la
vejez, única por muchos conceptos. Por el lugar que ocupa en la literatura, por
la calidad de su estilo y su argumentación, la obra representa un hito esencial
en la historia de los ancianos."
Esta edición bilingüe, traducida por M.ª Nieves
Fidalgo, va precedida por tres trabajos introductorios. El profesor Ribera
Casado estudia la obra desde la perspectiva de la geriatría actual. Georges
Minois analiza la realidad social y la imagen cultural del anciano en el mundo
romano. José Antonio Monge recorre la vida y obra de Cicerón, así como su
influencia en la cultura occidental, además de redactar un aparato de notas
aclaratorias del texto.
De este modo, la presente edición ofrece a la vez
una traducción actual del clásico escrito ciceroniano sobre la vejez y un
brillante conjunto de estudios (desde los puntos de vista médico, social,
cultural, biográfico y filológico) sobre el autor, la obra y el tema tratado en
ella.
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=55470115
Debe celebrarse la preparación de una edición
renovada y comentada del famoso libro de Cicerón. Es uno de los pocos que en la
Antigüedad Clásica ha celebrado la vejez, si bien, al decir de algunos
comentaristas, se trata de una apología sospechosa pues el tono positivo de
algunas páginas parece negarse en otras.
El título real del libro es Cato maior de senectute
liber y está escrito enforma de un diálogo entre Catón el Viejo con dos
jóvenes, Escipión, hijo de Pablo Emilio, y su amigo Lelio. Catón es una
excepción en su época, pues se le representa de ochenta y cuatro años. Los
jóvenes se admiran de la intensa actividad desplegada por el octogenario, y
éste da sus famosas razones para no renegar de la vejez y aceptarla como una
etapa más de la vida, rica en dones y placeres. Que tales dones y placeres son
distintos de los que se goza en otras edades es evidente de suyo y a ello se
dirigen las reflexiones del libro.
Cuando Cicerón escribe esta obra cuenta sesenta y
dos años. No sabe que morirá pronto, a manos de enemigos políticos mendaces, de
los que su mordacidad y afilada retórica le granjeó muchos en su vida de hombre
público, político, polemista y escritor. Su libro debe ordenarse entre los
textos didácticos, aquellos que enseñan a vivir mejor. Hoy día, sería
considerado un libro de autoayuda, esos "self-help books" que tienen
respuestas para todo y que inspiran tan buenos sentimientos de control a las
personas. Es, auténticamente, un tratado de "gerogogía", como debería
llamarse al arte de aprender a envejecer.
Cicerón pone en boca de Catón muchos argumentos que
proceden de la tradición griega, especialmente de Platón, y algunos pasajes
recuerdan el discurso de Céfalo en La República. Por
* Nota del
escaneador.
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 3
ejemplo, Catón confiesa a sus jóvenes oyentes que
algunos placeres ya no se pueden obtener, pero la naturaleza sabiamente quita
el deseo de tenerlos. La culpa de que la vejez sea ingrata no está en ella
misma sino en las costumbres. Pues aquellos viejos que han cultivado la virtud
a lo largo de su vida, que son moderados y no exigentes, que han tenido una
vida "bien llevada" no debieran tener quejas ni mayores penas.
El tema central de la obra —o, más bien, uno de los
temas centrales— consiste en una refutación ordenada de cuatro motivos por los
que la vejez puede parecer miserable.
El primer argumento es que la vejez aparta de las
actividades. Catón (Cicerón, a través de Catón) se pregunta de cuáles. Las
cosas grandes no se hacen con las fuerzas, la rapidez o la agilidad del cuerpo
sino mediante el consejo, la autoridad y la opinión, cosas todas de las que la
vejez, lejos de estar huérfana, prodiga en abundancia. Aunque es verdad que la
memoria disminuye, hay ejemplos notables de viejos capaces de recitar pasajes
enteros de obras literarias, como Sófocles, cuando convenció a los jueces
declamando Edipo en Colona. Otros ancianos, de los que no se escatiman
ejemplos, tuvieron la dicha de que sus estudios duraran lo que su misma vida.
Bella manera de decir que estuvieron siempre renovándose y aprendiendo.
Sócrates, por ejemplo, empezó a estudiar la lira y el propio Catón la lengua
griega en la ancianidad.
La segunda razón para deplorar la vejez es la
pérdida de la fuerza física. El argumento de Cicerón, puesto en boca de Catón,
es que la vida no debe valorarse por ella. Pero es obvio que decrece. También
es obvio que abundan las enfermedades. Mas éstas ¿no son también propias de los
jóvenes? ¿es que alguien está libre de la debilidad y la dolencia? "Hay
que hacer frente a la vejez, Lelio y Escipión, y hay que compensar sus defectos
con la diligencia. Lo mismo que hay que luchar contra la enfermedad, hay que hacerlo
contra la vejez", dice el sabio anciano. Y agrega algo que suena muy
moderno: "Es preciso llevar un control de la salud, hay que practicar
ejercicios moderados, hay que tomar la cantidad de comida y bebida conveniente
para reponer las fuerzas, no para ahogarlas. Y no sólo hay que ayudar al
cuerpo, sino mucho más a la mente y al espíritu. Pues también estos se
extinguen con la vejez, a menos que les vayas echando aceite como a una
lamparilla".
Estos pasajes son recomendaciones dietéticas, en el
sentido de una forma de vida acorde con la edad. Suenan, en realidad, como de
sentido común, y sin embargo fueron escritos cuarenta años antes de la era
cristiana. Hay que hacer notar que Catón agrega, a continuación, que la vejez
"es honorable si ella misma se defiende, si mantiene su derecho, si no es
dependiente de nadie y si gobierna a los suyos hasta el último aliento".
Estas observaciones, podría argüirse, con ser muy atinadas, no se aplican a
muchos viejos que padecen la tortura de la dependencia y la pobreza. Catón
habla, en realidad, de aquellos viejos que pueden sumergirse en sus estudios y
ni siquiera darse cuenta de que envejecen.
Hay una razón, la tercera, para lamentar volverse
viejo, que es tal vez una de las más frecuentemente citadas: la edad proyecta
hace perder placeres. En esta parte, el viejo Catón lanza una diatriba contra
los placeres. La pasión, alega, nos arrastra a acciones vergonzosas y
criminales. Es una suerte que la edad aleje de nosotros lo que es lo más
pernicioso de la juventud. "...nada hay tan detestable como el placer, si
es verdad que éste, cuando es demasiado grande y prolongado, extingue toda la
luz del espíritu". No sólo no hay que reprochar a la vejez que sepa
prescindir de los placeres, hay que felicitarla por ello. Una vida virtuosa es
garantía de bienestar.
La argumentación es bastante diáfana cuando se
trata de los placeres de la mesa, toda vez que al privarse de excesos, de
comilonas y libaciones, la vida es más grata. Pero con respecto al amor y al
sexo, tema entonces muy debatido y asunto de perenne importancia, la discusión
es algo más difusa. El anciano observa que disminuye el deseo y por lo tanto
hay menos necesidad de obtener satisfacciones en ese ámbito. Sobre todo, dice,
"para los que están satisfechos y ahítos es mucho más agradable la carencia
que el disfrute". De esta frase se infiere lo inverso de lo que
previamente el anciano ha predicado, pues ¿quién puede estar satisfecho y ahíto
de placeres si ha llevado una vida virtuosa privándose de ellos? Resulta que la
carencia es buena para el que ya está harto. Y para hartarse, obviamente, hay
que haber gozado. Otro punto ambiguo es la declaración de que tales
Marco Tulio Cicerón
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placeres no están lejanos del todo. "La vejez,
dice, disfruta de ellos (los placeres) lo suficiente aunque los vea de
lejos". No tan de lejos los ha de ha de haber visto el autor Cicerón,
quien, a los sesenta años se ha divorciado de Terencia tras veintinueve años de
matrimonio para casarse con su joven pupila Publilia.
En el capítulo de los placeres hay una larga
exaltación de los que brinda la agricultura. Ver crecer las plantas, vigilar lo
sembrado, acumular los frutos de la tierra, vivir la paz bucólica del campo,
son ternas en los que el autor se explaya.
Hay que reconocer, sin embargo, que toda la dulzura
de la vida puede verse empañada por la avaricia y la pesadez de ancianos que
desean más de lo que los jóvenes desean concederles. Pobres de ellos,
"pobre de la vejez que tiene que defenderse con palabras". Porque,
dice, "ni las canas ni las arengas pueden proporcionar autoridad de
repente, sino que es la vida anterior vivida honestamente la que recoge los
últimos frutos de la autoridad". Implícitamente, el autor Cicerón, a
través de su personaje Catón, está elevando el respeto a la dignidad de un
placer propio de la vejez. Placer que, no precisa decirse, deriva de la vida
previa, es fruto del esfuerzo de antes. En la sociedad romana, se concedía una
autoridad muy particular a los ancianos en la figura del pater familias . Como
indica Georges Minois en una reflexiva nota, a partir del siglo IV la
desintegración progresiva de la gens dio lugar a las familiae independientes,
cuyos miembros estaban unidos por lazos jurídicos más que naturales bajo la
patria potestas por nacimiento del mismo padre o bien por adopción o
matrimonio. Bajo el sistema de la agnatio, el poder está vinculado al
parentesco por vía masculina, lo cual explica que sea el hombre, y el hombre
viejo, quien goza de absoluto poder. Su autoridad, que no conoce límites, es
frecuente motivo de burla en el teatro y en la literatura. Por ende, es una
figura ambigua. Por una parte, goza de poder y autoridad, por otra es odiado.
No siempre es figura de respeto, especialmente si pierde bienes y poder. La pugna
con las generaciones jóvenes, a menudo ejemplificadas en la figura del hijo,
encuentra resonancias de marcados acentos, tal vez mayores que en otras
tradiciones.
La última razón para deplorar la vejez, la
proximidad de la muerte, es analizada en De Senectute en un registro que ya se
ha convertido en tópico. "Si no vamos a ser inmortales, es deseable, por
lo menos, que el hombre deje de existir a su debido tiempo. Pues la naturaleza
tiene un límite para la vida, como para todas las demás cosas". Si no hay
nada después de la muerte, nada debemos temer. Si la muerte es la puerta para
vida eterna, debiéramos desearla. Por supuesto, en la época de Cicerón el tema
de la longevidad tenía caracteres distintos de la época actual. Hoy no es
improbable que una persona promedio, en un país medianamente civilizado, pueda
aspirar a una larga vida. Por ende, desear vivir muy largo no es ambición
descabellada. El tema de la calidad de la vida larga es el que ahora nos
preocupa y conmueve. La disposición del tiempo libre, el goce del ocio, la
satisfacción de las necesidades, todos los duelos, casi diarios, que significa
la pérdida de ascendiente y dinero son hoy día más relevantes. Una vida
terminada "a su debido tiempo" supone una reflexión filosófica
profunda. Es a esa reflexión a la que alude Daniel Callahan cuando en su libro
"Setting Limits " trata de precisar qué es una vida adecuadamente
vivida y cuándo es razonable que termine. Conocida es su propuesta de racionar
los recursos sanitarios sobre la base de la edad, que ha causado más de alguna
ácida polémica.
El libro de Cicerón es un bello monumento al ideal.
Ojalá todos pudieran vivir y morir como el sabio tribuno imagina y recomienda.
Ojalá sus recomendaciones fueran leídas y meditadas. Tal vez no a todos
convenga el género de vida que allí se describe. Sus páginas destilan una
suerte de esperanzada alegría, un útil recuerdo de que siempre hay algo mejor a
qué aspirar. Como apología de la vejez, logró el libro su propósito. Pero, como
la vejez misma, es una apología de doble faz.
Aquello que se celebra también puede ser objeto de
preocupación. Lo deleitable es a veces negativo. La vejez, como la vida misma,
siempre aceptará miradas múltiples y contradictorias.
Fernando Lolas Stepke
Marco Tulio Cicerón
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MARCO TULIO CICERÓN - CATÓN EL VIEJO O SOBRE LA
VEJEZ M. TVLLI CICERONIS CATO MAIOR DE SENECTVTE
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I.1. O Tite, si quid ego adiuero curamve levasso,
Quae nunc te coquit et versat in pectore fixa,
Ecquid erit praemi?
Tito, si pudiera ayudarte o lograra aliviar algo
esa preocupación que te acongoja y que tienes clavada en tu corazón, ¿qué
premio me darías?
Licet enim mihi versibus eisdem adfari te, Attice,
quibus adfatur Flamininum. Ille vir haud magna cum re, sed plenus fidei;
quamquam certo scio non, ut Flamininum,
Permíteme, Ático, dirigirme a ti con las mismas
palabras que se dirigió el mensajero de Carozos a Tito Flaminino, aquel ilustre
varón no muy acaudalado pero sí muy leal, aunque estoy completamente seguro de
que no lo haré como él.
Sollicitari te, Tite, sic noctesque diesque; novi
enim moderationem animi tui et aequitatem, teque non cognomen solum Athenis
deportasse, sed humanitatem et prudentiam intellego. Et tamen te suspicor
eisdem rebus quibus me ipsum interdum gravius commoveri, quarum consolatio et
maior est et in aliud tempus differenda. Nunc autem visum est mihi de senectute
aliquid ad te conscribere.
Tito, ¿qué es lo que te preocupa día y noche?
Conozco tu moderación y ecuanimidad de ánimo y sé que te trajiste de Atenas tu
apelativo de Ático y además tu humanidad y prudencia. Sin embargo, sospecho que
te inquietas por los mismos asuntos que yo me preocupo, cuyo consuelo, no debe
ser mayor sino que obliga a ser aplazado para otra ocasión. Por eso me parece
ahora el mejor momento para dedicarte algún escrito sobre la vejez.
2. Hoc enim
onere, quod mihi commune tecum est, aut iam urgentis aut certe adventantis
senectutis et te et me etiam ipsum levari volo; etsi te quidem id modice ac
sapienter, sicut omnia, et ferre et laturum esse certo scio. Sed mihi, cum de
senectute vellem aliquid scribere, tu occurrebas dignus eo munere, quo uterque
nostrum communiter uteretur. Mihi quidem ita iucunda huius libri confecto fuit,
ut non modo omnis absterserit senectutis molestias, sed effecerit mollem etiam
et iucundam senectutem. Numquam igitur satis digne laudari philosophia poterit,
cui qui pareat, omne tempus aetatis sine molestia possit degere.
¡En efecto! Deseo que tú y yo mitiguemos este peso,
común: la inminente llegada de la vejez. Con toda seguridad sé que tú, la vives
con dignidad, y eres capaz de afrontar todos los problemas que conlleva. Cuando
pienso en escribir sobre la vejez, siempre acudes a mi mente como la persona
más digna de este don, del que nos podamos servir cada uno de nosotros. La
preparación de este tratado ha sido para mí tal motivo de alegría que, no sólo
he ahuyentado todas las molestias propias de la edad, sino que he intentado
hacerla más suave y llevadera. La filosofía nunca podrá ser suficientemente
alabada por quien reafirme que puede afrontar todas las molestias de la vida
sin ningún tipo de adversidad.
3. Sed de
ceteris et diximus multa et saepe dicemus; hunc librum ad te de senectute
misimus. Omnem autem sermonem tribuimus non Tithono, ut Aristo Cius, (parum
enim esset
Sobre estos asuntos hemos hablado mucho y
hablaremos mucho más. Te envío, pues, este pequeño tratado sobre la vejez. Pero
este discurso se lo atribuiremos no a Titono, como lo hiciera
Marco Tulio Cicerón
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auctoritatis in fabula), sed M. Catoni seni, quo
maiorem auctoritatem haberet oratio; apud quem Laelium et Scipionem facimus
admirantis quod is tam facile senectutem ferat, eisque eum respondentem. Qui si
eruditius videbitur disputare quam consuevit ipse in suis libris, attribuito
litteris Graecis, quarum constat eum perstudiosum fuisse in senectute. Sed quid
opus est plura? Iam enim ipsius Catonis sermo explicabit nostram omnem de
senectute sententiam.
Aristón de Quíos —pues poca autoridad existía en la
fábula—, sino al anciano Marco Catón, con lo cual el discurso adquirirá más
autoridad.
A su lado hemos situado a Lelio y Escipión, que
admiraban que este anciano llevara su vejez de un modo tan digno. Él
personalmente les responde.
Si se manifiesta más erudito en este discurso que
en el resto de sus escritos, atribúyelo a las obras griegas, de las que fue un
estudioso incondicional, en su vejez. Pero, ¿qué más hay que añadir? Las mismas
palabras de Catón nos aclararán la opinión que tenemos de la vejez.
II. 4.
Scipio. Saepe numero admirari soleo cum hoc C. Laelio cum ceterarum rerum tuam
excellentem, M. Cato, perfectamque sapientiam, tum vel maxime quod numquam tibi
senectutem gravem esse senserim, quae plerisque senibus sic odiosa est, ut onus
se Aetna gravius dicant sustinere. Cato. Rem haud sane difficilem, Scipio et
Laeli, admirari videmini. Quibus enim nihil est in ipsis opis ad bene beateque
vivendum, eis omnis aetas gravis est; qui autem omnia bona a se ipsi petunt,
eis nihil malum potest videri quod naturae necessitas adferat. Quo in genere
est in primis senectus, quam ut adipiscantur omnes optant, eandem accusant
adeptam; tanta est stultitiae inconstantia atque perversitas. Obrepere aiunt
eam citius, quam putassent. Primum quis coegit eos falsum putare? Qui enim
citius adulescentiae senectus quam pueritiae adulescentia obrepit? Deinde qui
minus gravis esset eis senectus, si octingentesimum annum agerent quam si
octogesimum? Praeterita enim aetas quamvis longa cum effluxisset, nulla
consolatio permulcere posset stultam senectutem.
ESCIPIÓN.— Con frecuencia, junto con Cayo Lelio,
aquí presente, suelo admirarme, Marco Catón, de tu excelente y completo dominio
de todos los conocimientos, y principalmente por el hecho de que la vejez jamás
haya sido onerosa y nefasta para ti, cosa contraria a lo que suelen decir la
mayoría de los ancianos que afirman que ellos soportan una carga más pesada que
el Etna. CATÓN.— Es lógico, Escipión y Lelio, que os parezca digno de
admiración este asunto. Para quienes creen que no hay posibilidad de alcanzar
el bienestar y llevar una vida feliz, sin duda, la vida es dura en todas las
etapas de la vida. Pero quienes consiguen todos los bienes en sí mismos, no les
puede parecer malo lo que la exigencia de la naturaleza traiga. La vejez está
siempre en primer plano. Todos se esfuerzan en alcanzarla y, una vez
conseguida, todos la culpan. ¡Tanta es la necedad de la extravagancia! Suelen
afirmar que la vejez se les echó encima mucho antes de lo que esperaban. En
primer lugar: ¿quién les obligó a pensar de un modo tan absurdo?, ¿por qué la
distancia entre la adolescencia y la vejez es más corta que la distancia entre
la adolescencia y la infancia? En segundo lugar, ¿acaso sería más suave la
vejez si se viviera 800 años en vez 80? Por larga que haya sido la vida, ningún
consuelo habría podido suavizar la necia vejez.
5. Quocirca
si sapientiam meam admirari soletis (quae utinam digna esset opinione vestra
nostroque cognomine!), in hoc sumus sapientes, quod naturam optimam ducem
tamquam deum sequimur eique paremus; a qua non veri simile est, cum ceterae
partes aetatis bene descriptae sint, extremum actum tamquam ab inerti poeta
esse neglectum. Sed tamen necesse fuit esse aliquid extremum et, tamquam in
arborum bacis terraeque fructibus maturitate tempestiva quasi
Si por este motivo admiráis mi sabiduría, ¡ojalá
fuera digno de esa opinión y del sobrenombre de "sabio"! Somos
sabios, por tener a la naturaleza como la mejor guía y por obedecerla como a un
dios. No es creíble que, una vez descritas a la perfección las restantes etapas
de la vida, se olvide el último momento, como se olvida a un poeta sin arte.
Siempre ha sido necesario un final, y, como sucede en los brotes de los árboles
y en los frutos de la tierra, tras su madurez oportuna, el
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 7
vietum et caducum, quod ferundum est molliter
sapienti. Quid est enim aliud Gigantum modo bellare cum dis nisi naturae
repugnare?
sabio casi ajado y caduco, debe aceptar con
serenidad su propio final. ¿Qué otra cosa es oponerse a las leyes de la
naturaleza sino luchar contra los dioses, como si fueran gigantes?
6. Laelius.
Atqui, Cato, gratissimum nobis, ut etiam pro Scipione pollicear, feceris, si,
quoniam speramus, volumus quidem certe senes fieri, multo ante a te
didicerimus, quibus facillime rationibus ingravescentem aetatem ferre possimus.
Cato. Faciam vero, Laeli, praesertim si utrique vestrum, ut dicis, gratum
futurum est. Laelius. Volumus sane, nisi molestum est, Cato, tamquam longam
aliquam viam confeceris, quam nobis quoque ingrediundum sit, istuc, quo
pervenisti videre quale sit.
LELIO.— Con todo, Catón, sería muy grato para
nosotros, te lo pido también en nombre de Escipión, que nos expusieras con qué
reflexiones podemos llevar, de la mejor manera posible, esa edad que se hace
tan gravosa, pues, con toda seguridad, es una circunstancia a la que espera-mos
y queremos llegar.
CATÓN.— Lo haré con sumo gusto, Lelio, si para
vosotros, según dices, va a suponer una mejoría para el futuro.
LELIO.— Sinceramente lo deseamos, Catón. Si el
trazarnos el camino, que también nosotros hemos de recorrer, no es para ti una
molestia, queremos saber cómo es ese punto que tú has alcanzado.
III. 7.
Cato. Faciam, ut potero, Laeli. Saepe enim interfui querellis aequalium meorum
—pares autem, vetere proverbio, cum paribus facillime congregantur— quae C.
Salinator, quae Sp. Albinus, homines consulares nostri fere aequales, deplorare
solebant, tum quod voluptatibus carerent sine quibus vitam nullam putarent, tum
quod spernerentur ab eis, a quibus essent coli soliti. Qui mihi non id
videbantur accusare, quod esset accusandum. Nam si id culpa senectutis
accideret, eadem mihi usu venirent reliquisque omnibus maioribus natu, quorum
ego multorum cognovi senectutem sine querella, qui se et libidinum vinculis
laxatos esse non moleste ferrent nec a suis despicerentur. Sed omnium istius
modi querellarum in moribus est culpa, non in aetate. Moderati enim et nec
difficiles nec inhumani senes tolerabilem senectutem agunt; importunitas autem
et inhumanitas omni aetati molesta est.
CATÓN.— Lo haré todo lo mejor que pueda, Lelio.
Siguiendo el antiguo proverbio "los iguales se reúnen habitualmente con
sus iguales" frecuentemente he intervenido en debates sobre este asunto
con mis pares. Cayo Salinator, Espurio Albino, casi de mi edad, hombres que
habían sido cónsules, solían quejarse de que ya carecían de placeres, sin los
cuales —pensaban ellos— la vida no tiene sentido. Además se sentían
menospreciados por los que antes acos-tumbraban a halagarlos. En mi opinión, se
quejaban de lo que no había razón para ello y no de lo que realmente debieran
quejarse. Si esto sucediera por causa de la senectud, lo mismo me debería pasar
a mí y al resto de los ancianos, a muchos de los cuales yo he conocido en su
vejez sin ningún tipo de quejas. Muchos ancianos afirman que ellos se han
apartado serenamente de los vínculos de los placeres y sin desprecio de los
suyos. La causa de todas estas lamentaciones está en el carácter de cada uno,
no en la edad. Ciertamente la impertinencia y la falta de humanidad molesta en
todas las etapas de la vida. Los ancianos moderados llevan la vejez de una
manera aceptable.
8. Laelius.
Est, ut dicis, Cato; sed fortasse dixerit quispiam tibi propter opes et copias
et dignitatem tuam tolerabiliorem senectutem videri, id autem non posse multis
contingere. Cato. Est istuc quidem, Laeli, aliquid, sed nequaquam in isto sunt
omnia. Ut Themistocles
LELIO.—Así es, Catón. Sin embargo, alguien, podría
decir que para ti, por tus recursos y riquezas y por tu dignidad política, la
vejez, ha sido más placentera que para otros. Hecho que no puede ser aplicado a
todos.
CATÓN.— En parte es así, querido Lelio, pero no
Marco Tulio Cicerón
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fertur Seriphio cuidam in iurgio respondisse, todo
consiste en eso. Según se cuenta, un tal cum ille dixisset non eum sua, sed
patriae gloria Serifio en un debate dijo que Temístocles había splendorem
adsecutum: 'Nec hercule,' inquit, 'si conseguido prestigio por su patria, no
por sí ego Seriphius essem, nec tu, si Atheniensis mismo. Temístocles le
respondió: "¡Por clarus umquam fuisses.' Quod eodem modo de Hércules!,
aunque yo fuera Serifio y tú senectute dici potest. Nec enim in summa inopia
Temístocles, tú jamás habrías llegado a ser levis esse senectus potest ne
sapienti quidem, ilustre!" Ni siquiera el sabio puede afrontar la
nec insipienti etiam in summa copia non gravis. vejez de manera llevadera en medio de la más
profunda indigencia, pero para el necio, aún en la
suma abundancia, no deja de ser gravosa.
9. Aptissima
omnino sunt, Scipio et Laeli, arma senectutis artes exercitationesque virtutum,
quae in omni aetate cultae, cum diu multumque vixeris, mirificos ecferunt
fructus, non solum quia numquam deserunt, ne extremo quidem tempore aetatis
(quamquam id quidem maximum est), verum etiam quia conscientia bene actae vitae
multorumque bene factorum recordatio iucundissima est.
Las armas defensivas de la vejez, Escipión y Lelio,
son las artes y la puesta en práctica de las virtudes cultivadas a lo largo de
la vida. Cuando has vivido mucho tiempo, producen frutos maravillosos. La
conciencia de haber vivido honradamente y el recuerdo de las muchas acciones
buenas realizadas, resulta muy satisfactorio en el último momento de la vida.
IV. 10. Ego Q. Maximum, eum qui Tarentum recepit,
senem adulescens ita dilexi, ut aequalem; erat enim in illo viro comitate
condita gravitas, nec senectus mores mutaverat. Quamquam eum colere coepi non
admodum grandem natu, sed tamen iam aetate provectum. Anno enim post consul
primum fuerat quam ego natus sum, cumque eo quartum consule adulescentulus
miles ad Capuam profectus sum quintoque anno post ad Tarentum. Quaestor deinde
quadriennio post factus sum, quem magistratum gessi consulibus Tuditano et Cethego,
cum quidem ille admodum senex suasor legis Cinciae de donis et muneribus fuit.
Hic et bella gerebat ut adulescens, cum plane grandis esset, et Hannibalem
iuveniliter exsultantem patientia sua molliebat; de quo praeclare familiaris
noster Ennius:
Yo, siendo joven, aprecié como a un igual a Quinto
Máximo, quien recobró Tarento siendo ya un anciano. En aquel varón existía una
gran firmeza y ni siquiera la ancianidad pudo cambiar sus costumbres. Cuando
comencé a cultivar su amistad todavía no era viejo, pero sí de avanzada edad.
Yo nací al año siguiente de su primer consulado. Siendo yo adolescente y él en
su cuarto consulado, marché junto con él como soldado a Cápua, y, cinco años
después, a Tarento. Cuatro años más tarde fui cuestor, ejercí como magistrado
siendo cónsules Tuditano y Cetego. Él, ya longevo, fue acérrimo defensor de la
ley Cincia que no permitía obsequios ni regalos en la defensa de una causa. El
llevaba los asuntos bélicos como un joven, aunque en realidad era ya un
anciano. Con su paciencia aguantaba al joven y fogoso Aníbal. Acerca de esto
manifestó con toda brillantez nuestro querido amigo Ennio:
Unus
homo nobis cunctando
restituit rem,
Noenum rumores ponebat ante salutem:
Ergo plusque magisque viri nunc gloria
claret.
"Fue un hombre que nos puso a salvo en una
situación difícil. No anteponía las críticas a la defensa de la república. Por
lo tanto, honor y gloria para este varón ahora, en la hora de su muerte y para
siempre".
11. Tarentum vero qua vigilantia, quo consilio ¡Con qué perspicacia y decisión recuperó
Tarento!
recepit! cum quidem me audiente Salinatori, qui Recuerdo que Salinator, una vez perdida la
amisso oppido fugerat in arcem, glorianti atque ciudad, había huido a la fortaleza, y poste-
ita dicenti; 'Mea opera, Q. Fabi, Tarentum riormente
se vanagloriaba a voz en grito: "Con mi
recepisti,' 'Certe,' inquit ridens, 'nam nisi tu colaboración, Quinto Fabio, has recobrado
amisisses
numquam recepissem.' Nec
vero in Tarento." "Ciertamente —le contestó Fabio
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 9
armis praestantior quam in toga; qui consul iterum
Sp. Carvilio conlega quiescente C. Flaminio tribuno plebis, quoad potuit,
restitit agrum Picentem et Gallicum viritim contra senatus auctoritatem
dividenti; augurque cum esset, dicere ausus est optimis auspiciis ea geri, quae
pro rei publicae salute gererentur, quae contra rem publicam ferrentur, contra
auspicia ferri.
riéndose— pues si tú no la hubieses perdido, yo no
la hubiese recuperado." Tan ilustre fue en la vida militar como en la vida
civil. Durante su segundo consulado, pese al silencio de su colega Espurio
Carvilio, se opuso con todas sus fuerzas a Cayo Flaminio, tribuno de la plebe,
que quería dividir El Campo del Piceno y La Galia contra la voluntad del
senado. Cayo Flaminio auguraba que esas decisiones se realizarían con los
mejores auspicios, y se llevarían a cabo en beneficio de la república. Asimismo
afirmaba que los asuntos que iban en contra de la república, iban también en
contra de los augurios.
12. Multa in
eo viro praeclara cognovi; sed nihil admirabilius, quam quo modo ille mortem
fili tulit clari viri et consularis. Est in manibus laudatio, quam cum legimus,
quem philosophum non contemnimus? Nec vero ille in luce modo atque in oculis
civium magnus, sed intus domique praestantior. Qui sermo, quae praecepta,
quanta notitia antiquitatis, scientia iuris auguri! Multae etiam, ut in homine
Romano, litterae. Omnia memoria tenebat, non domestica solum, sed etiam externa
bella. Cuius sermone ita tum cupide fruebar, quasi iam divinarem id quod
evenit, illo exstincto, fore, unde discerem, neminem.
Percibí muchas cualidades en aquel varón, pero
ninguna tan admirable como el talante con que
sobrellevó la muerte de su hijo, que fue un
hombre brillante como cónsul. Está en nuestras
manos el elogio fúnebre que escribió para la
ocasión y, cuando lo leemos, nos podemos
preguntar:
¿a qué filósofo
no menospreciamos?
Fue un gran hombre ante los ojos de los
ciudadanos y muy distinguido en la intimidad de
su hogar. ¡Qué discurso, qué máximas, qué
conocimiento de los antepasados, cuánta sabiduría
del derecho! Disponía de una cultura amplísima:
todo lo tenía en la memoria. No sólo las guerras
civiles, incluso la guerra con otros pueblos. Yo
disfrutaba tanto con sus discursos que casi hubiera
pronosticado lo que posteriormente sucedió: que
una vez fallecido, no encontraría a nadie de quien
aprender.
V. 13. Quorsus igitur haec tam multa de ¿A dónde
nos conducen estos recuerdos desde Maximo? Quia profecto videtis nefas esse
dictu Máximo? Sin duda alguna, entenderéis que sería miseram fuisse talem
senectutem. Nec tamen injusto decir que su vejez fue miserable. Pese a omnes
possunt esse Scipiones aut Maximi, ut ello, sabemos que no todos son Escipiones
o urbium expugnationes, ut pedestres navalesve Máximos, para que sean
recordados por sus pugnas, ut bella a se gesta, ut triumphos asedios a
ciudades, por sus batallas terrestres o recordentur. Est etiam quiete et pure
atque navales, por las guerras que llevaron a cabo o por eleganter actae
aetatis placida ac lenis senectus, sus triunfos, incluso por el modo de llevar
una qualem accepimus Platonis, qui uno et vejez tranquila, sosegada, plácida y
soportable, octogesimo anno scribens est mortuus, qualem como hemos oído decir
de Platón, quien murió a Isocratis, qui eum librum, qui Panathenaicus los 81
años, cuando escribía un libro. Isócrates inscribitur, quarto et nonagesimo
anno scripsisse escribió a los 94 años el libro que tituló se dicit, vixitque
quinquennium postea; cuius Panatenaicos y se sabe que vivió un quinquenio
magister Leontinus Gorgias centum et septem más. Su maestro, Leontino Gorgias,
cumplió 107 complevit annos neque umquam in suo studio años y nunca cejó en su
estudio ni en su trabajo. atque opere cessavit. Qui, cum ex eo Cuando le
preguntaron por qué quería seguir quaereretur, cur tam diu vellet esse in vita,
'Nihil viviendo, él contestó: "No tengo nada que habeo,' inquit, 'quod
accusem senectutem.' reprochar a la vejez." ¡Brillante y digna respuesta
Praeclarum responsum et docto homine dignum. propia de un hombre docto!
Marco Tulio Cicerón
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14. Sua enim
vitia insipientes et suam culpam in senectutem conferunt, quod non faciebat is,
cuius modo mentionem feci, Ennius:
Sicut fortis equus, spatio qui saepe supremo Vicit
Olympia, nunc senio confectus quiescit.
Los insensatos acumulan en la vejez sus vicios y su
culpa. Esto ciertamente no lo hacía Ennio, de quien he hecho mención
anteriormente, que dijo:
"ahora ya descanso debilitado por la vejez
como un caballo brioso, vencedor habitual de los juegos Olímpicos, en los
últimos momentos de la carrera."
Equi fortis et victoris senectuti comparat suam.
Quem quidem probe meminisse potestis; anno enim undevicesimo post eius mortem
hi consules T. Flamininus et M'. Acilius facti sunt; ille autem Caepione et
Philippo iterum consulibus mortuus est, cum ego quinque et sexaginta annos
natus legem Voconiam magna voce et bonis lateribus suasissem. Annos septuaginta
natus (tot enim vixit Ennius) ita ferebat duo, quae maxima putantur onera,
paupertatem et senectutem, ut eis paene delectari videretur.
Compara su vejez a la del corcel brioso y
victorioso. Podéis recordarlo, pues Tito Flaminio y Manio Acilio fueron
nombrados cónsules diecinueve años después de su muerte, y él murió siendo
cónsules por segunda vez Cepión y Filipo. Entonces yo tenía 64 años y había
defendido con éxito, con toda mi voz y energía la ley Voconia. Ennio, a los 72
años, tantos cuantos vivió, soportaba las máximas cargas de la vida, la pobreza
y la vejez, con tal talante que parecía que se recreaba en ellas.
15. Etenim,
cum complector animo, quattuor reperio causas, cur senectus misera videatur:
unam, quod avocet a rebus gerendis; alteram, quod corpus faciat infirmius;
tertiam, quod privet fere omnibus voluptatibus; quartam, quod haud procul absit
a morte. Earum, si placet, causarum quanta quamque sit iusta una quaeque,
videamus. VI. A rebus gerendis senectus abstrahit. Quibus? An eis, quae
iuventute geruntur et viribus? Nullaene igitur res sunt seniles quae, vel
infirmis corporibus, animo tamen administrentur? Nihil ergo agebat Q. Maximus,
nihil L. Paulus, pater tuus, socer optimi viri, fili mei? Ceteri senes,
Fabricii, Curii, Coruncanii, cum rem publicam consilio et auctoritate
defendebant, nihil agebant?
Yo, pensando en mí mismo, encuentro cuatro causas
que agravan sobremanera la vejez: —primera, porque aparta de la gestión de
todos los negocios. —segunda, porque la salud se debilita. —tercera, porque te
priva de casi todos los placeres. —cuarta, porque, al parecer, la muerte ya no
está lejos. Reflexionemos, si os parece bien, sobre cada una de estas causas y
cuán injusta es cada una. La vejez aparta de la gestión de todos los negocios.
¿De cuáles? ¿De aquellos que se realizaron con el vigor y las fuerzas de la
juventud? ¿Acaso no son también obras seniles las que se realizan con la
fortaleza de la mente pero con el cuerpo enfermo? Según eso, ¿no hacían nada
Quinto Máximo, ni Lucio Paulo, tu padre y suegro de un óptimo varón, mi hijo?
El resto de los ancianos, los Fabricios, los Curios, los Coruncanios, ¿no
hacían nada cuando defendían el estado con su autoridad y consejo?
16. Ad Appi
Claudi senectutem accedebat etiam, ut caecus esset; tamen is, cum sententia
senatus inclinaret ad placem cum Pyrrho foedusque faciendum, non dubitavit
dicere illa, quae versibus persecutus est Ennius:
A la ancianidad de Apio el Ciego se le añadía el
hecho de que era ciego; y cuando el senado se inclinaba más bien por la paz con
Pirro y se proponía pactar, él no dudó en pronunciar aquellas palabras que
Ennio grabó con estos versos:
Quo vobis mentes, rectae quae stare solebant
Antehac, dementis sese flexere viai?
"¿Dónde tenéis vuestras mentes, que solían ser
sensatas hasta ahora, hacia qué camino de demencia han derivado?"
ceteraque gravissime; notum enim vobis carmen Y añadió otras cosas muy severas. El poema lo
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est; et tamen ipsius Appi exstat oratio. Atque haec
ille egit septimo decimo anno post alterum consulatum, cum inter duos
consulatus anni decem interfuissent, censorque ante superiorem consulatum
fuisset; ex quo intellegitur Pyrrhi bello grandem sane fuisse; et tamen sic a
patribus accepimus.
17. Nihil
igitur adferunt qui in re gerenda versari senectutem negant, similesque sunt ut
si qui gubernatorem in navigando nihil agere dicant, cum alii malos scandant,
alii per foros cursent, alii sentinam exhauriant, ille autem clavum tenens
quietus sedeat in puppi, non faciat ea quae iuvenes. At vero multo maiora et
meliora facit. Non viribus aut velocitate aut celeritate corporum res magnae
geruntur, sed consilio, auctoritate, sententia; quibus non modo non orbari, sed
etiam augeri senectus solet.
conocéis. También está presente el discurso de
Apio. Esto sucedía diecisiete años después de su segundo consulado, y entre el
primero y segundo transcurrieron 10 años. Y antes de su primer consulado fue
censor, de lo que se deduce que en la guerra contra Pirro ya era de edad
avanzada. Así lo transmitieron los padres de la patria.
Nada prueban quienes afirman que la vejez no se
desenvuelve en los negocios. Es como decir que el timonel no hace nada
sujetando el timón, puesto que mientras él permanece sentado en popa, unos se
encaraman en los mástiles, otros corren de aquí para allá, otros queman los
dese-chos. Es verdad que no hace el trabajo que hacen los jóvenes, sin embargo
el timonel hace cosas mejores y de más responsabilidad. Trabajo que no se
realiza con la fuerza, velocidad o con la agilidad de su cuerpo, sino con el
conocimiento, la competencia y autoridad. De ningún modo la vejez carece de
estas cualidades, por el contrario éstas aumentan con los años, a menos que os
parezca que yo haya puesto fin a mi actividad porque no participo en ninguna
guerra.
18. Nisi
forte ego vobis, qui et miles et tribunus et legatus et consul versatus sum in
vario genere bellorum, cessare nunc videor, cum bella non gero. At senatui,
quae sint gerenda, praescribo et quo modo; Karthagini male iam diu cogitanti
bellum multo ante denuntio; de qua vereri non ante desinam quam illam excisam
esse cognovero.
19. Quam
palmam utinam di immortales, Scipio, tibi reservent, ut avi reliquias
persequare! cuius a morte tertius hic et tricesimus annus est, sed memoriam
illius viri omnes excipient anni consequentes. Anno ante me censorem mortuus
est, novem annis post meum consulatum, cum consul iterum me consule creatus
esset. Num igitur, si ad centesimum annum vixisset, senectutis eum suae
paeniteret? Nec enim excursione nec saltu nec eminus hastis aut comminus
gladiis uteretur, sed consilio, ratione, sententia; quae nisi essent in
senibus, non summum consilium maiores nostri appellassent senatum.
Participé en varios tipos de guerras no sólo como
soldado y legado, también como tribuno y cónsul. En estos momentos dispongo en
el senado lo que debe ser llevado a cabo. Les anuncio que Cartago hace ya mucho
tiempo que está maquinando una guerra cruel y les gritó: "Delenda est
Carthago" (Cartago debe ser arrasada), y no desistiré hasta que sea
destruida.
¡Ojalá los dioses inmortales reserven para ti,
Escipión, la gloria de proseguir la obra de tu abue-lo! Hace ya treinta y seis
años que murió y sin embargo su recuerdo permanecerá en todos los tiempos
venideros. Yo fui designado censor un año antes de su muerte, nueve años
después de mi consulado. Él fue nombrado cónsul cuando yo lo era por segunda
vez. Por ventura, ¿acaso si él hubiera vivido 100 años se hubiera lamentado su
vejez? En verdad es que él no se había ejercitado en las pesas ni en los saltos,
ni se había destacado en el uso de las lanzas ni de las espadas, pero sí lo
hizo en el consejo, en el razonamiento y en el juicio. Estas cualidades, si no
hubieran sido propias de nuestros mayores, los ancianos, no hubieran fijado el
Senado como el Sumo Consejo.
20. Apud Lacedaemonios quidem ei, qui Entre los Lacedemonios quienes gestionan las
amplissimum
magistratum gerunt, ut
sunt, sic más altas magistraturas son los guérontes(), los
Marco Tulio Cicerón
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etiam nominantur senes. Quod si legere aut audire
voletis externa, maximas res publicas ab
adulescentibus labefactatas, a senibus sustentatas
et restitutas reperietis.
ancianos. Si queréis leer o escuchar historias de
países extranjeros, encontraréis grandes estados arruinados por sus dirigentes
jóvenes. Pero estos mismos estados fueron regenerados y sustentados por
dirigentes ancianos.
Cedo, qui vestram rem publicam tantam amisistis tam
cito?
Sic
enim percontantur in
Naevi poetae Ludo.
Respondentur et alia et hoc in primis:
Proveniebant oratores novi, stulti adulescentuli.
Temeritas est videlicet florentis aetatis,
prudentia senescentis.
VII. 21. At memoria minuitur. Credo, nisi eam
exerceas, aut etiam si sis natura tardior. Themistocles omnium civium
perceperat nomina; num igitur censetis eum, cum aetate processisset, qui
Aristides esset, Lysimachum salutare solitum? Equidem non modo eos novi, qui
sunt, sed eorum patres etiam et avos, nec sepulcra legens vereor, quod aiunt,
ne memoriam perdam; his enim ipsis legendis in memoriam redeo mortuorum. Nec
vero quemquam senem audivi oblitum, quo loco thesaurum obruisset; omnia, quae
curant, meminerunt; vadimonia constituta, quis sibi, cui ipsi debeant.
"¿Por qué perdisteis tan deprisa vuestra gran
república?"
El poeta Nevio preguntaba esto en un poema: Y en
primer lugar se respondía:
"Iban llegando nuevos oradores, necios
jovenzuelos."
La osadía es propia de la juventud, la prudencia,
de la vejez.
Se me argüirá que la memoria se pierde. Creo que
así es si no se ejercita o si estuviera enferma. Temístocles se había aprendido
de memoria todos los nombres de sus conciudadanos. ¿Pensáis acaso que confundía
a Lisímaco con Arístides cuando, de viejo, mantenía la costumbre saludar a
todos? Yo no sólo recuerdo a los de mi generación que todavía viven, también
recuerdo el nombre de sus padres, e incluso, el de sus abuelos. No temo perder
la memoria leyendo sus epitafios, según dicen, bien al contrario, leyéndolos
mantengo su memoria. Nunca he oído decir que un anciano se haya olvidado del
lugar donde guardó su tesoro. Recuerdan todos los asuntos que les interesan y
el día del encuentro con sus acreedores y deudores.
22. Quid
iuris consulti, quid pontifices, quid augures, quid philosophi senes, quam
multa meminerunt! Manent ingenia senibus, modo permaneat studium et industria,
neque ea solum in claris et honoratis viris, sed in vita etiam privata et
quieta. Sophocles ad summam senectutem tragoedias fecit; quod propter studium
cum rem neglegere familiarem videretur, a filiis in iudicium vocatus est, ut,
quem ad modum nostro more male rem gerentibus patribus bonis interdici solet,
sic illum quasi desipientem a re familiari removerent iudices. Tum senex
dicitur eam fabulam, quam in manibus habebat et proxime scripserat, Oedipum
Coloneum, recitasse iudicibus quaesisseque, num illud carmen desipientis
videretur. Quo recitato sententiis iudicum est liberatus.
¿Qué diremos del jurisconsulto, de los pontífices o
de los augures? ¡Cuántas cosas recordaron los antiguos filósofos! Lo mismo que
el afán de conocimiento y de actividad, las facultades permanecen en los
ancianos, tanto en su vida social de hombres ilustres y venerables como en su
vida familiar y privada. Sófocles escribió una tragedia en su ancianidad.
Precisamente por ese interés de estudio parecía que se despreocupaba de su
patrimonio familiar, y fue demandado judicialmente por sus hijos. Los jueces decidieron
quitarle la gestión del patrimonio familiar como si fuera un loco, igual que
acostumbramos a imposibilitar a los cabeza de familia que no gestionan bien sus
bienes. Se dice que, para defenderse, el anciano recitó de memoria la obra que
en ese momento tenía entre manos, la recientemente escrita, ¡nada menos que
"Edipo en Colono"! ¡Y se atrevió a preguntar a los jueces, si eso era
propio de un anciano demente! Fue
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 13
23. Num
igitur hunc, num Homerum, Hesiodum, Simonidem, Stesichorum, num, quos ante
dixi, Isocraten, Gorgian, num philosophorum principes, Pythagoram, Democritum,
num Platonem, num Xenocraten, num postea Zenonem, Cleanthem, aut eum, quem vos
etiam vidistis Romae, Diogenem Stoicum, coegit in suis studiis obmutescere
senectus? An in omnibus studiorum agitatio vitae aequalis fuit?
absuelto por los mismos jueces, una vez recitada la
tragedia.
¿Acaso la vejez obligó a enmudecer en sus discursos
a éste, o a Homero, Hesíodo, Simónides, Estesícoro, o a Isócrates, Gorgias a
quienes anteriormente cité; o a los príncipes de los filósofos, Pitágoras,
Demócrito, o a Platón, Jenócrates, o, posteriormente, a Zenón Cleanto, o
Diógenes Estoico, a quien vosotros mismos conocisteis en Roma? ¿Acaso, no fue
en todos ellos tan duradera la ilusión por los estudios como su vida?
24. Age, ut
ista divina studia omittamus, possum nominare ex agro Sabino rusticos Romanos,
vicinos et familiares meos, quibus absentibus numquam fere ulla in agro maiora
opera fiunt, non serendis, non percipiendis, non condendis fructibus. Quamquam
in aliis minus hoc mirum est; nemo enim est tam senex qui se annum non putet
posse vivere: sed idem in eis elaborant quae sciunt nihil ad se omnino
pertinere.
Prosigamos pues. Aún prescindiendo de intereses
intelectuales, puedo citar el nombre de muchos romanos rústicos, procedentes
del campo, vecinos, familiares míos, quienes jamás están ausentes de las faenas
propias del agricultor, como la siembra, la siega o la recolección de los
frutos. Aunque en ellos es menos digno de admiración, pues en realidad nadie se
considera tan viejo que no piense que puede vivir un año más, trabajan sus
campos sabiendo que probablemente no van a ver sus frutos:
Serit arbores, quae alteri saeclo prosint, ut ait
Statius noster in Synephebis.
"Planta árboles para que los disfruten las
generaciones venideras", afirma nuestro Estacio en su obra
"Sinéfebis"
25. Nec vero
dubitat agricola, quamvis sit senex,
quaerenti, cui serat respondere: 'Dis immortalibus,
qui me non accipere modo haec a maioribus voluerunt, sed etiam posteris
prodere.' VIII. Et melius Caecilius de sene alteri saeclo prospiciente quam
illud idem:
En efecto, un agricultor, aunque sea anciano, jamás
duda en responder al que le pregunta para quién siembra: "Para los dioses
inmortales, quienes no sólo desean que yo reciba estos bienes de mis mayores,
sino que también los trasmita a las generaciones posteriores" Según nos
cuenta Cecilio mucho mejor es todavía lo que dijo un anciano al pensar en el
futuro:
Edepol, senectus, si nil quicquam aliud viti
Adportes tecum, cum advenis, unum id sat
est,
Quod diu vivendo multa, quae non volt, videt.
"¡Por Pólux, vejez, si cuando llegaras sólo
trajeras un achaque, ya sería suficiente, pero cuando se vive durante mucho
tiempo, se ven muchas cosas que uno realmente no quiere ver!"
Et multa fortasse, quae volt; atque in ea, quae non
volt, saepe etiam adulescentia incurrit. Illud vero idem Caecilius vitiosius:
Tum equidem in senecta hoc deputo miserrimum,
Sentire ea aetate eumpse esse odiosum alteri.
26. Iucundum
potius quam odiosum. Ut enim adulescentibus bona indole praeditis sapientes
La adolescencia con frecuencia desea ver muchas
cosas y también otras que no.El propio Cecilio, ya anciano, afirma:
"pienso, que lo peor en la vejez, es sentir y
darse cuenta uno mismo, que eres odioso para los demás."
¡La vejez puede ser más agradable que odiosa! Igual
que los ancianos sabios disfrutan con los
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 14
senes delectantur, leviorque fit senectus eorum qui
a iuventute coluntur et diliguntur, sic adulescentes senum praeceptis gaudent,
quibus ad virtutum studia ducuntur; nec minus intellego me vobis quam mihi vos
esse iucundos. Sed videtis, ut senectus non modo languida atque iners non sit,
verum etiam sit operosa et semper agens aliquid et moliens, tale scilicet quale
cuiusque studium in superiore vita fuit. Quid qui etiam addiscunt aliquid? ut
et Solonem versibus gloriantem videmus, qui se cotidie aliquid addiscentem
dicit senem fieri, et ego feci qui litteras Graecas senex didici; quas quidem
sic avide arripui quasi diuturnam sitim explere cupiens, ut ea ipsa mihi nota
essent quibus me nunc exemplis uti videtis. Quod cum fecisse Socratem in
fidibus audirem, vellem equidem etiam illud (discebant enim fidibus antiqui),
sed in litteris certe elaboravi.
IX. 27. Ne nunc quidem vires desidero adulescentis
(is enim erat locus alter de vitiis senectutis), non plus quam adulescens tauri
aut elephanti desiderabam. Quod est, eo decet uti et, quicquid agas, agere pro
viribus. Quae enim vox potest esse contemptior quam Milonis Crotoniatae? qui,
cum iam senex esset athletasque se exercentes in curriculo videret, aspexisse
lacertos suos dicitur inlacrimansque dixisse: 'At hi quidem mortui iam sunt.'
Non vero tam isti quam tu ipse, nugator; neque enim ex te umquam es nobilitatus,
sed ex lateribus et lacertis tuis. Nihil Sex. Aelius tale, nihil multis annis
ante Ti. Coruncanius, nihil modo P. Crassus, a quibus iura civibus
praescribebantur, quorum usque ad extremum spiritum est provecta prudentia.
jóvenes mejor preparados y son venerados y queridos
por la juventud, y la vejez se hace más llevadera, igualmente los jóvenes
disfrutan de los consejos de los ancianos y se dejan guiar para adquirir
experiencias. Yo reconozco que soy más feliz con vosotros, que vosotros
conmigo. Sin embargo podéis constatar que la vejez, no sólo no es debilitada y
vulnerable, sino que por el contrario, la vejez es laboriosa y lleva siempre
algo entre manos con igual inquietud que en las etapas anteriores de su vida.
¿Y qué decir de los ancianos que estudian cosas nuevas de interés para ellos?
El ilustre Solón, dice él mismo en sus versos, que cada día que envejece
aprende algo. Yo mismo, ya anciano, he estudiado griego y lo domino. Puse tanto
empeño en ello que no hacía otra cosa día y noche que estudiar griego. Os
cuento esto de mí para que os sirva de ejemplo. Cuando oí contar que Sócrates
aprendió a tocar el arpa, ya anciano, quise hacer yo lo mismo y trabajé con
ahínco en el aprendizaje de la lengua griega.
II En mi
juventud deseaba la fuerza del toro y del elefante.
Con toda seguridad, ahora, no deseo tener las
mismas fuerzas de la juventud. Éste es otro de los tópicos de los achaques de
la vejez. Esto es lo que hay: actuar según las fuerzas del momento y servirse
de ellas, hagas lo que hagas. ¿Puede haber queja más despreciable que la que
formuló Milón el Crotonio? Se dice que siendo ya anciano vio a los atletas que
se preparaban para las carreras. Se miró los brazos y con lágrimas en los ojos
exclamó: "¡Verdaderamente, éstos ya están muertos!" ¡No son ellos los
que están muertos, necio, sino tú, porque tú no te ennobleciste por ti mismo
sino por tu espalda y tus brazos! Nada semejante dijeron Sexto Elio, ni
anteriormente Tito Coruncanio, ni más recientemente Publio Craso, cuya rectitud
y prudencia se manifestaron hasta sus últimos días y promulgaron leyes para los
ciudadanos.
28. Orator
metuo ne languescat senectute; est enim munus eius non ingeni solum, sed
laterum etiam et virium. Omnino canorum illud in voce splendescit etiam nescio
quo pacto in senectute, quod equidem adhuc non amisi, et videtis annos. Sed
tamen est decorus seni sermo quietus et remissus, factique per se ipsa sibi
audientiam diserti senis composita et mitis oratio. Quam si
Creo que el orador no languidece por la vejez,
función que no sólo depende de su ingenio, sino de la potencia de su voz e
incluso de su energía. Yo todavía conservo esa sonoridad, ignoro por qué causa
se mantiene en la vejez, pero sin duda esa cualidad resplandece en la voz.
Vosotros conocéis mi edad. La palabra es el decoro del an-ciano sereno y
sensato, si su discurso resulta
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 15
ipse exsequi nequeas, possis tamen Scipioni
praecipere et Laelio. Quid enim est iucundius senectute stipata studiis
iuventutis?
elocuente meditado y suave para el que escucha. Si
esto no se puede conseguir, al menos es posible dar consejos a un Escipión y a
un Lelio. ¿Por qué resulta tan grato a los ancianos rodearse de jóvenes
estudiosos?
29. An ne
illas quidem vires senectuti relinquemus, ut adulescentis doceat, instituat, ad
omne offici munus instruat? Quo quidem opere quid potest esse praeclarius? Mihi
vero et Cn. et P. Scipiones et avi tui duo, L. Aemilius et P. Africanus,
comitatu nobilium iuvenum fortunati videbantur nec ulli bonarum artium magistri
non beati putandi, quamvis consenuerint vires atque defecerint. Etsi ipsa ista
defectio virium adulescentiae vitiis efficitur saepius quam senectutis;
libidinosa enim et intemperans adulescentia effetum corpus tradit senectuti.
¿Acaso no se conserva en la vejez la capacidad
suficiente para enseñar, formar y preparar a los jóvenes para desempeñar todo
tipo de cargos? No sólo Neo y Publio Escipión, sino también tus dos abuelos,
Lucio Emilio y Publio Africano, eran considerados afortunados por la amistad
que le ofrecían algunos jóvenes nobles. Por esta razón, los maestros de las
buenas costumbres, aunque las fuerzas falten y desesperen, no deben creerse
desgraciados. Debido a los vicios esta misma falta de fuerzas se produce con más
frecuencia en la juventud que en la vejez. La juventud es libidinosa y
malcriada y suele llegar a la vejez con el cuerpo ya agotado.
30. Cyrus
quidem apud Xenophontem eo sermone, quem moriens habuit, cum admodum senex
esset, negat se umquam sensisse senectutem suam imbecilliorem factam, quam
adulescentia fuisset. Ego L. Metellum memini puer, qui cum quadriennio post
alterum consulatum pontifex maximus factus esset viginti et duos annos ei
sacerdotio praefuit, ita bonis esse viribus extremo tempore aetatis, ut
adulescentiam non requireret. Nihil necesse est mihi de me ipso dicere,
quamquam est id quidem senile aetatique nostrae conceditur.
Ciro, ya un anciano y a punto de morir, afirma en
la obra de Jenofonte "La Ciropedia", que él jamás había sentido que
su vejez le proporcionara más debilidad que su juventud. Siendo yo un niño,
recuerdo a Lucio Metelo, que después de su segundo consulado, fue nombrado
pontífice máximo y durante 22 años estuvo al frente del sacerdocio. Sus fuerzas
le acompañaron con todo su vigor hasta el final de su vida, y no echaba de
menos su juventud, aunque es propio de la edad senil. No es necesario que hable
de nuevo de mí mismo.
X. 31. Videtisne, ut apud Homerum saepissime ¿No
recordáis como Néstor, en la obra de Nestor de virtutibus suis praedicet?
Tertiam iam Homero, habla de sus virtudes con frecuencia? Ya enim aetatem
hominum videbat, nec erat ei se encontraba en la tercera edad y ya no temía
verendum ne vera praedicans de se nimis nada. Y no daba la sensación de
insolente o videretur aut insolens aut loquax. Etenim, ut ait pedante hablando
sobre sí mismo. Dice Homero:
Homerus, 'ex eius lingua melle dulcior fluebat
"De su lengua fluía el discurso más dulce que la oratio,' quam ad
suavitatem nullis egebat miel"; para lo cual, obviamente, no necesitaba la
corporis viribus. Et tamen dux ille Graeciae fuerza corporal. Incluso aquel
general griego, nusquam optat, ut Aiacis similis habeat decem, Agamenón, nunca
deseó tener diez consejeros sed ut Nestoris; quod si sibi acciderit, non como
Ayax, sino uno solo como Néstor. Si
dubitat, quin brevi sit Troia peritura. hubiera sido así, se habría conquistado Troya
en
menos tiempo.
32. Sed redeo
ad me. Quartum ago annum et octogesimum; vellem equidem idem possem gloriari
quod Cyrus, sed tamen hoc queo dicere, non me quidem eis esse viribus, quibus
aut miles bello Punico aut quaestor eodem bello aut consul in Hispania fuerim
aut quadriennio post,
Vuelvo de nuevo sobre mí mismo. Yo vivo bien mis 84
años, e, indudablemente, querría poder vanagloriarme como Ciro. Pero no me
encuentro con las mismas fuerzas que cuando era soldado en la guerra Púnica, ni
cuando era cuestor en esa misma guerra, o cónsul en España. O cuatro años
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 16
cum tribunus militaris depugnavi apud Thermopylas
M'. Glabrione consule; sed tamen, ut vos videtis, non plane me enervavit, non
adflixit senectus, non curia vires meas desiderat, non rostra, non amici, non
clientes, non hospites. Nec enim umquam sum adsensus veteri illi laudatoque
proverbio, quod monet 'mature fieri senem, si diu velis senex esse.' Ego vero
me minus diu senem esse mallem quam esse senem, ante quam essem. Itaque nemo
adhuc convenire me voluit, cui fuerim occupatus.
después, cuando luché como tribuno militar en Las
Termópilas, siendo cónsul Manio Glabrión. Pero como vosotros sabéis muy bien,
la vejez no me ha agotado profundamente, ni me ha derribado: ni El Senado, ni
la tribuna, ni los amigos, ni mis clientes echan de menos mis fuerzas. Yo jamás
he estado de acuerdo con aquel alabado y antiguo proverbio que advierte de que
"se hace uno viejo prematuramente si se quiere ser viejo día a día".
Yo nunca he querido ser anciano ni por un solo instante antes de llegar a serlo.
Hasta ahora, aunque estuviera muy ocupado, he recibido siempre a quien quiso
consultarme.
32. At minus
habeo virium quam vestrum utervis. Ne vos quidem T. Ponti centurionis vires
habetis; num idcirco est ille praestantior? Moderatio modo virium adsit, et
tantum quantum potest quisque nitatur, ne ille non magno desiderio tenebitur
virium. Olympiae per stadium ingressus esse Milo dicitur, cum umeris sustineret
bovem. Utrum igitur has corporis an Pythagorae tibi malis vires ingeni dari?
Denique isto bono utare, dum adsit, cum absit, ne requiras, nisi forte
adulescentes pueritiam, paululum aetate progressi adulescentiam debent
requirere. Cursus est certus aetatis et una via naturae, eaque simplex, suaque
cuique parti aetatis tempestivitas est data, ut et infirmitas puerorum, et
ferocitas iuvenum et gravitas iam constantis aetatis et senectutis maturitas
naturale quiddam habeat, quod suo tempore percipi debeat.
También es verdad que tengo menos fuerzas físicas
que vosotros dos. Tampoco vosotros tenéis las mismas fuerzas que el centurión
Tito Pontus y por eso ¿vale más él que vosotros? Un uso moderado de las fuerzas
es bueno y apoyarse en ellas lo que cada uno pueda, también. Se dice que Milón
ingresó en el Olimpo porque en la competición corrió en el estadio con una
oveja sobre sus hombros. Pero ¿acaso prefieres sus fuerzas corporales al
ingenio que la naturaleza dio a Pitágoras? Uno debe servirse de este bien, mientras
lo tenga, pero cuando falte, no lo busques. La adolescencia no debe buscar la
infancia ni la edad media, la juventud. El curso de la edad está determinado y
el camino de la naturaleza es único y sencillo. A cada periodo de la vida se le
ha dado su propia inquietud: la inseguridad a la infancia, la impetuosidad a la
juventud, la sensatez y la constancia a la edad media, la madurez a la
ancianidad. Estas circunstancias se dan con la mayor naturalidad y se deben
aceptar en las diferentes etapas de la vida.
34. Audire te
arbitror, Scipio, hospes tuus avitus Masinissa quae faciat hodie nonaginta
natus annos; cum ingressus iter pedibus sit, in equum omnino non ascendere; cum
autem equo, ex equo non descendere; nullo imbri, nullo frigore adduci ut capite
operto sit, summam esse in eo siccitatem corporis, itaque omnia exsequi regis
officia et munera. Potest igitur exercitatio et temperantia etiam in senectute
conservare aliquid pristini roboris. XI. Non sunt in senectute vires. Ne
postulantur quidem vires a senectute. Ergo et legibus et institutis vacat aetas
nostra muneribus eis, quae non possunt sine
Pienso que habrás oído contar, Escipión, lo que
hizo Masinisa, invitado de tu abuelo. Con sus noventa años va a pie a todas
partes, jamás va a caballo. Y si monta a caballo nunca se apea de él aunque
llueva o hiele. Ni siquiera se cubre la cabeza. Disfruta de una salud robusta
que le per-mite cumplir con sus obligaciones de rey. Puede ser que el ejercicio
y la templanza le ayuden a conservar parte del vigor de la juventud en su
ancianidad. Supongamos que no haya fuerzas suficientes en la ancianidad; pero
tampoco se le pide fuerzas a la vejez. Las leyes y las instituciones excusan a
nuestra edad de obliga-
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 17
viribus sustineri. Itaque non modo, quod non possumus,
sed ne quantum possumus quidem cogimur.
35. At multi
ita sunt imbecilli senes, ut nullum offici aut omnino vitae munus exsequi
possint. At id quidem non proprium senectutis vitium est, sed commune
valetudinis. Quam fuit imbecillus P. Africani filius, is qui te adoptavit, quam
tenui aut nulla potius valetudine! Quod ni ita fuisset, alterum illud
exstitisset lumen civitatis; ad paternam enim magnitudinem animi doctrina
uberior accesserat. Quid mirium igitur in senibus si infirmi sint aliquando,
cum id ne
adulescentes quidem effugere possint? Resistendum,
Laeli et Scipio, senectuti est, eiusque vitia diligentia compensanda sunt,
pugnandum tamquam contra morbum sic contra senectutem;
36. habenda
ratio valetudinis, utendum exercitationibus modicis, tantum cibi et potionis
adhibendum ut reficiantur vires, non opprimantur.
Nec vero corpori solum subveniendum est, sed menti atque animo multo magis; nam
haec quoque, nisi tamquam lumini oleum instilles, exstinguuntur senectute. Et
corpora quidem exercitationum defatigatione ingravescunt, animi autem exercendo
levantur. Nam quos ait Caecilius
ciones que sin fuerzas no se pueden llevar a cabo.
Así nos sentimos obligados a realizar lo que podemos y lo que no podemos.
También es verdad que existen muchos ancianos
incapacitados a quienes no se les puede exigir ningún trabajo ni obligaciones.
Pero esto no sólo es debido a la vejez sino también a la falta de salud. ¡Qué
grande fue la incapacidad del hijo de Publio Africano, el que te adoptó, y qué
precaria, casi nula, su salud! Hubiera sido otra lumbrera de Roma si no hubiera
sido así, pues a la grandeza de espíritu habría añadido una formación rica y
profunda. ¿Por qué entonces nos sorprendemos de que los ancianos, de vez en
cuando, caigan enfermos, cuando ni siquiera los jóvenes están libres de las
enfermedades? Lelio y Escipión, es propio de la vejez resentirse, pero sus
achaques se compensan con la diligencia.
Con el mismo ahínco que se lucha contra la
enfermedad, se debe luchar contra la vejez. Se ha de cuidar la salud, se debe
hacer ejercicio modera-damente, se debe tomar alimentos y beber cuanto se
necesite para tomar fuerzas, pero no tanto como para quedar fatigados. Pues una
cosa y otra han de ser remedio para el cuerpo, pero mucho más para la mente y
el espíritu. Tanto una como el otro, mente y cuerpo, son como una lámpara, que
si no se las alimenta gota a gota, se extinguen con la vejez. Los cuerpos pierden
agilidad con la fatiga del ejercicio, en cambio el espíritu se hace más sutil
con el adiestramiento mental. Cecilio llama
—comicos stultos senes, "ancianos cómicos necios",
hos significat credulos, obliviosos, dissolutos,
quae vitia sunt non senectutis, sed inertis, ignavae, somniculosae senectutis.
Ut petulantia, ut libido magis est adulescentium quam senum, nec tamen omnium
adulescentium, sed non proborum, sic ista senilis stultitia, quae deliratio
appellari solet, senum levium est, non omnium.
a los que son crédulos, olvidadizos, apáticos,
porque no son vicios propios de la vejez, sino de una vejez perezosa, indolente
y amodorrada. La petulancia, la libido, que son más propias de los jóvenes que
de los ancianos, no se dan en todos los jóvenes, sino en los réprobos, esa
necedad senil, que suele llamarse chocheo, es propia de los ancianos frívolos,
pero no de todos los ancianos.
37. Quattuor
robustos filios, quinque filias, tantam domum, tantas clientelas Appius regebat
et caecus et senex, intentum enim animum tamquam arcum habebat nec languescens
succumbebat senectuti. Tenebat non modo auctoritatem, sed etiam imperium in
suos: metuebant servi, verebantur liberi, carum omnes
Apio, anciano y además ciego, con cuatro hijos y
cinco hijas, gobernaba tanto su casa como su hacienda. Mantenía su espíritu
siempre tenso igual que un arco, y, ni siquiera, ya cansado por la edad,
sucumbía. Mantenía su autoridad, el mando sobre los suyos. Le temían sus
siervos, le respetaban sus hijos, pero todos le querían. En su
Marco Tulio Cicerón
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habebant; vigebat in illa domo mos patrius et
disciplina.
38. Ita enim
senectus honesta est, si se ipsa defendit, si ius suum retinet, si nemini
emancipata est, si usque ad ultimum spiritum dominatur in suos. Ut enim
adulescentem in quo est senile aliquid, sic senem in quo est aliquid
adulescentis probo; quod qui sequitur, corpore senex esse poterit, animo
numquam erit. Septimus mihi liber Originum est in manibus; omnia antiquitatis
monumenta colligo; causarum inlustrium quascumque defendi nunc cum maxime
conficio orationes; ius augurium, pontificium, civile tracto; multum etiam
Graecis litteris utor, Pythagoreorumque more exercendae memoriae gratia, quid
quoque die dixerim, audierim, egerim, commemoro vesperi. Hae sunt
exercitationes ingeni, haec curricula mentis, in his desudans atque elaborans
corporis vires non magno opere desidero. Adsum amicis, venio in senatum
frequens ultroque adfero res multum et diu cogitatas, easque tueor animi, non
corporis viribus. Quas si exsequi nequirem, tamen me lectulus meus oblectaret
ea ipsa cogitantem, quae iam agere non possem; sed ut possim, facit acta vita.
Semper enim in his studiis laboribusque viventi non intellegitur quando obrepat
senectus. Ita sensim sine sensu aetas senescit nec subito frangitur, sed
diuturnitate exstinguitur.
casa estaban vigentes las costumbres patrias y la
disciplina.
La ancianidad es llevadera si se defiende a sí
misma, si conserva su derecho, si no está sometida a nadie, si hasta su último
momento el anciano es respetado entre los suyos. Como en el adolescente hay
algo de senil, también en el anciano hay algo de adolescente, lo reconozco.
Quien siga esta norma podrá ser anciano de cuerpo pero no de espíritu. Tengo
ahora entre mis manos el libro "Los Orígenes" donde recopilo todos
los recuerdos de la antigüedad. Precisamente ahora acabo de recopilar los discursos
más importantes de los asuntos judiciales que yo defendí. Ahora me ocupo del
derecho de los augures, pontificio y civil, pero todavía estudio con mucho
interés la literatura griega. Y, a la manera de los pitagóricos, recuerdo por
la noche todas las acciones realizadas a lo largo del día para ejercitar la
memoria. Estos son los ejercicios del ingenio, los ejercicios de la mente.
Trabajando con el máximo esfuerzo en estos asuntos, no echo de menos las
fuerzas físi-cas. También estoy siempre a disposición de los amigos, voy con
frecuencia al Senado y, de vez en cuando, aporto propuestas muy meditadas y
largo tiempo observadas, no con las fuerzas corporales, sino con las del
espíritu. Si yo no estuviera en situación de poder realizar estas cosas, desde
mi lecho me recrearía pensando en lo que no podría ejecutar. Pero, según la
conducta observada a lo largo de mi vida, puedo llevarlas a cabo. Quien vive en
medio de estos afanes y trabajos, no sabe en qué momento le puede sorprender la
vejez. La vida va transcurriendo sin darse uno cuenta, no se quiebra de
repente, la lámpara de la vida se va extinguiendo poco a poco, día y noche.
XII. 39. Sequitur tertia vituperatio senectutis,
quod eam carere dicunt voluptatibus. O praeclarum munus aetatis, siquidem id
aufert a nobis, quod est in adulescentia vitiosissimum! Accipite enim, optimi
adulescentes, veterem orationem Archytae Tarentini, magni in primis et
praeclari viri, quae mihi tradita est cum essem adulescens Tarenti cum Q.
Maximo. Nullam capitaliorem pestem quam voluptatem corporis hominibus dicebat a
natura datam, cuius voluptatis avidae libidines temere et ecfrenate ad potiendum
incitarentur.
Entramos en el tercer reproche que se le tacha a la
vejez: que dicen que carece de placeres
¡O preclaro privilegio de la edad, si ésta en
verdad nos arrebatara lo que es el principal vicio en la juventud! Escuchad el
viejo discurso del Aretino Arquitas, hombre de los más ilustres y preclaros,
que me transmitieron de joven estando yo en Tarento con Quinto Máximo. Decía
que ninguna peste tan fuerte había sido concedida a los hom-bres por la
naturaleza como el placer corporal, pues los deseos desenfrenados incitan sin
control al goce.
Marco Tulio Cicerón
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40. Hinc
patriae proditiones, hinc rerum publicarum eversiones, hinc cum hostibus
clandestina colloquia nasci; nullum denique scelus, nullum malum facinus esse,
ad quod suscipiendum non libido voluptatis impelleret; stupra vero et adulteria
et omne tale flagitium nullis excitari aliis inlecebris nisi voluptatis; cumque
homini sive natura sive quis deus nihil mente praestabilius dedisset, huic
divino muneri ac dono nihil tam esse inimicum quam voluptatem;
De ahí las traiciones a la patria, de ahí las
revoluciones políticas, de ahí las entrevistas clandestinas con los enemigos.
Decía, en una palabra, que ningún crimen, ninguna acción pa-rece mala con tal
de conseguir lo que el placer desea alcanzar. En verdad el abuso, el adulterio
y toda clase de crimen no son provocados por ninguna otra incitación que no sea
por el placer del cuerpo. Ni la naturaleza, ni ninguna divinidad habrían podido
conceder al hombre nada más prestigioso que la mente. Contra este regalo y don
divino no existe ningún otro enemigo más que el deleite del cuerpo.
41. nec enim
libidine dominante temperantiae locum esse, neque omnino in voluptatis regno
virtutem posse consistere. Quod quo magis intellegi posset, fingere animo
iubebat tanta incitatum aliquem voluptate corporis, quanta percipi posset
maxima; nemini censebat fore dubium, quin tam diu, dum ita gauderet, nihil
agitare mente, nihil ratione, nihil cogitatione consequi posset. Quocirca nihil
esse tam detestabile tamque pestiferum quam voluptatem, siquidem ea, cum maior
esset atque longinquior, omne animi lumen exstingueret. Haec cum C. Pontio
Samnite, patre eius, a quo Caudino proelio Sp. Postumius, T. Veturius consules
superati sunt, locutum Archytam Nearchus Tarentinus, hospes noster, qui in
amicitia populi Romani permanserat, se a maioribus natu accepisse dicebat, cum
quidem ei sermoni interfuisset Plato Atheniensis, quem Tarentum venisse L.
Camillo Ap. Claudio consulibus reperio.
En efecto, donde domine el deseo y la lujuria, no
hay lugar para la templanza. De ninguna manera la virtud puede permanecer firme
y segura en el reino del deleite corporal. Para que esto pudiera ser
comprendido mejor, aconsejaba imaginar a alguien obligado a experimentar el
placer corporal todo lo máximo que se pueda conseguir, y pensa-ba que nadie, en
ese estado, puede controlar la mente y pensar algo sensato, pues el goce, a
medida que es más intenso y duradero, ofusca más la lucidez mental. Arquitas contaba
estas cosas que había oído de sus mayores, siendo cónsules Espurio Póstumo y
Tito Veterio que fueron vencidos en la batalla Caudina por el padre de Cayo
Poncio Samnita, estando presente Platón el Ateniense, que había venido a
Tarento cuando fueron cónsules Lucio Camilo y Apio Claudio, según contaba
Nearco Tarentino, nuestro huésped, quien había conservado la amistad del pueblo
romano.
42. Quorsus
hoc? Ut intellegeretis, si voluptatem aspernari ratione et sapientia non
possemus, magnam habendam esse senectuti gratiam, quae efficeret, ut id non
liberet, quod non operteret. Impedit enim consilium voluptas, rationi inimica
est, mentis, ut ita dicam, praestringit oculos, nec habet ullum cum virtute
commercium. Invitus feci, ut fortissimi viri T. Flaminini fratrem L. Flamininum
e senatu eicerem septem annis post quam consul fuisset, sed notandam putavi
libidinem. Ille enim, cum esset consul in Gallia, exoratus in convivio a scorto
est, ut securi feriret aliquem eorum, qui in vinculis essent, damnati rei
capitalis. Hic Tito fratre suo censore, qui proximus ante me fuerat, elapsus
est; mihi vero et Flacco neutiquam probari potuit tam flagitiosa
¿Por qué cuento esto? Para que comprendáis que si
no podemos rechazar la lujuria, ni con la razón, ni con la sabiduría, se ha de
estar inmensamente agradecidos a la vejez que se encarga de que no gocemos de
lo que no nos conviene. En efecto, el placer impide la reflexión, es enemigo de
la razón, de la mente. Ofusca, por así decirlo, los ojos del alma, y no tiene
ninguna relación con la virtud. Siete años después de haber sido designado
cónsul, en contra de mi voluntad, me sentí obligado a expulsar del senado a
Lucio Flaminio, hermano de Tito Flaminio. A pesar de todo consideré que debía
dictar una sentencia judicial por libertinaje. Cuando ejercía de cónsul en La
Galia, se dejó convencer por los ruegos de una mujer pública para que no matase
a uno de los que
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D e l a v e j e z 20
et tam perdita libido, quae cum probro privato
coniungeret imperi dedecus.
estaban en la cárcel condenados a muerte y éste se
escapó del castigo, siendo censor su hermano Tito, que lo fue anterior a mí.
Sinceramente ni a Flaco ni a mí nos pareció que se debía admitir un desliz tan
vergonzoso y depravado que uniera la deshonra de la autoridad con la deshonra
personal.
XIII. 43. Saepe audivi ex maioribus natu, qui se
porro pueros a senibus audisse dicebant, mirari solitum C. Fabricium, quod, cum
apud regem Pyrrhum legatus esset, audisset a Thessalo Cinea esse quendam
Athenis, qui se sapientem profiteretur, eumque dicere omnia, quae faceremus, ad
voluptatem esse referenda. Quod ex eo audientis M'. Curium et Ti. Coruncanium
optare solitos, ut id Samnitibus ipsique Pyrrho persuaderetur, quo facilius
vinci possent, cum se voluptatibus dedissent. Vixerat M'. Curius cum P. Decio,
qui quinquennio ante eum consulem se pro re publica quarto consulatu devoverat;
norat eundem Fabricius, norat Coruncanius; qui cum ex sua vita, tum ex eius,
quem dico, Deci, facto iudicabant esse profecto aliquid natura pulchrum atque
praeclarum, quod sua sponte peteretur, quodque spreta et contempta voluptate
optimus quisque sequeretur.
Con frecuencia oí contar a los mayores que, en su
lejana infancia, escuchaban de los ancianos, que Cayo Fabricio, cuando fue
enviado como legado ante el rey Pirro, se había extrañado que Cinea el
Tesaliense dijera que en Atenas había un sabio que explicaba que todas nuestras
acciones debían ser relacionadas con el placer. Fabricio lo contó. Cuando lo
oyeron Mario Curio y Tito Coruncanio, deseaban que los Samnitas y Pirro se
convencieran de eso, pues, si se entregaban a la lujuria, podrían ser vencidos
con más facilidad. Mario Curio, había convivido durante su cuarto consulado con
Publio Decio, quien, cinco años antes de llegar a cónsul, se había consagrado
al bien de la república .Fabricio conoció a Decio y también Coruncanio, —no
sólo por su vida sino también por la acción de Decio, al que me refiero—
quienes consideraban hermoso y digno, sin ningún tipo de dudas, que alguien,
por su propia voluntad tras el desprecio y olvido del placer, acceda a tal
responsabilidad.
44. Quorsus igitur tam multa de voluptate? Quia Así
pues, ¿por qué son tan numerosas las razones non modo vituperatio nulla, sed
etiam summa para hablar del placer? Porque en ningún caso es laus senectutis
est, quod ea voluptates nullas un vituperio para la vejez, por el contrario, es
la magno opere desiderat. Caret epulis extructisque mayor alabanza. La vejez no
busca el placer con mensis et frequentibus poculis; caret ergo etiam excesivo
deseo. Se abstiene de los banquetes, de vinulentia et cruditate et insomniis.
Sed si las indigestiones, de las frecuentes orgías, por aliquid dandum est
voluptati, quoniam eius tanto de la embriaguez, y de los insomnios. Sin
blanditiis non facile obsistimus, --divine enim embargo si algo debe
adjudicarse al placer, ya que Plato 'escam malorum' appellat voluptatam,
difícilmente nos resistimos a sus caricias es el quod ea videlicet homines
capiantur ut pisces, -- poder disfrutar con sus contertulios porque la quamquam
immoderatis epulis caret senectus, vejez se abstiene de los desmesurados
banquetes. modicis tamen coviviis delectari potest. C. Pues como decía el
divino Platón: "el placer es el Duellium M. f., qui Poenos classe primus
incentivo de todos los males, ya que éste arrastra a devicerat, redeuntem a
cena senem saepe los hombres como el anzuelo a los peces". Siendo videbam
puer; delectabatur cereo funali et yo niño veía a Cayo Duilio, hijo de Marco
que fue tibicine, quae sibi nullo exemplo privatus el primero en vencer a los
cartagineses con su
sumpserat; tantum licentiae dabat gloria. flota ya anciano, que volvía de los convites
acompañado con antorchas de cera que
iluminaban la calle, con la música y la fanfarria
de
la flauta. Disfrutaba de ese privilegio particular
sin precedente, tanta era la gloria y el honor de
los
que gozaba.
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45. Sed quid
ego alios? Ad me ipsum iam revertar. Primum habui semper sodalis. Sodalitates
autem me quaestore constitutae sunt sacris Idaeis Magnae Matris acceptis.
Epulabar igitur cum sodalibus omnino modice, sed erat quidam fervor aetatis;
qua progrediente omnia fiunt in dies mitiora. Neque enim ipsorum
conviviorum delectationem voluptatibus corporis
magis quam coetu amicorum et sermonibus metiebar. Bene enim maiores
accubitionem epularem amicorum, quia vitae
coniunctionem haberet, convivium nominaverunt,
melius quam Graeci, qui hoc idem tum compotationem, tum concenationem vocant,
ut, quod in eo genere minimum est, id maxime probare videantur.
Pero, ¿por qué tengo que referirme a otros
personajes? Ya es hora que vuelva sobre mí mismo. En primer lugar siempre tuve
colegas. Siendo yo cuestor instituí cofradías donde fueron abrazados los cultos
ideos de La Gran Diosa Madre, Cibeles. Se celebraban banquetes con los socios
manera moderada, sin embargo se detectaba un cierto fervor propio de la
juventud, que como todas las pasiones, con el paso del tiempo y el día a día,
se fue suavizando. En efecto yo no valoraba tanto el placer de los propios convites
por el goce del cuerpo, como por el de la conversación con los amigos. Muy
acertadamente nuestros antepasados denominaron al hecho de comer juntos los
amigos "convivium", ya que realmente llevaría a la unión de las
vidas. Designación más acertada que la que le dieron los griegos
"simposio", comida en común, de modo que en este tipo de reuniones
parecen disfrutar al máximo con eso, cuando el banquete es lo que menos
importa.
XIV. 46. Ego vero propter sermonis delectationem
tempestivis quoque conviviis delector, nec cum aequalibus solum, qui pauci
admodum restant, sed cum vestra etiam aetate atque vobiscum, habeoque senectuti
magnam gratiam, quae mihi sermonis aviditatem auxit, potionis et cibi sustulit.
Quod si quem etiam ista delectant, (ne omnino bellum indixisse videar
voluptati, cuius est fortasse quidam naturalis modus), non intellego ne in
istis quidem ipsis voluptatibus carere sensu senectutem. Me vero et magisteria delectant
a maioribus instituta et is sermo, qui more maiorum a summo adhibetur in
poculo, et pocula, sicut in Symposio Xenophontis est, minuta atque rorantia, et
refrigeratio aestate et vicissim aut sol aut ignis hibernus; quae quidem etiam
in Sabinis persequi soleo, conviviumque vicinorum cotidie compleo, quod ad
multam noctem quam maxime possumus vario sermone producimus.
Sinceramente, yo no sólo disfruto del deleite de la
conversación, con los de mi edad, que ya quedan pocos, sino también con los de
la vuestra y con vosotros. Tengo que estar agradecido a la vejez que ha
acrecentado en mí el interés por la conversación y ha dejado en segundo puesto
el beber y el comer. Por lo tanto no comprendo por qué la vejez ha de ser
insensible ante esos placeres, si esto también deleita a otros. De ningún modo
se debe considerar que he declarado la guerra al placer, el cual, tal vez, sea
una característica natural. A mí en verdad me agrada presidir el banquete,
costumbre instituida por nuestros mayores. También me agrada el brindis, que,
según los antepasados, lo pronuncia el "princeps" con la copa en la
mano. Con copas pequeñas y apenas salpicadas de licores, al frescos en verano,
al sol frente al fuego en invierno, como en el "simposio" de
Jenofonte. Estos placeres suelo disfrutarlos en mis posesiones de Sabina,
conversando todo cuanto podemos, hasta altas horas de la noche y los completo
cada día en reunión con mis vecinos.
47. At non est voluptatum tanta quasi titillatio in
Pero no me diréis que es muy grande en los senibus. Credo, sed ne desideratio
quidem; nihil ancianos esa especie de deseo por los placeres. Al autem est
molestum, quod non desideres. Bene contrario, yo creo que ni siquiera se
apetecen. Sophocles, cum ex eo quidem iam adfecto aetate Nada es molesto si no
se desea Sófocles respondió quaereret, utereturne rebus veneriis, 'Di meliora!'
correctamente cuando alguien le preguntó si en inquit; ' libenter vero istinc
sicut ab domino esa edad gozaba de los placeres de Venus: "¡Los
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 22
agresti ac furioso profugi.' Cupidis enim rerum
dioses me guarden, ciertamente huí de ellos libre-talium odiosum fortasse et
molestum est carere, mente como de un tirano, posesivo y salvaje!" En
satiatis vero et expletis iucundius est carere efecto puede ser quizás odioso y
molesto carecer quam frui. Quamquam non caret is, qui non del placer del amor,
sin embargo una vez desiderat; ergo hoc non desiderare dico esse satisfecho
hasta la saciedad, es mejor su carencia
iucundius. que
su goce, aunque quien no lo desea no carece
de él, por lo tanto es mejor, creo yo, no desearlo.
48. Quod si
istis ipsis voluptatibus bona aetas fruitur libentius, primum parvulis fruitur
rebus, ut diximus, deinde eis, quibus senectus, etiamsi non abunde potitur, non
omnino caret. Ut Turpione Ambivio magis delectatur, qui in prima cavea spectat,
delectatur tamen etiam, qui in ultima, sic adulescentia voluptates propter
intuens magis fortasse laetatur, sed delectatur etiam senectus procul eas
spectans tantum quantum sat est.
49. At illa
quanti sunt, animum,
tamquam
emeritisstipendiislibidinis,ambitionis,
contentionis, inimicitiarum cupiditatum omnium,
secum esse secumque, ut dicitur, vivere! Si vero habet aliquod tamquam pabulum
studi atque doctrinae, nihil est otiosa senectute iucundius. Videbamus in
studio dimetiendi paene caeli atque terrae C. Galum, familiarem patris tui,
Scipio. Quotiens illum lux noctu aliquid describere ingressum, quotiens nox
oppressit, cum mane coepisset! Quam delectabat eum defectiones solis et lunae
multo ante nobis praedicere!
Según hemos dicho, la juventud goza de los placeres
intensamente. Se disfruta primero de las pequeñas cosas, después de los mismos
placeres que la vejez, aunque no con la misma intensidad. El que está en la
primera fila disfruta más del espectáculo de Ambivio Turpión, pero también
disfruta el que lo ve desde la última. Del mismo modo que la juventud disfruta
de los placeres más de cerca, también los ancianos disfrutan lo suficiente
observándolos desde lejos.
¡Qué gran cosa es que el espíritu se desprenda de
la ambición, de las querellas contra las enemistades, de toda concupiscencia y
que, como se dice, viva en paz consigo mismo, como en la vida militar! Pero,
para la ancianidad nada hay más placentero que la vida intelectual, si se
siente una chispa de aliciente por el estudio y las normas. Veíamos a Cayo
Galo, el amigo íntimo de tu padre, Escipión, casi hasta el momento de su muerte
estudiar cada día desde bien temprano la medición del cielo y de la tierra. Se
le echaba encima la noche y le sorprendía escribiendo. ¡Cuánto disfrutaba
anunciando los eclipses de sol y de la luna!
50. Quid in levioribus studiis, sed tamen acutis?
¿Qué diré sobre otros trabajos más ligeros pero Quam gaudebat bello suo Punico
Naevius! quam más ingeniosos? ¡Cuánto gozaba Nervio con su Truculento Plautus,
quam Pseudolo! Vidi etiam Guerra Púnica! ¡Cuánto disfrutó Plauto con su senem
Livium; qui, cum sex aniis ante quam ego "Truculentus" y su
"Pseudulus!" Incluso conocí al natus sum fabulam docuisset Centone
anciano Livio Andrónico, quien seis años antes de Tuditanoque consulibus, usque
ad adulescentiam que yo naciera, representó su obra siendo meam processit
aetate. Quid de P. Licini Crassi entonces cónsules Centón y Tuditano. Después
et pontifici et civilis iuris studio loquar aut de aún siguió viviendo hasta mi
adolescencia. ¿Qué huius P. Scipionis qui his paucis diebus pontifex diré de
Paulo Licinio Craso, jurisconsulto, político maximus factus est? Atque eos
omnis, quos y civil, o bien de Paulo Escipión, quien commemoravi, his studiis
flagrantis senes recientemente ha sido designado pontífice vidimus. M. vero
Cethegum, quem recte 'Suadae máximo? También a todos estos, que he
recorda-medullam' dixit Ennius, quanto studio exerceri do, los hemos visto, ya
ancianos, enfrascados en in dicendo videbamus etiam senem! Quae sunt sus
estudios. Lo mismo a Máximo Cetego, a quien igitur epularum aut ludorum aut
scortorum Ennio denominó, con mucho acierto, "Médula de voluptates cum his
voluptatibus comparandae? la diosa de la persuasión". ¡Con cuánto afán lo
Atque haec quidem studia doctrinae, quae veíamos, ya anciano, ejercitarse en el
arte de la quidem prudentibus et bene institutis pariter cum oratoria! ¿Pueden
ser comparados los placeres de
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 23
aetate crescunt, ut honestum illud Solonis sit,
quod ait versiculo quodam, ut ante dixi, senescere se multa in dies
addiscentem, qua voluptate animi nulla certe potest esse maior.
la bebida, los banquetes, los juegos, el sexo, con
aquellos placeres de la mente? Ciertamente estos son afanes de los estudiosos,
de los prudentes y bien formados, y crecen en proporción a la edad, de ahí
aquella afirmación de Solón que aparece en un versículo de su obra: "Se
envejece aprendiendo cada día muchas cosas". Pienso que no puede existir
un placer mayor para el alma.
XV. 51. Venio nunc ad voluptates agricolarum,
quibus ego incredibiliter delector; quae nec ulla impediuntur senectute et mihi
ad sapientis vitam proxime videntur accedere. Habent enim rationem cum terra,
quae numquam recusat imperium nec umquam sine usura reddit, quod accepit, sed
alias minore, plerumque maiore cum faenore. Quamquam me quidem non fructus
modo, sed etiam ipsius terrae vis ac natura delectat. Quae cum gremio mollito
ac subacto sparsum semen excepit, primum id occaecatum cohibet, ex quo occatio,
quae hoc efficit, nominata est, deinde tepefactum vapore et compressu suo
diffundit et elicit herbescentem ex eo viriditatem, quae nixa fibris stirpium
sensim adulescit culmoque erecta geniculato vaginis iam quasi pubescens
includitur; ex quibus cum emersit, fundit frugem spici ordine structam et
fcontra avium minorum morsus munitur vallo aristarum.
Ahora me voy a referir a los placeres de los
trabajos de la tierra, con los que yo disfruto enormemente, placeres que en
absoluto les son impedidos a los ancianos. Al contrario, a mí me parece que
están muy de acuerdo con la vida del sabio. En efecto su actividad se relaciona
con la tierra, que nunca rehúsa lo que se le impone ni tampoco devuelve con
reproche lo que recibió. Algunas veces con menor abundancia, pero en la mayoría
de las ocasiones, con creces. A mí, aunque no me dedico mucho a ella, me agrada
la fertilidad natural de la tierra en sí misma. La tierra acoge la semilla
esparcida en el surco mullido de arriba abajo. Primero la acoge en sus
entrañas, de ahí el nombre de "occatio"(rastrillaje); después difunde
la semilla arropada por la humedad de la tierra, y, su propia calidez, hace
brotar la verdura en forma de hierba, que aferrada a las raíces, crece
espontáneamente erecta en un tallo nudoso. Aún muy joven, se encierra en su
vaina. Cuando sale de ella muestra su fruto en forma de espiga y se defiende de
los picotazos de los insectos a través de un reborde de aristas.
52. Quid ego
vitium ortus, satus, incrementa commemorem? Satiari delectatione non possum, ut
meae senectutis requiem oblectamentumque noscatis. Omitto enim vim ipsam
omnium, quae generantur e terra; quae ex fici tantulo grano aut ex acini
vinaceo aut ex ceterarum frugum aut stirpium minutissimis seminibus tantos
truncos ramosque procreet. Malleoli, plantae, sarmenta, viviradices,
propagines, nonne efficiunt, ut quemvis cum admiratione delectent? Vitis
quidem, quae natura caduca est et, nisi fulta est, fertur ad terram, eadem, ut
se erigat claviculis suis quasi manibus quicquid est nacta, complectitur; quam
serpentem multiplici lapsu et erratico ferro amputans coercet ars agricolarum,
ne silvescat sarmentis et in omnis partis nimia fundatur.
¿Qué voy a comentar acerca del cultivo de la vid y
de su crecimiento? Disfruto con este placer. Os lo digo para que conozcáis
perfectamente el sosiego y las diversiones de mi vejez. En efecto, no paso por
alto la fuerza generadora de la tierra, la cual hace que crezcan grandes
troncos y ramas a partir de un insignificante grano de trigo, de una pepita de
uva o de las diminutas semillas de otras plantas. ¿Acaso este engendro de
estaquillas, plantones, semillas, vástagos, no producen placer a quién los observa
con admiración? Así la vid, que es descendente por naturaleza, cae hacia la
tierra, a no ser que se le ponga una estaca. Esta vid se asegura con sus
propios zarcillos como si fuesen manos, para mantenerse levantada, la mayoría
de las vides las encuentras así. La habilidad de los agricultores, cortando con
la podadora la rama que serpentea errática de mil maneras, guía a la vid para
que no se enreden sus
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 24
53. Itaque
ineunte vere in eis, quae relicta sunt, exsistit tamquam ad articulos
sarmentorum ea, quae gemma dicitur, a qua oriens uva se ostendit, quae et suco
terrae et calore solis augescens primo est peracerba gustatu, deinde maturata
dulcescit, vestitaque pampinis nec modico tepore caret et nimios solis defendit
ardores. Qua quid potest esse cum fructu laetius, tum aspectu pulchrius? Cuius
quidem non utilitas me solum, ut ante dixi, sed etiam cultura et natura ipsa
delectat, adminiculorum ordines, capitum iugatio, religatio et propagatio
vitium, sarmentorum ea, quam dixi aliorum amputatio, aliorum immissio. Quid ego
irrigationes, quid fossiones agri repastinationesque proferam, quibus fit multo
terra fecundior?
sarmientos y no se extienda desordenadamente en
todas direcciones.
En efecto entrando la primavera salen entre los
nudillos de los sarmientos, que han sido cuidados, brotes semejantes a las
yemas, que dan así origen a la uva que aparece, la cual va creciendo por la
humedad de la tierra y por el calor del sol. En un primer momento es de sabor
agrio, luego, resguardada por los pámpanos, que no sólo le pro-porcionan una
temperatura moderada, sino también la defienden de los excesivos ardores del
sol, cuando madura, su sabor se trueca dulce. ¿Tanto por su fruto como por su
hermosura, qué nos puede proporcionar más alegría que la vid? A mí, como he
dicho anteriormente, me agrada por su propia naturaleza, y por su belleza
natural, por la alineación de las filas de estacas, y la operación de rodrigar
y sembrar por mugrones las cepas, podar unos sarmientos y acodar otros. ¿Qué
diré sobre su riego, sobre los surcos, sobre la bina, gracias a lo cual la
tierra se hace mucho más fértil?
54. Quid de
utilitate loquar stercorandi? Dixi in eo libro, quem de rebus rusticis scripsi;
de qua doctus Hesiodus ne verbum quidem fecit, cum de cultura agri scriberet.
At Honerus, qui multis, ut mihi videtur, ante saeculis fuit, Laeten lenientem
desiderium, quod capiebat e filio, colentem agrum et eum stercorantem facit.
Nec vero segetibus solum et pratis et vineis et arbustis res rusticae laetae
sunt, sed hortis etiam et pomariis, tum pecudum pastu, apium examinibus, florum
omnium varietate. Nec consitiones modo delectant sed etiam insitiones, quibus
nihil invenit agri cultura sollertius.
¿Qué he decir sobre el abono de la tierra? Lo
expuse en aquel libro al que denominé "De agricultura". El sabio
Hesíodo no hizo ningún comentario sobre estas labores cuando escribió a cerca
del cultivo del campo. Pero Homero, quien vivió muchos siglos antes, según me
parece a mí, presenta a Alertes, que palía la añoranza de su hijo, cultivando
el campo y abonando los árboles. Las labores rústicas son placenteras por las
mieses de la tierra, por los prados, por las viñas y arbustos, y también por
los huertos, los árboles frutales, por los pastos para los animales, por la
vigilancia y cuidado de las colmenas, por la variedad de todas clases de
flores. Igualmente uno disfruta con las siembras y con la labor de injertar,
gracias a los cuales el cultivo del campo se hace mucho más agradable.
XVI. 55. Possum persequi permulta oblectamenta
rerum rusticarum, sed haec ipsa, quae dixi, sentio fuisse longiora. Ignoscetis
autem; nam et studio rusticarum rerum provectus sum, et senectus est natura
loquacior, ne ab omnibus eam vitiis videar vindicare. Ergo in hac vita M'.
Curius, cum de Samnitibus, de Sabinis, de Pyrrho triumphasset, consumpsit
extremum tempus aetatis. Cuius quidem ego villam contemplans (abest enim non
longe a me)
Podría seguir contando las numerosas satisfacciones
que proporcionan las labores del campo pero reconozco que lo expuesto, ya fue
extenso. Os pido perdón por ello. Me he dejado arrastrar por el gran placer que
supone trabajar el campo. Además la vejez es muy locuaz y no quiero que creáis
que reivindico la vejez alejada de todos los vicios. En este tipo de vida
consumió sus últimos años M. Curio, después de vencer a los Samnitas, a los
Sabinos y a Pirro. Yo, por mi
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 25
admirari satis non possum vel hominis ipsius
continentiam vel temporum disciplinam. Curio ad focum sedenti magnum auri
pondus Samnites cum attulissent, repudiati sunt; non enim aurum habere
praeclarum sibi videri dixit, sed eis qui haberent aurum imperare.
parte, no puedo dejar de admirar la continencia de
este hombre, y la disciplina moral de la época, contemplando su villa, que no
dista mucho de la mía. Se cuenta que a Curio, mientras descansaba sentado al
fuego, los samnitas le ofrecieron una gran cantidad de oro y la rechazó
respondiendo que a él no le importaba el oro, sino mandar sobre quienes lo
tenían.
56. Poteratne
tantus animus efficere non iucundam senectutem? Sed venio ad agricolas, ne a me
ipso recedam. In agris erant tum senatores, id est senes, siquidem aranti L.
Quinctio Cincinnato nuntiatum est eum dictatorem esse factum; cuius dictatoris
iussu magister equitum C. Servilius Ahala Sp. Maelium regnum adpetentem
occupatum interemit. A villa in senatum arcessebatur et Curius et ceteri senes,
ex quo, qui eos arcessebant viatores nominati sunt. Num igitur horum senectus
miserabilis fuit, qui se agri cultione oblectabant? Mea quidem sententia haud
scio an nulla beatior possit esse, neque solum officio, quod hominum generi
universo cultura agrorum est salutaris, sed et delectatione, quam dixi, et
saturitate copiaque rerum omnium, quae ad victum hominum, ad cultum etiam
deorum pertinent, ut, quoniam haec quidem desiderant, in gratiam iam cum
voluptate redeamus. Semper enim boni assiduique domini referta cella vinaria,
olearia, etiam penaria est, villaque tota locuples est, abundat porco, haedo,
agno, gallina, lacte, caseo, melle. Iam hortum ipsi agricolae succidiam alteram
appellant. Conditiora facit haec supervacaneis etiam operis aucupium atque
venatio.
¿Acaso un espíritu tan grande podía llevar una
vejez disoluta? Pero vuelvo a los agricultores para no volver de nuevo sobre mí
mismo. Entonces en los campos había senadores, es decir, ancianos. A Lucio
Quintio Cincinato se le anunció que había sido nombrado dictador mientras
estaba arando su campo, y Cayo Servilio Alhala, su maestro de caballería, por
la orden recibida de él, mató a Espurio Melo, porque había sido sorprendido
cuando intentaba apoderarse del reino. Desde las quintas se acercaban al senado
Curio y los restantes ancianos, de ahí que, desde entonces, a quienes se
dirigían al senado se les denominaran viatores. Por lo tanto, ¿acaso se puede
considerar que la vejez de éstos que disfrutaban con el cultivo del campo fue
desgraciada? Ciertamente, como ya he comentado, no sé si mi opinión es más
feliz que otra, para el hombre es muy saludable la labor del campo, no sólo
como un deber sino también por el placer. Y por la propia sociedad, por la
abundancia de todos los frutos que afecta a la manera de vivir de los hombres.
Incluso por el culto a los dioses, pues algunos prefieren este tipo de vida
para que, con verdadero placer, podamos volver al estado de bienestar. Es
evidente que siempre la despensa del señor cuidadoso y previsor está llena de
vino, aceite, de toda clase de provisiones, y toda su villa es rica: abundan en
ella los cerdos, los cabritos, los corderos, las gallinas, la leche, el queso y
la miel. Los agricultores denominan al huerto su segunda despensa. Incluso la
caza mayor y menor hace que la vejez sea más placentera pues llenan los ratos
de ocio.
57. Quid de
pratorum viriditate aut arborum ordinibus aut vinearum olivetorumve specie
plura dicam? Brevi praecidam: agro bene culto nihil potest esse nec usu uberius
nec specie ornatius; ad quem fruendum non modo non retardat, verum etiam
invitat atque adlectat senectus. Ubi enim potest illa aetas aut calescere vel
apricatione melius vel igni, aut vicissim
¿Pues qué más diré del verdor de los prados o los
ó rdenes de
árboles, las especies de viñas y los olivos? Para acabar en breve, nada puede
haber ni más abundante para gozarlo, ni más hermoso para la vista que un campo
bien cultivado. Y no solamente no impide la vejez para gozar de él, sino que
llama y convida. ¿Pues en dónde pueden los de esta edad, ni con más
conveniencia, o
Marco Tulio Cicerón
umbris aquisve refrigerari salubrius?
D e l a v e j e z 26
calentarse al sol, o a la lumbre, o también
refrescarse más saludablemente a la sombra o con las aguas?*
58. Sibi
habeant igitur arma, sibi equos, sibi hastas, sibi clavam et pilam, sibi
natationes atque cursus, nobis senibus ex lusionibus multis talos relinquant et
tesseras, id ipsum ut lubebit, quoniam sine eis beata esse senectus potest.
XVII. 59. Multas ad res perutiles Xenophontis libri
sunt, quos legite, quaeso, studiose, ut facitis. Quam copiose ab eo agri
cultura laudatur in eo libro, qui est de tuenda re familiari, qui Oeconomicus
inscribitur! Atque ut intellegatis nihil ei tam regale videri quam studium agri
colendi, Socrates in eo libro loquitur cum Critobulo Cyrum minorem, Persarum
regem, praestantem ingenio atque imperi gloria, cum Lysander Lacedaemonius, vir
summae virtutis, venisset ad eum Sardis eique dona a sociis adtulisset, et
ceteris in rebus communem erga Lysandrum atque humanum fuisse et ei quendam
consaeptum agrum diligenter consitum ostendisse. Cum autem admiraretur Lysander
et proceritates arborum et derectos in quincuncem ordines et humum subactam
atque puram et suavitatem odorum, qui adflarentur ex floribus, tum eum dixisse
mirari se non modo diligentiam, sed etiam sollertiam eius, a quo essent illa
dimensa atque discripta; et Cyrum respondisse: 'Atqui ego ista sum omnia
dimensus; mei sunt ordines, mea discriptio, multae etiam istarum arborum mea
manu sunt satae.' Tum Lysandrum intuentem purpuram eius et nitorem corporis
ornatumque Persicum multo auro multisque gemmis dixisse; 'Recte vero te, Cyre,
beatum ferunt, quoniam virtuti tuae fortuna coniuncta est.'
Para los jóvenes, las armas, los caballos, las
astas, la clava, la lanza, la natación, las correrías y para nosotros, los
ancianos, nos quedan las tabas, los dados, lo que cada uno prefiera, pero sin
aquellos placeres también la vejez puede ser feliz.
Las obras de Jenofonte son muy útiles para estos
asuntos, os ruego que las leáis atentamente y las pongáis en práctica. ¡Cómo
ensalza extensamente en su Economía el cultivo del campo, cuando trata del
cuidado del propio patrimonio! De sobra sabéis, que para él nada era tan
agradable como el placer del cultivo del campo. Sócrates cuenta que ante el rey
de los persas Ciro el Menor, ilustre por su ingenio y por la gloria de su
imperio, se presentó Lisandro Lacedemonio, hombre de gran virtud, que le
llevaba regalos como aliado. El rey se mostró amable en todo con él y le enseñó
un campo diligentemente cultivado. Lisandro se quedó admirado por la altura de
los árboles, porque estaban ordenados a tres bolillos, porque el mantillo se
encontraba muy bien arado y porque las flores desprendían una mezcla suave y
pura de olores. Lisandro comentó que se admiraba de la diligencia con que
estaban cultivados los campos, y de la habilidad con que habían sido alineados
y planificados. Ciro le respondió: "Así es porque yo lo he calibrado los
proyectos; yo he calculado también las filas de los árboles; mío es el diseño y
muchos de estos árboles han sido sembrados por mí". Entonces Lisandro,
admirando el ornato pérsico que realzaba la figura del rey: la púrpura con una
gran cantidad de oro y piedras preciosas, le contestó: "Con razón dicen
que Ciro es afortunado porque añade a su fortuna su virtud".
60. Hac
igitur fortuna frui licet senibus, nec aetas impedit, quo minus et ceterarum
rerum et in primis agri colendi studia teneamus usque ad ultimum tempus
senectutis. M. quidem Valerium Corvinum accepimus ad centesimum annum
perduxise, cum esset acta iam aetate in agris eosque coleret; cuius inter
primum et sextum consulatum sex et quadraginta anni interfuerunt. Ita, quantum
spatium aetatis maiores ad senectutis initium esse voluerunt,
Por eso a los ancianos nos es permitido disfrutar
de esta manera. Aunque la edad nos impide gozar de otros placeres gozamos del
deseo de poder cultivar el campo hasta los últimos momentos de la vida. Sabemos
y aceptamos que Mario Valerio Corbino, que fue cónsul seis veces durante
cuarenta y seis años, practicó estos quehaceres y vivió en el campo cultivando
sus tierras hasta los cien años. Podemos afirmar que nuestros mayores, pasaron
en la política el tiempo que
* Todo este
parrafo 57 falta entero del texto seguido en nuestra edición [Nota del
escaneador]
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 27
tantus illi cursus honorum fuit; atque huius
extrema aetas hoc beatior quam media, quod auctoritatis habebat plus, laboris
minus; apex est autem senectutis auctoritas.
ellos consideraban necesarios para ser denominados
"senes", sin embargo su vejez fue más feliz que la media del resto de
los ancianos porque tenían más poder y menos preocupaciones. La corona de la
vejez es la autoridad.
61. Quanta
fuit in L. Caecilio Metello, quanta in A. Atilio Calatino! in quem illud
elogium: 'Hunc unum plurimae consentiunt gentes populi primarium fuisse virum.'
Notum est carmen incisum in sepulcro. Iure igitur gravis, cuius de laudibus
omnium esset fama consentiens. Quem virum nuper P. Crassum, pontificem maximum,
quem postea M. Lepidum eodem sacerdotio praeditum, vidimus! Quid de Paulo aut
Africano loquar aut, ut iam ante, de Maximo? quorum non in sententia solum, sed
etiam in nutu residebat auctoritas. Habet senectus, honorata praesertim, tantam
auctoritatem, ut ea pluris sit quam omnes adulescentiae voluptates.
¡Cuánta fue la autoridad de Lucio Cecilio Metelo!,
¡Cuánta la de Atilio Calantino, en cuyo honor se escribió aquel famoso elogio:
"La mayoría de los ciudadanos están de acuerdo en que éste es un varón
único, el más importante del pueblo!" Este poema está grabado en su tumba,
y, con pleno derecho, su fama es conocida por todos. Recientemente hemos
conocido a otro gran hombre: Publio Crasso, pontífice máximo, a quien después
Marco Lépido, le sucedió en ese mismo cargo. ¿Qué he de decir de Paulo, o del
Africano, o, como he citado antes, de Máximo, cuya autoridad residía, tanto en
sus sentencias, como en sus movimientos de cabeza? La vejez tiene tanta
autoridad que satisface mucho más que todos los placeres juntos de la juventud,
sobre todo la de quien ha ejercido la magistratura.
XVIII. 62. Sed in omni oratione mementote eam me
senectutem laudare, quae fundamentis adulescentiae constituta sit. Ex quo
efficitur id quod ego magno quondam cum assensu omnium dixi, miseram esse
senectutem quae se oratione defenderet. Non cani, nec rugae repente
auctoritatem arripere possunt, sed honeste acta superior aetas fructus capit
auctoritatis extremos.
No obstante debéis recordar que en toda mi
disertación he defendido una buena ancianidad, basada en unos buenos cimientos
de la adolescencia. Se deduce pues lo que dije en otro momento con el aplauso
de todos: que la ancianidad es desgraciada si se tiene que defender con
discursos. Ni los cabellos blancos, ni las arrugas hacen surgir de repente la
autoridad. Los frutos de la autoridad los produce la edad vivida honestamente
desde el principio.
63. Haec enim
ipsa sunt honorabilia quae videntur levia atque communia, salutari, adpeti,
decedi, adsurgi, deduci, reduci, consuli; quae et apud nos et in aliis
civitatibus, ut quaeque
optime morata est, ita diligentissime observantur.
Lysandrum Lacedaemonium, cuius modo feci mentionem, dicere aiunt solitum
Lacedaemonem esse honestissimum domicilium senectutis: nusquam enim tantum
tribuitur aetati, nusquam est senectus honoratior. Quin etiam memoriae proditum
est, cum Athenis ludis quidam in theatrum grandis natu venisset, magno consessu
locum nusquam ei datum a suis civibus; cum autem ad Lacedaemonios accessisset,
qui legati cum essent, certo in loco consederant, consurrexisse omnes illi
dicuntur et senem sessum recepisse.
Cosas comunes como ser respetado, ser querido, que
le cedan el paso a uno, ser acompañado al salir de casa y al volver a ella, ser
consultado, hechos que nos gusta sean cumplidos con toda diligencia, son frutos
honrosos, aunque parezcan insignificantes, no sólo para nosotros sino también
para todos los ciudadanos. Cada cual se adapta a las costumbres del mejor modo.
Se cuenta que Lisandro el Lacedemonio, a quien mencioné anteriormente, solía
decir que Lacedemonia era un lugar muy adecuado para la vejez. En efecto, jamás
se ha agasajado tanto, ni se ha honrado a la vejez en ninguna otra parte como
allí. Se cuenta que durante los grandes juegos de Atenas, cuando se
representaba una obra en el teatro un anciano pasó por delante de los
atenienses y ninguno se levantó pasó después
Marco Tulio Cicerón
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64. Quibus
cum a cuncto consessu plausus esset multiplex datus, dixisse ex eis quendam
Atheniensis scire, quae recta essent, sed facere nolle. Multa in nostro
collegio praeclara, sed hoc de quo agimus in primis, quod, ut quisque aetate
antecedit, ita sententiae principatum tenet, neque solum honore antecedentibus,
sed eis etiam, qui cum imperio sunt, maiores natu augures anteponuntur. Quae
sunt igitur voluptates
corporis cum auctoritatis praemiis comparandae?
Quibus qui splendide usi sunt, ei mihi videntur fabulam aetatis peregisse nec
tamquam inexercitati histriones in extremo actu corruisse.
por delante de un grupo de lacedemonios, que sólo
eran aliados, y al verlo, rápidamente se levantaron todos a la vez cediéndole
el sitio
El teatro puesto en pie, les aplaudió)
intensamente. Uno de ellos dijo que los atenienses sabían perfectamente lo que
había que hacer en semejante ocasión, pero que no querían ponerlo en práctica.
En vuestro colegio existen muchos hombres preclaros, sin embargo, según vamos
avanzando en edad, nuestro ruego tiene preferencia, y no sólo para los que
envejecen con el honor conseguido por sus cargos públicos, sino también para
los que tienen poder como los magistrados, augures mayores. Por lo tanto,
¿pueden compararse los placeres del cuerpo con las ventajas que da la
autoridad? Pienso que los que gozan de estos placeres espléndidamente no han
representado su papel en el teatro de vida como actores inexpertos, ni tampoco
se derrumban en el último tramo de la vida.
65. At sunt
morosi et anxii et iracundi et difficiles senes. Si quaerimus, etiam avari; sed
haec morum vitia sunt, non senectutis. Ac morositas tamen et ea vitia, quae
dixi, habent aliquid excusationis non illius quidem iustae, sed quae probari
posse videatur; contemni se putant, despici, inludi; praeterea in fragili
corpore odiosa omnis offensio est. Quae tamen omnia dulciora fiunt et moribus
bonis et artibus; idque cum in vita, tum in scaena intellegi potest ex eis
fratribus, qui in Adelphis sunt. Quanta in altero diritas, in altero comitas!
Sic se res habet; ut enim non omne vinum, sic non omnis natura vetustate
coacescit. Severitatem in senectute probo, sed eam, sicut alia, modicam,
acerbitatem nullo modo.
Sin embargo los ancianos negligentes, según dicen
algunos, están angustiados, son iracundos y difíciles, incluso, si hurgamos,
algunos son hasta avaros. Estos son vicios del carácter, no de la vejez. Pero
la pereza y los vicios que he citado, merecen una excusa, para que parezcan
aceptables aunque no legítimos ciertamente. Ellos se con-sideran postergados,
despreciados, burlados y toda ofensa contra un cuerpo frágil es odiosa. Pero
todas estas cosas negativas se endulzan con un buen carácter y con el cultivo
de la inteligencia. Todo se da, también entre hermanos no sólo en la vida, tal
y como se representa en la obra Los hermanos Adelfoi, de Terencio. ¡Cuánta
afabilidad en uno, y cuánta dureza en otro! Así son las cosas: lo mismo que no
todo vino se avinagra con el tiempo, tampoco toda naturaleza se avinagra con la
vejez. Aunque reconozco la acritud de la vejez, ésta, como otras cosas, es
inteligible y no es común ni persistente de ningún modo.
66. Avaritia
vero senilis quid sibi velit, non intellego; potest enim quicquam esse
absurdius quam, quo viae minus restet, eo plus viatici quaerere? XIX. Quarta
restat causa, quae maxime angere atque sollicitam habere nostram aetatem
videtur, adpropinquatio mortis, quae certe a senectute non potest esse longe. O
miserum senem qui mortem contemnendam esse
No comprendo a los ancianos avaros que quieren todo
para sí. ¿Puede haber alguien más absurdo que quien se preocupe de acumular más
provisiones cuanto menos tiempo le quede de vida? Queda la cuarta causa: el
hecho de que la cercanía de la muerte parece que atormenta y angustia a nuestra
edad. La muerte, lógicamente, no puede estar muy lejos de la vejez.
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 29
in tam longa aetate non viderit! quae aut plane
neglegenda est, si omnino exstinguit animum, aut etiam optanda, si aliquo eum
deducit, ubi sit futurus aeternus; atqui tertium certe nihil inveniri potest.
¡Desgraciado el anciano que no considere que la
muerte debe de ser despreciada después de una vida tan larga! Si la mente está
ausente, la muerte se ignora totalmente, si la muerte le conduce a una
situación terminal debe ser incluso deseada. No puede hablarse de una tercera
disyuntiva.
67. Quid
igitur timeam, si aut non miser post mortem aut beatus etiam futurus sum?
Quamquam quis est tam stultus, quamvis sit adulescens, cui sit exploratum se ad
vesperum esse victurum? Quin etiam aetas illa multo pluris quam nostra casus
mortis habet; facilius in morbos incidunt adulescentes, gravius aegrotant,
tristius curantur. Itaque pauci veniunt ad senectutem; quod ni ita accideret,
melius et prudentius viveretur. Mens enim et ratio et consilium in senibus est;
qui si nulli fuissent, nullae omnino civitates fuissent. Sed redeo ad mortem
impendentem. Quod est istud crimen senectutis, cum id ei videatis cum
adulescentia esse commune?
Así pues, ¿qué he de temer si no puedo ser
desgraciado después de la muerte, ni tampoco puedo ser feliz? ¿Quién es tan
necio, aunque sea un adolescente, que asegure que va a vivir hasta la
ancianidad? Entre la juventud hay más muertes que entre la vejez: los jóvenes
caen más fácilmente en enfermedades de mayor gravedad y se recuperan en menor
número. Pocos son los que llegan a la senectud, si esto no sucediera se viviría
con más prudencia, pues el buen juicio, la razón y el consejo están en los
ancianos. Si no existiesen los ancianos no existirían las ciudades. Pero vuelvo
de nuevo al hecho de la muerte que siempre está amenazante. ¿Por qué la muerte
es la desazón perenne de la vejez, cuando bien se sabe que está siempre
presente y que también es común a la juventud?
68. Sensi ego
in optimo filio, tu in exspectatis ad amplissimam dignitatem fratribus, Scipio,
mortem omni aetati esse communem. At sperat adulescens diu se victurum, quod
sperare idem senex non potest. Insipienter sperat. Quid enim stultius quam
incerta pro certis habere, falsa pro veris? At senex ne quod speret quidem
habet. At est eo meliore condicione quam adulescens, quoniam id, quod ille
sperat, hic consecutus est; ille vult diu vivere, hic diu vixit.
Yo mismo experimenté que la muerte es común a toda
edad. Yo, en mi queridísimo hijo y tú, Escipión, en tus hermanos destinados a
la más alta dignidad según opinión de todos. Lógicamente el joven espera vivir
mucho tiempo, cosa que el anciano ya ha conseguido. El joven espera
insensatamente, porque ¿hay algo más necio que tener por seguro lo que es en sí
incierto y por falso, lo verdadero? El anciano, al fin y al cabo tiene lo que
esperaba, por esto mismo la vejez es mejor que la adolescencia, el joven espera,
el anciano ya lo ha conseguido. Aquél quiere vivir durante mucho tiempo, éste
ya lo ha vivido.
69. Quamquam,
O di boni! quid est in hominis natura diu? Da enim summum tempus, exspectemus
Tartessiorum regis aetatem (fuit enim, ut scriptum video, Arganthonius quidam
Gadibus, qui octoginta regnavit annos, centum viginti vixit)--sed mihi ne
diuturnum quidem quicquam videtur in quo est aliquid extremum. Cum enim id
advenit, tum illud, quod praeteriit, effluxit; tantum remanet, quod virtute et
recte factis consecutus sis; horae quidem cedunt et dies et menses et anni, nec
praeteritum tempus umquam revertitur, nec quid sequatur sciri potest; quod
cuique temporis ad vivendum datur,
Aunque, ¡O dioses benévolos!, ¿qué hay en nuestra
naturaleza que dure mucho tiempo? Decidme exactamente el tiempo máximo.
Consideremos la edad del rey de los Tartesios, Argantonio, que gobernó a los
gaditanos durante ochenta años, y que vivió ciento veinte. Sin embargo ese
tiempo tampoco me parece a mí algo muy duradero, pues siempre hay un final. Y
cuando llega el final, lo pasado se ha borrado, sólo queda lo que has
conseguido actuando recta y honestamente. Pasan ciertamente las horas, los
días, los meses, los años, el tiempo pasado nunca se recupera, y lo que vaya a
suceder no puede
Marco Tulio Cicerón D
e l a
v e j e z 30
eo debet esse contentus. saberse. Por lo tanto el tiempo que se da a cada
uno es
para vivirlo, por esto mismo se debe estar
contento.
70. Neque enim histrioni, ut placeat, peragenda Ni
siquiera, como gustaría
en general, es
fabula
est, modo, in
quocumque fuerit actu, necesario
que el actor actúe en toda la obra hasta
probetur, neque sapientibus usque ad 'Plaudite' el final para ser aplaudido. Lo importante es
que
veniendum est. Breve enim tempus aetatis satis en
el tiempo que
se le asigne
actúe con toda
longum est ad bene honesteque vivendum; sin perfección.
El breve tiempo
de la vida
es
processerit
longius, non magis
dolendum est, suficientemente largo
para vivir bien
y
quam agricolae dolent praeterita verni temporis honestamente.
Si, por ventura,
se prolonga
suavitate
aestatem autumnumque venisse.
Ver durante mucho tiempo, no sería
más doloroso que
enimtamquamadulescentiam significat la queja de los
agricultores que se lamentan de
ostenditque
fructus futuros, reliqua
autem que, superada
la primavera, llega
el verano y
tempora
demetendis fructibus et
percipiendis después al
otoño. La primavera
simboliza la
accommodata sunt. adolescencia y
como ésta muestra
los frutos
futuros,
así el resto de las edades se acomodan a
recolección
y guarda de los frutos que son propios
de las
mismas.
71. Fructus
autem senectutis est, ut saepe dixi, ante partorum bonorum memoria et copia.
Omnia autem quae secundum naturam fiunt sunt habenda in bonis. Quid est autem
tam secundum naturam quam senibus emori? Quod idem
contingit adulescentibus adversante et repugnante
natura. Itaque adulescentes mihi mori sic videntur, ut cum aquae multitudine
flammae vis opprimitur, senes autem sic, ut cum sua sponte nulla adhibita vi
consumptus ignis exstinguitur; et quasi poma ex arboribus, cruda si sunt, vix
evelluntur, si matura et cocta, decidunt, sic vitam adulescentibus vis aufert,
senibus maturitas; quae quidem mihi tam iucunda est, ut, quo propius ad mortem
accedam, quasi terram videre videar aliquandoque in portum ex longa navigatione
esse venturus.
El fruto de la senectud, como he dicho
anteriormente varias veces, es el recuerdo y acopio de los buenos provechos.
Sin embargo todas las cosas originadas por la propia naturaleza, se deben tener
por cosas buenas. ¿Qué es más propio, según la naturaleza, que los ancianos
mueran? También alcanza lo mismo a los jóvenes que se topan con una naturaleza
adversa y repugnante. Me parece que la muerte de un joven es como sofocar la
fuerza de una llama con un chorro de agua. La vejez por el contrario, consumido
el fuego, se extingue sin violencia, sin que ellos hagan nada. Las manzanas, si
están verdes, no se desprenden de la rama a no ser con violencia, por el
contrario caen por sí mismas si están maduras y muy sazonadas. Como la
vio-lencia quita la vida a los adolescentes, la madurez quita la vida a los
ancianos. Una madurez que a mí me resulta agradable, de tal manera que yo
llegaré a la muerte tranquilamente como si después de una larga navegación, al
llegar al puerto volviera a ver la tierra.
XX. 72.
Senectutis autem nullus est certus Siempre es inseguro en la senectud el
momento terminus, recteque in ea vivitur, quoad munus final. Pese a ello, la
vejez se puede vivir offici exsequi et tueri possit [mortemque adecuadamente,
siempre que se sea capaz de
contemnere]; ex quo fit, ut animosior etiam cumplir
una responsabilidad e, incluso, despreciar senectus sit quam adulescentia et
fortior. Hoc la propia muerte. Por lo cual resulta que la vejez illud est quod
Pisistrato tyranno a Solone se esfuerza más y tiene mayor ánimo que la
responsum est, cum illi quaerenti, qua tandem re juventud. "Hasta la
vejez", respondió Solón al fretus sibi tam audaciter obsisteret,
respondisse tirano Pisístrato cuando éste le preguntó hasta dicitur:
'Senectute.' Sed vivendi est finis cuándo iba a seguir oponiéndosele tan seguro
de
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 31
optimus, cum integra mente certisque sensibus opus
ipsa suum eadem quae coagmentavit, natura dissolvit. Ut navem, ut aedificium
idem destruit facillime, qui construxit, sic hominem eadem optime quae
conglutinavit natura dissolvit. Iam omnis conglutinatio recens aegre,
inveterata facile divellitur. Ita fit ut illud breve vitae reliquum nec avide
adpetendum senibus nec sine causa deserendum sit; vetatque Pythagoras iniussu
imperatoris, id est dei, de praesidio et statione vitae decedere.
sí mismo. El fin óptimo, sin duda, es vivir con una
mente íntegra y con los sentidos en plena forma, pero la propia naturaleza
destruye lo que ella creó. Con la misma facilidad que quien construye una nave,
un edificio, de igual modo la naturaleza destruye al hombre, y separa lo que
ella misma unió. Como toda construcción reciente mal verte-brada se desmorona
con facilidad, el breve tiempo que resta de vida ni debe ser deseado con
avidez, ni ser rechazado sin causa. Pitágoras prohíbe que, sin orden del emperador,
es decir, de Dios, se abandone la estación y la cárcel de la vida.
73. Solonis
quidem sapientis est elogium, quo se negat velle suam mortem dolore amicorum et
lamentis vacare. Volt, credo, se esse carum suis; sed haud scio an melius
Ennius:
Del mismo modo reza el epitafio del sabio Solón,
que quiere que su muerte carezca de dolor para sus amigos y que no la lamenten.
Desea, creo yo, ser querido por los suyos, pero no sé si lo expresa mejor que
Ennio cuando dice:
Nemo me lacrumis decoret neque funera fletu faxit.
74. Non
censet lugendam esse mortem, quam immortalitas consequatur. Iam sensus moriendi
aliquis esse potest, isque ad exiguum tempus, praesertim seni; post mortem
quidem sensus aut optandus aut nullus est. Sed hoc meditatum ab adulescentia
debet esse mortem ut neglegamus, sine qua meditatione tranquillo animo esse
nemo potest. Moriendum enim certe est, et incertum an hoc ipso die. Mortem
igitur omnibus horis impendentem timens qui poterit animo consistere?
"No quiero que me adornen con lágrimas, ni que
se hagan funerales con llantos"
No creo que la muerte deba ser luctuosa cuando a
continuación se espera la inmortalidad. El miedo a la muerte puede existir para
alguien en algún momento de su vida, pero por breve tiempo, especialmente para
el anciano, puesto que una vez muerto ya no existe esa sensación. No obstante
debe ser objeto de reflexión para la adolescencia, de tal manera que no nos
olvidemos de la muerte, sin cuya reflexión nadie puede sentirse tranquilo de
espíritu. Es indudable que tenemos que morir, pero es incierto hasta el último
momento. Por lo tanto, ¿quién puede tener firmeza de espíritu temiendo a la
muerte, siempre amenazante?
75. De qua
non ita longa disputatione opus esse videtur, cum recorder non L. Brutum, qui
in liberanda patria est interfectus, non duos Decios, qui ad voluntariam mortem
cursum equorum incitaverunt, non M. Atilium, qui ad supplicium est profectus,
ut fidem hosti datam conservaret, non duos Scipiones, qui iter Poenis vel
corporibus suis obstruere voluerunt, non avum tuum L. Paulum, qui morte luit
conlegae in Cannensi ignominia temeritatem, non M. Marcellum, cuius interitum
ne crudelissimus quidem hostis honore sepulturae carere passus est, sed
legiones nostras, quod scripsi in Originibus, in eum locum saepe profectas
alacri animo et erecto, unde se redituras numquam arbitrarentur. Quod igitur
adulescentes, et ei quidem non solum indocti, sed etiam rustici,
No creo necesario, después de tan larga perorata,
traer a la memoria a Lucio Bruto, quien murió en defensa de la patria, ni a los
dos Decios que arriesgaron su vida en una carrera de caballos para mantener la
promesa dada al enemigo, ni a los Escipiones, que quisieron hacer frente a los
Cartagineses con sus propios cuerpos, ni a tu abuelo Lucio Paulo, que pagó con
su muerte la temeridad de su colega en la ignominia de Cannes, ni a Marcos
Marcelo, después de cuya muerte, el crudelísimo enemigo permitió que se le
privara del honor de un entierro digno. Sin em-bargo se ha de tener en cuenta a
nuestras legiones, que con frecuencia avanzan, con ánimo seguro y alegre, por
donde saben que jamás regresarán, como comenté en mis Orígenes. Así pues lo que
los adolescentes ignorantes, incluso también los
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 32
contemnunt, id docti senes extimescent?
más aldeanos desprecian, ¿es lo que van a tener los
doctos ancianos?
76. Omnino,
ut mihi quidem videtur, studiorum omnium satietas vitae facit satietatem. Sunt
pueritiae studia certa; num igitur ea desiderant adulescentes? Sunt ineuntis
adulescentiae: num ea constans iam requirit aetas quae media dicitur? Sunt
etiam eius aetatis; ne ea quidem quaeruntur in senectute. Sunt extrema quaedam
studia senectutis: ergo, ut superiorum aetatum studia occidunt, sic occidunt
etiam senectutis; quod cum evenit, satietas vitae tempus maturum mortis adfert.
En general, según yo opino, la consecución de todos
los anhelos produce la satisfacción de la vida. Los caprichos de la infancia
son indiscutibles, pero ¿acaso los jóvenes los echan de menos? También cuando
llega la juventud tiene sus propios entusiasmos, pero ¿acaso los reclama la
edad media y la adulta? Los apegos de la edad madura tampoco se buscan en la
vejez. Existen también las últimas inclinaciones propias de la vejez, que van
desapareciendo como sucede con los deseos propios de cada edad anterior. Sucede
lo mismo con las propias voluntades de la anciani-dad. Cuando llega la saciedad
de la vida se crea el momento, ya maduro, para la muerte.
XXI. 77. Non enim video cur, quid ipse sentiam de
morte, non audeam vobis dicere, quod eo cernere mihi melius videor, quo ab ea
propius absum. Ego vestros patres, P. Scipio, tuque, C. Laeli, viros
clarissimos mihique amicissimos, vivere arbitror, et eam quidem vitam, quae est
sola vita nominanda. Nam, dum sumus inclusi in his compagibus corporis, munere
quodam necessitatis et gravi opere perfungimur; est enim animus caelestis ex
altissimo domicilio depressus et quasi demersus in terram, locum divinae naturae
aeternitatique contrarium. Sed credo deos immortalis sparsisse animos in
corpora humana, ut essent, qui terras tuerentur, quique caelestium ordinem
contemplantes imitarentur eum vitae modo atque constantia. Nec me solum ratio
ac disputatio impulit, ut ita crederem, sed nobilitas etiam summorum
philosophorum et auctoritas.
Yo mismo no entiendo por qué motivo no me atrevo a
exponer mi opinión acerca de la muerte pues, cuanto más cerca estoy de ella,
creo que vivo más consciente de su realidad. Yo pienso que vuestros padres, el
tuyo Escipión, el tuyo Lelio, preclaros varones y muy amigos míos, viven su
vida, una vida digna de ser llamada así. Pues mientras el alma, arrojada del
domicilio celestial, y casi hundida en la tierra, lugar opuesto a la divina
naturaleza y a la eternidad, está aprisionada en esta estructura del cuerpo,
tenemos que realizar trabajos gravosos y obligaciones impuestas por necesidad.
Sin embargo creo, que los dioses inmortales han infundido el alma en el cuerpo
humano para que haya quienes vigilen la tierra, y contemplando el orden astral,
imiten en el modo y constancia de la vida. A mí me impulsa a creerlo, no sólo
la razón de este debate sino también la reconocida autoridad y nobleza de los
mejores filósofos.
78. Audiebam
Pythagoram Pythagoreosque, incolas paene nostros, qui essent Italici philosophi
quondam nominati, numquam, dubitasse, quin ex universa mente divina delibatos
animos haberemus. Demonstrabantur mihi praeterea, quae Socrates supremo vitae
die de immortalitate aminorum disseruisset, is qui esset omnium sapientissimus
oraculo Apollinis iudicatus. Quid multa? Sic persuasi mihi, sic sentio, cum
tanta celeritas animorum sit, tanta memoria praeteritorum futurorumque
prudentia, tot artes, tantae scientiae, tot inventa, non posse eam naturam,
quae res eas contineat, esse
Yo había entendido que Pitágoras y los pitagóricos,
a quienes se denominaban filósofos itálicos, casi colonos nuestros, jamás
pusieron en duda que tuviéramos un alma emanada de la divina inteligencia
universal. Lo demostraban con aquellos argumentos que Sócrates había expuesto
sobre la inmortalidad del alma en el último día de su vida. Sócrates, que,
según el oráculo de Apolo, es considerado el más sabio de todos los seres
humanos. ¿Qué más? Estoy convencido y así pienso: puesto que tanta es la
rapidez de pensamiento de las almas, tantos los recuerdos de las cosas pasadas
y tanta la prudencia acerca de
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 33
mortalem, cumque semper agitetur animus nec
principium motus habeat, quia se ipse moveat, ne finem quidem habiturum esse
motus, quia numquam se ipse sit relicturus; et, cum simplex animi esset natura,
neque haberet in se quicquam admixtum dispar sui atque dissimile, non posse eum
dividi; quod si non posset, non posse interire; magnoque esse argumento homines
scire pleraque ante quam nati sint, quod iam pueri, cum artis difficilis
discant, ita celeriter res innumerabilis arripiant, ut eas non tum primum
accipere videantur, sed reminisci et recordari. Haec Platonis fere.
las cosas venideras, tanta las artes, tanta la
profundidad de los conocimientos, tantos los inventos que la naturaleza abarca,
que ésta no puede ser mortal. Y, puesto que el espíritu está siempre en
movimiento, y no tiene principio porque se mueve a sí mismo, tampoco tendrá fin
porque nunca se abandonaría a sí mismo. Y, puesto que la naturaleza del
espíritu es simple, no puede tener en sí mismo ninguna mezcla heterogénea y
dispar. No puede ser dividido y por lo tanto no puede morir. Los hombres saben
muchas cosas antes de nacer, puesto que los niños, no sólo aprenden las artes
más difíciles, sino que también asimilan otras, que a primera vista, parece que
no entienden, pero que luego son recreadas en la memoria. Estas son, más o
menos, las ideas de Platón.
XXII. 79. Apud Xenophontem autem moriens Cyrus
maior haec dicit: 'Nolite arbitrari, O mihi carissimi filii, me, cum a vobis
discessero, nusquam aut nullum fore. Nec enim, dum eram vobiscum, animum meum
videbatis, sed eum esse in hoc corpore ex eis rebus quas gerebam
intellegebatis. Eundem igitur esse creditote, etiamsi nullum videbitis.
Así habló Ciro el Mayor, cuando se estaba muriendo,
en la obra de Jenofonte: "No penséis, mis queridísimos hijos, que yo,
cuando os deje, no voy estar en ninguna parte ni voy a ser nada. Mientras
estaba con vosotros por las gestiones que llevaba acabo veíais y comprobabais
que mi espíritu vivía, pues bien, debéis seguir creyendo que este mismo
espíritu sigue existiendo, aunque no lo veáis."
80. Nec vero
clarorum virorum post mortem honores permanerent, si nihil eorum ipsorum animi
efficerent, quo diutius memoriam sui teneremus. Mihi quidem numquam persuaderi
potuit animos, dum in corporibus essent mortalibus, vivere, cum excessissent ex
eis, emori, nec vero tum animum esse insipientem, cum ex insipienti corpore
evasisset, sed cum omni admixtione corporis liberatus purus et integer esse
coepisset, tum esse sapientem. Atque etiam cum hominis natura morte
dissolvitur, ceterarum rerum perspicuum est quo quaeque discedat; abeunt enim
illuc omnia, unde orta sunt, animus autem solus nec cum adest nec cum discedit,
apparet. Iam vero videtis nihil esse morti tam simile quam somnum.
El honor de los varones ilustres no permanecería en
nuestra memoria, después de su muerte, si sus espíritus no se hubieran
esforzado por aportar algo a la humanidad. Yo nunca he estado convencido de que
sus almas sólo vivían mientras estaban pegadas a sus cuerpos, ni que los
aban-donaban una vez muertos, ni de que sus espíritus estaban carentes de
pensamientos, sino que cuando comienzan a ser puros e íntegros, liberados de su
contaminación corporal, entonces llegan a ser sabios. Además, dado que la na-turaleza
del hombre es destruida por la muerte, es evidente hacia dónde se dirigen los
restantes asuntos: hacia el origen de donde han surgido. Sin embargo el alma no
se manifiesta nunca, ni cuando está presente pegada al cuerpo ni cuando está
ausente.
81. Atqui dormientium animi maxime declarant
Ciertamente conocéis que nada hay más divinitatem suam; multa enim, cum remissi
et semejante a la muerte que el sueño. Los espíritus liberi sunt, futura
prospiciunt. Ex quo de los que duermen expresan en grado sumo su intellegitur
quales futuri sint, cum se plane divinidad. Por eso se comprende que prevean
corporis vinculis relaxaverint. Qua re, si haec ita acontecimientos futuros, y
cómo será su futuro sunt, sic me colitote,' inquit, 'ut deum; sin una una vez
que se hayan liberado plenamente de las
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 34
est interiturus animus cum corpore, vos tamen, deos
verentes, qui hanc omnem pulchritudinem tuentur et regunt, memoriam nostri pie
inviolateque servabitis.'
ataduras del cuerpo. Si las cosas son así,
"alabadme como a un dios, pues si el alma ha de morir al mismo tiempo que
el cuerpo, también vosotros, que veneráis a los dioses, que vigilan y gobiernan
toda esta hermosura, debéis conservar nuestra memoria piadosa e
inviolablemente."
XXIII. 82. Cyrus quidem haec moriens; nos, si
placet, nostra videamus. Nemo umquam mihi, Scipio, persuadebit aut patrem tuum
Paulum, aut duos avos, Paulum et Africanum, aut Africani patrem, aut patruum,
aut multos praestantis viros quos enumerare non est necesse, tanta esse
conatos, quae ad posteritatis memoriam pertinerent, nisi animo cernerent
posteritatem ad se ipsos pertinere. Anne censes, ut de me ipse aliquid more
senum glorier, me tantos labores
diurnos nocturnosque domi militiaeque suscepturum
fuisse, si eisdem finibus gloriam meam, quibus vitam, essem terminaturus? Nonne
melius multo fuisset otiosam et quietam aetatem sine ullo labore et contentione
traducere? Sed nescio quo modo animus erigens se posteritatem ita semper
prospiciebat, quasi, cum excessisset e vita, tum denique victurus esset. Quod
quidem ni ita se haberet, ut animi inmortales essent, haud optimi cuiusque
animus maxime ad inmortalitatem et gloriam niteretur.
Así habló Ciro a punto de morir; nosotros, si os
parece bien, consideremos nuestras opiniones. Nunca me convenció nadie,
Escipión de que tu padre Paulo, ni tus abuelos, Paulo y el Africano, ni otros
muchos hombres ilustres, a quienes no es necesario citar, que llevaron a cabo
tan grandes hazañas habían pasado a la memoria de la posteridad, si ellos no
hubieran conocido con anterioridad en su alma que la posteridad les pertenecía.
¿Acaso piensas que yo, como lo hacen otros ancianos, pueda vanagloriarme de mí
mismo cuando los días de mi gloria y mi vida están a punto de finalizar, aunque
he llevado a cabo tantos esfuerzos diurnos y nocturnos, en tiempo de paz y de
guerra? ¿Acaso no es mucho mejor llevar una vida de descanso y tranquilidad sin
ninguna inquietud ni trabajo? No obstante desconozco el modo en que el
espíritu, una vez muerto, atento siempre, observa la manera que tenga que vivir
la posteridad. Si no fuera así, que los espíritus no fueran inmortales, el
ánimo de los mejores no se inclinaría hacia la inmortalidad y la gloria.
83. Quid, quod sapientissimus quisque
aequissimo animo moritur, stultissimus iniquissimo,
nonne vobis videtur is animus qui plus cernat et longius, videre se ad meliora
proficisci, ille autem cuius obtusior sit acies, non videre? Equidem efferor
studio patres vestros, quos colui et dilexi videndi, neque vero eos solos
convenire aveo quos ipse cognovi, sed illos etiam de quibus audivi et legi et
ipse conscripsi; quo quidem me proficiscentem haud sane quid facile retraxerit,
nec tamquam Peliam recoxerit. Et si quis deus mihi largiatur, ut ex hac aetate
repuerascam et in cunis vagiam, valde recusem, nec vero velim quasi decurso
spatio ad carceres a calce revocari.
¿Por qué precisamente los más sabios mueren con un
espíritu muy sosegado, y los necios muy desasosegados? ¿Acaso no os parece que
este espíritu, que ve más y con más amplitud, se da cuenta que él se acerca a
una situación mejor, por el contrario el de mirada más obtusa no lo comprende?
En mi tesis expreso claramente que deseo ver a vuestros padres, a quienes
veneré y aprecié, y deseo vivamente reunirme con los que conocí, y con los que
escuché y leí, y también con los que escribí. Nadie me apartaría fácilmente de
ese lugar, donde, sin duda, no me reconocerían, como le sucedió a Pelias. Y si
algún dios me concediera volverme de esta edad a la de niño otra vez, y llorar
en la cuna, me resistiría mucho, pues no quiero desde el fin de la carrera
volverme otra vez al principio.*
84. Quid
habet enim vita commodi? Quid non potius laboris? Sed habeat sane, habet certe
En fin, ¿qué tiene la vida de cómodo? ¿Por qué más
bien nos aporta trabajo? No me parece lícito
* El texto
señalado en azul falta nuevamente de la traducción del libro impreso [Nota del
escaneador]
Marco Tulio Cicerón
D e l a v e j e z 35
tamen aut satietatem aut modum. Non lubet enim mihi
deplorare vitam, quod multi, et ei docti, saepe fecerunt, neque me vixisse
paenitet, quoniam ita vixi, ut non frustra me natum existimem, ut ex vita ita
discedo tamquam ex hospitio, non tamquam e domo. Commorandi enim natura
devorsorium nobis, non habitandi dedit. O praeclarum diem, cum in illud divinum
animorum concilium coetumque proficiscar cumque ex hac turba et conluvione
discedam! Proficiscar enim non ad eos solum viros, de quibus ante dixi, verum
etiam ad Catonem meum, quo nemo vir melior natus est, nemo pietate
praestantior; cuius a me corpus est crematum, quod contra decuit ab illo meum,
animus vero, non me deserens sed respectans, in ea profecto loca discessit, quo
mihi ipsi cernebat esse veniendum. Quem ego meum casum fortiter ferre visus
sum, non quo aequo animo ferrem, sed me ipse consolabar existimans non
longinquum inter nos digressum et discessum fore.
quejarme de mi vida, como hicieron con frecuencia
muchos y algunos de ellos eruditos. No me arrepiento de haber vivido, pues he
vivido de tal manera que no considero que mi nacimiento ha ya sido en vano. Me
aparto de la vida como de una hospedería, y no como de mi propia casa. Sin
embargo supongamos que la vida produzca seguridad, o satisfacción o bien límite
natural, la naturaleza nos dio una posada para detenernos pero no para
habitada.; ¡O día memorable, cuando yo llegue a aquella reunión de los espíritus,
cuando me aleje de esta revuelta y confusión! Me uniré, en efecto, con estos
hombres ilustres, de los que ya he hablado, y también me uniré con Catón, el
hombre más honorable que ha existido nunca, cuyo cuerpo fue incinerado por mí,
en lugar de ser yo incinerado por él, como hubiera sido lo adecuado. Pero su
espíritu no sólo no me abandonó, sino que, mirando hacia atrás, se dirigió
hacia aquellos lugares a donde yo llegaré también algún día. He considerado que
mi espíritu va a soportar con toda fortaleza mi caída, no porque lo sobrelleve
con ánimo equilibrado, sino porque yo mismo me consuelo considerando que, entre
nosotros la separación y alejamiento, no serán duraderos.
85. His mihi
rebus, Scipio (id enim te cum Laelio admirari solere dixisti), levis est
senectus, nec solum non molesta sed etiam iucunda. Quod si in hoc erro, qui
animos hominum inmortalis esse credam, libenter erro; nec mihi hunc errorem,
quo delector, dum vivo, extorqueri volo; sin mortuus, ut quidam minuti
philosophi censent, nihil sentiam, non vereor, ne hunc errorem meum philosophi
mortui irrideant. Quod si non sumus inmortales futuri, tamen exstingui homini
suo tempore optabile est. Nam habet natura, ut aliarum omnium rerum, sic
vivendi modum. Senectus autem aetatis est peractio tamquam fabulae, cuius
defatigationem fugere debemus, praesertim adiuncta satietate. Haec habui, de
senectute quae dicerem, ad quam utinam perveniatis, ut ea, quae ex me audistis,
re experti probare possitis.
Para mí, Escipión, tú y Lelio, que según me
dijiste, solíais hablar sobre de estos asuntos, pienso que la vejez es breve, y
no sólo no es molesta, sino que es agradable. Pues si me equivoco en esto, es
decir que yo creo que el espíritu del hombre es inmortal, yerro
conscientemente, y no quiero arrancar de mí este error en el que me deleito
mientras vivo. En todo caso, como piensan algunos filósofos epicúreos, una vez
muerto, no he de sentir, no he de temer que los filósofos se rían de mi error.
Si realmente no vamos a ser inmortales, es deseable que todo hombre muera en su
momento oportuno. La naturaleza tiene, como todas las cosas, un límite de
existencia. La vejez es el final de una representación teatral de cuya fatiga
debemos huir, sobre todo y especialmente una vez asumido el cansancio. Estos
son los comentarios que os tenía que exponer sobre la vejez: Quieran los dioses
que lleguéis a ella, y que la podáis experimentar y comprobar por vosotros
mismos, teniendo en cuenta lo que os he comentado.

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