© Libro N° 13826. Relación De
Las Cosas De Yucatán. De Landa,
Fray Diego. Emancipación. Mayo 17 de 2025
Título Original: © Relación De Las Cosas De Yucatán.
Fray Diego De Landa
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Original: © Relación De Las Cosas
De Yucatán. Fray Diego De Landa
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RELACIÓN DE LAS COSAS DE
YUCATÁN
Fray Diego De Landa
Relación De
Las Cosas De Yucatán
Fray Diego De Landa
RELACION
DE LAS
COSAS DE YUCATAN
POR EL P.
FRAY DIEGO DE LANDA
OBISPO DE ESA
DIOCESIS
Relación de las
Cosas de Yucatán, sacada
de lo escribió el
padre fray
Diego de Landa, de
la orden
de San Francisco.
DESCRIPCIÓN DE
YUCATÁN.-VARIEDAD DE LAS ESTACIONES.
(3) Que Yucatán no es
isla ni punta que entra en el mar como algunos pensaron, sino tierra firme y
que se engañaron por la punta de Cotoch que hace el mar entrando por la bahía
de la Ascensión hacia Golfo Dulce, y por la punta que por esta otra parte,
hacia México, hace la Desconocida antes de llegar a Campeche, o por el
extendimiento de las lagunas que hace el mar entrando por Puerto Real y Dos
Bocas.
Que es tierra muy
llana y limpia de sierras, y que por esto no se descubre desde los navíos
(sino) hasta muy cerca (de la costa), salvo entre Campeche y Champotón donde se
miran unas serrezetas y un Morro de ellas que llaman de los diablos.
Que viniendo de
Veracruz por parte de la punta de Catoche (Yucatán), está en menos de 20
grados, y por la boca de Puerto Real en más de 23, y que bien tiene de un cabo
al otro 130 leguas de largo (en) camino derecho.
Que su costa es baja, y por esto los
navíos grandes van algo apartados de tierra. Que la costa es muy sucia y está
llena de peñas y pizarrales ásperos que gastan mucho los cables de los navíos,
y que tiene mucha lama, por lo cual aunque los navíos zozobren en la costa, se
pierde poca gente.
Que es tan grande la menguante del
mar, en especial en la bahia de Campeche, que muchas veces queda media legua en
seco por algunas partes.
Que con estas grandes menguantes se
quedan en el légamo, y lamas y charcos, muchos pescados pequeños de que se
mantiene mucha gente.
(4) Que atraviesa a
Yucatán de esquina a esquina una sierra pequeña que comienza cerca de Champotón
y va hasta la villa de Salamanca que es el cornijal contrario al de Champotón.
Que esta sierra
divide a Yucatán en dos partes, y que la parte de mediodía, hacia Lacandón y
Taiza, está despoblada por falta de agua, que no la hay sino cuando llueve. La
otra que es al norte, está poblada.
Que esta tierra es muy caliente y el
sol quema mucho aunque no faltan aires frescos como brisa o solano que allí
reina mucho, y por las tardes la virazón de la mar. Que en esta tierra vive
mucho la gente, y que se ha hallado hombre de ciento cuarenta años.
Que comienza el
invierno desde San Francisco y dura hasta fines de marzo, porque en este tiempo
corren los nortes y causan catarros recios y calenturas por estar la gente mal
vestida.
Que por fines de enero y febrero hay
un veranillo de recios soles y no llueve en ese tiempo sino a las entradas de
las lunas.
Que las aguas
comienzan desde abril y duran hasta septiembre, y que en este tiempo siembran
todas sus cosas y vienen a maduración aunque siempre llueva; y que siembran
cierto género de maíz por San Francisco que se coge brevemente.
ETIMOLOGÍA DEL
NOMBRE DE ESTA PROVINCIA.
SITUACIÓN DE ELLA.
Que esta provincia
se llama en lengua de los indios Uluumil cutz ensenadas y
bahías dichas.
Que cuando
Francisco Hernández de Córdoba llegó a esta tierra saltando en la punta que él
llamó cabo de Cotoch, halló ciertos pescadores indios y les preguntó qué tierra
era aquella, y que le respondieron cotoch, que quiere
decir nuestras casas y nuestra patria, y que
por esto se puso este nombre a aquella punta, y que preguntándoles más por
señas que cómo era suya aquella tierra, respondieron ciuyetel ceh que
quiere decir tierra de pavos y venados, y que también la
llamaron Petén que quiere decir isla, engañados
por las (5) than que quiere decir, dicenlo; y que
los españoles la llamaron Yucatán, y que esto se entendió de uno de los
conquistadores viejos llamado Blas Hernández que fue con el Adelantado la
primera vez.
Que Yucatán, a la
parte del mediodía, tiene los ríos de Taiza y las sierras de
Lacandón, y que entre mediodía y poniente cae la provincia de Chiapa(s), y que
para pasar a ella se habían de atravesar los cuatro ríos que descienden de las
sierras que con otros se viene a hacer (el de) San Pedro y San Pablo, río que
descubrió en Tabasco Grijalva; que al poniente está Xicalango y Tabasco, que
son una misma provincia.
Que entre esta
provincia de Tabasco y Yucatán están las dos bocas que rompe el mar, y que la
mayor de éstas tiene una legua grande de abertura, y que la otra no es muy
grande.
Que entra el mar
por estas bocas con tanta furia que se hace una gran laguna abundante de todos
pescados y tan llena de isletas, que los indios ponen señales en los árboles
para acertar el camino para ir o venir navegando de Tabasco a Yucatán; y que
estas islas y sus playas y arenales están llenos de tanta diversidad de aves
marinas que es cosa de admiración y hermosura; y que también hay infinita caza
de venados, conejos, puercos de los de aquella tierra, y monos, que no los hay
en Yucatán.
Que hay muchas
iguanas que espanta, y en una de (las isletas) está un pueblo que llaman Tixchel.
Que al norte tiene
la isla de Cuba, y a 60 leguas muy enfrente la Habana, y algo adelante una
islilla de Cuba que dicen de Pinos.
Que al oriente
tiene a Honduras y que entre Honduras y Yucatán se hace una muy gran ensenada
de mar (a) la cual llamó Grijalva Bahía de la Ascensión, y que está
tan llena de
isletas y que se pierden en ellas (los) navíos, principalmente los de la
contratación de Yucatán a Honduras; y que hará 15 años que se perdió una barca
con mucha gente y ropa, y al zozobrar el navío se ahogaron todos salvo un (tal)
Majuelas y otros cuatro que se abrazaron a un gran pedazo de árbol del navío y
anduvieron así tres o cuatro días sin poder llegar a ninguna de las islillas, y
que se ahogaron faltándoles las fuerzas, menos Majuelas que salió medio muerto
y tomó en sí comiendo caracolejos y almejas; y que desde la islilla pasó a
tierra en una balsa que hizo de ramas como mejor pudo; y pasado a tierra firme,
buscando de comer por la ribera, topó con un cangrejo que le cortó el dedo
pulgar por la primera coyuntura con gravísimo dolor. Y tomó a tiento la derrota
por un áspero monte para la villa de Salamanca, (6) y que anochecido se subió a
un árbol y que desde allí vio un gran tigre que se puso en acechanza de una
cierva, y se la vio matar y que la mañana (siguiente) él comió de lo que había
quedado.
Que Yucatán tiene algo más abajo y
enfrente de la punta de Cotoch a Cuzmil, (a)
5 leguas de una canal de muy grande corriente, que hace el mar entre ella y la
isla. Que Cuzmil es isla de quince leguas de largo y cinco de
ancho, en que hay pocos indios y son de la lengua y costumbres de los de
Yucatán, y está en 20 grados a esta parte de la equinoccial.
Que la isla de las Mujeres está a
trece leguas abajo de la pinta de Cotoch y a dos leguas de
tierra enfrente de Ekab.
CAUTIVERIO DE
GERÓNIMO DE AGUILAR.-EXPEDICIONES DE HERNÁNDEZ DE CÓRDOBA Y GRIJALVA A YUCATÁN.
Que los primeros
espanoles que llegaron a Yucatán, según se dice, fueron Gerónimo de Aguilar,
natural de Ecija, y sus companeros, los cuales, el año de 1511, en el desbarato
del Darien por las revueltas entre Diego de Nicuesa y Vasco Núñez de Balboa,
siguieron a Valdivia que venía en una carabela a Santo Domingo, a dar cuenta al
Almirante y al gobernador de lo que pasaba, y a traer 20 mil ducados del rey; y
que esta carabela, llegando a Jamaica, dio en los bajos que llaman de Vívoras
donde se perdió no escapando sino 20 hombres que con Valdivia entraron en un
batel sin velas y con unos ruines remos y sin mantenimiento alguno anduvieron
trece días por el mar. Después de muertos de hambre casi la mitad, llegaron a
la costa de Yucatán, a una provincia que llaman de la Maya, de la cual la
lengua de Yucatán se llama mayathan, que quiere decir lengua
de maya.
Que esta pobre
gente vino a manos de un mal cacique, el cual sacrificó a Valdivia y a otros
cuatro a sus ídolos y después hizo banquetes (con la carne) de ellos a la
gente, y que dejó para engordar a Aguilar y a Guerrero y a otros cinco o seis,
los cuales quebrantaron la prisión y huyeron por unos montes. Y que aportaron a
otro señor enemigo del primero y más piadoso, el cual se (7) sirvió de ellos
como de esclavos; y que el que sucedió a este señor los trató con buena gracia,
pero que ellos, de dolencia, murieron quedando solos Gerónimo de Aguilar y
Gonzalo Guerrero, de los cuales Aguilar era buen cristiano y tenía unas horas
por las cuales sabía las fiestas. Y que éste se salvó con la ida del marqués
Hernando Cortés, el año de 1519, y que Guerrero, como entendía la lengua, se
fue a Chectemal, que es la Salamanca de Yucatán, y que allí le
recibió un señor llamado Nachancan, el cual le dio a cargo las
cosas de la guerra en que (est)uvo muy bien, venciendo muchas veces a los
enemigos de su señor, y que enseñó a los indios pelear mostrándoles (la manera
de) hacer fuertes y bastiones, y que con esto y con tratarse como indio, ganó
mucha reputación y le casaron con una muy principal mujer en que hubo hijos; y
que por esto nunca procuró salvarse como hizo Aguilar, antes bien labraba su
cuerpo, criaba cabello y harpaba las orejas para traer zarcillos como los
indios y es creíble que fuese idólatra como ellos.
Que el año de 1517,
por cuaresma, salió de Santiago (le Cuba Francisco Hernández de Córdoba con
tres navíos a rescatar esclavos para las minas, ya que en Cuba se iba apocando
la gente. Otros dicen que salió a descubrir tierra y que llevó por piloto a Alaminos
y que llegó a la Isla de Mujeres, (a la) que él puso este nombre por los ídolos
que allí halló de las diosas de aquella tierra conio Aixchel,
Ixchebeliax,
Ixbunic, Ixbunieta, y que estaban
vestidas de la cintura abajo y cubiertos los pechos como usan las indias; y que
el edificio era de piedra, de que se espantaron, y que hallaron algunas cosas
de oro y las tomaron. Y que llegaron a la punta de Cotoch y
que de allí dieron vuelta hasta la bahía de Campeche donde desembarcaron (el)
domingo de Lázaro, y que por esto la llamaron Lázaro. Y que fueron bien
recibidos por el señor, y que los indios se espantaban de ver (a) los españoles
y les tocaban las barbas y personas.
Que en Campeche hallaron un edificio
dentro del mar, cerca
tierra, cuadrado y
gradado todo, y que en lo alto estaba un ídolo con dos fieros animales que le
comín las ijadas y una sierpe larga y gorda de piedra que se tragaba un león; y
que los animales estaban llenos de sangre de los sacrificios.
Que desde Campeche
entendieron que había cerca un pueblo grande que era Champotón, donde llegados
hallaron que el señor se llamaba Mochcouoh, hombre belicoso
que lanzó a su gente contras los españoles, lo cual pesó a Francisco Hernández
viendo en lo (8) que había de parar; y que por no mostrar poco ánimo, puso
también su gente en orden e hizo soltar artillería de los navíos; y que aunque
a los indios les fue nuevo el sonido, humo y fuego de los tiros, no dejaron de
acometer con gran alarido; y los españoles resistieron dando muy fieras heridas
y matando a muchos. Pero que el señor animó tanto (a los indios) que hicieron
retirar a los españoles y que mataron a veinte, hirieron a cincuenta y
prendieron dos vivos que después sacrificaron. Y que Francisco Hernández salió
con treinta y tres heridas y que así volvió triste a Cuba, donde publicó que la
tierra era muy buena y rica por el oro que halló en la Isla de Mujeres.
Que estas nuevas
movieron a Diego Velázquez, gobernador de Cuba, y a otros muchos, y que envió a
su sobrino Juan de Grijalva con cuatro navíos y doscientos hombres; y que fue
con él Francisco de Montejo cuyo era uno de los navíos, y que partieron el primero
de mayo de 1518.
Que llevaron
consigo al mismo piloto Alaminos, y llegaron a la isla de Cuzmil, desde
la cual el piloto vio Yucatán; y como la otra vez, con Francisco Hernández, la
había corrido a la mano derecha, quiso bojarla, (para comprobar) si fuere isla,
y echó a mano izquierda siguiendo por la bahía que llamaron de la Ascensión
porque en tal día entraron en ella; y que dieron la vuelta a toda la costa
hasta llegar otra vez a Champotón donde sobre tomar agua les mataron un hombre
y les hirieron cincuenta, entre ellos a Grijalva, de dos flechas, y le
quebraron diente y medio. Y que así se fueron y nombraron a este puerto
el Puerto de la Mala Pelea; y en este viaje
descubrieron la Nueva España, y Pánuco y Tabasco, y que con esto gastaron cinco
meses, y quisieron saltar a tierra en Champotón, lo cual les estorbaron los
indios con tanto coraje que en sus canoas entraban hasta cerca de las carabelas
a flecharlos, y que así se hicieron a la vela y los dejaron.
Que cuando Grijalva
tomó a su descubrimiento y rescate de Tabasco y Ulúa, estaba en Cuba el gran
capitán Hernando Cortés, y que oyendo la nueva de tanta tierra y tantas
riquezas deseó verlas y aun ganarlas para Dios y para su rey, para sí y para
sus amigos. (9)
EXPEDICIÓN DE
CORTÉS A CUZMIL.- CARTA A AGUILAR Y SUS COMPAÑEROS.
Que Hernando Cortés
salió de Cuba con once navíos de los cuales el mayor era de cien toneladas, y
que puso en ellos once capitanes siendo él uno de ellos; y que llevaba
quinientos hombres y algunos caballos, y mercancías para rescatar, y a
Francisco de Montejo y al dicho piloto Alaminos, piloto mayor de la armada; y
que puso en su nao capitana una bandera de fuegos blancos y azules en
reverencia a Nuestra Señora, cuya imagen, con la cruz, ponía siempre donde
quitaba ídolos; y que en la bandera había una cruz colorada con un letrero en
torno que decía: amici sequamur crucem & si nos habuerimus fidem in
hoc signo vincemus.
Que con esta flota
y no más aparato partió y que llegó a Cuzmil con diez navíos
porque el otro se le apartó con una tormenta, y que después le recobró en la
costa. Que la llegada a Cuzmil fue por la parte del norte y
halló buenos edificios de piedra para los ídolos y un buen pueblo, y que la
gente viendo tanto navío y salir los soldados a tierra, huyó a los montes.
Que llegados los
españoles al pueblo lo saquearon y se aposentaron en él, y que buscando gente
por el monte toparon con la mujer del señor y con sus hijos, de los cuales, con
Melchor, intérprete indio que había ido con Francisco Hernández y con Grijalva,
supieron que era la mujer del señor, a la cual y a sus hijos regaló mucho
Cortés e hizo enviasen a llamar al señor, al cual venido trató muy bien y le
dió algunos dones y le entregó su mujer e hijos y todas las cosas que por el
pueblo se habían tomado; y que le rogó que hiciese venir a los indios a sus
casas, y que venidos les hizo restituir a cada uno lo que era suyo; y que
después de asegurados les predicó la vanidad de los ídolos y les persuadió que
adorasen la cruz, y que la puso en sus templos con una imagen de Nuestra
Señora, y que con esto terminaba la idolatría pública.
Que Cortés supo
allí que unos hombres barbados estaban caminos de seis soles en poder de un
señor y que persuadió a los indios que los fuesen a llamar; y que halló quien
fuese, aunque con dificultades, porque tenían miedo al señor de los barbados. Y
escribióles esta carta:
(10) "Nobles
señores: yo partí de Cuba con once navíos de armada y quinientos españoles, y
llegué aquí, a Cuzmil, desde donde os escribo esta carta. Los
de esta isla me han certificado que hay en esa tierra cinco o seis hombres
barbados y en todo a nosotros muy semejables. No me saben decir otras señas,
mas por éstas conjeturo y tengo por cierto que sois españoles. Yo y estos
hidalgos que conmigo
vienen a poblar y
descubrir estas tierras, os rogamos mucho que dentro de seis días que
recibiereis esta, os vengáis para nosotros sin poner otra dilación ni excusa.
Si viniereis, conoceremos y gratificaremos la buena obra que de vosotros
recibirá esta armada. Un bergantín envío para que vengais en él, y dos naos
para seguridad."
Que los indios
llevaron esta carta envuelta en el cabello y la dieron a Aguilar, y que los
navíos, porque tardaban los indios más del tiempo del plazo, creyeron que los
habrían muerto y se volvieron al puerto de Cuzmil; y que
Cortés, sabiendo que ni los indios ni los barbados tornaban, se hizo al otro
día a la vela. Mas aquel día se les abrió un navío y les fue necesario tornar
al puerto; y que estando aderezando (el navío), Aguilar, recibida la carta,
atravesó en una canoa el canal entre Yucatán y Cuzmil y que
viéndole los de la armada fueron a ver quién era; y que Aguilar les preguntó
si eran cristianos y respondiéndole que sí, y españoles, lloró de placer y
puestas las rodillas en tierra dió gracias a Dios y preguntó a los españoles si
era miércoles.
Que los españoles
lo llevaron a Cortés así desnudo como venía, el cual le vistió y mostró mucho
amor; y que Aguilar contó allí su pérdida y trabajos y la muerte de sus
compañeros y cómo fue imposible avisar a Guerrero en tan poco tiempo por estar
(a) más de ochenta leguas de allí.
Que con este
Aguilar que era muy buen intérprete, tomó Cortés a predicar la adoración de la
cruz y quitó los ídolos de los templos, y dicen que hizo esta predicación de
Cortés tanta impresión en los de Cuzmil, que salían a la playa
diciendo a los españoles que por allí pasaban: María, María; Cortés,
Cortés.
Que partió Cortés
de allí y que tocó de paso en Campeche y no paró hasta Tabasco, donde entre
otras cosas e indias que le presentaron los de Tabasco, le dieron una india que
después se llamó Marina, la cual era de Xalisco, hija de padres nobles y
hurtada de pequeña y vendida en Tabasco; y que de ahí la vendieron también en
Xicalango y Champotón donde aprendió la lengua de Yucatán, (11) con la cual se
vino a entender Aguilar, y que así proveyó Dios a Cortés de buenos y fieles
intérpretes, por donde vino a tener noticia y entrada en las cosas de México,
de las cuales la Marina sabía mucho por haber tratado con mercaderes indios y
gente principal que hablaban de esto cada día.
PROVINCIAS DE
YUCATÁN.-LOS PRINCIPALES EDIFICIOS ANTIGUOS.
Que algunos viejos
de Yucatán dicen haber oído a sus (ante)pasados que pobló aquella tierra cierta
gente que entró por levante, a la cual había Dios librado abriéndoles doce
caminos por el mar, lo cual, si fuese verdad, era necesario que viniesen (de)
judíos todos los de las Indias, porque pasado el estrecho de Magallanes se
habían de ir extendiendo más de dos mil leguas de tierra que hoy gobierna
España.
Que la lengua (le
esta tierra es toda una, y que esto aprovechó mucho para su conversión aunque
en las costas hay alguna diferencia en vocablos y en el tono de hablar; y que
así los de la costa son más pulidos en su trato y lengua; y que las mujeres
cubren los pechos, y las de más adentro no.
Que esta tierra
está partida en provincias sujetas a los pueblos de españoles. Que la provincia
de Chectemal y Bachalal, está sujeta a
Salamanca; las provincias de Ekab y Cochuah y la de Kupul, están
Sujetas a Valladolid; la de Ah Kin Chel e Izamal, la de Zotuta, la
de Hocabai Humun, la de Tutuxiú. la de Cehpech y
la de Chakan, están sujetas a la ciudad de Mérida; la de Camol,
Campech, Champutun y Tixchel, acuden a San Francisco
de Campeche.
Que en Yucatán hay
muchos edificios de gran hermosura que es la cosa más señalada que se ha
descubierto en las Indias, todos de cantería muy bien labrada sin haber ningún
género de metal en ella con que se pudiesen labrar.
Que están estos
edificios muy cerca unos de otros y que son templos, y que la razón de haber
tantos es por mudarse las poblaciones muchas veces; y que en cada pueblo
labraban un templo por (12) el gran aparejo que hay de piedra y cal y cierta
tierra blanca excelente para edificios. Que estos edificios no son hechos por
otras naciones sino por indios, lo cual se vé por hombres de piedra desnudos y
honestados de unos largos listones que llaman en su lengua ex y
de otras divisas que los indios traen.
Que estando este
religioso, autor de esta obra, en aquella tierra, se halló en un edificio que
desbarataron, un cántaro grande con tres asas, pintado de unos fuegos plateados
por de fuera, y dentro ceniza de cuerpo quemado y algunos huesos de los brazos y
piernas, muy gruesos a maravilla, y tres cuentas de piedra buenas de las que
usaban los indios por moneda.
Que estos edificios
de Yzamal eran once o doce por todos sin haber memoria de los
fundadores; y que en uno de ellos, a instan-cia de los indios, se pobló un
monasterio el año de 1549, que se llamó San Antonio.
Que los segundos
edificios más principales son los de Tikoch y Chichenizá, los
cuales se pintarán después.
Que Chichenizá es
un asiento muy bueno a diez leguas de Izamal y once de
Valladolid, donde dicen que reinaron tres señores hermanos que vinieron a
aquella tierra de la parte poniente, los cuales eran muy religiosos y que así
edificaron muy lindos templos. Y que vivieron sin mujeres muy honestamente, y
que el uno de éstos se murió o se fue, por lo cual los otros se hicieron
parciales y deshonestos, y que por ello los mataron.
La pintura del
edificio mayor pintaremos después, y (d)escribiremos la manera del pozo donde
echaban hombres vivos en sacrificio y otras cosas preciosas. (El pozo) tiene
más de siete estados de hondo hasta el agua y mucho más de cien pies, hecho
redondo en una peña tajada que es maravilla y el agua parece verde: dicen que
lo causa la arboleda de que está cercado.
KUKULCÁN.-FUNDACIÓN
DE MAYAPÁN
Que es opinión
entre los indios que con los Yzaes que poblaron Chichenizá, reinó
un gran señor llamado Cuculcán, y que muestra ser esto verdad
el edificio principal que se llama Cuculcán; y (13) dicen que
entró por la parte de poniente y que difieren en si entró antes o después de
los Yzaes o con ellos, y dicen que fue bien dispuesto y que no
tenía mujer ni hijos; y que después de su vuelta fue tenido en México por uno
de sus dioses y llamado Cezalcuati y que en Yucatán también lo
tuvieron por dios por ser gran republicano, y que esto se vio en el asiento que
puso en Yucatán después de la muerte de los señores para mitigar la disensión
que sus muertes causaron en la tierra.
Que este Cuculcán tomó
a poblar otra ciudad tratando con los señores naturales de la tierra que él y
ellos viniesen (a la ciudad) y que allí viniesen todas las cosas y negocios; y
que para esto eligieron un asiento muy bueno a ocho leguas más adentro en la
tierra que donde ahora está Mérida, y quince o dieciséis del mar; y que allí
cercaron de una muy ancha pared de piedra seca como medio cuarto de legua
dejando sólo dos puertas angostas y la pared no muy alta, y en el medio de esta
cerca hicieron sus templos; y que el mayor, que es como el de Chichenizá, llamaron Cuculcán;
y que hicieron otro redondo y con cuatro puertas, diferente a cuantos hay en
aquella tierra, y otros a la redonda, juntos unos de otros; y que dentro de
este cercado hicieron casas para los Señores, entre los cuales solamente
repartieron la tierra dando pueblos a cada uno conforme a la antigitedad de su
linaje y ser de su persona. Y que Cuculcán puso nombre a la
ciudad, no el suyo, como hicieron los Ahizaes en Chichenizá, que
quiere decir pozo de los aizaes, mas llamóla Mayapán que
quiere decir el pendón de la Maya, porque a la lengua de la
tierra llaman maya; y los indios llaman Ychpa (a
la ciudad), que quiere decir dentro dc las cercas.
Que este Cuculcán vivió
con los señores algunos años en aquella ciudad y que dejándolos en mucha paz y
amistad se tomó por el mismo camino a México, y que de pasada se detuvo en
Champotón, y que para memoria suya y de su partida, hizo dentro del mar un buen
edificio al modo del de Chichenizá, a un gran tiro de piedra
de la ribera, y que así dejó Cuculcán perpetua memoria en
Yucatán. (15)
GOBIERNO, SACERDOCIO, CIENCIAS,
LETRAS Y LIBROS DE
YUCATÁN.
Que partido Cuculcán, acordaron
los señores, para que la república durase, que el mando principal lo tuviese la
casa de los Cocomes por ser la más antigua y más rica y por
ser el que la regía entonces hombre de más valor; y que hecho esto ordenaron
que pues en el cercado no había sino templos y casas para los señores y gran
sacerdote, que se hiciesen casas fuera de la cerca don de cada uno de ellos
pusiese alguna gente de servicio y donde los de sus pueblos acudiesen cuando
viniesen a la ciudad con negocios y que en estas casas puso cada uno su
mayordomo, el cual traía por señal una vara gorda y corta y que le
llamaban Caluac y que este mayordomo tenía cuenta de los
pueblos y de quiénes los regían y que ellos se enviaban aviso de lo que era
menester en casa del señor, como aves, maíz, miel, sal, pesca, caza, ropas y
otras cosas y que el Caluac acudía siempre a la casa del señor
y veía lo que era menester en ella y lo proveía luego, porque su casa era como
oficina de su señor.
Que acostumbraban
buscar en los pueblos (a) los mancos y ciegos y les daban lo necesario.
Que los señores
proveían (a los pueblos) de gobernadores y si les eran adeptos confirmaban en
sus hijos los oficios; y que les encomendaban el buen tratamiento de la gente
menuda y la paz del pueblo y el ocuparse en trabajar para que se sustentasen
ellos y los señores.
Que todos los
señores tenían cuenta con respetar, visitar y alegrar a Cocom acompañándole
y festejándole y acudiendo a él con los negocios arduos, y que entre sí vivían
muy en paz y en mucho pasatiempo como ellos lo usan, en bailes, convites y
caza.
Que los de Yucatán
fueron tan curiosos en las cosas de la religión como en las del gobierno y que
tenían un gran sacerdote que llamaron Ah Kin May, y por
nombre Ahau Can May, que quiere decir el (gran)
sacerdote May, que era muy reverenciado de los señores, el
cual tenía repartimiento de indios y que además de las ofrendas, los señores le
hacían presentes y que todos los sacerdotes de los pueblos le contribuían; y
que a éste le sucedían en la dignidad sus hijos o parientes más cercanos, y que
en esto estaba la llave (15) de sus ciencias, y que en éstas trataban lo más, y
que daban consejo a los señores y respuestas a sus preguntas, y que (las) cosas
de los sacrificios pocas veces las trataban si no (era) en fiestas muy
principales o en negocios muy importantes; y que éstos proveían de sacerdotes a
los pueblos cuando faltaban, examinándolos en sus ciencias y ceremonias y que
les encargaban de las cosas de sus oficios y el buen ejemplo del pueblo, y
proveían de
sus libros;
(además) atendían al servicio de los templos y a ensenar sus ciencias y
escribir libros de ellas.
Que enseñaban a los
hijos de los otros sacerdotes y a los hijos segundos de los señores que les
llevaban para esto desde niños, si veían que se inclinaban a este oficio.
Que las ciencias
que enseñaban eran la cuenta de los años, meses y días, las fiestas y
ceremonias, la administración de sus sacramentos, los días y tiempos fatales,
sus maneras de adivinar, remedios para los males, las antigüedades, leer y
escribir con sus letras y caracteres en los cuales escribían con figuras que
representaban las escrituras.
Que escribían sus
libros en una hoja larga doblada con pliegues que se venía a cerrar toda entre
dos tablas que hacían muy galanas, y que escribían de una parte y de otra a
columnas, según eran los pliegues; y que este papel lo hacían de las raíces de
un árbol y que le daban un lustre blanco en que se podía escribir bien, y que
algunos señores principales sabían de estas ciencias por curiosidad. y que por
esto eran más estimados aunque no las usaban en público.
LLEGADA DE LOS
TUTUL-XIU Y ALIANZA QUE HICIERON CON LOS SEÑORES DE MAYAPÁN.-TIRANÍAS DE COCOM,
RUINA DE SU PODER Y DE LA CIUDAD DE MAYAPÁN.
Que cuentan los
indios que de la parte del mediodía vinieron a Yucatán muchas gentes con sus
señores, y que parecen haber venido de Chiapas aunque los indios no lo saben;
mas este autor lo conjetura porque muchos vocablos y composiciones de verbos
son los mismos en Chiapas que en Yucatán; y hay grandes señales en la parte de
Chiapas de lugares que han sido despoblados; y dicen (16) que estas gentes
anduvieron cuarenta años por los despoblados de Yucatán sin haber en ellos agua
sino la que llueve; y que al fin de este tiempo aportaron a las sierras que
caen algo enfrente de la ciudad de Mayapán, a diez leguas de
ella, y que allí comenzaron a poblar y hacer muy buenos edificios en muchas
partes; y que los de Mayapán tomaron mucha amistad con ellos y
holgaron de que labrasen la tierra como naturales y que así estos Tutu
Xiú se sujetaron a las leyes de Mayapán y
emparentaron unos con otros; y que como el señor Xiú, de
los Tutu Xiues, era tal, vino a ser muy estimado de todos.
Que estas gentes
vivieron tan quietamente que lío había pleito ninguno, ni usaban armas ni arcos
aun para la caza, siendo ahora excelentes flecheros, y que sólo usaban lazos y
trampas con los que tomaban mucha caza; y que los sacerdotes tenían cierto arte
de tirar varas con un palo grueso como de tres dedos agujerado hacia la tercera
parte y de seis palmos de largo y que con él y unos cordeles tiraban fuerte y
certeramente.
Que tenían leyes
contra los delincuentes y las aplicaban mucho, como contra el adúltero a quien
entregaban al ofendido para que le matase soltándole una piedra grande desde lo
alto sobre la cabeza, o lo perdonase si quería; y que a las adúlteras no daban
otra pena más que la infamia, que entre ellos era cosa muy grave; y al que
forzase doncella lo mataban a pedradas; y cuentan un caso:
que el señor de
los Tutu-xiues tenía un hermano que fue acusado de este
crimen, y le hizo apedrear y después cubrir de un gran montón de piedras; y
tenían otra ley antes de la población de esta ciudad, que mandaba sacar las
tripas por el ombligo a los adúlteros.
Que el
gobernador Cocom entró en codicia de riquezas, y que para esto
trató con la gente de guarnición que los reyes de México tenían en Tabasco y
Xicalango prometiéndoles entregarles la ciudad, y que así trajo gente mexicana
a Mayapán y oprimió a los pobres e hizo muchos esclavos; y los
señores le hubieran matado si no hubiesen tenido miedo a los mexicanos. Que el
señor de los Tutuxiues nunca
consintió en esto y
que viéndose (oprimidos) los de Yucatán, aprendieron de los mexicanos el arte
de las armas y así salieron maestros del arco y flecha y de la lanza y
hachuela, y sus rodelas y sacos fuertes de sal y algodón y de otros pertrechos
de guerra, y que ya no se admiraban de los mexicanos ni los temían, antes
(bien) hacían poca cuenta de ellos. Y que en esto pasaron algunos años.
(17) Que aquel Cocom fue
el primero que hizo esclavos, pero que de este mal (se) siguió usar las armas
con que se defendieron para que no fuesen esclavos todos. Que entre los
sucesores de la casa de Cocom hubo uno muy orgulloso e
imitador de Cocom, y éste hizo otra liga con los de Tabasco y
metió más mexicanos dentro de la ciudad y comenzó a tiranizar y a
hacer esclavos a la gente menuda y que por esto se juntaron los señores en el
bando de Tutu Xiú, que era gran republicano como sus
(ante)pasados, y se concertaron para matar a Cocom y así lo
hicieron, matando a todos sus hijos sin dejar más que uno que estaba ausente, y
saquearon sus casas y tomaron las heredades que tenía en cacao y otras frutas,
diciendo que con ellas se pagaban de lo que les había robado; y que duraron
tanto los bandos entre los Cocomes - que decían ser echados
injustament -, y los Xiues que después de haber estado
en aquella ciudad más de 500 años la desampararon y despoblaron, yéndose cada
uno a su tierra.
MONUMENTOS
CRONOLÓGICOS DE MAYAPAN.-FUNDACIÓN DEL REINO DE ZOTUTA.-ORIGEN DE LOS
CIIELES.-LOS TRES REINOS PRINCIPALES DE YUCATÁN.
Que conforme a la
cuenta de los indios, hará 120 años que se despobló Mayapán, y
que se hallan en la plaza de aquella ciudad siete u ocho piedras de a diez pies
de largo cada una, redondas por una parte, bien labradas, y que tienen algunos
caracteres que ellos usan y que, desgastados por el agua, no se pueden leer;
mas piensan que es memoria de la fundación y destrucción de aquella ciudad.
Otras semejantes están en Zilán, pueblo de la costa, aunque
más altas, y preguntados los naturales qué cosa eran, respondieron que
acostumbraban erigir de 20 en 20 anos, que es el número que tienen de contar de
edades, una piedra de aquellas. Mas parece (que esta explicación) no lleva
camino, porque según esto habrían muchas más, principalmente que no las hay en
otros pueblos sino en Mayapán y Zilán.
Que lo principal
que (se) llevaron a sus tierras estos señores (18) que desampararon Mayapán fueron
los libros de sus ciencias porque siempre fueron muy sujetos a los consejos
de sus sacerdotes, y que por esto hay tantos templos en aquellas provincias.
Que el hijo
de Cocom que escapó de la muerte por estar ausente en sus
contrataciones en tierra de Ulúa, que es adelante de la villa de Salamanca, al
saber la muerte de su padre y el desbarato de la ciudad, vino muy presto y se
juntó con los parientes y vasallos y pobló un lugar que llamó Tibulón, que
quiere decir jugados fuimos; y que edificaron otros muchos
pueblos en aquellos montes reuniéndose (allí) muchas familias de estos Cocomes. La
provincia donde manda este señor se llama Zututa.
Que estos señores
de Mayapán no tomaron venganza de los mexícanos que ayudaron
a Cocom porque fueron persuadidos por el gobernador de la
tierra y porque eran extranjeros; y que así los dejaron dándoles facultades
para que poblasen un pueblo apartado, para sí solos, o se fuesen de la tierra
no pudiéndose casar con las naturales de ella, sino entre ellos. Y que
escogieran quedarse en Yucatán y no volver a las lagunas y mosquitos de
Tabasco, y poblaron la provincia de Canul que les fue señalada
y que allí duraron hasta las segundas guerras de los españoles.
Dicen que entre los
doce sacerdotes de Mayapán hubo uno muy sabio que tuvo una
sola hija a quien casó con un mancebo noble llamado Ah Chel, el
cual hubo hijos que se llamaron como el padre conforme a la usanza de esta
tierra; y dicen que este sacerdote aví so a su yerno de la destrucción de
aquella ciudad y que éste supo
mucho en las
ciencias de su suegro, el cual, dicen, le escribió ciertas letras en la tabla
del brazo izquierdo, de gran importancia para ser estimado; y con esta gracia
pobló en la costa hasta que vino a hacer asiento en Tikoch siguiéndole
gran número de gentes, y que así fue muy insigne población aquella de los Cheles, y
poblaron la más insigne provincia de Yucatán, a la cual llamaron, por aquel
nombre, la provincia de Ah Kin Chel, y es la de Ytzamal, donde
residieron estos Cheles y se multiplicaron en Yucatán hasta la
entrada del adelantado Montejo.
Que entre las tres
casas de señores principales, que eran los Cocomes, Xiues, y Cheles, hubo
grandes bandos y enemistades y hoy en día, con ser cristianos, aún las hay.
Los Cocomes decían a los Xiues que eran
extranjeros y traidores al matar a su señor principal robándole su hacienda.
Los Xiues se decían tan buenos como ellos, tan antiguos y tan
señores, y que no fueron traidores sino (19) Iibertadores de la patria matando
al tirano. El Chel decía que era tan bueno como ellos en
linaje, por ser nieto de un sacerdote, el más estimado de Mayapán, y
que por su persona era mejor que ellos pues había sabido hacerse tan señor como
ellos, y que con esto se hacían desabrimiento en los mantenimientos porque
el Chel, que estaba en la costa, no quería dar pescado ni sal
al Cocom, haciéndole ir lejos por ello, y el Cocom no
dejaba sacar caza ni frutas al Chel.
VARIAS CALAMIDADES
SUFRIDAS EN YUCATÁN EN EL SIGLO ANTERIOR A LA CONQUISTA: HURACANES,
PESTILENCIAS, GUERRAS, ETC.
Que estas gentes
tuvieron más de 20 años de abundancia y de salud y se multiplicaron tanto que
toda la tierra parecía un pueblo:
y que entonces se
labraron los templos en tanta muchedumbre como se ve hoy en día por todas
partes, y que atravesando los montes se ven entre la arboleda asientos de casas
y edificios labrados a maravilla.
Que después de esta
felicidad, una noche, por invierno, vino un aíre como a las seis de la tarde y
fue creciendo, y haciéndose huracán de cuatro vientos, y que este aire derribó
todos los árboles crecidos, lo cual hizo gran matanza en todo género de caza y
derribó las casas altas las cuales, como son de paja y tenían lumbre dentro por
el frío, se incendiaron y abrasaron a gran parte de la gente; y si algunos
escapaban quedaban hechos pedazos de los golpes dt la madera; y que duró este
huracán hasta el otro día a las doce en que se vio que habían escapado quienes
moraban en casas pequeñas, entre ellos los mozos recién casados que allá
acostumbraban hacer unas casillas enfrente de las de sus padres o suegros donde
moran los primeros años; y que así perdió la tierra el nombre a la que solían
llamar de los venados y de los pavos, y tan sin árboles quedó,
que los que ahora hay parece que se plantaron juntos según están
nacidos a la igual, pues mirando la tierra desde algunas partes altas, parece
que toda está cortada con una tijera.
Que quienes
escaparon se animaron a edificar y cultivar la tierra y se multiplicaron mucho
viniéndoles 16 años de salud y buenos temporales y que el último fue el más
fértil de todos; y que (20) queriendo comenzar a coger los frutos sobrevinieron
por toda la tierra unas calenturas pestilenciales que duraban 24 horas, y
después de cesadas se hinchaban (los enfermos) y reventaban llenos de gusanos,
y que con esta pestilencia murió mucha gente y gran parte de los frutos quedó
sin coger.
Que después de
cesada la peste tuvieron otros 16 años buenos en los cuales se renovaron las
pasiones y bandos, de manera que murieron en batallas ciento cincuenta mil
hombres y que con esta matanza se sosegaron e hicieron la paz y descansaron por
20 años, después de los cuales les dio una peste de grandes granos que les
pudría el cuerpo con gran hedor, de manera que se les caían los miembros a
pedazos en tres o cuatto días. Que habrá que pasó esta última plaga más de 50
años y que la mortandad de la guerra fue 20 años antes y la peste de la
hinchazón y gusanos sería 16 años antes de las guerras y el huracán otros 16
antes que ésta y 22 ó 23 después de la destrucción de la ciudad de Mayapán. Que
según esta cuenta,
hace 125 años que
se desbarató (la ciudad), dentro de los cuales años los de esta tierra han
pasado las dichas miserias y otras muchas que comenzaron al entrar en ella los
españoles, así por guerras como por otros castigos que Dios envía; de manera
que es maravilla haber la gente que hay, aunque no es mucha.
PROFECÍAS DE LA
LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES.-BIOGRAFÍA DE FRANCISCO DE MONTEJO PRIMER ADELANTADO
DE YUCATÁN.
Que como la gente
mexicana tuvo señales y profecías de la venida de los españoles y de la
cesación de su mando y religión, también las tuvieron los de Yucatán algunos
años antes que el adelantado Montejo los conquistase; y que en las sierras
de Mani que es en la provincia de Tutu Xiu, un
indio llamado Ah Cambal de oficio Chilám, que
es el que tiene a su cargo dar las respuestas del demonio, les dijo públicamente
que pronto serian señoreados por gente extranjera, y que les predicarían un
Dios y la virtud de un palo que en su lengua llaman Vamonché, que
quiere decir palo enhiesto de gran virtud contra los demonios.
(21) Que el sucesor de
los Cocomes, llamado don Juan Cocom, después de bautizado, fue
hombre de gran reputación y muy sabio en sus cosas y bien sagaz y entendido en
las naturales; y fue muy familiar del autor de este libro, fray Diego de Landa,
y le contó muchas antigüedades y le mostró un libro que fue de su abuelo, hijo
del Cocom que mataron en Mayapán, y en él
estaba pintado un venado; y que aquel su abuelo le había dicho que cuando en
aquella tierra entrasen venados grandes, que así llamaban a las vacas, cesaría
el culto de los Dioses; y que se había cumplido porque los españoles trajeron
vacas grandes.
Que el adelantado
Francisco de Montejo fue natural de Salamanca y que pasó a las Indias después
de poblada la ciudad de Santo Domingo y la Isla Española, habiendo estado
primero algún tiempo en Sevilla donde dejó un hijo niño que allí hubo; y que
vino a la ciudad de Cuba donde ganó de comer y tuvo muchos amigos por su buena
condición y entre ellos fueron Diego Velázquez, gobernador de la Isla, y
Hernando Cortés; y que como el gobernador determinó enviar a Juan de Grijalva,
su sobrino, a rescatar a tierras de Yucatán y a descubrir más tierra después de
la nueva que Francisco Hernández de Córdoba trajo cuando la descubrió, diciendo
que era tierra rica, determinó que Montejo fuese con Grijalva. (Montejo) como
era rico, puso uno de los navíos y muchos bastimentos y fue así de los segundos
españoles que descubrieron a Yucatán. Y que vista la costa de Yucatán tuvo
deseos de enriquecerse allí antes que en Cuba, y vista la determinación de
Hernando Cortés, le siguió con su hacienda y persona y Cortés le dió un navío a
su cargo haciéndole capitán de él. Que en Yucatán recogieron a Gerónimo de
Aguilar de quien Montejo entendió la lengua de aquella tierra y sus cosas, y
que llegado Cortés a la Nueva España comenzó a poblar y al primer pueblo llamó
la Veracruz conforme al blasón de su bandera; y que en este pueblo fue Montejo
nombrado Alcalde del Rey, cargo en que se mantuvo discretamente y así lo
publicó por tal
Cortés cuando tomó
por allí después del camino que hizo navegando la tierra a la redonda, y que
por esto lo envió a España como uno de los procuradores de la Nueva España y
para que llevase el quinto del rey con una relación de la tierra descubierta y
de las cosas que comenzaban a hacerse en ella.
Que cuando
Francisco de Montejo llegó a la corte de Castilla, era Presidente del Consejo
de Indias Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, quien estaba mal
informado contra Cortés por (22) parte de Diego Velázquez, gobernador de Cuba,
que pretendía también lo de Nueva España; y que estaban los más del Consejo
contra los negocios de Cortés (diciendo) que parecía que no enviaba dineros al
Rey sino que se los pedía y que sabiendo que el Emperador estaba en Flandes,
por eso se negociaba mal. (Montejo) perseveró siete años desde que salió de las
Indias, que fue en 1519, hasta que se embarcó, que fue en 26, y que con esta
perseverancia recusó al Presidente y al Papa Adriano que era gobernador (del
Reyno) y habló al emperador, lo cual aprovechó mucho, pues se despachó lo de
Cortés como era de razón.
MONTEJO NAVEGA A
YUCATÁN Y TOMA POSESIÓN DE LA TIERRA.-LOS ChELES LE CONCEDEN EL ASIENTO DE
CHICHEN ITZÁ. LOS INDIOS LE OBLIGAN A QUE LOS DEJE.
Que en este tiempo
que Montejo estuvo en la corte negoció para sí la conquista de Yucatán aunque
pudo haber negociado otras cosas: le dieron el título de adelantado y se vino a
Sevilla llevando a un sobrino suyo de trece años de edad y de su mismo nombre,
y a Sevilla halló a su hijo de 28 años a quien llevó consigo. Trató palabras de
casamiento con una señora de Sevilla, viuda rica, y así pudo juntar 500 hombres
a quienes embarcó en tres navíos. Siguió su viaje y aportó a Cuzmil, isla
de Yucatán, donde los indios no se alteraron porque estaban domesticados con
los españoles de Cortés, y que allí procuró saber muchos vocablos de los indios
para entenderse con ellos, y que de allí navegó a Yucatán y tomó posesión
diciendo un alferez suyo con la bandera en la mano: en nombre de Dios tomo la
posesión de esta tierra por Dios y por el rey de Castilla".
Que de esta manera
se fue costa abajo, que estaba bien poblada, hasta llegar a Conil, pueblo
de aquella costa, y que los indios se espantaban de ver tantos caballos y
gente, y que dieron aviso a toda la gente de lo que pasaba, y esperaban (ver)
el fin que tenían los españoles.
Que los indios
señores de la provincia de Chicaca vinieron al adelantado, a
visitarle en son de paz y fueron bien recibidos; (23) entre ellos había un
hombre de grandes fuerzas, quien quitó un alfange a un negrillo que lo llevaba
detrás de su amo y quiso matar con él al adelantado quien se defendió (hasta
que) se llegaron los españoles y comprendieron que era menester andar sobre
aviso.
Que el adelantado
procuró saber cuál era la mayor población y supo que la de Tekoch en
donde eran señores los Cheles, la cual estaba en la costa
tierra abajo por el camino que los españoles llevaban; y que los
indios, pensando que caminaban para salirse de la tierra, no se alteraban ni
les estorbaban el camino y de esta manera llegaron a Tekoch al que hallaron
pueblo mayor y mejor de lo que habían pensado. (Y el adelantado) fue dichoso de
que no fuesen señores de aquella tierra los Couohes de
Champotón, que siempre fueron de más coraje que los Cheles, quienes con
el sacerdocio que les dura hasta hoy no son tan orgullosos como otros y por
ello concedieron al adelantado que pudiese hacer un pueblo para su gente y les
dieron para ello el asiento de Chichenizá, a siete leguas de
allí, que es muy excelente, y que desde allí fue con-quistando la tierra lo
cual hizo fácilmente porque los de Ah Km Chel no le
resistieron y los de Tutu Xiu le ayudaron; y con esto, los
demás hicieron poca resistencia.
Que de esta manera
pidió el adelantado gente para edificar (en) Chichenizá y en
breve edificó un pueblo haciendo las casas de madera y la cobertura de ciertas
palmas y paja larga, al uso de los indios. Y se fue viendo que los indios
servían sin pesadumbre. Contó la gente de la tierra, que era mucha, y repartió
los pueblos entre los españoles y, según dicen, a quien menos cabía alcanzaban
dos o tres mil indios de repartimiento; y así comenzó a dar orden a los
naturales dc cómo habían de servir a aquella ciudad, (cosa) que no agradó mucho
a los indios, aunque disimularon por entonces.
MONTEJO DEJA
YUCATÁN CON SU GENTE Y VA A MÉXICO.-SU HIJO FRANCISCO DE MONTEJO, PACíFICA
DESPUÉS LA TIERRA
Que el adelantado
Montejo no pobló a propósito de quien tiene enemigos porque estaba muy lejos
del mar para tener entrada y salida a México y para las cosas de España; y que
a los indios, (24) pareciéndoles cosa dura servir a extranjeros (allí) donde
ellos eran señores, comenzaron a ofenderle por todas partes; y aunque él se
defendía con sus caballos y gente, y les mataba muchos, los indios se
reforzaban cada día de manera que les vino a faltar la comida. Que al fin una
noche dejaron la ciudad poniendo a un perro atado al badajo de la campana y un
poco de pan apartado para que no lo pudiese alcanzar, y el mismo día cansaron a
los indios con escaramuzas para que no los siguiesen y el perro repicaba la
campana para alcanzar el pan lo cual maravilló mucho a los indios pensando que
querían salir por ellos; mas después de sabido quedaron corridos de la burla y
acordaron seguir a los españoles por muchas partes porque no sabían el camino
que llevaban. La gente que fue por aquel camino alcanzó a los españoles dándoles
mucha grita, como a gente que huía, por lo cual seis de a caballo los esperaron
en un raso y alancearon a muchos de ellos. Uno de los indios asió a un caballo
por la pierna y le derribó como si fuese un carnero. Los españoles llegaron
a Zilán que era muy hermoso pueblo cuyo señor era un mancebo
de los Cheles, ya cristiano y amigo de los españoles, quien
los trató muy bien. Zilán estaba muy cerca de Ticokh la
que, con todos los pueblos de aquella costa, estaba (sometida) a la obediencia
de los Cheles; y así les dejaron estar seguros algunos meses.
Que el adelantado
viendo que desde allí no se podía socorrer de las cosas de Nueva España, y que
si los indios les atacaban serían perdidos, acordó irse a Campeche y (de allí)
a México, dejando a Yucatán sin gente. Había desde Zilán a
Campeche cuarenta y ocho leguas muy pobladas de gente. Dieron parte a Vamux
Chel, señor de Zilán, y él se ofreció a asegurarles
el camino y acompañarlos. El adelantado trató con el tío de éste, que era señor
de Yobain, que le diese dos hijos bien dispuestos que tenía
para que le acompañasen, de manera que con tres mancebos primos hermanos, dos
en colleras y el de Zilán a caballo, llegaron seguros a
Campeche donde fueron recibidos en paz. Los Cheles se
despidieron y volviendo a sus pueblos cayó muerto el de Zilán. Desde
allí partieron para México donde Cortés había señalado repartimiento de indios
al adelantado, aunque estaba ausente.
Que llegado el
adelantado a México con su hijo y sobrino, llegó luego en busca suya doña
Beatriz de Herrera, su mujer, y una hija que en ella tenía llamada doña
Catalina de Montejo. El adelantado se había casado clandestinamente en Sevilla
con doña Beatriz de
Herrera y (25) dicen algunos que la negaba, pero don Antonio de Mendoza, Virrey
de la Nueva España, se puso de por medio y así la recibió y a él lo envió el
mismo Virrey por gobernador de Honduras donde casó a su hija con el licenciado
Alonso Maldonado, Presidente de la Audiencia de los Confines; y que después de
algunos años le pasaron a Chiapas desde donde envió a su hijo a Yucatán, con
Poderes, y lo conquistó y pacificó.
Que este don
Francisco, hijo del adelantado, se crió en la corte del rey católico y le trajo
su padre cuando volvió a las Indias, a la conquista de Yucatán, y de allí fue
con él a México; y que el Virrey don Antonio y el marqués don Hernando Cortés
le quisieron bien y fue con el marqués a la jornada de California. Y que
tornado, le proveyó el Virrey para regir Tabasco y se desposó con una señora
llamada doña Andrea del Castillo, que había pasado doncella a México con
parientes suyos.
ESTADO DE YUCATÁN
DESPUÉS DE LA SALIDA DE LOS ESPAÑOLES.- DON FRANCISCO, HIJO DEL ADELANTADO,
RESTABLECE EL GOBIERNO ESPAÑOL EN YUCATÁN.
Que salidos los
españoles de Yucatán faltó el agua en la tierra y que por haber gastado sin
orden su maíz en las guerras de los españoles, les sobrevino gran hambre;
tanta, que vinieron a comer cortezas de árboles, en especial uno que
llaman cumché, que es fofo y blando por dentro. Que por esta
hambre, los Xiues, que son los señores de Mani; acordaron
hacer un sacrificio solemne a los ídolos llevando ciertos esclavos y esclavas a
echar en el pozo de Chichenizá. Mas como habían de pasar por
el pueblo de los señores Cocomes, sus capitales enemigos, y
pensando que en tal tiempo se renovarían las viejas pasiones, les enviaron a
rogar que los dejasen pasar por su tierra. Los Cocomes los
engañaron con buena respuesta y dándoles posada a todos juntos en una gran casa
les pegaron fuego y mataron a los que escapaban; y por esto hubo grandes
guerras. (Además) se les recreció la langosta por espacio de cinco años, que no
les dejaba cosa verde; y vinieron a tanta hambre que se caían muertos por los
caminos, de manera que cuando los españoles
(26) volvieron no
conocían la tierra aunque con otros cuatro años buenos después de la langosta,
se había mejorado algo.
Que este don
Francisco se partió para Yucatán por los ríos de Tabasco y entró por las
lagunas de Dos Bocas y que el primer pueblo que tocó fue Champotón con cuyo
señor, llamado Moch Kotoh les fue mal a Francisco Hernández y
a Grijalva; mas por ser ya muerto no hubo allí resistencia, antes bien, los de
este pueblo sustentaron a don Francisco y su gente dos años en cuyo tiempo no
pudo pasar adelante por la mucha resistencia que hallaba. Que después pasó a
Campeche y vino a tener mucha amistad con los de aquel pueblo. De manera que
con su ayuda y la de los de Cbampotón acabó la conquista prometiéndoles que
serían remunerados por el rey por su mucha fidelidad aunque hasta ahora el rey
no lo ha cumplido.
Que la resistencia
no fue bastante para que don Francisco dejase de llegar con su ejército a Tihó donde
se pobló la ciudad de Mérida; y que dejando el bagaje en Mérida prosiguieron la
conquista enviando capitanes a diversas partes. Don Francisco envió a su primo
Francisco de Montejo a la villa de Valladolid para pacificar los pueblos que
estaban algo rebeldes y para poblar aquella villa como ahora está. Pobló
en Chectemal la villa de Salamanca y ya tenía poblado
Campeche. (Entonces) dio orden para el servicio de los indios y el gobierno de
los españoles hasta que el adelantado, su padre, vino a gobernar desde Chiapas
con su
mujer y casa; y fue
bien recibido en Campeche llamando a esa villa de San Fran.
cisco por su nombre. Después pasó a
la ciudad de Mérida.
CRUELDADES DE LOS
ESPAÑOLES CON LOS NATURALES.-COMO SE DISCULPABAN.
Que los indios
recibían pesadamente el yugo de la servidumbre, mas los españoles tenían bien
repartidos los pueblos que abrazaban la tierra, aunque no faltaba entre los
indios quien los alterase, sobre lo cual se hicieron castigos muy crueles que
fueron causa de que apocase la gente. Quemaron vivos a algunos principales de
la
(27) provincia de Cupul y
ahorcaron a otros. Hízose información contra los de Yobain, pueblo
de los Cheles, y prendieron a la gente principal y, en cepos,
la metieron en una casa a la que prendieron fuego abrasándola viva
con la mayor inhumanidad del mundo, y dice este Diego de Landa que él vio un
gran árbol cerca del pueblo en el cual un capitán ahorcó muchas mujeres indias
en sus ramas y de los pies de ellas a los niños, sus hijos. Y en este mismo
pueblo y en otro que se dice Verey, a dos leguas de él,
ahorcaron a dos indias, una doncella y la otra recién casada, no
porque tuvieran culpa sino porque eran muy hermosas y temían que se revolviera
el real de los españoles sobre ellas y para que mirasen los indios que a los
españoles no les importaban las mujeres; de estas dos hay mucha memoria entre
indios y españoles por su gran hermosura y por la crueldad con que las mataron.
Que se alteraron
los indios de la provincia de Cochua y Chectemal y
los españoles los apaciguaron de tal manera que, siendo esas dos provincias las
más pobladas y llenas de gente, quedaron las más desventuradas de toda aquella
tierra. Hicieron (en los indios) crueldades inauditas (pues les) cortaron
narices, brazos y piernas, y a las mujeres los pechos y las echaban en lagunas
hondas con calabazas atadas a los pies; daban estocadas a los niños porque no
andaban tanto como las madres, y si los llevaban en colleras y enfermaban, o no
andaban tanto como los otros, cortábanles las cabezas por no pararse a
soltarlos. Y trajeron gran número de mujeres y hombres cautivos para su
servicio con semejantes tratamientos. Se afirma que don Francisco de Montejo no
hizo ninguna de estas crueldades ni se hailó en ellas, antes bien le parecieron
muy mal, pero que no pudo (evitarlas).
Que los españoles
se disculpaban con decir que siendo pocos no podían sujetar tanta gente sin
meterles miedo con castigos terribles, y traen a ejemplo la pasada historia de
los hebreos a la tierra de promisión (en que se cometieron) grandes crueldades
por mandato de Dios; y por otra parte tenían razón los indios al defender su
libertad y confiar en los capitanes muy valientes que tenían para entre ellos y
pensaban que así serían contra los españoles.
Que cuentan de un
ballestero español y de un flechero indio que por ser muy diestros el uno y el
otro se procuraban matar y no podían cogerse descuidados; el
español fingió
descuidarse puesta una rodilla en tierra y el indio le dió un flechazo en la
mano que le subió brazo arriba y le apartó las canillas una de otra; pero (28)
al mismo tiempo soltó el español la ballesta y dió al indio por el pecho y
sintiéndose herido de muerte, porque no dijesen que un español le había muerto,
cortó un bejuco, que es como mimbre aunque mucho más largo, y se ahorcó con él
a la vista de todos. De estas valentías hay muchos ejemplos.
ESTADO DEL PAÍS
ANTES DE LA CONQUISTA.-UNA SUBLEVACIÓN.-CÉDULA REAL EN FAVOR DE LOS
INDIOS.-MUERTE DEL ADELANTADO.-SUS DESCENDIENTES.
Que antes (de) que
los españoles ganasen aquella tierra vivían los naturales juntos en pueblos,
con mucha policía, y tenían la tierra muy limpia y desmontada de malas plantas
y puestos muy buenos árboles; y que su habitación era de esta manera: en medio del
pueblo estaban los templos con hermosas plazas y en torno de los templos
estaban las casas de los señores y de los sacerdotes, y luego la gente más
principal, y así iban los más ricos y estimados más cercanos a éstas y a los
fines del pueblo estaban las casas de la gente más baja. Los pozos, donde había
pocos, estaban cerca de las casas de los señores y que tenían sus heredades
plantadas de los árboles de vino y sembraban algodón, pimienta y maíz, y vivían
en estas congregaciones por miedo de sus enemigos que los cautivaban, y que por
las guerras de los españoles se desaparecieron por los montes.
Que los indios de
Valladolid por sus malas costumbres o por el mal tratamiento de los españoles,
se conjuraron para matar a los españoles cuando se dividían a cobrar sus
tributos; y que en un día mataron diecisiete españoles y cuatrocientos criados
de los muertos y de los que quedaron vivos; y luego enviaron algunos brazos y
pies por toda la tierra en señal de lo que habían hecho, para que se alzasen,
mas no lo quisieron hacer y con esto pudo el adelantado socorrer a los
españoles de Valladolid y castigar a los indios.
Que el adelantado
tuvo desasosiegos con los (españoles) de Mérida y mucho mayores con la cédula
del emperador con la cual (29) privó de indios a todos los gobernadores; y fue
un receptor a Yucatán y quitó al adelantado los indios y los puso en cabeza del
rey, y que tras esto, la Audiencia Real de México le tomó residencia,
remitiéndolo al Consejo Real de Indias, en España, donde murió lleno de días y
trabajos, y dejó en Yucatán a su mujer doña Beatriz más rica que él murió, y a
don Francisco de Montejo, su hijo, casado en Yucatán y a su hija doña Catalina,
casada con el licenciado Alonso Maldonado, Presidente de las Audiencias de
Honduras y Santo Domingo, de la Isla Española, y a don Juan Montejo, español, y
a don Diego, mestizo que hubo en una india.
Que este don
Francisco después de que dejó el gobierno a su padre el adelantado, vivió en su
casa como un vecino particular en cuanto al gobierno, aunque muy respetado de
todos por haber conquistado, repartido y regido aquella tierra. Fue a Guatemala
con su residencia y tomó a su casa. Tuvo por hijos a don Juan de Montejo, que
casó con doña Isabel, natural de Salamanca; a doña Beatriz de
Montejo, (con) su
tío, primo hermano de su padre; y a doña Francisca de Montejo, que casó con don
Carlos de Arellano, natural de Guadalajara; murió de larga enfermedad después
de haberlos visto a todos casados.
LLEGADA DE LOS
FRAILES FRANCISCANOS ESPAÑOLES A YUCATÁN.-PROTECCIÓN QUE DISPENSARON A LOS
INDÍGENAS.-SUS LUCHAS CON LOS ENCOMENDEROS.
Que fray Jacobo de
Testera, franciscano, pasó a Yucatán y comenzó la adoctrinación de los hijos de
los indios, y que los soldados españoles querían servirse tanto de los mozos
que no les quedaba tiempo para aprender la doctrina; y que por otra parte disgustaban
a los frailes cuando los reprendían del mal que les hacían a los indios y que
por esto, fray Jacobo se tomó a México donde murió. Después fray Toribio
Motolinia envió desde Guatemala frailes, y de México fray Martín de Hojacastro
envió más y todos tomaron su asiento en Campeche y Mérida con favor del
adelantado y de su hijo don Francisco, los cuales (frailes) edificaron
(30) un monasterio en
Mérida, como está dicho, y procuraron saber la lengua,
lo cual era dificultoso.
El que más supo fue
fray Luis de Villalpando, que comenzó a saberla por señas y pedrezuelas y la
redujo a una manera de arte y escribió una doctrina cristiana en aquella
lengua, aunque había muchos estorbos de parte de los españoles que eran
absolutos señores y querían que se hiciese todo enderezado a su ganancia y
tributos; y de parte de los indios que procuraban estarse en sus idolatrías y
borracheras, principalmente era gran trabajo por estar tan derramados por los
montes.
Que los españoles
tomaban pesar de ver que los frailes hiciesen monasterios y ahuyentaban a los
hijos de los indios de sus repartimientos, para que no viniesen a la doctrina;
y quemaron dos veces el monasterio de Valladolid con su iglesia, que era de madera
y paja; tanto que fue necesario a los frailes irse a vivir entre los indios; y
cuando se alzaron los indios de aquella provincia escribieron al virrey Don
Antonio (de Mendoza) que se habían alzado por amor a los frailes y el virrey
hizo diligencia y averiguó que al tiempo que se alzaron aún no eran llegados
los frailes a aquella provincia; (aun los encomenderos) velaban de noche a los
frailes con escándalo de los indios y hacían inquisición de sus vidas y les
quitaban las limosnas.
Que los frailes
viendo este peligro enviaron al muy singular juez Cerrato, Presidente de
Guatemala, un religioso que le diese cuenta de lo que pasaba, y visto el
desorden y mala cristiandad dc los españoles que se llevaban absolutarnente los
tributos y cuanto podían sin orden del rey (y obligaban a los indios) al
servicio personal en todo género de trabajo, hasta alquilarlos para llevar
cargas, proveyó cierta tasación, harto larga aunque pasadera, en que señalaba
qué cosas eran del
indio después de
pagado el tributo a su encomendero, y que no fuese todo absolutamente del
español. (Los encomenderos) suplicaron de esto y con temor de la tasa sacaban a
los indios más que hasta allí, y entonces los frailes tornaron a la Audiencia y
reclamaron en España e hicieron tanto que la Audiencia de Guatemala envió a un
Oidor, el cual tasó la tierra y quitó el servicio personal e hizo casar a
algunos, quitándoles las casas que tenían llenas de mujeres. Este fue el
licenciado Tomás López natural de Tendilla, y ello causó que aborreciesen mucho
más a los frailes, haciéndoles libelos infamatorios y cesando de oír sus misas.
(31) Que este
aborrecimiento causó que los indios estuviesen muy bien con los frailes
considerando los trabajos que tomaban sin interés ninguno para darles libertad,
tanto que ninguna cosa hacían sin dar parte a los frailes y tomar su consejo, y
esto dio causa a los españoles para que por envidia dijesen que los frailes
habían hecho esto para gobernar las Indias y gozar de lo que a ellos se había
quitado.
VICIOS DE LOS
INDIOS.-LOS FRAILES ESTUDIAN LA LENGUA DEL PAÍS. SUS ENSEÑANZAS A LOS
NATURALES.- CASTIGOS A LOS APÓSTATAS.
Que los vicios de
los indios eran idolatrías y repudios y borracheras públicas y vender y comprar
esclavos; y que por apartarlos de estas cosas vinieron a aborrecer a los
frailes; pero que entre los españoles los que más fatigaron a los religiosos,
aunque encubiertamente, fueron los sacerdotes, como gente que había perdido su
oficio y los provechos de él.
Que la manera que
se tuvo para adoctrinar a los iridios fue recoger a los hijos pequeños de los
señores y gente más principal, poniéndolos en torno de los monasterios en casas
que cada pueblo hacía para los suyos, donde estaban juntos todos los de cada lugar,
cuyos padres y parientes les traían de comer; y con estos flínos se recogían
los que venían a la doctrina, y con tal frecuentación muchos, con devoción,
pidieron el bautismo; y estos niños, después de enseñados, tenían cuidado de
avisar a los frailes de las idolatrías y borracheras y rompían los ídolos
aunque fuesen de sus padres, y exhortaban a las repudiadas; y a los huérfanos,
si los hacían esclavos (los encomenderos o los mismos indios, decían) que se
quejasen a los frailes y aunque fueron amenazados por los suyos, no por eso
cesaban, antes respondían que les hacían honra pues era por el bien de sus
almas. Y que el adelantado y las fuerzas del rey siempre han dado fiscales a
los frailes para obligar a los indios a asistir a la doctrina y castigar a los
que se tornaban a la vida pasada. Al principio daban los señores de mala gana
sus hijos, pensando que los querían hacer esclavos como habían hecho los
españoles y por esta causa daban muchos esclavillos en lugar de sus
(32) hijos; mas como
comprendieron el negocio, los daban de buena gana. Que de esta manera
aprovecharon tanto los mozos en las escuelas
y la otra gente en la doctrina, que
era cosa admirable.
Que aprendieron a
leer y escribir en la lengua de los indios la cual se redujo tanto a un arte
que se estudiaba como la latina y que se halló que no usaban de seis letras
nuestras que son D, F, G, Q, R y S que para cosa ninguna las han menester; pero
tienen necesidad de doblar y añadir otras para entender las muchas
significaciones de algunos vocablos, porque Pa quiere decir
abrir, y PPa, apretando mucho los labios, quiere decir
quebrar; y Tan es cal o ceniza, y Than, dicho
recio, entre la lengua y los dientes altos, quiere decir palabra o hablar; y
así en otras dicciones, y puesto que ellos para estas cosas tenían diferentes
caracteres no fue menester inventar nuevas figuras de letras sino aprovecharse
de las latinas para que fuesen
comunes a todos.
Dióseles también orden para que dejasen los asientos que tenían en los montes y
se juntasen como antes en buenas poblaciones, para que más fácilmente fuesen
enseñados y no tuviesen tanto trabajo los religiosos para cuya sustentación les
hacían limosnas las pascuas y otras fiestas; y hacían limosnas a las iglesias
por medio de dos indios ancianos nombrados, para esto, con lo cual daban lo
necesario a los frailes cuando andaban visitándoles, y también aderezaban las
iglesias de ornamentos.
Que estando esta
gente instruida en la religión y los mozos aprovechados, como dijimos, fueron
pervertidos por los sacerdotes que en su idolatría tenían y por los señores, y
tornaron a idolatrar y hacer sacrificios no sólo de sahumerios sino de sangre
humana, sobre lo cual los frailes hicieron inquisición y pidieron la ayuda del
alcalde mayor prendiendo a muchos y haciéndoles procesos; y se celebró un auto
(de fe) en que se pusieron muchos cadalsos encorozados. (Muchos indios fueron)
azotados y trasquilados y algunos ensambenitados por algún tiempo; y otros, de
tristeza, engañados por el demonio, se ahorcaron, y en común mostraron todos
mucho arrepentimiento y voluntad de ser buenos cristianos.
(33)
LLEGADA DEL OBISPO
TORAL.-SUELTA A LOS INDIOS ARBITRARIAMENTE PRESOS.-VIAJE DE LANDA A ESPAÑA PARA
JUSTIFICAR LA CONDUCTA DE LOS FRANCISCANOS.
Que a esta sazón
llegó a Campeche don fray Francisco Toral, franciscano, natural de Ubeda, que
había estado 20 años en lo de México y venía por obispo de Yucatán, el cual,
por las informaciones de los españoles y por las quejas de los indios, deshizo
lo que los frailes tenían hecho y mandó soltar los presos y que sobre esto
agravió al provincial quien determinó ir a España quejándose primero en México
y que así vino a Madrid donde los del Consejo de las Indias le afearon mucho
que hubiese usurpado el oficio de obispo y de inquisidor, para descargo de lo
cual alegaba la facultad que su orden tenía para en aquellas partes, concedida
por el Papa Adriano a instancias del emperador, y el auxilio que la Audiencia
Real de las Indias le mandó dar conforme a como se daba a los obispos; y que
los del Consejo se enojaron más por estas disculpas y acordaron remitirle con
sus papeles y los que el obispo había enviado contra los frailes, a fray Pedro
Bobadilla, provincial de Castilla, a quien el rey escribió mandándole que los
viese e hiciese justicia. Y que este fray Pedro, por estar enfermo, sometió el
examen de los procesos a fray Pedro de Guzmán, de su orden, hombre docto y
experimentado en cosas de inquisición, y se presentaron los pareceres de siete
personas doctas del reino de Toledo, que fueron fray Francisco de Medina, fray
Francisco Dorantes, de la orden de San Francísco; el maestro fray Alonso de la
Cruz, fraile de San Agustín que había estado 30 años en las Indias, y el
licenciado Tomás López que fue Oidor en Guatemala en el nuevo reino y fue juez
en Yucatán; y don Hurtado, catedrático de cánones; y don Méndez, catedrático de
sagrada escritura; y don Martínez, catedrático de Scoto en Alcalá, los cuales
dijeron que el provincial hizo justamente el auto y las otras cosas en castigo
de los indios, lo cual, visto por fray Francisco de Guzmán, escríbió largamente
sobre ello al provincial fray Pedro de Bobadilla.
Que los indios de
Yucatán merecen que el rey los favorezca por muchas cosas y por la voluntad que
mostraron a su servicio. (34) Estando necesitado en Flandes, envió la princesa
doña Juana, su hermana, que entonces era gobernadora del reino, una cédula pidiendo
ayuda a los de las Indias; cédula que llevó a Yucatán un Oidor de Guatemala y
para esto juntó a los señores y ordenó que un fraile les predicase lo que
debían a su magestad y lo que entonces les pedia. Concluida la plática se
levantaron dos indios en pie y iespondieron que bien sabían lo que eran
obligados a dios por haberles dado tan noble y cristianísimo rey y que les
pesaba no vivir en parte donde le pudieran servir con sus personas y por tanto
que viese lo que de su
pobreza quería, que
le servirían con ello y que si no bastase, venderían a sus hijos y mujeres.
MANERA DE FABRICAR
LAS CASAS EN YUCATÁN.-OBEDIENCIA Y RESPETO DE LOS INDIOS A SUS SEÑORES.-MODO DE
ORNAR SUS CABEZAS Y DE LLEVAR SUS VESTIDOS.
Que la manera (que
los indios tenían de) hacer sus casas era cubrirlas de paja, que tienen muy
buena y mucha, o con hojas de palma, que es propia para esto; y que tenían muy
grandes corrientes para que no se lluevan, y que después echan una pared de por
medio y a lo largo, que divide toda la casa y en esta pared dejan algunas
puertas para la mitad que llaman las espaldas de la casa, donde tienen sus
camas y la otra mitad blanquean de muy gentil encalado y los señores las tienen
pintadas de muchas galanterías; y esta mitad es el recibimiento y aposento de
los huéspedes y no tiene puerta sino toda es abierta conforme al largo de la
casa y baja mucho la corriente delantera por temor de los soles y aguas, y
dicen que también para enseñorarse de los enemigos de la parte de dentro en
tiempo de necesidad. El pueblo menudo hacía a su costa las casas de los
señores; y que con no tener puertas tenían por grave delito hacer mal a casas
ajenas. Tenían una portecilla atrás para el servicio necesario y unas camas de
varillas y encima una esterilla donde duermen cubiertos por sus mantas de
algodón; en verano duermen comúnmente en los encalados con una de aquellas
esterillas especialmente los hombres. Allende de
(35) la casa hacía todo
el pueblo a los señores sus sementeras, y se las beneficiaban y cogían en
cantidad que les bastaba a él y a su casa; y cuando había caza o pesca, o era
tiempo de traer sal, siempre daban parte al señor porque estas cosas siempre
las hacían en comunidad. Si moría el señor, aunque le sucediese el hijo mayor,
eran siempre los demás hijos muy acatados y ayudados y tenidos por senores.
A los demás
principales inferiores del señor ayudaban en todas estas cosas conforme a
quienes eran, o al favor que el señor les daba. Los sacerdotes vivían de sus
oficios y ofrendas.
Los señores regían
el pueblo concertando los litigios, ordenando y concertando las cosas de sus
repúblicas, todo lo cual hacían por manos de los más principales, que eran muy
obedecidos y estimados, specialmente de la gente rica a quienes visitaban; tenían
palacio en sus casas donde concertaban las cosas y negocios, principalmente de
noche; y si los señores salían del pueblo llevaban mucha compañía, lo mismo que
cuando salían de sus casas.
Que los indios de
Yucatán son gente bien dispuesta, altos recios y de muchas fuerzas y comúnmente
todos estevados porque en su niñez, cuando las madres los llevan de una parte a
otra van horcajadas en los cuadriles. Tenían por gala ser bizcos, lo cual hacían
por arte las madres colgándoles del pelo cuando niños, un
pegotillo que les
llegaba al medio de las cejas; y como les andaba allí jugando, ellos alzaban
los ojos y venían a quedar bizcos. Y que tenían las cabezas y frentes llanas,
hecho también por sus madres, por industria, desde niños, que traían las orejas
horadadas
para zarcillos y
muy harpadas de los sacrificios. No criaban barbas y decían que les quemaban
los rostros sus madres con paños calientes siendo niños, para que no les
naciesen. Y que ahora crían barbas aunque muy ásperas como cerdas de rocines.
Que criaban cabello
como las mujeres: por lo alto quemaban como una buena corona y así crecía mucho
lo de debajo y lo de la corona quedaba corto y que lo trenzaban y hacían una
guirnalda de ello en torno de la cabeza dejando la colilla atrás como borlas.
Que todos los hombres usaban espejos y no las mujeres; y que para llamarse
cornudos decían que su mujer les había puesto el espejo en el cabello sobrante
del colodrillo.
Que se bañaban
mucho, no curando de cubrirse de las mujeres no cuanto podía cubrir la mano.
Que eran amigos de
buenos olores y que por eso usan ramilletes de flores y yerbas olorosas, muy
curiosos y labrados.
(36) Que usaban pintarse
de colorado el rostro y cuerpo y les parecía muy mal, pero teníanlo por gran
gala.
Que su vestido era
un listón de una mano de ancho que les servía de bragas y calzas y que se daban
con él algunas vueltas por la cintura de manera que uno de los cabos colgaba
adelante y el otro detrás, y que estos cabos los hacían sus mujeres con curiosidad
y labores de pluma; y que traían mantas largas y cuadradas y las ataban en los
hombros; y que traían sandalias de cáñamo o cuero de venado por curtir, seco, y
no usaban otro vestido.
COMIDAS Y BEBIDAS
DE LOS INDIOS DE YUCATÁN.
Que el
mantenimiento principal es el maíz del cual hacen diversos manjares y bebidas,
y aun bebido como lo beben, les sirve de comida y bebida, y que las indias
echan el maíz a remojar en cal y agua una noche antes, y que a la mañana
(siguiente) está blando y medio cocido y de esta manera se le quita el hollejo
y pezón; y que lo muelen en piedras y que de lo medio molido dan a los
trabajadores, caminantes y navegantes grandes pelotas y cargas y que dura
algunos meses con sólo acedarse; y que de aquello toman una pella y deslíenla
en un vaso de la cáscara de una fruta que cría un árbol con el cual les proveyó
Dios de vasos; y que se beben aquella substancia y se comen lo demás y que es
sabroso y de gran mantenimiento; y que de lo más molido sacan leche y la cuajan
al fuego y hacen como poleadas para las mañanas y que lo beben caliente; y que
en lo que sobra de las mañanas echan agua para beber en el día porque no
acostumbran beber agua sola. Que también tuestan el maíz, lo muelen y deslíen
en agua, que es muy fresca bebida, echándole un poco de pimienta de Indias y
cacao.
Que hacen del maíz
y cacao molido una a manera de espuma muy sabrosa con que celebran sus fiestas
y que sacan del cacao uíla grasa que parece mantequilla y que de esto y del
maíz hacen otra bebida sabrosa y estimada; y que hacen otra bebida de la
substancia del maíz molido así crudo, que es muy fresca y sabrosa.
(37) Que hacen pan de
muchas maneras, bueno y sano, salvo que malo de comer cuando está frío; y así
pasan las indias trabajo hacerlo dos veces al día. Que no se ha podido acertar
a hacer harina que se amase como la del trigo, y que si alguna vez se hace como
pan de trigo no vale nada.
Que hacen guisados
de legumbres y carne de venados y aves monteses y domésticas, que hay muchas, y
de pescados, que hay achos, y que así tienen buenos mantenimientos,
principalmente después de que crían puercos y aves de Castilla.
Que por la mañana
toman la bebida caliente con pimienta, como está dicho, y entre día, las otras
frías, y a la noche los guisados; y que si no hay carne, hacen sus salsas de
pimienta y legumbres. No acostumbraban comer los hombres con las mujeres; ellos
comían por sí en el suelo o cuando mucho sobre una esterilla por mesa, y comen
bien cuando tienen, y cuando no, sufren muy bien el hambre y pasan con muy
poco. Se lavan las manos y la boca despés de comer.
PINTURA Y LABRADO
DE LOS INDIOS. - SUS BORRACHERAS, BANQUETES, FARSAS, MÚSICAS Y BAILES.
Labrábanse los
cuerpos, y cuanto más, (por) tanto más valientes y bravos se tenían, porque el
labrarse era gran tormento. Y era de esta manera: los oficiales de ello
labraban la parte que querían con tinta y después sajábanle delicadamente las
pinturas y así, con la sangre y tinta, quedaban en el cuerpo las señales; y que
se labraban poco a poco por el grande tormento que era, y también después se
(ponían) malos porque se les enconaban las labores y supurábanse y que con todo
esto se mofaban de los que no se labraban. Y que se precian mucho de ser
requebrados y tener gracias y habilidades naturales, y que ya comen y beben
como nosotros.
Que los indios eran
muy disolutos en beber y emborracharse, de lo cual les seguían muchos males
como matarse unos a otros, violar las camas pensando las pobres mujeres recibir
a sus maridos, también con padres y madres como en casa de sus enemigos y pegar
(38) fuego a sus casas: y que con todo eso se perdían por emborracharse. Y
cuando la borrachera era general y de sacrificios, contribuían todos para ello,
porque cuando era particular hacía el gasto el que la hacía con ayuda de sus
parientes. Y que hacen el vino de miel y agua y cierta raíz de un árbol que
para esto criaban, con lo cual se hacía el vino fuerte y muy hediondo; y que
con bailes y regocijos comían sentados de dos en dos o de cuatro en cuatro, y
que después de comido, los escanciadores, que no se solían emborrachar, traían
unos grandes artesones de beber hasta que se bacía un zipizape; y las mujeres
tenían mucha cuenta de volver borrachos a casa sus maridos.
Que muchas veces
gastan en un banquete lo que en muchos días, mercadeando y trompeando, ganaban;
y que tienen dos maneras de hacer estas fiestas. La primera, que es de los
señores y gente principal, obliga a cada uno de los convidados a que hagan otro
tal convite y que den a cada uno de los convidados una ave asada, pan y bebida
de cacao en abundancia y al fin del convite suelen dar a cada uno una manta
para cubrirse y un banquillo y el vaso más galano que pueden, y si muere alguno
de ellos es obligada la casa o sus parientes a pagar el convite. La otra manera
es entre parentelas cuando casan a sus hijos o hacen memoria de las cosas de
sus antepasados; y ésta no obliga a restitución, salvo que si cuando han
convidado a un indio a una fiesta así, él convida a todos cuando hace fiesta o
casa a sus hijos. Y sienten mucho la amistad y la conservan (aunque estén)
lejos unos de otros, con estos convites; y que en estas fiestas les daban de
beber mujeres hermosas las
cuales, después de
dado el vaso, volvían las espaldas al que lo tomaba hasta vaciado el vaso.
Que los indios
tienen recreaciones muy donosas y principalmente farsantes que representan con
mucho donaire; tanto, que de estos alquilan los españoles para que viendo los
chistes de los españoles que pasan con sus mozas, maridos o ellos propios,
sobre el buen o mal servir, lo representan después con tanto artificio como
curiosidad. Tienen atabales pequeños que tañen con la mano, y otro atabal de
palo hueco, de sonido pesado y triste, que tañen con un palo larguillo con
leche de un árbol puesta al cabo; y tienen trompetas largas y delgadas, de
palos huecos, y al cabo unas largas y tuertas calabazas; y tienen otro
instrumento (que hacen) de la
(39) tortuga entera con
sus conchas, y sacada la carne táñenlo con la palma de la mano y es su sonido
lúgubre y triste.
Tienen silbatos
(hechos con las) cañas de los huesos de venado y caracoles grandes, y flautas
de cañas, y con estos instrumentos hacen són a los valientes. Tienen
especialmente dos bailes muy de hombre de ver. El uno es un juego de cañas, y
así le llaman ellos colomché, que lo quiere decir. Para
jugarlo se junta una gran rueda de bailadores con su música que les hacen són,
y por su compás salen dos de la rueda: el uno con un manojo de bohordos y baila
enhiesto con ellos; el otro baila en cuclillas, ambos con compás de la rueda, y
el de los bohordos, con toda su fuerza los tira a otro, el cual, con gran
destreza, con un palo pequeño arrebátalos. Acabado de tirar vuelven con su
compás a la rueda y salen otros a hacer lo mismo. Otro baile hay en que bailan
ochocientos y más y menos indiós, con banderas pequeñas, con són y paso largo
de guerra entre los cuales no hay uno que salga de compás; y en sus bailes son
pesados porque todo el día entero no cesan de bailar y allí les llevan de comer
v beber. Los hombres no solían bailar con las mujeres.
INDUSTRIA, COMERCIO
Y MONEDA.-AGRICULTURA Y SEMILLAS.
JUSTICIA Y
HOSPITALIDAD.
Que los oficios de
los indios eran olleros y carpinteros, los cuales, por hacer ídolos de barro y
madera, con muchos ayunos y observancias, ganaban mucho. Había también
cirujanos o, por mejor decir, hechiceros, los cuales curaban con yerbas y
muchas supersticiones; y así de todos los demás oficios. El oficio a que más
inclinados estaban es el de mercaderes llevando sal, y ropa y esclavos a tierra
de Ulúa y Tabasco, trocándolo todo por cacao y cuentas de piedra que eran su
moneda, y con ésta solían comprar esclavos u otras cuentas más finas y buenas,
las cuales traían sobre sí los señores como joyas en las fiestas; y tenían por
moneda y joyas otras hechas de ciertas conchas coloradas y las traían en sus
bolsas de red que tenían, y en los mercados trataban todas cuantas cosas (40)
había en esa tierra. Fiaban, prestaban y pagaban cortésmente y sin usura, y
sobre todos eran los labradores y los que se ponen a coger el maíz y las demás
semillas, las cuales guardan en muy lindos silos y trojes para vender a su tiempo.
Sus mulas y bueyes son la gente. Suelen, de costumbre, sembrar para cada casado
con su mujer medida de 400 pies lo cual llaman hum uinic, medida
con vara de 20 pies, 20 en ancho y 20 en largo.
Que los indios
tienen la buena costumbre de ayudarse unos a otros en todos sus trabajos. En
tiempo de sus sementeras, los que no tienen gente suya para hacerlas, júntanse
de 20 en 20 o más o menos, y hacen todos juntos por su medida y tasa la labor
de todos y no la dejan hasta cumplir con todos. Las tierras, por ahora, son de
común y así el que primero las ocupa las posee. Siembran en muchas partes, por
si una faltare supla la otra. En labrar la tierra no hacen sino coger la basura
y quemarla para después sembrar, y desde mediados de enero hasta abril labran y
entonces con las lluvias siembran, lo que hacen trayendo un taleguillo a
cuestas, y con un palo puntiagudo hacen un agujero en la tierra y ponen en él
cinco o seis granos que cubren con el mismo palo. Y en lloviendo, espanto es
cómo nace. Júntanse también para la caza de cincuenta en cincuenta más o menos,
y asan en parrillas la carne del venado para que no se les gaste y venidos al
pueblo hacen sus presentes al señor y distribuyen (el resto) como amigos y lo
mismo hacen con la pesca.
Que los indios, en
sus visitas, siempre llevan consigo don que dar según su calidad; y el
visitado, con otro don, satisface al otro, y los terceros de estas visitas
hablan y escuchan curiosamente conforme a la persona con quien hablan, no
obstante que todos se llaman de tú porque en el progreso de sus pláticas, el
menor, por
curiosidad, suele
repetir el nombre del oficio o dignidad del mayor. Y usan mucho ir ayudando a
los que les dan los mensajes (con) un sonsonete hecho con la aspiración en la
garganta, que es como decir hasta que o así que. Las
mujeres son cortas en sus razonamientos y no acostumbran a negociar por sí
(mismas), especialmente si son pobres, y por eso los señores se mofaban de los
frailes que daban oído a pobres y ricos sin distinción.
Que los agravios
que hacían unos a otros mandaba satisfacer el señor del pueblo del dañador; y
si no, era ocasión e instrumento de más pasiones. Y si eran de un mismo pueblo
lo comunicaban al juez que era árbitro. Y examinado el daño mandaba la
satis£acción; (41) y si no era suficiente para la satisfacción, los amigos y
parientes le ayudaban. Las causas de que solían hacer estas satisfacciones eran
si mataban a alguno casualmente, o cuando se ahorcaba la mujer o el marido con
alguna culpa o haberle dado ocasión para ello, o cuando eran causa de algún
incendio de casas o heredades, de colmenas o trojes de maíz. Los otros agravios
hechos con malicia los satisfacían siempre con sangre y puñadas.
Que los
yucatanenses son muy partidos y hospitalarios porque no entra nadie en su casa
a quien no den de la comida o bebida que tienen; de día de sus bebidas y de
noche de sus comidas. Y si no tienen, búscanlo por la vecindad; y por los
caminos, si se les junta gente, a todas han de dar aunque (a ellos) por eso,
les quepa mucho menos.
MANERA DE CONTAR DE
LOS YUCATECOS.- GENEALOGÍAS. - HERENCIAS Y TUTELA DE LOS HUÉRFANOS.- SUCESION
DE LOS SE SEÑORES.
Que su contar es de
5 en 5 hasta 20, y de 20 en 20 hasta 100, y de 100 en 100
hasta 400, y de 400 en 400 hasta 8 mil; y de esta cuenta se servían mucho para
la contratación del cacao. Tienen otras cuentas muy largas y que las
extienden ad infinitum contando 8 mil 20 veces, que son 160
mil, y tornando a 20, duplican estas 160 mil, y después de irlo así
duplicando hasta que hacen un incontable número, cuentan en el suelo o cosa
llana.
Que tienen mucha
cuenta con saber el origen de sus linajes, especialmente si vienen de alguna
casa de Mayapán; y eso procuraban saberlo de los sacerdotes,
que es una de sus ciencias, y jáctanse mucho de los varones señalados que ha
habido en sus linajes. Los nombres de los padres duran siempre en los hijos; en
las hijas no. A sus hijos e hijas los llamaban siempre por el nombre del padre
y de la madre; el del padre como propio, y el de la madre como apelativo; de
esta manera, el hijo de Chel y Chan llamaban Nachanchel, que
quiere decir hijos de fulanos y esta es la causa (por la cual)
dicen los indios que los de un nombre son deudos y se tratan por tales. Y por
eso cuando vienen a parte no conocida (y se ven) necesitados, acuden luego al
nombre, y si hay alguien (42) (que lo lleve), luego con toda caridad se reciben
y tratan. Y asi ninguna mujer u hombre se casaba con otro del mismo nombre
porque en ellos era gran infamia. Llámanse ahora (por) los nombres de pila y
los otros.
Que los indios no
admitían que las hijas heredaran con sus hermanos sino era por vía de piedad o
voluntad; y entonces dábanles algo del montón y lo demás lo partían igualmente
los hermanos, salvo que al que más
notablemente había
ayudado a allegar la hacienda, dábanle su equivalencia; y si eran todas hijas,
(43) heredaban los hermanos (del padre) o (los) más propincuos; y si eran (le
(tal) edad que no era prudente entregarles la hacienda, dábanla a un tutor, deudo
más cercano, el cual daba a la madre para criarlos porque no usaban dejar nada
en poder de (las) madres, o quitábanles los niños, principalmente siendo los
tutores hermanos del difunto. Estos tutores daban a los herederos lo que se les
entregaba y no hacerlo era gran fealdad entre ellos y causa de muchas
contiendas. Cuando así lo entregaban era delante de los señores y principales,
quitando lo que habían dado para criarlos; y no daban de las cosechas de las
heredades sino cuando eran colmenares y algunos árboles de cacao, porque decían
que harto era tenerlas en pie. Si cuando el señor se moría no estaban los hijos
(en edad) de regir y tenía
hermanos, regía el
mayor de los hermanos o el más desenvuelto, y mostraban al heredero sus
costumbres y fiestas para cuando fuese hombre; y estos hermanos, aunque el
heredero (tuviese ya la edad) para regir, mandaban toda la vida; y si no había
hermanos, los sacerdotes y gente principal elegían un hombre suficiente para
ello.
MATRIMONIOS.-REPUDIOS
FRECUENTES ENTRE LOS YUCATECOS. - SUS CASAMIENTOS.
Que antiguamente se
casaban de 20 años y ahora de 12 o 13 y por eso ahora se repudian más
fácilmente, como que se casan sin amor e ignorantes de la vida matrimonial y
del oficio de casados; y si los padres no podían persuadirlos de que volviesen
con ellas, buscábanles otras y otras. Con la misma facilidad dejaban los
hombres con hijos a sus mujeres, sin temor de que otro las tomase por mujeres o
después volver a ellas; pero con todo eso son muy celosos y no llevan a
paciencia que sus mujeres no sean honestas; y ahora, en vista de que los
españoles, sobre eso, matan a las suyas, empiezan a maltratarlas y aun a
matarlas. Si cuando repudiaban (a sus mujeres) los hijos eran niños, dejábanlos
a las madres; si grandes los varones, con los padres, y (si) hembras, con las
madres.
Que aunque era tan
común y familiar cosa repudiar, ]os ancianos y (le mejores costumbres lo tenían
por malo y muchos había que nunca habían tenido sino una (mujer) la cual
ninguno tomaba (en la familia) del padre, porque era cosa muy fea entre ellos;
y si algunos se casaban con las cuñadas, mujeres de sus hermanos, era tenido
por malo. No se casaban con sus madrastras ni cuñadas, hermanas de sus mujeres,
ni tías, hermanas de sus madres, y si alguno lo hacía era tenido (por) malo.
Con todas las demás parientas de parte de su madre contraían (matrimonio)
aunque fuese (su) prima hermana.
Los padres tienen
mucho cuidado de buscarles con tiempo a sus hijos, mujeres de estado y
condición, y si podían, en el mismo lugar; y poquedad era entre ellos buscar
las mujeres para sí, y los padres casamiento para sus hijas; y para tratarlo
concertaban las arras y dote, lo cual era muy poco y dábalo el padre del mozo
al consuegro y hacía la suegra, allende del dote, vestidos a la nuera e hijo; y
venido el día se juntaban en casa del padre de la novia y allí, aparejada la
comida, venían los convidados y el sacerdote y reunidos los casados y
consuegros trataba el sacerdote cuadrarles y si lo habían mirado bien los
suegros y si les estaba bien; y así le daban su mujer al mozo esa noche si era
para ello y luego se hacía la comida y convite y de ahí en adelante quedaba el
yerno en casa del suegro, trabajando cinco o seis años para el mismo suegro; y
si no lo hacía echábanle de la casa. Las madres trabajaban para que la mujer
diese siempre de comer al marido en señal de casamiento. Los viudos y viudas se
concertaban sin fiesta ni solemnidad y con sólo ir ellos a casa de ellas y
admitirlos y darles de comer se hacía el casamiento; de lo cual nacía que (las
mujeres) se dejaban con tanta facilidad como se tomaban. Nunca los yucatanenses
tomaron más de una como se ha hallado en otras partes tener muchas juntas, y
los
padres, algunas
veces, (a nombre de sus hijos) niños, contraen matrimonio (y los casados
esperan) (44) hasta que sean venidos en edad, y (los padres) se tratan como
suegros.
MANERA DE BAUTISMO
EN YUCATA'N.-CÓMO LO CELEBRAN.
No se halla el
bautismo en ninguna parte de las Indias sino (sólo) en esta de Yucatán y aun
con vocablo que quiere decir nacer de nuevo u otra vez, que es
lo mismo que en la lengua latina (significa) renacer, porque en la lengua de
Yucatán zihil quiere decir nacer de nuevo u otra vez, y
no se usa sino en composición de verbo: y así caputzihil quiere
decir nacer de nuevo.
No hemos podido
saber su origen sino que es cosa que han usado siempre y a la que tenían tanta
devoción que nadie la dejaba de recibir y (le tenían tanta) reverencia, que los
que tenían pecados, si eran para saberlos cometer, habían de manifestarlos. especialmente
a los' sacerdotes; y tanta fe (habían) en él que no repetían el pecado en
ninguna manera. Lo que pensaban (que) recibían en el (bautismo) era una propia
disposición para ser buenos en sus costumbres y no ser dañados por los demonios
en las cosas temporales, y venir, mediante él y su buena vida, a conseguir la
gloria que ellos esperaban, en la cual, según en la de Mahoma, habían de usar
de manjares y bebidas. Tenían, pues, esta costumbre para venir a hacer los
bautismos, que criaban las indias a los niños hasta la edad de tres años y a
los varoncillos usaban siempre ponerles pegada a la cabeza, en los cabellos de
la coronilla, una contezuela blanca, y a las muchachas traianlas ceñidas abajo
de los riñones con un cordel delgado y en él una conchuela asida, que les venía
a dar encima de la parte honesta y de estas dos cosas era entre ellos pecado y
cosa muy fea quitarla de las muchachas antes del bautismo, el cual les daban
siempre desde la edad de tres años hasta la de doce, y nunca se casaban antes del
bautismo. Cuando había alguno que quisiese bautizar a su hijo, iba al sacerdote
y dábale parte de su intento; el sacerdote publicaba por el pueblo el bautismo
y el día en que lo hacía ellos miraban siempre que no fuese aciago. Hecho esto,
el que hacía la fiesta, que era el que movía la plática, elegía a su gusto un
principal del pueblo para (45) que le ayudase en su negocio y las cosas de él.
Después tenían por costumbre elegir a otros cuatro hombres ancianos y honrados
que ayudasen al sacerdote en la ceremonia el día de la fiesta, y a éstos los
elegían juntamente a su gusto con el sacerdote, y en estas elecciones los
padres de todos los niños que había que bautizar entendían siempre que de todos
era la fiesta y a estos que escogían llamábanles chaces. Tres
días antes de la fiesta ayunaban los padres de los muchachos y los oficiales,
absteniéndose de las mujeres.
El día (del
bautismo) juntábanse todos en casa del que hacía la fiesta y llevaban a todos
los niños que habían de bautizar a los cuales ponían en orden, de un lado los
muchachos y del otro las muchachas, en el patio o plaza de la casa que limpio y
sembrado de hojas
frescas, tenían. A las niñas poníanles como madrina a una mujer anciana y a los
niños un hombre que los tuviese a su cargo.
Hecho esto trataba
el sacerdote de la purificación de la posada, echando al demonio de ella. Para
echarlo ponían cuatro banquillos en las cuatro esquinas del patio en los cuales
se sentaban los cuatro chaces con un cordel asido del uno al
otro, de manera que quedaban los niños (como) acorralados en medio o dentro del
cordel; después pasando sobre el cordel, había de entrar al circuito todos los
padres de los niños, que habían ayunado. Después, o antes, ponían en medio otro
banquillo donde el sacerdote se sentaba con un brasero, un poco de maíz molido
y un poco de incienso. Allí venían los niños y las niñas, por orden, y
echábales el sacerdote un poco de maíz molido y del incienso en la mano, y ello
(lo echaban) en el brasero, y así (lo) hacían todos; y acabados estos
sahumerios tomaban el brasero en que los hacían y el cordel con que los chaces los
tenían cercados y echaban en un vaso un poco de vino y dábanlo todo a un indio
(para) que lo llevase fuera del
pueblo, avisándole
no bebiese ni mirase (hacia) atrás a la vuelta, y con esto decían que el
demonio quedaba echado.
Ido el indio,
limpiaban el patio de las hojas de árbol que tenía, (árbol) que se dice cihom y
echaban otras de otro que llaman copó y ponían unas esteras en
tanto que el sacerdote se vestía. Vestido, salido con un saco de
plumas coloradas y labrado de otras plumas de colores y otras plumas largas
colgando de los extremos (del saco) y una como coroza, de las mismas plumas, en
la cabeza, y debajo del saco muchos listones de algodón (que llegaban) hasta el
suelo, como colas, y con un hisopo en la mano, hecho de un palo corto muy
labrado y por barbas o pelos del hisopo ciertas colas (46) de una culebra (que
son) como cascabeles, y con no más ni menos gravedad que tendría un papa para
coronar a un emperador, que era cosa notable la serenidad que les causaban los
aparejos. Los chaces iban luego a los niños y ponían a todos,
en las cabezas, sendos paños blancos que sus madres traían para ello.
Preguntaban a los que eran grandecíllos si habían hecho algún pecado o
tocamiento feo, y si lo habían hecho confesábanlo y los separaban de los otros.
Hecho esto mandaba
el sacerdote callar y sentar la gente y comenzaba él a bendecir con muchas
oraciones a los muchachos y a santiguarlos con su hisopo y (todo ello) con
mucha serenidad. Acabada su bendición se sentaba y levantábase el principal que
los padres de los muchachos habían elegido para esta fiesta y con un hueso que
el sacerdote le daba iba a los muchachos y amagaba a cada uno nueve veces en la
frente; después mojábale con el agua de un vaso que llevaba en la mano y
untábales la frente y las facciones, y entre los dedos de los pies, y de las
manos, sin hablar palabra. Esta agua la hacían de ciertas flores y de cacao
mojado y desleído con agua virgen, que ellos decían, traída de los cóncavos de
los árboles o de las piedras de los montes.
Acabada esta untura
se levantaba el sacerdote y les quitaba los paños blancos de la cabeza y otros
que tenían colgados a las espaldas en que cada uno traía atadas unas pocas
plumas de unos pájaros muy hermosos y algunos cacaos todo lo cual recogía uno
de los chaces, y luego el sacerdote cortaba a los niños, con
una navaja de piedra, la cuenta que habían traído pegada en la cabeza:
tras esto iban los
demás ayudantes del sacerdote con un manojo de flores y un humazo que los
indios usan chupar y amagaban con cada uno de ellos nueve veces a cada muchacho
y después dábanles a oler las flores y a chupar el humazo. Luego recogían los
presentes que las madres traían y daban de ellos a cada muchacho un poco para
comer allí, que de comida eran los presentes, y tomaban un buen vaso de vino y
el resto del presente ofrecíanlo a los dioses con devotas plegarias, rogándoles
recibiesen aquel don pequeño de los muchachos y llamando a otro oficial que les
ayudaba, que llamaban cayom, dábanle (el vino) a que lo
bebiese, lo que hacía sin descansar, que se diría que es pecado.
Hecho esto se
despedían primero las muchachas a las cuales iban sus madres a quitarles el
hilo con que habían andado atadas por los riñones hasta entonces, y la
conchuela que traían en la puridad lo cual era como una licencia de poderse
casar cuando (47) quiera que los padres quisiesen. Después despedían a los
muchachos, e idos, venían los padres al montón de las mantillas que habían
traído y repartíanlas, por su mano, a los circunstantes y oficiales. Acababa
después la fiesta con comer y beber largo. Llamaban a esta fiesta emku, que
quiere decir bajada de Dios. El que principalmente habíala
hecho moviéndola y haciendo el gasto, después de los tres días en que por ayuno
se había abstenido, se había de abstener nueve más v lo hacían invariablemente.
ESPECIE DE
CONFESION ENTRF LOS YUCATECOS.-ABSTINENCIAS Y SUPERSTICIONES.-DIVERSIDAD Y ABUNDANCIA
DE ÍDOLOS.-OFICIOS DE LOS SACERDOTES.
Que los
yucatanenses naturalmente conocían que hacían mal, y porque creían que por el
mal y pecado les venían muertes, enfermedades y tormentos, tenían por costumbre
confesarse cuando ya estaban en ellos. De esta manera, cuando por enfermedad u
otra cosa estaban en peligro de muerte, confesaban sus pecados y si se
descuidaban traíanselos sus parientes mas cercanos o amigos a la memoria, y así
decían públicamente sus pecados: al sacerdote si estaba allí, y si no, a los
padres y madres, las mujeres a los mardos y los maridos a las mujeres.
Los pecados de que
comúnmente se acusaban eran el hurto, homicidio, de la carne y falso testimonio
y con esto se creían salvos; y muchas veces, si escapaban (a la muerte), había
revueltas entre el marido y la mujer por las desgracias que les habían sucedido
y con las o los que las habían causado.
Ellos confesaban sus flaquezas salvo
las que con sus esclavas, los que las tenían, habían cometido, porque decían
que era lícito usar de sus cosas como querían. Los pecados de intencion no
confesaban aunque teníanlos por malos y en sus consejos y predicaciones
aconsejan evitarlos. Que las abstinencias que comúnmente hacían eran de sal y
pimienta en los guisados, lo cual les era grave: absteníanse de sus mujeres
para la celebración de todas sus fiestas.
(48) No se casaban hasta
un año después de viudos por no conocer hombre o mujer en aquel tiempo; y a los
que esto no guardaban tenían por poco templados y (creían) que por eso les
vendría algún mal.
En algunos ayunos
de sus fiestas no comían carne ni conocían mujeres; recibían los oficios de las
fiestas siempre con ayunos y lo mismo los oficios de la república; y algunos
(ayunos) eran tan largos que duraban tres años y era gran pecado quebrantarlos.
Que eran tan dados
a sus idolátricas oraciones, que en tiempo de necesidad hasta las mujeres,
muchachos y mozas entendían en esto de quemar incienso y suplicar a Dios les
librase del mal y reprimiese al demonio que ello les causaba.
Y que aun los
caminantes llevaban en sus caminos incienso y un platillo en que quemarlo, y
así, por la noche, do quiera que llegaban, erigían tres piedras pequeñas y
ponían en ellas sendos pocos del incienso y poníanles delante otras tres
piedras llanas en las cuales echaban el incienso, rogando al dios que
llaman Ekchuah los volviese con bien a sus casas; y esto lo
hacían cada noche hasta ser vueltos a sus casas donde no faltaba quien por
ellos hiciese otro tanto y aun más.
Que tenían gran
muchedumbre de ídolos y templos suntuosos
a su manera y aun sin los templos
comunes, tenían los señores sacerdotes y gente principal oratorios e ídolos en
casa para sus oracíones y ofrendas particulares. Y que tenían a Cuzmil y
el pozo de Chichenizá en tanta veneración como nosotros las
romerías a Jerusalén y Roma y así los iban a visitar y ofrecer dones,
principalmente a Cuzmil, como nosotros a los lugares santos, y
cuando no iban, enviaban siempre sus ofrendas. Y los que iban tenían también la
costumbre de entrar en los templos de relictos cuando pasaban por ellos a orar
y quemar copal. Tantos ídolos tenían que aun no les bastaban los de sus dioses:
pero no había
animales ni sabandijas a los que no les hiciesen estatua, y todas las hacían a
la semejanza de sus dioses y diosas. Tenían algunos pocos ídolos de piedra y
otros de madera y de bultos pequeños, pero no tantos como de barro. Los ídolos
de madera eran tenidos en tanto, que se heredaban como lo principal de la
herencia. Ídolos de metal no tenían porque no hay metal ahí. Bien sabían ellos
que los ídolos eran obras suyas y muertas y sin deidad, mas los tenían en
reverencia por lo que representaban y porque los habían hecho con muchas
ceremonias, especialmente los de palo.
(49) Los más idólatras
eran los sacerdotes, chilanes, hechiceros y médicos, chaces y nacones. El
oficio de los sacerdotes era tratar y enseñar sus ciencias y declarar las
necesidades y sus remedios, predicar y echar las fiestas, hacer sacrificios y
administrar sus sacramentos. El oficio de los chilanes era dar
al pueblo las respuestas de los demonios y eran tenidos en tanto que acontecía
llevarlos en hombros. Los hechiceros y médicos curaban con sangrías hechas en
la parte donde dolía al enfermo y echaban suertes para adivinar en sus oficios
y otras cosas. Los chaces eran cuatro hombres ancianos
elegidos siempre de nuevo para ayudar al sacerdote a hacer bien y
cumplidamente las fiestas. Nacones eran dos oficios: el uno
perpetuo y poco honroso porque era el que abría los pechos a las personas que
sacrificaban; el otro era una elección hecha de un capitán para la guerra y
otras fiestas, que duraba tres años. Este era de mucha honra.
SACRIFICIOS Y
MORTIFICACIONES CRUELES Y SUCIOS DE LOS YUCATECOS.-VÍCTIMAS HUMANAS MATADAS A
FLECHAZOS.
Que hacían
sacrificios con su propia sangre cortándose unas veces las orejas a la redonda,
por pedazos, y así las dejaban por señal. Otras veces se agujeraban las
mejillas, otras el labio de abajo; otras se sajaban partes de sus cuerpos;
otras se agujeraban las lenguas, al soslayo, por los lados, y pasaban por los
agujeros unas pajas con grandisimo dolor; otras, se harpaban lo superfluo del
miembro vergonzoso dejándolo como las orejas, con lo cual se engañó el
historiador general de las Indias cuando dijo que se circuncidaban.
Otras veces hacían
un sucio y penoso sacrificio, juntándose en el templo los que lo hacían y
puestos en regla se hacían sendos agujeros en los miembros viriles, al soslayo,
por el lado, y hechos pasaban toda la mayor cantidad de hilo que podían,
quedando así todos ensartados; también untaban con la sangre de todos aquellas
partes al demonio, y el que más hacía era tenido por más valiente y sus hijos,
desde pequeños, comenzaban a ocuparse en ello y es cosa espantable cuán
aficionados eran a ello.
(50) Las mujeres no
usaban de estos derramamientos aunque eran harto santeras; mas siempre le
embadurnaban el rostro al demonio con la sangre de las aves del cielo y
animales de la tierra o pescados del agua y cosas que haber podían. Y ofrecían
otras cosas que tenían. A algunos animales les sacaban el corazón y lo
ofrecían; a otros, enteros, unos vivos, otros muertos, unos crudos, otros
guisados, y hacían también grandes ofrendas de pan y vino y de toda suerte de
comidas y bebidas que ellos usaban.
Para hacer estos
sacrificios, había en los patios de los templos unos altos maderos labrados y
enhiestos y cerca de la escaleras del templo tenían una peana redonda y ancha,
y en medio una piedra de cuatro o cinco palmos de alto, enhiesta, algo del.
gada; arriba de las escaleras del templo había otra tal peana.
Que sin las
fiestas, en las cuales para solemnizarías se sacrificaban animales, también por
alguna tribulación o necesidad les mandaba el sacerdote o chilanes sacrificar
personas y para esto contribuían todos. Algunos daban para que se comprasen
esclavos o por devoción entregaban a sus hijitos los cuales eran muy regalados
hasta el día y fiesta de sus personas, y muy guardados (para) que no se huyesen
o ensuciasen de algún pecado carnal; y mientras les llevaban de pueblo en
pueblo con bailes, los sacerdotes ayunaban con los chilanes y
oficiales.
Y llegado el día
juntábanse en el patio del templo y si había (el esclavo) de ser sacrificado a
saetazos, desnudábanle en cueros y untábanle el cuerpo de azul
(poniéndole) una
coroza en la cabeza; y después de echado el demonio, hacía la gente un solemne
baile con él, todos con flechas y arcos alrededor del palo y bailando subían en
él y atábanle siempre bailando y mirándole todos. Subía el sucio del sacerdote
vestido y con una flecha le hería en la parte verenda, fuese mujer u hombre, y
sacaba sangre y bajábase y untaba con ella los rostros del demonio; y haciendo
cierta señal a los bailadores, ellos, como bailando, pasaban de prisa y por
orden le comenzaban a flechar el corazón el cual tenía señalado con una señal
blanca; y de esta manera poníanle al punto los pechos como un erizo de flechas.
Si le habían de
sacar el corazón, le traían al patio con gran aparato y compañía de gente y
embadurnado de azul y su coroza puesta, le llevaban a la grada redonda que era
el sacrificadero y después de que el sacerdote y sus oficiales untaban aquella
piedra con color azul y echaban al demonio purificando el templo, (51) tomaban
los chaces al pobre que sacrificaban y con gran presteza le
ponían de espaldas en aquella piedra y asíanle de las piernas y
brazos que le partían por enmedio. En esto llegaba el sayón nacón con
un navajón de piedra y dábale con mucha destreza y crueldad un cuchillada entre
las costillas, del lado izquierdo, debajo de la tetilla y acudíale allí luego
con la mano y echaba la mano al corazón como rabioso tigre arrancándoselo vivo,
y puesto en un plato lo daba al sacerdote el cual iba muy de prisa y untaba a
los ídolos los rostros con aquella sangre fresca.
Algunas veces
hacían este sacrificio en la piedra y grada alta del templo y entonces echaban
el cuerpo ya muerto a rodar gradas abajo y tomábanle abajo los oficiales y
desollábanle el cuerpo entero, salvo los pies y las manos, y desnudo el
sacerdote, en cueros vivos, se forraba con aquella piel y bailaban con él los
demás, y esto era cosa de mucha solemnidad para ellos. A estos sacrificados
comúnmente solían enterrar en el patio del templo, o si no, comíanselos
repartiendo entre los señores y los que alcanzaban; y las manos y los pies y
cabeza eran del sacerdote y oficiales; y a estos sacrificados tenían por
santos. Si eran esclavos cautivos en guerra, su señor tomaba los huesos para
sacarlos como divisa en los bailes, en señal de victoria. Algunas veces echaban
personas vivas en el pozo de Chichenizá creyendo que salían al
tercer día aunque nunca más parecían.
ARMAS DE LOS
YUCATECOS.- JEFES MILITARES. - MILICIA Y SOLDADOS; COSTUMBRES DE GUERRA.
Que tienen armas
ofensivas y defensivas. Las ofensivas eran arcos y flechas que llevaban en sus
carcajes con pedernales por casquillos y dientes de pescados, muy agudos, las
cuales tiran con gran destreza y fuerza. Los arcos son de un hermoso palo
leonado y fuerte a maravilla, más derechos que curvos, y las cuerdas (son) del
cáñamo de la tierra. La largura del arco es siempre algo menor que la de quien
lo trae. Las flechas son de (unas) cañas muy delgadas que se crían en las
lagunas y largas de más de cinco palmos; átanle a la caña un pedazo de palo
delgado, muy fuerte, en (52) que va insertado el pedernal. No usaban, ni lo
saben, poner ponzoña, aunque tienen harto de qué. Tenían hachuelas de cierto
metal
y de esta hechura,
las cuales encajaban en un mástil de palo y les servían de armas y para labrar
la madera. Dábanles filo con una piedra, a porrazos, pues el metal es blando.
Tenían lanzuelas cortas de un estado con los hierros de fuerte pedernal y no tenían
más armas que éstas.
Tenían para su
defensa rodelas que hacían de cañas hendidas y muy tejidas, redondas y
guarnecidas de cueros de venados. Hacían sacos de algodón alcolchados y de sal
por moler, alcolchada en dos tandas o colchaduras, y estos sacos eran
fortísimos. Algunos señores y capitanes tenían como morriones de palo, pero
eran pocos, y con estas armas y plumajes y pellejos de tigres y leones puestos,
iban a la guerra los que los tenían.
Dos capitanes
tenían siempre: uno perpetuo (cuyo cargo) se heredaba, y otro elegido por tres
años con muchas ceremonias para hacer la fiesta que celebraban en su mes
de Pax, que cae el doce de mayo, o por capitán de la otra
banda para la guerra.
A este
llamaban Nacón; no había, en estos tres años, conocer mujer ni
aun la suya, ni comer carne; teníanle en mucha reverencia y dábanle a comer
pescados e iguanas que son como lagartos;
no se emborrachaba
en este tiempo y tenía en su casa las vasjias y cosas de su servicio,
apartadas, y no le servía mujer y no trataba mucho con el pueblo.
Pasados los tres
años, (volvía a vivir) como antes. Estos dos capitanes trataban la guerra y
ponían sus cosas en orden. y para esto había en cada pueblo gente escogida como
soldados que, cuando era menester, acudían con sus armas. A estos
llamaban holcanes, y no bastando éstos, recogían más gente y
concertaban y repartían entre sí, y guiados con una bandera alta
salían con mucho silencio del pueblo y así iban a arremeter a sus enemigos con
grandes gritos y crueldades donde topaban descuidos.
En los caminos y
pasos, los enemigos les ponían defensas de flechaderos de varazón y madera y
comúnmente hechos de piedra. Después de la victoria quitaban a los muertos la
quijada y limpia de la carne, poníansela en el brazo. Para su guerra hacían
grandes ofrendas de los despojos y si cautivaban algún hombre señalado, le
sacrificaban luego porque no querían dejar quien les dañase después. La demás
gente era cautiva en poder del que la prendía. Que a esos holcanes si
no era en tiempo de guerra, no daban soldada, y (53) cuando había guerra, los
capitanes les daban cierta moneda, y poca, porque era de la suya, y si no
bastaba, el pueblo ayudaba a ello. El pueblo dábales también la comida, y esa
la aderezaban las mujeres para ellos; la llevaban a cuestas por carecer de
bestias y así les duraban poco las guerras. Acabada la guerra, los soldados
hacían muchas vejaciones en sus pueblos (mientras) duraba el olor de la guerra
y sobre ello hacíanse servir y regalar; y si alguno había matado algún capitán
o señor, era muy honrado y festejado.
PENAS Y CASTIGOS A
LOS ADÚLTEROS, HOMICIDAS Y LADRONES.-EDUCACIÓN DE LOS MANCEBOS.-COSTUMBRE DE
ALLANAR LA CABEZA A LOS NINOS.
Que a esta gente
les quedó de(sde) Mayapán (la) costumbre de castigar a los
adúlteros de esta manera: hecha la pesquisa y convencido alguno del adulterio,
se juntaban los principales en casa del señor, y traído el adúltero atábanle a
un palo y le entregaban al marido de la mujer delincuente; si él le perdonaba,
era libre; si no, le mataba con una piedra grande (que) dejábale (caer) en la
cabeza desde una parte alta; a la mujer por satisfacción bastaba la infamia que
era grande, y comúnmente por esto las dejaban.
La pena del
homicida aunque fuese casual, era morir por insidias de los parientes, o si no,
pagar el muerto. El hurto pagaban y castigaban aunque fuese pequeño, con hacer
esclavos y por eso hacían tantos esclavos, principalmente en tiempo de hambre,
y por eso fue que nosotros los frailes tanto trabajamos en el bautismo: para
que les diesen libertad.
Y si eran señores o
gente principal, juntábase el pueblo y prendido (el delincuente) le labraban el
rostro desde la barba hasta la frente, por los dos lados, en castigo que tenían
por grande infamia.
Que los mozos
reverenciaban mucho a los viejos y tomaban sus consejos y así se jactaban de
(ser) viejos y decían a los mozos lo que habían visto, que ellos les habían de
creer; si los mozos acataban los consejos les daban más crédito a los ancianos.
Eran tan (54) estimados en esto, que los mozos no trataban con viejos sino en
cosas inevitables (y eso, si) los mozos eran por casar; con los casados, muy
poco. Por eso usaban tener en cada pueblo una casa grande y encalada, abierta
por todas partes, en la cual se juntaban los mozos para sus pasatiempos.
Jugaban a la pelota y a un juego con unas tabas como a los dados, y a otros
muchos. Dormían aquí todos juntos casi siempre, hasta que se casaban.
Y dado que he oído
que en otras partes de las Indias usaban en tales casas del nefando pecado, en
esta tierra no he entendido que hiciesen tal, ni creo lo hacían porque los
allegados de esta pestilencial miseria dicen que no son amigos de mujeres como
eran éstos, que a esos lugares llevaban a las malas mujeres públicas y en ellos
usaban de ellas, y las pobres que entre esta gente acertaba a tener este
oficio, no obstante que recibían de ellos galardón, eran tantos los mozos que a
ellas acudían, que las traían acosadas y muertas.
Embadurnábanse de
color negro hasta que se casaban y no se solían labrar hasta casados, sino
poco. En las demás cosas acompañaban siempre a sus padres y así salían tan
buenos idólatras como ellos y servíanles mucho en los trabajos.
Que las indias
criaban a sus hijitos en toda la aspereza y desnudez del mundo, porque a los
cuatro o cinco días de nacida la críaturita poníanla tendidita en un lecho
pequeño, hecho de varillas, y allí, boca abajo, le ponían entre dos tablillas
la cabeza: la una en el colodrillo y a otra en la frente entre las cuales se la
apretaban tan reciamente y la tenían allí padeciendo hasta que acabados algunos
días les quedaba la cabeza llana y enmoldada como la usaban todos ellos. Era
tanta la molestia y el peligro de los pobres niños, que algunos peligraban, y
el autor vio agujerarle a uno la cabeza por detrás de las orejas, y así debían
hacer a muchos.
Criábanlos en
cueros, salvo que de 4 a 5 años les daban una mantilla para dormir y unos
listoncillos para honestarse como sus padres, y a las muchachas las comenzaban
a cubrir de la cintura para abajo. Mamaban mucho porque nunca dejaban, en
pudiendo, de darles leche aunque fuesen de tres o cuatro años, de donde venía
haber entre ellos tanta gente de buenas fuerzas.
Criábanse los dos
primeros años a maravilla lindos y gordos. Después con el continuo bañarlos las
madres y los soles, se hacían morenos; pero eran todo el tiempo de la niñez
bonicos y traviesos, que nunca paraban de andar con arcos y flechas y jugando
unos con (55) otros y así se criaban hasta que comenzaban a seguir el modo de
vivir de los mancebos y tenerse en su manera en más, y dejar las cosas de
niños.
VESTIDOS Y ADORNOS
DE LAS INDIAS DE YUCATÁN.
Que las indias de
Yucatán son en general de mejor disposición que las españolas y más grandes y
bien hechas, que no son de tantos riñones como las negras. Précianse de
hermosas las que lo son y a una mano no son feas; no son blancas sino de color
moreno causado más por el sol y del continuo bañarse, que de su natural. No se
adoban los rostros como nuestra nación, que eso lo tienen por liviandad. Tenían
por costumbre aserrarse los dientes dejándolos como dientes de sierra y esto
tenían por galantería y hacían este oficio unas viejas limándolos con ciertas
piedras y agua.
Agujerábanse las
narices por la ternilla que divide las ventanas por enmedio, para ponerse en el
agujero una piedra de ambar y teníanlo por gala. Horadábanse las orejas para
ponerse zarcillos al modo de sus maridos; labrábanse el cuerpo de la cintura
para arriba -salvo los pechos por el criar-, de labores más delicadas y
hermosas que los hombres. Bañábanse muy a menudo con agua fría, como los
hombres, y no lo hacían con sobrada honestidad porque acaecía desnudarse en
cueros en el pozo donde iban por agua para ello. Acostumbraban, además, bañarse
con agua caliente y fuego y de éste poco, y mas por causa de salud que por
limpieza.
Acostumbraban
untarse, como sus maridos, con cierto ungüento colorado, y las que tenían
posibilidad, echábanse cierta confección de una goma olorosa y muy pegajosa que
creo que es liquidámbar que en su lengua llaman iztah-te y con
esta confección untaban cierto ladrillo como de jabón que tenían labrado de
galanas labores y con aquel se untaban los pechos y brazos y espaldas y
quedaban galanas y olorosas según les parecía; y durábales mucho sin quitarse
según era bueno el ungúento.
Traían cabellos muy
largos y hacían y hacen de ellos muy galán tocado partido en dos partes y
trenzábanselos para otro modo de tocado. A las mozas por casar, suelen las
madres curiosas curárse (56) los con tanto cuidado que he visto muchas indias
de tan curiosos cabellos como curiosas españolas. A las muchachas hasta que son
grandecitas se los trenzan en cuatro cuernos y en dos, que les parecen muy
bien.
Las indias de la
costa y de las provincias de Bacalar y Campeche son muy honestas en su traje,
porque allende de la cobertura que traían de la mitad para abajo, se cubrían
los pechos atándosclo. por debajo de los sobacos con una manta doblada; todas
las demás no traían de vestidura más que un como saco largo y ancho, abierto
por ambas partes y metidas en él hasta los cuadriles donde se los apretaban con
el mismo anchor y no tenían más vestidura salvo que la manta con que siempre
duermen (manta)
que, cuando iban en camino, usaban llevar cubierta, doblada o enrollada, y así
andaban.
CASTIDAD Y
EDUCACIÓN DE LAS INDIAS DE YUCATAN.-SUS RELEVANTES CUALIDADES Y SU ECONOMIA.-SU
DEVOCIÓN Y ESPECIALES COSTUMBRES EN SUS PARTOS.
Preciábanse de
buenas y tenían razón porque antes que conociesen nuestra nación, según los
viejos ahora lloran, lo eran a maravilla y de esto traeré ejemplos: el capitán
Alonso López de Avila, cuñado del adelantado Montejo prendió una moza india y
bien dispuesta y gentil mujer, andando en la guerra de Bacalar. Esta prometió a
su marido, temiendo que en la guerra no la matasen, no conocer otro hombre sino
(era) él y así no bastó persuasión con ella para que no se quitase la vida por
no quedar en peligro de ser ensuciada por otro varón, por lo cual la hicieron
aperrear.
A mí se me quejó
una india por bautizar, de un in(lio bautizado, el cual andando enamorado de
ella, que era hermosa, aguardó se ausentase su marido y se le fue una noche a
su casa y después de manifestarle con muchos requiebros su intento y no
bastarle, probó a dar dádivas que para ello llevaba, y como no aprovechasen,
intentó forzarla: y con ser un gigantón y trabajar por ello toda la noche, (57)
sacó de ella más que darle enojo tan grande que se me vino a quejar a mí de la
maldad del indio, y era así lo que decía.
Acostumbraban
volver las espaldas a los hombres cuando los topaban en alguna parte, y
hacerles lugar para que pasasen, y lo mismo cuando les daban de beber, hasta
que acababan de beber. Enseñan lo que saben a sus hijas y críanlas bien a su
modo, que las riñen y las adoctrinan y hacen trabajar, y si hacen culpas las
castigan dándoles pellizcos en las orejas y en los brazos. Si las ven alzar los
ojos, las riñen mucho y se los untan con su pimienta, que es grave dolor; y si
no son honestas, las aporrean y untan con la pimienta en otra parte, por
castigo y afrenta. Dicen a las mozas indisciplinadas por mucho baldón y grave
reprensión. que parecen mujeres criadas sin madre.
Son celosas y
algunas tanto que ponían las manos en quien tienen celos, y tan coléricas y
enojadas aunque harto mansas, que algunas solían dar vuelta de pelo a los
maridos con hacerlo ellos pocas veces. Son grandes trabajadoras y vividoras
porque de ellas cuelgan los mayores y más trabajos de la sustentación de sus
casas y educación de sus hijos y paga de sus tributos, y con todo eso, si es
menester, llevan algunas veces carga mayor labrando y sembrando sus
mantenimientos. Son a maravilla granjeras, velando de noche el rato que de
servir sus casas les queda, yendo a los mercados a comprar y vender sus
cosillas.
Crían aves de las
suyas y las de Castilla para vender y para comer. Crían pájaros para su
recreación y para las plumas, con las que hacen ropas galanas; y crían otros
animales domésticos, de los cuales dan el pecho a los corzos, con lo que los
crían tan mansos que no saben irseles al monte jamás, aunque los lleven y
traigan por los montes y críen en ellos.
Tienen costumbre de
ayudarse unas a otras al hilar las telas, y páganse estos trabajos como sus
maridos los de sus heredades y en ellos tienen siempre sus chistes de mofar y
contar nuevas, y a ratos un poco de murmuración. Tienen por gran fealdad mirar
a los hombres y reirseles, y por tanto, que sólo esto bastaba para hacer
cualquiera fealdad, y sin más entremeses las hacían ruines. Bailaban por sí sus
bailes y algunos con los hombres, en especial uno que llamaban Naual no
muy honesto. Son muy fecundas y tempranas en parir y grandes criadoras, por dos
razones: la una, porque la bebida de las mañanas que beben caliente, cría mucha
leche y el (58) continuo moler maíz y no traer los pechos apretados les hace
tenerlos muy grandes, de donde les viene tener mucha leche.
Emborrachábanse
también ellas en los convites, aunque por sí, ya que comían solas, y no se
emborrachaban tanto como los hombres. Son gente que desea muchos hijos; la que
carece de ellos los pedía a sus ídolos con dones y oraciones, y ahora los piden
a Dios. Son avisadas y corteses y conversables con quien (uno) se entiende, y a
maravilla bien partidas. Tienen pocos secretos y son tan limpias en sus
personas y en sus cosas, por cuanto se lavan como los arminos.
Eran muy devotas y
santeras, y así tenían muchas devociones con sus ídolos, quemándoles de sus
inciensos, ofreciéndoles dones de ropa de algodón, comidas, bebidas y teniendo
ellas por oficio hacer las ofrendas de comidas y bebidas que en las fiestas de
los indios ofrecían; pero con todo eso no tenían por costumbre derramar su
sangre a los demonios, ni lo hacían jamás. Ni tampoco las dejaban llegar a los
templos (cuando hacían) sacrificios, salvo en ciertas fiestas a las que
admitían a ciertas viejas para la celebración. Para sus partos acudían a las
hechiceras, las cuales les hacían creer sus mentiras y les ponían debajo de la
cama un ídolo de un demonio llamado Ixchel, que decían era la
diosa de hacer las criaturas.
Nacidos los niños
los bañan luego y cuando ya los habían quitado del tormento de allanarles las
frentes y cabezas, iban con ellos al sacerdote para que les viese el hado y
dijese el oficio que había de tener y pusiese el nombre que había de llevar el
tiempo de su niñez, porque acostumbraban llamar a los niños por nombres
diferentes hasta que se bautizaban o eran grandecillos; y después que dejaban
aquéllos, comenzaban a llamarlos (por) el de los padres hasta que los casaban,
que (entonces) se llamaban (por) el del padre y la madre.
DUELOS.-ENTIERROS DE LOS
SACERDOTES.-ESTATUAS PARA CONSERVAR LAS CENIZAS DE LOS SEÑORES.-REVERENCIA QUE
LES TRIBUTABAN.-CREENCIA ACERCA DE UNA VIDA FUTURA.
Que esta gente
tenía mucho, excesivo temor a la muerte y lo mostraban en todos los servicios
que a sus dioses hacían no eran por otro fin ni para otra cosa sino para que
les diesen salud y vida (59) y mantenimientos. Pero ya que venían a morir, era
cosa de ver las lástimas y llantos que por sus difuntos hacían y la tristeza
grande que les causaban. Llorábanlos de día en silencio y de noche a altos y
muy dolorosos gritos que era lástima oírlos. Andaban a maravilla tristes muchos
días. Hacían abstinencias y ayunos por el difunto, especialmente el marido o la
mujer, y decían (del difunto) que se lo había llevado el diablo, porque de él
pensaban que les venían todos los males, en especial la muerte.
Muertos, los
amortajaban, llenándoles la boca de maíz molido, que es su comida y bebida que
llaman koyem, y con ello algunas piedras de las que tienen por
moneda, para que en la otra vida no les faltase que comer. Enterrábanlos dentro
de sus casas o a las espaldas de ellas, echándoles en la sepultura algunos de
sus ídolos; y si era sacerdote, algunos de sus libros; y si hechicero, sus
piedras de hechizo y pertrechos. Comúnmente desamparaban la casa y la dejaban
yerma después de enterrados, menos cuando había en ella mucha gente con cuya
compañía perdían algo del miedo que les quedaba de la muerte.
A los señores y
gente de mucha valía quemaban los cuerpos y ponían las cenizas en vasijas
grandes, y edificaban templos sobre ellas, como muestran haber hecho
antiguamente los que se hallaron en Izamal. Ahora, en este
tiempo, se halló que echaban las cenizas en estatuas huecas, hechas de barro,
cuando (los muertos) eran muy señores.
La demás gente
principal hacía a sus padres estatuas de madera a las cuales dejaban hueco el
colodrillo, y quemaban alguna parte de su cuerpo y echaban allí las cenizas y
tapábanlo; y después desollaban al difunto el cuero del colodrillo y
pegábanselo allí, enterrando los residuos como tenían de costumbre; guardaban
estas estatuas con mucha reverencia entre sus ídolos. A los antiguos
señores Cocom, habían cortado las cabezas cuando murieron, y
cocidas las limpiaron de la carne y después aserraron la mitad de
la coronilla para atrás, dejando lo de adelante con las quijadas y dientes. A
estas medias calaveras suplieron lo que de carne les faltaba con cierto betún y
les dieron la perfección muy al propio de cuyas eran, y las tenían con las
estatuas de las cenizas, todo lo cual tenían en los oratorios de las casas, con
sus ídolos, en gran reverencia y acatamiento, y todos los días de sus
fiestas y regocijos
les hacían ofrendas de sus (60) comidas para que no les faltase en la otra vida
donde pensaban (que) sus almas descansaban y les aprovechaban sus dones.
Que esta gente ha
creído siempre en la inmortalidad del alma más que otras muchas naciones aunque
no haya sido de tanta policía, porque creían que después de la muerte había
otra vida más excelente de la cual gozaba el alma en apartándose del cuerpo.
Esta vida futura, decían que se dividía en buena y mala vida, en penosa y llena
de descanso. La mala y penosa, decían, era para los viciosos; y la buena y
deleitosa para los que hubiesen vivido bien en su manera de vivir; los
descansos que decían habrían de alcanzar si eran buenos, eran ir a un lugar muy
deleitable donde ninguna cosa les diese pena y donde hubiese abundancia de
comidas y bebidas de mucha dulzura, y un árbol que allá llaman yaxché muy
fresco y de gran sombra, que es (una) ceiba debajo de cuyas ramas y sombra
descansarían y holgarían todos siempre.
Las penas de la
mala vida que decían habrían de tener los malos, eran ir a un lugar más bajo
que el otro que llaman mitnal. que quire decir infierno, y
en él ser atormentados por los demonios, y de grandes necesidades de hambre y
frío y cansancio y tristeza. También había en este lugar un demonio, príncipe
de todos los demonios, al cual obedecían todos y llámanle en su lengua Hunhau. y
decían (que) estas mala y buena vida no tenían fin, por no tenerlo el alma.
Decían también, y lo tenían por muy cierto, (que) iban a esta su gloria los que
se ahorcaban; y así había muchos que con pequeñas ocasiones de tristeza,
trabajos o enfermedades se ahorcaban para salir de ellas e ir a descansar a su
gloria donde, decían, los venía a llevar la diosa de la horca que llamaban lxtab. No
tenían memoria de la resurrección de los cuerpos y no daban razón de quién
hubieron noticia de esta su gloria e infierno.
DEL AÑO YUCATECO. -
CARACTERES DE LOS DíAS.-LOS CUATRO BACABES Y SUS NOMBRES.-LOS DÍAS ACIAGOS.
No se esconde ni
aparta tanto el sol de esta tierra de Yucatán, que vengan las noches, jamás, a
ser mayores que los días; y cuando mayores vienen a ser, suelen ser iguales
desde San Andrés a (61) Santa Lucía, que comienzan a crecer los días. Regíanse
de noche para conocer la hora que era por el lucero y las cabrillas y los
astilejos. De día, por el medio día, y desde él al oriente y poniente, tenían
puestos a pedazos nombres con los cuales se entendían y sc regían para sus
trabajos.
Tenían su año
perfecto como el nuestro, de 366 días y 6 horas. Divídenlo en dos maneras de
meses, los unos de a 30 días que se llaman U, que quiere
decir luna, la cual contaban desde que salía hasta que no
parecía.
Otra manera de
meses tenían de a 20 días, a los cuales llaman Uinal Hunekeh; de
éstos tenía el año entero 18, más los cinco días y seis horas. De estas seis
horas se hacía cada cuatro años un día, y así tenían de cuatro en cuatro años
el año de 366 días. Para estos 360 días tienen 20 letras o caracteres con que
los nombran, dejando de poner nombre a los otros cinco, porque los tenían por
aciagos y malos. Las letras son las que siguen y lleva cada una su nombre
debajo para que se entienda en nuestra lengua.
Ya he dicho que el
modo de contar de los indios es de cinco en cinco, y de cuatro cincos hacen
veinte; así, en estos sus caracteres (62) que son 20, sacan los primeros de los
cuatro cincos de los 20 y éstos sirven, cada uno de ellos, de lo que nos sirven
a nosotros nuestras letras dominicales para comenzar todos los primeros días de
los meses de a 20 días.
Kan Muluc Ix Cauac
Entre la
muchedumbre de dioses que esta gente adoraba, adoraban cuatro llamados Bacab cada
uno de ellos. Estos, decían eran cuatro hermanos a los cuales puso Dios,
cuando crió el mundo, a las cuatro partes de él sustentando el cielo (para que)
no se cayese. Decían también de estos bacabes que escaparon
cuando el mundo fue destruido por el diluvio. Ponen a cada uno de estos otros
nombres y señálanle con ellos a la parte del mundo que dios le tenía puesto
(de) teniendo el cielo y aprópianle una de las cuatro letras dominicales a él y
a la parte (en) que está; y tienen señaladas las miserias o felices sucesos que
decían habían de suceder en el año de cada uno de éstos y de las letras con
ellos.
Y el demonio, que
en esto como en las demás cosas los engañaba, les señaló los servicios y
ofrendas que para evadirse de las miserias le habían de hacer. Y así, si no les
venían, decían (que) era por los servicios que le hacían; y si venían, los
sacerdotes hacían entender y creer al pueblo (que) era por alguna culpa o falta
de
los servicios o de quienes los
hacían.
La primera, pues,
de las letras dominicales es Kan. El año que esta letra servía
era el agüero del Bacab que por otros nombres llaman Hobnil,
Kanalbacab, Kanpauahtun, Kanxibchac. A este le señalaban a la de medio
día. La segunda letra es Muluc; señalábanla al
oriente y su año era agüero del Bacab que llaman Canzienal,
Chacalbacab, Chacpauahtun, Chacxibchac. La tercera letra es Ix. Su año
era agúero del Bacab que llaman Zaczini, Zacalbacab (63) Zacpauauhtun,
Zacxibchac y señalábanle a la parte del norte. La cuarta letra
es Cauac: su año era aguero del Bacab que
llaman Hozanek, Ekelbacab, Ekpauahtun, Ekxibchac; a esta
señalaban a la parte del poniente.
En cualquiera
fiesta o solemnidad que esta gente hacía a sus dioses comenzaban siempre por
echar de sí al demonio para mejor hacerla. Y el echarle unas veces era con
oraciones y bendiciones que para ello tenían, y otras con servicios y ofrendas
y sacrificios que por esta razón le hacían. Para celebrar la solemnidad del año
nuevo, esta gente, con más regocijo y más dignamente, según su desventurada
opinión, tomaba los cinco días aciagos que ellos tenían por tales antes del día
primero de su nuevo año y en ellos hacían muy grandes servicios a los bacabes citados
arriba y al demonio al que llamaban por otros cuatro nombres, a saber, Kanuuayayab,
Chacuuayayab, Zacuuayayab, Ekuuayayab; y acabados estos servicios y
fiestas, y lanzado de sí, como veremos, el demonio, comenzaban su
año nuevo.
FIESTAS DE LOS DÍAS
ACIAGOS.-SACRIFICIOS DEL PRINCIPIO DEL AÑO NUEVO EN LA LETRA DE KAN.
Uso era en todos
los pueblos de Yucatán tener hechos dos montones de piedras, uno frente a otro,
a la entrada del pueblo y por las cuatro partes del mismo, a saber, oriente,
poniente, septentrión y mediodía, para la celebración de las dos fiestas de los
días aciagos las cuales hacían de esta manera cada año.
El año cuya letra
dominical era Kan, era del agúero Hobnil, y
según ellos decían reinaban ambos por la parte del medio día. Este año, pues,
hacían una imagen o figura hueca de barro del demonio que llamaban Kanuuayayab, y
llevábanla a los montones de piedra seca que tenían hechos por la parte del
mediodía; elegían un príncipe del pueblo, en cuya casa se celebrara estos días
la fiesta, y para celebrarla hacían una estatua de un demonio al que
llamaban Bolonzacab, la que ponía en casa del príncipe,
aderezada en lugar público y al que todos pudiesen llegar.
Hecho esto se
juntaban los señores y el sacerdote, y el pueblo (64) de los hombres, y
teniendo limpio y con arcos y frescuras aderezado el camino, hasta el lugar de
los montones de piedra en donde estaba la estatua, iban por ella todos juntos,
con mucha devoción. Llegados, la sahumaba el sacerdote con cuarenta y nueve
granos de maíz molido con su incienso, y ello lo arrojaban al brasero del
demonio y le sahumaban. Llamaban al maíz molido solo zacah y a
la (bebida) de los señores chahalté. Sahumaban la imagen,
degollaban una gallina y se la presentaban como ofrenda.
Hecho esto metían
la imagen en un palo llamado kanté poniéndole a cuestas un
ángel en señal de agua, y este año había de ser bueno y estos ángeles pintaban
y hacían espantables; y así la llevaban con mucho regocijo y bailes a la casa
del principal donde estaba la otra estatua de Bolonzacab. Sacaban
de casa de este principal, al camino para los señores y sacerdotes, una bebida
hecha de cuatrocientos quince granos de maíz tostados que llaman piculakakla,
y bebían todos de ella; llegados a la casa del principal, ponían esta
imagen frente a la estatua del demonio que allí tenían, y así le hacían muchas
ofrendas de comidas y bebidas, de carne y pescado, y repartían estas ofrendas a
los extranjeros que allí se ha-liaban, y daban al sacerdote una pierna de
venado.
Otros derramaban
sangre cortándose las orejas y untaban con ella una piedra que allí tenían de
un demonio (llamado) Kanalacantun. Hacían un corazón de pan y
otro pan con pepitas de calabazas y ofrecíanlos a la imagen del demonio Kanuuayayab. Tenían
así esta estatua e imagen estos días aciagos y sahumábanlas con su
incienso mezclado a los (granos de) maíz molido. Tenían creído que si no
hacían estas
ceremonias habían de tener ciertas enfermedades que ellos tienen en este año.
Pasados estos días aciagos llevaban la estatua del demonio Bolonzacab al
templo, y la imagen a la parte del oriente para ir allí al otro año por ella, y
echábanla por ahí e ibanse a sus casas a entender en lo que le quedaba a cada
uno por hacer en la celebración del año nuevo.
Terminadas las
ceremonias y echado el demonio según su engaño, tenían este año por bueno pues
reinaba con la letra Kan el bacab Hobnil, del
que decían no había pecado como sus hermanos y por eso no les venían miserias
en él. Pero porque muchas veces las había, proveyó el demonio que le hiciesen
servicios para que así, cuando las hubiese, echasen la culpa a los servicios o
servidores y quedasen siempre engañados y ciegos.
(65) Mandábales, pues,
hiciesen un ídolo que llamaban Yzamnakauil y que le pusiesen
en su templo y le quemasen en el patio del templo tres pelotas de una leche o
resma llamada kik, Y que le sacrificasen un perro o un hombre
lo cual ellos hacían guardando el orden que ya se dijo, tenían con los que
sacrificaban, salvo que el modo de sacrificar en esta fiesta era diferente,
porque hacían en el patio del templo un gran montón de piedras y ponían al
hombre o perro que habían de sacrificar en alguna cosa más alta que él, y
echando atado al paciente de lo alto a las piedras, le arrebataban aquellos
oficiales y con gran presteza le sacaban el corazón y le llevaban al nuevo
ídolo, y se lo ofrecían entre dos platos. Ofrecían otros dones de comidas y en
esta fiesta bailaban las viejas del pueblo que para ello tenían elegidas, vestidas
de ciertas vestiduras. Decían que descendía un ángel y recibía este sacrificio.
SACRIFICIOS DEL AÑO
NUEVO DE LA LETRA MULUC.-BAILE DE LOS ZANCOS.-DANZA DE LAS VIEJAS CON PERROS DE
BARRO.
El año en que la
letra dominical era Muluc, tenía el agüero de Canzienal y
a su tiempo elegían, los señores y el sacerdote, un principal para hacer la
fiesta y después hacían la imagen del demonio como la del año pasado, a la cual
llamaban Chacuuayayab, y llevábanla a los montones de piedra
de hacia la parte del oriente, donde habían echado la pasada.
Hacían una estatua del demonio llamado Kinchahau y poníanla en
casa del principal en lugar conveniente, y desde allí, teniendo muy
limpio y aderezado el camino iban todos juntos con su acostumbrada devoción por
la imagen del demonio Chacuuayayab.
Llegados, la
sahumaba el sacerdote con cincuenta granos de maíz molidos y con su incienso, a
lo cual llaman zacah. Daba el sacerdote a los señores que
pusiesen en el brasero más incienso del que llamamos chahalté y
después degollábanle la gallina, como al pasado, y tomando la imagen en un palo
llamado chasté la llevaban, acompañándola todos con devoción y
bailando unos bailes de guerra que llaman holcanokot batelokot. Sacaban
al camino, a los señores y principales, su bebida de trescientos
ochenta maíces tostados como la de atrás.
(66) Llegados a casa del
principal ponían esta imagen en frente de la estatua de Kinchahau y
hacíanle todos sus ofrendas, las cuales repartían como las demás. Ofrecían
a la imagen pan hecho con yemas de huevo, y otros con corazones de venados, y
otro hecho con su pimienta desleída. Había muchos que derramaban sangre
cortándose las orejas y untando con su sangre la piedra que allí tenían de un
demonio que llamaban Chacacantun. Aquí tomaban muchachos y por
fuerza les sacaban sangre de las orejas, dándoles cuchilladas en ellas. Tenían
esta estatua e imagen hasta pasados los días aciagos y entretanto quemábanles
sus inciensos. Pasados los días, llevaban la imagen a echar a la parte del
norte y la otra al templo, y después íbanse a sus casas a entender en el
aparejo de su año nuevo. Habían de temer, si no hacían las cosas dichas, mucho
mal de ojos.
Este año en que la
letra Muluc era dominical y reinaba el bacab Canzienal tenían
por buen año porque decían que éste era el mejor y mayor de esos dioses Bacabes, y
así le ponían el primero en sus oraciones. Pero con todo eso les hacía el
demonio hiciesen un ídolo llamado Yaxcocahmut, y que lo
pusiesen en el templo y quitasen las imágenes antiguas e hiciesen en el patio,
delante del templo, un bulto de piedra en el cual quemaban de su incienso y una
pelota de la resma o leche kik, haciendo allí oraciones al
ídolo y pidiéndole remedio para las miserias que aquel año temían, las cuales
eran poca agua y echar los maíces muchos hijos y cosas de esta manera,
para cuyo remedio
los mandaba el demonio ofrecerle ardillas y un paramento sin labores el cual
tejiesen las viejas que tenían por oficio bailar en el templo para aplacar
a Yaxcocahmut.
Tenían otras muchas
miserias y malas señales aunque era bueno el año si no hacían los servicios que
el demonio les mandaba, lo cual era hacer una fiesta y en ella bailar un baile
en muy altos zancos y ofrecerle cabezas de pavos y pan y bebidas de maíz; habían
de ofrecerle (también) perros hechos de barro con pan en las espaldas, y las
viejas habían de bailar con ellos en las manos y sacrificarle un perrito que
tuviese las espaldas negras y fuese virgen; y los devotos habían de derramar su
sangre y untar con ella la piedra del demonio Chacacantun. Tenían
este sacrificio y servicio por agradable a su dios Yaxcocahmut.
(67)
SACRIFICIOS DEL AÑO
NUEVO DE LA LETRA IX.-PRONÓSTICOS MALOS Y SUS REMEDIOS.
El año en que la
letra dominical era Ix y el agüero Zaczini, hecha
la elección del principal que celebrase la fiesta, hacían la imagen del demonio
llamado Zacuuayayab y llevábanla a los montones de piedra de
la parte del norte, donde el año pasado la habían echado. Hacían
una estatua al demonio Yzamná y poníanla en casa del
principal, y todos juntos, y el camino aderezado, iban devotamente por la
imagen de Zucuuayayab. Llegados la sahumaban como solían hacer
y degollaban la gallina, y puesta la imagen en un palo l]amado Zachia la
traían con su devoción y bailes, los cuales llaman alcab tan Kamahau. Traíanles
la bebida acostumbrada al camino y líegados a casa ponían esta
imagen delante de la estatua de Yzamná, y allí todos le ofrecían
sus ofrendas y las repartían, y a la estatua de Zacuuayayab ofrecían
la cabeza de un pavo y empanadas de codornices y otras cosas y su bebida. Otros
se sacaban sangre y untaban con ella la piedra del demonio Zacacantun, y
teníanse así los ídolos los días que faltaban hasta el año nuevo, y
sahumábanlos con sus sahumerios hasta que llegado el día postrero llevaban
a Yzamná al templo y a Zacuuayayab a la parte
del poniente, a echarle por ahí para recibirla otro ano.
Las miserias que
temían este año, si eran negligentes en estos servicios, eran desmayos y
amortecimientos y mal de ojos; teníanlo por ruin año de pan y bueno de algodón.
Este año en que la letra dominical era Ix y reinaba el bacab
Zaczini tenían por ruin año porque decían que habían de tener en él
muchas miserias como gran falta de agua y muchos soles, los cuales habían de
secar los maizales, de lo que les seguiría gran hambre, y del hambre hurtos,
hurtos de esclavos y vender a los que los hiciesen. De esto les vendrían
discordias y guerras entre sí propios o con otros pueblos. También decían que
habría mudanza en el mando de los senores o de los sacerdotes por razón de las
guerras y las discordias.
Tenían también un
pronóstico: que algunos de los que quisiesen ser señores no prevalecerían.
Decían que habrían de tener langosta, y que se desploblarían mucho sus pueblos
por el hambre. Lo que (68) el demonio les mandaba hacer para remedio de estas
miserias, las cuales todas o algunas de ellas entendían les vendrían, era un
ídolo que llamaban Cinchahau Izamná, y ponerlo en el templo
donde le hacían muchos sahumerios y muchas ofrendas y oraciones y
derramamientos de su sangre, con la cual untaban la piedra del demonio Zacacantun. Hacían
muchos bailes y bailaban las viejas como solían, y en esta fecha hacían de
nuevo un oratorio pequeño al demonio, o renovaban el viejo y en él se juntaban
a hacer sacrificios y ofrendas y todos tomaban una solemne borrachera, pues era
fiesta general y
obligatoria. Había
algunos santones que de su voluntad y por su devoción hacían otro ídolo como el
de arriba y le ponían en otros templos donde se hacían ofrendas y borrachera.
Estas borracheras y sacrificios tenían por muy gratos a los ídolos, y como remedio
para librarse de las miserias del pronóstico.
SACRIFICIOS DEL AÑO
NUEVO EN LA LETRA CAUAC.-PRONÓSTICOS MALOS Y SU REMEDIO CON EL
BAILE DEL FUEGO.
El año que la letra
dominical era Cauac y el agüero Hozanek, hecha
la elección del principal para celebrar la fiesta, hacían la imagen del demonio
llamado Ekuuayayab y llevábanla a los montones de piedra de la
parte del poniente, donde el año pasado la habían echado. Hacían también una
estatua a un demonio llamado Uacmitunahau y poníanla en casa
del principal, en lugar conveniente, y desde allí iban todos juntos al lugar
donde la imagen de Ekuuayayab estaba, y tenían para ello el
camino muy aderezado. Llegados a ella sahumábanla el sacerdote y los señores,
como solían, y degollaban la gallina. Hecho esto tomaban la imagen en un palo
que llamaban Yaxek, y ponían a cuestas de la imagen una
calavera y un hombre muerto, y encima un pájaro carnicero llamado Kuch, en
señal de mortandad grande, pues por muy mal año tenían éste.
Llevábanlo después
de esta manera, con su sentimiento y devoción, y bailando algunos bailes entre
los cuales bailaban uno como cazcarientas (sic), y así le
llamaban Xibalbaokot, que quiere (69) decir baile del
demonio. Llegaban al camino los escanciadores con la bebida de los
señores, la cual bebida llevaban al lugar de la estatua Uacmitunahau, y
poníanla allí frente a la imagen que traían. Luego comenzaban sus ofrendas,
sahumerios y oraciones y muchos derramaban la sangre de muchas partes del
cuerpo, y con ella untaban la piedra del demonio llamado Ekelacantun, y
así pasaban estos días aciagos, al cabo de los cuales llevaban a Uacmitunahau al
templo y a Ekuuayayab a la parte de medio día, para recibirla
otro año.
Este año en que la
letra era Cauac y reinaba el bacab Hozanek, tenían,
además de la pronosticada mortandad, por ruin, pues decían que los muchos soles
les habrían de matar los maizales, y las muchas hormigas y los pájaros comerse
lo que sembrasen; y como esto no sería en todas partes, en algunas, con gran
trabajo, habría comida. Obligábales el demonio, para remedio de estas miserias,
(a) hacer cuatro demonios llamados Chicacchob, Ekbalamchac, Ahcanuolcab y Ahbulucbalam y
ponerlos en el templo donde los sahumaban con sus sahumerios y les ofrecían
para quemar dos pellas de una leche o resma de un árbol que llamaban kik, y
ciertas iguanas y pan, y una mitra y un manojo de flores, y una piedra preciosa
de las suyas. Además de esto, para la celebración de esta fiesta hacían en el
patio una gran bóveda de madera y llenábanla de leña por lo alto y por los
lados, dejándoles en ellos puertas para poder entrar y salir. Después de hecho
tomaban los más hombres sendos manojos de unas varillas muy secas y largas,
atados; y puesto un cantor en lo alto de la leña,
cantaba y hacía són
con un tambor de los suyos, bailaban todos los de abajo con mucho concierto y
devoción, entrando y saliendo por las puertas de aquella bóveda de madera, y
así bailaban hasta la tarde en que dejando cada uno su manojo se iban a sus casas
a descansar y a comer.
En anocheciendo
volvían y con ellos mucha gente, porque entre ellos esta ceremonia era muy
estimada y tomando cada uno su hachón lo encendía y con él cada uno por su
parte, pegaba fuego a la leña la cual ardía mucho y se quemaba presto. Después
de hecho todo brasa, la allanaban y tendían muy tendida y junto a los que
habían bailado, había algunos que se ponían a pasar descalzos y desnudos, como
ellos andaban, por encima de aquella brasa, de una parte a otra; y pasaban
algunos sin lesión, otros abrasados y otros medio quemados y en esto creían que
estaba el remedio de sus (70) miserias y malos agüeros, y pensaban que este era
el servicio más agradable a los dioses. Hecho esto, se iban a beber y hacer
cestos, pues así lo pedía la costumbre de la fiesta y el calor del fuego.
EXPLICACIÓN SOBRE
EL CALENDARIO.
Con las letras de
los indios puestas atrás, ponían nombres a los días de sus meses y de todos los
meses juntos hacían un modo de calendario, con el cual se regían así para sus
fiestas como para sus cuentas, tratas y negocios, como nosotros nos regimos con
el nuestro, salvo que rio comenzaban su calendario el día primero de su año,
sino muy adelante, lo cual hacían por la dificultad con que contaban los días
de los meses, todos juntos, como se verá en el propio calendario que pondré
aquí; porque aunque las letras y días para sus meses son 20, tienen costumbre
de contarlas desde una hasta 13. Tornan a comenzar de una después de las 13, y
así reparten los días del año en 27 treces y 11 días sin los aciagos.
Con estos
retruécanos y embarazosa cuenta, es cosa de ver la liberalidad con que los que
(la) saben, cuentan y se entienden, y mucho de notar es que salga siempre la
letra que es dominical en el primer día de su año, sin errar ni faltar, ni
venir a salir allí otra de las 20. Usaban también de este modo de contar para
sa. car de estas letras cierto modo de contar que tenían para las edades y
otras cosas que, aunque son para ellos curiosas, no nos hacen aquí mucho al
propósito; y por eso se quedan, con decir que el carácter o letra con que
comenzaban la cuenta de sus días o calendario se llama Hun Imix es
este:
- el cual no tiene
día cierto ni señalado en que caiga, porque cada uno le muda la propia cuenta y
con todo eso no falta el salir la letra que viene por dominical el primero del
año que se sigue.
(71) El primer día
del año de esta gente era siempre a 16 días de nuestro mes de julio, y el
primero de sus meses (era) Pop, y no es de maravillar que esta
gente, aunque simple en otras cosas, le hemos hallado curiosidad y opinión en
esta, como la han tenido otras naciones, pues según la glosa sobre Ezequiel,
enero es, según los romanos, el principio del año; según los hebreos, abril;
según los griegos, marzo y según los orientales, octubre. Pero aunque ellos
comienzan su año en julio, yo no pondré aquí su calendario sino por el orden
del nuestro y junto con el nuestro, de manera que irán señaladas nuestras
letras y las suyas, nuestros meses y los suyos y su cuenta de los treces sobre
ellos, puesta en cuenta de guarismos.
Y porque no haya
necesidad de poner en una parte el calendario y en otra las fiestas, pondré en
cada uno de sus meses sus fiestas y las observancias y ceremonias con que las
celebraban y con esto cumpliré lo que en alguna parte de atrás he dicho: que
haré su calendario y en él diré de sus ayunos y de las ceremonias con que
hacían los ídolos de madera y otras cosas, todas las cuales y las
demás aquí tratadas
no es mi intento sirvan de más de materia de alabar a la bondad divina que tal
ha sufrido y tal ha tenido por bien remediar en nuestros tiempos, para que
advirtiéndolas con entrañas cristianas le supliquemos por su conservación y
aprovechamiento en buena cristiandad y los que a su cargo lo tengan, los
favorezcan y ayuden porque por los pecados de esta gente o los nuestros, no les
falte la ayuda, o ellos no falten en lo comenzado y así vuelvan a sus miserias
ni a sus yerros y les acaezcan cosas peores que las primeras, tornando los
demonios a las casas de sus almas, de donde con trabajosos cuidados hemos
procurado echarlos, hmpiándoselas y barriéndolas de sus vicios y malas
costumbres pásadas; y no es mucho temer esto viendo la perdición que hace
tantos años hay en toda la grande y muy cristiana Asia, y en la buena y
católica y augustísima Africa, y las miserias y calamidades que el día de hoy
pasan en nuestra Europa y en nuestra nación y casas, por lo cual podríamos
decir se nos han cumplido las evangélicas profecías sobre Jerusalén de que la
cercarían sus enemigos y la agostarían y apretarían tanto que la derrocasen por
tierra; y esto ya lo habría permitido Dios, según somos, pero no puede faltar
su iglesia ni lo que él dijo: Dominus reliquisset semen, sicut Sodoma
fuissemus.
(72)
COMIENZA EL
CALENDARIO ROMANO Y YUCATECO.
ENERO
Van con mucho
temor, segán decían, criando dioses. Acabados ya y puestos en perfección los
ídolos, hacía el dueño de ellos un presente, el mejor que podía, de aves y caza
y de su moneda para pagar con él el trabajo de quienes habían hecho los
(ídolos), y los sacaban de la casilla poniéndolos en otra enramada para ello
hecha en el patio, en la cual los bendecía el sacerdote con mucha solemnidad y
abundancia de devotas oraciones, habiéndose quitado primero él y los oficiales
el tizne, porque decían que ayunaban en tanto que hacían los (ídolos) . Estando
untado y echado el demonio como solían, y quemado el incienso bendito, ponían
(el ídolo) en una petaquilla envuelto en un paño y lo entregaban al dueño, y
él, con asaz devoción, lo recibía. Luego predicaba el buen sacerdote la
excelencia del oficio de hacer dioses nuevos y
peligro que corrían
quienes los hacían si acaso no guardaban sus abstinencias y ayunos. Después
comían muy bien y se emborrachaban mejor.
(73) YAX
En cualquiera de
los meses de Chen y Yax, y en el día que
señalaba el sacerdQte, hacían una fiesta que llamaban Ocmá, que
quiere decir renovación del templo; esta fiesta la hacían en
honra de los chaces que tenían por dioses de los maizales, y
en ella miraban los pronósticos de los bacabes, como más largo
queda dicho y conforme al orden puesto en su lugar. Dicha fiesta la hacían cada
año y además de esto renovaban los ídolos de barro y sus braseros, que era
costumbre tener cada ídolo un braserito en que le quemasen su incienso, y si era
menester, hacían de nuevo la casa o la renovaban y ponían en la pared la
memoria de estas cosas con su caracteres.
(74) FEBRERO
Aquí comienza la
cuenta del Calendario de los Indios diciendo en su lengita: Hun Imix.
ZAC
En un día de este
mes de Zac que el sacerdote señalaba, hacían los cazadores
otra fiesta como la del mes de Zip, la cual servía para
aplacar en los dioses la ira que
tenían contra ellos y sus sementeras; y las hacían (también) por la sangre que
derramaban en la caza, porque (75)
tenían por cosa horrenda cualquier
derramamiento de sangre si no era en sus sacrificios, y por esta causa
siempre que iban de caza invocaban al
demonio y le quemaban incienso; y si podían, le untaban el rostro con la sangre
del corazón de la tal caza.
(76) En cualquier día
que cayese este séptimó de Ahau, hacían una muy grande fiesta
que duraba tres días, de sahumerios y ofrendas y su gentil borrachera; y porque
esta fiesta es movible, tenían los cuidadosos sacerdotes cuidado de echarla con
tiempo para que se ayunase debidamente.
CEH
MARZO
(78) MAC
En cualquier día de
este mes de Mac hacía la gente anciana y los más viejos, una
fiesta a los chaces, dioses de los panes, y a Izamná. Y
un día o dos antes, hacían la siguiente ceremonia, a la cual llamaban en su
lengua Tuppkak: tenían buscados animales y sabandijas del
campo que podía haber y había en la tierra, y con esos se juntaban en el patio
del templo en el cual se ponían los chaces y el sacerdote,
sentados en las esquinas, como solían (hacer) para echar al demonio, con sendos
cántaros de agila que allí les traían a cada uno. En medio ponían un gran
manojo de varillas secas, atadas y enhiestas, y quemando primero de su incienso
en el brasero, pegaban fuego a las varillas y en tanto que ardían, sacaban con
liberalidad los corazones a las aves y animales, y echábanlos a quemar en el
fuego; y si no había animales grandes como tigres, leones o lagartos, hacían
corazones con su incienso y si había animales y los mataban, traían sus
corazones para aquel fuego. Quemados todos los corazones, mataban el fuego con
los cántaros de agua de, los chaces. Hacían esto para alcanzar
con ello y la siguiente fiesta, buen año de agua para sus panes;
luego celebraban la fiesta, diferentemente de las otras, pues para ella no
ayunaban, salvo el muñidor de ella, que éste ayunaba su ayuno. Venidos, pues, a
(79) celebrar la fiesta, se juntaba el pueblo, los sacerdotes y los oficiales
en el patio del templo donde tenían hecho un montón de piedras con sus
escaleras, todo muy limpio y aderezado de frescuras. Daba el sacerdote incienso
preparado por el muñidor, (incienso), que se quemaba en el brasero y así dizque
huía el
demonio. Hecho esto
con su devoción acostumbrada, untaban el primer escalón del montón de las
piedras con lodo del pozo, y los demás escalones con betún azul, y echaban
muchos sahumerios e invocaban a los chaces y a Izamná con
sus oraciones y devociones, y ofrecían sus presentes. Esto acabado, se
consolaban comiendo y bebiendo lo ofrecido y quedaban confiados del buen aíio
con sus servicios e invocaciones.
(81) MUAN
En el mes de Muan los
que tenían cacahuates hacían una fiesta a los dioses Ekchuah, Chac y Hobnil, que
eran sus abogados. Ibanla a hacer a alguna heredad de alguno de
ellos, donde sacrificaban un perro manchado por el color del cacao y quemaban a
los ídolos su incienso y ofrecíanles iguanas de las azules, y ciertas plumas de
un pájaro y otras cazas, y daban a cada uno de los oficiales una mazorca de la
fruta del cacao. Acabado el sacrificio y sus oraciones, comíanse los presentes
y bebían dizque no más tres veces del vino, que no llegaban a más, e ibanse a
casa del que tenía la fiesta a (su) cargo, y hacíanse unas pasas (sic) con
regocijo.
(83) PAX
En este mes
de Pax hacían una fiesta llamada Pacumchac, para
la cual se juntaban los señores y sacerdotes de los pueblos menores a los
mayores, y así juntos, velaban cinco noches en el templo de Citchaccoh, con
oraciones, ofrendas y sahumerios, como está dicho hacen en la fiesta de Cuculcán, en
el mes de Xul, en noviembre. Antes de pasados estos días, iban
todos a casa del capitán de sus guerras, llamado Nacón, del
cual traté, y traíanle con gran pompa sahumándole como a ídolo de templo,
y le sentaban quemándole incienso y así estaban él y ellos hasta pasados los
cinco días, en los cuales comían y bebían de los dones que se ofrecían en el
templo, y bailaban un baile a manera de paso largo de guerra, y así le
llaman Holkanakot, que quiere decir baile de
guerreros. Pasados los cinco días, venían a la fiesta, la cual porque
era para cosas de guerra y alcanzar la victoria sobre los enemigos, era muy
solemne. Hacían, pues, prImero la ceremonia y sacrificios del fuego, como dije
en el mes de Mac; después echabán al demonio con mucha
solemnidad como solían, y hecho esto venía el orar y ofrecer dones y
sahumerios, y en tanto que la gente hacía estas sus ofrendas y oraciones, los
señores tomaban en hombros al Nacón y traíanlo sahumándole en
torno del templo; y cuando volvían con él, los chaces sacrificaban
un perro y (84) sacábanle el corazón y enviábanlo entre dos platos
al demonio, y los chaces quebraban sendas ollas grandes llenas de bebida y con
esto acababan su fiesta. Acabada, comían y bebían los presentes que allí se
habían ofrecido y
líevaban al Nacón con mucha solemnidad a su casa, pero sin perfumes. Allá
tenían gran fiesta y en ella se emborrachaban los señores, los sacerdotes y los
principales, y la demás gente ibase a sus pueblos, salvo que el Nacón no
se mborrachaba. Otro día, después de digerido el vino, se juntaban todos los
señores y sacerdotes de los pueblos que se habían embriagado y quedado allí, en
casa del señor, quien les repartía mucha cantidad de su incienso que tenía
aparejado y bendito por aquellos benditos sacerdotes; y junto con ello les
hacía una plática y con mucha eficacia les encomendaba las fiestas que, en sus
pueblos, ellos habían de hacer a sus dioses para que el año fuese próspero de
mantenimientos. Hecha la plática se despedían todos, unos de otros, con mucho
amor y batahola y cada uno se iba a su pueblo y casa. Allá trataban de hacer
sus fiestas, las cuales les duraban, según las hacían, hasta el mes de Pop, y
llamábanlas Zabacilthan, y las hacían de esta manera: miraban
en el pueblo, entre los más ricos, quién quería hacer esta fiesta y
encomendábanle su día por tener más agasajo estos tres meses que había hasta su
año nuevo; y lo que hacían era juntarse en casa del que hacía la fiesta, y allí
hacer las ceremonias de echar al demonio y quemar copal y hacer ofrendas con
regocijos y bailes, y hacerse unas botas de vino, y en esto paraba todo; y era
tanto el exceso que había de estas fiestas durante los tres meses, que lástima
grande era verlos, que unos andaban arañados, otros descalabrados, otros (con)
los ojos encarnizados del mucho emborracharse, y con todo eso (tenían tanto)
amor al vino, que se perdían por él.
JUNIO
KAYAB
CUMKU
JULIO
(88) Dicho queda en
pasados capítulos, los indios comenzaban sus años de estos días sin nombre,
aparejándose en ellos como en la vigilia para la celebración de la fiesta de su
año nuevo; y allende del aparejo que hacían con la fiesta del demonio Uuayayab,
para la cual salían de sus casas; los demás aparejos eran salir muy poco de
casa estos cinco días, y ofrecer, además de los dones de la fiesta general,
cuentas a sus demonios y a los otros (ídolos) de sus templos. Estas cuentas que
así ofrecían nunca (las) tomaban para sus usos, (como ninguna otra) cosa que al
demonio ofreciesen, y de ellas (sólo) compraban in cienso para quemar. En estos
días no se
peinaban ni
lavaban, ni las mujeres nil os hombres (se) espulgaban, ni hacían cosa servil o
trabajosa, porque temían que les sucediera algún mal silo hacían. POP
El primer día de
Pop es el primero del primer mes de los indios; era su año nuevo y, entre
ellos, fiesta muy celebrada porque era general y de todos; y así todo el pueblo
junto, hacía fiesta a todos los ídolos. Para celebrarla con más solemnidad,
renovaban en este día todas las cosas de su servicio, como platos, vasos,
banquilíos, y la ropa vieja y las mantillas en que tenían envueltos a los
ídolos. Barrían sus casas y la basura y los trastos viejos echábanlos fuera del
pueblo, al muladar, y nadie, aunque los hubiese menester, los tocaba. Para (89)
esta fiesta comenzaban un tiempo antes a ayunar y abstenerse de sus mujeres los
señores, el sacerdote y la gente principal y los que más (así) lo querían por
su devoción, según les parecía, que algunos comenzaban tres meses antes, otros
dos, y otros como les parecía, pero ninguno menos de trece días; y en estos
trece días añadían a la abstinencia de la mujer no comer en los manjares ni sal
ni pimienta, lo que era tenido entre ellos por gran penitencia. En este tiempo
elegían (a) los oficiales chaces para ayudar al sacerdote, y
éste aparejaba muchas pelotillas de su incienso fresco en unas tablillas que
tenían los sacerdotes; incienso que los abstinentes y ayunantes quemaban a los
ídolos. Quienes comenzaban estos ayunos no osaban quebrantarlos porque creían
que les vendría algún mal en sus personas o casas.
Venido, pues, el
año nuevo, se juntaban todos los varones en el patio del templo, solos, porque
en ningún sacrificio o fiesta que en el templo se hacía habían de hallarse
mujeres, salvo las viejas que habían de hacer sus bailes. En las fiestas que
hacían en otras partes podían ir y hallarse las mujeres. Aquí iban limpios y
galanos de sus unturas coloradas, y quitado el tizne negro de que andaban
untados cuando ayunaban. Congregados todos y con muchos presentes de comidas y
bebidas, y mucho vino que habían hecho, purgaba el sacerdote el templo
sentándose en medio del patio, vestido de (90) pontifical, (teniendo) cerca de
sí un braserito y las tablillas del incienso. Sentábanse los chaces en
las cuatro esquinas y tiraban un cordel nuevo de uno a otro lado, dentro del
cual habían de entrar todos los que habían ayunado para echar al demonio.
Echado el demonio, todos comenzaban sus devotas oraciones y los chaces sacaban
lumbre nueva; quemaban el incienso al demonio y el sacerdote comenzaba a echar
su incienso en el brasero, y venían todos por su orden, comenzando con los
señores, a recibir incienso de la mano del sacerdote, lo cual él les daba con
tanta mesura y devoción como si les diera reliquias, y ellos lo echaban poco a
poco en el brasero aguardando hasta que se hubiese acabado de quemar. Después
de este sahumerio, comían entre todos los dones y presentes, y andaba el vino
hasta que se hacían unas cubas: y este era su
año nuevo y
servicio muy acept(ado) por sus ídolos. Había después algunos otros que dentro
de este mes de Pop celebraban esta fiesta por su devoción (y)
con sus amigos y con los señores y sacerdotes, que sus sacerdotes siempre eran
los primeros en sus regocijos y bebidas.
UO
En el mes de Uo se
comenzaban a aparejar con ayunos y las demás cosas, para celebrar la fiesta,
los sacerdotes, los médicos y hechiceros, que era todo uno. Los cazadores y
pescadores veníanla a celebrar a siete de Zip; y celebrábanla por
sí, cada uno de estos, en su día: primero los sacerdotes, (fiesta) a la cual
llamaban Pocam. Se juntaban en casa del señor con sus
aderezos, echaban antes al demonio, como solían hacerlo y después
sacaban sus libros y los tendían sobre las frescuras que para ello tenían, e invocando
con sus oraciones y su devoción a un ídolo que llamaban Cinchau
-lzamná, del cual dicen fue el primer sacerdote, y ofrecíanle sus
dones y presentes y quemábanle con la lumbre nueva sus pelotillas de incienso;
entre tanto, desleían en su vaso un poco de su cardenillo, con agua virgen, que
ellos decían, traída del monte donde no llegase mujer, y untaban con ello las
tablas de los libros para su mundificación, y hecho esto abría el más docto de
los sacerdotes un libro y miraba los pronósticos de aquel año y los declaraba a
los presentes, y predicábales un poco encomendándoles los remedios; y en esta
fiesta señalaba, para el otro año, al sacerdote o señor que había de hacerla; y
si moría el que señalaban para hacerla, los hijos quedaban obligados a cumplir
por el difunto. Hecho esto, comían todos los dones y comida que habían traído,
y bebían hasta hacerse (unos) zaques y así acababa la fiesta en la cual
bailaban algunas veces un baile que llaman Okotui1.
ZIP
(93) SEPTIEMBRE
Al día siguiente se
juntaban los médicos y hechiceros en casa de uno de ellos, con sus mujeres, y
los sacerdotes echaban al demonio; hecho lo cual, sacaban los envoltorios de
sus medicinas en que traían muchas niñerías y sendos idolillos de la diosa de la
medicina que llamaban Ixchel, y así a esta fiesta llamaban Ihcil
Ixchel, y unas pedrezuelas de las suertes que echaban y llamaban Am y
con su mucha devoción invocaban con oraciones a los dioses de la medicina que
decían lzamná, Citbolontun y Ahau Chamahez, y
dándoles los sacerdotes el incienso, lo quemaban en el brasero del
fuego nuevo entre tanto los chaces embadurnábanlos con otro
betún azul como el
de los libros de los sacerdotes. Hecho esto envolvía cada uno las cosas de su
oficio y tomando el envoltorio a cuestas bailaban todos un baile llamado Chan.tun.yab. Acabado
el baile se sentaban de (94) una parte los varones y de la otra las mujeres, y
sorteando la fiesta para el otro año, comían de los presentes y emborrachábanse
muy sin asco, salvo los sacerdotes que dizque habían vergilenza y guardaban el
vino para beber a solas y a su placer.
El día siguiente se
juntaban los cazadores en una casa de uno de ellos y llevando consigo a sus
mujeres como los demás, venían los sacerdotes y echaban el demonio como solían.
Ya echado, ponían en medio el aderezo par a el sacrificio de incienso y fuego nuevo
y betún azul. Y con su devoción invocaban los cazadores a los dioses de la
caza, Acanum, Zuhuyzib Zipitabai y otros, y
repartianles el incienso, el cual echaban al brasero; y en tanto que ardía,
sacaba cada uno una flecha y una calavera de venado, las cuales untaban los
chaees con el betún azul. Ya untadas, bailaban con ellas en las manos; otros se
horadaban las orejas, otros la lengua y pasaban por los agujeros siete hojas de
una yerba, algo anchas, que llaman Ac. Habiendo hecho esto
primero, el sacerdote y los oficiales de la fiesta ofrecían luego
los dones, y así bailando, se escanciaba el vino y se emborrachaban hechos unos
cestos.
Al día siguiente
los pescadores hacían su fiesta por el orden de los demás, salvo que lo untado
eran los aparejos de pescar y no se horadaban las orejas sino harpábanselas a
la redonda y bailaban su baile llamado Chohom; y hecho todo bendecían un palo
alto y gordo y ponianle enhiesto. Tenían costumbre, después de que habían hecho
la fiesta en los pueblos, irla a hacer a la costa los señores y mucha gente; y
allá hacían muy grandes pesquerías y regocijos y llevaban gran recado de redes
y anzuelos y otras industrias con que pescan. Los dioses que en esta fiesta
eran sus abogados son Ahkaknexoi, Ahpua y Ahcitzamalcun.
(95) ZODZ
En el mes de Zodz se
aparejaban los señores de los colmenares para celebrar su fiesta en Tzec, y
aunque el aparejo principal de estas fiestas era el ayuno, no obligaba más que
al sacerdote y oficiales que le ayudaban; para los demás era voluntario.
(96) TZEC
Venido el día de la
fiesta se aparejaban en la casa en que ésta se celebraba y hacían todo lo que
en las demás, salvo que no derramaban sangre. Tenían por abogados a los bacabes y
especialmente a Hobnil. Hacían muchas ofrendas y en especial
daban
a los cuatro chaces cuatro
platos con sendas pelotas de incienso en medio de cada uno y pintadas a la
redonda unas figuras de miel, que para la abundancia de ella era esta fiesta.
Concluianla con vino, como solían, y harto, porque daban para ello en
abundancia los dueños de las colmenas de miel.
(98) XUL
NOVIEMBRE
Queda dicha la ida
de Cuculcán, de Yucatán, después de la cual hubo entre los
indios algunos que dijeron se había ido al cielo con los dioses, y por eso le
tuvieron por dios y le señalaron templo en que como a tal le celebrasen su
fiesta, y se la celebró toda la tierra hasta la destrucción de Mayapán. Después
de esta destrucción, dicha fiesta se celebraba sólo en la provincia de Maní; y
las demás, en reconocimiento de lo que debían a Cuculcán, presentaban
a Mani una un año y otra en el otro año, o a las veces, cinco
muy galanas banderas de pluma, con las cuales hacían la fiesta en esta manera y
no como las pasadas: a 16 de Xul se juntaban todos los señores
y sacerdotes en Maní, con ellos gran gentío de los pueblos, el
cual venía ya preparado de ayunos y abstinencias. Aquel día, en la tarde,
salían con gran procesión de gente, y con muchos de sus farsantes, de casa del
señor donde se habían juntado, e iban con gran sosiego al templo de Cuculcán, el
cual tenían muy aderezado; y llegados, hacían sus oraciones, ponían las
bandcras en lo alto del templo y abajo, en el patio, tendían todos cada uno de
sus ídolos sobre hojas de árboles que para ello había, y sacada la lumbre nueva
comenzaban a quemar en muchas partes incienso y a hacer ofrendas de comidas
guisadas sin sal ni pimienta, y de bebidas de sus habas y pepitas de calabaza;
y quemando siempre copal, (99) sin volver los señores a sus Casas, (ni quienes)
los habían ayudado, pasaban cinco días y cinco noches en oraciones y en algunos
bailes devotos. Hasta el primer día de Yaxkin andaban los farsantes
estos cinco días por las casas principales haciendo farsas, y recogían los
presentes que les daban y todo lo llevaban al templo, donde acabados de pasar
los cinco días repartían los dones entre los señores, sacerdotes y bailadores y
cogían las banderas e ídolos y se volvían a casa del señor y de allí cada cual
a la suya. Decían y tenían muy creído, que el postrer día bajaba Cuculcán del
cielo y recibía los servicios, vigilias y ofrendas. Llamaban a esta
fiesta Chickabán.
YAXKIN
En este mes
de Yaxkin se comenzaban a aparejar como solían, para, una
fiesta general que hacían en Mol, en el día que señalaba el
sacerdote; (esta fiesta estaba
dedicada) a todos
los dioses. Llamábanla Olob-Zab-Kamyax. Lo que pretendían,
después de juntos en el templo y hechas las ceremonias y sahumerios como en las
fiestas pasadas, era untar con el betún azul que hacían, todos los instrumentos
de todos los oficios. desde (los) del sacerdote hasta los husos de las mujeres
y los postes de las (100) casas. Para esta fiesta juntaban todos los niños y
niñas del pueblo y en vez de embadurnamientos y ceremonias, les daban en las
coyunturas de las manos, por la parte de fuera, unos golpeculos; a las niñas se
los daba una vieja vestida con un hábito de plumas, misma que allí las llevaba
y por eso la llamaban Ixmol, que quiere decir la allegadera. Dábanles
estos golpes para que saliesen expertos oficiales en los oficios de
sus padres y madres. La conclusión era con buena borrachera, ya comidas las
ofrendas, salvo que es de creer que aquella devota vieja llevaría con qué
emborracharse en casa para no perder las plumas del oficio en el camino.
(101) DICIEMBRE
MOL
En este mes
tornaban los colmeneros a hacer otra fiesta como la de Tzec, para
que los dioses proveyesen de flores a las abejas. Una de las cosas que estos
pobres tenían por más ardua y dificultosa era hacer ídolos de palo, a lo cual
llamaban hacer dioses; y así tenían señalado tiempo particular para hacerlos, y
éste era el mes de Mol u otro, si el sacerdote les decía que
bastaba. Los que querían hacerlos consultaban primero al sacerdote
y tomando su consejo iban al oficial de ellos, y dicen que siempre se excusaban
los oficiales porque temían que ellos o alguno de sus casas se habían de morir
o venirles enfermedades de muerte. Si aceptaban, los chaces, que
para esto también elegían, comenzaban sus ayunos. En tanto que ellos ayunaban,
aquel cuyos eran los ídolos, iba o enviaba al monte por la madera que siempre
era de cedro. Venida la madera, hacían una casilla de paja, cercada, donde la
metían y una tinaja para echar a los ídolos y allí tenerlos tapados según los
fuesen haciendo; metían incienso para quemarle a cuatro demonios llamados Acantunes, que
ponían a las cuatro partes del mundo. Metían con qué cortarse o sacarse
sangre de (102) las orejas y la herramienta para labrar los negros dioses y con
estos aderezos se encerraban en la casilla los chaces, el
sacerdote y el oficial y comenzaban su labor de dioses cortándose a menúdo las
orejas y untando con la sangre aquellos demonios y quemándoles su incienso y
así perseveraban hasta acabar, dándoles (entonces) de comer. Y no habían de
conocer a sus mujeres ni por pienso, ni aun llegar nadie a aquel lugar donde
ellos estaban.
CHEN
(103)
SIGLO DE LOS MAYAS.
- ESCRITURA DE ELLOS.
No sólo tenían los
indios cuenta del año y de los meses, como queda dicho y señalado atrás, sino
que tenían cierto modo de contar los tiempos y sus cosas por edades, las cuales
hacían de veinte en veinte años, contando 13 veintes con una de las 20 letras
de los días que llaman Ahau, sin orden sino retrucadas como
aparecen en el siguiente círculo:
(104) Llámanles a estos
en su lengua Katunes, y con ellos tenían, a maravilla, cuenta
de sus edades, y le fue así fácil al viejo de quien en el primer capítulo dije,1 había trescientos años después,
acordarse de ellos. Y si yo no supiera de estas sus cuentas, no creyera se
pudiese así acordar de tanta edad.
Quien esta cuenta
de los Katunes ordenó, si fue el demonio, hizo lo que suele
ordenándola a su honor; y si fue hombre, debía ser buen idólatra porque con
estos sus Katunes añadió todos los principales engaños y
agüeros y embaucamientos con que esta gente andaba allende de sus miserias del
todo embaucada, y así, esta era la ciencia a que ellos daban más crédito y la
que en más tenían y de la que no todos los sacerdotes sabían dar cuenta. El
orden que tenían en contar sus cosas y hacer sus adivinaciones con esta cuenta
era que tenían en el templo dos ídolos dedicados a dos de estos caracteres. Al
primero, conforme a la cruz del círculo arriba contenido, adoraban y hacían
servicios y sacrificios para remedio de las plagas de sus 20 años y en los 10
años que faltaban de los 20 primeros, no hacían sino quemarle incienso y
reverenciarle.
Cumplidos los 20
años del primero comenzaban a seguirse por los hados del segundo y a hacerle
sus sacrificios, y quitado aquel primer ídolo ponían otro para venerarle otros
diez años.
Verbi gratia: dicen los
indios que acabaron de llegar los españoles a la ciudad de Mérida el año de la
Natividad del Señor de 1541, que era en punto el primer año de la era de Buluc-Ahau que
es el que está en la casa donde está la cruz, y llegaron el mismo mes de Pop que
es el primer mes de su año. Si no hubiera españoles ellos hubiesen adorado el
ídolo de Buluc-Ahau hasta el año de 51, que son diez años, y
al año décimo pusieran otro ídolo, a Bolon-Ahau y honrábanle
siguiéndose por los pronósticos de Buluc-Ahau hasta el año de
61, y entonces quitáranle del templo y pusieran al ídolo Uuc-Ahau, y
siguiéranle por los pronósticos de Bolon-Ahau otros
1 Fray D. de Landa no
menciona a ningún viejo en el capitulo primero. Es posible qne sea omisión del
amanuense.
10 años; y así
daban vuelta a todos. De manera que veneraban a estos sus Katunes
20 años y 10 se regían por sus
supersticiones y
engaños, los cuales eran tantos y tan bastantes para engañar a gente sirñple
que admira, aunque no a los que saben de las cosas naturales y la experiencia
que de ellas tiene el demonio.
Usaba también esta
gente de ciertos caracteres o letras con las (105) cuales escribían en sus
libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas señales
de las mismas, entendían sus cosas y las daban a entender y enseñaban.
Llallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa
en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos,
lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena.
De sus letras
pondré aquí un a, b, c, que no permite su pesadumbre más, porque usan para
todas las aspiraciones de las letras de un carácter, y después, júntanle parte
de otro y así vienen a ser in infinitum, como se podrá ver en
el siguiente ejemplo. Le quiere decir lazo y cazar
con él; para escribir le con sus caracteres,
habiéndoles nosotros hecho entender que son dos letras, lo escribían ellos con
tres poniendo a la aspiración de la l, la vocal e, que
antes de sí trae, y en esto no yerran aunque usen (otra) e, si
quieren ellos, por curiosidad. Ejemplo:
e l e lé
después, al cabo, le pegan la parte
junta.
Ha que quiere
decir agua, porque la h tiene a antes de sí
la ponen ellos al principio con a, y al cabo de esta manera:
También lo escriben
por partes, pero de la una y otra manera que no pusiera aquí sino por dar
cuenta entera de las cosas de esta gente: Ma in Kati quiere
decir no quiero y ellos lo escriben por partes de esta manera:
ma i n ka ti
(106) Síguese su a, b, c:
De las letras que
faltan carece esta lengua y tiene otras añadidas de la nuestra para otras cosas
que las ha menester y ya no usan para nada de estos sus caracteres,
especialmente la gente moza que ha aprendido los nuestros.
MULTITUD DE
EDIFICIOS DE YUCATÁN. - LOS DE IZAMAL, MÉRIDA Y CHICHÉN ITZÁ.
Si Yucatán hubiere
de cobrar nombre y reputación con muchehedumbre, grandeza y hermosura de
edificios como lo han alcanzado otras partes de las Indias, con oro, plata y
riquezas, ella hubiera extendídose tanto como el Perú y la Nueva España, porque
es así en esto de edificios y muchedumbre de ellos, la más señalada cosa de
cuantas hasta hoy en las Indias se han descubierto, porque son tantos y tantas
las partes donde los hay y tan bien edificados de cantería, a su modo, que
espanta, y porque esta tierra no es tal al presente, aunque es buena tierra,
como (107) parece haber sido en el tiempo próspero en que en ella tanto y tan
señalado edificio se labró, con no haber en ella ningún género de metal con que
labrarlos, pondré aquí las razones que he visto dar a los que dichos edificios
han mirado. Las cuales son que estas gentes debieron estar sujetas a algunos
señores amigos de ocuparlos mucho y que los ocuparon de esto y que como ellos
han sido tan buenos honradores de sus ídolos, se señalaban de comunidad hacerles
templos; y (después), por algunas causas, se mudaban las poblaciones y así
donde poblaban edificaban siempre de nuevo sus templos, santuarios y casas a su
usanza para los señores, que ellos siempre las han usado de madera cubierta de
paja; o que el grande aparejo que hay de piedra, cal y cierta tierra blanca
excelente para edificios, les ha llevado a hacer tantos, que si no es a quienes
los han visto, parecerá burla hablar de ellos; o la tierra tiene algún secreto
que si hasta ahora no se le ha alcanzado ni a la gente natural de ella, en
estos tiempos tampoco ha alcanzado. Porque decir los hayan edificado otras
nacíones sujetando a los indios, no es así, por las señales que hay de haber
sido edificados por gente india desnuda, como se ve en uno de los muchos y muy
grandes edificios que allí hay, en las paredes de los bastiones, en las cuales
aún duran señales de hombres en carnes y honestados de unos largos listones que
llaman Ex en su lengua, y de otras divisas que los indios de
estos tiempos traen; (señales) hechas de argamasa muy fuerte. Y morando yo allí
se halló en un edificio que desbaratamos un cántaro grande con tres asas y
pintado por fuera de unos fuegos plateados, dentro del cual estaban las cenizas
de (un) cuerpo quemado y entre ellas hallamos tres cuentas buenas de piedra,
del arte de las que los indios ahora tienen por moneda, todo lo cual muestra
haber sido indios los constructores. Bien sea, que si lo fueron, era gente de
más ser que los de ahora y muy de mayores cuerpos y fuerzas, y aún se ve esto
más en Izamal que en otra parte, en los bultos de media talla
que digo están hoy día de argamasa en los bastiones, que son de hombres
crecidos; y los extremos de los brazos y piernas cuyas eran las cenizas del
cántaro que
hallamos en el edificio, que estaban a maravilla por quemar, (eran) muy
gruesos.
Hay aquí en Izamal
un edificio entre los otros, de tanta altura y hermosura que espanta, el cual
se verá en la figura y esta es la razón de ella: Tiene 20 gradas de a más de
dos (108) buenos palmos de alto y ancho cada una, y tendrán más de cien pies de
largo. Son estas gradas de muy grandes piedras labradas, y aunque con el mucho
tiempo y estar expuestas al agua, están ya feas y maltratadas. Tiene después
labrado en torno, como señala la raya redonda, una muy fuerte pared de cantería
en la cual, como a estado y medio de alto, sale una ceja de hermosas piedras,
todo a la redonda, y desde ellas se torna después a seguir la obra hasta
igualar con la altura de la plaza que se traza después de la primera escalera.
Después de la cual plaza, se hace otra escalera como la primera, aunque no tan
larga ni de tantos escalones, siguiendo siempre a la redonda la obra de la
pared. Encima de estos escalones se hace otra buena placeta y en ella, algo
pegado a la pared> está hecho un cerro bien alto con su escalera (por la parte
del) mediodía, donde caen las escaleras grandes, y encima está una hermosa
capilla de cantería bien labrada. Yo subí a lo alto de esta capilla y, como
Yucatán es tierra llana, se ve desde allí a maravilla tanta tierra como la
vista puede alcanzar, y se ve (109) el mar. Estos edificios de Izamal eran
once o doce por todos, aunque este es el mayor, y están muy cerca unos de
otros. No hay memoria de los fundadores y parecen haber sido los primeros.
Están a ocho leguas del mar en muy hermoso sitio y buena tierra y comarca de
gente, por lo cual los indios, con harta insistencia, nos hicieron poblar una
casa en uno de estos edificios que llamamos San Antonio, el año de 1549, en la
cual y en todo lo de la redonda se les ha ayudado mucho para su cristiandad y
así se han poblado en este asiento dos buenos pueblos, aparte uno del otro.
Los segundos
edificios que en esta tierra son más principales y antiguos - tanto que no hay
memoria de sus fundadores -, son los de T-ho; están a trece
leguas de los de Izamal y a ocho del mar como los otros; y hay
señales hoy en día de haber habido una muy hermosa calzada de los
unos a los otros. Los españoles poblaron aquí una ciudad y llamáronla Mérida
por la extrañeza y grandeza de los edificios, el principal de los cuales
señalaré aquí como pudiere e hice (con el) de Izamal, para que
mejor se pueda ver lo que es.
Este es el borrón
que he podido sacar del edificio, para cuyo entendimiento se ha de saber que
este es un asiento quebrado, de mucha grandeza, porque tiene más de dos
carreras de caballo desde la parte del oriente. Comienza la escalera desde el
suelo; y esta escalera será de siete escalones de la (misma) altura de los
de Izamal. Las demás partes del mediodía, poniente y norte,
salen de una pared muy fuerte y muy ancha. Todo aquel henchimiento del cuadro
es de piedra seca, y en la parte llana torna a comenzar otra escalera por la
misma parte del oriente, a mi parecer de
veintiocho a
treinta pies recogida dentro de otros tantos escalones igual de grandes. Hace
el mismo recogimiento hacia la parte del mediodía y del norte, no (así por la)
del poniente, y síguense dos paredes fuertes hasta encontrar o juntarse con las
del cuadro por la parte del poniente y así llegan hasta el peso de las
escaleras, haciendo todo el henchimiento de en medio de piedra seca, que
espanta la altura y la grandeza que tiene tal henchimiento hecho a mano.
Después, en la
parte plana de arriba, comienzan los edificios de esta manera: por la parte del
oriente se sigue una ala recogida a lo largo, unos seis pies hacia dentro, que
no llega (111) a los cabos, labrada de una parte a la otra de muy buena
cantería y toda (ocupada) por celdas de doce pies de largo por ocho de ancho;
las puertas, en medio de cada una, no tienen señal de batientes ni manera de
quicios para cerrarse, sino (que son) llanas, de piedra muy labrada, y la obra
está trabajada a maravilla y cerradas por lo alto todas las puertas, con tezas
de piedra enteriza; tiene en medio un tránsito como arco de puente y por encima
de las puertas de las celdas sale un releje de piedra labrada que (corre) a lo
largo de toda el ala, sobre el cual (releje) salían hasta lo alto unos
pilarejos, la mitad de ellos labrados redondos y la mitad metidos en la pared.
Estos pilarejos seguían hasta lo alto de las bóvedas de que las celdas estaban
hechas y cerradas por arriba. Por encima de estos pilaritos salía otra releje
enrededor de todo el cuarto. Lo alto era de terrado, encalado y muy fuerte como
allá se hace con cierta agua de corteza de un árbol. Por la parte del norte
había otro cuarto de celdas, tales como estas otras, salvo que el cuarto, con
casi la mitad no era tan largo. Al poniente se seguían otra vez las celdas, y
(cada) cuatro o cinco había un arco que atravesaba, como el de en medio del
cuarto de oriente, todo el edificio, y luego un edificio redondo, algo alto, y
luego otro arco, y lo demás eran celdas como las restantes. Este cuarto
atraviesa todo el patio grande en buena parte y así forma dos patios, uno por
detrás, al poniente, y otro a su oriente, que viene a estar cercado de cuatro
cuartos, el último de los cuales es muy diferente porque está hecho hacia el
mediodía, de dos piezas cerradas con bóveda; la primera de esas piezas tiene un
corredor de muy gruesos pila. res cerrado por arriba con muy hermosas piedras
labradas y enterizas. Por en medio va una pared sobre la que carga la bóveda de
ambos, con dos puertas para entrar al otro cuarto. De manera que todo lo cierra
por arriba un encalado.
Tiene este
edificio, apartado de sí como dos tiros de piedra, otro muy alto y hermoso
patio en el cual hay tres cerros de mampostería, muy bien labrados, y encima
sus muy buenas capillas de la bóveda como solían y sabían ellos hacer. Tiene
bien apartado de sí un tan grande y hermoso cerro que con haberse edificado
gran parte de la ciudad (con piedras) de él (para hacer las casas con) que la
poblaron a la redonda, no sé si ha de verse jamás acabado.
(112) El primer edificio
de los cuatro cuartos nos dio el Adelantado Montejo a nosotros, hecho un monte
áspero; limpiámosle y hemos hecho en él con su propia piedra, un razonable
monasterio todo de piedra, y una buena iglesia que llamamos la Madre de Dios.
Hubo tanta piedra de los cuartos, que (aún) está entero el del mediodía y en
parte los de los lados, y dimos mucha piedra a los españoles para sus casas, en
especial para sus puertas y ventanas; tanta era su abundancia.
Los edificios del
pueblo de Tikoh no son muchos ni tan suntuosos como algunos de
estos otros, aunque cran buenos y lucidos, ni aquí yo hiciera mención de ellos
salvo por haber habido en él una gran población de que adelante necesariamente
se ha de hablar, y por eso se dejará ahora. Están estos edificios a tres leguas
de Izamal al oriente, y a siete de Chichenizá.
Es pues Chichenizá un
asiento muy bueno a diez leguas de Izamal y once de
Valladolid, en la cual, según dicen los antiguos indios, reinaron tres señores
hermanos los cuales, según se acuerdan haber oído de sus pasados, vinieron a
aquella tierra de la parte del poniente y juntaron en estos asientos gran
población de pueblos y gentes, la cual rigieron algunos años en mucha paz y
justicia.
Eran muy honradores
de su dios y así edificaron muchos edificios y muy galanos, en especial uno, el
mayor, cuya figura pintaré aquí como la pinté estando en él, para que mejor se
entienda. Estos señores, dicen, vivieron sin mujeres, y en muy (113) grande
honestidad, y todo el tiempo que vivieron así, fueron muy estimados y
obedecidos de todos. Después, andando el tiempo, faltó uno de ellos el cual se
debió morir, aunque los indios dicen que salió de la tierra por la parte
de Bac halal. Hizo la ausencia de éste, como quiera que ella
fuese, tanta falta en los que después de él regían, que comenzaron luego a ser
parciales en la república, y en sus costumbres tan deshonestos y desenfrenados
que el pueblo los vino a aborrecer, en tal manera que los mataron y desbarataron
y despoblaron (el asiento) dejando los edificios y el lugar harto hermoso
porque está cerca del mar, a (unas) diez leguas. Tiene muy fértiles tierras y
provincias a la redonda. La figura del principal edificio es la siguiente:
Este edificio tiene
cuatro escaleras que miran a las cuatro partes del mundo, de treinta y dos pies
de ancho y de noventa y un escalones cada una, que es menester subirlas. Tienen
en los escalones la misma anchura y altura que nosotros damos a los nuestros.
Cada escalera tiene dos pasamanos bajos, al igual de los escalones, de dos píes
de ancho, de buena cantería como lo es todo el edificio. Este no está esquinado
porque desde la salida del suelo hasta los pasamanos se comienzan a labrar unos
cubos redondos que van subiendo a trechos y estrechando el edificio por muy
galano orden. Había, cuando yo le vi, al pie de cada pasamano, una fiera (con)
boca de sierpe de una pieza bien curiosamente labrada. Acabadas de esta manera
las escaIcras, queda en lo alto una placeta llana en la cual está un edificio
hecho de cuatro
cuartos. Los tres se andan a la redonda sin impedimento, y tiene cada uno
puertas en medio, y están cerradas (por lo alto) con bóvedas. El cuarto del
norte se anda por sí con un corredor de pilares gruesos. El de en medio, que
había de ser como el patinico que hace el orden de los paños del edificio tiene
una puerta que sale al corredor del norte y está por arriba cerrado de madera y
en él se quemaban los sahumerios. Hay en la entrada de esta puerta o del
corredor, un a modo de armas esculpidas en una piedra que no pude entender
bien.
Tenía este edificio
otros muchos y tiene hoy día a la redonda de sí, bien hechos y grandes y todo
el suelo que va de él a ellos (estaba) bien encalado y aún hay, en partes
restos del encalado, tan fuerte es la argamasa de que los hacen.
Tenía delante la
escalera del norte, algo aparte, dos teatros de cantería, pequeños, de cuatro
escaleras, enlosados por (114) arriba, en que dicen representaban las farsas y
comedias para solaz del pueblo. Va desde el patio, enfrente de estos teatros,
una hermosa y ancha calzada hasta un pozo (que está) como a dos tiros de
piedra. En este pozo han tenido y tenían entonces, costumbre de echar hombres
vivos en sacrificios a los dioses, en tiempo de seca, y pensaban que no morían
aunque no los veían más. Echaban también otras muchas cosas de piedras de valor
y que tenían preciadas. Y así, si esta tierra hubiera tenido oro, fuera este
pozo el que más parte de ella tuviera, según le han sido devotos los indios. Es
pozo que tiene siete estados largos de hondo hasta el agua, de ancho más de
cien píes, y redondo y de una peña tajada hasta el agua que es maravilla.
Parece que tiene el agua muy verde y creo lo causan las arboledas de que está
cercado, y es muy hondo. Tiene encima de él, junto a la boca, un edificio pequeño
donde hallé ídolos hechos a honra de todos los ídolos principales de la tierra,
casi como el Pantheón de Roma. No sé si era esta invención antigua o de los
modernos para toparse con sus ídolos cuando fuesen con ofrendas a aquel pozo.
Hallé leones labrados de bulto, y jarras y otras cosas que no sé como radie
dirá que no tuvieron herramientas estas gentes. También hallé dos hombres de
grandes estaturas, labrados de piedra, cada uno de una pieza, en carnes,
cubiertos su honestidad como se cubrían los indios. Tenían las cabezas por sí y
con zarcillos en las orejas como los usaban los indios, y hecha una espiga por
detrás en el pescuezo que encajaba en un agujero hondo hecho para ello en el
mismo pescuezo, y encajado, quedaba el bulto cumplido.
POR QUÉ COSAS
HACÍAN OTROS SACRIFICIOS LOS INDIOS.
Las fiestas que en
el calendario de esta gente atrás queda puesto, nos muestran cuáles y cuántas
eran y para qué y cómo las celebraban. Pero porque eran sus fiestas sólo para
tener gratos y propicios a sus dioses, sino era teniéndolos airados no (las) hacían
más sangrientas; y creían estar airados (los dioses) cuando tenían necesidades
o pestilencias o disensiones o esterilidades u otras semejantes necesidades;
entonces no curaban de aplacar (115) los demonios sacrificándoles animales, ni
haciéndoles solamente ofrendas de sus comidas y bebidas o derramando su sangre
y aflígiéndose con velas y ayunos y abstinencias; mas olvidada toda natural
piedad y toda ley de razón, les hacían sacrificios de personas humanas con
tanta facilidad como si sacrificasen aves, y tantas veces cuantas los malvados
sacerdotes o los chilanes les decían era menester, o a los
señores se les antojaba o parecía, Y dado que en esta tierra, por no ser mucha
la gente como en México, ni regirse ya después de la destrucción de Mayapán por
una cabeza sino por muchas, no hacían así tan junta la matanza de hombres, ni
por eso dejaban de morir miserablemente hartos, pues tenía cada pueblo
autoridad de sacrificar los que el sacerdote o chilán o señor
le parecía y para hacerlo tenían sus públicos lugares en los templos como s
fuera la cosa más necesaria del mundo a la conservación de la república.
Después de matar en sus pueblos, tenían aquellos dos descomulgados santuarios
de Chichenizá y Cuzmil donde infinitos pobres
enviaban a sacrificar o despeñar al uno, y al otro a sacar los corazones; de
las cuales miserias tenga a bien por siempre librarlos el señor piadoso que
tuvo por bien hacerse sacrificio en la cruz al padre de todos.
¡Oh señor dios mío
hombre, ser y vida de mi alma, santa guía y camino cierto de mis costumbres,
consuelo de mis consuelos, alegría interna de mis tristezas, refrigerio y
descanso de mis trabajos! ¿y qué me mandas tú, señor, que trabajo se puede
llamar y no mucho mejor descanso? ¿A qué me obligas que yo no pueda muy
cumplidamente hacer? ¿Por ventura, señor, ignoras la medida de mi vaso y la
cantidad de mis miembros y la calidad de mis fuerzas? ¿Acaso, señor, me faltas
tú en mis trabajos? ¿No eres tú cuidadoso padre de quien dice tu santo profeta
en el salmo, "con él soy en la tribulación y trabajo, y yo le libraré de
ella y le glorificaré"?
Señor, sí, tú eres,
y tú eres aquel de quien dijo el profeta lleno de tu santísimo espíritu, que
finges trabajo en tu mandamiento, y es así, señor, que los que no han gustado
de la suavidad de la guarda y cumplimiento de tus preceptos, trabajo hallan en ellos;
pero, señor, trabajo fingido es, trabajo temido es, trabajo de pusilánimes
es, y témenlo los
hombres que nunca acaban de poner la mano al arado de cumplirlos, que los que
se disponen a la guarda de ellos, dulces los hallan, en pos del olor de sus
unglientos se van, su dulcedumbre los refrigera a cada paso, y (116) muchos más
gustos experimentan cada día (que les sabe discierne nadie), como otra reina de
Saba; y así, señor, te suplico me des gracia que a ejemplo tuyo, dejada la casa
de mi sensualidad y el reino de mis vicios y pecados, haga del todo experiencia
de servirte y guardar tus santos mandamientos, para lo que en más me enseñare
la experiencia de su guarda; que de sólo leerlos y tratarlos, halle yo el bien
de tu gracia para mi alma, y así como creo ser tu yugo suave y leve, te haga
gracias por haberme puesto debajo de su melena, y libre del (pecado) en que veo
andan y han andado tantas muchedumbres de gentes, caminando para el infierno:
lo cual es tan grave dolor que no sé a quién no quiebra el corazón ver la
mortal pesadumbre e intolerable carga con que el demonio ha siempre llevado y
lleva a los idólatras al infierno; y si esto, de parte del demonio que lo
procura y hace, es crueldad grande, de parte de Dios es justísimamente
permitido para que, pues si no se quieren regir por la luz de la razón que él
les ha dado, comiencen en esta vida a ser atormentados y a sentir parte del
infierno que merecen, con los trabajosos servicios que al demonio de continuo
hacen con muy largos ayunos y vigilias y abstinencias, con increíbles ofrendas
y presentes de sus cosas y haciendas, con derramamientos continuos en su propia
sangre, con graves dolores y heridas en sus cuerpos, y lo que es peor y más
grave, con las vidas de sus prójimos y hermanos; y con todo esto nunca el
demonio se harta y satisface de sus tormentos y trabajos, ni de llevarlos con
ellos al infierno donde eternalmente los atormenta; cierto, mejor se aplaca
Dios y con menos tormentos y muertes se satisface: pues a voces dice y manda al
Gran Patriarca Abraham que no extienda su mano para quitar la vida a su hijo,
porque está su Majestad determinado a enviar al suyo al mundo y dejarle perder
en la cruz la vida de veras, para que vean los hombres que para el hijo de Dios
eterno es pesado el mandamiento de su pa(re, aunque a él (sea) muy dulce y
fingido a los hombres de trabajo.
Por lo cual quiten
ya los hombres la tibieza de sus corazones y el temor del trabajo de esta santa
ley de Dios, pues es su trabajo fingido y en breve se vuelve dulcedumbre de las
almas y de los cuerpos, cuanto más que, allende de que es digno Dios de ser muy
servido y se lo debemos en justísima deuda, es todo para nuestro provecho, y no
sólo eterno, sino aun temporal; y miremos todos los cristianos, especialmente
los (117) Sacerdotes, que en esta vida es gran vergüenza y confusión, y en la
venidera lo será mayor, ver que halle el demonio quien le sirva con increíbles
trabajos para ir, en pago de ellos, al infierno, y que no halle Dios apenas
quien en guarda de tan suaves mandamientos le sirva fielmente para ir a la
eterna gloria. Por lo cual, tú, sacerdote de Dios, dime si has mirado con
advertencia
el oficio de estos
sacerdotes tristes del demonio, y de todos los que en las divinas letras
hallamos lo fueron en los pasados tiempos, cuán enojosos y largos y muchos,
eran sus ayunos, más que los tuyos: qué tantos más continuos en las vigilias y
en sus míseras oraciones que tú; cuán más curiosos y cuidadosos de las cosas de
sus oficios que tú del tuyo; con cuánto mayor celo que tú entendían en enseñar
sus pestíferas doctrinas, y si de esto te hallaras en alguna culpa, remédiala y
mira que eres sacerdote del alto señor que con sólo el oficio te obliga a
procurar vivir en limpieza y cuidado, limpieza del ángel cuanto más del hombre.
PRODUCCIÓN DE LA
TIERRA.
Yucatán es una
tierra la de menos tierra que yo he visto, porque toda ella es una viva laja, y
tiene a maravilla poca tierra, tanto que habrá pocas partes donde se pueda
cavar un estado sin dar en grandes bancos de lajas muy grandes. La piedra no es
muy buena para labores delicadas, porque es dura y tosca; empero, tal cual es,
ha sido para que de ella hayan hecho la muchedumbre de edificios que en aquella
tierra hay; es muy buena para cal, de que hay mucha, y es cosa maravillosa que
sea tanta la fertilidad de esta tierra sobre las piedras y entre ellas.
Todo lo que en ella
hay y se da, se da mejor y más abundantemente entre las piedras que en la
tierra, porque sobre la tierra que acierta a haber en algunas partes ni se dan
árboles ni los hay, ni los indios en ella siembran sus simientes, ni hay sino
yerbas; y entre las piedras y sobre ellas siembran y se dan todas sus semillas
y se crían todos los árboles, y algunos tan grandes y hermosos que maravilla
son de ver; la causa de esto creo que es haber más humedad y conservarse más en
las piedras que en la tierra. (118) En esta tierra no se ha hallado hasta ahora
ningún género de metal que ella de suyo tenga, y espanta (que) no habiendo con
qué, se hayan labrado tantos edificios porque no dan los indios razón de las
herramientas con que se labraron; pero ya que les faltaron metales, proveyólos
Dios de una sierra de (puro) pedernal contigua a la sierra que según dije en el
primer capítulo, atraviesa la tierra, y de la cual sacaron piedras de que
hacían los hierros de las lanzas para la guerra y los navajones para los
sacrificios (de los cuales tenían buen recaudo los sacerdotes); hacían los
hierros para las saetas y aun los hacen, y así les servía el pedernal de metal.
Tenían cierto azófar blanco con alguna poca mezcla de oro, de que hacían las
hachuelas de fundición y unos cascabelazos con que bailaban, y una cierta
manera de escoplillos con que hacían los ídolos y agujeraban las cerbatanas
como esta figura del margen,2 que mucho usan la cerbatana y
bien la tiran. Este azófar y otras planchas o láminas más duras, las traían a
rescatar los de Tabasco por las cosas (de Yucatán, que eran) para los ídolos, y
no había entre ellos algún otro género de metal.
Según el sabio, una
de las cosas a la vida del hombre más necesaria es el agua, y es tanto que sin
ella ni la tierra produce sus frutos ni los hombres se pueden sustentar, y con
haber faltado en Yucatán la abundancia de ríos que sus tierras vecinas tienen
en mucha abundancia, porque sólo dos tienen, y el uno es el río de Lagartos que
sale por un cabo de la tierra a la mar, y el otro el de Champotón, ambos
salobres y
2 No está dibujado en
el manuscrito
de malas aguas, la
proveyó Dios de muchas y muy lindas aguas, unas por industria y otras proveídas
de naturaleza.
La naturaleza obró
en esta tierra tan diferentemente en lo de los ríos y fuentes, que los ríos y
las fuentes que en todo el mundo corren sobre la tierra, en ésta van y corren
todos por sus meatos secretos por debajo de ella. Lo cual nos ha enseñado que casi
toda la costa está llena de fuentes de agua dulce que nacen dentro en la mar y
se puede de ellas, en muchas partes, coger agua (como me ha acaecido a mí)
cuando de la menguante de la agua queda la orilla algo seca. En la tierra
proveyó Dios de unas quebradas que los indios llaman zenotes, que
llegan de peña tajada hasta el agua, en algunos de los cuales hay muy (119)
furiosas corrientes y acaece llevarse el ganado que cae en ellos y todas estas
(corrientes) salen a la mar de que se hacen las fuentes dichas.
Estos zenotes son
de muy lindas aguas y muy de ver, que hay algunos de peña tajada hasta el agua
y otros con algunas bocas que les creó Dios, que causaron algunos accidentes de
rayos que suelen caer muchas veces, o de otra cosa; y por dentro con lindas
bóvedas de peña fina y en la superficie sus árboles, de manera que en lo de
arriba es monte y bajo zenotes, y hay algunos (en) que puede
caber y andar una carabela y otros más o menos. Los que éstos alcanzaban bebían
de ellos; los que no, hacían pozos; y como les había faltado herramienta para
labrarlos, eran muy ruines. Pero ya no sólo les hemos dado industria para hacer
buenos pozos sino muy lindas norias con estanques de donde, como en fuentes,
toman el agua.
Hay también lagunas
y todas son de agua salobre y ruin para beber y no son corrientes como zenotes. Tiene
una cosa esta tierra en toda ella maravillosa en esto de los pozos, y es que en
todas las partes de ella que se cave, salen muy buenas sguas de manantiales y
algunas tan hermosas que se sume una lanza por ellas y en todas las partes que
se han cavado se ha hallado medio estado antes del agua, un banco de conchas y
caracolillos de la mar, de tantas diferencias y colores, grandes y chicos, como
los que están a la orilla de la mar y la arena ya convertida en dura peña
blanca. En Maní, pueblo del rey, cavamos un pozo grande para
hacer una noria a los indios y al cabo de haber cavado siete u ocho estados en
una peña fina, hallamos un sepulcro de siete buenos pies de largo, lleno de
tierra bermeja muy fresca, y de huesos humanos, y todos estaban ya casi convertidos
en piedra; faltaban dos o tres estados por llegar al agua y antes de ella había
una bóveda hueca que creó Dios de manera que estaba el sepulcro metido dentro
de la peña, y se podía andar por debajo hasta donde (estaba) el agua; no
pudimos entender cómo fuese esto si no es que digamos que aquel sepulcro se
abrió allí por la parte de dentro, y después, con la humedad de la cueva y el
mucho tiempo, vino a congelarse la peña y crecer y así cerrarse aquello.
Además de los dos
ríos que he dicho hay en esta tierra, tiene una fuente a tres leguas de la mar,
cerca de Campeche, y es salobre y no hay en toda la tierra otra ni otras aguas.
(120) Los indios de hacía
la sierra, por tener los pozos muy hondos, suelen en tiempo de las aguas hacer
para sus casas concavidades en las peñas y allí recoger agua de la llovediza:
porque en su tiempo llueven grandes y muy recios aguaceros y algunas veces con
muchos truenos y relámpagos; los pozos todos y en especial los cercanos al mar
crecen y menguan cada día a la hora que crece y mengua el mar, lo cual muestra
más claro ser todas las aguas de ríos que corren debajo de la tierra hacia el
mar.
Hay una ciénaga en
Yucatán digna de memoria que tiene más de setenta leguas de largo y es salina
toda ella; comienza desde la costa de Ekab, que es cerca de la
Isla de Mujeres, y síguese muy junto a la costa del mar entre la misma costa y
los montes, hasta cerca de Campeche; no es honda porque no le da lugar el no
haber tierra, pero es mala de pasar yendo de los pueblos a la costa o viniendo
de ella a los pueblos, por los árboles que tiene y mucho lodo. Esta ciénaga es
tan salina que Dios ha criado allí de la mejor sal que yo he visto en mi vida,
porque molida es muy blanca y para sal dicen los que lo saben es tan buena, que
sala más medio celemín de ella, que uno de otras partes. Cría la sal Nuestro
Señor en esta ciénaga del agua llovediza y no del mar, que no le entra, porque
entre el mar y la ciénaga va una costa de tierra a lo largo todo lo que dura
ella, que la divide del mar. En tiempo, pues, de aguas, se hincha esta ciénaga
y se cuaja la sal dentro de la misma agua, en terrones grandes y pequeños que no
parecen sino pedazos de azúcar cande. Después de pasadas las aguas cuatro meses
o cinco, y ya que la laguna está algo enjuta, tenían los indios antiguamente
costumbre de ir a sacar sal, la cual sacan cogiendo aquellos terrones dentro
del agua y sacándolos a enjugar fuera. Tenían para esto sus lugares señalados
en la propia laguna, que eran los más fértiles de sal y de menos lodo y agua, y
acostumbraban a no hacer esta cosecha de la sal sin licencia de los señores,
que en estos lugares de ella tenían, por su cercanía, más acción; a los cuales
todos los que por sal venían, hacían algún servizuelo o de la propia sal o de
las cosas de sus tierras; y porque probó esto un principal llamado Francisco
Euan, natural del pueblo de Caucel y probó (además) que el
régimen de la ciudad de Mayapán había puesto a sus antepasados
en la costa, con cargo de ella y del repartimiento de la sal, la Audiencia de
Guatemala les mandó, a los que a sus comarcas la fuesen a coger, (121) dar
ahora lo mismo. Cógese ya mucha en el tiempo de ella para llevar a México y a
Honduras y a la Habana. Cría esta ciénaga, en algunas partes de ella, muy
hermosos pescados y aunque no grandes, de muy buen sabor.
PECES DE YUCATÁN.
No hay sólo pescado
en la laguna pero es tanta la abundancia que en la costa hay, que casi no curan
los indios de lo de la laguna, si no son los que no tienen aparejos de redes,
que éstos suelen, con la flecha, como hay poca agua, matar muchos pescados; los
demás hacen sus muy grandes pesquerías de que comen y venden pescado a toda la
tierra.
Acostúmbranlo salar
y asar y secar al sol sin sal, y tienen su cuenta cuál de estos beneficios ha
menester cada género de pescado, y lo asado se conserva (varios) días, que se
lleva a veinte y treinta leguas a vender, y para comerlo tórnanlo a guisar, y es
sabroso y sano.
Los pescados que
matan y hay en aquella costa son lisas muy excelentes y muy gordas; truchas, ni
más ni menos en el color y pecas y sabor, y son más gordas y sabrosas de comer,
y llámanse en la lengua uzcay; robalos muy buenos; sardinas, y
con ellas acuden lenguados, sierras, caballos, mojarras e infinitas
diversidades de otros pescados pequeños; hay muy buenos pulpos en la costa de
Campeche; tres o cuatro castas de tollos muy buenos y sanos, y especialmente
unos a maravilla sanos y en las cabezas diferentísimos de los otros que las
tienen redondas y muy llanas que espanta, y por la parte de dentro (tienen) la
boca y en las orillas de lo redondo, los ojos: llámanse estos alipechpol. Matan
unos pescados muy grandes que parecen mantas y (los) conservan a trozos en sal;
muere a las orillas de la redonda, y es muy buena cosa (mas) no sé si es este
pescado (la) raya.
Hay muchos manatís
en la costa entre Campeche y la Desconocida, de los cuales, allende del mucho
pescado o carne que tienen, hacen mucha manteca y (es) excelente para guisar de
comer; de estos manitís se cuentan cosas de maravillar: en especial cuenta el
autor de la Historia General de las Indias que (122) crió en
la Isla Española un señor indio uno en un lago, tan doméstico, que venía a la
orilla del agua en llamándolo por su nombre que le habían puesto, y que era
"Matu". Lo que yo de ellos digo (es) que son tan grandes que se saca
de ellos mucha más carne que de un buen becerro grande, y mucha manteca;
engendran como los animales y tienen para ello sus miembros como hombre y
mujer, y la hembra pare siempre dos y no más ni menos, y no pone huevos como
los otros pescados; tienen dos alas como brazos fuertes con que nadan, el
rostro tiene harta semejanza al buey y sácanle fuera del agua a pacer yerba a
las orillas, y los suelen picar los murciélagos en una jeta redonda y llana que
tienen, que les da vuelta al rostro, y mueren de ello porque son muy sanguíneos
a maravilla y de cualquiera herida se desangran como el agua. La carne es
buena, especialmente fresca; con mostaza, es casi como buena
vaca. Mátanlos los
inoies con arpones de esta manera: búscanlos en los esteros y partes bajas (que
no es pescado que sabe andar hondo) y llevan sus arpones atados en sus sogas
con boyas al cabo; hallados, los arponean y suéltanles las sogas y las boyas y
ellos con el dolor de las heridas huyen a una y otra parte por lo bajo y de
poca agua, que jamás van a lo hondo de la mar ni saben, y como son tan grandes
van turbando el cieno y tan sanguíneos (que se) van desangrando; y así con la
señal del cieno los siguen en sus barquillos los indios y después los hallan
con sus boyas y (los) sacan. Es pescado de mucha recreación y provecho, porque
son todos carne y manteca.
Hay otro pescado en
esta costa al cual llaman ba, y es ancho y redondo y bueno de
comer, pero muy peligroso de matar o de topar con él: porque tampoco sabe andar
en lo hondo y es amigo de andar en el cieno donde los indios lo matan con el
arco y flecha; y si se descuidan andando con él o pisándolo en el agua, acude
luego con la cola que la tiene larga y delgada y hiere con una sierra que
tiene, tan fieramente, que no se puede sacar de donde la mete sin hacer muy
mayor la herida, porque tiene los dientes al revés, de la manera que aquí está
pintada.3 De estas sicrritas usaban los indios para cortar sus carnes en los
sacrificios del demonio, y era oficio del sacerdote tenerlas, y así tenían
muchas:
(123) son muy lindas
porque son un hueso muy blanco y curioso hecho sierra así de aguda y delicada,
que corta como cuchillo.
Hay un pescadillo
pequeño tan ponzoñoso que nadie que lo come escapa de morir hinchado, todo muy
en breve, y burla a algunos hartas veces, aunque es conocido en que es algo
tardío en morir fuera del agua y se hincha mucho todo él. Hay muy gentiles
ostiones en el río de Champotón y hay muchos tiburones en toda la costa.
3 Tampoco exite la
pintura en la copia.
IGUANAS Y LAGARTOS.
Demás de los
pescados cuya morada son las aguas, hay algunas cosas que juntamente se sirven
y viven en el agua y en tierra como son muchas iguanas, las cuales son como
lagartos de España en la hechura y grandeza y en el color, aunque no son tan
verdes; éstas ponen huevos en mucha cantidad y andan siempre cerca de la mar y
de donde hay aguas, indiferentemente se guarecen en el agua y en la tierra, por
lo cual las comen los españoles en tiempos de ayuno y la hallan muy singular
comida y sana. Hay de éstas tantas, que ayudan a todos por la cuaresma;
péscanlas los indios con lazos, encaramadas en los árboles y en agujeros de
ellos, y es cosa increíble lo que sufren el hambre, que acaece estar vivas,
después de tomadas, veinte y treinta días sin comer bocado y sin enflaquecer; y
he oído que hay experiencia hecha, que si les frotan las barrigas con arena
engordan mucho. El estiércol de éstas es admirable medicina para curar nubes de
los ojos, puesto fresco en ellas.
Hay tortugas a
maravilla grandes, que las hay muy mayores que grandes rodelas y son de buen
comer y tienen harto qué; ponen los huevos tan grandes como de gallina, y ponen
ciento cincuenta y doscientos, haciendo en la arena, fuera del agua, un gran
hoyo y cubriéndolos después con la arena y allí salen las tortuguillas. Hay
otras diferencias de tortugas en la tierra, por los montes secos y en las
lagunas.
Un pescado vi en
las costas, algunas veces, que por ser de concha todo, lo dejé para poner aquí.
Es, pues, del grandor de una tortuga pequeña y cubierto por arriba de una
concha (124) delicada, redonda, de hermosa hechura y verde muy claro; tiene una
cola de lo mismo de la concha, muy delgada, que parece punzón y larga como un
jeme; por debajo tiene muchos pies y todo lleno de menudos huevos que no tiene
qué comer de él sino huevos y cómenlos muchos los indios; llámanle en su
lengua mex.
Hay muy fieros
lagartos, los cuales aunque andan en el agua, salen y están mucho en tierra, y
comen en tierra o (con) la cabeza fuera del agua porque carecen de agallas y no
pueden mascar dentro del agua. Es animal pesado y no se aparta mucho del agua y
tiene furioso ímpetu en el acometer a algo, o en la huida. Es muy tragón, que
cuentan de él cosas extrañas; y lo que yo sé es que uno nos mató, cerca de un
monasterio, a un indio, bañándose en una laguna; y fue luego de allí a un rato
un religioso con los indios a matarle a él y para matarle tomaron un perro no
muy grande y metiéronle un fuerte palo por la boca hasta el sieso, hecho así,
con sus puntas, y atáronle por las tripas del perro una muy recia soga y
echando en la laguna el perro salió luego el lagarto y lo tomó en los dientes y
se lo tragó; y
tragado tiró la
gente que con el fraile iba y lo sacaron con gran trabajo y dificultad
atravesándosele el palo en el cuerpo abriéronle y halláronle la mitad del
hombre en el buche a más del perrito. Estos lagartos engendran como los
animales, y ponen huevos, y para ponerlos hacen grandes hoyos en la arena, muy
cerca del agua, y ponen trescientos huevos y más, grandes más que de aves, y
déjanlos allí hasta el tiempo que les ha Naturaleza enseñado que han de salir y
entonces ándanse por allí aguardando y salen los lagartillos de esta manera:
salen del huevo tan grandes como un palmo y están aguardando la ola de la mar
que bate cerca de ellos, y así como la sienten, saltan de su lugar al agua y
todos los que no alcanzan quedan muertos en la arena que como son tan tiernos y
ella está muy caliente del sol, abrásanse y mueren luego. Los que alcanzan el
agua escapan todos y comienzan luego a andar por allí, hasta que acudiendo los
padres los siguen; de esta manera escapan muy pocos aunque ponen tantos huevos,
no sin divina providencia que quiere sea más lo que nos aprovecha que lo que
nos daña y podría tanto perjudicar, como estas bestias, si todas saliesen a la
luz.
(125)
DE LA MANERA QUE
HAY DE SERPIENTES Y OTROS ANIMALES PONZOÑOSOS.
De culebras o
serpientes es grande la diversidad que hay, de muchos colores y no dañosas;
salvo dos castas de ellas que son muy ponzoñosas víboras, y mayores mucho que
las de acá de España. Llámanlas taxinchan. Otras hay también
muy ponzoñosas y muy grandes y con cascabel en las colas; otras muy grandes que
se tragan un conejo o dos y no son dañosas, y es cosa de decir que hay indios
que con facilidad toman las unas y las otras sin recibir de ellas perjuicio.
Hay una casta de
lagartijas mayores que las de acá, de las cuales es maravilla grande el temor
que los indios tienen, porque según ellos dicen, en tocándola la persona, suda
un sudorcillo el cual es mortal ponzoña. Hay muchos alacranes entre las piedras
y no son tan ponzoñosos como los de acá de España. Hay un género de hormigas
grandes cuya picada es mucho peor y duele y encona más que la de los alacranes,
y tanto, que dura su enconación más del doble que la del alacrán, como yo he
experimentado.
Hay dos géneros de
arañas, la una muy pequeña y muy pestífera, la otra es muy grande y toda
cubierta de espinitas muy delicadas, negras, que parecen vello y tienen en
ellas la ponzoña, y así se guardan mucho de tocarlas los indios donde las hay.
Hay un gusanito
colorado del cual se hace ungüento muy bueno, amarillo, para hinchazones y
llagas, con no más de batirlos o amasarlos juntos y sirve de óleo para pintar
los vasos y hace fuerte la pintura.
DE LAS ABEJAS Y SU
MIEL Y CERA.
Hay dos castas de
abejas y ambas son muy más pequeñas que las nuestras. Las mayores de ellas
crían en colmenas, las cuales son muy chicas; no hacen panal como las nuestras
(126) sino ciertas vejiguitas como nueces de cera, todas juntas unas a otras,
llenas de la miel. Para castrarlas no hacen más que abrir la colmena y reventar
con un palito estas vejiguitas y así corre la miel y sacan la cera cuando les
parece. Las demás crían en los montes, en concavidades de árboles y de piedras,
y allí les buscan la cera de la cual y de miel abunda esta tierra mucho, y la
miel es muy buena salvo que como es mucha la fertilidad del pasto de las abejas
sale algo tocada del agua y es menester darle un hervor al fuego y con dárselo
queda muy buena y de mucha duración. La cera es buena salvo que es muy humosa y
nunca se ha acertado cual sea la causa, y en unas provincias es muy más
amarilla por razón de las flores. No pican estas abejas ni hacen (nada) cuando
las castran mal.
LA FLORA DE
YUCATÁN.
Mucha es, y muy de
notar, la diversidad de yerbas y flores que a Yucatán ornan en sus tiempos, así
en los árboles como en las yerbas y muchas de ellas a maravilla lindas y
herinosas y de diversos colores y olores, las cuales, allende el ornato con que
a los montes y campos atavían, dan abundantísimo mantenimiento a las abejitas
para su miel y cera. Pero entre ellas pondré aquí algunas, así por su
preciosidad de olor y hermosura, como por el provecho que de ellas los
moradores (le aquellas tierras tienen.
Hay ajenjos muy más
frescos y olorosos que los de acá y de más largas y delgadas hojitas y críanlos
los indios para sus olores y recreación, y he visto que se hacen más hermosos
con echarles las indias, al pie, cernada.
Hay una yerba de
muy anchas hojas y de altas y gordas ramas, de singular frescura y fertilidad,
porque de pedazos de las ramas se dan tanto, que crecen (a) la manera y
muchedumbre de las mimbreras, aunque en nada les son de comparar; tratada un
poco la hoja entre las manos, tiene el verdadero olor del trébol, aunque lo
pierde después de seca; es muy buena para frescura de los templos en las
fiestas, y (para) esto sirve.
Hay tanta albahaca,
que están los montes llenos de ella en (127) algunas partes, y con nacer en
aquellas peñas es muy fresca, hermosa y olorosa, aunque no se compara a la que
se cría en las huertas, llevada de acá, que es cosa de ver lo que cría y ensancha
cada pie.
Hay una flor que
llaman tixzula del más delicado olor que yo he olido y mucho
más que los jazmines; es blanca y la hay morada clara, y (como) su tronco es de
cebollas gordas se podría traer a España. Es, pues de esta manera: echan sus
cebollas unas espadañas altas y gruesas muy frescas, que duran todo el año y
dan en medio una vez al año, un mástil verde, ancho como de tres dedos, y gordo
y tan largo como las espadañas; y en el cabo de este mástil salen las flores en
un manojo, cada una de un jeme de largo con (todo y) pezón, abiertas, que dan
cinco hojitas largas y abiertas, y ciérralas por lo bajo una tela blanca,
dedicada, y en medio tienen unas telitas amarillas (y estas flores son) a
maravilla de hermosas de blanco y amarillo. Cortado este vástago y puesto en un
jarro de agua, dura con suave olor muchos (lías, porque no se abren las flores
juntas, sino poco a poco.
Hay unas azucenitas
muy blancas y olorosas y que duran mucho en agua, y fáciles de traer acá,
porque son también de Cebolla y en todo semejantes a las azucenas, salvo que el
olor es más suave y no dañoso a la cabeza, y no tienen en medio lo
amarillo de las
azucenas. Hay una rosa llamada ixlaul que me han dicho que es
de mucha hermosura y olor.
Hay también un
género de árboles que llaman nicté que llevan muchas rosas
blancas y otras amarillas y otras, en medio, moradas: son de mucha frescura y
olor y hacen de ellas galanos ramilletes y los que quieren, (hacen) letuario.
Hay una flor que llaman Kom, la cual es de mucho olor y arde
de gran calor cuando huele; podríase fácilmente traer acá, y son sus hojas a
maravilla frescas y anchas. Sin estas flores y yerbas olorosas hay otras muy
provechosas y medicinales entre las cuales hay dos maneras de yerbamora muy
fresca y muy linda.
Hay mucha doradilla
y culantrillo y una yerba con cuyas hojas cocidas y agua se quitan a maravilla
las hinchazones de los pies y piernas. Hay otra muy singular para curar llagas
viejas que llaman iaxpalialche. Hay también otra que tiene el
mismo sabor del hinojo y se come y es muy buena para cocer agua y para curar
llagas, puesta así cruda como la pasada. Hay en lo de Bac-halar zarzaparrilla.
(128) Tienen cierta yerba
que crían en los pozos y en otras partes, triangulada como la juncia, pero muy
más gorda, de la cual hacen sus ceras y la suelen teñir de colores y hácenlas
muy lindas a maravilla. Tienen una yerba silvestre, que también la crían en sus
casas, y es mejor, de la cual sacan su manera de cáñamo de que hacen infinitas
cosas para su servicio. También crían en algunos árboles, sin ser de su
cosecha, un cierto género de yerbas las cuales echan unas frutas como pequeños
cohombros, de los cuales se hacen sus gomas o colas con que pegan lo que han
menester.
Las simientes que
para la humana sustentación tienen, son: muy buen maíz y de muchas diferencias
y colores, de lo cual cogen mucho y hacen trojes y guardan en silos para los
anos estériles. Hay dos castas de habas pequeñas, las unas negras y las otras
de diversos colores, y otra que han llevado los españoles, blanquillas y
pequeñas. Hay de su pimienta; muchas diferencias de calabazas, algunas de las
cuales son para sacar pepitas para hacer guisados, otras para comer asadas y
cocidas y otras para vasos de sus servicios; tienen ya melones, y muy buenos, y
calabazas de España; los hemos puesto a coger mijo, que es buen mantenimiento;
tiene una fruta a maravilla fresca y sabrosa que se siembra y la fruta es la
raíz que nace como nabo gordo y redondo: cómense crudas con sal; la otra raíz
que nace debajo de tierra sembrándola, que es grande mantenimiento, y es de
muchas diferencias, que hay moradas, amarillas y blancas, cómense cocidas y
asadas y son buena comida, y tiran algo a castañas, y ayudan, asadas, a beber.
Hay otros dos géneros de raíces y son mantenimiento de los indios. Otras dos
raíces silvestres hay que se parecen algo a las dos que primero he dicho, y
ayudan en tiempos de necesidad de hambre a los indios, que sin ella no curan de
ellas. Tienen un arbolillo de blandas ramas y que tiene mucha leche, las hojas
del cual se comen guisadas, y
son como berzas de
comer y buenas con mucho tocino gordo. Plántanlo los indios luego do quiera van
a morar, y en todo el año tiene hoja que cogerle. Hay muy frescas achicorias, y
criábanlas en las heredades aunque no las saben comer.
Cosa es de mucho
alabar a Dios con el profeta que dice: „admirable es, Señor, tu nombre en toda
la tierra", por la muchedumbre de árboles que en esta tierra Su Majestad
crió, todos tan desemejantes de los nuestros, que hasta hoy (no) se ha visto
(129) uno que conozca, digo en Yucatán, que fuera sí he visto, y de todos
tienen sus servicios y provechos los indios y aun los españoles. Hay un árbol
de cuya fruta, que es como una calabaza redonda, hacen los indios sus vasos, y
son muy buenos y hácenlos ellos muy pintados y galanos. De esta misma casta hay
otro que lleva la fruta más pequeña y muy dura y hacen de ella otros vasillos
para ungüentos y otros servicios. Hay otro, el cual lleva una frutilla como
avellana de cuesco, de la cual se hacen buenas cuentas, y con la cáscara se
lava la ropa como un jabón, y así hace su espuma.
Criaban mucho el
árbol del incienso para los demonios, y sacábanselo hiriendo con una piedra el
árbol en la corteza para que allí corriese aquella goma o resma; es árbol
fresco, alto y de buena sombra y hoja, pero su flor hace negra la cera donde lo
hay. Hay un árbol que crían en los pozos, muy hermoso de alto, y fresco de
hoja, y que es maravilla lo que extiende sus ramas, las cuales nacen en el
tronco por mucho orden, que nacen de tres en tres o más, a trozos, a la redonda
del árbol, y así se van extendiendo ellas y la guía creciendo.
Hay cedros, aunque
no de los finos. Hay una casta de palo algo amarillo y vetoso como encina, a
maravilla fuerte y de mucha dur(ez)a y tan recio, que lo hallamos en las
puertas de los edificios de Izamal, puesto por batientes y cargada
la obra toda sobre él. Hay otro, fortísimo, y hacían de él los arcos y las
lanzas y es de color leonado. Otro hay de color anaranjado oscuro, de que
hacían bordones; es muy fuerte y creo se dice esbrasil. Hay
muchos árboles de los que dicen son buenos para la enfermedad de bubas, y
llámanle zon. Hay un árbol que lleva leche la cual es rejalgar
y llaga cuanto toca, y su sombra es muy pestífera, especial(mente) si se duerme
a ella. Hay otro que todo él está lleno de pares de espinas largas y muy duras
y gordas, que no hay ave que en él repose jamás ni se pueda en él asentar;
tiene unas espinas agujereadas por el tronco y llenas siempre de hormigas. Hay
un árbol de muy gran altura y grandeza; lleva una fruta como algarrobas llena
de unos piñones negros, y que en tiempo de necesidad hacen de ella comida los
indios, y con sus raíces hacen cubos para sacar agua de los pozos y norias.
Otros árboles hay
de cuyas cortezas hacen los indios cubillos para sacar agua para sí, y otros de
que hacen las sogas, y otros, de cuyas cortezas majadas, hacen un caldo para
(130) bruñir con él los encalados, y los hace muy fuertes. Hay muy hermosas moreras
y es buena madera, y tienen otros tantos árboles y de todo
servicio y
provecho, que espanta. Tienen en los campos y montes muchas diferencias de
mimbres, de los cuales hacen cestas de todas maneras y con los cuales atan sus
casas y cuanto han menester, y es muy grande a maravilla el servicio que de
esto tienen. Hay un árbol cuya leche es singular medicina para encarnar los
dientes. Hay otro que lleva cierta fruta grande, llena de lana mejor para
almohadas que las estopas de la Alcarria.
Temiendo hacer
agravio a la fruta o sus árboles los he acordado poner por sí, y primero diré
del vino como cosa que los indios mucho estimaban y por eso lo plantaban casi
todos en sus corrales o espacios de sus casas. Es árbol feo y sin mas fruto que
hacer de sus raíces y miel y agua, su vino. Hay en esta tierra ciertas parras
silvestres que llevan uvas comestibles; hay muchas en la costa de Kupul. Hay
ciruelos de muchas diferencias de ciruelas y algunas muy sabrosas y sanas y
diferentísimas de las nuestras, que tienen poca carne y gran cuesco, al revés
de las que acá hay; a qué comprar (las) echa este árbol las frutas antes que
las hojas; y sin flor sino la fruta. Hay muchos plátanos y los han llevado los
españoles, que no los había antes. Hay un árbol muy grande, el cual lleva una
fruta grande, algo larga y gorda cuya carne es colorada, y muy buena de comer;
no echa flor sino la propia fruta, muy pequeñita y va creciendo muy poco a
poco. Hay otro árbol muy frondoso y hermoso y que nunca se le cae la hoja, y
sin echar flor, echa una fruta de tanta y más dulzura que la de arriba,
pequeña, muy golosa y gustosa de comer y muy delicada, y hay unos mejores que
otros, y tanto mejores que serían muy preciados si los tuviésemos: llámanlos en
la lengua Ya. Hay otro muy hermoso y fresco árbol que nunca
pierde la hoja y lleva unos higuillos sabrosos que llaman Ox. Hay
otro árbol a maravilla hermoso y fresco y lleva la fruta como huevos grandes.
Cógenia verde los indios y madúranla en ceniza, y madura, queda a maravilla y
al comer(la) es dulce y empalaga como yemas de huevo. Otro árbol lleva otra
fruta así amarilla y no tan grande como esta otra y más blanda y dulce que
ella, la cual comida, queda el cuesco como blando erizo todo, que es de ver.
Hay otro muy fresco y hermoso árbol que lleva una fruta ni más ni menos que las
avellanas con su cáscara; tienen debajo (de) aquella cáscara (131) una fruta
como guindas, y su cuesco (es) grande; llámanlas los indios Vayam y
los españoles Guayas. Hay una fruta que los españoles han llevado,
de buen comer y sana, que llaman Guayabas.
En las sierras hay
dos géneros de árboles. El uno lleva unas frutas tan grandes como una buena
pera, muy verdes, y de gorda corteza, las cuales maduran aporreándolas todas en
una piedra, y son después de muy singular sabor. El otro lleva unas frutas muy grandes,
de la hechura de las piñas, y tienen gustoso comer, que son aguanosas y acedas,
y tienen muchos cuescos, pequeños, pero no son sanas. Hay un árbol el cual se
da siempre en los rasos, y nunca entre los árboles sino solos ellos, cuya
corteza es muy
buena para adobar cueros y sirve (como) zumaque; lleva una frutilla amarilla
sabrosa y golosa mucho para las mujeres. Hay un árbol muy grande y fresco al
cual llaman los indios On; lleva una fruta como calabacillas
grandezuelas de gran suavidad que parece a sabor de manteca y es mantecosa, y
es de muy gran mantenimiento y substancia. Tiene gran cuesco y delicada
cáscara, y cómese cortado (en) rebanadas como melón y con sal.
Hay unos cardos muy
espinosos y feos, y crecen a trozos siempre pegados a otros árboles, revueltos
con ellos. Estos llevan una fruta cuya corteza es colorada y semejante algo a
la hechura de la alcachofa y blanda de quitar y sin ninguna espina. La carne que
dentro tiene es blanca y llena de muy pequeños granos negros. Es dulce y
delicada a maravilla y aguanosa que se deshace en la boca; cómese a ruedas como
naranjas y con sal, y no hallan los indios tantas por los montes cuantas comen
los españoles.
Hay un árbol fofo y
feo aunque grande, que lleva cierta manera de fruta llena de tripas amarillas
muy sabrosas y cosquezue. los como cañamones y muy mayores, los cuales son muy
sanos para la orina. De esta fruta hacen buena conserva y echa el árbol la hoja
después de pasada la fruta. Hay un árbol algo espinoso pequeño, el cual lleva
una fruta de hechura de delgados pepinos y algo larga. Tiene alguna similitud
su sabor con el cardo, y cómese así, con sal, partida en rebanadas, y los
cuescos son como los del cohombro, muchos y tiernos. Si acierta a tener esta
fruta algún agujero por algún accidente estando en el árbol, en él se le recoge
una gomilla (de) muy fino olor de algalia. Hay otro árbol cuya flor es asaz de
suave olor, y cuya fruta es la que acá en España llaman del manjar blanco, y
hay muchas diversidades de ellos en el llevar fruta buena y mejor.
(132) Hay un arbolito que
suelen los indios criar en sus casas, el cual lleva unos erizos como las
castañas, aunque no son tan grandes ni tan ásperos. Abrense cuando están en
sazón y tienen dentro unos granillos de los cuales usan, aun los españoles,
para dar color a los guisados, como lo da el azafrán, y (es) tan fino el color
que mancha mucho. Bien creo se me deben quedar más frutas, pero todavía diré de
la de las palmas, de las cuales hay dos castas. Las unas sirven sus ramas
(para) cubrir las casas, y son muy altas y delgadas, y llevan unos muy grandes
racimos de una golosilla fruta negra como garbanzos (a las que) son muy
aficionadas las indias. Las otras son unas palmas bajas y muy espinosas, y no
sirve su hoja de nada, que es muy cortilla y rara. Llevan unos gran des racimos
de una fruta redonda, verde, tan grande como huevo de paloma. Quitada la
cáscara le queda un cuesco de gran dureza y quebrado, sale de él una pepita
redonda tan grande como una avellana, muy sabrosa y provechosa en tiempos estériles,
que hacen de ella la comida caliente que beben en las mañanas, y a falta, se
guisaría con su leche, que es como de las almendras, cualquier manjar.
Cógese mucho
algodón a maravilla, y dáse en todas las parte de la tierra, de lo cual hay dos
castas: la una siembran cada año y no dura más que aquel año su arbolito, y es
muy pequeño; la otra dura el árbol cinco o seis años y (en) todos da sus frutos
que son unos capullos como nueces con cáscara verde, los cuale se abren en
cuatro partes a su tiempo y allí tiene el algodón.
Solíase coger
grana, y dicen que era de la mejor de las Indias por ser tierra seca, y todavía
cogen en algunas partes alguna, lo indios. Colores hay de muchas diversidades,
hechos de tintas de algunos árboles, y de flores, y porque los indios no han
sabido pei feccionarlos con las gomas para que les den el temple que ha
menester para que no desdigan, desdicen. Pero los que cogen la seda han ya
buscado remedios y dicen se darán tan perfectos com en las partes que más
perfectos se dan.
AVES DE LA TIERRA Y
EL MAR
La abundancia que
tiene esta tierra de aves es a maravilla grande, y tan diversas, que es mucho
alabar al que de ellas las (133) hinchió como de bendición. Tienen aves
domésticas y que crían en las casas como son sus gallinas y gallos en mucha
cantidad, aunque son penosos de criar. Hanse dado a criar aves de España,
gallinas, y crían muchas a maravilla, y en todos los tiempos del año hay pollos
de ellas. Crían algunas palomas mansas, de las nuestras, y (se) multiplican
mucho. Crían para la pluma cierta casta de anadones blancos grandes, que creo
les vinieron del Perú, y así les pelan muchas veces las barrigas, y quieren
aquella pluma para las labores de sus ropas.
Hay muchas
diversidades de pájaros y muchos muy lindos, y entre ellos hay dos castas de
tortolillas muy saladas, y las unas muy chiquitas y domésticas para criar,
mansas. Hay un pajarito pequeño, de tan suave canto como el ruiseñor, que
llaman Ixyalchamil; anda en las paredes de las casas que
tienen huertas y en los árboles de ellas. Hay otro pájaro grande y
muy lindo, de color verde muy oscuro, que no tiene en la cola más de dos plumas
largas, y con no más de la mitad, y al cabo, (unos) pelos en ellas, y su morar
es en los edificios, y no anda sino a las mañanas. Hay otros pájaros que en las
travesuras y cuerpo son como las picazas y grandes gritadores a la gente que
pasa por los caminos, que no la dejan ir secreta(mente). Hay muchos
avioncillos (sic) o golondrinas, y yo he creído que son
aviones porque no crían en las casas como las golondrinas.
Hay un pájaro
grande y de muchos colores y hermosura el cual tiene gran pico y muy fuerte, y
anda siempre en ]os árboles secos, asido con las uñas, agujereando las cortezas
aherronadas con el pico tan recio que se oye buena pieza, para sacar los
gusanos de la carcoma, de los cuales se mantiene; y es tanto lo que agujerean
estos pájaros, que están los árboles que crían estos gusanos, de arriba abajo,
hechos una criba de agujeros.
Hay muchas aves del
campo, buenas todas para comer, que hay tres maneras de muy lindas palomitas
pequeñas. Hay unas aves en todo semejantes a las perdices de España, salvo que
son de muy altas piernas, aunque coloradas, y tienen ruin comer; son, empero, a
maravilla domésticas, si se crían en casa. Hay muchas codornices a maravilla, y
son algo mayores que las nuestras, y de singular comer; vuelan poco y tománlas
los indios con perros, encaramadas en los árboles, con lazos que les echan al
pescuezo, y es muy gustosa caza. Hay muchos faisanes pardillos y pintados y de
razonable tamaño, y no tales para Comer como los de Italia.
(134) Hay un pájaro
grande como las gallinas de allá que llaman Cambul, muy
hermoso a maravilla y de gran denuedo y buen comer. Hay otro que llaman Cox,
tan grande como él,
de furioso paso y meneo, y son los machos negros todos como un azabache, y
tienen unas coronas muy lindas de plumas, crespas, y los párpados de los ojos
amarillos y muy lindos. Hay muchos pavos que aunque no son de tan hermosas
plumas como los de acá de España, las tienen muy galanas y son a maravilla
hermosos, y tan grandes como los gallos de los indios y de tan buen comer.
A todas las grandes
matan los indios, en los árboles, con las flechas, y a todas les hurtan los
huevos y los (empollan) sus gallinas, y se crían muy domésticas. Hay tres o
cuatro castas de papagayos pequeños y grandes y tantas banda(da)s de ellos, que
hacen mucho daño a las sementeras.
Hay otras aves
nocturnas, como son las lechuzas, mochuelos, y gallinas ciegas, que es cosa de
pasatiempo caminar de noche pues se ven grandes piezas en el camino, poniéndose
a vuelos delante de los hombres. Amohinan mucho a los indios y tiénenlas por
agúero, y lo mismo tienen a otros pájaros.
Hay unas aves muy
carniceras que llaman los españoles auras y los indios kuch, las
cuales son negras y tienen el pescuezo y cabeza como las gallinas de allá, y el
pico larguillo con un garabato. Son muy sucias; casi siempre andan en los
establos en lugares de la purgación del vientre comiéndolas y buscando carnes
muertas para comer. Es cosa averiguada no habérsele hasta ahora conocido nido
ni saber dónde crían por lo cual dicen algunos (que) viven vidas de doscientos
años y más, y otros creen (que son) los verdaderos cuervos. Huelen tanto la
carne muerta que para hallar los indios los venados que matan y se les huyen
heridos, no tienen remedio sino subidos en altos árboles mirar adonde acuden
estas aves, y es cierto hallar allí su caza.
De aves de rapiña
es a maravilla mucha la diversidad que hay, porque hay águilas pequeñas, hay
muy lindos azores y muy grandes cazadores, hay gavilanes muy hermosos y mayores
que los de acá de España. Hay alcotanes y sacres, y otros que, como no soy cazador,
no tengo memoria.
En el mar es cosa
que admira la infinidad, la variedad y la diversidad y muchedumbre que hay de
aves y pájaros, y la hermosura de cada una en sus géneros. Hay unos pájaros tan
grandes como avestruces, pardos y de mayor pico; andan siempre en el (135) agua
buscando que pescar y así como sienten al pescado, álzanse en el aire y caen
con gran ímpetu sobre la pesca con aquel picazo y pescuezo, y jamás echan lance
vacío, y quédanse, en haciendo el golpe, nadando y tragando al pez vivo sin más
lo guisar ni escamar. Hay unos pájaros grandes, flacos y que vuelan mucho y muy
alto, los cuales dividen la cola en sus dos puntas, la enjundia de los cuales
es a maravilla medicinal para señales de heridas y para pasmo de miembros por
causa de heridas. Hay unos anadones que se sustentan grandísimo rato debajo del
agua, para pescar de comer, y son muy sueltos y tienen
en el pico un
garfio con que pescan. Hay otros anadoncitos pequeños y de mucha hermosura que
se llaman Maxix; son muy mansitos y se crían en casa, y no se
saben huir.
Hay muchas maneras
de garzas y garcetas, unas blancas, otras pardas, unas grandes, otras pequeñas;
en las Lagunas de Términos hay muchas encarnadas muy claras que parecen de
color de polvo de grana, y tantas maneras de pajarillos chicos y grandes, que
porien admiración su muchedumbre y diversidad, y más el verlos a todos
cuidadosos de buscar de comer en aquella playa, unos entrando tras la ola en la
reventazón del mar, y después huyendo de ella, otros buscando comida a las
orillas, otros quitándola a otros con llegar más presto a ella, y lo que más
admira: ver que a todos los provee Dios (y) que los hinche de bendición.
OTROS ANIMALES DE
YUCATÁN
De muchos animales
han carecido los indios; y especialmente han carecido de los que más necesarios
son para el servicio del hombre; pero tenían otros de los más, de los cuales se
aprovechaban para su mantenimiento, y ninguno de ellos era doméstico salvo los
perros, los cuales no saben ladrar ni hacer mal a los hombres, y a la caza sí,
que encaraman las codornices y otras aves y siguen mucho (a) los venados y
algunos son grandes rastreado res. Son pequeños y comíanlos los indios por
fiesta, y yo creo se afrentan y tienen (hoy) por poquedad comerlos. Dicen que
tenían muy buen sabor.
(136) Hay dantas en sólo
un cornijal de la tierra que está detrás de las sierras de Campeche; y hay
muchas, y hanme dicho los indios que son de muchos colores, que hay rucias y
oberas, bayas y castañas, y muy blancas y negras. Andan más en este pedazo de
tierra que en toda ella, porque es animal muy amigo de(l) agua y hay por allí
muchas lagunas de aquellos montes y sierras. Es animal del tamaño de medianas
mulas, muy ligero y tiene zapata hendida como el buey, y una trompilla en el
hocico en que guarda agua. Tenían los indios por gran valentía matarlas y
duraba para memoria el pellejo, o partes de él, hasta los biznietos, como lo vi
yo; llámanla Tzimin, y por ellas han puesto nombre a los
caballos.
Hay leoncillos y
tigres, y matánlos los indios con el arco, encaramados en los árboles. Hay un
cierto género de oso o quier (sic) que es a maravilla amigo de
castrar colmenas. Es pardo con uñas manchas negras y largo de cuerpo y corto de
piernas y cabecirredondo.
Hay cierta casta de
cabrillas monteses, pequeñas y muy ligeras y hosquillas de color. Hay puercos,
animales pequeños y muy diferentes de los nuestros, que tienen el ombligo en el
lomo y hieden mucho. Hay muchos venados que es maravilla, y son pequeños y la
carne de buen comer. Conejos hay infinitos en todo semejantes a los nuestros,
salvo el hocico que lo tienen largo y no nada romo, sino como de carnero; son
grandes y de muy buen comer. Hay un animalito tristísimo de su natural y anda
siempre en las cavernas y escondrijos, y de noche; y para cazarlo le arman los
indios cierta trampa y en ella le cogen; es semejante a la liebre y anda a
saltos y encogido. Tiene los dientes delanteros muy largos y delgados, la
colilla aun menor que la liebre y el color xeloso (sic) y muy
sombrío y es a maravilla manso y amable y llámase Zub.
Hay otro animalito
pequeño, como un lechoncillo recién nacido, y así (tiene) las manezuelas y el
hocico y (es) gran hozeador, el cual está todo cubierto de graciosas conchas
que no parece sino caballo encubertado, con sólo las orejuelas y los pies y
manos fuera, y su
pescuezo y testera cubiertos de conchas; es muy bueno de comer y tierno.
Hay otros animales
como perrillos pequeños; tienen la cabeza de hechura de puerco y larga cola, y
son de color ahumado y a maravilla torpes; tanto, que los toman muchas veces de
la cola. Son muy golosos y andan de noche en las casas y no se les escapa gallina
en poco a poco. Paren las hembras catorce y dieciocho (137) hijuelos como
comadrejuelas y sin ningún abrigo de pelo y a maravilla torpecillos; y proveyó
Dios a las madres de una extraña bolsa en la barriga en que los amparan, porque
le nace a todo lo largo en la barriga, por cada parte y encima de las tetas, un
cuero, y cuando lo junta uno con otro, quedan cerradas las tetas, y cuando
quiere lo abre, y allí reciben los hijos, cada uno, el pezón de la teta en la
boca, y cuando los tienen todos asidos échales aquellas ijadas o cueros encima
y apriétalos tan fuertemente que ninguno se le cae, y con ellos, así cargada,
va por ahí a buscar de comer; crialos así hasta que tienen pelo y pueden andar.
Hay zorras en todo
como las de acá, salvo que no son tan grandes ni tienen tan buena cola. Hay un
animal que llaman Chu a maravilla travieso, tan grande como un
perrillo, de hocico como lechón. Críanlo las indias, y no les dejan cosa que no
les hozen y trastornen, y es cosa increíble que son a maravilla amigos de burla
con las indias, y las espulgan y se llegan siempre a ellas, y no pueden ver al
hombre más que a la muerte. Hay muchos de éstos y andan siempre a manadas en
hilo, uno tras otro, encajados los hocicos (de) los unos debajo de la cola de
los otros, y destruyen mucho la heredad de maíz donde entran.
Hay un animalito
como ardilla, blanco y de unas cinchitas amarillas oscuras cercado alrededor,
que llaman Pay, el cual se defiende de los que le siguen o
dañan con orinarse, y es de tan horrible hedor lo que echa, que no hay quien lo
pueda sufrir ni cosa en que caiga se puede más traer. Hánme dicho que no es
aquello orina sino un sudorcillo que trae en una bolsita detrás. Sea lo que
fuere, sus armas le defienden, y por maravilla matan uno de ellos los indios.
Hay muchas ardillas muy lindas, y topos y comadrejas y muchos ratones como los
de España, salvo que son de muy largos hocicos.
CONCLUSIÓN.
No han los indios
perdido sino ganado mucho con la ida de la nación española, aun en lo que es
menos, aunque es mucho, acrecentándoseles muchas cosas de las cuales han de
venir, andando los tiempos, a gozar por fuerza, y ya comienzan a gozar y usar
de muchas de ellas. Hay ya muchos y buenos caballos y muchas (138) mulas y
machos; los asnos se dan mal, y creo lo ha causado el regalarlos, porque sin
falta es bestia recia y que la daña el regalo. Hay muchas y muy hermosas vacas,
puercos muchos, carneros, ovejas cabras y de nuestros perros que merecen su
servicio, y que con ellos se ha, en las Indias, hecho contarlos entre las cosas
provechosas. Gatos que son muy provechosos y allá necesarios, y los quieren
mucho los indios. Gallinas y palomas, naranjas, limas, cidras, parras,
granadas, higos, guayabos y dátiles, plátanos, melones y las demás legumbres; y
sólo los melones y calabazas se dan de su simiente, que las demás es menester
simiente fresca de México. Dáse ya seda y es muy buena.
Hanles ido
herramientas y el uso de los oficios mecánicos, dánselas muy bien. El uso de la
moneda y de otras muchas cosas de España, que aunque los indios habían pasado y
podido pasar sin ellas, viven sin comparación con ellas más como hombres y mas
ayudados a sus trabajos corporales y a la relevación de ellos que según la
sentencia del filósofo, el arte ayuda a la naturaleza.
No ha dado Dios
acrecentamiento a los indios con la nuestra nación Española de las cosas dichas
tan necesarias al servicio del hombre, que por solas ellas no pagan con lo que
dan o darán a los españoles, tan solamente; pero les han ido sin paga las que no
se pueden comprar ni merecer, que son la justicia y cristiandad y paz en que ya
viven; por lo cual deben más a España y a sus españoles, y principalmente a los
muy católicos reyes de ellas -que con tan continuo cuidado y con tan grande
cristiandad de estas dos cosas los han proveído y los proveen-, que a sus
primeros fundadores, malos padres que los engendraron en pecado e hijos de ira,
que la cristiandad los engendra en gracia y para gozar la vida eterna. Sus
primeros fundadores no les supieron dar orden (para que) careciesen de (los)
errores tantos y tales como en los que han vivido. La justicia los ha sacado de
ellos mediante la predicación, y ella los ha de guardar no tornar a ellos; y si
tornaren, los ha de sacar de ellos con razón, pues, se puede gloriar España en
Dios, pues la eligió entre otras naciones para remedio de tantas gentes, por lo
cual ellas le deben mucho más que a sus fundadores ni genitores; que si como el
bienaventurado San Gregorio dice, no nos fuera de mucho provecho nacer si no
viniéramos a ser de Cristo, bien ruestro,
redimidos. Ni más
ni menos ¿qué fruto -podemos decir con Anselmo - nos trae el ser redimidos si
no conseguimos el fruto
de la redención que
es nuestra salvación? Y así, yerran mucho (139) los que dicen que porque los
indios han recibido agravios, vejaciones y malos ejemplos de los españoles,
hubiera sido mejor no los haber descubierto, porque vejaciones y agravios
mayores eran los que unos a otros se hacían perpetuamente matándose, haciéndose
esclavos y sacrificándose a los demonios. Mal ejemplo, si lo han recibido o de
algunos lo reciben ahora, el rey lo ha remediado y remedia cada día con sus
justicias y con la continua predicación y perseverante contradicción de los
religiosos a quienes los dan y han dado; y cuanto más es evangélica la
doctrina, los malos ejemplos y los escándalos son necesarios, y así creo lo han
sido entre esta gente para que ella supiese, apartando el oro del lodo y ej
grano de la paja, estimar la virtud como lo han hecho, viendo con el filósofo
que resplandecen las virtudes entre los vicios y los virtuosos entre los
viciosos, y el que mal ejemplo o escándalo les ha dado, su terrible ¡guay!
tiene si no los satisface con (algo) bueno; y tú, carísimo lector, pídelo así
de tu parte a Dios y recibe mi poco de trabajo perdonando los defectos de él, y
acordándote, cuando con ellos topares, que no sólo no les defiendo, como San
Augustín dice (que) decía de sí Tulio, el cual decía nunca había dicho palabra
que la quisiese revocar, y no agradó al santo por ser tan propio el errar de
los hombres; pero al principio, antes que los topes, los toparás revocados o
confesados en mis introducciones o prólogos, y así juzgarás con el
bienaventurado Agustín en la epístola a Marcela, la diferencia entre quien
confiesa su yerro o falta y el que las defiende, y perdonarás las mías como
dice el profeta hace Dios (con) las mías y las tuyas, diciendo: Señor, yo dije
que confesaré mi maldad e injusticia, y luego tú la(s) perdonaste.
El historiador de
las cosas de las Indias, a quien (se) le debe mucho en ellas por su trabajo y
por la lumbre que la dio, dice hablando de las cosas de Yucatán que usaban
honda en la guerra y varas tostadas; y de las cosas que en la guerra usaban ya
lo dejo dicho y no me espanto le pareciesen a Francisco Hernández de Córdoba y
a Juan de Grijalva, de honda las pedradas que les tiraban los indios, cuando en
Champotón los desbarataron, pero no saben tirar con honda ni la conocen, aunque
tiran muy certera y recia una piedra, y encaran con cl brazo izquierdo y el
dedo índice a lo que tiran. Dice hay liebres: como no sean las que hallarás en
el párrafo II del capítulo LI. Dice hay perdices y que tales, y como sean,
(las) hallarás en el párrafo I del capítulo L. Dice más nuestro historiador:
que hallaron en el cabo de Cotoch cruces entre (140) los
muertos y los ídolos, y que no lo cree porque si fueran de los
españoles que de España se despoblaron cuando se perdió, tocaran de fuerza
primero en otras tierras, que hay muchas. Yo, no por esta razón que no me
convence, no lo creo porque no se sabe de las otras partes que podían reconocer
y a
dónde antes que a
Yucatán podían llegar, si llegaron o no, tampoco como en estas de Yucatán. Pero
por lo que no lo creo es porque cuando Francisco Hernández y Grijalva llegaron
a Cotoch, no andaban a desenterrar muertos sino a buscar oro
entre los vivos, y también creo de la virtud de la cruz y de la malicia del
demonio que no sufriera ver cruz entre los ídolos, en peligro de que
milagrosamente algún día su virtud se los quebrantara y a él le ahuyentara y
confundiera como hizo a Dagón el arca del testamento con no estar consagrada
con sangre del hijo de Dios y dignificada con sus divinos miembros, como la
santa cruz. Pero con todo eso, diré lo que me dijo un señor de los indios,
hombre de muy buen entendimiento y de mucha reputación entre ellos: hablando en
esta materia un día y preguntándole yo si había oído algún tiempo nuevas de
Cristo, Nuestro Señor, o de su Cruz, díjome que no había oído jamás nada a sus
antepasados de Cristo ni de la Cruz, más de que desbaratando un edificio
pequeño en cierta parte de la costa, habían hallado en urios sepulcros, sobre
los cuerpos y huesos de los difuntos, unas cruces pequeñas de metal, y que no
miraron en lo de la cruz hasta ahora que eran cristianos y la veían venerar y
adorar, que habían creído lo debían ser aquellos difuntos que allí se habían
enterrado. Si esto fue así, es posible haber allí llegado alguna poca gente de
España y consumídose en breve, y no haber podido quedar, por eso, memoria de
ello.

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