© Libro N° 13825. El Divino
Narciso. De La Cruz,
Sor Juana Inés. Emancipación. Mayo 10 de 2025
Título Original: © El Divino Narciso. Sor Juana Inés
De La Cruz
Versión
Original: © El Divino Narciso.
Sor Juana Inés De La Cruz
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión
original de textos:
https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-divino-narciso--0/html/35d3e709-89db-4ea2-a2da-5813574edb00_2.html
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro
contenido, con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un
medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los
contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la
circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría
corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son
estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
https://i.pinimg.com/736x/6a/01/23/6a012324dccbb7ec2e5d755981093f81.jpg
Portada E.O. de Imagen original:
https://www.cervantesvirtual.com/portadas/092/0923735/Cover.jpg
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN
RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
EL DIVINO NARCISO
Sor Juana Inés De La Cruz
El Divino
Narciso
Sor Juana Inés De La Cruz
EL DIVINO NARCISO
SOR JUANA INES DE
LA CRUZ
PERSONAJES
EL DIVINO NARCISO
LA NATURALEZA HUMANA
LA GRACIA
LA GENTILIDAD
LA SINAGOGA
ENÓS
UN ÁNGEL
ECO, LA NATURALEZA ANGÉLICA RÉPROBA
LA SOBERBIA
EL AMOR PROPIO
NINFAS
PASTORES
ABRAHAM
DOS COROS DE MÚSICA
Cuadro primero
ESCENA I
(Salen, por una
parte, la Gentilidad, de ninfa, con acompañamiento de Ninfas y Pastores;
y por otra, la Sinagoga, también de ninfa, con su acompañamiento,
que serán los músicos; y detrás, muy bizarra, la Naturaleza Humana,
oyendo lo que cantan.)
|
SINAGOGA |
¡Alabad al Señor todos los |
hom- |
|
bres! |
|
|
|
|
|
|
|
CORO 1º |
¡Alabad al Señor todos los hombres! |
|
|
SINAGOGA |
Un nuevo canto entonad |
|
|
|
a su divina beldad |
|
|
|
y en cuanto la luz alcanza, |
|
|
|
suene la eterna alabanza |
|
|
|
de la gloria de su nombre. |
|
|
CORO 1º |
¡Alabad al Señor todos los hom- |
|
|
bres! |
|
|
|
|
|
|
|
GENTILIDAD |
¡Aplaudid a Narciso, plantas y
flores! |
|
|
|
Y pues su beldad divina, |
10 |
|
|
sin igualdad peregrina, |
|
|
|
es sobre toda hermosura, |
|
|
|
que se vio en otra criatura, |
|
|
|
y en todas inspira amores, |
|
|
CORO 2º |
¡alabad a Narciso, fuentes y
flores! |
|
|
SINAGOGA |
¡Alabad, |
|
|
GENTILIDAD |
aplaudid, |
|
|
SINAGOGA |
con himnos, |
|
|
GENTILIDAD |
con voces, |
|
|
SINAGOGA |
al Señor, |
|
|
GENTILIDAD |
a Narciso, |
|
5
|
todos los hombres, |
|
|
|
GENTILIDAD |
Fuentes y flores! |
|
|
(Pónese la Naturaleza
Humana en medio de los dos Coros.) |
||
|
NATURALEZA HUM |
|
|
|
ANA |
|
|
|
|
Gentilidad, Sinagoga, |
|
|
|
que en dulces métricas voces |
|
|
|
a Dios aplaude la una, |
20 |
|
|
y la otra celebra a un hombre: |
|
|
|
escuchadme lo que os digo, |
|
|
|
atended a mis razones, |
|
|
|
que pues soy madre de entrambas, |
|
|
|
a entrambas es bien que toque |
|
|
|
por ley natural oírme. |
|
|
SINAGOGA |
Ya mi amor te reconoce, |
|
|
|
¡Oh Naturaleza!, madre |
|
|
|
común de todos los hombres. |
|
|
GENTILIDAD |
Y yo también te obedezco, |
30 |
|
|
pues aunque andemos discordes |
|
|
|
yo y la Sinagoga, no |
|
|
|
por eso te desconoce |
|
|
|
mi amor, antes te venera. |
|
|
SINAGOGA |
Y sólo en esto conformes |
|
|
|
estamos, pues observamos, |
|
|
|
ella allá entre sus errores |
|
|
|
y yo acá entre mis verdades, |
|
|
|
aquel precepto, que impone, |
|
|
|
de que uno a otro no le haga |
40 |
|
|
lo que él para sí no abone; |
|
|
|
y como padre ninguno |
|
quiere que el hijo le enoje,
así no fuera razón
que a nuestras obligaciones
faltáramos, con negar
6
|
nuestra atención a tus voces. |
|
|
|
GENTILIDAD |
Así es; porque este precepto, |
|
|
|
porque ninguno lo ignore, |
|
|
|
se lo escribes a tus hijos |
50 |
|
|
dentro de los corazones. |
|
|
NATURALEZA HUM |
|
|
|
ANA |
|
|
|
|
Bien está; que ese precepto |
|
|
|
basta, para que se note |
|
|
|
que como a madre común |
|
|
|
me debéis las atenciones. |
|
|
SINAGOGA |
Pues dinos lo que pretendes. |
|
|
GENTILIDAD |
Pues dinos lo que dispones. |
|
|
NATURALEZA HUM |
|
|
|
ANA |
|
|
|
|
Digo, que habiendo escuchado |
|
|
|
en vuestras métricas voces |
|
|
|
los diferentes objetos |
60 |
|
|
de vuestras aclamaciones: |
|
|
|
pues tú, Gentilidad ciega, |
|
|
|
errada, ignorante y torpe, |
|
|
|
a una caduca beldad |
|
|
|
aplaudes en tus loores, |
|
|
|
y tú, Sinagoga, cierta |
|
|
|
de las verdades que oyes |
|
|
|
en tus profetas, a Dios |
|
|
|
Le rindes veneraciones; |
|
|
|
dejando de discurrir |
70 |
|
|
en vuestras oposiciones, |
|
|
(A la Gentilidad.) |
|
|
pues claro está que tú yerras
(A la Sinagoga.)
y claro el que tú conoces
aunque vendrá tiempo, en que
7
|
|
|
|
la Gentilidad conozca, |
|
|
y la Sinagoga ignore... |
|
|
Mas esto ahora no es del caso; |
|
|
y así, volviéndome al orden |
|
|
del discurso, digo que |
80 |
|
oyendo vuestras canciones, |
|
|
me he pasado a cotejar |
|
|
cuán misteriosas se esconden |
|
|
aquellas ciertas verdades |
|
|
debajo de estas ficciones. |
|
|
Pues si en tu Narciso, tú |
|
|
tanta perfección supones, |
|
|
que dices que es su hermosura |
|
|
imán de los corazones, |
|
|
y que no sólo la siguen |
90 |
|
las ninfas y los pastores, |
|
|
sino las aves y fieras, |
|
|
los collados y los montes, |
|
|
los arroyos y las fuentes, |
|
|
las plantas, hierbas y flores, |
|
|
¿con cuánta mayor razón |
|
|
estas sumas perfecciones |
|
|
se verifican de Dios, |
|
|
a cuya beldad los orbes, |
|
|
para servirle de espejos, |
100 |
|
indignos se reconocen; |
|
|
y a quien todas las criaturas |
|
(aunque no hubiera razones
de tan grandes beneficios,
de tan extraños favores)
por su hermosura, no más,
debieran adoraciones;
y a quien la Naturaleza
8
|
(que soy yo), con atenciones, |
|
|
|
|
como a mi centro apetezco |
110 |
|
|
y sigo como a mi norte? |
|
|
|
Y así, pues madre de entrambas |
|
|
|
soy, intento con colores |
|
|
|
alegóricos, que ideas |
|
|
|
representables componen, |
|
|
(A la Sinagoga.) |
|
|
|
|
tomar de la una el sentido, |
|
|
(A la Gentilidad.) |
|
|
|
|
tomar de la otra las voces, |
|
|
|
y en metafóricas frases, |
|
|
|
tomando sus locuciones |
|
|
|
y en figura de Narciso, |
120 |
|
|
solicitar los amores |
|
|
|
de Dios, a ver si dibujan |
|
|
|
estos obscuros borrones |
|
|
|
la claridad de sus luces; |
|
|
|
pues muchas veces conformes |
|
|
|
divinas y humanas letras, |
|
|
|
dan a entender que Dios pone |
|
|
|
aun en las plumas gentiles |
|
|
|
unos visos en que asomen |
|
|
|
los altos misterios suyos; |
130 |
|
|
y así quiero que, concordes, |
|
|
(A la Sinagoga.) |
|
|
|
|
tú des el cuerpo a la idea, |
|
|
(A la Gentilidad.) |
|
|
|
|
y tú el vestido le cortes. |
|
|
|
¿Qué decís? |
|
|
SINAGOGA |
Que por la parte |
|
|
|
que del intento me toque, |
|
te serviré yo con darte
en todo lo que te importen,
9
|
los versos de mis profetas, |
|
|
|
|
los coros de mis cantores. |
|
|
GENTILIDAD |
Yo, aunque no te entiendo bien, |
140 |
|
|
pues es lo que me propones, |
|
|
|
que sólo te dé materia |
|
|
|
para que tú allá la informes |
|
|
|
de otra alma, de otro sentido |
|
|
|
que mis ojos no conocen, |
|
|
|
te daré de humanas letras |
|
|
|
los poéticos primores |
|
|
|
de la historia de Narciso. |
|
|
NATURALEZA HUM |
|
|
|
ANA |
|
|
|
|
Pues volved a las acordes |
|
|
|
músicas, en que os hallé, |
150 |
|
|
porque quien oyere, logre |
|
en la metáfora el ver
que, en estas amantes voces,
una cosa es la que entiende
y otra cosa la que oye.
10
ESCENA II
|
SINAGOGA |
¡Alabad al Señor todos los hombres! |
|
|
CORO 1º |
¡Alabad al Señor todos los hombres! |
|
|
GENTILIDAD |
¡Aplaudid a Narciso, plantas y
flores! |
|
|
CORO 2º |
¡Aplaudid a Narciso, fuentes y
flores! |
|
|
SINAGOGA |
Todos los hombres Le alaben |
160 |
|
|
y nunca su aplauso acaben |
|
|
|
los ángeles en su altura, |
|
|
|
el cielo con su hermosura, |
|
|
|
y con sus giros los orbes. |
|
|
CORO 1º |
¡Alabad al Señor todos los hombres! |
|
|
CORO 2º |
¡Aplaudid a Narciso, fuentes y
flores! |
|
|
GENTILIDAD |
Y pues su beldad hermosa, |
|
|
|
soberana y prodigiosa, |
|
|
|
es de todas la mayor, |
|
|
|
cuyo sin igual primor |
170 |
|
|
aplauden los horizontes, |
|
|
CORO 2º |
¡aplaudid a Narciso, fuentes y
flores! |
|
|
CORO 1º |
¡Alabad al Señor todos los hombres! |
|
|
SINAGOGA |
Las aguas que sobre el cielo |
|
|
|
forman cristalino hielo, |
|
|
|
y las excelsas virtudes |
|
|
|
que moran sus celsitudes, |
|
|
|
todas Le alaben conformes. |
|
|
CORO 1º |
¡Alabad al Señor todos los hombres! |
|
|
CORO 2º |
¡Aplaudid a Narciso, fuentes y
flores! |
|
|
GENTILIDAD |
A su bello resplandor |
180 |
|
|
se para el claro farol |
|
|
|
del sol; y por ver su cara, |
|
|
|
el fogoso carro para, |
|
|
|
mirando sus perfecciones. |
|
|
CORO 2º |
¡Aplaudid a Narciso, fuentes y
flores! |
|
11
|
¡Alabad al Señor todos los hombres! |
|
|
|
SINAGOGA |
El sol, la luna y estrellas, |
|
|
|
el fuego con sus centellas, |
|
|
|
la niebla con el rocío, |
|
|
|
la nieve, el hielo y el frío |
190 |
|
|
y los días y las noches. |
|
|
CORO 1º |
¡Alabad al Señor todos los hombres! |
|
|
CORO 2º |
¡Aplaudid a Narciso, fuentes y
flores! |
|
|
GENTILIDAD |
Su atractivo singular |
|
|
|
no sólo llega a arrastrar |
|
|
|
las ninfas y los zagales, |
|
|
|
en su seguimiento iguales, |
|
|
|
mas las peñas y los montes. |
|
|
CORO 2º |
¡Aplaudid a Narciso, fuentes y
flores! |
|
|
CORO 1º |
¡Alabad al Señor, todos los
hombres! |
110 |
|
NATURALEZA HUM |
|
|
|
ANA |
|
|
|
|
¡Oh, qué bien suenan unidas |
|
|
|
las alabanzas acordes, |
|
|
|
que de su beldad divina |
|
|
|
celebran las perfecciones! |
|
|
|
Que aunque las desdichas mías |
|
|
|
desterrada de sus soles |
|
|
|
me tienen, no me prohíben |
|
|
|
el que su belleza adore; |
|
|
|
que aunque, justamente airado |
210 |
|
|
por mis delitos enormes, |
|
|
|
me desdeña, no me faltan |
|
piadosos intercesores
que Le insten continuamente
para que el perdón me otorgue,
y el estar en mí su imagen,
bien que los raudales torpes
de las aguas de mis culpas
12
|
|
|
|
que a las culpas, el Sagrado |
220 |
|
Texto, en muchas ocasiones |
|
|
aguas llama, cuando dice: |
|
|
«No la tempestad me ahogue |
|
|
del agua»; y en otra parte, |
|
|
alabando los favores |
|
|
de Dios, repite David |
|
|
que su Dios, que le socorre, |
|
|
le libró de muchas aguas; |
|
|
y que los intercesores |
|
|
llegan en tiempo oportuno, |
230 |
|
pero que no en los furores |
|
|
del diluvio de las aguas. |
|
|
Y así, bien es que yo nombre |
|
|
aguas turbias a mi culpa, |
|
|
cuyos obscenos colores |
|
|
entre mí y Él interpuestos, |
|
|
tanto mi ser descomponen, |
|
|
tanto mi belleza afean, |
|
|
tanto alteran mis facciones, |
|
|
que si las mira Narciso, |
|
|
a su imagen desconoce. |
240 |
|
Díganlo, después de aquel |
|
|
pecado del primer hombre, |
|
|
que fue mar, cuyas espumas |
|
|
no hay ninguno que no mojen, |
|
|
tantas fuentes, tantos ríos |
|
|
obscenos de pecadores |
|
|
en quien la Naturaleza |
|
|
siempre sumergida, esconde |
|
|
su hermosura. ¡Oh, quiera el cielo |
|
|
que mis esperanzas topen |
250 |
|
alguna fuente que, libre |
|
|
|
|
|
13 |
|
|
de aquellas aguas salobres, |
|
|
|
|
represente de Narciso |
|
|
|
enteras las perfecciones! |
|
|
|
Y mientras quiere mi dicha |
|
|
|
que yo sus cristales toque, |
|
|
|
vosotros, para ablandar |
|
|
|
de Narciso los rigores, |
|
|
|
repetid sus alabanzas |
|
|
|
en tiernas aclamaciones, |
260 |
|
|
uniendo a cláusulas llanto, |
|
|
|
porque es lo mejor que oye. |
|
|
|
Representad mi dolor; |
|
|
|
que vuestras voces acordes |
|
|
|
puede ser que Lo enternezcan, |
|
|
|
y piadoso me perdone. |
|
|
|
Y pues en edad ninguna |
|
|
|
ha faltado quien abogue |
|
|
|
por mí, vamos a buscar |
|
|
|
la fuente en que mis borrones |
270 |
|
|
se han de lavar, sin dejar |
|
|
|
las dulces repeticiones |
|
|
|
de la música, diciendo |
|
|
|
entre lágrimas y voces: |
|
|
CORO 1º |
¡Alabad al Señor todos los hombres! |
|
|
CORO 2º |
¡Aplaudid a Narciso, fuentes y
flores! |
|
14
ESCENA III
(Salen Eco,
ninfa, alborotada; la Soberbia, de pastora, y el Amor
Propio, de
pastor.)
|
ECO |
Soberbia, Amor Propio, amigos, |
|
|
|
¿oísteis en esta selva |
|
|
|
unas voces? |
|
|
SOBERBIA |
Yo atendí |
|
|
|
sus cláusulas; por más señas |
280 |
|
|
que mucho más que el oído, |
|
|
|
el corazón me penetran. |
|
|
AMOR PROPIO |
Yo también, que al escuchar |
|
|
|
lo dulce de sus cadencias, |
|
|
|
fuera de mi acuerdo estoy. |
|
|
ECO |
Pues, y bien, ¿qué inferís de
ellas? |
|
|
SOBERBIA |
Nada, porque sólo yo |
|
|
|
conozco que me molestan, |
|
|
|
como la Soberbia soy, |
|
|
|
las alabanzas ajenas. |
290 |
|
AMOR PROPIO |
Yo sólo sé que me cansan |
|
|
|
cariños que se enderezan, |
|
|
|
como yo soy Amor Propio, |
|
|
|
a amar a quien yo no sea. |
|
|
ECO |
Pues yo os diré lo que infiero, |
|
|
|
que como mi infusa ciencia |
|
|
|
se distingue de mi Propio |
|
|
|
Amor, y de mi Soberbia, |
|
|
|
no es mucho que no la alcancen, |
|
|
|
y es natural que la teman. |
300 |
|
|
Y así, Amor Propio, que en mí |
|
|
|
tan inseparable reinas, |
|
|
|
que haces que de mí se olvide, |
|
|
|
|
|
|
|
15 |
|
|
|
|
|
(porque el Amor Propio |
|
|
es de tal manera, |
|
|
que insensato olvida |
|
|
lo mismo que acuerda); |
|
|
principio de mis afectos, |
|
|
pues eres en quien empiezan, |
310 |
|
y tú eres en quien acaban, |
|
|
pues acaban en Soberbia |
|
|
(porque cuando el Amor Propio |
|
|
de lo que es razón se aleja, |
|
|
en Soberbia se remata, |
|
|
que es el afecto que engendra, |
|
|
que es aquél que todas |
|
|
las cosas intenta |
|
|
sólo dirigidas |
|
|
a su conveniencia), |
320 |
|
escuchadme. Ya habéis visto |
|
|
que aquesta pastora bella |
|
|
representa en común toda |
|
|
la Humana Naturaleza: |
|
|
que en figura de una ninfa, |
|
|
con metafórica idea, |
|
|
sigue a una beldad que adora, |
|
|
no obstante que la desprecia; |
|
|
y para que a las divinas |
|
|
sirvan las humanas letras, |
330 |
|
valiéndose de las dos, |
|
su conformidad coteja,
tomando a unas el sentido,
y a las otras la corteza;
y prosiguiendo las frases,
usando de la licencia
de retóricos
colores,
16
|
|
|
|
Narciso a Dios llama, |
|
|
porque su belleza |
340 |
|
no habrá quien la iguale, |
|
|
ni quien la merezca. |
|
|
Pues ahora, puesto que |
|
|
mi persona representa |
|
|
el ser angélico, no |
|
|
en común, mas sólo aquella |
|
|
parte réproba, que osada |
|
|
arrastró de las estrellas |
|
|
la tercer parte al abismo, |
|
|
quiero, siguiendo la mesma |
350 |
|
metáfora que ella, hacer |
|
|
a otra ninfa; que pues ella |
|
|
como una ninfa a Narciso |
|
|
sigue, ¿qué papel me queda |
|
|
hacer, sino a Eco infeliz, |
|
|
que de Narciso se queja? |
|
|
Pues ¿qué más beldad |
|
|
que la suya inmensa, |
|
|
ni qué más desprecio |
|
|
que el que a mí me muestra? |
360 |
|
Y así, aunque ya lo sabéis, |
|
|
por lo que a mí me atormenta |
|
|
(que soy yo tal, que ni a mí |
|
|
reservo la mayor pena), |
|
|
os referiré la historia |
|
|
con la metáfora mesma, |
|
|
para ver si la de Eco |
|
|
conviene con mi tragedia. |
|
|
Desde aquí el curioso |
|
|
mire si concuerdan |
370 |
|
verdad y ficción, |
|
|
|
|
|
17 |
|
|
|
|
|
Ya sabéis que yo soy Eco, |
|
|
la que infelizmente bella, |
|
|
por querer ser más hermosa |
|
|
me reduje a ser más fea, |
|
|
porque -viéndome dotada |
|
|
de hermosura y de nobleza, |
|
|
de valor y de virtud, |
|
|
de perfección y de ciencia, |
380 |
|
y en fin, viendo que era yo, |
|
|
aun de la naturaleza |
|
|
angélica ilustre mía, |
|
|
la criatura más perfecta-, |
|
|
ser esposa de Narciso |
|
|
quise, e intenté soberbia |
|
|
poner mi asiento en su solio |
|
|
e igualarme a su grandeza, |
|
|
juzgando que no |
|
|
era inconsecuencia |
390 |
|
que fuera igual suya |
|
|
quien era tan bella; |
|
|
por lo cual, Él, ofendido, |
|
|
tan desdeñoso me deja, |
|
|
tan colérico me arroja |
|
|
de su gracia y su presencia, |
|
|
que no me dejó ¡ay de mí!, |
|
|
esperanza de que pueda |
|
|
volver a gozar los rayos |
400 |
|
de su divina belleza. |
|
|
Yo, viéndome despreciada, |
|
con el dolor de mi afrenta,
en odio trueco el amor
y en rencores la terneza,
en venganzas los cariños,
18
|
|
|
|
nociva ponzoña exhalo, |
|
|
veneno animan mis venas; |
|
|
que cuando el amor |
|
|
en odio se trueca, |
410 |
|
es más eficaz |
|
|
el rencor que engendra. |
|
|
y temerosa de que |
|
|
la humana naturaleza |
|
|
los laureles que perdí, |
|
|
venturosa se merezca, |
|
|
inventé tales ardides, |
|
|
formé tal estratagema, |
|
|
que a la incauta ninfa obligo, |
|
|
sin atender mi cautela, |
420 |
|
que a Narciso desobligue, |
|
|
y que ingrata y desatenta |
|
|
Le ofenda, viendo que Él es |
|
|
de condición tan severa, |
|
|
que ofendido ya una vez, |
|
|
como es infinita ofensa |
|
|
la que se hace a su deidad, |
|
|
no hay medio para que vuelva |
|
|
a su gracia, porque |
|
|
es tanta la deuda, |
430 |
|
que nadie es capaz |
|
de satisfacerla.
Y con esto a la infeliz
la reduje a tal miseria,
que por más que tristemente
gime al son de sus cadenas,
son en vano sus suspiros,
son inútiles sus quejas,
pues, como yo, no podrá
19
|
440 |
|
|
ver la cara de Narciso: |
|
|
con lo cual vengada queda |
|
|
mi injuria, porque |
|
|
ya que no posea |
|
|
yo el solio, no es bien |
|
|
que otra lo merezca, |
|
|
ni que lo que yo perdí, |
|
|
una villana grosera, |
|
|
de tosco barro formada, |
|
|
hecha de baja materia, |
450 |
|
llegue a lograr. Así es bien |
|
|
que estemos todos alerta, |
|
|
para que nunca Narciso |
|
|
a mirar sus ojos vuelva: |
|
|
porque es a Él tan parecida, |
|
|
en efecto, como hecha |
|
|
a su imagen (¡ay de mí!, |
|
|
de envidia el pecho revienta), |
|
|
que temo que, si la mira, |
|
|
su imagen que mira en ella |
460 |
|
obligará a su deidad |
|
|
a que se incline a quererla; |
|
|
que la semejanza |
|
|
tiene tanta fuerza, |
|
|
que no puede haber |
|
|
quien no la apetezca. |
|
|
Y así, siempre he procurado |
|
|
con cuidado y diligencia |
|
|
borrar esta semejanza, |
|
|
haciéndola que cometa |
470 |
|
tales pecados, que Él mismo |
|
-soltando a Acuario las riendas-
destruyó por agua el mundo,
20
|
|
|
|
Mas como es costumbre suya, |
|
|
que siempre piadoso mezcla |
|
|
en medio de la justicia |
|
|
los visos de la clemencia, |
|
|
quiso, no obstante el naufragio, |
|
|
que a favor de la primera |
480 |
|
nadante tabla, salvase |
|
|
la vida que aún hoy conserva; |
|
|
que aun entre el enojo, |
|
|
siempre se Le acuerda |
|
|
la misericordia, |
|
|
para usar más de ella. |
|
|
Pero apenas respiró |
|
|
del daño, cuando soberbia, |
|
|
con homenajes altivos |
|
|
escalar el cielo intenta, |
490 |
|
y creyendo su ignorancia |
|
|
que era accesible la esfera |
|
|
a corporales fatigas |
|
|
y a materiales tareas, |
|
|
altiva torre fabrica, |
|
|
pudiendo labrar más cuerda |
|
|
inmateriales escalas |
|
|
hechas de su penitencia. |
|
|
A cuya loca ambición, |
|
|
en proporcionada pena, |
500 |
|
correspondió en divisiones |
|
la confusión de las lenguas;
que es justo castigo
al que necio piensa
que lo entiende todo,
que a ninguno entienda.
Después de así divididos,
21
|
|
|
|
que ya adoraban al sol, |
|
|
ya el curso de las estrellas, |
510 |
|
ya veneraban los brutos, |
|
|
ya daban culto a las peñas, |
|
|
ya a las fuentes, ya a los ríos, |
|
|
ya a los bosques, ya a las selvas, |
|
|
sin que quedara criatura, |
|
|
por inmunda o por obscena, |
|
|
que su ceguedad dejara, |
|
|
que su ignorancia excluyera; |
|
|
y adorando embelesados |
|
|
sus inclinaciones mesmas, |
520 |
|
olvidaron de su Dios |
|
|
la adoración verdadera; |
|
|
conque amando estatuas |
|
|
su ignorancia ciega, |
|
|
vinieron a casi |
|
|
transformarse en ellas. |
|
|
Mas no obstante estos delitos, |
|
|
nunca han faltado centellas |
|
|
que de aquel primer origen |
|
|
el noble ser les acuerdan; |
530 |
|
y pretendiendo volver |
|
a la dignidad primera,
con lágrimas y suspiros
aplacar a Dios intentan.
Y si no, mirad a Abel,
que las espigas agrega
y los carbones aplica,
para hacer a Dios ofrenda.
22
ESCENA IV
(Ábrese un carro;
va dando vuelta, en elevación, Abel, encendiendo la lumbre;
y encúbrese cantando.)
|
ABEL |
¡Poderoso Dios |
|
|
|
de piedad inmensa, |
540 |
|
|
esta ofrenda humilde |
|
|
|
de mi mano acepta! |
|
|
ECO |
Al santo Enós atended, |
|
|
|
que es el primero que empieza |
|
|
|
a invocar de Dios el nombre |
|
|
|
con invocaciones nuevas. |
|
(Pasa de la misma
manera Enós, de rodillas, puestas las manos, y
|
|
canta.) |
|
|
ENÓS |
¡Criador poderoso |
|
|
|
del cielo y la tierra, |
|
|
|
sólo a Ti por Dios |
|
|
|
confiesa mi lengua! |
550 |
|
ECO |
Ved a Abraham, aquel monstruo |
|
|
|
de la fe y de la obediencia, |
|
|
|
que ni dilata matar |
|
|
|
al hijo, aunque más lo quiera, |
|
|
|
por el mandato de Dios; |
|
|
|
ni duda de la promesa |
|
|
|
de que al número sus hijos |
|
|
|
igualen de las estrellas. |
|
|
|
Y ved cómo Dios benigno, |
|
|
|
en justa correspondencia, |
560 |
|
|
la víctima le perdona |
|
y el sacrificio le acepta.
(Pasa Abraham,
como lo pintan, y sale un Ángel.)
23
|
(Canta.) |
|
|
|
|
¡Para herir al niño |
|
|
|
la mano no extiendas, |
|
|
|
que basta haber visto |
|
|
|
cuánto al Señor temas! |
|
|
ECO |
Ved a Moisés, que caudillo |
|
|
|
de Dios al pueblo gobierna, |
|
|
|
y viendo que ha idolatrado |
|
|
|
y Dios castigarlo intenta, |
570 |
|
|
su autoridad interpone |
|
|
|
y osadamente Le ruega. |
|
|
|
(Pasa Moisés,
con las Tablas de la Ley, y canta.) |
|
|
MOISÉS |
¡O perdone al pueblo, |
|
|
|
Señor, tu clemencia, |
|
|
|
o bórreme a mí |
|
|
|
de la vida eterna! |
|
|
ECO |
Pero ¿para qué es cansaros? |
|
|
|
Atended de los profetas |
|
|
|
y patriarcas al coro |
|
|
|
que con dulces voces tiernas |
580 |
|
|
piden el remedio a Dios, |
|
|
|
quieren que a aliviarlos venga. |
|
|
CORO 1º |
¡Abrid, claros cielos |
|
|
|
vuestras altas puertas, |
|
|
|
y las densas nubes |
|
|
|
al justo nos lluevan! |
|
|
ECO |
Pues atended, misteriosa, |
|
|
|
a otra petición opuesta, |
|
|
|
al parecer, a ésta, pues |
|
|
|
dice con voces diversas: |
590 |
|
CORO 2º |
¡Ábranse las bocas |
|
|
|
de la dura tierra, |
|
y brote, cual fruto,
el Salvador de ella!
24
|
Con que los unos Le piden |
|
|
|
|
que del cielo les descienda, |
|
|
|
y que de la tierra nazca |
|
|
|
quieren otros, de manera |
|
|
|
que ha de tener, quien los salve, |
|
|
|
entrambas naturalezas. |
600 |
|
|
Pues yo, ¡ay de mí!, que en Narciso |
|
|
|
conozco, por ciertas señas, |
|
|
|
que es Hijo de Dios, y que |
|
|
|
nació de una verdadera |
|
|
|
mujer, temo, y con bastantes |
|
|
|
fundamentos, que éste sea |
|
|
|
el Salvador. Y porque |
|
|
|
a la alegoría vuelva |
|
|
|
otra vez, digo que temo |
|
|
|
que Narciso, que desdeña |
610 |
|
|
mi nobleza y mi valor, |
|
|
|
a aquesta pastora quiera; |
|
|
|
porque suele el gusto, |
|
|
|
que leyes no observa, |
|
|
|
dejar el brocado |
|
|
|
por la tosca jerga. |
|
|
|
Y para impedir, ¡ay triste!, |
|
|
|
que sobre la injuria hecha |
|
|
|
a mi ser y a mi hermosura, |
|
|
|
otra mayor no me venga, |
620 |
|
|
hemos de solicitar, |
|
|
|
que si impedirle que a verla |
|
no llegue, no sea posible,
que consigamos siquiera
que en las turbias aguas
de su culpa sea,
para que su imagen
borrada parezca.
25
|
¿Qué os parece? |
|
|
|
SOBERBIA |
¿Qué me puede |
|
|
|
parecer, si de tu idea |
630 |
|
|
soy, desde que tienes ser, |
|
|
|
individua compañera, |
|
|
|
tanto, que por asentir |
|
|
|
a mis altivas propuestas, |
|
|
|
en desgracia de Narciso |
|
|
|
estás? Pero aunque desprecia |
|
|
|
Él, y toda su facción, |
|
|
|
tus partes y tu nobleza, |
|
|
|
ya has visto, que cuando |
|
|
|
los demás te dejan, |
640 |
|
|
sólo te acompaña |
|
|
|
siempre tu Soberbia. |
|
|
AMOR PROPIO |
Y yo, que desde el instante |
|
|
|
que intentaste tu suprema |
|
|
|
silla sobre el Aquilón |
|
|
|
poner, y que tu grandeza |
|
|
|
al altísimo igualara, |
|
|
|
me engendraste, contra ésa |
|
|
|
que, representada en visos, |
|
|
|
te dieron a entender que era |
650 |
|
|
la que, aunque inferior |
|
|
|
en naturaleza, |
|
|
|
en mérito había |
|
|
|
de ser más excelsa; |
|
|
|
y dándote entonces tú |
|
|
|
por sentida de la ofensa, |
|
|
|
concebiste tal rencor, |
|
|
|
engendraste tanta pena, |
|
|
|
que en odio mortal, |
|
|
|
que en rabiosa queja |
660 |
|
|
se volvió el cariño, |
|
|
|
|
|
|
|
26 |
|
|
trocó la fineza... |
|
|
|
|
Y así, si soy tu Amor Propio, |
|
|
|
¿qué dudas que me parezca |
|
|
|
bien, que pues padeces tú, |
|
|
|
el mundo todo padezca? |
|
|
|
¡Padezca esa vil pastora, |
|
|
|
padezca Narciso y muera, |
|
|
|
si con muerte de uno y otro |
|
|
|
se borran nuestras ofensas! |
670 |
|
ECO |
Pues tan conformes estáis, |
|
|
|
y en la elevada eminencia |
|
|
|
de esta montaña se oculta, |
|
|
|
acompañado de fieras, |
|
|
|
tan olvidado de sí |
|
|
|
que ha que no come cuarenta |
|
|
|
días, dejadme llegar |
|
|
|
y con una estratagema |
|
|
|
conoceré si es divino, |
|
|
|
pues en tanta fortaleza |
680 |
|
|
lo parece, pero luego |
|
|
|
en la hambre que Le aqueja |
|
|
|
muestra que es hombre no más, |
|
|
|
pues la hambre Le molesta. |
|
|
|
Y así yo intento llegar |
|
|
|
amorosa y halagüeña, |
|
|
|
que la tentación |
|
|
|
¿quién duda que sea |
|
|
|
más fuerte, si en forma |
|
|
|
de una mujer tienta? |
690 |
|
|
Y así, vosotros estad, |
|
de todo cuanto suceda,
a la mira.
SOBERBIA y
AMOR PROPIO
27
porque acompañarte es fuerza.
28
Cuadro segundo
ESCENA V
(Descúbrese un
monte, y en lo alto el Divino Narciso, de pastor
galán, y algunos
animales; y mientras Eco va subiendo, dice Narciso
NARCISO
ECO
en lo alto.)
En aquesta montaña, que emi-nente
el cielo besa con la altiva frente,
sintiendo ajenos, como propios
males,
me acompañan los simples ani-
males,
y las canoras aves
con músicas
suaves 700
saludan mi hermosura,
de más luciente
sol, alba más pura.
No recibo alimento
de material sustento,
porque está desquitando mi
abstinencia
de algún libre bocado la licencia.
(Acaba de subir Eco.)
(Canta en tono recitativo.)
Bellísimo Narciso,
que a estos humanos valles
del monte de tus glorias
las celsitudes
traes, 710
mis pesares escucha,
indignos de escucharse,
pues ni aun en esto esperan
alivio mis pesares.
29
|
|
|
|
pastora de estos valles; |
|
|
bella decir pudieran |
|
|
mis infelicidades. |
|
|
Mas desde que severo |
|
|
mi beldad despreciaste, |
720 |
|
las que canté hermosuras |
|
|
ya las lloro fealdades. |
|
|
Pues tú mejor conoces |
|
|
que los claros imanes |
|
|
de tus ojos arrastran |
|
|
todas las voluntades, |
|
|
no extrañarás el ver |
|
|
que yo venga a buscarte, |
|
|
pues todo el mundo adora |
|
|
tus prendas celestiales. |
730 |
|
Y así, vengo a decirte |
|
|
que ya que no es bastante |
|
|
a ablandar tu dureza |
|
|
mi nobleza y mis partes, |
|
|
siquiera por ti mismo |
|
|
mires interesable |
|
|
mis riquezas, atento |
|
|
a tus comodidades. |
|
|
Pagarte intento, pues |
|
|
no será disonante |
740 |
|
el que venga a ofrecerte |
|
|
la que viene a rogarte. |
|
|
Y pues el interés |
|
|
es en todas edades |
|
|
quien del amor aviva |
|
|
las viras penetrantes, |
|
|
tiende la vista a cuanto |
|
|
alcanza a divisarse |
|
|
desde este monte excelso |
|
|
que es injuria de Atlante. |
750 |
|
Mira aquestos ganados |
|
que, inundando los valles,
de los prados fecundos
las esmeraldas pacen.
30
|
|
|
|
la leche, que al cuajarse, |
|
|
afrenta los jazmines |
|
|
de la aurora que nace. |
|
|
Mira, de espigas rojas, |
|
|
en los campos formarse |
760 |
|
pajizos chamelotes |
|
|
a las olas del aire. |
|
|
Mira de esas montañas |
|
|
los ricos minerales, |
|
|
cuya prenez es oro, |
|
|
rubíes y diamantes. |
|
|
Mira, en el mar soberbio, |
|
|
en conchas congelarse |
|
|
el llanto de la aurora |
|
|
en perlas orientales. |
770 |
|
Mira de esos jardines |
|
|
los fecundos frutales, |
|
|
de especies diferentes |
|
|
dar frutos admirables. |
|
|
Mira con verdes pinos |
|
|
los montes coronarse: |
|
|
con árboles que intentan |
|
|
del cielo ser gigantes. |
|
|
Escucha la armonía |
|
|
de las canoras aves |
780 |
|
que en coros diferentes |
|
|
forman dulces discantes. |
|
|
Mira de uno a otro polo |
|
|
los reinos dilatarse, |
|
|
dividiendo regiones |
|
|
los brazos de los mares, |
|
|
y mira cómo surcan |
|
|
de las veleras naves |
|
|
las ambiciosas proas |
|
|
sus cerúleos cristales. |
790 |
|
Mira entre aquellas grutas |
|
diversos animales:
a unos, salir feroces;
a otros, huir cobardes.
31
|
Todo, bello Narciso, |
|
|
|
|
sujeto a mi dictamen, |
|
|
|
son posesiones mías, |
|
|
|
son mis bienes dotales. |
|
|
|
Y todo será tuyo, |
|
|
|
si tú con pecho afable |
800 |
|
|
depones lo severo |
|
|
|
y llegas a adorarme. |
|
|
NARCISO |
Aborrecida ninfa, |
|
|
|
no tu ambición te engañe, |
|
|
|
que mi belleza sola |
|
|
|
es digna de adorarse. |
|
|
|
Vete de mi presencia |
|
|
|
al polo más distante, |
|
|
|
adonde siempre penes, |
|
|
|
adonde nunca acabes. |
810 |
|
ECO |
Ya me voy, pero advierte |
|
|
|
que, desde aquí adelante, |
|
con declarados odios
tengo de procurarte
la muerte, para ver
si mi pena implacable
muere con que tú mueras,
o acaba con que acabes.
32
Cuadro tercero
ESCENA VI
(Cúbrese el monte, y sale la Naturaleza
Humana.)
NATURALEZA HUMANA
De buscar a Narciso fatigada,
sin permitir sosiego a mi
pie
errante, 820
ni a mi planta cansada
que tantos ha ya días que vagante
examina las breñas
sin poder encontrar más que las
señas,
a este bosque he llegado donde
espero
tener noticias de mi bien perdido;
que si señas confiero,
diciendo está del prado lo florido,
que producir amenidades tantas,
es por haber besado ya sus
830
plantas.
¡Oh, cuántos días ha que he
examinado
la selva flor a flor, y planta a
planta,
gastando congojado
mi triste corazón en pena tanta,
y mi pie fatigando, vagabundo,
tiempo, que siglos son; selva, que
es mundo!
Díganlo las edades que han
pasado,
33
do,
los suspiros que he dado,
de lágrimas los ríos que he
840
vertido,
los trabajos, los hierros, las
prisio-
nes
que he padecido en tantas ocasio-
nes.
Una vez, por buscarle, me topa-
ron
de la ciudad las guardas, y atrevi-
das,
no sólo me quitaron
el manto, mas me dieron mil heri-
das
los centinelas de los altos muros,
teniéndose de mí por mal seguros.
¡Oh ninfas que habitáis este
florido
y ameno prado, ansiosa-
850
mente os ruego
que si acaso al querido
de mi alma encontrareis, de mi
fuego
Le noticiéis, diciendo el agonía
con que de amor enferma el alma
mía!
Si queréis que os dé señas de mi
amado,
rubicundo esplendor Le colorea
sobre jazmín nevado;
por su cuello, rizado Ofir pasea;
los ojos, de paloma que enamora
y en los raudales transpa-
860
rentes mora.
Mirra olorosa de su aliento
exhala;
las manos son al torno, y están
llenas
34
o por indicio de sus graves penas:
que si el jacinto es ay,
entre sus
brillos
ostenta tantos ayes como
anillos.
Dos columnas de mármol, sobre
basas
de oro, sustentan su edificio bello;
y en delicias no escasas
suavísimo es, y ebúrneo, el
870
blanco cuello;
y todo apetecido y deseado.
Tal es, ¡oh ninfas!, mi divino
amado.
Entre millares mil es escogido;
y cual granada luce sazonada
en el prado florido,
entre rústicos árboles plantada;
así, sin que ningún zagal Le igua-
le,
entre todos los otros sobresale.
Decidme dónde está El que mi
alma adora,
o en qué parte apacienta sus
880
corderos,
o hacia dónde -a la hora
meridiana- descansan sus luceros,
para que yo no empiece a andar
vagando
por los rediles, que Lo voy bus-
cando.
Mas, por mi dicha, ya cumplidas
veo
de Daniel sus semanas misterio-
sas,
y logra mi deseo
las alegres promesas amorosas
que me ofrece Isaías
en todas sus sagradas pro-
890
fecías.
35
so y bello,
y ya nació aquel hijo delicado,
que será gloria el vello
llevando sobre el hombro el prin-
cipado:
admirable, Dios fuerte, consejero,
rey, y padre del siglo venidero.
Ya brotó aquella vara misteriosa
de Jesé, la flor bella en quien
descansa
sobre su copa hermosa
espíritu divino, en que
900
afianza
sabiduría, consejo, inteligencia,
fortaleza, piedad, temor y ciencia.
Ya el fruto de David tiene la
silla
de su padre; ya el lobo y el corde-
ro
se junta y agavilla,
y el cabritillo con el pardo fiero;
junto al oso el becerro quieto
yace,
y como buey el león las pajas
pace.
Recién nacido infante, quieto
juega
en el cóncavo de áspid
910
ponzoñoso,
y a la caverna llega
del régulo nocivo, niño hermoso,
y la manilla en ella entra seguro,
sin poderle dañar su aliento impu-
ro
Ya la señal, que Acaz pedir no
quiso,
y Dios le concedió, sin él pedilla,
se ve, pues ya Dios hizo
la nueva, la estupenda maravilla
36
de que una virgen para, y
920
virgen quede.
Ya a Abraham se ha cumplido la
promesa
que Dios reiteró a Isaac, de que
serían
en su estirpe y nobleza
bendecidas las gentes que nacían
en todas las naciones,
para participar sus bendiciones.
El cetro de Judá, que ya ha fal-
tado,
según fue de Jacob la profecía,
da a entender que ha llegado
del mundo la esperanza y la
930
alegría,
la salud del Señor que él esperaba
y en profético espíritu miraba.
Sólo me falta ya, ver consumado
el mayor sacrificio. ¡Oh, si llegara,
y de mi dulce amado
mereciera mi amor mirar la cara!
Seguiréle, por más que me fatigue,
pues dice que ha de hallarle quien
Le sigue.
¡Oh, mi divino amado, quién
gozara
acercarse a tu aliento gene-
940
roso,
de fragancia más rara
que el vino y el ungüento más
precioso!
Tu nombre es como el óleo de-
rramado,
y por eso las ninfas te han amado.
Tras tus olores presta voy co-
rriendo:
¡oh, con cuánta razón todas te
adoran!
37
|
Mas no estés atendiendo |
|
|
|
|
si del sol los ardores me coloran; |
|
|
|
mira que, aunque soy negra, soy |
|
|
|
hermosa, |
|
|
|
pues parezco a tu imagen |
950 |
|
|
milagrosa. |
|
|
|
|
|
|
|
Mas allí una pastora hermosa |
|
|
|
veo. |
|
|
|
¿Quién podrá ser beldad tan pere- |
|
|
|
grina?; |
|
|
|
mas, o miente el deseo, |
|
|
|
o ya he visto otra vez su luz divi- |
|
|
|
na. |
|
|
|
A ella quiero acercarme, |
|
|
|
por ver si puedo bien certificarme. |
|
|
|
ESCENA VII |
|
|
(Sale la Gracia,
de pastora, cantando; y vanse acercando.) |
|
|
|
GRACIA |
Albricias, mundo; albricias, |
|
|
|
Naturaleza humana, |
|
|
|
pues con dar esos pasos |
|
|
|
te acercas a la Gracia: |
960 |
|
|
¡dichosa el alma |
|
|
|
que merece tenerme en su mora- |
|
|
|
da! |
|
Venturosa es mil veces
quien me ve tan cercana;
que está muy cerca el sol
cuando parece el alba:
¡dichosa el alma
que merece hospedarme en su
morada!
(Repite la música este último verso,
y llégase la Naturaleza a ella.) NATURALEZA HUMANA
Pastora hermosa, que admiras,
dulce sirena, que
encantas 970
no menos con tu hermosura
que con tu voz soberana;
pues a mí tu voz diriges
y a mí albricias me demandas
38
|
de alguna nueva feliz, |
|
||
|
|
pues dicen tus consonancias: |
|
|
|
GRACIA y NATURALEZA HUMANA |
|
||
|
|
albricias, mundo; albricias |
|
|
|
|
Naturaleza Humana, |
|
|
|
|
pues con dar esos pasos |
|
|
|
|
te acercas a la Gracia: |
980 |
|
|
CORO 1º |
¡dichosa el alma, |
|
|
|
|
que merece hospedarme en su |
||
|
NATURALEZA HUMANA |
morada! |
|
|
|
¿De qué son? Y tú, quién eres |
|||
|
|
|||
|
|
dime; porque aunque tu cara |
|
|
|
|
juzgo que he visto otra vez, |
|
|
|
|
las especies tan borradas |
|
|
|
|
tengo, que no te conozco |
|
|
|
|
bien. |
|
|
|
GRACIA |
Aquesto no me espanta, |
||
|
|
que estuve poco contigo, |
|
|
|
|
y tú entonces descuidada |
990 |
|
|
|
no me supiste estimar, |
|
|
|
NATURALEZA HUMANA |
hasta que viste mi falta. |
|
|
|
Pues en fin, dime ¿quién eres? |
|||
|
|
|||
|
GRACIA |
¿No te acuerdas de una dama |
|
|
|
|
que, en aquel bello jardín |
|
|
|
|
adonde fue tu crianza, |
|
|
|
|
por mandato de tu padre |
|
|
|
|
gustosa te acompañaba |
|
|
|
|
asistiéndote, hasta que |
|
|
|
|
tú por aquella desgracia, |
1000 |
|
|
|
dejándole a Él enojado, |
|
|
|
|
te saliste desterrada, |
|
|
y a mí me apartó de ti,
de tu delito en venganza,
hasta ahora?
NATURALEZA HUMANA
¡Oh, venturosa
la que vuelve a ver tu cara,
Gracia divina, pues eres
39
|
la mejor prenda del alma! |
|
|
|
|
¡Los brazos me da! |
|
|
GRACIA |
Eso no, |
|
|
|
que todavía te falta |
1010 |
|
|
para llegar a mis brazos |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
una grande circunstancia. |
|
|
Si está en diligencia mía, |
|
|
|
|
|
|
|
|
dila, para ejecutarla. |
|
|
GRACIA |
No está en tu mano, aunque está |
|
|
|
el disponerte a alcanzarla |
|
|
|
en tu diligencia; porque |
|
|
|
no bastan fuerzas humanas |
|
|
|
a merecerla, aunque pueden |
|
|
|
con lágrimas impetrarla, |
1020 |
|
|
como don gracioso que es, |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
y no es justicia, la Gracia. |
|
|
Y ¿cómo he de disponerme? |
|
|
|
|
|
|
|
GRACIA |
¿Cómo? Siguiendo mis plantas, |
|
|
|
y llegando a aquella fuente, |
|
|
|
cuyas cristalinas aguas |
|
|
|
libres de licor impuro, |
|
|
|
siempre limpias, siempre intactas |
|
|
|
desde su instante primero, |
|
|
|
siempre han corrido sin |
1030 |
|
|
mancha; |
|
|
|
|
|
|
|
aquésta es de los Cantares |
|
|
|
aquella fuente sellada, |
|
|
|
que sale del paraíso, |
|
|
|
y aguas vivíficas mana. |
|
|
|
Éste, el pequeño raudal |
|
|
|
que, misterioso, soñaba |
|
|
|
Mardoqueo, que crecía |
|
|
|
tanto, que de su abundancia |
|
|
|
se formaba un grande río; |
1040 |
|
|
y después se transformaba |
|
en luz y en sol, inundando
los campos de su pujanza.
NATURALEZA HUMANA
40
|
Ya sé que ahí se entiende Esther |
||
|
|
y que, en Esther, figurada |
|
|
|
está la imagen divina |
|
|
|
de la que es llena de gracia. |
|
|
|
¡Oh, fuente divina, oh pozo |
|
|
|
de las vivíficas aguas, |
|
|
|
pues desde el primer instante |
|
|
|
estuviste preservada |
1050 |
|
|
de la original ponzoña, |
|
|
|
de la trascendental mancha, |
|
|
|
que infesta los demás ríos; |
|
|
|
vuelve tú la imagen clara |
|
|
|
de la beldad de Narciso, |
|
|
|
que en ti sola se retrata |
|
|
|
con perfección su belleza, |
|
|
|
sin borrón su semejanza! |
|
|
GRACIA |
Naturaleza feliz, |
|
|
|
pues ya te ves tan cercana |
1060 |
|
|
a conseguir tu remedio, |
|
|
|
llega a la fuente sagrada |
|
|
|
de cristalinas corrientes, |
|
|
|
de quien yo he sido la guarda, |
|
|
|
desde que ayer empezó |
|
|
|
su corriente, inmaculada |
|
|
|
por singular privilegio; |
|
|
|
y encubierta entre estas ramas, |
|
|
|
a Narciso esperaremos, |
|
|
|
que no dudo que Lo traiga |
1070 |
|
|
a refrigerarse en ella |
|
|
|
la ardiente sed que Lo abrasa. |
|
|
|
Procura tú que tu rostro |
|
|
|
se represente en las aguas, |
|
|
|
porque llegando Él a verlas |
|
|
|
mire en ti su semejanza; |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
porque de ti se enamore. |
|
|
Déjame antes saludarla, |
|
|
|
|
|
|
|
|
pues ha de ser ella el medio |
|
|
|
del remedio de mis ansias. |
1080 |
|
GRACIA |
Debido obsequio es, y así |
|
41
|
yo te ayudaré a invocarla. |
|
|
|
|
(Canta.) |
|
|
|
¡Oh, siempre cristalina, |
|
|
|
clara y hermosa fuente: |
|
|
|
tente, tente; |
|
|
|
reparen mi ruina |
|
|
|
tus ondas presurosas, |
|
|
|
claras, limpias, vivificas, lustro- |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
sas! |
|
|
No vayas tan ligera |
|
|
|
|
|
|
|
|
en tu corriente clara; |
1090 |
|
|
para, para, |
|
|
|
mis lágrimas espera: |
|
|
|
vayan con tu corriente |
|
|
|
santa, pura, clarísima, luciente. |
|
|
GRACIA |
¡Fuente de perfecciones, |
|
|
|
de todas la más buena, |
|
|
|
llena, llena |
|
|
|
de méritos y dones, |
|
|
|
a quien nunca ha llegado |
|
|
|
mácula, riesgo, sombra, ni |
1100 |
|
|
pecado! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
Serpiente ponzoñosa |
|
|
|
|
|
|
|
|
no llega a tus espejos: |
|
|
|
lejos, lejos |
|
|
|
de tu corriente hermosa, |
|
|
|
su ponzoña revienta; |
|
|
|
tú corres limpia, preservada, |
|
|
|
exenta. |
|
|
GRACIA |
Bestia obscena, ni fiera, |
|
|
|
no llega a tus cristales; |
|
|
|
tales, tales |
|
|
|
son, y de tal manera, |
1110 |
|
|
que dan con su dulzura |
|
|
|
fortaleza y salud, gusto y ventura. |
|
NATURALEZA HUMANA
Mi imagen representa
si Narciso repara,
42
porque al mirarla sienta
del amor los efectos,
ansias, deseos, lágrimas y afectos.
GRACIA Ahora
en la margen florida,
que da a su líquida
plata 1120
guarniciones de claveles
sobre campos de esmeraldas,
nos sentaremos en tanto
que llega; que el que Lo atraiga
Naturaleza, no dudo,
si está junto con la Gracia.
NATURALEZA HUMANA
Si el disponerme a tenerla,
cuanto puedan mis humanas
fuerzas, es lo que me toca,
ya obedezco lo que man-
1130
das.
ESCENA VIII
(Llegan las dos a
la fuente; pónese la Naturaleza entre las ramas, y con ella la Gracia,
de manera que parezca que se miran; y sale por otra parte Narciso,
con una honda, como pastor, y canta el último verso de las coplas, y lo demás
representa acercándose a la fuente.)
NARCISO Ovejuela
perdida,
de tu dueño olvidada,
¿adónde vas errada?
Mira que dividida
(Canta.)
de mí, también te apartas de tu
vida.
Por las cisternas viejas
bebiendo turbias aguas,
tu necia sed enjaguas;
y con sordas orejas,
(Canta.)
de las aguas vivíficas te
1140
alejas.
En mis finezas piensa:
verás que, siempre amante,
43
te libro de la ofensa,
(Canta.)
y que pongo la vida en tu defensa.
De la escarcha y la nieve
cubierto, voy siguiendo
tus necios pasos, viendo
que ingrata no te mueve
(Canta.)
ver que dejo por ti noventa
1150
y nueve.
Mira que mi hermosura
de todas es amada,
de todas es buscada,
sin reservar criatura,
(Canta.)
y sólo a ti te elige tu ventura.
Por sendas horrorosas
tus pasos voy siguiendo,
y mis plantas hiriendo
de espinas dolorosas
(Canta.)
que estas selvas producen,
1160
escabrosas.
Yo tengo de buscarte;
y aunque tema perdida,
por buscarte, la vida,
no tengo de dejarte,
(Canta.)
que antes quiero perderla por
hallarte.
¿Así me correspondes,
necia, de juicio errado?
¿No soy quien te ha criado?
¿Cómo no me respondes,
(Canta.)
y (como si pudieras) te me
1170
escondes?
Pregunta a tus mayores
los beneficios míos:
44
los pastos y verdores,
(Canta.)
en que te apacentaron mis amores.
En un campo de abrojos,
en tierra no habitada,
te hallé sola, arriesgada
del lobo a ser despojos,
(Canta.)
y te guardé cual niña de
1180
mis ojos.
Trájele a la verdura
del más ameno prado,
donde te ha apacentado
de la miel la dulzura,
(Canta.)
y aceite que manó de peña dura.
Del trigo generoso
la medula escogida
te sustentó la vida,
hecho manjar sabroso,
(Canta.)
y el licor de las uvas oloro-
1190
so.
Engordaste, y lozana,
soberbia y engreída
de verte tan lucida,
altivamente vana,
(Canta.)
mi belleza olvidaste soberana.
Buscaste otros pastores
a quien no conocieron
tus padres, ni los vieron
ni honraron tus mayores;
(Canta.)
y con esto incitaste mis
1200
furores.
Y prorrumpí enojado:
«Yo esconderé mi cara
(a cuyas luces para
45
(Canta.)
de este ingrato, perverso, infiel
ganado.
Yo haré que mis furores
los campos les abrasen,
y las hierbas que pacen;
y talen mis ardores
(Canta.)
aun los montes que son
más 1210
superiores.
Mis saetas ligeras
les tiraré, y la hambre
corte el vital estambre;
y de aves carniceras
(Canta.)
serán mordidos, y de bestias fie-
ras.
Probarán los furores
de arrastradas serpientes;
y en muertes diferentes
obrará, en mis rigores,
(Canta.)
fuera, el cuchillo; y dentro,
1220
los temores».
Mira que soberano
soy, y que no hay más fuerte;
que yo doy vida y muerte,
que yo hiero y yo sano,
(Canta.)
y que nadie se escapa de mi mano.
Pero la sed ardiente
me aflige y me fatiga;
bien es que el curso siga
de aquella clara fuente,
(Canta.)
y que en ella templar mi
1230
ardor intente.
Que pues por ti he pasado
la hambre de gozarte,
46
procure mi cuidado,
(Canta.)
que de la sed por ti estoy abrasa-
do.
47
|
|
Cuadro cuarto |
|
|
|
ESCENA IX |
|
|
|
(Narciso llega
a la fuente, la mira y dice.) |
|
|
NARCISO |
Llego; mas ¿qué es lo que miro? |
|
|
|
¿Qué soberana hermosura |
|
|
|
afrenta con su luz pura |
|
|
|
todo el celestial zafiro? |
|
|
|
Del sol el luciente giro, |
1240 |
|
|
en todo el curso luciente |
|
|
|
que da desde Ocaso a Oriente, |
|
|
|
no esparce en signos y estrellas |
|
|
|
tanta luz, tantas centellas |
|
|
|
como da sola esta fuente. |
|
|
|
Cielo y tierra se han cifrado |
|
|
|
a componer su arrebol: |
|
|
|
el cielo con su farol, |
|
|
|
y con sus flores el prado. |
|
|
|
La esfera se ha transladado |
1250 |
|
|
toda, a quererla adornar; |
|
|
|
pero no, que tan sin par |
|
|
|
belleza, todo el desvelo |
|
|
|
de la tierra, ni del cielo, |
|
|
|
no la pudieran formar. |
|
|
|
Recién abierta granada |
|
|
|
sus mejillas sonrosea; |
|
|
|
sus dos labios hermosea |
|
|
|
partida cinta rosada, |
|
|
|
por quien la voz delicada, |
1260 |
|
|
haciendo al coral agravio, |
|
|
|
despide el aliento sabio |
|
|
|
que así a sus claveles toca; |
|
|
|
|
|
|
|
48 |
|
|
|
|
|
panales destila el labio. |
|
|
Las perlas que en concha breve |
|
|
guarda, se han asimilado |
|
|
al rebaño, que apiñado |
|
|
desciende en copos de nieve; |
|
|
el cuerpo, que gentil mueve, |
1270 |
|
el aire a la palma toma; |
|
|
los ojos, por quien asoma |
|
|
el alma, entre su arrebol |
|
|
muestran, con luces del sol, |
|
|
benignidad de paloma. |
|
|
Terso el bulto delicado, |
|
|
en lo que a la vista ofrece, |
|
|
parva de trigo parece, |
|
|
con azucenas vallado; |
|
|
de marfil es torneado |
1280 |
|
el cuello, gentil coluna. |
|
|
No puede igualar ninguna |
|
|
hermosura a su arrebol: |
|
|
escogida como el sol |
|
|
y hermosa como la luna. |
|
|
Con un ojo solo, bello, |
|
|
el corazón me ha abrasado; |
|
|
el pecho me ha traspasado |
|
|
con el rizo de un cabello. |
|
|
¡Abre el cristalino sello |
1290 |
|
de ese centro claro y frío, |
|
|
para que entre el amor mío! |
|
|
Mira que traigo escarchada |
|
|
la crencha de oro, rizada, |
|
|
con las perlas del rocío. |
|
|
¡Ven, esposa, a tu querido; |
|
|
rompe esa cortina clara: |
|
|
muéstrame tu hermosa cara, |
|
|
suene tu voz a mi oído! |
|
|
¡Ven del Líbano escogido, |
1300 |
|
acaba ya de venir, |
|
|
y coronaré el Ofir |
|
|
de tu madeja preciosa |
|
49
de Amaná, Hermón y Sanir!
ESCENA X
(Quédase como
suspenso en la fuente; y sale Eco, como acechando.)
|
ECO |
¿Qué es aquesto que ven los ojos
míos? |
|
|
|
O son de mis pesares desvaríos, |
|
|
|
o es Narciso el que está en aquella
fuente, |
|
|
|
cuya limpia corriente |
|
|
|
exenta corre de mi rabia fiera. |
1310 |
|
|
¡Quién fuera tan dichosa, que
pudiera |
|
|
|
envenenar sus líquidos cristales |
|
|
|
para ponerles fin a tantos males, |
|
|
|
pues si Él bebiera en ella mi
veneno, |
|
|
|
penara con las ansias que yo peno! |
|
|
|
Yo me quiero llegar, pues Él,
suspenso, |
|
|
|
que está templando, pienso, |
|
|
|
la sed. |
|
|
|
(Llégase, y vuelve a retirarse.) |
|
|
|
¡Pero qué miro! |
|
|
|
Confusa me acobardo y me retiro: |
|
|
|
su misma semejanza contem- |
1320 |
|
|
plando |
|
|
|
|
|
|
|
está en ella, y mirando |
|
|
|
a la Naturaleza Humana en ella. |
|
|
|
¡Oh fatales destinos de mi
estrella! |
|
|
|
¡Cuánto temí que clara la mirase, |
|
|
|
para que de ella no se enamorase, |
|
|
|
y en fin ha sucedido! ¡Oh pena, oh
rabia! |
|
|
|
Blasfemaré del cielo que me
agravia. |
|
|
|
Mas ni aun para la queja |
|
|
|
alientos el dolor fiero me deja, |
|
|
|
pues siento en ansia tanta |
1330 |
|
|
un áspid, un dogal a la garganta. |
|
|
|
Si quiero articular la voz, no
puedo |
|
|
|
y a media voz me quedo, |
|
|
|
o con la rabia fiera |
|
sólo digo la sílaba postrera;
que pues letras sagradas, que me
infaman, en alguna ocasión muda me llaman
50
y eficientemente, haciendo
mudo
a aquel que mi furor ocupar pudo:
locución metafórica, que ha usado
como quien dice que es alegre el
prado porque causa alegría,
o de una fuente, quiere que se ría),
y pues también alguna vez Narciso
enmudecer me hizo,
porque su ser
divino publicaba, y mi voz reprendiéndome atajaba, no es mucho que también
ahora
quiera
que, con el ansia fiera,
al llegar a mirarlo quede muda. Mas
¡ay!, que la garganta ya se anuda;
el dolor me
enmudece.
¿Dónde está mi Soberbia? ¿No parece?
¿Cómo mi mal no alienta?
Y mi Amor Propio, ¿cómo no fomenta, o
anima mis razones?
Muda estoy, ¡ay de mí!
1340
1350
ESCENA XI
(Hace extremos,
como que quiere hablar, y no puede; y salen, como
asustados, la Soberbia y
el Amor Propio.)
AMOR
PROPIO ¿Qué
confusiones
Eco triste
lamenta? 1360
Que aunque no es nuevo en ella ver
que sienta,
parece nueva pena
la que de sus sentidos la enajena.
SOBERBIA Estatua
de sí misma, enmudecida,
ni aun respirar la deja dolorida
la fuerza del ahogo que la oprime,
aunque con mudas señas llora y gime.
AMOR PROPIO A
consolar lleguemos su lamento,
aunque le sirva de mayor tormento.
51
|
Lleguemos a saber lo que la |
1370 |
||
|
enoja, |
|||
|
|
|
||
|
|
aunque le sirva de mayor congoja. |
|
|
|
AMOR PROPIO |
Pues el tener su Propio Amor
consigo, |
|
|
|
|
claro está que será mayor castigo. |
|
|
|
SOBERBIA |
Pues tener su Soberbia, ¿quién
ignora |
|
|
|
|
que le será mayor tormento ahora? |
|
|
|
AMOR PROPIO |
Mira, que juzgo que precipitada |
|
|
|
|
quiere arrojarse, del furor
llevada; |
|
|
|
|
¡tengámosla! |
|
|
|
SOBERBIA |
Tenerla solicito, |
|
|
|
|
aunque yo soy quien más la
precipito. |
|
(Lléganse a ella y tiénenla; y ella
hace como que quiere arrojarse.)
|
SOBERBIA |
¡Tente, Eco hermosa! ¿Dónde |
|
|
vas? Espera; |
||
|
|
||
|
|
cuéntanos por qué estás de esa
manera, |
|
|
|
que despeñarte intentas. |
|
|
|
¿Con ver a tu Soberbia no te
alientas? |
|
|
|
¿Cómo querré yo verte despeñada, |
|
|
|
si siempre pretendí verte exaltada? |
|
|
AMOR PROPIO |
¿Que con ver tu Amor Propio no te
animes? |
|
|
|
¿Cómo podré sufrir que te lastimes, |
|
|
|
si por haberte amado |
|
|
|
tanto, nos redujimos a este estado? |
|
|
SOBERBIA |
Tente, pues que yo te tengo. |
|
|
ECO |
Tengo. |
|
|
AMOR PROPIO |
Refiere tu ansiosa pena. |
|
|
ECO |
Pena. |
|
|
SOBERBIA |
Di la causa de tu rabia. |
|
|
ECO |
Rabia. |
|
|
(Dentro, repite la música, con tono
triste, los ecos.) |
||
|
AMOR PROPIO |
Pues eres tan sabia, |
|
|
|
dinos qué accidentes |
|
|
|
tienes, o qué sientes. |
|
|
ECO |
Tengo pena, rabia... |
|
|
AMOR PROPIO |
¿Pues qué has echado de ver? |
|
|
ECO |
De ver. |
|
|
SOBERBIA |
¿De qué estás así, o por qué? |
|
|
ECO |
Que. |
|
|
AMOR PROPIO |
¿Hay novedad en Narciso? |
|
1380
1390
1400
52
|
Narciso |
||
|
SOBERBIA |
Dinos, ¿qué te hizo |
|
|
|
para ese accidente, |
|
|
|
o si es solamente...? |
|
|
ECO |
De ver que Narciso... |
|
|
SOBERBIA |
No desesperes aún... |
|
|
ECO |
Aún. |
|
|
AMOR PROPIO |
que aún puede dejar de ser... |
|
|
ECO |
Ser. |
|
|
SOBERBIA |
que ese barro quebradizo... |
|
|
ECO |
Quebradizo. |
|
|
AMOR PROPIO |
no logre su hechizo, |
|
|
|
ni a su amante obligue. |
|
|
|
Mas ¿Él a quién sigue? |
|
|
ECO |
A un ser quebradizo. |
|
|
AMOR PROPIO |
¿Es posible que la quiere? |
|
|
ECO |
Quiere. |
|
|
SOBERBIA |
¿Ese agravio me hace a mí? |
|
|
ECO |
A mí. |
|
|
AMOR PROPIO |
¿Así por ella me agravia? |
|
|
ECO |
Me agravia. |
|
|
SOBERBIA |
Pues brote la rabia |
|
|
|
de mi furia insana; |
|
|
|
pues a una villana... |
|
|
ECO |
Quiere, a mí me agravia. |
|
|
SOBERBIA |
Juntemos estas voces, que cor- |
|
|
tadas |
||
|
|
||
|
|
pronuncia su dolor despedazadas, |
|
|
|
que de ellas podrá ser nos
enteremos |
|
|
|
por entero, del mal que no sabemos. |
|
|
AMOR PROPIO |
Mejor es oírla a ella, |
|
|
|
que las repite al son de su
querella. |
|
|
ECO |
(Con intercadencias furiosas.) |
|
|
|
Tengo pena, rabia, |
|
|
|
de ver que Narciso |
|
|
|
a un ser quebradizo |
|
|
|
quiere, a mí me agravia. |
(Repite la música toda la copla.)
En el estéril hueco de este tron-AMOR
PROPIO co,
1410
1420
1430
1440
53
no llegue de Narciso a las orejas;
y allí tristes las dos la
acompañemos, pues apartarnos de ella no podemos.
(Vanse la Soberbia y
el Amor Propio llevando a Eco.)
|
|
ESCENA XII |
|
|
|
(Levántase Narciso de
la fuente.) |
|
|
NARCISO |
Selvas, ¿quién habéis mirado |
|
|
|
el tiempo que habéis vivido, |
|
|
|
que ame como yo he querido, |
|
|
|
que quiera como yo he amado? |
|
|
|
¿A quién, en el duradero |
1450 |
|
|
siglo de prolijos días, |
|
|
|
habéis visto, selvas mías, |
|
|
|
que muera del mal que muero? |
|
|
|
Mirando lo que apetezco, |
|
|
|
estoy sin poder gozarlo; |
|
|
|
y en las ansias de lograrlo, |
|
|
|
mortales ansias padezco. |
|
|
|
Conozco que ella me adora |
|
|
|
y que paga el amor mío, |
|
|
|
pues se ríe, si me río, |
1460 |
|
|
y cuando yo lloro, llora. |
|
No me puedo engañar yo,
que mi ciencia bien alcanza
que mi propia semejanza
es quien mi pena causó.
De ella estoy enamorado;
y aunque amor me ha de matar,
me es más fácil el dejar
la vida, que no el cuidado.
(Dice lo siguiente, llegándose hacia
donde se fue Eco; y ella, desde
|
|
donde está, va respondiendo.) |
|
|
|
Es insufrible el tormento |
1470 |
|
ECO |
Tormento. |
|
|
NARCISO |
de los dolores que paso |
|
|
ECO |
Paso. |
|
|
NARCISO |
en rigor tan insufrible; |
|
54
NARCISO pues en mi pena
terrible
55
Cuadro quinto
ESCENA XIII
(Suena terremoto;
cae Narciso dentro del vestuario, y salen asusta-
|
dos Eco, la Soberbia y
el Amor Propio.) |
|
|
|
ECO |
¡Qué eclipse! |
|
|
SOBERBIA |
¡Qué terremoto! |
|
|
AMOR PROPIO |
¡Qué asombro! |
|
|
ECO |
¡Qué horror! |
|
|
SOBERBIA |
|
¡Qué susto! |
|
ECO |
¡Las luces del sol apaga |
|
|
|
en la mitad de su curso! |
|
|
AMOR PROPIO |
¡Cubre de sombras el aire! |
1620 |
|
SOBERBIA |
¡Viste a la luna de luto! |
|
|
ECO |
La tierra, de su firmeza |
|
|
|
desmintiendo el atributo, |
|
|
|
pavorosa se estremece, |
|
|
|
y abriendo su centro oculto, |
|
|
|
escondiendo en él los montes, |
|
|
|
manifiesta los sepulcros. |
|
|
SOBERBIA |
Las piedras, enternecidas, |
|
|
|
rompiendo su ceño duro |
|
|
|
se despedazan, mostrando |
1630 |
|
|
que aun en lo insensible cupo |
|
|
|
el sentimiento. |
|
|
ECO |
Y lo más |
|
|
|
portentoso que descubro, |
|
es que no causa este eclipse
aquel natural concurso
del sol y la luna, cuando
-los dos luminares juntos
en perpendicular línea-
56
no nos deja ver al otro,
y así el sol parece obscuro,
no porque él lo esté, sino
porque no se ven sus puros
resplandores. Pero ahora,
siguiendo apartados rumbos,
distantes están, y así
ningún astro se interpuso
a ser de su luz cortina,
sino que él, funesto y mustio,
sus resplandores apaga,
como si fueran caducos.
AMOR
PROPIO Y quizá por
haber eso
observado, en el tumulto donde todo
el universo sirve de pequeño vulgo, algún astrólogo grande prorrumpe en la voz
que escucho entre la asombrada turba, pues dice en ecos confusos:
VOZ
1ª (Dentro.)
¡O padece el autor del universo,
o perece la máquina del mundo!
AMOR
PROPIO ¡Oh fuerza de
amor! ¡Oh fuerza
de un enamorado impulso:
pasar la línea a la muerte,
romper al infierno el muro,
porque el haberse rendido
Le sirva de mayor triunfo!
Mas atended, que en la turba
otra voz distinta escucho:
VOZ
2ª (Dentro.)
¡Este hombre, de verdad era muy
justo!
SOBERBIA Otra
voz no menos clara,
o la misma, con orgullo
de la fe, y admiración,
confiesa con otros muchos:
VOCES (Dentro.)
1640
1650
1670
57
|
¡Éste era Hijo de Dios, yo no lo
dudo! |
|
|
|
ECO |
¡Oh, pese a mí, que ya empieza |
|
|
|
su muerte a mostrar el fruto |
|
|
|
de aquel misterioso grano |
|
|
|
que escondido en el profundo |
|
|
|
pareció muerto, y después |
1680 |
|
|
tantas espigas produjo! |
|
|
|
¡Oh, nunca la profecía |
|
|
|
se oyera, en labios impuros, |
|
|
|
de que para vivir todos |
|
|
|
fue menester morir uno! |
|
|
|
¡Oh, nunca, engañada y ciega, |
|
|
|
solicitara por rumbos |
|
|
|
tan diferentes su muerte, |
|
|
|
pues cuando vengada juzgo |
|
|
|
mi afrenta con que Él muriese, |
1690 |
|
|
hallo que todo mi estudio |
|
|
|
sirvió de ponerle medios |
|
|
|
para que su amante orgullo |
|
|
|
la mayor fineza obrase, |
|
|
|
muriendo por su trasunto! |
|
|
|
Mas aunque la envidia fiera |
|
|
|
despedaza, áspid sañudo, |
|
|
|
mi pecho, ya por lo menos |
|
|
|
tengo el consuelo (si pudo |
|
|
|
caber en mí algún consuelo) |
1700 |
|
|
de conseguir que en el mundo |
|
|
|
no esté a los ojos de aquella |
|
|
|
villana; que de su rudo |
|
|
|
natural, y de su ingrata |
|
|
|
condición, no será mucho |
|
|
|
que, no viéndolo, Lo olvide. |
|
|
|
Dices muy bien; que no dudo |
|
|
|
que, no viéndolo a sus ojos, |
|
|
|
olvidada de los sumos |
|
|
|
beneficios que Le debe, |
1710 |
|
|
volverá a seguir el curso |
|
de sus delitos pasados:
que acostumbrados insultos
con dificultad se olvidan,
58
|
no habiendo quién del discurso |
|
|
|
|
los esté siempre borrando |
|
|
|
con encontrados asuntos |
|
|
|
de diferentes recuerdos. |
|
|
SOBERBIA |
Pues sea ahora nuestro estudio |
|
|
|
solicitar que ella olvide |
|
|
|
estos beneficios suyos; |
|
|
|
porque si después de tantos |
|
|
|
Le vuelve a ofender, no dudo |
|
|
|
que a ella ocasione más pena, |
|
|
|
y a nosotros mayor triunfo. |
|
|
ECO |
Bien decís. Mas ella viene |
|
|
|
llorando como infortunio |
|
|
|
la que es su dicha mayor, |
|
|
|
con el piadoso concurso |
|
|
|
de las ninfas y pastores. |
1730 |
|
|
Esperemos aquí ocultos, |
|
|
|
hasta ver en lo que paran |
|
tantos funestos anuncios.
(Retíranse a un lado.)
ESCENA XIV
(Sale la Naturaleza llorando,
y todas las Ninfas y Pastores.)
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
Ninfas habitadoras |
|
|
|
de estos campos silvestres, |
|
|
|
unas en claras ondas |
|
|
|
y otras en troncos verdes; |
|
|
|
Pastores, que vagando |
|
|
|
estos prados alegres, |
|
|
|
guardáis con el ganado |
1740 |
|
|
rústicas sencilleces: |
|
|
|
de mi bello Narciso, |
|
|
|
gloria de vuestro albergue, |
|
|
|
las dos divinas lumbres |
|
|
|
cerró temprana muerte. |
|
|
|
¡Sentid, sentid mis ansias; |
|
|
|
llorad, llorad su muerte! |
|
|
COROS |
¡Llorad, llorad su muerte! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
59
|
Muerte le dio su amor; |
|
|
|
|
que de ninguna suerte |
1750 |
|
|
pudiera, sino sólo |
|
|
|
su propio amor vencerle. |
|
|
|
De mirar su retrato, |
|
|
|
enamorado muere; |
|
|
|
que aun copiada su imagen, |
|
|
|
hace efecto tan fuerte. |
|
|
|
¡Sentid, sentid mis ansias: |
|
|
|
llorad, llorad su muerte! |
|
|
COROS |
¡Llorad, llorad su muerte! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
Ver su malogro, todo |
1760 |
|
|
el universo siente: |
|
|
|
las peñas se quebrantan, |
|
|
|
los montes se enternecen; |
|
|
|
enlútase la luna, |
|
|
|
los polos se estremecen, |
|
|
|
el sol su luz esconde, |
|
|
|
el cielo se obscurece. |
|
|
|
¡Sentid, sentid mis ansias; |
|
|
|
llorad, llorad su muerte! |
|
|
COROS |
¡Llorad, llorad su muerte! |
1770 |
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
El aire se encapota, |
|
|
|
la tierra se conmueve, |
|
|
|
el fuego se alborota, |
|
|
|
el agua se revuelve. |
|
|
|
Abren opacas bocas |
|
|
|
los sepulcros patentes, |
|
|
|
para dar a entender |
|
|
|
que hasta los muertos sienten. |
|
|
|
¡Sentid, sentid mis ansias |
|
|
|
llorad, llorad su muerte! |
1780 |
|
COROS |
¡Llorad, llorad su muerte! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
Divídese del templo |
|
el velo reverente,
dando a entender que ya
se rompieron sus leyes.
60
|
El universo todo, |
|
|
|
|
de su beldad doliente, |
|
|
|
capuz funesto arrastra, |
|
|
|
negras bayetas tiende. |
|
|
|
¡Sentid, sentid mis ansias; |
1790 |
|
|
llorad, llorad su muerte! |
|
|
COROS |
¡Llorad, llorad su muerte! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
¡Oh vosotros, los que |
|
|
|
vais pasando, atendedme, |
|
|
|
y mirad si hay dolor |
|
|
|
que a mi dolor semeje! |
|
|
|
Sola y desamparada |
|
|
|
estoy, sin que se llegue |
|
|
|
a mí más que el dolor, |
|
|
|
que me acompaña siempre. |
1800 |
|
|
¡Sentid, sentid mis ansias; |
|
|
|
llorad, llorad su muerte! |
|
|
COROS |
¡Llorad, llorad su muerte! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
De la fuerza del llanto |
|
|
|
mi rostro se entumece, |
|
|
|
y se ciegan mis ojos |
|
|
|
con lágrimas que vierten. |
|
|
|
Mi corazón, en medio |
|
|
|
de mi pecho, parece |
1810 |
|
|
cera que se derrite |
|
|
|
junto a la llama ardiente. |
|
|
|
¡Sentid, sentid mis ansias; |
|
|
|
llorad, llorad su muerte! |
|
|
COROS |
¡Llorad, llorad su muerte! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
Mirad su amor, que pasa |
|
|
|
el término a la muerte, |
|
|
|
y por mirar su imagen |
|
|
|
al abismo desciende; |
|
|
|
pues sólo por mirarla, |
|
|
|
en las ondas del Lethe |
1820 |
|
|
quebranta los candados |
|
|
|
de diamantes rebeldes. |
|
61
|
¡Sentid, sentid mis ansias; |
|
|
|
|
llorad, llorad su muerte! |
|
|
COROS |
¡Llorad, llorad su muerte! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
¡Ay de mí, que por mí |
|
|
|
su hermosura padece! |
|
|
|
Corran mis tristes ojos |
|
|
|
de lágrimas dos fuentes. |
|
|
|
Buscad su cuerpo hermoso, |
1830 |
|
|
porque con los ungüentes |
|
|
|
de preciosos aromas |
|
|
|
ungirlo mi amor quiere. |
|
|
|
¡Sentid, sentid mis ansias; |
|
|
|
llorad, llorad su muerte! |
|
|
COROS |
¡Llorad, llorad su muerte! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
Buscad mi vida en esa |
|
|
|
imagen de la muerte, |
|
|
|
pues el darme la vida |
1840 |
|
|
es el fin con que muere. |
|
|
|
(Hacen que Lo
buscan.) |
|
|
|
Mas, ¡ay de mí, infeliz, |
|
|
|
que el cuerpo no parece! |
|
|
|
Sin duda le han hurtado: |
|
|
|
¡Oh, quién pudiera verle! |
|
|
|
ESCENA XV |
|
|
|
(Sale la Gracia.) |
|
|
GRACIA |
Ninfa bella, ¿por qué |
|
|
|
lloras tan tiernamente? |
|
|
|
¿Qué en este sitio buscas? |
|
|
|
¿Qué pena es la que sientes? |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
Busco a mi dueño amado; |
|
|
|
ignoro dónde ausente |
1850 |
|
|
Lo ocultan de mis ojos |
|
|
|
los hados inclementes. |
|
|
GRACIA |
¡Vivo está tu Narciso; |
|
|
|
no llores, no lamentes, |
|
|
|
ni entre los muertos busques |
|
62
ESCENA XVI
(Sale Narciso,
con otras galas, como resucitado, por detrás de la
|
|
Naturaleza; y
ella se vuelve a mirarlo.) |
|
|
NARCISO |
¿Por qué lloras, pastora? |
|
|
|
Que las perlas que viertes |
|
|
|
el corazón me ablandan, |
|
|
|
el alma me enternecen. |
1860 |
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
Por mi Narciso lloro, |
|
|
|
señor; si tú Le tienes, |
|
|
|
dime dónde está, para |
|
|
|
que yo vaya a traerle. |
|
|
NARCISO |
¿Pues cómo, esposa mía, |
|
|
|
no puedes conocerme, |
|
|
|
si a mi beldad divina |
|
|
|
ninguna se parece? |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
¡Ay, adorado esposo, |
|
|
|
deja que alegremente |
1870 |
|
|
llegue a besar tus plantas! |
|
|
NARCISO |
A tocarme no llegues, |
|
|
|
porque voy con mi padre |
|
|
|
a su trono celeste. |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
Luego, ¿me dejas sola? |
|
|
|
¡Ay, Señor, no me dejes; |
|
|
|
que volverá a insidiarme |
|
|
|
mi enemiga serpiente! |
|
|
|
ESCENA XVII |
|
|
|
(Salen Eco, la Soberbia y
el Amor Propio.) |
|
|
ECO |
Claro está, pues aunque has hecho |
|
|
|
tantas finezas por ella, |
1880 |
|
|
en dejándola ¿quién duda |
|
|
|
que a ser mi despojo vuelva? |
|
|
SOBERBIA |
Pues no viéndote, ella es |
|
|
|
de condición tan grosera, |
|
|
|
que dejará tus cariños |
|
63
|
y olvidará tus finezas. |
|
|
|
AMOR PROPIO |
Y yo pondré tales lazos |
|
|
|
en sus caminos y sendas, |
|
|
|
que no se pueda librar |
|
|
|
de volver a quedar presa. |
1890 |
|
ECO |
Yo le pondré tales manchas, |
|
|
|
que su apreciada belleza |
|
|
|
se vuelva a desfigurar |
|
|
|
y a desobligarte vuelva. |
|
|
GRACIA |
Eso no, que yo estaré |
|
|
|
a su lado, en su defensa; |
|
|
|
y estando con ella yo, |
|
|
|
no es fácil que tú la venzas. |
|
|
ECO |
¿Qué importará, si es tan fácil |
|
|
|
que, frágil, ella te pierda, |
1900 |
|
|
y en perdiéndote, es preciso |
|
|
|
que vuelva a ponerse fea? |
|
|
NARCISO |
No importa, que yo daré, |
|
|
|
contra todas tus cautelas, |
|
|
|
remedios a sus peligros |
|
|
|
y escudos a sus defensas. |
|
|
ECO |
¿Qué remedios, ni qué escudos, |
|
|
|
si como otra vez te ofenda, |
|
|
|
como es tu ofensa infinita, |
|
|
|
no podrá satisfacerla? |
1910 |
|
|
Pues para una que te hizo, |
|
|
|
fue menester que murieras |
|
|
|
tú; y claro está que no es congruo |
|
|
|
que todas las veces que ella |
|
|
|
vuelva a pecar, a morir |
|
|
|
tú también por ella vuelvas. |
|
|
NARCISO |
Por eso, mi inmenso amor |
|
|
|
la previno, para esa |
|
|
|
fragilidad, de remedios, |
1920 |
|
|
para que volver pudiera, |
|
|
|
si cayera, a levantarse. |
|
|
SOBERBIA |
¿Qué remedio habrá, que pueda |
|
|
|
restituirla a tu gracia? |
|
|
|
¿Cuál? El de la penitencia, |
|
|
|
y los demás sacramentos, |
|
64
|
que he vinculado en mi iglesia |
|
|
|
|
por medicinas del alma. |
|
|
ECO |
Cuando éstos bastantes sean, |
|
|
|
ella no querrá usar de ellos, |
|
|
|
negligente, si te ausentas, |
1930 |
|
|
porque olvidará tu amor |
|
|
|
en faltando tu presencia. |
|
|
NARCISO |
Tampoco eso ha de faltarle, |
|
|
|
porque dispuso mi inmensa |
|
|
|
sabiduría, primero |
|
|
|
que fuese mi muerte acerba, |
|
|
|
un memorial de mi amor, |
|
|
|
para que cuando me fuera, |
|
|
|
juntamente me quedara |
|
|
ECO |
Aqueso es lo que mi ciencia |
1940 |
|
|
no alcanza cómo será. |
|
|
NARCISO |
Pues para darte más pena, |
|
|
|
porque ha de ser el mayor |
|
|
|
tormento el que tú lo sepas, |
|
|
|
y por manifestación |
|
|
|
de mi sin igual fineza, |
|
|
|
¡llega, Gracia, y recopila |
|
|
|
en la metáfora mesma |
|
|
|
que hemos hablado hasta aquí, |
|
|
|
mi historia! |
|
|
GRACIA |
Que te obedezca |
1950 |
|
|
será preciso; y así, |
|
|
|
escuchadme. |
|
|
ECO |
Ya mis penas |
|
|
|
te atienden, a mi pesar. |
|
|
GRACIA |
Pues pasó desta manera: |
|
|
|
Érase aquella belleza |
|
|
|
del soberano Narciso, |
|
|
|
gozando felicidades |
|
|
|
en la gloria de sí mismo, |
|
|
|
pues en sí mismo tenía |
|
|
|
todos los bienes consigo: |
1960 |
|
|
Rey de toda la hermosura, |
|
|
|
de la perfección archivo, |
|
|
|
esfera de los milagros, |
|
65
|
|
|
|
De sus altas glorias eran |
|
|
esos orbes cristalinos |
|
|
coronistas, escribiendo |
|
|
con las plumas de sus giros. |
|
|
Anuncio era de sus obras |
|
|
el firmamento lucido, |
1970 |
|
y el resplandor Lo alababa |
|
|
de los astros matutinos: |
|
|
Le aclamaba el fuego en llamas, |
|
|
el mar con penachos rizos, |
|
|
la tierra en labios de rosas |
|
|
y el aire en ecos de silbos. |
|
|
Centella de su beldad |
|
|
se ostentaba el sol lucido, |
|
|
y de sus luces los astros |
|
|
eran brillantes mendigos. |
1980 |
|
Cóncavos espejos eran |
|
|
de su resplandor divino, |
|
|
en bruñidas superficies, |
|
|
los once claros zafiros. |
|
|
Dibujo de su luz eran |
|
|
con primoroso artificio |
|
|
el orden de los planetas, |
|
|
el concierto de los signos. |
|
|
Por imitar su belleza, |
|
|
con cuidadosos aliños, |
1990 |
|
se vistió el campo de flores, |
|
|
se adornó el monte de riscos. |
|
|
Adoraban su deidad |
|
|
con amoroso destino, |
|
|
desde su gruta la fiera |
|
|
y el ave desde su nido. |
|
|
El pez en el seno obscuro |
|
|
Le daba cultos debidos, |
|
|
y el mar para sus ofrendas |
|
|
erigió altares de vidrio. |
2000 |
|
Adoraciones Le daban. |
|
|
devotamente rendidos, |
|
|
desde la hierba más baja |
|
66
|
|
|
|
Maremagnum se ostentaba |
|
|
de perfección, infinito, |
|
|
de quien todas las bellezas |
|
|
se derivan como ríos. |
|
|
En fin, todo lo insensible, |
|
|
racional, y sensitivo, |
2010 |
|
tuvo el ser en su cuidado |
|
|
y se perdiera a su olvido. |
|
|
Éste, pues, hermoso asombro, |
|
|
que entre los prados floridos |
|
|
se regalaba en las rosas, |
|
|
se apacentaba en los lirios, |
|
|
de ver el reflejo hermoso |
|
|
de su esplendor peregrino, |
|
|
viendo en el hombre su imagen, |
|
|
se enamoró de sí mismo. |
2020 |
|
Su propia similitud |
|
|
fue su amoroso atractivo, |
|
|
porque sólo Dios, de Dios |
|
|
pudo ser objeto digno. |
|
|
Abalanzóse a gozarla; |
|
|
pero cuando su cariño |
|
|
más amoroso buscaba |
|
|
el imán apetecido, |
|
|
por impedir envidiosas |
|
|
sus afectos bien nacidos, |
2030 |
|
se interpusieron osadas |
|
|
las aguas de sus delitos. |
|
|
Y viendo imposible casi |
|
|
el logro de sus designios |
|
|
(porque hasta Dios en el mundo |
|
|
no halla amores sin peligro), |
|
|
se determinó a morir |
|
|
en empeño tan preciso, |
|
|
para mostrar que es el riesgo |
2040 |
|
el examen de lo fino. |
|
Apocóse, según Pablo,
y (si es lícito decirlo)
consumióse, al dulce fuego
67
|
|
|
|
Abatióse como amante |
|
|
al tormento más indigno, |
|
|
y murió, en fin, del amor |
|
|
al voluntario suplicio. |
|
|
Dio la vida en testimonio |
|
|
de su amor; pero no quiso |
2050 |
|
que tan gloriosa fineza |
|
|
se quedase sin testigo; |
|
|
y así dispuso dejar |
|
|
un recuerdo y un aviso, |
|
|
por memoria de su muerte, |
|
|
y prenda de su cariño. |
|
|
Su disposición fue parto |
|
|
de su saber infinito, |
|
|
que no se ostenta lo amante |
2060 |
|
sin galas de lo entendido. |
|
|
Él mismo quiso quedarse |
|
|
en blanca flor convertido, |
|
|
porque no diera la ausencia |
|
|
a la tibieza motivo; |
|
|
que no es mucho que hoy florezca, |
|
|
pues antes en sus escritos |
|
|
se llama flor de los campos, |
|
|
y de los collados lilio. |
|
|
Cándido disfraz, es velo |
|
|
de sus amantes designios, |
2070 |
|
incógnito a la grosera |
|
|
cognición de los sentidos. |
|
|
Oculto quiso quedarse |
|
|
entre cándidos armiños, |
|
|
por asistir como amante |
|
|
y celar como registro: |
|
|
que como esposo del alma, |
|
|
receloso de desvíos, |
|
|
la espía por las ventanas, |
|
|
la acecha por los resquicios |
2080 |
|
Quedó a hacer nuevos favores, |
|
|
porque, liberal, no quiso |
|
|
acordar una fineza |
|
68
Ostentó lo enamorado
con amantes desperdicios,
e hizo todo cuanto pudo
El que pudo cuanto quiso.
Quedó en manjar a las almas,
liberalmente benigno, 2090 alimento
para el justo,
veneno para el
indigno.
(Aparece el carro
de la fuente; y junto a ella, un cáliz con una hostia
|
|
encima.) |
|
|
|
Mirad, de la clara fuente |
|
|
|
en el margen cristalino, |
|
|
|
la bella cándida flor |
|
|
|
de quien el amante dijo: |
|
|
NARCISO |
Éste es mi cuerpo y mi sangre |
|
|
|
que entregué a tantos martirios |
|
|
|
por vosotros. En memoria |
2100 |
|
|
de mi muerte, repetidlo. |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
A tan no vista fineza, |
|
|
|
a tan sin igual cariño, |
|
|
|
toda el alma se deshace, |
|
|
|
todo el pecho enternecido |
|
|
|
gozosas lágrimas vierte. |
|
|
ECO |
Y yo, ¡ay de mí!, que lo he visto, |
|
|
|
enmudezca, viva sólo |
|
|
|
al dolor, muerta al alivio. |
|
|
AMOR PROPIO |
Yo, absorto, rabioso y ciego, |
2110 |
|
|
venenoso áspid nocivo, |
|
|
|
a mí propio me dé muerte. |
|
|
SOBERBIA |
Yo que de tus precipicios |
|
|
|
fui causa, segunda vez |
|
|
|
me sepulte en el abismo. |
|
|
GRACIA |
Y yo, que el impedimento |
|
|
|
quitado y deshecho miro |
|
|
|
de la culpa, que por tanto |
|
|
|
tiempo pudo dividirnos, |
|
|
|
Naturaleza dichosa, |
|
|
|
te admito a los brazos míos. |
2120 |
69
|
¡Llega, pues, que eternas paces |
|
|
|
|
quiero celebrar contigo; |
|
|
|
¡no temas, llega a mis brazos! |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
¡Con el alma los recibo! |
|
|
|
Mas el llegar temerosa |
|
|
|
es respeto en mí preciso, |
|
|
|
pues a tanto sacramento, |
|
|
|
a misterio tan divino, |
|
|
|
es muy justo que el amor |
|
|
|
llegue de temor vestido. |
2130 |
|
|
(Abrázanse las dos.) |
|
|
GRACIA |
¿Pues ya qué falta a tus dichas? |
|
|
NATURALEZA HUMANA |
|
|
|
|
Sólo falta que, rendidos, |
|
|
|
las debidas gracias demos; |
|
|
|
y así, en concertados himnos |
|
|
|
sus alabanzas cantad, |
|
|
|
diciendo todos conmigo: |
|
|
TODOS |
(Cantan.) |
|
|
|
¡Canta, lengua, del cuerpo glorioso |
|
|
|
el alto misterio, que por precio
digno |
|
|
|
del mundo se nos dio, siendo fruto |
|
real, generoso, del vientre más
2140
limpio
Veneremos tan gran sacramento,
y al nuevo misterio cedan los
antiguos, supliendo de la fe los afectos
todos los defectos que hay en los
sentidos. ¡Gloria, honra, bendición y alabanza, grandeza y virtud al Padre y al
Hijo
se dé; y al amor, que de ambos
procede, igual alabanza Le demos rendidos!

No hay comentarios:
Publicar un comentario