© Libro N° 13827. Tres De Marzo Una Lucha Inacabada. Vitoria - Gasteiz. 1976. Historia Del Movimiento Obrero Y Socialista
Desde 1970 hasta 1984. Val del Olmo, José Arturo. Emancipación. Mayo 17 de 2025
Título Original: © TRES DE MARZO UNA LUCHA INACABADA
Vitoria - Gasteiz. 1976. Historia del
movimiento obrero y socialista desde 1970 hasta 1984. José Arturo Val del Olmo
Versión Original: © TRES DE MARZO UNA LUCHA INACABADA Vitoria - Gasteiz.
1976. Historia del movimiento obrero y
socialista desde 1970 hasta 1984. José Arturo Val del Olmo
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UNA LUCHA INACABADA
Vitoria - Gasteiz. 1976
Historia del movimiento obrero y socialista desde 1970 hasta 1984
José Arturo Val del Olmo
TRES DE MARZO
UNA LUCHA
INACABADA
Vitoria -
Gasteiz. 1976
Historia del movimiento obrero y socialista desde 1970 hasta 1984
José Arturo
Val del Olmo
Tres De Marzo Una Lucha
Inacabada.
Vitoria - Gasteiz.
1976
Historia Del
Movimiento Obrero Y Socialista
Desde 1970 Hasta
1984
José Arturo Val del
Olmo
3 DE
MARZO. UNA LUCHA INACABADA revela ya en su título un aconteci-miento de
excepcional importancia para comprender la lucha obrera y su papel en la
llamada “transición”. El 3 de marzo de 1976 la policía disparaba mas de 2.000 balas
para disolver una Asamblea de trabajadores reunida en
la Iglesia de San
Francisco de Vitoria-Gasteiz. Dos obreros asesinados directa-mente en el lugar
de los hechos, cuatro heridos muy graves de los cuales tres morirían, más de
sesenta heridos graves, la mitad con heridas de bala, y cien-tos de heridos
leves.
A lo largo de diez
capítulos el libro contextualiza estos acontecimientos abordando la historia
del movimiento obrero y del movimiento socialista en el País Vasco y en el
Estado Español, desde el franquismo hasta la actualidad. Un periodo excepcional
para comprender algunas de las claves del presente.
Después de una
guerra civil provocada por el levantamiento fascista contra la legalidad
republicana es a partir de 1970 cuando la recuperación del movi-miento obrero
gana en profundidad y extensión. Crecen las experiencias orga-nizativas y se
van definiendo los contenidos de la ruptura política con el fran-quismo. El
proceso ascendente de luchas culmina en Vitoria-Gasteiz, en una huelga que
implica una fractura radical con el Sindicato Vertical y las reformas que se
proponen desde el régimen. Durante dos meses se crea un poder obre-ro que
cuestiona de raíz el dominio patronal y el en-tramado jurídico institu-cional a
su servicio. Los asesinatos del 3 de marzo de 1976 y la respuesta de la clase
obrera proporcionan un impulso definitivo al proceso que de-sembocará en la
conquista de los derechos y libertades mas fundamentales.
Sin embargo, en
aparente contradicción, las direcciones obreras van per-diendo la iniciativa
política, renuncian a la ruptura democrática y pactan que los costos de la
crisis económica recaigan principalmente sobre los trabajadores. Además,
abandonan la defensa del derecho de autodeterminación para las nacionalidades
históricas del Estado español, renuncian a depurar de fascistas las
instituciones represivas y aceptan correr un tupido velo sobre años de
repre-sión franquista.
El desarrollo de
este proceso, la inmigración y los barrios obreros, los retos a los que tuvo
que enfrentarse la clase trabajadora, la cuestión nacional y el terrorismo
individual en el País Vasco, los acontecimientos del 3 de marzo en
Vitoria-Gasteiz, la política de expulsiones en las organizaciones socialistas
(UGT-PSOE), el golpe de Estado del 23-F, la experiencia del primer Gobierno
Socialista, son algunos de los contenidos del presente libro. También los
esfuer-zos de la “Asociación de Víctimas y familiares de víctimas 3 de marzo de
1976” para conseguir el reconocimiento institucional de la verdad de los
hechos, con-cretar responsabilidades, y declarar a todos los afectados víctimas
de la violen-cia del Estado
La historia mas
reciente contada por uno de sus protagonistas. Arturo Val del Olmo fue miembro
de las Comisiones Representativas que dirigieron la lucha del 3 de Marzo,
Secretario General de la U.G.T de Alava desde 1977 hasta 1984, y candidato del
PSOE al Congreso de los Diputados en 1979.
TRES DE MARZO
UNA LUCHA INACABADA
Vitoria - Gasteiz.
1976
Historia del
movimiento obrero y socialista
desde 1970 hasta
1984
José Arturo Val del Olmo
Fundación Federico Engels
Años de lucha y
esperanza. El 3 de marzo de 1976
“Mi tumba no anden
buscando porque
no la encontraran.
Mis manos son las
que van en otras
manos tirando, mi
voz la que va
gritando, mi sueño el
que sigue entero y
sepan que solo
muero si ustedes
van aflojando porque
el que murió
peleando vive en cada
compañero”.
La Coordinadora Obrera de Vitoria.
Orígenes y trama del 3 de marzo
La COV, compuesta
por los trabajadores más conscientes de cada centro de tra-bajo e impulsada,
entre otros, por la UGT, se había constituido a partir de la pro-puesta
realizada en octubre de 1974 por los Comités Obreros de Alava. Se confi-guró
como un instrumento de coordinación unitaria de todas las fábricas y de todos
los organismos de clase: Comités Obreros, Comisiones Obreras y otros grupos
autó-nomos de empresa.
Fue esta
coordinadora la que organizó, en octubre de 1975, varias asambleas clandestinas
para concretar y defender una plataforma reivindicativa unitaria, y tam-bién
para hacer coincidir la negociación de todos los convenios colectivos. Aumen-to
salarial lineal e igual para todos, cien por cien del salario en enfermedad o
acci-dente, jubilación a los 60 años con el jornal real y reducción de la
jornada laboral,
122
eran las
reivindicaciones más importantes, junto con la elección directa de
repre-sentantes y su reconocimiento. La linealidad del aumento salarial, igual
para todos, tenía un carácter explosivo. Homogeneizaba y potenciaba la
solidaridad, rompiendo toda la política empresarial basada en la
diversificación artificial de las categorías y la individualización de
condiciones de trabajo con el objetivo de dividir las fuerzas.
Formaban parte de
la COV de forma estable, entre otras, Mevosa, Aranzábal, Cablenor, Forjas
Alavesas, Areitio, Arregui, Esmaltaciones San Ignacio, BH, Puli-mentos Amurrio
y Agrator-Echezarreta.(1). Además de nuestro sindicato estaban
presentes OCA y los sectores de CC.OO. vinculados a LC, LCR y MCE. No formaba
parte el sector de CC.OO. vinculado al PCE, que tenía presencia en Mevosa,
Aran-zábal y Engranajes y Bombas UGO, dada su táctica de intervención en el
Sindicato Vertical.
Las reuniones se
hacían en las afueras y una de las últimas, a finales de 1975, en la parte
posterior del actual cementerio El Salvador, como siempre sorprendente en su
génesis al aparecer, de forma repentina y simultánea, grupos de dos o tres
personas desde las direcciones más inverosímiles. Los rostros serios, la ropa y
algo indefinido en la figura ya nos delataba antes de llegar. Allí la mayoría
no nos cono-cíamos pero entre el miedo, la responsabilidad y el frío que hacía
componíamos una estampa digna de una buena instantánea.
El 14 de noviembre
el primer Consejo de Ministros presidido por Juan Carlos aprobaba el Decreto de
Congelación Salarial. El 20 moría Franco y seis días después se firmaba el
decreto de indulto para algunos presos políticos. Al día siguiente más de 7.000
personas acudieron a las puertas de Carabanchel. Poco a poco fueron saliendo
presos, pero no todos, lo que hizo que la demanda de amnistía total, polí-tica
y laboral, fuera asumida por el movimiento obrero como parte de su lucha. La
marcha, el siete de diciembre, de varios miles de personas ante Carabanchel fue
duramente reprimida.
En diciembre, tan
sólo en Madrid, más de 150.000 trabajadores de casi todos los sectores: metal,
construcción, banca, seguros, telefónica, química o textil, habí-an participado
en algún tipo de movilización.(2) Los primeros días de enero
aumen-taron las empresas en huelga y paró Renfe y el Metro, que pronto serían
militariza-das. Las cuencas mineras asturianas estaban paralizadas. En todo el
país había una rebelión en contra del decreto de congelación salarial.
El viernes, 9 de
enero de 1976, aprovechando el cambio de turnos, se realizó una asamblea en
Forjas Alavesas. Se acordó pedir la dimisión de enlaces y jurados, elegir una
CC.RR. y parar para que se retirase el cuarto turno y se negociasen las
1.- Informe Federaciones. UGT 1975.
2.- Madrid en Huelga. Enero 1976.
demás peticiones.
Al día siguiente el 60% de una plantilla de 2.000 trabajadores ini-ciaban la
huelga en Mevosa por peticiones similares, obligando a dimitir a la
repre-sentación oficial y eligiendo directamente nuevos representantes.. Poco a
poco irían incorporándose nuevas factorías hasta constituir un núcleo duro
integrado por algo más de seis mil trabajadores. El método de lucha se basó en
la asamblea de fábri-ca, como centro máximo de decisión, en la elección directa
de Comisiones Repre-sentativas (CC.RR.), como único interlocutor ante la
dirección, en la huelga y en la solidaridad obrera.
En aquellos
momentos yo trabajaba en Talleres Velasco, empresa del sector metalúrgico que
contaba con otros dos centros de trabajo: Gama y Seteko. Cuando se inició la
huelga de Forjas, la primera, toda nuestra atención estaba puesta en su proceso
de lucha, dispuestos a confluir con ellos tal y como se había acordado en la
COV. Había pasado escasamente una semana cuando realizamos una asamblea de los
tres talleres, elegimos una CC.RR. y comunicamos a la dirección nuestras
peticiones, en un proceso similar al de las demás empresas que irían sumándose
al conflicto: Gabilondo, Aranzábal, Olazabal y Huarte, Cablenor, Apellaniz,
Industrias Galycas, Areitio y Orbegozo de Salvatierra. También Engranajes y
Bombas Ugo en solidaridad con dos jurados despedidos. Así se inició una de las
páginas más impor-tantes del movimiento obrero.
Coordinadora de Comisiones
Representativas y Asambleas Conjuntas
Todas las luchas
contienen lecciones de las que podemos aprender, pero la que culminó el tres de
marzo, por sus características, recuperaba tradiciones que eran parte de la
experiencia acumulada por la clase obrera a lo largo de un siglo.
Durante las
primeras semanas las asambleas diarias y los debates sobre la orga-nización, la
dimisión de enlaces y jurados, las maniobras de los empresarios y las
octavillas de la policía, fortalecieron la unidad en cada centro y, sobre todo,
hicieron madurar la conciencia de que era necesario superar los límites de cada
empresa.
La asamblea de
fábrica, órgano máximo de decisión, fue central en el desarrollo del conflicto.
En ella se ejercían los derechos de reunión y expresión, que la legali-dad
prohibía, y se discutía y decidía todo entre todos. No fue casualidad que uno
de los debates necesarios consistiera en decidir como se votaba: a mano alzada
o mediante voto secreto. El debate en la asamblea reforzaba la confianza de los
tra-bajadores, en sí mismos y como colectivo, y sobre todo su identificación
con aque-llos representantes que mejor expresaban sus experiencias, necesidades
e intere-ses.
124
Aunque se ha dicho
que los trabajadores en aquellos primeros momentos no tenían ningún tipo de
conciencia obrera, la realidad es que esa conciencia, es decir, la comprensión
de los intereses opuestos que hay entre ellos y los capitalistas, nace el
primer día en que se ocupa un puesto de trabajo. Mientras que el artesano, como
propietario de sus herramientas y del producto final de su trabajo, tiene un
interés directo en el proceso de producción, el obrero, en cambio, no tiene
ningún interés personal en el mismo, ya que no le pertenece la mercancía para
la venta que cons-tituye el producto final de su obra. Son las condiciones de
trabajo las que crean con-diciones para la toma de conciencia de los
trabajadores y en aquellos momentos no podían ser peores. Cuestión distinta era
la conciencia política que era baja en rela-ción con sectores de Vizcaya y
Guipúzcoa, donde era habitual que la amnistía, por ejemplo, formara parte de
todas las plataformas reivindicativas. Esta conciencia, no obstante, se
despertó y fortaleció rápidamente durante el conflicto.
Como marxistas
éramos conscientes de que la huelga no era solamente un ins-trumento de fuerza
para conseguir las reivindicaciones planteadas. Era sobre todo un momento
excepcional en el que nos hacíamos conscientes de nuestra perte-nencia a una
clase social, en el que aprendíamos todas las implicaciones de nues-tra lucha
incluida la necesidad de cambiar la sociedad y en el que comprendíamos la
importancia de organizarnos. Eran los sectores más activos los que sacaban
con-clusiones más rápidamente pero el ambiente involucraba a todos incluidas
nuestras familias y otros sectores sociales.
A medida que fueron
saliendo fábricas a la huelga, la antigua COV fue modifi-cándose radicalmente
admitiendo ya sólo a aquellos trabajadores que éramos miembros de CC.RR. de
fábricas en huelga y no permitiendo la asistencia a otras personas que debían
plantear su participación por otros medios y en otro marco, a través de las
organizaciones en las que se encuadraban, o a través de las estructu-ras de
participación que se iban creando.
La UGT estaba
presente en Mevosa, Olazabal y Huarte, Areitio y talleres Velas-co-Seteko-Gama.
El 28 de enero distribuiría su última octavilla como sindicato deci-diendo, a
partir de ese momento, intervenir desde dentro de las CC.RR., por consi-derar
que era el medio más adecuado para moldear la lucha e impulsarla. Además,
porque era una organización, podía apoyar, y lo hizo, desde las estructuras que
tenía en los barrios, especialmente en Adurza, Arana-Judizmendi, El Pilar,
Zarama-ga y Ariznavarra, organizando la solidaridad, consiguiendo locales para
hacer reu-niones y promoviendo actividades de apoyo.
“ LOS TRABAJADORES DE ALAVA CONTRA LA
CONGELACION SALARIAL
Desde el pasado día
diez los trabajadores de diversas fábricas de Vitoria y la provincia han ido
saltando paulatinamente a la huelga en una generalización sin precedentes del
movimiento obrero alavés.
Si en un principio
fueron los obreros de Forjas Alavesas y Mevosa los que die-ron el primer paso,
a medida que los días pasaban y la sensibilización se extendía se han ido
sumando a este movimiento reivindicativo los obreros de otras fábricas en torno
a sus reivindicaciones específicas pero con un deno-minador común: la lucha
contra los bajos salarios y el marginamiento del Sin-dicato Vertical.
En estos momentos
más de seis mil obreros participan en este movimiento huelguístico estando
paradas las empresas de: Forjas Alavesas, Mevosa, Gabi-londo, Aranzábal,
Cablenor, Industrias Apellániz, Muebles Vitoria, Areitio, Industrias Galycas,
Orbegozo (Salvatierra) y Ugo, ésta en lucha por la readmi-sión de dos
compañeros (jurados) despedidos declarados improcedentes por Magistratura.
Así mismo, este
movimiento reivindicativo ha afectado a diversos talleres como Velasco, Seteko
y Gama que cuentan con seis despedidos, Olazábal y Huarte y fábricas como
Cremalleras del Norte (Crenor) con paros parciales de una hora y que, según
informaciones de última hora, va a ser cerrada. También ha habido paros en la
zona de Llodio y en Miranda de Ebro.
Todo este proceso
de generalización tiene como eje central las Asambleas, tanto las particulares
de fábrica (para discutir problemas específicos) como las de conjunto en la que
participan las diversas fábricas en paro.
La Plataforma a
unificar en estos momentos pasa por los siguientes puntos: 5.000 ó 6.000
pesetas, igual para todos, ni un despedido, ni un represaliado, no al Sindicato
Vertical (que las empresas dialoguen con los representantes elegidos en
Asamblea). Todo el poder a la Asamblea. Todavía hoy hay posibi-lidades de que
nuevas fábricas se unan a la huelga por lo que el proceso de generalización no
ha terminado ni mucho menos.
Por otro lado la
lucha se está llevando a otros sectores como barrios, estu-diantes, amas de
casa, a través de diversas asambleas las cuales, en torno a sus propias
reivindicaciones y en solidaridad con los obreros parados, están participando
en la lucha.
Vitoria vive unos
días de intensa solidaridad como se está demostrando en las diversas asambleas
que se celebran, en la recogida de dinero para los huel-guistas y en la
proliferación de las Cajas de Resistencia en todo lugar ade-cuado para ello.
La clase obrera de
Vitoria ha descubierto que en la UNIDAD está su poder y que después de 40 años
de opresión y explotación aun es capaz de luchar por sus propios intereses. La
UGT siempre en defensa de los intereses de los tra-bajadores apoya activamente
la lucha. Así mismo se ha solicitado apoyo de la FITIM.
La lucha es dura y tenaz pero
¡Venceremos!
Federación del Metal de la UGT.
Vitoria, 28 de enero de 1976 “
126
Determinados
dirigentes como Tomás Echave o Jesús Fernández Naves, se resistían a exponer
las posiciones ganadas en sus asambleas abriéndolas a otras realidades y otros
puntos de vista. Insistían, una y otra vez, que los trabajadores debían
interiorizar, en cada empresa, que su fuerza residía en la paralización de la
producción y llegar a comprender, por sí mismos, la necesidad de unir fuerzas
más allá de su centro de trabajo. Su visión sobre el “grado de maduración” de
sus asam-bleas no coincidía con el criterio de la mayoría de los miembros de
las CC.RR. Los militantes de UGT, entre otros, considerábamos que no nos
enfrentábamos sólo a los empresarios en cada fábrica, sino a todo un sistema
social, político y legal que amparaba sus intereses. Por ello defendíamos la
necesidad de concentrar la fuerza y dirigirla contra un objetivo que fuera
asimilado por todos. El de negociar directa-mente a través de nuestros
representantes, conscientes de que esa exigencia se enfrentaba directamente al
Sindicato Vertical y a la legalidad franquista.
La COV, convertida
ya en Coordinadora de CC.RR., contenía, en sí misma, el ger-men de una nueva
estructura que trascendía el marco de la empresa. Ella nos per-mitió vencer la
resistencia que ofrecía un sector vinculado a OCA, aprobando mayo-ritariamente la
realización de una primera asamblea unitaria de trabajadores en huelga el 22 de
enero. Se dio así un nuevo impulso para consolidar una dirección unificada del
conflicto cuyo núcleo estaba formado por personas representativas que, en
general, éramos militantes de organizaciones políticas y sindicales de
izquierda.
Esta Coordinadora
estaba compuesta por tres representantes de cada centro. Había personas
vinculadas a cuatro tendencias de CC.OO. (PCE, MCE, LC y LCR), a UGT y a COA y,
además, dos personas significativas contrarias a las organizacio-nes existentes
en beneficio de una difusa idea de autoorganización obrera. No esta-ban
presentes ni ELA-STV ni LAB. Esta Coordinadora tuvo la capacidad de dar una
dirección sindical y política precisamente porque estábamos organizados y
tenía-mos una ideología anticapitalista que coincidía en los puntos
fundamentales res-pecto al contenido a dar al conflicto. También porque se
conectó con las necesida-des y aspiraciones del conjunto de los trabajadores.
Si no hubiera sido así, el sec-tor de las CC.RR. que estaba en desacuerdo con
la orientación que se estaba dando, sector vinculado al PCE, hubiera tenido
éxito en sus intentos, repetidos, de dividir o modificar el rumbo de los
acontecimientos.
Hay que considerar
que la actitud de la CONE reflejaba directamente la política del PCE: “no ser
impacientes ante Huelgas Generales… comprender que hoy coin-cidimos con la
patronal en aspectos concretos, esencialmente políticos… hacer comprender a las
Fuerzas del Orden (Policía, FF.AA. y Guardia Civil) que no vamos contra ellos…
integrar a empresarios (en contra de la política económica del Gobier-no) en
múltiples centros de dirección pública de acción general”.(1).
Su filosofía se enfrentaría al desarrollo de la lucha en momentos clave pero su
presencia y su auto-
1.- Declaración de la CONE de
21-10-1974.
ridad fueron
insuficientes para contrarrestar el curso de los acontecimientos y la decisión
de los trabajadores de llegar hasta el final.
La mayoría de las
CC.RR. coincidíamos en marginar totalmente al Sindicato Ver-tical. Defendíamos
el reconocimiento de los representantes directamente elegidos en asamblea y la
necesidad de explicar abiertamente a los trabajadores, a partir de la experiencia
que estaban protagonizando, la relación que había entre los empre-sarios y el
sistema político, social, judicial e institucional. Era elemental potenciar la
solidaridad y unir fuerzas: de los trabajadores en huelga respecto de sus
represen-tantes, para que no fueran detenidos ni despedidos; de los
trabajadores de cada factoría en huelga con los demás que estaban luchando, por
lo mismo y contra los mismos; y de involucrar en la pelea a todo el pueblo
trabajador directamente inte-resado en un resultado positivo del conflicto.
Y, a pesar de todo,
las decisiones en la Coordinadora de CC.RR. no fueron pací-ficas sino que se
adoptaron después de intensos debates que reflejaban diferencias que, sin
embargo, se ahogaban en la necesidad de no quebrar las ilusiones y
expec-tativas de aquellos a quienes representábamos. La realización de
asambleas con-juntas, el momento en el que se decidió realizar acciones
colectivas, las convocato-rias de huelgas generales, hasta la elaboración de
las octavillas, tuvieron que ven-cer la resistencia de quienes se oponían
reiteradamente a realizar análisis que tras-cendiesen los aspectos concretos de
la lucha y sobre todo a aceptar propuestas que no procedieran de ellos mismos.
No fue el azar sino
la experiencia negativa que se había ido acumulando duran-te los años
anteriores lo que hizo que calara entre los trabajadores la idea de mar-ginar
al Sindicato Vertical. Tampoco fue la voluntad de los trabajadores sino la
acti-tud de empresarios e instituciones la que hizo que el conflicto se fuera
tornando más denso, más unido, más solidario y más consciente de su fuerza.
Los empresarios en
Alava tuvieron los mismos patrones de comportamiento que en otras partes.
Protegían su beneficio económico, que podía verse afectado por las
reivindicaciones obreras. Defendían el mantenimiento del principio de
autoridad, mediante sanciones duras y colectivas. Escudaban su negativa inicial
a negociar amparándose en los topes salariales y en la elección de las CC.RR.
Adoptaron medi-das para frustrar posturas colectivas de los trabajadores:
impidiendo las reuniones dentro de la fábrica, fomentando votaciones secretas
individuales en los momentos de máxima tensión, desprestigiando a los
trabajadores más destacados, o elimi-nando de la empresa a los más molestos.
Para todo contaron, en todo momento, con la legislación laboral, las instituciones
y los medios de comunicación, como El Correo, La Gaceta o
el Norte Expres.
El último sábado de
enero, a última hora, los trabajadores en huelga, tal y como habíamos decidido,
realizamos una marcha por las calles céntricas de Vitoria vis-tiendo la ropa de
trabajo. Todos aquellos monos azules, desgastados por haber sido
128
tantas veces
lavados, eran un símbolo de nuestro orgullo de pertenecer a una clase dispuesta
a defender con dignidad nuestros derechos. Mientras pasábamos por la calle Dato
algunos empresarios y sus señoras, con los abrigos de pieles informal-mente
dispuestos en el respaldo de la silla, miraban asombrados, detrás de los
visi-llos del Círculo Vitoriano, aquella estampa soberbia que hacía más de
cuarenta años que no veían. Miles de trabajadores con la cara risueña
desfilando con un uniforme ajado, inmaculadamente limpio.
No era casualidad
que al frente del conflicto estuvieran los obreros industriales que, en
general, son la vanguardia de los asalariados debido a las condiciones en que
desarrollan su trabajo. La concentración de trabajadores en la industria es
mucho mayor que en otros sectores lo que conlleva un sentimiento de fuerza y
poder en la empresa que se pone de relieve en cada huelga, con efectos
profundos en su conciencia. Además, la utilización de maquinaria es mayor y el
operario tiene la sensación de ser un simple apéndice de la máquina con la que
actúa, lo que quita a su tarea todo atractivo. Prácticamente la cualificación
es parecida en cada línea de producción y muchas de las categorías existentes
son artificiales para divi-dir a los trabajadores o para estimularles y
aumentar la productividad del trabajo.
Asimismo, la
ausencia de contacto personal con el patrono, en la gran o media-na empresa,
les hacía ver, más fácilmente que a otros, que todo el funcionamiento de la
fábrica era obra suya. Que para que todo funcionase eran ellos los únicos
necesarios, estando más arraigado por ello el sentimiento común de explotación.
Su peso especifico en la sociedad y en la economía era muy superior a su peso
numé-rico y este sentimiento de poder y de fuerza se manifestaba en cada huelga
impor-tante de la que eran protagonistas.
Durante dos meses
la lucha que manteníamos dio confianza y atrajo, como un remolino, a otras
empresas que, bien por solidaridad o por sus propias reivindica-ciones, se
incorporaban y se desvinculaban en un proceso dinámico en el que tam-bién
intervinieron los profesores de EGB que habían constituido una Coordinadora e
iniciaban un paro técnico el 9 de febrero, en contra del Decreto de Plantillas,
o los transportistas. Pero sería el foco inicial, integrado por unas seis mil
personas, el que constituyó una fuerza que con cada obstáculo se crecía más y
más hasta resultar imparable.
La Coordinadora de
CC.RR. aprobó no incorporarse al trabajo unilateralmente si no se readmitía a
todos los despedidos y represaliados y planificó la extensión de la lucha.
Primero incorporando a las mujeres de los trabajadores en huelga que
cele-braban sus propias asambleas, organizaban el reparto de alimentos y hacían
mar-chas hacia las empresas y por todo Vitoria, duramente reprimidas, y
concentracio-nes en los mercadillos. Después, organizando, el dos de febrero,
la primera marcha agrupada de más de seis mil obreros hasta el Consejo de
Empresarios, exigiendo negociación, marcha que fue brutalmente disuelta por la
policía; y, más tarde, orga-
nizando una Caja de
Resistencia que permitió concretar la solidaridad activa y expresar la voluntad
de ganar la lucha. No había bar o comercio que no tuviese uno o varios botijos
con la pegatina correspondiente y diariamente se recogía y contabi-lizaba una
ayuda que creaba conciencia y proporcionaba un apoyo mil veces mas importante
que su valor económico.
La ofensiva
patronal, utilizando todos sus resortes de poder, se analizaba en cada una de
las asambleas de fábrica y era el objeto principal de las intervenciones en las
asambleas conjuntas. La prensa y radio, el Ayuntamiento, la Diputación, el
Gobierno, todos llamando al cese de la huelga como cuestión previa para una
posi-ble negociación y a “la paz”, como si el problema creado fuera
responsabilidad de los trabajadores y no de la falta de libertades y de la
actitud patronal. Mientras llo-raban como Magdalenas, apelando a nuestros
sentimientos, hacían el trabajo sucio por detrás, repartiendo octavillas sin
firmas contra la huelga, deteniendo a trabaja-dores, mandando cartas de
despido, imponiendo multas gubernativas e intentando desprestigiar a los dirigentes
obreros más destacados hablando del “oro de Moscú”.
Otros también
trabajaban para acabar con el conflicto. Cuenta Francisco Lecuo-na, en aquellos
momentos muy ligado personalmente con el PCE, miembro de la CC.RR de Aranzábal,
y también del Jurado de Empresa, que estaba entre dos fue-gos: de un lado el
PCE que le presionaba para que adoptase una postura autóno-ma y enfrentada al
resto y de otro el PNV quien, a través de varios dirigentes, le pre-sionaban
para que finalizara la huelga de forma concreta.
Por parte de la
Coordinadora todo era actividad. A la respuesta en cada fábrica se añadió la
necesidad de articular medidas más amplias, por lo que se convoca-ron asambleas
para los trabajadores que no estaban en huelga y se presionó a los trabajadores
de Michelín que era la única factoría importante que no respiraba. Por fin se
consiguió que hicieran una asamblea el once de febrero pero sólo hubo
qui-nientas personas de una plantilla de cuatro mil y no se logró que
respondieran, a pesar de los 16 despedidos en Michelín de Valladolid, en huelga
desde el dos de febrero, y a pesar de la incorporación a la lucha de los
operarios de Aranda el seis de febrero.
La dura experiencia
de 1972, las propias características de la factoría y la inde-cisión de algunos
de los dirigentes, impidieron que un centro tan importante se incorporara en
defensa de sus propios problemas. Pocos días después, el 16 de febrero, Michelín
de Lasarte, partiendo de una asamblea inicial de 350 trabajado-res, iniciaría
una huelga secundada por la mayoría de sus 4.500 operarios, en defensa de su
convenio, en solidaridad con sus compañeros en Aranda y Vallado-lid y para
reclamar un Jurado Central y un Convenio General. Cien días de huelga en
Lasarte, 88 en Aranda de Duero, 50 en Valladolid, y la situación en nuestra
ciu-dad, no fueron suficientes para que la plantilla vitoriana venciera la
resistencia de una multinacional especialmente inhumana.
130
El día 12 de
febrero 300 compañeras de operarios en huelga se habían con-centrado con sus
bolsas en la Plaza de Abastos y luego en el mercado semanal de la Plaza de
España. Ese mismo día se acordó no negociar mientras hubiera deteni-dos y se
realizó una marcha ante el Gobierno Civil para exigir su libertad. Dos
tra-bajadores de Forjas Alavesas habían sido arrestados por la mañana, por
supuestas amenazas a esquiroles, y José Antonio Marijuan Tejedor, de Aranzábal,
después. Miles de personas desde los arquillos y alrededor de la comisaría
esperábamos expectantes hasta conocer que habían sido encarcelados. Allí mismo
se convocó a plena voz, tal era nuestra carencia de recursos, una asamblea de
urgencia por la tarde.
La asamblea
conjunta del 13 al 14 fue especial. Se informó del fracaso de las gestiones con
el gobernador civil que pasaba la pelota a los jueces y mantenía los detenidos
y las multas y se decidió romper cualquier negociación con las empresas
mientras todos los detenidos no fueran puestos en libertad. En aquellos
momentos pensé que permanecer encerrados toda la noche podía ayudar a denunciar
públi-camente la existencia de despedidos y detenidos, llamar la atención sobre
la pro-longación del conflicto y debatir sobre su desarrollo. Comentado con
otros compa-ñeros de la Coordinadora de CC.RR. defendí la propuesta ante la
asamblea siendo aprobada por unanimidad. Durante la noche las familias llamaban
o se acercaban para llevar algo caliente, acompañar a los encerrados, ver cual
era la situación, inda-gar por si necesitábamos algo. Todo Vitoria sabía que
más de mil trabajadores esta-bamos encerrados en la iglesia de San Francisco y
aquella noche fue muy peculiar con cientos de intervenciones sobre la situación
que estábamos viviendo y las pers-pectivas. De allí salió la convocatoria a la
huelga general del día 16.
En las asambleas
conjuntas de cada semana se hacía hincapié en el problema que había sido más
relevante: la legalidad, las instituciones, los medios de comuni-cación, la
justicia...... No hacía falta mucho para vincular las experiencias que se
estaban teniendo
con la denuncia y desenmascaramiento de todo un sistema orga-nizado en
beneficio de los patronos. La educación que se recibía era que la ley y la
autoridad eran sagradas, reglas de juego que había que respetar por encima de
todo. Pero nosotros estábamos viendo de forma sangrante que, en la práctica, la
legalidad estaba para garantizar los intereses de la clase dominante y que si
no luchábamos por aquello que considerábamos justo, que era lo ajustado a
nuestros intereses en cada momento, aunque fuera ilegal, no podríamos avanzar
en nuestros derechos y necesidades.
Jesús Fernández
Naves, de 41 años, era protagonista principal en aquellas asambleas. Era cierto
que habíamos debatido y acordado en las CC.RR. los aspec-tos sobre los que
había que insistir pero, de alguna manera, todos estábamos espe-rando que
hablase porque expresaba de forma simple y enérgica lo que sentíamos y
pensábamos. Siempre llevaba una pequeña nota preparada en la mano derecha y
echaba breves miradas mientras movía enérgicamente la cabeza cada vez que
enfatizaba alguna
frase. Mientras hablaba no se oía ni una mosca y al final los aplausos
expresaban un sentimiento que necesitaba expandirse para no ahogarse. Hoy vamos
a hablar de… y al momento, la atención se concentraba hasta tal punto que el
espacio se condensaba en el breve universo que ocupaba aquella figura menuda y
enjuta situada, por las características de la iglesia, en un altar.
Paradóji-camente, después de la huelga, renunciaría a jugar algún papel en el
movimiento obrero, e incluso se mantendría en un segundo plano en su empresa,
hasta que ésta intentó despedirle, junto con otros trabajadores, muchos años
después.
La primera huelga
general se convocaría el 16 de febrero exigiendo la libertad de los detenidos y
la negociación con las CC.RR. Una huelga general que se pre-paró con asambleas
en todos los barrios obreros y manifestaciones por todo Vitoria. Aunque la huelga
no fue generalizada fue importante y consiguió que a la semana siguiente todos
los detenidos estuvieran en libertad. En la asamblea unitaria cele-brada por la
tarde intervendrían representantes de CC.OO. de Navarra y del centro de
Michelín de Valladolid, informando y llamando a organizarse.
UGT. CIOSL. FITIM
La segunda huelga
general se convocaría para el 23 de febrero y la nota rele-vante la pondría la
presencia de José Antonio Aguiriano. Llevábamos casi un mes informándole por
teléfono del proceso de lucha, de los porrazos que nos estaban dando y de la
ausencia de libertades. Esa insistencia motivó que se enviaran tele-gramas de
solidaridad y apoyo del Presidente de la CIOSL y de la FITIM. En ellos se
anunciaba el envío, a través de UGT, de 500 dólares de la Confederación y de
3000 francos suizos de Federación Internacional de trabajadores metalúrgicos,
informa-ción que se hizo publica en la asamblea Conjunta celebrada el día 31 de
enero.
Para la UGT era muy
importante que aquel conflicto fuera conocido fuera de Vitoria, si era posible
en todo el mundo, y también decir a los trabajadores, de forma gráfica, que los
sindicatos obreros estábamos allí y que a través de ellos también se podía encauzar
la solidaridad obrera. También sabíamos el sentimiento de confian-za y
agradecimiento que se siente cuando alguien de nuestra clase nos ayuda de
cualquier forma, aún de la más pequeña. Pero, además, la cuestión organizativa
era una diferencia fundamental con dirigentes como Fdz. Naves o Echave puesto
que, el primero, defendía de una manera ingenua la suficiencia de la
autoorganización cuando fuera necesario y, el segundo, era reticente respecto
de las demás organi-zaciones obreras que no fueran la suya.
Cuando nos
confirmaron que José Antonio Aguiriano venía desde Ginebra, en representación
de la CIOSL, sentimos el aliento de aquellos millones de trabajado-res a los
que él iba a representar. Su decisión de venir a Vitoria era interesada pero
132
valiente y su
actitud de ponerse a disposición de las CC.RR. un regalo que sin embargo no fue
bien recibido por algunos dirigentes de la huelga. En lugar de ver en él un
medio para amplificar nuestras pretensiones, sólo sentían crecer en su
inte-rior una desconfianza que había nacido de sus propias experiencias y
convicciones, aunque creo que era injustificada en aquel momento. A pesar de
todo pudo inter-venir en la asamblea de Mevosa, en los medios de comunicación,
en las manifes-taciones que se organizaron esa semana y, sobre todo, informar
personalmente a su organización, lo que seguramente se tradujo en una mayor
audiencia de la huelga en todo el mundo.
Sin embargo, esta
segunda huelga general tuvo poco seguimiento y un sector de los representantes
obreros reaccionó con pesimismo, mientras la mayoría defendí-amos la necesidad
de analizar los errores cometidos y seguir adelante corrigiéndo-los.
Tercera huelga general. 3 de marzo
Por la readmisión
de los despedidos se convocó la tercera huelga general el miércoles, tres de
marzo. Se potenciaron las asambleas de barrio, de trabajadores que no estaban
en huelga, de comerciantes, de bares y de todo el pueblo trabaja-dor. La
mayoría de las asambleas las realizábamos en las iglesias.. El domingo
ante-rior, a la hora de la misa, los feligreses que llenaban las parroquias
iban viendo como el cura daba la palabra a trabajadores en huelga que
explicábamos el con-flicto y llamábamos a la solidaridad y a la huelga.
El día tres
habíamos formado piquetes, desde las cinco de la mañana, para acu-dir a las
zonas industriales. La UGT tradicionalmente nos veníamos empleando a fondo en
la zona de Adurza y en la del “Alas”, cerca de Forjas Alavesas. No hizo falta
mucho esfuerzo porque el seguimiento era tan generalizado que más que piquetes
había en cada punto de concentración una marea humana. Tan sólo en Adurza había
varios miles gritando: “despedidos readmisión”, “somos obreros, únete”, “menos
policía, más jornal”, “libertad”. La estrategia era concentrarnos por barrios y
avanzar hacia el centro confluyendo al mediodía. La intervención de la poli-cía
conseguía dispersar transitoriamente las columnas pero se reagrupaban al
ins-tante. Nos dirigimos en piquete por toda la zona de la Avenida hasta el
hotel Gene-ral Alava y allí escucharíamos los primeros disparos de bala y el
ruido producido por el lanzamiento de botes de humo. Desde Adurza, Ali y
Zaramaga una riada huma-na comenzaba a inundar el centro de una reducida ciudad,
que ese día se haría desmesurada y trágicamente celebre, por circunstancias que
ninguno, en aquellos momentos, podíamos sospechar. A partir del mediodía
Vitoria era de los que está-bamos en huelga.
A las cinco de la
tarde, en la Iglesia de San Francisco, lugar habitual de las asambleas comunes,
miles de trabajadores esperaban, dentro y fuera, a que llega-sen las CC.RR.
reunidas en la Iglesia de Judizmendi.
El día luminoso, la
Iglesia a rebosar y un sentimiento de satisfacción, por una respuesta tan
magnífica, asomando en las caras de las personas que pacífica y ani-madamente
comentaban las incidencias de la mañana, no hacían presagiar la tra-gedia.
La Coordinadora de
CC.RR. no pudo llegar hasta la iglesia. Un cordón de “gri-ses” de los que sólo
se veían cascos y escudos, a la altura del bar Las Vegas, lo impedía. Ya se
oían sirenas de ambulancias y un presagio encogió los corazones mientras se
corría hacia las calles laterales para rebasar la barrera policial. En la calle
Francia y en Los Herrán había barricadas cada cien metros y hubo que qui-tarlas
para abrir paso a coches y ambulancias que con sus sirenas y pañuelos blan-cos
anunciaban la matanza. Poco antes de la hora de inicio de la asamblea, la
poli-cía armada había entrado en la iglesia y, haciendo caso omiso de la
decisión del
134
párroco y del
contenido del Concordato, conminó al desalojo. Apenas unos segun-dos después
disparaban gases lacrimógenos, en un recinto cerrado y abarrotado de gente,
creando indignación y sobre todo pánico. Los que salieron por delante, medio
asfixiados y con pañuelos en la boca, fueron apaleados brutalmente por los
flancos y a los del frente les dispararon con metralletas y pistolas.
Las conversaciones
mantenidas por la policía, grabadas en cinta magnetofónica, daban testimonio de
lo ocurrido y reflejaban con claridad la frialdad y el cálculo con el que se
había decidido la masacre. He aquí uno de los extractos:
- Charli a J-1. Cambio
.....V-30. Adelante si recibes.
Adelante Charli. Adelante si recibes.
- Vamos a ver; parece ser
que en los alrededores de San Francisco hay aún mucha gente. ¿ Que hacemos ?.
Cambio.
- Si hay gente a por
ellos. Cambio.
- Pero ten en cuenta que
se meterán dentro de la sacristía. Cambio
- Claro; lo que pasa es
que no tenemos todavía esas órdenes. De todas for-mas, tal como están las
cosas, se puede entrar. Cambio.
- Bueno, si tú lo dices. ¿
De acuerdo ?.
- De acuerdo. Cambio.
- Vamos a por ellos.
- Charli a Charli-I.
Cambio.
- Charli-0 a Charli-I.
Cambio.
- Desaloja todo lo
desalojable. Cambio.
- Voy a pasar a
comunicarlo. Cambio.
- Adelante Charli. Cambio.
- Me dispongo a entrar en
la iglesia. Cambio.
- De acuerdo. Cambio.
- Enterado.
- Adelante J-2. Cambio.
- Entrad por la parte que
habíamos previsto, porque es una entrada falsa. Cambio.
- ¿ Donde te encuentras ?.
Cambio.
- Enfrente de la iglesia
que Vd. sabe. Cambio.
- De acuerdo. Cambio.
- Otra cosa J-1.
- Adelante, adelante
Charli. Cambio.
.........la autorización esa. Cambio.
- A ver, ¿ como dices ?.
Cambio.
........................................................................
- J-I. No interesa que
Charli se marche del sitio donde está porque entonces se nos escapan de la
iglesia. Cambio.
- Bueno,
vamos a ver, Charli. En la puerta de la iglesia está la orden de des-alojo; si
tú estás en condiciones acércate con gente y desalojais la iglesia pri-mero.
Cambio.
- Oye, si está ahí, si
está tu amigo J-2. Cambio.
- Recibido.
- J-2 y J-3 para J-1,
procedan a desalojar la iglesia. Cambio.
- Recibido.
................................
- Vamos a efectuar la operación,
Charli.
.............en cuanto esté,
desalojen a palos. Cambio.
................................
.........si no, no podemos hacer nada
en San Francisco. Mándenos refuerzos.
Si no, no hacemos
nada. Si no, nos marchamos de aquí. Hemos estado con un cura, pero resulta que
no es el párroco. Entonces aquí, hemos entrado dentro, pero esto está muy mal.
Si no, si no, vamos a tener que emplear las armas de fuego. Cambio.
- Vamos a ver; Charli0
para Charli. Entonces, el Charli que está ahí, J-2 y J-3, desalojen la iglesia,
y como sea. Cambio.
- Pero
no podemos desalojar porque entonces, está repleta de tíos, repleta de tíos;
entonces, por las afueras, estamos rodeados de personal. Vamos a tener que
emplear las armas de fuego. Cambio.
- Gasead la iglesia.
Cambio.
- J-5 a Charli3. Cambio.
- Adelante J-2. Cambio.
- Date
prisa. Que vengan los Charlis, porque estamos rodeados de personal; al salir de
la iglesia, aquí, va a haber un pataleo. Vamos a tener que usar las armas de
fuego. Seguro además ¿ eh ?.
...........tienen que...........
- Adelante, adelante,
adelante V-47. Dime con qué unidad estás y que lío teneis ahí. Cambio.
- Esto está aquí,
esta hecho, están sacándolos todos para afuera, ahora mismo, en estos momentos.
- Pero vamos a ver, estais
cargando o qué. Cambio.
- Está a tope.
- De acuerdo, de acuerdo.
Cambio.
.......................................
- Intenta comunicar a V-0
que aquí estamos y que esto es una batalla campal. Para que lo sepa él. Cambio.
(..................) Se oyen
disparos y disparos, ráfagas, claxons, gritos..............
136
- .......a J-3. Cambio.
- .......hemos tirado mas
de 2.000 tiros. Cambio.
- A ver; ese fuego, ¿ que
ha sido ? ¿ ha sido al aire ?. Cambio.
........................
- ¿ Como está por ahi el
asunto ?.
- Te puedes figurar, después de
pegar mil tiros y romper la iglesia de San Fran-cisco. Te puedes imaginar como
está la calle y como está todo.
- Adelante, Charli para
Charli2. A ver, ¿ donde te encuentras ?. Cambio.
- Estoy en la Plaza
Salinas, que hemos contribuido a la paliza mas grande de la historia..........
..........................................
La policía resolvió
la situación que habían creado a tiro limpio, asesinando a Pedro María Martínez
Ocio, trabajador de Forjas Alavesas, de 27 años, Francisco Aznar Clemente,
operario de panaderías y estudiante, de 17 años, Romualdo Barro-so Chaparro, de
Agrator, de 19 años, José Castillo, de Basa (Grupo Arregui), de 32 años. Dos
meses después moriría Bienvenido Pereda, trabajador de Grupos Dife-renciales,
con 30 años. Dos obreros asesinados directamente en el lugar de los hechos,
cuatro heridos muy graves de los cuales tres morirían, más de sesenta heri-dos
graves, la mitad con heridas de bala, y cientos de heridos leves.
La cólera y la
rabia se expresaron con la fuerza de un ciclón arrasando un mobi-liario urbano
que pagó el precio de un desahogo necesario. La practica totalidad de las lunas
que se rompieron eran de las Cajas de Ahorro y de los Bancos. Muchos pueden dar
fe de que había trabajadores dispuestos a bajar de su casa las escope-tas e ir
a la radio o a cualquier sitio donde se pudiera gritar a los cuatro vientos la
realidad de un pueblo masacrado después de tantas mentiras y manipulaciones
sobre la huelga. Después de la tronada, un enorme vacío paralizó el nervio
colecti-vo de una ciudad abatida.
Al atardecer sólo
los trabajadores y sus familias ocupaban las calles y un ligero viento hacía
aún más pesado un silencio que casi podía oírse. Todavía sonaban en el aire los
diálogos de los mandos policiales, conscientes en todo momento de lo que estaban
haciendo. Fue una noche larga y en muchas casas la tensión se des-hizo en mil
abrazos cuya necesidad revelaba la profunda soledad de la que a veces nace la
vida. Fraga Iribarne era entonces ministro de la Gobernación y el sábado de esa
semana, junto con Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales, y el
general Campano, director de la Guardia Civil, intentaban, visitando a los
heridos, reducir el impacto de una decisión que proyectaba ante el mundo el
rostro más cruel y bárbaro de la dictadura que ellos representaban.
Era el intento de
acabar con una lucha que cuestionaba directamente el poder capitalista y la
dictadura franquista a su servicio. La orden de disparar la había deci-dido el
gobernador civil de la provincia, Rafael Landin, la había dado el capitán
Jesús Quintana
Saracibar y la habían ejecutado policías locales con la ayuda de otros venidos
de Miranda de Ebro y Valladolid. Cómplice de los anteriores, entre otros, el
presidente de la Diputación Foral de Alava, Lejarreta, asesor económico de
Forjas Alavesas.
El mismo día las
Federaciones de Alava del PSOE, de la UGT y de las JJ.SS. emi-tían un
manifiesto que se distribuyó interna y externamente por todos los medios:
“ Las Federaciones de Alava de PSOE,
UGT, JSE: DECLARAN
• Que
frente a la actitud negociadora de los obreros en huelga la patronal ha
mostrado la más absoluta intransigencia contestando con más despidos y no dando
satisfacción a ninguna de las reivindicaciones planteadas.
• Que
el llamamiento a la huelga general para el día tres no fue realizado por grupos
clandestinos ni elementos subversivos como han informado radio y televisión
española y la mayor parte de la prensa.
• Que
el llamamiento a la huelga general para el día tres tuvo como motivo forzar a
la patronal a la readmisión de los despedidos siendo dicha con-vocatoria votada
democráticamente por todos los obreros en huelga y asu-mida por asambleas de
barrio, estudiantes, profesionales y obreros no parados.
• Que
el día tres miércoles toda Vitoria asumió la llamada a la huelga gene-ral
(fabricas, tiendas, sectores profesionales, banca, bares.....). Toda la ciudad
estaba en pie sin condiciones de ningún tipo ya que Vitoria entera asumía la
consigna: NINGUN DESPEDIDO.
• Que
los enfrentamientos fueron iniciados por la policía disolviendo las
manifestaciones de hombres y mujeres con balas de goma y gases y que hubo un
momento en que, a falta del material antes citado, las fuerzas represivas
hicieron uso de las pistolas y metralletas hiriendo a varios mani-festantes.
• Que
desde la mañana la policía entró en las iglesias, pegando brutalmen-te en la
iglesia de Los Angeles a un cura y alguna mujer de las que se encontraban en el
interior.
• Que
a las cinco de la tarde la policía acordonó la iglesia de San Francisco de Asís
impidiendo la entrada al personal que así lo deseaba e impidien-do la
celebración de la Asamblea Conjunta al gasear la iglesia obligando a salir a
los obreros allí reunidos.
• Que
la policía según iban saliendo los obreros los iba apaleando brutal-mente y que
allí mismo dispararon con pistola y metralleta lo que originó en principio dos
muertes y numerosos heridos.
• Por
último dejar bien claro que los manifestantes sólo utilizaron piedras, y
únicamente piedras, tras la brutal agresión de la policía hacia los que
ocu-paban la iglesia, y posteriormente al enterarse de la existencia de dos
muertos.
Por todo ello declaran:
Que la postura intransigente de los
empresarios ha sido la culpable de llegar a esta situación.
138
Denunciamos la
brutal agresión de la policía y los medios empleados dispa-rando contra
manifestantes indefensos lo que ha originado tres muertos y más de sesenta
heridos.
Exigimos el
procesamiento de los culpables, no sólo de la policía armada sino del
Gobernador, como responsable inmediato de los acontecimientos. Exigi-mos el
procesamiento del Director General de Seguridad y del Vicepresidente del
Gobierno Fraga Iribarne.
Hacemos un
llamamiento a la clase obrera de Euskadi y al resto del territorio del Estado a
una movilización urgente y decisiva para derrocar la monarquía fascista,
heredera legítima de la dictadura de Franco.
Al mismo tiempo la
movilización debe exigir la readmisión de todos los des-pedidos y la liberación
de todos los detenidos.
3 de Marzo de 1976 “
A las siete de la
tarde nos reunimos las CC.RR. y analizamos tres puntos: la posi-bilidad de que
hubiera un atentado, la redacción de un comunicado, la decisión de ocultarnos
en previsión de que empezaran a detenernos y la necesidad de poner-nos en contacto
con las organizaciones obreras para garantizar la máxima respues-ta. El
amanecer del día siguiente nos sorprendió repartiendo la octavilla de las
CC.RR. y la propia pero muchos trabajadores no habían ido al trabajo y otros
volví-an después de haber decidido parar en su asamblea.
Al lado de la
Iglesia de San Francisco alguien había escrito con sangre la pala-bra JUSTICIA
y habían puesto un zapato, unas piedras y dos trozos de rama for-mando una
pequeña cruz. Un grupo de personas había pasado toda la noche velan-do y a la
mañana siguiente la policía disolvió con saña, a patadas, a los presentes y
dispersó los restos que recordaban su crimen. Dos trabajadores tuvieron que ser
ingresados con lesiones graves. Uno de ellos, Andoni Txasko Diaz, perdería la
visión del ojo derecho por un golpe de porra en la cabeza.
En la reunión de
las CC.RR., a las tres en Gamarra, se decidió la convocatoria de la huelga
general en todo Euskadi el 8 de marzo, la intervención en los funera-les y las
posibles reacciones. Aquel jueves el secretario general del PSD alemán
cancelaba la entrevista con Fraga Iribarne que participaba en una campaña
diplo-mática para vender internacionalmente una reforma avalada por la
monarquía que había quedado automáticamente desenmascarada. Con un cinismo
escalofriante declaraba a la revista Europa: “En Vitoria, las
fuerzas de policía, que no contaban con efectivos suficientes, fueron atacadas
con barras de hierro. En una eventuali-dad parecida un accidente serio puede
producirse. Y es lo que sucedió. Hubo tres muertos y otros dos que murieron más
tarde. Todo el mundo reconoce hoy que se trata de una acción típicamente
revolucionaria, como la del mes de mayo de 1968 en Francia: en tales
circunstancias, siempre hay una investigación”.(35)
35.- Informe Vitoria. Pag. 397.
La solidaridad y la represión
El día ocho más de
medio millón de trabajadores pararon en solidaridad, en Eus-kadi y Navarra.
Antes, el día cinco, el funeral concitó la presencia de todo el pueblo
trabajador de Vitoria. Había rabia y emotividad contenidas mientras los
féretros entraban en la Catedral y se denunciaba en la homilía la “ocultación,
tergiversación y manipulación de la verdad” de lo ocurrido, concretando la
responsabilidad en la intervención policial, en los que dieron las órdenes y en
quienes tenían la respon-sabilidad política. Pero cada vez que decían “los
obreros muertos” se oía “asesina-dos” y el rumor era tan fuerte que no cabía
entre aquellas cuatro paredes.
Después intervino
Jesús Fernández Naves, en nombre de las CC.RR., haciendo público el llamamiento
a la huelga general convocada para el lunes. Su primera reflexión fue que allí
muchos habrían ido para orar, pero muchos más por solidari-dad y porque era el
único sitio para reunirnos y para poder informar de lo que se había decidido.
La segunda, dirigida a los familiares, para decirles que más allá del respeto a
su dolor los muertos eran de la clase obrera y por eso se pedía juicio popu-lar
a los asesinos, disolución de los cuerpos represivos, y una sociedad más justa
por la que todos estabamos luchando.
Luego,…...... más de dos horas
acompañando a los féretros en una manifesta-
ción inenarrable,
al frente de la cual iban algunos miembros de las CC.RR. de las fábricas en
huelga mientras que otros nos encargábamos de organizar el paso de la
manifestación y a ambos lados de la misma los trabajadores formaban un cordón
de seguridad y protección.
La huelga del día
ocho expresó la combatividad y resolución del movimiento obrero que se enfrentó
a la policía y a la guardia civil. En Basauri la policía asesinó, de un tiro en
la cabeza, al trabajador Vicente Anton, para evitar una concentración. En Tarragona
otro trabajador muerto al disolver la policía una manifestación de soli-daridad
con Vitoria. En Bilbao y los alrededores el enfrentamiento fue total, igual que
en muchos puntos de Guipúzcoa y Navarra. Conflictos que se estaban
desarrollan-do en Cataluña, Galicia, Asturias, Málaga y Madrid se
radicalizaron. ¡Vitoria, herma-nos, nosotros no olvidamos¡, fue, más que un
grito, repetido hasta enronquecer, una promesa.
Ese mismo día
comenzaba en Madrid el consejo de guerra contra un coman-dante y ocho capitanes
acusados de un delito de “proposición de sedición” porque eran miembros de la
UMD. Esta organización de guardias civiles, policías y milita-res también se
había solidarizado con la lucha y las víctimas del 3 de marzo.
El día 4 detuvieron
a Ignacio Martín Echazarra y Alberto Lahidalga, el ocho a Emilio Alonso y el
nueve a Jesús Fernández Naves, Juanjo San Sebastián e Imanol Olabarría Bengoa.
Todos ellos fueron objeto de malos tratos y torturas. Así lo expre-saba uno de
ellos:
140
“Me detuvieron el 8
de marzo a las cuatro de la tarde cuando iba a asistir a una reunión convocada
por la Coordinadora de CC.RR. Tres horas después apareció Jesús. A las tres de
la madrugada nos llevaron, junto con Olabarría, a Madrid después de horas de
golpes y vejaciones. A medio camino me saca-ron del coche y me dijeron,
metralleta en mano, que corriera para aplicarme la ley de fugas. Todo
atemorizado no me movía. A Jesús también le hicieron lo mismo. Durante todo el
recorrido me estuvieron interrogando para que les dijera “dónde estaba el
dinero que os han mandado de Moscú”. En la DGS estuvimos incomunicados durante
cuatro días sin ver la luz del día y con inte-rrogatorios por la noche. Nos
llevaron a la Audiencia Nacional donde el juez nos interrogó dos días y pasamos
a Carabanchel.”
Tomás Echave estaba
huido. José Antonio Marijuán sería sometido a consejo de guerra en diciembre
acusado de agresión a fuerzas armadas. Estando yo fuera de Vitoria informando
en varias provincias, y después en Inglaterra, detendrían a mi compañera, Cristina
Valverde. Dado que tenían la casa vigilada detuvieron también a José Angel
Lecuona e Iñigo Echevarría que habían pasado para recoger propa-ganda. Los tres
habían sido elegidos delegados al Congreso Estatal de la UGT y esta-rían
encarcelados durante quince días en la penitenciaria de Nanclares de la Oca.
Los días 12 y el 13
los miembros de las CC.RR. éramos conscientes de que no iba a ser posible en
aquellos momentos seguir coordinando la lucha ni superar la prohibición de
reunirse. El manifiesto de las CC.RR. el 14 de marzo valoraba la vuel-ta al
trabajo llamando a un repliegue organizado. Poco a poco se produjo la
incor-poración en la medida en que se iba llegando a acuerdos sobre las
reivindicaciones y la readmisión de los despedidos. Se siguió manteniendo el
rechazo del Sindicato Vertical, el reconocimiento de las CC.RR., el
mantenimiento de la asamblea y la exi-gencia de libertad para los detenidos.
Las
reivindicaciones salariales, el reconocimiento de los representantes elegidos,
el que no hubiera despedidos, se consiguió en las empresas más importantes ,
aun-que no en algunos pequeños talleres, ni tampoco para algunos de los
detenidos para quienes se seguiría reclamando su libertad y su readmisión.
Se editó un boletin
informativo titulado “Vitoria en Lucha” y delegaciones de la UGT de Alava se
desplazaron a otras provincias; Madrid, Cataluña, Asturias o Gali-cia, y a
otros países; Inglaterra y Alemania, para informar directamente a otros
tra-bajadores de su experiencia. Quizás esta actividad frenética para convertir
la lucha en formación y organización obreras hizo que no se pudiera atender
suficiente-mente, en el plano humano y personal, a las víctimas más afectadas
por aquella tra-gedia.
A Inglaterra,
invitados por las juventudes del Partido Laborista, que defendían un programa
marxista, nos desplazamos Jesús Díaz de Durana y yo. Antes habíamos estado en
Madrid informando en varias universidades a iniciativa de la Ejecutiva de las
JJ.SS. Allí conocimos a Alan Woods y Ted Grant teóricos marxistas. El primero
Telegrama de CIOSL, CES, CMT
denunciando la brutal represión de Vitoria.
había participado
activamente en la lucha clandestina contra el franquismo, con el seudónimo de
David, y lo haría también en años sucesivos. Durante catorce días informamos a
los trabajadores ingleses sobre la lucha mantenida y el carácter bru-tal de la dictadura.
Asistimos al Congreso de las Juventudes Laboristas, en el que participaban más
de 2.000 delegados, informando en directo. Participamos en míti-nes públicos en
Newcastle, Nothingham, Leads, Cardiff, Swansea, Llanell, Sou-hampton y otras
localidades. Intervinimos en la convención de las Trade Unión Con-gres (TUC) de
Gales en Llamdunc. Fuimos recibidos como Delegados Honoríficos por 500
mandatarios obreros representando a varios millones de trabajadores que
aplaudieron a rabiar cuando manifestamos: “este internacionalismo obrero no es
algo abstracto sino que debe concretarse en una relación más estrecha entre
nues-tro sindicato, la UGT, y vuestra TUC, ambas organizaciones hermanas
afiliadas a la CIOSL”.
142
También mantuvimos
entrevistas con las TUC locales de Shefield y Leds, donde dialogamos con
representantes de 20.000 trabajadores, y reuniones en Shefield con
representantes de la General Eléctrica y fábricas textiles. Dos de los
contactos más interesantes los mantuvimos con Ebbw Vale, dirigente local del
Sindicato de Trans-portes, y con el presidente del Sindicato Minero del Sur de
Gales, y miembro de la Ejecutiva, de la que saldría la invitación formal a dos
militantes de la UGT de Astu-rias para asistir al congreso del Sindicato Minero
y establecer contacto directo con los mineros en los pozos.
Cuando dábamos un
mitin en un pozo minero de Brynlliw, en el sur de Gales, ante 200 mineros, y en
Hull, al norte de Inglaterra, ante 4.000 estibadores, en el puerto, tuvimos el
sentimiento de estar en Vitoria, porque al margen de la interven-ción del traductor,
había un sentimiento solidario que nos unía a todos. Finalizamos en Londres con
visitas a varias fábricas, contactos con dirigentes sindicales y una rueda de
prensa en el Parlamento con representantes del Partido Comunista, Par-tido
Laborista y Juventudes Laboristas.
Fernando Guillén se
desplazó a Asturias donde se mantenía la huelga minera. Intervino en la
Universidad de Oviedo y luego en el Pozo María Luisa, ante 5.000 mineros.
Después de participar en una reunión con 300 militantes del SOMA-UGT fue
detenido por la Guardia Civil y llevado al cuartelillo de Sama de Langreo en
cuyos calabozos pasaría la noche y en cuyas dependencias seria interrogado y
mal-tratado. Al día siguiente sería puesto en libertad. También se informaba en
el primer mitin del PSOE en libertad, en Eibar, en el aniversario de la
proclamación de la República, otro catorce de abril, y Mikel Setién lo hacía en
Cataluña.
Aprender de la experiencia
Durante aquellos
tres meses los trabajadores habíamos aprendido más que en todos los años
anteriores. Daba vértigo apreciar la rapidez con la que la clase obre-ra iba
elevando su nivel de conciencia y sacando conclusiones a medida que se iba
desarrollando la lucha. En apenas dos meses nos situamos al nivel de los demás
trabajadores de Euskadi que nos llevaban décadas de adelanto.
El “3 de marzo”
expresaba la capacidad de lucha y sacrificio de la clase obrera cuando hay
objetivos claros, participación y una dirección que está a la altura de sus
aspiraciones. Las reivindicaciones unitarias, la asamblea como centro de
deba-te y decisión de las propuestas, la coordinación de las luchas y su
extensión, haciendo solidario al conjunto del pueblo trabajador. También la
necesidad de par-ticipar y debatir nuestros problemas, de comprender que se
derivan todos de un sis-tema económico injusto que utiliza en su beneficio los
medios de comunicación, las leyes, los gobiernos, la policía y los ejércitos.
Todo ello era importante pero, además,
era imprescindible
una dirección con plena confianza en la capacidad de lucha de la clase
trabajadora. Una dirección que no se podía improvisar. No fue casualidad que
algunos de los trabajadores más destacados fueran personas con experiencia en
otras luchas y con una formación claramente anticapitalista.
Aprendimos que
había que organizarse. Luchar sirve para defender o reclamar nuestros derechos
pero debe ser al mismo tiempo un medio para organizarnos más y mejor y para
comprender la necesidad de cambiar de raíz la sociedad en la que vivimos porque
lo que conquistamos hoy, con mucho esfuerzo, intentarán quitár-noslo mañana por
cualquier medio. Todas nuestras experiencias sirven para resal-tar la
importancia de estar organizados y para profundizar sobre los intereses que hay
detrás de nuestros problemas. Aunque es cierto que durante la huelga las
características de algunos dirigentes impidieron insistir en la necesidad de
luchar por la libertad sindical y fortalecer las organizaciones obreras, los
propios trabaja-dores llegaron a esa conclusión participando masivamente cuando
se consiguió su legalización.
Aquel tres de marzo
muchos trabajadores decían que la lucha había quedado aislada en Vitoria, que
no se había conocido en otras partes, que los medios de comunicación habían
silenciado lo que ocurría. Y tenían razón. El esfuerzo realiza-do como UGT de
Alava durante el conflicto, enviando informes a la dirección y a las
organizaciones internacionales y al final para informar en el Estado y en otros
paí-ses, respondía a la comprensión de que la solución de nuestros problemas
depen-de de nosotros, en primer lugar, pero también de la solidaridad y apoyo
que seamos capaces de generar.
Pero sobre todo
aprendimos que somos una clase decisiva para cambiar la rea-lidad. Alrededor de
los trabajadores en huelga se aglutinó la inmensa mayoría de la comunidad:
jóvenes, estudiantes, pequeños comerciantes, profesionales, amas de casa.
Nuestra lucha también demostró que cambiar el régimen político mediante una
movilización de clase era una posibilidad real e inmediata.
Durante dos meses
tuvimos el privilegio de asistir y participar en la Universidad más importante
para cualquier trabajador, la de su propia experiencia. En los años siguientes,
y en todos los ámbitos de actuación sindical, estaría presente lo que aprendimos
y lo que conseguimos, especialmente en la negociación colectiva y en el impulso
a las organizaciones sindicales. También en el propio desarrollo de la ciu-dad
porque la prevalencia y protagonismo de los barrios obreros fue el recipiente
en el que se moldeó una fuerza vecinal determinante frente a los primeros
ayunta-mientos democráticos.
Habíamos conseguido
romper los topes salariales, conquistar las libertades ejer-ciéndolas, obligar
a los empresarios a negociar y admitir a los representantes que habíamos
elegido, elevar el nivel de conciencia y organización y acelerar todos los
144
procesos hacia la
democracia al poner en evidencia la imposibilidad de la reforma franquista.
Vitoria. La Ruptura y la Reforma
Nuestra huelga
culminaba un proceso ascendente de luchas en todo el Estado y fue determinante
en la caída del Gobierno Arias Navarro y en el impulso a lo que se ha dado en
llamar “transición democrática”. La respuesta de la clase trabajado-ra a los
asesinatos de Vitoria fue la mayor huelga general en Euskadi desde los años
treinta y movilizaciones de condena en el conjunto del Estado y en todo el
mundo.
Sin embargo en
enero habían participado en Madrid más de 400.000 trabaja-dores rebasando con
creces las movilizaciones de diciembre y si el movimiento fue cortado en su
ascenso se debió a que la dirección de CC.OO. había aceptado las exigencias del
Gobierno de que se negociase rama por rama y por los cauces ofi-ciales.(36)
Mientras en 1975
hubo 10,35 millones de jornadas de trabajo perdidas por huel-gas en 1976 la
cifra se multiplicó por 10; nada menos que 110 millones de jorna-das.(37) Si
los dirigentes obreros hubiesen convocado una huelga general habría sido un
éxito ya que casi la hubo en la práctica. Pero se negaron alegando que una
huel-ga general no se convocaba en una fecha prefijada, que la lucha se tenía
que exten-der como un reguero de aceite, que cada sector tenía un ritmo
diferente de lucha y de conciencia, que la postura a favor de una huelga
general era propia de organi-zaciones con elevada composición juvenil, y otros
argumentos similares.
El sector dominante
del capitalismo español sacó definitivamente la conclusión de que era mejor
“una reforma política por arriba”, para mantener lo esencial, que perderlo todo
ante el peligro que para ellos representaba la clase obrera. Buena prueba de ello
fue que el Gobierno antes de la huelga de Vitoria sólo tenía pensado modificar
dos artículos del Código Penal, referentes a asociaciones ilícitas, revisar la
Ley de Prevención del Terrorismo, derogar la Orden de 1939 sobre reunión y
mani-festación y una irrelevante modificación de la Ley de Relaciones
Laborales.
La lucha en Vitoria
cuestionó radicalmente el argumento de que la clase obrera no tenía fuerza para
imponer ella sola las libertades democráticas, puso en eviden-cia el proceso de
abandono progresivo de posiciones políticas rupturístas por parte del PSOE y
del PCE, y marginó totalmente la estrategia de PCE y CC.OO. de utiliza-ción del
Sindicato Vertical. Ello explica que la lucha hubiera quedado aislada, que
36.- Madrid en Huelga. Enero 76.
37.- Fina y Hawkesworth, 1984.
no se hubiera
generado una mayor solidaridad en el conjunto del Estado y que se intentara
minimizarla considerándola una más de las luchas que se estaban reali-zando.
Hay que considerar que tan sólo en los dos primeros meses de 1976 había 20.000
trabajadores sancionados o despedidos por su actuación en huelgas(38).
A mediados de año el rey nombraría a Adolfo Suárez, ex-Secretario General del
Movi-miento Nacional, en sustitución de Arias Navarro, y convocaría un
referéndum para la aprobación de la Reforma Política.
Los dirigentes de
las organizaciones obreras en lugar de forzar la “ruptura
demo-crática” con el régimen franquista, basándose en la fuerza y
conciencia de los tra-bajadores para organizar a la mayoría de la población en
torno a un programa de transformación socialista de la sociedad, estaban
aceptando una “reforma demo-crática” que, con el argumento del “consenso” con
el anterior régimen, daría lugar a un sistema electoral y una Constitución que
permitían mantener aspectos claves de las estructuras de poder del anterior
aparato del Estado y que garantizaban la propiedad privada y la economía
capitalista. No se depuraron los aparatos represi-vos (Policía, Guardia Civil o
Ejército), se creó una segunda cámara legislativa, el Senado, claramente
regresiva, se impuso la Monarquía y no se reconoció el dere-cho de
autodeterminación o derecho de las nacionalidades del Estado español a decidir
libremente sus relaciones con los demás pueblos. Y como consecuencia de su
subordinación estaban pactando una salida a la crisis económica radicalmente
enfrentada a los intereses obreros.
Dos semanas después
de los sucesos de Vitoria la Junta Democrática de Espa-ña y la Plataforma de
Convergencia Democrática llegaban al acuerdo de formar Coordinación
Democrática, o Platajunta, aunque ya para entonces se venia hablan-do de
“ruptura pactada” o “ruptura negociada”, en lugar de “ruptura democrática”.
Mientras que los integrantes de izquierdas eran los únicos capaces de impulsar
movilizaciones contra el régimen, la presencia de miembros relevantes de la
bur-guesía, que no representaban a nadie, limitaban esos impulsos y moderaban
hasta la proyección política de la coalición, favoreciendo los intentos del
franquismo de convertir la transición en una reforma gradual y controlada por
ellos.
El 6 de agosto un
millar de personas recibían en la Estación del Norte a tres de los siete
implicados en el sumario abierto por los sucesos del tres de marzo. Otros tres
ya estaban en libertad y un séptimo estaba huido. Sus expedientes habían sido
sobreseidos por el Tribunal de Orden Público.
Por los hechos del
3 de marzo se abrió un expediente que fue pasando de tri-bunal en tribunal
hasta que el Juzgado Militar instruyó la causa 39/77 que acabó en
sobreseimiento provisional. Se archivó alegando que: “no había motivos sufi-
38.- Resurgir del Movimiento Obrero.
J.A. Maravall.
146
cientes para acusar
a personas determinadas como autores del delito”. El informe de la policía, en
el que se basaría el de la Dirección General, emitido varios años más tarde,
decía:
“…los sucesos
acaecidos el 3 de marzo de 1976… debido en gran parte a la falta de medios
económicos y a la demagogia de los “líderes”, los cuales, en las Asambleas que
celebraban en las Iglesias conseguían crear en los obreros un estado de
superexcitación que los convertía en una masa sin control… llegó un momento en
que los “líderes” les instaban a que dichas manifesta-ciones no fuesen
pacíficas y que llevasen palos, cadenas, porras o cualquier otra arma
contundente, con que hacer frente a las Fuerzas de Orden Público y conseguir
así que toda Vitoria viera la unidad existente entre los obreros… las Fuerzas
de Orden Público procedieron a invitar al desalojo de la iglesia, pero viéndose
insultados y abucheados por una multitud agresiva, hicieron uso de los medios
antidisturbio de que disponían, momento en que los mani-festantes, entre 8.000
y 10.000 personas, se abalanzaron sobre ellos portan-do toda clase de objetos
contundentes, incluso cuchillos y cristales de la pro-pia iglesia envueltos en
pañuelos a modo de arma blanca, por lo que la Fuer-za actuante se vio
desbordada y para defender sus propias vidas hicieron uso de sus armas
reglamentarias…”.
En Octubre de 1999
se constituía la Asociación de Víctimas y familiares de vícti-mas 3 de marzo de
1976. Recogían así el testigo de quienes desde el principio habí-an intentado,
en vano, el esclarecimiento de los hechos. Presidida por Romualdo Barroso y José
Luis Martinez de Ocio, padre y hermano de dos de los asesinados, inició una
andadura tenaz para conseguir el reconocimiento institucional de la ver-dad de
los hechos, para exigir responsabilidades, y para que se reconociera a todos
los afectados como víctimas de la violencia del Estado.
Desde entonces se
han multiplicado sus iniciativas ante el Ayuntamiento de Vitoria, Diputación
Foral de Alava, Juntas Generales de Alava y Parlamento Vasco. Se han
desarrollado campañas entre los trabajadores y ante la sociedad civil. Se han
realizado estudios e informes remitidos, junto con las demandas, ante las
instancias judiciales, que no han querido asumir su competencia. Van a recurrir
al Tribunal Europeo de Estrasburgo y están dispuestos a llegar hasta donde haga
falta.
Porque la realidad
es que, veintiocho años después, las víctimas de aquellos sucesos no han
obtenido ningún tipo de reparación: ni en relación con los respon-sables
materiales y políticos, porque no se conoce formalmente a ninguno, a pesar de
todas las pruebas y grabaciones existentes, ni en relación con los perjuicios
de orden económico y moral causados. He aquí una de las consecuencias del
proce-so de reforma política, lo que explica por qué los partidos de izquierda
con repre-sentación parlamentaria miraron hacia otro lado. Especialmente el
PSOE que, junto a la UGT, tienen una deuda pendiente para hacer prevalecer la
verdad de lo que
ocurrió. Por eso
aquella inscripción escrita con sangre, ¡Justicia!, y aquel grito, ¡Vito-ria
hermanos, nosotros no olvidamos!, perduran aún en la razón y en los corazones
de quienes fuimos testigos de la tragedia, y nos traen al recuerdo los versos
de Neruda.
Aunque los pasos
toquen mil años este sitio, no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.
Y no se extinguirá
la hora en que caísteis aunque miles de voces crucen este silencio.
La lluvia empapará
las piedras de la plaza, pero no apagará vuestros nombres de fuego.
Mil noches caerán
con sus alas oscuras, sin destruir el día que esperan estos muertos.
El día que
esperamos a lo largo del mundo tantos hombres, el día final del sufrimiento.
Un día de justicia
conquistada en la lucha, y vosotros hermanos caídos en silencio, estaréis con
nosotros en ese vasto día de la lucha final, en ese día inmenso.

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