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Libro N° 13825. El Divino Narciso. De La Cruz, Sor Juana Inés.

 


© Libro N° 13825. El Divino Narciso. De La Cruz, Sor Juana Inés. Emancipación. Mayo 10 de 2025

  

Título Original: © El Divino Narciso. Sor Juana Inés De La Cruz

 

Versión Original: © El Divino Narciso. Sor Juana Inés De La Cruz

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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EL DIVINO NARCISO

Sor Juana Inés De La Cruz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Divino Narciso

Sor Juana Inés De La Cruz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL DIVINO NARCISO

 

SOR JUANA INES DE LA CRUZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

PERSONAJES

 

EL DIVINO NARCISO

 

LA NATURALEZA HUMANA

 

LA GRACIA

 

LA GENTILIDAD

 

LA SINAGOGA

 

ENÓS

 

UN ÁNGEL

 

ECO, LA NATURALEZA ANGÉLICA RÉPROBA LA SOBERBIA

EL AMOR PROPIO

 

NINFAS

 

PASTORES

 

ABRAHAM

 

DOS COROS DE MÚSICA


 

 

 

 

 

 

 

Cuadro primero

 

ESCENA I

 

(Salen, por una parte, la Gentilidad, de ninfa, con acompañamiento de Ninfas y Pastores; y por otra, la Sinagoga, también de ninfa, con su acompañamiento, que serán los músicos; y detrás, muy bizarra, la Naturaleza Humana, oyendo lo que cantan.)

 

SINAGOGA

¡Alabad  al  Señor  todos  los

hom-

bres!

 

 

 

CORO 1º

¡Alabad al Señor todos los hombres!

SINAGOGA

Un nuevo canto entonad

 

 

a su divina beldad

 

 

y en cuanto la luz alcanza,

 

 

suene la eterna alabanza

 

 

de la gloria de su nombre.

 

CORO 1º

¡Alabad al Señor todos los hom-

bres!

 

 

 

GENTILIDAD

¡Aplaudid a Narciso, plantas y flores!

 

Y pues su beldad divina,

10

 

sin igualdad peregrina,

 

 

es sobre toda hermosura,

 

 

que se vio en otra criatura,

 

 

y en todas inspira amores,

 

CORO 2º

¡alabad a Narciso, fuentes y flores!

SINAGOGA

¡Alabad,

 

GENTILIDAD

aplaudid,

 

SINAGOGA

con himnos,

 

GENTILIDAD

con voces,

 

SINAGOGA

al Señor,

 

GENTILIDAD

a Narciso,

 


 

5


SINAGOGA

todos los hombres,

 

GENTILIDAD

Fuentes y flores!

 

(Pónese la Naturaleza Humana en medio de los dos Coros.)

NATURALEZA HUM

 

 

ANA

 

 

 

Gentilidad, Sinagoga,

 

 

que en dulces métricas voces

 

 

a Dios aplaude la una,

20

 

y la otra celebra a un hombre:

 

 

escuchadme lo que os digo,

 

 

atended a mis razones,

 

 

que pues soy madre de entrambas,

 

 

a entrambas es bien que toque

 

 

por ley natural oírme.

 

SINAGOGA

Ya mi amor te reconoce,

 

 

¡Oh Naturaleza!, madre

 

 

común de todos los hombres.

 

GENTILIDAD

Y yo también te obedezco,

30

 

pues aunque andemos discordes

 

 

yo y la Sinagoga, no

 

 

por eso te desconoce

 

 

mi amor, antes te venera.

 

SINAGOGA

Y sólo en esto conformes

 

 

estamos, pues observamos,

 

 

ella allá entre sus errores

 

 

y yo acá entre mis verdades,

 

 

aquel precepto, que impone,

 

 

de que uno a otro no le haga

40

 

lo que él para sí no abone;

 

 

y como padre ninguno

 

 

quiere que el hijo le enoje,

 

así no fuera razón

 

que a nuestras obligaciones

 

faltáramos, con negar

 

6


nuestra atención a tus voces.

 

GENTILIDAD

Así es; porque este precepto,

 

 

porque ninguno lo ignore,

 

 

se lo escribes a tus hijos

50

 

dentro de los corazones.

 

NATURALEZA HUM

 

 

ANA

 

 

 

Bien está; que ese precepto

 

 

basta, para que se note

 

 

que como a madre común

 

 

me debéis las atenciones.

 

SINAGOGA

Pues dinos lo que pretendes.

 

GENTILIDAD

Pues dinos lo que dispones.

 

NATURALEZA HUM

 

 

ANA

 

 

 

Digo, que habiendo escuchado

 

 

en vuestras métricas voces

 

 

los diferentes objetos

60

 

de vuestras aclamaciones:

 

 

pues tú, Gentilidad ciega,

 

 

errada, ignorante y torpe,

 

 

a una caduca beldad

 

 

aplaudes en tus loores,

 

 

y tú, Sinagoga, cierta

 

 

de las verdades que oyes

 

 

en tus profetas, a Dios

 

 

Le rindes veneraciones;

 

 

dejando de discurrir

70

 

en vuestras oposiciones,

 

(A la Gentilidad.)

 

 

 

pues claro está que tú yerras

 

(A la Sinagoga.)

 

y claro el que tú conoces

 

aunque vendrá tiempo, en que

 

7


trocándose las acciones,

 

la Gentilidad conozca,

 

y la Sinagoga ignore...

 

Mas esto ahora no es del caso;

 

y así, volviéndome al orden

 

del discurso, digo que

80

oyendo vuestras canciones,

 

me he pasado a cotejar

 

cuán misteriosas se esconden

 

aquellas ciertas verdades

 

debajo de estas ficciones.

 

Pues si en tu Narciso, tú

 

tanta perfección supones,

 

que dices que es su hermosura

 

imán de los corazones,

 

y que no sólo la siguen

90

las ninfas y los pastores,

 

sino las aves y fieras,

 

los collados y los montes,

 

los arroyos y las fuentes,

 

las plantas, hierbas y flores,

 

¿con cuánta mayor razón

 

estas sumas perfecciones

 

se verifican de Dios,

 

a cuya beldad los orbes,

 

para servirle de espejos,

100

indignos se reconocen;

 

y a quien todas las criaturas

 

 

(aunque no hubiera razones

 

de tan grandes beneficios,

 

de tan extraños favores)

 

por su hermosura, no más,

 

debieran adoraciones;

 

y a quien la Naturaleza

 

8


(que soy yo), con atenciones,

 

 

como a mi centro apetezco

110

 

y sigo como a mi norte?

 

 

Y así, pues madre de entrambas

 

 

soy, intento con colores

 

 

alegóricos, que ideas

 

 

representables componen,

 

(A la Sinagoga.)

 

 

 

tomar de la una el sentido,

 

(A la Gentilidad.)

 

 

 

tomar de la otra las voces,

 

 

y en metafóricas frases,

 

 

tomando sus locuciones

 

 

y en figura de Narciso,

120

 

solicitar los amores

 

 

de Dios, a ver si dibujan

 

 

estos obscuros borrones

 

 

la claridad de sus luces;

 

 

pues muchas veces conformes

 

 

divinas y humanas letras,

 

 

dan a entender que Dios pone

 

 

aun en las plumas gentiles

 

 

unos visos en que asomen

 

 

los altos misterios suyos;

130

 

y así quiero que, concordes,

 

(A la Sinagoga.)

 

 

 

tú des el cuerpo a la idea,

 

(A la Gentilidad.)

 

 

 

y tú el vestido le cortes.

 

 

¿Qué decís?

 

SINAGOGA

Que por la parte

 

 

que del intento me toque,

 

 

te serviré yo con darte

 

en todo lo que te importen,

 

9


los versos de mis profetas,

 

 

los coros de mis cantores.

 

GENTILIDAD

Yo, aunque no te entiendo bien,

140

 

pues es lo que me propones,

 

 

que sólo te dé materia

 

 

para que tú allá la informes

 

 

de otra alma, de otro sentido

 

 

que mis ojos no conocen,

 

 

te daré de humanas letras

 

 

los poéticos primores

 

 

de la historia de Narciso.

 

NATURALEZA HUM

 

 

ANA

 

 

 

Pues volved a las acordes

 

 

músicas, en que os hallé,

150

 

porque quien oyere, logre

 

 

en la metáfora el ver

 

que, en estas amantes voces,

 

una cosa es la que entiende

 

y otra cosa la que oye.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10


ESCENA II

 

SINAGOGA

¡Alabad al Señor todos los hombres!

 

CORO 1º

¡Alabad al Señor todos los hombres!

 

GENTILIDAD

¡Aplaudid a Narciso, plantas y flores!

 

CORO 2º

¡Aplaudid a Narciso, fuentes y flores!

 

SINAGOGA

Todos los hombres Le alaben

160

 

y nunca su aplauso acaben

 

 

los ángeles en su altura,

 

 

el cielo con su hermosura,

 

 

y con sus giros los orbes.

 

CORO 1º

¡Alabad al Señor todos los hombres!

 

CORO 2º

¡Aplaudid a Narciso, fuentes y flores!

 

GENTILIDAD

Y pues su beldad hermosa,

 

 

soberana y prodigiosa,

 

 

es de todas la mayor,

 

 

cuyo sin igual primor

170

 

aplauden los horizontes,

 

CORO 2º

¡aplaudid a Narciso, fuentes y flores!

 

CORO 1º

¡Alabad al Señor todos los hombres!

 

SINAGOGA

Las aguas que sobre el cielo

 

 

forman cristalino hielo,

 

 

y las excelsas virtudes

 

 

que moran sus celsitudes,

 

 

todas Le alaben conformes.

 

CORO 1º

¡Alabad al Señor todos los hombres!

 

CORO 2º

¡Aplaudid a Narciso, fuentes y flores!

 

GENTILIDAD

A su bello resplandor

180

 

se para el claro farol

 

 

del sol; y por ver su cara,

 

 

el fogoso carro para,

 

 

mirando sus perfecciones.

 

CORO 2º

¡Aplaudid a Narciso, fuentes y flores!

 


 

11


CORO 1º

¡Alabad al Señor todos los hombres!

 

SINAGOGA

El sol, la luna y estrellas,

 

 

el fuego con sus centellas,

 

 

la niebla con el rocío,

 

 

la nieve, el hielo y el frío

190

 

y los días y las noches.

 

CORO 1º

¡Alabad al Señor todos los hombres!

 

CORO 2º

¡Aplaudid a Narciso, fuentes y flores!

 

GENTILIDAD

Su atractivo singular

 

 

no sólo llega a arrastrar

 

 

las ninfas y los zagales,

 

 

en su seguimiento iguales,

 

 

mas las peñas y los montes.

 

CORO 2º

¡Aplaudid a Narciso, fuentes y flores!

 

CORO 1º

¡Alabad al Señor, todos los hombres!

110

NATURALEZA HUM

 

 

ANA

 

 

 

¡Oh, qué bien suenan unidas

 

 

las alabanzas acordes,

 

 

que de su beldad divina

 

 

celebran las perfecciones!

 

 

Que aunque las desdichas mías

 

 

desterrada de sus soles

 

 

me tienen, no me prohíben

 

 

el que su belleza adore;

 

 

que aunque, justamente airado

210

 

por mis delitos enormes,

 

 

me desdeña, no me faltan

 

 

piadosos intercesores

 

que Le insten continuamente

 

para que el perdón me otorgue,

 

y el estar en mí su imagen,

 

bien que los raudales torpes

 

de las aguas de mis culpas

 

12


toda mi belleza borren:

 

que a las culpas, el Sagrado

220

Texto, en muchas ocasiones

 

aguas llama, cuando dice:

 

«No la tempestad me ahogue

 

del agua»; y en otra parte,

 

alabando los favores

 

de Dios, repite David

 

que su Dios, que le socorre,

 

le libró de muchas aguas;

 

y que los intercesores

 

llegan en tiempo oportuno,

230

pero que no en los furores

 

del diluvio de las aguas.

 

Y así, bien es que yo nombre

 

aguas turbias a mi culpa,

 

cuyos obscenos colores

 

entre mí y Él interpuestos,

 

tanto mi ser descomponen,

 

tanto mi belleza afean,

 

tanto alteran mis facciones,

 

que si las mira Narciso,

 

a su imagen desconoce.

240

Díganlo, después de aquel

 

pecado del primer hombre,

 

que fue mar, cuyas espumas

 

no hay ninguno que no mojen,

 

tantas fuentes, tantos ríos

 

obscenos de pecadores

 

en quien la Naturaleza

 

siempre sumergida, esconde

 

su hermosura. ¡Oh, quiera el cielo

 

que mis esperanzas topen

250

alguna fuente que, libre

 

 

 

13

 


de aquellas aguas salobres,

 

 

represente de Narciso

 

 

enteras las perfecciones!

 

 

Y mientras quiere mi dicha

 

 

que yo sus cristales toque,

 

 

vosotros, para ablandar

 

 

de Narciso los rigores,

 

 

repetid sus alabanzas

 

 

en tiernas aclamaciones,

260

 

uniendo a cláusulas llanto,

 

 

porque es lo mejor que oye.

 

 

Representad mi dolor;

 

 

que vuestras voces acordes

 

 

puede ser que Lo enternezcan,

 

 

y piadoso me perdone.

 

 

Y pues en edad ninguna

 

 

ha faltado quien abogue

 

 

por mí, vamos a buscar

 

 

la fuente en que mis borrones

270

 

se han de lavar, sin dejar

 

 

las dulces repeticiones

 

 

de la música, diciendo

 

 

entre lágrimas y voces:

 

CORO 1º

¡Alabad al Señor todos los hombres!

 

CORO 2º

¡Aplaudid a Narciso, fuentes y flores!

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

14


ESCENA III

 

(Salen Eco, ninfa, alborotada; la Soberbia, de pastora, y el Amor

 

Propio, de pastor.)

 

ECO

Soberbia, Amor Propio, amigos,

 

 

¿oísteis en esta selva

 

 

unas voces?

 

SOBERBIA

Yo atendí

 

 

sus cláusulas; por más señas

280

 

que mucho más que el oído,

 

 

el corazón me penetran.

 

AMOR PROPIO

Yo también, que al escuchar

 

 

lo dulce de sus cadencias,

 

 

fuera de mi acuerdo estoy.

 

ECO

Pues, y bien, ¿qué inferís de ellas?

 

SOBERBIA

Nada, porque sólo yo

 

 

conozco que me molestan,

 

 

como la Soberbia soy,

 

 

las alabanzas ajenas.

290

AMOR PROPIO

Yo sólo sé que me cansan

 

 

cariños que se enderezan,

 

 

como yo soy Amor Propio,

 

 

a amar a quien yo no sea.

 

ECO

Pues yo os diré lo que infiero,

 

 

que como mi infusa ciencia

 

 

se distingue de mi Propio

 

 

Amor, y de mi Soberbia,

 

 

no es mucho que no la alcancen,

 

 

y es natural que la teman.

300

 

Y así, Amor Propio, que en mí

 

 

tan inseparable reinas,

 

 

que haces que de mí se olvide,

 

 

 

 

 

15

 


por hacer que a mí me quiera

 

(porque el Amor Propio

 

es de tal manera,

 

que insensato olvida

 

lo mismo que acuerda);

 

principio de mis afectos,

 

pues eres en quien empiezan,

310

y tú eres en quien acaban,

 

pues acaban en Soberbia

 

(porque cuando el Amor Propio

 

de lo que es razón se aleja,

 

en Soberbia se remata,

 

que es el afecto que engendra,

 

que es aquél que todas

 

las cosas intenta

 

sólo dirigidas

 

a su conveniencia),

320

escuchadme. Ya habéis visto

 

que aquesta pastora bella

 

representa en común toda

 

la Humana Naturaleza:

 

que en figura de una ninfa,

 

con metafórica idea,

 

sigue a una beldad que adora,

 

no obstante que la desprecia;

 

y para que a las divinas

 

sirvan las humanas letras,

330

valiéndose de las dos,

 

 

su conformidad coteja,

 

tomando a unas el sentido,

 

y a las otras la corteza;

 

y prosiguiendo las frases,

 

usando de la licencia

 

de retóricos colores,

 

16


que son uno, y otro muestran,

 

Narciso a Dios llama,

 

porque su belleza

340

no habrá quien la iguale,

 

ni quien la merezca.

 

Pues ahora, puesto que

 

mi persona representa

 

el ser angélico, no

 

en común, mas sólo aquella

 

parte réproba, que osada

 

arrastró de las estrellas

 

la tercer parte al abismo,

 

quiero, siguiendo la mesma

350

metáfora que ella, hacer

 

a otra ninfa; que pues ella

 

como una ninfa a Narciso

 

sigue, ¿qué papel me queda

 

hacer, sino a Eco infeliz,

 

que de Narciso se queja?

 

Pues ¿qué más beldad

 

que la suya inmensa,

 

ni qué más desprecio

 

que el que a mí me muestra?

360

Y así, aunque ya lo sabéis,

 

por lo que a mí me atormenta

 

(que soy yo tal, que ni a mí

 

reservo la mayor pena),

 

os referiré la historia

 

con la metáfora mesma,

 

para ver si la de Eco

 

conviene con mi tragedia.

 

Desde aquí el curioso

 

mire si concuerdan

370

verdad y ficción,

 

 

 

17

 


el sentido y letra.

 

Ya sabéis que yo soy Eco,

 

la que infelizmente bella,

 

por querer ser más hermosa

 

me reduje a ser más fea,

 

porque -viéndome dotada

 

de hermosura y de nobleza,

 

de valor y de virtud,

 

de perfección y de ciencia,

380

y en fin, viendo que era yo,

 

aun de la naturaleza

 

angélica ilustre mía,

 

la criatura más perfecta-,

 

ser esposa de Narciso

 

quise, e intenté soberbia

 

poner mi asiento en su solio

 

e igualarme a su grandeza,

 

juzgando que no

 

era inconsecuencia

390

que fuera igual suya

 

quien era tan bella;

 

por lo cual, Él, ofendido,

 

tan desdeñoso me deja,

 

tan colérico me arroja

 

de su gracia y su presencia,

 

que no me dejó ¡ay de mí!,

 

esperanza de que pueda

 

volver a gozar los rayos

400

de su divina belleza.

 

Yo, viéndome despreciada,

 

 

con el dolor de mi afrenta,

 

en odio trueco el amor

 

y en rencores la terneza,

 

en venganzas los cariños,

 

18


y cual víbora sangrienta,

 

nociva ponzoña exhalo,

 

veneno animan mis venas;

 

que cuando el amor

 

en odio se trueca,

410

es más eficaz

 

el rencor que engendra.

 

y temerosa de que

 

la humana naturaleza

 

los laureles que perdí,

 

venturosa se merezca,

 

inventé tales ardides,

 

formé tal estratagema,

 

que a la incauta ninfa obligo,

 

sin atender mi cautela,

420

que a Narciso desobligue,

 

y que ingrata y desatenta

 

Le ofenda, viendo que Él es

 

de condición tan severa,

 

que ofendido ya una vez,

 

como es infinita ofensa

 

la que se hace a su deidad,

 

no hay medio para que vuelva

 

a su gracia, porque

 

es tanta la deuda,

430

que nadie es capaz

 

 

de satisfacerla.

 

Y con esto a la infeliz

 

la reduje a tal miseria,

 

que por más que tristemente

 

gime al son de sus cadenas,

 

son en vano sus suspiros,

 

son inútiles sus quejas,

 

pues, como yo, no podrá

 

19


eternamente risueña

440

ver la cara de Narciso:

 

con lo cual vengada queda

 

mi injuria, porque

 

ya que no posea

 

yo el solio, no es bien

 

que otra lo merezca,

 

ni que lo que yo perdí,

 

una villana grosera,

 

de tosco barro formada,

 

hecha de baja materia,

450

llegue a lograr. Así es bien

 

que estemos todos alerta,

 

para que nunca Narciso

 

a mirar sus ojos vuelva:

 

porque es a Él tan parecida,

 

en efecto, como hecha

 

a su imagen (¡ay de mí!,

 

de envidia el pecho revienta),

 

que temo que, si la mira,

 

su imagen que mira en ella

460

obligará a su deidad

 

a que se incline a quererla;

 

que la semejanza

 

tiene tanta fuerza,

 

que no puede haber

 

quien no la apetezca.

 

Y así, siempre he procurado

 

con cuidado y diligencia

 

borrar esta semejanza,

 

haciéndola que cometa

470

tales pecados, que Él mismo

 

 

-soltando a Acuario las riendas-

 

destruyó por agua el mundo,

 

20


en venganza de su ofensa.

 

Mas como es costumbre suya,

 

que siempre piadoso mezcla

 

en medio de la justicia

 

los visos de la clemencia,

 

quiso, no obstante el naufragio,

 

que a favor de la primera

480

nadante tabla, salvase

 

la vida que aún hoy conserva;

 

que aun entre el enojo,

 

siempre se Le acuerda

 

la misericordia,

 

para usar más de ella.

 

Pero apenas respiró

 

del daño, cuando soberbia,

 

con homenajes altivos

 

escalar el cielo intenta,

490

y creyendo su ignorancia

 

que era accesible la esfera

 

a corporales fatigas

 

y a materiales tareas,

 

altiva torre fabrica,

 

pudiendo labrar más cuerda

 

inmateriales escalas

 

hechas de su penitencia.

 

A cuya loca ambición,

 

en proporcionada pena,

500

correspondió en divisiones

 

 

la confusión de las lenguas;

 

que es justo castigo

 

al que necio piensa

 

que lo entiende todo,

 

que a ninguno entienda.

 

Después de así divididos,

 

21


les insistí a tales sectas,

 

que ya adoraban al sol,

 

ya el curso de las estrellas,

510

ya veneraban los brutos,

 

ya daban culto a las peñas,

 

ya a las fuentes, ya a los ríos,

 

ya a los bosques, ya a las selvas,

 

sin que quedara criatura,

 

por inmunda o por obscena,

 

que su ceguedad dejara,

 

que su ignorancia excluyera;

 

y adorando embelesados

 

sus inclinaciones mesmas,

520

olvidaron de su Dios

 

la adoración verdadera;

 

conque amando estatuas

 

su ignorancia ciega,

 

vinieron a casi

 

transformarse en ellas.

 

Mas no obstante estos delitos,

 

nunca han faltado centellas

 

que de aquel primer origen

 

el noble ser les acuerdan;

530

y pretendiendo volver

 

 

a la dignidad primera,

 

con lágrimas y suspiros

 

aplacar a Dios intentan.

 

Y si no, mirad a Abel,

 

que las espigas agrega

 

y los carbones aplica,

 

para hacer a Dios ofrenda.


 

 

 

 

22


ESCENA IV

 

(Ábrese un carro; va dando vuelta, en elevación, Abel, encendiendo la lumbre; y encúbrese cantando.)

 

ABEL

¡Poderoso Dios

 

 

de piedad inmensa,

540

 

esta ofrenda humilde

 

 

de mi mano acepta!

 

ECO

Al santo Enós atended,

 

 

que es el primero que empieza

 

 

a invocar de Dios el nombre

 

 

con invocaciones nuevas.

 

 

(Pasa de la misma manera Enós, de rodillas, puestas las manos, y

 

 

canta.)

 

ENÓS

¡Criador poderoso

 

 

del cielo y la tierra,

 

 

sólo a Ti por Dios

 

 

confiesa mi lengua!

550

ECO

Ved a Abraham, aquel monstruo

 

 

de la fe y de la obediencia,

 

 

que ni dilata matar

 

 

al hijo, aunque más lo quiera,

 

 

por el mandato de Dios;

 

 

ni duda de la promesa

 

 

de que al número sus hijos

 

 

igualen de las estrellas.

 

 

Y ved cómo Dios benigno,

 

 

en justa correspondencia,

560

 

la víctima le perdona

 

 

y el sacrificio le acepta.

 

(Pasa Abraham, como lo pintan, y sale un Ángel.)


 

23


ÁNGEL

(Canta.)

 

 

¡Para herir al niño

 

 

la mano no extiendas,

 

 

que basta haber visto

 

 

cuánto al Señor temas!

 

ECO

Ved a Moisés, que caudillo

 

 

de Dios al pueblo gobierna,

 

 

y viendo que ha idolatrado

 

 

y Dios castigarlo intenta,

570

 

su autoridad interpone

 

 

y osadamente Le ruega.

 

 

(Pasa Moisés, con las Tablas de la Ley, y canta.)

 

MOISÉS

¡O perdone al pueblo,

 

 

Señor, tu clemencia,

 

 

o bórreme a mí

 

 

de la vida eterna!

 

ECO

Pero ¿para qué es cansaros?

 

 

Atended de los profetas

 

 

y patriarcas al coro

 

 

que con dulces voces tiernas

580

 

piden el remedio a Dios,

 

 

quieren que a aliviarlos venga.

 

CORO 1º

¡Abrid, claros cielos

 

 

vuestras altas puertas,

 

 

y las densas nubes

 

 

al justo nos lluevan!

 

ECO

Pues atended, misteriosa,

 

 

a otra petición opuesta,

 

 

al parecer, a ésta, pues

 

 

dice con voces diversas:

590

CORO 2º

¡Ábranse las bocas

 

 

de la dura tierra,

 

 

y brote, cual fruto,

 

el Salvador de ella!

 

24


ECO

Con que los unos Le piden

 

 

que del cielo les descienda,

 

 

y que de la tierra nazca

 

 

quieren otros, de manera

 

 

que ha de tener, quien los salve,

 

 

entrambas naturalezas.

600

 

Pues yo, ¡ay de mí!, que en Narciso

 

 

conozco, por ciertas señas,

 

 

que es Hijo de Dios, y que

 

 

nació de una verdadera

 

 

mujer, temo, y con bastantes

 

 

fundamentos, que éste sea

 

 

el Salvador. Y porque

 

 

a la alegoría vuelva

 

 

otra vez, digo que temo

 

 

que Narciso, que desdeña

610

 

mi nobleza y mi valor,

 

 

a aquesta pastora quiera;

 

 

porque suele el gusto,

 

 

que leyes no observa,

 

 

dejar el brocado

 

 

por la tosca jerga.

 

 

Y para impedir, ¡ay triste!,

 

 

que sobre la injuria hecha

 

 

a mi ser y a mi hermosura,

 

 

otra mayor no me venga,

620

 

hemos de solicitar,

 

 

que si impedirle que a verla

 

 

no llegue, no sea posible,

 

que consigamos siquiera

 

que en las turbias aguas

 

de su culpa sea,

 

para que su imagen

 

borrada parezca.

 

25


¿Qué os parece?

 

SOBERBIA

¿Qué me puede

 

 

parecer, si de tu idea

630

 

soy, desde que tienes ser,

 

 

individua compañera,

 

 

tanto, que por asentir

 

 

a mis altivas propuestas,

 

 

en desgracia de Narciso

 

 

estás? Pero aunque desprecia

 

 

Él, y toda su facción,

 

 

tus partes y tu nobleza,

 

 

ya has visto, que cuando

 

 

los demás te dejan,

640

 

sólo te acompaña

 

 

siempre tu Soberbia.

 

AMOR PROPIO

Y yo, que desde el instante

 

 

que intentaste tu suprema

 

 

silla sobre el Aquilón

 

 

poner, y que tu grandeza

 

 

al altísimo igualara,

 

 

me engendraste, contra ésa

 

 

que, representada en visos,

 

 

te dieron a entender que era

650

 

la que, aunque inferior

 

 

en naturaleza,

 

 

en mérito había

 

 

de ser más excelsa;

 

 

y dándote entonces tú

 

 

por sentida de la ofensa,

 

 

concebiste tal rencor,

 

 

engendraste tanta pena,

 

 

que en odio mortal,

 

 

que en rabiosa queja

660

 

se volvió el cariño,

 

 

 

 

 

26

 


trocó la fineza...

 

 

Y así, si soy tu Amor Propio,

 

 

¿qué dudas que me parezca

 

 

bien, que pues padeces tú,

 

 

el mundo todo padezca?

 

 

¡Padezca esa vil pastora,

 

 

padezca Narciso y muera,

 

 

si con muerte de uno y otro

 

 

se borran nuestras ofensas!

670

ECO

Pues tan conformes estáis,

 

 

y en la elevada eminencia

 

 

de esta montaña se oculta,

 

 

acompañado de fieras,

 

 

tan olvidado de sí

 

 

que ha que no come cuarenta

 

 

días, dejadme llegar

 

 

y con una estratagema

 

 

conoceré si es divino,

 

 

pues en tanta fortaleza

680

 

lo parece, pero luego

 

 

en la hambre que Le aqueja

 

 

muestra que es hombre no más,

 

 

pues la hambre Le molesta.

 

 

Y así yo intento llegar

 

 

amorosa y halagüeña,

 

 

que la tentación

 

 

¿quién duda que sea

 

 

más fuerte, si en forma

 

 

de una mujer tienta?

690

 

Y así, vosotros estad,

 

 

de todo cuanto suceda,

 

a la mira.

 

SOBERBIA y

 

AMOR PROPIO


 

27


Así lo haremos

 

porque acompañarte es fuerza.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

28


 

 

 

 

 

Cuadro segundo

 

 

ESCENA V

 

(Descúbrese un monte, y en lo alto el Divino Narciso, de pastor

galán, y algunos animales; y mientras Eco va subiendo, dice Narciso


 

NARCISO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ECO


en lo alto.)

En aquesta montaña, que emi-nente

 

el cielo besa con la altiva frente, sintiendo ajenos, como propios

males,

me acompañan los simples ani-

males,

y las canoras aves

con músicas suaves                  700

saludan mi hermosura,

de más luciente sol, alba más pura.

No recibo alimento

de material sustento,

porque está desquitando mi

 

abstinencia

de algún libre bocado la licencia.

(Acaba de subir Eco.)

(Canta en tono recitativo.)

Bellísimo Narciso,

que a estos humanos valles

del monte de tus glorias

las celsitudes traes,                   710

mis pesares escucha,

indignos de escucharse,

pues ni aun en esto esperan

 

alivio mis pesares.


29


Eco soy, la más rica

 

pastora de estos valles;

 

bella decir pudieran

 

mis infelicidades.

 

Mas desde que severo

 

mi beldad despreciaste,

720

las que canté hermosuras

 

ya las lloro fealdades.

 

Pues tú mejor conoces

 

que los claros imanes

 

de tus ojos arrastran

 

todas las voluntades,

 

no extrañarás el ver

 

que yo venga a buscarte,

 

pues todo el mundo adora

 

tus prendas celestiales.

730

Y así, vengo a decirte

 

que ya que no es bastante

 

a ablandar tu dureza

 

mi nobleza y mis partes,

 

siquiera por ti mismo

 

mires interesable

 

mis riquezas, atento

 

a tus comodidades.

 

Pagarte intento, pues

 

no será disonante

740

el que venga a ofrecerte

 

la que viene a rogarte.

 

Y pues el interés

 

es en todas edades

 

quien del amor aviva

 

las viras penetrantes,

 

tiende la vista a cuanto

 

alcanza a divisarse

 

desde este monte excelso

 

que es injuria de Atlante.

750

Mira aquestos ganados

 

que, inundando los valles,

de los prados fecundos

las esmeraldas pacen.


 

30


Mira en cándidos copos

 

la leche, que al cuajarse,

 

afrenta los jazmines

 

de la aurora que nace.

 

Mira, de espigas rojas,

 

en los campos formarse

760

pajizos chamelotes

 

a las olas del aire.

 

Mira de esas montañas

 

los ricos minerales,

 

cuya prenez es oro,

 

rubíes y diamantes.

 

Mira, en el mar soberbio,

 

en conchas congelarse

 

el llanto de la aurora

 

en perlas orientales.

770

Mira de esos jardines

 

los fecundos frutales,

 

de especies diferentes

 

dar frutos admirables.

 

Mira con verdes pinos

 

los montes coronarse:

 

con árboles que intentan

 

del cielo ser gigantes.

 

Escucha la armonía

 

de las canoras aves

780

que en coros diferentes

 

forman dulces discantes.

 

Mira de uno a otro polo

 

los reinos dilatarse,

 

dividiendo regiones

 

los brazos de los mares,

 

y mira cómo surcan

 

de las veleras naves

 

las ambiciosas proas

 

sus cerúleos cristales.

790

Mira entre aquellas grutas

 

diversos animales:

a unos, salir feroces;

a otros, huir cobardes.


 

31


Todo, bello Narciso,

 

 

sujeto a mi dictamen,

 

 

son posesiones mías,

 

 

son mis bienes dotales.

 

 

Y todo será tuyo,

 

 

si tú con pecho afable

800

 

depones lo severo

 

 

y llegas a adorarme.

 

NARCISO

Aborrecida ninfa,

 

 

no tu ambición te engañe,

 

 

que mi belleza sola

 

 

es digna de adorarse.

 

 

Vete de mi presencia

 

 

al polo más distante,

 

 

adonde siempre penes,

 

 

adonde nunca acabes.

810

ECO

Ya me voy, pero advierte

 

 

que, desde aquí adelante,

 

con declarados odios

tengo de procurarte

 

la muerte, para ver

si mi pena implacable

muere con que tú mueras,

o acaba con que acabes.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

32


 

 

 

 

 

Cuadro tercero

 

 

ESCENA VI

 

(Cúbrese el monte, y sale la Naturaleza Humana.)

NATURALEZA HUMANA

De buscar a Narciso fatigada,

sin permitir sosiego a mi

pie errante,                                820

ni a mi planta cansada

 

que tantos ha ya días que vagante

examina las breñas

sin poder encontrar más que las

señas,

a este bosque he llegado donde

espero

tener noticias de mi bien perdido;

que si señas confiero,

diciendo está del prado lo florido,

que producir amenidades tantas,

es por haber besado ya sus

830

plantas.

¡Oh, cuántos días ha que he

examinado

la selva flor a flor, y planta a

planta,

gastando congojado

mi triste corazón en pena tanta,

y mi pie fatigando, vagabundo,

tiempo, que siglos son; selva, que

es mundo!

Díganlo las edades que han

 

pasado,


33


díganlo las regiones que he corri-

 

do,

los suspiros que he dado,

de lágrimas los ríos que he

840

vertido,

los trabajos, los hierros, las prisio-

nes

que he padecido en tantas ocasio-

nes.

 

Una vez, por buscarle, me topa-

ron

de la ciudad las guardas, y atrevi-

das,

no sólo me quitaron

el manto, mas me dieron mil heri-

das

los centinelas de los altos muros,

teniéndose de mí por mal seguros.

¡Oh ninfas que habitáis este

florido

y ameno prado, ansiosa-

850

mente os ruego

que si acaso al querido

de mi alma encontrareis, de mi

fuego

Le noticiéis, diciendo el agonía

con que de amor enferma el alma

mía!

Si queréis que os dé señas de mi

amado,

rubicundo esplendor Le colorea

 

sobre jazmín nevado;

por su cuello, rizado Ofir pasea;

los ojos, de paloma que enamora

y en los raudales transpa-

860

rentes mora.

Mirra olorosa de su aliento

exhala;

las manos son al torno, y están

llenas


 

34


de jacintos, por gala,

 

o por indicio de sus graves penas:

que si el jacinto es ay, entre sus

brillos

ostenta tantos ayes como anillos.

Dos columnas de mármol, sobre

basas

de oro, sustentan su edificio bello;

y en delicias no escasas

suavísimo es, y ebúrneo, el

870

blanco cuello;

y todo apetecido y deseado.

Tal es, ¡oh ninfas!, mi divino

amado.

Entre millares mil es escogido;

y cual granada luce sazonada

en el prado florido,

entre rústicos árboles plantada;

así, sin que ningún zagal Le igua-

le,

 

entre todos los otros sobresale.

Decidme dónde está El que mi

alma adora,

o en qué parte apacienta sus

880

corderos,

o hacia dónde -a la hora

meridiana- descansan sus luceros,

para que yo no empiece a andar

vagando

por los rediles, que Lo voy bus-

cando.

 

Mas, por mi dicha, ya cumplidas

veo

de Daniel sus semanas misterio-

sas,

y logra mi deseo

las alegres promesas amorosas

que me ofrece Isaías

en todas sus sagradas pro-

890

fecías.


 

35


Pues ya nació aquel niño hermo-

 

so y bello,

y ya nació aquel hijo delicado,

que será gloria el vello

llevando sobre el hombro el prin-

cipado:

admirable, Dios fuerte, consejero,

rey, y padre del siglo venidero.

Ya brotó aquella vara misteriosa

 

de Jesé, la flor bella en quien

descansa

sobre su copa hermosa

espíritu divino, en que

900

afianza

sabiduría, consejo, inteligencia,

fortaleza, piedad, temor y ciencia.

Ya el fruto de David tiene la

silla

de su padre; ya el lobo y el corde-

ro

 

se junta y agavilla,

y el cabritillo con el pardo fiero;

junto al oso el becerro quieto

yace,

y como buey el león las pajas

pace.

Recién nacido infante, quieto

juega

en el cóncavo de áspid

910

ponzoñoso,

y a la caverna llega

 

del régulo nocivo, niño hermoso,

y la manilla en ella entra seguro,

sin poderle dañar su aliento impu-

ro

Ya la señal, que Acaz pedir no

quiso,

y Dios le concedió, sin él pedilla,

se ve, pues ya Dios hizo

la nueva, la estupenda maravilla


 

36


que a la naturaleza tanto excede,

de que una virgen para, y

920

virgen quede.

Ya a Abraham se ha cumplido la

promesa

que Dios reiteró a Isaac, de que

serían

en su estirpe y nobleza

bendecidas las gentes que nacían

 

en todas las naciones,

para participar sus bendiciones.

El cetro de Judá, que ya ha fal-

tado,

según fue de Jacob la profecía,

da a entender que ha llegado

del mundo la esperanza y la

930

alegría,

la salud del Señor que él esperaba

y en profético espíritu miraba.

Sólo me falta ya, ver consumado

 

el mayor sacrificio. ¡Oh, si llegara,

 

y de mi dulce amado

mereciera mi amor mirar la cara!

Seguiréle, por más que me fatigue,

 

pues dice que ha de hallarle quien

Le sigue.

¡Oh, mi divino amado, quién

gozara

acercarse a tu aliento gene-

940

roso,

de fragancia más rara

 

que el vino y el ungüento más

precioso!

Tu nombre es como el óleo de-

rramado,

y por eso las ninfas te han amado.

Tras tus olores presta voy co-

rriendo:

¡oh, con cuánta razón todas te

adoran!


 

37


Mas no estés atendiendo

 

 

si del sol los ardores me coloran;

 

mira que, aunque soy negra, soy

 

hermosa,

 

 

pues parezco a tu imagen

950

 

milagrosa.

 

 

 

Mas allí una pastora hermosa

 

veo.

 

 

¿Quién podrá ser beldad tan pere-

 

grina?;

 

 

mas, o miente el deseo,

 

 

o ya he visto otra vez su luz divi-

 

na.

 

 

A ella quiero acercarme,

 

 

por ver si puedo bien certificarme.

 

ESCENA VII

 

(Sale la Gracia, de pastora, cantando; y vanse acercando.)

 

GRACIA

Albricias, mundo; albricias,

 

 

Naturaleza humana,

 

 

pues con dar esos pasos

 

 

te acercas a la Gracia:

960

 

¡dichosa el alma

 

 

que merece tenerme en su mora-

 

da!

 

Venturosa es mil veces

quien me ve tan cercana;

que está muy cerca el sol

cuando parece el alba:

¡dichosa el alma

que merece hospedarme en su

 

morada!

(Repite la música este último verso, y llégase la Naturaleza a ella.) NATURALEZA HUMANA

 

Pastora hermosa, que admiras,

dulce sirena, que encantas       970

no menos con tu hermosura

que con tu voz soberana;

pues a mí tu voz diriges

y a mí albricias me demandas


 

38


de alguna nueva feliz,

 

 

pues dicen tus consonancias:

 

GRACIA y NATURALEZA HUMANA

 

 

albricias, mundo; albricias

 

 

Naturaleza Humana,

 

 

pues con dar esos pasos

 

 

te acercas a la Gracia:

980

CORO 1º

¡dichosa el alma,

 

 

que merece hospedarme en su

NATURALEZA HUMANA

morada!

 

¿De qué son? Y tú, quién eres

 

 

dime; porque aunque tu cara

 

 

juzgo que he visto otra vez,

 

 

las especies tan borradas

 

 

tengo, que no te conozco

 

 

bien.

 

GRACIA

Aquesto no me espanta,

 

que estuve poco contigo,

 

 

y tú entonces descuidada

990

 

no me supiste estimar,

 

NATURALEZA HUMANA

hasta que viste mi falta.

 

Pues en fin, dime ¿quién eres?

 

GRACIA

¿No te acuerdas de una dama

 

 

que, en aquel bello jardín

 

 

adonde fue tu crianza,

 

 

por mandato de tu padre

 

 

gustosa te acompañaba

 

 

asistiéndote, hasta que

 

 

tú por aquella desgracia,

1000

 

dejándole a Él enojado,

 

 

te saliste desterrada,

 

y a mí me apartó de ti,

de tu delito en venganza,

hasta ahora?

NATURALEZA HUMANA

¡Oh, venturosa

la que vuelve a ver tu cara,

Gracia divina, pues eres


 

39


la mejor prenda del alma!

 

 

¡Los brazos me da!

 

GRACIA

Eso no,

 

 

que todavía te falta

1010

 

para llegar a mis brazos

 

NATURALEZA HUMANA

una grande circunstancia.

 

Si está en diligencia mía,

 

 

 

 

dila, para ejecutarla.

 

GRACIA

No está en tu mano, aunque está

 

el disponerte a alcanzarla

 

 

en tu diligencia; porque

 

 

no bastan fuerzas humanas

 

 

a merecerla, aunque pueden

 

 

con lágrimas impetrarla,

1020

 

como don gracioso que es,

 

NATURALEZA HUMANA

y no es justicia, la Gracia.

 

Y ¿cómo he de disponerme?

 

 

 

GRACIA

¿Cómo? Siguiendo mis plantas,

 

y llegando a aquella fuente,

 

 

cuyas cristalinas aguas

 

 

libres de licor impuro,

 

 

siempre limpias, siempre intactas

 

desde su instante primero,

 

 

siempre han corrido sin

1030

 

mancha;

 

 

 

aquésta es de los Cantares

 

 

aquella fuente sellada,

 

 

que sale del paraíso,

 

 

y aguas vivíficas mana.

 

 

Éste, el pequeño raudal

 

 

que, misterioso, soñaba

 

 

Mardoqueo, que crecía

 

 

tanto, que de su abundancia

 

 

se formaba un grande río;

1040

 

y después se transformaba

 

en luz y en sol, inundando

los campos de su pujanza.

NATURALEZA HUMANA


 

40


Ya sé que ahí se entiende Esther

 

y que, en Esther, figurada

 

 

está la imagen divina

 

 

de la que es llena de gracia.

 

 

¡Oh, fuente divina, oh pozo

 

 

de las vivíficas aguas,

 

 

pues desde el primer instante

 

 

estuviste preservada

1050

 

de la original ponzoña,

 

 

de la trascendental mancha,

 

 

que infesta los demás ríos;

 

 

vuelve tú la imagen clara

 

 

de la beldad de Narciso,

 

 

que en ti sola se retrata

 

 

con perfección su belleza,

 

 

sin borrón su semejanza!

 

GRACIA

Naturaleza feliz,

 

 

pues ya te ves tan cercana

1060

 

a conseguir tu remedio,

 

 

llega a la fuente sagrada

 

 

de cristalinas corrientes,

 

 

de quien yo he sido la guarda,

 

desde que ayer empezó

 

 

su corriente, inmaculada

 

 

por singular privilegio;

 

 

y encubierta entre estas ramas,

 

a Narciso esperaremos,

 

 

que no dudo que Lo traiga

1070

 

a refrigerarse en ella

 

 

la ardiente sed que Lo abrasa.

 

 

Procura tú que tu rostro

 

 

se represente en las aguas,

 

 

porque llegando Él a verlas

 

 

mire en ti su semejanza;

 

NATURALEZA HUMANA

porque de ti se enamore.

 

Déjame antes saludarla,

 

 

 

 

pues ha de ser ella el medio

 

 

del remedio de mis ansias.

1080

GRACIA

Debido obsequio es, y así

 


 

41


yo te ayudaré a invocarla.

 

 

(Canta.)

 

 

¡Oh, siempre cristalina,

 

 

clara y hermosa fuente:

 

 

tente, tente;

 

 

reparen mi ruina

 

 

tus ondas presurosas,

 

 

claras, limpias, vivificas, lustro-

NATURALEZA HUMANA

sas!

 

No vayas tan ligera

 

 

 

 

en tu corriente clara;

1090

 

para, para,

 

 

mis lágrimas espera:

 

 

vayan con tu corriente

 

 

santa, pura, clarísima, luciente.

GRACIA

¡Fuente de perfecciones,

 

 

de todas la más buena,

 

 

llena, llena

 

 

de méritos y dones,

 

 

a quien nunca ha llegado

 

 

mácula, riesgo, sombra, ni

1100

 

pecado!

NATURALEZA HUMANA

 

Serpiente ponzoñosa

 

 

 

 

no llega a tus espejos:

 

 

lejos, lejos

 

 

de tu corriente hermosa,

 

 

su ponzoña revienta;

 

 

tú corres limpia, preservada,

 

 

exenta.

 

GRACIA

Bestia obscena, ni fiera,

 

 

no llega a tus cristales;

 

 

tales, tales

 

 

son, y de tal manera,

1110

 

que dan con su dulzura

 

 

fortaleza y salud, gusto y ventura.

NATURALEZA HUMANA

Mi imagen representa

si Narciso repara,


 

42


clara, clara;

 

porque al mirarla sienta

del amor los efectos,

ansias, deseos, lágrimas y afectos.

GRACIA                                             Ahora en la margen florida,

que da a su líquida plata   1120

guarniciones de claveles

sobre campos de esmeraldas,

nos sentaremos en tanto

 

que llega; que el que Lo atraiga

Naturaleza, no dudo,

si está junto con la Gracia.

NATURALEZA HUMANA

Si el disponerme a tenerla,

cuanto puedan mis humanas

fuerzas, es lo que me toca,

ya obedezco lo que man-

1130

das.

 

ESCENA VIII

 

(Llegan las dos a la fuente; pónese la Naturaleza entre las ramas, y con ella la Gracia, de manera que parezca que se miran; y sale por otra parte Narciso, con una honda, como pastor, y canta el último verso de las coplas, y lo demás representa acercándose a la fuente.)

NARCISO                                           Ovejuela perdida,

de tu dueño olvidada,

¿adónde vas errada?

Mira que dividida

(Canta.)

de mí, también te apartas de tu

vida.

 

Por las cisternas viejas

bebiendo turbias aguas,

tu necia sed enjaguas;

y con sordas orejas,

(Canta.)

de las aguas vivíficas te

1140

alejas.

En mis finezas piensa:

verás que, siempre amante,


 

43


te guardo vigilante,

 

te libro de la ofensa,

(Canta.)

 

y que pongo la vida en tu defensa.

De la escarcha y la nieve

cubierto, voy siguiendo

tus necios pasos, viendo

que ingrata no te mueve

(Canta.)

ver que dejo por ti noventa

1150

y nueve.

Mira que mi hermosura

de todas es amada,

de todas es buscada,

sin reservar criatura,

(Canta.)

 

y sólo a ti te elige tu ventura.

Por sendas horrorosas

tus pasos voy siguiendo,

y mis plantas hiriendo

 

de espinas dolorosas

(Canta.)

que estas selvas producen,

1160

escabrosas.

Yo tengo de buscarte;

y aunque tema perdida,

por buscarte, la vida,

no tengo de dejarte,

(Canta.)

 

que antes quiero perderla por

hallarte.

 

¿Así me correspondes,

necia, de juicio errado?

¿No soy quien te ha criado?

¿Cómo no me respondes,

(Canta.)

y (como si pudieras) te me

1170

escondes?

Pregunta a tus mayores

los beneficios míos:


 

44


los abundantes ríos,

 

los pastos y verdores,

(Canta.)

 

en que te apacentaron mis amores.

En un campo de abrojos,

en tierra no habitada,

te hallé sola, arriesgada

del lobo a ser despojos,

(Canta.)

y te guardé cual niña de

1180

mis ojos.

Trájele a la verdura

del más ameno prado,

donde te ha apacentado

de la miel la dulzura,

(Canta.)

 

y aceite que manó de peña dura.

Del trigo generoso

la medula escogida

te sustentó la vida,

 

hecho manjar sabroso,

(Canta.)

y el licor de las uvas oloro-

1190

so.

Engordaste, y lozana,

soberbia y engreída

de verte tan lucida,

altivamente vana,

(Canta.)

 

mi belleza olvidaste soberana.

Buscaste otros pastores

 

a quien no conocieron

tus padres, ni los vieron

ni honraron tus mayores;

(Canta.)

y con esto incitaste mis

1200

furores.

Y prorrumpí enojado:

«Yo esconderé mi cara

(a cuyas luces para


 

45


su cara el sol dorado)

 

(Canta.)

de este ingrato, perverso, infiel

ganado.

Yo haré que mis furores

los campos les abrasen,

y las hierbas que pacen;

y talen mis ardores

(Canta.)

aun los montes que son más  1210

superiores.

Mis saetas ligeras

les tiraré, y la hambre

corte el vital estambre;

y de aves carniceras

(Canta.)

 

serán mordidos, y de bestias fie-

ras.

Probarán los furores

de arrastradas serpientes;

 

y en muertes diferentes

obrará, en mis rigores,

(Canta.)

fuera, el cuchillo; y dentro,

1220

los temores».

Mira que soberano

soy, y que no hay más fuerte;

que yo doy vida y muerte,

que yo hiero y yo sano,

(Canta.)

 

y que nadie se escapa de mi mano.

Pero la sed ardiente

me aflige y me fatiga;

bien es que el curso siga

de aquella clara fuente,

(Canta.)

y que en ella templar mi

1230

ardor intente.

Que pues por ti he pasado

la hambre de gozarte,


 

46


no es mucho que mostrarte

 

procure mi cuidado,

(Canta.)

 

que de la sed por ti estoy abrasa-

do.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

47


 

 

 

 

 

 

Cuadro cuarto

 

 

ESCENA IX

 

 

(Narciso llega a la fuente, la mira y dice.)

 

NARCISO

Llego; mas ¿qué es lo que miro?

 

 

¿Qué soberana hermosura

 

 

afrenta con su luz pura

 

 

todo el celestial zafiro?

 

 

Del sol el luciente giro,

1240

 

en todo el curso luciente

 

 

que da desde Ocaso a Oriente,

 

 

no esparce en signos y estrellas

 

 

tanta luz, tantas centellas

 

 

como da sola esta fuente.

 

 

Cielo y tierra se han cifrado

 

 

a componer su arrebol:

 

 

el cielo con su farol,

 

 

y con sus flores el prado.

 

 

La esfera se ha transladado

1250

 

toda, a quererla adornar;

 

 

pero no, que tan sin par

 

 

belleza, todo el desvelo

 

 

de la tierra, ni del cielo,

 

 

no la pudieran formar.

 

 

Recién abierta granada

 

 

sus mejillas sonrosea;

 

 

sus dos labios hermosea

 

 

partida cinta rosada,

 

 

por quien la voz delicada,

1260

 

haciendo al coral agravio,

 

 

despide el aliento sabio

 

 

que así a sus claveles toca;

 

 

 

 

 

48

 


leche y miel vierte la boca,

 

panales destila el labio.

 

Las perlas que en concha breve

 

guarda, se han asimilado

 

al rebaño, que apiñado

 

desciende en copos de nieve;

 

el cuerpo, que gentil mueve,

1270

el aire a la palma toma;

 

los ojos, por quien asoma

 

el alma, entre su arrebol

 

muestran, con luces del sol,

 

benignidad de paloma.

 

Terso el bulto delicado,

 

en lo que a la vista ofrece,

 

parva de trigo parece,

 

con azucenas vallado;

 

de marfil es torneado

1280

el cuello, gentil coluna.

 

No puede igualar ninguna

 

hermosura a su arrebol:

 

escogida como el sol

 

y hermosa como la luna.

 

Con un ojo solo, bello,

 

el corazón me ha abrasado;

 

el pecho me ha traspasado

 

con el rizo de un cabello.

 

¡Abre el cristalino sello

1290

de ese centro claro y frío,

 

para que entre el amor mío!

 

Mira que traigo escarchada

 

la crencha de oro, rizada,

 

con las perlas del rocío.

 

¡Ven, esposa, a tu querido;

 

rompe esa cortina clara:

 

muéstrame tu hermosa cara,

 

suene tu voz a mi oído!

 

¡Ven del Líbano escogido,

1300

acaba ya de venir,

 

y coronaré el Ofir

 

de tu madeja preciosa

 


 

49


con la corona olorosa

 

de Amaná, Hermón y Sanir!

 

ESCENA X

 

(Quédase como suspenso en la fuente; y sale Eco, como acechando.)

ECO

¿Qué es aquesto que ven los ojos míos?

 

 

O son de mis pesares desvaríos,

 

 

o es Narciso el que está en aquella fuente,

 

 

cuya limpia corriente

 

 

exenta corre de mi rabia fiera.

1310

 

¡Quién fuera tan dichosa, que pudiera

 

 

envenenar sus líquidos cristales

 

 

para ponerles fin a tantos males,

 

 

pues si Él bebiera en ella mi veneno,

 

 

penara con las ansias que yo peno!

 

 

Yo me quiero llegar, pues Él, suspenso,

 

 

que está templando, pienso,

 

 

la sed.

 

 

(Llégase, y vuelve a retirarse.)

 

 

¡Pero qué miro!

 

 

Confusa me acobardo y me retiro:

 

 

su misma semejanza contem-

1320

 

plando

 

 

 

está en ella, y mirando

 

 

a la Naturaleza Humana en ella.

 

 

¡Oh fatales destinos de mi estrella!

 

 

¡Cuánto temí que clara la mirase,

 

 

para que de ella no se enamorase,

 

 

y en fin ha sucedido! ¡Oh pena, oh rabia!

 

 

Blasfemaré del cielo que me agravia.

 

 

Mas ni aun para la queja

 

 

alientos el dolor fiero me deja,

 

 

pues siento en ansia tanta

1330

 

un áspid, un dogal a la garganta.

 

 

Si quiero articular la voz, no puedo

 

 

y a media voz me quedo,

 

 

o con la rabia fiera

 

sólo digo la sílaba postrera;

que pues letras sagradas, que me infaman, en alguna ocasión muda me llaman


 

50


(porque aunque formalmente serlo no puedo, soylo causalmente

 

y eficientemente, haciendo

mudo

a aquel que mi furor ocupar pudo:

locución metafórica, que ha usado

como quien dice que es alegre el prado porque causa alegría,

o de una fuente, quiere que se ría),

y pues también alguna vez Narciso

enmudecer me hizo,

porque su ser divino publicaba, y mi voz reprendiéndome atajaba, no es mucho que también ahora

 

quiera

que, con el ansia fiera,

al llegar a mirarlo quede muda. Mas ¡ay!, que la garganta ya se anuda;

 

el dolor me enmudece.

¿Dónde está mi Soberbia? ¿No parece?

 

¿Cómo mi mal no alienta?

Y mi Amor Propio, ¿cómo no fomenta, o anima mis razones?

 

Muda estoy, ¡ay de mí!


 

 

1340

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1350


 

ESCENA XI

 

(Hace extremos, como que quiere hablar, y no puede; y salen, como

asustados, la Soberbia y el Amor Propio.)

AMOR PROPIO                                               ¿Qué confusiones

Eco triste lamenta?            1360

Que aunque no es nuevo en ella ver que sienta,

 

parece nueva pena

la que de sus sentidos la enajena.

SOBERBIA            Estatua de sí misma, enmudecida,

ni aun respirar la deja dolorida

la fuerza del ahogo que la oprime,

aunque con mudas señas llora y gime.

AMOR PROPIO    A consolar lleguemos su lamento,

aunque le sirva de mayor tormento.


 

 

51


SOBERBIA

Lleguemos a saber lo que la

1370

enoja,

 

 

 

aunque le sirva de mayor congoja.

 

AMOR PROPIO

Pues el tener su Propio Amor consigo,

 

 

claro está que será mayor castigo.

 

SOBERBIA

Pues tener su Soberbia, ¿quién ignora

 

 

que le será mayor tormento ahora?

 

AMOR PROPIO

Mira, que juzgo que precipitada

 

 

quiere arrojarse, del furor llevada;

 

 

¡tengámosla!

 

SOBERBIA

Tenerla solicito,

 

 

aunque yo soy quien más la precipito.

 

(Lléganse a ella y tiénenla; y ella hace como que quiere arrojarse.)


SOBERBIA

¡Tente, Eco hermosa! ¿Dónde

vas? Espera;

 

 

cuéntanos por qué estás de esa manera,

 

que despeñarte intentas.

 

¿Con ver a tu Soberbia no te alientas?

 

¿Cómo querré yo verte despeñada,

 

si siempre pretendí verte exaltada?

AMOR PROPIO

¿Que con ver tu Amor Propio no te animes?

 

¿Cómo podré sufrir que te lastimes,

 

si por haberte amado

 

tanto, nos redujimos a este estado?

SOBERBIA

Tente, pues que yo te tengo.

ECO

Tengo.

AMOR PROPIO

Refiere tu ansiosa pena.

ECO

Pena.

SOBERBIA

Di la causa de tu rabia.

ECO

Rabia.

(Dentro, repite la música, con tono triste, los ecos.)

AMOR PROPIO

Pues eres tan sabia,

 

dinos qué accidentes

 

tienes, o qué sientes.

ECO

Tengo pena, rabia...

AMOR PROPIO

¿Pues qué has echado de ver?

ECO

De ver.

SOBERBIA

¿De qué estás así, o por qué?

ECO

Que.

AMOR PROPIO

¿Hay novedad en Narciso?


 

1380

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1390

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1400


 

52


ECO

Narciso

SOBERBIA

Dinos, ¿qué te hizo

 

para ese accidente,

 

o si es solamente...?

ECO

De ver que Narciso...

SOBERBIA

No desesperes aún...

ECO

Aún.

AMOR PROPIO

que aún puede dejar de ser...

ECO

Ser.

SOBERBIA

que ese barro quebradizo...

ECO

Quebradizo.

AMOR PROPIO

no logre su hechizo,

 

ni a su amante obligue.

 

Mas ¿Él a quién sigue?

ECO

A un ser quebradizo.

AMOR PROPIO

¿Es posible que la quiere?

ECO

Quiere.

SOBERBIA

¿Ese agravio me hace a mí?

ECO

A mí.

AMOR PROPIO

¿Así por ella me agravia?

ECO

Me agravia.

SOBERBIA

Pues brote la rabia

 

de mi furia insana;

 

pues a una villana...

ECO

Quiere, a mí me agravia.

SOBERBIA

Juntemos estas voces, que cor-

tadas

 

 

pronuncia su dolor despedazadas,

 

que de ellas podrá ser nos enteremos

 

por entero, del mal que no sabemos.

AMOR PROPIO

Mejor es oírla a ella,

 

que las repite al son de su querella.

ECO

(Con intercadencias furiosas.)

 

Tengo pena, rabia,

 

de ver que Narciso

 

a un ser quebradizo

 

quiere, a mí me agravia.

(Repite la música toda la copla.)

En el estéril hueco de este tron-AMOR PROPIO co,


 

 

 

 

1410

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1420

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1430

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1440


 

53


la ocultemos, porque el gemido ronco de sus llorosas quejas

 

no llegue de Narciso a las orejas;

y allí tristes las dos la acompañemos, pues apartarnos de ella no podemos.

 

(Vanse la Soberbia y el Amor Propio llevando a Eco.)

 

 

ESCENA XII

 

 

(Levántase Narciso de la fuente.)

 

NARCISO

Selvas, ¿quién habéis mirado

 

 

el tiempo que habéis vivido,

 

 

que ame como yo he querido,

 

 

que quiera como yo he amado?

 

 

¿A quién, en el duradero

1450

 

siglo de prolijos días,

 

 

habéis visto, selvas mías,

 

 

que muera del mal que muero?

 

 

Mirando lo que apetezco,

 

 

estoy sin poder gozarlo;

 

 

y en las ansias de lograrlo,

 

 

mortales ansias padezco.

 

 

Conozco que ella me adora

 

 

y que paga el amor mío,

 

 

pues se ríe, si me río,

1460

 

y cuando yo lloro, llora.

 

No me puedo engañar yo,

que mi ciencia bien alcanza

que mi propia semejanza

es quien mi pena causó.

De ella estoy enamorado;

y aunque amor me ha de matar,

 

me es más fácil el dejar

la vida, que no el cuidado.

(Dice lo siguiente, llegándose hacia donde se fue Eco; y ella, desde

 

donde está, va respondiendo.)

 

 

Es insufrible el tormento

1470

ECO

Tormento.

 

NARCISO

de los dolores que paso

 

ECO

Paso.

 

NARCISO

en rigor tan insufrible;

 


 

54


ECO                    Insufrible.

 

NARCISO              pues en mi pena terrible


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

55


 

 

 

 

 

Cuadro quinto

 

 

ESCENA XIII

 

(Suena terremoto; cae Narciso dentro del vestuario, y salen asusta-

dos Eco, la Soberbia y el Amor Propio.)

 

ECO

¡Qué eclipse!

 

SOBERBIA

¡Qué terremoto!

AMOR PROPIO

¡Qué asombro!

 

ECO

¡Qué horror!

 

SOBERBIA

 

¡Qué susto!

ECO

¡Las luces del sol apaga

 

 

en la mitad de su curso!

 

AMOR PROPIO

¡Cubre de sombras el aire!

1620

SOBERBIA

¡Viste a la luna de luto!

 

ECO

La tierra, de su firmeza

 

 

desmintiendo el atributo,

 

 

pavorosa se estremece,

 

 

y abriendo su centro oculto,

 

 

escondiendo en él los montes,

 

 

manifiesta los sepulcros.

 

SOBERBIA

Las piedras, enternecidas,

 

 

rompiendo su ceño duro

 

 

se despedazan, mostrando

1630

 

que aun en lo insensible cupo

 

 

el sentimiento.

 

ECO

Y lo más

 

 

portentoso que descubro,

 

es que no causa este eclipse

aquel natural concurso

del sol y la luna, cuando

-los dos luminares juntos

 

en perpendicular línea-

56


la interposición del uno

 

no nos deja ver al otro,

y así el sol parece obscuro,

no porque él lo esté, sino

porque no se ven sus puros

resplandores. Pero ahora,

siguiendo apartados rumbos,

distantes están, y así

ningún astro se interpuso

 

a ser de su luz cortina,

sino que él, funesto y mustio,

sus resplandores apaga,

como si fueran caducos.

AMOR PROPIO          Y quizá por haber eso

observado, en el tumulto donde todo el universo sirve de pequeño vulgo, algún astrólogo grande prorrumpe en la voz que escucho entre la asombrada turba, pues dice en ecos confusos:

 

VOZ 1ª                         (Dentro.)

¡O padece el autor del universo,

o perece la máquina del mundo!

AMOR PROPIO          ¡Oh fuerza de amor! ¡Oh fuerza

de un enamorado impulso:

pasar la línea a la muerte,

romper al infierno el muro,

porque el haberse rendido

Le sirva de mayor triunfo!

Mas atended, que en la turba

 

otra voz distinta escucho:

VOZ 2ª                         (Dentro.)

¡Este hombre, de verdad era muy justo!

 

SOBERBIA                  Otra voz no menos clara,

o la misma, con orgullo

de la fe, y admiración,

confiesa con otros muchos:

VOCES                         (Dentro.)


1640

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1650

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1670


 

57


¡Éste era Hijo de Dios, yo no lo dudo!

 

ECO

¡Oh, pese a mí, que ya empieza

 

 

su muerte a mostrar el fruto

 

 

de aquel misterioso grano

 

 

que escondido en el profundo

 

 

pareció muerto, y después

1680

 

tantas espigas produjo!

 

 

¡Oh, nunca la profecía

 

 

se oyera, en labios impuros,

 

 

de que para vivir todos

 

 

fue menester morir uno!

 

 

¡Oh, nunca, engañada y ciega,

 

 

solicitara por rumbos

 

 

tan diferentes su muerte,

 

 

pues cuando vengada juzgo

 

 

mi afrenta con que Él muriese,

1690

 

hallo que todo mi estudio

 

 

sirvió de ponerle medios

 

 

para que su amante orgullo

 

 

la mayor fineza obrase,

 

 

muriendo por su trasunto!

 

 

Mas aunque la envidia fiera

 

 

despedaza, áspid sañudo,

 

 

mi pecho, ya por lo menos

 

 

tengo el consuelo (si pudo

 

 

caber en mí algún consuelo)

1700

 

de conseguir que en el mundo

 

 

no esté a los ojos de aquella

 

 

villana; que de su rudo

 

 

natural, y de su ingrata

 

 

condición, no será mucho

 

 

que, no viéndolo, Lo olvide.

 

 

Dices muy bien; que no dudo

 

 

que, no viéndolo a sus ojos,

 

 

olvidada de los sumos

 

 

beneficios que Le debe,

1710

 

volverá a seguir el curso

 

de sus delitos pasados:

que acostumbrados insultos

con dificultad se olvidan,


 

58


no habiendo quién del discurso

 

 

los esté siempre borrando

 

 

con encontrados asuntos

 

 

de diferentes recuerdos.

 

SOBERBIA

Pues sea ahora nuestro estudio

 

 

solicitar que ella olvide

 

 

estos beneficios suyos;

 

 

porque si después de tantos

 

 

Le vuelve a ofender, no dudo

 

 

que a ella ocasione más pena,

 

 

y a nosotros mayor triunfo.

 

ECO

Bien decís. Mas ella viene

 

 

llorando como infortunio

 

 

la que es su dicha mayor,

 

 

con el piadoso concurso

 

 

de las ninfas y pastores.

1730

 

Esperemos aquí ocultos,

 

 

hasta ver en lo que paran

 

tantos funestos anuncios.

(Retíranse a un lado.)

 

ESCENA XIV

 

(Sale la Naturaleza llorando, y todas las Ninfas y Pastores.)

NATURALEZA HUMANA

 

 

Ninfas habitadoras

 

 

de estos campos silvestres,

 

 

unas en claras ondas

 

 

y otras en troncos verdes;

 

 

Pastores, que vagando

 

 

estos prados alegres,

 

 

guardáis con el ganado

1740

 

rústicas sencilleces:

 

 

de mi bello Narciso,

 

 

gloria de vuestro albergue,

 

 

las dos divinas lumbres

 

 

cerró temprana muerte.

 

 

¡Sentid, sentid mis ansias;

 

 

llorad, llorad su muerte!

 

COROS

¡Llorad, llorad su muerte!

 

NATURALEZA HUMANA

 


 

59


Muerte le dio su amor;

 

 

que de ninguna suerte

1750

 

pudiera, sino sólo

 

 

su propio amor vencerle.

 

 

De mirar su retrato,

 

 

enamorado muere;

 

 

que aun copiada su imagen,

 

 

hace efecto tan fuerte.

 

 

¡Sentid, sentid mis ansias:

 

 

llorad, llorad su muerte!

 

COROS

¡Llorad, llorad su muerte!

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

Ver su malogro, todo

1760

 

el universo siente:

 

 

las peñas se quebrantan,

 

 

los montes se enternecen;

 

 

enlútase la luna,

 

 

los polos se estremecen,

 

 

el sol su luz esconde,

 

 

el cielo se obscurece.

 

 

¡Sentid, sentid mis ansias;

 

 

llorad, llorad su muerte!

 

COROS

¡Llorad, llorad su muerte!

1770

NATURALEZA HUMANA

 

 

El aire se encapota,

 

 

la tierra se conmueve,

 

 

el fuego se alborota,

 

 

el agua se revuelve.

 

 

Abren opacas bocas

 

 

los sepulcros patentes,

 

 

para dar a entender

 

 

que hasta los muertos sienten.

 

 

¡Sentid, sentid mis ansias

 

 

llorad, llorad su muerte!

1780

COROS

¡Llorad, llorad su muerte!

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

Divídese del templo

 

el velo reverente,

dando a entender que ya

se rompieron sus leyes.


 

60


El universo todo,

 

 

de su beldad doliente,

 

 

capuz funesto arrastra,

 

 

negras bayetas tiende.

 

 

¡Sentid, sentid mis ansias;

1790

 

llorad, llorad su muerte!

 

COROS

¡Llorad, llorad su muerte!

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

¡Oh vosotros, los que

 

 

vais pasando, atendedme,

 

 

y mirad si hay dolor

 

 

que a mi dolor semeje!

 

 

Sola y desamparada

 

 

estoy, sin que se llegue

 

 

a mí más que el dolor,

 

 

que me acompaña siempre.

1800

 

¡Sentid, sentid mis ansias;

 

 

llorad, llorad su muerte!

 

COROS

¡Llorad, llorad su muerte!

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

De la fuerza del llanto

 

 

mi rostro se entumece,

 

 

y se ciegan mis ojos

 

 

con lágrimas que vierten.

 

 

Mi corazón, en medio

 

 

de mi pecho, parece

1810

 

cera que se derrite

 

 

junto a la llama ardiente.

 

 

¡Sentid, sentid mis ansias;

 

 

llorad, llorad su muerte!

 

COROS

¡Llorad, llorad su muerte!

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

Mirad su amor, que pasa

 

 

el término a la muerte,

 

 

y por mirar su imagen

 

 

al abismo desciende;

 

 

pues sólo por mirarla,

 

 

en las ondas del Lethe

1820

 

quebranta los candados

 

 

de diamantes rebeldes.

 


 

61


¡Sentid, sentid mis ansias;

 

 

llorad, llorad su muerte!

 

COROS

¡Llorad, llorad su muerte!

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

¡Ay de mí, que por mí

 

 

su hermosura padece!

 

 

Corran mis tristes ojos

 

 

de lágrimas dos fuentes.

 

 

Buscad su cuerpo hermoso,

1830

 

porque con los ungüentes

 

 

de preciosos aromas

 

 

ungirlo mi amor quiere.

 

 

¡Sentid, sentid mis ansias;

 

 

llorad, llorad su muerte!

 

COROS

¡Llorad, llorad su muerte!

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

Buscad mi vida en esa

 

 

imagen de la muerte,

 

 

pues el darme la vida

1840

 

es el fin con que muere.

 

 

(Hacen que Lo buscan.)

 

 

Mas, ¡ay de mí, infeliz,

 

 

que el cuerpo no parece!

 

 

Sin duda le han hurtado:

 

 

¡Oh, quién pudiera verle!

 

 

ESCENA XV

 

 

(Sale la Gracia.)

 

GRACIA

Ninfa bella, ¿por qué

 

 

lloras tan tiernamente?

 

 

¿Qué en este sitio buscas?

 

 

¿Qué pena es la que sientes?

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

Busco a mi dueño amado;

 

 

ignoro dónde ausente

1850

 

Lo ocultan de mis ojos

 

 

los hados inclementes.

 

GRACIA

¡Vivo está tu Narciso;

 

 

no llores, no lamentes,

 

 

ni entre los muertos busques

 


 

62


al que está vivo siempre!»

 

ESCENA XVI

 

(Sale Narciso, con otras galas, como resucitado, por detrás de la

 

Naturaleza; y ella se vuelve a mirarlo.)

 

NARCISO

¿Por qué lloras, pastora?

 

 

Que las perlas que viertes

 

 

el corazón me ablandan,

 

 

el alma me enternecen.

1860

NATURALEZA HUMANA

 

 

Por mi Narciso lloro,

 

 

señor; si tú Le tienes,

 

 

dime dónde está, para

 

 

que yo vaya a traerle.

 

NARCISO

¿Pues cómo, esposa mía,

 

 

no puedes conocerme,

 

 

si a mi beldad divina

 

 

ninguna se parece?

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

¡Ay, adorado esposo,

 

 

deja que alegremente

1870

 

llegue a besar tus plantas!

 

NARCISO

A tocarme no llegues,

 

 

porque voy con mi padre

 

 

a su trono celeste.

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

Luego, ¿me dejas sola?

 

 

¡Ay, Señor, no me dejes;

 

 

que volverá a insidiarme

 

 

mi enemiga serpiente!

 

 

ESCENA XVII

 

 

(Salen Eco, la Soberbia y el Amor Propio.)

 

ECO

Claro está, pues aunque has hecho

 

 

tantas finezas por ella,

1880

 

en dejándola ¿quién duda

 

 

que a ser mi despojo vuelva?

 

SOBERBIA

Pues no viéndote, ella es

 

 

de condición tan grosera,

 

 

que dejará tus cariños

 


 

63


y olvidará tus finezas.

 

AMOR PROPIO

Y yo pondré tales lazos

 

 

en sus caminos y sendas,

 

 

que no se pueda librar

 

 

de volver a quedar presa.

1890

ECO

Yo le pondré tales manchas,

 

 

que su apreciada belleza

 

 

se vuelva a desfigurar

 

 

y a desobligarte vuelva.

 

GRACIA

Eso no, que yo estaré

 

 

a su lado, en su defensa;

 

 

y estando con ella yo,

 

 

no es fácil que tú la venzas.

 

ECO

¿Qué importará, si es tan fácil

 

 

que, frágil, ella te pierda,

1900

 

y en perdiéndote, es preciso

 

 

que vuelva a ponerse fea?

 

NARCISO

No importa, que yo daré,

 

 

contra todas tus cautelas,

 

 

remedios a sus peligros

 

 

y escudos a sus defensas.

 

ECO

¿Qué remedios, ni qué escudos,

 

 

si como otra vez te ofenda,

 

 

como es tu ofensa infinita,

 

 

no podrá satisfacerla?

1910

 

Pues para una que te hizo,

 

 

fue menester que murieras

 

 

tú; y claro está que no es congruo

 

 

que todas las veces que ella

 

 

vuelva a pecar, a morir

 

 

tú también por ella vuelvas.

 

NARCISO

Por eso, mi inmenso amor

 

 

la previno, para esa

 

 

fragilidad, de remedios,

1920

 

para que volver pudiera,

 

 

si cayera, a levantarse.

 

SOBERBIA

¿Qué remedio habrá, que pueda

 

 

restituirla a tu gracia?

 

 

¿Cuál? El de la penitencia,

 

 

y los demás sacramentos,

 


 

64


que he vinculado en mi iglesia

 

 

por medicinas del alma.

 

ECO

Cuando éstos bastantes sean,

 

 

ella no querrá usar de ellos,

 

 

negligente, si te ausentas,

1930

 

porque olvidará tu amor

 

 

en faltando tu presencia.

 

NARCISO

Tampoco eso ha de faltarle,

 

 

porque dispuso mi inmensa

 

 

sabiduría, primero

 

 

que fuese mi muerte acerba,

 

 

un memorial de mi amor,

 

 

para que cuando me fuera,

 

 

juntamente me quedara

 

ECO

Aqueso es lo que mi ciencia

1940

 

no alcanza cómo será.

 

NARCISO

Pues para darte más pena,

 

 

porque ha de ser el mayor

 

 

tormento el que tú lo sepas,

 

 

y por manifestación

 

 

de mi sin igual fineza,

 

 

¡llega, Gracia, y recopila

 

 

en la metáfora mesma

 

 

que hemos hablado hasta aquí,

 

 

mi historia!

 

GRACIA

Que te obedezca

1950

 

será preciso; y así,

 

 

escuchadme.

 

ECO

Ya mis penas

 

 

te atienden, a mi pesar.

 

GRACIA

Pues pasó desta manera:

 

 

Érase aquella belleza

 

 

del soberano Narciso,

 

 

gozando felicidades

 

 

en la gloria de sí mismo,

 

 

pues en sí mismo tenía

 

 

todos los bienes consigo:

1960

 

Rey de toda la hermosura,

 

 

de la perfección archivo,

 

 

esfera de los milagros,

 


 

65


y centro de los prodigios.

 

De sus altas glorias eran

 

esos orbes cristalinos

 

coronistas, escribiendo

 

con las plumas de sus giros.

 

Anuncio era de sus obras

 

el firmamento lucido,

1970

y el resplandor Lo alababa

 

de los astros matutinos:

 

Le aclamaba el fuego en llamas,

 

el mar con penachos rizos,

 

la tierra en labios de rosas

 

y el aire en ecos de silbos.

 

Centella de su beldad

 

se ostentaba el sol lucido,

 

y de sus luces los astros

 

eran brillantes mendigos.

1980

Cóncavos espejos eran

 

de su resplandor divino,

 

en bruñidas superficies,

 

los once claros zafiros.

 

Dibujo de su luz eran

 

con primoroso artificio

 

el orden de los planetas,

 

el concierto de los signos.

 

Por imitar su belleza,

 

con cuidadosos aliños,

1990

se vistió el campo de flores,

 

se adornó el monte de riscos.

 

Adoraban su deidad

 

con amoroso destino,

 

desde su gruta la fiera

 

y el ave desde su nido.

 

El pez en el seno obscuro

 

Le daba cultos debidos,

 

y el mar para sus ofrendas

 

erigió altares de vidrio.

2000

Adoraciones Le daban.

 

devotamente rendidos,

 

desde la hierba más baja

 


 

66


al más encumbrado pino.

 

Maremagnum se ostentaba

 

de perfección, infinito,

 

de quien todas las bellezas

 

se derivan como ríos.

 

En fin, todo lo insensible,

 

racional, y sensitivo,

2010

tuvo el ser en su cuidado

 

y se perdiera a su olvido.

 

Éste, pues, hermoso asombro,

 

que entre los prados floridos

 

se regalaba en las rosas,

 

se apacentaba en los lirios,

 

de ver el reflejo hermoso

 

de su esplendor peregrino,

 

viendo en el hombre su imagen,

 

se enamoró de sí mismo.

2020

Su propia similitud

 

fue su amoroso atractivo,

 

porque sólo Dios, de Dios

 

pudo ser objeto digno.

 

Abalanzóse a gozarla;

 

pero cuando su cariño

 

más amoroso buscaba

 

el imán apetecido,

 

por impedir envidiosas

 

sus afectos bien nacidos,

2030

se interpusieron osadas

 

las aguas de sus delitos.

 

Y viendo imposible casi

 

el logro de sus designios

 

(porque hasta Dios en el mundo

 

no halla amores sin peligro),

 

se determinó a morir

 

en empeño tan preciso,

 

para mostrar que es el riesgo

2040

el examen de lo fino.

 

Apocóse, según Pablo,

y (si es lícito decirlo)

consumióse, al dulce fuego


 

67


tiernamente derretido.

 

Abatióse como amante

 

al tormento más indigno,

 

y murió, en fin, del amor

 

al voluntario suplicio.

 

Dio la vida en testimonio

 

de su amor; pero no quiso

2050

que tan gloriosa fineza

 

se quedase sin testigo;

 

y así dispuso dejar

 

un recuerdo y un aviso,

 

por memoria de su muerte,

 

y prenda de su cariño.

 

Su disposición fue parto

 

de su saber infinito,

 

que no se ostenta lo amante

2060

sin galas de lo entendido.

 

Él mismo quiso quedarse

 

en blanca flor convertido,

 

porque no diera la ausencia

 

a la tibieza motivo;

 

que no es mucho que hoy florezca,

 

pues antes en sus escritos

 

se llama flor de los campos,

 

y de los collados lilio.

 

Cándido disfraz, es velo

 

de sus amantes designios,

2070

incógnito a la grosera

 

cognición de los sentidos.

 

Oculto quiso quedarse

 

entre cándidos armiños,

 

por asistir como amante

 

y celar como registro:

 

que como esposo del alma,

 

receloso de desvíos,

 

la espía por las ventanas,

 

la acecha por los resquicios

2080

Quedó a hacer nuevos favores,

 

porque, liberal, no quiso

 

acordar una fineza

 


 

68


sin hacer un beneficio.

 

Ostentó lo enamorado

con amantes desperdicios,

e hizo todo cuanto pudo

El que pudo cuanto quiso.

Quedó en manjar a las almas,

liberalmente benigno, 2090 alimento para el justo,

veneno para el indigno.

(Aparece el carro de la fuente; y junto a ella, un cáliz con una hostia

 

encima.)

 

 

Mirad, de la clara fuente

 

 

en el margen cristalino,

 

 

la bella cándida flor

 

 

de quien el amante dijo:

 

NARCISO

Éste es mi cuerpo y mi sangre

 

 

que entregué a tantos martirios

 

 

por vosotros. En memoria

2100

 

de mi muerte, repetidlo.

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

A tan no vista fineza,

 

 

a tan sin igual cariño,

 

 

toda el alma se deshace,

 

 

todo el pecho enternecido

 

 

gozosas lágrimas vierte.

 

ECO

Y yo, ¡ay de mí!, que lo he visto,

 

 

enmudezca, viva sólo

 

 

al dolor, muerta al alivio.

 

AMOR PROPIO

Yo, absorto, rabioso y ciego,

2110

 

venenoso áspid nocivo,

 

 

a mí propio me dé muerte.

 

SOBERBIA

Yo que de tus precipicios

 

 

fui causa, segunda vez

 

 

me sepulte en el abismo.

 

GRACIA

Y yo, que el impedimento

 

 

quitado y deshecho miro

 

 

de la culpa, que por tanto

 

 

tiempo pudo dividirnos,

 

 

Naturaleza dichosa,

 

 

te admito a los brazos míos.

2120


 

69


¡Llega, pues, que eternas paces

 

 

quiero celebrar contigo;

 

 

¡no temas, llega a mis brazos!

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

¡Con el alma los recibo!

 

 

Mas el llegar temerosa

 

 

es respeto en mí preciso,

 

 

pues a tanto sacramento,

 

 

a misterio tan divino,

 

 

es muy justo que el amor

 

 

llegue de temor vestido.

2130

 

(Abrázanse las dos.)

 

GRACIA

¿Pues ya qué falta a tus dichas?

 

NATURALEZA HUMANA

 

 

Sólo falta que, rendidos,

 

 

las debidas gracias demos;

 

 

y así, en concertados himnos

 

 

sus alabanzas cantad,

 

 

diciendo todos conmigo:

 

TODOS

(Cantan.)

 

 

¡Canta, lengua, del cuerpo glorioso

 

 

el alto misterio, que por precio digno

 

 

del mundo se nos dio, siendo fruto

 

real, generoso, del vientre más

2140

limpio

 

Veneremos tan gran sacramento,

y al nuevo misterio cedan los antiguos, supliendo de la fe los afectos

 

todos los defectos que hay en los sentidos. ¡Gloria, honra, bendición y alabanza, grandeza y virtud al Padre y al Hijo

 

se dé; y al amor, que de ambos procede, igual alabanza Le demos rendidos!


 

 

 

 

 

 

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