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Libro N° 13827. Tres De Marzo Una Lucha Inacabada. Vitoria - Gasteiz. 1976. Historia Del Movimiento Obrero Y Socialista Desde 1970 hasta 1984. Val del Olmo, José Arturo.

 


© Libro N° 13827. Tres De Marzo Una Lucha Inacabada. Vitoria - Gasteiz. 1976.  Historia Del Movimiento Obrero Y Socialista Desde 1970 hasta 1984. Val del Olmo, José Arturo. Emancipación. Mayo 17 de 2025

  

Título Original: © TRES DE MARZO UNA LUCHA INACABADA Vitoria - Gasteiz. 1976.  Historia del movimiento obrero y socialista desde 1970 hasta 1984. José Arturo Val del Olmo

 

Versión Original: © TRES DE MARZO UNA LUCHA INACABADA Vitoria - Gasteiz. 1976.  Historia del movimiento obrero y socialista desde 1970 hasta 1984. José Arturo Val del Olmo

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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TRES DE MARZO

UNA LUCHA INACABADA

Vitoria - Gasteiz. 1976

 Historia del movimiento obrero y socialista desde 1970 hasta 1984

José Arturo Val del Olmo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRES DE MARZO

UNA LUCHA INACABADA

Vitoria - Gasteiz. 1976

 Historia del movimiento obrero y socialista desde 1970 hasta 1984

José Arturo Val del Olmo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Tres De Marzo Una Lucha

 

Inacabada.

Vitoria - Gasteiz. 1976

 

Historia Del Movimiento Obrero Y Socialista

 

Desde 1970 Hasta 1984

 

 

José Arturo Val del Olmo

 

 

 

 

 

 

 

 3 DE MARZO. UNA LUCHA INACABADA revela ya en su título un aconteci-miento de excepcional importancia para comprender la lucha obrera y su papel en la llamada “transición”. El 3 de marzo de 1976 la policía disparaba mas de 2.000 balas para disolver una Asamblea de trabajadores reunida en

 

la Iglesia de San Francisco de Vitoria-Gasteiz. Dos obreros asesinados directa-mente en el lugar de los hechos, cuatro heridos muy graves de los cuales tres morirían, más de sesenta heridos graves, la mitad con heridas de bala, y cien-tos de heridos leves.

 

A lo largo de diez capítulos el libro contextualiza estos acontecimientos abordando la historia del movimiento obrero y del movimiento socialista en el País Vasco y en el Estado Español, desde el franquismo hasta la actualidad. Un periodo excepcional para comprender algunas de las claves del presente.

 

Después de una guerra civil provocada por el levantamiento fascista contra la legalidad republicana es a partir de 1970 cuando la recuperación del movi-miento obrero gana en profundidad y extensión. Crecen las experiencias orga-nizativas y se van definiendo los contenidos de la ruptura política con el fran-quismo. El proceso ascendente de luchas culmina en Vitoria-Gasteiz, en una huelga que implica una fractura radical con el Sindicato Vertical y las reformas que se proponen desde el régimen. Durante dos meses se crea un poder obre-ro que cuestiona de raíz el dominio patronal y el en-tramado jurídico institu-cional a su servicio. Los asesinatos del 3 de marzo de 1976 y la respuesta de la clase obrera proporcionan un impulso definitivo al proceso que de-sembocará en la conquista de los derechos y libertades mas fundamentales.

 

Sin embargo, en aparente contradicción, las direcciones obreras van per-diendo la iniciativa política, renuncian a la ruptura democrática y pactan que los costos de la crisis económica recaigan principalmente sobre los trabajadores. Además, abandonan la defensa del derecho de autodeterminación para las nacionalidades históricas del Estado español, renuncian a depurar de fascistas las instituciones represivas y aceptan correr un tupido velo sobre años de repre-sión franquista.

 

El desarrollo de este proceso, la inmigración y los barrios obreros, los retos a los que tuvo que enfrentarse la clase trabajadora, la cuestión nacional y el terrorismo individual en el País Vasco, los acontecimientos del 3 de marzo en Vitoria-Gasteiz, la política de expulsiones en las organizaciones socialistas (UGT-PSOE), el golpe de Estado del 23-F, la experiencia del primer Gobierno Socialista, son algunos de los contenidos del presente libro. También los esfuer-zos de la “Asociación de Víctimas y familiares de víctimas 3 de marzo de 1976” para conseguir el reconocimiento institucional de la verdad de los hechos, con-cretar responsabilidades, y declarar a todos los afectados víctimas de la violen-cia del Estado

 

La historia mas reciente contada por uno de sus protagonistas. Arturo Val del Olmo fue miembro de las Comisiones Representativas que dirigieron la lucha del 3 de Marzo, Secretario General de la U.G.T de Alava desde 1977 hasta 1984, y candidato del PSOE al Congreso de los Diputados en 1979.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRES DE MARZO

 

UNA LUCHA INACABADA

 

Vitoria - Gasteiz. 1976

 

 

 

Historia del movimiento obrero y socialista

 

desde 1970 hasta 1984

 

 

 

 

 

 

 

José Arturo Val del Olmo


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fundación Federico Engels


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Años de lucha y esperanza. El 3 de marzo de 1976

 

 

 

 

 

“Mi tumba no anden buscando porque

 

no la encontraran. Mis manos son las

 

que van en otras manos tirando, mi

 

voz la que va gritando, mi sueño el

 

que sigue entero y sepan que solo

 

muero si ustedes van aflojando porque

 

el que murió peleando vive en cada

 

compañero”.

 

 

La Coordinadora Obrera de Vitoria. Orígenes y trama del 3 de marzo

 

La COV, compuesta por los trabajadores más conscientes de cada centro de tra-bajo e impulsada, entre otros, por la UGT, se había constituido a partir de la pro-puesta realizada en octubre de 1974 por los Comités Obreros de Alava. Se confi-guró como un instrumento de coordinación unitaria de todas las fábricas y de todos los organismos de clase: Comités Obreros, Comisiones Obreras y otros grupos autó-nomos de empresa.

 

Fue esta coordinadora la que organizó, en octubre de 1975, varias asambleas clandestinas para concretar y defender una plataforma reivindicativa unitaria, y tam-bién para hacer coincidir la negociación de todos los convenios colectivos. Aumen-to salarial lineal e igual para todos, cien por cien del salario en enfermedad o acci-dente, jubilación a los 60 años con el jornal real y reducción de la jornada laboral,


122           TRES DE MARZO: UNA LUCHA INACABADA


 

 

 

 

 

eran las reivindicaciones más importantes, junto con la elección directa de repre-sentantes y su reconocimiento. La linealidad del aumento salarial, igual para todos, tenía un carácter explosivo. Homogeneizaba y potenciaba la solidaridad, rompiendo toda la política empresarial basada en la diversificación artificial de las categorías y la individualización de condiciones de trabajo con el objetivo de dividir las fuerzas.

 

Formaban parte de la COV de forma estable, entre otras, Mevosa, Aranzábal, Cablenor, Forjas Alavesas, Areitio, Arregui, Esmaltaciones San Ignacio, BH, Puli-mentos Amurrio y Agrator-Echezarreta.(1). Además de nuestro sindicato estaban presentes OCA y los sectores de CC.OO. vinculados a LC, LCR y MCE. No formaba parte el sector de CC.OO. vinculado al PCE, que tenía presencia en Mevosa, Aran-zábal y Engranajes y Bombas UGO, dada su táctica de intervención en el Sindicato Vertical.

 

Las reuniones se hacían en las afueras y una de las últimas, a finales de 1975, en la parte posterior del actual cementerio El Salvador, como siempre sorprendente en su génesis al aparecer, de forma repentina y simultánea, grupos de dos o tres personas desde las direcciones más inverosímiles. Los rostros serios, la ropa y algo indefinido en la figura ya nos delataba antes de llegar. Allí la mayoría no nos cono-cíamos pero entre el miedo, la responsabilidad y el frío que hacía componíamos una estampa digna de una buena instantánea.

 

El 14 de noviembre el primer Consejo de Ministros presidido por Juan Carlos aprobaba el Decreto de Congelación Salarial. El 20 moría Franco y seis días después se firmaba el decreto de indulto para algunos presos políticos. Al día siguiente más de 7.000 personas acudieron a las puertas de Carabanchel. Poco a poco fueron saliendo presos, pero no todos, lo que hizo que la demanda de amnistía total, polí-tica y laboral, fuera asumida por el movimiento obrero como parte de su lucha. La marcha, el siete de diciembre, de varios miles de personas ante Carabanchel fue duramente reprimida.

 

En diciembre, tan sólo en Madrid, más de 150.000 trabajadores de casi todos los sectores: metal, construcción, banca, seguros, telefónica, química o textil, habí-an participado en algún tipo de movilización.(2) Los primeros días de enero aumen-taron las empresas en huelga y paró Renfe y el Metro, que pronto serían militariza-das. Las cuencas mineras asturianas estaban paralizadas. En todo el país había una rebelión en contra del decreto de congelación salarial.

 

El viernes, 9 de enero de 1976, aprovechando el cambio de turnos, se realizó una asamblea en Forjas Alavesas. Se acordó pedir la dimisión de enlaces y jurados, elegir una CC.RR. y parar para que se retirase el cuarto turno y se negociasen las


 

 

1.- Informe Federaciones. UGT 1975.

 

2.- Madrid en Huelga. Enero 1976.


AÑOS DE LUCHA Y ESPERANZA. EL 3 DE MARZO DE 1.976             123

 

 

 

 

 

demás peticiones. Al día siguiente el 60% de una plantilla de 2.000 trabajadores ini-ciaban la huelga en Mevosa por peticiones similares, obligando a dimitir a la repre-sentación oficial y eligiendo directamente nuevos representantes.. Poco a poco irían incorporándose nuevas factorías hasta constituir un núcleo duro integrado por algo más de seis mil trabajadores. El método de lucha se basó en la asamblea de fábri-ca, como centro máximo de decisión, en la elección directa de Comisiones Repre-sentativas (CC.RR.), como único interlocutor ante la dirección, en la huelga y en la solidaridad obrera.

 

En aquellos momentos yo trabajaba en Talleres Velasco, empresa del sector metalúrgico que contaba con otros dos centros de trabajo: Gama y Seteko. Cuando se inició la huelga de Forjas, la primera, toda nuestra atención estaba puesta en su proceso de lucha, dispuestos a confluir con ellos tal y como se había acordado en la COV. Había pasado escasamente una semana cuando realizamos una asamblea de los tres talleres, elegimos una CC.RR. y comunicamos a la dirección nuestras peticiones, en un proceso similar al de las demás empresas que irían sumándose al conflicto: Gabilondo, Aranzábal, Olazabal y Huarte, Cablenor, Apellaniz, Industrias Galycas, Areitio y Orbegozo de Salvatierra. También Engranajes y Bombas Ugo en solidaridad con dos jurados despedidos. Así se inició una de las páginas más impor-tantes del movimiento obrero.

 

 

 

Coordinadora de Comisiones Representativas y Asambleas Conjuntas

 

Todas las luchas contienen lecciones de las que podemos aprender, pero la que culminó el tres de marzo, por sus características, recuperaba tradiciones que eran parte de la experiencia acumulada por la clase obrera a lo largo de un siglo.

 

Durante las primeras semanas las asambleas diarias y los debates sobre la orga-nización, la dimisión de enlaces y jurados, las maniobras de los empresarios y las octavillas de la policía, fortalecieron la unidad en cada centro y, sobre todo, hicieron madurar la conciencia de que era necesario superar los límites de cada empresa.

 

La asamblea de fábrica, órgano máximo de decisión, fue central en el desarrollo del conflicto. En ella se ejercían los derechos de reunión y expresión, que la legali-dad prohibía, y se discutía y decidía todo entre todos. No fue casualidad que uno de los debates necesarios consistiera en decidir como se votaba: a mano alzada o mediante voto secreto. El debate en la asamblea reforzaba la confianza de los tra-bajadores, en sí mismos y como colectivo, y sobre todo su identificación con aque-llos representantes que mejor expresaban sus experiencias, necesidades e intere-ses.


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Aunque se ha dicho que los trabajadores en aquellos primeros momentos no tenían ningún tipo de conciencia obrera, la realidad es que esa conciencia, es decir, la comprensión de los intereses opuestos que hay entre ellos y los capitalistas, nace el primer día en que se ocupa un puesto de trabajo. Mientras que el artesano, como propietario de sus herramientas y del producto final de su trabajo, tiene un interés directo en el proceso de producción, el obrero, en cambio, no tiene ningún interés personal en el mismo, ya que no le pertenece la mercancía para la venta que cons-tituye el producto final de su obra. Son las condiciones de trabajo las que crean con-diciones para la toma de conciencia de los trabajadores y en aquellos momentos no podían ser peores. Cuestión distinta era la conciencia política que era baja en rela-ción con sectores de Vizcaya y Guipúzcoa, donde era habitual que la amnistía, por ejemplo, formara parte de todas las plataformas reivindicativas. Esta conciencia, no obstante, se despertó y fortaleció rápidamente durante el conflicto.

 

Como marxistas éramos conscientes de que la huelga no era solamente un ins-trumento de fuerza para conseguir las reivindicaciones planteadas. Era sobre todo un momento excepcional en el que nos hacíamos conscientes de nuestra perte-nencia a una clase social, en el que aprendíamos todas las implicaciones de nues-tra lucha incluida la necesidad de cambiar la sociedad y en el que comprendíamos la importancia de organizarnos. Eran los sectores más activos los que sacaban con-clusiones más rápidamente pero el ambiente involucraba a todos incluidas nuestras familias y otros sectores sociales.

 

A medida que fueron saliendo fábricas a la huelga, la antigua COV fue modifi-cándose radicalmente admitiendo ya sólo a aquellos trabajadores que éramos miembros de CC.RR. de fábricas en huelga y no permitiendo la asistencia a otras personas que debían plantear su participación por otros medios y en otro marco, a través de las organizaciones en las que se encuadraban, o a través de las estructu-ras de participación que se iban creando.

 

La UGT estaba presente en Mevosa, Olazabal y Huarte, Areitio y talleres Velas-co-Seteko-Gama. El 28 de enero distribuiría su última octavilla como sindicato deci-diendo, a partir de ese momento, intervenir desde dentro de las CC.RR., por consi-derar que era el medio más adecuado para moldear la lucha e impulsarla. Además, porque era una organización, podía apoyar, y lo hizo, desde las estructuras que tenía en los barrios, especialmente en Adurza, Arana-Judizmendi, El Pilar, Zarama-ga y Ariznavarra, organizando la solidaridad, consiguiendo locales para hacer reu-niones y promoviendo actividades de apoyo.

 

“ LOS TRABAJADORES DE ALAVA CONTRA LA CONGELACION SALARIAL

 

Desde el pasado día diez los trabajadores de diversas fábricas de Vitoria y la provincia han ido saltando paulatinamente a la huelga en una generalización sin precedentes del movimiento obrero alavés.


AÑOS DE LUCHA Y ESPERANZA. EL 3 DE MARZO DE 1.976             125

 

 

 

 

 

Si en un principio fueron los obreros de Forjas Alavesas y Mevosa los que die-ron el primer paso, a medida que los días pasaban y la sensibilización se extendía se han ido sumando a este movimiento reivindicativo los obreros de otras fábricas en torno a sus reivindicaciones específicas pero con un deno-minador común: la lucha contra los bajos salarios y el marginamiento del Sin-dicato Vertical.

 

En estos momentos más de seis mil obreros participan en este movimiento huelguístico estando paradas las empresas de: Forjas Alavesas, Mevosa, Gabi-londo, Aranzábal, Cablenor, Industrias Apellániz, Muebles Vitoria, Areitio, Industrias Galycas, Orbegozo (Salvatierra) y Ugo, ésta en lucha por la readmi-sión de dos compañeros (jurados) despedidos declarados improcedentes por Magistratura.

 

Así mismo, este movimiento reivindicativo ha afectado a diversos talleres como Velasco, Seteko y Gama que cuentan con seis despedidos, Olazábal y Huarte y fábricas como Cremalleras del Norte (Crenor) con paros parciales de una hora y que, según informaciones de última hora, va a ser cerrada. También ha habido paros en la zona de Llodio y en Miranda de Ebro.

 

Todo este proceso de generalización tiene como eje central las Asambleas, tanto las particulares de fábrica (para discutir problemas específicos) como las de conjunto en la que participan las diversas fábricas en paro.

 

La Plataforma a unificar en estos momentos pasa por los siguientes puntos: 5.000 ó 6.000 pesetas, igual para todos, ni un despedido, ni un represaliado, no al Sindicato Vertical (que las empresas dialoguen con los representantes elegidos en Asamblea). Todo el poder a la Asamblea. Todavía hoy hay posibi-lidades de que nuevas fábricas se unan a la huelga por lo que el proceso de generalización no ha terminado ni mucho menos.

 

Por otro lado la lucha se está llevando a otros sectores como barrios, estu-diantes, amas de casa, a través de diversas asambleas las cuales, en torno a sus propias reivindicaciones y en solidaridad con los obreros parados, están participando en la lucha.

 

Vitoria vive unos días de intensa solidaridad como se está demostrando en las diversas asambleas que se celebran, en la recogida de dinero para los huel-guistas y en la proliferación de las Cajas de Resistencia en todo lugar ade-cuado para ello.

 

La clase obrera de Vitoria ha descubierto que en la UNIDAD está su poder y que después de 40 años de opresión y explotación aun es capaz de luchar por sus propios intereses. La UGT siempre en defensa de los intereses de los tra-bajadores apoya activamente la lucha. Así mismo se ha solicitado apoyo de la FITIM.

 

La lucha es dura y tenaz pero ¡Venceremos!


 

Federación del Metal de la UGT. Vitoria, 28 de enero de 1976 “


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Determinados dirigentes como Tomás Echave o Jesús Fernández Naves, se resistían a exponer las posiciones ganadas en sus asambleas abriéndolas a otras realidades y otros puntos de vista. Insistían, una y otra vez, que los trabajadores debían interiorizar, en cada empresa, que su fuerza residía en la paralización de la producción y llegar a comprender, por sí mismos, la necesidad de unir fuerzas más allá de su centro de trabajo. Su visión sobre el “grado de maduración” de sus asam-bleas no coincidía con el criterio de la mayoría de los miembros de las CC.RR. Los militantes de UGT, entre otros, considerábamos que no nos enfrentábamos sólo a los empresarios en cada fábrica, sino a todo un sistema social, político y legal que amparaba sus intereses. Por ello defendíamos la necesidad de concentrar la fuerza y dirigirla contra un objetivo que fuera asimilado por todos. El de negociar directa-mente a través de nuestros representantes, conscientes de que esa exigencia se enfrentaba directamente al Sindicato Vertical y a la legalidad franquista.

 

La COV, convertida ya en Coordinadora de CC.RR., contenía, en sí misma, el ger-men de una nueva estructura que trascendía el marco de la empresa. Ella nos per-mitió vencer la resistencia que ofrecía un sector vinculado a OCA, aprobando mayo-ritariamente la realización de una primera asamblea unitaria de trabajadores en huelga el 22 de enero. Se dio así un nuevo impulso para consolidar una dirección unificada del conflicto cuyo núcleo estaba formado por personas representativas que, en general, éramos militantes de organizaciones políticas y sindicales de izquierda.

 

Esta Coordinadora estaba compuesta por tres representantes de cada centro. Había personas vinculadas a cuatro tendencias de CC.OO. (PCE, MCE, LC y LCR), a UGT y a COA y, además, dos personas significativas contrarias a las organizacio-nes existentes en beneficio de una difusa idea de autoorganización obrera. No esta-ban presentes ni ELA-STV ni LAB. Esta Coordinadora tuvo la capacidad de dar una dirección sindical y política precisamente porque estábamos organizados y tenía-mos una ideología anticapitalista que coincidía en los puntos fundamentales res-pecto al contenido a dar al conflicto. También porque se conectó con las necesida-des y aspiraciones del conjunto de los trabajadores. Si no hubiera sido así, el sec-tor de las CC.RR. que estaba en desacuerdo con la orientación que se estaba dando, sector vinculado al PCE, hubiera tenido éxito en sus intentos, repetidos, de dividir o modificar el rumbo de los acontecimientos.

 

Hay que considerar que la actitud de la CONE reflejaba directamente la política del PCE: “no ser impacientes ante Huelgas Generales… comprender que hoy coin-cidimos con la patronal en aspectos concretos, esencialmente políticos… hacer comprender a las Fuerzas del Orden (Policía, FF.AA. y Guardia Civil) que no vamos contra ellos… integrar a empresarios (en contra de la política económica del Gobier-no) en múltiples centros de dirección pública de acción general”.(1). Su filosofía se enfrentaría al desarrollo de la lucha en momentos clave pero su presencia y su auto-


 

 

1.- Declaración de la CONE de 21-10-1974.


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ridad fueron insuficientes para contrarrestar el curso de los acontecimientos y la decisión de los trabajadores de llegar hasta el final.

 

La mayoría de las CC.RR. coincidíamos en marginar totalmente al Sindicato Ver-tical. Defendíamos el reconocimiento de los representantes directamente elegidos en asamblea y la necesidad de explicar abiertamente a los trabajadores, a partir de la experiencia que estaban protagonizando, la relación que había entre los empre-sarios y el sistema político, social, judicial e institucional. Era elemental potenciar la solidaridad y unir fuerzas: de los trabajadores en huelga respecto de sus represen-tantes, para que no fueran detenidos ni despedidos; de los trabajadores de cada factoría en huelga con los demás que estaban luchando, por lo mismo y contra los mismos; y de involucrar en la pelea a todo el pueblo trabajador directamente inte-resado en un resultado positivo del conflicto.

 

Y, a pesar de todo, las decisiones en la Coordinadora de CC.RR. no fueron pací-ficas sino que se adoptaron después de intensos debates que reflejaban diferencias que, sin embargo, se ahogaban en la necesidad de no quebrar las ilusiones y expec-tativas de aquellos a quienes representábamos. La realización de asambleas con-juntas, el momento en el que se decidió realizar acciones colectivas, las convocato-rias de huelgas generales, hasta la elaboración de las octavillas, tuvieron que ven-cer la resistencia de quienes se oponían reiteradamente a realizar análisis que tras-cendiesen los aspectos concretos de la lucha y sobre todo a aceptar propuestas que no procedieran de ellos mismos.

 

No fue el azar sino la experiencia negativa que se había ido acumulando duran-te los años anteriores lo que hizo que calara entre los trabajadores la idea de mar-ginar al Sindicato Vertical. Tampoco fue la voluntad de los trabajadores sino la acti-tud de empresarios e instituciones la que hizo que el conflicto se fuera tornando más denso, más unido, más solidario y más consciente de su fuerza.

 

Los empresarios en Alava tuvieron los mismos patrones de comportamiento que en otras partes. Protegían su beneficio económico, que podía verse afectado por las reivindicaciones obreras. Defendían el mantenimiento del principio de autoridad, mediante sanciones duras y colectivas. Escudaban su negativa inicial a negociar amparándose en los topes salariales y en la elección de las CC.RR. Adoptaron medi-das para frustrar posturas colectivas de los trabajadores: impidiendo las reuniones dentro de la fábrica, fomentando votaciones secretas individuales en los momentos de máxima tensión, desprestigiando a los trabajadores más destacados, o elimi-nando de la empresa a los más molestos. Para todo contaron, en todo momento, con la legislación laboral, las instituciones y los medios de comunicación, como El CorreoLa Gaceta o el Norte Expres.

 

El último sábado de enero, a última hora, los trabajadores en huelga, tal y como habíamos decidido, realizamos una marcha por las calles céntricas de Vitoria vis-tiendo la ropa de trabajo. Todos aquellos monos azules, desgastados por haber sido


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tantas veces lavados, eran un símbolo de nuestro orgullo de pertenecer a una clase dispuesta a defender con dignidad nuestros derechos. Mientras pasábamos por la calle Dato algunos empresarios y sus señoras, con los abrigos de pieles informal-mente dispuestos en el respaldo de la silla, miraban asombrados, detrás de los visi-llos del Círculo Vitoriano, aquella estampa soberbia que hacía más de cuarenta años que no veían. Miles de trabajadores con la cara risueña desfilando con un uniforme ajado, inmaculadamente limpio.

 

No era casualidad que al frente del conflicto estuvieran los obreros industriales que, en general, son la vanguardia de los asalariados debido a las condiciones en que desarrollan su trabajo. La concentración de trabajadores en la industria es mucho mayor que en otros sectores lo que conlleva un sentimiento de fuerza y poder en la empresa que se pone de relieve en cada huelga, con efectos profundos en su conciencia. Además, la utilización de maquinaria es mayor y el operario tiene la sensación de ser un simple apéndice de la máquina con la que actúa, lo que quita a su tarea todo atractivo. Prácticamente la cualificación es parecida en cada línea de producción y muchas de las categorías existentes son artificiales para divi-dir a los trabajadores o para estimularles y aumentar la productividad del trabajo.

 

Asimismo, la ausencia de contacto personal con el patrono, en la gran o media-na empresa, les hacía ver, más fácilmente que a otros, que todo el funcionamiento de la fábrica era obra suya. Que para que todo funcionase eran ellos los únicos necesarios, estando más arraigado por ello el sentimiento común de explotación. Su peso especifico en la sociedad y en la economía era muy superior a su peso numé-rico y este sentimiento de poder y de fuerza se manifestaba en cada huelga impor-tante de la que eran protagonistas.

 

Durante dos meses la lucha que manteníamos dio confianza y atrajo, como un remolino, a otras empresas que, bien por solidaridad o por sus propias reivindica-ciones, se incorporaban y se desvinculaban en un proceso dinámico en el que tam-bién intervinieron los profesores de EGB que habían constituido una Coordinadora e iniciaban un paro técnico el 9 de febrero, en contra del Decreto de Plantillas, o los transportistas. Pero sería el foco inicial, integrado por unas seis mil personas, el que constituyó una fuerza que con cada obstáculo se crecía más y más hasta resultar imparable.

 

La Coordinadora de CC.RR. aprobó no incorporarse al trabajo unilateralmente si no se readmitía a todos los despedidos y represaliados y planificó la extensión de la lucha. Primero incorporando a las mujeres de los trabajadores en huelga que cele-braban sus propias asambleas, organizaban el reparto de alimentos y hacían mar-chas hacia las empresas y por todo Vitoria, duramente reprimidas, y concentracio-nes en los mercadillos. Después, organizando, el dos de febrero, la primera marcha agrupada de más de seis mil obreros hasta el Consejo de Empresarios, exigiendo negociación, marcha que fue brutalmente disuelta por la policía; y, más tarde, orga-


AÑOS DE LUCHA Y ESPERANZA. EL 3 DE MARZO DE 1.976             129

 

 

 

 

 

nizando una Caja de Resistencia que permitió concretar la solidaridad activa y expresar la voluntad de ganar la lucha. No había bar o comercio que no tuviese uno o varios botijos con la pegatina correspondiente y diariamente se recogía y contabi-lizaba una ayuda que creaba conciencia y proporcionaba un apoyo mil veces mas importante que su valor económico.

 

La ofensiva patronal, utilizando todos sus resortes de poder, se analizaba en cada una de las asambleas de fábrica y era el objeto principal de las intervenciones en las asambleas conjuntas. La prensa y radio, el Ayuntamiento, la Diputación, el Gobierno, todos llamando al cese de la huelga como cuestión previa para una posi-ble negociación y a “la paz”, como si el problema creado fuera responsabilidad de los trabajadores y no de la falta de libertades y de la actitud patronal. Mientras llo-raban como Magdalenas, apelando a nuestros sentimientos, hacían el trabajo sucio por detrás, repartiendo octavillas sin firmas contra la huelga, deteniendo a trabaja-dores, mandando cartas de despido, imponiendo multas gubernativas e intentando desprestigiar a los dirigentes obreros más destacados hablando del “oro de Moscú”.

 

Otros también trabajaban para acabar con el conflicto. Cuenta Francisco Lecuo-na, en aquellos momentos muy ligado personalmente con el PCE, miembro de la CC.RR de Aranzábal, y también del Jurado de Empresa, que estaba entre dos fue-gos: de un lado el PCE que le presionaba para que adoptase una postura autóno-ma y enfrentada al resto y de otro el PNV quien, a través de varios dirigentes, le pre-sionaban para que finalizara la huelga de forma concreta.

 

Por parte de la Coordinadora todo era actividad. A la respuesta en cada fábrica se añadió la necesidad de articular medidas más amplias, por lo que se convoca-ron asambleas para los trabajadores que no estaban en huelga y se presionó a los trabajadores de Michelín que era la única factoría importante que no respiraba. Por fin se consiguió que hicieran una asamblea el once de febrero pero sólo hubo qui-nientas personas de una plantilla de cuatro mil y no se logró que respondieran, a pesar de los 16 despedidos en Michelín de Valladolid, en huelga desde el dos de febrero, y a pesar de la incorporación a la lucha de los operarios de Aranda el seis de febrero.

 

La dura experiencia de 1972, las propias características de la factoría y la inde-cisión de algunos de los dirigentes, impidieron que un centro tan importante se incorporara en defensa de sus propios problemas. Pocos días después, el 16 de febrero, Michelín de Lasarte, partiendo de una asamblea inicial de 350 trabajado-res, iniciaría una huelga secundada por la mayoría de sus 4.500 operarios, en defensa de su convenio, en solidaridad con sus compañeros en Aranda y Vallado-lid y para reclamar un Jurado Central y un Convenio General. Cien días de huelga en Lasarte, 88 en Aranda de Duero, 50 en Valladolid, y la situación en nuestra ciu-dad, no fueron suficientes para que la plantilla vitoriana venciera la resistencia de una multinacional especialmente inhumana.


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El día 12 de febrero 300 compañeras de operarios en huelga se habían con-centrado con sus bolsas en la Plaza de Abastos y luego en el mercado semanal de la Plaza de España. Ese mismo día se acordó no negociar mientras hubiera deteni-dos y se realizó una marcha ante el Gobierno Civil para exigir su libertad. Dos tra-bajadores de Forjas Alavesas habían sido arrestados por la mañana, por supuestas amenazas a esquiroles, y José Antonio Marijuan Tejedor, de Aranzábal, después. Miles de personas desde los arquillos y alrededor de la comisaría esperábamos expectantes hasta conocer que habían sido encarcelados. Allí mismo se convocó a plena voz, tal era nuestra carencia de recursos, una asamblea de urgencia por la tarde.

 

La asamblea conjunta del 13 al 14 fue especial. Se informó del fracaso de las gestiones con el gobernador civil que pasaba la pelota a los jueces y mantenía los detenidos y las multas y se decidió romper cualquier negociación con las empresas mientras todos los detenidos no fueran puestos en libertad. En aquellos momentos pensé que permanecer encerrados toda la noche podía ayudar a denunciar públi-camente la existencia de despedidos y detenidos, llamar la atención sobre la pro-longación del conflicto y debatir sobre su desarrollo. Comentado con otros compa-ñeros de la Coordinadora de CC.RR. defendí la propuesta ante la asamblea siendo aprobada por unanimidad. Durante la noche las familias llamaban o se acercaban para llevar algo caliente, acompañar a los encerrados, ver cual era la situación, inda-gar por si necesitábamos algo. Todo Vitoria sabía que más de mil trabajadores esta-bamos encerrados en la iglesia de San Francisco y aquella noche fue muy peculiar con cientos de intervenciones sobre la situación que estábamos viviendo y las pers-pectivas. De allí salió la convocatoria a la huelga general del día 16.

 

En las asambleas conjuntas de cada semana se hacía hincapié en el problema que había sido más relevante: la legalidad, las instituciones, los medios de comuni-cación, la justicia...... No hacía falta mucho para vincular las experiencias que se

 

estaban teniendo con la denuncia y desenmascaramiento de todo un sistema orga-nizado en beneficio de los patronos. La educación que se recibía era que la ley y la autoridad eran sagradas, reglas de juego que había que respetar por encima de todo. Pero nosotros estábamos viendo de forma sangrante que, en la práctica, la legalidad estaba para garantizar los intereses de la clase dominante y que si no luchábamos por aquello que considerábamos justo, que era lo ajustado a nuestros intereses en cada momento, aunque fuera ilegal, no podríamos avanzar en nuestros derechos y necesidades.

 

Jesús Fernández Naves, de 41 años, era protagonista principal en aquellas asambleas. Era cierto que habíamos debatido y acordado en las CC.RR. los aspec-tos sobre los que había que insistir pero, de alguna manera, todos estábamos espe-rando que hablase porque expresaba de forma simple y enérgica lo que sentíamos y pensábamos. Siempre llevaba una pequeña nota preparada en la mano derecha y echaba breves miradas mientras movía enérgicamente la cabeza cada vez que


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enfatizaba alguna frase. Mientras hablaba no se oía ni una mosca y al final los aplausos expresaban un sentimiento que necesitaba expandirse para no ahogarse. Hoy vamos a hablar de… y al momento, la atención se concentraba hasta tal punto que el espacio se condensaba en el breve universo que ocupaba aquella figura menuda y enjuta situada, por las características de la iglesia, en un altar. Paradóji-camente, después de la huelga, renunciaría a jugar algún papel en el movimiento obrero, e incluso se mantendría en un segundo plano en su empresa, hasta que ésta intentó despedirle, junto con otros trabajadores, muchos años después.

 

La primera huelga general se convocaría el 16 de febrero exigiendo la libertad de los detenidos y la negociación con las CC.RR. Una huelga general que se pre-paró con asambleas en todos los barrios obreros y manifestaciones por todo Vitoria. Aunque la huelga no fue generalizada fue importante y consiguió que a la semana siguiente todos los detenidos estuvieran en libertad. En la asamblea unitaria cele-brada por la tarde intervendrían representantes de CC.OO. de Navarra y del centro de Michelín de Valladolid, informando y llamando a organizarse.

 

 

 

UGT. CIOSL. FITIM

 

La segunda huelga general se convocaría para el 23 de febrero y la nota rele-vante la pondría la presencia de José Antonio Aguiriano. Llevábamos casi un mes informándole por teléfono del proceso de lucha, de los porrazos que nos estaban dando y de la ausencia de libertades. Esa insistencia motivó que se enviaran tele-gramas de solidaridad y apoyo del Presidente de la CIOSL y de la FITIM. En ellos se anunciaba el envío, a través de UGT, de 500 dólares de la Confederación y de 3000 francos suizos de Federación Internacional de trabajadores metalúrgicos, informa-ción que se hizo publica en la asamblea Conjunta celebrada el día 31 de enero.

 

Para la UGT era muy importante que aquel conflicto fuera conocido fuera de Vitoria, si era posible en todo el mundo, y también decir a los trabajadores, de forma gráfica, que los sindicatos obreros estábamos allí y que a través de ellos también se podía encauzar la solidaridad obrera. También sabíamos el sentimiento de confian-za y agradecimiento que se siente cuando alguien de nuestra clase nos ayuda de cualquier forma, aún de la más pequeña. Pero, además, la cuestión organizativa era una diferencia fundamental con dirigentes como Fdz. Naves o Echave puesto que, el primero, defendía de una manera ingenua la suficiencia de la autoorganización cuando fuera necesario y, el segundo, era reticente respecto de las demás organi-zaciones obreras que no fueran la suya.

 

Cuando nos confirmaron que José Antonio Aguiriano venía desde Ginebra, en representación de la CIOSL, sentimos el aliento de aquellos millones de trabajado-res a los que él iba a representar. Su decisión de venir a Vitoria era interesada pero


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valiente y su actitud de ponerse a disposición de las CC.RR. un regalo que sin embargo no fue bien recibido por algunos dirigentes de la huelga. En lugar de ver en él un medio para amplificar nuestras pretensiones, sólo sentían crecer en su inte-rior una desconfianza que había nacido de sus propias experiencias y convicciones, aunque creo que era injustificada en aquel momento. A pesar de todo pudo inter-venir en la asamblea de Mevosa, en los medios de comunicación, en las manifes-taciones que se organizaron esa semana y, sobre todo, informar personalmente a su organización, lo que seguramente se tradujo en una mayor audiencia de la huelga en todo el mundo.

 

Sin embargo, esta segunda huelga general tuvo poco seguimiento y un sector de los representantes obreros reaccionó con pesimismo, mientras la mayoría defendí-amos la necesidad de analizar los errores cometidos y seguir adelante corrigiéndo-los.


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Tercera huelga general. 3 de marzo

 

Por la readmisión de los despedidos se convocó la tercera huelga general el miércoles, tres de marzo. Se potenciaron las asambleas de barrio, de trabajadores que no estaban en huelga, de comerciantes, de bares y de todo el pueblo trabaja-dor. La mayoría de las asambleas las realizábamos en las iglesias.. El domingo ante-rior, a la hora de la misa, los feligreses que llenaban las parroquias iban viendo como el cura daba la palabra a trabajadores en huelga que explicábamos el con-flicto y llamábamos a la solidaridad y a la huelga.

 

El día tres habíamos formado piquetes, desde las cinco de la mañana, para acu-dir a las zonas industriales. La UGT tradicionalmente nos veníamos empleando a fondo en la zona de Adurza y en la del “Alas”, cerca de Forjas Alavesas. No hizo falta mucho esfuerzo porque el seguimiento era tan generalizado que más que piquetes había en cada punto de concentración una marea humana. Tan sólo en Adurza había varios miles gritando: “despedidos readmisión”, “somos obreros, únete”, “menos policía, más jornal”, “libertad”. La estrategia era concentrarnos por barrios y avanzar hacia el centro confluyendo al mediodía. La intervención de la poli-cía conseguía dispersar transitoriamente las columnas pero se reagrupaban al ins-tante. Nos dirigimos en piquete por toda la zona de la Avenida hasta el hotel Gene-ral Alava y allí escucharíamos los primeros disparos de bala y el ruido producido por el lanzamiento de botes de humo. Desde Adurza, Ali y Zaramaga una riada huma-na comenzaba a inundar el centro de una reducida ciudad, que ese día se haría desmesurada y trágicamente celebre, por circunstancias que ninguno, en aquellos momentos, podíamos sospechar. A partir del mediodía Vitoria era de los que está-bamos en huelga.

 

A las cinco de la tarde, en la Iglesia de San Francisco, lugar habitual de las asambleas comunes, miles de trabajadores esperaban, dentro y fuera, a que llega-sen las CC.RR. reunidas en la Iglesia de Judizmendi.

 

El día luminoso, la Iglesia a rebosar y un sentimiento de satisfacción, por una respuesta tan magnífica, asomando en las caras de las personas que pacífica y ani-madamente comentaban las incidencias de la mañana, no hacían presagiar la tra-gedia.

 

La Coordinadora de CC.RR. no pudo llegar hasta la iglesia. Un cordón de “gri-ses” de los que sólo se veían cascos y escudos, a la altura del bar Las Vegas, lo impedía. Ya se oían sirenas de ambulancias y un presagio encogió los corazones mientras se corría hacia las calles laterales para rebasar la barrera policial. En la calle Francia y en Los Herrán había barricadas cada cien metros y hubo que qui-tarlas para abrir paso a coches y ambulancias que con sus sirenas y pañuelos blan-cos anunciaban la matanza. Poco antes de la hora de inicio de la asamblea, la poli-cía armada había entrado en la iglesia y, haciendo caso omiso de la decisión del


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párroco y del contenido del Concordato, conminó al desalojo. Apenas unos segun-dos después disparaban gases lacrimógenos, en un recinto cerrado y abarrotado de gente, creando indignación y sobre todo pánico. Los que salieron por delante, medio asfixiados y con pañuelos en la boca, fueron apaleados brutalmente por los flancos y a los del frente les dispararon con metralletas y pistolas.

 

Las conversaciones mantenidas por la policía, grabadas en cinta magnetofónica, daban testimonio de lo ocurrido y reflejaban con claridad la frialdad y el cálculo con el que se había decidido la masacre. He aquí uno de los extractos:

 

- Charli a J-1. Cambio

 

.....V-30. Adelante si recibes. Adelante Charli. Adelante si recibes.

 

-  Vamos a ver; parece ser que en los alrededores de San Francisco hay aún mucha gente. ¿ Que hacemos ?. Cambio.

 

-  Si hay gente a por ellos. Cambio.

 

-  Pero ten en cuenta que se meterán dentro de la sacristía. Cambio

 

-  Claro; lo que pasa es que no tenemos todavía esas órdenes. De todas for-mas, tal como están las cosas, se puede entrar. Cambio.

 

-  Bueno, si tú lo dices. ¿ De acuerdo ?.

 

-  De acuerdo. Cambio.

 

-  Vamos a por ellos.

 

-  Charli a Charli-I. Cambio.

 

-  Charli-0 a Charli-I. Cambio.

 

-  Desaloja todo lo desalojable. Cambio.

 

-  Voy a pasar a comunicarlo. Cambio.

 

-  Adelante Charli. Cambio.

 

-  Me dispongo a entrar en la iglesia. Cambio.

 

-  De acuerdo. Cambio.

 

-  Enterado.

 

-  Adelante J-2. Cambio.

 

-  Entrad por la parte que habíamos previsto, porque es una entrada falsa. Cambio.

 

-  ¿ Donde te encuentras ?. Cambio.

 

-  Enfrente de la iglesia que Vd. sabe. Cambio.

 

-  De acuerdo. Cambio.

 

-  Otra cosa J-1.

 

-  Adelante, adelante Charli. Cambio.

 

.........la autorización esa. Cambio.

 

-  A ver, ¿ como dices ?. Cambio.

 

........................................................................


AÑOS DE LUCHA Y ESPERANZA. EL 3 DE MARZO DE 1.976             135

 

 

 

 

 

-  J-I. No interesa que Charli se marche del sitio donde está porque entonces se nos escapan de la iglesia. Cambio.

 

-  Bueno, vamos a ver, Charli. En la puerta de la iglesia está la orden de des-alojo; si tú estás en condiciones acércate con gente y desalojais la iglesia pri-mero. Cambio.

 

-  Oye, si está ahí, si está tu amigo J-2. Cambio.

 

-  Recibido.

 

-  J-2 y J-3 para J-1, procedan a desalojar la iglesia. Cambio.

 

-  Recibido.

 

................................

 

- Vamos a efectuar la operación, Charli.

 

.............en cuanto esté, desalojen a palos. Cambio.

 

................................

 

.........si no, no podemos hacer nada en San Francisco. Mándenos refuerzos.

 

Si no, no hacemos nada. Si no, nos marchamos de aquí. Hemos estado con un cura, pero resulta que no es el párroco. Entonces aquí, hemos entrado dentro, pero esto está muy mal. Si no, si no, vamos a tener que emplear las armas de fuego. Cambio.

 

-  Vamos a ver; Charli0 para Charli. Entonces, el Charli que está ahí, J-2 y J-3, desalojen la iglesia, y como sea. Cambio.

 

-  Pero no podemos desalojar porque entonces, está repleta de tíos, repleta de tíos; entonces, por las afueras, estamos rodeados de personal. Vamos a tener que emplear las armas de fuego. Cambio.

 

-  Gasead la iglesia. Cambio.

 

-  J-5 a Charli3. Cambio.

 

-  Adelante J-2. Cambio.

 

-  Date prisa. Que vengan los Charlis, porque estamos rodeados de personal; al salir de la iglesia, aquí, va a haber un pataleo. Vamos a tener que usar las armas de fuego. Seguro además ¿ eh ?.

 

...........tienen que...........

 

-  Adelante, adelante, adelante V-47. Dime con qué unidad estás y que lío teneis ahí. Cambio.

 

-   Esto está aquí, esta hecho, están sacándolos todos para afuera, ahora mismo, en estos momentos.

 

-  Pero vamos a ver, estais cargando o qué. Cambio.

 

-  Está a tope.

 

-  De acuerdo, de acuerdo. Cambio.

 

.......................................

 

-  Intenta comunicar a V-0 que aquí estamos y que esto es una batalla campal. Para que lo sepa él. Cambio.

 

(..................) Se oyen disparos y disparos, ráfagas, claxons, gritos..............


136           TRES DE MARZO: UNA LUCHA INACABADA


 

 

 

 

 

-  .......a J-3. Cambio.

 

-  .......hemos tirado mas de 2.000 tiros. Cambio.

 

-  A ver; ese fuego, ¿ que ha sido ? ¿ ha sido al aire ?. Cambio.

 

........................

 

-  ¿ Como está por ahi el asunto ?.

 

- Te puedes figurar, después de pegar mil tiros y romper la iglesia de San Fran-cisco. Te puedes imaginar como está la calle y como está todo.

 

-  Adelante, Charli para Charli2. A ver, ¿ donde te encuentras ?. Cambio.

 

-  Estoy en la Plaza Salinas, que hemos contribuido a la paliza mas grande de la historia..........

 

..........................................

 

La policía resolvió la situación que habían creado a tiro limpio, asesinando a Pedro María Martínez Ocio, trabajador de Forjas Alavesas, de 27 años, Francisco Aznar Clemente, operario de panaderías y estudiante, de 17 años, Romualdo Barro-so Chaparro, de Agrator, de 19 años, José Castillo, de Basa (Grupo Arregui), de 32 años. Dos meses después moriría Bienvenido Pereda, trabajador de Grupos Dife-renciales, con 30 años. Dos obreros asesinados directamente en el lugar de los hechos, cuatro heridos muy graves de los cuales tres morirían, más de sesenta heri-dos graves, la mitad con heridas de bala, y cientos de heridos leves.

 

La cólera y la rabia se expresaron con la fuerza de un ciclón arrasando un mobi-liario urbano que pagó el precio de un desahogo necesario. La practica totalidad de las lunas que se rompieron eran de las Cajas de Ahorro y de los Bancos. Muchos pueden dar fe de que había trabajadores dispuestos a bajar de su casa las escope-tas e ir a la radio o a cualquier sitio donde se pudiera gritar a los cuatro vientos la realidad de un pueblo masacrado después de tantas mentiras y manipulaciones sobre la huelga. Después de la tronada, un enorme vacío paralizó el nervio colecti-vo de una ciudad abatida.

 

Al atardecer sólo los trabajadores y sus familias ocupaban las calles y un ligero viento hacía aún más pesado un silencio que casi podía oírse. Todavía sonaban en el aire los diálogos de los mandos policiales, conscientes en todo momento de lo que estaban haciendo. Fue una noche larga y en muchas casas la tensión se des-hizo en mil abrazos cuya necesidad revelaba la profunda soledad de la que a veces nace la vida. Fraga Iribarne era entonces ministro de la Gobernación y el sábado de esa semana, junto con Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales, y el general Campano, director de la Guardia Civil, intentaban, visitando a los heridos, reducir el impacto de una decisión que proyectaba ante el mundo el rostro más cruel y bárbaro de la dictadura que ellos representaban.

 

Era el intento de acabar con una lucha que cuestionaba directamente el poder capitalista y la dictadura franquista a su servicio. La orden de disparar la había deci-dido el gobernador civil de la provincia, Rafael Landin, la había dado el capitán


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Jesús Quintana Saracibar y la habían ejecutado policías locales con la ayuda de otros venidos de Miranda de Ebro y Valladolid. Cómplice de los anteriores, entre otros, el presidente de la Diputación Foral de Alava, Lejarreta, asesor económico de Forjas Alavesas.

 

El mismo día las Federaciones de Alava del PSOE, de la UGT y de las JJ.SS. emi-tían un manifiesto que se distribuyó interna y externamente por todos los medios:

 

“ Las Federaciones de Alava de PSOE, UGT, JSE: DECLARAN

 

•      Que frente a la actitud negociadora de los obreros en huelga la patronal ha mostrado la más absoluta intransigencia contestando con más despidos y no dando satisfacción a ninguna de las reivindicaciones planteadas.

•      Que el llamamiento a la huelga general para el día tres no fue realizado por grupos clandestinos ni elementos subversivos como han informado radio y televisión española y la mayor parte de la prensa.

 

•      Que el llamamiento a la huelga general para el día tres tuvo como motivo forzar a la patronal a la readmisión de los despedidos siendo dicha con-vocatoria votada democráticamente por todos los obreros en huelga y asu-mida por asambleas de barrio, estudiantes, profesionales y obreros no parados.

 

•      Que el día tres miércoles toda Vitoria asumió la llamada a la huelga gene-ral (fabricas, tiendas, sectores profesionales, banca, bares.....). Toda la ciudad estaba en pie sin condiciones de ningún tipo ya que Vitoria entera asumía la consigna: NINGUN DESPEDIDO.

 

•      Que los enfrentamientos fueron iniciados por la policía disolviendo las manifestaciones de hombres y mujeres con balas de goma y gases y que hubo un momento en que, a falta del material antes citado, las fuerzas represivas hicieron uso de las pistolas y metralletas hiriendo a varios mani-festantes.

 

•      Que desde la mañana la policía entró en las iglesias, pegando brutalmen-te en la iglesia de Los Angeles a un cura y alguna mujer de las que se encontraban en el interior.

 

•      Que a las cinco de la tarde la policía acordonó la iglesia de San Francisco de Asís impidiendo la entrada al personal que así lo deseaba e impidien-do la celebración de la Asamblea Conjunta al gasear la iglesia obligando a salir a los obreros allí reunidos.

 

•      Que la policía según iban saliendo los obreros los iba apaleando brutal-mente y que allí mismo dispararon con pistola y metralleta lo que originó en principio dos muertes y numerosos heridos.

 

•      Por último dejar bien claro que los manifestantes sólo utilizaron piedras, y únicamente piedras, tras la brutal agresión de la policía hacia los que ocu-paban la iglesia, y posteriormente al enterarse de la existencia de dos muertos.

 

Por todo ello declaran:

 

Que la postura intransigente de los empresarios ha sido la culpable de llegar a esta situación.


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Denunciamos la brutal agresión de la policía y los medios empleados dispa-rando contra manifestantes indefensos lo que ha originado tres muertos y más de sesenta heridos.

 

Exigimos el procesamiento de los culpables, no sólo de la policía armada sino del Gobernador, como responsable inmediato de los acontecimientos. Exigi-mos el procesamiento del Director General de Seguridad y del Vicepresidente del Gobierno Fraga Iribarne.

 

Hacemos un llamamiento a la clase obrera de Euskadi y al resto del territorio del Estado a una movilización urgente y decisiva para derrocar la monarquía fascista, heredera legítima de la dictadura de Franco.

 

Al mismo tiempo la movilización debe exigir la readmisión de todos los des-pedidos y la liberación de todos los detenidos.

 

3 de Marzo de 1976 “

 

A las siete de la tarde nos reunimos las CC.RR. y analizamos tres puntos: la posi-bilidad de que hubiera un atentado, la redacción de un comunicado, la decisión de ocultarnos en previsión de que empezaran a detenernos y la necesidad de poner-nos en contacto con las organizaciones obreras para garantizar la máxima respues-ta. El amanecer del día siguiente nos sorprendió repartiendo la octavilla de las CC.RR. y la propia pero muchos trabajadores no habían ido al trabajo y otros volví-an después de haber decidido parar en su asamblea.

 

Al lado de la Iglesia de San Francisco alguien había escrito con sangre la pala-bra JUSTICIA y habían puesto un zapato, unas piedras y dos trozos de rama for-mando una pequeña cruz. Un grupo de personas había pasado toda la noche velan-do y a la mañana siguiente la policía disolvió con saña, a patadas, a los presentes y dispersó los restos que recordaban su crimen. Dos trabajadores tuvieron que ser ingresados con lesiones graves. Uno de ellos, Andoni Txasko Diaz, perdería la visión del ojo derecho por un golpe de porra en la cabeza.

 

En la reunión de las CC.RR., a las tres en Gamarra, se decidió la convocatoria de la huelga general en todo Euskadi el 8 de marzo, la intervención en los funera-les y las posibles reacciones. Aquel jueves el secretario general del PSD alemán cancelaba la entrevista con Fraga Iribarne que participaba en una campaña diplo-mática para vender internacionalmente una reforma avalada por la monarquía que había quedado automáticamente desenmascarada. Con un cinismo escalofriante declaraba a la revista Europa: “En Vitoria, las fuerzas de policía, que no contaban con efectivos suficientes, fueron atacadas con barras de hierro. En una eventuali-dad parecida un accidente serio puede producirse. Y es lo que sucedió. Hubo tres muertos y otros dos que murieron más tarde. Todo el mundo reconoce hoy que se trata de una acción típicamente revolucionaria, como la del mes de mayo de 1968 en Francia: en tales circunstancias, siempre hay una investigación”.(35)


 

35.- Informe Vitoria. Pag. 397.


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La solidaridad y la represión

 

El día ocho más de medio millón de trabajadores pararon en solidaridad, en Eus-kadi y Navarra. Antes, el día cinco, el funeral concitó la presencia de todo el pueblo trabajador de Vitoria. Había rabia y emotividad contenidas mientras los féretros entraban en la Catedral y se denunciaba en la homilía la ocultación, tergiversación y manipulación de la verdad” de lo ocurrido, concretando la responsabilidad en la intervención policial, en los que dieron las órdenes y en quienes tenían la respon-sabilidad política. Pero cada vez que decían “los obreros muertos” se oía “asesina-dos” y el rumor era tan fuerte que no cabía entre aquellas cuatro paredes.

 

Después intervino Jesús Fernández Naves, en nombre de las CC.RR., haciendo público el llamamiento a la huelga general convocada para el lunes. Su primera reflexión fue que allí muchos habrían ido para orar, pero muchos más por solidari-dad y porque era el único sitio para reunirnos y para poder informar de lo que se había decidido. La segunda, dirigida a los familiares, para decirles que más allá del respeto a su dolor los muertos eran de la clase obrera y por eso se pedía juicio popu-lar a los asesinos, disolución de los cuerpos represivos, y una sociedad más justa por la que todos estabamos luchando.

 

Luego,…...... más de dos horas acompañando a los féretros en una manifesta-

 

ción inenarrable, al frente de la cual iban algunos miembros de las CC.RR. de las fábricas en huelga mientras que otros nos encargábamos de organizar el paso de la manifestación y a ambos lados de la misma los trabajadores formaban un cordón de seguridad y protección.

 

La huelga del día ocho expresó la combatividad y resolución del movimiento obrero que se enfrentó a la policía y a la guardia civil. En Basauri la policía asesinó, de un tiro en la cabeza, al trabajador Vicente Anton, para evitar una concentración. En Tarragona otro trabajador muerto al disolver la policía una manifestación de soli-daridad con Vitoria. En Bilbao y los alrededores el enfrentamiento fue total, igual que en muchos puntos de Guipúzcoa y Navarra. Conflictos que se estaban desarrollan-do en Cataluña, Galicia, Asturias, Málaga y Madrid se radicalizaron. ¡Vitoria, herma-nos, nosotros no olvidamos¡, fue, más que un grito, repetido hasta enronquecer, una promesa.

 

Ese mismo día comenzaba en Madrid el consejo de guerra contra un coman-dante y ocho capitanes acusados de un delito de “proposición de sedición” porque eran miembros de la UMD. Esta organización de guardias civiles, policías y milita-res también se había solidarizado con la lucha y las víctimas del 3 de marzo.

 

El día 4 detuvieron a Ignacio Martín Echazarra y Alberto Lahidalga, el ocho a Emilio Alonso y el nueve a Jesús Fernández Naves, Juanjo San Sebastián e Imanol Olabarría Bengoa. Todos ellos fueron objeto de malos tratos y torturas. Así lo expre-saba uno de ellos:


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“Me detuvieron el 8 de marzo a las cuatro de la tarde cuando iba a asistir a una reunión convocada por la Coordinadora de CC.RR. Tres horas después apareció Jesús. A las tres de la madrugada nos llevaron, junto con Olabarría, a Madrid después de horas de golpes y vejaciones. A medio camino me saca-ron del coche y me dijeron, metralleta en mano, que corriera para aplicarme la ley de fugas. Todo atemorizado no me movía. A Jesús también le hicieron lo mismo. Durante todo el recorrido me estuvieron interrogando para que les dijera “dónde estaba el dinero que os han mandado de Moscú”. En la DGS estuvimos incomunicados durante cuatro días sin ver la luz del día y con inte-rrogatorios por la noche. Nos llevaron a la Audiencia Nacional donde el juez nos interrogó dos días y pasamos a Carabanchel.”

 

Tomás Echave estaba huido. José Antonio Marijuán sería sometido a consejo de guerra en diciembre acusado de agresión a fuerzas armadas. Estando yo fuera de Vitoria informando en varias provincias, y después en Inglaterra, detendrían a mi compañera, Cristina Valverde. Dado que tenían la casa vigilada detuvieron también a José Angel Lecuona e Iñigo Echevarría que habían pasado para recoger propa-ganda. Los tres habían sido elegidos delegados al Congreso Estatal de la UGT y esta-rían encarcelados durante quince días en la penitenciaria de Nanclares de la Oca.

 

Los días 12 y el 13 los miembros de las CC.RR. éramos conscientes de que no iba a ser posible en aquellos momentos seguir coordinando la lucha ni superar la prohibición de reunirse. El manifiesto de las CC.RR. el 14 de marzo valoraba la vuel-ta al trabajo llamando a un repliegue organizado. Poco a poco se produjo la incor-poración en la medida en que se iba llegando a acuerdos sobre las reivindicaciones y la readmisión de los despedidos. Se siguió manteniendo el rechazo del Sindicato Vertical, el reconocimiento de las CC.RR., el mantenimiento de la asamblea y la exi-gencia de libertad para los detenidos.

 

Las reivindicaciones salariales, el reconocimiento de los representantes elegidos, el que no hubiera despedidos, se consiguió en las empresas más importantes , aun-que no en algunos pequeños talleres, ni tampoco para algunos de los detenidos para quienes se seguiría reclamando su libertad y su readmisión.

 

Se editó un boletin informativo titulado “Vitoria en Lucha” y delegaciones de la UGT de Alava se desplazaron a otras provincias; Madrid, Cataluña, Asturias o Gali-cia, y a otros países; Inglaterra y Alemania, para informar directamente a otros tra-bajadores de su experiencia. Quizás esta actividad frenética para convertir la lucha en formación y organización obreras hizo que no se pudiera atender suficiente-mente, en el plano humano y personal, a las víctimas más afectadas por aquella tra-gedia.

 

A Inglaterra, invitados por las juventudes del Partido Laborista, que defendían un programa marxista, nos desplazamos Jesús Díaz de Durana y yo. Antes habíamos estado en Madrid informando en varias universidades a iniciativa de la Ejecutiva de las JJ.SS. Allí conocimos a Alan Woods y Ted Grant teóricos marxistas. El primero


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Telegrama de CIOSL, CES, CMT denunciando la brutal represión de Vitoria.

 

 

 

había participado activamente en la lucha clandestina contra el franquismo, con el seudónimo de David, y lo haría también en años sucesivos. Durante catorce días informamos a los trabajadores ingleses sobre la lucha mantenida y el carácter bru-tal de la dictadura. Asistimos al Congreso de las Juventudes Laboristas, en el que participaban más de 2.000 delegados, informando en directo. Participamos en míti-nes públicos en Newcastle, Nothingham, Leads, Cardiff, Swansea, Llanell, Sou-hampton y otras localidades. Intervinimos en la convención de las Trade Unión Con-gres (TUC) de Gales en Llamdunc. Fuimos recibidos como Delegados Honoríficos por 500 mandatarios obreros representando a varios millones de trabajadores que aplaudieron a rabiar cuando manifestamos: “este internacionalismo obrero no es algo abstracto sino que debe concretarse en una relación más estrecha entre nues-tro sindicato, la UGT, y vuestra TUC, ambas organizaciones hermanas afiliadas a la CIOSL”.


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También mantuvimos entrevistas con las TUC locales de Shefield y Leds, donde dialogamos con representantes de 20.000 trabajadores, y reuniones en Shefield con representantes de la General Eléctrica y fábricas textiles. Dos de los contactos más interesantes los mantuvimos con Ebbw Vale, dirigente local del Sindicato de Trans-portes, y con el presidente del Sindicato Minero del Sur de Gales, y miembro de la Ejecutiva, de la que saldría la invitación formal a dos militantes de la UGT de Astu-rias para asistir al congreso del Sindicato Minero y establecer contacto directo con los mineros en los pozos.

 

Cuando dábamos un mitin en un pozo minero de Brynlliw, en el sur de Gales, ante 200 mineros, y en Hull, al norte de Inglaterra, ante 4.000 estibadores, en el puerto, tuvimos el sentimiento de estar en Vitoria, porque al margen de la interven-ción del traductor, había un sentimiento solidario que nos unía a todos. Finalizamos en Londres con visitas a varias fábricas, contactos con dirigentes sindicales y una rueda de prensa en el Parlamento con representantes del Partido Comunista, Par-tido Laborista y Juventudes Laboristas.

 

Fernando Guillén se desplazó a Asturias donde se mantenía la huelga minera. Intervino en la Universidad de Oviedo y luego en el Pozo María Luisa, ante 5.000 mineros. Después de participar en una reunión con 300 militantes del SOMA-UGT fue detenido por la Guardia Civil y llevado al cuartelillo de Sama de Langreo en cuyos calabozos pasaría la noche y en cuyas dependencias seria interrogado y mal-tratado. Al día siguiente sería puesto en libertad. También se informaba en el primer mitin del PSOE en libertad, en Eibar, en el aniversario de la proclamación de la República, otro catorce de abril, y Mikel Setién lo hacía en Cataluña.

 

 

 

Aprender de la experiencia

 

Durante aquellos tres meses los trabajadores habíamos aprendido más que en todos los años anteriores. Daba vértigo apreciar la rapidez con la que la clase obre-ra iba elevando su nivel de conciencia y sacando conclusiones a medida que se iba desarrollando la lucha. En apenas dos meses nos situamos al nivel de los demás trabajadores de Euskadi que nos llevaban décadas de adelanto.

 

El “3 de marzo” expresaba la capacidad de lucha y sacrificio de la clase obrera cuando hay objetivos claros, participación y una dirección que está a la altura de sus aspiraciones. Las reivindicaciones unitarias, la asamblea como centro de deba-te y decisión de las propuestas, la coordinación de las luchas y su extensión, haciendo solidario al conjunto del pueblo trabajador. También la necesidad de par-ticipar y debatir nuestros problemas, de comprender que se derivan todos de un sis-tema económico injusto que utiliza en su beneficio los medios de comunicación, las leyes, los gobiernos, la policía y los ejércitos. Todo ello era importante pero, además,


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era imprescindible una dirección con plena confianza en la capacidad de lucha de la clase trabajadora. Una dirección que no se podía improvisar. No fue casualidad que algunos de los trabajadores más destacados fueran personas con experiencia en otras luchas y con una formación claramente anticapitalista.

 

Aprendimos que había que organizarse. Luchar sirve para defender o reclamar nuestros derechos pero debe ser al mismo tiempo un medio para organizarnos más y mejor y para comprender la necesidad de cambiar de raíz la sociedad en la que vivimos porque lo que conquistamos hoy, con mucho esfuerzo, intentarán quitár-noslo mañana por cualquier medio. Todas nuestras experiencias sirven para resal-tar la importancia de estar organizados y para profundizar sobre los intereses que hay detrás de nuestros problemas. Aunque es cierto que durante la huelga las características de algunos dirigentes impidieron insistir en la necesidad de luchar por la libertad sindical y fortalecer las organizaciones obreras, los propios trabaja-dores llegaron a esa conclusión participando masivamente cuando se consiguió su legalización.

 

Aquel tres de marzo muchos trabajadores decían que la lucha había quedado aislada en Vitoria, que no se había conocido en otras partes, que los medios de comunicación habían silenciado lo que ocurría. Y tenían razón. El esfuerzo realiza-do como UGT de Alava durante el conflicto, enviando informes a la dirección y a las organizaciones internacionales y al final para informar en el Estado y en otros paí-ses, respondía a la comprensión de que la solución de nuestros problemas depen-de de nosotros, en primer lugar, pero también de la solidaridad y apoyo que seamos capaces de generar.

 

Pero sobre todo aprendimos que somos una clase decisiva para cambiar la rea-lidad. Alrededor de los trabajadores en huelga se aglutinó la inmensa mayoría de la comunidad: jóvenes, estudiantes, pequeños comerciantes, profesionales, amas de casa. Nuestra lucha también demostró que cambiar el régimen político mediante una movilización de clase era una posibilidad real e inmediata.

 

Durante dos meses tuvimos el privilegio de asistir y participar en la Universidad más importante para cualquier trabajador, la de su propia experiencia. En los años siguientes, y en todos los ámbitos de actuación sindical, estaría presente lo que aprendimos y lo que conseguimos, especialmente en la negociación colectiva y en el impulso a las organizaciones sindicales. También en el propio desarrollo de la ciu-dad porque la prevalencia y protagonismo de los barrios obreros fue el recipiente en el que se moldeó una fuerza vecinal determinante frente a los primeros ayunta-mientos democráticos.

 

Habíamos conseguido romper los topes salariales, conquistar las libertades ejer-ciéndolas, obligar a los empresarios a negociar y admitir a los representantes que habíamos elegido, elevar el nivel de conciencia y organización y acelerar todos los


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procesos hacia la democracia al poner en evidencia la imposibilidad de la reforma franquista.

 

 

 

Vitoria. La Ruptura y la Reforma

 

Nuestra huelga culminaba un proceso ascendente de luchas en todo el Estado y fue determinante en la caída del Gobierno Arias Navarro y en el impulso a lo que se ha dado en llamar “transición democrática”. La respuesta de la clase trabajado-ra a los asesinatos de Vitoria fue la mayor huelga general en Euskadi desde los años treinta y movilizaciones de condena en el conjunto del Estado y en todo el mundo.

 

Sin embargo en enero habían participado en Madrid más de 400.000 trabaja-dores rebasando con creces las movilizaciones de diciembre y si el movimiento fue cortado en su ascenso se debió a que la dirección de CC.OO. había aceptado las exigencias del Gobierno de que se negociase rama por rama y por los cauces ofi-ciales.(36)

 

Mientras en 1975 hubo 10,35 millones de jornadas de trabajo perdidas por huel-gas en 1976 la cifra se multiplicó por 10; nada menos que 110 millones de jorna-das.(37) Si los dirigentes obreros hubiesen convocado una huelga general habría sido un éxito ya que casi la hubo en la práctica. Pero se negaron alegando que una huel-ga general no se convocaba en una fecha prefijada, que la lucha se tenía que exten-der como un reguero de aceite, que cada sector tenía un ritmo diferente de lucha y de conciencia, que la postura a favor de una huelga general era propia de organi-zaciones con elevada composición juvenil, y otros argumentos similares.

 

El sector dominante del capitalismo español sacó definitivamente la conclusión de que era mejor “una reforma política por arriba”, para mantener lo esencial, que perderlo todo ante el peligro que para ellos representaba la clase obrera. Buena prueba de ello fue que el Gobierno antes de la huelga de Vitoria sólo tenía pensado modificar dos artículos del Código Penal, referentes a asociaciones ilícitas, revisar la Ley de Prevención del Terrorismo, derogar la Orden de 1939 sobre reunión y mani-festación y una irrelevante modificación de la Ley de Relaciones Laborales.

 

La lucha en Vitoria cuestionó radicalmente el argumento de que la clase obrera no tenía fuerza para imponer ella sola las libertades democráticas, puso en eviden-cia el proceso de abandono progresivo de posiciones políticas rupturístas por parte del PSOE y del PCE, y marginó totalmente la estrategia de PCE y CC.OO. de utiliza-ción del Sindicato Vertical. Ello explica que la lucha hubiera quedado aislada, que


 

 

36.- Madrid en Huelga. Enero 76.

 

37.- Fina y Hawkesworth, 1984.


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no se hubiera generado una mayor solidaridad en el conjunto del Estado y que se intentara minimizarla considerándola una más de las luchas que se estaban reali-zando. Hay que considerar que tan sólo en los dos primeros meses de 1976 había 20.000 trabajadores sancionados o despedidos por su actuación en huelgas(38). A mediados de año el rey nombraría a Adolfo Suárez, ex-Secretario General del Movi-miento Nacional, en sustitución de Arias Navarro, y convocaría un referéndum para la aprobación de la Reforma Política.

 

Los dirigentes de las organizaciones obreras en lugar de forzar la ruptura demo-crática con el régimen franquista, basándose en la fuerza y conciencia de los tra-bajadores para organizar a la mayoría de la población en torno a un programa de transformación socialista de la sociedad, estaban aceptando una “reforma demo-crática” que, con el argumento del “consenso” con el anterior régimen, daría lugar a un sistema electoral y una Constitución que permitían mantener aspectos claves de las estructuras de poder del anterior aparato del Estado y que garantizaban la propiedad privada y la economía capitalista. No se depuraron los aparatos represi-vos (Policía, Guardia Civil o Ejército), se creó una segunda cámara legislativa, el Senado, claramente regresiva, se impuso la Monarquía y no se reconoció el dere-cho de autodeterminación o derecho de las nacionalidades del Estado español a decidir libremente sus relaciones con los demás pueblos. Y como consecuencia de su subordinación estaban pactando una salida a la crisis económica radicalmente enfrentada a los intereses obreros.

 

Dos semanas después de los sucesos de Vitoria la Junta Democrática de Espa-ña y la Plataforma de Convergencia Democrática llegaban al acuerdo de formar Coordinación Democrática, o Platajunta, aunque ya para entonces se venia hablan-do de “ruptura pactada” o “ruptura negociada”, en lugar de “ruptura democrática”. Mientras que los integrantes de izquierdas eran los únicos capaces de impulsar movilizaciones contra el régimen, la presencia de miembros relevantes de la bur-guesía, que no representaban a nadie, limitaban esos impulsos y moderaban hasta la proyección política de la coalición, favoreciendo los intentos del franquismo de convertir la transición en una reforma gradual y controlada por ellos.

 

El 6 de agosto un millar de personas recibían en la Estación del Norte a tres de los siete implicados en el sumario abierto por los sucesos del tres de marzo. Otros tres ya estaban en libertad y un séptimo estaba huido. Sus expedientes habían sido sobreseidos por el Tribunal de Orden Público.

 

Por los hechos del 3 de marzo se abrió un expediente que fue pasando de tri-bunal en tribunal hasta que el Juzgado Militar instruyó la causa 39/77 que acabó en sobreseimiento provisional. Se archivó alegando que: “no había motivos sufi-


 

 

38.- Resurgir del Movimiento Obrero. J.A. Maravall.


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cientes para acusar a personas determinadas como autores del delito”. El informe de la policía, en el que se basaría el de la Dirección General, emitido varios años más tarde, decía:

 

“…los sucesos acaecidos el 3 de marzo de 1976… debido en gran parte a la falta de medios económicos y a la demagogia de los “líderes”, los cuales, en las Asambleas que celebraban en las Iglesias conseguían crear en los obreros un estado de superexcitación que los convertía en una masa sin control… llegó un momento en que los “líderes” les instaban a que dichas manifesta-ciones no fuesen pacíficas y que llevasen palos, cadenas, porras o cualquier otra arma contundente, con que hacer frente a las Fuerzas de Orden Público y conseguir así que toda Vitoria viera la unidad existente entre los obreros… las Fuerzas de Orden Público procedieron a invitar al desalojo de la iglesia, pero viéndose insultados y abucheados por una multitud agresiva, hicieron uso de los medios antidisturbio de que disponían, momento en que los mani-festantes, entre 8.000 y 10.000 personas, se abalanzaron sobre ellos portan-do toda clase de objetos contundentes, incluso cuchillos y cristales de la pro-pia iglesia envueltos en pañuelos a modo de arma blanca, por lo que la Fuer-za actuante se vio desbordada y para defender sus propias vidas hicieron uso de sus armas reglamentarias…”.

 

En Octubre de 1999 se constituía la Asociación de Víctimas y familiares de vícti-mas 3 de marzo de 1976. Recogían así el testigo de quienes desde el principio habí-an intentado, en vano, el esclarecimiento de los hechos. Presidida por Romualdo Barroso y José Luis Martinez de Ocio, padre y hermano de dos de los asesinados, inició una andadura tenaz para conseguir el reconocimiento institucional de la ver-dad de los hechos, para exigir responsabilidades, y para que se reconociera a todos los afectados como víctimas de la violencia del Estado.

 

Desde entonces se han multiplicado sus iniciativas ante el Ayuntamiento de Vitoria, Diputación Foral de Alava, Juntas Generales de Alava y Parlamento Vasco. Se han desarrollado campañas entre los trabajadores y ante la sociedad civil. Se han realizado estudios e informes remitidos, junto con las demandas, ante las instancias judiciales, que no han querido asumir su competencia. Van a recurrir al Tribunal Europeo de Estrasburgo y están dispuestos a llegar hasta donde haga falta.

 

Porque la realidad es que, veintiocho años después, las víctimas de aquellos sucesos no han obtenido ningún tipo de reparación: ni en relación con los respon-sables materiales y políticos, porque no se conoce formalmente a ninguno, a pesar de todas las pruebas y grabaciones existentes, ni en relación con los perjuicios de orden económico y moral causados. He aquí una de las consecuencias del proce-so de reforma política, lo que explica por qué los partidos de izquierda con repre-sentación parlamentaria miraron hacia otro lado. Especialmente el PSOE que, junto a la UGT, tienen una deuda pendiente para hacer prevalecer la verdad de lo que


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ocurrió. Por eso aquella inscripción escrita con sangre, ¡Justicia!, y aquel grito, ¡Vito-ria hermanos, nosotros no olvidamos!, perduran aún en la razón y en los corazones de quienes fuimos testigos de la tragedia, y nos traen al recuerdo los versos de Neruda.

 

Aunque los pasos toquen mil años este sitio, no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.

 

Y no se extinguirá la hora en que caísteis aunque miles de voces crucen este silencio.

 

La lluvia empapará las piedras de la plaza, pero no apagará vuestros nombres de fuego.

 

Mil noches caerán con sus alas oscuras, sin destruir el día que esperan estos muertos.

 

El día que esperamos a lo largo del mundo tantos hombres, el día final del sufrimiento.

 

Un día de justicia conquistada en la lucha, y vosotros hermanos caídos en silencio, estaréis con nosotros en ese vasto día de la lucha final, en ese día inmenso.

 

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