© Libro N° 13828. Del Fordismo
A La Flexibilidad Laboral: Supuestos, Crisis Y Realidades De La Regulación
Social. Jaua Milano,
Elías. Emancipación. Mayo 17 de 2025
Título Original: © Del Fordismo A La Flexibilidad
Laboral: Supuestos, Crisis Y Realidades De La Regulación Social. Elías Jaua
Milano
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Original: © Del Fordismo A La
Flexibilidad Laboral: Supuestos, Crisis Y Realidades De La Regulación Social.
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DEL FORDISMO A LA
FLEXIBILIDAD LABORAL:
Supuestos, Crisis Y Realidades De La
Regulación Social
Elías Jaua Milano
Del Fordismo
A La Flexibilidad Laboral:
Supuestos,
Crisis Y Realidades De La Regulación Social
Elías Jaua Milano
DEL FORDISMO A LA FLEXIBILIDAD LABORAL:
Supuestos, crisis y
realidades de la regulación social *
Autor: Elías
Jaua Milano
El objeto central
de este artículo es problematizar el tema de la regulación social desde el
estudio de las formas en que se or-ganizan y articulan las relaciones
laborales, en dos momentos de la acumulación capitalista: el Estado de
Bienestar y la economía de mercado. En la primera parte del articulo, exponemos
los supuestos técnicos, económicos y políticos que sustentaron el modelo
fordista de producción industrial, en cuyo contexto se desarrolló y se
consolidó el Estado de Bienestar. Si bien, el mo-delo de relaciones laborales
del Estado de Bienestar fue el resul-tado de las luchas obreras a lo largo de
este siglo, no es menos cierto que el capitalismo encontró en éste la manera
más idónea de detener la ofensiva de los trabajadores en las cuatro primeras
décadas de este siglo. El Estado de Bienestar logró que los con-flictos
laborales fueran tolerables para la estabilidad política del sistema. Como
contraparte, el capital tuvo que otorgar grandes beneficios en materia de
seguridad social, aumentos salariales, condiciones de trabajo, etc.
*Fuente: http://ladb.unm.edu/aux/econ/ecosoc/indice/
Economía Y Ciencias Sociales,
País/Country:Venezuela, U niversidad Central de Venezuela, Número/Number2-3,
Frecuencia/Frequency: 3/yearly 3/año ,
Fecha/Date:4/01/97
- 1 -
La evidente crisis
del modelo fordista a finales de la década del sesenta y el proceso de
liberalización de la economía mundial, son desarrollados en la segunda parte
del articulo, donde expo-nemos cómo el discurso neoliberal ha utilizado la
crisis y los desarrollos tecnológicos para justificar el desmembramiento de la
institucionalidad laboral alcanzada en el Estado de Bienestar. El
neoliberalismo, a través de la implementación de políticas flexibilizadoras,
aparentemente neutras, ha logrado crear una nueva institucionalidad donde se
intenta legitimar el discurso de la libertad de los contratos, cuando en
verdad, la gran mayoría de los trabajadores se encuentran obligados cada vez
más a aceptar las condiciones laborales precarias que ha impuesto el violento
reacomodo capitalista de las ultimas décadas. A tal fin, exponemos los
supuestos que sustenta el discurso neoliberal sobre la libertad de contratación
laboral y la negociación colec-tiva, en dos de sus versiones más extremas:
Robert Nozick, au-todenominado libertario radical, asesor de los gobiernos
republi-canos de Reagan y Bush; y José Piñera, Ministro del Trabajo del régimen
dictatorial de Pinochet. En ellos, exploramos los princi-pios teóricos que
sustentan el discurso flexibilizador de las rela-ciones laborales.
Finalmente,
intentamos evidenciar como todo el discurso ne-oliberal se traduce en
precariedad laboral para los trabajadores y sus familias profundizando las
desigualdades ya existentes en la sociedad capitalista. Pero a la vez, cómo la
flexibilidad laboral deja abierta grandes brechas a la conflictividad social,
poniendo en serias dudas la legitimidad de la democracia, en el contexto del
nuevo "capitalismo salvaje".
- 2 -
I.-1. El paradigma organizativo
Taylor-Fordista
Desde mediados del
siglo XIX, en Inglaterra; se inició un proceso tendiente a reducir el trabajo
obrero a un simple ejerci-cio de vigilancia, mediante la intensificación de la
mecanización de la producción. Este mismo proceso se profundizó en Norte-américa
en el último tercio de ese siglo. No obstante, hacia fina-les del siglo XIX,
los obreros seguían teniendo el control del "saber hacer", lo cual
les permitía cierta autonomía para "dirigir, regular y controlar ellos
mismos su proceso de trabajo y fijar el tiempo asignado para su
realización" (Neffa, 1990:104). En el marco de este proceso, Frederick
Taylor (1856-1918) inicia en 1881 una serie de estudios sobre la
racionalización científica del trabajo destinada a eliminar la tendencia al
ocio y a la vagancia que generaba la organización del trabajo para ese momento,
ba-sada fundamentalmente en la autonomía del obrero (Neffa, 1990). Dicho
proceso de investigación comienza a arrojar resul-tados a finales del siglo XIX
y se consolida en la primera década del siglo XX con la publicación de la obra
denominada "La Di-rección Científica de las Empresas", donde Taylor
expone su organización científica del trabajo (OCT) conocida como
"Tay-lorismo". (Neffa, 1990). La O.C.T consiste fundamentalmente en
separar las funciones del trabajo en planificación de tareas y ejecución de las
mismas, a la par que se desintegraba al máximo el proceso del trabajo. La
primera medida lograba racionalizar científicamente la producción, al hacer que
la planificación fuera externa a quien la ejecutaba; logrando así el mayor
rendimiento, con la segunda se lograba la incorporación de la fuerza de
traba-jo descalificada.
A principios del
siglo XX, el proceso de racionalización del saber hacer de la fuerza de trabajo
que iniciara Taylor da un sal-
- 3 -
to espectacular,
producto de los aportes que introduce Henry Ford, principalmente los de la
cadena de montaje y la cinta transportadora, que significaron la automatización
del proceso productivo (Neffa, 1990). El Fordismo, en tanto que paradigma
técnico era la respuesta a un proceso de maduración de la pro-ducción
industrial, donde la mano de obra artesanal debía ser desplazada. En 1913, en
la industria automotor norteamericana, las operaciones realizadas por un obrero
eran ahora distribuidas entre 29 hombres, lo cual reducía los tiempos de
trabajo, incre-mentando la producción (Neffa, 1990). La formación del obrero
fordista se realizaba en corto tiempo. Para 1926, la Ford forma-ba a los
obreros en el siguiente tiempo: 43% se formaba en me-nos de un día; el 36% en
una semana; el 6% de una semana a un mes; el 14% de un mes a un año y el 1% de
un año a seis años (Coriat, 1991: 45). Sin duda, esto marcó el fin de la
importancia del obrero de oficio o artesanal en la industria. Sintetizando,
diremos que el modelo Taylor-Fordista de organización del tra-bajo tiene como
aspectos fundamentales: la organización centra-lizada y jerárquica;
profundización de la división del trabajo; escasa autonomía de los
trabajadores; altos inventarios; procesos de trabajo segmentados y repetitivos;
escasa calificación y adiestramiento limitado; control de los tiempos y de los
movi-mientos de los trabajadores. (Alonso; 1991: 10).
A partir de esos
elementos, el modelo Taylor-Fordista logra masificar la producción. Tomemos
como ejemplo la experiencia en la industria automotriz, donde se produjo un
incremento en la producción, pasando de 34.528 autos fabricados en 1910 a
168.220 autos en 1912 (Neffa, 1992: 289). Pero esta producción en masa requería
de un consumo en masa, por lo tanto una pre-gunta lógica surgida en los años 20
fue:"¿quiénes serán los con-sumidores en masa?, a la cual Ford respondió:
los asalariados" (Leborgne y Lipietz, 1992: 20). A pesar de la respuesta
de Ford,
- 4 -
el proceso de las
transformaciones productivas no fue acompa-ñado por una modificación semejante
en las capacidades adqui-sitivas de los necesarios demandantes. Este elemento,
aunado a la resistencia obrera contra el profundo proceso de racionaliza-ción a
que estaban siendo sometidos repercutió desfavorable-mente sobre el capital,
que hubo de enfrentar una recomposición política de la clase obrera que
desembocó en las oleadas huel-guísticas de los años 20 y posteriormente a un
proceso de crisis de la estructura económica que culminó en el Crack de 1929
(Negri, 1985). La respuesta del capital a estos problemas la va a proporcionar
el keynesianismo, al redefinir las relaciones entre oferta y
demanda y planteando un modelo de regulación que permitiera contrarrestar la
autonomía política que habían alcan-zado los asalariados (Negri, 1985). Es aquí
donde entran en es-cenario el Estado de Bienestar y la institucionalización del
sin-dicato, el contrato colectivo y la huelga.
I.2. Fordismo y Estado de Bienestar
El objetivo central
del Fordismo era lograr que los aumentos en la productividad, resultado de la
organización científica del trabajo, fueran acompañados:"...por un
lado, del crecimiento de las inversiones financiadas por las ganancias y, por
otro, del crecimiento del poder adquisitivo de los asalariados" (Leborgne y
Lipietz, 1992: 20).
Esto es lo que se
conoce como el "círculo virtuoso" de la re-gulación fordista, cuyos
elementos son: productividad-consumo inversión-crecimiento (Iranzo, 1990), lo
cual permitió una co-herencia macroeconómica en el régimen de acumulación. Sin
embargo, era necesario garantizar el crecimiento regular del poder adquisitivo
de los asalariados, y es aquí donde el keyne-sianismo articula una respuesta
basada en la administración esta-
- 5 -
tal de políticas de
estímulo a la demanda y de pleno empleo (Farfán,1988).
Esta administración
estatal se concretiza en el denominado Estado de Bienestar, que se
constituyó en el corolario político ideal del modelo Fordista de
acumulación. El Estado de Bienes-tar, perseguía restituir la capacidad de
consumo afectada por la crisis estructural de 1929, para garantizar el
funcionamiento del "circulo virtuoso" y, después la Segunda Guerra
Mundial se consolidó como institución fundamental del régimen de acumu-lación
capitalista (Farfán, 1988).
El Estado de
Bienestar establece un conjunto de reglas a nivel social, que se pueden resumir
en:
i. Un salario
monopólico caracterizado por una contractuali-zación a largo plazo de la
relación salarial y por un sincronismo marcado entre el salario nominal y el
costo de la vida; estos dos elementos permiten la extensión y permanencia del
consumo de los asalariados;
ii. La instauración del
salario indirecto a través de las presta-ciones sociales e instituciones de
bienestar (educación, Seguro Social, recreación; subsidio a los bienes, etc.)
para garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo y acrecentar la
capacidad de consumo.
iii. La estructuración
de la asistencia social o políticas socia-les destinadas a preservar las
reservas de mano de obra (desocu-pados) (Negri 1985).
Esas orientaciones
destinadas a incentivar la demanda, logran crear una norma social de consumo,
basada en tres prototipos: el automóvil, la vivienda y los electrodomésticos,
que logró su máxima expresión en la década del 60 (Gutiérrez, 1988).
- 6 -
Hasta ahora, hemos
abordado el Estado de Bienestar sólo como mecanismo de reproducción del régimen
de acumulación Fordista a través de una administración estatal de la demanda.
Sin embargo, éste también buscaba eliminar la resistencia del trabajador a integrarse
al proceso de racionalización del trabajo. Esta lucha por derrotar la
resistencia obrera e implantar una hegemonía sobre la base del industrialismo,
ya había sido ini-ciada por Ford en 1914 cuando aumenta los salarios de 2,5
dóla-res a 5 dólares por día con el fin de lograr una integración de los
trabajadores con la empresa (Mujica, 1991). Ford también con-sideró que los
profundos cambios en la relación producción-consumo requerían de un trabajador
excepcional que fuera a la ivez un consumidor disciplinado, lo
cual era posible a través de una estructura rígida en el trabajo y
una normativa social que abarcará la familia, la cultura, la vida sexual y
recreativa de los trabajadores (Gramsci, 1973, 281-287). 1
El Fordismo tiene
como una de sus características fundamen-tales el haber destruido la
resistencia del obrero profesional, convirtiéndolo en un obrero-masa
descalificado, logrando así el control "de hecho" del proceso
productivo. Sin embargo, la homogenización permitió el desarrollo de un obrero
colectivo,2 que facilitó su constitución como clase, logrando un nivel de
resistencia política demostrada a lo largo de los años 20 (Farfán, 1988). El
Estado de Bienestar persigue entonces, recuperar el control sobre la clase
obrera y neutralizar la autonomía política que ésta había alcanzado, logrando
diluirla como clase y recons-
1 Gramsci estudia
estos procesos a partir de dos conceptos fundamentales en su obra: Americanismo
y Fordismo.
2 Para Marx, el
desarrollo industrial genera un obrero colectivo que es la contraparte
necesaria de la fractura del obrero profesional. (Marx, 1973, caps. XI, XII,
XIII).
- 7 -
tituyéndola en las
nociones de pueblo o ciudadanos. (Farfán, 1988).
El Estado de
Bienestar no responde sólo a una lógica de acu-mulación, sino que responde
también al desarrollo de los anta-gonismo de clases. En ese sentido, el
planteamiento keynesiano no se limita al incentivo de la demanda, sino que
considera que la clase obrera debe ser parte del sistema de administración de
la misma, mediante la institucionalización del sindicato y la con-tratación
colectiva (Farfán, 1988). Se trata de lograr la regula-ción de los trabajadores
a partir de sus propias instancias colec-tivas.
I.3. El sindicato y la contratación
colectiva como instrumentos de regulación.
El proceso de
organización científica del trabajo (OCT) ins-taurado por Taylor y profundizado
por Ford, había debilitado los viejos sindicatos de oficio por la vía de los
hechos, pero el desa-rrollo del obrero colectivo da las bases para la creación
de una nueva organización, que aunque hereda el nombre de Sindicato, es
cualitativamente diferente a su antecesor ya que logra des-arrollar luchas
generalizadas por la conquista de mejores condi-ciones laborales y sociales
tales como la reducción de la jorna-da; seguridad e higiene industrial; seguros
sociales; democrati-zación de la sociedad; etc. (Collazo, 1994).
El Fordismo no
puede funcionar con altos grados de conflic-tividad, debido a que el proceso
continuo de la cadena exige una férrea disciplina, organización y acuerdo. Es
por ello que es ne-cesario organizar la producción y coordinar a todos los
integran-tes de la cadena. Esto sólo se puede lograr pactando con el mo-vimiento
obrero mediante una contratación colectiva que esta-blezca la rigidez laboral y
el reconocimiento de las formas de
- 8 -
organización del
trabajo a cambio de una vasta socialización del ingreso y la aceptación del
sindicato por parte del capital, como interlocutor colectivo de los
trabajadores. (Collazo, 1994).
I.3.1. La contratación colectiva
La contratación
colectiva aparece como la necesidad de regu-lar el conflicto capital-trabajo
bajo la figura de la autotutela que lleva implícita esta forma de negociación,
ya que el Estado otor-ga a empresarios y trabajadores la posibilidad de
negociar las condiciones de trabajo: es un mecanismo directo, que aunque
regulado por leyes generales del trabajo y de todo el desarrollo del Derecho
del Trabajo alcanzado en el Estado de Bienestar, pretende legitimar la relación
de explotación, en tanto que se supone que se está llegando a un acuerdo entre
iguales. (Arco-nada, 1979).
En realidad, lo que
el capital requiere es una normativa que le garantice la continuidad en la
producción y esto se logra me-diante la concertación de cuatro principales
elementos:
i.Estabilidad: Esta
permite una contractualización a largo pla-zo, que posibilita una programación
económica, donde los cos-tos de mano de obra son previsibles a lo largo de 3
años.
ii.Salario: A
través del salario monopólico pactado, se impide la rotación de mano de obra
entre las empresas, a la vez que se garantiza la reproducción de la fuerza de
trabajo.
iii.Jornada: Se
concerta una jornada de obligatorio cumpli-miento que da la idea de una
racional explotación, mientras que se aprueban mecanismos de horas extras que
en la práctica se convierten en una extensión regular de la jornada de trabajo.
iv.Condiciones
idóneas de trabajo y Seguridad e Higiene In-dustrial: Ellas son las garantías
de un proceso continuo de pro-
- 9 -
ducción, que se ve
a menudo paralizado por los accidentes en el trabajo o por los altos índices de
reposo, producto de enferme-dades ocupacionales. (Arconada, 1979).
En el plano de la
paz laboral, el contrato colectivo al limitar el tiempo de negociación (cada
dos o tres años, durante tres me-ses o menos) le permite al empresario: evitar
conflictos inespe-rados; prepararse para una posible huelga en ese período;
nego-ciar colectivamente la paz laboral en un solo período de tiempo, ya que si
lo hiciera individualmente, sería una discusión perma-nente que afectaría el
funcionamiento de la empresa, además de crear demasiada diversidad en las
relaciones laborales (Arcona-da, 1979).
Por otro lado, la
contratación colectiva disminuye la poten-cialidad del mecanismo máximo de
lucha obrera, la huelga, al codificarla jurídicamente y colocar la decisión de
realizarlas en manos del Estado a través de las instancias gubernamentales del
trabajo (Arconada, 1979). En definitiva, los contratos colectivos son expresión
de toda la lógica del Estado de Bienestar como forma de regulación
correspondiente a la producción en masa (Aglietta,1979). Es necesario precisar
que la contratación colec-tiva fue expresión de las luchas obreras a lo largo
de este siglo y que por lo tanto la existencia de ella no impidió la
realización de conflictos, que se dieron y muchos en todos los países del
mun-do, pero sí logró que dichos conflictos fueran tolerables para la
estabilidad política del sistema. Como contraparte, la negocia-ción colectiva
les permitió a los trabajadores grandes logros en materia de Seguridad Social,
aumentos salariales, condiciones de trabajo, etc. y, allí donde no se redujo a
reuniones burocráti-cas, sino que implicó una discusión por las bases, ésta
logró pro-fundos aportes en la conciencia democrática de los obreros que
llevaron a las posiciones que terminaron cuestionando la esencia
-10-
autoritaria del
modelo industrialista a finales de los años sesenta.
(Navarro, 1991).
I.3.2. El sindicato
La necesidad de
negociar colectivamente requería de un me-canismo colectivo; el Sindicato es
entonces aceptado como re-presentación de los trabajadores para discutir y
negociar las re-laciones laborales. La institucionalización del Sindicato busca
además equilibrar la fuerza política del movimiento obrero m e-diante un
sistema de representación que coopere con el capital en el funcionamiento de la
producción (Panitch, 1981). Esta estructura corporativa requiere de un
sindicalismo centralizado que canalice las luchas de los trabajadores pero que
a la vez lo separe de sus bases originarias para lograr así centralizar la
dis-cusión. Mediante esta separación se elimina la discusión por la base,
favoreciendo esto la burocratización de las centrales sindi-cales, que
concentraron su esfuerzo en lograr una mayor inser-ción en el aparato del
Estado (Panitch, 1981).
El modelo Fordista
estableció un régimen jurídico de promo-ción y protección del sindicalismo
tendientes a regular al Sindi-cato y la acción sindical. Este régimen jurídico
adquirió distintas modalidades, entre las cuales se pueden distinguir las
siguientes:
i. Existe entre
Sindicato y poder político una articulación in-directa no institucionalizada
mediante normas jurídicas, pero en los hechos se da una fuerte cooperación con
el Estado, a través de la subordinación del Sindicato al partido político que
gobier-na, esto genera el desconocimiento de otras organizaciones dis-tintas a
la que corresponde al partido en el poder.
ii. Sistemas que
regulan y condicionan jurídicamente al Sin-dicato y la acción sindical,
restringiendo el número mínimo de
-11-
adherentes;
imponiendo trabas a la constit ución de sindicatos, inscripciones y formas de
organización determinadas por la ley.
iii. Sistemas que
permiten una manifiesta independencia entre el Estado y el Sindicato,
limitándose la legislación a enunciar la autonomía sindical y los medios de
acción sindical; es un ins-trumento más permisivo que paternalista, que pone
énfasis en la protección de la acción sindical y no en su control.3
Este proceso de
codificación jurídica del Sindicato y la ac-ción sindical logró su máxima
concreción en el Convenio Nº 98 de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) en 1949, sobre el derecho de sindicalización y de negociación colectiva
que consagra el carácter de derecho fundamental y universal de las
organizaciones de los obreros.
El modelo
keynesiano Fordista funcionaliza la acción sindical y al Sindicato, pero sin
que éste pierda la representación de la clase obrera, sin diluirlo en el
aparato estatal pero sí controlán-dolo, en definitiva sin romper sus nexos de
clases pero utilizan-do éstos para lograr la legitimación del régimen de
acumulación (Panitch, 1981).
Es importante
señalar que más allá del Sindicato, el Estado de Bienestar supone la
utilización de otras instituciones, tales como el partido político y el
Parlamento, para legitimar su funciona-miento en el seno de los asalariados,
esta vez en su papel de "pueblo" o "ciudadano".
3 El caso italiano es
el más representativo de este sistema. La ley 300 de 1970 establece la
legislación de sostén como generalmente se le denomina en el Derecho Laboral.
En América Latina sólo en el Uruguay no existe legisla-ción de control, pero
tampoco la hay de protección.
-12-
I.3.3. Política de
sustitución de importaciones y populismo. Correlatos del Fordismo en América
Latina
El desarrollo del
Fordismo, desde la segunda década de este siglo XX, pasando por la crisis del
año 1929, hasta su consolida-ción en los años de la segunda posguerra, marcó la
constitución de una hegemonía en todo el mundo industrializado, pero tam-bién se
convirtió en el modelo de industrialización a seguir por el mundo no
industrializado. Otros modelos de industrialización como los planteados por el
corporativismo fascista o por el so-vietismo, consideramos son la otra cara de
la misma política fordista aplicada en extremo.4
En América Latina
el Fordismo llegó a través del modelo de sustitución de importaciones. El
contexto en que éste aparece se venía gestando desde la primera década de este
siglo, cuando en algunos países se puso de manifiesto la llamada crisis del
estado oligárquico. Esto permitió el establecimiento de nuevas relacio-nes
sociales a partir de la aparición de organizaciones sindicales y sectores
medios: profesionales y medianos empresarios. (Za-pata, 1986). Dichas
relaciones se afianzan a partir del desenlace de la crisis del año 1929, que
obliga a muchos países de Améri-ca Latina a iniciar un proceso de
industrialización (Cardozo y Faletto, 1972). Este proceso se dará a lo largo de
las cinco déca-das siguientes de manera paulatina en los distintos países de la
región. La industrialización sustitutiva supuso la intervención
4 En la Unión
Soviética al modelo de organización del trabajo se le dio el nombre de
STAJANOVISMO, debido al nombre de un excampesino (Alesksei Stajanov) que fue
sometido a un experimento de la Organización del Trabajo. El experimento
consistió en dividir el trabajo: Dos ayudantes piqueteaban la parte excavada de
una mina y retiraban el carbón, permi-tiendo así a Stanajov operar
continuamente el martillo neumático. En el plano de la regulación se estableció
un sindicato subordinado al Estado y un proceso de alienación basado en la idea
de la producción y consumo co-lectivo. (García, 1992).
-13-
significativa del
Estado en la economía, la protección de los mercados internos de la entrada de
productos externos y una producción nacional destinada al consumo interno
(Hernández, 1991). En el nivel organizativo del trabajo, se trasladó
mecáni-camente el modelo Taylor-Fordista, sin tomar en cuenta las
par-ticularidades de la región. Este Fordismo periférico, nunca logró
establecerse de manera generalizada ni siquiera en una misma empresa. En cuanto
a la concertación social, ésta supuso atender las necesidades más sentidas de
los sectores populares: educa-ción, salud, etc., a través de una legislación
social y laboral que pasa a ser administrada por los emergentes partidos
políticos,5 los cuales encarnan la tarea mediatizadora de subordinar el
lide-razgo sindical al liderazgo político y de una negociación de las demandas
obreras dentro del sistema político. (Zapata,1986).6
En Venezuela la CTV
fue controlada desde sus inicios por las organizaciones políticas partidistas
(Arconada y Lander, 1985). A partir de 1958, Acción Democrática consolida su
hegemonía en el seno de la CTV y se van gestando un conjunto de condi-ciones y relaciones
sociales donde la central obrera se convierte en una pieza institucional del
sistema político, al punto que para la década del 80'"...su fuerza, su
representatividad y su espacio de organización no se basa principalmente en la
cantidad de afi-liados, ni en su capacidad organizativa sino en sus relaciones
con el partido de gobierno y el reconocimiento que le brinda el Estado".
(Arconada y Lander, 1985: 43). Esta institucionaliza-
5 "Alianza
Popular Americana (APRA), 1930; Partido Socialista de Ch ile, Partido
Socialista del Perú y varios otros" (Zapata, 1986). En Venezuela Acción
Democrática (Social democracia) que accedió al poder en 1945 e instauró la el
modelo populista.
6 . Zapata llama a
este proceso la fase "institucional del movimiento obrero", en tanto
que denomina "Fase Heroica" a la acción directa de los obreros a
principios de siglo y "Fase excluyente" a la crisis de los mecanismos
de la Fase Institucional. (Zapata 1991).
-14-
ción comprende un
amplio financiamiento por parte del Estado, al grado de que en el año 1966 se
creó, mediante ley, el Banco de los Trabajadores de Venezuela (BTV),7 bajo el
control fun-damental de la CTV (Arconada y Lander, 1985). Este tipo de
concesiones estatales a la central obrera, sin duda, que no tienen su origen en
las necesidades del régimen de acumulación, sino que forman parte de una
política corrupta y clientelar, propias de las perversiones en que degeneró el
populismo en América Latina.
II.
Crisis del modelo
keynesiano fordista
El modelo de
regulación que expusimos en las líneas anterio-res, a juicio de amplios
sectores económicos y académicos a nivel mundial entró en crisis, producto del
agotamiento de su funcionamiento estructural. Este agotamiento tiene como
indi-cadores generales, el decrecimiento de las tasas de aumento de la productividad,
ocasionado por el agotamiento del potencial técnico de los sistemas
Ford-tayloristas de producción; el alto grado de exigencias sociales del sector
trabajador y la inflación desatada en los últimos años de la década del 60
(Gutiérrez, 1990).
El primer shock petrolero,
el cual se convierte en el cataliza-dor de la crisis estructural que se venía
gestando desde la década del 60, agrava el descenso en la productividad ya que
los pro-ductores no sabían cuánto y cómo producir, debido a las fluctua-
7 Este Banco fue
sometido a un desfalco masivo por parte de sus directivos en complicidad con la
dirigencia de la CTV, lo cual ocasionó su interven-ción gubernamental en 1981.
-15-
ciones de los
precios petroleros. En principio se intentó solucio-nar la crisis con medidas
keynesianas, tales como el incremento del gasto público, líneas de crédito para
reconvertir empresas y políticas para evitar el desempleo (Hernández, 1991).
Estas me-didas, si bien evitaron una depresión grave, ocasionaron una caída aún
mayor de la tasa de ganancia, ya que ellas incrementa-ron los costos salariales
con relación a los productos, en un con-texto donde las materias primas
aumentaban sus precios vertigi-nosamente (Leborgne y Lipietz, 1992).
Esta situación
generó un proceso de reflexión por parte de empresarios, gobiernos y organismos
internacionales, que con-dujo"... la crisis por la que se atravesaba no
era sólo la conse-cuencia del shock petrolero, ni una simple
crisis recesiva; se trataba por el contrario de una crisis estructural, es
decir inscrita en la misma estructura del funcionamiento de la economía"
(Hernández, 1991:8). En efecto, la OCDE, a finales de los años 70 señala al
pleno empleo como el estrangulador de las ganan-cias: "Las ganancias eran
demasiado bajas porque los trabajado-res eran demasiado fuertes debido a que
las reglas del juego eran demasiado rígidas" (citado por Leborgne y
Lipietz, 1992:21). Consideran, también, que las rigideces de los principios
Taylo-ristas de organización del trabajo, incidían en la baja de la
pro-ductividad ya que eliminaban cualquier iniciativa de los trabaja-dores
(Leborgne y Lipietz, 1992).
En América Latina,
la crisis del modelo de acumulación co-mienza a mostrarse dramáticamente a
finales de la década del 70, cuando producto del shock petrolero
de 1978, se genera un bajón en la producción mundial, una baja de los salarios
reales y se frena la emisión de moneda norteamericana en tanto se pro-ducía un
alza en las tasas de interés. Esta situación se traduce, en un aumento del peso
del endeudamiento externo contraído por los países del área, lo cual va a
generar un traslado masivo de
-16-
divisas hacia los
países industrializados. Por otro lado, se agudi-zaron las fallas del modelo de
sustitución de importaciones, tales como el aislamiento del mercado
internacional, los desequili-brios económicos internos, el desempleo y una
naciente infla-ción (Hernández, 1991).
II.1. La crisis de la regulación
sindical
La crisis del
Fordismo planteó nuevos terrenos a la lucha obrera, en principio porque el
equilibrio alcanzado por el Key-nesianismo y el Estado de Bienestar en las
relaciones capital-trabajo se ve seriamente afectado producto del impacto de la
crisis económica. Esta situación, se ve agravada por tendencias en el
movimiento obrero que desafían la representatividad de las dirigencias
sindicales burocratizadas, conciliadoras y corruptas, retomando la militancia
industrial e incorporando a los trabaja-dores del Estado. (Farfan, 1988).
A finales de la
década del sesenta, el movimiento obrero pone en cuestión todos los elementos
de la regulación Fordista. Los sucesos de Mayo en Francia, el "otoño
caliente" en Italia, las huelgas en España, las huelgas de mineros en
Suecia y en los Estados Unidos tenían como elementos cuestionar"...el
modelo de control y propiedad de los medios de producción" (Navarro,
1991:9). Todas estas protestas son protagonizados por el obrero masa pasando
por encima de las estructuras sindicales y de la contractualización laboral,
exigiendo el fin de los mecanismos infernales de la cadena de montaje; contra
la racionalización extrema de la organización científica del trabajo y contra
la norma de consumo social. (Coriat, 1991). El movimiento de los trabajadores
se planteó una recuperación del saber hacer; ejercer el control sobre las
condiciones de trabajo, rotaciones, reorgani-zar las empresas, capacidad de
designar directores y fijar políti-
-17-
cas de empleo,
ejecutar inversiones entre otros elementos. (Na-varro, 1991).
Ante este serio
reto planteado por los trabajadores, los patro-nes entienden que la solución a
toda la crisis del modelo no es-taba en aumentar la remuneración y la seguridad
social, sino que era necesario modificar las condiciones psicológicas y técnicas
del trabajo. (Coriat, 1991). La acumulación de rigideces en la economía de
postguerra, es señalada como la causante de la cri-sis. En consecuencia, todos
los diagnósticos recomiendan flexi-bilizar todos los ámbitos de la economía. La
flexibilidad aparece entonces como la panacea, ésta es definida en la
concepción Dahrendorf como "La capacidad de los individuos en la eco-nomía
y particularmente en el mercado de trabajo, de renunciar a sus costumbres y de
adaptarse a nuevas circunstancias".8 Estas
"nuevas circunstancias" son las que conoceremos en los puntos
siguientes.
III.
La contratación
laboral en el modelo neoliberal:
los supuestos de
Nozick
Es indudable que
todo el desarrollo de la legislación laboral alcanzada en el Fordismo, en tanto
que establece un tercero para arbitrar las relaciones capital- trabajo, es el
reconocimiento de la existencia de desigualdades en la sociedad, las cuales ameritan
que el Estado equilibre la balanza entre los sectores más débiles de la
sociedad (los no propietarios) y los más poderosos (los
8 OCDE. La
Flexibilité du marché du Travail. Rapport d'un grupe d'e xperts de haute niveau
au Secretary General. París, 1986, p. 6. Citado por Brons-tein, 1990:32).
-18-
propietarios). Esta
concepción, impulsada desde las luchas sin-dicales, es reconocida y
desarrollada en el Estado de Bienestar como la manera de garantizar una vida
digna a todos sus asocia-dos (Moncayo, 1992: 28). La legislación laboral,
reconoce la existencia de una parte débil que debe ser protegida, lo cual se ha
hecho posible gracias a la existencia de derechos económicos y sociales,
garantizados por el Estado.
Los supuestos sobre
los que descansa esta concepción, supo-nen una abierta contradicción con la
idea neoliberal de como se organiza la sociedad, en tanto que ésta se basa
principalmente, en el mercado como espacio de regulación, donde todas las
rela-ciones son de índole contractual, y la intervención estatal sólo se
justifica para garantizar la libertad de los contratos y la protec-ción contra
la violencia (Nozick, 199O:7). Es decir, cualquier otra acción distorsiona el
funcionamiento del mercado, más aún si ésta tiene carácter distributivo. Es por
ello, que la ofensiva neoliberal iniciada hace dos décadas, tiene como uno de
sus es-cenarios de transformación más importantes, las relaciones y
legislaciones laborales conquistadas por los trabajadores en el Estado de
Bienestar.
El discurso
neoliberal, defiende la noción de que las relacio-nes laborales sólo deben ser
entendidas a partir de sujetos igua-les y libres que contratan las condiciones
de trabajo que más les favorezcan. Desde los críticos del liberalismo, se ha
señalado siempre que no existe tal libertad de contrato, en tanto que los
empleadores están en ventaja de imponer las condiciones por ser los dueños de
los medios de producción. Robert Nozick respon-de a esta posición, señalando
que hoy en día el acceso a poseer medios de producción no está negado para los
trabajadores y que en consecuencia no están forzados a negociar con los
pro-pietarios de los mismos, si no lo desean (Nozick, 1990: 246).
-19-
Este autor basa su
argumento en el hecho que los sindicatos de trabajadores tienen suficientes
recursos como para montar sus propias empresas e incluso la mayoría de los
trabajadores tienen reservas monetarias como para hacer lo propio y sin embargo
no lo hacen. Nozick señala que a este planteamiento se le respon-derá diciendo
que los propietarios tradicionales tienen ventajas comparativas y competitivas
sobre nuevas empresas. Tras una serie de argumentos, sobre las posibilidades de
desarrollar una empresa controlada por trabajadores y sus efectos sobre el
resto de la sociedad, el mencionado autor responde que en cualquier
caso"... la opción de una persona entre grados distintos de alter-nativas
desagradables no se convierte en no voluntaria, por el hecho de que los otros,
voluntariamente, decidieron y actuaron dentro del marco de sus derechos, de una
manera que no le deja una alternativa mejor" (Nozick, 1990: 255).
Lograr la igualdad
de oportunidades, nos dice Nozick (1990: 234), sólo es posible empeorando la
situación de los más favore-cidos por la oportunidad o mejorando la situación
de los menos favorecidos. Las dos, para el autor, son inaceptables,
principal-mente la última ya que implica la redistribución de los recursos o
restricciones en el uso de los mismos, empeorando así la situa-ción de algunos
para mejorar la situación de otros. Las pertenen-cias y oportunidad de otros no
se pueden tomar para favorecer a terceros (Nozick, 1990: 231), se entiende
entonces, que los de-rechos particulares llenan el espacio de los derechos, sin
dejar ningún espacio a los derechos generales.
El discurso
neoliberal considera que la existencia de derechos económicos y sociales y
principalmente los expresados en las legislaciones laborales, no son producto
de las desigualdades, sino de una imposición arbitraria de los menos eficaces
contra los más productivos, que a nadie favorece, ni siquiera a los su-puestos
protegidos. En tal sentido, denuncian que la legislación
-20-
laboral no protege
realmente a los trabajadores, en tanto que consideran que la mejor protección
para el trabajador es la auto-tutela, ya que nadie mejor que el propio
individuo para contratar las condiciones del trabajo que él esté dispuesto a
desarro-llar"....permítasele a las personas usar como quieran su capaci-
dad de
trabajo" (Nozick, 199O: 168). Por otro lado, el referido autor, indica que
ninguna sociedad puede otorgar todos los re-cursos que una persona quisiera,
por lo tanto o bien las personas se quedan sin unas cosas extras, o bien hay
que permitirles hacer algo extra para obtenerlas:"¿sobre que base podrían
prohibirse las desigualdades que surgieran?" (Nozick,1990:165). Nozick
considera que el individuo que decide trabajar más horas para obtener un
ingreso mayor al suficiente para sus necesidades básicas, prefiere sacrificar
la recreación y obtener así algunos bienes y servicios extras y el que prefiera
la recreación, no labo-ra más tiempo del formalmente requerido.
Desde los sectores
neoliberales se dice que la legislación la-boral impide al trabajador, decidir
el uso de su capacidad de trabajo al máximo que le sea posible y que él
necesite y desee, coartando así el libre ejercicio del derecho a entrar en
relación con cualquier otro adulto que consienta y tenga ese derecho.
III.1. La
negociación colectiva en la relaciones laborales del mercado: los supuestos del
Plan Laboral en Chile durante la dictadura
El discurso
neoliberal privilegia la contratación individual como forma de relación
laboral. Se considera que la negociación colectiva ha sido utilizada como
bandera política"...de los parti-darios de la lucha de clase" para
justificar el conflicto y la con-frontación social. La negociación colectiva
sólo se justifica en su".... función natural, que es mantener la más
estrecha corres-
-21-
pondencia posible
entre la remuneración de los trabajadores y la productividad del trabajo"
(Piñera, 1991:13). La negociación entre empleadores y empleados, se dice, no
puede ser concebida como un mecanismo de redistribución de la riqueza ya que
esto perjudica a la empresa y a la sociedad en su conjunto, ya que si se paga
más de lo que los niveles de productividad indican, se está beneficiando a los
improductivos. "No hay vuelta que darle: cuando alguien está ganando en la
empresa más de lo que apor-ta, la mano de obra se está encareciendo
artificialmente y por culpa de ello hay gente que se está quedando sin
trabajo" (Piñe-ra, 1991:14). En definitiva, la negociación colectiva sólo
es jus-tificable, se dice, para que grupos de trabajadores productivos y
expertos en su trabajo, puedan negociar con más fuerza, la dife-rencia entre la
remuneración que tendrían este grupo de trabaja-dores en un empleo alternativo
y el costo en que incurriría el empleador al perder esos trabajadores (Piñera,
1991: 14).
En tal sentido el
Plan Laboral del régimen del General Pino-chet restringió las negociaciones
colectivas a cada empresa, prohibiendo la negociación por rama de industrias;
en segundo lugar limitó el protagonismo de la negociación a empleadores y
trabajadores, sin involucrar al gobierno ni al resto de la socie-dad. Es
responsabilidad de los libres contratantes, la pondera-ción en la demandas o en
las ofertas que hagan, ya que están corriendo riesgos objetivos: "...los
trabajadores el riesgo de que-darse sin sus empleos, y el empleador, el riesgo
de quedarse sin trabajadores competentes... Ambos el riesgo de que la empresa
quiebre, en un contexto de alta competencia como el que carac-teriza a una
economía de libre mercado" ( Piñera, 1991: 15).
Si aún existiendo
estas consideraciones, los contratantes no llegan a acuerdo, el Plan Laboral
contempló el mecanismo de Huelga, limitada a 60 días, durante los cuales el
empleador po-día contratar suplentes. Al cabo de los 60 días, el contrato entre
-22-
las partes queda
suspendido, quedando cada una en libertad de acción. Con esto se pretende que
" ...el monopolio que tienen los trabajadores sobre su puesto de
trabajo..." no puede ser utilizado indefinidamente; y evitar que el
empresario sea "expropiado" de la facultad de administrar su empresa
" De esta manera no se compromete el derecho de propiedad" (Piñera,
1991: 16).
El arbitraje de un
tercero sólo se concibe como una instancia extraordinaria, cuando se trate de
evitar daño a la colectividad. En todo el mecanismo de arbitraje establecido
niega la posibili-dad de una decisión intermedia, ya que los acuerdos
intermedios no son necesariamente justos en una relación entre iguales, en
consecuencia "los árbitros están obligados a fallar absolutamente a favor
o en contra de una u otra proposición planteada por las partes, debiendo estas
aceptar el fallo en su integridad" (Piñera, 1991:18). Esto pretende que
las partes no extremen sus posicio-nes, haciéndolas tan coincidentes que no se
haga necesario el arbitraje, llevando la negociación a su condición natural: el
arre-glo entre los supuestos contratantes libres.
Hemos expuesto de
manera general, los supuestos teóricos neoliberales sobre la relaciones
laborales en dos de sus versiones más extremas, pero que sin embargo condensan,
moderación más moderación menos, los principios neoliberales sobre este tema, y
que se expresan y concretan en la flexibilidad laboral, cuyo desarrollo
expondremos en las siguientes paginas, tratando de evidenciar como las
relaciones laborales flexibles no son ab-solutamente una relación entre hombres
libres, y que por el con-trario profundizan la dependencia, ya existente, del
trabajador con respecto al propietario, además con un efecto precarizador sobre
las condiciones de trabajo de la mayoría de los trabajado-res, especialmente
sus sectores más débiles.
-23-
Los supuestos de la
flexibilidad laboral
IV.1.El contexto económico
Como señalaramos
anteriormente, a partir de 1973 se hizo fuerte una matriz de opinión entre
empresarios y gobiernos, de cuestionamiento al modelo de relaciones laborales
que había primado en las últimas décadas: el modelo fordista. Es así, como
comienza un retroceso progresivo en el Estado de Bienestar a la par del
desarrollo de un mercado de trabajo secundario. En tanto que se inicia una
evolución hacia políticas de la oferta que im-plicaban atacar la crisis
afectando las relaciones laborales.
Estas políticas, se
consolidaron con los shocks monetaristas de 1979 y 1981 los
cuales condujeron a una transformación hacia un nuevo régimen de acumulación,
que se fundamenta en los supuestos de la competitividad internacional; en el
mejora-miento de la productividad y en la reducción de costos como la vía para
generar una nueva dinámica del capital que permita ampliar los mercados para
generar más empleos. (Hernández, 1991). A través de las denominadas políticas
neoliberales se persigue la reducción del gasto público, incluido el gasto
social, y un control monetario que restrinja el consumo, con el fin de conjurar
la inflación. Esta situación implica eliminar el papel del Estado en la
expansión de la demanda (Moncayo, 1992). Otro de los objetivos de las nuevas
políticas, es la reducción de costos laborales como medio para incrementar la
rentabilidad. Como consecuencia inmediata de la aplicación de di chas
políticas, se produjo un traslado de la capacidad adquisitiva de los
trabajado-res hacia las clases medias altas. A la vez que se promovió un
consumo suntuoso por parte de estas últimas. (Moncayo, 1992).
-24-
En América Latina,
las propuestas de salidas a la crisis se inscriben en un contexto diferente,
aún cuando intenten imitar la experiencia de los países de industrialización
avanzada. Estas medidas, conocidas como "políticas de ajuste estructural
de la economía" son promovidas por los organismos financieros
in-ternacionales y han sido puestas en práctica por la casi totalidad de los
países del área. Dichas políticas, persiguen una apertura creciente de los
mercados nacionales a la competencia interna-cional, la redefinición del papel
del Estado en la economía (des-estatización de las empresas y servicios
públicos) y la adecua-ción de la estructura productiva (Reconversión
Industrial). (So-ria, 1990:91).
En el marco de
estas medidas aparece el discurso de la flexi-bilidad en el trabajo, tanto en
las formas de contratación como en el uso de la fuerza de trabajo. Este
discurso más que una ne-cesidad real de flexibilizar, parece una propaganda
para atraer inversión extranjera, diciéndoles que se han saneado las eco-nomías
de los "monstruosos" contratos colectivos heredados del populismo.
Finalmente, el
contexto económico en el cual aparece la flexibilidad está signado por el
derrumbe del "Estado de Bienes-tar", que fungió como modo de
regulación en los "gloriosos treinta años" inmediatos al final de la
segunda guerra.
IV.2.Factores tecnológicos
El discursos
neoliberal, aborda el tema de la flexibilidad del trabajo a la luz de las
grandes innovaciones tecnológicas que se han vivido en las tres últimas
décadas. Efectivamente, ha habido un profundo proceso de transformaciones en
ese sentido que inciden directamente en la organización del trabajo. Esto se
evi-dencia en la concreción de redes de información a partir de los
-25-
correos
electrónicos y el teletrabajo; a través de los cuales se puede dirigir la
producción a distancia. Así también encontra-mos la utilización de maquinarias
de control numérico, robots de talleres automatizados, que llevan a algunos a
afirmar que esta-mos a las puertas de "las fábricas sin obreros".
(Pitz, 1990 :25).
Las innovaciones
técnicas no deben ser vistas sólo como la creación de fabulosas máquinas. En
relación a esto, Consuelo Iranzo nos señala que: "Cuando el empresario
incorpora una máquina no sólo está tomando una decisión de orden técnico, sino
que también está escogiendo cuáles son las pautas organiza-tivas que habrán de
definir el uso del trabajador en la nueva ma-quinaria. (Iranzo, 1988:49). Otros
autores (Meulders y Wilkin, 1987:18 y ss) apuntan que los cambios tecnológicos
originan la necesidad de que la unidad productiva se adapte a ellos en términos
organizativos, tanto en la cantidad de fuerza de trabajo como en el uso de la
misma. Es allí, donde cobra fuerza el dis-curso de flexibilidad de la
organización del trabajo y de las rela-ciones laborales.
En cuanto a América
Latina, el discurso de los cambios tec-nológicos para justificar la
flexibilidad hace mimetismo con la experiencia europea, aun cuando la ausencia
de tecnologías de punta es casi total en nuestras industrias y no parece haber
una tendencia a incrementarse, tanto por los elevados precios que impiden su
adquisición como por la negativa de los países in-dustrializados a exportar sus
más recientes innovaciones. Este discurso, a decir de Héctor León
Moncayo"...a veces parece más propaganda neoliberal, para legitimar las
violaciones a la legis-lación laboral, que real necesidad." (Moncayo,
1992:35).
Con respecto a la
Reconversión industrial, hay que señalar que en los países de alta
industrialización, ésta estuvo dirigida al desarrollo de tecnologías
ahorradoras de energía, desarrollo de
-26-
fuentes
alternativas de energéticos, creación de sustitutos a las materias primas,
creación de tecnologías que permitieran el aho-rro de mano de obra, renovación
de industrias, etc. (Soria, 1990). En los países latinoamericanos, la
Reconversión Indus-trial ha estado más dirigida hacia una desregulación de las
rela-ciones laborales, por la vía de los hechos. al es el caso de los procesos
que hemos conocido en Venezuela, en las áreas de te-lecomunicaciones,
portuarias, siderurgia entre otras.9 Iguales
experiencias, se han observado en México, Bolivia y Chile en áreas como la
minería, por nombrar sólo algunos casos y países. En realidad han sido pocos
los sectores que han innovado en tecnología, quizás el más avanzado en la
región ha sido el sector financiero (Banca, Seguros, etc.) y algunas industrias
del sector petroquímico. (Moncayo, 1992).
IV. 3. Contexto político ideológico y
cultural
La crisis
estructural del capitalismo sirvió de marco para una ofensiva neoliberal. En el
plano laboral el discurso neoliberal expresa la necesidad de arremeter contra
las "exageradas" cargas sociales del Estado de Bienestar y contra la
intervención del Estado en las relaciones laborales, a través de las
"asfixiantes" legislaciones laborales. El neoliberalismo se presentó
como res-puesta a la crisis producida por las rigideces del estatismo. Sin
embargo, progresivamente se convirtió en una institucionalidad para un nuevo
orden social (Moncayo,1992). Esta institucionali-dad se ha expresado en cambios
en el ordenamiento jurídico-
9 9 La privatización
de la empresa telefónica (CANTV) , la descentralización de los puertos, la
Reconversión Industrial en la siderúrgica estatal (SIDOR) y las asociaciones
estratégicas en la industria del aluminio, se han traducido en despidos ,
retrocesos en los derechos conquistados e inestabilidad en el empleo.
-27-
político, que en el
mundo del trabajo han significado la desre-glamentación de la legislación
laboral, consagrada por el dere-cho del trabajo, a la vez que se promueve el
regreso a la legisla-ción civil como fórmula de regular la contratación, bajo
el su-puesto neoliberal de que la autotutela es la mejor protección para el
trabajador. (Hernández Alvarez, 1990).
Más allá de la
crítica neoliberal al Estado de Bienestar, hay otros elementos en el contexto
socio-político, tal es el caso de una variación en la demanda, producto del
desplazamiento de la capacidad de consumo de los trabajadores hacia las clases
me-dias altas. Dicha variación consiste en una orientación hacia un consumo
suntuario, cambiante y particularizado. Al respecto Lyotard refiriéndose a los
tiempos postmodernos señala:"...uno escucha reggae, mira una película del
oeste, almuerza en McDo-nald's y cena con cocina local, usa perfumes franceses
en Tokio y ropa "retro" en Hong Kong..." (citado por Callinicos,
1992:305). Sin duda que Lyotard se está refiriendo a las clases altas y medias
altas, ya que son ellas las que tienen dicha capa-cidad de consumo.
Ahora bien, lo que
nos interesa precisar es que esta demanda volátil se convierte en otro de los
incentivos a la flexibilidad, ya que se requiere de "saber-haceres"
especializados y flexibles que puedan responder a la demanda de pequeñas series
(Leborgne y Lipietz, 1992). Esto es el origen de la llamada especialización
flexible, que se expresa a través de la desintegración de las em-presas y de la
subcontratación inter-empresas.
Otro elemento
importante que facilita la flexibilidad, ha sido el cambio que en las últimas
décadas sufrió la composición de la fuerza de trabajo y la concepción de la
misma con relación al trabajo (Bronstein, 1990). Ciertamente, se ha producido
un in-cremento de fuentes de trabajo en el sector terciario, así como en
-28-
la participación de
la mujer en el trabajo; también se ha experi-mentado una entrada tardía al
mercado de trabajo, producto de la masificación de la escolaridad y de los
estudios universitarios (Bronstein, 1990). Estos últimos aspectos se pueden
observar en la cotidianidad urbana, donde cada vez más son las mujeres que
combinan sus actividades profesionales o educativas con sus compromisos
familiares y los estudiantes que por no poder tra-bajar a tiempo completo, lo
hacen durante medio turno. La si-tuación que acabamos de describir se utiliza
como una presión para flexibilizar los horarios y las formas de contratación,
ya que se dice que los sectores referidos no podrían trabajar en la es-tructura
tradicional, sin tener que abandonar sus otras activida-des.
Finalmente, es
necesario señalar que las dos últimas décadas de este violento reacomodo
capitalista, han tenido como corlea-do un proceso cultural de
individualización; un descreimiento en las organizaciones colectivas y un
derrumbe de los referentes teórico-políticos que habían nutrido de fuerza al mo
vimiento de los trabajadores a nivel mundial. Hoy por hoy, la debilidad
polí-tica de los trabajadores es el mejor contexto para que la ofensiva del
capital pueda imponer sus políticas flexibilizadoras sin ma-yor oposición.
V.
La flexibilidad
laboral
La flexibilidad del
trabajo en el discurso neoliberal se conci-be como"...los ajustes de
efectivos de la mano de obra, salarios y horarios de trabajos, etc., a una
coyuntura que ha pasado a ser inestable y fluctuante" (Meulders y Wilkin,
1987:13). Para los
-29-
críticos, no es
más"... que la autonomía y libertad de los sectores más poderosos... de
hacer recaer sobre los más débiles el costo de las medidas de reajuste que
fueron precisas". (Meulders y Wilkin, 1987:12).
Lo cierto es que, a
través de la flexibilidad laboral, se busca eliminar o reducir las rigideces de
las legislaciones laborales, sustituyéndola por una relación directa entre el
trabajador y el empleador, que esté condicionada por las señales de la oferta y
la demanda.
La flexibilidad
laboral se basa en la inexistencia de relaciones permanentes o de dependencia
con el empleador, ya sea por la existencia de contratos por tiempo determinado,
trabajo de me-dias jornadas o directamente por la existencia de una relación de
subcontratación. Más allá de las formas de contratación, la flexibilidad
laboral comprende también la desregulación de los horarios, del salario, de la
estabilidad y de la Seguridad Social. Aún cuando la flexibilidad de estos
derechos en Europa no ha significado necesariamente precarización para los
trabajadores blancos, ésta es asociada a formas precarias de trabajo en los
sectores de inmigrantes, negros y mujeres así como en los países de baja
industrialización. (Leborgne y Lipietz, 1991).
V.1. Los distintos
modelos de relaciones laborales en la ac-tualidad
El vacío dejado por
el desmantelamiento de la institucionali-dad laboral fordista no ha sido
sustituido por un único modelo de relaciones laborales. No podemos hablar del
postfordismo como un modelo con normas de producción, de consumo y de
regulación social homogéneas, como sí las hay en el fordismo. La
especialización flexible, no es pues una institucionalidad laboral única, por
el contrario los nuevos modelos de producción
-30-
han encontrado
particulares formas de relaciones laborales. Es-tas formas de relaciones
laborales, en algunos casos se han tra-ducido en mejoras substanciales para las
condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores, en otros casos, estas han
signifi-cado la precarización extrema de las condiciones de trabajo. Desde una
posición extrema, se señala que en ambos casos ha habido un desmejoramiento de
las condiciones alcanzadas en el fordismo y que los beneficios de algunos
trabajadores, se logra a través de la sobrexplotación de otros. Al respecto,
autores como Navarro (1991:18-19), señalan que"...los postfordistas pintan
una fotografía en blanco y negro de lo que fue la clase trabaja-dora en el
pasado reciente. En contraste, ahora la fotografía es multicolor". Pero lo
cierto, señala el referido autor, es que detrás de la participación, los
círculos de calidad y el concepto de equipo se intenta ocultar una función
totalitaria que contribuye a quebrar los sindicatos, a intensificar el trabajo
y hacer creer que no existen tareas rutinarias y alienantes, cuando la verdad
es que ahora ésta descansa en las mujeres, en los inmigrantes y en los
trabajadores del Tercer Mundo.
En cuanto a los
distintos modelos de relaciones laborales que surgieron a raíz del agotamiento
del modelo de regulación for-dista, Leborgne y Lipietz (1992), así como Collazo
(1994), con-sideran que uno de los conceptos claves en estos modelos es el de la Implicación,
la cual consiste en la vinculación de los traba-jadores a través de la
cooperación horizontal y la participación en la definición y en la vigilancia
de las tareas. La Implicación tiene formas particulares de negociarse y al
respecto los autores distinguen los siguientes modelos:
-- El Toyotismo:
En este modelo la
Implicación es nego ciada en la empresa, divi-diéndose ésta y su fuerza de
trabajo la responsabilidad de la pro-
-31-
ducción. La fuerza
de trabajo recibe garantías de empleo de por vida, remuneración en base a la
antigüedad y bonificaciones por productividad y a cambio se compromete a
cumplir múltiples funciones, a trabajar en equipos con alto poder de decisión y
de funciones de control de calidad, entre otros elementos. En defi-nitiva, se
le otorga una gran responsabilidad al operario aunado a un espíritu
corporativo, elementos que se convierten en la me-jor forma de disciplina
laboral. Cabe destacar que el modelo Toyota no es el modelo general en todo
Japón; en otras ramas industriales se aplica lo más parecido al neotaylorismo
nortea-mericano.
--El Modelo Alemán: En éste, la
Implicación se negocia por rama de industria, lo que evita profundas
diferencias en el mer-cado de trabajo y permite una mayor socialización de los
ingre-sos producto del trabajo. El modelo Alemán es un modelo de baja
flexibilización laboral pero de alta flexibilidad interna, donde los cambios en
las funciones y en las relaciones laborales se concertan entre el Estado, la
Empresa y el Sindicato por rama de industria.
-- El Modelo
Kalmariano: Aquí, la Implicación es negociada a nivel de toda la sociedad y está
orientada a la distribución de la producción a nivel regional. Esto se concreta
en una producción fabril de alto nivel técnico y de un alto nivel de
participación de los trabajadores en los procesos productivos, así como la
exis-tencia de un Estado que garantiza altos salarios reales y provee a los
trabajadores de un amplio salario social. Este modelo es pro-pio de los países
escandinavos, particularmente de Suecia.
Los dos primeros
modelos, son presentados por los postfor-distas como el camino a la
humanización de la producción. No obstante, los críticos señalan que"...
hay un peligro real de que la Implicación negociada en la democracia de los
hombres libres
-32-
(según Piore y
Sabel) se convierta en la democracia de los ma-chos libres" (Leborgne y
Lipietz, 1992: 26). Se trata de alertar sobre la consolidación de una
aristocracia obrera de hombres y diremos más, de hombres blancos y nacidos en
esos países, mientras que los otros sectores de la población: mujeres, negros e
inmigrantes son sometidos a relaciones laborales altamente flexibles propias
del modelo inglés y norteamericano, conocido como taylorismo salvaje o
neotaylorismo (Collazo, 1992).
El modelo
neotaylorista, se caracteriza por un control directo y jerárquico a lo interno,
pero por una flexibilización de las rela-ciones laborales y una reducción de
los beneficios sociales del modelo fordista. Este tipo de políticas fueron
aplicadas por los gobiernos de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan en
Inglate-rra y los Estados Unidos respectivamente. El objetivo central de las
mismas, consistió en reducir los costos laborales y aumentar la productividad a
costa de la sobreexplotación de los trabajado-res (Callinicos, 1993). El
neotaylorismo o taylorismo salvaje, como también se le conoce, se expresa a
través de la figura de la maquila en países como México, Brasil, Vietnam,
China, Corea del Sur y el Sur de los Estados Unidos, entre otros. Igualmente,
los mecanismos de la subcontratación y el trabajo temporal apli-cado al sector
femenino japonés y a los sectores de inmigrantes en Europa Occidental son
expresión de dicho modelo.
La situación
planteada en el mundo del trabajo es muy diver-sificada y de gran inestabilidad
ya que muchos de los países con modelo de Implicación retroceden hacia modelos
flexibilizado-res, tal es el caso de algunas ramas industriales francesas y
es-pañolas. Otros países con modelos flexibilizadores avanzan hacia procesos de
Implicación, como por ejemplo, Corea del Sur. En América Latina, el
neotaylorismo se consolida paulati-namente en algunas ramas industriales y sólo
en algunas se dan procesos de flexibilidad interna. Países como Argentina y
Méxi-
-33-
co, son los más
avanzados en la instauración del neotaylorismo como modelo hegemónico, al menos
en las ramas de producción masiva.
V.2. Incidencia de
la flexibilidad laboral realmente existente sobre la fuerza de trabajo
El modelo
neotaylorista o de flexibilidad laboral extrema, tiene graves repercusiones
sobre las condiciones de trabajo de los sectores asalariados a los cuales se
aplica. Por lo general, la flexibilidad laboral es asociada con la precariedad
en el trabajo. Sin embargo, la flexibilidad en la estabilidad, la jornada o el
salario de los trabajadores núcleos de las empresas del sector moderno de la
economía, siempre van acompañadas de ciertas compensaciones, tales como más
horas libres, mayores días de descanso o aumentos en la seguridad social según
sea el caso.
La flexibilización
en las formas de contratación, es casi sinó-nimo de precarización, ya que ésta
consiste en el uso de empleos clandestinos, es decir, no declarados ante las
autoridades compe-tentes; en los contratos por tiempo determinado; en los trabajos
eventuales y en los temporales. Dichas formas de contratación permiten al
empleador reducir costos laborales sin necesidad de conflictos con sus
trabajadores fijos, es por ello que éstas formas avanzan y se generalizan cada
vez más. En América Latina, por ejemplo, el empleo fijo representaba para
comienzos de esta década sólo el 42,7% del empleo total no agrícola (Galin,
1991:18).
Las consecuencias
de la flexibilización de las formas de con-tratación se pueden clasificar en
dos grandes puntos:
i.- Segmentación de la Fuerza de
Trabajo: Para Atkinson (1987:
107) el mercado de trabajo se
encuentra dividido en tres grupos.
-34-
Un grupo de
trabajadores núcleos, que son los trabajadores fijos dedicados a las tareas
esenciales de la planificación y la produc-ción, los cuales gozan de contratos
permanentes; un segundo grupo de trabajadores periféricos los cuales son
contratados a tiempo parcial y eventualmente, para realizar las tareas
ordina-rias y mecánicas. Por último un grupo de trabajadores exteriores los
cuales no son empleados de la empresa, sino de las contratis-tas de éstas, las
cuales ejercen actividades de las que la empresa ha decidido distanciarse. En
general, estos trabajadores pueden realizar tareas especializadas u ordinarias
según la necesidad del contratante. Los trabajadores subcontratados son en la
mayoría de los casos considerados como trabajadores periféricos por la propia
contratista.
ii.- Precarización
de la Fuerza de Trabajo: Las condiciones de los trabajadores
periféricos y exteriores son en la mayoría de los casos sumamente precarias.
Estos trabajadores generalmente, poseen salarios inferiores al mínimo y sus
condiciones de traba-jo son las más riesgosas y penosas, además de la
desregulación de todos los principios que sustentaban al trabajo asalariado
bajo el fordismo, produciéndose las siguientes consecuencias:
Inseguridad en el mercado laboral.
Inseguridad de conservar el empleo.
Inseguridad en el trabajo, por la
inexistencia de normas y vigilancia sobre seguridad higiene industrial.
Inseguridad en los
ingresos, ya que no hay seguridad en el pago de utilidades, de los bonos de
productividad, de las pres-taciones sociales y de las indemnizaciones por
despidos o acci-dentes.
Exclusión de los
sistemas de seguridad social (medico hospitalario, fondo de desempleo, etc.),
agravado por las restric-
-35-
ciones del gasto
social del Estado en materia de salud, transporte y educación.
En definitiva, el
reacomodo capitalista iniciado a mediado de la década de los setenta ha
incrementando la precariedad de las condiciones de vida de la mayoría de la
población, en el marco de un derrumbe de los derechos colectivos como
instrumentos clásicos de lucha de los trabajadores para lograr mejores niveles
de vida.
V.3 . ¿El adiós de los derechos
colectivos?
Como vimos al
comienzo, el discurso neoliberal utiliza la cri-sis como plataforma de ataque a
las legislaciones laborales y al sindicato. Un concepto clave en este proceso,
es el de la Desre-gulación, la cual consiste en la reducción legal de los
mínimos de protección al trabajador (Slodky, 1991). En especial, se trata de
desmontar los derechos colectivos, siendo la convención co-lectiva la única
instancia que los flexibilizadores analizan de forma particular con el fin de
reducirla a una negociación por empresa. En cuanto al sindicato y la huelga
consideran que la misma flexibilización reduce su importancia, hasta el punto
de que a mediano plazo ya no serán necesarias (Birgin, 1990). En Gran Bretaña,
por citar un caso, la ofensiva contra los derechos colectivos ha
logrado"...derogar normas que comportaban la legislación de protección a
la negociación colectiva (...), se ha aumentado la intervención legal en el
régimen interno de los sindicatos y se han establecido normas restrictivas de
las ga-rantías de la acción sindical, especialmente en casos de
con-flicto" (Hernández Alvarez, 1988: 124).
En términos
generales la ofensiva contra los derechos colec-tivos se ha concretado en
distintos países, entre los cuales po-demos señalar a México, Chile e incluso
Alemania, donde se
-36-
quiere eliminar el
sindicalismo por rama de industria, debido al inmenso poder que han
desarrollado sindicatos como IG.METAL, en la siderurgia (Collazo, 1994). A
pesar de lo an-terior consideramos que para el modelo flexibilizador, todavía
los sindicatos siguen siendo un interlocutor válido, al menos con los
trabajadores núcleos de las empresas, no así con los trabaja-dores periféricos
y exteriores, ya que con éstos se da una ten-dencia a dificultar su
sindicalización.10 Lo cierto es que aún no habiendo dichas restricciones, el
reclutamiento y la organización de estos trabajadores se dificultan debido a
las frágiles relacio-nes establecidas entre éstos y sus empleadores, así como
la dis-persión y rotación de los sitios de trabajo, sobre todo en el caso de los
subcontratados y por último a la escasa conciencia políti-ca y organizativa que
por lo general caracterizan a este tipo de trabajadores (Atkinson, 1987:
112-114).
Es importante
señalar que los mecanismos colectivos siguen siendo importantes para establecer
las normas de contractualiza-ción trabajador-empresa, tal como lo demuestra su
reconoci-miento en regímenes autoritarios como los del Cono Sur. Es por ello
que consideramos que la desaparición de éstos no está plan-teada por los
momentos. No obstante, lo que sí se plantea es una reformulación, tanto del
papel del sindicato, como de la contra-tación colectiva, caracterizada por la
eliminación de las conno-taciones políticas que éstos adquirieron en el
fordismo, a partir de su injerencia en la administración efectiva de la demanda
como forma de distribución de la riqueza. En su nuevo papel, los derechos
colectivos son reducidos al ámbito de la empresa, con el fin de convertirlos en
facilitadores de los procesos producti-vos. Se trata de propiciar un nuevo
estilo de relaciones, el cual
10Nos referimos a
vendedores ambulantes, trabajadores a domicilio, etc. que laboran en
condiciones precarias. .
-37-
se aleje de las
justas demandas colectivas, consideradas conflic-tivas por los empleadores.
VI.
Consideraciones
finales
La crisis de
sobreproducción de los inicios de los setentas y las exigencias obreras de
finales del sesenta, aunado al contexto de la crisis energética de 1973 dieron
al traste con todos los su-puestos sobre los que se había fundamentado la
acumulación capitalista desde inicios de este siglo. El modelo fordista, sus
normas de producción, consumo y regulación social cuya máxi-ma concreción fue
el Estado de Bienestar, se hicieron disfuncio-nales para la lógica de
acumulación capitalista. Como paradigma técnico y organizativo, el fordismo
generó el rechazo de los tra-bajadores de los países de alta industrialización.
Los trabajado-res no estaban dispuestos a seguir siendo una pieza más del gran
aparato industrial de la producción en masa.
Si embargo, el
derrumbe del laborioso edificio de la regula-ción fordista, no significó la
concreción de las aspiraciones de los trabajadores, por el contrario abrió paso
a formas más efica-ces, aunque más sutiles, de control del trabajo. En cambio
para el capital, la crisis económica sirvió como justificación para
flexibilizar todo el conjunto de derechos laborales, sociales y políticos que
habían alcanzado los trabajadores. Se considera que la superación de la crisis
general de la economía se puede lograr si se les reduce a las empresas la
pesada carga que impo-nen los contratos colectivos y se flexibiliza la
estabilidad labo-ral, es decir se impone la libertad de despido.
-38-
Las innovaciones
tecnológicas vienen en refuerzo de este dis-curso flexibilizador, se argumenta
que las nuevas tecnologías han generado una nueva forma de producción y
consumo, carac-terizada por la particularidad en cada producto y por una alta
variación en la demanda. En consecuencia, se hace disfuncional tener costos
laborales fijos y se prioriza por relaciones contrac-tuales menos estables en
el tiempo y en los costos. Lo anterior-mente descrito lo podemos aceptar como
una salida inevitable dentro de la lógica del capital, que los trabajadores
debieron aceptar en tanto que se correspondía a una realidad económica y
fundamentalmente por el impacto cierto que causaron las inno-vaciones técnicas
en la producción de los países de alta indus-trialización. Ahora bien, lo
cuestionable es que en base a esas realidades se intente disfrazar toda la
intencionalidad política e ideológica del discurso neoliberal, el cual se
sustenta en una ofensiva contra los derechos colectivos de los trabajadores. En
América latina, donde los procesos de innovación tecnológica están reducidos a
sectores elites de la industria, donde los costos laborales en la industria se
han caracterizado históricamente por ser de los más bajos del mundo, la
flexibililización y la recon-versión tecnológica parecen ser, en términos
generales, un dis-curso inflado, destinado a garantizar una mano de obra cada
vez más barata a las grandes transnacionales descentralizadas (las maquilas), a
cambio de inversiones de capital.
El discurso
ideológico y político del neoliberalismo privilegia formas de relaciones
laborales individuales, cuestionando toda intervención estatal en el
establecimiento de normas colectivas de contratación. Los neoliberales obvian
de manera deliberada, el hecho de que en el sistema capitalista realmente
existente, el dueño de los medios de producción tiene superioridad de
condi-ciones, no sólo por poseer los medios de producción sino tam-bién por
contar con una legislación y unas políticas estatales,
-39-
aún en el Estado de
Bienestar, que se corresponden con la lógica de la acumulación capitalista. Lo
expuesto anteriormente, se traduce en menor autonomía para el trabajador
negociar "libre-mente. Esta condición de no autonomía de los trabajadores
faci-lita su contratación en condiciones de trabajo desventajosas. Tampoco es
cierto que los trabajadores en los actuales modelos de relaciones laborales
acepten condiciones extraordinarias de trabajo para cubrir necesidades extras,
como nos dice Nozick, por el contrario el trabajador las acepta para cubrir el
déficit de ingresos que generan las políticas económicas de contracción de la
demanda que se ha generalizado en todo el mundo.
El discurso
ideológico de la flexibillización, encuentra su máxima expresión en el mito de
la sociedad postindustrial, que aunque para muchos se concreta en la
especialización flexible de los países de alta industrialización y en el
desarrollo de la te-lemática, es decir la posibilidad de transmitir cada vez
más men-sajes, en menor tiempo (la denominada economía del signo) la cual pasa
a ser, según dicen, la más importante fuente de valor, encuentra su mentís en
el hecho de que si bien es cierto que el área de servicios ha crecido
vertiginosamente en las últimas dos décadas y los procesos de automatización
industrial y la telemá-tica, como instrumento fundamental del proceso
productivo, son hoy una realidad, no es menos cierto la existencia de un sector
secundario de trabajo que sigue realizando las labores sucias de la producción
industrial manufacturera ya sea en sus casas, en talleres informales o en las
maquilas de los países de baja indus-trialización, así como en las zonas
deprimidas de los países de alta industrialización. Lo anterior, nos presenta
una realidad donde la existencia de unos empleados de cuello blanco por un
lado, y por el otro de un sector de trabajadores periféricos ha dado origen a
sociedades denominadas"...de dos tercios" en las que el primer grupo,
dos tercios de la población, se beneficia de
-40-
la tecnología, del
consumo particularizado y de un mayor tiem-po libre, mientras el tercio
inferior vive en condiciones de ex-trema pobreza (Navarro, 1991: 31). En
América Latina la corre-lación numérica es inversa, un tercio disfruta, dos
tercios sufren.
El que amplios
sectores de la población mundial sean someti-dos a condiciones precarias de
trabajo nos coloca en una inacep-table situación de apartheid social, cuya
existencia sólo es posi-ble debido a la debilidad política y a la ausencia de
instancias organizativas en estos sectores. En segundo lugar, la cotidiani-dad
de estos sectores, que fundamentalmente trabajan en áreas informales de la
economía, ha ido conformando una "cultura de la sobrevivencia"
caracterizada por la sumisión ante el temor al despido o a la represión
policial, y en el caso de los trabajadores temporales por la expectativa de
trabajar en algún momento. En relación a lo anterior, el Presidente Caldera ha
señalado que"...un pueblo con hambre no es capaz de organizarse para luchar
por sus derechos." Sin embargo, la impotencia ante tanta injusticia lleva
a estos sectores a participar en explosiones socia-les que generan serias dudas
sobre el futuro de la gobernabilidad democrática en sociedades con altos
porcentajes de exclusión social.
Finalmente, cabe
preguntarse hasta cuánto es funcional y se-guro mantener la paz social en base
a la sumisión que genera el "vivir para comer". ¿Será esa
preocupación la que lleva a que los pobres estén de moda en los organismos
internacionales? Nada es seguro en estos "no tan nuevos tiempos" de
la especialización flexible. ■
-41-
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1.. Gramsci estudia
estos procesos a partir de dos conceptos fundamenta-les en su obra:
Americanismo y Fordismo.
2.. Para Marx, el
desarrollo industrial genera un obrero colectivo que es la contraparte
necesaria de la fractura del obrero profesional. (Marx, 1973, caps. XI, XII,
XIII).
3.. El caso
italiano es el más representativo de este sistema. La ley 300 de 1970 establece
la legislación de sostén como generalmente se le denomina en el Derecho
Laboral. En América Latina sólo en el Uruguay no existe legisla-ción de
control, pero tampoco la hay de protección.
4.. En la Unión
Soviética al modelo de organización del trabajo se le dio el nombre de
STAJANOVISMO, debido al nombre de un excampesino (Alesksei Stajanov) que fue
sometido a un experimento de la Organización del Trabajo. El experimento
consistió en dividir el trabajo: Dos ayudantes piqueteaban la parte excavada de
una mina y retiraban el carbón, permitiendo así a Stanajov operar continuamente
el martillo neumático. En el plano de la regulación se estableció un sindicato
subordinado al Estado y un proceso de alienación basado en la idea de la
producción y consumo colectivo. (García, 1992).
5.. "Alianza
Popular Americana (APRA), 1930; Partido Socialista de Chi-le, Partido
Socialista del Perú y varios otros" (Zapata, 1986). En Venezuela Acción
Democrática (Social democracia) que accedió al poder en 1945 e instauró la el
modelo populista.
6. Zapata llama a este
proceso la fase "institucional del movimiento obre-ro", en tanto que
denomina "Fase Heroica" a la acción directa de los obreros a
principios de siglo y "Fase excluyente" a la crisis de los mecanismos
de la Fase Institucional. (Zapata 1991).
-46-
7. Este Banco fue
sometido a un desfalco masivo por parte de sus directi-vos en complicidad con
la dirigencia de la CTV, lo cual ocasionó su inter-vención gubernamental en
1981. 8 OCDE. La Flexibilité du marché du Tra-vail. Rapport d'un grupe
d'experts de haute niveau au Secretary General. París, 1986, p. 6. Citado por
Bronstein, 1990:32).
9 La privatización
de la empresa telefónica (CANTV) , la descentraliza-ción de los puertos, la
Reconversión Industrial en la siderúrgica estatal (SI-DOR) y las asociaciones
estratégicas en la industria del aluminio, se han traducido en despidos ,
retrocesos en los derechos conquistados e inestabili-dad en el empleo.
11 Nos referimos a vendedores
ambulantes, trabajadores a domicilio, etc.
que laboran en condiciones precarias.
.

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