© Libro N° 13829. Lecciones De
Introducción A La Filosofía. Dussel,
Enrique. Emancipación. Mayo 17 de 2025
Título Original: © Lecciones De Introducción A La
Filosofía. Enrique Dussel
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CRÍTICA TODA LA CULTURA
LECCIONES DE INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA
Enrique Dussel
Lecciones De Introducción A La Filosofía
Enrique Dussel
INTRODUCCION
La exposición de
estas lecciones comienza por esta introducción que consta de tres capítulos y
un anexo de antropología física y cultural.
CAPITULO I
EL ENTE QUE ES EN
EL MUNDO
En este primer
capítulo plantearemos las hipótesis centrales de nuestro curso y
desarrollaremos algunas cuestiones primarias, fundamentales.
§ 1 Mundo
re-presentado y mundo real
1. Ante todo
representémonos cuatro imágenes (re-presentaciones). Imagínense, por ejemplo,
el Partenón sobre la explanada de la Acrópolis de Atenas, junto a los otros
grandes templos en aquel lugar sagrado habitado por los dioses helénicos.
Después de haber ascendido por los imponentes propileos se ha abierto a nuestra
mirada un conjunto de una belleza inigualable. De todos modos, tal como se
encuentran hoy, todo ello es un inmenso "recuerdo"; ruinas o restos
que en otro tiempo habitó el hombre ateniense, que hoy ha
muerto irremediablemente. ¿Cómo puedo hoy comprender el sentido de
esos "restos" ¿Qué esfuerzo hermenéutico debería realizar para
re-construir aquel ámbito dentro del cual el griego de Atenas existía?
Vayamos ahora unos
cientos de kilómetros hacia el oriente. Junto al Cedrón se levanta una gran
muralla de norte a sur: la reconstruida ladera oriental del antiguo templo de
Salomón en Jerusalén. El ambiente es radicalmente distinto. Si subimos a la
explanada del templo veremos dos mezquitas, una de ellas la de Omar. Esta
mezquita es sólo una modificación de la basílica bizantina del siglo IV, que se
edificó sobre el templo romano, que se había levantado sobre las ruinas del
templo de Herodes, que ocupó su lugar sobre el antiguo templo de Salomón que,
por su parte, recordaba un lugar sagrado de los antiguos Cananeos. Se trata de
una experiencia vital radicalmente distinta. El arca que había sido depositada
por los venidos de Egipto en tierra de Palestina nos habla de otro sentido de
la existencia. Volvamos ahora hacia el occidente. Detengámonos en algunas de
esas plazas junto a las cuales se levantan las catedrales de Notre Dame, en la
"Île de France", o de Santiago de Compostela, de Sevilla o, en el
"Zócalo", la catedral de México. Ante nosotros, si hemos tenido
ocasión de visitarles, un ente nos enfrenta en nuestro mundo, se levantan como
obras que fueron expresión de la Cristiandad medieval o colonial. Para
comprender nuevamente el sentido de esas "ruinas"
-porque aunque todavía se muestren en su esplendor son recuerdo de una época
que irremediablemente ha quedado atrás- debería poder re- vivir todo el
horizonte de experiencias que constituían al hombre medieval, al caballero
cristiano, al cruzado, al conquistador.
Si avanzáramos más
en el tiempo y recorriéramos los bien trazados jardines de Versalles, donde
queda estampado en el verde pasto la "racionalidad" del hombre
moderno, nos sentiríamos más cerca de nosotros y, sin embargo, somos distintos
a los que habitaron aquel paisaje. Entre esos "restos" del mundo de
los siglos XVII y XVIII, ha pasado mucha historia. Interpretar cualquier
acontecimiento de aquella "época" es tarea inmensamente más compleja
de lo que puede pensarse. Para interpretar es necesario comprender el sentido
real de algo en aquel mundo y vertirlo después en nuestro mundo actual
conservando las mismas resonancias, sugerencias, significaciones. En verdad, es
una tarea que excede la posibilidad de la finitud humana.
Decimos que una re
-construcción es imposible porque "el mundo de las obras
presentes (del arte pasado) ha desaparecido. El apartamiento o la destrucción
de ese mundo ya no podrá recuperarse nunca. Las obras ya no serán nunca lo que
fueron (en su mundo). Sin duda son ellas las que se nos presentan allí, pero ya
no son: fueron. Porque fueron, las encontramos en el dominio de la tradición y
conservación"1.
Si comparo esas
cuatro re-presentaciones con la realidad actual de estar hablando yo antes
Uds., de estar parado junto a esta mesita y Uds. allí ante mí viéndome,
escuchándome, comprendiendo lo que les estoy diciendo, captan Uds. de inmediato
la diferencia. Esas cuatro re-presentaciones nos han puesto ante nuestros ojos
(nos han "presentado "-"re"; es decir, nos han
"presentado -de nuevo"; en el alemán es un "presentar-ante"
los ojos: Vor-stellung) obras o restos de mundos muertos. Son como
un cadáver. Mientras que yo ante Uds. configuro una realidad
actual, afectiva, concreta, presente. Esos "mundos" re-presentados
los podemos imaginar pero a partir del "mundo" en el que realmente
ex-istimos:
"¿Pero qué es
un mundo?... Mundo no es la mera acumulación de las cosas presentes, numerables
o innumerables, conocidas o desconocidas. Pero mundo no es tampoco un marco
imaginario re-presentado para que se añada a la suma de lo presente. El mundo se
manifiesta como mundo y es más real que lo palpable y perceptible en que
creemos estar habituados. El mundo no es nunca un objeto que esté ante nosotros
y pueda conocerse. El mundo es lo siempre inobjetivo... La piedra es sin mundo.
La planta y el animal tampoco tienen mundo ... Al abrirse un mundo (por el
hombre) todas las cosas adquieren permanencia y prisa, lejanía y proximidad,
amplitud y angostura"2.
§ 2 Tres
connotaciones cerca del mundo
2. A la pregunta ¿qué
es el mundo?, la iremos respondiendo por rodeos, por descripciones parciales y
desde diversos puntos de vista.
En primer lugar, se
ha dicho que el animal, y con mayor razón la piedra o la planta, no son en el
mundo. Sólo el hombre sería en el mundo. Se trata de ver, cuestión fundamental
de
1 Martín
Heidegger, Der Ursprung des Kunstwerkes; ed. cast., Losada, 1960,
p,. 32
2 Ibib., p. 35.
toda antropología,
la diferencia del hombre y el animal -aunque sólo en alguna de sus notas
diferenciales-. En una descripción por demás conocida, Max Scheller3 indica
que el animal se relaciona a las cosas constituyendo sólo un medio, de donde
recibe los estímulos ante los que reacciona necesaria e instintivamente:
"La estructura
del medio está ajustada íntegra y exactamente a la idiosincrasia fisiológica e
indirectamente a la morfología del animal; por otra parte la estructura de sus
impulsos (Trieb-) y de sus sentidos (Sinnesstruktur) forman una
rigurosa unidad perfecta y absolutamente cerrada (geschlossen)"4.
Scheller quiere
indicar con esto que el animal no tiene ninguna libertad para con su medio (Um-welt).
Sigue así las doctrinas de la psicología animal de Von Uexkuell y Koehler. Por
su parte, X. Zubiri describe esta situación diciendo "que las cosas sean
estímulos que el animal siente, esto es, que la estimulación sea algo sentido,
es tan obvio que no necesita ni tan siquiera ser mencionado... La teoría de la
sensibilidad no es sino la teoría de la estimulabilidad"5.
El animal no supera este nivel de las cosas sentidas como estímulos a los que
debe responder efectuando necesariamente ciertos actos.
El hombre, en
cambio, y en esto se juega ya toda su esencia (es decir, comprender
acabadamente cómo y por qué el hombre instaura un mundo, significa todo el
curso de antropología filosófica, tarea in infinitum comprensible),
abre un nuevo ámbito gracias a las notas constitutivas de su ser. Scheler
describe este nuevo "dominio" (reino en el que el hombre se
enseñorea; "dominio" viene de "dominus" = señor) diciendo
que "la forma de una tal manera de habérselas (con las cosas) es la de la
apertura-al-mundo (Weltoffenheit)"6. El hombre se abre a
un mundo porque tiene la posibilidad esencial de alejarse de las cosas como
mero estímulo y comprenderlas en su trama íntima, en su ser, en su realidad. La
inteligencia (que los medievales decían que viene de intus-legere =
leer por dentro) comprende lo que las cosas son, las ilumina (lumen naturale decían
igualmente los medievales repitiendo el tema griego de la inteligencia
como fôs = luz). El oscuro medio estimúlico del animal cobra
brillo, es visible en otro nivel: el nivel inteligible. Todo el ámbito que
ahora el hombre experimenta, conoce, ama, dentro del cual vive se
denomina: "mundo".
La totalidad de las
cosas, como meras cosas ahí, la denominaremos cosmos. Es el cosmos
astronómico o físico, vegetal o animal. Dentro de ese cosmos el animal recorta
un ámbito oscuro y dentro del cual se mueve por necesidad (como fýsis, que
en griego significa "naturaleza" = lo que obra por sí y desde sí por
necesidad): el medio estimúlico. El hombre, sólo el hombre,
instaura, abre, constituye un mundo que se apoya en lo
estimúlico y cósmico, pero que los asume dentro de un
horizonte de significación, dentro del dominio donde vive. El mundo no es todo
el cosmos. Es sólo una parte del cosmos, aquella parte donde el hombre habita;
aquel pago que el hombre ha recorrido y reconocido y donde ha
establecido su cultura.
3 Max Scheller, Die
Stellung des Menschen im Kosmos; ed. cast., Losada, 1967.
4 Ibid., p. 59.
5 Sobre la esencia, p. 115
6 Ibid., p. 60
En efecto, se llama
"cultura" la labor que realiza el agricultor. Se "cultiva"
la tierra. Es decir, la tierra "cultivada" es aquel lugar del cosmos,
de la tierra que ha sido incorporada por el hombre como un útil, como algo que
tiene "a la mano" (Zuhandenen dirá Heidegger) para ser
usado (los griegos llamaban por ello a las cosas prágmata =
cosas o útiles). El hombre modifica, cultiva, el ámbito cósmico que habita.
Cultura viene del verbo latino colo, que también significa
"habitar". El mundo es siempre un mundo cultural.
Por ello Maurice Merleau-Ponty nos dice:
"Así como la
naturaleza penetra hasta el centro de mi vida personal y se entrelaza con ella
(p.e. soy cuerpo, y cuando me duele una muela siento en "carne
propia" la constitución cósica = como cosa de mi ser humana), de la misma
manera mis comportamientos descienden a la naturaleza y se depositan sobre ella
tomando la forma de un mundo cultural (monde culturel). No tengo sólo un
medio físico (el medio estimúlico animal), no estoy sólo en medio de la tierra,
del aire, del agua; en torno mío hay rutas, plantaciones, villorios, iglesias,
utensilios, un pito, una cuchara, una pipa. Cada una de estas cosas-útiles
lleva en sí, como al vacío, la forma de la acción humana a la cual sirve"7.
El mundo,
como vamos viendo, es el en- donde el hombre habita. Su
habitar exige todo un mundo instrumental. Estos instrumentos nos hablan de una
capacidad que tiene el hombre de hacer su casa en todo lugar
en donde habita. Desde el primitivo que descubrió hace ya más de un millón de
años la posibilidad de trans-formar (=cambiar la forma de algo) una cosa en
instrumento, hasta el hombre contemporáneo que lanza un satélite a los planetas
y estrellas, sólo hay un avance cuantitativo, pero el hombre, desde que de pie
observó el horizonte en el origen de la historia, constituyó ya un mundo y
comenzó a poblarlo (para hacerlo más confortable, más habitable, más humano =
humanización de la naturaleza) de útiles. La misma capacidad, la misma nota de
su esencia, constituye un mundo y descubre o inventa instrumentos. Y desde ya,
y para adelantar, el hombre se abrirá a un mundo y lo poblará de instrumentos
porque es lógos (ya veremos lo que significa esta palabra).
Una mera piedra para ser tans-formada en cuchillo debe recibir la con-formación
de cuchillo. Pero el instrumento llamado "cuchillo" no estaba ya dado
en la piedra, sino que era necesario la capacidad de un ante-intelectual que
concibiera el proyecto de producir un instrumento "para cortar". Esto
exige, como condición, una capacidad comprensiva y libre que pueda detenerse
ante las cosas, fijarlas ante su mirada (dejarlas estar siendo = sein
lassen diría Heidegger en su obra Vom Wesen der Wahrheit;
en lo que consiste fundamentalmente la libertad) y comprenderlas en
su ser. La piedra debe ser comprendida como dura, resistente, pesada. Con el
agua o el aire no puede hacerse un cuchillo. Esto es obvio. Solo quien puede
des-cubrir (de-velar = verdad = a-létheia en griego, de la
cual habla el autor nombrado en su obra Platons Lehre von der Wahrheit)
la con-sistencia de un ente (= participio activo del verbo esse =
el que está siendo) puede después manipular a dichos entes para otros fines,
para otros proyectos. Estos fines y proyectos son objetivos que se inventa el
hombre dentro de su mundo; el hombre habita su mundo proyectivamente,
prospectivamente.
7 Maurice
Merleau-Ponty, Phenoménologie de la perception, Gallimard,
Paris, 1954, p. 399. Hay trad.cast.
Para agregar un
nuevo elemento en esta descripción del mundo, Ortega y Gasset expone lo
siguiente:
"La primera
ley estructural de nuestro mundo consiste, repito, en hacer notar cómo ese
mundo se compone en cada instante de unas pocas cosas presentes y
muchísimas latentes (es decir, lo que nos hace
"frente" en nuestro mundo es ahora una sala de clase, un escritorio,
un pizarrón, pero está latente el ruido que entra por la ventana, todas las
experiencias de mi vida, lo que pienso hacer dentro de un instante cuando
termine la clase, etc.). Agreguemos ahora una segunda ley no menos evidente: no
nos es presente nunca una sola cosa, sino que, por el contrario, siempre vemos
una cosa destacando sobre otras a que no prestamos atención y que forman un
fondo sobre el cual lo que venos se destaca. Así se ve bien claro por qué llamo
a estas leyes, leyes estructurales: porque éstas nos definen, no las cosas que
hay en nuestro mundo, sino la estructura de éste, por decirlo así, describen
rigurosamente su anatomía. Así, esta segunda ley viene a decirnos el mundo en
que tenemos que vivir (obsérvese la obligatoriedad en la que insiste Ortega)
posee siempre dos términos y órganos: la cosa o cosas que vemos con atención y
un fondo sobre el cual aquellos se destacan. Y, en efecto, nótese que
constantemente el mundo adelante a nosotros una de sus partes o cosas, como un
promontorio de realidad, mientras deja, como fondo desatendido de esa cosa o
cosas atendidas, un segundo término que actúa con el carácter de ámbito en el
cual la cosa nos aparece. Ese fondo, ese segundo término, ese ámbito es lo que
llamamos horizonte... (Seguir leyendo el texto)"8.
Ese horizonte es el
mundo, o mejor la frontera del mundo. Comprender esto de que
el hombre es "el ente que es en el mundo" significa saber
lo que el hombre es, y este saber no es instantáneo y nos llevará todavía
muchas lecciones ante de ir abarcando algunas de sus diversas notas
constitutivas.
Hasta ahora sólo
hemos ganado esto: el hombre instaura un mundo porque trasciende el medio
estimúlico gracias a la capacidad comprensiva de lo que las cosas son. Su mundo
es el horizonte dentro del cual el hombre habita, el en-donde vive.
§ 3 “Ser-en” el
mundo
3. Veamos esto mismo
pero a la luz de filósofo que se propuso en nuestro tiempo superar
conscientemente el idealismo9. Se trata de seguir paso a paso los
12 y 13 de Ser y Tiempo de Heidegger.
El hombre es el
ente ex-sistente. La palabra ex-sistencia es entendida aquí de la siguiente
manera: "ex" significa desde (su origen);
"sistencia" viene del verbo latino "sistere· que indica colocar, poner.
Ex-sistencia, en este sentido etimológico, nos manifiesta el modo de ser del
hombre: un estar siempre arrojado o puesto fuera de sí (desde sí) en el mundo.
8 Ortega y
Gasset, El hombre y la gente, Madrid, I, 1962, p. 83-84.
9 Ernst
Tugendhat, Der Wahrheitsbegriff bei Husserl und Heidegger, Gruyter,
Berlín, 1967, muestra como Heidegger supera la posición de Husserl
reemplazando, por ejemplo, las nociones de "conciencia" e
"intencionalidad" por las de "ser-ahí" y
"apertura" Erschlossenheit a un mundo.
Por ello se
utilizará muchas veces como equivalente la palabra "hombre" o
"ser -ahí" (en alemán "Da-sein"). El hombre es el
ente que tiene su ser ante sí, en su mundo. Su "ser" está "ahí);
allí ante o delante de sí. El modo de ser del hombre es un ex-stasis:
un estar trascendiéndose por esencia. Por ello, el hecho de que el hombre es el
ente que es en el mundo, no se trata de una nota secundaria o fundada. Se trata
por el contrario de un apriori fundamental (que actúa como
fundamento, base); es una estructura unitaria sobre la que el
hombre ejerce su ex-sistir (trascendencia).
El ente que es en
el mundo encubre una triple cuestión. El mundo (del que solo
hemos indicado algunos aspectos), el que está en el mundo (ese
"alguien" que es hombre) y el mismo ser-en. Consideremos
ahora solo la cuestión tercera: ser-en. Se dice que "el agua
está-en el vaso". Tanto el agua como el vaso son dos entes, cosas. Este
modo de v se denomina: estar -en un lugar. La
misma cosa tiene ubicuidad (ubi le llamaban los escolásticos) en un
lugar (locus = lugar). Llamaremos notas categoriales a
las notas constitutivas que son y se dicen de las meras cosas como cosas. Pero
es a todos evidente que el modo de ser del hombre en el mundo
es distinto del que acabamos de indicar. "Amar a",
"comprometerse en", "resolverse a", "conocer a",
"odiar a" son modos de ser en el mundo, pero muy
diversamente de como "el agua está en el vaso". Como
el modo fundamental de ser el hombre en el mundo es la ex-
sistencia (estar siempre vertido fuera en medio del mundo), denominaremos por
ello los modos concretos de ex-sistir: existenciales,
y la analítica filosófica de dichos existenciales se llamará la analítica
existenciaria10.
¿Qué utilidad tiene
esto de diferenciar las notas categoriales de las "cosas" de los
existenciales (modo de ser del hombre)? Que con ello no deberemos más indicar
en que nivel nos situamos. "La silla está junto o toca a
la mesa" nos manifiesta una nota categorial (cósica), muy distinto de
cuando digo: "yo estoy junto a mi mujer" (nivel existencial). Si se
dice que la silla toca a la mesa se indica con ello algo muy
distinto que el tocar una persona a otra. Las notas
categoriales se nos presentan siempre como notas de algo "ante los
ojos" pero enfrentándonos dentro del mundo. Las notas
existenciales en cambio nunca están "ante nuestros ojos", sino que
son parte componente de nuestro ser en el mundo. Puedo decir: "Esta silla
está allí a dos metros". La noción de distancia o espacio es aquí categorial.
Es muy distinta a la "espacialidad existencial", para la cual la
silla puede estar "cerca" (porque con dos pasos la alcanzo) o
"demasiado lejos" (porque enfermo me encuentro postrado en un lecho)
. Lo primeramente dado es la "espacialidad existencial", el "ser
en el mundo", donde se recorta como un "ante los ojos dentro del
mundo" el espacio categorial de las cosas intra-mundanas.
El mismo hombre,
sin embargo, no deja de "ser efectivamente ante los ojos", como las
demás cosas; no deja de estar condicionado naturalmente (como
parte de la naturaleza). Ese ser reiforme (= con forma de ros = cosa) es
un factum (un hecho). Alphonse de Waelhens nos dice que
"la facticidad humana es la dimensión reífica que nos hace solidarios pura
y simplemente de todo lo que se entiende por real"11. Ese punto de partida cósico (=como
cosa) y condicionado del hombre no es absoluto (es el ex de la ex-
10 Ver 4 de Ser
y tiempo.
11 Alphonso de
Waelhens, La philosophie et les expériences naturelles, Nijhoff, La
Haya, 1961, p. 71.
sistencia) porque
el hombre siempre se trasciende, sale de sí, se vuelca más allá de sí. El
hombre no es pura cosa. El hombre tiene poder sobre su propio ser; es decir,
decide sobre su destino (Heidegger dice repetidas veces: "El hombre es un
ente al que en su ser lo va éste mismo", § 41 de Ser y Tiempo;
quiere decir: el hombre dispone de su ser y puede "pre-ser-se" es
responsable de su acabada realización antes de que acaezca).
Hay en el ser del hombre una dialéctica entre facticidad y trascendencia. Trataremos
más adelante la cuestión de la trascendencia. El hombre no es lo que
simplemente es ahora y ante nuestros ojos como un hecho condicionado entre
otros entes; el hombre está fuera de sí tendiendo efectivamente a su plena
realización (hacia su fin = tolos = tensión teleológica). El hombre es un
poder-ser, dynatós le llamaba Aristóteles. Es decir, el modo
de ser en el mundo es siempre un curarse de, un pre-ocuparse por (no en sentido
psicológico sino como un modo de ex-sistir, como un existencial). En la noción
de "pre-ocupación" se deja ver un doble sentido: estar ocupándose de
"algo", pero siempre como pre (como un "pre-ser-se", un
estar siendo antes algo a lo que se tiende; no es lo mismo estar
"ocupado" que "pre-ocupado"). El hombre es en el mundo,
ex-siste, viviendo en él, tendiendo efectivamente a todo lo que habita el
mundo. Amar u odiar, conocer o ignorar, postergar o acelerar, hacer o deshacer
son modos existenciales que se fundan en la "pre-ocupación" (Besorgen)
como existencial fundante (con esta "apertura" pre-ocupada Heidegger
supera la doctrina de la "intencionalidad" de Husserl).
A partir de lo
dicho, en el fenómeno del conocimiento, por ejemplo, se deberá corregir la
descripción tradicional del idealismo. Se pensaba que había un ente (el alma) y
otro ente (el mundo como objeto). El conocimiento era la "relación"
entre el sujeto y el objeto. Pero no es así. El hombre que es en el mundo
puede, ciertamente, conocer. El conocer es uno de los modos de
ser en el mundo; un ser -cognoscente en el mundo. Pero este "conocer
en el mundo" se funda sobre el modo de ser radical: ex-sistir (ya que el
conocer es un modo de ex-sistir: un modo de trascender la facticidad), y ejerce
a un nivel concreto la "pre-ocupación" radical. El
"conocer" es un modo de ocuparse con los entes que nos hacen frente
ante los ojos en el mundo. Antes de ser
sujeto ya estoy en el mundo ex-stático. Antes que
aparezca una cosa como objeto ya está el mundo dentro del cual
la cosa se me adelanta como ante los ojos.
El
"sujeto" no sale de su anterioridad para captar el
"objeto" en su exterioridad. El hombre comprende la trama, el aspecto
(oídos decían los griegos) de los entes dentro del
mundo, como cosas intra-mundanas. El hombre no sale e una esfera
interior, ni se refiere como sujeto a un objeto. El hombre es desde que es
hombre ya junto (=cabe) a los entes dentro del mundo. Estuvo siempre ya afuera
(inmer schon drauben). El hombre está siempre en la "interioridad
del mundo que habita", que es el lugar de su ex-sistencia, de su tras
-cendencia. Este es el hecho originario, es lo obvio por excelencia, pero que
por tan vivido nunca analizado reflexivamente (=Urfactum).
Esta posición es un
retorno, por ejemplo, a lo mejor de la metafísica de Aristóteles o de Tomás de
Aquino. Es una superación del idealismo que reina en Occidente al menos desde
Descartes, pasando por Kant, Hegel, Nietzsche y rematando con Husserl. La superación
se realizó, históricamente desde los primeros trabajos de Heidegger (su
disertación sobre las categorías de Duns Escoto en 1916 puede ser un punto de
partida) hasta la aparición de Ser y Tiempo (1927).
§ 4 La ciencia
europea como "modo" de ser en el mundo.
4. Cuando el hombre
conoce algo, se trata de un modo de ser (un modo de situarse) en el mundo. El
conocer se funda, como hemos dicho, en el modo de ser fundamental del hombre:
ex-sistir (en el mundo). Un modo de conocer es el conocimiento
científico (la ciencia). El que hace ciencia se ubica en un mundo no
de cualquier manera sin de una manera tal que considera a los entes que le
hacen frente dentro del mundo como "objetos" de ciencia. Téngase en
cuenta que el ente puede ser considerado de muchas otras maneras dentro del
mundo. El científico se sitúa sin embargo en un ángulo o perspectiva, dentro
del mundo, que le permite estudiar ciertos aspectos formales del ente a manera
de conclusión científica. Conocerá los entes a partir de principios o axiomas,
conocerá a su objeto por sus causas. Pero, no debemos olvidarlo, el conocer es
un modo fundado en el ser en el mundo; la ciencia es
igualmente un modo fundado de ser en el mundo. ¿Qué significa
ésto? Lo siguiente. Cuando el científico se pone a hacer ciencia, sea el
inventor o simplemente el que continúa las investigaciones comenzadas, cuenta
ya con un repertorio de experiencias, vivencias, conocimientos, etc. que se lo
imponen como evidentes o incuestionables de suyo. Es decir,
parte siempre e inevitablemente de toda una compleja red de
realidades obvias. El ser en el mundo, el hecho originario, es lo más obvio;
toda la estructura de existenciales es igualmente obvia; y además, sobre dicho
modo de ser (humano) se van depositando (durante el transcurso de la historia
humana) todo un sistema de estructuras que son igualmente aceptadas como
irreprochables y verdaderas. El mundo real, del que parte el hombre de ciencia,
no es un mundo (abstracto (el mundo humano en general), ni es tampoco un mundo
cuyos elementos constitutivos hayan sido verificados (comprobados
en su verdad) por la ciencia. Esto es imposible por definición. La
ciencia no puede demostrar sus principios porque son indemostrables por
necesidad. Pero si son indemostrables no significa que no
puedan ser pensados. La filosofía puede pensar los principios de
las ciencias porque la ciencia es un solo fundado en el
"ser en el mundo" (que la filosofía puede describir, pensar, pero no
demostrar). No se crea que con ello se posterga a la filosofía a ser un modo
incompleto o inadecuado del conocer. Muy por el contrario. El conocimiento
científico o demostrativo (de tipo positivo o que demuestra el cómo de
los entes) es un conocimiento racional. Pero la razón y la demostración se
funda sobre el modo eminente del conocer que es el pensar. Porque
el hombre piensa (es decir, comprende lo que las cosas son) es que puede
enjuiciarlas, y solo con juicios puede razonar. La indiferencia científica
depende entonces del pensar que es previo. Pero el pensar es ya y desde siempre
un modo de ser en el mundo, un modo de ex-sistir, porque siempre se pensará
a ta ónta (en griego significa: las cosas que me hacen frente
a los ojos en el mundo; de ahí viene "ontología": es el participio
neutro plural del verbo ser: lo que son: las causas que se me
presentan en su ser).
Verifiquemos esto
con un ejemplo por demás ilustrativo. La ciencia europea, hija predilecta del
Renacimiento y que llega en pleno siglo XX a su mayor esplendor, es el
fundamento de la civilización que hoy se universaliza ante nuestros ojos. Esa
civilización originaria de Europa reina en Estados Unidos y Rusia; bajo su
ideal se producen las revoluciones de más diversos matices; la misma revolución
china o la modernización japonesa son sus frutos aunque en virtud de diversas
ideologías. Y, sin embargo, un
filósofo alemán,
Edmund Husserl, ha tenido el coraje de mostrar como dicha ciencia está en
crisis12.
Husserl dice lo
siguiente: "Desde el tiempo de Galileo se tiene como un logro
incuestionado de la ciencia que la naturaleza se reduce a ser un objeto
mathemático13 (§ Galileis Mathematisierung der Natur);
la actitud mathemática es propia de la nueva época;
sin embargo la ciencia no ha tenido en cuenta que, habiendo partido del
"mundo de la vida cotidiana" (Lebenswelt o Erfahrungswelt),
en la que inevitablemente vive (y vive en dicho mundo ingenuamente),
olvidó y no consideró más el mundo del que parte (Weltverloreheit); por
lo que todo su quehacer pierde sentido para el hombre. El
"mundo de la vida cotidiana" es un ámbito pre-científico (vorwissenschaftlichen;
véase § 28); es todo lo obvio (Selbstverständilichkeiten, "lo
que se comprende de suyo", § 29) sobre lo que el científico construye
ingenuamente el ámbito de la ciencia. Cuando entra en crisis el hombre como tal
en una cultura, cuando el "mundo de la vida cotidiana" cambia, todos
los niveles que reposan en él (por ejemplo la ciencia) pierden su sentido.
"El mundo de la vida cotidiana en cuanto tal ¿no es acaso lo más conocido
por todos, lo tenido desde siempre ya como obvio en la vida de todo hombre, en
lo que confiamos habitualmente por proceder siempre de la experiencia?" (§
34). Cuando dicho mundo entra en crisis la ciencia pierde su fundamento
("la ciencia se edifica sobre lo que es obvio /auf der
Selbstverständlichkeit der Lebenswelt/ en la vida cotidiana"; § 34.b)
. Y como la ciencia no tiene por objeto al mundo de la vida
cotidiana, como no tiene por finalidad analizarlo, dicho mundo pre-científico
ahonda su crisis, sin remedio, y la ciencia va con él a la deriva. Sólo una
ciencia que pueda pensar el "mundo de la vida cotidiana", mundo obvio
y pre -científico podrá enfrentar la crisis en su fundamento. Husserl piensa y
muestra como la filosofía (fenomenología como veremos más adelante es,
justamente, "la ciencia del mundo de la vida cotidiana"
(Wissenschaftvon der Lebenswelt, § 34), una "ontología" de dicho
mundo (Ontología der Lebenswelt; § 51).
Veamos ésto más de
cerca. En efecto, Galileo Galilei (1564-1642) había escrito lo siguiente:
"La filosofía
(tal como la entendía en su época Galileo) está escrito en este grandísimo
libro que continuamente está abierto ante nuestros ojos, me refiero al
universo: pero no puede ser entendido si antes no se atiende a comprender la
lengua y a conocer los caracteres en los cuales está escrito. Ha sido escrito
en lengua matemática (in lingua matematica), y los caracteres son
triángulos, círculos y las otras figuras geométricas, sin las cuales es
imposible entender humanamente algo (de todo esto). Sin esta (lengua) todo es
un agitarse vanamente en un oscuro laberinto"14.
Es decir, Galileo
concibe de antemano a las cosas como poseyendo una estructura fundamental. Esta
estructura es "evidente" (en griego se dice axióo =
tener por digno o
12 Su libro Die
Kirsis der europâischen Wissenschaften, Nijhoff, La Haya, 1962; escrito
entre 1936 a 1938 está dedicado a este tema.
13 Escribimos
"mathemática" con "h" para distinguir la actitud
fundamental de la ciencia matemática.
14 Le Opere di Galileo
Galilei, Firenze, 1933, t.VI, p. 232.
cierto) y conocida
de antemano. Es un proyecto o axioma mathemático
(que habrá que ir explicitando) en tanto que sólo podemos aprender lo que ya
conocemos de antemano (matemática viene del griego: ta mathémata =
lo que puede aprenderse, manthánei = aprender, máthesis =
enseñanza; se trata de aprender a conocer lo que ya conocemos de antemano:
lo obvio).
Descartes
(1596-1650) siguió la misma tradición de pensamiento:
"Yo comprendí
que no había nada que pertenezca a la naturaleza o la esencia del cuerpo sino
que es una substancia extensa (étendue) en largo, ancho y profundidad,
capaz de diversas figuras y movimientos"15.
Como vemos todos
los entes que pueblan el mundo han sido reducidos a ser explicados por la mera
cantidad y movimiento. El mismo Isaac Newton (1642-1727) pensaba igualmente que
los cuerpos se presentan como una realidad extensa dentro de un tiempo absoluto
("tempus absolutu, verum et mathematicum" 16), de un
espacio absoluto ("spatium absolutum"17). "De este
modo se transforma el concepto de la naturaleza en general. La
naturaleza no es ya (como para los griegos y medievales) el principio interno
causante de los movimientos de los cuerpos; la naturaleza es el modo de la
multiplicidad de las cambiantes relaciones de situación de los cuerpos, la
manera en que éstos están presentes en el espacio y el tiempo... Con esto
cambia también, y en cierto respecto se invierte, la manera de cuestionar la
naturaleza"18. Un "nuevo" mundo (el del Renacimiento)
originaba la ciencia, y ésta, por su parte, cambiaba al mundo que le daba
origen. Un paso más y Kant (1724-1804) concebirá toda la naturaleza como objeto
(Gegenstand) propio del conocimiento científico. El espacio y el tiempo
absolutos de Newton son ahora formas apriori de la
sensibilidad; el objeto, que constituye la naturaleza, es ese fenómeno que
puede ser conceptualizado por las formas apriori del
entendimiento (las categorías). "También Kant se mantiene en el plano de
la proyección (mathematica). También él, al igual que la tradición anterior y
posterior a él, prescindió de antemano de aquel ámbito, de las
cosas, en el cual nos sentimos, inmediatamente familiares de
las cosas tal como nos las muestra también el pintor: la sencilla silla con la pipa
(de un cuadro) de Van Gogh recién dejado u olvidada"19. Kant no consideró el
"mundo". El hombre es un "yo trascendental" que solo conoce
lo que la razón constituye; la cosa (noúmenon) es incognoscible para el
hombre (solo es conocida por la visión creativa de Dios). Si las cosas son
incognoscibles en sí ¿para qué ocupan el tiempo en pretender comprenderlas.
Karl Marx (1818-1883), de la izquierda hegeliana (diríamos un "nieto"
de Kant), piensa que debe cesar la "especulación" (porque es) en la
vida real donde empieza la ciencia real (wirkliche) positiva (positive).
la interpretación de la actividad práctica, del proceso del desarrollo práctico
de los hombres. Las frases (vacías) sobre la conciencia (transcendental) cesan,
y un saber real ha de sustituirlas. La filosofía autónoma, ante esta
interpretación de la sociedad (= de lo efectivo, Wirklichkeit),
pierde
15 Respuestas a las
objeciones VI, 10.
16 Principia
Mathematica, def. VIII, sch.
17 Ibid.
18 H. Heidegger, Die
Frage nach dem Ding, trad.cast., Sur, 1964, p. 88
19 Ibid., p. 200.
su ámbito de
ejercicio"20. Todavía un paso más y el hombre es reducido a un
mero hecho natural. De Comte (1798-1857) a Darwin (+1882) al
positivismo se impone en Occidente como la filosofía triunfante. Tan
positivista s el fundamento del sistema capitalista americano como del
comunista ruso. La "colección de hechos" suplanta aún al
"proyecto mathemático". Las ciencias europeas, ahora mundiales,
pretenden ser el único modo estricto de conocer. Pero bien
saben que solo conocen cómo las cosas son (lo aprendible) pero
no lo qué son (la esencia). Lo que la cosa es en sí se
declara de antemano imposible de conocer. El hombre, por otra parte, sólo
podría ser conocido por las mismas ciencias positivas (etnología,
antropología física, psicología, sociología, etc.). Pero éstas no pueden
hacerse cargo de lo qué el hombre sea en su esencia, en su
estructura metafísica; la ciencia positiva, que reposa sobre el "mundo de
la vida cotidiana", no puede tampoco hacer del mundo objeto de su quehacer
Se ha cerrado el camino al fundamento y la crisis es irremediable.
§ 5 Necesidad de
retornar al fundamento.
5. ¿Qué es lo que ha
pasado? La "modernidad" se fue "desconectando" del fundamento en
dos sentidos. Por una parte, las cosas (el cosmos asumido como
entes ante los ojos que hacen frente en el mundo) fueron primero reducidas a
mera realidad mathemática, después a una "X" desconocida, ya que es
el hombre el que organiza con sus formas cognoscitivas el caos fenoménico. Por
otra parte, el mismo hombre se redujo primeramente a ser solo
un "yo pensante" (espíritu desencarnado de Descartes), axioma
fundamental que conoce a las cosas por ideas "puestas" en su
subjetividad, o que conoce las cosas sólo como objetos (Kant), a partir de sus
propios principios y formas apriori. Para después
transformarse en un homo faber (Marx) o un hecho de la
naturaleza (Darwin). En decir, el hombre moderno, y con ello la ciencia
moderna, se ha cerrado en dos sentidos el camino: ha cerrado su acceso real a
lo que las cosas son, ha cerrado el acceso a la esencia
del hombre. Piensa que no es posible conocer las cosas en sí y que
el hombre solo conoce en la subjetividad trascendental; es decir, el hombre es
definido como razón de un espíritu sin mundo y al que se le
presentan objetos, o como praxis de una historia sin
teleología. Husserl da un primer paso para superar la crisis, cuando dice que
la ciencia reposa (por sus axiomas y en todos su proceder sobre el "mundo
de la vida cotidiana". El hombre, por su parte, accede a las "cosas
mismas" porque es intencionalidad (su conciencia tiende
por esencia a lo que las cosas son).
Pero Heidegger va
más allá. En primer lugar, muestra como el hombre antes de ser una "razón
calculadora" (que demuestra a partir de la extensión, movimiento o fuerza
de los "objetos") es un ente que "comprende" lo qué las
cosas son (el ser de los entes en un mundo. Ese
"comprender el ser" hace del hombre un hombre, instaura un mundo,
funda el ejercicio calculador de la ciencia positiva. El hombre no es, tampoco,
un espíritu desencarnado; su ser en el mundo incluye la corporalidad, la
temporalidad, la espacialidad... ex-sistenciales que hacen del hombre,
ciertamente, un ser finito, pero no un alma substancial separada del
cuerpo como para Descartes.
20 Die deutsche
Ideologie, B,A,1, Ed. Kröner, 1953, pp. 350
En segundo lugar,
el mundo es mucho más que la naturaleza de
los modernos: mero ámbito configurado en el proyecto axiomático de la conexión
de movimientos uniformes espacio-temporales; proyecto mathemático que se pone a
sí mismo como principio normativo del saber. El saber mathemático no es el
saber filosófico-metafísico. No se trata solo de cuerpos mathemáticos. El mundo
es el horizonte mismo en donde el hombre vivo. Las cosas o entes del mundo no
son solo extensas, sino que tienen cualidades, formas, historia, pero, y mucho
más, son útiles o realidades que tienen significación, que tienen una trama, un
aspecto (eídos), ser y este su ser puede ser
comprendido por el hombre.
Toda esta
superación del idealismo moderno y de la reducción naturalista de la ciencia
queda expresada en la simple fórmula: El hombre es ex-sistencia; o: el hombre
es el ente que es en el mundo. Con ello se recupera la nota esencial del
hombre, el de ser un ente arrojado en el mundo porque desde siempre ya comprende
lo qué las cosas son en su ser que le hacen frente ante los ojos. El
conocimiento, habíamos dicho, es un modo fundado de ser, se
funda en el ex-sistir en cuando que es un modo-cognoscente de ser. La ciencia
es un modo del conocer. Cuando dicho conocer científico o calculante pierde su
fundamento (cuando no puede dar cuenta del "mundo de la vida
cotidiana" del cual surge o del ser en el mundo en el cual se funda)
pierde su sentido. El quehacer de la ciencia puede así volverse contra el mismo
hombre y en vez de servirle como un instrumento puede transformarse en el señor
que esclaviza y destruye al mismo tiempo.
Representemos lo
dicho con un esquema que muestra imperfectamente los diversos planos que hemos
ido distinguiendo:
En el esquema (a)
sería el hombre en tanto "apertura" el mundo; (b) sería un
modo fundamental de ex-sistir: el pensar (ya veremos más adelante que es este
el modo de ex-sistir propio del filósofo); (c) es el conocer científico, uso
racional y calculante, un modo fundado de ex- sistir. De la
totalidad del cosmos (primera circunferencia onmicomprensiva)
el hombre asume todas las cosas que constituyen "lo interior" al
horizonte del mundo. La cosa (A/B/C) puede ser objeto del
quehacer científico (A); puede ser pensada por el filósofo o simplemente
vivida (sea como lo "ante los ojos" o lo "a la mano") y en
este sentido sobreabunda al mero objeto de ciencia (lo cosa como ante-
o trans-objetiva) (B); puede aún consistir en lo inefable,
incomprensible o simplemente todavía no experimentado ni conocido
(formaría parte del cosmos pero no de nuestro mundo) (C). La
razón científica (c) debe buscar su sentido en el pensar (b), así
como el objeto de ciencia (A) se explica acabadamente por la
posición pre-científica de la cosa en el mundo (B). Cuando la ciencia se
vuelve un absoluto (c -A) pierde su quicio: el hombre que es en el
mundo. "La grandeza y la superioridad de la ciencia natural del siglo XVI
y XVII (sobre la positivista del siglo XIX y XX) reside en que aquellos
investigadores eran todos filósofos"21, y por ello podían todavía fundar la
ciencia sobre el "mundo de la vida cotidiana" pre-científica, cuyo
sentido conocían autoconcientemente. No pasa lo mismo con los científicos de
nuestra época que "han perdido pie" o fundamento. Hay excepciones, y
"las cabezas dirigentes de la física actual, Niels, Bohr y Heisenberg,
piensan de un modo completamente filosófico"22. Escuchemos al
mismo filósofo advertirnos el sentido de esta pérdida de fundamento por parte
de la ciencia:
"El hombre de
la edad atómica será entregado sin consejo y sin defensa a la marca ascendiente
de la técnica. Lo será efectivamente sí, allí donde se juega lo decisivo, el
hombre renuncia a ejercer el pensamiento meditante contra el
pensamiento simplemente calculante... Debemos utilizar las cosas
técnicas, debemos servirnos normalmente de ellas, pero al mismo tiempo tenemos
que liberarnos de ellas, de suerte que conservemos siempre la necesaria
distancia... Una vieja palabra (alemana) se nos ofrece para nombrar esta
actitud de si y de no ante el mundo técnico
en su conjunto: es la palabra Gelassenheit (= serenidad,
sosiego, el abandono paciente y espectante del contemplativo)"23.
El quehacer
científico positivo surge del mundo pre-científico y se vuelca en él para
modificarlo. Se establece así un círculo que crece en la historia. El hombre
que hace ciencia no puede, sin embargo, hacerse cargo científicamente del
"mundo de la vida cotidiana" donde la misma ciencia tiene o no
sentido para el hombre. Es aquí donde la filosofía aparece. Como ciencia de lo
obvio, de lo ya dada previamente, el filósofo analiza todo ese ámbito que va de
la esencia del hombre hasta los axiomas de las ciencias, y desde la cosa
mundana hasta el objeto de la ciencia. La crisis de la ciencia es crisis del
hombre y el estudio de éste es el quehacer de la antropología filosófica. El
positivismo la había negado.
21 M.Heidegger, Die
Frage nach dem Ding; trad. cast., p. 68.
22 Idem, Ibib.,
p. 69
23 Heidegger, Gelassenheit,
Pfullingen, 1959.
CAPITULO II
LA FENOMENOLOGIA
COMO METODO FILOSOFICO. CRISIS, CONVERSION Y PASAJE A LA TRASCENDENCIA
En el primer tema
hemos visto que el hombre es el ente que es en el mundo. Hemos igualmente
considerado un modo de ser en el mundo: el conocer científico. Hemos
vislumbrado como el científico cuando se pone a hacer ciencia parte de axiomas
que se le muestran como obvios, evidentes1. Sin embargo, dichos
axiomas indemostrables son el fruto de una actitud y de las estructuras de su
época cultural. La evidencia u obviedad de los principios de las ciencias queda
así puesta en tela de juicio. La crisis de la ciencia consiste justamente en el
hecho que la ciencia no puede pensar sus fundamentos (todo aquello que va desde
la esencia del hombre hasta los axiomas) . No puede conocer
"científicamente" ni lo que el hombre es ni lo que las cosas son, ya
que el hombre está más aquí del científico y las cosas más allá de los objetos.
Se trata ahora de abordar la cuestión fundamental.
§ 6. ¿Qué es
com-prender?
Decíamos: El hombre
de ciencia no puede pensar sus propios fundamentos. Pero, ¿qué es pensar?
Entramos aquí como en un círculo: debemos pensar lo que es pensar. Dicho
círculo es inevitable ya que el hombre es el único ente que puede
re-flexivamente preguntarse por lo que él mismo es.
Se dice que el
"hombre es un animal racional". El uso raciocinante o demostrativo de
la inteligencia es el propio del científico y de la lógica o logística (ésta
última pasa por ser lo esencial de la filosofía en los países anglosajones, se
trata de una de las mayores desviaciones y pérdidas del pensar). A partir de
una premisa mayor conocida, se demuestra una conclusión gracias a otra premisa
mayor también conocida, lo que permite la inferencia. La inteligencia
raciocinante procede así de lo ya conocido a lo antes desconocido y ahora
demostrado, concluido o inferido. El logista toma ya el fruto de la
inteligencia (juicios y raciocinios) y estudiando sus relaciones formales
descubre innumerables posibilidades de demostración desconocidas.
Pero, el uso
racional de la inteligencia es posible porque antes el hombre ha ya comprendido
lo que las cosas son. La evidencia del axioma, el carácter obvio de la primer
premisa, la constitución de determinadas relaciones formales y la imposibilidad
de otras nos muestran que todo el edificio de la ciencia y la logística reposan
sobre un ejercicio previo de la inteligencia. ¿Cómo es que antes de razonar
(antes de ser entonces un "animal racional") ya tengo algo por
evidente obvio? Queremos con esto demostrar que la inteligencia raciocinante o
calculadora del científico parte ya de algo conocido y tenido por evidente. El
hombre ya es cognoscente antes de comenzar a razonar; ya está en el
mundo; antes de argumentar o demostrar o estudiar ya ha ejercido en muchos
planos previos su ser de hombre. Por otra parte, esas premisas primera o
axiomas (indemostrables por definición)
1 Véase
M.Heidegger, Der Satz vom Grund, Pfullingen, 1957, II.
19
son comprendidas en
cuanto a sus contenidos y pueden ser pensadas (aunque no demostradas como hemos
dicho). Es decir, hay un conocer que es previo al conocer racional científico.
Puestos a pensar
nos referimos a "algo" ya comprendido previamente. Es decir: antes de
pensar está el comprender; mientras que el conocer científico, que no puede
descartar el comprender, puede sin embargo dejar de pensar. El comprender es lo
esencial al hombre, el pensar es un quehacer libre, fundamental pero puede ser
dejado de lado. Es el esquema representado en el capítulo I, el comprender es
(a), el pensar (b) y el conocer científico (c).
Cuando un hombre se
enfrenta primerísimamente con algo se establece un rencuentro2 entre
el hombre y las cosas. Dicho "encuentro" es posible porque el
hombre abre siempre un ámbito y se abre siempre
a un ámbito dentro del cual la cosa puede venir al encuentro. Ese
despliegue de un horizonte, de un ámbito, es una posibilidad o capacidad del
hombre. Lo que el hombre despliega ante sí, a lo que se abre por esencia es lo
que hemos llamado mundo (el último Heidegger lo llamará Die
Gegnet en la obra Gelassenheit, es decir "el dominio
que se opone ante nosotros"). Es dentro de un mundo donde las cosas se nos
pueden avanzar para ser conocidas. Este momento primerísimo del despliegue de
un ámbito es lo propio del hombre. El animal sólo tiene un apagado medio
estimúlico. El hombre en cambio ilumina un horizonte ante sí, un ambiente
circunvalante (Jaspers lo llama así, aunque en otro sentido: Umgreifende).
No se piense que el hombre despliega ese ámbito primeramente como
"sin" cosas. No. El hombre en su primer encontrarse con las cosas las
está ya siempre comprendiendo a un nivel propiamente humano: el nivel
inteligible. Desplegar un mundo o abrirse a él es com-prender las cosas,
asumirlas en el lugar del habitar humano. Com-prender viene del latín, de circum-prendere;
es decir, "prender" o "captar" las cosas como "Dentro
de un círculo": abarcándolas. Esta como acción abarcadora, com-prensiva o
recolectora del hombre debemos denominarla de alguna manera. Pensamos que la
palabra com-prensión deja bien indicar la el modo de como la inteligencia
despliega el mundo abarcando las cosas y captándolas en lo que ellas son.
Cuando digo: "He com-prendido lo que es una rosa"; "he
com-prendido su actitud de aquella ocasión". La palabra co-lectar lo
mismo que inte-ligencia (en el decir de los medievales inteligencia
viene de intus-legere = leer-por-dentro) proceden del verbo
latino legere que significa: recoger, tomar, leer. Del mismo
modo, y por la común raíz indoeuropea, en griego légein significa:
reunir, juntar. En griego igualmente logía significa "colecta". Para
nosotros, entonces, com-prender o légein expresará la actitud
primerísima del hombre como tal. El hombre es hombre porque despliega un mundo,
porque puede reunir lo múltiple, comprender algo en su contexto, abarcar su
trama esencial dentro del horizonte que le da sentido.
A esta altura de
nuestra meditación puede venirnos en ayuda una descripción de lo que estamos
pensando que hizo hace siglos Aristóteles. Reflexionando sobre el momento
originario de todo comprender el filósofo griego vió la necesidad de una
sinergia entre dos momentos. Primeramente, apareciendo las cosas como estímulos
sensibles el hombre debe poder superar este nivel (de lo contrario permanecería
en el mero medio estimúlico animal).
2 "Recontre"
lo llama De Waelhens, op. cit., p. 197; Er-eignis lo denomina Heidegger, Identität
und Differenz, Pfullingen, 1957, en el sentido de
"co-pertenencia" o "bi-pertenencia".
20
Elevar el dato
sensible a la comprensión de su trama inteligible significaba una actividad
propia del hombre:
"Se distingue,
por una parte, el intelecto que puede llegar a ser todas las cosas -ya veremos
más adelante de que se trata- y, por otra, el (intelecto) que produce
(poieîn) todas las cosas, porque es una capacidad que opera como la
luz (fôs); pues, en cierto sentido, la luz convierte los colores en
potencia (en la oscuridad) en colores en acto (al iluminarlos)"3.
Veamos primeramente
el segundo de estos intelectos, el que opera a manera de luz. Aristóteles
explica que este intelecto hace o "produce todas las cosas" pero no
en su ser-cosa (como la luz no produce el ente-color) sino sólo como
"cosa-inteligible" (como color-visto). El hombre sin este intelecto
sería una bestia, sólo viviría en el "oscuro" medio estimúlico. Por
cuanto tiene esta capacidad que produce un ámbito iluminado (inteligible, es
decir: que permite ver no sólo la cosa en cuanto sensible sino en cuanto a su
esencia, en cuanto a lo qué es) el hombre es un ente cuyo ser está en el mundo.
Ese intelecto o productor iluminante de la inteligibilidad de la cosa es el que
despliega el mundo, es decir, ilumina todas las cosas que han entrado en su
sensibilidad o percepción en lo que son, en su consistencia o trama
inteligible. Piensen Uds. que estuvieran en una cerrada noche sin entrellas,
oscurísima. Munidos de un reflector de luz infla-roja y de sus adecuados lentes
se internan en un paraje. Al iluminar ese ámbito con el reflector las
cosas aparecen; sin dicha luz nada aparecería.
Ningún otro hombre vería lo que Uds. ven. Las cosas de dicho paraje seguirían
siendo, pero nadie sabría lo que son. Esa es la primera función del intelecto
que por su actividad se llamó "intelecto agente".
Una vez que las
cosas han sido iluminadas en lo que son dentro de un mundo, a partir de los
datos de la sensibilidad, la inteligencia recibe o capta a la cosa así
iluminada en su esencia. Es decir, el hombre comprende, asimila lo que la cosa
es. El hombre "se hace" la cosa, la actualiza (es decir, la hace acto
en sí mismo) en su inteligencia. Por esto Aristóteles dice que "por una
parte, el intelecto puede llegar a ser (gínestha) todas las cosa (pánta)".
No significa que el intelecto se transforme en todas las cosas tales como ellas
son en la realidad; sino que el intelecto las actualiza en sí, se transforma en
ellas en cuanto a poseer y ser su trama inteligible: lo qué
son. Es la instauración y apertura al mundo. Esto es un ser "lo
que" la cosa es en cuanto inteligible.
§ 7. ¿Qué es
pensar?
En el parágrafo
anterior hemos indicado en líneas muy generales lo que sea com-prender. Se
trata de una actividad en la que por lo menos pueden distinguirse dos momentos:
en primer lugar el despliegue del mundo como iluminación de un contorno
inteligible; en un segundo momento, un recibir la cosa como comprendida en su
trama inteligible. Estos dos momentos forman un círculo y no existe entre ellos
anterioridad temporal; el espíritu se mueve simultáneamente en esos dos niveles
condicionándolos mutuamente. Ahora podemos avanzar y preguntarnos nuevamente en
que consiste el pensar.
3 Sobre el alma III, 5; 430 a 14-17.
21
El pensar no es un
comprender. El hombre está ya en el mundo cuando se pone a pensar. Además, el
hombre puede ponerse o no ponerse a pensar. Podría pensarse que es fruto de una
resolución voluntaria. Sin embargo no es sólo esto. Para ponerse a pensar hay
que crear un ámbito de sosiego (esto es lo que Heidegger llama Gelassenheit)
donde el pensar puede surgir como modo de estar en el mundo. Debemos
primeramente liberarnos (Gelassensein) de la servitud al mundo para
estar dispuestos a la espera de que el pensar se cumpla en nosotros. El hombre
puede pensar; más aún, puede aprender a pensar. Ese
aprendizaje comienza siempre por un saber rememorar. Sacar del olvido lo oculto
en lo obvio. Pensar es un saber "mantener" lo que se deba pensar; es
un custodiar, apacentar, pastorear" lo que se deba pensar4; la
ciencia puede de-mostrar racionalmente, puede calcular
exactamente. Pero el pensar es algo diverso. El pensar es un ir mostrándose la
cosa.
Para comprender lo
que significa pensar nos viene nuevamente en ayuda el verbo griego légein. En
efecto, significa en algunas lenguas indoeuropeas "poner",
"disponer", "estar echado" (como en
alemán legen y liegen). Si penamos algo es que lo
meditamos, que lo ponemos a consideración. Cuando a-ponemos o
pro-ponemos algo "lo colocamos en posición de yacer"5 ante
nosotros. Es decir, sub-yace a nuestra consideración pensante. Para pensar
debemos detener el flujo de los acontecimientos en el mundo, debemos dejar-sub-yacer
algo ante nuestros ojos; no podríamos hacerlo si no lo rememoramos o
recordamos. Sólo por la memoria el hombre puede detener algo para seguir
considerándolo. Para que no se escape de nuestra mirada meditativa todo nuestro
ser debe estar en sosiego y debe saber tender a lo que sub-yace ante lo mirado.
Este pensar es un largo aprendizaje. El primer momento es légein;
dejar -sub-yacer lo que se fija ante la inteligencia pastoreado por la
rememoranza. El segundo momento en cambio, es el "tomar-en -consideración"
lo que yace ante nuestros ojos. En el inicio del pensar el hombre dentro del
ámbito desplegado del mundo hacer yacer la cosa ante sus ojos que queda sí
fijada en su contexto. Porque el hombre es libre puede detener el flujo de los
acontecimientos y elegir el quedarse simplemente ante ellos. Por ello mismo
puede después "tomarla en consideración". La inteligencia puede ahora
abocarse a ver, percibir, recortar el perfil de la cosa que tiene ante sus
ojos. La inteligencia penetra por las "fisuras" de los constitutivos
de la esencia; se trata de un pensar analítico, mostrativo de las partes. Nada
mejor para unificar esta descripción en una palabra que el verbo griego noeîn (=ver,
percibir); indica este segundo momento cuando el hombre se lanza a la
profundización de la captación primera de la trama inteligible de la cosa, de
su esencia. Ahora podemos comprender lo que nos dice el filósofo citado arriba:
"El noeîn, o
sea, el tomar -en-consideracion, se determina por el légein. Esto
significa dos cosas: Primero, el noeîn se desarrolla a partir
del légein... Segundo: el noeîn es retenido
dentro del légein... El ensamblaje de légein y noeîn es
el rasgo fundamental del pensar que inicia aquí los primeros
movimientos de su esencia"6.
El pensar,
entonces, es bipolar: se trata de un saber rememorar y mantener fijo ante la
mirada aquello que debe ser pensado; este mantener antecede y es concomitante
con el
4 Heidegger, Was
heisst Denken?; trad. cast. Nova, 1964, p. 9
5 Heidegger, op.cit.,
p. 192.
6 Op. cit., p. 203.
22
tomar la cosa en
consideración. El tomar la cosa en consideración es muy distinto que el modo
como el científico se enfrenta con sus objetos o que como el hombre de la calle
vive habitualmente con las cosas que son en su mundo habitual o cotidiano. El "tomar
en consideración" del pensar es un ir rodeando a la cosa en sus diversos
aspectos y descubriendo en ella las fisuras inteligibles por las que pueda ir
siendo analizada; se va desmantelando a la cosa en sus componentes, elementos
constituyentes, sus notas constitutivas. Se va distinguiendo entre lo que funda
o es fundado, entre lo necesario y lo accesorio. Se va descubriendo lo que la
cosa es, en su esencia y en sus modos de manifestarse. Sin embargo esto no
puede ser todo. El légein tiene todavía una función final, la
de recoger, recolectar, reunir todo lo encontrado por el "tomar en
consideración" (noeîn), leyéndola en su unidad, com-prendiéndolo.
Esta nueva com- prensión es mucho más grave en significado que la primera. Por
ello el pensar no termina nunca, sino que siempre esta comenzando. Como el ave
que quiere llegar a grandes alturas en nuestras cordilleras andinas, debe la
inteligencia pensativa y rememorante remontarse a lo que las cosas son,
siguiendo en su vuelo un movimiento ascendente en forma de espiral. Muchas
veces pasara por el mismo punto, muchas veces com-prendiera nuevamente lo
mismo, pero cada vez a mayor altura. El pensar vuelve siempre sobre el mundo
para re-tomar en consideración las cosas y para comprenderlas en mayor
profundidad. El hombre, ser finito, nunca podrá agotar "lo a pensar"
y, por ello mismo, el pensar como actividad del hombre nunca tendrá fin.
Hasta ahora nos
hemos centrado preferentemente en le hombre, y hemos visto como el pensar es
una morosa y compleja actividad del ex-sistir humano. Volquémonos ahora más
bien en la cosa misma, esa cosa que el pensar tiene siempre ante sus
ojos. Esto último no debe olvidarse nunca. El acto inteligible de iluminar un
ámbito o de captar la trama inteligible de las cosas no cierra al hombre sobre
sí, sino que lo mantiene permanentemente abierto al mundo y a las cosas. Las
cosas cuya esencia no capta están siempre dentro del mundo y el hombre las
capta en su estructura inteligible, a partir y a través de la percepción
sensible, como estando allí: ante sus ojos (no como siendo solo en la mente) .
La misma actualidad de la cosa como un inteligible en la mente está remitiendo
siempre e inevitablemente a la cosa real como lo que es "de suyo"
(como un prius /= la inteligencia cuando fija la cosa ante sí
en el mundo la considera como real; como ya dada en la realidad)7.
El pensares un encuentro con las cosas. En este encuentro la cosa re-vela lo
que es. "Re-vela" no significa que vela "de nuevo" sino más
bien que desvela, es decir, que se "des-cubre, se saca el velo. Las cosas
están como veladas en el medio estimúlico animal, en el cosmos o en lo obvio de
lo habitual. Sólo el hombre en vigilia puede abarcarlas para comprender lo que
son. Llegar a un núcleo inteligible es un des-cubrir las cosas en su esencia.
Las cosas, como con un pudor óntico, parecieran oponerse tenazmente a ese
desnudarse ante los ojos inteligibles del espíritu. Y no bien des-cubierta, se
oculta nuevamente lo que las cosas son por lo habitual, lo obvio, lo cotidiano.
El pensar es ese persistente modo de encarar las cosas y no permitir que vuelva
su ser al olvido.
§ 8. La
fenomenología como método
7 X. Zubiri, op.cit.,
p. 394: "El prius es... la positiva y formal remisión a
lo que es la cosa antes de su presentación... La cosa me es presente como de
suyo")
23
Para Husserl, como
ya hemos indicado más arriba, la crisis de la ciencia europea podía ser
superada si la filosofía llegaba a ser una "ciencia de la vida
cotidiana". Es decir, sólo la filosofía podía, en el pensar de Husserl,
asumir la tarea de pensar el fundamento. Por ello Husserl defendió a "la
filosofía como ciencia estricta" (así se denomina uno de sus libros
clásicos). Husserl mismo propuso a la "fenomenología" como el nuevo
tipo de filosofía. Merleau -Ponty dice que "la fenomenología se deja
practicar y reconocer como una manera o como un estilo; ella existe como
movimiento (camino), antes de llegar a su entera conciencia filosófica"8.
La primera página de La phénoménolofie de la perception es digna de ser leída,
aunque no llega Merleau a ver la diferencia entre la fenomenología de Husserl y
la de Heidegger, ambas estas como yuxtapuestas9 . La
fenomenología fue presentada entonces, desde comienzos del siglo, como la
manera metódica y filosófica de poder pensar lo obvio. Para ello Husserl se
internó en complicadas distinciones que nosotros no entraremos ni a exponer ni
a discutir (ya que es innecesario: Husserl luchó contra el positivismo desde el
idealismo: ambas posiciones han sido hoy superadas, al menos en buena parte del
pensar filosófico contemporáneo). Después de esta derivación histórica volvamos
a nuestro pensar.
En efecto, la
cuestión esta planteada así: ¿Es posible un pensar que se sitúe entre la
esencia del hombre y los axiomas evidentes de las ciencias? Y si así fuera,
¿Qué garantías tenemos que dicho pensar puede mostrarnos algo con el mismo
sentido estricto de la ciencia aunque no con la misma exactitud matemática? ¿Es
posible una "ciencia" del pensar? Si así fuera podríamos internarnos
en esa región vedada para la ciencia; la esencia del hombre, su ser en el
mundo, los existenciales, y todo lo obvio. Es aquí donde arranca el pensar de
Heidegger (comentaremos ahora el § 7 de Ser y Tiempo).
La filosofía no es
una ciencia positiva (no usa entonces la razón calculadora o meramente
raciocinante). Pero no es tampoco un mero saber vulgar, del hombre de la calle.
Además, aunque es un pensar está sometido a ciertas
condiciones. Es un pensar (lo que debe ser tomado en su
radical significación: la filosofía no es una ciencia como las otras y exige
por ello ponerse en condiciones de poder pensar) "metódico".
En griego "méthodos" significa "a través del camino"
(de meta= a través, ódos= camino). Es decir, el método
es un modo de caminar, de avanzar, de penetrar; en nuestro
caso un pensar metódico es un pensar que sabe como debe
avanzar por el camino de lo que las cosas son. Eso es lo que ya nos indica
Merleau cuando dice: "se deja practicar y reconocer como una manera o como
un estilo, ella existe como movimiento...". La filosofía es un modo o manera de
pensar. No es un pensar cualquiera, de cualquier manera y
sobre cualquier cosa. No.
¿Cuál es el método
(lo que indica el camino de cómo se debe pensar) de la filosofía? Es la
fenomenología. Esta extraña palabra es muy conocida en la filosofía alemana
(surgió ya en la escuela de Wolff y fue usada por Hegel en su Fenomenología del
Espíritu, pero en un sentido muy diverso al que le daremos aquí).
8 Op.cit., p. II.
9 Véase A.
Diemer, Edmund Husserl, Versuch einer systematischen Darstellung seiner
Phänomenologie, Hain, Meisenheim, 1956.
24
Fenomenología es
una apalabra compuesta. En primer término esta formada por fenómeno (viene
de la palabra griega fainómenon) que quiere decir etimológicamente:
"lo que se muestra" (was sich zeigt), "lo que se muestra por sí:
lo patente". Deriva por su parte de la palabra griega faíno (=
poner o sacar a la luz del día) y en definitiva de fos (= luz,
como vemos la luz es la que en su brillo se hace patente a la mirada, la que
ilumina lo en oscuridad; ésto puede relacionarse a lo que hemos dicho en el §
6, sobre la com-prensión como iluminación). ¿Qué es lo que se muestra a sí
mismo? Las cosas, los entes, los que son (ta önta decían los
griegos) pueden mostrarse de diversas maneras, tantas como modos de abordarlos:
si las abordo como cosas sensibles se me muestran como
coloreados, pesados, suaves, etc,: si las abordo como inteligibles se
me muestran como con sentido; substantes, accidentales, siendo ésto o aquello;
si las abordo como ex-sistiendo en el mundo se me muestran como corporalidad,
animidad, temperalidad, en una espacialidad existencial, etc. Aun hay
posibilidad que se muestren como lo que no son en sí mismos: sería un tener
"aspecto de... " (aunque no lo sea), es un mero "parecer ser
..." lo que no es. Pero la mera apariencia se funda sobre el mostrarse
originario que queda ocultado tras la apariencia. En esto se cifra la mayor
dificultad.10
Las cosas se
muestran pero, la mayoría de las veces, "parecen ser..." ésto o
aquello (es lo obvio, lo habitual; tanto del mundo cotidiano como de los
axiomas de las ciencias) pero en verdad su ser auténtico yace en el olvido, en
el ocultamiento, en lo in-cognito (lo no sabido, lo no pensado). La cuestión
metódica se plantea entonces así, es necesario que las cosas mismas se muestren
en su ser auténtico, en su ser real (y esto, como veremos, es la verdad). El
método debe conducirnos a que las cosas se nos manifiesten en su trama
verdadera: hay que dejar verdadear a las cosas (como nos dice bellamente X.
Zubiri, op. cit.).
Sabemos ya lo que
significa fenómeno en la palabra fenomeno-logía:
lo que se muestra por
sí mismo de la
cosa. Nos falta ahora un segundo momento: lógos (palabra
griega que deriva de légein). Lógos en griego significa
primariamente "habla" (como cuando se dice: "el habla es una
propiedad del hombre"; "sólo el hombre habla" en este último
caso es verbo, en el primero sustantivo) . El habla es un
decir algo de algo. De otra manera: e-nunciar es permitir ver o manifestar (fainesthai)
algo (aquello de lo que se habla) de una cosa (a la que
pertenece lo que se esta diciendo) a alguien (al que escucha
el habla). La palabra “e-nunciar" indica exactamente todo esto (procede
del latín de: ex = origen desde donde; nunciare = contar, decir, dar aviso,
referir; enunciarse = des-cubrir, re-velar, ex-poner. En griego en cambio se
dice, con el mismo sentido, apófansis: de apó =
origen desde el cual, faíno = poner o sacar a luz).
Nuestro hablar , aun el más cotidiano, es un permitir ver
"al que" nos escucha "lo que" se muestra
"de" la cosa misma. Por ello el lógos puede ser falso o
verdadero, porque puede mostrar u ocultar lo que las cosas son en su e-
nunciarlas. Hablar es sacar a las cosas de su ocultamiento,
des-cubrirlas, manifestarlas como no-ocultas. Cuando el hombre se enfrenta a
las cosas como comprensor (ver 6) puede captar lo que ellas son o ignorarlo. No
puede propiamente nunca en-cubrir o falsear a las cosas. El encubrimiento o
falsía puede venir cuando las e-nunciamos: podemos decir lo que las cosas no
son.
10 Véase,
Heidegger, Einführung in die Metaphysik, IV, 3; ed. cast., Nova,
1966, pp. 136ss.
25
¿Qué es entonces la
fenomenología? Es el método filosófico gracias al cual se puede ver y
manifestar por la e- nunciación lo que verdaderamente se
muestra de la cosa. Este método se encamina a indicar como mostrar lo que se ha
comprendido de la cosa. Saber mostrar las cosas tal como se muestran en sí
mismas. Lo que las cosas son se muestra a nuestra mirada continuamente, sin
embargo, sea por el no- pensar, sea por el habitual tenerlas ante nuestros
ojos, todo lo que en sí se patente se vuelve oculto, en-cubierto, des-figurado.
Es un ir de lo que "parecen -ser" a lo que verdaderamente son. La
fenomenología es la forma de acceder (Zugangsart) a lo que es el tema de
la filosofía: las cosas que se muestran no se muestran inmediatamente, es
necesario la mediación del lógos; El ser no es
evidente. La fenomenología es un método, un método hermenéutico (viene de la
palabra griega hermeneúein = interpretación), es decir tiende
a enseñar como puede hablarse, e-nunciarse o referirse (mostrarse
por la lengua a otros) lo que las cosas son ("interpretar" es un
vertir algo de un registro en otro registro; en nuestro caso es un interpretar
las cosas; es un decir - se trata de un plano parlante- lo
que la cosa es -se trata de otro registro: la esencia real). Las cosas
deben ser metódicamente mediatizadas porque lo evidente no se deja ver, y lo
tenido por evidente es a veces "apariencia". Por ello "ontología
y fenomenología" no son dos distintas disciplinas pertenecientes con otras
a la filosofía. Estos dos nombres caracterizan a la filosofía misma por aquello
de que trata (la ontología lo que es el ser del ente) y por su método (la
fenomenología)11.
Ahora podemos
resumir lo dicho hasta el presente. El hombre se abre al mundo y abre el mundo
por la comprensión (nivel del ángulo a en el esquema del cap.
I). La comprensión funda el pensar (b) y el conocer científico (c). El hombre
no siempre ha hecho ciencia y tampoco piensa siempre (en el presente la
cuestión más grave es que ya no piensa casi). La crisis de la ciencia necesita
de un pensar que piense su fundamento. La filosofía es justamente el pensar
metódico (cuyo método es la fenomenología) que medita sobre el fundamento: ¿Qué
es el hombre? ¿Qué es existencia? ¿Qué sentido tiene el ser del hombre en el
mundo? ¿Qué sentido tiene la ciencia? Estas son algunas de las cuestiones que
la filosofía actual no puede dejar de pensar. El pensar filosófico no es un
mero saber vulgar o cotidiano, es un saber metódico y en este
sentido es igualmente "ciencia", más aún, es una sabiduría. "La
sabiduría es la más perfecta virtud de la inteligencia porque tiene como propio
el conocer el sentido de la totalidad" (ordinem)12.
§ 9. ¿Qué su-pone
la filosofía?
La filosofía es un
quehacer entre otros del hombre. Ese quehacer su-pone (=pone como su
fundamento; sub = debajo) al hombre que piensa
filosóficamente. Por ello el filosofar es un modo de ser ene l mundo. Cuando la
filosofía nace en la historia, el hombre ya estaba en su mundo; cuando el
filósofo se pone a pensar ya está en el mundo. La filosofía es entonces algo que
aparece, que se muestra en el mundo. Desde el siglo VII a JC., con un Tales de Mileto,
la filosofía se hizo presente primero en Grecia, después en el mundo helenista;
pasó al Imperio romano, y de allí al Imperio bizantino, a los Califatos árabes,
a la Europa latina y germánica. En América se enseñó desde las cátedras de la
primera Universidad latinoamericana (en 1538 en Santo Domingo) y en nuestra
Mendoza desde que en 1767m
11 Ser y tiempo, 7.
12 Tomás de
Aquino, In ethicorum, lect. I, 1; ed. Marietti, p. 3 a).
26
gracias a Francisco
Funes y Esteban Sienfuentes, dos jesuitas que profesaron por primera vez la
filosofía junto a estos Andes. Hoy se enseña en toda el Asia, desde New Delhi a
Pekín; en Africa, desde el Cairo hasta la ciudad del Cabo. Se trata de un hecho
universal. Debemos por ello tratarla, pensarla, como algo en el mundo.
Deberemos pensarla filosóficamente, es decir, se trataría de comenzar por
efectuar una fenomenología de la misma filosofía13.
La filosofía no se
nos presenta como una cosa o entidad que es por sí. Sólo la descubrimos en
aquellos que se llaman "filósofos", es decir, se muestra indirectamente.
Unos la exaltan tanto que bien pareciera un acto clarividente de la misma
divinidad. Así lo pensaba Hegel, ya que la filosofía era un Saber
absoluto14.
Para otros en
cambio la filosofía se presenta como eminentemente peligrosa. Para ellos, la
filosofía es subversiva (viene del latín subvertere = poner
abajo lo que estaba arriba), es una inversión o aparente desarraigamiento.
Séneca decía que es un "revellere penitus falsorum recptam
persuasionem" ("Desarraigar las falsas opiniones admitidas,
recibidas" = lo obvio, Selbstverständliche). El
filósofo inglés Berkeley indica esto en su Diálogos de Hylas y
Philonous:
"Se podría
soportar las paradojas y el escepticismo (de los filósofos) si no arrastraran
tras de sí ciertas consecuencias que son peligrosas para la humanidad. Aquí
está el verdadero mal: la gente que tiene poco tiempo para pensar ve que ellos
(los filósofos)... contradicen los principios más claros y comúnmente recibidos
y plantean dudas acerca de las verdades más importantes que habían sido tenidas
hasta entonces por sagradas e indiscutibles"15.
En América Latina
los que han oído algo del auténtico filosofar, lo mismo en Europa, pueden
llegar a la conclusión de que la filosofía es cuestión innecesaria que tratan
los profesores de filosofía, mientras que el ciudadano debe seguir disponiendo
de certitud mesuradas, experimentadas ya por largo tiempo, y tanto más
evidentes que reciben la aprobación unánime de los representantes más
jerarquizados del "buen sentido". El "honesto hombre de la
calle" puede entonces ignorar la filosofía, y no escuchar sus preguntas
que puedan problematizar sus certitudes, creencias y hábitos adquiridos, sobre
los que reposa, instalada y seguramente, su existencia cotidiana. ¿Quién es
este "honesto hombre de la calle"? Son los "atenienses" de
todos los tiempos, los que escucharon la defensa de Sócrates y, sin embargo, lo
condenaron a muerte por ser un "peligro para la ciudad":
"¡Atenienses!...
Yo os aseguro hombres que me habéis condenado a la pena de muerte, que
inmediatamente después de mi muerte os llegará un castigo mucho más duro...
serán más los que en adelante os pidan cuentas. Yo era quien los contenía,
aunque no lo advertiais. Y serán más molestos porque son más jóvenes y vuestro
13 Véase
J.Y.Jolif, Comprende l´homme, Introduction à une anthropologie
philosophique, Paris, 1967, pp. 21-34; E. Weil, Logique de la
philosophie, Paris; G. Gusdorf, Traité de Metaphysique, Paris,
1956.
14 Véase la Fenomenología
del Espíritu (CC) donde el Saber absoluto (Das absolute
Wissen) está más allá que el espíritu y la religión, es la claridad
evidente de la inmediatez del ser (...unmittelbares Sein).
15 The Work of G.
Berkeley, Oxford, 1901, t. I, p. 380.
27
enfado mayor. Si
creéis que dando muerte a hombres vais a impedir que se os eche en cara que no
vivís auténticamente, discurris mal... Este es el vaticinio que, al partir, os
hago a los que habeis votada en contra mía"16.
Sócrates, el
filósofo, es eliminado por su molesta filosofía. Sócrates se limitaba a
preguntar lo que las cosas son. Homero, por ejemplo, era el indiscutido poeta
que fundamentaba la cultura de Grecia. Sin embargo, el filósofo comienza por
preguntar: "¿Acaso Homero no ha hecho de Aquiles un hombre astuto?";
y, poco a poco, va mostrando como ni Aquiles ni Ulises pueden ser tenidos como
ejemplo, porque están llenos de vicios (Hipias Menor). Sócrates, en su
aparente ingenuidad, en su "no saber nada", significa un llamado a
la autenticidad fundamental. Es como si hoy preguntara alguien en
Argentina: ¿Sabes lo qué significa Oid mortales el grito
sagrado, Libertad, Libertad, Libertad? La respuesta parecería obvia, pero
en verdad esta llena de dificultades y podría llevarnos al panteón de los dioses del
Iluminismo, que muy pocos argentinos conocen y muchos menos aceptarían creer en
ellos. Aquellos "atenienses" eran los ciudadanos "honestos"
de la ciudad de Atenas. ¿Quiénes son hoy esos ciudadanos "honestos"?
En germano, y de allí al latín, se usó en la Edad Media un término para
denominar al ciudadano "honesto" de las calles de la ciudad, burgués
(de Burg = fuerte, aldea, ciudad). En efecto, en la Edad Media
hombres venidos de todas partes, desplazados de los feudos de la Iglesia,
aventureros, segundones comenzaron a apiñarse junto a algunos caseríos que
tenían casi siempre por centro un mercado y una iglesia ( a veces catedral).
Estos personajes fueron denominados, con desprecio, por los señores feudales
como "habitantes del burgo": burgueses. Pero fue en los burgos
(después ciudades) donde se gestó la cultura del renacimiento, del mundo
moderno y contemporáneo (tanto Occidental como Oriental). Fue en el burgo donde
se organizó el primito capitalismo17. En los parágrafos 4 y 5 del
cap. I, nos referimos a la crisis de la ciencia europea. Y bien, de una misma
actitud, y quizá aun siendo su remota causa, surge el "espíritu
burgués"18 . En Venecia, Milán, Boloña, Florencia y aún
Roma aparece este nuevo tipo de hombre "un sistema total de vida y
cultura"19. A éste se llama ethos :
un modo nuevo de ser en el mundo, nuevo modo de ser que significa un modo
distinto de habitar ( =ethos, morada habitual) el mundo. El burgués es
un hombre distinto al medieval (al caballero o al monje cristiano, que
señoreaban por el mundo sin preocuparse por perder la vida). El burgués es
"una nueva voluntad por dominar a la naturaleza"20. El Burgués no contempla la
naturaleza, la mira como un objeto de dominio y transformación, se disciplina
estoicamente para ganar el máximo de tiempo para matemáticamente acumular
capital y poder así, por la técnica, llegar al triunfo de la riqueza. El hombre
se transforma en un ahorrador, un productor, un posesor. El sistema exige que
alguien o sea el capital (sean privados, en el capitalismo occidental, o sea el
Estado, el comunismo oriental) y que alguien venda su tiempo por un salario.
Nacen así los empresarios (sean privados o estatales) y los proletarios (que
viene del latín: proletarius = pobre, de baja condición).
Tanto unos como
16 Platón, Apología.
17 Véase Werner
Sombart, Der moderne Kapitalismus, Die Genesis des Kapitalismus, Duncker,
Leipzig, 1902; Der Bourgeois, Dunker, München, 1920; E. Troeltsch, Die
soziallehren der christlichen Kirchen und Gruppen, Tübinguen, 1923; Max
Scheler, "Der Bourgeois, Der Bourgeois und die religiösen Mächte, Die Zukunft
des Kapitalismus", en Vom Umsturz der Werte, Reinhold,
Leipzig, 1923, pp. 235 ss.
18 Der Bürgergeist;
Scheller, op. cit., p. 252.
19 Ein ganzes Lebens-
und Kultursystem; Scheller, op.cit., p. 307.
20 ... Willen zur
Herrschaft über die Natur; p. 251.
28
otros (capitalistas
como comunistas, empresarios como proletarios) tienen el mismo "espíritu
burgués". En su sentido positivo el "espíritu empresarial (Unternehmungsgeist)
significa fuerza, poder, dominio, conquista, organización, producción, mucho
más cuando se dobla de la máquina y se multiplica con la electrónica; pero al
mismo tiempo puede significar el hacer al hombre esclavo de un plan, de un
cálculo; homo faber pero no hombre en su sentido plenario21. En su sentido negativo es un
"espíritu señorial" (seigneuralen Geist) que se reviste de
todo un sistema de aparentes virtudes y de una visión del mundo, frecuentemente
apoyada en una cierta manera de religión tradicional22. Y esto
último lo que más nos interesa. La imagen del mundo (Weltbilder) del
burgués se ha gestado lentamente a través de los siglos (desde los burgos del
siglo XI al XIV de le Europa latina y germana). Hoy es lo obvio,
tan obvio que es tenido y sostenido sin ser criticado tanto en New York como en
Moscú, en Buenos Aires o en París. Son las estructuras éticas, sociales y
culturales que nadie pone en duda y que se defienden como evidentes por
naturaleza23.
El hombre al que
todo se le presenta como obvio, al que esta instalado habitualmente (su ethos)
en una ética tenida por válida por todos, dicho hombre no puede soportar a
Sócrates. El "plácido burgués" no tiene sin embargo
conciencia que todo ha ido perdiendo sentido.
"¿Qué
significa mundo, cuando hablamos de oscurecimiento mundial? El oscurecimiento
mundial implica el debilitamiento del espíritu en sí mismo, su disolución,
consunción, desalojo y falsa interpretación... La dimensión predominante es la
de la extensión y la del número. El poder significa... la ejercitación de una
rutina, susceptible de ser aprendida por todos y siempre vinculada con cierto
penoso y desgastador trabajo. Todo esto se intensifica después en América y en
Rusia..."24.
Esto mismo lo
expreso ya Nietzsche en 1885, cuando dijo que "el desierto está
creciendo..."25. Con mucha más violencia describe así
el "plácido burgués" (= "el último hombre"):
"¿Qué es el
amor? ¿Qué es la creación? ¿Qué es el deseo? ¿Qué es la estrella?: así se
pregunta el último hombre y hace un griño.”
"La tierra se
ha empequeñecido, y sobre ella brinca el último hombre, que todo lo empequeñece
(der alles klein macht). Su linaje es inmortal, como el pulgón; el
último hombre es el que vive más"26.
21 Ibid., p. 241.
22 Ibid.
23 Veremos esta
cuestión más adelante al comentar los parágrafos 25-27 y 35-38 de Ser y
tiempo de M. Heidegger.
24 M.Heidegger, Einführung
in die Metaphysik; ed. cast., p. 82-83.
25 Gesammelte Werke,
t. XIV, p. 229. Sobre Nietzsche véase la obra de Heidegger, Nietzsche,
Pfullingen, 1962, t. I-II.
26 Also sprach
Zarathustra, Discurso preliminar, 5; ed. cast., Aguilar, 1965, p. 247.
29
El "plácido
burgués" (que de algún modo somos cada uno de los que pertenecemos a la
cultura contemporánea) parodia el preguntar filosófico (¿Qué es...?) y se
sonríe ("hace un guiño") como diciendo: "Desde Brama, Zoroastro
y Thaut hasta nuestros días, cada filósofo a hecho un sistema; no hay dos que
sean el mismo parecer... En ese conflicto eterno de temeridades e ignorancias,
e mundo ha seguido siempre como hoy es; los pobres trabajan; los ricos gozan;
los poderosos gobiernas; los filósofos han argumentado mientras los ignorantes
se reparten la tierra"27. El irónico escritor francés, al igual
que el "plácido burgués", anula a la filosofía porque la cree inútil,
porque, argumenta, se contradicen unos filósofos a otros. Para éstos la
filosofía se muestra como una labor irrealizable y quimérica. Es un modo de
eliminar lo que pone en peligro las "seguridades" de lo
"obvio". Es una manera de matar a Sócrates, aunque no físicamente.
Aquí la filosofía es nada; para Hegel era todo.
Preguntémonos de
nuevo: ¿Qué su-pone la filosofía? Su-pone al filósofo y la no-filosofía. Es
decir, aunque el "plácido burgués" aniquile la filosofía para poder
seguir gozando sus seguridades obvias y evidentes, el filósofo se desaparece
por lo tanto. El filósofo comprende por su parte que ante sí esta siempre lo
"no-filosófico". La filosofía es una "confrontación necesaria y
constante con la experiencia no-filosófica"28.
¿Qué su -pone la
filosofía? El filósofo y la no-filosofía. Es decir, supone que de la
no-filosofía emerge el filósofo, ya que existen. El filósofo es un
"científico" (como por ejemplo Husserl, B.Russel), un "plácido
burgués (en la mayoría de los casos) o un "activista" (ya pensaremos
en este tipo de hombre más adelante) que ha caído en
"crisis". La palabra crisis viene del griego (el
verbo krínein significa: alejar, separar, juzgar; la krísis es
el "juicio del tribunal"). Para poder pensar hay que caer en crisis,
en ruptura o separación del "mundo de la vida cotidiana" (Lebenzwelt)
del "plácido burgués". Es necesario saber alejarse de la proximidad
habitual con las cosas29 . El que no entra en crisis sigue
perdido entre las cosas del mundo de lo obvio. El "plácido burgués"
no sabe lo que es crisis; a veces en cambio el pobre, el tenido por miserable
llega a la sabiduría:
"Tienen algo
de que están muy orgullosos. ¿Cómo llaman eso que constituye su orgullo? Lo
llaman instrucción, y es lo que les distingue de los cabreros ... ¡Ay! ¡El
tiempo se acerca en que el hombre ya no podrá disparar la fecha de su deseo más
allá del hombre (über den Mensch) y en que el nervio de su arco ya no
podrá vibrar!"30.
El
"cabrero" puede replanterase las preguntas originarias porque va el
mundo burgués desde afuera; es un pobre, un marginado, lo obvio ya
no lo es para él. "Bienaventurados los
27 Voltaire, Les
Systèmes, nota 10; Contes en vers, Paris, 1808, p. 208.
28 A. de
Waelhens, La philosophie et les experiences naturelles, p. 15; el
título mismo de este magnífico libro indica ese círculo inevitable de la
filosofía y lo no-filosófico, y negando el intento hegeliano dice: "La
filosofía es la obra de una reflexión incompleta y finita... que no llega jamás
a descubrirse como posesión simple y pura de sí", p. 36; en efecto. Hegel
es la antítesis del burgués; el burgués niega la filosofía porque le increpa;
Hegel elimina lo no-filosófico en la inmediatez del saber absoluto.
29 Véase
Heidegger, Die Physis bei Aristoteles, Klostermann, 1967.
30 Nietzsche, Ibid.
30
pobres...". El
filósofo en cambio ha debido convertirse al pensar; ha debido
abandonar una vida segura para cuestionarse sobre todo. Convertirse es "a
la vez separación de lo que procede y adhesión a lo que viene; es renuncia a
una cierta forma de vida, de comportarse, de situarse en el mundo y ante los
otros, y aceptación de un nuevo centro de existencia, que dará
un sentido original a todos los elementos, pensamientos y actos31. Este movimiento de ruptura,
separación, conversión, alejamiento de un mundo y por lo tanto muerte con
respecto a él, fue descripto claramente por Aristóteles cuando dijo:
"En efecto, de
la misma manera como los ojos de los murciélagos se ciegan ante la luz del día,
así la inteligencia de nuestra alma se ciega ante lo que se muestra con más
evidencia (ta fanerótata) de todas las cosas en la naturaleza"32.
El ser de las
cosas, lo que son, es lo más evidente, y sin embargo, como ciegos estamos en el
mundo sin ver nada. Es necesario una conversión que nos permita recuperar la
vista para descubrir detrás de la "apariencia" lo que se muestra con
evidencia. El fruto de la conversión es un comenzar a admirarse de todo lo que
nos hace frente dentro del mundo. Es una muerte a la ceguera, a la vida ingenua
del "plácido burgués". Es el nacimiento a un "nuevo mundo"
por el que se comienza al principio a recorrer "admirado". Es
este páthos ("estado de ánimo") el que le manifiesta
que su conversión ha comenzado, que se está introduciendo en la
filosofía. "El páthos del "asombro" no está
simplemente al comienzo de la filosofía al modo cómo, por ejemplo,
el lavado de las manos precede a la operación del cirujano. El asombro sostiene
y domina por completo a la filosofía"33. Solo puede asombrarse el que se ha
convertido, el que a "transmutado todo su ser"34. Se
admira de lo que las cosas simplemente son sólo el artista, el místico y el
filósofo; todo hombre es todo éste en algún rincón traicionado de su ser. El
"plácido burgués" usa las cosas, las consume, las calcula, pasa
tangencialmente sobre ellas, pero no puede admirarse de lo qué son. Por ello
decía Platón que "ciertamente es propio del filósofo el temple de ánimo (páthos)
del admirarse, pues no hay otro origen (arje) de la filosofía35. Y su discípulo, Aristóteles, repitió
lo mismo explicando que "merced al asombro alcanzaron los hombres, tanto
ahora como en el principio, el comenzar el camino del filosofar"36. Solo el que puede asombrarse ante las
cosas cotidianas puede ponerse a pensar. Su pensar rompe la "positividad
inmediata" del mundo: rompe una cierta familiaridad con el mundo; esta
ruptura debe ser una actitud permanente que culmina en su lenguaje
nuevo. En efecto, el que ha descubierto lo olvidado tras lo obvio de las
cosas no tiene ya palabras vulgares para expresarlo. Llegará el tiempo en que
no tendrá palabras ni en el lenguaje filosófico o poético. Necesita un nuevo
lenguaje para expresar lo nuevamente descubierto. "El lenguaje está al
servicio del pensar"37. ¿Cómo podrá dirigirse el filósofo al
no-filósofo si su lenguaje ex-presa un pensar metódico que se eleva
necesariamente al discernimiento estricto de "lo
confundido" en la vida cotidiana? El lenguaje del filósofo lo hace
extranjero a la ciudad. ¿Cómo introducirse en el filosofar si no hay lengua
común entre el filósofo y el no-filósofo? Es aquí donde el
31 Jolif OP, op. cit.,
p. 37.
32 Metafísica A; 993 b
9-11.
33 Heidegger, Was
ist das- Die Philosophie?, trad. cast., Sur, 1960, pp. 49-50.
34 Heidegger, Platón
Lehre von der Warheit, Francke, 1947.
35 Tecteto 155 d.
36 Metafísica A; 982 b
12.
37 Heidegger, Was
ist das-Die Philosophie, p. 57.
31
filósofo debe
hacerse cargo de la dificultad. Su tarea es un ir partiendo del lenguaje común
de la calle para ir llenándolo de nuevo sentido (va creando ante el que escucha
el discurso filosófico un nuevo lenguaje, un nuevo mundo). Su lenguaje se hará
retórico para atraer con su pasión y protréptico o eshortativo para convertir.
Aquí el filósofo se transforma en un peligro. "La historia de Sócrates
está ante nuestros ojos para recordarnos que el filósofo que amenaza a los
otros hombres de esta suerte de muerte existencial que es la conversión, es él
mismo amenazado de muerte física"38.
§ 10 ¿Qué es la
filo-sofía"
El que se ha
convertido al pensar por la crisis ante el mundo de lo obvio, como muerte de lo
habitual y recibido, debe ir decididamente al descubrimiento del fundamento: el
ámbito que va desde la esencia del hombre hasta lo tenido antes por obvio.
Hegel nos muestra paradigmáticamente el estado de "extranjería" en
que se encuentra el que se ha introducido en la filosofía, en dicho ámbito
fundamental. El "plácido burgués", el hombre perdido en su mundo
cotidiano tiene como una "conciencia cosificada". El introducirse en
la filosofía en una "toma de conciencia cosificada". El introducirse
en la filosofía en una "toma de conciencia", es una re-flexión hacia
el fundamento (se pasa de c del esquema del cap. I, al b;
re-flexión es "volver-se" sobre sí). Hegel estaba en Berna, en la
pobreza pero en el entusiasmo de los descubrimientos básicos de su
pensar juvenil:
"Del curso que
había tomado la evolución del género humano antes de Abraham, de ese importante
período en el que la barbarie que vino después del estado de naturaleza se
inclinaba por diversas vías a reconstituir la armonía perdida, hemos conservado
algunas oscuras manifestaciones...".
Hegel se refiere
aquí a la tendencia del hombre a volver a la seguridad que le confiere a las
cosas la naturaleza; no hay riesgo, como en el caso del hombre, de fracasar o
destruirse a sí mismo por la libertad. Y continúa:
"Abraham nació
en Caldea; abandonó su tierra desde su juventud en compañía de su padre. Una
vez que estuvo en las planicies mesopotámicas, cuando llegó a ser un hombre del
todo independiente y jefe, rompió completamente con su familia
aunque no lo hubiera ofendido ni expulsado... El acto originario por el que
Abraham llegó a ser el padre de una nación fue la escisión que rasgó los lazos
de la vida cotidiana y del amor, de toda relación que había experimentado con los
hombres y la naturaleza... Abraham quiso ser libre ... perseveró impertérrito
en la total oposición a todas las cosas... Era un extranjero sobre la tierra.
El mundo entero, su opuesto absoluto, estaba manteniéndose en la existencia de
un Dios que era absolutamente otro, un Dios que nada tenía en común con la
naturaleza pero que la dominaba enteramente..."39.
38 Jolif, op.cit.,
p. 53.
39 Hegel theologische
Jugendschriften; trad. francesa en L´esprit du christianisme et son destin,
Vrin, 198, pp. 3-7.
32
Pocas veces se ha
conservado un texto de mayor gravedad. Hegel, un pensador de gran talla,
propone a Abraham40 como el prototipo de un pensar libre.
Para Hegel, el hombre que había trascendido el "medio animal", puede,
sin embargo, caer en un mero "estado de naturaleza" (la conciencia).
Le es necesario distanciarse (tomar distancia: Entfernung) y ser
como extranjeros (de allí la Entfremdung) de un mundo cotidiano
para así cobrar "auto-conciencia" (Selbstbewusstsein) de la
existencia personal. La autoconciencia necesita una ruptura como punto de
partida, es una auténtica conversión; culmina en la re-flexión sobre el mundo
obvio.
La filosofía es un
pensar metódico que pone entre paréntesis o suspende nuestra posición
"ingenua -natural" (la del plácido burgués o aún del científico) en
el mundo (como diría Husserl) para alcanzar una posición "refleja o
filosófica". Esta re-flexión no es un salirse del mundo sino ir más bien a
su fundamento. En este sentido Husserl manifiesta todavía su idealismo cuando
dice que la filosofía "es la lucha que soportan las generaciones de
filósofos, portadores de este desenvolvimiento espiritual, viviendo y
sobreviviéndose en una comunidad espiritual; es la lucha incesante de la razón
despierta (der erwachten Vernunft), que aspira a llegar a sí mismos
(zu sich selbst), a alcanzar su propia comprensión (zu
inherem Seblstverständnis)"41 . Debió decir más bien: es la lucha de
un pensar comprensivo que descubre lo que las cosas son. La re-flexión
husserliana abre, de todos modos, el planteo de la filosofía como "pasaje
a la trascendencia".
¿Qué es la
filosofía? Negativamente; ruptura, conversión y muerte a un mundo cotidiano.
Positivamente: instauración de una trascendencia. Escuchemos Jolif
describiéndonos el pasaje a la trascendencia en su ritmo ternario:
A- "El punto
de partida es cuando el hombre se encuentra sumergido en un cierto
dato: naturaleza, sociedad... Este dato es tan problemático y ambiguo como
inquietante; no se encuentra fundado en sí mismo, no puede ser objeto de un
discurso auténtico".
B- "Pero el
punto de partida debe ser superado. Esta superación (dépasseent)
constituye el segundo momento del quehacer humano, que puede designarse
como un pasaje a la trascendencia... La trascendencia... en primer
lugar, sobrevuela el dato empírico, es otro que lo empírico,
es irreductible a ello; en segundo lugar, es lo que permite salvar a lo
empírico de lo caduco y oscuro; resituado en el horizonte de lo trascendente,
lo empírico puede ser pensado en verdad... (recobra su "sentido"
olvidado)".
C- "Del ápice
se vuelve ahora a la base del triángulo... El pasaje por la trascendencia ha
dado la luz intelectual necesaria para discernir en los datos las
significaciones verdaderas y fundadas"42.
40 Véase el Génesis
cap. 12 ss.
41 Die Philosophie als
menschliche Selbsbesinnung, Selbstverwirklichung der Vernunft (La filosofía
como autoconciencia de la humanidad, como autorealización de la razón); ed.
cast., Nova, 1962, pp. 95-96; se trata del § 73 de Die Krisis...
42 Contribución del
Jolif en L´homme chrétien et l´homme marxiste, La Palatine, París,
1964, pp. 10-11.
33
Permítasenos hacer
un esquema para representar todo lo que hemos discernido hasta el presente:
B- (el ser
de-velado;
trascendencia
filosófica
pensar meditativo
como modo de ser en el
mundo) (nivel b del
esquema anterior)
ruptura sentido
conversión praxis
A- C-
Mundo
cotidiano Mundo
cotidiano ahora
del "plácido
burgués" orientado reflexivamente
(nivel a del
esquema del capítulo I)
Trascender viene
del latín (transcendere = atravesar a la otra parte, pasar
subiendo; transcendentia = ámbito del más allá). Por ello
Quintiliano podía decir: "trans hominem" (después de la
muerte). En ese sentido la filosofía es muerte al mundo
cotidiano en lo que esto tiene de ingenuidad, aceptación de lo obvio,
inmediatez. Este "pasaje a la trascendencia" lo llamaban los griegos
"educación" (paideía). "Según la definición de Platón,
la paideía es una periagogè óles tês psyjês: un
encaminarse del hombre hacia una conversión total de su ser. En este
sentido paideía es esencialmente un pasaje"43. La palabra e-ducación (de ex y ducere)
significa: ex- traer, sacar de, conducir a. E-ducarse en el pensar meditativo
es un aprender a trascender al nivel fundamental (en el esquema del cap. I
es b, modo de estar en el mundo): "el pensar del pensador se
abre a un ámbito cósmico en el que cualquier cosa -un árbol, una montaña, una
casa, el llamado de un pájaro- pierden por entero su indiferencia y carácter
habitual"44.
Esa marcha ternaria
(mundo cotidiano del plácido burgués, instauración de las trascendencia y
retorno al mundo cotidiano) es la condición de la filosofía, pero, al mismo
tiempo, es el ritmo esencial del ex-sistir humano en cuanto tal. La filosofía
en ese caso sería un modo de realización y la tematización de la esencia humana
como trascendiéndose. Por ello Nietzsche podía decir, con fórmula tantas veces
mal comprendida, que lo humano es humano a condición de
"sobre-pasarse" (Ueber= sobre sí; Mensch= hombre; Uebermensch no
significa entonces "superhombre", sino "el hombre allende sí
mismo"):
"El hombre es
una cuerda tendida entre la bestia y el hombre que se trasciende (Uebermensch), una
cuerda sobre el abismo. Un peligroso pasaje hacia el otro lado, un peligroso
viaje, un peligroso retorno sobre sus pasos, un peligroso permanecer en el
mismo lugar. Lo grandioso del hombre es que no es un fin sino un puente; lo que
43 Heidegger,
Platons Lehre von der Wahrheit.
44 Heidegger, Einführung
in die M., p. 64.
34
puede ser amado en
el hombre es que es un pasaje trascendente (Uebergang) o una
decadencia" (Also sprach Z., ibib., 4).
La condición humana
le prescribe al hombre una continúa trascendencia, porque el hombre no es una
totalidad ya dada45; a tal punto que si continuamente no va
"más allá" de sí mismo vuelve hacia atrás, al estado de naturaleza,
al del plácido burgués, a la animalidad de irse perdiendo entre las cosas,
cosificándose. El "pasaje a la trascendencia" es un momento esencial
de la ex-sistencia humana, antes aun de la filosofía. Pero el pensar meditativo
del filósofo, que presupone la trascendencia como del hombre, le fija un
estatuto duradero. El filósofo se pregunta el "por qué" de las cosas,
del mundo, de sí mismo. Pero, además se pregunta, como lo estamos haciendo
ahora, "el por qué del por-qué"46. La filosofía es justamente un
"¿por qué?" hecho metódicamente parte de un pensar, es un modo de
estar trascendiendo el mundo cotidiano de la inautenticidad, del impersonal;
"se" dice, "se" opina, "se" cree.
Por eso Aristóteles
dijo que la filosofía "trata acerca de los primeros fundamentos (aitia)
y orígenes (arjas) de todas las cosas" 47. Así entendida
la filosofía se describe como un pensar metódico, un "competente y hábil
tratar teóricamente las cosas" (en griego esto se diría: opitéme
theoretiké = "ciencia" teórica; la palabra ciencia no
tiene aquí el sentido moderno; epístamai = ser conocedor,
práctico, dicho entendido en algo, diestro). En este sentido podrá
admitirse que la filosofía es "la ciencia teórica de los primeros orígenes
y fundamentos" de todo48. El filósofo se vuelve re-flexivamente
sobre lo obvio y le pregunta; ¿Por qué...? ¿Qué es...?. De inmediato se abre la
trascendencia y la cosa se interpela, acusada (aitía = acusación,
imputación, motivo, fundamento), arrinconada y exigida a manifestar lo que es,
a fundamentar su ser, a mostrarse en sus constitutivos
esenciales; la cosa debe responder al ¿por qué? de-velando su origen (arjé)
oculto, trivializado por el uso habitual de lo obvio; se ilumina entonces la
cosa en su inteligibilidad y su ser se manifiesta como el origen de todos los
principios. Por su parte el filó-sofo, conocedor de sus límites, de su finitud,
sabe perfectamente que es una falsía hacerse pasar ante los hombres como un
sabio, como el que sabe. Los que saben (creen que saben) son los
sofistas (diríamos hoy: los sabiondos) . Sócrates, en cambio, al igual que
algunos de sus predecesores y sucesores, prefirió elegir para su oficio el
nombre de "filó-sofo". No es el sabio (sófos); no es el que
sabe; es solo el que ama o tiente (fileo) a lo sabio (sófos) . El
que cree saberlo todo está todavía en el mundo asegurado y plácido en donde
todo es obvio; todo es mera apariencia pero vale como si fuera mostración
verídica de lo que las cosas son. El que tiende a lo sabio (lo que las cosas
son) se acerca a la sabiduría (el saber radical y crítico de las cosas en sus
fundamentos). Y en esto la filosofía (como tensión hacia el des -cubrimiento de
lo que las cosas son) es un modo de ser en el mundo, es el modo del pensar
metódico que puede llevar el nombre de "competencia o habilidad del
pensar fundamental" (ciencia primera). La filo-sofía
así entendida se aleja del pretensioso saberlo todo, del orgulloso eruditismo
del sofista o del profesor, para, trascendiendo cotidianamente en sí al hombre
ingenuo (plácido
45 Heidegger, Ser
y tiempo, 48.
46 Heidegger, op.cit.,
p. 43.
47 Metaf. A; 981 b
28-29.
48 Metaf. A., 982 b
9).
35
burgués, científico
cientificista o activista), lanzarse a las "cosas mismas" para saber
decir-las:
"Para com-
prender lo que hace que el mundo sea mundo, no es suficiente sumar todo lo que
es dicho mundo; es necesario re-montarse hasta la surgente, como dice
Heidegger, que es lo siempre-más-allá -originario, llegar a lo que Fink llama
la admiración ante el mundo; admiración producida, no tanto por lo que está en
el mundo, sino por el surgimiento del mundo mismo"49.
En esto la
filo-sofía toca a la esencia del hombre mismo. La trascendencia filosófica es
un momento fundamental del hombre. La antropología filosófica se confunde así
con la introducción a la filosofía, porque preguntándose por la filosofía como
un modo de ser e el mundo (el pensar metódico o
fenomenológico) llega necesariamente a la esencia misma del hombre como
trascendencia, ex- sistencia. Es, sin embargo, una "segunda"
trascendencia; la "primera" es apertura al mundo; esta
"segunda" es ejercicio de un pensar crítico acerca del mundo, del
hombre.
El hombre que se ha
trascendido pero caído en un mundo de lo habitual u obvio, a
como retornado al medio físico de la oscuridad primitiva o natural. El
trascender metódicamente el mundo habitual (del "plácido burgués) es un
mantener en alto la llama encendido del hombre en vigilia, en guardia de
su ser-verdadero.
49 Jolif, op.cit.,
p. 87.
36
CAPITULO III
¿POR QUÉ LA
ANTROPOLOGIA FILOSOFICA ES LA INTRODUCCION A LA FILOSOFIA EN SENTIDO ESTRICTO?
LA ONTOLOGIA FUNDAMENTAL
Hemos visto como el
hombre s el ente que "es -en-el-mundo" (primera trascendencia). Pero
el hombre en el mundo puede perderse o caer en lo habitual, en lo obvio, puede
transformarse casi en una cosa más de la naturaleza; en este caso es necesario
una ruptura y conversión: la filosofía en un pensar metódico que permite
permanecer n esta segunda trascendencia. Pero la trascendencia tiene todavía
otro momento constitutivo y que es necesario no descartarlo a fin de que el
hombre lo sea auténticamente.
§ 11. Totalidad y
"ser-para-la-muerte"
El primer dato, la
verdad primera, el apriori apodíctico (primum factum,
veritas prima Urfaktum) el que el hombre es-en el mundo,
que las cosas están ya-en el mundo (fenómeno bipolar
simultáneo). Hasta ahora no hemos sin embargo abordado un modo de ser
fundamental del hombre en el mundo. Se trata de la "temporalidad"1.
Husserl habló ya de la diferencia entre "el tiempo de la naturaleza en el
sentido de las ciencias naturales" (die Zeit der Natur im Sinne der
Naturwissenschaft )2 y el tiempo humano; explicaba que
"lo que nosotros proponemos no es la existencia de un tiempo
cósico, la existencia de una duración cósica... sino el tiempo como fenómeno
(de la conciencia)... no el del mundo empírico sino el tiempo inmanente del
transcurso de la conciencia" (...die immanente Zeit des
Bewusstseinsverlaufes)3. Heidegger retoma la doctrina de su
maestro, pero el tiempo como fenómeno de conciencia (que todavía
evidencia un plano psicológico exigido por los supuestos idealistas de Husserl)
es ahora presentado como un "existencial"4, cómo
"un" modo de ser en el mundo. Hasta ahora habíamos
analizado el fenómeno del mundo como en un modo de espacialidad:
trascendencia del hombre que recorta parte del cosmos. Ahora
deberemos completar ese análisis y abrirnos a otra trascendencia (la tercer
trascendencia).
Las cosas
transcurren o se mueven en el tiempo natural o vulgar. Así se dice: "La
tierra da una vuelta en torno al sol en 365 días y fracción". La rotación
de la tierra sobre su eje (movimiento que constituye un día) mide como unidad
al año. Este tiempo es categoría. La temporalidad, en cambio, que es un
existencial5; es un modo exclusivo del ser del hombre. Para entender
mejor de que se trata tomemos el ejemplo que da Husserl6 .
Cuando escuchamos una melodía sentimos en el presente el
estímulo de un sonido (para el animal es un mero ruido sin significación): una
nota (solo para el hombre). Cuando la melodía ha sido ya ejecutada en buena
parte, el que la escucha, retiene las notas escuchadas (que
después podrá aún rememorar) que presionan en el campo del mundo presente; pero
además, más aún en el caso de los músicos o el director) abren un ámbito prospectivo o
de expectativa que permite com-prender las notas presentes. La melodía
como totalidad (lo
1 Véase E. Husserl,
Zur Phaenomenologie des inneren Zeitbewusstseins (1893-1917), trad.
cast., Nova. 1959.
2 Ibid., trad. cast.,
p. 50.
3 Ibid., p. 51.
4 Véase § 67-83
de Ser y tiempo.
5 Cfr. cap. I, § 3.
6 op.cit., § 7).
37
mismo que la vida
de cada hombre, de una cultura en la historia, del mundo) necesita del tiempo
para ir sucesivamente presentándose (del tiempo natural o vulgar), pero sólo
es comprensible si hay un hombre que tenga posibilidad de
vivir la trascendencia del mero presente. La temporalidad es
un éx-stasis (como ex-sistencia, éx-stasis significa
"estar fuera de sí") del mero presente y apertura permanente al
pasado retenido o rememorado y a un futuro prospectado, proyectado o al cual
estoy abierto. El hombre no es en el mundo en un mero presente; su mundo
trasciende el presente y asume actual y existencialmente al pasado acaecido y
al futuro que nos pre-ocupa. La existencia auténtica (el hombre comprometido y
resuelto = Entschlossenheit) no es algo simplemente dado (no es
simplemente como la piedra es en su presente cerrado):
el hombre auténtico ad-viene. Ad-viene, es decir, viene hacía si pero desde el
futuro. El hombre es llamado por su vocación (= vocare significa
"llamar"), por su propio pro-yecto. Esta vocación no es sino el modo
como el hombre se "com-prende" a sí mismo en el mundo. Ahora podemos
agregar a la "comprensión" un matiz muy importante (ya hemos
analizado el fenómeno de la com-prensión desde el punto de vista intelectual en
el § 6. Com-prenderse no es sólo un acto del intelecto, es en verdad un acto
existentivo. Este acto se dice en alemán Verstehen; es el modo
gracias al cual el hombre, proyectándose en el mundo (Entwurf) como
pre-ocupación (una ocupación antelada o ad-venidera), se entiende o comprende a
sí mismo. Como cuando se dice: "Ahora comprendo porque actuó Carlos de esa
manera"; "yo comprendo perfectamente la situación actual de mi
hogar".
Es en el éx -stasis
de la temporalidad (retención, presencia y advenimiento) que algo puede
acaecernos "rápida" o "lentamente". "¡Qué clase más
larga!” - decimos-; o al contrario: "¡Cómo pasó rápido el tiempo cuando
hablamos!". El transcurso de nuestra ex-sistencia se cumple en la
temporalidad, su ritmo es humano y no meramente físico. Esto nos muestra que el
ser del hombre no está dado totalmente como el de una
piedra. Se-va-dando, pero no como se va dando el crecimiento natural de
una planta o animal. El "se-va- dando" del hombre es
radicalmente diverso, es un existencial y no una categoría. Cuando una planta
llega a su madurez da un fruto, llega a su plenitud, a su fin. El hombre en
cambio, "mientras es un ente que es, no ha alcanzado nunca su totalidad (hat
es seine Gaenze nie erreicht)7. El hombre como totalidad
realizada es imposible, porque su fin se le escapa de las manos como un
horizonte que va siempre más allá y es inaprensible. El hombre es un poder-ser
(Sein-koennen), un ser abierto, que se trasciende en sí mismo, que está
delante de sí. La cura o pre-ocupación es justamente ese modo fundamental de
pre-ser-se (un estar como antelando proyectivamente su propio ser que
ad-viene). El hombre no es totalidad dada, es apertura a la Totalidad; es
finitud, como veremos más adelante. Alguno podría pensar que al llegar al fin
de su vida, con la muerte, el hombre alcanza la totalidad (como la planta su
fruto). Pero no es así, la muerte fáctica indica simplemente que alguien ha
dejado de ex-sistir en el mundo. El "plácido burgués", el
"hombre de la calle", el "científico" interpretan y
trivializan el hecho de la muerte para guarecerse de su inquietante
interpelación. En efecto, la muerte puede ser reducida a un mero
"hecho" por el científico. En dicho caso, muere alguien porque el
mecanismo biológico ha llegado a su fin; porque el cerebro no ha sido irrigado
por la sangre. Todo esto se concluye con un "certificado de
defunción". Para el "hombre de la calle" la muerte es o una
"nota necrológica" leída en un diario a un "se" debe morir
al fin de la vida; comenta el "plácido burgués": "al cabo
también uno morirá,
7 Ser y tiempo, § 46.
38
pero ahora aún
no... "8. El decir "Se" muere, "uno" muere,
es un escapar a la muerte personal, relegándola como algo que acaece
"al" hombre al fin de su vida; es un modo de tornar a la muerte algo
impersonal y que, por el momento, no se ocupa, no me pre-ocupa. El científico
reduce a la muerte a un plan óntico-biológico cósico; el "hombre de la
calle" la reduce a algo irrespectivo y que no "me" interpela
nunca mientras vivo. Debemos ahora esforzarnos para comprender la muerte a un
nivel de mucha mayor fundamentalidad: la muerte como un horizonte ontológico.
La cuestión puede
resumirse así: "En la esencia de la constitución funda -mental (Grundverfassung)
del hombre radica un constante estado de inconcluso (in-clauso, abierto
= Unabgeschlossenheit). El in-acabamiento
(no-totalidad = Unganzheit) significa un faltar (todavía) algo en
el poder-ser"9. Es decir, el hombre es radicalmente in-acabado, potencial (= dynatós en
griego), capaz siempre de ser más: un poder-ser finito ad infinitum (siempre
queriendo totalizarse pero nunca totalizado). Esto es "un modo de
ex-sistir" del hombre, es un existencial. Lo denominaremos en
nuestro análisis existenciario el "ser-para-la-muerte" (Sein zum
Tode).
El animal no
enfrenta la muerte, simplemente la sufre; no muere, finiquita su vida. El
científico permanece insensible ante el "hecho
biológico" de la muerte; el hombre de la calle ahuyenta el miedo ante la
muerte haciéndola un hecho "impersonal y postergable". El hombre
auténtico, que asume su trascendencia, no enfrenta a la muerte como el horizonte
último después del cual "no tendrá posibilidades en ser ahí: en el
mundo". Ese horizonte no es futuro, es actual; cambia a la ex-sistencia su
sentido, la torna finita:
"Esta
posibilidad (la muerte como imposibilidad de ser en el mundo) más peculiar,
irreferente e irrebasable (por ello lo más personalísima y fundamental) no se
la depara el hombre en un momento tardío y ocasional del curso de su ser. Sino
que desde el momento en que el hombre ex-siste, está ya arrojado a esta
posibilidad"10.
No quiere decir que
el hombre tenga un saber expreso y teórico de la inminencia constantemente de
la muerte. Pero quiere decir que en el momento límite de su trascender, de la
crisis, de la conversión, ha afrontado la muerte en el pavor de verse reducido
a una nada de posibilidades en el mundo. La palabra pavor traduce
del alemán Angst (comúnmente se la traduce por angustia, pero
ésta puede hacernos pensar en el mero miedo psicológico; la palabra pavor indica
mejor el nivel ontológico en el que nos situamos) y significa el estado de
ánimo fundamental en el que la totalidad de los entes se anonadan, caen ante
nuestros ojos pierden su consistencia. "Mirando a su propia muerte en su
plenitud de significado, negándose a vendarse los ojos, el hombre auténtico
acepta su más extrema posibilidad y la reconoce como pura nada. A su luz se
comprende a sí mismo como nada"11. Esta experiencia ontológica
fundamental, el pavor ante la nada (die Angst vor dem Nichts) es la
experiencia del existencial "ser-para-la-muerte". Sobre la
"nada" pareciera que todo lo intramundano (las cosas) pierden
significatividad, lo que nos embriaga cotidianamente, se
8 Ibid., § 52.
9 Ibid., § 46.
10 Ibid., § 50.
11 A. De
Waelhens, La filosofía de Martín Heidegger, CSIC, Madrid, 1952, p.
154. Cfr. Ser y tiempo, § 40.
39
aleja hasta
perderse en la "nada". Se trata de una experiencia que
en mucho nos recuerda la de San Juan de la Cruz y la de muchos místicos de
todas las épocas: se les manifiesta como "nada" la totalidad de los
entes. Heidegger recuerda aquí a Kierkegaard.
§ 12. La nada y el
ser
Heidegger ha dado
una importancia capital a esta experiencia del pavor (Angst). Por
ejemplo, en el aburrimiento radical "se nos revela el ente en su
totalidad"12. En el pavor, en cambio, es la totalidad del ente
que se anonada. Es una experiencia esencialmente distinta. Por otra parte
"hay una diferencia esencial entre captar el todo del ente en sí y
encontrarse (existencialmente) en medio del ente en total. Aquello es
radicalmente imposible. Esto acontece constantemente en nuestra
existencia"13. La experiencia del pavor acaece en
medio de los entes. "¿Hay en la existencia del hombre un temple de ánimo
tal que le coloque inmediatamente ante la nada misma? Se trata de un
acontecimiento posible, y si bien raramente, real, por algunos momentos, en ese
temple de ánimo radical que es el pavor (Angst)"14. Es
el experimentarse en un mundo donde los entes se anonadan. "Ex-sistir
significa: estar sosteniéndose dentro de la nada"15. ¿Qué
significa la nada en esta radical experiencia metafísica?
Esta nada no es que
los entes "desaparecen materialmente, sino, lo que es mucho peor, se
desvanecen del valor y del ser"16. Nos sentimos como flotar en el vacío.
En verdad, se trata de una rara experiencia de gran valor metafísico por la que
se entrevé las sombras del caos, aquello que está allende el
horizonte del mundo; como un tocar los entes en su posición en bruto, antes de
ser iluminados por el ser y ser "asumidos" por el mundo.
El pavor, tanto "ante la muerte" (como nada de posibilidades en el
mundo) o "ante la nada" (como a lo que me enfrento cuando los entes
se anonadan), nos hablan de una experiencia excepcional en la que el hombre
pareciera vislumbrar la situación de los entes sin el hombre. Esta experiencia,
con otro sentido, es nombrada por Sartre con la palabra náuseas (nausés):
"De repente se hizo claro como el día, las cosa se habían revelado
repentinamente... quedaban masas mostruosas y blandas, en desorden (= cáos),
desnudas en una extraña y obscena desnudez"17. En esta
experiencia el hombre encuentra sus límites (experimenta que su mundo es un
ámbito de inteligibilidad pero que sobrenada sobre un fondo de
lo no inteligido en sus posibilidades finitas. Es decir, que en esta
experiencia lo que se nos descubre no son los entes que nos hacen frente en el
mundo (que se han anonadado), sino que ante el pavor se descubre "el mundo
en cuanto tal"18 . Cuando todo ente ha caducado en esta
experiencia, el hombre se enfrenta ante este ámbito mismo que es su mundo
recortado sobre la nada o el caos. Este mundo no es otro que el ámbito
del ser. En verdad, el ser de los entes aparece como sobrenadando sobre
la nada experimentado en el pavor.
12 Was ist Metaphysik?; trad. cast. Siglo
Veinte, 1967, p. 88.
13 Ibid., pp. 87-88.
14 Ibid., p. 90.
15 Ibid., p. 97.
16 De Waelhens, La
filosofía de M.Heidegger, p. 265
17 París, 1a. ed., p.
162.
18 Ser y tiempo, § 40.
40
¿Qué es el ser?
Responder esta pregunta ha llevado toda la vida de todos los filósofos de todas
las épocas. Sin embargo, no podemos dejar de intentar una respuesta (pero,
desde ya, debemos comprender, que lo que diremos en sólo indicatorio).
El ámbito del ser
es el mundo. Es un ámbito de inteligibilidad. El ser es
"lo" inteligible de los entes. Por eso la nada es lo ininteligido. Si
el mundo es el orden de la inteligibilidad; el caos es
lo extraño, lo otro, lo ininteligido.
El hombre es el
único ente que puede "comprender-el-ser". Las cosas no pueden
comprender-"se" a sí mismas. Dios "crea" las cosas pero no
las comprende. Ésto describe al hombre en su nota fundamental: es el ente que
comprende el ser; es el ente en el que se revela el ser.
En el § 6 hemos
indicado, algunos elementos de lo que era com-prensión, algo más hemos dicho en
el § 11. Las cosas están situadas en un ámbito óntico; sólo el hombre despliega
y se despliega en un ámbito ontológico: el ámbito del ser. Es decir, sólo el hombre
tiene la luz natural (lumen naturale decían los latinos; el
"intelecto agente" de Aristóteles) que le permite iluminar las cosas
en lo qué son. "Lo qué" las cosas son en
su "ser". Lo hemos dicho ya muchas veces en estas lecciones pero
ahora debemos pensar lo que esto significa en verdad.
Los griegos fueron
los primeros que descubrieron este nivel ontológico: el ser de los entes.
Parmenides dijo: "El ser es". Para platón, el ser era el eídos (la
figura inteligible) que la inteligencia descubría participada en los entes;
para Aristóteles era fundamentalmente la ousía, es decir, la
presencia permanente de los entes en cuanto que pueden ser com-prendidos por el
intelecto. Heidegger replantea la cuestión en Ser y tiempo (&1-8)
y se mantiene fiel e no permitir que dicha pregunta deje de interpelar al
pensamiento contemporáneo. Por eso dirá, como cuestión a ser pensada:
"El ser es el acontecimiento fundamental, sobre cuya base
puede surgir el hombre histórico en medio del ente, revelado
en su totalidad"19. El ente no se da sin el ser ;
el mundo es el orden trascendental u ontológico del ser. Sin
el hombre no hay mundo (él lo despliega y se abre al mundo); los entes no son
el mundo, sino lo que nos enfrenta ante los ojos dentro del
mundo, dentro del orden del ser, dentro de un orden de inteligibilidad.
El mundo como ámbito significa el horizonte dentro del cual todo ente se
muestra con una cierta referencia (Verweisung,
remitencia) a lo que constituye dicho orden; el hombre como centro que instaura
desde su mismidad inteligible un mundo de inteligibilidad, el orden del ser,
superpuesto al oscuro caos de la noche originaria. El ente en bruto no puede
ser comprendido en su ser mientras no esté integrado a la estructura del
mundo 20. Por ello, y repitiendo, el hombre es
el único ente (y con esto lo de-finimos) que com-prende el ser21.
Esta com-prensión
no es meramente intelectual ya que, como hemos dicho, com-prender (Verstehen)
es un des-cubrir "un pro-yecto de posibilidades propias al hombre; es
claro:
19 Einführung in die
Metaphysik; trad.cast. Nova, 1966, p. 235.
20 "Seiendes...
könnte in Keiner Weise offenbar werden, wenn es nicht Gelegenheit fände, in
eine Welt einzugehen"; Vom Wesen des Grundes, Niemeyer, 1929,
p. 98.
21 Seinsverstaendnis;
véase Kant und das Problem der Metaphysik, § 39ss.
41
constituir el ser
de los entes equivale a interpretar estos entes en función de las posibilidades
(mundanas) de ex-sistencia del hombre mismo. Se com-prende el ser de las cosas,
cuando estas son integradas y proyectadas en el interior de nuestras propias
posibilidades"22. Es decir, la comprensión que el hombre lleva
a cabo de su propio ser como proyecto, es el fundamento (télos = fin) de la
comprensión del ser de todo ente.
Éstas han sido las
tesis que Heidegger ha defendido desde su juventud hasta en el presente23.
No podemos explicara aquí la "diferencia ontológica" y la
"destrucción de la historia de la metafísica", pero se fundan en las
distinciones expuestas.
Debe sin embargo
distinguirse claramente entre "esencia" (lo que la cosa
es) y el "ser" -por ahora en el sentido griego y de Heidegger.
"La luz del ser mismo que a todo alumbra y en cuyo alumbramiento sólo
puede manifestarse algo como ente en tanto ente (ens ut ens ) y en
su esencia (es la lumen intellectus agentis)24 . La
esencia significa presencia del ser en el ente. Son dos momentos distintos. El
mundo es como la luz; las cosas "vienen a la luz del mundo", es
decir: "llegan a ser". El ser es la
actualidad de la cosa en el mundo inteligible. El ser es la
reactualización de la cosa real como momento de un mundo. El hombre no produce ni
inventa lo que la cosa es; sólo descubre lo que la cosa
es. Ser es la actualidad mundana (inteligibilidad)
de la cosa. Toda cosa que permanece en el caos, como cosa bruta, sin entrar en
la referencia o respectividad de un mundo, tiene "ser comprendido"
sólo en potencia (Como "color en potencia" tiene la
cosa en la oscuridad) .Es meramente inteligi-ble (tiene capacidad
para ser inteligido), pero no pertenece al orden de la inteligi-bilidad en acto.
El ser es la identidad de la cosa consigo misma en el mundo; esta reduplicación
indica el pasaje del ámbito de caos al mundo25.
Para concluir
digamos que el orden del ser es el mundo, o, de otro modo, que "el alma es
en cierta manera todas las cosas"26, es decir: el espíritu
humano, com-prendiendo lo que las cosas son (el orden de la inteligibilidad),
constituye el mundo que es la luz del ser en la cual todo ente se muestra en lo
que es. Sin el hombre no hay mundo. Esto nos manifiesta la preminencia de la
cuestión antropológica sobre toda otra cuestión filosófica. El hombre-ser es
el encuentro primerísimo, es el "acontecimiento co-participativo" (Er-eignis)
en que el hombre abre el ámbito del ser permitiendo que el ser de las cosas se
le revele. Por ésto el hombre es el "pastor del ser" (como dice
Heidegger); por ésto, como pusimos al inicio de estas lecciones: "El
hombre es un poema que el Ser ha comenzado"; es decir: la historia del ser
es la historia del hombre, de su mundo.
§ 13. Del caos al
cosmos
22 De Waelhens, op.cit.,
p. 277
23 Véase, W.
Richardson, Heidegger, Through Phenomenology to Thought, The Hague,
1963; O. Plöggeler, Der Denkweg M. Heideggers, Pfullingen, 1963; M.
Olasagasti, Introducción a Heidegger, Madrid, 1967; quien
primero planteó la cuestión fue Max Mueller, Existenzphilosophie im
geistigen Leben der Gegenwart, Heidelberg, 1949).
24 M.Mueller, op.cit.;
ed.cast.Sur, 1961, p. 92).
25 Para un estudio más
detenido de la cuestión véase: Aristóteles, Metafísica (en
especial 1003 a 21-1005 b 5; 1060 b 31-1061 b 33; 1028 a ss; 109 a 18- a 30);
Gilson, L´êntre et l´essence, Vrin, 1962; C. Fabro, Participaion
et causalité, B.Nauwelaerts, 1961; etc.).
26 Aristóteles, De
Anima 431 b 21: he psy jè tà ónta pós éstin
42
Si la cuestión
tratada en el parágrafo anterior era "indicativa", la que trataremos
ahora será avanzada como una "cuestión disputada". Para que tengamos
un punto de apoyo representativo, esquematizaremos ahora lo que llevamos
ganado, y avanzaremos lo que expondremos a continuación de la siguiente manera:
ámbito del “ser”
MUNDO
CAOS-nada
(lo initeligido)
COSMOS
|
a) como ab-soluto |
|
b) como
contingente |
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(Ab-grund) |
|
(Gegrundet) |
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(Orden del ESS |
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(NIHIL) |
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El fundamento |
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Infundado o |
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El creador....
crea |
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(ESSE IPSUM) |
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Hasta ahora hemos
dicho que el ámbito del “ser”, por la experiencia del pavor como
estremecimiento ante la muerte o la nada, sobre nada sobre el caos. El
mundo se recorta sobre el caos: la inteligibilidad es un
ámbito cuyo horizonte deja vislumbrar tras de sí El ente en bruto: lo
ininteligido. Ahora debemos dar un paso más. Y es allí donde se plantea una de
las cuestiones más debatidas de nuestro tiempo en metafísica.
La cuestión reside
en esto; ¿El caos del ente en bruto es una pura nada óntica o
simplemente una negación de inteligibilidad actual? Y además: El hombre mismo y
los entes de su mundo ¿Son una realidad in- fundada (Ab-grund) y ab-soluta (tal
como pareciera manifestarse la libertad misma) o se funda en algo? Para unos,
por ejemplo Heidegger (y en Argentina: Nimio de Anquín), piensan que la
comprensión humana y filosófica descubre al orden del ser como ab-soluto (sin
ligación a un fundamento): “el ser es único, es el singular absoluto en el seno
de la singularidad incondicionada”27. “No hay más ser en metafísica
que el ser en y por sí. Si es por otro no es ser metafísico, lo
cual no significa que no pueda ser teológico” (Carta de Nimio de Anquín al
autor de estas lecciones, del 2 de noviembre de 196828. La cuestión del ser como “fundado en
otro” (creado) es para estos autores una cuestión teológica. En el esquema
hemos representado esta posición metafísica así: a) el ser como ab-soluto (Ab-grund).
27 Heidegger, Der
Saitz vom Grund, Pfullingen, 1957, XI: ser y pensar.
28 Véase de N. de
Anquín Ente y ser, Gredos, 1962, “Ser nada y creación en la Edad
Media”.
43
Otros en cambio
piensan que el caos no es objeto de la única experiencia de la
nada; hay otra experiencia todavía más radical. Piensan que el hombre, su mundo
y los entes en bruto, manifestarían en su propio ser, su “condición
metafísica” contingente. Se trata de otra “experiencia del ser”, no
como eterno ni infundado, sino como creciente (y por ello habiendo nacido)
evolutivo temporal y fundado u originado ab-solutamente.
En primer lugar, se
debería distinguir entre ser y realidad. Heidegger critica la noción de
realidad en el § 43 de Ser y Tiempo. Su crítica se dirige contra
Dilthey y se enuncia de la siguiente manera: si realidad es lo que ofrece
resistencia en el mundo exterior, independiente de mí (cuestión de
la sustancialidad de las cosas autónomas), no puede mostrarse que le realidad
sea anterior al ser, porque es ya en el mundo, donde se enfrenta, lo que
denomino real. La cuestión del ser es previa. A ésto replica Xavier Zubiri que
dicho concepto de realidad no es completo. La cosa percibida estimúlicamente
(con los sentidos) no es real (ya que el animal no descubre la
"realidad" de las cosas sino sólo a las "cosas" reales), y,
sin embargo, la "cosa" ofrece resistencia, es independiente y está en
el mundo "exterior del estímulo". La realidad es algo distinta: el
hombre al enfrentarse primerísimamente a la cosa, en la com-prensión (el encuentro que
constituye el mundo), la misma cosa "no solo está presente, sino que lo está
formalmente como un prius (en latín significa
"antes", "primero") a su presentación misma... El prius (el
"antes" de lo real) es la positiva y formal remisión a
lo que es la cosa antes de su presentación... la cosa me es
presente como algo de suyo. Independencia no es sino mera extra-
animidad. La realidad, en cambio, es la cosa como algo de suyo. La cosa se
actualiza en la inteligencia, se nos presenta intelectivamente, como siendo de
suyo "antes" de estarnos presente"29. Lo "de
suyo" de la cosa no es sino lo que la cosa es desde ella misma. La
inteligencia entiende que la cosa reposa en su esencia (en estas lecciones no
podemos ahondar la cuestión, para ello habría que distinguir entre
sustantividad y sustancialidad, y exponer en detalle la obra de Zubiri).
Para nuestros
fines, sin embargo, nos es suficiente comprender que el mundo (véase
esquema anterior, el “orden del ser”, se recorta sobre la “nada” como
ininteligido caos; sin embargo, las mismas cosas que nos hacen frente en el
mundo nos manifiestan en su misma mostración que ellas reposan desde sí, en lo
“de suyo”. Las cosas iluminadas en el ámbito del ser, en el mundo, nos remiten
al “orden de la realidad” que hemos llamado cosmos. El des-cubrimiento de la
realidad es concomitante a la comp.-prensión del ser. En griego cosmos se
opone a caos. El cosmos es un orden; para nuestros fines se trata
de un “orden óntico” ( ordo rerum naturalium; Tomás de
Aquino, In X Ethic., L.I,.1.1); un orden de las cosas en cuanto
reales. Por lo poco que podemos “asumir” del cosmos (aquello que está dentro
del mundo) descubrimos que en su totalidad no es un caos sino
un orden; caos es lo del cosmos todavía no incorporado al mundo; no
es una nada absoluta; es algo inteligible en potencia pero actualmente
ininteligido, en bruto, opaco. Por ello “el ser mismo es la actualidad de lo
real como momento del mundo”30; dentro del pensar de Zubiri mundo y
cosmos tienen una significación distinta a la que hemos adoptado en estas lecciones;
para Zubiri “mundo” y “cosmos” son momento de lo que denominamos aquí “cosmos”,
mientras que el “mundo” de nuestras lecciones es para Zubiri una noción
derivada y secundaria.
29 Sobre la esencia, p. 394-395.
30 Zubiri, op.cit.,
p. 434.
44
La cuestión ahora
es ésta; ¿El cosmos se nos presenta como ab-soluto (Ab-gund) o como contigente?
¿Cuál es su “condición metafísica”?31.
Deberemos aquí
tener presente que junto al pavor ante la nada como caos (lo ininteligido), hay
un pavor todavía más radical, cuando se comp-prende a las cosas reales como
in-fundadas; es decir, su propia esencia, su ser, reclama su fundamento último.
“”No me angustio tan sólo porque no soy el ser sin restricción ... (sino
porque) mi finitud es el reverso del valor positivo del puro ser
absoluto”32. Es decir: “La angustia ante el se puro no es sino
otro nombre del temor de Dios”33. Esta experiencia de la contingencia
del cosmos (como orden de la realidad que funda el orden del ser o mundo) es
propia de la tradición judeo-cristiana. “El cristianismo tiene una idea
del cosmos distinta de la de los griegos. La idea de cosmos
fue uno de los m{as importantes puntos de encuentro del cristianismo con la
filosofía, y lo que forzó a los pensadores cristianos a elaborar un pensamiento
filosófico propio. Puede decirse que originariamente toda la radical innovación
que el cristianismo introduce en la filosofía (para de Anquín esto es teología)
es una nueva idea de cosmos. Mientras los metafísicos cristianos,
salvo en puntos concretos, absorben, depuran y elevan la metafísica griega, en
cambio rompen con ésta por su idea del cosmos. Y ante todo por
la raíz de éste: el cosmos está creado...
El cosmos es
entonces la totalidad del ente creado en tanto creado... Respecto a éste su
último fundamento, a esta su causa primera, la realidad creada tiene ante todo
una característica condición metafísica: la contingencia... contingencia y
posibilidad (de llegar a ser real) son así las dos únicas condiciones
metafísicas de la realidad creada respecto de la causa primera”34.
En nuestro esquema anterior hemos indicado esto de la siguiente manera: b) El
cosmos como contingente (Gegrundet =) fundado en el creador.
Nimio de Anquín
muestra como en Santo Tomás hay tanto una filosofía del “ser”
(cuando afirma que nada puede volver a la nada: “nihil omnino in nihilum
redigetur”, I, q. 104, a.4, cor.), y una teología de la
“creatura”35. En verdad, pensamos, lo que hay en Tomás es un esquema
físico que será superado gracias a los descubrimientos a partir del
siglo XV; y que le impide formular metafísicamente el cosmos como
creatura. Y esto es hoy posible, en gran parte, gracia a las ciencias
positivas. En efecto, “las ciencias positivas nos alejan de más en más de una
concepción del cosmos como la que sustentaban los antiguos (griegos y
medievales), concepción que podía permitir el panteísmo (y la eternidad del ser
sin fundamento), pues la materia, el cosmos aparecían como cosas sólidas,
estables, significaban la consistencia misma. El universo aparecía como una
roca estable para la ontología griega. La roca se ha transformado en un humo de
galaxias que huyen unas tras las otras, como moléculas de un gas en libertad.
No tenemos hoy razones para atribuir con seguridad la eternidad, la
autosuficiencia ontológica al cosmos tal como se descubre desde hace un siglo.
Si hay una roca en la ontología, habrá que irla a buscar en otro ámbito”36.
31 Véase Sobre
la esencia, pp. 196-210.
32 A. Millán
Puelles, La estructura de la subjetividad, Rialp, 1967, p. 241.
33 E. Gilson, L´être
et l´essence, p. 375.
34 Zubiri, op.
cit., pp. 200.
35 op.cit., pp.
197-202.
36 C.
Tresmontant, Comment se pose aujourd´hui le probleme de l´existence de
Dieu, París, 1965, p. 87.
45
Hoy la vida tiene
edad en al tierra, la tierra tiene sus años, lo tiene el sol y nuestra galaxia;
tiene edad cada molécula, cada átomo. La totalidad (el cosmos) tiene entonces
su edad. Presentar o afirmar el cosmos como eterno o ab-soluto es avanzar una
hipótesis in-fundada37. No es de extrañar que tanto Zubiri
como Tresmontant hayan intentado los primeros en plantear la cuestión de la
evolución. Zubiri dice: “la evolución es aquel carácter según el cual las
esencias quidditativas tienen una constitución genética a lo largo del tiempo”38.
“Hoy conocemos la no-eternidad de la especie humana, de las rocas, de nuestra
tierra, de nuestro sistema solar, todo esto no necesita ser demostrado filosóficamente;
esto es conocido de manera positiva por las ciencias experimentales... La idea
de una materia eterna es hoy, para nosotros en física, una idea contradictoria,
precisamente porque la materia evoluciona, envejece. Esto, Santo Tomás, no pudo
saberlo”39. Tomás podía todavía pensar que “muchas cosas en el mundo
son incorruptibles (incorruptibilia), como por ejemplo los cuerpos celestes40. En I, q.104, a.4, citado por de
Anquín, Tomás dice igualmente que la materia “incorruptibilis est”. Hoy ya no
lo sostendría. Por eso pudo haber en él una filosofía del ser de las cosas como
ab -solutos o eternos, y otra filosofía de la creación de influencia más bien
agustianiana (en aquello de dar a la nada una cierta entidad hacia la cual
puede tenderse (I, q.104, a.3, ad 1).
En este sentido
Cornelio Fabro piensa que la cuestión de la creación o in-fundamentalidad de
las cosas como contingentes es una cuestión filosófica; “Secondo S. Tommaso la
creazione invece si puo e si debe dimostrare”41.
Una filosofía del
cosmos fundado (Gegrundet) puede nacer solo por una experiencia
totalmente distinta que la que describe Heidegger en el pavor. “Ser, en
el sentido pleno de esta palabra en el Antiguo Testamento, es en primer lugar
ser-persona, que es un ser sui generis; es decir, designa ... la
vida y la actividad libre del hombre. En general, en el Antiguo
Testamento, esse ( =ser en latín, hayá en
hebrero) designa... el devenir y el obrar libre y autónomo... que nos es
comprensible sino en el acto de ser una persona la que obra”42 . Volveremos a esta cuestión cuando
tratemos la problemática de la antropología hebrea (cap. VI).
Es solo aquí cuando
se debe plantear el problema de la creación, del esse (no debe
confundírsele, como lo ha hecho Echauri, El ser en la filosofía de
Heidegger, Rosario, 1954, o B. Rioux, L´être et la vérité chez
Heidegger y Saint Thomas d´Aquin, París, 1953, con el “ser” (Sein)
de Heidegger o la ousía de Aristóteles) y de la nihil (en
latín: nada; no debe tampoco confundírsela con la “nada” de Heidegger o Sartre,
distintas por otra parte entre sí) Esse (ser) y nihil (nada)
responde a la cuestión de una filosofía del cosmos como
37 Véase J.
Merleau-Ponty, Cosmologie du XXe. Siecle, París, 1965; E.
Schatzman, Origine et Evolution des mondes, París, 1957; F.
Hoyle, La nature de l´Universe, París, 1952; la discusión de todo
esto puede estudiarse en el libro de Tresmontant citado arriba; es
el primer ensayo de pensar el problema del fundamento último del cosmos en el
pensamiento cristiano contemporáneo)
38 Sobre la esencia,
p. 256; la cuestión de la evolución al nivel de la metafísica de la esencia es
tratada en “La esencia; su contenido constitutivo inalterable”, p. 249.
39 Tresmontant, op.cit., p.
422-423.
40 I, q.45, a.1, ad 2.
41 Carta del 12 de
enero de 1969 al autor de estas lecciones.
42 Fabro, op.cit.,
p. 218.
46
contingente, como
posibilidad, como creatura. La experiencia de la “creaturidad” o
“in-fundamentalidad” del cosmos no es tanto el descubrimiento de la nihil (“nada
bíblica” que se expresa primeramente como “no-ente” en II Mac.7,28,
y como ex nihilo solo en el siglo
II d.JC, y en el
pensamiento cristiano latino de un Tertuliano,43 sino la “in-fundamentabilidad” del cosmos. La nihil no es algo, no puede
ser experimentada si es la nada-nada (no la nada-caos de Heidegger). En este
caso nihil es un “ente o relación de razón” (es sólo una
palabra sin contenido). La nihil es impensable y
contradictoria. Indica solo la total ausencia del cosmos: no indica nada.
La nihil indica la ausencia del cosmos y la presencia del
Creador a sí mismo. La nihil (nada óntica) es una ilusión del
pensar44. Por ello hemos puesto entre
paréntesis (nihil), en el esquema, porque es un ente de razón que no
remite a nada real. No forma parte, tampoco, de la experiencia
judeo-cristiana del cosmos en su fundamento. El fundamento de esta
experiencia es que se comprende el cosmos como “no-dando-razón-de-sí”; su “acto
de ser” (que hemos nombrado en latín esse) le ha sido dado y
participado. El cosmos es comprendido como “don”, como “gracia” (dado
gratuitamente). No es ya la náusea sartreana de verse “arrojado ante el ente
absurdo”, sino ante un cosmos dado como admirable “regalo”. Su esse (acto de
ser) es “creado” por el que es Esse (acto de ser) en sí mismo
y eternamente: el fundamento último del cosmos creado. El cosmos se manifiesta
a esta experiencia como siendo no-necesario. Ya abordaremos
nuevamente la cuestión más adelante. Aquí nos es suficiente comprender que: el
“ser” como inteligibilidad o en cuyo ámbito consiste el mundo, no es lo mismo
que el “acto de Ser (actus essendi) (esse) que se refiere, no ya “al hombre”
como instaurador de un mundo sino “a Dios” como creador
del cosmos. De todos modos, y lo veremos de inmediato la antropología
filosófica es, sin embargo, la introducción a la filosofía y la ontología
fundamental, aunque, y de ningún modo, toda la ontología (la filosofía del
cosmos como orden de la realidad y la filosofía del último fundamento son
cuestiones que deberán ser planteadas después, pero desbordando ya
la antropología filosófica.
Para resumir: en la
filosofía de la contingencia del cosmos el “ser” como inteligibilidad permanece
al nivel del mundo (este nivel es claramente analizado por Heidegger). La
“existencia” (como puede verse aquí, ex-sistencia significa justamente lo
contrario que para Heidegger: ex sistencia como “acto de ser” significa que
algo ha sido puesto fuera de la causa como “ente”; para Heidegger significa que
está fuera de sí “en el mundo”) como acto de ser solo
indica un modo de ser causado: el estar fuera de la causa es
propio solo de los entes creados, pero Dios solo es,
luego no ex siste sino solo siste. El “acto de ser” como esse
creado dice relación de constitución a la esencia de las cosas iluminadas en el
ámbito del ser como inteligibilidad (la dialéctica en Tomás de Aquino no fue
establecida entre esencia y existencia, deformación posterior pervivente
todavía en Sartre y que Heidegger critica, sino entre essentia y esse).
La nihil (nada absoluta a la que no se refiere Heidegger) no
se antepone realmente al esse , porque es solo una palabra
impensable de una mera “relación de razón” entre el ente en su totalidad que
ahora es comparado con su ausencia cuando todavía no era en
absoluto (pero este todavía no era no es algo real sino algo
supuesto por la razón para pensar el esse como “acto de ser”). La nihil habla
solo de un “antes” cuando solo estaba el Creador.
43 Véase nuestra
obra El dualismo en la antropología cristiana.
44 Véase H.
Bergson, L´évolution créatrice, París, 1912, pp. 295ss; cap. IV:
Crítica a la idea de nada e inmutabilidad).
47
Esta es la tercer
trascendencia: el hombre al pro-yectarse por la temporalidad en su mundo, se
com-prender en su mismo ser nunca totalmente dado, ese su ser le permite
comprender lo que las cosas son en un nivel ontológico; en su mundo se abre el
cosmos que en su in-fundamentalidad le manifiesta también ónticamente su
finitud reiforme.
§ 14. La
antropología “filosófica” es la introducción a la filosofía en sentido estricto
Al comienzo de este
capítulo hemos hablado de la antropología “filosófica”. Esto nos indica: que
hay una “antropología” que no es filosófica, y que queremos distinguir nuestro
pensar metódico de ese modo de estudiar al hombre (en griego ánthropos =
hombre). En efecto, entre las ciencias (de las que nos hemos
ocupado en los § 4- 5 de este curso) las hay que son ciencias de la
“naturaleza” y otras ciencias “del hombre”45. Las “ciencias de la
naturaelza” (naturwissenschaften) se ocupan de estudiar, con el método
empírico, el cómo de las cosas del cosmos. En este sentido
pueden igualmente investigar acerca del hombre como “cosa natural”: la
anatomía, fisiología, morfología, etc.; pueden estudiar al cuerpo humano (Körper)
como una “cosa” más del cosmos, considerando las diferencias, por ejemplo, con
el cuerpo animal. Esta consideración no puede todavía ser llamada
“antropológica”, ya que el hombre no aparece todavía en su dimensión
propiamente humana.
Hay ciencias que
tratan al hombre como hombre. Se les llama “ciencias del espíritu (en la
tradición idealista alemana; Geistwissenschaften) o “ciencias del
hombre” (en la corriente francesa: sciences de l´homme),
denominación esta última que nos parece más correcta.
Estas ciencias
empíricas del hombre parten, para reducir todo a un factor indicativo,
del hombre como libertad, con lo que éste se destaba de todos los
demás entes físicos. La historia, la lingüística, las ciencias
religiosas, la antropología positiva (etnología, antropología social y
cultural), psicología, psiquiatría y psicoanálisis, sociología, arte,
literatura, derecho, economía, etc... En el siglo XIX, sin embargo, bajo la
influencia del positivismo, las ciencias del hombre quisieron regularse por los
métodos de las ciencias de la naturaleza: el hombre no era sino un epifenómeno
de la naturaleza. Por ello la naciente psicología (desde Herbart, 1776-1841,
pasando por Fechner y rematando en Wundt, 1832-1920) tomó los “hechos
psíquicos” como cosas a ser matematizadas, ya que responde a las mismas leyes
naturales:
“... nada ocurre en
nuestra conciencia que no encuentre su fundamento sensorial en procesos físicos
determinados”46.
Lo mismo puede
decirse de la sociología. Comte, su fundador, pensaba que el método de la
“sociología” era idéntico al de las ciencias naturales47. Para H.
Spencer el hombre es el fruto natural o físico de una
evolución que solo las ciencias naturales pueden estudiar.
45 Véase
H.G.Gadamer, Warheit und Methode, Tuebingen, 1960; G. Gusdorf,
Introduction aux sciences humaines, Paris, 1950; S. Strasser, Phénoménologie
et sciencies de l´homme, Vers un nouvel esprit scientifique, Lovaina, 1967.
46 W. Wundt, Grundzüge
der physiologischen Psychologie, Leipzing 1874, prefacio.
47 Véase Cours
de Philosphie positive.
48
Esta situación ha
sido superada en parte y el positivismo tiende a dejar lugar a las ciencias del
hombre que van descubriendo la peculiaridad de su objeto (el hombre libre) y de
sus métodos. En este “nuevo espíritu científico” la filosofía tiene una función
ineludible que cumplir.
Strasser48,
repitiendo en parte lo que ya hemos explicado en lo que va del curso pero
agregando nuevos elementos, dice que el “hombre mítico” (el primitivo que vive
todavía un mundo donde se unifica lo cultural a lo cósmico; antes de trabajar
la tierra ora a la Terra mater, la diosa de la fecundidad,
para tener una buena cosecha) tiene ante el mundo una ingenuidad
primera, y la objetividad de las cosas no es más que una subjetividad
proyectada (las leyes del cosmos son las normas de su mundo cultural)49. El “hombre civilizado” (posterior a
las invasiones indoeuropeas y semitas del continente euro-asiático) emerge del
mundo mítico al mundo racional: asciende entonces a un nuevo tipo de ingenuidad
(la del “plácido burgués”, prototipo del hombre contemporáneo) y las cosas
adquieren, por primera vez, una cierta objetividad (ya no se confunde la
naturaleza con lo cultural; la tierra no es ya una diosa que hay que invocar
para tener más frutos en la cosecha). El “hombre científico” asciende todavía a
una segunda objetividad: Las cosas son conocidas y juzgadas no ya por la simple
experiencia vulgar o la opinión, sino gracias a conclusiones de un método
científico. En las ciencias el “hombre científico” sabe disciplinar su
subjetividad gracias al método y su interpretación de los hechos no se va
deformada por perjuicios subjetivos50. De todos modos, sin embargo,
el científico empírico estará siempre “en un mundo” del que no puede dar cuenta
(se trata de un tercer tipo de ingenuidad, inevitable: En esto consiste la crisis
que indicaba Husserl, “no hay ciencia positiva del fundamento”, del hombre como
en el mundo.
Es aquí donde
aparece la filosofía, y en nuestro caso, la antropología “filosófica”. Se trata
de superar la ingenuidad de aceptar como obvio el ser mismo en el mundo, todo
lo que va desde la esencia del hombre hasta los axiomas de las ciencias. La
filosofía tornará la ingenuidad en crisis o crítica; la objetividad de la
ciencia se tornará problemática y de “segundo grado” (a que se apoya sobre
supuestos no fundados). La filosofía obtendrá “un horizonte de inteligibilidad
de rango más fundamental... Un horizonte hermenéutico51.52 Es
aquí donde se sitúa la discusión propuesta por Heidegger (y en este sentido no
sólo teniendo una cuenta las ciencias humanas sino igualmente la filosofía
tradicional):
“Los orígenes
decisivos de la antropología tradicional... , indican que por el afán de
obtener una definición de la esencia del ente “hombre”,
permanece olvidada la cuestión de su ser, hasta el punto de concebirse este ser
como obvio (comprensible de suyo) en el sentido de un ente ante los
ojos como las restantes cosas”53.
48 Op.cit., pp. 100ss.
49 Véase, Ser
y tiempo, § 11.
50 Paul Ricoeur llama
a esto, por ejemplo en el caso del historiador una “subjetividad
trascendental”; Histoire et vérité, París, 1954; Objetividad y
subjetividad en historia, pp. 23ss.
51 Strasser, op
cit., p. 245.
52 Un ejemplo reciente
de cómo el pensar filosófico despliega un horizonte interpretativo
(=hermenéutico) puede verse en la obra de Paul Ricoeur, De
l´interprétation, essai sur Freud, París, 1965.
53 Ser y tiempo, § 10; ed. cast.
p. 61.
49
Ante la desmesurada
amplitud de los conocimientos científicos sobre el hombre, las mismas ciencias
exigen una síntesis. La sociología o la antropología cultural
tienden a ocupar este lugar. De todos modos una síntesis, además de
problemática, no soluciona la crisis ni da un fundamento a la misma
objetividad. No supera la segunda ingenuidad54. Pero en la misma filosofía, como por
ejemplo en el caso de Husserl (Ideem II y III ), Scheler o
Hartmann, el hombre es estudiado como el ente privilegiado, pero como uno más:
una ontología regional. Esta “antropología filosófica” en su sentido
tradicional estudia al hombre como un ente del cosmos que nos hace frente ante
los ojos en el mundo (es una mera consideración óntica). Lo que nosotros
llamamos en cambio “antropología filosófica” es una consideración ontológica
fundamental del hombre. Es decir, las ciencias van a alcanzar su
unidad (lo mismo que la universidad), no tanto por una síntesis más o menos
compuesta accidentalmente (que es a posteriori), sino por su fundamento,
por su raíz de emergencia (que es a priori). La raíz, el suelo de
donde surgen las ciencias es un “hombre-ya-en-el-mundo”:
“El pensamiento pre
-su -pone lo que pre-su-pone también la vida simplemente empírica; a saber: la
ex sistencia en un mundo. Pero esta pre-su -posición permanece totalmente
velada en el ex sistencia natural (del científico o del plácido burgués); el ya
-allí del mundo, el carácter a priori de la ex
sistencia permanece inapercibida y es lo que obvio olvidado que la
filosofía rememora”55.
La antropología
filosófica, en este sentido y solo en éste, se distingue de las ciencias en que
es un pensar los fundamentos de las ciencias (que para ellas son obvios, en su
segunda ingenuidad), pero, y al mismo tiempo es la única posible introducción a
la filosofía en sentido estricto. ¿Por qué es la introducción a la filosofía?
La repuesta está a la vista ¿Cómo puede estudiarse algo, es decir
un aspecto de un ente (por ejemplo su economicidad en economía, su historicidad
en historia, su entidad física en filosofía de la naturaleza), si previamente no
se ha esclarecido el horizonte de com-prensión en el que aparece? El horizonte
de com-prensión en el que todo ente aparece (tarea de la verdad será permitir
que se muestre), en el que se hace presente y gracias al cual es presencia para
mí: el mundo. Pero el mundo es solo el despliegue com-prensivo del hombre
gracias a su lógos . Saber quien es el hombre (analizar su
esencia) como ex sistencia, como trascendencia, como dado siempre ya allí, en
el mundo, es la inevitable introducción a todo pensar
filosófico:
“(En cada una) de
nuestras disposiciones afectivas (Stimmung) cuando sentimos de una
manera u otro, nuestra ex sistencia (Dasein) se nos hace patente (offenbar).
De modo que com-prendemos el ser por más que nos falte el concepto. Esta
com-prensión pre-conceptual (vorbegriffliche Verstehen des Seins), en
toda su constancia y amplitud, es a menudo completamente indeterminada... Esta
com-prensión del ser, caracterizada escuetamente, se mantiene sin peligro ni
estorbo en el terreno de la más pura obviedad ( reinsten
Selbstverständlichkeit)... El hombre es un ente que se encuentra en medio
de entes, de tal manera que siempre le fue patente el ente que él-no-es, y el
ente que él-mismo-es. Llamamos a esta forma de ser del hombre: Ex
54 Véase
Heidegger, Kant und das Problem der Metaphysik, § 37.
55 Jolif, op.cit.,
p. 85.
50
sistencia. La Ex
sistencia solo es posible sobre el fundamento (Grunde) de la
com-prensión del ser56.
La dilucidación de
la cuestión del ámbito del ser, del mundo, es un pensar en el hombre como
el Urfaktum (el hecho originario), y tal pensar metódico le
hemos llamado: la antropología filosófica como introducción a la filosofía.
Todo el resto viene después.
§ 15. La ontología
fundamental
En el § 8 hemos
indicado como la “fenomenología” es el método de la filosofía;
la “ontología” en cambio es el nombre de la filosofía si se tiene en cuenta
aquello de lo que trata: el ente (en griego = tò ón, de
donde viene onto-logía). Si la filosofía es un pensar metódico
(lógos) sobre todo ente (óntos), queremos ahora mostrar porque la
introducción a la filosofía o antropología filosofía es la ontología
fundamental.
El pensar sobre el
ente, pre-su- pone que este se nos muestre dentro del mundo como presencia.
Su-pone entonces al ser como inteligibilidad. As{i comienza Ser y
tiempo (prefacio) . La cuestión tan obvia de lo que sea el ente nos
remite inmediatamente a la pregunta: ¿Qué sentido tiene el ser? Es lo
obvio por excelencia y a lo que cuesta responder porque la pregunta misma ha
sido mal planteada (Toda la Introducción, § 1- 8 se ocupa solo de bien plantear
dicha pregunta). Lo más obvio ha caído en el olvido (§ 1) o se lo ha vedado con
supuestas respuestas verdaderas.
La pregunta
correctamente planteada, y el solo preguntar mismo, muestra ya la esencia del
mismo hombre. La mera pregunta pre-su-pone al hombre ya dado (§ 2). De todos
modos es la pregunta que se interroga por el ser la más fundamental: “Toda
ontología ... resulta en el fondo ciega y una desviación de su mira más
peculiar, si antes no ha aclarado suficientemente el sentido del ser (Sinn
von Sein)”57. Llegamos así al § 4 deSer y tiempo, el más
importante para nosotros en este momento58.
El hombre es un
ente. En este sentido puede decirse que está dado en el cosmos, es un existente
(aquí existencia no quiere significar trascendencia, sino que indica un momento
previo) entre los existentes. Sin embargo, es un ente pre-eminente ya que es el
único ente cuyo ser lo tiene a su disposición, en sus manos. No sólo está en el
orden óntico, de las cosas del cosmos, sino que puede instaurar un orden
ontológico (ámbito del ser o mundo: un orden del ente con logos).
Para bien distinguir los dos órdenes a partir de la doble significación de la
palabra existencia considérese lo siguiente:
56 Heidegger, Kant
und das Problem der Metaphysik, § 41.
57 § 3; ed. ast., p.
21
58 Véase lo que hemos
ya dicho sobre esta cuestión en el § 3, cap. I, de este curso.
51
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Causa |
Orden óntico |
Orden ontológico |
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(1) ex - |
-sistencia (esse) |
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(origen |
(posición como
“ente” |
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causante) |
en el cosmos) |
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(2) ex - |
-sistencia (Sein) |
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(mismidad y
facti- |
(posición
trascen- |
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cidad del hombre) |
dental del hombre |
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en el mundo) |
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52
El hombre ocupa un
lugar pre-eminente en el cosmos porque es el único ente existente (1) que puede
trascenderse al ámbito del ser: mundo (2); el único que puede com-prender y
preguntar por el ser. Los modos de ser de los entes son notas categoriales; los
modos del ser del hombre son los existenciales: modo de trascender en el mundo.
El pensar metódico o filosófico acerca de los existenciales es la analítica
existenciaria (existenzialen Analytik); de otra manera:
la ontología fundamental (Fundamentalontologie)59.
Esta analítica es
primerísima porque sólo si comprendemos el ser del hombre se nos abrirán las
posibilidades de comprender el ser en general de todo ente (§ 5). La
comprensión de la temporalidad e historicidad del hombre será igualmente un
horizonte necesario, dentro del cual el ser recobrará su olvidado
sentido (§ 5; en efecto el ser y su sentido “ha caído en el olvido” (in
Vergessenheit gekommen ist); ed. cast., p. 32). La historia olvidada y
des-conocida del sentido del ser es el fundamento de la historia universal, de
la historia de los pueblos, del sentido de la vida, las técnicas, de todo el ex
sistir humano: por ser lo más obvio yace en el olvido, en el supremo
ocultamiento. La tarea de la ontología fundamental o analítica
existenciaria es encarar este a priori y dilucidarlo, ponerlo
a la luz del día, comprenderlo.
En el comienzo de
la Primer parte, primera sección de Ser y tiempo, Heidegger emboza la cuestión
que estamos tratando:
“La analítica
existenciaria... (debe) poner en libertad en el hombre una estructura
fundamental ( Fundamentalstruktur): el “ser-en-el-mundo”.
Este a priori de la interpretación del hombre no es una
determinación compuesta de varios trozos, sino una estructura original y
constantemente íntegra...: el mundo en su mundanidad, el
ser-en-el-mundo como ser-con y ser-sí-mismo, el
ser-en en cuanto tal. Sobre la base del análisis de esta estructura fundamental
resulta posible indicar provisionalmente en qué pre-ocupación”60.
59 Ed. cast. p. 23
60 Ibid., ed. cast.,
p. 53. Hemos traducido, para simplificar, Dasein por “hombre”
52
Es decir, el hombre
que es ex -sistencia o trascendencia en el mundo, debe ser pensado
metódicamente y, en primer lugar o fundamentalmente, en los elementos
constitutivos de esa misma trascendencia o maneras de ser-en-el-mundo. El
hombre es uno y por ello la estructura de la trascendencia es una;
si iremos analizando uno a uno sus constitutivos no por ello se deberá perder
de vista que se trata de una estructura original e íntegra.
Las cuestiones que enuncia Heidegger como a ser analizadas nos ocuparán en la
tercera parte de este curso (antes nos detendremos en una historia de los sentidos del
hombre que nos permitirán mejor com-prender la analítica existenciaria que
Heidegger nos indica).
Este todo de
existenciales es una estructura ontológica trascendental. Es
decir, es un “todo, previo siempre, que hay que destacar fenoménicamente en sus
elementos”61 . Decimos trascendental en
tanto es la estructura de la ex –sistencia o modos de ser en el mundo (de la mismidad
humana manifestada en su apertura efectiva en el mundo). Es ontológico porque
remite al hombre como hombre y no meramente como ente (en ese caso sería óntico).
Esta cuestión ha
sido expuesta con claridad propiamente programática en los § 42-44, Cuarta
sección C, de la obra Kant und das Problem der Metaphysik.
La pretendida
superación de esta cuestión en el Heidegger posterior a 1930 es más aparente
que real. Este filósofo deja de lado algunas hipótesis, pero afirmará siempre
que el Er-eignis (acontecimiento o encuentro co-participativo)
fundamental es el del hombre-ser, es decir: el mundo
como ámbito ontológico, objeto de la analítica existenciaria, ontología
fundamental, antropología filosófica I o Introducción a la filosofía (nombres
todos que indican diferentes aspectos de un mismo primer pensar lo fundamentalísimo).
Un esquema final puede resumir el ordo cognoscendi (el orden
del pensar o conocer):
61 Ibid.
53
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54 |
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Ciencias |
Ciencias |
Metodolo- |
Historia |
|
|
CIENCIAS |
de la |
del hombre |
gía (Lo- |
y descrip- |
|
|
POSITIVAS |
naturaleza |
|
gística) |
ción de las |
|
|
|
|
|
|
relig. |
|
|
|
Filosofía |
Antropolo- |
Lógica |
Último fun- |
ONTOLOGIAS |
|
|
de la na- |
gía filoso- |
(ente de |
damento |
REGIONALES |
|
FILOSOFIA |
turaleza |
fica II |
razón) |
(Teodicea) |
|
|
|
(cosmos) |
(ente hom.) |
|
|
|
|
|
|
hombre-ser |
|
ONTOLOGIA |
|
|
|
|
mundo |
|
|
FUNDAMENTAL |
|
|
|
(Urfaktum) |
|
ANTROPOLOGIA |
|
|
|
|
|
|
|
FILO.I.INTROD. A |
|
|
|
|
|
|
LA FIL. |
(No se han incluido
en este esquema las ciencias prácticas, para lo cual sería necesario
estructurarlo de otra manera).
54
ANEXO A LA
INTRODUCCION
CAPITULO IV
EL ORIGEN DEL
HOMBRE. DIVERSOS NIVELES CONSTITUVOS DEL MUNDO CULTURAL
En los tres
capítulos de la Introducción hemos indicado las cuestiones fundamentales de
nuestro curso. Ahora debemos abordar un tema que servirá de puente entre la
introducción y la consideración histórica (como constitución y destrucción de
la historia de la ontología) de las expresiones que el hombre ha efectuado de
su propia esencia. Se trata de un tema de gran importancia y aunque echaremos
mano de material ya estudiado por las ciencias naturales y humanas, sin embargo
nuestro pensar se situará, como nos es ya habitual, en un plano trascendental
al nivel en el que se ubica el científico o el hombre de la calle. La cuestión
es la siguiente: ¿Es verdad que el hombre posee una pre-eminencia en el plano
óntico o cósmico? ¿El orden de la ex-presión se funda en la comprensión o es
autónomo?
§ 16. El origen
óntico del hombre en el cosmos
El planteo del
"origen" del hombre como una cosa o ente del cosmos, puede aparecer
como una cuestión extraña a la filosofía (que es un pensar metódico
fundamental). En efecto, la paleontología (= palaiós - en
griego: "viejo", "antiguo"), ciencia natural y humana,
estudia al hombre fósil y determina la época del nacimiento de la especie
(género) humana, a partir de los primates. El filósofo, sin embargo, gana mucho
en su pensar si tiene en cuenta las conclusiones a las que llega dicha ciencia
positiva. ¿Tiene sentido un preguntar por el cosmos antes del hombre? ¿Qué
significa en verdad que el hombre aparece? ¿Cuáles son las notas de
su esencia que efectivamente se hacen presentes? Es decir, se trata de poder
mostrar que "el hombre tiene una múltiple pre-eminencia (Vorrang)
sobre todos los demás entes. La primera pre-eminencia (Vorrang) es
óntica"1. El filósofo debe pensar en qué consiste su
pre-eminencia. A lo que se responde: "Lo ónticamente señalado del hombre
reside en que éste es ontológico"2. ¿Qué
significa que la pre-eminencia óntica consista justamente en
ser un ente ontológico? La respuesta a todas estas preguntas nos
ocuparán en los parágrafos 16 y 17 de este capítulo IV.
Nos cuenta Juan
Comas que un grupo de cartagineses, en el 1000 a.JC., confundieron a muchos
gorilas con salvajes velludos, y, habiéndose apoderado de tres hembras,
"como rompían sus ataduras, nos mordían y atacaban con furia, tuvimos que
matarlas"3. Gracias al avance de la anatomía, medicina y, es
especial, por los viajes -escasos, pero ininterrumpidos en la antigüedad y Edad
Media-, estos conocimientos se fueron acrecentando. Desde el Renacimiento se
produce un verdadero salto cualitativo. E. Tayson (1650-1708) publicó su
obra Orang-Outang sive homo sylvestris, or the Anatomy of a Pgmie
compared with that of a Monkey, Ape and a Man (Londres, 1699). En otro
sentido había ya aparecido la obra de
1 Heidegger, Ser y
Tiempo, § 4.
2 Ibid.
3 Manual de
Antropología física, México, 1957, p. 13.
John Ray
(1628-1705) sobre Historia plantarum (1686), la de Pitton de
Tournefort (1656-1708) Méthode pour connaître les plantes, hasta
llegar a Karl von Linné (1707-1778), de Upsala, con su Systema naturae,
(1735). El fundador de la antropología física, sin embargo, debe ser
considerado el Conde de Bugffon (Georges Louis Leclerc) con su Histoire
naturelle générale et particuliére des animaux (1749), donde
criticando el sistema de Linné dice que "la mayor maravilla de
la Naturaleza no es el individuo, sino la sucesión, renovación y duración de
las especies". Debe todavía citarse a Jean B. Lamarck (1774-1829) con
su Discourse d-ouverture du cours de Zoologie (1800) y
la Philosophie zoologique (1809). Pero sólo un Charles R.
Darwin (1809-1882), de regreso de un viaje hecho a nuestra América del sur y
Argentina, expuso por primera vez la llamada teoría evolucionista en On
the origin of species by means of natural selection (1859). Años
después publicó The descent of man (1871). Cabría todavía
nombrarse a Ernst H. Haeckel con su Evolution of man (1879)4.
Una vez que la
tierra comenzó a solidificarse, hace unos cinco mil millones de años, y después
que apareció la vida, hace unos tres mil millones de años, puede observarse que
se produjo dentro del ámbito biológico un proceso de complificación orgánica, lo
que manifiesta una teleología (télos = fin) interna en la línea de
una creciente interioridad (piénsese en el Funktionskreis de
Jakob von Uexkuell) . Como lo ha demostrado E. Dubois, existe entre los
animales un creciente coeficiente de cerebralización (centro del sistema
nervioso) que se deja ver por la proporción del peso del cerebro con respecto
al del cuerpo en su totalidad (Sur le rapport du poids de l´encéphale avec
la grandeur du corps, en "bulletín de la Soc. Anthrop.", París,
VIII, 1897, pp. 337-376). Por ejemplo: un ratón 9,07; un felino, 0,31; un
simio, 0,4; un antropoide, 0,75: el hombre 2,82. De este modo, para descubrir
cual sea el eje central del "árbol de la vida", nos será necesario ir
a buscarlo, siempre, en un factor: coeficiente de complejidad del sistema
nervioso5.
Dejando de lado
todos los demás vivientes (plantas e invertebrados) y no tratando tampoco los
peces, anfibios, reptiles, nos centraremos sólo sobre un sector de los
mamíferos.
En la Era Mesozoica
(o Secundario) aparecen los mamíferos (hace unos 150 millones de años) como lo
manifiestan los depósitos cretáceos de Mongolia. En el comienzo del Terciario
(o Cenozoico, desde el Eoceno) eran ya numerosos los primates, seres arbóreos
muy pequeños, de la familia de los Plesiadapidac, con el más alto
coeficiente cerebral. En el Oligaceno se hace presente la fase de los
primates Propliothecus (hace unos 40 millones de años), en el
Mioceno la fase de los Dryopithecus (hace unos 25 millones de
años), y por último los Póngidos (hace unos 10 millones de
años en el Plioceno), de donde dependen los gorilas, orangután y chimpancé del
Pleistoceno (comienzo del Cuaternario hace algo más de un millón de años). ¿Y
el hombre?
En 1925 el profesor
Raymond Dart, descubría en Johannesburg, un fósil denominado Australopithecus (el
cráneo de Tchad y otros Australopithecus de Java, Palestina,
etc.) que
4 Sobre esto puede
verse Y. Delage-M.Goldsmith, Las teorías de la evolución, Madrid,
1911; F. Meyer, Problematíque de l´evolution, París, 1954).
5 Cfr. Teilhard de
Chardin, El grupo zoológico humano, Madrid, 1957, pp. 64 ss; Le
phénomene humain, París, 1955.
debe situársele al
comienzo del Pleistoceno, hace más de un millón de años. Su cerebro alcanza de
los 500 a loa 700 cm3 de capacidad (la mitad del homo sapies).
Debió caminar en posición erecta, como lo muestra la conformación de la pelvis
y el fémur, produjo una industria muy rudimentaria de guijarros afilados (Pebble
-culture)6. Por su parte, Leakey ha descubierto un homo
habilis (1963-1964), del comienzo del Cuaternario en Africa oriental
que indica un desarrollo ulterior, pero que se emparenta tanto con el cráneo de
Tchad y aún con el homo sapiens muy posterior.
La cuestión es la
siguiente; los descubrimientos recientes no nos permiten todavía decidir cuando
se separa de los primates (sea en la fase propliopithecus, dryopithecus o
póngidos) los homínidos que culminarán en la fase humana propiamente dicha.
Es bien posible que se descubran todavía tipos humanos anteriores al
cuaternario y el Australopithecus sea una línea colateral superada ya por
el homo habilis (anterior y más evolucionado).
Un nuevo paso
decisivo se cumple entre los nombrados y los llamados arque-ántropos (primer
hombre u hombre originario) entre los que se encuentra el Pithecanthropus y
el Siranthropus de China. Aparecen hace unos 600 mil años,
llegan a tener 900 cm3 de capacidad craneal (el hombre de Pekín
tiene 1100 cm3). Conocen el fuego, y han inventando una industria lítica bifaz.
Una nueva etapa la
cumple el pale-ánthropos (hombre antiguo), cuyo tipo de hombre
es el Neandertal que vive ya en el continente euroasiático y
africano desde hace unos 200 mil años /ausente sin embargo en
América. Tiene hasta 1450 cm3 de masa cerebral. Sus industrias (que comienzan
con el paleolítico /= piedras antiguas / inferior) son ya
superiores; posee hachas de mano, es recolector y cazador, tiene amuletos,
entierra a sus muertos, rodeándolos de ofrendas (lo que indica la existencia de
la religión).
Hace sólo unos 50
mil años aparece el ne-ánthropos (hombre nuevo o reciente),
el homo sapiens del que formamos parte nosotros y todas las
razas actuales. Los ejemplares más antiguos conocidos hasta ahora
son los de Cromagnon, descubiertos en 1868. Este hombre
produce pinturas rupestres, a poco descubrirá la agricultura y el pastoreo y
realizará la revolución neolítica y urbana. Es la culminación de un admirable y
lejanísimo proceso cósmico. Todo esto nos lo enseña la ciencia positiva7.
§ 17. ¿Cómo debe
pensarse el origen óntico del hombre?
Ónticamente la
pre-eminencia de la especie humana es fácilmente comprobable. Se trata
del ente que tiene mayor complejidad y coeficiente cerebral.
Los 14 millones de células nerviosas intracraneanas significan un
número inmenso de inter-relaciones muy superiores a las que pueden establecerse
entre los átomos y macromoléculas de un sistema astronómico como las galaxias.
6 Véase Gerhard
Heberer, Antropologie, Frankfurt, 1965.
7 Véase A.L. Kroeber,
Anthropology Today, Univ. Chicago, 1953; Osvaldo Menghin, Origen y
desarrollo racial de la especie humana, Buenos Aires, 1958, para las etapas
posteriores.
¿Cómo debe pensarse
filosóficamente todo esto? "No es suficiente describir la historia del
proceso"8. Es necesario superar al positivismo. En efecto,
Auguste Comte decía que "el espíritu humano reconociendo la imposibilidad
de obtener nociones absolutas, renuncia a buscar el origen y la destinación del
universo y a conocer las causas íntimas de los fenómenos, para ocuparse
únicamente de descubrir, por el uso bien combinado del razonamiento y la
observación, sus leyes efectivas, es decir, sus relaciones invariables de
sucesión y similitud"9 . Se niega entonces todo pensar
ontológico, ya que "el oficio propio de la filosofía consiste en coordinar
(coordonner) entre ella todas las partes de la existencia humana"10.
La filosofía debe "influir directamente sobre la vida activa sólo por la
sistematización (systématisation)"11. Sin embargo no es
así. La filosofía debe por lo menos plantearse una triple cuestión.
En primer lugar:
¿Qué es la evolución? El primer filósofo que formuló esta cuestión
claramente contra
el positivismo fue Henri Bergson en su L´Evolution créatrice:
"La Evolución es una creación renovada sin cesar"12. La vida se diferencia y crece debido
a "dos series de causas: la resistencia (résistance) que la vida
sufre de parte de la materia bruta, y la fuerza explosiva (force explosive,
que Bergson llama élan vitale), debida al equilibrio inestable de
tendencias, que la vida porta en ella"13. Esto no es sino el aplicar
covenientemente la noción de fýsis y télos:
aquello que, surgiendo desde sí tiende a su plena realización natural. Los
griegos habían ya descubierto la noción de fýsis como el
ámbito de la génesis (originación física) donde alcanza la
presencia como forma algo potencial llevado por la energía al
acto (al ser), ocultándose ( stéresis) la etapa superada (como la
flor se oculta ante la aparición del fruto: "... wird... die Blüte durch
die Frucht weggestellt"14. Pero los griegos aplicaron esta
noción de fýsis (naturaleza) sólo dentro del horizonte de
la ousía específica. Es decir, la naturaleza generaba, crecía
y se corrompía, pero dentro de un marco in-trans-formable del phylum (des
decir, de la esencia como una rama genética inalterable). Las
especies o esencias vivientes lo habían sido y lo serían eternamente. La
cuestión radica, entonces, en una filosofía de la esencia. A nuestro
conocimiento el primer filósofo que se ha propuesto pensar la evolución (hecho científico
hoy irrefutable y universalmente admitido) en un plano metafísico es Xavier
Zubiri. En su libro Sobre la esencia explica: toda esencia de
un ente viviente es un conjunto de notas constitutivas o
físicas, que en la generación transmite un esquema constitutivo,
que hace que las esencias de una especie o phylum tengan
"iguales notas" específicas (la esencia quidditativa). La
multiplicación (no la mera multiplicidad) de los individuos de una especie se
hace por la re-producción intra-filética (pp. 211 ss). Las notas constitutivas,
por ser individuales, son muchas más que las meramente específicas o
quidditativas (en las que concuerdan los individuos de una especie). En el
proceso de generación, esas notas constitutivas no quidditativas, pueden gestar un
individuo de la misma especie, pero a veces puede originar un
individuo de otra esencia (dentro, claro es, del condicionamiento
físico que le marca la esencia generante: no se originará jamás un pájaro de un
mamífero, sino un nuevo tipo de mamífero): si dicho
8 Nos dice
Tresmontant, op. cit., pp. 179.
9 A. Comte, Cours
de philosophie positive, París, 1907, t.I, p. 3.
10 Systéme de
politique positive, París, 1896, t.I, p. 8.
11 Ibid., p. 9.
12 Op. cit., p. 112
13 Ibid., p. 107
14 Véase Heidegger,
Die Physis bei Aristoteles, ed. cit.
individuo
trans-esenciado) por un esquema constitutivo nuevo) no genera individuos, no
hay todavía una especie nueva: sólo en el caso que el individuo trans
-esenciado perpetúe por la re-producción, la nueva esencia originada produce la
aparición de un nuevo phylum. "La originación de las esencias específicas
por meta-especiación es lo que llamamos evolución" (p. 256).
Para Platón,
Aristóteles y toda la cultura helenística o romana, las esencias eran
inmutables, ingénitas, eternas. Al instaurar el cristianismo una nueva noción
de cosmos como creado, y al rechazar la idea del tiempo como eterno retorno
cíclico, negó la eternidad de las especies. En la Edad Media, sin embargo, se
aceptó una doctrina atenuada: las esencias son creadas a imitación de ideas
eternas en Dios. "Pero esta concepción no es forzosamente aceptable ni tan
siquiera en su forma atenuada. Las esencias específica mismas en cuanto
especies nacen y se extinguen dentro del
tiempo cósmico" (p. 255). Es uno de los logros fundamentales de la
metafísica cristiana que ha durado veinte siglos en llegar a su expresión
clara.
En segundo lugar:
¿Qué nuevo factor aparece en el cosmos por el que podemos decir que el hombre
se ha hecho presente? ¿Qué nota hace del hombre un hombre? La antropología
física diría: ¿En qué se diferencia un póngido del primer homínido hominizado?.
En la "esencial irreductibilidad de la dimensión intelectiva del hombre a
todas sus dimensiones sensitivas animales..."15. Más concretamente, el Australopithecus "parece
presentar (y a ello se inclina hoy la mayoría de los investigadores), vestigios
de innovación creadora, a diferencia de la fijeza y repetición característica
del instinto y de la imitación animales: denotarían por tanto, una cierta inteligencia"16. De todos modos, que son hombre
el Pithecanthropus no cabe ninguna duda. Y, sin embargo, hay
entre estos tipos de hombres y el hombre actual enormes diferencias: capacidad
craneal, fantástica diferencia de capacidad inventiva de instrumentos, etc.
Vemos entonces que hay una evolución morfológica y cultural. ¿Puede quedar
exenta la misma inteligencia o capacidad com-prensiva de una cierta evolución
interna a la especie humana, al pasar de un tipo al otro de
hombre? "Estamos habituados por una antiquísima tradición a definir al
hombre como animal racional, es decir, un animal dotado de la
plenitud de pensamiento abstracto y de reflexión. Y en tal caso nos resistimos,
con sobrado fundamento, a llamar "hombres" a tipos tales como el
pithecanthropus y más aun al australopithecus, aunque su industria denotara
inteligencia"17. En este error de confundir reflexión
y racionalidad con la com-prensión primera o inteligencia han caído muchos
paleontólogos. El mismo Teilhard de Chardin dice que "la reflexión... es
el poder adquirido por una conciencia de replegarse sobre sí y de tomar
posesión de ella misma como objeto"18. En este Teilhard es más
cartesiano de lo que creía. El hombre debió habitar en el cosmos durante muchas
centenas de miles de años antes de cobrar conciencia refleja de sí mismo como
objeto Primeramente se abrió y abrió un mundo (ámbito del ser
propio a la primerísima com-prensión de la realidad por parte del Australopithecus o
del Pithecanthropus hace un millón o medio millón de años) .
Quizá sólo el homo sapiens alcanzó la plena racionalidad y
gracias a ello pudo realizar la revolución neolítica. Todos los tipos
anteriores de hombres serían como niños que no habrían alcanzado el nivel del
llamado
15 Zubiri, El
origen del hombre, en "Rev. de Occidente" (1964), II, 17, p. 147.
16 Ibid., p. 150.
17 Ibid.
18 T. de
Chardin, Le phenomene humain, p. 181
"uso de la
razón" (aproximadamente los 6 ó 7 años de un niño normal actual) . Existe
entonces, con toda probabilidad, una evolución intelectual dentro de la misma
especie humana.
En tercer lugar.
¿Cómo se origina la inteligencia como nota de la esencia específica humana? El
pensar humano ha debido llegar a dos posiciones extremas: la naturalista (que
admite la generación de la inteligencia desde el medio animal, pero que no
puede probarlo) o la creacionista. La tesis naturalista deberá admitir una
inteligencia potencial en los animales y de allí en el universo, al fin es un
tipo de panteísmo que no puede hoy ser sostenido. Con respecto a la tesis
creacionista ya decía el mismo Lamarck: "Intentar, como científico, buscar
cual puede ser el origen de los vivientes y cómo se han formado, no es una
temeridad condenable sino a los ojos del vulgo y del ignorante, y no a los ojos
del verdadero filósofo; a los ojos del sabio no se trata sino de descubrir el
modo que la potencia divina, creadora de toda la naturaleza, ha debido usar
para hacer existir todo lo que es"19. Es necesario entonces entender que
aunque "el proceso genético no produzca el espíritu humano por
transmutación del psiquismo animal, sin embargo, continúa siendo verdad que la
especie humana es el término de una evolución zoológica"20. De
manera sólo indicatoria, y sin poder aquí tratar la cuestión en toda su
profundidad, debe comprenderse que la creación no sólo no se opone, sino que
hace inteligible a la evolución. "La aparición de una psique intelectiva o
com-prensiva es una innovación absoluta en e cosmos, y, por tanto, no puede ser
sino efecto de la causa primera, al igual que lo fue en su hora, la aparición
de la materia; es efecto de una creación exnihilo"21. No se trata de una dis-continuidad
entre la sensibilidad del animal pre-humano y la vida de tipo humano del
homínido hominizado; es que toda la evolución biológica, hasta culminar en los
primates y homínidos, no sólo es una causa dispositiva para la
aparición de la inteligencia com-prensiva, sino una causa exigitiva.
Es decir, en la originación del primer individuo hominizado por
meta-especificación, el nuevo organismo generado exigirá (viene de ex-agere =
"hacer-salir-de"; Sobre la esencia, p. 330) para su
propia viabilidad el uso de la inteligencia. "Los progenitores hacen que
tenga que haber acción creadora intrínseca; son ellos quienes, por su acto,
determinan vital e intrínsecamente la acción creadora"22. Es
decir, "surge naturalmente (no es milagro ni gracia)
desde las estructuras somáticas, por un acción creadora intrínseca, una psique
intelectiva... Desde el punto de vista de la causa primera, de Dios, su
voluntad creadora de una psique intelectiva es voluntad de evolución genética"23. Con ello queda constituido un
nuevo phylum, el phylum de los homines.
La creación divina es, entonces, una natural, inmanente y continuada actividad.
"De este modo la creación de la vida en el seno de la materia y con la
materia (y de la inteligencia en el seno del phylum de los
primates y con los primates), no destruye las leyes naturales de la física y de
la biología, sino que las utiliza desde dentro para constituir
un orden nuevo"24. Creacionismo y evolucionismo -tal como los
hemos explicado aquí- son dos tesis de la metafísica cristiana, que se oponen a
la eternidad del cosmos y de las especies propias del mundo griego.
19 Lamarck, Recherches
sur l´organisation des corps vivants, París, 1802.
20 X. Zubiri, Sobre
la esencia, p. 262.
21 Zubiri, op.cit.,
pp. 266
22 Zubiri, El
origen del hombre, p. 171; leer con detención pp. 167-173.
23 Ibid., pp. 171-173.
24 Tresmontant, op.cit.,
p. 275.
§ 18. Aparición del
"mundo" u orden ontológico
Merleau-Ponty dice
que "nada me hará jamás comprender lo que podría ser una nebulosa que no
fuera vista por nadie. La nebulosa de Laplace no está detrás de
nosotros, en nuestro origen, sino delante de nosotros en el
mundo cultural"25.
Merleau no
distingue aquí entre mundo y cosmos. Verdad
es que no puede darse un mundo sin el hombre; verdad es que el cosmos aparece
sólo en el mundo, pero se puede pensar un cosmos (orden de la realidad) sin el
hombre, y por lo tanto un cosmos no visto por nadie. Es un dicho cosmos, no
visto todavía por el hombre que un día, un homínido que era el primer hombre,
por su inteligencia com-prensiva aunque todavía no racional, instauré un nuevo
orden: el mundo; ámbito ontológico en el que las cosas revelan un ser. Queremos
ahora pensar esa experiencia originaria, que, por otra parte, se repite
cotidianamente; la instauración de un mundo donde resplandece la verdad del
ser, ápice del cosmos.
Cuando fue
originado, dentro de un phylum pero posiblemente en grupo
(monofiletismo poligenético); el primer hombre inteligente (quizá un australopithecus),
éste debió tener ante sí un "panorama" absolutamente nuevo. Ante sus
ojos, todavía enceguecidos por una noche que se había prolongado desde el
comienzo del cosmos, aparecieron entes "ya" en
el mundo (ámbito del ser y no meramente cosmos). Esos entes
habían estado hasta ese entonces en la noche del caos, del sin-sentido, de la
no-significación, del no-ser (como inteligiblidad humana). Eran sí entes del
cosmos, eran cosas reales pero mudas, oscuras, caóticas. Eran esa
"nada" de la que nos habla Heidegger en la experiencia del pavor (Angst).
Cuando el hombre
aparece, por muy primitivo que fuera (a tal punto que quizá hoy le
confundiríamos con un primate y lo encerraríamos en un zoológico), instaura
ya el orden ontológico. Ya hemos pensado dicho ámbito con respecto
al ser (véase 12-13), ahora nos detendremos en
otro momento de ese orden ontológico: la verdad del ser.
Las cosas, fuera
del mundo, no son verdaderas ni falsas; simplemente son reales, son partes del
cosmos como caos. Sólo cuando aparece el hombre y las asume en el mundo, ellas
(las cosas), sin ser modificadas en su entidad real cósmica (en-sí), adquieren sin
embargo para el hombre (para-mí) una nueva connotación: la de ser
verdaderas o falsas. Heidegger dice en Ser y tiempo (comentaremos
el § 44 en especial desde aquí en adelante) que "hay
verdad sólo, hasta donde y mientras (solange) el hombre (Dasein)
es. Los entes son des-cubiertos (ent-deckt) y permanecen abiertos (erschlossen)
sólo cuando y sólo mientras el hombre es"26. Sin el hombre no
hay verdad mundana.
Tomás de Aquino
decía que "lo inteligible (intelligibile), en cuanto inteligible,
no es algo que se da en el orden cósmico (rerum natura)" (Deanima ,
a. 4)27. La verdad no es, sin embargo, el ser, sino el modo
primerísimo como el ser se manifiesta. La cosa en cuanto aparece en el mundo
"manifiesta" su ser, en este sentido se dice que está
"abierta" al hombre
25 Merleau-Ponty, Phénoménologie...,
p. 494.
26 Heidegger, op.cit.,
& 44 c; ed. cast. 247.
27 Véase
W.Luypen, Existentiële Fenomenologie: ed. cast. Lohle 1967, pp.
139-165.
(a su
inteligencia). En sentido ahora más estricto, esa manifestación es el
"verdadear" de la cosa ante la inteligencia. El hombre por su parte
instaura el orden del Ser (=facere, poiein) o la verdad,
"hace" entonces este orden; en este sentido el hombre es el único
ser veri-facter. En la primerísima apertura del hombre al mundo
(el Er-eignis o co-participación del hombre y el ser de las
cosas) las cosas se des- cubren ante la inteligencia,
"verdadean", y el hombre las des-cubre en su ser
(sólo porque el hombre des-cubre a las cosas, éstas permanecen
"abiertas" al mundo con un sentido).
En efecto. En
griego la palabra alétheia (=verdad) está compuesta por dos
partículas: Lethés
= encubierto, oculto,
letargo; a = privación28. Para un griego, verdad, significaba
entonces; lo descubierto, des-oculto, rememorado, vigilante, des-velado,
re-velado. Todo esto nos indica que del caos anterior al mundo se hizo la luz
al abrirse, al verdedear los entes ante un ente des-cubridos o veri-factor. El
mundo no es sino el -ámbito dentro del cual las cosas se manifiestan en su ser.
Este acto de manifestación y des-cubrimiento es
indicado por las partículas des- re- de las palabras des-cubrir, des-ocultar, re-velar.
Los entes eran simplemente reales, ahora son verdaderos. ¿Ante quién? Ante el
ser veri-factor, el hombre. Este modo de ser del hombre en el mundo, este existencial propio
del hombre, lo denominaremos ser-des-cubridor. Como puede verse, se
establece un círculo: al instaurar el hombre el orden ontológico o el mundo
(ámbito del ser) revela a las cosas en lo que son, es decir, des-cubre o
veri-fica a las cosas que, abiertas al mundo, verdadean. Sin el hombre las
cosas permanecen en el caos, cerradas en sí mismas, ocultas,
veladas en la noche originaria del sin-sentido, aletargadas en un sueño de lo
no inteligible. Tal es el medio animal, un total ocultamiento (Grundverborgenheit)29.
Los entes dentro
del mundo son verdaderos, en cuanto verdadean ante un ser verifactor (el
hombre), re -velando simplemente lo que son ( Verum est id quod est:
"verdadero es aquello lo que es"; Tomás, De veritate,
q.1, a.1, c). En este sentido ninguna cosa puede no ser verdadera (nada puede
ser, en cuanto se manifesta primerísimamente, falso30); "La
palabra (lógos) falsa (pséudés) es simplemente hablar (logos)
acerca de nada (oudenós)" (Arist., 1024 b, 31-32). Esta rápida
descripción se ha dirigido sólo al fundamento (in quo verum fundatur,
dice Tomás, ibib.) de la verdad. El hombre es el lugar (tópos)
y el mundo el ámbito (jóra) de la verdad del ser: "Ser
(sein) - no entes - sólo lo hay hasta donde la verdad es"31
El ente verdadea
bajo una condición: que "se le deje ser (sein lassen) lo que
es" (Idem, Vom Wesen der Wahreit). Para "dejar" al
ente verdadear en su ser, el hombre tiene que ser libre. "La
libertad con respecto a lo que se re-vela en el seno de la apertura, deja al
ente ser lo que es (läszt das jeweilige Seiende das Seiende sein, das er ist)"
(Ibid.), sin distorcionarlo, sin ocultarlo, sin falsearlo. Lo que pasa es que
el hombre, una vez que ha instaurado el mundo, se "instala" en él
(como plácido burgués, como hombre de ciencia, como activista...) y vive
seguramente la "ocultación" del ser de los entes en su mundo. Las
cosas se en-cubren, velan,
28 Véase
Heidegger, Ser y tiempo § 44; Vom Wesen der Wanreit;
Platons Lehre von der Wahreit; E. Nicol, Metafísica de la expresión,
México, 1957, pp. 264-284.
29 Ibid., § 44b.
30 Véase
Aristóteles, Metafísica, 1024 b, 17-1025 a 13; estudiar el
comentario de Wagner de Reyna, El concepto de verdad en Aristóteles,
en "Rev. de Est. Clásicos" (Mendoza) IV, 1951, pp. 15-188):
31 Heidegger, op.cit.,
§ 44; ed. cast. p. 251.
olvidan, aletargan,
se presentan como lo obvio. Es decir, cuando el hombre comenzó la
historia del ser, inicio igualmente la historia de su olvido, de su
ocultamiento. Ya no fue libre. No deja que las cosas se manifiestan en lo que
son. Es esclavo. Las cosas aparecen respondiendo a pre-juicios, a lo que
creemos saber acerca de ellas - ocultando entonces lo que debían manifestarnos
de haber permanecidos libremente abiertos a su verdadear. Como hemos dicho, las
cosas, primerísimamente, en su verdadear, no pueden ser fundamento de
equivocación. Lo que no-es es falso; lo que es, es
verdadero. Es decir.
"El
ser-verdadero de lógos como apófansis es
el aletheúein en el modo del apofaínesthai:
permite ver un ente - sacándolo del estado de oculto (Verborgneheit)
- en su estado de
no-oculto (como descubierto). La alétheia, equiparada por
Aristóteles con prágma... significa las cosas mismas, lo que
se muestra32 los entes en el cómo de su estado de
des-cubiertos"33.
En este sentido, el
ente verdadea y no puede ser sino verdadero. El error comienza después. Cuando
el hombre ha olvidado el sentido del ser de las cosas. Comienza a andar como
perdido en el mundo; un mundo cuyo ser ha caído en el olvido (Vergessehheit);
entonces inicia su errar des-avorizado (su caminar de aquí para allí sin ningún
tipo de pavor, en la más absoluta seguridad de lo obvio) . Esta
"errancia" por un mundo sin sentido, cuyo ser permanece perdido (Verlorenheit)
u oculto (Verborgenheit), es el fundamento existencial del error:
cuando se afirma algo que no-es, cuando se afirma lo falso34. El veri-factor deja en libertad
manifestarse o verdadear a la cosa (la cosa es así verdadera). El ·errabundo·
en su esclavitud no deja a la cosa obvia manifestarse, sino en lo que ella
no-es (lo falso, ya que el ser permanece en el olvido). El veri-factor
puede afirmar lo que las cosas son (formalmente la verdad se
juega en el juicio; id quod formaliter rationem veriperficit, dice
Tomás, Ibid.). El errabundo sólo afirma lo falso; cae entonces en el error.
Pero hay todavía
cuestiones más graves. El error puede ser fruto del desquicio (del haberse
salido del quicio o del sentido del ser que está oculto); el errabundo es más
víctima que culpable y su error no es tan imputable como la mentira.
En el caso del
mentiroso no sólo las cosas son mal conocidas y afirmadas, sino que el hombre
mismo es falso ( ánthropos pseudés, Arist. 1025 a
3), no es auténtico. ¿Y ésto por qué? Si tenemos presente que
la verdad no es sino re-velación del ser de
las cosas, pero que el ser de las cosas no es sino un momento del mundo, y que
dicho mundo gira en su totalidad en torno al ser del hombre que se juega en
su proyecto 35; de la autenticidad o falsía del
proyecto dependerá la posibilidad misma del des-cubrimiento del ser de los
entes:
"A la
constitución del ser del hombre es inherente la caída (Verfallen).
Inmediata y regularmente se pierde (verloren) el hombre en su mundo.
La com-prensión, como proyección de sus posibilidades de ser, se ha desplazado
en esta dirección (inauténtica o falsa). El absorberse en lo se (Mán;
el impersonal "se" dice, "se"
32 Véase § 8
de este curso.
33 Heidegger, op.cit.,
& 44; ed.cast. p. 240.
34 Véase Heidegger,
op.cit., VII.
35 Véase § 12
de este curso.
opina) significa la
dominación de lo público... Lo descubierto y abierto se halla en el modo de
des-figurado y cerrado por obra de las habladurías, la avidez de novedades y la
ambigüedad... Los entes no están completamente ocultos, sólo algo descubiertos,
pero, al par, desfigurados; se muestran, pero en el modo de parecer
ser... El hombre, por ser esencialmente cadente (verfallend),
es, debido a la constitución de su ser, en la no-verdad
(falsía, Unwarheit)" 36. "El comprender (Verstehen)
la vocación de la conciencia permite interpretar (críticamente), el haber
estado perdido en el se"37 . "El fenómeno
del estar resueltos (la resolución, Entschlossenheit, es el signo
del hombre auténtico) nos puso ante la verdad original de
la existencia"38.
El hombre
puede caer en el mundo sin sentido de lo obvio, de lo que no
es puesto en cuestión (Fraglosigkeit), del impersonal "se" del
plácido burgues. "Se" pierde en dicho mundo. Su
proyecto inauténtico des-figura las cosas. ("Todo se va
con el color del cristal con que se mira"). La apariencia (lo obvio)
oculta el ser y le presenta lo que no es (lo falso), errabundo afirma
erradamente; perdido en su caída justifica su proyecto inauténtico y miente. La
mentira no puede ser sino el fruto de la inautenticidad.
El hombre
auténtico, el que confronta su ex-sistencia en la libertad de su ser-para-la-
muerte es el veraz ser-des-cubridor de lo que las
cosas son. Sabe que puede perderse y ha estado perdido en lo obvio, pero se
levanta a la transcendencia del pensar; es sólo allí donde su proyecto puede
re-interpretarse, des-cubrirse, des-ocultarse. La verdad es en este caso
veracidad39, y se opone a la mentira, simulación, hipocresía,
jactancia, ironía40.
Nada supo el hombre
originario, inteligente, pero todavía no racional, de riesgo que iniciaba. El
riesgo de ser hombre. Aventura de instaurar un orden donde el ser se re-vela en
el verdadear de las cosas en el mundo. Malaventura de iniciar igualmente un ámbito
donde el ser se oculta en el olvido impersonal de lo obvio que falsifica las
cosas en la ignorancia, errancia y mentira (la habladuría, avidez de
novedades y ambigüedad de las que habla Heidegger no son sino fruto
del olvido del ser o la no-verdad). La historia de la humanidad será así por el
progreso del sentido de ser en el mundo y la degradación por el ocultamiento de
dicho sentido. Es tarea del pensar meditativo y metódico, filosófico, volverse
al ser oculta
y cumplir la vocación
de veri-factor, de ser-des-cubridor de un ente que debe ser dejado verdadear en
la libertad. De todos modos la autenticidad, el conocimiento de sí es una
conquista siempre precaria y nadie puede gloriarse de alcanzarla
definitivamente.
§ 19. Tres niveles
constitutivos del mundo como cultura
El mundo, el orden
de la com-prensión del ser o de su re-velación, el ámbito ontológico de la
verdad no es sólo un orden teórico o contemplativo, sino que es igualmente un
horizonte
36 Ser y tiempo, § 44
b; ed.cast. 242-243.
37 Ibid., § 62, p.
333.
38 Ibid.
39 Véase lo que dice
al respecto Tomás de Aquino II-II, q. 109, De veritate, pero como
modo de habitar el mundo: "talis veritas, sive veracitas, necesse est
quod sit virtus"; a. 1, c.)
40 Ibid., q. 110-113.
de práxis (=
"acción o hecho" en griego). Lo teórico (viene del griego theoría:
théos = dios, horáo = mirar) es lo primero (con prioridad de
naturaleza y no temporal), pero de inmediato adviene la ex-presión.
El verbo ex-presar viene del latín ex-primere en el doble
sentido de: "Exprima una naranja" (extraer el zumo de la
fruta), o "se exprime mal" (expresar incorrectamente el
pensamiento, y viene del verbo antiguo "exprimir"). La ex- presión
(lo que presionando sale fuera desde el origen: el hombre como com-prensor) es
lo que del hombre en el mundo, es una apófansis, vuna e-nunciación,
es lo que hace del hombre un fenómeno41, lo que lo muestra o
manifiesta. El orden de la ex -presión en el orden cultural, es
aquel momento del mundo en que el cosmos no sólo ha sido asumido en la actitud
teórica, sino trans-formado, sino trans-formado por la expresión práctica o
poiética (en griego poieín indica el "quehacer"
propio del hombre en oposición al gignetai o
"devenir" de la naturaleza física). Desde (ex-) el hombre sale
(-presión) un nuevo momento del mundo. Si el hombre permaneciera en su pura
actitud com-prensiva aunque existiera un mundo, el cosmos permanecería como un
ámbito in-hóspito, no hospitalario o acogedor. el hombre habitaría (colo en
latín significa "habitar") una naturaleza desértica. Los antiguos
(los romanos por ejemplo) antes de edificar una ciudad consagraban o rendían
culto (la palabra "culto" viene también de colo y cultura)
a los dioses; de este modo los demonios o dioses malignos se alejaban del
lugar. El lugar habitado por los demonios era el caos (lo exterior, el lugar
donde se habita el mundo). Nos dice Mircea Eliade:
"Los muros de
las ciudades antes de ser defensas militares son defensas mágicas, porque ellos
preservan, en medio del espacio caótico, poblado de demonios y de monstruos, un
ámbito, un espacio organizado, mundanizado...42.
El hombre se
ex-presa transformando el cosmos. Por la téjne (en griego todo
producir artesanal) aparecen las obras de arte o productos manufacturados:
instrumentos inventados con diversas finalidades. Las meras cosas del
cosmos, la madera com-prendida y asumida en un mundo, se
trans-forma ahora en una mesa, en una cosa-sentido43. La madera era una cosa real en el
cosmos, era un algo ante los ojos com-prendidos en el mundo; ahora es un
instrumento que sirve al hombre en su mundo hecho hospitalario.
Sin el hombre desaparece el mundo, y con el mundo desaparece el orden cultural;
los restos producidos por el hombre en un mundo son reasumidos
por el simple cosmos; la cosa-sentido retorna a la mera cosa,
a la nada -de-sentido. Los templos mayas hechos por
el hombre maya en su mundo, cosas-sentido maravillosas por su significación y
belleza, retornaron durante siglos (englutidos por la cósmica selva yucateca) a
la nada-de-sentido, permaneciendo sin embargo en su mera realidad
cósmica. El mundo tiene entonces dos momentos constitutivos; la comprensión
teórica o transcendencia del orden estimúlico animal, la expresión del
orden cultural. "Cultura" en este sentido no es sino la
obra mundanizante y trans -formativa efectuada por el hombre en el cosmos. Y en
este sentido más originario, hasta el habla es ya cultura; lo son las artes y
sus obras, las técnicas y sus productos, las actitudes existenciales o el éthos44.
"El hombre es el ente que expresa"45 Lo que olvida
Nicol es que si puede ex-presar es porque
41 Véase lo dicho en
el § 8.
42 (Traité d´histoire
des religons, París, 1959, p. 318.
43 Véase, Zubiri,
Sobre la esencia, pp. 290-292; Aristóteles, Física I, 1,
192 b, pp. 16-20.
44 Véase lo dicho en
el § 2, pp. 5-6 de estas lecciones.
45 Véase
E.Nicol, Metafísica de la expresión, p. 213, hemos cambiado
"ente" por "ser".
antes puede
com-prender. Lo que al fin el hombre ex -presa es el "sentido" o el
"ser" (pp. 321 ss); por eso es que todas sus obras (aún las más
espirituales y hasta las bestiales) son símbolos (pp. 349
ss.); en ésto concuerdan en su humanidad el mundo mítico o el mundo científico
contemporáneo. Por ello "todo símbolo guarda relación con otros símbolos y
tiende a integrar con ellos un sistema con su propia unidad de
"sentido" (p. 292.); dicha totalidad unitaria de sentido es el mundo,
orden ontológico del ser ex-presado en el momento cultural de dicho mundo.
"La humanidad,
considerada en su totalidad, entre progresivamente en una civilización mundial
y única, que significa a la vez un progreso gigantesco para todos y una tarea
inmensa de superviviencia y adaptación de la herencia cultural en este cuadro
nuevo"46.
Es decir, pareciera
que existe una civilización mundial, y, en cambio, una tradición cultural
particular. Antes de continuar y para poder aplicar lo dicho a nuestro caso
latinoamericano, deberemos clarificar los términos que estamos usando. Hemos ya
explicado en algunos de nuestros trabajos la significación de civilización y
cultura47, aquí resumiremos lo dicho ahí y agregaremos, sin embargo,
nuevos elementos que hasta ahora no habíamos considerado.
a) La civilización48 es el sistema de instrumentos inventado por el hombre, transmitido y
acumulado progresivamente a través de la historia de la especie, de la
humanidad entera. El hombre primitivo, pensemos por ejemplo en un Pithecanthropus hace
un medio millón de años, poseyó ya la capacidad com-prensiva de distinguir
entre la mera "cosa" (ente integrante de un medio animal) y un
"instrumento" (ya que la transformación de una cosa en un útil, sólo
es posible por un entendimiento com-prensivo que distingue entre
"esta" cosa y un "proyecto" que me permite de-formar la
cosa en medio-para). El hombre se rodeó desde su origen de un sin
número de "instrumentos" con los que convivió, y teniéndolos a la
mano los hizo el contexto de su ser-en-el-mundo. El "instrumento -el
medio- puede evadirse de la actualidad personal de la cosa-sentido y se
transforma en un algo intemporal, impersonal, abstracto, transmisible,
acumulable, que puede sistematizarse según proyectos variables. Las llamadas
altas civilizaciones son supersistemas instrumentales que el hombre logró organizar
desde el Neolítico, después de un largo millón de años de innumerables
experiencias y adiciones de resultados técnicos. Sin embargo, desde la piedra
no pulida del hombre primitivo al satélite que nos envía fotos de la superficie
lunar hay sólo diferencia
cuantitativa de
técnificación, pero no una distinción cualitativa -ambos son útiles que
46 Paul Ricoeur, Histoire
et vérité, Seuil, Paris, 1964, p. 274 (del artículo publicado en
"Esprit" (Paris) octobre, 1961).
47 Cfr. Chrétientés
latino-américains, en Esprit, juillet (1965), pp. 3 ss.
(Conferencia inaugural de la Semana Latinoamericana I, París, 1964); Hipótesis
para una Historia de la Iglesia en América Latina, Estela, Barcelona, 1967,
cap. I, II, 1.2; nuestro curso impreso por los alumnos sobre
Latinoamérica en la Historia Universal (Universidad del
Nordeste), §§ 2.-5; "Iberoamérica en la historia
universal"; en Revista de Occidente (Madrid) 25 (1965),
pp. 85-95; Cultura, cultura latinoamericana y cultura nacional, en
Cuyo (Mendoza) IV (1969), pp. 7-40.
48 Nos oponemos a la
posición de Spengler (civilización como decadencia de la cultura) o aún a la de
Toynbee (como el "campo inteligible de comprensión histórica"),
adoptando la posición de Gehlen (Der Mensch, Athenäum, Berlín, 1940) y
Ricoeur (op.cit.).
cumplen con un
proyecto ausente en la "cosa" en cuanto tal; ambos son elementos de
un mundo49.
El sistema de
instrumentos que hemos llamado civilización, tiene diversos niveles de
profundidad (paliers), desde los más simples y visibles a los más
complejos e intencionales. Así es ya parte de la civilización, como la
totalidad instrumental "dada a la mano del hombre", el clima, la
vegetación, la topografía. En segundo lugar las obras propiamente humanas, como
los caminos, las casas, las ciudades, y todos los demás útiles incluyendo la
máquina y herramientas. En tercer lugar, descubrimos los útiles intencionales
que permiten la invención y acumulación sistemática de los otros instrumentos
exteriores: son las técnicas y las ciencias. Todos estos niveles y los
elementos que los constituyen, como hemos dicho no son un caso, sino un mundo,
un sistema -más o menos perfecto, con mayor o menos
complejidad. Decir que algo posee una estructura o es un sistema es lo mismo
que indicar que poseen un sentido, que es del orden ontológico o
del ser.
b) Antes de indicar la
"dirección de sentido" del sistema hacia los proyectos, analizaremos
previamente la posición del portador de la civilización con
respecto a los instrumentos que la constituyen. "En todo hacer y actuar
como tal se esconde un factor de gran peculiaridad: la vida como tal obra
siempre en una actitud determinada, la actitud en que se obra
y desde la cual se obra"50. Todo grupo social adopta una manera de manipular los
instrumentos, un modo de situarse ante los útiles. Entre la
pura impersonalidad de la civilización y la pura mismidad de la
libertad, existe un plano intermedio, no sólo los modos de
ser, los existenciales, sino modos de cumplir esos modos-de-ser,
que cada persona o pueblo ha ido constituyendo y que lo pre-determina,
no absolutamente, como con una inclinación a priori en sus
comportamientos mundanos51-
Llamaremos ethos de
un grupo o de una persona al complejo total de actitudes que predeterminando
los comportamientos o el mismo ser-en-el-mundo forman sistema, fijando la
espontaneidad y la transcendencia en ciertas instituciones habituales. Ante un
arma (un mero instrumento), un azteca la empuñará para usarla aguerridamente,
para vencer al contrario, cautivarlo e inmolarlo a sus dioses para que el
universo subsista; mientras que un monje budista, ante un arma, volverá su
rostro en gesto de desdén, porque piensa que por las guerras y los triunfos se
acrecienta el deseo, el apetito humano, que es la fuente de todos los males.
Vemos, entonces, dos actitudes diversas ante los mismos
instrumentos, un modo distinto de usarlos. El ethos, a diferencia
de la civilización, es en gran parte incomunicable, permaneciendo siempre
dentro del horizonte de una intersubjetividad (de una intersubjetividad
regional o parcial). Los modos que van configurando un carácter propio se
adquieren por la educación ancestral, en la familia, en la clase social, en los
grupos de función social estable, dentro del ámbito de todos aquellos con los
que se convive, constituyendo un nosotros. Un elemento o
instrumento de civilización puede transmitirse por una información escrita, por
revistas o documentos, y su aprendizaje no necesita más tiempo que el de su
comprensión intelectual, técnica. Un africano puede salir de su tribu en
49 Es todo el mundo de
los "vehículos materiales" de Pitrim Sorokin, Las Filosofías
sociales de nuestra época en crisis, Aguilar, Mad. 1956, pp. 239ss.
50 Erich
Rothacker, Problemas de antropología cultural, Fondo de Cultura
Económica, México, 1957, p. 16
51 M. Merleau-Ponty
indica esto cuando dice que los objetos de uso "hacen emerger nuevos
ciclos de comportamiento" (La estructura de comportamiento,
Hachette, Buenos Aires, 1957, 228
Kenia y siguiendo
sus estudios en uno de los países altamente tecnificados, puede regresar a su
tierra natal y construir un puente, conducir un automóvil, conectar un radio y
vestirse "a la occidental". Sus actitudes fundamentales pueden haber permanecido
casi inalterables - aunque la civilización modificará siempre, en mayor o menor
medida, el plexo de actitudes como bien pudo observarlo Gandhi52.
El ethos es
un mundo de experiencias, disposiciones habituales y existenciales, vehiculadas
por el grupo inconscientemente, que ni son objeto de estudio ni son criticadas
-al menos por la conciencia ingenua, la del hombre de la calle y aún la del
científico positivo-, como bien lo muestra Edmund Husserl. Dichos
sistemas ethicos, a diferencia de la civilización que es
esencialmente universal o universalizable, son vividos por los participantes
del grupo y no son transmisibles sino asimilables, es decir, para vivirlos es
necesario, previamente, adaptarse o asimilarse al grupo que los integra en su
comportamiento.
Por ello la
civilización puede ser mundial, y su progreso en continuo -aunque con altibajos
secundarios - en la historia universal; mientras que las actitudes
(constitutivo de la cultura en su esencia) son particulares por
definición -sea de una región, de naciones, grupos y familias, y, radicalmente,
de cada uno (el So-sein personal)53.
c) Tanto el sistema de
instrumentos como el plexo de actitudes están al fin, referidas a un sentido
último, a una premisa radical, a un reino de fines que justifican toda acción,
el proyecto personal e inter-personal de una época54. Estos proyectos se encuentran como encubiertos en símbolos, mitos o
estructuras de doble sentido, y que tienen por contenido los últimos fines de
todo el sistema intencional que llamamos mundo. Para usar un
nombre, proponemos el que indica Ricoeur55: núcleo ético-mítico. Se trata del sistema de proyectos que
posee un grupo inconsciente o existencialmente, aceptado y no críticamente
establecido. "Según esto la morfología de la cultura deberá esforzarse por
indagar cual es el centro ideal, ético y religioso"56, es decir, "la cultura es realización de valores y estos valores,
vigentes o ideales, forman un reino coherente en sí, que sólo es preciso
descubrir y realizar"57.
Para llegar a una
develación de estos proyectos, para descubrir su jerarquía, su origen, su
evolución, será necesario echar mano de la historia de la cultura y de la
fenomenología de la religión -porque, hasta hace pocos siglos eran los valores
divinos los que sustentaban,
52 "Entrar en la
verdadera intimidad de los males de la Civilización le resultará muy difícil.
Las enfermedades de los pulmones no producen lesión aparente... La civilización
es una enfermedad de este género, y nos es preciso (a los hindúes) ser prudentes
en extremo" (La civilización occidental, Sur, Buenos Aires, 1959,
p. 54). No aprobamos el pesimismo de Gandhi con respecto a la civilización,
pero debemos aprender mucho de su actitud crítica con respecto a la tecnología.
53 En las sociedades o
grupos, los elementos o constitutivos del ethos se
exteriorizan por funciones o instituciones sociales que fijan su ejercicio en
la comunidad. (Cfr. Geheln, Urmensch und Spätkultur, Athenäum, Frankfurt,
1956).
54 No admitimos la
distinción de Max Scheler, Ética, Revista de Occidente, Buenos
Aires, 1948, I, pp. 61ss.; ya que los fines, los auténticos fines de la
voluntad o tendencia, son valores, articulados estos de hecho en un proyecto.
55 Este pensador le
llama "le noyau éthico-mythique" (Histoire et verité, p. 282).
Los alemanes usan la palabra "Kern".
56 Eduard
Spranger, Ensayos sobre la cultura, Argos, Buenos Aires, 1947, p.
57
57 E. Rothacker,
o.cit., pp. 62-63.
sostenían y daban
razón de todos los sistemas existenciales. Con Cassirer y Freud el antes
nombrado filósofo agrega. "Las imágenes y los símbolos constituyen lo que
podríamos llamar el sueño en vigilia de un grupo histórico. En
este sentido puede hablarse de un núcleo ético-mítico que constituye el fondo
cultural de un pueblo. Puede pensarse que es en la estructura de este
inconsciente o de este subconsciente donde reside el enigma de la diversidad
humana"58. Como ya hemos explicado en nuestros cursos de Historia
de la Cultura, las consecuencias concretas de esta distinción metódica,
pasaremos ahora al apartado siguiente.
§ 20. ¿Qué es la
cultura?
Se trata ahora de
intentar una descripción de cultura; comprender adecuadamente sus elementos
constituyentes. Los proyectos son los contenidos o el polo teleológico de las
actitudes (según nuestra descripción anterior, el ethos depende
del núcleo proyectivo), que son ejercidos o "portados" por el
comportamiento cotidiano, por las funciones, por las instituciones sociales. La
modalidad peculiar de la conducta humana como un organismo estructural con
complejidad pero dotado de unidad de sentido, lo llamaremos estilo de
vida. El estilo de vida o temple de u grupo es el comportamiento coherente
resultante de un proyecto que determina ciertas actitudes ante los instrumentos
de la civilización -es todo eso y al mismo tiempo59.
Por su parte la
propio de los estilos de vida es expresarse, manifestarse. La ex-presión en
obras culturales, en portadores materiales de los estilos de vida, constituye
un nuevo elemento de la cultura que estamos analizando; las obras de arte - sea
literaria, plástica, arquitectónica-, la música, la danza, las modas del
vestido, la comida y de todo comportamiento en general, las ciencias del hombre
-la historia, psicología, sociología, derecho...-, y en primer lugar el mismo
lenguaje como el lugar propio donde los valores de un pueblo cobran forma,
estabilidad y comunicación mutua. Todo ese complejo de realidades culturales
-que no es la cultura integralmente comprendida- le llaman los alemanes
el Espíritu objetivo (siguiendo la vía emprendida por Hegel,
que recientemente ha utilizado muy frecuentemente Hartmann); se confunde a
veces con los útiles de civilización. Una casa es, por una parte, una obra de
civilización, un instrumento inventado por una técnica de la construcción; pero
al mismo tiempo, y en segundo lugar, es una obra de arte si ha sido hecho por
un artista, por un arquitecto. Podemos decir, por ello, que de hecho toda obra
de civilización se transforma de algún modo y siempre en obra de cultura, y por
ello a fin, todo lo que habita el mundo es cultura, expresión de un estilo de
vida que asume y comprende las meras técnicas y obras instrumentales
impersonales y neutras, de un punto de vista cultural.
Ahora podemos
proponer una descripción final de lo que sea cultura como momento del
mundo, Cultura es el conjunto orgánico de comportamientos
predeterminados por actitudes
58 Ricoeur, o.cit., p.
284. Y agrega: "Los valores de los que hablamos aquí residen en las actitudes concretas
ante la vida, en tanto forman sistema y que no son
cuestionadas de manera radical por los hombres influyentes y responsables"
(ibid., p. 282-283); "para alcanzar el núcleo cultural de un pueblo hay
que llegar hasta el nivel de los imágenes y símbolos que constituyen la representación
de base de un pueblo. (Ibid., p. 284).
59 Sobre los estilos
de vida véase lo que dice Freyer, Spranger, Rothacker. N.Hartmann (Das
Problem des geistigen Seins, Gruyter, Berlín, 1933).
ante los
instrumentos de civilización, cuyo contenido teleológico está constituido por
los proyectos, valores y símbolos del grupo, es decir, estilos de vida que se
manifiestan en obras de cultura y que transforman el ámbito físico-animal o
cósmico de un mundo-humano, un mundo-cultural60.
A veces oímos
hablar de que no existe una cultura latinoamericana o una cultura nacional.
Desde ya, y esto podríamos justificarlo largamente -pero es, por otra parte,
evidente-, ningún pueblo, ningún grupo de pueblos puede dejar de tener cultura.
No sólo que la cultura en general se ejerza en ese pueblo,
sino que ese pueblo tenga su cultura. Ningún grupo humano
puede dejar de tener cultura, y nunca puede tener una que no son la suya. El
problema es otro. Se confunden dos preguntas. ¿Tiene este pueblo cultura? y
¿tiene este pueblo una gran cultura original? !He aquí la
confusión¡ No todo pueblo tiene una gran cultura; no todo
pueblo ha creado una cultura original. Pero ciertamente tiene
siempre una, por más despreciable, inorgánica, importada, no integrada,
superficial o heterogénea que son. Y, paradójicamente, nunca una gran cultura
tuvo desde sus orígenes una cultura propia, original, clásica. Sería un contrasentido
pedirle a un niño ser adulto; aunque muchas veces los pueblos, de su niñez,
pasan a estados adultos enfermizos y no llegan a producir grandes culturas.
Cuando los aqueos, los dorios y jonios invadieron la Hélade durante siglos, no
puede decirse que tenían una gran cultura; más bien se la arrebataron y la
copiaron al comienzo a los cretenses. Lo mismo puede decirse de los romanos con
respecto a los etruscos; de los acadios con respecto a los súmeros; de los
aztecas con respecto a la infraestructura de Teotihuacán. Lo que hace que
ciertas culturas lleguen a ser grandes culturas es que junto a su civilización
pujante "crearon una literatura, unas artes plásticas y una filosofía como
medios de formación de su vida... Su vida una alta formación porque en el arte,
la poesía y la filosofía se creaba un espejo de autointerpretación y autoformación. La
palabra cultura viene del "colere" (=cuidar, refinar). Su medio es la
autointerpetación61. Lo que, dicho de otro modo, podría
expresarse así: Un pueblo que alcanza a pensarse a sí mismo, que alcanza la
autoconciencia, la com-prensión de sus estructuras culturales, de sus últimos
proyectos, por el cultivo y evolución de su tradición, posee identidad consigo
mismo.
Cuando un pueblo se
eleva a una cultura superior, la expresión más adecuada de sus propias
estructuras la manifiesta el grupo de hombres que es más consciente de la
complejidad total de sus elementos. Siempre existirá un grupo, una élite que
será la encargada de manifestar a toda la comunidad en obras. En ellas toda la
comunidad contemplará lo que espontáneamente vive, porque es su propia cultura.
Un Fidias en el Partenón o un Platón en La República fueron los hombres cultos
de su época que supieron manifestar a los atenienses las estructuras ocultas y
obvias de su propia cultura. Igual función cumplió un Nezahualcoyotl, los
tlamtinime de Texcoco o José Hernández con su Martín Fierro62.
60 A las actitudes
podríanse llamar las "causas dispositivas" de la cultura; los proyectos y símbolos, el
reino de "fines"; al estilo el constitutivo propio o
"formal" de la cultura; a las obras de cultura la
causa material o el ámbito en donde se expresa y se comunica la cultura y al
mismo tiempo el "efecto" de la operación transitiva.
61 Rothacker, o.
cit.., p. 29
62 Cfr. M.
León-Portilla, "El pensamiento prehispánico", en "Estudios de
Historia de la Filosofía en México", México, 1963, pp. 44.
El hombre culto es
aquél que posee la conciencia cultural de su pueblo; es decir, la
autoconsciencia de sus propias estructuras, "es un saber completamente
preparado, alerta y pronto al salto de cada situación concreta de la vida; un
saber convertido en segunda naturaleza y plenamente adaptado al problema
concreto y al requerimiento de la hora... En el curso de la experiencia, de
cualquier clase que ésta sea, lo experimentado se ordena para el hombre culto
en una totalidad articulada conforme a un sentido"63, el de su
propia cultura. Ya que "conciencia cultural es, fundamentalmente, una
conciencia que nos acompaña con perfecta espontaneidad...
"... La
conciencia cultural resulta ser así una estructura radical y fundamentalmente
prepontológica" -nos dice Ernesto Mayz Vallenilla en su Problema
de América-64.
Vemos que hay una
como sinergia entre gran cultura y hombre culto. Las grandes culturas tuvieron
legión de hombres cultos, y hasta la masa poseía un firme estilo de vida que le
permitía ser consecuente con su pasado- tradición e inventor de su futuro. Todo
esto recibido por la educación, sea en la ciudad, en el círculo familiar, en
las instituciones, ya que "educar significa siempre propulsar el
desarrollo metódico, teniendo en cuenta las estructuras vitales previamente
conformados"65. No hay educación posible sin un estilo firme y
anteriormente establecido.
El punto de partida
del proceso generador de las altas culturas fue siempre una "toma de
conciencia", un despertar de un mero vivir para descubrirse viviendo, un
recuperarse a sí mismo de la alienación en las cosas para separarse de ellas y
oponerse como conciencia en vigilia, una crisis, una conversión. Es aquello que
Hegel ha señalado en sus obras con el hombre de Selbstbewusstsein:
Autoconciencia.66
Es decir, nos es
necesario saber separarnos de la mera cotidianeidad para
ascender a un pensar reflejo de las propias estructuras de nuestra cultura. Y
cuando esta autoconciencia, esta crisis, es efectuada por toda una generación
intelectual, esto nos indica que de ese grupo cultural, podemos con confianza
esperar un futuro mejor. Y en América Latina, ciertamente, hay una generación
que le duele ser latinoamericana. "El primero que con claridad expuso la
razón profunda de esta preeminente preocupación iberoamericana fue Alfonso
Reyes en un discurso pronunciado en 1936 ante los asistentes a la VII
Conversación del Instituto Internacional de Cooperación Intelectual,
discurso que más tarde fue incorporado a su obra con el nombre
de Notas sobre la inteligencia americana.
63 Max Scheler, El
saber y la cultura, Ed. Universitaria, Sgo. de Chile, 1960, p. 48
64 Un. Central de
Venezuela, Caracas, 1959, pp. 21-22. En verdad no hay que hablar de preontológico -co
mo lo hace Hidegger-, sino de precientífico o prefilosófico -como
lo hacía Husserl y bien lo indica de Waelhens. El hombre culto tiene
conciencia refleja o crítica de aquellas estructuras de la
vida cotidiana, del estilo de vida, de los valores, conoce los objetos de arte
y todo esto como "lo mamado" desde su origen y como lo propio por
naturaleza por nacimiento). No se trata de un sistema elaborado (lo científico),
sino de aquellas actitudes previas, las del Lebenswelt de
Husserl.
65 Spranger, o.cit.,
p. 69. Los estilos se transforman en instituciones o funciones sociales, la
educación los transmite y aún los afianza y los procrea.
66 En especial en
su Fenomenología del Espíritu. Véase además § 10, p. 37 de
estas lecciones.
Hablando de una
generación anterior a la suya, esto es, de la generación positivista, que había
sido europeizante, dijo: "La inmediata generación que nos precede se creía
nacida dentro de la cárcel de varias fatalidades concéntricas67...
Llegada tarde al banquete la civilización europea, América vive saltando
etapas, apresurando el paso y corriendo de una forma en otra, sin haber dado
tiempo a que madure del todo la forma precedente. A veces, el saltar es osado y
la nueva forma tiene el aire de un alimento retirado del fuego antes de
alcanzar su plena coacción... Tal es el secreto de nuestra política, de nuestra
vida, presididas por una consigna de improvisación -hasta aquí Reyes68.
Es trágico que
nuestro pasado cultural sea heterogéneo, a veces incoherente, dispar, y que
seamos hasta un grupo marginal o secundario de la cultura europea. Pero aún más
trágico es que se desconozca su existencia, ya que lo importante es que, de
todos modos, hay una cultura en América latina, que, aunque le nieguen algunos
su originalidad, se evidencia en su arte, en su estilo de vida. Le toca al
pensador descubrir dichas estructuras, probar sus orígenes, indicar las
desviaciones. ¿No criticó acaso despiadadamente un Platón a Homero? ¿Tuvo
conciencia que su propia crítica era la mejor obra de su cultura? La generación
socrática -y el siglo de Pericles que las antecediera -fue la generación de
toma de conciencia de la cultura griega. ¡Su pasado era miserable si se le
comparaba con el Egipto y la Mesopotamia!
He aquí nuestra
misión, nuestra función. Nos es necesario tomar conciencia de nuestra cultura,
no sólo tomar conciencia, sino transformarnos en los configuradores de un
estilo de vida. Y esto es tanto más urgente cuando se comprende que "la
humanidad tomada como un cuerpo único, se encamina hacia una civilización
única... Todos experimentamos, de diversa manera y según modos variables, la
tensión existente entre la necesidad de esta adaptación y progreso, por una
parte, pero, y al mismo tiempo, la exigencia de salvaguardar el patrimonio
heredado"69. Como latinoamericanos que somos, esta problemática
se encuentra en el corazón de todo nuestro pensar contemporáneo. ¿Originalidad
cultural o desarrollo técnico? ¿De qué modo sobrevivimos como cultura
latinoamericana en la universalización propia de la técnica contemporánea?
Esto es tanto más
grave por cuanto hay dos posiciones que poseen cada vez más seguidores en
América Latina, dos modos de ser en el mundo radicalmente opuestos. A ambos les
falta un pensar fundamental y radicalmente crítico. Se trataría de pensar la
siguiente frase aparentemente obvia: es necesario una "revolución de
estructuras". Unos son revolucionaristas (exceso o
expresión mítica que pretende una revolución para la revolución misma);
otros son: estructuralistas (que admitiendo formas apriori piensan
que lo dado es irreformable).
El
"estructuralista" creo que la "actividad inconsciente del
espíritu consiste en imponer formas a un contenido, y, si
estas formas son fundamentalmente las mismas para todos los espíritus,
antiguos y modernos, primitivos y civilizados, como lo muestra de manera tan
67 Los círculos
concéntricos son: el género humano, el europeo, el americano y latino: estos
dos últimos tomados como un handicap "en la carrera de la vida".
68 Abelardo
Villegas, Panorama de la filosofía iberoamericana, Eudeba, Buenos
Aires, 1963, pp. 75-76.
69 Paul Ricoeur,
op.cit., p. 274
brillante el
estudio de la función simbólica..., es necesario y suficiente alcanzar
la estructura inconsciente que subyace en cada institución o cada costumbre
para obtener un principio de interpretación válida para otras instituciones y
costumbres"70 para conocer entonces al hombre. Como estas
formas son inconscientes no pueden dejar de ser necesarias. Son
formas apriori culturales como eran formas apriori las
categorías kantianas. El hombre es reducido, y con ello la libertad
com-prensora de su ser en el mundo, a un factor de contenidos para una
estructura formal- cultural e histórica ya-dada por necesidad. La
historia de la libertad se reduce a un proceso físico -natural. Las estructuras
determinan al hombre que es puesto a su merced sin posibilidad de
trascendencia.
En verdad, el
hombre ser-ene-el -mundo, está mucho más abajo que las estructuras, ya que las
funda como com-prensor del ser; está mucho más allá de las estructuras, ya que
éstas no son sino instrumentos de su proyecto. Su corporalidad necesita
estructuras pero las estructuras no deben ser confundidas con el ser del hombre
que las sobrepasa y las produce como su modo habitual de habitar su mundo. No
hay que confundir cultura con mundo (ya que ella es sólo un momento), y mucho
menos la forma estructural de la cultura con el hombre, ser libre y
trascendente en el mundo. El "Saber absoluto" de Hegel, la
"dialéctica histórica" de Marx y el "estructuralismo" de
Lévi-Strauss son tres formas de idealismo que reducen al fin al hombre a la
naturaleza, y a la historia a un proceso necesario.
El
"revolucionarista" en cambio, sin percatarse que revolutio significa
"volver atrás" (Revolvor ad sententiam patris: "vuelvo a
la opinión de mi padre", decía Cicerón), quiere en verdad ser un
revulsionista (de revulsio = acción de arrancar; revello =
quitar o separar por la fuerza). Le llamo "revolucionarista" porque
sin haber pensado cuál es el hombre que quiere imponer, se
ocupa sólo de estudiar un cambio de estructuras. No sabe que, quizá,
existencialmente, esté imponiendo a un hombre burgués, por ejemplo, que
concientemente crítica, pero que, de hecho, es el proyecto
existencial de su revolución (como pasa con el hombre positivista y consumidor
que es propuesto por muchas revoluciones contemporáneas). Además, se habla d
cambio de estructuras. Pero: ¿De cuáles¿ De las estructuras de civilización (estructuras
económicas, políticas)? ¿Y el cambio de las estructuras propiamente culturales:
las estructuras del ethos o actitudes fundamentales, los proyectos o
estructuras de valores? ¿Se ha acaso pensado que a veces promoviendo u cambio
de estructuras económicas, pero no acompañadas de adecuadas estructuras
culturales se produce, no el desarrollo, sino la miseria? El auténtico
subversivo71 es el que pone en cuestión lo obvio, lo aceptado
por el mismo revolucionarista (¿qué es más obvio para el revolucionarista que
la necesidad de la revolución? Pero, mientras no haya pensado acerca de la
misma revolución, mientras no haya entrado en crisis con respecto a ella, será,
como el burgués en su burguesía y el científico en su ciencia, un ingenuo
perdido en una fe no justificada); subversivo es el pensar meditativo. Si
ese pensar corroe la seguridad del burgués,
del cientificista, del revolucionarista, entonces sí que podrá esperarse
un auténtico cambio de estructuras. Cambio de estructuras
tanto más veloces cuanto más necesarias. Pero no será ya un "volver atrás)
(re- volvere"), sino un lanzarse creativamente hacia un futuro
imprevisible. Tanto más rápido y eficaz será esta transformación cuanto mayor
sea el horizonte interpretativo que, por un pensar medidativo, haya sabido
abrirse el revolucionario
70 C.Lévi-Strauss, Antropología
estructural, Buenos Aires, 1968, pp. 21-22.
71 Véase § 9, p. 30 de
estas Lecciones.
auténtico. La
filosofía ayudará así a des-mitificar sistemas interpretativos pensados en
otras latitudes culturales, para permitir fundar soluciones latinoamericanas
para un hombre latinoamericano que debe encontrar su origen: en el mundo, en la
"historia mundial". Y para esto la crisis y la autointerpretación es conditio
sine qua non. Aún más. El pensar crítico y meditativo es la revolución
constante y nunca satisfecha del hombre que se trasciende y que evita así
"instalarse" en estructuras dadas para no retornar al estado de naturaleza,
a la "animalidad" del hombre "asegurado" y por ello totalizado como
la piedra, la planta o las bestias.
En este capítulo
IV, Apéndice de la Introducción a estas Lecciones, hemos abordado
indicatoriamente en nuestro pensar, las cuestiones de mayor interés en la
antropología física y cultural. Pasamos ahora a la Primera Parte de
nuestro curso.
II. HISTORIA
ANTROPO-LOGICA
Después de la
Introducción a estas Lecciones , que nos ha ocupado en cuatro
capítulos, iniciaremos ahora la primera parte del curso. Se trata de una
historia antropo-lógica. Una historia del hombre como lógos; es
decir, una historia de la manifestación y des-cubrimiento de lo que sea el
hombre, el ser, el mundo. Una historia de la verdad del ser y su en-cubrimiento
(la mentira o el olvido). Es una historia de la ontología fundamental, una
historia de la introducción al pensar filosófico. ¿Qué sentido tiene esta
historia para nosotros, hoy, en América Latina? ¿No se tratará sólo
de una historia informativa de sistemas, útil para la “cultura
general”?
§ 21. La
“des-trucción” de la historia de la ontología
En este corto
parágrafo introductorio a la “historia antropo -lógica” vamos a tratar de
mostrar que esta cuestión es esencial para la filosofía, para el pensar
meditativo, para poder “entrar” en crisis y de esta manera poder convertirse y
superar así el nivel del plácido burgués que seguro vive ingenuamente en lo
obvio heredado por la cultura “tradicional”72.
Algunos puede creer
que, porque el hombre está en el tiempo (como las cosas que
transcurren en el tiempo categorial o cósmico), es
temporalidad. Y, además, sería histórico porque transcurre en la
historia (lo que estudia la ciencia histórica: Historie, en
alemán). Esta es la concepción vulgar de la historicidad. Se dice también que,
para ser histórico debe el acto tener una cierta notoriedad social a fin de que
merezca ser retenido en la memoria pública. Lo histórico sería lo pasado y
lo tradicional, que deja al presente desguarecido y presto a
la improvisación. A poco instrumentalizará el pasado para sus afanes de un
presente desconectado. “Eh la historicidad inauténtica permanece oculta la
prolongación original del destino individual (o personal)
(In der ineigentlichen Geschchtlichkeit... des Schick-sals).
Inconstante, en cuanto a su uno-mismo, presenta el Ser- ahí su hoy. Expectante
de la inmediata novedad, ha olvidado ya en el acto lo viejo. El uno esquiva la
elección ... Perdido en la presentación del hoy, comprende el pasado sólo desde
( aus) el presente (inauténtico u obvio). La temporalidad de la
historicidad auténtica (Die Zeitlichkeit der eigentlichen Geschichtlichkeit),
por el contrario, es... una des-presentización del hoy una
des-habituación de los usos del “se”73; sentido de efectuar una
historia des-tructiva de la ontología.
La historicidad
inauténtica del plácido burgués o del científico seguro de sus conclusiones,
significa en verdad un haber perdido el sentido del pasado, pero, y al mismo
tiempo, un percibir la tradicional como obvio, como cierto, como incuestionable
–aunque ya no tenga sentido, aunque su ser esté en el olvido-.
Es el hombre impersonal (lo uno y el se de Heidegger),
que cree a lo histórico necesario y al menos imposible de cambiar su curso por
72 Véase esta cuestión
en el libro del autor argentino O. Pugliese, Vermittlung und Kehre,
Gruhdzüge des Geschichtsdenkens bei Martín Heidegger, Freiburg, 1965, en
especial pp. 75-128 y 172-219: La estructura fundamental de la
hostiricidad analítica y trascendental; H. Hohl, Lebenswelt und
Geschichte, Freiburg, 1962.
73 Ser y tiempo, § 75; ed. cast.
P. 422.
una elección
heroica o desacostumbrada. “Soy histórico simplemente porque estoy en la
historia (como Historie)”, dicen.
La historicidad
auténtica, en cambio, es la del ser-ahí, el hombre, porque lo “primeramente histórico
(geschichtlich) es el hombre (Dasein); secundariamente histórico
es lo que nos hace frente dentro del mundo, no sólo el útil a la mano, en
cuanto suelo de la historia”74. Todos los entes culturales o
cosas-sentido75 son históricos porque pertenecen a un mundo que
es esencialmente histórico. “¿Qué es lo pasado?” No otra cosa que
el mundo dentro del cual, pertenecientes a un plexo de útiles,
hacían frente como algo a la mano y resultaban usadas por un ser -ahí que era-en-el-mundo.
El mundo es lo que ya no es. Lo antaño intramundano de
aquel mundo es aún ante los ojos. En cuanto útil inherente a un mundo puede
lo ante los ojos, aún ahora, a pesar de esto adherir al pasado”76.
Si hay cosas que se dicen históricas (como un cabildo, una plaza, un documento)
sólo es por referencia a un mundo ya pasado instaurado por un hombre sido-ahí.
Si hay cosas históricas es porque el hombre es histórico; pero si el hombre es
histórico, no es porque esté dentro de la historia, pues es el
hombre el que instaura la misma historia. Es histórico el hombre porque uno de
sus modos de ser-en-el-mundo (un ex –sistencial) es la
historicidad. Dicha historicidad no es sino un “modo” de vivir
la temporalidad (es en esta última en donde radica la historicidad)77. Por la temporalidad el hombre está
abierto a los tres ex –tásis del tiempo; por la historicidad el hombre se
despliega (erstreckt sich) según un ritmo temporal propio y personal.
“Si la historicidad misma ha de ser explicada por la temporalidad y
originalmente por la temporalidad propia (eigentlichen:
propia, auténtica, personal en oposición al se del plácido burgués perdido en
lo obvio), entonces... la historicidad tiene que conquistarse (erobert) en
contra de la en-cubridora interpretación vulgar de la historia
del Ser-ahí”78.
La historicidad
auténtica sólo comienza cuando alguien des-cubre que su acontecer
(Geschehen)
es histórico (geschichlich) porque, libre, deja manifestarse a las cosas79,
herencia de una
tradición (Herkunft einer Tradition) cultural, que han sido críticamente
“puestas-ante” un
pensar meditativo: de este modo han sido des-presentizadas (sacadas del
moro presente y ex
–plicadas por su pasado), des-habituadas (sacadas del marco de lo
habitual u obvio),
en vista del “proyecto” futuro y personal. Es decir, el hombre que vive su
historicidad
auténticamente es “un ente que en su ser es esencialmente ad-venidero
(zukünftig: volcado
al futuro), de tal manea que, libre para su muerte80 y esrellándose contra
ella, puede
arrojarse retractivamente (zurückwerfen: volverse) sobre su ahí fáctico
(todo lo
dado y que lo
condiciona), y... haciéndose tradición de las posibilidades heredadas, puede
sobre-llevar su
estado de arrojado (al mundo)”81.
El hombre auténtico
es aquél que vive clarividentemente su temporalidad propia, su historicidad.
Com-prende la herencia tradicional recibida, descubre el sentido olvidado de
ese pasado y des-vela en él las posibilidades reales de su propio proyecto que
le pre-ocupa.
74 Ibid. 73; pp.
411-412.
75 Véase § 19 de estas
Lecciones.
76 Ser y tiempo, § 73, pp.
410-411.
77 Véase § 11 de estas
Lecciones.
78 Ser y tiempo., § 72, p. 406.
79 Véase § 18 de estas
Lecciones.
80 Véase § 11 de estas
Lecciones.
81 Ser y tiempo, § 74, pp.
415-416.
Quien olvida el
sentido de su pasado abandona las riendas de su destino propio y lo entrega al
impersonal y colectivo se. No significa que la historicidad
auténtica niegue la tradición, pero asume ante ella una posición de crisis, conversión
y pensar meditativo. Lo obvio, históricamente, es lo tradicional.
En cuanto lo recibe como tal (como obvio y tradicional), y no lo re-piense,
olvida el ser del pasado, en-cubre el ser del presente y tipifica masivamente
un proyecto impersonal (el de la historicidad inauténtica). Re-pensar el pasado
es como una re-petición (Wiederholung), una re-iteración, un rememorar,
que permite com-prender el pasado desde el pasado y al presente como futuro
todavía no acaecido de ese pasado. El presente aparece entonces como la
posibilidad realizada de un proyecto pasado (uno de tantos) y su obviedad
desaparece. Es así porque fue así cumplido
por la elección entre múltiples posibilidades del hombre libre y auténtico. El
presente no es ya meramente una herencia, sino una re -creación. El
futuro no es ya una necesidad inevitable, sino un proyecto
que se abre camino comprometido entre posibilidades, reales, históricas. La
historicidad inauténtica es inconstante en la realización de su mismidad porque
no tiene un télos (un proyecto personal con sentido), por esto
no hace sino huir del hoy auténtico hacia novedades
ilusionarias, olvida “lo viejo” pero no puede elegir (elegir qué y para qué’);
y además deforma el pasado proyectando lo obvio presente, ya deformado por su
parte, en el pasado. Es el mundo del plácido burgués, del científico
cientificista, el revolucionarista que no ha pensado su fundamento. Esto es
el olvido, el en-cubrimiento, la velación, el letargo del
ser.
La historia de la
antropo-logía o de la ontología fundamental no es sino un momento privilegiado
de la historicidad auténtica. Es un saber retrotraerse a una historia que nos
es íntimamente propia. La historia de la antropología es un volverse a las etapas
de la ad-miración o interpretación del hombre que nos ha sido entregada
tradicional y obviamente en nuestra cultura occidental, latinoamericana,
argentina. Tiene la ventaja que por su fundamentalidad, radicalidad, por no ser
sino una historia (Geschichte) del hombre comprensor del ser en
el mundo funda en sus raíces a toda la filosofía, a todas las
ciencias, a toda la cultura y por lo tanto a la historia
(Historie). Es entonces una “historia del mundo como fundamento de la
historia mundial”82 . El hombre para
comp.-prenderse auténticamente debe tener en cuenta que se encuentra “envuelto
en una interpretación tradicional de él y se desenvuelve
dentro de ella83. Esta interpretación de sí mismo le precede
al hombre y es lo obvio, lo que obviamente es el hombre para la época presente
de “mi” cultura:
“la tradición
( Tradition), que así viene a imperar, hace inmediata y
regularmente lo que transmite tan poco accesible que más bien lo en-cubre (verdeckt).
Considera lo tradicional como obvio (Selbstverständlichkeit) y obstruye
el acceso a las fuentes originales de que bebieron, por modo creativo, los
conceptos y categorías trasmitidos. La tradición llega a hace olvidar
totalmente tal herencia. Desarrolla el sentimiento de que no se ha menester ni
siquiera de com-prender la necesidad de semejante regreso... El hombre ya no
com-prende las condiciones más elementales y
82 Véase esta cuestión
en Ser y Tiempo, comienzo del § 6.
83 Ibid., § 6, p. 30.
únicas que hacen
posible un regreso fecundo al pasado en el sentido de una creadora apropiación
de él”84.
Si esto ocurre con
todo lo que habita el mundo en general, de manera particular acaece con el
momento fundamental, con el ser y su sentido. El ser de
una época permanece totalmente en el olvido (in Vergessenhait)
cuando los hombres cultos no se enfrentan a lo tradicional para
preguntarle su procedencia (Herkunft) . La historia del ser u ontología.
Aceptar como dado un sentido del ser es estar caído en la ingenuidad
primigenia. La respuesta a las preguntas ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido
del ser? ¿Qué es el mundo hoy? Solo pueden tematizarse si previamente se ha
des-truído dicha historia:
“Este camino hacia
la respuesta de nuestra pegunta no es una ruptura con la historia, no es una
negación con la historia, sino una apropiación y trans-formación de lo
trasmitido por tradición. La apropiación de la historia es lo que se alude con
el título de destrucción (Destruktion) . Destrucción no significa
aniquilar, sino des-montar, escombrar y poner a un lado –a saber, las
proposiciones obviamente aceptadas sobre la historia de la filosofía.
Destrucción quiere decir: abrir nuestro oído, liberarlo para aquello que en la
tradición se nos asigna como el ser del ente, lo más obvio entre lo
obvio”85.
Los cuatro
capítulos que componen esta “historia antropo-lógica” intentan indicar las
líneas generales de dicha destrucción. En efecto, des-trucción, por
su origen latino (des-tructum, participio de destrue ,
compuesto de des: partícula negativa y trucidare: matar
cruelmente; trux : terrible, atroz), es una negación de
negación, una de-negación; niega la negación para que aflore lo
positivo olvidado. “Negativa no es la des-trucción relativamente al pasado; su
crítica afecta al hoy... La des-trucción no quiere sepultar el
pasado en la nada; tiene una mira positiva: su función negativa
resulta indirecta y tácita”86. Destrucción de la historia no es otra
cosa que enfrentarse a lo obvio con un pensar mediativo, un “ablandar la
tradición endurecida y disolver las
capas en-cubridoras producidas por ella”87.
Nuestra tarea des
-tructiva, el aniquilar el olvido para que re-aparezca el sentido del ser, debe
saber elegir algunas épocas o momentos fundamentales y decisivos en la historia
y dentro de horizontes culturales que no puedan excluirse para alcanzar una com-prensión
de nostros mismos. Esta com- prensión está a la base o es el fundamento de todo
pensar auténtico, no sólo depende de él mi proyecto personal, sino igualmente
el destino colectivo de “mi” pueblo (“mi”nosotros). “en la
tradición se funda simultáneamente el destino (colectivo) por el cual
com-prendemos el acontecer (histórico) del hombre en el ser-con-otros88 ;
la cuestión del “ser-con-otros” lo pensaremos en el capítulo X de estas Lecciones.
Como latinoamericanos que somos, debemos saber elegir la historia de los
pueblos que nos construyen (las culturas) y en ellos los
momentos históricos esenciales.
84 Ser y tiempo, § 6,
ed. cast. pp. 31-32.
85 Heidegger, Was ist
das – die Philosophie?; ed. cast. P. 42.
86 Ibid., p. 33.
87 Ibid.
88 Ibid., § 74, p.
417.
Heidegger propone
la siguiente periodificación (para el hombre europeo y alemán particular);
destrucción de la ontología griega; de la medieval y cristiana; de la moderna,
que comenzaría con Suárez y Descartes y culminaría con Nietzsche89.
Para Heidegger
fueron los pre-socráticos los primeros que plantearon explícitamente la
cuestión ontológica fundamental: ¿Qué es el ser? Son entonces los
primeros en la historia humana desde sus orígenes que hayan sabido cuestionarse
por el hombre-ser-mundo, el encuentro primerísimo (Er-eignis). La
pregunta después fue cayendo en el olvido y el ser mismo fue como en-cubierto.
La historia del olvido del ser, con sentido lineal, se
desarrollaría desde Platón a Nietzsche. Sin embargo, Heidegger mismo dice: “La
interpretación griega del ser se lleva a cabo sin el menos saber
expreso del hilo conductor utilizado, sin noción ni menos com-prensión
de la fundamental función ontológica del tiempo, sin ver en el
fondo la posibilidad de esta función”90. ¿Por qué los griegos no plantearon
la cuestión del ser en el horizonte de la temporalidad? ¿Cómo puede preguntarse
Heidegger por el sentido de la temporalidad? El responder a esta pregunta nos
llevará a modificar los momentos fundamentales de la historia que nos propone
Heidegger, y, al mismo tiempo, agregaremos otros momentos necesarios para
aplicar esta des-trucción a nuestro mundo latinoamericano que es al fin lo que
nos interesa a nosotros hoy, ahora y aquí.
En efecto. El
sentido del ser para los griegos es el de la presencia de lo permanente, lo que
los llevará por último a afirmar, sin equívoco, el “ser” en y por sí, ab-soluto
y eterno91.
Entre Heidegger y
los griegos se interpone esta experiencia del ser: la de un “cosmos”
contingente y creado, y la de un “mundo” esencialmente temporalidad de
historicidad. Esta experiencia es la judeo -cristiana, que permitirá des-cubrir
la función ontológica del tiempo. No en vano el maestro de Heidegger plantea la
cuestión de la “conciencia del tiempo” por la relectura pensativa de un texto
de Agustín92.93
Heidegger, pensando
sólo en el sentido griego del ser como el constitutivo fundamental de
Occidente, volverá siempre a os pre- socráticos. Sin embargo, no debió dejar de
lado la experiencia abrahámica del ser. Para nosotros la experiencia griega del
ser (primer momento) será asumida en un horizonte interpretativo
mayor amplitud que sin negarlo en su ontología fundamental descartará todo
aquello que haga del cosmos algo ab-soluto y eterno. Es la experiencia
hebreo-cristiana del ser (segundo momento). Dicho pensar el ser
como creado culminará en el siglo XIII (tercer momento), Pero
el esse caerá pronto en el olvido. La filosofía moderna (cuarto momento)
es ya post -cristiana, culminando con Nietzsche, que como muchos de sus
antecesores significa una vuelta a los griegos (en su sentido de lo ab-soluto).
La filosofía contemporánea (quinto momento), gracias al preguntar
insistente de Heidegger, re-plantea la cuestión olvidada del ser (que en último
término es el ser del hombre como proyecto histórico) y se vuelve a los
momentos de su constitución. Esos momentos no nos son extraños, extranjeros, no
son un lujo de eruditismo el re-
89 Véase, Ibid., § 6,
p. 32.
90 Ibid., § 6, p. 36.
91 Véase lo dicho en
el § 13 de estas Lecciones.
92 Confesiones Xi,
cap. 14-28.
93 Véase E.
Husserl, Zur Phän, des inneren Zeitbewusstseins, Husserliana, X, p.
3.
pensarlos, sino que
es el único modo por el que pensar rememorante de cada uno de
nosotros puede hacerse cargo de lo-que- es sin haberlo sabido,
de lo obvio ahora tornado crítico y asumido en el horizonte de
una existencia auténtica. Como latinoamericanos, además, deberemos
ver de qué manera el pensar de la América colonial fue la continuación
del tercer momento (y del cuarto, aunque
secundariamente antes del silgo XIX). El cuarto momento emergerá
fundamentalmente en el siglo XIX; el quinto hace su aparición
hace muy pocos decenios en nuestro continente al sur del río Colorado. La
discusión de la historia de la China, India o Africana sería informativa para
nosotros, pero no constitutiva de nuestro ser.
Hablar de una
historia de los sentidos del ser (recordando que el ser no es sino al ámbito de
la inteligibilidad o del mundo) es referirse a una historia antropológica, ya
que tal como el hombre se ha com-prendido a sí mismo en el mundo, así ha
com-pendido el ser, el mundo. El orden ontológico, por su parte, funda todo
otro orden mundano y con ello ha historia antropológica es la base de toda
historia. Es la historia de nuestra cultura, de ese nosotros en
el que hemos heredado el ser en una tradición, y nos es
necesario ahora pensarlo para convertirnos en una ex
–sistencia auténtica. De lo contrario erraremos en lo obvio, en el olvido del
ser, en la ingenuidad culpable. Introducirnos así en la historia del ser, del
mundo, o de la antropología es penetrar hasta la raíz de la historia mundial,
pero des-truyéndola, asumiéndola críticamente.
CAPITULO V.
EL HOMBRE EN EL
PENSAMIENTO GRIEGO Y NEO-PLATONICO
Como
lainoamericanos, mínimo horizonte de com-prensión de nuestra cultura nacional,
el volvernos a nuestro mundo, ni podemos evitar, en el presente (si este
“volver” es crítico y radical), de re- considerar la etapa griega de nuestra
constitución. El mundo griego no nos ha constituido sólo por habernos dejado
algunas palabras en nuestro idioma (muchas de ellas fueron ya tomadas por los
romanos, de donde el castellano no significa sino un “romance” entre otros: tal
la palabra “psíquico”, p.e.), ni por haber influenciado el helenismo a la
romanitas, de la que España fue una provincia. Es algo más profundo. Muchas de
las grandes invenciones culturales de los griegos significarán adquisiciones
definitivas de lo que después se llamó el Imperio romano, la Cristianitas, cuyo
Occidente será Europa. Se trata, ante todo de una cierta experiencia del mundo
en su totalidad, de un cierto sentido del ser, y, por ello, de una cierta
interpretación del hombre. De ese meollo central, de ese hontanar primigenio
surgirá nuestra cultura (aunque, como veremos, será todavía impostada en otro
contexto más amplio y comprensivo) . En este capítulo describiremos sólo los
elementos y los momentos esenciales de ese fundamento esclarecedor de lo que
fue el hombre griego en tanto griego (es decir, abundaremos más en las
diferencias que en la continuidad con sus coetáneos y sucesores históricos).
§ 22. El sentido
trágico de la ex –sistencia
Nuestr re-flexión
crítica (en esto consiste la de-strucción), sobre el momento griego de nuestro
mundo presente, significa describir lo que era a tal punto obvio en
el mundo griego, que los mismos filósofos (los que se ocupan en su pensar
de ex -presar lo implícito de su mundo,
cultura, cosmos) no llegaron a criticar, es decir, a hacerle parte de una
discurso explícito. El filósofo griego, aquél que habiendo entrado en crisis
podía ad-mirarse (mirar el mundo con ojos nuevos) no podía sino
ponerse a pensar sobre lo que tenía ante los ojos: las cosas ya incluidas en su
mundo. Su mundo (el mundo griego) era apriori a su pensar. El
hombre como tal está siempre ya en su mundo (es el apriori primerísimo
y humano en cuanto tal); pero, y además, cuando un hombre se pone a pensar es
ya parte de una cultura, de un mundo determinado culturalmente por una historia
concreta: la historia de su pueblo. Esta cultura (el mundo en
su momento cultural: el fruto de aquella mundanización transformativa del
cosmos de la que hemos hablado en el § 19 de estas Lecciones) es
también un a priori con el que el filósofo debe enfrentarse inevitablemente. El
filósofo no es un hombre “en general”, es siempre un “griego”, “persa”,
“europeo”, “latinoamericano”... Necesariamente deberá partir de este hecho (es
parte de la facticidad humana) para sobrepasarlo y abrirse así al fundamento
último. Pero, si el hombre no tiene una vigilante “conciencia histórica”, si su
hermenéutica no tiene en cuenta este hecho (de estar pre-determinado, no
ab-solutamente claro es, por su cultura), puede confundir lo cultural “propio”
con lo humano “en general”. Si además tenemos en cuenta que esta “conciencia
histórica” no es plenamente ejercida hasta nuestro siglo XX (aunque desde Hegel
se comienza ya a tenerse en cierta autoconciencia histórica1, puede
comprenderse
1 Véase M.
Heidegger, Hegel und die Griechen, Klostermann, Frankfurt, 1967.
que dicha confusión
ha sido hasta el presente inevitable y la necesidad de una “des-trucción” es
imprescindible. El filósofo griego pensó en lo obvio de su
mundo cultural, pero creyó pensar lo humano o cósmico en general .
De todos modos sus aportes serán constitutivos del occidente europeo y por ello
todavía hoy están presentes en nuestro mundo latinoamericano.
¿En qué consiste lo
fundamentalmente obvio, com-prensible por sí, el núcleo
mítico-ontológico2 de la cultura griega, y de donde
parte el pensar filosófico helénico? El mundo griego no surge de la
nada, Tiene su historia. En el cuarto milenio aparece la primera gran
civilización urbana en la Mesopotamia junto al golfo Pérsico; poco después en
Egipto; a medidos del tercer milenio en el valle del Índico; a mediados del
segundo milenio en el valle del río Amarillo. Por su parte los pueblos
indoeuropeos (que en el cuarto milenio estaban al norte del Caspio y del Mar
Aral en las estepas euroasiáticas) se van dispersando en sucesivas invasiones:
los primeros que entran en la historia son los luvitas (slgo XXV a.J.C.),
después los hititas, frigios, kasitas, hiksos, mitanos...; los aqueos se harán
presentes en el siglo XVII; los eolios, jonios y dorios durante el siglo XIII.
Más al oriente los arios han invadido la India en el siglo XV a.J.C. Todavía
aparecerán los medos, los persos, escitas, etc. Los griegos, entonces, es
decir, los aqueos, jónicos y dorios que dominaron la península del Peloponeso y
la Grecia continental hasta Macedonia, son uno de los pueblos indoeuropeos.
Lo obvio para un griego era hablar una lengua
indoeuropea, vivir en un “mundo” constituido a partir de la
experiencia del ser “propia” a dichos pueblos. No podemos extendernos aquí3, pero podemos avanzar como
definitivamente demostrado que el mundo griego guarda
similitudes tradicionales (heredadas de la misma tradición) con los otros
pueblos arios: con los persas, hindúes, etc. Lo propio de los griegos con
respecto a todos los demás pueblos indoeuropeos se deriva, como es evidente, de
las influencias ejercidas sobre ellos por las culturas ya establecidas en su
ámbito geográfico (preponderantemente de cultura cretense o anatólica). Que el
pensar griego es indoeuropeo lo demuestra la preponderancia del dios uránico (
= del cielo). Zeus pater, que es el mismo Júpiter de
los romanos, Dyauspita del Sánscrito; que deriva del “cielo
luminoso”: dyu (sáncrito), dyo (avesta,
persa); dies (galo, celta) diei (latino).
¿Quién es el que ex
–presa de manera pre-reflexiva el “sentido del ser” de una época, de un pueblo?
De esto hemos hablado sólo indicativamente ya antes (§ 1; § 2; § 9, p. 36 de
estas Lecciones). Es el artista 4, porque “el arte deja emerger
la verdad” 5. El artista com-prende el ser olvidado u obvio de
un pueblo y una época: su intuición, si es genial, des-cubre al ser en su
verdad. Entre los griegos hubo un arte que reunió a todas las artes: fue el
teatro. Y entre los estilos de representación como espectáculo público la
tragedia fue la consumación clásica. “La tragedia sobresale ... (y) se la puede
considerar como superior a la epopeya” 6. ¿Por qué manifiesta
del mejor grado el modo griego de ser-en-el-mundo? Porque recrea en el
espectador un estado de ánimo o una experiencia primigenia ante el ser (en el
sentido griego) de un patetismo inigualabre (=páthema, experiencia7).
Cuando el espectador
2 Véase el § 19 de
estas Lecciones.
3 Véase nuestro
trabajo sobre El humanismo helénico.
4 Véase nuestro
artículo Estética y ser, en Artes Plásticas, Mendoza, II, 2, 1969.
5 Heidegger, Der
Ursprung des Kunstwerkes; ed. cit., p. 63.
6 Aristóteles, Poética,
fin; 1462 b 12-15.
7 Ibid., 1449 b
27-28.
contempla el
desenlace de la acción trágica siente, experimenta el pavor ( fóbos)
ante lo ineluctable, ante lo necesario (tó anagkaíon)= lo necesario;
esta noción la repite cuatro veces en sólo cuatro líneas Aristóteles al
describir los caracteres de la tragedia8, y la piedad (éleos) ante
la victimación del héroe9:
“los que por medio
de un espectáculo producen no el pavor, sino sólo miedo, nada
tienen de común con la tragedia. Porque no es una experiencia cualquiera la que
intenta transmitir la tragedia, sino un gozo que le es característico a ella.
El poeta procura causar la piedad (compasión o misericordia) o
el pavor (en la tragedia)10.
¿Cómo se
desenvuelve la acción en la tragedia para que en su conclusión el espectador
deba revivir el páthos trágico? Se trata de proponer una
paradoja sin resolución: un dios celoso o injusto (mezcla de lo divino y
demoniaco) asigna al hombre un destino necesario; el hombre, héroe a la vez
inocente y culpable, tiene un cierto ámbito para ejercer su libertad, pero al
fin cae bajo el designio necesario e ineluctable del Destino. “Lo trágico de
Prometeo comienza por ser un sufrimiento injusto. Sin embargo, si volvemos los
pasos, encontramos el núcleo original del drama: el robo (del fuego) fue un
beneficio; pero el beneficio era un robo. Prometeo fue inicialmente un
inocente-culpable”11. Igualmente en el caso de Edipo (la obra
culminante del más grande de los trágicos; Sófocles, como lo repite Aristóteles
en su obra nombrada); le fue necesario cometer el incesto y el asesinato de su
padre, sin saberlo, para que se produjera el pavor y la piedad en
el espectador: ante lo trágico del descubrimiento de una verdad ineluctable,
que se había pretendido evitar todo esto; muestra la necesidad del
sufrimiento para la com-prensión de lo oculto (la froneín trágica;
Edquilo, Agamemnon, 160ss: “Ha sido abierto a los hombres el camino
de la sabiduría, dándoseles por ley el sufrir para comprender”. ¿No
pareciéramos estar escuchando a heidegger?). Esta es la visión trágica del
ser-ene-el -mundo. “En la visión trágica del mundo está excluido el perdón de
los pecados”12. “El sufrir (pathón) da la inteligencia al demente”13.
Nietzsche vió
claramente que el espíritu de la tragedia no podía sino ser pesimista: el
hombre se encuentra atrapado dentro del sesignio del Destino. Pero “¿No hay
acaso un pesimismo de los fuertes (Stärke)?14. “La idea de Sófocles
es la misma a la que una vez da expresión Geothe, cuando dice que las potencias
celestes: “Nos introducía en la vida, dejaís que el pobre se haga culpable, y
después le abandonáis a su dolor, pues toda culpa se pena sobre la tierra””15.
Las grandes tragedias deben terminar en una contradicción no resuelta. La
predestinación al mal se enfrenta al tema de la grandeza heroica; es necesario
que el Destino pruebe primero la resistencia de la libertad humana y aunque el
Destino sea
8 Ibid., 1454 a 33-36.
9 Véase la repetición
de la doble patética experiencia del pavor y la pide, en Ibid, 1449
b 27; 1452 a 2-3; 1453 b 1.
10 Ibid., 1453 b 8-14.
11 P. Ricoeur, La
symbolique du mal, París, 1960, p. 212.
12 Ricoeur, ibid., p.
216.
13 Hesíodo, Los
trabajos y los días, 218.
14 Die Geburt der
Tragödie oder Griechentum und Pesimismus, en SW, I, 30: ed. cast., V, p. 31).
15 Idem, La
cultura de los griegos, ed., cast., V, p. 300
superado por un
tiempo por la valentía del héroe, al fin éste será sepultado por el designio
ineluctable16.
§23. La
a-temporalidad circular del retorno “desde-siempre”
El modo cómo el
hombre es en el mundo, para el pathos trágico y griego, es la necesidad
ineluctable con que su proyecto se efectuará. El ser del hombre, que se juega
en su proyecto existencial, es para los griegos fruto del Destino. El ejercicio
de la libertad en el corto ámbito de nuestra existencia del nacimiento hasta la
muerte es más aparente que real, ya que cumple sin saberlo un ciclo inevitable:
todo es repetición ( Wiederholung, dirá Nietzsche, e igualmente
Heidegger). ¿Qué significa todo esto?
El griego se admiró
ante la renovación de la naturaleza agrícola. Los misterios de Deméter-Coré, en
la isla de Eleusis, festejaban ritualmente el ciclo de la muerte-inmortalidad
de la vida, que se apagaba en invierno y re-nacía en primavera. El orfismo fue
el primero en explicitar el “círculo de la necesidad”, “la rueda de
nacimientos”. Las almas se re-encarnan (re-in-coporalizan = ensomátesis,
o trans-corpoalizan = metensomátosis), por el ciclo de las
regeneraciones17.
Platón mismo dijo
que “los vivos renacen de los muertos”18.
¿Por qué el griego
se inclinó por la ex –presión del orden del universos dentro de una
circularidad necesitante? Nietzsche lo vió claramente a fines del siglo pasado.
“Esto quiere decir que todo devenir se mueve en la repetición (Wiederholung)
de un determinado número de estados perfectamente iguales”19. Hay
sólo dos sentidos del ser: “el que no cree (glaubt) en un proceso
circular del todo (Kreisprozess des Alls), tiene que creer en el dios
arbitrario20. Como hemos visto en el §13, pp. 51ss
de estas Lecciones, sólo se puede com-prender el sentido de ser
como ab-ismal o creado. Estamos aquí en la primera posibilidad. Si el ser no es
creado, significa que tiene en sí y por sí el fundamento de su ser. Pero como
vemos que el movimiento (local, cualitativo o como corrupción, nacimiento o
crecimiento) es un hecho, la única posibilidad racional para ex
–plicar la necesidad de dicho movimiento es recurrir al
círculo que gira sobre sí desde-siempre (=aídion, que
no es lo mismo que la aeternitas cristiana). En efecto. Para
los griegos la noción de aídion no significa simplemente
“eternidad”, sino más bien “permanecer, mantenerse, detenerse, consistir,
y en verdad hacerse presente (Anwesung; el aídion es lo
que, a partir de sí mismo y sin ayuda exterior se hace presente... (es) lo
presente constante”21. El retorno no es simplemente eterno (como lo
piensa Nietzsche) sino “desde-siempre” (como lo hemos indicado en el título de
este parágrafo). Como lo que es para los griegos es constante, todo
“carece siempre de auténtico pasado (... ist immer ohne Vergangenheit),
de lo contrario no podría
16 Véase G.
Nebel, Weltangst und Götternzorn, eine Deutung der griechischen
Tragödie, Stuttgart, 1951.
17 kýklos tês
genéseos, Véase Diles, Die Fragmente der Versokratiker, Berlin, 1964, III, p.
249.
18 Palín gignes-thai, Fedón 70C; Menón 81
D.
19 Die Ewige,
Wiederkunft, en SW, 467; ed. cast. III, p. 15, n.14.
20 Ibid., XI, 469; ed.
cast., p. 16; algo antes ha dicho que debe aceptarse el “eterno retorno
circular” si “no queremos caer en las antiguas creencias creacionistas”
(in den alten Scöpferbegriff zurückfallen, Ibid.).
21 Heidegger, Die
Phycis bei Aristóteles.
darse la
reiteración (Wiederholung)” 22. Se carece de pasado
porque todo pasado es futuro, ad-vendrá todavía nuevamente en el círculo
necesario de la anulación del tiempo que gira sobre sí desde-siempre.
Por esto
Empédocles, el sabio de Agrigento, se sitúa en esta mítica visión cuando dice:
“Así, yo mismo he
sido un niño, una niña, un árbol y un pájaro, un pescado movido por las aguas
saladas”23.
El reino del tiempo
es la “pradera de la infelicidad” trágica, que debe atravesarse necesariamente
por las “in-corporalizaciones sucesivas”. Nuestro sabio siente haber llegado al
fin de los ciclos y está dispuesto a reintegrarse a la unidad originaria las
fuerzas contrarias y opuestas24. Por su parte el movimiento
pitagórico irá ganando terreno e influenciará decisivamente al pensamiento
clásico. Ellos fueron los primeros en explícitamente lanzar la pregunta: ¿Cómo
pueden salvarse las apariencias (sózein tá phainómena), sino por medio
de los movimientos circulares y uniformes?”25. “El genio griego,
tan sensible a la belleza que producen las bomvinaciones geométricas simples,
debió ser profundamente seducido por este descubrimiento... (de que) el cosmos
celeste se encuentra regulado por leyes eternas en número y figuras”26. Salvar
los fenómenos ( = la “apariencia” de un movimiento contingente) no
significa otra cosa que destruir la temible imprevisibilidad de lo concreto,
individual o histórico. El conocimiento teórico griego tiene por objetivo reducir lo
concreto en lo universal; lo individual físico es universal
metafísico; lo individual e imprevisible humano o histórico por la política
como ciencia (queriendo descubrir las leyes necesarias de la sociedad) o por la
tentación de la astrología (unificando una vez más el ad-venir humano con el movimiento
físico-astral). No podemos explicar aquí en detalle los sistemas
cosmo-astronómicos de Filolao, Hicetas, Ecfantos o Arquitas de Tarento27,
que están en la base de la metafísica de Platón. Todos ellos concuerdan en
admitir la necesidad de ocho esferas, que explican los movimientos de los
“astros errantes” (tá fainómana). Las estrellas fijas poseen una espera,
otra el sol y otra la luna, las cinco restantes corresponden a los cinco
“astros errantes” (planetas) . La ciencia griega tendía a de-mostrar la
realidad de una “imagen móvil de la eternidad... una imagen que se mueve sin
fin, respetando lo eidético permanente (aiónon eikóna)”28.
Aunque Platón no pudo determinarlo, dice que, cuando los “astros errantes” se
igualan, se llega al número perfecto del tiempo, es decir, “al año perfecto (télos
eniautós)”29. El movimiento astronómico es una imitación del
ciclo biológico, “y por este motivo, han sido generados aquellos astros que
recorren el cielo y que poseen fases diversas. Quero decir, a fin de que el
cosmos fuera lo más semejante al Viviente perfecto e inteligible, imitando
entonces la ousía permanente”30.
22 Nietzsche, op.
cit., XI, 471; III, p. 17, no. 19
23 Frag. 21; Diles I, 320.
24 Frag. 16-17. Véase
Heráclito, Frag. 36; Diles, I, 159.
25 Isag, In
phoenomena Arati, I.
26 Pierre Duhem Le
systémes du monde, I, p. 9.
27 Cfr. Duhem,
op.cit., I, p. 11ss.
28 Véase Timeo, 35-39
29 Timeo 39 D.
30 Ibid., 39 D-E.
¿Y el hombre?
“Pasemos ahora a las almas. Estas hacen todo lo que pueden para seguir a los
dioses... arrastradas por la revolución cíclica... tienen una enorme dificultad
para fijar sus ojos en lo real”31 . “al fin, agotadas por la
fatiga, se alejan sin haber sido inciadas en la contemplación de lo real”32 . Después de diez mil años, un alma
vuelve a su estado inicial33. Platón se muestra entonces partidiario del
dicho pitagórico: “Todas las cosas serán idénticas y el tiempo también”34.
Las reformas de
Eudoxo y Calipo35, exigen a Aristóteles aumentar el
número de esferas a cincuenta y cuatro (anelitioúsai afaírai) para
explicar el movimiento de los astros “aparentemente” errantes, pero regulados,
para los griegos, por un movimiento circular uniforme. “El orden (taxis)
del cosmos es eterno -permanente (aídios )”36.
Aristóteles razona así: “Todo lo que llega-a-ser tiene un fin”37;
por el contrario, todo lo que no-nace no termina, es simple,
incorruptible, impasible y divino38 ; considérese que el noús,
que ejerce sus funciones en el hombre, es agénetos: no-nacido39.
Toda generación es
rectilínea (eythú) o circular ( kyklô). “La generación
(biológica) es necesariamente circular”40. Las especies son por ello
permanentes o “des-siempre” (eternas): “pues ellas son el elemento divino
y desde-siempre de las cosas”41.
“Aquellas cosas
cuya sustancia s móvil e incorruptible (las esferas, los astros) es evidente
que serán idénticas también como número...; por el contrario, aquellas cuya
ousía no es ya incorruptible, sino corruptible, necesariamente en su retorno
sobre ellas mismas conservarán la identidad eidética (específica = eídei)
pero no la numérica ( = arithmó)”42.
Para Platón, como
veremos, las Ideas son lo permanente (eternas) en el ámbito del conocer (cosmos
noetós), para Aristóteles las especies son lo permanente (desde siempre o
eterno) en el ámbito de las cosas sensibles y concretas. De este modo la
especie humana es desde-siempre, pero Pedro, Juan o Demóstenes son
corruptibles. Lo que es inmortal no es “el alma entera, sino sólo
el noús”43. Las cosas individuales y concretas
participan de lo divino por el retorno desde -siempre de la
especie (en el caso del cosmos biológico) o por el girar de las esferas sobre
sí mismas (en el cosmos astronómico supra-lunar).
31 Pedro 248 A.
32 Ibid., B.
33 Ibid., 248 E-249 B.
34 Simplicio In
Arist. Phys.: pánta tá autá. Véase Festugiére, La révélation
d´Hermes Trismégiste, París, 1953, II, pp. 206ss.
35 Duhem, I, pp.
123ss.
36 De Coelo 296 a 33.
37 Phys. 203 b 8.
38 De Coelo 281 b 25; 282
a 31.
39 Part. Anim. 644 b 22.
40 De gen, et corr. 338 a 10.
41 De gen. Anim. 731 a 24.
42 De gen. et corrup. 338 b 13-16;
“número” significa “esto” o “aquello”, el individuo que puedo
señalar, contar.
43 Metaphy, 1070 a
21-26.
Aristóteles expresó
más claramente aún que Platón el espíritu trágico del alma griega. Pleno de
respeto por los dioses de su patria, creía en la eternidad (el desde-siempre)
del cosmos44. El cosmos es eterno, el movimiento es eterno45,
y por ello también el tiempo, que no es más que la medida del
movimiento46. El tiempo es entonces desde-siempre
porque se funda en el movimiento cíclico de las esferas. El desde-siempre47 perfecto
es el del primer motor inmóvil48. Todo lo infra-lunar es
corruptible, mortal, cuya “sustancia” se aniquila, aunque la materia (hule)
con la que dichos entes son pro-ducidos o nacen sea desde-siempre. Tiempo
después dirá Proclo:
“todo ciclo (períodos)
recorrido por un alma es medido por un cierto tiempo. Pero, mientras el ciclo
de cada una de las obras almas es medido también por un cierto eimpo, el ciclo
del alma primera es medida por el tiempo total. Como el movmiento de estas
almas comporta una sucesión, existirán también ciclos periódicos sucesivos ...
y el tiempo es el que mide todos los ciclos periódicos de las almas... Los
múltiples retornos al estado inicial de estas almas serán partes (mére) del
único ciclo, del único retorno por el que la primer alma, que participa del
tiempo, vuelve a su estado inicial”49.
El anhelo de
seguridad trágica, o de necesitante anulación de lo contingente (no se olvide
que la historicidad necesita siempre de la improvisibilidad de lo que
ad-viene), lleva al griego a aspirar conocer ciertamente el futuro mismo. Esta
ciencia “imposible” era llamada por los antiguos astrología:
“Teofrasto decía
que los Caldeos de su tiempo poseían una teoría digna de la mayor admiración;
esta teoría predice los acontecimientos, la vida y la muerte de cada hombre;
ella no determina solamente los efectos universales, como el mal o buen tiempo,
a la manera de cómo cuando el planeta Mercurio brilla significa que habrá mal
tiempo... Teofrasto dice todavía en el libro Sobre los signos que,
por los astros celestes, los Caldeos conocían desde antes de efectuarse, todos
los acontecimientos, tanto particulares como universales”50.
Lo que nos importa
recalcar es que Proclo admira y no critica; es decir, asiente como posible la
existencia de la astrología como teoría del futuro. Esto nos muestra que desde
Homero a los neoplatónicos lo obvio, lo no criticado y aceptado, lo
que siguió siendo siempre creído por todos, lo que fundaba el espíritu trágico:
es que el ser es lo necesariamente permanente; lo contingente,
cambiable o corruptible es sólo aparente; dicha apariencia es asumida en una
movilidad circular necesaria que aniquila así lo “aparentemente contingente de
la movilidad sub -lunar”. El ser no es com-prendido desde el
horizonte de la temporalidad, de la historicidad. Muy por el
contrario, el ser es un desde-siempre (eterno e intemporal) y
cuando aparece como medio por un cierto tiempo
44 Véase su
Testamento, en Diog. Laerc. V, i..
45 Phys. 252 a 5-24.
46 Ibid., 219 b 1-2.
47 El inmerda de
Heidegger en el op.cit.
48 Metaphys. 1072 b
29-39: aión.
49 Institutio
theologica, Ed. 1822, § 20, pp. 298-299.
50 Proclo, In
Plat. Timaeum comm., Leipzing, Ed. Diehl, 1906, t. III, p. 151.
contingente (que es
el que podría abrir la posibilidad de la historicidad) es inmediatamente
asumido en la circularidad necesitante. El destino (Moíra) de la tragedia
es desde-siempre; el limitado ámbito de la acción del héroe y su
aparente libertad es sólo en un cierto tiempo; pero el Destino
se cumplirá irremediablemente en el “eterno retorno”51.
¿no es éste acaso el origen y el hontanar de la conciencia desdichada?.
§ 24. El inicio de
la “onto-logía” como pensar metódico
Desde el origen de
la inteligencia en el cosmos, desde la aparición del orden ontológico52, el hombre había vivido ingenuamente en su
mundo. Su mundo era un ámbito pleno de sentido (sea mítico o ya histórico en
los pueblos semitas) pero donde lo obvio imperaba sin temor de
a crisis; se trata de la pre-historia de la filosofía, era un modo
no-filosófico de ser-en-el-mundo. Sim embargo, del mundo mítico religioso
comenzó a emerger, primero lentamente, modo reflejo o crítico de contemplar el
mundo. Era la autora de una tremenda invención humana: la filosofía como
ontología. Esto le llevó a los griegos algunos siglos. Primeramente se preguntó
el hombre, desde siempre, por el origen de las cosas53,
pero ese preguntarse podía todavía ser mítico. Para Homero el origen de todo
era el Dios Océano; ya de una manera mucho más depurada y con auténtico
raigambre filosófico Hesíodo pensaba que el origen de todo era el Caos54.
Con Tale de Mileto la pregunta por el origen se expresa, quizá por vez primera,
desprovista (pero no en todos los casos) del ropaje mítico. Pensaba que el agua
era el origen físico de todas las cosas, pero al mismo tiempo
decía todavía que “todo estaba lleno de dioses”55. No podemos aquí
ocuparnos de cada uno de los presocráticos, pero no dejaremos de lado el primer
texto que ex –presa claramente el espíritu trágico del que hemos hablado antes.
Anaximandro nos ha dejado quizá el más antiguo texto de los llamados “físicos”
o “fisió-logos”:
“El origen de las
cosas que son es lo no-limitado (ápeiron )... De donde (éx)
las cosas se generan es hacía donde se corrompen según la Necesidad (jreón),
pues tienen que pagar la pena y ser juzgadas por su injusticia, de acuerdo al
orden (táxin) del tiempo (rónou)”56.
Nuestro pensador ha
llegado a expresar claramente lo obvio del mundo griego, lo que hasta ese
tiempo había sido lo no-filosófico57. Sin embargo, los presocráticos
sólo se ocuparon de preguntarse de manera indirecta y veladamente por el origen
radical, ontológico o fundamental. Es decir, se preguntaban por el origen de
las cosas o los entes, pero no habían descubierto explícitamente la cuestión
misma del hombre que abre o despliega el ámbito del ser, es decir: el mundo58.
La filosofía o la ontología (el pensar explícito y metódico
51 Véase: Mircea
Eliade, Le mythe de l´eternel retour, archétypes et répetition,
Paris, 1949; hay traducción castellana).
52 Veáse § 18 de
estas Lecciones.
53 Véase pp. 40-41 de
estas Lecciones.
54 Véase C. Eggers
Lan, “Sobre el problema histórico de la filosofía en Grecia”, en Anales
de filología clásica (Bs.As) X (1966-1967), pp. 5-67; O. Gigon, Der Ursprung
der griechischen Philosophie von Hesiod bis Parmenides, Basel, 1945, piensa
que la filosofía comienza ya con Hesíodo.
55 Frag. A 22; Diels
I, 79: Cfr. A 1 (27); Diels I, 68.
56 Frag. “; Diles I,
89, traducción usual criticada por Heidegger.
57 Cfr.
Heidegger, Der Spruch des Anaximander, ed. cast., pp. 269-312.
58 Véase § 3, 6 y 12
de estas Lecciones.
acerca de las
cosas-en-el-mundo)59 sólo surge cuando la pregunta por el ser,
por el mundo
en cuanto tal, por
el hombre como desplegante del mundo se plantea temáticamente.
El
hombre es el arjé (origen
del mundo). Por eso, sin lugar a dudas, la filosofía surge
históricamente de
manera explícita y cabal sólo con Parménides y con Heráclito. Desde el
origen del cosmos,
desde el origen del mundo se elevó por primera vez en las costas del
Mediterráneo, en
lengua y cultura griega, un hombre que críticamente efectuó por vez
primera el pasaje a
la trascendencia de manera com-prensiva, pensativa y ya irreversible.
Su con-versión será
quizá la mayor contribución de Grecia a la cultura europea, hoy
universalizándose.
“Parménides comparte con Heráclito el mismo puesto. ¿Acaso estos dos
pensadores griegos
–los fundadores del dominio de todo pensamiento- podrían estar en algo
que no fuese el ser
del ente?”60. Es decir, fueron los primeros que des-cubrieron el ámbito
de lo
inteligible en cuanto tal; des-velaron al hombre como lógos y
a la cosa como
haciéndose presente (anwesend)
ante los ojos dentro del mundo. Esta es una cuestión
ontológica,
antropológica e introductoria a la filosofía: la “presencia” su-pone lo
que se
presenta (la
cosa) bajo la luz de lo que le permite presentarse (el
ser) ante el hombre (que es
el que despliega el
mismo ámbito de la personalidad [Anwesenheit]). “Para los griegos ser
significa en
realidad el estado de presencia (Anwesenheit)”61. Los entes pueden cambiar
pero el ámbito
del ser, el mundo, es inutable y, en cierto modo, es único. A este ámbito
(jóra) del
ser los griegos le llamaron fýsis (de donde viene “física”):
es el horizonte dentro
del cual las cosas
vienen a la presencia (Anwesung: “hacerse presente”, dice Heidegger en
Die Phycis bei
Aristóteles) o se retiran al ocultamiento; es exactamente el mundo.
“Por ello
la palabra “fýsis”
significó, originalmente, el cielo y la tierra, la piedra y el vegetal, animal
y el hombre, el
acontecer humano, entendida como obra de los hombres y de los dioses, y
finalmente los
dioses mismos, sometidos al Destino. Fýsis significa la fuerza
imperante que
sale (a la
presencia) y el permanecer62 regulado por ella misma63.
En efecto,
Parménides relata poéticamente la experiencia del “pasaje a la trascendencia”
filosófica en Perí Fýseos (acerca de la Naturaleza) y el
des-cubrimiento del mundo (=ámbito del ser):
“La pareja de
yeguas que se lleva me han transportado tan lejos como mi corazón deseaba,
después de conducirme a lo largo del sagaz camino de la diosa...
Cuando las hijas de
Helios acrecentaron la velocidad de mi marcha olvidando la morada de la Noche (Nuktós)
al dirigirse hacia la luz (eis fáos)
Allí se alzaban las
puertas de los senderos de la Noche y del Día Y en torno a ellas un dintel y un
umbral de piedra...
- ¡Oh, joven, que
vienes a nuestra caza, con tu escolta de inmortales conductores...
No es ninguna mala
Moira quien te hace venir por esta vía (odón) pues en rigor está alejada
de los senderos frecuentados...
Ahora tiene que
aprender todas las cosas:
59 Véase § 15, pp.
60ss. de estas Lecciones.
60 Heidegger, Einführung
in die Metaphysik; ed. cast., p. 172.
61 Ibid., p. 98.
62 Desde-siempre;
véase el § 23 de esta Lecciones.
63 Heidegger, Einf.
Metaphy., p. 53.
No sólo el
intrépido corazón de la verdad (del Des-cubrimiento) en su perfecta
circularidad (aleteéis eukykléos)
Sino también la
opinión de los mortales (dóxas), en los que no cabe verdadera
(des-cubridora) confianza”64.
Parménides describe
poéticamente lo indicado en el § 10, pp. 38-39 de estas Lecciones, el “pasaje a
la trascendencia filosófica”; la ruptura con la mera “opinión de los mortales”
que no se decide por la vía del des-cubrimiento ( =verdad)
que “está alejada de lo senderos frecuentados” por el que vive ingenuamente su
mundo, “morada de las Noche”. Es un abrirse al amito del ser, un dirigirse
“hacia la luz”:
“Ven, voy a
decirte... cuales son las únicas vías de indignación posible. La primera
sostiene que es (éstin) y no puede no ser, éste es el camino de la
convicción que sigue la verdad (des-cubrimiento). Pero el otro afirma: no-es (ouk
éstin) y este no-ser tiene que ser. Este último sendero... no puede
explorarse. Pues lo que no es, ni puedes conocerlo... ni puede expresarlo con
palabras”65.
Perménides tiene
clara conciencia que el “pasaje a la trascendencia” del pensar o la filosofía,
la posición crítica posterior a la conversión, significa superar lo obvio que
permite el errar perdido en el mundo fundamento del error66 . Lo falso simplemente no es;
lo verdadero, la manifestación de lo que la cosa es (su
verdadera ante un veri-factor) es la presencia, es la apertura de la cosa a un
hombre (lógos) a aquel que despliega su mundo:
“contempla con el
intelecto ( nóoi) lo que está au-sente ( apéonta), pero
que (al intelecto) da firme presencia (pareónta) / Diles traduce: Abwesende
anwesend/...”67.
La verdad consiste
entonces en la presencia del ente, efectuada por el espíritu humano que hace
que lo au -sente en la opinión (dóxa) del vulgo caído en lo obvio (lo
au-senta u olvidado en el sentido auténtico de las cosas: su ser), devenga
co-presente en un mundo que tiene unidad de presencia. Por eso
dice en el mismo fragmento que “tú no deberás separar un ente del que está a su
lado, puesto que del todo en el orden (katá kósmon = en el mundo),
nunca se expande ni se condensa”68. No hay dos mundos diversos: el
del ser des-velado o pre-sente y el del no- ser o lo falso au-sente, sino un
solo mundo visualizado desde dos perspectivas: el del que es des-cubridor del
ser oculto o el del que acepta la mera apariencia (el no-ser o lo que las cosas
no-son).
Por ello, concluye
Parménides:
“Lo mismo es
com-prender (noeín) que ser (eínai)”69.
64 Frag 1; Diels I,
pp. 228-230.
65 Frag 2; Diels I,
231.
66 Véase § 18 de
estas Lecciones.
67 Frag. 4; Diels I,
232.
68 Ibid.
69 Frag. 3; Diels I,
231.
En el mismo ámbito
se encuentra el com-prender que el ser, es decir, el mundo, es el ámbito
constituido por el com- prender70 y el ser des-cubierto de las
cosas71 . Se ha llegado a expresar por primera
vez en la historia humana la cuestión fundamental de la ontología o de la
antropología: el hombre, al instaurar un mundo, se identifica (por el lógos)
a la cosa conocida; la cosa es conocida en su ser (eínai ) porque
se pre -senta en el horizonte de un mundo. Para los griegos, entonces, el
sentido del ser se deja describir como permanencia72 y
como presencia. Por ello el ser “es in-gendrado (agéneton) e
imperecedero, entero, sin segundo, inconmovible y sin ocaso...”73.
Con esta
descripción Parménides muestra que la pluralidad (pollá) de las cosas
queda asumida en el único (én) ámbito del ser: todas
las cosas quedan unificadas en su carácter de presencias ante el noús (el
hombre como com-prensor). A la totalidad de ese ámbito de presencia le
llamaron los primeros filósofos griegos, como ya hemos dicho, fýsis.
“Como dijimos, debemos alejarnos del concepto posterior de
naturaleza, puesto que fýsis significa un erguirse que
brota, un desplegarse que permanece en sí. En esta fuerza imperante se
incluyen el reposo y el movimiento, a partir de su unidad originaria. Dicha
fuerza imperante es la subyugante presencia, todavía no vencida por el
com-prender, en la cual lo pre-sente esencializa al ente. Esta fuerza
imperante, sin embargo, sólo surge de lo oculto, o, dicho en griego: acontece
la alétheia (el des- ocultamiento), en cuanto aquella se
impone como un mundo. Sólo a través del mundo, el ente llega a ser
algo que es”74.
“La fýsis (naturaleza
= mundo) ama ocultarse (kriptesthai)75.
La fýsis es
el “ámbito del ser”. Cuando vemos aparecer un fruto (la fýsis es
un “hacer presente” a partir de ella misma y en dirección a ella misma) no
podemos dejar de considerar que ha des-aparecido la flor (la
presencia que nos habla de una ausencia la llamaban los griegos stéresis76. La fýsis (naturaleza
= mundo) está continuamente avanzándonos cosas (que se nos presentan ante
los ojos), pero esa misma presencia oculta al mismo tiempo otras presencias que
ahora se aumentan; el fruto oculta a la flor, el árbol a la
semilla, el adulto al niño:
“¿Cómo se ocultaría
(láthoi, vorbergen) lo que jamás decrece?”77.
Dentro del mundo
(lo que jamás se oculta ni decrece, como el ser mientras ex –sista el hombre)
las cosas se recortan en su propia esencia como presentes; es decir, de la
totalidad del mundo como fýsis unas cosas se nos avanzan como
árboles y otras como piedras, unas como animales y otras como hombres. Desde el
horizonte del mundo, bajo la luz del ser, todo se organiza ante nuestra mirada.
Sin embargo, los más se pierden en la mera
70 Véase § 6 de
estas Lecciones.
71 § 12, pp. 48-50.
72 Véase § 22-23 de
estas Lecciones.
73 Frag. 8; Diels I,
235.
74 Heidegger, Einf.
Metaphy., p. 98. Cfr. Idem Moira, en Vortr. und Aufsätze, pp.
231.
75 Frag. 123, Diels I,
178.
76 Véase
Heidegger, Die Physis bei Aristóteles, fin.
77 Frag. 16; Diels I,
155. Heidegger, Alétheia, en Vortr. und Aufsätze, Neske,
1954, pp. 257ss.
apariencia, el ser
se les oculta y caen en el error (lo contrario a la verdad = des-ocultamiento).
“Es necesario
seguir lo que es de todos, esto es, lo común (koinói). Porque lo que es
de todos es común. Aunque el lógos (la com-prensión del ser)
es lo que es de todos, lo más (hoi polloí) viven como si cada uno
tuviera la propia (idían) sabiduría”78.
Solo “los que están
en vigilia tienen un mundo (kósmon) único (éna) y común
(koinón)”79.
“La sabiduría (sofíe) consiste en prestar atención al e-nunciar (légein)
y hacer (poieín) en des-cubrir lo que las cosas son (alethéa =
verdad) según la fýsis (= naturaleza)”80.
Todos estos
fragmentos nos hablan de lo mismo81: el ámbito del ser, el horizonte
ontológico des-cubierto en cuanto tal significa acceder a un nivel de
radicalidad en que se des-oculta lo olvidado. Cuando las cosas son re-des-
cubiertas en su ser, en lo que son (trascendiendo lo obvio), se alcanza por
primera vez una auténtica comunicación: se sabe de lo que se habla (“lo común a
todos”). El hombre dormido, la masa, perdida en el impersonal “se” (se dice, se cree...)
tiene la ilusión de com-prender en algo lo mismos que los otros, pero si
sobrepasara lo obvio y se cuestionara sobre lo que las cosas son sería
una nueva Babel: nadie se entendería, pues cada uno ha creído entender esto o
aquello sobre lo obvio (de idían viene idiota = el egoísta,
solipsista o “arrinconado” en su falta de com-prensión). Sólo el que ejerce
adecuadamente su (capacidad com-prensiva de lo que las cosas son82; re-vela en su “estar despierto” el
ser. Parménides y Heráclito hablan entonces de lo mismo, que podríamos
resumirlo representativamente de la manera siguiente.
|
Hombre |
verdad |
(3) ser como |
|
|
|
(1) lógos |
(2) a-létheia |
|
presencia |
cosmos |
|
(com-prensor) |
des-cubridor |
(parousía) |
(lo in- |
|
|
|
|
|
|
cognito) |
|
|
(4) en el mundo |
|
|
|
El hombre como com-prensor
del ser (1) cumple una tarea de veri-factor, al des -cubrirlo (2) en su
permanente ocultarse, ya que el ser no es sino la presencia o aparición (3) del
ente como lo permanente dentro del mundo (4) ámbito del ser o fýsis para
el griego.
§ 25. Platón o la
dis-yunción del ser (del hombre)
78 Frag. 89; Diels I,
151.
79 Frag. 89; Diels I,
171.
80 Frag. 112; Diels I,
176.
81 “Todo es uno”,
Frag. 50; Diels I, 161. Heidegger, Logos, en Vortr. und Aufsätze,
pp. 207ss.
82 Véase § 6, p. 21; §
7, p. 23-24; § 8, p. 28 de estas Lecciones
Si en el mito del
retorno eterno o “desde siempre” hemos podido detectar el sentido trágico del
ser como permanencia, si en la ontología parmenídica hemos podido ver aparecer
el ser como presencia o parusía, con Platón el ser se manifiesta como visibilidad,
y con ello, inadvertidamente se produce una separación o des-unión
(dis-yunción) que afectará radicalmente la antropología y la totalidad del
pensamiento griego, neo-platónico y occidental posterior.
Platón plantea, más
allá de la dialéctica entre lo oculto y des-oculto, la problemática nueva de lo
visible e invisible83, inclinándose a ver en la verdad más que
el des -ocultamiento del ser, la mera exactitud (en
griego orthótes, del conocimiento del lógos en relación a un ser que
es ahora considerado como idea (en griego idéa, que viene de eídos =
“vista”, “visión”,
y el verbo oráo =
“ver”, “contemplar”, “percibir con los sentidos”). La des-velación o
des-cubrimiento del ser del ente es ahora la exactitud de la mirada; en el
primer caso toda la fuerza se volcaba en la aparición misma del ser,
ahora en cambio la intensidad se vuelca en una cierta postura del
sujeto.
Nada mejor para
comp.-prender la actitud platónica ante el ser, y por ello ante el hombre, que
considerar con atención ciertos textos de la República, libro VI (en especial
entre 514 a-518d):
a) “Imagina una
especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada,
abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres
que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que
tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las
ligaduras les impiden volver la cabeza (hÿklo dá tas kefaíâs)... ¿crees
que los que están así han visto las sombras (tas shiás) proyectadas por
el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos...?
b) Cuando uno de ellos
fuera destado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuelo (periágein...)
y a andar y a mirar (anablépein) a la luz, y cuando, al hacer todo esto
sintiera dolor (algoi), y por causa de las chispas, no fuera capaz de
ver aquellos objetos cuyas sombras veía (heóra) antes...
c) Hay que comparar la
región revelada por medio de la visión con la vivienda-presión, y la luz del
fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto a la subida del mundo de
arriba (anábasin) y a la contemplación de las cosas de éste, si las
comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible (tón noetón
topón) no errarás con respecto a lo que creo. En el mundo inteligible lo
último que se percibe y con trabajo es la idea de bien (toú
agathoú idéa), pero, una vez percibida, hay que concluir que es la causa (aitía)
de todo lo recto (orthón) y lo bello que hay en todas las
cosas...” 84.
No debemos olvidar
aquí el “pasaje de la trascendencia” que hemos descrito más arriba85. Para platón, como vemos, hay tres momentos.
En primer lugar, se encuentra el hombre en
83 Fr. M.
Heidegger, Platons Lehre von der Warheit, Francke, Berna, 1947,
obra que utilizaremos en este comentario sobre Platón.
84 Rep. 514 a – 517c.
85 Cfr. § 10, pp.
38-40 de estas Lecciones.
las tinieblas de lo
cotidiano, lo obvio, lo que es objeto de mera opinión: como sombras en las que
cree.
En un segundo
momento el prisionero se libera de las cadenas, se produce la “conversión”86;
permanece todavía, sin embargo, en la caverna. Con ello ha detectado la
inconsistencia de las sombras, pero no ha descubierto la región de la auténtica
luz solar (en la caverna sólo hay fuego pero no el sol). Está entonces en la
más extrema confusión, el mismo fuego lo torna ciego por un tiempo. Sólo en un
tercer momento el hombre sale de la caverna y se enfrenta a “lo más verdadero”
(= alethéstera; 515 d6), es decir, a “lo más des-cubierto”87 , “lo no-velado”, lo auténtico, lo que
realmente es. Se trata del reino de lo inteligible, de lo visto “=idéa)
desde y a partir de sí mismo (de lo “e-vidente” = el que se ve /videns /
desde sí / ex/. Lo e-vidente es el ser mismo, lo
que verdaderamente es, que no se encuentra en el mundo cotidiano de las
sombras, que ocultan el sentido, sino en el mundo des-cubierto de las ideas,
donde todo resplandece, ya que manifiesta en la claridad de la des-ocultación.
Lo verdadero es
ahora lo claro, lo luminoso, lo de naturaleza solar, lo visible. Se trata de un
nuevo paso en la experiencia griega del ser. La idea como e-vidente (ex
-videns en latín y en alemán Aus-sehen) se torna presente
(Anwesung) al conocimiento como visión. La verdad será entonces la exactitud (de
“exacto” = orthós en griego) de la visión, el conocimiento
correcto. Se ha producido un desplazamiento de la verdad como des-cubrimiento a
la verdad como exactitud del juicio. La característica
fundamental del ser es la de ser una idea que puede ser conocida
como “exactitud”. Esto produce la dis -yunción del ser. Platón distingue dos
tipos de conocer: uno sensible (el del mundo de las sombras) y otro inteligible
(el de las ideas). Se produce entonces una dialéctica entre lo visible y lo
invisible. Lo visible sensiblemente no es visible inteligiblemente; lo visible
inteligiblemente es invisible sensiblemente. “Solo en la sofística y en Platón
la apariencia (sensible) fue explicada como mera apariencia y con ello
disminuida. Al mismo tiempo, el ser en cuanto idéa se
desplazaba a un lugar supra-sensible. Se abrió el abismo, jorismós (= lo
separado), entre el ente que sólo es susceptible de aparecer aquí abajo (en las
sombras) y el ser real que se halla en algún lugar de allá
arriba”88.
En efecto, el
espíritu humano tiene la posibilidad de ascender desde el mundo sensible hasta
el mundo inteligible. Una vez que ha alcanzado al mundo de las ideas puede
ejercer un análisis por división (diaíresis) que le permite distinguir
entre las ideas que son género (géne) y las que son especie (eíde),
hasta llegar a la idea suprema. La multitud empírica participa (metéjein)
de dichas ideas. De allí que, el ama que conoce a priori o
innatamente las ideas, cuando se enfrenta a las cosas que la experiencia le
propone, unifica la pluralidad empírica con estas ideas que operan como
categorías. De no tener el hombre acceso al mundo de las ideas estaría perdido
en el mundo plural del sin sentido, empírico (lo meramente estimúlico89);
con esto, Platón reafirma el pasaje a la trascendencia ya instaurada por
Parménides90. No hay, sin embargo que exagerar el dualismo
platónico.
86 Cfr. § 9, p. 29ss.
de estas Lecciones.
87 Cfr. § 18 de estas
Lecciones.
88 M. Heidegger, Einführ
in die Metaph., p. 143.
89 Cfr. § 2, pp. 3-4
de estas Lecciones.
90 Cfr. p. 39 de
estas Lecciones.
Platón ha comenzado
a describir el “orden trascendente” del sentido, lo que da inteligibilidad a lo
que se nos aparece. El mundo, como mundo de sentido (mundo de
las ideas), es distinto al cosmos, como totalidad e entes dados (el mundo
sensible o estimúlico) el mundo de la apariencia es como una nada de
sentido 91. Sin embargo Platón ha entificiado el ser y lo ha
hecho: o la idea suprema (en el Sofista) o dependiente de la idea
de bien (en La República); en ambos casos el ser es
un “algo” que se participa a las ideas y a los entes que nos hacen
frente dentro del mundo, y que los “hacer ser”. El ser es
una idea, y para conocer las ideas no se necesita ni el cuerpo
ni los sentidos, porque las ideas están, innatas, en el alma.
De esta metafísica
depende todo una antropología –o mejor, es una ontología fundamental-.
En efecto, ya en
los primeros diálogos Platón se muestra dualista:
“¿Hay alguna
necesidad de demostrarte algo más evidente, a saber: que el alma es
el hombre mismo?”92.
El hombre es
entonces un compuesto de alma y cuerpo, pero sólo al alma participa al hombre
su ser:
“Examina entonces,
Cebes, si de todo lo dicho no resulta esto: que el alma es lo más semejante que
hay a lo divino, inmortal, inteligible, único en su aspecto, indisoluble y que
se comporta siempre del mismo modo e idénticamente a sí mismo; en tanto el cuerpo
(es semejante) a lo humano, mortal, no inteligible, de múltiples aspectos
disolubre, y que jamás se comporta idénticamente a sí mismo”93.
Platón titubeaba
acerca de aceptar o no la idea de un “hombre-en-sí”94, mientras que
creía firmemente que en el hombre había algo de permanente y real, divino, lo
que la tradición órfico-pitagórica había llamado psyjé (=alma), que no es sino
la participación en lo que llamamos “hombre” del alma. Esta alma pre-existe al
hombre individual. Hay que considerar que “es necesario decir que el mundo es
verdaderamente un ser viviente, provisto de un Alma y de un Intelecto, nacido
de la acción de la previsión divina”95. Nuestro cosmos sensible ha
nacido, ha sido formado96, mientras que el Alma del mundo es más
antigua97 que su cuerpo (todo lo material que vemos
sensiblemente); el cielo envuelve esta totalidad. Cada astro posee su
alma 98, que cumple las leyes universales y necesarias. El alma
humana ha sido introducida por la Necesidad de un cuerpo99,
por lo cual el hombre es una mezcla del “principio inmortal del Viviente... y
de las porciones de fuego, tierra, agua y aire (=cuerpo) que han sido tomadas
del cosmos (sensible) y que le serán devueltas un día
91 Cfr. § 12, pp.
47-50 de estas Lecciones.
92 Alcibíades 130 C.
93 Fedón 80 a-b.
94 Cfr. Parménides 130c.
95 Timeo 30 b-c
96 Ibid., d.
97 Ibid., 34 c.
98 Ibid., 41 d.
99 Ibid., 42 a.
(en la muerte)
Ellos (los dioses) pegaron conjuntamente en un solo todo las partes tomadas,
pero no con ligaduras indisolubles”100. Es por ello que el alma humana “no ha
nacido”101, es inmortal102es eterna103. Esta alma humana “ha caído” en un
cuerpo, que es como cárcel (sema). Platón propone la idea del ciclo, de
la re- in-corporalización del alma (que es en definitiva el ser del
hombre, la ousía permanente que lo constituye como una cosa en
el mundo de la apariencia sensible):
“Dice que el alma
del hombre es inmortal, y que en un momento termina de vivir – lo que se llama
morir-, pero en otro momento nace nuevamente (pálin gignesthai) y que jamás se
destruye”104.
De esto se
desprende una moral de purificación o ascesis. El camino de la perfección
humana es un camino ascensional, es el camino de la e-ducación105. El mito de Prometeo es el es el mito
trágico que enseña el origen divino del alma; el mito de la caverna de Platón
es elmito que enseña el retorno del alma a los dioses. Es una subida hasta
llegar a lo que es “bello en sí”106, “lo divino”107. Por ello el prototipo del hombre
platónico y griego, el perfecto helenista, será el sabio, el hombre
de la “vida contemplativa” ( bios thecretikós), ex –stático en el
“conocimiento de las cosas celeste y de los fenómenos de la naturaleza, tanto
en la contemplación religiosa como en la fiesta cultual”108.
Hay por todo ello
un cierto desprecia del cuerpo:
“Mientras tengamos
el cuerpo y nuestra alma se encuentre entremezclada con semejante mal, no
poseeremos suficientemente aquello que deseamos, es decir, lo verdadero. El
cuerpo en efecto nos acarrea sólo incontables distracciones debido a su
necesidad de sustento y, como si fuera poco, lo vemos atacado por incontables
enfermedades que nos impiden la caza de lo real. El cuerpo nos llena de
concupiscencias, deseos, temores, toda clase de imágenes y distracciones, de
tal modo que, como se divide verdaderamente, en lo que de él depende jamás nos
será posible ser sabios. También las guerras, discordias y batallas nos las
acarrea el cuerpo y sus deseos. Todos los que van a la guerra, en efecto, lo
hacen por causa de la adquisición de riquezas, pero es por el cuerpo que nos
vemos forzados a poseer riquezas y es por su cuidado que nos volvemos esclavos”109.
El dualismo
platónico se impondrá en Occidente, pasando por las mitigaciones y a veces
oposiciones de Aristóteles, del cristianismo primitivo o de un Tomás de Aquino,
pero no se intentará superarlo radicalmente sino en nuestra época. El mito de
que el alma caiga (la
100 Ibid., 42 e- 43 a.
101 Agéneton dice en
el Fedro 245 a.
102 Fedón 78 b-d, 92 a
– 94 ; Fedro 245 a-e.
103 Aídios, Rep. X, 611 b.
104 Menon 81 b.
105 Paideia, ánodon, Rep.
VII, 514-17.
106 Simposium 28-29.
107 Filebo 22 c.
108 Festugiére, Contemplation
et vie contemplative selon Platon, Vrin, París, 1936, p. 14.
109 Fedón 66 b.
caída) en un cuerpo
como castigo de una falta anterior tendrá entonces una
larguísima tradición110.
Como hemos podido
ver, de la dis-yunción del ser (la apariencia sensible sólo
participa de la “idea- de ser” que se encuentra en el mundo inteligible = logistikón111 se
deriva el duaismo alma-cuerpo; sólo el alma es el ser del hombre que participa así
de la naturaleza de los dioses en la inmortalidad.
§ 26. Aristóteles o
primacía de la causalidad formal
Para Platón las
cosas son en tanto participan de las Ideas; son reales
y tienen sentido porque están constituidas las cosas y están iluminadas por el
mundo trascendente de lo inteligible. Las cosas son un entrelazamiento (symploké)
de Ideas112. El devenir (al engendrase, crecer, moverse) queda
siempre reducido a ser un fenómeno del mundo aparente de los sentidos (mera
dóxa = opinión). Es desde aquí de donde parte el pensar de Aristóteles113.
Aristóteles se
enfrenta igual que los presocráticos ante un horizonte dentro del cual todo
aparece o se
presenta: la fýsis (que hoy traduciríamos equivocadamente por
“naturaleza”).
Ese horizonte
o fýsis es, como punto de partida, el mundo sensible o
apariencial de Platón.
Aristóteles
encontrará el ámbito o lugar del mundo de las Ideas de Platón; dicho ámbito
(jóra en
griego), cuya ubicación tanto preocupó al maestro de la Academia y sin embargo,
podemos decir,
nunca logró solucionar, el peripatético se situará en las cosas singulares
mismas (todo ti =
este tal). Con ello logrará la re-unión del ser (que para
Platón era una
Idea) con lo que
nos parece ante los ojos dentro del mundo.
a) La “Fýsis como
“arje”114. Todo lo que se presenta ante los ojos para Aristóteles es la fýsis.
Toda ella está caracterizada por un fenómeno que admiraba a todos los
pensadores antiguos: el movimiento, el devenir (kínesis). Todo lo
“físico” está en continua transmutación: desde algo hacia algo
(ek tínos eís ti). El principio (=arjé) del movimiento de todo lo
que se nos presenta es la fýsis misma. La fýsis (
=el ámbito del ser para Aristóteles) se manifiesta ante
nuestros ojos desde-sí-misma115.
b) La “Fýsis” como
“hýle”. La fýsis se presenta al mismo tiempo como una totalidad todavía
indiferenciada, indeterminada (como sin “ritmo” = próton arrythmistón).
Se presenta como aquello con-lo-que todo se hace, desde lo que
todo se produce (en alemán Her-stellen; por es avanzar ante los
ojos desde un origen, ducere es conducir o guiar: pro-ducir es
un hacer avanzar algo a la presencia desde un origen indiferenciado, poner-lo
en el mundo del sentido arrastrado desde el el caos).
Todo lo que nos hace frente ante los ojos, antes de
manifestarse a la “apertura” del
110 Fedro 246 a-b; Rep.
613 a.
111 Cfr. Timeo 69
c – 71 b.
112 Cfr. Sofista 258
d- 259 a, donde las mismas Ideas se participan entre ellas.
113 Tendremos muy en
cuenta el trabajo ya nombrado de M. Heidegger, Die Phycis bei
Aristóteles.
114 Cfr. O.
Laffoucriére, Le Destin de la Pensée et la mort de Dieu selon Heidegger,
Nijhoff, La Haye, 1968, pp. 77ss.
115 Cfr. Física I, 2,
192 b 13-15.
mundo, se nos
presenta como la materia (= hýle) originaria de la
pro-ducción. El ser, que es la fýsis, es para
Aristóteles también materia.
c) La “Fýsis y la
“téjne”. El pensar de Aristóteles, como platónico que era, es un pensar en
el hecho paradigmático de la téjne ( =principio del hacer
humano). En la fýsis todo movimiento tiene por principio
la fýsis misma; mientras que la realización de una casa, por
ejemplo, tiene por principio la técnica arquitectónica del constructur. La
“técnica” se relaciona directamente con la teoría de las Ideas, porque implica
un conocimiento previo de la obra que se piensa hacer (el
proyecto del arquitecto en el caso nombrado). El médico tiene la técnica de
la curación, cuyo fín (=télos) es la salud del enfermo; pero es el mismo
enfermo el que tiene físicamente (en su fýsis o
ser) el principio de la salud, y el médico ayuda con su técnica a que el
principio físico alcance mi obra ( =érgon): la salud.
d) La “energía” y la
“morfé”. Tanto las cosas físicas como las técnicas cobran ante nuestros
ojos la fisonomía de obras (obras de la naturaleza u obras de
arte; decimos: es un arte-facto = hecho por la técnica o el arte). El hecho de
que algo esté ante nosotros en el mundo (en la fýsis o en el
mundo cultural), denota que tiene una cierta con-sistencia que le permite
estarse ahí, presente, ante nuestros ojos. No es algo indefenido, sino
de-finido, de-limitado, con-figurado desde si misma. Todas las cosas se
recortan de la totalidad como avanzándose hacia nosotros con una cierta figura,
forma. Esta forma constitutiva de las obras es al mismo
tiempo, la que permite la presencia de dicha obra en cuanto tal: la actualidad
( =enérgeia) en oposición a la mera disponibilidad o indeterminación de
la materia.
e) La “génesis” como
causalidad eidética ( = de eídos). El tipo fundamental de movimiento o
devenir que se pro-duce ante nuestros ojos en el horizonte de la fýsis es
la generación ( =génesis) de nuevos entes. Se trata de un devenir “desde
la fýsis hacia la fýsis”. Así un árbol se genera de una
semilla que ha sido pro-ducida, por su parte, por otro árbol; ambos árboles son
parte de la fýsis. El nuevo árbol surge entonces de la mismoa
fýsis; la nueva forma se pro-duce desde la fýsis y
da al individuo generado un éidos ( =idea platónica situada
ahora en el ámbito individual y sensible, lo que llamaríamos ahora la “esencia”
de las cosas).
Primeramente,
entonces, la fýsis se manifiesta como pura potencia ( =dýnamis,
posibilidad, indeterminación y capacidad para, disponibilidad), materia con
-la-que; en un segundo momento dicha fýsis se avanza a la
presencia en la apertura del mundo como mostrándonos cosas individuales (tode
ti) que tienen forma constitutiva y presentativa,
determinación que las hace visibles (eídos), reales o actuales (enérgeia).
El movimiento, aún el de generación, es el pasaje del primer momento al
segundo. Toda nueva pro-ducción es al mismo tiempo ausencia del momento previo:
la aparición al mundo de una flor es ausencia (y des-aparición) del pimpollo, y
la fruta presente será ausencia de la flor. Este hecho de avanzar la naturaleza
algo ocultando también algo lo llamo Aristóteles stéresis: el ser
se manifiesta ocultándose. Se presentarse, sin embargo en
Aristóteles, es a manera de forma o determinación eidética (
=esencial); la causación de algo individual es por determinación y transmisión
de morfé: un perro (individuo determinado por una forma en la
totalidad indeterminada de la fýsis como hýle) genera otro perro (le transmite
su forma). Para Platón
había
“participación” de las Ideas en los individuos (se nos permite: de “arriba
hacia abajo”); para Aristóteles hay transmisión o causación formal
(trans-formación) de uno a otro en el “plano horizontal” de la especie eterna).
El estagirita ha re- unido en un solo horizonte (el del mundo sensible o ante
los ojos) la presencia del ser; pero no por ello ha dejado de
reducir al ser al solo nivel eidético. El ser como para los
presocráticos y Platón es el permanente, la presencia de
lo presente (en último término, la ousía) lo alcanzado exactamente
por el lógos.
Esta filosofía no
la alcanzará Aristóteles en un día. Necesitó toda su vida para ir, lentamente,
madurando su pensar. Por ello sólo en los últimos años de su vida pudo aplicar
esta doctrina a la antropología, principalmente en el tratado Del alma (entre el
330-323 a.JC).
En Aristóteles hay
todo una ontología fundamental. Cuando dice que “el alma es en cierta manera
todas las cosas”116 , está manifestando claramente que el
intelecto se identifica con lo inteligible de las cosas. Es decir, la
com-prensión que el lógos efectúa es un acto co-lector por el
que la multiplicidad de las cosas son unificadas en aquello que tienen de
común, de inteligible: el eídos, la forma. El entendimiento (noús)
tiene la capacidad de desplegar un ámbito de sentido, el mundo. Eh Aristóteles
puede decirse que el hombre es ya el ser- en el-mundo, en el
mundo sensible que me hace frente a los ojos. Para Platón el hombre ( 0el alma)
era el ser-fuera-del-mundo, fuera del mundo que como
mera apariencia participa del orden real que es trascendental. En Platón el
alma es una ousía fuera del cuerpo, y la contemplación de las
Ideas sobrepasa en todo a los sentidos. La filosofía es deducción. Para
Aristóteles el alma es forma del cuerpo (como veremos), y por ello la
com-prensión del ser de los entes parte de los sentidos. La filosofía es
inducción del mundo de la vida (Lebenswelt).
En efecto,
Aristóteles, al fin de su vida, abandonó el dualismo alma-cuerpo que había
defendido hasta llegar al Liceo (como platónico que era) para defender una
“peligrosa” doctrina para el mundo griego (porque ponía en duda la inmortalidad
del alma) . Nuyens expone la antropología de Aristóteles en tres etapas117 :
la primera, la del joven pensador que concibe el alma como una ousía118 y
la unión con el cuerpo es accidental119, siendo el noús120 la
parte superior, teórica y contemplativa del alma. En el período de transición,
por sus estudios biológicos, el alma es extendida a todos los vivientes como su
forma. En el período definitivo el alma del hombre es concebida por primera vez
como forma, o lo que “esencia” a la cosa (eídos).
“por todo ello es
necesario decir que el alma es la ousía en el sentido de eídos (lo
que “esencia” = forma) de un cuerpo físico eniendo la vida en potencia”121.
Poco
116 Del alma 431 b 21; y
en 430 a 14ss.
117 Nuyens, L´Evolution
de la psycologie d´Aristote, Paris, 1948.
118 Desde el diálogo
el Eudemo y el Protréptico hasta Física I,
2, 185 a 20-26.
119 Física 212 b 11-12.
120 Ibid., 223, a 2-26.
121 Del alma II, 1, 412 a
19-21.
después dice que el
“alma es la esteléjeia (en -télos-ejein = estar-ene-el-fin
= acto) primera de un cuerpo físico que tiene la vida en potencia”122.
Con esto el alma
deja de ser una “cosa” o “substancia” completa (ousía) que pre-existe al
hombre y que cae en el cuerpo; deja también de ser el hombre que inmortalmente
subsiste después de la muerte. Para Aristóteles, el haber re-unido el ámbito de
la inteligible a lo sensible de las cosas cotidianas, el alma es la forma constituyente
del hombre individual (lo que determina la materia y la hace ser “este
hombre”). El hombre nace en el acto de generación, que no es sino la
trans-formalización (trans-misión de la forma del generante al generado). La
forma trans-mitida en el eídos ola forma de la especie; la
esencia específica. De esta manera el hombre individual desaparece con la
muerte y sólo subsiste la especie humana. Dicha especie es eterna, “desde
siempre”. Dicha especie es el ser del hombre. Como vemos,
aunque Aristóteles haya superado a Platón, ha sin embargo conservado el sentido
del ser al mundo griego; el ser del hombre es lo permanente, lo presente ante
el noús, la ousía o especie humana, y en esto los
hombres se emparentan con los dioses.
Sin embargo parece
que Aristóteles, cuando superaba el dualismo del alma-cuerpo (por la
doctrina
hilemórfica, de la materia y la forma aplicada al hombre, tendió a establecer
un
nuevo dualismo
entre el hombre y el noús. Se pregunta Nuyens: “¿Si el alma es
enteramente la
forma sustancia, aun en el hombre, qué es entonces el noús?” “Aquí vuelve
Aristóteles a un
dilema sin solución”123. En efecto, este noús no se mezcla con el
compuesto124, es el lugar de las ideas125, esta separado126es
impasible127, es divino128, ha
entrado “como por
la puerta”129, es “inmortal y eterno”130. Sin dificultad los filósofos
árabes pensarán que
este Intelecto (noús) es algo divino que, siendo uno, se participa a la
especie humana.
Tomás de Aquino por su parte, interpretó que era una facultad del alma
(intellectus
agens). En verdad, la genial antropología aristotélica quedó inacabada.
Después
de la muerte de
Aristóteles, será la filosofía platónica la que reinará con aplastante
influencia en el
mundo helenístico. La academia antigua, la nueva academia y el
neoplatonismo son
sus representativos frutos.
§ 27. Plotino,
genio reflexivo indoeuropeo
La filosofía
helenística tuvo tres momentos: la primera fase, que comprende aproximadamente
del siglo IV a.JC., hasta mediados del siglo I d. JC., está dominado por una
reflexión moralizante de tipo estoico y epicúreo, con matices escépticos (como
en el caso de Pirrón y la Academia media y nueva); la segunda fase contempla la
persistencia del escepticismo, pero es en torno a Alejandría –gran capital
cultural, política y económica-donde se produce una vuelta hacia los clásicos;
el llamado neopitagorismo y platonismo
122 Ibid., 412 a 27-28;
hay todavía dos definiciones más en 412 b 4-6 y en 414 a 12-13.
123 Op. cit., p. 95.
124 Del alma 429 a 19; 429
b 24.
125 429 a 27-28.
126 429 b 5.
127 Meteor. 380 b 7-10.
128 408 b 29.
129 736 b 28.
130 430 a 22-23.
medio significan
nuevas tradiciones que se inspiran en doctrinas orientales, desde que la Persia
perteneció a los Selcucidas y el Egipto a los Ptolomeos. Perteneciente a estas
escuelas, un Plutarco de Queronea, mostraba cómo existe primeramente la Unidad
eterna e inmutable del ser divino: “Dios es la inmóvil eternidad”; pero ese
Dios no es el origen del mundo, porque “sería imposible que existiese algo
malo, siendo Dios causa de todas las cosas”131.
Estas dos fases de
la filosofía helenista influyeron todo el pensamiento cristiano de los dos
primeros siglos –justo con el estoicismo principalmente-. La tercera fase es la
del neoplatonismo, desde mediados del siglo III hasta la desaparición de las
escuelas paganas de filosofía (en el 529 el Emperador Justianiano cierra la
escuela de Atenas, la de Alejandría durará hasta el siglo VII d. JC:, cuya
biblioteca, en su esplendor, tuvo más de medio millón de volúmenes –contando
los de la biblioteca exterior, interior, volúmens mezclados y simples-) . Del
moralismo estoico y epicúreo se pasa a una reflexión francamente teológica o
teosófica. El mejor ejemplo del neoplatonismo, Plotino de Lycópolis (¿) (203/4
–269/70), sintetiza lo más peculiar del pensamiento indoeuropeo. No en vano fue
alumno de Amonio Sacas (175-240), y tuvo especial preocupación de enrolarse en
las armadas del emperador Gordiano para conocer el pensamiento de los iránicos
e hindúes. De hecho, en Plotino se reúne la tradición griega- helénica, la
iránica y hasta brahmánica; su teosofía es una síntesis que se contrapone, en
casi todas sus tesis fundamentales, a la cosmovisión cristiana.
En el sistema
neoplatonismo hay un claro movimiento circular: primero está lo Uno, por
degradación y multiplicidad – segundo momento – emana el universo complejo, por
simplificación y purificación – tercer momento – se produce el retorno a lo
Uno, el cual se encuentra idéntico a sí mismo nuevamente – cuarto momento-.
Esta tesis de la circularidad, como veremos, involucra una antropología bien
estructurada e igualmente una moral que tendrán mucha importancia en todo el
pensamiento bizantino y latino –occidental-. Veamos paso a paso los tres
momentos, deteniéndonos especialmente en el segundo (donde se da cita su
antropología) y la transición hacia el tercero (principalmente moral).
Ante todo y sobre
todo ser, inefable e incomprensible se encuentra lo Uno. El alma desea
“resolver este problema tan debatido entre los sabios antiguos: ¿Cómo el Uno,
tal como lo interpretamos, ha llegado a ser una multiplicad?... ¿Cómo podemos
reasumir la multiplicidad en la unidad?” (V, 1,6). Veamos cómo explica Plotino
el comienzo de las emanaciones provenientes de lo Uno originario:
“Cuando un ser ha
alcanzado la perfección, vemos que siempre engendra (algo); no puede soportar
el permanecer en su propia (perfección solipsista), sino que produce otro ser.
Esto no es sólo verdad de los seres con voluntad refleja, sino igualmente entre
los que vegetan sin voluntad o de los seres inanimados que comunican todo lo
que pueden de su ser. Por ejemplo el fuego calienta, la nieve enfría, el veneno
obra sobre otra cosa, y, en fin, todo, en tanto que poseen capacidad, imitan al
principio eterno y bueno. ¿Cómo podría el ser más perfecto y el Bien primero
permanecer inmóvil en sí mismo? ¿Sería acaso por envidia? ¿Sería por
impotencia, siendo el
131 De Isis y Osiris, §
45.
poder de todas las
cosas?... Es necesario entonces, que alguna cosa provenga de El, porque los
seres tienen de El la capacidad de hacer existir a otros...”132
El segundo momento
del movimiento circular se ocupa, entonces, de explicar, como hemos visto, la
causa de la multiplicidad y su racionalidad, es decir, su orden-. Se puede
experimentar con los sentidos la existencia de un mundo plural material; existe
entonces una jerarquía óntica, desde lo perfectísimo y simplísimo (lo Uno), por
degradación, oscuridad e imperfección, hasta la pura materia sensible:
“La multiplicad (to
odñeos) consiste en el alejamiento de cosas numéricamente distintas, es un
alejamiento absoluto que consiste en una multiplicad innumerable, y es
necesario que la infinitud (de este tipo) sea el mal y que seamos nosotros
mismos malos cuando somos múltiples. Pues la multiplicidad de una cosa radica
en la incapacidad de concentrarse en sí, dispersarse, extenderse y disiparse.
Si, en ese dispersarse, se encuentra absolutamente privado de lo Uno, llega a
ser una multiplicidad en la que nada puede unir una parte a otra”133
“Decimos que
el Noús es la imagen del Uno... ¿Pero el Uno no es Noús?
¿Cómo podría engendrar el Intelecto? Porque El se ve retornándose sobre sí
mismo; esta visión (de sí mismo) es el Intelecto”134.
Efectivamente, la
emanación del alma sigue a la del Intelecto:
“Siendo (el
Intelecto) semejante a lo Uno, produce como él, dejando emanar su multiplicidad
en potencia; lo que produce es imagen de sí mismo; se derrama como lo Uno, que
antes se había derramado. Esta energía que procede de la substancia (del
Intelecto) es el Alma (del mundo)... El alma no permanece inmóvil, sino que se
mueve para engendrar una imagen de sí misma”135.
Esta Alma es la
productora del lugar, del cuerpo, del mundo (IV, 3,9); siendo productora del
cosmos sensible, engendra igualmente el tiempo (III, 7, 10); es igualmente
principio del alma inteligible y de la vida de todo cuerpo viviente (desde el
hombre hasta los animales y los vegetales) (VII, 7, 11). El Alma del mundo se
individualiza en un sinnúmero de almas particulares que animan los cuerpos
vivientes –de allí la posibilidad de pasar de un cuerpo a otro, la
ensomátosis-. Entramos ya, de lleno, a la antropología plotiniana:
“En lo que
concierne al alma de los vivientes, aquéllas que entre ellas han caído y
llegado hasta en los cuerpos de las bestias, es necesario que sean inmortales”136. “Hay almas que cambian de cuerpo y renacen
cada vez con diversos aspectos; pero cuando lo pueden, se escapan al nacimiento
y se unen con el lama del universo”137.
132 V, 4-1.
133 VI, 6,1.
134 V, 1, 7.
135 V, 2,1.
136 IV, 7, 14.
137 III, 2, 4.
El hombre, por lo
tanto, es el encuentro de un alma con un cuerpo material. Lo absolutamente
material es lo no- ente, lo no-ser, lo absolutamente malo sin mezcla de bondad138. Y bien, el cuerpo del hombre está
constituido con esa entidad última en la escala de los seres, efecto de un
pecado (amartía) que determinará la caída de os seres inferiores y la
ocasión de la existencia del mundo material. Esta visión pesimista no es
exclusiva, ya que Plotino expone igualmente una visión optimista donde el alma
se encarna en un cuerpo “por inclinación voluntaria para ejercer su poder e
imponer orden en lo que está junto a ella”139.
En el hombre,
diríamos así, se conjugan tres pecados: el originario del Intelecto y del Alma
que producen las substancias inferiores y el mundo; pero al mismo tiempo, y en
tercer lugar, el alma individual ha cometido un pecado anterior, origen de su
misma individuación:
“Las almas
(individuales) si hubiesen permanecido en lo inteligible con el Alma del mundo,
hubieran evitado el sufrimiento... Pero, habiendo cambiado y pasado de lo
universal a lo particular, en fragmento, queriendo ser cada una por sí misma,
se fatigan de existir con otro (el cuerpo), se separaron cada una en sí misma
solitariamente. Permaneciendo durante largo tiempo en el alejamiento y la
separación del todo, sin dirigir su mirada hacia lo inteligible, devinieron un
fragmento, aisladas, debilitadas, se multiplicaron en la acción y no
proyectaron sino fragmentos”140.
¡Eso es el hombre!
Un compuesto accidental de un alma caída y de un cuerpo material; ambos
producto de una falta que origina la multiplicidad. Ese hombre puede todavía
obrar mal –se trata del cuarto tipo de mal-141, ese obrar mal del hombre es el
internarse todavía más profundamente en la multiplicidad, olvidando la
necesidad de reconcentrarse en sí mismo para recuperarse en la unidad.
La procesión
descendente exige una procesión ascendente. Gracias a la inteligencia práctica,
el alma domina el cuerpo por la ascésis y por el cultivo de
las virtudes; por la inteligencia teórica contempla el mundo inteligible. Si se
“convierte”, cambia el sentido de la existencia y se prepara a la liberación
definitiva del alma individual después de la muerte. El alma individual se
incorpora así al Alma del mundo, la que procediendo ascendentemente se
incorporará al Noús y éste nuevamente a lo Uno. ¡El círculo quedará cerrado
para recomenzar su procesión descendente...! por toda la eternidad...
Porifirio de Tiro
(232-301), Jámblico de Calcidia (+330) y Proclo (410-485) siguieron estas
doctrinas, influenciando de manera decisiva la reflexión teológica posterior.
Piénsese que el De oausis, comentado por Alberto y Tomás, fue un
pretendido libro de Aristóteles, pero en verdad era un estudio de
Proclo.
138 I, 8, 5; III, 6, 7.
139 IV, 8, 5.
140 IV; 8, 4.
141 IV, 8, 7.
Terminamos así la
exposición de toda una tradición de pensamiento que nos constituye a nosotros,
hombres de la cultura occidental latina, o mejor aún: latinoamericanos. Los
griegos experimentaron el ser de una manera radicalmente nueva142:
el ser es la presencia de lo permanente, de lo
visto, de lo exacto comprendido por el lógos;
es lo eterno de las cosas que nos hacen frente ante los ojos.
El ser ab-soluto, es decir, no tiene relación fundante o ligazón (solutio =
acción de desatar, separación)143. Así comprendido el ser, si se es
consecuente y se llega a las últimas conclusiones, no puede menos que afirmarse
un pateísmo: todo es dios, lo es eternamente, necesariamente, en el “ciclo”. Si
el ser de las cosas que me rodean, y que hacen frente en el
mundo, es ser en y por sí, es decir, ab-solutamente sub-sistente,
entonces el hombre tiene parte con-substancial por naturaleza, pero de una
divinidad monista que es el mismo cosmos. Esta es una posibilidad de pensar
humano, que después de los griegos será sumida, siguiendo distintas vertientes
y sufriendo diversas influencias, por los gnósticos, los iránicos maniqueos,
los cátaros y albiguenses, por un Boehme en Alemania y que, ciertamente,
influenciará a un Hegel o a un Nietzsche.
142 Cfr. § 11-13, pp.
46-52 de estas Lecciones.
143 Cfr. esquema de la
p. 52 b de estas Lecciones; los griegos constituyen la posibilidad
(a): el ser como Ab-grund = sin fundamento ajeno a él mismo.
CAPITULO VI.
EL HOMBRE EN EL
PENSAMIENTO JUDEO-CRISTIANO
Al comienzo del
capítulo V hemos indicado cómo “lo griego” no está ausente de nuestro mundo
latinoamericano. Pero ahí también decíamos que la experiencia cultural griega
debería todavía ser “impostada en otro contexto más amplio y com- prensivo”.
Debemos ahora dar ese nuevo paso hacia los fundamentos, hacia las bases de
nuestro modo presente de existir en Argentina, Latinoamérica. Se tratará de
descubrir otra “experiencia del ser”, que constituirá por lo tanto otra
antropología, que irrumpió dentro del Imperio romano-helenista a partir del fin
del siglo I y ya firmemente desde el II d.J.C. en el § 13, p. 52 de estas
Lecciones explicamos que la nueva experiencia del ser se
enfrentaba al cosmos no ya como eterno ni infundado, sino como creciente,
habiendo nacido entonces, evolutivo, temporal y fundado u originado. Se
trataría de la tradición que afirma la posición (B) del esquema de la página 51B
de estas Lecciones: El cosmos como contingente abre el orden radicalmente nuevo
y no vislumbrado por los griegos del ser como esse que es la
obra primerísima del Creador (el Impsum Esse = el mismo ser
sub-sistente). Veamos todo esto por partes.
§ 28. El sentido
dramático de la ex -sistencia
Tenemos que
descubrir lo que era obvio para los semitas, judíos,
cristianos y árabes; aquello que todos estos pueblos tenían ante sí cuando
entre ellos nació la filosofía, ese pensar metódico acerca de lo que nos
enfrenta en la vida cotidiana. Ciertamente, la experiencia cultural de un semita
es muy distinta a la de un indoeuropeo1.
Los pueblos semitas
irrumpen en la historia, según el recuerdo de la humanidad, en el siglo XXV
a.JC., cuando los acadios invaden la fértil región de la baja mesopotamia y
dominan la civilización súmera2 . Procedente del desierto sirio
-arábigo, los semitas dominaron todas las regiones limítrofes de dicho
desierto: la invasión cananea llega hasta el Eglipto en el mismo siglo XXV
a.JC.; los fenicios se instalan en las costas del Mediterráneo y florecen en el
siglo XI a.JC., fundando Cártago al norte del África; los hebreos procedentes
de Ur, en el siglo XIX a.JC., terminaron por instalarse en la alta Palestina,
siendo los judíos una de las doce tribus; los asirios y babilónicos serán
igualmente semitas; los arameos y amorreos ocuparán las regiones de la Siria
actual; los árabes serán la última gran expansión semita en este caso de
religión mahometana. Los cristianos, comunidad fundada por judíos, llevará en
su éthos y en su com-prensión del mundo, todos los signos de pertenecer a la
tradición cultural de los pueblos semitas. Como los indoeuropeos, los semitas
adoraron originariamente a los dioses del cielo (dioses uránicos). Eran
beduinos o pastores del desierto que no poseían ninguna vinculación ni con la
agricultura ni con la civilización urbana. Entre todos los dioses semitas, los
que cobraron mayor importancia, después del Marduk de la
Mesopotamia a los Daales de fenecia, fue Jahvez de los
hebreros y Alah de
1 Cfr. lo dicho al
comienzo del § 28 de estas Lecciones.
2 Véase mi
trabajo El humanismo semita, EUDEBA, Buenos Aires, 1969.
105
los musulmanes.
Aunque la aceptación de un enoteísmo creador es común en los pueblos primitivos
(como lo ha enseñado y probado W. Schmidt) –como por ejemplo entre los pueblos
pigmeos, esquimales u onas del sur argentino-, sin embargo ningún pueblo llegó
a llevar hasta sus últimas consecuencias los corolarios del enoteísmo (= un dios)
creacionista. Sólo los profetas de Israel (desde el siglo VII a.JC.)
com-prendieron que el enoteísmo creacionista sólo podía concebirse en
elmonoteísmo universalista ( = sólo un Dios para todos)3.
No se piense que lo que acabamos de exponer se trata de un primer capítulo de
una teología, o de la “revelación” dada a Israel. Por lo general se comete un
grave error. Se toma el pensar griego como si fuera de la “razón natural” y en
cambio el pensar israelita como si fuera de la “fe”, o el pensamiento “de la
revelación”. Según nuestro método, como se ha podido ver, el mito edípico o
prometeico4 son hechos culturales e históricos que configuraron
efectivamente el mundo de la vida cotidiana del griego, mundo no-filosófico que
tuvo ante sus ojos el filósofo cuando se puso a pensar. Es simplemente lo obvio
cultural o mundano. De igual modo, cuando un filósofo judío (por ejemplo Filón
de Alejandría o Maimónides), cristiano (por ejemplo Tomás de Aquino o
Descartes) o árabe (como Averroes o Avicena) se pone a pensar, se enfrenta ya
con un horizonte mundano constituido, y las cosas que lo hacen frente ante los
ojos tiene ya un sentido ¿Cuál? Esa es
nuestra cuestión.
En el mundo
judeo-cristiano (e igualmente árabe) hay un mito ( = relato que organiza
símbolos fundamentales) que configurará todo un éthos , todo
un modo de ser en el mundo, y que imprimirá en la tradición que estudiamos
todo un sentido de la ex –sistencia. Ante el mito trágico de
Edipo o Prometeo, encadenados ante la divina necesidad del Destino inevitable,
inocentes y culpables al mismo tiempo, que deben sufrir para comprender, se
levanta la figura dramática (pero no trágica) de Adam. “Solo el
mido adámico es propiamente antropológico; con este designa otiológico (sobres
los orígenes) refiere el origen del mal a u ancestro de la humanidad actual
cuya condición es homogénea a la nuestra:... en segundo lugar,
el mito etiológico de Adam es la tentativa más extrema de desdoblar el origen
del mal y del bien... (al hacer) del hombre el comienzo del
mal en el seno de una creación que tiene ya su comienzo absoluto
en el acto creador de Dios...”5.
En efecto. Quien
considera los dos relatos del mito adámico en el Génesis (el del capítulo 2 es
más antiguo que el del capítulo 1 y por ello de más arcaica factura) puede
rápidamente descubrir que tras el ropaje simbólico (propio del medio babilónico
donde nació) se describe todo un éthos muy distinto al de un
Prometeo (encadenado”. Adam en cambio fue “tentado”. La necesidad del
Destino no tiene como interlocutor a la libertad, sino a la resignación
pavorosa de quien acepta el Destino inevitable. En cambio la “tentación” se
dirige siempre a una libertad. Es justamente “tentación”
porque, no habiendo todavía falta o pecado, el hombre puede o no aceptar el
ofrecimiento. Adam (que viene del término hebreo adamá =
tierra, lodo) es un sujeto cuyo verbo está siempre en plural. Adam no es un hombre,
es simplemente el hombre. Su falta de pecado es el pecado del
hombre. Se trata de un mito etiológico donde se describe simbólicamente la
condición humana pero tal como la veían los hebreos (muy distinta que como la
veían los griegos). El hombre, en su libertad, y
3 Cfr. El
humanismo semita, supra, cap. IV, sec. I: La lógica del monoteísmo.
4 Cfr. § 22 de estas
Lecciones.
5 Paul Ricoeur, La
symbolique du mal, pp. 218-219.
106
no Dios, es el
origen del mal en la tierra; es decir, el mal o obra el hombre, no es un factum divino
inevitable:
“Y Nave vio que era
inmenso el mal (ráhat) del hombre en la tierra; y (vio) que en todo
tiempo sólo producen (ietser) mal los pensamientos del corazón (libó)
(del hombre”6.
Tiempo después los
poetas de Israel contarán así la misericordia de su dios:
“En tu infinita
ternura, oh Dios, borra mi pecado... Contra ti, sólo contra ti he faltado lo
que es malo (haráh) ante tus ojos lo he hecho (hásiti).... ¡Dios,
crea (bra´)
en mì un corazón
puro (leb thaber), restaura en mi pecho un espíritu (rúaj) nuevo”7.
Los términos usados
son estrictamente técnicos y no dejan lugar a dudas. El verbo bara´ tiene,
en toda la Biblia, como único sujeto, el Yo personal de Yahveh. Es decir,
la falta, el pecado, el mal, es operación (yo hice = hásiti)
humana. Esa falta tiene como lugar propio el corazón (así se
expresará Jesús en el Nuevo Testamento y Kant en la Crítica de la Razón
Práctica), en la interioridad, en la facultad judicativa que llamaríamos
hoy la conciencia (moral). Pero el perdón del pecado es obra exclusiva de Dios,
es una nueva creación (creación nueva expresada por la infusión del espíritu,
como veremos más adelante).
ESQUEMATIZACION DEL
DESARROLLO DE LA ACCION DRAMATICA
(A)
Un Dios justo,
creador y
Providente de la
historia imprevisible
|
|
(B) |
(D) |
|
|
al inicio es
creado |
desenlace: el
hombre pecador |
||
|
bueno e inocente |
es ex –pulsado
con esperanza |
||
|
|
|
de redención |
|
|
|
|
||
|
|
|
(C) |
|
|
|
|
el hombre (Adam) |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
en su libertad,
origen del mal y la historia |
|
6 Génesis 6,5.
7 Salmo 50, 3-12.
107
El mito adámico
propone un Dios justo y al mismo tiempo misericordioso ( = cordial ante la
miseria del hombre), creador de todo y por lo tanto trascendente al mundo y al
cosmos: es el absolutamente otro (A). Ese Dios se le aparece a los ojos del
relator como un Dios providente de una historia imprevisible, porque, aunque se
ocupa del quehacer de los hombres y los dirige, sin embargo el hombre cambia
sus planes. No hay ninguna relación con el destino necesario del oráculo edípico o
el castigo prometeico.
El hombre es
inocente (y no al tiempo culpable como el héroe griego), es bueno (como ante el
calvinismo lo recordará J.J. Rousseau) (B). El hombre es tentado en su libertad
(C), irrumpiendo así el mal en la historia, en el nivel ontológico. Al cometer
la falta el hombre es ex –pulsado, (no se trata de una caída de “arriba hacia
abajo”) pero con esperanza de futura salvación (D). El mal no es entonces
irremediable y su peregrinar por la tierra, tierra de sufrimiento, trabajo y
muerte, tiene un sentido. El hombre es el “señor” de la creación (“El hombre
puso el nombre de las bestias, de los pájaros, del cielo y de los animales
salvajes”8).
Los relatos míticos
de Caín y Abel, y de Noé9 , indican igualmente el origen del
mal a partir de la libertad humana, y la esperanza siempre renovada de una
salvación futura. Con ello “el monoteísmo ético de los judíos arruinaba en su
base todos los otros mitos, elaborando los motivos positivos de un mito
propiamente antropológico sobre el origen del mal. El mito adámico –continúa
Paul Ricoeur- es el fruto de la acusación profética dirigida contra el hombre:
la misma teología que declara inocente a Dios acusa al hombre”10 .
“El mito repara la especulación (nosotros diríamos “el pensar”) que explora la
ruptura de lo óntico y lo histórico (ontológico)... Desde blando así el origen
en un origen de la bondad de lo creado (óntico) y de un origen de la maldad de
la historia (ontológico) el mito tiende a satisfacer la doble confesión del
creyente judío: la perfección absoluta de Dios y la maldad del hombre: esta
doble confesión es el fundamento mismo de su penitencia”11.
El ritmo completo
del mito adámico se juega entre un Dios creador y una libertad que instaura la
historia y en ella comienza igualmente la ambigua tensión de la verdad y el
error12.
§ 29. Corporalidad
como carnalidad espiritual
En nuestro tiempo,
el hecho de que la existencia humana ha sido redescubierta no como “teniendo un
cuerpo”, sino como un “siendo un cuerpo”, nos permite investigar
los orígenes mismos de este elemento esencial de nuestro modo de existir como
hombres.
En el pueblo de
Israel, la antropología hebrea elabora una dialéctica original entre la “carne”
(basar) y el “espíritu “ (ruáj ) que le permite
mantener inalterable –aunque en evolución- el sentido de la unidad de la
existencia humana, que se expresa con la palabra nefesh. El
hombre es idénticamente una carne-espiritual, un yo viviente y carnal, todo
ello
8 Génesis, 2,20.
9 Cap. IV al XI
del Génesis
10 La symbolique du
mal, p. 225.
11 Ibid., pp. 227-228.
12 Cfr. § 18, al fin,
de estas Lecciones.
108
asumido en la
unidad personal del nombre de cada uno que significa la
individualidad irreductible: “yo te he conocido por tu nombre” 13. Nefesh significa
sustantivamente “gargante”14 y por una transmutación metonímica
designa igualmente el “suspiro” o la “respiración”. Es el “deseo” o el
“apetito”15; pero más aún, es la misma “vida”, “el ser viviente”16,
y por ello está en relación con la sangre (principio de la vida)17. Llega a contener el sentido del “yo
viviente”.
“Ni nefesh bendice
Yehvah” (Salmo 103,1)
“Ni nefesh suspira
y languidece en la casa del Señor” (Salmo 84,3)
“Entonces Yehvah
-Dios modeló al hombre con barro del suelo, y sopló en su nariz un aliento
viviente (jaiim) y el hombre devino una nefesh (= un ser viviente)”
(Gen,2,7).
Después de la
muerte la nefesh permanece en relación con el cadáver aunque
no se extingue totalmente, es como el centro de conciencia, como la unidad
nuclear del poder vital. En fin, no es una parte del hombre, sino el hombre
entero considerado desde un cierto ángulo la vitalidad secreta y personal del
hombre.
Basar no significa
“cuerpo” –porque esta noción no existe en el pensamiento hebreo –sino “carne”,
o la manifestación material de la nefesh. El “cuerpo” –en el
sentido griego o cartesiano- es sólo el “cadáver” (gufah). El Nuevo Testamento
traducirá basar por sarx (carne) y no
por sema (cuerpo). Juan dirá “El Verbo se hizo Carne”18.
Un griego habría
dicho: “El verbo tomó un cuerpo”, lo que es radicalmente distinto.
La carne tiene
diversas facultades, es decir, el viviente- carnal posee distintas partes
funcionales: el corazón 19es la sede de la
sabiduría, del entendimiento mismo20; los riñones, que además
del significado del corazón, designa igualmente los pensamientos secretos, la
sensibilidad; el hígado, facultad de los sentimientos elementales21;
etc.
“Mi corazón exulta,
mis entrañas se alegran,
mi carne (basar)
descansa con seguridad...”22
“Mi nefesh exulta
en Yehvah...
todos mis huesos dirán:
Yehvah; ¿quién es semejante a Ti?23.
La sangre, los
oídos, los huesos, cada órgano es una facultad de la unidad indivisible del
hombre; el ruaj (que en griego se traducirá pneuma y
no un nous), el “espíritu”. Con el ruja
13 Exodo, 33, 12 y 17.
14 Jonas, 2,6.
15 Prov. 12,10; 13,2.
16 I Rey. 3,11; 19,10; II
Rey. 10,24.
17 II Sam. 23,17.
18 Jn, 1,14.
19 Ezeq. 36,26.
20 Gen. 6,5; 8, 21.
21 “Mi hígado – bilis-
se derramó en la tierra”; Lamentaciones 2, 11.
22 Salmo 16,9.
23 Salmo 35, 9-10.
109
“la antropología
bíblica abre una nueva dimensión, que le es específica. Esta dimensión
sobrenatural es propia de la revelación bíblica”. Más que una facultad, que una
parte, que un elemento del hombre, el ruaj constituye
radicalmente dicho hombre en un orden distinto al de basar
-nefesh: “El egipcio es un hombre y no un Dios; sus caballos son carne y no
espíritu”24. El profeta es “el hombre del espíritu”25.
El ruaj se
diferencia de la nefesh, en cuanto indica una acción directa del
Creador, y a veces apareciendo como el mismo Dios:
“Mi espíritu (ruaj )
no permanecerá siempre en el hombre, pues el hombre no es sino carne (basar)”26.
Mientras que
la nefesh, permanece más unida al cadáver, es el ruaj el
que una voz “retirado” por el Creador produce la muerte:
“Tú ocultas tu
rostro, ellos se espantan, tú retiras tu ruaj, ellos mueres al
polvo retornan”27.
La doctrina de la
resurrección se relaciona directamente al ruaj y no a la nefesh:
“He aquí que Yo
abriré vuestras tumbas y os haré salir fuera de vuestras tumbas, oh mi pueblo (hamí)...
Yo infundiré mi espíritu (rují) en vosotros y viviréis (jaiitém);
Yo os daré tranquilidad sobre vuestro suelo, y sabréis que Yo, Yehvah, lo he
dicho y hecho”28.
Aquí el “espíritu”
tiene como sujeto todo el “pueblo”, con el tiempo se hablará aún de una
resurrección (= ponerse de pie = qum) individual29. Antes de recibir
la influencia griega, el pensamiento hebreo no hablará de la resurrección del
“cuerpo”, sino del “muerto”, de sus huesos, de sus músculos.
Pero la influencia
griega se hizo presente es Israel, y profundamente, lo que producirá una
conmoción en este singular pueblo:
“Vamos, hagamos
alianza con las naciones que nos rodean, puesto que desde que nos hemos
separado de ellas, muchos males hemos padecido”30.
En el medio
babilónico, en la tradición apocalíptica de Ezequiel y de Isaías, Daniel habla
de un “despertarse” de los que habitan en el “país del polvo”, unos serán
conducidos a la vida eterna y otros al horror eterno31. Desde un
punto de vista antropológico, sin embargo, no
24 Isaías 31,3.
25 Oseas, 9,5.
26 Gén. 6,3.
27 Salmo 104, 29-30.
28 Ezeq. 37, 12-14.
29 Isaías, 26,19.
30 I Macab. 1,11.
31 Daniel, 12,2.
110
existe todavía
resurrección de un “cuerpo”, sino de un “durmiente”, es decir, de la totalidad
humana. La nefesh permite continuar la identidad personal
mientras que el ruaj infunde la nueva vida.
Mientras que es en
los libros de la Sabiduría donde el helenismo se hace presente
–y sobre todo en la traducción de los Setenta, donde basar es
traducido a veces como soma, y nefesh como psujé.
En Alejandría –en torno a los años 100 a 50 a.JC- se escribe este libro.
Podemos leer:
“El cuerpo (soma)
corruptibles pesan sobre el alma (psujén) y su mansión terrestre aturde
el espíritu (noun) en mil pensamientos”32.
Un Josefo llegará a
decir, que “las almas puras subsisten después de la muerte y alcanza un lugar
antísimo en el cielo”.
La escuela farisea,
de Palestina, llevará la doctrina de la resurrección a su pleno acabamiento,
sin dejarse orientar por la antropología helénica:
“El rey del mundo
resucitará (anastasei) a los que han muerto por las Leyes”33.
La antropología del
Nuevo Testamento es ciertamente uno de los últimos capítulos inventivos del
pensamiento hebreo –el Talmud y la Mushná serán
los últimos documentos originales, después el judaísmo vivirá en contacto con
el oriente y el occidente, pero sin poder ya alcanzar la genialidad de sus
progenitores (lo que no significa negar en nada, lo mucho que el dicho judaísmo
ha originado en las culturas con las que ha coexistido). La tradición de “la Fe
de la secta (Actas 28,22) cristiana” se injerta en el corazón mismo de
Palestina y aún Antioquia, pero no del judaísmo alejandrino. Juan y Pablo, por
ejemplo, proponen una antropología judía ortodoxa:
“lo que ha nacido
de la carne (sarx) es carne, y lo que ha nacido del espíritu
(pneuma) es
espíritu. No te asombres que haya dicho es necesario “nacer de arriba”. El
viento (pneuma) sopla donde quiere... igualmente de aquél que nace del
espíritu (pneuma)”34.
Juan posee una
antropología firme y clara; el Verbo se hace “carne” y no “cuerpo” (1,14);
existe una “voluntad de carne” (= del hombre) (1,13); “un deseo de la carne” (I
Jn 2,16) que hoy llamaríamos lo libido del hombre; de igual
modo “el Padre resucita a los muertos (Jn 5,21) y no a los cuerpos (como para
Josefo).
Pablo, fariseo de
Tarso, es aún más claro; existe una inteligencia de la carne (Col. 2,18), una
sabiduría de la carne (Rom 8,6) que se opone a la frónema tou pneumatos.
Con respecto a la distinción de los dos órdenes nos explica:
32 Sab. 9,15.
33 II Macab. 7,9.
34 Juan 3, 6-8.
111
“Así la
resurrección (anástasis) de los muertos (ten nekron)...
se siembra un cuerpo psíquico (soma psujikón) y renace un cuerpo espiritual (soma
pneumatikón). Si existe un cuerpo psíquico, existe también un cuerpo
espiritual. Está escrito; el primer hombre, Adam, fue un alma viviente (eis
psujon zosan); el último Adam es un espíritu vivificante (eis pneuma
soopoioun). Pero no es el espiritual el que viene primero; sino el psíquico
y después el espiritual. El primer hombre, fue (constituido) de tierra, es
terrestre; el segundo viene del cielo ... Yo lo afirmo, hermanos, la carne (sarx)
y la sangre (haima) no pueden heredar el Reino de Dios”35.
Pablo ha
admirablemente expuesto la antropología hebrea en términos griegos,
manteniéndose sustancialmente judío; existen dos órdenes, y el hombre puede
pasar de uno al otro en su totalidad, en este estriba la diferencia con el
griego. El “cuerpo psíquico” no es el mero “cuerpo” griego, sino ya la
totalidad humana. El “cuerpo espiritual” no es el “alma” griega, sino la misma
totalidad asumida en la Nueva Alianza. El habla de “hombre psíquico” (psujicós
anthropos)36 como sinónimo de “cuerpo psíquico”, y de “hombre
espiritual”37 como sinónimo de “cuerpo espiritual”. Existe una
“sabiduría humana” (anthropínes sofías)38 que se sitúa
en otro orden al de las “enseñanzas del espíritu” (didaktois pnéumatos)39.
En fin, Santiago
expone la misma doctrina cuando dice:
“Si tenéis en el
corazón un celo amargo y un temperamento de discordia, no es glorifiquéis ni os
opongáis a la verdad; esto no procede de la sabiduría (sofía) que viene
“de arriba”, sino (que es) terrestre (epígeios), psíquica (psujiké),
demoníaca”40.
Para todos ellos,
entonces, el hombre tiene una estructura indivisible, pero posible de situarse
en dos órdenes diversos. En la visible, terrestre, existe la carne (basar)
y lo vital (Psíquico-nefesh), el hombre primero, con su sabiduría
terrestre o carnal, o psíquica (que son sinónimos). Mientras que el orden de la
participación a la vida divina existe un espíritu (pneuma) participado
libremente por un Señor absolutamente trascendente que constituye al hombre
carnal, psíquico, en el orden de la Alianza, del Reino de Dios; hombre
espiritual, el hombre nuevo41, segundo Adam, con sabiduría
espiritual, con un cuerpo espiritual. La conciencia semítica ha
llegado a un estado adulto y sólo podrá ser superada por las reflexiones acerca
de la persona –que el judeocristianismo posterior seguirá elaborando-.
La tradición
alejandrina no influenciará directamente al Nuevo Testamento, pero tendrá una
enorme importancia por haber traducido la Septuaginta, y además
será la base de la cristiandad egipcia que –como veremos en otro trabajo- tuvo
enormes problemas para permanecer en las estructuras meta-físicas que el
judeocristianismo le proponía.
35 I Corint. 15, 42-50. Cfr. I
Cor. 2, 101, 15.
36 I Cor, 2, 14.
37 I Cor. 2, 15.
38 I Cor. 2, 13.
39 Ibid.
40 Sant. 3,14.
41 Efesios, 2, 15.
112
ALGUNOS ASPECTOS DE
LA ANTROPOLOGÍA CRISTIANA HASTA FINES DEL SIGLO XV
1. Los tres primeros
siglos. Época olvidada. 2. Sobre el sentido del ser. 3. El sentido cristiano
del ser. 4. Fundamento último de la antropología cristiana. 5. La evolución de
la antropología cristiana en el tiempo de su constitución. 6. La tradición
dualista y pluralista. 7. Originalidad de la solución de Tomás de Aquino. 8.
Actualidad del planteo antropológico en el siglo XIII.
El término
“antropología”, utilizado en el título de este artículo, no quiere significar
una ciencia constituida o explícita del hombre, sino un lógos,
una reflexión o representación sobre el hombre; es decir, la visión
cristiana del hombre, o el hombre en la Weltanschauung cristiana.
Se trata de uno de los principales capítulos de la hermenéutica histórica de la
antropología filosófica, ya que estudia, nada menos, la expansión universalista
del pensamiento semita –con nuevas modalidades introducidas por el fundador del
Cristianismo- que entra en conflicto con el mundo helenista, y que termina por
suplantarlo después de su larga agonía. Aunque parezca extraño, poco es lo que
se ha escrito sobre la evolución histórica, desde sus orígenes, de la
antropología cristiana. Hay un sinnúmero de trabajos parciales, muchos de ello
sobre ciertos siglos, pero no conocemos ninguna obra que haya estudiado los
problemas antropológicos, de manera continuada desde el Antiguo Testamento a
Ockham.
El sentido profundo
de todo el humanismo helénico, indoeuropeo en general, y particularmente el
neoplatónico, es el de una reflexión sobre la cuestión del Uno y lo múltiplo,
de donde procede una doctrina metafísica en lo que es trascendente al mundo
“infralunar” es lo que efectivamente es “ser”. Por ello la tendencia radical de
todo este pensamiento es monista. Pero al mismo tiempo, y por dicho fundamento
metafísico, el hombre es el compuesto inestable de las dos partes del cosmos:
una parte es sustancia divina, emanación del mundo uránico; otra parte es
material plural, negativa, origen del mal. Monismo trascendental o metafísico,
dualismo antropológico, y, por ello, moral de ascesis o desprecio del cuerpo
–lo negativo en el hombre. EST es el esquema aproximado que puede aplicarse en
su sentido radical, a los sistemas platónicos, budistas, iránicos, helénicos,
gnósticos y neoplatónicos con variantes, evidentemente, pero que no niegan las
líneas fundamentales expuestas.
En cambio, el
sentido profundo de los pueblos semitas, del hebreo en particular y aún más
especialmente del cristianismo, es la clara definición de una doctrina
creacionista, que propone la absoluta trascendencia del Dios uránico,
instituyendo una distancia infinita metafísica entre creador y creatura; dicho
creacionismo (donde el término es Todo y el otro mera creatura ex
nihilo) tiene por contrapartida un unitarismo antropológico que se debatirá
ante las fórmulas dualistas que le propone el pensamiento helenista. Unidad
radical del ser humano, unidad de una libertad origen de todo mal, dualismo
social entre un “espíritu” participado al que acepta la Alianza o un orden
vital o “anímico” (lo psijikós de Pablo de
Tarso) del que no
acepta la comunidad de salvación –es decir, unidad antropológica, pero dualismo
intersubjetivo: existe una sociedad de los miembros del Judaísmo o la Iglesia y
otra de los goim o los paganos.
1. Cuando los autores
que tratan la historia de la filosofía llegan a los orígenes del cristianismo,
y hasta el siglo III, se produce casi siempre como un vacío, como un salto. Es
decir, se pasa de la filosofía griega a los autores cristianos del siglo IV, con
preferencia al pensamiento latino de Agustín de Hipona. Tomemos algunos
ejemplos en los que pueda comprenderse la gravedad del problema. Decimos con
toda conciencia “gravedad del problema” porque en ese tiempo, de facto,
cuando se adoptaron las tesis fundamentales y se eligieron los contenidos que
en definitiva la filosofía cristiana futura explicará, fundamentará, expondrá
argumentativamente. Se pasa entonces por alto nada menos que el momento de la
constitución de la estructura intencional del pensamiento cristiano, y en
nuestro caso de la antropología cristiana. Y esto porque se confunde estructura
intencional de la vida cotidiana (la Lebenswelt de Husserl) con la filosofía
como ciencia. La ciencia vendrá después, pero sus supuestos intencionales pueden
ser considerados por la historia de la filosofía como el horizonte dentro del
cual una filosofía nacerá, se tematizará.
Etienne Wilson, en
su magnífica obra El espíritu de la filosofía medieval, se ha
ocupado directamente de nuestro tema en nueve capítulos (del Ix al XVII)1.
El gran medievalista pasó directamente del estudio de los griegos (Platón y
Aristóteles) a algunos textos del Nuevo Testamento –sin comprensión de la
estructura semita de base- y de allí a San Agustín. Se nombra a veces a un
Atenágoras o Justino (lo mismo que en su Historia de la filosofía
medieval), pero sólo para dar de ellos una visión secundaria, es decir, la
actitud de ellos ante la filosofía como ciencia. Nada se considera
de la lucha titánica del helenismo y el cristianismo, nada de la teología
“judeo-cristiana” en sentido estricto, nada de la problemática del pasaje de
una teología judaica a una reflexión con el órgano helenista. Wilson conoce y
se ocupa sólo de los grandes autores latinos (San Agustín y el siglo XII y
XIII). Todo esto no es suficiente para descubrir una tradición antropológica.
Otro tanto hace G.
Fraile en Historia de la Filosofía2, en la que,
siguiendo el esquema de Wilson –aunque más documentadamente-, trata más la
posición de los Padres griegos ante la filosofía, que la doctrina o el sistema
intencional de contenidos que exponen los Padres, es decir, no expone el
sentido de la reflexión de los Padres contrapuesta a la Filosofía de los
griegos. No se llega a ver la estructura fundamental, la cosmovisión que los
Padres antepusieron a los helenistas, a los neoplatónicos. Pareciera nuevamente
que sólo Agustín o Tomás son los que constituyen los fundamentos del pensar
cristiano.
Otro ejemplo
significativo es el de Heinz Heimsooth, Los seis grandes temas de le metafísica
occidental3 -dejando de lado su idealismo-, que aborda en todos
sus capítulos una evolución de ciertas tesis, desde los griegos hasta el siglo
XIX, pero ignora por
1 Ed. castellana,
Emecé, Buenos Aires, 1952, pp. 177ss.
2 BAC, Madrid, 1960,
pp. 55ss.
3 Ed.
castellana, Revista de Occidente, Madrid, 1959
completo el tiempo
de la constitución. Cuando trata la cuestión del alma por ejemplo, después de
detenerse en el pensamiento de los griegos4 aborda el problema
“en los pensadores cristianos”5, pero no se ocupa de los primeros
autores cristianos griegos, a tal punto que dice que “Tortuliano... es el
primer filósofo del alma y de la conciencia interior en la Era cristiana”6.
Por otra parte, la doctrina del noús atribuida al Nuevo
Testamento7 y a los autores cristianos, se trata de un error
–debió decir, pneuma, que viene del hebreo ruaj-. Lo
mismo pasará en el capítulo sobre “El individuo” y en el de “El intelecto y la
voluntad”.
Este olvido o
desconocimiento de la época de la constitución de la antropología cristiana
(que no es parte de la historia de la filosofía en sentido estricto, pero que
es el horizonte explicativo, la cosmovisión coherente, cuyos contenidos
discernibles e implícitos harán nacer la filosofía cristiana) se debe en parte,
a la tan perjudicial periodificación de la historia de la filosofía. La
filosofía antigua llega hasta el fin del neoplatonismo, ignorándose así el
fenómeno paralelo del pensamiento cristiano originario. La filosofía medieval
pareciera que comienza con el renacimiento carolingio o con San Agustín. Toda
la tradición del cristianismo originario y la filosofía del Imperio bizantino
se ignora, en una visión occidentalizante, europeizante de la filosofía. Con
ello no puede verse la originalidad de los contenidos de las tesis
fundamentales del cristianismo, porque se ha “saltado” el momento clave. Es
decir, el momento de enfrentamiento de la tradición del pensamiento hebreo y
cristiano y de la tradición indoeuropea de vertiente helénica y neoplatónica –
igualmente iránica y brahmánica-.
Los siglos I al III
del pensamiento cristiano, nos atrevemos a decirlo, son más importantes que lo
que vendrá después. Allí se constituyeron los cimientos de toda una metafísica,
antropología, moral, etc. Lo que vendrá después en la filosofía cristiana será
la evolución histórica de lo ya dado, pero lo radicalmente nuevo,
una posición nueva ante la existencia y el cosmos, será necesario ir a buscarlo
en el mediterráneo Oriental antes del triunfo de Constantino y antes de la
convocación del Concilio de Hicea (325)8.
2. Cuando hablamos de
metafísica queremos significar las estructuras metafísicas pre-científicas o
pre-filosóficas9 que de hecho posee la conciencia cristiana, tanto en sus actitudes
cotidianas como cuando se pone a pensar –que es ya germinalmente un quehacer
filosófico. Lo que intentamos es mostrar esa “posición natural” (naturlische
Einstellung de Husserl) de la conciencia cristiana, es decir, la
tesis, el sistema, la estructura de contenidos que efectivamente orientaban al
cristiano en su pensar –a modo de un a-priori-. Se trata, entonces de una labor
histórica –historia de
4 Ibid., pp. 122-128.
5 Ibid., pp. 129ss.
6 Ibid., p. 132.
7 Ibid., p. 133.
8 Cuando decimos que
estos siglos son “más importantes que todo lo que vendrá después, no nos
referimos al nivel filosófico o de una ciencia filosófica expresa, sino al
sistema previo de contenidos o cosmovisión. Metafísica, antropología y moral no
son, entonces, ramas de la ciencia filosófica, tal como las hemos usado aquí,
sino estructuradas intencionales implícitas y perfectamente analizables
pre-científicas, incluidas en la Lebenswelt y, germinalmente,
como una filosofía que comienza a usar el órganon griego. La filosofía cristiana
“tiene todo por delante”, pero sus fundamentos intencionales, sus últimos
contenidos habrá que ir a buscarlos en el tiempo originario, esos tres siglos
nombrados.
9 Cfr. A Waelheus,
La philosophie et les experiences naturelles, La Haye, 1961, p.203.
una filosofía
germinal-; esto no niega el nivel propiamente científico de la metafísica o la
antropología, que debe juzgar y compulsar lo que de verdad real tengan dichas
estructuras –esto sería ya antropología filosófica y no historia de la
antropología dada o hermenéutica de una situación existencial.
Se establece
necesariamente un círculo entre la experiencia pre-filosófica o cotidiana (al
nivel de la Lebenswelt) que actúa como condicionante del pensar
filosófico explícito, el cual se derrama constituyendo por su parte la misma
vida cotidiana en su nivel de los últimos contenidos intencionados. Un Ireneo
de Lión fue condicionado por las estructuras cotidianas de su tiempo (tanto la
cultura helenista como las corrientes gnósticas), pero su pensar explícito
modificó el pensar cotidiano de su pueblo y la cultura, de tal modo que su
reflexión viene a orientar, en mayor o menor grado, la vida cotidiana de un
cristiano del siglo III. Una nueva filosofía, comúnmente, “aparece en el cuadro
de otra filosofía, pero es nueva porque nace de una experiencia histórica
nueva”10. Esa experiencia es en nuestro caso “el hecho cristiano”.
La filosofía que
con los siglos surgirá dentro del horizonte de la cultura cristiana ejercida
por la conciencia cristiana, tendrá la peculiaridad de no tener antecedentes en
su tradición. Por ello su novedad es tan profunda como la de los jónicos y la
distancia que los separa es radical. La experiencia cotidiana
pre-filosófica del pensamiento cristiano tenía como horizonte la
tradición semita, hebrea, del judaísmo y de las perseguidas comunidades
cristianas.
La experiencia del
ser constituida ex nihilo por un acto positivo de la
Trascendencia en la conciencia cristiana, tiene una novedad tal que, en un
primer momento, niega todo valor a otro tipo de comprensión del ser, para
después comenzar a discernir lo que de aprovechable tienen otras comprensiones
del ser; es decir, reflexionando y describiendo el sentido de
la propia comprensión del ser, se puede ahora discernir lo que de positivo
tengan los otros sentidos del ser11.
Para avanzar nos
será necesario proponer ciertas distinciones metódicas. Debemos comprender qué
significa “sentido” y “ser”, y de cómo se dan en la historia, de hecho,
diversos “sentidos del ser”. Heidegger comienza su obra clásica diciendo: “...
und so gilt es denn, die Frage nach dem Sinn von Sein erneut
zu stellen”12. El sentido de algo nos indica ya una cierta posición
de ese algo en su contexto. Dicho contexto, dicho horizonte es el “mundo”,
donde todo cobra sentido, estructura y ser 13. El mundo es el
lugar de la trascendencia del Dasein, por ello “la trascendencia es
imposible sin el mundo... no hay mundo sin trascendencia ... Desde el comienzo
existe una cierta pre-comprensión de la totalidad de lo que es. Y esta
pre-comprensión, como lo veremos, precede en cierta manera el
conocimiento del ente particular”14. Dicho de otra manera y a otro
nivel, “la percepción de los colores –nos explica M Merleau-Ponty- aparece
tardíamente en el niño, y en todo
10 Ibid., p. 11
11 Cfr. Edith
Stein, Endliches und Ewiges Sein, Versuch eines Aufstiegs zum Sinn des
Seins, Lovaina, 1962, Werke, t. II.
12 Sein und Seit, Tübingen, 1963,
p. 1
13 Heidegger, Vom
Wesen des Grundes, Halle, 1929, pp. 96-97.
14 W. Biemel, Le
concept de monde chez Heidegger, París, 1950, p. 155.
caso es muy
posterior a la constitución de un mundo”15; “la visión con perspectiva del
objeto está
constitutivamente situada en el sistema objetivo del mundo”16. Lo que quiere
decirse no es otra
cosa que “la experiencia de la realidad exige un horizonte
comprensivo”17; “el mundo o el horizonte de los
horizontes no es una idea regulativa, (sino
que) es lo que
permite a lo real imponérsenos como real. Esta pre-posición, efectivamente
ejercida en toda
experiencia, se manifiesta ya en las anticipaciones y las potencialidades de
la menor percepción
de la más humilde cosa”18.
En la explicación,
tan reflexiva y estricta, de Zubiri, “el ser sólo es respectivamente y
esta respectividad no es la respectividad al hombre, sino la realidad
de todo”19. Por ello, “l actualidad de lo ya real en si mismo,
como momento del mundo, es el ser”20. El pensador español distingue entre
la respectividad del orden de la talidad –es decir, el cosmos, de los entes en
cuanto tal ente en función a los otros-, del orden trascendental (la cuestión
de la transcendentalidad es el fundamento de la comprensión del sentido)
o “el orden de la realidad en cuanto tal, (que) es lo que he llamado mundo”21.
El primun
cognitum22 no es sólo la mera realidad de algo cerrado
sobre sí mismo, sino la realidad que incluye constitutivamente la respectividad
al todo, al horizonte, al mundo. El primun cognitum incluye el
mundo como horizonte dentro del cual algo cobra realidad respectiva.
El ser a lo “de suyo” de lo real (nos apartamos aquí de la doctrina de Zubiri)
posee siempre un sentido que le viene dado por la totalidad
comprensiva, el mundo, el horizonte.
Todo esto para
indicar que “el sentido del ser” del hombre –el fundamento
metafísico de la antropología- queda constituido dentro del horizonte de una
cierta pre-comprensión del mundo. El mundo no es un dato físico o natural, sino
cultura 23, por el constitutivamente histórico o temporal, por
ello necesariamente intersubjetivo. El mundo, que significa el horizonte dentro
del cual lo”de suyo” de lo real, el ser, cobra su sentido, no ha sido idéntico
para todos los hombres, no es idéntico en todas las culturas. Si es verdad que
la “captación del ente ut sic , que se efectúa en la
constitución trascendental de un horizonte de ob - jetividad y de oposición, es
idéntica a la captación o comprensión del ser”24; si esto es verdad,
decimos que hay tantas maneras de comprender el ser como mundos culturales
cuyos últimos contenidos intencionales lleguen a un nivel propiamente
ontológico25. Esto no supone un relativismo militante; simplemente
anota un hecho que no puede desconocer el historiador y ante el cual el metafísico
debe saber plantear la reflexión universal que está antes y sobre todo
relativismo.
15 Pehnomenologie de
la perception, París, 1945, p. 352.
16 Ibid., p. 348
17 A. de
Waelhens, op. cit., p. 109.
18 Ibid., p. 110
19 Sobre la esencia, Madrid, 1963, p.
453.
20 Ibid.
21 Ibid., p. 427.
22 Ibid., p. 452.
23 Merleau-Ponty, op.
cit., II, IV, pp. 398ss.
24 A. de
Waelhens, op. cit., p. 195.
25 El “mundo” de los
pueblos indoeuropeos y el de los pueblos semitas o hebreos, por ejemplo, se
diferencian a un nivel ontológico y por ello merecen el nombre de culturas en
sentido estricto.
3. El sentido del ser
en el mundo cristiano –no la Weltanschauung cristiana como componente de
la Lebensfelt26-, no se encuentra primariamente en
las palabras
pronunciadas por
Elohim en el Exodo 3,14:27.
Wilson, en su obra
sobre El espíritu de la filosofía medieval (cap. III), acepta
sin más la dudosa traducción griega y latina como punto de partida para toda
una metafísica explícita. Pero, en verdad, hay dos textos mucho más importantes
en la constitución del “mundo” cristiano y que son los que crean –tanto desde
un punto metafísico como histórico- dicho horizonte o fundamento de la visión
cristiana del hombre, y, por ello, son los que determinan un nuevo sentido del
ser, del ser del hombre.
Se trata
primeramente de aquel arcaico: “Al comienzo creo (bará) Elohim el cielo
y la tierra”28, que con el tiempo –y ya con cierta
influencia helenista- alcanzó su formulación explícita (contenida
implícitamente en la noción de “creación”, acto exclusivo del único Dios):
“Yo te conjuro,
hijo mío, mira el cielo y la tierra y observa todo lo que está en ellos, y
comprende que Dios los ha creado del no-ente (ouk ex –óntos), y que la
raza de los hombres ha sido creada de la misma manera”29.
Es a veces difícil
para el filósofo encontrar un texto con tal precisión filosófica –sin haber
tenido el que lo pronunció una intención filosófica-. Aquello de “mira el
cielo... y todo lo que está en ellos” nos habla, exactamente, de la noción
trascendental de horizonte, de mundo. Estas palabras fueron pronunciadas por
una valiente madre de los siete Macabeos, como exhortación a la fidelidad hasta
la muerte del más joven de sus hijos –que moriría, el último, ante los ojos de
aquella judía- . Y bien, ese “mundo” comprendido, conocido, aprehendido como
“creado”, “hecho” por el Dios único, trascendente, da al ser un sentido diverso
al de los griegos. El horizonte ontológico dentro del cual el ser se mostrará
en su respectividad propia ha quedado constituido. Se trata de un “mundo
creado”, de un mundo de que aparece del “no -ente”, por obra de la omnipotencia
creante. Mundo contingente, temporal, que lleva en sus entrañas la nada -como
origen de la razón y posibilidad-, es decir, finito, menesteroso de necesidad y
subsistencia30.
Esto es el sentido del
ser de judíos y cristianos, ser-finito, ser-creatura, ser-temporal. Ante
los ojos del
cristiano el mundo contingente se recorta en su límite, que es el horizonte
después del cual:
la nada. “Ex –sistir (Da-sein) significa: /estar sosteniéndose dentro /
(Hineingehaltenheit)
de la nada”31. “El absoluto es ágape (amor). En esto estriba, como se
26 Véase nuestro
artículo sobre Situación problemática de la antropología filosófica,
en Nordeste (Resistencia, UNME) VI (1965), pp. 101-130.
27 Ed. Kittel,
Stuttgart, s.f., p. 82. Los setenta tradujeron: Ego eími ho ón (ed.
A. Rahlfs, Stuttgart, p. 90), de donde la Vulgata propuso a la Edad Media el
texto: “Ego sum qui sum” (ed. A. Gramática, Buenos Aires, 1943, p. 45.
28 Gén. 1,1.
29 II Macabeos 7, 28.
Ed. Rahlfs, I. P. 1117. La Vulgata traduce: “EX nihilo fecit illa Deus” (ed.
cit. pág. 916).
30 Véase la obra del
pensador venezolano E Matz Ballenilla, El problema de la nada en Kant,
Madrid, 1965
31 Heidegger, Was
ist Metaphysik, Klostermann, Frankfurt, 1955, p. 37. (Trad. Zubiri, Buenos
Aires, 1963, p. 97). La “nada”, en Heidegger, tiene otro sentido que el que
aquí le asignamos.
sabe, lo esencial
del cristianismo. Toda una metafísica resulta como conclusión de esta tesis,
toda una visión del mundo, que no es la de Plotino, ni la de los gnósticos, ni
de Espinosa o Hegel.
La creación
preséntase, a partir de una tal cosmovisión, como una manifestación de la
generosidad divina. La realidad objetiva en tu totalidad es expresión,
realización y donación. El ser creado es don. El cristianismo
es una metafísica del don32. Lo recibido como don es fruto de una
libertad, que obra sin necesidad ni antecedente exigitivo. Es decir, el
fundamento de la creaturidad del mundo, más allá aún que la nada –que se trata
de un ente o relación de razón, un término sin contenido positivo- , es la
libertad de Dios creante. Por ello, el mundo pudo no ser (es decir, “no llegar
al” ser) y puede no- ser; es limitado, existe (o mejor subsiste) por otro.
Cuando ahora se “comprende el ser”, en su fundamento extramundano, su sentido
es radicalmente diverso a la presencia de la ousía griega, eterna en
el caso de las esferas y entes divinos y en las especies de los seres
sublunares.
EST horizonte de
creaturidad temporal constituye, evidentemente, una nueva física. “Mira el
cielo y la tierra”, decía la madre de los Macabeos. El nuevo sentido del ser
constituye una nueva física –con el tiempo -. “En nombre de la doctrina
cristiana, los Padres de la Iglesia desbaratan las filosofías paganas en
cuestiones que juzgaríamos hoy más metafísicas que físicas, pero era allí (en
el nivel metafísico) donde se encontraba la piedra angular de la física
antigua. Por ejemplo, la teoría de la materia primera y eterna; la creencia del
dominio que ejercían los astros sobre los acontecimientos sublunares; (la
creencia) en una vida periódica del mundo bajo el ritmo del Gran Año.
Arruinando, con sus ataques, las cosmologías del período anterior, del
platonismo, del peripatetismo, del estoicismo y del neoplatonismo, los Padres
de la Iglesia permitieron el nacimiento de la ciencia moderna”33.
4. Llegando por último
a nuestro tema específico, la Madre de los Hacabeos nos muestra nuevamente el
camino: “... y la raza de los hombres ha sido creada de la misma manera”, es
decir, del”no-ente”. Si todos los entes son contingentes y finitos, el hombre es
el único ser contingente que tiene conciencia de su contingencia. Pero, como
dijimos antes, “la conciencia de mi propia finitud no puede, por tanto, darse
sin la conciencia global –sintética, confundente- de toda la realidad, dentro
de la cual yo me percibo como un ser en el ser”34. Una antropología de finitud radical sólo cobra sentido dentro de un
horizonte del ser-creado, como mundo creado, como temporalidad fundamental.
La visión del
hombre, su ser, depende entonces del sentido del ser en general –no quiere esto
negar una ontología fundamental en la que el ser del hombre funde la
posibilidad de la aparición del ser en general, ya que estamos en una
consideración de hermenéutica histórica-; el ser aparece dentro de un mundo
dado. Así como hemos mostrado que hay una antropología implícita (que podríamos
llamar ahora pre-científica o pre-filosófica), ésta, de
32 C.
Tresmontant, La métaphisique du Christianisme, París, 1961, pp.
694-695.
33 Pierre Duhem, Le
systéme du monde, Paris, t.II, 1914, p. 408.
34 Millan
Puelles, La estructura de la subjetividad, Madrid, 1967, p. 226.
hecho, se funda
“por necesidad, en una comprensión implícita del ser”35, es decir,
en una ontología implícita.
Para el cristiano
no hay diferencia metafísica entre su mundo u horizonte ontológico y el del
hombre del judaísmo. El creacionismo permite tener a ambos el mismo horizonte
constituyente y otorgante de sentido al ser. Las diferencias se establecen, en
cambio al nivel antropológico –debido principalmente a la radicalización del
ser humano por la repetida reflexión de los pensadores cristianos en torno a la
cuestión de la Encarnación del Verbo, que exigirá, reiteradamente, el replanteo
de dicha doctrina a partir del siglo I-.
Si el mundo es
creado originariamente y en su totalidad “en el comienzo”36; el
hombre en cambio, cada hombre es creado personalmente, individualmente,
concretamente, temporalmente. El acto lejano de la creación del cosmos se hace
presente en la intimidad de cada creatura humana. La creaturidad le toca de
cerca, la finitud llega a su límite, el espíritu reflexivo torna la distancia
–entre el Creador y la creatura- angustiante. El ser radical del hombre
consiste justamente en reactualizar el ser como ser, el ser -conocido como un
momento de la realidad del mundo temporal. El hombre es, al fin, el ente
que comprende el ser de los entes; el único ente que actualiza en
sí al ser como Gegenstand (y no como Eht-stand del
obrar creativo); el primum factum es el primun
sognitum: la totalidad del mundo como creado, y el mismo
hombre, como siendo el no-ente en el horizonte del tiempo, todo esto
como un “prios” donde se recorta el ser de los entes.
El sentido del ser
descubierto a la luz de la visión ontológica de que ex –nihilo onme ens
cua ens fit, mediante la actividad creante, permite al cristiano descubrir
al hombre en su radical unidad. El ser que el hombre es, es uno;
es una creatura cuyo antecedente último es la sola libertad creante o el ente
de razón que se denomina “nada” –que como hemos dicho no es un antecedente
físico, sino meramente “de razón”, a posteriori.
La unidad de la
visión antropológica queda así asegurada por la visión del hombre dentro del
horizonte de un mundo creado: ser unitario ex nihilo, temporal. No
admitirá jamás ni la pre-existencia del alma, ni la divinidad natural y eterna
del alma, ni la maldad intrínseca de la materia (ya que es creatura del mismo
Creador). Es una realidad radicalmente personal, unitaria, individual, imagen
de Dios.
Sin embargo, en la
tarea de explicar y tematizar esta unidad radical, y, sobre todo, en la misión
de mostrar esta verdad a aquellos que convivían dentro de culturas diversas
(tomamos aquí la noción de cultura como “mundo” dentro del cual el ser cobra
sentido) Tales como las del judaísmo, helenismo, mundo iránico, etc., los
pensadores cristianos quedaron como apresados en el lazo de la lengua y de los
instrumentos lógicos de la antropología dualista de los indoeuropeos, tanto por
la sistemática del mundo como por su
35 El hombre, en la
antropología filosófica contemporánea, es considerado en dos momentos diversos:
en primer lugar, en la ontología fundamental (análisis fenomenológico del
ser-ahí, que posibilita y condiciona la aparición del ser en general, el ser
del mundo); en segundo lugar, el hombre puede ser considerado en la metafísica
especial en un nivel de explicación óntico-categorial. No podemos detenernos en
esta cuestión epistemática.
36 Gen, I, 1; Jn, 1,1.
sentido del ser. El
drama, entonces, del pensador cristiano consistirá –desde que entran en
auténtico contacto con el helenismo- en proponer y defender una visión unitaria
del hombre (siempre claramente indicada al nivel de los contenidos últimos) que
de un modo y otro es expresada de manera dualista, al menos en el nivel
terminológico, cuando no por una confusión más grave de las mismas tesis
fundamentales (como en el caso de Orígenes en el Perí Arjón).
Veamos ahora a
vuelo de pájaro las líneas generales del proceso, en particular considerando la
dialéctica entre dualismo y visión unitaria del ser ex nihilo que
es el hombre-creatura. En un primer parágrafo consideraremos la cuestión en el
pensamiento cristiano anterior a Nicea; en el siguiente veremos la visión
unitaria a través de la doctrina de la persona, para después exponer la
tradición del dualismo mitigado de la filosofía cristiano-latina, para, al fin,
ver la postura de Tomás de Aquino que llega a expresar la unidad del ser humano
con extrema originalidad.
5. Las estructuras de
la antropología cristiana tienen su fundamento en el horizonte del judaísmo del
siglo primero, en especial del judaísmo de Palestina, pero sin dejarse de lado
la gran capital en la que no se había producido la fusión con el pensamiento
helenista: Alejandría. El humanismo semita y hebreo había defendido la unidad
radical del hombre, ya que no se aceptaba el dualismo cuerpo-alma sino
la carne (basar) y el espíritu (ruaj), que hablan de dos órdenes
diversos –el de los goim y el de la participación o de la
gracia. La influencia griega en el Antiguo Testamento muestra sin embargo un
cierto dualismo. En el libro de la Sabiduría 9,15, se dice que
el cuerpo corruptible deprime el alma la morada terrestre aturde el espíritu
con mil pensamientos”. Mucho más claramente, Filón de Alejandría, acepta las
hipótesis helenistas cuando propone la doctrina de la doble creación del hombre:
“Este muestra (el
texto Génesis 2,7) claramente la diferencia existente entre el hombre que ha
sido hecho aquí, y aquél que había sido engendrado anteriormente a la imagen de
Dios (el hombre idea). Aquél que ha sido hecho, es sensible, participa de la cualidad,
está compuesto de cuerpo y alma... Este, hecho a la imagen de Dios, es una
idea, una especie, un sello; es inteligible, incorporal, ni macho ni hembra,
incorruptible por naturaleza”37.
Filón acepta la
creación de un hombre prototipo antes de la creación del mundo, que por
participación –al modo platónico- e imitación, es recreado en el mundo después
de su constitución. La antropología del Nuevo Testamento combate esta teoría y
vuelve a proponer el más estricto sentido de la antropología hebrea
tradicional:
“Existe un cuerpo
psíquico, existe igualmente un cuerpo espiritual. Fue escrito: el primer
hombre, Adán, fue hecho alma viviente; el último Adán es un espíritu que otorga
la vida... Y así como nos hemos revestido de la imagen del terrestre, nos es
necesario revestirnos también de la imagen del celeste”38.
37 (De opificio mundi,
134).
38 I Cor. 15,44-49.
Pablo niega la
preexistencia de un hombre ideal. Afirma en cambio que Adán es el primer
hombre, pero hombre fuera de la Alianza. Jesucristo es el segundo Adán, hombre
celeste, que crea el orden esotereológico. No hay dualismo cuerpo-alma, sino
terrestre-celeste, anímico-espiritual. Son dos órdenes intersubjetivos pero no
dos co-principios ónticos opuestos. La doctrina de la resurrección –que afirma
la unidad escatológica del ser humano, incluyendo la carne- tiene total
primacía sobre la inmortalidad –débilmente defendida por el ambiguo pasaje de
un “algo” del hombre por el Sheol39.
Con estructuras de
pensamiento hebreo, pero en un lenguaje de la apocalíptica judía, aparece el
movimiento del “judeo-cristianismo” (desde la Didajé en el 65
d.JC. hasta fines del siglo I), de gran importancia porque será la última
expresión cristiana que tendrá en cuenta el “órganon” de la teología
apocalíptica judía. Se afirma una cierta autonomía del alma en el pasaje por el
Sheol, donde reposan “los que duermen”40.
Los padres
apologistas proponen por primera vez una reflexión que tiene en cuenta el
instrumental lógico helenista, distanciándose paulatinamente de la teología
hebrea. Quien mejor expresa la antropología de aquel momento es Taciano:
“Dos especies de
espíritus conocemos, uno, que se llama alma, y otro superior al alma por ser
imagen y semejanza de Dios” (Discurso 12).
Taciano muestra
perfectamente aquí los dos órdenes propios a la antropología del Antiguo y
Nuevo Testamento, y agrega:
“No es nuestra alma
inmortal por sí misma, sino mortal, pero capaz es también de no morir... No es
en efecto el alma la que salva al espíritu... por eso cuando vive sola, se
inclina hacia abajo, hacia la materia, muriendo juntamente con la carne, más
obrando junto con el espíritu de Dios, ya no carece de ayuda y se levanta a las
regiones a donde el Espíritu la guía” (Discurso 13).
Taciano da todavía
total primacía a la doctrina de la resurrección sobre la inmortalidad, y al
orden de la gracia o espíritu sobre el de la carne. Usa adecuadamente la noción
de carne (la basar hebrea que en griego se
dice márx y no sóma) y espíritu (el ruaj hebreo
y que en griego se dice pneuma y no psyjé).
Con Ireneo de Lión
alcanza la antropología cristiana la primera expresión de alto vuelo
filosófico, el primer sistema. El gran antignóstico muestra la doctrina de los
órdenes y la radical unidad óntica del compuesto humano contra los dualismos de
su tiempo.
“Lo que ha sido
hecho por las manos del Padre, no es solo una parte del hombre
sino el hombre a
semejanza (similitudo) de Dios. El alma y el espíritu pueden ser
una parte del
hombre, pero no el hombre. El hombre completo es la mezcla
(commistio)
y unión (adunitio) del alma que asume el espíritu del Padre y mezclada
39 Lucas, 16, 19-31.
40 Evangelio de Pedro,
41-42.
a la carne ( carni)
que ha sido modelada (plasmata) según la imagen de Dios (secundum
imaginem Dei)”41.
Ireneo propone ya
una antropología que ha llegado a un grado maduro de expresión. Se afirma la
unidad de la sustancia humana, constituida por un cuerpo generado y un alma
creada, inmortal por don, pero no por naturaleza, que se opone al dualismo
cuerpo -alma de los gnósticos. Y ante ellos, nuevamente, admite dos órdenes (el
del hombre carnal o psíquico y el espiritual), pero no como dos tipos
ónticamente distintos de hombres (razas), sino como dos estados que el hombre
puede constituir por la libre elección de su voluntad. Aquí nuevamente Ireneo
se muestra innovador: ante la trágica posición de una existencia
predeterminada, nuestro doctor propone una evolución que hace pasar al hombre
de la imagen a la semejanza de Dios por el uso de su libertad. La importancia
del Padre lionés es inmensa en la historia de la antropología cristiana.
Con los
alejandrinos, Clemente y Orígenes, la antropología entra en una época de franco
crecimiento, pero de profunda crisis. Con clemente la antropología cristiana
manifiesta una síntesis de elementos bíblicos y filosóficos de inspiración
helenista, proponiendo una división tricotómica de carne, alma y espíritu42.
La doctrina de la imagen y semejanza del hombre a Dios alanza ahora un nivel de
precisión técnica, lo mismo que la doctrina de la libertad (“El hombre no ha
sido creado perfecto, sino apto para adquirir la virtud... Dios quiere
salvarnos por nosotros mismos”43.
Con Orígenes, en
cambio, la influencia griega hace perder a éste ciertas tesis tradicionales del
pensamiento judío y cristiano. Llega a decir, que “antes de la creación del
mundo, todas las sustancias inteligentes eran puras; los demonios, las almas y
los ángeles... (Después) Dios creó el mundo presente y ligó el alma al cuerpo
como castigo... Es evidente que hay una pre-existencia de los pecados del alma
pecado a partir del cual cada uno recibe lo que es justo...”44. Por una falta las almas cometen
una apostásis de Dios, produciéndose así la ensomátosis, pero
se abre después la puerta a una liberación definitiva en la apokatástasis universal45.
La reacción
antiorigenista se deja sentir tiempo después, y un Metodio de Olimpia, en su
tratado De resurrectione, opone a la preexistencia del alma, al dualismo, a la
primacía de la inmortalidad sobre la resurrección la más firme de las fórmulas
cristianas de la unidad del ser humano antes de Nicea:
“El hombre, por
naturaleza, no es ni alma ni cuerpo, ni el cuerpo sin el alma, sino la síntesis
compuesta de la unión del alma y del cuerpo en una sola figura que es bella.
Orígenes, en cambio, ha pretendido que el alma sola constituye el hombre como
lo pensaba Platón...”46.
41 Adv. Haer, V, 6, 1; PG
VII, col. 1137.
42 Stromat. III, 9.
43 Strom. VI, 12.
44 Citado por
Epifanio, Panarion 64,4; PG XLI, col. 1076.
45 Cuestión tratada
en Perí Arjón III; PG XI, col. 249-342.
46 De resur.; PG XVIII,
col. 292
Los cristianos de
los tres primeros siglos debieron pasar de un mundo semita y hebreo al mundo
helénico, lo que significó una crisis muy profunda de expresión. Sin embargo
supieron proponer una antropología en la que el hombre es un ser unitario,
creado por Dios, su imagen originaria y semejante por don y libertad; niegan la
preexistencia del alma, la ensomátosis y la estructura de la
antropología platónica y gnóstica.
6. Cuando Constantino
se hizo cargo del Imperio y convocó el primer Concilio ecuménico de Nicea, las
estructuras fundamentales del humanismo cristiano habían sido definidas47. Comenzaba así una larga evolución
histórica, que poco a poco irá como cayendo en un dualismo cada vez más
pronunciado –contra lo que pudiera pensarse-. De todos modos el dualismo que
ahora expondremos se trata de un dualismo mitigado, aunque existan
las fórmulas que indiquen que el hombr) de dos sustancias, se afirma por otra
parte, y sin suficiente coherencia, que el hombre no es el alma, que es una
persona48, que no es dos seres, etc. Es decir,
la conciencia del pensador cristiano se encuentra como en una trampa del
dualismo de expresión (debido al instrumental griego) pero con una intención
unitaria radical49. Como ya se ha insistido en trabajos conocidos acerca de la doctrina de
la persona como visión unitaria del ser del hombre, queremos aquí mostrar en
cambio una tradición dualista que culminará con Descartes –no inaugurando éste
el dualismo, sino dándole un estatuto definitivo por la crítica a la doctrina
de la forma substancial.
Los Padres griegos
posteriores al siglo III, como por ejemplo Gregorio de Nisa o Nemesio.
El primero de los
nombrados vuelve a la hipótesis de Filón de Alejandría:
“Por esto al
Apóstol, que conocía perfectamente su lengua materna, llamó al hombre “hecho de
tierra”: terreno, traduciendo en griego el nombre Adán. Por lo que el hombre
(nosotros) ha sido hecho según la imagen (se trata aquí del hombre celeste o
prototípico), es decir, la naturaleza del todo (específico, la idea), la
creatura (originaria) semejante a Dios”50.
Este dualismo
cósmico es doble de otro al nivel alma-cuerpo, ya que considera a este último
como cárcel, vestido y cadena del alma51. En fin, todos los Padres griegos y
filósofos bizantinos considerarán el alma como ousía, para
garantizar la inmortalidad (doctrina que cobra primacía absoluta sobre la
resurrección, de hecho). La tradición neoplat ónica se impone en todo el
pensamiento griego cristiano. Sólo un Nicéforos Blemmida, en el siglo XIII,
recibe el influjo de Aristóteles, pero no logra invertir el dualismo reinante.
Un Psellus piensa que el alma no es sólo ousía, sino
igualmente hypóstasin52.
En la tradición
latina la situación no es menos grave. Desde un Tertuliano a un Ockham –en una
corriente del pensamiento cristiano- el dualismo irá “in crescendo”:
47 A. de
Waelhens, op. cit., p. 204
48 Cfr. C.
Tresmontant, op. cit., p. 368-369.
49 Véase parte del
tratamiento de esta cuestión en nuestro artículo sobre La doctrina de
la persona en Boecio, en Sapientia, XXII (1967), pp.
101-126.
50 De homine opif. 22; PG
XLIV col. 204.
51 PG XLVI, col.
88/101.
52 PG CXXII, col. 708.
“vocabulum homo
consertarum substantiarum duarum quoddam modo fibula est”53. ¡Quia
anima nomine hominis nuncupatur... Anima vel homo latine, vel graece ánthropos
dicitur”54.
“homo igitur, ut
homini apparet, anima rationalis est”55. Y la famosa fórmula
dualista: “Quocirca datur intelligi, quod sicut in hac vita animae humanae
substantia incorporaliter dignitate sui anteit corpus animale...”56.
“Anima hominis dicatur spiritualis substantia”57; resumiendo, todas
las definiciones dadas por Isidoro define el alma como “substancia incorporea,
intellectualis, rationalis, invisibilis, atque mobilis et inmortalis...”
El dualismo es
claro. El alma es una sustancia autónoma, el cuerpo también. Para Alcuino (PL
CI, col. 644), Rabano (PL CX, col. 110), para Hinemaro (PL
CXXV, col. 938), Hugo de San Víctor (PL CLXXVI, col. 264),
Guillermo de Saint Thierry (PL CLXXX, col. 707), Isaac de Stella (PL
CXCIV, col. 1875), Alquerio de Claraval (PL XL, col. 781), Pedro
Lombardo (PL CXCII , col. 654), por nombrar algunos de los cuales
nuestra encuesta ha considerado, todos ellos son dualistas: el ama es
substancia e igualmente el cuerpo, la unión del cuerpo y el alma es como una
“confederación” de dos cosas, de dos substancias. Toda esta tradición latina
surge de la influencia del llamado agustinismo antropológico, pero, como hemos
visto, es anterior a Agustín y tiene su fuente en el platonismo medio, en el
neoplatonismo. Hasta aquí la noción de substancia era “equívoca”. Con la
influencia de Aristóteles el dualismo cobrará todavía mayor coherencia y
llegará hasta sus últimas conclusiones.
En efecto, el
aristotelismo refugiado en el mundo árabe, por ir mezclado en una gran
proporción con la doctrina neoplatónica de la jerarquía de los seres
supralunares, irrumpirá en el medioevo latino. Para Avicena el alma es una
sustancia58, e igualmente el cuerpo. Su dualismo es terminante, la
unión del cuerpo humano es accidental. Averroes en cambio, adopta una posición
hilemórfica, tal como la expuesta por Aristóteles en su tratado Del
alma poco antes del 322 a.JC.; el hombre es un compuesto de cuerpo y de
su forma sustancial correspondiente (el alma es mortal, no así el
intelecto agente o alma lunar). Con el judío Avicebron se descubren nuevas
distinciones que no dejarán de lado la tradición de la pluralidad de formas.
Los traductores de
Toledo, de franca inspiración dualista, agustiniana, pero ahora usando el
instrumental lógico aristotélico, dan al alma mayor autonomía todavía (“...
restat igitur ut sit substantia quao est spiritus rationalis”). Es decir, se
usa la nueva filosofía para centuar el dualismo. Así un Guillermo de Alvernia
habla ya de la forma que puede poseer un cadáver (que será la forma
corporeitatis); la segunda forma es la del cuerpo viviente. Existe entonces
un dualismo de fondo estructurado por un pluralismo de formas (De anima,
cap,
53 Tertuliano, De
resurrect. Carnis, 40; PL II, col. 850
54 Ambrosio, De
Hexaem. VI, 7; PL XIV, col. 260.
55 Agustín, De
moribus occl, I, 27; PL XXXII, col. 1332.
56 C. Mamerto, De
statu animae, I, 13; PL LIII, col. 716.
57 Casiodoro, De
Anima I; PL LXX col. 1282.
58 Isharat III; ed. Goichon,
1951, p. 311.
2,5) . Lo mismo
opina la Summa Duacensis, y para Felipe el Canciller59.
Todo esto cobra aun mayor coherencia en la escuela franciscana. Alejandro de
hales llega a decir:
“Quoad autem
(anima) sit substantia, non tantum ut forma substantialis, sed ut quid ens in
se, praeter hoc quod est actus corporis...”60.
Juan de la Rochelle
(“quoad anima sit substancia, ut hoc aliquid, non solum pars substantiae”61)
es dualista; mientras que Odon Rigaud no sólo lo apoya en esta doctrina sino
que expresa un pluralismo coherente62. Lo mismo puede decirse de
Rufo y Buenaventura, quien explica, como sus antecesores, el dualismo y el
hilemorfismo universal: el alma es substantia constituida por forma y materia:
“Licet anima
rationalis compositionem habeat ex materia et forma”63
Para buenaventura
había una forma material para los cuerpos y una forma espiritual para el alma.
Hay entonces una forma del cuerpo, una forma vital vegetativa-sensible, y la
forma racional del alma.
Roberto de
Grosseteste dice igualmente que el alma es hoc aliquid64.
En Oxford, como el anteriormente nombrado, Juan Peckham lucha contra el
aristotelismo no-agustiniano, defendiendo la pluralidad de formas (“Unde sunt
in homine formae gradatim ordinatea ad UNAM ultimam perfectionem et ideo
formatum est unum”,Quedl. Romanum, q. 11). El mismo Roger Bacon explicaba que
el alma aunque actuaba como forma y motor del cuerpo, sin embargo ”(anima)
intellectiva composita est ex materia et forma”65. Mateo de
Aquasparta, Guillermo de la Mare, Roger Marston, Ricardo de Mediavilla (con
su De gradu formarum) afirman las mismas tesis. Por su parte Doms
Scoto propone una pluralidad de formalidades que mitiga el dualismo
–ya que rechaza el hilemorfismo universal-; sin embargo, el cadáver tiene su
propia forma, lo que nos habla de la antigua forma corporeitatis, y
“praesentia spiritus ad hábeas per coexistentiam...”66.
Tiempo después, con
Ockam, el dualismo cobra un nuevo sentido y se abre ya la vida moderna. La
pluralidad de formas y el dualismo que propone es ya un fideismo nomanalista
que funda el dualismo cartesiano.
La cuestión de
forma que pareciera exigir un cierto dualismo es la expresión no es la doctrina
escatológica de la resurrección –que gana en sentido si el hombre muere
igualmente su cuerpo y alma como decía Tacinao-, sino la defensa de la
inmortalidad. Para que el alma pueda ser demostrada como inmortal, nada mejor
que adoptar el instrumental filosófico platónico o neoplatónico: el alma es
substancia, inmaterial, intelectual, inmortal,
59 “Anima est
substantia habet coexistentiam...”; Summa de bono, ed. Keeler, p. 80.
60 Summa Theol., II,
n.321.
61 Summa de anima, I,
1. 20
62 I Sent. Dist. 1).
63 II Sent. 17, 1,2.
64 Litera ad Petrum
Conflans, ed. Eherle, p. 627.
65 Quodl. altere.
66 Op. oxon. IV, d.
44, q.2, n. 17.
etc. Pero además,
en la Edad Media, hubo otra cuestión teológica que vino a reforzar la posición
dualista. Se trata de la cuestión de la identidad o no del cuerpo de Cristo
antes y después de su muerte (lo que condiciona helecho de la resurrección).
Esta problemática, evidentemente, sólo pudo ser planteada después de la
aparición del aristotelismo latino, porque antes el cuerpo del hombre o el
cadáver era una misma substancia (ousía). Introducida la doctrina de la forma y
la materia, se planteaba la cuestión de si el alma era la forma del cuero, y en
ese caso el cuerpo dejaba de ser lo que era en el momento de la muerte. El
dualismo de las substancias se refuerza –ya que tanto el alma como el cuerpo
tiene forma y materia- y se introduce una nueva problemática al interior del
mismo dualismo: el pluralismo de grados, formas o formalidades.
Para que se
entienda mejor la cuestión, proponemos el siguiente esquema:
PLURALIDAD DE
FORMAS O FORMALIDADES
Tercera
forma (ALMA)
Segunda forma
Materia
primera + Forma
de Corporeidad
Zavalloni ha
explicado largamente el sentido de esta cuestión67. Sin embargo no
hemos encontrado en su pluma el hecho de que el dualismo tradicional de
inspiración agustiniana y neoplatónica, al recibir la imprenta de la influencia
aristotélica, sigue siendo dualista doblándose ahora de un pluralismo de
formas. ¡No podía ser de otro modo! El hilemorfismo universal exigía diversas
formas –que permanecen en su diferencia real óntica- tanto para el alma como
para el cuerpo. La cuestión, nunca del todo definida por los pluralistas, es
el cómo de la real diferencia de las formas. De todos los
dualistas, Agustín y Buenaventura son los casos prototípicos –éste último más
que el primero-, los pluralistas de formas, Ricardo de Mediavilla fue el más
estricto y seguro. En esta posición, la unidad del compuesto humano –afirmada
siempre subrepticiamente– queda comprometida peligrosamente. La intención
profunda de esta tradición es teológica más que filosófica –la defensa de la
identidad del cuerpo después de la muerte y la demostración de la inmortalidad.
6. Una expresión
adecuada de la unidad del hombre, con el instrumental lógico aristotélico, sólo
se alcanza en el siglo XIII y después de una agitada historia. Ni
67 “... Quod diversae
quidem naturae in inum convenerit...” (Conc. Cecum, Decreta, p. 36, línea
34-38).
Hugo de Saint Cher,
ni alberto Magno superaron el dualismo. Este último admite todavía la forma
corporeitatis y el alma como substancia 68.
Tomás de Aquino,
que se inició en su juventud, en Nápoles, el aristotelismo, estudió después en
París en el momento del impacto de Aristóteles y la Cristiandad. En sus
primeras obras (Scriptum super quattuor libros Sententiaru, 1254-1255)
propone todavía la forma coporeitatis como auténtica forma
substancial y se mostraba desconcertado ante Avicebrón69.
Poco después en
el De Trinatate (1257-1258), critica ahora a Avicena y
Avicebrón y aprueba a Averroes70.
En efecto, Maestro
en París, Tomás ha comenzado el período francamente aristotélico. En la Summa
contra gentiles la forma de corporeidad es tomada en un nuevo sentido (IV, c.
81). Tomás debía todavía progresar.
La Unidad de forma
en el compuesto humano significaba oponerse a toda la tradición; significaba no
poder ya defender la identidad del cuerpo de Jesucristo antes y después de la
muerte; esta unidad podía poner en peligro los argumentos de la inmortalidad del
alma. En fin, aparecía ante todos como un atrevido averroísmo. El Aquinate no
pudo ni tomar conciencia de todas las implicancias ni de todas las
consecuencias de su revolucionaria expresión filosófica de la visión cristiana
del hombre, sino después de los años 1256 a 1266 –se pasará por primera vez en
la filosofía ejercida por cristianos latinos, del dualismo mitigado a una
auténtica expresión unitaria del hombre.
Por ello en De
spiritualibus creaturis (1268-1269) puede verse al filósofo dominico
en posesión de una conciencia refleja y firme en estas cuestiones
antropológicas. Rechaza de plano el pluralismo de Avicebrón. En el comentario
al De anima (en aquellos tan agitados años de 1270-1272) muestra ya un claor
hilemorfismo del compuesto humano; en el Quodlibeto XV (Pascua de 1270) se
opone a Gerardo de Abdeville que no aceptaba una unidad de forma substancial en
sentido estricto. Es entonces en torno al año 1270 cuando arreciaba la lucha
doctrinal en París, cuando Tomás adquiere la plenitud de sus facultades
expositivas, habiendo llegado a la madurez de su antropología, y abriendo, en
verdad, el camino de una nueva tradición (ya que los franciscanos y dominicos habían
caminado aproximadamente en la misma dirección hasta ese entonces.
En las Quaestiones
quedlibertales (posteriores a 1269) muestra bien la posición adoptada.
Tomás había meditado paciente, total y personalmente casi todas las obras de
Aristóteles – desde que conociera a Moerbeke e Italia. París estaba
revolucionado por las teorías averroístas, entre ellas se atribuían algunas a
Siger, desde 1267. Tomás se separó de los tradicionalistas, como Juan Peckham,
lo que valdrá su enemistad, pero al mismo tiempo atacó vigorosamente a Siger (De
unitate intellectum) debiendo éste modificar su doctrina.
68 In Metaph. V, 3,
c.2.
69 II Sent. D, 12, 1.
1 a 4; d. 18, q. 1 a 2; IV, d. 44, q.1; etc.
70 Q. 4, a, 3, ad 6m.
Todo empezó a
hacerse público con aquél un tanto escandaloso texto –escandaloso si se conoce
la época:
“Dicedum est ergo,
quod (el cuerpo de Cristo después de la muerte) fuit secundum quid iden,
secundum quid no idem; secundum materiam enim idem, secundum forman vero non
idem”71.
Es decir, el
cuerpo, después de la muerte no es idéntico simplioiter; de
otra manera, no existe una forma corporeitatis que garantice
la identidad del cuero como substancia independiente del alma. En la Summa
Theologiae III (1272-1273), unos de sus últimos escritos, repite con
mayor seguridad la misma doctrina:
“... Est ideo
hábeas mortuum cuiuscumque alterius hominis non est idem simpliciter, sed
secund quid: quia est idem secumdum materium, non autem idem secumdum formam”72.
Al Aquinate ha
superado el pluralismo de formas, reducto del tradicional dualismo, y con ello
propone un estricto hilemorfismo, donde el alma es la forma subsistente de la
substancia humana; se deja atrás, entonces, la equívoca posición que había
caído en la trampa del dualismo que desde Tertuliano dominaba la reflexión
latina. El alma es forma substancial, la única forma del compuesto humano:
“Dicendum est, quod
nulla alia forma substantialis est in homine nisi sola anima intellectiva”73.
“Forma autem substantialis facit esse actu simpliciter”74.
Siendo forma
substancial en sentido estricto, el alma no puede ser substancia –y la noción
de “substancia incompleta” no fue nunca pronunciada por el Aquinate,
conteniendo una seria incorporación o incoherencia en sus mismas notas-75. Esta afirmación se opone a la de
Wilson, Fraile, Van Steenberghen, pero tiene numerosos argumentos en su favor.
La substancia es lo completo en su ser y en su especie, pero el alma no es
completa en el ser, pero no en la especie76 ; se dice
substancia lo que es un género de los entes, pero el alma no constituye una
especie completa77 ; la substancia es el sujeto al que se le
predica algo, pero el alma se predica como existente en un sujeto78;
el alma no es hoc aliqud como la substancia79; y, para resumir, el
alma no es persona, siendo esta última substancia 80. El alma no es substancia pero es una
forma subsistente. Con esto el Aquinate quiere definir el
esatuto sui generis de esta forma que puede ser inmortal, es
decir, subsistir después de la muerte del compuesto. Es decir, los dualistas
pretendían fundar la inmortalidad del alma en
71 Quoadl. II, q. 1,
a. 1.
72 III, q. 50, a. 5,
ad 1m.
73 I. q. 76, a. 4.
74 In II de anima, lect. 1, n. 224.
75 Richard de
Mediavilla et les contraverses sur la plurité des formes, Lovaina, 1951.
76 In II de ánima, lect. 1, no. 214,
I, q. 76, a. 7, ad 3m.
77 Q. de anima, a. 1, ad 4m.
78 In II de anima, lect. 1, n. 220.
79 Q. de anima, q. Un., a.
1 corp.
80 I, q. 75 a. 4, ad
2m
la substancialidad
autónoma de la misma, pero ponían en peligro la unidad del ser humano; Tomás
pretende defender la unidad radical del hombre y la inmortalidad, esta última
por vía de subsistencia y no de substancialidad. El alma “ipsa est quae habet
esse, nec est per esse compositi tantum, sicut aliae formae, sed magis
compositum est per esse eius”81. Para nuestro filósofo el alma es
forma substancial del cuerpo, mostrando así la unidad óntica del hombre; es
forma subsistente, mostrando así la inmortalidad del alma.
Sin embargo, queda
sin tratar una cuestión fundamental. Dicha “subsistentia” es de todos modos
“secundum quid”, y si puede predicarse del alma es porque ésta tiene como
sujeto propio a la persona, a la substancia:
“Substantia...
secundum quod per se exsistit et non in alio, vocatur subsistentia”82.
“Substantia dicitur dupliciter: uno modo dicitur substantia quiddidas rei, quam
significat defnitio… quam quidem substantiam Graeci usiam vocant, quod nos
essentiam dicere possumus. Alio modo dicitur substantia subiectum vel
suppositum quod subsistit in genere substantiae”83.
No hemos encontrado
el texto que explique la cuestión siguiente: si el alma es subsistente, no lo
es por poseer funciones inmateriales, si el alma subsiste después de la muerte
del cuerpo debe poder hacerlo por la relación que la liga a la subsistencia (inmortal?)
de la persona. La persona es el sujeto, la substancia, la que subsiste en
sentido estricto; el alma subsiste solo “secundum quid”, en tanto que es una
forma creada por Dios, con una dimensión de su ser en el nivel supracorporal,
que posee la característica “sui generis” de comunicar todo el ser al compuesto
cuerpo-alma84 , y que subsiste o puede subsistir por ello en la
persona (sic), el sujeto de inmortalidad –esta última cuestión no ha sido
tratada por Santo Tomás, pero todo su doctrina del purgatorio y la doctrina del
estado de la persona del Verbo después de la muerte y antes de la resurrección
pareciera afirmarlo-. Si no hay inmortalidad de la persona, mal pareciera que
pueda haber subsistencia del alma, y que, de todos modos, qué significaría un
alma sin persona? Una estructura física sin yo ni cuerpo? Sería algo más tenue
e inoperante que las “sombras” de Homero en el Nades.
Tomás ha
desentrañado el equívoco que desde Tertuliano pendía sobre la tradición
cristiana. El término griego ousía podía ser entendido como
esencia (el alma tiene realmente una esencia diversa a la del cuerpo) y como
substancia primera o existente, el ente real (y en este sentido el alma no es
un ente o cosa).
No debe pensarse
que todos los dualistas dieron al alma una entidad de substancia primera
–aunque esto puede ya afirmarse en el caso de Buenaventura, por ejemplo- .
Tomás supera este dualismo, pero su doctrina del alma como forma subsistente queda
sin fundamental solución. La creación del alma supone, presupone, la creación
de la persona; la forma constituye el ser del compuesto que se atribuye, como a
su sujeto, a una nueva persona, creada en nihilo, último hipokéimenon de
todas las notas constitutivas del hombre.
81 De unitate
intellectus, cap. 1
82 I, q. 29, a.
2, corp.
83 Ibid.
84 De spirit, creat., a. 1, cor.
8. En el aristotelismo
la substancia sólo tiene una forma substancial y la materia primera. En el
tratado Del Alma, Aristóteles, presenta al alma como la forma única del
compuesto humano. Tomás obró en consecuencia; el alma es racional, es la única
forma substancial, incluyendo las funciones del alma vegetativa y sensitiva.
Veamos un esquema que nos permita comprender figurativamente lo que decimos:
UNIDAD DE FORMA O
UNICIDAD SUBSTANCIAL
ESPIRITU
(mens o ma forma
intelectiva
en cuanto tal)
PERSONA (como el
sup-
Una forma
intelectiva,
sensitiva
vegetativa,
substancial
+
materia
primera
(ex quo
primerísimo)
CUERPO (la
substancia extensa en cuanto organizada)
positum o el
“quien”
existe
ALMA
Como puede
observarse en el esquema la forma es el coprincipio de la materia, cuya
existencia queda determinada por su mutua y trascendental referencia. La
materia es pura potencia, determinabilidad, no es todavía un ente. La forma es
actualidad, determinación esencial, pero tampoco es un ente. Sólo la substancia
es ente, sólo a ella se puede predicar la existencia, subsistencia y perseidad;
no al alma.
La materia primera,
radicalmente, pura potencia, sólo impropiamente puede llamársele cuerpo. La
materia signata quantitate (externa), en cuanto accidente de la sustancia puede
ser llamada cuerpo, pero accidentalmente. El cuerpo, en el sentido estricto y vulgar,
es la totalidad de la substancia humana en cuanto externa, sensiblemente
percibida, -lo que incluye al alma como a su estructura cuantitativa-. El
cuerpo y el alma no se encuentran entonces opuestos o antepuestos como dos
coprincipios, sino impropiamente; el alma es la forma del cuero (como parte al
todo). Tomás se opuso a la tesis tradicional de que el cuerpo de Cristo, antes
y después de la muerte era idéntico. El cadáver, sin alma, no era la misma
sustancia y la organicidad que todavía permanecía, era el “resto” de otra
sustancia desaparecida.
La forma
substancial, el alma, moría para Aristóteles con la destrucción del compuesto.
Para Tomás, en cambio, la forma substancial racional, por una referencia no
explicitada a la persona, posee una subsistencia propia que trasciende la
descomposición de la substancia humana. El alma de Tomás, entonces, no es la de
Aristóteles... Este admitía, además de la mortalidad natural del alma racional
(enteléjeia del cuerpo organizado), un principio separado y divino
(el noús). Tomás hace de este noús una función
activa de la facultad especulativa del alma intelectiva, única forma
substancial del hombre. El alma, forma substancial subsistente es
una fórmula nueva, producto de una conciencia cristiana adulta, en
la plenitud de la autoconciencia de su visión del mundo y del hombre, expresión
adecuada según el instrumental filosófico del siglo XIII (en este caso del
aristotelismo latino medieval).
Esta doctrina se
muestra tanto más actual cuanto más los biólogos contemporáneos – superando la
reducción cuántica y mecanicista del cuerpo de los físicos y matemáticos
anteriores al siglo XX - echan manos de conceptos como estructura o sistema de
organización vital. La “forma substancial” sería la estructura totalizadora,
que “dada-ya” en la célula madre, original, orienta, constituye y desarrolla el
cuerpo orgánico. La desaparición de esta forma estructurante, activa o alma,
produce la des-organización del cuerpo vivo, la muerte.
En efecto, en
nuestro tiempo se produce el redescubrimiento de dimensiones corporales
olvidadas desde el siglo XVI. La escuela franciscana del pluralismo formalista
de Duns Scoto derivará el dualismo nominalista y fideísta de Guillermo de
Ockham.
Este filósofo,
piensa que nuestra inteligencia no puede conocer la distinción entre las
diversas formas, y afirma que el cuerpo y el alma son dos substancias con
pluralidad de formas85.
Descartes significa
la culminación de esta tradición, más que la inauguración de una nueva
posición, cuando en 1628 escribía a Mersenne que “he tomado posición con
respecto a los fundamentos de la filosofía” (Carta del 15 de abril de 1630), es
decir, la eliminación de su sistema –y de la filosofía moderna- de la forma
substancial y las cualidades accidentales86. Los cuerpos, los cuerpos vivos, eran entonces
pura extensión y movimiento. El dualismo antropológico era radical. Pero a
fines del siglo XIX se deja ver una reacción.
Un ejemplo, entre
tantos, es el de Hans Driesch, quien en su obra cumbre, Philosophie des
Organischen87, explicaba que había
adoptado “la terminología de Aristóteles y designado este factor de
autonomía de los fenómenos de la vida bajo el nombre de entelejéia...
La etimología de la palabra entelejéia nos lo autoriza, pues
hemos visto que los fenómenos de la vida encierran algo que porta-fu-fin
-en-sí- mismo”88. El gran biólogo además redescubrirá el sentido del
alma como forma a su nivel natural y humano89. Los aportes de
85 Quodl, VII, II,
q.11; Quodl, I, q. 10; Expositio aurea, fol. 56.
86 Méditations,
sixiémes réponses, Adan-T., IX, p.238ss.
87 Leipzig, 1909.
88 I, cap. 2, III.
89 Cfr. Leib
und Seele, Leipzing, 1916, como Ich, selbst y Wircklichkeitslehre, Leipzig
1917.
Driesch en plena
expansión de la fenomenología, indicaron ya antes de 1920 la necesidad de unir
al método fenomenológico un lenguaje categorial.
Adolf Portmann
explica bien el replanteo de la cuestión de la forma o del alma cuando dice que
“el problema actual no es ya el de la célula (tomada individualmente), sino del
mutua efectuación de un aparato nuclear (Kernapparat) y una estructura del plasma
(Plasmastruktur)... El concepto de todo y de Totalidad ha pasado en los últimos
decenios, también en biología, a primer plano”90. Es exactamente la cuestión del alma
como forma del compuesto, principio originario y orientador de todo el
organismo. La biología contemporánea permite a la antropología filosófica
contemporánea efectuar un nuevo paso adelante. Será necesario, no sólo expresar
la comprensión pre-conceptual al nivel de la fenomenología (descripción
ontológica), sino igualmente redescubrir, profundizar y forjar aún, un lógos
categorial de nivel óntico que deberá inspirarse en los aportes de la
antropología de Aristóteles definitivo (330-322 a.JC) y del Tomás de Aquino del
último período (1266-1275 d.JC), aunque situando la solución a otro
nivel; el indicado por la filosofía de la “Ex –sistencia”.
90 Philosophie des
Lebendigen, en Systematische Philolophie, Stuttgart, 1963, p. 414.

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